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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Tuberculosis pulmonar

P. Rodríguez Molino,  C. Calvo Rey
Temas de FC


P. Rodríguez Molinocorreo-electronico, C. Calvo Rey

Servicio de Pediatría. Enfermedades Infecciosas y Tropicales. Hospital Infantil La Paz. Madrid. Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC)

X

Autor de correspondencia:

paularmolino@gmail.com

Resumen

La tuberculosis (TB) es la principal causa de muerte por un solo agente infeccioso en el mundo y contribuye de forma notable a la mortalidad infantil. Sin embargo, la TB pediátrica ha sido una epidemia oculta por su escasa capacidad infectiva y menor incidencia comparada con adultos. Actualmente, las mayores limitaciones son las dificultades en el diagnóstico y la ausencia de formulaciones pediátricas óptimas. A pesar de que en nuestro medio la mortalidad por TB pediátrica es excepcional, existe una importante morbilidad ocasionada especialmente por las formas extrapulmonares. Además, aunque España es considerada un país de baja incidencia, es el país de Europa occidental con el mayor número de casos. El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en el abordaje inicial de estos pacientes y de las familias, así como en el seguimiento y acompañamiento de la enfermedad.

 

Abstract

Tuberculosis disease (TB) is the leading cause of death by a single infectious agent in the world and contributes significantly to infant mortality. Pediatric TB has been a hidden epidemic due to its low infective capacity and lower incidence compared to adults. Currently the greatest limitations are the difficulties in diagnosis and the absence of optimal pediatric formulations. Although pediatric TB mortality is exceptional in our setting, there is a significant morbidity caused especially by extrapulmonary forms of the disease. Furthermore, although Spain is considered a low-incidence country, it is the Western European country with the highest number of cases. The role of the Primary Care pediatrician is essential in the initial management of these patients and their families, as well as in the ongoing follow-up and support throughout the course of the disease.

 

Palabras clave: Tuberculosis pediátrica; Exposición; Infección tuberculosa latente; Enfermedad tuberculosa; Tratamiento de tuberculosis.

Key words: Pediatric tuberculosis; Exposure; Latent tuberculosis infection; Tuberculosis disease; Tuberculosis treatment.

 

Pediatr Integral 2026; XXX (2): 107 – 117

 


OBJETIVOS

• Conocer las formas clínicas y los métodos diagnósticos de la tuberculosis pediátrica.

• Detectar los factores de riesgo para adquirir una infección o enfermedad tuberculosa.

• Aprender a realizar una correcta anamnesis y exploración física dirigida.

• Realizar una adecuada orientación diagnóstica en el cribado inicial.

• Conocer los casos que deben recibir seguimiento en una unidad especializada.

 

 

Tuberculosis pulmonar

https://doi.org/10.63149/j.pedint.121

 

Introducción

La tuberculosis es una infección causada por Mycobacterium tuberculosis que se transmite por vía respiratoria desde adultos bacilíferos; los niños rara vez contagian y, a menudo, no se confirma microbiológicamente. En pediatría, su diagnóstico es un “evento centinela” que indica transmisión reciente. Los niños procedentes o expuestos a entornos de alta endemia, así como los niños de menor edad y los inmunocomprometidos, presentan mayor riesgo de adquirir tuberculosis y de evolucionar a formas graves de la enfermedad.

La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa producida por Mycobacterium tuberculosis (MTB), bacilo ácido-alcohol resistente (BAAR). La infección se transmite por vía respiratoria, inhalando gotitas contaminadas procedentes de enfermos bacilíferos (baciloscopia positiva en esputo). Los niños no suelen ser transmisores, debido a su menor carga bacilar en secreciones respiratorias, lo cual, sumado a su incapacidad para expectorar, determina que hasta en la mitad de los casos no se alcance confirmación microbiológica(1). El diagnóstico de infección o enfermedad en un niño es siempre un “evento centinela” que refleja la transmisión reciente de MTB en la comunidad; aunque no lo demostremos, siempre hay un adulto cercano con enfermedad bacilífera. Todos los niños en contacto con MTB deberán ser diagnosticados adecuadamente en expuestos, infectados o enfermos. El desarrollo de una u otra situación dependerá de la intimidad del contacto con la fuente bacilífera, la cantidad de bacilos de la fuente, la duración de la exposición, la situación inmunológica y la edad del niño.

Tienen un mayor riesgo de adquirir la infección los niños inmigrantes que proceden de regiones de alta endemia o que conviven con adultos inmigrantes procedentes de estas regiones, así como los viajeros a zonas endémicas. Los niños, especialmente los más pequeños, y los pacientes inmunocomprometidos tienen más riesgo de progresión de infección a enfermedad tuberculosa y de presentar enfermedad grave(2).

Epidemiología

La tuberculosis es una emergencia global que causa 1,3 millones de muertes al año, siendo la primera causa de mortalidad infecciosa en la infancia y con especial impacto en menores de 5 años. Preocupan especialmente las formas multirresistentes y, aunque la incidencia en España disminuye, sigue siendo la más alta de Europa occidental, lo que justifica el cribado sistemático en niños inmigrantes procedentes de zonas de alta endemia.

La TB es considerada por la OMS una emergencia de salud global, falleciendo anualmente 1,3 millones de personas a causa de esta enfermedad, fundamentalmente en países de baja renta. Representa la primera causa de mortalidad por un único agente infeccioso en la infancia, especialmente en menores de 5 años. Por cada niño enfermo de TB, se estima que existen 10 niños infectados de forma latente, quienes, no habiendo desarrollado aún la enfermedad, son el reservorio de la TB de los próximos años. En general, la TB pediátrica afecta a lactantes y adolescentes, y es menos frecuente entre los 5-10 años. En el momento actual, existe una gran preocupación por el aumento de los casos de TB multirresistente (MDR), sobre todo en países de Europa del Este, donde supone un 16 % de los nuevos diagnósticos. La incidencia de TB resistente en niños no es bien conocida, pero se piensa que es similar a la población adulta. Mediante la estrategia “End TB”, la OMS pretende disminuir un 80 % la incidencia y un 90 % la mortalidad por TB para 2035(3).

España es el país de Europa occidental con mayor número de casos pediátricos, aunque la incidencia disminuye progresivamente(4). En la población pediátrica de nuestro país, la incidencia de la enfermedad es de 3 casos/100.000 niños(5).

Los factores que determinan la endemia en países desarrollados son fundamentalmente la situación de la infección por virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el porcentaje de inmigrantes de países con alta prevalencia de TB. En las últimas décadas se ha incrementado el fenómeno de la inmigración, en ocasiones procedente de áreas con mayores tasas de resistencia a fármacos. En nuestro medio, el porcentaje de TB MDR en población general se sitúa en torno al 4 %, siendo superior en población inmigrante(6). Por todos estos motivos, está indicado realizar screening de TB a todo niño inmigrante procedente de zonas de alta endemia, para detectar precozmente la infección, fuentes de contagio, e interrumpir el ciclo de la transmisión.

Fisiopatología

La tuberculosis pulmonar infantil comienza tras la inhalación de Mycobacterium tuberculosis, que se instala en los alvéolos y forma el complejo primario de Ghon; en la mayoría de los niños inmunocompetentes, la respuesta celular contiene la infección en forma latente. En lactantes y pequeños, la inmadurez inmunitaria favorece la diseminación hematógena y la aparición de formas graves, como miliar o meningitis tuberculosa.

La tuberculosis pulmonar infantil se produce tras la inhalación de aerosoles que contienen Mycobacterium tuberculosis, expulsados por un adulto con enfermedad bacilífera. Una vez en el pulmón, los bacilos alcanzan los alvéolos y son fagocitados por los macrófagos, donde pueden sobrevivir y replicarse gracias a sus mecanismos de evasión inmunitaria. En los días posteriores se forma el complejo primario de Ghon, constituido por la lesión pulmonar inicial y la afectación de los ganglios linfáticos regionales. En la mayoría de los niños, especialmente los inmunocompetentes, la respuesta inmune mediada por linfocitos T logra contener la infección en forma de latencia, aunque sin lograr su completa erradicación.

En los lactantes y niños pequeños, cuya inmunidad celular es inmadura, la contención del bacilo es menos eficaz, lo que facilita la diseminación temprana desde el foco pulmonar hacia el torrente sanguíneo y otros órganos. Esta vulnerabilidad explica la mayor frecuencia de formas graves en este grupo, como la tuberculosis miliar y la meningitis tuberculosa. En los niños mayores, la progresión hacia enfermedad pulmonar activa suele depender de factores, como la carga bacilar del caso índice, la intensidad y duración de la exposición, el estado nutricional y la presencia de comorbilidades o inmunosupresión.

Definición de estadios de la enfermedad

Exposición a tuberculosis

Consideramos exposición cuando: 1) existe contacto reciente (últimos 3 meses) y estrecho (>4 h diarias en el mismo habitáculo cerrado) con un paciente confirmado/sospechoso de TB bacilífera; 2) prueba de tuberculina (PT) y/o IGRA (Interferon Gamma Release Assays) negativo; y 3) ausencia de síntomas clínicos y radiografía de tórax normal.

Infección tuberculosa (ITB)

Consideramos ITB cuando: 1) PT/IGRA positivo; 2) ausencia de síntomas clínicos y radiografía de tórax normal, independientemente de que exista contacto conocido. En ausencia de contacto y sin factores de riesgo, el antecedente de vacunación Bacilo de Calmette-Guérin (BCG) con PT positiva e IGRA negativo se interpreta como efecto de la BCG, y estos casos no se consideran ITB.

Enfermedad tuberculosa

Consideramos enfermedad TB cuando se dan, al menos, dos de los siguientes: 1) clínica compatible; 2) hallazgos radiológicos compatibles; 3) exposición reciente o evidencia inmunológica de contacto (PT/IGRA positivo); 4) respuesta adecuada al tratamiento antituberculoso(7). El diagnóstico de certeza lo proporciona un cultivo o una PCR positiva para MTB, aunque, con frecuencia, en niños no obtenemos confirmación microbiológica (formas paucibacilares), realizando habitualmente un diagnóstico de sospecha. Los test inmunológicos (PT/IGRA) suelen ser positivos, aunque en formas iniciales o diseminadas pueden ser negativos. En caso de sospecha clínica, a pesar de test inmunológico negativo, deberemos instaurar tratamiento.

Clínica

Los síntomas son inespecíficos y deben hacer sospechar la enfermedad cuando hay fiebre, tos prolongada o síndrome constitucional en niños expuestos a casos de TB o procedentes de zonas de alta endemia. Aunque la afectación puede ser multisistémica, la forma más frecuente es la pulmonar, con predominio ganglionar. La clínica respiratoria suele ser insidiosa y puede acompañarse de manifestaciones constitucionales o signos de gravedad, si bien muchos niños, en países de baja prevalencia, permanecen asintomáticos o con síntomas muy leves.

Los síntomas de la enfermedad son inespecíficos. Debemos sospecharla cuando aparezca una clínica larvada de síndrome constitucional, fiebre o tos de larga evolución, convivientes con tosedores crónicos o diagnosticados de TB o que provienen de zonas de alta endemia. En ocasiones, puede haber síntomas de afectación grave.

La TB puede afectar a múltiples sistemas, pero lo más frecuente, en la población pediátrica, es la TB pulmonar, con predominio de las formas ganglionares. Entre las extrapulmonares, las más frecuentes son las adenitis y la meningitis tuberculosa.

En la mayor parte de los niños, la TB pulmonar se debe a la progresión de una primoinfección TB en el primer año tras la infección, con afectación de los ganglios hiliares o mediastínicos, que puede extenderse al parénquima pulmonar, comprimir los bronquios adyacentes o afectar a la pleura, como consecuencia de una reacción de hipersensibilidad o por el vertido de caseum al espacio pleural. Los niños pequeños o inmunodeprimidos con TB diseminada presentan un patrón pulmonar característico que recuerda a las semillas de mijo (TB miliar). En niños mayores de 10 años, es más común la reactivación de una ITB antigua, superponible a la TB del adulto, con cavidades apicales posteriores.

Los síntomas de la TB pulmonar son superponibles a otras infecciones respiratorias, con tos, expectoración o dolor torácico, que se instauran de forma insidiosa y con mala respuesta a los tratamientos habituales. Habitualmente, se acompaña de síntomas constitucionales, como fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. Las adenopatías intratorácicas grandes pueden ocasionar un cuadro de dificultad respiratoria con estridor y sibilancias, como consecuencia de la obstrucción bronquial. Los niños con afectación miliar pueden presentar hipoxemia. No obstante, es importante señalar que gran parte de los niños en un entorno de baja prevalencia, como España, se encuentran asintomáticos o con síntomas muy leves.

Diagnóstico

La tuberculosis pediátrica requiere una evaluación sistemática, que incluya anamnesis dirigida, exploración física y valoración de factores de riesgo y exposición. La prueba de tuberculina es el método inicial de cribado, complementado por IGRA en situaciones específicas para mejorar la rentabilidad diagnóstica. Las pruebas de imagen —radiografía, ecografía, TC o PET/TC— ayudan a definir la extensión y las complicaciones. El diagnóstico microbiológico mediante jugo gástrico, esputo inducido y técnicas moleculares es esencial, aunque limitado por la baja carga bacilar en niños. El diagnóstico diferencial debe considerar infecciones respiratorias comunes, procesos inflamatorios, neoplásicos y granulomatosos que pueden simular la TB. El pediatra de Atención Primaria es esencial en la detección inicial de la tuberculosis pediátrica, mediante una anamnesis cuidadosa, exploración física y pruebas básicas, derivando a unidades especializadas cuando existan dudas diagnósticas o una alta sospecha de enfermedad tuberculosa.

La evaluación diagnóstica que se debe seguir tras una exposición a TB se expone en el algoritmo al final del artículo.

Anamnesis

• Buscar foco de contagio en el entorno habitual del niño. Si existe, confirmar el tiempo de exposición, fecha de la última exposición, si el contacto es bacilífero y el estudio de resistencias.

• Vacunación BCG y fecha. Número de dosis y cicatriz postvacunal.

• PT/IGRA previo, fecha de realización y resultado (milímetros de induración en 48-96 h).

• Existencia previa de cuadros febriles, adenopatías, síntomas constitucionales o respiratorios.

• Reportar inmunodeficiencias, enfermedades o terapia inmunosupresora.

Exploración física

Habitualmente es normal, aunque es posible encontrar datos de alguna de las afectaciones pulmonares (sibilancias, hipoventilación) o extrapulmonares (afectación del VI par craneal, rigidez de nuca, artritis, adenitis, etc.).

Prueba de tuberculina (PT) o intradermorreacción de Mantoux

Es la prueba de elección para el cribado. El objetivo de la PT es identificar a los niños infectados por MTB, para: 1) diagnosticar los casos de enfermedad TB; 2) detectar precozmente los casos de infección para evitar su progresión a enfermedad; y 3) controlar a los niños expuestos, no infectados. Se necesita un periodo de tiempo entre 8-12 semanas después de la infección para que la PT se haga positiva, y refleja el desarrollo de inmunidad celular frente a MTB.

La prueba consiste en la administración intradérmica de tuberculina o PPD (derivado proteico purificado), compuesto con >200 antígenos comunes a MTB, BCG y otras micobacterias no tuberculosas (MNT). Si el niño ha tenido contacto previamente con el bacilo, se producirá una reacción de hipersensibilidad retardada, conocida como intradermorreacción de Mantoux. Su positividad solo indica infección; es necesario realizar pruebas complementarias para descartar enfermedad activa.

Técnica: conservar la tuberculina a 4ºC preservada de la luz. Realizar una inyección intradérmica en la cara anterior del antebrazo con una aguja de calibre 26 con bisel corto hacia arriba: 0,1 mL/2 UI de PPD-RT23. Se debe producir una pápula de 6-10 mm.

Lectura: debe leerse a las 72 horas, cuando se consigue la máxima induración, aunque es posible entre las 48 y 96 horas. Se mide el diámetro de induración máximo, transversal al eje mayor del brazo (p. ej.: 15 mm; no 15 x 10 mm), anotándose siempre en milímetros, con la fecha de lectura y la firma de la persona responsable. Si no hay induración, debe recogerse 0 mm de induración, no negativo. La vesiculación y la necrosis se consideran un resultado positivo.

Interpretación:

1. Se considera positiva una induración ≥5 mm en:

a. Niños en contacto íntimo con el caso índice o sospechoso de TB.

b. Niños sospechosos de enfermedad clínica o radiológica.

c. Niños en situaciones de inmunodepresión o infección por el VIH.

d. Niños con conversión de la PT previamente negativa.

2. Se considera positiva una induración ≥10 mm en el resto de casos, incluido el niño inmigrante, viajero, y el cribado de niños sanos, independientemente de existir antecedente de BCG.

La PT puede tener falsos positivos y negativos (Tabla I). Aunque aún no están disponibles, existen nuevas pruebas intradérmicas basadas en los antígenos específicos de MTB (ESAT6 y CFP10), con mayor especificidad, que pueden ser una alternativa en el futuro(8).

 

Interferon-gamma Release Assays (IGRA)

Detectan la producción de interferón-gamma por las células T en contacto con los antígenos ESAT-6 (Early Secretory Antigenic Target-6) y CFP-10 (Culture Filtrate Protein-10). Dichos antígenos están presentes en el grupo MTB y, por lo tanto, en cepas salvajes de M. bovis, pero no en la cepa atenuada de la vacuna BCG, ni en la mayoría de micobacterias atípicas (aunque están presentes en M. kansasii, M. marinum, M. szulgai, M. flavescens). Como consecuencia, los IGRA son más específicos que la PT para diagnosticar la infección por MTB, ya que no presentan falsos positivos debidos a la vacunación con BCG ni a la mayoría de las MNT(9). Actualmente, existen dos IGRA disponibles en el mercado: el QuantiFERON®-TB Gold Plus y el T-SPOT®.TB.

Las recomendaciones para el uso de la PT y técnicas IGRA se incluyen en la tabla II.

 

Analítica general

Suele ser inespecífica. Discreta anemia, leucocitosis y VSG (velocidad de sedimentación globular) elevada (parámetro útil para seguir evolución). Se recomienda estudio de la función hepática previo a iniciar tratamiento.

Estudios radiológicos o de visualización

Radiografía de tórax: no es patognomónica. Es posible encontrar formas adenopáticas, atelectasias, neumonías, cavitaciones (adolescentes), micronódulos (miliar) y cualquier otro patrón. Una radiografía normal no descarta TB.

Tomografía computarizada (TC): se pueden visualizar adenopatías patológicas que miden >5-10 mm, con hipodensidad central y realce periférico del contraste. Se recomienda realizar TC en niños con hallazgos radiológicos equívocos, pacientes sintomáticos con radiografía normal, ante dudas diagnósticas en grupos de riesgo, para la valoración de complicaciones en TB endobronquial y en el seguimiento de casos complejos.

Ecografía pulmonar: permite visualizar consolidaciones, cavitaciones y nódulos miliares, siempre que los cambios estén en contacto con la pleura. En manos expertas, tiene mayor sensibilidad que la radiografía para detectar linfadenopatías mediastínicas. También es útil en el diagnóstico del derrame pleural, adenopatías abdominales o lesiones focales esplénicas.

Tomografía por emisión de positrones asociada a TC (PET/TC): permite diferenciar enfermedad de infección tuberculosa e imágenes residuales, evaluar la extensión de la enfermedad, monitorizar la respuesta al tratamiento e identificar focos de enfermedad candidatos a biopsia, pero presenta un grado de irradiación superior a la TC, por lo que su uso debe restringirse a casos seleccionados.

Estudios microbiológicos

Muestras

En niños sin capacidad de expectorar, la muestra de elección para el diagnóstico de TB pulmonar es el aspirado de jugo gástrico, recogido en ayunas a primera hora de la mañana en 3 días consecutivos a través de sonda nasogástrica (obtener mínimo 3-4 mL de jugo gástrico, inyectar 3 mL de agua estéril, aspirarla y añadirla a la muestra), o el esputo inducido, que tiene una sensibilidad similar y se obtiene administrando salbutamol inhalado y, posteriormente, 3-10 mL de suero salino hipertónico al 3 %, nebulizado durante 15 minutos. La mayor rentabilidad se obtiene realizando el mismo día esputo inducido y jugo gástrico.

En adolescentes o niños mayores con tos productiva, se recogerá esputo y, en pacientes intubados, aspirado bronquial o lavado broncoalveolar. Además, en niños pequeños, se recomienda el estudio de una muestra de heces para aumentar la rentabilidad diagnóstica. Puede estar indicada la realización de broncoscopia y lavado broncoalveolar para toma de muestras en determinados casos (dudas diagnósticas, inmunodeprimidos, evolución lenta, sospecha de TB resistente). Igualmente, si se sospecha un granuloma endobronquial por obstrucción bronquial (imagen de atelectasia pulmonar extensa), está indicada la realización de broncoscopia rígida para exéresis del granuloma y estudio anatomopatológico.

Técnicas

Tinción: baciloscopia o visión directa de BAAR mediante fluorescencia con auramina o tinción de Ziehl-Neelsen. La sensibilidad en niños se encuentra entre 10-15 %. No es específica, sobre todo en pacientes con riesgo de infección por micobacterias atípicas.

Cultivo: es la técnica de referencia. Permite identificar la especie y realizar estudios fenotípicos de resistencia a los fármacos antituberculosos, pero su sensibilidad es baja (30-50 %) y son necesarias entre 2 y 4 semanas para obtener el resultado definitivo.

Técnicas moleculares, reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y secuenciación masiva: aunque no reemplazan al cultivo como técnica de referencia, tienen una sensibilidad próxima a este, alta especificidad en niños y permiten obtener resultados en pocas horas. La técnica más extendida es Xpert®MTB/RIF Ultra (Cepheid, EE.UU.), que permite detectar simultáneamente la resistencia a rifampicina. Además, existen técnicas de secuenciación masiva, como el Deeplex®Myc-TB (Genoscreen, Francia), que permiten la identificación de especie, la detección de resistencias a fármacos antituberculosos y el rastreo filogenético para un mejor control de la transmisión poblacional.

Métodos moleculares de detección de resistencias: la prueba de referencia para el estudio de la sensibilidad a los fármacos antituberculosos es el cultivo; sin embargo, se han desarrollado pruebas moleculares rápidas para la detección de mutaciones asociadas a resistencia, que tienen la gran ventaja de su rapidez, alta sensibilidad (90-97 % si la baciloscopia es positiva, 67 % si la baciloscopia es negativa) y especificidad (99 %). Además de Xpert®MTB/RIF Ultra, las más empleadas en nuestro medio son aquellas que detectan mutaciones de resistencia a isoniazida y rifampicina, como BD MAX®MDR-TB (BD, EE.UU.), Genotype®MTBDRplus (Hain Lifescience, Alemania) o FluoroType®MTBDR (Hain Lifescience, Alemania), y a fármacos de segunda línea, como Xpert®MTB/XDR (Cepheid, EE.UU.) o GenoType®MTBDRsl (Hain Lifescience, Alemania)(10).

Otros

Estudio histológico de biopsia: granulomas caseificantes y necrotizantes.

Adenosina-desaminasa (ADA): se consideran valores normales <40 U/L en líquido pleural y 1-4 U/L en líquido cefalorraquídeo. Su elevación es orientativa de TB, aunque no específica, ya que también puede aumentar en otros derrames (empiemas, linfomas). Posee un alto valor predictivo negativo, por lo que es excepcional que un derrame con ADA <40 U/L sea tuberculoso.

Nuevas técnicas diagnósticas: en los últimos años se están desarrollando pruebas diagnósticas en muestras fácilmente accesibles, como técnicas moleculares en sangre capilar o biomarcadores en saliva y en orina, aún no disponibles en nuestro medio(11,12).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial de la tuberculosis pulmonar en niños es amplio debido a la inespecificidad de sus manifestaciones clínicas, que suelen solaparse con otras infecciones respiratorias frecuentes en la infancia. Deben considerarse patologías como las neumonías bacterianas comunes, especialmente por Streptococcus pneumoniae y Staphylococcus aureus, las infecciones virales persistentes (adenovirus, influenza, SARS-CoV-2), la infección por Mycoplasma pneumoniae y las bronquitis de curso prolongado. Las adenopatías hiliares o mediastínicas pueden confundirse con procesos como linfomas, infecciones fúngicas (histoplasmosis), malformaciones congénitas o enfermedades granulomatosas. En los casos con fiebre prolongada y afectación sistémica, deben valorarse entidades como la enfermedad de Kawasaki atípica, procesos autoinmunes o cuadros inflamatorios crónicos. La evaluación cuidadosa de la epidemiología, los factores de riesgo, la evolución clínica, la radiología y las pruebas inmunológicas o microbiológicas resulta esencial para orientar el diagnóstico y diferenciar la tuberculosis de otras causas más prevalentes.

Tratamiento

El manejo de la tuberculosis pediátrica incluye la profilaxis con isoniazida en niños expuestos sin infección —en menores de 5 años o inmunodeprimidos—, seguida de una nueva PT/IGRA a las 8-12 semanas para decidir la continuidad del tratamiento y adoptar medidas transitorias para reducir la transmisión. Los niños con infección tuberculosa deben recibir tratamiento preventivo con distintas pautas eficaces (6H/9H, 3HR o 4R), evitando la rifampicina en coinfectados por VIH y vigilando posibles hepatotoxicidades. La enfermedad tuberculosa requiere un régimen estándar de 6 meses (2HRZ(E)/4HR), con alternativas más cortas en casos no graves y ajustes en inmunodeprimidos o situaciones especiales, junto con un seguimiento estrecho de adherencia, toxicidad hepática y negativización microbiológica. La prevención se basa en el estudio de contactos, la vacunación BCG en grupos de riesgo y la mejora de determinantes sociales. El pediatra de Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección temprana, supervisión terapéutica y control de convivientes.

Exposición a TB sin infección (Tablas III-V)

 

 

 

Iniciar profilaxis con isoniazida en:

• Todos los niños menores de 5 años.

• Niños de cualquier edad con tratamiento inmunosupresor (uso prolongado de corticoides, anti-TNF-alfa, fármacos inmunosupresores, etc.) o comorbilidades del sistema inmunitario (VIH, insuficiencia renal crónica, tumores sólidos o hematológicos, inmunodeficiencias primarias, etc.).

Una vez transcurridas 8-12 semanas tras el último contacto de riesgo, se realizará nueva PT, independientemente de si recibió terapia o no. Se procederá según resultados:

Si la segunda PT es < 5 mm (o IGRA negativo, si se hubiese realizado) en ausencia de clínica: retirar tratamiento preventivo, si se hubiese iniciado. En los niños infectados por VIH, dada la anergia, es prudente considerar a todos los expuestos como infectados y tratarlos como una ITB. Temporalmente, es importante intentar reducir la transmisión minimizando los contactos con los bacilíferos lo máximo posible según cada caso, habitualmente hasta completar 2 semanas de tratamiento adecuado. En recién nacidos de madres bacilíferas, se recomienda iniciar profilaxis con isoniazida durante, al menos, 12 semanas, tras descartar infección y enfermedad tuberculosa en el niño. Cuando la segunda PT/IGRA sea negativa a las 12 semanas, se puede interrumpir la profilaxis si la madre cumple bien el tratamiento o lo ha finalizado. Se recomienda repetir PT/IGRA a los 6 meses y al año. Se evaluará la conveniencia de la vacuna BCG. La lactancia materna no está contraindicada, salvo en la mastitis tuberculosa. Se recomienda extraer la leche y administrarla en biberón para evitar el contacto con el bebé en los siguientes casos: si la madre ha recibido menos de 2 semanas de terapia, si la madre sigue siendo bacilífera a pesar del tratamiento o si la cepa no es sensible a fármacos de primera línea.

• Si la segunda PT es ≥ 5 mm (o IGRA positivo, si se hubiese realizado): actuar según apartado ITB.

Tratamiento de la infección tuberculosa

Todos los niños y adolescentes diagnosticados de ITB deben recibir tratamiento para evitar el desarrollo de la enfermedad, siendo fundamental descartar enfermedad activa antes de iniciarlo. Existen varias pautas con eficacia similar(4):

Isoniazida 6-9 meses (6H o 9H). En el paciente inmunocompetente se tiende a acortar a 6 meses.

Isoniazida y rifampicina 3 meses (3HR). Especialmente recomendada en adolescentes o si se sospecha mala adherencia.

Rifampicina 4 meses (4R). Esta pauta ha demostrado similar eficacia y seguridad a las pautas, mejorando la adherencia.

En niños coinfectados con VIH, no se recomiendan pautas con rifampicina; es un fármaco fundamental si desarrollara la enfermedad y podría quedar inutilizado. Además, la rifampicina interacciona con antirretrovirales, especialmente inhibidores de proteasas, disminuyendo sus niveles y aumentando la toxicidad de rifampicina.

El bajo riesgo de hepatotoxicidad en niños desaconseja realizar un control rutinario de transaminasas durante el tratamiento de ITB, salvo si aparece clínica compatible, enfermedad hepática de base o medicación hepatotóxica concomitante. En inmigrantes de países endémicos de hepatitis virales, VIH o esquistosomiasis, deben descartarse antes de iniciar tratamiento.

Tratamiento de la enfermedad tuberculosa

Régimen clásico

El régimen estándar de tratamiento de la TB es de 6 meses (2 meses HRZ(E) + 4 meses HR)(6). Dada la prevalencia de cepas resistentes a H en España (>4 %), debe asociarse E en la fase intensiva, si no se ha confirmado enfermedad por cepa sensible a fármacos de primera línea en el paciente o el caso índice.

En la primera fase, de inducción o bactericida, se produce una rápida disminución del número de bacilos, con mejoría clínica franca y disminución de la capacidad de contagio. En la segunda fase, de mantenimiento, tiene lugar la eliminación de bacilos en estado quiescente. Cuando se conozca la sensibilidad de la cepa y no existan resistencias, se pueden ajustar 3 fármacos en la fase de inducción (2 meses HRZ + 4 meses HR)(4). Este tratamiento consigue curación en >95 % de los casos, con escasos efectos adversos. Los fármacos deberán tomarse todos juntos y en ayunas. En pacientes con riesgo de incumplimiento, inmunodeprimidos o cepas resistentes, se recomienda tratamiento supervisado o directamente observado (TDO)(13).

Régimen corto en TB no grave(14)

En niños con TB no grave, se recomienda régimen corto de 4 meses (2 meses HRZ(E) + 2 meses HR), siempre que se cumplan los siguientes criterios:

• Edad mayor de 3 meses.

• TB no grave: TB ganglionar intratorácica sin obstrucción de vías respiratorias; TB pulmonar limitada a un lóbulo pulmonar, sin patrón miliar, sin cavernas, con derrame pleural no complicado; y TB ganglionar periférica.

• TB no bacilífera.

• No sospecha o evidencia de TB resistente.

Consideraciones y limitaciones a los regímenes cortos:

• Los niños y adolescentes que no cumplen los criterios de TB no grave deben recibir tratamiento estándar de 6 meses, o los regímenes recomendados para las formas graves de TB extrapulmonar.

• Los menores de 3 meses deben recibir siempre régimen de 6 meses.

• Los niños y adolescentes que han recibido tratamiento para la TB en los 2 años anteriores deben ser tratados con el régimen estándar de 6 meses (2 HRZ(E)/4 HR).

• En pacientes inmunodeprimidos, se recomienda tratamiento durante, al menos, 9 meses (idealmente 12 meses), con fase de inducción con cuatro fármacos hasta conocer la sensibilidad de la cepa en todos los niños. En los niños que viven con VIH y se encuentren en condiciones óptimas de su enfermedad de base, se seguirán las recomendaciones generales de los pacientes inmunocompetentes; no obstante, no deben recibir menos de 9 meses de tratamiento si la respuesta inicial o la recuperación inmunológica no son buenas. La rifampicina interfiere con los inhibidores de la proteasa, por lo que se debe valorar sustituirla por rifabutina; asimismo, puede interaccionar con no análogos de nucleósidos (efavirenz y nevirapina). Estos pacientes se deben derivar siempre a unidades de referencia para su manejo(15).

En España están disponibles (como medicamento extranjero) las formulaciones child-friendly en comprimidos dispersables de fármacos antituberculosos de primera línea para el tratamiento de la exposición a TB, de la ITB y de la enfermedad tuberculosa(16) (Tabla VI).

 

Seguimiento del niño con TB pulmonar (Tabla VII)

 

En el seguimiento del tratamiento de la TB en el niño es importante:

Seguimiento de la adherencia, los problemas relacionados y la adecuación de la posología en cada visita: el mal cumplimiento es la causa más común de fracaso del tratamiento. En ocasiones, es posible utilizar el tratamiento directamente observado o la monitorización de los niveles plasmáticos de fármacos para monitorizar la adherencia.

Evaluar la potencial toxicidad hepática: se recomienda el estudio y monitorización de la función hepática si aparecen signos o síntomas compatibles con hepatitis, si el paciente recibe otros fármacos potencialmente hepatotóxicos o si presenta otra patología que pueda cursar con hepatitis.

• En pacientes bacilíferos (habitualmente adolescentes): debe repetirse la baciloscopia periódicamente (cada 1-2 semanas) hasta comprobar su negativización, que permite finalizar el aislamiento respiratorio.

• Debe realizarse, al menos, un control clínico a las 2 semanas del inicio del tratamiento, a los 2 meses para pasar a fase de mantenimiento y, posteriormente, cada 2 meses hasta completar el tratamiento.

Criterios de ingreso hospitalario(17)

• <2 años.

• Formas pulmonares graves (derrames pleurales, atelectasias, etc.).

• Formas graves o diseminadas.

• Formas extrapulmonares, salvo ganglionares aisladas.

• Formas bacilíferas (adolescente con cavernas).

• Sospecha de enfermedad con resistencia a fármacos.

• Fracaso terapéutico previo (tras, al menos, 2 meses).

• Sospecha o riesgo de incumplimiento terapéutico.

• Inmunodeprimido.

• Recogida de muestras.

Tratamiento en unidades especializadas en TB

El tratamiento y seguimiento de niños inmunodeprimidos, con TB resistente, con formas complejas o con factores de riesgo de complicaciones, o con mala respuesta al tratamiento, se realizará en unidades expertas, con experiencia en esta patología(4).

Reacción paradójica

En los primeros 2 meses de tratamiento, puede aparecer reacción paradójica en un 5-10 % de los casos, caracterizada por un empeoramiento clínico-radiológico. En estos casos, se asociarán corticoides orales 2 mg/kg/día de prednisona o equivalente, durante 3-4 semanas, con descenso progresivo en 2 semanas(4).

Reacciones adversas

El efecto secundario más frecuente es la toxicidad hepática por isoniazida, rifampicina o pirazinamida, aunque más característicamente por isoniazida. En caso de hepatotoxicidad leve, se ajustará la dosis de isoniazida a 5 mg/kg/día. Si el paciente presenta sintomatología con transaminasas superiores a tres veces el límite normal o es asintomático con niveles superiores a cinco veces la normalidad, deberá interrumpirse el tratamiento y cualquier otro fármaco hepatotóxico. Deberá completarse el estudio etiológico de la hepatitis y monitorizar la función hepática. Cuando la hipertransaminasemia sea inferior al doble del límite normal y se hayan resuelto los síntomas clínicos, se reintroducirá inicialmente rifampicina y etambutol. Si la función hepática se mantiene estable a los 3-7 días, se puede reintroducir isoniazida y monitorizar tras 3-7 días. Nunca debe reintroducirse pirazinamida. Ante un nuevo empeoramiento de la función hepática, deberá diseñarse un nuevo régimen terapéutico en unidades de referencia. En cuanto al etambutol, el efecto secundario más frecuente es la neuritis óptica, que llevará a suspender el fármaco, aunque suele ser reversible.

Prevención

La prevención de la tuberculosis en niños combina estrategias destinadas a evitar la infección y a impedir su progresión a enfermedad. La identificación precoz y el estudio de contactos permiten detectar a los niños expuestos y ofrecer tratamiento preventivo cuando sea necesario, especialmente en menores de 5 años y en inmunodeprimidos. La vacunación con BCG sigue siendo clave en países de alta endemia y en grupos de riesgo, ya que reduce las formas graves, como la TB diseminada y la meningitis. Además, la mejora de las condiciones socioeconómicas, el adecuado acceso a los servicios sanitarios y el control de la transmisión en entornos comunitarios y escolares contribuyen significativamente a disminuir la incidencia(18-20).

Función del pediatra de Atención Primaria

La figura del pediatra de Atención Primaria es clave en la sospecha inicial de la TB pediátrica. Es fundamental que realice una buena anamnesis y exploración física, así como las pruebas de primer nivel disponibles (PT y radiografía de tórax). Si tras esta primera aproximación, existe una alta sospecha de enfermedad tuberculosa, el paciente debe ser remitido a unidades especializadas para completar el estudio, recoger muestras microbiológicas e iniciar el tratamiento.

El pediatra de Atención Primaria también desempeña un papel esencial en el seguimiento tras el inicio del tratamiento. Es fundamental monitorizar los efectos secundarios y asegurarse de una correcta adherencia, que es esencial para la recuperación del paciente y para frenar la transmisión. Este seguimiento también deberá realizarse en el caso de pacientes expuestos, en los que deberá confirmarse que no existe infección o enfermedad una vez transcurrido el periodo ventana (8-12 semanas). Por otro lado, el pediatra de Atención Primaria también puede implicarse en el estudio de contactos de la familia y de otros convivientes.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito. Fuentes de financiación: PRM cuenta con financiación del Instituto de Salud Carlos III – Ministerio de Sanidad de España y Fondos Feder de la UE (Contrato Juan Rodés JR24/00015).

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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4.** Baquero-Artigao F, Del Rosal T, Falcón-Neyra L, Ferreras-Antolín L, Gómez-Pastrana D, Hernanz-Lobo A, et al.; en representación de los Grupos de Trabajo en Tuberculosis de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica y la Sociedad Española de Neumología Pediátrica. Update on the diagnosis and treatment of tuberculosis. An Pediatr (Engl Ed). 2023; 98: 460-9. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpede.2023.03.009.

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13. Piñeiro Pérez R, Santiago García B, Rodríguez Marrodán B, Baquero-Artigao F, Fernández-Llamazares CM, Goretti López-Ramos M, et al.; Grupo de Trabajo del Proyecto Magistral de pTBred. Recomendaciones para la elaboración y administración de fármacos antituberculosos en niños. Segunda fase del Proyecto Magistral de la Red Española de Estudio de la Tuberculosis Pediátrica (pTBred). An Pediatr (Barc). 2016; 85: 323.e1-e11. Spanish. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2016.06.012.

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17. Manual de Diagnóstico y Terapéutica en Pediatría, 7ª ed. Ed. Panamericana. 2025.

18. Mellado Peña MJ, Santiago García B, Baquero-Artigao F, Moreno Pérez D, Piñeiro Pérez R, Méndez Echevarría A, et al. Actualización del tratamiento de la tuberculosis en niños. An Pediatr (Barc). 2018; 88: 52.

19.** Turkova A, Wills GH, Wobudeya E, Chabala C, Palmer M, Kini-kar A, et al. Shorter Treatment for Nonsevere Tuberculosis in African and Indian Children. N Engl J Med. 2022; 386: 911-22. Disponible en: https://doi.org/10.1056/nejmoa2104535.

20. Ramos Amador JT, Berzosa Sánchez A, Callejas Caballero I, Illán Ramos M. Tuberculosis pulmonar en Pediatría. Pediatr Integral. 2021; 2: 76-90. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-03/tuberculosis-pulmonar-en-pediatria/.

 

Bibliografía recomendada

– Baquero-Artigao F, Del Rosal T, Falcón-Neyra L, Ferreras-Antolín L, Gómez-Pastrana D, Hernanz-Lobo A, et al.; en representación de los Grupos de Trabajo en Tuberculosis de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica y la Sociedad Española de Neumología Pediátrica. Update on the diagnosis and treatment of tuberculosis. An Pediatr (Engl Ed). 2023; 98: 460-9. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpede.2023.03.009.

Artículo de consenso y actualización en el diagnóstico y tratamiento de la TB pediátrica, que aúna la visión de pediatras expertos en su manejo.

– Turkova A, Wills GH, Wobudeya E, Chabala C, Palmer M, Kini-kar A, et al. Shorter Treatment for Nonsevere Tuberculosis in African and Indian Children. N Engl J Med. 2022; 386: 911-22. Disponible en: https://doi.org/10.1056/nejmoa2104535.

Primer ensayo clínico realizado específicamente en población pediátrica, que demuestra que los niños con tuberculosis no grave pueden tratarse eficazmente con un régimen más corto de 4 meses, en lugar de los 6 meses tradicionales. Esto supone un cambio potencial en la práctica clínica mundial, ya que acorta la duración del tratamiento sin comprometer la eficacia ni la seguridad, reduce el riesgo de abandono terapéutico, disminuye la carga para las familias y los sistemas sanitarios, y facilita la expansión de estrategias de tratamiento directamente observado.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: contacto estrecho con paciente bacílifera diagnosticada de tuberculosis (TB) pulmonar.

Anamnesis: varón de 13 meses, de origen español, remitido para estudio por contacto estrecho con su cuidadora, diagnosticada de tuberculosis pulmonar bacilífiera. El menor se encuentra asintomático. La cuidadora es una mujer de 35 años, procedente de Filipinas, que reside en España desde hace 2 años. Presenta tos con expectoración de 3 meses de evolución. En la radiografía de tórax se objetiva una caverna en lóbulo superior derecho. Se realiza estudio de esputo: baciloscopia positiva; PCR (Xpert Ultra): positivo (sin mutaciones de resistencia a R); y cultivo con cepa sensible. La paciente convive con su marido y sus hijos de 14 y 9 años.

Antecedentes personales: se trata de un niño de 13 meses sano, sin enfermedades relevantes. Tomó medicación antirreflujo (ranitidina) hasta los 3 meses, actualmente sin tratamiento. Desarrollo psicomotor normal. Nacido en España, no vacunado de BCG.

Exploración física por aparatos: sin alteraciones.

Pruebas complementarias: se realiza en su centro de salud: prueba de tuberculina: 8 mm; y radiografía de tórax: adenopatía hiliar. Es remitido a una unidad especializada en TB para completar estudio: analítica con perfil hepático: normal; estudio de jugo gástrico: baciloscopia negativa; PCR (Xpert Ultra): positivo (sin mutaciones de resistencia a R); cultivo pendiente; PCR (Xpert Ultra) en heces: negativo.

Juicio diagnóstico: enfermedad tuberculosa.

Tratamiento: dado que cumple criterios de TB no grave y la cepa del caso índice es sensible, se puede realizar una pauta corta de tratamiento de 4 meses. Se inicia tratamiento con tres fármacos, ya que conocemos la sensibilidad de la cepa del caso índice: H+R+P 2 meses, seguido de H+R 2 meses. Se solicita a medicamentos extranjeros la dispensación de formulaciones bucodispersables para facilitar su administración. Debe tomar todos los fármacos juntos durante todos los días, por las mañanas, en ayunas. Indicamos a la familia que es posible que la medicación tiña los fluidos corporales de coloración naranja. También le indicamos que el caso índice debe estar aislado hasta cumplir, al menos, dos semanas de tratamiento y comprobar negativización de la baciloscopia.

Seguimiento: se realiza seguimiento conjunto por parte de su pediatra de Atención Primaria y de la unidad especializada de TB. Se realizan visitas a las 2 semanas del inicio del tratamiento, a los dos meses y a los 4 meses. En cada visita se confirma la adecuada adherencia al tratamiento y se ajusta la dosis al peso. A los dos meses, se retira pirazinamida y se mantiene isoniacida y rifampicina hasta completar los 4 meses de tratamiento. Se realiza estudio de contactos en los convivientes de la cuidadora (marido y dos hijos).

 

 

 

Neumopatía crónica

T. Cueva Quiroz,  M. Cols Roig,  R. Ayats Vidal,  J. Costa Colomer
Temas de FC


T. Cueva Quiroz, M. Cols Roig, R. Ayats Vidal, J. Costa Colomer

Facultativos Especialistas. Servicio de Neumología Pediátrica.Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona

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Autor para correspondencia

taniacecilia.cueva@sjd.es

Resumen

La patología pulmonar crónica en los niños engloba un conjunto diverso de enfermedades respiratorias, que ocasionan daño pulmonar, inflamación y/o alteración del intercambio gaseoso, con potencial compromiso de la función pulmonar a largo plazo. Aunque el rango de gravedad es muy variable, en ocasiones pueden conllevar necesidad de soporte respiratorio y/o de trasplante pulmonar. Es importante conocer los signos y síntomas de estas enfermedades, detectarlas de forma precoz y realizar un tratamiento adecuado e individualizado del paciente. Habitualmente, el trabajo multidisciplinar es esencial para lograr un óptimo control de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de estos niños.

 

Abstract

Chronic lung disease in children encompasses a diverse group of respiratory illnesses that cause lung damage, inflammation, and/or impaired gas exchange, with the potential for long-term impairment of lung function. Although the severity varies considerably, these conditions can sometimes lead to the need for respiratory support and/or lung transplantation. It is important to recognize the signs and symptoms of these diseases, detect them early, and provide appropriate and individualized treatment. A multidisciplinary approach is usually essential to achieve optimal disease management and improve the quality of life for these children.

 

Palabras clave: Síndrome aspirativo crónico; Bronquiectasias; Neumopatías intersticiales; Displasia broncopulmonar; Neumopatía crónica infantil.

Key words: Aspiration syndrome; Bronchiectasis; Interstitial lung diseases; Bronchopulmonary dysplasia; Chronic lung disease infant.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(2): 118 – 127

 


OBJETIVOS

• Reconocer el cuadro clínico, los factores de riesgo y la etiología de la patología pulmonar crónica infantil para poder detectarla de forma precoz y evitar el daño pulmonar progresivo.

• Conocer el abordaje diagnóstico y terapéutico de la patología pulmonar crónica infantil.

• Reconocer las complicaciones de la patología pulmonar crónica.

• Valorar el tratamiento en las agudizaciones respiratorias en el paciente con patología pulmonar crónica.

 

Neumopatía crónica

https://doi.org/10.63149/j.pedint.123

 

Introducción

La patología pulmonar crónica infantil representa un grupo de enfermedades que provocan un daño persistente en el tejido pulmonar y que requieren un abordaje multidisciplinar para optimizar el control de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del niño.

Aunque son varias las enfermedades que pueden conllevar neumopatía crónica en la infancia, en este artículo vamos a desarrollar el estudio y tratamiento del síndrome aspirativo crónico (SAC), de las bronquiectasias no vinculadas a enfermedad de fibrosis quística, las enfermedades intersticiales infantiles y la displasia broncopulmonar.

Síndrome aspirativo crónico

Se considera síndrome aspirativo crónico (SAC) a la sintomatología respiratoria y/o al daño pulmonar objetivable ocasionados por el paso de productos procedentes de la orofaringe y/o del esófago de forma recurrente o continuada al pulmón(1).

La principal causa de SAC en la infancia es la disfagia en pacientes neurológicos (especialmente, con parálisis cerebral infantil), aunque también es posible en afectos por otras patologías predisponentes (Tabla I)(1-5) (Fig. 1).

tabla

 

figura

Figura 1. TAC pulmonar de un paciente de 15 años con alteraciones pulmonares crónicas por antecedentes de síndrome aspirativo crónico por disfagia secundaria a enfermedad neurológica: asimetría de campos pulmonares caracterizada por pérdida de volumen a expensas de lóbulo inferior izquierdo. Bronquiectasias de morfología cilíndrica, multifocales, con predominio izquierdo, con tapones mucosos y opacidades centrolobulillares en lóbulo medio.

 

En el periodo neonatal y en el lactante, las aspiraciones pueden ocasionar apnea, bradicardia, estridor, accesos tusígenos (simulando un cuadro pertusoide) e incluso un episodio aparentemente letal. En el niño con integridad de los mecanismos defensivos de la vía aérea, se observan atragantamiento y/o tos con la ingesta o postprandial.

Los pacientes neurológicos y/o con cronicidad del SAC pueden presentar pérdida del reflejo tusígeno, por lo que deben sospecharse aspiraciones silentes ante la presencia de voz húmeda y/o respiración con ruido vibratorio, disfonía, distrés respiratorio y/o cianosis en relación con la ingesta, aun con la ausencia de atragantamiento o tos evidentes.

Los síntomas de la neumopatía secundaria a SAC (sibilancias, tos crónica, neumonías recurrentes, insuficiencia respiratoria), también deben situar el SAC en el foco diagnóstico(5). Por otro lado, es muy importante remarcar que la ausencia de complicaciones graves o neumonía previa no descarta el SAC(3).

El diagnóstico de SAC es un reto, siendo fundamental la sospecha clínica. La anamnesis debe considerar la edad del paciente, su patología basal, la presencia de síntomas de SAC y de sus causas.

La exploración física debe valorar la evolución pondoestatural, la anatomía facial y de vía aérea superior, la presencia de sialorrea, la integridad del reflejo tusígeno y la evaluación sistemática del acto de la deglución. A nivel respiratorio, la auscultación normal no descarta el diagnóstico. En caso de auscultación patológica, pueden apreciarse roncus, estertores, zonas hipofonéticas, espiración alargada y/o sibilancias. Las exploraciones complementarias deben planificarse según la sospecha etiológica, habitualmente de forma multidisciplinaria. Por ello, se aconseja planificar un algoritmo de estudio individualizado(1). Las pruebas que contribuyen al diagnóstico de SAC son(1-7):

Pruebas de imagen pulmonar: la tomografía axial computarizada (TAC) torácica es más sensible que la radiografía simple. Cuando es posible la aplicación de protocolo con muy baja dosis, se obtiene buena información, disminuyendo substancialmente el nivel de irradiación. Los hallazgos característicos son: engrosamiento bronquial, atrapamiento aéreo, bandas parenquimatosas, opacidades centrolobulares en forma de árbol en gemación, ocupación de la luz bronquial, bronquiolectasias, bronquiectasias y/o atelectasias, aunque no son patognomónicos.

Broncoscopia flexible (FBS) con lavado broncoalveolar (LBA): permite la evaluación anatómica de la vía aérea y la recogida de muestras broncoalveolares. En el caso de las hendiduras laríngeas grado I, suele ser necesario el palpado de la zona interaritenoidea con varilla metálica para poder apreciar la solución de continuidad existente. Cuando la causa es el reflujo gastroesofágico (RGE), puede observarse hipertrofia de la amígdala lingual, edema y/o eritema del espacio retroglótico y/o de aritenoides, así como lesión en cuerdas vocales. En la vía aérea inferior puede observarse la mucosa inflamada y aumento de secreciones. El LBA permite la identificación de microorganismos y estudiar el índice de macrófagos cargados de lípidos (IMCL). Este puede sugerir etiología aspirativa, pero es una técnica con elevada variabilidad interobservador, escasa sensibilidad y baja especificidad, por lo que debe interpretarse con prudencia.

Esofagoscopia, con o sin toma de biopsias: es útil para el diagnóstico de RGE y de esofagitis eosinofílica. Para el diagnóstico de fístula traqueoesofágica (FTE), en ocasiones, es preciso realizar esofagoscopia con instilación de contraste, simultánea a la FBS, para constatar su permeabilidad.

Videofluoroscopia de la deglución (VFSS): permite el diagnóstico de la disfagia y sugiere malformaciones anatómicas. Se realiza mediante grabación de una exploración fluoroscópica de la vía aérea y digestiva con proyección lateral, mientras el paciente realiza una ingesta protocolarizada de distintas texturas contrastadas. La irradiación es proporcional a la duración de la prueba.

Videoendoscopia de la deglución (VEES) o fibroendoscopia de la deglución (FEES): es una exploración no irradiante que se realiza introduciendo un endoscopio con cámara de vídeo (VEES) o fibra óptica (FEES) por la nariz del paciente. Permite la visualización directa de la hipofaringe y la laringe durante la ingesta, la deglución salival, su coordinación con la respiración y la valoración de los reflejos protectores de la vía aérea. Se considera de elección para la aspiración salival y también es útil en el diagnóstico de la disfagia.

Registro de pH-impedanciometría: es la técnica de elección para el estudio del RGE. Permite la detección del paso de contenido ácido, alcalino y de gas por el esófago. Sus limitaciones son la escasa accesibilidad y la ausencia de valores de normalidad en algunas edades pediátricas.

La tinción alimentaria en pacientes portadores de traqueostomía se utiliza, aunque sin demasiada evidencia. El aspirado de contenido tintado por la cánula es altamente sugestivo de SAC, pero su ausencia no lo descarta.

En pacientes con alta sospecha de SAC, pero con normalidad de todas las pruebas realizadas, a veces, el diagnóstico solo puede realizarse ex juvantibus, objetivando la mejoría clínica una vez retirada la ingesta oral, substituyéndose por alimentación enteral(1).

El tratamiento primordial del SAC es eliminar la causa

En el tratamiento de la disfagia, deben establecerse medidas posicionales, instrumentación adecuada y definición de las texturas alimentarias toleradas. Debe valorarse la posibilidad de terapia conductual y/o rehabilitación de la musculatura motora orofacial. Cuando las medidas compensatorias no pueden garantizar el aporte calórico y/o evitar la aspiración, puede ser necesario un dispositivo para alimentación enteral (gastrostomía, gastroyeyunostomía o yeyunostomía). Puede disminuirse la secreción salival con medicaciones anticolinérgicas por vía oral (glicopirrolato, trihexifinidilo) o mediante parche cutáneo (escopolamina), vigilando la aparición de efectos adversos. Otras posibilidades son: la inyección de toxina botulínica en glándulas salivares y, en casos graves y refractarios, la escisión de glándulas salivales o la ligadura de sus conductos. Para el tratamiento del RGE, se aconsejan medidas posturales, espesamiento y/o fraccionamiento de las ingestas y evitar determinados alimentos (p. ej.: cafeína, cacao, picantes, grasas, bebidas gaseosas). Son efectivos los fármacos antiácidos, como los inhibidores de las bombas de protones o anti-H2, pero no evitan el RGE alcalino. Fármacos procinéticos, como el cisapride, la domperidona, la metoclopramida o la eritromicina, tienen efectos secundarios potencialmente graves y su evidencia es limitada, por lo que se desaconseja su uso. El tratamiento quirúrgico con funduplicatura de Nissen es el tratamiento de elección para pacientes con RGE patológico persistente y grave refractario. La alimentación por sonda transpilórica o gastroyeyunal puede ser una alternativa, en determinados casos(4,5). Si la lesión pulmonar está establecida, va a ser beneficioso instruir al paciente y a sus cuidadores en técnicas de drenaje de secreciones, usar antibióticos precozmente en caso de sospecha de infección pulmonar y optimizar las medidas higiénicas y de inmunización, para evitar infecciones respiratorias(5). En caso de bronquiectasias secundarias, deben considerarse los cuidados descritos en el siguiente apartado de este artículo.

Bronquiectasias no fibrosis quística (FQ)

Definición

Las bronquiectasias son dilataciones bronquiales anormales y persistentes, habitualmente observadas por TAC de tórax.

Existe aumento en la secreción de moco y, clínicamente, se manifiesta con tos productiva crónica y exacerbaciones respiratorias recurrentes. Si se detecta de forma precoz, se puede detener la progresión de la alteración de la función pulmonar; además genera una alta carga económica y un impacto negativo significativo en la calidad de vida de los pacientes y sus familiares(8,9).

Epidemiología y etiología

Son más prevalentes en los países en vías de desarrollo y, a escala mundial, son un factor importante de morbimortalidad respiratoria crónica(10). En Europa, las tasas de incidencia anual oscilan entre 0,2/100.000 en el Reino Unido y 2,3/100.000 en Irlanda(10).

Existen múltiples causas, siendo la más frecuente la infección grave del tracto respiratorio. En la tabla II se identifica la etiología en las bronquiectasias no asociadas a FQ(9,14).

tabla

 

Clínica

La clínica depende de la gravedad y/o presencia de una enfermedad subyacente. Sospechamos bronquiectasias cuando el paciente presenta:

• Tos productiva crónica matutina (>4 semanas), que no responde a antibioticoterapia.

• Bronquitis bacteriana persistente (>3 episodios al año).

• Neumonías localizadas recurrentes.

• Hemoptisis.

• Hiperreactividad bronquial de difícil control.

• Acropaquias.

• Pacientes con auscultación patológica persistente (crepitantes) o cultivos para organismos inusuales (como Pseudomonas aeruginosa)(11).

También pueden estar presentes algunas comorbilidades, como hiperreactividad bronquial, reflujo gastroesofágico, patología cardiaca, trastorno del sueño y factores psicosociales(12).

Se define una exacerbación respiratoria, cuando un paciente presenta aumento de la tos (con o sin aumento de la cantidad de esputo y/o purulencia) durante ≥ 3 días, fiebre, fatiga, malestar, cambios en el comportamiento y/o apetito del niño. Los cambios en la auscultación y/o en las radiografías, aunque pueden ser importantes, no siempre están presentes y, por tanto, no son criterios obligatorios para considerar la exacerbación. La presencia de disnea y la hipoxemia orientan a una exacerbación respiratoria grave, independiente de su duración(13).

Diagnóstico

El diagnóstico confirmatorio de las bronquiectasias es radiológico y se realiza mediante una TCAR (tomografía computarizada de alta resolución), siendo esta la prueba de elección(13).

El estudio dirigido a determinar la causa subyacente de las bronquiectasias es determinante para poder valorar un tratamiento específico precoz y así mejorar el pronóstico de la enfermedad. Se describen, a continuación, exámenes obligatorios y exámenes adicionales, según sospecha etiológica(9,12).

Exámenes obligatorios

TCAR: se utiliza el índice broncoarterial (BAR) pediátrico (definido por la relación entre el diámetro interno de la vía aérea y el diámetro externo de la arteria adyacente) > 0,8. Esta medida se relaciona con la edad y aumenta a medida que la bronquiectasia se agrava. También la morfología de las bronquiectasias varía según gravedad, siendo cilíndricas las más leves y evolucionando a varicosas y quísticas en casos graves.

Los hallazgos que encontramos en la TCAR son: imágenes de apariencia en anillo de sello, aumento del diámetro bronquial interno, falta de afilamiento normal de las vías respiratorias mientras avanzan hacia la periferia, presencia de vías respiratorias en la periferia del TCAR, engrosamiento de la pared bronquial, taponamiento mucoso o impactación, y perfusión en mosaico que refleja atrapamiento aéreo en los cortes espiratorios. En la fase aguda, también puede visualizarse un patrón en árbol en brote(9,13).

Radiografía de tórax: es una prueba poco sensible. Puede ser normal en fases iniciales. Pueden presentarse en forma de engrosamientos peribronquiales, “signo de vías de tren”, que sería el bronquio dilatado visto longitudinalmente, atelectasias lineales y opacidades irregulares(9,12).

Estudio de inmunodeficiencias: con hemograma, inmunoglobulinas (IgG total, IgA, IgM, IgE), respuestas vacunales a tétanos, difteria y neumococo, y estudio del complemento. Otras evaluaciones inmunológicas adicionales según valoración del inmunólogo pediátrico, a considerar de forma individualizada(9,12).

Test del sudor: para el despistaje de fibrosis quística(9,12).

Cultivo de secreciones: con el objetivo de conocer el estado de colonización del paciente. Se realizan en el seguimiento evolutivo, en caso de exacerbación y en el control posterior de un tratamiento erradicador(9,12).

Espirometría: en los pacientes colaboradores (generalmente, en mayores de 5 años). La mayoría de los niños con cuadros leves de bronquiectasias presentan espirometrías normales, aunque, según causa subyacente y gravedad, pueden presentar desde patrón obstructivo a patrón restrictivo o mixto (en fases avanzadas)(9,12).

Estudio de tuberculosis (prueba de Mantoux e interferón gamma) y de VIH, en pacientes en lugares con alta prevalencia(9,12).

Pruebas adicionales, según sospecha etiológica

Si sospechamos aspergilosis broncopulmonar alérgica (ABPA): en un paciente con clínica que simula asma grave de difícil control y bronquiectasias centrales en el TCAR, se debe realizar IgE total, pruebas cutáneas y precipitinas para Aspergillus.

Se debe descartar el SAC (según se ha descrito previamente).

Se puede valorar realizar fibrobroncoscopia con análisis de lavado broncoalveolar.

De forma individualizada, se puede considerar el estudio de discinesia ciliar primaria (óxido nítrico nasal, estudio genético y estudio de motilidad ciliar y microscopía electrónica), en pacientes con score de PICADAR >5 y/o bronquiectasias sin causa identificada tras un estudio exhaustivo(9,12).

Tratamiento

El abordaje adecuado consiste en tratar la etiología, valorar la microbiología, movilizar las secreciones retenidas en las bronquiectasias y disminuir la inflamación pulmonar, con el fin de reducir las exacerbaciones, optimizar la calidad de vida y prevenir el deterioro de la función pulmonar(12).

Técnicas de aclaramiento de secreciones mucosas de vía aérea

Tras el diagnóstico, los pacientes y sus progenitores (si el paciente no puede realizar tratamiento de forma autónoma) deben ser capacitados en técnicas de drenaje de secreciones mucosas adaptadas a su situación clínica y edad, para realizarlas de forma regular e intensificarlas en las agudizaciones(13).

Agentes mucoactivos

No se recomienda la DNA humana recombinante (DNasa rh), ni bromhexina(13). No se recomienda utilizar de forma rutinaria manitol inhalado ni solución salina hipertónica. Aunque la evidencia es limitada, las guías mencionan que el tratamiento con solución salina hipertónica al 6-7 % y el manitol se puede considerar en pacientes seleccionados, por ejemplo, pacientes con síntomas diarios, exacerbaciones frecuentes, dificultad para expectorar y/o baja calidad de vida. Siempre que se inicie este tratamiento, se debe realizar bajo supervisión médica la primera vez, y puede considerarse el uso de un beta-2 agonista de acción corta previamente, para prevenir la potencial broncoconstricción iatrogénica(9,12,13).

Antibióticos

En los pacientes con exacerbación respiratoria aguda, se recomienda tratamiento antibiótico, siendo de elección la antibioterapia orientada según las colonizaciones y/o cultivos previos de cada paciente, con duración del tratamiento más extensa que en la población general (habitualmente 14 días). En ausencia de cultivos previos, amoxicilina-ácido clavulánico (con dosis altas de amoxicilina) cubre la mayoría de bacterias colonizadoras de bronquiectasias no FQ pediátricas(9,10,13).

En exacerbaciones recurrentes

En los pacientes que presentan más de 1 exacerbación hospitalaria o ≥3 exacerbaciones no hospitalarias en los últimos 12 meses, se recomienda el uso de azitromicina a largo plazo (10 mg/kg/día) 3 veces por semana, durante, al menos, 6 meses. Antes de empezar el tratamiento, se recomienda descartar infección por micobacterias atípicas y repetir de forma anual. En caso de antecedentes familiares de arritmias, QT largo o eventos cardiacos agudos, se debería practicar ECG previo(9,10,13).

Antibióticos para erradicación

La evidencia es limitada en niños. Las recomendaciones en caso de aislamiento de P. aeruginosa, descritas en la guía de la ERS, se basan en estudios en adultos y en pacientes con FQ, abogan por el uso de antibióticos antipseudomónicos orales, endovenosos y/o nebulizados, según la situación clínica del paciente(9,13).

Terapias basadas en el asma

No se recomienda utilizar corticoides inhalados, beta-2 agonistas de acción corta o prolongada o antagonistas de los antileucotrienos de forma rutinaria, solo en caso de que exista asma bronquial confirmada y coexistente(12,13).

Otras terapias

Se recomienda fomentar el ejercicio físico, asegurar una buena evolución nutricional y niveles normales de vitamina D. Se aconseja seguir el programa de vacunación poblacional y completar con vacunación antigripal estacional anual y antineumocócica 23 valente. Debe formarse al paciente y a su familia en medidas higiénicas, fomentando el lavado frecuente de manos y evitando el contacto con las personas con cuadros respiratorios contagiosos, así como evitar la exposición al tabaco y a la contaminación ambiental(12,13).

Pronóstico y seguimiento

El pronóstico depende de la etiología, del diagnóstico y el tratamiento de forma precoz, de la alteración de la función pulmonar, de las exacerbaciones y de la colonización por P. aeruginosa(12).

Estos pacientes deben ser atendidos, con revisiones cada 3 a 6 meses, para valorar la función pulmonar y realizar cultivo de muestras respiratorias para orientar el tratamiento antibiótico empírico ante futuras exacerbaciones(9,13).

Neumopatías intersticiales

Introducción y definición

Las neumopatías intersticiales pediátricas constituyen un grupo heterogéneo y poco frecuente de enfermedades que afectan principalmente al tejido intersticial pulmonar, produciendo alteraciones en el intercambio gaseoso.

Estos grupos de enfermedades se conocen con el acrónimo chILD (child Intersticial Lung Disease)(15). Son 10 veces menos frecuentes en niños que en adultos(16). Un estudio reciente, en España, estimó una incidencia de 8,2 nuevos casos por millón de niños por año y una prevalencia promedio de 46,4 casos por millón de niños(17).

El diagnóstico de ChILD se define cuando cumple, al menos, 3 de los siguientes 4 criterios(18):

1. Síntomas respiratorios: tos persistente, taquipnea, disnea o intolerancia al ejercicio.

2. Signos clínicos de insuficiencia respiratoria: crepitantes o estertores en la auscultación, retracciones intercostales o acropaquias.

3. Hipoxemia.

4. Anomalías difusas del parénquima pulmonar en las radiografías de tórax o TAC pulmonar.

Etiología y clasificación

Su etiología es muy variada, incluyendo formas de origen genético, infecciosas crónicas o postinfecciosas, inflamatorias o autoinmunes, asociadas a trastornos sistémicos o multisistémicos, relacionadas con factores ambientales o tóxicos, fármacos o de causa desconocida. El consorcio americano ChILD propuso una clasificación, distinguiendo dos grupos: los trastornos específicos del recién nacido y del lactante (Tabla III), que son muy diferentes de los adultos; y los trastornos en niños mayores (Tabla IV), que se parecen más a los trastornos de los adultos, con las particularidades de una aparición temprana de la enfermedad, la influencia del desarrollo pulmonar y la práctica ausencia de fibrosis pulmonar idiopática en niños(19).

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Sospecha clínica

En el neonato, se debe sospechar ante un distrés respiratorio agudo en el recién nacido a término, no explicable por otros motivos, y en prematuros que no respondan al tratamiento con surfactante o que evolucionen de forma no habitual. En los dos primeros años de vida, la clínica más frecuente es la taquipnea moderada, junto con retraso ponderal, rechazo de la ingesta, hipoxemia nocturna y/o diurna. Los niños mayores pueden presentar una clínica similar o debutar con disnea o cianosis con el esfuerzo, que progresa hasta presentarse en reposo. En la auscultación, es habitual detectar crepitantes y, ocasionalmente, algún sibilante, aunque puede ser normal. También pueden presentar acropaquias y deformidad de la caja torácica.

Ante una sospecha de chILD, requiere descartar otras causas de enfermedad pulmonar difusa más frecuentes, como fibrosis quística, inmunodeficiencias, cardiopatías congénitas, displasia broncopulmonar, infección pulmonar, síndrome aspirativo crónico o discinesia ciliar primaria.

Abordaje diagnóstico

El enfoque diagnóstico para las chILD incluye una combinación de antecedentes personales y familiares, exploración clínica, evaluación de la hipoxemia y pruebas de imagen torácica, que constituyen la piedra angular del diagnóstico.

Otras herramientas diagnósticas incluyen pruebas de función pulmonar, análisis de laboratorio específicos, broncoscopia con lavado broncoalveolar, ecocardiografía, pruebas genéticas y, si es necesario, como paso final, una biopsia pulmonar (Fig. 2)(18-20).

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Figura 2. Investigaciones en el enfoque diagnóstico de las enfermedades pulmonares intersticiales infantiles.

 

Historial médico: el inicio y las características de los síntomas pueden orientar a un diagnóstico específico. Una historia familiar detallada es importante. Los trastornos recesivos se observan con mayor frecuencia en casos de consanguinidad, mientras que los trastornos dominantes pueden manifestarse a lo largo de generaciones con penetrancia y expresividad variables. También se debería preguntar sobre los hábitos de vida y las posibles exposiciones ambientales que podrían estar relacionadas con la aparición o empeoramiento de la neumopatía.

Pruebas de imagen: la radiografía de tórax muestra anomalías inespecíficas o puede ser normal. La TAC pulmonar es la prueba más sensible y los hallazgos más comunes asociados a chILD son: opacidades en vidrio deslustrado, nódulos y micronódulos, quistes aéreos, engrosamiento septal y atrapamiento aéreo. En la mayoría de los casos, los hallazgos son inespecíficos; sin embargo, ciertos patrones pueden indicar diagnósticos específicos, como opacidades en vidrio deslustrado en lóbulo medio, língula y regiones parahiliares/paramediastínicas, característica de la hiperplasia de células neuroendocrinas (Fig. 3).

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Figura 3. A. Corte axial a la altura de la língula. B. Reconstrucción coronal. Áreas con patrón en vidrio deslustrado que afectan predominantemente al lóbulo medio y a la língula, mostrando el patrón de distribución típico de la hiperplasia de células neuroendocrinas de la infancia.

 

Pruebas de función pulmonar: en general, suelen presentar un patrón restrictivo. En la hiperplasia de células neuroendocrinas se ha descrito un patrón obstructivo con hiperinsuflación. La bronquiolitis obliterante se caracteriza por un patrón obstructivo irreversible con atrapamiento aéreo. La medición de la capacidad de difusión pulmonar de monóxido de carbono (DLCO) suele estar disminuida, excepto en la hemorragia pulmonar, que está elevada(21). La prueba de marcha de 6 minutos puede ser útil en el seguimiento de niños en edad escolar.

Ecocardiografía: es útil para descartar hipertensión pulmonar y excluir cardiopatías.

Estudios analíticos: dependerán de la orientación clínica, incluyendo: estudios inmunológicos, autoinmunidad, hipersensibilidad y enfermedades sistémicas(19).

Lavado broncoalveolar: es útil para descartar infecciones y orienta hacia algunas enfermedades (Tabla V).

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Biopsia pulmonar: está indicada cuando no se ha obtenido un diagnóstico con las exploraciones anteriores. Se realiza mediante minitoracotomía o videotoracoscopia, preferiblemente en dos áreas con diferente grado de afectación.

Estudios genéticos: se recomienda para todos los niños con chILD sin causa identificada. Actualmente, solo se identifica la causa genética en un 20 % de los casos(22). Algunas de las mutaciones son: las relacionadas con el déficit de proteína del surfactante (déficit de proteína B, C y ABCA3); mutaciones en el gen NKX2-1 o TTF-1 (asociadas con neumopatía intersticial, hipotiroidismo y alteración neurológica); mutaciones causantes de proteinosis alveolar (CSF2RA, CSF2RB y MARS); deficiencia de GATA2 (asociadas a manifestaciones hematológicas, infecciones oportunistas y neumopatía intersticial); y mutaciones relacionadas con trastornos del desarrollo alveolar (gen filamina A y gen ACTA2) y con trastornos del desarrollo pulmonar, como el gen FOXF1(19).

Tratamiento

Las medidas generales son: corregir la hipoxemia, optimizar la nutrición, tratar las infecciones, promover la correcta inmunización (especialmente gripe y neumococo) y evitar irritantes pulmonares (tabaco, contaminación y alérgenos).

A nivel de tratamiento antiinflamatorio, en la mayoría de chILD, el abordaje más usado son los corticoides sistémicos, que pueden ser en forma de pulsos endovenosos de metilprednisolona (10-30 mg/kg/día) durante 3 días consecutivos, mensualmente durante 1-6 meses, o prednisolona oral a 1-2 mg/kg/día, ya sea solos o combinados con hidroxicloroquina (para ayudar a reducir el daño celular y la fibrosis)(19). La azitromicina (10 mg/kg/día, 3 días a la semana) puede ser útil en inflamación persistente sin fibrosis, en situación de infecciones respiratorias de repetición, bronquiectasias asociadas o algunas mutaciones del surfactante, como ABCA3. En las neumopatías intersticiales relacionadas con enfermedades del tejido conectivo o síndromes autoinflamatorios, pueden considerarse fármacos inmunosupresores, como micofenolato de mofetilo, azatioprina, rituximab o inhibidores de JAK. El trasplante pulmonar está reservado para casos graves refractarios(19,20).

Pronóstico

El pronóstico es muy variable y depende de varios factores: el tipo específico de chILD (algunas son autolimitadas o tratables, mientras que otras pueden ser crónicas, progresivas y letales); la edad de inicio (cuanto más temprana, suele tener peor pronóstico); la presencia de fibrosis progresiva en el TAC; la pérdida persistente de función pulmonar; la respuesta al tratamiento; y si tiene comorbilidades asociadas. Se asocian a mal pronóstico: trastornos del desarrollo y crecimiento pulmonar, los déficits de proteína B del surfactante y déficit de ABCA3 de presentación neonatal; y a buen pronóstico: la hiperplasia de células neuroendocrinas o la glucogenosis intersticial pulmonar (sin trastorno importante del desarrollo alveolar asociado).

Displasia broncopulmonar (DBP)

Definición y fisiopatología

La displasia broncopulmonar (DBP) es la complicación crónica a nivel pulmonar más frecuente del prematuro.

A pesar de afectar principalmente el sistema respiratorio, puede generar también alteraciones a nivel cardiovascular, de crecimiento y en el neurodesarrollo, con una pérdida de la calidad de vida en la edad pediátrica y en el adulto(23).

Desde su primera descripción en 1967, ha habido múltiples definiciones. Actualmente, la más utilizada es la propuesta en 2001 por el consenso del National Institute of Child Health and Human Development (NICHD), que establece el diagnóstico de DBP, como la necesidad de oxigenoterapia, al menos, durante 28 días. Este mismo consenso clasificaba la gravedad de la DBP según la FiO2 requerida a las 36 semanas de edad postmenstrual o al alta en los nacidos antes de las 32 semanas de gestación, o a los 56 días de vida en los nacidos a las ≥32 semanas. El NICHD realizó posteriormente un estudio prospectivo para determinar los principales factores de morbilidad en la DBP. A partir de este estudio, la clasificación utilizada actualmente para la gradación de la severidad de la DBP se basa en el tipo de soporte respiratorio requerido a las 36 semanas de gestación, independientemente de la FiO2(24) (Tabla VI).

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A pesar de los avances médicos, la incidencia de DBP se ha mantenido estable a lo largo de los años. La explicación la encontramos en el aumento de supervivencia de los recién nacidos de muy bajo peso. Estos avances sí han representado un cambio en las características de la DBP. En la denominada “antigua DBP”, se observaba un predominio del componente enfisematoso y fibrótico secundario a una ventilación más agresiva y a las altas concentraciones de oxigenoterapia. A partir de los años 90, se observó un aumento de la supervivencia y cambios en las características de la DBP. Esto fue debido a la introducción de los corticoides prenatales, al uso de surfactante y a los cambios en la ventilación, con un mayor uso de la ventilación no invasiva y parámetros menos agresivos, permitiendo una hipercarbia permisiva. Esta “nueva DBP” se caracteriza por una simplificación alveolar y disregulación en la vascularización pulmonar, secundarias a la interrupción precoz del desarrollo del pulmón(25).

Manifestaciones pulmonares durante la infancia

Los niños nacidos pretérmino y con muy bajo peso, muy especialmente aquellos con diagnóstico de DBP, presentan una mayor morbilidad respiratoria durante los primeros años de vida.

Es habitual el ingreso hospitalario causado por infecciones de las vías aéreas inferiores asociadas a sibilancias, especialmente durante los 2 primeros años. Varios estudios reportan que aproximadamente el 50 % de los niños diagnosticados de DBP requieren ingreso durante el primer año de vida, por complicaciones a nivel respiratorio. Existe una mayor susceptibilidad a presentar complicaciones con relación a las infecciones virales, muy especialmente por virus respiratorio sincitial (VRS)(26).

La introducción de nirsevimab ha provocado una reducción muy significativa de ingresos por bronquiolitis por VRS en la población general, aunque no se disponen de datos específicos en la población con displasia broncopulmonar. Otros factores, como la exposición al humo del tabaco, pueden facilitar la aparición de complicaciones respiratorias en estos pacientes. Existen otras comorbilidades asociadas a la displasia broncopulmonar que pueden también empeorar la evolución respiratoria. Aproximadamente, el 60 % de los prematuros presentan reflujo gastroesofágico. La aspiración del contenido gástrico por este reflujo puede exacerbar la alteración a nivel pulmonar subyacente(27). Puede también existir un componente de traqueobroncomalacia que agrave los síntomas respiratorios, empeorando el estado con el uso de broncodilatadores.

La evolución, a lo largo de los años, acostumbra a ser hacia una mejoría, con un claro descenso de las hospitalizaciones por causa respiratoria a partir de los 3-4 años. A pesar de esta mejoría, manifestaciones respiratorias persisten a los 4-5 años en un porcentaje remarcable de pacientes(26).

Sintomatología asmática y evolución de la función respiratoria

Tal y como ya se ha comentado, los pacientes con antecedente de DBP presentan un mayor riesgo de padecer episodios de sibilancias durante los primeros años de vida y la edad escolar que el resto de población. Además, presentan también una menor tolerancia al ejercicio físico. Estos síntomas, habitualmente descritos como asthma-like, vienen condicionados por un patrón de obstrucción bronquial. Múltiples estudios muestran una disminución de FEV1 (Volumen Espiratorio Forzado en el primer segundo) en los escolares con antecedente de prematuridad y bajo peso al nacer, siendo más marcada esta afectación en los diagnosticados de DBP. Asimismo, se ha observado también una hiperreactividad bronquial, tanto al ejercicio como a la metacolina. Esto conduce a que, en múltiples ocasiones, se etiquete de forma poco precisa a estos pacientes como asmáticos. Hay que tener en cuenta que, a pesar de la naturaleza obstructiva de las dos entidades, la inflamación subyacente es diferente. En el asma, mayoritariamente la inflamación es eosinofílica, con valores elevados de óxido nítrico exhalado y, frecuentemente, con antecedentes de atopia. En la DBP no existen estos antecedentes y la inflamación es de naturaleza neutrofílica(27). Además, mientras la obstrucción bronquial en el asmático es reversible con el uso de betaadrenérgicos, en la DBP esta reversibilidad es parcial. La diferenciación de estas dos entidades es importante, ya que su historia natural y su manejo terapéutico no es el mismo.

Existen estudios que muestran que el patrón obstructivo en los casos de DBP persiste hasta la adolescencia, mientras que no existe esta alteración en los prematuros sin DBP. Por el contrario, no existen diferencias en la clínica asmática observada en los pretérminos con diagnóstico de DBP, sin DBP y en los nacidos a término(28).

Tratamiento

Oxigenoterapia: no existe un consenso a partir de los estudios actuales que determine con exactitud la SatO2 mínima para evitar alteraciones en el desarrollo, una vez superadas las 36 semanas de edad gestacional corregida. Sí se conoce con certeza que saturaciones por debajo del 90 % deben evitarse. Asimismo, otro estudio mostró que no había diferencia en la evolución de los pacientes con saturaciones entre 91-94 % vs. 95-98 %. Las guías elaboradas por la American Thorax Society (ATS) y la European Respiratory Society (ERS) sugieren establecer, como objetivo, saturaciones >90 %. A pesar de esto, reconocen la necesidad de estudios para determinar el valor ideal de saturación entre 90-93 %(29).

Diuréticos: no se ha observado un beneficio en tratamiento con diuréticos. Posteriormente, a las 36 semanas de edad gestacional corregida, únicamente se recomienda su uso de forma empírica de forma puntual en pacientes con episodios de edema. En los pacientes que reciben este tratamiento, se recomienda retirada progresiva, manteniendo dosis a pesar del aumento de peso(29).

Corticoterapia inhalada: no se ha observado un beneficio en el uso de corticoides de mantenimiento en los pacientes con DBP. En casos de DBP grave con múltiples episodios de sibilancias en ingresos, se puede realizar una prueba de forma empírica, controlando de forma estrecha su efectividad y sus potenciales efectos adversos(29).

Implicaciones de la DBP en la edad adulta

Existe un número creciente de publicaciones reportando la afectación pulmonar en la edad adulta secundaria a la DBP. Por una parte, existe ya un amplio conocimiento en la persistencia de la obstrucción bronquial en las pruebas de función respiratoria.

Asimismo, cada vez hay una mayor certeza de casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) de aparición temprana con relación a la DBP. Estos casos se pueden ver favorecidos por la exposición a tóxicos, como el humo de tabaco, y por la presencia de factores genéticos(27).

Con los conocimientos actuales, podemos afirmar que la DBP no es únicamente una afectación de la edad pediátrica, sino que sus efectos se pueden observar a lo largo de toda la vida.

Por este motivo, es de gran importancia el papel del pediatra, realizando un seguimiento a lo largo de la infancia, estableciendo medidas preventivas a nivel higiénico y de hábitos tóxicos, así como llevando a cabo una adecuada transferencia de la información al médico de adultos.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Identificar a los pacientes con signos de enfermedad respiratoria crónica (tos crónica, taquipnea, infecciones respiratorias recurrentes, auscultación patológica persistente).

• Identificar a los pacientes con factores de riesgo, como la prematuridad, la displasia broncopulmonar, inmunodeficiencias y aspiraciones.

• Realizar un seguimiento clínico, evolutivo y coordinar la derivación con el servicio de neumología pediátrica.

• Detectar las complicaciones y valorar la respuesta al tratamiento en las agudizaciones.

• Controlar que el calendario vacunal esté completo, incluyendo vacunación antigripal, antineumocócica, inmunización con anticuerpo monoclonal frente al virus sincitial respiratorio (VRS) y promover la evitación del humo de tabaco y de contaminantes ambientales. En determinados pacientes, se incentivará la realización habitual de fisioterapia respiratoria, incrementando su uso durante las agudizaciones.

• Educar a las familias sobre la higiene, prevención de infecciones, signos de alarma de exacerbaciones y el momento en el que deben acudir a urgencias.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Guía completa y actualizada de la Sociedad Europea Respiratoria sobre el diagnóstico, manejo y el seguimiento del paciente pediátrico con bronquiectasias no asociadas a fibrosis quística; cuenta con las recomendaciones del grupo de trabajo.

– Marczak H, Krenke K, Griese M, Carlens J, Seidl E, Gilbert C, et al. An update on diagnosis and treatments of childhood interstitial lung diseases. Breathe (Sheff). 2025; 2: 250004. Disponible en: https://doi.org/10.1183/20734735.0004-2025.

Revisión actualizada sobre el enfoque diagnóstico y terapéutico para los pacientes pediátricos con neumopatías intersticiales.

– Duijts L, van Meel ER, Moschino L, Baraldi E, Barnhoorn M, Bramer WM, et al. European Respiratory Society guideline on long-term management of children with bronchopulmonary dysplasia. Eur Respir J. 2020; 55: 1900788. Disponible en: https://doi.org/10.1183/13993003.00788-2019.

Es una guía completa y actualizada sobre el manejo de los pacientes con displasia broncopulmonar; cuenta con las recomendaciones del grupo de trabajo.

 

Caso clínico

 

Paciente de 6 años que presenta infecciones respiratorias recurrentes y tos crónica.

Antecedentes: recién nacido a término. Sin antecedentes perinatales de interés. Esquema vacunal incompleto. Sin alergias conocidas. Dermatitis atópica. Sin antecedentes familiares de asma o alergia respiratoria o alimentaria.

Historia respiratoria: bronquiolitis aguda, de curso ambulatorio, a los 6 meses de vida. Desde los 2 años, inicia sibilancias recurrentes con desencadenante viral, de predominio en otoño-invierno, presentando 4-5 episodios anualmente. La mayoría de episodios son moderados, requiriendo corticoterapia oral. Ha precisado dos ingresos: el primero por infección por VRS, precisando oxigenoterapia de flujo convencional; y el segundo, en contexto de infección por rinovirus y neumococo, presenta bronconeumonía grave con atelectasia de lóbulo medio, con requerimientos de ventilación mecánica en unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP). Tras el alta, había presentado 3 agudizaciones respiratorias que se resolvieron tras antibioticoterapia y permanece con tos productiva matutina y expectoración diurna intermitente en los últimos 4 meses. Niega tos seca nocturna. En ocasiones, presenta disnea de esfuerzo. Niega clínica de reflujo gastroesofágico o disfagia.

Exploración física: SatO2: 97 %; frecuencia respiratoria: 26; buen estado general; abdomen: normal. Aparato respiratorio: buena ventilación pulmonar, crepitantes en base derecha. Aparato cardiovascular: ruidos cardiacos rítmicos, sin soplos. Examen neurológico: normal.

Exploraciones complementarias: radiografía de tórax: infiltrado en lóbulo medio, engrosamientos peribronquiales. TAC tórax: se evidencian bronquiectasias quísticas en lóbulo medio con tractos de aspecto fibrocicatricial. No hay áreas de atrapamiento aéreo.

 

 

Tratamiento de asma en pediatría

F. Álvarez Caro,  M. García González,  A. Méndez Sánchez
Temas de FC


F. Álvarez Caro, M. García González, A. Méndez Sánchez

Unidad de Neumoalergia Infantil. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Cabueñes. Gijón

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Autor para correspondencia

franciscoalvarez130@msn.com

Resumen

El asma es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia. El objetivo final del tratamiento del asma es lograr y mantener el control total de la misma. El tratamiento del asma se divide en el tratamiento de mantenimiento o de fondo y en el tratamiento de las exacerbaciones agudas. Para el primero, se dispone de un arsenal terapéutico que incluye: corticoides inhalados, broncodilatadores de acción larga, antagonistas de los receptores de leucotrienos, anticolinérgicos de acción prolongada y anticuerpos monoclonales. Un dato prioritario para alcanzar el objetivo final es la educación del niño y su familia, dado que la principal causa de mal control de la enfermedad es el incumplimiento terapéutico, bien por la administración insuficiente e inconstante, o bien por la mala técnica de administración de las terapias inhaladas. Los objetivos del tratamiento de una exacerbación aguda de asma son principalmente revertir la obstrucción y corregir la hipoxemia, disponiendo para ello de armas terapéuticas, como broncodilatadores de acción corta, corticoides sistémicos, anticolinérgicos de acción corta, oxigenoterapia y sulfato de magnesio, entre otros.

 

Abstract

Asthma is one of the most prevalent chronic diseases in childhood. The ultimate goal of asthma treatment is to achieve and maintain complete control. Asthma treatment is divided in maintenance treatment and treatment of acute exacerbations. For the former, several drugs are available such as inhaled corticosteroids, long-acting bronchodilators, leukotriene receptor antagonists, long-acting anticholinergics, and monoclonal antibodies. A priority for achieving this ultimate goal is educating patients and their families, given that the main cause of poor disease control is therapeutic noncompliance, either due to insufficient and inconsistent administration or poor administration technique for inhaled therapies. Treatment goals for an acute asthma exacerbation are primarily reversing bronchial obstruction and correcting hypoxemia. For this, several drugs may be used such as short-acting bronchodilators, systemic corticosteroids, short-acting anticholinergics, oxygen therapy, and magnesium sulfate among others.

 

Palabras clave: Asma infantil; Tratamiento; Fármacos antiasmáticos; Educación sanitaria; Control.

Key words: Childhood asthma; Treatment; Anti-asthma drugs; Patient education; Control.

 

Pediatr Integral 2026; XXX (2): 99 – 106

 


OBJETIVOS

• Entender los distintos aspectos del tratamiento del asma infantil.

• Poder llevar a cabo el tratamiento de mantenimiento del niño asmático, independientemente de su gravedad.

• Poder llevar a cabo el tratamiento de una exacerbación asmática de acuerdo al nivel de gravedad de la misma.

• Conocer las distintas características y particularidades de los distintos tratamientos utilizados en el manejo agudo y crónico del asma.

 

Tratamiento de asma en pediatría

https://doi.org/10.63149/j.pedint.120

 

Introducción

El asma es un problema de salud pública, siendo un motivo muy frecuente de consulta, tanto en Atención Especializada como en Atención Primaria.

El asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia, que genera mayor impacto económico y pérdida de calidad de vida(1,2), constituyendo un problema de salud a nivel global. En España, entre el 12-15 % de los niños y adolescentes son asmáticos(3), dependiendo su coste, entre otros factores, de la gravedad de la enfermedad. Hace ya más de una década, su coste total en Pediatría en España era de unos 532 millones de euros(4), representando los costes directos (costes sanitarios) el 60 % del total, y los indirectos (tiempo de cuidador) el 40 %(5). Estos datos hacen perentoria la necesidad de optimizar los recursos, tanto terapéuticos como no terapéuticos(5).

Todas las guías de consenso asumen que el objetivo fundamental del tratamiento es conseguir y mantener el control total de la enfermedad(1,2). Su éxito se fundamenta en el tratamiento farmacológico y en la educación sanitaria, junto con la inmunoterapia específica en caso de estar indicada(6).

Tratamiento de la crisis de asma

Ante un niño con crisis asmática, se debe clasificar la misma en función de la gravedad para instaurar el tratamiento adecuado.

El diagnóstico y tratamiento precoces son claves en el manejo de la crisis de asma. Sería deseable que todo asmático dispusiera de un plan de acción escrito que ayude a reconocer los síntomas e iniciar el tratamiento pertinente. Los objetivos del tratamiento de la crisis de asma son revertir la obstrucción bronquial, corregir la hipoxemia e, idealmente, prevenir las recurrencias(6).

Aunque ninguna escala clínica está bien validada(7,8), el Pulmonary Score (Tabla I) es sencillo y aplicable a todas las edades(9).

tabla

 

La combinación de síntomas con la saturación de oxígeno (SatO2) permitirá completar la estimación de la gravedad(1) (Tabla II). No está indicada la realización rutinaria de otras pruebas complementarias, como gasometría, analítica sanguínea, estudios microbiológicos o radiografía de tórax, salvo sospecha de complicaciones o formas graves.

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De forma paralela a la valoración de la gravedad del asma, se debe completar la historia clínica, prestando especial atención a aspectos, como el tiempo de evolución, tratamiento administrado (dosis, periodicidad, tiempo de administración de última dosis, técnica inhalatoria), tratamiento de mantenimiento y existencia de enfermedades asociadas(10). Es importante identificar factores de riesgo de crisis asmática grave (Tabla III).

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El manejo de la crisis de asma propuesto por la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría se representa en el algoritmo al final del artículo(10).

Fármacos utilizados en las crisis de asma

Oxígeno: se recomienda durante la estabilización de pacientes inestables, en crisis graves y en moderadas con gran trabajo respiratorio y/o hipoxemia. El objetivo es mantener SatO2 92 %.

Agonistas B2 adrenérgicos inhalados de acción corta (SABA) (salbutamol): fármacos de primera línea. Se deben administrar, preferentemente, con inhalador presurizado y cámara espaciadora (MDI), ya que es tan efectivo como la vía nebulizada, con menos efectos secundarios y más coste-eficiencia. Se reserva la vía nebulizada para crisis graves y fallo respiratorio. La dosis de dispositivos presurizados en cámara espaciadora es de 2-4 pulsaciones en crisis leves, 6-8 en crisis moderadas y 10 en crisis graves. La dosis vía nebulizada es de 0,15 mg/kg (mínimo 2,5 mg, máximo 5 mg) o dosis estandarizadas de 2,5 mg para niños <20 kg y 5 mg para niños >20 kg(10). El tratamiento inicial suele realizarse con tres dosis de broncodilatador en la primera hora (cada 20 minutos).

Corticoides sistémicos: indicados en crisis moderadas y graves, y en leves no respondedoras completas tras la primera dosis de salbutamol o con factores de riesgo (Tabla III). Se usan en pautas cortas (3-5 días). Se utilizan dosis de 1-2 mg/kg/día de prednisona o equivalente (máximo 60 mg/día). Es de elección la vía oral, siempre que sea posible(2). Una alternativa segura y eficaz es la dexametasona (dosis 0,6 mg/kg, máximo 12 mg), pudiendo repetir la misma a las 24 horas(10). Pautas cortas se pueden retirar bruscamente al no afectar al eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal. La vía intravenosa está indicada en casos de mayor gravedad o con intolerancia oral (metilprednisolona 1-2 mg/kg, máximo 125 mg/día)(10). En pacientes en tratamiento preventivo con corticoides inhalados, no deben retirarse, existiendo controversia sobre la utilidad de aumentar la dosis temporalmente ante la aparición de los primeros síntomas de exacerbación.

Bromuro de ipratropio: indicado junto a SABA de rescate en forma de tres dosis sucesivas asociadas a las tandas iniciales de salbutamol(10). Se suele utilizar durante las primeras 48 horas de una crisis asmática grave. Utilizado de forma precoz, se ha asociado a disminución del número de hospitalizaciones. La dosis en dispositivos presurizados en <20 kg son 4 puff; si > 20 kg, hasta 8 puff. La dosis vía nebulizada en caso de <20 kg son 250 µg, y si >20 kg, 500 µg(11).

Sulfato de magnesio: en pacientes con crisis graves o moderadas que no mejoran a pesar del tratamiento de rescate inicial (primeras 1-2 horas de atención). Una dosis única de ­40 mg/kg (máximo 2 g) en perfusión intravenosa lenta ha demostrado reducir la tasa de hospitalización.

Tratamiento de mantenimiento del asma

La medicación de mantenimiento es aquella que se administra a diario y durante largos periodos de tiempo, con el objetivo de lograr el control de la enfermedad.

Se debe ajustar la misma de forma continua, en función del nivel de control, teniendo siempre presentes las medidas no farmacológicas y la adhesión terapéutica. El tratamiento de mantenimiento se iniciará en función del nivel de gravedad inicial, no necesariamente desde el primer escalón. En la figuras 1 y 2, se refleja el tratamiento escalonado en la edad pediátrica en función del nivel de control(1).

figura

Figura 1. Tratamiento escalonado del asma en menores de 12 años. ARLT: antileucotrienos; GC: glucocorticoide; GCI: glucocorticoides inhalados; LABA: agonista B2 adrenérgico de larga duración. *A partir de 6 años. **Fuera de ficha técnica.
Fuente: referencia (1).

 

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Figura 2. Tratamiento escalonado del asma a partir de los 12 años. ARLT: antileucotrienos; GCI: glucocorticoides inhalados; LABA: agonista B2 adrenérgico de larga duración.
Fuente: referencia(1).

 

Corticoides inhalados (GCI): tratamiento de elección a partir del escalón terapéutico 2, debido a su alta afinidad y selectividad por su receptor, su efecto antiinflamatorio local, su prolongada permanencia en el pulmón y su baja biodisponibilidad oral y sistémica. Actualmente, en España, se comercializan en forma de budesonida, fluticasona (propionato y furoato), beclometasona, ciclesonida y mometasona. Se debe utilizar siempre la mínima dosis eficaz necesaria para mantener el control y tener en cuenta la bioequivalencia entre los distintos GCI(6,12). Las dosis bioequivalentes de los mismos se recogen en la tabla IV. A partir de dosis medias-altas, es más efectivo añadir un segundo fármaco antes que seguir incrementando las dosis de ellos(6).

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Antagonistas de los receptores de leucotrienos (ARLT): el montelukast es el único fármaco de este grupo autorizado en España a partir de los 6 meses de vida. Se administra en dosis única diaria por vía oral, una hora antes o dos horas después de las comidas, pudiendo producir efectos secundarios, como dolor abdominal y alteraciones del sueño. En preescolares con asma, reducen de forma modesta los síntomas y la necesidad de corticoides orales(13,14). Se podría realizar un ensayo terapéutico para valorar eficacia, suspendiéndose en caso de no respuesta(13). Se precisa más evidencia para determinar si existe un fenotipo respondedor a ARLT(15). Si no existe control con GCI a dosis bajas, es más eficaz incrementar los GCI a dosis medias que asociar ARLT(16).

Asociación de agonistas β2 adrenérgicos de acción larga (LABA) y GCI: los LABA deben asociarse siempre a un GCI, no recomendándose su uso en monoterapia ni como medicación preventiva ni como broncodilatador de rescate(1). En España existen las siguientes combinaciones: salmeterol/propionato de fluticasona (a partir de 4 años), formoterol/budesonida (a partir de 6 años), formoterol/propionato de fluticasona (a partir de 12 años), vilanterol/furoato de fluticasona (a partir de 12 años), indacaterol/furoato de mometasona (a partir de los 12 años) y formoterol/beclometasona (a partir de 18 años). Existen estudios que demuestran que, en niños a partir de 4 años con asma persistente no controlada con dosis bajas de GCI, es más eficaz añadir un LABA que doblar la dosis de GCI en el control clínico y la función pulmonar(17-19). Un tipo más novedoso de LABA son los ultra-LABA, como vilanterol o indacaterol, autorizados para pacientes >12 años en combinación con GCI. Dada su farmacocinética, que permite su dosificación en una única toma diaria, podrían suponer una ventaja para un mejor cumplimiento terapéutico y mejor control de la enfermedad, especialmente en adolescentes(20).

Dado el rápido inicio de acción del formoterol (5 minutos), en >12 años puede ser aplicable una estrategia de rescate con la combinación formoterol/budesonida en los distintos escalones del tratamiento(1), e incluso como terapia de rescate y mantenimiento con un único dispositivo (estrategia MART) en el escalón 2 del asma en adelante(1,21,22). Los resultados de los anteriores estudios podrían proporcionar evidencia indirecta para la posible indicación de las combinaciones de GCI a dosis bajas con formoterol, administrados exclusivamente a demanda en el tratamiento del escalón 2 en pacientes con baja adhesión terapéutica en los que fracasó una intervención educativa específica(1). Existen estudios que demuestran una disminución de exacerbaciones y de necesidad de glucocorticoides sistémicos en niños de 4-11 años tratados con formoterol/ budesonida de rescate y mantenimiento(23), si bien otros autores consideran que la evidencia es limitada en esta franja de edad(24).

Antagonistas muscarínicos de acción prolongada (LAMA) (bromuro de tiotropio): se asocian a GCI y LABA(6). Indicado en niños >6 años con asma grave mal controlada, en tratamiento con GCI a dosis altas más LABA (escalón 5), siendo su dosis de 5 µg/día(25).

Terapia biológica: indicada en asma grave no controlada (escalón 6) a partir de 6 años. El primero en desarrollarse fue el omalizumab (anti-IgE), para >6 años con asma alérgica grave por sensibilización a alérgeno perenne. Tanto mepolizumab (anti-IL5) como dupilumab (anti-IL4R/IL13) están autorizados para asma grave eosinofílica no controlada en >6 años. Y, finalmente, tezepelumab (antilinfopoyetina estromal tímica) está autorizado para niños >12 años con asma grave, tanto eosinofílica/alérgica como no eosinofílica (tanto en fenotipo Th1 como Th2).

Inmunoterapia específica (ITE): cuando se usan extractos estandarizados biológicamente, en pacientes sensibilizados, adecuadamente seleccionados, ha mostrado efecto beneficioso, reduciendo síntomas, medicación de rescate y mantenimiento e hiperrespuesta bronquial(26). La ITE por vía subcutánea o sublingual es eficaz para el asma alérgica bien controlada (escalones 2 a 4), siempre que haya una sensibilización mediada por IgE frente a un aeroalérgeno común clínicamente relevante. No debe prescribirse en asma no controlada. Además, previene el desarrollo de nuevas sensibilizaciones y asma en niños con rinitis(27).

Sistemas de inhalación

Independientemente de la edad, la vía inhalada es la más adecuada para administrar la medicación en el tratamiento del asma.

Ningún tratamiento con medicación inhalada se puede realizar adecuadamente si el niño no usa los sistemas de inhalación de forma correcta. Es necesaria la revisión periódica de la técnica y se debe plantear el cambio de sistema, dependiendo de la edad, de la preferencia del niño mayor o cuando el asma no evolucione correctamente. En la tabla V se recomiendan los dispositivos de inhalación dependiendo de la edad(5).

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Ajuste del tratamiento

Debe ajustarse en función del grado de control conseguido, aplicando cuando corresponda en cada caso los fármacos incluidos en cada escalón terapéutico.

Cualquier aumento debe entenderse como un ensayo terapéutico y ser revisado tras 2 o 3 meses. Si no se consigue la respuesta esperada, se deben considerar otras opciones o la derivación al especialista(6). Debe considerarse el descenso farmacológico, en ausencia de infecciones respiratorias o cambios ambientales, cuando los síntomas estén controlados y la función pulmonar haya permanecido estable durante, al menos, 3 meses. La reducción de los GCI un 25-50 % es factible y segura para la mayoría de los pacientes(6).

Control y gravedad del asma

Los términos control y gravedad del asma no son equivalentes, aunque estén íntimamente relacionados.

Tanto el control como la gravedad se asocian a los requerimientos de medicación que precisan los pacientes, siendo el asma grave aquella que precisa tratamiento en los escalones terapéuticos más elevados(1). Según el consenso nacional, se considera que un niño padece asma grave: si ha requerido dos o más ciclos de corticoides orales durante el último año; si requiere tratamiento con GCI a dosis medias (con otra medicación controladora) o dosis altas (con o sin otra medicación controladora); si no responde a un tratamiento convencional optimizado; si la enfermedad pone en peligro o deteriora de forma importante su calidad de vida; si consume (de manera justificada) recursos sanitarios regularmente; o si existen factores psicosociales o ambientales que impiden su control(6). Ante una sospecha de asma grave, debe diferenciarse si se trata de un asma de difícil control (ADC) o un asma grave refractaria al tratamiento (AGR). En el ADC se deben tratar en su caso factores que contribuyan a una mala respuesta terapéutica, como la falta de adherencia, factores ambientales perjudiciales o comorbilidades asociadas. En el caso del AGR, se debe considerar incluso la implementación de estrategias fuera de las recomendadas en las guías(6). Para medir el control, se valoran, entre otros parámetros, la ausencia de síntomas, el ejercicio y el uso de medicación de rescate. Es conveniente indicar que las escalas que valoran el control (cuestionario CAN o ACT) tienen menos utilidad en preescolares(6).

Educación en el asma

La educación del niño y su familia es un aspecto fundamental en el manejo de la enfermedad, dado que aumenta la calidad de vida, reduce el riesgo de exacerbaciones y el coste.

La educación en el asma proporciona conocimientos que facilitan el autocontrol, el manejo de las crisis y mejores condiciones para la práctica de deporte. Debe desarrollarse en todos los ámbitos sanitarios en los que el niño sea atendido. Se dirigirá fundamentalmente a la familia durante la primera infancia y, a partir de los 8-9 años, cuando el niño tenga la madurez suficiente, principalmente al propio paciente, con el objetivo de facilitar su autonomía y autocuidado(28). Los puntos clave de la educación se recogen en la tabla VI(1).

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El pediatra de Atención Primaria y la enfermera del centro de salud, por su cercanía, accesibilidad y confianza, tienen un papel fundamental(5,12). Disponer de un pediatra accesible, que conoce el entorno sociofamiliar, hará que el centro de salud sea el escenario idóneo para dar respuesta a las necesidades educativas y de control. La intervención es más efectiva cuando está acompañada de planes de acción personalizados por escrito, que aborden el tratamiento de mantenimiento y de rescate(1), debiendo ir asociado a revisiones periódicas. Los planes de acción escritos, basados en la medición del PEF (flujo espiratorio pico), pueden utilizarse de forma individualizada, especialmente en pacientes con asma grave y baja percepción de los síntomas(29), pues de forma generalizada no aportan beneficios frente a los planes basados en la monitorización de los síntomas(30).

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria es un actor fundamental, no solo en la educación sanitaria del niño y la familia del paciente asmático, sino también como prescriptor inicial de la mayoría de los tratamientos de mantenimiento. Asimismo, dada su cercanía y accesibilidad, juega un papel muy relevante en el control y seguimiento de los niños que reciben tratamiento de mantenimiento, especialmente en los escalones terapéuticos iniciales e intermedios. Por otro lado, tiene un papel protagonista en el manejo de la mayoría de las crisis asmáticas que no precisen asistencia hospitalaria, así como en la estabilización inicial de aquellas que sí lo precisen, pero se presenten en el ámbito ambulatorio.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

– Guía Española para el Manejo del Asma 2025 (GEMA 5.4). Disponible en: https://www.gemasma.com/.

Guía de consenso nacional, que resume el tratamiento, diagnóstico y manejo en general del paciente asmático, incluyendo específicamente a la edad pediátrica.

– Global Initiative for Asthma. Global Strategy for Asthma Management and Prevention. 2025. Disponible en: https://ginasthma.org/.

Guía de consenso internacional, que establece recomendaciones de diagnóstico, seguimiento y, especialmente, tratamiento del paciente asmático, dividiendo la edad pediátrica asimismo por edades.

– Lemanske RF Jr, Mauger DT, Sorkness CA, Jackson DJ, Boehmer SJ, Martinez FD, et al. Step-up therapy for children with uncontrolled asthma receiving inhaled corticosteroids. N Engl J Med. 2010; 362: 975-85. Disponible en: https://doi.org/10.1056/nejmoa1001278.

Artículo de referencia con respecto al escalado terapéutico de los pacientes que no se controlan adecuadamente con corticoides en monoterapia, evaluando distintas opciones terapéuticas.

 

Caso clínico

 

Niño de 12 años de edad, que presenta síntomas compatibles con asma bronquial.

Antecedentes familiares: madre con asma y rinitis alérgica; hermana de 8 años con dermatitis atópica.

Antecedentes personales: alergia a huevo superada mediante inducción de tolerancia oral. Dermatitis atópica. Bronquiolitis VRS + a los 8 meses de vida, posteriormente sibilantes recurrentes, incluso en ausencia de procesos infecciosos. Ingreso a los 2 años por episodio disneizante en contexto de infección respiratoria viral por metaneumovirus.

Enfermedad actual: recibe tratamiento con budesonida inhalada a 400 mcg diarios, a pesar de lo cual, en los últimos 6 meses ha presentado un aumento en la frecuencia y severidad de los síntomas, con 2 consultas en su centro de salud por exacerbaciones asmáticas (que precisaron corticoide oral) y 1 consulta en Urgencias (que precisó igualmente corticoide oral).

Pruebas complementarias: prick test: D; Pteronyssinus: 12 mm; D. farinae: 9 mm; L. destructor: 5 mm, gramíneas, árboles, malezas, epitelio de perro, gato y hongos 0 mm. Espirometría basal: FEV1: 87 %; FVC: 95 %; FEV1/FVC: 92 %; PostB2: +15 % FEV1.

 

 

algoritmo

 

Diagnóstico del asma en el niño y adolescente

C. Ortega Casanueva*,  J. Pellegrini Belinchón**,  S. de Arriba Méndez***
Temas de FC


C. Ortega Casanueva*, J. Pellegrini Belinchón**, S. de Arriba Méndez***

*Especialista en Alergología y Pediatría. Especialista Europeo en Alergología Pediátrica. Clínica Materno Infantil Senda. Madrid
**Pediatra. Centro de Salud de Pizarrales. Salamanca. Profesor Adjunto de la Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Pontificia. Profesor Asociado de la Facultad de Medicina. Universidad de Salamanca
***Pediatra. Unidad de Alergia infantil. Hospital Universitario de Salamanca. Profesora Asociada de la Facultad de Medicina. Universidad de Salamanca. Especialista Europeo en Alergología Pediátrica

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Autor para correspondencia

crisortegacasanueva@gmail.com

Resumen

El asma es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia. En España, afecta a 1 de cada 10 niños y al 15 % de los adolescentes. Constituye un síndrome que cursa con síntomas recurrentes provocados por una obstrucción variable de la vía aérea inferior (tos, sibilancias, dificultad respiratoria) que varían en intensidad y en el tiempo. El diagnóstico del asma es eminentemente clínico y, cuando la edad y condición del niño lo permitan, debe confirmarse mediante la realización de pruebas de función pulmonar. La espirometría es una herramienta simple y asequible para su utilización en Atención Primaria. Una espirometría normal no descarta el diagnóstico de asma y, en el caso de dudas diagnósticas, pueden resultar útiles también las pruebas de provocación bronquial y la medición de la fracción de óxido nítrico en el aire exhalado (FeNO). Dada la relación entre el asma y la alergia, es importante realizar un estudio alergológico complementario.

 

Abstract

Asthma is one of the most prevalent chronic diseases in childhood. In Spain, it affects 1 in 10 children and 15 % of adolescents. It is a syndrome characterized by recurrent symptoms due to variable obstruction of the lower airways (cough, wheezing, and breathing difficulty), with variations in both intensity and duration. The diagnosis of asthma is primarily clinical, and, when the child’s age and condition so permit, it should be confirmed through pulmonary function tests. Spirometry is a simple and accessible tool for use in primary care. It is important to note that a normal spirometry result does not rule out the diagnosis of asthma. In cases of diagnostic uncertainty, bronchial provocation tests and fractional exhaled nitric oxide (FeNO) measurement may also be useful. Given the strong association between asthma and allergies, it is also recommended that an allergy evaluation be carried out.

