![]() |
| Historia de la Medicina y la Pediatría |
V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**, O. Girón Vallejo***
*Director de Canarias Pediátrica. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
**Servicio de Pediatría del Hospital Universitario del Niño Jesús, Madrid. Coordinador del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
***Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, Murcia. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
Pediatr Integral 2026; XXX (2): 141.e1 – 141.e9
Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (27). Remedios farmacológicos utilizados en pediatría hace cien años (I). “Las amistades peligrosas”
https://doi.org/10.63149/j.pedint.129
Prólogo
Cuando el primer firmante de este artículo quería ser médico, en los primeros años en la Facultad, tenía cierta predilección por conseguir unos cartones de color que recibía un médico conocido de la familia. Era la propaganda de los remedios farmacológicos de esa época –principios de los años setenta–, existían, por ejemplo, los célebres supositorios para los vómitos como Sulmetin-Papaverina® o productos con combinaciones de dos antibióticos (Clorostrep líquido® como terapéutica antidiarreica) y hasta cuatro (Bicilina 4®: cloranfenicol, tetraciclina, estreptomicina, penicilina), algo impensable en la actualidad, de tal modo que ninguno ha persistido. Incluso uno de ellos, eficaz en el tratamiento de la enuresis nocturna –amitriptilina, Paidenur®–, prácticamente no se usa ahora para ese fin por sus eventuales complicaciones cardiacas.
Aprovechando que el Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP está estudiando estos años los libros de actas de los congresos nacionales que se celebraron en la década de los años 20 del pasado siglo, hemos aprovechado para repasar los productos que ofrecía la industria farmacológica a los médicos pediatras de la época.
Para ello, hemos revisado los libros de actas de los congresos españoles de pediatría celebrados en 1922 (San Sebastián), 1925 (Zaragoza) y Valencia –tomo II– (1928). En este capítulo se revisan los fármacos denominados reconstituyentes y los destinados a tratar el raquitismo, así como los remedios contra las enfermedades infecciosas, los problemas respiratorios y los del sistema nervioso y los antirreumáticos. En el siguiente capítulo se tratarán los fármacos relacionados con los problemas digestivos y los preparados propios de la nutrición infantil.
En términos generales, puede afirmarse que la industria nacional farmacológica debía estar en auge, dada la gran cantidad de laboratorios recogidos en esta revisión, especialmente en las grandes capitales (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla) junto a tres poblaciones levantinas (Castellón, Burjasot, Alcoy) y Reinosa (Santander). Además, tres preparados recogidos eran importados de París. Es notable reconocer que pocos fármacos coincidieron en dos o en los tres congresos, lo que indica que o bien eran sustituidos prontamente por otros o que tenían tanta aceptación que ya no necesitaban publicitarse. Llama la atención la variedad de componentes integrantes de los distintos preparados para los mismos fines terapéuticos. Esto denota, seguramente, una cierta improvisación junto a una cierta falta de integridad científica. Es obvio, a la vista de las formulaciones, que su composición dependía de los conocimientos limitados más o menos fundados y razonados del farmacéutico o del fabricante, aunque sin un riguroso control por parte de las autoridades sanitarias. ¿Cuántos de estos preparados se habían ensayado en estudios controlados?
Reconstituyentes y fármacos destinados a tratar el raquitismo (Tabla I)
En esta sección hemos reunido ambos aspectos, puesto que muchos reconstituyentes de la época contenían fosfato que, también, se utilizaba para tratar los casos de raquitismo. Hemos recogido hasta 16 productos. Esta cuestión de los productos reconstituyentes recuerda a lo que ocurría hace unas décadas acerca de las reiteradas peticiones maternas para la prescripción de estimulantes del apetito. A principios de los años 70, también existían fármacos “energéticos y vigorizantes” (Prevalon®) o “activadores anabólicos” (Activin®: fenil-propionato de 19-nor androstenolona). No queremos olvidarnos del Calcio 20 Fuerte® por su excelente sabor, que se mantiene en el recuerdo y que estaba indicado “en los tratamientos de todos los estados deficitarios del elemento calcio”.
