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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia. Remedios farmacológicos utilizados en pediatría hace cien años (I). “Las amistades peligrosas”

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**, O. Girón Vallejo***

*Director de Canarias Pediátrica. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
**Servicio de Pediatría del Hospital Universitario del Niño Jesús, Madrid. Coordinador del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
***Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, Murcia. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP

 

Pediatr Integral 2026; XXX (2): 141.e1 – 141.e9

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (27). Remedios farmacológicos utilizados en pediatría hace cien años (I). “Las amistades peligrosas”

https://doi.org/10.63149/j.pedint.129

 

Prólogo

Cuando el primer firmante de este artículo quería ser médico, en los primeros años en la Facultad, tenía cierta predilección por conseguir unos cartones de color que recibía un médico conocido de la familia. Era la propaganda de los remedios farmacológicos de esa época –principios de los años setenta–, existían, por ejemplo, los célebres supositorios para los vómitos como Sulmetin-Papaverina® o productos con combinaciones de dos antibióticos (Clorostrep líquido® como terapéutica antidiarreica) y hasta cuatro (Bicilina 4®: cloranfenicol, tetraciclina, estreptomicina, penicilina), algo impensable en la actualidad, de tal modo que ninguno ha persistido. Incluso uno de ellos, eficaz en el tratamiento de la enuresis nocturna –amitriptilina, Paidenur®–, prácticamente no se usa ahora para ese fin por sus eventuales complicaciones cardiacas.

Aprovechando que el Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP está estudiando estos años los libros de actas de los congresos nacionales que se celebraron en la década de los años 20 del pasado siglo, hemos aprovechado para repasar los productos que ofrecía la industria farmacológica a los médicos pediatras de la época.

Para ello, hemos revisado los libros de actas de los congresos españoles de pediatría celebrados en 1922 (San Sebastián), 1925 (Zaragoza) y Valencia –tomo II– (1928). En este capítulo se revisan los fármacos denominados reconstituyentes y los destinados a tratar el raquitismo, así como los remedios contra las enfermedades infecciosas, los problemas respiratorios y los del sistema nervioso y los antirreumáticos. En el siguiente capítulo se tratarán los fármacos relacionados con los problemas digestivos y los preparados propios de la nutrición infantil.

En términos generales, puede afirmarse que la industria nacional farmacológica debía estar en auge, dada la gran cantidad de laboratorios recogidos en esta revisión, especialmente en las grandes capitales (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla) junto a tres poblaciones levantinas (Castellón, Burjasot, Alcoy) y Reinosa (Santander). Además, tres preparados recogidos eran importados de París. Es notable reconocer que pocos fármacos coincidieron en dos o en los tres congresos, lo que indica que o bien eran sustituidos prontamente por otros o que tenían tanta aceptación que ya no necesitaban publicitarse. Llama la atención la variedad de componentes integrantes de los distintos preparados para los mismos fines terapéuticos. Esto denota, seguramente, una cierta improvisación junto a una cierta falta de integridad científica. Es obvio, a la vista de las formulaciones, que su composición dependía de los conocimientos limitados más o menos fundados y razonados del farmacéutico o del fabricante, aunque sin un riguroso control por parte de las autoridades sanitarias. ¿Cuántos de estos preparados se habían ensayado en estudios controlados?

Reconstituyentes y fármacos destinados a tratar el raquitismo (Tabla I)

En esta sección hemos reunido ambos aspectos, puesto que muchos reconstituyentes de la época contenían fosfato que, también, se utilizaba para tratar los casos de raquitismo. Hemos recogido hasta 16 productos. Esta cuestión de los productos reconstituyentes recuerda a lo que ocurría hace unas décadas acerca de las reiteradas peticiones maternas para la prescripción de estimulantes del apetito. A principios de los años 70, también existían fármacos “energéticos y vigorizantes” (Prevalon®) o “activadores anabólicos” (Activin®: fenil-propionato de 19-nor androstenolona). No queremos olvidarnos del Calcio 20 Fuerte® por su excelente sabor, que se mantiene en el recuerdo y que estaba indicado “en los tratamientos de todos los estados deficitarios del elemento calcio”.

Uno de esos reconstituyentes, Morrhuëtine Junhken® (Fig. 1), debía tener aceptación, pues es de los pocos productos que se publicitaron en los tres congresos revisados. Visto con ojos de hoy, son sorprendentes sus diversas indicaciones, a saber, adenopatías, linfatismo, escrófula, diabetes, heredosífilis, etc. La escrófula es la linfadenitis cervical tuberculosa. Sobre el concepto de linfatismo nos hemos ocupado en un artículo previo de esta misma serie(1).

Figura 1. Propaganda del producto reconstituyente Morrhuëtine Junhken®.

 

Biotose® de Laboratorios Ciba estaba compuesto por complejo B, vitamina C, fitina y extracto hepático (Fig. 2).

Figura 2. Anuncio de Biotose ® de Laboratorios Ciba.

 

Es preciso aclarar que, aunque en 1928 el Dr. Albert Szent-Györgyi (1893-1986) aisló el ácido ascórbico y que, en 1937, le fue concedido a Walter Norman Haworth (1883-1950) el Premio Nobel de Química por la determinación de la estructura del mismo, el término vitamina C ya se usaba en 1920. Fue Jack Cecil Drummond (1891-1952) quien, en 1920, propuso que el factor antiescorbútico se llamara vitamina C.

Los hipofosfitos de cal (calcio) y sosa (sodio) empezaron a utilizarse en medicina pediátrica hacia 1850. En esa época, el médico británico John Francis Churchill (1819-1905) planteó que la tuberculosis debía estar causada por una falta de fósforo oxidable en el cuerpo. Su idea era que el fósforo en forma de sulfito era más asimilable y menos tóxico que en otras formas. Aureliano Maestre de San Juan (1828-1890) fue un gran médico y cirujano español del siglo XIX. Ocupó la cátedra de Anatomía Descriptiva y General de la Universidad de Granada (1860) y la de Histología Normal y Patológica de la Facultad de Medicina de Madrid (1873). En 1856 describió por primera vez la asociación entre anosmia y atrofia genital, asociación que muchos años más tarde –1944– confirmó Franz Josef Kallmann (1897-1965) (síndrome de Maestre-Kallman-Morsier). Pues bien, durante su estancia en Granada, Maestre de San Juan realizó “estudios sobre los hipofosfitos de cal y sosa con aplicación al tratamiento de la tisis pulmonar” (1857). Fueron incluidos en la obra del propio Churchill, titulada Tisis pulmonar y su tratamiento, que fue publicada en París en 1864(2). Pasados los años, debió conocerse que en los procesos de malnutrición existía hipofosfatemia (niveles elevados de PTH incrementan la fosfaturia). Este hecho había sido comprobado en el raquitismo carencial en esos años, como hemos recordado recientemente(3). Esa larga tradición de los hipofosfitos en terapéutica debe ser la causa de su presencia en varios de los compuestos que hemos revisado.

Arsénico

Un componente que se repetía en esos productos reconstituyentes era el arrhenal o arrenal. Se trataba de metilarsinato de disodio, “un compuesto organoarsénico caracterizado por su estructura química que incluye un grupo metilo unido a un átomo de arsénico, junto con dos iones de sodio (CH3AsNa2O3)”(4). Se utilizó históricamente a principios del siglo XX como tónico y reconstituyente. También se empleaba junto al veronal (barbital) y bromuros como agente terapéutico en casos de “neurastenia constitucional y actual, nerviosismo, depresión y excitación psíquica de todo orden y en psico-gastropatías y psico-enteropatías(5).

Es sorprendente que el arsénico formara parte de fórmulas para niños. Hemos recogido un texto dedicado a este metaloide en el célebre libro de Eugène Charles Apert (1868-1940) publicado en español en 1917(6). Su resumen es el siguiente: “La acción y las dosis varían mucho según se empleen o no compuestos en los que el arsénico esté incorporado a un radical orgánico. En el primer caso (arseniatos), el arsénico es muy tóxico y no se debe emplear más que en pequeñas dosis. En el segundo caso (cacodilatos, metilarsinatos o atoxil), la toxicidad es casi nula, y hay que darlo en dosis relativamente grandes. El arsénico no incorporado a un radical orgánico se emplea en la leucemia, la linfadenia, el paludismo crónico, la anemia y la corea bajo forma de ácido arsenioso. El Licor de Boudin, preconizado en la corea, es una solución de ácido arsenioso al 1 por 1.000. El yoduro de arsénico (AsI3) se prescribe en la escrófula en solución acuosa al centésimo y por gotas. En cuanto al arsénico disimulado en un radical orgánico, existe en el dimetilarsinato de sosa (cacodilato) y en el metilarsinato de sosa (arrenal). El primero es el más indicado para inyecciones subcutáneas; el segundo se emplea por la vía bucal; sus indicaciones se encuentran en las caquexias con anemia, la tuberculosis, la anorexia… Algunos otros compuestos de radical arsenical disimulado han sido aconsejados para la sífilis hereditaria, tales como hectina y hectargirio y, sobre todo, el dioxidiamidoarsenobenzol –salvarsán o 606–. Este compuesto, tan rápidamente activo en las sífilis secundarias, se puede administrar en enema o en inyección intramuscular”(6). El neosalvarsán, menos tóxico y más soluble que el salvarsán, se administraba mediante inyecciones endovenosas, a veces, en las venas epicraneanas o yugulares, aunque en el ámbito germano se combinaban, a pesar de su toxicidad, con calomelanos (cloruro mercurioso)(7).

En fin, el arsénico podía estar presente hasta en las paredes de las casas de los niños. El llamado verde de Scheele era un pigmento inorgánico sintético, concretamente arsenito de cobre de un color verde amarillento, descubierto por Carl Wilhelm Scheele en 1775. Fue muy utilizado en el siglo XIX para papel pintado y ropa, a pesar de ser altamente tóxico y causante de enfermedades (arsenismo)(8).

Raquitismo

En la época que nos ocupa, el fósforo y sus compuestos se empleaban como “estimulantes de la nutrición y como tónicos y, sobre todo, en el raquitismo”(9). Entre los productos trascritos en la tabla I, uno de ellos era, al menos, eficaz en el tratamiento de esta última enfermedad. Nos referimos al aceite de hígado de bacalao. Su empleo era una práctica común en las costas de las islas británicas (Islas Hébridas) y en los países escandinavos para prevenir y curar los casos de raquitismo(10).La fórmula de Schloss estaba constituida por fosfato tricálcico básico (10 gramos) y aceite de hígado de bacalao (100 gramos); se administraban 5-10 gramos dos veces al día(7). Los tres compuestos que contenía este último producto, que aparecen en la tabla I, tenían asociadas moléculas con fosfato. En 5 ml de aceite de hígado de bacalao se hallan 400 UI de vitamina D(11). Dada su riqueza en vitamina D, era útil tanto en el tratamiento como en la prevención del raquitismo carencial. Según confidencias familiares, su uso persistía en los años 40, en la posguerra española.

Enfermedades infecciosas (Tabla II)

Fue en 1928, el año que se celebró el Congreso Español de Pediatría de Valencia, cuando Alexander Fleming en el Hospital St. Mary de Londres observó de forma accidental que una colonia del moho Penicillium notatum contaminaba una placa de Petri e impedía el crecimiento de una colonia de Staphylococcus. No obstante, la penicilina no estaría disponible para uso humano hasta principios de los años 40. En la década que nos ocupa, solo estaban disponibles y eran eficaces los fármacos derivados del arsénico en el tratamiento de la sífilis y los anticuerpos específicos antibacterianos, como es el caso de la antitoxina diftérica.

Llama la atención que no hemos recogido en las actas de los congresos estudiados el anuncio del salvarsán (la “bala mágica”) ni del neosalvarsán. En el Congreso de Pediatría de San Sebastián –1923–, Leal Crespo presentó un trabajo sobre la eficacia del tratamiento con neosalvarsán endovenoso administrado a madres embarazadas con lúes para prevenir la sífilis congénita(3). El yoduro de mercurio estaba indicado en “las manifestaciones primarias de la sífilis en los escrofulosos”(12) y los yoduros potásico o sódico se utilizaban en las manifestaciones de la sífilis tardía(7). El preparado Espirogil® compuesto de yoduro de bismuto y quinina figuraba indicado como medicación antiluética.

En el libro Terapéutica infantil, firmado por Eduardo García del Real –1934–(9), se nombraba el suero antidiftérico que fue tan eficaz como agente de inmunización pasiva en los niños con difteria. No se citaba el suero antitetánico, pero sí el antiescarlatinoso y el antimeningocócico –estos últimos recogidos también en la tabla II– y el antibronconeumónico (aportaba anticuerpos contra neumococo y estreptococo). En el Congreso de Pediatría de Zaragoza –1925–, el doctor Jaime de Cárdenas y Pastor presentó un caso de meningitis meningocócica en un lactante de seis meses de edad. El interés del caso estribó en que el tratamiento específico instaurado con suero antimeningocócico inyectado en los ventrículos cerebrales y por vía intramuscular “fue tardío y, sin embargo, seguido de curación”(13). Por otra parte, el tratamiento con suero de vena renal de cabra se basaba en la denominada “organoterapia”, es decir, la idea de que, al inyectar o ingerir extractos de órganos de animales, el cuerpo humano podía reparar su propio órgano equivalente. Nuevamente, en el libro de actas del Congreso de Pediatría de Zaragoza puede leerse que el Dr. López Martín presentó dos casos de anuria, surgida en el curso de la coqueluche –tos ferina–, tratados con éxito con suero de vena renal de cabra(13).

Dos de los productos que aparecen en la tabla II se citan en internet en la actualidad, por su posibilidad de adquisición como tratamientos alternativos: el jarabe de rábano para la tos y el elixir de bardana (“potente depurativo natural, antibacteriano y antiinflamatorio, utilizado para tratar afecciones de la piel debido a su capacidad seborreguladora y desintoxicante”).

¿Cómo se había comprobado que la colesterina y el gomenol, constituyentes del Septicemiol®, eran antinfecciosos? ¿Por qué mecanismos el nitrato potásico y algunas plantas sudoríficas eran eficaces en el tratamiento de las fiebres eruptivas, como viruela, sarampión, escarlatina, varicela, rubéola, etc.?

Problemas respiratorios (Tabla III)

Aparte de los jarabes propios para la tos, llama la atención el uso indiscriminado de fármacos para tratar indistinta y conjuntamente la tosferina, las bronquitis, bronconeumonías y la tuberculosis.

El guayacol [C6H4(OH)(OCH3)] es un compuesto orgánico aromático, líquido y aceitoso, obtenido de la resina del árbol de guayaco o creosota, conocido por su aroma ahumado. Según García del Real, la creosota era el “medicamento más útil en la tuberculosis pulmonar y en las bronquitis crónicas con expectoración abundante”(9).

El alcanfor es una sustancia extraída del árbol Cinnamomum camphora, el alcanforero, un árbol de la familia de las lauráceas. Según Maurín, es “antiespasmódico y antipútrido”. Se empleaba “contra las fiebres sépticas atáxicas, la astenia cardíaca que sobreviene en las fiebres eruptivas y en las cistitis cantaridianas”(12). Según García del Real, “se usa como estimulante de la circulación y respiración en los colapsos de las enfermedades agudas. Es útil en ciertas formas de bronconeumonía”(9).

El acónito “es a las enfermedades de la infancia lo que el opio a la de los adultos. Está indicado contra todas las molestias que se presentan al principio de las enfermedades febriles, los dolores erráticos que acompañan a ciertas manifestaciones catarrales, contra la evolución anormal de las fiebres eruptivas, las bronquitis crónicas y los catarros rebeldes, las neuralgias y, sobre todo, las prosopalgias consecutivas a enfriamientos”(12). Nota: el término prosopalgia se aplica a la neuralgia del trigémino o a un tic doloroso.

El acónito (Aconitum napelluses) es una planta que contiene alcaloides diterpenoides tóxicos, especialmente la aconitina, presentes en altas concentraciones en la raíz y los tubérculos. La aconitina activa los canales de sodio dependientes de voltaje en el corazón y el sistema nervioso, lo que interfiere con la propagación del potencial de acción al mantenerlos abiertos, lo que provoca una despolarización sostenida(14).

El benzoato de sosa se consideraba “antipirético poco poderoso. Diurético. Algo expectorante. Se ha usado en el reumatismo articular agudo, en el que parece útil, aunque muy inferior al ácido salicílico y a los salicilatos(9). Según Apert, “se emplea en las bronquitis con secreciones abundantes”(6).

El bálsamo de Tolú “como modificador de las secreciones se emplea al final de las traqueobronquitis y en las bronquitis crónicas… entra en la composición de la tintura balsámica o bálsamo del Comendador”(9). Según Apert, “el jarabe de bálsamo de tolú, solo o en partes iguales de agua de tilo, es un excelente excipiente para las pociones destinadas a los niños” como balsámico(6). La RAE explica que el bálsamo de Tolú es la “resina extraída del tronco de un árbol de la familia de las papilionáceas, muy abundante en Colombia, que se usa en medicina como pectoral”.

Heroína

Formaba parte de la composición de dos de los productos que conforman la tabla III. En el anuncio del preparado Pectoral JAP®, se citaba la utilidad de la heroína como analgésico y sedante específico de la tos. La diacetilmorfina se sintetizó por primera vez en los laboratorios Bayer en 1897, gracias a la acetilación del clorhidrato de morfina. A principios de 1898, comenzaron las pruebas en animales e incluso en algunos empleados de la farmacéutica, que fueron quienes anunciaron que se sentían pletóricos y heroicos tras tomarla (Heroisch, en alemán). El jarabe Bayer de heroína fue puesto a la venta en 1898. Estaba orientado a los niños para aliviar la tos (Fig. 3).

Figura 3. Jarabe Bayer de heroína publicado en la prensa española en 1912. Disponible en: https://theconversation.com/como-la-heroina-la-cocaina-y-otras-drogas-comenzaron-siendo-medicamentos-saludables-140222.

 

La acogida del medicamento fue espectacular, tanto en Europa como en EE.UU. Un año después de su lanzamiento, Bayer ya producía casi una tonelada anual de Heroin en comprimidos, pastillas, sales y jarabe. En 1906, la American Medical Association aprobó su uso médico, pero ya alertaba acerca del peligro de su consumo habitual. Desde entonces, los informes médicos favorables comenzaron a alternarse con los desfavorables, a la vez que, en EE.UU., se registraban, con una frecuencia creciente, ingresos hospitalarios relacionados con la heroína. En 1913, la ya demostrada dependencia que generaba hizo que Bayer dejara de producir Heroin, pero el principio activo se siguió despachando hasta 1958 en las farmacias alemanas y no fue totalmente prohibido hasta 1971(15).

Sistema nervioso (Tabla IV)

En la propaganda del libro de actas del congreso de San Sebastián, no figuraba la composición del Somnifène Roche®, indicado en el insomnio y las agitaciones. Seguramente, se trataba de un derivado de los barbitúricos, el aprobarbital.

Estricnina

Formaba parte del producto Tetradinamo®, medicación dinamófora y regeneradora de los estados consuntivos (Tabla I) y del Histogil inyectable®, tónico del sistema nervioso (Tabla IV). La nuez vómica componente de Histogil, elixir® es una planta de la que se derivan la estricnina y la brucina. En el libro de Eugène Apert antes citado, se menciona a la estricnina como “tónico muscular”, empleado “contra la parálisis diftérica, la corea blanda y la debilidad cardiaca”(6). La estricnina actúa como un antagonista de la glicina, un neurotransmisor, lo que provoca un aumento de la excitabilidad neuronal. Las manifestaciones clínicas de la intoxicación son: rigidez muscular, hiperreflexia, convulsiones tónicas sin pérdida de la conciencia, trismos y opistótonos(16). Aunque su uso como pesticida está estrictamente controlado o prohibido en muchas partes del mundo, aún se utiliza como rodenticida para el control de plagas de roedores, particularmente en entornos agrícolas y exteriores.

Antirreumáticos (Tabla V)

En esta sección hemos encontrado solo dos productos que eran, ciertamente, un conglomerado de principios activos.

El producto AS Flórez (Fig. 4) contenía nada menos que piramidón, antipirina –ambas, pirazolonas–, aspirina, cafeína y narceína (uno de los alcaloides que se encuentran en el opio).

Figura 4. AS Flórez. El célebre artista Rafael de Penagos diseñó en 1922 el envase de este medicamento. Disponible en: https://arte.farmaciaserra.com/blog/post/penagos-as-florez.html.

 

La antipirina o fenazona, compuesto base de las pirazolonas, fue sintetizada por primera vez en 1883 por Ludwig Knorr, un químico alemán que buscaba un sustituto para la quinina. En el libro de García del Real se cita que la antipirina es “antipirética, antineurálgica y hemostática. Se emplea en la corea y en el reumatismo”(9).

La aminopirina o aminofenazona fue diseñada para mejorar la antipirina, por lo que es un derivado directo de la misma. El fármaco fue comercializado en Alemania en 1897 por la empresa Hoechst con el nombre de Pyramidon®. En el segundo tercio del siglo pasado y hasta los años 70 del pasado siglo fue muy popular en nuestro país. Su uso se prohibió por el riesgo de agranulocitosis. Tal fue su predicamento, que el Hospital Ramón y Cajal, el mayor hospital de los construidos en España por la Seguridad Social en su momento, fue bautizado con el lenguaje popular del Piramidón.

Sobre el efecto analgésico de los salicilatos no vamos a insistir, aunque conviene recordar que los sumerios y los egipcios usaban las infusiones de corteza de sauce para el dolor. El sauce contiene salicilina que en el organismo –en el hígado– se convierte en ácido salicílico. Luego vendría la producción industrial de su derivado, el ácido acetilsalicílico.

La tintura de cólchico contiene un alcaloide, la colchicina, que se ha utilizado clásicamente para tratar los ataques agudos de gota.

Epílogo

En este capítulo, hemos recordado sucintamente los comienzos de la farmacología industrial de hace un siglo, que introdujo en el mercado supuestos fármacos no bien estudiados y con importantes efectos secundarios. Algunos contenían tóxicos y metales potencialmente graves. No obstante, en algunos países se siguen utilizando productos que contiene tóxicos en su composición. Tal es el caso del ayurveda, un sistema médico tradicional empleado por gran parte de la población india. Sus medicinas se dividen en dos tipos principales: hierbas y rasa-shastra que combina hierbas con metales y minerales. A pesar de que los expertos en rasa-shastra mantienen que estas medicinas, cuando están preparadas y administradas apropiadamente, son seguras y terapéuticas, desde los años 70 se han venido describiendo diversos casos de intoxicaciones por plomo, arsénico o mercurio relacionados con el uso de las mismas(17-19).

Agatha Christie, en octubre de 1914, se ofreció como enfermera para ayudar en el hospital temporal para soldados del Ayuntamiento de Torquay, su pueblo natal, en el condado de Devon, Inglaterra. Un año después, en 1915, trabajó como farmacéutica en un dispensario donde se familiarizó con los tóxicos más habituales. En esas farmacias se utilizaban muchos de los productos revisados en este capítulo. En sus libros, algunas de las muertes de los protagonistas se produjeron por envenenamiento con estricnina (El misterioso caso de Styles), arsénico (Anuncio de un asesinato), acónito (El tren de las 4:50) o barbitúricos (Muerte en el Nilo). Por otra parte, no nos olvidemos de la película Arsénico por compasión, en la que las tías de Mortimer Brewster daban de beber a sus víctimas vino de sauco mezclado con arsénico, una pizca de estricnina y cianuro de potasio.

Arsénico, acónito, heroína, estricnina… las amistades peligrosas. De buena nos hemos librado, pero ¿qué dirán dentro de cien años los que revisen lo que hacemos nosotros ahora?

 

Bibliografía

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Padre e hijo Guigou: pioneros en la pediatría canaria y española. Diego Guigou y Costa (1861-1936), fundador del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife en 1901. Diego Matías Guigou (1901-1986), fundador de la Sociedad Canaria de Pediatría

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, Madrid. Coordinador del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
**Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

Pediatr Integral 2026; XXX (1): 81.e1 – 81.e10


Pediatras en la historia (12). Padre e hijo Guigou: pioneros en la pediatría canaria y española. Diego Guigou y Costa (1861-1936), fundador del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife en 1901. Diego Matías Guigou (1901-1986), fundador de la Sociedad Canaria de Pediatría

https://doi.org/10.63149/j.pedint.117

“Hay hombres que no deberían morir, sino ser eternos para dicha de los suyos, para gloria de su pueblo”

Diego Crosa, Crosita, escritor. Palabras escritas en el homenaje escultórico al doctor Guigou

Los juguetes son para los niños, no los niños para los juguetes

Diego Guigou y Costa

“Y si de la pediatría canaria, y más concretamente tinerfeña, se habla, entre dichos nombres resulta de justicia mencionar al Dr. D. Diego Guigou y Costa, a su hijo y continuador de su obra, el Dr. D. Diego Matías Guigou…”

Juan Pedro López Samblás, 1975

Introducción

El apellido Guigou constituye una saga de varias generaciones de personas muy activas en la cultura de Tenerife de finales del siglo XIX y siglo XX. Especialmente aquí aludimos a dos médicos pediatras y cirujanos pioneros y promotores de la pediatría canaria asistencial e institucional. En este artículo nos referimos especialmente a la figura del creador del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife, Diego Guigou y Costa (1861-1936)(1,2). También citaremos la figura del hijo, Diego Matías Guigou Costa (1901-1986), que tiene una biografía estudiada con detalle por el segundo autor de este artículo en Ars Clínica Académica, en el año 2017, disponible en internet, revista de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife(3)(Fig. 1).

Figura 1. Padre e hijo Guigou. Diego Guigou y Costa (1861-1936) (izquierda) y su hijo, Diego Matías Guigou (1901-1986) (derecha). Imágenes propiedad del autor García Nieto VM.

 

Mencionaremos también figuras familiares femeninas: Gertrudis Segovia (1875-1945) y Eva Fernández (1911-2005), que fueron las segundas esposas de ambos, tras fallecer las primeras(3,4). Sendas esposas tuvieron una implicación activa en la promoción de la labor hospitalaria pediátrica de los doctores Guigou, así como también en el arte y la presencia cultural y social de la mujer en Tenerife durante la primera mitad del siglo XX.

La documentación de referencia sobre estos dos pioneros de la Pediatría en Tenerife (y España) procede de revisión de textos, con estrategia “perla”, revisión hemerográfica, análisis de PubMed, Dialnet, el buscador digital de la Biblioteca Nacional de España, además de en las revistas médicas en las que participaron. De gran valor es la tesis doctoral de 2022, de J. C. Paniagua Marrero sobre Guigou, titulada “Su obra publicista, literaria, social y médica”(5). Entre las fuentes están entrevistas realizadas a familiares y colaboradores (por el segundo autor).

En una búsqueda de hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, con el término “Diego Guigou Costa”, encontramos 21 resultados, desde una primera el 31 de enero de 1894 en El Correo Militar, donde se cita su participación en un acto de contenido militar, citan su buen hacer en epidemias, además de sus dotes artísticas por una “oportuna improvisación en verso”.

En “El niño en la cultura española”, el libro de Juan L. Morales(6), donde se recoge una extensa bibliografía pediátrica española hasta los años 50 del siglo XX, encontramos 32 citas de publicaciones de Guigou y Costa DM; dos de ellas son del padre, las demás, del hijo.

Diego Guigou y Costa. Puerto de la Cruz, Tenerife (22-10-1861) – Santa Cruz de Tenerife (15-8-1936)

Diego Guigou y Costa (Fig. 2) fue un médico y pediatra que desarrolló su actividad profesional fundamentalmente en el primer tercio del siglo XX.

Figura 2. Imagen de Diego Guigou Costa, hacia 1900. Real Academia Canaria de Bellas Artes. Disponible en: https://racba.es/listado/guigou-y-costa-diego/.

 

Fue muy prolífico a nivel asistencial, también en la producción de artículos científicos y publicista en prensa periodística, institucional (Academia de Medicina del Distrito) y de gran carisma y reconocimiento en su época, como médico y personalidad social y política. En la tabla I reflejamos los apartados de su carrera profesional.

Destacó por ser el promotor y organizador del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife en 1901, conocido desde sus primeros momentos como “Hospitalito”.

Creación del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife en 1901

El nacimiento de la institucionalización de la Pediatría en Canarias tiene un origen en la creación del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife, en 1901. Con anterioridad a 1900 existían médicos en Canarias que habían destacado por su atención a los niños, pero no había cátedra universitaria de la infancia, ni sociedad científica pediátrica. El primer paso para la institucionalización de la Pediatría fue idea de Diego Guigou Costa (1861-1936), al crear el hospital en lo que era entonces la capital provincial(2,8).

Este hospital infantil fue el tercero de España en fundarse en esa época de finales del XIX y principios del XX, junto al Hospital del Niño Jesús de Madrid (1877) y el de Niños Pobres de Barcelona (1892). Algunos autores refieren, como pionero en España, el hospital de los hermanos de San Juan de Dios de Barcelona (1867); si bien, era relativamente monográfico, pues atendía niños con tuberculosis y anomalías congénitas del aparato locomotor. También fueron monográficos, el Hospital para niños con enfermedades nerviosas en Valencia (1880) y el Hospital Asilo de San Rafael de Madrid (1892)(9).

Diversos estudios han revisado la motivación (y el éxito) para crear este Hospital de Niños de Santa Cruz(5,8), uno de los primeros hospitales infantiles de España, en una ciudad pequeña, a principios del siglo XX, con gran atraso socioeconómico, pésimas condiciones higiénicas(10) y, en parte, alejada de las ideas médicas del momento. Para construir este hospital se necesitó la conjunción de filantropía, un esfuerzo político y publicista-propagandístico de ciertos médicos que daban valor a los postulados higienistas y regeneracionistas. Fue decisivo, sin duda, el sentido filantrópico de Diego Guigou y sus círculos sociales y culturales, de clases más o menos favorecidas. Los postulados higienistas decidieron enfrentarse a la presencia de una muy alta mortalidad infantil.

El 26 de julio de 1900, don Diego pronunció un brillante discurso en la sesión extraordinaria que celebraba el Gabinete Instructivo (sociedad cultural privada) y presentó a la sociedad tinerfeña el proyecto de construcción de un centro asistencial benéfico; se trataba de un hospital de niños. Tuvo acogida positiva esta propuesta y se constituyó una comisión integrada por don Patricio Estévanez y Murphy, director del Diario de Tenerife y del Gabinete Instructivo, don Ángel Crosa y Costa, secretario del Ayuntamiento de Santa Cruz, y don Diego Guigou Costa(2-5,11-13). Para ello, Guigou pidió a la Sociedad Económica de Amigos del País, que presidía Manuel de Cámara, que cediera, gratuitamente y por tiempo ilimitado, un edificio que estaba en construcción, que iba a ser destinado a “cocina económica”. El arquitecto fue Manuel de Cámara y Cruz (1848-1921), arquitecto municipal.

Acorde con los planteamientos de la época, se dijo explícitamente que la organización y cuidado del hospital debían estar a cargo de mujeres: “Dado el carácter de la empresa, objeto y fines que se persiguen, claro es que la organización interior, la administración, el cuidado, la vigilancia y sostenimiento del nuevo Asilo, tenían que ser obra de mujeres y se establece una «Junta fundadora»”.

La nueva conciencia social de finales del siglo XIX, que representó “el descubrimiento de la infancia”, se acompañó entonces del establecimiento de nuevos valores morales, con perspectiva de género, con sentimentalización hacia la familia, el amor maternal y la glorificación de la maternidad. La Medicina contribuyó a la naturalización de muchas de esas propuestas morales(8).

Deciden fundar la “Asociación Caritativa de la Infancia Niño Jesús” para la construcción y posterior sostenimiento de un hospital benéfico destinado a atender a los niños carentes de recursos económicos. Se organizó una Junta Administrativa (Junta de Damas) compuesta por una Presidenta, Carmen Monteverde Cambreleng, una Vicepresidenta, Rafaela Costa Izquierdo de Guigou (la mujer entonces de Diego Guigou), y otras. El Médico-Director fue Diego Guigou Costa.

Carmen Monteverde Cambreleng (de Hamilton) (1857-1906). Era hija de José Joaquín Monteverde, miembro de una prestigiosa familia de La Orotava, que fuera académico de número y también presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Canarias en 1861. Fue muy activa Rafaela Costa, esposa de Guigou, hasta su fallecimiento, ocurrido el 17 de enero de 1912, a la edad de 33 años. Después, Diego Guigou contrajo nuevas nupcias el 18 de abril de 1915, con doña Gertrudis de Segovia Álvarez, que también estuvo en la Junta de Damas(5,8). En la figura 3 tenemos una imagen de Gertrudis Segovia, y en la tabla II un resumen de los datos del perfil público de Gertrudis.

Figura 3. Gertrudis Segovia Álvarez. Foto en La Ilustración española y americana (8/7/1911).Disponible en abierto.

 

La actividad médica higienista, social, educativa y cultural de Diego Guigou no fue en solitario, claro está, sino que se desarrolló sobre un entramado sociocultural en el que participaron muchos hombres, pero no queríamos olvidar aquí a varias mujeres. Se encuentra, a finales del XIX, un visible papel de la mujer en la actividad social benefactora, también en educación infantil y, más tarde, en aspectos socio-sanitarios, como en las Juntas Provinciales de Protección a la Infancia de la Mendicidad en Canarias (documentado en los años 1916-1918).

La organización mediante “Juntas de Damas Benéficas” fue muy común en esa época de finales del XIX y principios del XX en España(4,14-17): en Sanatorios, como el marítimo de Manuel Tolosa Latour (1857-1919), la Junta de Damas de la Sociedad Protectora de Niños, en Madrid, etc. Participaban las mujeres de pediatras, como, por ejemplo: Elisa Mendoza (1856-1929) (del mencionado Manuel Tolosa), Milagros Sanchís, mujer de Rafael Tolosa Latour (fallecido en 1935) y cuñada de Elisa(17).

El 26 de mayo de 1901, se inauguró el Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife (Fig. 4). Diego Guigou tuvo una visión moderna de la atención médica pediátrica, con apertura de salas dedicadas a la medicina infantil, una fuerte vocación quirúrgica, salas para pacientes quirúrgicos y una especial dedicación a las enfermedades infecciosas.

Figura 4. Fachada del Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife. Imagen del Hospitalito de Niños en el año 1932 E. D. El DÍA.
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Desde sus comienzos, el patrocinio del hospital fue la caridad privada, con aportaciones y donativos populares, de la aristocracia y clases medias-altas; fundamentalmente de la sociedad santacrucera, pero no exclusivamente. También tuvo ayudas de instituciones políticas, corporaciones civiles, eclesiásticas, rifas, mercadillos, etc.(3,5,8,9,18). Se advirtió, inicialmente, que los servicios a prestar por médicos y enfermeras tenían que ser gratuitos. Este marcado carácter caritativo fue similar al del Hospital del Niño Jesús de Madrid y otros centros.

En principio, disponía solo de veinte camas. El hospital ofertaba sus servicios a niños pobres de Santa Cruz de Tenerife, pero también de las diversas islas Canarias. Había pacientes “de pago”. El Centro fue agrandándose a lo largo del tiempo en número de salas para los enfermos, en quirófanos, modernos aparatos, tanto para cirugía como para auscultación, la capilla, sala de consultas, de rayos X, ampliación de cocina, de habitaciones de las Hermanas de las Siervas de María, que corrían con el cuidado y bienestar de los niños, hasta que, en el año 1920, fueron sustituidas por las Hermanas de la Caridad. El hospital se mantuvo activo hasta su cierre en 1998, motivado por la creación de Servicios de Pediatría en los nuevos hospitales públicos(3,5).

Diego Guigou, formación académica y especializada

Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Medicina de Cádiz (1881-1887). Obtuvo las mejores calificaciones en todas las asignaturas de la carrera, con sobresaliente y premio. En quinto curso, ganó por oposición una plaza de alumno interno en el Hospital Clínico de Cádiz, que le permitió atender a los enfermos de la epidemia de cólera que azotó a esta ciudad por estas fechas. Se doctoró en la Universidad de Madrid. Aprobó unas oposiciones para médico militar; en 1889 pasó a formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar(5,13).

Médico militar (1889-1898)

Fue destinado en Barcelona en 1889; posteriormente en Figueras y en Las Palmas de Gran Canaria en 1891, y en Santa Cruz de Tenerife en 1892. En Barcelona, conoció la epidemia de gripe de 1889. En Santa Cruz de Tenerife, luchó en noviembre-diciembre de 1893 contra la epidemia de cólera morbo, de gran mortalidad.

En 1895 se inicia la guerra de la independencia de Cuba, y fue destinado al Ejército de Cuba. A los dos meses de su llegada a Cuba, contrajo la fiebre amarilla; pero, una vez restablecido, prestó servicios en el Hospital de La Habana. A los pocos meses, se le concedió la licencia y regresó a Tenerife el 10 de febrero de 1896. Permanece en su actividad como médico militar hasta 1898, año en que se integra en la vida civil como médico de Obstetricia y Pediatría, abriendo consulta privada en la capital, en la plaza Weyler, esquina de Imeldo Serís con Jesús Nazareno. Se dedicó progresivamente a la obstetricia y, sobre todo, a la atención infantil, pediátrica y con actividad destacada en cirugía. Esto último era competencia común entre pediatras de principios del XX, como, por ejemplo, Andrés Martínez Vargas (1861-1948), el catedrático de Barcelona de Medicina de la Infancia(3,5,13).

Publicaciones. Investigación

Su obra científica es muy amplia (5,13,19) con difusión nacional e internacional (París, Londres). Trató temática higienista, clínica, quirúrgica, clima, actualizaciones… Subrayamos aquí sus temas, en sentido cronológico:

• 1892. Climatología de las Islas Canarias en sus aplicaciones al ejército. Madrid.

• 1893, con Diego Costa, Juan Febles y Ángel M. Izquierdo. Preceptos encaminados a impedir la propagación del cólera indiano. Santa Cruz de Tenerife.

• 1896. “Revista crítica bibliográfica. Diagnóstico y tratamiento de las mastoiditis por el Dr. Ricardo Botey” (Reseña). Revista Médica de Canarias. 1896; 1: 257-8. Colaboración con la primera publicación científica médica de Canarias.

• 1900. El alcoholismo. Sus causas, estragos que produce y medios de contener su incremento en el país, Santa Cruz de Tenerife.

• 1907. Los niños canarios (Fig. 5). Ensayo de higiene regional infantil consagrado especialmente a las madres de familia, Santa Cruz de Tenerife. Libro, 269 páginas.

Figura 5. Libro Los niños canarios. 1907. Ensayo de higiene regional infantil consagrado especialmente a las madres de familia. En la portada, está un grabado del Hospitalito entonces, con una planta y la sala de cirugía.
Fuente: referencia(5) p. 403.

 

• 1910. Sesión necrológica dedicada a la memoria de don Tomás Zerolo Herrera, Santa Cruz de Tenerife. Tomás Zerolo (1851-1910) fue un famoso cirujano canario.

• 1912. Un caso de broncoscopia (Fig. 6). Revista de Medicina y Cirugía Prácticas.

Figura 6. Un caso de broncoscopia.Revista de Medicina y Cirugía Prácticas. 1912. Una de las primeras broncoscopias realizadas en España; probablemente la primera realizada a un paciente pediátrico, con curación de un absceso pulmonar.

 

• 1915. Una epidemia de cuarta erupción. La Pediatría Española. Era una revista dirigida por Arquellada, del Hospital Niño Jesús de Madrid.

• 1916. La Eugenesia. Santa Cruz de Tenerife. Tema de actualidad, entonces.

• 1928. Estenosis congénita hipertrófica del píloro. Santa Cruz de Tenerife (Fig. 7).

Figura 7. Estenosis congénita hipertrófica del píloro. Diagnóstico y cirugía. Santa Cruz de Tenerife. 1928. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Disponible en: https://hemerotecadigital.bne.es/.

 

• 1932. Climatología de Tenerife y su influencia fisiopatológica. Santa Cruz de Tenerife.

• 1933. La acetonemia en patología infantil. Revista Médica de Canarias.

En 1927, Diego Matías operó a un paciente procedente de un pueblo del nordeste de Tenerife que padecía vómitos pertinaces por estenosis de píloro, y que pesaba 1.700 gramos. Su padre, Diego Guigou, realizó el diagnóstico, pero cedió la cirugía a su hijo, procediendo como su ayudante, según la técnica de piloromiotomía “extramucosa” que Conrad Ramstedt había publicado en 1912. El niño se convirtió en el primer caso español superviviente a este proceso(7). Fue publicado en Archivos de Medicina, Cirugía y Especialidades, Madrid, 6-XII-1928 (nº 329), p. 663-73. El artículo tiene numerosas referencias bibliográficas médicas y quirúrgicas. Muy interesante, pues contiene, ajustados a su época, técnicas de diagnóstico clínico y radiológico, de hidratación, medicaciones, anestesia, procedimiento quirúrgico y realimentación. El lenguaje es muy de su tiempo. Entonces, sin la actual ley de protección de datos, se mencionaban en los artículos el nombre del paciente, su familia y lugar de residencia…

Otras actividades sociales y públicas

La dedicación y preocupación de Diego Guigou por la medicina social, la educación, el desarrollo de la infancia, la participación política, incluida en ambientes obreros, muestra el perfil regeneracionista de Guigou, frecuente en los pediatras españoles de principios del siglo XX. El artículo de Betancor(20) subraya el valor que Diego Guigou daba a la higiene pública, las consecuencias para el desarrollo de los factores ambientales, la importancia de la naturaleza, el ejercicio físico y el juego para los niños. Su profesión se desarrolló con intensa actividad con mentalidad de médico higienista, como otros pediatras pioneros de finales del XIX y principios del XX, como Manuel Tolosa Latour (1857-1919).

Guigou también merece ser recordado por la intensa campaña que realizó desde 1904, para que su ciudad tuviera un gran parque, donde los niños pudieran jugar y respirar aire puro. La iniciativa de construir un parque partió de Patricio Estévanez Murphy, en 1881, en su periódico, El Diario de Tenerife; fue respaldada por el arquitecto municipal Manuel de Cámara y por el doctor Diego Guigou y Costa, en 1904. Se concretó hacia 1926, dando lugar al actual Parque García Sanabria. Santiago García Sanabria fue un destacado alcalde de Santa Cruz entre 1923 y 1930.

Actividad extraprofesional médico-sanitaria de Diego Guigou

Véase la tabla III.

Familia

Nació en el edificio que, posteriormente, fue sede del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz hasta principios de los años 70: en la esquina de Iriarte (antes Venus) con Blanco (antes Las Cabezas). Hijo de Matías Guigou del Castillo, concejal constitucional del Puerto de la Cruz en 1867, y su madre, Dolores Costa Izquierdo(5,12,18-20).

Su abuelo paterno, Carlos Esteban Guigou Pujol, nacido en Orange, Francia (1796-1851), de profesión músico, fundó en 1828 la Sociedad Filarmónica de Santa Cruz de Tenerife y casó con la tinerfeña Matilde del Castillo.

Realizó el bachillerato en el Instituto de Canarias de La Laguna.

En mayo de 1899, contrae matrimonio en Santa Cruz de Tenerife con Rafaela Costa Izquierdo, prima hermana suya. Murió en 1912 (La Opinión, 19 de enero de 1912).

Tuvieron siete hijos. Su hijo Diego Matías sería médico, como veremos a continuación.

Después, Diego Guigou contrajo nuevas nupcias el 18 de abril de 1915 con Gertrudis Segovia Álvarez.

Fue muy aficionado a la música; tocaba el violín.

El día 15 de julio de 1936 falleció Guigou de una dolencia cardiaca, justo a tiempo de evitar vivir la desolación de la guerra civil española(12).

Reconocimientos

En agosto de 1894, le fue concedida la Cruz de 1ª clase del Mérito Militar con distintivo blanco “en recompensa del brillante comportamiento observado con motivo de la epidemia de cólera” que padeció Santa Cruz de Tenerife el año anterior.

En 1915 fue nombrado Académico de la Real de Medicina y Cirugía de Sevilla. La más antigua de Europa.

En 1923 recibió la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo morado, por su meritoria labor con la infancia, al construir el Hospitalito. También, el Ayuntamiento le otorgó un Diploma de gratitud por los servicios prestados a los niños pobres.

Fue miembro de honor de la Facultad de Medicina de París, recibió las “Palmas Académicas” de la Academia de Medicina de París, por sus méritos en los campos de la cultura y la educación(5,12,18-20).

En 1926 recibió el Diploma al Mérito por el Consejo Superior de Protección a la infancia.

Al fallecer (1936), el acto de su entierro constituyó una de las manifestaciones de duelo popular más emocionantes que se vivieron en Santa Cruz (Fig. 8). El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife pondría su nombre a la calle que transcurre desde Méndez Núñez a la Rambla de Santa Cruz.

Figura 8. Entierro de Diego Guigou Costa en 1936. Periódico La Prensa. Santa Cruz de Tenerife, 16 de julio de 1936. Disponible en abierto. Fuente: referencia(5) p. 321.

 

Existe un monumento en homenaje al doctor Diego Guigou y Costa (Fig. 9), que fue recientemente restaurado (en el año 2025) en el Parque García Sanabria. Este homenaje fue iniciativa del diputado y periodista Leoncio Rodríguez, en 1924. El coste fue sufragado por colecta de los niños de esta capital, obra del escultor Francisco Borges Salas (1901-1994). Este detalle de la construcción de un monumento en un parque, el agradecimiento popular, el duelo, nos avivan la memoria de Manuel Tolosa Latour (tiene un monumento en El Retiro de Madrid, 1925), Ramón Gómez Ferrer (Valencia, 1920) y otros pediatras del siglo XX.

Figura 9. Monumento homenaje a Diego Guigou. Leyenda: “Los niños de Tenerife al Dr. Guigou, en su subscripción popular a un real por niño”. Disponible en: https://www.santacruzdetenerife.es/web/noticias-y-agenda/noticias/detalle-noticia/monumento-al-doctor-guigou.

 

Diego Matías Guigou Costa. Santa Cruz de Tenerife (1-5-1901 – 24-1-1986).
Hijo de Diego Guigou y Costa

Diego Matías Guigou y Costa fue un médico y pediatra, pionero, de segunda generación, que desarrolló su actividad profesional en el siglo XX.

Fue muy prolífico. Continuó la obra de su padre en el Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife, fundado en 1901. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Canaria de Pediatría. Muy activo en ambientes culturales y humanísticos.

Formación

Estudió Medicina en la Universidad de Cádiz, como su padre y su tío, Diego Costa Izquierdo (1877-1920). Obtuvo el título de médico en 1925, con calificaciones excelentes. Volvió a Tenerife, donde continuó y extendió la obra de su padre, Diego Guigou Costa, que había fundado el Hospital de Niños en Santa Cruz en 1901.

Realizó una rotación en París, con Louis Ombrédanne (1871-1956), poniendo especial interés en la cirugía ortopédica(3,7).

Actividad asistencial. Hospital de Niños de Santa Cruz

En 1926, Diego Matías Guigou fue nombrado médico “honorario y gratuito” de los establecimientos insulares de beneficencia, con destino a la Casa Cuna. Luego, por concurso, fue jefe de los Servicios de Pediatría de la Beneficencia Insular.

En 1933 fue nombrado médico puericultor por concurso por la Dirección General de Sanidad.

En 1944, Diego Guigou fue nombrado profesor auxiliar de la Escuela de Puericultura de Santa Cruz de Tenerife. En 1963, a la muerte de Isidoro Hernández González, fue Director de la Escuela de Puericultura hasta 1972; le sucedió Raúl Trujillo Armas.

En el Hospital de Niños de Santa Cruz desempeñó como médico y cirujano infantil, colaborando con su padre. Fue un incansable divulgador quirúrgico.

En octubre de 1935, su padre interrumpió, por enfermedad, el ejercicio de la medicina; Diego Matías pasó a ocupar la dirección del Hospital de Niños. Allí trabajó intensamente, salvo los meses de su detención en 1938 por las tropas franquistas durante la guerra civil. Fue director del Hospital de Niños durante el periodo de máximo apogeo y reconocimiento de ese centro hospitalario(3,18,19,21,22).

Es motivo de otro próximo artículo referir la evolución en la historia del Hospital de Niños de Tenerife. Para conocer la ingente obra en el “hospitalito” de Diego Matías Guigou, véase el libro que la Sociedad Canaria de Pediatría editó al cumplirse el centenario de la apertura del Hospital de Niños, por Jaime Chaves et al.(3).

En el lugar del Hospitalito se edificó un Centro de Salud, en el que una placa conmemorativa en la fachada rubrica que el edificio fue su sede. Es un edificio con tres módulos para diferentes usos sanitarios.

En la figura 10, mostramos una imagen emblemática de la actividad e importancia del centro en los años 60.

Figura 10. Fotografía tomada durante la visita de Guido Fanconi (catedrático de Pediatría, Suiza), alto, con traje gris, al Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife en marzo de 1963. Detrás de él, con bata blanca, la Dra. María Dolores Díaz-Llanos Álamo. A la derecha, con chaqueta blanca, Diego Matías Guigou y Costa(3,23).

 

Publicaciones. Congresos

Publicó, desde 1928, en revistas médicas como Práctica Médica, editada en Tenerife(3). En 1929 firmó su primer artículo en una revista nacional, la Gaceta Médica Española (dos casos de clínica quirúrgica infantil).

Padre e hijo participaron, en marzo de 1932, en las Primeras Jornadas Médicas Canarias, en Santa Cruz de Tenerife. Su padre presidió la inauguración, presentó “Climatología en Tenerife y su influencia fisiopatológica”. El hijo también envió comunicaciones.

Dictó conferencias de tema neuropsicológico y psicología en la edad escolar (1932).

Acudió al Congreso Internacional de Pediatría, celebrado en La Habana en 1953, junto con el Profesor de Pediatría de Barcelona Rafael Ramos Fernández (1907-1955), en representación de nuestro país.

Otras actividades. Escritor, historiador y músico

Pasados los 40 años de edad, en la plenitud intelectual de su vida, además de la medicina o la psicología, empezó a manifestar su interés por otros temas relacionados con el arte o la historia, especialmente los de las islas Canarias.

Fue escritor. Dictó conferencias en diversos foros, por ejemplo, en el Círculo Mercantil de Santa Cruz de Tenerife (Tabla IV).

Actividad institucional: Real Academia de Medicina y Sociedad de Pediatría de Canarias

En 1929 ingresó como miembro de la Real Academia de Medicina de Canarias (RAMC). La RAMC surgió en 1880. La Academia inicialmente fue el único medio de formación e información para los médicos y farmacéuticos de finales del XIX y principios del XX, hasta la llegada del Colegio de Médicos y, posteriormente, las sociedades médicas y la Facultad de Medicina.

En 1961 se fundó la Sociedad Canaria de Pediatría. Estuvo entre los fundadores y fue su primer presidente (1961-1976), con diversas Juntas Directivas. En 1973, se iniciaron las Reuniones Conjuntas de la Sociedad Canaria de Pediatría.

El 22 de mayo de 1975, la Sociedad Canaria de Pediatría le tributó un homenaje con motivo de sus bodas de oro con la medicina. Manuel Bueno, que ese año sería nombrado catedrático de Pediatría y Puericultura de la Universidad de La Laguna, le entregó una medalla de plata conmemorativa(3,24).

Familia

Se casó con María del Rosario Santacruz Llamas, que murió en el parto de su primer hijo. En mayo de 1933, Diego Matías se casó con su segunda esposa, Eva Fernández –Eva Fernández de Guigou al casarse–.

Eva Fernández. Evarista Fernández Jiménez (La Orotava, Tenerife, 1911 – Santa Cruz de Tenerife, 2005) fue una artista ilustre(25). Tuvieron 6 hijos. Con Eva Fernández, el segundo autor de este texto pudo conversar y compartir datos de la biografía de Diego Matías de Guigou. Eva Fernández fue una pintora tinerfeña, centrada en óleo y acuarela, pionera en el arte en femenino en Canarias. Dio a conocer su obra en exposiciones individuales y colectivas en las islas, en la década de 1930. El Círculo de Bellas Artes de Tenerife acogió desde un principio su carrera artística. Durante 10 años estuvo alejada de la pintura, entre 1933 y 1941, pero luego reanudó su actividad artística hasta la década de los 70. Fue una pintora reconocida en vida, con difusión nacional e internacional de sus obras. Eva Fernández fue una adelantada a su tiempo y formó parte de él, conquistando un espacio propio, público y genuino en Canarias.

Homenajes-premios

La Real Academia de Medicina de Canarias convoca un Premio del “Dr. Diego M. Guigou Costa” al mejor trabajo sobre Pediatría.

La Sociedad Canaria de Pediatría de Santa Cruz de Tenerife convoca un premio para la investigación “Dr. Diego M. Guigou Costa”.

Existe, desde 2004, un galardón de la Sociedad Canaria de Pediatría de Santa Cruz de Tenerife llamado Medalla “Diego Guigou y Costa”.

Epílogo

Padre, Diego Guigou, e hijo, Diego Matías Guigou, participaron decisivamente en el nacimiento y el desarrollo institucional de la pediatría canaria y española en el siglo XX. Los Guigou tuvieron interés, profesionalidad y curiosidad por la medicina, por la asistencia sanitaria, por la beneficencia y la acción social, por el desarrollo de las sociedades científicas, y también por el arte, el humanismo, la sociología, su amor por los niños y su deseo de servir a Canarias.

Bibliografía

1. González Rodríguez T. “Excmo. Sr. Don Diego Guigou y Costa”. Pro-Cultura, La Laguna; 1925. p. 45-51.

2. Cerviá Cabrera T. “La personalidad médica del Dr. Diego Guigou” en Sesión literaria en homenaje a la memoria de su ilustre Presidente, el Excmo. Sr. Dr. Don Diego Guigou y Costa, Santa Cruz de Tenerife; 1946. p. 5-12.

3. García Nieto VM. Diego Matías Guigou y Costa. Una figura imprescindible en la pediatría de Tenerife. Ars Clin Academ. 2017; 3: 12-18.

4. Reyes Ferrer M. Gertrudis Segovia: una aproximación a su figura. La Palabra. 2022; 44: e14277. Disponible en: https://doi.org/10.19053/01218530.n44.2022.14277.

5. Paniagua Marrero JC. Diego Guigou y Costa: Su obra publicista, literaria, social y médica. Tesis doctoral. 2022. Universidad de La Laguna. Tesis doctoral. Programa de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Directores: Justo Pedro Hernández González, Víctor Manuel García Nieto.

6. Morales JL. El Niño en la Cultura Española. 4 tomos. Alcalá de Henares, Imprenta de los Talleres Penitenciarios.

7. Girón Vallejo O. La familia Guigou y el tratamiento de la estenosis hipertrófica de píloro en España. Cir Pediatr. 2017; 30: 173-4

8. Betancor Gómez MJ. Los inicios de la institucionalización de la Pediatría en Canarias. XVI Coloquio de Historia Canario Americana; 2004. p. 963-74. Disponible en: https://mdc.ulpgc.es/files/original/d6ff9f1e18e93a4fd6adcbf2489e0a38ef45d8c2.pdf.

9. López Piñero JM, Brines Solanes J. Historia de la Pediatría. Valencia, Albatros. 2009.

10. Cioranescu A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. Confederación Española de Cajas de Ahorros. 1979; (t.IV): 75-97.

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Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia.
La increíble historia del tratamiento de la enuresis nocturna

Historia de la Medicina y la Pediatría


V. M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 636.e1 – 636.e6

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia(26). La increíble historia del tratamiento de la enuresis nocturna

https://doi.org/10.63149/j.pedint.104

 

“Mucho se ha escrito, pero relativamente se conoce poco de esta condición que angustia a las madres, avergüenza a los niños y, con frecuencia, desconcierta a los médicos”.

Davidson, W. C. Enuresis, 1924

 

“En la lista de enfermedades no mortales, quizá no haya otra que cause tanta miseria y angustia como esta afección. El niño de cinco años siente profundamente su desgracia cuando moja involuntariamente la cama y teme encontrarse con su niñera por la mañana con cara de vergüenza. El escolar que la padece lleva consigo durante todo el día, tanto en el estudio como en el recreo, una carga de miseria. Sin embargo, el clímax de la angustia se alcanza cuando el niño, convertido en joven, entra en la vida civil, la universidad o el ejército, y teme con miedo y horror que se descubra su desgracia, aunque no sea culpa suya en absoluto”.

Dominic John Corrigan. On the treatment of incontinence of urine in childhood and youth by collodion. Dublin Quarterly Journal of Medical Science, 1870s

 

Prólogo

El problema de la enuresis nocturna es tan antiguo como la infancia. La falta de conocimientos sobre su etiología permitió que durante siglos se utilizaran los más variopintos remedios aparentemente curativos, muchas veces harto agresivos y sin sentido. La historia de los tratamientos de la enuresis nocturna es escalofriante en muchos casos. Quién sabe si el miedo que causaban algunas de las medidas que vamos a recordar en este capítulo conseguía resolver el problema en algunos casos; no se debe olvidar que está aceptada la eficacia, en algunos casos, del tratamiento conductual(1). Una historia magnífica y erudita acerca del tratamiento de esta entidad fue escrita en 1951 por Lucille Glicklich(2).

En el papiro Ebers (1550 a. C.) se cita un tratamiento recomendado que incluye bayas de enebro, ciprés y cerveza(3).

La terapéutica recomendada para resolver la incontinencia urinaria nocturna en los siglos XVI y XVII es difícil de creer. Hemos recogido algunos métodos citados por el doctor Denis Gill. Así, este autor cita, por ejemplo, que Phaer recomendaba una dracma de polvo de garra de cabra y tráquea de gallo (1544), que Fontanus sugirió rociar la cama con vejiga de cerdo asada (1642) y que Primerose recetaba testículos de liebre con cerebro y vino, tomados por vía oral (1659)(3).

El tratamiento de la enuresis durante el siglo XIX

El acercamiento a la sospecha etiológica de esta entidad a mediados del siglo XIX, se puede revisar gracias al libro de F. Barrier, médico de Lyon, cuyo Tratado práctico de las enfermedades de los niños fue traducido y publicado en Barcelona en 1843(4) (Fig. 1). El Dr. Barrier iniciaba su capítulo sobre el tema expresando un concepto expresado con sentido común, y es que “la incontinencia nocturna no constituye siempre una enfermedad, pues, algunas veces, es un simple defecto”. Para clasificar la etiología, citó la experiencia de un médico francés de la época: “J.L. Petit ha distinguido tres especies: La primera comprende a los niños que tienen pereza de levantarse para orinar cuando sienten los primeros estímulos. La segunda, los que duermen tan profundamente que no les despierta la sensación que precede al acto de orinar y pasa la orina por la uretra sin que el niño lo advierta; y la tercera, los que sueñan que orinan en un orinal, cerca de una pared o en otra parte”.

Figura 1. Portada de la edición española del Tratado práctico de las enfermedades de los niños, escrito por F. Barrier, 1843.

 

El autor examinó “las tres clases de enuresis”, reconociendo que la incontinencia observada en la primera y la tercera especie no depende de condición alguna patológica del aparato urinario y que todo su tratamiento consistía en los “medios morales” que, raras veces, debían ser rigurosos y severos, debiendo limitarse a imponer privaciones a los niños o picar su amor propio “reprendiéndoles” delante de personas extrañas. En cambio, los médicos debían declamar enérgicamente contra el uso de los azotes, un medio del que abusaban muchos padres, más que nada porque “algunas veces ocasionaban verdaderos peligros”.

Según Barrier, en la segunda especie de Petit, la incontinencia realmente patológica, es fácil de concebir la razón de su existencia, porque “la infancia predispone poderosamente a ella, pues en esta edad el sistema muscular de la vida orgánica goza de una contractilidad muy pronunciada. Todos los reservorios se vacían más a menudo y simples contracciones fisiológicas adquieren, a veces, el carácter espasmódico, como se ve en ciertos vómitos… Además, debe notarse que el sueño suspende más completamente las funciones de los sentidos y del entendimiento que las del instinto. En cierta forma, el autor intuía uno de los mecanismos actualmente reconocidos de esta condición, el trastorno del despertar(5,6).

Del célebre médico francés Armand Trousseau (1801-1867) (Fig. 2) nos hemos ocupado en los capítulos de esta serie dedicados a la tetania(7) y a la difteria(8). Fue considerado en su época el principal clínico del Hôtel-Dieu (el hospital más antiguo de París). La primera gran obra de Trousseau fue el Traité de thérapeutique et de matière médicale, que publicó junto con H. Pidoux entre 1936 y 1939. Al parecer, fue un libro muy apreciado en nuestro país, donde tuvo una fuerte influencia en las décadas centrales del siglo XIX. En 1862 publicó su otra gran obra, la Clinique médicale de l’Hôtel-Dieu. Su magisterio clínico alcanzó cotas inauditas. Dejó una huella brillante en el estudio clínico de la tisis laríngea, las anginas y las parálisis diftéricas, el raquitismo, la tetania infantil, el vértigo, los derrames pleurales, las afasias, etc.

Figura 2. Armand Trousseau (1801-1867). Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Armand_Trousseau.

 

En una de sus conferencias clínicas dictadas en el Hôpital des Enfants Malades, Trousseau indicó que creía que la enuresis era de causa “nerviosa” y afirmaba que podía curarse fácilmente con extracto de belladona hasta alcanzar la dosis de 10 a 20 centígramos(9). El principio activo de la belladona –Atropa belladona– es la atropina, que fue aislada por Mein en 1831, aunque también presenta concentraciones menores de escopolamina. La atropina, como otros anticolinérgicos, compite con la acetilcolina en los receptores muscarínicos localizados en el tracto genitourinario. En la actualidad se contempla el uso único de los anticolinérgicos o asociados a la desmopresina, sobre todo en los casos en los que ha existido en algún momento síntomas de vejiga hiperactiva(10,11).

Dominic John Corrigan (1802-1880) nació en Dublín (Irlanda) (Fig. 3). Se licenció en Medicina en la Universidad de Edimburgo (Escocia) en 1825. Fue designado médico del Jervis Street Hospital de Dublín y estuvo ligado al Instituto de Niños Pobres de la misma ciudad. Escribió artículos sobre la angina pectoris, la estenosis mitral y la cirrosis. Al parecer, fue uno de los primeros clínicos en diferenciar el tifus de la fiebre tifoidea. No obstante, su principal contribución fue el diagnóstico de la insuficiencia de la válvula aórtica. En su artículo Permanent patency of the aortic valves, publicado en 1832 en el Edinburgh Medical and Surgical Journal, mostró que los pacientes con insuficiencia aórtica tienen una caída rápida del pulso durante la sístole tardía (signo de Corrigan)(12).

Figura 3. Dominic John Corrigan (1802-1880). Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Dominic_John_Corrigan.

 

El Dr. Corrigan propuso una terapéutica singular de la incontinencia urinaria nocturna: “El tratamiento mecánico del que deseo yo llamar la atención ahora es el uso del colodión. Es muy fácil de aplicar, ocupa escasamente un minuto y puede ser realizado en la escuela o en otra parte, con privacidad completa. Cuando yo usé inicialmente la aplicación de colodión, mi expectativa era que la vejiga actuaría tan fuertemente contra él como para causar un dolor súbito y obligara al paciente a saltar en seguida fuera de cama y rápidamente quitarse el colodión; se debería entonces repetir la aplicación del colodión antes de volver a dormir”(13) (Fig. 4). No dejaba de ser una variante del tratamiento conductual.

Figura 4. Referencia al artículo sobre enuresis escrito por el Dr. Corrigan que fue publicado en: Am J Obstet Dis Women Child. 1871; 3: 364.

 

Dos nuevas opciones en el tratamiento de la enuresis nocturna que fueron introducidas tímidamente en el primer tercio del siglo XX. Luces y sombras

Entre 1904 y 1925, en el plazo de 21 años, se describieron dos opciones terapéuticas aceptadas en la actualidad en el tratamiento de la enuresis nocturna, a saber, las alarmas y los extractos de hipófisis. Curiosamente, y como se detallará a continuación, en ese intervalo de tiempo, en textos generales reconocidos de pediatría escritos por autoridades en el tema, no se menciona ninguno de los dos. No obstante, hay que aclarar que el uso de los extractos de hipófisis fue limitado en el tiempo –escasas dosis– y publicado en revistas o presentados en congresos con poca difusión internacional y que no se administraba cada noche como se realiza actualmente con la desmopresina con el objetivo de conseguir noches secas.

La primera alarma de “campana y almohadilla” (bell & pad) fue creada por el médico alemán Meinhard Pfaundler en 1904. La clave de la misma era una almohadilla metálica sensible a la orina en la zona del pañal. La alarma sonaba cuando la orina cerraba el circuito en la almohadilla de malla de bronce. Su descubrimiento fue accidental, ya que la intención original era crear un dispositivo de alarma que avisara al personal de enfermería cuando el niño se mojaba de noche. El dispositivo mostró ventajas terapéuticas significativas después de un cierto tiempo de empleo.

A pesar del éxito inicial de las alarmas, el tratamiento no se desarrolló hasta la década de los años 30 del pasado siglo por parte de dos grupos independientes de psicólogos, los formados por Orval Hobart Mowrer y Willie Mae Mowrer (1938) y por John Morgan y Frances Witmer (1939). Mowrer utilizó un dispositivo de alarma modificado a partir del modelo de Pfaundler en 30 niños (3-13 años) y demostró el éxito empírico del método “bell & pad” para tratar la enuresis nocturna. El tiempo máximo requerido para llevar a cabo el tratamiento no era superior a dos meses(14).

A principios de los años 20 del pasado siglo, se empezaron a usar los extractos de hipófisis en el tratamiento de la diabetes insípida hipofisaria(15). Aunque las referencias son incompletas, el doctor Marson escribió que “Lina Bonacorsi [La hipofisina en la cura de la enuresis nocturna. Pediatria (Napoli). 1925; 33: 936], Blau (Med J Rec. 1926; 124: 492) y Jacobs (Penn Med J. 1930; 33: 388) informaron sobre el uso de los extractos de hipófisis en el tratamiento de la enuresis nocturna en niños. Es difícil comprender –escribía el Dr. Marson– su modo de acción en estos casos, ya que se afirmaba que se obtuvieron buenos resultados después de tratamientos cortos con inyecciones del fármaco”(16).

En la edición española del libro de Jules Comby (1853-1947) se revelaba lo que se suponía que era la causa de la enuresis a principios del siglo pasado (1907), una sospecha etiológica harto sorprendente… Decía así: “La incontinencia esencial no reconoce causa anatómica alguna; es una neurosis de evolución propia de la segunda infancia y cuyas relaciones con las demás neuropatías están perfectamente establecidas… La incontinencia de orina es un estigma nervioso, estigma benigno, pasajero a la verdad, pero estigma completo; comprueban esta afirmación, no solo las enfermedades concomitantes, como el estado mental particular, la excitabilidad, la corea, el histerismo, la epilepsia, el estrabismo, las convulsiones, los terrores nocturnos, el onanismo y el idiotismo, sino también los antecedentes hereditarios; la herencia similar es frecuente, pero lo es más todavía la disimilar, como el alcoholismo, el histerismo, la epilepsia y la vesania en los ascendientes o en los colaterales”(17).

En cuanto al tratamiento, Comby, además de la sobriedad en las bebidas y siguiendo la experiencia de la escuela francesa, recomendaba el uso de la belladona propiciado por Trousseau, aunque prefería la prescripción de sulfato de atropina a dosis progresivas. Mencionó, asimismo, otros tratamientos farmacológicos que se ensayaban en ese momento, como la antipirina, la estricnina, la ergotina (cornezuelo de centeno) y el extracto fluido de Rhus aromatica (zumaque). Fuera de los fármacos, el autor nombraba “las duchas frías, los baños sulfurosos y los baños de mar”. Además, citaba a Van Tienhoven, que “declara que ha obtenido excelentes efectos manteniendo elevada la pelvis del niño puesto en decúbito supino”, y a “Guyon y sus alumnos, que han recurrido a la electrización directa del esfínter vesical… Para ello se introduce una oliva metálica hasta tocar el cuello de la vejiga, se pone esta sonda en comunicación con el polo negativo de la pila farádica, al mismo tiempo que se aplica el polo positivo sobre el pubis; se dan corrientes débiles de uno a cinco minutos, en días alternos”(17).

En la edición española del libro de Eugène Apert (1868-1940) que se publicó en 1917, vuelve a indicarse “el uso de la belladona a dosis progresivas” ya mencionado. Luego pueden leerse otros tratamientos sin base científica, a saber, “la suspensión con aparatos empleados para la ataxia; parece que obra por sugestión. La hidroterapia tibia (duchas en forma de lluvia) da algunas veces buenos resultados, calmando la excitabilidad nerviosa. Las inyecciones epidurales de agua salada al 8 por 100 dan resultado en un tercio de los casos (doctor Cathelin). También se ha aconsejado el mismo líquido en inyecciones en la región rectovesical. Las exploraciones vesicales y uretrales, la electrización directa del esfínter o su cauterización con cauterio son peligrosas por la gran sensibilidad de la vejiga del niño a la infección y deben ser rechazadas. Pero se obtienen los mejores efectos de la faradización indirecta del cuello vesical aplicando un electrodo en el periné y otro por encima del pubis (Courtade). La curación tiene lugar, generalmente, después de una decena de sesiones. Importa asegurarse de que no existe causa local de irritación permanente como balanopostitis, vulvitis, eczemas, oxiuros, fimosis, adherencias prepuciales. El tratamiento de estas afecciones locales, la circuncisión en casos de fimosis o de adherencias, hace a veces cesar la incontinencia”(18).

Pasando a la escuela alemana, en el libro firmado por Bernardo Bendix en 1913, no había grandes diferencias con respecto a lo señalado más arriba; es decir, el empleo de belladona y atropina, el tratamiento eléctrico, las inyecciones epidurales, etc. Solo dos cosas pueden añadirse a lo antes expuesto. Por una parte, el uso de otros fármacos, como las tinturas de nuez vómica y de quina y el hidrato de cloral y, por otra, la recomendación de Thiemich que “reputa necesarios el aislamiento del niño y su separación de su familia, y por mi parte –aclaraba el Dr. Bendix–, recomiendo igualmente esta medida como medio de acción puramente psíquica, pero limitándola a los casos en que no se pueda corregir la enfermedad por ningún otro medio”(19).

Otro texto de origen alemán de esa época (1928), escrito por varios autores y coordinado por Emil Feer (1864-1955), recomendaba como tratamiento principal la sugestión, algo digno de encomio para evitar intentos de tratamiento agresivos e intervencionistas en algo que no es una enfermedad y que se resuelve espontáneamente con el tiempo: “Tanto si a partir del mediodía o de una hora más temprana todavía, se prohíben las substancias líquidas, como si se levantan los pies de la cama, como si se mantiene al niño suspendido por los pies durante un par de minutos, dejando que su cabeza descanse suavemente en la cama, como si se le practica una inyección de solución de cloruro sódico en el conducto sacro, procedimiento en nuestra opinión completamente superfluo, como si se prescribe la tintura de zumaque aromático…, o la estricnina o, especialmente, la atropina…, como si se le aplica en la región vesical un emplasto adhesivo, como si se le somete a la faradización en una forma bastante suave para no provocar dolores, como si se simula una operación en la vejiga, siempre constituye el elemento principal del tratamiento la sugestión verbal concomitante y, a veces, la hipnosis… Muchas veces, un simulacro de operación vesical, llevado a cabo en medio de una narcosis ligera, nos ha proporcionado la curación de la enfermedad”(20).

Juan Luis Morales y el tratamiento de la enuresis nocturna con pituitrina. Un desencuentro

Juan Luis Morales (1900-1988) (Fig. 5) fue un pediatra sevillano conocido por su monumental obra “El niño en la cultura española”, constituida por cuatro extensos volúmenes, de la que nos hemos ocupado en uno de los primeros “Cuadernos de Historia de la Pediatría Española”(21).

Figura 5. Juan Luis Morales. Señores congresistas. En: Libro de Actas del V Congreso Nacional de Pediatría, 1933.

 

En 1933 se celebró en la ciudad de Granada el V Congreso Nacional de Pediatría. En el texto de su comunicación a ese congreso, el Dr. Morales escribió que empezó a usar la pituitrina (“extracto total del lóbulo posterior de la hipófisis”) (Fig. 6) después de leer un resumen del trabajo de Lina Bonacorsi publicado en Archivos Españoles de Pediatría que se ha mencionado más arriba (1925). “La vía de administración empleada fue, en un principio, la subcutánea y después la intramuscular por más activa y últimamente la sublingual… siendo el número total de inyecciones que hemos necesitado poner en nuestros casos de tres a ocho, observado el efecto desde la primera inyección en la mayoría de ellos, pero sobre todo desde la tercera”(22). Es llamativo que el aparente efecto beneficioso de la pituitrina no se relacionaba con la disminución del volumen urinario, sino con “una acción estimulante sobre las fibras de la región del trígono y del fondo de la vejiga” (Mackt, 1926).

Figura 6. Anuncio de la pituitrina inyectable que fue encontrado entre las páginas de un ejemplar de la revista La Medicina Canaria, 1929.

 

Todos hemos asistido a reuniones médicas en las que, en alguna ocasión, ha tenido lugar una confrontación desatinada de ideas y, en ocasiones, algo belicosa. Esto es lo que ocurrió cuando finalizó su intervención el Dr. Morales. Así, el Dr. Suárez (no sabemos si se trataba del Dr. Suárez Perdiguero, futuro catedrático de Santiago y de Sevilla, que asistió a la Reunión) adujo que “es difícil la valoración de los resultados obtenidos en el tratamiento de una afección tan influenciada por la psicoterapia, ya que recientemente hemos observado la cesación de la enuresis en un caso con inyecciones completamente anodinas. La inyección sublingual creo que no tiene ventajas y sí todos los inconvenientes”.

El Dr. Morales replicó diciendo: “He de dar las gracias al Dr. Suárez por su intervención, sintiendo decirle que, a pesar de lo que cree, la curación psicoterápica o el efecto sugestivo que en el niño puede darse por un simple pinchazo y que por ello cure, no puede darse en la enuresis esencial… Termino rogándole al Dr. Suárez que, en lugar de poner reparos teóricos a cuanto se le ocurra, ensaye el método y reconocerá por sí mismo de cuanto afirmo en mi modesta comunicación, la que he traído por considerarla de interés y más original que cualquiera otra que hubiese escogido”(22)… y es que, en nuestra opinión, el Dr. Suárez tenía razón.

Epílogo

Todo lo expuesto puede servir para reconocer lo complejo que ha sido y sigue siendo el conocimiento de la fisiopatología y la terapéutica de la enuresis nocturna.

En 1952, Poulton comprobó que en algunos niños enuréticos podía existir una poliuria relativa nocturna(23). A finales de los años 80, se estableció que en estos pacientes estaba ausente el incremento fisiológico nocturno de la vasopresina plasmática(24,25).

En 1955, Marson utilizó con éxito la pituitrina inhalada –en ese momento ya estaba disponible esa opción en el mercado– en cuatro jóvenes enuréticos con una edad entre 15 y 19 años. Se administraba cada noche por un tiempo prolongado(16).