 

Palabras clave: Asma; Pediatría; Historia clínica; Exploración física; Espirometría; Alergia.

Key words: Asthma; Pediatrics; Medical history; Clinical examination; Spirometry; Allergy.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(2): 91 – 98

 


OBJETIVOS

• Aprender a realizar una evaluación diagnóstica integral del asma.

• Establecer un diagnóstico certero, diferenciando el asma de otras enfermedades respiratorias recurrentes o transitorias, propias de la infancia.

• Coordinar la Atención Primaria con la atención especializada en alergología y/o neumología pediátrica, cuando el caso lo requiera.

• Describir la metodología diagnóstica del asma en las distintas edades.

 

Diagnóstico del asma en el niño y adolescente

https://doi.org/10.63149/j.pedint.119

 

Introducción

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la infancia. Su prevalencia en la edad pe diátrica en España ha aumentado en las últimas décadas, especialmente en áreas urbanas, y afecta al 10,4 % en los escolares de 6-7 años y al 15,3 % en los adolescentes de 13-14 años, siendo su origen multifactorial(1).

Aunque, clásicamente, el asma se define como una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, donde participan distintas células y mediadores de la inflamación, condicionada en parte por factores genéticos, que cursa con hiperrespuesta bronquial y una obstrucción variable al flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción medicamentosa o espontáneamente. En el momento actual, más que una enfermedad, se considera un síndrome, que incluye diversos fenotipos clínicos que comparten manifestaciones clínicas similares, pero de etiologías probablemente diferentes(2-5,7).

Recientemente, la Guía GEMA ha propuesto una definición de asma en el lactante, que señala que el diagnóstico de asma en los menores de 3 años ha de ser probabilístico, probabilidad que se verá aumentada si presenta atopia. No se debe eludir el término de asma cuando haya más de 3 episodios al año, o episodios graves, de tos, sibilancias y dificultad respiratoria, con buena respuesta al tratamiento de mantenimiento con glucocorticoides inhalados y si se produce un empeoramiento tras su retirada(2).

La interacción entre los genes, el ambiente en el que se produce el desarrollo fetal y las circunstancias que rodean al niño tras el nacimiento pueden condicionar la maduración y la respuesta de su sistema inmunológico frente a diversos estímulos.

Factores exógenos, como infecciones (especialmente, el virus respiratorio sincitial y el rinovirus) o irritantes, influyen tanto en el desarrollo como en las exacerbaciones del asma. La exposición de forma natural por vía respiratoria a aeroalérgenos (pólenes, ácaros del polvo, moho y epitelios de animales) será responsable, entre otras patologías, del asma alérgica.

Cómo realizar un diagnóstico correcto

El diagnóstico del asma es fundamentalmente clínico y debe basarse en una historia clínica y exploración física exhaustiva, pero también debe acompañarse de pruebas específicas que confirmen la enfermedad, como las pruebas de función respiratoria, cuando la edad y el estado del niño lo permitan, y el estudio alergológico, cuando la anamnesis así lo indique y, en ocasiones, será necesaria la exclusión de otros diagnósticos menos prevalentes, pero que pueden presentar una clínica similar.

Anamnesis

La anamnesis o historia clínica es una pieza fundamental en el diagnóstico del asma.

Los antecedentes personales (circunstancias perinatales, crecimiento, otras enfermedades respiratorias, alergias…) y familiares (asma y/o alergia en padres o hermanos) contribuyen al diagnóstico del asma.

La estacionalidad de las crisis y las circunstancias que las desencadenan nos darán información sobre la base alérgica y otros desencadenantes de la enfermedad. La edad de comienzo, la forma de inicio y el tiempo de evolución de los síntomas son útiles para acotar el diagnóstico diferencial y las probabilidades de remisión con la edad(1-5).

Con los adolescentes, realizar una historia clínica metódica y minuciosa puede suponer un desafío, pues, en ocasiones, son poco colaboradores y, a veces, optan por el mutismo o el “no sé” constante.

Existen unos puntos clave que debemos tener en cuenta(6):

Antecedentes personales y familiares. La identificación de otras patologías alérgicas, junto con la presencia de asma o enfermedades atópicas en familiares de primer grado, contribuyen a reforzar la sospecha diagnóstica.

Valoración clínica de síntomas respiratorios. La identificación de síntomas, como tos, sibilancias, dificultad respiratoria, u opresión torácica en niños mayores o adolescentes, son claves en la evaluación clínica. Si el paciente está asintomático en el momento de la entrevista, es importante disponer de informes médicos que describan los hallazgos de la exploración, el diagnóstico realizado y el tratamiento pautado. La tos aislada, en ausencia de otros síntomas de asma, no es suficiente para hacer un diagnóstico de asma. La tos nocturna podría ser un equivalente asmático, pero también precisaría ser estudiada.

Reversibilidad y recurrencia de los síntomas.

Edad de inicio y evolución temporal. La edad de aparición y la evolución a lo largo del tiempo son claves para orientar el diagnóstico diferencial y estimar el pronóstico. Así, es distinto un lactante que tras una bronquiolitis comienza a tener episodios de obstrucción bronquial con las infecciones respiratorias, que un niño más mayor con antecedentes de dermatitis atópica que comienza con rinitis, prurito ocular y episodios de sibilancias en primavera o en relación con la humedad.

Gravedad del asma. Fundamental para adaptar el manejo terapéutico.

Identificación de posibles desencadenantes.

Respuesta al tratamiento. La eficacia de los tratamientos administrados permite valorar el grado de reversibilidad funcional y, de forma indirecta, la gravedad del cuadro.

Exploración física

Fuera de los episodios de crisis, la exploración física, generalmente, no revela signos específicos.

Durante una crisis asmática, suelen aparecer signos característicos: la obstrucción al flujo aéreo provoca respiración acelerada (taquipnea), el uso de músculos accesorios (retracciones subcostales, intercostales y supraesternales) y dificultades para llevar a cabo tareas cotidianas, como hablar, comer o desplazarse. También pueden presentarse tos, cianosis y, en los casos más graves, alteración del nivel de conciencia. En la auscultación pulmonar es posible detectar una espiración prolongada, sibilancias, estertores (a veces difíciles de identificar) y, en algunos casos, una reducción del murmullo vesicular.

La severidad del episodio se determina según la intensidad de los síntomas y los hallazgos clínicos, además de la saturación de O2, lo cual resulta fundamental para decidir el tratamiento adecuado y valorar la necesidad de tratamiento del episodio agudo, supervisión médica u hospitalización(6).

Exploraciones complementarias

Cuando la edad y condición del niño lo permita, la sospecha clínica de asma debe seguirse de la realización de pruebas de función respiratoria, útiles para confirmar el diagnóstico, valorar la severidad del asma, monitorizar la evolución y medir la respuesta al tratamiento.

Pruebas de función respiratoria

Para diagnosticar la enfermedad, además de la historia clínica adecuada y la exploración física completa, serán necesarias las pruebas de función respiratoria.

Una prueba de función pulmonar, generalmente la espirometría forzada, nos puede demostrar, de forma objetiva, la obstrucción variable de los flujos espiratorios.

Cuando se dispone de ella, la espirometría es una herramienta simple y asequible para su utilización en Atención Primaria (AP).

La espirometría forzada

La espirometría es el patrón oro de evaluación objetiva del niño y adolescente con asma, tanto en el momento diagnóstico como en el seguimiento regular. Además, es una herramienta simple y asequible para su utilización en niños a partir de los 6 años. En menores de esta edad, aunque hay estudios que señalan que es factible, probablemente necesiten personal muy especializado para realizar las maniobras con un mínimo de seguridad(7).

Existen dos tipos de técnicas espirométricas: la simple y la forzada.

La espirometría forzada (Fig. 1) es la que habitualmente se realiza en la práctica clínica.

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Figura 1. Espirometría forzada.

La espirometría mide el volumen y la velocidad del aire que se moviliza desde los pulmones hacia el exterior durante una maniobra de espiración máxima, hasta llegar a la capacidad vital forzada (FVC), comenzando desde la capacidad pulmonar total (TLC) tras un llenado máximo pulmonar y terminando al alcanzar el volumen residual. Con la espirometría se pueden determinar volúmenes estáticos y capacidades pulmonares, como la FVC, pero fundamentalmente se determinan volúmenes dinámicos, como el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1), el flujo espiratorio máximo (FEM), el flujo espiratorio forzado entre el 25 % y el 75 % de la FVC (FEF 25-75), etc. Los volúmenes estáticos, como la capacidad residual funcional (CRF), no se miden con la espirometría, sino con otras técnicas más complejas como la pletismografía.

A nivel clínico, se utiliza la espirometría forzada y, si la misma maniobra se registra mediante un neumotacógrafo, el trazado obtenido es la curva flujo/volumen (Fig. 2). Es la prueba funcional más frecuentemente realizada en pacientes con enfermedades respiratorias, y el FEV1 es el parámetro del que se extraen más datos. Se deben comparar los resultados con valores teóricos de referencia (edad, sexo y talla).

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Figura 2. Curva flujo volumen normal. FEF: flujo espiratorio forzado. Modificada de: referencia (3).

En niños, para conseguir la correcta realización de la prueba, se pueden utilizar gráficos o juegos que mejoren su disponibilidad y cooperación (Fig. 1).

Según el FEV1, se cuantifica el grado de afectación funcional en leve, moderada o grave (Tabla I).

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Asimismo, según los valores obtenidos de la espirometría, clasificamos el tipo de alteración ventilatoria en obstructiva, restrictiva o mixta (Tabla II).

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Tradicionalmente, la valoración de la espirometría se realiza basándose en el porcentaje de normalidad respecto a unos valores de referencia, pero, recientemente, se han publicado ecuaciones de regresión para el rango de edad de 3 a 95 años y, en lugar de valorar el porcentaje respecto a un valor medio, valoran los resultados en relación con el límite inferior de la normalidad y los z-score(6,8,9).

Una espirometría normal no descarta el diagnóstico de asma, ya que en los periodos intercrisis la función pulmonar puede ser normal.

De cualquier forma, aunque la espirometría forzada basal sea normal, es necesario realizar, al menos para el diagnóstico, una prueba de broncodilatación (PBD).

Condiciones necesarias para poder realizar la espirometría

La espirometría es una técnica sencilla de realizar, pero exige una serie de condiciones mínimas para poder obtener unos parámetros fiables.

Previa a su realización, es aconsejable dar algunas recomendaciones, como evitar la administración de fármacos broncodilatadores (Tabla III) en las horas previas, así como las comidas cuantiosas, el ejercicio físico y, en el caso de los adolescentes, el tabaco y/o alcohol. También debemos preguntar por infecciones respiratorias en las dos últimas semanas. En caso afirmativo, se pospondría la realización de la espirometría.

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El día de la prueba y antes de comenzar la espirometría, debemos preguntar de nuevo acerca del estado del paciente y sobre el consumo de fármacos u otras circunstancias que puedan interferir o contraindicar la prueba en ese momento. Si durante la maniobra, el paciente presenta dolor torácico, la espirometría debe interrumpirse.

Criterios para considerar una espirometría aceptable

Los criterios para considerar una espirometría aceptable en niños son los siguientes:

Realizar una inspiración profunda (hasta TLC).

Realizar espiración máxima, hasta el vaciamiento pulmonar total (llegar a RV –Volumen Residual–).

Mantener una espiración, al menos, de 2 a 3 segundos.

Obtener una curva de morfología apropiada y libre de artefactos (tos), final prematuro, inicio retrasado (trazados continuos y sin artefactos).

Realizar un mínimo de 3 y un máximo de 8 maniobras correctas (diferencia entre FVC y FEV1 < 5 % o 100 ml, y valores de variables seleccionados entre los mejores valores de FVC y FEV1 obtenidos).

Colaboración adecuada (a juicio de quien realice la prueba).

Inicio adecuado: inicio de la espiración rápido y continuado hasta alcanzar flujo cero (en la práctica, se acepta el final de la espiración en los niños cuando el tiempo espiratorio es > 3 segundos).

Volumen extrapolado (volumen de aire movilizado entre inspiración forzada y comienzo de espiración forzada) < 5 % de FVC o < 0,15 l y PEF (Pico Espiratorio Flujo) precoz y pronunciado.

Tiempo entre inspiración previa y espiración forzada: ≥ 0,25 s (preferiblemente ≥ 1 s).

La reproductibilidad se obtiene tras 3 maniobras aceptables, aplicando los siguientes criterios:

• Diferencia entre los dos valores más altos de FVC ≤ 200 ml.

• Diferencia entre los dos valores más altos de FEV1 ≤ 200 ml.

• Variabilidad < 5 %.

• Se pueden realizar hasta 8 maniobras. Realizar una espirometría no es algo intuitivo, precisa de práctica. En los niños más pequeños se pueden realizar varios intentos, pero es importante dejar un breve tiempo de descanso entre cada uno.

Contraindicaciones

No existen contraindicaciones absolutas, sino que son relativas, y dependen de cada niño y sus circunstancias. Entre ellas, figura la falta de colaboración o comprensión en la realización de la prueba (Tabla IV).

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Complicaciones

La espirometría es una técnica sencilla que apenas tiene complicaciones, aunque podemos encontrar accesos de tos, broncoespasmo, dolor torácico o, de forma más infrecuente, neumotórax o síncope.

Prueba de broncodilatación (PBD)

Se emplea para estudiar la reversibilidad de la obstrucción del flujo aéreo. Se realiza tras una espirometría basal; se administran broncodilatadores de acción corta (generalmente, 4 dosis de salbutamol en niños con cámara espaciadora, cada una de las pulsaciones separadas 30 segundos). A los 15-20 minutos, se realiza otra espirometría; si el FEV1 aumentó más del 9 % del valor teórico o más del 12 % del valor basal previo, se considera una prueba de broncodilatación positiva y es muy sugestiva de asma(6-10).

Es imprescindible su realización para el diagnóstico de asma.

La espirometría basal y la prueba broncodilatadora son el pilar básico en el diagnóstico del asma en pediatría. Estas técnicas deben siempre estar interpretadas en función de una correcta anamnesis y exploración física.

Pletismografía

Existen situaciones en las que se necesita medir aquellos volúmenes que la espirometría no puede medir. Dichos volúmenes son: el volumen residual (RV), la capacidad residual funcional (FRC) y la capacidad pulmonar total (TLC). A pesar de ello, la pletismografía corporal no es una prueba para realizar en AP.

Pruebas de broncoprovocación

Si el asma está bien controlada y la PBD no es concluyente, pueden ser de ayuda las pruebas de broncoprovocación para comprobar la existencia de hiper­reactividad bronquial (HRB) inespecífica.

Se pueden utilizar estímulos, como el ejercicio, y agentes directos (metacolina, histamina) o indirectos (manitol, solución salina hipertónica)(6,8,9).

Test de ejercicio

El test de ejercicio o de carrera libre trata de demostrar la respuesta obstructiva exagerada producida con el ejercicio físico.

El diagnóstico de BIE (broncoespasmo inducido por el ejercicio) debe establecerse por los cambios de la función pulmonar (FEV1) tras el ejercicio y no basándose en los síntomas. Los síntomas descritos anteriormente no son sensibles ni específicos para identificar a aquellos pacientes con BIE.

Prueba de provocación bronquial con metacolina/histamina

Estos dos agentes farmacológicos son los más utilizados, después del ejercicio, para poner de manifiesto la hiperreactividad bronquial. La técnica consiste, en primer lugar, en una espirometría basal; a continuación, la inhalación del diluyente y otra espirometría. Los resultados se comparan con la espirometría posterior a la inhalación del diluyente. El parámetro de elección para objetivar los resultados es el FEV1 y el método más utilizado, el de Cockcroft, en el que un resultado positivo se logra si la concentración requerida para causar una caída del FEV1 del 20 % (PC20) es menor a 16 mg/ml.

Prueba de provocación con solución salina hipertónica

Tiene una alta sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de asma. Se necesita menos colaboración que para la prueba de ejercicio, pudiéndose observar la respuesta a los 30 segundos de iniciar la provocación. La única desventaja es que se deben utilizar nebulizadores ultrasónicos.

Estas dos últimas pruebas no son para realizar en AP.

Estudio de la inflamación

Medición de la fracción de óxido nítrico en el aire exhalado (FeNO)

El óxido nítrico en el aire exhalado es un marcador subrogado del grado de inflamación eosinofílica de la vía aérea. Existen unos puntos de corte que permitirían distinguir al paciente con asma del sano (niveles de normalidad < 35 ppb en menores de 12 años y < 50 ppb (partículas por billón) en mayores de 12 años), pero hay que tener en cuenta que el FeNO se puede modificar por varios factores, como la ingesta de alimento, maniobras espirométricas previas, el uso de tratamientos como los corticoides inhalados o la exposición al humo de tabaco.

La medición del FeNO puede ser útil también en el seguimiento del paciente asmático, bien para predecir la respuesta a corticoides inhalados, para valorar la adherencia al tratamiento con corticoides o para ajustar el tratamiento durante el seguimiento(4-6), aunque no hay suficientes pruebas de la utilidad del FeNO en estos aspectos.

Un valor normal de FeNO no excluye el diagnóstico de asma.

Para el estudio de la inflamación, se pueden utilizar otras técnicas, como el análisis del condensado del aire exhalado, el esputo inducido o el lavado broncoalveolar, pero estas pruebas se limitan generalmente al campo de la investigación(10).

Estudio alergológico

Si durante la infancia muchas crisis están desencadenadas por procesos infecciosos, en el niño mayor y adolescente, los desencadenantes por excelencia son los aeroalérgenos.

En España, los alérgenos que más producen asma son los pólenes, seguidos de los ácaros, los epitelios y los hongos (Fig. 3).

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Figura 3. Agentes más frecuentemente implicados en la rinoconjuntivitis y asma alérgica

En los casos en los que se sospeche un desencadenante alérgico del asma, es importante derivar al paciente a una unidad de Alergología infantil para el diagnóstico etiológico y que se pueda realizar el tratamiento mediante la evitación del alérgeno y, si estuviese indicado, la inmunoterapia específica (ITE)(5,6,9,10).

Hay que tener en cuenta que la sensibilización a alérgenos no estará presente en todos los pacientes con asma y que la sensibilización no es exclusiva del asma.

Pruebas cutáneas (prick test)

Primera prueba que se debe hacer. Alta sensibilidad y fácil de realizar. Permite estudiar, de forma rápida y sencilla, múltiples alérgenos. Se realizará con una batería que incluya los aeroalérgenos más frecuentes en nuestra zona, así como otros alérgenos sospechosos por haberse observado la presencia de síntomas tras su contacto. Los extractos deben estar estandarizados y el personal que lo realiza debe estar entrenado. Es importante conocer los factores que pueden alterar las pruebas (toma de medicación, dermografismo…) antes de interpretar su resultado.

Determinación de IgE específica

Método más caro y lento. Puede usarse para confirmar, cuantificar o complementar los resultados de las pruebas cutáneas. En los últimos años, se ha profundizado en el diagnóstico alergológico mediante el estudio de alérgenos moleculares, permitiendo distinguir la sensibilización secundaria a reactividad cruzada frente a la sensibilización primaria, más posiblemente responsable de la clínica(6).

Pruebas de provocación específica conjuntival, nasal o bronquial

No se practican de forma rutinaria en pediatría, pero pueden realizarse de forma puntual, con el fin de demostrar la relevancia clínica del alérgeno sospechoso. Ausencia de estandarización.

Los resultados positivos de estas pruebas no confirman la alergia, sino solo la sensibilización a determinados alérgenos. La relevancia clínica se determina por el efecto observado tras la exposición natural a los alérgenos implicados. Dado que el asma es más frecuente, persistente y grave en los pacientes atópicos, se aconseja que se les realice un estudio alergológico.

Otros

Para realizar el diagnóstico diferencial de asma, pueden ser necesarias otras pruebas, como radiografía de tórax, prueba de tuberculina o test del sudor.

El diagnóstico correcto del asma alérgico permitirá pautar un tratamiento eficaz y a medida para el niño con asma de etiología alérgica.

 

Criterios de derivación de Atención Primaria a Neumología/Alergología

Cuando el diagnóstico es dudoso o necesaria su confirmación, el paciente debe ser derivado desde el Centro de Salud a los Servicios de Neumología y Alergología infantil. Algunos de esos criterios (y el servicio indicado para la derivación) son(8):

• Diagnóstico dudoso o necesario (Neumología/Alergología).

• Confirmar o completar el mismo tras la valoración y realización de las pruebas disponibles (Alergología).

• No disponibilidad de recursos para valorar los desencadenantes o la función pulmonar (Alergología/Neumología).

• Síntomas presentes desde el nacimiento o problemas perinatales pulmonares significativos (Neumología).

• Tos húmeda o productiva persistente (Neumología).

• Historia familiar de enfermedad pulmonar inusual (Neumología).

• Pólipos nasales (Neumología/Alergología/Otorrinolaringología).

• Síntomas clínicos atípicos asociados (disfagia, estridor…) (Neumología).

• Falta de control con dosis medias de corticoides inhalados (Alergología/Neumología).

• Asma grave, de control difícil o de riesgo vital (Alergología/Neumo­logía).

• Posible beneficio de inmunoterapia específica (Alergología).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico de asma no siempre es sencillo y hay que considerar otros diagnósticos alternativos(6):

• Infecciones recurrentes de vía aérea superior (rinitis, sinusitis, adenoiditis, laringitis).

• Malacia o estenosis de la vía aérea.

• Bronquiolitis.

• Fibrosis quística.

• Malformaciones pulmonares, esofágicas o vasculares.

• Masas mediastínicas y adenomegalias.

• Displasia broncopulmonar o enfermedad pulmonar crónica del lactante.

• Reflujo gastroesofágico.

• Cuerpos extraños en la vía aérea.

• Enfermedad cardiaca.

• Discinesia ciliar primaria.

• Inmunodeficiencias primarias.

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primaria en el diagnóstico del asma infantil es fundamental. Es el primero en evaluar los síntomas respiratorios en los niños y adolescentes. Gracias a la historia clínica que realizan de forma minuciosa, pueden identificar los signos tempranos de asma.

Establecida la sospecha, planteará el estudio de la función pulmonar (espirometría basal con PBD) y estudio alérgico, si se sospecha un desencadenante ambiental. Esa detección precoz permitirá confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento oportuno.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1. Bercedo Sanz A, Martínez-Torres A, González Díaz C, López-Silvarrey Varela A, Pellegrini Belinchón FJ, Aguinaga-Ontoso I, et al. Prevalencia y evolución temporal de síntomas de asma en España. Estudio Global Asthma Network (GAN). An Pediatr. 2022; 97: 161-7. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpede.2021.10.005.

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8.** Álvarez Caro F, García González M. Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación. Pediatr Integral. 2021; 2: 56-66. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-03/asma-concepto-fisiopatologia-diagnostico-y-clasificacion/.

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Bibliografía recomendada

– Guía española para el manejo del asma (GEMA 5.5). 2025. Disponible en: https://www.gemasma.com/.

Guía de práctica clínica imprescindible, dirigida a profesionales sanitarios, práctica e independiente, y consensuada con un gran número de expertos de las sociedades científicas españolas, de Latinoamérica y de Portugal.

– Moral Gil L, Asensi Monzó M, Juliá Benito JC, Ortega Casanueva C, Paniagua Calzón NM, Pérez García MI, et al. Asma en pediatría. Consenso REGAP. Anales de Pediatría. 2021; 95: 125. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2021.02.009.

Imprescindible. Documento actualizado sobre lo que todo pediatra debe conocer sobre el asma. Elaborado por las principales sociedades pediátricas de nuestro país relacionadas con el cuidado de los niños con asma. Este documento tiene una orientación práctica, con tablas, figuras y algoritmos sencillos y esquemáticos.

– Álvarez Caro F, García González M. Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación. Pediatr Integral. 2021; 2: 56-66. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-03/asma-concepto-fisiopatologia-diagnostico-y-clasificacion/.

Artículo muy bien estructurado, muy claro y de fácil lectura. Aborda de forma minuciosa el asma, profundizando en el concepto y diagnóstico del mismo.

– Gaillard EA, Kuehni CE, Turner S, Goutaki M, Holden KA, De Jong CM, et al. European Respiratory Society clinical practice guidelines for the diagnosis of asthma in children aged 5-16 years. Eur Respir J. 2021; 58: 2004173. Disponible en: https://doi.org/10.1183/13993003.04173-2020.

 

Recomendaciones sistematizadas con revisión de evidencias.

– Bercedo Sanz A, Úbeda Sansano I, Juliá Benito JC, Praena Crespo M; Grupo de Vías Respiratorias de la AEPap. Diagnóstico funcional del asma. ¿Sabemos cómo realizar y cómo interpretar una espirometría? En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización en Pediatría 2023. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2023. p. 309-24.

Revisión completa y muy práctica sobre cómo realizar e interpretar la espirometría en el niño y en el adolescente. Muy recomendable para pediatras de AP.

– Moral Gil L, Asensio de la Cruz O, Lozano Blasco J. ASMA: Aspectos clínicos y diagnósticos. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 103-15.

Protocolo diagnóstico y terapéutico sobre el asma en pediatría, avalado por la Asociación Española de Pediatría (AEP) y por la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).

Caso clínico

 

Niño de 13 años que acude al centro de salud por presentar en el último mes (mayo), casi a diario, tos, ruidos respiratorios y sensación de dificultad respiratoria.

Antecedentes familiares: padre con rinoconjuntivitis por alergia a pólenes de olivo, gramíneas y arizónicas. Hermano de 8 años con dermatitis atópica de difícil control.

Antecedentes personales: recién nacido a término con peso adecuado para la edad gestacional. Bronquiolitis a los 10 meses de vida que no precisó ingreso. Alergia a proteínas de leche de vaca (APLV) durante la etapa de lactante, actualmente superada. Resto de alimentación complementaria sin incidencias. Dermatitis atópica en flexuras, que controla con cremas emolientes y, de forma puntual, con corticoides tópicos. Inmunización según calendario.

Anamnesis: en los dos últimos años, durante los meses de abril y mayo, con una frecuencia casi diaria y de predominio en horario matutino, presenta prurito ocular, hiperemia y lagrimeo conjuntival, congestión y prurito nasal, rinorrea acuosa y estornudos en salvas. Para estos síntomas nunca ha realizado tratamiento. Habitualmente, presenta buena tolerancia al ejercicio físico, excepto durante esos dos meses de primavera. No presenta tos nocturna ni con la risa, de forma habitual. Con la exposición al polvo, ambientes húmedos o animales no presenta síntomas. Actualmente, tolera todos los alimentos. Tolera látex y metales.

Exploración física: peso: 40 kg; talla: 150 cm; frecuencia respiratoria: 25 rpm; frecuencia cardiaca: 105 lpm; SatO2: 98 %. Buena coloración de piel y mucosas. Pliegue de Dennie Morgan. Eccema en flexuras antecubitales y huecos poplíteos. Congestión nasal con rinorrea acuosa. Saludo alérgico. Auscultación pulmonar: buena entrada de aire bilateral con sibilancias aisladas en ambos campos pulmonares. No tiraje. Resto de exploración física: normal. Sin hallazgos relevantes.

Pruebas complementarias: tras realizar la exploración física y bajo la sospecha de asma de probable etiología alérgica, se realiza espirometría basal con los siguientes resultados: *espirometría forzada: aceptable técnica. Morfología de la curva apropiada. FVC: 105 %; FEV1: 107 % (z-score + 0,63); FV1/FVC: 88,17 (z-score: + 0,19); FEF 25-75: 110 % (2,36 l/s, con LIN: 1,41). *FeNO: 50 ppb: niveles altos.

Tratamiento: se pauta tratamiento con antihistamínico (ebastina) vía oral, tópico ocular (ketotifeno) y corticoide tópico nasal (furoato de fluticasona) para los síntomas rinoconjuntivales. Para la crisis de broncoespasmo, se le pauta salbutamol pautado durante una semana y, posteriormente, a demanda y, como tratamiento de mantenimiento, fluticasona 50 mcg 2 inhalaciones cada 12 horas.

Evolución: en la siguiente revisión, un mes más tarde, se objetiva mejoría en el control del asma. Valoración en consultas de Alergología infantil: pruebas cutáneas en prick (mm) positivas para olivo, phleum y lolium. IgE total: 445 kU/L: IgE específica olivo (Olea europea): > 100 kU/L; IgE específica hierba timotea (Phleum pratense): 30 kU/L; ballico (Lolium perenne): 56 kU/L.

Diagnóstico: rinoconjuntivitis y asma por alergia a pólenes de olivo y gramíneas.

 

 

algoritmo

 

Pulmonary tuberculosis

P. Rodríguez Molino,  C. Calvo Rey
Topics on
Continuous Training


P. Rodríguez Molinocorreo-electronico, C. Calvo Rey

Department of Pediatrics. Infectious and Tropical Diseases. La Paz Children’s Hospital. Madrid. Biomedical Research Networking Center for Infectious Diseases (CIBERINFEC)

X

Corresponding author:

paularmolino@gmail.com

Abstract

Tuberculosis disease (TB) is the leading cause of death by a single infectious agent in the world and contributes significantly to infant mortality. Pediatric TB has been a hidden epidemic due to its low infective capacity and lower incidence compared to adults. Currently the greatest limitations are the difficulties in diagnosis and the absence of optimal pediatric formulations. Although pediatric TB mortality is exceptional in our setting, there is a significant morbidity caused especially by extrapulmonary forms of the disease. Furthermore, although Spain is considered a low-incidence country, it is the Western European country with the highest number of cases. The role of the Primary Care pediatrician is essential in the initial management of these patients and their families, as well as in the ongoing follow-up and support throughout the course of the disease.

 

Resumen

La tuberculosis (TB) es la principal causa de muerte por un solo agente infeccioso en el mundo y contribuye de forma notable a la mortalidad infantil. Sin embargo, la TB pediátrica ha sido una epidemia oculta por su escasa capacidad infectiva y menor incidencia comparada con adultos. Actualmente, las mayores limitaciones son las dificultades en el diagnóstico y la ausencia de formulaciones pediátricas óptimas. A pesar de que en nuestro medio la mortalidad por TB pediátrica es excepcional, existe una importante morbilidad ocasionada especialmente por las formas extrapulmonares. Además, aunque España es considerada un país de baja incidencia, es el país de Europa occidental con el mayor número de casos. El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en el abordaje inicial de estos pacientes y de las familias, así como en el seguimiento y acompañamiento de la enfermedad.

 

Key words: Pediatric tuberculosis; Exposure; Latent tuberculosis infection; Tuberculosis disease; Tuberculosis treatment.

Palabras clave: Tuberculosis pediátrica; Exposición; Infección tuberculosa latente; Enfermedad tuberculosa; Tratamiento de tuberculosis.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (2): 107 – 117


OBJECTIVES

• To present the clinical forms and diagnostic methods of pediatric tuberculosis.

• To identify the risk factors for acquiring an infection or tuberculosis disease.

• To learn how to perform a proper medical history and targeted physical examination.

• To perform appropriate diagnostic guidance in the initial screening.

• To select cases that require follow-up in a specialized unit.


 

 

Pulmonary tuberculosis

https://doi.org/10.63149/j.pedint.122

 

Introduction

Tuberculosis is an infection caused by Mycobacterium tuberculosis, transmitted via the respiratory route from bacilliferous adults. Children rarely transmit the disease, and it is often not microbiologically confirmed. In pediatrics, its diagnosis is a “sentinel event”, indicating recent transmission. Children from or exposed to environments with high endemicity, as well as younger children and immunocompromised individuals, are at greater risk of acquiring tuberculosis and developing severe forms of the disease.

Tuberculosis (TB) is an infectious disease caused by Mycobacterium tuberculosis (MTB), an acid-fast bacillus (AFB). The infection is transmitted through the respiratory route, by inhaling contaminated droplets from infected individuals (positive sputum smear microscopy). Children are not usually transmitters due to their lower bacterial load in respiratory secretions, which, combined with their inability to expectorate, means that microbiological confirmation is not achieved in up to half of cases(1). The diagnosis of infection or disease in a child is always a “sentinel event” that reflects recent MTB transmission in the community; even if it is not proven, there is always a nearby adult with tuberculous bacillary disease. All children in contact with MTB should be properly diagnosed with exposure, infection, or disease. The development of one or the other status will depend on the closeness of contact with the TB-positive bacillary source, the number of bacilli in the source, the duration of exposure, the child’s immune status, and age.

Children who are immigrants from highly endemic regions or who live with immigrant adults from these regions, as well as travelers to endemic areas, are at greater risk of acquiring the infection. Children, especially young children, and immunocompromised patients are at greater risk of progression from tuberculosis infection to disease and of developing severe disease(2).

Epidemiology

Tuberculosis is a global emergency that causes 1.3 million deaths annually, making it the leading cause of infectious mortality in childhood, with a particularly severe impact on children under five. Multidrug-resistant strains are of particular concern, and although the incidence in Spain is decreasing, it remains the highest in Western Europe, justifying systematic screening of immigrant children from high-endemic areas.

Tuberculosis (TB) is considered a global health emergency by the WHO, with 1.3 million deaths annually, primarily in low-income countries. It is the leading cause of death from a single infectious agent in childhood, especially in children under 5 years old. For every child with TB disease, it is estimated that there are 10 latently infected children who, having not yet developed the disease, are the future TB reservoir. In general, pediatric TB affects infants and adolescents and is less common between the ages of 5 and 10. Currently, there is great concern about the increase in cases of multidrug-resistant TB (MDR-TB), particularly in Eastern European countries, where it accounts for 16% of new diagnoses. The incidence of MDR-TB in children is not well understood, but it is thought to be similar to that in the adult population. Through the “End TB” strategy, the WHO aims to reduce TB incidence by 80% and TB mortality by 90% by 2035(3).

Spain has the highest number of pediatric cases in Western Europe, although the incidence is gradually decreasing(4). In the pediatric population of our country, the incidence of the disease is 3 cases/100,000 children(5).

The factors that determine endemicity in developed countries are primarily the prevalence of human immunodeficiency virus (HIV) infection and the percentage of immigrants from countries with a high prevalence of TB. In recent decades, immigration has increased, sometimes originating from areas with higher rates of drug resistance. In our region, the percentage of MDR-TB in the general population is around 4% and is higher in the immigrant population(6). For all these reasons, TB screening is recommended for all immigrant children from areas of high endemicity, in order to detect infection early, identify sources of transmission, and interrupt the transmission cycle.

Pathophysiology

Childhood pulmonary tuberculosis begins after the inhalation of Mycobacterium tuberculosis, which settles in the alveoli and forms the primary Ghon complex. In most immunocompetent children, the cellular response contains the infection in a latent form. In infants and young children, immune immaturity favors hematogenous dissemination and the development of severe forms, such as miliary tuberculosis or tuberculous meningitis.

Childhood pulmonary tuberculosis occurs after inhaling aerosols containing Mycobacterium tuberculosis, expelled by an adult with bacillary tuberculosis. Once in the lungs, the bacilli reach the alveoli and are phagocytosed by macrophages, where they can survive and replicate thanks to their immune evasion mechanisms. In the following days, the primary Ghon complex forms, consisting of the initial lung lesion and involvement of the regional lymph nodes. In most children, especially immunocompetent ones, the T-cell-mediated immune response manages to contain the infection in a latent form, although without achieving complete eradication.

In infants and young children, whose cell-mediated immunity is immature, containment of the bacillus is less effective, facilitating early dissemination from the pulmonary focus to the bloodstream and other organs. This vulnerability explains the higher frequency of severe forms in this group, such as miliary tuberculosis and tuberculous meningitis. In older children, progression to active pulmonary disease usually depends on factors such as the bacterial load of the index case, the intensity and duration of exposure, nutritional status, and the presence of comorbidities or immunosuppression.

Definition of disease stages

Exposure to tuberculosis

We consider exposure when: 1) there is recent (last 3 months) and close contact (>4 hours daily in the same enclosed space) with a confirmed/suspected patient of bacilliferous TB; 2) tuberculin skin test (TST) and/or IGRA (Interferon Gamma Release Assays) negative; and 3) absence of clinical symptoms and normal chest x-ray.

Tuberculous infection (TBI)

We consider TBI to be present when: 1) the TST/IGRA test is positive; 2) there are no clinical symptoms and the chest X-ray is normal, regardless of whether there is known contact. In the absence of contact and without risk factors, a history of Bacillus Calmette-Guérin (BCG) vaccination with a positive TST and negative IGRA test is interpreted as an effect of the BCG, and these cases are not considered TBI.

Tuberculosis disease

We consider TB disease to be present when at least two of the following are present: 1) compatible clinical presentation; 2) compatible radiological findings; 3) recent exposure or immunological evidence of contact (positive TST/IGRA); 4) adequate response to antituberculosis treatment(7). A definitive diagnosis is provided by a culture or PCR positive for MTB, although, frequently in children, we do not obtain microbiological confirmation (paucibacillary forms), and a presumptive diagnosis is usually made. Immunological tests (TST/IGRA) are usually positive, although in early or disseminated forms they may be negative. In cases of clinical suspicion, despite a negative immunological test, treatment should be initiated.

Clinical presentation

Symptoms are nonspecific and should raise suspicion of the disease when fever, prolonged cough, or constitutional symptoms are present in children exposed to TB cases or from areas of high endemicity. Although the disease can be multisystemic, the most frequent form is pulmonary, with lymph node involvement. Respiratory symptoms are usually insidious and may be accompanied by constitutional manifestations or signs of severity, although many children in low-prevalence countries remain asymptomatic or have very mild symptoms.

The symptoms of the disease are nonspecific. We should suspect it when there are subtle symptoms such as constitutional symptoms, fever, or a prolonged cough, in people living with chronic coughers or those diagnosed with TB, or in those who come from areas with high endemicity. Occasionally, there may be symptoms of severe illness.

TB can affect multiple systems, but in the pediatric population, pulmonary TB is the most common, with lymph node involvement being predominant. Among extrapulmonary manifestations, tuberculous lymphadenitis and meningitis are the most frequent.

In most children, pulmonary TB results from the progression of a primary TB infection within the first year after infection, with involvement of the hilar or mediastinal lymph nodes. This can spread to the lung parenchyma, compress adjacent bronchi, or affect the pleura because of a hypersensitivity reaction or the spillage of caseum into the pleural space. Young or immunocompromised children with disseminated TB present with a characteristic pulmonary pattern resembling millet seeds (miliary TB). In children older than 10 years, reactivation of a previous TB infection is more common, overlapping with adult TB, with posterior apical cavities.

The symptoms of pulmonary TB are similar to those of other respiratory infections, including cough, sputum production, and chest pain, which develop insidiously and respond poorly to standard treatments. It is usually accompanied by constitutional symptoms such as fever, night sweats, and weight loss. Large intrathoracic lymph nodes can cause respiratory distress with stridor and wheezing due to bronchial obstruction. Children with miliary involvement may present with hypoxemia. However, it is important to note that many children in low-prevalence settings, such as Spain, are asymptomatic or have very mild symptoms.

Diagnosis

Pediatric tuberculosis requires a systematic evaluation, including a focused medical history, physical examination, and assessment of risk factors and exposures. The tuberculin skin test is the initial screening method, supplemented by IGRA in specific situations to improve diagnostic yield. Imaging tests—X-ray, ultrasound, CT, or PET/CT—help define the extent and complications. Microbiological diagnosis using gastric juice, induced sputum, and molecular techniques is essential, although limited by the low bacterial load in children. The differential diagnosis should consider common respiratory infections, inflammatory, neoplastic, and granulomatous processes that can mimic TB. The primary care pediatrician is essential in the initial detection of pediatric tuberculosis through a careful medical history, physical examination, and basic tests, referring to specialized units when there is diagnostic uncertainty or a high suspicion of tuberculosis.

The diagnostic evaluation that should be followed after exposure to TB is outlined in the algorithm at the end of the article.

Medical history

• Look for the source of infection in the child’s usual environment. If this exists, confirm the duration of exposure, the date of the last exposure, and whether the contact is bacilliferous and study of resistances.

• BCG vaccination and date. Number of doses and post-vaccination scar.

• Previous TST/IGRA, date of performance and result (millimeters of induration in 48-96 h).

• Previous existence of fever, lymphadenopathy, constitutional or respiratory symptoms.

• Report immunodeficiencies, diseases, or immunosuppressive therapy.

Physical examination

It is usually normal, although it is possible to find evidence of pulmonary (wheezing, hypoventilation) or extrapulmonary (affectation of the VI cranial nerve, neck stiffness, arthritis, adenitis, etc.) manifestations.

Tuberculin skin test (TST) or Mantoux intradermal reaction

It is the test of choice for screening. The goal of the TB test is to identify children infected with MTB in order to: 1) diagnose cases of TB disease; 2) detect infection early to prevent progression to disease; and 3) monitor exposed but uninfected children. It takes 8–12 weeks after infection for the TB test to become positive, reflecting the development of cellular immunity against MTB.

The test involves the intradermal administration of tuberculin or PPD (purified protein derivative), which contains over 200 antigens common to MTB, BCG, and other nontuberculous mycobacteria (NTM). If the child has previously been exposed to the bacillus, a delayed hypersensitivity reaction, known as the Mantoux test, will occur. A positive result only indicates infection; further testing is necessary to rule out active disease.

Technique: store the tuberculin at 4°C, protected from light. Perform an intradermal injection on the anterior aspect of the forearm using a 26-gauge needle with a short bevel facing upwards: 0.1 mL/2 IU of PPD-RT23. A 6-10 mm wheal should develop.

Reading: the reading should be taken at 72 hours, when maximum induration is reached, although it is possible to read it between 48 and 96 hours. The maximum induration diameter is measured transversely to the long axis of the arm (e.g., 15 mm; not 15 x 10 mm), always recorded in millimeters, with the date of the reading and the signature of the responsible person. If there is no induration, 0 mm of induration should be recorded, not negative. Blistering and necrosis are considered a positive result.

Interpretation:

1. An induration ≥5 mm is considered positive in:

a. Children in close contact with the index case or suspected TB case.

b. Children suspected of having a clinical or radiological disease.

c. Children in situations of immunosuppression or HIV infection.

d. Children with conversion of a previously negative TST.

2. An induration ≥10 mm is considered positive in all other cases, including immigrant children, travelers, and screening of healthy children, regardless of whether there is a history of BCG vaccination.

TST can have false positives and negatives (Table I). Although not yet available, new intradermal tests based on MTB-specific antigens (ESAT6 and CFP10), with greater specificity, may be an alternative in the future(8).

 

Interferon-gamma Release Assays (IGRA)

They detect the production of interferon-gamma by T cells in contact with the antigens ESAT-6 (Early Secretory Antigenic Target-6) and CFP-10 (Culture Filtrate Protein-10). These antigens are present in the MTB group and, therefore, in wild-type strains of M. bovis, but not in the attenuated strain of the BCG vaccine, nor in most atypical mycobacteria (although they are present in M. kansasii, M. marinum, M. szulgai, and M. flavescens). Consequently, IGRAs are more specific than the TST for diagnosing MTB infection, as they do not produce false positives due to BCG vaccination or most NTM(9). Currently, two IGRAs are commercially available: QuantiFERON®-TB Gold Plus and T-SPOT®.TB.

Recommendations for the use of TST and IGRA techniques are included in table II.

 

Blood analysis

It is usually nonspecific. Mild anemia, leukocytosis, and an elevated ESR (erythrocyte sedimentation rate) are common (a useful parameter for monitoring disease progression). Liver function tests are recommended before starting treatment.

Radiological or visualization studies

Chest X-ray: it is not pathognomonic. It is possible to find forms with lymphadenopathy, atelectasis, pneumonia, cavitation (adolescents), micronodules (miliary), and any other pattern. A normal chest X-ray does not rule out TB.

Computed tomography (CT): pathological lymph nodes measuring >5-10 mm with central hypodensity and peripheral contrast enhancement can be visualized. CT is recommended in children with equivocal radiological findings, symptomatic patients with normal chest X-rays, in cases of diagnostic uncertainty in at-risk groups, for the assessment of complications in endobronchial TB, and in the follow-up of complex cases.

Lung ultrasound: it allows visualization of consolidations, cavitations, and miliary nodules, provided the changes are in contact with the pleura. In expert hands, it has greater sensitivity than radiography for detecting mediastinal lymphadenopathy. It is also useful in the diagnosis of pleural effusion, abdominal lymphadenopathy, or focal splenic lesions.

Positron emission tomography associated with CT (PET/CT): it allows differentiation of tuberculous disease from infection and residual images, evaluate the extent of the disease, monitor the response to treatment and identify foci of disease that are candidates for biopsy, but it has a higher degree of irradiation than CT, so its use should be restricted to selected cases.

Microbiological studies

Samples

In children unable to expectorate, the sample of choice for diagnosing pulmonary TB is gastric aspirate, collected on an empty stomach first thing in the morning during three consecutive days via nasogastric tube (obtain a minimum of 3–4 mL of gastric juice, inject 3 mL of sterile water, aspirate it, and add it to the sample), or induced sputum, which has similar sensitivity and is obtained by administering inhaled salbutamol followed by 3-10 mL of 3% hypertonic saline, nebulized for 15 minutes. The greatest diagnostic yield is achieved by collecting both induced sputum and gastric juice on the same day.

In adolescents or older children with a productive cough, sputum should be collected, and in intubated patients, bronchial aspirate or bronchoalveolar lavage should be obtained. Additionally, in young children, stool analysis is recommended to increase diagnostic yield. Bronchoscopy and bronchoalveolar lavage for sample collection may be indicated in certain cases (diagnostic uncertainty, immunocompromised patients, slow disease progression, suspected drug-resistant TB). Similarly, if an endobronchial granuloma is suspected due to bronchial obstruction (extensive pulmonary atelectasis is present), rigid bronchoscopy for granuloma excision and histopathological examination is indicated.

Techniques

Staining: acid-fast bacilli smear microscopy (AFB) or direct visualization using auramine fluorescence or Ziehl-Neelsen staining. Sensitivity in children is between 10-15%. It is not specific, especially in patients at risk of infection with atypical mycobacteria.

Culture: it is the reference technique. It allows identification of the species and phenotypic studies of resistance to antituberculosis drugs, but its sensitivity is low (30-50%) and it takes between 2 and 4 weeks to obtain the definitive result.

Molecular techniques, polymerase chain reaction (PCR) and massive sequencing: although they do not replace culture as the gold standard, these tests have similar sensitivity, high specificity in children, and provide results within a few hours. The most widely used technique is Xpert®MTB/RIF Ultra (Cepheid, USA), which allows for the simultaneous detection of rifampicin resistance. In addition, there are massive parallel sequencing techniques, such as Deeplex®Myc-TB (Genoscreen, France), which allow for species identification, detection of resistance to antituberculosis drugs, and phylogenetic tracing for improved control of population transmission.

Molecular methods for detecting resistance: the gold standard for studying sensitivity to antituberculosis drugs is culture; however, rapid molecular tests have been developed for detecting resistance-associated mutations, which have the great advantage of speed, high sensitivity (90-97% if smear microscopy is positive, 67% if smear microscopy is negative), and specificity (99%). Besides Xpert®MTB/RIF Ultra, the most commonly used in our setting are those that detect resistance mutations to isoniazid and rifampicin, such as BD MAX®MDR-TB (BD, USA), Genotype®MTBDRplus (Hain Lifescience, Germany), or FluoroType®MTBDR (Hain Lifescience, Germany), and second-line drugs, such as Xpert®MTB/XDR (Cepheid, USA) or GenoType®MTBDRsl (Hain Lifescience, Germany)(10).

Others

Histological study of biopsy: caseating and necrotizing granulomas.

Adenosine-Deaminase (ADA): normal values are considered to be <40 U/L in pleural fluid and 1-4 U/L in cerebrospinal fluid. Elevated ADA levels are suggestive of tuberculosis, although not specific, as they can also increase in other effusions (empyemas, lymphomas). It has a high negative predictive value, so it is exceptional for an effusion with ADA <40 U/L to be tuberculous.

New diagnostic techniques: in recent years, diagnostic tests are being developed using easily accessible samples, such as molecular techniques in capillary blood or biomarkers in saliva and urine, which are not yet available in our environment(11,12).

Differential diagnosis

The differential diagnosis of pulmonary tuberculosis in children is broad due to the nonspecific nature of its clinical manifestations, which often overlap with other common childhood respiratory infections. Conditions such as common bacterial pneumonias, especially those caused by Streptococcus pneumoniae and Staphylococcus aureus, persistent viral infections (adenovirus, influenza, SARS-CoV-2), Mycoplasma pneumoniae infection, and prolonged bronchitis should be considered. Hilar or mediastinal lymphadenopathy can be confused with processes such as lymphomas, fungal infections (histoplasmosis), congenital malformations, or granulomatous diseases. In cases with prolonged fever and systemic involvement, entities such as atypical Kawasaki disease, autoimmune processes, or chronic inflammatory conditions should be evaluated. Careful evaluation of epidemiology, risk factors, clinical progress, radiology, and immunological or microbiological tests is essential to guide diagnosis and differentiate tuberculosis from other more prevalent causes.

Treatment

The management of pediatric tuberculosis includes isoniazid prophylaxis in exposed children without infection—those under 5 years of age or immunocompromised—followed by a repeat TST/IGRA at 8-12 weeks to determine whether to continue treatment and to implement temporary measures to reduce transmission. Children with tuberculosis infection should receive preventive treatment with various effective regimens (6H/9H, 3HR, or 4R), avoiding rifampin in those coinfected with HIV and monitoring for potential hepatotoxicity. Tuberculosis disease requires a standard 6-month regimen (2HRZ(E)/4HR), with shorter alternatives for non-severe cases and adjustments for immunocompromised individuals or special situations, along with close monitoring of adherence, liver toxicity, and microbiological negativity. Prevention is based on contact tracing, BCG vaccination in at-risk groups, and addressing social determinants of health. The primary care pediatrician plays an essential role in early detection, therapeutic supervision, and monitoring of household contacts.

Exposure to TB without infection (Tables III-V)

 

 

 

Initiate isoniazid prophylaxis in:

• All children under 5 years old.

• Children of any age with immunosuppressive treatment (prolonged use of corticosteroids, anti-TNF-alpha, immunosuppressant drugs, etc.) or comorbidities of the immune system (HIV, chronic renal insufficiency, solid or hematological tumors, primary immunodeficiencies, etc.).

Eight to twelve weeks after the last risky contact, a new TST will be performed, regardless of whether therapy was received. The procedure will be based on the results:

• If the second TST is < 5 mm (or IGRA negative, if performed) in the absence of clinical symptoms: discontinue preventive treatment, if initiated. In HIV-infected children, given the anergy, it is prudent to consider all those exposed as infected and treated as having an TB infection. Temporarily, it is important to try to reduce transmission by minimizing contact with sputum-positive individuals as much as possible, usually until completing two weeks of appropriate treatment. In newborns of sputum-positive mothers, it is recommended to start isoniazid prophylaxis for at least 12 weeks, after ruling out infection and tuberculosis disease in the infant. When the second TST/IGRA is negative at 12 weeks, prophylaxis can be discontinued if the mother adheres well to the treatment or has completed it. It is recommended to repeat the TST/IGRA at 6 months and 1 year. The appropriateness of the BCG vaccine will be evaluated. Breastfeeding is not contraindicated, except in cases of tuberculous mastitis. It is recommended to express the milk and administer it in a bottle to avoid contact with the baby in the following cases: if the mother has received less than 2 weeks of therapy, if the mother remains bacilliferous despite treatment, or if the strain is not sensitive to first-line drugs.

• If the second TST is ≥ 5 mm (or positive IGRA, if performed): act according to section TBI.

Treatment of tuberculosis infection

All children and adolescents diagnosed with TBI should receive treatment to prevent the progression of the disease, and it is essential to rule out active disease before starting treatment. Several regimens with similar efficacy exist(4):

Isoniazid 6-9 months (6H or 9H). In immunocompetent patients, the duration tends to be shortened to 6 months.

Isoniazid and rifampicin for 3 months (3HR). Especially recommended in adolescents or if poor adherence is suspected.

Rifampicin 4 months (4R). This regimen has demonstrated similar efficacy and safety to other regimens, while improving adherence.

In children co-infected with HIV, rifampicin regimens are not recommended; it is a crucial drug if they develop HIV and could become ineffective. Furthermore, rifampicin interacts with antiretrovirals, especially protease inhibitors, decreasing their levels and increasing rifampicin toxicity.

The low risk of hepatotoxicity in children makes routine transaminase monitoring inadvisable during TBI treatment, unless compatible symptoms, underlying liver disease, or concomitant hepatotoxic medication are present. In immigrants from countries endemic for viral hepatitis, HIV, or schistosomiasis, these conditions should be ruled out before initiating treatment.

Treatment of tuberculosis disease

Classical regime

The standard TB treatment regimen is 6 months (2 months HRZ(E) + 4 months HR)(6). Given the prevalence of H-resistant strains in Spain (>4%), E should be added in the intensive phase if disease caused by a first-line drug-susceptible strain has not been confirmed in the patient or index case.

In the first phase, the induction or bactericidal phase, there is a rapid decrease in the number of bacilli, with marked clinical improvement and a reduction in transmissibility. In the second phase, the maintenance phase, the elimination of quiescent bacilli occurs. When the strain’s susceptibility is known and resistance is not present, three drugs can be administered during the induction phase (2 months HRZ + 4 months HR)(4). This treatment achieves a cure in >95% of cases, with few adverse effects. All drugs should be taken together on an empty stomach. In patients at risk of non-adherence, immunocompromised patients, or those with resistant strains, directly observed therapy (DOT) is recommended(13).

Short regimen in non-severe TB(14)

In children with non-severe TB, a short 4-month regimen (2 months HRZ(E) + 2 months HR) is recommended, provided the following criteria are met:

• Age over 3 months.

• Non-severe TB: Intrathoracic lymph node TB without airway obstruction; pulmonary TB limited to one lung lobe, without miliary pattern, without cavities, with uncomplicated pleural effusion; and peripheral lymph node TB.

• Non baciliferous TB.

• No suspicion or evidence of drug-resistant TB.

Considerations and limitations to short regimes:

• Children and adolescents who do not meet the criteria for non-severe TB should receive standard 6-month treatment, or the regimens recommended for severe forms of extrapulmonary TB.

• Infants under 3 months should always receive a 6-month regime.

• Children and adolescents who have received TB treatment in the previous 2 years should be treated with the standard 6-month regimen (2HRZ(E)/4 HR).

• In immunocompromised patients, treatment is recommended for at least nine months (ideally 12 months), with an induction phase using four drugs until the strain’s susceptibility is known in all children. In children living with HIV who are in optimal condition regarding their underlying disease, the general recommendations for immunocompetent patients should be followed; however, they should not receive less than nine months of treatment if the initial response or immune recovery is poor. Rifampicin interferes with protease inhibitors, so substitution with rifabutin should be considered; it can also interact with non-nucleoside reverse transcriptase inhibitors (efavirenz and nevirapine). These patients should always be referred to specialized units for management(15).

In Spain, child-friendly dispersible tablet formulations of first-line antituberculosis drugs are available (as a foreign medicine) for the treatment of TB exposure, TBI and tuberculosis disease(16) (Table VI).

 

Follow-up of the child with pulmonary TB (Table VII)

 

In monitoring TB treatment in children, it is important to:

Monitor adherence, related problems, and dosage adequacy at each visit: poor adherence is the most common cause of treatment failure. Sometimes, directly observed therapy or monitoring of plasma drug levels can be used to assess adherence.

Assess potential liver toxicity: liver function tests should be performed if signs or symptoms consistent with hepatitis appear, if the patient is receiving other potentially hepatotoxic drugs, or if they have another condition that may cause hepatitis.

• In bacilliferous patients (usually adolescents): bacilloscopy should be repeated periodically (every 1-2 weeks) until it is negative, which allows the end of respiratory isolation.

• At least one clinical check-up should be performed 2 weeks after the start of treatment, two months to move to the maintenance phase and, subsequently, every two months until the treatment is completed.

Hospital admission criteria(17)

• <2 years.

• Severe pulmonary forms (pleural effusions, atelectasis, etc.).

• Severe or disseminated forms.

• Extrapulmonary forms, except for isolated lymph node involvement.

• Baciliferous forms (adolescent with caverns).

• Suspected drug-resistant disease.

• Previous therapeutic failure (after at least 2 months).

• Suspected or at risk of therapeutic non-compliance.

• Immunocompromised.

• Sample collection.

Treatment in specialized TB units

The treatment and follow-up of immunocompromised children, with resistant TB, with complex forms or with risk factors for complications, or with poor response to treatment, will be carried out in expert units, with experience in this pathology(4).

Paradoxical reaction

During the first 2 months of treatment, a paradoxical reaction may occur in 5-10% of cases, characterized by clinical and radiological worsening. In these cases, oral corticosteroids, 2 mg/kg/day of prednisone or equivalent, will be added for 3-4 weeks, with a gradual taper over 2 weeks(4).

Adverse reactions

The most frequent side effect is hepatic toxicity from isoniazid, rifampicin, or pyrazinamide, although it is most characteristic of isoniazid. In cases of mild hepatotoxicity, the isoniazid dose should be adjusted to 5 mg/kg/day. If the patient develops symptoms with transaminase levels above three times the upper limit of normal or is asymptomatic with levels above five times the upper limit of normal, treatment and any other hepatotoxic drugs should be discontinued. The etiological workup for hepatitis should be completed, and liver function should be monitored. When the transaminase levels are below twice the upper limit of normal and clinical symptoms have resolved, rifampicin and ethambutol should be reintroduced initially. If liver function remains stable after 3-7 days, isoniazid can be reintroduced, and monitoring should continue after 3-7 days. Pyrazinamide should never be reintroduced. In the event of a further deterioration of liver function, a new therapeutic regimen should be designed in a specialized unit. As for ethambutol, the most frequent side effect is optic neuritis, which will lead to discontinuing the drug, although it is usually reversible.

Prevention

Tuberculosis prevention in children combines strategies aimed at preventing infection and stopping its progression to disease. Early identification and contact tracing allow for the detection of exposed children and the provision of preventive treatment, when necessary, especially in children under 5 years of age and in immunocompromised individuals. BCG vaccination remains key in countries with high endemicity and in at-risk groups, as it reduces severe forms, such as disseminated TB and meningitis. In addition, improved socioeconomic conditions, adequate access to health services, and control of transmission in community and school settings contribute significantly to reducing incidence(18-20).

Role of the Primary Care Pediatrician

The primary care pediatrician plays a key role in the initial suspicion of pediatric TB. It is essential that they conduct a thorough medical history and physical examination, as well as order the available first level tests (TST and chest X-ray). If, after this initial assessment, there is a high suspicion of tuberculosis, the patient should be referred to specialized units for further evaluation, collection of microbiological samples, and initiation of treatment.

The primary care pediatrician also plays an essential role in follow-up after the start of treatment. Monitoring side effects and ensuring proper adherence are crucial for the patient’s recovery and for curbing transmission. This follow-up should also be carried out in the case of exposed patients, in whom the absence of infection or disease must be confirmed once the window period (8-12 weeks) has passed. Furthermore, the primary care pediatrician can also be involved in contact tracing for family members and other household members.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of this manuscript. Funding sources: PRM is funded by the Carlos III Health Institute – Spanish Ministry of Health and EU Feder funds (Juan Rodés Contract JR24/00015).

 

References

The asterisks indicate the article’s level of interest, in the authors’ opinion.

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Recommended bibliography

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Consensus article and update on the diagnosis and treatment of pediatric TB, which brings together the vision of pediatricians who are experts in its management.

– Turkova A, Wills GH, Wobudeya E, Chabala C, Palmer M, Kini-kar A, et al. Shorter Treatment for Non severe Tuberculosis in African and Indian Children. N Engl J Med. 2022; 386: 911-22. Available at: https://doi.org/10.1056/nejmoa2104535.

The first clinical trial conducted specifically in a pediatric population has demonstrated that children with non-severe tuberculosis can be effectively treated with a shorter, 4-month regimen, instead of the traditional 6 months. This represents a potential shift in global clinical practice, as it shortens the duration of treatment without compromising efficacy or safety, reduces the risk of treatment discontinuation, lessens the burden on families and healthcare systems, and facilitates the expansion of directly observed treatment strategies.

 

Clinical case

 

Reason for consultation: close contact with a bacilliferous patient diagnosed with pulmonary tuberculosis (TB).

History: a 13-month-old boy of Spanish origin was referred for evaluation due to close contact with his caregiver, who was diagnosed with smear-positive pulmonary tuberculosis. The child is asymptomatic. The caregiver is a 35-year-old woman from the Philippines who has resided in Spain for the past two years. She has a three-month history of cough with expectoration. A chest X-ray revealed a cavity in the right upper lobe. Sputum analysis was performed: positive smear microscopy; PCR (Xpert Ultra): positive (no resistance mutations to R); and culture yielded a susceptible strain. The care provider lives with her husband and their two children, ages 14 and 9.

Personal background: this is a healthy 13-month-old boy with no relevant medical conditions. He took antireflux medication (ranitidine) until 3 months of age and is currently off treatment. His psychomotor development is normal. He was born in Spain and has not received the BCG vaccine.

Full physical examination: no alterations.

Additional tests: the following tests were performed at his health center: tuberculin skin test: 8 mm; and chest x-ray: hilar lymphadenopathy. He was referred to a specialized TB unit for further evaluation: blood work with liver profile: normal; gastric juice analysis: negative bacilloscopy; PCR (Xpert Ultra): positive (no R resistance mutations); culture pending; PCR (Xpert Ultra) in stool: negative.

Diagnosis: tuberculosis disease.

Treatment: given that the patient meets the criteria for non-severe TB and the index case strain is drug-sensitive, a short, four-month treatment course can be administered. Treatment is initiated with three drugs, as the index case strain’s sensitivity is known: H+R+P for two months, followed by H+R for two months. A request is made to a foreign pharmaceutical company for orally dispersible formulations to facilitate administration. The patient must take all drugs together every morning on an empty stomach. The family is informed that the medication may cause bodily fluids to turn orange. They are also advised that the index case must remain in isolation until at least two weeks of treatment have been completed and sputum smear microscopy has shown a negative result.

Follow-up: the patient is jointly monitored by his primary care pediatrician and the specialized TB unit. Visits are scheduled two weeks after the start of treatment, at two months, and at four months. At each visit, adherence to treatment is confirmed, and the dose is adjusted according to weight. At two months, pyrazinamide is discontinued, and isoniazid and rifampin are continued until the four-month treatment course is completed. Contact tracing is conducted among the caregiver’s household members (husband and two children).

 

 

 

 

Malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea

M.V. Barajas Sánchez,  J. Martín Valbuena
Temas de FC


M.V. Barajas Sánchez, J. Martín Valbuena

Unidad de Neumología Pediátrica. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

X

Autor para correspondencia

jmartinval@saludcastillayleon.es

Resumen

Las malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea engloban un grupo heterogéneo de patologías que afectan al sistema respiratorio. Su origen se encuentra en un incorrecto desarrollo de diferentes estructuras pulmonares durante la embriogénesis. Las manifestaciones clínicas son muy variables, dependiendo de la entidad y del grado de afectación, abarcando desde pacientes completamente asintomáticos hasta casos no compatibles con la vida. El cribado prenatal mediante ecografía permite detectar un gran número de estas patologías que requerirán otras pruebas diagnósticas específicas para una mejor caracterización postnatal. El tratamiento dependerá tanto de la repercusión clínica que implique cada malformación como de posibles riesgos futuros, individualizando cada caso en busca de un balance riesgo-beneficio óptimo. Hay casos que se manejan de manera expectante con diferentes tipos de controles sin llevar a cabo medidas terapéuticas excesivas y otros requerirán intervención urgente. Es importante para cualquier pediatra conocer las diferentes entidades para una detección precoz de complicaciones y llevar a cabo un manejo adecuado.

 

Abstract

Congenital lung and airway malformations include a heterogeneous group of pathologies affecting the respiratory system. Their origin lies in an incorrect development of lung structures during embryogenesis. Clinical features are highly variable, depending on the type of malformation itself and the extent of the affected area, ranging between completely asymptomatic patients to cases incompatible with life. Prenatal ultrasound screening detects many of these pathologies, though specific diagnostic procedures will be required postnatally to achieve a better characterization of the lesions. Treatment will depend on both the clinical impact of each malformation as well as future risks involved in certain pathologies, individualizing each case looking for an optimum risk/benefit balance. Some cases will require expectant management with different assessments without excessive therapeutic measures and others will require urgent intervention. It is important for every pediatrician to know the different entities to achieve an early detection of complications and carry out adequate management.

 

Palabras clave: Malformación congénita de la vía aérea pulmonar; Secuestro pulmonar; Enfisema lobar congénito; Hipoplasia pulmonar.

Key words: Congenital malformation of the pulmonary airway; Pulmonary sequestration; Congenital lobar emphysema; Pulmonary hypoplasia.

 

Pediatr Integral 2026; XXX (1): 7 – 14

 


OBJETIVOS

• Entender la etiopatogenia general de las malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea, entendiendo el momento del desarrollo en el que se producen y el lugar de afectación.

• Tener un alto grado de sospecha clínica, reconociendo los síntomas y signos más frecuentes, especialmente en aquellos casos paucisintomáticos y sin diagnóstico prenatal.

• Conocer la utilidad e indicaciones de las principales pruebas diagnósticas disponibles.

• Reconocer las posibles complicaciones, asociaciones con otras patologías y criterios de mal pronóstico dentro de las diferentes patologías que serán clave para el seguimiento.

• Conocer los riesgos y beneficios de las diferentes intervenciones terapéuticas, para adecuar el manejo de los pacientes.

 

Malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea

https://doi.org/10.63149/j.pedint.106

 

Introducción

Las malformaciones pulmonares y de la vía aérea son una entidad rara, aunque con aumento de la incidencia debido al diagnóstico prenatal, con un abordaje comprometido en muchos casos.

Las malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea son un grupo de anomalías debidas a la alteración del desarrollo durante la embriogénesis del pulmón y de la vía aérea. Los defectos en el proceso de separación traqueal del intestino anterior y del desarrollo de las regiones ramificadas del pulmón son la base de la mayoría de las malformaciones pulmonares congénitas. Es una patología rara, con incidencia estimada de 1 caso cada 2.500 a 8.000 recién nacidos(1), siendo el diagnóstico intrauterino el más frecuente en la actualidad, debido al avance de las técnicas de imagen prenatal, lo que permite un manejo de forma precoz.

El diagnóstico prenatal se realiza con la ecografía, que forma parte del cribado durante el embarazo. Es una prueba sensible para el diagnóstico y muy valiosa en el seguimiento y control evolutivo de estas malformaciones. El diagnóstico prenatal se basa en la presencia de masas de apariencia quística o sólida ocupantes de espacio dentro del tórax fetal o en el tamaño anormal de los pulmones y la consiguiente desviación del corazón de su posición normal de 45º.

La resonancia magnética fetal es una técnica de imagen que apoya a la ecografía en el abordaje de estas malformaciones. Es capaz de localizar y definir con más precisión la lesión pulmonar.

Las principales herramientas en el diagnóstico postnatal son la radiografía de tórax (Rx tórax) y la angiografía por tomografía computarizada (angio-TAC). La radiografía de tórax es la prueba inicial de elección ante la sospecha prenatal de una malformación congénita pulmonar por su carácter no invasivo y su rentabilidad. Sin embargo, nunca se debe descartar una malformación diagnosticada prenatalmente en un recién nacido basándose únicamente en la radiografía de tórax, ya que el 50 % de los pacientes con estas malformaciones puede tener una radiografía normal.

Nos encontramos ante una patología rara, con un aumento de casos en las últimas dos décadas debido al diagnóstico prenatal(2,3). Esto supone un nuevo reto para los pediatras, dado que el manejo postnatal de aquellos recién nacidos asintomáticos es controvertido.

Etiopatogenia

Se han propuesto varios mecanismos fisiopatológicos que alterarían el correcto desarrollo del sistema respiratorio durante la embriogénesis.

Para comprender las causas de estas malformaciones congénitas pulmonares, es preciso recordar la embriogénesis pulmonar. El desarrollo y maduración del aparato respiratorio comienza en torno a la cuarta semana de gestación y finaliza alrededor de los 8 años. Se describen cinco periodos evolutivos en la embriogénesis pulmonar. El periodo embrionario ocurre en las 6 primeras semanas de gestación. A partir del intestino primitivo, se origina un divertículo ventral, que dará origen al desarrollo del tejido epitelial del árbol respiratorio. El periodo pseudoglandular ocurre entre la 6ª-16ª semana de gestación; en este periodo se produce la ramificación dicotómica de los bronquios y termina con la formación de los bronquiolos terminales. Entre la semana de gestación 16 a 26 tiene lugar el periodo canalicular, donde tiene lugar la formación de los acinos y se inicia la irrigación de la vía respiratoria. Al final de esta etapa aparece el surfactante. Los bronquiolos terminales se transforman en bronquiolos respiratorios y se forman los sáculos, lugar en el que se realiza el intercambio gaseoso. Este periodo es conocido como periodo sacular, y tiene lugar entre la semana 28 a 36 de la gestación. El último periodo se denomina periodo alveolar; ocurre desde la semana 36 hasta los 8 años de vida. Durante este periodo, se forman los septos y las estructuras alveolares que seguirán su desarrollo posterior (Fig. 1).

figura

Figura 1. Fases del desarrollo embrionario pulmonar. s: semanas de gestación.

La etiología de las malformaciones congénitas pulmonares es desconocida, pero se sospecha que el desarrollo de las malformaciones pulmonares congénitas puede deberse a una combinación de diferentes factores que interactúan entre sí en diversos periodos del desarrollo pulmonar(4).

Las principales causas propuestas son:

• Defectos en la diferenciación y separación de la porción ventral del intestino anterior primitivo.

• Obstrucción de la vía aérea intraútero.

• Anomalías vasculares.

• Factores genéticos.

De estos factores, el que se propone como origen más probable de estas malformaciones es la obstrucción de la vía aérea intraútero y, dependiendo del nivel de obstrucción y el momento de la gestación en el que ocurra, tendríamos un tipo u otro de malformación(5,6).

Tipos de malformaciones congénitas broncopulmonares

Las malformaciones congénitas pulmonares se pueden clasificar en función de si predomina afectación parenquimatosa, vascular o mixta. Abordaremos aquellas malformaciones más frecuentes con las características clínicas, su diagnóstico y manejo terapéutico de cada una de ellas.

Agenesia y aplasia pulmonar

Supone la ausencia total o parcial de un pulmón con hiperplasia compensadora del contralateral. Su manejo dependerá del desarrollo de infecciones de repetición en el pulmón afecto.

Son anomalías raras, con una incidencia de 1 por cada 15.000 recién nacidos. La agenesia se define, como la ausencia completa de tejido pulmonar, bronquio y arteria pulmonar (tipo I); que se diferencia de la aplasia pulmonar, porque esta presenta un bronquio rudimentario (tipo II). El pulmón contralateral es hiperplásico. Dichas anomalías predominan en el lado izquierdo.

Este defecto congénito se puede presentar de forma aislada o asociado con otras anomalías a nivel esquelético, cardiovascular, gastrointestinal o genitourinario. Puede formar parte de síndromes, como el de VACTERL.

Su pronóstico va a depender de las anomalías asociadas. La afectación bilateral presenta elevada mortalidad al nacimiento.

El diagnóstico cada vez es más frecuente que se realice mediante ecografía prenatal, apoyándose en la resonancia magnética (RM) fetal.

En la radiografía de tórax muestra ausencia de pulmón y desplazamiento del mediastino hacia el lado afecto, con disminución de espacios intercostales y elevación del diafragma. Otras pruebas diagnósticas que apoyan el diagnóstico son la angio-TAC o la angiografía por resonancia magnética (angio-RM).

Las manifestaciones clínicas en los casos de diagnóstico postnatal pueden variar desde pacientes asintomáticos a infecciones pulmonares de repetición con sibilancias que pueden hacer pensar en asma en niños mayores.

No existe un tratamiento curativo específico para esta patología. En la aplasia pulmonar, el esbozo bronquial puede dar lugar a infecciones de repetición, por lo que debe ser extirpado. Siempre deben buscarse y evaluarse la posible corrección de aquellas malformaciones asociadas.

Hipoplasia pulmonar

Consiste en la incorrecta diferenciación pulmonar, muchas veces asociada a otras patologías y con una clínica variable.

Se define como una reducción del volumen pulmonar, con disminución del número de ramificaciones bronquiales o insuficiente diferenciación pulmonar.

Podemos distinguir la hipoplasia pulmonar primaria de causa desconocida y la secundaria a otras patologías, siendo especialmente grave la asociada a hernia diafragmática congénita. La hipertensión pulmonar asociada a la hipoplasia vascular es el principal factor pronóstico en estos pacientes.

Las manifestaciones clínicas de la forma primaria producen síntomas inmediatamente tras el nacimiento, manifestándose como distrés respiratorio grave. Además, la disminución de vascularización origina hipertensión pulmonar. En el caso de hipoplasia secundaria, el espectro clínico varía desde pacientes asintomáticos a infecciones respiratorias de repetición, disnea o sibilantes recurrentes.

El manejo de la hipoplasia pulmonar primaria de los recién nacidos es conservador y depende de la gravedad de las alteraciones. En el caso de la hipoplasia pulmonar secundaria, se basa en la corrección quirúrgica de las malformaciones asociadas (p. ej., hernia diafragmática) tras la estabilización del paciente.

Hiperinsuflación lobar congénita

Atrapamiento aéreo distal a obstrucción bronquial por efecto valvular, con variable repercusión clínica y diagnóstico generalmente postnatal. Si es asintomático, no suele tener complicaciones.

La hiperinsuflación lobar congénita es una patología poco frecuente, con una incidencia estimada de alrededor de 1 por cada 20.000 a 30.000 nacimientos(7,8). Antes conocida como enfisema lobar congénito; en la actualidad, se prefiere el término de hiperinsuflación en lugar de “enfisema”, dado que el tejido pulmonar afecto es sano.

Se caracteriza por una alteración localizada del cartílago en la pared bronquial, ocasionando un efecto valvular y, consecuentemente, una hiperinsuflación y atrapamiento aéreo en uno o varios lóbulos pulmonares. El origen de la anomalía puede ser primario (ausencia de cartílago bronquial, estenosis bronquial o debilidad de la pared bronquial) o secundario a anomalías vasculares (sling de la arteria pulmonar o retorno venoso pulmonar anómalo). En el 50 % de los pacientes no se llega a identificar la causa. Los lóbulos más afectados son el lóbulo superior izquierdo y el lóbulo medio.

En recién nacidos y lactantes puede manifestarse, como un distrés respiratorio grave, infecciones recurrentes, sibilancias, atelectasias debido a la compresión pulmonar o ser un hallazgo incidental(9). Hasta en un 20 % de los casos se asocia a cardiopatías (comunicación intraventricular y persistencia del ductus permeable)(10).

Dado que en el cribado prenatal la ecografía tiene baja sensibilidad, el diagnóstico suele realizarse de manera postnatal. En la Rx tórax podemos encontrar distensión del lóbulo afecto con desplazamiento del mediastino con compresión y atelectasia del pulmón contralateral. Otras pruebas de imagen, como la RM o la TC, pueden definir la lesión y establecer la causa (Fig. 2). La fibrobroncoscopia en esta patología es importante para valorar la anatomía bronquial y descartar causas secundarias de obstrucción bronquial intrínsecas (cuerpo extraño bronquial, tapón de moco, etc.) o extrínsecas (sling vascular, tumoraciones, etc.).

figura

Figura 2. Área hipodensa bien delimitada en lóbulo medio con estructuras vasculares distribuidas de manera periférica. Hallazgos compatibles con enfisema lobar congénito.

Se considera tratamiento quirúrgico en pacientes sintomáticos, con lobectomía del lóbulo afecto. En los casos de pacientes asintomáticos, se opta por un tratamiento conservador, dado que es improbable que presente complicaciones(11).

Malformación congénita de la vía aérea pulmonar

Grupo heterogéneo de malformaciones del árbol traqueobronquial con diferente expresión clínico-radiológica según la localización de la lesión. Alguna de ellas conlleva ciertos riesgos asociados.

La malformación congénita de la vía aérea pulmonar (MCVAP), anteriormente conocida como malformación adenomatoidea quística, es la malformación pulmonar más frecuente, con una incidencia estimada de 1 caso por 8.500 a 35.000 recién nacidos(7,12). El diagnóstico se realiza a través de la ecografía prenatal, en el segundo trimestre, entre la 21-24 semanas de edad gestacional, ofreciendo una imagen hiperecogénica, a veces difícil de diferenciar de otras malformaciones. Las lesiones pueden regresar durante la gestación en un 50 %.

Se caracterizan por un patrón anormal de las vías respiratorias, que tiene lugar durante la morfogénesis de la ramificación pulmonar. Tienen su origen en diferentes niveles del árbol traqueobronquial y en diferentes etapas del desarrollo pulmonar, dando lugar a una lesión pulmonar multiquística de tejido pulmonar no funcionante.

Estas malformaciones ocurren esporádicamente y no están asociadas a factores maternos, como edad, raza o exposiciones. En estudios recientes, se han identificado mutaciones asociadas a los genes FGFR2, DICER1, KRAS y TP53, lo que plantea un posible origen genético en determinados subtipos. Destaca la MCVAP tipo 4, conocida como blastoma pleuropulmonar (BPP) tipo 1, que se asocia con mutación en DICER1 con un alto potencial de malignidad(8).

La nueva clasificación de las MCVAP, realizada en 2002 por Stoker, las reclasifica en 5 tipos, basándose en el lugar donde se produce la lesión, número y tamaño de los quistes y distinciones histopatológicas que son de utilidad clínica (Tabla I).

tabla

 

La presentación clínica de la MCVAP es variable, desde dificultad respiratoria grave en el periodo neonatal en relación con el tamaño de la lesión a pacientes asintomáticos. Según estudios recientes(13), alrededor del 25 % de los pacientes asintomáticos con diagnóstico de MCVAP desarrollan síntomas alrededor de los 6-7 meses de edad. En la etapa de lactante y escolar, las complicaciones más frecuentes son infecciones de repetición (neumonías recurrentes) por sobreinfección de los quistes, tos crónica, neumotórax o hemoptisis.

El diagnóstico de las MCVAP se realiza por técnicas de imagen, ecografía prenatal, Rx tórax, tomografía axial computarizada de alta resolución (TACAR) y RM.

Los hallazgos en la Rx tórax son variables, dependiendo del tipo de MCVAP. Los tipos 1, 2 y 4 se caracterizan por quistes de paredes finas con ocupación interior o contenido aéreo, asociando una masa sólida en los tipos 1 y 4. El tipo 3 se presenta como una masa grande, sólida y homogénea. Además, en la Rx tórax podemos observar desplazamiento mediastínico hacia el lado contralateral, con hipoplasia del pulmón ipsilateral debido al efecto masa. Con esta prueba no es posible delimitar y definir bien las lesiones, por lo que nos apoyamos en técnicas de imagen avanzadas, como la TACAR, que nos permite determinar el tamaño de los quistes, la extensión anatómica e identificar otras alteraciones asociadas. Se debe realizar con contraste para evaluar la vascularización, especialmente si sospechamos asociación con secuestro pulmonar (Fig. 3).

figura

Figura 3. Lesión multiquística en lóbulo inferior izquierdo. Presenta quistes de pared fina, menores de 2 cm, con contenido aéreo en su interior. Irrigación por rama arterial dependiente de aorta descendente, compatible con lesión híbrida MCVAP tipo II con secuestro pulmonar asociado.

 

Manejo prenatal

Para el manejo prenatal de la MCVAP, es de gran utilidad la monitorización con ecografías seriadas del tamaño de la lesión en relación con el perímetro cefálico, mediante el cálculo de la ratio entre el volumen de la malformación y la circunferencia craneal (RVC). Si la RVC es superior a 1,6, se correlaciona con un alto riesgo de desarrollar hidrops fetalis y muerte fetal. En fetos de menos de 32 semanas con hidrops fetalis asociado a MCVAP estaría indicada, como terapia de primera línea, corticoides prenatales (betametasona). Aunque la respuesta es variable, han demostrado responder mejor los que presentan lesiones microquísticas. En los estudios realizados, se ha observado una supervivencia de un 80 %(14).

En caso de no respuesta o ante la presencia de quistes grandes, se pueden beneficiar de terapias de segunda línea, como la cirugía prenatal con la colocación de shunt toracoamniótico, para reducir la compresión pulmonar(15).

Manejo postnatal

La Rx tórax es una herramienta de primera línea, debido a su carácter no invasivo y rentabilidad. Se debería realizar antes del alta del recién nacido. Sin embargo, nunca debemos descartar una MCVAP prenatal basándonos en esta prueba. Ante una Rx tórax normal, se debe programar, dentro de los primeros 6 meses, un angio-TAC para evaluar la persistencia o desaparición de la lesión detectada en la ecografía prenatal, así como un seguimiento multidisciplinar por neumólogo y cirujano pediátrico(16).

En la Rx tórax y TACAR postnatal se pueden observar uno o varios quistes o masa sólida con microquistes en su interior. Como diagnóstico de elección, solicitaremos la angio-TAC, ante la posibilidad de lesiones híbridas (definidas como combinación de MCVAP y secuestro pulmonar) para poder localizar la arteria aberrante.

Si el recién nacido es sintomático, hay consenso entre la mayoría de los expertos en la indicación de tratamiento quirúrgico de la lesión (lobectomía), siendo la vía de abordaje más frecuente realizada la toracoscopia, por las ventajas que ofrece de seguridad y recuperación más precoz(17,18).

En los pacientes asintomáticos, con lesiones pequeñas y sin factores de riesgo de malignización, continúa la controversia sobre qué actitud es la más adecuada. Los expertos que apoyan la cirugía temprana, recomendada antes del primer año de vida, se basan en el riesgo de infección que dificultaría la cirugía posterior y en la posibilidad de malignización. La cirugía electiva precoz presenta las ventajas de una recuperación rápida, así como un crecimiento compensatorio pulmonar(19).

En los pacientes asintomáticos, en los que se opta por la observación, se apoyan en las siguientes premisas: muchos son asintomáticos y/o son hallazgos casuales; en la posibilidad de regresión de las MCVAP, que algunos estudios han reportado hasta un 20 % de los recién nacidos asintomáticos con lesiones quísticas confirmadas en el TAC durante el periodo neonatal; y en los riesgos quirúrgicos(20).

En estos casos se debe realizar un seguimiento para detectar complicaciones durante el primer año de vida y realizar imagen (TACAR/RM) a los 6 meses y, posteriormente, anual, pero no existe un consenso sobre la estrategia óptima para realizar dichas pruebas de imagen(21); además de valorar el riesgo-beneficio de radiación y coste al realizar TAC anual, ansiedad familiar o la posibilidad de pérdida de seguimiento.

Riesgo de malignización

El riesgo de malignización de las MCVAP se encuentra de manera general entre 1-3 %(22), siendo las de tipo 1 y 4 las que conllevan mayor riesgo, asociándose a carcinoma bronquioalveolar y blastoma pleuropulmonar tipo 1 (BPP), respectivamente. Se han propuesto factores de alto riesgo para el desarrollo de BPP en niños con lesiones quísticas pulmonares asintomáticas. Entre estos factores de riesgo, encontramos la aparición conjunta con neumotórax, quistes pulmonares bilaterales o multifocales, MCVAP tipo 4, síndrome DICER1 o antecedentes familiares de BPP o enfermedades relacionadas.

El síndrome DICER1 es un síndrome con patrón de herencia autosómico dominante con penetrancia disminuida, que predispone al cáncer hereditario y está relacionado con mutaciones en el gen DICER1 (presente en 2/3 de los casos de BPP). Puede asociarse con enfermedad quística renal y poliposis intestinal(7).

Secuestro pulmonar

Tejido pulmonar con irrigación sistémica y no conectado al árbol traqueobronquial; si es de localización intralobar, tiene alto riesgo de complicaciones, especialmente infecciones recurrentes.

Es una anomalía poco frecuente; supone el 1-6 %. Se caracteriza por un tejido pulmonar displásico no funcionante sin comunicación con el árbol bronquial; además, presenta la característica de estar irrigado por una arteria sistémica anómala procedente de la aorta descendente.

Se clasifica en secuestro intralobar (SPI) y secuestro extralobar (SPE). El SPI se localiza dentro de un lóbulo pulmonar normal y carece de pleura visceral propia. Representa, aproximadamente, el 75 % de todos los secuestros pulmonares(23). El SPE se localiza fuera del pulmón normal y posee su propia pleura visceral. La gran mayoría se localizan en hemitórax izquierdo, siendo la localización más frecuente entre el lóbulo inferior izquierdo y el hemidiafragma. En ocasiones, se localiza debajo del diafragma o en el retroperitoneo, en particular en la glándula suprarrenal, donde puede simular un neuroblastoma suprarrenal(24). Representa, aproximadamente, el 25 % y es más probable que se asocie con otras anomalías congénitas, como hernia diafragmática congénita, anomalías vertebrales, cardiopatías congénitas, hipoplasia pulmonar, duplicación colónica y MCVAP.

La presentación clínica es variable y depende del tipo, tamaño y localización de la lesión. Muchas de estas lesiones se diagnostican de forma prenatal. La mayoría de los recién nacidos son asintomáticos, pero, en ocasiones, presentan dificultad respiratoria en periodo neonatal. En el caso de SPI y las formas híbridas, se manifiestan en etapa de lactante y escolar, como neumonías de repetición, tos crónica, hemoptisis, etc., pero también como hallazgo casual en una Rx tórax. Las complicaciones de los secuestros pulmonares son raras e incluyen insuficiencia cardiaca, debido al excesivo flujo a través de la arteria aberrante, o sangrado masivo(2).

Ante un diagnóstico de sospecha, la primera prueba a realizar es una Rx tórax, que muestra los secuestros pulmonares como una masa densa dentro de la cavidad torácica o parénquima pulmonar. Las técnicas de imagen avanzadas, como la Angio-TC (Fig. 4) o Angio-RM, demuestran la arteria sistémica que lo irriga, y tienen como objetivo la confirmación del diagnóstico, aunque el diagnóstico definitivo se realiza con la anatomía patológica tras la resección quirúrgica.

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Figura 4. Área radiolucente en lóbulo inferior izquierdo con irrigación dependiente de aorta descendente, compatible con secuestro pulmonar intraparenquimatoso.

Manejo

La indicación de cirugía, lobectomía o resección segmentaria, se establece en aquellos secuestros pulmonares sintomáticos y en los SPI asintomáticos, por el riesgo de infección, o en las lesiones híbridas. Para aquellas lesiones con arteria sistémica bien definida e insuficiencia cardiaca de alto gasto importante, el tratamiento con embolización arterial podría ser una opción terapéutica inicial.

Algunos autores recomiendan la observación en lugar de la cirugía para aquellos pacientes asintomáticos, en particular si la lesión es pequeña, no quística y es compatible con SPE(16,25).

Atresia bronquial

Interrupción total del desarrollo bronquial, con área distal hiperinsuflada con bajo riesgo de complicaciones, por lo que se suele optar por manejo conservador.

Se caracteriza por la interrupción intraútero de un bronquio lobar, segmentario o subsegmentario; como consecuencia, se produce una hiperinsuflación del segmento afecto e impactación mucosa, originando el mucocele o broncocele. Suele presentarse de manera incidental, al realizar una Rx tórax, como una zona hiperinsuflada o hiperlúcida que puede comprimir el tejido adyacente y provocar un desplazamiento del mediastino. El lóbulo más afectado es el superior izquierdo. La mayoría de los pacientes se encuentran asintomáticos. La infección es poco frecuente dada la ausencia de comunicación con el árbol traqueobronquial. Por ello, la actitud expectante es la opción más razonable.

Quiste broncogénico

Lesión quística con tendencia a la sobreinfección o crecimiento, con compresión de estructuras vecinas, por lo que suele ser recomendable la exéresis quirúrgica.

Es una lesión quística que se origina de un defecto en el desarrollo embrionario del árbol bronquial. Pueden aparecer en cualquier localización, siendo la más frecuente en mediastino (85 %), paratraqueal, hiliar o subcarinal.

Muchos pacientes con esta patología se encuentran asintomáticos y, con frecuencia, se descubren de manera incidental al realizar estudios por otros motivos. En caso de ser sintomáticos, suelen presentarse, como tos recurrente, sibilancias, neumonías de repetición, dificultad respiratoria o disfagia. Dichos síntomas están en relación con la infección del quiste o con crecimiento de este, ocasionando compresión de vía respiratoria y/o digestiva.

En la Rx tórax se presentan como masas redondeadas bien definidas de densidad acuosa o cavidades hidroaéreas, en caso de sobreinfección (Fig. 5A).

La TACAR suele mostrar masas mediastínicas quísticas de tejido blando bien delimitadas o atenuación hídrica (Fig. 5B).

figura

Figura 5. A. Rx tórax con imagen redondeada retrocardiaca. B. Tomografía axial computarizada de alta resolución (TACAR) con masa redondeada bien delimitada de 3 x 3 cm, densidad agua, compatible con quiste broncogénico.

El manejo de un quiste broncogénico consiste en la escisión quirúrgica por el riesgo de infección o compresión de la vía aérea o digestiva.

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra de Atención Primaria (AP) es clave en el manejo de las malformaciones congénitas pulmonares y de la vía aérea (v. Algoritmo al final del artículo). Por una parte, jugarán un papel fundamental en el diagnóstico de aquellas patologías con clínica larvada que pueden escapar al screening prenatal y no hacerse evidentes en los primeros días de vida. Tener un alto grado de sospecha clínica es muy importante para detectar cuanto antes estas patologías y derivar de manera precoz a atención especializada.

Además, una vez realizado el diagnóstico, el manejo, en muchos casos, dependerá de la repercusión que las diferentes malformaciones tengan en el paciente, siendo de especial importancia el pediatra de AP en el seguimiento de estos pacientes. El pediatra de AP tomará decisiones en cuanto al manejo, basándose en una evaluación integral del paciente, prestando especial atención a aspectos, como el desarrollo ponderoestatural, el número de infecciones respiratorias y su repercusión en la vida del paciente o síntomas respiratorios que pueden no ser evidentes sin una adecuada anamnesis.

Por último, conocer las diferentes entidades y la patología asociada puede requerir, en muchos casos, estudios complementarios de manera programada o derivación a otros especialistas que puede realizarse desde AP.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

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Revisa el enfoque actual para el diagnóstico y manejo de las malformaciones congénitas pulmonares en recién nacidos y niños. Se abordan las principales malformaciones, como la MCVAP, el secuestro pulmonar, el enfisema lobar congénito y los quistes broncogénicos. Se analizan las opciones de tratamiento prenatal y posnatal, incluyendo cuándo se justifica la cirugía, y las técnicas quirúrgicas disponibles (especialmente la toracoscopia).

– Pederiva F, Rothenberg SS, Hall N, Ijsselstijn H, Wong KKY, von der Thüsen J, et al. Achiron R, Pio d´Adamo A, Schnater JM. Congenital lung malformations. Nat Rev Dis Primers. 2023; 9: 60. Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41572-023-00470-1.

Este artículo ofrece una revisión de las malformaciones congénitas, aborda su origen, diagnóstico, manejo clínico y aspectos moleculares. Describe la controversia sobre tratar o vigilar las lesiones asintomáticas, así como la importancia del ­seguimiento a largo plazo por el posible riesgo de complicaciones.

– Lee EY, Dorkin H, Vargas SO. Congenital pulmonary malformations in pediatrics: review and update on etiology, classification, and imaging findings. Radiol Clin North Am. 2011; 49: 921-48. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.rcl.2011.06.009.

Revisa todas las malformaciones, enfocándose en su origen, clasificación y hallazgos por imagen, con énfasis en el papel diagnóstico de las técnicas avanzadas, tomografía y resonancia en la práctica clínica.

– Oermann CM. Bronchopulmonary sequestration. En: UpToDate Redding G(Ed). 2025.

Revisión donde se aborda la clasificación, diagnóstico por imagen y las opciones terapéuticas del secuestro pulmonar.

– Stanton M. The argument for a non-operative approach to asymptomatic lung lesions. Semin Pediatr Surg. 2015; 24: 183-6. Disponible en: https://doi.org/10.1053/j.sempedsurg.2015.01.014.

El artículo defiende la estrategia de la observación frente a la cirugía en lactantes con malformaciones congénitas asintomáticas, evaluando los riesgos del tratamiento quirúrgico.

– Mondéjar López P, Alfonso Diego J. Malformaciones pulmonares. Tratado de Neumología Pediátrica 2019.

Describe las malformaciones pulmonares congénitas, su epidemiología, las diferentes entidades, retos de definición y clasificación. Expone las controversias en el manejo de los casos asintomáticos.

– Lamberti R, Canali G, Romero A, Ghezzi M, Zuccotti GV, D’Auria E. Congenital pulmonary airways malformation: state of the art review. Pediatric Respiratory Journal. 2023; 1: 120-263. Disponible en: https://doi.org/10.56164/PediatrRespirJ.2023.26.

El artículo revisa el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la malformación congénita de la vía aérea pulmonar (MCVAP), así como sus formas clínicas y la controversia del manejo de los casos asintomáticos.

 

Caso clínico

 

Gestante de 44 años a la que, en el control ecográfico del segundo trimestre, detectan una masa quística pulmonar de 21 x 19 x 17 mm, sin otras malformaciones asociadas. Cribado de cromosomopatías negativo y resto del embarazo sin incidencias, salvo hipotiroidismo subclínico. En controles subsiguientes persiste la masa con leve disminución de su tamaño sin asociar otros hallazgos patológicos.

Nace un varón a término con llanto espontáneo, adecuado tono y coloración, con exploración física a las 8 horas de vida sin alteraciones. Ante hallazgos en ecografía prenatal, se solicita una radiografía de tórax que evidencia un aumento de densidad de morfología nodular, de unos 2 cm de diámetro, localizado en campos medios-inferiores derechos, que presenta imágenes radiolucentes milimétricas en su interior (Fig. 6). Es dado de alta sin incidencias a las 48 horas de vida.

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Figura 6. Radiografía del paciente en el primer día de vida.

Se valora de forma presencial en consulta de neumología al mes de vida. El paciente no ha presentado infecciones respiratorias ni episodios de cianosis. Realiza tomas de manera correcta. Adecuado desarrollo ponderoestatural. Patrón respiratorio con rachas de polipnea sin tiraje. Para filiar mejor la lesión, se solicita TACAR, que se realiza a los 2 meses de vida, en el que se observa hipoatenuación e hipovascularización en lóbulo medio sin lesiones quísticas definidas. No efecto masa sobre estructuras mediastínicas ni parénquima pulmonar adyacente. Hallazgos compatibles con enfisema lobar (Fig. 7).

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Figura 7. TACAR del paciente a los 2 meses de vida.

Controles trimestrales durante el primer año de vida. El paciente permanece asintomático. Se deriva a cardiología para descartar cardiopatía estructural asociada. A los 9 meses, radiografía de control que muestra disminución del área hiperdensa respecto al estudio previo.

 

 

algoritmo

 

Tos crónica y bronquitis bacteriana persistente

E. Fernández Mozo*,  A. López Neyra
Temas de FC


E. Fernández Mozo*, A. López Neyra

Sección de Neumología Pediátrica. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid

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Autor para correspondencia

estherfm2@gmail.com

Resumen

La tos en pediatría es un síntoma frecuente que, aunque habitualmente es benigno y autolimitado, puede asociarse a patologías respiratorias graves. Se considera tos crónica o persistente cuando la duración es mayor a cuatro semanas. La anamnesis detallada y la exploración física completa son fundamentales para identificar signos de alarma y orientar, tanto el diagnóstico como el tratamiento, a causas específicas de la tos. En todo niño con tos crónica debe realizarse radiografía de tórax y espirometría con test de broncodilatación, cuando sea posible. La bronquitis bacteriana persistente (BBP) es la causa específica más frecuente de tos crónica en la infancia. Su fisiopatología se basa en una infección crónica bacteriana de la vía aérea inferior que condiciona inflamación y alteración del aclaramiento mucociliar. El diagnóstico es clínico y el tratamiento consiste en un ciclo de antibiótico vía oral, habitualmente amoxicilina-clavulánico, durante 2 a 4 semanas. En caso de episodios recurrentes de BBP, se recomienda un estudio radiológico para descartar bronquiectasias.

 

Abstract

Cough in pediatrics is a common symptom that, although usually benign and self-limited, may be associated with severe respiratory diseases. Cough is considered chronic or persistent when its duration exceeds four weeks. A detailed medical history and a thorough physical examination are essential to identify warning signs and to guide both the diagnosis and management toward specific causes of cough. Every child presenting with chronic cough should undergo a chest radiograph and spirometry with a bronchodilator test, when available. Protracted bacterial bronchitis (PBB) is the most frequent specific cause of chronic cough in childhood. Its pathophysiology is based on a chronic bacterial infection of the lower airways, leading to inflammation and impaired mucociliary clearance. The diagnosis is clinical, and treatment consists of a 2- to 4-week course of oral antibiotic, usually amoxicillin-clavulanate. In cases of recurrent PBB episodes, radiological evaluation is required to rule out bronchiectasis.

 

Palabras clave: Tos crónica; Tos húmeda; Bronquitis bacteriana persistente; Bronquiectasias.

Key words: Chronic cough; Wet cough; Persistent bacterial bronchitis; Bronchiectasis.

 

Pediatr Integral 2026; XXX (1): 15 – 20

 


OBJETIVOS

• Reconocer la importancia de la tos como síntoma frecuente en pediatría, diferenciando los cuadros benignos autolimitados de aquellos que requieren una evaluación diagnóstica más exhaustiva.

• Identificar los criterios clínicos y temporales que permiten clasificar la tos, así como reconocer los signos de alarma y los hallazgos de la evaluación clínica que orientan hacia causas específicas.

• Describir las principales causas de tos crónica en la infancia, con especial énfasis en la bronquitis bacteriana persistente (BBP) y su posible evolución hacia bronquiectasias.

• Aplicar un enfoque diagnóstico racional, basado en una anamnesis dirigida, exploración física completa y uso adecuado de las pruebas complementarias de primera línea (radiografía de tórax y espirometría).

• Actualizar los conocimientos sobre las opciones terapéuticas indicadas en la tos crónica infantil para evitar tratamientos ineficaces o potencialmente perjudiciales, y promover un manejo basado en la evidencia.

 

Tos crónica y bronquitis bacteriana persistente

https://doi.org/10.63149/j.pedint.107

 

Introducción

La tos es un síntoma frecuente en pediatría que, aunque suele ser benigno, genera preocupación familiar y puede ser el primer signo de una enfermedad respiratoria significativa.

La tos es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría, tanto en Urgencias como en Atención Primaria (AP). La tos es un reflejo fisiológico de protección de las vías aéreas que se activa ante estímulos irritantes o mecánicos, con el objetivo de evitar la inhalación de sustancias nocivas o la aspiración de cuerpos extraños. Además, contribuye a la eliminación de las secreciones respiratorias(1). En los niños, la tos provoca una alteración en el entorno, con importante ansiedad familiar y se asocia con un elevado uso de medicación inapropiada o innecesaria que puede condicionar efectos adversos importantes(2,3). Aunque, en la mayor parte de los casos, es un síntoma benigno que se resuelve de forma espontánea, puede ser el primer síntoma de una patología respiratoria importante.

Clasificación

La tos puede clasificarse según su duración, calidad y causa, siendo clave distinguir entre tos húmeda persistente y tos con etiología específica para orientar el diagnóstico.

La tos se puede clasificar, en cuanto a la temporalidad, en aguda y crónica o persistente. En general, se considera tos crónica o persistente aquella que dura más de 4 semanas tras un episodio agudo, aunque no existe un claro consenso al respecto(3,4). Por ejemplo, la British Thoracic Society (BTS) distingue tos persistente (aquella que dura más de 3 semanas) y tos crónica (cuando dura más de 8 semanas)(5).

La tos también se clasifica en cuanto a su calidad, y de esta manera distinguimos tos seca y tos húmeda o productiva. Esto cobra relevancia, porque la tos húmeda persistente se correlaciona con la presencia de secreciones en las vías respiratorias y puede ser un signo de alarma de patología pulmonar supurativa(3-6). Es importante tener en cuenta que los lactantes y niños pequeños con tos húmeda no suelen ser capaces de expectorar y producir esputo.

Por último, la tos también se puede clasificar en cuanto a su etiología. Podemos hablar de tos específica cuando, tras una evaluación razonable que incluye anamnesis, exploración física, radiografía de tórax y espirometría, encontramos una causa identificable; mientras que la tos inespecífica es aquella en la que no encontramos una causa tras la evaluación inicial(4-6).

Etiología

Las causas de tos varían según la edad, siendo las infecciones respiratorias de las vías altas la etiología aguda más común, y la bronquitis bacteriana persistente y el asma las principales responsables de tos crónica en la infancia.

La causa más frecuente de tos aguda son los cuadros catarrales (duración habitual en torno a 1 semana), seguidos de las infecciones agudas de las vías respiratorias bajas, como las bronquitis agudas y las neumonías(7).

La causa más frecuente de tos crónica específica en el niño es la bronquitis bacteriana persistente (BBP), hasta en un 40 % de los casos, seguida del asma; mientras que la causa más frecuente de tos crónica inespecífica es la tos postinfecciosa (secundaria a infecciones como tosferina, Mycoplasma pneumoniae, virus respiratorio sincitial –VRS– o parainfluenza que puede ocasionar una tos prolongada)(7-10). Las causas más frecuentes de tos crónica en la infancia están recogidas en la tabla I.

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La edad del niño es un factor importante a tener en cuenta a la hora de valorar las posibles causas de una tos crónica.

La tos persistente en periodo neonatal es un síntoma infrecuente que nos debería hacer sospechar patología potencialmente grave, como malformaciones o malacias de la vía aérea superior. A esta edad, la tos relacionada con la ingesta nos debe hacer sospechar una fístula traqueoesofágica. Además, algunas malformaciones vasculares de los grandes vasos (como el doble arco aórtico o el arco aórtico derecho con ligamento arterioso izquierdo) pueden comprimir la vía aérea y manifestarse como tos crónica(11).

En edad de lactante, la causa más frecuente de tos persistente serán el asma y la tos postinfecciosa (VRS, tosferina)(7-10). El reflujo gastroesofágico (RGE) es una patología prevalente a esta edad; sin embargo, la relación entre este y los síntomas respiratorios no está clara en la población pediátrica, por lo que no deben utilizarse tratamientos antirreflujo como ensayo terapéutico en la tos crónica inespecífica(12).

En niños mayores de 1 año, lo más habitual será encontrarnos ante una BBP o asma. Si existe antecedente de atragantamiento, debemos sospechar una aspiración de cuerpo extraño, especialmente en niños de 1 a 3 años, con tos seca en fase aguda, que posteriormente se convierte en tos húmeda por sobreinfección.

Por último, siempre debemos tener en cuenta la posibilidad de encontrarnos ante el debut de una inmunodeficiencia o de una fibrosis quística, sobre todo en aquellos pacientes en los que no se ha realizado cribado neonatal(7-10).

Bronquitis bacteriana persistente

La bronquitis bacteriana persistente (BPB) es una entidad de descripción reciente (2006) y, probablemente, infradiagnosticada en nuestro medio, puesto que en algunas series corresponde hasta el 40 % de los episodios de tos crónica en niños en edad preescolar(8).

Su fisiopatología se basa en una infección bacteriana crónica de la vía aérea inferior que provoca una inflamación persistente de la mucosa bronquial, con alteración del aclaramiento mucociliar y acumulación de secreciones.

Las microbiologías más frecuentes son bacterias típicas de la vía aérea, como H. influenzae no tipable, S. pneumoniae, Moraxella catarrhalis y S. aureus (menos frecuente), aunque es habitual la coinfección con 2 o más bacterias o virus.

El diagnóstico habitualmente es clínico y debe cumplir los siguientes criterios: tos crónica húmeda de, al menos, 4 semanas de evolución, respuesta al tratamiento antibiótico empírico adecuado y ausencia de signos o síntomas sugerentes de otra etiología.

En los últimos años, la literatura ha sugerido que la BBP podría formar parte de un espectro evolutivo en el que, en determinados niños, se produce progresión hacia bronquiectasias. El modelo fisiopatológico estaría basado en la inflamación de la mucosa bronquial y la alteración del aclaramiento de secreciones que, de forma repetitiva, terminaría por provocar daño y dilatación de las paredes bronquiales(13-15).

Varios estudios han analizado la relación entre la BBP y las bronquiectasias en población pediátrica. En una cohorte prospectiva, Wurzel et al.(16) observaron que el 8,1 % de 161 pacientes con BBP desarrolló bronquiectasias tras una mediana de cinco años de seguimiento. De forma similar, Ruffles et al.(17) reportaron una incidencia del 9,6 % en 166 niños seguidos durante un periodo comparable. En ambos estudios, la infección por Haemophilus influenzae y los episodios recurrentes de BBP se asociaron con mayor riesgo de progresión.

En el estudio más reciente que evalúa las secuelas de BBP, Hermann et al.(18) encontraron que, entre 5-14 años tras un episodio de BBP en la infancia, el 18 % de los niños presentaba síntomas persistentes tras el primer episodio. Aproximadamente el 24 % tenía, al menos, un parámetro de función pulmonar alterado (volumen espiratorio forzado en el primer segundo –FEV1–, capacidad vital forzada –FVC– o índice FEV1/FVC). Sin embargo, no se encontró relación entre estas alteraciones de la función pulmonar y la persistencia de los síntomas. En el subgrupo que realizó imagen pulmonar debido a síntomas persistentes, 4 de 9 niños mostraron engrosamiento de la pared bronquial y 1 presentó bronquiectasias incipientes.

A pesar de estos hallazgos, persisten incertidumbres sobre la magnitud real del riesgo de bronquiectasias tras BBP, la relación causal y los principales factores de riesgo de desarrollo de daño estructural.

Anamnesis

La anamnesis dirigida permite identificar signos de alarma y orientar hacia causas específicas de tos crónica mediante preguntas clave sobre inicio, características y síntomas asociados.

La anamnesis es el paso inicial en el proceso diagnóstico de un niño con tos crónica. En la mayor parte de los casos, la tos en pediatría es un proceso benigno y autolimitado. Sin embargo, existen datos de alarma en la anamnesis y la exploración física que nos pueden orientar hacia causas subyacentes potencialmente graves (Tabla II)(3-5,19).

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Las principales preguntas en la anamnesis dirigida son: ¿Cuándo comenzó la tos? ¿Hay algo que la desencadene? ¿Qué características tiene? ¿Asocia algún otro síntoma? ¿Es más frecuente en algún momento del día?(19,20)

Existen algunos datos de la anamnesis que nos pueden orientar a etiologías específicas de la tos y que están recogidos en la tabla III(3-5,20).

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Exploración física

Una exploración física completa es esencial para detectar signos que orienten a etiologías específicas.

La exploración física debe ser completa, incluyendo la auscultación cardiopulmonar, valoración ORL y la antropometría para identificar una posible afectación del peso y/o la talla. No debe olvidarse medir siempre frecuencia cardiaca, SatO2 y frecuencia respiratoria. Debe valorarse la configuración del tórax, la dinámica respiratoria, la presencia de lesiones cutáneas y el desarrollo psicomotor. Al igual que en la anamnesis, existen datos en la exploración física que nos deben hacer sospechar de etiologías específicas, recogidos en la tabla IV(3-5,19).

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Pruebas complementarias

La radiografía de tórax y la espirometría son pruebas básicas en la tos crónica, reservándose estudios avanzados según la sospecha clínica y los hallazgos iniciales.

En todo niño con tos crónica debe realizarse una radiografía de tórax y una espirometría con test de broncodilatación(3-5). Ambas son pruebas básicas, y aunque la normalidad de las pruebas no descarta patología, las alteraciones en estas pruebas casi siempre se relacionan con una causa específica de la tos. En el caso de la espirometría, la principal limitación será la colaboración del paciente, por lo que no se suelen hacer por debajo de los 4 años. Además, algunos estudios recientes muestran que valores elevados de FeNO (fracción de óxido nítrico exhalado) podrían anticipar una mejor respuesta al tratamiento con corticoides inhalados, por lo que esta medición podría emplearse como una prueba de primer nivel para orientar las decisiones terapéuticas en pacientes con tos crónica(21).

El resto de pruebas complementarias (análisis de sangre, tomografía computarizada de alta resolución –TCAR–, prick test, test del sudor, cultivo de esputo, tuberculina, fibrobroncoscopia, etc.) se realizarán según la sospecha diagnóstica y los resultados de la pruebas anteriores, teniendo en cuenta que en los niños con tos crónica inespecífica no está indicada la realización de más pruebas complementarias(4,6).

La prueba de la tuberculina está indicada en aquellos pacientes con antecedentes de viaje o residencia en zonas de alta prevalencia de tuberculosis, contactos de riesgo (como convivientes con tos crónica) o síntomas sugestivos, como pérdida de peso o sudoración nocturna. En nuestro medio, su realización debe considerarse de forma sistemática dentro del estudio diagnóstico inicial.