Uno de esos reconstituyentes, Morrhuëtine Junhken® (Fig. 1), debía tener aceptación, pues es de los pocos productos que se publicitaron en los tres congresos revisados. Visto con ojos de hoy, son sorprendentes sus diversas indicaciones, a saber, adenopatías, linfatismo, escrófula, diabetes, heredosífilis, etc. La escrófula es la linfadenitis cervical tuberculosa. Sobre el concepto de linfatismo nos hemos ocupado en un artículo previo de esta misma serie(1).
Figura 1. Propaganda del producto reconstituyente Morrhuëtine Junhken®.
Biotose® de Laboratorios Ciba estaba compuesto por complejo B, vitamina C, fitina y extracto hepático (Fig. 2).
Figura 2. Anuncio de Biotose ® de Laboratorios Ciba.
Es preciso aclarar que, aunque en 1928 el Dr. Albert Szent-Györgyi (1893-1986) aisló el ácido ascórbico y que, en 1937, le fue concedido a Walter Norman Haworth (1883-1950) el Premio Nobel de Química por la determinación de la estructura del mismo, el término vitamina C ya se usaba en 1920. Fue Jack Cecil Drummond (1891-1952) quien, en 1920, propuso que el factor antiescorbútico se llamara vitamina C.
Los hipofosfitos de cal (calcio) y sosa (sodio) empezaron a utilizarse en medicina pediátrica hacia 1850. En esa época, el médico británico John Francis Churchill (1819-1905) planteó que la tuberculosis debía estar causada por una falta de fósforo oxidable en el cuerpo. Su idea era que el fósforo en forma de sulfito era más asimilable y menos tóxico que en otras formas. Aureliano Maestre de San Juan (1828-1890) fue un gran médico y cirujano español del siglo XIX. Ocupó la cátedra de Anatomía Descriptiva y General de la Universidad de Granada (1860) y la de Histología Normal y Patológica de la Facultad de Medicina de Madrid (1873). En 1856 describió por primera vez la asociación entre anosmia y atrofia genital, asociación que muchos años más tarde –1944– confirmó Franz Josef Kallmann (1897-1965) (síndrome de Maestre-Kallman-Morsier). Pues bien, durante su estancia en Granada, Maestre de San Juan realizó “estudios sobre los hipofosfitos de cal y sosa con aplicación al tratamiento de la tisis pulmonar” (1857). Fueron incluidos en la obra del propio Churchill, titulada Tisis pulmonar y su tratamiento, que fue publicada en París en 1864(2). Pasados los años, debió conocerse que en los procesos de malnutrición existía hipofosfatemia (niveles elevados de PTH incrementan la fosfaturia). Este hecho había sido comprobado en el raquitismo carencial en esos años, como hemos recordado recientemente(3). Esa larga tradición de los hipofosfitos en terapéutica debe ser la causa de su presencia en varios de los compuestos que hemos revisado.
Arsénico
Un componente que se repetía en esos productos reconstituyentes era el arrhenal o arrenal. Se trataba de metilarsinato de disodio, “un compuesto organoarsénico caracterizado por su estructura química que incluye un grupo metilo unido a un átomo de arsénico, junto con dos iones de sodio (CH3AsNa2O3)”(4). Se utilizó históricamente a principios del siglo XX como tónico y reconstituyente. También se empleaba junto al veronal (barbital) y bromuros como agente terapéutico en casos de “neurastenia constitucional y actual, nerviosismo, depresión y excitación psíquica de todo orden y en psico-gastropatías y psico-enteropatías(5).