A principios de los años 60 se informó en revistas psiquiátricas sobre la eficacia de un antidepresivo –imipramina– en el tratamiento de la incontinencia urinaria nocturna(26,27). Se ha discutido mucho sobre la razón fisiopatológica de su eficacia, incluida una acción anticolinérgica, un aumento de la resistencia uretral y un efecto antidiurético independiente de la vasopresina(28).

En la edición española del célebre tratado de pediatría de Fanconi y Wallgren –la edición original era de 1967– se insistía, como punto fundamental del tratamiento, en la necesidad terapéutica de la sugestión, ya que “el objetivo de la terapéutica psicopedagógica es la maduración de la personalidad, no solamente frente a la enuresis, sino en todas las manifestaciones de reacción neurótica”(29).

En 1968, en el Institute of Organic Chemistry and Biochemistry de Praga se sintetizó la desmopresina, un derivado sintético de la vasopresina con una capacidad antidiurética superior a la de la hormona natural. Empezó a utilizarse inicialmente en el tratamiento de la diabetes insípida(30,31). Unos años después se empleó con éxito en el tratamiento de la enuresis nocturna(32,33). Un grupo de fisiología cerebral describió que la arginina vasopresina participa en la regulación del sueño REM(6,34). En consecuencia, se ha descrito que la eficacia de la desmopresina en el tratamiento de los niños enuréticos no estaría relacionada únicamente con una reducción del volumen urinario nocturno, sino también con una mejoría del trastorno del despertar, que es prácticamente constante en los niños con enuresis(35)… como ya dijeron F. Barrier y J.L. Petit en 1843(4).

 

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Aproximación a Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960) en su relación con los precursores de la Endocrinología en la edad infantil en España

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP
**Comité de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (7): 549.e1 – 549.e10

 


Pediatras y Médicos en la Historia (11). Aproximación a Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960) en su relación con los precursores de la Endocrinología en la edad infantil en España

https://doi.org/10.63149/j.pedint.89

 

A la pregunta de un periodista de “¿cuál había sido el avance médico más importante?”, Marañón respondió “La silla”.
Anécdota atribuida a Gregorio Marañón

 

Nadie más muere que el olvidado. Gregorio Marañón y Posadillo

 

“Para Lolita, mi compañera en mi vida de viajes y en el viaje de mi vida”.
Dedicatoria a su mujer, Dolores Moya. En Tiberio, 1939

 

Introducción

Gregorio Marañón y Posadillo (Madrid, 19 de mayo de 1887-Madrid, 27 de marzo de 1960) fue uno de los médicos más destacados del siglo XX en España, junto con el que fuera uno de sus maestros, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Fue médico, profesor, intelectual, erudito con una enorme, colosal actividad polifacética desde estudiante de medicina hasta su fallecimiento, con 72 años. Se le considera un hombre universal y humanista integral: médico internista, pionero y estabilizador de la Endocrinología en España, científico, académico, historiador, pensador, moralista (en el sentido actual de bioeticista), escritor ensayista y hombre público español, comprometido con su patria(1-3). Perteneció a la llamada generación cultural de 1914.

En la Endocrinología general en España se pueden encontrar varias etapas(4):

• Etapa pre-endocrinológica. Desde C. Bernard y C.E. Brown-Sèquard y los primeros precursores clínicos y experimentales. El concepto de hormona es acuñado por Ernst Henry Starling (inglés) en 1905. Hormona, en su etimología, significa que “excita o promueve”. El término “Endocrinología” fue introducido por Nicola Pende (italiano) en 1909.

• Eclosión europea de la Endocrinología. Primera década del siglo XX. En España se crea un verdadero movimiento. Se supera en 1922 la llamada crisis de las doctrinas endocrinológicas. En España se consolidan dos grandes grupos, con las escuelas madrileña y catalana. La guerra civil española supone un hiato y hasta un final para muchas investigaciones e investigadores. Se puede hablar de un antes y un después.

• Resurgimiento lento de la Endocrinología, con el momento del asociacionismo científico. Esto también sucede en la Pediatría-Puericultura, primero con la creación de la Asociación Española de Pediatría y la continuidad de los congresos nacionales; y después con el nacimiento de la Sociedad de Endocrinología Pediátrica y su aceptación social y como subespecialidad médica.

La relación de Gregorio Marañón con la Pediatría, los pediatras y la Endocrinología Pediátrica se trata de un tema poco estudiado sistemáticamente, quizá por su gran peso médico como endocrinólogo e internista, por su actividad sociosanitaria, en enfermedades infecciosas y su relación con la Psicología y la Historia. En este trabajo queremos realizar una aproximación a la relación de Marañón con la Endocrinología en la edad infantil de su época; no solo se trata de un recuerdo y un reconocimiento del legado de este médico. Este encuentro con la Endocrinología Infantil se sitúa antes de que esta comenzara su nacimiento como especialidad. Por tanto, en primer lugar, realizamos unas anotaciones breves sobre el nacimiento de la Endocrinología Infantil.

Resumen del nacimiento de la Endocrinología Infantil como especialidad moderna en EE.UU., Europa y España

La endocrinología pediátrica en EE.UU. se desarrolló como una subespecialidad en la era de la investigación clínica bioquímica y metabólica, liderada por John Howland, Edwards Park y James Gamble en Johns Hopkins; Allan Butler en la Universidad de Boston y en la Universidad de Harvard, y otros profesores y médicos, a principios del siglo XX(5). El padre de la subespecialidad fue Lawson Wilkins (1894-1963), de Baltimore, contratado para establecer una clínica endocrina en Harriet Lane Home en Johns Hopkins en 1935. Nathan B. Talbot (1909-1994) desarrolló una clínica endocrina pediátrica en el Hospital General de Massachusetts en 1942. Estas unidades y sus programas de formación durante los años 50 y 60 proporcionaron la gran mayoría de los endocrinólogos pediátricos de segunda generación en EE.UU. La Sociedad de Endocrinología Pediátrica Lawson Wilkins se fundó en 1971, y el Consejo sobre Diabetes y Juventud se creó dentro de la Asociación Americana de Diabetes en 1980. Si se desea ampliar la información, véase Fisher, 2004(5).

• La historia de la endocrinología pediátrica europea comienza en 1962, con la fundación del Paediatric Endocrinology Club por el profesor Andrea Prader (1919-2001), director del Hospital Universitario de Niños en Zúrich, Suiza. Aquí comenzó la actividad internacional de la endocrinología pediátrica europea. Posteriormente, evolucionó a la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica (ESPE). Esta iniciativa sentó las bases para el desarrollo de la especialidad en Europa. A partir de 1976, se plantea armonizar la educación y el entrenamiento a través de un programa europeo de formación en Endocrinología Pediátrica, y desde 1999 la Unión Europea de Especialidades Médicas reconoce la Endocrinología Pediátrica como una subsección de la Pediatría. Desde entonces, la especialidad es reconocida por diferentes países europeos(6).

• La Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP) nace en 1978 como Sección de Endocrinología Pediátrica de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Fue aprobada en Asamblea en la XIV Reunión Anual de la AEP de La Toja, del 12 al 14 de octubre de 1978. La Sección fue presidida por A. Ferrández Longás, y fue secretario M. Pombo. El primer congreso se realizó en 1979 en Barcelona. En 1991, en el congreso de Santander, pasa a denominarse Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica.

Para más información, sobre las reuniones científicas, las Juntas Directivas, la relación con la ESPE (Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica) y con la Sociedad de Endocrinología de adultos, véase referencias(4,7-9). Véase la tabla I para las referencias de los primeros textos de Endocrinología Pediátrica.

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Aproximación a la bibliografía de los precursores de la Endocrinología Infantil en España en la primera mitad del XX

Desde las primeras décadas del siglo XX, hay un progresivo interés demostrado por los temas relacionados con las glándulas de secreción interna, con la Endocrinología, por parte de muchos pediatras. Hasta los años 60 no existirá una dedicación muy preferente o en exclusiva por parte de algunos pediatras.

Los temas son diversos: la diabetes infantil, problemas del crecimiento, mixedema, bocio, metabolismo de la glucosa, caquexia y desnutrición, y otros. Incluso, en esa época, al timo se le estudiaba como glándula tímica, y se le atribuía patología en relación con su tamaño. Podemos destacar nombres como: S. Cavengt Gutiérrez (1883-1969, pediatra del Hospital Niño Jesús), A. Jaso, R. Sainz de los Terreros Amézaga, E. Morate Sena y R.M. Calzada, entre otros(4).

Se puede citar que no se dio una gran participación por los primeros catedráticos de Pediatría, especialidad que nació en España a finales del XIX y principios del XX. Si bien encontramos alguna actividad en los catedráticos de enfermedades de la infancia Andrés Martínez Vargas (1861-1948) y Patricio Borobio Díaz (1856-1929). Martínez Vargas fue el catedrático de enfermedades de la infancia en Granada y luego en Barcelona y mostró durante muchos años preocupación por el timo; entonces, se le atribuyó erróneamente patología grave por su tamaño. Su tesis doctoral fue sobre “Clorosis”. En la revista “La Medicina de los Niños”, editada por Martínez Vargas, en Barcelona, desde 1900 a 1936, se pueden encontrar varias referencias sobre Endocrinología y glándulas internas(4,10). P. Borobio fue catedrático en Zaragoza y publicó sobre el mixedema.

En la tabla II se muestran publicaciones de pediatras y no pediatras que mostraron este interés por las glándulas de secreción interna en la edad infantil antes de los años 60.

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Biografía básica de Gregorio Marañón y Posadillo

Marañón fue un médico y autor prolífico y polifacético; por lo ingente de su obra, ha sido objeto de numerosos estudios de diverso carácter.

Hay numerosas biografías sobre Marañón(1-4,12,13). Muchas de ellas son hagiográficas, de cierto tono “épico”, se diría en la actualidad. Más objetivas son las de Laín Entralgo y Gómez-Santos. Espasa Calpe ha editado sus obras completas (1966-1977). También hay listados de sus referencias bibliográficas. Se dice que Marañón lo publicaba “todo”, incluido conferencias con un gran propósito cultural, científico y de escuela médica.

Nació en el seno de una familia burguesa e ilustrada. Inició estudios de Medicina en el curso 1902-1903, en San Carlos, Madrid. Fueron sus maestros Ramón y Cajal, San Martín, Alonso Sañudo, Madinaveitia y Olóriz, Gómez Ocaña, Recasens, Criado Aguilar (primer catedrático de Medicina Infantil), Madinaveitia y Maestre.

Antes de finalizar sus estudios, comenzó a publicar sus primeros artículos clínicos y experimentales (Revista Clínica de Madrid). Siendo estudiante aún, en 1909, obtuvo el Premio Martínez Molina, otorgado por la Real Academia de Medicina, Investigaciones anatómicas sobre el aparato paratiroideo del hombre. En 1910 obtuvo el Premio Extraordinario de licenciatura; y en 1911, con su tesis doctoral, La sangre en los estados tiroideos, obtuvo el Premio Extraordinario de doctorado. Ya, en 1915, publicó La doctrina de las secreciones internas. Su significación biológica y sus aplicaciones a la Patología.

Se casó con Dolores Moya, compañera de vida, madre de sus 4 hijos, colaboradora administrativa y también de mecanografía, según reconoce Marañón.

Tras una estancia de estudios en Alemania, con los profesores Ehrlich y Embden, consigue plaza de médico de la Beneficencia Provincial, se vinculó al Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital General de Madrid, y luego a un Servicio de Medicina General, donde instaló una consulta de Endocrinología. Allí realizó una ingente labor clínica y científica, atendiendo con enorme generosidad a sus pacientes, a los que, con frecuencia, ayudaba materialmente, y mejorando también por su cuenta el equipamiento de su Servicio. En 1925 fundó el Instituto de Patología Médica.

En sus primeros años desarrolló investigaciones y publicaciones, principalmente en enfermedades infecciosas y en teoría de las secreciones internas. Promovió de alguna forma el análisis de la participación de las glándulas endocrinas o de secreción interna (tiroides, hipófisis, suprarrenales, genitales, etc.) en diferentes procesos metabólicos humanos: nutrición, crecimiento, sexualidad, senectud, etc. En la teoría pluriglandular fue pionero junto a Nicola Pende, Émile Gley y Ernest Henry Starling. Realizó innovadores trabajos, como La emoción (1920) y Contribución al estudio de la acción emotiva de la adrenalina (1922), uno de sus trabajos más citados. También su atención fue para otros importantes campos. Por ejemplo, en la década de 1910 y 1920, en la situación sociosanitaria de Madrid(14), así como en las enfermedades debidas a la pobreza, como el bocio.

Al cabo de diez años de ejercicio profesional ya gozaba de un amplio prestigio médico y científico nacional e internacional, con el que seguiría hasta su muerte. Disfrutó de un extraordinario carisma, personal y social, que le acompañó siempre.

En el verano de 1931, Marañón fue nombrado catedrático de Endocrinología, en asignatura de doctorado. Era la primera vez que se dotaba a esa disciplina de entidad propia en la Universidad española. Tuvo lugar en la Universidad Central, Madrid, y como asignatura del doctorado, pero supuso la consagración docente de la especialidad independizada de la Patología Médica. No cabe duda de que fue creada expresamente para Gregorio Marañón. A pesar de las reticencias que esto podía y puede suscitar, se puede considerar un acto de estricta justicia. Nadie tenía en España más méritos en Endocrinología que Marañón. La dotación de esta cátedra procedió directamente de la Presidencia de la República; el ministro de Instrucción Pública lo propuso al claustro el 14 de julio de 1931. Se dijo con ironía: “Aquella burocracia fue muy diligente”.

Además del curso de doctorado, siguió desempeñando su cargo en el Hospital General, al frente del Instituto de Patología Médica. No había sido la primera vez que se hizo un nombramiento de cátedra sin concurso-oposición (p. ej., a Echegaray, a Simarro o a Joaquín Portela).

Tuvo una implicación directa o indirecta en la vida política y social de la Monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, el advenimiento y los primeros años de la República. Tras el regreso de su exilio, mantuvo su presencia social, pero sin actividad política. Es sorprendente que Marañón mantuviera siempre un alto ritmo de publicaciones endocrinológicas en revistas(4,15).

Marañón, en sus primeras décadas de actuación, fue partidario de la opoterapia en general, es decir, el uso de órganos animales para tratamiento de enfermedades. Este es un tema de actual controversia que le ha supuesto críticas; sobre todo si se centran en el tema comercial que tuvo la opoterapia en el intento de “rejuvenecimiento masculino” de Carl Eduard Brown-Sèquard (1889). Estas críticas no tienen en cuenta la inexistencia de tratamiento hormonal en esa época. Desde finales del siglo XIX y hasta los años 30 del siglo XX, hubo mucha exploración empírica sobre opoterapia: tímica, para cretinismo, paratiroidea, ovárica, gonadal… hipofisaria, corticosuprarrenal, también para gota, artritismo y otros procesos. Marañón en sus inicios utilizó la opoterapia; sin embargo, ensalza además la acción empática de la psicoterapia, y se muestra pragmático y prudente en las prescripciones farmacológicas, sin radicalismos(4).

El 12 de marzo de 1922, a los treinta y cinco años, ingresó como académico de número en la Real Academia de Medicina.Su discurso: Estado actual de la doctrina de las secreciones internas. Trabajó también en temas sociosanitarios(1,4,14) como la mejora de las condiciones en la región extremeña de Las Hurdes, que sufría un abandono secular por los gobernantes. Una comisión médica (Marañón, Goyanes y Bardají) organizó el famoso viaje a dicha región en junio de 1922 junto a Alfonso XIII. Este viaje marcó su compromiso como intelectual y como español con el devenir de su país (Fig. 1).

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Figura 1. Visita sociosanitaria a las Hurdes. 1922.
Fuente: referencia(1).

Dentro de las corrientes culturales e intelectuales de la época, se le enmarca en la “Generación del 14”. Era un defensor de los principios liberales.

Perteneció a cinco Reales Academias: la de Medicina (1922), la de Historia (1934), la de la Lengua (1934), la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1947) y la de Bellas Artes de San Fernando (1953). Pocos españoles han pertenecido a cinco Academias: Emilio Castelar. Fue nombrado doctor honoris causa por varias universidades internacionales, entre ellas la Universidad de La Sorbona (1932).

Amó la vida, el trabajo, la ciencia y a su país. Falleció en Madrid, el 27 de marzo de 1960. Está enterrado en la Sacramental de San Justo. Madrid.

Biobibliografía de la relación de Gregorio Marañón con la pediatría

Marañón durante toda su vida profesional mantuvo cierta relación con la clínica, con investigación-publicaciones, docencia y formación; incluso participó en Reuniones y Congresos en la Endocrinología Infantil-Juvenil y con la Pediatría académica(1,4,10,11,15). Se pueden destacar:

Años 1920 hasta 1936

• Prólogo del libro de Santiago Cavengt, Endocrinología y Pediatría. 1922. En 1922, Santiago Cavengt, médico del hospital Niño Jesús de Madrid, escribió el libro Endocrinología Infantil, prologado por Gregorio Marañón(16). Seguramente, constituye el primer libro escrito sobre esa subespecialidad pediátrica en nuestro país, e incluso uno de los primeros a nivel internacional(4-5). Cita a muchos autores; pero carece de bibliografía referenciada de forma estructurada (Fig. 2). Este libro ya ha sido citado en referencia(17).

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Figura 2. Endocrinologia infantil, de Cavengt S.
Fuente: imagen propia.

• El Dr. Gregorio Marañón desarrolló una ponencia “La obesidad infantil, con una descripción de la adiposidad eunucoide prepuberal”, en el III Congreso Nacional de Pediatría, Zaragoza, 10-1925; sección de Medicina. La ponencia se publicó, además de en las Actas del Congreso, en las revistas Archivos Españoles de Pediatría (Madrid. Año IX, nº 12, dic. 1925, pp. 705-724) y en Clínica y Laboratorio (Zaragoza, 1925). Dictaron ponencias oficiales el Dr. Enrique Suñer Ordóñez, catedrático de Pediatría de la Facultad de Medicina de Madrid (“Estado actual del estudio de los trastornos nutritivos del lactante”), y el Dr. Gregorio Marañón, como jefe del departamento de enfermedades infecciosas del Hospital General de Madrid. En prensa médica se refirió como propuesta unos años antes: “Vacunoterapia y seroterapia en patología infantil”.

Los autores de este artículo hemos tratado el tema de esta ponencia en Cuadernos de Historia de la Pediatría española, nº 29(12).

• En los años 20 se nombró a Marañón “Presidente de Honor” de la Academia Médico-Escolar. En 1928 se celebró un homenaje por ello en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca (El Tiempo, 27 marzo de 1928, portada).

• En 1933, pronuncia una conferencia divulgativa en Radio, en el Curso de Conferencias radiadas de la Asociación de Médicos Puericultores, “Relación de la eugenesia con la mortalidad infantil”.

Pronunció conferencias en Hispanoamérica en los años 30 (Fig. 3).

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Figura 3. Sesión en Buenos Aires. 1937. Fuente: referencia (1).

 

Años 1940 hasta 1960

Hay que tener en cuenta que 1946 fue el año en que retomó su cátedra de Endocrinología, tras su vuelta a España en 1942.

• En 1946 (marzo), Marañón fue nombrado Socio de Honor de la Sociedad de Pediatría de Madrid (actual Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla La Mancha –SPMyCM–)(11). Ese día pronunció una conferencia en el Colegio de Médicos de Madrid para la Sociedad de Pediatría: “Enanismo e infantilismo hipofisario”.

• En 1952, Marañón pronunció una conferencia en el VIII Congreso Nacional de Pediatría (Barcelona, 19-24 de octubre). Su tema fue “Mi experiencia sobre los efectos del tratamiento en los retrasos de la talla”. Se publicaría en Acta Pediátrica Española.

El Boletín de la Sociedad Catalana de Pediatría A. Brossa Bosque(18) informa que hubo ponencias de M. Suárez Perdiguero, también de P. Martínez García y E. Rovíralta-Astoul, así como de Marañón, Bastos y Galdó.

En este congreso, Manuel Suárez Perdiguero (1907-1981), que estaba en su etapa de la cátedra de Santiago, hizo una ponencia sobre crecimiento. Tenía tres áreas: gráfica del crecimiento humano, crecimiento muscular y desarrollo óseo. La Endocrinología Pediátrica fue una de las temáticas que desarrolló Suárez Perdiguero.

Marañón mantendría en esa época relación cercana con Suárez Perdiguero. Lamentablemente, no hemos conseguido una imagen de Suárez Perdiguero con Marañón.

Posteriormente, Marañón, en su libro “El crecimiento y sus trastornos”, Espasa, de 1953, cita varias veces a Suárez Perdiguero.

Suárez invitaba a conferenciantes en la formada entonces Sociedad Gallega de Pediatría. Concretamente, una inolvidable fue la que tuvo lugar en Lugo, en la que participó, como conferenciante invitado, el Dr. Gregorio Marañón. No está publicado en las referencias de López Vega, ni en sus obras completas(4,15,19).

Es preciso recordar el curso de especialización sobre Nutrición y Endocrinología que en abril de 1953 realizó Manuel Suárez Perdiguero en la Cátedra de Pediatría de Santiago de Compostela, en donde intervinieron Ballabriga, Cavengt, Martínez Díaz, Vivancos y los profesores Casas, Rodríguez, Candela, Oliver Pascual y Suárez, con la conferencia de clausura a cargo de Gregorio Marañón.

Véase la figura 4 para la atención en consulta a un niño por parte de Marañón y sus colaboradores.

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Figura 4. Atención en consulta a un niño por Marañón y sus colaboradores.Fuente: referencia (1).

Bibliografía de Marañón en relación con la temática de Endocrinología Infantil

Marañón publicó un total de 125 libros, unos 1.800 artículos y cerca de 250 prólogos. Solo su obra médica sumó 32 monografías y 1.056 artículos, muchos de ellos contribuciones sustantivas y originales a la ciencia médica(15,20).

Se han localizado 59 temas, 76 publicaciones de Marañón y su escuela, que abordan aspectos relacionados con la Endocrinología en la edad pediátrica. Estas publicaciones aparecieron en diversas revistas nacionales e internacionales, pediátricas y generales; pero, sobre todo, en la Medicina Ibera y, a partir de 1946, en el Boletín del Instituto de Patología Médica. Hay que tener en cuenta que, en aquella época, había costumbre de publicar un mismo trabajo, o con leves modificaciones, en distintas revistas(1,15). La mayoría son de autoría única de Marañón; en 23 artículos hay firmas de colaboradores. Se revisan en las tablas III y IV.

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Artículos o ponencias publicadas

La temática es:

• Diabetes. 11 temas, 3 con otros autores, 16 publicaciones. Una es en inglés, EE.UU.

• Todas menos dos son de diabetes insípida. Una es en “La Pediatría Española”, la revista pediátrica pionera de Andrés Martínez Vargas.

• Patología del tiroides. 7 temas, 2 con otros autores y 10 publicaciones.

• Patología de las glándulas suprarrenales. 2 temas, 2 con otros autores y 4 publicaciones.

• Talla baja. 9 temas, 2 con otros autores y 9 publicaciones.

• Discurso para la Real Academia Nacional de Medicina: “Actualización de secreciones internas”. 1922. Incluye el tema “Enanismo”. En ese año, Marañón afirma que la patología del crecimiento tendría que convertirse en una rama de la patología hipofisaria (acromegalia, gigantismo, enanismo, retrasos del crecimiento, infantilismo y acondroplasias, etc.).

Precisamente “Sobre el problema de las tallas bajas”. En 1960 encontramos el último trabajo de Marañón escrito antes de su muerte: Boletín del Instituto de Patología Médica y en el Día Médico; fue recibido el 14 de marzo de 1960.

Nutrición-obesidad y delgadez. 4 temas, 1 con otros autores y 7 publicaciones. Una anglosuiza.

• Síndromes/sindromología. 11 temas, 4 con otros autores y 14 publicaciones. Una en Francia.

• Otros temas. 16 temas, 9 con otros autores y 17 publicaciones. Una en Francia, otra en Suecia. Una de prensa divulgativa histórica. Una conferencia radiada (año 1933).

La clorosis fue una entidad patológica de diagnóstico común y aparentemente de alta incidencia durante el siglo XIX, documentada desde el siglo XVII y casi exclusiva de adolescentes de sexo femenino. En el diccionario de la Real Academia Nacional de Medicina se cita como la hemopatía más frecuente en el siglo XIX. En 1936, Gregorio Marañón y Posadillo, uno de los médicos de más prestigio en España en el siglo XX, citaba que el problema de la clorosis “ha desaparecido” y puso en duda si existió realmente(21).

• Prólogos de libros pediátricos. Marañón fue prolífico en prólogos. Se localizan 3 libros. Destaca en el libro pionero de “Endocrinología Infantil” de Santiago Cavengt Gutiérrez. Sin olvidar mencionar a prólogos en textos-monografías de Jimena Fernández de la Vega (1935) o Rafaela Jiménez Quesada (1948).

El bocio y el cretinismo. Mucho más que anécdota

Reflejamos aquí una muestra de la facilidad de escritura e investigación que la prensa y la opinión pública atribuían a Marañón, sin tener en cuenta la dedicación enorme que se necesita. Jose María López Avellán escribe en la “Gaceta Literaria”, 15-5-1928. Además, subraya el estilo cultural e histórico que Marañón daba al ejercicio de la Medicina: “El Dr. Marañón tiene un mapa de España en su clínica, con cruces que señalan los centros de bocio y cretinismo, y tiene marcados los que están activos. Además, en su Clínica del Hospital General hay varias reproducciones fotográficas. De cuadros célebres. Reproducciones de obras de Velázquez; así «El Niño de Vallecas» y «El Bobo de Coria». Pues bien, con estas dos cosas, nos ha hecho un libro. Un ensayo. Que se llama «El Bocio y el Cretinismo»” (Fig. 5).

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Figura 5. “El niño de Vallecas” y “Calabacillas”. Fuente: imágenes de Velázquez de distribución pública en Wikipedia.

Epílogo

Fue una de las personalidades españolas de más prestigio, más respetadas y queridas de su tiempo. En Madrid, su entierro tuvo uno de los más multitudinarios acompañamientos que se recuerdan.

Seleccionamos dos escenas narrativas, escritas por Marañón, en este epílogo:

• “Cuando mi generación empezó a trabajar, con un sentido moderno, en la clínica y en la investigación aplicada a la clínica, estábamos en la situación de Robinson Crusoe, que tuvo que ser albañil, cazador, cocinero, maestro y público de sí mismo… El significado real del progreso que los estudios endocrinológicos han aportado a la Medicina no está en la enorme cantidad de síntomas y síndromes nuevos… ni siquiera en la eficacia incomparable de muchas opoterapias… sino en el descubrimiento de las hormonas y su papel excitador, inhibidor, regulador de la totalidad de los grandes procesos vitales…” Gregorio Marañón y Posadillo. 1935.

• A la pregunta de un periodista de “¿cuál había sido el avance médico más importante?”, Marañón respondió “La silla”. Anécdota atribuida a Gregorio Marañón.

Con esta respuesta se hace referencia a la importancia de escuchar al paciente, dedicarle tiempo, y simboliza la empatía y la humanización de la medicina.

 

Agradecimientos: a los responsables de bibliotecas que han aportado ayuda y datos: Juan Medino, de Fuenlabrada, a la Biblioteca del Colegio de Médicos, a la Biblioteca de la Fundación Ortega-Marañón.

 

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https://bancodeimagenesmedicina.com/imagen/maranon-y-posadillo-gregorio-19/.

 

 

Pediatras en la Historia (10). Rafael García-Duarte Salcedo (1894-1936). Un mártir de la pediatría española

Historia de la Medicina y la Pediatría


V. M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (5): 389.e1 – 389.e7

 


Pediatras en la Historia(10).
Rafael García-Duarte Salcedo (1894-1936).
Un mártir de la pediatría española

https://doi.org/10.63149/j.pedint.63

 

“Siempre he sido librepensador, liberal y humanista. Y el sentimiento socialista lo llevo lleno de romanticismo en el corazón, a pesar de no servir como político. He amado a mi profesión y a mis maestros y he llevado el máximo de mis desvelos en beneficio del niño, por el que siempre he tenido singular predilección”(1)

“Su personalidad extrovertida, su elegancia en el vestir y su gran capacidad de trabajo le hicieron enormemente popular en la ciudad, formando parte de esa minoría de extravagantes… impulsores de la modernidad de gobierno y costumbres, como Federico García Lorca, Alejandro Otero, Constancio Ruiz Carnero y Juan J. de Santacruz, entre otros, víctimas en su mayor parte, del fanatismo desatado por la sublevación fascista de 1936”(1)

 

Introducción

Federico García Lorca (1898-1936) es el más conocido entre las personas asesinadas en la ciudad de Granada en el verano de 1936 por sus afinidades republicanas y/o ideología de izquierdas. Entre ellos, se debe recordar la figura de Rafael García-Duarte Salcedo. Grandes hombres, muy válidos y necesarios para su sociedad, que perdieron la vida al encontrarse con seres que no consentían ni permitían que fueran portadores de otras ideas.

Familia de médicos

Con nuestro homenajeado, tres miembros de generaciones sucesivas de la misma familia se sucedieron en la Facultad de Medicina de Granada, comenzando por el abuelo Eduardo García Duarte (1830-1905), catedrático de Patología Quirúrgica y organizador de una Clínica Libre de Oftalmología. El padre, Rafael García-Duarte González (1865-1938), fue el primer catedrático numerario de Oftalmología de Granada y, a su vez, entre 1907 y 1917 acumuló la cátedra de Enfermedades de la Infancia. Don Rafael era miembro de la Junta Provincial de Protección de la Infancia desde 1908, que organizó el primer Consultorio de Lactantes y la primera Gota de Leche de Granada en 1915. Ambos se distinguieron políticamente por su republicanismo(2).

Biografía

Rafael García-Duarte Salcedo (Fig. 1) nació el 10 de agosto de 1894 en el seno de una familia granadina de tradición médica, universitaria y liberal. Duarte Salcedo ingresó en la Universidad de Granada para seguir el curso preparatorio para Medicina en 1911. En 1917, siendo “alumno interno de la Facultad de Medicina y gratuito de La Gota de Leche”, obtuvo un premio por la redacción de un librito o cartilla titulado: Nociones de puericultura(3). Se licenció en 1918 con premio extraordinario. Leyó su tesis doctoral en 1920 sobre el tema “Algunas manifestaciones oculares graves en las enfermedades digestivas agudas de los niños”. Como tantos médicos jóvenes de la época, trabajó como médico militar, primero en el Cuerpo de Sanidad del Ejército de Tierra y, después, en la Armada.

Figura 1. Rafael García-Duarte Salcedo (1894-1936). Imagen que aparece en el Libro de Actas del V Congreso Nacional de Pediatría.

 

En 1920 se trasladó a París, becado por la Junta de Ampliación de Estudios. En esa ciudad realizó varios cursos, uno de Higiene y Clínica de la Primera Infancia con el célebre Bernard-Jean Antoine Marfan (1858-1942) en l’Hôpital des Enfants Malades, otro de Clínica Médico-Infantil con Nobecourt, un tercero sobre tuberculosis osteo-articular y ortopedia práctica con Sorel y, finalmente, otro sobre difteria en l’Hôpital des Enfants Malades con Lereboullet. Obtuvo el título de Miembro diplomado en Puericultura por la Facultad de Medicina de París en julio de 1921(3).

Comenzó el ejercicio de su profesión instalando una consulta en su domicilio particular y trabajando como ayudante de clases prácticas en la Cátedra de Niños desde 1922. Ese año fue nombrado director de la Gota de Leche de Granada. Bajo su dirección se ampliaron sus servicios, de tal modo que en 1927 se facilitaban diariamente 80 biberones, por 43 en 1921; se consiguió un mejor local y se amplió con la apertura de un consultorio gratuito para embarazadas y niños (1924), para la que contó con la colaboración de Alejandro Otero, catedrático de Ginecología de la misma Facultad. En marzo de 1925 fue nombrado auxiliar encargado de la misma cátedra y titular de la misma(4) en diciembre del mismo año (Figs. 2 y 3). Fue Inspector Municipal de Sanidad a partir de 1927. Ganó la oposición a médicos puericultores del estado en 1931 con el número 1.

Figura 2. Memoria publicada para acceder al sexto ejercicio de las oposiciones a la Cátedra de Enfermedades de los Niños, que obtuvo García-Duarte en 1925(2).

 

Figura 3. Fotografía realizada al finalizar el curso académico 1928-1929(2).

 

El 10 de mayo de 1930 ingresó como miembro de la Real Academia de Medicina de Granada, con el discurso titulado: “Comentario a las clasificaciones de la patología digestiva de la primera infancia”(3).

En 1933 fue nombrado director del Instituto Provincial de Puericultura de Granada (Servicio de Higiene Infantil), dentro del esquema de Inspecciones Provinciales de la Dirección General de Sanidad (Fig. 4).

Figura 4. Instituto Provincial de Puericultura de Granada. Servicio de higiene infantil(2).

 

El Instituto constaba de cuatro secciones, a saber, Puericultura prenatal, Puericultura de primera infancia, Puericultura de segunda y tercera infancia y Especialidades (Oídos, nariz y garganta, Ojos, Dientes, Piel y sífilis, Laboratorio y análisis). Ese año de 1933 fue el más productivo desde el punto de vista científico del autor, porque, además de la organización del V Congreso Nacional de Pediatría, instituyó la revista Pediatría y Puericultura (Fig. 5) y fundó la Sociedad de Pediatría de Granada.

Figura 5. Portada del primer ejemplar de la revista Pediatría y Puericultura fundada en Granada por García-Duarte(2).

 

Rafael García-Duarte Salcedo formó parte de una infrecuente generación de profesores de la universidad, aquellos que no utilizaron la cátedra especializada como trampolín para conseguir otras más tradicionales ubicadas en lugares de más prestigio e, incluso, con distintas características. La legislación vigente permitía que las cátedras universitarias tuvieran un elevado ritmo de rotación de sus ocupantes, al facilitar los traslados entre puestos vacantes.

Publicó diversos artículos de la especialidad en revistas nacionales como, por ejemplo: Algunas consideraciones sobre las parálisis espasmódicas congénitas de la infancia (Arch Esp Ped, 1923), A propósito de la enfermedad de Tay Sachs (Medicina Ibera, 1924), Un caso de sarcoma suprarrenal e hirsutismo en un niño de diez años (Acta Médica, 1925), La imbecilidad mongólica (Acta Médica, 1925), Comentarios sobre las clasificaciones de las nefritis en la infancia (Acta Médica, 1929), El niño cetofílico (Acta Médica, 1932) o Un caso fronterizo entre la enfermedad de Oppenheim y la de Werding Hoffmann (Pediatría y Puericultura, 1933)(1). Era miembro de la Sociedad de Pediatría de Madrid (socio corresponsal desde 1917). Fue miembro, asimismo, de los Comités de Redacción de algunas revistas generales y pediátricas, tales como Actualidad Médica (Granada), Archivos Españoles de Pediatría (Madrid) y Anales de Pediatría (Barcelona).

Una característica de su concepción de la enfermedad fue la plena asunción del marco social de su presentación, esto es con la clara noción de que los contextos económicos, laborales y sociales de las familias desempeñan en la morbilidad un rol muy importante. Por ello, se ha considerado que fue un precursor de la pediatría social(1).

Su inconcluso tratado, Los síndromes clínicos en Pediatría (Granada, 1936; 1013 páginas, primer volumen) dedicaba una gran preponderancia a los aspectos físicos y psíquicos del desarrollo infantil, de manera pionera en nuestro país(2). Estaba prevista la edición de tres nuevos tomos consecutivos, de tal modo que en 1939 se habría completado la obra(1).

Estuvo casado con Carmen García Hernández. Tuvieron dos hijos.

Su participación en los congresos nacionales de pediatría

Puesto que no ha sido un tema muy estudiado en trabajos previos, hemos decidido reflejar en lo posible la participación de García-Duarte en los cuatro congresos de pediatría a los que asistió.

Congresos II, III y IV

Recién incorporado al ejercicio de la pediatría, acudió al II Congreso Nacional de la especialidad (San Sebastián, 1923)(5). Así, consta su inscripción en el libro de Actas en el que figura con domicilio en carretera del Genil 62, Granada(6). Revisados los tomos de ese libro, no hemos constatado que presentara ninguna comunicación ni que participara en los coloquios habidos después de algunas ponencias.

Pero donde sí participó fue, dos años después, en el III Congreso (Zaragoza, 1925). Su dirección postal era la misma. En concreto, su nombre figura dos veces en la Discusión de sendas comunicaciones presentadas en la Sección Primera (Higiene, alimentación y protección a la infancia). Su primera participación fue en el coloquio surgido después de la comunicación dictada por Galan Bergua sobre el tema de La sociedad y los ilegítimos(7). Ante un tema tan relevante, participaron varios congresistas, entre ellos, las abogadas y feministas Matilde Huici y Victoria Kent(8). El resumen de las palabras de nuestro autor es el siguiente: “Hay que añadir a la ponencia oficial, que está algo incompleta en el tratamiento preventivo o profiláctico. Es preciso impedir la ilegitimidad, no solo por métodos coercitivos, sino para la difusión de la educación sexual. Fortaleciendo el espíritu de la mujer, quitando todo misterio al pavoroso concepto que rodea a todo lo que a la reproducción se refiere. Esta educación dará fuerza a la mujer y no caerá por abandono en momentos de peligro y de seducción. El torno debe ser sustituido por la oficina secreta de admisión, método científico y caritativo que sirve muchas veces como medio preventivo. Referente a inclusas dice que admite reforma mientras el cambio radical no venga. Mientras su raigambre esté en relación con la política. Es precisa una reforma en la administración, en el personal subalterno y en los médicos incluseros. Soy rebelde en el efectivo práctico de estos Congresos, y la prueba es que en el anterior Congreso de San Sebastián se acordaron conclusiones profundas y justas referentes a las modificaciones de las inclusas y de aquello no se hizo nada. Estima que no debe haber un Congreso mientras no se lleven a la práctica las conclusiones del Congreso anterior”(7). Nótese la valentía del joven doctor para rectificar al ponente y a las autoridades que habían hecho caso omiso de las conclusiones dictadas en el congreso anterior.

Ernesto Cacace (1872-1956) fue un pediatra italiano de la Universidad de Nápoles, que tenía un sólido prestigio, al menos, en España. Participó en los II y III Congresos Españoles de Pediatría. Fundó la Nipiología, equivalente a la pediatría y puericultura del lactante (los que no hablan, los que no dicen ni pío). Debió ser un hombre muy convincente a raíz de las conclusiones de los ponentes del Congreso de Zaragoza, que trataron el tema: “creación de la Sociedad Española de Nipiología… fundación de Institutos de Nipiología en todas las universidades… fundación de Institutos Nipiohigiénicos en las capitales de provincia”(9). En Barbastro, población oscense donde nació Andrés Martínez Vargas (1861-1948), catedrático de pediatría de la Universidad de Barcelona, se creó el Instituto Nipiológico de Barbastro(10). Centros similares se extendieron por Italia, algunos puntos de Europa y América Latina. No obstante, una vez fallecido el fundador y algunos de sus discípulos (p. ej., Giovanni de Toni), la Nipiología decayó. El recuerdo de este concepto se mantiene en las salas de hospitalización de lactantes de muchos hospitales del mundo. En el Congreso de Granada, Cacace leyó su comunicación sobre la Nipiología. En la discusión, varios autores intentaron puntualizar el término. Así, el Dr. Leal Crespo afirmó que “la Nipiología ha llegado tarde, no crea nada; los Institutos son una repetición de las Gotas de Leche, Casas de Cuna, en una palabra, cuantas obras sociales desarrollan”. A continuación, Duarte Salcedo puntualizó que: “El fondo del problema es la coordinación de todas las obras puericultivas de la primera infancia, pues mientras estén dispersas las instituciones, se pierden los esfuerzos y el dinero. Desde el punto de vista científico no hay discusión: Nipiología es un capítulo de la pediatría; es la puericultura de la primera infancia. La importancia grande de este asunto es el problema económico. En España no es posible crear Institutos Nipiológicos con toda la serie de personal y locales que necesita”. Propone pedir y estudiar la organización de las obras y la cooperación de los esfuerzos y programas, y que se convierta en realidad el Instituto Nacional de Puericultura de Madrid(11). En efecto, la Escuela Nacional de Puericultura vio la luz el año siguiente, instalándose en un edificio en la calle de Ferraz, en Madrid. La labor docente dio comienzo el día 8 de marzo de 1926 en que tuvo lugar su inauguración provisional(12).

Enrique Suñer Ordóñez era catedrático de Enfermedades de la Infancia de Madrid desde 1921. Junto con don Gregorio Marañón, fue ponente invitado del III Congreso de Zaragoza, en el que desarrolló el tema Estado actual del estudio de los trastornos nutritivos del lactante. En la discusión, “El Dr. Duarte Salcedo dijo que la ponencia del Dr. Suñer es maestra, pues no hay trabajo ni aportación reciente que no esté consignado y criticado por él. Encuentra solamente la falta de la orientación española, de su escuela propia. Dice que no se plantea el problema de los problemas nacionales en los trastornos digestivos, cuya importancia bien lo merece. En las clasificaciones de la escuela alemana, la primera distinción que se hace es trastornos digestivos en los lactados naturalmente y trastornos en la lactancia artificial y, como en España, el 70 por 100 de las madres lactan a sus hijos y la lactancia artificial es excepción; estima que es un error aplicar la patología de la lactancia artificial, tan difundida en el extranjero, a la patología de la lactancia natural, que es la más frecuente en España. Lo que es un asunto sencillo, nos empeñamos en complicarlo a fuerza de inventar clasificaciones y enmarañar la terapéutica. Estima que al Dr. Suñer le corresponde el deber de hacer escuela doctrinal y marcar las normas de la pediatría española, cosa que no aparece en su ponencia”(13). Puede observarse cómo el joven médico no se amilanaba ante las grandes figuras de nuestra pediatría.

En el IV Congreso (Valencia, 1928), nuestro autor presentó una comunicación titulada: “El diagnóstico radiográfico de la sífilis congénita del lactante”.

V Congreso

Se celebró en Granada del 8 al 12 de abril de 1933. Como se ha indicado antes, el Secretario General del mismo y presidente de la Comisión Organizadora (Figs. 6 y 7) fue Rafael García-Duarte Salcedo. El congreso debió haberse celebrado en 1931; las razones de la demora las hemos recordado previamente(8).

Figura 6. Comisión Organizadora del V Congreso Nacional de Pediatría (Granada, 1933)(2).

 

Figura 7. “Los Sres. Congresistas en el Patio de los Leones escuchando las explicaciones del Sr. Flores”(15).

 

En el Libro de Actas (Fig. 8) se cita que, para la segunda ponencia (Orientación conveniente de la puericultura en España, a cargo del Dr. Arce) de la Sección de Higiene y Puericultura, el grupo de Granada presentó tres comunicaciones, dos de ellas firmadas por el Dr. Galdó. La tercera rubricada por Duarte Salcedo se titulaba: “Plan mínimo de Puericultura necesario en la capital de Granada”. Empezó de este modo: “La modesta pero activa Sociedad de Pediatría de Granada me comisiona para presentar esta comunicación. Pero antes, y como cuestión previa, necesito un nuevo acuerdo de esta asamblea. Hasta aquí, y en congresos anteriores, solo se tomaban acuerdos generales que se elevaban a los poderes públicos. Y cuando se celebraban en provincias, el congreso no reportaba beneficios a la localidad, desaprovechando una buena ocasión para influir en las corporaciones locales. Granada, como cada provincia, tiene sus problemas, y sería pertinente que el Congreso apoyara e hiciera suyas nuestras gestiones. Es decir, que para presentar esta comunicación haga la proposición y se necesita el previo acuerdo de que los Congresos en provincias, a más de las conclusiones de índole general, lleguen a conclusiones de carácter local, que eleven a las corporaciones y que reporten un indudable beneficio.

(Así se acuerda).

Figura 8. Portada del Libro de Actas del V Congreso Nacional de Pediatría. Granada, 1933.

 

Y ahora paso a enumerar en forma de índice las cuestiones discutidas y aprobadas por nuestra Sociedad de Pediatría que tienen un carácter y un interés puramente granadino.

Estimo que, a la hora de intentar un plan mínimo de organización puericultora en Granada, lo primero y principal es coordinar lo ya existente, aunar los esfuerzos y relacionar armónicamente las instituciones y los puericultores bajo un plan de unificación… pero lo contraproducente es que cada uno actúa con independencia, en un círculo limitado, unas veces sin criterio, otras sin amor, otras sin medios económicos.

Y las consecuencias de este estado de cosas son bien ostensibles: que se malgastan los esfuerzos y el dinero, sin un rendimiento proporcional para la infancia”(14).

En las páginas siguientes, el autor expuso un proyecto de plan general y, luego, lo que estimaba que debía corresponder a cada una de las corporaciones. Tanto esfuerzo desperdiciado tres años después por gentes tajantes y agresivas que no aceptaban la diversidad de opiniones y no sabían lo que significa ser liberal.

Trayectoria política

En abril de 1930, Rafael García-Duarte Salcedo ingresó en el PSOE y, unos meses más tarde, en la Unión General de Trabajadores. Además de sus antecedentes familiares en el tema, pudo influir en su decisión la circunstancia de su proximidad y convivencia con dos figuras señeras granadinas del socialismo que fueron Fernando de los Ríos y Alejandro Otero, ambos pertenecientes al Claustro de la Universidad de Granada.

Las elecciones municipales de abril de 1931 lo convirtieron en concejal del Ayuntamiento que proclamó la República en Granada. Ocupó durante un breve tiempo la concejalía de Beneficencia y Sanidad, desde donde apoyó la instalación del primer Centro de Salud urbano en el barrio del Albaicín.

En la reseña de los actos del V Congreso, Rafael hizo una manifestación de su vocación republicana: “El V Congreso de Pediatría es el primero que se celebra en el régimen republicano, y la Comisión Organizadora ni quiere ni debe omitir la manifestación de gustoso sometimiento, de acatamiento y decidido apoyo al Estado Republicano. Y no secamente, para cumplir un trámite oficial, sino con fervor y entusiasmo. Es la República la que ha recogido en su Constitución nuestras más antiguas y reiteradas aspiraciones”(15).

En abril de 1934 se dio de baja del Partido y de la UGT. Según Rodríguez Ocaña y García-Duarte Ros, los ideales filantrópicos de Rafael García-Duarte fueron sometidos a dura prueba por la realidad política. Según esos autores, sus opiniones se reflejaron en dos artículos que publicó en El Defensor de Granada. “En ellos expresaba su pesar por la falta de entendimiento entre las organizaciones obreras (se da el pavoroso espectáculo de estar los unos en contra de los otros con graves perjuicios para todos), la inquietud, producto de la situación económica agravada por la exaltación de la lucha de clases, criticando expresamente el activismo anarco-sindicalista, el cual, en su opinión, desfavorecía el camino republicano, facilitando, en cambio, el nacimiento de una dictadura monárquica, derechista y burguesa, con todos los agravantes de revancha, autocracia y tiranía. Igualmente rechazaba la idea de una dictadura roja, la más tiránica de todas las conocidas”(1).

Ni su abandono de la política activa ni sus gestos de ofrecerse como médico al nuevo gobernador militar Valdés, al inicio de la contienda de 1936, le libraron de su funesto final(1,2).

Sus últimas horas

En el blog Foro de la Memoria, P. Vigueras da ciertos detalles de su apresamiento y muerte. Rafael fue detenido en su domicilio de la Gran Vía 38-40, en las primeras horas de la tarde del 10 de septiembre de 1936. Según Enrique Linde: “Estaba en la casa con su hijo Alejandro, que era el más pequeño. Precisamente abrió la puerta el niño. Rafael estaba escribiendo a máquina y tenía el pijama puesto, el mismo que llevaba cuando cambiamos su cadáver de una fosa independiente al mausoleo familiar”. “Cuando su mujer, Carmen García, volvió a casa y vio lo ocurrido, avisó a su cuñado Enrique Linde y juntos fueron al Gobierno Civil para conocer la situación de García-Duarte. Aunque al parecer no pudieron ver a Rafael, hubo un intercambio de notas entre el detenido y su esposa. La familia conserva una de ellas, que dice: Avisa a Montañer y a Sor Josefa. El detenido quería que se pusieran en contacto con el militar Alberto Serrano Montañer, íntimo amigo de la familia García-Duarte, y con la monja Sor Josefa Aldalus, para pedirles que intercedieran por él ante las autoridades del régimen”. Parece ser que esa misma noche llevaron a Rafael a la prisión de Granada. En la madrugada del 11 de septiembre, Rafael García-Duarte fue trasladado, junto con 24 personas más, desde la cárcel hasta el cementerio de la ciudad. Los sublevados fusilaban a los condenados a muerte ante las tapias del cementerio municipal. “Francisco Jiménez Callejas, sicario de la Escuadra Negra, apodado El Pajarero, pudo ser uno de los hombres que detuvieron a García Duarte. Según Enrique Linde, El Pajarero se llevó el automóvil del insigne pediatra y lo utilizó durante la guerra para dar el paseo a sus víctimas”(17). “Su cadáver fue separado de los destinados a una fosa común por uno de los sepultureros, que tenía que agradecer el tratamiento de un hijo suyo, quien entregó sus objetos personales a la familia y les comunicó la situación de la tumba. Entre sus pertenencias figuraba una nota, dirigida a su esposa e hijos, donde generosamente pedía que perdonaran a los causantes de su muerte; firme y lúcido, aseguraba tener conciencia de haber hecho bien y animaba cariñosamente a los suyos: Miles de besos, muchos besos. Suerte. Arriba el espíritu. No decaer nunca, luchar”(1).

Epílogo

En el V Congreso Nacional de Pediatría se dio una paradoja singular. Nos referimos a que fue presidido por él, en palabras del Dr. Duarte Salcedo, “prestigioso profesor de la Central, D. Enrique Suñer”(15). Este, poco después, en plena lucha fratricida, editó el libro Los intelectuales y la tragedia de España, en el que muchos nombres (Giner de los Ríos, Marañón, Pittaluga, Recasens, Novoa Santos –ya fallecido–, Negrín…) e instituciones (Libre de Enseñanza) fueron objeto de su animadversión. En febrero de 1939, dos meses antes del final de la guerra, Suñer fue nombrado presidente del Tribunal de Responsabilidades Políticas(16). Dos grandes pediatras separados por la exageración e intolerancia en las ideas.

Manuel Bueno Fajardo fue un pediatra muy destacado de la Escuela de Pediatría de Rafael García-Duarte. Realizó su actividad profesional en la ciudad de Jaén. De su hijo Manuel Bueno Sánchez (1933-2016), el primer firmante de este artículo (VMGN) oyó en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna unas lecciones maravillosas que, ciertamente, fueron el motivo de su elección de la profesión de pediatra; por ello, por esta concatenación en la escala de la docencia en el tiempo, VMGN se siente un discípulo, lejano ciertamente, pero discípulo de Rafael García-Duarte Salcedo.

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13. Suñer Ordóñez E. Estado actual del estudio de los trastornos nutritivos del lactante. En: Libro de Actas del III Congreso Nacional de Pediatría. Zaragoza: La Académica. Tipografía de F. Martínez; 1925. p. 235-70.

14. Duarte Salcedo R. Plan mínimo de Puericultura necesario en la capital de Granada. En: Libro de Actas del V Congreso Nacional de Pediatría. Granada: Editorial Urania; 1933. p. 143-8.

15. García-Duarte Salcedo R. Breve reseña de los actos del Congreso. En: Libro de Actas del V Congreso Nacional de Pediatría. Granada: Editorial Urania; 1933. p. 33-54.

16. Fernández Teijeiro JJ, Ponte Hernando F. La Guerra Civil y la tragedia del profesor Enrique Suñer (1878- 1941). En: El niño y los pediatras en la Guerra Civil Española. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española, nº 10. Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2015. p. 30-8.

17. Vigueras P. Rafael García-Duarte, el médico de los niños obreros, fusilado por los franquistas. Blog Foro de la Memoria, 2022. Disponible en: https://www.elindependientedegranada.es/blog/rafael-garcia-duarte.

 

Pediatras en la Historia (9). Flora Prieto Huesca (1909-1986). Pionera en la Psiquiatría infantil con base psicoanalítica. Escritora y compositora

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica.

Pediatr Integral 2025; XXIX (4): 313.e1 – 313.e6


Pediatras en la Historia (9). Flora Prieto Huesca (1909-1986). Pionera en la Psiquiatría infantil con base psicoanalítica. Escritora y compositora

https://doi.org/10.63149/j.pedint.51

Prólogo

“Flora Prieto Huesca: la olvidada madre de la Psiquiatría Infantil española”.

J.L. Pedreira Massa

“… Esto es una pamema” (referido a algunas situaciones de la vida y la clínica; significado: comedia, farsa, pantomima).

Frase frecuente de Flora Prieto Huesca

Introducción

Flora Prieto Huesca (Madrid, 23 de diciembre de 1909; Madrid, 24 de octubre de 1986) fue una pediatra española, pionera en Pediatría-Psiquiatría Infantil en el campo del psicoanálisis. Tuvo su actividad profesional en gran parte de la segunda mitad del siglo XX. En los años 50 estuvo vinculada a la Cátedra de Pediatría del Hospital Clínico San Carlos (Madrid) y al Instituto de Puericultura. Fue jefe de Psiquiatría Infantil en la Clínica Infantil La Paz (Madrid) en los años 60 y 70. Compaginó el ejercicio profesional en Medicina con la creación musical y la literatura.

En este trabajo se citan también datos biográficos de Jesusa Pertejo, mujer pionera española en Psiquiatría Infantil, psicoanálisis y psicología, con actividad en las mismas décadas de Flora Prieto.

El estudio realizado para esta biografía es el resultado de la revisión de páginas web de Historia Hispánica de la Real Academia de la Historia, en la Biblioteca Digital de Chile y la Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid, junto con datos proporcionados desde los archivos de colegiación médica en Madrid, además del estudio histórico de las actas de la Sociedad de Pediatría de Madrid, de la revisión sobre la puesta en marcha del Hospital Infantil La Paz(1,2), buscadores generales web, PubMed, Dialnet, búsqueda hemerográfica y estrategia perla o bola de nieve. Por fin, algunos datos de su vida han venido dados desde profesionales que la conocieron y trabajaron con ella(3-5). En nuestra estrategia histórica habitual no se encuentran apenas datos de su biografía personal.

No tenemos conflicto de intereses económicos.

Formación académica y especializada

Nació en Madrid. Se graduó en Medicina en 1946, en Madrid. Hizo un perfeccionamiento de estudios en Alemania, en el campo de la medicina psicosomática y, finalmente, derivó al psicoanálisis. Llegó a conocer a Melanie Klein (1882-1960), psicoanalista austriaca-británica(3,4).

Trabajó e investigó, sobre todo, en la clínica psicosomática infantil y en las relaciones precoces madre-hijo desde una perspectiva psicoanalítica, pionera en este campo en España, con la técnica de observación de lactantes de Esther Bick (1902-1983), psicoanalista polaca de familia judía, que influyó intensamente en el psicoanálisis infantil británico.

Hasta 1940, en España no había paidoneuropsiquiatría propiamente dicha. Solo existía algún esbozo en Madrid, Barcelona y otros pocos lugares(5-8).

Principales actividades profesionales, docentes y de investigación

Estuvo toda su vida profesional colegiada en Madrid, desde mayo de 1947. En su expediente colegial, como era preceptivo en esta época de primera década del franquismo, figura el necesario informe de la Dirección General de Seguridad con “antecedentes favorables” respecto a: “actuación político-social y conducta moral” (Fig. 1).

Figura 1. Foto, difuminada, en su ficha colegial, y firma, en otros documentos.

Desarrolló su actividad profesional inicial en los años 50 y principios de los 60, en la Cátedra de Pediatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid (entonces el catedrático de Pediatría era Ciriaco Laguna) y en el Instituto de Puericultura.

Apenas tiene publicaciones científicas pediátricas. En Dialnet y PubMed solo consta un resultado de publicación, en Acta Pediátrica Española, 1954.

– Prieto Huesca F. Sobre un caso de hepatitis recidivante y tumefacción mamaria causadas por una pomada nasal. Acta Pediatr Esp. 1954; 12: 547-9.

– Prieto Huesca F. La alergia en la medicina psicosomática. Actividades de la Asociación Española de Mujeres Médicos. 1968; 3: 9-12(9). Esta revista era expresión de la mencionada Asociación, fundada en 1965 por la doctora Dolores Vilar Gallego (1900-1992)(10). Prieto había realizado una conferencia en el Colegio de Médicos de Valencia el 3 de noviembre de 1967, con el título: “La alergia en la medicina psicosomática”. Esta conferencia dio lugar a esta publicación(9).

– Prieto Huesca F. Una grave responsabilidad. Sexualidad, afectividad, represión. Revista Triunfo. 1971; 472: 36-8. Artículo divulgativo. Trata sobre el papel de los padres en la educación sexual de los hijos, realizado desde una óptica clínica real y su experiencia profesional (Fig. 2).

Figura 2. Artículo divulgativo: “Sexualidad, afectividad, represión”. Revista Triunfo. 1971; 472: 36-8.

Participó en conferencias y sesiones en diversos foros, predominantemente en Madrid.

– En 1958, el 17 de marzo, dio una conferencia en el Aula Pequeña del Ateneo de Madrid, auspiciada por el aula de Medicina, sobre la “Psicología de la adolescencia femenina”. Se puede denominar, pues, como verdadera pionera en tratar los temas comprometidos a nivel personal y social(4). Disponible en: https://archivo.ateneodemadrid.com/index.php/prieto-huesca-flora-1909-1986.

– Fue activa en las reuniones periódicas de la Sociedad de Pediatría de Madrid durante la década de los años 50.

– En 1963 desarrolló una ponencia para la Sociedad de Neuropsiquiatría Infantil sobre: “Fracasos escolares no oligofrénicos”, junto con Mendiguchía y el pediatra barcelonés Prandi. Trató el tema desde un punto de vista psicodinámico(5).

A finales de los 60, dejó de publicar y, según su colaborador Pedreira(4): “… la demanda (asistencial) era mucha, se encontró sola y se fue encerrando…”; en su consulta de Psiquiatría en la Clínica Infantil La Paz, aunque siguió con la formación de postgrado.

Flora Prieto trabajó en el Departamento de Psicología Médica del Hospital Provincial, tras la desaparición de Marañón (1960), en el tema psicosomático, con Juan Rof Carballo (1905-1994), junto con María Eugenia Romano Pérez (1917-1987), médica, que sería la primera catedrática de Psicología en España, y con Carolina Zamora (1911-1998), médica y también pionera en psicoanálisis(12).

Fue la primera mujer en una consulta de Paido-Psiquiatría de tema psicoanalítico de la Seguridad Social española. Se incorporó a la Clínica Infantil La Paz en 1965, a requerimiento de su primer director: Enrique Jaso Roldán(2) (Fig. 3). Véase la estabilización de su plaza en el BOE de concurso de méritos para proveer plazas en dicho centro, a fecha 18 de septiembre de 1973. Desde sus inicios en el Infantil de La Paz ejerció y enseguida fue nombrada jefe de sección de Psiquiatría Infantil de la Clínica Infantil La Paz (Madrid). Su jubilación, en 1979, fue 3 meses después de su nombramiento como jefe de servicio.

Figura 3. Equipo pediátrico del “Infantil”. Jaso (figura central, con los brazos cruzados) con parte de la primera plantilla de Pediatría de La Paz. Se reconoce a Celedonio López, García Hortelano, Abarca, Ortega y Flora Prieto Huesca. Es un momento de celebración. Se ve una placa metálica con firmas(2).

Entre los profesionales de la Psiquiatría de la infancia y la adolescencia, ella se relacionó con José Rallo Romero (1926-2015), Vicente López-Ibor, Diego Gutiérrez y Francisco Mendiguchía, entre otros.

Quizá no se pudiera decir que Prieto creara escuela en el sentido clásico, pero sí contribuyó a la formación de cuatro médicos en Psiquiatría Infantil en La Paz(4): la primera fue Manuela Utrilla Robles (-2022), la cual realizó formación en Bruselas (Bélgica) y Ginebra (Suiza) con Ajuriaguerra, donde hizo el doctorado. Esta escribió libros de poemas y novelas (https://apmadrid.org/interna.aspx?page=manuela-utrilla). Luego, con la etapa MIR se formaron en Psiquiatría Infantil: Javier Loño Capote, Mercedes Rodrigo Alfageme y José Luis Pedreira Massa.

A partir de 1970 aparecen otras unidades paidopsiquiátricas hospitalarias en los hospitales Gregorio Marañón de Madrid y Vall d’Hebron de Barcelona(7,10,11).

Para una aproximación a la Historia de la Psiquiatría Infantil en España, invitamos a revisar el Cuaderno de Historia de la Pediatría de la AEP, nº 6(8). A través del artículo de Cornellá, en el que resume los orígenes en España, y de las obras y biografías de Juan Barcia Caballero (1852-1926), Luis Martín Santos (1924-1964) y Julián de Ajuriaguerra Otxandiano (1911-1993).

Para una lectura de historia de la Psiquatría Infantil, véanse las referencias(5-8,11,13).

Creemos que se deben mencionar aquí algunos datos biográficos de María Jesús Pertejo Seseña (Zamora, 1920-Madrid, 2007), conocida como Jesusa Pertejo y como Pertejo de Alcamí (apellido de su marido). Fue una médica psiquiatra, psicoanalista y psicóloga española. Estudió primero magisterio en Zamora, luego medicina en Salamanca, y terminó en 1946. Formada en Barcelona, Ginebra con André Rey, también en París y Bélgica. Fue cofundadora de la Sociedad Nacional de Neuropsiquiatría Infantil en 1952. Formó parte de numerosas Sociedades Científicas, publicó en diversas revistas y participó de forma activa en múltiples congresos. Durante unos años trabajó en Valencia y, desde 1971, en Madrid. En 1969, fue invitada a dar clases de Psicología en la Facultad de Medicina y colaboró en la organización de los planes de estudio de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras. Desde 1971, en Madrid, mantuvo la actividad docente en dicha universidad hasta su jubilación en 1985.

Contribuyó activamente a la institucionalización de la Psicología como disciplina científica en España.

Narrativa: cuando se aproximó a la edad de jubilación, empezó a escribir relatos, marcados especialmente por su experiencia en la atención a las personas con trastorno mental a lo largo de su vida. Relatos cortos con el nombre de Las Leyendas Negras. Cuentos de Hospital Psiquiátrico. 1ª ed. Madrid: SEPYPNA. 2020.

Fue Miembro de Honor de la Asociación Psicoanalítica de Madrid. En octubre de 1990 recibió un homenaje en el curso del Congreso de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente en Valencia (Tabla I).

 

Otros hitos muy significativos posteriores:

• Año 2000, primera Unidad Específica de Atención Psiquiátrica para Adolescentes de la Comunidad de Madrid, en el hospital Gregorio Marañón.

• Finalmente, el reconocimiento oficial de la especialidad. El BOE de 4 de agosto de 2021 publicaba el Real Decreto Ley 689/2021, por el que se reconocía la especialidad de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia.

Actividad institucional

Consta participación activa de F. Prieto en las Sesiones de la Sociedad de Pediatría de Madrid en la década de los años 50, cuando estaba colaborando con la cátedra de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid(5).

En 1952 se funda la Sociedad Española de Neuropsiquiatría Infantil, embrión de la actual Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPNYA), con la participación, entre otros, de Josep Solé Sagarra, Folch i Camarasa, Mendiguchía, Jesusa Pertejo Seseña (1920-2007) y Prieto Huesca(7).

En 1979, siendo Pedreira Massa, residente R3 de Psiquiatría Infantil en la Clínica Infantil La Paz, acudió con Flora Prieto Huesca al Congreso de la Unión Europea de Paidopsiquiatras en Madrid, que se celebró en el Palacio de Congresos de la Castellana. Los organizadores de ese Congreso fueron Francisco Mendiguchía y Vicente López-Ibor.

Se jubiló por edad reglamentaria, en diciembre de 1979 (a los 70 años de edad).

Reconocimientos y distinciones

F. Prieto fue nombrada Socio de Honor de la Asociación Española de Pediatría, a petición de su Sección de Psiquiatría Infantil.

Se le concedió, en enero de 1981, el nombramiento de colegiado honorífico “en atención a su dilatada y abnegada labor profesional”.

Legado musical: se convoca y entrega un Premio Anual Fin de Carrera de Composición “Flora Prieto” en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, para apoyo a la carrera musical. Premio gestionado por su albacea testamentario, José Manuel Vidal Zapater, fundador de Hispavox, la compañía discográfica, en 1953.

Familia y vida personal

De familia madrileña, nació el 23 de diciembre de 1909, penúltima de 6 hermanos, su padre murió cuando ella tenía 4 años, Manuel Prieto Salcedo (1868-1913), bombero de primera del ayuntamiento de Madrid (https://www.memoriademadrid.es/); la madre fue María Huesca Jiménez (1878-¿?).

Residió en la infancia en la calle Tribulete, 9. Luego en otras 2 calles de Madrid.

Pedreira, que tuvo formación en su consulta, afirma(4): Flora era una persona de gran vitalidad y especial sentido del humor, unido a una ironía peculiar, que la hacían, en ocasiones, de difícil comprensión y trato; según decían, proporcionaba un estímulo permanente al estudio y a la (in)satisfacción intelectual. Además, Flora era una persona comprometida ideológicamente… Tenía una gran capacidad de trabajo con niñas y niños… con saber hacer, contener y elaborar ese sufrimiento infantil.

Falleció a los 76 años por un proceso de adenocarcinoma gástrico. Estado civil: soltera. Los gastos del entierro fueron costeados por José Manuel Vidal Zapater, su albacea testamentario, y que organizó el legado de Premio Anual de Composición en el Conservatorio, como se mencionó antes.

Actividades no profesionales médicas que cultivaba

Ya antes de su licenciatura en Medicina destacó su afición por la música y la literatura. Escribió(1,4):

• Poesía, teatro:

– El Tiempo (cuatro poemas escenificados) (1951), con prólogo de Antonio Buero Vallejo e ilustraciones de Enrique N. Castelo. Páginas: 146. Tall. Inpama.

– Los tiempos de la prisa (1954). Ed. Casa Morel.

• Adaptación cinematográfica (1954): película basada en la obra “La Busca”, de Pío Baroja (Fig. 4).

Figura 4. Imagen de la película La Busca, 1966; Guion de Flora Prieto. La novela original es de Pío Baroja. Disponible en: https://www.imdb.com/title/tt0060197/mediaviewer/rm611980032/?ref_=tt_ov_i.

• Cuentos: consta entre las autoras estudiadas en el libro “Cuentistas madrileñas” de Isabel Díaz Ménguez. Ed. La Librería, Madrid. 2023.

• Música. Compositora: Solo para Violoncello (1943), Coral a 4 voces, una Marcha Fúnebre y un poema musical “Resurrección”. Musicalizó desde 1951 algunos poemas de Gabriela Mistral (Fig. 5).

Figura 5. Correspondencia de: Prieto Huesca, Flora. [Carta] 1951 jul. 16, Conde de Peñalver, 60, Madrid, [España] [a] Gabriela Mistral, Napoli, [Italia] [manuscrito] Flora Prieto Huesca. Archivo del Escritor. Disponible en: Biblioteca Nacional Digital de Chile. Disponible públicamente en: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/635/w3-article-151954.html.

Realizó una búsqueda sobre canciones y música sefardita, siendo pionera en este campo.

Escribe Pedreira(4): Su interés por la música no quedó en el pasado, ya que precisamente en los últimos años de su vida, después de su jubilación, la música pasó a llenar casi totalmente el contenido de su existencia.

Mantuvo relaciones personales con muchos escritores y artistas de la época, entre los que se destaca a: Pío Baroja Nessi, Antonio Buero Vallejo, Carmelo Alonso Bernaola, Juan Carlos Calderón López de Arróyabe, Pau Casal Delfilló, Manuel de Falla Matheu, Emiliano de Arriaga Rivero y Ana María Matute. Con muchos de ellos participaba en las míticas tertulias del Café Gijón de Madrid en el grupo que lideraba Antonio Buero Vallejo.

Epílogo

Flora Prieto Huesca fue una médica pediatra pionera en Psiquiatría Infantil con base psicoanalítica. Participó activamente en el desarrollo de la Psiquiatría Infantil en Madrid y en España en los años 50-80 del siglo XX.

Muchos psiquiatras, actualmente, subrayan que para comprender la psicopatología del niño o niña no hay que centrarse solo en los síntomas y los neurotransmisores, sino que hay que tener en cuenta el contexto social (familia, escuela, sistemas de protección social…), buscar la actitud de escucha y “ponerse a la altura del niño y adolescente” para la terapéutica.

Prieto mantuvo además una importante actividad cultural y en humanidades, en artes, música y literatura. Su legado médico y artístico subraya la importancia del desarrollo en humanismo y en humanidades, de estar atento a la cultura, no solo a la tecnificación. Esto es muy común entre psiquiatras, como hemos visto.

Agradecimientos: nuestro agradecimiento a Pilar Asenjo y a todo el equipo del Área de Gestión del Conocimiento y Patrimonio Artístico del Colegio de Médicos de Madrid, que nos ha aportado datos de gran valor sobre la vida colegial de Flora Prieto.

Bibliografía

1. Díaz Ménguez I. Prieto Huesca, Flora (23-XII-1909–24-X-1986). Médico, compositora y escritora. Biografías. Real Academia de Historia. Disponible en: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/46718-flora-prieto-huesca.

2. Zafra Anta MA, Fernández Menéndez JM, Ponte Hernando F, Gorrotxategi Gorrotxategi P, Fernández Teijeiro JJ, de Arana Amurrio JI, et al. En el 50 aniversario de la Clínica Infantil «La Paz» de Madrid, uno de los promotores de la pediatría y sus áreas específicas en España. Acta Pediatr Esp. 2015; 73: e283-90. Disponible en: http://www.actapediatrica.com/index.php/component/k2/1191-en-el-50-aniversario-de-la-clinica-infantil-la-paz-de-madrid-uno-de-los-promotores-de-la-pediatria-y-sus-areas-especificas-en-espana.

3. Pedreira Massa JL. Nota necrológica. Rev Esp Neuropsiquatría. 1986; 19: 520.

4. Pedreira Massa JL. Flora Prieto Huesca: la olvidada madre de la Psiquiatría Infantil española. 2025. Disponible en: https://www.redaccionmedica.com/opinion/jose-luis-pedreira-massa-5992/flora-prieto-huesca-la-olvidada-madre-de-la-psiquiatria-infantil-espanola-7772.

5. Mendiguchla Quijada FJ. Tres cuartos de siglo de Psiquiatría Infantil Madrileña. Rev Psiquiatr Inf Juv. 1995; 3: 191-200. Disponible en: https://www.aepnya.eu/index.php/revistaaepnya/article/view/681.

6. Mardomingo MJ, Rodríguez Ramos P, Gastaminza X. Historia de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPNyA) en su setenta aniversario. Rev Psiquiatr Infanto Juv. 2020; 37: 7-20.

7. López Fraile P, Herrera López S. Infancia y salud mental pública en España: siglo XX y actualidad. Rev. Asoc Esp Neuropsiq. 2013; 33: 95-111.

8. García Nieto VM, de Arana Amurrio JI, Fernández Menéndez JM, Fernández Teijeiro JJ, Gorrotxategi Gorrotxategi PJ, Ponte Hernando F, et al. Los albores de la Psiquiatría Infantil en España. Cuadernos de historia de la pediatría española. Nº 6. 2013. Ed.: Asociación Española de Pediatría. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/cuaderno_de_historia_num_6.pdf.

9. Prieto Huesca F. La alergia en la medicina psicosomática. Actividades de la Asociación Española de Mujeres Médicos. 1968; 3: 9-12.

10. Eltayeb Ferrer S, Aguirre Marco CP, Fresquet Febrer JL. Dolores Vilar Gallego (1900-1992) y la Asociación Española de Mujeres Médicos. Asociación Española de Mujeres Médicos. Fundación del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valencia. Editorial Neopàtria, S.L. Valencia. 2022. Disponible en: https://www.comv.es/wp-content/uploads/2022/11/LIBRO-DOLORES-VILAR-1.pdf.

11. Asociación Española de Neuropsiquiatría. Informe sobre la salud mental de niños y adolescentes. Cuadernos técnicos. 2009; 14: 84. Disponible en: http://www.tienda-aen.es/wp-content/uploads/2014/10/ctecnicos14.pdf.

12. Peñaranda Ortega M, Quiñones-Vidal E. La figura de María Eugenia Romano Pérez en el desarrollo de la Psicología española. Revi Historia Psicol. 2008: 29: 163-9. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2749919.

13. Ruiz Lázaro PM. Solé Segarra: historia viva de la Sociedad de Neuropsiquiatría de Neuropsiquiatría Infantil. Rev Psiquiatr Infanto-Juv. 2005; 1: 11-20.

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (25).
Intoxicación ácida, cetonuria y síndrome meningoencefálico

Historia de la Medicina y la Pediatría


V. M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP.

Pediatr Integral 2025; XXIX (3): 215.e1 – 215.e4


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (25). Intoxicación ácida, cetonuria y síndrome meningoencefálico

https://doi.org/10.63149/j.pedint.38

Prólogo

La existencia de los vómitos cíclicos o vómitos periódicos con acetonemia es conocida desde antiguo. En 1933, el insigne médico tinerfeño Diego Guigou y Costa (Fig. 1) escribió que: “en los niños, la simple comprobación de la acetona en la orina no tiene generalmente en Clínica una verdadera significación patológica, hasta el punto de que en orinas normales se encuentran indicios y aún cantidades muy apreciables sin ningún síntoma revelador. Sin embargo, cuando se pasa de cierta proporción y, sobre todo, cuando se comprueba la coexistencia de los ácidos diacético y β-oxibutírico, se presentan síntomas de envenenamiento ácido, ya aisladamente, ya como complicaciones de otras enfermedades. Entonces no debemos designar este síndrome como “acetonemia“, sino como “acidosis”… La acetonemia acompaña muchas veces a diversos procesos morbosos, con o sin influencia sobre ellos, pero tan grave, a veces, que justifica su investigación en todos los casos de alguna importancia“(1). En ese momento, no se mencionaba la hipoglucemia como ocasionante de los síntomas más graves, hasta que en 1964 se definió la hipoglucemia cetósica(2).

Figura

Figura 1. Diego Guigou y Costa (1861-1936).

 

Definición de los vómitos cíclicos

Eugène Charles Apert (1868-1940) fue un pediatra francés nacido en París (Fig. 2).

Figura

Figura 2. Eugène Charles Apert (1868-1940). Disponible en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/.