La TCAR es el gold standard para valorar la vía aérea pequeña y la presencia de bronquiectasias en pacientes con tos húmeda crónica o episodios de repetición de BBP(13).

Tratamiento

El tratamiento depende de la causa, siendo fundamental evitar fármacos ineficaces y utilizar antibioterapia prolongada ante sospecha de BBP y corticoides inhalados solo en casos seleccionados de tos seca persistente.

El tratamiento de la tos específica será el de la causa que la origine. Los medicamentos más utilizados en el tratamiento sintomático de la tos son el dextrometorfano y la codeína; el primero puede emplearse a partir de los 2 años, aunque su eficacia no ha demostrado ser superior a la de medidas simples, como la administración de miel. La codeína tiene mayor efecto antitusivo, pero su uso está limitado a mayores de 12 años. Otros fármacos, como los mucolíticos y expectorantes, no han mostrado beneficios clínicos relevantes y presentan efectos secundarios que pueden ser graves(22).

La tos crónica inespecífica no requiere, en principio, ningún tratamiento. En casos de tos seca prolongada, está descrito el ensayo terapéutico con glucocorticoides inhalados a dosis equivalente a 400 μg/día de budesonida durante 4-6 semanas(4). Una vez iniciado el tratamiento, es imprescindible el seguimiento para valorar su eficacia, puesto que si el tratamiento es eficaz, podrá deberse simplemente al paso del tiempo (efecto periodo) o a que se trate de una tos como equivalente asmático. En este caso deberá valorarse la reaparición de la tos al suspender el tratamiento.

En el caso de la tos crónica húmeda, las guías recomiendan la utilización de un ciclo de tratamiento antibiótico prolongado vía oral, habitualmente con amoxicilina-clavulánico a dosis de 80 mg/kg de amoxicilina, durante 2-4 semanas ante la sospecha de una bronquitis bacteriana persistente(3-5). La mejoría suele producirse en la segunda semana de tratamiento y son frecuentes las recaídas al suspender el tratamiento.

En el tratamiento de la BBP, la duración del tratamiento es de mínimo 2 semanas, aunque muchas guías y expertos recomiendan considerar extender a 4-6 semanas si la respuesta no es completa tras dos semanas de tratamiento. Si a la 2ª semana de tratamiento no se ha objetivado ninguna mejoría, deben explorarse otras causas de la tos(13-16).

En el caso de respuesta completa al tratamiento, pero recidiva al suspenderlo, debe valorarse la adherencia al tratamiento y la correcta dosificación del mismo. Estaría indicado, si el niño es colaborador, obtener muestra de esputo inducido para cultivo y antibioterapia dirigida (o aspirado nasofaríngeo en el niño no colaborador).

En caso de recidivas frecuentes, especialmente si hay 3 o más episodios de BBP al año, estarían indicados estudios adicionales, como: una TCAR para descartar bronquiectasias; fibrobroncoscopia con lavado bronco-alveolar para obtención de muestras microbiológicas; test del sudor para descartar fibrosis quística; o estudio de función ciliar(13).

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de AP es responsable de la evaluación inicial de la tos en niños, identificando la mayoría de los casos benignos y autolimitados, mediante anamnesis, exploración física y pruebas diagnósticas de primera línea (radiografía de tórax y espirometría). Además, puede diagnosticar y tratar las causas más frecuentes de tos crónica, como el asma o la bronquitis bacteriana persistente, y monitorizar la evolución de la tos inespecífica. Tiene un papel fundamental para tranquilizar a las familias, explicar la evolución y evitar el uso de tratamientos no indicados. Se debe derivar al paciente a un especialista en Neumopediatría cuando existan signos de alarma de patologías complejas, cuando sean necesarias pruebas avanzadas o cuando la evolución no sea la esperada a pesar de un manejo inicial adecuado.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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13. Chang AB, Redding GJ, Everard ML. Chronic wet cough: protracted bronchitis, chronic suppurative lung disease and bronchiectasis. Pediatr Pulmonol. 2008; 43: 519-31. Disponible en: https://doi.org/10.1002/ppul.20821.

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17. Ruffles TJC, Marchant JM, Masters IB, Yerkovich ST, Wurzel DF, Gibson PG, et al. Outcomes of protracted bacterial bronchitis in children: a 5-year prospective cohort study. Respirology. 2021; 26: e13950. Disponible en: https://doi.org/10.1111/resp.13950.

18.*** Hermann J, Brückner K, Koerner Rettberg C, Dillenhöfer S, Brinkmann F, Maier C, et al. Long term pulmonary sequelae 5-14 years after protracted bacterial bronchitis in early childhood. Pediatr Pulmonol. 2025; 60: e71111. Disponible en: https://doi.org/10.1002/ppul.71111.

19. Marseglia GL, Manti S, Chiappini E, Brambilla I, Caffarelli C, Calvani M, et al. Chronic cough in childhood: a systematic review for practical guidance by the Italian Society of Pediatric Allergy and Immunology. Allergologia et Immunopathologia (Madr). 2021; 49: 13354. Disponible en: https://doi.org/10.15586/aei.v49i2.44.

20.*** Kantar A, Marchant JM, Song WJ, Shields MD, Chatziparasidis G, Zacharasiewicz A, et al. History taking as a diagnostic tool in children with chronic cough. Front Pediatr. 2022; 10: 850912. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fped.2022.850912.

21. Lee J-H, Lee J-H, Park S-Y, Koskela H O, Song W-J. Is fractional exhaled nitric oxide a treatable trait in chronic cough: a narrative review. J Thorac Dis. 2023; 15: 5844-55. Disponible en: https://doi.org/10.21037/jtd-23-135.

22. Smith SM, Henman M, Schroeder K, Fahey T. Over-the-counter cough medicines in children: Neither safe or efficacious? Br J Gen Pract. 2008; 58: 757-8. Disponible en: https://doi.org/10.3399/bjgp08x342642.

23. Zafra Anta MA, Merchán Morales C. Tos persistente. Pediatr Integral. 2021; 1: 5-12. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-01/tos-persistente-2/.

 

Bibliografía recomendada

– Morice AH, Millqvist E, Bieksiene K, Birring SS, Dicpinigaitis P, Domingo Ribas C, et al.; Task Force Report for the European Respiratory Society. ERS guidelines on the diagnosis and treatment of chronic cough in adults and children. Eur Respir J. 2020; 55: 1901136. Disponible en: https://doi.org/10.1183/13993003.01136-2019.

– Shields MD, Bush A, Everard ML, McKenzie S, Primhak R. BTS guidelines: Recommendations for the assessment and management of cough in children. Thorax. 2008; 63: 1-15. Disponible en: https://doi.org/10.1136/thx.2007.077370.

Guías internacionales más relevantes para el manejo de la tos crónica en el paciente pediátrico. Establecen un consenso en cuanto a la clasificación de la tos y un manejo estandarizado de la tos en pediatría.

– Kantar A, Marchant JM, Song WJ, Shields MD, Chatziparasidis G, Zacharasiewicz A, et al. History taking as a diagnostic tool in children with chronic cough. Front Pediatr. 2022; 10: 850912. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fped.2022.850912.

Trabajo que subraya cómo una buena historia clínica es esencial y determinante para identificar con precisión las causas específicas de tos crónica en la población pediátrica.

– Hermann J, Brückner K, Koerner Rettberg C, Dillenhöfer S, Brinkmann F, Maier C, et al. Long term pulmonary sequelae 5-14 years after protracted bacterial bronchitis in early childhood. Pediatr Pulmonol. 2025; 60: e71111. Disponible en: https://doi.org/10.1002/ppul.71111.

Estudio que evidencia el impacto a largo plazo de la bronquitis bacteriana persistente en la infancia, subrayando su relevancia clínica.

 

Caso clínico

 

Niño de 4 años que consulta por tos persistente de cinco semanas de evolución, inicialmente leve y de tipo irritativo, que ha progresado a tos productiva, más intensa por la mañana y durante la noche. La madre refiere que la tos interfiere con el sueño y las actividades escolares. Ha recibido previamente tratamiento con antitusígenos y broncodilatadores inhalados, sin clara mejoría. No ha presentado fiebre ni otros síntomas asociados. No existen antecedentes de enfermedades ni hospitalizaciones previas, no presenta antecedentes de asma ni atopia. No tiene alergias; cuenta con inmunizaciones completas según calendario.

En la exploración física, el niño se encuentra afebril, con constantes vitales normales, incluyendo saturación de oxígeno de 99 %. No presenta signos de dificultad respiratoria. En la auscultación llama la atención escasos roncus dispersos y leves crepitantes finos en bases pulmonares, con buena entrada de aire bilateral. El resto de la exploración física es normal.

 

 

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Infecciones víricas del tracto respiratorio: virología y epidemiología

J. Reina Prieto
Temas de FC


J. Reina Prieto

Unidad de Virología, Servicio de Microbiología. Hospital Universitario Son Espases.
Facultad de Medicina Universitat lles Balears. Palma de Mallorca

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Autor para correspondencia

jorge.reina@ssib.es

Resumen

Las infecciones respiratorias agudas se definen como todas aquellas patologías de presentación con menos de <15 días de evolución, de origen infeccioso, que producen afectación del tracto respiratorio tanto superior como inferior. En pediatría, constituyen la primera causa de consulta en Atención Primaria (30 %), urgencias y hospitalización en los menores de cinco años, aunque su porcentaje puede llegar a ser del 75 % en los meses invernales. Los virus constituyen la principal causa de este tipo de infecciones, de modo que las bacterias solo representarían el 5 %. Una de las características principales de los virus respiratorios es su estacionalidad; es decir, la mayoría de casos se presentan y acumulan en un periodo corto de tiempo. Esta predictibilidad parece depender de muchos factores, tanto humanos (del huésped) como del entorno y del propio virus. Los principales factores que determinan el resultado clínico de la infección, después de haber estado expuesto a un virus respiratorio, son las características del propio virus, la respuesta del huésped y los factores ambientales favorecedores. Debido a las manifestaciones clínicas similares, causadas por los diferentes virus respiratorios, se hace muy difícil establecer a priori la etiología real de las mismas. Por ello, la única forma de conocer el verdadero agente etiológico es el diagnóstico de laboratorio.

 

Abstract

Acute respiratory infections are defined as all pathologies with a duration of less than 15 days, of infectious origin, that affect both the upper and lower respiratory tract. In pediatrics, they constitute the leading cause of consultations in primary care (30 %), emergency department visits, and hospitalizations in children under five years of age, although their percentage can reach 75 % during the winter months. Viruses are the main cause of this type of infection, with bacteria accounting for only 5 %. One of the main characteristics of respiratory viruses is their seasonality; that is, most cases occur and accumulate within a short period of time. This predictability appears to depend on many factors, both human (the host), environmental factors, and the virus itself. The main factors determining the clinical outcome of the infection after exposure to a respiratory virus are the characteristics of the virus itself, the host’s response, and favorable environmental factors. Due to the similar clinical manifestations caused by different respiratory viruses, it is very difficult to establish a priori the actual etiology of these manifestations. Therefore, the only way to determine the true etiologic agent is through laboratory diagnosis.

 

Palabras clave: Infección respiratoria aguda; Virus respiratorios; Epidemiología; Diagnóstico.

Key words: Acute respiratory infection; Respiratory viruses; Epidemiology; Diagnosis.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(1): 21 – 28

 


OBJETIVOS

• Conocer las características generales de las infecciones respiratorias agudas de etiología vírica.

• Analizar el impacto de las infecciones respiratorias agudas víricas a nivel mundial y en el ámbito de Atención Primaria.

• Establecer la distribución epidemiológica de las infecciones respiratorias agudas víricas.

• Analizar la estacionalidad de las infecciones respiratorias agudas víricas.

• Conocer la patogenia de las infecciones respiratorias agudas de causa vírica.

• Revisar los métodos de diagnóstico clínico y de laboratorio de las infecciones respiratorias víricas.

 

Infecciones víricas del tracto respiratorio: virología y epidemiología

https://doi.org/10.63149/j.pedint.108

 

Introducción

Las infecciones respiratorias agudas constituyen una de las patologías más frecuentes que afectan a la población infantil. Los virus constituyen la principal causa de estas infecciones (85 %), presentándose preferentemente como brotes epidémicos durante los meses invernales.

Las infecciones respiratorias agudas se definen como todas aquellas patologías de presentación con menos de <15 días de evolución, de origen infeccioso, que producen afectación del tracto respiratorio, tanto superior como inferior. Representan el grupo cuantitativo más importante de todas las enfermedades transmisibles que afectan a la población humana. Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran tos, rinorrea, obstrucción nasal, fiebre, odinofagia, otalgia, disnea y signos y síntomas, tanto locales como generalizados, cuya intensidad está asociada a la gravedad del proceso respiratorio. Este tipo de infecciones se distribuyen por todo el mundo, afectando a todos los continentes. Aunque pueden presentarse a lo largo de toda la vida, en general predominan en los extremos de la misma, cuando la población es mucho más susceptible y vulnerable a este tipo de infección. En pediatría, constituyen la primera causa de consulta en Atención Primaria (AP) (30 %), urgencias y hospitalización en los menores de cinco años, aunque su porcentaje puede llegar a ser del 75 % en los meses invernales(1,2). Según el estudio DIRA, la bronquitis aguda es la infección más atendida en los servicios de urgencia hospitalarios (28 %), seguida de la neumonía (22 %), reagudización de EPOC (20 %), infecciones de la región ORL (19 %) y de la gripe (8 %). En esta serie, ingresaron el 33 % de los enfermos, siendo el mayor porcentaje para las neumonías (78 %) y reagudización de EPOC (45 %). Además, estas infecciones se caracterizan porque apenas inducen inmunidad permanente, de modo que pueden presentarse más de un episodio anual causado por el mismo o distinto patógeno(3).

Las infecciones agudas por virus respiratorio sincitial (VRS) y los rinovirus tipo A y C no solo producen una enfermedad aguda, sino que se les ha asociado con patologías pulmonares crónicas, como el asma, amplificando el significado de estas infecciones víricas. En un estudio mundial, en 2010, las infecciones respiratorias de vías bajas se situaban en el cuarto lugar de todas las causas de muerte en todas las edades (115-140 millones de casos), en 2021, la COVID-19 representaba la primera causa (198-234 millones de casos) y el resto de infecciones víricas había pasado al quinto puesto (73-93 millones de casos) debido a la pandemia, observándose una disminución significativa en el número de casos comunicados en este año(4,5).

Los virus constituyen la principal causa de este tipo de infecciones, de modo que las bacterias solo representarían el 5 % de todos los casos. De los diferentes virus causantes de infecciones respiratorias agudas, debemos destacar los tres principales por su morbi-mortalidad, como son el VRS, los virus gripales y el SARS-CoV-2, pero no es despreciable el papel que desempeñan otros virus, como adenovirus, metapneumovirus, rinovirus, coronavirus, virus de la parainfluenza o enterovirus, responsables, estos últimos, de entre 43-49 millones de casos/año. Entre el 5-10 % de las infecciones víricas son mixtas, es decir formadas por dos o más virus distintos, sin que se haya podido demostrar que este tipo de infecciones sea más grave que las infecciones por un solo virus. A pesar de los diferentes esfuerzos realizados en prevención, estas infecciones víricas siguen siendo un importante problema de salud pública global, especialmente las que se presentan anualmente como brotes epidémicos estacionales (gripe o VRS), ya que afectan a un gran número de personas de forma simultánea, saturando los sistemas sanitarios.

La sintomatología de las infecciones respiratorias víricas es muy variable y con un gran espectro de manifestaciones clínicas; sin embargo, esta va a depender de su localización en el tracto respiratorio alto o inferior y de su gravedad. Las infecciones respiratorias bajas afectan las vías respiratorias inferiores, como los bronquios y los pulmones. La bronquitis aguda es una inflamación de los bronquios, que son las vías respiratorias principales que llevan el aire hacia los pulmones. Esta afección suele ser causada por infecciones virales, como rinovirus o gripe, y se caracteriza por una tos persistente que puede producir esputo. La bronquiolitis es una enfermedad respiratoria común en lactantes y niños pequeños, especialmente durante los meses de invierno. Esta afección es generalmente causada por una infección viral, siendo el VRS el más común. La bronquiolitis se caracteriza por la inflamación de los bronquiolos, las vías respiratorias más pequeñas dentro de los pulmones, lo que dificulta la respiración. Los síntomas incluyen congestión nasal, tos, fiebre, respiración rápida y dificultad para respirar, especialmente en menores de un año. La neumonía es una infección del tejido pulmonar que puede ser causada por bacterias, virus u hongos. Esta enfermedad respiratoria puede afectar a personas de todas las edades, pero es más común en niños pequeños y adultos mayores, así como en personas con sistemas inmunológicos debilitados. Los síntomas de la neumonía incluyen fiebre, escalofríos, tos con flema, dificultad para respirar, dolor en el pecho y fatiga. En casos graves, también puede haber confusión mental, labios o uñas azulados y falta de aliento intensa. Debe recordarse que un mismo virus puede dar lugar a cuadros clínicos muy diferentes y que, además, varios virus pueden dar lugar a cuadros clínicos semejantes, no diferenciables clínicamente; por ello, solo el diagnóstico en el laboratorio permite establecer la verdadera etiología de estas infecciones.

Se calcula que solo el 5-10 % de las infecciones, inicialmente del tracto superior, pueden afectar a las estructuras respiratorias inferiores, siendo más frecuentes en la población infantil. De modo que cerca del 15 % de todos los nacidos cada año presentan, como mínimo, un episodio de esta enfermedad. En este caso, estas infecciones (bronquiolitis, bronquitis, bronconeumonía o neumonía) se consideran potencialmente graves, especialmente si afectan a personas con patologías pulmonares o sistémicas subyacentes o si presentan alguna alteración del sistema inmune (inmunosupresión o prematuridad). En Estados Unidos se calcula que se hospitalizan unos 400.000 niños/año por infecciones respiratorias víricas en menores de 15 años(6).

La transmisión de la mayoría de los virus respiratorios se produce a través de tres vías diferentes, pero no excluyentes entre sí. Los virus respiratorios infectan preferentemente las células epiteliales del tracto respiratorio superior; por ello, su principal vía de transmisión y contagio es por vía aérea. Esta transmisión puede producirse a través de gotas o aerosoles. Las gotas se generan durante el acto de toser, estornudar o hablar y poseen un tamaño >5 mm; se caracterizan por no extenderse más allá de 1 m de distancia (distancia de seguridad) y de precipitarse y depositarse en las superficies del entorno y en la mucosa de las vías respiratorias de las personas de alrededor. Por otro lado, los aerosoles están formados por microgotas de un tamaño <5 mm, lo que les permite alcanzar mayores distancias, ya que son diseminadas por las corrientes de aire, permaneciendo suspendidas durante largos periodos de tiempo. Los virus se encuentran en el núcleo de las gotas biológicas que se producen, en las partículas de polvo que contienen células u otros elementos que se mantienen en suspensión. Debido a su pequeño tamaño, los aerosoles se depositan tanto en el tracto respiratorio superior como inferior, llegando a las estructuras más profundas del parénquima pulmonar. El proceso de transmisión viral por contacto, directo o indirecto, se refiere a la transferencia desde una persona infectada o un elemento contaminado a una persona susceptible. En el contacto directo se incluye la transmisión a través de la saliva y los besos, y en el indirecto, cualquier elemento previamente contaminado, aunque el principal elemento transmisor son las manos de la persona infectada. En estos casos, la entrada de los virus se realiza a través de la orofaringe, nariz y conjuntiva. La relevancia de las diferentes vías de transmisión va a depender del tipo de virus, el tiempo de exposición y de las medidas de prevención que se utilicen o vayan a ser instauradas(6,7).

Estacionalidad

Una de las características principales de las infecciones respiratorias agudas de etiología viral es su estacionalidad y su presentación como brotes epidémicos invernales. Sin embargo, hay un gran grupo de virus que se puede detectar a lo largo de todo el año. Se analizan las bases epidemiológicas de esta estacionalidad.

Una de las características principales de los virus respiratorios es su posible estacionalidad; es decir, la mayoría de casos se presentan y acumulan en un periodo corto de tiempo. Los meses invernales son los preferidos por los virus respiratorios considerados como epidémicos, dando brotes anuales en el mismo periodo del año (noviembre-marzo). Esta estacionalidad o predictibilidad de los virus respiratorios parece depender de muchos factores, tanto humanos (del huésped) como del entorno y del propio virus. Está demostrado que los cambios ambientales de temperatura, humedad relativa y horas de luz solar pueden afectar a la viabilidad de algunos virus. Estos factores podrían modular las defensas innatas del tracto respiratorio, facilitando la infección y la transmisibilidad de los virus respiratorios.

El ser humano es sociable y, por ello, los diferentes contactos que realiza con otros humanos van a determinar la mayor o menor capacidad de transmisión de un determinado virus respiratorio. De este modo, este tipo de contactos se incrementa durante los días laborables frente a los producidos durante el fin de semana. Este hecho es muy evidente en la población infantil, de modo que durante la época escolar los contactos entre niños son mucho más elevados que durante la época de vacaciones estivales. Pero, en estos contactos diarios, las condiciones ambientales, tales como la lluvia, el sol o el frío, apenas tienen impacto. Sin embargo, esta hipótesis se contradice con el hecho de que la mayoría de las personas interactúan, trabajan o duermen el 90 % del tiempo en espacios cerrados en los que existe una cantidad de aire limitada y no sujeta a los efectos climáticos. Todo ello parece demostrar que la mayoría de las transmisiones virales se producen en los espacios cerrados; es decir, el clima en el interior de estos espacios cerrados y los intercambios de aire en ellos son los principales moduladores de la estacionalidad de los virus respiratorios y de su presentación epidemiológica estacional o no.

Se ha observado cómo diferentes factores ambientales pueden afectar a la viabilidad de los virus, la dinámica de diseminación y el tamaño y estructura de las gotas, así como a las defensas inmunes antivirales del tracto respiratorio, la competitividad replicativa de los virus y a la eficiencia de la secreción mucosa para eliminarlos de la puerta de entrada (tracto respiratorio superior). Mientras que la gripe en el hemisferio norte es una infección estacional-invernal (epidémica), en la zona de los trópicos se presenta a lo largo de todo el año con un comportamiento de tipo endémico. Aunque debe recordarse que estos virus pueden acceder a las zonas respiratorias no solo por la orofaringe, sino también a través de la mucosa nasal y la conjuntiva. Está bien demostrado el efecto de las condiciones ambientales sobre las vías respiratorias y sus mecanismos de defensa intrínseca. De este modo, la mucosa extratorácica y traqueal se ve directamente afectada por los cambios de temperatura y humedad del aire inhalado. Las altas temperaturas disminuirían el desarrollo de la inmunidad adquirida específica frente a estos virus, mientras que las bajas temperaturas disminuirían las respuestas innatas en interferón, producirían una deficiencia en la limpieza mucociliar y facilitarían el desprendimiento de las células epiteliales de las capas más superficiales, además de enlentecer los procesos de recuperación y reparación de los epitelios dañados por la infección viral(8).

De acuerdo a su estacionalidad, o mejor dicho, al patrón epidemiológico de presentación, los virus respiratorios, clásicamente, se han clasificado en tres tipos, aunque debe reconocerse que, en los últimos años, y tras la pandemia del SARS-CoV-2, algunos de ellos han modificado estos patrones. En el primer grupo estarían los virus invernales o epidémicos, que corresponderían al VRS y a la gripe, aunque también se han incluido, en algunos estudios, a los coronavirus no-SARS; en nuestra zona geográfica se presentan a lo largo del año (Fig. 1). Entre ambos virus parece existir un proceso de interferencia viral, de modo que la epidemia de VRS casi siempre antecede a la de gripe en unas 10-12 semanas y los picos máximos de ambos virus nunca coinciden. Un fenómeno parecido ocurre entre el VRS y el metapneumovirus, de modo que hasta que no finaliza la epidemia del primero (enero), no se inicia el brote del segundo (enero-marzo). Se han sugerido diferentes posibles mecanismos responsables de esta interferencia, como la alteración de los receptores celulares o su utilización masiva por un determinado virus, no haciéndoles accesibles al siguiente, la muerte de las células infectadas por el primer virus y la necesidad de su recuperación posterior o las respuestas en interferón por parte del huésped(9).

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Figura 1. Evolución epidemiológica semanal de los principales virus respiratorios detectados en la temporada 2023-2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).

Entre los virus respiratorios que causan infección durante todo el año (endémicos, aunque con algún pico moderado estacional), se encuentran principalmente aquellos que carecen de una envoltura lipídica externa que puede verse afectada por la temperatura o la humedad. Así, en este grupo tendríamos a los adenovirus (principal representante del viroma de la orofaringe), rinovirus (principal representante del viroma de la mucosa nasal) y el enterovirus, que se transmite tanto por vía aérea como fecal. Estos tres virus fueron los únicos que circularon durante la pandemia de 2020 causada por el SARS-CoV-2. También hay otros virus sin un patrón específico, como bocavirus o los parainfluenza, que se detectan casi a lo largo de todo el año. En un tercer grupo se han incluido los virus estivales, que incluye principalmente al enterovirus, aunque, como ya se ha mencionado, en los últimos estudios epidemiológicos quizás ya no debería incluirse en este grupo (Fig. 2).

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Figura 2. Evolución epidemiológica mensual de los principales virus respiratorios detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).

Mención especial tiene el SARS-CoV-2, que inicialmente fue un virus respiratorio invernal (epidémico/pandémico), para pasar a ser endémico, y en los últimos años parece presentar un comportamiento más estival con pequeños brotes en esta época del año. En las últimas temporadas invernales, el SARS-CoV-2 apenas ha tenido un papel etiológico relevante en la patología respiratoria (Fig. 3).

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Figura 3. Distribución mensual de los diferentes virus respiratorios como porcentaje de probabilidad etiológica detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).

Tras la pandemia, se observó un incremento dramático de las infecciones respiratorias víricas pediátricas con un incremento en el espectro de virus causantes de ellas, así como un aumento muy elevado de casos de hospitalización por VRS, quizás asociado a lo que se ha denominado “deuda inmunológica”. Es decir, al no circular este virus, las cohortes de madres y de niños no se infectaban y crearon una gran bolsa de población no inmune y, por lo tanto, susceptible a la reaparición de este virus(10).

Patogenia

Las infecciones respiratorias agudas víricas se producen como consecuencia de la interacción entre el virus, el huésped y el medio ambiente. El huésped es el responsable del control de la infección viral a través de la inmunidad innata y adquirida. La vacunación previene y refuerza la actividad del sistema inmune.

El resultado de las infecciones respiratorias virales depende de la capacidad del huésped para desarrollar una respuesta inmune adecuada capaz de eliminar al virus y mantener íntegras las vías aéreas. Si la respuesta no es adecuada, la función de la vía aérea podría verse afectada, comportando una alteración funcional de la misma con su correspondiente morbilidad o mortalidad. Los principales factores que determinan el resultado clínico, después de haber estado expuesto a un virus respiratorio, son las características del propio virus (virulencia), la respuesta del huésped (inmunidad innata) y los factores ambientales favorecedores. El virus influye según el tipo, la virulencia y la carga del inóculo; el huésped según la susceptibilidad genética, edad, género y patologías de base y, como ya se ha mencionado, el medio ambiente influye según la estacionalidad, la humedad y la temperatura.

En la mayoría de las personas sanas e inmunocompetentes, las infecciones respiratorias víricas agudas son asintomáticas o con escasas manifestaciones clínicas y solo afectan al tracto respiratorio superior. Esto se debe a la capacidad de la respuesta inmune innata tipo 1 (IgM natural, células dendríticas y linfocitos natural killers) para actuar de forma inmediata y a la secreción activa de interferón-1 que evita la replicación viral y su diseminación dentro del tracto respiratorio, además de inhibir los efectores que favorecen la inflamación. Todos estos elementos consiguen mantener la estructura epitelial de la vía aérea respiratoria normal (Fig. 4)(9).

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Figura 4. Evolución epidemiológica mensual de los principales virus respiratorios detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).

Cuando el sistema inmune no es capaz de controlar la replicación viral, se produce una expansión de la misma hacia la mayoría de las células epiteliales de la orofaringe. Esta replicación implica una destrucción de parte de este epitelio (efecto citopático), la liberación de citoquineas y elementos inflamatorios, responsables de la fiebre, que determinan un aumento de la permeabilidad vascular, para favorecer la llegada de linfocitos y polimorfonucleares y una importante alteración de la estructura aérea del tracto respiratorio superior. Si la replicación viral persiste, se activan los controles neuronales de la zona que determinan la parálisis o disminución de la función ciliar, facilitando el paso a las estructuras del tracto respiratorio inferior. La afectación de esta zona es la que determina la aparición de la mayoría de síntomas respiratorios, como tos, expectoración, estridor, broncoespasmo, obstrucción de las vías aéreas, dificultad para el intercambio gaseoso, edema y, en casos graves, distress respiratorio. En estos casos, el virus determina un aumento en la sensibilidad y reactividad bronquial a estímulos inespecíficos que determinan la contracción del tejido muscular liso. Por lo tanto, la afectación de las vías respiratorias bajas, que es la forma más grave de infección respiratoria vírica aguda, va a depender, inicialmente, de la capacidad de respuesta inmune del huésped o, en su defecto, de la existencia de inmunidad previa, ya sea por infecciones anteriores o por vacunación. También, la madurez histopatológica del parénquima pulmonar, capacidad para regenerar el epitelio dañado, determinará, en los menores, la gravedad de estas infecciones respiratorias(11,12).

Diagnóstico de las infecciones respiratorias

El diagnóstico inicial de infección respiratoria aguda es eminentemente clínico, detectándose una serie de síntomas locales y generales que orientan esta patología. Sin embargo, la mayoría de los virus respiratorios provocan la misma sintomatología, de modo que solo las técnicas virológicas de laboratorio permiten conocer ya la etiología verdadera de estas infecciones.

Diagnóstico clínico

Debido a las manifestaciones clínicas similares causadas por los diferentes virus respiratorios, se hace muy difícil establecer a priori la etiología real de las mismas. Sin embargo, algunos datos epidemiológicos o clínicos pueden orientarnos hacia la posible etiología. Entre ellos, destaca el conocimiento epidemiológico del tipo o tipos de virus que están circulando en la comunidad durante el momento del diagnóstico. Este dato facilita la aproximación etiológica al proceso respiratorio, ya que durante la epidemia de VRS o gripe, su circulación mayoritaria nos da una elevada probabilidad de que sea la causa. Para conocer esta circulación es muy importante el papel de las redes centinela de vigilancia de las infecciones víricas (SIVIRA) y las detecciones antigénicas realizadas en AP. Las gráficas de probabilidad etiológica establecen porcentualmente la posibilidad de que un virus determinado sea el causante de un proceso respiratorio en un mes determinado (Fig. 3). También, el carácter estacional o endémico de los diferentes virus puede apoyar este diagnóstico; más allá de los meses epidémicos, la probabilidad de que el proceso respiratorio esté causado por algunos de estos virus (VRS) es muy baja y puede descartarse(1,2).

Evidentemente, algunos síntomas pueden acercarnos al diagnóstico viral; así, en un cuadro de catarro común o rinorrea, el rinovirus probablemente sea el causal. Los procesos respiratorios con conjuntivitis y amigdalitis señalan al adenovirus como causante y la detección de sibilantes en un paciente de menos de tres meses apunta al VRS como principal agente etiológico. La aparición de fiebre elevada, escalofríos y, especialmente, mialgias, sugiere a los virus gripales como principal sospecha, especialmente durante los meses de invierno. Finalmente, la gravedad de la infección y la edad del paciente pueden orientar hacia algún virus en concreto, en especial los tres principales, pero no puede descartarse la participación de otros virus que pueden afectar a personas con factores predisponentes. A pesar de ello, cada uno de ellos se relaciona mayoritariamente con un tipo particular de patología respiratoria, según la zona geográfica, la estacionalidad y la edad del paciente. Sin embargo, ninguno de todos estos aspectos tiene suficiente capacidad discriminatoria para confirmar o descartar con suficiente seguridad la participación de un virus respiratorio en concreto.

Diagnóstico virológico

Como consecuencia de todo ello, la única forma de conocer el verdadero agente etiológico de una infección respiratoria aguda, ya sea leve o grave, es el diagnóstico de laboratorio. Para esto se dispone, en la actualidad, de diferentes técnicas y procedimientos, pero cada laboratorio debe determinar cuáles son los más adecuados para utilizar según el centro (primaria/hospitalaria), la población que se atiende, la necesidad de disponer de técnicas rápidas o no y del personal que se disponga. Entre los objetivos del diagnóstico de laboratorio están, no solo establecer la etiología, sino la posibilidad de aplicar una terapia antiviral específica, el seguimiento de los pacientes o la no utilización innecesaria de antibióticos.

Para la obtención de resultados fiables es fundamental que la muestra sea de buena calidad. En general, se consideran adecuados el aspirado nasofaríngeo, el lavado nasal y el frotis faríngeo. En casos especiales se pueden recoger muestras invasivas, como el aspirado traqueal o el lavado broncoalveolar. Se recomienda recoger estas muestras lo antes posible desde la aparición de los síntomas, pero, en general, la recogida en los tres primeros días da resultados adecuados; más allá de este periodo pueden darse falsos resultados negativos debido a la disminución de la carga viral.

Técnicas directas

Son aquellas capaces de detectar la presencia de proteínas del virus o parte de su genoma directamente de la muestra respiratoria. Entre las primeras está la detección rápida de los antígenos virales mediante técnicas de inmunocromatografía o enzimoinmunoensayo. Se basan en la utilización de anticuerpos monoclonales específicos dirigidos exclusivamente contra alguna proteína (antígeno) conservada del virus. Estas técnicas son rápidas, sencillas de realizar y de bajo coste, pudiendo realizarse en AP o en las urgencias hospitalarias. Como inconvenientes debe apuntarse que los resultados, a veces, son difíciles de interpretar, la especificidad dependerá de la experiencia del personal, solo están disponibles para los virus más prevalentes (VRS, gripe, SARS-CoV-2 y adenovirus) y la sensibilidad suele ser baja. Sin embargo, el valor predictivo positivo es muy elevado, especialmente en el periodo epidémico, y su positividad confirma al virus causante(13).

Los métodos moleculares de diagnóstico que permiten la detección de ácidos nucleicos están basados en la búsqueda y el reconocimiento del genoma viral, o parte de él, en la muestra clínica. Estas técnicas, ya muy accesibles, permiten detectar múltiples virus en un gran número de muestras de forma simultánea y diferencial. Poseen una serie de ventajas sobre otros métodos diagnósticos. Muestran una sensibilidad superior, entre 5-10 veces, a los métodos convencionales clásicos, como el cultivo celular, especialmente en aquellos virus difíciles de aislar o poco viables. Sin embargo, debido a la elevada sensibilidad de estos métodos moleculares, no se puede descartar una posible contaminación de la muestra, una colonización o una excreción prolongada de un virus tras la infección sin implicación clínica, especialmente cuando se utilizan muestras del tracto respiratorio superior.

La PCR es una de las mejores técnicas de amplificación de ácidos nucleicos para la detección de virus respiratorios y se basa en la detección del genoma viral en la muestra y posterior amplificación exponencial de una secuencia mediante la acción cíclica del enzima ADN polimerasa. La variante en tiempo real permite monitorizar en tiempo real la amplificación en cada uno de los ciclos mediante sondas específicas marcadas con un fluoróforo. Inicialmente, esta técnica se utilizaba de forma individual para la detección de los principales virus respiratorios (VRS y gripe), existiendo técnicas de PCR rápidas que aportan el diagnóstico en menos de 2 horas. Además, puede utilizarse como técnica semicuantitativa para establecer la medida de la carga viral en función del valor ct (umbral de ciclo: el número de ciclos de amplificación necesarios para que la señal fluorescente cruce el umbral en una muestra positiva). El desarrollo posterior de las PCR múltiples permite la detección de más de 20 virus distintos de forma simultánea y diferencial; siendo sistemas que admiten un gran número de muestras y a un coste asequible para muchos laboratorios(14).

La secuenciación directa del genoma presente en la muestra es muy útil para la identificación de virus conocidos y para el descubrimiento de otros nuevos. Con la utilización de iniciadores degenerados, diseñados en regiones del genoma muy conservadas, es posible identificar y clasificar grupos de virus genéticamente relacionados. Esta estrategia, junto con el análisis filogenético de las secuencias con otras de referencia, se utiliza en los estudios epidemiológicos moleculares.

Técnicas indirectas

Los métodos serológicos consisten en la detección de anticuerpos de tipo IgM o IgGs específicos frente a un determinado virus; es, por lo tanto, una forma indirecta de realizar el diagnóstico etiológico. Sin embargo, la variabilidad antigénica de muchos de los virus respiratorios (VRS, gripe…), la inmunidad no duradera inducida por ellos y la persistencia de anticuerpos tras la vacunación, hacen que no sean un método útil y recomendable para este tipo de infecciones. Además, para un diagnóstico adecuado, se precisa la recolección de dos muestras de suero separadas en unos 15 días (fase aguda y fase convaleciente), lo que hace que la realización de estas pruebas resulte de poca utilidad para el manejo clínico del paciente. Su realización acostumbra a limitarse a estudios seroepidemiológicos (conocimiento de la prevalencia de una infección) y de seroprotección poblacional (inmunidad frente a un virus) retrospectivos(13,14).

Debido a la elevada prevalencia de las infecciones respiratorias agudas víricas y su alta morbimortalidad, es muy importante no solo identificar correctamente el virus causante, para conocer su patogenia y comportamiento, y tratar adecuadamente, sino promover acciones básicas destinadas a la prevención de estas enfermedades. Las estrategias más recomendadas son estimular la lactancia materna, el lavado de manos o el uso de geles hidroalcohólicos, las vacunas correspondientes por edad y la educación a la población general respecto a las formas de prevención de estas infecciones y de los signos y síntomas de alarma para acudir al centro sanitario.

Función del pediatra de Atención Primaria

Las funciones principales de los pediatras, referentes a las infecciones víricas del tracto respiratorio, son las de conocer la epidemiología y estacionalidad de las mismas. De modo que, frente a un cuadro respiratorio, pueda realizar un diagnóstico sindrómico en función de la época del año en que se encuentre.

Conocer los principales mecanismos de patogenicidad de los virus respiratorios y sus consecuencias en la sintomatología del paciente.

Utilizar las diferentes técnicas de diagnóstico virológicas frente a este tipo de infecciones. Saber manejar e interpretar las técnicas rápidas de diagnóstico etiológico en situaciones reales. Valorar la no utilización de antibióticos cuando se disponga de un diagnóstico viral específico.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Presenta una revisión sobre la carga de enfermedad que representa la mayoría de patologías a nivel mundial, haciendo especial referencia a las infecciones respiratorias víricas.

– Moriyama M, Hugentobler WJ, Iwasaki A. Seasonality of respiratory viral infections. Annu Rev Virol. 2020; 7: 83-101. Disponible en: https://doi.org/10.1146/annurev-virology-012420-022445.

Analiza de forma minuciosa los diferentes mecanismos de transmisión de los virus respiratorios y los patrones epidemiológicos de presentación de acuerdo con las influencias ambientales.

– Eiros JM, Ortiz de Lejarazu R, Tenorio A, Casas I, Pozo F, Ruiz G et al. Diagnóstico microbiológico de las infecciones virales respiratorias. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2009; 27: 168-77. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.eimc.2008.03.004.

Se describen de una forma muy docente los principales métodos y procedimientos de diagnóstico virológico de las principales infecciones respiratorias agudas.

 

Caso clínico

 

Niño de 3 años de edad que acude a la consulta por fiebre elevada (>38ºC) desde hace 3 días, cefalea, dolor de garganta espontánea y al tragar, y conjuntivitis unilateral derecha con aspecto de “ojo rosado”. No presenta tos ni expectoración, ni rinorrea ni otros síntomas catarrales. No presenta alergias conocidas. Tiene la cartilla vacunal al día y no ha recibido ningún tratamiento antibiótico previo. A la exploración, se observa unas amígdalas hipertrofiadas, enrojecidas y con un exudado blanquecino no purulento. La orofaringe está enrojecida y con signos inflamatorios. Se detecta una pequeña adenopatía laterocervical derecha, ligeramente dolorosa. Se toma un frotis faríngeo de las zonas afectadas y se realizan dos pruebas de diagnóstico rápido, una bacteriana y otra vírica; siendo ambas negativas.

 

 

Bronquiolitis aguda y bronquitis en pediatría

J. Martín Ruano*,  L. Alcubilla García**
Temas de FC


J. Martín Ruano*, L. Alcubilla García**

*Pediatría. Centro de Salud de San Juan. Salamanca
**Pediatría. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

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Autor de correspondencia:

jmartinru@saludcastillayleon.es

Resumen

La bronquiolitis aguda (BA) es el primer episodio de dificultad respiratoria en un lactante menor de 24 meses. Es la infección aguda de vías respiratorias bajas más frecuente en niños menores de un año. La infección por virus respiratorio sincitial (VRS) en los niños casi siempre va a producir sintomatología clínica, siendo generalmente benigna y autolimitada y variando su expresividad según la edad del paciente, factores de riesgo o exposiciones previas al virus. Es una enfermedad estacional y epidémica, con mayor incidencia en los meses fríos. La causa más frecuente de la BA son las infecciones víricas, variando los virus responsables en función de la estación del año y la zona geográfica. El VRS es el virus detectado con mayor frecuencia, siendo responsable de aproximadamente el 70 % de los casos. El segundo en frecuencia es el rhinovirus (RV). La enfermedad comienza con síntomas respiratorios de vías altas durante uno a tres días. A continuación, la infección desciende a vías respiratorias bajas, donde los síntomas se vuelven más evidentes con tos y signos de dificultad respiratoria, como taquipnea, sibilancias y crepitantes. El diagnóstico es clínico y, habitualmente, no será necesaria la realización de pruebas complementarias. El tratamiento es fundamentalmente de soporte; una buena hidratación y una adecuada oxigenación siguen siendo la base del manejo clínico. Las guías de práctica clínica actuales desaconsejan el uso rutinario de medicamentos, como broncodilatadores, corticoides o antibióticos. Gracias a la inmunización con nirsevimab, administrada a más del 90 % de los lactantes menores de seis meses en el año 2023, se observó una reducción de hasta el 80 % en los ingresos hospitalarios por bronquiolitis aguda. La bronquitis en edad pediátrica comprende cuadros agudos, predominantemente virales, y formas persistentes asociadas a infección bacteriana, entre las que destaca la bronquitis bacteriana prolongada o persistente (BBP). La bronquitis aguda se manifiesta fundamentalmente con tos y puede acompañarse de síntomas constitucionales leves y curso autolimitado; el diagnóstico es clínico y el manejo sintomático con medidas de soporte. En contraste, la BBP se define por tos productiva crónica de más de 3-4 semanas de evolución, con adecuada respuesta a un ciclo prolongado de antibiótico de amplio espectro. La falta de respuesta terapéutica obliga a considerar diagnósticos diferenciales como bronquiectasias.

 

Abstract

Acute bronchiolitis (AB) is the first episode of respiratory distress in an infant under 24 months of age. It is the most common acute lower respiratory tract infection in children under one year old. Respiratory syncytial virus (RSV) infection in children almost always produces clinical symptoms, which are generally benign and self-limiting, with variable expression depending on the patient’s age, risk factors, or previous exposure to the virus. It is a seasonal and epidemic disease, with a higher incidence in the colder months. The most frequent cause of AB is viral infection, with the responsible viruses varying depending on the season and geographic area. RSV is the most frequently detected virus, responsible for approximately 70% of cases. The second most frequent is rhinovirus (RV). The disease begins with upper respiratory tract symptoms lasting one to three days. The infection then spreads to the lower respiratory tract, where symptoms become more pronounced, including cough and signs of respiratory distress such as tachypnea, wheezing, and crackles. Diagnosis is clinical, and further testing is usually unnecessary. Treatment is primarily supportive; Adequate hydration and oxygenation remain the cornerstone of clinical management. Current clinical practice guidelines advise against the routine use of medications such as bronchodilators, corticosteroids, or antibiotics. Thanks to immunization with nirsevimab, administered to over 90% of infants under six months of age in 2023, hospital admissions for acute bronchiolitis were reduced by up to 80%. Pediatric bronchitis includes acute episodes, predominantly viral, and persistent forms associated with bacterial infection, notably protracted bacterial bronchitis (PBB). Acute bronchitis is primarily characterized by cough and may be accompanied by mild constitutional symptoms with a self-limited course; diagnosis is clinical and management is symptomatic with supportive care. In contrast, PBB is defined by a chronic productive cough lasting more than 3-4 weeks, with an appropriate response to a prolonged course of broad-spectrum antibiotics. Lack of therapeutic response warrants consideration of alternative diagnoses such as bronchiectasis.

 

Palabras clave: Bronquiolitis aguda; Bronquitis en pediatría; Virus respiratorio sincitial; Anticuerpo monoclonal.

Key words: Acute bronchiolitis; Bronchitis in pediatrics; Respiratory syncytial virus; Monoclonal antibody.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(1): 29 – 43

 


OBJETIVOS

• Reconocer la importancia de la bronquiolitis aguda (BA) como causa frecuente de enfermedad y hospitalización en lactantes.

• Conocer los principales agentes causales y las características clínicas y epidemiológicas de la BA.

• Identificar los criterios de gravedad, los factores de riesgo y las complicaciones asociadas a esta enfermedad.

• Entender las directrices actuales sobre el uso de fármacos (broncodilatadores, corticoides, antibióticos) y describir las medidas de soporte (oxigenoterapia, hidratación, aspiración de secreciones).

• Conocer la prevención como la estrategia más relevante para reducir la incidencia y las complicaciones de la BA. Reconocer al nirsevimab como un gran avance en la prevención de bronquiolitis aguda por virus respiratorio sincitial, pues ofrece con una sola dosis una protección más duradera, lo que facilita su aplicación a nivel poblacional.

• Reconocer las manifestaciones clínicas típicas de bronquitis aguda y de bronquitis bacteriana prolongada (BBP).

• Distinguir la bronquitis aguda de otras causas de tos húmeda prolongada, como asma, bronquiectasias o infecciones respiratorias crónicas.

• Distinguir cuándo una tos húmeda es sugestiva de BBP y cuándo está indicado ampliar el estudio con pruebas complementarias.

 

Bronquiolitis aguda y bronquitis en pediatría

https://doi.org/10.63149/j.pedint.109

 

Bronquiolitis aguda

Introducción

La bronquiolitis aguda es una patología prevalente en niños menores de 2 años. Es la principal causa de ingreso hospitalario en pediatría durante la temporada invernal, siendo el virus respiratorio sincitial la causa más frecuente. Todas las guías de tratamiento de la bronquiolitis enfatizan una reducción del uso de exámenes complementarios y tratamientos que no estén basados en la evidencia. Su manejo se basa en medidas de soporte. Su prevención está evolucionando gracias a la utilización de anticuerpos monoclonales que protegen a los lactantes más vulnerables durante la temporada de circulación del virus respiratorio sincitial (VRS) y han demostrado reducir de forma significativa las hospitalizaciones y casos graves de bronquiolitis.

Definición

Podemos definir la bronquiolitis aguda (BA) como el primer episodio de dificultad respiratoria debido a afectación de los bronquios distales en un niño menor de 2 años, que está precedido de síntomas catarrales.

La bronquiolitis es la infección aguda de vías respiratorias bajas más frecuente en niños menores de un año, que origina unas elevadas tasas de consulta, hospitalización y unos elevados costes sanitarios(1).

Denominamos bronquiolos a las vías aéreas más distales, que presentan un diámetro menor de 2 mm y que no poseen cartílago en su pared. En ellos, el VRS desencadena inflamación y necrosis de las células epiteliales que, junto al edema y el aumento de moco, producen su obstrucción.

Debido a la dificultad para definir la BA, se han propuesto diversos criterios; los más conocidos siguen siendo los criterios de McConnochie (1993), según los cuales se define como bronquiolitis el primer episodio agudo de sibilancias precedido por un cuadro respiratorio de origen viral (rinorrea, tos, taquipnea con o sin fiebre) que afecta a niños de menos de dos años y, preferentemente, dentro del primer año(2).

Sin embargo, estos criterios clínicos para el diagnóstico no son universalmente aceptados y varían entre países y guías de práctica clínica (GPC).

Etiología

La causa más frecuente de la BA son las infecciones víricas, variando los virus responsables en función de la estación del año y la zona geográfica. Los virus más frecuentemente aislados en la BA son el VRS, seguido de rhinovirus.

El VRS es el virus detectado con mayor frecuencia, siendo responsable de aproximadamente el 70 % de los casos. Está en todo el mundo y causa brotes estacionales. Recibe este nombre por su tendencia a formar acúmulos de células gigantes, llamados sincitios, en los cultivos de tejidos. Se trata de un virus ARN monocatenario pleomórfico con dos subgrupos (A y B) que difieren en virulencia y patrones estacionales (Fig. 1). La infección no deja inmunidad completa y duradera, por lo que un paciente puede reinfectarse y padecer BA varias veces(3,4).

Figura1

Figura 1. Estructura del virus respiratorio sincitial (VRS).
Fuente: Jung HI, et al. Viruses. 2020; 12: 102.

El segundo virus en frecuencia es el rhinovirus (RV), causante del catarro común; circula todo el año, pero presenta una mayor incidencia (hasta el 80 %) en primavera y otoño. De sus tres especies, es la A quien causa una BA de mayor gravedad clínica. Habitualmente, son niños mayores, que acuden a la guardería, y tienen con más frecuencia dermatitis atópica y antecedentes familiares de asma o atopia que los lactantes con BA por VRS. El virus parainfluenza tipo 3 se asocia a epidemias de bronquiolitis en primavera y otoño. Los tipos 1 y 2 se asocian más frecuentemente a laringitis, pero pueden causar también bronquiolitis.

Con menor frecuencia son causa de BA: adenovirus, metapneumovirus (con una distribución invernal parecida al VRS), virus de la gripe A y B, coronavirus (incluyendo SARS-CoV-2), bocavirus humano 1 y enterovirus. Las coinfecciones virales estuvieron presentes en el 48,3 % de los casos. Ocasionalmente, el Mycoplasma pneumoniae y la Bordetella pertussis pueden dar lugar a episodios de sibilancias en lactantes(5-7).

Microbiología

El VRS pertenece al género Orthopneumovirus, familia Pneumoviridae. Existen dos grupos antigénicos principales, A y B, y múltiples genotipos dentro de los dos grupos(3,4). Está constituido por el genoma viral (ARN de cadena sencilla, con 10 genes que codifican 11 proteínas), la nucleocápside y una envoltura lipídica donde se anclan 3 proteínas de membrana:

• La glucoproteína G: es la responsable de la adhesión del virus a la membrana celular y la variabilidad antigénica entre los grupos A y B.

• La glucoproteína F: responsable de la fusión, penetración y destrucción de las membranas celulares. Es la diana preferida para el desarrollo de vacunas, anticuerpos monoclonales y antivirales. Se puede presentar adoptando dos conformaciones espaciales diferentes en el mismo virus: la prefusión (pre-F), con forma filamentosa y altamente infectiva; y la posfusión (pos-F), de forma esférica y más resistente a los anticuerpos (Fig. 2).

Figura1

Figura 2. Configuración de las formas pre-F y pos-F. Fuente: Ruckwardt TJ, et al. Immunity. 2019; 51: 429-42.

• La proteína SH: de función desconocida.

Epidemiología

La BA afecta preferentemente a niños menores de un año, siendo la incidencia máxima entre los 3-6 meses, con predominio en el sexo masculino. En el hemisferio norte es más habitual la presentación epidémica entre los meses de noviembre y abril. El reservorio es humano con alta infectividad. La vía de entrada al organismo del virus es por la mucosa nasal, conjuntival y/o bucal. La transmisión puede ser por contacto directo o a través de secreciones respiratorias.

Es una enfermedad que impacta en todos los niveles asistenciales, sobre todo en época epidémica. España lidera en Europa en cuanto a coste de atención sanitaria y visitas a Atención Primaria (AP) por VRS en menores de 5 años. Afecta, preferentemente, a niños menores de un año; la incidencia máxima es entre los 3-6 meses, con predominio en el sexo masculino(3). En el hemisferio norte es más habitual la presentación epidémica entre los meses de noviembre y abril, con un pico en enero-febrero; en climas tropicales, se asocian a la estación húmeda. No produce inmunidad duradera y las reinfecciones son frecuentes.

Antes de la pandemia de COVID-19, la epidemiología de la bronquiolitis en España seguía un patrón predecible y recurrente. Se registraban alrededor de 100.000 episodios anuales en niños menores de 2 años, con picos de incidencia en la estación fría. La pandemia de COVID-19 supuso una disrupción sin precedentes en la epidemiología de la bronquiolitis. Las medidas de salud pública implementadas, como el confinamiento, el distanciamiento social, el uso generalizado de mascarillas y la higiene de manos, redujeron drásticamente la circulación de los virus respiratorios. Como resultado, la incidencia de la bronquiolitis cayó de forma abrupta. En la temporada 2020-2021, la incidencia acumulada de hospitalizaciones se desplomó a 3,6 por cada 10.000 niños, lo que representó un descenso del 67 % en los casos respecto a la temporada 2019-2020. A medida que las restricciones por la pandemia se fueron levantando, la bronquiolitis regresó con fuerza y con un comportamiento atípico. El patrón de transmisión habitual, que culmina en un pico invernal, se vio alterado, con una alta incidencia de casos fuera de los meses típicamente epidémicos. Por ejemplo, en 2021 se observó una alta incidencia de casos entre abril y octubre, con un pico inusual en junio. El retorno de la bronquiolitis fue especialmente notable en la temporada 2021-2022, cuando la incidencia aumentó a 65,7 por cada 10.000 niños, sin llegar a los niveles prepandemia. Además del aumento de la incidencia, se observó un incremento en la gravedad de los casos.

En España, en los años previos al 2023, la tasa de ingresos por bronquiolitis aguda oscilaba entre 20 y 40/1.000 nacidos vivos menores de 12 meses. Los ingresos suponían el 18 % de todas las hospitalizaciones pediátricas. Gracias a la inmunización con nirsevimab, administrada a más del 90 % de los lactantes menores de seis meses en el año 2023, se observó una reducción de hasta el 80 % en los ingresos hospitalarios por bronquiolitis aguda. Evitando entre 7.510 y 10.213 hospitalizaciones durante la temporada(4).

Según los datos del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda (SiVIRA) y del análisis de hospitalizaciones mediante el Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD)(8), en España, durante la temporada 2023-24 y 2024-25, el número total estimado de hospitalizaciones por VRS en España es de 29.081 casos por temporada (Fig. 3).

Figura1

Figura 3. Tasas de incidencia de bronquiolitis/bronquitis agudas en población infantil menor de 5 años en Atención Primaria, por sexo. Fuente: SiVIRA, temporada 2023-24.

La duración media de la enfermedad fue de 10 días, con ingresos hospitalarios en el 16,8 % de los casos, y media de 4 días por hospitalización, mientras que el 1,5 % de los niños ingresó en UCIP.

El reservorio es humano con alta infectividad. La transmisión puede ser por contacto directo, a través de secreciones respiratorias donde el virus puede sobrevivir entre 6 y 12 horas, por la inhalación de gotitas infecciosas gruesas (contagiosas hasta dos metros de distancia) y también por contacto indirecto a través de fómites (especialmente de las manos de los cuidadores). El virus se inactiva eficazmente con el lavado de manos con agua y jabón o con el uso de gel alcohólico.

La vía de entrada al organismo del virus es por la mucosa nasal, conjuntival y/o bucal. Una vez en el organismo, el VRS se replica en el epitelio nasal, donde desencadena una respuesta inmunitaria amplia. Tras un periodo de incubación de 2 a 8 días, en aproximadamente un tercio de los pacientes infectados, la infección se propaga al tracto respiratorio inferior, donde el virus se replica en las células epiteliales de la mucosa de los bronquiolos, originando una respuesta inmunitaria.

Normalmente, el lactante es contagioso durante una semana. La regeneración del epitelio se inicia a los 3-4 días, y la recuperación de los cilios no ocurre hasta pasados 15 días.

Patogenia

El VRS es un virus altamente infeccioso, pero es un hecho que no todos los pacientes a los que infecta desarrollan bronquiolitis y menos de tipo grave. La lesión de las células epiteliales y del sistema ciliar son factores esenciales en la patogenia de la enfermedad. El desencadenamiento y la gravedad de la BA van a depender:

• Del virus: el VRS-A en algunas series produce enfermedad más severa.

• Del propio huésped: factores de riesgo de BA(9) (Tabla I).

 

• De la respuesta inmunológica del propio individuo (menor expresión de los linfocitos Th1 y mayor de los linfocitos Th2). Este desequilibrio contribuye a una mayor inflamación y mayor producción de moco en los bronquiolos(3). También se ha asociado a una mayor gravedad de la enfermedad, un daño pulmonar más extenso y un riesgo elevado de desarrollar asma o sibilancias recurrentes en el futuro. Esta alteración se ha observado en estudios clínicos, donde los niños con bronquiolitis grave por VRS presentan un mayor cociente IL-4/IFN-γ, lo que indica un predominio de la respuesta Th2. Los polimorfismos de nucleótido único (SNPs) son variaciones en la secuencia genética que pueden modificar la expresión o función de proteínas implicadas en la respuesta inmunitaria. En diversos ensayos de secuenciación se ha descubierto, en niños con bronquiolitis, SNPs en citocinas, receptores y moléculas de señalización, que condicionan la intensidad de la inflamación y la capacidad de controlar la infección viral, demostrando así la susceptibilidad o no de cada individuo al desarrollo de formas graves de bronquiolitis.

Fisiopatología

La BA es el resultado de la interacción de la infección viral con el sistema inmune del niño, que reacciona con una respuesta inmunológica exagerada, que es la causante de la inflamación y obstrucción bronquiolar, origen de la afectación respiratoria severa en los más pequeños.

El sistema inmunológico responde a la infección por el VRS con la liberación de citocinas proinflamatorias (como IL-6, IL-8, TNF-α), que atraen leucocitos al sitio de infección y producen un infiltrado de linfocitos, neutrófilos y monocitos, que intensifican la inflamación local(7). El VRS infecta selectivamente las células ciliadas y produce inflamación variable de los bronquiolos terminales, edema de la mucosa, necrosis del epitelio respiratorio e hipersecreción de moco con tapones mucosos que bloquean los bronquiolos. Como consecuencia de la afectación variable de los bronquiolos, pueden generar obstrucción completa (atelectasias) en algunos segmentos pulmonares y atrapamiento aéreo e hiperinsuflación en otros (enfisema), dando lugar a un patrón parcheado(7). La disminución de la elasticidad y el aumento de las resistencias pulmonares conllevan un aumento del trabajo respiratorio con alteración del intercambio gaseoso. La obstrucción y el desequilibrio ventilación/perfusión producen hipoxemia, polipnea y taquipnea y, en casos graves, acidosis respiratoria.

El broncoespasmo, aunque no es el mecanismo patogénico principal, puede contribuir a exacerbar la dificultad respiratoria.

Manifestaciones clínicas

La infección por VRS en los niños casi siempre va a producir sintomatología clínica, siendo generalmente autolimitada. Tras un breve periodo de incubación, con síntomas de vías respiratorias altas, se inicia el periodo de estado, con compromiso de la vía aérea inferior, con tos intensa y aumento del trabajo respiratorio (taquipnea, retracción intercostal, sibilancias…), que suele mejorar al cabo de 2-5 días. La tos puede persistir hasta 3-4 semanas.

La infección por VRS en los niños casi siempre va a producir sintomatología clínica, siendo generalmente autolimitada y variando su expresividad según la edad del paciente, factores de riesgo o exposiciones previas al virus. El diagnóstico de la BA es fundamentalmente clínico, basado en los hallazgos de la anamnesis y la exploración física.

La fase inicial se inicia tras un breve periodo de incubación, con síntomas de vías respiratorias altas, como congestión, rinorrea, estornudos y tos(5). Cerca del 50 % de los niños presentan fiebre o febrícula, habitualmente no muy elevada (<38,5ºC). En el plazo de 1 a 4 días, se inicia el periodo de estado, con compromiso de la vía aérea inferior. La tos se hace más persistente, apareciendo irritabilidad, rechazo de la alimentación y signos de aumento del trabajo respiratorio, como taquipnea, retracción costal, tiraje y aleteo, con pico de síntomas en los días 5-7. La auscultación puede revelar una mezcla de sibilancias, espiración alargada y subcrepitantes finos(7).

La apnea, presente hasta en el 23 % en grupos de alto riesgo, como en los prematuros, puede ser el síntoma más llamativo en los pacientes menores de dos meses, que pueden no presentar otros signos clínicos.

La tos es el síntoma predominante. Suele ser seca, en accesos, paroxística, pero no suele cursar con el “gallo” inspiratorio típico de la tosferina.

La dificultad respiratoria, de intensidad creciente, se manifiesta mediante las retracciones intercostales o supraclaviculares, el uso de los músculos abdominales y aleteo nasal; alcanza su máxima expresividad en 24-48 horas, momento en el que se producen la mayoría de los ingresos hospitalarios. La frecuencia respiratoria disminuye, por lo general, entre el 2º y el 5º día; pero los signos auscultatorios persisten en algunos lactantes durante una semana o más.

La evolución clínica sin factores de riesgo es favorable. En la fase de convalecencia se espera la recuperación de los síntomas respiratorios. El tiempo medio de resolución de la tos varía de 1 a 2 semanas, aunque el 20 % de los pacientes pueden tener síntomas durante tres semanas. La excreción viral puede persistir hasta 4 semanas, especialmente en pacientes muy jóvenes o inmunodeprimidos. Si la tos se prolonga más de 3 semanas, debemos reevaluar y considerar otra situación asociada.

Diagnóstico

La realización de una correcta anamnesis y una exploración física generalmente son suficientes para establecer el diagnóstico y clasificar la gravedad de la enfermedad. Se desaconsejan pruebas complementarias de rutina y solo se indican en casos específicos.

La combinación de antecedentes de síntomas catarrales, dificultad respiratoria progresiva, taquipnea, sibilancias y una saturación de oxígeno baja confirma el diagnóstico. Las pruebas complementarias, como análisis de sangre o radiografías, no suelen ser necesarias en la mayoría de los casos y se reservan para situaciones específicas o para descartar otras patologías(6,7):

1. Anamnesis: el cuadro típico se produce en niños menores de 2 años, con un pico de incidencia entre los 3 y 6 meses, con presencia de síntomas catarrales en los días previos y con posterior aparición de tos que va en aumento y asocia aumento del trabajo respiratorio. La presencia de factores de riesgo personales y el rechazo o dificultad para alimentarse son signos de gravedad. Contribuyen al diagnóstico: presentarse en época epidémica, frecuente existencia de cuadro familiar de infección respiratoria previa, ser el primer episodio y descartar otras posibles causas(7).

2. Exploración física: el examen físico es fundamental para confirmar el diagnóstico y valorar la gravedad.

Estado general y nivel de consciencia: valorar el estado general (reactivo, irritable o letárgico).

Inspección: encontraremos taquipnea y otros signos de dificultad respiratoria, como tiraje intercostal, subcostal supraesternal, aleteo nasal, quejido espiratorio y cianosis.

• En la auscultación pulmonar, encontramos la presencia de sibilancias, crepitantes o estertores y una espiración alargada.

Pulsioximetría: está indicada para valorar la gravedad al inicio de la clínica y para controlar su evolución. Ha de interpretarse conjuntamente con el estado clínico del paciente y no se aconseja la monitorización continua. Una saturación baja (generalmente por debajo de 90-92 %) es un indicador de gravedad y, a menudo, requiere hospitalización y oxigenoterapia.

3. Pruebas complementarias: las guías de práctica clínica actuales, tanto a nivel nacional como internacional, desaconsejan las pruebas complementarias de rutina y solo se indican en casos específicos(5,7,10):

Radiografía de tórax: no es necesaria para el diagnóstico de bronquiolitis típica ni modifica el manejo de la BA. Se puede solicitar si se sospecha una complicación, como neumonía, atelectasia, insuficiencia cardiaca, presentación clínica atípica o una evolución desfavorable. Los hallazgos radiológicos son variables e inespecíficos: hiperinsuflación y engrosamiento peribronquial y atelectasias parcheadas con pérdida de volumen.

El diagnóstico de laboratorio del VRS se realiza principalmente mediante:

– PCR en tiempo real: es la más sensible y específica, al detectar material genético del virus.

– La detección rápida de antígenos en muestras nasales es utilizada especialmente en pediatría por su rapidez.

– Cultivos virales, más lento y menos sensible.

El establecimiento del agente causal no parece modificar el manejo del paciente y las GPC, en el momento actual, no recomiendan su identificación rutinaria; puede ser útil en casos de ingreso hospitalario con fines epidemiológicos y para la gestión de pacientes hospitalizados.

Análisis de laboratorio: no se recomiendan de forma rutinaria; pueden ser útiles si hay dudas sobre el diagnóstico, para evaluar el estado de hidratación o para descartar una sobreinfección bacteriana. Podemos solicitar procalcitonina y/o proteína C reactiva si hay fiebre elevada y sospecha de infección bacteriana potencialmente grave.

Tira reactiva de orina, sedimento y urocultivo: indicados en menores de 2-3 meses con BA y temperatura axilar >39ºC de forma persistente, ya que la infección urinaria es la coinfección más frecuente en los lactantes con BA.

La gasometría no está indicada de forma rutinaria, salvo si existen signos de agotamiento respiratorio, apnea o para candidatos a ingresar en Cuidados Intensivos. La gasometría capilar tiene una fiabilidad similar a la gasometría arterial.

Ecografía pulmonar: por su inocuidad, cada vez la encontraremos más en la cabecera del paciente. Podría incorporarse en los scores para el manejo, ya que ha mostrado una sensibilidad y especificidad del 100 y el 82 %, respectivamente, para predecir el ingreso en UCIP.

Diagnóstico diferencial de sibilancias en lactantes

Cuando un niño menor de dos años presenta tos seca y dificultad respiratoria con o sin sibilancias, es crucial considerar un amplio espectro de diagnósticos diferenciales(5-7), ya que las sibilancias, aunque características de la bronquiolitis, no son exclusivas de esta condición. La tos y las sibilancias en la bronquiolitis pueden ser difíciles de distinguir de otras entidades como(5):

Afecciones respiratorias comunes: crisis asmática (especialmente en mayores de 6 meses con antecedentes familiares o personales de atopia), neumonía, tosferina y sibilancias inducidas por virus.

Enfermedades obstructivas de la vía aérea: obstrucción por cuerpo extraño, malformaciones pulmonares, anillos vasculares, laringotraqueomalacia, estenosis traqueal o broncoestenosis, y linfadenopatía o tumor que puedan comprimir las vías aéreas.

Enfermedades crónicas: fibrosis quística, displasia broncopulmonar (en bebés prematuros), síndrome del cilio inmóvil, deficiencia de alfa-1 antitripsina e inmunodeficiencias.

Afecciones no respiratorias con manifestaciones respiratorias: reflujo gastroesofágico, trastornos de la deglución y cardiopatías congénitas e insuficiencia cardiaca.

Valoración de la gravedad

Una parte fundamental del diagnóstico es evaluar la gravedad del cuadro clínico (Tabla II), ya que esto determina si el niño necesita hospitalización o si puede ser manejado en su domicilio.

 

Las escalas de gravedad comúnmente utilizadas incorporan parámetros clínicos clave, como la frecuencia respiratoria (FR), la frecuencia cardiaca (FC), la saturación de oxígeno (SpO2), la presencia y el grado de tiraje (retracciones) y las características de las sibilancias o crepitantes(5,6,11,16). La búsqueda de objetividad en un cuadro clínico variable se refleja en el esfuerzo por estandarizar la evaluación. La adopción de escalas de gravedad permite una comunicación más precisa entre los profesionales de la salud, facilita la monitorización de la evolución clínica y la respuesta al tratamiento y es fundamental para la investigación clínica, al permitir la comparación de pacientes y la evaluación de la eficacia de los tratamientos(14). Pueden utilizarse diferentes escalas de valoración: Wood-Downes modificado, el índice de distrés respiratorio o RDAI, la escala de Sant Joan de Déu (Tabla III) o la más sencilla y recientemente validada en niños con BA, la escala de Tal(9) (Tabla IV) modificada, que valora la frecuencia respiratoria, la saturación de oxígeno, el tiraje y el estado de consciencia.

 

 

La escala de Sant Joan de Déu(15) está diseñada y validada específicamente para BA (Escala de Severidad de la Bronquiolitis Aguda, ESBA). Evalúa de manera acumulativa parámetros clínicos reproducibles: frecuencia respiratoria y cardiaca según edad, esfuerzo respiratorio (tiraje, aleteo nasal), auscultación de ruidos adventicios (sibilancias, crepitantes) y relación inspiración/espiración. Las puntuaciones van de 0 a 13: leve de 0 a 4 puntos, moderada de 5 a 9 y grave de 10 a 13. Tiene una alta fiabilidad y una elevada validez para predecir la necesidad de ingreso en UCIP (sensibilidad: 82 % y especificidad: 91 %).

Tratamiento

La gran mayoría de los casos de BA corresponden a casos leves y moderados, cuyo manejo se puede realizar en el domicilio. El tratamiento de la BA del lactante es principalmente de soporte. Las guías de práctica clínica actuales desaconsejan el uso rutinario de medicamentos, como broncodilatadores, corticoides o antibióticos, ya que su eficacia no ha sido demostrada y pueden tener efectos adversos.

El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y garantizar una adecuada oxigenación e hidratación del lactante.

Tratamiento de soporte(5-7,9,11-13,16)

Posición: colocar al lactante en posición semisentada (con una ligera elevación de la cabeza de +30°) puede facilitar la respiración.

Lavados nasales y aspiración de secreciones: el uso de gotas nasales de solución salina es eficaz, seguro y no irritante. Se deben aplicar varias gotas en cada fosa nasal y luego succionar las secreciones con un aspirador nasal, especialmente antes de las tomas y al dormir. La aspiración nasal profunda más allá de la nasofaringe no se recomienda.

Humidificación del aire: si el aire de la habitación es seco, un humidificador o vaporizador de vapor frío puede humedecer el ambiente, lo que ayuda a aflojar la mucosidad y aliviar la tos.

Temperatura ambiental: mantener la temperatura ambiental no superior a 20 °C.

Alivio del dolor y la fiebre: para el tratamiento de la fiebre o el dolor, se pueden administrar medicamentos, como acetaminofén o ibuprofeno, siguiendo las indicaciones de dosis.

Evitar irritantes ambientales: la exposición al humo de tabaco (tabaquismo pasivo) empeora los síntomas de las infecciones respiratorias. También se aconseja evitar lugares concurridos.

Ambiente: procurar un ambiente tranquilo y no molestar al lactante con maniobras bruscas. Vestirlo con ropa cómoda y amplia, evitando el arropamiento excesivo.

Hidratación y nutrición: es fundamental asegurar que el lactante se mantenga bien hidratado. Se deben ofrecer tomas de líquidos (leche materna o de fórmula) de forma más frecuente, pero en menor cantidad, para evitar que se canse demasiado al alimentarse. La vía intravenosa o a través de sonda nasogástrica se reserva para los bebés que no pueden tolerar la vía oral.

Oxigenoterapia: la oxigenoterapia es una medida de soporte crucial en el manejo de la bronquiolitis cuando la oxigenación del lactante se ve comprometida. El objetivo varía según las guías utilizadas, pero, en general, se trata de mantener una saturación de oxígeno (SpO2) ≥90-92 %. Es la única intervención médica con probada eficacia. Las cánulas nasales son el método inicial preferido para la administración de oxígeno. Se debe administrar oxígeno suplementario a través de gafas nasales, mascarilla o, en casos más graves, oxigenoterapia de alto flujo (AFNC) y presión positiva continua en las vías aéreas (CPAP); se utilizan para disminuir el esfuerzo respiratorio, mejorar el intercambio gaseoso y evitar la intubación endotraqueal(6,9,11).

Fisioterapia respiratoria: las últimas guías clínicas desaconsejan la fisioterapia respiratoria de manera rutinaria. Los estudios no han demostrado un beneficio claro y, en algunos casos, se ha asociado a efectos adversos como el vómito. Sin embargo, puede ser considerada en niños con bronquiolitis que presenten otras comorbilidades y que tengan dificultad para eliminar secreciones.

Asistencia a guardería: el lactante no debe asistir a la guardería hasta la desaparición completa de los síntomas.

Fármacos no recomendados de forma rutinaria

El tratamiento de la BA se basa en medidas de soporte. Las guías clínicas y la práctica médica coinciden en que no se recomienda el uso rutinario de ciertos fármacos, ya que no han demostrado eficacia en la evolución de la enfermedad.

La evidencia científica actual desaconseja(5-7,11-13,16) el uso de los siguientes medicamentos (Tabla V):

 

Broncodilatadores (salbutamol, adrenalina): no reducen la necesidad de ingreso hospitalario ni la duración de la enfermedad en la mayoría de los casos. Su uso solo se considera en casos muy seleccionados, a modo de prueba terapéutica(9), en mayores de 12 meses con antecedente personal (AP) o familiar (AF) de atopia o asma, fuera del periodo epidémico VRS (noviembre-febrero). Si no hay una respuesta clara y rápida, se debe suspender su administración. La adrenalina nebulizada no está recomendada de rutina; no hay evidencia sólida de que reduzca el número de ingresos ni la duración de la hospitalización. Diversos estudios concluyen que no hay suficiente evidencia para recomendar el uso rutinario de adrenalina nebulizada en bronquiolitis aguda(5).

Corticosteroides (orales, inhalados o sistémicos): no han demostrado ser eficaces para mejorar los resultados a corto o largo plazo de la bronquiolitis y no se recomiendan. Tampoco reducen el riesgo de sibilancias recurrentes en el futuro.

Antibióticos: no están indicados, ya que la bronquiolitis es una enfermedad viral. Solo se utilizarán si se sospecha una sobreinfección bacteriana.

• La ribavirina es el único antiviral con el que se tiene cierta experiencia, aunque los datos disponibles no son suficientes para apoyar su uso rutinario.

Suero salino hipertónico (3 %): la nebulización con suero salino hipertónico sigue siendo objeto de controversia. No se debe administrar en niños con BA en el servicio de urgencia. Algunas investigaciones sugieren que podría reducir la estancia hospitalaria en pacientes ingresados, pero la evidencia aún no es lo suficientemente sólida como para recomendar su uso de forma generalizada.

Fisioterapia respiratoria: no mejora los parámetros respiratorios, no reduce la necesidad de oxígeno suplementario ni la duración de la estancia hospitalaria.

Prevención

La prevención es un pilar fundamental en la salud pediátrica y la mejor estrategia para evitar la BA. El avance más significativo y que ha cambiado el modelo en la lucha contra la bronquiolitis por VRS es el desarrollo de anticuerpos monoclonales.

El enorme impacto de la infección por VRS y la ausencia de tratamiento eficaz hacen del desarrollo de vacunas y anticuerpos monoclonales frente a este virus una prioridad global.

Medidas generales de higiene

Las medidas de prevención no farmacológicas son cruciales para limitar la propagación del VRS y otros virus respiratorios(5,7,11):

Higiene de manos: el lavado frecuente y adecuado de manos con agua y jabón, o el uso de gel hidroalcohólico, es la medida más eficaz para prevenir la diseminación del virus.

Evitar el contacto con personas enfermas: mantener al lactante alejado de personas resfriadas, con tos o con fiebre es una medida esencial para prevenir el contagio.

Evitar la exposición al humo de tabaco: se debe evitar fumar dentro del hogar o el coche.

Higiene del entorno: limpiar y desinfectar frecuentemente juguetes y superficies que puedan estar contaminadas.

Ventilación: ventilar los ambientes de la casa, al menos, una vez al día para mantener el aire puro.

Lactancia materna: la lactancia materna exclusiva durante, al menos, 6 meses, fortalece el sistema inmunológico del bebé y disminuye la morbilidad de las infecciones respiratorias.

Asistencia a guardería: no se recomienda la asistencia al jardín maternal para niños con alto riesgo de bronquiolitis grave (menores de 3 meses, prematuros o con enfermedades crónicas).

Avances en la prevención

El avance más significativo y que ha cambiado el modelo en la lucha contra la bronquiolitis por VRS es el desarrollo de anticuerpos monoclonales (Tabla VI).

 

Actualmente, están aprobados 2 anticuerpos monoclonales para la prevención pasiva de la enfermedad por VRS(4,17):

Palivizumab (Synagys, 1998): es un anticuerpo monoclonal IgG1 humanizado producido por tecnología de ADN recombinante en células huésped de mielomas de ratón, que contiene un 95 % de secuencia genética idéntica a la humana, y el 5 % restante de origen murino. Actúa uniéndose a la proteína F del VRS, inhibiendo la fusión celular. Tiene una vida media de 20 días. Se presenta en viales de 0,5 ml (50 mg) y 1 ml (100 mg).

Nirsevimab (Beyfortus 2022): es un anticuerpo monoclonal humano de inmunoglobulina G1 kappa producido en células de ovario de hámster chino mediante tecnología de ADN recombinante, modificada con una sustitución triple de aminoácidos (YTE) en la región Fc para extender la semivida en suero, que está entre 85 y 117 días. Inhibe el paso esencial de fusión de membrana en el proceso de entrada viral, neutralizando el virus y bloqueando la fusión célula-célula. Se presenta en jeringa precargada de 0,5 ml (50 mg) y 1 ml (100 mg). El nirsevimab, a diferencia del palivizumab, que requería inyecciones mensuales durante toda la temporada del virus y solo estaba indicado para bebés de alto riesgo, es un anticuerpo monoclonal de larga duración.

Una sola dosis: con una única inyección al inicio de la temporada del VRS (generalmente en otoño), el bebé queda protegido por un periodo de hasta cinco meses.

Mayor alcance: está aprobado para proteger a todos los lactantes, no solo a los de alto riesgo, lo que representa un cambio fundamental en la prevención de la enfermedad. La mayoría de los casos de bronquiolitis severa se dan en bebés que no tienen factores de riesgo previos.

– Se presenta en jeringa precargada. No se debe agitar. No precisa dilución. Las presentaciones disponibles son:

a. Beyfortus® 50 mg, para lactantes de menos de 5 kg de peso. En jeringa precargada, con émbolo morado. Contiene 50 mg de nirsevimab en 0,5 ml (100 mg/ml).

b. Beyfortus® 100 mg, para lactantes de 5 kg o más de peso. En jeringa precargada, con émbolo azul claro. Contiene 100 mg de nirsevimab en 1 ml (100 mg/ml).

Impacto

La Comisión de Salud Pública recomendó nirsevimab para menores de 6 meses durante la temporada de VRS y para grupos de alto riesgo(17). Las coberturas alcanzaron cifras cercanas al 90 % a nivel nacional, con análisis tempranos que estiman una efectividad frente a ingreso hospitalario del 80-85 % en menores de 6 meses(4). La bronquiolitis aguda por VRS continúa siendo la principal causa de hospitalización pediátrica en lactantes en España.

Entre 2023 y 2025, la introducción generalizada de la inmunización con nirsevimab y el inicio de la vacunación materna han reducido de forma sustancial las consultas e ingresos por bronquiolitis en lactantes. En la temporada 2024-2025, la incidencia de bronquiolitis aguda por VRS en menores de 1 año fue notablemente inferior a la de temporadas(17) prepandemia (Fig. 4).

Figura1

Figura 4. Evolución de la incidencia de bronquiolitis aguda en España (2019-2025).

Se observó una reducción de hospitalizaciones pediátricas, especialmente en lactantes inmunizados (Fig. 5).

Figura1

Figura 5. Evolución de hospitalizaciones pediátricas por VRS en España (menores de 1 año).

El pico de circulación viral se mantuvo en los meses de noviembre y diciembre, pero con menor presión asistencial(4):

Vacuna materna contra el VRS(4): está disponible en España con el nombre Abrysvo®. Está compuesta por un antígeno de la proteína F prefusión del subgrupo A y otro del subgrupo B, producidos en células de ovario de hámster chino mediante tecnología de ADN recombinante. Está indicada en mujeres embarazadas entre las semanas 32 y 36 de gestación. La madre desarrolla anticuerpos que se transfieren al feto a través de la placenta, protegiendo al bebé durante los primeros seis meses de vida. Si la madre se vacuna durante el embarazo, no suele ser necesario administrar nirsevimab al recién nacido, salvo que el nacimiento ocurra fuera de temporada o haya factores de riesgo adicionales. Su implementación en la estrategia de prevención contra el VRS está en evaluación en España para la temporada 2024-2025, aunque aún no está financiada. Se presenta en caja con un vial de polvo, una jeringa precargada con el disolvente, y un adaptador del vial a la jeringa. También se están desarrollando otras vacunas recombinantes con adyuvante, vacunas vectorizadas y de ARN mensajero.

Nuevos tratamientos de la BA

El futuro del tratamiento de la BA se centra en terapias más específicas:

Antivirales directos: se están investigando nuevos medicamentos antivirales para combatir directamente el VRS. Estos fármacos, que podrían administrarse a pacientes hospitalizados, buscan acortar la duración y la gravedad de la infección.

Manejo de la inflamación: dada la naturaleza inflamatoria de la enfermedad, se investigan nuevos agentes que puedan modular la respuesta inmune del cuerpo para reducir la inflamación en los bronquiolos.

Pronóstico y complicaciones

La mayoría de los casos de BA tienen un curso leve y autolimitado, pero pueden desencadenarse complicaciones, como la apnea y la infección bacteriana.

En la mayoría de los casos, la bronquiolitis aguda tiene un curso autolimitado y un buen pronóstico, pero algunos lactantes pueden desarrollar formas graves que requieren hospitalización (Tabla VII) o incluso ingreso en unidad de cuidados intensivos.

 

Las complicaciones más graves que podemos encontrar son:

• La insuficiencia respiratoria aguda: que puede requerir en casos graves la hospitalización para realizar tratamiento de soporte ventilatorio, con ventilación mecánica o CPAP. Algunos niños desarrollan sibilancias recurrentes o asma en la infancia.

• La apnea, que puede ser el primer y único signo de infección por VRS y requiere monitorización continua. La incidencia es mayor en grandes prematuros, lactantes menores de 6 semanas o que presentan patología respiratoria asociada.

• La sobreinfección bacteriana (otitis o neumonía) y la deshidratación suelen ser infrecuentes.

Bronquitis

Definición

La bronquitis o traqueobronquitis se define como la inflamación de las vías respiratorias (bronquios asociados o no a tráquea), generalmente causada por una infección, y se manifiesta principalmente por tos.

La bronquitis en pediatría abarca tanto formas agudas, predominantemente virales, como crónicas, donde la infección bacteriana prolongada es relevante y requiere un enfoque diagnóstico y terapéutico específico.

Bronquitis aguda

En pediatría, la bronquitis aguda es una de las infecciones respiratorias más frecuentes, especialmente en menores de 5 años, y suele estar provocada por virus; debido a ello, presenta un patrón estacional, aumentando los casos durante el invierno.

Existen diversos agentes infecciosos causantes de bronquitis aguda (Tabla VIII), siendo de causa viral hasta en un 90 % de los casos (adenovirus, influenza, parainfluenza, VRS, rinovirus, bocavirus, coxackie, herpes simple). En pacientes con patología pulmonar de base o inmunodeprimidos, puede estar asociada a bacterias (10 % de los casos), como Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Moraxella catarrhalis, Mycoplasma pneumoniae y Chlamydia pneumoniae. Rara vez, puede producirse por otros agentes infecciosos, como hongos, o causas no infecciosas, como alergia, aspiraciones o reflujo gastroesofágico.

 

Según la etiología, pueden presentar síntomas generales (malestar, mucosidad nasal) y fiebre, sumada a la manifestación clínica típica: la tos, pudiendo ser seca o productiva, asociada o no a dificultad respiratoria y, en ocasiones, puede presentar auscultación patológica con sibilancias o roncus. Hasta un 12,5 % de los pacientes pueden asociar dolor torácico, siendo más frecuente en adolescentes o preadolescentes; este suele ser benigno y estar asociado a la tos intensa y a la inflamación de la mucosa de las vías respiratorias, lo cual produce estimulación de los receptores del dolor. Cuadros de dolor torácico sin signos o síntomas sugestivos de neumonía, asma o patología cardiaca, no precisan estudios adicionales(18-23).

El curso clínico es autolimitado y la recuperación completa puede durar varias semanas, 2-3 semanas, aunque, en algunos casos, puede prolongarse hasta 4 semanas(24,25).

Es fundamental diferenciar la bronquitis aguda de otras entidades, como asma o bronquiolitis, donde el broncoespasmo y las sibilancias son las características centrales.

El diagnóstico es clínico, pudiéndose auscultar, en ocasiones, roncus, sibilancias o estertores. La decisión de realizar pruebas microbiológicas (PCR y paneles multiplex) debe ser individualizada y basada en la probabilidad de que el resultado modifique el manejo clínico. Dado que, en la mayoría de las ocasiones, se tratará de una entidad viral y el manejo es sintomático, no están indicadas las pruebas complementarias de rutina(26,27).

El tratamiento (Tabla IX), en la mayor parte de los casos, consiste en manejo sintomático, con antitérmicos, ambiente húmedo y medidas generales de soporte, siendo necesario, en ocasiones, el uso de broncodilatadores beta-2 en presencia de sibilancias o hiperreactividad bronquial. La evidencia actual no respalda el uso de antitusivos, miel, antihistamínicos, anticolinérgicos, antiinflamatorios no esteroideos orales ni corticosteroides inhalados u orales. Se deben considerar antibióticos y antivirales en situaciones específicas, según las recomendaciones científicas, no siendo necesario de manera rutinaria debido al riesgo de resistencias. El ingreso hospitalario es excepcional.

 

Bronquitis crónica

El término bronquitis crónica en pediatría es actualmente considerado obsoleto en la literatura médica. El término se empleaba para describir cuadros caracterizados por tos húmeda persistente secundaria a inflamación recurrente de los bronquios, con aumento de secreciones y/o alteración del aclaramiento mucociliar. En las últimas dos décadas, la evidencia científica y los consensos clínicos han desplazado este término en la población infantil, favoreciendo el uso de bronquitis bacteriana prolongada (BBP) para definir la tos húmeda crónica de más de cuatro semanas de evolución que responde al tratamiento antibiótico y no se asocia a otras causas específicas(26,27).

Por lo tanto, según la evidencia actual, se recomienda el empleo de BPP como entidad clínica bien delimitada y se desaconseja el uso de bronquitis crónica en pediatría(26,27), dado que este último se relaciona principalmente con la patología del adulto y no refleja adecuadamente la fisiopatología ni el abordaje terapéutico actual en niños.

Bronquitis bacteriana persistente o prolongada (BBP)

La bronquitis bacteriana persistente está caracterizada por tos productiva persistente de, al menos, 3-4 semanas, con buena respuesta a tratamiento antibiótico adecuado y no debe acompañarse de síntomas sistémicos ni hallazgos sugestivos de causas alternativas. En muchas ocasiones, el aumento de tos se produce al acostarse por la noche o al levantarse por la mañana, pudiendo tener exacerbaciones de la misma con el ejercicio físico, por lo que, en ocasiones, no es fácil distinguir la tos del asma de la BBP, pudiendo coexistir hasta en un 30 % de los casos(29).

Aunque puede aparecer a cualquier edad, la BBP suele afectar a niños menores de 6 años y, según resultados de algunos estudios, la asistencia a guarderías o antecedentes de tos crónica podrían aumentar el riesgo de esta entidad. Se propone, como principal causa, la colonización bacteriana de las vías respiratorias, especialmente por Haemophilus influenzae, y la presencia de infecciones virales concurrentes (como adenovirus), lo que contribuiría a la patogénesis de la BBP(30).

Aunque la etiopatogenia es desconocida, parece estar relacionada con alteraciones en el aclaramiento mucociliar e inflamación causada por infecciones virales o estímulos ambientales, como el humo o la contaminación atmosférica; esto, sobreañadido a una posible sobreinfección bacteriana y la formación de biofilms, dificultaría la erradicación. Estas bacterias producirían un aumento de mediadores inflamatorios, tales como IL-8 y MMP-9, así como inflamación neutrofílica, lo que conllevaría un aumento de secreciones endobronquiales purulentas. En casos de evolución prolongada o recurrente, esta inflamación podría producir engrosamiento de la pared bronquial, inflamación crónica neutrofílica, daño epitelial y, en casos avanzados, desarrollo de bronquiectasias y, en algunos casos, puede evolucionar hacia enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en la vida adulta, aunque esto es menos frecuente en la población pediátrica(29).

Los principales agentes responsables son el Haemophilus influenzae no tipable, Streptococcus pneumoniae y, menos frecuente, Moraxella catarrhalis. En la mitad de los cultivos se detectan dos o más patógenos.

Inicialmente, cuando se describió la BBP en 2006, Chang et al. establecieron unos criterios diagnósticos (BBP micro) que eran: tos húmeda crónica (más de 4 semanas), resolución con antibioterapia oral y la necesidad de un aislamiento microbiológico mediante broncoscopia. En 2010, la definición de BBP se actualizó con el objetivo de facilitar su relevancia en AP, permitiendo el diagnóstico sin necesidad de realizar una broncoscopia para la confirmación microbiológica, priorizándose la respuesta al antibiótico y la exclusión de otras causas de tos húmeda (BBP clínica).

El tratamiento se basa en antibiótico de amplio espectro y prolongado durante 4 semanas, dada la frecuente etiología polimicrobiana. La pauta más utilizada es amoxicilina-ácido clavulánico 80-90 mg/kg/día cada 8 horas vía oral y macrólidos en caso de hipersensibilidad inmediata a penicilina. Se recomienda primera evaluación a las 2 semanas y valorar la respuesta antes de prolongar la antibioterapia hasta completar las 4 semanas. Sin embargo, las recaídas son frecuentes (hasta un 25 %) y requieren nuevos ciclos de antibioterapia.

En aquellos pacientes que no presenten una mejoría clínica de los síntomas o la recurrencia del episodio, se deben plantear diferentes diagnósticos diferenciales; para ello, se debe ampliar el estudio con realización de hemograma y bioquímica con cuantificación de inmunoglobulinas, test del sudor y, en ocasiones, tomografía axial computarizada de alta resolución (TAC-AR), objetivándose bronquiectasias hasta en un 83,3 % de los casos de tos húmeda crónica que no mejora con tratamiento antibiótico adecuado(31).

Es fundamental descartar otras causas de tos crónica, como asma o bronquiectasias, en caso de recurrencia o falta de respuesta a tratamiento.

Se han encontrado similitudes entre la BBP, la enfermedad pulmonar supurativa bronquial (EPSB) y las bronquiectasias (BQ). Se plantea la hipótesis de que podrían tratarse de la misma entidad en diferentes estadios evolutivos de un daño crónico en la pared bronquial, siendo la BBP la más leve y también la más frecuente, y las bronquiectasias como la más grave. Las bronquiectasias se definen como dilataciones bronquiales irreversibles visibles radiológicamente. Los pacientes con BQ presentan tos húmeda persistente que responde parcialmente o no responde a tratamiento antibioterápico. En cambio, la EPSB se utiliza cuando un niño ­presenta síntomas consis­tentes en bronquiectasias, es decir, episodios recurrentes o prolongados de tos húmeda crónica, junto con otros síntomas, como fallo de medro, acropaquias, auscultación patológica y atrapamiento aéreo, pero que no tienen evidencia radiológica de bronquiectasias.

Posible progresión clínica: bronquitis bacteriana persistente → enfermedad pulmonar supurativa crónica → bronquiectasias(31).

 

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria se erige como el primer filtro asistencial en el diagnóstico, seguimiento y tratamiento de la bronquiolitis aguda. Por ello, el papel del pediatra es clave para realizar el diagnóstico precoz, una vigilancia cercana de la enfermedad para poder identificar precozmente posibles complicaciones y dar respuesta a las cuestiones planteadas por las familias sobre la evolución y duración de la enfermedad. La correcta valoración de la gravedad del cuadro es otra labor primordial del pediatra, clave para decidir el destino del niño: su domicilio si es leve, o el centro hospitalario si presenta signos de alarma o factores de riesgo importantes. Evitar tratamientos innecesarios (broncodilatadores, corticoides, antibióticos) y garantizar la seguridad de los lactantes es otra responsabilidad del pediatra de AP, siendo las medidas de soporte: hidratación adecuada, control de la fiebre, aspiración de secreciones nasales, las prioritarias para mantener cómodo al lactante. Finalmente, el pediatra debe esforzarse en la implementación de medidas preventivas eficaces: lactancia materna, higiene de manos, evitar exposición al humo de tabaco, limitar contacto con personas con infecciones respiratorias y suministrar tanto vacunas como anticuerpos monoclonales, como estrategia fundamental para evitar la BA.

El pediatra de Atención Primaria desempeña también un papel esencial en el diagnóstico y manejo inicial de la bronquitis aguda en la infancia. Su función principal es reconocer los cuadros agudos, predominantemente virales y de curso autolimitado, evitando pruebas complementarias innecesarias y tratamientos antibióticos empíricos que favorezcan resistencias. Asimismo, debe identificar aquellos casos persistentes de tos húmeda que sugieren BBP, valorar la respuesta al tratamiento antibiótico y descartar diagnósticos diferenciales, como asma o bronquiectasias en ausencia de mejoría, y la derivación oportuna si la situación lo requiere.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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– Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la AEP. Virus respiratorio sincitial. Cap. 43. En: Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Disponible en: https://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-43%2313.

Documento muy completo y actualizado a 2025, que revisa cuestiones prácticas sobre la epidemiología, fisiopatología y, fundamentalmente, las estrategias de inmunización frente al VRS.

– Grupo de trabajo inmunización frente a VRS población infantil de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Recomendaciones de inmunización pasiva para prevención de enfermedad grave por VRS en la población infantil. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. 2024. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/VRS/poblacionInfantil/docs/VRS_infantil.pdf.

Documento clave, porque establece las recomendaciones oficiales en España sobre inmunización pasiva para prevenir enfermedad grave por VRS en lactantes y niños pequeños. Marca un cambio de modelo: de una prevención selectiva (palivizumab en grupos de riesgo) a una prevención universal con nirsevimab para prevenir bronquiolitis grave en lactantes y reducir las hospitalizaciones y complicaciones graves por VRS.

– Albert RH. Diagnosis and treatment of acute bronchitis. Am Fam Physician. 2010; 82: 1345-50. Disponible en: https://www.aafp.org/pubs/afp/issues/2010/1201/p1345.html.

Proporciona una revisión clínica sobre el diagnóstico y manejo de la bronquitis aguda, incluyendo aspectos relevantes para la población pediátrica.

– Mulhem E, Patalinghug E, Eraqi H. Acute bronchitis: Rapid evidence review. Am Fam Physician. 2025; 111: 214-7.

En el texto se destaca que la bronquitis aguda es una enfermedad autolimitada, de etiología predominantemente viral, por lo que los antibióticos no están indicados en la mayoría de los casos pediátricos. Subraya que no existe evidencia que respalde el uso de antitusivos, miel, antihistamínicos, anticolinérgicos, AINEs orales ni corticosteroides inhalados u orales en el tratamiento de la bronquitis aguda en niños.

– Zhang J, Wurzel DF, Perret JL, Lodge CJ, Walters EH, Dharmage SC. Chronic bronchitis in children and adults: Definitions, pathophysiology, prevalence, risk factors, and consequences. J Clin Med. 2024; 13: 2413. Disponible en: https://doi.org/10.3390/jcm13082413.

Considero el artículo más importante para el tema de bronquitis bacteriana prolongada en pediatría, porque proporciona una revisión exhaustiva y actualizada sobre la definición, fisiopatología, factores de riesgo y consecuencias de la bronquitis crónica en niños, incluyendo específicamente el concepto de bronquitis bacteriana prolongada (PBB) como entidad pediátrica diferenciada.

– Busquets Monge RM, Castillo Corullón S, Aguilar Fernández AJ. Tos húmeda: bronquitis bacteriana persistente, enfermedad supurativa bronquial y bronquiectasias. Protoc diagn ter pediatr. 2017; 1: 15-29. Disponible en: https://static.aeped.es/02_tos_humeda_13c9f90ce5.pdf.

Los protocolos revisados periódicamente establecen un marco clínico y terapéutico basado en la evidencia para el manejo de la bronquitis bacteriana persistente, la enfermedad supurativa bronquial y las bronquiectasias en pediatría.

 

Caso clínico

 

Datos del paciente: edad: 4 meses; sexo: femenino; peso: 6,2 kg; antecedentes: embarazo a término, sin complicaciones. Sin antecedentes familiares de asma o alergias. No vacunación contra VRS. Asiste a guardería desde hace 2 meses.

Motivo de consulta: acude al centro de salud porque la madre refiere que desde hace 48 horas la niña presenta tos seca, congestión nasal y dificultad para alimentarse. En las últimas 12 horas ha notado dificultad respiratoria progresiva con tos blanda, respiración rápida, silbidos al respirar y fiebre de 38,5°C. La madre refiere que la niña ha estado más inapetente y somnolienta de lo habitual.

Exploración: temperatura: 38°C; frecuencia respiratoria: 60 rpm; frecuencia cardiaca: 150 lpm; saturación de oxígeno: 92 % en aire ambiente; auscultación pulmonar: sibilancias bilaterales, estertores finos, tiraje subcostal; estado general: irritable, con dificultad para succionar.

Estudios complementarios: PCR para virus respiratorios: positivo para VRS.

Diagnóstico: bronquiolitis aguda leve-moderada por VRS en lactante menor de 6 meses.

Se indicó a los padres el manejo ambulatorio con vigilancia domiciliaria: paracetamol para la fiebre, aspiración de secreciones nasales, postura semincorporada, fraccionamiento de tomas para facilitar alimentación y control clínico en 24-48 horas.

 

 

 

Neumonía. Neumonía recurrente

M.A. Zafra Anta*,  M.A. Muñoz Calonge**, A. Nicolás Berenguer*
Temas de FC


M.A. Zafra Anta*, M.A. Muñoz Calonge**, A. Nicolás Berenguer*

*Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid – **Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Son Espases. Palma de Mallorca

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Autor para correspondencia

miguelzafraanta@gmail.com

Resumen

La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una entidad frecuente en el niño y adolescente; la mayoría de los casos se pueden tratar de forma ambulatoria. Los principales agentes bacterianos son Streptococcus pneumoniae (neumonía típica), Mycoplasma pneumoniae y Chamydia pneumoniae (neumonía atípica bacteriana). La presencia de fiebre, dificultad respiratoria y tos son los datos clínicos que permiten hacer una aproximación diagnóstica. La radiología simple de tórax sigue siendo básica en el diagnóstico de neumonía, aunque puede realizarse un manejo de la NAC sin ella en el paciente sano que no requiera ingreso. La ecografía pulmonar se ha convertido en una herramienta cada vez más importante y comparable con la radiografía, no solo para el diagnóstico inicial, sino también para el seguimiento y detección de complicaciones. El tratamiento de elección será la monoterapia con amoxicilina o bien un macrólido si hay datos de neumonía atípica. La necesidad de hospitalización es individualizada, pero basada en problemas médicos subyacentes y factores clínicos, incluyendo la edad y la severidad de la enfermedad. En el paciente pediátrico resulta clave controlar las comorbilidades, una vacunación adecuada y promover estilos de vida saludable.

 

Abstract

Community-acquired pneumonia (CAP) is a common condition in children and adolescents, and most cases can be managed on an outpatient basis. The main bacterial pathogens are Streptococcus pneumoniae (typical pneumonia), Mycoplasma pneumoniae and Chlamydia pneumoniae (atypical bacterial pneumonia). The presence of fever, respiratory distress, and cough provides key clinical clues for an initial diagnostic approach. Simple chest x-ray remains a fundamental tool for the diagnosis of pneumonia; however, CAP can be managed without imaging in otherwise healthy patients who do not require hospitalization. Lung ultrasound has become an increasingly important diagnostic modality, comparable to chest radiography not only for initial diagnosis but also for follow-up and detection of complications. The treatment of choice is monotherapy with amoxicillin, or alternatively a macrolide when atypical pneumonia is suspected. The decision to hospitalize should be individualized based on underlying medical conditions and clinical factors, including age and disease severity. In pediatric patients, optimal management of comorbidities, appropriate vaccination, and the promotion of healthy lifestyle habits are essential.

 

Palabras clave: Bronquitis; Neumonía; Neumonía atípica.

Key words: Bronchitis; Pneumonia; Atypical pneumonia.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(1): 44 – 58

 


OBJETIVOS

• Reconocer las manifestaciones clínicas compatibles con neumonía adquirida en la comunidad, según factores de riesgo y grupos de edad.

• Comprender qué pruebas complementarias solicitar ante la sospecha y valorar la necesidad de realizarlas, así como valorar pruebas diagnósticas realizadas desde Atención Primaria.

• Conocer el tratamiento indicado según grupos de riesgo.

• Profundizar en el conocimiento de la neumonía recurrente, así como su seguimiento clínico.

 

Neumonía. Neumonía recurrente

https://doi.org/10.63149/j.pedint.111

 

Neumonía

Introducción

La neumonía adquirida en la comunidad es un diagnóstico frecuente en consultas en Atención Primaria y en Urgencias, y requiere ingreso en un 10-20 % de los casos. En nuestro medio, la evolución suele ser satisfactoria. La mayor incidencia se da entre 1 y 5 años. La mortalidad por neumonía en países desarrollados es muy baja (<1 por cada 1.000 casos/año), salvo en pacientes con comorbilidades, neonatos o ancianos.

La neumonía supone una inflamación del tejido pulmonar asociada a consolidación de los espacios alveolares (puede afectar a la pleura visceral, tejido conectivo, vías aéreas, alvéolos y estructuras vasculares). En ocasiones, se usa el término neumonitis, como la inflamación acompañada o no de consolidación. La neumonía aguda de origen comunitario (NAC, en inglés CAP) es la infección aguda del parénquima pulmonar producida por microorganismos extrahospitalarios en un paciente inmunocompetente que no haya sido hospitalizado en los últimos 7-14 días o que aparece dentro de las primeras 48 horas de ingreso en un centro hospitalario. De la NAC es de la que nos ocupamos predominantemente en este artículo(1,2). La neumonía neonatal precoz se considera, generalmente, en los primeros 3-6 días de vida(3); la neonatal tardía se presenta más allá de los 6 días de vida, durante la hospitalización o tras el alta.

Epidemiología

La neumonía es una causa importante de morbilidad, de necesidad de atención sanitaria e ingreso hospitalario. La mortalidad por neumonía en países desarrollados es muy baja (<1 por cada 1.000 casos/año), salvo en pacientes con comorbilidades o neonatos. En países de bajos o medianos ingresos, es, además, la causa más importante de mortalidad en pediatría, después del periodo neonatal. La introducción de las vacunas frente a Haemophilus influenzae tipo b y, especialmente, de las vacunas neumocócicas conjugadas, ha contribuido de forma significativa a la reducción de las tasas de hospitalización, sobre todo en menores de 5 años.

La neumonía es una causa importante de morbilidad, de necesidad de atención sanitaria e ingreso hospitalario. La mortalidad por neumonía en países desarrollados es muy baja (<1 por cada 1.000 casos/año), salvo en pacientes con comorbilidades, neonatos o ancianos(1-3). En países de bajos o medianos ingresos, es, además, la causa más importante de mortalidad en pediatría, después del periodo neonatal.

En países del llamado mundo desarrollado, la incidencia anual estimada es de unos 14,5 casos por 10.000 niños de hasta 16 años. En la población general sería de 10 por cada 1.000 habitantes y año. La mayor frecuencia se da en la edad de 1 a 5 años. Puesto que la mayoría de los estudios no incluyen neumonías diagnosticadas en Atención Primaria, sino solo casos diagnosticados en Urgencias, el número podría ser superior. La incidencia es mayor en invierno y en varones(1-2).

La incidencia de hospitalización por neumonía es del 15,6 % al 23 %. La tasa de hospitalización, especialmente en menores de 5 años, se ha reducido tras la introducción de la vacuna frente a Haemophilus influenzae tipo b desde los años noventa y, sobre todo, tras la incorporación de la vacuna neumocócica conjugada: primero 7 valente (desde 2001) y, desde 2010, la 13 valente(2). Posteriormente, se han aprobado nuevas vacunas de 15 serotipos (VNC15) y de 20 serotipos (VNC20), que pueden administrarse en población pediátrica y que, poco a poco, están reemplazando a la VNC13 en los calendarios vacunales. Asimismo, existe una vacuna más imperfecta, porque no produce memoria, que lleva 23 serotipos (VNP23) y solo se utiliza en grupos de riesgo, pero a partir de los 2 años de edad (v. la web del Comité de Asesor de Vacunas de la AEP). Por último, se recomienda la vacunación frente a la gripe en toda la población infantil entre 6 y 59 meses de edad; así como en personas a partir de 5 años con ciertas condiciones de riesgo.

Los siguientes trastornos predisponen a tener neumonía e incrementan su gravedad: cardiopatía congénita, displasia broncopulmonar, fibrosis quística (FQ), asma, drepanocitosis, enfermedades neuromusculares, algunos trastornos gastrointestinales (reflujo gastroesofágico), inmunodeficiencias congénitas o adquiridas y enfermedad crónica renal o hepática. El consumo de tabaco, alcohol y otras drogas aumentan el riesgo de neumonía entre los adolescentes, incluida la secundaria a aspiración, al alterar los mecanismos de la tos y los reflejos de la epiglotis(4,5).

Etiología

Los virus constituyen la principal causa de la neumonía adquirida en la comunidad (NAC) en la edad pediátrica, especialmente en menores de 2 años, siendo el virus respiratorio sincitial el agente más frecuente. Streptococcus pneumoniae continúa siendo la bacteria típica más prevalente en todas las edades fuera del periodo neonatal, mientras que Mycoplasma pneumoniae predomina en niños mayores de 5 años. Las infecciones mixtas virus-bacteria representan hasta un 30 % de los casos. En los últimos años, se han descrito picos epidémicos de Mycoplasma pneumoniae con mayor gravedad clínica en determinadas series.

La verdadera prevalencia de los agentes etiológicos de la neumonía depende del lugar geográfico, del lugar de atención sanitaria (Primaria, Urgencias), de la estación del año y del clima, y evoluciona en la comunidad a lo largo de los años, así como de los programas de vacunación.

Los virus son la principal causa de la NAC en niños. Originan el 60 % de las NAC con ingreso hospitalario en nuestro país; en general, causan menos neumonías complicadas y son más prevalentes en <2 años. El más implicado es el virus respiratorio sincitial (VRS), importante en su época epidémica. El uso de anticuerpos monoclonales en lactantes menores de 6 meses de edad (nirsevimab) podría reducir el ingreso por NAC en la época epidémica en neonatos y lactantes. Existen también muchos otros virus(6): rinovirus, parainfluenza, influenza, adenovirus, coronavirus, metapneumovirus y bocavirus. Hasta el 30 % de las NAC son causadas por infecciones mixtas bacterias-virus, siendo también la bacteria más prevalente en este caso el neumococo.

Respecto al SARS-CoV-2, la neumonía asociada a este virus en pediatría tiene unas características relativamente diferentes a las de otros agentes, sobre todo virales(6): afecta a niños más mayores que con otros virus, con menos frecuencia asocia sibilancias, se acompaña de linfopenia y trombopenia, y requiere cuidados intensivos con mayor probabilidad.

La neumonía neonatal tiene una etiología diferente de la que se presenta a otras edades(3). La precoz, fundamentalmente, es por Streptococcus grupo B (agallactiae), pero también por Escherichia coli y gramnegativos, y no son excepcionales el virus herpes o por hongos, como la cándida. En raras ocasiones, aparece en infección congénita por toxoplasma o sífilis. Listeria monocytogenes no es común, pero puede ser causa en la precoz y en la tardía. La neonatal tardía puede ser por bacterias (Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes o neumococo), virus (adenovirus, parainfluenza, rinovirus, enterovirus, influenza o VRS) y hongos (cándida). Factores de riesgo: rotura precoz de membranas, corioamnionitis, parto prematuro y necesidad de asistencia respiratoria.

Las bacterias típicas producen un 15 % de las NAC que requieren ingreso. Streptococcus pneumoniae continúa siendo el agente bacteriano típico más frecuentemente implicado en todas las edades fuera del periodo neonatal; si bien, hay una prevalencia creciente de S. pyogenes y S. aureus en los últimos años, incluyendo los resistentes a meticilina y las cepas productoras de ciertos factores de virulencia, como la leucocidina Panton-Valentine(1,2,4,5).

En los mayores de 5 años, las causas, en orden de frecuencia, son(1,2,5,7): Mycoplasma pneumoniae (la bacteria más común), seguido de Streptococcus pneumoniae. Otros potenciales agentes son: Chlamydia o Chlamydophila pneumoniae, Moraxella catarrhalis, Haemophilus influenzae, Legionella pneumophila, tuberculosis, etc.