Es sorprendente que el arsénico formara parte de fórmulas para niños. Hemos recogido un texto dedicado a este metaloide en el célebre libro de Eugène Charles Apert (1868-1940) publicado en español en 1917(6). Su resumen es el siguiente: “La acción y las dosis varían mucho según se empleen o no compuestos en los que el arsénico esté incorporado a un radical orgánico. En el primer caso (arseniatos), el arsénico es muy tóxico y no se debe emplear más que en pequeñas dosis. En el segundo caso (cacodilatos, metilarsinatos o atoxil), la toxicidad es casi nula, y hay que darlo en dosis relativamente grandes. El arsénico no incorporado a un radical orgánico se emplea en la leucemia, la linfadenia, el paludismo crónico, la anemia y la corea bajo forma de ácido arsenioso. El Licor de Boudin, preconizado en la corea, es una solución de ácido arsenioso al 1 por 1.000. El yoduro de arsénico (AsI3) se prescribe en la escrófula en solución acuosa al centésimo y por gotas. En cuanto al arsénico disimulado en un radical orgánico, existe en el dimetilarsinato de sosa (cacodilato) y en el metilarsinato de sosa (arrenal). El primero es el más indicado para inyecciones subcutáneas; el segundo se emplea por la vía bucal; sus indicaciones se encuentran en las caquexias con anemia, la tuberculosis, la anorexia… Algunos otros compuestos de radical arsenical disimulado han sido aconsejados para la sífilis hereditaria, tales como hectina y hectargirio y, sobre todo, el dioxidiamidoarsenobenzol –salvarsán o 606–. Este compuesto, tan rápidamente activo en las sífilis secundarias, se puede administrar en enema o en inyección intramuscular”(6). El neosalvarsán, menos tóxico y más soluble que el salvarsán, se administraba mediante inyecciones endovenosas, a veces, en las venas epicraneanas o yugulares, aunque en el ámbito germano se combinaban, a pesar de su toxicidad, con calomelanos (cloruro mercurioso)(7).
En fin, el arsénico podía estar presente hasta en las paredes de las casas de los niños. El llamado verde de Scheele era un pigmento inorgánico sintético, concretamente arsenito de cobre de un color verde amarillento, descubierto por Carl Wilhelm Scheele en 1775. Fue muy utilizado en el siglo XIX para papel pintado y ropa, a pesar de ser altamente tóxico y causante de enfermedades (arsenismo)(8).
Raquitismo
En la época que nos ocupa, el fósforo y sus compuestos se empleaban como “estimulantes de la nutrición y como tónicos y, sobre todo, en el raquitismo”(9). Entre los productos trascritos en la tabla I, uno de ellos era, al menos, eficaz en el tratamiento de esta última enfermedad. Nos referimos al aceite de hígado de bacalao. Su empleo era una práctica común en las costas de las islas británicas (Islas Hébridas) y en los países escandinavos para prevenir y curar los casos de raquitismo(10).La fórmula de Schloss estaba constituida por fosfato tricálcico básico (10 gramos) y aceite de hígado de bacalao (100 gramos); se administraban 5-10 gramos dos veces al día(7). Los tres compuestos que contenía este último producto, que aparecen en la tabla I, tenían asociadas moléculas con fosfato. En 5 ml de aceite de hígado de bacalao se hallan 400 UI de vitamina D(11). Dada su riqueza en vitamina D, era útil tanto en el tratamiento como en la prevención del raquitismo carencial. Según confidencias familiares, su uso persistía en los años 40, en la posguerra española.
Enfermedades infecciosas (Tabla II)
Fue en 1928, el año que se celebró el Congreso Español de Pediatría de Valencia, cuando Alexander Fleming en el Hospital St. Mary de Londres observó de forma accidental que una colonia del moho Penicillium notatum contaminaba una placa de Petri e impedía el crecimiento de una colonia de Staphylococcus. No obstante, la penicilina no estaría disponible para uso humano hasta principios de los años 40. En la década que nos ocupa, solo estaban disponibles y eran eficaces los fármacos derivados del arsénico en el tratamiento de la sífilis y los anticuerpos específicos antibacterianos, como es el caso de la antitoxina diftérica.
Llama la atención que no hemos recogido en las actas de los congresos estudiados el anuncio del salvarsán (la “bala mágica”) ni del neosalvarsán. En el Congreso de Pediatría de San Sebastián –1923–, Leal Crespo presentó un trabajo sobre la eficacia del tratamiento con neosalvarsán endovenoso administrado a madres embarazadas con lúes para prevenir la sífilis congénita(3). El yoduro de mercurio estaba indicado en “las manifestaciones primarias de la sífilis en los escrofulosos”(12) y los yoduros potásico o sódico se utilizaban en las manifestaciones de la sífilis tardía(7). El preparado Espirogil® compuesto de yoduro de bismuto y quinina figuraba indicado como medicación antiluética.