 

En distintos momentos de su vida trabajó en el Hôtel-Dieu, el Hôpital Saint-Louis y en el Hôpital des Enfants-Malades de París. En 1906 publicó un caso de acrocefalosindactilia que pasó a ser reconocido con el epónimo del autor: craneosinostosis, sindactilia y subdesarrollo maxilar. En su Manual de Enfermedades de los Niños editado en español en 1917, puede leerse la definición de los vómitos cíclicos:

“Ciertos niños, de buena salud habitual, son atacados, a intervalos alejados, de terribles crisis de vómitos incoercibles. La crisis comienza como si fuera una indigestión, el niño vomita la comida precedente y no parece tener otra enfermedad. Si varias horas después se le hace tomar algún alimento, se le ve inmediatamente inquieto, taciturno, como atento a fenómenos anormales que ocurren en él. Los niños un poco mayores se quejan de sensaciones anormales en la garganta, el pecho o el estómago. En seguida sobreviene un vómito en chorro sin grandes esfuerzos y el niño se alivia. Este fenómeno se renueva cada vez que el niño toma alimento, aunque sea en pequeña cantidad, y aun un trago de agua puede provocarlo. Algunas veces aparecen náuseas aparte de toda ingestión de alimentos.

Bien pronto el niño sufre hambre y sed, palidece, adelgaza y se debilita, reclama y arroja toda clase de alimentos y bebidas. El estreñimiento es la regla. La crisis dura uno, dos y, a veces, ocho días o más. Cuando se prolonga, el estado de los enfermitos es lamentable. El adelgazamiento es notable, la debilidad intensa. Por último, el niño empieza por tolerar primero el agua, sobre todo helada, después el agua helada mezclada con leche; en fin, se alimenta y recobra muy pronto y completamente la salud. Generalmente, se eleva la temperatura al principio de la crisis, pero siempre muy poco. Oscila entre 37,5° y 38°. Ulteriormente, vuelve a la normalidad y aún puede observarse hipotermia cuando se prolonga el estado de inanición.

M. Marfan ha enseñado que, constantemente y desde el principio de la crisis, en estos casos, el aliento huele a acetona y que casi siempre se comprueba, por los reactivos apropiados, la presencia de acetona en la orina, dándoles el nombre de vómitos con acetonemia. Las orinas tienen habitualmente el color amarillo de azafrán y una limpidez perfecta.

A veces, los vómitos están mezclados con bilis y algunas veces estriados de sangre; con rareza se observa cefalalgia, delirio, convulsiones, disnea, arritmia del pulso; excepcionalmente ha sucumbido el niño víctima de una crisis prolongada. En la gran mayoría de los casos, los vómitos son el único síntoma y el estado del enfermo solo es alarmante en apariencia. Los casos mortales y los casos complicados no son, sin duda, casos puros.

La característica de estas crisis es repetirse con intervalos irregulares que varían de uno o dos meses a uno o dos años, con más frecuencia en el segundo o tercer año de la vida; las crisis se repiten durante casi toda la duración de la infancia. En las proximidades de la pubertad, son con frecuencia reemplazadas por crisis de otras índoles: jaquecas, enteralgias y enteritis membranosa. En la mayor parte de los casos, los niños afectos tienen una herencia artrítica exagerada y especialmente antecedentes gotosos. Generalmente, las crisis tienen lugar sin causa ocasional apreciable; otras veces las provocan los excesos alimenticios, las emociones vivas, las preocupaciones; yo he observado a dos niños de una misma familia que tenían una crisis cada vez que les salía un molar”(3).

Las formas graves de los vómitos cíclicos

El doctor Diego Guigou, antes mencionado, escribió que existían “formas graves en ciertos casos rebeldes de vómitos cíclicos o consecutivos a cloroformizaciones, más que por el mismo cloroformo, por la manera y la ocasión en que se administra, quizá alguna vez, en enfermos que ya están acetonémicos. Los síntomas que en estos casos se presentan son: apatía, abatimiento, coma; otras veces agitación, insomnio, delirio, convulsiones o meningismo, con rigidez de la nuca; ojos brillantes, retracción del abdomen, vómitos pertinaces, estreñimiento, sed, sequedad de labios y lengua ictérica y, al fin, hipertermia”. Al tiempo, recordaba que el Dr. Luis Calvo Mackena, de Montevideo, utilizaba en algunos de estos casos el término “intoxicación ácida” y que “Mouriquad y Carner señalan la forma letárgica, simulando encefalopatías, cuyo diagnóstico exige, no solo una investigación en la orina, sino también en el líquido cefalorraquídeo, previa punción lumbar”(1).

En el célebre Tratado de Pediatría de Fanconi y Wallgren podía leerse lo siguiente: “Si los vómitos se prolongan más de 48 horas, la enfermedad entra en una segunda fase, caracterizada por la presentación de íleo, meningismo, convulsiones y obnubilación que llega con frecuencia hasta un coma letal”(4).

Don Gregorio Marañón, en su Manual de diagnóstico etiológico, escribió acerca de los meningismos tóxicos: “A veces, hay respiración profunda, hipo, obnubilación; casi siempre, astenia, con gran cetonuria; hálito acetónico. El cuadro clínico, que puede ser muy alarmante, con manifestaciones nerviosas, incluso seudomeningíticas, precomatosas o comatosas, se desvanece, a veces, súbitamente, sobre todo cuando se trata bien al enfermo, con suero glucosado; volviendo a repetir, y desapareciendo cuando la pubertad… De estos meningismos tóxicos, tal vez el que presenta problemas más difíciles en clínica es el debido a los vómitos cíclicos de los niños; son muchos los médicos que han tenido que resolver este problema; el cuadro del niño acidósico, con sus vómitos, quizá con fiebre y con los síntomas meníngeos, es casi idéntico al de una meningitis; el olor a acetona del hálito no debe darse como dato definitivo, pues hay niños con meningitis verdadera, sobre todo tuberculosa, que después de varios días de vómitos presentan acidosis; solo el análisis del líquido cefalorraquídeo resuelve las dudas”(5).

Los casos presentados por José García del Diestro en el III Congreso Nacional de Pediatría (Zaragoza, 1925)

José García del Diestro (1882-1935) fue fundador de la Sociedad de Pediatría de Madrid (1913), co-fundador de la revista Archivos Españoles de Pediatría y director de la Escuela Nacional de Puericultura (1931)(6). El trabajo que nos ocupa, presentado en el III Congreso Nacional de Pediatría hace ahora cien años (Fig. 3), fue firmado por parte del Dr. del Diestro en calidad de director de la Sección de Pediatría del Instituto Rubio de Madrid. Se refería a una situación poco habitual como es el síndrome meningoencefálico en el contexto de la hemoacidosis recurrente(7).

Figura

Figura 3. Logo del III Congreso Nacional de Pediatría celebrado en Zaragoza en 1925.

 

Caso 1

“Niño de cuatro años (observado en el mes de diciembre de 1912). Marcados antecedentes familiares de neuro-artritismo. El padre sufría un reumatismo deformante sumamente intenso, enfermedad que ya antes de nacer este niño había tenido sus primeras manifestaciones. Madre eczematosa. Seis hermanos sanos. Posteriormente, nació una hermanita que, durante su primera infancia, ha presentado una manifiesta tendencia a la obesidad y placas de eczema seco en la cara, muy rebeldes a todo tratamiento.

Este enfermito, que desde la edad de dos años come ya en la mesa con sus padres y hermanos y que, según la misma madre nos confiesa, recibe una alimentación muy rica en substancias grasas (mantequilla, tocino, aceite de hígado de bacalao, etc.), porque a ella le gusta ver siempre a sus hijos muy gordos; es un niño robusto, sin hechos de especial interés en su historia patológica individual.

La primera crisis acetonémica aparece bruscamente, caracterizándose al principio por vómitos de tipo cerebral, que se repiten sin cesar durante las primeras veinticuatro horas, apenas el niño ingiere agua o cualquier otro alimento. Poco después, el enfermito cae en una profunda postración, en un intenso sopor, del que cuesta trabajo sacarle, pues no parece interesarse por nada de lo que le rodea, ni contesta apenas a las preguntas que se le hacen.

Acostado en decúbito lateral, con las piernas encogidas en gatillo de fusil, los ojos cerrados y sin dar más señales de vida que los vómitos repetidos, el niño permaneció como un tronco por espacio de cuarenta y ocho horas. La temperatura se mantuvo variable, con oscilaciones entre los 37° y los 38°. Pulso regular, no disociado. Respiración polipnéica. Pupilas ligeramente miósicas, reaccionando perezosamente a la luz. No había Kernig, pero sí cierta rigidez de nuca. Probable cefalalgia, que verosímilmente acentuaban los movimientos, pues cuando se intentaba que el niño flexionase la cabeza, su rostro se contraía con un gesto de dolor.

Astricción de vientre desde el día antes, pero no había timpanismo ni depresión abdominal. No apreciamos olor de acetona en el aliento. El mismo día de caer enfermo, su madre le administró una purga de aceite de ricino, que fue devuelta. Después le prescribimos la poción antiemética de Rivero (a cucharaditas, de hora en hora) y dieta absoluta, salvo pequeñas cantidades de agua de Mondariz helada.

Los vómitos disminuyen bastante, pero como no desaparecen por completo y persiste, además, la postración, al día siguiente practicamos una punción lumbar, extrayendo unos 6 c.c. de líquido claro, transparente, a presión ligeramente aumentada. Las investigaciones realizadas en este líquido se redujeron a determinar la fórmula citológica, que acusaba, como única anormalidad, una pequeña linfocitosis. No se buscó acetona. En cambio, el colega encargado del análisis (Dr. Escudé) nos llamó la atención sobre la existencia de bastantes cristales de colesterina.

A partir del tercer día, la alimentación consistió en zumos de frutas azucarados, caldo vegetal y algunas tazas de leche adicionada de agua de Mondariz. No se llegó a analizar la orina, pues apenas cumplidas las cuarenta y ocho horas del comienzo del ataque, el enfermito empezó a mejorar tan rápidamente que dos días después se hallaba totalmente restablecido”(7).

Caso 2

“Niño de cuatro años (observado en el mes de febrero de 1914). Antecedentes familiares muy recargados de neuro-artritismo. Padre y madre exageradamente obesos. Seis hermanos; de ellos, cuatro obesos, y de estos, dos con taras endocrinas muy marcadas. En efecto, uno de los hermanos presenta un síndrome adiposo-genital de Frölich, típico, y una de las hermanas padece de trastornos achacables con toda seguridad a una insuficiencia ovárica: astenia, obesidad, manos hipobáricas (Marañón), dismenorrea, etc.

El niño que estudiamos es también un pequeño obeso. Antes de ser asistido por nosotros en esta crisis de acetonemia, nunca padeció enfermedad que se pareciese a ella, ni que se caracterizase por vómitos persistentes. Se trata, por lo tanto, casi seguramente, de un primer ataque.

Este comienza bruscamente, con vómitos y fuerte dolor de cabeza. El cuadro clínico es muy semejante al del caso anterior. Como en él, poco después de iniciado el proceso, cayó el enfermito en una gran postración, permaneciendo como dormido e indiferente a todo estímulo exterior durante cerca de tres días.

Durante todo este tiempo los vómitos no cesaron, aunque a partir del segundo día disminuyeron ostensiblemente. La fiebre, muy inestable, no pasó de los 38°. Ligera taquicardia. Polipnea. Astricción de vientre. Pupilas normales, algo perezosas a la luz. No se aprecia dermografismo.

Hay cierta hipertonía cervical, pero falta el Kernig. La cefalalgia debía ser muy intensa, a juzgar por la expresión de la fisonomía y por los gritos que daba el enfermito tan pronto como se intentaba moverle la cabeza. No se aprecia olor de acetona en el aliento.

A las cuarenta y ocho horas de iniciada la enfermedad practicamos una punción lumbar, que nos permitió extraer 4 c.c. de líquido cefalorraquídeo claro, transparente, a presión normal. Conservado en reposo durante veinticuatro horas, no se observó en él ningún vestigio de retículo fibrinoso. El análisis microscópico, practicado por el Dr. Illera, acusó evidente leucocitosis, con predominio de linfocitos y gran cantidad de cristales de colesterina.

Aleccionados por el caso anterior, hicimos practicar al mismo tiempo un análisis de orina que, en efecto, dio positivas las reacciones para los cuerpos cetónicos (ácido diacético y acetona), especialmente fuerte la de Legal.

Durante las primeras cuarenta y ocho horas, el niño estuvo sometido a una dieta casi absoluta, pues todo intento de alimentación era inútil por los vómitos incesantes. Únicamente retuvo algunas cucharaditas de leche helada, mezclada con agua de Mondariz, precedidas casi siempre de pequeñas dosis de poción de Rivero.

Después se instituyó ya un régimen preferentemente hidrocarbonado, a base de caldo vegetal y zumos de frutas azucarados. Como única medicación se empleó el bicarbonato de sosa, por vía gástrica, a la dosis de tres gramos diarios, dividida en tomas de medio gramo. Curación rápida.

Este muchacho, al cual hemos tenido ocasión de asistir muchas veces por ser médico de cabecera de la familia, padeció en los años sucesivos nuevos ataques de vómitos cíclicos, al principio muy frecuentes (hasta cuatro y cinco crisis anuales) y después más distanciados, no habiendo vuelto a sufrir ninguno desde los once años”(7).

Hipoglucemia cetósica patológica e idiopática

En la actualidad, se acepta que los vómitos cíclicos o vómitos periódicos con acetonemia son una expresión clínica de la hipoglucemia cetósica. De esta existen dos formas, las idiopáticas y las patológicas. Estas últimas pueden estar presentes en niños con defectos hormonales que no producen hormonas contrarreguladoras, en niños con trastornos metabólicos por déficits enzimáticos y en nuevas entidades que están siendo conocidas gracias a la secuenciación del exoma(8). Entre las anomalías metabólicas, se pueden citar los déficits de hormona del crecimiento y ACTH, la insensibilidad a la ACTH, la insuficiencia adrenocortical y la hiposensibilidad adrenomedular, por ejemplo. Entre los defectos enzimáticos son característicos, entre otros, los causantes de algunos tipos de glucogenosis, los de fosglucomutasa, piruvato carboxilasa y los de los transportadores de cetonas(8-10). También es frecuente en niños con síndrome de Silver-Russell, de los cuales más de uno de cada cuatro tiene hipoglucemia cetósica después de un simple ayuno nocturno y son particularmente susceptibles durante una enfermedad o una intervención quirúrgica(11).

Las hipoglucemias cetósicas idiopáticas “se observan con mayor frecuencia en niños normales afectos de una enfermedad aguda intercurrente con un ayuno prolongado y un aumento del metabolismo inducido por la fiebre”(10).

Epílogo

En los casos clínicos reproducidos más arriba aparecen términos y procedimientos que no se utilizan en la actualidad, lo cual no es óbice ni cortapisa para honrar a nuestros antepasados galenos en su intento de conocer y tratar lo mejor posible ciertas enfermedades de la infancia según los conocimientos y adquisiciones propios de la época. Así: la reacción de Legal era una prueba colorimétrica destinada a descubrir cuerpos cetónicos en orina mediante la adición de nitroprusiato sódico(12).

La “mixtura o poción antiemética de Rivero” era un preparado farmacéutico magistral que se usaba como bebida “dispuesta en dos soluciones edulcoradas, una de ácido cítrico y otra alcalina de bicarbonato sódico”. Al parecer, fue descrita por el médico francés Lazare Rivière (1589-1655)(13).

El médico de la localidad de Mondariz (Pontevedra) Domingo Blanco Lage (1809-1886) observó que sus vecinos utilizaban las aguas del lugar para curar sus heridas dermatológicas. En 1877 se empezó a envasar el agua del manantial procedente del río Tea. Inicialmente, se vendía como agua mineromedicinal en tiendas de botica(14). Es de mineralización débil bicarbonatada con alto contenido en hierro. La historia del Gran Balneario de Mondariz ha sido publicada recientemente(15).

No conocemos casos en PubMed en los que se cite la presencia de cristales de colesterol en el líquido cefalorraquídeo en casos de la hipoglucemia cetósica. En esa base de datos solo aparecen artículos en los que se cita que esos cristales aparecieron en la rotura espontánea de un craneofaringioma multiquístico(16) y en un caso de un quiste epidermoide presacro que tenía una comunicación con el canal raquídeo(17). Es probable que, en los casos de síndrome meningoencefálico en el contexto de un cuadro de vómitos cíclicos graves, se produzca, por alguna razón desconocida, un trasudado del colesterol plasmático al líquido cefalorraquídeo con una cristalización asociada posterior.

Bibliografía

1. Guigou Costa D. La acetonemia en patología infantil. Revista Médica de Canarias 1933; 2: 2-10.

2. Colle E, Ulstrom RA. Ketotic hypoglycemia. J Pediatr. 1964; 64: 632-51.

3. Apert E. Vómitos cíclicos. En: Manual de enfermedades de los niños, ed. esp. Barcelona: Casa Editorial P. Salvat; 1917. p. 395-7.

4. Linneweh F. Vómitos acetonémicos. En: Tratado de Pediatría, ed. esp. Fanconi G, Wallgren A, eds., 8ª ed. Madrid: Ediciones Morata; 1971. p. 265-8.

5. Marañón G. Síndromes meníngeos. En: Manual de diagnóstico etiológico, 2ª ed. Madrid: Espasa-Calpe; 1945. p. 670.

6. Zafra Anta M, García Nieto VM. Pediatras en la historia (3). Nieves González Barrio (1884-1961) y José García del Diestro y Escobedo (1882-1935). Pediatr Integral. 2023; 27: 525.e1-e6. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2023-12/pediatras-en-la-historia-3-nieves-gonzalez-barrio-1884-1961-y-jose-garcia-del-diestro-y-escobedo-1882-1935/.

7. García del Diestro J. Síndrome meningoencefálico en la hemoacidosis recurrente de los niños con hallazgo de abundantes cristales de colesterina en el líquido céfalo-raquídeo. Libro de Actas del III Congreso Nacional de Pediatría. Zaragoza: Tipografía de F. Martínez; 1925. p. 413-35.

8. Drachmann D, Hoffmann E, Carrigg A, Davis-Yates B, Weaver V, Thornton P, et al. Towards enhanced understanding of idiopathic ketotic hypoglycemia: a literature review and introduction of the patient organization, Ketotic Hypoglycemia International. Orphanet J Rare Dis. 2021; 16: 173.

9. Aynsley-Green A. Hipoglucemia. En: Endocrinología clínica pediátrica, ed. esp. Brook Ch GD, ed, 2ª ed. Barcelona: Ancora; 1989. p. 633-53.

10. Metwalley KA, Farghaly HS. Idiopathic ketotic hypoglycemia in children: an update. Ann Pediatr Endocrinol Metab. 2024; 29: 152-5.

11. Azcona C, Stanhope R. Hypoglycaemia and Russell-Silver syndrome. J Pediatr Endocrinol Metab. 2005; 18: 663-70.

12. Buenaventura Pérez J. Reacción de Legal. Disponible en: https://www.portalesmedicos.com/diccionario_medico/index.php?title=Reaccion_de_Legal.

13. De Jaime Loren JM. Calomelanos, poción antiemética de Rivero. En: Epónimos científicos/Universidad CEU Cardenal Herrera. Disponible en: https://blog.uchceu.es/eponimos-cientificos/calomelanos-pocion-antiemetica-de-rivero/.

14. Anónimo. Aguas de Mondariz. Nuestro origen. Disponible en: https://www.aguasdemondariz.com/historia/.

15. Domínguez Freire F. Uretrotomía según Maisonneuve. A propósito de recuerdos clínicos en el Balneario de Mondariz. Historia Urológica Hispánica. 2023; 2: 144-68. Disponible en: https://historia.aeu.es/revista/numeros/Vol2Num12.pdf.

16. Rangel IDF, Oliveira RC, Dos Santos PVB, Rodrigues RS, de Lima CR, Acioly MA. Aseptic meningitis due to spontaneous rupture of a multicystic craniopharyngioma with an Ommaya catheter: A case report. Asian J Neurosurg. 2022; 17: 347-51.

17. Nakamura S, Wakamatsu K, Tsubokawa T, Moriyasu N. Sacral epidermoid cyst communicating with the spinal CSF canal. Childs Brain. 1980; 6: 103-11.

 

Pediatras en la historia (8). Carlos Sainz de los Terreros Gómez (1888-1963)

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

**Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (2): 143.e1 – 143.e7

 


Pediatras en la historia (8). Carlos Sainz de los Terreros Gómez (1888-1963). Pionero en la Sociedad de Pediatría de Madrid y en la creación e impulso de revistas pediátricas: Archivos Españoles de Pediatría y Acta Pediátrica Española

 

https://doi.org/10.63149/j.pedint.25

 

“Sainz de los Terreros fue un alumno destacado, después médico eminente, trabajador y atento a la marcha de la Medicina, gran clínico y prolífico publicista”.

Teófilo Hernando (profesor de Terapéutica en el curso 1905-1906. Prólogo. “Mirando hacia atrás…”

Madrid. 1961.

 

Carlos Sainz de los Terreros Gómez de las Bárcenas (Madrid, 4 de enero de 1888; Madrid, 8 de mayo de 1963) fue un pediatra español, situado entre los pioneros en la creación de la Sociedad de Pediatría de Madrid, primera de las sociedades científicas regionales en España, constituida en 1913. Tuvo su actividad profesional en gran parte de la primera mitad del siglo XX y hasta un poco más de la primera década siguiente. Estuvo vinculado casi toda su vida profesional a la Primera Gota de Leche de Madrid y a la Pediatría del Hospital de la Cruz Roja, ambos en Madrid. Contribuyó junto con otros pediatras a la creación y mantenimiento de revistas científicas: Archivos Españoles de Pediatría (truncada por la Guerra Civil) y Acta Pediátrica Española(1-4).

El estudio realizado para esta biografía es el resultado de la revisión bibliográfica, estudio histórico de las actas de la Sociedad de Pediatría de Madrid, de la tesis doctoral del primer autor de esta biografía(2), páginas web, como Vallecas web(5) (artículo sobre el colegio público que lleva su nombre), PubMed, Dialnet, búsqueda hemerográfica y la estrategia perla o bola de nieve. Algunos datos de su vida han venido dados desde su libro(3) “Mirando hacia atrás…” de Sainz de los Terreros (Madrid, 1961), con ocasión de las bodas de oro de su promoción de estudios de licenciatura de medicina, su currículum, fotografías, hitos.

No tenemos conflicto de intereses económicos.

Formación académica y especializada. Actividad profesional

Nació en Madrid. En esta ciudad desarrolló toda su vida profesional.

Realizó la carrera de Medicina en la Facultad de Medicina de San Carlos. El periodo de sus estudios fue 1903-1911, pues dividió el año del preparatorio en dos. El histórico Colegio San Carlos estaba situado al lado del actual Real Conservatorio Superior de Música, en la calle Atocha (escuchó a los doctores Olóriz, Teófilo Hernando, Ramón y Cajal y otros). Terminó en junio de 1911, siendo premio extraordinario de la licenciatura. Había obtenido 19 matrículas de honor y 22 sobresalientes. Tuvo 3 aprobados (generales) por huelgas estudiantiles(1-3,5) (Fig. 1).

Figura 1. Carlos Sainz de los Terreros. A la izquierda, en 1911 (23 años); en el centro, cuatro años después, cuando comienza a impartir clases como profesor en el Instituto Rubio, Madrid; a la derecha, en 1961. Fuente: referencias(3-5). Foto: Familia Carlos Sainz de los Terreros / Vallecasweb.

 

Fue interno por oposición en el Hospital Clínico San Carlos (Fig. 2).

Figura 2. Alumnos internos del Clínico de San Carlos, Madrid, 1911. Fuente: referencia(3).

 

Su currículum profesional es extensísimo(1,3,5-7). En 1913 ingresó como médico de consulta del “Primer Consultorio de Niños de Pecho de Madrid” o “Gota de Leche”, calle San Bernardo nº 8, creada en 1904 por Ulecia. Trabajó con Tolosa Latour, Ulecia y Criado Aguilar, pioneros “de la primera generación” de la Medicina de los Niños en Madrid. Había sido auxiliar (alumno interno) ya desde 1904. Posteriormente, en La Gota de Leche fue secretario (1918), vicedirector (1935) y, finalmente, director (desde abril de 1940) (Fig. 3).

Figura 3. Foto de integrantes de la Gota de Leche, en sus bodas de plata, 1929. Fuente: referencia(3).

 

Fue muy breve tiempo médico militar, por oposición (1911-12).

Presentó su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid: “Aeroterapia, helioterapia e hidroterapia en la infancia”. Sobresaliente. 1912.

Fue profesor clínico auxiliar de la Facultad de Medicina (Clínica de Pediatría), 1912-14.

Cuatro años después de licenciarse, fue profesor del Instituto Rubio (Instituto de Terapéutica Operatoria, 1896-1936). Estuvo situado donde la actual Fundación Jiménez Díaz, en Moncloa, Madrid, a pocos metros de lo que fue frente de la Guerra Civil en Madrid.

Ingresó por oposición en el Cuerpo Médico Escolar; inspector desde 1918. Llegó a ser inspector general. Tras jubilarse Muñoyerro, pasó a ser inspector-jefe. Hacia 1957 fundaron la Asociación Española de Higiene Escolar los doctores Carlos Sainz de los Terreros y Félix Sancho Martínez(8).

Fue miembro de la Cruz Roja Española desde junio de 1919. En 1930 fue nombrado jefe de la consulta y sección pediátrica del Hospital de San José y Santa Adela, luego Hospital Central de la Cruz Roja. Finalmente, jefe del Servicio de Pediatría.

El Hospital de la Cruz Roja nació como una institución benéfica en 1887, pero comenzó su actividad asistencial en 1912, tras un inicio con dificultades económicas. En 1918 fue cedido a la Cruz Roja, siendo sus principales objetivos institucionales atender a los heridos procedentes de diversos frentes bélicos (Guerra de África en primer lugar) y formar a profesionales sanitarios(9).

En los años 20 se pasaban varias especialidades, como por ejemplo Oftalmología (con Francisco Poyales). La Pediatría la dirigiría Carlos Sainz de los Terreros en 1933, concretamente el Servicio de Fisiopatología Pediátrica. Posteriormente, uno de los inicios de la cirugía pediátrica en Madrid tuvo lugar en este centro con Blas Agra Cadarso (1925-2012).

Fue jefe del Servicio de Pediatría del Dispensario-Hospital de San Juan de Malta, de la beneficencia. Se abrió en 1932. Blanco Soler fue el primer director (citado en prensa histórica “Semana Médica”, 1932).

Fue jefe de Servicio, jefe de Inspección escolar (Fig. 4) y director de la Gota de Leche. Impartió clases, conferencias y cursillos. Profesor en varias instituciones. No fue catedrático.

Figura 4. Sainz de Terreros trabajando en el Gabinete médico-escolar. Fuente: referencia(3).

 

Principales actividades docentes, “publicistas” y de investigación

Sus principales temas de desarrollo: medicina escolar, cartilla escolar, higiene, nutrición en el lactante y escolar, puericultura en general, también el desarrollo de la Pediatría y de las sociedades pediátricas(1-3,5).

Impartió clases en la Gota de Leche y en el Instituto Rubio. Fue profesor auxiliar y numerario interino de Higiene Escolar en la Escuela Nacional de Sanidad (1932-34). Dio lecciones en la Escuela Nacional de Sanidad, en los Cursos de Higiene Escolar (junio de 1936, también en 1961).

Fue cofundador y propietario de la revista “Archivos Españoles de Pediatría” (desde 1917) (Fig. 5). Nació como iniciativa conjunta de varios médicos, bajo el impulso de la Sociedad de Pediatría de Madrid(1-3,5,10). Los codirectores fueron el propio Sainz de Terreros, A. Romeo Lozano y J. García del Diestro. Fue revista de gran prestigio en España y Latinoamérica. Esta revista desapareció con la Guerra Civil.

Figura 5. Portada del primer número de Archivos Españoles de Pediatría. Fundadores-propietarios: A. Romeo, J. García del Diestro, C. Sainz de los Terreros (nuestro agradecimiento a J. Medino. Biblioteca del Hospital Universitario de Fuenlabrada).

 

Sainz de los Terreros, en 1943, fundó la revista Acta Pediátrica, más tarde Acta Pediátrica Española, junto con Santiago Cavengt Gutiérrez, Juan Bosch Marín y Luís Navas Migueloa. Nació de la fusión simbólica de “La Pediatría Española”, órgano de expresión del Hospital Niño Jesús (1912-1936) con Archivos. Acta Pediátrica se siguió editando hasta el año 2020, en que lamentablemente dejó de ser publicada.

Fue colaborador oficial de la “Revista de Ciencias Médicas”, Buenos Aires, 1920. Representante y colaborador en España de los “Archivos Médicos Mexicanos” (1946).

Participó en casi todos los congresos nacionales de Pediatría de su tiempo. Consta en dos congresos de Nipiología, en Italia. Publica en Acta Pediátrica conferencias en la Sociedad de Pediatría de Madrid, ponencias en congresos nacionales de Pediatría, discursos inaugurales de la Sociedad de Madrid; documentos de gran valor histórico institucional.

En su currículum, autopublicado en 1960, constan más de 250 publicaciones, conferencias, sesiones en cursos y congresos. Algunas publicaciones eran “repetidas” en dos revistas diferentes; esto era práctica no rara en esa época.

Su primera publicación fue en 1910, siendo alumno de medicina, sobre embarazo ectópico, en Anales de la Academia de Obstetricia, Ginecología y Pediatría.

Tiene tres publicaciones internacionales antes de los años 50 del siglo XX: en 1925, en francés, y en 1939 y 1947, en español:

• Luis Calandre Ibáñez, con Sainz de los Terreros en colaboración. Fueron compañeros en el Hospital de la Cruz Roja(11). Artículo publicado tanto en España como en Francia.

Calandre L, Sainz de los Terreros C. Un caso de estenosis aórtica pura, no reumática en un niño, en “Archivos Españoles de Pediatría” 1925; 9 (3): 156-62, y en “Archives des Maladies du coeur”, Un cas de rétrécissement aortique pur. Archives des maladies du coeur. 1925; (enero): 1-5.

La revista Archives des maladies du coeur, des vaisseaux et du sang fue el título original de French cardiology journal, que había iniciado su publicación en 1908(3,11).

• Sainz de los Terreros C, Novoa L. Nuevas normas en somatometría escolar. Archivos Argentinos de Pediatría. 1939; (año X), tomo XI, nº 5: 538-66. Disponible a texto completo en: https://www.sap.org.ar/docs/publicaciones/archivosarg/1939/1939_11_5.pdf.

• Somatometría del niño menor de 2 años. Arch Médicos Mexicanos, diciembre de 1947. Solo disponemos de la referencia secundaria(1,3,5).

Su primera publicación en Archivos Españoles de Pediatría es en febrero de 1918, sobre “spasmus mutans” (caso clínico presentado a la Sociedad de Pediatría de Madrid, 1917). Publica dos artículos sobre la gripe de 1918 en Arch Esp de Pediatr, ese año 1918. Tiene hasta 5 referencias en esta revista.

Publicó en otras revistas: Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas, desde 1917. En El Siglo Médico, en “Puericultura española”, la revista de la Asociación de Puericultores de la Escuela Nacional de Puericultura (1935-36).

Publicó en Acta Pediátrica Española desde 1943. Hay 11 referencias.

Como prueba de su vinculación a la puericultura, medicina escolar y a la divulgación sanitaria, tiene varias publicaciones resultado de su relación con el cine y la Pediatría desde 1932, difusiones radiofónicas (desde 1933)(1-3,5,10). Dictó conferencias en Grupos Escolares, con proyección de películas cinematográficas:

• 21 de abril de 1932: sobre tuberculosis en la escuela, en el Grupo escolar “Francisco Ruano”, calle La Florida, 7.

• 24 de mayo de 1934: algunos conceptos de la profilaxis en las Escuelas. Conferencia de divulgación con cinematógrafo en el Grupo Escolar “Pablo Iglesias”. Aquí fue director médico escolar.

• En mayo de 1955: “El niño y el cine”. Revista “Ambiente”, en su primer número.

Hizo conferencias en radio:

• 3 de febrero de 1933 en Unión Radio. Higiene física del niño, séptima conferencia del Curso de Conferencias Radiadas, organizado por la Asociación Española de Médicos Puericultores Titulados. Publicada en “La Nipiología”, Nápoles, Italia, enero-marzo de 1933.

• 12 de abril de 1935. Cursillo de Conferencias Radiadas, organizado por la misma Asociación de Médicos Puericultores. Unión Radio. “Cómo atiende la Cruz Roja la salud del niño en España”.

• 30 de mayo de 1936. Radio España. “El agua en la alimentación del niño”. Conferencia radiada, publicada en la revista “Voy”.

• 25 de septiembre de 1940. Radio Nacional: “Colaboración entre médico y maestro. Servicio médico escolar”.

• 16 de noviembre de 1956. Radio Nacional: “Generalidades sobre Higiene Escolar”.

Escribe sobre las colonias de evacuación durante la Guerra Civil.

Su penúltima publicación, además internacional: Proyecto de Clasificación Médica Internacional de los escolares para enviar a los maestros, su última publicación. Revista Internacional de Hygiene Scolaire et Universitaire, París, nº 2, 1961.

Escribió monografías y libros: Tratado completo para oposiciones médicas (1915-30). Una monografía (folleto) de 29 páginas sobre “Enfermedades del aparato digestivo en la segunda infancia”, en 1918 (libro divulgativo). Una Memoria de la Inspección Médica Escolar (Madrid, Impr. Ciudad Lineal, 1919, 32 p.). Memoria del Primer Consultorio de Niños de Pecho (Fig. 6). Ed. Barragán 1950. Sobre la ficha médica (1929); Cartilla Médico-escolar (1929); Dermorreacción de Lowenstein. Somatomería (1934), etc.

Figura 6. Carlos Sainz de los Terreros –sentado en el centro de la imagen–, en la toma de posesión de la dirección del Primer Consultorio de Niños de Pecho denominado “Gota de Leche”, en 1940. Fuente: referencia(5). Foto: Familia Carlos Sainz de los Terreros / Vallecasweb.

 

Escribió un libro de 63 páginas en homenaje a las Bodas de Oro de la Promoción(3) que terminó medicina en Madrid en 1911, llamado “Mirando hacia atrás…”. Muestra su capacidad de sistematización del currículum y su organización bibliográfica y documental. Se muestra correcto con sus coetáneos, sin rencores aparentes por la Guerra Civil o la República. Durante esta tuvo importante actividad en Medicina escolar y en la Escuela Nacional de Sanidad.

Destaca una especial preocupación por la formación en la especialidad pediátrica, fomentando becas y premios en el hospital de la Cruz Roja y en la Sociedad de Pediatría(2). Muestra de ello son:

Premios denominados “Sainz de los Terreros”, que entregaba la Sociedad de Pediatría de Madrid con dotación económica, anuales desde 1948 hasta 1967. Lo recibieron, entre otros, José Serratosa, Ángel Crespo Santillana, Manuel Cruz Hernández, Oscar Valtueña y Carmen Arrabal Terán.

• Becas para asistir al hospital infantil “War Memorial Hospital” de Bruselas que se concedían en el Hospital Central de La Cruz Roja (la obtuvieron, entre otros: E. Casado de Frías, C. Monereo, E. Matos)(5,12).

Actividad institucional

Mantuvo una importante actividad institucional durante toda su vida profesional. Promovió la creación de sociedades científicas. Ocupó numerosos cargos en sociedades científicas, fue vocal de diversos tribunales de oposiciones y también en sociedades benéficas(1-3,5). Fue tesorero del Colegio de Médicos de Madrid en 1932.

• Participación en la Sociedad de Pediatría de Madrid, también llamada y región Centro, actualmente Madrid y Castilla-La Mancha(2,13,14) (Fig. 7). Escribió una “Memoria de 50 años de la Sociedad de Pediatría, 1963”. Fue la Sesión Inaugural del curso de la Sociedad, 1962-63. Daba muchos datos del pasado y planteaba líneas de posible futuro de la Pediatría(15). Se cita en varios Cuadernos de Historia de la Pediatría (web de la AEP)(16).

Figura 7. Un banquete pediátrico, en 1950. Encontramos a 4 presidentes de la Sociedad de Pediatría de Madrid. Nombrados en el pie de foto, de derecha a izquierda. Fuente: referencias(2,3).

 

Tuvo una actividad destacada en la Sociedad de Pediatría de Madrid, desde el nacimiento de la institución, siendo de los fundadores de la misma. Ocupó cargos en las Juntas Directivas, como secretario de Actas en la Junta Fundacional de 1913, secretario general (1915) y vicepresidente (1929, 1940).

Fue el decimotercer presidente de la Sociedad de Pediatría de Madrid, desde 1944 hasta 1947.

• A nivel nacional(1-3), fue académico corresponsal de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (desde noviembre de 1913), miembro correspondiente de la Sociedad Catalana de Pediatría (1933) y amigo supernumerario de la Real Sociedad Vascongada de “Amigos del País” (1945).

• Fue presidente de la Asociación Española de Medicina e Higiene Escolar (mayo de 1960).

• Médico de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias (1948).

• Fue presidente efectivo del VII Congreso Nacional de Pediatría, en Sevilla, mayo de 1949; en el que el presidente de honor fue José González-Meneses. En este congreso se creó la Asociación Española de Pediatría, en Comisión preparada de antemano. Durante este congreso de Sevilla se celebró la Exposición científica y de publicaciones aneja al Congreso, con una exposición bibliográfica de la Pediatría española. En esta se fraguó el libro “El niño en la cultura española” de Juan L. Morales, ingente obra sobre el niño ya comentada en otro lugar. El prólogo de este libro lo escribió Sainz de los Terreros; también colaboró en la biografía de Aurelio Romeo Lozano(15).

Respecto de la participación institucional internacional:

• Fue representante del Gobierno español en el Primer Congreso del Niño (Ginebra, Suiza, 1925).

• Fue miembro honorario del Congreso Médico del Primer Centenario del Uruguay (1930).

• Socio o miembro corresponsal de sociedades de Pediatría internacionales (la cubana, 20 de noviembre de 1935; la ecuatoriana, 1953).

Reconocimientos, homenajes y distinciones

Hay un colegio público en el barrio de Vallecas, llamado “CP Carlos Sainz de los Terreros”, inaugurado en 1968. En el 45 aniversario del colegio (esto es, 2013), se realizaron actos que conmemoraron su figura. El 8 de marzo de 2013, María Teresa Sainz de los Terreros, nieta del pediatra, se trasladó hasta Vallecas para donar al Colegio un busto original de su abuelo que ella guardaba en su casa de Bilbao, así como un retrato al carboncillo(5).

Compartió publicaciones y trabajo con su amigo Manuel de Tolosa Latour (1902-1967), hijo y sobrino de pediatras, el cual también tiene un colegio en Madrid, con su nombre, CP Manuel Tolosa Latour, abierto en el curso 1974-75.

Fue presidente(1-3,5) de honor de la Sociedad de Pediatría de Madrid, desde el 30 de octubre de 1947 hasta su fallecimiento.

Miembro de honor en el IX Congreso Nacional de Pediatría (La Toja, julio 1954). Miembro de honor del X Congreso de Pediatría (Madrid, octubre 1960).

Se escribieron noticias necrológicas en prensa(17). Se celebró una sesión necrológica en la Sociedad de Madrid el 24 de mayo de 1963, que se publicó en Acta Pediátrica Esp en el número de septiembre de 1964(1).

Condecoraciones: fue condecorado con la Gran Cruz al Mérito, con placa, de la Orden Hospitalaria de Malta (1956) y Medalla de Oro de la Cruz Roja Española (abril, 1960).

Familia y vida personal

Hijo de Manuel Sainz de los Terreros (1838-1901) y de Rosa María Gómez de las Bárcenas (1852-1922)(1,3,5). No había médicos previamente en la familia.

Nació en 1888, en Madrid, en la Glorieta de Bilbao. En el seno de una familia “cristiana” (según sus propias palabras), relativamente acomodada y numerosa en hijos; esto último era lo habitual en la época. Sainz de Terreros fue el décimo de once hermanos (Fig. 8).

Figura 8. Fotografía familiar en 1892, cuando tenía 4 años de edad. Fuente: referencia(3).

 

Cursó los primeros estudios en la capital, en casa junto a sus hermanos, con profesores particulares, y los dos últimos años del bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Este, fundado como Instituto del Noviciado en 1845, fue uno de los dos primeros centros de enseñanza secundaria en Madrid.

Se casó con Amelia Amézaga Balparda. Tuvieron 6 hijos y una hija (Fig. 9).

Figura 9. Toda la familia Sainz de los Terreros en Madrid, en abril de 1956. Junto al doctor –sentado–, su esposa Amelia Amézaga(3,5). Foto: Familia Carlos Sainz de los Terreros / Vallecasweb.

Durante la Guerra Civil permaneció residiendo en Madrid. No se le conocía filiación política. Pertenecía a Acción Católica. Se le detuvo en enero de 1938 y se le abrió expediente por posible desafección al Régimen Republicano(18), pues, siendo presidente de su comunidad de vecinos, había atendido a varios refugiados en la Delegación de Turquía. Pertenecía entonces al Sindicato Único de Sanidad, de la CNT, al que se afilió en 1936.

Muchas personas e intelectuales intercedieron por él: Giner de los Ríos, marzo de 1938, siendo ministro, y también Aurelio Romeo Lozano, presidente de la Cruz Roja Republicana (abril de 1938). Estuvo encarcelado varios meses, hasta que se dictó libertad provisional (Figs. 10 y 11).

Figura 10. Caricaturas de Carlos Sainz de Terreros. Años 30. Fuente: referencias(3,4).

 

Figura 11. Intercesión de Aurelio Romeo por Carlos Sainz de Terreros por su prisión provisional en el curso del “Expediente por posible desafección al Régimen Republicano” en Madrid, 1938. Fuente: referencia(18).

Quienes le conocieron aseguran que era muy cariñoso en el trato familiar, muy culto y ameno en sus conversaciones, aunque estricto en sus decisiones.

El día antes de su muerte hizo visita médica a una niña de 6 años. Con 75 años de edad.

Sus restos reposan en el panteón que la familia posee en el Cementerio de San Isidro (Madrid).

Su hijo, también médico puericultor: Carlos Sainz de los Terreros Amézaga (falleció el 26 de noviembre de 1983).

Actividades no profesionales que cultivaba: “caminatas de montaña” (ahora se llama senderismo); juego de pelota (con pala); perteneció a la Orden Hospitalaria de San Juan de Malta (ingreso en 1943); escribió sobre la vida de San Isidro, el santo patrón de Madrid, incluso sobre rosquillas.

 

Epílogo

Sainz de los Terreros merece un lugar en esta galería de pediatras en la Historia en España. Fue un alumno destacado, después médico eminente, trabajador y atento a la marcha de la Medicina, gran clínico y prolífico publicista (Teófilo Hernando). No fue catedrático.

Fue pionero de la “segunda generación” de la Medicina de los Niños, tras Benavente, Tolosa Latour, Criado Aguilar, Martínez Vargas, Gómez Ferrer, Borobio, Vidal Solares, Viura, Ulecia. Fue mucho más que un “actor secundario”. Muy preocupado por la formación continuada, las conferencias, sus compañeros de promoción y de instituciones pediátricas, y por su familia.

Junto con otros pediatras, fue pionero en la Sociedad de Pediatría de Madrid, así como en la creación de revistas pediátricas de prestigio: Archivos Españoles de Pediatría y Acta Pediátrica Española.

Trabajó incansablemente por la salud de los niños y niñas hasta el penúltimo día de su vida.

 

Bibliografía

1. Varios autores. Sesión necrológica en memoria de Carlos Sainz de Terreros. Acta Pediatr Esp. 1964. Recordado en “Hace 50 años” de Acta Pediatr Esp. 2014; 72: e302-3.

2. Zafra Anta MA. La pediatría como especialidad en España a través de las sociedades de Pediatría, y de la Sociedad de Pediatría de Madrid 1913-2018. Departamento de Psiquiatría. Universidad Autónoma de Madrid. Bajo la dirección del profesor Juan Carlos. Disponible en: http://hdl.handle.net/10486/694008.

3. Sainz de los Terreros C. Mirando hacia atrás… Gráficas Barragán. Madrid. 1961.

4. Banco de imágenes de la Medicina Española. Disponible en: https://bancodeimagenesmedicina.com/imagen/sainz-de-los-terreros-carlos-4/; https://bancodeimagenesmedicina.com/imagen/sainz-de-los-terreros-carlos-15/.

5. Luquero A. ¿Quién fue Carlos Sainz de los Terreros? 2013. Disponible en: https://vallecasweb.com/reportajes/item/00099768.

6. Matos J. Tributo a Don Carlos Sainz de los Terreros. Acta Pediatr Esp. 1963; 21: 309-11.

7. Álvarez Sierra J. Hemeroteca ABC; 1963. p. 13.

8. Álvarez Sierra J. La medicina escolar en España. Hemeroteca ABC; 1968. p. 33.

9. Lujano-Arenas A, Ruiz-Berdún D. Los comienzos de una institución centenaria: Hospital Central de la Cruz Roja San José y Santa Adela. Temperamentvm. 2019; 15: e12641. Disponible en: https://ciberindex.com/c/t/e12641.

10. La prensa médica y los especialistas de niños. Hemeroteca ABC; 1968. p. 26

11. Sebastián Raz JM. Luis Calandre Ibáñez. Su vida y obra. (Reivindicación de una figura ilustre de la Medicina Murciana). Tesis doctoral. Dir. Pedro Marset Campos. Universidad de Murcia, España. 2010. Disponible en: https://digitum.um.es/digitum/handle/10201/15607.

12. Paz Garnelo JA. El hospital infantil “War Memorial” de Bruselas. Acta Pediatr Esp. 1957; 15: 371-4.

13. Zafra Anta MA, Medino Muñoz J, García Nieto VM, de Arana Amurrio JI, Ibarrondo Guerrica-Echevarría MJ, García-Sicilia López J. Centenario de la Sociedad de Pediatría de Madrid: 1913-2013. Primeras juntas directivas en imágenes. Acta Pediatr Esp. 2014; 72: e46-9. Disponible en: http://www.actapediatrica.com/index.php/archivo/volumen-72-numero-2-febrero-2014.

14. Morales JL. El Niño en la Cultura Española. 4 tomos. Alcalá de Henares. Imprenta de los Talleres Penitenciarios. 1960.

15. Sainz de los Terreros C. Memoria de 50 años de la Sociedad de Pediatría, 1963. Sesión Inaugural curso 1962-63. Pasado y futuro de la pediatría. Madrid. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/i_pasado-futuro_discurso_spm_1962_sainz_terreros_pdf.pdf.

16. Zafra Anta MA, Medino Muñoz J. El nacimiento de la Sociedad de Pediatría de Madrid. Cuaderno Historia de la Pediatría, nº 4. 2012. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/_cuaderno_de_historia_n_4.pdf.

17. Nota necrológica. Hemeroteca ABC; 1963. p. 50.

18. PARES, Portal de Archivos Españoles. Ministerio de Cultura. Disponible en: https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/3708795.

 

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (24).
La enfermedad bronceada y la tuberculosis en la infancia

Historia de la Medicina y la Pediatría


V. M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (1): 79.e1 – 79.e5

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (24). La enfermedad bronceada y la tuberculosis en la infancia

https://doi.org/10.63149/j.pedint.13

 

Prólogo

“El comienzo de la enfermedad es insidioso, ora se realice en plena salud, ora durante el curso de una tuberculosis visceral, como la tisis pulmonar, la peritonitis tubercular (sic) u otra cualquiera, sin dar grandes señales que puedan descubrir su presencia. Lo que primeramente llama la atención del observador es el aspecto sucio y obscuro de las partes descubiertas, coloración que la familia atribuye en un principio a la falta de limpieza o al influjo de los rayos solares, pero bien pronto se dan cuenta de la realidad cuando el pigmento invade todo el cuerpo y se va presentando hasta en la boca; el color varía entre el amarillo terroso y el negro, y es más obscuro al nivel de las regiones que están fisiológicamente más pigmentadas, como la areola del pezón, los genitales externos, las regiones umbilical, axilar y pubiana; algunas veces la pigmentación es parcial y forma manchas extensas, islotes, fajas que dan al cuerpo un aspecto atigrado y manchado, el cual desaparece pronto a medida que se aproximan estas placas, por efecto de la confluencia de esos elementos aislados; los cabellos pueden volverse negros, pero las uñas permanecen intactas; en la mucosa bucal se ven manchas apizarradas, parecidas a las que ofrecen ciertos perros de casta.

Al mismo tiempo los enfermos sienten una debilidad y una astenia extraordinarias, el apetito disminuye o se pierde, el enflaquecimiento hace progresos; con frecuencia se presentan entonces crisis intestinales dolorosas, vómitos y diarrea; la anemia se acentúa cada vez más y la caquexia llega a un grado extraordinario; se han registrado también el edema de las extremidades inferiores, anasarca, ascitis y albuminuria; la fiebre falta a veces o por lo menos es moderada, el pulso es pequeño y frecuente y la respiración es más veloz, pues Henoch ha llegado a contar ochenta respiraciones por minuto en un enfermo. La muerte puede sobrevenir durante el coma, o en un síncope, o durante las convulsiones. Los niños conservan hasta el último momento toda su lucidez y no deliran.

La duración varía, lo mismo puede prolongarse la enfermedad varios años que terminarse en pocos meses; pero el pronóstico es fatal, pues los casos que se han publicado como terminados por la curación, antes bien pueden atribuirse a errores de diagnóstico”(1).

Así definía el pediatra francés Jules Comby (1853-1947) en su Tratado de las enfermedades de la infancia de 1907 las características clínicas de la enfermedad bronceada en la edad pediátrica, es decir, de la enfermedad de Addison. En realidad, este autor en sus ocho casos de adultos estudiados y diagnosticados de la nueva enfermedad no nombró la tisis.

Thomas Addison (1793-1860)

Thomas Addison nació en Longbenton, cerca de Newcastle, en 1793. Estudió Medicina en la Universidad de Edimburgo, graduándose en el año 1815 (Fig. 1). El tema de su “tesis” fue Dissertatio medica inauguralis quaedam de syphilide et hydrargyro complectens (Disertación médica sobre la sífilis y el mercurio).

Figura 1. Thomas Addison (1793-1860). Disponible en: https://litfl.com/thomas-addison/.

Comenzó a ejercer la profesión en Londres junto al dermatólogo Thomas Bateman. Ingresó después en el Guy’s Hospital (1817), siendo contratado como médico ayudante en 1824, y como profesor de materia médica tres años después. En 1835 fue aceptado como conferenciante adjunto de Richard Bright en la Cátedra de Medicina(2). Se dedicó muy intensamente, inicialmente, al estudio de un cuadro clínico de un tipo de anemia, que después se llamaría anemia perniciosa y, también, anemia de Addison. Sus “ademanes pomposos, vocabulario cuidadosamente selecto, así como un aspecto físico impresionante, imponían un gran respeto a los estudiantes. Sus exámenes minuciosos y su capacidad de análisis le valieron notable consideración por parte de sus colegas”(3). En el Guy’s Hospital (Fig. 2), Thomas Addison coincidió en el tiempo con personajes tan conocidos como Richard Bright y Thomas Hodgkin. Addison sufrió muchos episodios de depresión grave. El 29 de junio de 1860 se suicidó.

Figura 2. Guy’s Hospital de Londres. Disponible en: https://www.magnoliabox.com/products/guys-hospital-southwark-london-1645600.

El 15 de marzo de 1849, Addison pronunció un discurso ante la South London Medical Society. Describió los síntomas de una anemia espontánea inexplicable e informó que, en tres casos, las disecciones de los cadáveres mostraron alteraciones en las glándulas suprarrenales. En 1855, publicó una monografía en la que, a partir de ocho casos, expuso la clásica descripción del cuadro clínico de la insuficiencia de la corteza de la glándula suprarrenal. Por el extraño cambio de color de la piel hacia el color marrón, se mencionó también como “la enfermedad bronceada”.

En su monografía titulada On the constitutional and local effects of disease of the supra-renal capsules, Addison escribió algunos de los siguientes párrafos(4) (Fig. 3):

“Difícilmente se discutirá que en el momento actual, las funciones de las cápsulas suprarrenales y la influencia que ejercen en la economía general son casi o totalmente desconocidas… Ahora me atrevo a publicar los pocos hechos relacionados con el tema que han caído dentro de mi propio conocimiento; creyendo como lo hago ahora, que estos hechos coincidentes, en relación entre sí, no son meras coincidencias casuales, sino que son tales que admiten una inferencia justa y lógica inferencia -una inferencia, que donde se observan estos hechos concurrentes, podemos pronunciar con considerable confianza, la existencia de cápsulas suprarrenales enfermas.

Figura 3. Portada del libro de Thomas Addison(4).

La enfermedad se presentó en todos los casos con el mismo carácter general, siguió un curso similar y, con apenas una sola excepción, fue seguida, después de un periodo variable, por el mismo resultado fatal. Se presenta en ambos sexos, generalmente, pero no exclusivamente, más allá del periodo medio de la vida, y hasta donde sé en la actualidad, principalmente en personas de una constitución algo grande y voluminosa, y con una marcada tendencia a la formación de grasa. Se acerca de una manera tan lenta e insidiosa, que el paciente difícilmente puede fijar una fecha de su primera sensación de ese languidecimiento, que pronto se volverá tan extremo. El rostro se pone pálido, el blanco de los ojos se vuelve perlado, el cuerpo general flácido más que atrofiado; el pulso quizás grande, pero notablemente suave y compresible, y ocasionalmente con una ligera sacudida, especialmente bajo la más mínima excitación; hay una creciente indisposición al esfuerzo, con una sensación incómoda de desmayo o falta de aliento al intentarlo; el corazón palpita con facilidad; toda la superficie del cuerpo presenta un aspecto blanquecino, liso y ceroso; los labios, las encías y la lengua parecen exangües; el apetito falla; sobreviene una languidez y un desmayo extremos, produciendo falta de aliento y palpitaciones el más insignificante esfuerzo o emoción; probablemente se percibe un ligero edema en los tobillos; la debilidad se vuelve extrema, el paciente ya no puede levantarse de su cama, la mente divaga ocasionalmente, cae en un estado postrado y semi-aletargado, y finalmente expira.

Descubrimos una coloración muy notable y, por lo que sé, característica en la piel, lo suficientemente marcada como para haber llamado la atención del paciente mismo, o de los amigos del paciente. Esta coloración impregna toda la superficie del cuerpo, pero la cara, el cuello, las extremidades superiores, el pene y el escroto y en la flexión de las axilas y alrededor del ombligo. Se puede decir que presenta un aspecto sucio o ahumado de color ámbar oscuro o castaño; y en un instante la piel se oscureció tan universalmente y tan profundamente, que, de no ser por sus rasgos, el paciente podría haber sido confundido con un mulato (Figs. 4 y 5).

Figura 4. “Cabeza de Thomas C”(4).

Figura 5. “Melanodermia del dorso y palma de la mano en la enfermedad de Addison. En el centro, una mano normal” (Marañón)(6).

Con, quizás, una sola excepción, la enfermedad, en mi propia experiencia, resistió todos los esfuerzos curativos, y tarde o temprano terminó fatalmente. Al examinar los cuerpos de estos pacientes después de la muerte, no he podido descubrir ninguna lesión orgánica que pudiera ser apropiada o razonablemente asignada como causa adecuada de consecuencias tan graves.

Los rasgos principales y característicos del estado mórbido… ocurre en conexión con una condición patológica de las cápsulas suprarrenales” (Figs. 6 y 7)(4). Es de destacar la alta calidad de los dibujos publicados en la monografía del Dr. Addison, de los que hemos reproducido tres de ellos.

Figura 6. “El hígado de Henry P., con las cápsulas suprarrenales enfermas in situ. En la parte inferior: secciones de las cápsulas suprarrenales enfermas”(4).

Figura 7. “El riñón izquierdo y la cápsula suprarrenal enferma de Elizabeth L”. b) “Riñón y cápsula suprarrenal enferma de William G”(4).

La continuación de la historia

El mismo año 1855, el clínico parisino Armand Trousseau (1801-1867) propuso la denominación de “morbus Addison”. Al año siguiente, el fisiólogo francés Charles Brown-Séquard (1817-1894) demostró que la eliminación de las glándulas suprarrenales en animales de experimentación se continuaba con la muerte. En 1891, William Osler (1849-1919), célebre internista canadiense, combatió con éxito la enfermedad de Addison mediante la administración de un extracto de glándulas suprarrenales (“the use of the suprarrenal extract cures Addison´s disease in the same remarkable way that the thyroid extract relieves of myxoedema”)(5).

La enfermedad bronceada en los niños

Siguiendo con la descripción de Jules Comby: “Más rara en la infancia que en la edad adulta la enfermedad de Addison, puede observarse, sin embargo, en los niños que pasado su destete, en los de la segunda infancia y en los llegados a la adolescencia, pues se conocen de ella más de 30 observaciones auténticas. Excepcional antes de los siete u ocho años, la caquexia addisoniana se encuentra principalmente en las proximidades de la pubertad, a los doce, a los trece o a los catorce años; es algo más frecuente en los niños que en las niñas”(1). Gregorio Marañón y Fernández Noguera, en el libro publicado en 1949 basado en su experiencia recogida a partir de 400 casos de enfermedad de Addison, escribieron que “en la niñez es afección rara. Atkinson ha reunido (1936) en la literatura solo 40 casos de niños addisonianos. Nosotros hemos visto solo 25 casos (13 por 100) entre los diez y veinte años y ninguno menor de diez años”(6). Esta reducción de casos de la enfermedad asociada a tuberculosis a finales de los años 40 es posible que tuviera relación con la introducción en 1924 de la vacuna BCG en España(7).

“Aparte de dos o tres casos de cáncer, de atrofia y de falta congénita de una u otra cápsula suprarrenal, puede decirse que la tuberculosis es casi siempre la causa de la enfermedad de Addison. ¿Cómo se produce esta coloración bronceada? Según Mühlmann, la pirocatequina, una substancia tóxica contenida en las cápsulas suprarrenales, produce una auto-intoxicación cuando los filetes nerviosos simpáticos están enfermos; entonces esa substancia circula por la sangre, se pone obscura al contacto con el aire y engendra esa astenia, esas perturbaciones digestivas y esa caquexia de la cual mueren los enfermos. Cuando se hace la autopsia a los niños muertos por la enfermedad de Addison, encuéntranse, además de diversas tuberculosis viscerales, como tisis pulmonar, adenopatías caseosas del mediastino y del mesenterio, la infiltración granúlica, la caseificación, el reblandecimiento y la destrucción de las cápsulas suprarrenales… el examen de la piel descubre una acumulación de pigmento en la red de Malpighio (Fig. 8), pigmento que puede invadir el sistema piloso, las mucosas, las serosas, los ganglios, las vísceras y las cápsulas mismas. Muchos son, efectivamente, los estados morbosos que pueden acompañarse de melanodermia. El arsénico, dado a dosis exageradas o prolongadas, produce a veces una pigmentación notable de las extremidades y de las uñas; la caquexia palúdica imprime a la piel una coloración obscura, que recuerda la enfermedad bronceada; las intoxicaciones producidas por el nitrato de plata y el plomo, se diferenciarán con facilidad”(1).

Figura 8. “Piel de addisionano a débil aumento. Fuerte pigmentación de las capas inferiores del cuerpo mucoso y de la hilera basal” (Álvarez Cascos)(6).

Tratamiento

Ya hemos indicado que en 1891, William Osler trató pacientes con insuficiencia suprarrenal secundaria a enfermedad de Addison mediante la administración de un extracto de glándulas suprarrenales(5). Se comenzaron a emplear productos glandulares de diversa índole y obtenidos con distintas técnicas, más o menos rudimentarias, como glándula total fresca, extractos secos o glicerinados y aplicados por todas las vías. En 1903, Adams publicó una estadística de 97 casos tratados con estos extractos, los cuales, por contener la “sustancia medular”, poseían, en su mayoría, un efecto de incremento de la presión arterial(6). En el libro de Comby puede leerse que “a un niño de catorce años le he visto yo comerse todos los días una cápsula suprarrenal de cordero, cruda, picada, y tolerarla perfectamente”(1).

A pesar del tratamiento opoterápico, el pronóstico debió ser infausto, puesto que la estreptomicina se descubrió en 1943 y, como hemos comentado recientemente en un artículo sobre el tema, debió estar disponible en España a partir de 1948(7). Además, la tuberculosis no era la única causa infecciosa de insuficiencia suprarrenal. La enfermedad se asoció, por ejemplo, con sífilis, paludismo, gripe o procesos parasitarios(6).

En el año 1929, Swingle y Pfiffner lograron producir extractos alcohólicos de corticales suprarrenales sin la medular, capaces de conservar la vida en animales decorticados. Poco después, empiezan a publicarse resultados satisfactorios obtenidos en la clínica con el empleo de estos extractos. El conocimiento de la fisiopatología de la enfermedad y, en concreto, de la existencia de pérdida salina asociada a la insuficiencia suprarrenal, permitió a Loeb, en 1933, introducir el tratamiento con cloruro sódico. En 1937, Tadeus Reichstein (1897-1996) sintetizó la desoxicorticosterona, hormona que, en lo sucesivo, constituyó el fundamento de la terapéutica de la enfermedad junto al cloruro sódico(6). Reichstein junto a Edward Calvin Kendall y Philip Showalter Hench realizaron sendos trabajos sobre las hormonas de la corteza suprarrenal, que culminaron con el aislamiento de la cortisona y el descubrimiento de su valor terapéutico en el tratamiento de la artritis reumatoide. Por estos estudios, los tres autores recibieron conjuntamente en 1950 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina(8).

Epílogo

En la actualidad, el pediatra está más familiarizado con los casos de insuficiencia corticosuprarrenal secundaria a defectos en la esteroidogénesis, como los de la 21-hidroxilasa, 11-hidroxilasa y 17-hidroxilasa. La insuficiencia suprarrenal asociada a tuberculosis ha pasado a la historia, aunque, en los últimos años, se han publicado algunos casos, especialmente en adultos(9,10). También, cada vez es menos frecuente el temible síndrome de Waterhouse-Friderichsen, causado por una hemorragia suprarrenal masiva en pacientes con meningococemia fulminante. Un artículo publicado en Anales de Pediatría resumió las distintas formas de presentación de la enfermedad de Addison en la infancia(11).

Escribir sobre la etiología y características de la insuficiencia suprarrenal en la actualidad no es el objetivo de esta publicación, pero nos parece interesante culminarla con la explicación del mecanismo de la hiperpigmentación. A medida que la función de las glándulas suprarrenales decae y la producción de cortisol es insuficiente, la retroalimentación negativa resultante conduce a un aumento de la producción de proopiomelanocortina, una prohormona sintetizada principalmente en las células corticotropas de la adenohipófisis que se escinde para formar ACTH, hormona estimulante de melanocitos (MSH), endorfina y lipotropina. El aumento de MSH estimula a los melanocitos a incrementar la síntesis de melanina, lo que provoca un aumento de la pigmentación de la piel. La pirocatequina pasó a la historia.

Bibliografía

1. Comby J. Enfermedades de los órganos génito-urinarios. Enfermedad bronceada. En: Tratado de las enfermedades de la infancia, ed. esp. Barcelona: Salvat editores; 1907. p. 609-11.

2. Fresquet JL. Thomas Addison (1793-1860). Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/addison.html.

3. Lyons AS, Petrucelli RJ. El siglo XIX (el comienzo de la medicina moderna). Las escuelas médicas y los clínicos. Londres y Edimburgo. En: Historia de la medicina, ed. esp. Barcelona: Ed. Doyma; 1984. p. 516.

4. Addison T. On the constitutional and local effects of disease of the supra-renal capsules. London: Samuel Highley. 1855. Disponible en: https://addisons.org.au/wp-content/uploads/2018/12/8-Disease-of-the-Supra-renal-Capsules.pdf.

5. Osler W. On six cases of Addison’s disease with the report of a case greatly benefited by the use of the supra-renal extract. International Medical Magazine. 1896.

6. Marañón G, Fernández Noguera J. La enfermedad de Addison (estudio de 400 casos). Madrid. Espasa-Calpe. 1949.

7. García Nieto VM, Zafra Anta M. Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (22). La tuberculosis en la infancia en la posguerra española. Publicaciones sobre el tema en dos revistas pediátricas nacionales. Pediatr Integral. 2024; XXVIII: 345.e1-e8. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2024-07/enfermedades-pediatricas-que-han-pasado-a-la-historia-22-la-tuberculosis-en-la-infancia-en-la-posguerra-espanola-publicaciones-sobre-el-tema-en-dos-revistas-pediatricas-nacionales/.

8. Anónimo. Tadeus Reichstein. Biographical. En: Nobel Lectures, Physiology or Medicine 1942-1962. Amsterdam: Elsevier Publishing Company. 1964. Disponible en: https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1950/reichstein/biographical/.

9. Repiso Moreno M, Daroca Pérez R, Elizondo Pernaut MJ, Jiménez Bermejo F. Enfermedad de Addison secundaria a tuberculosis. SEMERGEN. 2003; 29: 329-32.

10. Flores Orellana JL, Foronda Ríos JL, Flores Prado ML, Soria Flores C, Foronda Ríos MO. Enfermedad de Addison asociada a tuberculosis pulmonar: reporte de un caso. Rev Cient Cienc Med. 2012; 15: 53-6.

11. Royo Gómez M, Olmos Jiménez MJ, Rodríguez Arnao MD, Roldán Martín MB. Enfermedad de Addison. Formas de presentación en Pediatría. An Pediatr (Barc). 2013; 78: 405-8.

 

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (23) . Cáncer de escroto en los “Niños de las chimeneas”; enfermedad profesional en los siglos XVIII y XIX

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (8): 538.e1 – 538.e5

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (23). Cáncer de escroto en los “Niños de las chimeneas”; enfermedad profesional en los siglos XVIII y XIX)

 

“El destino de estas personas (los deshollinadores) es especialmente difícil; en su temprana infancia son tratados con singular brutalidad, y casi aniquilados por el frío y la inanición; se les mete por angostas y a veces calientes chimeneas, donde sufren golpes, quemaduras y sofocación; al llegar a la pubertad son susceptibles a esa fétida, dolorosa y fatal enfermedad (cáncer de escroto)”.

Percival Pott. 1775. Preocupación por el cáncer de escroto como enfermedad laboral

 

Introducción

En el siglo XVIII se describió el primer cáncer profesional diagnosticado en la Historia. Aparecía en muchos trabajadores de las chimeneas, por su contacto con el hollín y otras sustancias derivadas de la combustión del carbón(1,2). Resulta que muchos de esos afectados habían sido deshollinadores de niño o en la adolescencia. Fue descrito en 1775 por el cirujano inglés Percival Pott (1714-1788), que trabajó en el Hospital St. Barholomew’s de Londres(3). Pott fue muy famoso e innovador en cirugía, se le considera pionero en ortopedia en Inglaterra.

Además de los riesgos del hollín en el escroto, los trabajadores de las chimeneas sufrían accidentes graves y otros problemas de salud. Se produjo una gran presión social en Inglaterra para que se regulara la edad mínima para los deshollinadores, ya desde 1788. Pero no fue sino hasta 1875 cuando la legislación fue resolutiva para evitar la contratación de niños y menores de edad para estas actividades.

Trabajo infantil en los siglos XVIII y XIX

Una radical transformación del mundo tuvo lugar a partir de la caída del Antiguo Régimen, la aparición del capitalismo y la modernización (revolución) industrial, económica y social. Para incrementar la producción, se necesitó una enorme proliferación de fábricas, minas y comercios, con la aparición de las máquinas de vapor y otros diseños técnicos. A finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, según los diversos países se iban incorporando a la industrialización, se impuso un cambio en la población, con éxodo desde el campo hacia las ciudades, en busca de trabajo y oportunidades fuera de las tareas rurales(4,5). Se produjeron contrataciones masivas en las industrias, minas y recaderías, se incorporaron hombres, mujeres, niños y niñas; en condiciones muy precarias. La infancia fue utilizada como mano de obra barata, en condiciones muy similares a la esclavitud.

La niñez fue poco tenida en cuenta desde la Antigüedad. Desde Mesopotamia, también en la antigua Grecia y Roma, los padres disponían de los hijos e hijas, hasta podían vender a sus hijos como esclavos. La incorporación de la infancia a la sociedad fue por aprendizaje reglamentado (enseñanza), en las clases sociales más pudientes, y mediante el trabajo manual, como aprendiz, en la gran mayoría de la población. A las niñas se las preparaba principalmente para la maternidad: del cuidado de los hermanos, pasaban a la responsabilidad de sus propios hijos.

En las áreas rurales, en el ámbito familiar, se promovía el trabajo infantil colaborando en las tareas con el resto de la familia. Los hijos de familias humildes generalmente participaban en las tareas que no implicaran un excesivo peligro: recogían frutas, acarreaban agua para la casa, la madera para el fuego, cuidaban de los hermanos pequeños, etc. El niño y la niña humildes aprendían muy pronto que para comer era necesario trabajar. Al mismo tiempo, iban adquiriendo conocimientos del oficio paterno que, en la mayoría de los casos, sería también el suyo(4,5) (Fig. 1).

Figura 1. La Era o El Verano. Museo del Prado. 1786. Óleo sobre lienzo. Francisco de Goya. Se observa a niños y adolescentes participando en las tareas del campo.

 

También se les hacía trabajar en las minas; por ejemplo, hay registros de trabajo infantil en las minas de Almadén, siglo XVIII, desde corta edad, a los varones sobre todo, pero también algunas niñas. Entre los oficios de marinero, muy frecuentes en España desde el XVI al XVIII, se utilizaba a “pajes de escoba” de edad entre los 12 y los 16 años, para mantener limpio el barco; por encima estaban los “grumetes” o aprendices de marinero, de 16 a 20 años. Véase la referencia en web: https://blogcatedranaval.com/2021/05/18/marineros-grumetes-y-pajes/.

En la revolución industrial fue abusiva (y escandalosa en nuestra óptica actual) la explotación de los niños en el trabajo, desde los 7 años, incluso en turnos de 16 horas diarias. A muchos niños les llegaban los cambios físicos propios de la pubertad cuando ya se encontraban inmersos en roles de adultos (Fig. 2).

Figura 2. Niños y adolescentes trabajadores, en una fábrica de la Inglaterra Victoriana. Disponible en: https://www.meer.com/es/29607-historia-de-los-ninos-trabajadores.

“Los niños de las chimeneas”. Un trabajo infernal

Podemos considerar paradigmático del trabajo infantil y adolescente a los “niños de las chimeneas”, desde finales del siglo XVII hasta las últimas décadas del XIX.

Ya en el siglo XVII, las casas de Londres y otras poblaciones se caldeaban con el fuego de las chimeneas, alimentadas con leña o carbón. Las chimeneas necesitaban limpieza periódica para eliminar el hollín, evitar el humo, mejorar el tiro e impedir que se incendiaran. Se precisaba un gran número de trabajadores, y para un fácil acceso por las chimeneas muchos debían ser niños o adolescentes, procedentes de familias pobres, o huérfanos o mendigos; frecuentemente iban semidesnudos para evitar quedarse enganchados por la ropa en el interior de los conductos estrechos. Además, la higiene era excepcional, y dormían sobre sacos con hollín también(3). Se emplearon trabajadores en Inglaterra, Irlanda, Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Suiza, Italia, EE.UU. y otros lugares.

En búsqueda realizada en prensa histórica, hemeroteca digitalizada de la Biblioteca Nacional de España, no hemos encontrado referencias en España a esta ocupación “profesional” entre niños. Se mencionan accidentes o hechos en otros países.

El contacto constante con el hollín y las sustancias ­producto de la combustión del carbón predisponía a estos niños-adolescentes, en alto número, a padecer una ulceración en el escroto, que derivaba en cáncer al cabo de unos años, ya en la adolescencia incluso. Fue descrito en 1775 por el cirujano inglés Percival Pott (1714-1788), que trabajaba en el hospital St. Bartholomew, Londres, como Chimney-sweep’s Cancer(3) (Fig. 3).

Figura 3. Percivall Pott (1775). Chirurgical observations relative to the cataract, the polypus of the nose, the cancer of the scrotum, the different kinds of ruptures, and the mortification of the toes and feet. London, England: Hawes L, Clarke W, Collins R. p. 63-68. From p. 67: “The disease, in these people [i.e., chimney sweeps], seems to derive its origin from a lodgment of soot in the rugae of the scrotum…”. Disponible en: https://books.google.es/books?id=15htmgEACAAJ&pg=PA63&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false.

El propio Pott escribió que ya anteriormente Bernardino Ramazzini (1633-1714), médico italiano, había descrito varias enfermedades relacionadas con la ocupación profesional (oficios) en su libro De Morbis Artificum Diatriba, de 1700; pero no el cáncer de escroto.

Se ha señalado que fue Bassius (Heinrich Bass) el primero en hablar del cáncer de escroto, en 1731. Si bien Kipling(6) señala que probablemente fuera un absceso perineal. Este mismo autor afirma que la primera descripción se podría atribuir a Treyling (1740) en Scrotum immaniter auctum scirrhoso scrophulorum.

En cualquier caso, se puede afirmar que fue Pott el que atribuyó una causa externa a este cáncer en los deshollinadores. Por tanto, fue el primer cáncer profesional descrito.

El cáncer del deshollinador era mucho más común en Inglaterra, ya que los casos eran prácticamente desconocidos en otras partes de Europa o América. Probablemente, el tipo de carbón y su combustión, la atención a la vestimenta en el trabajo y cierta mayor higiene personal después del trabajo, habían sido durante mucho tiempo la práctica habitual entre los deshollinadores continentales(6-8) (Fig. 4).

Figura 4. Niños deshollinadores. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/cjqpkx885wlo.

Asimismo, a finales del XIX y principios del XX se señaló que el cáncer (epidermoide) de escroto también ocurría en trabajadores de las hilanderías industriales, por el contacto con productos destilados del carbón o de aceites minerales(1,9). Lesiones similares podían aparecer en otras partes del cuerpo, como describió en el siglo XIX Sir James Paget, cirujano y anatomopatólogo famoso (1814-1899), que describió la presencia de zonas con afectación “tan densa… que se han contado cien o más”.

Hoy en día, se sabe que las sustancias carcinogenéticas en estos casos son los benzoantracenos, cadmio, arsénico y cromo.

Durante un tiempo, en el XVIII, se había pensado que el origen de la enfermedad era venéreo, dada la similitud con la lesión sifilítica, y se la nombraba también “verruga del hollín”(2). Pott promovió su tratamiento quirúrgico precoz para conseguir un buen pronóstico.

A partir de esta observación de 1775, Pott y otros autores describieron gráficamente las penosas condiciones en las que trabajaban estos operarios. Además de los riesgos del hollín en el escroto, padecían problemas pulmonares, oculares y trágicos accidentes: caídas desde los tejados, quedaban atrapados en las chimeneas, sufrían quemaduras graves o se asfixiaban en ellas. Esto, sin olvidar las malas condiciones de vida y los frecuentes maltratos que sufrían por sus contratadores, maestros deshollinadores o amos.

En 1788, en Reino Unido se promulgó una ley especificando una edad mínima de 8 años para los deshollinadores. Pero Pott esto no llegó a verlo puesto en marcha.