Se ha constatado un pico de infecciones por Mycoplasma pneumoniae en diversas zonas del mundo desde el otoño de 2023. En un estudio observacional multicéntrico (32 hospitales) retrospectivo en España, en otoño-invierno de 2023-2024, se detectó un aumento de la gravedad de infecciones por Mycoplasma pneumoniae, con ingresos en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) hasta de un 14 %, asociado, sobre todo, a síntomas neurológicos, hipoxemia y antecedente de prematuridad(7). En un estudio de cohortes retrospectivo en Zúrich, Suiza(8), se ha encontrado mayor proporción de procesos con obstrucción respiratoria (18,6 %) y derrame pleural (45,7 %), pero no de ingresos en UCI (5,1 %) ni más estancias hospitalarias.

No hay que menospreciar la gripe(6,9). En el estudio HOSPIGRIP, retrospectivo, de pacientes menores de 15 años con ingreso asociado a la gripe en 6 ciudades de España, de 2014 a 2016, se observó una tasa media anual de incidencia de hospitalización de 0,51 casos/1.000 niños de todas las edades (IC del 95 % 0,48-0,55). La hospitalización fue por sintomatología respiratoria en el 54,2 % de los casos (bronquitis 4,3 % y neumonía-bronconeumonía el 12 %).

• Consideraciones geográficas y ambientales(2,4,5): habría que tenerlas en cuenta en estancias recientes en estas áreas:

– Sarampión en países en desarrollo.

Coccidioides immitis (hongo) en parte de Centroamérica y América del Sur.

– Blastomicosis (hongo) cerca de los Grandes Lagos, en EE.UU.

Histoplasma capsulatum (hongo) en EE.UU., pero también en Canadá, Centroamérica, Europa del Sur y del Este, regiones de África y Asia. En relación a excrementos de pájaros y murciélagos.

– Hantavirus (EE.UU.), virus transmitidos por roedores, MERS o “fiebre del camello” (síndrome respiratorio del coronavirus MERS-CoV, Península arábiga).

Chlamydia psittaci (bacteria) en relación a pájaros domésticos y salvajes.

Coxiella burnetii (bacteria, fiebre Q) en relación con cierto tipo de ganado y con gatos.

Clínica

La clínica de la neumonía adquirida en la comunidad varía según la edad y el agente etiológico, siendo menos específica en lactantes y en las neumonías de origen viral. Fiebre, tos y dificultad respiratoria, junto con la valoración del estado general, el trabajo respiratorio y la saturación de oxígeno, constituyen los principales elementos para la aproximación diagnóstica. En neonatos y lactantes pequeños pueden observarse presentaciones atípicas, como apneas, dificultad para la alimentación o neumonía afebril. La gravedad clínica se correlaciona mejor con la apariencia general y el esfuerzo respiratorio que con la taquipnea aislada o los hallazgos auscultatorios.

Varía en función de la edad y del agente causal implicado. La neumonía se puede definir, clínicamente, como la presencia de fiebre y/o alteraciones focales en la auscultación; aunque en los lactantes o en las neumonías víricas, pueden no tener una auscultación tan localizada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone utilizar la definición de frecuencia respiratoria alta para la edad, con fiebre; especialmente en entornos sociosanitarios desfavorecidos, donde no hay posibilidad fácil ni rápida de estudio de imagen y la morbilidad y mortalidad es mayor. Esta definición de la OMS es muy sensible, pero poco específica.

Para aproximar el diagnóstico, se deben tener en cuenta los siguientes datos: fiebre, dificultad respiratoria, tos, rechazo de ingesta, comorbilidades y factores de riesgo, vacunaciones, uso reciente de antibióticos (en los 3 meses previos), actividades laborales o lúdicas y viajes internacionales.

Los neonatos y lactantes pequeños pueden debutar con apneas, dificultad respiratoria, dificultad para la alimentación, agitación o inquietud. Los lactantes pequeños pueden tener una neumonía afebril por Chlamydia trachomatis u otros patógenos(3-5). En los lactantes y niños pequeños, las infecciones por bacterias “típicas” se caracterizan por fiebre alta, inicio más abrupto, afectación del estado general, cierto grado de decaimiento-letargo, vómitos, dificultad respiratoria y tos, en ocasiones, quejumbrosa.

Clásicamente, se establecía una diferencia entre NAC típica (lobar) y atípica (infiltrado difuso) en el niño y adolescente, según la clínica y, especialmente, la radiografía simple, pero también la analítica (leucocitosis, neutrofilia)(1,2,10,11). En la neumonía atípica, causada por bacterias como Mycoplasma, así como virus y otros agentes, los síntomas más importantes son la tos, la fiebre y el malestar. El estado general se ve afectado, pero, generalmente, menos que en las neumonías típicas(1,2,10,11) (Tabla I).

tabla

 

En una revisión sistemática sobre la precisión de los signos y síntomas en la identificación de pacientes con neumonía radiográfica(12), se encontró que, entre los niños con tos o fiebre, la apariencia general del paciente, el trabajo respiratorio y el nivel de saturación de oxígeno parecen ser determinantes clave en la evaluación de la presencia de NAC, superando incluso la importancia de la taquipnea o los hallazgos auscultatorios (crepitantes) en el diagnóstico de la neumonía; en adolescentes, también el dolor torácico.

Diagnóstico

El diagnóstico clínico es suficiente en niños estables, previamente sanos, que se manejen de forma ambulatoria. La pulsioximetría debe realizarse ante sospecha de neumonía y ante sospecha de hipoxemia. La presencia de hipoxemia puede guiar las decisiones de ingreso y la necesidad de pruebas diagnósticas. En los pacientes en los que su manejo inicial es ambulatorio y no se sospechen cuadros de repetición, no se precisa la realización de radiografía simple ni pruebas de laboratorio. La ecografía clínica puede ser muy útil.

El diagnóstico clínico es suficiente en niños estables, previamente sanos, que se manejen de forma ambulatoria. La pulsioximetría debe realizarse ante sospecha de neumonía y ante sospecha de hipoxemia. La presencia de hipoxemia guía también las decisiones de ingreso y la necesidad de pruebas diagnósticas(1,2,5,10,11).

Diagnóstico radiológico

Radiografía simple de tórax

En la radiografía simple de tórax, los patrones principales son: neumonía lobar, bronconeumonía, neumonía con infiltrado parenquimatoso, intersticial y peribronquial, neumonía necrotizante y granuloma caseificante. El mejor gold standard actual, aunque imperfecto, es la presencia de condensación o infiltrados en la radiografía de tórax(2,4); o bien, una ecografía de tórax compatible. La tomografía computada (TC) sería el mejor gold estándar, pero tiene mucha radiación, puede exigir sedación y no está fácilmente disponible. Según la metodología ALARA (utilizar la menor radiación que se precise para un manejo práctico), la TC no cambiaría el manejo del paciente sin sospecha o riesgo de complicaciones. La radiación, en el caso de radiografía de tórax, es muy baja realmente.

Clásicamente, se ha considerado que el diagnóstico de la NAC requería una radiografía simple de tórax, puesto que orientaría a la etiología según dos patrones radiológicos(1,2,5,11) (Tabla I), aunque ningún patrón es exclusivo de una etiología concreta. Por otro lado, la falta de alteraciones radiográficas no excluye completamente la neumonía, y una placa de tórax patológica puede ser interpretada como normal.

Desde hace unos años, publicaciones nacionales(4,10,11) y muchas guías internacionales (BTS, guías NICE, ATS, OMS y otras) no recomiendan la realización sistemática de radiografía de tórax en aquellos niños estables con diagnóstico clínico de neumonía(11-14), previamente sanos, que se manejen de forma ambulatoria. Sí debe realizarse radiografía en los que requieran ingreso, tengan hipoxia o baja saturación en pulsioximetría o sospecha de complicaciones: derrame pleural, mala evolución (no mejoría de fiebre y afectación respiratoria tras 48 h de inicio de antibioterapia), dudas diagnósticas y neumonías recurrentes(11,12,15-16).

En caso de realizarse, no se recomienda la sistemática de radiografía en dos proyecciones, PA (AP hasta los 4-6 años de edad) y lateral. La radiografía lateral se recomendaría solo si fuera relevante localizar la lesión (como podría ser el caso de neumonías recurrentes), haya dudas diagnósticas, se sospechen adenopatías o haya complicaciones.

Se considera indicación de realizar radiografía u otra exploración complementaria de imagen, para valorar neumonía en niños pequeños (3-36 meses de edad) con fiebre >39ºC y leucocitosis significativa (>20.000/mcL); y en niños mayores, de hasta 10 años, si fiebre >38ºC, tos y leucocitosis >15.000/mcL.

Ecografía clínica de tórax

En los últimos años, se está implementando el uso de la ecografía de tórax “a pie de cama”, en el Punto de Atención (POCUS, siglas en inglés) o ecografía clínica, realizada por médicos y pediatras no radiólogos, en Atención Primaria y en Urgencias. Tanto la ecografía como la radiografía simple muestran un alto rendimiento diagnóstico para la detección de neumonía en la edad pediátrica(11,17,18). El manejo de ecografía clínica puede tener utilidad también en el entorno de la UCIP(19).

El rendimiento diagnóstico de la ecografía puede ser ligeramente inferior frente a la radiografía simple en ciertos ámbitos(17), como en los niños menores de 5 años. Frente a la radiografía simple, el valor predictivo positivo de la ecografía es algo menor (0,6 frente a 0,71); si bien el valor predictivo negativo es algo superior (0,86 frente a 0,8). Necesita aprendizaje y aparataje adecuado, pero no tiene radiación ionizante y no precisa sedación. Muchos autores proponen que sea una primera opción frente a la radiografía.

Las imágenes en ecografía muestran, tanto en la normalidad como en la patología, imágenes “reales” (como el derrame pleural) y signos que no se corresponden con ninguna estructura reconocible, sino que se producen por parte de la reflexión y la reverberación de los ecos sobre las interfases de los tejidos, y se denominan “artefactos” (p. ej.: líneas A, líneas B, línea pleural)(20). La ecografía de tórax puede indicar la condensación, un broncograma ecográfico, presencia de derrame pleural y si está tabicado o no. Con Doppler, se puede estudiar si hay flujo en el interior de la lesión, que puede sugerir complicaciones, como necrosis(1,11,20). La utilidad, en la hospitalización, sería para descartar derrame o controlarlo, localizar el lugar de la punción en su caso y valorar otras complicaciones. La ecografía pulmonar tiene algunas ventajas a la hora de distinguir entre la neumonía viral y la bacteriana, lo que podría ayudar a restringir el uso excesivo de antibióticos. En los ultrasonidos, los pacientes pueden mostrar consolidación con broncograma aéreo hiperecoico, lo que denota neumonía bacteriana; mientras que, si se objetiva una línea pleural engrosada y líneas B confluentes, es más sugestivo de neumonía viral (síndrome intersticial alveolar). A diferencia de las radiografías de tórax, la ecografía pulmonar no puede ofrecer una visualización completa del campo pulmonar, debido a la presencia de estructuras óseas, como la escápula y la clavícula, que obstruyen la visión. Además, existen dificultades para visualizar las zonas perihiliares. Por otra parte, la ecografía puede tener dificultades para detectar lesiones parenquimatosas pequeñas y localizadas que no llegan a la pleura, debido a la diferencia entre la impedancia acústica del aire y la de los tejidos blandos (Figs. 1-3).

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Figura 1. Ecografía clínica en pediatría para diagnóstico de patología pulmonar. Sistemática de exploración con ultrasonidos.
Fuente: referencia (19).

 

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Figura 2. Ecografía clínica en pediatría para diagnóstico de patología pulmonar. Algunas imágenes en bronquiolitis y neumonía. Imágenes ecográficas pulmonares en un paciente con bronquiolitis complicada por neumonía. a) El abordaje intercostal transversal mostró múltiples líneas B, compatibles con bronquiolitis. b) La exploración torácica longitudinal reveló una superficie pleural irregular y líneas B confluentes (flecha). c) El campo pulmonar posterior izquierdo mostró una pequeña consolidación subpleural sin broncogramas aéreos ecográficos (flecha), un hallazgo típico en lactantes con bronquiolitis asociada a líneas B confluentes focales que surgen del margen de la consolidación. d) La exploración de la región posterior del pulmón derecho reveló una consolidación con broncogramas aéreos hiperecoicos sugestivos de neumonía.
Fuente: referencia(20).

 

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Figura 3. Neumonía con derrame, con septos ecográficos. Fuente: referencia(5).

En el estudio y seguimiento de la patología neonatal, así como en el diagnóstico de neumonía, se está viendo muy útil la ecografía clínica. El artículo de Rodeño et al.(21), en Anales de Pediatría, aporta datos de gran valor para conocer la sistemática, las aplicaciones y la interpretación de imágenes ecográficas en la patología neonatal. Existen vídeos adicionales en versión electrónica, disponibles en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2022.01.002.

• Secuencia rápida de resonancia magnética: en pacientes ingresados, la resonancia serviría para conseguir imágenes de mayor resolución en neumonías complicadas, sin tener que recurrir a la tomografía(11). Puede evidenciar la neumonía (imágenes de alta intensidad de señal en espacio alveolar, en secuencias T2), puede valorar derrames y abscesos. Los chicos mayores y adolescentes que cooperen pueden ofrecer buenas imágenes en resonancia con cierta colaboración.

• La imagen por TC es más sensible que la radiología simple, pero es más costosa y tiene radiación importante. Se reserva en pediatría y adolescencia para complicaciones (presencia de neumatocele, neumonía necrotizante, abscesos o dudas diagnósticas en neumonías de evolución inadecuada o pacientes inmunodeprimidos o con patología de base)(1,11,15).

Pruebas de laboratorio

El diagnóstico etiológico sigue siendo limitado, aunque las técnicas moleculares y los test rápidos han supuesto un avance relevante y podrían favorecer un uso más racional de los antibióticos. Los estudios microbiológicos están indicados fundamentalmente en pacientes hospitalizados, neumonías complicadas o mala evolución clínica. Los biomarcadores, especialmente la proteína C reactiva y la procalcitonina, son útiles como apoyo diagnóstico y para el seguimiento, pero no deben emplearse de forma aislada para diferenciar etiología viral y bacteriana.

En la mayor parte de las guías no se recomienda realizar estudios diagnósticos en pacientes ambulatorios(4,5,11), salvo sospecha de patógenos infrecuentes o circunstancias epidemiológicas especiales, como, por ejemplo, en sospecha de tos ferina.

El diagnóstico causal de la neumonía sigue siendo subóptimo (hemocultivo, serologías, PCR viral, técnicas moleculares…), aunque se han realizado grandes avances en los últimos años(11), como los test de detección viral rápida múltiple en muestras nasofaríngeas, o diagnóstico de DNA por reacción en cadena de polimerasa, sobre todo en muestras estériles.

El hemocultivo no debe hacerse de rutina en el paciente de manejo ambulatorio, excepto si no hay mejoría clínica o se presenta deterioro clínico tras iniciar el tratamiento antibiótico. El hemocultivo es recomendable en pacientes que ingresan, aunque su rentabilidad es <30 %, y también ante neumonías complicadas. En neumonía por S. aureus, muchos autores recomiendan realizar hemocultivos repetidos(11).

El cultivo de esputo se obtendrá en niños hospitalizados que puedan producir esputo. El cultivo de líquido pleural se realizará cuando sea necesaria la toracocentesis.

Otros test, según sospecha: antígeno urinario para Legionella; Mantoux o test de IGRA (Quantiferon) ante posible tuberculosis; y serología para Mycoplasma.

Estudios invasivos se considerarán en inmunodeprimidos o gravemente enfermos: broncoscopia u otras técnicas. En la tabla II se muestra la propuesta de estudios diagnósticos a considerar.

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Biomarcadores

Los más utilizados son la leucocitosis (>15.000 leucos/mcL)-neutrofilia y, especialmente, la proteína C reactiva (PCR) y la procalcitonina (PCT). Una cifra de leucocitos <15.000 sugiere etiología no bacteriana, excepto en el niño gravemente enfermo. La leucocitosis sugiere infección bacteriana típica, aunque también puede presentarse en Mycoplasma pneumoniae, gripe o adenovirus. La eosinofilia puede presentarse en lactantes con infección por Chlamydia trachomatis. La PCR es de las más utilizadas, aunque ha mostrado tener una sensibilidad subóptima para identificar niños con neumonía bacteriana típica; valores sobre 6-8 mg/dl la hacen más probable. La PCT elevada (≥1-2 ng/mL) ha mostrado tener una cierta sensibilidad y especificidad superiores, especialmente en pacientes graves. Son útiles, pero no como único factor determinante para distinguir la etiología vírica de la bacteriana, y, por tanto, el manejo inicial de una neumonía y su tratamiento antibiótico(11,22,23). El costo de la PCT es alto. Otra utilidad de la PCR y, sobre todo, de la PCT, es el seguimiento de pacientes críticos o que no presentan evolución favorable. La PCT puede ser útil para suspender el tratamiento antibiótico(23).

Otros biomarcadores están en estudio: interleucina 6 y otros(11).

Criterios de ingreso en la neumonía adquirida en la comunidad

Una vez planteado el diagnóstico de NAC, la siguiente cuestión es decidir el lugar donde debe aplicarse el tratamiento, así como hacer una orientación etiológica. La decisión de ingreso se basará en la edad, factores clínicos de gravedad y las enfermedades crónicas subyacentes.

En estudios pediátricos sobre neumonías(1,4,5,11) (todas las edades y comorbilidades o no), estas resultan ser un 1-4 % de las consultas de Urgencias, y su porcentaje de ingreso es del 14-25 %, y precisan UCIP hasta el 20 % de las que precisan hospitalización.

En adultos, para valorar la gravedad, se han desarrollado escalas pronósticas(23), como Fine, PSI y CURB65. La escala CURB-65 es muy utilizada en clínica e investigación en pacientes con neumonía desde los 18 años de edad.

En pediatría, se puede aplicar la escala PEWS (Pediatric Early Warning Score), sobre todo la SpO2 y el trabajo respiratorio(25). Valora la conducta, el componente cardiovascular y el respiratorio, con puntuación de 0 a 3 cada apartado, según incrementa la afectación.

Consultar las tablas III y IV para criterios de ingreso hospitalario y de ingreso en UCIP.

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Derrame paraneumónico

Es la complicación más frecuente de la neumonía, presente en hasta en un 20-40 % de los ingresos. Causa fiebre prolongada en un paciente con neumonía, dolor y dificultad respiratoria. La progresión del derrame ocurre de horas a días(4,5,11,26).

El neumococo es el más frecuente en causar derrame paraneumónico. Están en aumento S. pyogenes, S. aureus. Otras: Mycoplasma y tuberculosis.

Una radiografía en decúbito de >1-1,5 cm puede ser drenable. La ecografía es la técnica de imagen preferida para confirmar derrame, cuantificarlo, valorar la presencia de tabiques o septos de fibrina y localizar el sitio adecuado para la punción. La TC no suele afectar a las decisiones de manejo, salvo diagnóstico de otras complicaciones. El tratamiento antibiótico se cita más adelante y en las tablas V y VI. Hay una cierta tendencia a menor intervencionismo: drenar si el volumen es suficiente como para generar dificultad respiratoria y la necesidad de diagnóstico diferencial; hay que considerar también la localización y las características, pues, en un derrame subpulmonar o localizado, el riesgo/beneficio del drenaje puede no ser favorable. Para la indicación de toracocentesis, videotoracoscopia, se debe consultar con cirugía, infectología y/o intensivos. Si se precisa, se utilizan fibrinolíticos, como urokinasa, estreptoquinasa o alteplasa (r-TPA).

Diagnóstico diferencial

Neumonitis o alteración radiológica pulmonar de causa no infecciosa:

– Aspiración/anaerobios: Secundarios a aspiración. Frecuente en pacientes neurológicos. También en disfagia o alteración esofágica.

– Aspiración de cuerpo extraño y sus complicaciones.

– Inhalación (hidrocarburos, tabaco, opiáceos, otras).

– Radiación-fármacos (citostáticos). Inflamación pulmonar que evoluciona a fibrosis pulmonar.

– Hipersensibilidad a alérgenos.

– Neumonitis por hipersensibilidad. Tras exposición a heno húmedo, excrementos de aves o productos químicos inhalados.

– Neumonitis por hipersensibilidad tras “vapear” (uso de un e-cigarrillo). Neumonía lipoidea y neumonía eosinofílica.

Alteraciones anatómicas: secuestro pulmonar, enfisema lobar congénito, atelectasias, anillo vascular, quiste broncogénico, etc.

Enfermedades pulmonares crónicas: asma, bronquiectasias, FQ, fibrosis pulmonar, déficit de alfa-1 antitripsina, sarcoidosis e histiocitosis X.

Vasculitis.

Otras: neoplasias, infarto pulmonar, tromboembolismo pulmonar y edema pulmonar de origen cardiaco.

Tratamiento antimicrobiano

En la NAC típica no complicada, la amoxicilina es el antibiótico de elección, mientras que los macrólidos se indican ante sospecha de neumonía atípica o falta de respuesta al tratamiento inicial. Los casos graves o con complicaciones requieren tratamiento intravenoso de amplio espectro y cobertura frente a Streptococcus pneumoniaeStaphylococcus aureus. La duración del tratamiento debe individualizarse según gravedad, evolución clínica y patógeno identificado, siendo posible emplear pautas más cortas en neumonías no complicadas. La neumonía neonatal tiene un manejo diferenciado.

Neumonía neonatal

Consultar con neonatología para el manejo inicial, dosis según peso y edad gestacional y manejo según evolución.

Bacteriana. Dos antibióticos:

Neumonía precoz (<3-6 días): ampicilina más gentamicina. Se deben tener en cuenta la epidemiología y los patrones locales de susceptibilidad a antibióticos. No deberían utilizarse cefalosporinas de 3ª generación por el desarrollo rápido de resistencias.

Neumonía de inicio tardío: vancomicina más gentamicina o cefalosporina de amplio espectro (ceftazidima o cefepime). Se puede considerar añadir nafcilina si hay sospecha de S. aureus, hasta el resultado de la susceptibilidad antibiótica.

Virus: herpes (aciclovir), citomegalovirus, etc. Véanse recomendaciones de neonatología, disponibles en: https://www.seneo.es/index.php/publicaciones/protocolos-de-la-seneo-2023.

NAC de características típicas

Neumonía no complicada: para dosificación, véase la tabla V:

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– Tratamiento ambulatorio: amoxicilina oral. Considerar hasta 7-10 días.

– Tratamiento hospitalario: podría ser oral en casos seleccionados, pero suele administrarse i.v.: ampicilina i.v. 2-4 días (>24 h apirexia), seguida de amoxicilina oral o de forma ambulatoria hasta completar 7-10 días.

– Opción válida si NAC con etiología neumocócica sospechada o confirmada: penicilina G sódica.

– Si no hay respuesta a amoxicilina, se añadirá un macrólido (claritromicina o azitromicina), y también si se sospecha la presencia de M. pneumoniae, Chlamydia pneumoniae o legionelosis, o el paciente está grave, hipoxémico o hay sibilancias. Las resistencias a los macrólidos del neumococo en España son <25 % actualmente, y es baja en bacterias atípicas.

– La alternativa al macrólido puede ser la doxiciclina, que cubre bien a las bacterias atípicas, al igual que las fluoroquinolonas.

– En caso de alergia a betalactámicos, la alternativa dependerá del tipo de reacción en la historia previa. Sin anafilaxia: cefuroxima o cefpodoxima. Con anafilaxia a betalactámicos: levofloxacino, clindamicina o linezolid o macrólidos.

– Si hay sospecha de resistencia a macrólido y a doxiciclina, se puede usar levofloxacino (fuera de ficha, pues su indicación es en >18 años de edad). Las quinolonas se usan preferentemente en adolescentes, si han completado el desarrollo óseo. El uso de levofloxacino debe evitarse si hay dudas sobre que la neumonía pueda ser por tuberculosis hasta realizar el estudio microbiológico, por ser este un tratamiento de segunda línea para la tuberculosis.

– Menores de 3 meses: ampicilina i.v. más cefotaxima i.v.

– Pacientes no vacunados frente a H. influenzae: cefuroxima i.v. o v.o.; o bien amoxicilina-clavulánico i.v. o v.o.

– Una vez realizado el diagnóstico de neumonía en el adolescente mayor, se iniciará siempre tratamiento antibiótico(1,4,5,11).

Neumonía con derrame pleural complicado, absceso pulmonar o neumonía necrotizante:

– Cefotaxima i.v. 100-200 mg/kg/día. Más vancomicina i.v. 60 mg/kg/día.

– Alternativa: cefotaxima i.v. + linezolid i.v. (uso off label)/ceftarolina. Valorar añadir macrólido (azitromicina 10 mg/kg/día, cada 24 horas).

– Otra alternativa en neumonía abscesificada: cefotaxima 100-200 mg/kg/día + clindamicina i.v. 40 mg/kg/día.

– Situaciones especiales (Tabla VI).

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NAC de características atípicas

Si la sospecha es neumonía viral (inicio de síntomas gradual, infección respiratoria alta, auscultación difusa, con buen estado general), especialmente en mayores de 6 meses de edad y menores de 3-5 años, muchos autores recomiendan no utilizar antibioterapia en el manejo inicial(11).

No se utilizan antimicrobianos antivirales generalmente. Se consideran indicados en el manejo ambulatorio de la gripe con factores de riesgo (oseltamivir), así como en pacientes ingresados (gripe y coronavirus en ciertos casos SARS-CoV-2). Para el tratamiento de neumonía y covid, consultar los protocolos locales o con infectología (p. ej.: nirmatrelvir-ritonavir para niños ≥12 años de edad y de ≥40 kg de peso(1,4,5,11).

En niños mayores de 5 años, con sospecha de neumonía atípica y manejo ambulatorio, se proponen macrólidos como terapia empírica inicial. En los que empeoran o requieren evaluación adicional e ingreso, se recomienda: macrólido oral o i.v. (claritromicina o azitromicina). Alternativa: levofloxacino o, en mayores de 8 años, doxiciclina. Si hay empeoramiento y en el manejo inicial no se incluyó cubrir bacterias típicas, puede ser razonable cubrir neumococo u otras bacterias. También hay que tener en cuenta las comorbilidades.

NAC no clasificable

Uso de macrólidos: en caso de neumonía grave (cualquier edad, por encima de los 3 meses de edad): cefotaxima/ceftriaxona i.v. + macrólido i.v.

Duración del tratamiento

Se ha descrito buena evolución con tratamientos de 5 días en la NAC sin complicaciones, pero hacen falta más estudios en pediatría.

• Neumonías leve-moderadas: 7-10 días.

• Neumonías graves: 10-14 días.

• Neumonía atípica: 7-10 días (azitromicina 3-5 días, según la dosis).

• Según patógenos: C. trachomatis (14 días), S. aureus (3 semanas i.v. y 3-4 semanas v.o.), M. pneumoniae (7-10 días), neumococo y Hib (7-10 días).

Con levofloxacino pueden ser suficientes 5 días (hasta 10).

Tratamiento. Medidas generales

El tratamiento general incluye medidas de soporte, como control de la fiebre y el dolor, y oxigenoterapia en su caso, hidratación y nutrición apropiadas. En pacientes ambulatorios, es fundamental proporcionar a las familias instrucciones claras sobre el tratamiento y los signos de alarma. Deben evitarse los antitusígenos, mucolíticos y la fisioterapia respiratoria durante la fase aguda. En pacientes hospitalizados, deben considerarse medidas de aislamiento, monitorización y prevención de complicaciones.

En el caso de pacientes tratados a nivel ambulatorio, se recomienda proporcionar a la familia o a los cuidadores pautas claras y por escrito sobre el tratamiento, así como sobre la observación de signos o síntomas de mala evolución o alarma, y cuándo consultar de nuevo o acudir a urgencias.

Las medidas a plantear son(1,2,4,5,11):

• Antipiréticos, analgésicos, O2 terapia para SpO2 >92 o 95, según las guías, soporte respiratorio, hidratación y nutrición. Riesgo de secreción inadecuada de ADH (SIADH). Si hiponatremia o sospecha de SIADH, usar fluidos isotónicos en lugar de hipotónicos.

• Monitorización de pulsioximetría, si inestable en necesidades de oxigenoterapia, considerar gasometría para valorar pCO2.

• Antitusígenos: deben ser evitados. Mucolíticos y expectorantes deben ser evitados.

• Fisioterapia: no se debe realizar en proceso agudo. Es útil en bronquiectasias, FQ y neumonía con gran componente atelectásico.

• Prevención de trombosis y tromboembolismo pulmonar. Considerar uso de heparinas de bajo peso molecular. A valorar en adolescentes mayores inmovilizados, si hay factores de riesgo asociados: obesidad, síndrome metabólico, anticonceptivos orales, alteraciones hematológicas, oncológicas, traumatológicas, etc. Consultar con Hematología y protocolos actualizados locales, en caso de infección por COVID-19:

– Riesgo leve de tromboembolismo venoso (gravemente enfermos sin estado hiperinflamatorio y sin riesgo previo de trombosis); considerar enoxaparina subcutánea y control factor anti-Xa.

– Alto riesgo de tromboembolismo venoso (críticamente enfermos, estado hiperinflamatorio o historia pasada de eventos tromboembólicos); considerar enoxaparina subcutánea y control factor anti-Xa.

• Muy importantes las medidas de aislamiento hospitalario:

– VRS y parainfluenza: de contacto.

– Influenza, Bordetella, M. pneumoniae y Chlamydia: aéreo, gotas.

– Adenovirus, S. aureus MR: contacto y aéreo, gotas.

 

Se puede valorar la consulta con un especialista en Enfermedades Infecciosas en caso de alergia, comorbilidades o fallo de respuesta al tratamiento, y con Neumología si se trata de una neumonía recurrente.

El uso de corticoides en el tratamiento de las neumonías graves en adultos, ha demostrado que acorta el tiempo de hospitalización, disminuye la necesidad de ventilación mecánica y el riesgo de distrés respiratorio. Todavía las guías no lo recomiendan como uso rutinario(11,24). En niños, aún está en estudio; podría considerarse en neumonías graves y derrame pleural paraneumónico.

Seguimiento

Revisión clínica a las 48 horas de iniciado el tratamiento antibiótico(1,4,5,11).

En niños ingresados, una vez comprobada la evolución favorable, desaparición de la fiebre y adecuada tolerancia oral, se puede sustituir la vía parenteral por la vía oral.

En la evolución sin complicaciones, puede haber cierta astenia, cansancio o limitación del ejercicio y esfuerzo deportivo durante 1 mes, a veces, hasta 3 meses.

Control radiológico

Si la evolución de los síntomas respiratorios es favorable, no se recomienda realizar una radiografía de control. En caso de realizarse, no antes de las 4-6 semanas.

La radiografía simple está indicada en casos de síntomas persistentes (tras 48-72 h de tratamiento antibiótico no existe mejoría clínica). El estudio radiológico de control está indicado en sospecha de complicaciones o de una causa subyacente no infecciosa, como atelectasias grandes, neumatocele, absceso pulmonar o derrame pleural(1,11,15,16).

Prevención

Ya se mencionó la importancia decisiva de las vacunas conjugadas frente a Haemophilus influenzae y S. pneumoniae (conjugada 15-20 valente). En ciertas comorbilidades hay que tener presente la vacunación antineumocócica, incluida la polisacárida en mayores de 2 años.

La vacuna antigripal, en España, está indicada a partir de los 6 meses de edad. Según las indicaciones actuales para los grupos de riesgo y su inclusión en el calendario hasta los 5 años, puede evitar una gran parte de las formas graves de gripe en la población infantil y está modificando la incidencia de la enfermedad.

La vacunación contra la tos ferina en la embarazada ha reducido la incidencia y la gravedad de la enfermedad en el recién nacido y en el lactante pequeño.

Las medidas preventivas de la infección por VRS (anticuerpos monoclonales en neonatos, lactantes pequeños, la higiene de contacto, así como la vacunación en adultos mayores de 60 años) serían muy útiles para aminorar el efecto de la neumonía en niños.

Neumonía recurrente

Introducción

Se considera neumonía recurrente a la existencia de dos neumonías en un mismo año o tres o más episodios en cualquier periodo, con normalización radiológica entre ellos. Se debe diferenciar de la neumonía persistente, que implica permanencia clínica o de la imagen radiológica más allá del tiempo habitual en que se resuelven con tratamiento inicial adecuado; para algunos autores, es un mes, para otros hasta 3 meses(10,16,26-31). Las neumonías recurrentes o persistentes (Tabla VII) suponen hasta un 7-10 % de las neumonías que requieren ingreso, especialmente en centros terciarios de referencia. La forma más frecuente, probablemente, sea la neumonía recurrente de localización variable.

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Sobre las neumonías recurrentes no hay muchos estudios epidemiológicos en pediatría, y esto hace difícil preparar guías o recomendaciones específicas para su diagnóstico y tratamiento. Por esto, se recomienda un uso de exploraciones complementarias orientado por la anamnesis y exploración física. En más del 80-90 % de los pacientes subyace una patología subyacente que debe investigarse o buscar su control.

Debe diferenciarse del concepto de consolidación recurrente/persistente no infecciosa, que incluye patología con inflamación del parénquima pulmonar de origen no infeccioso, con o sin síntomas sistémicos. Se incluyen dentro de estas patologías: atelectasias, bronquiectasias, malformaciones de la vía aérea, neoplasias y casos del síndrome del lóbulo medio. A veces, se solapa o descubre en el proceso del diagnóstico de una neumonía bacteriana “clásica” aparentemente.

En una neumonía recurrente debe evaluarse, minuciosamente, la historia clínica. Lo inicial sería confirmar el diagnóstico de las neumonías previas, así como su respuesta al tratamiento. En el caso de niños mayores de un año, donde el diagnóstico más probable es bronquitis sibilante de repetición, puede iniciarse su seguimiento en primaria, y ver la evolución en los siguientes meses. Si no hay sospecha inicial de patología importante de base, puede ser recomendable un primer nivel de exploraciones, que incluya: hemograma, recuento, fórmula leucocitaria, estudio inmunitario básico, inmunoglobulinas, Mantoux y radiografía de tórax.

En una neumonía recurrente en la misma localización, las causas más habituales son la obstrucción bronquial intraluminal o bien la compresión extrínseca.

La tomografía computarizada y la fibrobroncoscopia son técnicas complementarias decisivas en muchas ocasiones, especialmente en neumonías recurrentes en la misma localización o neumonías persistentes. La fibroscopia, en el caso de neumonías recurrentes o persistentes, posee utilidad diagnóstica y, a veces, terapéutica: localizar cuerpos extraños, identificar lesiones intraluminales o compresiones bronquiales y realizar estudios microbiológicos etiológicos.

Ante un caso de neumonía recurrente, se debe realizar un estudio de las posibles causas. Se iniciará con una anamnesis y exploración física y se solicitarán las exploraciones complementarias dirigidas según la etiología sospechada(10,16,26). En primer lugar, es útil diferenciar si la neumonía es recurrente en la misma localización, en distintas localizaciones o si se puede considerar como neumonía persistente.

Etiología

El asma es la entidad de base más frecuente en pacientes con neumonías de repetición, la presentan hasta el 30-40 % de los pacientes. Algunos autores postulan que es difícil determinar si existe relación causal entre ellas, si coinciden accidentalmente o si comparten otra causa común, incluso si el diagnóstico de asma es correcto. Esta coincidencia ocurre también con las malacias de la vía aérea o las malformaciones vasculares.

Una causa frecuente de neumonía recurrente es el síndrome aspirativo, sobre todo si hay parálisis cerebral o alteración neurológica de base.

Hay situaciones predisponentes a infecciones respiratorias bajas, incluso en preescolares sanos, como la exposición al humo de tabaco o contaminación ambiental, la asistencia a guardería o la estacionalidad de otoño e invierno (v. tabla VII y algoritmo al final del artículo). El uso de inmunoterapia con biológicos antiVRS (palivizumab y, actualmente, nirsevimab) está modificando la presentación de las infecciones respiratorias bajas, al menos en lo que respecta a su prevención a una edad muy temprana en los lactantes.

Valoración diagnóstica

El estudio de pacientes pediátricos con neumonías de repetición debe basarse en una minuciosa historia clínica, que dirija el seguimiento y la indicación de las exploraciones complementarias; por tanto, la metodología será individualizada, con la propuesta de niveles de pruebas básicas, y dirigidas posteriormente, o bien en función de la sospecha diagnóstica(10,16,26-30) (v. algoritmo al final del artículo).

Anamnesis general y dirigida

Se deben recoger antecedentes familiares de enfermedad pulmonar, asma, atopia o inmunodeficiencias; también, los antecedentes personales de prematuridad, patología previa, atopia, sibilancias recurrentes-asma, reflujo gastroesofágico, sinusitis, otitis crónica, neoplasia e inmunodeficiencia-inmunosupresión.

En cuanto a los diagnósticos previos, se debe comprobar si las neumonías tenían un diagnóstico correcto o eran una aproximación a infección pulmonar baja. Es importante revisar los síntomas, tratamiento y la respuesta al mismo, la localización, la estacionalidad, el lugar de residencia, hallazgos radiológicos, la clínica entre episodios, sobre todo tos persistente húmeda o no, disnea o polipnea y los hallazgos auscultatorios.

Por último, otras posibles patologías asociadas: digestivas (vómitos, regurgitaciones, disfagia, diarrea crónica), malnutrición, infecciones ORL de repetición, infecciones cutáneas o invasivas, autoinmunidad y neoplasia.

Exploración general y dirigida

Inicialmente, se debe realizar el triángulo de evaluación pediátrica y registrar las constantes (FC, FR, SpO2), así como la auscultación. Evaluar la semiología típica: crepitantes, soplo tubárico, ruidos sobreañadidos locales, sibilancias generalizadas o localizadas y estridor. También se deben identificar signos o síntomas sugestivos de patología de base, como dermatitis, ictiosis, acropaquias, talla baja, malnutrición, cardiopatía, hepatomegalia o adenopatías.

Si la aparición se produce a una edad más temprana, especialmente en menores de un año, orienta hacia enfermedades congénitas y malformaciones, así como hacia reflujo y trastornos de la deglución, e incluso a inmunodeficiencias. El asma de base suele estar implicada más tardíamente, alrededor de los 2 años, o a partir de los 3-4 años de edad. La aspiración de cuerpo extraño puede tener un antecedente claro de episodio de sofocación, o no tenerlo; suele ser localizada y presentarse después de los 6-9 meses de edad o, en ocasiones, más tardíamente. Las neumonías que afectan la misma localización pueden deberse a alteraciones locales del pulmón (secuestro, malformaciones o bronquiectasias).

Se debe dedicar especial atención a los “red flags”: síntomas respiratorios entre episodios, malnutrición, atragantamientos, soplo cardiaco, hepatomegalia, antecedente de infecciones bronquiales frecuentes, sobre todo por encima del año de edad, bronquiectasias idiopáticas, infección bronquial crónica, necesidad de tratamiento antibiótico prolongado para infecciones respiratorias, neumonía o bronquiolitis graves o con complicaciones, absceso pulmonar, neumatocele e infecciones por microorganismos no habituales u oportunistas.

Es frecuente encontrar un falso diagnóstico al interpretar infecciones víricas mal catalogadas o tratadas como neumonías. Si no hay sospecha inicial de patología importante de base, puede ser recomendable un primer nivel de exploraciones, que incluya: hemograma, recuento, fórmula leucocitaria, estudio inmunitario básico, inmunoglobulinas, Mantoux y radiografía de tórax. Se puede realizar estudio de alergia con pruebas cutáneas o en sangre (IgE total e IgE específica) según la clínica o en mayores de 4 años, y pruebas de función pulmonar disponibles, como espirometría basal y postbroncodilatación en los niños sobre los 5-6 años.

En una neumonía recurrente, en la misma localización, las causas más habituales son la obstrucción bronquial intraluminal o por compresión extrínseca. Para su diagnóstico, la broncoscopia rígida o flexible, la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética pueden ser utilizadas, eligiendo la técnica según la sospecha clínica y la disponibilidad del centro.

En la neumonía recurrente de localización variable, el espectro de exploraciones complementarias se amplía y deben priorizarse según sospecha: test de deglución, estudio isotópico de microaspiraciones, videofluoroscopia de deglución, pHmetría, biopsia nasal, bronquial, estudio genético para FQ o discinesia ciliar primaria, estudio de inmunodeficiencias, ecocardiograma, espirometría, etc.

Mensajes

Los virus respiratorios causan frecuentemente infección respiratoria alta y baja, en forma de picos epidémicos estacionales.

Factores de riesgo para presentar infección del tracto respiratorio inferior o que sea de mayor gravedad: comorbilidades (asma, obesidad, inmunodeficiencias, enfermedades cardiacas, neuromusculares, drepanocitosis, etc.), estilo de vida y tóxicos (alcohol, tabaco, otras drogas).

El tratamiento de la neumonía, en muchos casos, se realiza en Atención Primaria. La afectación o gravedad y las comorbilidades requieren adaptar el tratamiento empírico. Para la NAC típica, la primera indicación ambulatoria es la amoxicilina; en caso de ingreso, la ampicilina. En caso compatible con neumonía bacteriana atípica, se debe elegir un macrólido. En casos no graves, se usa monoterapia antibiótica.

La radiología simple de tórax sigue siendo básica en el diagnóstico de neumonía, aunque puede realizarse un manejo de la NAC sin ella en el niño sano, con buen estado general, que se trate de forma ambulatoria y tenga un seguimiento clínico cercano.

En la actualidad y futuro cercano, se implementarán diagnósticos virológicos rápidos y ecografía en Atención Primaria y en Urgencias, así como la mejora en el diagnóstico rápido etiológico en pacientes hospitalizados y en el diagnóstico de neumonía complicada.

La prevención de enfermedades infecciosas con medidas generales adecuadas y la vacunación según calendario vigente y con las indicaciones concretas en comorbilidades (antigripal incluida) puede evitar complicaciones y el desarrollo de enfermedad grave, así como promover un estilo de vida saludable en el adolescente (Fig. 4).

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Figura 4. Infografía sobre la neumonía adquirida en la comunidad.

 

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra de Atención Primaria es esencial, ya que es el primero que debe sospechar esta patología. Entre sus responsabilidades se incluye:

Establecer el diagnóstico de neumonía recurrente ante 2 episodios de neumonía en un mismo año o 3 en la infancia.

• Confirmar clínica y, sobre todo, radiológicamente, el diagnóstico real de neumonía en los episodios recurrentes.

• Plantear un diagnóstico diferencial etiológico según la anamnesis y exploración física detalladas, y la localización de los diferentes episodios. Según este planteamiento, dirigir la prioridad de exploraciones complementarias e interconsultas en función de la sospecha clínica.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

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Tratado excelente, en su segunda edición, avalado y accesible desde la Sociedad de Neumología Pediátrica (SNP) y de la Sociedad Española de Patología del Aparato Respiratorio (SEPAR).

– Cid Sainz M, Morillo Carnero P. Neumonías de repetición. En: Guerrero-Fernández J, Cartón Sánchez AJ, Barreda Bonis AC, Menendez Suso JJ, Ruiz Domínguez JA, Climent Alcalá FJ, eds. Manual de Diagnóstico y Terapéutica en Pediatría. 7ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2026. p. 2190-4.

Capítulo sobre neumonías de repetición en la última edición del Manual de La Paz, el Libro Verde. Muy adaptado a la práctica clínica.

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Protocolo de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP).

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Muy útil para considerar definición de caso, factores de riesgo y recomendación de tratamiento.

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Excelente revisión en Anales de Pediatría sobre el uso de los ultrasonidos en neonatología: técnica, indicaciones, utilidad y limitaciones.

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Excelente revisión sistemática y metaanálisis sobre la rentabilidad diagnóstica del uso de radiología simple y los ultrasonidos en neumonía pediátrica, abordando técnica, indicaciones, utilidad y limitaciones.

Referencias en web

– Comité de vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP): https://vacunasaep.org/familias/vacunas-una-a-una/vacuna-neumococo; https://vacunasaep.org/sites/vacunasaep.org/files/recomendaciones-gripe-nino-2025-2026_sept25._final_3.pdf.

– Guía ABE: https://www.guia-abe.es/generalidades-antibioticos–dosis-en-lactantes-y-ninos.

– Pediamecum: https://www.aeped.es/comites/cm/pediamecum.

– Sociedad de Infectología Pediátrica: https://www.seipweb.es/wp-content/uploads/2021/03/Tabla-dosis-antibioticos-pediatria.-v.1.0.pdf.

 

Caso clínico

 

Chico de 14 años que presenta un cuadro de fiebre de 3 días de evolución, con picos de hasta 38,5 °C, en el mes de diciembre. Asocia sensación de dificultad respiratoria, leve malestar general, dolores musculares, tos y sibilancias. Había recibido tratamiento previo con salbutamol y paracetamol.

Acude por presentar lesiones cutáneas no muy numerosas pero generalizadas, que respetan palmas y plantas, en forma de placas eritematoedematosas con vesiculización central y halo eritematoso, lo que les confiere un aspecto en “diana”. En la exploración, no hay lesiones mucosas, mínima rinorrea y sibilancias y crepitantes bibasales en la auscultación. La saturación medida por pulsioximetría es del 95 %. Se administran dos tandas de salbutamol, con mejoría de la sensación de dificultad respiratoria.

 

 

algoritmo

 

Ecografía pulmonar para el pediatra de Atención Primaria

E. Rodríguez Urteaga*,  A.I. Maderuelo Sánchez*,  M. Porcar Almela**
Temas de FC


E. Rodríguez Urteaga*, A.I. Maderuelo Sánchez*, M. Porcar Almela**

*Centro de Salud Dos de Mayo. Móstoles, Madrid
**Clínica Porcar Pediatría. Almazora, Castellón. Coordinador del Grupo de Trabajo de Ecografía Pediátrica SEPEAP-GTECO

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Autor para correspondencia

dr.porcaralmela@gmail.com

Resumen

La ecografía pulmonar se ha consolidado como una herramienta esencial en pediatría de Atención Primaria, por su capacidad para valorar de forma rápida, precisa e inocua al niño con síntomas respiratorios. A diferencia de la auscultación o la radiografía, la ecografía no se ve limitada por el llanto ni expone a radiación, y ofrece una alta sensibilidad para detectar alteraciones, como consolidaciones, derrames o neumotórax. Su aplicación permite diagnosticar y monitorizar neumonías, bronquiolitis y sus complicaciones, facilitando decisiones clínicas más fundamentadas. Además, el Lung Ultrasound Score (LUS) ayuda a estratificar la gravedad en bronquiolitis, optimizando derivaciones y reduciendo exploraciones innecesarias. Para el pediatra de AP, dominar esta técnica implica adquirir los conocimientos para realizar exploraciones sistemáticas, reconocer patrones ecográficos y utilizar la ecografía como complemento básico, al mismo nivel que el fonendoscopio, mejorando la calidad asistencial y la seguridad del paciente.

 

Abstract

Lung ultrasound has become an essential tool in primary care pediatrics due to its ability to quickly, accurately, and safely assess children with respiratory symptoms. Unlike auscultation or radiography, ultrasound is not limited by crying or radiation exposure and it offers high sensitivity for detecting abnormalities such as consolidations, effusions, or pneumothorax. Its application allows for the diagnosis and monitoring of pneumonia, bronchiolitis, and their complications, facilitating more informed clinical decisions. Furthermore, the Lung Ultrasound Score (LUS) helps stratify the severity of bronchiolitis, optimizing referrals and reducing unnecessary examinations. For primary care pediatricians, mastering this technique involves acquiring the knowledge to perform systematic examinations, recognize ultrasound patterns, and use ultrasound as a fundamental complement, on par with the stethoscope, thus improving the quality of care and patient safety.

 

Palabras clave: Ecografía clínica pulmonar; Pediatra de Atención Primaria; Líneas A; Líneas B; Neumonía.

Key words: Clinical lung ultrasound; Primary care pediatrician; A lines; B lines; Pneumonia.

 

Pediatr Integral 2026; XXX(1): 59 – 67

 


OBJETIVOS

• Conocer la ecoanatomía de la pared torácica y el pulmón para poder entender los artefactos que se generan.

• Adquirir los conocimientos necesarios para realizar una ecografía pulmonar.

• Reconocer los distintos patrones ecográficos pulmonares.

• Integrar la ecografía pulmonar en la práctica clínica habitual.

 

Ecografía pulmonar para el pediatra de Atención Primaria

https://doi.org/10.63149/j.pedint.112

 

Introducción

La ecografía pulmonar debe utilizarse al mismo nivel que el fonendoscopio en la atención del paciente con patología pulmonar.

La patología respiratoria constituye la principal causa de consulta en Pediatría de Atención Primaria (AP), tanto por su frecuencia como por la carga asistencial y la necesidad de decisiones rápidas. La exploración pulmonar tradicional basada en auscultación y radiografía adolece de limitaciones relevantes, especialmente en los primeros años de vida, donde el llanto del paciente interfiere en la auscultación, los hallazgos clínicos son poco específicos y la interpretación radiográfica es especialmente compleja.

En este contexto, la ecografía pulmonar (EP) representa un importante salto cualitativo desde el punto de vista asistencial en la evaluación del niño con patología respiratoria, ya que no presenta las limitaciones anteriormente comentadas. Permite una valoración inmediata, contextualizada, es inocua y repetible, y ofrece precisión diagnóstica elevada, por lo que se perfila como el verdadero “fonendoscopio del futuro” en pediatría.

Desde el Grupo de Trabajo de Ecografía Clínica de la SEPEAP (GTECO-SEPEAP), se impulsa la democratización de la ecografía pulmonar en AP, destacando su utilidad en el diagnóstico y monitorización de neumonías, bronquiolitis, derrames pleurales y neumotórax(1,2).

La evidencia científica acumulada, en los últimos años, confirma su rendimiento diagnóstico comparable o incluso superior al de la radiografía de tórax para el diagnóstico de neumonías y sus complicaciones, con sensibilidades del 90-96 % y especificidades del 93-95 %(3,4). Asimismo, en el caso de bronquiolitis, los Lung Ultrasound Scores (LUS) son capaces de predecir la necesidad de oxigenoterapia(5,6).

Fundamentos físicos y ecoanatomía pulmonar

La relación aire/líquido pulmonar es lo que determinará los diferentes patrones ecográficos.

El pulmón normal es un órgano aireado, y el aire actúa como un reflector del ultrasonido, lo que impide visualizar directamente su parénquima. En la EP, por lo tanto, lo que se observa son artefactos generados en las diferentes interfases acústicas entre los tejidos de la pared torácica y el pulmón ventilado (Fig. 1).

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Figura 1. Ecoanatomía pulmonar.

 

En la EP de superficial a profundo, podemos identificar:

• Piel y tejido celular subcutáneo, situados en la parte superior de la pantalla, que se visualizan como una zona ecogénica.

• Músculos de la pared torácica: cuya apariencia dependerá del área explorada; se muestran como estructuras hipoecogénicas con finas líneas ecogénicas en su interior en el plano longitudinal.

• Costillas y músculos intercostales: dependiendo de la edad, las costillas se visualizan como estructuras hiper­ecogénicas con sombra acústica posterior y, según la edad, pueden aparecer más redondeadas o con aspecto de “teja” o “cáscara de huevo”.

• Pleura parietal y visceral: se visualizan como una línea fina hiper­ecogénica que se desplaza de forma sincrónica con la respiración (lung sliding).

• Pulmón aireado: se identifican artefactos horizontales, repetitivos y equidistantes que reflejan la presencia de aire en el parénquima. Estos artefactos se conocen como líneas A.

En el pulmón patológico, la alteración de la relación aire/líquido permite una mayor transmisión del ultrasonido, generando artefactos específicos o la visualización directa de estructuras, lo que define los diversos patrones ecográficos pulmonares(7) (Fig. 2).

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Figura 2. Patrones ecográficos pulmonares: A. Patrón intersticial: aumento de tres o más líneas B (asterisco) por espacio intercostal, que borran líneas A. B. Patrón alveolo-intersticial: confluencia de líneas B, engrosamiento pleural y consolidaciones subpleurales < 5 mm (flecha). C. Patrón de neumonía: condensación > 5-10 mm, signo de desflecamiento o signo de la sierra en el borde inferior de la consolidación.

 

Técnica de exploración

Al realizar la ecografía pulmonar, se debe seguir siempre la misma sistemática.

• Sonda y configuración:

Preset o configuración para pulmón o estructuras superficiales.

– Transductor lineal de alta frecuencia 7,5-15 MHz: óptimo para la pleura y los espacios intercostales.

– Transductor convexo 5-8 MHz: niños mayores o consolidaciones profundas.

– Profundidad: 3-5 cm (lactantes) / 6-8 cm (mayores).

– Foco: a nivel de la línea pleural.

– Ganancia: uniforme; evitar filtros de suavizado.

• Posición del paciente:

– Lactantes: en brazos del familiar, o tumbados con leve inclinación lateral.

– Niños mayores: antebrazos y/o manos tras la cabeza para elevar escápulas.

• Sistemática:

– Explorar siempre de forma ordenada y simétrica: campos anteriores, laterales y posteriores de cada hemitórax.

– En cada región, cortes longitudinales y transversales.

– Sonda perpendicular a la piel, adaptándonos al desplazarnos a la curvatura del tórax.

– Registrar la línea pleural, (líneas A y B), consolidaciones, derrames y movilidad diafragmática.

– Algunos autores recomiendan empezar por la región posterior, ya que es en la que con mayor frecuencia se encuentra la patología(8-12).

Regiones de exploración de ecografía pulmonar

La división por regiones permite una valoración sistemática, reproducible y comparable.

Para explorar ecográficamente el tórax, Volpicelli et al. proponen dividir cada pulmón en 6 regiones, limitadas: verticalmente, por el esternón, las líneas axilares anterior y posterior y la columna vertebral; y horizontalmente, por la clavícula, la línea mamilar y el diafragma(13). Así se distinguen:

Regiones anteriores: limitadas por la clavícula, el esternón, la línea pleural anterior y el diafragma. En esta zona se localizan patologías como el neumotórax, y se exploran con el paciente en posición supina o semisentado (Fig. 3).

figura

Figura 3. Regiones de exploración: A. Campos pulmonares anteriores. B. Campos pulmonares laterales. C. Campos pulmonares posteriores.

– Hemitórax derecho: zonas 1 ­(superior) y 2 (inferior).

– Hemitórax izquierdo: zonas 7 ­(superior) y 8 (inferior).

Regiones laterales: situadas entre la línea axilar anterior, la línea axilar posterior y el diafragma. En ellas se puede localizar la patología pleural, como los derrames, las consolidaciones y las alteraciones en la movilidad del diafragma, especialmente en el punto posterolateral o PLAPS point (Postero-Lateral Alveolar and Pleural Syndrome).

– Derecho: zonas 3 (superior) y 4 (inferior).

– Izquierdo: zonas 9 (superior) y 10 (inferior).

Regiones posteriores: limitadas por la línea axilar posterior y la columna. Es la zona dependiente de la gravedad, y su exploración es útil para el diagnóstico de derrames pleurales pequeños, consolidaciones y patrones intersticiales. Se exploran con el paciente sentado o en decúbito lateral.

– Derecho: zonas 5 (superior) y 6 (inferior).

– Izquierdo: zonas 11 (superior) y 12 (inferior).

Esta división permite una valoración sistemática, reproducible y comparable entre exploradores, facilitando la localización de hallazgos patológicos y su correlación con la clínica y la radiología convencional.

Se recomienda registrar los hallazgos según esta nomenclatura y, en caso de consolidaciones o artefactos focales, especificar el número de la región afectada(1,11-14).

Hallazgos ecográficos

Tanto en cortes longitudinales como transversales, debemos reconocer las líneas A, el deslizamiento y la línea pleural.

Durante la exploración pulmonar ecográfica, la obtención de cortes longitudinales y transversales permite una evaluación anatómica completa del parénquima pulmonar, accesible a través de los espacios intercostales. Cada plano ofrece información complementaria, y la correcta sistemática de ambos es esencial para no omitir zonas patológicas ni interpretar falsos hallazgos (Fig. 4).

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Figura 4. Corte longitudinal y transversal.

Corte longitudinal (sagital): para obtener este plano, se coloca la sonda lineal de alta frecuencia de forma perpendicular a la piel, con la muesca orientada hacia la cabeza del paciente, adaptándola entre dos costillas consecutivas. La disposición del haz ultrasónico en este eje genera una imagen en la que se visualizan dos sombras costales hiperecogénicas con su correspondiente sombra acústica posterior, separadas por una zona central más brillante que corresponde a la línea pleural.

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Figura 5. Cortes pulmonares: A. Corte longitudinal (líneas A, flechas).
B. Signo del telón*. C. Corte transversal (líneas A, flechas).

Esta imagen característica se denomina “signo del murciélago” (bat sign), ya que las costillas y sus sombras representan las “alas”, y la línea pleural, el “cuerpo” del murciélago (Fig. 5A).

En el corte longitudinal, otro hallazgo característico del pulmón normal es el “signo del telón” (lung curtain sign), visible en la transición entre el parénquima pulmonar aireado y las vísceras subdiafragmáticas (Fig. 5B). Se manifiesta como un movimiento que desciende y asciende sobre el hígado o el bazo con cada ciclo respiratorio (simulando la apertura y cierre de un telón). Este fenómeno refleja la expansión basal normal del pulmón y su desplazamiento dinámico sobre las estructuras abdominales, y su desaparición sugiere la presencia de derrame pleural o pérdida de aireación basal.

El corte longitudinal es ideal para identificar la integridad y movilidad de la línea pleural, para evaluar el patrón de artefactos y para localizar lesiones subpleurales pequeñas, consolidaciones o irregularidades del borde pleural. Permite, además, valorar, mediante la observación dinámica, la presencia o ausencia de deslizamiento, signo clave en el diagnóstico de neumotórax o adherencias pleurales.

Corte transversal (axial): el plano transversal se obtiene girando la sonda 90 grados respecto al eje longitudinal, de modo que la muesca apunte hacia el lado derecho del paciente. Esta orientación permite visualizar la línea pleural de manera continua a lo largo del espacio intercostal, con menor interferencia de las sombras costales (Fig. 5C).

El corte transversal resulta especialmente útil una vez localizada una lesión en el plano longitudinal, ya que posibilita valorar su extensión lateral y su continuidad con estructuras adyacentes.

Cuando existe consolidación subpleural, en el plano transversal se observa un área hipoecogénica o con textura similar al parénquima hepático, de bordes mal definidos y que puede mostrar broncograma aéreo, visible como puntos o líneas hiperecogénicas que se desplazan con la respiración.

En el caso de derrame pleural, esta proyección facilita la visualización completa del espacio pleural ocupado por líquido, permitiendo valorar su forma, ecoestructura y septos, si los hubiera.

El estudio transversal también puede combinarse con modo M para analizar el movimiento pleural sinusoide en derrames libres o para confirmar la ausencia de deslizamiento en neumotórax.

El uso complementario de ambos planos proporciona una visión tridimensional del espacio pleural y subpleural. El corte longitudinal permite localizar e identificar lesiones, mientras que el transversal facilita cuantificar la extensión y analizar su composición interna. Aplicar de forma sistemática ambos cortes en cada región explorada (anterior, lateral y posterior) garantiza una exploración completa y reproducible(11-14).

En estos cortes se debe identificar la presencia o alteración de los signos ecográficos presentes en el pulmón normal (Tabla I).

tabla

 

Línea pleural: artefacto lineal hiper­ecogénico, causado por el cambio de impedancia entre el tejido subcutáneo/músculo y el pulmón aireado. De ella van a partir el resto de los artefactos, que nos indican la presencia o ausencia de patología.

Deslizamiento pulmonar: desplazamiento rítmico de la línea pleural con la respiración correspondiente al deslizamiento entre sí de las pleuras parietal y visceral, típico del pulmón bien aireado (normal).

En modo M: este movimiento genera la imagen de la “orilla del mar” (“seashore sign”), donde la zona superior (pared torácica inmóvil) presenta un patrón de líneas paralelas horizontales “olas”, y la inferior (pulmón ventilado/móvil) un aspecto granular “arena”, que confirma la presencia de aireación normal (Fig. 6).

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Figura 6. Imagen de la orilla del mar.

Líneas A: son artefactos lineales horizontales hiperecogénicos equidistantes entre sí y paralelos a la pleura, consecuencia de la reverberación del sonido. Presentes cuando el pulmón es sano y está normalmente aireado.

Líneas B: son artefactos lineales verticales, en cola de cometa, que parten de la pleura, se desplazan con los movimientos respiratorios y alcanzan el fondo de la imagen, borrando las líneas A; aunque pueden observarse de forma normal (hasta 2-3 por espacio intercostal en las bases o en el recién nacido).

Patrones ecográficos y correlación clínica

Debemos integrar los diferentes patrones ecográficos en el contexto clínico del paciente.

Neumonía adquirida en la comunidad

La ecografía pulmonar está sustituyendo progresivamente a la radiografía, ya que puede realizarse a pie de cama, no expone a radiaciones, presenta alta sensibilidad para la consolidación y puede repetirse cuantas veces se quiera.

Patrones ecográficos: el pulmón normal no se visualiza directamente, pero en las consolidaciones (donde el alveolo está relleno de exudado o líquido) alteran la impedancia y se hacen visibles siempre que contacten con la pleura, lo que ocurre en > 95 % de las neumonías pediátricas. La imagen típica es una zona hipoecoica subpleural con distintos patrones (Fig. 7):

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Figura 7. Patrones ecográficos en neumonía: A. Líneas B perilesionales y márgenes imprecisos (flecha). B. Signo del desgarro (shred sign). C. Hepatización pulmonar (estrella). D. Broncograma aéreo dinámico.

Líneas B perilesionales y márgenes imprecisos en condensaciones pequeñas.

Signo del desgarro (shred sign): borde irregular entre zonas aireadas y consolidadas; suelen aparecer líneas B en la zona posterior a la consolidación.

Hepatización pulmonar: con ecoestructura similar a la del hígado.

Broncograma aéreo dinámico: puntos o líneas blancas móviles dentro de la consolidación que corresponde a la imagen del bronquio según el corte sea transversal o longitudinal.

La presencia de tres o más líneas B en un espacio intercostal, líneas B confluentes, engrosamiento o irregularidad pleural, así como consolidaciones subpleurales < 0,5 cm de distribución bilateral, se asocian a neumonías víricas(15).

Las consolidaciones mayores de 1 cm, particularmente si son unilaterales, presentan broncograma aéreo y/o derrame pleural asociado, se asocian con mayor probabilidad a infección bacteriana y, por tanto, debe considerarse tratamiento antibiótico(16-18).

Metaanálisis recientes confirman que la EP presenta una sensibilidad y especificidad superiores al 90 % en comparación con la radiografía de tórax(3,4). Además, permite monitorizar la resolución del proceso, disminuir la exposición a radiaciones y detectar, de forma precoz, complicaciones, como abscesos o derrames pleurales.

Neumonía recurrente

Definida como ≥ 2 episodios anuales o ≥ 3 a lo largo de la vida, con resolución clínica y radiológica entre ellos.

La ecografía pulmonar ofrece ventajas clave:

• Confirmar consolidación real.

• Localizar el mismo lóbulo o segmento afectado, orientando a causa estructural u obstructiva.

• Monitorizar resolución entre episodios, evitando radiaciones acumuladas.

• Detectar complicaciones, como derrames o abscesos, y vigilar evolución.

• Identificar signos sugerentes de bronquiectasias (áreas quísticas subpleurales, broncograma líquido).

Bronquiolitis

Patrones ecográficos:

Aumento de líneas B difusas, múltiples/coalescentes: los septos interlobulillares subpleurales engrosados por el edema producen la reverberación de los haces de ultrasonido que forman las líneas B. Un aumento en el número de líneas B (más de tres líneas B por cada espacio intercostal) indica un aumento del edema y de la congestión. Cuando hay un aumento del líquido interlobulillar importante, las líneas B se fusionan, produciendo el llamado patrón de pulmón blanco pulmonar.

Engrosamiento o irregularidad pleural: tanto por el edema alveolar como por la disminución de la aireación pulmonar, la línea pleural suele ser irregular, engrosada o mal definida.

Pequeñas consolidaciones subpleurales: las áreas de hipoventilación pulmonar con ausencia de aire alveolar se visualizan en forma de consolidaciones adyacentes a la línea pleural (Fig. 8).

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Figura 8. Patrones ecográficos en bronquiolitis. A. Aumento de líneas B difusas, múltiples/coalescentes. B. Engrosamiento o irregularidad pleural. C. Pequeñas consolidaciones subpleurales (flecha).

 

En la bronquiolitis es típica la afectación bilateral y heterogénea, que alterna áreas de pulmón patológico con áreas de pulmón sanas, que lo diferencia de otras entidades que también pueden presentar un síndrome intersticial, como son el edema cardiogénico, la neumonía intersticial o el síndrome de distrés respiratorio agudo.

La ecografía pulmonar es extremadamente útil para estratificar la gravedad. Estudios recientes demuestran que los LUS correlacionan con la necesidad de oxígeno o ingreso. Estas puntuaciones permiten estratificar la gravedad en AP y reducir hospitalizaciones innecesarias.

Los LUS cuantifican la pérdida de aireación, asignando una puntuación de 0 a 3 según el patrón ecográfico predominante en cada una de las 12 zonas. En pediatría, LUS >15 se asocia a mayor probabilidad de ingreso o soporte respiratorio en bronquiolitis y neumonías graves(19) (Tabla II).

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En la tabla III se resumen los hallazgos ecográficos más frecuentes relacionados con el agente etiológico del proceso respiratorio(15-17).

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Derrame pleural

Cuando en una neumonía persiste la fiebre, la tos pleurítica o la dificultad respiratoria pese a antibiótico, se debe sospechar derrame pleural. Dado que la inserción del diafragma es más caudal a nivel posterior del tórax, el examen debe centrarse en los campos posteriores y laterales, más declives con el paciente sentado o en brazos de la madre (Fig. 9).

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Figura 9. A. Signo del cuadrado (modo B). B. Signo del sinusoide (modo M).

Patrones ecográficos:

Espacio anecoico entre pleura visceral y parietal.

Signo del cuadrado (modo B): colección anecoica delimitada lateralmente por la sombra acústica de las costillas. El límite inferior es la pleura visceral (hiperecoica) y el límite superior es la parietal.

Signo del sinusoide (modo M): línea ondulante de la pleura visceral durante la respiración.

Si hay septos/loculaciones, pueden sugerir empiema.

Podemos estimar el volumen del derrame pleural; la más utilizada es la fórmula de Balik, que calcula el volumen (ml) como: 20 × distancia (mm) entre la pleura visceral y la parietal, medida en la línea axilar posterior al final de la espiración. Esta fórmula, aunque desarrollada inicialmente en adultos, ha mostrado buena correlación en población pediátrica, sobre todo para el seguimiento evolutivo del derrame(20-21).

Atelectasia

La atelectasia es la pérdida parcial o total de aire alveolar con colapso del parénquima pulmonar, que reduce el volumen y modifica la relación aire/líquido, volviendo visible el tejido colapsado mediante ecografía.

En la ecografía pulmonar, el parénquima atelectásico se observa hipoecoico o de ecoestructura homogénea, con ausencia de artefactos aéreos y disminución o pérdida del deslizamiento pleural. Según el mecanismo causal y la presencia o no de inflamación asociada, los patrones ecográficos pueden variar de forma considerable.

La atelectasia puede preceder, coexistir o suceder a la neumonía. En pediatría, es frecuente que la neumonía tenga un componente atelectásico asociado, especialmente en lóbulos inferiores y segmentos posteriores.

Un hallazgo que podría orientar en el diagnóstico diferencial es el broncograma aéreo:

• En la neumonía, el broncograma es dinámico, desplazándose con la respiración al mantenerse la permeabilidad bronquial.

• En la atelectasia, el broncograma es estático o puede estar ausente, reflejando la falta de ventilación distal o la obstrucción bronquial(14) (Fig. 10).

figura

Figura 10. Atelectasia basal (flecha) de borde bien definido, forma triangular, con broncograma aéreo estático, asociada a condensación y derrame pleural.

Neumotórax

El neumotórax se produce por la presencia de aire en el espacio pleural, que separa la pleura visceral de la parietal e impide la transmisión normal del movimiento pulmonar a la pared torácica. La ecografía pulmonar es una herramienta altamente sensible para su diagnóstico, especialmente en niños, donde permite una detección precoz, incluso de volúmenes mínimos de aire libre.

Patrones ecográficos:

Ausencia de deslizamiento pleural, característico del neumotórax: desaparece el movimiento rítmico entre la pleura visceral y parietal, por la ocupación por aire del espacio pleural.

Punto pulmón, es un signo específico de neumotórax: punto en que confluyen pulmón colapsado y ventilado (Fig. 11).

figura

Figura 11.Punto pulmón (flecha); a la izquierda se visualiza el patrón de “código de barras”, a la derecha el patrón de “la orilla del mar”.

En modo M: patrón de “código de barras”, en lugar del patrón normal de “orilla del mar”. Para localizarlo, colocaremos la sonda en el 2º espacio intercostal, línea medioclavicular, recorriendo el espacio de medial a lateral.

Implementación en España

En una encuesta nacional en AP, se recogió la disponibilidad creciente de ecógrafos, así como su infrautilización; la incorporación sistemática de la EP infantil está cambiando la actitud ante sospecha de neumonía. Editoriales y documentos de SEPEAP subrayan que la ecografía pulmonar debe integrarse en protocolos de AP (formación y equipos portátiles)(1,2).

Por tanto, la capacitación en ecografía pulmonar debería formar parte de la formación de los pediatras de AP. En este sentido, el GTECO-SEPEAP impulsa esta formación mediante cursos supervisados, con el objetivo de garantizar un uso homogéneo, seguro y basado en la evidencia de la ecografía clínica en pediatría.

Ventajas, limitaciones y seguridad

Ventajas:

– Técnica inocua y sin radiación.

– Portátil y accesible.

– Repetible en cualquier momento.

– Diagnóstico inmediato.

– Correlaciona con la evolución clínica.

– Existe mayor confianza de familias y profesionales.

Limitaciones:

– Dependencia del operador y curva de aprendizaje.

– Dificultad para lesiones profundas no subpleurales.

– Requiere formación.

Función del pediatra de Atención Primaria

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria son:

• Adquirir los conocimientos necesarios para realizar una ecografía pulmonar.

• Saber reconocer los distintos patrones ecográficos pulmonares de manera que pueda diferenciar las imágenes normales de las patológicas.

• Incorporar la ecografía pulmonar en la práctica clínica habitual, al mismo nivel que la fonendoscopia, para la valoración de pacientes con clínica respiratoria, adaptándola al contexto clínico de cada paciente.

• Monitorizar la evolución de neumonías, bronquiolitis o derrames pleurales, evitando radiografías innecesarias y ajustando el tratamiento según los hallazgos.

• Estratificar la gravedad y, en consecuencia, mejorar la toma de decisiones, utilizando los Lung Ultrasound Scores (LUS) en la valoración de los pacientes con bronquiolitis.

Conclusiones

La EP se ha consolidado como una herramienta diagnóstica esencial en pediatría de AP.

Permite una valoración rápida, precisa y segura del niño con fiebre o dificultad respiratoria, contribuyendo a reducir radiografías y el número de derivaciones.

La formación sistemática de los profesionales es imprescindible para asegurar la calidad y reproducibilidad de la técnica.

El objetivo del GTECO-SEPEAP es que, en los próximos años, cada pediatra de AP disponga de un ecógrafo operativo y de una competencia básica en LUS, de manera que esta herramienta se integre en la exploración habitual del paciente pediátrico, al mismo nivel que el fonendoscopio.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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2. Alonso-Peña P, Ortiz-González L. Ecografía clínica pulmonar pediátrica en Atención Primaria: situación actual en España. Aten Primaria. 2024; 56: 102902. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.aprim.2024.102902.

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Bibliografía recomendada

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Revisión sistemática y metaanálisis que demuestra la alta precisión diagnóstica de la ecografía pulmonar en la neumonía pediátrica adquirida en la comunidad, con sensibilidad y especificidad superiores al 90 %. Este trabajo constituye una evidencia sólida para justificar el uso de la ecografía como alternativa a la radiografía de tórax en pediatría de Atención Primaria.

Oulego-Erroz I, De Castro-Venino MP, González-Cortés R, Alonso-Ojembarrena A, Rodríguez-Núñez A, Palanca-Arias D, et al. Lung Ultrasound Score, Severity of Acute Lung Disease and Prolonged Mechanical Ventilation in Children. Am J Respir Crit Care Med. 2025; 211: 103-12. Disponible en: https://doi.org/10.1164/rccm.202404-0843oc.

Estudio que valida la capacidad de los scores ecográficos pulmonares (LUS) para predecir la necesidad de ingreso en UCIP en lactantes con bronquiolitis, superando a las escalas clínicas tradicionales. Representa una herramienta fundamental para la estratificación de gravedad y la toma de decisiones en el primer nivel asistencial.

– Singh Y, Tissot C, Fraga MV, Yousef N, Cortes RG, Lopez J, et al. International evidence-based guidelines on point-of-care ultrasound (POCUS) for critically ill neonates and children. Crit Care. 2020; 24: 65. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s13054-020-2787-9.

Guías internacionales basadas en la evidencia que establecen los estándares, protocolos y competencias necesarias para el uso de la ecografía clínica en pacientes pediátricos críticos, incluyendo la evaluación pulmonar. Es un documento de referencia esencial para la implementación sistemática, segura y estructurada de la técnica en entornos pediátricos.

– Alonso-Peña P, Ortiz-González L. Ecografía clínica pulmonar pediátrica en Atención Primaria: situación actual en España. Aten Primaria. 2024; 56: 102902. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.aprim.2024.102902.

Revisión fundamental para comprender el estado actual de la ecografía pulmonar en la Atención Primaria española, destacando la disponibilidad de equipos, barreras de implementación, necesidades formativas y oportunidades de mejora. Artículo especialmente útil para contextualizar la necesidad de formación y acreditación en EP por parte de los pediatras de AP.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: fiebre, tos y mocos.

Anamnesis: lactante de 8 meses de vida que acude a la consulta por fiebre máxima de 38ºC, de 48 horas de evolución. Refieren cuadro catarral con mucosidad los cinco días previos, pero en las últimas 24 horas aumento de la tos que le despierta por la noche y le provoca el vómito. Rechazo parcial de la ingesta. Orina y deposiciones sin alteraciones.

Antecedentes personales: recién nacida prematura de 34 semanas de edad gestacional. Sin episodios de dificultad respiratoria previos.

Exploración física: buen aspecto general, normocoloreada, normohidratada. No exantemas, no petequias. Tiraje subcostal bajo e intercostal leve. ACP: buena entrada de aire bilateral, subcrepitantes en ambas bases pulmonares asociando sibilancias telespiratorias. ABD: blando y depresible, sin masas ni megalias. ORL: otoscopia normal, orofaringe hiperémica con mucosidad en cavum.

Pruebas complementarias: combo antígeno VRS, influenza A y B, Mycoplasma y adenovirus (inmunocromatografía): positivo para VRS. Ecografía pulmonar (primera consulta): se observa aumento de líneas B, engrosamiento de la línea pleural, así como consolidaciones subpleurales bilaterales menores de 10 mm (Fig. 12).

figura

Figura 12.

Plan: tras valoración de la paciente, se recomiendan lavados nasales, postura semiincorporada y administración de salbutamol en cámara, 2-3 pulsaciones cada 8 horas. En caso de persistencia o empeoramiento de la fiebre, control en 48 horas.

Evolución: acuden al pediatra a las 48 horas, por persistencia y aumento de la temperatura, con picos de fiebre de hasta 39ºC, aumento de la tos y mucosidad, asociando rechazo de la ingesta mayor que en días previos. Ecografía pulmonar de control a las 48 horas: se observa imagen en dientes de sierra y broncograma aéreo (Fig. 13).

figura

Figura 13.

 

 

Acute bronchiolitis and bronchitis in pediatrics

J. Martín Ruano*,  L. Alcubilla García**
Topics on
Continuous Training



J. Martín Ruano*, L. Alcubilla García**

*Pediatrics. San Juan Health Center. Salamanca
**Pediatrics. Salamanca University Hospital Complex

X

Corresponding author:

jmartinru@saludcastillayleon.es

Abstract

Acute bronchiolitis (AB) is the first episode of respiratory distress in an infant under 24 months of age. It is the most common acute lower respiratory tract infection in children under one year old. Respiratory syncytial virus (RSV) infection in children almost always produces clinical symptoms, which are generally benign and self-limiting, with variable expression depending on the patient’s age, risk factors, or previous exposure to the virus. It is a seasonal and epidemic disease, with a higher incidence in the colder months. The most frequent cause of AB is viral infection, with the responsible viruses varying depending on the season and geographic area. RSV is the most frequently detected virus, responsible for approximately 70% of cases. The second most frequent is rhinovirus (RV). The disease begins with upper respiratory tract symptoms lasting one to three days. The infection then spreads to the lower respiratory tract, where symptoms become more pronounced, including cough and signs of respiratory distress such as tachypnea, wheezing, and crackles. Diagnosis is clinical, and further testing is usually unnecessary. Treatment is primarily supportive; Adequate hydration and oxygenation remain the cornerstone of clinical management. Current clinical practice guidelines advise against the routine use of medications such as bronchodilators, corticosteroids, or antibiotics. Thanks to immunization with nirsevimab, administered to over 90% of infants under six months of age in 2023, hospital admissions for acute bronchiolitis were reduced by up to 80%. Pediatric bronchitis includes acute episodes, predominantly viral, and persistent forms associated with bacterial infection, notably protracted bacterial bronchitis (PBB). Acute bronchitis is primarily characterized by cough and may be accompanied by mild constitutional symptoms with a self-limited course; diagnosis is clinical and management is symptomatic with supportive care. In contrast, PBB is defined by a chronic productive cough lasting more than 3-4 weeks, with an appropriate response to a prolonged course of broad-spectrum antibiotics. Lack of therapeutic response warrants consideration of alternative diagnoses such as bronchiectasis.

 

Resumen

La bronquiolitis aguda (BA) es el primer episodio de dificultad respiratoria en un lactante menor de 24 meses. Es la infección aguda de vías respiratorias bajas más frecuente en niños menores de un año. La infección por virus respiratorio sincitial (VRS) en los niños casi siempre va a producir sintomatología clínica, siendo generalmente benigna y autolimitada y variando su expresividad según la edad del paciente, factores de riesgo o exposiciones previas al virus. Es una enfermedad estacional y epidémica, con mayor incidencia en los meses fríos. La causa más frecuente de la BA son las infecciones víricas, variando los virus responsables en función de la estación del año y la zona geográfica. El VRS es el virus detectado con mayor frecuencia, siendo responsable de aproximadamente el 70 % de los casos. El segundo en frecuencia es el rhinovirus (RV). La enfermedad comienza con síntomas respiratorios de vías altas durante uno a tres días. A continuación, la infección desciende a vías respiratorias bajas, donde los síntomas se vuelven más evidentes con tos y signos de dificultad respiratoria, como taquipnea, sibilancias y crepitantes. El diagnóstico es clínico y, habitualmente, no será necesaria la realización de pruebas complementarias. El tratamiento es fundamentalmente de soporte; una buena hidratación y una adecuada oxigenación siguen siendo la base del manejo clínico. Las guías de práctica clínica actuales desaconsejan el uso rutinario de medicamentos, como broncodilatadores, corticoides o antibióticos. Gracias a la inmunización con nirsevimab, administrada a más del 90 % de los lactantes menores de seis meses en el año 2023, se observó una reducción de hasta el 80 % en los ingresos hospitalarios por bronquiolitis aguda. La bronquitis en edad pediátrica comprende cuadros agudos, predominantemente virales, y formas persistentes asociadas a infección bacteriana, entre las que destaca la bronquitis bacteriana prolongada o persistente (BBP). La bronquitis aguda se manifiesta fundamentalmente con tos y puede acompañarse de síntomas constitucionales leves y curso autolimitado; el diagnóstico es clínico y el manejo sintomático con medidas de soporte. En contraste, la BBP se define por tos productiva crónica de más de 3-4 semanas de evolución, con adecuada respuesta a un ciclo prolongado de antibiótico de amplio espectro. La falta de respuesta terapéutica obliga a considerar diagnósticos diferenciales como bronquiectasias.

 

Key words: Acute bronchiolitis; Bronchitis in pediatrics; Respiratory syncytial virus; Monoclonal antibody.

Palabras clave: Bronquiolitis aguda; Bronquitis en pediatría; Virus respiratorio sincitial; Anticuerpo monoclonal.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX(1): 29 – 43


OBJECTIVES

• To recognize the importance of acute bronchiolitis (AB) as a frequent cause of illness and hospitalization in infants.

• To know the main causative agents and the clinical and epidemiological characteristics of AB.

• To identify the severity criteria, risk factors, and complications associated with this disease.

• To understand current guidelines on the use of drugs (bronchodilators, corticosteroids, antibiotics) and describe supportive measures (oxygen therapy, hydration, suctioning of secretions).

• Understanding prevention as the most relevant strategy for reducing the incidence and complications of AB. Recognizing nirsevimab as a major advance in the prevention of acute bronchiolitis caused by respiratory syncytial virus, as it offers longer-lasting protection with a single dose, making it easier to apply at the population level.

• To recognize the typical clinical manifestations of acute bronchitis and protracted bacterial bronchitis (PBB).

• To distinguish acute bronchitis from other causes of prolonged wet cough, such as asthma, bronchiectasis, or chronic respiratory infections.

• To distinguish when a wet cough is suggestive of PBB and when further investigation with additional tests is indicated.


 

 

Acute bronchiolitis and bronchitis in pediatrics

https://doi.org/10.63149/j.pedint.110

 

Acute bronchiolitis

Introduction

Acute bronchiolitis is a prevalent condition in children under two years of age. It is the leading cause of pediatric hospital admissions during the winter season, with respiratory syncytial virus (RSV) being the most frequent cause. All bronchiolitis treatment guidelines emphasize reducing the use of diagnostic tests and treatments that are not evidence-based. Management is based on supportive measures. Prevention is evolving thanks to the use of monoclonal antibodies that protect the most vulnerable infants during RSV season and have been shown to significantly reduce hospitalizations and severe cases of bronchiolitis.

Definition

Acute bronchiolitis (AB) can be defined as the first episode of respiratory distress due to involvement of the distal bronchi in a child under 2 years of age, which is preceded by catarrhal symptoms.

Bronchiolitis is the most common acute lower respiratory tract infection in children under one year of age, which causes high rates of consultation, hospitalization and high health costs(1).

The most distal airways, which have a diameter of less than 2 mm and lack cartilage in their walls, are called bronchioles. In these airways, RSV triggers inflammation and necrosis of the epithelial cells, which, along with edema and increased mucus production, leads to obstruction.

Due to the difficulty in defining AB, various criteria have been proposed; the best known are still the McConnochie criteria (1993), according to which bronchiolitis is defined as the first acute episode of wheezing preceded by a respiratory picture of viral origin (rhinorrhea, cough, tachypnea with or without fever) that affects children under two years of age and, preferably, within the first year(2).

However, these clinical criteria for diagnosis are not universally accepted and vary between countries and clinical practice guidelines (CPGs).

Etiology

The most common cause of bronchiolitis is viral infection, with the viruses responsible varying depending on the season and geographic area. The most frequently isolated viruses in bronchiolitis are RSV, followed by rhinovirus.

RSV is the most frequently detected virus, responsible for approximately 70% of cases. It is found worldwide and causes seasonal outbreaks. It is named for its tendency to form clusters of giant cells, called syncytia, in tissue cultures. It is a pleomorphic single-stranded RNA virus with two subgroups (A and B) that differ in virulence and seasonal patterns (Fig. 1). Infection does not confer complete and lasting immunity, so a patient can be reinfected and experience bacterial pneumonia (BP) several times(3,4).

Figure 1. Structure of respiratory syncytial virus (RSV).
Source: Jung HI, et al. Viruses. 2020; 12: 102.

The second most common virus is rhinovirus (RV), which causes the common cold. It circulates year-round but has a higher incidence (up to 80%) in spring and autumn. Of its three species, type A causes the most severe bronchiolitis. These cases typically affect older children, who attend daycare, and are more likely to have atopic dermatitis and a family history of asthma or atopy than infants with bronchiolitis caused by RSV. Parainfluenza virus type 3 is associated with bronchiolitis epidemics in spring and autumn. Types 1 and 2 are more frequently associated with laryngitis but can also cause bronchiolitis.

Less frequently, the following are causes of wheezing: adenovirus, metapneumovirus (with a winter distribution similar to RSV), influenza A and B viruses, coronaviruses (including SARS-CoV-2), human bocavirus 1, and enteroviruses. Viral coinfections were present in 48.3% of cases. Occasionally, Mycoplasma pneumoniae and Bordetella pertussis can cause wheezing episodes in infants(5-7).

Microbiology

RSV belongs to the genus Orthopneumovirus, family Pneumoviridae. There are two main antigenic groups, A and B, and multiple genotypes within the two groups(3,4). It consists of the viral genome (single-stranded RNA, with 10 genes encoding 11 proteins), the nucleocapsid, and a lipid envelope to which 3 membrane proteins are anchored:

• G glycoprotein: it is responsible for the adhesion of the virus to the cell membrane and the antigenic variability between groups A and B.

• F glycoprotein: responsible for the fusion, penetration, and destruction of cell membranes. It is the preferred target for the development of vaccines, monoclonal antibodies, and antivirals. It can be present in two different spatial conformations within the same virus: the pre-fusion (pre-F) conformation, which is filamentous and highly infectious; and the post-fusion (post-F) conformation, which is spherical and more resistant to antibodies (Fig. 2).

• SH protein: of unknown function.

Figure 2. Configuration of pre-F and post-F forms. Source: Ruckwardt TJ, et al. Immunity. 2019; 51: 429-42.

 

Epidemiology

AB primarily affects children under one year old, with peak incidence between 3 and 6 months, and is more common in males. In the Northern Hemisphere, epidemic outbreaks are most frequent between November and April. Humans are the reservoir in whom it is highly infectious. The virus enters the body through the nasal, conjunctival, and/or oral mucosa. Transmission can occur through direct contact or via respiratory secretions.

It is a disease that impacts all levels of healthcare, especially during epidemic periods. Spain leads Europe in terms of healthcare costs and primary care visits for RSV in children under 5 years of age. It primarily affects children under one year old; the peak incidence is between 3 and 6 months, with a predominance in males(3). In the Northern Hemisphere, epidemic outbreaks are more common between November and April, with a peak in January and February; in tropical climates, they are associated with the rainy season. It does not produce lasting immunity, and reinfections are frequent.

Before the COVID-19 pandemic, the epidemiology of bronchiolitis in Spain followed a predictable and recurring pattern. Around 100,000 episodes were recorded annually in children under 2 years of age, with peak incidence during the colder months. The COVID-19 pandemic caused an unprecedented disruption to the epidemiology of bronchiolitis. The public health measures implemented, such as lockdowns, social distancing, widespread mask use, and hand hygiene, drastically reduced the circulation of respiratory viruses. As a result, the incidence of bronchiolitis fell sharply. In the 2020-2021 season, the cumulative incidence of hospitalizations plummeted to 3.6 per 10,000 children, representing a 67% decrease in cases compared to the 2019-2020 season. As pandemic restrictions were lifted, bronchiolitis returned with force and atypical behavior. The usual transmission pattern, which culminates in a winter peak, was disrupted, with a high incidence of cases outside the typically epidemic months. For example, in 2021, a high incidence of cases was observed between April and October, with an unusual peak in June. The return of bronchiolitis was particularly noticeable in the 2021-2022 season, when the incidence increased to 65.7 per 10,000 children, although it did not reach pre-pandemic levels. In addition to the increased incidence, an increase in the severity of cases was also observed.

In Spain, in the years prior to 2023, the rate of hospital admissions for acute bronchiolitis ranged from 20 to 40 per 1,000 live births under 12 months of age. These admissions accounted for 18% of all pediatric hospitalizations. Thanks to immunization with nirsevimab, administered to more than 90% of infants under six months of age in 2023, a reduction of up to 80% in hospital admissions for acute bronchiolitis was observed, preventing between 7,510 and 10,213 hospitalizations during the season(4).

According to data from the Acute Respiratory Infection Surveillance System (SiVIRA) and the analysis of hospitalizations using the Minimum Basic Data Set (CMBD)(8), in Spain, during the 2023-24 and 2024-25 seasons, the total estimated number of hospitalizations due to RSV in Spain is 29,081 cases per season (Fig. 3).

Figure 3. Incidence rates of acute bronchiolitis/bronchitis in children under 5 years of age in Primary Care, by sex. Source: SiVIRA, 2023-24 season.

The average duration of the illness was 10 days, with hospital admissions in 16.8% of cases, and an average of 4 days per hospitalization, while 1.5% of the children were admitted to the PICU.

The reservoir is humans, in whom it has a high infectivity. Transmission can occur through direct contact, via respiratory secretions where the virus can survive for 6 to 12 hours, through inhalation of large infectious droplets (contagious up to two meters away), and also through indirect contact via fomites (especially the hands of caregivers). The virus is effectively inactivated by washing hands with soap and water or using alcohol-based hand sanitizer.

The virus enters the body through the nasal, conjunctival, and/or oral mucosa. Once inside the body, RSV replicates in the nasal epithelium, triggering a broad immune response. After an incubation period of 2 to 8 days, in approximately one-third of infected patients, the infection spreads to the lower respiratory tract, where the virus replicates in the epithelial cells of the bronchiolar mucosa, generating another immune response.

The infant is usually contagious for about a week. Epithelial regeneration begins after 3-4 days, and ciliary recovery does not occur until after 15 days.

Pathogeny

RSV is a highly infectious virus, but it is a fact that not all infected patients develop bronchiolitis, and even fewer develop severe bronchiolitis. Damage to epithelial cells and the ciliary system are essential factors in the pathogenesis of the disease. The onset and severity of bronchiolitis will depend on:

• The virus: RSV-A produces more severe disease in some series.

• The host himself: risk factors of AB(9) (Table I).

 

• The individual’s own immune response (lower expression of Th1 lymphocytes and higher expression of Th2 lymphocytes). This imbalance contributes to increased inflammation and mucus production in the bronchioles(3). It has also been associated with greater disease severity, more extensive lung damage, and an increased risk of developing asthma or recurrent wheezing in the future. This alteration has been observed in clinical studies, where children with severe RSV bronchiolitis have a higher IL-4/IFN-γ ratio, indicating a predominance of the Th2 response. Single nucleotide polymorphisms (SNPs) are variations in the genetic sequence that can modify the expression or function of proteins involved in the immune response. In various sequencing assays, SNPs have been discovered in cytokines, receptors, and signaling molecules in children with bronchiolitis. These SNPs influence the intensity of inflammation and the ability to control viral infection, thus demonstrating an individual’s susceptibility to developing severe forms of bronchiolitis.

Pathophysiology

AB is the result of the interaction of the viral infection with the child’s immune system, which reacts with an exaggerated immune response, causing inflammation and bronchiolar obstruction, the origin of severe respiratory impairment in young children.

The immune system responds to RSV infection by releasing proinflammatory cytokines (such as IL-6, IL-8, and TNF-α), which attract leukocytes to the site of infection and produce an infiltrate of lymphocytes, neutrophils, and monocytes, intensifying local inflammation(7). RSV selectively infects ciliated cells and produces variable inflammation of the terminal bronchioles, mucosal edema, necrosis of the respiratory epithelium, and mucus hypersecretion with mucus plugs that block the bronchioles. As a consequence of the variable involvement of the bronchioles, complete obstruction (atelectasis) can occur in some lung segments, while air trapping and hyperinflation (emphysema) can occur in others, resulting in a patchy pattern(7). Decreased elasticity and increased pulmonary vascular resistance lead to increased work of breathing and impaired gas exchange. Obstruction and ventilation/perfusion imbalance produce hypoxemia, polypnea and tachypnea and, in severe cases, respiratory acidosis.

Bronchospasm, although not the main pathogenic mechanism, can contribute to exacerbating respiratory distress.

Clinical manifestations

RSV infection in children almost always produces clinical symptoms and is generally self-limiting. After a brief incubation period with upper respiratory symptoms, the acute phase begins, with lower airway involvement, severe cough, and increased work of breathing (tachypnea, intercostal retractions, wheezing, etc.), which usually improves after 2-5 days. The cough may persist for up to 3-4 weeks.

RSV infection in children almost always produces clinical symptoms, which are generally self-limiting and vary in severity depending on the patient’s age, risk factors, and previous exposure to the virus. The diagnosis of AB is primarily clinical, based on findings from the medical history and physical examination.

The initial phase begins after a brief incubation period, with upper respiratory symptoms such as congestion, rhinorrhea, sneezing, and cough(5). Approximately 50% of children present with fever or a low-grade fever, usually not very high (<38.5ºC). Within 1 to 4 days, the established phase begins, with involvement of the lower airway. The cough becomes more persistent, accompanied by irritability, feeding difficulties, and signs of increased work of breathing, such as tachypnea, chest retractions, and flaring, with peak symptoms on days 5-7. Auscultation may reveal a mixture of wheezing, prolonged expiration, and fine crackles(7).

Apnea, present in up to 23% of high-risk groups, such as premature infants, may be the most striking symptom in patients under two months old, who may not present other clinical signs.

Cough is the predominant symptom. It is usually dry, in fits, paroxysmal, but it does not usually present with the inspiratory “whoop” typical of pertussis.

Respiratory distress, which increases in intensity, manifests as intercostal or supraclavicular retractions, use of abdominal muscles, and nasal flaring; it reaches its peak within 24-48 hours, at which point most hospital admissions occur. Respiratory rate generally decreases between the second and fifth day; however, auscultatory signs persist in some infants for a week or more.

The clinical course in the absence of risk factors is favorable. During the convalescent phase, recovery from respiratory symptoms is expected. The average time for cough resolution ranges from 1 to 2 weeks, although 20% of patients may experience symptoms for up to three weeks. Viral shedding can persist for up to 4 weeks, especially in very young or immunocompromised patients. If the cough lasts longer than 3 weeks, reassessment and consideration of other underlying conditions are necessary.

Diagnosis

A thorough medical history and physical examination are usually sufficient to establish the diagnosis and classify the severity of the disease. Routine additional tests are discouraged and indicated only in specific cases.

The combination of a history of cold-like symptoms, progressive respiratory distress, tachypnea, wheezing, and low oxygen saturation confirms the diagnosis. Additional tests, such as blood tests or X-rays, are not usually necessary in most cases and are reserved for specific situations or to rule out other pathologies(6,7):

1. Medical history: the typical presentation occurs in children under 2 years of age, with a peak incidence between 3 and 6 months, with the presence of catarrhal symptoms in the preceding days, followed by the onset of a cough that worsens and is associated with increased respiratory effort. The presence of personal risk factors and feeding refusal or difficulty are signs of severity. Factors that contribute to the diagnosis include: occurring during an epidemic period, frequent family history of previous respiratory infection, being the first episode, and ruling out other possible causes(7).

2. Physical examination: the physical examination is essential to confirm the diagnosis and assess the severity.

General condition and level of consciousness: assess the general condition (reactive, irritable or lethargic).

Inspection: we will find tachypnea and other signs of respiratory distress, such as intercostal, subcostal and suprasternal retractions, nasal flaring, expiratory grunting and cyanosis.

• On pulmonary auscultation, we find the presence of wheezing, crackles or rales and a prolonged expiration.

Pulse oximetry: this is indicated to assess the severity of the illness at the onset of symptoms and to monitor its progression. It must be interpreted in conjunction with the patient’s clinical condition, and continuous monitoring is not recommended. Low oxygen saturation (generally below 90-92%) is an indicator of severity and often requires hospitalization and oxygen therapy.

3. Additional tests: current clinical practice guidelines, both national and international, advise against routine additional tests and they are only indicated in specific cases(5,7,10):

Chest X-ray: it is not necessary for the diagnosis of typical bronchiolitis and does not alter the management of bronchiolitis. It may be requested if a complication is suspected, such as pneumonia, atelectasis, heart failure, atypical clinical presentation, or unfavorable evolution. Radiological findings are variable and nonspecific: hyperinflation, peribronchial thickening and patchy atelectasis with volume loss.

Laboratory diagnosis of RSV is primarily performed through:

– Real-time PCR: it is the most sensitive and specific, detecting genetic material from the virus.

– Rapid antigen detection in nasal samples is used especially in pediatrics because of its speed.

– Viral cultures, slower and less sensitive.

Identifying the causative agent does not appear to modify patient management, and current clinical practice guidelines (CPGs) do not recommend its routine identification; it can be useful in cases of hospital admission for epidemiological purposes and for the management of hospitalized patients.

Laboratory tests: these are not routinely recommended; they may be useful if there is doubt about the diagnosis, to assess hydration status, or to rule out a bacterial superinfection. We may request procalcitonin and/or C-reactive protein if there is high fever and suspicion of potentially serious bacterial infection.

Urine test strip, sediment and urine culture: indicated in children under 2-3 months with bronchiolitis and persistent axillary temperature >39ºC, since urinary tract infection is the most frequent coinfection in infants with bronchiolitis.

Blood gas analysis is not routinely indicated, except if there are signs of respiratory distress, apnea, or patients requiring admission to Intensive Care. Capillary blood gas analysis has a reliability similar to arterial blood gas analysis.

Lung ultrasound: due to its safety, it will be increasingly found at the patient’s bedside. It could be incorporated into the scores for management, as it has shown a sensitivity and specificity of 100% and 82%, respectively, for predicting admission to PICU.

Differential diagnosis of wheezing in infants

When a child under two years of age presents with a dry cough and respiratory distress with or without wheezing, it is crucial to consider a broad spectrum of differential diagnoses(5-7), since wheezing, although characteristic of bronchiolitis, is not exclusive to this condition. Cough and wheezing in bronchiolitis can be difficult to distinguish from other entities such as(5):

Common respiratory conditions: asthma attacks (especially in children over 6 months old with an atopic family or personal history), pneumonia, pertussis, and virus-induced wheezing.

Obstructive airway diseases: foreign body obstruction, pulmonary malformations, vascular rings, laryngotracheomalacia, tracheal stenosis or bronchostenosis, and lymphadenopathy or tumor that may compress the airways.

Chronic diseases: cystic fibrosis, bronchopulmonary dysplasia (in premature infants), immotile cilia syndrome, alpha-1 antitrypsin deficiency and immunodeficiencies.

Non-respiratory conditions with respiratory manifestations: gastroesophageal reflux, swallowing disorders, and congenital heart disease and heart failure.

Severity assessment

A fundamental part of the diagnosis is to assess the severity of the clinical picture (Table II), since this determines whether the child needs hospitalization or can be managed at home.

 

Commonly used severity scales incorporate key clinical parameters, such as respiratory rate (RR), heart rate (HR), oxygen saturation (SpO2), the presence and degree of retractions, and the characteristics of wheezing or crackles(5,6,11,16). The pursuit of objectivity in a variable clinical picture is reflected in the effort to standardize the assessment. The adoption of severity scales allows for more precise communication among healthcare professionals, facilitates the monitoring of clinical evolution and treatment response, and is fundamental for clinical research, enabling patient comparisons and the evaluation of treatment efficacy(14). Different assessment scales can be used: modified Wood-Downes, the respiratory distress index or RDAI, the Sant Joan de Déu scale (Table III) or the simplest and most recently validated in children with AB, the modified Tal scale(9) (Table IV), which assesses respiratory rate, oxygen saturation, retractions and level of consciousness.

 

 

The Sant Joan de Déu scale(15) is specifically designed and validated for AB (ESBA). It cumulatively assesses reproducible clinical parameters: respiratory and heart rate according to age, respiratory effort (retractions, nasal flaring), auscultation of adventitious sounds (wheezing, crackles), and inspiratory/expiratory ratio. Scores range from 0 to 13: mild (0 to 4 points), moderate (5 to 9), and severe (10 to 13). It has high reliability and validity for predicting the need for admission to the PICU (sensitivity: 82% and specificity: 91%).

Treatment

The vast majority of bronchiolitis cases are mild to moderate and can be managed at home. Treatment for bronchiolitis in infants is primarily supportive. Current clinical practice guidelines advise against the routine use of medications such as bronchodilators, corticosteroids, or antibiotics, as their efficacy has not been demonstrated and they may have adverse effects.

The goal of treatment is to relieve symptoms and ensure adequate oxygenation and hydration of the infant.

Supportive treatment(5-7,9,11-13,16)

Position: placing the infant in semi-seated position (with a slight elevation of the head of +30°) can facilitate breathing.

Nasal irrigation and aspiration of secretions: the use of saline nasal drops is effective, safe, and non-irritating. Apply several drops to each nostril and then suction out the secretions with a nasal aspirator, especially before feedings and at bedtime. Deep nasal aspiration beyond the nasopharynx is not recommended.

Air humidification: if the air in the room is dry, a humidifier or cool mist vaporizer can moisten the environment, which helps to loosen mucus and relieve coughs.

Ambient temperature: keep the ambient temperature no higher than 20 °C.

Pain and fever relief: for the treatment of fever or pain, medications such as acetaminophen or ibuprofen can be administered, following the dosage instructions.

Avoid environmental irritants: exposure to tobacco smoke (secondhand smoke) worsens the symptoms of respiratory infections. It is also advisable to avoid crowded places.

Environment: ensure a calm environment and avoid disturbing the infant with sudden movements. Dress the baby in comfortable, loose-fitting clothing, avoiding overdressing.

Hydration and nutrition: it is essential to ensure the infant remains well hydrated. Fluids (breast milk or formula) should be offered more frequently, but in smaller amounts, to prevent the infant from becoming overly tired while feeding. Intravenous or nasogastric tube feeding is reserved for babies who cannot tolerate oral feeding.

Oxygen therapy: oxygen therapy is a crucial supportive measure in the management of bronchiolitis when the infant’s oxygenation is compromised. The goal varies depending on the guidelines used, but generally, it is to maintain an oxygen saturation level (SpO2) ≥90-92%. It is the only medical intervention with proven efficacy. Nasal cannulas are the preferred initial method for oxygen administration. Supplemental oxygen should be administered via nasal cannula, mask, or, in more severe cases, high-flow oxygen therapy (HFNC) and continuous positive airway pressure (CPAP); these are used to decrease respiratory effort, improve gas exchange, and avoid endotracheal intubation(6,9,11).

Respiratory physiotherapy: recent clinical guidelines advise against routine respiratory physiotherapy. Studies have not demonstrated a clear benefit, and in some cases, it has been associated with adverse effects such as vomiting. However, it may be considered in children with bronchiolitis who have other comorbidities and difficulty clearing secretions.

Daycare attendance: the infant should not attend daycare until the symptoms have completely disappeared.

Drugs not routinely recommended

Treatment for bronchiolitis is based on supportive measures. Clinical guidelines and medical practice agree that the routine use of certain drugs is not recommended, as they have not demonstrated efficacy in the progression of the disease.

Current scientific evidence advises against(5-7,11-13,16) the use of the following medications (Table V):

 

Bronchodilators (salbutamol, adrenaline): do not reduce the need for hospital admission or the duration of the illness in most cases. Their use is only considered in highly selected cases, as a therapeutic trial(9) in children older than 12 months with a personal (PH) or family (FF) history of atopy or asthma, outside the RSV epidemic period (November-February). If there is no clear and rapid response, administration should be discontinued. Nebulized adrenaline is not routinely recommended; there is no strong evidence that it reduces the number of admissions, or the length of hospital stay. Several studies conclude that there is insufficient evidence to recommend the routine use of nebulized adrenaline in acute bronchiolitis(5).

Corticosteroids (oral, inhaled, or systemic): these have not been shown to be effective in improving short- or long-term outcomes of bronchiolitis and are not recommended. They also do not reduce the risk of recurrent wheezing in the future.

Antibiotics: these are not indicated, as bronchiolitis is a viral illness. They should only be used if a bacterial superinfection is suspected.

Ribavirin is the only antiviral with which there is some experience, although the available data are not sufficient to support its routine use.

Hypertonic saline (3%): nebulization with hypertonic saline remains controversial. It should not be administered to children with bronchiolitis in the emergency department. Some research suggests it may reduce hospital stay in admitted patients, but the evidence is not yet strong enough to recommend its widespread use.

Respiratory physiotherapy: it does not improve respiratory parameters, does not reduce the need for supplemental oxygen or the duration of the hospital stay.

Prevention

Prevention is a fundamental pillar of pediatric health and the best strategy for avoiding bronchiolitis. The most significant advance, and one that has changed the paradigm in the fight against RSV bronchiolitis, is the development of monoclonal antibodies.

The enormous impact of RSV infection and the lack of effective treatment make the development of vaccines and monoclonal antibodies against this virus a global priority.

General hygiene measures

Non-pharmacological prevention measures are crucial to limiting the spread of RSV and other respiratory viruses(5,7,11):

Hand hygiene: frequent and proper hand washing with soap and water, or the use of hydroalcoholic hand sanitizer is the most effective measure to prevent the spread of the virus.

Avoid contact with sick people: keeping the infant away from people with colds, coughs or fever is an essential measure to prevent contagion.

Avoid exposure to tobacco smoke: smoking should be avoided inside the home or car.

Environmental hygiene: frequently clean and disinfect toys and surfaces that may be contaminated.

Ventilation: ventilate the rooms of the house at least once a day to keep the air clean.

Breastfeeding: exclusive breastfeeding for at least 6 months strengthens the baby’s immune system and reduces the morbidity of respiratory infections.

Daycare attendance: attendance at daycare is not recommended for children at high risk of severe bronchiolitis (children under 3 months, premature infants, or those with chronic illnesses).

Advances in prevention

The most significant advance, and one that has changed the model in the fight against RSV bronchiolitis, is the development of monoclonal antibodies (Table VI).

 

Currently, two monoclonal antibodies are approved for the passive prevention of RSV disease(4,17):

Palivizumab (Synagys, 1998) is a humanized IgG1 monoclonal antibody produced by recombinant DNA technology in mouse myeloma host cells. It contains 95% human-identical genetic sequence and the remaining 5% is of murine origin. It acts by binding to the RSV F protein, inhibiting cell fusion. It has a half-life of 20 days. It is available in 0.5 ml (50 mg) and 1 ml (100 mg) vials.

Nirsevimab (Beyfortus 2022) is a human immunoglobulin G1 kappa monoclonal antibody produced in Chinese hamster ovary cells using recombinant DNA technology. It is modified with a triple amino acid substitution (YTE) in the Fc region to extend its serum half-life, which ranges from 85 to 117 days. It inhibits the essential membrane fusion step in viral entry, neutralizing the virus and blocking cell-cell fusion. It is available in pre-filled syringes of 0.5 ml (50 mg) and 1 ml (100 mg). Unlike palivizumab, which required monthly injections throughout the viral season and was only indicated for high-risk infants, nirsevimab is a long-acting monoclonal antibody.

A single dose: with a single injection at the start of RSV season (usually in autumn), the baby is protected for a period of up to five months.

Broader reach: it is approved to protect all infants, not just those at high risk, representing a fundamental shift in disease prevention. Most cases of severe bronchiolitis occur in infants with no prior risk factors.

– It comes in a pre-filled syringe. It must not be shaken. No dilution is required. Available presentations are:

a. Beyfortus® 50 mg, for infants weighing less than 5 kg. In a pre-filled syringe with a purple plunger. It contains 50 mg of nirsevimab in 0.5 ml (100 mg/ml).

b. Beyfortus® 100 mg, for infants weighing 5 kg or more. In a pre-filled syringe with a light blue plunger. It contains 100 mg of nirsevimab in 1 ml (100 mg/ml).

Impact

The Public Health Commission recommended nirsevimab for infants under 6 months of age during RSV season and for high-risk groups(17). Coverage reached nearly 90% nationally, with early analyses estimating an 80-85% effectiveness rate against hospital admission in infants under 6 months of age (4). Acute RSV bronchiolitis remains the leading cause of pediatric hospitalization in infants in Spain.

Between 2023 and 2025, the widespread introduction of nirsevimab immunization and the start of maternal vaccination substantially reduced consultations and hospital admissions for bronchiolitis in infants. In the 2024-2025 season, the incidence of acute RSV bronchiolitis in children under 1 year of age was significantly lower than in pre-pandemic seasons(17) (Fig. 4).

Figure 4. Progression of the incidence of acute bronchiolitis in Spain (2019-2025).

reduction in pediatric hospitalizations was observed, especially in immunized infants (Fig. 5).

Figure 5. Progression of pediatric hospitalizations due to RSV in Spain (children under 1 year old).