En el libro Terapéutica infantil, firmado por Eduardo García del Real –1934–(9), se nombraba el suero antidiftérico que fue tan eficaz como agente de inmunización pasiva en los niños con difteria. No se citaba el suero antitetánico, pero sí el antiescarlatinoso y el antimeningocócico –estos últimos recogidos también en la tabla II– y el antibronconeumónico (aportaba anticuerpos contra neumococo y estreptococo). En el Congreso de Pediatría de Zaragoza –1925–, el doctor Jaime de Cárdenas y Pastor presentó un caso de meningitis meningocócica en un lactante de seis meses de edad. El interés del caso estribó en que el tratamiento específico instaurado con suero antimeningocócico inyectado en los ventrículos cerebrales y por vía intramuscular “fue tardío y, sin embargo, seguido de curación”(13). Por otra parte, el tratamiento con suero de vena renal de cabra se basaba en la denominada “organoterapia”, es decir, la idea de que, al inyectar o ingerir extractos de órganos de animales, el cuerpo humano podía reparar su propio órgano equivalente. Nuevamente, en el libro de actas del Congreso de Pediatría de Zaragoza puede leerse que el Dr. López Martín presentó dos casos de anuria, surgida en el curso de la coqueluche –tos ferina–, tratados con éxito con suero de vena renal de cabra(13).
Dos de los productos que aparecen en la tabla II se citan en internet en la actualidad, por su posibilidad de adquisición como tratamientos alternativos: el jarabe de rábano para la tos y el elixir de bardana (“potente depurativo natural, antibacteriano y antiinflamatorio, utilizado para tratar afecciones de la piel debido a su capacidad seborreguladora y desintoxicante”).
¿Cómo se había comprobado que la colesterina y el gomenol, constituyentes del Septicemiol®, eran antinfecciosos? ¿Por qué mecanismos el nitrato potásico y algunas plantas sudoríficas eran eficaces en el tratamiento de las fiebres eruptivas, como viruela, sarampión, escarlatina, varicela, rubéola, etc.?
Problemas respiratorios (Tabla III)
Aparte de los jarabes propios para la tos, llama la atención el uso indiscriminado de fármacos para tratar indistinta y conjuntamente la tosferina, las bronquitis, bronconeumonías y la tuberculosis.
El guayacol [C6H4(OH)(OCH3)] es un compuesto orgánico aromático, líquido y aceitoso, obtenido de la resina del árbol de guayaco o creosota, conocido por su aroma ahumado. Según García del Real, la creosota era el “medicamento más útil en la tuberculosis pulmonar y en las bronquitis crónicas con expectoración abundante”(9).
El alcanfor es una sustancia extraída del árbol Cinnamomum camphora, el alcanforero, un árbol de la familia de las lauráceas. Según Maurín, es “antiespasmódico y antipútrido”. Se empleaba “contra las fiebres sépticas atáxicas, la astenia cardíaca que sobreviene en las fiebres eruptivas y en las cistitis cantaridianas”(12). Según García del Real, “se usa como estimulante de la circulación y respiración en los colapsos de las enfermedades agudas. Es útil en ciertas formas de bronconeumonía”(9).
El acónito “es a las enfermedades de la infancia lo que el opio a la de los adultos. Está indicado contra todas las molestias que se presentan al principio de las enfermedades febriles, los dolores erráticos que acompañan a ciertas manifestaciones catarrales, contra la evolución anormal de las fiebres eruptivas, las bronquitis crónicas y los catarros rebeldes, las neuralgias y, sobre todo, las prosopalgias consecutivas a enfriamientos”(12). Nota: el término prosopalgia se aplica a la neuralgia del trigémino o a un tic doloroso.