Tras la descripción de Pott en 1775, el siguiente trabajo sobre el cáncer de deshollinador fue el de su sobrino-nieto, Henry Earle (1789-1839), que también trabajó en el hospital St. Bartholomew. Earle(2) en Practical Observations in Surgery, Londres, 1823, mencionó que el cáncer de deshollinador raramente atacaba a personas menores de 30 años, la mayor proporción de casos que él había visto tenían entre 30 y 40 años, con tres casos entre 20 y 30 años, y solo uno en la edad de la pubertad. En esta comunicación, Earle relata un caso cuyo abuelo, padre y hermano habían muerto de la misma enfermedad.

En Londres hubo una asociación de maestros deshollinadores: London Society of Master Sweeps. Los propietarios ricos, las compañías de seguros y los maestros deshollinadores, que dependían del trabajo de los niños para ganarse la vida, se opusieron durante décadas a la reforma. Argumentaban incluso que era mejor sacrificar a unos pocos niños que exponer a toda una sociedad a la contaminación causada por el humo, el riesgo de incendios en las chimeneas o la intoxicación por dióxido de carbono(7). Esta horrible actividad prosperó y los deshollinadores siguieron muriendo de cáncer de escroto a un ritmo alarmante.

A pesar de esas advertencias, no se prohibiría hasta 1840 que los menores de 21 años trabajaran limpiando chimeneas. Pero la legislación era tan leve que realmente se siguió contratando niños hasta una posterior ley de 1875.

La introducción de ropa protectora en el trabajo y la mejora de la higiene personal redujeron la incidencia del cáncer de deshollinador en Inglaterra.

Aproximación a la biografía de Percival Pott (1714-1788)

Durante gran parte del siglo XVIII, el centro de la cirugía y de la formación de los futuros cirujanos fue París. Sin embargo, en la última mitad de dicho siglo, Londres destacó y atrajo a muchos cirujanos extranjeros. La personalidad de algunos cirujanos explica este cambio, entre ellos William Cheselden (1688-1752), John Pringle (1707-1782), James Douglas (1675-1742), William Smellie (1697-1763) y los hermanos Hunter, anatomistas y cirujanos escoceses, John Hunter (1728-1793) y William Hunter (1718-1783), y otros. También destacó Percivall Pott (1714-1788)(10) (Fig. 5). Durante parte de la segunda mitad del siglo XVIII, fue uno de los cirujanos más famosos de Inglaterra, con la más amplia experiencia quirúrgica de Londres y con la mayor productividad académica y de publicaciones. Hizo numerosas disecciones post mortem, lo cual incrementó su monumental conocimiento de la patología.

Figura 5. Percivall Pott, grabado de un retrato original de Nathaniel Dance-Holland. Publicado por Edward Hedges, London, 1785. Public Domain. Disponible en: https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29774268.

Con 17 años, Percivall Pott se inició como aprendiz con Edward Nourse (1701-1761), cirujano y profesor del Hospital St. Bartholomew, Londres. En 1736, según los archivos del gremio de barberos-cirujanos, Pott ingresó en este gremio por recomendación de su maestro, con diploma y autorización para ejercer como cirujano(2). Fue cirujano asistente del St Bartholomew’s Hospital en 1744 y cirujano titular en 1749. En 1761 sucedió a su maestro, Nourse. En 1764 fue elegido decano del St. Bartholomew, puesto del que se jubilaría en 1787.

En enero de 1756 sufrió un accidente cuando iba a visitar a uno de sus enfermos. Su caballo resbaló sobre el hielo, produciéndole una fractura abierta de la extremidad inferior, tibia y peroné. Se negó a ser trasladado y permaneció tendido en la calle, aunque era pleno invierno, hasta que se envió a sus criados y se dispusieron los medios adecuados para su traslado. Con esto, subrayó la importancia de cómo realizar un traslado tras un accidente. En aquel entonces, la indicación de tratamiento para esta lesión era amputar el miembro. Entre él y su maestro, Nourse, se opusieron a ello, y realizaron un tratamiento conservador, que resultó exitoso(11). Se dice que aprovechó el prolongado tiempo de inmovilización que necesitó para recuperarse de la fractura para realizar varias publicaciones, entre ellas sobre fracturas. A lo largo de su vida profesional dejó como legado más de 12 libros sobre temas de cirugía.

Pott fue pionero en diversas patologías: describir correctamente la hernia inguinal congénita, un tratamiento menos traumático de fístulas anales, lo que hoy se conoce como fistulotomía, o simplificar el uso de ligaduras para remover hemorroides internas. Describió otras patologías, como la tuberculosis vertebral y otras(12). Pott fue muy famoso e innovador en cirugía: se le considera pionero en ortopedia en Inglaterra. Respecto al tema que nos ocupa, sobre el carcinoma de los deshollinadores (carcinoma del escroto), en 1775 publicó un tratado con “Observaciones quirúrgicas” de varias patologías, entre ellas este cáncer. Estableciendo una relación entre el hollín: Chirurgical Observations Relative to the Cataract, the Polypus of the Nose, and the Cancer of the Scrotum, the Different Kinds of Ruptures, and the Mortification of the Toes and Feet.

Pott tiene varios epónimos asignados(10-13):

• Fractura de Pott (oblicua, de tobillo, peroné y tibia, con rotura de los ligamentos laterales internos, por torsión de pierna con el pie fijo, p. ej., en el estribo de caballo, 1756; en Francia se conoce como fractura de Dupuytren).

• Tumor inflamatorio de Pott: edema circunscrito en el cráneo, secundario a una osteomielitis subyacente (1760) asociada a sinusitis frontal o también a un traumatismo.

• Gangrena de Pott (la necrosis que ocurre en dedos y pies en ancianos en ciertos casos, por obstrucción vascular, 1775).

• Carcinoma de los deshollinadores (carcinoma del escroto) también se conoce como carcinoma de Pott, 1775.

• Mal de Pott, sobre tuberculosis vertebral con posible paraplejia, 1782, 1779 (“caries” vertebrales por la apariencia de las vértebras en las disecciones; Jean-Pierre David, francés, también dio a conocer hallazgos semejantes).

Pott siempre se mantuvo activo en los asuntos organizativos de la Sociedad de Cirujanos.

Reconocimientos(2,11). En 1753 fue elegido uno de los primeros maestros de anatomía; 3 años más tarde fue nombrado miembro del tribunal de asistentes; y, finalmente, fue nombrado miembro del Tribunal de Examinadores. En 1765 sucedió a Robert Young como Presidente de la Sociedad de Cirujanos. Pott fue elegido miembro de la Royal Society en 1764.

Epílogo

La revolución industrial, en los siglos XVIII y XIX, llevó aparejada una explotación de los niños en el trabajo, desde los 7 años e incluso antes. En seguida empezaron las primeras reivindicaciones, como las de Percival Pott; aunque se tardaría más de un siglo en conseguir resultados preventivos adecuados. Progresivamente, durante el siglo XIX, la presión cultural, social y de las organizaciones de trabajadores permitió regular los horarios de trabajo, limitar la jornada para los menores y que se iniciara la educación básica obligatoria. Finalmente, a finales del XIX se prohibiría el trabajo de los niños. Entonces sería cuando se empezaría a hablar de adolescencia propiamente dicha, como grupo social.

En España hay que mencionar(14) la pionera Ley Benot, de 24 de julio de 1873 (promulgada durante la Primera República). Esta ley tenía como objeto fundamental proteger a los menores de las abusivas condiciones en los establecimientos industriales. El artículo 1 decía: “Los niños y las niñas menores de diez años no serán admitidos al trabajo en ninguna fábrica, taller, fundición o mina”.

Sirva como homenaje a los niños deshollinadores mencionar que existe una ópera, “El pequeño deshollinador” del compositor británico Benjamin Britten (1913-1976), estrenada en 1949. Este músico expresaba preocupación por temas como el sufrimiento y la explotación. Se trata de una ópera para niños. No se suele representar actualmente. Si bien en España, las últimas ocasiones fueron en Sevilla (2001-2002) y Madrid (2008). La acción de The Little Sweep se desarrolla en Iken Hall, un pequeño pueblo del condado de Suffolk, en el año 1810. “Samy tiene unos 8 años…”.

Pott nos iluminó con sus observaciones y su ingente trabajo clínico y quirúrgico. Sigue habiendo numerosas publicaciones que señalan su labor pionera en muchas áreas. Según se cita(11), el día antes de su fallecimiento Pott dijo: “My lamp is almost extinguised: I hope it has burned for the benefit of others” (mi lámpara está casi apagada: espero que haya ardido en beneficio de los demás).

Bibliografía

1. Azike JE. A review of the history, epidemiology and treatment of squamous cell carcinoma of the scrotum. Rare Tumors. 2009; 1: e17.

2. Brown JR, Thornton JL. Percivall Pott (1714-1788) and chimney sweepers’ cancer of the scrotum. Br J Ind Med. 1957; 14: 68-70.

3. Pott P. Chirurgical observations relative to the cataract, the polypus of the nose, the cancer of the scrotum, the different kinds of ruptures, and the mortification of the toes and feet. London, England: Hawes L, Clarke W, Collins R; 1775. p. 63-68. De p. 67: “The disease, in these people [i.e., chimney sweeps], seems to derive its origin from a lodgment of soot in the rugae of the scrotum…”. Disponible en: https://books.google.es/books?id=15htmgEACAAJ&pg=PA63&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false.

4. Luzuriaga M. Capítulo 1. La invención de la adolescencia: una visión histórica y transcultural. En: Adolescencia, Clínica Psicológica y Psicoanalítica Institucional. 1ª ed. DelHospital Ediciones; 2013. p. 15-45.

5. Rodrigo Pedrosa O. La infancia y la adolescencia en la historia de la Humanidad. En: González Villanueva P. Enfermería en la infancia y la adolescencia. CEURA (Centro de Estudios Ramón Areces); 2011. p. 1-12.

6. Kipling MD, Usherwood R, Varley R. A monstrous growth: an historical note on carcinoma of the scrotum. Br J Ind Med. 1970; 27: 382-4.

7. Kipling MD, Waldron HA. Percivall Pott and cancer scroti. Br J Ind Med. 1975; 32: 244-50.

8. Herr HW. Percivall Pott, the environment and cancer. BJU Int. 2011; 108: 479-81.

9. Waldron HA. On the history of scrotal cáncer. Ann Royal College Surg Engl. 1983; 65: 420-22.

10. Fresquet JL. Mal de Pott. Percivall Pott (1714-1788). Epónimos médicos. Biografías médicas. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación (CSIC-Universidad de Valencia). 2005. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/pott.htm.

11. Anónimo. Percivall Pott. En: Who Named It? Disponible en: https://www.whonamedit.com/doctor.cfm/1103.html. Consultado en octubre de 2024.

12. Parquet RA. Percivall Pott. Acta Gastroenterol Latinoam. 2015; 45: 186-7.

13. Aínsa Laguna D, Pons Morales S, Muñoz Tormo-Figueres A, Vega Senra MI, Otero Reigada MC. Tumor inflamatorio de Pott: una complicación infrecuente de la sinusitis frontal. An Pediatr. 2014; 80: 317-20.

14. Martínez Peñas L. Los inicios de la legislación laboral española: la Ley Benot. Rev Aequitas. 2011; 1: 25-70.

Referencias en web

– Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. Marineros, grumetes y pajes. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2021/05/18/marineros-grumetes-y-pajes/.

– Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. Disponible en: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/advanced.

 

 

Pediatras en la historia (7).
Juan Rodríguez Soriano (1933-2010). Un maestro inolvidable

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica, **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Comité de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 473.e1 – 473.e8

 


Pediatras en la historia (7). Juan Rodríguez Soriano (1933-2010). Un maestro inolvidable

Prólogo

Juan Rodríguez Soriano (1933-2010) fue, junto con Ángel Ballabriga, la figura más grande internacional aceptada de la Pediatría española durante el último tercio del siglo pasado. Respetado y admirado, estaba considerado internacionalmente como uno de los pioneros de la nefrología pediátrica. Su prestigio en esta especialidad fue unánimemente reconocido. Contribuyó sobremanera a la formación de varias generaciones de pediatras y nefrólogos pediátricos en el Hospital de Cruces de Bilbao y ha dejado una impronta indeleble a través de su escuela en la nefrología pediátrica española. Para sus discípulos autores de este trabajo, recordarlo supone una mezcla de orgullo por recordar al maestro y una cierta tristeza por renovar el desconsuelo de su desaparición.

“Es difícil destacar una cualidad entre las muchas que adornaban a Juan Rodríguez Soriano. Su gran talento le permitía abordar con originalidad cualquier problema médico, tanto a la cabecera del enfermo como en el laboratorio experimental. Tenía una tremenda capacidad de trabajo, y su facilidad para comunicar hacía que sus presentaciones, incluso de los temas más complejos, fueran claras y fáciles de seguir por cualquier auditorio… Dotado de una simpatía arrolladora, matizada de una fina ironía, su compañía era un regalo para los que tuvimos la suerte de contarnos entre sus amigos” (Luís Hernando)(1)

Los inicios. Su estancia en París

Juan Rodríguez Soriano nació en Barcelona el 5 de marzo de 1933. Realizó sus estudios de Medicina en la Universidad de esa ciudad, licenciándose con premio extraordinario. En 1956 era médico. Tras unos años de formación en el Servicio de Pediatría del Hospital Clínico de Barcelona, obtuvo en 1959 una beca del gobierno francés para continuar su formación en el Servicio del prestigioso pediatra Pierre Royer en el Hôpital des Enfants Malades. Según relató, el reclamo inicial que le indujo ir a París fue la lectura del trabajo Troubles héréditaires du tubule rénal chez l´enfant, firmado conjuntamente por Pierre Royer y Henri Lestradet(2). En aquellos años, diversos pediatras de diferentes países habían sentido la necesidad de profundizar en el conocimiento de las enfermedades renales pediátricas, como Karl Schärer en Alemania, Hayim Boichis en Israel, Luis María Callís en España o, por ejemplo, Gustavo Gordillo en México. El profesor Royer tenía a su cargo, en el Hôpital des Enfants Malades, unas pocas camas dedicadas, fundamentalmente, a enfermedades metabólicas y hereditarias. Al mismo tiempo, en el cercano Hôpital Necker, en el Servicio del profesor Jean Hamburger, estaba naciendo la nefrología como especialidad diferenciada de la medicina interna. Los intercambios entre ambos hospitales eran continuos. La biopsia renal percutánea se había empezado a realizar en niños desde la descripción de su metodología a inicios de los años 50. La clasificación patológica de las nefropatías infantiles era aún un capítulo abierto que escribía con renglones bien derechos la Dra. Renée Habib. De la discusión de las biopsias renales de cientos de enfermos, niños y adultos, surgieron nuevos síndromes, actualmente universalmente reconocidos, como la microangiopatía trombótica (base anatomopatológica del síndrome hemolítico-urémico), la esclerosis segmentaria y focal, la esclerosis mesangial difusa, la glomerulonefritis membranoproliferativa, la hipoplasia segmentaria o la hipoplasia oligomeganefrónica, por ejemplo. A este respecto, Juan escribió: “Recuerdo que el profesor Hamburger era especialmente escéptico en la aceptación de estos nuevos síndromes nefrológicos infantiles, lo que obligaba a Pierre Royer y a Renée Habib a extremar los argumentos, sesión tras sesión, para conseguir convencerle de su identidad clínica. ¡Qué privilegio haber asistido durante tres años a aquellas discusiones entre maestros de la Medicina! En aquellas grises tardes invernales de París, encerrado en el laboratorio que dirigía Henri Lestradet, aprendí que la nefrología, además de en la anatomía patológica, debía también sustentarse en una segunda columna, la bioquímica”(3). En 1961 remitió a la Revista Española de Pediatría su primera publicación. Como si de un presentimiento se tratase, este trabajo versaba sobre lo que iban a constituir dos de sus pasiones en el ámbito de la nefrología, la acidosis tubular renal y las pruebas funcionales(3). Ni que decir tiene que escribir sobre las pruebas de perfusión de bicarbonato y de sulfato o sobre la sobrecarga ácida con cloruro amónico en la infancia, era una absoluta novedad en España. Ese mismo año de 1961 presentó en las Actualidades Nefrológicas del Hospital Necker, junto al profesor Royer, un trabajo que versaba, asimismo, sobre la exploración funcional en las acidosis tubulares renales(4). En 1962, fue cofirmante de otro trabajo basado en los estudios funcionales realizados a cuatro niños diagnosticados de acidosis tubular distal, a los que se les detectó la presencia de hipocitraturia, un dato bioquímico característico de esa entidad(5). Ese mismo año, el equipo del Hôpital des Enfants Malades publicó un artículo referente a una “extraña” tubulopatía que cursaba con hipercalciuria, talla baja, poliuria y otros datos sugestivos de disfunción tubular(6). Durante muchos años, esta entidad fue conocida como “hipercalciuria tipo Royer”. Y tal como surgió, desapareció. No se han publicado nuevos casos desde hace muchos años. Seguramente, bajo ese término se agrupaban diversos trastornos tubulares que con el paso del tiempo se han individualizado en entidades distintas(7).

“Juan redactó su tesis escrita en idioma francés con una máquina de escribir sobre la prueba de acidificación con cloruro amónico. No se disponían de micrométodos ni de computadoras en esa época en Enfants Malades, siendo necesario extraer varios ml de sangre y se cubría la muestra de orina con parafina o un aceite para evitar la pérdida de CO2. Los becarios que llegaron en el invierno parisino de 1963 conocieron ya a un Juan ausente, había partido a Nueva York. Su ausencia era una presencia «oximorónica» muy fuerte. En los ateneos clínicos y anécdotas de la vida cotidiana del servicio emergía su vital ausencia. Era el tema de conversación, sus ideas, su oratoria y trabajo científico, y las inolvidables tertulias. Royer nos recomendaba «cuando dominen el idioma francés, ustedes tienen que trabajar y publicar como Rodríguéz Sorianó» (los acentos de acuerdo a la fonética del hablante)” (José Grünberg)(8)

Con su tesis doctoral a la que hacía alusión el Dr. Grünberg, titulada “Exploración funcional de las acidosis renales”, obtuvo en 1962 el título de Doctor en Medicina y Cirugía, con premio extraordinario, en la Universidad de Barcelona.

Su estancia en Nueva York

“En el terreno de la fisiopatología de las enfermedades renales, el liderazgo fue pronto asumido por el grupo de Nueva York. El Prof. Henry Barnett, que ocupaba el puesto de Chairman de Pediatría en el Albert Einstein College of Medicine, había sido discípulo de Homer Smith y había aplicado por primera vez, durante los años 50, las técnicas de aclaramiento de inulina al recién nacido y prematuro. Su alumno Chester Edelmann comenzó a desarrollar la nefrología en dicho Departamento a inicios de los años 60, con un marcado enfoque en la investigación de la función renal neonatal. Conocedor de estos hechos y, gracias al apoyo del Prof. Royer, pude incorporarme a dicho grupo en enero de 1963 como uno de sus primeros becarios”(2). En poco tiempo, Henry Barnett llegó a considerar a Juan como a uno de sus grandes discípulos junto a Edelmann, Boichis y Spitzer. La labor de investigación clínica desarrollada en estos años fue, sin duda, fructífera, como lo demuestra la protocolización de diversas pruebas de estudio de la función renal en la infancia. Debe señalarse que el conocimiento de la fisiología renal del recién nacido y lactante no era aún un hecho extendido en los Servicios de Pediatría. Así, establecieron los valores de normalidad de la prueba de acidificación con cloruro amónico(9) y los de la sobrecarga de bicarbonato destinada a determinar los valores del umbral y del Tm de reabsorción proximal del mismo en distintas etapas de la infancia(10). Igualmente, estudiaron la capacidad de concentración renal con “dieta seca”, en la que se estimula la secreción de la ADH endógena(11). Los estudios de normalidad conducentes a estudiar la capacidad de acidificación renal en circunstancias de normalidad sirvieron para identificar la acidosis tubular proximal como una entidad fisiopatológica independiente, hallazgo que marcó toda su vida profesional. El trabajo fue publicado en 1967 en la revista Pediatric Research(12) (Fig.1).

Figura 1. Novena Reunión de la European Society for Pediatric Nephrology (ESPN) celebrada en Cambridge en 1975. En la fila superior, el quinto por la derecha es el Dr. Rodríguez Soriano, y a su derecha, están su esposa María Jesús Vita, Alfredo Vallo y Cesar Loris.

 

En una publicación posterior del grupo de New York se supo que los pacientes diagnosticados de acidosis tubular proximal aislada eran portadores de un cuadro transitorio(13). Mucho después, el Dr. Soriano escribió que sospechaba que se trataba de un cuadro consistente en una inmadurez del intercambiador luminal Na+-H+ (NHE-3)(14).

En septiembre de 1967, viajó a Glasgow donde se fundó, presidida por Gavin Arneil, la Sociedad Europea de Nefrología Pediátrica (ESPN). Asimismo, en diciembre de 1968 acudió a México; en Puerto Vallarta se celebró la primera reunión del Grupo Internacional de Estudio de las Enfermedades Renales de los Niños (ISKDC), presidido por Henry Barnett. Fruto de esta colaboración internacional fue la clasificación anatomopatológica del síndrome nefrótico publicada en 1970 por Churg, Habib y White(15). Las reuniones de la ESPN se han ido celebrando de forma ininterrumpida (Fig. 2) hasta la muy reciente, celebrada en Valencia (septiembre de 2024).

“Coincidimos ex becarios parisinos en ambos eventos. IPNA no existía aún. Es un reiterativo error histórico considerar Guadalajara ’68 como el primer Congreso de IPNA. El congreso de Guadalajara fue puesto en práctica por iniciativa de Gustavo Gordillo. De Guadalajara, un grupo partió a Puerto Vallarta al evento antes mencionado, donde se había rodado una película con Elizabeth Taylor y Richard Burton, «La noche de la iguana». Muchísimo glamour y gran concurrencia científica, estadígrafos, nefrólogos, Henry L. Barnett, René Habib, Gordillo, Ira Greifer y otros protagonistas mayores de la historia de la nefrología pediátrica (José Grünberg)”(8)

 

Figura 2. Portada del artículo en el que describió por primera vez la acidosis tubular proximal(12).

 

Regreso a Barcelona

El Dr. Rodríguez Soriano regresó a Barcelona en el año 1967. Allí ocupó la plaza de jefe clínico en el Hospital Infantil Vall d´Hebrón hasta 1970. Estuvo a cargo de la concurrida “Unidad de deshidratación”, una patología muy frecuente en la época. Allí conoció a su futura esposa, María Jesús Vita, radióloga pediátrica, madre de sus tres hijos, María Luisa, Emilio y Juan. Es preciso recordar que el primer caso español de acidosis tubular renal hiperclorémica fue publicado por Ángel Ballabriga, aunque se trataba de una tubulopatía, aparentemente secundaria, asociada a una uropatía. El destino iba a querer que ambos coincidieran en Barcelona cuando Juan concluyó su estancia en Nueva York. La convivencia de dos personalidades científicas tan acusadas en el mismo recinto hospitalario, debió ser “complicada”. La existencia de una plaza de jefe de Departamento en Bilbao resolvió la cuestión y, gracias a ello, muchos de nosotros íbamos a poder adquirir conocimientos en una de las grandes “escuelas” de Pediatría españolas.

La creación de la escuela de Pediatría de Bilbao

En 1970, el Dr. Rodríguez Soriano se hizo cargo del Departamento de Pediatría del Hospital Universitario de Cruces, ubicado en Baracaldo, muy cerca de Bilbao. Permaneció en esta plaza hasta su jubilación en 2003. Desde ese hospital en el que realizó su labor asistencial, docente e investigadora, lideró un grupo de jóvenes pediatras, muchos formados en EE.UU. como él, que impulsaron la asistencia pediátrica especializada y potenciaron la formación de subespecialistas pediátricos en nuestro país. Siempre con una visión amplia e imprescindible de la Pediatría general como base, bajo su dirección se formaron más de 300 pediatras que recibieron, sobre todo, su ejemplo de honestidad y buen quehacer profesional. Sus increíbles dotes docentes, conocimientos pediátricos, capacidad de análisis y de llegar al diagnóstico correcto, han sido reconocidos por todos.

“Haría Pediatría, Servicio en el que todo era más claro y luminoso, y donde reinaba Juan Rodríguez Soriano. Tenía un carácter como para mantenerse a distancia, pero era un clínico y científico de primer nivel y el hombre más inteligente que he conocido en mi vida. Había conseguido atraer a médicos jóvenes que terminaban su especialización en Estados Unidos, o volvían de La Salpêtrière como Pepe Prats… y a otras buenas cabezas para trabajar en su Servicio. Las sesiones clínicas e incluso los partes de guardia matutinos eran de antología” (Carmen Garaizar Axpe. He cumplido como he podido, y ni tan mal)(16)

Junto a otros 18 pediatras españoles, fundó en 1973 la Sección de Nefrología Pediátrica de la Asociación Española de Pediatría, más tarde Asociación Española de Nefrología Pediátrica, de la que fue presidente desde 1976 a 1981(17).

En las tres décadas que se sucedieron a partir de 1970, siguió investigando y publicando junto a los miembros de su equipo sobre los dos grandes temas propios de su actividad científica, las pruebas de función renal y las tubulopatías.

Las pruebas funcionales renales

Entre las pruebas funcionales renales que se desarrollaron en el grupo de Bilbao, siempre en la edad pediátrica, queremos reseñar la sobrecarga hiposalina, diversas pruebas que estudian la capacidad de acidificación renal y el gradiente transtubular de potasio.

La sobrecarga hiposalina valora el manejo de los iones sodio, potasio y cloruro en los distintos segmentos del túbulo renal en ausencia de la influencia hormonal de la aldosterona y la vasopresina. La inhibición de dichas hormonas se logra mediante una sobrecarga con fluido hipoosmolar que provoca una expansión aguda del volumen extracelular. En estas condiciones, la formación de agua libre debe ser máxima y la reabsorción tubular de electrólitos puede estimarse cuantitativamente mediante el cálculo de varios aclaramientos fraccionales. El aclaramiento de agua libre (CH2O) es indicativo de la reabsorción del cloruro sódico en la rama ascendente del asa de Henle. Se cuantifican, además, el término CH2O + CNa, indicativo del sodio que llega a la nefrona distal (oferta distal de sodio) y el término CH2O/CH2O + CNa, que expresa el porcentaje de reabsorción distal de sodio. La aplicación clínica más importante de esta prueba reside en el estudio de las tubulopatías hipopotasémicas que cursan con pérdida salina, ya que la existencia de una fuga de cloruro sódico a nivel del asa ascendente de Henle y el túbulo distal es característica de los síndromes de Bartter y de Gitelman, respectivamente. Esta prueba, relativamente compleja y muy poco utilizada en otros medios, fue uno de los “estandartes” identificativos del grupo de Bilbao por su capacidad para obtener conclusiones claras y correctas con su uso. En 1981 publicaron en la revista Kidney International su experiencia en el manejo renal del agua y sodio, realizado mediante la sobrecarga salina hipotónica, de 22 lactantes y 17 niños sanos. Usando las técnicas de aclaramiento, observaron las diferencias en el manejo tubular del filtrado según la edad. Sus hallazgos mostraron que la reabsorción fraccional proximal de agua y sodio se incrementa progresivamente durante el primer año de la vida, mientras que permanece constante en niños por encima de los dos años. A la inversa, observaron que la reabsorción fraccional distal de sodio se incrementa significativamente en los primeros años de la vida para reducirse pari passu con la reducción de la oferta distal de sodio(18). Dos años después, en el Pediatric Research mostraron los resultados obtenidos con la misma prueba en 28 neonatos prematuros y nacidos a término(19). La sobrecarga, esta vez, se hizo por vía oral. Las pruebas fueron útiles para demostrar que la pérdida urinaria de sodio observada en los recién nacidos de peso muy bajo al nacer depende de la incapacidad de las porciones distales de la nefrona para manejar el exceso de aporte de sodio que procede de las regiones proximales. Como consecuencia obligatoria, se apreció un discreto defecto de dilución asociado(19).

La prueba, en la que se estimula la secreción de hidrogeniones en orina alcalina para determinar la pCO2 urinaria, es muy útil para estudiar la capacidad de acidificación tubular renal distal. Mediante una sobrecarga, el bicarbonato sódico se filtra a nivel glomerular y aumenta su concentración en el túbulo colector. Al crearse un gradiente negativo, se estimula la secreción de hidrogeniones, formándose ácido carbónico (CO3H2). Puesto que a nivel distal no existe anhidrasa carbónica luminal (al contrario que en el túbulo proximal), la disociación del CO3H2 en CO2 y H2O es muy lenta. Si la secreción de hidrogeniones es adecuada, la pCO2 urinaria debe ser superior a 70 mmHg. En la V Reunión Nacional de Nefrología Pediátrica (Madrid, 1977), el Grupo presentó los resultados obtenidos con esta prueba realizada, tanto en niños normales como con problemas renales(20).

El gradiente transtubular de potasio (GTTK) estudia, de forma simple, la bioactividad de la aldosterona en los túbulos distal y colector. Para su cálculo, se necesitan los valores de potasio y de osmolalidad en sangre y en orina. En pacientes con hiperpotasemia, valores inferiores a lo esperado indican una tasa inapropiadamente baja de secreción de potasio en aquellos segmentos tubulares, como ocurre, por ejemplo, en el hipoaldosteronismo. En 1991, el Grupo publicó los valores de normalidad de GTTK en la infancia(21).

“Siempre consideré a Don Juan como un portento de la naturaleza: inteligencia superlativa, cerebro espectacular, investigador de primer orden, capacidad oratoria fuera de lo común, líder indiscutible… Aparentemente, en ocasiones, podía parecer distante. Sin embargo, pienso que se debía a cierta timidez, que formaba parte de su personalidad… Su maestría en los debates de las sesiones clínicas del Departamento era pura delicia intelectual para todos los presentes” (Miguel Labay Matías)(22)

 

Tubulopatías

Pasando ahora a las tubulopatías, las que recibieron mayor atención por parte del Dr. Rodríguez Soriano fueron la acidosis tubular renal(23-29), el síndrome de Bartter(30), las hipomagnesemias de origen tubular(31,32) y el síndrome de Gordon(33). Sobre casi todos estos trastornos sería coautor de artículos a partir de mediados los años 90, gracias a que llegaron a conocerse sus causas de origen genético.

Como hemos indicado, la acidosis tubular renal fue un objeto de estudio prioritario del Grupo de Bilbao, tanto en lo que hace referencia a la variedad distal (tipo I)(23-25), como a la proximal (tipo II)(26-27) o a la hiperpotasémica (tipo IV)(28,29). Es de destacar que a los pocos años de establecerse en Bilbao, Juan, Alfredo Vallo y Miguel García Fuentes demostraron, mediante la sobrecarga hiposalina, que en lactantes con acidosis tubular renal distal podía existir una pérdida urinaria proximal asociada de sodio y bicarbonato, motivada por un incremento en el aporte distal de ambos iones(23).

A finales de los 80, cuando aún no se disponían de las técnicas de biología molecular, no existía una ordenación sobre la clasificación de las hipomagnesemias de origen genético. En una revisión publicada en la revista Pediatric Nephrology, deslindó, por primera vez, tres entidades, la “Hipomagnesemia familiar aislada”, la “Hipomagnesemia-hipopotasemia familiar” (por entonces, esta entidad o enfermedad de Gitelman se confundía, con frecuencia, con el síndrome de Bartter) y la “Hipomagnesemia-hipercalciuria familiar” (más tarde, conocida como Hipomagnesemia familiar con hipercalciuria y nefrocalcinosis)(31). Unos años después, estudió las causas del defecto de acidificación propio de esta última entidad que fue atribuido, tanto a un defecto en la transferencia de amonio a la nefrona como a una disminución en la secreción de iones hidrógeno a nivel del ducto colector medular, probablemente, secundarios a una nefropatía intersticial medular(32).

Llegados a este punto, es de justicia recordar a su gran colaborador, el Dr. Alfredo Vallo Boado. Los que tuvimos la suerte de compartir unos años con ambos y el resto del equipo (Gonzalo Castillo, Roberto Oliveros, María Jesús Quintela) recordamos aquellas reuniones de los miércoles en las que se comentaban los casos clínicos de los pacientes ingresados. Era sorprendente escuchar las explicaciones fisiopatológicas que daba el Dr. Soriano para interpretar los resultados de las pruebas funcionales que tan profesionalmente realizaba Alfredo Vallo. Juan nos asombraba con su interpretación de las complejidades de la función tubular, con la paradoja de que los que empezábamos no entendíamos ese nivel de embrollo, aunque nos asombraba la pasión y la ilusión que ponía en lo que decía. Siempre tenía una respuesta para todo.

“Repasando este tiempo de formación, siempre me he sentido enormemente afortunada por muchas razones… Estar en un hospital joven e ilusionante, con jefes altamente experimentados y volcados en construir un Servicio avanzado que daba a los residentes una formación global en Pediatría, era envidiable. Sesiones clínicas docentes y sin tensiones…, salvo por el humo del tabaco (¡cómo se fumaba en los hospitales!). Los primeros protocolos y guías de tratamientos. Residentes mayores…, y ¡que residentes! Maestros de la vida y de los diagnósticos diferenciales, de la fisiología…, amigos remando en la misma dirección, apoyo total en las guardias y en muchas tardes de revisiones voluntarias de pacientes”(Maite Labayru Echevarría. Un anecdotario muy personal)(16)

A partir de mediados los años 90, vivió con entusiasmo las aportaciones de la genética molecular, de tal modo que colaboró con varios grupos pioneros en el conocimiento de la causa íntima de muchas tubulopatías de las que hasta entonces había estudiado su fisiopatología, como es el caso del síndrome de Bartter(34,35), la acidosis tubular renal(14,36,37), la hipomagnesemia familiar con hipercalciuria y nefrocalcinosis(38,39) y el pseudohipoaldosteronismo(40,41). Incluso, en la Unidad de Investigación de su propio hospital propició la creación de un Laboratorio de Biología Molecular junto al Dr. Luis Castaño. Fruto de esta colaboración fueron algunas publicaciones sobre tubulopatías(42,43) y otros trastornos genéticos con afectación renal(44). Son dignas de destacar las revisiones que firmó para la revista Pediatric Nephrology de algunas tubulopatías, como la acidosis tubular renal y el síndrome de Bartter, en las que aunaba, de forma magistral, la clínica, las pruebas funcionales y los nuevos hallazgos obtenidos con las técnicas de biología molecular(14,45).

El resto de su obra

Su curiosidad inacabable fue el motor de su labor investigadora. Tenía interés por todo y estaba al tanto de todos los progresos, no solo de la nefrología, sino también de la Pediatría. Así, fue autor de numerosos artículos de tema exclusivamente pediátrico, junto a muchos de sus colaboradores(46,47), especialmente con el gastroenterólogo Juan Carlos Vitoria(48,49) y con Pablo Sanjurjo, experto en metabolopatías y nutrición(50,51) (Tabla I).

Un hecho extraño aconteció a principios de los años 80. Ingresó en el hospital un lactante con alcalosis metabólica hipoclorémica severa. El niño estaba siendo alimentado con una fórmula láctea que contenía, únicamente, 0,5 mEq/100 kcal de ion cloro. Este hecho condujo a la identificación de 30 lactantes más alimentados con la misma fórmula comercial, que estaban afectos de un déficit dietético de cloro subclínico(52). A partir de su descubrimiento, la fórmula fue retirada del mercado español(53).

Su obra científica fue ingente. En la tabla I figuran los datos de un estudio bibliométrico somero que hemos realizado sobre sus artículos que aparecen en PubMed con su autoría. De estos, la mayoría fueron publicados en inglés y, unos pocos, en francés o español. Además de las publicaciones, fue autor de muchos capítulos de libros, monografías, conferencias, etc. También, fueron numerosos los premios y reconocimientos que recibió a nivel nacional e internacional. Fue nombrado miembro de honor de múltiples sociedades científicas: Sociedad Argentina de Pediatría La Plata, Sociedad Francesa de Pediatría, Asociación Latinoamericana de Nefrología Pediátrica, Asociación Española de Pediatría, Sociedad Española de Nefrología, Asociación Española de Nefrología Pediátrica y varias sociedades regionales españolas. Recibió la medalla de honor de la Sociedad Española de Diálisis y Trasplante (2008), que se entregó en su domicilio debido a su delicada salud. Desde su fallecimiento, una de las reuniones anuales de la Sociedad Vasco-Navarra de Pediatría recibe el nombre “Memorial Profesor Juan Rodríguez Soriano”. Estaba en posesión de la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad (Real Decreto 1582/1990; BOE de 8 de diciembre de 1990).

Junto al Dr. Ballabriga, el Dr. Rodríguez Soriano ha sido el pediatra español más reconocido internacionalmente en el último tercio del siglo pasado y aceptado como uno de los más grandes nefrólogos pediátricos de la historia. En una ocasión el Dr. Luis Hernando, patriarca de la nefrología española, mencionó al primer autor de este artículo que Juan era “una de las personas con más talento y con más capacidad de comunicación que había conocido y el más citado internacionalmente de los nefrólogos españoles”. Para darnos cuenta de su importancia científica, en octubre de 2001, la Fundación de Ciencias de la Salud celebró la segunda edición del Homenaje a la Investigación Biomédica Española. La Fundación galardonó a diez investigadores afincados en España, que fueron elegidos “mediante un riguroso proceso de bibliometría realizado sobre aquellos trabajos que habían aparecido en las 100 publicaciones científicas más prestigiosas en biomedicina”. En aquel acto, estuvo presente Juan Rodríguez Soriano, compartiendo su reconocimiento con otras personalidades españolas de talla internacional.

Fue catedrático de Pediatría de la Universidad del País Vasco. Desempeñó durante varios años la dirección de Anales de Pediatría. Fue miembro destacado de la IPNA y de la ESPN a cuyos congresos acudía con frecuencia. Fue miembro de la Junta Directiva de la IPNA desde 1990 a 1995 y del Consejo Editorial del Pediatric Nephrology en dos amplios periodos (1987-1992 y 1995-2002). Fue presidente del Comité Organizador de la 36 Reunión Anual de la ESPN que se celebró en Bilbao en 2002. Especial fue su relación con la Sociedad Latinoamericana de Nefrología Pediátrica (ALANEPE). En numerosas ocasiones viajó a muchos rincones de Latinoamérica, donde mostró sus dotes de maestro extraordinario (Fig. 3) y donde su muerte causó un gran impacto.

Figura 3. Primer Congreso Latinoamericano de Nefrología Pediátrica (ALANEPE) celebrado en Viña del Mar (Chile) en octubre de 1984. De izquierda a derecha, puede verse a Jorge de la Cruz (Colombia), José Grünberg (Uruguay), Renée Habib (Francia), Gustavo Gordillo (México) y Juan Rodríguez Soriano.

 

Se le rindió un merecido homenaje, designando con su nombre el V Congreso de ALANEPE celebrado en Valencia (Venezuela) en 1999. En esa oportunidad fue nombrado Miembro de Honor de esa Sociedad y recibió la Orden Académica “Alejo Zuloaga”, máxima condecoración de la Universidad de Carabobo (Fig. 4).

Figura 4. V Congreso de ALANEPE celebrado en Valencia, Venezuela, en 1999. De izquierda a derecha, aparecen el primer autor de este artículo, Jorge de la Cruz, Juan Rodríguez Soriano portando la Orden Académica “Alejo Zuloaga” de la Universidad de Carabobo y Michael Freundlich (Miami, Florida).

“Juan «desembarca» en Latino América invitado por Gustavo Gordillo, quien ya tenía en funcionamiento, el primer servicio de nefrología pediátrica del mundo. Los cursos monográficos, con gran convocatoria, «eran una fiesta». Ciencia, comunicación, docentes excelentes invitados, tres semanas de cursos, que desbordaban la nefrología, el túbulo y el glomérulo y se divagaba sobre la vida, la equidad, el trasplante renal. Con Gordillo, Juan diseminó la especialidad por Latino América. Lo académico y lo social eran indisociables, en el aula y en la tertulia disputábamos y aprendíamos, se establecían relaciones humanas que persisten hasta hoy. El modelo expositivo de Juan, en un excelente idioma español, apasionado, de entusiasmo contagioso y vibrante, atraía a todos. Comentaban: ¡fascinante! En el evento de Córdoba, organizado por Rodolfo Martíni, abordé a varios pediatras no nefrólogos. En la conversación, en una amable tertulia con pediatras generales, indagué cuáles eran los motivos de su concurrencia, como se explicaba el lleno completo del aula y la concurrencia a todas las exposiciones tan sofisticadas de Juan. Algunos fueron más francos que otros. Probablemente, nunca tendrían pacientes con esas patologías complejas y, en confianza, «Doctor, es difícil, se entiende poco, pero nos es muy útil y estimulante compartir su entusiasmo, escuchar la disertación y su oratoria». Aunque el tema científico quedara impreciso en sus conocimientos e improbable en su utilidad en la práctica, lo disfrutaban mucho, «nos hace bien compartir a este nivel con los grandes de la historia»”(José Grünberg)(8)

 

Epílogo

Tras su jubilación en 2003, siguió activo intelectualmente, y disfrutó del privilegio de ver crecer junto a él a sus dos nietos. Falleció en Neguri (Guecho, Vizcaya) el 13 de octubre de 2010. Juan fue un médico irrepetible; sin lugar a dudas, uno de los de mayor prestigio internacional. Sus discípulos le recordamos con emoción y creemos que su labor y su ejemplo le sobrevivirán (Fig. 5). Nunca le olvidaremos.

Figura 5. Portada del folleto editado con motivo de la Jornada científica in memoriam dedicada a honrar la figura del doctor Juan Rodríguez Soriano.

 

Agradecimientos

Nuestra gratitud a los Dres. María Teresa Labayru y Miguel Labay Matías, exmiembros del Servicio de Pediatría de Cruces por la lectura crítica del texto.

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39. Konrad M, Schaller A, Seelow D, Pandey AV, Waldegger S, Lesslauer A, et al. Mutations in the tight-junction gene claudin 19 (CLDN19) are associated with renal magnesium wasting, renal failure, and severe ocular involvement. Am J Hum Genet. 2006; 79: 949-57.

40. Geller DS, Rodríguez-Soriano J, Vallo Boado A, Schifter S, Bayer M, Chang SS, et al. Mutations in the mineralocorticoid receptor gene cause autosomal dominant pseudohypoaldosteronism type I. Nat Genet. 1998; 19: 279-81.

41. Geller DS, Zhang J, Zennaro MC, Vallo-Boado A, Rodríguez-Soriano J, Furu L, et al. Autosomal dominant pseudohypoaldosteronism type 1: mechanisms, evidence for neonatal lethality, and phenotypic expression in adults. J Am Soc Nephrol. 2006; 17: 1429-36.

42. Rodríguez-Soriano J, Vallo A, Quintela MJ, Pérez de Nanclares G, Bilbao JR, Castaño L. Familial hypercalcemia and hypercalciuria: no mutations in the Ca2+-sensing receptor gene. Pediatr Nephrol. 2001; 16: 748-51.

43. Rodríguez-Soriano J, Vallo A, Pérez de Nanclares G, Bilbao JR, Castaño L. A founder mutation in the CLCNKB gene causes Bartter syndrome type III in Spain. Pediatr Nephrol. 2005; 20: 891-6.

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46. Vázquez C, Labayru T, Rodríguez-Soriano J. Poor bronchodilator effect of oral etamiphylline in asthmatic children. Lancet. 1984; 1: 914.

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49. Vitoria JC, Arrieta A, Astigarraga I, García-Masdevall D, Rodríguez-Soriano J. Use of serological markers as a screening test in family members of patients with celiac disease. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 1994; 19: 304-9.

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51. Aldámiz-Echevarría L, Prieto JA, Andrade F, Elorz J, Sojo A, Lage S, et al. Persistence of essential fatty acid deficiency in cystic fibrosis despite nutritional therapy. Pediatr Res. 2009; 66: 585-9.

52. Rodríguez-Soriano J, Vallo A, Castillo G, Oliveros R, Cea JM, Balzategui MJ. Biochemical features of dietary chloride deficiency syndrome: a comparative study of 30 cases. J Pediatr. 1983; 103: 209-14.

53. García Nieto VM, Zafra Anta M, Garín E. Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (18). Déficit de cloro en lactantes de origen dietético. Pediatr Integral. 2023; XXVII: 292.e1-e4. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2023-07/enfermedades-pediatricas-que-han-pasado-a-la-historia-18-deficit-de-cloro-en-lactantes-de-origen-dietetico/.

 

Pediatras en la Historia(6). Ángel Ballabriga Aguado (1920-2008). Pionero en nutrición pediátrica y neonatología con un elevado prestigio internacional

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 409.e1 – 409.e9

 


Pediatras en la Historia (6). Ángel Ballabriga Aguado 1920-2008. Pionero en nutrición pediátrica y neonatología con un elevado prestigio internacional

 

…El doctor Ballabriga (fue) un auténtico ángel para los prematuros de nuestro medio y un pionero de esta rama de la Pediatría en España.

Jacint Corbella
Presidente Reial Acadèmia Medicina de Catalunya

Su vida, fue larga y la aportación pediátrica enorme… detrás de su inconformismo y su imagen de luchador incansable, había una persona afectuosa.

Cruz Hernández en su Necrológica en la RANC

 

Ángel Ballabriga Aguado (1920-2008) fue un pediatra español de renombre nacional e internacional, con intensa vocación y actividad académica e investigadora, que desarrolló su labor profesional asistencial en Barcelona en la segunda mitad del siglo XX. Fue el primer catedrático de Pediatría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Nació en Naval (Huesca; Comunidad de Aragón), el 2 de octubre de 1920; falleció en Barcelona el 22 de mayo de 2008, a los 87 años de edad (Figs. 1 y 2).

Figura 1. Ángel Ballabriga. En su despacho; 1981 (a los 60 años de edad). Fuente: Galeria de Metges Catalans(1).

 

En el periodo de los años 60 a 90, Ballabriga desde el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona fue, con su equipo, un gran impulsor de la Pediatría hospitalaria y de las subespecialidades pediátricas (actualmente, áreas de acreditación o especialidades), en Cataluña y en España. Su dedicación personal preferente fue la perinatología-neonatología y la nutrición.

Muchos autores le consideran como una de las figuras más representativas a nivel internacional de la Pediatría española de la segunda mitad del siglo XX(1-7).

Coincidió en el tiempo con Manuel Cruz Hernández, el otro catedrático de Pediatría de Barcelona(8). Ambos se trataron, compitieron y, finalmente, compartieron proyectos comunes en Pediatría, en la Universidad, en Barcelona.

El estudio realizado para esta biografía es el resultado de la revisión bibliográfica, de los Cuadernos de Historia de la Pediatría, Bulleti y revista de la Societat Catalana de Pediatría, web de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y de la Societat Catalana; así como de algunos de sus discursos en las Reales Academias y Sociedades de Pediatría, PubMed, el libro de J.L. Morales, Dialnet, búsqueda hemerográfica (La Vanguardia y otras) y la estrategia perla o bola de nieve.

No tenemos conflicto de intereses económicos.

Formación académica y especializada

Estudió el bachillerato en Barcelona, lo terminó en junio de 1936, con 15 años, un mes antes del comienzo de la Guerra Civil. Véase más adelante, en el apartado de familia.

Tras la guerra, en la que participó como sanitario, empezó los estudios de Medicina en Barcelona. Según refiere, los dos primeros años no le gustaron(4).

En los estudios, obtuvo sobresaliente-matrícula de honor en alguna asignatura. Fue becado en Anatomía Patológica, con Sánchez Lucas. Luego pasó a ser interno con Pedro i Pons en la cátedra de Patología Clínica. Ballabriga, en su nombramiento como académico de la Real de Medicina de Cataluña, mostró su agradecimiento a Ferrer Solervicens y Rafael Ramos Fernández, como sus maestros de la Facultad. Su licenciatura fue en junio de 1943, con la calificación de sobresaliente. Ganó ese año una beca para ir a estudiar a Suiza, país neutral, en plena Segunda Guerra Mundial. Marchó en noviembre de 1943; el propósito inicial era estar un año, pero en 1944 la situación de la Guerra Mundial ya era muy diferente y tuvo que quedarse hasta que esta acabó en mayo de 1945(1,3,4).

En esos años 1943-1945 realizó estudios de postgrado muy perfeccionados y completos en los departamentos pediátricos de: Berna, junto a Eduard Glanzmann (1887-1953); Basilea, con Ernst Freudenberg (1884-1986); Lausana, con Maurice Jaccottet (1894-1966); y Estocolmo-Suecia, con Arvid Wallgren (1889-1973)(9,10) (Fig. 3).

Figura 3. Ballabriga (a la derecha de la imagen) con Glanzmann en Berna (años 40). Fuente: Galeria de Metges Catalans(1).

En 1946, Ballabriga se doctoró en Medicina, en Madrid. Su tema de tesis fue sobre la acrodinia: Estudio de la enfermedad de Selter-Sift-Feer con especial consideración a la clínica y tratamiento(1,3-7). Este también fue uno de los temas de investigación de Glanzmann. Para una descripción de la enfermedad, véase García Nieto VM, Zafra Anta M. Acrodinia. Pediatr Integral. 2021; XXV(3): 158.e1-e4. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-05/historia-de-la-medicina-y-la-pediatriaenfermedades-pediatricas-que-han-pasado-a-la-historia-1-acrodinia/.

En el año 1948 aprobó la oposición a médico puericultor del Estado(1,3).

Siempre reconoció como referentes más cercanos(11) a Manuel Suárez Perdiguero (1907-1981; catedrático, pediatra español) y Christian Zbinden (Ingeniero Químico, Nestlé, Vevey, Suiza; trabajó en la Unión Internacional de Protección a la Infancia) que le introdujo en la ciencia de la investigación en nutrición neonatológica.

Principales actividades docentes y profesionales

Tras la licenciatura y al volver de su estancia en Suiza, comenzó a trabajar bajo la dirección del profesor Rafael Ramos Fernández (1907-1955), en la cátedra de Pediatría del Hospital Clínico de Barcelona. Fue jefe del servicio de Lactantes del Hospital Clínico de 1948 a 1953; y profesor agregado de la Escuela de Pediatría de Barcelona, 1956(1,3).

Realizó estudios sobre asistencia a prematuros en París en 1956 con Marcel Lelong (1892-1972, creador del Centro de prematuros en París en 1940). Fue becado por la Organización Mundial de la Salud. También, en esas fechas, tuvo una amplia estancia en EE.UU. en Boston, con Clement Smith (1901-1988, pionero en investigación neonatal, Harvard)(7). En 1958 fue nombrado Director del Instituto de Prematuros de Barcelona, en el que permanecería hasta 1965, año en que fue nombrado jefe del Departamento de Pediatría y director del Hospital Vall d’Hebron.

En 1960 se inauguró en Barcelona la Clínica Pediátrica privada Teknon, fundada por Isidre Claret y Joan Picañol como cirujanos, y Ballabriga, Enric Miralbell, Francisco Llauradó y Pérez del Pulgar como pediatras clínicos, con el radiólogo Doménech Clarós, el analista Luis Domingo y el anestesista Jorge Arqués(12,13). Fue el primer hospital infantil de financiación privada. Pronto se convirtió en referencia en este ámbito. Más tarde fue el antecedente de la Clínica Teknon actual.

Posteriormente, Ballabriga se dedicó profesionalmente al Hospital Vall d’Hebron, hasta su jubilación, y a la cátedra, y renunció a la medicina privada.

En 1971, el Vall d’Hebron se incorpora como unidad docente a la Universidad Autónoma de Barcelona. Ángel Ballabriga, en 1971, recibió su nombramiento como catedrático extraordinario por Real Orden de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona (1971-hasta su jubilación, 1990, en que fue nombrado Profesor Emérito). Tuvo el voto favorable en todas las facultades. Con el núcleo inicial de colaboradores, como Antonio Carrascosa y Alfredo Gallart, su magisterio se extendió a cualquier nivel de la Pediatría, a través de una escuela del mayor prestigio, nacional y extranjera(12). En la formación de postgrado, desplegó una intensa actividad. Sus cursos de Postgrado alcanzaron la cifra de 36. Dirigió varias tesis doctorales: en Dialnet figuran 7; pero son más (p. ej., la tesis de José María Simonet, en 1977); entre ellas, dirigió a Antonio Moreno Galdó, Antonio Carrascosa Lezcano y Lourdes Ibáñez Toda. Las líneas de investigación, entre otras: perinatología-neonatología y la nutrición, investigación en lactancia y docencia.

Como muestra de su preocupación por la docencia y la investigación de médicos y pediatras, tenemos la Fundación “Ángel Ballabriga”. En 1988 se inscribió en el Registro de Fundaciones Docentes Privadas (BOE 1-8-1988). Constituida en fecha 17 de octubre de 1986, con domicilio en Madrid. Las actividades eran ayudas, subvenciones y becas a estudiantes de Medicina, así como Estudios de Investigación de Pediatría.

Concursos de Ballabriga a la Cátedra de Pediatría

En los años 50, el ambiente de la cátedra de Barcelona no le era grato y optó por abandonarla. Además, falleció de forma repentina el profesor Rafael Ramos. Se presentó a la cátedra de Barcelona en 1955, que quedó desierta. Nos da su versión Cruz(8,12): (Ballabriga) no prestó la suficiente atención a la técnica de los ejercicios y a la repetición obligada de los miembros en el tribunal para la provisión de una cátedra. La citada oposición de 1955 se declaró desierta, ante el malestar evidente del candidato más cualificado (Ángel Ballabriga). Nadie en su tiempo había conseguido tanto, ni tampoco ninguno alcanzó su enorme prestigio en la Pediatría internacional. Su currículum era admirado y en cierto modo envidiado. Luego, al repetir la convocatoria a las cátedras en 1957, el afortunado fue Cruz en Cádiz.

Nuevamente, en 1965, para la cátedra de Pediatría de la Universidad de Barcelona, se presentaron Cruz frente a Ángel Ballabriga, F. Prandi, Luis Torres Marty y hasta un total de 20 candidatos. Según Cruz: la plaza parecía preparada para Ballabriga. Pero este “en su exposición posiblemente no ocultaba su sentimiento de superioridad sobre aquellos que le iban a juzgar. En resumidas cuentas, fui catedrático de Pediatría en Barcelona con los votos de Civeira, Galdó y Laguna, y en parte gracias a la actitud de Ballabriga”(12,14). Respecto de la Universidad, Ballabriga conocía sus defectos y lo manifestó sin rodeos, con palabras y hechos, en varias ocasiones. Algunos escribieron que “tuvo sonados enfrentamientos verbales, especialmente con Ciriaco Laguna”(3,14). Ángel Ballabriga en 1971 recibió su nombramiento como catedrático extraordinario.

Actividad profesional destacada: jefe de servicio y director del departamento de Pediatría del Hospital Vall d’Hebron

El edificio inicial del hospital fue construido en 1947, pero no abriría hasta 1955, con el nombre de “Residencia Sanitaria Francisco Franco” nombre que mantuvo hasta 1975. Durante la transición a la democracia adquirió (recuperó) su nombre de Vall d’Hebron(15). El actual Hospital Vall d’Hebron se alza en lo que fue una antigua granja del Real Monasterio de San Jerónimo de Vall d’Hebron, fundado en 1393. En 1966 se inauguró el centro maternal infantil. En 1968 fue autorizado para acoger a la primera promoción de médicos internos residentes (MIR) en España, junto con el Hospital Puerta de Hierro de Madrid.

Ballabriga realizó una tarea extraordinaria en el Vall d’Hebron, con una clara visión de futuro sobre el desarrollo de la Pediatría, gracias a su experiencia internacional. Actuó de director médico, gestor y administrador. Colaboró en organizar, también, el Servicio de Cirugía Pediátrica, que rápidamente adquiere prestigio internacional. Supo rodearse, desde el primer momento, de un grupo de profesionales entusiastas que pusieron en marcha equipos humanos que contribuyeron a impulsar la Pediatría hospitalaria y las Especialidades Pediátricas, creando las bases para su progreso ulterior. Si bien la asistencia era y fue el motor principal, la docencia y la investigación clínica traslacional se desarrollaron paralelamente. En este desarrollo de la Pediatría en el Vall d’Hebron, podemos establecer ciertas similitudes con Enrique Jaso en el Hospital Infantil La Paz de Madrid, que también se inauguró en 1965(16). Ambos fueron nombrados por José Martínez Estrada, director del entonces Instituto Nacional de Previsión, para el desarrollo pionero de las especialidades pediátricas en el Vall d’Hebron, véase la tabla I.

 

Publicaciones. Investigación

Ballabriga destaca por sus numerosas investigaciones de importancia y gran relieve. Adquirió por ello un gran prestigio.

Según datos de su currículum, tiene casi 300 artículos científicos en revistas internacionales y españolas. Líneas de interés muy diversas: fundamentalmente neonatología, nutrición y desarrollo cerebral.

Publicó desde 1945. En el libro de JL Morales, “El niño en la Cultura española”, de 1960, ya constan, en el periodo 1945-1949, hasta 21 publicaciones como primer autor(19). Escribió una publicación en el primer número de la Revista Española de Pediatría, en 1945. Fue de los primeros pediatras españoles en tratar sobre Fibrosis Quística del páncreas. Tiene una Monografía sobre Acrodinia en la Revista Española de Pediatría, 1946, vol. de 95 páginas; fue su tema de tesis doctoral.

Fue premio de la Sociedad de Pediatría de Madrid en 3 ocasiones: durante el curso 1946-1947 (aspectos médico-quirúrgicos de la estenosis pilórica); 1947-1948 (harina de algarroba para el tratamiento de los trastornos diarreicos del lactante); 1949-1950 (tratamiento de enfermedad celiaca, aspectos dietéticos) publicados en Acta Pediátrica Esp (Premios patrocinados por Nestlé y Artiach). Premio de la Revista Española de Pediatría en 1951 y Premio de la Sociedad Catalana de Pediatría en 1958(11,19).

Recibió el Premio Guillermo Arce en 1965 por su trabajo Estudio del Equilibrio Ácido-Básico. En el Síndrome de Hipoperfusión Pulmonar del Prematuro. Había sido convocado ese año sobre un tema de Patología Prenatal o Neonatal y financiado por la propia Sociedad. Referencia histórica: Bol Pediatr. 1990; 31: 369-70.

En búsquedas en PubMed, realizadas en julio 2024, como Ballabriga A, constan 77 publicaciones. La más antigua es de 1946 en Ann Paediatr, en francés, revista de la Sociedad Suiza de Pediatría (Schweizerische Gesellschaft für Paediatrie): Ballabriga A. A propos des manifestations cliniques et des complications du kala-azar infantile. Ann Paediatr. 1946; 167(6): 364-72.

Merece la pena citar las publicaciones internacionales de Ballabriga antes de 1965, en idioma no español (Tabla II). En la postguerra no hay otro pediatra español con este número de artículos internacionales. Son reflejo de su actividad científica y sus líneas de trabajo.

 

Dialnet recoge el periodo: desde 1953 en Acta Pediatr Esp, hasta 2010 en An Esp Pediatr (Barc). Como es sabido, ni PubMed ni Dialnet aportan información exhaustiva en publicaciones históricas (no figuran las no indexadas, claro), a pesar de ser buscadores de alta calidad.

Fue Director de la Unidad de Investigación Biomédica del Hospital Materno Infantil de Vall d’Hebron desde 1994 hasta 1996.

Su obra científica es muy amplia. Fue autor o colaborador en libros(1,3-7). También, colaboró en el Tratado de Cruz. En la edición de 2009 es director adjunto y autor de 2 capítulos.

Uno de sus textos más reconocidos es Nutrición en la infancia y adolescencia, con tres ediciones desde 1998, de A. Ballabriga y Antonio Carrascosa Lezcano (jefe de Pediatría del Vall d’Hebron de 1988 a 2015) (Tabla III).

 

Realizó prólogos y traducciones de libros, con lo que subrayaba su aspecto de promotor de la difusión de la Pediatría y Puericultura, y también de la investigación y desarrollo de especialidades pediátricas, destacando las principales traducciones y prólogos de autoría de la tabla IV. Los citamos aquí, pues en alguna publicación se refiere a ellos como si Ballabriga fuera coautor.

Colaboraciones con Nestlé

 

Ángel Ballabriga, en relación con su estancia en Suiza, conoció a Christian Zbinden(11). Ballabriga, durante muchos años, fue asesor de la empresa Nestlé(2), de arraigada ubicación en Barcelona. Fruto de esta colaboración hay numerosas publicaciones y algunos patrocinios, desde el libro de “Encefalopatías connatales” de 1958, pasando por los libros que fueron resultado de diversos Nestlé Nutrition Workshop cuya serie empezó en 1981 (Tabla IV). De impacto fue el trabajo presentado en el Congreso Internacional de Pediatría de Tokio, en noviembre de 1965, sobre: “Estudio de Equilibrio ácido-base en prematuros sometidos a diferentes regímenes alimentarios”. El Doctor Ballabriga demostró brillantemente que la acidosis, encontrada por investigadores americanos, en prematuros alimentados con leches ácidas, era debida a la utilización de un ácido láctico isómero que se utilizaba en Europa, por la firma alimentaria Suiza. Colaboró y potenció la revista Ann Nestlé(2,4). Esta revista, Ann Nestlé, se publicó en Suiza desde los años 50; hay versiones en varios idiomas. No está indexada en MEDLINE; en PubMed tiene solo 16 referencias.

Pionero en Neonatología y el asociacionismo de la especialidad de Neonatología en España

Ya se ha comentado su formación y su desarrollo profesional en relación con la atención al Prematuro y al Recién Nacido. En 1958 fue nombrado Director del Instituto de Prematuros de Barcelona, en el que permanecería hasta 1965.

En 1967, a instancias de Ballabriga, se creó dentro de la AEP una Sección de Biología Prenatal y Neonatología. Años más tarde, en 1973 y en la X Reunión Anual de la AEP en Granada, presidida por el E. Sánchez Villares, se aprueba el Reglamento de las Especialidades Pediátricas y se decide crear la “Sección de Medicina Perinatal”, eligiendo como Presidente de la Junta Directiva a A. Ballabriga y como Secretario a J. Pérez del Pulgar. La 1ª Reunión de la Sección se celebró en Barcelona en 1974. Esto ya se comentó en el Cuaderno 26 de Historia de la Pediatría (Neonatología)(20) (Fig. 4).

Figura 4. Creación de la Sociedad de Neonatología. Fuente: Cuaderno de Historia de la Pediatría nº26, p 58-60(20).

 

Actividad institucional

Desplegó una intensa actividad institucional nacional e internacional(1,3-7). Era políglota: se manejaba en varios idiomas: al menos en francés, inglés y alemán. El catalán lo dominaba aunque no lo practicaba.

Ponente en numerosos Congresos españoles (p. ej.: en el IX Congreso Nacional de Pediatría de 1954, de Santiago de Compostela y en el XI Congreso de la AEP en Las Palmas), e internacionales desde el año 1945: Zúrich, Lisboa, Argel, Venecia, Miami, La Habana, Lausanne, Brazzaville, Copenhague, Berna, Montreal, Bonn, Ferrara, Buenos Aires, París, Mánchester, Tokio, Jerusalén, París, Caracas, Sao Paulo, Río de Janeiro, Berlín, México, Atenas, Londres, Teherán y Viena.

Dictó conferencias en Cursos de especialización en Río de Janeiro (1958 y 1967), Sao Paulo, Buenos Aires, Lima (1961), Lausanne y Ginebra (1972). La participación en estos congresos internacionales añade el mérito de su realización durante el intenso aislamiento del régimen franquista hasta mediados-finales de los años 50.

Miembro fundador de la Asociación Europea de Investigación Pediátrica y del Comité Permanente de la International Pediatric Association (IPA).

Presidente del Club Europeo de Investigación Pediátrica (1962-64). Perteneció al Comité Ejecutivo de la IPA (1977-1983).

Fue presidente de la Unión Europea de Sociedades de Pediatría entre 1982 y 1988.

Presidió en 1972 el VIII Congreso de Pediatría del Mediterráneo, y presidió el XVI Congreso Internacional de Pediatría en 1980, Barcelona (Fig. 5). Y ese mismo año el VII Congreso de Medicina Perinatal, también en Barcelona.

Figura 5. Ballabriga y la organización del Congreso Internacional de Pediatría de Barcelona. Disponible en: https://institucional.academia.cat/docs//llibres-historia/metges_dels_nens_17.pdf.

 

Fue el primer Presidente de la Sociedad Española de Investigación en Nutrición y Alimentación en Pediatría (SEINAP), la fundó con Manuel Moya Benavet, en 1999, tras formar parte, en primer lugar, del Comité de Nutrición de la AEP (creado en 1997), del que se salieron por no acuerdo con la siguiente Junta Directiva de la AEP(14,21).

Participó en la redacción de Revistas de Pediatría. Estaba en el consejo de redacción de Archivos de Pediatría.

Miembro de Sociedades Científicas españolas: Tesorero en la AEP, 1958; Presidente de la Sociedad Española de Neonatología. Vocal en la Junta de la AEP de Cruz Hernández (1976-80) por ser el presidente del Congreso Internacional de Pediatría.

Con respecto a la Sociedad Catalana de Pediatría: no fue miembro de la Junta Directiva ni Presidente. Participó en la sesión inaugural del curso 1967-1968 (“Estudi sobre les causes de mortalitat del prematur i nadó durant el primer mes de vida”, 10-11-1967). Dio la sesión de clausura del curso 1982-1983: “Reflexions sobre una nova pediatría”, 20-6-1983). Tuvo alguna discusión con la dirección oficial de la Sociedad Catalana de Pediatría y, de hecho, renunció a ser socio(14).

De 1957 a 1962 estuvo en la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares(13), con el cargo de bibliotecario.

Fue académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Catalunya(8,14) (nombrado en 1974). Además, Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina. Madrid.

En la Academia fue muy activo. Su discurso de ingreso fue El concepto cambiante de la pediatría, desde Nils Rosen von Rosenstein hasta finales del siglo XX. Su repercusión sobre la enseñanza. Contestación de recepción de Luis Trias de Bes y Giro(11).

Historia de la Pediatría

Se dice que su hobby era la historia de la Pediatría. A ella dedicó el discurso de entrada en la Real Academia de Medicina de Cataluña, que se ha citado anteriormente(11); y editó el libro History of Pediatrics (1850-1950) (New York, 1991), con Buford L. Nichols y Norman Kretchmer(9). Este libro, en inglés, era producto de un Workshop de Nestlé Nutrition (Series vol. 22, de 1991). Con numerosas referencias e ilustraciones. Ballabriga escribió el primer capítulo: One century of Pediatrics in Europe(7,9).

Reconocimientos y Distinciones

Le nombraron Miembro de Honor de numerosas sociedades científicas españolas y extranjeras(1,3-7): Socio de Mérito de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares. Socio de Honor de la Sociedad Española de Pediatría (nombrado en Tarragona, 1977), así como de la Catalana. También de la Japanese Pediatric Society y la British Paediatric Association.

Recibió medallas honoríficas:

• Medalla Memorial Guillermo Arce-Ernesto Sánchez Villares(1998).

• Medalla Moro de la Sociedad Internacional de Perinatología.

• Medalla Narcis Monturiol de la Generalitat de Catalunya en 1991. Medalla que otorga la Generalitat de Catalunya para galardonar a personas y entidades que hayan contribuido de manera destacada al progreso científico y tecnológico de Catalunya.

Fue nombrado Doctor Honoris Causa en las universidades de Lisboa (1984) y Valladolid (1993) (Fig. 6). Por vez primera un pediatra recibía este honor en la Universidad Española. Su padrino fue el catedrático Ernesto Sánchez y Sánchez Villares (1922-1995), a propuesta del catedrático Alfredo Blanco Quirós.

Figura 6. Nombramiento Honoris Causa, el 14 de mayo de 1993. En la foto, de izquierda a derecha: Ernesto Sánchez Villares, Ballabriga y el rector Fernando Tejerina. Fuente: Noticiario. Acto de investidura del Dr. Ángel Ballabriga Aguado como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid. Bol. Pediatr. 1993; 34: 153-8.

 

Gran parte de la Sesión se puede ver en el Canal de Youtube de la Universidad de Valladolid. Se escucha un fragmento del discurso de Ballabriga y de Ernesto Sánchez Villares. También se ve a sus familiares entre el público. Disponible en: https://youtu.be/F4oprJ9lFos.

La Revista Española de Pediatría publicó un número completo en el año 2009, el 3 (vol. 65), en homenaje a su persona, con varios artículos escritos por expertos en nutrición e investigación. Disponible en: https://www.seinap.es/wp-content/uploads/Revista-de-Pediatria/2009/REP%2065-3.pdf.

Hay numerosos In Memoriam escritos en diversos idiomas: catalán, español, inglés, incluso portugués (Nuno Cordeiro Ferreira, escrito en Portuguese Journal of Pediatr).

Legado: fue muy apreciado por sus discípulos, como el profesor Ortiz Tardío(7). Señalaremos a Lourdes Ibáñez Toda, endocrinóloga del Hospital Sant Joan de Deu, que encontramos en Internet, en prensa, La Vanguardia, 11 de octubre de 2015: El maestro que más le ha marcado: Ballabriga. Fue su director de tesis doctoral. Disponible en: https://hemeroteca-paginas.lavanguardia.com/LVE05/PUB/2015/10/11/LVG201510110501LC.pdf.

Se convocaron estas últimas décadas, anualmente, “Becas Ballabriga” de investigación en los congresos de la SEINAP, desde el año 2010.

Familia y vida personal

En Internet se encuentran muy pocos datos sobre su historia familiar y su genealogía. Constituye muy buena fuente de datos y enlaces documentales, incluyendo imágenes, la Galeria de Metges Catalans(1). Gran parte de lo expresado en este apartado es relatado por el propio Ballabriga en Annal Meds 2004(4). En general, puede decirse que, por escrito, no se prodigó en hablar de su familia, mujer e hijos el propio Ballabriga, ni tampoco lo hicieron los que le escribieron in memoriam sobre él. Tenía preparadas unas Memorias que no publicó, según Manuel Cruz(14), “no por respeto a los protagonistas, sino pensando en sus hijos, amigos y discípulos a los que no quería herir”.

En su nombramiento como académico de la Real de Medicina de Cataluña agradeció a su madre todos sus esfuerzos.

Su familia era de Naval (Huesca; Aragón). Nació el 2 de octubre de 1920, en una familia del campo de la industria textil. Pronto fue a vivir a Zaragoza (en algunas referencias se cita incluso que nació en Zaragoza, otras dicen, en Naval). Su padre falleció siendo él niño. Emigraron a Barcelona a los 3-5 años. Su madre supo “sacarle adelante”. Se asociaron con industriales textiles catalanes. No había médicos en su familia, ni tuvo parientes con dedicación a la política, como tampoco él.

Realizó estudios secundarios, el bachillerato, en Barcelona. Según palabras del propio Ballabriga(4): parte fue en un colegio religioso y parte en un instituto público. El colegio religioso fue el de los Hermanos de la Doctrina Cristiana (de La Salle) de la plaza de Lesseps. En 1933 se promulga la Ley de Congregaciones Religiosas, que les prohibía dedicarse a la enseñanza. Cuando las órdenes religiosas fueron expulsadas de España por la República, pasó al Instituto Salmerón, en la calle Muntaner del que tiene buen recuerdo, así como de “grandes profesores”, como Eduardo Nicol, que enseñaba “Ética y rudimentos de derecho”, que sería después exiliado a México, o el profesor Lapuente, farmacéutico. Terminó el bachillerato en junio de 1936, con 15 años, un mes antes del comienzo de la Guerra Civil.

Participación en la Guerra Civil en el ejército republicano

Al empezar la Guerra Civil, en Barcelona no había matrículas en Medicina, pero sí había algunas enseñanzas. Estudió para practicante con el profesor Joaquín Trías. A los 16 años solicitó el ingreso en Sanidad Militar, y fue destinado a Esplugues de Llobregat en la Cruz Roja como voluntario(4). Su quinta fue movilizada a filas en el ejército republicano en enero de 1938, la comúnmente referida como “la quinta del biberón”, pues la mayoría eran menores de 18 años. Fue nombrado alférez practicante. Se le destinó al 5º Cuerpo del Ejército, 11 División, 38 Batallón, que estaba en el pueblo de Llorenç del Penedès, y de ahí fueron a Vandellòs, y después al Ebro, en el norte de Tortosa, donde estuvieron 3 meses. Conoció al médico del batallón, Antonio Martina Lozano, un “hombre tranquilo y mayor”. Participaron en la Batalla del Ebro, desde julio de 1938 hasta noviembre de 1938¸con 18 años recién cumplidos. En esa fecha se rompió el frente. Intervino en labores sanitarias; algunas referencias le sitúan junto a pelotones que se encargaron de la voladura de puentes del Ebro.

Cerca de Peralada recibió una herida de metralla en la rodilla izquierda. Un equipo inglés del Socorro Rojo Internacional le operó. Si bien durante toda la vida tuvo un resto de metralla en dicha rodilla. Cruzó la frontera de Francia. Le hicieron prisionero y pasó a un campo de prisioneros en Vizcaya, el de Orduña. Estuvo en el pabellón de los que tenían sarna. Allí conoció a practicantes que luego fueron médicos, como Calafell, pediatra, Verdala Navarro, que había sido ayudante de Martínez Vargas, el que había sido catedrático de Barcelona, y otros. Estuvo a punto de ser juzgado en un consejo de guerra por “auxilio a la rebelión”, pero recibieron un indulto con ocasión de la muerte del Papa (Pío XI). Salieron del Campo de concentración. Se libró de hacer el servicio militar “Nacional”, porque su padre había fallecido muy joven, habían tenido que vender todos sus bienes y figuraba que trabajaba como mecánico en un garaje.

Estancia en Suiza (1943-1945)

Además de su formación pediátrica y científica, allí conoció a su futura esposa, Adelina Carreras, una catalana que llevaba años residiendo en Berna y trabajaba en la embajada(1) (Fig. 7).

Figura 7. Ballabriga en un paseo en bicicleta por Suiza, años 40, junto con Adelina Carreras, su mujer(1). Tuvo dos hijas: María José y Adelina(1).

 

En Suiza, tras 1944, tuvo que buscarse la vida trabajando incluso en emisiones de radio suizas, en sus programas en español(3).

Epílogo

Fue el pediatra español con mayor proyección internacional (comentado públicamente por Alfonso Delgado, Ortiz Tardío y muchos otros). Fue un adelantado a su tiempo y desarrolló una actividad pediátrica enorme. Preocupado por la investigación desde siempre.

Ballabriga fue perennemente un personaje inquieto, inconformista, especialmente con la Universidad, vehemente, de “poderosa voluntad”, como dice La Vanguardia, no rehuía ninguna discusión. Muchos lo han denominado un “enfant terrible” de nuestra profesión.

Era de sabia dirección y de autoridad, un líder indiscutible. Siempre quería inculcar la importancia de estancias formativas en hospitales extranjeros.

En la cercanía era un hombre familiar, conservador de amistades, lector incansable y muy culto.