The peak of viral circulation remained in November and December, but with less pressure on healthcare services(4):

Maternal vaccine against RSV(4): this vaccine is available in Spain under the name Abrysvo®. It is composed of a prefusion F protein antigen from subgroup A and another from subgroup B, produced in Chinese hamster ovary cells using recombinant DNA technology. It is indicated for pregnant women between weeks 32 and 36 of gestation. The mother develops antibodies that are transferred to the fetus through the placenta, protecting the baby for the first six months of life. If the mother is vaccinated during pregnancy, it is usually not necessary to administer nirsevimab to the newborn, unless the birth occurs out of season or there are additional risk factors. Its implementation in the RSV prevention strategy is under evaluation in Spain for the 2024-2025 season, although it is not yet publicly funded. It is presented in a box containing a vial of powder, a pre-filled syringe with the diluent, and a vial-to-syringe adapter. Other adjuvanted recombinant vaccines, vectored vaccines, and messenger RNA vaccines are also under development.

New treatments for AB

The future of AB treatment focuses on more specific therapies:

Direct-acting antivirals: new antiviral drugs are being investigated to directly combat RSV. These drugs, which could be administered to hospitalized patients, aim to shorten the duration and severity of the infection.

Inflammation management: given the inflammatory nature of the disease, new agents that can modulate the body’s immune response to reduce inflammation in the bronchioles are being investigated.

Prognosis and complications

Most cases of AB have a mild and self-limiting course, but complications such as apnea and bacterial infection can occur.

In most cases, acute bronchiolitis has a self-limiting course and a good prognosis, but some infants may develop severe forms that require hospitalization (Table VII) or even admission to an intensive care unit.

 

The most serious complications we can encounter are:

• Acute respiratory failure: which in severe cases may require hospitalization for ventilatory support treatment, with mechanical ventilation or CPAP. Some children develop recurrent wheezing or childhood asthma.

• Apnea, which may be the first and only sign of RSV infection and requires continuous monitoring. The incidence is higher in very premature infants, infants under 6 weeks old, or those with associated respiratory pathology.

• Bacterial superinfection (otitis or pneumonia) and dehydration are usually uncommon.

Bronchitis

Definition

Bronchitis or tracheobronchitis is defined as inflammation of the airways (bronchi associated or not with the trachea), usually caused by an infection, and is mainly manifested by coughing.

Bronchitis in pediatrics encompasses both acute, predominantly viral, forms and chronic forms, where prolonged bacterial infection is relevant and requires a specific diagnostic and therapeutic approach.

Acute bronchitis

In pediatrics, acute bronchitis is one of the most frequent respiratory infections, especially in children under 5 years of age, and is usually caused by viruses; because of this, it has a seasonal pattern, with cases increasing during the winter.

There are several infectious agents that cause acute bronchitis (Table VIII), with viral causes accounting for up to 90% of cases (adenovirus, influenza, parainfluenza, RSV, rhinovirus, bocavirus, coxsackievirus, herpes simplex). In patients with underlying lung disease or who are immunocompromised, it may be associated with bacteria (10% of cases), such as Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Moraxella catarrhalis, Mycoplasma pneumoniae, and Chlamydia pneumoniae. Rarely, it can be caused by other infectious agents, such as fungi, or non-infectious causes, such as allergies, aspiration, or gastroesophageal reflux.

 

Depending on the etiology, patients may present with general symptoms (malaise, nasal congestion, etc.) and fever, in addition to the typical clinical manifestation: a cough, which may be dry or productive, associated or not with respiratory distress, and occasionally, may present with abnormal auscultation findings such as wheezing or rhonchi. Up to 12.5% of patients may experience chest pain, which is more common in adolescents or pre-adolescents; this is usually benign and associated with intense coughing and inflammation of the respiratory mucosa, which stimulates pain receptors. Cases of chest pain without signs or symptoms suggestive of pneumonia, asthma, or cardiac pathology do not require further investigation(18-23).

The clinical course is self-limiting, and full recovery may take several weeks, 2-3 weeks, although in some cases it may take up to 4 weeks(24,25).

It is essential to differentiate acute bronchitis from other conditions, such as asthma or bronchiolitis, where bronchospasm and wheezing are the central characteristics.

The diagnosis is clinical, and rhonchi, wheezes, or crackles may sometimes be heard on auscultation. The decision to perform microbiological tests (PCR and multiplex panels) should be individualized and based on the likelihood that the result will modify clinical management. Since, in most cases, it will be a viral entity and management is symptomatic, routine complementary tests are not indicated(26,27).

Treatment (Table IX), in most cases, consists of symptomatic management with antipyretics, humidified environment, and general supportive measures. Occasionally, beta-2 bronchodilators are necessary in the presence of wheezing or bronchial hyperreactivity. Current evidence does not support the use of antitussives, honey, antihistamines, anticholinergics, oral nonsteroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs), or inhaled or oral corticosteroids. Antibiotics and antivirals should be considered in specific situations, according to scientific recommendations, but are not routinely necessary due to the risk of resistance. Hospital admission is exceptional.

 

Chronic bronchitis

The term chronic bronchitis in pediatrics is currently considered obsolete in the medical literature. The term was used to describe conditions characterized by a persistent wet cough secondary to recurrent inflammation of the bronchi, with increased secretions and/or impaired mucociliary clearance. In the last two decades, scientific evidence and clinical consensus have displaced this term in the pediatric population, favoring the use of persistent bacterial bronchitis (PBB) to define a chronic wet cough lasting more than four weeks that responds to antibiotic treatment and is not associated with other specific causes(26,27).

Therefore, according to current evidence, the use of PBB as a well-defined clinical entity is recommended and the use of chronic bronchitis in pediatrics is discouraged(26,27), since the latter is mainly related to adult pathology and does not adequately reflect the pathophysiology or the current therapeutic approach in children.

Persistent or protracted bacterial bronchitis (PBB)

Protracted bacterial bronchitis is characterized by a persistent productive cough lasting at least 3-4 weeks, with a good response to appropriate antibiotic treatment, and should not be accompanied by systemic symptoms or findings suggestive of alternative causes. Often, the cough worsens when lying down at night or upon waking in the morning and may be exacerbated by physical exercise. Therefore, it is sometimes difficult to distinguish between the cough of asthma and persistent bacterial bronchitis, and both can coexist in up to 30% of cases(29).

Although it can occur at any age, PBB usually affects children under 6 years old, and according to some studies, attending daycare or having a history of chronic cough may increase the risk of this condition. The main proposed cause is bacterial colonization of the respiratory tract, especially by Haemophilus influenzae, and the presence of concurrent viral infections (such as adenovirus), which would contribute to the pathogenesis of PBB(30).

Although the etiopathogenesis is unknown, it appears to be related to alterations in mucociliary clearance and inflammation caused by viral infections or environmental stimuli, such as smoke or air pollution. This, combined with possible bacterial superinfection and biofilm formation, would hinder eradication. These bacteria would produce an increase in inflammatory mediators, such as IL-8 and MMP-9, as well as neutrophilic inflammation, leading to an increase in purulent endobronchial secretions. In cases of prolonged or recurrent evolution, this inflammation could produce bronchial wall thickening, chronic neutrophilic inflammation, epithelial damage, and, in advanced cases, the development of bronchiectasis. In some cases, it can progress to chronic obstructive pulmonary disease (COPD) in adulthood, although this is less frequent in the pediatric population(29).

The main causative agents are non-typeable Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae, and, less frequently, Moraxella catarrhalis. Two or more pathogens are detected in half of the cultures.

Initially, when PBB was described in 2006, Chang et al. established diagnostic criteria (micro PBB) that included: chronic wet cough (more than 4 weeks), resolution with oral antibiotic therapy, and the need for microbiological isolation via bronchoscopy. In 2010, the definition of PBB was updated to facilitate its relevance in primary care, allowing diagnosis without the need for bronchoscopy for microbiological confirmation, prioritizing antibiotic response and the exclusion of other causes of wet cough (clinical PBB).

Treatment is based on a broad-spectrum antibiotic administered for four weeks, given the frequent polymicrobial etiology. The most commonly used regimen is amoxicillin-clavulanic acid 80-90 mg/kg/day every eight hours orally, and macrolides in cases of immediate hypersensitivity to penicillin. A first evaluation is recommended at two weeks, and the response should be assessed before extending antibiotic therapy to complete the four-week course. However, relapses are frequent (up to 25%) and require further courses of antibiotic therapy.

In those patients who do not show clinical improvement of symptoms or recurrence of the episode, different differential diagnoses should be considered; for this, the study should be expanded with a blood count and biochemistry with quantification of immunoglobulins, sweat test and, sometimes, high resolution computed axial tomography (HRCT), bronchiectasis is observed in up to 83.3% of cases of chronic wet cough that does not improve with adequate antibiotic treatment(31).

It is essential to rule out other causes of chronic cough, such as asthma or bronchiectasis, in case of recurrence or lack of response to treatment.

Similarities have been found between PBB, bronchial suppurative lung disease (BSLD), and bronchiectasis (BE). It is hypothesized that these may represent the same entity at different stages of chronic bronchial wall damage, with PBB being the mildest and most frequent, and bronchiectasis the most severe. Bronchiectasis is defined as irreversible bronchial dilatations visible on radiology. Patients with BE present with a persistent wet cough that responds partially or not at all to antibiotic treatment. In contrast, BSLD is used when a child presents with symptoms consistent with bronchiectasis—that is, recurrent or prolonged episodes of chronic wet cough—along with other symptoms such as failure to thrive, clubbing, abnormal chest sounds, and air trapping, but without radiological evidence of bronchiectasis.

Possible clinical progression: persistent bacterial bronchitis → chronic suppurative lung disease → bronchiectasis(31).

 

Role of the Primary Care Pediatrician

The primary care pediatrician serves as the first point of contact for the diagnosis, monitoring, and treatment of acute bronchiolitis. Therefore, the pediatrician’s role is crucial for early diagnosis, close monitoring of the illness to identify potential complications early and addressing families’ questions about the disease’s progression and duration. Accurately assessing the severity of the condition is another essential task for the pediatrician, key to deciding the child’s care: home if the case is mild, or hospital if there are warning signs or significant risk factors. Avoiding unnecessary treatments (bronchodilators, corticosteroids, antibiotics) and ensuring the safety of infants are also responsibilities of the primary care pediatrician. Supportive measures—adequate hydration, fever control, and nasal suctioning—are the priorities for keeping the infant comfortable. Finally, the pediatrician must strive to implement effective preventive measures: breastfeeding, hand hygiene, avoiding exposure to tobacco smoke, limiting contact with people with respiratory infections, and providing both vaccines and monoclonal antibodies, as a fundamental strategy to prevent bronchiolitis.

The primary care pediatrician also plays an essential role in the diagnosis and initial management of acute bronchitis in childhood. Their main function is to recognize acute, predominantly viral, and self-limiting cases, avoiding unnecessary tests and empirical antibiotic treatments that promote resistance. They must also identify persistent cases of productive cough suggestive of primary bronchitis, assess the response to antibiotic treatment, rule out differential diagnoses such as asthma or bronchiectasis in the absence of improvement, and make timely referrals if the situation requires it.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of this manuscript nor any source of funding.

 

References

The asterisks indicate the article’s level of interest, in the authors’ opinion.

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Recommended bibliography

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Periodically reviewed technical protocols, geared towards the clinical practice of pediatricians, addressing the management of acute bronchiolitis, with key points being supportive measures and prevention.

– Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la AEP. Virus respiratorio sincitial. Cap. 43. En: Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Spanish Association of Pediatrics (AEP) Advisory Committee on Vaccines and Immunizations. Respiratory Syncytial virus. Chapter 43. In: AEP Online Immunization Manual. Available at: https://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-43%2313.

A very comprehensive document, updated on 2025, which reviews practical issues regarding the epidemiology, pathophysiology and, fundamentally, the immunization strategies against RSV.

– Grupo de trabajo inmunización frente a VRS población infantil de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Recomendaciones de inmunización pasiva para prevención de enfermedad grave por VRS en la población infantil. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. Working group on RSV immunization in the child population of the Immunization Program and Registry Committee. Recommendations on passive vaccination for the prevention of severe RSV disease in children. Public Health Commission of the Interterritorial Council of the National Health System. Ministry of Health. 2024. Available at: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/VRS/poblacionInfantil/docs/VRS_infantil.pdf.

This is a key document because it establishes the official recommendations in Spain on passive immunization to prevent severe RSV disease in infants and young children. It marks a change in the model: from selective prevention (palivizumab in at-risk groups) to universal prevention with nirsevimab to prevent severe bronchiolitis in infants and reduce hospitalizations and serious RSV complications.

– Albert RH. Diagnosis and treatment of acute bronchitis. Am Fam Physician. 2010; 82: 1345-50. Available at: https://www.aafp.org/pubs/afp/issues/2010/1201/p1345.html.

It provides a clinical review on the diagnosis and management of acute bronchitis, including aspects relevant to the pediatric population.

– Mulhem E, Patalinghug E, Eraqi H. Acute bronchitis: Rapid evidence review. Am Fam Physician. 2025; 111: 214-7.

The text emphasizes that acute bronchitis is a self-limiting illness, predominantly viral in origin, and therefore antibiotics are not indicated in most pediatric cases. It underscores that there is no evidence to support the use of antitussives, honey, antihistamines, anticholinergics, oral NSAIDs, or inhaled or oral corticosteroids in the treatment of acute bronchitis in children.

– Zhang J, Wurzel DF, Perret JL, Lodge CJ, Walters EH, Dharmage SC. Chronic bronchitis in children and adults: Definitions, pathophysiology, prevalence, risk factors, and consequences. J Clin Med. 2024; 13: 2413. Available at: https://doi.org/10.3390/jcm13082413.

I consider this the most important article on the topic of prolonged bacterial bronchitis in pediatrics, because it provides a comprehensive and up-to-date review of the definition, pathophysiology, risk factors, and consequences of chronic bronchitis in children, specifically including the concept of prolonged bacterial bronchitis (PBB) as a distinct pediatric entity.

– Busquets Monge RM, Castillo Corullón S, Aguilar Fernández AJ. Tos húmeda: bronquitis bacteriana persistente, enfermedad supurativa bronquial y bronquiectasias. Wet cough: persistent bacterial bronchitis, suppurative bronchial disease, and bronchiectasis. Protoc diagn ter pediatr. 2017; 1: 15-29. Available at: https://static.aeped.es/02_tos_humeda_13c9f90ce5.pdf.

The periodically reviewed protocols establish an evidence-based clinical and therapeutic framework for the management of persistent bacterial bronchitis, suppurative bronchial disease, and bronchiectasis in pediatrics.

 

Clinical case

 

Patient data: age: 4 months; Sex: Female; Weight: 6.2 kg; Medical history: Full-term pregnancy, without complications. No family history of asthma or allergies. No RSV vaccination. Attending daycare for 2 months.

Reason for consultation: the child is brought to the health center because her mother reports that for the past 48 hours, the girl has had a dry cough, nasal congestion, and difficulty feeding. Over the last 12 hours, the mother has noticed progressive respiratory distress with a dry cough, rapid breathing, wheezing, and a fever of 38.5°C. The mother also reports that the girl has been less hungry and more lethargic than usual.

Examination: temperature: 38°C; respiratory rate: 60 rpm; heart rate: 150 bpm; oxygen saturation: 92% on room air; pulmonary auscultation: bilateral wheezing, fine crackles, subcostal retractions; general condition: irritable, with difficulty sucking.

Additional studies: PCR for respiratory viruses: positive for RSV.

Diagnosis: mild-to-moderate acute bronchiolitis due to RSV in an infant under 6 months of age.

The parents were instructed to manage the child on an outpatient basis with home monitoring: paracetamol for fever, aspiration of nasal secretions, semi-upright position, fractionation of feeds to facilitate feeding and clinical follow-up in 24-48 hours.

 

 

 

Calendario vacunal para toda la vida. Niño no vacunado y mal vacunado

V. Pineda Solas
Temas de FC


V. Pineda Solas

Vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) Profesor asociado. Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)

X

Autor para correspondencia

vpineda20@gmail.com

Resumen

La vacunación constituye una de las medidas de salud pública más eficaces, solo superada por el saneamiento del agua, y ha sido un factor determinante en la drástica reducción de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infectocontagiosas. Existen diferentes calendarios de vacunación en España, el común del Consejo Interterritorial (CISNS) y los de cada Comunidad Autónoma (C. A.), además del calendario de máximos propuesto por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). Consideramos que la consecución de un calendario único de vacunaciones mantiene el principio de equidad en la prevención de la salud y facilita el cumplimiento en los niños que cambien de comunidad autónoma como lugar de residencia. Cada vez estamos más cerca de este calendario único, ya que, actualmente, las diferencias entre los distintos calendarios mencionados son cada vez menores. El calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) es el paso decisivo para la consecución de un calendario vacunal único en España, ya que es el documento que incluye las vacunas que se recomienda administrar en función de la edad a toda la población en España. Por otro lado, en las consultas pediátricas se atiende con frecuencia a niños no vacunados o mal vacunados, porque han iniciado su calendario vacunal más tardíamente, lo han interrumpido o, con menos frecuencia, no se han inmunizado. La mayoría de las veces son niños migrantes o adoptados procedentes de otros países con calendarios distintos al nuestro, en ocasiones incompletos o bien con documentos de inmunización dudosos o inexistentes. Es nuestra labor, como pediatras o enfermeras pediátricas, informar, detectar y completar el calendario de vacunaciones en los niños que, por diferentes motivos, no están correctamente vacunados de acuerdo con su edad.

 

Abstract

Vaccination is one of the most effective public health measures, second only to water sanitation, and has been a determining factor in the drastic reduction in morbidity and mortality from infectious diseases. There are different vaccination schedules in Spain: the common one established by the Interterritorial Council (CISNS) and those of each Autonomous Community (AC), in addition to the maximum schedule proposed by the Advisory Committee on Vaccines of the Spanish Association of Pediatrics (CAV-AEP). We believe that achieving a single vaccination schedule maintains the principle of equity in health prevention and facilitates compliance among children who move to a different Autonomous Community. We are increasingly closer to achieving this single schedule, as the differences between the aforementioned schedules are currently narrowing. The common lifelong vaccination schedule of the Interterritorial Council of the National Health System (CISNS) is the decisive step toward achieving a single vaccination schedule in Spain, as it includes the vaccines recommended for the entire Spanish population based on age. Furthermore, pediatric consultations frequently see unvaccinated or incorrectly vaccinated children because they started their vaccination schedule late, interrupted it, or, less frequently, have not been immunized at all. Most often, these children are migrants or adopted children from other countries with different schedules, sometimes incomplete, or with dubious or nonexistent immunization documents. It is our job, as pediatricians or pediatric nurses, to inform, identify, and complete the vaccination schedule for children who, for various reasons, are not correctly vaccinated for their age.

 

Palabras clave: Vacunas; Vacunación infantil; Calendario de vacunación.

Key words: Vaccines; Childhood immunization; Immunization schedule.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 565 – 573

 


OBJETIVOS

• Conocer el calendario vacunal para toda la vida, cuyo fin es concienciar al profesional sanitario de la importancia de las vacunas desde el nacimiento hasta el final de la vida.

• Conocer los distintos calendarios vacunales que existen en nuestro país, para entender que no deberían existir diferencias entre CC. AA., sociedades científicas y Ministerio de Sanidad.

• Saber cómo se realiza un calendario de rescate en niños no vacunados o incorrectamente vacunados. Mayoritariamente por proceder de países donde no se aplican todas las vacunas que disponemos en nuestro país.

• Concienciar a médicos y enfermeras sobre su labor en conseguir la implementación de los calendarios de rescate.

 

Calendario vacunal para toda la vida. Niño no vacunado y mal vacunado

https://doi.org/10.63149/j.pedint.92

 

Introducción

Un calendario vacunal para toda la vida ha sido siempre el deseo del Ministerio de Sanidad y de las diferentes sociedades científicas relacionadas con las vacunas e inmunizaciones a lo largo de todas las edades. Este calendario debería ser común a todas las CC. AA., consensuado por todos los profesionales que trabajan en vacunas y con el compromiso de ser aplicado a toda la población, infantil y adulta, con las máximas coberturas posibles. Haciendo hincapié, sobre todo en el adulto, donde las coberturas son muy bajas.

En cuanto a los calendarios vacunales de rescate para niños no vacunados o mal vacunados, es imprescindible tener unos protocolos claros y concisos para lograr la igualdad entre todos los niños, tanto los españoles como los migrantes o adoptados. Todos los niños que viven en nuestro país tienen el derecho de ser vacunados con nuestros calendarios vacunales sistemáticos, de los más completos del mundo. En este artículo presentamos estos calendarios.

Calendario vacunal para toda la vida

El calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) es el paso decisivo para la consecución de un calendario vacunal único en España.

Un calendario de vacunación es un conjunto de vacunas que se administran sistemáticamente a toda la población en un área geográfica determinada o en un país. El calendario de vacunación es una herramienta de salud pública cuya aplicación favorece a toda la población, tanto a las personas que se vacunan como a las que no se vacunan.

El calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS)(1) es el documento que incluye las vacunas que se recomienda administrar en función de la edad a toda la población en España.

El CISNS es el organismo que adopta acuerdos para armonizar aspectos importantes de los programas de salud de las comunidades autónomas, como ocurre con el calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida. En el CISNS están representadas todas las comunidades autónomas y el Ministerio de Sanidad, y las decisiones se acuerdan tras evaluaciones realizadas con una base científico-técnica.

La Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones es el organismo técnico de la Comisión de Salud Pública, ambas dependientes del CISNS, que propone recomendaciones a instancias de la citada Comisión sobre los programas de vacunación, basadas en la evidencia científica y en la epidemiología de las enfermedades inmunoprevenibles para todo el país.

Para decidir la inclusión de una nueva vacuna en los programas de vacunación o realizar alguna modificación de los mismos (introducción o eliminación de una dosis de una vacuna o un cambio de la pauta de administración), se realiza una evaluación de 5 criterios que permiten fundamentar los cambios del programa: carga de enfermedad, efectividad y seguridad de la vacuna, repercusiones de la modificación en el programa de vacunación, aspectos éticos y evaluación económica.

Las recomendaciones en el seno de esta Ponencia, al igual que en los otros organismos del CISNS, se aprueban por consenso.

El establecimiento, ejecución y evaluación del calendario de vacunación en el territorio respectivo es competencia de las comunidades autónomas.

En las figuras 1, 2 y 3, podemos ver el calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida vigente para el 2025, el calendario infantil y el del adulto.

figura

Figura 1. Calendario de vacunación del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) a lo largo de toda la vida.
Fuente: referencia (1).

 

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Figura 2. Calendario de vacunación del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) en menores y adolescentes < 18 años. Fuente: referencia (1).

 

figura

Figura 3. Calendario de vacunación del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) en personas adultas ≥ 18 años. Fuente: referencia (1).

 

El calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud es el paso decisivo para la consecución de un calendario vacunal único en España, ya que es el documento que incluye las vacunas que se recomienda administrar en función de la edad a toda la población en España.

Por otro lado, la Asociación Española de Pediatría (AEP), a través del Comité de Vacunas e Inmunizaciones (CAV) publica cada año y desde hace 25 años un calendario vacunal sistemático de máximos para niños hasta los 18 años de edad y mujeres embarazadas(2), que es seguido de forma masiva por los pediatras y enfermeras pediátricas. Con el tiempo, cada vez son más coincidentes el calendario del CISNS y el del CAV de la AEP.

Las diferencias actuales entre el calendario infantil del CAV de la AEP y el del CISNS son la vacunación frente a meningococo ACWY a los 4-12 meses y 12 años en lugar de los 12 meses y 12 años, la vacunación frente a meningococo B y la tos ferina en el adolescente, y la vacunación frente a la gripe en niños sanos durante toda la edad infantil.

En la figura 4, podemos ver el calendario vacunal para la población infantil del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría y en la página web del CAV de la AEP pueden consultar los calendarios de cada comunidad autónoma española; disponible en: https://vacunasaep.org/profesionales/calendario-vacunas.

figura

Figura 4. Calendario de vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP); 2025.
Fuente: https://vacunasaep.org/profesionales/calendario-de-vacunaciones-e-inmunizaciones-aep-2025
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Niño no vacunado y mal vacunado

Los objetivos a conseguir ante un niño mal vacunado son asegurar la correcta inmunización de todos los niños, sistematizar la actuación profesional y propiciar una inmunidad colectiva robusta.

La vacunación constituye una de las medidas de salud pública más eficaces, solo superada por el saneamiento del agua, y ha sido un factor determinante en la drástica reducción de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infectocontagiosas. Sin embargo, en la práctica clínica diaria, es frecuente atender a niños con calendarios de vacunación incompletos, interrumpidos o con documentación inexistente, lo que supone un desafío para los profesionales sanitarios(3-5).

Se define(6) como “niño mal vacunado” o “no vacunado”, a aquel cuyo estado vacunal no se corresponde con las recomendaciones oficiales para su edad y lugar de residencia. Esta definición abarca diversas situaciones, entre las que se incluyen:

• Niños que no han recibido ninguna dosis de vacuna.

• Niños con calendarios de vacunación iniciados, pero no completados.

• Niños que carecen de documentos escritos (carné o certificado vacunal) que acrediten las dosis administradas.

• Niños inmigrantes o adoptados procedentes de otros países con calendarios de vacunación diferentes al español.

Objetivos

Los objetivos a conseguir ante estas situaciones son:

• Asegurar la correcta inmunización de todos los niños, independientemente de las dosis administradas previamente.

• Sistematizar la actuación profesional para facilitar la labor de pediatras y personal de enfermería en la actualización de los calendarios vacunales.

• Propiciar y mantener una inmunidad colectiva robusta que proteja a toda la población, incluyendo a los individuos más vulnerables.

Para alcanzar estos objetivos de manera segura y eficaz, la actuación profesional debe guiarse por un conjunto de principios fundamentales que estructuran el proceso de vacunación de rescate.

Principios fundamentales de la vacunación de rescate

La actualización de un calendario vacunal incompleto o desconocido debe basarse en un conjunto de principios rectores estratégicos. Adherirse a ellos garantiza que el proceso sea seguro, eficaz y eficiente, evitando tanto la sobrevacunación innecesaria como la infravacunación, que dejaría al niño desprotegido.

Los cuatro principios clave para la gestión de calendarios incompletos son:

1. “Dosis puesta, dosis que cuenta”: no se debe reiniciar nunca una pauta de vacunación, aunque se haya excedido el intervalo de tiempo recomendado entre dosis. El procedimiento correcto es completar la pauta a partir de la última dosis administrada válidamente, sin importar el tiempo transcurrido.

2. Validez de las dosis previas: para que una dosis administrada previamente se considere válida, debe cumplir tres condiciones indispensables:

• Estar correctamente registrada por escrito en un carné o certificado de vacunación.

• Haber sido administrada respetando la edad mínima de aplicación para esa vacuna.

• Haber sido administrada respetando los intervalos mínimos entre dosis de la misma pauta.

3. Administración simultánea: se recomienda administrar de forma simultánea todas las vacunas que correspondan por edad en una misma visita. Para ello, se deben utilizar lugares anatómicos distintos (separados por, al menos, 2,5 cm). El uso de vacunas combinadas es preferente, ya que simplifica los calendarios, reduce el número de inyecciones y visitas, y mejora el confort del niño.

4. Priorización de vacunas: si por algún motivo no es posible administrar todas las vacunas necesarias en una única visita (p. ej., reticencia de los padres, número elevado de dosis pendientes), se debe priorizar. La prioridad se establecerá administrando primero las vacunas que protegen contra patologías de mayor riesgo según la edad y la epidemiología local, y aquellas para las cuales el niño no ha recibido ninguna dosis previa.

La aplicación correcta de estos principios comienza con una evaluación sistemática y rigurosa del estado vacunal de cada niño.

Proceso de evaluación inicial y clasificación

El primer paso crucial para determinar la pauta de actuación correcta es una evaluación rigurosa del estado vacunal del niño. Este proceso se fundamenta en el análisis de la documentación disponible y permite individualizar el calendario de rescate más adecuado para cada caso.

El proceso de evaluación se desarrolla en los siguientes pasos secuenciales:

1. Solicitud de documentación: el primer paso es siempre solicitar a los padres o tutores el carné o certificado de vacunación del niño. Este documento es la principal fuente de información para evaluar las dosis recibidas.

2. Análisis de la documentación: el documento aportado debe ser evaluado para determinar su fiabilidad. Se considerarán válidas las dosis que estén claramente identificadas, con fechas de administración legibles y un sello o firma que avale su autenticidad. Es fundamental subrayar que la información verbal de los padres o tutores sobre las vacunas administradas no debe ser aceptada como prueba fehaciente de vacunación.

3. Clasificación del paciente: en función del análisis documental, el niño será clasificado en una de las siguientes tres categorías, que determinarán la actuación a seguir:

Niño con documentación fiable, pero incompleta: se considera que las dosis registradas son válidas. La actuación consiste en completar las dosis faltantes según la edad actual del niño, sin reiniciar ninguna pauta.

Niño sin documentación escrita: se le debe considerar como no vacunado. La actuación consiste en iniciar la vacunación desde cero, aplicando la pauta acelerada correspondiente a su edad actual.

Niño con documentación de fiabilidad dudosa: si el certificado es ilegible, no está sellado o existen dudas sobre su autenticidad (p. ej., fechas de nacimiento o nombres no coincidentes), se debe actuar con el principio de máxima protección. En estos casos, se considerará al niño como no vacunado para garantizar su completa inmunización.

Una vez que el paciente ha sido clasificado, se procederá a aplicar las pautas de vacunación acelerada específicas para su grupo de edad.

Las siguientes tablas recogen información de distintos calendarios de rescate, tanto españoles (CISNS, CAV de la AEP) como de otros países, como: Australia(7), Nueva Zelanda(8), Canadá(9), EE.UU. (CDC)(10) e Inglaterra(11).

Pautas de vacunación acelerada: menores de 7 años

Este periodo es crítico para la primovacunación contra múltiples enfermedades, por lo que la correcta actualización del calendario es de máxima importancia para asegurar una protección temprana y duradera.

En la tabla I, se describe la vacunación de rescate para menores de 7 años de edad: edad mínima de la 1ª dosis para cada vacuna e intervalos entre las dosis necesarias para completar el calendario de rescate establecido.

tabla

 

Dosis e intervalos mínimos por vacuna (< 7 años)

A continuación, se detalla el número mínimo de dosis requeridas y los intervalos mínimos entre ellas para cada vacuna en este grupo de edad:

DTPa (difteria, tétanos, tosferina acelular):

< 24 meses: 3 dosis.

24 meses – 6 años: 3-4 dosis. En esquemas 2 + 1 (2, 4, 11 meses), la 4ª dosis se aplica a los 6 años (DTPa-VPI) si han pasado, al menos, 6 meses desde la dosis previa y siempre a partir de los 4 años.

Intervalos mínimos: 8 semanas entre 1ª y 2ª dosis; 6 meses entre 2ª y 3ª.

Hepatitis B (VHB):

< 7 años: 3 dosis.

Intervalos mínimos: en pauta con hexavalente, 8 semanas entre 1ª y 2ª dosis y 6 meses entre 2ª y 3ª. Con vacuna monocomponente (pauta 0, 1, 6 meses), el intervalo mínimo es de 4 semanas entre 1ª y 2ª, 8 semanas entre 2ª y 3ª, y 16 semanas entre 1ª y 3ª (no antes de los 6 meses de edad).

Poliomielitis (VPI):

< 24 meses: 3 dosis.

24 meses – 6 años: 4 dosis. Si la 3ª dosis se administró antes de los 4 años, se requiere una 4ª dosis.

Intervalos mínimos: 8 semanas entre 1ª y 2ª dosis; 6 meses entre 2ª y 3ª.

Haemophilus influenzae tipo b (Hib):

< 24 meses: 1-3 dosis. El número de dosis depende de la edad de inicio: 3 dosis si < 12 meses; 2 dosis si 12-14 meses; y 1 dosis a partir de 15 meses.

24 meses – 6 años: 1 dosis. No se vacuna a mayores de 5 años, salvo grupos de riesgo.

Intervalos mínimos: 8 semanas entre dosis de primovacunación.

Neumococo conjugada 20v (VNC20):

< 24 meses: 2-4 dosis. El número de dosis depende de la edad de inicio: 4 dosis si < 6 meses; 3 dosis si 7-11 meses; y 2 dosis si 12-23 meses.

24-59 meses: 1-2 dosis. Se administra 1 dosis, o 2 dosis en caso de pertenecer a grupos de riesgo de enfermedad neumocócica invasora (ENI). No se vacuna a mayores de 5 años, salvo grupos de riesgo.

Intervalos mínimos: 4 semanas entre dosis de primovacunación; 8 semanas hasta el refuerzo.

Meningococo B (MenB):

< 24 meses: 3 dosis (para nacidos a partir del 01/10/2021). La pauta varía con la edad de inicio:

a. Inicio de 2 a 11 meses: 2 dosis separadas por, al menos, 2 meses y un refuerzo entre los 12-23 meses (con, al menos, 8 semanas de separación de la dosis previa).

b. Inicio de 12 a 23 meses: 2 dosis separadas por, al menos, 2 meses y un refuerzo 12-23 meses después de la última dosis.

24 meses – 6 años: 2 dosis separadas por, al menos, 2 meses (para nacidos a partir del 01/10/2021).

Meningococo ACWY (Men-ACWY):

< 24 meses: se administra 1 dosis de Nimenrix® entre los 4 y 11 meses. A partir de los 12 meses, se administra 1 dosis de MenQuadfi®.

24 meses – 6 años: 1 dosis de MenQuadfi® si no ha recibido la dosis de los 12 meses.

Intervalos mínimos: si la dosis de los 4 meses (Nimenrix®) se administra a los 11 meses, se debe esperar, al menos, 2 meses para la dosis de los 12 meses (MenQuadfi®).

Triple vírica (SRP):

< 24 meses: 1 dosis (a partir de los 12 meses).

24 meses – 6 años: 2 dosis.

Intervalo mínimo: 4 semanas entre dosis.

Varicela (Var):

< 24 meses: 1 dosis (a partir de los 15 meses, aunque aceptable desde los 12 meses).

24 meses – 6 años: 2 dosis.

Intervalo mínimo: 4 semanas (preferiblemente, 12 semanas en menores de 13 años).

Gripe:

< 7 años: 1 dosis anual. Se administrará una segunda dosis (separada por, al menos, 4 semanas) solo si se cumplen las tres condiciones siguientes simultáneamente: el niño tiene entre 6 meses y 8 años de edad, pertenece a un grupo de riesgo de gripe y es la primera vez que se vacuna.

Pautas de vacunación acelerada: de 7 a 18 años

El enfoque de la vacunación de rescate cambia una vez que el niño alcanza los 7 años, adaptándose a las necesidades de esta nueva etapa.

Para el grupo de edad de 7 a 18 años, el objetivo de la vacunación de rescate es completar la primovacunación de enfermedades como: el tétanos, la difteria, la tosferina o la hepatitis B, administrar las dosis de refuerzo correspondientes a la adolescencia (MenACWY) y rescatar vacunas específicas como la del virus del papiloma humano (VPH).

En la tabla II, se describe la vacunación de rescate para niños de 7-18 años de edad: edad mínima de la 1ª dosis para cada vacuna e intervalos entre las dosis necesarias para completar el calendario de rescate establecido.

tabla

 

Dosis e intervalos mínimos por vacuna (7-18 años)

Td/Tdpa (tétanos, difteria, tosferina):

Número de dosis: 3 dosis de primovacunación, seguidas de 2 dosis de recuerdo para un total de 5 dosis.

Intervalos mínimos: 4 semanas entre 1ª y 2ª dosis; y 6-12 meses entre 2ª y 3ª. Al menos, una de las dosis debe ser con el componente de tosferina (Tdpa).

Hepatitis B (VHB):

Número de dosis: 3 dosis.

Intervalos mínimos: 4 semanas entre 1ª y 2ª dosis; y 8 semanas entre 2ª y 3ª.

Poliomielitis (VPI):

Número de dosis: 3 dosis. Si la 3ª dosis se recibió antes de los 4 años, se requiere una 4ª.

Intervalos mínimos: 4 semanas entre dosis.

Meningococo ACWY (Men-ACWY):

Número de dosis: 1 dosis. Se administrará una dosis de rescate (MenQuadfi®) si no se recibió la dosis de MenC de los 12 meses. Además, se administrará 1 dosis de MenQuadfi® entre los 12 y 18 años si no se ha recibido ninguna dosis de MenACWY a partir de los 10 años de edad.

Nota: algunas CC. AA. y el CAV-AEP recomiendan la pauta de MenACWY de 4 meses-12 meses-12 años, sabiendo que esta pauta está fuera de ficha técnica; ficha técnica, sin embargo, que pueden modificar los departamentos de salud de una comunidad autónoma. En el resto de CC. AA., la pauta es de 12 meses-12 años y, en estas, si se desea vacunar al lactante (de forma privada), la pauta según ficha técnica es de 2 meses-4 meses-12 meses-12 años.

En cuanto a las vacunas, Nimenrix® se puede administrar desde los 2 meses y MenQuadfi®, por ahora, a partir de los 12 meses de edad.

Triple vírica (SRP):

Número de dosis: 2 dosis.

Intervalo mínimo: 4 semanas entre dosis.

Varicela (Var):

Número de dosis: 2 dosis si no ha pasado la enfermedad.

Intervalo mínimo: 4 semanas entre dosis.

Papilomavirus (VPH):

Número de dosis: 1 dosis para chicas y chicos de 12 a 18 años.

Consideraciones específicas para niños inmigrantes y adoptados

Los niños procedentes de otros países(12), ya sea por inmigración o adopción, constituyen un grupo que requiere una atención especial. La diversidad de sus calendarios de vacunación de origen, la posible falta de fiabilidad de la documentación y las diferencias en las vacunas administradas hacen necesario un enfoque individualizado para adaptar su inmunización al calendario español y garantizar una protección completa.

Evaluación de la documentación extranjera

El enfoque general para evaluar la documentación de vacunación de otros países sigue los principios ya establecidos:

• Solo deben considerarse válidas las dosis que estén documentadas claramente por escrito. La información verbal de los padres no es una prueba fiable.

• La fiabilidad de los certificados varía según el país de origen. No obstante, la recomendación actual es considerar válido un carné de vacunación que esté sellado y que cumpla con las edades e intervalos mínimos de administración para cada vacuna.

• En caso de duda sobre la validez de la documentación (ilegibilidad, falta de sellos, inconsistencias), la pauta a seguir es considerar al niño como no vacunado e iniciar una pauta de primovacunación adaptada a su edad. Los riesgos de la infravacunación superan con creces los de una posible sobrevacunación.

Adaptaciones y vacunas específicas

Existen varias vacunas y situaciones que requieren una consideración particular en este grupo de población:

Vacuna BCG: la mayoría de los niños procedentes de países con baja renta han recibido la vacuna BCG al nacer. La presencia de la cicatriz deltoidea característica debe tenerse en cuenta al interpretar una prueba de tuberculina (Mantoux), ya que puede dar lugar a resultados positivos sin que exista una infección activa.

Vacuna de la poliomielitis: muchos países utilizan la vacuna oral atenuada (VPO), a diferencia de la vacuna inactivada inyectable (VPI) empleada en España. Desde abril de 2016, la VPO utilizada a nivel mundial es bivalente. Por tanto, la instrucción clave es que los niños que solo hayan recibido VPO bivalente deben recibir, al menos, 2 dosis de VPI para garantizar la protección contra todos los serotipos.

Vacuna del sarampión: si en el país de origen se administró una vacuna monocomponente (solo sarampión) o bicomponente (sarampión-rubeola), esta no debe tenerse en cuenta para el calendario español. Se deben administrar dos dosis de triple vírica (SRP) a partir de los 12 meses de edad.

Vacunas no incluidas en otros calendarios: es fundamental revisar si el niño ha recibido protección frente a enfermedades cuyas vacunas son sistemáticas en España, pero no en sus países de origen. Entre ellas destacan las vacunas frente a meningococos B y ACWY, Haemophilus influenzae tipo b, varicela y neumococo.

Viajeros VFR (Visiting Friends and Relatives): si se prevé que el niño viaje a su país de origen, se debe valorar la necesidad de administrar vacunas adicionales no incluidas en el calendario sistemático español, como las de la hepatitis A, fiebre amarilla o fiebre tifoidea, según el destino.

Para asegurar el cumplimiento del calendario en estas poblaciones, así como en el resto de niños, es crucial optimizar cada oportunidad de contacto con el sistema sanitario.

Recomendaciones para la optimización del proceso de vacunación

Para maximizar la eficacia del programa de vacunación, reducir las oportunidades perdidas y fomentar la confianza en la inmunización, es fundamental que el personal sanitario adopte un enfoque proactivo y sistemático. Las siguientes recomendaciones prácticas están diseñadas para optimizar este proceso.

Aprovechar cada contacto sanitario: cualquier visita al sistema de salud, ya sea a Urgencias, una consulta a demanda por otra patología o un ingreso hospitalario, es una oportunidad para revisar y actualizar el estado vacunal del niño. Esta estrategia es clave para captar a niños con calendarios incompletos.

Uso de vacunas combinadas: se debe priorizar el uso de vacunas combinadas siempre que sea posible. Estas presentaciones simplifican significativamente los calendarios, reducen el número de inyecciones y mejoran la experiencia del niño y la adherencia de la familia al programa de vacunación.

Rechazar falsas contraindicaciones: el personal sanitario debe estar formado para conocer y aceptar únicamente las contraindicaciones verdaderas para la vacunación, rechazando las falsas (p. ej., un catarro leve, tratamiento con antibióticos). Esto evita retrasos innecesarios en la inmunización.

Función del pediatra y enfermería de Atención Primaria

Es tarea fundamental del equipo de pediatría de Atención Primaria informar activamente a las familias sobre la importancia de las vacunas, detectar a los niños incorrectamente vacunados y completar sus calendarios de acuerdo con las pautas establecidas. Su papel es central en el éxito de la estrategia de inmunización.

Conclusión

La correcta aplicación de este protocolo es una herramienta esencial para garantizar la protección individual y colectiva frente a las enfermedades inmunoprevenibles. El compromiso del sistema sanitario y de sus profesionales es indispensable para proteger la salud infantil a través de una vacunación completa, correcta y administrada a tiempo.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida recomendado para 2025. Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/calendario/home.htm.

2.*** Álvarez García FJ, Iofrío de Arce A, Álvarez Aldeán J, Garrote Llanos E, López Granados L, Navarro Gómez ML, et al. Calendario de vacunaciones e inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría: recomendaciones 2025. An Pediatr (Barc). 2025; 102: 503713.

3.** Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Calendario acelerado de vacunaciones. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. 2023 (actualizado enero 2025).

4. Álvarez García F, Merino Moína M. Calendarios acelerados. Inmunización de rescate en niños y adolescentes con vacunación inadecuada. En: Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). Vacunas en Pediatría. Manual de la AEP 2012, 5ª ed. Madrid: Exlibris ediciones SL; 2012. p. 119-29.

5.*** Comité Asesor de Vacunas (CAV-AEP). Manual de Inmunizaciones en línea de la AEP. Secc. III, Cap. 11. Madrid: AEP; 2025. Disponible en: https://vacunasaep.org/documentos/manual/manual-de-vacunas.

6.** Coronel Rodríguez C, García Pérez J, Hernández Hernández A. Calendario de vacunación infantil. Niño mal vacunado y no vacunado. Vacunas combinadas. Pediatr Integral. 2020; 8: 435-48. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/calendario-de-vacunacion-infantil-nino-mal-vacunado-y-no-vacunado-vacunas-combinadas/.

7.** Australian Immunisation Handbook. Catch-up vaccination. 2024.

8.* New Zealand. Ministry of Health. Immunisation Handbook 2024. Appendix 2: Planning immunisation catch-ups. 2024.

9.** Canadian Immunization Guide. Immunization of persons new to Canada. 2023.

10.** Centers for Disease Control and Prevention. Catch-up immunization schedule for persons aged 4 months through 18 years who start late or who are more than 1 month behind. 2024.

11.** Public Health England. Vaccination of individuals with uncertain or incomplete immunisation status. 2024.

12.* Mellado Peña MJ, García López-Hortelano M. Vacunas en inmigrantes, adoptados, acogimiento, viajeros y convivientes. En: Hidalgo Vicario MI, Montón Álvarez JL (eds.). Vacunas. Algo más que el calendario vacunal. Cuestiones y respuestas. Undergraf SL; 2017. p. 465-88.

 

Bibliografía recomendada

– Coronel Rodríguez C, García Pérez J, Hernández Hernández A. Calendario de vacunación infantil. Niño mal vacunado y no vacunado. Vacunas combinadas. Pediatr Integral. 2020; 8: 435-48. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/calendario-de-vacunacion-infantil-nino-mal-vacunado-y-no-vacunado-vacunas-combinadas/.

De los últimos artículos publicados sobre el niño mal vacunado o no vacunado, aparecido en Pediatría Integral, en 2020, firmado por tres autores referentes en el tema. Destaca la esquematización de cada apartado y las tablas actualizadas. Sigue actualmente vigente.

– Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV-AEP). Manual de Inmunizaciones en línea de la AEP. Madrid: AEP; 2025. Disponible en: https://vacunasaep.org/documentos/manual/manual-de-vacunas.

Se puede considerar un documento online vivo y actualizado de Manual de Vacunas. En el mismo, el CAV de la AEP ofrece una detallada y extensa información del Manual de Vacunas que se publicó en formato papel en el año 2012, y que permanentemente hace una puesta al día, en formato digital, de los diferentes capítulos, convirtiéndose en un punto de referencia para todos los interesados en la vacunología. Ofrece las ventajas de que no precisa de su impresión y distribución para poder revisar algunos de sus capítulos, e incorporar las novedades que son continuas en este campo, en continua revisión y actualización.

– Orenstein WA, Offit PA, Edwards KM, Plotkin SA. Plotkin’s Vaccines. Elsevier. 8th ed. 2023.

Es el referente de la vacunología y al cual hay que acudir para conocer el presente, pasado y futuro de esta rama de la medicina. Hace una descripción completa de cada enfermedad, incluidas las características clínicas, microbiología, patogénesis, diagnóstico y tratamiento, así como epidemiología, salud pública y cuestiones normativas. Actualiza los conocimientos existentes sobre las vacunas actuales y las que se encuentran aún en investigación y desarrollo.

 

Caso clínico

 

Paciente de 15 años de edad que debe operarse de una hernia discal dentro de 1 mes. Al mirar su cartilla de vacunaciones, se aprecia que le falta la segunda dosis de la triple vírica, la segunda dosis de varicela y no se han administrado las vacunas de los 12 años ni de los 14 años. ¿Cómo debemos proceder? ¿Debe adecuarse el calendario vacunal con todas las vacunas que faltan antes de la intervención? ¿Solo son imprescindibles algunas de las vacunas antes de la intervención?

 

 

Vacunas antimeningocócicas

B. Aguirrezabalaga González
Temas de FC


B. Aguirrezabalaga González

Pediatra de Atención Primaria. Centro de Salud Parque-Somió. Gijón. Coordinadora del Grupo de Trabajo de Vacunas y Enfermedades Infecciosas en Atención Primaria (VACAP) de la SEPEAP. Vicepresidenta de la SEPEAP

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Autor para correspondencia

belenaguirrezabalaga@gmail.com

Resumen

El uso sistemático de las vacunas antimeningocócicas, a nivel mundial, arroja prometedores resultados en la lucha frente a la enfermedad meningocócica invasiva, acercándonos al ambicioso objetivo de la OMS de derrotar la meningitis para el año 2030. En este capítulo se repasan los datos recientes sobre el uso de estas vacunas y los avances en investigación.

 

Abstract

The systematic use of meningococcal vaccines worldwide is yielding promising results in the fight against invasive meningococcal disease, bringing us closer to the WHO’s ambitious goal of defeating meningitis by 2030. This article reviews recent data on the use of these vaccines and advances in research.

 

Palabras clave: Enfermedad meningocócica; Vacunas contra el meningococo.

Key words: Meningococcal disease; Meningococcal vaccines.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 581 – 588

 


OBJETIVOS

• Conocer la epidemiología de la enfermedad meningocócica invasiva (EMI).

• Conocer los resultados actualizados de efectividad de las diferentes vacunas antimeningocócicas.

• Conocer las recomendaciones actuales de vacunación frente a la EMI en nuestro medio.

• Conocer el estado actual de la investigación en nuevas vacunas frente a EMI.

 

Vacunas antimeningocócicas

https://doi.org/10.63149/j.pedint.94

 

Introducción

La enfermedad meningocócica invasiva (EMI) es devastadora, con una mortalidad en nuestro medio de alrededor de un 10 %, y secuelas graves hasta en un 30 % de los afectados. Afortunadamente, en los últimos años se han desarrollado vacunas eficaces frente a los serogrupos que causan enfermedad con mayor frecuencia. Este capítulo es una actualización de las vacunas antimeningocócicas disponibles, con las novedades acaecidas desde la última publicación en esta revista en el año 2020.

Epidemiología

La epidemiología de la EMI es variable en tiempo y área geográfica. Los serogrupos A, B, C, W, X e Y son los responsables a nivel global de la mayoría de los casos.

A la ya conocida variabilidad epidemiológica que caracteriza a la EMI, se ha sumado en estos últimos años el impacto por la pandemia del SARS-CoV-2, al igual que en otras enfermedades bacterianas invasivas. Numerosas publicaciones de países de nuestro entorno reflejaban una disminución drástica en la incidencia de esta enfermedad, debido a las medidas de contención impuestas por la pandemia(1,2).

En España, según los datos del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) en su informe del año 2023, también se ha apreciado el impacto de la pandemia (Fig. 1), disminuyendo la incidencia durante los años 2020 y 2021, con un posterior aumento.

figura

Figura 1. Tasa de incidencia acumulada, por sexo, de enfermedad meningocócica invasiva. España, 1996-2023. Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

 

De esta manera, en el año 2023 se notificaron 265 casos, siendo las tasas de incidencia mayores en el grupo de menores de un año, seguido por el grupo de 1 a 4 años. Se observa en 2023 un aumento de la incidencia acumulada de la EMI, sin llegar aún a niveles prepandémicos. Se ha recuperado el carácter estacional, y el 60 % de los casos han sido producidos por el serogrupo B. La letalidad ha sido ligeramente superior a la de otros años, de 13,2 %. En el año 2024 se confirmaron 299 casos hasta el 21 de diciembre, en comparación con los 232 del mismo periodo del año anterior(3).

Los datos provisionales del CNE de la semana 34 del año 2025 arrojan una cifra total de 267 casos, respecto a los 247 casos del año 2024 en la misma semana epidemiológica.

Se confirma, por tanto, la tendencia creciente de esta enfermedad, al igual que han reportado países, como Reino Unido (finales de 2021, en adolescentes por serogrupo B) y Francia, coincidiendo con la retirada de las medidas de contención impuestas por la pandemia.

El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) publicó en 2024 el informe anual con datos hasta el 2022, año en el que se constata el aumento de la incidencia de esta enfermedad en la mayoría de los países europeos. Asimismo, durante el año 2023, en los países con información sobre la EMI, se observa la misma tendencia: un repunte de los casos con predominio del serogrupo B(4).

Vacunas frente al serogrupo B

Tras una década de experiencia de uso de vacunas frente a meningococo B (MenB), disponemos de datos actualizados que confirman su efectividad y seguridad.

Actualmente, disponemos de dos vacunas frente a este serogrupo:

• Vacuna multicomponente (4CMenB).

• Vacuna bivalente (fHbp).

Vacuna multicomponente (4CMenB)

Han pasado ya más de 10 años desde que se licenció esta vacuna en 2013 en la Unión Europea para su uso a partir de los 2 meses de edad. Basada en datos de inmunogenicidad y seguridad, se licencia, inicialmente, en pauta 3+1 y, posteriormente, en 2020, en pauta 2+1 al demostrarse igualmente inmunógena. A fecha de 2024, está aprobada en más de 50 países en todo el mundo e incluida en el calendario sistemático de inmunización infantil en 16 países (Fig. 2). También ha sido incluida en el calendario vacunal de adolescentes en varios países. Esto ha permitido tener datos en vida real de efectividad, impacto y seguridad(5).

figura

Figura 2. Calendarios vacunales regionales y nacionales que incluyen 4CMenB. Fuente: referencia(5).

 

Efectividad e impacto en vida real

Hay datos de efectividad disponibles en cuatro países europeos (Reino Unido, Italia, España y Portugal), así como en Estados Unidos, Canadá y Australia del Sur.

Reino Unido fue el primer país en introducir esta vacuna en el calendario de inmunización, en 2015: se constató una reducción del 75 % de la incidencia en los tres primeros años del programa y una protección, al menos, de dos años tras la pauta de 2+1. Este dato es importante, dado que la mayor tasa de incidencia de esta enfermedad es en menores de 3 años, especialmente menores de un año. Otro análisis, realizado entre los años 2015-2021 en este país, encuentra una disminución de la EMI por serogrupo B entre los niños elegibles para la vacunación de un 55 % respecto al periodo prevacunal (2010-2015). También aprecian un desplazamiento de la edad con mayor incidencia de los 5-6 meses de vida a 1-3 meses, reafirmando la importancia de la vacunación temprana.

En Italia se implementa esta vacuna en el calendario nacional infantil de inmunización en 2017, con una pauta de 3+1 desde los 2 meses de vida, aunque en dos regiones ya habían iniciado esta vacunación con pautas diferentes: Toscana, en 2014, con pauta de 3+1 desde los dos meses de edad; y Veneto, en 2015, en pauta 2+1 desde los 7 meses de edad. La efectividad frente a MenB fue del 93 % en la Toscana desde 2014-2018, y del 91 % en Veneto desde 2015-2018. El impacto, estimado por la tasa de incidencia pre y postvacunal de EMI por MenB en niños de 0 a 5 años, fue del 68 % en Toscana y del 31 % en Veneto. Esto sugiere un mayor impacto del programa de vacunación cuando se realiza desde edades más tempranas.

En Portugal, en un estudio caso-control en un entorno de vacunación privada por recomendación de sociedades científicas, se ha estimado una efectividad del 79 %.

En España se realizó un estudio de casos y controles con datos de 2015-2019 para evaluar la efectividad e impacto en menores de 60 meses de edad. La efectividad vacunal frente al serogrupo B fue del 71 % en personas completamente vacunadas y un 64 % en vacunados, al menos, con una dosis; en menores de un año fue del 97 % con pauta completa y del 93 % con, al menos, una dosis. Además, se constata una efectividad para serogrupos no B del 82 % para las personas que habían recibido, al menos, una dosis. En la prevención por cualquier serogrupo, la efectividad fue del 76 % para completamente vacunados y 68 % con, al menos, una dosis.

En Australia del Sur, donde los casos de EMI por serogrupo B se habían incrementado un 10 % anual desde 2013 a 2016, se realiza un estudio (“B parto f it”) aleatorizado durante el curso escolar 2017-2018, observando una reducción del 71 % de los casos en adolescentes. Desde 2019, se inicia vacunación sistemática a los lactantes menores de un año (tres dosis) y adolescentes de 14 y 15 años (dos dosis). Tres años tras la implementación, se observa una reducción del 63,1 % en lactantes y del 78,5 % en adolescentes; la efectividad frente a MenB para el programa de lactantes fue del 90,7 % y del 83,5 % en adolescentes.

Nuevos métodos “in vitro” de validación de protección de las vacunas frente a MenB

La efectividad real de estas vacunas solamente se puede medir una vez se hayan implementado en los programas de inmunización, como acabamos de ver. La validación de la protección de las vacunas antimeningocócicas usa un correlato de protección definido desde los años 60, el SBA (de las siglas en inglés “serum bactericidal assays”, o ensayo bactericida del suero). Con el método MATS (de las siglas en inglés meningococcal antigen typing system) se predice la potencia bactericida de la vacuna al estimar la cobertura de las cepas circulantes. Es una predicción conservadora, como se ha visto con aquellas cepas que teóricamente no serían cubiertas por la vacuna y se demostró que eran destruidas por hSBA, usando suero de personas vacunadas. Esto es así porque el MATS no tiene en cuenta un posible efecto sinérgico de los anticuerpos inducido por dos o más componentes de la vacuna, es decir, la unión simultánea de anticuerpos a varios antígenos.

Recientemente, se ha desarrollado un nuevo método, el enc-hSBA, que utiliza complemento endógeno presente en el suero de cada persona vacunada para proporcionar una medición de la actividad bactericida de los anticuerpos presentes en el suero frente a cada cepa; por el contrario, el tradicional hSBA utiliza complemento exógeno de personas seronegativas para medir la respuesta inducida por la vacuna frente a antígenos específicos de cepa. El método enc-hSBA utiliza un panel de 110 cepas invasivas de MenB y se ha validado utilizando 4 antígenos vacunales específicos de cepa. Este método ha demostrado utilidad en los ensayos clínicos realizados. En la figura 3 se detallan las características de cada uno de los dos métodos.

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Figura 3. Características del hSBA y del Enc-hSBA en relación con la evaluación de las vacunas frente a MenB. Fuente: referencia(5).

 

Seguridad en vida real

Tras una década de vigilancia activa y pasiva en diferentes grupos de edad y diferentes pautas (vacunación sistemática, uso en brotes), la información acumulada avala un adecuado perfil de seguridad. Son ya más de 100 millones de dosis administradas en todo el mundo sin alertas sobre su seguridad, incluyendo la coadministración con otras vacunas sistemáticas.

Protección más allá del serogrupo B

Dado que esta vacuna incluye diferentes antígenos que pueden expresar otras cepas de meningococo y otras Neisserias, sería lógico presuponer una posible protección cruzada en este sentido. Pues bien, disponemos efectivamente de datos en vida real tras la implementación en los calendarios sistemáticos de diferentes países (Fig. 4).

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Figura 4. Datos de efectividad de la vacuna multicomponente (4CMenB) frente a serogrupos no B y enfermedad gonocócica. Fuente: referencia(5).

 

Los primeros datos provienen de Reino Unido, tras la implementación de esta vacuna en su calendario de inmunizaciones en el lactante y de la vacuna MenACWY en adolescentes, que se inicia en 2015, en respuesta al aumento de los casos de MenW. Se compararon los casos por MenW durante los 4 años anteriores y los 4 años posteriores de la implementación de ambas vacunas; se demostró un 69 % menos de casos que los previstos en niños elegibles para la vacuna 4CMenB (independiente de su estado de vacunación), evitando 98 casos(6).

Hemos comentado ya los datos del estudio de casos y controles en España, en donde se estima una efectividad con dos dosis de vacuna, del 76 % frente a EMI por cualquier serogrupo y del 92 % frente a serogrupo no B.

Por otro lado, tenemos también datos en vida real sobre la protección cruzada de esta vacuna frente a Neisseria gonorrhoeae(5,6). Esto es posible por la expresión de la proteína NHBA (proteína de adhesión a la heparina de la Neisseria) en el 82 % de las cepas de gonococo; y porque los anticuerpos inducidos por esta vacuna son reconocidos por esta proteína expresada en el gonococo. También otras proteínas pueden inducir este efecto, dada la homología entre la proteína OMV expresada en la vacuna y en el gonococo. Este efecto fue observado en Nueva Zelanda en un análisis retrospectivo en pacientes inmunizados con la vacuna MenB OMV, que demostró un 31 % de efectividad frente a gonorrea y 24 % frente a hospitalización provocada por gonorrea.

En Quebec, durante la campaña de inmunización con esta vacuna, se ha estimado una disminución del riesgo de infección frente a N. gonorrhoeae del 59 %.

Hay varios estudios en marcha que investigan esta potencial prevención cruzada de la vacuna frente a un patógeno para el cual no existe vacuna y con un incremento preocupante en las resistencias antimicrobianas. Una vacuna con una modesta efectividad frente a gonorrea supondría un gran impacto en salud pública.

Tanto es así que, en el año 2023, el Joint Committee on Vaccination and Immunisation (JVCI) ha recomendado el uso de esta vacuna para la prevención de la gonorrea en personas de alto riesgo, estimando una protección de entre el 33 y 47 % frente a esta enfermedad con los datos disponibles hasta la fecha.

Recientemente, el Instituto del SIDA del Departamento de Salud del Estado de Nueva York reconoce que las evidencias son suficientes para recomendar esta vacuna para la prevención de la gonorrea en adultos de alto riesgo, al igual que el JVCI.

Impacto sobre colonización nasofaríngea

Los datos de los que disponemos hasta la fecha no muestran impacto sobre la colonización nasofaríngea, por lo que debemos asumir que esta vacuna ofrece una protección individual.

Persistencia de la respuesta inmune

Se ha demostrado permanencia de títulos protectores de anticuerpos hasta 7,5 años en adolescentes (11 a 17 años) y 36 meses en lactantes. Por tanto, es una protección relativamente corta en el tiempo, si bien una dosis de recuerdo produce una respuesta robusta gracias a la memoria inmunológica(7).

Coadministración con otras vacunas

Si bien, inicialmente, se recomendaba la separación de la administración de esta vacuna por su reactogenicidad, existen datos recientes de revisión sobre la coadministración con las vacunas del calendario infantil (vacunas antineumocócicas conjugadas, hexavalente, pentavalente y rotavirus) sin ninguna señal de alarma(8).

Vacuna bivalente (fHbp)

Esta vacuna ha sido incluida en el calendario oficial de inmunizaciones para adolescentes en algunas regiones de Italia y en Australia del Sur, aunque no disponemos de datos publicados de efectividad e impacto. Sí se ha demostrado efectiva en control de brotes.

Protección cruzada frente a Neisseria gonorrheae

Las publicaciones existentes no confirman esta protección cruzada. Esta vacuna contiene dos variantes lipidadas recombinantes de proteínas de unión al factor H (fHbp), y el homólogo del gonococo no se expresa en la superficie y no bloquea el factor H, una proteína vital en la evasión del gonococo a la respuesta inmune.

Persistencia de la respuesta inmune

Se ha demostrado persistencia de anticuerpos hasta 48 meses tras la vacunación y 26 meses más tras refuerzo posterior. Hay resultados de respuesta inmunológica en adolescentes (esquemas de dos y tres dosis) hasta 4 años tras la vacunación; y tras un refuerzo pasados los 4 años, se consigue una respuesta inmune adecuada en aquellos previamente vacunados(6).

Indicaciones financiadas por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud de España (CISNS)(9,10) (Fig. 5)

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Figura 5. Calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud de España (CISNS). Fuente: referencia(9).

 

En noviembre de 2022, la ponencia de programa y registro de vacunaciones decide incorporar la vacunación sistemática frente a MenB en lactantes con pauta 2+1 (2, 4 y 12 meses de edad), insistiendo en la importancia de vacunar en tiempo a los lactantes en primovacunación (2 y 4 meses). Esta medida debería incorporarse a todas las comunidades autónomas (CC. AA.) a lo largo de 2023 y 2024.

Respecto a indicaciones en grupos de riesgo en menores de 18 años, serían las siguientes:

• Asplenia anatómica o disfunción esplénica grave (incluida la anemia de células falciformes).

• Deficiencias del sistema complemento, incluidos pacientes que utilizan un inhibidor del complemento y tratamiento con eculizumab y sus derivados de acción prolongada (ravulizumab).

• Trasplante de progenitores hematopoyéticos.

• Padecimiento anterior de enfermedad meningocócica invasiva.

Se administrarán dos dosis con intervalo de 4 semanas. Además, en estos grupos de población, excepto en la situación de padecimiento anterior de enfermedad meningocócica invasiva y en los menores de 2 años, se recomienda la administración de una dosis de recuerdo 1 año después de completar la vacunación y, posteriormente, cada 5 años.

Recomendaciones de vacunación del Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) en 2025(6) (Fig. 6)

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Desde 2015, el CAV recomendaba la vacunación frente a MenB en lactantes, siendo esta recomendación de manera sistemática desde 2016.

Este año 2025 se incorpora la nueva recomendación de vacunación sistemática frente a MenB a los 12 años, con dos dosis en aquellos no previamente vacunados (cualquiera de las dos vacunas existentes), y en los previamente vacunados con 4CMenB con una dosis de refuerzo independientemente de la edad de vacunación previa.

Los argumentos para esta recomendación son:

• Aprovechar la visita de los programas de atención al niño y adolescente ya existente a esta edad, coadministrada con las vacunas frente a VPH y MenACWY.

• Dados los datos de persistencia de protección a esta edad, se conseguiría mantener la misma durante toda la adolescencia (hasta los 20 años, al menos).

• Unificar el mensaje de protección total frente a EMI, dando cobertura a los 5 serogrupos causantes de enfermedad en nuestro medio.

Varios países de nuestro entorno han iniciado ya la estrategia de protección frente al serogrupo B en adolescentes: República Checa financia la vacunación a los 14 años; Suiza la recomienda a los 11-15 años con rescate hasta los 20 años de edad; y algunas regiones de Italia se decantan por el método del copago para la protección del adolescente.

Vacunas frente a los serogrupos C y ACWY

Las vacunas conjugadas antimeningocócicas han demostrado no solamente datos de efectividad e impacto sobre la población vacunada, sino que además conllevan la gran ventaja de conferir protección de grupo por su efecto sobre la colonización nasofaríngea.

Disponemos de 3 vacunas monovalentes frente a meningococo C, todas ellas de tipo polisacárido conjugadas con proteína transportadora:

• Menjugate®: conjugada con CRM197.

• Meningitec®: conjugada con CRM 197.

• Neisvac-C®: conjugada con toxoide tetánico, es la que se usa mayoritariamente al permitir una sola dosis por debajo del año de vida.

Disponemos, además, de 3 vacunas frente a los serogrupos ACWY(11-13), todas ellas compuestas por polisacáridos capsulares conjugados con proteínas transportadoras. El componente “C” de estas vacunas genera inmunidad similar a las monovalentes:

• Menveo®: conjugada con CRM197, fue autorizada en 2010 para su uso en mayores de dos años.

• Nimenrix®: conjugada con toxoide tetánico, fue autorizada en 2012 para su uso en mayores de 6 semanas.

• Menquadfi®: conjugada con toxoide tetánico, fue autorizada en 2021 para su uso en mayores de un año.

Efectividad e impacto en vida real de las vacunas ACWY

Las vacunas tetravalentes han sido introducidas en los calendarios sistemáticos de muchos países en respuesta al incremento de los casos de los serogrupos W e Y. Austria, Bélgica, República Checa, Grecia, Irlanda, Italia, Malta, Holanda, Reino Unido y España son algunos de ellos(14).

La vacuna MenACWT-TT (conjugada con toxoide tetánico) ha sido implementada en el calendario en Chile en 2014, Reino Unido en 2015, Holanda y Australia en 2018, y son estos países los que nos ofrecen los primeros datos en vida real.

Los datos de Chile, Holanda y Australia demuestran una reducción significativa en los casos de EMI por C, W e Y, de 83-85 % en las cohortes elegidas para vacunación y de 45-53 % en las cohortes no elegidas para la vacunación, demostrando así tanto protección directa como indirecta (Figs. 7 y 8). La implementación ha sido diferente en estos países: Chile, en 2012, realiza campaña de vacunación de niños de 9 meses a 4 años y, posteriormente, se implementa en calendario en 2014 a la edad de 12 meses; Holanda implementa la vacuna en calendario a los 14 meses, además de hacer campaña de vacunación a los adolescentes de 14-18 años y, posteriormente, se implementa en calendario también a los 14 años (en 2020).

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Figura 7. Reducción en tasas de incidencia frente a MenW y MenCWY tras la introducción de vacunas MenACWY en el calendario, en las cohortes elegidas. Fuente: referencia(14).

 

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Figura 8. Reducción en tasas de incidencia frente a MenW y MenCWY tras la introducción de vacunas MenACWY en el calendario, en las cohortes no elegidas para vacunación y en toda la población. Fuente: referencia(14).

 

En Reino Unido se implementa la vacuna en 2015, en calendario para los adolescentes de 13-18 años, reportando una efectividad global frente a los serogrupos CWY de un 94 %, y evidenciando protección indirecta tras 4 años del inicio del programa.

Australia implementa en 2018 la vacuna MenACWY, en lactantes de 12 meses, sustituyendo la monovalente MenC y, en 2019, se implementa a los 14-16 años, consiguiendo una reducción de la tasa de incidencia en serogrupos CWY de un 83 %.

En España se implementa la vacuna ACWY en 2019, en la vacunación del adolescente, sustituyendo la dosis de MenC de los 12 años por MenACWY, así como un rescate programado hasta los 18 años. En el informe de RENAVE del año 2023, se declaran 33 casos de W, 4 de C y 24 de Y, en comparación con los 77, 40 y 45, respectivamente, del año 2019.

Impacto en colonización nasofaríngea

Tanto las vacunas monovalentes (MenC) como las tetravalentes (ACWY) han demostrado reducción en la adquisición y colonización de meningococo en las personas vacunadas, aunque un estudio de Reino Unido sugiere que este impacto varía según los clones circulantes. El mecanismo exacto aún no está del todo claro; si bien, es aceptado que conseguir coberturas vacunales elevadas en una población con alto porcentaje de colonización nasofaríngea (adolescentes) es fundamental para interrumpir la transmisión.

Reino Unido publicó datos de protección de grupo tres años tras la introducción de la vacuna, demostrando: reducción mantenida de colonización por serogrupo C, 73 % de reducción de colonización por serogrupo W, 69 % de reducción de colonización por serogrupo Y, no encontrando cambios en la colonización por serogrupo B.

La realidad es que los datos de protección indirecta varían según la pauta vacunal; el ejemplo es Chile, en donde no se vacunó a los adolescentes y los datos de protección indirecta han tardado 7 años, en comparación con otros países donde se vacunó a los adolescentes y en solo 2 años tuvieron datos de protección indirecta.

Persistencia de la respuesta inmune

La persistencia de la respuesta inmune de la vacuna MenACWY-TT Nimenrix® se ha evaluado en todos los grupos de edad, con datos de protección de 10 años en lactantes, niños, adolescentes y adultos.

La vacuna Menquadfi® tiene estudios de persistencia en niños vacunados a los 12-23 meses de edad, de hasta 3 años de protección; de 6 años en jóvenes y adolescentes de 13 a 26 años, y de 7 años en adultos.

Existen nuevos datos de inmunogenicidad de las vacunas MenACWY: Nimenrix® y Menquadfi® han comunicado datos de inmunogenicidad con pauta de 1+1 en lactantes menores de un año de edad(7). Si bien, en ficha técnica, no está autorizado aún el uso de Menquadfi® por debajo del año de edad.

Nimenrix® ha incluido los datos de inmunogenicidad en su ficha técnica, en pauta de 3 y 12 meses(12).

Indicaciones financiadas por el CISNS(9,10) (Fig. 5)

Actualmente, la recomendación es la vacunación con dos dosis de MenC-TT a los 4 meses y a los 12 meses. Posteriormente, la dosis de los 12 años se hará con MenACWY, con rescate hasta los 18 años.

Indicaciones en población de riesgo: 2 dosis, con un intervalo mínimo de 4 semanas. Se administrará dosis de recuerdo a los 5 años, salvo en caso de infección por VIH, que será a los 12 años como en población general. Valorar necesidad de dosis de recuerdo posteriores.

Los grupos de riesgo para vacunar con MenACWY son:

• Infección por VIH.

• Asplenia o disfunción esplénica grave, deficiencias del complemento o tratamiento con eculizumab o ravulizumab.

• Trasplante de progenitores hematopoyéticos.

• Padecimiento anterior de enfermedad meningocócica invasiva, independientemente del serogrupo causante.

Recomendaciones de vacunación del CAV de la AEP en 2025(6) (Fig. 6)

Desde 2024, se recomienda sustituir la vacuna monovalente MenC de los 4 meses por la tetravalente MenACWY-TT, tras conocerse los nuevos datos de inmunogenicidad en pauta 1+1, como se ha comentado previamente(6,7).

De esta manera, la recomendación es vacunar con MenACWY-TT a los 4 meses (Nimenrix®), con Men ACWY-TT a los 12 meses (Nimenrix® o Menquadfi®) y con MenACWY a los 12 años, con rescate progresivo hasta los 18 años.

Algunas comunidades autónomas ya han implementado en sus calendarios el cambio de la vacuna monovalente C por la tetravalente ACWY en los lactantes.

A tener en cuenta que en aquellas comunidades autónomas donde la vacunación de los 4 y 12 meses se haga con vacuna monovalente C, se debe informar a las familias de la posibilidad de administrar la vacuna ACWY en vez de la vacuna monovalente C; en este caso, debe entonces respetarse la pauta de ficha técnica:

• Si la vacunación se inicia antes de los 6 meses de edad, deben recibir 2 dosis, con un intervalo mínimo de 8 semanas entre ellas.

• Si la vacunación se inicia a partir de los 6 meses de edad, recibirán una dosis.

Además de los pacientes con factores de riesgo para EMI, se recomienda la vacunación en los pacientes con intención de viajar a países de elevada incidencia de estos serogrupos o que tengan incluida la vacuna en sus calendarios: Canadá, EE.UU., Argentina, Chile, Arabia Saudí, Australia, Andorra, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Grecia, Irlanda, Italia, Malta, Países Bajos, Reino Unido, República Checa, San Marino y Suiza, además de los viajeros a La Meca.

Nuevas vacunas y vacunas en desarrollo

El avance de la investigación sigue la lógica evolución de poder proteger frente a los 5 serogrupos más frecuentes con una sola vacuna, considerando la EMI como una única enfermedad.

Recientemente, hemos vivido un hecho histórico en el avance de la lucha frente a la EMI. El desarrollo de una vacuna pentavalente frente a los serotipos ACWXY (Men5CV), desarrollada por el Instituto Serum de la India, y recomendada en 2023 por la OMS para su uso en el cinturón africano de la meningitis(15). Nigeria se ha convertido en el primer país en implementar esta nueva vacuna pentavalente (men5CV). Gracias a la colaboración entre PATH y el Instituto Serum de la India, en abril de 2024 se inició la campaña de vacunación en la población de 1 a 29 años(16).

Las vacunas, actualmente disponibles en nuestro medio, ofrecen protección frente a los 5 serogrupos que causan con mayor frecuencia EMI, distribuidos en dos vacunas diferentes. La investigación en marcha pretende ofrecer protección frente a estos serogrupos en una sola vacuna (ABCWY), lógica evolución al considerar la EMI como una sola enfermedad inmunoprevenible(6).

Existen tres vacunas frente a los serogrupos ABCWY(17):

• Penbraya® (Pfizer)(18): combina las vacunas MenACWY (Nimenrix®) y MenB (Trumenba®) y ha sido autorizada en octubre de 2023 por la Food and Drug Administration (FDA) de los EE.UU. para su uso en adolescentes y jóvenes de 10 a 25 años. En abril de 2024, el Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP) estadounidense publica las recomendaciones de uso; puede ser utilizada cuando están recomendadas las vacunas frente a MenB y a MenACWY en la misma visita: personas sanas de 16 a 23 años (calendario de rutina) y en personas mayores de 10 años en riesgo de desarrollar enfermedad meningocócica(19). En Europa, ha sido aprobada por la Comisión Europea en noviembre de 2024. En ficha técnica, esta vacuna ha sido aprobada para la prevención de la EMI por los serogrupos ABCWY en pauta de dos dosis a partir de los 10 años. El 20 de enero de 2025, la Comisión Europea retiró la autorización de la comercialización, a petición del titular de la autorización por motivos comerciales.

• Penmenvy® (GSK): combina las vacunas frente a MenB (Bexsero®) y MenACWY (Menveo®). En adolescentes y adulto joven (10-25 años), ha publicado datos de persistencia de protección a 4 años (primovacunación con dos dosis), con una robusta respuesta tras una dosis booster. Ha sido recientemente aprobada por la FDA. El ACIP recomienda que su uso puede ser considerado para personas mayores de 10 años que, de otra manera, recibirían las vacunas por separado frente a MenB y Men ACWY(20,21).

• La tercera vacuna pentavalente ABCWY está aún en fase de desarrollo (Sanofi). Administrada de manera única en niños (2 a 9 años) y, en conjunto, con las vacunas de calendario en lactantes (a los 2 meses y a los 12-15 meses)(22).

Por tanto, no disponemos en Europa de ninguna de las vacunas pentavalentes en la fecha de redacción de esta revisión. Como comentario final, resaltar el esperanzador panorama en la lucha frente a la EMI, con vacunas que han demostrado su efectividad en vida real, y nuevas vacunas que facilitarán la implementación en los calendarios de todo el mundo, favoreciendo además la equidad en la protección frente a esta devastadora enfermedad.

Función del pediatra de Atención Primaria

El calendario de inmunización infantil es una parte esencial del trabajo diario del equipo de Atención Primaria. En coordinación con el personal de enfermería pediátrica, debemos aplicar las vacunas correspondientes a la edad según el calendario previsto por el CISNS y la CC. AA. en donde trabajamos. Además, es necesario mantenerse actualizado en esta materia, para poder ofrecer a nuestros pacientes aquellas medidas que supongan una mejora para su salud, aunque no estén financiadas. Destacar la importancia de mantener siempre una actitud proactiva en la recomendación de vacunación de nuestros pacientes, adaptada a su edad y condición.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de la autora.

1. Subbarao S, Campbell H, Ribeiro S, Clark SA, Lucidarme J, Ramsay M, et al. Invasive Meningococcal Disease, 2011-2020, and Impact of the COVID-19 Pandemic, England. Emerg Infect Dis. 2021; 27: 2495-7. Disponible en: https://doi.org/10.3201/eid2709.204866.

2. Brueggemann AB, Jansen van Rensburg MJ, Shaw D, McCarthy ND, Jolley KA, Maiden MCJ, et al. Changes in the incidence of invasive disease due to Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, and Neisseria meningitidis during the COVID-19 pandemic in 26 countries and territories in the Invasive Respiratory Infection Surveillance Initiative: a prospective analysis of surveillance data. Lancet Digit Health. 2021; 3: e360-e370.

3. Soler-Soneira M, Alcaide-Jiménez A, Muñoz-Martínez L, Castellares-González CI, Cano Portero R. Enfermedad meningocócica invasiva en España en 2023. Boletín Epidemiológico Semanal. 2024; 32: 194-208. Disponible en: https://doi.org/10.4321/s2173-92772024000400005.

4. European Centre for Disease Prevention and Control. Invasive meningococcal disease. En: ECDC. Annual Epidemiological Report 2022. Stockholm: ECDC. 2024.

5.*** Abitbol V, Martinón-Torres F, Taha MK, Nolan T, Muzzi A, Bambini S, et al. 4CMenB journey to the 10-year anniversary and beyond. Hum Vaccin Immunother. 2024; 20: 2357924.

6. CAV-AEP. Calendario de Vacunaciones e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría. Razones y bases de las recomendaciones 2025. Madrid: AEP. 2025. Disponible en: https://vacunasaep.org/sites/vacunasaep.org/files/final_cav-aep_01-01_calendario-2025_1.pdf.

7. Mares Bermúdez J. Nuevas estrategias de vacunación frente a meningococo. En: 50º Curso de Pediatria Extrahospitalaria. Grindope. Barcelona. 2024.

8. Bonanni P, Castagna S, Gabutti G, Giuffrida S, Marchetti F, Russo R, et al. Available evidence on the co-administration of the four-component meningococcal B vaccine (4CMenB) with three vaccines at the same visit among pediatric individuals. Hum Vaccin Immunother. 2024; 20: 2333106. Disponible en: https://doi.org/10.1080/21645515.2024.2333106.

9. Calendario de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida del CISNS. 2025. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/calendario/docs/CalendarioVacunacion_Todalavida.pdf.

10. Calendario de vacunación en grupos de riesgo, población infantil. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/calendario/docs/CalendarioVacunacion_GRinfantil.pdf.

11. Ficha técnica de Menveo®. Disponible en: https://www.ema.europa.eu/es/documents/product-information/menveo-epar-product-information_es.pdf.

12. Ficha técnica de Nimenrix®. Disponible en: https://www.ema.europa.eu/es/documents/product-information/nimenrix-epar-product-information_es.pdf.

13. Ficha técnica de Menquadfi®. Disponible en: https://www.ema.europa.eu/es/documents/product-information/menquadfi-epar-product-information_es.pdf.

14.*** Villena R, Kriz P, Tin Tin Htar M, Burman C, Findlow J, Balmer P, et al. Real-world impact and effectiveness of MenACWY-TT. Hum Vaccin Immunother. 2023; 19: 2251825.

15. McNamara LA, Neatherlin J. WHO Strategic Advisory Group of Experts on Immunization recommendations for use of a novel pentavalent meningococcal ACWXY vaccine: a critical step towards ending meningococcal epidemics in Africa. J Travel Med. 2024; 31: taae002.

16. Primicia mundial: Nigeria presenta una nueva vacuna 5 en 1 contra la meningitis. Disponible en: https://www.who.int/es/news/item/12-04-2024-in-world-first–nigeria-introduces-new-5-in-1-vaccine-against-meningitis.

17. Steffen R, Caumes E. Three novel pentavalent meningococcal vaccines. J Travel Med. 2024; 28; taad152. Disponible en: https://doi.org/10.1093/jtm/taad152.

18. Ficha técnica de Penbraya®. Disponible en: https://www.ema.europa.eu/en/medicines/human/EPAR/penbraya.

19. Collins JP, Crowe SJ, Ortega-Sánchez IR, Bahta L, Campos-Outcalt D, Loehr J, et al. Use of the Pfizer Pentavalent Meningococcal Vaccine Among Persons Aged ≥10 Years: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices – United States, 2023. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2024; 73: 345-50.

20. Peterson J, Drazan D, Moughan B, Maguire JD, Zolotas L, Maansson R, et al. Randomized trial showing persistence of hSBA titers elicited by a pentavalent meningococcal MenABCWY vaccine for up to 4 years following a primary series and safety and immunogenicity of a booster dose. Vaccine. 2025; 43: 126469.

21. Penmenvy. A second pentavalent meningococcal vaccine. Med Lett Drugs Ther. 2025; 67: 57-9.

22. Safety and Immunogenicity of an Investigational Pentavalent Meningococcal ABCYW Vaccine Against Meningococcal Disease in Children, Toddlers, and Infants. Disponible en: https://clinicaltrials.gov/study/NCT06647407.

 

Bibliografía recomendada

– Aguirrezabalaga B, De la Flor J. Vacunas contra el meningococo. Pediatr. Integral. 2020; XXIV: 457-67. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/vacunas-contra-el-meningococo/.

Publicación de Pediatría Integral en el año 2020, realizada por dos miembros del Grupo de Trabajo de Vacunas y Enfermedades Infecciosas en Atención Primaria (VACAP) de la SEPEAP.

– AEP. Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Meningococo. Disponible en: https://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-30. Actualizado en agosto de 2025.

Completo manual de las inmunizaciones, actualizado permanentemente por el CAV de la AEP.

– McNamara LA, Pollar A, Harrison L. Meningococcal Capsular group A, C, W and Y Conjugate Vaccines. En: Plotkin´s Vaccines. 8th ed. Elsevier. 2023; 39: 664-689e.12.

– Stephens DS, Granoff DM, Pollard AJ, Harrison LH. Meningococcal vaccines directed at capsular group B. En: Plotkin´s Vaccines, 8th ed. Elsevier. 2023: 40: 690-710.e7.

Capítulos del libro de texto de vacunas referencial a nivel mundial.

 

Infección y prevención del virus del papiloma humano (VPH)

J. de la Fuente Valero
Temas de FC


J. de la Fuente Valero

Coordinador de la Unidad de Patología del Tracto Genital Inferior de la mujer y Virus del Papiloma Humano (TGI-VPH). Hospital Universitario Infanta Leonor. Madrid

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Autor para correspondencia

jesus.fuente@salud.madrid.org

Resumen

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más común a nivel mundial, afectando hasta al 80 % de las personas sexualmente activas. La infección persistente por genotipos de VPH de alto riesgo se asocia con la práctica totalidad de los cánceres de cuello uterino, además de una proporción significativa de cánceres anogenitales y orofaríngeos. La estrategia preventiva más efectiva combina la prevención primaria (vacunación) y la secundaria (detección precoz o cribado). La Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa la eliminación global del cáncer de cérvix con los objetivos 90-70-90 para 2030. La vacunación profiláctica, que en España utiliza la vacuna nonavalente, ha demostrado una reducción drástica del riesgo de cáncer cervical. Recientemente, España a adoptado la recomendación de la OMS de administrar una sola dosis como pauta estándar de vacunación sistemática para adolescentes, basada en datos de inmunogenicidad y eficacia frente a la prevención del cáncer de cérvix producido por los VPH 16/18. En prevención secundaria, el cribado poblacional organizado en España se dirige a mujeres de 25 a 65 años, usando citología o la prueba de VPH de alto riesgo. La participación de pediatras de Atención Primaria es clave en la promoción de la vacunación y en la detección temprana de manifestaciones clínicas del VPH en la infancia y adolescencia.

 

Abstract

Human papillomavirus (HPV) is the most common sexually transmitted infection worldwide, affecting up to 80 % of sexually active people. Persistent infection is associated with virtually all cervical cancers, as well as a significant proportion of anogenital and oropharyngeal cancers. The most effective preventive strategy combines primary prevention (vaccination) and secondary prevention (early detection or screening). The World Health Organization (WHO) is promoting the global elimination of cervical cancer with the 90-70-90 targets for 2030. Prophylactic vaccination, which in Spain uses the nonavalent vaccine, has been shown to drastically reduce the risk of cervical cancer. Recently, Spain and the WHO have adopted the recommendation to administer a single dose as the standard routine vaccination schedule for adolescents, based on its robust immunogenicity and efficacy. In secondary prevention, organized population screening in Spain targets women aged 25 to 65, using cytology or high-risk HPV testing. The participation of primary care pediatricians is key in promoting vaccination and early detection of clinical manifestations of HPV in childhood and adolescence.

 

Palabras clave: Infecciones por el virus del papiloma humano; Vacunas contra el virus del papiloma; Detección del cáncer de cuello uterino; Prevención secundaria; Pediatría.

Key words: Human papillomavirus infections; Papillomavirus vaccines; Cervical cancer screening; Secondary prevention; Pediatrics.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 589 – 595

 


OBJETIVOS

• Describir la epidemiología, fisiopatología y manifestaciones clínicas de la infección por el virus del papiloma humano (VPH) en ambos sexos.

• Identificar los tipos de VPH de alto y bajo riesgo, y su relación con las distintas lesiones benignas, premalignas y malignas del tracto anogenital y orofaríngeo.

• Reconocer las estrategias de prevención primaria, con especial énfasis en la vacunación frente al VPH, sus esquemas de administración y la evidencia sobre su eficacia y cobertura poblacional en España.

• Explicar los fundamentos de la prevención secundaria del cáncer de cérvix, incluyendo las pruebas de cribado, los procedimientos diagnósticos y el papel de los biomarcadores.

• Analizar la estrategia global de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino, comprendiendo los objetivos 90-70-90 y su implementación en el contexto nacional.

• Valorar el papel del pediatra en la promoción de la vacunación, la educación sexual y la detección precoz de patologías asociadas al VPH en población infantil y adolescente.

 

Infección y prevención del virus del papiloma humano (VPH)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.95

 

Introducción

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más común y está implicado en la mayoría de los cánceres de cérvix y en una proporción relevante de cánceres anogenitales y orofaríngeos.

El VPH no distingue entre géneros, edad ni orientación sexual(1). Representa la infección de transmisión sexual (ITS) más común en todo el mundo, llegando a afectar al 80 % de las personas sexualmente activas en algún momento de su vida(2).

La infección persistente por genotipos de VPH de alto riesgo está asociada con prácticamente todos los cánceres de cuello uterino o cérvix y una proporción significativa de cánceres anogenitales (vulvares, vaginales, penianos y anales) y orofaríngeos. También se asocia con otras lesiones cutáneas y mucosas, como verrugas y papilomas benignos(3).

La estrategia preventiva más eficaz consiste en la combinación de medidas de prevención primaria (vacunación frente al VPH) y secundaria (detección precoz de lesiones precursoras y cáncer)(4).

Epidemiología y carga de enfermedad

Existen más de 200 genotipos de VPH, con los tipos 16 y 18 responsables de la mayor carga oncológica; la prevalencia es alta en jóvenes y persiste en adultos, siendo el VPH causa de miles de cánceres anuales en España.

El VPH es un virus pequeño de ADN de doble cadena, sin envoltura, perteneciente a la familia Papillomaviridae. Se han identificado más de 200 genotipos, clasificados según su potencial oncogénico. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) los agrupa de la siguiente manera(3):

• Alto riesgo (Grupo 1 – carcinógenos para humanos): incluye 12 tipos (VPH 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58 y 59). El VPH 16 es el más carcinogénico, responsable de más del 60 % de los cánceres de cérvix, seguido por el VPH 18. Estos tipos están asociados a la práctica totalidad de los cánceres de cérvix y a una fracción importante de los cánceres de ano, vagina, vulva, pene y orofaringe.

• Probable carcinógeno (Grupo 2A): incluye el VPH 68.

• Posible carcinógeno (Grupo 2B): incluye tipos como el 26, 53 y 66, entre otros.

• Bajo riesgo: incluye principalmente los VPH 6 y 11, responsables del 90 % de los condilomas acuminados y de la papilomatosis respiratoria recurrente.

La prevalencia de la infección por el VPH disminuye progresivamente con la edad, aunque persiste el riesgo de infección en adultos sexualmente activos. En España, estudios poblacionales estiman una prevalencia de infección cervical por VPH en mujeres de 18-65 años en torno al 13-14 %. En el estudio CLEOPATRE, la máxima prevalencia fue del 28,8 % en mujeres españolas de 18-25 años(5). La prevalencia mundial de infección genital por VPH en hombres es del 31 % (IC 27-35), y para los tipos de alto riesgo (HR-HPV) es del 21 % (IC 18-24)(6). En hombres españoles, aunque los datos son menos abundantes, la prevalencia es similar a la observada en otros países europeos, y se reconoce que los varones son un reservorio importante para la transmisión(6).

El VPH es responsable de casi el 100 % de los cánceres de cérvix, 90 % de ano, 70 % de vagina, 50 % de vulva, 40 % de pene y 30 % de orofaringe. Se estima que, en España, se diagnostican cada año 3.277 casos de cáncer atribuibles al VPH. El cáncer mayoritario es el de cérvix (1.957 casos nuevos) y, entre los hombres, el de orofaringe (978 casos nuevos)(7).

La carga de enfermedad asociada al VPH incluye, además, lesiones precancerosas y condilomas, que afectan la calidad de vida y generan costes sanitarios elevados.

Fisiopatología

La infección se adquiere por contacto sexual y puede ser transitoria o persistente; la transformación oncogénica es promovida por las oncoproteínas virales E6 y E7, aunque la mayoría de las infecciones son transitorias y se resuelven espontáneamente gracias a la respuesta inmune mediada por linfocitos T en 12-24 meses.

La infección por VPH se produce principalmente por contacto sexual, aunque también puede transmitirse por contacto piel-mucosa y, raramente, de forma vertical durante el parto(8). El virus infecta las células basales de la piel y/o mucosas, a través de microlesiones presentes en las mismas. Tras la entrada, el VPH puede permanecer en estado latente (pudiendo reactivarse en años o décadas posteriores) o utilizar la maquinaria celular en su beneficio y dar lugar a infecciones productivas (perpetúan la infección) o a infecciones transformantes (gracias a la acción de las proteínas virales E6 y E7), que son la antesala de la transformación oncogénica de la infección. E6 promueve la degradación de p53, inhibiendo la apoptosis y permitiendo la acumulación de daño genético; E7 inactiva la proteína del retinoblastoma (pRb), favoreciendo la proliferación celular descontrolada(8).

Los factores predisponentes más relevantes para adquirir la infección son: 1) número elevado de parejas sexuales a lo largo de la vida; 2) inicio precoz de la actividad sexual; 3) la inmunosupresión por enfermedades (VIH) o farmacológica; y 4) la coinfección con otros agentes patógenos, como el virus del herpes simple (VHS) o la Chlamydia trachomatis. El tabaquismo y la inmunosupresión aumentan el riesgo de persistencia y progresión de la infección. El uso de preservativo reduce el riesgo, aunque no lo elimina completamente, debido a que el preservativo no cubre todas las zonas que pueden entrar en contacto durante una relación sexual(8).

La mayoría de las infecciones por VPH son transitorias y se resuelven espontáneamente en 12-24 meses, gracias a la respuesta inmune celular, especialmente la mediada por linfocitos T(9).

La inmunidad desarrollada tras la infección natural es parcial, no protege de la reinfección y es menos robusta que la inducida por la vacunación(9).

Manifestaciones clínicas

El VPH produce desde infecciones asintomáticas y verrugas anogenitales hasta lesiones premalignas y cánceres invasivos, siendo el cáncer de cérvix el más frecuente.

La infección por VPH se manifiesta a través de un amplio espectro clínico que abarca desde la infección asintomática, que es la forma más común, hasta lesiones benignas, pre-malignas y cánceres invasivos. Las manifestaciones dependen del tipo de VPH implicado, la localización anatómica de la infección y la respuesta inmunitaria del huésped.

La manifestación benigna más conocida y frecuente de la infección por VPH son los condilomas acuminados o verrugas anogenitales. Causados predominantemente por los tipos de VPH de bajo riesgo 6 y 11, pueden presentar hasta cuatro patrones: 1) condilomatoso (lesiones con aspecto de coliflor); 2) queratósico (lesiones duras, pigmentadas o blanquecinas); 3) papular (pequeñas pápulas lisas); y 4) plano (máculas o lesiones levemente sobreelevadas)(10). Aparecen típicamente en el área anogenital. Las localizaciones más frecuentes son la vulva (horquilla, labios), el periné, la región perianal, la vagina y el cérvix(10) y, aunque a menudo son asintomáticos, el síntoma más común es el prurito(10).

Una forma especial de condilomatosis es la papilomatosis respiratoria recurrente. Se caracteriza por el crecimiento de papilomas exofíticos, más comúnmente en la laringe, pero las lesiones pueden extenderse por todo el tracto respiratorio, incluyendo la tráquea, los bronquios y, en raras ocasiones, el parénquima pulmonar. Existen dos formas clínicas(11): 1) la forma clínica juvenil de comienzo antes de los 18 años (generalmente a los 2-5 años), producida por el contagio perinatal a través del canal del parto y con una incidencia de entre 0,12 y 4,3 casos/100.000 niños; y 2) la forma clínica del adulto, que se transmite por contacto sexual y con una incidencia menor (entre 1,8 y 10 casos/1.000.000 adultos).

Las lesiones premalignas en cérvix, vagina, ano y pene se clasifican de acuerdo a la clasificación LAST (Lower Anogenital Squamous Terminology) en dos categorías (Fig. 1)(12):

figura

Figura 1. Clasificación LAST para lesiones de cérvix, vagina, ano y pene producidas por el VPH (Lower Anogenital Squamous Terminology). Fuente: referencia (12).

 

• Lesión escamosa intraepitelial de bajo grado (LSIL): refleja una infección productiva por VPH y tiene una alta tasa de regresión espontánea.

• Lesión escamosa intraepitelial de alto grado (HSIL): es la verdadera lesión precursora del cáncer y, aunque una parte puede regresar (especialmente en personas jóvenes), tiene un riesgo significativo de progresión a carcinoma invasivo si no se trata.

En la vulva, la lesión premaligna producida por genotipos de VPH de alto riesgo se denomina HSIL vulvar(13):

• HSIL vulvar: típicamente, se presenta en mujeres más jóvenes, suele ser multifocal y a menudo se manifiesta como pápulas o placas pigmentadas (marrones o rojizas).

• Es muy importante diferenciar la anterior, de la neoplasia intraepitelial vulvar (VIN diferenciada). Esta es independiente del VPH y se asocia a dermatosis inflamatorias crónicas, como el liquen escleroso. Suele aparecer en mujeres de mayor edad, es típicamente unifocal y se presenta como placas blanquecinas (hiperqueratósicas) o rojizas. Tiene un mayor potencial de progresión a cáncer invasivo que la HSIL vulvar.

A diferencia de lo que ocurre en el resto de áreas afectadas por el VPH, en la orofaringe no se han identificado lesiones premalignas bien definidas, lo cual imposibilita realizar un diagnóstico precoz eficaz del cáncer orofaríngeo producido por el VPH.

La progresión de las lesiones premalignas no tratadas puede resultar en un carcinoma invasivo, siendo el cáncer de cérvix la neoplasia maligna más comúnmente asociada al VPH a nivel mundial(3).

Cribado del cáncer de cérvix producido por el VPH

El cribado se basa en la detección de VPH de alto riesgo y citología, con un enfoque poblacional organizado que mejora la equidad y la eficacia diagnóstica.

El cribado del cáncer de cérvix producido por el VPH se basa en la detección de lesiones premalignas en mujeres asintomáticas.

Procedimientos diagnósticos de sospecha

• Citología cervical: consiste en el estudio microscópico de las células del cuello uterino. La citología en medio líquido es el método preferido actualmente frente a la convencional, ya que reduce la tasa de muestras inadecuadas y permite realizar pruebas moleculares adicionales (como la del VPH) desde el mismo vial sin necesidad de una nueva toma de muestra (triaje reflejo)(14).

• Prueba de VPH: detecta la presencia del material genético del virus. Es más sensible que la citología para detectar lesiones HSIL, aunque menos específica. Se distinguen las pruebas de ADN-VPH, las más utilizadas, y las pruebas de ARNm-VPH, que detectan la expresión de oncoproteínas. La identificación del genotipo específico (genotipado) permite estratificar el riesgo; el genotipado limitado (que identifica VPH16 y 18 por separado) es de gran utilidad clínica dado el elevado riesgo asociado a estos dos tipos(14).

• Biomarcadores: se usan para el triaje de las mujeres VPH-positivas (detectar entre los resultados positivos los que más riesgo tienen de progresar a cáncer). En la actualidad, los dos biomarcadores más desarrollados son: 1) la tinción dual (p16/Ki67), que detecta la coexpresión de marcadores de desregulación del ciclo celular y proliferación; y 2) las pruebas de metilación, que analizan cambios epigenéticos asociados a la progresión oncogénica(14).

Procedimientos diagnósticos confirmatorios

• Colposcopia: es un examen visual magnificado del cérvix tras la aplicación de ácido acético y lugol. Permite identificar áreas sospechosas de lesión y dirigir la toma de biopsias. Es un procedimiento diagnóstico, no de cribado(12).

• Biopsia: constituye el estándar de oro para el diagnóstico definitivo. Consiste en la toma de una muestra de tejido para su análisis microscópico.

Un diagnóstico preciso es el pilar fundamental para seleccionar el tratamiento más adecuado, minimizando el sobretratamiento de lesiones de bajo riesgo y asegurando la erradicación de las lesiones con potencial de progresión a cáncer.

Estrategia de la OMS para la eliminación del cáncer de cérvix producido por el VPH

La OMS busca la eliminación global del cáncer de cérvix mediante la estrategia 90-70-90 para 2030: 90 % de niñas completamente vacunadas, 70 % de mujeres cribadas con pruebas de alto rendimiento y 90 % de mujeres con lesiones cervicales tratadas.

El 17 de noviembre de 2020, durante la 73ª Asamblea Mundial de la Salud, la OMS impulsó una iniciativa de salud pública mundial cuyo objetivo es reducir la incidencia del cáncer de cuello uterino a menos de cuatro casos por cada 100.000 mujeres-año en el siglo XXI. Esta estrategia se estructura en torno a un enfoque de “triple intervención”, con objetivos para 2030 conocidos como los objetivos 90-70-90: el 90 % de las niñas completamente vacunadas con la vacuna contra el VPH a los 15 años, el 70 % de las mujeres sometidas a pruebas de detección de alto rendimiento a los 35 años y de nuevo a los 45, y el 90 % de las mujeres con enfermedad cervical recibiendo el tratamiento adecuado(15).

Para alcanzar estos objetivos es necesario coordinar los esfuerzos nacionales e internacionales, con el fin de fortalecer los sistemas de salud, garantizar un acceso equitativo e integrar el control del cáncer de cuello uterino en políticas de salud más amplias. La estrategia de la OMS también destaca la necesidad de llevar a cabo un seguimiento riguroso, abordar las desigualdades en materia de salud y fomentar las alianzas multisectoriales para acelerar los avances hacia la eliminación.

Prevención primaria de la infección por el VPH

La medida más eficaz de prevención primaria es la vacunación profiláctica frente al virus, tanto en niñas como en niños. Las coberturas vacunales en España son elevadas, aunque aún desiguales entre comunidades autónomas. Recientemente, España ha adoptado la recomendación de la OMS de administrar una sola dosis como pauta estándar para adolescentes.

La medida de prevención primaria más eficaz para evitar la infección por el VPH es la vacunación profiláctica frente al mismo. Otras medidas de prevención primaria (uso del preservativo, la circuncisión, la monogamia mutua de por vida y la abstinencia absoluta) no son realistas ni fácilmente aplicables a la mayoría de la población en riesgo de contraer la infección.

Vacunas profilácticas contra el VPH

Las vacunas contra el VPH se basan en partículas similares a virus (VLPs), que no contienen material genético viral y, por tanto, no son infecciosas (su seguridad está ampliamente contrastada) ni oncogénicas, y generan una respuesta de anticuerpos muy superior a la de una infección natural.

Actualmente, en España se utiliza una vacuna nonavalente, que ofrece la protección más amplia, cubriendo los tipos de VPH 6 y 11 (causantes del 90 % de los condilomas) y siete de los tipos de alto riesgo más comunes (VPH 16, 18, 31, 33, 45, 52, 58), responsables de aproximadamente el 94,7 % de los cánceres de cérvix(16) y de una proporción muy significativa de cánceres en el resto de zonas que pueden verse afectadas por el VPH.

Efectividad e impacto de la vacunación frente al VPH

La evidencia científica acumulada a nivel mundial demuestra un impacto muy significativo de los programas de vacunación, especialmente cuando se administra a edades más tempranas. Países pioneros como Australia y Suecia, han reportado reducciones drásticas en la prevalencia de los tipos de VPH vacunales, así como en la incidencia de condilomas y de lesiones HSIL a nivel cervical, vulvar y vaginal(17). En España, ya se observa una tendencia clara a la baja en estas patologías en las cohortes de mujeres jóvenes vacunadas(10,12).

Estudios poblacionales realizados en Escocia, Inglaterra, Suecia y Dinamarca proporcionan pruebas sólidas de que la vacuna contra el VPH reduce drásticamente el riesgo tanto de cáncer cervical invasivo como de neoplasia intraepitelial cervical (CIN) grado 3 (CIN3), con un beneficio máximo cuando se administra antes de la exposición al VPH en la adolescencia temprana (reducción de riesgo 86-100 %)(18-21). La reducción de riesgo cuando se administró entre los 17 y los 30 años fue del 53 % (Fig. 2)(18).

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Figura 2. Efectividad de la vacuna frente al VPH para reducir el riesgo de cáncer de cérvix. Pauta vacunal acorde a ficha técnica. Fuente: referencias (18-21).

 

Esquemas de reducción de dosis vacunales

Desde 2022, la OMS recomienda la administración de una o dos dosis de la vacuna contra el VPH como esquema primario de inmunización para niñas de entre 9 y 20 años. Para mujeres a partir de los 21 años, se recomienda un esquema de dos dosis, separadas 6 meses. Las personas inmunodeprimidas, incluidas aquellas con VIH, deben recibir tres dosis(22).

Esta recomendación se fundamenta en evidencia científica, obtenida a partir de ensayos clínicos y estudios de inmunogenicidad comparativa (“puente”) prospectivos y a partir de datos retrospectivos de estudios observacionales, realizados tras la comercialización de las vacunas frente al VPH. En función de lo anterior, sabemos que una sola dosis vacunal ofrece una respuesta inmunitaria y niveles de eficacia clínica que pueden ser comparables a los de los esquemas de dos o tres dosis, especialmente frente a los tipos VPH 16 y 18, principales causantes de cáncer de cuello uterino(23).

Además, los estudios han evidenciado que la protección conferida por una única dosis se mantiene durante, al menos, 8 a 10 años, lo que refuerza la viabilidad de este enfoque en programas de salud pública, especialmente en contextos de recursos limitados(23).

Esta estrategia tiene el potencial de aumentar la cobertura global, reducir los costos logísticos y acelerar los esfuerzos para la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública(22). En la actualidad, esta estrategia ha sido adoptada por ochenta países a nivel mundial(24), si bien es cierto que no existe una estrategia común en todos ellos. En Australia, por ejemplo, se recomienda la administración de una dosis hasta los 25 años (inclusive), pero, en personas de edad igual o superior a 26 años, se mantiene la recomendación de administrar tres dosis(25).

Además, aún existen lagunas en el conocimiento respecto a la eficacia de dosis reducidas en ciertos contextos específicos. En particular, no se dispone aún de evidencia concluyente sobre:

• La protección frente a otros tipos de VPH de alto riesgo incluidos en la vacuna nonavalente, distintos del VPH 16/18.

• La eficacia en la prevención de lesiones premalignas y cánceres en otras localizaciones anogenitales y orofaríngeas de mujeres y hombres (vagina, vulva, ano, pene y orofaringe).

• La eficacia en personas mayores de 25 años, grupo para el cual los datos siguen siendo limitados.

En la actualidad, están en marcha varios ensayos clínicos prospectivos (ESCUDDO, PRISMA, HANDS), cuyos resultados se conocerán en los próximos años y que esperamos puedan dar respuesta a las incertidumbres anteriores.

Programa de vacunación frente al VPH en España

El programa de vacunación sistemática en España se inició en 2008 para las niñas. Actualmente, se administra la vacuna nonavalente a los 12 años. En 2022, se extendió la vacunación sistemática a los niños, una medida crucial para lograr una mayor protección de la población, acelerar la reducción de la circulación viral y ofrecer protección directa a los varones contra los cánceres y condilomas asociados al VPH(14).

La cobertura de la vacuna contra el VPH en España es alta entre las chicas y los chicos adolescentes. Los datos de 2024, consultados en SIVAMIN (Sistema de Información de Vacunaciones del Ministerio de Sanidad), muestran que la tasa media de cobertura de la primera dosis en chicas a los 13 y 15 años es del 90,14 % y del 90,52 %, respectivamente; y solo 8 comunidades autónomas llegan al 90 % de cobertura, objetivo de la OMS para eliminar el cáncer de cérvix. La tasa media de cobertura de la segunda dosis, entre estas chicas adolescentes de 13 y 15 años, cae al 63,69 % y 85,86 %, respectivamente. Entre los chicos de 13 años, las tasas medias de cobertura de la primera y segunda dosis son 84,32 % y 53,46 %, respectivamente, sin alcanzar el 90 % objetivo. En el caso de los chicos, solo la Comunidad Autónoma de Galicia llega a ese límite, si bien es cierto que la introducción de la vacunación frente al VPH para ellos es más reciente(26).

En el caso de las mujeres que no entran en el programa rutinario para adolescentes (edades comprendidas entre los 15 y los 55 años), la cobertura de la vacunación contra el VPH sigue siendo muy baja, con una cobertura acumulada en torno al 4 % en 2020, aunque se ha observado una ligera tendencia al alza en los últimos años(27).

En julio de 2024, la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones publica una actualización relevante en las recomendaciones sobre la vacunación frente al VPH, poniendo especial énfasis en la estrategia de administración de una sola dosis, en lugar del esquema tradicional de múltiples dosis. En este documento se propone la administración de una sola dosis como pauta estándar para la vacunación sistemática de niñas y niños a los 12 años, así como para la captación de personas no vacunadas hasta los 18 años. No obstante, se mantiene el esquema de tres dosis para personas inmunodeprimidas y mujeres con antecedentes de lesiones cervicales de alto grado previamente tratadas, dada la mayor necesidad de protección en estos casos (Fig. 3)(28).

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Figura 3. Recomendaciones de vacunación frente a VPH de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones en España. 2024. HSH: hombres que tienen sexo con hombres.
Fuente: referencia (28).

 

Prevención secundaria del cáncer de cérvix producido por el VPH

En España, el cribado poblacional se basa en la prueba de VPH de alto riesgo o citología según la edad, en mujeres de 25 a 65 años. La autotoma vaginal es una herramienta clave para superar las barreras de acceso y aumentar la participación.

La prevención secundaria, o cribado, tiene como objetivo detectar y tratar las lesiones pre-cancerosas en mujeres asintomáticas para evitar su progresión a un cáncer invasivo. Es una estrategia fundamental para la población que no se benefició de la vacunación primaria o que, a pesar de ella, puede tener riesgo de desarrollar lesiones.

Se distinguen dos modelos principales. El cribado oportunista, realizado a demanda, se caracteriza por una cobertura desigual y falta de control de calidad sistemático. En contraposición, el cribado poblacional organizado, modelo recomendado hacia el que transita España, se basa en una invitación activa a toda la población diana. Sus ventajas incluyen mayor equidad, cobertura monitorizada, control de calidad riguroso en todas las fases del proceso y mayor eficiencia(14).

Las recomendaciones actuales en España, según la Guía de Cribado 2025, establecen un algoritmo basado en la edad(14):

• Población diana: mujeres y personas con cuello de útero entre 25 y 65 años.

• Prueba por grupo de edad:

– 25-29 años: citología cervical cada 3 años.

– 30-65 años: prueba de VPH de alto riesgo cada 5 años.