El acónito (Aconitum napelluses) es una planta que contiene alcaloides diterpenoides tóxicos, especialmente la aconitina, presentes en altas concentraciones en la raíz y los tubérculos. La aconitina activa los canales de sodio dependientes de voltaje en el corazón y el sistema nervioso, lo que interfiere con la propagación del potencial de acción al mantenerlos abiertos, lo que provoca una despolarización sostenida(14).
El benzoato de sosa se consideraba “antipirético poco poderoso. Diurético. Algo expectorante. Se ha usado en el reumatismo articular agudo, en el que parece útil, aunque muy inferior al ácido salicílico y a los salicilatos(9). Según Apert, “se emplea en las bronquitis con secreciones abundantes”(6).
El bálsamo de Tolú “como modificador de las secreciones se emplea al final de las traqueobronquitis y en las bronquitis crónicas… entra en la composición de la tintura balsámica o bálsamo del Comendador”(9). Según Apert, “el jarabe de bálsamo de tolú, solo o en partes iguales de agua de tilo, es un excelente excipiente para las pociones destinadas a los niños” como balsámico(6). La RAE explica que el bálsamo de Tolú es la “resina extraída del tronco de un árbol de la familia de las papilionáceas, muy abundante en Colombia, que se usa en medicina como pectoral”.
Heroína
Formaba parte de la composición de dos de los productos que conforman la tabla III. En el anuncio del preparado Pectoral JAP®, se citaba la utilidad de la heroína como analgésico y sedante específico de la tos. La diacetilmorfina se sintetizó por primera vez en los laboratorios Bayer en 1897, gracias a la acetilación del clorhidrato de morfina. A principios de 1898, comenzaron las pruebas en animales e incluso en algunos empleados de la farmacéutica, que fueron quienes anunciaron que se sentían pletóricos y heroicos tras tomarla (Heroisch, en alemán). El jarabe Bayer de heroína fue puesto a la venta en 1898. Estaba orientado a los niños para aliviar la tos (Fig. 3).
Figura 3. Jarabe Bayer de heroína publicado en la prensa española en 1912. Disponible en: https://theconversation.com/como-la-heroina-la-cocaina-y-otras-drogas-comenzaron-siendo-medicamentos-saludables-140222.
La acogida del medicamento fue espectacular, tanto en Europa como en EE.UU. Un año después de su lanzamiento, Bayer ya producía casi una tonelada anual de Heroin en comprimidos, pastillas, sales y jarabe. En 1906, la American Medical Association aprobó su uso médico, pero ya alertaba acerca del peligro de su consumo habitual. Desde entonces, los informes médicos favorables comenzaron a alternarse con los desfavorables, a la vez que, en EE.UU., se registraban, con una frecuencia creciente, ingresos hospitalarios relacionados con la heroína. En 1913, la ya demostrada dependencia que generaba hizo que Bayer dejara de producir Heroin, pero el principio activo se siguió despachando hasta 1958 en las farmacias alemanas y no fue totalmente prohibido hasta 1971(15).
Sistema nervioso (Tabla IV)
En la propaganda del libro de actas del congreso de San Sebastián, no figuraba la composición del Somnifène Roche®, indicado en el insomnio y las agitaciones. Seguramente, se trataba de un derivado de los barbitúricos, el aprobarbital.
Estricnina
Formaba parte del producto Tetradinamo®, medicación dinamófora y regeneradora de los estados consuntivos (Tabla I) y del Histogil inyectable®, tónico del sistema nervioso (Tabla IV). La nuez vómica componente de Histogil, elixir® es una planta de la que se derivan la estricnina y la brucina. En el libro de Eugène Apert antes citado, se menciona a la estricnina como “tónico muscular”, empleado “contra la parálisis diftérica, la corea blanda y la debilidad cardiaca”(6). La estricnina actúa como un antagonista de la glicina, un neurotransmisor, lo que provoca un aumento de la excitabilidad neuronal. Las manifestaciones clínicas de la intoxicación son: rigidez muscular, hiperreflexia, convulsiones tónicas sin pérdida de la conciencia, trismos y opistótonos(16). Aunque su uso como pesticida está estrictamente controlado o prohibido en muchas partes del mundo, aún se utiliza como rodenticida para el control de plagas de roedores, particularmente en entornos agrícolas y exteriores.