Bibliografía

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8. Zafra Anta M, García Nieto VM, Fernández Menéndez JM. Pediatras en la historia (5). Manuel Cruz Hernández (1926-2023) Maestro de Pediatras. Pediatr Integral. 2024; XXVIII: 273.e1-e8. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2024/xxviii04/16/n4-273e1-8_HistMed_Ped5.pdf.

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11. Ballabriga Aguado Á, Trías de Bes L. El concepto cambiante de la Pediatría desde Nils Rosen von Rosenstein hasta finales del siglo XX: su repercusión sobre la enseñanza. Barcelona: Real Academia de Medicina de Barcelona, 1974. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/angel_ballabriga_aguado_discurso_1973_concepto_cambiante_de_la_pediatria_nils_rosenstein.pdf.

12. Fernández Menéndez JM, Ponte Hernán FJ. El profesor Cruz Hernández y su Tratado de Pediatría. Cuadernos de Historia de la Pediatría de la AEP, nº 21. La cátedra de pediatría de la Facultad de Medicina de Barcelona. 2021; 21: 48-63. Disponible en:
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13. Cassass O, Ramis J. Metges de nens. 100 anys d’historia. Barcelona: Edicions de La Magrana, 1993. Disponible en: https://institucional.academia.cat/llibres-historia.

14. Cruz Hernández M. Sesenta años de Pediatría inacabada. Páginas vividas de la historia pediátrica contemporánea. 1ª edición, Majadahonda (Madrid), Ergon. 2010.

15. De Fàbregues-Boixar O. Compilación de aspectos sanitarios históricos de Vall d’Hebron: primer ictus atendido en 1607. Neuroscienc History. 2019; 7: 1-14. Disponible en: https://nah.sen.es/vmfiles/vol7/NAHV7N120191_14ES.pdf.

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17. Carrascosa Lezcano A et al. Número monográfico dedicado al Hospital Vall d’Hebron. Rev Esp Pediatr. 2013; 69: 255-352. Disponible en: https://www.seinap.es/wp-content/uploads/Revista-de-Pediatria/2013/REP%2069-6.pdf.

18. Demestre X. L’Atenció Pediàtrica a Catalunya. 90 anys de la Societat Catalana de Pediatria. Societat Catalana de Pediatria. 1926-2016. Fundació Catalana de pediatría. 2016.

19. Morales JL. El niño en la cultura española. 4 tomos. 1960. Alcalá de Henares. Imprenta de los talleres penitenciarios.

20. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española. Comité de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría. Hace 50 años. La fundación de varias sociedades de especialidades pediátricas. Nefrología, Neonatología y Pediatría Social. Nov 2023, nº 26. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/cuaderno_26.pdf.

21. Moya Benavent M, Juste M. Historia de la Sociedad Española de Investigación en Nutrición y Alimentación en Pediatría. Rev Esp Pediatr. 2014; 70: 211-2.

Referencias en web

Nombramiento Honoris Causa, 14 de mayo de 1993, a Ballabriga con su discurso con su voz, y la voz de Ernesto Sánchez y Sánchez Villares. Disponible en: https://youtu.be/F4oprJ9lFos.

– Clínica Teknon. Disponible en: https://barcelofilia.blogspot.com/2011/07/clinica-pediatrica-teknon-1960-1996.html.

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (22). La tuberculosis en la infancia en la posguerra española. Publicaciones sobre el tema en dos revistas pediátricas nacionales

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 345.e1 – 345.e8

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (22). La tuberculosis en la infancia en la posguerra española. Publicaciones sobre el tema en dos revistas pediátricas nacionales

 

A los infectólogos pediátricos de Gran Canaria
Abián Montesdeoca Melián y Martín Castillo de Vera

 

El 24 de marzo de 1882, Robert Koch presentó sus hallazgos sobre la causa de la tuberculosis en la Biblioteca del Instituto de Fisiología de Berlín. “Cuando terminó su discurso hubo un gran silencio. . . con admiración se acercaban a Koch y estrechaban su mano”. Juan José Fernández Tejeiro. El médico de los microbios. Robert Koch. Tres Cantos (Madrid): Nivola, 2008

 

Prólogo

La tuberculosis ocupa un lugar excepcional en la historia de la medicina humana. En todas las épocas ha sido una de las principales causas de enfermedad y muerte. Todos los adelantos de exploración, diagnósticos, terapéuticos y preventivos, surgidos durante décadas, se fueron incorporando en el intento de conocer y, luego, dominar al agente causal. Baste recordar someramente las aportaciones sucesivas realizadas por la percusión torácica (Leopold Auenbrugger, Jean Nicolas Corvisart), la auscultación (Laënnec), la bacteriología (Robert Koch), la radiología (Wilhelm Conrad Roentgen), la vacunología (Albert Calmette, Camille Guerin) o la farmacología (Albert Schatz, Selman Waksman), por ejemplo.

Se trata de una enfermedad cuya presencia ha sido constante en la historia de la humanidad. Se han encontrado sus huellas en restos humanos procedentes del Neolítico y de momias egipcias y es posible leer su presencia en textos de la medicina clásica. Así, Areteo de Capadocia recalcó la fiebre vespertina, la sudoración y la laxitud que acompañan a la enfermedad y señaló, asimismo, la utilidad del examen del esputo. Galeno, contemporáneo de Areteo, “consideró la tisis como una enfermedad debida a una ulceración del pulmón que cursaba la mayoría de las veces con hemoptisis, signo patognomónico de esta afección, dolor torácico, tos, expectoración y fiebre”(1). “Se puede asegurar que la enfermedad alcanzó su máxima incidencia en Europa entre 1780 y 1880; es decir, durante cien años marcados por el desplazamiento masivo de campesinos a las ciudades en busca de trabajo en sus fábricas. La tuberculosis se convirtió en la enfermedad que más víctimas causaba entre los adultos jóvenes. Afectaba sobre todo a la clase pobre, obligada a soportar largas jornadas de trabajo en lugares húmedos y mal ventilados y a vivir hacinada en lugares insalubres. El tuberculoso se convirtió en un ser peligroso, en un marginado social cuyo contacto había que evitar”(1).

Los primeros datos que conocemos sobre la posibilidad de la contagiosidad de la tuberculosis en España, se refieren a las disposiciones tomadas en Barcelona en el siglo XII, prohibiendo el desembarco de los esclavos abisinios afectos de enfermedad motoca, la tisis y, en el siglo XVIII, a la publicación de ordenanzas tendientes a evitar el contagio(2). Hace unos años pudimos comentar un trabajo fechado en 1882, en el que se podía leer que “la tuberculosis no es contagiosa”(3), lo que dejó de sostenerse cuando Robert Koch identificó el agente causal.

El ciclo biológico de Mycobacterium tuberculosis incluye su transmisión de persona a persona, generalmente por vía aérea. Habitualmente, esto ocurre a través de la expectoración de los enfermos, pero se requiere que ocurra con frecuencia, durante periodos prolongados de tiempo y que tenga lugar el contacto de forma persistente. Estas condiciones se cumplen en situaciones de hacinamiento y pobreza(4). En el libro de Jules Comby (1853-1945), publicado en España en 1907, un texto muy utilizado por los pediatras españoles del primer tercio de siglo, podía leerse que “la tuberculosis pulmonar no es hereditaria; si lo fuera, se la encontraría frecuentemente en los recién nacidos hijos de padres tuberculosos, siendo así, por el contrario, que son contadas las observaciones de tuberculosis fetal; en realidad, en la inmensa mayoría de los casos es el contagio lo que explica la tisis pulmonar. El contagio puede ser familiar, y donde se realiza fácilmente es en las grandes ciudades: tiene por puerta de entrada el árbol respiratorio y resulta de la inhalación de los esputos desecados y pulverizados, cuyos detritus se mezclan con las impurezas del aire que respiramos”(5).

La tuberculosis puede afectar prácticamente a todos los órganos y tejidos. Los focos exógenos están limitados a los órganos que poseen una cubierta o revestimiento epitelial, al paso que la tuberculosis de los tejidos que no tienen contacto con el exterior es necesariamente hematógena y linfógena y procede de un foco preexistente. Los síntomas de cualquier lesión tuberculosa pueden ser muy variados y simular otras muchas entidades. Al establecer el diagnóstico diferencial de la mayoría de infecciones crónicas y de muchas agudas, hay que considerar la posibilidad de la tuberculosis. A la infección tuberculosa intratorácica corresponden como mínimo el 90 % de los casos diagnosticados de infección tuberculosa en niños (Figs. 1 y 2).

Figura 1. Curso de la primoinfección en un niño de siete meses: a) Siembra miliar de grano mediano. Tratamiento inmediato con estreptomicina; b) Dos meses y medio después, la siembra miliar ha desaparecido casi por completo. En el territorio del foco primario se observa una sombra difusa que parece una atelectasia; c) sin embargo, la tomografía muestra la existencia de una caverna” En: Lind J. Tuberculosis. Tratado de Pediatría (ed. esp.). Fanconi G, Wallgren A, eds. Madrid: Ed. Morata. 1971, tomo II, p. 640.

 

Figura 2. Atelectasia de los lóbulos medio e inferior derechos secundaria a linfadenitis tuberculosa traqueobronquial y lesión granulomatosa endobronquial”. En: High RH. Tuberculosis. Tratado de Pediatría (ed. esp.). Nelson W, Vaughan III VC, McKay RJ, eds. Barcelona: Salvat Eds. 1971, tomo I, p. 604.

Se afectan constantemente el parénquima y los ganglios linfáticos, aunque no siempre se descubren estos focos por examen clínico o radiográfico. La presencia de nódulos en los tejidos (tubérculos) es lo que impulsó a cambiar progresivamente el termino original de tisis (voz tomada del latín phthisis –consunción– y esta, a su vez, del griego phthísis –extinción, decadencia–) por el de tuberculosis.

No es el objetivo de este trabajo escribir acerca de los diversos aspectos de esta enfermedad. Para ello, sería necesario un amplio tratado. Bastarán unas pequeñas anotaciones sobre esta entidad antes de entrar a tratar el verdadero objetivo de este manuscrito.

La tuberculina y la BCG

En 1882, el médico y científico alemán Robert Koch (1843-1910) descubrió el agente causal de la tuberculosis. Mientras intentaba desarrollar una vacuna contra esta enfermedad, su observación de una reacción cutánea asociada, condujo a la identificación de una hipersensibilidad retardada o inmunidad mediada por células. En el Congreso Médico Internacional de Berlín de 1890 presentó la tuberculina, que había obtenido por ebullición, filtración y concentración de un cultivo de caldo de bacilo. No tuvo éxito como agente terapéutico específico para la tuberculosis. Con la nueva tuberculina, consistente en una suspensión con glicerina de bacilos triturados sin materiales solubles (1892), las expectativas terapéuticas quedaron totalmente defraudadas. La tuberculina y sus numerosas variantes proporcionaron, empero, una de las primeras aplicaciones de una reacción inmunológica destinada al diagnóstico de esta enfermedad infecciosa(6).

Ampliando el descubrimiento de la tuberculina por parte de Koch, el médico francés Charles Mantoux (1877-1947) describió en 1908, la técnica intradérmica para el diagnóstico de la tuberculosis. Siete años después, en 1915, von Pirquet (1874-1929), que sería especialmente recordado por sus contribuciones posteriores a la alergia, describió la prueba de rascado de introducción intracutánea de la tuberculina. Asimismo, se debe recordar la prueba percutánea de la pomada utilizada por el médico austriaco Ernst Moro (1874-1951) (Fig. 3). En este sentido, el mismo principio se adaptó con éxito para desarrollar pruebas cutáneas in vivo destinadas al diagnóstico de la difteria (prueba de Schick, 1913) y de la escarlatina (prueba de Dick, 1915)(7).

Figura 3. Prueba percutánea de Moro positiva (ref. de la figura 1, p. 626).

La historia de la vacuna del bacilo de Calmette-Guérin (BCG) es un buen ejemplo del triunfo de la tenacidad. Desde 1885, la vacunación contra el bacilo de Koch se había intentado repetidamente sin éxito. Albert Calmette (1863-1933) y Camille Guérin (1872-1961) se dedicaron a este problema a partir de 1905. Mediante un proceso experimental impecable, desarrollaron formas de atenuar la actividad patógena del Mycobacterium, utilizando sucesivas transferencias de cultivo, con lo que pudieron obtener una bacteria inmunológicamente activa que podía utilizarse como una vacuna atenuada, el bacilo de Calmette-Guérin (BCG)(7,8).

La vacuna BCG tuvo que competir en España con la vacuna anti-alfa creada por Jaime Ferrán y Clúa (1851-1929). Este autor “construyó una morfología compleja del bacilo tuberculoso en un ciclo evolutivo que contaría con hasta cinco formas diferentes denominadas con las primeras letras griegas”(9). La vacuna anti-alfa estaba formada por una mezcla de bacterias alfa y épsilon, ambas no ácido-resistentes. Solo se utilizaban aquellas bacterias alfa que en los cobayas se transformaban en bacilos de Koch. Ferrán presentó sus conclusiones en el Segundo Congreso Nacional de Pediatría celebrado en San Sebastián en 1923(10). Las ponencias y comunicaciones presentadas en esa Reunión han sido comentadas recientemente por el Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP(11). Las primeras experiencias de inoculación con la vacuna anti-alfa tuvieron lugar en Alcira, Alberique (ambas en Valencia), Palma de Mallorca y en el Hospital de Niños Expósitos de Buenos Aires(11). En junio de 1927, una Real Orden recomendaba la utilización de la vacuna anti-alfa en los Centros Públicos de Beneficencia (asilos infantiles, inclusas y orfelinatos)(1).

La vacuna BCG se introdujo en España en 1924 gracias a la labor del tisiólogo catalán Lluís Sayé i Sempere (1888-1975), director del Servei d’Assistència Social dels Tuberculosos de Catalunya y uno de los expertos que intervino en la Conferencia internacional del BCG celebrada en 1928. En 1933, Sayé había realizado 10.000 inoculaciones en niños(1). Basado en su experiencia personal, se opuso frontalmente a las teorías de Ferrán. La muerte de este último en 1929 y los resultados positivos obtenidos con la BCG, redujeron el uso de la vacuna anti-alfa. En 1931, el gobierno de la República optó por emplear la BCG y, a partir de 1933, se vacunó con ella a todos los recién nacidos(1).

El pediatra sueco Arvid Wallgren (1889-1973) (Fig. 4) había vacunado desde 1927 a todos los niños nacidos en hogares en los que vivía algún tuberculoso.

Figura 4. Arvid Wallgren (1889-1973). En la imagen puede leerse el siguiente texto: “Fotografía dedicada a Acta Pediátrica Española”. Fotografía publicada en esa revista (1952, volumen 10, nº 114).

Propició la inoculación intradérmica. En 1933 pudo demostrar una disminución importante en la tasa de mortalidad en el grupo de niños de alto riesgo vacunados(1). Años más tarde, este autor sueco fue muy conocido en España, dado que junto a Guido Fanconi, fue coeditor del Tratado de Pediatría que muchos pediatras estudiamos al comienzo de los años setenta. Gracias a la difusión de la BCG se produjo un cambio drástico en la evolución de la tuberculosis en la infancia. A principios de los años sesenta, más de 400.000 niños habían sido vacunados en 46 países(7).

Artículos publicados sobre tuberculosis infantil en España entre 1943 y 1956

Un exponente de la alta tasa de tuberculosis en la infancia en la posguerra española, puede ser que fue la enfermedad infecciosa a la que se le dedicó un mayor número de manuscritos en las dos revistas nacionales pediátricas existentes en nuestro país en los años 40 y 50(12).

En la tabla I se mencionan los doce trabajos publicados sobre el tema por parte de autores españoles en Acta Pediátrica Española entre 1943 y abril de 1948. Esos trabajos trataban básicamente sobre ciertos temas, como meningitis tuberculosa, complicaciones óseas de la enfermedad, profilaxis y tuberculina.

En octubre de 1943, el estudiante de postgrado Albert Schatz trabajaba en el laboratorio de Selman Waksman con dos cepas bacterianas de Streptomyces griseus. Durante el desarrollo del denominado experimento 11, comprobó la eficacia de una nueva sustancia que era eficaz contra el Mycobacterium tuberculosis. Como consecuencia, se procedió a realizar las pruebas de toxicidad y eficacia en animales y los ensayos clínicos en humanos, en los que participaron los investigadores Horton Corwin Hinshaw y William Hugh Feldman de la Mayo Foundation(13,14). No obstante, todos los elogios, incluida la concesión del Premio Nobel, fueron exclusivamente para Waksman(15,16).

En las revistas nacionales antes mencionadas, entre mayo de 1948 y 1956, se publicaron alrededor de una cincuentena de artículos sobre la tuberculosis padecida en la edad pediátrica (Tabla II).

La razón de este incremento fue la posibilidad de utilizar la estreptomicina de forma efectiva (Tablas II y III), especialmente en el tratamiento de la meningitis tuberculosa, la reanudación de la vacunación con BCG y la disponibilidad de nuevos fármacos eficaces. Pronto se demostrarían los efectos secundarios de la estreptomicina; salvó muchas vidas a costa, en ocasiones, de efectos colaterales graves como la perdida de la audición.

Jürgen Lehmann (1898-1989) de Gotemburgo, se había interesado en unos trabajos previos sobre la acción de los ácidos benzoico y salicílico, que estimulaban la captación de oxígeno por parte de las cepas patógenas de Mycobacterium tuberculosis. Lehmann comenzó la búsqueda de posibles agentes inhibidores de estos ácidos y lo encontró en el ácido para-amino-salicílico (PAS) en el que comprobó su acción bacteriostática in vitro frente al bacilo de Koch(1). Aunque ambos fármacos se descubrieron en 1943, los ensayos clínicos y con animales del PAS precedieron a los de la estreptomicina(17). El PAS se ha descartado en las pautas de tratamiento modernos debido a sus efectos secundarios gástricos, pero estuvo disponible en un momento crítico para demostrar la utilidad de la terapia múltiple en la prevención de la resistencia bacteriana en el tratamiento de la tuberculosis(18). En España, parece que no tuvo mucho auge en población pediátrica, ya que solo aparece en el título de uno de los trabajos recuperados (Tabla II, Mingo de Benito JM).

Aunque el principio activo de la isoniazida o hidracida del ácido nicotínico se sintetizó en 1912, su efecto bactericida no se reconoció hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Se dispuso del fármaco para su uso terapéutico a principios de los años cincuenta(19,20) (Tablas II y III). “Los magníficos resultados obtenidos junto a su fácil administración, su bajo precio y la falta de toxicidad hicieron de la isoniazida un medicamento milagroso(1).

En la tabla III se recogen los artículos escritos por autores no españoles sobre tuberculosis en la infancia, publicados en Acta Pediátrica Española y Revista Española de Pediatría entre 1948 y 1956. Solo uno de esos trabajos apareció en la primera de esas revistas; estaba firmado por Ettore Rossi (1915-1999) y Franz Perabo. Correspondía al texto de la conferencia dictada por este último en febrero de 1950 en la Sociedad de Pediatría de Madrid. El autor se admiró “de la estadística oficial española de 3.500 casos de meningitis tuberculosa que acababa de leer en la comunicación al Congreso Español de Pediatría del año pasado –Sevilla, 1949–, efectuada por los Dres. Revilla y Tolosa-Latour” (Tabla II). Quizás, en discrepancia con esa elevada cifra, el Dr. Perabo afirmó “que en su hospital, el Kinderspital de Zúrich, solamente se etiquetaban como meningitis tuberculosas aquellos casos en los que el bacilo de Koch era demostrable en el líquido cefalorraquídeo o con un experimento positivo con animales. En casos excepcionales, sin bacilo y a falta de autopsia, nos inclinaremos a admitir su carácter tuberculoso basándonos en las pruebas elocuentes de la tuberculina que hasta entonces eran negativas, el estado general, radiografías y especialmente basándonos en el criterio anatomopatológico”(21).

Los diecinueve manuscritos restantes mostrados en la tabla III se divulgaron en la Revista Española de Pediatría. Estaban firmados por autores tan sobresalientes como, por ejemplo, Robert Debré (1882-1978), Giovanni De Toni (1895-1973) (Fig. 5) o Arvid Wallgren (Fig. 4), antes mencionado. La razón de tal plétora de autores debía estar relacionada con los contactos internacionales del director de la revista Manuel Suárez Perdiguero (1907-1981) que fue catedrático de Pediatría de la Universidad de Santiago de Compostela desde 1948 hasta 1960. José Peña Guitián ha recordado que “los Cursos de ampliación organizados por Don Manuel se hacían una vez al año y a ellos acudían pediatras de toda España y, como docentes, las más destacadas figuras de la Pediatría española, europea e hispanoamericana” y que “por estos cursos desfilaron pediatras de la talla de Fanconi, Wallgren, Rossi, Bamatter, de Toni, Minkowski, Chaptal, Prader, Salazar de Sousa, Fonseca, etc.”(22). Seguramente, al menos, una parte de los artículos publicados en la Revista Española de Pediatría debían ser los textos de las conferencias dictadas en esos Cursos.

Figura 5. Manuel Suárez Perdiguero junto al profesor italiano Giovanni De Toni (1895-1973)(18).

En fin, como expresión de la frecuencia de la enfermedad en ese momento, queremos recordar que Don Manuel Cruz se doctoró en Medicina en 1953 con la tesis denominada “Electroencefalografía en la meningitis tuberculosa”(23).

La tuberculosis en la posguerra española. Estrategias oficiales destinadas a combatir la enfermedad

Durante la Segunda República, el Departamento de Estadísticas Sanitarias de la Dirección General de Sanidad a cargo de Marcelino Pascua, estudió la distribución por provincias de la mortalidad por tuberculosis en el quinquenio 1931-1935, como base para planificar la campaña antituberculosa en las distintas regiones españolas. Según este estudio, “España poseía una tasa de 133 muertes debido a la tuberculosis por 100.000 habitantes en el año 1931 y de 108 en 1935. La curva epidemiológica comenzó a elevarse en 1937 (tasa de 119), alcanzó su máximo en 1938, con una tasa de 129, y no recuperaría la tendencia descendente hasta 1951 en la que se situó en una tasa de 93”(24). Desde finales de 1937 y, especialmente tras el final de la Guerra Civil, tuvo lugar en España un repunte de la tuberculosis(25). La campaña antituberculosa fue una de las principales tareas sanitarias acometidas por el régimen franquista desde el inicio de la Guerra Civil (Fig. 6). Se intentó elaborar un proyecto destinado a implantar un Seguro Obligatorio contra la tuberculosis, cuya realización no fue posible y que desembocó en la implantación del Seguro Obligatorio de Enfermedad(24).

Figura 6. Sobretasa postal a favor de la lucha antituberculosa. Disponible en: https://filatelia-tematica.blogspot.com/2016/02/los-sellos-vineta.html.

El Plan Nacional de Erradicación de la Tuberculosis se inició en 1965. El objetivo fue vacunar con BCG a los tuberculino-negativos comprendidos entre 0 y 18 años de edad(26). Carlos Zurita, director del Patronato Nacional Antituberculoso, publicó que el Plan se cerró con un saldo de 9.650.000 pruebas de tuberculina y 8.800.000 vacunados, de los que 1.1500.000 eran recién nacidos y, al margen de los datos estadísticos, remarcó que el mayor éxito fue la desaparición de la meningitis tuberculosa(27).

Según María José Báguena: “el descenso de la mortalidad en España por tuberculosis supuso una reducción del 96,6 % en el periodo comprendido entre 1900 y 1978, mientras que su peso en el conjunto de las enfermedades pasó del 14,6 % al 10,5 % del total de la mortalidad infecciosa”(1).

Epílogo

A principios del siglo pasado, la enfermedad empezó a controlarse al mejorar las condiciones de vida en algunos países junto con el desarrollo de algunas técnicas quirúrgicas (toracoplastia, neumotórax artificial) y medidas preventivas (Fig. 7), como el aislamiento de los pacientes en sanatorios ubicados en altitud y soleados [helioterapia; no debe olvidarse que el bacilo de Koch se destruye por los rayos ultravioleta solares(28,29)] y la posibilidad de contar con la vacunación. La clave, no obstante, fue la aparición de fármacos activos contra la enfermedad. En 1947 se inició el empleo terapéutico de la estreptomicina y, en 1952, el de la hidracida del ácido nicotínico, con lo que se comprobó un descenso de la mortalidad en proporciones oscilantes entre el 30 y el 70 %. La conjunción de nuevos fármacos altamente eficaces (rifampicina, etambutol, pirazinamida) junto con la posibilidad de efectuar una quimioprofilaxis efectiva, hizo presagiar a principios de los años 80, que la tuberculosis podría llegar a erradicarse en el mundo industrializado. Empero, de forma inesperada, en 1985, en los EE.UU. se constató un aumento de nuevos casos en relación con la aparición del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), pero eso es ya otra historia.

Figura 7. Cartel de Ramón Casas (1866-1932). Una obra de arte dedicada a la prevención de la tuberculosis en Cataluña. Disponible en: https://auctionet.com/en/2920926-cartel-la-tuberculosi-amenaca-la-vida-i-la-riquesa-de-catalunya/images.

Uno de los autores de este capítulo (VMGN) cuando tenía seis o siete años de edad recibió tratamiento durante una buena temporada con “hidracidas”, supongo que por padecer una primoinfección tuberculosa. La prohibición de asistir al colegio me debió familiarizar con las aventuras del Guerrero del Antifaz y de Roberto Alcázar y Pedrín, así como de identificar los nombres de los futbolistas al ver los cromos por el reverso, pero eso, también, es otra historia.

Bibliografía 

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Pediatras en la Historia (5). Manuel Cruz Hernández (1926-2023), maestro de pediatras

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**, J.M. Fernández Menéndez***

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 273.e1 – 273.e8

 


Pediatras en la Historia (5). Manuel Cruz Hernández (1926-2023), maestro de pediatras

“Estima el teu ofici, la teva vocació, la teva estrella, allò per al cual serveixes” (Ama tu oficio, tu vocación, tu estrella, aquello para lo que sirves). Joan Maragall i Gorina (1860-1911). Esta cita del poema Elogi del viure de Joan Maragall, uno de los padres de la poesía catalana modernista, fue utilizada por M. Cruz en su Discurso de entrada en la Real Academia de Medicina de Cataluña (1998).

 

“La ciencia es amplia y la vida es corta (…) dotar a este progreso (de la Pediatría) de la necesaria humanización para que al conocimiento se sumen la motivación, la empatía, la autodisciplina y, más aún, la habilidad social. ¡Buena suerte a todos!” Manuel Cruz en Sesenta años de Pediatría inacabada.

 

“El profesor Cruz… por su nivel científico, su autoridad moral y la buena relación con los principales grupos universitarios, merece ser considerado como la figura más representativa de la Pediatría española de la segunda mitad del S XX”. Alfredo Blanco Quirós.

Manuel Cruz Hernández (1926-2023) fue un pediatra con intensa vocación y actividad académica, que desarrolló su labor profesional en España en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Es muy conocido en España e internacionalmente, sobre todo, en el mundo hispanohablante, por el Tratado de Pediatría que lleva su nombre. Concibió, escribió y dirigió diez ediciones del Tratado de Pediatría, su magnífico y colosal legado. Cedió la responsabilidad de continuar con sucesivas ediciones a la Asociación Española de Pediatría. Muchos autores lo consideran como la figura más representativa de la Pediatría española de la segunda mitad del siglo XX(1) por su nivel científico, la conducta que desarrolló, que dio sustento a su autoridad moral, y la buena relación con los principales grupos universitarios.

Nació en Málaga, el 29 de diciembre de 1926; falleció en Barcelona el 4 de abril de 2023, a los 96 años de edad. Su trabajo asistencial fue en Granada (1953-57), Cádiz (1957-1965) y Barcelona (1965-1992); en estas dos últimas ciudades fue catedrático de Pediatría de la Universidad. Fue el 9º presidente de la Asociación Española de Pediatría (1976-1980), tras Ernesto Sánchez Villares (Fig. 1). Además, pocas veces, un catedrático ha estado tan activo y durante tantos años –treinta– en temas pediátricos y de divulgación después de su jubilación. En esta biografía queremos resaltar también las aportaciones de Cruz con gran valor histórico, desde un lado personal, incluso intimista. Se puede decir que amó la Pediatría, la formación, los libros y los lectores.

Figura 1. Manuel Cruz Hernández. Tomada de: Cuadernos y de la web de la Universitat de Barcelona. Disponible en: https://crai.ub.edu/sites/default/files/exposicions/crai.medicina/Pediatria2012/manuelcruzhernandez.jpg.

 

El estudio realizado para esta biografía es el resultado de la revisión bibliográfica, de los Cuadernos de Historia de la Pediatría, Bulleti y revista de la Societat Catalana de Pediatría, web de la AEP y de la mencionada Societat Catalana; así como algunos de sus discursos en las Reales Academias y Sociedades de Pediatría, PubMed, Dialnet y estrategia perla o bola de nieve.

Nuestro principal conflicto de intereses no es económico, es resultado de que su figura es muy querida y respetada por los miembros del Comité de Historia de la Pediatría, por sus colaboraciones con estudios históricos, destacando los Cuadernos de Historia de la Pediatría Española de la AEP: en los números 3 (año 2012), nº 12 (2016), nº 16 (2018), nº 21 (2021) y nº 26 (2023).

Formación académica y especializada. Cargos universitarios y docentes

Tuvo una intensa vocación pediátrica y docente. Desde su infancia fue un alumno y un estudioso aventajado. Obtuvo todos los reconocimientos que era posible obtener, en palabras de Ángel Ballabriga (1920-2008), gran figura de la Pediatría(2). Realizó estudios secundarios en Granada, con premio extraordinario, aquel Examen de Estado que había que superar para finalizar el bachillerato en el plan de estudios implantado en 1938. Ingresó en la Facultad de Medicina de Granada en 1945 con premio extraordinario. Alumno becado desde 1946, por el Patronato de Protección Escolar; beca que conservó hasta terminar sus estudios universitarios. Interno desde 1948, bajo la dirección del profesor Antonio Galdó. Licenciatura en Granada en 1951, con premio extraordinario número uno, con 32 matrículas de honor en su expediente académico(1,3-7).

Realizó estudios de postgraduado en Granada (Prof. A. Galdó) y Montpellier, Francia (Prof. Jean Chaptal, cuyo grupo realizó numerosas publicaciones sobre meningitis tuberculosa y tratamiento con estreptomicina entre 1950-55, entre otros temas, según consta en PubMed). En Granada coincidió con futuros catedráticos de Pediatría, como Francisco Rodríguez López, Manuel Bueno Sánchez o Antonio Martínez Valverde. Tras su estancia en Montpellier, mantendría un permanente intercambio científico con la escuela pediátrica del profesor Jean Chaptal.

Cruz se doctoró en Medicina, 1953, Madrid. Su tema de tesis doctoral fue “Electroencefalografía en la meningitis tuberculosa”. Utilizó el aparato del Departamento de Anatomía de Granada, donde estaba el profesor José Escolar García, al que tuvo en alta estima(1,8).

En el año 1954 aprobó 3 oposiciones: puericultor del Estado (desarrolló actividad en Cádiz y, en Barcelona), inspector médico escolar (actividad en Barcelona) y profesor adjunto de Pediatría en Granada.

Principales actividades docentes y profesionales(1,5-7): Profesor Ayudante en la Facultad de Medicina de Granada (1951-1953), allí fue profesor Adjunto (titular) de Pediatría (1954-1957). Catedrático de Pediatría de la Facultad de Medicina de Cádiz (1957-1964), oposición que ganó con 31 años de edad, que entonces estaba adscrita a la Universidad de Sevilla. Catedrático de Pediatría de la Universidad de Barcelona por oposición, desde 1965, hasta su jubilación en 1992. La plaza estaba vacante tras el fallecimiento del titular, Rafael Ramos Fernández, en 1955. A esta oposición se presentó Cruz frente a Ángel Ballabriga, Prandi y hasta un total de 20 candidatos. Después de su jubilación, 1992, fue profesor emérito de la Universidad de Barcelona.

Fue formador de gran vocación de estudiantes de Medicina, en la asignatura de Pediatría. En la asignatura de la facultad daba muchas clases, en Cádiz y en Barcelona, durante años, hasta que delegó en sus ayudantes. Sus clases las enriquecía con transparencias y diapositivas, e incluso con pacientes y familiares en el aula, con autorización(6,9-11) (Fig. 2).

Figura 2. Manuel Cruz dando clase. Tomada de: Sesenta años de Pediatría inacabada(9).

 

Fue formador de pediatras: Director de la Escuela Profesional de Pediatría y de la Escuela Departamental de Puericultura, Cádiz (1957-1964); Director de la Escuela Profesional de Pediatría para postgraduados de la Universidad de Barcelona (desde 1965) y hasta que la implantación del sistema MIR hizo innecesarias estas Escuelas. Director de Cursos Monográficos anuales en Barcelona: Progresos en Pediatría, Terapéutica, Formación Continuada, Alergología e Inmunología clínica, y otras.

Fue Profesor invitado: Universidades de Buenos Aires, Lima, Quito, Coro, Caracas, San Juan de Puerto Rico, Santo Domingo, Nova de Lisboa, Montpellier y en diversas Sociedades científicas, nacionales e internacionales.

En la formación de postgrado, desplegó una intensa actividad. Dirigió 70 tesis doctorales: 14 en Cádiz, las restantes en Barcelona. Las líneas de investigación, entre otras: alergología pediátrica, hematología, neurología, infecciones y crecimiento.

Fue un catedrático de Pediatría que no se subespecializó. Según sus palabras: “Nunca me permití el lujo de consagrarme solo a una especialidad… Como he dicho más de una vez, el concepto de Pediatría como total medicina del niño había que defenderlo con el ejemplo, desde la actividad práctica, y los catedráticos de entonces éramos generalistas, aunque poco a poco dejaron de serlo para convertirse en destacados especialistas(12).

Fue académico Numerario: Real Academia de Medicina de Cataluña (1998). Además, Académico Correspondiente, Real Academia Nacional de Medicina. Madrid.

Actividad profesional destacada

Ganó jefaturas de Pediatría desde los 3 años de terminar la licenciatura (1951).

Jefe de Servicio del Departamento de Pediatría del Hospital Clínico de Granada (1954-1957), Jefe de Departamento del Hospital Clínico y de la Residencia Sanitaria de la Social de Cádiz (1957-1964). Finalmente, Jefe del Departamento de Pediatría, Hospital Clínico, Universidad de Barcelona (1965-1992).

Desarrolló importante actividad clínica privada en Pediatría, compatibilizada con los cargos docentes y públicos(9).

Publicaciones. Investigación

Según datos de su currículum, tiene más de 400 artículos científicos en revistas internacionales y españolas. Líneas de interés muy diversas: Educación Médica, Pediatría Social, Bioética, Inmunología clínica y Alergia, Genética y Dismorfología, Endocrinología pediátrica, Neuropediatría, Infectología y Nutrición. Trataba también temas psicológicos, sociales y humanísticos.

En búsquedas en PubMed, realizadas en mayo de 2024, como Cruz Hernández M, constan 33 publicaciones. 4 de ellas con Galdó. Ninguna con Chaptal. El periodo: desde 1953 en Acta Pediatr Esp, hasta 2010 en An Esp Pediatr (Barc). En Dialnet figuran 75 publicaciones en revistas y 20 tesis dirigidas. Es conocido que en estudios históricos, sobre todo en revistas españolas, ni PubMed ni Dialnet aportan información exhaustiva, a pesar de ser buscadores de alta calidad.

Su obra científica es muy amplia. Fue autor o colaborador en 40 libros, destacando el Tratado de Pediatría en 2 volúmenes(1,3-5,9,10).

Este tema se revisó en Cuadernos de Historia de la Pediatría Española(11). Lo resumimos aquí:

Nació en forma de Apuntes. Se publicó una primera versión en offset, 1966. El título era Lecciones de Pediatría y Puericultura. Editado por Romargraf. “Los presentes apuntes (…) han sido elaborados durante diez cursos académicos y debidamente corregidos cada año por el profesor titular de la disciplina. En su redacción han intervenido de forma destacada diversos Profesores Adjuntos”. La segunda edición, 1972, recibe el nombre de Pediatría y Puericultura. Las ediciones se suceden con rapidez, con Romargraf. Una obra de esta magnitud tiene la necesaria responsabilidad de actualización y transformación constante, además de que se agotaban las ediciones por su venta.

Llegada la Quinta edición, 1983, la editorial pasa a ser Espaxs. El nombre cambia a Tratado de Pediatría. Pasa de ser una obra básicamente de un solo autor, con colaboraciones, a una obra colectiva.

En la décima edición, 2011, participan un Director-Editor (M. Cruz, entonces profesor emérito, jubilado en 1992), un Co-Director-Editor (R. Jiménez), siete editores principales (J. Ardura, J. Argente, A. Blanco Quirós, M. Castro Gago, O. Cruz, J. Figueras y J.A. Molina Font) y cuarenta y siete directores asociados y adjuntos. En esta décima edición la cifra total de autores fue de 342. La AEP avaló, por primera vez el Tratado en esta 10ª edición. Cruz tuvo la sabiduría de aglutinar en torno a sí y a su monumental obra a muchos de los mejores pediatras españoles, y transmitir la idoneidad de continuar el proyecto. El Tratado de Pediatría de Cruz es un colosal esfuerzo común. Desde los años 80 es una obra de referencia que ha marcado la actividad profesional de miles de pediatras hispanohablantes.

En 2014 se inició una nueva etapa, en el ya denominado Cruz. Tratado de Pediatría. Era la 11ª edición. Por generosa decisión de su director, el Tratado de Pediatría, como herencia científica de la Pediatría española, pasó a ser editado por la AEP. El profesor Cruz no participó directamente. El número total de autores se elevó a 585. Concurren, además, autores procedentes de Argentina, Chile, México, otros países hispanoamericanos y profesionales que trabajan en hospitales o universidades inglesas y de los Estados Unidos. Este hecho confiere un relieve extraordinario a esta 11ª edición (Fig. 3).

Figura 3. Las once ediciones de Lecciones-Tratado de Pediatría de Manuel Cruz. Tomada de: Cuadernos de Historia de la Pediatría de la AEP(11).

 

Para otros libros como autor o colaborador, véase la tabla I.

Fue director de la colección de monografías de la Cátedra de Pediatría de la Universidad de Barcelona (Editorial Espaxs. Barcelona). Director de la Colección de Terapéutica Pediátrica: 7 volúmenes publicados de 1999 a 2002 (Editorial Espaxs. Barcelona). Otras publicaciones: Director de “Current Problems in Pediatrics” (edición española, varios años). Director de la revista “Archivos de Pediatría”, Barcelona. Miembro del Consejo de Redacción de varias revistas nacionales e internacionales. Prólogo de más de 30 libros; sus prólogos siempre aportaban datos de alto interés.

Actividad institucional

Desplegó una intensa actividad institucional en Educación Pediátrica en España y Europa, en Pediatría Social, en la Asociación Española de Pediatría (AEP), en el Grupo Latino de Pediatría, en la Asociación Latinoamericana de Pediatría-ALAPE. También en la Asociación Internacional de Pediatría, así como en la Real Academia de Medicina de Cataluña (RAMC); tras su jubilación, pues su nombramiento como académico fue en 1998(1,3-6,9,10).

Fue Presidente del XIV Congreso Español de Pediatría (Barcelona, 1976). Miembro del Comité Ejecutivo y Presidente del Comité Patrocinador del XVI Congreso Internacional de Pediatría (Barcelona, 1980). Presidente (1981-88) y fundador de la Sociedad Española de Educación Pediátrica (primero fue Sección de la AEP). Participó en el Grupo Latino de Pediatría (París, 1980). Vocal en la Junta Directiva de la Sociedad de Pediatría del Oriente Medio y Mediterráneo. Secretario del Comité de Educación en la ALAPE. Ponente en diversos Congresos españoles e internacionales (más de 300 ponencias o comunicaciones).

Fue vocal de la Junta Directiva de la AEP, presidida por Sánchez Villares (1972-76). Sería el Presidente de la AEP en la siguiente Junta (1976-1980).

Miembro de Sociedades Científicas: AEP. Sociedad Española de Pediatría Social. Asociación Internacional de Pediatría. Sociedad Latinoamericana de Pediatría. International College of Pediatrics. Grupo Latino de Pediatría. Sociedad Europea de Educación pediátrica, entre otras. Miembro del Comité Asesor de la AEP.

Fue Miembro de Honor de la Sociedad Catalana de Pediatría. No fue miembro en Junta Directiva, ni Presidente. Sí tuvo “relación estrecha”, en sus propias palabras, con el desarrollo de conferencias y sesiones(9).

Miembro del Comité de Ética del Hospital Clinic, Barcelona 1996. Miembro de las comisiones de Expertos de la Conselleria de Sanitat de la Generalitat de Cataluña para la Prevención y asistencia precoz de la deficiencia Psicomotriz, de Hospitalización pediátrica y de Vacunaciones. Miembro del Real Patronato de Discapacidad(6,7).

Representante de España en la CESP (Confederación europea de especialistas pediátricos en la Unión Europea) durante varios años.

Académico numerario de la Real Academia de Medicina de Cataluña (desde 1998), donde fue muy activo. Su discurso de ingreso fue Sueño y esperanza de una medicina sin dolor. Perspectiva pediátrica. Contestación de recepción de Ángel Ballabriga(2). Ballabriga era académico desde 1974. Quizá Cruz pudo haberse presentado a esa candidatura de 1974, pero renunció a la confrontación entonces(13). Fueron dos gigantes de la Pediatría que rivalizaron, pero también compartieron proyectos.

Fue Patrono de las Fundaciones Científicas siguientes: F. Cuenca Villoro (Zaragoza), Letamendi (Barcelona) y Heinz Koch (Madrid). La Fundación cultural Fernando Cuenca Villoro, de investigación científico-médica, había sido creada por dicho médico en 1975, que se dotó con el Instituto de Investigación en Bioquímica y Nutrición.

Reconocimientos y distinciones

Premio Maestro de la Pediatría 2014 entregado el 9 de octubre, día P de la Pediatría, por su trayectoria docente e investigadora(10). Premio de la Asociación Española de Pediatría. Primera ocasión que se entregó.

Fue nombrado por la revista Acta Pediátrica Española figura de la Pediatría del mes en febrero de 1965 (año XXIII, nº 262), tras su nombramiento como catedrático de Barcelona, resultado de oposiciones. Esto fue recordado en la sección “Hace 50 años”, Acta Pediatr Esp. 2015; 73(2): e53-e57. En diciembre de 1964, Acta Pediatr Esp publicó el currículum de Manuel Cruz Hernández. Ya había publicado, en 1957, el currículo del profesor Cruz. Esto es una muestra del seguimiento a la Pediatría académica que se hacía en dicha publicación científica.

La Universidad Internacional de Catalunya realizó una exposición en 2016 en la Biblioteca del Campus de Sant Cugat, sobre libros de Manuel Cruz, para dar a conocer su legado: “Prof. Manuel Cruz Hernández, pediatre: un llegat” (pediatra: un legado). Disponible la noticia en: https://www.uic.es/es/noticia/la-biblioteca-del-campus-sant-cugat-inaugura-la-exposicion-prof-manuel-cruz-hernandez.

Nombrado Académico de Honor: Real Academia de Medicina y Cirugía (distrito de Cádiz); Real Academia de Medicina. Granada (1994), distrito de Andalucía Oriental; Real Academia de Medicina de Canarias, Tenerife (2010) Académico de Honor; Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana (2013), y Real Academia de Medicina de Sevilla (2016).

Doctor Honoris Causa en Universidad de Buenos Aires, 1990.

Medalla de plata de la Universidad de Barcelona, 1992. Medalla de Honor de Unicef (1979). Medaille du 25ème Anniversaire. Association pour l´ Enseignement de la Pediatrie en Europe (1996).

Presidente de Honor de la Asociación Española de Pediatría y de la Sociedad Europea de Educación pediátrica. Miembro de Honor: Association for Paediatric Education in Europe. Sociedades de Pediatría de México, Cuba, Argentina, Santo Domingo y Perú.

Miembro de honor en las sociedades de Pediatría de Andalucía, Valenciana, Societat Catalana de Pediatría, de Aragón y otras diez Sociedades regionales y del Claustro de Doctores de la Universidad de Barcelona. Soci de Merit de la Acadèmia de Ciencies Mediques i de la Salut de Catalunya i Balears (2007). Colegiado de Honor: Colegio de Médicos de las Palmas de Gran Canaria. Colegio de Médicos de Ecuador.

Familia y vida personal

Nació en Málaga (1926); en una familia de maestros nacionales. Pronto fue a vivir a Granada, su infancia fue interrumpida por la Guerra Civil; aprendió a sobrevivir en un medio rural (pueblo “cuyo nombre no quiero recordar” según palabras propias).

Respecto a su inclinación por la medicina dice: “un tío abuelo médico de Huéscar (Granada) me impresionó mucho; pero el recuerdo quedó allí”. Al terminar el bachiller en el Instituto Padre Suárez de Granada “el profesor Mascaró, que impartía Ciencias Naturales, me ilusionó para las ciencias Biológicas y me incliné por la Medicina”. Afirma que: “dio con los huesos en Medicina… estaba en los huesos, eran los tiempos del racionamiento y el estraperlo” en España, en plena postguerra civil y en aislamiento internacional.

Como maestros universitarios, recuerda a: “José Escolar García, aragonés, clásico y genio de la Anatomía, con quien trabajé como Alumno Interno dos años. Me impactó también el Dr. Eduardo Ortiz de Landázuri que llevó la Medicina Clínica moderna a la Universidad de Granada. Mi maestro en Pediatría fue el Profesor Antonio Galdó Villegas”, que reconoce fue el que despertó su vocación por la medicina de los niños. También consideró maestro a Chaptal, de Montpellier(4,9,14,15).

Cruz tenía asma. Fumó desde los 20 años (1946) hasta que lo dejó en la tercera edad. “Empecé a fumar porque todos mis compañeros de la universidad, y la única compañera, ya fumaban… y también los profesores, alguno hasta en clase”. Hasta los años 90 del siglo XX, se fumaba incluso en presencia de pacientes pediátricos. Este dato actualmente podría parecer llamativo, hasta escandaloso. No había prohibiciones de fumar en lugares públicos, y los médicos no eran completamente conscientes del impacto que suponía esto para la salud propia, del entorno y como valor de ejemplo para la infancia.

Se crio familiarmente en ambiente de humanidades y de docencia-educación. Consideraba que las humanidades eran importantes en la formación del médico.

Su hermano mayor, Miguel Cruz Hernández (1920-2020), fue profesor universitario, catedrático de Filosofía de Salamanca, arabista de renombre y alcalde de Salamanca en 1958(1). En la Facultad de Granada, explicaba entonces Psicología su hermano Miguel Cruz Hernández, que poco después marchaba como catedrático de Filosofía a Salamanca a los 30 años, “lo que supuso un reto para mí, que conseguí igualar en 1957”(4). Una hermana, fue profesora escolar de Literatura; otra hermana, Ofelia, fue monja de las Misioneras del Divino Maestro.

Manuel Cruz se casó con Ángeles Martínez Valverde, hermana de su compañero y amigo Antonio Martínez Valverde (1930-2021), que posteriormente sería catedrático de Pediatría en Málaga. Ángeles fue su compañera de vida hasta que falleció, el 6 de noviembre de 2006. Conoció a la que sería su mujer, Ángeles, en la asignatura de Química, que Medicina compartía con Químicas y Farmacia(4).

En todos sus textos(4) nos ofrece su maestría para redactar, estructurar y resumir. Daba mucha importancia a las cátedras (“asignaturas sin cátedra y con cátedra”). Cita lo costumbrista, el precio del café, el cine, el origen del tabaco de picadura que llegaba de Gibraltar, y algo la política de los años 50, sin meterse en jardines ideológicos.

Se manejaba en varios idiomas. Era hombre familiar, conservador de amistades, lector incansable. Fue persona de convicciones religiosas.

Tuvo cuatro hijos. Ofelia es pediatra oncóloga. Su hijo Daniel es especialista en Enfermedades Psicosomáticas en la Infancia(12). Cinco nietos. Habla de ellos con ilusión y fervor, da gran importancia a la vida familiar, tanto con sus padres y hermanos, como con su mujer y sus hijos.

Actividad tras su jubilación

Durante años mantuvo una gran participación formadora, social, en medios de comunicación, divulgación sanitaria e institucional pediátrica. Pocos catedráticos han estado tan activos después de su jubilación, durante tantos años –treinta– participando en congresos, cursos (progresos, asma, adolescente, nutrición, Pediatría social…), tribunales de tesis, publicación de libros y entrevistas con la prensa (Fig. 4).

Fue una figura incansable en dar conferencias, excepto durante el duelo de su mujer, que duró varios meses, y quizá los dos últimos años de su vida; teniendo en cuenta el parón de conferencias presenciales por la pandemia COVID en sus diversas olas desde marzo de 2020. Dio conferencias en Madrid, Málaga, Pamplona, Barcelona, Valencia, Granada y Canarias. Temas: actualización, infecciones prenatales, lactancia materna, iatrogenia, adolescencia, Pediatría social, calidad de vida en Pediatría, aspectos científicos y profesionales de la Pediatría. No tuvo pudor en hablar de iatrogenia y de las presiones de la industria, por ejemplo, en algunas ocasiones, de los cascos para el tratamiento de la plagiocefalia. Siempre introducía componentes de actualidad. Refiere que “en las conferencias en América latina es conveniente llevar material preparado para otras charlas, además de las previstas, por si a última hora te hacen invitaciones que no puedes rechazar”. Esto subraya su gran disponibilidad.

La actividad desplegada por Cruz desde 1990 refleja su enorme vocación por la medicina, su gran reconocimiento a sus maestros, su respeto y admiración por los compañeros de profesión.

Se forjó un periodo de escritor con un sentido fino de la ironía, incluso reivindicando el valor de la anécdota. Sin fomentar disensiones ni rivalidades. Escribe textos con aportación histórica. Él afirma que no pretenden ser un estudio historiográfico riguroso o estricto (Tabla II).

Para conocer su figura, su obra y su entorno, es muy recomendable leer su libro Sesenta años de pediatría inacabada (2010), Ed. Ergon, Madrid(9) (Fig. 5).

Figura 5. Su libro Sesenta años de pediatría inacabada (2010). Con dedicatoria a uno de los autores de esta revisión biográfica histórica.

Sesenta años de pediatría inacabada (2010) se presentó en el 59 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (junio de 2010, en Maspalomas, Gran Canaria). Ese 2010 fue un año digamos de gran valor histórico en la Pediatría española, pues se presentó el “Tratado de Pediatría”, 10ª edición, del propio Prof. Manuel Cruz Hernández, junto con este de Memorias de Cruz, patrocinado honoríficamente por la Asociación Española de Pediatría y de su Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Coincidieron en el tiempo, además, “Crónicas de la Pediatría Española (1888-1913): Andrés Martínez Vargas” recopilada por el Prof. V. García Nieto, coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría y Documentación Pediátricas de la AEP; y finalmente el libro “Historia de la Pediatría” de los Profs. J. Brines y J. M.ª López Piñero(3).

Apenas existen libros de memorias de pediatras españoles. Desde el Comité de Historia de la AEP se invitó a que muchos pediatras siguieran este ejemplo del profesor Cruz, y trazaran un relato autobiográfico(11).

Como continuación de sus Memorias, escribe Cosas que pude hacer(12). Se evidencia cómo continúa su entusiasmo por la Pediatría y la participación en diversos foros y proyectos, se aprecia la intensidad de la emoción que sentía por amigos y compañeros de Pediatría, su pérdida cuando fallecía alguno, inevitable dada la longevidad activa que disfrutó (y disfrutamos de ello el resto de los pediatras en general), la enfermedad y fallecimiento de su mujer, Ángeles. Los problemas y achaques “de la edad”. Se llena todo de defunciones de familiares y amigos. Lo nombra como un triste desfile de colaboradores y discípulos. Pero destaca el brillo de intimismo de un anciano “no viejo”, y la emoción por la vida compartida con todos. Realmente, era incapaz de dejar de escribir.

Otros libros:

• Cruz. Mensajes del bebé: guía de cuidados básicos del bebé y de la madre antes de nacer y durante los dos primeros años de vida. Editorial Ergon. “Pequeños maestros” o “Ser pediatra en el siglo XXI. Abecedario del pediatra ideal”.

• “Diálogos de confinados. Gastronomía para adolescentes” con la colaboración de Marta Cruz y Óscar Corbeto. Pero su distribución fue limitada. Comentado en la revista Pediatría Integral por Félix Notario: “El profesor Cruz nos vuelve a dar una lección más, no solo de Pediatría, no solo de adolescencia, sino de humanismo, de vida…”.

• No podemos escribir un modesto, pero sentido epílogo sin leer a su hija Ofelia Cruz y las palabras de recuerdo y homenaje de Joaquín Callabed y Alfredo Blanco(1,12,16).

Epílogo

Cruz tuvo una vida larga, activa, plena; llena quizá no de peripecias, sí de lecciones.

Fue de los especialistas que pusieron empeño en transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones de profesionales lo que supuso, por un lado, abordar las enfermedades infantiles desde nuevas perspectivas y por otro, legitimar su posición de expertos(17). Fue un escritor incansable, no solo de Pediatría, pues (nos dijo) escribir sirve para aprender de la experiencia cosas que no se enseñan en la Facultad. Escribir narrativa, memorias, sirve para olvidar, sobre todo, lo doloroso, y paradójicamente para activar la memoria. Escribir sirve para estimular la escritura de otros. “Ser médico es más que una profesión, incluso más que una vocación, es una forma de vivir”.

Cruz “… fue un estudioso incansable… de intensa dedicación profesional”, pero era “alegre y cercano, de fino sentido del humor, dispuesto a jugar con los pequeños, recto ante la difícil edad de la adolescencia, modesto de sus méritos y generoso. Era un hombre profundamente emotivo, lo que, a veces, le hacía parecer serio, de sentimientos retenidos…”

Tras su jubilación, nos dio a todos una lección de estilo de vida y resiliencia, poniendo en marcha la aceptación de la edad, el seguir con sus proyectos (el trabajo pediátrico, escribir y publicar libros) y mantener en lo posible las relaciones sociales. En cualquier foro donde estuviera mantuvo una disponibilidad admirable.

Bibliografía

1. Blanco Quirós A. In Memoriam, Manuel Cruz Hernández y la Escuela de Valladolid. Disponible en: http://www.sccalp.org/noticias/in-memoriam-manuel-cruz-hernandez-y-la-escuela-de-valladolid.

2. Cruz Hernández M. Sueño y esperanza de una medicina sin dolor. Perspectiva pediátrica. Discurso recepción en la Real Acadèmia de Medicina de Catalunya. Contestación de recepción de Ángel Ballabriga. 1998.

3. Herrera Hernández M. Sesenta años de pediatría inacabada. Manuel Cruz Hernández. Can Pediatr. 2010; 34: 115-17.

4. Cruz Hernández M. Evocación de la Facultad de Medicina de Granada hace medio siglo. Seminario Médico. 2001; 54: 13-8.

5. Argemí Renom J. In memoriam. Al Dr. Prof. Manuel Cruz Hernández. Pediatr Integral. 2023; XXVII. 176. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2023/xxvii03/10/n3-176-178_Necrolog-Not.pdf.

6. Moraga Llop FA, Corretger JM, Demestre X, Morales L. Manuel Cruz: 50 anys de pediatria a Catalunya des de l’Hospital Clínic Tema monogràfic. Pediatr Catalan. 2015; 75: 123-39.

7. Figueras Aloy J. Manuel Cruz Hernández (1926-2023). Pediatr Catalana. 2023; 83: 93.

8. Galdó A, Cruz Hernández M. Estudios electroencefalográficos de la meningitis tuberculosa en el niño. Acta Pediatr Esp. 1953; 11: 986-1022.

9. Cruz Hernández M. Sesenta años de Pediatría inacabada. Páginas vividas de la historia pediátrica contemporánea. Ed. Ergon. Madrid. 2010.

10. Candidatura a Maestro de la Pediatría, por la Sociedad Española de Pediatría Social. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/candidatura_manuel_cruz_seps_maestro_de_la_pediatria.pdf.

11. Fernández Menéndez JM, Ponte Hernando FJ. El profesor Cruz Hernández y su Tratado de Pediatría. Cuadernos de Historia de la Pediatría de la AEP, nº 21. La cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de Barcelona. 2021; 21: 48-63. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/cuaderno_21_1.pdf.

12. Cruz Hernández M. Cosas que todavía pude hacer. Andanzas de un jubilado. Libro en línea. Disponible en: https://es.slideshare.net/jgdedios/cosas-que-todava-poda-hacer-prof-manuel-cruz-hernndez.

13. Cruz Hernández Manuel. Necrológica: professor Àngel Ballabriga i Aguado (1920-2008). In memoriam. Rev R Acad Med Cat. 2008; 23: 108-9. Disponible en: https://raco.cat/index.php/RevistaRAMC/article/view/123301.

14. Cruz Hernández M. José Escolar García, clásico y genio de la Anatomía. Semin Med. 2003; 55: 109-14.

15. Cruz Hernández M. Introducción (historia y proyección presente) a Coloquio de la Pediatría quirúrgica. Rev R Acad Med Cat. 2010; 25: 45-6. Disponible en: https://www.raco.cat/index.php/RevistaRAMC/article/download/195378/261967.

16. Callabed J. Obituario de Manuel Cruz Hernández. La Vanguardia 9-5-2023. Disponible en: https://web.ub.edu/en/web/in-memoriam/w/dr.-manuel-cruz-hern%C3%A1ndez?ob=true.

17. Ballester Añón R. La medicina de los niños. Las peculiaridades pediátricas de la relación médico-enfermo en España (1880-1960). Asclepio. 2023; 75: e02. Disponible en: https://doi.org/10.3989/asclepio.2023.02.

Referencias en web

- YouTube. Canal del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona. Entrevista a M. Cruz con su voz, hablando de su recuerdo de la difteria: Prof. Manuel Cruz Hernández: “La diftèria és d’aquestes malalties que no s’obliden”. 2015. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=gXqtQMcLX-0&ab_channel=COMBarcelona.

- Cruz Hernández M. Pequeños maestros. Disponible en: https://sepeap.org/wp-content/uploads/2023/06/manuel-cruz-pequenos-maestros.pdf.

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (21). La inoculación o variolización en España

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

**Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (3): 204.e1 – 204.e5

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (21).
La inoculación o variolización en España

 

“Los hombres olvidan pronto. ¿Quién se acuerda hoy de que las “pestilencias” han ocasionado durante siglos más víctimas que las mortíferas guerras? Hasta los historiadores suelen dedicar a ello escasas líneas en sus prolijas descripciones de los acontecimientos mundiales… Conviene, pues, recordar que ha sido el ejército inerme de las batas blancas quien ha librado a la Humanidad del terror de los invisibles” (Wilhelm von Drigalski. Hombres contra microbios, ed. esp. 1960).

“En los países cristianos de Europa se afirma inadvertidamente que los ingleses son tontos y locos. Tontos porque contagian a sus hijos de viruela para impedir que la contraigan, y locos porque comunican deliberadamente a sus hijos un destemple temible y cierto solo para prevenir un mal incierto. Por su parte, los ingleses califican al resto de los europeos de cobardes y antinaturales. Cobardes porque temen someter a sus hijos a un poco de dolor, y antinaturales porque los exponen una y otra vez a la muerte por viruela” (Voltaire. En: Simon Schama. Cuerpos extraños, ed. esp. 2024).

“No hay duda ninguna que las reiteradas y generales experiencias que en los países más cultos se han hecho de la inoculación, ha colocado ya este remedio en la clase de aquellos poquísimos en quienes, se puede tener confianza. Los teólogos ilustrados callan ya sin duda, porque conocen que este no es un asunto teológico a su decisión. A la verdad sería digno de risa qualquiera (sic) que preguntase si es lícita la inoculación, al contrario dentro de poco se preguntará, si es lícito oponerse a este preservativo” (Carta de Jerónimo Grimaldi, ministro de Carlos III, a Bernardo Tanucci. En: Riera J. Los comienzos de la inoculación de la viruela en la España ilustrada. Med Hist [Barc] 1985 [Tercera época]; 8:1-16).

Prólogo. La viruela

Si hay una enfermedad de la que con rigor puede decirse que ha pasado ciertamente a la historia es, precisamente, la viruela. Un médico joven o, incluso, de mediana edad activo en la actualidad, nunca se ha topado ante un paciente con viruela. Uno de los mayores logros de la humanidad, obra de muchos médicos héroes y benefactores, ha sido la erradicación de la viruela, un mal que asoló la humanidad durante siglos. La introducción de la vacuna de la viruela gracias a Edward Jenner (1749-1823) y a los que creyeron en él, permitió ir acorralando poco a poco la enfermedad. Un tratado de Pediatría, como el celebérrimo Fanconi & Wallgren, editado unos años antes de su erradicación, dedicaba apenas dos páginas y media a esta temible viriasis y otro tanto a la vacunación(1) (Fig. 1).

Figura 1. “Lactante con viruela. Obsérvese el contraste con la varicela en la uniformidad del aspecto de las eflorescencias, todas en el estadio de vesículas umbilicadas (Dr. Perabo, Kabul)”(1).

Una espléndida descripción de lo que supuso la viruela fue muy bien realizada por Wilhelm von Drigalski (1871-1950) en su libro Hombres contra microbios. “De tierras lejanas, por lo general de Oriente, vinieron gentes que habían viajado por espacio de casi dos semanas. Llegaban perfectamente sanas, pero de repente enfermaban de gravedad y perdían toda noción de sí mismas, entre dolores y delirios febriles. Se reponían pronto, y luego les sobrevenía una curiosa erupción: se les llenaba la cara de máculas y pústulas, y reaparecía la fiebre. Cuando no morían, pasaban semanas hasta que llegaba el restablecimiento, pero quedaban marcadas: sus cicatrices persistían para siempre, y podían darse por contentas si no habían perdido la vista o el oído, o si el corazón continuaba intacto. Sin embargo, muchos no llegaban a contarlo.

No era como la peste, con sus dolorosos bubones, pero sí una pestilencia grave, gravísima. ¡Pobres de aquellos que tenían que cuidar a los pacientes o siquiera aproximarse a ellos! También estaban amenazados de la misma suerte y, a menudo, parecía que la epidemia volase con los vientos por todo el país. Así había ocurrido ya en China mucho antes, cuando en Europa nada se conocía de esa ‘historia’ y en la India remota, donde la enfermedad, ostensiblemente fatal, tenía incluso una diosa, la gran Mariatala o Patragali, y nadie estaba seguro de escapar a su cólera, en particular los inocentes niños. Debía de ser, sin duda, muy poderosa, y de su enojo o benevolencia dependía mucho, en todo caso. Quienes gozaban de su favor, padecían simplemente fiebre, dolores, se llenaban de vesículas, pero al cabo de unas semanas volvían a estar perfectamente sanos, más aún que los no atacados: estos habían de contar con caer enfermos gravemente un día u otro y hasta con morir, y solo para la mitad quedaban probabilidades de salvar la vida. Los restablecidos, en cambio, habían resistido la prueba con beneplácito de los dioses; ya no enfermaban de nuevo, y si esto ocurría pasado largo tiempo, no era corriente que padecieran gran cosa. Se quedaban con sus cicatrices… así señalados, el destino los trataba con miramientos la segunda vez.

Pero ¡ay de aquellos que hubiesen suscitado la cólera de la divinidad! No podían ponerse en contacto con los enfermos y, a veces, bastaba que se acercaran a ellos para enfermar. Si abrigaban la pretensión de que nada podía sucederles, pronto tenían que reconocer que se habían equivocado. El hermoso niño del hombre rico empezaba de pronto a sentir violentos escalofríos, aunque hiciese mucho calor, tanto que hasta el sari de seda, recamado de oro, parecía molestarlo. Fuertes accesos de dolor sacudían su esbelto cuerpo, y, sobre todo, la región lumbar le dolía de un modo insufrible. Le consumía la fiebre, y, sin embargo, tiritaba de frío. Tuvo que vomitar, como si hubiese ingerido un veneno, y luego se sintió mejor. ¿Es que la diosa le era propicia? ¿Debería bañarse en el Ganges, el río sagrado? Ya no pudo hacerlo. Le brotó una densa erupción en la cabeza, en el tronco y en los miembros; las pápulas se hicieron vesículas, y no tardó en cubrírsele todo el cuerpo de botones amarillos, a la manera de un escudo abollado. La fiebre siguió subiendo, y se le perturbaron los sentidos. El muchacho, que nunca había tenido miedo, se figuraba estar en una estufa encendida y solicitaba que le sacaran de ella para no abrasarse. Se le hincharon los ojos y poco a poco se fue debilitando, hasta que su voz, apagada y enronquecida, se hizo ininteligible. No era capaz de gritar, aunque le torturaba el dolor y creía asfixiarse.

Aquello era la viruela negra. Muchos hubieron de perder así la vida y numerosas casas quedaron vacías; las aldeas se despoblaban y, a menudo, solo una mitad de los vecinos lograron escapar al furor de las potencias infernales. En realidad, una familia no podía contar sus hijos hasta que no habían superado felizmente la dura prueba”(2).

La inoculación, variolización o inserción de las viruelas

Como se ha indicado unas líneas más arriba, desde antiguo se había observado que quienes supervivían a la viruela, no la contraían de nuevo o padecían formas leves cuando se presentaba de nuevo la epidemia. Mucho antes de la llegada de la vacuna de Edward Jenner, los seres humanos crearon una técnica preventiva con la intención de no contraer o de, al menos, evitar la mortalidad por la viruela. Consistía simplemente en la inoculación de pequeñas cantidades de la secreción de las vesículas de un enfermo; era una época en la que, por supuesto, no se sabía que contenían el virus variólico. El objetivo era producir deliberadamente una forma de infección leve e intentar crear resistencias contra la enfermedad para quedar más tarde preservados de ella, al menos, de sus formas graves. Esta metodología se generó cuando no se sabía absolutamente nada de los mecanismos de la inmunidad. ¿Cómo surgió el concepto? ¿Quién lo sabe? El caso es que es probable que se ideara en los lugares donde la enfermedad era más manifiesta y que se extendió a otras poblaciones. Los expertos en el tema mencionan que esa técnica se practicó en China durante siglos y que desde allí se extendió a otros lugares como Abisinia, el Indostán, Georgia, Grecia y Turquía.

La técnica de la inoculación variaba según los lugares. El método chino consistía en la introducción en las fosas nasales de hilas impregnadas en costras variolosas recogidas el año anterior y conservadas con hierbas medicinales y almizcle en cajas de porcelana selladas con cera aunque, también, hemos leído que se practicaba la insuflación de pus seco por la nariz de niños y adultos(3). Los brahmanes de la India humedecían las hilas en el agua del Ganges antes de aplicarlas. En Grecia y Turquía, la operación se practicaba con una aguja triangular y se ataba una cáscara de nuez encima de la parte dañada(4). En el país de las bellas circasianas, para que la viruela no desfigurase con sus hoyos a las niñas, se rascaban levemente varios puntos de la piel con agujas y las frotaban con hilas preparadas en un pus viejo de un año. Aubry de la Mottraye visitó el territorio Circasia situado al noreste del Mar Negro. En su libro Viajes describió “a sus habitantes como los más atractivos del mundo, a la vez que se maravillaba con cierta malicia que sus vecinos inmediatos sean los más feos… Al avanzar entre las montañas y no ver a nadie que padeciera viruela, pensé en preguntarles si tenían algún secreto para protegerse de los estragos que ha causado ese destemple en muchas otras naciones. Me informaron de que ello obedecía en gran medida a que la inoculaban, así que quise que me contaran cómo, y me dieron explicaciones suficientes para comprenderlo sin ver la operación”(3).

“Cuando el método llegó a Europa en el siglo XVIII, ciertos inoculadores, queriendo impresionar a los que presenciaban la operación, hacían en brazos y muslos verdaderas heridas que, a menudo, degeneraban en llagas y úlceras”(4), amén de la prescripción de dietas alimenticias sin sentido y otros procedimientos como sangrías y purgas. Inocular con una aguja era un método más sencillo y ventajoso porque, para manejar la lanceta la presencia de un cirujano era imprescindible, mientras que bastaba la presencia de la madre del niño o de un pariente cuando se usaba la aguja.

Los primeros introductores de la técnica fueron Emanuele Timoni y Giacomo Pylarini, quienes en 1713 y 1715 divulgaron en el entorno científico europeo su aplicación como terapia preventiva. En 1721, la esposa del embajador inglés en Estambul, Lady Mary Wortley Montagu (1689-1762) (Fig. 2) la introdujo en Inglaterra, acompañada por el cirujano de la familia, Maitland, quien había realizado la operación a un hijo del matrimonio con excelentes resultados, en Turquía. La princesa Carolina, esposa del príncipe de Gales, estuvo presente junto a médicos de la corte y la Royal Society cuando Maitland inoculó a otro hijo de Lady Mary. Decidieron entonces probar públicamente el método, en lo que se ha denominado Royal Experiment on Immunity, un ensayo con seis reos condenados a muerte de la cárcel de Newgate que se celebró el 9 de agosto de 1721. Todo ello, a cambio de su libertad. Tras el éxito de la prueba, en abril de 1722 se inoculó a los hijos de la princesa de Gales. El método se fue introduciendo lentamente en el resto de Europa.

La inoculación en España

Con la introducción de la variolización en España se podría escribir todo un tratado sobre la indefensión de los seres humanos ante el agente de la viruela y el dilema de la aceptación o no de un método preventivo en el que se utilizaba el propio virus causal, si bien en dosis muy reducidas. Se han publicado en España varios trabajos exhaustivos sobre el tema escritos por varios historiadores(4-9), por lo que no es necesario repetir ahora sus observaciones. En la brillante revisión realizada por Paula de Demerson a partir, especialmente, de lo publicado en La Gaceta de Madrid desde 1771 a 1799, se recordaba que “el Padre Sarmiento (1695-1772), fraile benedictino asesor y consejero del Padre Feijoo (1676-1764) afirmó que desde tiempo inmemorial usaban la inoculación los aldeanos de Lugo, aprendida de los celtas, godos o galos…” Al parecer, “el precursor de la inoculación de las viruelas, fue D. Mariano Victoria, cirujano de Riaza (Segovia) que ya la instauró en 1728… probó el método primero en su hijo, luego en 180 personas; ninguna falleció. También consta que en Jadraque (Guadalajara) el cirujano del pueblo, D. José Sánchez de Caseda, empezó a ponerla en práctica por los años 1730-1733”(4).

Es llamativo que del texto citado no existe ninguna nueva referencia hasta 1763, es decir, treinta años sin mención alguna sobre el tema(4). El clima de discusión durante todo el siglo XVIII fue intenso. La polémica se sostenía no solo entre científicos sino, incluso, entre clérigos, pasando así del campo médico a la opinión pública. Por un lado estaban los proinoculadores, en su mayoría profesionales de prestigio formados en el exterior, como José Santiago Ruiz de Luzuriaga en el País Vasco(9), Francisco Salvá y Campillo en Cataluña y médicos de origen irlandés afincados en España, como Bartolomé O’Sullivan, Miguel Gorman o Timoteo O’Scanlan. Carlos III (1716-1788), al igual que su predecesor Felipe V (1683-1746), mantuvo una postura contraria a la variolización, acorde con la sostenida desde el Protomedicato. Desde un principio, manifestaron su oposición radical a la técnica dos médicos de la Corte, Antonio Pérez de Escobar (1723-1790) y Joseph Amar. Asimismo, fueron notorias las dificultades para obtener licencia de impresión de los libros escritos por Francisco Rubio (Disertación sobre la inoculación de las viruelas, 1768) y por Manuel Santos Rubín de Celis (1743-1809) (Historia de la inoculación de las viruelas, 1772).

En su trabajo, de Demerson recogió más de cien anotaciones y referencias sobre la inoculación y sus consecuencias en distintas localidades españolas, desde 1763 hasta el año 1800. No faltan, además, las citas sobre su práctica en el Nuevo Reino de Granada en la actual Colombia (Papoyán) y en Méjico (Durango)(4).

El médico de origen irlandés Timoteo O’Scanlan (1726-1800) publicó varios textos y numerosos artículos de prensa, en los que indicó la idoneidad de una práctica que se inició de forma algo tardía en nuestro país. Aceptado como miembro de la Real Academia Médica de Madrid en noviembre de 1778, leyó su discurso de ingreso en abril de 1779. El texto, que constituye la primera aproximación de O’Scanlan a la inoculación que venía practicando con éxito desde 1771, fue incluido con algunas modificaciones y sin citar la fecha de redacción en su primera obra, Práctica moderna de la inoculación (1784)(7). Rumeo de Armas citó que O’Scanlan fue “el verdadero paladín de la variolización en España”(5).

“1792. Madrid. El Dr. O’Scanlan inocula las viruelas a 63 criaturas, niños y adultos (desde los tres meses de edad hasta los 22 años), hijos la mayor parte de consejeros y personas visibles. Todas las pasaron benignas y, en contacto con virolentos, no se contagiaron de nuevo. Algunos caquécticos, pálidos y endebles, de resultas de la operación, quedaron fuertes y robustos”(4).

La incertidumbre se apoderó de la Administración que no se atrevió a realizar una campaña informativa sobre la conveniencia de esta práctica inmunológica. En los últimos años del mandato de Carlos III aparecieron publicaciones favorables a su práctica procedentes de otros países. Vicente Pérez Moreda ha indicado que posiblemente la aguda mortalidad desencadenada por la viruela en los últimos años de la década de los 60, dispuso el ánimo más favorablemente a la inoculación a partir de 1771(10). Tan solo en noviembre de 1798, con un amplio desfase, Carlos IV (1748-1819) ordenó que en todos los hospitales, hospicios y casas de misericordia se pusiera en práctica la inoculación. Todo ello, después de que durante el siglo XVIII y durante el mandato borbónico, fallecieran a causa de la viruela el rey Luis I (1707-1724), el infante Felipe de Borbón (1720-1765) Duque de Parma e hijo de Felipe V, el hijo de Carlos III, el infante Gabriel (1752-1788), y su esposa, Mariana de Portugal (1768-1788), sin contar los afectados por la enfermedad como, por ejemplo, la infanta María Luisa (1782-1824), hija del propio rey Carlos IV(11).

Duro Torrijos y Tuells revisaron en 2016 el número de libros editados en España, tanto de carácter médico como textos de otras materias que trataban acerca de la inoculación como medida preventiva a lo largo del siglo XVIII. El monto ascendía a un total de 90. La polémica sobre la inoculación, desde el punto de vista de las publicaciones, se intensificó durante la década de 1780, en la que se registró el mayor número de obras editadas (n = 31). De ellas, el 61 % resaltaban los beneficios derivados de su práctica(8).

Es digna de mencionar la postura prudente sobre la variolización por parte del célebre médico de la época Andrés Piquer Arrufat (1711-1772)(12) (Fig. 3). Este, consideraba “que la inoculación como remedio preservativo generalizado, no conviene que se ejecute. La inoculación, dice, produce un daño cierto y el mal que pretende precaver es incierto, dudoso. No ofrece una seguridad absoluta y por eso tiene muchos detractores… En casos de filosofía y medicina, la prudencia y la tardanza son muy útiles y la sobrada precipitación muy peligrosa. Pero, la inoculación de viruelas en tiempo de epidemia maligna y pestilente puede ser un remedio precautorio de mucha utilidad… La experiencia demuestra que la inoculación produce benignidad de viruelas y puede salvar muchas vidas en tiempo de epidemia, ya que la medicina no alcanza otro preservativo en aquella cruel dolencia”(4).