• Finalización del cribado: se recomienda a los 65 años en mujeres con un historial de cribado previo adecuado y con resultados negativos.

La autotoma vaginal (la propia mujer recoge una muestra para la prueba de VPH) es una herramienta clave para superar barreras de acceso al cribado (culturales, geográficas, personales) y ha demostrado aumentar la participación en mujeres que no acuden regularmente a los controles. Su validez es alta para las pruebas de VPH basadas en la detección de ADN mediante PCR. Sin embargo, su rendimiento puede ser inferior con otras tecnologías y, actualmente, no está validada para pruebas basadas en ARNm ni para la realización de citología, ya que no garantiza la obtención de células de la zona de transformación(14).

Función del pediatra de Atención Primaria

La pediatría de Atención Primaria es indispensable para recomendar la vacunación, fomentar la educación sexual y detectar precozmente manifestaciones clínicas del VPH en la infancia y adolescencia.

Los pediatras tienen la doble responsabilidad de recomendar la vacuna contra el VPH y de detectar qué adolescentes no se han vacunado y conocer sus motivos. Una recomendación firme e inequívoca del pediatra es el factor más importante que influye en la aceptación de la vacuna por parte de los padres. Las estrategias de comunicación basadas en el enfoque de anuncio presuntivo (presentar la vacunación como una acción prevista y normal) son eficaces para aumentar la aceptación de la vacuna y abordar la reticencia a la misma(29).

La necesidad de hablar sobre la sexualidad antes de recomendar la vacuna se ha identificado como una barrera para las recomendaciones firmes y la aceptación de la vacuna. En este sentido, es importante transmitir a los adolescentes y a sus padres que la vacuna contra el VPH no está asociada con el inicio precoz de la actividad sexual ni con una mayor incidencia de infecciones de transmisión sexual(30).

Los pediatras también desempeñan un papel importante en la identificación y el tratamiento de las afecciones relacionadas con el VPH en los niños, como las verrugas anogenitales y la papilomatosis respiratoria recurrente juvenil. Los condilomas anogenitales en niños pueden deberse a transmisión no sexual, donde el contacto con adultos portadores de verrugas o lesiones genitales puede facilitar la infección, pero siempre requieren valoración clínica y social para descartar abuso sexual.

Conflicto de intereses

El autor declara haber participado como ponente en actividades científicas y formativas patrocinadas por una de las compañías que comercializan la vacuna frente al VPH, así como en sesiones de asesoramiento, y haber recibido apoyo para la asistencia a congresos por parte de dicha empresa. Sin embargo, el presente manuscrito se ha elaborado de manera independiente y no ha recibido financiación ni apoyo material de ninguna entidad comercial. La empresa mencionada no ha intervenido en el diseño, redacción, revisión ni aprobación del contenido de este artículo.

Declaración de uso de inteligencia artificial generativa

El autor declara haber utilizado la inteligencia artificial generativa a la hora de redactar este manuscrito con la única finalidad de mejorar la legibilidad del mismo.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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28.* Grupo de trabajo de Recomendaciones de Vacunación frente a VPH de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Actualización de las recomendaciones de vacunación frente a VPH. Revisión de la estrategia de una dosis. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. 2024.

29. Kopp Sarah A, Turk Dawn E. Human Papillomavirus Vaccinations: Provider Education to Enhance Vaccine Uptake. Clin Pediatr (Phila). 2023; 62: 840-8. Disponible en: https://doi.org/10.1177/00099228221147850.

30. ACOG. Human Papillomavirus Vaccination: ACOG Committee Opinion, Number 809. Obstetrics and gynecology. 2017; 136: e15-21.

 

Bibliografía recomendada

– Wilailak S, Kengsakul M, Kehoe S. Strategic approaches for global cervical cancer elimination: An update review and call for national action. International Journal of Gynecology and Obstetrics. 2025; 171: 120-8.

Una revisión actualizada que analiza los enfoques estratégicos para la eliminación global del cáncer cervical.

– Palmer TJ, Kavanagh K, Cuschieri K, Cameron R, Graham C, Wilson A, et al. Invasive cervical cancer incidence following bivalent human papillomavirus vaccination: a population-based observational study of age at immunization, dose, and deprivation. J Natl Cancer Inst. 2024; 116: 857-65.

Estudio observacional basado en la población que evalúa la incidencia de cáncer cervical invasivo después de la vacunación bivalente, considerando variables como la edad de inmunización y las dosis.

– Grupo de trabajo de Recomendaciones de Vacunación frente a VPH de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Actualización de las recomendaciones de vacunación frente a VPH. Revisión de la estrategia de una dosis. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. 2024.

Documento oficial del Ministerio de Sanidad español que actualiza las recomendaciones de vacunación contra el VPH, incluyendo una revisión de la estrategia de una dosis.

 

Caso clínico

 

Un niño de 12 años de edad acude a la consulta de Pediatría de Atención Primaria para una revisión de salud rutinaria, acompañado por sus padres. El pediatra aborda el calendario vacunal y recomienda la vacunación sistemática contra el VPH.

Los padres del paciente expresan preocupación, indicando que creían que esta vacuna era solo para niñas y preguntan por qué se recomienda ahora para los niños.

El pediatra, que reconoce su función indispensable en la recomendación de la vacunación, procede a educar a la familia sobre la carga de enfermedad del VPH en ambos sexos y las pautas actualizadas de inmunización en España. Además, el pediatra tiene en cuenta que el niño presenta un estado de inmunosupresión (debido a una enfermedad crónica), un factor que aumenta el riesgo de persistencia y progresión de la infección por VPH si llegara a adquirirla.

 

 

Vacunación de la infancia en movimiento: migrantes, viajeros y adoptados

A. Montesdeoca Meliá
Temas de FC


A. Montesdeoca Meliá

Médico Pediatra. Equipo de Apoyo a la Asistencia a la Infancia en Movimiento. Gerencia de Atención Primaria del Área de Salud de Gran Canaria. Las Palmas. Técnico Responsable del Programa de Inmunizaciones. Dirección General de Salud Pública de Canarias

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Autor para correspondencia

abianm1976@gmail.com

Resumen

La vacunación en poblaciones inmigrantes, refugiadas, adoptadas y viajeros internacionales constituye un pilar esencial en la protección de la salud individual, la salud pública y la equidad sanitaria. Al ingreso en España, muchos individuos carecen de registros vacunales fiables, lo que exige aplicar calendarios de vacunación de rescate según edad, país de origen y riesgo epidemiológico. El papel que juegan la mediación intercultural y las actividades de vacunación comunitaria es fundamental en el éxito de los programas vacunales destinados a inmigrantes de habla no hispana. En poblaciones hacinadas en centros de menores, adquiere especial importancia la administración precoz de vacunas que protejan frente a sarampión, difteria, poliomielitis, varicela y, en no inmunes, hepatitis A. En relación con los viajeros, se destaca la importancia de la consulta médica previa, preferiblemente seis semanas antes del desplazamiento, para revisar vacunas rutinarias, requeridas y recomendadas, además de adoptar medidas preventivas complementarias. Las inmunizaciones frente a fiebre amarilla, hepatitis A, fiebre tifoidea, meningococo y rabia adquieren especial relevancia según destino y exposición. En conjunto, la vacunación se reafirma como una herramienta indispensable para la prevención, la protección individual y colectiva, y la reducción de desigualdades en salud entre poblaciones desplazadas y viajeras.

 

Abstract

Vaccination in immigrant, refugee, adopted, and international traveler populations constitutes an essential pillar in the protection of individual health, public health, and health equity. Upon entering Spain, many individuals lack reliable vaccination records, which requires applying catch-up vaccination schedules according to age, country of origin, and epidemiological risk. The role of intercultural mediation and community vaccination activities is fundamental to the success of vaccination programs aimed at non-Spanish-speaking immigrants. In populations crowded in juvenile centers, the early administration of vaccines that protect against measles, diphtheria, poliomyelitis, or varicella is of particular importance. Regarding travelers, the importance of a pre-travel medical consultation, preferably six weeks before departure, is highlighted in order to review routine, required, and recommended vaccines, in addition to adopting complementary preventive measures. Immunizations against yellow fever, hepatitis A, typhoid fever, meningococcus, and rabies acquire special relevance depending on destination and exposure. Overall, vaccination is reaffirmed as an indispensable tool for prevention, individual and collective protection, and the reduction of health inequalities among displaced and traveling populations.

 

Palabras clave: Inmigrante; Equidad; Inmunización; Prevención; Viajero internacional.

Key words: Immigrant; Equity; Immunization; Prevention; International traveler.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 603 – 613

 


OBJETIVOS

Destacar la importancia de las inmunizaciones en viajeros de diversa índole, enfatizando su papel beneficioso, no solo en la salud individual, sino también en la colectiva.

Transmitir la importancia de administrar un calendario vacunal acelerado en población inmigrante, atendiendo a la diversidad dentro de un término tan amplio.

Insistir en la necesidad de que el sistema sanitario ejecute estrategias de vacunación en el ámbito comunitario para poder garantizar una aplicación equitativa del programa vacunal en inmigrantes.

Destacar el papel de la mediación intercultural en la aplicación de la pauta vacunal a inmigrantes de otras culturas como garantía de éxito.

Fomentar la cultura de la consulta vacunal previa al viaje con la suficiente antelación, así como la visita a la vuelta para completar la pauta cuando esté indicado.

Actualizar las indicaciones de viejas y nuevas vacunas indicadas específicamente en el viajero.

 

Vacunación de la infancia en movimiento: migrantes, viajeros y adoptados

https://doi.org/10.63149/j.pedint.98

 

Introducción

El fenómeno de la globalización y la facilidad con la que las personas atravesamos las fronteras, actualmente, condicionan la epidemiología de determinadas enfermedades, algunas de ellas inmunoprevenibles. La relación entre los viajes y la salud es tan antigua como la historia de la humanidad y el desarrollo de los medios de transporte; a la par que el incremento en los desplazamientos internacionales, ha facilitado la dispersión de microorganismos y, ocasionalmente, también de sus vectores. Esto involucra también a los niños, niñas y adolescentes (NNA) que, aunque a menudo se mueven en compañía de sus familiares, en ocasiones lo hacen solos y, a veces, en terribles periplos migratorios que ponen en serio riesgo su salud y su vida.

El objetivo fundamental de los programas de vacunación de la población inmigrante, refugiada y adoptada es conseguir una protección vacunal similar a la de la población infantil autóctona(1).

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)(2) a 1 de enero de 2024, en España hay aproximadamente 997.000 personas menores de 18 años con nacionalidad extranjera, lo que representa cerca del 12,6 % del total de menores residentes. Entre estos NNA inmigrantes, la mayoría procede de países de América Latina, principalmente Colombia, Ecuador, Venezuela y Argentina, aunque, dependiendo de la región española de la que hablemos, se observa una presencia significativa de menores originarios de países de la Europa del Este, principalmente Rumania y Ucrania, así como del norte de África, en particular de Marruecos y Argelia.

En este trabajo resumiremos las recomendaciones de inmunización en un grupo heterogéneo de niños y adolescentes con un vínculo que los une: el viaje internacional. Lo haremos en dos bloques para facilitar su comprensión, uno dedicado a las necesidades de inmunización de los que llegan (inmigrantes, refugiados y adoptados de otros países) y otro profundizando en recomendaciones para los que parten (viajeros).

Vacunación en el niño inmigrante, refugiado y en programas de adopción internacional

Dentro del total de los desplazamientos internacionales, los movimientos migratorios constituyen una realidad global en constante crecimiento. Impulsados por profundas desigualdades entre países, ya sea en términos de esperanza de vida, motivos políticos o sociales, conflictos armados u otros, grandes grupos de población cruzan fronteras con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Muchas de estas personas proceden de países con bajas tasas de cobertura vacunal(3), lo que las hace especialmente vulnerables a contraer enfermedades inmunoprevenibles. Esta vulnerabilidad se ve agravada cuando, al ingresar de forma irregular en los países de acogida, se enfrentan a situaciones de exclusión social: dificultades para acceder al sistema sanitario, condiciones de hacinamiento en viviendas ubicadas en guetos periféricos de grandes ciudades o en centros de acogida/campamentos sobreocupados. Todos estos factores configuran un escenario propicio para la aparición de brotes de enfermedades prevenibles por vacunación (ya descritos en varios lugares de Europa)(4).

Aunque el Sistema Nacional de Salud español garantiza, conforme a la Ley Orgánica 8/2000, el derecho de los menores de edad a integrarse plenamente en el sistema sanitario en igualdad de condiciones que los nacionales, diversos factores pueden dificultar este acceso.

Muchas de estas barreras de acceso vienen derivadas de la diversa interpretación que hacen algunos servicios de salud regionales de esta ley, lo cual deriva en situaciones de inequidad en salud. La barrera idiomática y cultural no bien gestionada desde los servicios sanitarios, la falta de formación y actualización de la norma por parte de un porcentaje del personal administrativo, el desconocimiento que tienen las personas inmigrantes del funcionamiento del sistema sanitario en España, los prejuicios recíprocos y el innegable racismo institucional presente, en ocasiones, son escollos que pueden impedir el acceso a las vacunas por parte de este colectivo(5). En la tabla I se expone un resumen de las dificultades para el acceso a las vacunas por parte de los NNA inmigrantes y sus posibles soluciones.

tabla

 

El término “niño inmigrante” engloba a aquellos NNA que se desplazan desde su país de origen para residir de forma prolongada dentro de nuestras fronteras. Este término incluye a perfiles de menores de edad que viven una realidad muy diversa y que, en lo que se refiere a su estado de protección frente a enfermedades prevenibles mediante la vacunación y, en consecuencia, a sus necesidades de inmunización, también difieren.

Los NNA que adquieren el estatus de refugiado, los solicitantes de protección internacional y los que son adoptados desde otros países son también “inmigrantes”. Con frecuencia, se utiliza el término “migrante” para hacer referencia específicamente a las personas extranjeras que se encuentran en tránsito en España con destino final en un tercer país. La heterogeneidad de esta población viene condicionada igualmente por varios determinantes sociales que los harán candidatos a seguir una pauta vacunal individualizada.

Sin pretender ser exhaustivos, se citan a continuación un número de factores que van a condicionar las acciones necesarias que los servicios de salud deberían poner en marcha para intentar lograr una inmunización con garantías de equidad en esta población:

El lugar de procedencia, considerando no solo el país, sino el ambiente en el que han crecido (rural, urbano, haber nacido o vivido en situación o no de clandestinidad en terceros países, la accesibilidad a servicios sanitarios básicos en origen, el alcance y calidad de los programas de vacunación en la nación de partida). Los NNA no vacunados en origen o tránsito corren el riesgo de contraer enfermedades hasta lograr equiparar su estado de inmunización con su cohorte autóctona. Cuantas menos vacunas hayan recibido, más precoz debería ser su detección y aplicación del calendario vacunal de rescate.

El tipo de migración hacia España, la llegada por medios convencionales o rutas comerciales y el paso transfronterizo controlado frente a la utilización de rutas irregulares, condiciona la actitud de padres o tutores hacia el sistema sanitario (miedo a ser deportados). En ocasiones, este es un motivo importante de retraso en el inicio de la vacunación.

La compañía o no de adultos de referencia que velan por su salud, portando ocasionalmente documentos de certificación de inmunizaciones.

Las similitudes culturales o del idioma que faciliten la integración en el destino y la superación de barreras de acceso a los servicios sanitarios de las comunidades autónomas para recibir vacunas. En los casos en los que la barrera idiomática y cultural sea evidente, la figura de mediación intercultural resulta básica para garantizar el éxito del plan de vacunación. Sin comunicación efectiva, la relación médico-paciente/familia está condenada al fracaso.

Las condiciones de vida de los padres y su itinerancia por diferentes regiones españolas (hijos/as de temporeros de la agricultura, unidades familiares dentro del Programa de Atención Humanitaria de España).

La vacunación a NNA inmigrantes plantea desafíos específicos en el contexto de la práctica pediátrica española, siendo el objetivo principal el equiparar lo antes posible la protección frente a enfermedades inmunoprevenibles e igualarla a la que goza la población autóctona de su misma cohorte de nacimiento, minimizando así los riesgos, primero para ellos y, de forma secundaria, también para la comunidad. En determinadas ocasiones, nos encontraremos con población infantojuvenil itinerante, con cambios frecuentes de domicilio, otros que se encuentran de paso en España hacia otros países de Europa, y algunos que son trasladados a centros de acogida de diferentes regiones, dependiendo de circunstancias relacionadas con la presión migratoria de una ciudad o comunidad autónoma determinada. En estos casos será necesario ejecutar un plan de vacunaciones acelerado y puede estar justificado incluso el adelanto de dosis que no corresponderían a las recibidas por la cohorte autóctona correspondiente, como, por ejemplo, la administración de la segunda dosis de vacuna triple vírica en NNA de unidades familiares que se desplacen a países en los que el acceso a los servicios sanitarios pudiera estar limitado por un periodo de tiempo indefinido.

Planificación y aplicación del calendario vacunal individualizado

Las vacunas prioritarias a administrar en esta población incluyen la triple vírica (sarampión, paperas y rubeola), la difteria, la poliomielitis, el tétanos, las hepatitis A y B (cuando estén indicadas), neumococo (menores de 5 años sin factores de riesgo) y varicela.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen directrices armonizadas basadas en el calendario del país de llegada, ofreciendo todas las vacunas omitidas o inciertas lo antes posible y considerando a todos las personas migrantes con registros dudosos como no vacunados y, por lo tanto, candidatos a una puesta al día completa en inmunizaciones(6,7).

Esto no quiere decir que otras no sean necesarias, sino que, en caso de tener que priorizar, estas sean las primeras a tener en cuenta.

A la hora de definir el plan vacunal a administrar en esta población (calendario de rescate), consideraremos diferentes aspectos específicos que aplican en estos casos y que pueden enumerarse sucintamente de la siguiente manera:

Disponibilidad de documentos oficiales que acrediten el haber recibido vacunas. Se darán por válidas las dosis que estén correctamente registradas, siempre que se hayan cumplido con los intervalos mínimos exigibles entre dosis y la edad mínima de administración, continuando el calendario donde lo dejó, según el programa oficial de la comunidad autónoma de residencia(8). Si no se aporta esta certificación, se procederá a iniciar el calendario adaptado a su edad desde cero, como si no hubiera recibido ninguna vacuna. La declaración verbal de los adultos responsables no debe ser considerada como prueba de vacunación. Para interpretar calendarios extranjeros, hoy en día resultan de utilidad varios recursos como traductores web para escanear documentos físicos en otros idiomas o portales como este de la OMS: https://immunizationdata.who.int/global?topic=&location=.

Serologías. La serología sistemática para comprobar el estado de inmunización cuando no se aporta certificado vacunal no está indicada, por haberse demostrado una medida ineficiente(9). Una cuestión distinta es que, aprovechando el cribado analítico que se debe realizar a todo NNA inmigrante en la primera visita, especialmente cuando proceda de países con mayor incidencia de determinadas enfermedades infecciosas con respecto a nuestro país, se tomen en cuenta los resultados positivos frente a virus de la hepatitis A o B y obviar en estos casos estas vacunas. En niños en los que la hexavalente esté indicada por edad y tengan serología positiva a virus de la hepatitis B en el cribado, se procederá a vacunar de igual forma, ya que se beneficiará de la inmunización con el resto de componentes del preparado con un solo pinchazo, sin que se espere ningún efecto adverso añadido por su condición previa de seropositividad a la hepatitis B. En los NNA mayores de 12 meses que vivan en centros de menores en situación de hacinamiento, en los que mantengan contacto con flujos constantes de nuevos compañeros procedentes de países endémicos y en aquellos casos en los que se espere puedan retornar por vacaciones u otras causas a sus lugares de origen y sean seronegativos para hepatitis A (cribado), tendrán indicación de ser vacunados frente a este virus con dos dosis separadas al menos 6 meses entre sí.

Diferente composición de algunos preparados vacunales, según el país de procedencia. Existe cierta variedad de preparados vacunales de uso en el extranjero que difieren de los usados en España. Por ejemplo, las vacunas pentavalentes en uso en aquellos países que mantienen vacunación atenuada frente a la polio por vía oral (VPO) contienen antígeno del virus de la hepatitis B y no el componente de poliomielitis. Las vacunas polisacarídicas de meningococo de serogrupos A y C usadas en China o las utilizadas frente a meningococo B en países como Cuba no son equiparables a las empleadas en nuestro país y no se considera que aporten la protección de las conjugadas (MenC y MenACWY) o las de proteínas subcapsulares (MenB) que usamos en España. Requiere una mención especial la corrección de la pauta con un mínimo de dos dosis (separadas por 4-6 meses) de vacuna inactivada parenteral frente a la poliomielitis en personas que hayan sido vacunadas de forma exclusiva con VPO bivalente (VPOb)(10).

Pautas vacunales a edades inferiores y con objetivos programáticos diferentes a los de España. Existe multitud de países en el mundo que, por razones epidemiológicas locales, aplican la llamada dosis cero de VPO al nacimiento o vacunas combinadas de sarampión-rubeola antes de cumplir los 11 meses de edad. En ambos casos, estas dosis deben ser ignoradas y no contarán en el plan de corrección de la pauta. Ha de tenerse en cuenta que, en lugares de alta endemia de hepatitis B con deficiencias en el control del embarazo, en muchas ocasiones no se dispone de inmunoglobulina específica frente a este virus o se administra la primera dosis de vacuna frente a hepatitis B tras la primera semana de nacimiento, debiéndose descartar la transmisión vertical de este virus que, por otra parte, es la principal vía de adquisición en los NNA procedentes de países de bajo Índice de Desarrollo Humano (IDH)(11). En la inmunización de esta población conviene no olvidar a los padres, pues, en ocasiones, encontraremos que son menores de 18 años y también deben recibir vacunaciones que no veríamos indicadas en adultos (VPH, MenACWY, Tdpa).

Necesidad de un acercamiento activo de los servicios de salud a la población inmigrante. En esta población, tal y como se ha comentado previamente, existen multitud de barreras que pueden impedir el acceso al sistema sanitario y, por ende, a las inmunizaciones. Además de las citadas más arriba, el miedo de los progenitores a ser detenidos o deportados, los retrasos burocráticos que afectan a adolescentes (procesos de determinación de la edad) y menores no acompañados, la movilidad por inestabilidad laboral, la incapacidad de las entidades encargadas de la acogida a menores migrantes tutelados por las comunidades autónomas o el rechazo a la vacunación por parte de NNA no acompañados que no conocen de su necesidad, obliga a los servicios sanitarios a tomar una actitud activa si se pretenden disminuir las bolsas de susceptibles en la población. Son múltiples las experiencias que demuestran que una actitud expectante conlleva un escaso contacto con esta población. La formación sobre vacunas en centros de acogida (para educadores y usuarios), las campañas informativas con presencia de mediadores culturales previas a la inmunización, la acción vacunadora comunitaria con el desplazamiento de equipos a los centros de acogida o campamentos, la participación de líderes religiosos o de otra índole (especialmente en épocas como el Ramadán) o los programas de vacunación escolar son solo unos ejemplos de cómo los servicios sanitarios pueden acometer acciones que hagan disminuir la posibilidad de aparición de brotes epidémicos en personas inmigrantes. La necesidad de aumentar coberturas vacunales en esta población viene recogida expresamente en la Agenda de Inmunización para 2030 de la OMS(12) o en el Plan de acción en España para la erradicación de la poliomielitis 2024-2028(13), por citar tan solo dos ejemplos.

Trazabilidad y garantía de continuidad de la vacunación. En no pocas ocasiones, especialmente en aquellas zonas de nuestro país con una mayor presencia de NNA inmigrantes provenientes de culturas muy diferentes a la nuestra, existen problemas relacionados con la identificación y la trazabilidad de sus datos. Esto viene motivado porque hay muchos NNA que no aportan documentos acreditativos de su identidad en el momento de entrar en nuestro país (especialmente migrantes llegados por vía irregular) y sufren la adjudicación de nombre, apellidos y edad aproximados a la realidad. Aparte del atentado a la dignidad que se produce cuando a una persona se la reseña con otro nombre o se le impone una edad claramente inexacta, se abona el terreno para que se produzcan errores relacionados con la atención sanitaria de todo tipo (vacunas que no corresponden, fallos en la interpretación de pruebas complementarias, confusiones por cruce de historias clínicas con mismo nombre y misma fecha de nacimiento, riesgo de intervenciones sanitarias a sujetos que no lo necesitan y lo contrario, etc.). El profesional sanitario que atiende a estos NNA ha de estar muy atento para evitar cometer errores por este motivo. Finalmente, la ausencia de redes oficiales de transmisión de la información médica en todo el territorio nacional provoca que, con frecuencia, estos NNA sean sometidos a vacunas u otras intervenciones cuando cambian de domicilio, por no disponer de un registro de sus vacunaciones, especialmente los que no están acompañados por adultos. Resulta imprescindible incorporar a la práctica habitual el aportar un registro físico de las vacunaciones administradas en cada visita, también en NNA no acompañados, sugiriendo, además, el que tomen una fotografía del documento/cartilla con el teléfono móvil por si lo perdieran. En el momento en el que se redacta este trabajo, se encuentra en las últimas fases de desarrollo un sistema electrónico de registro de inmunizaciones a nivel nacional (SIVAIN) que será implantado en todo el país y permitirá la consulta de la historia vacunal de cualquier individuo residente en España, independientemente de la región o el ámbito sanitario en el que haya sido inmunizado.

Uso de vacunas combinadas, pautas aceleradas y aprovechamiento de oportunidades de vacunación. En ningún grupo poblacional es tan importante como en este el utilizar vacunas con varios antígenos (p. ej.: vacunas hexavalentes) y aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para inmunizar si está indicado, independientemente del motivo de consulta. Podría ser la última vez que tengamos la oportunidad de vacunar a ese NNA, dada la alta dificultad para conciliar la vida laboral de padres con trabajos precarios o con jornadas extendidas. En situaciones de gran afluencia de NNA inmigrantes, como ocurre en algunos puntos de España (Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla, Murcia, Andalucía), puede ser necesaria la utilización de vacunas con recomendaciones fuera de ficha técnica, como el uso de los preparados hexavalentes hasta los 10 años, por ejemplo, práctica segura, avalada por la experiencia en otros países como Reino Unido(14) o Australia. Siempre que se inicie un calendario de rescate en este contexto, se intentará llevar a cabo una pauta acelerada, respetando intervalos mínimos entre dosis de un mismo preparado, pero buscando acercar al máximo las visitas para culminarlo lo antes posible(15).

Este artículo tiene como objetivo describir cuestiones prácticas relacionadas con la vacunación en esta población que no suelen encontrarse en textos convencionales. Para un estudio exhaustivo del tema y apoyo para casos específicos, recomendamos la consulta del capítulo correspondiente del Manual de Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría(8) y el documento de calendario acelerado aprobado por la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones del CISNS(16).

En contextos de contingencia migratoria por vía irregular, resultan de ayuda las iniciativas facilitadoras para la vacunación a personas migrantes impulsadas por los servicios sanitarios públicos, como la Guía rápida de inmunización fuera de norma para NNA publicada en Canarias, recientemente actualizada y disponible en: https://www3.gobiernodecanarias.org/sanidad/scs/content/88f464c1-2fd6-11f0-b6c5-d718f32cbce3/GuiaInmunizacionFueraNorma.pdf.

Cada vez hay más pruebas de que garantizar una alta cobertura de vacunación entre las personas migrantes es fundamental para lograr y mantener la eliminación del sarampión, la rubéola y la poliomielitis, y controlar la hepatitis B en Europa. Los expertos y las agencias piden la armonización paneuropea de los protocolos de vacunación de los migrantes, una financiación sólida, una mayor divulgación, competencia cultural y una evaluación basada en datos para cerrar las brechas actuales en materia de inmunización. En este sentido, en el momento en el que se redacta este trabajo se encuentra en fase de revisión un documento de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones que definirá y armonizará recomendaciones y estrategias para vacunar a la población migrante acogida en el Programa de Atención Humanitaria estatal.

En lo que se refiere a NNA en programas de adopción internacional, hay que decir que en 2023 se registraron 192 adopciones de este tipo en España, un ligero aumento respecto al año anterior, aunque muy lejos de las más de 3.000 alcanzadas a comienzos de este siglo. Según el Ministerio de Juventud e Infancia y el Observatorio de la Infancia(17), los niños adoptados procedían principalmente de Vietnam, India, Hungría y Colombia, mientras que la adopción desde China continúa en mínimos históricos. Muchos de los comentarios y recomendaciones realizados previamente también son aplicables a esta población, aunque su realidad psicosocial suele ser bastante diferente. Estos NNA, aunque procedentes, en ocasiones, de países de bajo IDH, suelen ser traídos a España por sus padres adoptivos con un certificado de vacunaciones recibidas en el país de origen.

El contexto social en el que son acogidos estos NNA difiere completamente del de los inmigrantes económicos, laborales, irregulares o refugiados, en tanto en cuanto gozan de la protección de unos padres muy involucrados en su bienestar, incluyendo los aspectos relacionados con la salud.

Al igual que en otros perfiles de inmigrantes, los NNA adoptados requieren de una comprobación y corrección del calendario vacunal si lo precisan y, en estos casos, cabe tener en cuenta también la necesidad de realizar cribados analíticos (según el país de origen) y la inmunización de padres y convivientes según resultados frente a enfermedades como la hepatitis A o B.

Vacunación en viajeros internacionales

En 2020, la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 ocasionó una caída del 72 % en el número de viajeros internacionales respecto al año anterior. Según datos publicados por la Organización Mundial del Turismo, durante 2024 se recuperaron las cifras de desplazamientos que se observaron en 2019(18). Aproximadamente, el 8 % de los viajeros son menores, y cerca del 10 % se dirigen a destinos tropicales.

Al planificar un viaje internacional con niños, es fundamental considerar diversos aspectos que aumentan el riesgo de adquisición de determinadas enfermedades y que están vinculados al perfil del viajero, el destino elegido y las características del viaje. Los más relevantes se citan en la tabla II.

tabla

 

Un grupo especialmente vulnerable lo constituyen los hijos de inmigrantes nacidos en España que viajan temporalmente al país de origen de sus progenitores para reencontrarse con familiares y amigos (los denominados children visiting friends and relatives, o cVFR). Estos menores, al mantener un contacto estrecho con la población local, tienen mayor probabilidad de exposición a enfermedades como hepatitis A, tuberculosis, fiebre tifoidea o leptospirosis. A menudo, carecen de inmunidad frente a estas enfermedades y, además, es frecuente que no se sigan adecuadamente las medidas preventivas básicas. Dentro de este grupo, se diferencian los cVFR extranjeros, con un tiempo vivido en el país al que se pretende viajar, y los cVFR viajeros, nacidos en España (habitualmente con un mayor riesgo).

Desde la consulta de Atención Primaria, se debe ofrecer una orientación valiosa para prevenir enfermedades y accidentes durante viajes internacionales, así como garantizar una protección adecuada mediante la administración de vacunas.

No obstante, en muchos casos, resulta imprescindible derivar al paciente a un servicio de Sanidad Exterior o a un Centro de Vacunación Internacional (CVI). La identificación de viajeros en situación de riesgo debe iniciarse en el primer trimestre del año, mediante la exploración activa en consulta (especialmente, entre hijos de inmigrantes procedentes de países tropicales) o a través de cartelería informativa y otros recursos que motiven a las familias a consultar con suficiente antelación antes de emprender el viaje (Tabla III).

tabla

 

Consulta médica previa al viaje

Antes de un viaje, se recomienda que el niño visite a su pediatra para realizar un examen de salud y verificar que su calendario vacunal rutinario esté al día.

Dependiendo de la formación del pediatra, este podría prescribir algunas vacunas específicas para el viajero, proporcionar consejos preventivos individualizados por escrito e indicar medicación cuando sea necesario (tratamiento de enfermedades crónicas, quimioprofilaxis para paludismo, autotratamiento de diarrea del viajero, repelente de insectos, etc.) o derivar al paciente a un servicio de Sanidad Exterior o al CVI de referencia.

Al final de este artículo se citan algunos de los múltiples recursos que se encuentran a nuestra disposición para ofrecer recomendaciones individualizadas al viajero. Las medidas preventivas para niños que emprenden un viaje internacional son diversas, pero, entre ellas, destacan las que tienen relación con la inmunización.

En este sentido, las vacunaciones a indicar en este contexto podemos agruparlas como se detalla a continuación.

Vacunaciones rutinarias o de calendario

La visita previa al viaje debe realizarse con la antelación suficiente para asegurar una respuesta serológica protectora robusta tras la administración de las vacunas, aproximadamente 4-6 semanas antes de la partida.

La indicación de vacunas en los viajes es dinámica y varía con la epidemiología de las enfermedades inmunoprevenibles en los diferentes países. Incluso el viaje a países de alto IDH puede requerir de la administración de vacunas no usadas habitualmente en nuestro medio (p. ej.: encefalitis transmitida por garrapatas). Dependiendo de las características del destino, especialmente en aquellos casos en los que el motivo del viaje sea el ocio, hay casos en los que la recomendación será la de posponerlo o modificar el país a visitar.

La vacunación sistemática de un niño ante un viaje internacional debe incluir las del calendario oficial vigente en su zona de residencia(1). Si no está completo, se deben administrar las dosis faltantes según un calendario acelerado o de rescate. En ocasiones, se necesitan dosis adicionales por las características del destino (p. ej.: poliomielitis en lugares con circulación de poliovirus) o adelantar dosis rutinarias por existir brotes epidémicos. Hay vacunas como la de la gripe que pueden estar indicadas en viajeros con el motivo específico del desplazamiento fuera de nuestras fronteras.

En general, la pauta de vacunación del viajero va a depender de diversos factores, entre los que cabe destacar:

• Las vacunas recibidas anteriormente.

• El estado de salud (enfermedades de base) y la edad del niño.

• El riesgo de exposición según el destino, estacionalidad y tipo de viaje.

• Las normas del Reglamento Sanitario Internacional (RSI).

En niños con un esquema de vacunación incompleto, frecuentemente se deberán usar pautas aceleradas para ofrecer la mejor protección posible y podría ser necesario el uso de estas vacunas en edades menores a las habituales, respetando siempre la edad mínima aconsejada por el fabricante.

No debemos olvidar registrar las vacunas en un documento que el viajero pueda transportar (también se recomienda hacer fotos de la cartilla vacunal para conservarlas en el teléfono móvil) o contar con una aplicación que permita la consulta de dicha información en el destino.

Vacunas específicas del viajero

A su vez, distinguiremos entre vacunas obligatorias en el contexto de viajes internacionales según el RSI y vacunas recomendadas específicamente para niños viajeros(19).

Vacunas obligatorias en el contexto de viajes internacionales

Siguiendo las normativas del RSI, los estados pueden exigir ciertas vacunas a todas las personas que ingresen en sus fronteras para reducir la expansión de enfermedades. Las autoridades de los países con requisitos específicos del RSI solicitarán a los viajeros un Certificado Internacional de Vacunación con las vacunas registradas correctamente (con sello oficial, fecha y firma del profesional). Este documento, conocido como “carné amarillo”, se emite en los CVI acreditados. Si el viajero cumple ciertos requisitos que contraindican su vacunación, deberá aportar un documento de exención oficial, al menos en inglés y francés, emitido por un CVI (p. ej.: vacuna de fiebre amarilla y antecedente de alergia grave al huevo).

Las vacunas exigibles por las autoridades al ingresar a un país, sujetas al RSI, son fundamentalmente tres (aunque podrían incluirse otras de manera transitoria, como ocurrió con la COVID-19):

1. Vacuna frente a la fiebre amarilla.

2. Vacuna frente a la enfermedad meningocócica invasora.

3. Vacuna frente a la poliomielitis.

Vacuna frente a la fiebre amarilla

La prevención de esta enfermedad se realiza mediante una vacuna muy eficaz y segura. Una sola dosis generalmente confiere inmunidad y protección de por vida en la mayoría de los casos.

La vacuna puede ser requerida para ingresar a ciertos países, especialmente si se proviene de áreas endémicas, según el RSI. Sin embargo, en muchos países sin reglamentación específica también hay transmisión de la fiebre amarilla, por lo que el viajero debe vacunarse para su protección(19). En situaciones donde el niño no puede vacunarse, se debe evitar viajar a zonas de riesgo. Estos viajeros, si no pueden evitar desplazarse a zona endémica, deben extremar las precauciones contra picaduras de mosquitos.

Los CVI proporcionan información actualizada sobre el riesgo de contraer la enfermedad en distintos destinos. Es importante recordar que el riesgo es dinámico y se debe acceder a información actualizada. En la figura 1, se detallan las zonas donde la fiebre amarilla es endémica. Según las recomendaciones vigentes de la OMS (2013)(19), los adultos y niños mayores de 9 meses requieren una dosis única, de administración subcutánea, que confiere protección superior al 90 % a partir de los diez días tras la inoculación. La vacunación debe registrarse en el certificado de vacunación internacional (carné amarillo) y entra en vigor 10 días después de la administración de la vacuna.

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Figura 1. Mapa de distribución geográfica de la fiebre amarilla en el mundo. Modificada de: CDC Yellow Book 2024. Disponible en: https://www.cdc.gov/yellow-book/hcp/travel-associated-infections-diseases/yellow-fever.html.

 

La vacuna contra la fiebre amarilla puede administrarse simultáneamente con otras vacunas de virus atenuados en sitios anatómicos diferentes. Si no se administran el mismo día, deben espaciarse, al menos, cuatro semanas, excepto con la triple vírica, con la cual siempre se separará 4 semanas y no se administrará simultáneamente a no ser que sea inevitable (respuesta subóptima)(20). La vacuna está contraindicada en lactantes menores de 6 meses por el riesgo elevado de presentarse efectos adversos de tipo neurológico. También está contraindicada en niños con alergia grave (anafilaxia) al huevo o a componentes de la vacuna, y en inmunodeprimidos (niños con VIH con recuento de linfocitos CD4 < 15 %, pacientes con enfermedades del timo, timoma, miastenia gravis o inmunodeficiencias graves secundarias a fármacos o quimioterapia). Los niños de entre 6 y 9 meses solo se vacunarán si viajan a zonas de alta incidencia o en situación de brote epidémico y no se puede asegurar la protección contra picaduras de mosquitos. Las madres lactantes de menores de 9 meses que necesiten vacunarse deben extraer y desechar la leche durante los 14 días que dura la eliminación del virus tras la vacuna, si existe la posibilidad de proporcionar leche artificial en su lugar.

Aunque una dosis estándar de vacuna de la fiebre amarilla proporciona protección probablemente de por vida, existen circunstancias especiales en las que algunos comités de expertos (ACIP, JCVI) aconsejan una segunda dosis a los 10 años (o antes según riesgo), si se prevé una nueva exposición(21,22) (Tabla IV). Basándose en estudios aislados, algunos países como Francia o Reino Unido, recomiendan una segunda dosis para aquellos vacunados con menos de 2 años de edad, cuando cumplan los 6 años, antes de viajar a zonas endémicas(23).

tabla

 

Vacuna tetravalente frente a la enfermedad meningocócica (serogrupos A, C, W e Y)

Según el RSI, Arabia Saudí exige la vacuna tetravalente (A, C, W, Y)(24) a los peregrinos que asisten a la Meca durante la Umra y el Hajj, incluso si ya han recibido la vacuna conjugada frente al meningococo C. Los adultos y niños mayores de 1 año que peregrinan a la Meca deben tener certificada la administración reciente (últimos 3-5 años) de la vacuna tetravalente ACWY, al menos 10 días antes de llegar a Arabia Saudí. Las vacunas conjugadas ACWY son las más adecuadas por su mayor y duradera protección y algunas pueden aplicarse a menores de 2 años (desde las 6 semanas de edad).

Otras indicaciones no obligatorias:

• Existen zonas en el mundo donde la incidencia de enfermedad meningocócica invasora (EMI) es mucho más alta que la media global. El ejemplo paradigmático lo constituye una franja del continente africano comprendida entre Senegal y Gambia en el oeste, y Etiopía, Eritrea y norte de Kenia en el este (cinturón africano de la meningitis). El riesgo para los viajeros es excepcional, con una incidencia de 0,1-0,3/100.000 personas por mes de estancia. Aun así, se recomienda la vacunación para niños y adolescentes que viajan al cinturón subsahariano ampliado de la meningitis. El riesgo es mayor durante la temporada seca (de diciembre a junio), aunque si la estancia es prolongada y hay contacto con la población local, se aconseja vacunar en cualquier época del año(24).

• Además, algunos países como EUA, Canadá y Reino Unido, exigen esta vacuna a estudiantes (incluidos extranjeros) en una pauta de dos dosis durante la adolescencia. Grandes congregaciones de jóvenes, adolescentes y niños, como campamentos y festivales, también se consideran situaciones de riesgo, recomendándose la vacunación previa a estos eventos.

Vacuna frente a la poliomielitis

La poliomielitis, una enfermedad que estuvo cerca de erradicarse hace unos años, está resurgiendo incluso en países con alto IDH, debido al movimiento global de personas y a la disminución de las coberturas vacunales locales por diversas razones. Desde 2014, la OMS declaró la poliomielitis como una Emergencia de Salud Pública internacional, lo que llevó al Reglamento Sanitario Internacional (RSI) a enfatizar la vacunación en determinados viajeros(24). En junio de 2022, se estableció que los viajeros con destino a países con presencia y/o circulación de virus de la polio salvajes o derivados de la vacuna, que planeen permanecer más de 4 semanas, y los residentes de estos países que viajen al extranjero, deben haber recibido una dosis de la vacuna contra la polio entre 1 y 12 meses antes del viaje. El listado de países en los que es necesario tener en cuenta esta excepcionalidad, se encuentra disponible en: https://www.who.int/news/item/28-07-2025-statement-of-the-forty-second-meeting-of-the-polio-ihr-emergency-committee.

Actualmente, solo dos países tienen circulación de virus polio salvaje (tipo 1): Afganistán y Pakistán. Un mayor número de naciones ha informado aislamientos de virus derivados de la vacuna, mayoritariamente tipo 2. Como es una norma del RSI, la administración de estas dosis adicionales debe registrarse adecuadamente en el Certificado de Vacunación Internacional (carné amarillo).

Vacunas recomendadas específicamente al viajero fuera del Reglamento Sanitario Internacional (RSI)

Estas vacunas se recomiendan a los NNA viajeros según su destino, dependiendo siempre de la evaluación del riesgo del niño y del viaje(24). Las vacunas frente a fiebre amarilla, MenACWY o polio tienen indicaciones fuera del RSI que ya han sido nombradas previamente. Aunque, en la actualidad, existen vacunas autorizadas frente al paludismo, chikunguña, leptospirosis, gripe aviar AH5N1 o ébola, estas no tienen indicación por el momento en viajeros de forma general.

Vacuna frente al cólera

El riesgo para el viajero es muy bajo, especialmente si se evita el consumo de alimentos crudos o manipulados en condiciones de baja higiene y agua no embotellada. No se recomienda de rutina esta vacuna en el viajero, solo de forma excepcional (viajes prolongados a zonas con brote epidémico activo). Podría valorarse en los hijos de cooperantes o personal de ayuda humanitaria que viajan a zonas de desastres o grandes campos de refugiados (aunque se recomienda no viajar con niños como primera opción). Existen dos preparados disponibles en España, uno vivo atenuado y otro inactivado.

Vacuna frente a la encefalitis centroeuropea (transmitida por garrapatas)

Riesgo apreciable en zonas boscosas o rurales por debajo de los 1.500 m de altitud en áreas endémicas, especialmente entre abril y noviembre. Las zonas de mayor incidencia son el centro y noreste de Europa, Rusia y, en menor medida, el este de China y Japón. Se recomienda la vacunación para niños viajeros que vayan a realizar actividades al aire libre en zonas de riesgo y con estancias superiores a 3-4 semanas en áreas boscosas de Rusia y del centro y noreste de Europa (Lituania, República Checa, Alemania y Suecia).

Vacuna frente a la encefalitis japonesa

Es excepcional en viajeros (1/1.000.000). La encefalitis japonesa puede ser mortal o causar secuelas neurológicas importantes, aunque la mayoría de las infecciones son asintomáticas. Recomendada para niños viajeros que pasan mucho tiempo al aire libre en zonas rurales con transmisión endémica durante la estación de lluvias, especialmente en Japón, el Sudeste Asiático, el oeste del Pacífico y el norte de Australia. No se recomienda para viajes cortos o a zonas urbanas. Su indicación en este colectivo es excepcional.

Vacuna frente a la fiebre tifoidea

El riesgo se encuentra muy vinculado al destino y a la conducta alimentaria. Las zonas de mayor riesgo incluyen: el sur y centro de Asia (Bangladesh, India, Pakistán, Filipinas) y el África subsahariana. El riesgo es mayor en menores de 5 años, estancias superiores a 30 días y en cVFR. La vacunación ofrece protección solo al 50-80 %, por lo que se deben seguir tomando precauciones generales en cuanto al consumo de agua y alimentos (protección incompleta frente a esta enfermedad y posibilidad de adquirir otras de transmisión por vía entérica). Existe una forma parenteral inactivada que no puede ser administrada a menores de 2 años y una viva oral en cápsulas (3 dosis a días alternos) contraindicada en inmunodeprimidos y menores de 5 años por el riesgo de atragantamiento.

Vacuna frente a hepatitis A

Los niños viajeros no inmunes tienen un riesgo muy alto de contagio, especialmente en destinos con deficientes condiciones higiénico-sanitarias o control del agua. Se encuentra indicada para todos los viajeros no inmunes que viajen a zonas endémicas, es decir, todos los destinos excepto Norteamérica, Europa Occidental, Japón, Nueva Zelanda y Australia. La vacuna de virus inactivados requiere al menos una dosis antes del viaje, logrando que el 95 % de los vacunados estén protegidos en 2-4 semanas. El uso de inmunoglobulina polivalente para profilaxis frente a hepatitis A está prácticamente obsoleto y en pediatría se reserva para cuando haya contraindicaciones de la vacuna, inmunodeprimidos y lactantes menores de 6 meses (en viajes de alto riesgo).

Vacuna frente a la rabia

El riesgo para los viajeros depende del contacto con mamíferos potencialmente rabiosos, siendo generalmente bajo. El 99 % de los casos de rabia es transmitido al ser humano por perros domésticos, pero otros mamíferos también pueden ser fuentes de infección (murciélagos, zorros, mapaches, mangostas). Los viajeros deben evitar el contacto con animales vagabundos o asilvestrados en áreas enzoóticas, especialmente los NNA, quienes tienen una atracción innata a interactuar con animales. La vacuna se recomienda a niños viajeros con estancia prolongada en zonas enzoóticas, en lugares aislados con acceso limitado a servicios de salud. La pauta recomendada por la OMS se ha simplificado a dos dosis, vía intramuscular o intradérmica (distinto volumen por dosis según la vía de administración), los días 0 y 7(25). En inmunodeprimidos se recomienda una tercera dosis (día 21 o 28). No se recomienda en menores de un año, aunque podría usarse en casos muy seleccionados.

Vacuna frente a dengue

El dengue es la arbovirosis más común en el mundo, con alta incidencia en el Sudeste Asiático y Latinoamérica. Actualmente, se encuentra disponible una vacuna de virus vivos que, en personas seronegativas, no muestra protección suficiente para los serotipos 3 y 4 (especialmente, en menores de 6 años)(26,27). La decisión de vacunar o no a viajeros procedentes de Europa, debido a su baja tasa de seropositividad y el bajo riesgo de dengue grave en seronegativos, es controvertida en destinos con circulación activa de serotipos 3 y 4, aunque en el momento en el que se redacta este artículo no se han descrito efectos adversos graves en seronegativos vacunados y expuestos a dichos serotipos en la naturaleza. Hay expertos que recomiendan en este contexto realizar cribado serológico antes de administrarla en aquellos viajeros con posibilidad de infección previa (claros beneficiarios de esta vacunación), aunque esto resulta poco operativo, recomendándose la vacunación, aunque sea con una sola dosis antes del viaje, asegurándose completar la pauta al regreso.

Vacuna frente a tuberculosis

La tuberculosis sigue siendo un desafío para la salud pública mundial debido a múltiples factores. La vacuna BCG es, por el momento, la única opción disponible para proteger a los menores de 5 años, sin embargo, esta vacuna no está generalmente disponible en España, salvo excepciones (País Vasco). Para viajeros, la BCG puede considerarse en personas no vacunadas previamente, menores de 2 años, tuberculín negativas según el destino y la naturaleza del viaje. En general, los turistas tienen un riesgo muy bajo de contraer tuberculosis durante un viaje, siendo mayor en cVFR. La vacuna no debe administrarse a personas ya vacunadas, que hayan pasado la enfermedad, con reacción cutánea superior a 5 mm a la tuberculina (o IGRA positivo), reacción anafiláctica a algún componente de la vacuna, seropositivos VIH, lactantes menores de un año hijos de madres que recibieron terapia biológica inmunosupresora durante el embarazo y quienes reciban o hayan recibido en los últimos 6 meses tratamientos que deterioren la inmunidad (quimioterapia, radioterapia o terapia biológica). Dada la falta de disponibilidad de la BCG en España, estas recomendaciones se deben llevar a cabo en el destino, cuando sea necesario (viajes largos o traslados definitivos de domicilio).

Consulta a la vuelta del viaje

Si la consulta previa a un viaje internacional es importante, no deja de serlo la que debe hacerse a la vuelta.

Una anamnesis y exploración física detalladas pueden detectar incidencias o problemas de salud a los que la familia pudiera no haberles dado importancia (episodios febriles sin foco, picaduras, exantemas autolimitados, exposición a fuentes de infección) y que podrían motivar la realización de pruebas complementarias o indicaciones específicas para viajes futuros. Un episodio febril con exantema en una zona endémica podría tratarse de un dengue, hecho que aumentaría las posibilidades de sufrir una forma grave de la enfermedad en caso de volver a infectarse (indicación de vacunación previa al viaje). Por otra parte, como ocurre con el mismo dengue o la hepatitis A, el intervalo entre dosis suele impedir completar la pauta antes de la partida y la consulta a la vuelta servirá para garantizar que esto se haga.

Recomendaciones de inmunización en viajeros con enfermedades crónicas

Si bien, la mayoría de las enfermedades crónicas no contraindican absolutamente un viaje internacional estándar, tanto el paciente como la familia deben ser conscientes de que la enfermedad de base puede representar un riesgo superior al de la mayoría de viajeros para adquirir determinadas enfermedades infecciosas.

La gran mayoría de las recomendaciones para viajeros con enfermedades crónicas o inmunodeficiencias de cualquier tipo están basadas en riesgos teóricos más que en estudios científicos diseñados al efecto. Con el aumento de los viajes internacionales a destinos cada vez más lejanos e inhóspitos, no es infrecuente que en la consulta de pediatría de Atención Primaria recibamos a pacientes con enfermedades crónicas que demandan información y recomendaciones para viajar en las mismas condiciones que el resto de miembros de su familia.

En países de bajo o medio IDH, las infraestructuras sanitarias, el control de los alimentos de venta al público, el tratamiento de las excretas o la disponibilidad de medicamentos como los antibióticos es considerablemente inferior, en general, al nivel medio de cualquier país europeo como España. Esto debe tenerse en cuenta para adoptar las medidas preventivas necesarias antes de emprender el viaje, adquiriendo, en este caso, una importancia capital la obtención de un buen seguro de viaje(28).

De forma esquemática, los aspectos a tener en cuenta a la hora de recomendar la inmunización (y resto de medidas preventivas) a viajeros con enfermedades crónicas se resumen en la tabla V.

tabla

 

Función del pediatra de Atención Primaria

La infancia en movimiento tiene requerimientos específicos de vacunación. Dicha prevención se hace de una forma más efectiva desde las consultas de Atención Primaria, siempre que el profesional adquiera los conocimientos necesarios para ejecutarla correctamente.

Para que los NNA inmigrantes puedan acceder ágilmente a las inmunizaciones que los equiparen en nivel de protección a los de su cohorte nacida en España, se requiere de un esfuerzo extra por parte de los servicios sanitarios. Las consultas de pediatría y enfermería pediátrica de Atención Primaria son los puntos de máxima especialización en lo que se refiere a vacunación de población infantil extranjera, pues la realización de correcciones de calendario forma parte de la actividad diaria de los profesionales. La función del pediatra de Atención Primaria en este contexto implica facilitar al máximo el acceso a las inmunizaciones por parte de esta población, ayudando a superar las barreras administrativas de acceso a las vacunas, optimizando los tiempos a la hora de administrar vacunas y promoviendo y coordinando campañas de vacunación a nivel comunitario en lugares como guetos o centros de menores.

En lo que se refiere a los viajeros internacionales, el pediatra de Atención Primaria y la enfermería pediátrica deben asegurar el principal pilar de la protección de estos NNA: tener al día el calendario de inmunizaciones sistemático. Además, según el nivel formativo del profesional, se puede facilitar la administración de vacunas fuera de norma según situación epidemiológica en destino, aplicar inmunizaciones conforme al RSI y cooperar con el CVI de referencia en lo que se refiere a garantizar un viaje seguro en lo que respecta a la protección frente a enfermedades inmunoprevenibles.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1. Fumadó Pérez V. Vacunación en niño inmigrante, refugiado, adoptado y niño viajero. Pediatr Integral. 2020; 8: 479.e1-e7. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/vacunacion-en-nino-inmigrante-refugiado-adoptado-y-nino-viajero/.

2. Instituto Nacional de Estadística. Demografía y población – Cifras oficiales de población de los municipios españoles: Revisión del Padrón Municipal 2021-2024. Madrid: Instituto Nacional de Estadística.

3. UNICEF. Notas metodológicas para todos los países: Revisión de la cobertura de inmunización 2024. Nueva York: UNICEF; 2025.

4. Deal A, Halliday R, Crawshaw AF, Hayward SE, Burnard A, Rustage K, et al. Migration and outbreaks of vaccine-preventable disease in Europe: a systematic review. Lancet Infect Dis. 2021; 21: e397-e398.

5. Fagundo-Rivera J, García-Lozano MS, Portero-Prados FJ, Romero-Castillo R, Badillo-Sánchez N, Fernández-León P. Barriers to healthcare access for irregular immigrants after their arrival in Spain: a systematic review. Eur J Public Health. 2025; 35: 407-22.

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8. Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV-AEP). Inmunizaciones de niños migrantes, refugiados y adoptados. Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Madrid: AEP; 2025.

9. American Academy of Pediatrics. Unknown or Uncertain Immunization Status. En: Kimberlin DW, Brady MT, Jackson MA, Long SS, editors. Red Book: 2024-2027 Report of the Committee on Infectious Diseases. 32nd ed. Itasca (IL): American Academy of Pediatrics; 2024. p. 1004-8.

10. World Health Organization. Evidence to recommendations: second dose of inactivated poliovirus vaccine (IPV). Geneva: World Health Organization; 2022.

11. World Health Organization. Hepatitis B. Geneva: World Health Organization; 2025.

12. World Health Organization. Immunization Agenda 2030: A global strategy to leave no one behind. Geneva: World Health Organization; 2020.

13. Plan de acción en España para la erradicación de la poliomielitis 2024-2028. Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad; 2024.

14. National Health Service England. Diphtheria, tetanus, acellular pertussis, inactivated poliomyelitis, Haemophilus influenzae type b and hepatitis B vaccine (DTaP/IPV/Hib/HepB) Patient Group Direction (PGD). London: NHS England; 2025.

15.** Gobierno de Canarias. Servicio Canario de la Salud. Dirección General de Salud Pública. Guía rápida para vacunación fuera de norma en la infancia y adolescencia. Las Palmas de Gran Canaria: Servicio Canario de la Salud; 2025.

16. Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Calendario acelerado de vacunaciones. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad; 2023 (actualizado enero 2025).

17. Ministerio de Juventud e Infancia (España). Estadísticas de adopción internacional. Años 2019-2023. Madrid: Ministerio de Juventud e Infancia; 2024.

18. Organización Mundial del Turismo. ­Dashboard de datos turísticos internacionales 2023.

19.** Weinberg M, Weinberg N, Maloney S. Traveling Safely with Infants & Children, in CDC Yellow Book 2024.

20. Silva JRN, Camacho LAB, Siqueira MM, Freire MS, Castro YP, Maia MLC, et al. Mutual interference on the immune response to yellow fever vaccine and a combined vaccine against measles, mumps and rubella. Vaccine. 2011; 29: 6327-34.

21. Staples JE, Gershman M, Fischer M. Yellow Fever Vaccine Booster Doses: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices, 2015. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2015; 64: 647-50.

22. Public Health England; Joint Committee on Vaccination and Immunisation (JCVI). Chapter 35: Yellow Fever. En: Immunisation against infectious disease (The Green Book). London: Public Health England; 2024.

23. Santé Publique. Recommandations sanitaires pour les voyageurs, 2021 (à l’attention des professionnels de santé). Bulletin épidémiologique hebdomadaire; 2021.

24.** Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV-AEP). Inmunizaciones del niño viajero. Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Madrid: AEP; 2025.

25. O’Brien KL, Nolan T; SAGE WG on Rabies. The WHO position on rabies immunization – 2018 updates. Vaccine. 2019; 37 Suppl 1: A85-A87.

26. WHO. WHO position paper on dengue vaccines – May 2024. Weekly Epidemiological Record. 2024; 99: 203-24.

27. Biswal S, Borja-Tabora C, Martinez Vargas L, Velásquez H, Theresa Alera M, Sierra V, et al.; TIDES study group. Efficacy of a tetravalent dengue vaccine in healthy children aged 4-16 years: a randomised, placebo-controlled, phase 3 trial. Lancet. 2020; 395: 1423-33.

28. Asociación Española de Médicos de Sanidad Exterior. Recomendaciones a viajeros con enfermedades crónicas o inmunodepresión. Disponible en: https://amse.es/viajeros-con-enfermedades-cronicas/.

 

Bibliografía recomendada

– Noori T, van der Werf MJ, Derrough T, Duffell E, Pharris A, Suk J, et al. Public health guidance on screening and vaccination for infectious diseases in newly arrived migrants within the EU/EEA. Stockholm: European Centre for Disease Prevention and Control; 2018.

Este documento, del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), referencia a nivel europeo, proporciona una guía sobre el cribado y la vacunación de inmigrantes recién llegados en la Unión Europea/Espacio Económico Europeo (UE/EEE). Esta guía se basa en una serie de revisiones sistemáticas y las analiza con enfoque GRADE, definiendo recomendaciones adaptables a la realidad de cada país.

– Gobierno de Canarias. Servicio Canario de la Salud. Dirección General de Salud Pública. Guía rápida para vacunación fuera de norma en la infancia y adolescencia. Las Palmas de Gran Canaria: Servicio Canario de la Salud; 2025.

Esta guía constituye un instrumento muy práctico que ayuda a profesionales de la Atención Primaria a regularizar rápidamente la situación vacunal de niños, niñas y adolescentes inmigrantes.

– Weinberg M, Weinberg N, Maloney S. Traveling Safely with Infants & Children, in CDC Yellow Book 2024.

Este capítulo del Yellow Book de los CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos) proporciona directrices para los profesionales de la salud sobre la preparación de niños para viajes internacionales, haciendo hincapié en la revisión y administración de vacunas. Se trata de un documento de referencia que además se actualiza de forma anual.

– Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV-AEP). Inmunizaciones del niño viajero. Manual de inmunizaciones en línea de la AEP. Madrid: AEP; 2025.

Este capítulo del Manual de Inmunizaciones en línea de la AEP, recientemente actualizado, hace un recorrido pormenorizado por las vacunas aplicables a embarazadas, niños, niñas y adolescentes que emprenden un viaje internacional. Es un documento que se actualiza de forma continua siempre que se publican novedades importantes.

 

Caso clínico

 

Mariema es una niña filiada como de 2 años por la Unidad de Extranjería de la Policía Nacional (no aporta documentación alguna), llegada en cayuco a la isla de El Hierro en compañía de su madre. Se encuentran viviendo en un centro de acogida del Programa de Atención Humanitaria del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y acuden a consulta para una primera valoración clínica.

Antecedentes personales: la madre procede de Malí, aunque la niña nació en Marruecos, país en el que vivió la madre en su tránsito hasta España durante 4 años. Embarazo parcialmente controlado y parto en hospital. Sin enfermedades relevantes ni ingresos hospitalarios hasta el momento. La madre asegura que la niña ha recibido las vacunas correspondientes a su edad en Marruecos, pero no aporta certificado.

Exploración física: muestra buen estado general; se aprecia la marca de la BCG en el deltoides izquierdo. En la exploración clínica general, no presenta alteraciones sugestivas de enfermedad ni signos de mutilación genital femenina. Sin embargo, aparenta, por talla y peso, una edad de unos 4-5 años. ¿Cómo deberíamos hacer el rescate vacunal en esta niña?

 

 

Vacunación antigripal

J. Reina Prieto
Temas de FC


J. Reina Prieto

Unidad de Virología. Servicio de Microbiología. Hospital Universitario Son Espases. Facultad de Medicina Universitat lles Balears. Palma de Mallorca

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Autor para correspondencia

jorge.reina@ssib.es

Resumen

La gripe humana es una enfermedad aguda causada preferentemente por los virus gripales A y B, que se presenta anualmente como brotes epidémicos estacionales en la época invernal, con una duración media de 8-12 semanas, o bien de forma esporádica o como pandemia. Los diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que la población infantil preescolar y escolar es la que presenta las mayores tasas de ataque gripales en todos los países y temporadas epidémicas, oscilando entre el 15-42 % de esta población. Los porcentajes actuales de población infantil vacunada contra la gripe son muy bajos, a pesar del riesgo de hospitalización por complicaciones infecciosas en los niños menores de 5 años. Desde el punto de vista práctico, solo deberían considerarse dos tipos de vacunas: las constituidas por fragmentos antigénicos virales (inactivadas) y las formadas por suspensiones víricas atenuadas (atenuadas). Desde 2012, todas las vacunas de la gripe debían contener, por recomendación de la OMS, dos cepas del virus gripal A (subtipos H3N2 y H1N1) y dos cepas del virus gripal B (linajes Victoria y Yamagata), aunque, desde 2023, la OMS ha vuelto a recomendar solo las vacunas trivalentes sin la presencia del linaje Yamagata por su posible extinción.

 

Abstract

Human influenza is an acute disease caused mainly by influenza A and B viruses that occurs annually as seasonal epidemic outbreaks in the winter, with an average duration of 8-12 weeks, or sporadically as a pandemic. Various epidemiological studies have shown that preschool and school-aged children have the highest rates of influenza infection in all countries and epidemic seasons, ranging from 15% to 42% of this population. Current vaccination rates for children against influenza are very low, despite the risk of hospitalization due to infectious complications in children under 5 years of age. From a practical standpoint, only two types of vaccines should be considered: those consisting of viral antigenic fragments (inactivated) and those consisting of attenuated viral suspensions (attenuated). Since 2012, all influenza vaccines were required by WHO to contain two strains of influenza A virus (subtypes H3N2 and H1N1) and two strains of influenza B virus (Victoria and Yamagata lineages), although since 2023 the WHO has returned to recommending only trivalent vaccines without the presence of the Yamagata lineage due to its possible extinction.

 

Palabras clave: Gripe; Virus gripales; Epidemiología; Vacunas.

Key words: Influenza; Influenza viruses; Epidemiology; Vaccines.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 596 – 602

 


OBJETIVOS

• Conocer las características generales de los virus de la gripe y su patogenia respiratoria.

• Aprender cuáles son las principales implicaciones de los virus de la gripe en el desarrollo de la enfermedad.

• Conocer los principales aspectos epidemiológicos y clínicos de la gripe en la población infantil.

• Entender los diferentes tipos de vacunas frente a la gripe y sus aplicaciones.

• Recordar las principales indicaciones de la vacuna antigripal de acuerdo con las recomendaciones internacionales y nacionales.

 

Vacunación antigripal

https://doi.org/10.63149/j.pedint.96

 

Introducción

La gripe es una de las principales patologías respiratorias que afecta a la población infantil. Los virus de la gripe presentan una serie de características que los hacen impredecibles.

Desde el punto de vista taxonómico, los virus gripales humanos pertenecen a la familia Orthomyxoviridae y a los géneros Influenzavirus A, B y C. Estos virus presentan un genoma ARN de una sola hebra formada por 8 segmentos genéticos (unos 12-14.000 nucleótidos en total) de distinto tamaño que codifican unas 10-12 proteínas distintas. Entre ellos, el segmento 4 codifica la hemaglutinina (HA) y el segmento 6 la neuraminidasa (NA)(1).

El tropismo tisular (tracto respiratorio) de los virus gripales humanos no viene determinado exclusivamente por la presencia del receptor celular, lo cual parece lógico, dado que el ácido siálico o neuramínico se encuentra en la superficie de un gran número y tipo de células humanas, sino por la presencia tisular de los enzimas (proteasas) con capacidad para activar a la glicoproteína HA, confiriéndole infecciosidad.

Desde el punto de vista genético, las cepas gripales desarrollan una serie de mutaciones puntuales en el gen de la HA, que son seleccionadas por la presión selectiva del sistema inmunológico humano. Este proceso selecciona variantes con cambios genéticos y antigénicos que se acumulan, dando lugar a la deriva antigénica o “antigenic drift”. Estas variantes, si se hacen dominantes sobre las otras, son el origen de las epidemias estacionales de gripe y, en parte, las responsables de la necesidad anual de actualizar y cambiar la composición antigénica de las vacunas en cada temporada. Además de ello, los virus de la gripe tipo A pueden experimentar un fenómeno denominado reordenamiento genético (genetic reassortment), mediante el cual se intercambian segmentos genómicos entre distintos subtipos animales o humanos que, cuando afectan a la hemaglutinina, condicionan la aparición de un nuevo subtipo con potencial pandémico(1,2).

Desde el punto de vista epidemiológico, debe considerarse a la gripe A como una antropozoonosis, es decir, con un reservorio animal, mientras que la gripe B es una antroponosis, el ser humano es su único reservorio. La gripe C, con escaso impacto en humanos, posee, como reservorios, tanto a estos como a los cerdos. De este modo, frente a la gripe A solo podremos protegernos mediante el proceso de vacunación o el tratamiento de las personas enfermas; es decir, es una infección no erradicable, ya que no podemos acabar con el reservorio. Por el contrario, la gripe B podría ser eliminada del ser humano a través de un programa universal de vacunación con una vacuna de alta eficiencia(1,2).

La gripe humana es una enfermedad aguda causada preferentemente por los virus gripales A y B, que se presenta anualmente como brotes epidémicos estacionales en la época invernal, con una duración media de 8-12 semanas. La gripe A es la única que puede producir pandemias con una periodicidad desconocida. La gripe es una enfermedad considerada como benigna y autolimitada, con un período de incubación de 2-3 días y sintomático de unos 5-7 días, caracterizado por: aparición brusca, fiebre, faringitis, malestar general, mialgias y síntomas respiratorios. Su principal impacto en salud pública es su elevado índice de ataque (cercano al 50 % de la población expuesta) y de morbilidad, especialmente en las edades extremas de la vida, aunque generalmente se asocia a una baja mortalidad (entre el 0-1 % global y el 10 % de los casos graves hospitalizados).

Tal y como se ha mencionado, la gripe es una zoonosis; por ello, la única y mejor forma de prevenirla, especialmente en los grupos de riesgo, es a través de los programas de vacunación anuales. A pesar de estas recomendaciones, las tasas de vacunación en los mayores de 65 años no superan en España el 45 %, cuando la OMS recomienda tasas del 75 %. Con esta tasa vacunal tan baja, solo se consigue una protección individual frente a la gripe, disminución de las complicaciones y hospitalizaciones, y no una inmunidad de grupo, que sería lo deseable para interrumpir la circulación viral.

En términos generales, en la población infantil, la gripe solo ha sido considerada como una enfermedad grave en los pacientes con enfermedades crónicas de base, representando cerca del 10 % de la población, en los que se puede determinar un incremento en el riesgo de complicaciones. A pesar de ello, la mayoría de estudios epidemiológicos demuestra que es la población infantil la responsable de la introducción, difusión y, muy probablemente, del mantenimiento de la gripe en la comunidad(3).

El impacto sociosanitario de la gripe en la población infantil, así como en la población general, varía ampliamente en cada temporada y depende, entre otros factores, de la virulencia de la cepa gripal circulante, el grado de inmunidad previo de la población y la capacidad de difusión de la cepa entre la misma, aunque sigue siendo este grupo etario el más afectado, siendo especialmente importante el acúmulo de casos en un corto período de tiempo(4).

Los diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que la población infantil preescolar y escolar es la que presenta las mayores tasas de ataque gripales en todos los países y temporadas epidémicas, oscilando entre el 15-42 % de esta población. En los estudios realizados en diferentes temporadas gripales, las tasas anuales de niños que acuden a las consultas médicas, atribuibles a la infección gripal, oscilan entre el 6-29 %. Así mismo, la infección gripal y sus complicaciones determinan un incremento del 10-30 % en el número de tratamientos antibióticos que se prescriben a la población infantil durante la temporada gripal. También se ha observado que, durante las primeras fases de las epidemias gripales, se produce un predominio de casos en la población infantil y que el absentismo escolar es un parámetro que antecede a la extensión comunitaria de la gripe. Una de las principales causas de este fenómeno es la mayor susceptibilidad de la población infantil a las nuevas variedades antigénicas del virus y al hecho de que los niños infectados excretan en mayor cantidad (carga viral) y durante más tiempo el virus gripal en las secreciones respiratorias(5).

A pesar de que la mortalidad asociada a la gripe es mucho menor en la población infantil (0,2-0,8/100.000) que en los ancianos (>65 años), la infección gripal facilita las complicaciones bacterianas en los niños sanos y puede manifestarse como otras infecciones más allá del tracto respiratorio. Las complicaciones más graves de la infección gripal, tales como las encefalopatías y el fallecimiento o muerte súbita, no han sido del todo estudiadas, aunque en la temporada gripal (2023-2024) se han presentado los primeros datos sobre estas entidades y se ha estimado una mortalidad en los menores de 2 años de 3,8/100.000. Una de las principales complicaciones de la gripe infantil es la otitis media aguda, la cual se presenta en cerca del 20 % de los casos confirmados; la bronquiolitis y las sinusitis tampoco son complicaciones raras y podrían beneficiarse de un programa de vacunación antigripal. Debe recordarse que el 70 % de los niños de entre 0-5 años hospitalizados por gripe grave y el 56 % de los ingresos en la UCI no presentan ningún factor de riesgo, mientras que el 80 % de los hospitalizados fallecidos presentan uno o más factores(5).

Los porcentajes actuales de población infantil vacunada de la gripe son muy bajos, a pesar de que el riesgo de hospitalización por complicaciones infecciosas en los niños menores de 5 años es, al menos, tan alto como el observado en las personas mayores de 65 años, diferenciándose claramente de ellos en que menos del 30 % de esta población infantil presenta patologías crónicas de base predisponentes.

Los motivos por los cuales se produce esta baja cobertura vacunal no están definidos, pero podría deberse a múltiples factores que conforman una cierta resistencia histórica y resignada sobre la relevancia de la gripe pediátrica. Entre los que se podrían incluir, especialmente, la necesidad de una vacunación anual dentro de un complejo esquema vacunal en los primeros 2 años de vida. Otros factores también favorecedores son: la escasa información existente sobre la morbilidad y mortalidad de la gripe en la población infantil; la dificultad epidemiológica existente para evaluar el impacto real de la vacunación (efectividad vacunal); la existencia de solo algunas indicaciones oficiales reconocidas y basadas, exclusivamente, en los estudios realizados sobre adultos; la menor eficacia demostrada de la vacuna gripal en comparación con otras vacunas sistemáticas; la existencia de algunos conceptos erróneos sobre las contraindicaciones verdaderas de las vacunas en general; y la existencia de temores, generalmente infundados, sobre las reacciones adversas de las vacunas(5-7).

Desde el punto de vista práctico, solo deberían considerarse dos tipos de vacunas: las constituidas por fragmentos antigénicos virales (vacunas inactivadas) y las formadas por suspensiones de virus atenuados (vacunas atenuadas o vivas), aunque existen algunos otros tipos (Tabla I).

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Vacunas inactivadas

Las vacunas inactivadas, sin capacidad infectiva, son las más utilizadas. Están formadas exclusivamente por la hemaglutinina (HA) gripal de cada una de las cepas.

De las vacunas inactivadas, sin capacidad de infección viral, existen básicamente tres tipos: a) vacunas con virus completos, formadas por suspensiones purificadas de virus completos inactivados con compuestos químicos; b) vacunas con virus fraccionados, formadas por suspensiones purificadas de viriones que han sido fraccionados mediante sustancias de tipo detergente y que contienen fundamentalmente las glicoproteínas HA y NA y, parcialmente, la nucleoproteína NP y la proteína M; y c) vacunas constituidas exclusivamente por las glicoproteínas de superficie purificadas del tipo HA (vacunas de subunidades). Estas últimas son las más ampliamente utilizadas en la mayoría de los programas vacunales. La vacuna contiene 15 µg de HA de cada una de las cepas vacunales (total 45 µg); además, existen vacunas inactivadas de alta carga que contienen 60 µg de cada una de ellas y que solo se recomiendan en la población adulta. Las vacunas inactivadas pueden obtenerse en huevos embrionados o cultivos celulares (aprobada para >6 meses) y requieren de un proceso muy complejo de extracción del antígeno, de modo que cada huevo solo aporta una dosis vacunal (Fig. 1). Estas vacunas inactivadas proteicas pueden subdividirse en las adyuvadas y no adyuvadas; solo las primeras están indicadas para adultos. El adyuvante es un compuesto lipídico complejo que estimula, de forma inespecífica, el sistema inmune y determina una mayor respuesta frente al antígeno asociado(5,8,9).

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Figura 1. Proceso de elaboración de las vacunas inactivadas constituidas exclusivamente por la hemaglutinina como antígeno.

 

Desde 2012, todas las vacunas de la gripe debían contener, por recomendación de la OMS, dos cepas del virus gripal A (subtipos H3N2 y H1N1) y dos cepas del virus gripal B (linajes Victoria y Yamagata), aunque, desde 2023, la OMS ha vuelto a recomendar solo las vacunas trivalentes sin la presencia del linaje Yamagata, extinguida oficialmente. La selección antigénica de cada una de las cepas se realiza anualmente de acuerdo con los estudios de vigilancia y control realizados en los laboratorios mundiales de referencia(10).

La mayoría de los estudios epidemiológicos de seguimiento postvacunal han demostrado cómo la mayoría de personas sanas responden a la vacuna con una elevada tasa de anticuerpos neutralizantes capaces de prevenir la infección gripal. Estas vacunas tan solo inducen una respuesta sistémica en anticuerpos del tipo IgG que se concentran a nivel del parénquima pulmonar; debido a ello, las personas vacunadas pueden seguir infectándose y transmitiendo la gripe, pero están protegidas de la enfermedad y de sus complicaciones. Sin embargo, la eficacia vacunal dependerá básicamente del grado de homología antigénica entre la cepa vacunal y la cepa epidémica, de la edad de la persona (mayor eficacia en jóvenes y adultos) y de la presencia o ausencia de patologías de base, tanto inmunológicas como de otra índole. En la vacunación gripal, no solo se pretende evitar el riesgo de infección, que sería lo deseable, sino que, en general, es suficiente con evitar o disminuir al máximo el desarrollo de la enfermedad y sus complicaciones graves y hospitalización(2,10).

Uno de los principales inconvenientes de las vacunas fraccionadas inactivadas actuales es su administración mediante inyección, lo cual obliga al empleo de agujas y a una forma de administración poco aceptable por el personal vacunado. Los efectos adversos más frecuentes de las vacunas antigripales inactivadas son el dolor en la zona de administración, fiebre, mialgias y cansancio (5-20 %). No se ha demostrado que esta vacuna determine un riesgo para el desarrollo del síndrome de Guillain-Barré, siendo el riesgo superior en la infección natural por gripe.

Vacunas atenuadas

Las vacunas atenuadas están formadas por suspensiones de virus vivos, pero con replicación disminuida. Se pueden administrar por vía nasal.

Las vacunas atenuadas están formadas por suspensiones de virus vivos y son más difíciles de obtener, producir y estandarizar(11). El desarrollo de cepas gripales capaces de replicarse a unas temperaturas no fisiológicas (30ºC) ha permitido la obtención de las vacunas vivas, pero atenuadas, designadas como “adaptadas al frío” (cold-adapted o ca+); además, poseen una capacidad disminuida para crecer a 38-39ºC (fenotipo temperatura-sensible; ts+) y una replicación restringida en el tracto respiratorio (att+). Estas vacunas se obtienen utilizando una cepa máster donante atenuada previamente, que se hace crecer junto a la cepa vacunal candidata. Como consecuencia de los procesos de intercambio genético durante el proceso de replicación viral, se formarán cepas híbridas nuevas que están constituidas por 6 genes de la cepa donante y los 2 de la cepa vacunal (cepa 6+2) correspondientes a los genes de la HA y la NA. Una de las ventajas de estas vacunas es que de cada huevo embrionado se puede obtener hasta 15 dosis vacunales, ya que la replicación y la progenie son muy elevadas (Fig. 2).

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Figura 2. Proceso de elaboración de las vacunas atenuadas, constituidas por cada una de las cepas recomendadas.

 

Los ensayos clínicos realizados con este tipo de vacunas han demostrado su elevada eficacia inmunológica y de protección, tanto frente al proceso gripal propiamente dicho como contra una de las principales complicaciones, la otitis media febril. En general, se considera que protegen de media al 80 % frente a la gripe confirmada en comparación con placebo, siendo mayor que la inactivada. Estas vacunas, al aplicarse a nivel nasal, inducen una potente respuesta inmunológica en anticuerpos tipo IgA, y menor en IgG, que evitarán la infección gripal a nivel orofaríngeo (“esterilizantes”) y su posterior paso al pulmón; de este modo, los vacunados no son contagiantes y no transmiten la enfermedad, rompiendo la cadena de transmisión epidemiológica. Además de ello y como ventaja añadida, este tipo de vacunas se aplican una sola vez y por vía intranasal, lo cual elimina completamente la necesidad del empleo de jeringas y aumenta la aceptación de las mismas. Estas vacunas, al igual que las inactivadas, se reactualizan anualmente con las cepas antigénicas predominantes tras su atenuación en frío. Algunos autores postulan que el empleo de los virus completos aportaría un conjunto más amplio de determinantes antigénicos (amplio espectro); de modo que, frente a una posible disparidad entre la cepa vacunal y la epidémica, los anticuerpos dirigidos contra otros antígenos aportarían una mayor protección frente a la nueva cepa(11-14).

El “pecado antigénico original” es un fenómeno inmunológico que establece que la primera exposición al virus gripal en la infancia produce una impronta inmune que va a condicionar la respuesta futura contra otras cepas gripales antigénicamente relacionadas. Debido al predominio de esta impronta, las respuestas posteriores pueden interferir negativamente contra las nuevas cepas vacunales. Sin embargo, la vacunación en la primera infancia con una vacuna formada por virus completos (atenuada intranasal) puede ser favorable, al producir una impronta antigénica mucho más amplia (cuatro cepas) que una infección natural (una sola cepa); por ello, su aplicación podría considerarse “una bendición antigénica” que reforzaría la respuesta inmune frente a la gripe(15).

Numerosos estudios han demostrado la seguridad de la vacuna intranasal, de modo que los pocos efectos adversos descritos han sido la congestión nasal y la fiebre. Sin embargo, debe tenerse precaución en niños con asma grave o sibilancias activas. Por su carácter atenuado, no deben administrarse a niños inmunodeprimidos. Aunque durante su administración se puede producir un aerosol, este no es capaz de infectar a las personas del entorno, ya que la vacuna es absorbida rápidamente por la mucosa nasal. Los vacunados excretan los virus gripales por las fosas nasales durante 2-3 días, pero su atenuación hace que su transmisión sea difícil y, si se produce, no cause enfermedad en los contagiados. Desde la utilización de estas vacunas, se han detectado por PCR algunos virus vacunales en las fosas nasales en niños con otro cuadro respiratorio viral. Estos virus y, en especial, los de tipo B, deben ser caracterizados genéticamente para diferenciarlos de los virus salvajes, en particular el linaje Yamagata de la gripe B, aparentemente extinguido y ya eliminado recientemente de estas vacunas(12-14).

Otras vacunas

Existen múltiples plataformas vacunales que intentan mejorar la inmunogenicidad. Las de ARN mensajero aportan ventajas adicionales.

Además de las anteriores vacunas, deben mencionarse las vacunas virosomales, que están elaboradas utilizando compuestos fosfolípidicos para formar vesículas (virus-like particle o VLP), en las que en su exterior se disponen la HA y la NA del virus gripal. Esta presentación permite obtener vacunas que imitan la estructura y disposición de los virus enteros sin el componente reactógeno de las proteínas internas, pero simulando viriones completos, lo que modifica la vía de procesamiento del antígeno y se traduce en una inmunogenicidad reforzada(16).

Las vacunas recombinantes se obtienen insertando el gen de la HA gripal en el genoma de un virus de insectos (baculovirus) y posterior cultivo en células también de insectos, para posteriormente realizar la extracción y purificación de la HA vacunal. Este tipo de vacunas son las denominadas vacunas proteicas recombinantes y presentan una concentración de cada una de las HA de 45 µg. Por su naturaleza proteica, deben ir asociadas a un adyuvante que incremente su respuesta; en estos momentos solo están indicadas para población adulta(17,18).

Las últimas vacunas en desarrollo son las vacunas de ARN mensajero. Estas vacunas utilizan el ARNm que codifica la HA gripal envuelta en una nanopartícula lipídica que es inyectada en el huésped (Fig. 3).

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Figura 3. Esquema de la composición de la vacuna de ARN mensajero convencional frente al virus de la gripe basada en la hemaglutinina (HA).

 

En este caso, son las propias células humanas las que traducen este ARNm en proteína vacunal y la excretan al exterior para ser reconocida por el sistema inmune, tanto humoral como celular. Las vacunas de ARNm frente a la gripe aportan una serie de ventajas en relación con otro tipo de vacunas, tales como: a) un muy favorable perfil de seguridad (el ARN es una molécula no infecciosa, no integrable en el genoma celular y es degradado rápidamente por las ARNsas citoplasmáticas); b) un proceso de producción del ARN diana altamente controlable con una elevada identidad antigénica, ya que es producida de forma similar al proceso de replicación viral en la infección natural por la propia célula humana; c) producción rápida y escalable, precisando poco tiempo para su producción inicial o posterior reactualización; y d) no precisa el empleo de huevos embrionarios ni cultivos celulares que puedan alterar la antigenicidad de la proteína final(19).

Una de las desventajas es que deben contener elevadas dosis de nanopartículas con los consiguientes efectos locales, pero su gran ventaja es que la identidad antigénica de la HA que sintetizan las células es cercana al 100 % de la proteína original. En el resto de vacunas, inactivadas y recombinantes, la identidad antigénica es siempre inferior por elaborarse en elementos no humanos (huevos o células de animales).

Las vacunas actuales necesitan reactualizarse cada temporada, debido a la variabilidad del virus de la gripe. Por ello, desde hace años, la OMS ha impulsado el desarrollo de las denominadas vacunas universales, que serían aquellas que protegieran frente a los principales virus gripales, que tuvieran que administrarse una sola vez y comportaran una inmunidad duradera superior a los 5 años. En la actualidad, hay varias plataformas con estos objetivos, destacando una vacuna de ARNm frente a los 20 subtipos gripales conocidos y otra basada en la inmunidad frente a la parte constante de la HA (el tallo) que requiere de varias inmunizaciones secuenciales para la obtención de una buena inmunidad cruzada entre ellas(20,21).

Indicaciones

Las indicaciones y recomendaciones de la vacuna antigripal las establecen las autoridades sanitarias a nivel mundial. Cada país adopta estas indicaciones a través de sus comités vacunales.

En 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó que todos los niños de 6 a 59 meses fueran considerados una prioridad para la vacunación antigripal. El Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) en 2008, recomendó la vacunación antigripal en los niños y adolescentes como recomendación individual y, desde 2022, como universal entre los 6 y 59 meses. En 2023, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud español apoyó esta iniciativa, haciéndola extensiva a todo el territorio nacional e incorporándola al calendario vacunal sistemático. La eficacia protectora de la vacuna antigripal en la población pediátrica es superior, a la observada en adultos.

El CAV-AEP recomienda, para la campaña antigripal 2025-2026, la vacunación a todos los niños entre 6 y 17 años no incluidos en los grupos de riesgo, ya que proporciona al niño protección individual y favorece la protección familiar y comunitaria. Así mismo, se recomienda utilizar preferentemente la vacuna atenuada intranasal en los mayores de 2 años (si no existen contraindicaciones), por su mayor aceptabilidad (evita el pinchazo), por facilitar y mejorar las coberturas y por su mayor efectividad después de una dosis única. También se incluye, como recomendación individual, a todos los grupos de riesgo a partir de 6 meses y adolescentes en determinadas situaciones o con enfermedades de base que supongan un aumento en el riesgo de padecer las complicaciones de la gripe(22).

La posología (número de dosis) recomendada es: a) de 6 meses a 8 años de edad: una sola dosis, salvo que pertenezcan a un grupo de riesgo, en cuyo caso serán 2 dosis con un intervalo de 4 semanas, si es la primera vez que se vacunan; y b) de 9 años en adelante: una dosis única cada temporada. Las únicas contradicciones aceptadas son poseer una edad inferior a 6 meses; en este caso, debe recomendarse la vacunación antigripal de la embarazada, y una alergia previa grave a la vacuna o a un componente distinto del huevo. La alergia a la proteína del huevo no debe considerarse una contraindicación absoluta frente a la vacuna antigripal.

La administración de las vacunas inactivadas debe realizarse mediante inyección intramuscular o subcutánea profunda. Para los niños más pequeños que aún no hayan iniciado la marcha, el sitio preferente para la inyección de la vacuna es la zona anterolateral externa del muslo, tercio medio y, para el resto, el deltoides. Las vacunas de la gripe se pueden administrar junto a otras vacunas inactivadas, pero en zonas anatómicas diferentes. La vacuna atenuada intranasal se puede administrar conjuntamente con otras vacunas inactivadas o atenuadas parenterales, no siendo necesario guardar ningún intervalo con estas, si no se coadministran el mismo día.

Finalmente, debe recordarse que la vacuna antigripal posee en general, principalmente en el caso de la vacuna atenuada en niños, por lo menos dos importantes efectos protectores: a) reduce la susceptibilidad a la infección y la enfermedad gripal en las personas vacunadas (eficacia frente a la susceptibilidad); y b) está parcialmente demostrada la disminución de la infección en otras poblaciones pediátricas y no pediátricas no vacunadas, que presentan menores tasas de infección cuando se vacuna a la población adolescente y, sobre todo, a los menores de 5 años. Por lo tanto, la vacunación a un segmento poblacional extiende sus efectos a los colectivos expuestos directamente al contacto de los mismos (inmunidad colectiva o de barrera). A la vista de todos los estudios realizados en los últimos años, parece lógica la indicación vacunal universal de la población infantil entre los 6 y 59 meses, para proteger a esta población de una forma directa, disminuir o eliminar la transmisibilidad de la infección y obtener de forma indirecta un importante impacto dentro de la comunidad, interrumpiendo la cadena de transmisión del virus de la gripe a otros colectivos más vulnerables, incluidos los adultos.

A pesar de ello, el principal motivo de la vacunación antigripal de la población infantil debe ser el interés individual del niño y la reducción de la carga de enfermedad, de manera que los beneficios para la colectividad derivados de la potencial inmunidad colectiva queden en un segundo plano. La decisión de vacunar al niño recae en los madres/padres y la aceptación de la misma estará condicionada por factores esenciales, como la confianza en el pediatra (recomendación activa) y su actitud hacia la vacuna, la efectividad y los tipos de vacunas disponibles, el temor a los efectos secundarios, la percepción del riesgo y la propia actitud de las madres/padres ante la propia vacunación antigripal.

Función del pediatra de Atención Primaria

Las funciones principales de los pediatras, referentes a la vacuna antigripal, son: las de evaluar las necesidades vacunales del niño en función de la edad, la posible patología de base y el entorno social en el que convive.

Además, tras esa evaluación, indicar el mejor tipo de vacuna antigripal que se ajuste a sus necesidades de protección frente a la gripe.

Tras la vacunación, debe vigilarse la posible aparición de efectos secundarios, que, aunque muy poco frecuentes, deben ser tenidos en cuenta.

Evaluar a lo largo de la epidemia gripal de esa temporada la eficacia de la vacunación antigripal, valorando los posibles cuadros respiratorios que puedan aparecer.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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23. Ortiz de Lejarazu R, Tamames S. Vacunas de gripe. Pediatr Integral. 2020; 8: 469-78. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/vacunas-de-gripe/.

 

Bibliografía recomendada

– Reina J. La gripe humana. Rev Esp Virol. 2018; 21: 43-8.

Presenta una revisión clara sobre la epidemiología y clínica de la gripe y las características biológicas de los diferentes virus gripales, con base en su comportamiento biológico.

– Ortiz de Lejarazu R. Los virus de la gripe. Pandemias, epidemias y vacunas. Amazing Books. 2019.

Es un libro muy completo que abarca a lo largo de 21 capítulos todas las características generales de la gripe, de los virus gripales, su epidemiología y técnicas de diagnóstico y las terapias actualizadas frente a este virus.

– Ortiz de Lejarazu R, Tamames S. Vacunación antigripal. Efectividad de las vacunas actuales y retos de futuro. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2015; 33: 480-90.

Es una revisión excelente sobre las vacunas antigripales existentes, sus bases virológicas y las perspectivas de futuro.

– Reina J. La nueva generación de vacunas de ARN mensajero frente a la gripe. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2023; 41: 301-4.

Artículo actualizado sobre las vacunas antigripales basadas en las plataformas de ARN mensajero, que complementa el anterior artículo de revisión.

 

Caso clínico

 

Paciente de 3 años de edad que acude en el mes de enero a consulta por cuadro agudo de tos, faringitis, malestar general, mialgias y mucosidad nasal de 48 horas de evolución, asociado a fiebre en las últimas 12 horas hasta 38,2ºC. La exploración física demuestra buen estado general, sin signos de dificultad respiratoria ni estertores. La faringe está enrojecida y con exudado. No se evidencian adenopatías. Los tímpanos están congestivos, pero no abombados. Se toma un aspirado faríngeo y se realiza la detección antigénica frente a los virus respiratorios, que es positiva a uno de ellos. Existe un entorno familiar con clínica semejante. El pediatra le recomienda que en la próxima temporada se vacune frente a este virus.

 

 

Vacunación en la embarazada

M. Campins Martí
Temas de FC


M. Campins Martí

Profesora titular de Medicina Preventiva y Epidemiología Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona

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Autor para correspondencia

magda.campins@comb.cat

Resumen

El embarazo y los primeros meses de vida del lactante son periodos de especial vulnerabilidad para determinadas infecciones, algunas de ellas inmunoprevenibles, por lo que la inmunización durante la gestación se considera actualmente la estrategia preventiva más efectiva y eficiente. La transferencia de anticuerpos maternos de tipo IgG a través de la placenta proporciona inmunidad pasiva a los recién nacidos y lactantes durante los primeros meses de vida, hasta que hayan completado la primovacunación. La vacunación de las gestantes frente a la gripe, la tosferina, la COVID-19 y el virus respiratorio sincicial está recomendada en muchos países. En este artículo se revisan los principios de la inmunización materna y la evidencia científica actual sobre la eficacia, efectividad y seguridad de estas vacunas, así como las indicaciones y el momento óptimo de la inmunización durante la gestación.

 

Abstract

Pregnancy and the first months of life are periods of particular vulnerability to certain infections, some of which are vaccine-preventable. Therefore, immunization during pregnancy is currently considered the most effective and efficient preventive strategy. The transfer of maternal IgG antibodies across the placenta provides passive immunity to newborns and infants during the first months of life, until they have completed primary vaccination. Vaccination of pregnant women against influenza, whooping cough, COVID-19 and respiratory syncytial virus is recommended in many countries. This article reviews the principles of maternal immunization and the current scientific evidence on the efficacy, effectiveness, and safety of these vaccines, as well as the indications and optimal timing of immunization during pregnancy.

 

Palabras clave: Embarazo; Vacunación; Gripe; Tosferina; COVID-19; VRS.

Key words: Pregnancy; Vaccination; Influenza; Pertussis; COVID-19; RSV.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 614 – 621

 


OBJETIVOS

• Comprender la importancia de la vacunación de la embarazada para la prevención de infecciones en la gestante y en el lactante en los primeros meses de vida.

• Conocer el calendario vacunal de la embarazada y saber aplicar correctamente las vacunas indicadas.

• Disponer de la evidencia científica actual que sustenta la recomendación de vacunación de la embarazada frente a la gripe, la tosferina, la COVID-19 y el virus respiratorio sincitial.

• Saber las vacunas que están contraindicadas durante el embarazo y aquellas que solo deben aplicarse en situaciones especiales.

 

Vacunación en la embarazada

https://doi.org/10.63149/j.pedint.99

 

Introducción

La inmunización materna es la estrategia preventiva más eficaz frente a infecciones graves en el embarazo y en los primeros meses de vida.

El embarazo y los primeros meses de vida del lactante son periodos de especial vulnerabilidad para determinadas infecciones, algunas de ellas inmunoprevenibles, por lo que la inmunización durante la gestación se considera actualmente la estrategia preventiva más efectiva y eficiente(1).

Las alteraciones inmunológicas que se producen durante el embarazo se asocian a una mayor gravedad de algunas infecciones durante la gestación. Estos cambios inmunitarios incluyen: la disminución de la respuesta proliferativa de los linfocitos, especialmente en el segundo y tercer trimestre de la gestación; la disminución de la actividad de las células natural killer y la disminución de la población de linfocitos T helper circulantes(2). A nivel hormonal, el aumento de progesterona y de estradiol hace que se incremente la respuesta Th2 y la inmunidad humoral, pero se produce una disminución relativa de la respuesta Th1 y del número de linfocitos CD4 y CD8. Se postula que el aumento de la respuesta Th2 podría ser la responsable de una respuesta alterada del huésped a las infecciones respiratorias de etiología vírica.

Algunas infecciones, como el tétanos, la tosferina, el virus respiratorio sincitial, el zika y el citomegalovirus, causan enfermedad grave en el recién nacido y el lactante; pero otras, como la gripe, la malaria, el ébola o la COVID-19 pueden tener un impacto importante tanto en la madre como en el feto y el recién nacido(3). Por tanto, los objetivos de la inmunización materna son los siguientes:

• Proteger a la gestante de determinadas enfermedades inmunoprevenibles a las que esté expuesta, en especial aquellas que se asocian a un mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo.

• Disminuir la probabilidad de que la gestante contraiga la infección y contagie al recién nacido o al lactante en los primeros meses de vida.

• Proteger al lactante durante los primeros meses de vida mediante la transmisión pasiva transplacentaria de anticuerpos al feto(3,4).

Hay que tener siempre presente una serie de aspectos cuando se plantean estrategias de vacunación en gestantes: la seguridad vacunal, el momento óptimo para la vacunación, que la protección del recién nacido va a depender del tipo, cantidad y especificidad de los anticuerpos maternos, y la posible interferencia con la respuesta vacunal posterior del lactante.

Embarazo y transferencia transplacentaria de anticuerpos vacunales

La transferencia de anticuerpos IgG a través de la placenta proporciona inmunidad pasiva protectora al recién nacido durante los primeros meses de vida.

La transferencia de anticuerpos transplacentaria es activa (receptor-mediated). Hay una buena correlación entre las concentraciones séricas de anticuerpos maternos y las detectadas en el cordón umbilical, con niveles incluso superiores en este último, por lo que se considera que el paso transplacentario de anticuerpos es favorable al recién nacido, siempre que la placenta sea sana(5).

La transferencia de anticuerpos maternos al feto a través de la placenta es selectiva para las IgG y se inicia en la semana 17 de edad gestacional (EG), con un pico a partir de la semana 32. Entre las semanas 33 y 35, las concentraciones de anticuerpos IgG maternos se igualan a las fetales, y en la semana 37, las concentraciones de IgG fetal son superiores a las maternas(5). El subtipo IgG1 es el que se transfiere de forma más eficiente al feto a través de la placenta, seguido de las IgG4, IgG3 e IgG2. Las vacunas que contienen antígenos proteicos inducen de forma predominante anticuerpos IgG1, mientras que las de polisacáridos lo hacen de IgG2.

Un aspecto a considerar es la interferencia potencial entre los anticuerpos maternos y la respuesta inmune del lactante. Los anticuerpos maternos de tipo IgG pueden inhibir la respuesta inmune frente a los mismos antígenos después de la primovacunación del lactante en los primeros meses de vida, fenómeno denominado “immunological blunting”. En general, este fenómeno se observa tanto tras la infección natural (sarampión, poliomielitis) como después de la vacunación, aunque el efecto varía de forma importante entre diferentes vacunas y estudios publicados(6).

La producción de anticuerpos de tipo IgA inducidos por la vacunación en las gestantes y excretados a través de la leche materna representa una protección adicional para el recién nacido y lactante.

Calendario vacunal de la embarazada. Indicaciones y contraindicaciones durante la gestación

Las vacunas frente a la gripe, la tosferina, la COVID-19 y, en algunos países, la del VRS, están indicadas en embarazadas. Las vacunas atenuadas están contraindicadas en la gestación.

La vacunación de la embarazada forma parte de los calendarios de vacunación sistemática del adulto en muchos países y existen recomendaciones específicas publicadas por varias organizaciones y sociedades científicas a nivel nacional e internacional(7). En España, la vacunación de la embarazada forma parte del calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad desde 2019, aunque la indicación de la vacuna antigripal y la de la tosferina es anterior a esta fecha(8). En 2024, la Asociación Española de Pediatría y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia publicaron un documento de consenso sobre la vacunación en el embarazo(9). Actualmente, la vacuna antigripal, la antitetánica, la de la tosferina y la de la COVID-19 están especialmente indicadas en la mayoría de países, y en algunos también se ha iniciado la vacunación frente al VRS. En la tabla I se muestran las vacunas recomendadas en el embarazo y el momento óptimo de administración. El resto de vacunas se recomiendan solo en determinadas circunstancias o en situaciones de riesgo (Tabla II).

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Las vacunas atenuadas están contraindicadas durante el embarazo y en el mes previo al mismo, excepto si la probabilidad de exposición y el riesgo de infección para la gestante y el feto son elevadas. Por el contrario, no están contraindicadas en convivientes de gestantes. La administración inadvertida de una vacuna atenuada durante la gestación no es indicación de interrupción del embarazo.

A pesar de la importancia de la vacunación durante el embarazo y de las recomendaciones oficiales, las coberturas vacunales son en general bajas, especialmente en las de la gripe y la COVID-19 (60,9 % frente a gripe y 5,2 % frente a COVID-19 en la temporada 2024-2025)(10,11). Respecto a tosferina, España es el país que ha alcanzado coberturas más elevadas (87,9 % en 2024)(10).

La recomendación del médico o del profesional de la salud es el factor más asociado a una mejora de las coberturas de vacunación.

Vacunas indicadas durante el embarazo

Vacunación antigripal

Vacunar frente a la gripe en cualquier trimestre del embarazo disminuye el riesgo de complicaciones maternas y de hospitalizaciones por gripe en los lactantes.

El riesgo de complicaciones asociadas a la gripe aumenta durante el embarazo debido a los cambios fisiológicos que se presentan en la gestación, como el aumento de la frecuencia y gasto cardiaco, la disminución de la capacidad pulmonar vital y el aumento del consumo de oxígeno, pero principalmente debido a la disminución de la respuesta inmune celular durante este periodo.

El exceso de mortalidad asociado a la gripe en las gestantes se puso de manifiesto en las pandemias de 1918, 1957 y 2009. Durante la pandemia de 1918, según diferentes estudios, la tasa de letalidad en gestantes osciló entre el 27 % y el 50 %(12). En la pandemia de 2009, según datos de los EE.UU. el 5 % de todas las muertes correspondieron a gestantes y el 22,6 % requirieron ingreso en UCI, con tasas de mortalidad más elevadas en gestantes en el último trimestre de la gestación(13).

Durante las temporadas de gripe estacional también se ha observado un aumento de los ingresos hospitalarios relacionados con la gripe en gestantes por causas cardiacas y respiratorias, siendo más elevada en el tercer trimestre del embarazo(14). Las gestantes que padecen una enfermedad crónica, como asma o diabetes, tienen más riesgo de hospitalización que las gestantes sanas. Según datos de un estudio realizado en Cataluña en el periodo de 2008 a 2013, que incluye una cohorte de 200.667 gestantes, la incidencia de visitas durante la temporada gripal por problemas cardiorrespiratorios en Atención Primaria y las tasas de hospitalización se incrementan de forma significativa con la progresión del embarazo (RR: 4,79; IC95 %: 4,31-5,32) y (RR: 3,66; IC95 %: 1,65-8,12) en el tercer trimestre, respectivamente(15).

En relación a los efectos de la gripe sobre el feto, y a pesar de que la viremia y la transmisión transplacentaria del virus es excepcional, la respuesta inflamatoria materna a la infección se ha asociado a un mayor riesgo de aborto espontáneo, prematuridad, retraso de crecimiento intrauterino, bajo peso al nacer y defectos del tubo neural(16).

Los beneficios de la inmunización materna frente a la gripe estacional y pandémica se han evaluado en numerosos estudios. Los resultados de un ensayo clínico realizado en Bangladesh mostraron una eficacia del 36 % para la prevención de la enfermedad respiratoria febril en madres y del 29 % en lactantes, y del 63 % contra la gripe confirmada en lactantes(17). En un ensayo clínico realizado en Sudáfrica, controlado con placebo, la eficacia de la vacunación frente a gripe confirmada fue de aproximadamente el 50 %, tanto en madres como en lactantes(18). Un estudio observacional multicéntrico internacional estimó una efectividad de la vacunación del 40 % (IC95 %: 12-59 %) para la prevención de hospitalización por gripe durante la gestación(19). Así mismo, diversos estudios realizados en EE. UU. han mostrado una efectividad del 45-91 % en la prevención de hospitalizaciones relacionadas con la gripe estacional en lactantes menores de 6 meses(20). Resultados similares se han observado en estudios realizados con vacunas adyuvadas durante la pandemia de gripe H1N1 de 2009.

En relación a la seguridad, la vacunación materna no aumenta el riesgo de muerte fetal, aborto espontáneo ni malformaciones congénitas(21).

Todas las evidencias científicas disponibles justifican plenamente la recomendación de la vacunación antigripal en las gestantes con vacuna trivalente inactivada en cualquier trimestre del embarazo durante la temporada gripal.

Vacunación frente a tosferina

La vacunación materna con dTpa entre la 27 y 36 semanas de gestación es la estrategia más efectiva para prevenir enfermedad grave y muertes por tosferina en los lactantes.

La tosferina es una enfermedad infecciosa muy contagiosa, reemergente en los últimos años en la mayoría de países, que causa una alta morbilidad y mortalidad(22). La reemergencia de la tosferina se ha producido con un cambio del patrón epidemiológico respecto a la edad típica de aparición de la enfermedad. Los lactantes menores de 3 meses, que aún no han iniciado o completado la primovacunación, son los más vulnerables y los que presentan complicaciones graves, produciéndose más del 90 % de las muertes en estos primeros meses de vida(22). La vacunación materna frente a la tosferina es la estrategia más efectiva y eficiente para la prevención de la enfermedad en los lactantes, generando una protección directa e indirecta: evitar que la mujer adquiera la infección y contagie al recién nacido, y por la transmisión pasiva transplacentaria de anticuerpos al feto, protegerle hasta que inicie la primovacunación(23). En octubre de 2011, se inició en EE.UU. el programa de vacunación de la tosferina en las embarazadas, con una dosis de dTpa entre las semanas 27-36 de gestación, recomendación que se actualizó en 2012 con la indicación de la vacunación en cada embarazo, con independencia del antecedente de vacunación previa, al observarse una rápida disminución de los niveles de anticuerpos en el postparto(24). En Reino Unido se inició en octubre de 2012, alcanzando coberturas del 64 % en el primer año de implantación, y con una efectividad del 93 % (IC95 %: 81-97 %) para la prevención de la tosferina en los lactantes en los dos primeros meses de vida(25). En España, la Comisión de Salud Pública aprobó la recomendación de vacunar frente a la tosferina en el embarazo, en junio de 2015, aunque desde enero de 2014 ya se había implementado en algunas Comunidades Autónomas. La pauta de vacunación consiste en la administración de una dosis de vacuna dTpa a partir de la 27 semana de gestación, e idealmente entre la 27 y 28 semanas; en caso de embarazo con alto riesgo de parto prematuro, se recomienda valorar la vacunación a partir de la semana 20(9). La introducción del programa de vacunación materna en España se ha asociado a una reducción de las tasas de hospitalización en menores de 1 año, de 331,9 por 100.000 en 2015 a 70,43 por 100.000 en 2019(26) (Fig. 1).

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Figura 1. Tosferina: incidencia y hospitalizaciones por 100.000 habitantes y coberturas vacunales, España 1998-2020. Fuente: referencia(26).

 

Múltiples estudios avalan la efectividad y seguridad de la vacunación materna con dTpa. Los datos publicados por la Red Europea de Tosferina en Lactantes (PERTINENT) de vigilancia centinela en hospitales de 6 países mostraron que la vacunación materna reduce el riesgo de hospitalización por tosferina entre un 75 % y un 88 % en lactantes menores de 2 meses. Según una revisión sistemática que incluye 11 estudios de efectividad e impacto de la vacunación materna con dTpa, se estima que se previenen entre el 69 % y el 91 % de casos de tosferina, entre el 91-94 % de hospitalizaciones y el 95 % de muertes por esta causa en lactantes menores de 3 meses(27).

No se ha observado un incremento de efectos adversos en la embarazada, el feto y el recién nacido. También se ha demostrado que las vacunas dTpa administradas en embarazos consecutivos son bien toleradas y seguras.

Diversos estudios han mostrado una menor tasa de respuesta humoral a la primovacunación frente a los antígenos homólogos de la vacuna en los lactantes hijos de madres inmunizadas durante la gestación(28). Así mismo, algunos estudios han observado que la vacunación con dTpa durante la gestación se asocia a una disminución de los títulos de anticuerpos anti-capsulares frente a algunos serotipos vacunales de Streptococcus pneumoniae, lo que probablemente se debe al efecto de la proteína de conjugación de las vacunas conjugadas con la mutante no tóxica de la toxina diftérica (CRM197). No obstante, a pesar del blunting, los porcentajes de seroprotección fueron comparables entre lactantes de madres vacunadas y no vacunadas tras completar la primovacunación y la dosis booster. No parece que estos resultados tengan relevancia clínica, ya que aquellos países que disponen de programas de inmunización materna bien establecidos no han observado un incremento de los casos de tosferina en lactantes o niños más mayores después de la introducción de la vacunación materna.

En la actualidad, más de 50 países recomiendan la vacunación frente a la tosferina en las embarazadas(9).

Vacunación frente a la COVID-19

La inmunización materna con vacunas de ARNm reduce complicaciones maternas y neonatales graves por COVID-19, y está recomendada en cualquier trimestre del embarazo.

La infección por SARS-CoV-2 aumenta el riesgo de complicaciones durante el embarazo, con un incremento de partos prematuros y abortos. Los efectos de esta infección en la placenta pueden variar entre las diferentes variantes del virus.

Un metaanálisis de 92 estudios que comparan los resultados de pacientes embarazadas con COVID-19 con pacientes no embarazadas con COVID-19 de la misma edad y sexo mostró que el embarazo aumenta el riesgo de necesitar cuidados intensivos (OR: 2,13; IC95 %: 1,54-2,95), ventilación invasiva (OR: 2,59; IC95 %: 2,28-2,94) y oxigenación por membrana extracorpórea (OR: 2,02; IC95 %: 1,22-3,34)(29). Un metaanálisis posterior de 111 estudios, que comparó los resultados de pacientes embarazadas infectadas con SARS-CoV-2 con los de aquellas no infectadas, reveló que la infección aumentó significativamente la probabilidad de parto prematuro (OR:1,48; IC95 %: 1,22-1,8), preeclampsia (OR: 1,6; IC95 %: 1,2-2,1), muerte fetal intrauterina (OR: 2,36; IC95 %: 1,24-4,46), mortalidad neonatal (OR: 3,35; IC95 %: 1,07-10,5) y mortalidad materna (OR: 3,08; IC95 %: 1,5-6,3)(30). Desde la publicación de estos metaanálisis, otros estudios a gran escala también han encontrado un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad materna, parto prematuro y muerte perinatal asociados con la infección por SARS-CoV-2 durante el embarazo. También hay evidencia de que las complicaciones maternas y neonatales fueron peores durante la circulación de la variante Delta. El mayor riesgo de complicaciones se produce en el tercer trimestre del embarazo y cuando se asocian los siguientes factores de riesgo: edad materna avanzada, obesidad, hipertensión arterial y diabetes.