Antirreumáticos (Tabla V)
En esta sección hemos encontrado solo dos productos que eran, ciertamente, un conglomerado de principios activos.
El producto AS Flórez (Fig. 4) contenía nada menos que piramidón, antipirina –ambas, pirazolonas–, aspirina, cafeína y narceína (uno de los alcaloides que se encuentran en el opio).
Figura 4. AS Flórez. El célebre artista Rafael de Penagos diseñó en 1922 el envase de este medicamento. Disponible en: https://arte.farmaciaserra.com/blog/post/penagos-as-florez.html.
La antipirina o fenazona, compuesto base de las pirazolonas, fue sintetizada por primera vez en 1883 por Ludwig Knorr, un químico alemán que buscaba un sustituto para la quinina. En el libro de García del Real se cita que la antipirina es “antipirética, antineurálgica y hemostática. Se emplea en la corea y en el reumatismo”(9).
La aminopirina o aminofenazona fue diseñada para mejorar la antipirina, por lo que es un derivado directo de la misma. El fármaco fue comercializado en Alemania en 1897 por la empresa Hoechst con el nombre de Pyramidon®. En el segundo tercio del siglo pasado y hasta los años 70 del pasado siglo fue muy popular en nuestro país. Su uso se prohibió por el riesgo de agranulocitosis. Tal fue su predicamento, que el Hospital Ramón y Cajal, el mayor hospital de los construidos en España por la Seguridad Social en su momento, fue bautizado con el lenguaje popular del Piramidón.
Sobre el efecto analgésico de los salicilatos no vamos a insistir, aunque conviene recordar que los sumerios y los egipcios usaban las infusiones de corteza de sauce para el dolor. El sauce contiene salicilina que en el organismo –en el hígado– se convierte en ácido salicílico. Luego vendría la producción industrial de su derivado, el ácido acetilsalicílico.
La tintura de cólchico contiene un alcaloide, la colchicina, que se ha utilizado clásicamente para tratar los ataques agudos de gota.
Epílogo
En este capítulo, hemos recordado sucintamente los comienzos de la farmacología industrial de hace un siglo, que introdujo en el mercado supuestos fármacos no bien estudiados y con importantes efectos secundarios. Algunos contenían tóxicos y metales potencialmente graves. No obstante, en algunos países se siguen utilizando productos que contiene tóxicos en su composición. Tal es el caso del ayurveda, un sistema médico tradicional empleado por gran parte de la población india. Sus medicinas se dividen en dos tipos principales: hierbas y rasa-shastra que combina hierbas con metales y minerales. A pesar de que los expertos en rasa-shastra mantienen que estas medicinas, cuando están preparadas y administradas apropiadamente, son seguras y terapéuticas, desde los años 70 se han venido describiendo diversos casos de intoxicaciones por plomo, arsénico o mercurio relacionados con el uso de las mismas(17-19).
Agatha Christie, en octubre de 1914, se ofreció como enfermera para ayudar en el hospital temporal para soldados del Ayuntamiento de Torquay, su pueblo natal, en el condado de Devon, Inglaterra. Un año después, en 1915, trabajó como farmacéutica en un dispensario donde se familiarizó con los tóxicos más habituales. En esas farmacias se utilizaban muchos de los productos revisados en este capítulo. En sus libros, algunas de las muertes de los protagonistas se produjeron por envenenamiento con estricnina (El misterioso caso de Styles), arsénico (Anuncio de un asesinato), acónito (El tren de las 4:50) o barbitúricos (Muerte en el Nilo). Por otra parte, no nos olvidemos de la película Arsénico por compasión, en la que las tías de Mortimer Brewster daban de beber a sus víctimas vino de sauco mezclado con arsénico, una pizca de estricnina y cianuro de potasio.
Arsénico, acónito, heroína, estricnina… las amistades peligrosas. De buena nos hemos librado, pero ¿qué dirán dentro de cien años los que revisen lo que hacemos nosotros ahora?