Figura 3. Estatua dedicada a Andrés Piquer Arrufat ubicada en el Paraninfo de la antigua Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad de Zaragoza. Disponible en: http://turismofornoles.es/andres-piquer/.

La inoculación en las Islas Canarias

Por cuestión de residencia de uno de los autores, para terminar este capítulo hemos querido repasar someramente el desarrollo de la inoculación en Canarias. Las Islas fueron alcanzadas por reiteradas epidemias de viruela a lo largo del siglo XVIII, aunque no produjeron mortandades elevadas. Luis Cola Benítez (1911-1999) relató la existencia de brotes en Santa Cruz de Tenerife en 1709, 1720, 1731, 1744, 1759, 1780, 1788 y 1798(13). No escapó a este azote Santa Cruz de la Palma, al menos, en tres ocasiones, 1720, 1759 y 1787-1788(14). Lope Antonio de la Guerra y Peña (1738-1824) (Fig. 4) escribió en sus Memorias que “la inoculación se empezó a introducir en esta Isla el año de 59, por un médico inglés que la executó (sic) con feliz suceso en el dicho Puerto de la Orotava”(15). Al parecer, viajaba a bordo de un barco que se encontraba en tránsito(13).

Figura 4. Lope Antonio de la Guerra y Peña. Disponible en: https://www.rseapt.es/es/historico-de-directores/item/136-d-lope-antonio-de-la-guerra-y-pena.

La epidemia de 1780 fue relatada por de la Guerra y Peña: “Habiendo venido en el Correo, que llegó en 3 de Junio, uno que traía viruelas, no obstante que se tuvo la precaución de que no viniese a tierra no se tuvo la bastante para que no fuese a bordo alguno a quien no le huviesen (sic) dado, y con prontitud se empezó a comunicar el contagio en el lugar de Santa Cruz, aunque muy suave a los principios, de modo que se dudaba si eran verdaderas viruelas o las que llaman locas, pero luego que se fueron extendiendo se comenzaron a conocer sus efectos con más gravedad. A principios de agosto empezaron a comunicarse en esta Ciudad –La Laguna– por algunos que fueron a Santa Cruz, y con una rapidez grande se fueron aumentando de modo que en el mes de septiembre contaba el médico Don Carlos Yáñez más de mil enfermos que cuidaba. En este mes estaba tal la Ciudad, que en las funciones del Santo Christo (sic) de la Laguna y de Nuestra Señora de los Remedios que son de las más asistidas, no se vio gente y estaban las iglesias casi desiertas; pues unos por enfermos y otros por cuidar de estos estaban ocupados, y fue necesario que en estas solemnidades sirviesen los capellanes de monaguillos. Havían (sic) pasado 21 años sin introducirse en esta isla, y así casi la mitad de la población no las havía (sic) tenido, y era peligrosa en las mugeres (sic) preñadas… Duraron en esta Ciudad hasta principio de noviembre que han sido tres meses de tarea. Aunque no se ha podido formar exacta cuenta de los muertos, se sabe que, incluyendo los Campos de la Jurisdicción, han pasado de 300. Dícese que en Santa Cruz murieron 240, número mucho menor que en las últimas, no obstante de haber pasado más años y haberse aumentado la población: en otros lugares también han muerto casi con la misma proporción… La Sociedad de Amigos del País, compadeciéndose de algunos pobres faltos de quien los recogiese puso una casa en que se curó a algunos concurriendo los socios con su caudal y asistencia a este fin, durando hasta principio de noviembre en que se repartieron las camas y demás cosas del uso con pobres… En la Ciudad se inocularon los hijos de las personas de más conveniencia, y se experimentó que no hacían tanto estrago… En La Orotava se inocularon muchos, y lo mismo en su Puerto, donde Don Bernardo de Cólogan puso casas, les atendió y dio hasta varas de lienzo etcétera”(15).

Unos años después, el 9 de diciembre de 1803 llegaría al puerto de Santa Cruz de Tenerife la goleta María Pita con la Expedición filantrópica de la vacuna, viaje científico dirigido por el médico Francisco Xavier Balmis(16), pero esa es ya otra historia.

Epilogo

La inoculación se reveló como un arma de doble filo. El inoculado, excepto casos contadísimos, se salvaba y decenas de millares de individuos, niños y adultos, se aprovecharon de esa forma de profilaxis. Pero las viruelas artificiales eran contagiosas y, a veces, funestas para las personas cercanas a los inoculados. Un inoculado en libertad era un nuevo foco de contagio que podía infectar a otras personas. El error consistía en no dejarlos confinados hasta la completa desaparición de las pústulas. “Francisco Gil, cirujano del Real Sitio de San Lorenzo y de la Real Familia opinaba que convenía tratar a los virolentos con las mismas cautelas que los apestados, por la secuestración y la más severa incomunicación”(4).

Es sugestivo recordar que el médico tinerfeño Juan Perdomo fue el introductor de la inoculación antivariólica en Venezuela. Después de obtener su título por parte del Real Protomedicato el 22 de octubre de 1762, regresó a Canarias y comenzó a ejercer su profesión junto con su padre que era médico de su pueblo, Garachico. Seguramente, aprendió de él la nueva técnica. En 1765, embarcó hacia La Guaira. Al llegar a Caracas se encontró con la ciudad arrasada por una epidemia de viruela que producía una elevada mortandad desde hacía tres años. Al parecer, vacunó a más de cinco mil personas pertenecientes a todos los estratos de la sociedad venezolana(14).

En el magnífico capítulo dedicado a la viruela del libro Cuerpos extraños escrito por Simon Schama, se describe de forma muy amena las discrepancias entre un grupo de médicos ingleses, franceses e italianos e, incluso, el célebre Voltaire que propulsaron la inoculación durante el siglo XVIII y los médicos y teólogos contrarios a la misma(3).

Bibliografía 

1. Wahlquist B. Enfermedades infecciosas. Viruela. En: Tratado de Pediatría (ed. esp.). Fanconi G, Wallgren A, eds. Madrid: Ediciones Morata; 1967. p. 592-4.

2. von Drigalski W. Viruela negra. En: Hombres contra microbios. La victoria de la humanidad sobre las grandes epidemias (ed. esp). Barcelona: Editorial Labor; 1960. p.43-52.

3. Schama S. La cicatriz fresca y amable. En: Cuerpos extraños. Barcelona: Debate; 2024. p. 37-84.

4. de Demerson P. La práctica de la variolización en España. Asclepio. 1993; 45: 3-39.

5. Rumeu de Armas A. La inoculación y la vacunación antivariólica en España Valencia: Editorial Saber. 1940.

6. Riera J. Los comienzos de la inoculación de la viruela en la España ilustrada. Med Hist (Barc). 1985 [Tercera época]; 8: 1-16.

7. Tuells J. Sobre la utilidad, seguridad y suavidad de la inoculación (1779). Discurso de Timoteo O’Scanlan (1726-1795) en la Real Academia de Medicina. Vacunas 2014; 15: 63-8.

8. Duro Torrijos JL, Tuells J. Una biblioteca de la inoculación contra la viruela en la España del siglo XVIII. Vacunas. 2016; 17: 64-9.

9. Gorrotxategi Gorrotxategi P. Inoculación-vacunación. Los Ruiz de Luzuriaga y la Bascongada de Amigos del País en su lucha contra la viruela. En: Retazos de la historia de la Pediatría en Bilbao. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española, nº 9. Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2015. p. 6-13.

10. Pérez Moreda V. Las crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI-XIX. Madrid: Siglo XXI de España Editores. 1980.

11. Tuells J, Duro Torrijos JL. Las Reales viruelas, muerte e inoculación en la Corte. Vacunas. 2012; 13: 176-81.

12. Piquer y Arrufat A. Dictamen sobre la inoculación de la viruela. Madrid. 1766.

13. Cola Benítez L. Santa Cruz bandera amarilla. Epidemias y calamidades (1494-1910). Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. 1996.

14. de Bétencourt Massieu. Inoculación y vacuna antivarólica en Canarias 1760-1830. V Coloquio de Historia Canario-Americana: (1982), vol. 2. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Casa de Colón; 1985. p. 280-307.

15. de la Guerra y Peña LA. Memorias. Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII. Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria. 2002.

16. García Nieto V. El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea. 2004.

 

Pediatras en la Historia (4). Francisco Zamarriego García (1898-1950) y la formación en 1949 de la Asociación de Pediatras Españoles

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**, J.M. Fernández Menéndez***

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

**Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

***Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (2): 130.e1 – 130.e6

 


Pediatras en la Historia (4). Francisco Zamarriego García (1898-1950) y la formación en 1949 de la Asociación de Pediatras Españoles

 

Es mi goce mayor, el más intenso

–y de mi anciano padre también era–

el tener reunidos a mis hijos

en torno de mi humilde y parca mesa.

 

Mi vida. Autorretrato, 1914. Fragmento.
José Zamarriego, médico rural, escritor,
padre de Francisco Zamarriego

 

Francisco Zamarriego García fue un pediatra, nacido en Garcillán, Segovia, el 12 julio de 1898; y fallecido en Madrid, el 22 de diciembre de 1950. Su actividad profesional fue en el segundo cuarto del siglo XX. Fue catedrático de Pediatría en Salamanca (1929), profesor de Pediatría de la Escuela Nacional de Puericultura, Madrid. Merece ser recordado por su actividad institucional, en la Sociedad de Pediatría de Madrid, y por ser el primer presidente de la Asociación de Pediatras Españoles (1949), actual Asociación Española de Pediatría (AEP).

En relación con Zamarriego, en este capítulo se citan extractos biográficos de: Jiménez Guinea (1887-1952), Gila Sanz (1873-1939) y Cavengt Gutiérrez (1883-1969).

Formación académica y especializada

Se licenció en Madrid, en la Universidad Central, en 1923, con premio extraordinario de licenciatura y de doctorado. Interno en San Carlos en el curso 1919-20, junto con Jaime de Cárdenas y otros(1) (Fig. 1).

Figura 1. Foto de su orla de licenciatura. A la derecha, fragmento central de la orla, con algunos profesores. Cedida por la biblioteca del Colegio de Médicos de Madrid, ICOMEM.

El tema de su tesis doctoral fue: “Consideraciones acerca de meningitis en la infancia, especialmente sobre el tratamiento de esta afección en sus variedades serosa, tuberculosa y meningocócica, deducidas de algunas observaciones clínicas”. Universidad Complutense de Madrid (1923). Citada en Noticias Médicas, 1927.

Zamarriego fue el primer catedrático de la “escuela de Madrid” del Dr. Suñer. Fue su alumno y profesor clínico ayudante de Pediatría(1). Ganó la plaza de catedrático de enfermedades de la infancia, en Cádiz, plaza en junio de 1929. Ello tras quedar libre esta plaza por fallecimiento de Ramón Ventín y Conde, que la ocupó durante 23 años, desde 1904 hasta su muerte el 7 de julio de 1927. ABC Madrid, 4 de Junio de 1929, p. 35; homenaje por conseguir la cátedra de Cádiz. El nombramiento de Zamarriego fue según Real Orden de 5 de junio de 1929 (Gaceta de Madrid, núm. 165, de 14 de junio de 1929) en virtud de oposición de turno libre, en la que se enfrentó a Miguel Torelló Cendra, Juan Bosch Marín, Félix Martínez García, Gumersindo Sánchez Guisande y Jorge Comín y Vilar, todos ellos de prestigio en los siguientes años. No llegó a ejercer la docencia en Cádiz, un mes después se le nombró catedrático en Salamanca en julio de ese 1929. Se incorporó; pero la dejó en excedencia en el año siguiente, a los 14 meses, para ejercer en Madrid; se comunicó en la Gaceta de Madrid, núm. 273, de 30 de septiembre de 1930, según Real Orden.

Actividad profesional destacada. Pionero en la formación de la Asociación de Pediatras Españoles

En octubre de 1928 obtuvo plaza de la Beneficencia Municipal de Madrid, después, por concurso de méritos, ingresó en la Institución Municipal de Puericultura, de la que fue profesor, por oposición. Desde 1945, fue profesor de la Escuela Nacional de Puericultura (ENP)(1).

Pasó consulta privada y de sociedades en Madrid, en la calle Fuencarral 133, como “especialista en Medicina de la Infancia”. Previamente estaba en la calle San Raimundo 8 (Fig. 2). En los años 30, concretamente en 1936, figura en prensa y en su ficha colegial, en tres sociedades: Ferroviaria, Mutualidad Obrera y la Sanitaria.

Figura 2. Foto en escritorio. Década de los años 40. Foto cedida por la familia.

Se dice que no le interesaban las grandes clientelas privadas; era más afecto por las clientelas modestas.

Bosch Marín recuerda en las páginas de Acta Pediátrica Española que no estaba encuadrado entre los puericultores del Estado(2).

Creación de la Asociación de Pediatras Españoles, actual Asociación Española de Pediatría

Zamarriego trabajó para la puesta en marcha la Asociación Nacional de Pediatras(3).

Desde el VI Congreso nacional de Pediatría, de Santander, julio de 1944, “numerosos pediatras consideraron llegado el momento de agruparse corporativamente para mejorar el nivel sanitario de la población infantil y reanudar los contactos y reuniones científicas de carácter nacional e internacional”. No había habido congreso nacional desde Granada, en 1933. Cavengt fue el Presidente efectivo del VI Congreso Nacional de Pediatría (Santander) cuyo presidente de honor fue A. Martínez Vargas.

“Laboriosas gestiones previas y prolongadas entrevistas entre pediatras de las diversas regiones españolas posibilitaron la celebración de una reunión extraordinaria el 2 de abril de 1949, en el seno de la Sociedad de Pediatría de Madrid, de la cual era presidente F. Zamarriego, acordándose constituir la citada asociación”: la Asociación de Pediatras Españoles, A.P.E. Se nombró presidente a F. Zamarriego en espera de organizar los “Reglamentos” y configurar los contenidos y los objetivos de la propia APE. Zamarriego, por tanto, fue el primer presidente de la AEP (abril 1949-noviembre 1949). Se encargó de la constitución y puesta en marcha de la asociación, siendo presidente de la Comisión organizadora, que se reuniría en varias ocasiones, y en el Congreso Nacional de Sevilla, en mayo 1949. Presidió la Comisión Central del VII Congreso Nacional de Pediatría de Sevilla.

Los años 40 del siglo XX eran momentos difíciles en España, inmersa todavía en la postguerra y los tiempos del aislamiento internacional de la autarquía del general Franco. Había dificultades socioeconómicas y políticas. En 1942 se creó el Seguro Obligatorio de Enfermedad; aunque habría que esperar a septiembre de 1944 para el inicio de los servicios de asistencia.

El anteproyecto de Reglamento de la APE-AEP se aprobó en el Congreso Nacional de Sevilla, en mayo de 1949.

El 24 de noviembre de 1949, en Madrid, se eligieron los componentes de la primera Junta Directiva de la Asociación, siendo su presidente el doctor Santiago Cavengt Gutiérrez.

La APE-AEP se constituyó en representante legal de las Sociedades Regionales de Pediatría. Nació de una forma confederada, y permitió mantener su propia personalidad a las sociedades regionales ya creadas y las que en seguida se constituirían. En esa época se establecieron relaciones internacionales con la Asociación Internacional de Pediatría (IPA) y diversas naciones de Hispanoamérica.

Zamarriego, tras el Congreso Nacional de Sevilla, participó en el VI Congreso Internacional de Pediatría, Zurich, 21-29 de julio de 1950. Además, participó en la reunión pediátrica de Lisboa.

Exponemos aquí unos datos de Santiago Cavengt Gutiérrez (1883-1969). Estudió medicina en la Universidad Central, terminando en 1908. En esta universidad leyó su tesis doctoral en 1910.

Fue médico de la Beneficencia Municipal. Miembro de plantilla del Hospital Niño Jesús de Madrid, jefe de servicio posteriormente y Decano de dicho hospital. Profesor de la ENP y Director del Dispensario Municipal de Puericultura. Fue presidente de la Sociedad de Pediatría de Madrid desde 1933 hasta 1934. En 1922, Santiago Cavengt, escribió el libro Endocrinología Infantil, prologado por Gregorio Marañón. Seguramente, constituye el primer libro escrito sobre esa subespecialidad pediátrica en nuestro país.

Publicaciones. Investigación

Zamarriego, en su actividad, tenía gran predilección por lo hablado sobre lo escrito. Conferencias y actos públicos y de divulgación. Escribió numerosas publicaciones. Figuran 41 referencias en el libro de Morales(1). Véase las sesiones inaugurales de la SPM (https://www.aeped.es/grupo-trabajo-historia-y-documentacion-pediatricas/documentos/sesiones-inaugurales-sociedad-pediatri).

Varios autores resaltan su sabiduría, dotes de enseñanza y comunicación. Dio numerosas clases magistrales, conferencias y discursos, tanto médicos como culturales. Hablaba muy bien en público. Era buen conferenciante, en la Casa de Segovia, en la Asociación de Médicos Escritores, y otros lugares(2,4).

Tiene un libro, en 1943, en coautoría con Ramón Giménez Guinea Ramón y F. Zamarriego: “Guía de la Madre y de la Enfermera para el cuidado del niño sano y enfermo” (Fig. 3).

Figura 3. Libro “Guía de la Madre y de la Enfermera para el cuidado del niño sano y enfermo. Lecciones de Puericultura y Pediatría”. Imagen propia de M. Zafra.

Consta otro libro: “Formación de enfermeras sociales de la FET y de las JONS, editado en Segovia, 1938. Lecciones de puericultura y pediatría. Ed. Aguilar (de los Cursos de Puericultura Municipal de Madrid).

Tiene varios artículos publicados sobre Alimentación del lactante en Acta Pediátrica Española (años 1947, 1948), sobre nutrición y procesos respiratorios, en la revista Medicamenta (1948, 1950), en Ciencias Médicas Hispano-Americanas (1948), Ser Rev Med Soc (1949). Por último, un artículo póstumo en la revista de Cienc Med Hispano-Am, sobre la poliomielitis.

Impacto en la prensa histórica

Al hacer una búsqueda en la hemeroteca digitalizada de prensa histórica, de la Biblioteca Nacional de España, encontramos noticias que citan a F. Zamarriego sobre la Sociedad de Pediatría de Madrid, sobre lecciones en “La campaña de higiene Social” (El Imparcial, 29-3-1927, p. 5), sobre las oposiciones de Beneficencia Municipal de Madrid (España Médica 15-8-1928, p. 29), un homenaje al conseguir la cátedra de Cádiz (El Heraldo de Madrid 19-11-1928, p. 13 y ABC Madrid, 4 de Junio de 1929, p. 35). En la Gaceta de Madrid de 1927-1930 figura el concurso a la plaza de catedrático, de Cádiz primero, de Salamanca después, y la situación de excedencia. También en prensa figura su presencia en Congresos nacionales de Pediatría, vocal de tribunales de oposiciones (La Libertad, 9-7-1935, p. 2). Lecciones en la Escuela de Puericultura (ABC, 1943). Finalmente, su necrológica en ABC, sábado 23-12-1950, p. 29, y esquelas de aniversario. También la esquela de su mujer: 21-8-1972.

Actividad institucional

Fue Vicepresidente de la SPM en 1935(5), Secretario de la Junta Central de Higiene Infantil, contribuyendo especialmente al estudio de la reglamentación de la Escuela de Puericultura. Fue Presidente de la Sociedad de Pediatría de Madrid entre 1947 y 1950 (Fig. 4). Fallece durante su mandato, a los 52 años de edad.

Figura 4. Apertura del curso 1950-1951 de la Sociedad de Pediatría de Madrid. Foto Referencia: ABC Madrid, 17 de noviembre de 1950, p. 7. Con foto.

Familia

El padre fue médico rural, culto y escritor, José Zamarriego, nacido en Pedraza, Segovia, en 1873. Figuran trabajos suyos en Clínica Extremeña 1919, Segovia Médica, poesías en Diario de Avisos, de Segovia, 1914 (poesía “Al ejército español”).

F. Zamarriego se crio en el ambiente rural de la vieja Castilla. Casado al poco de terminar la carrera, en 1923, con Gloria Crespo Viñuelas (1897-1972) (Fig. 5), con 4 hijos, vivos cuando falleció su viuda (Fig. 6). Aparte de su mujer y sus hijos, sus dos amores fueron Segovia y su padre. No muy alto. Talla media-baja, ojos claros. Tenía pasión por la puntualidad.

Figura 5. Foto de novios de Francisco Zamarriego y Gloria Crespo. Cedida por la familia.

 

Figura 6. Francisco Zamarriego García, en el centro de la fila inferior. A su izquierda, su mujer, Gloria Crespo. A su derecha, el hijo menor, José. En la fila superior: Francisco, Gloria y Tomás, a la derecha de la imagen. Década de los años 30. Foto cedida por la familia.

Sus aficiones eran compartir tiempo y actividad con la familia. Escribía poesías para la familia.

Miembro de la Asociación Española de Médicos Escritores desde mayo de 1949. En la BNE consta un pequeño libro: Castilla, la poesía y el niño, Madrid, 1950. El libro era resultado de una conferencia que dio en el Centro Segoviano de Madrid, donde era muy activo.

Le gustaba mucho la caza y el espectáculo taurino. Tenía abono para los toros en la Plaza de las Ventas. No fumaba. No sabía idiomas. Apenas viajó al extranjero. No fue político ni sindicalista.

Zamarriego era creyente cristiano, de arraigadas convicciones. Su hijo mayor fue religioso (Tomás). Tomás Zamarriego Crespo (1924-1992) fue un sacerdote jesuita, escritor y ensayista. Otro hijo, José Zamarriego Crespo fue especialista en Ginecología-Obstetricia, jefe de la Maternidad de Santa Cristina de Madrid y presidente del Colegio de Médicos de Madrid. Con este mantuvimos una muy amable entrevista en su domicilio en enero de 2024.

F. Zamarriego está enterrado en el cementerio de La Almudena, Madrid. Tumba de la familia Zamarriego Crespo. Coincide que se encuentra no a muchos metros de la tumba de Suñer.

Avatares y anécdotas

Avatares durante la Guerra Civil

El 18 de julio sorprendió a la familia en Deva, localidad de veraneo del noroeste de Guipúzcoa. No fueron detenidos. La zona pasó a territorio sublevado o “nacional” en el 23 de septiembre de 1936. Cuando pudieron, desde Deva pasaron a residir en Segovia capital a una casa que le prestó el Dr. Gila, un médico de prestigio en Segovia. Al lado del acueducto. No participaron en la guerra. F. Zamarriego sí trabajó en la Clínica Médica del Hospital Militar (del Seminario), en Segovia. Se trata del Dr. Segundo Gila y Sanz (1873-1939). 

Gila y Sanz, Segundo (1873-1939). Médico de prestigio en Segovia(6), allí dirigió el Balneario Segoviano, en el cual estableció una “clínica operatoria y de enfermedades de la matriz”. Participó activamente en la vida cultural segoviana. Suscribiendo el acta fundacional de la Universidad Popular de Segovia, con la que colaboró durante toda su vida como profesor impartiendo clases de Higiene del Hogar y Puericultura. Sus ideas quedaron reflejadas en numerosos artículos escritos en los periódicos locales. Fundó la revista Segovia Médica, que dirigió hasta su desaparición, y presidió la asociación de la prensa segoviana. Tuvo muchas otras actividades y méritos.

Anécdota contada por su hijo José Zamarriego

Mi padre murió “de una nevada”. Entonces, José Zamarriego Crespo estaba en el primer trimestre del 2º curso de Medicina: en Madrid, el 6 de diciembre de 1950, en medio de una fuerte nevada, hizo visitas médicas domiciliarias, se empapó la ropa por las condiciones climáticas del día. Al terminar la jornada, se calentó en un brasero, en la casa de socorro próxima. Al día siguiente sufrió un ictus, una trombosis cerebral con hemiparesia derecha, murió a los pocos días, tras más de una semana encamado. Datos de su enfermedad corroborados en la ficha colegial.

Reconocimientos

En Garcillán, su pueblo natal, hay una calle con el nombre del Dr. Zamarriego, alguna fuente lo atribuye a él, otros a su padre, José Zamarriego. En la entrevista personal con su hijo, este afirma que fue a Zamarriego García. Durante un tiempo hubo una placa en la casa señalando su lugar de nacimiento.

Estaba en posesión de la Cruz de Beneficencia por sus servicios prestados en la epidemia de gripe, de 1918-1919, siendo alumno de medicina.

Durante la Guerra Civil fue Jefe de la Clínica Médica del Hospital Militar (del Seminario), en Segovia, situada en zona sublevada o “Nacional”. Se le concedió la Medalla de la Campaña con distintivo de retaguardia, a fecha 8 de octubre de 1940. No tuvo actividades políticas ni bélicas. Datos obtenidos o corroborados de la ficha colegial de Madrid.

Se celebró una muy emotiva Sesión Necrológica del Prof. Zamarriego en la Sociedad de Pediatría de Madrid, que figura en las Actas de la Sociedad de Pediatría de Madrid, 18 de enero de 1951, p. 27(5). Y se publicó dicha sesión en Acta Pediátrica Española(2,4). Se recibieron cartas de condolencia de Prof. Guido Fanconi y del Prof F. Perabo, entre otros.

Fue nombrado póstumamente “Figura de la Pediatría”, “Figura del mes” de enero de 1951 por Acta Pediátrica Española (Acta Pediatr Esp. 1951; X(97): 77). Anexaba R. Jiménez Guinea una nota por su óbito. Esto fue recordado en Acta Pediatr Esp. 2001; 59(2): 109 (Fig. 7).

Figura 7. F. Zamarriego, nombrado “Figura de la Pediatría”. Fuente: Acta Pediatr Esp. 1951; X(97): 77.

Francisco Zamarriego García fue presidente de honor de la AEP.

En la Beneficencia Municipal y en la Sociedad de Pediatría de Madrid (SPM) trabajó cercano a Ramón Jiménez Guinea (1887-1952) (Jiménez escrito en algunos lugares con J o con G). R.J. Guinea fue pediatra. Licenciado en 1911, Madrid. Doctorado con sobresaliente, en 1912. Por oposición, ­trabajó en la Beneficencia Municipal de Madrid. Era catedrático auxiliar de Madrid. Director del Hospital de Lactantes (https://medicoshistoricos.ucm.es/s/medes/item/837186). En la SPM fue Contador en la Junta de 1929-1931; Vocal en 1933-1934; Vicepresidente en 1944-1947(5).

Epílogo

La puesta en marcha de la Asociación Española de Pediatría (AEP) se debe al esfuerzo colectivo de muchos pediatras, entre ellos estuvo Francisco Zamarriego García. También resultó decisivo el apoyo de Santiago Cavengt Gutiérrez. Zamarriego fue relevante, perspicaz, impulsor y conciliador. Cavengt formó parte muy activa de esa Comisión. Hubo que emplear trabajo, constancia, fe en el proyecto e ilusión para fundar la asociación nacional.

Podemos decir que oficialmente todo comenzó en una reunión celebrada en el seno de la Sociedad de Pediatría de Madrid, que presidía F. Zamarriego, un 2 de abril de 1949. Se formó una Comisión organizadora, se encargó de la constitución y puesta en marcha de la asociación. Se celebraron varias reuniones y, por fin, en mayo de 1949, durante el VII Congreso Nacional de Pediatría de Sevilla se aprobó el anteproyecto de Reglamento de la AEP.

El 24 de noviembre de 1949, en Madrid, se eligieron los componentes de la primera Junta Directiva de la Asociación, siendo su presidente el doctor Santiago Cavengt Gutiérrez.

Agradecimientos

Al Prof. José Zamarriego Crespo, por su acogida y datos aportados en entrevista personal, de 18 de enero de 2024.

A María José Rebollo y al personal de la Biblioteca del Colegio de Médicos de Madrid, por sus atenciones y aportaciones. biblioteca@icomem.es .

Bibliografía

1. Morales JL. Biografía redactada por Carlos Sainz de los Terreros. El Niño en la Cultura Española. Alcalá de Henares, Imprenta de los Talleres Penitenciarios. 1960. Tomo I.

2. Martín G. Sesión In Memoriam del Prof. Zamarriego en la Sociedad de Pediatría de Madrid. Acta Pediatr Esp. 1951; 98: 178-95.

3. García Caballero C, Navas Migueloa L, Sánchez-Puelles M. Historia de la AEP (1949-1980). Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/historia_aep-1949-1980_i_parte_pdf.pdf.

4. Jiménez Guinea R. Profesor Francisco Zamarriego. In memoriam. Acta Pediatr Esp. 1951; 97: 79-80.

5. Zafra Anta MA. La pediatría como especialidad en España a través de las sociedades de Pediatría, y de la Sociedad de Pediatría de Madrid 1913-2018. Dir. Juan Carlos Hernández Clemente. Tesis doctoral, defensa 26 de noviembre de 2020. Universidad Autónoma de Madrid. Disponible en: https://hdl.handle.net/10486/694008.

6. Biografía de Gila y Sanz, Segundo. Disponible en: https://dbe.rah.es/biografias/33480/segundo-gila-y-sanz.

Referencias en web:

– AEP: https://www.aeped.es/grupo-trabajo-historia-y-documentacion-pediatricas/documentos/sesiones-inaugurales-sociedad-pediatri.

– Sesión inaugural del curso 1947-1948. Discurso inaugural sobre Puntos de vista actuales en la alimentación natural del lactante por… Francisco Zamarriego García: https://datos.bne.es/obra/XX393144.html.

– Real Academia de Historia. Biografías: https://dbe.rah.es/biografias.

– Hemeroteca ABC: https://www.abc.es/archivo/periodicos/.

 

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (20). Historias insólitas de la circuncisión

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (1): 68.e1 – 68.e6

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (20).
Historias insólitas de la circuncisión

 

The merits of neonatal circumcision continue to be debated hotly.
Some argue that circumcision is a “uniquely American medical enigma”.

Lerman SE, Liao JC. Neonatal circumcision. Pediatr Clin North Am 2001

 

Prólogo. La circuncisión neonatal

La circuncisión neonatal forma parte de la tradición de algunos pueblos, especialmente del judío. En las últimas décadas, la decisión de la circuncisión neonatal ha tornado desde las ideas religiosas a la posibilidad de obtener un beneficio para la salud.

En los años 80, algunos autores de EE.UU. empezaron a publicar artículos en los que se intentaba demostrar un descenso de la frecuencia de infección urinaria en lactantes varones circuncidados(1,2). En un estudio de casos-control se indicó que la no circuncisión parecía ser un factor de riesgo muy significativo de padecer infección del tracto urinario en lactantes de hasta doce meses de edad, independientemente de su estirpe y nivel socioeconómico, aunque se asociaba con anomalías anatómicas en el 26 por ciento de los casos(3). La mayoría de los autores europeos fueron escépticos al respecto. Así, en un trabajo publicado en The Lancet por parte de un grupo de autores suecos que habían redactado muchos artículos notables sobre infección de orina, podía leerse: “si están en lo cierto, este será el primer caso conocido de una enfermedad común potencialmente letal que se puede prevenir mediante la extirpación de un trozo de tejido normal”(4). Entre tanto, un grupo israelí escribió que “la circuncisión ritual judía, tal como se practica en Israel, puede ser un factor predisponente a padecer infección urinaria durante el período de doce días posterior a la realización de ese procedimiento”(5). Además, en EE.UU. empezaron a publicarse complicaciones sustanciales asociadas con la circuncisión realizada más allá del periodo neonatal”(6).

A principios de los años 90, algunos autores americanos seguían insistiendo en una mayor frecuencia de pielonefritis en varones no circuncidados(7). En 1992, en un metaanálisis realizado por un grupo mexicano se llegó a la conclusión de que “los varones no circuncidados tienen un riesgo bajo de sufrir una infección urinaria durante el primer año de vida, pero el riesgo puede disminuir aún más con la circuncisión. Esta conclusión puede no considerarse definitiva, debida a las deficiencias metodológicas de los artículos revisados. La recomendación de la circuncisión rutinaria a todos los recién nacidos no se justifica con estos datos”(8). En 1996, el Comité Fetal y Neonatal de la Sociedad Canadiense de Pediatría recomendó que la circuncisión de los recién nacidos no debía realizarse de forma rutinaria(9). En otro trabajo publicado en Canadá dos años más tarde, se indicaba que “aunque la circuncisión puede proteger a los varones de padecer infección urinaria, la magnitud de este efecto puede ser menor de lo estimado anteriormente”(10). En 1999, la Academia Americana de Pediatría razonaba que “aunque la evidencia científica existente demuestra los posibles beneficios médicos de la circuncisión masculina en recién nacidos… estos datos no son suficientes para recomendar la circuncisión neonatal de rutina”(11).

Entrado el siglo, en 2012, los revisores del Grupo Cochrane Neonatal “no pudieron identificar ensayos controlados aleatorios sobre el uso de la circuncisión neonatal habitual para la prevención de las infecciones urinarias en lactantes varones”(12). No obstante, ese mismo año, de nuevo la Academia Americana de Pediatría (Task Force on Circumcision) declaró que la evaluación de la evidencia actual indicaba que los beneficios para la salud de la circuncisión masculina en recién nacidos superan los riesgos(13). Acto seguido, algunas consideraciones opuestas se publicaron con términos vehementes: “la declaración de política y el informe técnico adolecen de varias deficiencias preocupantes que, en última instancia, socavan su credibilidad. Estas deficiencias incluyen la exclusión de temas y discusiones importantes, una incursión incompleta y aparentemente partidista a través de la literatura médica, un análisis inadecuado de la información disponible, una presentación pobremente documentada y, a menudo inexacta, de hallazgos relevantes y conclusiones que no están respaldadas por la evidencia proporcionada”(14). Un grupo europeo constituido por 38 profesionales cuestionó igualmente las conclusiones de la Academia Americana de Pediatría, llamando la atención de que eran diferentes de las alcanzadas por médicos de otras partes del “mundo occidental”, incluyendo Europa, Canadá y Australia(15). No obstante, en los últimos años, algunos autores de este último país se habrían mostrado partidarios de la circuncisión neonatal(16).

Pasando a otros aspectos, por parte de grupos dedicados a ética médica se llegó a declarar que la circuncisión neonatal en varones podría ser una forma de abuso infantil(17,18). En 2009, un miembro de la universidad holandesa de Nimega opinó que “la práctica de la circuncisión neonatal rutinaria es cuestionable desde diversos puntos de vista, incluyendo no solo el concepto ideal de la medicina basada en evidencia y la consideración de los derechos humanos, sino también por la noción del respeto por la integridad corporal”(19). En 2017, Di Pietro et al. razonaron que “la muy limitada reducción de la incidencia de infecciones urinarias y el incierto papel preventivo de la circuncisión masculina en recién nacidos frente al cáncer de pene, las enfermedades de transmisión sexual/infección por VIH y el SIDA, hacen difícil justificar la circuncisión masculina en recién nacidos… En el caso de un recién nacido, el interés superior del niño debe utilizarse como norma, pero la circuncisión masculina preventiva del recién nacido no la satisface”(20).

La maraña de opiniones contradictorias puede reflejarse en las conclusiones de un trabajo publicado en 2019: “las afirmaciones de que la circuncisión en varones menores no es ética se contradicen con evaluaciones equilibradas sobre estas cuestiones éticas que respaldan el derecho de los niños a recibir intervenciones de bajo riesgo y altos beneficios, como la circuncisión masculina en aras a obtener una mejor salud. Las evaluaciones de expertos de jurisprudencia han respaldado la legalidad de la circuncisión en varones menores. Además, otros datos han demostrado que esa práctica infantil temprana ahorra costos a los sistemas de salud”(21).

En los últimos años, la eliminación quirúrgica del prepucio se ha enfocado a su posible utilidad en el manejo de las malformaciones del tracto urinario, de tal modo que se ha escrito que el beneficio clínico neto de la circuncisión solo se produciría en niños con alto riesgo de infección urinaria(22), como en los casos de reflujo vesicoureteral de alto grado(23) y en las válvulas de uretra posterior(24,25), por ejemplo. Kwak et al. concluyeron que la circuncisión durante la cirugía anti reflujo no tenía incidencia en la frecuencia de infecciones urinarias postoperatorias(26).

Dos metaanálisis publicados en 2023 han ratificado la posible eficacia de la circuncisión en niños con hidronefrosis antenatal, en cuanto a una menor incidencia de infección urinaria. En el primero de ellos, este beneficio fue constante, independientemente de la causa subyacente de la hidronefrosis(27). En el segundo, los autores indicaban que sus conclusiones estaban limitadas por las diversas definiciones de infección urinaria incluidas en los trabajos revisados, así como por la inconsistencia de la etiología de la hidronefrosis(28).

La fimosis fisiológica y la fimosis patológica

Inicialmente, debe distinguirse entre la permanencia fisiológica del prepucio y la existencia de una estenosis del anillo prepucial, y es necesario establecer una distinción entre la no retractilidad fisiológica y la patológica o, lo que es lo mismo, distinguir la fimosis “patológica” y su diferencia con el prepucio fisiológico no retráctil(29). Gairdner, que examinó un gran número de niños normales durante sus primeros cinco años de vida, observó que al nacer solo el 4 por ciento de los niños tienen prepucios completamente retráctiles, mientras que en la mitad de los casos el prepucio es parcialmente retráctil. A la edad de cinco años, poco más del 90 por ciento de los niños tiene el prepucio retráctil(30).

La mayoría de los casos de fimosis patológica son el resultado de una balanitis xerótica obliterante que se desarrolla después de los cinco años de edad, mientras que el resto de casos puede deberse a una enfermedad fibrótica diferente y distinta(31,32). La rareza de la fimosis patológica en menores de cinco años es una observación significativa; ya que, durante mucho tiempo, la mayoría de las circuncisiones se realizaban antes de esa edad(33).

La revisión de la bibliografía pediátrica española de las primeras décadas del siglo pasado nos ha permitido recuperar algunos casos insólitos de estenosis prepucial intensa, con síntomas muy variados que cedieron una vez realizada la circuncisión.

Los autores

Los autores de los casos clínicos que vamos a comentar trabajaron en Servicios de Pediatría hospitalarios durante las primeras décadas del siglo pasado. Ambos tenían en común una característica de la época y es que eran médicos de niños y, al mismo tiempo, cirujanos. En el caso de ambos personajes, las revistas en las que publicaron sus observaciones eran locales aunque, no por ello, exentas de rigurosidad.

Diego Matías Guigou y Costa (1901-1986) (Fig. 1) se formó en la Facultad de Medicina de Cádiz. En 1925 finalizó sus estudios. Regresó a Tenerife y colaboró con su padre en el Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife. En 1929, publicó su primer artículo en Gaceta Médica Española e ingresó como miembro en la Real Academia de Medicina de Tenerife. A principios de los años 30 se trasladó a París para ampliar sus conocimientos quirúrgicos en la clínica del Dr. Ombrédanne, ubicada en el Hôpital des Enfants Malades. En octubre de 1935 pasó a ocupar la dirección del Hospital de Niños, cargo que ostentaría hasta 1977. Ese período fue el de máximo apogeo del mencionado hospital(34). En los años 40 publicó varios artículos científicos en revistas nacionales de índole quirúrgica. En 1961, fundó la Sociedad Canaria de Pediatría, de la que fue su presidente hasta 1976(35).

Figura 1. Diego Matías Guigou y Costa (1901-1986).

Andrés Martínez Vargas (1861-1948) (Fig. 2) fue el primer pediatra catedrático efectivo de la especialidad en la Universidad de Barcelona. Cursó los estudios de Medicina en la Universidad de Zaragoza, terminándolos en 1881 con premio extraordinario de licenciatura. Obtuvo el grado de doctor en 1883 en Madrid, donde trabajó un par de años como médico de la Beneficencia Municipal. Se especializó en Pediatría durante dos años en la clínica del profesor Abraham Jacobi de Nueva York, pasando también por México y Cuba. Al volver a nuestro país, se convocaron las primeras oposiciones a las cátedras de Enfermedades Infantiles y su Clínica. En 1888 ganó las oposiciones a la Cátedra de Enfermedades de los niños de la Universidad de Granada. En 1891, obtuvo la misma cátedra en la Universidad de Barcelona(36). Elegido miembro de la Academia de Medicina de Barcelona en 1894, su discurso de ingreso versó sobre “Conceptos y tratamientos modernos de las diarreas infantiles”. Dentro de este afán publicista y educador, creó y sostuvo entre 1900 y 1936 la revista La Medicina de los Niños, que recogía trabajos de la cátedra, algunos de ellos firmados por los propios alumnos, artículos de puericultura y noticias de interés pediátrico(37). En esa revista se publicaron tres de los casos que vamos a reproducir a continuación. En 1907 tradujo del francés el Tratado de Enfermedades de la Infancia de Comby. En 1910 y 1911 apareció su traducción del alemán del libro de Pfaundler y Schlossman Tratado Enciclopédico de Pediatría, en cuatro volúmenes, con un prólogo y algunos capítulos de su autoría. Fue presidente del Primer Congreso Nacional de Pediatría (Palma de Mallorca 1914). En 1915 publicó su Tratado de Pediatría. Se ocupó de ordenar y dar a conocer los antecedentes históricos y las aportaciones de los médicos españoles en el campo de la Pediatría. Así, defendió la primacía española en la descripción clínica de la tos ferina. Entre 1918 y 1923 fue decano de su Facultad. Con el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera, su influencia política e ideológica llego a la cumbre, siendo nombrado Rector de la Universidad de Barcelona (1923-1927), senador del Reino y Consejero de Instrucción Pública. No es de extrañar que con los vaivenes políticos de la época, al jubilarse en 1931, fuese inicuamente denostado. Durante la Guerra Civil española se trasladó a Pamplona, ejerciendo en el hospital militar. Al terminar, volvió a Barcelona donde fue nombrado director del Hospital de la Cruz Roja. En este Centro, también dirigió la Escuela de Damas de la Cruz Roja. En 1941 publicó el que, seguramente, es el primer tratado español de neonatología (Enfermedades del niño recién nacido). Martínez Vargas es considerado como el más ilustre miembro de la primera generación de pediatras españoles y el más destacado representante en los congresos internacionales de la especialidad. Alguien lo calificó como “Néstor de los pediatras españoles” y “Maestro de todos”. En perspectiva, Martínez Vargas fue un aragonés vital, imbuido del espíritu regeneracionista, que no acertó a participar del espíritu novecentista predominante en la Barcelona de su tiempo”(38).

Figura 2. Andrés Martínez Vargas (1861-1948). Disponible en: https://bancodeimagenesmedicina.com/imagen/martinez-vargas-andres-4/.

Caso 1

“Creo en la uremia originada por el fimosis; tal, el siguiente caso; niño de 9 meses afecto de pulmonía típica que, después de evolucionar normalmente, hizo crisis el 6º día; al día siguiente fui llamado con urgencia, pues la fiebre había ascendido bruscamente a 40 grados; el niño estaba muy inquieto; no encontré nada pulmonar que justificase este ascenso febril; como tengo por costumbre reconocer la permeabilidad prepucial en todos mis enfermitos, al hacerlo en éste aprecié un fimosis atrófico inflamado; la vejiga se palpaba próxima al ombligo; el niño no había orinado en las últimas 24 horas. Inmediatamente le hice la operación quirúrgica radical, vaciándose bruscamente la vejiga; la fiebre remitió en seguida”(39).

Caso 2

Niño de ocho semanas de edad que ingresa en la Casa-Cuna de Santa Cruz de Tenerife por presentar un peso estacionario (3.000 g) y un cuadro de vómitos frecuentes “que no pude achacar a otra causa que a un fimosis hipertrófico que originaba gran disuria y que había motivado, por los esfuerzos constantes, una hernia inguino escrotal derecha, de gran tamaño. Como se ve en la gráfica adjunta, la curva de peso oscilaba por encima y por debajo de los 3.000 gramos iniciales, por lo que me decidí a pesar del estado precario del enfermito a operarlo”. Fue intervenido de la hernia (Kocher) y del fimosis (Ombredanne). “Se le prodigaron los cuidados post-operatorios ad hoc y, con gran asombro de todos, desaparecieron por completo los vómitos y la curva ponderal tomó la marcha ascendente (casi vertical) que ustedes ven” (Figs. 3 y 4)(40).

Figura 3. Portada del artículo en el que se cita el segundo caso de este trabajo(40).

 

Figura 4. Gráfica de peso del niño cuya historia clínica se cita como caso 2, antes y después de la circuncisión(40).

Caso 3

Niño de siete años de edad remitido al Dr. A. Martínez Vargas “para ser operado de gastroenterostomía, porque no puede comer; apenas pasa los líquidos; los alimentos sólidos se le detienen en el esófago, le producen gran dolor y acaba por devolverlos”. La exploración es descrita de la siguiente forma: “desmirriado, con aspecto pueblerino, este niño ofrece esa facies especial del neurópata que mira al infinito sin fijarse en nada. Le desnudo completamente; no se aprecia por la orientación diagnóstica ningún síntoma, si se exceptúa un fimosis muy acentuado y una marcada hiperestesia de la piel del abdomen, sobre todo en las proximidades de la región pubiana”. A continuación, el paciente fue sometido a cateterismo esofágico, observándose que las sondas n° 24 y 26 “pasan con alguna dificultad, pero al extraerlas se siente una gran resistencia, cual si fueran aprisionadas por un gran espasmo y hay que esperar unos segundos para que cese la espasmodización y entonces la sonda es extraída con facilidad”. Respecto al tratamiento: “en el primer momento se utilizó la sugestión, sin llegar nunca a la hipnosis y a la sábana mojada por las mañanas. Pero le practiqué la circuncisión y durante la anestesia clorofórmica pude apreciar la extrema hipersensibilidad en toda la región inervada por los nervios abdómino genital mayor y abdómino genital menor. Al mes de haber ingresado salió de la clínica en buen estado, pudiendo comer todas las substancias que antiguamente no podía tragar, tales como la carne y el pan, a las cuales tenía verdadero horror. Su peso había aumentado en dos kilogramos”(41).

Caso 4

Niño de 12 años de edad remitido por “incontinencia de materias fecales y de orina, diurna y nocturna”. “Aquel niño hacía de sus ropas interiores depósito de sus excreciones y era una cloaca ambulante. El hedor que despedía era tan intolerable que el niño era despedido de todos los colegios; el padre había recorrido los consultorios de tres provincias sin éxito; temió por la instrucción de su hijo”. Al presentar un fimosis hipertrófico fue circuncidado y, desde el mismo día en que fue operado, “desapareció la incontinencia de la orina y la de las materias fecales. Este niño, muy inteligente, fue después uno de los más aventajados escolares”(42).

Caso 5

Paciente varón de 13 años de edad, que desde cinco años antes “sentía una gran debilidad en sus piernas y caía bruscamente en tierra. Alguna vez, incapaz de levantarse por sí solo en la calle, hubo de ser llevado a su casa en brazos de dos desconocidos”. “En vista de esta debilidad que de cuando en cuando le asaltaba, su familia le dedicaba al oficio de carpintero; ingresó de aprendiz en un taller y cuando más confiado estaba de pie junto a tu banco de trabajo le flaqueaban las piernas y caía. Hecho singular: en los brazos no había tenido nunca el menor accidente. Tenía una fimosis extraordinaria, con hipertrofia del prepucio. La circuncisión fue practicada el 4 de junio de 1918 y “curó radicalmente estos trastornos. El niño se encuentra completamente restablecido y trabaja con ardimiento sin sentir la menor debilidad muscular”(43).

Comentarios

La interpretación de estos curiosos casos clínicos a la luz de los conocimientos actuales es difícil y seguramente controvertida.

La obstrucción distal, bien por estenosis uretral o por fimosis patológica, produce retención urinaria asociada a hiperpresión e, incluso, a reflujo vesicoureteral(44) e hidronefrosis obstructiva(45). La retención de orina favorece la presencia de infección de orina, que puede explicar lo ocurrido en algunos de los casos referidos como en el primero. La dificultad para vaciar la vejiga puede desencadenar el desarrollo de contracciones no inhibidas del músculo detrusor con intención de vencer la obstrucción, de tal modo que la incontinencia observada en el cuarto paciente puede explicarse por la presencia de una vejiga hiperactiva(46). Ya en la literatura de principios del siglo pasado, se menciona cómo “la circuncisión en caso de fimosis o de adherencias, hace a veces cesar la incontinencia”(47). Otro aspecto a comentar, es el de la encopresis, que también presentaba el cuarto paciente. En la literatura actual, al menos, se cita una incidencia de enuresis nocturna en hasta el 63 por ciento de los niños afectos de encopresis(48). También, se menciona cómo, en algunos casos, la distensión del recto puede causar una reducción de la capacidad vesical e incontinencia diurna(49). En fin, nosotros, en la práctica diaria, hemos observado en algún caso excepcional, cómo en niños tratados por enuresis nocturna, se producía una situación de “regresión” asociando una pérdida del control del esfínter anal, como consecuencia del fracaso del tratamiento.

La realización de grandes esfuerzos para iniciar la micción puede que ayudara a la presencia de situaciones intermitentes de gran hiperpresión abdominal que favorecería la formación de una hernia inguino escrotal (caso 2) y, quizás, el desarrollo de un reflujo gastroesofágico. El caso 3 corresponde al de un niño de siete años con una gran disfagia a alimentos sólidos. Mediante sondaje se detectaron espasmos esofágicos. En los casos de trastornos de la motilidad esofágica, el reflujo gastroesofágico debe incluirse en su diagnóstico diferencial(49) y se conoce que la odinofagia o deglución dolorosa es un síntoma, aunque poco común, de reflujo y que aparece solo cuando existe esofagitis secundaria al mismo y, por lo tanto, cuando la intensidad es notable y de instauración prolongada(50). En la esofagitis, la disfagia ocurre solo para alimentos sólidos, como le pasaba al paciente, aunque el bolo suele pasar casi siempre al estómago tras la deglución de agua(51). Al igual que en el caso 2, una situación de hiperpresión abdominal intermitente, pero mantenida en el tiempo, pudo favorecer la relajación del cardias y el desarrollo de un reflujo gastroesofágico con esofagitis. La mejoría tras la circuncisión fue notable.

El cuadro clínico correspondiente al último caso es de difícil explicación. Podría pensarse en una hipopotasemia como causante de la debilidad muscular o, mejor dicho, de la parálisis intermitente de las extremidades inferiores que tenía el paciente. No obstante, la hidronefrosis obstructiva cursa con hiperpotasemia(53). Es necesario tener presente que están descritas las parálisis de origen psicógeno en la edad pediátrica dentro de los trastornos de conversión y que los síntomas conversivos más frecuentes son la dificultad en la marcha y la pérdida funcional en las extremidades(54-56). Además, la prevalencia de este tipo de trastornos en la edad pediátrica se data entre los diez y los catorce años(57). En cualquier caso, las caídas periódicas que sufría el paciente cedieron, según Martínez Vargas, tras la intervención quirúrgica. Cualquier interpretación de los síntomas con los escasos datos aportados por el autor es, en fin, puramente especulativa.

Epílogo

En el Tratado de enfermedades de los niños dirigido por E. Feer, libro contemporáneo de los escritos que comentamos, puede leerse lo siguiente: “en muchas familias, en efecto, se consagra una especial observación angustiosa a los órganos genitales del infante, y no hay otro órgano alguno, con excepción tal vez de los dientes, del que se sospeche que es capaz de producir acciones patógenas tan frecuentes y variadas, ni hay otro alguno para el que se reclamen tan fácilmente y en una edad tan temprana los auxilios del médico”(58).

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51. Dodds WJ, Hogan WJ, Miller WN. Reflux esophagitis. Am J Dig Dis. 1976; 21: 49-67.

52. Herrington JP, Burns TW, Balart LA. Chest pain and dysphagia in patients with prolonged peristaltic contractile duration of the esophagus. Dig Dis Sci. 1984; 29: 134-40.

53. Batlle DC, Arruda JA, Kurtzman NA. Hyperkalemic distal renal tubular acidosis associated with obstructive uropathy. N Engl J Med. 1981; 304: 373-80.

54. Kirshner LA, Kaplan N. Conversion as a manifestation of crisis in the life situation: a report on seven cases of ataxia and paralysis of the lower extremities. Compr Psychiatry. 1970; 11: 260-6.

55. Jiménez Hernández JL, Écija M, Campo. M. Parálisis psicógena en edad pediátrica. Rev Esp Pediatr. 1987; 43: 495-500.

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Pediatras en la Historia (3). Nieves González Barrio (1884-1961) y José García del Diestro y Escobedo (1882-1935).

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (8): 525.e1 – 525.e6

 


Pediatras en la Historia (3). Nieves González Barrio (1884-1961) y José García del Diestro y Escobedo (1882-1935).
Pioneros en Pediatría, Escuela Nacional de Puericultura y Medicina de Laboratorio

 

“¿Mi opinión sobre el feminismo? Creo que la mujer tiene tanto derecho como el hombre a ser feliz y la felicidad puede encontrarse en el trabajo y la salud, que viene a ser su consecuencia”.
Nieves González Barrio. Blanco y Negro. Madrid; 15 de diciembre de 1935. p. 162-3

“García del Diestro era observador, analista minucioso, suave en la forma y enérgico en el fondo, selecto en el trato, perspicaz en los matices… reunía espontáneamente toda una serie de condiciones específicas del médico de niños. Ha sido indudablemente un precursor de la especialidad”.
Aurelio Romeo Lozano. Morales JL. El Niño en la Cultura Española; Tomo II. p. 332

 

González Barrio y García del Diestro fueron pioneros en Pediatría-Puericultura, en España, ambos con actividad profesional predominante en el primer tercio del siglo XX y, también, en: Medicina de Laboratorio, investigación, docencia y divulgación. Trabajaron en la Escuela Nacional de Puericultura, que fue la primera escuela de especialización médica en España.

Nieves González Barrio (1884-1961) (Figs. 1 y 2)

Figura 1. Nieves González “Barrios”, en el centro de la imagen, dando clase en el Instituto Internacional, Madrid. Con 33 años de edad. Tomado de España Médica (1 de abril de 1917, p. 7). Hemeroteca digital de la BNE.

 

Figura 2. Nieves González Barrio, con unos 42 años de edad. Fragmento de foto de profesores de la Escuela Nacional de Puericultura, hacia 1926. Disponible en: ceres.mcu.es/pages/Main. Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.

 

Médico, pediatra. Profesora de la Escuela Nacional de Puericultura. Fue de las primeras mujeres médicas en España, de las primeras doctoradas; pionera en recibir formación internacional. Su entorno geográfico biográfico prioritario se desarrolló entre León, Palencia y Madrid. Nació en Riotinto (Huelva) el 18 de junio de 1884. Falleció el 24 de agosto de 1961 en Madrid.

Formación y periodo académico. Familia

Nació en Riotinto (Huelva). La casa familiar estuvo en Vegacervera (León). Era de origen humilde. Su madre, Bernarda, era maestra; su padre, Marcelo, tenía un comercio modesto. Sobre datos de su vida personal y estudios, véase Aguayo(1); y para el relato personal de su vida profesional, véase su entrevista en Blanco y Negro (1935)(2,3). No se casó, ni tuvo hijos.

Estudió en el actual Instituto Jorge Manrique de Palencia (1905-1907) y también en Oviedo. Posteriormente, estudió Medicina en la Facultad de Salamanca (licenciada en 1914). Se trasladó a Madrid, donde se doctoró en 1915 con la tesis Algunas observaciones de anatomía patológica del Kala-Azar infantil, dirigida por el hematólogo y parasitólogo Gustavo Pittaluga Fattorini (1876-1956) en la Cátedra de Parasitología de la Universidad de Madrid, de la que sería auxiliar honoraria varios años. Se puede decir que se situó inicialmente en el “área de influencia de Pittaluga”. Durante unos años, dio clases en un Colegio de señoritas, “filial” de la Residencia de Señoritas y la Residencia de Estudiantes. En 1917 consiguió una plaza de médico en Tetuán, en el entonces Protectorado de Marruecos. Allí trabajó solo unos meses; fue nombrada médico del harén de su Alteza el Jalifa(3-5).

Ya en España, desde 1918 formó parte del personal técnico del Instituto Ibys (de Pittaluga); y fue profesora encargada del Laboratorio en el Instituto Rubio (1923-1936).

Pensionada en 1921 en EE.UU., gracias a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), asistió a la clínica Mayo, en Rochester, y en Nueva York estudió la organización de las enfermeras visitadoras en EE.UU. Fue médica pionera en los viajes formativos a ese país, y en Europa(6). De la Medicina de Laboratorio, se orientaría además hacia la Pediatría-Puericultura, pasando a la esfera de influencia de Enrique Suñer (1878-1941), catedrático desde 1921 de Enfermedades de la Infancia de Madrid. Con este, fue auxiliar honoraria del Laboratorio de Enfermedades de la Infancia en San Carlos (1922-1931).

Desde 1926 hasta 1931, fue profesora de la Escuela Nacional de Puericultura (ENP), encargada del laboratorio y de organizar el servicio de enfermeras visitadoras y niñeras. La ENP, organizada y dirigida por Enrique Suñer(7,8).

González Barrio recibió el Premio Roel de la Sociedad de Higiene en 1929 (Tabla I). En la ENP ejerció hasta 1931, año en que fueron cesados Suñer y el resto del equipo(8,9), al inicio de la Segunda República, según una normativa para cesar cargos nombrados durante la década anterior, final del reinado de Alfonso XIII y dictadura de Primo de Rivera.

Aunque, en mucha menor medida, en la década de los años 30, durante la II República Española, continuó con su labor docente y divulgadora. Fue también de las pioneras en participar en divulgación sanitaria radiofónica como profesora del Instituto Rubio y secretaria de la Liga Española de Higiene Escolar (Unión Radio, 1934 y 1935). Tuvo una consulta privada en la Calle Velázquez, Madrid.

Actividad institucional

Perteneció a diversas asociaciones e instituciones médicas y educadoras, y de promoción de la mujer, durante los años 20 y 30, donde fue muy activa: Instituto Internacional-Residencia de Señoritas, Lyceum Club femenino, Liga Española de Higiene Escolar, Junta de Damas de Protección Médica, etc.

En la revista Blanco y Negro(2), en 1935, escribe: “¿Mi opinión sobre el feminismo? Creo que la mujer tiene tanto derecho como el hombre a ser feliz y la felicidad puede encontrarse en el trabajo y la salud, que viene a ser su consecuencia”.

Sus temas de investigación y publicación fueron, sobre todo, infecciosas (destacando Kala-Azar) e higiene (Tabla I).

Homenajes

Lleva su nombre una calle en el pueblo de Vegacervera. Se la cita y revisa su biografía en homenajes y semblanzas a mujeres en: León, Palencia, Salamanca, prensa local o blogs de Internet.

José García del Diestro y Escobedo (1882-1935) (Fig. 3)

Figura 3. José García del Diestro, en 1911, con unos 29 años. España Médica (1 de mayo de 1911, p. 9). Sobre el Congreso Nacional de Obstetricia Ginecología y Pediatría. Madrid (1911).

Fue médico, está entre los pioneros de la Pediatría, y de la medicina de Laboratorio en España, con dedicación a la docencia y divulgación. Segundo director de la Escuela Nacional de Pediatría. Su actividad clínica y docente la realizó, sobre todo, en Madrid, en el primer tercio del siglo XX. Miembro fundador de la Sociedad de Pediatría de Madrid (1913) y co-fundador de la revista Archivos Españoles de Pediatría.

Nació el 18 de enero de 1882 en Santander (Cantabria). Falleció el 19 de agosto de 1935 en Madrid.

Formación y periodo académico. Familia

Sus padres: Alberto y Josefa. El padre fue un destacado oftalmólogo de Santander, especializado en París, en la Facultad de Medicina, donde había trabajado de 1874-1875, con Xavier Galezowsky (1832-1907). Su familia era acomodada, de la burguesía ilustrada que surgía en España a principios del siglo XX. Él y su padre se formaron en Francia y crearon en sus familias un ambiente culto, refinado y, sobre todo, librepensador, como veremos también en su hija Carmen(10,11).

Estudió bachillerato en Santander, en 1899 se trasladó a Madrid, para estudiar el preparatorio de Medicina. Licenciado en 1907, con la promoción de Marañón.

Ese año, 1907, se casó con Carmen de Nardiz y se trasladó a París, donde se formó en Pediatría y en Infecciosas-Laboratorio, en las Clínicas de los profesores Marfán, Lesage y Richardiére; así como en la Clínica Baudelocque y en el Instituto Pasteur. Desde 1908 residió en Madrid. Tuvo 5 hijos.

Se situó en la “esfera de influencia” de Gustavo Pittaluga desde que, hacia 1910, realizó un curso de parasitología en la Facultad de Medicina de Madrid. En 1911 fue pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), con mediación de Pittaluga, con el objetivo de asimilar las técnicas parasitológicas vigentes en Europa(6). Trabajó en Italia, Túnez y Argel, sobre “Leishmaniosis y parásitos del género Leishmania”. Realizó sus estudios al lado del profesor Basile, en Roma, y con los profesores R. Jemma, di Cristina Caronia y Cannata, en Palermo; A. Longo, en Catania, y Nicolle, en Túnez; habiendo contribuido eficazmente, a su vuelta a España, al estudio del “Kala-azar”, del que descubrió el primer caso en Madrid, publicado en 1914(6). En 1912, Pittaluga ya había conseguido demostrar la presencia de Leishmania en España(6).

Actividad profesional

Médico de guardia del Instituto Rubio desde 1909 (El Imparcial, 25 de octubre de 1909). Desde ese año, fue médico jefe de las consultas para niños del Real Dispensario Antituberculoso Príncipe Alfonso de Madrid y profesor auxiliar en el “Dispensario de enfermedades de la infancia”. Su dedicación profesional prioritaria en los primeros años, fue la tuberculosis infantil.

Trabajó en el laboratorio del Instituto de Higiene Alfonso XIII. Contaba con una infraestructura de laboratorio suficiente para proseguir sus trabajos de investigación y aplicar lo aprendido en el extranjero(6). En este laboratorio, dirigido por José Luis Rodríguez Illera, supo aplicar sus técnicas en la labor clínica: hemograma, cuantificación de glucosa plasmática, colesterina, reacciones de Wassermann y Meinicke(6).

También, trabajó en el Instituto Rubio de Madrid. Fue director del servicio de Medicina infantil de dicho Instituto Rubio, tras el profesor Moliner, desde 1914.

En 1925 fue elegido miembro de la Junta de Beneficencia.

En 1926 ingresó en el primer Consultorio de Niños de Pecho de Madrid, fue director de una sección por acuerdo de la Junta de profesores.

Desde 1911 hasta 1931, se ocupó de Higiene escolar. Para ocuparse de la dirección de la Escuela Nacional de Puericultura (ENP), en 1931 (Fig. 4), dimitió de los cargos de inspector médico escolar y de profesor de Higiene escolar de la Escuela Nacional de Sanidad.

Figura 4. Nombramiento de García del Diestro como Director de la Escuela Nacional de Puericultura. Gaceta de Madrid (3 de diciembre de 1931, núm. 337, p. 1.398).

Fue director de la ENP desde su nombramiento en 1931, primero interinamente, tras el cese de Enrique Suñer(8,9), y plaza en propiedad seis meses después, tras “concurso-oposición libre”. Hasta su fallecimiento, en 1935.

En La Nación, el 19 de enero de 1932, página 16, se puede leer una entrevista con Suñer, sobre cómo fue su destitución de la dirección de la ENP.

A José García del Diestro se le consideraba un clínico muy observador y un analista minucioso.

Algunos opinaban que fue “poco benévolo con los cátedros”. Con ello se muestra un reflejo de la lucha de poder en la especialidad de Pediatría (especialmente con Suñer, de Madrid). Véase la tesis doctoral de Reche, sobre la revista de Martínez Vargas, “La medicina de los niños”(7,9).

Actividad institucional. Publicaciones

Intervino activamente en varias sociedades médicas y participó en ellas, además con sesiones científicas(3,6,7).

Fue Secretario General de la Junta de 1912 de la sociedad de Ginecología, Obstetricia y Pediatría, presidida por Recasens y Girol (El Imparcial, 7 de marzo de 1912).

Fue miembro fundador de la Sociedad de Pediatría de Madrid (1913). Estuvo en la “Comisión creadora y organizadora de la Sociedad de Pediatría de Madrid”, formada por 6 médicos: Romeo Lozano, Arquellada, García del Diestro, Mateo Milano, Ruiz Albéniz y Eleizegui. Perteneció a dos juntas: en la Junta de 1917, de Tolosa Latour, fue Secretario General, y vocal en la de 1921-24.

Fue co-fundador de la Revista Archivos Españoles de Pediatría en 1917 (junto con Romeo Lozano y Sainz de Terreros), desaparecida en 1936, con la Guerra Civil. Era una revista de prestigio. En ella se publicaban artículos de autores como: Morquio, Cacace, Rodríguez Lafora y, también, de Nieves González Barrio. En 1943 surgiría Acta Pediátrica Española, de la fusión de las antiguas Pediatría Española y Archivos Españoles de Pediatría.

En la Revista Española de Sanidad Pública, en 1932, figura como redactor de la sección de Higiene infantil y escolar, junto con Juan Bravo Frías. El redactor jefe era Pittaluga.

García del Diestro fue presidente de la asociación Española de Médicos Escolares, en 1918.

Dio numerosas conferencias: en el Dispensario Antituberculoso Príncipe Alfonso, Instituto Rubio, Primer Consultorio de Niños de Pecho, Casa del Pueblo, Escuelas Normales, etc.; encargado de ponencias oficiales en el I Congreso Nacional de Medicina celebrado en Madrid (1919), en el X Congreso Internacional de Protección a la Infancia y en el IV Congreso Nacional de Pediatría, en Valencia; Comunicaciones en el II Congreso Nacional de Pediatría, en San Sebastián (1923), en el III Congreso Nacional de Pediatría, en Zaragoza (1925), I Congreso Nacional de Sanidad, Madrid (1933).

Publicó numerosos trabajos en prensa científica, sobre temas diferentes de la especialidad. Tiene 53 entradas (temas) en bibliografía de JL Morales(10), esto es, más de 75 revistas científicas. Constan publicaciones solo en español. Sobre: leishmania, Kala-azar infantil, tuberculosis, quistes hidatídicos, otras enfermedades infecciosas, raquitismo, vacunas; también, sobre medicina escolar, higiene escolar, sobre diagnóstico de laboratorio y por radiología, enseñanza de la puericultura.

Sus publicaciones, sobre todo, son en: Archivos Españoles de Pediatría y Revista Española de Medicina y Cirugía Prácticas. Otras publicaciones: Revista de Sanidad e Higiene Pública, La Pediatría Española, Academia Médico-Quirúrgica Española, Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas, La Clínica Castellana, La Medicina Ibera, Academia Ginecológica Española, Revista Clínica de Madrid, Revista Médica de Canarias, Revista Médica de Sevilla, Revista Médica de Málaga, Pediatría y Puericultura, Granada, Policlínica, Valencia.

Editó una monografía sobre la tuberculosis en el niño (editada por Calpe, 1919), un “Estudio clínico de la tuberculosis gangliopulmonar en los niños”. Un libro sobre “Enfermedades más frecuentes en el niño” (1924), dentro de una Enciclopedia. Coeditó un “Catecismo de Puericultura” con J. Bosh Marín, Gráficas Reunidas (1933) (Fig. 5).

Figura 5. Dos monografías-libros de J. García del Diestro: “Enfermedades más frecuentes en el niño”. VI volumen de la enciclopedia “La salud de nuestros hijos”. “Catecismo de Puericultura” con J. Bosh Marín, Gráficas Reunidas (1933).

Pionero también en divulgación en radio(12). “Organización y finalidad de la Escuela Nacional de Puericultura”, radiada y publicada por la Dirección General de Sanidad, en Madrid, enero de 1933.

Actividad familiar-cultural

Había una gran afición a la literatura en su familia. Un amigo le calificaba amablemente como: “desertor de los campos de las letras, cultísimo dentro y fuera de la medicina” (El Mundo, 4 de mayo de 1910). En 1906 pertenecía al Ateneo Científico y Literario de Madrid.

El hijo y nieto de Menéndez Pidal fueron pacientes de José García del Diestro.

Una hija, Carmen García del Diestro “Kuki”, fue una maestra de Lengua y Literatura de gran prestigio, fundadora y directora del colegio “Estudio”, de Madrid, junto a Jimena Menéndez Pidal y Ángeles Gasset(11) (Fig. 6).

Figura 6. Familia García del Diestro Nardiz. Carmen de Nardiz, Ramón, José García del Diestro y Escobedo, Kuki (Carmen García del Diestro,) Alberto y Teresa. Donación de Jerónimo Junquera. Foto amablemente autorizada para esta publicación por el Archivo Histórico Fundación Estudio(11).

Falleció de una “cruel dolencia”, que precisó intervención quirúrgica unos meses antes (Ahora, Madrid, 1 de septiembre de 1935. p. 42).

Epílogo de las biografías de Nieves González Barrio y José García del Diestro.

Las vidas profesionales de González Barrio y García del Diestro resultan muy ilustrativas de pediatras pioneros en la formación internacional a través de la JAE, de la relación con la Universidad Central de Madrid, con Pittaluga, y las instituciones de la época del final de la monarquía de Alfonso XIII, dictadura de Primo de Rivera y la II República Española. Trabajaron en el Instituto Ibys, en el Instituto Rubio y en la ENP. Solo coincidieron en una publicación, sobre Kala-azar.

García del Diestro fue un pediatra, cofundador de la Sociedad de Pediatría de Madrid y de una revista científica influyente en su época, profesor no universitario, investigador de laboratorio, asentado en la esfera de Pittaluga, y director de la ENP en los últimos años de su vida. González Barrio trabajó en dichas instituciones, excepto en la Sociedad de Pediatría de Madrid, fue una mujer pionera en los ámbitos citados, también profesora. Además, su actividad fue intensa en la promoción de la mujer en el trabajo; no fue políticamente activa. Tras pasar de la esfera de Pittaluga a la de Suñer, su vida profesional como investigadora y docente se vio truncada por los vaivenes de la política española y de la Sanidad, en tiempos de la Segunda República.

Bibliografía

1. Aguayo I. Nieves González Barrio. Blog del Archivo del Instituto Jorge Manrique. Palencia. Disponible en: https://elblogdeliesjorgemanrique.wordpress.com/2013/04/28/.

2. González Barrio N. Una sincera confesión de la Dra. Nieves González Barrio. Blanco y Negro. Madrid; 1935. p. 162-3. Disponible en: https://www.abc.es/archivo/periodicos/.

3. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Disponible en: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/advanced.

4. Zafra Anta MA, Hernández Clemente JC, García Nieto VM, Medino Muñoz J. Biografía de una pediatra pionera en España: Nieves González Barrio (1884-1961). Rev Pediatr Aten Primaria. 2022; 24: 93-102.

5. Fernández-Guerrero I, Fernández-Guerrero C, Fernández-Cano A, Tesis doctorales de medicina defendidas por mujeres pioneras en España (1882-1954). Educación Médica. 2019; 20: 60-6.

6. Velasco Morgado R. Pediatría y cultura de viaje: los pensionados españoles y la apropiación del laboratorio en la periferia (1907-1939). História, Ciências, Saúde- Manguinhos. 2019; 26: 841-62.

7. Zafra Anta MA, La pediatría como especialidad en España a través de las sociedades de pediatra, y de la sociedad de pediatría de Madrid (1913-2018), tesis doctoral, Facultad de Medicina, Departamento de Psiquiatría de la UAM. 2020.

8. Zafra Anta MA, Hernández Clemente JC, Medino Muñoz J. Estudio histórico hemerográfico sobre la Escuela Nacional de Puericultura. Antecedentes de la Pediatría social y mirada crítica a la maternología y la perspectiva de género. Anales de Pediatría. 2020; 93: 70-2.

9. Fernández Teijerio JL, Ponte Hernando F. La Guerra Civil y la tragedia del profesor Enrique Suñer (1878-1941). En: García Nieto V.M., et al. El niño y los pediatras en la Guerra Civil. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española. Asociación Española de Pediatría. 2015; 10: 31-9. Disponible en: https://www.aeped.es/comite-historia/documentos/cuadernos-historia-pediatria-espanola-n-10-nino-y-los-pediatras-en-guerra-civil-esp.

10. Morales JL. El Niño en la Cultura Española. 4 tomos. Alcalá de Henares, Imprenta de los Talleres Penitenciarios. 1960.

11. Fundación Estudio. Centenario de Carmen García del Diestro. Boletín de actividades. Nº 15. 2009. Madrid. Ed. Izquierdo. Disponible en: https://colegio-estudio.es/wp-content/uploads/2015/02/Boletin15.pdf.

12. La Escuela Nacional de Puericultura. Visitadoras y guardadoras de niños. G. Diestro, en “Cultura integral y femenina”; 1933. p. 30.

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (19). Historias de helmintos

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica
**Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (7): 408.e1 – 408.e5

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (19). Historias de helmintos

 

“Las lombrices… en todas edades y en todos los tiempos del año se crían
en los niños y en los mozos antes que comiencen a barbar, y pocas veces
en los viejos y suelen multiplicarse en la otoñada, por lo cual se ha de notar…
que solamente se crían de humor flemático, porque la cólera no es humor
dispuesto para que de él se crie animal, porque es amargosa, lo cual antes
es contrario a las lombrices y las matan las medicinas amargosas”.

(El libro régimen de la salud. Luis Lobera de Ávila, 1551)

 

Prólogo

Los helmintos siguen siendo un problema mundial, especialmente, en los países en desarrollo. Para intentar su control, se han creado diversos programas de la OMS(1,2) y de entidades como Children Without Worms.

Sirva este preámbulo para comentar que, aunque esta serie de trabajos se titula “Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia”, y en nuestro país siguen ocurriendo en la actualidad infestaciones esporádicas, por ejemplo, por oxiuros o lamblias,(3,4), en este capítulo nos vamos a referir a problemas insólitos causados por helmintos macroscópicos comunicados en el pasado en nuestro medio y que, en la actualidad, es bastante improbable que sucedan de nuevo.

Históricamente, los humanos cazadores y recolectores se convirtieron en pastores y agricultores, creando asentamientos estables, es decir, las primeras poblaciones. Los animales domésticos portan bacterias, con lo que los asentamientos humanos permitieron a las enfermedades asentarse también. Entretanto, los gusanos se instalaron en el cuerpo humano. Las infecciones producidas por vermes cilíndricos (nematelmintos) como Ascaris lumbricoides, probablemente se desarrollaron en el hombre a partir de los ascáridos porcinos. Otros gusanos nematodos colonizaron el intestino, entre ellos el anquilostoma y las filarias. Algunas enfermedades graves se volvieron endémicas allá donde la agricultura dependía del riego(5).