Se ha demostrado que las vacunas de ARNm contra el SARS-CoV-2 generan una respuesta inmune en gestantes similar a la observada en mujeres en edad fértil no embarazadas. Diversos estudios han mostrado la presencia de anticuerpos en sangre de cordón, leche materna y en suero de recién nacidos y lactantes hijos de madres vacunadas durante la gestación, con niveles incluso superiores a los alcanzados en hijos de madres con infección natural no vacunadas.

La efectividad y seguridad de la vacunación en gestantes es similar a la observada en la población general, con protección tanto materna como para el lactante en los primeros meses de vida. Los resultados del estudio INTERCOVID-2022, que incluye datos de 4.618 gestantes atendidas en 41 hospitales de 18 países durante el periodo de circulación de la variante Ómicron, muestran una efectividad vacunal para la prevención de complicaciones graves de la COVID-19 en las gestantes inmunizadas con pauta completa del 48 % (IC95 %: 22-65) y del 76 % (IC95 %: 47-89) después de una dosis de refuerzo(31). Un estudio realizado en EE.UU. entre julio de 2021 y marzo de 2022 (circulación de variantes Delta y Ómicron) indica que la vacunación materna con 2 dosis de vacunas de ARNm tiene una efectividad global del 52 % (IC95 %: 33-65) para la prevención de hospitalización por COVID-19 en lactantes menores de 6 meses de edad (efectividad del 80 % y del 38 % frente a Delta y Ómicron, respectivamente). La vacunación a partir de las 20 semanas de edad estacional se asocia a una mayor efectividad (88 % para Delta y 57 % para Ómicron). La efectividad de la vacunación materna para la prevención de hospitalización en la UCI fue del 70 % (IC95 %: 42-85)(32).

Datos de estudios realizados en diferentes países muestran que la inmunización con vacunas de ARNm no se asocia a un mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo, parto prematuro, muerte fetal o corioamnionitis.

La inmunización con vacunas ARNm está recomendada en cualquier trimestre del embarazo.

Vacunación frente al virus respiratorio sincitial

La vacunación materna frente al VRS es una nueva estrategia para la prevención de formas graves y hospitalizaciones por este virus en lactantes, con buenos resultados de eficacia y seguridad.

El virus respiratorio sincitial (VRS) es un importante problema de salud pública en todo el mundo, en especial en la edad pediátrica. Diversos estudios realizados en España indican que el riesgo de padecer una infección por VRS en el primer año de vida es 15 veces superior al del segundo año y que 4 de cada 100 lactantes requieren hospitalización por esta causa.

Desde hace varias décadas, la posibilidad de disponer de una vacuna frente al VRS que genere protección a los lactantes durante los primeros meses de vida ha sido uno de los grandes retos en investigación en el campo de las enfermedades infecciosas.

En agosto de 2023, se aprobó por la FDA y la EMA la primera vacuna de subunidades recombinante de proteína F prefusión bivalente (RSVpreF) para su uso en inmunización materna.

Su eficacia ha sido evaluada en un ensayo clínico en fase III (estudio MATISSE) realizado en 18 países, que incluye 7.400 embarazadas de 16 a 45 años de edad y con una edad gestacional de entre 24 y 36 semanas(33). El seguimiento para valorar la eficacia ha sido de 12 meses y de 24 meses para la seguridad. Los resultados de eficacia para la prevención de la enfermedad por VRS que requirió atención médica, para la prevención de hospitalización y de enfermedad grave por VRS a los 90, 120, 150 y 180 días de vida del lactante se muestran en la tabla III. En un análisis post hoc realizado para valorar la eficacia, según la edad gestacional materna, se observaron diferencias según el momento de administración de la vacuna, siendo la eficacia mayor cuando la vacunación se realiza entre las semanas 30 y 36 de gestación. No se dispone de datos de eficacia en gestantes vacunadas antes de las 24 semanas de edad gestacional.

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Se dispone de datos en vida real de los programas de vacunación en Argentina y Reino Unido. En Argentina, los resultados de efectividad para la prevención de la hospitalización de los lactantes hijos de madres vacunadas han sido del 78,6 % (IC95 %: 62,1-87,9) en los primeros 3 meses de vida y del 71,3 % (IC95 %: 53,3-82,3) hasta los 6 meses. La efectividad frente a formas graves de infección por VRS ha sido del 76,9 % (IC95 %: 45-90,3) desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad(34). El estudio realizado en Reino Unido muestra una efectividad ajustada de la vacunación materna con RSVpreF para prevenir la hospitalización del 58 % (IC95 %: 28-75) en lactantes hijos de madres vacunadas en cualquier momento antes del parto y del 72 % (IC95 %: 48-85) en los lactantes cuyas madres fueron vacunadas más de 14 días antes del parto(35).

Los datos disponibles de los ensayos clínicos muestran un buen perfil de seguridad. No se han detectado malformaciones ni problemas de toxicidad fetal/neonatal o en lactantes hasta los 24 meses de edad. La incidencia de acontecimientos adversos notificados hasta 1 mes después del nacimiento fue similar en el grupo vacunado (13,8 % de mujeres y 37,1 % de neonatos) y en el grupo placebo (13,1 % y 34,5 %, respectivamente)(33). En relación a los eventos adversos de especial interés, se observaron pequeñas diferencias estadísticamente no significativas en la frecuencia de prematuridad entre el grupo vacunado (5,6 %; IC95 %: 4,9-6,4) y el grupo placebo (4,7 %; IC95 %: 4,1-5,5), siendo la mayoría prematuros tardíos. Aunque estas cifras son inferiores a la tasa habitual de incidencia de prematuridad en EE.UU. (10 %) (datos del CDC, 2022), la FDA ha recomendado la monitorización postcomercialización de este evento.

Actualmente, la vacuna está autorizada en más de 50 países. En septiembre de 2023, los CDC de los EE.UU. recomendaron la vacuna RSVPreF para embarazadas entre 32 y 36 semanas de gestación mediante administración estacional (de septiembre a enero). Posteriormente, se han establecido recomendaciones de vacunación materna en: Argentina, Uruguay, Reino Unido, Australia, Noruega, Francia, Bélgica y Austria, como estrategia preferente para la prevención de la infección por VRS en el lactante. En España, la vacuna RSVPreF no está financiada por el sistema público de salud, pero está disponible en farmacias; la estrategia recomendada por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud es la inmunización pasiva de recién nacidos y lactantes menores de 6 meses con anticuerpos monoclonales (nirsevimab)(8). La vacuna se debe administrar en una única dosis por vía intramuscular entre las 24 y 36 semanas de gestación. Puede administrarse simultáneamente con la vacuna antigripal estacional y con las vacunas de ARNm de la COVID-19. Los ensayos clínicos de coadministración con la vacuna dTpa han mostrado interferencia en la respuesta inmune frente a algunos componentes antigénicos de la tosferina y, aunque se desconoce la relevancia clínica de este hallazgo, se recomienda respetar un intervalo de 15 días entre la administración de la vacuna RSVPreF y la dTpa.

Futuro de la inmunización materna

Están en fases avanzadas de desarrollo, vacunas frente a Streptococcus del grupo B y citomegalovirus para su uso en embarazadas, con resultados prometedores.

El número de enfermedades que pueden prevenirse mediante la administración de vacunas durante el embarazo se incrementará en el futuro con otras, como las causadas por estreptococo del grupo B (GBS) y citomegalovirus.

El SGB es una causa importante de sepsis neonatal. Aunque el cribado prenatal y la profilaxis antibiótica intraparto en las mujeres colonizadas han reducido de forma significativa el impacto de esta infección, siguen produciéndose casos. Están, en fases avanzadas de desarrollo, varias vacunas candidatas. El ensayo fase 2 de la vacuna de polisacáridos capsulares conjugada hexavalente GBS6 en embarazadas demostró que la vacuna es segura, bien tolerada e induce una potente respuesta inmunitaria, con transferencia eficiente de anticuerpos al recién nacido en niveles considerados protectores frente a enfermedad invasiva por estreptococo del grupo B.

Las vacunas frente a citomegalovirus (CMV) para embarazadas se encuentran también en fase avanzada de investigación, con candidatos prometedores en ensayos clínicos de fase 3, especialmente con las vacunas basadas en ARNm.

Función del pediatra de Atención Primaria

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria son:

• Conocer las infecciones que pueden ser causa de enfermedad grave en el lactante y que pueden prevenirse a través de la inmunización materna.

• Conocer el calendario vacunal recomendado en la embarazada en nuestro país, y contribuir a la formación y difusión de esta importante estrategia preventiva a los profesionales sanitarios y a los padres de los niños a los que atiende.

Conflicto de intereses

Magda Campins ha colaborado como investigador en ensayos clínicos de GSK, Pfizer, Sanofi, Jansen y HIPRA; como consultor en Advisory Board de GSK, Pfizer, MSD, Sanofi, Seqirus y AstraZeneca; y en actividades docentes subvencionadas por GSK, Pfizer, Sanofi, MSD, Seqirus y AstraZeneca.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de la autora.

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Extenso artículo de revisión del tema con actualización de la evidencia científica disponible para cada una de las vacunas recomendadas en el embarazo, así como las nuevas vacunas en desarrollo.

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Documento de consenso elaborado por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia en que se describen las recomendaciones específicas de vacunación en la embarazada propuestas por dichas sociedades.

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Ensayo clínico pivotal que demuestra la eficacia y la seguridad de la vacunación materna frente al virus respiratorio sincitial para la prevención de la infección respiratoria asociada a este virus en lactantes.

 

Caso clínico

 

Mujer de 32 años de edad, primípara, embarazada de 20 semanas de edad gestacional que acude a su Centro de Salud, derivada por su obstetra, para administración de la vacuna antigripal. Refiere antecedentes de asma, actualmente bien controlada, no habiendo presentado ninguna exacerbación en los últimos 2 años. Sin otros antecedentes patológicos de interés. La paciente consulta, además, porque dentro de 15 días va a viajar a Brasil por motivos familiares, con una estancia prevista de 15 días y solicita información de las recomendaciones a seguir.

La paciente ha nacido en España y refiere haber recibido todas las vacunas sistemáticas de la infancia, aunque no dispone de registro vacunal.

Se revisa el carnet de la embarazada y en el estudio serológico realizado en el primer trimestre de gestación se observa que tiene una serología negativa frente a rubéola.

En relación a las vacunas indicadas por su embarazo, se informa a la gestante de la importancia de vacunarse de la gripe, tal como le ha recomendado su obstetra, para protegerla del riesgo de desarrollar complicaciones cardiorrespiratorias y hospitalización si contrae la gripe, especialmente importante en su caso por ser asmática. Así mismo, se recomienda la vacunación frente a la COVID-19, indicada en todas las gestantes, para reducir el riesgo de complicaciones maternas y neonatales graves por COVID-19. Dado que estamos al inicio de la temporada gripal y que ambas vacunas se pueden administrar simultáneamente en el mismo acto vacunal, se procede a vacunarla de gripe (vacuna de subunidades trivalente) y de COVID-19 (vacuna de RNAm).

Se informa a la gestante de la importancia de que las mujeres en edad fértil sean inmunes a la rubéola, ya que su padecimiento durante el embarazo puede tener consecuencias graves para el feto (síndrome de la rubéola congénita). En su caso no se puede garantizar la protección, ya que la serología IgG frente a rubéola es negativa. Por tanto, es necesario que se vacune de triple vírica en el postparto inmediato, a ser posible antes del alta hospitalaria, y realizar posteriormente una nueva determinación serológica para comprobar la adecuada respuesta inmunitaria y la protección. La vacuna triple vírica no se puede administrar durante la gestación, ya que es una vacuna atenuada.

También se informa de la recomendación de vacunarse de la tosferina, con la vacuna dTpa, entre las semanas 27-36 del embarazo, y se programa la vacunación para la semana 27.

La paciente plantea la intención de viajar dentro de un mes a Brasil, concretamente a Río de Janeiro, zona endémica de fiebre amarilla. Se informa a la paciente de este riesgo y de que la vacuna de la fiebre amarilla está contraindicada en el embarazo, por ser una vacuna atenuada, excepto en situación de alto riesgo epidemiológico, en cuyo caso la decisión debe ser individualizada según el balance riesgo-beneficio. Tras valorar la situación con la paciente, se desaconseja el viaje durante la gestación.

 

 

Prevención del virus respiratorio sincitial (VRS)

I. Rivero Calle*,  A. Iofrío de Arce**,  M. Garcés-Sánchez***
Temas de FC


I. Rivero Calle*, A. Iofrío de Arce**, M. Garcés-Sánchez***

*Pediatra. Sección de Pediatría Clínica, Infectológica y Traslacional. Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. La Coruña. Miembro del Grupo Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría (GENVIP). Comité Asesor de Vacunas de la AEP
**Pediatra. Centro de Salud El Ranero. Murcia. Investigador del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla (IMIB). Secretario del Comité Asesor de Vacunas de la AEP
***Pediatra. Subdirectora General de Prevención y Promoción de la Salud de la Conselleria de Sanidad de la Comunidad Valenciana. Dirección General de Salud Pública. Valencia

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Autor para correspondencia

irene.rivero.calle@sergas.es

Resumen

En los últimos años, la prevención del virus respiratorio sincitial (VRS) ha avanzado notablemente con el desarrollo de vacunas y anticuerpos monoclonales eficaces. La vacunación maternal con Abrysvo ha demostrado en Argentina una reducción del 78,6 % en hospitalizaciones por VRS en lactantes hasta 3 meses y 71,3 % hasta 6 meses, además de disminuir la gravedad y necesidad de ingreso en unidades de cuidados intensivos. En Reino Unido, la efectividad para prevenir hospitalizaciones alcanza el 72,4 % si la vacuna se administra, al menos, 14 días antes del parto. El anticuerpo monoclonal nirsevimab presenta una efectividad de entre el 70 % y 90 % frente a hospitalizaciones por VRS en distintos estudios en España, con un número necesario a inmunizar entre 16 y 30 lactantes para evitar una hospitalización. Además, reduce en más del 90 % los ingresos en UCI. Estudios internacionales confirman su impacto positivo. Otros candidatos, como clesrovimab, están pendientes de evaluación por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Es fundamental ampliar la cobertura mundial para consolidar la protección de los grupos más vulnerables frente al VRS.

 

Abstract

In recent years, respiratory syncytial virus (RSV) prevention has made significant progress with the development of effective vaccines and monoclonal antibodies. Maternal vaccination with Abrysvo has demonstrated a 78.6 % reduction in RSV hospitalizations in infants up to 3 months of age and a 71.3 % reduction in RSV hospitalizations in infants up to 6 months of age, in addition to reducing severity and intensive care needs. In the United Kingdom, the effectiveness in preventing hospitalizations reaches 72.4 % if the vaccine is administered at least 14 days before delivery. The monoclonal antibody nirsevimab is 70 % to 90 % effective against RSV hospitalizations in various studies in Spain, requiring an immunization number between 16 and 30 infants to prevent one hospitalization. Furthermore, it reduces ICU admissions by more than 90 %. International studies confirm its positive impact. Other candidates such as clesrovimab are pending European Medicines Agency (EMA) evaluation. Expanding global coverage is essential to strengthen protection of the most vulnerable groups against RSV.

 

Palabras clave: Virus respiratorio sincitial; Vacunación; Inmunización; Efectividad; Impacto.

Key words: Respiratory syncytial virus; Vaccination; Immunization; Effectiveness; Impact.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 622 – 630

 


OBJETIVOS

• Comprender los avances científicos que han permitido el desarrollo de nuevas estrategias preventivas frente al virus respiratorio sincitial.

• Evaluar los datos de eficacia, efectividad e impacto de la vacunación maternal (Abrysvo®).

• Analizar los últimos datos en vida real del uso de un anticuerpo monoclonal de vida media extendida (nirsevimab).

• Descubrir qué otros candidatos están actualmente en desarrollo.

• Conocer cuáles son las recomendaciones actuales de uso de las estrategias preventivas frente al VRS disponible.

 

Prevención del virus respiratorio sincitial (VRS)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.100

 

Introducción

Los avances en vacunas maternas y anticuerpos monoclonales de acción prolongada han transformado la prevención del virus respiratorio sincitial (VRS).

En los últimos años, se han producido avances significativos en la prevención del VRS, destacando tanto hitos científicos clave como la innovación en estrategias inmunizadoras. El descubrimiento de la proteína F, particularmente en su conformación de prefusión, permitió el desarrollo de vacunas y anticuerpos monoclonales altamente eficaces, capaces de bloquear la entrada del virus en las células humanas. Entre los hitos recientes, destaca la aprobación y uso de la vacuna basada en la proteína F para embarazadas, la cual reduce el riesgo de enfermedad grave y hospitalización por VRS en los recién nacidos, gracias a la transferencia de anticuerpos maternos al feto.

En cuanto a la inmunización pasiva, la estrategia más reciente consiste en administrar anticuerpos monoclonales de acción prolongada, como nirsevimab, a recién nacidos y lactantes, otorgando una protección inmediata y eficaz durante la temporada de mayor circulación del virus. Esta medida ha mostrado una disminución notable en las hospitalizaciones infantiles relacionadas con el VRS.

Estos adelantos científicos y sanitarios representan un cambio de paradigma en el abordaje del VRS, ofreciendo protección directa a los grupos más vulnerables y respaldando el esfuerzo global para reducir la carga de la enfermedad.

Estructura y genes del VRS

El conocimiento detallado de la estructura del VRS, especialmente la proteína F, ha permitido desarrollar estrategias de inmunización más eficaces.

Conocer la estructura y los genes del VRS es fundamental para comprender y diseñar nuevas estrategias de inmunización. El VRS pertenece al género Orthopneumovirus de la familia Pneumoviridae. Está formado por 3 estructuras (Fig. 1): un genoma viral ARN, con 10 genes que codifican 11 proteínas, 8 de ellas estructurales; una nucleocápside y una cubierta lipídica donde se anclan 3 proteínas de membrana (glucoproteínas G, F y SH)(1).

figura

Figura 1. Estructura del virus respiratorio sincitial. Fuente: Jung HE, Kim TH, Lee HK. Contribution of Dendritic Cells in Protective Immunity against Respiratory Syncytial Virus Infection. Viruses. 2020; 12: 102.

 

La glucoproteína G es responsable de la adhesión del VRS a las células de las vías respiratorias; las diferencias en esta glicoproteína determinan la distinción en dos tipos virales: A y B. La glucoproteína F permite la fusión del virus con la membrana de la célula infectada, induciendo su destrucción y la formación de los sincitios, grandes masas protoplasmáticas que contienen los numerosos núcleos celulares que pertenecían a las células intactas. Esta glucoproteína puede presentar dos conformaciones espaciales diferentes (Fig. 2): la prefusión (pre-F) antes de unirse a las células, con forma filamentosa y muy infectiva, y la posfusión (pos-F), con forma redondeada y más resistente a los anticuerpos(2). La glucoproteína F es la diana más utilizada para el desarrollo de anticuerpos monoclonales, antivirales y vacunas, ya que induce la producción de altas concentraciones de anticuerpos neutralizantes. La glucoproteína SH tiene una función desconocida.

figura

Figura 2. Sitios antigénicos y capacidad de generar anticuerpos neutralizantes de las formas pre-F y pos-F. Fuente: referencia (2)

 

En relación a la prevención del VRS en lactantes y mujeres embarazadas, esta ha avanzado enormemente gracias a un mejor entendimiento estructural del virus, especialmente de las proteínas F y G, que son las principales dianas inmunológicas(1,2). La proteína F, en su conformación prefusión, es crucial para la fusión viral con la célula huésped y contiene la mayoría de los epítopos neutralizantes que inducen una respuesta inmune efectiva y duradera. Por ello, la vacuna materna (Abrysvo) está diseñada para estimular anticuerpos contra esta forma específica de la proteína F durante el embarazo, promoviendo la transferencia placentaria de anticuerpos que protegen al lactante durante sus primeros meses de vida.

Por otro lado, la proteína G, responsable de la adhesión del virus a las células, también juega un papel importante. Estudios recientes demuestran que la combinación de antígenos derivados de las proteínas F y G puede potenciar la respuesta inmunitaria, facilitando la producción de anticuerpos que bloquean la interacción del virus con receptores celulares, y así mejorar la eficacia vacunal sin inducir patologías asociadas a la vacunación(3).

Vacunación maternal

Abrysvo®, vacuna bivalente materna frente al VRS, ha mostrado alta eficacia y seguridad en ensayos y en campañas reales en Argentina y Reino Unido, reduciendo hospitalizaciones y enfermedad grave en lactantes hasta los 6 meses de vida.

Composición y pauta

Abrysvo® contiene 60 μg de la glicoproteína F estabilizada en su conformación prefusión del VRS subgrupo A y 60 μg del subgrupo B(4). No lleva adyuvante. La pauta es de una dosis única de 0,5 ml, vía intramuscular.

Eficacia, efectividad e impacto

En gestantes, los datos de eficacia corresponden al estudio MATISSE: ensayo clínico fase 3, multicéntrico y aleatorizado, realizado entre junio 2020 y abril 2023, que incluyó más de 15.000 embarazadas de 18 a 49 años de edad de 18 países. Analizó la eficacia y seguridad de la vacuna bivalente RSVpreF (ABRYSVO®) administrada entre las 24 y 36 semanas de gestación. En el análisis final del estudio(5), la eficacia vacunal (EV) frente a IRTI (infección de vías respiratorias bajas) grave fue del 82,4 % (IC95 %: 57,5 a 93,9) en los primeros 90 días de vida, y del 70,0 % (IC95 %: 50,6 a 82,5) en los 180 días posteriores al nacimiento. En cuanto a IRTI atendida médicamente, la EV fue del 57,6 % (IC95 %: 31,3 a 74,6) y del 49,2 % (IC95 %: 31,4 a 62,8) en los 90 y 180 primeros días de vida, respectivamente. Los resultados finales de seguridad en embarazadas, recién nacidos y lactantes fueron consistentes con el análisis primario, sin que se identificaran nuevos problemas de seguridad(6).

En Argentina y Reino Unido, ha sido la estrategia elegida para la prevención de la enfermedad por VRS en recién nacidos y lactantes menores de 6 meses de edad en la pasada temporada, cuyos datos de efectividad se describen a continuación:

• En Argentina, la principal fuente de datos en vida real proviene del estudio BERNI, un trabajo multicéntrico, retrospectivo y con diseño test negativo, realizado entre abril y septiembre de 2024 en doce hospitales del país(7). Este estudio incluyó a 505 lactantes menores de 6 meses (288 casos positivos y 219 controles negativos para el VRS) hospitalizados por infecciones respiratorias graves; y demostró que la vacunación materna con RSVpreF administrada a gestantes entre 32+0 y 36+6 semanas de EG, logró una reducción del 78,6 % (IC95 %: 62,1 a 87,9) en hospitalizaciones por VRS en lactantes hasta los 3 meses de vida y del 71,3 % hasta los 6 meses de edad. Además, se observó una menor frecuencia de enfermedad grave, ingreso a cuidados intensivos (reducción del 76,9 %) y duración de la hospitalización en los lactantes nacidos de madres vacunadas. Se registraron tres muertes por VRS, todas en lactantes nacidos de madres que no recibieron la vacuna RSVpreF durante el embarazo. Argentina fue pionera a nivel mundial en la implementación nacional de la vacuna materna frente al VRS, con una cobertura superior al 60 % y más de 140.000 embarazadas inmunizadas. El estudio BERNI se amplía en 2025 también a Uruguay: campaña 13 enero a 31 de agosto de 2025, cuyos datos aún no están disponibles.

• Reino Unido inició la vacunación maternal en septiembre de 2024, como parte de la estrategia nacional, indicada para mujeres embarazadas a partir de las 28 semanas de gestación, con disponibilidad todo el año. Los primeros datos oficiales muestran una cobertura de vacunación superior al 50 % entre embarazadas residentes en distintas regiones (hasta 62,7 % en el sudeste del país), con seguimiento de efectividad en reducción de hospitalización por VRS en lactantes menores de 6 meses. En un estudio realizado en Reino Unido, prospectivo, multicéntrico y con diseño test negativo para analizar la efectividad de la vacunación materna con RSVpreF frente a la hospitalización por IRTI-VRS en lactantes, entre el inicio de la campaña (12 de agosto en Escocia, 1 de septiembre de 2024 en Inglaterra) y el 20 de enero de 2025 fueron incluidos 537 pares madre-lactante(8). Se observó que la efectividad ajustada de la vacuna RSVpreF para prevenir hospitalizaciones por VRS en lactantes fue del 57,7 % (IC95 %: 28,2 a 75,1) cuando la madre fue vacunada en cualquier momento antes del parto. Cuando la vacunación ocurrió más de 14 días antes del parto, la efectividad aumentó al 72,4 % (IC95 %: 47,8 a 85,4)(8). Estos datos reflejan una reducción significativa de hospitalizaciones por infecciones respiratorias graves en recién nacidos, confirmando la protección proporcionada por la transferencia de anticuerpos maternos. El perfil de seguridad ha sido favorable, sin diferencias significativas en eventos adversos entre las mujeres vacunadas y placebo y sin efectos negativos para el recién nacido. La estrategia ofrece un beneficio sustancial para reducir la morbimortalidad respiratoria en lactantes durante sus primeros meses de vida, especialmente cuando se administra dentro del rango habitual recomendado de vacunación entre la semana 32 y la 36 de gestación y, al menos, cinco semanas antes del parto.

Seguridad

Abrysvo® se puede coadministrar con las vacunas inactivadas frente a la gripe estacional(4). Sin embargo, se observaron títulos de anticuerpos neutralizantes para VRS A y B inferiores y títulos de anticuerpos de inhibición de la hemaglutinación para la gripe A y B inferiores en la coadministración(4). Se desconoce la relevancia clínica de este hallazgo. En embarazadas, se recomienda un intervalo mínimo de dos semanas entre la administración de Abrysvo® y la administración de la vacuna frente al tétanos, la difteria y la tosferina acelular (Tdap). No hubo problemas de seguridad cuando Abrysvo® se administró de forma concomitante con Tdap en mujeres sanas no embarazadas(4). Las respuestas inmunes a VRS-A, VRS-B, difteria y tétanos en coadministración no fueron inferiores a las inducidas por ambas vacunas administradas por separado. No obstante, la respuesta inmune al componente de tosferina fue inferior en coadministración en comparación con la administración separada y no cumplió los criterios de no inferioridad. Se desconoce la relevancia clínica de este hallazgo.

Por otro lado, la ficha técnica indica que no se ha estudiado en embarazadas con menos de 24 semanas de gestación (SG)(4). Dado que la protección del lactante frente al VRS depende de la transferencia de anticuerpos maternos a través de la placenta, Abrysvo® se debe administrar entre las 24 y 36 SG.

Aprobación, disponibilidad y recomendaciones

En 2023, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó la vacuna de subunidades bivalente RSVpreF (Abrysvo®), aunque no estuvo disponible en oficinas de farmacia para la temporada 2023-2024, sí estándolo a partir de 2024-2025 para venta bajo prescripción médica, pero no financiada, no habiendo sido elegida como estrategia preferente por la Comisión de Salud Pública del Ministerio de Sanidad.

La Asociación Española de Pediatría, a través de su Comité Asesor de Vacunas, y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomiendan la vacunación entre las 24 y 36 semanas de gestación, de preferencia entre las 32 y 36 semanas.

Por otro lado, está recomendada en EE.UU., Canadá y Argentina para su uso entre las 32-36 SG; mientras que, en Reino Unido, está aprobada entre las 28-36 SG. De momento, solo Argentina y Reino Unido han recomendado la revacunación con RSVPreF en cada embarazo, a pesar de no disponer de datos de inmunogenicidad y seguridad al respecto.

Anticuerpos monoclonales

Los anticuerpos monoclonales nirsevimab y clesrovimab han demostrado alta eficacia y seguridad para prevenir hospitalizaciones por VRS en lactantes, consolidándose como herramientas clave de inmunización pasiva complementarias a la vacunación materna.

Actualmente, están aprobados 3 anticuerpos monoclonales para la inmunoprofilaxis pasiva de la enfermedad por VRS: palivizumab (Synagys®, 1998), para uso en población infantil de riesgo; nirsevimab (Beyfortus®, aprobado por la Comisión Europea el 31 de octubre de 2022, y por la Administración de Alimentos y Medicamentos [FDA] el 17 de julio de 2023); y clesrovimab (Enflonsia®, aprobado por la FDA el 9 de junio de 2025) para uso tanto en población sana como de riesgo.

Nirsevimab

Composición y pauta

Nirsevimab es un anticuerpo monoclonal humano de inmunoglobulina G1 kappa producido en células de ovario de hámster chino mediante tecnología de ADN recombinante, modificado con una sustitución triple de aminoácidos (YTE) en la región Fc para extender la semivida en suero (85-117 días), con una capacidad neutralizante, al menos, 50 veces mayor que palivizumab(9).

Nirsevimab se administra mediante una única inyección intramuscular antes del inicio de la temporada del VRS en lactantes menores de 6 meses de edad (nacidos entre abril y septiembre) y antes del alta de maternidad en nacidos entre octubre y marzo. La dosis recomendada es de 50 mg si pesan < 5 kg y de 100 mg si pesan ≥ 5 kg(9). Para los niños de riesgo y aquellos que fueron prematuros nacidos con < 35 SG, en su segunda temporada de VRS, la dosis recomendada es de 200 mg (dos dosis de 100 mg, coadministradas) si pesa ≥ 10 kg, y una única dosis de 100 mg si pesa < 10 kg(9).

Eficacia, efectividad e impacto

Los resultados de eficacia de nirsevimab corresponden a los obtenidos en los ensayos fase IIb(10) y MELODY fase III(11), realizado este en 2019-2020, teniendo que suspender el reclutamiento debido a la pandemia por SARS-CoV-2. Tras el reinicio en 2021, se incluyeron en total 3.012 participantes, de los que 2.009 recibieron nirsevimab y 1.003 placebo.

Los datos finales del estudio MELODY(12) en pretérminos sanos de ≥ 35 SG y nacidos a término sanos muestran una eficacia en la prevención de IRTI que requirieron atención médica del 76,4 %, del 76,8 % para prevenir el ingreso hospitalario y del 78,6 % para prevenir ingresos en UCI, mientras que los datos combinados de los estudios fase IIb y MELODY(13) muestran una eficacia del 79,0 %, 80,6 % y 90,0 %, respectivamente.

En la tabla I se muestra un resumen de los datos publicados de estos estudios.

tabla

 

Los resultados finales del estudio fase IIIb HARMONIE (Hospitalized RSV Monoclonal Antibody Prevention) llevado a cabo en 235 centros de Francia, Alemania y Reino Unido durante la temporada de VRS 2022-2023, en condiciones similares a las que se usaría nirsevimab en la práctica real, han sido recientemente publicados(14), y muestran una eficacia a los 180 días para hospitalización por IRTI-VRS del 82,7 % (IC95 %: 67,8 a 91,5; p < 0,0001), siendo del 75,3 % (IC95 %: 38,1 a 91,8; p = 0,0013) para los cuadros graves, y del 41,9 % (IC95 %: 23,1 a 56,3; p < 0,0001) para IRTI por cualquier causa(14). El perfil de seguridad ha sido favorable y consistente con los datos ya presentados en los diferentes estudios pivotales.

El uso de nirsevimab en España en la temporada 2023-2024, con más de 277.000 dosis administradas y una cobertura media del 92 % en los nacidos en temporada y del 88 % en los nacidos antes de comenzar la misma, posibilitó la publicación de los primeros datos de efectividad e impacto en vida real, todos ellos concordantes con los resultados obtenidos en los estudios pivotales(15). Los datos de efectividad de varios de estos estudios pueden consultarse en el documento sobre la evaluación de la vacunación frente a VRS en población infantil del Ministerio de Sanidad(16):

En Galicia, el análisis final del estudio Nirse-Gal de la temporada 2023-2024(17) muestra que, en el análisis por sensibilidad, la efectividad frente a hospitalización fue del 81,6 % (IC95 %: 65,1 a 90,3) y frente a necesidad de oxigenoterapia del 86,5 % (IC95 %: 69,1 a 94,1). La eficacia frente a la hospitalización por bronquiolitis o bronquitis por todas las causas fue del 46,0 % (IC95 %: 6,8 a 68,7). Se observaron tasas acumuladas significativamente más bajas de hospitalizaciones por IRTI-VRS para la cohorte de rescate, la cohorte estacional y para ambas cohortes combinadas que las de las temporadas anteriores (p < 0,0001 para todas las comparaciones). El número necesario a inmunizar con nirsevimab para evitar una hospitalización por IRTI-VRS se calculó en 30 lactantes de la cohorte general, o 16 lactantes de la cohorte estacional(17).

En un estudio donde se ha estimado la efectividad de nirsevimab frente a hospitalizaciones debidas al VRS en lactantes menores de 9 meses en tres comunidades autónomas españolas, se muestra que, con el método del cribado en el análisis combinado, la EV fue del 84,4 %(18). Con el método de test negativo, los datos agrupados muestran una efectividad del 70,2 %(18).

En Cataluña, nirsevimab redujo en un 87,6 % las hospitalizaciones debidas al VRS y un 90,1 % los ingresos en UCI(19). También hubo disminuciones en el número de bronquiolitis atendidas en Atención Primaria (48,1 %), infecciones por VRS (68,9 %), neumonía viral (60,7 %) y visitas a Urgencias hospitalarias por bronquiolitis (55,4 %)(19).

En la Comunidad de Madrid, la eficacia ajustada frente a hospitalización fue del 93,6 % a los 30 días de la administración de nirsevimab y del 87,6 % a los 150 días, mientras que para ingreso en UCI fue del 94,4 % a los 30 días y del 92,1 % a los 90 días(20).

Un estudio realizado en Atención Primaria en las regiones de Valencia y Murcia(21) evaluó la efectividad del anticuerpo monoclonal nirsevimab frente a las infecciones respiratorias bajas por VRS atendidas médicamente. Desarrollado en el marco de la red MEDIPRIM, que integra 92 pediatras de 57 centros de salud, el trabajo aplicó un diseño test-negativo para estimar la protección conferida a lactantes menores de 10 meses. Los resultados mostraron una efectividad global del 75,8 %, que alcanzó el 80,2 % en el grupo de rescate (“catch-up”), confirmando la elevada protección también en el ámbito ambulatorio(21). Este estudio demuestra que la inmunización con nirsevimab no solo reduce las hospitalizaciones, sino que previene de forma significativa las infecciones por VRS que requieren atención médica en Atención Primaria, reforzando la importancia de esta red asistencial en la vigilancia y evaluación de la efectividad vacunal en condiciones reales.

Por otro lado, diversos estudios realizados en Chile, Estados Unidos, Francia y Luxemburgo han confirmado la alta efectividad de nirsevimab para prevenir hospitalizaciones por infección por VRS en lactantes:

• El estudio NIRSE-CL evaluó la efectividad e impacto de nirsevimab en la prevención de hospitalizaciones por infección respiratoria baja por VRS en Chile durante 2024, tras implementar una estrategia nacional de inmunización en lactantes(22). Fue un estudio observacional retrospectivo que analizó datos de más de 154.000 lactantes. Nirsevimab mostró una eficacia del 76,4 % (IC95 %: 72,6 a 79,7) para prevenir hospitalizaciones por infecciones respiratorias bajas por VRS y del 84,9 % para ingresos en UCI pediátrica, evitando aproximadamente 30 hospitalizaciones por cada 1.000 lactantes inmunizados; y requiriendo la inmunización de 35 niños para evitar una hospitalización(22). Además, se observó una reducción global del 77 % de hospitalizaciones por VRS y una reducción significativa en hospitalizaciones por infecciones respiratorias bajas de cualquier causa, lo que resalta el impacto positivo en salud pública infantil(22).

• En Estados Unidos, estudios recientes estiman una efectividad del 80,5 % (IC95 %: 52,0 a 93,5) en la prevención de hospitalizaciones asociadas a VRS y del 84,6 % frente a enfermedad grave por VRS en lactantes inmunizados, con resultados consistentes en diferentes grupos poblacionales y escenarios del mundo real(23). Otros informes estadounidenses muestran una efectividad cercana al 90 % para prevenir ingresos hospitalarios(24).

• En Francia, la efectividad real de nirsevimab frente a hospitalizaciones por VRS fue del 89,6 %, confirmando los datos ensayados en la campaña nacional de inmunización(25). Un estudio de modelización reciente también respaldó que la administración amplia logra reducir considerablemente la carga hospitalaria por bronquiolitis en menores de 24 meses(26).

• En Luxemburgo, la implementación del programa de inmunización con nirsevimab también mostró una reducción significativa en los casos graves y hospitalizaciones por VRS durante la primera temporada de uso, evidenciando su impacto poblacional positivo(26).

• En Italia, durante la temporada 2024/2025, la efectividad de nirsevimab para prevenir hospitalizaciones por virus respiratorio sincitial (VRS) en lactantes menores de 12 meses fue del 89,5 % (IC95 %: 60,3 a 97,2). Este dato proviene de un estudio prospectivo multicéntrico realizado en siete hospitales del país, empleando un diseño caso-control con ajuste por factores clínicos y demográficos(27). El efecto protector se confirmó tanto en lactantes nacidos tras abril como en aquellos sin factores de riesgo, y se mantuvo robusto en los diferentes análisis estadísticos realizados. Además, un estudio observacional en varias regiones italianas mostró que la administración temprana y universal de nirsevimab estuvo asociada a una reducción significativa de hospitalizaciones y gravedad por VRS, mientras que regiones con implementación tardía observaron un mayor número de casos y más ingresos en UCI(28).

El uso de nirsevimab en España, en la pasada temporada 2024-2025, mantuvo una alta efectividad en la prevención de hospitalizaciones por VRS en lactantes. En España, se administraron más de 500.000 dosis con cobertura superior al 90 % en varios territorios, manteniendo la cobertura alta obtenida en la temporada anterior. La reducción de hospitalizaciones por VRS se estimó en torno al 70-80 %, coherente con los datos previos y la seguridad del medicamento. Este seguimiento en vida real confirma la eficacia establecida en ensayos clínicos y evidencia el impacto positivo a nivel poblacional en la reducción de la carga hospitalaria y las complicaciones del VRS en la infancia.

Además, cabe destacar por la relevancia en variables exploratorias de interés clínico:

• El estudio de González-Bertolín et al. (2025) que evaluó el impacto del uso de nirsevimab en la segunda temporada tras su administración en la primera temporada de VRS, mostrando que no hay aumento en la gravedad de la enfermedad respiratoria por VRS en lactantes vacunados previamente con nirsevimab en comparación con los no inmunizados. No se observaron diferencias significativas en la duración de la hospitalización, la necesidad de oxígeno, ventilación no invasiva ni ingreso en unidad de cuidados intensivos (UCI). Además, los pacientes inmunizados mantuvieron una cierta protección residual de aproximadamente 10,8 meses después de recibir la dosis.

• El estudio de Coma et al. (2025) en Cataluña, evaluó el impacto de la inmunoprofilaxis con nirsevimab en lactantes durante dos temporadas consecutivas de VRS, incluyendo su segundo año de vida. Se trata de un estudio retrospectivo de cohorte poblacional que incluyó 51.154 lactantes nacidos entre abril de 2023 y marzo de 2024. De estos, el 89,9 % recibieron nirsevimab antes o durante su primera temporada de VRS. Los resultados mostraron que, tras dos temporadas, la incidencia acumulada de hospitalizaciones por VRS fue significativamente menor en el grupo inmunizado (9,57 por 1.000 lactantes) en comparación con el grupo no inmunizado (35,56 por 1.000; RR 0,27). La incidencia de ingresos en UCI también fue altamente reducida (1,90 vs. 9,08 por 1.000; RR 0,21). Las visitas a Atención Primaria por bronquiolitis y otras infecciones respiratorias también fueron menores en el grupo inmunizado, aunque sin diferencias estadísticamente significativas en la segunda temporada. Además, tampoco observaron aumentos en la gravedad de la enfermedad en lactantes vacunados en su segundo año.

Seguridad

Beyfortus® es una inmunización pasiva específica para VRS, por lo que no se espera que interfiera en la respuesta inmune activa de las vacunas coadministradas, aunque la experiencia es limitada(9). En ensayos clínicos, cuando se administró con vacunas infantiles habituales, la seguridad y reactogenicidad fue similar a la de las vacunas administradas de forma aislada. Por tanto, nirsevimab se puede administrar concomitantemente con vacunas infantiles. No se debe mezclar con ninguna vacuna en la misma jeringa o vial. La enfermedad aguda leve, con o sin fiebre, no se considera una contraindicación para la vacunación.

Disponibilidad y recomendaciones

El 21 de noviembre de 2024, la Comisión de Salud Pública aprobó el documento “Recomendaciones de inmunización pasiva para prevención de enfermedad grave por VRS en la población infantil”(16), donde se recomienda la inmunización pasiva con anticuerpo monoclonal antes del comienzo y durante cada temporada estacional de VRS para la prevención de IRTI-VRS en los siguientes grupos de población, por orden de prioridad:

• Prematuros de < 35 semanas, antes de cumplir 12 meses de edad cronológica.

• Población con alto riesgo de enfermedad grave por VRS.

• Menores de 6 meses: nacidos entre el 1 de abril del año de comienzo de la temporada y el 31 de marzo del año de fin de temporada.

Se recomienda la inmunización de la población diana independientemente del antecedente de vacunación materna con Abrysvo® durante el embarazo.

Clesrovimab

Clesrovimab es un anticuerpo monoclonal de acción prolongada dirigido contra el sitio IV de la proteína de fusión (F) del virus respiratorio sincitial (VRS), diseñado para la prevención de enfermedad por VRS en lactantes, incluyendo prematuros y aquellos con riesgo aumentado de enfermedad grave. Se dirige específicamente al sitio IV de la proteína de fusión (F) del VRS.

Los principales resultados del ensayo clínico fase 2b/3 publicados recientemente(29) demostraron una eficacia del 60,4 % (IC95 %: 44,1 a 71,9) para prevenir infecciones respiratorias bajas atendidas médicamente asociadas a VRS, y una reducción del 84,2 % (IC95 %: 66,0 a 92,6) en hospitalizaciones por VRS en los primeros 150 días tras la administración de una única dosis intramuscular. La eficacia aumenta con la gravedad del cuadro, alcanzando un 91,7 % (IC95 %: 62,9 a 98,1) contra formas graves de infección respiratoria baja. El perfil de seguridad ha sido comparable al de placebo, sin aumentar los eventos adversos graves, y se mantuvo estable al comparar distintos subgrupos y países.

Además, clesrovimab mostró eficacia tanto frente al VRS subtipo A como B, y sus propiedades farmacocinéticas permiten una sola dosis para proteger toda la temporada epidémica.

El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) y la FDA han revisado estos datos y emitido recomendaciones favorables para su uso en EE.UU., aprobándolo como una herramienta eficaz para reducir la carga hospitalaria y las complicaciones graves asociadas al VRS. Actualmente, se encuentra pendiente de evaluación por la EMA.

Vacunación del lactante

La vacuna intranasal atenuada RSVt ha discontinuado su desarrollo por no alcanzar la eficacia esperada, mientras que la vacuna intramuscular de ARNm-1345 de Moderna ha suspendido su desarrollo pediátrico tras detectar eventos adversos graves.

Vacuna intranasal viva atenuada

Sanofi está desarrollando una vacuna intranasal viva atenuada frente al VRS denominada RSVt, que se encuentra actualmente discontinuada.

El ensayo fase I/II recientemente publicado, estudio multicéntrico aleatorizado doble ciego de búsqueda de dosis, con el objetivo de analizar más extensamente su inmunogenicidad, seguridad y capacidad para inducir anticuerpos neutralizantes, ha demostrado que esta vacuna intranasal administrada en lactantes y niños pequeños induce respuestas inmunitarias prometedoras sin mostrar problemas de seguridad relevantes(30). Incluyó 180 participantes de 6-18 meses y de >34 semanas de EG, comparando dosis baja (LD), alta (HD) y placebo. La vacuna mostró un perfil de seguridad favorable, sin eventos adversos sistémicos graves vinculados a la vacuna. Solo destacar que la rinorrea y la congestión nasal son ligeramente más frecuentes en los receptores de la vacuna que en los receptores del placebo. La inmunogenicidad fue robusta: los títulos de anticuerpos neutralizantes tras dos dosis fueron significativamente mayores en los grupos vacunados frente a placebo, tanto con LD como HD, evidenciando eficacia inmunológica prometedora en ambos esquemas. De hecho, los datos mostraron que cinco meses tras la administración, el 70 % de los niños naïve alcanzaron un incremento de cuatro veces en los títulos de anticuerpos frente al VRS, lo que respaldó avanzar hacia las siguientes fases.

El estudio llamado PEARL es un ensayo fase III, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, con participación multinacional, que incluye a aproximadamente 6.300 niños de entre 6 y 22 meses. Su objetivo es evaluar la eficacia, inmunogenicidad y seguridad de dos dosis de la vacuna intranasal RSVt comparado con placebo, durante un seguimiento de 24 meses por participante. La vacuna se administra por vía intranasal en dos dosis separadas aproximadamente dos meses, buscando proteger durante las temporadas de alta circulación del VRS. Actualmente discontinuado, por no alcanzar la inmunogenicidad deseada, pero sin haber presentado eventos adversos graves.

Hay otros ensayos en fase 2, con vacunas vivas atenuadas intranasales para niños entre 6 y 24 meses (Meissa Vaccines, Blue Lake).

Vacuna intramuscular ARNm

Moderna está desarrollando una vacuna de ARN (ARNm-1345) intramuscular en niños entre 2 y 17 años (la misma vacuna de Moderna aprobada para adultos mayores de 60 años). Sin embargo, el 12 de diciembre de 2024 la FDA anunció la suspensión del reclutamiento de los estudios fase 1 con vacunas ARNm-1345 y ARNm-1365 (VRS/metapneumovirus), ambas de Moderna, en niños de 5 a 24 meses hasta que se estudien las señales de alerta en cuanto a su seguridad en lactantes de 5 a 8 meses de edad, después de que se informaran cinco casos de IRTI-VRS de grave a muy grave en bebés que recibieron una dosis de 15 μg de ARNm-1345 (3 casos) o una dosis de 15 μg de ARNm-1365 (2 casos), en comparación con 1 caso en el grupo de placebo. Cinco de los 6 lactantes requirieron hospitalización y 1 necesitó ventilación mecánica. Moderna suspendió el reclutamiento el 17 de julio y lo notificó a la FDA el 19 de julio. El ensayo también encontró que la respuesta inmune a la vacunación con ARNm-1345 fue menor en los que habían recibido anteriormente nirsevimab en comparación con aquellos que no lo habían recibido, lo que sugiere una posible interacción.

Conclusiones

Disponemos de estrategias preventivas en uso o en desarrollo para todos los grupos de edad. Los datos de efectividad y seguridad de la vacunación maternal y anticuerpos monoclonales continúan generándose de forma robusta y consistente a los datos del desarrollo clínico. Los datos en vida real mejoran aún más, si cabe, los datos de eficacia ya conocidos, proporcionan endpoints más robustos y beneficios en grupos adicionales que estaban infrarrepresentados en los ensayos. Teniendo en cuenta lo que tenemos y lo que está por venir, lo esencial es que estas estrategias lleguen a todos los lugares del mundo.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria educa y guía a las familias sobre las distintas estrategias de prevención actuales: vacunación maternal y anticuerpos monoclonales para prevenir la infección grave por VRS en lactantes.

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria en prevención frente al VRS incluyen la identificación y seguimiento de lactantes en riesgo, la educación a las familias sobre medidas preventivas y la coordinación del acceso a estrategias de inmunización, como la vacunación maternal y la inmunización pasiva con anticuerpos monoclonales.

Respecto a la vacunación maternal, el pediatra debe poder facilitar información a las gestantes sobre esta estrategia y aclarar dudas sobre su seguridad y efectividad.

En cuanto a la inmunización pasiva con anticuerpos monoclonales, el pediatra tiene la responsabilidad de recomendar nirsevimab en lactantes menores de 6 meses y en poblaciones de riesgo según las pautas vigentes.

En resumen, el pediatra de Atención Primaria es clave en la educación, promoción y seguimiento de estas intervenciones para disminuir la carga del VRS en lactantes.

Conflicto de intereses

I. Rivero Calle ha colaborado en actividades docentes subvencionadas por GlaxoSmithKline, MSD, Pfizer y Sanofi Pasteur, como investigadora en ensayos clínicos de vacunas de Ablynx, Abbot, Cubist, GlaxoSmithKline, Janssen, Medimmune, Merck, MSD, Novavax, Novartis, Pfizer, Roche, Regeneron, Sanofi Pasteur, Seqirus y Wyeth y como consultora en Advisory Board de MSD, Pfizer, GSK, Moderna y Sanofi Pasteur.

A. Iofrío de Arce ha colaborado en actividades docentes subvencionadas por GlaxoSmithKline, MSD, Pfizer y Sanofi Pasteur, ha recibido ayuda económica de Pfizer para asistir a actividades docentes nacionales y ha asistido a actividades docentes subvencionadas por GSK, MSD y Pfizer.

M. Garcés-Sánchez ha colaborado en actividades docentes subvencionadas por Astra, GlaxoSmithKline, MSD, Pfizer y Sanofi, como investigadora en ensayos clínicos de GlaxoSmithKline, Janssen, MSD, Pfizer y Sanofi, y como consultora en Advisory Board de GlaxoSmithKline, Novartis y Pfizer. La autora declara que no mantiene ninguna relación con la industria farmacéutica desde julio de 2024, y que no existen conflictos de interés que pudieran influir en el contenido de este artículo.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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El estudio BERNI en Argentina mostró que la vacunación maternal con RSVpreF previno el 78,6 % de hospitalizaciones por VRS en lactantes menores de 3 meses y el 71,3 % en menores de 6 meses, confirmando alta efectividad en vida real.

– Williams TC, Marlow R, Cunningham S, Drysdale SB, Groves HE, Hunt S, et al.; PERUKI & BronchStart Collaboration. Bivalent prefusion F vaccination in pregnancy and respiratory syncytial virus hospitalisation in infants in the UK: results of a multicentre, test-negative, case-control study. Lancet Child Adolesc Health. 2025; 9: 655-62.

El estudio multicéntrico en Reino Unido demostró que la vacunación materna con RSVpreF redujo el riesgo de hospitalización por VRS en bebés: un 72 % si administrada más de 14 días antes del parto, y un 58 % en cualquier momento antes del parto.

– Munro APS, Drysdale SB, Cathie K, Flamein F, Knuf M, Collins AM, et al.; HARMONIE Study Group. 180-day efficacy of nirsevimab against hospitalisation for respiratory syncytial virus lower respiratory tract infections in infants (HARMONIE): a randomised, controlled, phase 3b trial. Lancet Child Adolesc Health. 2025; 9: 404-12.

El ensayo HARMONIE demostró que una sola dosis de nirsevimab redujo en un 82,7 % (IC95 %: 67,8-91,5) el riesgo de hospitalización por infección respiratoria baja por VRS en lactantes durante 180 días, manteniendo un perfil seguro y protección sostenida.

– Mallah N, Pardo-Seco J, Pérez-Martínez O, Durán-Parrondo C, Martinón-Torres F; NIRSE-GAL study group. Full 2023-24 season results of universal prophylaxis with nirsevimab in Galicia, Spain: the NIRSE-GAL study. Lancet Infect Dis. 2025; 25: e62-e63.

El estudio NIRSE-GAL en Galicia, España, mostró que la profilaxis universal con nirsevimab en lactantes redujo las hospitalizaciones por infecciones respiratorias relacionadas con VRS en un 70,7 % y en un 80,3 % para casos que requirieron soporte de oxígeno, con cobertura superior al 90 %.

– Torres JP, Sauré D, Goic M, Thraves C, Pacheco J, Burgos J, et al. Effectiveness and impact of nirsevimab in Chile during the first season of a national immunisation strategy against RSV (NIRSE-CL): a retrospective observational study. Lancet Infect Dis. 2025: S1473-3099(25)00233-6.

El estudio NIRSE-CL en Chile mostró que la estrategia nacional de inmunización con nirsevimab logró una cobertura del 94 % y redujo las hospitalizaciones por infecciones respiratorias bajas relacionadas con VRS en un 76,4 %, así como en un 84,9 % los ingresos en UCI pediátrica.

– Zar HJ, Simões EAF, Madhi SA, Ramilo O, Senders SD, Shepard JS, et al.; CLEVER (MK-1654-004) Study Group. Clesrovimab for Prevention of RSV Disease in Healthy Infants. N Engl J Med. 2025; 393: 1292-303.

El ensayo CLEVER demostró que una dosis única de clesrovimab redujo en un 60 % la incidencia de infecciones respiratorias bajas por VRS médicamente atendidas y en un 84 % las infecciones graves, manteniendo un perfil de seguridad comparable al placebo.

 

Caso clínico

 

Anamnesis: lactante de 2 meses que acude a visita programada de vacunación sistemática en el mes de octubre. A su llegada, los padres nos comentan que presenta un cuadro de congestión nasal leve sin fiebre de 2 días de evolución. Sin tos. Sin repercusión con la alimentación. Adecuado descanso nocturno. Sin exposiciones domiciliarias a humo ni contagios recientes en la familia, pero su hermana de 18 meses acude a guardería.

Antecedentes personales: nacido a término en agosto 2025, sin antecedentes perinatales relevantes, salvo que la madre fue vacunada frente a VRS en el tercer trimestre de embarazo con vacuna bivalente RSVpreF (Abrysvo®). Sin antecedentes de enfermedades crónicas ni factores de riesgo para enfermedad grave por VRS.

Exploración física: peso: 5.120 g. Paciente alerta, afebril, con frecuencia respiratoria normal para su edad, ausencia de signos de dificultad respiratoria (tirajes o retracciones costales) y buena saturación de oxígeno (98 %). Auscultación cardiaca: rítmico, sin soplos. Auscultación pulmonar: simétrica, sin ruidos sobreañadidos ni sibilancias. Sin signos de deshidratación ni afectación hemodinámica. Resto sin alteraciones.

Pruebas complementarias: test rápido de antígeno para VRS: negativo.

 

 

Vacunas antineumocócicas

J. Ruiz Contreras
Temas de FC


J. Ruiz Contreras

Vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Comunidad de Madrid

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Autor para correspondencia

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Resumen

Revisión narrativa/descriptiva de la epidemiología de las infecciones neumocócicas en nuestro país, y de las vacunas neumocócicas disponibles y en desarrollo. En la actualidad, 2 de cada 3 casos de enfermedad neumocócica invasiva (ENI) se deben a serotipos no vacunales no contenidos en la vacuna neumocócica conjugada 13-valente. Sin embargo, algunos de los serotipos vacunales, como el 4, el 14, el 3, el 19A y el 19F, se mantienen. El serotipo 3 es el primer causante de ENI tanto en niños como en adultos mayores de 65 años. En los niños menores de 5 años, los serotipos más frecuentes son: 3, 24F, 22F, 8, 15B, 19A, 10A, 15A, 38 y 33F. Algunos serotipos tienen un tropismo especial por algunos órganos y sistemas: el serotipo 3 propende a causar neumonías necrotizantes y empiemas, mientras que los serotipos 24F y 10A tienden a causar meningitis. Las nuevas vacunas neumocócicas conjugadas, la 15-valente y la 20-valente, suponen un avance en el control de la enfermedad neumocócica, aunque no se disponen de estudios de eficacia que permitan estimar el impacto de las mismas. La vacuna 20-valente proporciona una mayor cobertura de serotipo, pero la 15-valente es significativamente más inmunógena, incluso que la vacuna 13-valente, frente al serotipo 3. Existen otras vacunas neumocócicas conjugadas en desarrollo, que incorporan mayor número de serotipos o utilizan diferentes plataformas de conjugación para mejorar la inmunidad.

 

Abstract

This is a narrative/descriptive review of the epidemiology of pneumococcal infections in our country, and of the pneumococcal vaccines available and under development. Currently, in our country, two out of every three cases of invasive pneumococcal disease are due to non-vaccine serotypes contained in the 13-valent pneumococcal conjugate vaccine. However, some vaccine serotypes, such as 4, 14, 3, 19A, and 19F, remain prevalent. Currently, serotype 3 is the leading cause of invasive pneumococcal disease in both children and adults over 65 years of age. In children under 5 years of age, the most frequent serotypes are: 3, 24F, 22F, 8, 15B, 19A, 10A, 15A, 38, and 33F. Some serotypes have a particular tropism for certain organs and systems: serotype 3 tends to cause necrotizing pneumonia and empyema, while serotypes 24F and 10A tend to cause meningitis. The newer pneumococcal conjugate vaccines, the 15-valent and 20-valent, represent an advance in the control of pneumococcal disease, although efficacy studies are not yet available to estimate their impact. The 20-valent vaccine provides greater serotype coverage, but the 15-valent is significantly more immunogenic against serotype 3, even than the 13-valent vaccine. Other pneumococcal conjugate vaccines are under development that incorporate a greater number of serotypes or use different conjugation platforms to improve immunity.

 

Palabras clave: Neumococo; Enfermedad invasiva neumocócica; Serotipos neumocócicos; Inmunidad de rebaño; Vacunas neumocócicas.

Key words: Pneumococcus; Invasive pneumococcal disease; Pneumococcal serotypes; Herd immunity; Pneumococcal vaccines.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 574 – 580

 


OBJETIVOS

• Conocer la epidemiología de las infecciones neumocócicas en nuestro país.

• Analizar el efecto de las vacunas neumocócicas conjugadas en la reducción de la colonización nasofaríngea y su importancia en la inmunidad de rebaño.

• Conocer el impacto en la enfermedad neumocócica invasora y no invasora de las vacunas neumocócicas conjugadas utilizadas en la vacunación sistemática infantil.

• Comparar las nuevas vacunas neumocócicas conjugadas.

• Conocer nuevas plataformas para el desarrollo de vacunas frente a neumococo.

 

Vacunas antineumocócicas

https://doi.org/10.63149/j.pedint.93

 

Introducción

Tras la introducción de las vacunas neumocócicas conjugadas (VNC) en la inmunización infantil, las vacunas neumocócicas conjugadas heptavalente (VNC7), decavalente (VNC10) y 13-valente (VNC13), la enfermedad neumocócica invasiva (ENI) y no invasiva (otitis media, neumonías no bacteriémicas y sinusitis), causadas por los serotipos vacunales han experimentado una disminución notable en todas las edades. En gran medida, el éxito de las VNC radica en su capacidad para reducir la colonización nasofaríngea por los serotipos vacunales, no solo en las personas vacunadas, sino también en las no vacunadas. Este fenómeno, que se hace evidente cuando se alcanzan tasas de vacunación del 65 % en los niños(1), es el responsable de la protección indirecta (inmunidad de grupo o de rebaño) de las personas que no reciben la vacuna. Aunque la protección indirecta ocurre en todas las edades(2), los principales beneficiarios son los pacientes inmunodeprimidos y los mayores de 65 años. Los pacientes inmunodeprimidos tienen un riesgo de ENI que, dependiendo del tipo de inmunosupresión, puede ser desde varias decenas hasta incluso centenas de veces más alta que la población general, pero por su estado inmunitario la respuesta a las VNC es baja o nula.

La reducción de la colonización nasofaríngea por las vacunas neumocócicas conjugadas es clave en la inmunidad de rebaño.

Los mayores de 65 años soportan, en la actualidad, el mayor número de muertes asociadas a enfermedad neumocócica (ENI y neumonía), debido a la presencia de comorbilidades y al debilitamiento del sistema inmune con la edad (inmunosenescencia) que, además, condiciona una disminución de las respuestas vacunales en este grupo de edad. La magnitud de la protección indirecta ha sido más baja con las vacunas VNC10 y VNC13 que con la VNC7, probablemente por el menor efecto de aquellas en la colonización nasofaríngea frente a algunos de los serotipos que incluyen.

Considerando todo lo anterior, la vacunación infantil frente al neumococo debe ser valorada en el contexto, no solo de la salud de los niños, sino en el de la salud global de toda la sociedad.

La reducción de la colonización nasofaríngea es, también, esencial para disminuir la selección de cepas de neumococo resistentes a antibióticos. Los niños, sobre todo de edad preescolar, reciben con frecuencia y, a menudo, de forma injustificada, tratamientos antibióticos en infecciones de vías respiratorias altas o cuadros febriles que, casi siempre, son de etiología viral. El antibiótico elimina las cepas de neumococo sensibles de nasofaringe, a la vez que facilita la expansión de las cepas resistentes. Antes del advenimiento de la VNC7, un porcentaje elevado de las resistencias de neumococo a antibióticos estaba asociado a los denominados “serotipos pediátricos”, que son, precisamente, los contenidos en esta vacuna. La introducción de la VNC7 redujo la colonización nasofaríngea por estos serotipos con la consiguiente disminución de las resistencias bacterianas. Un fenómeno similar sucedió con el serotipo 19A, un serotipo que emergió y se expandió rápidamente tras el uso de la VNC7, hasta llegar a causar entre el 25 % y el 30 % de las meningitis neumocócicas. Un porcentaje muy elevado de las cepas meníngeas del 19A exhibía resistencias de alto nivel a cefotaxima, lo que complicaba cada vez más el tratamiento de esta grave forma de ENI. La introducción de la VCN13 condujo a una casi eliminación de estas cepas, permitiendo que las cefalosporinas de tercera generación sigan siendo el tratamiento empírico de elección para la meningitis de los niños.

La nasofaringe es un complejo ecosistema dinámico, en el que conviven diferentes especies bacterianas interrelacionadas, entre ellas el neumococo. La colonización nasofaríngea por neumococo comienza poco después del nacimiento, alcanza su pico (entre el 50 % y hasta más del 70 %) en los niños de 2-3 años de edad y, posteriormente, decrece y se estabiliza entre un 5-10 % a partir de los 10 años en los países desarrollados. La dinámica es diferente en los países subdesarrollados, en los que los niños mantienen tasas de colonización del 25-50 % a lo largo de toda la infancia. El tiempo de colonización por neumococo es diferente para los distintos serotipos, pero oscila entre 7 y 50 días.

Las VNC suponen un impacto extraordinario en el ecosistema nasofaríngeo, al eliminar o disminuir la densidad de colonización de los serotipos vacunales (SV). Sin embargo, el nicho ecológico que se origina es rápidamente ocupado por los serotipos no vacunales (SNV). El efecto final en la carga de ENI dependerá, entre otros factores, de la capacidad invasora de estos nuevos serotipos. La asociación de resistencias a antibióticos de alguno de los SNV emergentes constituye quizás la mayor ventaja evolutiva para su expansión.

En todos los países donde se han utilizado las VNC, con la excepción de los EE.UU., se ha producido un incremento de la enfermedad neumocócica causada por los SNV(3-6). El efecto es más intenso en las personas menores de 2 años y mayores de 65, llegando en estos últimos a casi anular el efecto neto de la vacuna(4). No se conoce cuáles son los mecanismos íntimos del reemplazamiento, pero con más de 105 serotipos neumocócicos identificados en la actualidad, es un fenómeno que sin duda seguirá ocurriendo a medida que se vayan introduciendo las VNC de valencia ampliada.

Efectividad e impacto de las VNC en las infecciones neumocócicas

Es necesario tener en cuenta los conceptos de efectividad en la vida real e impacto vacunal. La efectividad se refiere al porcentaje de reducción de la incidencia de enfermedad en la población vacunada versus la no vacunada. Sin embargo, cuando una vacuna se utiliza en un programa de vacunación sistemática, al vacunarse toda la población objeto de la vacunación, no existe una población de no vacunados que sirva como control. En este caso, la efectividad vacunal se valora como la disminución de la incidencia de la enfermedad una vez introducida la vacuna con respecto a la incidencia en la misma población en el periodo prevacunal. Finalmente, el impacto tiene en cuenta otros factores, fundamentalmente la inmunidad de grupo o de rebaño, que extiende el efecto beneficioso de la vacuna a las personas no vacunadas y que se traduce en la prevención de un número de casos mucho mayor que el debido al efecto directo de la vacunación.

El impacto final de las vacunas neumocócicas conjugadas depende de la protección de grupo de las personas no vacunadas, que evita más casos de enfermedad que la vacunación directa.

Como se ha visto más arriba, la inmunidad de grupo o de rebaño (y, por tanto, el impacto final sobre la enfermedad) depende, en el caso de las VNC, de su capacidad para reducir la colonización nasofaríngea por los SV. Por tanto, puede darse el caso de que una vacuna sea efectiva frente a un determinado serotipo (el individuo vacunado tendrá algún grado de protección), pero que el impacto final en la comunidad sea escaso, si no es capaz de reducir la colonización nasofaríngea por ese serotipo, como ha sucedido con el serotipo 3.

La efectividad de una o más dosis de la VNC7 frente a ENI ha sido extraordinariamente (más del 95 %) alta en los niños vacunados(6), lo que se tradujo, desde el inicio de su introducción, en una reducción de la carga global (por cualquier serotipo) de ENI que ha oscilado en los diferentes países entre el 20 % y el 70 %(6). La protección indirecta de las VNC en las personas no vacunadas se ha extendido en todas las edades, incluidos los mayores de 65 años, que es una población particularmente vulnerable.

La efectividad de la VNC10 y VNC13 en la ENI causada por los SV es más baja que la de la VNC7, situándose en torno al 85 % tras la administración de una o más dosis. Es mayor durante el primer año tras la vacunación (95 %), pero posteriormente va disminuyendo a lo largo de los años, particularmente frente a los serotipos 3 y 19A, en los que la efectividad a los 4 años es del 40 % y 65 %, respectivamente(3). Aunque la protección indirecta es significativa, también ha sido menor que la de la VNC7 y, en algunos países, no se ha demostrado en los mayores de 65 años(6).

La efectividad de la vacuna neumocócica conjugada 13-valente frente a los serotipos 3 y 19A decae más rápidamente que la efectividad frente a otros serotipos de la vacuna.

En general, puede admitirse que la efectividad de las VNC frente a la ENI ha sido similar a la esperada según los ensayos clínicos. Sin embargo, un hecho sorprendente es que la efectividad frente a las formas no invasivas (neumonía y otitis media aguda) haya sido significativamente mayor que la esperada(7,8).

En el caso de la otitis media aguda (OMA), el aumento de la efectividad parece deberse a la capacidad de las VNC para evitar un primer episodio de OMA en los primeros meses de vida. Es un hecho bien conocido que cuando se padece una OMA en esta época de la vida, se produce una disfunción de la fisiología del oído medio, que condiciona ulteriores episodios de OMA, no solo por neumococo, sino por otras bacterias(9). Esto explica que las VNC sean capaces de prevenir los episodios de otitis media, no solo de etiología neumocócica, sino causados por otros patógenos como Haemophilus influenza no tipable, otitis de etiología mixta e incluso otitis con cultivo negativo(8), y que el efecto de las VNC sea mayor que el demostrado en los ensayos clínicos.

La efectividad de las VNC frente a hospitalizaciones por neumonía y neumonía comprobada radiológicamente es también superior a la que se había encontrado en los ensayos clínicos(7,10). Este mayor impacto en la vida real se debe, sobre todo, a la inmunidad de grupo, pero es muy probable que también intervengan otros factores. El desarrollo de enfermedad respiratoria es más probable cuando se produce la infección simultánea por más de un agente patógeno (virus-virus o virus-bacterias), debido a la interrelación entre los mismos. Esto explica el hecho de que en Sudáfrica, una vacuna VNC monovalente disminuyera la incidencia de neumonías de etiología viral(11). Otros trabajos también han encontrado que la vacunación universal con las VNC reduce no solo la incidencia de neumonía, sino de bronquiolitis(7).

Al evitar o retrasar un primer episodio de otitis media aguda neumocócica en los lactantes más pequeños, la vacuna neumocócica conjugada 13-valente reduce el riesgo de nuevos episodios de otitis causados por otros patógenos diferentes del neumococo.

 

Epidemiología de las infecciones neumocócicas en España

Durante los años 2020-2021 de la pandemia de la COVID-19, la incidencia de ENI disminuyó de forma marcada, como consecuencia del confinamiento y las medidas preventivas no farmacológicas. En 2023, la incidencia ascendió de nuevo a las cifras prepandemia. En la actualidad, la máxima incidencia de ENI ocurre en los menores de un año y mayores de 65 años(12), pero las defunciones ocurren, sobre todo, en este último grupo, que acumula el 75 % de los fallecimientos(12). Como en todos los países donde se han utilizado las VNC, el fenómeno del reemplazamiento también tiene lugar en España, de forma que, en el momento actual, alrededor de 2 de cada 3 casos de ENI se deben a serotipos no contenidos en la VNC13(13). Sin embargo, en los niños menores de un año y en los de 1-4 años, un 40 % y un 33 %, respectivamente, están causados por serotipos incluidos en la VNC13(12).

Actualmente, 2 de cada 3 casos de enfermedad neumocócica invasiva se deben a serotipos no contenidos en la vacuna neumocócica conjugada 13-valente.

En los niños menores de 5 años, los serotipos más frecuentes son: 3, 24F, 22F, 10A, 33F, 8, 15B, 19F, 23A y 19A, aunque hay diferencias dependiendo de la edad de los niños (p. ej., el serotipo 8 aparece fundamentalmente a partir de los 5 años, mientras que los serotipos 24F y 10A afectan, sobre todo, a niños menores de 4 años) (Fig. 1)(12). El serotipo 24F, un serotipo fundamentalmente pediátrico y raro en la edad adulta, ha tenido una presencia constante en los últimos años, entre los tres primeros serotipos causantes de ENI en los primeros 5 años de vida(13).

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Figura 1. Distribución de los serotipos neumocócicos causantes de enfermedad neumocócica invasiva (ENI) en España, en los niños por franja de edad. Fuente: referencia (12).

 

En los niños menores de 5 años, el serotipo más frecuente es el 3, un serotipo que tiende a dar neumonías necrotizantes y empiemas.

En los adultos, los tres serotipos más frecuentes son el 8, el 3 y el 22F. De nuevo, hay diferencias según la edad: en los mayores de 65 años, el serotipo más prevalente es el 3. Este dato es significativo, ya que las personas de esta edad son particularmente vulnerables, lo que explica que el serotipo 3 sea el causante de alrededor de un tercio de todas las muertes por EN(12).

Un hecho que llama la atención es que, tanto en niños como en adultos, algunos SV como el 3, 4, 14, 19F y 19A sigan manteniéndose e incluso aumentando, pese a estar incluidos en la VNC13. Este fenómeno no solo ocurre en España(12,13), sino en todos los países donde se han utilizado la VNC10 o la VNC13(3,5,6,14). Los serotipos 3, 19A y 19F son los responsables de la mayoría de los fallos vacunales(15).

Algunos serotipos vacunales, como el 3, 4, 14, 19A y 19F, persisten e incluso están aumentando a pesar de las altas coberturas vacunales.

Las razones de la persistencia de estos SV no son del todo conocidas. El serotipo 3 es el serotipo que con más frecuencia causa ENI en los niños menores de 5 años en los países donde se ha utilizado la VNC13(14), incluyendo Portugal, donde es la primera causa de ENI en niños(5). Se ha estimado que la efectividad de la VNC13 frente a la ENI por el serotipo 3 es alrededor del 65 %(16), más baja que frente a otros serotipos de la vacuna. Esto es debido a que para la protección frente a este serotipo y, también, frente a los serotipos 19A y 19F, se necesitan unos niveles séricos de anticuerpos antipolisacáridos varias veces más altos que frente al resto de los serotipos de la VNC13(17). Además, la efectividad frente a los serotipos 3 y 19A se pierde de forma más rápida que la efectividad frente al resto de los SV de la VNC13(3), lo que probablemente sea determinante para que estos dos serotipos sean los que con más frecuencia estén implicados en los fallos vacunales(15). La persistencia y aumento del serotipo 3 también se ha relacionado con la emergencia de nuevos clonos y linajes que podrían ser resistentes a la acción de la vacuna. Sin embargo, en los diferentes países donde este serotipo ha aumentado, no siempre se identifican estos mismos linajes.

Quizás el factor más determinante de la persistencia de los SV sea la escasa repercusión de la VNC13 en la colonización nasofaríngea por los mismos. Dado que los niveles séricos de anticuerpos antipolisacáridos necesarios para reducir la colonización nasofaríngea son mucho más altos que los que se necesitan para la protección frente a ENI, una proporción sustancial de individuos podría no alcanzar estos niveles tras la vacunación. De hecho, la VNC13 no tiene prácticamente ningún efecto en la colonización nasofaríngea por el serotipo 3(18), y los serotipos 3 y 19A persisten en la nasofaringe de los niños vacunados, incluso una década después de la vacunación sistemática en los niños(19).

Las propiedades de cada uno de los serotipos neumocócicos son muy diferentes en cuanto a capacidad invasiva, capacidad colonizadora, letalidad, resistencia a antibióticos y tropismo por diferentes órganos o sistemas. El estudio de la epidemiología de las infecciones neumocócicas queda incompleto si no se tiene en cuenta, además de la distribución de los serotipos, las propiedades de los mismos. El serotipo 3 propende a causar, tanto en niños como en adultos, neumonías necrotizantes y empiemas, pero es sensible a antibióticos betalactámicos. El serotipo 24F, que afecta sobre todo a niños menores de 4 años, posee un alto potencial invasivo, tiende a causar meningitis y es, con frecuencia, resistente a antibióticos(5,20,21). Su rápido aumento en Francia prácticamente anuló la reducción inicial de la meningitis neumocócica conseguida por la VNC13(21). El serotipo 10A, que se encuentra entre los más frecuentes en niños menores de 4 años, ha ido aumentando en los últimos años y propende a causar meningitis(5,20).

La asociación de resistencias a antibióticos de algunos serotipos no solo dificulta el tratamiento, sino que supone una ventaja evolutiva para los mismos, que facilita su expansión. Entre los serotipos que asocian resistencias bacterianas se encuentran los serotipos 11A, 24F y 23B(5,20,21). El serotipo 11A, poco frecuente en niños, además de asociar multirresistencias, tiene una elevada letalidad(12). En España, el 11A es también, junto con los serotipos 3, 19A y 19F, uno de los más frecuentes, y el que más crecimiento ha experimentado en la OMA con otorrea espontánea(22).

Nuevas vacunas neumocócicas de valencia ampliada

El fenómeno del reemplazamiento hace necesario, para controlar las infecciones neumocócicas, el uso de nuevas vacunas con mayor número de serotipos que la VNC13. Son las que se han denominado, de forma genérica, las vacunas neumocócicas de valencia ampliada(6,23) (Fig. 2).

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Figura 2. Vacunas neumocócicas conjugadas (serotipos neumocócicos incluidos). 1Vacuna neumocócica conjugada 10-valente de bajo coste enfocada a los países de baja renta; 2Vacuna neumocócica conjugada 21-valente para adultos; 3Vacuna neumocócica conjugada 21-valente para adultos y niños.

 

Uno de los problemas de las VNC es que, con los actuales métodos de conjugación, se produce una pérdida de inmunogenicidad, que es mayor cuanto mayor sea el número de serotipos incluidos, un fenómeno que en parte ha sido atribuido a una tolerancia al carrier proteico. No se sabe cuál puede ser el significado real de esta menor inmunogenicidad de las nuevas VNC. Es muy posible que su repercusión en la protección directa frente a la ENI no sea muy alta, pero considerando que para la prevención frente a neumonía y otitis y, sobre todo, para la reducción de la colonización nasofaríngea se necesitan títulos mucho más altos de anticuerpos antipolisacáridos, la menor inmunogenicidad de las VNC de valencia ampliada podría tener un impacto negativo en la enfermedad no invasora y en la inmunidad de grupo. Este último hecho es clave, ya que la protección de rebaño evita un número mucho mayor de casos que la protección directa. La persistencia e incluso el aumento de algunos serotipos contenidos en la VNC7, como el 4 y el 14(3,12,13), plantea la posibilidad de que la menor inmunogenicidad de las VNC esté afectando a la inmunidad de grupo. Así lo sugiere un modelo reciente, que relaciona la concentración de anticuerpos vacunales con la colonización nasofaríngea, en el que la VNC13, la VNC15 y la VNC20 fueron menos eficaces que la VNC7 para reducir la colonización nasofaríngea frente a varios serotipos comunes a todas ellas, entre ellos el 4 y el 14. El efecto fue más intenso cuanto mayor fue el número de serotipos de la vacuna(24). En este contexto es necesario un seguimiento estrecho de la epidemiología del neumococo tras el uso de las nuevas VNC, no solo de los serotipos emergentes, sino también de los serotipos comunes con la VNC7. Tratando de obviar este fenómeno y para mejorar la inmunogenicidad de las VNC, se han diseñado vacunas que utilizan nuevas plataformas de conjugación del polisacárido con la proteína transportadora.

A medida que se incorporan más serotipos neumocócicos en una vacuna conjugada, disminuye la inmunogenicidad y los títulos de anticuerpos antipolisacáridos.

Debido a consideraciones éticas y a la imposibilidad de realizar ensayos clínicos con las nuevas vacunas comparadas con el placebo (además de que sería necesario incluir un número ingente de niños), no existen estudios sobre la eficacia de la VNC15 y la VNC20. Para su aprobación, las agencias reguladoras se basan en comparar su inmunogenicidad con la de la VNC13, teniendo en cuenta tanto la media geométrica (MG) de anticuerpos antipolisacáridos, como el porcentaje de sujetos vacunados que alcanza títulos ≥ 0,35 µg/ml, definidos por la OMS como parámetro subrogado de protección poblacional. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este parámetro fue establecido para los 7 serotipos conjuntos de la VNC7 y no necesariamente predice la eficacia vacunal frente a otros serotipos.

En la actualidad, existen dos nuevas VNC de valencia ampliada en nuestro país: la VNC15, que incluye los serotipos 22F y 33F, además de los de la VNC13; y la VNC20 (contiene los serotipos 8, 10A, 11A, 12F, 15B, 22F y 33F, además de los incluidos en la VNC13) (Fig. 2). La VNC15 ha sido aprobada en los niños con pautas 2+1 o 3+1, mientras que la VNC20 ha sido aprobada con pautas 3+1. Las coberturas estimadas de la VNC15 y la VNC20 de los serotipos causantes de ENI son 40 % y 59 %, respectivamente, frente al 29 % de la VNC13(13). Menos conocida es la cobertura potencial en las formas no invasoras de la enfermedad y en la colonización nasofaríngea. Una revisión sistemática reciente ha estimado que las coberturas actuales de serotipos en la OMA para la VNC15 y la VNC20 en Europa serían alrededor del 40 % y el 60 %, respectivamente(25), mientras que las coberturas para los serotipos que colonizan la nasofaringe estarían en España en torno al 17 % para la VNC15 y al 35 % para la VNC20(25).

Desafortunadamente, ninguna de estas dos vacunas contiene el serotipo 24, que, como se ha visto más arriba, propende a dar meningitis en niños menores de 4 años y asocia resistencias a antibióticos.

La VNC15 produce títulos significativamente más altos que la VNC13 y la VNC20 frente al serotipo 3(26). No se sabe cuál es el impacto real de la mayor inmunogenicidad de la VNC15 frente al serotipo 3, pero un modelo matemático ha estimado que podría ser significativamente más efectiva que la VNC13 y VNC20 frente a la ENI causada por este serotipo(27).

Con el objetivo de mejorar la prevención de la enfermedad neumocócica, se están desarrollando nuevas estrategias vacunales utilizando VNC con diferentes serotipos para el niño y el adulto (Fig. 2). La vacuna de adultos que contiene 21 serotipos (3, 6A, 7F, 8, 9N, 10A, 11A, 12F, 15A, 15C, 16F, 17F, 19A, 20A, 22F, 23A, 23B, 24F, 31, 33F y 35B) conjugados con la proteína CRM197 ha sido ya aprobada en nuestro país y proporciona una cobertura de alrededor del 80 % de los serotipos causantes de ENI en adultos mayores de 65 años(13). Otra VNC21 enfocada a los niños está actualmente en desarrollo.

Otras aproximaciones que tratan de compensar la pérdida de inmunogenicidad, debida al incremento del número de serotipos incluidos en las VNC, se basan en utilizar nuevas plataformas para la conjugación del carrier proteico y del polisacárido capsular, con objeto de generar respuestas inmunes más potentes y amplias que los métodos tradicionales de conjugación.

Una de ellas es la plataforma denominada Multiple Antigens Presentation System (MAPS)(28). Esta plataforma utiliza como carrier proteico una proteína del propio neumococo que es compartida por varios serotipos. Además, la unión del polisacárido capsular neumocócico y el carrier proteico no se hace mediante enlaces covalentes, sino utilizando dos moléculas, la biotina y la rizavidina, que tienden a unirse espontáneamente. La primera de estas moléculas se une a la molécula del polisacárido capsular, mientras que la rizavidina se une al carrier. Se forma así un glicocomplejo de estructuras muy estables, en las que se preserva todo el potencial inmunizante de los epítopos. Se genera una respuesta potente y amplia, que incluye las células B (con producción de anticuerpos frente al polisacárido y a las proteínas neumocócicas), las células T helper (TH1, TH2, TH17), las células T killer y las células T citotóxicas. Además, los anticuerpos contra la proteína neumocócica que compone el carrier podrían proporcionar protección frente a serotipos no incluidos en la vacuna.

Mediante la plataforma MAPS se ha desarrollado una VNC24 valente (Fig. 2), que incluye los serotipos: 1, 3, 4, 5, 6A, 6B, 7F, 9V, 14, 18C, 19A, 19F y 23F (compartidos con la VNC13, excepto el serotipo 6A), más los serotipos 2, 8, 9N, 10A, 11A, 12F, 15B, 17F, 20B, 22F y 33F. En un ensayo fase 1/2 en adultos, esta vacuna fue igual o más inmunógena que la VNC13 frente a los serotipos compartidos. Concretamente, los títulos de actividad opsonofagocítica (OPA) frente a los serotipos 3, 5 y 19F fueron significativamente más altos con la VNC24 que con la VNC13(29). En los niños, la vacuna está menos estudiada, pero produce una respuesta similar a la VNC13 frente a los serotipos compartidos con la VNC13.

Otra vacuna neumocócica en desarrollo es la 25 valente, una vacuna de bajo coste y orientada a países del tercer mundo. Para la conjugación del polisacárido y la proteína, se utiliza una plataforma basada en un puente (linker) de hidrazida-polietilen glicol-hidrazida que preserva los epítopos inmunizantes y da lugar a respuestas de anticuerpos antipolisacáridos y OPA más altas que los métodos de conjugación tradicionales. Actualmente, se ha terminado un ensayo fase II en adultos jóvenes, pero no se conocen los resultados.

Dado el gran número de serotipos neumocócicos, no es posible lograr una VCN que incluya todos los polisacáridos capsulares, ni siquiera con otros métodos de conjugación. Por esta razón, se están investigando varias proteínas neumocócicas que están altamente conservadas entre los diferentes serotipos(6,30). Algunas de estas proteínas inducen anticuerpos que previenen la infección por distintos serotipos neumocócicos. Administradas por vía nasal, producen respuestas inmunitarias locales, con reducción de la colonización nasofaríngea, una propiedad considerada esencial para la generación de inmunidad de grupo y que hasta ahora parecía reservada a los polisacáridos capsulares. En la actualidad, hay varias aproximaciones a las vacunas basadas en las proteínas neumocócicas y se están desarrollando vacunas monoproteicas, multiproteicas y vacunas de proteínas que contienen, además, el polisacárido capsular. En cualquier caso, dado el desarrollo actual de las vacunas neumocócicas proteicas, la prevención a corto plazo seguirá estando en las VNC(31).

El Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la Asociación Española de Pediatría recomienda que la VNC13 sea sustituida por una de las nuevas vacunas de valencia ampliada en la vacunación sistemática antineumocócica infantil: VNC15 con pauta 2+1 o VNC20 con pauta 3+1. En niños que estén siendo vacunados con la VNC13, se puede cambiar a VNC15 o VNC20 en cualquier momento de la inmunización. Todos los pacientes inmunodeprimidos o de riesgo deberían inmunizarse con estas vacunas, aunque estén completamente inmunizados con la VNC13 y la vacuna neumocócica de 23 polisacáridos simples (VNP23), siguiendo las pautas recomendadas por el CAV.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria debe tratar de evitar el uso innecesario de antibióticos, que selecciona la colonización nasofaríngea por cepas resistentes de neumococo. También debe contribuir a mantener altas coberturas de las vacunas neumocócicas conjugadas para prevenir las infecciones neumocócicas, no solo en los niños vacunados, sino también en las personas no vacunadas y en los pacientes inmunodeprimidos, que, a menudo, responden pobremente, o no lo hacen, a la vacuna.

La vacunación frente a neumococo se considera una medida clave en el cuidado de los pacientes de riesgo con enfermedades subyacentes y en los sujetos inmunodeprimidos, tal y como lo recoge la Asociación Española de Pediatría(32). En general, los primeros muestran una respuesta adecuada a las VNC, mientras que los segundos, dependiendo del grado de inmunosupresión, tienen respuestas subóptimas o ausentes. Aunque no hay suficiente evidencia de que las VNC sean efectivas en las personas con inmunodepresión, la elevada incidencia y gravedad de las infecciones neumocócicas en este colectivo, más el excelente perfil de seguridad de estas vacunas, justifican la medida.

Tampoco existe evidencia sobre qué pauta vacunal proporciona la mejor protección a los pacientes de riesgo, sobre todo a aquellos de alto riesgo o inmunodeprimidos. Por tanto, las pautas vacunales se basan en la opinión de expertos, que, en general, tienen como objetivo proporcionar la cobertura vacunal más amplia frente a los serotipos neumocócicos circulantes. Sin embargo, dada la carencia de datos de efectividad, la inmunogenicidad debería ser también tenida en cuenta. La VNC15 ha demostrado no ser inferior a la VNC13 en niños y adolescentes con infección por VIH y anemia de células falciformes, así como en niños y adultos sometidos a trasplante de médula ósea(33). Por el contrario, la VNC20 carece, hasta ahora, de estudios que avalen su uso en este grupo de pacientes.

En general, en los pacientes inmunodeprimidos se recurre a pautas mixtas que combinan diferentes vacunas neumocócicas y diferentes intervalos de vacunación, que dependen del estado vacunal de cada paciente(33). En los niños que han completado la vacunación con VNC13 o VNC15, se recomienda administrar la vacuna de 23 polisacáridos (VNP23) o, preferiblemente, la VNC20. El intervalo mínimo de administración entre cualquiera de las VNC, o cuando se administra la VNP23 después de haber completado la primovacunación con cualquiera de las VNC, es de 8 semanas(32). En cualquier caso, las pautas vacunales frente a neumococo en los pacientes de alto riesgo e inmunodeprimidos son numerosas, en función de la edad del niño, del tipo de vacuna y del número de dosis recibidas(32).

Por último, persisten algunas dudas razonables acerca de qué pautas vacunales podrían diseñarse para aprovechar mejor las propiedades de cada una de las VNC de valencia ampliada: la mayor inmunogenicidad de la VNC15 frente al serotipo 3 y la mayor cobertura de serotipos de la VNC20. Una posibilidad sería utilizar pautas mixtas con ambas vacunas, teniendo en cuenta, además, que solo la VNC15 posee estudios de inmunogenicidad en los pacientes inmunodeprimidos.

Conflicto de intereses

Ha participado en actividades formativas y de asesoría con las compañías Pfizer y MSD.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Revisión sistemática sobre la inmunidad de grupo en 27 países de alta renta y 7 países de renta baja. El estudio demuestra que la vacunación de los niños con las vacunas neumocócicas conjugadas genera inmunidad de grupo en los no vacunados de todas las edades. Un hallazgo importante del estudio es que demuestra que los efectos de la inmunidad de grupo se consolidan a los 9-10 años.

– Savulescu C, Krizova P, Valentiner-branth P, Ladhani S, Rinta-kokko H, Levy C, et al. Effectiveness of 10 and 13-valent pneumococcal conjugate vaccines against invasive pneumococcal disease in European children: SpIDnet observational multicentre study. Vaccine. 2022; 40: 3963-74. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.vaccine.2022.05.011.

En este trabajo, se analiza la epidemiología de la enfermedad neumocócica invasiva (ENI) en varios países europeos. Se demuestra que, en la actualidad, la mayoría de los casos de ENI están producidos por serotipos no vacunales (el 24F el más frecuente), pero que persisten serotipos vacunales como el 14, 3, 19A y 19F. En el trabajo, se calcula la efectividad de la vacuna frente a los serotipos y demuestra que frente al serotipo 19A y, sobre todo, el 3 es más baja y, además, decae más rápidamente con el tiempo, que frente al resto de serotipos.

– Dagan R, Pelton S, Bakaletz L, Cohen R. Prevention of early episodes of otitis media by pneumococcal vaccines might reduce progression to complex disease. Lancet Infect Dis. 2016; 16: 480-92. Disponible en: https://dx.doi.org/10.1016/S1473-3099(15)00549-6.

En este excelente artículo de revisión, los autores explican el mecanismo por el que las vacunas neumocócicas conjugadas protegen no solo frente a la otitis media aguda por neumococo, sino por otros agentes bacterianos e incluso frente a las otitis medias complejas con cultivo negativo. La razón es que cuando un lactante sufre una otitis media aguda por neumococo, se produce una disfunción funcional del oído medio, que facilita nuevos episodios de otitis por cualquier patógeno. La prevención o el retraso de la primera otitis media aguda por las vacunas neumocócicas conjugadas impide todo este mecanismo patogénico. Esta es la razón por la que las vacunas neumocócicas conjugadas han sido más eficaces en la vida real que en los ensayos clínicos.

– Pérez-García C, Sempere J, de Miguel S, Hita S, Úbeda A, Vidal EJ, et al. Surveillance of invasive pneumococcal disease in Spain exploring the impact of the COVID-19 pandemic (2019-2023). J Infect. 2024; 89: 106204. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.jinf.2024.106204.

Trabajo imprescindible para conocer la epidemiología de la enfermedad neumocócica invasiva en España. En él se documentan los serotipos predominantes según la edad, las formas de la enfermedad, la letalidad y la mortalidad, y muchas más cosas, que completan un panorama que es imprescindible conocer.

– Wong A, Warren JL, Fitch L, Perniciaro S, Dagan R, Weinberger DM. Estimating the Serotype-Specific Association Between the Concentration of Vaccine-Induced Serum Antibodies and Protection Against Pneumococcal Colonization. J Infect Dis. 2025; 232: 27-34. Disponible en: https://doi.org/10.1093/infdis/jiaf106.

Este trabajo demuestra, mediante un modelo de investigación, que la pérdida de inmunogenicidad de las vacunas neumocócicas conjugadas, a medida que se añaden más serotipos, puede disminuir la capacidad de las vacunas neumocócicas de valencia ampliada para reducir la colonización nasofaríngea por los serotipos vacunales, lo que podría disminuir la inmunidad de grupo o de rebaño y, por tanto, disminuir el impacto total de la vacunación.

 

Flu vaccination

J. Reina Prieto
Topics on
Continuous Training



J. Reina Prieto

Virology Unit. Microbiology Department. Son Espases University Hospital. School of Medicine, University of the Balearic Islands. Palma de Mallorca

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Corresponding author:

jorge.reina@ssib.es

Abstract

Human influenza is an acute disease caused mainly by influenza A and B viruses that occurs annually as seasonal epidemic outbreaks in the winter, with an average duration of 8-12 weeks, or sporadically as a pandemic. Various epidemiological studies have shown that preschool and school-aged children have the highest rates of influenza infection in all countries and epidemic seasons, ranging from 15% to 42% of this population. Current vaccination rates for children against influenza are very low, despite the risk of hospitalization due to infectious complications in children under 5 years of age. From a practical standpoint, only two types of vaccines should be considered: those consisting of viral antigenic fragments (inactivated) and those consisting of attenuated viral suspensions (attenuated). Since 2012, all influenza vaccines were required by WHO to contain two strains of influenza A virus (subtypes H3N2 and H1N1) and two strains of influenza B virus (Victoria and Yamagata lineages), although since 2023 the WHO has returned to recommending only trivalent vaccines without the presence of the Yamagata lineage due to its possible extinction.

 

Resumen

La gripe humana es una enfermedad aguda causada preferentemente por los virus gripales A y B, que se presenta anualmente como brotes epidémicos estacionales en la época invernal, con una duración media de 8-12 semanas, o bien de forma esporádica o como pandemia. Los diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que la población infantil preescolar y escolar es la que presenta las mayores tasas de ataque gripales en todos los países y temporadas epidémicas, oscilando entre el 15-42 % de esta población. Los porcentajes actuales de población infantil vacunada contra la gripe son muy bajos, a pesar del riesgo de hospitalización por complicaciones infecciosas en los niños menores de 5 años. Desde el punto de vista práctico, solo deberían considerarse dos tipos de vacunas: las constituidas por fragmentos antigénicos virales (inactivadas) y las formadas por suspensiones víricas atenuadas (atenuadas). Desde 2012, todas las vacunas de la gripe debían contener, por recomendación de la OMS, dos cepas del virus gripal A (subtipos H3N2 y H1N1) y dos cepas del virus gripal B (linajes Victoria y Yamagata), aunque, desde 2023, la OMS ha vuelto a recomendar solo las vacunas trivalentes sin la presencia del linaje Yamagata por su posible extinción.

 

Key words: Influenza; Influenza viruses; Epidemiology; Vaccines.

Palabras clave: Gripe; Virus gripales; Epidemiología; Vacunas.

 

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 596 – 602

 


OBJETIVOS

• To understand the general characteristics of influenza viruses and their respiratory pathogenesis.

• To learn what the main implications of flu viruses are in the development of the disease.

• To identify the main epidemiological and clinical aspects of influenza in the child population.

• To distinguish between the various types of flu vaccines and their applications.

• To recognize the main indications for flu vaccine according to international and national recommendations.


 

 

Flu vaccination

https://doi.org/10.63149/j.pedint.97

 

Introduction

Influenza is one of the main respiratory illnesses affecting children. Influenza viruses have several characteristics that make them unpredictable.

From a taxonomic point of view, human influenza viruses belong to the Orthomyxoviridae family and the Influenzavirus A, B, and C genera. These viruses have a single-stranded RNA genome made up of 8 genetic segments (approximately 12,000-14,000 nucleotides in total) of varying sizes that encode about 10-12 different proteins. Among them, segment 4 encodes hemagglutinin (HA) and segment 6 encodes neuraminidase (NA)(1).

The tissue tropism (respiratory tract) of human influenza viruses is not determined exclusively by the presence of the cell receptor, which seems logical, given that sialic or neuraminic acid is found on the surface of a large number and type of human cells, but by the tissue presence of enzymes (proteases) with the ability to activate the HA glycoprotein, conferring infectivity.

From a genetic standpoint, influenza strains develop a series of point mutations in the HA gene, which are selected by the selective pressure of the human immune system. This process selects variants with genetic and antigenic changes that accumulate, leading to antigenic drift. These variants, if they become dominant over others, are the origin of seasonal influenza epidemics and, in part, responsible for the annual need to update and change the antigenic composition of vaccines each season. In addition, influenza A viruses can undergo a phenomenon called genetic reassortment, whereby genomic segments are exchanged between different animal or human subtypes. When these segments affect hemagglutinin, they can lead to the emergence of a new subtype with pandemic potential(1,2).

From an epidemiological standpoint, influenza A should be considered an anthropozoonosis, meaning it has an animal reservoir, while influenza B is an anthroponosis, with humans as its only reservoir. Influenza C, with little impact on humans, has both humans and pigs as reservoirs. Thus, against influenza A, we can only protect ourselves through vaccination or treatment of infected individuals; that is, it is a non-eradicable infection, since we cannot eliminate the reservoir. In contrast, influenza B could be eliminated from humans through a universal vaccination program with a highly effective vaccine(1,2).

Human influenza is an acute illness caused primarily by influenza A and B viruses. It occurs annually as seasonal outbreaks during the winter months, with an average duration of 8-12 weeks. Influenza A is the only strain capable of causing pandemics with an unknown frequency. Influenza is generally considered a mild and self-limiting illness, with an incubation period of 2-3 days and a symptomatic period of approximately 5-7 days. Symptoms include sudden onset, fever, pharyngitis, malaise, myalgia, and respiratory symptoms. Its main public health impact is its high attack rate (affecting nearly 50% of the exposed population) and morbidity, particularly at the extreme ages of life, although it is generally associated with low mortality (between 0-1% overall and 10% of severe hospitalized cases).

As mentioned, influenza is a zoonotic disease; therefore, the only and best way to prevent it, especially in at-risk groups, is through annual vaccination programs. Despite these recommendations, vaccination rates in Spain for those over 65 do not exceed 45%, while the WHO recommends rates of 75%. With such a low vaccination rate, only individual protection against influenza is achieved, along with a reduction in complications and hospitalizations, but not herd immunity, which would be desirable to interrupt viral circulation.

In general, influenza has only been considered a severe illness in children with underlying chronic diseases, representing approximately 10% of the population, in whom an increased risk of complications can be identified. Despite this, most epidemiological studies demonstrate that children are responsible for the introduction, spread, and, very likely, the maintenance of influenza in the community(3).

The socio-health impact of influenza on the child population, as well as on the general population, varies widely each season and depends, among other factors, on the virulence of the circulating influenza strain, the degree of prior immunity of the population and the ability of the strain to spread among it, although this age group continues to be the most affected, with the accumulation of cases in a short period of time being especially important(4).

Various epidemiological studies have shown that preschool and school-aged children have the highest rates of influenza infection in all countries and epidemic seasons, ranging from 15% to 42% of this population. Studies conducted during different influenza seasons have shown that annual rates of children visiting medical clinics due to influenza infection range from 6% to 29%. Furthermore, influenza infection and its complications lead to a 10% to 30% increase in the number of antibiotic treatments prescribed to children during influenza season. It has also been observed that during the early stages of influenza epidemics, there is a predominance of cases in children, and that school absenteeism is a factor that precedes community spread of influenza. One of the main causes of this phenomenon is the greater susceptibility of the child population to the new antigenic variants of the virus and the fact that infected children excrete the influenza virus in greater quantities (viral load) and for a longer time in respiratory secretions(5).

Although influenza-associated mortality is much lower in children (0.2-0.8/100,000) than in the elderly (over 65 years), influenza infection facilitates bacterial complications in otherwise healthy children and can manifest as other infections beyond the respiratory tract. The most serious complications of influenza infection, such as encephalopathies and sudden death, have not been fully studied, although the first data on these conditions were presented during the 2023-2024 influenza season, with an estimated mortality rate of 3.8/100,000 in children under 2 years of age. One of the main complications of childhood influenza is acute otitis media, which occurs in approximately 20% of confirmed cases; bronchiolitis and sinusitis are also common complications and could benefit from an influenza vaccination program. It should be remembered that 70% of children aged 0-5 years hospitalized for severe influenza and 56% of ICU admissions do not present any risk factors, while 80% of hospitalized patients who died present one or more factors(5).

Current percentages of children vaccinated against the flu are very low, despite the fact that the risk of hospitalization due to infectious complications in children under 5 years of age is at least as high as that observed in people over 65 years of age, differing clearly from them in that less than 30% of this child population has underlying chronic conditions that predispose them to the flu.

The reasons for this low vaccination coverage are not fully understood, but it could be due to multiple factors that contribute to a certain historical and resigned resistance regarding the importance of pediatric influenza. These factors could include the need for annual vaccination within a comprehensive vaccination schedule during the first two years of life. Other contributing factors are: the limited information available on influenza morbidity and mortality in children; the epidemiological difficulty in assessing the true impact of vaccination (vaccine effectiveness); the existence of only a few officially recognized indications, based exclusively on studies conducted on adults; the lower demonstrated efficacy of the influenza vaccine compared to other routine vaccines; the existence of some misconceptions about the true contraindications of vaccines in general; and the existence of fears, generally unfounded, about adverse vaccine reactions(5-7).

From a practical point of view, only two types of vaccines should be considered: those made up of viral antigenic fragments (inactivated vaccines) and those made up of suspensions of attenuated viruses (attenuated or live vaccines), although there are several other types (Table I).

Inactivated vaccines

Inactivated vaccines, which are non-infectious, are the most widely used. They consist exclusively of the influenza hemagglutinin (HA) of each strain.

Of the inactivated vaccines, which lack the capacity for viral infection, there are basically three types: a) whole-virus vaccines, composed of purified suspensions of whole viruses inactivated with chemical compounds; b) split-virus vaccines, composed of purified suspensions of virions that have been split using detergent-type substances and which contain primarily the HA and NA glycoproteins and, partially, the NP nucleoprotein and the M protein; and c) vaccines consisting exclusively of purified HA surface glycoproteins (subunit vaccines). The latter are the most widely used in most vaccination programs. The vaccine contains 15 µg of HA from each of the vaccine strains (45 µg total); in addition, there are high-dose inactivated vaccines that contain 60 µg of each strain and are only recommended for the adult population. Inactivated vaccines can be obtained from embryonated eggs or cell cultures (approved for >6 months) and require a very complex antigen extraction process, so each egg only provides one vaccine dose (Fig. 1). These protein-based inactivated vaccines can be subdivided into adjuvanted and non-adjuvanted vaccines; only the former are indicated for adults. The adjuvant is a complex lipid compound that non-specifically stimulates the immune system and elicits a greater response to the associated antigen(5,8,9).

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Figure 1. Process of manufacturing inactivated vaccines consisting exclusively of hemagglutinin as the antigen.

 

Since 2012, all influenza vaccines were recommended by the WHO to contain two strains of influenza A virus (subtypes H3N2 and H1N1) and two strains of influenza B virus (Victoria and Yamagata lineages). However, since 2023, the WHO has again recommended only trivalent vaccines without the Yamagata lineage, which is officially extinct. Antigenic selection of each strain is performed annually based on surveillance and control studies conducted in global reference laboratories(10).

Most epidemiological studies of post-vaccination follow-up have demonstrated that most healthy individuals respond to the vaccine with a high level of neutralizing antibodies capable of preventing influenza infection. These vaccines only induce a systemic response in IgG antibodies that concentrate in the lung parenchyma; therefore, vaccinated individuals can still become infected with and transmit influenza, but they are protected from the disease and its complications. However, vaccine efficacy will depend primarily on the degree of antigenic homology between the vaccine strain and the epidemic strain, the age of the individual (greater efficacy in young people and adults), and the presence or absence of underlying pathologies, both immunological and of other kinds. In influenza vaccination, the aim is not only to avoid the risk of infection, which would be desirable, but, in general, it is sufficient to prevent or minimize the development of the disease and its serious complications and hospitalization(2,10).

One of the main drawbacks of current inactivated split vaccines is their administration by injection, which requires the use of needles and is a method of administration that is not very acceptable to vaccinated personnel. The most frequent adverse effects of inactivated influenza vaccines are pain at the injection site, fever, muscle aches, and fatigue (5-20%). This vaccine has not been shown to pose a risk for developing Guillain-Barré syndrome; the risk is higher with natural influenza infection.

Attenuated vaccines

Live attenuated vaccines consist of suspensions of live viruses, but with reduced replication. They can be administered nasally.

Live attenuated vaccines are composed of suspensions of live virus and are more difficult to obtain, produce, and standardize(11). The development of influenza strains capable of replicating at non-physiological temperatures (30°C) has allowed to produce live, but attenuated, vaccines designated as “cold-adapted” (ca+). These vaccines also have a reduced capacity to grow at 38-39°C (temperature-sensitive phenotype; ts+) and restricted replication in the respiratory tract (att+). These vaccines are obtained using a previously attenuated donor master strain, which is grown alongside the candidate vaccine strain. As a result of genetic exchange during viral replication, new hybrid strains are formed, consisting of six genes from the donor strain and two from the vaccine strain (6+2 strain), corresponding to the HA and NA genes. One of the advantages of these vaccines is that up to 15 vaccine doses can be obtained from each embryonated egg, since replication and progeny are very high (Fig. 2).

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Figure 2. Process of manufacturing attenuated vaccines, made up of each of the recommended strains.

 

Clinical trials with these vaccines have demonstrated their high immunological efficacy and protective capacity, both against the flu itself and against one of its main complications, febrile otitis media. In general, they are considered to provide an average of 80% protection against confirmed influenza compared to a placebo, which is higher than that of inactivated vaccines. These vaccines, when administered nasally, induce a potent immune response with IgA antibodies and a smaller IgG response, which prevent influenza infection in the oropharynx (“sterilizing”) and its subsequent spread to the lungs. Thus, vaccinated individuals are not contagious and do not transmit the disease, breaking the chain of epidemiological transmission. Furthermore, as an added advantage, these vaccines are administered only once intranasally, eliminating the need for syringes and increasing their acceptability. These vaccines, like inactivated vaccines, are updated annually with the predominant antigenic strains after cold attenuation. Some authors postulate that the use of whole viruses would provide a broader set of antigenic determinants (broad spectrum); so that, in the face of a possible disparity between the vaccine strain and the epidemic strain, antibodies directed against other antigens would provide greater protection against the new strain(11-14).

The “original antigenic sin” is an immunological phenomenon that establishes that the first exposure to the influenza virus in childhood produces an immune imprint that will condition the future response against other antigenically related influenza strains. Due to the predominance of this imprint, subsequent responses can negatively interfere with new vaccine strains. However, vaccination in early childhood with a vaccine made up of whole viruses (intranasal attenuated vaccine) can be beneficial, as it produces a much broader antigenic imprint (four strains) than a natural infection (a single strain); therefore, its application could be considered an “antigenic blessing” that would strengthen the immune response against influenza(15).

Numerous studies have demonstrated the safety of the intranasal flu vaccine, with the few adverse effects described being nasal congestion and fever. However, caution should be exercised in children with severe asthma or active wheezing. Due to its attenuated nature, it should not be administered to immunocompromised children. Although an aerosol may be produced during administration, it cannot infect those nearby, as the vaccine is rapidly absorbed by the nasal mucosa. Vaccinated individuals excrete influenza viruses through their nostrils for 2-3 days, but the attenuated nature of the virus makes transmission difficult, and if it does occur, it does not cause illness in those exposed. Since the introduction of these vaccines, some vaccine viruses have been detected by PCR in the nasal passages of children with other viral respiratory illnesses. These viruses, and especially type B viruses, must be genetically characterized to differentiate them from wild viruses, particularly the Yamagata lineage of influenza B, apparently extinct and recently eliminated from these vaccines(12-14).

Other vaccines

There are multiple vaccine platforms that attempt to improve immunogenicity. Messenger RNA (mRNA) vaccines offer additional advantages.

In addition to the vaccines mentioned above, virosomal vaccines should be noted. These are made using phospholipid compounds to form vesicles (virus-like particles or VLPs), on the exterior of which the HA and NA proteins of the influenza virus are arranged. This presentation allows for vaccines that mimic the structure and arrangement of whole viruses without the reactogenic component of the internal proteins but simulating complete virions. This modifies the antigen processing pathway and results in enhanced immunogenicity(16).

Recombinant vaccines are obtained by inserting the influenza HA gene into the genome of an insect virus (baculovirus) and then culturing it in insect cells, followed by the extraction and purification of the vaccine HA. These vaccines are called recombinant protein vaccines and contain a concentration of 45 µg of each HA component. Due to their protein nature, they must be combined with an adjuvant to enhance their immune response; currently, they are only indicated for the adult population(17,18).

The latest vaccines in development are messenger RNA (mRNA) vaccines. These vaccines use mRNA encoding influenza HA encapsulated in a lipid nanoparticle that is injected into the host (Fig. 3).

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Figure 3. Schematic of the composition of the conventional messenger RNA vaccine against the influenza virus based on hemagglutinin (HA).

 

In this case, the human cells themselves translate this mRNA into vaccine protein and secrete it to be recognized by the immune system, both humoral and cellular. mRNA influenza vaccines offer several advantages over other types of vaccines, such as: a) a very favorable safety profile (RNA is a non-infectious molecule, not integrable into the cellular genome, and is rapidly degraded by cytoplasmic RNases); b) a highly controllable production process for the target RNA with high antigenic identity, since it is produced similarly to the viral replication process in natural infection by the human cell itself; c) rapid and scalable production, requiring little time for initial production or subsequent upgrades; and d) it does not require the use of embryonated eggs or cell cultures that may alter the antigenicity of the final protein(19).

One of the disadvantages is that they must contain high doses of nanoparticles with the consequent local effects, but their great advantage is that the antigenic identity of the HA synthesized by the cells is close to 100% of the original protein. In the other vaccines, inactivated and recombinant, the antigenic identity is always lower because they are produced using non-human elements (eggs or animal cells).

Current vaccines need to be updated each season due to the variability of the influenza virus. For this reason, the WHO has been promoting the development of so-called universal vaccines for years. These vaccines would protect against the main influenza viruses, require only one dose, and provide lasting immunity for more than 5 years. Currently, several platforms exist with these objectives, notably an mRNA vaccine against the 20 known influenza subtypes and another based on immunity against the constant part of the HA (the stem), which requires several sequential immunizations to achieve good cross-immunity between them(20,21).