Bibliografía
1. García Nieto VM, Zafra Anta M. Historia de la Medicina y la Pediatría. Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (13). De la escrófula a la diátesis exudativa. Pediatría Integral 2022; 7: 447.e1-e4. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2022-10/enfermedades-pediatricas-que-han-pasado-a-la-historia-13-de-la-escrofula-a-la-diatesis-exudativa/.
2. Oliva Aldamiz H. Relatos de la célula errante. Madrid: Ed. Tébar. 2011.
3. Zafra Anta M, García Nieto VM. Medicina infantil. En: “Centenario del III Congreso Nacional de Pediatría” (Zaragoza, 1925). Cuadernos de historia de la pediatría española, núm. 29. Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2022. p. 33-59.
4. Disodium methyl arsenate. Disponible en: https://www.chemspider.com/Chemical-Structure.8603.html.
5. Neuronal Turón. Disponible en: http://www.premsamedica.cat.
6. Apert E. Manual de enfermedades de los niños, ed. esp. Barcelona: Casa Editorial P. Salvat. 1917.
7. Feer E. Tratado de enfermedades de los niños, ed. esp. Barcelona: Manuel Marín, editor. 1924.
8. Verde de Scheele. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Verde_de_Scheele.
9. García del Real E. Terapéutica infantil. Madrid: Espasa-Calpe. 1934.
10. Mellanby E. Discussion on the importance of accessory food factors (vitamines) in the feeding of infants. Proc R Soc Med. 1920; 13: 57-77.
11. Holick MF. Resurrection of vitamin D deficiency and rickets. J Clin Invest. 2006; 116: 2062-72. Disponible en: https://doi.org/10.1172/jci29449.
12. Maurin SE. Formulario magistral para las enfermedades de los niños (Desde el nacimiento hasta la adolescencia), ed. esp. Madrid: Administración de la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas. 1887.
13. García Nieto VM. Medicina infantil. En: “En el centenario del II Congreso Nacional de Pediatría. San Sebastián 1923”. Cuadernos de historia de la pediatría española, núm. 25. Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2022. p. 66-79.
14. Tai YT, But PP, Young K, Lau CP. Cardiotoxicity after accidental herb-induced aconite poisoning. Lancet. 1992; 340: 1254-6. Disponible en: https://doi.org/10.1016/0140-6736(92)92951-b.
15. Quijada Diez C. ¿Quién lo usó por vez primera? Heroína. Panace@. 2011; 12: 340. Disponible en: https://www.tremedica.org/wp-content/uploads/n34-entremeses-diez.pdf.
16. Watson KD. Poisoning crimes and forensic toxicology since the 18th century. Acad Forensic Pathol. 2020; 10: 35-46. Disponible en: https://doi.org/10.1177/1925362120937923.
17. Saper RB, Phillips RS, Sehgal A, Khouri N, Davis RB, Paquin J, et al. Lead, mercury, and arsenic in US- and Indian-manufactured Ayurvedic medicines sold via the Internet. JAMA. 2008; 300: 915-23. Disponible en: https://doi.org/10.1001/jama.300.8.915.
18. Mikulski MA, Wichman MD, Simmons DL, Pham AN, Clottey V, Fuortes LJ. Toxic metals in ayurvedic preparations from a public health lead poisoning cluster investigation. Int J Occup Environ Health. 2017; 23: 187-92. Disponible en: https://doi.org/10.1080/10773525.2018.1447880.
19. Wallis Gómez VG, Mangione Cardarella L, López López S, Alemán Rodríguez S. El riesgo de los medicamentos naturales: un caso de exposición al arsénico. Rev Pediatr Aten Primaria. 2022; 24: e313-e317.






































































































































