Se dispone de numerosa información sobre el tema en libros escritos por autores del pasado, como: Galeno (129-216)(6), Oribasio de Pérgamo (320-400)(7), Paulus Aegineta (Pablo de Egina) (625?-690?)(7), Al-Razi (Rhazes o Rasis) (865?-925?)(6,7), Avicena (980-1037)(6) y Juan Bautista Montano (1497-1551)(7), entre otros.

La importancia de las lombrices intestinales en patología humana se refleja en que, en dos de los primeros libros pediátricos españoles de la historia, escritos en la segunda mitad del siglo XVI, son objeto de sendos capítulos. Se trata del Libro del régimen de la salud de Luis Lobera de Ávila (1551) y el conocido Método y orden de curar las enfermedades de los niños, escrito por Gerónimo Soriano en 1600.

En el capítulo XXXIX del primero de esos libros, titulado De las lombrices que a los niños se crían, puede leerse: “señales de las lombrices son: que los que tienen, rallan los dientes cuando duermen y estremécense, y de día sécanse los labios y de noche córreles saliva de la boca, y muchas veces no pueden comer, y tienen sed que no se hartan de beber, y suelen estar airados, y hablan con saña, y tienen una tos seca, y tiemblan del corazón y desmayos, y si el enfermo echare algunas lombrices, será más cierto; esas otras muchas señales escriben los antiguos; solamente diré lo que Mesue (Juan Mesué o Mesué el Viejo [777-857]) testifica y es que algunas veces las lombrices comunican vapores horribles al corazón y hacen malos accidentes, y a las veces llegan las lombrices a picar el corazón y son causa de súbita muerte del enfermo”(6).

Aunque nuestro capítulo no se refiere a la fisiopatología de la infestación parasitaria en el humano, es interesante recordar que la infección por Ascaris lumbricoides se produce por la ingestión de alimentos contaminados por huevos o larvas, que una vez ingeridas perforan la mucosa intestinal y migran hasta alcanzar los pulmones. Desde allí son expulsadas al toser o deglutidas al intestino. La migración de las larvas a través del organismo y la consiguiente reacción inmune y de hipersensibilidad son la causa de la sintomatología asociada a la infección que se mostraba en el texto del doctor Luis Lobera de Ávila.

En el capítulo XXVIII del libro de Soriano, titulado De las lombrices que se les engendran en los intestinos, se citan los tres tipos más comunes de parásitos intestinales macroscópicos, a saber y por orden, áscaris, tenias y oxiuros: “es tan familiar a los niños criar lombrices en el estómago e intestinos, que no hay quien deje de ver el quejarse los padres de que sus hijuelos están llenos de lombrices. Dado caso que por la mayor parte se crían en los intestinos, no obstante, empero esto, se pueden criar en otras partes del cuerpo. Tres maneras hallamos que se engendran de gusanos o lombrices. Unos que llaman teretes, los cuales son de largueza de un palmo y redondos, aunque, a veces, son más largos. Estos, por la mayor parte, se hallan en los intestinos delgados y gráciles, y de allí sucede, a veces, que suben al estómago y los echan por la boca, y otras por las narices. Estas lombrices son muy familiares a los niños y muchachos. Otros gusanos o lombrices hay, dichos latos anchos, porque son como una fajuela ancha y largos; tanto, que Plinio, en el capítulo 33 del libro 11 de la Historia Natural, dice que destas lombrices se hallaron algunas que tenían treinta pies de largo. La lombriz ancha, según Paulo (¿Paulus Aegineta?) y Aecio (¿Aecio de Amida?) no es otro sino la membrana que por adentro cubre los intestinos gráciles convertida en cosa viva, como lombriz, y de ahí le dicen lombriz ancha. Otros gusanillos hay, dichos ascárides, porque son semejantes a unos gusanillos, como dice el autor, semejantes a los que le hallan en el queso añejo. Estos se hallan en el intestino recto y en el extremo del sieso”(7).

Aparte del “aceite dulce de olivas”, es notoria la cantidad de plantas con aparentes propiedades vermífugas que se citan en el libro de Soriano: “cuanto a lo de curar toca, toda la curación consiste en hacer echar del cuerpo todas las lombrices. Para hacer esto, lo primero que se ha de procurar es matarlas. Esto se hará con cosas amargas (obsérvese la teoría de las medicinas amargosas expuesta en el primer párrafo introductorio), las cuales tienen en matar lombrices el primer lugar; entre estas cosas entran los ajenzos, el abrótano, la calamintia, marrubios, diptamo, hisopo, ruda, hojas de priscal, cuerno de ciervo, culantro, altramuzos, yerbabuena, poleo, orégano, centaurea menor, la falaguera, la genciana, aristoloquia redonda, ajos, simiente de coles, raíces de ala. Finalmente, entre todos los simples, el que mejor las mata es el acíbar. De todos o de algunos de estos simples se pueden hacer polvos o cocimientos para matar y expelir (sic) las lombrices y gusanos”.

El acíbar es el jugo de la planta áloe pero, también, simboliza amargura o disgusto (“probar el acíbar de la derrota”).

Pero la receta preferida de Gerónimo Soriano eran los polvos nursinos. Así, explica: “con sola una dragma (sic) que hice tomar a Catalina Huerta, mujer de Pascual Torremocha, vecino desta ciudad, echó aquel día más de sesenta lombrices de a dos palmos, dellas mayores y dellas menores y que eran harto gruesas, y el otro día, de las ascárides, cosa sin número”(7).

Dando un gran salto en el tiempo, en varios libros escritos a principios del siglo XX, se citan otros vermífugos como el musgo de Córcega, la raíz de jalapa y la santonina(8,9). La santonina es una lactona sesquiterpénica que se extrae de la cabezuela de la Artemisia marítima “que se encuentra principalmente en Rusia, el Turkestán chino y la región al sur de los Urales”(10). En España, se conoce con el nombre de Santolina (Santolina chamaecyparissus) o abrótano hembra(11) (Fig. 1). Nótese que Gerónimo Soriano nombraba el abrótano entre las “cosas” amargas utilizadas para matar las lombrices.

Figura 1. Santolina (Santolina chamaecyparissus). Disponible en: https://www.verdify.es/santolina-santolina-chamaecyparissus-b276/.

Como detalle anecdótico, cabe recordar que el primer fármaco que comercializó la célebre empresa farmacéutica estadounidense Pfizer fue un preparado a base de santonina. El químico alemán Karl Christian Friedrich Pfizer creo en 1849 la empresa Charles Pfizer & Co. junto con su primo Charles Erhart e iniciaron su actividad en un pequeño edificio en Brooklyn. Dado que el compuesto a base de santonina, como ya sabemos, era amargo y un tratamiento típico requería tres dosis al día durante varios días, Pfizer combinó sus conocimientos químicos con los de su hermano pastelero para idear un método agradable para administrarlo. Para ello, disolvió el medicamento en un producto azucarado con sabor a caramelo. Sus conos de santonina fueron un éxito inmediato(12). Tanto éxito debía estar en relación con la frecuencia de su uso.

En la década de los años 50, el laboratorio Pfizer retomó su tradición en la búsqueda de fármacos antihelmínticos(13). Fruto de ello, fue el descubrimiento del pamoato de pirantel(14).

Algunos casos insólitos de parasitosis intestinal

En el libro de Jules Comby, puede leerse que: “en un niño de trece años muerto por fiebre tifoidea, Jadelot encontró los intestinos llenos de ascárides, de los cuales cuatro ocupaban la cavidad dilatada del apéndice del ciego” y que ”el doctor V. Massini (de Génova) ha visto, en 1886, una niña de tres años que desde el 6 de enero hasta el fin de febrero arrojó más de 3.000 ascárides por la boca y por el ano, sin haber presentado ningún síntoma inquietante”(8). Los casos que reproducimos a continuación, fueron publicados en la Revista Médica de Canarias (1935) y en el Boletín de la Sociedad Catalana de Pediatría (1956).

La Revista Médica de Canarias fue la segunda que portaba ese nombre. La primera, vio la luz durante solo un año, en 1896(15,16). La revista a la que nos referimos, se publicó desde 1932 a 1936. Se definía como: una “publicación mensual de Ciencias médicas e intereses profesionales”. Tenía dos directores, uno por cada una de las provincias canarias. El de Las Palmas era Juan Bosch Millares (1893-1983), autor de uno de los artículos que nos ocupan. El director por parte de Tenerife era Tomás Cerviá Cabrera (1902-1962)(17,18). En 1935, la publicación contaba con 55 “redactores y colaboradores canarios” que trabajaban en cuatro de las Islas Canarias (Tenerife, Gran Canaria, La Palma y la Gomera).

Juan Bosch Millares fue médico e historiador de la medicina. Realizó sus estudios de medicina en la Facultad de San Carlos, en Madrid. Fue discípulo de Juan Madinaveitia con el que elaboró su tesis sobre El ácido úrico en el organismo humano, en el laboratorio de la Residencia de Estudiantes. Obtuvo una pensión para ampliar estudios en el extranjero sobre nutrición humana, en Suiza, pero no pudo acudir a causa de la primera guerra mundial. Desde 1918, trabajó en el servicio de medicina interna del hospital de San Martín de Las Palmas. En 1926, fue nombrado director de El Museo Canario. Ejerció la docencia en la Escuela Normal de Magisterio, en el Colegio Viera y Clavijo y en el Instituto de Segunda Enseñanza. Fue Director del hospital de San Martín durante 35 años. Es conocido por sus trabajos de paleopatología de los primeros pobladores de las Islas Canarias y por la redacción de la Historia de la Medicina en Gran Canaria. Su libro Cuentos de médicos canarios (Las Palmas, 1975) es encantador y repleto de detalles que muestran la sabiduría y experiencia de su autor(19) (Fig. 2).

Figura 2. Juan Bosch Millares (1893-1983). Imagen disponible en Cuentos de médicos canarios. Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria (Las Palmas, 1975).

Bosch Millares y Gómez Bosch escribieron un capítulo de revisión y de carácter estadístico acerca de la frecuencia de parasitosis en la isla de Gran Canaria(20). En este trabajo, los autores manifestaban que “Ascaris lumbricoides es el parásito intestinal más abundante en el país, hasta tal punto que el 60 por 100 de los niños de las clases menesterosas lo portan en su intestino…, ello es fácil de explicar por ser Gran Canaria tierra cálida y por vivir los hijos de la clase pobre en sitios donde los animales, gatos y perros principalmente, hacen vida en común y por estar constantemente jugando en calles, laderas y casas deficientes, bajo el punto de vista higiénico, lo cual contribuye a que los huevos de dichos parásitos extendidos por el suelo, una vez expulsados por las heces de los transmisores, sean ingeridos con gran facilidad. El agua de bebida transportada por vasijas y cubos sin limpieza exigida y las frutas y verduras crudas, son otro medio de gran propagación de dicho parásito”. A continuación, los autores comentaron los síntomas atribuidos a la infestación: “son corrientes los casos en que dan ellos origen al cuadro de una fiebre paratífica, que desaparece con la expulsión de unos áscaris a los 2 o 3 días de comenzada aquella, bien por el ano o por la boca. Hemos observado enteritis crónicas pocas, producidas por dicho parásito, lo mismo que convulsiones tetánicas, movimientos coreicos y muy pocos, raros ataques de epilepsia y de terrores nocturnos, que desaparecieron con el tratamiento antiparasitario. Tos quintosa es frecuente encontrarla en los niños, y tenemos registrado un caso en que un acceso de aquella desapareció, después que hubo expulsado en el espacio de tres días 80 áscaris también por boca y ano. No se han encontrado apendicitis por parásitos, por no hacerse sistemáticamente el análisis de los apéndices extirpados, pero conviene señalar el hecho de que nos proponemos estudiarlos todos, dada la abundancia de síntomas apendiculares en nuestra isla y la poca frecuencia de verdaderas apendicitis en los enfermos operados”. Con respecto a los oxiuros, los autores indican que se trata de: “otro parásito tan abundante como el anterior, y más en los niños, los cuales se autoinfectan muchas veces por llevarse los dedos, después de tocar el ano, a la boca, conteniendo entre sus uñas mucosidades cargadas de huevos… Síntomas apendiculares presentan algunos enfermos de oxiurosis, pero entre estos ha tenido la suerte uno de nosotros de encontrar un caso operado de apendicectomía, que tenía en dicho órgano dos oxiurus vermicularis(20).

Caso 1

“Niño de 8 años, de Las Palmas. Hace dos años sufre de cólicos intestinales con localización principal del dolor en fosa ilíaca derecha, acompañados de vómitos, fiebre y estreñimiento. Este dolor se repetía con frecuencia y visto su persistencia, el compañero que le asiste a pesar de haberle advertido a la madre del enfermo, que había expulsado en aquellos días 25 Ascaris lumbricoides, diagnostica apendicitis aguda y decide su ingreso en la Sala de niños del Hospital San Martín, donde es operado de apendicectomía. En la intervención encuentra apéndice sano y en el abdomen ligera ascitis, que interpretan, dado el mal estado general del mismo, como peritonitis tuberculosa, por lo que le aconsejan helioterapia, reposo y sobrealimentación. Con esta terapéutica, el enfermo mejora durante poco tiempo y, pasado un mes, los cólicos repiten de tal manera, que la vida para el pobre, se hace insoportable. Lo veo en uno de estos días en mi despacho y, al observarlo, me encuentro con este peristaltismo violento (Fig. 3), que me hace pensar en la existencia de un obstáculo, producido quizá por la formación de alguna brida peritoneal, por un tuberculoma cecal o por una tumoración de carácter específico. Inquieto ante la duda, pregunto a su madre sobre la existencia de áscaris y como en aquellos días había vuelto a expulsar 2 o 3 más, pensé en esta etiología y recete santonina.

Figura 3. Paciente comentado en el caso 1, en el que se observa un “peristaltismo violento”(21)

Con este tratamiento expulsó 270 gusanos, muchos de ellos arrollados entre sí y el enfermo curó perfectamente como la atestigua la segunda fotografía (Fig. 4) obtenida a los dos meses después”(21).

Figura 4. Paciente del caso 1 con mejor aspecto, una vez tratado con santonina(21).

Caso 2

“Niña de 2 años, con el cuadro de una meningitis tuberculosa, natural de Telde, donde era asistida desde días antes por un compañero de aquella ciudad. Para confirmar el diagnóstico clínico establecido, hacía falta la función de líquido céfalo-raquídeo y su análisis que no se obtuvieron. Ante tal cuadro, uno de los más desagradables de nuestra práctica profesional por la carencia de recursos para combatirla, solicita de su madre noticias sobre la existencia de parásitos intestinales, y no obstante su negativa, le prescribo la mencionada santonina, con la cual expulsa 40 áscaris, en dos o tres días, y se obtiene la desaparición de su cuadro clínico y por consiguiente su curación”(21).

Caso 3

“Niño, E. S., de 8 años, sin historia anterior; dos meses antes de su ingreso inició un cuadro de vómitos alimenticios, en los cuales frecuentemente expulsaba áscaris en número de cuatro o cinco cada vez; al mismo tiempo presencia de áscaris en las deposiciones. Un mes más tarde las deposiciones fueron volviéndose diarreicas en número de dos a tres diarias, apareciendo sangre de color café en las mismas; concomitantemente con estas deposiciones, apareció fiebre irregular (a partir de la administración de un antihelmíntico). Este cuadro febril y diarreico con expulsión de áscaris fue persistiendo durante el último mes hasta su ingreso.

Exploración. Niño abatido, extraordinariamente desnutrido (13 kg a los 8 años). Abdomen blando, depresible, palpándose tumoración en forma de cuerda fuerte, tensa y dolorosa en f. i. d., en región cecal y colon ascendente. Polo de bazo. Resto de exploración sin anormalidades… Hematíes: 4.180.000; hemoglobina: 71 %; velocidad de sedimentación globular: 65-100-135. Orina: indicios de albúmina. Hemocultivo al Eberth y seroaglutinaciones: negativas; serología para lúes: negativa; Barthelemy: negativo. Proteinemia: 47,44; albúmina: 20,96 (sic)…

Mientras se obtenían estos datos, se sometió al niño a un tratamiento expectante tónico y se administraron dos dosis repetidas diariamente de 50 gotas de tetracloroetileno (Tetra-Nil).

En el curso de su hospitalización, la tumoración que se palpaba en el abdomen fue variando, extendiéndose al principio a hipogastrio y hemiabdomen izquierdo; posteriormente desapareció de la f. i. d. y se palpaba otra tumoración subhepática y, más adelante, no se palpaba tumoración alguna. A continuación de la administración de tetracloroetileno, inició una expulsión masiva de parásitos en cantidades variables: 50 al día siguiente de la primera administración y, posteriormente, cantidades tan extraordinarias que formaban verdaderos apelotonamientos, llenando medio servicio en algunas ocasiones repetidamente y alternando con otros días de expulsión en escaso número; uno de los días se contó una expulsión de 350 áscaris y cantidades aproximadamente iguales se fueron eliminando tan frecuentemente que no fueron contadas. El cuadro febril fue persistiendo durante casi toda su hospitalización. La nutrición, cuyo precario estado era el que dominaba el cuadro clínico, fue empeorando, a pesar de un tratamiento con transfusiones de sangre, plasma, administración de aminoácidos por vía subcutánea, extractos hepáticos, etc., hasta llegar a un cuadro caquéctico en el que falleció y al que se atribuyó la muerte a los 17 días de su hospitalización.

Necropsia. Se observó todo el intestino delgado embutido por áscaris. Disecado el colédoco se encontró dilatado e invadido por áscaris, como asimismo el cístico y hepático, y también el colecisto (sic). Hígado: en superficie externa manchas amarillas de abscesos. Al corte del mismo se apreciaron canalículos biliares dilatados y ocupados por áscaris. Asimismo, en el seno de los abscesos se encontraron áscaris y un pus amarillo. Microscópicamente, los abscesos estaban contorneados por una membrana piógena bien formada, con intensa necrosis. En el resto del parénquima, gran dilatación de los capilares intralobulillares que estaban repletos de sangre (Prof. Sánchez-Lucas)”(22).

Epílogo

La ascaridiasis de las vías biliares no es una excepción en la literatura sobre los helmintos. Esteban López et al., en 1971, reunieron catorce publicaciones sobre el tema, la primera de ellas escrita en 1879(23).

Llama la atención que, en la farmacopea española de mediados del siglo pasado, estuviera disponible el tetracloroetileno como “tratamiento tónico”(22) y, quizás, como vermífugo. Este producto “ha sido utilizado en forma segura como un agente para la anestesia general, por lo que se sabe que, a concentraciones altas, puede producir la pérdida del conocimiento. Cuando se encuentra a niveles altos en el aire, en especial en áreas cerradas con mala ventilación, una sola exposición puede causar: mareos, dolor de cabeza, somnolencia, confusión, náuseas, dificultad para hablar y caminar, pérdida del conocimiento y la muerte. Su contacto frecuente o prolongado con la piel puede causar irritación…, los resultados de los estudios con animales que estuvieron expuestos a niveles de tetracloroetileno mayores a los que están expuestos las personas, mostraron que esta sustancia química puede causar daños en el hígado y los riñones, así como cánceres en estos órganos”(24,25). Esta es una prueba más de que años después fue absolutamente necesaria la llegada de la “medicina basada en pruebas”.

Bibliografía 

1. OMS. Intestinal worms. Disponible en: https://www.who.int/westernpacific/health-topics/intestinal-worms#tab=tab_1.

2. OMS alerta sobre infección de parásitos intestinales en países en desarrollo. Disponible en: https://news.un.org/es/story/2008/08/1140951.

3. Serre-Delcor N, Treviño B, Monge B, Salvador F, Torrus D, Gutiérrez-Gutiérrez B, et al.; Grupo de trabajo de +REDIVI. Eosinophilia prevalence and related factors in travel and immigrants of the network +REDIVI. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2017; 35: 617-23.

4. Carranza Rodríguez C, Escamilla González M, Fuentes Corripio I, Perteguer Prieto MJ, Gárate Ormaechea T, Pérez Arellano JL. Helminthosis and eosinophilia in Spain (1990-2015). Enferm Infecc Microbiol Clin (Engl Ed). 2018; 36: 120-36.

5. Porter R. La enfermedad. En: Breve historia de la medicina. De la antigüedad hasta nuestros días, ed. esp. Madrid: Taurus Minor; 2003. p. 31-2.

6. Ávila de Lobera L. De las lombrices que a los niños se crían. En: Libro del régimen de la salud, y de la esterilidad de los hombres y mujeres, y de las enfermedades de los niños, y otras cosas utilísimas. Madrid: Biblioteca clásica de la medicina española; 1923. p. 341.

7. Soriano G. De las lombrices que se les engendran en los intestinos. En: Método y orden de curar las enfermedades de los niños. Madrid: Biblioteca clásica de la medicina española; 1929. p. 220-231 (edición facsímil entregada en el XXIX Congreso Nacional de Pediatría, Santa Cruz de Tenerife, 2000 [prólogo escrito por José Ignacio de Arana Amurrio]).

8. Comby J. Vermes intestinales. En: Tratado de enfermedades de la infancia, ed. esp. Barcelona: Salvat eds.; 1907. p. 512-21.

9. Bendix B. Entozoos del intestino. En: Tratado de las enfermedades de los niños, ed. esp. Barcelona: Manuel Marín, ed.; 1913. p. 422.

10. Santonina. Disponible en: https://decs.bvsalud.org/es/ths/resource/?id=24310.

11. Santolina (Santonina chamaecyparissus). Disponible en: https://sierradebaza.org/fichas-tecnicas/fichas-flora-plantas/flora-o-a-s/santonina-chamaecyparissus.

12. Charles Pfizer, la historia del emigrante alemán de las “medicinas milagrosas”. Disponible en: https://www.lainformacion.com/empresas/charles-pfizer-emigrante-aleman-medicinas-milagrosas/2857264/.

13. López Tricas JM. Ascaridiasis. Aspectos históricos. Disponible en: http://www.info-farmacia.com/microbiologia/ascariasis-aspectos-historicos.

14. McFarland JW, Conover LH, Howes HL Jr, Lynch JE, Chisholm DR, Austin WC, et al. Morgan DH. Novel anthelmintic agents. II. Pyrantel and other cyclic amidines. J Med Chem. 1969; 12: 1066-79.

15. Revista Médica de Canarias (1896). Edición facsímil. Hernández J, García Nieto V, Betancor Gómez MJ, eds. Fundación Canaria Salud y Sanidad 2001.

16. García Nieto VM, Ortigosa del Castillo L. El suero antidiftérico en la Revista Médica de Canarias, 1896. Vacunas. 2013; 14: 136-41.

17. Toledo Trujillo FM. Hernández de Lorenzo Muñoz M. Tomás Cerviá Cabrera. Historia de la medicina palmera y sus protagonistas. Tenerife; 2001. p. 319-20.

18. García Nieto V. Tomás Cervíá Cabrera. Real Academia de la Historia. Disponible en: https://dbe.rah.es/biografias/46360/tomas-cervia-cabrera.

19. García Nieto V. Juan Bosch Millares. Real Academia de la Historia. Disponible en: https://dbe.rah.es/biografias/46361/juan-bosch-millares.

20. Bosch Millares J, Gómez Bosch J. Parásitos intestinales de Gran Canaria. Revista Médica de Canarias. 1932; 1: 154-8.

21. Bosch Millares J. Parasitología de Gran Canaria. Revista Médica de Canarias. 1935; 4: 366-72.

22. Moya A, de Larramendi R. Ascaridiasis mortal. Boletín de la Sociedad Catalana de Pediatría. 1956; 17: 15-9.

23. López E, Fonseca A, Coto RA, Álvarez I. Ascaridiasis del colédoco y vías biliares. Acta Médica Cosl. 1971; 14:129-37. Disponible en: https://www.binasss.sa.cr/revistas/amc/v14n21971/art7.pdf.

24. Resúmenes de Salud Pública. Tetracloroetileno (Tetrachloroethylene). Disponible en: https://www.atsdr.cdc.gov/es/phs/es_phs18.html.

25. Paulu C, Aschengrau A, Ozonoff D. Tetrachloroethylene-contaminated drinking water in Massachusetts and the risk of colon-rectum, lung, and other cancers. Environ Health Perspect. 1999; 107: 265-71.

 

Pediatras en la historia (2). Enrique Jaso Roldán (1904-1993)

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (6): 354.e1 – 354.e10

 


Pediatras en la historia (2). Enrique Jaso Roldán (1904-1993)

“Sin duda alguna, por lo que su recuerdo pasará a través de los tiempos, es la fundación y desarrollo del Hospital Infantil (La Paz – Madrid). Jaso fundó su Hospital, con una visión clara, perfectamente planificada y desarrollada”. Federico Collado Otero(1)

“Don Enrique Jaso Roldán era elegante, sabio, profundo y humilde”.
Cita de Ignacio Villa Elízaga, menciona a Jaso como “mi primer profesor de Puericultura-Pediatría”. En: Acta Pediatr Esp. 2009; 67: 507.

Enrique Jaso Roldán fue un pediatra que desarrolló su actividad profesional en el segundo y tercer cuarto del siglo XX. Nació en Marín, Pontevedra, el 10 de septiembre de 1904; falleció en Madrid el 23 de noviembre de 1993, a los 89 años de edad. Su trabajo asistencial fue en Madrid. Médico de la Beneficencia Provincial, inició su actividad en la Inclusa de Madrid, llamada Instituto Provincial de Puericultura (IPP). Puericultor del Estado, Médico escolar, doctor en Medicina. Organizador y primer Director, en 1965, del Hospital Infantil de La Paz de Madrid, hospital pionero del desarrollo de las especialidades pediátricas en la entonces Seguridad Social. Primer catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid. Fue el 5º presidente de la Asociación Española de Pediatría (de 1960 a 1964) (Fig. 1).

Figura 1. Enrique Jaso Roldán. Izquierda: Jaso, 1934. Imagen cedida por E. Jaso, hijo. Derecha: Jaso, años 70. Cedidas por la familia y F. Ruza.

Su actividad profesional de 50 años se podría estructurar (Tabla I) en los siguientes períodos:

1. De 1926 a 1936. Desplegó una intensa actividad clínica como puericultor, investigador, docente, divulgador y con gran participación en instituciones profesionales de Pediatría-Puericultura.

2. De 1936 a 1940. Años de la guerra civil española. Jaso permaneció en Madrid.

3. De 1940 a 1958. Tras la guerra se le abrió un expediente de depuración (sentencia en marzo 1940) por “cierta afinidad izquierdista-liberal”, que se extendió hasta 1958. Sin embargo, durante esos casi veinte años, no cesó en su actividad pediátrica.

4. Desde 1958 hasta su jubilación en 1975, y más allá. Organizó la creación y desarrollo de la Clínica Infantil (inaugurada en 1965) en la Ciudad Sanitaria La Paz. De 1971 a 1975 fue catedrático de Pediatría de la creada entonces Universidad Autónoma de Madrid. Tras su jubilación, mantuvo unos años su consulta privada.

Por su labor pionera en la creación y el desarrollo de las especialidades pediátricas en la Seguridad Social, a través del Hospital Infantil de La Paz, es por lo que se le puede considerar como pediatra referente en la historia, pero también por otras actividades, que revisaremos en el presente artículo: por participar en instituciones pediátricas en situación de guerra y su labor pediátrica en una circunstancia personal de depuración político-social.

El estudio realizado para esta biografía de Jaso procede: de entrevistas realizadas desde el año 2011 a familiares y colaboradores (por el primer autor); del desarrollo de la tesis doctoral sobre la Sociedad de Pediatría de Madrid (SPM)(2); de la revisión hemerográfica de prensa histórica de Jaso y de la Escuela Nacional de Puericultura (ENP)(3); del análisis de PubMed, Dialnet, y otros(4); así como del buscador digital de la Biblioteca Nacional de España, además de las revistas médicas en las que participó (Acta Pediátrica Española, Revista Española de Pediatría, Revista ibero-americana de ciencias médicas).

Formación académica y especializada

Estudió Medicina en Santiago de Compostela. Cursó el último año en Madrid, siguiendo, junto a su hermano Leoncio, a Roberto Nóvoa Santos, catedrático en Santiago que pasó a la Universidad Central. A R. Nóvoa, del que fue ayudante en Santiago, lo consideró su maestro en la clínica, en la mentalidad investigadora, de laboratorio, docente y expositiva(5).

Se licenció en Medicina, con sobresaliente, el 7 de julio de 1926, a los 21 años. Su tesis doctoral, también sobresaliente (Madrid, junio-1930): Contribución al estudio del Metabolismo de los Glúcidos en las Distrofias del Lactante. La población de estudio fueron lactantes del IPP. Tribunal: Recasens, Márquez, Hernando, Iruegas y Vilumara. Esta investigación supuso una publicación internacional en Am J Dis Child (1932). Entonces no era frecuente que en la Pediatría española se publicase en otros idiomas.

Obtuvo el título de médico puericultor en 1928 por la ENP en Madrid, que iniciara sus cursos en 1926, dirigida entonces por Enrique Suñer, catedrático de Madrid(2,3).

Desde sus inicios profesionales se dedicó a la Pediatría, aunque durante dos años (1930-1931 y 1931-1932), y como su hermano Leoncio, desempeñó el cargo de ayudante de clases prácticas, adscrito a la Cátedra de Patología General en Madrid, de R. Nóvoa y en el hospital San Carlos.

Amplió estudios con pensionados por la Comisión Permanente de Investigaciones Sanitarias (escarlatina, 1931) y por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), tres meses en Viena en 1935, con F. Hamburger y A. Reuss. Estudió el funcionamiento de las Instituciones de Puericultura de Viena (“no obstante las pocas facilidades que el actual régimen político da a este respecto a los extranjeros”, según comunicó en informe oficial a la JAE), también visitó Múnich, donde estaba Von Phaundler, Colonia y Bruselas.

Alemania y Viena eran un destino muy común para hacer pensionados en Medicina, desde la órbita de la Universidad Central de Madrid, a finales de los años 20 y principios de los 30; pero hay que tener en cuenta, político-socialmente, que Hitler había llegado al poder en Alemania en enero de 1933; Austria dejó de ser República parlamentaria en 1934, y sería anexionada por Alemania en 1938.

Actividad profesional destacada. Pionero en el desarrollo de la Pediatría Hospitalaria y las especialidades pediátricas en la Seguridad Social

Merece la pena señalarle como pediatra en la historia, por su enfoque pionero en la creación y organización de las especialidades pediátricas en España; particularmente, con la puesta en marcha del Hospital Infantil de La Paz de Madrid, en 1965.

E. Jaso fue presidente de la Asociación de Pediatras Españoles (entonces APE, actual AEP), de 1960 a 1964. En 1961, y coincidiendo con la I Reunión Anual de la AEP, entre congresos (Barcelona, 1961), su Junta creó tres secciones especializadas: Hospitales; Cirugía pediátrica, que una década después sería reconocida ministerialmente como especialidad; y Profesional, posible embrión de Pediatría social por sus actividades(6). Las demás secciones se irían creando posteriormente: Cardiología y Neurología (1967) y, posteriormente, Neonatología, Nefrología y las demás, a partir de 1973(6-10).

El Hospital Infantil La Paz de Madrid, es un centro de referencia nacional en especialidades pediátricas. Se inauguró oficialmente el 18 de julio de 1965, dentro del Instituto Nacional de Previsión y aprovechando la Ley de Bases de la Seguridad Social, de 1963(11). El equipo constituido por Enrique Jaso Roldán y sus colaboradores puso en marcha el Infantil de La Paz, consiguiendo en sus primeros 10 años de funcionamiento y, desde entonces, grandes logros en cuanto a la atención, la investigación y la docencia en el ámbito de la Seguridad Social española, y también en docencia internacional. Para una descripción más detallada de la puesta en marcha del “Infantil de La Paz”, apelamos a la lectura del artículo de Acta Pediátrica Española(11). Aquí queremos destacar algunos puntos clave.

Jaso fue pionero, aunque no fue el único, en imprimir modernidad en la teoría y práctica pediátrica. No tenía el apoyo universitario, ni una cátedra desde la que organizar su proyecto. Aquí hay que citar personalidades como: Ángel Ballabriga (actividad en Barcelona, desde 1965 en Hospital Vall d’Hebrón), Enrique Casado de Frías (Salamanca 1966-1970, Zaragoza 1970-1975 y Universidad Complutense de Madrid [UCM] desde 1975), Joaquín Colomer Sala (cátedra de Valencia, desde 1970), Manuel Cruz Hernández (Barcelona, desde 1965; previamente Granada y Cádiz), José Peña Guitián (Santiago de Compostela, Galicia, desde 1960), Francesc Prandi (“maestro sin cátedra”; Barcelona Hospital de San Rafael desde 1968, cursos de Pediatría Ambulatoria-Extrahospitalaria desde 1969), Ernesto Sánchez Villares (catedrático en Valladolid desde 1965), Manuel Suárez Perdiguero (Sevilla, desde 1960) y hospitales de Zaragoza, Canarias, Oviedo, etc.(7,12,13).

Muchos datos sugieren que Jaso tuvo una visión clara, planeó y desarrolló el proyecto(1,11) hacia las áreas específicas en el campo de la medicina de los niños, que empezaban a estar en desarrollo en Europa y llevaban un cierto recorrido inicial en EE.UU. Uno de los modelos seguidos fue el del Children’s Hospital de Los Angeles, California. En el éxito del Infantil también intervino su propio equipo pediátrico y otras figuras decisivas, como Julio Monereo González (1924-1977), jefe de Cirugía pediátrica y José Antonio Usandizaga Beguiristáin (1932-2023), jefe de ginecología-obstetricia. Monereo se había formado en Cirugía Digestiva en Londres, Filadelfia y Los Ángeles y, desde 1957, había sido jefe de cirugía neonatal del Instituto Provincial de Ginecología y Obstetricia de Madrid. Usandizaga se incorporó en 1965, procedente de la cátedra de esa especialidad de Salamanca. La maternidad de La Paz fue, en su primer momento, la más grande de Europa.

Como antecedentes del Infantil, podemos citar que Jaso, con Enrique de Yturriaga y otros colaboradores, habían organizado con éxito una asistencia sanitaria de una forma temporal, para rehidratación a niños con gastroenteritis en verano, en el Instituto Español de Hematología y Hemoterapia de Madrid, en los inicios de los años 50, y luego en el Centro de Atención de la calle Quintana de Madrid. Ambos eran lugares cercanos a la ENP.

En los primeros cinco años de andadura, el “Infantil” ya se definió como hospital de Especialidades Pediátricas. El equipo inicial se formó por Jaso, con un grupo de profesionales no dependientes de la cátedra de Ciriaco Laguna. Algunos eran pediatras generalistas de la ENP de Madrid y del entorno del Instituto Español de Hemoterapia de Madrid; también personas con experiencia acreditada en un área como: Federico Collado Otero, Antonio Arbelo, José Gª Hortelano, Ángel Peralta, Lorenzo Abarca, Francisco Ortega, Celedonio López, Trinidad Hurtado Ruano (primera mujer jefe de sección de Oncología pediátrica en la Seguridad Social), Flora Prieto Huesca (1909-1986; se jubiló como jefa de servicio, primera consulta de Paidopsiquiatría de la Seguridad Social española, con perspectiva psicoanalítica), etc. (Fig. 2).

Figura 2. Equipo pediátrico del “Infantil”. Jaso (figura central, con los brazos cruzados) con parte de la primera plantilla de Pediatría de La Paz. Se reconoce a Celedonio López, García Hortelano, Abarca, Ortega y Flora Prieto Huesca. Es un momento de celebración. Se ve una placa metálica con firmas.

También, con jóvenes preparados como: Ignacio Pascual Castroviejo (Neurología), Manuel Quero (Cardiología), Francisco Ruza (Cuidados Intensivos), Antonio Ojeda (Alergología), Carlos Vázquez e Isabel Polanco (Digestivo infantil), José Quero (Neonatología), Ricardo Gracia (Endocrinología), Mercedes Navarro (Nefrología), Paloma Jara (Hepatología). Además de Julio Monereo y todas las áreas quirúrgicas, Francisco Álvarez Díaz (Cirugía cardiaca) y Claus Knapp (Radiología).

Ya, antes de 1975, destaca el rápido desarrollo de una UCIN postquirúrgica, la Neurología Pediátrica, la Cardiología y la Cirugía Pediátrica. Manuel Quero, con el apoyo de Knapp, creó la “hemodinámica pediátrica y neonatal”. Además: Urgencias, Infectología, Nefrología, Neonatología, Gastroenterología(11). Se atendieron diferenciadamente lactantes críticos desde 1965. La UCI Pediátrica se inauguró en 1976, con Francisco Ruza. En febrero de 1975, Jaso creó el primer servicio hospitalario de Pediatría Social(6).

Por supuesto, no fue todo fácil en el Infantil, hubo diferencias y, a veces, enfrentamientos por las competencias y el desarrollo del organigrama funcional(14). Jaso tenía carácter, pero hacía esfuerzos por reconciliarse con sus adjuntos y mantener conversaciones frecuentes. Jaso supo engranar todo ello y, en su jubilación, dejar rodando el funcionamiento del Infantil. Fue también el momento de construcción de otras “Ciudades Sanitarias”, y algunos colaboradores se marcharían a ellas (M. Quero, F. Baquero, Arbelo…).

Desde luego, no eran ellos los únicos en las especialidades pediátricas. Destacó en ese periodo, desde 1965, el Hospital Vall D’Hebrón de Barcelona. Otros Centros de la Seguridad Social en España se fueron incorporando, a menudo con la colaboración de algunos profesionales formados en La Paz(11,13,14). Además, a Jaso y a muchos organizadores de la asistencia sanitaria, les tocó vivir en un momento de la historia en el que tuvieron que adaptarse a la situación política (tardofranquismo); pero el espíritu innovador, clínico, asistencial y docente debía dejar al margen las ideas políticas.

El Infantil no nació solo para la clínica, que entonces parecía la única misión en centros públicos que no fueran universitarios o Fundaciones, también emergió para la investigación y la docencia. Conviene citar a continuación algunas actividades:

• Cursos formativos de Pediatría en el Infantil los primeros años. Cursos de Avances en Pediatría desde 1966, tanto en otoño como en primavera.

• La investigación supuso publicaciones. Se produjo el primer artículo internacional desde la Seguridad Social: Jaso Roldán E, Pascual-Castroviejo I, et al. The cerebrospinal fluid in normal premature infants. Rev Port Pediatr Pueric. 1968; 31: 219-31. Libros de especialidad, como “Diagnóstico clínico-radiológico en neurología Infantil” Castroviejo. Ed científico-técnica; 1971. Primera descripción de síndromes, incluso epónimos del neuropediatra Castroviejo(14).

• Primeras tesis (Castroviejo, 1968; García Hortelano, 1971; M Quero, 1972; F. Baquero Mochales, 1973): Jaso dirigió 5 tesis, presentadas de 1972 a 1978.

• Se inició en España, en esa década, la formación como residente de médicos especialistas, con las primeras promociones en el “Infantil” desde 1970(10,11,15): pasó a formar especialistas pediátricos españoles e iberoamericanos.

• Apoyo institucional. Hubo colaboración con las instituciones de Pediatría y áreas específicas, para el desarrollo de las secciones, luego Sociedades: en el congreso de Pediatría de la APE, en 1968, en Torremolinos-Benalmádena, irrumpieron series importantes de La Paz y del Hospital Valle Hebrón. En 1972, en el Congreso de Palma de Mallorca, Jaso fue uno de los principales, dividió su ponencia entre áreas específicas del Hospital La Paz. Los pósters fueron un éxito. Además, Jaso participó en el diseño contratando un dibujante. En aquel congreso se eligió presidente de la AEP a Ernesto Sánchez-Villares de Valladolid, una de las mejores escuelas de la especialidad de Pediatría. Y se le nombró director de Anales Españoles de Pediatría. Solicitó colaboración a los especialistas de La Paz para modernizar y potenciar Anales. Se enviaron numerosos artículos científicos, a Anales y a revistas de prestigio. Muy productivos en Anales, desde las fechas iniciales, fueron: Castroviejo (15 artículos hasta 1975); Monereo (13); también Quero (14 entre M. y J. Quero), Ojeda (3). Publicaciones que incluyeron residentes o personal en formación inicialmente: R. Escorihuela (6), Custodio Calvo (3) y muchos otros.

Otra actividad asistencial y docente

De 1926 a 1936

En los primeros 10 años de su vida profesional desplegó una intensa actividad clínica como puericultor, investigador, docente y con gran participación en instituciones profesionales de Pediatría-Puericultura (Tabla I).

Muy activo en el periodismo médico y en el asociacionismo médico (Asociación Nacional de Puericultura, procedente de los titulados en la ENP), que se fundó en mayo de 1929 (España Médica, 1-6-1929). También muy activo en la Sociedad de Pediatría de Madrid, en Congresos y en divulgación sanitaria a población general.

La vida social y política del final del Régimen monárquico e instauración de la II República influyó marcadamente en el desarrollo de la profesión médica y pediátrica, y en las profesiones sanitarias en general.

Desde el día siguiente de su licenciatura y durante 9 años, trabajó en la Inclusa de Madrid (IPP). Allí realizó la tesis doctoral.

Jaso participó durante varios años en las Sesiones periódicas organizadas por Nóvoa en su cátedra; sin perder de vista su interés por la Pediatría y la Puericultura. Nóvoa contribuyó a la modernización universitaria de la Patología General, en su aspecto fisiopatológico, con fama de excelente docente, falleció en 1933.

Fue intensa su actividad en los primeros años, presentándose a concursos-oposición en plazas de Pediatría-Puericultura, en los que manifestaba una gran preparación. Cosechó importantes éxitos entre 1929 y 1934 (Figs. 3 y 4).

Figura 3. Jaso profesor de la Escuela Nacional de Puericultura. Inauguración del Curso. Año 1932-1933. García del Diestro, director (con corbata, central), Jaso a la derecha. Imagen de prensa histórica, proporcionada por la familia.

 

Figura 4. Jaso Presidente de la Asociación de Puericultores Titulados. 1935. Presidente: Enrique Jaso; vicepresidente: Gómez Pallete; secretario: Manuel Quero y tesorero: Manuel Blanco. Tomado de: Revista Puericultura española 1935. Hemeroteca de BNE.

De 1936 a 1940. Actividad asistencial y docente durante la Guerra Civil española

Jaso permaneció en Madrid en ese periodo. Se vio envuelto en una vorágine histórica que hizo que participara en la atención pediátrica y docente en Madrid, y así lo asumió. Enrique Jaso trabajó en este periodo en la Inclusa, en la ENP y en la facultad de Medicina de la Universidad de Madrid. Fue organizador de II Dispensarios de Puericultura durante el Sitio de Madrid (1936-1939), con asistencia catastral de todos los lactantes de la ciudad. Algunos textos afirman que la mortalidad disminuyó 3 enteros; aunque las estadísticas durante la guerra, también deberían tener en cuenta que hay muchos desplazados.

Jaso fue clínico en la Inclusa (IPP). Al inicio de la Guerra Civil, pero ya desde poco antes se produjeron cambios directivos y de personal auxiliar-enfermería en el IPP. Las Monjas de la Caridad fueron cesadas el 9 de julio de 1936. No se incorporó suficiente personal de enfermería laico. La Guerra Civil generó aún más escasez de recursos. Los pediatras Muñoyerro y Bravo Frías, directores del IPP desde 1915 a 1919 y de 1923 a 1936, y directores al inicio de la Guerra Civil, solicitaron más medios frente a esta penuria y las dificultades asistenciales. Quizá estas exigencias, en momentos de guerra en los que una propaganda negativa era difícil tolerar, parecen ser la principal razón por la que la Diputación Provincial les cesó en sus cargos en el IPP a primeros de agosto de 1936; y dejó al frente a Enrique Jaso Roldán como único médico, y dos maestros como directores provisionales. Juan Bravo Frías murió el 16 de diciembre de 1937 (noticia en prensa: “La Libertad”).

Jaso tomó en cuenta esta situación de escasez de personal, con: insuficiente formación, falta de medicamentos y recursos esenciales de enfermería, suciedad, mala higiene, hacinamiento, desnutrición, disentería e infecciones continuas. La mortalidad era alta, fallecían 2-3 niños al día. Jaso inició una organización del laboratorio, del lactario y de zonas de aislamiento o profilácticas(16).

El cerco de Madrid empezó a ser intenso a partir de octubre de 1936, se generó desabastecimiento y escasez de recursos. Pronto, se vio necesaria la salida de los niños y niñas de la Inclusa de Madrid hacia zonas más seguras. Entonces eran unos mil. Era la fecha de 30 de noviembre de 1936. La evacuación resultó exitosa; aunque fue improvisada y precipitada, requirió subir en varios trenes y camiones. Toda una epopeya, dentro de las numerosas y, a veces, poco conocidas que hubo en la Guerra Civil, como el caso de la evacuación de los 4.000 niños vascos a Inglaterra(16,17).

El personal fue dependiente de la Diputación de Madrid. A Enrique Jaso Roldán, el director de la expedición, le acompañó su mujer, Maruja Cortés, el padre de esta, José Cortés, médico, el doctor Bernal y un pequeño equipo, que incluía maestra, algunas enfermeras y también las madres internas que estaban en el IPP con sus niños lactantes y de corta edad. El destino fueron colonias de evacuación en Valencia. Posteriormente, muchos volvieron, otros se quedaron allí, otros no sobrevivieron.

Jaso Roldán después se volvió a Madrid, para abrir más adelante, de nuevo, el IPP. Según un oficio de Jaso de 16 de julio de 1938, se comprueba que, por entonces, los locales del Instituto se volvían a encontrar absolutamente llenos.

E. Jaso tiene escrito un “diario de sucesos” de la Inclusa-IPP de Madrid, entre diciembre de 1937 y 1939 (escrito a máquina y con anotaciones de su puño y letra, pero no publicado), donde se objetiva la patología predominante, la incidencia de tuberculosis, la falta en ocasiones de electricidad y calefacción, y la inestabilidad en el suministro de alimentos (Fig. 5). A pesar de los medios precarios, se seguían haciendo autopsias y diagnósticos radiológicos a nodrizas, madres y lactantes.

Figura 5. Fragmento de imagen del Diario de Sucesos de la IPP, 1937, escritas con máquina de escribir y con anotaciones a mano de Jaso. Copias digitalizadas de documentos aportados por la familia.

Trabajó en la Universidad Central de Madrid durante la Guerra Civil. En junio de 1937, el Gobierno de la República ordenó impartir un curso intensivo de Medicina a alumnos de últimos años en la Facultad de San Carlos. Ciriaco Laguna, entonces catedrático en Santiago, se encontraba en Madrid, fue encargado por el claustro de profesores, de explicar lo referente a Pediatría. En seguida, una orden telegráfica del Gobierno, trasladado a Valencia, le cesa en su función. En su lugar, como “catedrático encargado”, se designó a Enrique Jaso(18,19). El catedrático hasta 1936 fue Suñer, con numerosas dificultades con el claustro por su posición conservadora, católica y promonárquica. Marchó de Madrid a zona sublevada o “nacional”. En la Gaceta de la República del 9 de julio de 1937, se publicó el nombramiento, con carácter interino, de Jaso como director de la ENP, de la que era profesor titular. Esta escuela siguió con actividad, trasladada de la calle Ferraz, que estaba cerca del frente bélico, a la calle Fortuny. En 1931, Suñer y el profesorado de entonces de la ENP fueron cesados(2,3) y, posteriormente, el director había sido García del Diestro, que falleció en 1935.

Pocos pediatras permanecieron en Madrid durante la Guerra. Otro ejemplo es Aurelio Romeo Lozano, como jefe de la Cruz Roja republicana. Se exilió al terminar la contienda.

Jaso fue promovido por el Gobierno de la República para ocupar distintos destinos importantes, estrictamente en su parcela profesional clínica y docente. No constan actividades políticas, ni sindicales durante la República ni durante la Guerra Civil. En los años 30, sí tenía cierta “afinidad izquierdista”, se dice que pertenecía a la “Asociación de Médicos Liberales”.

También Jaso fue el organizador de 20 centros de Puericultura en Madrid, en 1939 y 1940, en las semanas inmediatas al término de la Guerra civil. Encargado en calidad de secretario técnico por Auxilio Social.

De 1940 a 1958. Tras la Guerra Civil

Fue represaliado tras la Guerra Civil. Estuvo depurado político-socialmente(18,19). Su expediente es de fecha de 2 de marzo de 1940.

Se decretó libertad, pues no tenía delitos penales; pero se le apartó de todos sus cargos: del IPP, de la ENP, se consideró inhábil su cargo de especialista de pulmón y corazón, del dispensario Médico-Escolar de Madrid.

La depuración le apartó durante 18 años de una carrera en profesorado o jefaturas. Se puede afirmar que, estar depurado, determinó un cierto “exilio interior”, al no ser incluido en la actividad profesional puntera pediátrica.

Durante el periodo de depuración, hubo varias peticiones para la reposición a sus puestos. Pidieron la reincorporación a sus cargos, el 7 de octubre de 1949, el médico Muñoz Seca y otros, y algún ministro; y el 11 de mayo de 1951 un grupo de médicos, Jiménez Díaz, Arbelo, Harguindey y otros. Pero fueron denegadas por Sanidad en ambas fechas.

Su padre, Leoncio Jaso Paz, militar republicano, fue fusilado en el primer mes de la contienda. Su hermano médico, Leoncio Jaso Roldán, se exilió por el resto de su vida en Venezuela, Estos datos y quizá algún otro no conocido, probablemente, también fueran las excusas-motivaciones para mantener la represalia.

Durante ese periodo de depuración, no cesó en su actividad clínica (con una consulta privada de gran prestigio), investigadora, ni en publicaciones.

El tiempo pasó lenta y parsimoniosamente(19). En el Consejo de Ministros del 23 de diciembre de 1955 se le restituye. En esa misma fecha le llamó el ministro Girón para decirle: “ya está usted dentro, enhorabuena”. La readmisión a sus cargos y puestos previos (no los directivos) se fueron publicando en diversas fechas: se le nombra profesor titular de la ENP, reintegrado el 27 de febrero de 1956. No se le envía documento oficial definitivo de la revisión de su expediente y del levantamiento de la sanción hasta fecha del 1 de abril de 1958 (firmante J. Maldonado). Fue readmitido en el dispensario médico-escolar, en el BOE de 7 de abril de 1958, y en la Inspección Médica-escolar del 23 de julio de 1965.

Desde 1958 hasta su jubilación en 1975

Llegan algunos nombramientos. A finales de 1959 se le nombró médico especialista al servicio de la Sanidad Nacional (ENP), ayudante de sección y profesor. Fue médico Jefe de la Sección de Estudios Estadístico-Biométricos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, según sus propios documentos, desde diciembre de 1960.

Como ya se ha desarrollado en este texto, organizó la asistencia pediátrica y de recién nacidos en la Ciudad Sanitaria La Paz, desde 1964, y como director del Hospital Infantil desde el 1 de junio de 1965, hasta junio de 1975, su jubilación, con 70 años.

Circulaba una anécdota entre sus colaboradores(18), en los años 60, en la que el nombramiento a Jaso por el Ministro Gorría, como Jefe de Servicio de Pediatría del Infantil, se debía a una acertada actuación suya como pediatra con un nieto del General Franco, quien padecía fiebre reumática (y a quien trataba Cárdenas Pastor). Franco respondió a sus antecedentes izquierdistas: “quiero el mejor pediatra, no me importa su ideología política”. Esta anécdota obviamente no debe restar valor a la capacidad profesional de Jaso para dirigir la Pediatría de La Paz.

De 1971 a 1975, fue catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid, creada a finales de los 60. Mantuvo unos años su consulta privada; y siguió publicando tras su jubilación.

Impacto en la prensa histórica

La metodología de búsqueda en prensa histórica permite explorar su relación con: la SPM, las sesiones, el cargo de vocalía, la Pediatría, la sociedad en general y las esquelas familiares.

• ABC. En búsqueda simple salen 88 resultados de Jaso Roldán. Se citan conferencias en los años 30. Ciclo sobre tuberculosis de la SPM.

• Conferencias en la SPM: en 1955, 1956 (con Vázquez González, Taracena, Abarca, Agra Cadarso y Monereo), 1962. Apertura del Infantil. Curso de Actualización en Pediatría en La Paz, 2 junio de 1966.

• En la hemeroteca digitalizada de prensa histórica, de la Biblioteca Nacional de España, encontramos sobre “Jaso” más de 5.900 citas, y sobre “doctor Jaso” 142 referencias. Descartando erratas de captura, otros personajes con nombre de Jaso, y acotando entre 1925 y 1975, obtenemos con significación: 43 citas antes del inicio de la II República Española y 153 citas hasta la Guerra Civil. Prensa: El Liberal, La Libertad, la Voz, El Sol, La Nación, España Médica, y otros. También, la revista ibero-americana de ciencias médicas, en la que, desde 1932, colaboraba en la redacción de temas de Pediatría-Puericultura, con resúmenes de artículos y libros, y trabajos originales. Temática de las noticias en prensa histórica: oposiciones, sesiones y cursos, temas científicos (tuberculosis, radiología, neumología, laboratorio-glucemia, acidosis-malformaciones congénitas, organización sanitaria, educación sanitaria (divulgación, incluida a través de la radio en 1933-1935), imágenes, revista Puericultura. Se refleja su vida social y personal: la boda, su viaje de estudios, las felicitaciones por las oposiciones conseguidas, y el “inamovibles” de febrero de 1936 en su plaza en la ENP. Por entonces, Enrique Suñer había recibido sentencia judicial de que su cese de 1931 en la Escuela, y la de su equipo, no se ajustaba a derecho.

Enrique Jaso no aparece en noticias con significación ideológica o política en la prensa. Su hermano, Leoncio, sí aparece ligeramente significado políticamente con la República: en escritos firmados, demandado un hecho, apoyo al mitin republicano de izquierdas del 20 de octubre de 1935, o bien por apoyar a prensa “revolucionaria” como “La Tierra”. Leoncio perteneció al ejército republicano como teniente médico de aviación provisional: D. 0. núm. 159. 3 de julio de 1937.

También, se pueden explorar noticias sobre otro hermano (Tomás, nacido en 1908, juez) y el padre Leoncio Jaso Paz, también sobre el que fue su suegro, “notable doctor en Medicina, don José Cortés Munera”, de la sociedad de Oftalmología, concejal durante muchos años, incluido en las listas de partidos republicanos. Falleció en 1948.

Publicaciones. Investigación

Su obra científica es muy amplia. Tiene más de 152 publicaciones nacionales e internacionales, desde el año 1927.

Las primeras publicaciones fueron “Sobre un caso de septicopuhemia de origen umbilical”. 1927, nº 10 y “Seis nuevos casos de sepsis de origen umbilical observados en el transcurso de 2 meses” (ambas en Arch Esp Pediatr, 1929; 4: 218). También sobre acidosis en pacientes en el IPP en 1930, primera vez que se realizaban estudios de esta índole en España.

Publica en Arch Esp Pediatr, Archivos de Medicina Cir y Espec, Medicina Ibera, Revista ibero-americana de ciencias médicas. Publica en diversos idiomas: inglés, alemán, francés y español. Tiene artículos en una revista italiana y en una portuguesa.

Es de destacar que tiene 4 publicaciones internacionales, y no en español, entre 1931 y 1934 (Tabla II).

También tiene varias publicaciones internacionales en los años 60, revisiones de temas sobre “Eritrocitos en el neonato”, “Anemia” en 1966 (Minerva Med. 1966, 57: 1439-45 [italiano]; Munc Med Wochenschr. 1966, 108: 641-7 [alemán]) y en 1968 (Rev Port Pediatr Pueric; 1968. p. 232-7 [portugués]).

Su temática de investigación es muy variada, sobre todo, sobre: tuberculosis; problemas metabólicos; investigación de laboratorio y clínica; deshidratación (con Yturriaga en los años 50) y su corrección, lo cual le dio fama en los años 50-60 en España, fue ponente en el III Congreso internacional de terapéutica, Madrid (1952), Diagnóstico de la deshidratación, el potasio; Congreso Nacional de Pediatría de Santiago (1954), sobre deshidratación. Otros temas: malformaciones congénitas. La tesis doctoral de su colaborador García Hortelano, en el Infantil (dirigida por Casas) fue sobre Rehidratación infantil, ayudada por computador electrónico (resultados en el Bol S Ped Madr. 1971; XVIII: 11-64).

Fue el fundador y director de dos revistas de Pediatría (Fig. 6):

Figura 6. Revista mensual de Puericultura e Higiene Infantil. 1er número, 1935. Hemeroteca BNE. Derecha: Referata pediátrica. 2º número, 1961. Imagen propia. De colección particular de García Hortelano.

Puericultura española. Órgano oficial-boletín de la Asociación Nacional de puericultores. Actividad desde 1935 a 1936, cesó con la Guerra Civil.

Referata pediátrica (actividad de 1961-1970). Su objetivo era traducir y dar a conocer resúmenes de artículos pediátricos de interés, publicados en otras lenguas, incluso llegando a pagar las traducciones de su peculio. El director fue E. Jaso, además de ser uno de los colaboradores más activos en los trabajos. Secretarios de redacción fueron: Arbelo F. Ortega A. y Knapp. En el Comité de redacción figuraron colaboradores estrechos suyos, que luego estarían en la plantilla de los inicios de La Paz, pero había algún pediatra más de prestigio, fuera de este entorno.

Fue el director de la Hoja Informativa de la APE. Además participó en otras revistas:

Revista ibero-americana de ciencias médicas. 1932-1936, incluido en la redacción de la Revista, en la especialidad de Pediatría.

• Jaso estuvo en el Comité Ejecutivo de Anales Españoles de Pediatría entre enero de 1973 y diciembre de 1989, siendo Ernesto Sánchez Villares el director.

Fue ponente en numerosos congresos, nacionales e internacionales. Conferenciante. Participó en unas Jornadas Médicas Gallegas, tan pronto como en agosto de 1929.

Cursos de divulgación de Medicina e higiene infantiles, protagonizado por Unión Radio, con la cooperación de la Asociación de “Médicos Puericultores” de España.

Escribió artículos de divulgación y científicos en prensa general histórica (El Sol, etc.).

Escribió libros y capítulos en textos colectivos:

• Libro: Lecciones de Puericultura. Madrid, 1937. Las vitaminas en la alimentación del lactante. Madrid, 1942. Deshidratación en el Lactante. Madrid, 1955.

• Jaso Roldán E, Gracia Bouthelier R, Jaso Cortés E, eds. Síndromes pediátricos dismorfogenéticos. Madrid: Ed Norma. 1982.

• Capítulo de Pediatría en Formulario LABOR. Capítulo pediátrico en el famoso texto de Patología Psicosomática de J. Rof Carballo (1949).

Actividad institucional

Fue presidente de la Asociación Española de Médicos Puericultores (1935-1936). Fue vocal en dos Juntas de la Sociedad de Pediatría de Madrid. Dio sesiones en la Sociedad de Pediatría de Madrid ya en 1928, también de 1930-1933 y siguientes, y en los años 50-60 (Tabla I).

Jaso Roldán fue presidente de la Asociación de Pediatras Españoles (actual AEP) del 27 de octubre de 1960 al 8 de septiembre de 1964. Presidente de sus 3 primeras Reuniones Anuales, que se establecieron entre congresos: 1961, 1962 y 1963 (Barcelona, Santiago y Valencia). El X Congreso Nacional de Pediatría había sido en Madrid (24-27 de octubre de 1960), presidido por Juan Bosch Marín.

Jaso no fue presidente de la Sociedad de Pediatría de Madrid(2).

Actividad extraprofesional de Jaso

Tenía afición por el Arte y por los libros de Arte. En el Infantil se fomentó el desarrollo de Humanidades. Había sesiones de diapositivas en Navidad, se organizó un Coro. Se constituyó una asociación de pintores y artistas de La Paz: APACIL.

A Jaso le describen como elegante, que vestía bien. Aunque sin preocuparse por estar a la última. No fumaba. En los años 60 el tabaco era muy frecuente.

Se manejaba en varios idiomas: alemán, inglés, francés, italiano y portugués.

Familia

Hijo de Eusebia Roldán Salvadores y de Leoncio Jaso Paz. Desde Galicia, a los 3 meses de edad pasaron a Andalucía. Tuvo periodos de residencia en Galicia.

Su padre, Leoncio Jaso Paz, fue militar perteneciente al Cuerpo de Carabineros. En julio de 1936, ocupaba el mando de la 11ª Comandancia de Carabineros de Cádiz. Por mantener su lealtad al gobierno de la II República, el 6 de agosto de 1936 fue fusilado. Su hermano Leoncio Jaso Roldán (1903-1992), nacido en Vigo (Pontevedra) en 1903, era también médico. Leoncio Jaso se licenció en la Facultad de San Carlos de Madrid en 1925; el 24 de enero de 1931 fue nombrado médico interno de patología general en la cátedra del profesor Nóvoa Santos. En la Guerra Civil sirvió como capitán médico en la Fuerza Aérea de la República. En 1940 se exilió a Venezuela, donde dirigiría el Dispensario Antituberculoso de Caracas y donde residiría hasta su fallecimiento. Se le consideró en Venezuela ilustre cardiólogo y tisiólogo. Fue miembro fundador de las Sociedades Venezolanas de: Medicina Interna, Cardiología y Medicina del trabajo y del deporte. Muy reconocido en su época en Venezuela(20).

Enrique Jaso estuvo casado (18-12-1934), hasta su fallecimiento, con Maruja (María) Cortés Martínez (17-3-1909/30-5-2005). Su suegro, José Cortés Munera, fue proclamado concejal ya en 1930 y en otras fechas.

Hijos: Enrique Jaso Cortés. Neonatólogo en el Hospital Infantil la Paz. También Gustavo.

Reconocimientos

La revista Acta Pediátrica Española le nombró a Jaso Roldán “Figura de la Pediatría” en marzo de 1961. Cada mes, la revista aportaba unos datos y una foto de un pediatra de prestigio.

Jaso Roldán fue presidente de honor de la AEP. Socio de Honor de diversas sociedades regionales de la AEP: Sociedad Asturias Cantabria Castilla León de Pediatría SCALP (nombrado en 1962, en Oviedo, junto con C. Laguna Serrano y Avelino González) y de la Sociedad de Pediatría de Andalucía Oriental.

El Salón de Actos del Hospital Infantil de La Paz, lleva el nombre de Aula Jaso en reconocimiento a su labor creadora en el Hospital.

Recibió la distinción Cruz Azul de la Seguridad Social en su categoría de Plata, concedida por el Consejo Provincial del Instituto Nacional de Previsión: Madrid, a fecha de 26 de febrero de 1974.

Epílogo

Coincidimos con Collado y otros autores: “sin duda alguna, por lo que el recuerdo de Jaso pasará a través de los tiempos, es la fundación y desarrollo del Hospital Infantil de La Paz, de Madrid”, fue su primer director (1965-1975); y por el decisivo papel que dicho hospital desempeñó en la modernización del ejercicio de la Pediatría, de la investigación clínica pediátrica en España y en el desarrollo de las especialidades pediátricas(1,19). Teniendo en cuenta que esta organización del Infantil fue realizada por Jaso con 60 años cumplidos.

Incluso, algunos autores han señalado como dos momentos clave en la historia de la Pediatría en España, en el siglo XX hasta los años 70: la fundación de la Escuela Nacional de Puericultura (Enrique Suñer, 1926) y la apertura de la Clínica Infantil “La Paz” (Enrique Jaso)(1,19).

Puede decirse que Jaso tuvo muchas responsabilidades, por poco tiempo quizá, pero con el máximo aprovechamiento. Fue presidente de la Asociación de Puericultores Titulados durante la II República; fue, durante la Guerra Civil y, por poco tiempo, director de la Inclusa, director de la ENP y catedrático de Pediatría de la Universidad Central, en Madrid. En los años 60-70 fue: presidente de la AEP, cuando se empezaron a fundar las especialidades pediátricas y se establece la cirugía pediátrica; director de la Clínica Infantil de La Paz de Madrid; y catedrático de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Puede ser considerado como un referente, también por otras muchas razones profesionales y humanas, por su intenso trabajo, empuje y motivación durante toda su vida profesional, a pesar de las circunstancias políticas y de todo tipo. Fue pionero en investigación en la Inclusa, en la divulgación sanitaria en los años 30 (en la radio y prensa), en asumir multitud de tareas pediátricas durante una guerra civil, incluido el traslado de los niños y niñas de la Inclusa de Madrid en 1936, en su capacidad de resiliencia y persistencia para levantar una depuración político-social, un “exilio interior” del franquismo.

Jaso consiguió, con otros pediatras y sociedades pediátricas, que “la Pediatría levantara el vuelo”, parafraseando el título de una conferencia sobre historia y actualidad de la Pediatría, que encargaron a Jaso en los 60, para un homenaje al profesor Moreira.

 

Agradecimientos: Enrique Jaso Cortés, Francisco Ruza Tarrío, José García Sicilia, conocedores de Enrique Jaso Roldán, que han aportado datos imprescindibles para esta biografía.

Bibliografía

1. Collado Otero F. In Memoriam. Profesor Enrique Jaso. An Esp Pediatr. 1994; 40: 74.

2. Zafra Anta MA. La Pediatría como especialidad en España a través de las sociedades de Pediatría, y de la Sociedad de Pediatría de Madrid 1913-2018. Tesis doctoral, 2020. Dir. Hernández Clemente JC. Universidad Autónoma de Madrid.

3. Zafra Anta MA, Hernández Clemente JC, Medino Muñoz J. Estudio histórico hemerográfico sobre la Escuela Nacional de Puericultura. Antecedentes de la Pediatría social y mirada crítica a la maternología y la perspectiva de género. An Pediatr (Barc). 2020; 93: 70-2.

4. Morales JL. El Niño en la Cultura Española. 4 tomos. Alcalá de Henares, Imprenta de los Talleres Penitenciarios. 1960.

5. Jaso Roldán E. Memoria compostelana de Don Roberto Nóvoa Santos. El Correo Gallego; 1987. p. 28.

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Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (18). Déficit de cloro en lactantes de origen dietético

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**, E. Garín***

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. ***Nefrólogo pediátrico. Universidad de Florida. Gainesville. EE.UU.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (5): 292.e1 – 292.e4

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (18). Déficit de cloro en lactantes de origen dietético

Prólogo

El estudio del equilibrio ácido-base acompañado de la cuantificación del cloro en sangre se fue introduciendo lentamente en clínica en las primeras décadas del siglo pasado. Quizás, la primera enfermedad en la que coincidieron acidosis e hipercloremia fue la acidosis tubular renal(1). Eran mediados de los años 30.

James Lawder Gamble (1883-1959) (Fig. 1) fue un personaje importante en la historia de la medicina, por su capacidad para profundizar en el conocimiento de la fisiología de los fluidos corporales.

Figura 1. James Lawder Gamble 1883-1959. National Academy of Sciences. Biographical Memoir by Robert F Loeb. Disponible en:
http://www.nasonline.org/publications/biographical-memoirs/memoir-pdfs/gamble-james.pdf.

Apostó por la creación de unos diagramas que enfatizan la electroneutralidad, una contribución simple pero elegante, que se erigieron como un hito en la educación en este campo (“Gamblegramas”) (Fig. 2).

Figura 2. Un esquema característico de Gamble, en el que se muestra gráficamente la electroneutralidad del plasma (“Gamblegrama”)(3).

Su presencia en nuestros textos actuales recuerda a los expertos en historia de la medicina, que Gamble perseveró en el concepto de milieu intérieur de Claude Bernard. Por ello, contribuyó a conocer lo que sucede cuando se altera su composición o su volumen. Graduado de Stanford en 1906 y en la Escuela de Medicina de Harvard en 1910, Gamble completó su formación clínica en el Hospital General de Massachusetts y en el Hospital de Niños de Boston. Después de una experiencia de laboratorio en Boston y Baltimore (Harriet Lane House, Johns Hopkins Hospital) y de un interludio en Francia, debido a la Primera Guerra Mundial, regresó a Baltimore para emprender sus estudios sobre el ayuno que marcaron el rumbo de su carrera. Fue invitado a Boston en 1922, para continuar su investigación, donde llegó a ser profesor de Pediatría en 1932 y encargado del laboratorio de la Unidad de Investigación a partir de entonces(2). En 1925 publicó dos estudios experimentales sobre las consecuencias de la obstrucción pilórica(3,4). Más tarde, Burnett et al. resaltaron las anomalías electrolíticas que son consecuencia de la obstrucción pilórica, tales como la alcalosis metabólica hipoclorémica y la hipopotasemia(5). En 1945, el propio Gamble et al. publicaron la existencia de una rara enfermedad consistente en diarrea y alcalosis congénita hipoclorémica (diarrea clorada congénita)(6). Con el tiempo, además del aumento de eliminación de cloruros por el tracto gastrointestinal (vómitos en la estenosis pilórica, diarrea clorada congénita), se describieron otras causas de déficit de cloro asociadas con pérdidas a través de la piel (fibrosis quística) o la orina (síndrome de Bartter, tratamiento con diuréticos).

A partir de 1979, se describieron varios casos de alcalosis metabólica hipoclorémica en lactantes que eran alimentados con fórmulas deficitarias en cloro. Al menos, una de las causas es muy probable que haya pasado a la historia. Para este artículo, tenemos el honor de contar con la colaboración del doctor Eduardo Garín, que publicó uno de los primeros casos de esta entidad(7).

Caso 1

Un lactante de cinco meses de edad ingresó para estudio por presentar falta de aumento de peso y alcalosis metabólica. Había crecido normalmente hasta los tres meses de edad, cuando se introdujo en su dieta una fórmula a base de soja (Neo-Mull-Soy, Syntex Laboratories, Inc.), debido a su negativa a tomar una fórmula humanizada (Enfamil, Mead Johnson Laboratories). “A partir de entonces, su ingesta dietética diaria consistía en 300 a 500 ml de Neo-Mull-Soy, 50 g de cereal de arroz seco, 120 g de frutas coladas Gerber y 50 g de carnes coladas Gerber”. A los cuatro meses de edad, ingresó en un hospital local, porque no aumentaba de peso. Los hallazgos de laboratorio mostraron una alcalosis metabólica (pH 7,6) hipoclorémica (80 mEq/L), hipopotasemia e hiperreninemia (223 ng/ml/hora). La concentración de cloruro en el sudor fue de 9 mEq/l. El examen de heces reveló quistes de Giardía lamblia, por lo que recibió una pauta completa de tratamiento con quinacrina. Fue dado de alta sin modificaciones en su dieta. Tres semanas más tarde, se consideró que su ganancia de peso era inadecuada y el paciente fue derivado al hospital de los firmantes del artículo. No existían antecedentes de polidipsia, poliuria, diarrea o vómitos. El paciente tenía un peso de 4,78 kg (percentil 5) y una talla de 62 cm (percentil 10). La tensión arterial sistólica era de 100 mmHg. Se volvió a confirmar la hipopotasemia y la alcalosis metabólica hipoclorémica. La actividad de la renina plasmática era de 60 ng/ml/hora. Con la prueba de Chaimovitz (sobrecarga hiposalina) se descartó que estuviera afecto de un síndrome de Bartter (osmolaridad urinaria mínima 53 mOsm/kg). Se mantuvo la alimentación con Neo-Mull-Soy, pero se añadieron suplementos de cloruro de sodio (13 mEq/kg/día de Cl). Una semana después, el niño había ganado 600 g de peso, permanecía normotenso y se habían elevado los niveles de cloremia. Tras la reducción de la ingesta diaria total de Cl a 3 mEq/kg/día, persistió el incremento de peso y la normalidad de la bioquímica sanguínea. La actividad de renina plasmática se redujo a
0,9 ng/ml/hora(7). La concentración de Cl de Neo-Mull-Soy una vez reconstituida era de 0-2 mEq/l(8).

Caso 2

Un lactante de cuatro meses ingresó en el hospital por presentar una clínica de anorexia, letargo y debilidad muscular. Era producto de un embarazo a término normal. Fue amamantado durante las primeras seis semanas de vida. A partir de entonces, su ingesta dietética diaria consistió exclusivamente en la fórmula humanizada Aptamil-1 fabricada a partir de leche de vaca, recientemente comercializada. El examen físico reveló signos de deshidratación extracelular con oliguria. No existía estancamiento ponderal ni en la longitud. Los hallazgos de laboratorio mostraron: alcalosis metabólica hipoclorémica (pH 7,62; HCO3 39 mEq/L; Cl 70 mEq/L), hipopotasemia (2,5 mEq/L), hiperuricemia (12 mg/dl) e hipercalcemia (11,2 mg/dl). En la tira reactiva no se objetivó hematuria. Los valores de electrolitos en orina fueron Na+ 28 mEq/L, K+ 1 mEq/ y Cl O mEq/L. Se observó hipercalciuria (8,4 mg/kg/día) e hipermagnesiuria (4,7 mg/kg/día). La concentración de Cl en el sudor fue de 46 mEq/L. La actividad de la renina plasmática (> 9,5 ng/ml/h) y las concentraciones séricas de aldosterona (643 pg/ml) estaban incrementadas notablemente. Los hallazgos de la pielografía intravenosa fueron normales, sin evidencia radiológica de nefrocalcinosis. El paciente recibió suplementos de cloruro de sodio y potasio. Se aportaron inicialmente 10 mEq/kg/día de Cl, que se fueron reduciendo progresivamente hasta alcanzar una ingesta total de 3 mEq/kg/día. Al alta, una semana después, había ganado 600 g y los datos de laboratorio eran normales(9).

Caso 3

Lactante de cuatro meses que, con buen estado previo, ingresa en el hospital por un cuadro de somnolencia y ausencia de respuesta a estímulos, de cinco horas de evolución. En los días previos, la ingesta fue adecuada, sin vómitos, diarreas, sudoración excesiva ni ningún otro síntoma destacable. Tampoco presentaba antecedentes de toma de fármacos. Desde el nacimiento fue alimentada con un producto dietético fabricado a base de almendras (Vitasol®). El incremento de peso había sido de 1.555 g. En la exploración mostró mal estado general en forma de: fontanela deprimida, ojos hundidos, mucosas secas, signo del pliegue positivo y relleno capilar enlentecido. Estaba afebril. Asimismo, se observó una facies peculiar con retromicrognatia y escafocefalía. Neurológicamente, estaba hipotónica y sin movilidad espontánea. Reaccionaba solo parcialmente al estímulo doloroso y tenía la mirada desconectada. Se calculó una deshidratación del 15 %. Los exámenes complementarios al ingreso fueron: Na+ 124 mEq/L; K+ 2,2 mEq/L; Cl 74 mEq/L; pH 7,8; HCO3 49,8 mEq/L.
En el estudio de la función renal, se observó una excrección fraccionada de potasio (EFK) elevada (21,21 ml/100 ml GFR) con excrección fraccionada de cloro (EFCl) y excrección fraccionada de sodio (EFNa) normales (0,34 y 0,77 ml/100 ml GFR, respectivamente). El cociente calcio/creatinina estaba elevado (1 mg/mg). A su ingreso, se procedió a reponer el déficit hidroelectrolítico. En la prueba de concentración urinaria, la osmolalidad máxima fue de 558 mOsm/kg
(en el límite inferior para su edad). La determinación de Cl en sudor y los valores de renina y aldosterona eran normales. En el estudio de la función tiroidea se cuantificaron niveles de TSH elevados (21,67 µU/ml) y niveles de hormona tiroidea (T4) de 1,79 ng/dl. Durante su estancia hospitalaria, después del uso de soluciones endovenosas de expansión y de la introducción de una fórmula humanizada, la evolución fue favorable. Al alta, los iones y los parámetros del equilibrio ácido-base se habían normalizado(10).

Comentarios

Como hemos indicado, el caso 1 de nuestro manuscrito, en el que se narra la historia de un lactante con alcalosis metabólica de origen dietético, fue publicado por Eduardo Garín et al. en 1979(7). Otros dos trabajos en los que se reseñaban lactantes alimentados con Neo-Mull-Soy aparecieron en el mismo lapso de tiempo(11,12). Al año siguiente, Linshaw et al.(8) y Grossman et al.(13) presentaron los datos de trece y diez lactantes, respectivamente, con la misma clínica y las mismas anomalías metabólicas mencionadas en los casos iniciales.

La cuestión no quedó aquí. En la primavera de 1981, se comercializó en España una fórmula de inicio para lactantes elaborada a partir de leche de vaca que tenía, una vez reconstituida, un contenido en Cl de 2 mEq/l (Aptamil 1, Milupa SA). En agosto de ese año, ingresó en el Hospital Infantil de Cruces de Bilbao, el lactante cuyos datos clínicos y bioquímicos se han resumido como caso 2. Como consecuencia de ello, el grupo liderado por Juan Rodríguez Soriano, maestro de uno de nosotros (VMGN), estudió 93 lactantes alimentados con esa fórmula. Identificaron treinta de ellos con una concentración nula de Cl urinario. Además de la hipocloremia y la alcalosis metabólica, los autores observaron una elevación significativa en las concentraciones séricas de calcio y fosfato, y en las excreciones urinarias de calcio y magnesio, que persistieron después de la recuperación casi completa de las alteraciones bioquímicas restantes, lo que sugería un riesgo potencial de nefrocalcinosis(9). La fórmula causal fue retirada del mercado.

En los siguientes años, aparecieron varios manuscritos destinados a conocer si existían complicaciones, especialmente neurológicas a largo plazo, en los lactantes que habían sido alimentados con una fórmula de soja con pobre contenido en cloro. Aunque los dos primeros trabajos eran preocupantes(14,15), en los dos siguientes(16,17) se demostró un desarrollo cognitivo normal, aunque podían existir ciertas deficiencias en las habilidades del lenguaje(17).

Como se indicó en la Introducción, al menos, el uso de fórmulas infantiles deficitarias en cloro es posible que haya pasado a la historia, pero de otras causas de alcalosis de origen dietético no se puede decir lo mismo. Nos referimos a la situación implícita en el caso 3, uno de los dos pacientes diagnosticados en el Hospital en el que trabajó uno de nosotros (VMGN), en el que la alcalosis metabólica era causada por la alimentación sustitutiva con una “leche” de almendras(10). Este producto dietético se vende en herbolarios. Al tener un alto porcentaje de fibra soluble, es beneficioso en el estreñimiento crónico. También se ha recomendado en sujetos con intolerancia a la lactosa. Tiene un bajo contenido en Na+ (40-80 mg/100 g) y K+ (200-300 mg/100 g) y una concentración nula de Cl y yodo. Por supuesto, que está contraindicado en la alimentación de los lactantes. Después de nuestra publicación, han aparecido varios artículos sobre el tema(18-20).

Puesto que este es un trabajo que pretende versar sobre temas de Historia de la Pediatría, no podemos extendernos en la fisiopatología del proceso. Basta decir que la ausencia de Cl intratubular renal favorece un incremento en la secreción de H+ y K+ en las porciones distales de la nefrona, especialmente, en el ducto colector(21). De ahí, la alcalosis hipopotasémica.

Finalmente, podemos recordar otra causa poco frecuente de déficit de cloro perinatal. Nos referimos a los vómitos repetitivos maternos al final del embarazo(22,23).

Epílogo. Eduardo Garín

Es apropiado enfatizar que el examen rutinario para medir los electrolitos en sangre, está basado en el concepto desarrollado por el Dr. Gamble. Las mediciones de cloro, sodio, potasio y bicarbonato en sangre, en los casos descritos en esta presentación, permitieron determinar la presencia de un desequilibrio electrolítico (en estos casos, la alcalosis metabólica) que explicaba la falla del crecimiento en estos pacientes.

Cuando estudiamos el caso 1 para determinar la causa de la alcalosis metabólica, inicialmente atribuimos el déficit de cloro a un exceso de pérdidas del electrolito. Sin embargo, no encontramos tales perdidas de origen renal, de la piel y ausencia de diarrea por el tubo gastrointestinal. Estos resultados nos condujeron a probar la hipótesis que el déficit de cloro era debido a la fórmula que presentaba una concentración de cloro bajo los mínimos recomendados. La hipótesis fue confirmada, pues los síntomas y la hipocloremia se normalizaron al aumentar el ingreso de cloro en la dieta y reaparecieron cuando, subsecuentemente, se volvió a usar la fórmula causante del problema.

Lo importante fue que estos resultados se comunicaron a las autoridades de Salud, lo que condujo a promulgar, en 1980, The Infant Formula Act. Esta ley estableció que las fórmulas de los lactantes cumplieran con estándares cualitativos específicos de los nutrientes (entre ellos, el cloro).

Es interesante que la reducción del contenido de sodio y cloro en las fórmulas fue el resultado de las sugerencias del Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría en 1976, tratando de evitar la hipertensión.

Como corolario, las autoridades de Salud tienen que estar siempre atentas a que las fórmulas para lactantes deben contener una concentración de cloro de acuerdo con los estándares. La falta de vigilancia resultó en la situación descrita en el caso 2 (uso de Aptamil-1) y en el caso 3 (uso de Vitasol). Lo importante es que “la historia no se ha repetido”. No ha habido casos publicados desde 1983.

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Pediatras en la historia (1). Francesc Prandi i Farrás (1928-2011)

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 229.e1 – 229.e7

 

“Los mejores cuidados para el mayor número de niños”
Lema de cursos de Prandi

“El maestro sin cátedra”
“Te hacía sentir importante, incluso cuando le formulabas una pregunta”
Opiniones de algunos especialistas y alumnos de sus cursos

 


Pediatras en la historia (1). Francesc Prandi i Farrás (1928-2011)

Francesc (Francisco) Prandi Farrás fue un pediatra, nacido en Sabadell, que desarrolló su actividad profesional en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Su trabajo asistencial fue en Barcelona. Puericultor del Estado, médico escolar, doctor en Medicina, jefe de servicio de Pediatría, pionero de la Pediatría Ambulatoria-Extrahospitalaria de Atención Primaria, con un gran poder de convocatoria, aglutinación y organizativo en lo docente, formativo e institucional, en Cataluña, en España e internacionalmente (Europa, también EE.UU. y Latinoamérica).

Formación académica y especializada

Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, obtuvo la licenciatura en 1951. Se doctoró cuatro años más tarde, en 1954, con el grado de excelente(1-4).

Su tesis doctoral, Influencia del equilibrio iónico sobre el asma histamínico experimental del cobaya, 1954, calificada con excelente, fue resultado de una investigación que sería origen también de diversas publicaciones, como autor único y, sobre todo, con Juan Jiménez Vargas.

En los años 50, fue profesor encargado en la cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, de la que entonces era catedrático Santiago Vidal Sivilla (1916-2000).

Fue inspector de medicina escolar, por oposición, desde 1954. Fue Jefe del Instituto Médico Escolar de primera infancia.

Obtuvo el título de Puericultor del Estado. Amplió estudios de Pediatría en la segunda mitad de la década de los 50 en Zúrich, con el pediatra suizo Guido Fanconi (1892-1979), y en París, con el pediatra francés Robert Debré (1882-1978).

F. Prandi participó en el curso de Pediatría Social en el Centro Internacional de la Infancia (1955), fundado y dirigido por el profesor Robert Debré. Con Debré mantendría relación mucho tiempo(5).

Durante el Curso de Debré, presentó a los oyentes de los demás países varias comunicaciones acerca de las actividades sanitarias de España, en orden a la protección maternal e infantil y a la organización de los Servicios de Higiene Escolar. Toda una muy significativa participación en momentos de aislamiento internacional español, debido al periodo de autarquía (duró hasta 1959) del régimen de Franco.

Concursó a cátedras de Pediatría durante los años 60 (BOE): Barcelona (1964), Salamanca (1965), Sevilla (Cádiz) y Santiago de Compostela (1966), frente a 20 opositores, entre los que estuvieron: Cruz Hernández, Ballabriga, Sánchez Villares, Peña Guitián y otros; pero no consiguió ninguna cátedra. Ejerció la docencia en la Escuela de Puericultura.

Perteneció a la Real Academia Europea de Doctores desde el curso 1964-65(1-4).

Actividad profesional

Prandi fundamentalmente ejerció en Medicina Escolar y como director del servicio de Pediatría del Hospital San Rafael de Barcelona.

Medicina Escolar y Medicina Preventiva y Social

Fue inspector de medicina escolar, por oposición, desde 1954 (obtuvo el número 9 del listado de aprobados). Fue Jefe del Instituto Médico Escolar de primera infancia.

En los años 50, fue colaborador del Centro Auxológico y de Medicina Preventiva Infantil de Barcelona, Obra benéfico-social de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona. El día 16 de abril de 1955, la Caja de Ahorros de Barcelona inauguró las actividades del Centro Auxológico de Barcelona. Se encuentran noticias de su actividad hasta finales de los 60, al menos. Fue un centro de: higiene escolar, educación higiénica e investigación de los problemas biológicos, médicos y sociales en la edad escolar, estudios longitudinales de crecimiento, detección de tuberculosis y vacunación BCG. Englobó a 49 colegios y 7.323 alumnos; estuvo encuadrado en los Servicios Sanitarios del país, en cooperación con la Inspección médico-escolar del Estado(6).

Prandi participó en las Jornadas Médico-Escolares (1957), con el tema lucha antituberculosa en el medio escolar barcelonés y sobre “Educación higiénico-alimenticia” (Acta Pediátrica, junio 1957) (Fig. 1).

Figura 1. Izquierda. Prandi Farrás, nombrado “Figura de la Pediatría” en el número de diciembre de 1957 de Acta Pediátrica Española. Derecha. Prandi Farrás, década del 2000. Tomada de: https://www.grindope.com/quienes-somos.

 

Pediatría hospitalaria

Prandi trabajó en el hospital de San Rafael de Barcelona, desde el 3 de marzo de 1968, allí fundó y dirigió el Servicio de Pediatría, hasta 1988. Se formó por un grupo de pediatras que conocían el ámbito extrahospitalario. Como hacían entonces otros grupos, y los que fueron también directores (p. ej., Jaso, primer director del Infantil de La Paz, de Madrid), se reunían una vez por semana para comentar casos clínicos de Pediatría y bibliografía de interés(1-4,7).

Ejerció también en una consulta privada.

Pionero en el desarrollo de la Pediatría Extrahospitalaria, en su campo de formación e investigación

Desde el principio de su carrera profesional, años 50-60 del siglo XX, Prandi conoció la medicina escolar y también la que se hacía en los entonces llamados “consultorios” o “ambulatorios” de la Seguridad Social, así como en consultorios privados y de mutuas de aseguradoras. Esto era así en Barcelona y también en otros lugares de España.

En España, hacia los años cuarenta-cincuenta del siglo XX, tiempos del régimen del General Franco, la asistencia en el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE) era principalmente de tipo ambulatorio, adscribiéndose a cada médico un cupo de asegurados y sus familiares(7-9); la hospitalización se hacía en las llamadas residencias sanitarias, también había hospitales clínicos y algunos centros de beneficencia. El SOE se creó en 1942, y era obligatorio, cubría a trabajadores y sus familias. Un hecho trascendental y que marcó la evolución de la Pediatría y Puericultura de mediados del siglo XX, fue que en 1958 se instauró en el SOE la figura del pediatra de zona, con niños menores de 7 años adscritos(8,10).

En 1963 (28 de diciembre), la Ley de Bases de la Seguridad Social sustituyó al SOE, con financiación por cotizaciones y por el propio Estado. Tenía muy amplia cobertura, si bien no era una asistencia universal. Sus consecuencias fueron extraordinarias, con gran desarrollo, para los hospitales del entonces llamado Instituto Nacional de Previsión; véase, por ejemplo: La Vall d’Hebron de Barcelona (construido en 1955 y modernizado en 1968), La Paz de Madrid (1964) o el Central de Oviedo, Asturias (1961). También entonces, desde 1964, fueron los comienzos de la formación médica especializada, médicos internos, en la asistencia pública(7).

La medicina no hospitalaria, en esos años 60, no disponía de recursos formativos ni de la calidad científica que empezaba a desarrollarse en el ámbito hospitalario. Las inquietudes docentes de Prandi le llevaron, en 1969, a organizar y dirigir el primer Curso de Pediatría extrahospitalaria, siendo la sede el Hospital de San Rafael (Barcelona), con una visión científica y, al mismo tiempo, práctica. En este curso participaron 25 pediatras extrahospitalarios. Toda una declaración de intenciones, pues citó la Pediatría Extrahospitalaria individual y colectiva (que en el ámbito francés era la entonces Pediatría Social). Enseguida, Prandi, utilizaría la denominación de Pediatría Extrahospitalaria: “esta denominación, creada por nosotros como equivalente a la de «Ambulatory Pediatric» en la literatura americana actual, que se había puesto en marcha en 1961”.

En la Pediatría Ambulatoria propuso, en esos años 60-70, incluir las actividades del Consultorio privado o del Ambulatorio oficial, y de la asistencia del niño en su hogar (visita domiciliaria). También incluye los programas de sanidad infantil y medicina preventiva en los diferentes períodos de edad (consultorios de puericultura, higiene del preescolar, higiene del escolar, higiene mental, planes de vacunación continuada, etc.). Prandi propugnó el desarrollo de la formación continuada, sobre todo en técnicas y procedimientos, en la Pediatría que denominó Extrahospitalaria, como se estaba organizando en otros países: Ambulatory Pediatrics, Pédiatrie en la pratique, Pediatrie in der Praxi. Además, se refería a lo ambulatorio como no hospitalizado, de la Consulta Externa del Hospital de Niños o de la Consulta Externa del departamento de Pediatría del Hospital General.

Con el tiempo, la Pediatría ambulatoria se ha dirigido especialmente a la Atención Primaria de Salud. Hay que recordar que la Declaración de Alma-Ata sobre Atención Primaria de Salud no fue hasta septiembre de 1978.

En 1972, se organizó el 2º Curso Internacional de Pediatría Extrahospitalaria, de Prandi.

Desde este segundo curso, participarían una media de 180 pediatras de todas las regiones de España, también de Portugal. Además, enseguida, los pediatras de Córdoba y Sevilla organizaron secciones de Pediatría Extrahospitalaria en relación con los Colegios de Médicos(2,11,12).

“Demostró que la Pediatría Extrahospitalaria (PEH), Ambulatoria y/o de Atención Primaria (AP) es una verdadera especialidad que precisa de aprendizajes y técnicas especiales, para poder llevar a cabo una auténtica atención integral, global y antropológica al niño y adolescente, inmersos en la problemática de su entorno psicosocial, muchas veces adverso…”(2).

Prandi fue un defensor e infatigable impulsor de que la Pediatría, fuera de los hospitales, tiene capacidad de atender correctamente al niño y al adolescente, y además dedicarse a la docencia y a la investigación en ese campo de la Atención Primaria.

Enseguida se aglutinarían en la denominada Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la Asociación Española de Pediatría (AEP), en 1983, actual Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP). El primer presidente de la Sección fue Prandi.

El Curso de Prandi ha seguido teniendo continuidad prácticamente anual, hasta la actualidad. F. Prandi dirigió los cursos hasta 2009 (36º curso). El Grupo de Investigación y Docencia en Pediatría Extrahospitalaria (GRINDOPE) fue fundado el 1 de enero de 1990 por F. Prandi(1-3). Desde entonces, GRINDOPE, en colaboración con la Fundació Bosch i Gimpera de la Universitat de Barcelona, organiza hasta la actualidad, el Curso de Pediatra Extrahospitalaria (https://www.grindope.com/quienes-somos).

En el año 2000, también se organizó la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), de la AEP, ligada sobre todo a los Centros de Salud y la Sanidad Pública. La SEPEAP y la AEPap son sociedades son muy activas.

Publicaciones. Investigación

Podemos encontrar artículos y libros publicados por Prandi en una búsqueda en PubMed y Dialnet, así como el buscador digital de la Biblioteca Nacional de España, además de las revistas médicas en las que participó(4). Tiene más de 30 publicaciones nacionales e internacionales desde el año 1953.

Artículos científicos

Inició sus artículos en la Revista Española de Fisiología, con J. Jiménez Vargas, sobre temas de patología bronquial (efectos de la cortisona, ACTH, K, etc.) y asma, en línea también con la investigación protagonizada en su tesis doctoral. Publica en diversos idiomas: catalán, español y francés.

Su obra científica es amplia. Los temas predominantes de su investigación son: asma, tuberculosis, fibrosis quística, patología ORL, antibioterapia, higiene y salud escolar, el pulmón en el prematuro, adolescencia, organización e investigación en Pediatría Extrahospitalaria de Atención Primaria. Tiene revisiones y artículos de investigación, de organización sanitaria y de ética, y discursos en la Academia de Barcelona. Como único autor o en grupo. Las revistas son: Butlletí (Boletín) de la Sociedad Catalana de Pediatría, Acta Pediátrica Española, Anales Españoles de Pediatría, Medicina Clínica (Barcelona), Revista Cubana de Pediatría (1962), Boletín de Pediatría de la SCALP, Revista de Pedagogía, Annals de Medicina, Vacunas: investigación y práctica, y Canarias Pediátrica.

Escribió también artículos en relación con biografías e historia de la Pediatría: Un In Memoriam al prof. Robert Debré en An Esp Pediatr (1978; 11: 733-4). También un capítulo homenaje a Pere Calafell i Gibert (1907-1984) y la Sociedad Catalana de Pediatría (Collegi de Metges de Barcelona; 2008. p. 57-67).

Libros y capítulos en textos colectivos

Libros: Progresos en asmatología infantil (1982), Sandoz, Barcelona. Claritromicina en Pediatría (1992), JR Prous, Barcelona.

Capítulos de libro. Participó en capítulos de los siguientes:

Fisiología normal y patológica de la circulación, de Juan Jiménez Vargas. Editorial Gea. Barcelona. 1953.

Oncología clínica pediátrica, de Sutox WW, Sala Ginabreda JM, Viñeta Teixidó J, Prandi Farrás R. The C.V. Mosby Co. Barcelona. Labor. En inglés, traducido. Prólogo. 1977.

¿Qué importancia tiene la atención sanitaria en la vida de un niño? En: “La salud de tu hijo paso a paso” Conselleria de Sanitat. Servicio de Salud Infantil y de la Mujer. Generalitat Valenciana. 1a ed. Libro de divulgación sanitaria. 2005.

Tratado de Pediatría Extrahospitalaria, de Del Pozo Machuca J, Redondo Romero A, Gancedo García MC, Bolívar Galiano V. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. 2º ed. Ergon. Majadahonda-Madrid. Tema: “Ética en Pediatría Extrahospitalaria”; 2011. p. 47.

Revistas médicas

Fundamentalmente, Prandi desplegó una intensa actividad “publicista”, de organizar, fundar y estar al frente de revistas médicas de Pediatría(1,2,4):

• Revista Progresos de Pediatría y Puericultura, de 1958 a 1975 (durante 18 años), una publicación mensual de la Editorial Marín, con 264 volúmenes. El director fue Prandi; con la promoción inicial de Pere Farreras i Valentí (1916-1968), maestro de la medicina catalana y fundador de la revista Progresos de Terapéutica médica (1947) y otras…

MTA-Pediatría, Métodos diagnóstico-terapéuticos de actualidad. De 1981 a 2005 (24 años), dirigió y coordinó esta publicación mensual. Prous Science Editores, con 288 volúmenes.

• Revista online TTMed Pediatría. Colaboración del 2006 al 2010. Se fundó un canal temático sobre medicina en Internet por la firma catalana Prous Science.

Prandi perteneció al Consejo Editorial de revistas como Acta Pediátrica Española, y fue Presidente de honor de Pediatría Integral.

Conferenciante

Prandi fue conferenciante, muy solicitado. Participó en muchas reuniones de las sociedades de Pediatría regionales y de extrahospitalaria regionales (Tenerife, 1965, 1979, 1995; Murcia, 1982 y otros), y nacionales con temas sobre asma, adolescencia, hiperactividad, etc.

Actividad institucional

Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) de la AEP

En 1983 lidera la creación de la Sección, luego denominada Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), aprobándose sus Estatutos el 29 de Octubre de 1984, en Asamblea General de la AEP, en el Puerto de la Cruz (Tenerife) (Fig. 2).

 

Figura 2. Primera Junta Directiva de la SEPEAP (1984). Momentos fundacionales de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria. Tomada de: Pediatría Integral(11).

De la SEPEAP fue su primer Presidente, Presidente del Comité Científico y Presidente de Honor de la SEPEAP(2,11) (Fig. 3).

Figura 3. Premio a la Investigación en Pediatría (Premio Ordesa), en la I Reunión Nacional de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP, octubre 1986. Recoge el premio la Dra. Inocencia Nieto Valverde, de manos del Gerente de Ordesa, José Mª Ventura Ferrero, en presencia de Francisco Prandi, Presidente de la Sección. Tomada de: La Vanguardia, 9 de noviembre de 1986, p. 19.

 

Pediatría ambulatoria europea

En 1974, se forma en Suiza un grupo de pediatras extrahospitalarios, en el marco de la investigación epidemiológica en el ámbito extrahospitalario, el “Groupe Romand d’Etudes en Pédiatrie Ambulatoire” (GREPA). La actividad del GREPA en 1979 y 1980 se recoge en el libro “25 leçons de pediatrie ambulatoire” del profesor Girardet. Girardet era profesor asociado de Pediatría en la Universidad de Lausanne y Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital de Neuchatel. La GREPA es el origen de la SERPA, Société Européenne de Recherche en Pédiatrie Ambulatoire, cuyo primer secretario fue Henri Romeu.

La Sociedad Catalana de Pediatría organizó en 1988, junto con el Grupo Europeo para el desarrollo de la Investigación en Pediatría Extrahospitalaria, una I Jornada Europea de Pediatría Extrahospitalaria y XXV Jornada Internacional de la Societat Catalana de Pediatria (Prandi. 1989, 49: 12-14). Este encuentro también motivó que la SERPA se transformara en 1989 en la SEPA, Société Européenne de Pédiatrie Ambulatoire. (Langue J. 2000; https://www.lesjta.com/article_ar_id_443.html).

Prandi fue fundador en 1989 de la SEPA; primero fue su vicepresidente y, posteriormente, Presidente de Honor. La Sociedad Europea de Pediatría Ambulatoria consideró el enfoque biopsicosocial propio de la Atención Primaria en la infancia y la adolescencia, y se basa en los principios generales de la bioética y en la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de la Infancia(14).

Finalmente, la SEPA es, desde 2009, la European Confederation of Primary Care Paediatricians, Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (ECPCP). En el momento actual, la ECPCP está formada por 22 sociedades pertenecientes a 19 países, que representan a un total de 21.000 pediatras de Atención Primaria (https://www.ecpcp.eu/), España es, tras Alemania, el segundo país en cuanto a número de socios.

Prandi también fue socio numerario de la comisión gestora de la sección de Pediatría Social de la AEP, 1973.

Participación en la sociedad catalana de Pediatría

Participó activamente toda su vida profesional en la de la Societat Catalana de Pediatria (Sociedad Catalana de Pediatría), con el desempeño de responsabilidades en su Junta Directiva(1,3-4): fue Secretario (1958-1962), siendo presidente Pere Calafell Gibert; vicepresidente (1970-1971), siendo presidente entonces Josep Gaspà Basora; y Presidente (1971-1975) (https://www.scpediatria.cat/?p=page/html/presidents) (Fig. 4).

Figura 4. F. Prandi y J. Del Pozo en un acto de la Sociedad Catalana de Pediatría (1975). Foto de la familia Prandi Chevalier; disponible en: Galeria de Metges(4).

 

Fue Presidente, junto con Anton R. Gomà, de la V Reunió Anual de la Societat Catalana de Pediatria (Lleida, 6-7 junio, 1997).

Tiene numerosas publicaciones en la revista oficial de la Societat, el Butlletí (en el Boletín de la Sociedad Catalana de Pediatría) y Pediatría Catalana.

Impacto en la prensa catalana “La Vanguardia”

Hemos realizado un estudio hemerográfico en la hemeroteca digital de La Vanguardia. Esto aporta una óptica pública de la prensa escrita de las actividades y participación de F. Prandi en las instituciones y actividades sociales (Tabla I).

 

Actividad extraprofesional de Prandi

Fue hombre culto, humanista, amigo de la montaña, aficionado a la lectura y a la música, buen violinista y director de una coral formada por compañeros de su último curso de Medicina (1951).

Prandi nos ofrece una metáfora deliciosa sobre la formación en investigación médica, comparándola con el aprendizaje musical para un niño(13): “la formación en la investigación para el aprendiz de médico a cualquier nivel es como el aprendizaje de la música para un niño de cinco años. La disciplina de este aprendizaje musical es buena para él, la música entrará a formar parte de su vida”. Prandi sabía el valor de la investigación en Atención Primaria, el valor tanto para el paciente como para los pediatras: “procuren investigar. Es siempre formativo, generalmente divertido y a veces sensacional. Ustedes seguramente no descubrirán el tratamiento definitivo del SIDA, pero, sin duda alguna, serán mejores pediatras”.

También tuvo creencias religiosas. Dijo Prandi: “rézale al Santo Pere Tarrés, que en el ejercicio de su profesión fue ejemplar en la piedad y a quien admiro, porque fue un pediatra que conocí en mis primeros años de profesión, y que fue un santo modelo de abnegación y dedicación al servicio de los más necesitados”(2).

Falleció el 10-3-2011, a los 82 años. Murió de grave enfermedad, llevada con resignación y entereza. En su funeral, en su honor, se interpretó una pieza compuesta para él, ejecutada por una magnífica violinista(4).

De él quedó dicho en sus homenajes: “…jamás hizo una crítica, jamás una censura. Siempre sabía corregir con una sonrisa abierta y sincera, y defendía sus opiniones con extrema amabilidad, sin imponerlas nunca; era tan buen fisonomista que saludaba a todos, por su nombre…”.

Familia Prandi-Chevalier

Su hijo David Prandi Chevalier es profesor de la UAB, en Medicina y Cirugía animal. Defendida su Tesis en Veterinaria, en 1991. Su hija, María Prandi Chevalier es la vicepresidenta de la Fundación Prandi desde 2016. Fundadora y directora de Business and Human Rights (https://businessandhumanrights.es/) (Fig. 5).

 

Figura 5. Foto de familia en Barcelona, 1968. El matrimonio Francesc Prandi y Claude Paul Chevalier con sus cuatro hijos: David (8 años), Jeannette (6 años), Elisabet (4 años) y María (menor de un año). Tomada de: Galeria de Metgess(4), proporcionada por “Família Prandi Chevalier”.

 

Reconocimientos

F. Prandi fue “Figura de la Pediatría” en el número de diciembre de 1957 de Acta Pediátrica Española, con fotografía (Fig. 1).

En el 25º Curso Prandi, se celebraron las “Bodas de plata” de los mismos, y se le rindió un entusiástico homenaje(2).

La tarea de F. Prandi se reconoce con diferentes galardones, como miembro de honor en: las Sociedades de Pediatría de Córdoba, Sevilla, Zaragoza, Murcia (APERMap; 1982), la Canaria de Pediatría (1994), y Barranquilla (Colombia), la Sociedad Española de Medicina del Adolescente SEMA (2001). Miembro de honor de la Ambulatory Pediatric Association de EE.UU. (1970).

Prandi recibió la Medalla President Macià (Barcelona, 1994), de manos del Presidente de la Generalitat (Jordi Pujol)(4). Se trata de una distinción-medalla al trabajo a personas que hayan destacado por sus cualidades, méritos y servicios prestados en beneficio de los intereses generales.

Prandi figura en el Centenario de la Bibliografía Médica de Cataluña, Barcelona, Real Academia de Medicina de Cataluña, de 2017, por Jacint Corbellá i Corbellá.

Legado

De forma póstuma, se creó la “Fundación Prandi de Pediatría Extrahospitalaria”(15), cuyo objetivo es fomentar la investigación en el ámbito de la Atención Primaria: la primera presidente fue la Dra. Cleofé Ferrandiz (2011-2015).

Hay becas de la Fundación F. Prandi para el curso MIR de Pediatría.

Se entrega un Premio a la mejor iniciativa en Ayuda Solidaria de la Fundación Prandi (como el entregado en el Congreso Nacional de la SEPEAP, 2022)(15).

Epílogo

Hoy se podría decir que Prandi fue un gran creador de cultura, primero de la medicina escolar y, cardinalmente, de la Pediatría ambulatoria, extrahospitalaria y de atención primaria. Tuvo una gran dedicación a la docencia, a dar cursos y también sesiones y conferencias muy motivadoras, nacionales e internacionales.

Poseyó una inmensa capacidad de aglutinación, y promovió la formación de Sociedades y Asociaciones pediátricas regionales, nacionales de Pediatría Extrahospitalaria e internacionales.

La Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria, la Pediatría toda, tiene y tendrá una gran deuda de gratitud con Prandi. Fomentemos que, en la formación y en la investigación en Pediatría, suene la música de Francesc Prandi Farrás y su legado.

Bibliografía

1. González Trapote L. In Memoriam Francesc Prandi Farras (1929-2010). Pediatria Catalana. 2011; 71: 79.

2. Del Pozo Machuca J. In Memoriam Dr. Prandi. Vox Pediatrica. 2011; XVIII: 5-6.

3. Moraga F. El nostre estimat doctor Prandi. Pediatria Catalana. 2011; 71: 119-20.

4. Biografía: Francesc Prandi i Farràs (Sabadell, 1928-Barcelona, 2011). JRC. Disponible en: https://www.galeriametges.cat/galeria-fitxa.php?icod=EMJ.

5. Prandi Farrás F. Crónica del Curso de Pediatría Social del Centro Internacional de la Infancia. Año 1955. But Soc Cat Pediatr. 1957; 18: 15-20.

6. Zamora Tiffon M, Prandi Farrás F. Centro Auxológico y de Medicina Preventiva Infantil. Serie “Al servicio de España y del niño español”. Ed. Servicios Centrales de Higiene Infantil, Ministerio de la Gobernación. Dirección General de Sanidad. Madrid. 1957; XX: 229.

7. Zafra Anta MA, Fernández Menéndez JM, Ponte Hernando F, Gorrotxategi Gorrotxategi P, Fernández Teijeiro JJ, de Arana Amurrio JI, García Nieto VM. En el 50 aniversario de la Clínica Infantil “La Paz” de Madrid, uno de los promotores de la Pediatría y sus áreas específicas en España. Acta Pediatr Esp. 2015; 73: e283-e290.

8. López Piñero JM, Brines Solanes J. Historia de la Pediatría. Ed. Albatros. Valencia. 2009.

9. Rodríguez Ocaña E. La construcción de la salud infantil. Ciencia, medicina y educación en la transición sanitaria en España. Historia Contemporánea. 1998; 18: 19-52.

10. Zafra Anta MA, García Nieto V. Historia de la Pediatría en España. Pediatr Integral. 2015; XIX: 235-42. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2015/xix04/01/n4-235-242_20anivers-PI.pdf.

11. Del Pozo Machuca J. Historia de la SEPEAP 30 años desde su fundación. Pediatr Integral. 2015; XIX: 161-67. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2015-03/historia-de-la-sepeap-30-anos-desde-su-fundacion/.

12. Prandi F. La pediatria extrahospitalaria: recerca en pediatria extrahospitalària. But. Soc. Cat. Pediatr. 1989; 49: 12-4.

13. Prandi Farrás F. La investigación en Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria. Los estudios multicéntricos. Bol Pediatr. 2010; 50: 23-9.

14. Prandi F, Molina V, Lo Giudice M, Racle B. Comitè d’Ètica* de la Societat Europea de Pediatria Ambulatòria (SEPA). Dels principis ètics a la pràctica pediàtrica ambulatòria. Pediatria Catalana. 2004; 64: 9-11.

15. García-Sala Viguer F. Fundación Prandi: presente y futuro. Pediatr Integral. 2016; XX: 501. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2016-10/fundacion-prandi-presente-y-futuro/.

 

 

Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (17). La intoxicación por vitamina D

Historia de la Medicina y la Pediatría


V.M. García Nieto*, M. Zafra Anta**

*Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica. **Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 174.e1 – 174.e4

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (17).
La intoxicación por vitamina D

Prólogo

El artículo que nos ocupa no hace referencia de modo ajustado al concepto propio de esta serie de trabajos. La cuestión es que la intoxicación por vitamina D, desgraciadamente, aún no ha pasado a la historia. En el gráfico elaborado con el buscador Ngram Viewer, se observa la evolución del término “vitamin D intoxication”. En la imagen, se aprecia una reducción en la última década del pasado siglo, para luego ascender en los últimos años (Fig. 1). Es interesante dialogar sobre lo que ha podido haber sucedido al respecto.

Figura 1. Gráfica elaborada con el buscador Ngram Viewer en la que se observa la evolución del término “vitamin D intoxication” desde 1925 a 2019.

La vitamina D

En un artículo previo de esta serie(1), se recordaba como el médico inglés Edward Mellanby (1884-1995) comunicó que se podía producir raquitismo en perros enjaulados no expuestos a la luz solar, alimentados a base de copos de avena. Por otra parte, se sabía que el raquitismo podía ser curado con aceite de hígado de bacalao. Su uso era una práctica común en las costas de las islas británicas (Islas Hébridas) (Fig. 2)(2,3) y de los países escandinavos, destinado a prevenir y curar esa enfermedad deformante de los huesos; más tarde, se supo que su actividad antirraquítica estaba en relación con el alto contenido en una nueva vitamina liposoluble a la que se denominó vitamina D.

Figura 2. “Una «casa negra» típica en Lewis (Hébridas), donde los dientes de las personas son excelentes y no existe raquitismo, a pesar de las malas condiciones higiénicas”(3).

Su identificación química se desarrolló a partir del descubrimiento de una sustancia vegetal ya conocida, el ergosterol, que era precursora de una sustancia con actividad de vitamina D. Adolf Otto Windaus (1876-1959) (Fig. 3) recibió el Premio Nobel de Química en 1928 por sus investigaciones acerca de la constitución de los esteroles y su conexión con las vitaminas(4).

Figura 3. Adolf Otto Windaus (1876-1959)(4).

En colaboración con el laboratorio Elberfeld, el grupo de trabajo dirigido por Windaus aisló en 1932 un producto formado a partir de la irradiación del ergosterol. La estructura química de la vitamina D2 se dilucidó en el año 1936. El concepto vitamina D se aplicó a dos sustancias liposolubles, a saber, colecalciferol (vitamina D3) y ergocalciferol (vitamina D2). La principal pro-vitamina hallada en la piel es el 7-dehidrocolesterol. La radiación solar lo convierte en colecalciferol (vitamina D3).

La profilaxis antirraquítica

Después de la segunda guerra mundial, se inició en Inglaterra un programa de profilaxis antirraquítica consistente en enriquecer con vitamina D los alimentos destinados al consumo infantil. Se calculó que, por término medio, cada lactante inglés recibía unas 4.000 U.I. diarias. A principios de la década de los 50, Reginald Lightwood (1898-1985) describió una forma de hipercalcemia, de etiología aparentemente imprecisa, a la que denominó “Hipercalcemia idiopática”(5). Desde entonces se publicaron en ese país muchos casos de esa “nueva” entidad (7,2 casos nuevos/mes). La etiología después de un amplio debate parecía evidente. Algunos autores señalaron que la Hipercalcemia idiopática no era una entidad como tal, sino que se trataba de una intoxicación por vitamina D. La consecuencia de lo referido fue doble. Por un lado, se redujo el contenido en vitamina D de los productos dietéticos infantiles y, por otro, se alumbró un nuevo término, la hipersensibilidad a la vitamina D. En efecto, se describió que algunos niños habían tenido hipercalcemia al recibir únicamente 1.000 U.I. diarias(6). Esta hipersensibilidad era difícil de explicar en su momento. De ello, se tratará más adelante.

Los primeros casos de intoxicación por colecalciferol. Los “choques” de vitamina D

Existen referencias de casos de intoxicación por vitamina D desde los años 30 del pasado siglo; es decir, poco después de cuando debió estar disponible(7), aunque la mayor frecuencia se describió en los últimos años de la siguiente década(8-15). Igualmente, en esos años se refirieron los primeros casos fatales(16). Los niños afectos desarrollaban cuadros clínicos consistentes en: anorexia, vómitos, hipotonía, estreñimiento, poliuria y polidipsia. Cuando se hacían determinaciones analíticas, se constataba una hipercalcemia notoria y niveles elevados de creatinina. Además, se comprobó la existencia de nefrocalcinosis radiológica(17), aunque no en todos los casos(18).

En la radiografía de los huesos de las extremidades y columna (Fig. 4) y en el cráneo (Fig. 5), se describieron imágenes de esclerosis(19), así como bandas densas metafisarias en los huesos largos (Fig. 6)(20).

Figura 4. “Intensa esclerosis ósea tanto en los huesos de las extremidades como en la columna vertebral”(19).

Figura 5. “En la radiografía del cráneo se aprecia la esclerosis ósea tanto en la bóveda como en la base del cráneo y en el sector facial”(19).

Figura 6. “Bandas densas metafisarias en la metáfisis tibial inferior”(20).

Desde el punto de vista renal, existía defecto de la capacidad de concentración(21); la poliuria era resistente al tanato de pitresina(19). En algunos casos, se evidenció glucosuria(21,22) y defecto de acidificación tubular renal distal(19) y, en otros, hipertensión arterial(19,22). Más grave fue la presencia de enfermedad renal crónica con reducción mantenida del filtrado glomerular renal e, incluso, la entrada en un programa de hemodiálisis(22). Curiosamente, el grupo de Nefrología Pediátrica del Hôpital Enfants Malades de París manifestó, a partir de unos trabajos que habían realizado en animales de experimentación, que estimaban que la hipercalcemia no era la causa de la nefrocalcinosis, sino que se trataba de un efecto directo de la vitamina D(23). Este aserto no se comprobó posteriormente.

También, se comprobó la aparición de complicaciones neurológicas tardías, como parálisis facial periférica y disminución del coeficiente intelectual(22).

Durante varias décadas y en varios países (nuestro país, uno de ellos), se podía disponer de viales que contenían grandes dosis de vitamina D. Estaban ideados para una administración única. Así, fue frecuente la administración a niños, sobre todo lactantes, de una megadosis (“choque”) de 600.000 U.I. de colecalciferol, especialmente, en lugares poco soleados o en circunstancias en las que parecía poco probable la administración preventiva de la vitamina a las dosis adecuadas de forma mantenida. Las consecuencias no se hicieron esperar(19,20,24), aunque hubo menos casos de intoxicación hipercalcémica de lo esperado(18).

La intoxicación por vitamina D en España

En España conocemos la publicación de algunos casos a finales de los años 60 del pasado siglo(18,25,26). La discrepancia sobre la toxicidad de la vitamina D en ese momento era la regla. En el Boletín de la Sociedad Canaria de Pediatría, se publicó en 1969 un artículo que era el transcrito de unas conferencias impartidas en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria por el profesor Enrique Casado de Frías; en ese momento, era catedrático de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca(18). El autor afirmaba que existía mucha disparidad en la aceptación de la capacidad de los choques vitamínicos para producir enfermedad y que, en disparidad con A. Valls(25), “son realmente pocos los casos de hipervitaminosis que hemos tenido la oportunidad de asistir”. El autor de la conferencia, no obstante, mencionaba algunos casos mortales ocurridos como consecuencia de dicha práctica.

A finales de los años 70 y hasta mediados de los 80, se siguieron publicando en España casos y series de niños intoxicados por vitamina D(19-22,24).

La IX Reunión Nacional de Nefrología Pediátrica se celebró en Sevilla en mayo de 1982. El tema preferente fue el metabolismo del calcio. Una Mesa Redonda versó sobre nefrocalcinosis. Pues bien, como expresión de la importancia del tema en ese momento en España, hasta cinco hospitales nacionales sumaron noventa casos pediátricos de intoxicación por colecalciferol. En ese congreso, miembros de la Sección de Nefrología del Hospital La Fe de Valencia presentaron 71 pacientes que habían sido remitidos a dicho Centro en el periodo comprendido entre 1973 y 1981. Todos tenían el antecedente de la administración de dosis masivas de vitamina D. Pues bien, solo 32/71 (45 %) mostraron calcemias iguales o superiores a 11 mg/dl(27). Por otra parte, el Servicio de Bioquímica Clínica del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid recopiló los resultados obtenidos a partir de 25.567 muestras estudiadas durante un periodo de seis años. Globalmente, se encontró hipervitaminosis D en 475 muestras (1,86 %), de las cuales solo 51 se asociaban con hipercalcemia(28). Los resultados obtenidos en esos últimos estudios nos conducen al concepto de hipersensibilidad a la vitamina D.

La hipersensibilidad a la vitamina D

En la actualidad, parece vislumbrarse que la hipersensibilidad a la vitamina D debe estar en relación bien con la existencia de distintos polimorfismos del receptor de la vitamina D (VDR) que favorecen una ganancia de función, o bien, por un incremento en la densidad de VDR nucleares. Sobre los distintos polimorfismos del VDR existen muchos trabajos escritos en la literatura reciente. Por otra parte, un incremento en la densidad de VDR se ha relacionado con la fisiopatología de la Hipercalciuria idiopática. En 1993, se demostró que en las ratas con hipercalciuria espontánea (genetic hypercalciuric stone-forming) existía un incremento en el número de VDR de sus células intestinales(29), lo que favorecía un aumento de la capacidad funcional de los complejos calcitriol-VDR con la consecuencia de un incremento en el transporte intestinal de calcio. Yao et al. comprobaron en esos animales, que existía una respuesta incrementada de los VDR a mínimas dosis de calcitriol, lo que implicaba que no eran necesarios niveles muy elevados del mismo para amplificar su respuesta(30).

Las publicaciones recientes acerca de la intoxicación por vitamina D

Después de los artículos que aparecieron en España a mediados de los años 80(22), se han divulgado pocos casos en la edad pediátrica, aunque esto no quiere decir que no hayan existido(28). En 2011 se dieron a conocer tres casos en lactantes, hijos de inmigrantes latinoamericanos, que recibían suplementos nutricionales desde su país de origen(31). También, en España se comunicó un caso en un adulto tras la ingesta de suplementos de venta sin receta (OTC: over-the-counter)(32).

Fuera de nuestro país, en los últimos años se han descrito nuevos casos en niños tratados con multivitamínicos mandados por falta de apetito o retraso en el crecimiento(33) o administrados por persistencia de la fontanela mayor(34). Asimismo, en las últimas décadas, se han publicado en revistas de habla inglesa bastantes casos de hipercalcemia aguda secundaria a la administración de suplementos OTC(35,36). En una cohorte de pacientes con fibrosis quística controlados en un único Centro, se identificó la intoxicación en varios casos. El hecho se atribuyó a un error en la preparación de píldoras magistrales de vitaminas liposolubles(37). La esclerosis múltiple es uno de los trastornos crónicos más estudiados que se ha asociado con la deficiencia de vitamina D, de tal modo que la hipovitaminosis D se ha descrito como un contribuyente potencial al riesgo de desarrollar esclerosis múltiple. En pacientes con este trastorno tratados con colecalciferol se ha descrito algún caso de intoxicación(38).

Epílogo

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra (Néstor Roulet, escritor y filósofo) (Fig. 1).

Bibliografía

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Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (16): “enfermedad de la leche” en EE.UU. en el siglo XIX, denominada “temblores” en el ganado

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 117.e1 – 117.e6

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (16): “enfermedad de la leche” en EE.UU. en el siglo XIX, denominada “temblores” en el ganado

 

– Alfred Hitchcock: en cualquier caso, ¿te gustó la escena con el vaso de leche?
– François Truffaut: ¿en la que Cary Grant sube las escaleras? Sí, es muy buena.
– Alfred Hitchcock: puse una luz en la leche…

Entrevista sobre la película Sospecha, de 1941, escena final

 

 

“Y entonces nos pusimos a buscar al viejo, y se había arrastrado desde detrás de la estufa y… estaba tendido bajo la cama en la que la chica había muerto. Y tuvimos que arrodillarnos y agarrarlo por los pies y sacarlo. Él no sabía lo que estaba haciendo. Estaba loco con la enfermedad de la leche… esa enfermedad de la leche, la cogían de… vacas, ya sabes… Y han intentado todos estos experimentos, y nunca han descubierto… todavía cómo viene.

Ni una hora después… su mujer, embarazada, también empezó a mostrar síntomas de la enfermedad de la leche. El parto se adelantó y la mujer dio a luz a su hijo. Howard recordó que la mujer no pudo ser retenida después de dar a luz, debido a las alucinaciones… La hija mayor de la familia, que también padecía la enfermedad de la leche, falleció por la noche, y el recién nacido de la mujer murió poco después”.

Anna Howard. Testigo de la escena.
Entrevista en los años 70, de un acontecimiento rural vivido a principios del siglo XX. Hill TN

 

 

Introducción

La “enfermedad de la leche” (MS, milk sickness en inglés) fue una patología frecuente entre los colonos y emigrantes del Medio Oeste de EE.UU., desde principios del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX(1-3). Se cobró miles de vidas. Afectaba a familias enteras. Existen pocas referencias a la afectación en edad infantil, que sí se producía, aunque parece que era menos intensa que entre los adultos.

La gran mortalidad e incapacidad que producía entre los afectados, sobre todo en asentamientos rurales y pequeñas poblaciones, que no se supiera su causa, la aparición en brotes de forma impredecible, su parecido con otras enfermedades, la inexistencia de un tratamiento adecuado, y que inicialmente no se conociera su posible prevención, causó un gran temor en la población, abandono de localidades y dificultad en la colonización americana. También afectaba al ganado, especialmente vacuno, en el cual se conocía con el nombre de “temblores” (tembleque coloquialmente, trembles en inglés) por su principal manifestación clínica. Esta enfermedad no existió en Europa.

Durante décadas la causa fue desconocida, ni cómo se desencadenaba. Por esto, tenía diversos nombres: enfermedad de los pantanos, enfermedad estomacal o tembladera; aunque a principios del XIX comenzó a sospecharse que se debía a la presencia de una sustancia nociva en el ganado, en la leche y sus derivados. Actualmente, se reconoce a la “Dra. Anna Pierce Bixby” como la primera sanitaria-médica en observar, investigar y determinar que la causa era la ingesta por el ganado de la planta serpentaria o raíz de serpiente blanca, white snakeroot en inglés (Ageratina altissima, género antes conocido como Eupatorium); propuso cómo tomar medidas preventivas para evitar que los animales la pastasen. En el hombre, la enfermedad podía aparecer cuando se ingería leche o derivados de un animal que había pastado esa planta. Sin embargo, en el siglo XIX no fue tenido en cuenta su descubrimiento(2,3), probablemente por ser mujer en aquella época. Tuvieron que pasar 55 años tras su muerte, hasta que la ciencia médica estadounidense identificara oficialmente, en 1928, que la causa de la MS era la ingesta de la leche o derivados que contuvieran tremetol, un componente tóxico, que se concentraba en la leche, procedente de la planta white snakeroot, que hubiera pastado el ganado.

La historia de la MS es a menudo imprecisa, confusa e incluso no carece de aspectos legendarios. Actualmente es excepcional, se puede considerar virtualmente desaparecida(4).

Enfermedades que tienen relación con la ingesta de leche y sus derivados

Al igual que los demás alimentos, la alteración, de la calidad de la leche y los productos lácteos, puede provocar enfermedades y afectar a la salud. Diversos factores pueden alterar la calidad de la leche: la contaminación y el crecimiento de patógenos, y la presencia de xenobióticos, sustancias no naturales en la leche, como los aditivos químicos, la contaminación ambiental y la descomposición de los nutrientes(5).

En el mundo, especialmente en el llamado “en desarrollo”, si no hay pasteurización y adecuado procesamiento, las infecciones zoonóticas comúnmente asociadas al consumo de leche y productos lácteos son: tuberculosis, brucelosis, leptospirosis, salmonelosis y listeriosis. Además, también por: estafilococo, E. coli, Shigella, Pseudomonas, fiebre Q, Campylobacter y hepatitis A(6). Históricamente, la fiebre tifoidea fue una de las principales enfermedades infecciosas asociadas a la leche hasta la pasteurización, que se puso en marcha a principios del siglo XX, pero no fue generalizada hasta los años 40.

Aquí hay que señalar la decisiva importancia del control de la seguridad alimentaria y cumplir las normativas legales (Unión Europea, FDA, OMS y otros). Hay que tener precaución con los lácteos y otros alimentos de producción casera o no controlada.

Fischer et al(5), hacen una revisión en 2015 muy interesante sobre posibles contaminantes de la leche y sus derivados, que pueden llegar a ellos en cualquier momento de la cadena alimentaria, por vías directas o indirectas, desde prácticas agrarias, veterinarias, para consumo humano y prácticas de higiene. Es grande la lista de posibles contaminantes:

Pesticidas, herbicidas, fármacos antimicrobianos y antiparasitarios.

Fármacos antiinflamatorios, hormonas esteroideas, agonistas beta-adrenérgicos y otras.

Desinfectantes, detergentes y aditivos.

Sustancias adulterantes simples, como la harina o más complejos, como melamine. El melamine (melamina) es un compuesto orgánico plástico, utilizado para simular madera, pero también es un adulterante utilizado para dar falsas lecturas en el contenido proteico de la leche. La melamina tiene toxicidad renal. Como ejemplo la intoxicación en China en el 2008, con efectos graves en numerosa población pediátrica tras contaminar fórmulas infantiles y otros productos lácteos.

Tóxicos accidentales en la alimentación del ganado, tóxicos ambientales (dioxinas, metales pesados, arsénico –como un brote en Japón en 1955–, isótopos radiactivos como en Chernobyl) y tóxicos que pueden incorporarse a los lácteos: aflatoxinas, micotoxinas y un largo etcétera(5,6).

Fitotóxicos, tóxicos vegetales, procedentes de plantas naturales. La eliminación de tóxicos vegetales a través de la leche por los animales lactantes, se considera una vía de excreción menor; sin embargo, puede ser importante cuando se considera la salud de las crías animales o la seguridad alimentaria de los seres humanos(7). Entre los fitotóxicos excretados en la leche, se encuentra el tremetol o tremetona (por la serpentaria blanca, la Ageratina altissima, antes Eupatorium rugosum) y la “vara de oro sin rayas” (Haplopuppus heterophyllur). Esta intoxicación la veremos en este artículo sobre la MS. Otras toxinas vegetales excretadas por la leche son numerosas: alcaloides, lactonas, glucosinolatos, Brassica, pirolizidina de la Senecio jacobaea, exceso de selenio, etc.(7).

En general, se cree que el riesgo para la salud humana de los tóxicos vegetales es actualmente mínimo, debido a las prácticas de manipulación de la leche a granel, que diluye los posibles tóxicos vegetales, y a las intensas prácticas de gestión alimentaria del ganado, que eliminan las oportunidades de que los animales lecheros pasten plantas venenosas. Sin embargo, es necesario investigar el riesgo potencial, ya que la contaminación por plantas venenosas del heno, la contaminación por semillas de los cereales y la intoxicación por pastoreo, pueden producirse en los productos animales de producción a pequeña escala o casera(7).

Historia inicial de la “enfermedad de la leche” (MS, milk sickness) en EE.UU.

La MS se cita como una enfermedad que empezó a ser conocida desde finales del XVIII, desde la Revolución Americana, especialmente en Carolina del Norte. Una excelente revisión de la bibliografía histórica de la MS la realizaron Furbee y Snively(3). Se afirma hasta que Hennepin y otros primeros exploradores franceses la encontraron entre los habitantes de los primeros asentamientos y algunos lugares de Carolina del Norte antes de 1776(1). Se citan(1) algunos nombres de pioneros que fallecieron posiblemente por esta enfermedad: hacia 1795, “El Sr. Bernard Fowler y William Tompkins, de Virginia”; hacia 1797, el reverendo Bagley y familias de su asentamiento cerca del Mississippi.

La MS afectó en el Medio Oeste americano: Illinois, Indiana, Ohio, Kentucky, Tennessee y Carolina del Norte (Fig. 1).

Figura 1. Mapa del Este y Medio Oeste de EE.UU., que señala en sombreado las zonas donde afectaba la “enfermedad de la leche” en el siglo XIX: Illinois, Indiana, Ohio, Kentucky, Tennessee y Carolina del Norte. Tomado de Furbee(3).

Inicialmente, la MS se llamó: fiebre del agua, fiebre del vómito (no daba fiebre), mal estomacal (gástrico), mal del pantano, cansancio, lentitud, cólica trementia y otros muchos. No se sabía la causa. La enfermedad aparecía como por brotes o “epidemias”, afectando a la vez a muchas personas de una familia, incluido niños o varias familias de una comunidad. Entre los animales se la conocía como “temblores”, en vacas especialmente. También afectaba, pero menos, a otros animales de granja: caballos, cabras y ovejas(1,2).

La clínica se caracterizaba en los animales por: apatía, debilidad, lentitud, pérdida de apetito, caídas, temblores, distensión abdominal, coma y muerte. Se evidenciaban más los temblores, si se forzaba al movimiento al animal (si se le hacía correr 10-15 minutos).

En los humanos, la enfermedad comenzaba con un día o dos de debilidad, seguido de: pérdida de apetito, dolor abdominal y vómitos intensos, estreñimiento y una sed insaciable, rigidez muscular, temblores y descoordinación motora. A medida que progresaba la enfermedad, podía aparecer hiperventilación y en el aliento un olor característico (“a hidrógeno sulfurado”). Posteriormente, se comprobaría que había hipoglucemia, lipemia y acidosis metabólica, de ahí el fetor a cetosis. La enfermedad podía producir delirio, coma y la muerte en pocos días, o bien, volverse crónica y latente, con exacerbaciones ante ejercicio intenso, infección intercurrente, fatiga o ayuno prolongado. La mortalidad oscilaba entre el 10 y el 25 % de casos diagnosticados.

En Indiana, la epidemia de 1818 se cobró una víctima famosa posteriormente, Nancy Hanks Lincoln. Este es un suceso muy citado en la literatura de esta enfermedad. Fallecieron los tíos abuelos de Lincoln, dos vecinos y Nancy, la propia madre de Abraham Lincoln, el cual tenía entonces 9 años, y llegaría a ser presidente de los EE.UU. (entre 1861 y 1865). De hecho, este fallecimiento motivó la emigración de la familia a Illinois, donde Lincoln sería congresista(1,8).

La primera publicación de la MS, con denominación de “enfermedad gástrica”, fue de un autor anónimo, en 1811, que la describía como un verdadero envenenamiento, ya que no conllevaba fiebre, y (creía que) estaba causado por leche envenenada, que poseía un sabor y un olor singulares. La fuente del veneno, suponía, era la vegetación ingerida por las vacas. El autor aconsejó que encontrar la planta culpable eliminaría un obstáculo para la emigración. Observó que los niños se veían menos afectados porque vomitaban inmediatamente la leche envenenada y que los caballos y el ganado vacuno criados en pastos cultivados escapaban a la enfermedad(9).

Desafortunadamente, sobre la afectación de la población infantil por esta enfermedad apenas hay más menciones en la literatura médica o de divulgación, aunque lo trataremos más adelante.

De las primeras observaciones con autor que señalaron hacia la causa, fueron las de Alexander Telford y Arthur Stewart (1809, 1812), en las que mencionaban que debía haber una planta responsable, y esta podría estudiarse mejor mediante el examen del contenido estomacal de los animales que sucumbían a la enfermedad(1).

En las siguientes décadas se escribió poco sobre la MS. Se referían diversas causas: que era la malaria o bien los miasmas del suelo y los pantanos. La medicina en estos territorios seguía todavía en muchos casos un paradigma medieval.

Desde 1822, la enfermedad se empezó a llamar ya sick stomach o milk sickness, como refieren Bennet y McCall(3). Este último sugirió en 1822, que la enfermedad tenía un origen vegetal y que se trataba de leche tóxica, pero no fue tenido en cuenta.

En la década de 1830, se produjeron dos hechos que pudieron significar un avance en el conocimiento de la causa y de la prevención de la enfermedad de la leche, pero no fueron tomados en consideración por la comunidad médica(3,8,10): los hallazgos de Anna Pierce Hobbs en 1834, como veremos más adelante, y la comunicación de John Rowe, un granjero del condado de Fayette, Ohio, quien, en 1838, anunció en un periódico de Ohio, que había descubierto que la causa de los “temblores” en el ganado era la ingesta de la planta entonces conocida como raíz de la serpentaria blanca, la Eupatorium ageratoides (E. urticaefolium), actualmente clasificada como Ageratina altissima.

Los trabajos de Anna tuvieron efecto en su localidad, pero desafortunadamente sus logros ni se mencionaron durante décadas por otros estudios médicos. De hecho, todavía en 1937 ni en 1945, en JAMA(1,11), no se cita siquiera a Anna. Tampoco a John Rowe se le concedió crédito por no ser médico. “Solo se puede confiar en un escrutinio profesional en estos casos”, escribió el Dr. Drake, médico local, educador y escritor famoso, una autoridad médica de entonces, que desacreditó esta hipótesis, en 1841: «el testimonio aducido por el Sr. Rowe es, por lo tanto, defectuoso y no concluyente”. También se aduciría que esta publicación de Rowe era para conseguir la recompensa ofrecida en los años 30 por la legislación de Illinois a aquel que descubriera la causa. El famoso Daniel Drake, que no había examinado a ningún paciente con la enfermedad de la leche, escribió extensamente sobre la dolencia(1,11,12). Valoró todas las posibles causas citadas en la época, entrevistó a médicos locales, viajó a la zona y, aparentemente con un espíritu crítico, rechazó a la serpentaria, la malaria y otras, y propuso una planta (equivocada) como posible, la Rhus toxicodendron. En este sentido, Niederhofer en 1985(12), revisó la aportación de Drake al conocimiento de la enfermedad, sin citar tampoco a Anna Bixby. Realmente Drake, fue una “autoridad médica” que estuvo desacertado y sus insistentes opiniones contribuyeron a retrasar en décadas el conocimiento de la causa de esta dolencia.

Anna Pierce Hobbs Bixby, la doctora de la frontera (hacia 1812-1870)

Anna Pierce figura en las referencias con los dos apellidos de sus maridos, tras el propio de soltera. Localmente, se la conoció como la “Dra. Anna”(3,8,10,13).

Anna Pierce estudió para atender como médico a los pioneros. Algunas fuentes la mencionan como “sanadora” y conocedora de plantas y remedios naturales. En Philadelphia solo pudo seguir cursos de enfermera, matrona y dentista, ya que en aquella época los estudios de medicina no estaban abiertos a mujeres. Desde 1828 atendió en Rock Creek, condado de Hardin, Illinois. Anna se había casado con Isaac Hobbs, un estimado granjero y predicador laico. Ambos se establecieron en una granja en la localidad.

Las dolencias infecciosas frecuentes en la zona eran: malaria, disentería, cólera, fiebre tifoidea, infecciones estreptocócicas, viruela y neumonía.

Hubo una epidemia de MS, que mató a la madre de Anna, a su cuñada, y enfermó a su padre. Esto le motivaría mucho más para estudiar este proceso.

Anna observó que la enfermedad aparecía en humanos tras beber leche o comer mantequilla, además su presentación era estacional, comenzaba en junio y cesaba poco después de la primera helada. Anna escribió en un diario propio, que un día de otoño, recogiendo muestras de plantas, encontró una anciana india, conocida como “tía Shawnee”, fugitiva de una migración forzada de los indios Shawnee hacia el oeste. La anciana, que era sanadora-curandera de su tribu y buena conocedora de plantas locales, llevó a Anna a una ladera donde señaló las plantas white snakeroot, y le dijo que era la causa de los temblores y la “enfermedad de la leche”. Ni siquiera se conoce el nombre de esta mujer india. Anna recogió una cesta de esas plantas, dio de comer a un ternero, que desarrolló la enfermedad, lo cual reforzó su convicción. Animó a hombres y niños a buscar la planta en esa zona, arrancarla y quemarla(3,8,10,13).

Se supo posteriormente que los consumidores de la toxina de la leche suelen verse afectados 2 a 3 días antes de que la vaca lactante muestre signos clínicos. Las vacas que daban leche tenían menos intensidad de enfermedad (excretan el tóxico por la leche). Se comprobaría que era más probable que los animales pastasen la planta tóxica a finales de verano o principios de otoño, cuando otros forrajes se han secado y la planta permanece verde y suculenta. Por tanto, a la Dra. Anna le parecía ser responsable una planta, no el suelo o el agua. Enfermaban, sobre todo, las vacas, que no seleccionan cuidadosamente sus pastos, frente a animales más selectos o controlados, como ovejas, cabras y caballos.

Por tanto, se puede decir que Anna descubrió la causa de la enfermedad, aunque ya había sospechas y recibió la ayuda de nativos conocedores de la planta. Reprodujo en animales la enfermedad y llevó a cabo el primer programa de erradicación de la misma en los pastos y alimentación del ganado. Todo ello cuatro años antes del informe del granjero John Rowe(2,3,8). Los primeros colonos americanos desconocían la planta y sus propiedades.

Al año siguiente de su hallazgo, murió de neumonía su marido, Hobbs (1835). Años más tarde se casó con Eson Bixby, descrito como “un inútil”. Realmente parece ser que era un delincuente, formó parte de un grupo de bandidos. Anna fue inteligente, habilidosa, muy activa en la iglesia y en la comunidad de Rock Creek. Anna incluso tiene sus leyendas(8,10,13). Se dice que Anna escondió un tesoro en una cueva con parte del dinero de las actividades ilícitas de su segundo marido; tesoro que nunca fue encontrado. Todo ello nos sitúa en la realidad y las clásicas historias de frontera de aquella época en el Medio Oeste americano. Eson Bixby fue un maltratador, intentó asesinarla; y Anna consiguió protagonizar una huida extraordinaria. Sobre la vida de Anna hay numerosas historias; probablemente muchos aspectos estén adornados(8,10,13). Véase una fotografía de Anna Bixby en la figura 2.

Figura 2. Foto de Anna Bixby hacia el final de su vida. Tomado de Gale(10).

Murió en 1869-1870 sin haber recibido reconocimiento por su descubrimiento de la causa de la MS; pero por sus descubrimientos, su trabajo y talento poco común, se la considera una pionera local y mujer referente actualmente. Tiene una placa homenaje en la Cave-in-Rock, Illinois, cerca de donde vivió. Además, en Harrisburg, al Sur de Illinois, hay un Centro de protección de Mujeres que se llama “Anna Bixby”, que atiende a mujeres y niños que han sufrido abusos o maltratos(8,10,13).

Historia de la Milk Sickness tras la década de 1830

Hay que señalar que durante algunas décadas se postularon también otras teorías. En 1841, Seaton implicó al arsénico como causa. Algunos síntomas de la intoxicación por arsénico son similares y, además, la dolencia ocurría más en las estaciones secas, con los arroyos con menor caudal, lo que “concentraría el arsénico”(2,3). Esos años Drake siguió con sus publicaciones.

No había tratamiento médico eficaz para la enfermedad desarrollada. Se utilizaron varias opciones durante el siglo XIX: opio, hidroterapia, sangrías, ampollas y enemas catárticos con calomelanos (mercurio) en grandes dosis, whisky, bismuto, carbón vegetal y tintura de lobelia, bicarbonato sódico y potásico(2,12). La lobelia la emplearon nativos americanos con fines medicinales y ceremoniales. En particular, la fumaban y la quemaban para inducir el vómito, combatir síntomas respiratorios y musculares.

Posiblemente, la MS incluso afectó a muchos soldados durante la Guerra Civil Americana (1861-1865), se dice que Lincoln destituyó al general G.B. McClellan, pues tenía soldados “lentos”.

Después de la Guerra Civil Americana, se publicaron en prensa argumentaciones de que era la planta E. ageratoides (Jerry, 1867), o bien microorganismos asociados al suministro del agua (Sager, 1876; Gardner, “Bacilla subtilissima” en 1880). Hubo numerosas publicaciones(1-3) que señalaban posibles causas de la MS: Moseley (1906, 1909, 1917), Clay (1914), Marsh y Clawson (1917), Curtis y Wolf (1917) y Sackett (1919)(2,3,12). Se vio que en el hombre la enfermedad puede aparecer incluso si ingiere directamente las hojas o los tallos de la misma.

Por otro lado, la incidencia de la enfermedad parecía estar bajando sin saberse la causa. Probablemente, era que los bosques se acotaban y los terrenos se vallaban, lo cual controlaba el pasto del ganado.

Por fin, en 1928, se estableció con certeza en la literatura médica que la planta serpentaria blanca, Ageratina altissima, tenía un tóxico que era la causa de la enfermedad de la leche. En ese año, Couch JF(2,3) informó del aislamiento de tres sustancias de la planta: un aceite volátil y un ácido resínico que no producen temblores, y un líquido aceitoso tóxico (un “ricino”) con las características de un alcohol secundario que sí provoca temblores. A esta última, la denominó tremetol (o tremetona). Se sabe que el tremetol actúa inhibiendo el ciclo de Krebs, disminuye el metabolismo del ácido láctico, con lo que determina acidosis y cetonemia. La toxicidad puede ser mortal, en semanas en las vacas y en días en caballos.

Incluso todavía en los años 1937-1938, se produjeron 21 casos en Illinois, con una mortalidad del 10 %.

La obra definitiva sobre la enfermedad de la leche no se publicó hasta 1941: Moseley fue el principal defensor de la teoría del envenenamiento por Ageratina y estableció la dosis tóxica en experimentos con animales(2,3). Había estudiado a un ternero y a dos reses alimentándolos con la planta y a un cerdo dándole un extracto fluido de raíz de la serpentaria blanca. Las reses precisan un consumo de la planta en un cierto porcentaje de su peso corporal, de 1 al 10 %. Si bien hay familias de Ageratina que son más tóxicas que otras(14).

No fue hasta el cuidadoso trabajo de Hartmann et al, en 1963, cuando se reconoció plenamente la importancia y gravedad de la acidosis que acompaña a la enfermedad de la leche(2,3,15). La degeneración grasa del hígado es la lesión anatómica más prominente.

Afectación pediátrica de la MS, familiar y social

La MS es una enfermedad caracterizada también por la falta de registros de datos epidemiológicos y de afectación de la población. Claro que afectaba a niños. Hay casos en prensa. Los niños también morían, como el caso de tres años de edad descrito en 1946 en el Health Bolletin, que murió en el Grace Hospital, Banner Elk, de Carolina del Norte(16). Entonces ya se sabía la causa de la enfermedad y el riesgo del pasto no controlado de los animales.

Esta enfermedad cita mucho la muerte de la madre de Lincoln; pero apenas se ha examinado la enfermedad generalizada como una pandemia rural. La historia tiene pendiente valorar los efectos sobre los que sufrieron el terror y cómo afectó al paisaje, la gente, el medio ambiente y a los gobiernos(17).

Los estudios históricos actuales, concretamente la nueva historia social, desde abajo hacia arriba, se suma a la visión tradicional desde la élite hacia abajo. En el siglo XXI, los historiadores han incorporado aún más aspectos sociológicos y antropológicos en sus obras, incluyendo temas como la cultura y las normas sociales, para ofrecer una nueva perspectiva de la historia. La historia no puede olvidar los cambios sociales, el protagonismo de la mujer, de la infancia, los movimientos por los derechos civiles, la historia afroamericana, de los nativos americanos, los más desfavorecidos en el orden social y económico, etc.

Actualidad de la MS

Las prácticas actuales de cría de animales suelen controlar los pastos y la alimentación del ganado. La puesta en común de muchos productores reduce el riesgo de que el tremetol esté en cantidades peligrosas. El tóxico no se inactiva con la pasteurización, ni con la congelación ni el secado de la planta.

Hay más riesgo si la fuente es una única vaca o un rebaño pequeño, que haya podido alimentarse con la planta white snakeroot. Hay casos en ganado, hasta recientemente(18). No hay cura, pero sí tratamiento de soporte.

La Ageratina altissima es una hierba perenne, que florece en otoño, crece alta, hasta un metro y medio (Fig. 3). Es nativa del centro de los EE.UU., también de Canadá. Se encuentra en el valle del río Ohio y en la cuenca atlántica de Norteamérica, en bosques y matorrales y, también, en zonas sombrías con el suelo desnudo, y puede estar entre la maleza y en los setos. Se adapta a diferentes condiciones de cultivo.

Figura 3. Ageratina altissima. CC BY-SA 3.0 (Wikipedia Creative Commons).

La mayor incidencia de la “enfermedad de la leche”, era en los años de sequía, cuando las vacas salían de sus pastos para buscar otro forraje. A medida que se talaron más los bosques o que se vallaban las granjas, la incidencia disminuyó rápidamente.

También se encontró en EE.UU. la MS o “temblores” producido por el tremetol en ganado que pasta otra planta: la “vara de oro sin rayas” (Haplopappus heterophyllus), rosea o “hierba de Jimmy” (Notholaena sinuate) y el laurel de montaña occidental (Sophora secundiflora), un arbusto perenne, erecto, tupido y no ramificado, alto. Crece en los pastizales secos desde el sur de Colorado hasta Texas, Nuevo México y Arizona, especialmente en los valles de los ríos y a lo largo de las zonas de drenaje. La mayoría de estas plantas se encuentran en el sur y suroeste de EE.UU. El envenenamiento es más común a finales del otoño y en invierno, especialmente después de las nevadas que cubren otros forrajes. Puede producir una enfermedad de “temblores” en el ganado y de MS en personas que ingieran leche con el tóxico(6,7).

No existen pruebas diagnósticas de rutina específicas para el tremetol. El diagnóstico se basa en los signos clínicos, la presencia de la planta en el heno o los pastos, la elevación de las enzimas musculares (CK, LDH y AST), la evidencia histológica de degeneración del músculo cardiaco y/o esquelético, más el diagnóstico de exclusión de otras causas. El contenido del rumen o del estómago puede presentarse para la identificación microscópica de las hojas de White Snakeroot. Las lesiones macroscópicas asociadas a la raíz blanca y otras miopatías tóxicas no suelen ser llamativas, y puede ser difícil distinguirlas microscópicamente de las miopatías agudas nutricionales o por esfuerzo. El diagnóstico diferencial incluye: botulismo, intoxicación por organofosforados, miopatías nutricionales o por esfuerzo, otras miopatías tóxicas, rabia y obstrucción esofágica en caballos, incluso la “enfermedad de las vacas locas” o encefalopatía bovina espongiforme.

La misteriosa enfermedad del ganado de Pictou (Canadá, finales del XIX)

Como ejemplo de las dificultades en el estudio de las enfermedades que enlazan la medicina y la veterinaria, citamos también una misteriosa enfermedad similar a la MS, que a finales del siglo XIX y durante décadas, afectó al ganado vacuno de un condado de Canadá, el condado de Pictou, en la costa Northumberland de la península de Nueva Escocia, en la costa atlántica(19).

Los animales de esta localidad de Canadá, en centenares de casos desde 1850, particularmente el ganado vacuno, manifestaba: depresión, emaciación, reducción de la producción de leche, y de sabor amargo, diarrea y signos nerviosos terminales, con mortalidad al mes de iniciarse las manifestaciones clínicas. Sobre la enfermedad de Pictou algunos ganaderos, desde 1881, pensaban que apareció tras la introducción en la zona de la mala hierba Senecio jacobœa. Esta enfermedad fue estudiada por William Osler, en 1882, que fue requerido para ello, pero no pudo llegar a conclusiones precisas(19,20). Luego se demostró que utilizando su mismo tipo de estudios, pero con más número de vacas, con programas de alimentación más específicos se podía encontrar la causa de la enfermedad. Se precisó una investigación de 2 años realizada en 1904, por W.H. Pethick, veterinario especializado en patología, para demostrar de forma concluyente, que las vacas morían de cirrosis del hígado, resultado de una toxina por ingesta de Artemisa tansy ragwort, Senecio jacobaea, una planta conocida como “Hierba de Santiago” en España. Esta artemisa causa hepatitis, por intoxicación por alcaloides de la pirolizidina, para derivar en cirrosis; pero algunos autores inicialmente plantearon la suposición errónea de una causa infecciosa. Esto hasta que se demostró que haciendo tratamiento de esta mala hierba y de los pastos, se evitaba la aparición de nuevos casos (1911). En esa época del XIX-XX, se producía la revolución microbiológica en la ciencia, en la que las bacterias resultaban mostrarse causantes de numerosas enfermedades humanas y animales. Incluso quizá todavía, hay actualmente una cierta “bacteriomanía”, que atribuye casi todas las enfermedades a organismos infecciosos.

Epílogo

En el conocimiento de la MS interfirieron supersticiones, misterios, creencias, ignorancia, las luchas y penurias de los entonces colonos del Medio Oeste americano y sus escasos médicos(1-3,12). Muchos factores intervinieron en el retraso en casi 100 años para que la profesión médica encontrara y aceptara la causa de la enfermedad de la leche, entre estos factores están:

La variabilidad de la presentación: la aparición de la MS era esporádica, a lo largo del año y según las localidades. Existen numerosas especies de white snakeroot, similares en apariencia, pero que varían enormemente en toxicidad.

El desprecio por las opiniones de las personas no profesionales de la medicina, granjeros o sanadores locales, incluido mujeres rurales, a pesar de ser excelentes observadores. Médicos, como Daniel Drake, eran tenidos en consideración, sin dudarse de sus opiniones.

La naturaleza de las opiniones estaba (todavía lo está, quizá menos) muy influida por las modas médicas de la época: la creencia generalizada a principios del XIX en los miasmas, el envenenamiento por arsénico. No era fácil distinguir entre intoxicación e infección. Había otras epidemias que coincidían en algunos síntomas, además de en la época y en el lugar.

En ocasiones, la raíz de serpentaria blanca estaba infectada con un bacilo, que también se encuentra en algunas personas con la enfermedad de la leche. Aunque el bacilo no era patógeno, durante un tiempo algunos creyeron que era la causa de la MS.

La formación inadecuada en el método científico, en la observación, de los médicos, cuando los había localmente. Faltaba una adecuada comunicación médica (revistas, reuniones médicas especialmente en las zonas rurales). Como la enfermedad se limitaba al Medio Oeste, Alto Sur, el Oeste de EE.UU. y no ocurría en Europa, muchos médicos influyentes del Este creían que ni siquiera existía como entidad nosológica.

Conocer el devenir histórico de la “enfermedad de la leche” nos puede aportar muchas enseñanzas en metodología de la investigación científica y también en la investigación histórica, así como en la visibilidad de la mujer y de personas no médicas en la participación en los avances médicos, veterinarios y sanitarios en general.

Bibliografía

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