Instructions

The guidelines and recommendations for the flu vaccine are established by health authorities worldwide. Each country adopts these guidelines through its vaccination committees.

In 2012, the World Health Organization (WHO) recommended that all children aged 6 to 59 months be considered a priority for influenza vaccination. The Advisory Committee on Vaccines and Immunizations of the Spanish Association of Pediatrics (CAV-AEP) recommended influenza vaccination for children and adolescents in 2008, initially as an individual recommendation and, since 2022, as a universal recommendation for children aged 6 to 59 months. In 2023, the Interterritorial Council of the Spanish National Health System supported this initiative, extending it to the entire country and incorporating it into the routine immunization schedule. The protective efficacy of the influenza vaccine in the pediatric population is higher than that observed in adults.

The Spanish Association of Pediatrics’ Advisory Committee on Vaccination (CAV-AEP) recommends, for the 2025-2026 influenza campaign, vaccination for all children between 6 and 17 years of age not included in at-risk groups, as it provides individual protection for the child and promotes family and community protection. Likewise, it recommends the preferential use of the live attenuated intranasal vaccine in children over 2 years of age (if there are no contraindications), due to its greater acceptability (it avoids the injection), its ability to facilitate and improve coverage, and its greater effectiveness after a single dose. Vaccination is also recommended, as an individual recommendation, for all at-risk groups from 6 months of age and adolescents in certain situations or with underlying health conditions that increase the risk of influenza complications(22).

The recommended dosage (number of doses) is: a) from 6 months to 8 years of age: a single dose, unless they belong to a risk group, in which case two doses will be given with a 4-week interval, if it is the first time they are vaccinated; and b) from 9 years of age and older: a single dose each season. The only accepted contraindications are being under 6 months of age; in this case, influenza vaccination should be recommended for pregnant women, and a severe prior allergy to the vaccine or to a component other than egg. An allergy to egg protein should not be considered an absolute contraindication to the influenza vaccine.

Inactivated vaccines should be administered by intramuscular or deep subcutaneous injection. For very young children who have not yet begun walking, the preferred injection site is the anterolateral aspect of the mid-thigh, and for older children, the deltoid muscle. Influenza vaccines can be administered concurrently with other inactivated vaccines, but at different anatomical sites. The intranasal live attenuated vaccine can be administered concurrently with other inactivated or live attenuated parenteral vaccines; no interval is necessary if they are not administered on the same day.

Finally, it should be remembered that the influenza vaccine generally has, especially the live attenuated vaccine for children, at least two important protective effects: a) it reduces susceptibility to influenza infection and disease in vaccinated individuals (efficacy versus susceptibility); and b) a decrease in infection has been partially demonstrated in other unvaccinated pediatric and non-pediatric populations, who exhibit lower infection rates when adolescents, and especially children under 5, are vaccinated. Therefore, vaccination of one population segment extends its effects to groups directly exposed to them (herd immunity or barrier immunity). In light of all the studies carried out in recent years, universal vaccination of the child population between 6 and 59 months seems logical, to protect this population directly, reduce or eliminate the transmissibility of the infection and indirectly obtain an important impact within the community, interrupting the chain of transmission of the flu virus to other more vulnerable groups, including adults.

Nevertheless, the primary motivation for influenza vaccination in children should be the individual well-being of the child and the reduction of the disease burden, with the benefits to the community derived from potential herd immunity taking a secondary role. The decision to vaccinate the child rests with the parents, and their acceptance will be influenced by key factors, such as trust in the pediatrician (active recommendation) and their attitude toward the vaccine, the effectiveness and types of vaccines available, fear of side effects, risk perception, and the parents’ own attitude toward influenza vaccination.

Role of the Primary Care Pediatrician

The main functions of pediatricians, regarding the flu vaccine, are: to evaluate the child’s vaccination needs based on age, possible underlying pathology and the social environment in which he/she lives.

Furthermore, after that assessment, indicate the best type of flu vaccine that meets the child´s flu protection needs.

After vaccination, the possible appearance of side effects should be monitored, which, although very rare, should be taken into account.

To evaluate the effectiveness of influenza vaccination throughout the flu epidemic of that season, assessing any respiratory conditions that may appear.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of this manuscript nor any source of funding.

 

Bibliography

The asterisks indicate the article’s level of interest in the author’s opinion.

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22. Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la AEP. Vacunación frente a la gripe estacional en la infancia y la adolescencia. Recomendaciones 2025-2026. Spanish Association of Pediatrics (AEP) Advisory Committee on Vaccines and Immunizations. Seasonal influenza vaccination in childhood and adolescence. 2025-2026 recommendations. AEP (Internet). 2025. Available at: https://vacunasaep.org/documentos/recomendaciones-de-vacunacion-frente-la-gripe-2025-26.

23. Ortiz de Lejarazu R, Tamames S. Vacunas de gripe. Influenza vaccines. Pediatr Integral. 2020; 8: 469-78. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-12/vacunas-de-gripe/.

 

Recommended bibliography

– Reina J. La gripe humana. Human influenza. Rev Esp Virol. 2018; 21: 43-8.

It presents a clear review of the epidemiology and clinical aspects of influenza and the biological characteristics of different influenza viruses, based on their biological behavior.

– Ortiz de Lejarazu R. Los virus de la gripe. Pandemias, epidemias y vacunas. Influenza viruses. Pandemics, epidemics and vaccines. Amazing Books. 2019.

This is a comprehensive book that covers all the general characteristics of influenza, influenza viruses, their epidemiology and diagnostic techniques as well as the updated therapies against this virus in 21 chapters.

– Ortiz de Lejarazu R, Tamames S. Vacunación antigripal. Efectividad de las vacunas actuales y retos de futuro. Influenza vaccination. Effectiveness of current vaccines and future challenges. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2015; 33: 480-90.

Excellent review of existing flu vaccines, their virological basis, and prospects.

– Reina J. La nueva generación de vacunas de ARN mensajero frente a la gripe. The new generation of messenger RNA flu vaccines. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2023; 41: 301-4.

Updated article on influenza vaccines based on messenger RNA platforms, which complements the previous review article.

 

Caso clínico

 

A 3-year-old patient presented in January with an acute episode of cough, pharyngitis, malaise, myalgia, and nasal discharge of 48 hours’ duration, associated with a fever reaching 38.2°C in the last 12 hours. Physical examination revealed a good general condition, with no signs of respiratory distress or crackles. The pharynx was reddened and exudated. No lymphadenopathy was evident. The tympanic membranes were congested but not bulging. A throat aspirate was taken, and antigen detection for respiratory viruses was performed, which was positive for one of them. There is a family history of similar symptoms. The pediatrician recommends vaccination against this virus in the upcoming season.

 

 

Alteraciones del perímetro y forma craneal

J. Costa Sarri
Temas de FC


J. Costa Sarri

Pediatra y neuropediatra. Barcelona

X

Autor para correspondencia

costasarri@gmail.com

Resumen

Las alteraciones del perímetro craneal (PC) son uno de los muchos aspectos que el pediatra debe conocer y supervisar a lo largo del desarrollo del niño menor de dos años. Es en esta fase de la vida cuando hemos de ser más cuidadosos en la vigilancia del crecimiento y la forma del cráneo. Se abordan los conceptos de macrocefalia y microcefalia. Las alteraciones del crecimiento cerebral pueden ser de causa congénita o adquirida y pueden presentarse clínicamente aisladas o constituir parte de un síndrome congénito. El dismorfismo craneal es una anomalía que ha de detectarse desde Atención Primaria (AP). Su incidencia ha ido en aumento a causa de la implantación de la campaña para evitar el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) a principios de los años 90. Este dismorfismo es causa de derivación especializada, pues, a menudo, hay dificultad para diferenciar la causa postural de la causa sinostótica de la deformidad. El tratamiento y el pronóstico de los dismorfismos craneales varían en función de la etiología y la gravedad de la deformidad.

 

Abstract

Changes in head circumference (HC) are one of the many aspects that pediatricians must be aware of and monitor throughout the development of children under two years of age. It is during this stage of life that we must be most careful in monitoring the growth and shape of the skull. The concepts of macrocephaly and microcephaly are discussed. Brain growth abnormalities can be congenital or acquired and may occur clinically in isolation or as part of a congenital syndrome. Cranial dysmorphism is an abnormality that must be detected in primary care (PC). Its incidence has been increasing due to the implementation of the campaign to prevent sudden infant death syndrome (SIDS) in the early 1990s. This dysmorphism is a cause for referral to a specialist, as it is often difficult to differentiate between the postural cause and the synostotic cause of the deformity. Treatment and prognosis of cranial dysmorphisms vary depending on the etiology and severity of the deformity.

 

Palabras clave: Macrocefalia; Microcefalia; Plagiocefalia; Craniosinostosis.

Key words: Macrocephaly; Microcephaly; Plagiocephaly; Craniosynostosis.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (7): 484 – 493

 


OBJETIVOS

• Conocer los conceptos de macrocefalia y microcefalia para poder orientar, con valoración de la historia clínica, el plan a seguir: si control en pediatría o derivación a neuropediatría.

• Orientación inicial de la dismorfia craneal: si postural o sinostótica. Planificar el seguimiento de la misma en pediatría o derivación a neurocirugía.

• Aplicación del cefalómetro como herramienta útil en el seguimiento de los casos de dismorfia craneal.

• Hacer una buena anamnesis, exploración y derivación a neuropediatría o neurocirugía, según el caso, lo mejor orientada posible. No olvidar nunca medir el perímetro craneal a los progenitores y valorar la etnia del paciente (sobre todo en los casos de macro y microcefalia).

 

Alteraciones del perímetro y forma craneal

https://doi.org/10.63149/j.pedint.78

 

Alteraciones del perímetro craneal

Introducción

En la consulta de pediatría es tan importante la medición del perímetro craneal (PC) como la del peso y la talla. Todos los pacientes han de tener su gráfica de PC, al menos, hasta los dos años.

Desde que el pediatra inicia su labor con el recién nacido (RN) y su familia, ha de explorar siempre al paciente de una forma sistemática y no puede olvidarse de palpar el cráneo, las suturas y las fontanelas. Hay que observar la evolución del cráneo y su tamaño, elaborando una gráfica continuada del PC, al menos hasta los dos años (algunos autores lo alargan hasta los tres años; y ante un seguimiento con anomalías en los límites superior o inferior de la gráfica de crecimiento del PC, se aconseja continuarla durante toda la infancia o hasta que desaparezca la sintomatología)(1).

Modo de medir el PC: ha de utilizarse una cinta flexible, pero que no se pueda distender. Es importante buscar siempre la mayor circunferencia posible desde la frente hasta el occipucio (circunferencia fronto-occipital). Es frecuente que se puedan cometer errores de medida; por lo que, en caso de discrepancias, se aconseja medir hasta tres veces para asegurar el valor obtenido(2). Procurar siempre que mida la misma persona al mismo paciente y con la misma cinta, a ser posible.

El PC es una medida variable dentro de la población general; no existe un punto de corte universal para considerar que un PC es anormal, sino que la definición de micro y macrocefalia depende de otros factores como:

• La evolución dinámica del mismo a lo largo de la edad: no será lo mismo un paciente a +2,5 DS (desviación standard), que previamente estuviera en -1DS, pues hace más de dos saltos de DS, que otro que subiera desde +1,5 DS, que hace solo un salto de DS. A mayor salto en DS, mayor probabilidad de patología.

• El resto de las medidas antropométricas.

• La evolución del neurodesarrollo.

• Los antecedentes médicos y neurológicos del paciente.

• El PC de los progenitores, etc.

Según la fuente bibliográfica o la etnia del paciente, se utilizarán diferentes percentiles o diferentes valores de DS, para la catalogación de macro o microcefalia. En general, se pueden establecer una serie de principios a la hora de interpretar un valor de PC:

• Entre los pacientes con microcefalia, aquellos con un valor de PC entre -2DS y -3DS son los que tienen menor riesgo de presentar una alteración neurológica (sobre todo entre -2 y -2,5 DS).

• Los pacientes tienen mayor probabilidad de presentar una alteración neurológica cuanto mayor sea la desviación de la normalidad. Entre +3DS y -3DS no hay una relación directa entre el perfil cognitivo y la DS cefálica, pero a partir de estas cifras, el riesgo de dificultades de aprendizaje graves aumenta según aumenta la desviación.

• Las mediciones de los primeros meses tienen menor valor pronóstico, pues es, en el primer año de vida, cuando se va adquiriendo el valor genético de PC (valor de PC acorde con el de los padres). Siempre hay que valorarlo en su contexto global.

• Tener en cuenta que el PC es una aproximación a lo que desearíamos poder medir, que es el volumen cefálico (sobre todo en su componente encefálico). Un perímetro redondo, por ejemplo, tiene mayor volumen que uno elíptico con el mismo valor de PC(2).

• En los pacientes prematuros hemos de elaborar su gráfica de PC teniendo en cuenta su edad corregida.

Macrocefalia (Tablas I, II y III)

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Se considera macrocefalia un PC de más de 2,5 DS. A tener en cuenta, el concepto de “macrocefalia relativa”, que son aquellos pacientes que tienen un PC en rango normal, pero desproporcionado a su peso y talla, que están disminuidos.

La macrocefalia relativa puede ser normal en caso de crecimiento intrauterino restringido, pero sin este antecedente, pensar en las posibles causas de la misma (Tabla I).

Causas más frecuentes de macrocefalia

• La hidrocefalia externa benigna o derrame pericerebral, de la que se hablará más adelante.

• La hipertensión endocraneal (HTEC) o hipertensión intracraneal (HIC), que representa una emergencia más o menos importante según la velocidad y la importancia de su instalación. Hay diferentes posibles etiologías de la misma(2):

– Hemorragia (intraventricular, epidural, subdural, subaracnoidea o parenquimatosa).

– Tumor de fosa posterior (FP).

– Estenosis de acueducto de Silvio.

– Otras malformaciones de FP: síndrome de Dandy-Walker, malformación de Chiari, síndrome de Klippel-Feil y síndrome de Walker-Warburg.

– Malformación de la vena de Galeno.

– Malformación arteriovenosa.

– Absceso.

– Causa postinfecciosa.

Principales mecanismos y causas de macrocefalia(1-3)

Por aumento del parénquima cerebral (megalencefalia): puede ser debido a una malformación primaria, con grandes circunvoluciones, con un patrón simple o con polimicrogiria. También puede ser esporádica o asociarse a diferentes patologías como: neurofibromatosis, esclerosis tuberosa, acondroplasia, gigantismo hipofisario, gigantismo cerebral, depósito anormal de productos metabólicos, como la forma infantil de idiocia amaurótica, el gargolismo, la degeneración esponjosa de la sustancia blanca y algunas leucodistrofias.

– Megalencefalia anatómica: no sindrómica: macrocefalia aislada, macrocefalia familiar benigna; y sindrómica: síndromes neurocutáneos, acondroplasia, síndrome de Sotos, síndrome X-frágil, síndrome de Proteus, alteraciones de la vía PL3K/AKT/mTor y de la vía RAS-MAPK.

– Megalencefalia metabólica: leucoencefalopatías; enfermedades lisosomales; acidurias orgánicas; aminoacidopatías; y galactosemia.

Por hidrocefalia:

– Hidrocefalias comunicantes: papiloma y síndrome de Arnold Chiari II.

– Hidrocefalias obstructivas: estenosis de acueducto de Silvio y lesiones con efecto masa.

– Hidrocefalia externa benigna o derrame pericerebral: muy frecuente y, en la mayoría de las ocasiones, sin consecuencias sobre el neurodesarrollo. Se observa generalmente una historia familiar idéntica con macrocefalia benigna en uno de los padres. Esta es una situación que puede favorecer la aparición de un hematoma subdural de forma espontánea o tras un traumatismo menor, sobre todo durante los 6 primeros meses.

Por aumento de sangre o tejido vascular: casos de hemorragia o malformación vascular.

Por aumento del componente óseo: casos de talasemia, osteopetrosis, raquitismo, hipofosfatasia y osteogénesis imperfecta.

Lesiones ocupantes de espacio: quistes, abscesos o tumores

Los pacientes con macrocefalia, pero con desarrollo psicomotor y examen neurológico normal y sin antecedentes personales reseñables: medir el PC en los progenitores y valorar la gráfica de evolución del PC, considerando, como primera opción, el diagnóstico de macrocefalia benigna familiar, principalmente secundaria a un derrame pericerebral (hidrocefalia externa benigna). Ante cualquier duda en la evolución, hacer consulta con neuropediatría.

Microcefalia (Tabla IV)

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Definición

Los autores no se ponen de acuerdo en el valor a partir del cual se considera una medida del PC patológica (a partir de -2,5… -3DS…), puesto que hay muchas personas con estas cifras de PC y un desarrollo completamente normal. No obstante, tanto la American Academy of Neurology (AAN) como la Asociación Española de Pediatría (AEP) han indicado unos valores, a partir de los cuales se habla de microcefalia, independientemente de si tienen o no repercusión clínica: por debajo de 2 DS la AAN y por debajo de 3 DS la AEP(1).

El Dr. Jean Aicardi en su libro: “Diseases of the Nervous System in Childhood”, en su 1ª edición del año 1992, hablando de la microcefalia, dice: “la microcefalia es difícil de definir; algunos autores lo refieren a un PC inferior o igual a -2DS o al percentil (Pc) 3. Todos los autores, no obstante, están de acuerdo en que pacientes con «cabezas pequeñas» (entre -2DS y -3DS) pueden no tener ninguna patología; aunque también es cierto que, estadísticamente, hay una mayor prevalencia de microcefalia leve en niños con dificultades en el aprendizaje”.

Clasificación de la microcefalia

Microcefalia congénita: pacientes que desde las 36 semanas de edad postconcepcional ya presentan la alteración (o desde el nacimiento, si no tenemos esa medida previa).

Microcefalia postnatal: pacientes que no tienen microcefalia al nacer y la alteración va progresando con el paso del tiempo.

La microcefalia congénita ocurre principalmente por dos fenómenos:

1. Por fallo o reducción de la neurogénesis en épocas precoces del desarrollo.

2. Por alteración de elementos del contenido encefálico, sobre todo de la sustancia blanca, o por un fenómeno disruptivo (por infecciones, isquemia intrauterina o por exposición a tóxicos), o por un fenómeno neurodegenerativo muy precoz (p. ej., el síndrome de Aicardi-Goutières) u otras enfermedades genéticas.

El pronóstico depende de muchos factores (momento de incidencia de la noxa, su intensidad… y otros factores que puedan coadyuvar); por lo tanto, una misma noxa no ha de dar necesariamente la misma clínica(2).

Posibilidades de clasificación de la microcefalia, desde un punto de vista descriptivo:

• Congénita: presente al nacimiento.

• Postnatal: no presente al nacimiento.

• Genética: causa intrínseca.

• Ambiental: causa extrínseca.

• Estática: evoluciona por el mismo percentil.

• Progresiva: disminución de percentiles con el tiempo.

• Proporcionada: al peso y la talla del paciente.

• Desproporcionada: con peso y talla normales.

• Sindrómica: asociada a otras alteraciones.

• Aislada: sin otras alteraciones asociadas.

Microcefalia congénita(4,5)

Microcefalia congénita secundaria a una causa adquirida prenatal: pacientes que desde las 36 semanas de edad gestacional, o desde el nacimiento, ya presentan la alteración, de causa adquirida:

– Infecciones congénitas (TORCH, VIH, Zika).

– Exposición a tóxicos (alcohol, cocaína, etc.)

– Exposición a fármacos, especialmente fármacos antiepilépticos.

– Otros factores maternos que condicionen insuficiencia placentaria, anemias o malnutrición graves.

Microcefalia congénita primaria: posibilidades:

– Con anomalías congénitas en otros órganos y/o rasgos dismórficos (microcefalias sindrómicas): orientan hacia síndromes de microdeleción/microduplicación o síndromes monogénicos con afectación multisistémica.

– Con talla baja: grupo heterogéneo que agrupa displasias esqueléticas y enfermedades con alteración en la reparación del ADN.

– Con malformación del desarrollo cortical y/o de la fosa posterior asociada.

– Con holoprosencefalia asociada: etiología compleja, con implicación de factores ambientales (p. ej., diabetes materna), cromosomopatías (p. ej., trisomía 13), enfermedades monogénicas o síndromes de microdeleción/microduplicación.

– Aisladas: con patrón giral simplificado y/o aumento leve del tamaño ventricular: grupo de enfermedades de herencia autosómica recesiva, cuyo evento patogénico es la reducción de la proliferación de neuroblastos. Tradicionalmente, conocidas como microcefalia vera, actualmente se prefiere el término de microcefalia primaria hereditaria. Habitualmente, no suelen presentar problemas neurológicos extremadamente graves, más allá de: discapacidad intelectual, epilepsia (habitualmente, no farmacorresistente y leve), signos piramidales sin problemas para la marcha autónoma… Existe, no obstante, una importante variabilidad fenotípica asociada a los distintos genotipos, por lo que es recomendable ser reservado desde el punto de vista pronóstico.

Microcefalia postnatal(5,6)

Pacientes que tienen una disminución del PC detectada después de las 36 semanas postconcepción o después del nacimiento.

Hay que separar las causas en las que existe una lesión estática que destruya parte del parénquima cerebral y/o bloquee el crecimiento normal del sistema nervioso, de aquellas que producen una lesión progresiva(7). La lesión estática incluye causas adquiridas (encefalopatía hipóxico-isquémica, lesiones adquiridas en relación con la prematuridad, infecciones congénitas, etc.) y causas genéticas. La lesión progresiva generalmente produce más manifestaciones clínicas que la simple microcefalia. Algunas de las causas más relevantes son: enfermedades metabólicas, síndrome de Rett y síndrome de Angelman, pacientes con mutaciones genéticas que cumplan criterios clínicos de síndrome de Rett o de Angelman, síndrome de Aicardi-Goutières, etc.

Conclusiones

Las causas más frecuentes de macrocefalia son el derrame pericerebral (hidrocefalia externa benigna), frecuentemente responsable de una macrocefalia familiar benigna, y la HTEC. Según la clínica, considerar la posibilidad de una macrocefalia familiar benigna, mientras no se demuestre lo contrario. Valoración de los casos de macrocefalia relativa, más allá de los valores absolutos del PC.

El concepto de microcefalia no está plenamente consensuado, aunque sí hay que valorar un riesgo importante por debajo del Pc 3, sobre todo desde el punto de vista pronóstico, que depende principalmente de la causa. Con respecto a las causas genéticas y metabólicas de macro-microcefalia, me remito a la referencia bibliográfica nº 2 de los doctores M. Alvarez Molinero y D. Gómez Andrés, donde están detalladas y esquematizadas.

El dismorfismo craneal (Figs. 1 y 2)

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Figura 1. Huesos, suturas y fontanelas. Fuente: https://www.stanfordchildrens.org/es; y referencia(21).

 

 

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Figura 2. Cierre aproximado en meses de suturas y fontanelas.
Fuente: https://www.adam.com/; y referencia(21)
.

 

Introducción

Las alteraciones en la forma del cráneo se encuentran frecuentemente en la revisión del niño sano. Ha habido un aumento importante de la incidencia de esta patología a partir de la campaña “back to sleep”, de la década de los 90 del siglo pasado. Así como las alteraciones en el tamaño del cráneo (micro y macrocefalia) se detectan precozmente con la medida del PC de forma sistemática, las alteraciones en la forma del cráneo pueden pasar más desapercibidas.

El cráneo está formado por siete huesos planos mayores (un hueso ­occipital, dos huesos parietales, dos huesos temporales y dos huesos frontales), separados entre sí por seis suturas craneales mayores (una metópica, una sagital, dos coronales y dos lambdoideas) y suturas menores bilaterales (fronto-nasales, fronto-esfenoidales y escamosas del temporal). Esto permite el moldeo de la cabeza para poder pasar por el canal del parto y su crecimiento progresivo posterior. Las suturas craneales se fusionan con posterioridad en diferentes tiempos (véanse los datos aproximados de su cierre en la figura 2).

Los dismorfismos craneales pueden ser de causa postural o de causa sinostótica. Detectar estas dismorfias, de un modo precoz, puede cambiar de manera significativa el pronóstico y reducir los costes del tratamiento.

De causa postural: se deben a cambios en la forma de los huesos craneales en función de las zonas de decúbito.

De causa sinostótica: secundarios a la fusión prematura de las suturas craneales.

Un diagnóstico acertado y precoz permitirá llevar a cabo una actitud terapéutica conservadora, eficaz en los casos de deformidades craneales secundarias a moldeamientos externos (plagiocefalia posicional), y diferenciarlos de aquellos pacientes afectados de una craneosinostosis verdadera, que requerirán una corrección quirúrgica temprana y un seguimiento estricto, para descartar el riesgo de complicaciones(8).

En la plagiocefalia postural, las suturas permanecen abiertas y, por tanto, estos pacientes no presentan un riesgo aumentado de HIC. La HIC sí puede suceder en la craneosinostosis, pues, en estos casos, se compromete el crecimiento craneal.

Deformidades posicionales

Las deformidades posicionales pueden producirse en el periodo intrauterino y encontrarse presentes en el momento del parto o aparecer más tardíamente, en las primeras semanas de vida.

Periodo intrauterino(8)

• Dolicocefalia del RN pretérmino.

• Plagiocefalias posturales anteriores.

Periodo postnatal(8)

Plagiocefalia occipital postural, de alta incidencia a partir de la campaña “back to sleep” para la prevención del SMSL.

El vocablo plagiocefalia proviene del griego: Plagio (oblicuo) y Kephalos (cabeza); se refiere a los varios tipos de deformidad craneal, caracterizados por la asimetría u oblicuidad de la cabeza. Se ha de diferenciar la postural o posicional de la sinostótica.

Las plagiocefalias posicionales generalmente afectan la parte posterior del cráneo; muy raramente se producen plagiocefalias posicionales anteriores. La plagiocefalia occipital posicional recibe también otros nombres: plagiocefalia por moldeamiento, deformativa, sin craneosinostosis, postural y funcional(8).

Plagiocefalia postural

En el año 1992, la Academia Americana de Pediatría (AAP) inicia la campaña “Back to sleep”, y se observa una reducción del SMSL hasta en un 40 %. Al mismo tiempo, se observa un aumento de casos de plagiocefalia postural, llegando a ser la demanda más frecuente en una consulta de neurocirugía infantil(8). Según estudios en EE.UU. e Italia, la incidencia varía entre el 22,1 % y el 37 % de recién nacidos(9,10). La máxima prevalencia es a las siete semanas de vida, y disminuye con la edad: hasta un 3,3 % de la población hacia los 2 años, y hasta un 2 % en la adolescencia(11,12).

La incidencia de craneosinostosis occipital en la literatura es mucho menor: en torno a 3:100.000 RN(13).

La plagiocefalia postural es de carácter “externo”, producida por fuerzas mecánicas extrínsecas que actúan sobre la sutura lambdoidea, bien durante la etapa intrauterina o, más frecuentemente, en el periodo postnatal.

Diversos factores pueden actuar sobre la cabeza fetal, produciendo un fenómeno de moldeamiento craneal en etapa intrauterina: oligohidramnios, bandas amnióticas, embarazos múltiples, encajamiento fetal prematuro, anomalías uterinas (útero bicorne, tabicamientos…), macrocefalia, fetos macrosómicos y partos instrumentados.

Otras causas postnatales también lo pueden producir: posición de “bienestar” del lactante (siempre la misma), utilización abusiva de carritos y sillas, apoyando el bebé su cabeza de la misma forma, durante periodos largos de tiempo, tortícolis congénita, hipotonía, estrabismo, malformación de la unión occípito-cervical. Todos estos factores influyen en la disminución de la motilidad espontánea del bebé.

También puede haber causas mixtas, que incluyan tanto factores antenatales como postnatales.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico. La morfología craneal y los antecedentes clínicos permiten un diagnóstico de certeza en un alto porcentaje de casos. Clínicamente, se observa una antepulsión frontal del lado de la plagiocefalia postural con una cabeza que tiene forma de paralelogramo (se acompaña un esquema más adelante)(14).

Dolicocefalia del prematuro

La dolicocefalia, como deformidad postural, aparece normalmente en el RN pretérmino de bajo peso: las cabezas son alargadas y estrechas, tienen macrocefalia relativa y ausencia de tono en la musculatura cervical, con lo que la cabeza tiende a apoyarse lateralmente y ese peso de la cabeza sobre un hueso muy fino y débil produce ese aspecto característico. La sutura sagital en este caso no se encuentra fusionada, y la deformidad se corrige espontáneamente en torno a los 3-4 meses de edad, siempre que el desarrollo psicomotor sea normal. Fenotípicamente, se asemeja a la escafocefalia(8).

Craneosinostosis

Puede ser de causa primaria por defectos de la osificación de origen genético (principalmente los genes FGFR [fibroblast growth factor receptors]) o de causa secundaria a diferentes patologías (p. ej.: enfermedades hematológicas o metabólicas –raquitismo, hipotiroidismo–), aunque la mayor parte de los casos son de causa idiopática.

Se han descrito factores predisponentes a presentar craneosinostosis, como son: el crecimiento intrauterino restringido, la posición anormal intraútero, el oligohidramnios o la exposición prenatal a teratógenos, como el ácido valproico o la fenitoína(15).

La craneosinostosis ha mantenido su prevalencia constante y ha afectado a uno de cada 2.100-2.500 niños(16,17).

La más frecuente es la escafocefalia, por sinostosis de la sutura sagital y, la menos frecuente, la plagiocefalia posterior por craniosinostosis de la sutura lambdoidea(18).

Por el contrario, el dismorfismo craneal predominante es la plagiocefalia postural o deformidad sin sinostosis, hecho importante, ya que implica un manejo y un pronóstico significativamente mejor(18,19).

Valoración clínica

• Exploración sistemática del tamaño y la forma craneal en las visitas de seguimiento del paciente. Determinar en la anamnesis aspectos como la etnia familiar, así como la morfología craneal de los progenitores, pues puede haber morfologías craneales correspondientes a variantes de la normalidad, sin traducción patológica(8,15).

¿Cómo orientarnos delante de un dismorfismo craneal y sospechar si es una plagiocefalia postural o nos encontramos ante una craneosinostosis? Es bueno hacerse las siguientes preguntas:

– ¿Estaba presente en el momento del nacimiento?

– ¿Tiene una posición cérvico-cefálica preferente para dormir?

– ¿Mejora o empeora con el paso del tiempo?

El dismorfismo craneal presente desde el nacimiento, junto con la tendencia del paciente a mantener una misma posición en decúbito y la mejoría observada al reducir el tiempo en dicha postura, nos orientará hacia el diagnóstico de dismorfia craneal de causa postural(20).

Hay una asociación entre la plagiocefalia postural y la tortícolis congénita, por lo que siempre habrá que descartarla. Podría ser la causa de que se mantenga el cráneo en una misma posición.

Se ha de hacer una exploración craneofacial detallada, inspeccionando el cráneo en diferentes proyecciones: frente, perfil y coronal, y responder las preguntas siguientes:

– ¿Protruye un frontal más que el otro?

– ¿Tienen la misma dimensión las fisuras palpebrales?

– ¿Los arcos ciliares se encuentran a la misma altura?

– ¿Protruye más una órbita que la otra?

– ¿Sobresale más un arco zigomático que el otro?

Seguidamente, palparemos las suturas y fontanelas. Si encontramos alguna o algunas suturas aparentemente cerradas, sospecharemos una craneosinostosis. Si las encontramos abiertas, pensaremos en causas posicionales(21).

• Medición de los valores antropométricos, utilizando el cefalómetro (Fig. 3) para determinar el índice cefalométrico (IC) y el índice de plagiocefalia (IP)(15,21).

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Figura 3. Utilización del cefalómetro.

– Índice cefalométrico (Fig. 4): permite valorar numéricamente el grado de alargamiento o aplanamiento del cráneo, midiendo el diámetro longitudinal y el mayor diámetro transversal.

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Figura 4. Índice cefalométrico: permite valorar numéricamente el grado de alargamiento o aplanamiento del cráneo. Se calcula multiplicando por 100 el resultado del cociente entre la distancia biparietal máxima y la distancia anteroposterior tomada en la línea media.

 

– Índice de plagiocefalia (Fig. 5): determina el grado de dismetría entre las diagonales mayor y menor del cráneo.

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Figura 5. Índice de plagiocefalia: es el valor en milímetros que se obtiene al restar la diagonal craneal menor de la diagonal craneal mayor, indicando el grado de asimetría craneal.

Estos valores se pasan a la gráfica adjunta y nos orientarán en el pronóstico y seguimiento de la plagiocefalia.

El PC no suele estar alterado en las dismorfias craneales de causa postural.

Exámenes complementarios

La radiología convencional del cráneo puede dar imágenes de difícil interpretación; no es sencillo distinguir “fusiones puntuales” de la sutura, puentes óseos, estenosis o esclerosis de los bordes suturales, que permitan diferenciar una sinostosis lambdoidea de una plagiocefalia postural(8).

Actualmente, en lactantes menores de 8-12 meses, se recomienda el uso de ecografías hechas por radiólogos expertos. El diagnóstico definitivo será mediante una tomografía computarizada (TC) con reconstrucción tridimensional, en el ámbito hospitalario, para el diagnóstico de craneosinostosis y para determinar el manejo prequirúrgico si procede(8,22,23).

Morfología de las craneosinostosis

Las craneosinostosis pueden ser simples o múltiples, según el número de suturas afectadas(20).

• Simples:

– Escafocefalia: por fusión de la sutura sagital.

– Plagiocefalia anterior sinostótica: por fusión unilateral de la sutura coronal.

– Plagiocefalia posterior sinostótica: por fusión unilateral de la sutura lambdoidea.

– Trigonocefalia: por fusión de la sutura metópica.

• Múltiples:

– Braquicefalia anterior: por fusión de ambas suturas coronales.

– Braquicefalia posterior: por fusión de ambas suturas lambdoideas.

– Síndrome de Mercedes-Benz: por fusión de la porción posterior de la sutura sagital y de ambas suturas lambdoideas.

– Oxicefalia: por fusión de todas las suturas (fusión universal).

Escafocefalia: corresponde al 50 % de todas las craneosinostosis y es más prevalente en el sexo masculino(16). La fusión precoz de la sutura sagital ocasiona un cráneo alargado y estrecho. Aunque el aspecto puede recordar la dolicocefalia del prematuro, de la que se ha hablado anteriormente, la escafocefalia se acompaña habitualmente de abombamientos frontales y occipitales compensadores y no mejora con el paso del tiempo(8). Pueden presentar una cresta sagital, frontal anterior, que puede ser palpable y/o visible. Hay riesgo de HTEC si no se trata, lo que obliga a un seguimiento estrecho y controles por neurocirugía y oftalmología. Si se produce la fusión interna de la sutura sagital en su tercio medio, observaremos lo que se conoce como “deformidad en silla de montar”.

Plagiocefalia anterior sinostótica: afectación de una o de ambas suturas coronales. Es la segunda forma más frecuente de craneosinostosis (aproximadamente de un 25 %). Es más prevalente en el sexo femenino(16). Afecta aproximadamente a 1:3.000 RN. Es una craneosinostosis compleja, que incluye el cierre unilateral de una sutura coronal y de otras suturas relacionadas de la base del cráneo (frontoesfenoidal, frontoetmoidal y esfenozigomática), lo que da una alteración importante de la zona frontoorbitaria; se oblicua el eje nasal y se desvía la raíz nasal. El peñasco temporal se encuentra mal posicionado, lo que conlleva que el pabellón auricular se encuentre adelantado y descendido. Frecuentemente, hay un estrabismo secundario, que suele requerir tratamiento quirúrgico(8).

Plagiocefalia posterior sinostótica: sinostosis de una sutura lambdoidea. Es la forma menos frecuente de craneosinostosis; corresponde al 2 % de todas ellas(15). Puede asociarse a malformación de Chiari I y a estenosis del foramen yugular, que provocará hipertensión venosa y HTEC(20).

El diagnóstico diferencial con la plagiocefalia occipital posicional atenderá a criterios meramente clínicos:

– Desde una visión cenital, en la plagiocefalia posicional (Fig. 6) se observa el aplanamiento de la región posterior del cráneo producido por el apoyo continuado del lactante sobre esta zona; se asocia habitualmente a un abombamiento compensador del occipital contralateral y del hueso frontal del mismo lado del aplanamiento; el pabellón auricular está desplazado hacia adelante y la cabeza tiene forma de paralelogramo.

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Figura 6. A. Plagiocefalia posicional. B. Sinostosis lambdoide. Fuente: referencia(8).

 

– Por el contrario, en la sinostosis lambdoidea, el aplanamiento posterior se asocia a un abombamiento parietal contralateral. En la región anterior existe un mínimo abombamiento frontal y el pabellón auricular del lado de la sinostosis se encuentra en un modo normal o bien desplazado posteriormente. Vista desde el zénit, la cabeza tiene forma trapezoide. También ayuda la observación de la línea bimastoidea (Fig. 7) de la base de cráneo(8).

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Figura 7. Línea bimastoidea desviada. Fuente: referencia(8).

 

Trigonocefalia: es la craneosinostosis más frecuentemente asociada a malformaciones cerebrales y a retardo mental. Los signos clínicos característicos son: frente en quilla, con disminución del diámetro bitemporal, aumento del diámetro biparietal e hipotelorismo (cráneo en forma de triángulo). Tiene una amplia variedad fenotípica. La sutura metópica es la primera que desaparece; su cierre se produce hacia el segundo año de vida, pero en algunos lactantes puede encontrarse cerrada antes de los 10 meses de vida, dando lugar a una dismorfia significativa, con la observación de una cresta frontal medial con retrusión fronto-orbitaria, aplanamiento temporal y de ambos frontales e hipotelorismo, con lo que hay que pensar en una cirugía, por la posibilidad de desarrollar un aumento de la presión intracraneana y/o un trastorno del desarrollo cognitivo(8).

Ocasionalmente, un lactante puede desarrollar una cresta metópica visible o palpable en la región frontal, pero manteniendo la morfología craneal normal; esta anomalía no da alteraciones cognitivas o HTEC, y ha de considerarse la intervención por causa estética. Entre estos extremos se encuentran los pacientes con variantes menores de esta patología, asociada a formas más leves de trigonocefalia; en estos casos, la indicación de intervención quirúrgica es más discutible(8).

Algunos lactantes pueden desarrollar una unión precoz de la sutura metópica, pudiéndose observar la cresta metópica, sin ser una sinostosis definitiva(24).

Braquicefalia anterior por craneosinostosis de las dos suturas coronales, que da el aspecto a una cabeza ancha y aplanada en su parte posterior. Es la dismorfia que más frecuentemente se asocia a las craneosinostosis sindrómicas, como, por ejemplo, los síndromes de Crouzon, Muenke y Apert(25).

Tratamiento

En el tratamiento de las dismorfias craneales de causa sinostótica, siempre habrá que hacer una valoración neuroquirúrgica. En las no sinostóticas habrá que individualizar según la etiología y la gravedad de cada caso; la mayoría de ellas serán corregidas sin necesidad de derivación a neurocirugía, pero habrá que hacerla en caso de mala evolución clínica.

El tratamiento de la plagiocefalia postural incluye una serie de medidas que, en opinión de muchos autores, deben ser escalonadas: reposicionamiento, rehabilitación, técnicas de ortesis craneal y, en último y excepcional lugar, reconstrucción quirúrgica.

Escalonamiento del tratamiento de las plagiocefalias posturales:

1. Cambios de posición de la cabeza mientras el niño duerme.

2. Cuando esté despierto, que practique movimientos de cabeza y cuello y ejercicios sobre superficies duras.

3. Juegos en decúbito prono y posición de gateo a partir de 4,5-5 meses (Tummy time), siempre bajo supervisión.

4. Tratamiento de la tortícolis, si existe, con fisioterapia adecuada.

5. Tratamiento con ortesis craneal (casco) en los casos refractarios a las primeras medidas. La respuesta más idónea se obtiene a partir de los 4,5-5 meses de edad, y hasta un límite de 12 meses.

La indicación quirúrgica estará reservada para los casos con craneosinostosis y, también, para aquellas dismorfias craneales sin sinostosis, que tengan una deformidad severa, persistente, y en los que los tratamientos conservadores y la banda/casco ortésico no hayan tenido el efecto deseado(8).

Pronóstico

Los pacientes con plagiocefalia postural presentan, en general, muy buen pronóstico; la mayoría de casos se resuelven con medidas posturales y no presentan alteraciones cognitivas a largo plazo(8). Las Guías de Práctica Clínica (GPC) del NICE (National ­Institute for Health and Care Excellence), Cochrane y otros estudios no encuentran evidencia para sugerir que la plagiocefalia posicional se asocie a retardo mental o psicomotor en la edad adulta y que la mayoría de los casos se resuelven a los dos años de edad, sin secuelas(26-28).

No se ha encontrado evidencia tampoco en la asociación con estrabismo, excepto en la plagiocefalia frontal y la asociada a craneosinostosis(29).

Las craneosinostosis no asociadas a síndromes genéticos suelen tener también un buen pronóstico, y las intervenciones, que han de ser precoces, evitan sus consecuencias, que pueden ser importantes, como el estrabismo y otros defectos visuales, alteraciones psicológicas secundarias a la deformidad o la HIC(15,25).

A nivel cognitivo, los pacientes con craneosinostosis de una única sutura (coronal o lambdoide) son más propensos a presentar retardo en el aprendizaje en la educación primaria. Los pacientes con mejor pronóstico son los que presentan escafocefalia, pero también presentan una incidencia más alta de retardo en el aprendizaje con respecto a la población general(30,31).

La trigonocefalia (sinostosis metópica) se presenta con una amplia variedad fenotípica; solo las formas más severas requieren corrección quirúrgica. Los niños con trigonocefalia tienen un riesgo especial de presentar problemas oftalmológicos, como la hipermetropía, y presentan una mayor prevalencia de problemas de conducta, como el trastorno del espectro autista y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Conclusiones

Un diagnóstico diferencial acertado es fundamental para distinguir las deformidades posturales de las verdaderas craneosinostosis.

La dolicocefalia del prematuro tiene un manejo conservador, a diferencia de la sinostosis sagital.

La plagiocefalia occipital raramente se debe a una sinostosis lambdoidea; la mayoría de los casos es consecuencia de un moldeamiento de origen externo. Un manejo conservador apropiado que incida fundamentalmente en la reeducación postural, obtiene generalmente resultados muy satisfactorios.

Cualquier paciente con un diagnóstico de sospecha de craneosinostosis debe remitirse precozmente a un servicio de neurocirugía pediátrico con experiencia en estas patologías(8).

Función del pediatra de Atención Primaria

La función que se espera del pediatra de Atención Primaria es, en los casos de macrocefalia y microcefalia, un seguimiento cercano para la detección precoz de anomalías en el crecimiento del cráneo y posibles alteraciones en el desarrollo psicomotor del lactante y niño pequeño. Así mismo, en los casos de una dismorfia craneal, la orientación hacia una causa postural o una causa sinostótica de la anomalía; para, en este segundo caso, la derivación lo antes posible a neurocirugía.

Agradecimientos

• A los profesores A. Macaya y F. Rivier, a los que tengo en gran estima, que han leído previamente el trabajo y cuyos consejos me han sido de mucha utilidad para mejorarlo.

• Prof. François Rivier. Service de Neurologie Pédiatrique CHU de Montpellier. Université de Montpellier. Francia.

• Dr. Alfons Macaya. Servicio de Neurología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Vall d’Hebron, UAB. Barcelona.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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27. Bialocerkowski AE, Vladusic SL, Howell SM. Conservative interventions for posicional plagiocephaly: a systematic review. Dev Med Child Neurol. 2005; 47: 563-70.

28. Hutchison BL, Hutchison LA, Thompson JM, Mitchell EA. Plagiocephaly and brachycephaly in the first two years of life: a prospective cohort study. Pediatrics. 2004; 114: 970-80.

29. Gupta PC, Foster J, Crowe S, Papay FA, Luciano M, Traboulsi EI. Ophthalmologic findings in patients with nonsyndromic plagiocephaly. J Craniofac Surg. 2003; 14: 529-32.

30.* Speltz ML, Collett BR, Wallace ER, Starr JR, Cradock MM, Buono L, et al. Intellectual and academic functioning of school-age children with single-suture craniosynostosis. Pediatrics. 2015;135(3):615-23.

31.* Magge SN, Westerveld M, Pruzinsky T, Persing JA. Long-term neuropsychological effects of sagittal craniosynostosis on child development. J Craniofac Surg. 2002;13(1):99-104.

Bibliografía recomendada

– Álvarez Molinero M, Gómez Andrés D. Alteraciones del perímetro cefálico: macrocefalia y microcefalia. Pediatr Integral. 2020; 7: 357-66. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-10/alteraciones-del-perimetro-cefalico-macrocefalia-y-microcefalia/.

Artículo de actualización exhaustiva de las macro y microcefalias desde el punto de vista clínico y la descripción de una amplia patología al respecto.

– Hinojosa Mena-Bernal J, Pascual B. Trastornos del tamaño y la forma del cráneo. Pediatr Integr. 2015; 9: 591-9. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2015-11/trastornos-del-tamano-y-la-forma-del-craneo/.

Artículo que contiene una interesante descripción y plan a seguir ante una dismorfia craneal y la alteración en el tamaño del cráneo. Una buena iconografía y patologías al respecto. Asimismo, contiene pautas claras sobre la derivación precoz a neurocirugía.

– Tresanchez-Lacorte B, Puerta-Roldán P, Vila-Soler J, Carsi-Durall A, López-Torres S, Rello-Saltor V. El pediatre davant un lactant amb dismorfisme cranial. Pediatr Catalana. 2022; 82: 139-44.

Artículo sobre la dismorfia craneal del lactante, que hace especial énfasis en el diagnóstico de las causas posturales y las sinostóticas. Expone también de una forma muy didáctica los distintos tipos de craneosinostosis.

– Bosch Hugas J, Maria Costa Clara J. La plagiocefàlia posicional: una tasca d’Atenció Primària Pautes de diagnòstic, prevenció, tractament, seguiment i derivació des d’Atenció Primària. Barcelona. Generalitat de Catalunya, Departament de Salut. 2017.

Monografía muy detallada de la plagiocefalia posicional, su exploración, la prevención primaria, el tratamiento y las pautas de seguimiento y derivación desde Atención Primaria.

 

Caso clínico

 

Lactante de 3 meses de edad, nacido a las 41 semanas de gestación. Antropometría al nacimiento de: peso: 2.900 g; longitud: 48 cm; PC: 34,5 cm, de sexo masculino. Primer hijo de padres sanos, no consanguíneos, sin antecedentes obstétricos de interés, excepto un parto prolongado. Presentación cefálica. Apgar: 7-9-10. Screening auditivo neonatal normal. Hace su seguimiento habitual, sin fallos, en pediatría del Centro de Atención Primaria, controlado siempre por el mismo pediatra. Controles sin nada a destacar. Evolución antropométrica que sigue sin pasar de +1 DS en peso y talla y PC en -0,5 DS. Al tercer mes de vida, el examen clínico es el siguiente: lactante de 3 meses con buen estado general, buena coloración, buena motilidad espontánea. Test de Pull to sit 3/4. Buen sostén cefálico, pero con claudicación cefálica inconstante. Motilidad correcta y simétrica de las cuatro extremidades. Buena fijación visual y seguimiento correcto hacia los cuatro puntos cardinales. Sonrisa franca. Emite sonidos. No se observan dismorfias o asimetrías faciales a destacar.

En el examen del cráneo, se observa una dismorfia con aplanamiento occipital derecho y abombamiento frontal derecho, con el pabellón auricular derecho avanzado. A la inspección desde el zénit, el cráneo tiene aspecto de paralelogramo. La utilización del craniómetro nos da unas cifras de índice craniométrico del 85 % (valor normal) y del índice de plagiocefalia de 15 m/m. En el examen del cuello, no se objetivan limitaciones motrices claras.

En el interrogatorio a los padres, explican que es un niño tranquilo y que, cuando duerme, tiene siempre el cráneo lateralizado hacia la derecha.

 

 

Valoración y seguimiento del niño con crisis febriles

A. Hernández Fabián*,  T. de la Calle Cabrera**
Temas de FC


A. Hernández Fabián*, T. de la Calle Cabrera**

*Neuropediatra. **Pediatra
Hospital Clínico Universitario de Salamanca

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Autor para correspondencia

aranz.hernandez@usal.es

Resumen

Las crisis febriles (CF) son el evento convulsivo más frecuente en la edad infantil. Afecta entre un 2-5 % de los niños en nuestro medio. Se deben tanto a factores genéticos como ambientales. Se definen como crisis acompañadas de fiebre que ocurren en niños de edad entre los 6 meses y los 5 años, en ausencia de infección del sistema nervioso central (SNC), trastornos metabólicos ni antecedentes de epilepsia. Las crisis febriles simples, la mayoría, son crisis generalizadas, de menos de 15 minutos y que no recurren en 24 horas. Las crisis febriles complejas son focales, prolongadas (más de 15 minutos) o recurrentes en 24 horas. En un niño con buen estado general, con una CF simple, no se recomienda de rutina pruebas complementarias (análisis de sangre, punción lumbar, neuroimagen, electroencefalograma), salvo determinar la glucemia si el niño está con una crisis activa. En los niños con CF complejas, las exploraciones complementarias deben individualizarse. La mayoría de las crisis febriles se resuelven espontáneamente, recomendándose tratamiento con benzodiacepinas antes de los cinco minutos de duración. Es muy importante una adecuada información a la familia, incluyendo instrucciones sobre la actitud ante una posible recurrencia.

 

Abstract

Febrile seizures (FS) are the most common type of seizures in childhood. They affect between 2-5% of children in our country. They are caused by both genetic and environmental factors. They are defined as seizures accompanied by fever that occur in children between 6 months and 5 years of age, in the absence of central nervous system (CNS) infection, metabolic disorders, or a history of epilepsy. Simple febrile seizures, which are the majority, are generalized seizures lasting less than 15 minutes and do not recur within 24 hours. Complex febrile seizures are focal, prolonged (lasting more than 15 minutes), or recurrent within 24 hours. In a child in good general health with a simple febrile seizure, routine additional tests (blood tests, lumbar puncture, neuroimaging, electroencephalogram) are not recommended, except for determining blood glucose levels if the child is having an active seizure. In children with complex FS, additional tests should be individualized. Most febrile seizures resolve spontaneously, and treatment with benzodiazepines is recommended if the seizure lasts less than five minutes. It is very important to provide adequate information to the family, including instructions on what to do in the event of a possible recurrence.

 

Palabras clave: Crisis febril; Niños; Manejo; Recomendaciones para cuidadores.

Key words: Febrile seizure; Children; Management; Recommendations for caregivers.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (7): 494 – 502

 


OBJETIVOS

• Revisar la definición, epidemiología y etiopatogenia de las crisis febriles.

• Actualizar el conocimiento sobre la atención de las crisis febriles en la infancia.

• Identificar situaciones excepcionales de uso de pruebas complementarias.

• Familiarizarse con la atención de los menores con crisis febriles en Atención Primaria.

• Conocer las situaciones en las que valorar la derivación a neuropediatría.

• Disponer de información y recursos de interés sobre las recomendaciones que deben darse a la familia o cuidadores de niños con crisis febriles.

 

Valoración y seguimiento del niño con crisis febriles

https://doi.org/10.63149/j.pedint.79

 

Introducción

Las crisis febriles son uno de los cuadros clínicos que, siendo benignos, más ansiedad producen en las familias y no solo en ellas, sino también frecuentemente en los sanitarios que las atienden. Se trata de las crisis epilépticas más frecuentes en la infancia, afectando hasta al 4 % de niños en los países de nuestro entorno. Existen numerosas guías clínicas, con pequeñas diferencias entre ellas, sobre el manejo agudo y el seguimiento posterior, siendo objetivo de esta revisión ofrecer un compendio de los conocimientos actuales.

Definición. Crisis simples y complejas

Las crisis febriles (CF) son crisis epilépticas que se producen durante un proceso febril en ausencia de infección en el sistema nervioso central (SNC), epilepsia o patología neurológica conocida afectando típicamente a niños de 6 meses a 5 años y, rara vez, después de los 6 años(1).

Aunque se clasifican como crisis epilépticas, en la mayoría de los casos no conducen a un diagnóstico de epilepsia(1). Para que una crisis epiléptica pueda ser catalogada como una crisis febril, debe suceder en un niño de dicho rango de edad, sin historia de crisis afebriles previas, ni alteraciones metabólicas ni infecciosas del SNC, asociado a fiebre en el momento de la crisis.

Las crisis febriles se clasifican según la presencia de signos focales, duración y recurrencia dentro de un único episodio infeccioso, como CF simples o CF complejas(2). Las CF complejas suponen el 20-35 % de las CF, aumentando hasta el 45 % en los menores de 12 meses de edad(1).

La crisis febril simple o típica (que supone el 60-70 % de los casos) debe cumplir las siguientes características para ser considerada como tal:

Edad del niño: de 6 meses a 5 años. Aunque algunas guías son menos restrictivas en este punto y aceptan un límite inferior de 3 meses e incluso un mes (la guía ILAE: Liga Internacional contra la Epilepsia), y un límite superior de 6 años(3).

Duración menor de 15 minutos. Lo habitual es que una crisis febril dure pocos minutos.

Generalizada (tónico-clónica en el 80 % de las ocasiones). También puede ser tónica (13 %) y en pocos casos atónica (3 %).

Postcrítico corto. El postcrítico puede cursar con agitación o con somnolencia.

No recurrencia en 24 horas.

• Sin patología neurológica previa ni crisis afebriles anteriores.

 

Toda crisis febril que no cumpla estas características se considera crisis compleja o atípica. Incluyen aquellas que son de inicio focal o que duran más de 15 minutos o que recurren en un periodo de 24 horas. De estas características, “la más benigna” parece la recurrencia; se ha publicado que los menores diagnosticados de crisis febril compleja solo por presentar recurrencia de la crisis tienen un buen pronóstico, similar a los que presentan crisis febriles simples(4). Si la duración de la crisis febril excede los 30 minutos, se considera “estatus febril”. Puede presentarse como una crisis única que no cede o con apariencia de múltiples crisis, pero sin recuperación completa entre ellas.

Epidemiología

La incidencia de las CF se estima entre el 2 % y el 5 % en EE.UU. y Europa Occidental, siendo mayor en poblaciones asiáticas (8-10 %). El pico de incidencia de la primera CF se sitúa en el segundo año de vida, ocurriendo el 90 % de los primeros episodios antes de los 3 años(2).

Etiopatogenia

Tienen una importante base genética, con factores ambientales implicados no totalmente aclarados.

Las causas precisas de las crisis febriles aún no están completamente claras. La etiología de las CF es multifactorial, involucrando factores genéticos y ambientales. Algunos factores genéticos se presentan con un patrón de herencia autosómico dominante en algunos casos, aunque se ha sugerido una herencia poligénica en la gran mayoría. El 82 % de los episodios se asocia a infecciones virales. El tipo específico de infección viral no predice características de complejidad de las crisis o las recurrencias futuras. Los virus más frecuentemente asociados con CF incluyen: el virus del herpes humano 6, influenza, adenovirus, virus respiratorio sincitial, parainfluenza y el SARS-CoV-2(1,5).

Los factores que más se han relacionado con la aparición de crisis febriles incluyen: antecedentes familiares de CF, presencia de trastornos del neurodesarrollo, alta neonatal tardía y asistencia a guardería(6).

Manejo del paciente con una crisis febril

La prioridad ante un niño con crisis febril activa será estabilizarlo y yugular la crisis lo antes posible, siendo, de primera elección, el tratamiento farmacológico con una benzodiacepina.

Ante un paciente con una crisis febril, el paso inicial será valorar el TEP (triángulo de evaluación pediátrica) y establecer si la crisis febril por la que consultan ya ha cedido o persiste.

Crisis febril inactiva

La mayoría de las crisis febriles son de muy breve duración y ya habrán cedido en el momento de la evaluación. Durante el periodo postcrítico, el médico debe asegurarse de que el episodio comicial realmente ha cedido, siendo lo más sugerente de estado postcrítico que los ojos estén cerrados y la respiración sea pausada y profunda(7). No está indicado administrar fármacos antiepilépticos durante este periodo.

Ante una crisis febril, ya inactiva en el momento de la valoración, debe administrarse tratamiento antitérmico si no se ha hecho previamente(1). A continuación, se evaluará al paciente cuidadosamente, intentando determinar la causa de la fiebre y descartando la posibilidad de que la crisis haya sido secundaria a infección del SNC.

Crisis febril activa

Cuando la crisis no ha cedido, febril o no, tanto en el medio extrahospitalario como hospitalario, es prioritaria la estabilización según el algoritmo ABC (vía aérea, respiración, circulación):

A: apertura de vía aérea. Se asegurará de que la vía aérea esté permeable (buena entrada de aire, ausencia de ruidos respiratorios de obstrucción de vía aérea superior). En el caso de vía aérea comprometida, se asegurará la correcta colocación de la posición del paciente (importante sobre todo en lactantes y niños obesos); o si no es suficiente, se realizará apertura manual de vía aérea o la técnica precisa para mantenerla permeable(8).

B: administrar oxigenoterapia al 100 %(8).

C: monitorizar constantes (saturación O2, FC, TA). Canalizar vía venosa. Realizar glucemia capilar.

D: exploración neurológica: se valorará nivel de conciencia, pupilas, partes del cuerpo afectadas, asimetrías y tipo de afectación motora (atonía, hipertonía, movimientos tónico-clónicos…).

E: temperatura, presencia de petequias, valoración de perfusión periférica, existencia de lesiones traumáticas…

Ante cualquier crisis epiléptica generalizada, está indicado administrar medicación anticrisis a partir de una duración de más de 2 minutos y antes de los 5 minutos; ya que, a partir de ese momento, cuanto más se prolongue la crisis, más probabilidades de sufrir un estatus epiléptico y menor respuesta a anticomiciales. Cualquier paciente que llegue a un servicio sanitario con una crisis activa, se asumirá que la duración supera ese límite y se administrará tratamiento anticrisis inmediatamente(8).

Las benzodiacepinas son los fármacos indicados para yugular una crisis febril. La vía de elección para el personal sanitario será la intravenosa. Si aún no se dispone de acceso venoso, se optará por otra vía (intranasal, transmucosa oral, rectal, intramuscular…), con el objeto de no retrasar la administración(1), proponiendo algunos autores el límite de 3 minutos para intentar canalizar vía antes de optar por otra vía(8). El fármaco ideal es aquel fácil de administrar, socialmente aceptable, de acción rápida y con los mínimos efectos adversos. En nuestro medio, cumplen estas condiciones cuando no se dispone de vía IV, el midazolam (puede administrarse bucal, nasal, intramuscular) y el diazepam rectal(9). La tabla I muestra las dosis recomendadas de estos fármacos.

tabla

 

Si la crisis persiste 5 minutos tras la administración de la benzodiacepina, se administrará una segunda dosis de benzodiacepina y, a efectos operativos, se actuará según los protocolos de estatus epiléptico. Si se dispone de vía IV, se usará de elección midazolam IV (0,2 mg/kg, máx. 10 mg) o diazepam (0,2 mg/kg, máx. 10 mg)(10).

Se administrará tratamiento para la fiebre con los antitérmicos habituales, utilizando la vía más adecuada a la situación del paciente, evitando la vía oral en aquellos con disminución del nivel de conciencia(8).

Diagnóstico: anamnesis y exploración física

El objetivo fundamental se centra en descartar una infección del SNC como causa de la crisis y asegurar el buen estado general del paciente.

Van a ser fundamentales para guiar el manejo posterior del paciente, una vez superada la crisis. Debe realizarse una exhaustiva evaluación basada en una adecuada anamnesis y una completa exploración física, orientada, por un lado, a evaluar la crisis como simple o compleja y, por otro, a determinar la causa de la fiebre. El objetivo principal debe dirigirse a descartar que la crisis sea secundaria a una infección del SNC o a un proceso expansivo intracraneal.

Anamnesis

Se constatará de forma minuciosa: la descripción de la crisis, su duración, el contexto en el que apareció y qué hacía el menor previamente, la participación ocular y de la musculatura facial, tono aumentado o disminuido, existencia de rítmias musculares y zonas implicadas, características y duración del periodo postcrítico. La descripción debe obtenerse de la persona que la presenció, si es posible. La información recogida en este momento, puede tener mucha importancia en valoraciones posteriores del niño.

De cara al manejo, es importante conocer el estado vacunal del niño, que, si es incorrecto, puede aumentar su riesgo de presentar una meningitis bacteriana, y la toma actual de antibióticos que puedan enmascarar signos y síntomas de meningitis. Asimismo, deben constar en la historia antecedentes neurológicos y de crisis febriles o afebriles del niño y de sus familiares.

Además de la crisis, el pediatra se encuentra ante un niño con fiebre, por lo que la historia clínica debe recoger, además, datos del cuadro febril y sus síntomas, como en cualquier otro paciente febril. La tabla II muestra los puntos a investigar que deben constar en la anamnesis.

tabla

 

Exploración física

Al igual que con cualquier otro niño que acude a Urgencias con fiebre, se procederá a determinar su estado general y a buscar el foco de la fiebre. Específicamente, se buscarán cuidadosamente signos de meningitis o encefalitis, valorando cuidadosamente: alteración del nivel de conciencia (una vez pasada la crisis), irritabilidad, fontanela abombada, signos meníngeos, rigidez de nuca, hipotonía, focalidad neurológica…, realizando una exploración neurológica completa.

Pruebas complementarias

Serán necesarias dependiendo de si la crisis febril ha sido simple o compleja, así como de la sospecha clínica guiada por la anamnesis y la exploración.

En niños con crisis febriles simples, mayores de 6 meses y bien vacunados, que se encuentren con buen estado general, no se precisan pruebas complementarias. En estos niños se indicarán de la misma forma que en otros niños con fiebre, según la orientación de la anamnesis y la exploración física, siguiendo los protocolos habituales de niño febril. Diversos estudios ponen de manifiesto que los niños con crisis febriles simples no tienen mayor riesgo que otros niños con fiebre de presentar neumonía, ni infección urinaria, bacteriemia ni meningitis bacteriana(11,12). Sin embargo, ante un paciente con crisis febril compleja, la decisión de realizar pruebas complementarias puede estar justificada en algunos casos, y se basará en la sospecha clínica y datos de la anamnesis y examen físico.

Glucemia capilar: debe determinarse en cualquier episodio de crisis convulsiva activa, teniendo en cuenta la facilidad y rapidez de su obtención y la ineficacia de cualquier tratamiento en el caso de que la causa de la convulsión sea la hipoglucemia(8).

Análisis de sangre: no existe evidencia de que aporte ningún beneficio en niños con crisis febriles típicas. En general, se solicitarán parámetros analíticos dependiendo de la duda diagnóstica (hemograma, bioquímica con iones, reactantes de fase aguda, gasometría, hemocultivo), siguiendo los protocolos de síndrome febril(13), dependiendo del estado general, sospecha de deshidratación, posible foco… como en cualquier otro paciente. Además, si existe indicación para realización de punción lumbar, debe determinarse glucemia y recoger hemocultivo(1).

Debe plantearse de forma individualizada ante niños con crisis febriles atípicas o factores de riesgo(13). Las indicaciones actuales para realizar analítica de sangre, según la Asociación Española de Pediatría (AEP), son:

– Menores de 6 meses.

– Lactantes 6-12 meses incorrectamente vacunados frente a neumococo o Haemophilus.

– Crisis con temperatura inferior a 38ºC.

– Tratamiento antibiótico previo.

– Crisis recurrentes.

– Crisis después de las primeras 48 h de fiebre.

– Otros signos de atipicidad.

Punción lumbar: se recomienda siempre ante una duda fundada de que la convulsión pueda ser secundaria a una infección del SNC(13). El dato principal que puede apuntar en esta dirección es un nivel de conciencia alterado o una exploración neurológica anormal pasada la crisis, aunque también se valorará en los pacientes más complicados de valorar o con mayor riesgo por edad o cuadro clínico. En un niño con una crisis febril compleja, sin otros signos de alarma, el riesgo de meningitis o encefalitis es muy bajo si la exploración física no es sugestiva(14). Las indicaciones actuales de punción lumbar según la mayoría de las guías son(1,7,13):

– Cualquier niño con exploración física compatible con infección del SNC: alteración del nivel de conciencia prolongado postcrisis, signos meníngeos positivos, rigidez de nuca y focalidad neurológica.

– Menores de 6 meses.

– Valorar en:

a. Menores de 18 meses con vacunación inadecuada frente a Haemophilus y neumococo.

b. Tratamiento antibiótico previo que pudiese enmascarar una infección del SNC.

c. Estatus febril.

d. Alteración prolongada del nivel de conciencia.

e. Crisis complejas en menores de 12 meses(1,2).

Neuroimagen: TC o RM craneal: se indicará ante sospecha clínica de alteración estructural subyacente(15), y en niños con:

– Focalidad neurológica en la exploración tras la crisis.

– Sospecha clínica de lesión ocupante de espacio.

– Alteración de conciencia prolongada postcrisis.

– Estatus febril.

Electroencefalograma (EEG): la realización de un EEG no está indicada en el manejo agudo de un niño con una convulsión febril, ya sea en medio extrahospitalario o en Urgencias pediátricas(16).

Indicaciones de observación prolongada hospitalaria e ingreso

La mayoría de los menores con crisis febriles no requerirán hospitalización y pueden ser dados de alta de manera segura, después de un periodo de observación, si han recuperado su estado neurológico basal.

La hospitalización, con el único fin de tranquilizar a los cuidadores, no ha demostrado ser beneficiosa(1,2).

Existe consenso en la mayoría de las guías clínicas de que, ante una crisis febril simple en un niño mayor de 18 meses, con buen estado general y con exploración normal, sobre todo si ya ha presentado otros episodios previos de crisis febriles simples y si tiene antecedentes familiares de crisis febriles, no se precisa observación hospitalaria, pudiendo ser dado de alta en cuanto se recupere totalmente del postcrítico con una exploración previa al alta normal(1,17).

En el resto, los menores de 18 meses, sobre todo si es su primer episodio, y los pacientes con crisis febriles complejas, es recomendable que permanezcan en observación hospitalaria con reevaluaciones periódicas durante las siguientes horas a la crisis (6 horas según unas guías, 2-4 horas según otras). Tras esas horas de observación, si las pruebas complementarias que hayan podido precisarse son normales y el niño presenta buen estado general, puede ser dado de alta a domicilio con seguimiento por su pediatra de Atención Primaria (AP), que determinará en qué casos es preciso solicitar seguimiento también por el neuropediatra(18,19). La figura 1 muestra las situaciones en las que valorar la observación hospitalaria y el ingreso hospitalario.

figura

Figura 1. Necesidad de observación hospitalaria y/o ingreso.

 

Recomendaciones al alta tras una crisis febril

Al dar de alta a un niño con un episodio de crisis febril, sobre todo si es el primero, el pediatra debe dar recomendaciones específicas, orales y por escrito, incluyendo la actitud a seguir ante un posible nuevo episodio(21).

La tabla III muestra las recomendaciones a ofrecer a las familias. La mayoría de las guías publicadas recomiendan el tratamiento domiciliario de un nuevo episodio de crisis febril, utilizando una benzodiacepina (diazepam rectal o midazolam bucal o intranasal) si la crisis dura más de 2 minutos(22). Además, se darán las recomendaciones para el manejo de la fiebre y del cuadro clínico causante de la fiebre, si se conoce, al igual que en cualquier otro niño febril.

tabla

 

Ha de advertirse a la familia que el riesgo de recurrencia es alto, de un 30-50 %, y lo que han de hacer ante un nuevo episodio. Los factores de riesgo para recurrencia son(1,7):

• Edad menor de 18 meses en la primera crisis febril.

• La fiebre se había iniciado menos de una hora antes de la crisis febril.

• La crisis febril se produjo con fiebre poco elevada.

• Historia familiar de crisis febriles.

• El niño presenta alteraciones del neurodesarrollo previas.

Las CF son eventos traumáticos para las familias. La recurrencia de las CF impulsa a más de la mitad de los familiares/cuidadores a modificar su comportamiento durmiendo en la misma habitación con su hijo o midiendo la temperatura corporal varias veces al día. La mayoría de los cuidadores presentan alteraciones del sueño y un alto nivel de ansiedad. En este contexto, el miedo a la fiebre también puede llevar a un uso excesivo de antipiréticos que podrían ser perjudiciales(22). Además, es importante aclarar que no todas las infecciones posteriores desencadenarán necesariamente otra crisis epiléptica, minimizando así la “fiebre-fobia”(1).

Se debe prestar especial atención al asesoramiento familiar y se debe transmitir información precisa, verbalmente y por escrito. También se les debe transmitir que el problema probablemente se resolverá en los próximos años sin efectos negativos.

Sería bueno conversar con los cuidadores sobre lo que suponen las crisis febriles y atender a sus preocupaciones, dándoles respuestas a sus inquietudes (Tabla III). Una consulta de seguimiento en pediatría de AP, 2-3 semanas después del primer evento, puede ayudar a las familias a afrontar la experiencia traumática. Esta estrategia ha demostrado su eficacia para mejorar el conocimiento limitado de la familia o los cuidadores, cambiar las actitudes negativas, reducir la ansiedad y promover mejores respuestas de primeros auxilios a CF(21).

Diagnóstico diferencial

En ocasiones, los niños presentan episodios que pueden simular crisis febriles.

Es importante que el pediatra sepa reconocerlos, sobre todo cuando, en muchas ocasiones, no han sido presenciados por un sanitario, dada la corta duración habitual de las crisis febriles(3).

Temblor febril o escalofríos: sacudidas musculares finas, sin relación a eventos epilépticos, que pueden suceder en un niño febril. Suelen ser bilaterales y no hay alteración del nivel de conciencia, características que los diferencian de una crisis febril.

Síncope febril: episodio sincopal con pérdida de conciencia y tono de segundos de duración, en relación a fiebre alta. No presentan periodo postcrítico. Suelen asociar síntomas vegetativos, palidez y sudoración. A diferencia de las crisis febriles, no presentan hipertonía ni suelen presentar sacudidas clónicas (aunque podrían estar presentes si la hipoperfusión cerebral se prolonga).

Crisis secundarias a infección del SNC: el objetivo principal de la valoración de un niño con fiebre y crisis es diferenciar cuándo la crisis es un síntoma de meningitis y/o encefalitis, que pueden presentarse con crisis hasta en un 25 % de las ocasiones. La valoración clínica es fundamental, ya que los niños con meningitis y/o encefalitis van a presentar otros síntomas que orienten al diagnóstico (alteración del nivel de conciencia, signos meníngeos o rigidez de nuca, petequias, focalidad neurológica…). El riesgo de presentar una meningitis o encefalitis en un niño con una crisis febril simple con buen estado general y sin otros criterios clínicos de riesgo es prácticamente el mismo que el de otro niño febril sin crisis(12). La vacunación correcta frente a neumococo y Haemophilus influenzae también disminuye el riesgo de presentar meningitis bacteriana. Los lactantes menores de 12 meses son una población de mayor riesgo y en la que el dintel de sospecha de meningitis debe bajar, sobre todo si no tienen protección vacunal completa, por la mayor dificultad de la exploración física y neurológica en esta población. Debe descartarse infección del SNC en los niños que presenten un estatus febril, aunque las tasas de meningitis bacteriana son bajas si el niño está correctamente vacunado(12,14).

Crisis parainfecciosas: pueden producirse con febrícula o sin fiebre, en niños con infecciones virales banales, muchas veces gastrointestinales. Son similares a las crisis febriles simples, siendo generalizadas, de breve duración y, en ocasiones, pueden recurrir dentro del mismo proceso infeccioso. Su pronóstico es benigno, similar a las crisis febriles simples(3).

Síndromes epilépticos relacionados con crisis febriles: Algunos síndromes epilépticos pueden presentarse inicialmente con crisis febriles, y su identificación temprana es crucial:

Epilepsia Generalizada con Crisis Febriles Plus (GEFS+): es un síndrome de epilepsia familiar, en el que las crisis febriles pueden persistir más allá de la edad típica de resolución (6 años) y pueden ir acompañadas de crisis no febriles, ya sean generalizadas o focales(5). Se han identificado variantes en genes de canales de sodio como SCN1A y SCN1B, así como en GABRG2, GABRD y SCN9A en individuos con GEFS+(1).

Síndrome de Dravet (SD): es una encefalopatía epiléptica grave que, a menudo, se inicia con crisis febriles frecuentes, prolongadas y focales en lactantes menores de 1 año. Las crisis en el síndrome de Dravet pueden ser sensibles a los cambios de temperatura, como los inducidos por baños calientes o ejercicio físico. Las variantes con pérdida de función en el gen SCN1A son la causa más común (aproximadamente el 80-90 % de los pacientes). El EEG suele ser normal al inicio del cuadro clínico. Los fármacos anticrisis bloqueantes de canales de sodio pueden empeorar la evolución. Los criterios para sospechar el síndrome de Dravet incluyen una historia de crisis prolongadas (más de 5 minutos), diferentes tipos de crisis no febriles o crisis sensibles a cambios de temperatura antes del primer año de vida y trastornos del neurodesarrollo o regresión a partir del primer año de vida(20).

Encefalopatía epiléptica tras proceso febril en niños previamente sanos (FIRES- Fever-Induced Refractory Epileptic Encephalopathy): se presenta como un estatus epiléptico refractario tras una infección febril en menores sin antecedentes de epilepsia ni causas estructurales o metabólicas claras.

Seguimiento del paciente con crisis febriles

El profesional más adecuado para el seguimiento del niño con crisis febriles es su pediatra de AP, que es el médico que más conoce al niño y su familia y es capaz de seguir más de cerca su desarrollo psicomotor y captar posibles signos de alarma.

El momento agudo de una crisis febril suele ser de gran ansiedad para las familias, y si el niño ha sido atendido en una urgencia hospitalaria, como es frecuente en nuestro medio, el estrés del momento hace que este no sea el lugar más indicado, ni un pediatra desconocido el mejor profesional, para transmitir información sosegadamente a la familia y tranquilizarlos.

El pediatra de AP del niño deberá decidir, dependiendo de los criterios de riesgo en cada caso, si es preciso otros exámenes complementarios y la derivación a neuropediatría.

Criterios de derivación a neuropediatría

La mayoría de los menores con crisis febriles simples no necesitan ser derivados a un neuropediatra. La derivación se reserva para los casos más complejos, cuando hay sospecha de una causa subyacente grave, un riesgo elevado de epilepsia o anomalías del desarrollo.

La decisión de derivar a un neuropediatra después de una crisis febril (CF) se basa en una evaluación detallada de las características de las crisis y del estado de salud general del menor. La mayoría de los casos de CF simples presentarán una evolución benigna y no requieren un seguimiento especializado a largo plazo.

Algunos criterios de derivación a neuropediatría incluyen: crisis febriles complejas, presencia de focalidad neurológica, periodo postcrítico prolongado (>1 hora), inicio antes de los 12 meses, retraso del neurodesarrollo o enfermedades neurológicas preexistentes(1,5,13).

Necesidad de estudios complementarios

En un niño, neurológicamente sano con una CF simple, no se debe realizar un EEG, ya que no hay evidencia que sugiera que las anormalidades del EEG puedan predecir la recurrencia de las CF o la aparición de epilepsia posterior(15). Existe controversia en cuanto a las CF complejas. En niños con CF complejas que asocien problemas neurológicos o un desarrollo anormal, sería recomendable realizar un EEG, al ser el grupo de mayor riesgo de desarrollo de epilepsia posterior(17). El EEG tiene un impacto limitado en el tratamiento agudo y no debe utilizarse como base para el ingreso(18). Existe unanimidad en la evidencia científica de no realizar EEG en un menor sin alteración neurológica previa con una crisis febril simple(15).

En cuanto a los estudios de neuroimagen (TAC o resonancia magnética), rara vez estarán indicados en las crisis febriles simples. No se justifica de forma rutinaria para las crisis febriles atípicas o complejas sin otros signos o síntomas de patología intracraneal(1).

Prevención-tratamiento profiláctico

El tratamiento preventivo con fármacos anticrisis no se recomienda en la actualidad en las crisis febriles.

El uso de antipiréticos durante el episodio febril no ha demostrado beneficios para la prevención de crisis febriles. Estos fármacos sí están indicados para mejorar el confort de los pacientes durante un proceso infeccioso o febril(23).

El uso de fármacos anticomiciales, como diazepam intermitente durante los procesos infecciosos o el fenobarbital continuo, puede reducir las tasas de recurrencia de crisis febriles. La alta tasa de efectos adversos de estos fármacos, junto con el bajo riesgo de complicaciones en las crisis febriles, hace que no sea recomendable la profilaxis con fármacos anticrisis en la actualidad(2).

Las familias deben recibir información adecuada sobre la recurrencia, los primeros auxilios y, lo que es más importante, la naturaleza benigna del fenómeno(23).

Pronóstico

Las crisis febriles, en especial las crisis febriles simples, presentan un pronóstico benigno, aunque debe advertirse del elevado riesgo de recurrencia hasta que el niño cumpla 5-6 años.

Neurocognitivo: los episodios de corta duración de CF no se asocian con un mayor riesgo de deterioro neurológico o cognitivo. Por otra parte, hay evidencia limitada que sugiere que el estatus epiléptico febril puede provocar anomalías en el hipocampo y resultados adversos posteriores. Entre las numerosas etiologías del estado epiléptico, el riesgo de desarrollar epilepsia es menor después de un estatus febril(1).

Recurrencia: entre un tercio y la mitad (30-45 %) de los menores que experimentan una primera CF tendrán recurrencias, siendo mayor entre los 12-24 meses(1). Los factores de riesgo para la recurrencia incluyen: menor edad en el momento de la primera crisis (<18 meses, <1 año), antecedentes familiares de CF en un familiar de primer grado, temperatura baja en la primera CF, aparición temprana en el proceso febril (<1 hora) o características atípicas en la primera crisis(1,2,23).

Riesgo de epilepsia: el riesgo de desarrollar epilepsia después de una CF simple es solo ligeramente mayor (1-2 %) que en la población general. El riesgo aumenta en presencia de: CF complejas, crisis febriles recurrentes, estatus epiléptico febril, focalidad en recurrencias, antecedentes familiares de epilepsia, anomalías neurológicas previas o primera crisis antes de los 12 meses de vida o posterior a los 3 años(1,2). La tabla IV resume los factores de riesgo de epilepsia y recurrencia en niños con crisis febriles.

tabla

 

Mortalidad: un estudio de cohorte basado en la población no encontró un aumento en la mortalidad a largo plazo en niños con CF simple en comparación con la población general(24,25). Se debe explicar a la familia que la muerte después de una CF es muy rara, incluso en pacientes de alto riesgo.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de AP, por su cercanía con la familia, es la persona más indicada para tranquilizar sobre la naturaleza benigna de este proceso, así como para asesorar sobre el pronóstico de las crisis febriles, advertir sobre las elevadas posibilidades de recurrencia e informar de cómo deben actuar los cuidadores ante una crisis febril activa.

La tabla V muestra enlaces con información para familia y cuidadores de crisis febriles que pueden ser útiles.

tabla

 

Es el profesional encargado del programa de salud del niño sano y, por tanto, el que mejor puede conocer el desarrollo psicomotor evolutivo del niño y sus antecedentes personales y familiares, y puede sospechar factores de riesgo de mal pronóstico, derivando, en ese caso, a consulta de neuropediatría. Por otra parte, aunque las crisis febriles suelen ser de muy corta duración, dada su alta prevalencia en la población general, el pediatra de AP debe conocer el manejo del paciente con crisis febril activa.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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25. Corsello A, Marangoni MB, Machhi M, Cozzi L, Agostoni C, Milani GP, et al. Febrile Seizures: A Systematic Review of Different Guidelines. Pediatr Neurol. 2024: 155: 141-8.

Bibliografía recomendada

– Ferretti A, Riva A, Fabrizio A, Bruni O, Capovilla G, Foiadelli T, et al. Best practices for the management of febrile seizures in children. Ital J Pediatr. 2024; 50: 95.

Revisión completa y reciente sobre el manejo de las crisis febriles, que toca los diversos aspectos que pueden interesar a cualquier pediatra implicado en la atención de esta patología.

– Subcommittee on Febrile Seizures; American Academy of Pediatrics. Neurodiagnostic evaluation of the child with a simple febrile seizure. Pediatrics. 2011; 127: 389-94.

Artículo clásico con las recomendaciones de la Asociación Americana de Pediatría para la evaluación del niño con crisis febril simple.

– Offringa M, Newton R, Nevitt SJ, Vraka K. Prophylactic drug management for febrile seizures in children. Cochrane Database Syst Rev. 2021; 6: CD003031.

Revisión sistemática realizada por la Biblioteca Cochrane que se centra en la evidencia científica disponible para el uso profiláctico de fármacos para evitar recurrencias de crisis febriles.

 

Caso clínico

 

Una ambulancia trae a Urgencias a un varón de 15 meses con una crisis asociada a una infección febril. En el momento de su llegada, se encuentra consciente y activo, con un TEP estable. En el momento de la evaluación presenta fiebre de 39ºC. Su madre, en casa, le ha dado la última dosis de paracetamol hace unas 6 horas, pues llevaba con fiebre desde la mañana (unas 12 horas de evolución). Unos 20 minutos antes, durante el cambio de pañal, comienza con sensación de temblor de extremidades, con la mirada perdida, sin reaccionar a estímulos. No sabe precisar la duración, pero cree que menos de 5 minutos, quizá 2 o 3. Ha llamado al 112 y han enviado una ambulancia. Además de la fiebre, hoy ha tenido tos leve, congestión nasal y no quiere comer, sin otros síntomas acompañantes.

No presenta antecedentes personales de interés; en la familia, un hermano del padre tiene epilepsia.

Exploración: temperatura: 39ºC; frecuencia cardiaca: 165 latidos/minuto; frecuencia respiratoria: 30 respiraciones/minuto; tensión arterial: 90/60 mm Hg; saturación de oxígeno: 100 %. Está atento a su entorno y, por lo demás, llora al separarlo de su madre, pero se calma con facilidad. Su madre se muestra ansiosa. La piel no presenta hematomas ni estigmas neurocutáneos. La fontanela anterior está cerrada. Los signos de Brudzinski y Kernig son difíciles de evaluar. Las pupilas son simétricas y reactivas, con movimientos oculares conjugados. Presenta una movilidad simétrica, con un tono muscular adecuado, sin focalidad neurológica. Presenta un enrojecimiento de mucosa oral con escasas lesiones vesiculosas y aftas. El resto de la exploración es normal.

Evolución: tres meses después, el paciente presentó un nuevo episodio de iguales características en contexto de una infección gastrointestinal febril.

 

 

algoritmo

 

Trastornos paroxísticos no epilépticos en la edad pediátrica

D. Gómez Andrés,  J. Sala Coromina
Temas de FC


D. Gómez Andrés, J. Sala Coromina

Servicio de Neuropediatría. Hospital Universitario Vall d’Hebron. Barcelona

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Autor para correspondencia

david.gomezandres@vallhebron.cat

Resumen

Los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) en la infancia son fenómenos episódicos que pueden parecer crisis epilépticas, pero no se originan en descargas eléctricas cerebrales anómalas. Su diagnóstico es eminentemente clínico, basado en una anamnesis detallada y dirigida, que puede estar apoyada por vídeos domésticos y, en ocasiones, pruebas complementarias, como el electroencefalograma (EEG). Los TPNE abarcan desde fenómenos benignos, ligados a la inmadurez neurológica, hasta manifestaciones de enfermedades neurológicas graves, trastornos genéticos o condiciones funcionales, especialmente en adolescentes. El diagnóstico erróneo de epilepsia es común y conlleva importantes consecuencias clínicas, terapéuticas y sociales. Distinguir correctamente estos episodios requiere considerar la edad del paciente, las características clínicas del evento y su evolución temporal. Cada grupo de edad tiene unos TPNE propios que deben ser conocidos. En neonatos y lactantes son más frecuentes los movimientos anormales y oculares; en escolares, predominan los tics; y en adolescentes, los trastornos psicógenos no epilépticos. La evaluación debe ser integral, evitando sobrediagnósticos y teniendo en cuenta la posible coexistencia con la epilepsia, especialmente en el adolescente. Una interpretación rigurosa y sistemática de los episodios es esencial para un diagnóstico y manejo adecuados.

 

Abstract

Paroxysmal non-epileptic disorders (PNEDs) in childhood are episodic phenomena that may resemble epileptic seizures but do not originate from abnormal cerebral electrical discharges. Their diagnosis is primarily clinical, based on a detailed and targeted history, which may be supported by home videos and, occasionally, complementary tests such as EEG. PNEDs range from benign phenomena related to neurological immaturity to manifestations of serious neurological diseases, genetic disorders, or functional conditions, especially in adolescents. Misdiagnosis as epilepsy is common and carries significant clinical, therapeutic, and social consequences. Correctly distinguishing these episodes requires consideration of the patient’s age, the clinical characteristics of the event, and its evolution over time. Each age group has specific PNEDs that must be recognized. In neonates and infants, abnormal movements and ocular phenomena are more frequent; in school-aged children, tics predominate; and in adolescents, psychogenic non-epileptic seizures are most common. Evaluation should be comprehensive, avoiding overdiagnosis and considering the possible coexistence with epilepsy, particularly in adolescents. A rigorous and systematic interpretation of episodes is essential for accurate diagnosis and appropriate management.

 

Palabras clave: Trastornos paroxísticos; Epilepsia; Diagnóstico diferencial; Crisis psicógenas; Electroencefalografía.

Key words: Paroxysmal disorders; Epilepsy; Differential diagnosis; Psychogenic seizures; Electroencephalography.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (7): 513 – 522

 


OBJETIVOS

• Comprender el concepto de trastorno paroxístico no epiléptico.

• Entender el valor diagnóstico de una anamnesis correcta y el limitado valor de las exploraciones complementarias.

• Conocer los trastornos paroxísticos no epilépticos por grupos de edad.

• Diferenciar entre trastornos paroxísticos no epilépticos benignos y autolimitados de los potencialmente graves.

Trastornos paroxísticos no epilépticos en la edad pediátrica

https://doi.org/10.63149/j.pedint.82

 

Introducción(1-4)

Los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) en la infancia son episodios transitorios que simulan crisis epilépticas sin origen en descargas eléctricas cerebrales. Constituyen un grupo clínico amplio y heterogéneo, cuyo diagnóstico requiere una evaluación cuidadosa, basada en la edad, la historia clínica y la interpretación experta de los síntomas.

Los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) en la infancia constituyen una categoría amplia y heterogénea de fenómenos transitorios que comparten una característica definitoria: no son crisis epilépticas. Esta definición, por exclusión, refleja una de las principales dificultades que plantea este grupo de entidades: no se define tanto por lo que sí es, sino por lo que no es. El término agrupa manifestaciones episódicas, motoras o comportamentales, que simulan crisis epilépticas, pero no tienen origen en una descarga eléctrica cerebral anómala. Se trata, por tanto, de una construcción diagnóstica que surge como respuesta a la necesidad de diferenciar clínicamente eventos de etiología diversa, pero con una presentación similar a las crisis epilépticas: ocurrir de manera repetida, mantener ciertas características estereotipadas y tener duración variable con normalización posterior.

Durante la infancia, los diferentes TPNE son muy frecuentes, superando con creces la prevalencia de la epilepsia en todas las franjas etarias pediátricas; se estima que, por cada caso de epilepsia, existen hasta diez niños con algún tipo de TPNE. Sin embargo, su verdadera prevalencia sigue siendo incierta, debido a la ausencia de estudios poblacionales bien diseñados, a la heterogeneidad en los criterios diagnósticos utilizados y al escaso reconocimiento de muchos de estos trastornos por parte de profesionales y familias.

Dado que los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) se definen por exclusión respecto a las crisis epilépticas, el grupo diagnóstico que conforman es necesariamente amplio y heterogéneo. Bajo esta denominación se agrupan entidades de muy diversa gravedad, que abarcan desde fenómenos benignos y fisiológicos hasta manifestaciones paroxísticas asociadas a enfermedades neurológicas graves. En muchos casos, el origen de los TPNE se ha relacionado con los procesos madurativos normales del sistema nervioso central en desarrollo. Se ha sugerido que la inmadurez funcional de los circuitos inhibitorios –ya sea a nivel cortical o troncoencefálico– puede dar lugar a respuestas motoras o conductuales transitorias, sin correlato epileptiforme, propias de determinadas etapas del neurodesarrollo. Por otro lado, existen TPNE cuyo origen es claramente patológico. Algunos se asocian a alteraciones genéticas, tanto monogénicas como multifactoriales, que afectan los canales iónicos neuronales (canalopatías), alterando la excitabilidad sin generar descargas eléctricas sincrónicas, típicas de la epilepsia. Otros están vinculados a fenómenos fisiopatológicos similares a los observados en los síndromes migrañosos, la otra entidad paroxística de gran relevancia en neurología aparte de la epilepsia. El otro gran grupo etiológico son los trastornos funcionales, que son particularmente frecuentes en adolescentes comparados con la población general.

El diagnóstico diferencial entre los distintos TPNE y las crisis epilépticas puede ser difícil, aunque es fundamental realizarlo de forma correcta. El diagnóstico depende fundamentalmente de la anamnesis y de la valoración de vídeos caseros aportados por las familias(5). Las pruebas complementarias aportan generalmente poco valor diagnóstico y los errores diagnósticos pueden tener consecuencias importantes para la calidad de vida del paciente. Por eso, es crucial realizar una anamnesis correcta y detallada ante un episodio paroxístico antes de emitir un juicio diagnóstico.

Otro factor importante en el diagnóstico diferencial es la edad del paciente. Como en cualquier entidad pediátrica, es fundamental conocer cuáles son los fenómenos paroxísticos más frecuentes en cada edad.

El manejo de la incertidumbre diagnóstica es un aspecto significativo en la atención de pacientes con episodios paroxísticos. Explicar con claridad las dudas diagnósticas a las familias representa un verdadero reto para las habilidades comunicativas del clínico. El diagnóstico erróneo de epilepsia continúa siendo un problema clínico relevante, incluso en entornos especializados. Se estima que, entre un 20 y un 30 % de los pacientes, inicialmente diagnosticados con epilepsia, presentan en realidad paroxismos no epilépticos, siendo los más frecuentes los síncopes de origen cardiovascular y las crisis psicógenas no epilépticas(6-9). Este fenómeno afecta tanto a pacientes evaluados en Atención Primaria (AP) como a aquellos derivados a unidades especializadas, incluidos casos considerados de epilepsia refractaria. El diagnóstico erróneo implica tratamientos innecesarios con fármacos antiepilépticos, con sus potenciales efectos adversos, así como las consecuencias del etiquetado diagnóstico: estigmatización, restricciones en la vida diaria, dificultades académicas y limitaciones legales como la conducción(10-12).

La situación se puede complicar aún más cuando ambos trastornos coexisten. El diagnóstico dual de epilepsia y TPNE no es infrecuente, especialmente en adolescentes con epilepsia conocida, que tienen alto riesgo de presentar crisis psicógenas no epilépticas, o en algunas canalopatías genéticas donde coexisten trastornos motores paroxísticos con epilepsia. Esta superposición obliga a la interpretación clínica de los episodios (p. ej.: no dar por sentado que cualquier fenómeno paroxístico en un epiléptico es epiléptico) y exige una evaluación integral y multidisciplinar para un manejo adecuado.

Anamnesis de los episodios paroxísticos

Una anamnesis estructurada y detallada, centrada en la secuencia temporal del episodio, es clave para orientar el diagnóstico de los TPNE.

Ante cualquier episodio paroxístico, una recogida ordenada y detallada de la historia clínica es fundamental para orientar el diagnóstico. La información puede ser aportada por los testigos y, ya que pueden influir en la fidelidad del relato, es conveniente también recoger quién cuenta cada dato. También es importante recoger cuándo comenzaron a ocurrir los episodios (si hay más de uno) y con qué frecuencia se repiten.

La exploración semiológica del episodio debe estructurarse en torno al eje temporal. Comenzando siempre por el contexto de inicio y el inicio del propio episodio. Es en esos momentos donde está la mayoría de la información clínica que tiene un valor diagnóstico y donde debemos invertir más esfuerzo en la anamnesis.

El primer paso consiste en identificar el contexto en el que se inicia el episodio. ¿Dónde ocurrió? ¿Qué estaba haciendo el paciente en ese momento? ¿A qué hora del día ocurrió? Estas preguntas ayudan a discernir si se trata de un evento espontáneo o desencadenado (p. ej., durante el sueño, tras emociones intensas, ejercicio, antes de comer, etc.), lo cual puede orientar hacia determinadas etiologías (p. ej., síncopes, crisis reflejas, discinesias paroxísticas).

En algunos casos, el paciente puede describir síntomas previos al episodio que constituyen un aura o pródromos. Estos pueden incluir: fenómenos autonómicos (náuseas, sudoración), sensaciones somatosensoriales, alucinaciones auditivas, visuales, olfatorias o gustativas, e incluso síntomas cognitivos. Reconocer esta fase es clave, ya que puede indicar un origen focal y ayuda a distinguir la epilepsia de otros trastornos.

La forma de inicio del episodio (abrupta, progresiva, anticipada por aura) y su evolución temporal deben ser analizadas con detalle. Durante el episodio, es importante preguntar sobre la afectación motora de distintas partes del cuerpo (recomendamos de arriba a abajo: ojos, boca, cuello, miembros superiores, tronco y miembros inferiores) y se debe interrogar activamente por alteraciones del lenguaje, el nivel de conciencia y la visión. Una descripción clara y cronológica del desarrollo sintomático permite identificar patrones estereotipados que suelen ser particularmente indicativos de epilepsia.

Estimar la duración del episodio es otro dato esencial. Finalmente, se debe explorar la fase postictal: ¿cómo termina el episodio? ¿Existe confusión, somnolencia, afasia, amnesia o parálisis de Todd? ¿Hay recuperación rápida o prolongada? La presencia de déficits neurológicos transitorios orienta más hacia epilepsia, mientras que una recuperación inmediata o muy prolongada sin hallazgos objetivos puede sugerir un TPNE.

Sin duda, la posibilidad de registrar los episodios mediante grabaciones domésticas –hoy accesibles para la mayoría de las familias gracias a la generalización de dispositivos móviles– ha transformado el abordaje diagnóstico de los trastornos paroxísticos. No obstante, la visualización del vídeo no exime de una valoración estructurada y rigurosa. Aunque los especialistas pueden identificar patrones clínicos de forma intuitiva, a partir de la observación directa (reconocimiento gestáltico), es fundamental aplicar una sistemática de análisis que respete la secuencia temporal del episodio y sus distintas fases clínicas. Esta metodología garantiza una interpretación más objetiva, reproducible y útil para el diagnóstico diferencial.

Pruebas complementarias

En la mayoría de los casos, el diagnóstico no dependerá del uso de exploraciones complementarias. El vídeo-EEG se debe limitar a casos dudosos de epilepsia, teniendo en cuenta la limitada sensibilidad y especificidad del mismo.

Las exploraciones complementarias y, en particular, el vídeo-EEG, no suelen ser imprescindibles para alcanzar un diagnóstico clínico correcto en muchos casos de trastornos paroxísticos no epilépticos. Aunque el vídeo-EEG se considera el gold standard para el diagnóstico de la epilepsia, es importante recordar que su sensibilidad y especificidad están lejos del 100 %.

Un EEG normal no excluye necesariamente el origen epiléptico de un episodio. Se estima que solo entre el 30 y el 40 % de los pacientes que han presentado una primera crisis epiléptica muestran anomalías epileptiformes en un EEG de rutina, porcentaje que puede aumentar hasta el 60 % si el estudio se realiza en las primeras 24 horas(13). Por otro lado, aproximadamente un 5-15 % de los niños sanos de la población general pueden presentar anomalías epileptiformes en el EEG sin tener epilepsia ni ser un factor predictivo para la misma(14). Estos datos subrayan la necesidad de interpretar el EEG en un contexto clínico adecuado y evitar sobrediagnósticos basados únicamente en hallazgos electroencefalográficos.

Para mejorar el rendimiento diagnóstico, especialmente en casos en los que persiste la duda sobre la naturaleza epiléptica del episodio, puede ser útil recurrir a monitorizaciones más prolongadas mediante EEG ambulatorio o vídeo-EEG prolongado en régimen hospitalario. Estas técnicas aumentan la probabilidad de registrar un episodio típico y correlacionar con la actividad eléctrica cerebral, lo que puede resultar determinante en casos complejos o con sospecha de diagnóstico dual (epilepsia y TPNE coexistentes)(15).

Durante el proceso diagnóstico y, especialmente, al investigar la etiología del episodio, pueden requerirse otras exploraciones complementarias, como la resonancia magnética cerebral (RM), el electrocardiograma (ECG) o estudios analíticos, incluyendo pruebas metabólicas y genéticas, según el contexto clínico y la sospecha diagnóstica.

Trastornos paroxísticos por grupos de edad

A continuación, se discutirán los trastornos paroxísticos no epilépticos más frecuentes por grupos de edad o por síntoma predominante, con el fin de facilitar el diagnóstico diferencial. No queremos hacer una lista exhaustiva, sino una herramienta que permita abordar el diagnóstico diferencial.

Trastornos paroxísticos no epilépticos en el neonato(16,17)

En el periodo neonatal distinguimos los siguientes grupos de TPNE: los movimientos rápidos, las posiciones mantenidas (distónicas), el hipo neonatal, los trastornos de los movimientos oculares y el laringospasmo episódico neonatal.

A nivel neonatal, existen diversos escenarios que podemos tener en cuenta: 1) movimientos rápidos (Tabla I); 2) posiciones mantenidas –trastornos distónicos– (sobre todo, típico de las encefalopatías hipóxico-isquémicas e hiperbilirrubinémica); 3) hiponeonatal (generalmente benigno, pero si es intenso y mantenido y, sobre todo, en el contexto de un paciente habitualmente muy enfermo, puede orientar a una hiperglicinemia no cetósica); 4) trastornos de los movimientos oculares (ver más adelante los TPNE del movimiento ocular); y 5) laringospasmo episódico neonatal, que se presenta como apneas graves con estridor laríngeo y que típicamente se asocia a mutaciones en el canal del sodio (SCN4A).

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Trastornos paroxísticos no epilépticos en el lactante

El lactante presenta múltiples TPNE, la mayoría benignos y autolimitados. Se deben distinguir de los espasmos epilépticos y de algunas enfermedades genéticas paroxísticas raras que pueden debutar en esta edad.

Los trastornos paroxísticos motores del lactante son un grupo particularmente complicado por las dificultades en la anamnesis directa al paciente y por la rica semiología que existe en los mismos. En la tabla II, hemos intentado resumir el diagnóstico diferencial de los movimientos (sobre todo cervicales o cervicobraquiales), que ocasionan problemas de diagnóstico diferencial con los espasmos epilépticos(1,18).

tabla

 

La hemiplejía alternante de la infancia (AHI) es un TPNE motor raro, de inicio temprano, caracterizado por episodios recurrentes de hemiplejía, que pueden alternar de lado o presentarse bilateralmente, acompañados con frecuencia de distonía, movimientos oculares anómalos, posturas tónicas o síntomas autonómicos. Estos episodios suelen iniciarse antes de los 18 meses de vida, con resolución transitoria durante el sueño y reaparición al despertar. Los desencadenantes típicos incluyen el estrés emocional o físico, el cansancio, los cambios térmicos o el contacto con el agua. En más del 80 % de los casos, se debe a mutaciones de novo en el gen ATP1A3, existiendo 2 mutaciones particularmente frecuentes. El resto de los casos se deben a mutaciones en otros genes (ATP1A2, SLC2A1 y otros) y existen casos sin diagnóstico genético. Aunque no existe un tratamiento curativo, algunos pacientes responden parcialmente a flunarizina, que puede reducir la frecuencia e intensidad de los episodios. Aunque los episodios paroxísticos pueden disminuir con la edad y el tratamiento, la mayoría de los pacientes desarrollan secuelas neurológicas crónicas, como discapacidad intelectual, ataxia o trastornos del movimiento(19).

A nivel respiratorio, destacan los espasmos del sollozo. Estos son episodios paroxísticos benignos que aparecen entre los 6 meses y los 6 años, con un pico entre los 1 y 3 años. Se clasifican en cianóticos, pálidos y mixtos, en función del color cutáneo durante el episodio. Se deben a una disfunción autonómica transitoria que provoca bradicardia o apnea, seguida de hipoperfusión cerebral, con pérdida de conciencia y, ocasionalmente, movimientos tónicos o clónicos. El diagnóstico es clínico, apoyado en la historia y, si es necesario, en grabaciones domésticas. El EEG solo está indicado en raros casos, en los que existen dudas diagnósticas relevantes. El EKG, en cambio, puede estar indicado sobre todo en los espasmos de tipo pálido, sobre todo si se desencadenan por ruidos o sobresaltos. La principal diferencia con la epilepsia es la presencia de un desencadenante claro. También, aunque no siempre, se caracterizan por la rápida recuperación y la ausencia de periodo postictal, hechos de un valor diferencial más limitado. El pronóstico de los espasmos del sollozo es la remisión antes de los 6 años. El tratamiento se basa en la educación de la familia y en la evitación de los desencadenantes(20). Aunque, rara vez, es necesario, se ha propuesto la suplementación de hierro como medida terapéutica (especialmente, si asocia otros datos de ferropenia, como insomnio de conciliación)(21). Algunos autores proponen utilizar piracetam en los casos más graves(22).

Otros TPNE respiratorios son los episodios aparentemente letales y el síndrome de muerte súbita del lactante y los síndromes de hiperventilación episódica (típicos de trastornos del neurodesarrollo como el síndrome de Pitt-Hopkins o de Rett o afectaciones del tronco encefálico, ya sean malformativas como el síndrome de Joubert, o lesionales como en el síndrome de Leigh)(18).

También existen trastornos paroxísticos relacionados con el dolor, como los cólicos del lactante o episodios de dolor paroxístico extremo (este último incluido en la tabla II, como un diferencial raro de crisis tónica).

Trastornos paroxísticos no epilépticos en el preescolar y el escolar

Los TPNE más frecuentes en este grupo de edad son los tics. Existen otros trastornos motores raros, de habitual base genética, que pueden debutar en esta franja de edad.

A nivel motor, en este grupo de edad, el TPNE más frecuente son los tics. Los tics son movimientos (típicamente de la cara o del cuello) o vocalizaciones breves, súbitos, no rítmicos y parcialmente voluntarios, que se caracterizan por su naturaleza estereotipada (lo que puede complicar el diagnóstico diferencial) y ser supresibles (aunque, a veces, esto molesta al paciente). Son frecuentes en la infancia, con un pico de aparición entre los 5 y 10 años, y forman parte de un espectro que incluye desde tics transitorios hasta trastornos más graves, como el síndrome de Tourette. Aunque suelen ser benignos, pueden generar gran preocupación en las familias, especialmente cuando debutan de forma brusca o en forma de crisis repetidas. El diagnóstico y su diagnóstico diferencial dependen fundamentalmente de la anamnesis: hay que preguntar al paciente por la característica fundamental de los tics (¿puedes contenerlos o aguantarlos, aunque esto te moleste?). La observación directa o la grabación de los episodios puede ayudar. Raramente, se requiere un EEG(23).

Aparte de los tics, existe un grupo de TPNE motores que ocurren en el seno de enfermedades raras de base genética (Tabla III), cuyo diagnóstico depende del reconocimiento del cuadro clínico y de la realización de estudios genéticos adecuados(2).

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Por otro lado, emergen ya en la edad escolar los TPNE típicos de la adolescencia(24).

 

Trastornos paroxísticos no epilépticos en el adolescente

Los TPNE más frecuentes del adolescente incluyen los episodios psicógenos no epilépticos, síncopes vasovagales, migrañas paroxísticas, trastornos del sueño y fenómenos motores benignos como los tics.

En esta etapa del desarrollo, los TPNE más frecuentemente observados incluyen: los episodios psicógenos no epilépticos (PNES, por sus siglas en inglés), síncopes vasovagales, migrañas paroxísticas, trastornos del sueño y fenómenos motores benignos, como los tics.

De todos ellos, los PNES constituyen el subtipo más prevalente en adolescentes, y su asociación con factores psicológicos, como ansiedad, depresión, trastornos del estado de ánimo o traumas previos, ha sido ampliamente documentada.

Síncopes

El síncope es una pérdida breve y súbita de la conciencia y del tono postural causada por hipoperfusión cerebral global, con recuperación rápida y completa.

En términos generales, podemos clasificar los síncopes en vasovagal (neurorreflejo) y cardiogénico. El síncope vasovagal es el más frecuente en adolescentes y se caracteriza por el pródromo característico y desencadenantes típicos, como la bipedestación prolongada, calor, dolor o estrés emocional. Algunos pacientes pueden presentar trastornos motores como sacudidas breves, arrítmicas y multifocales (“síncope convulsivo”) y pueden tener mordedura lingual en la punta. El síncope cardiogénico, más común en adultos o en pacientes con cardiopatía, puede ser el resultado de arritmias o causas estructurales. El inicio, en este caso, es brusco y puede aparecer sin claros desencadenantes. Se asocia a palpitaciones, dolor torácico o disnea. El diagnóstico diferencial con la epilepsia se resume en la tabla IV. Como en cualquier otro diagnóstico diferencial entre TPNE y epilepsia, la clave son los antecedentes personales, el ambiente en el que ocurre y los pródromos, teniendo un valor mucho menor las características del episodio y la evolución posterior(25-26).

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Crisis psicógenas no epilépticas (funcionales) (PNES, psychogenic non-epileptic [functional] seizures)

A pesar de que los PNES son relativamente frecuentes en esta población, la bibliografía específica sobre su evaluación y manejo sigue siendo escasa(27). En los últimos años, se ha reportado un aumento en su incidencia, probablemente asociado al deterioro progresivo de la salud mental en adolescentes(28). Un estudio poblacional en Dinamarca estimó una incidencia de 2,4 por 100.000 personas/año, mientras que, en Noruega, fue de 3,1 en niños de 5-14 años y de 9,8 por 100.000 en adolescentes de 15-19 años(29). Sin embargo, estos datos podrían estar subestimados debido al subregistro y al frecuente error diagnóstico con epilepsia u otros trastornos neurológicos(30).

El diagnóstico diferencial entre PNES y crisis epilépticas puede ser complejo, ya que ambos comparten características clínicas, como movimientos involuntarios y alteración de la conciencia. La aceptación del diagnóstico por parte del paciente y su familia constituye también un reto significativo. En este sentido, la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) ha publicado recientemente un consenso de expertos(31) que destaca elementos clave para el abordaje clínico de estos pacientes.

Este consenso, basado en una revisión de alcance y un proceso Delphi con expertos internacionales, concluye que un mejor pronóstico se asocia con el acceso temprano a consejería psicológica o intervención psicoterapéutica, y subraya la importancia del uso de vídeo-EEG para la confirmación diagnóstica cuando esté disponible. Además, se alcanzó consenso en la necesidad de establecer un diagnóstico claro, realizar una comunicación efectiva del mismo, desarrollar un plan de manejo individualizado y ofrecer apoyo psicológico estructurado. Igualmente, se remarca que los niños y adolescentes con PNES presentan un riesgo elevado de padecer comorbilidades psiquiátricas, por lo que deben ser evaluados integralmente y tratados por estos trastornos concurrentes(31).

Desde el punto de vista terapéutico, el enfoque multidisciplinario es esencial. En particular, la terapia cognitivo-conductual ha mostrado eficacia en la reducción de episodios y mejora del funcionamiento general. La educación del paciente y la familia también resulta crucial para reducir la ansiedad asociada y evitar iatrogenia(31). La retirada progresiva de fármacos antiepilépticos debe considerarse en los casos en los que estos han sido prescritos erróneamente, situación lamentablemente frecuente(30-33).

Finalmente, es importante destacar que los TPNE en la adolescencia no deben considerarse benignos o transitorios sin una evaluación cuidadosa. Los niños con PNES presentan un alto riesgo de trastornos psiquiátricos y deben ser evaluados y tratados por dichas comorbilidades. Su presencia puede reflejar conflictos emocionales profundos, entornos familiares disfuncionales o trastornos psiquiátricos no diagnosticados. El pronóstico, a largo plazo, depende del diagnóstico precoz, la intervención oportuna y el abordaje integral de las múltiples dimensiones que rodean al paciente adolescente. Además, suponen un problema para el médico desde el punto de vista técnico, cognitivo y emocional.

Otros trastornos paroxísticos no epilépticos

Hacemos mención especial a los paroxismos con semiología ocular y su dificultad diagnóstica y los relacionados con el sueño y su diagnóstico diferencial con la epilepsia focal nocturna.

Entre los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE), un subgrupo especialmente relevante por su complejidad diagnóstica es el que presenta semiología predominante ocular (Tabla V).

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Estos episodios pueden incluir desviaciones oculares tónicas, movimientos oculares rápidos e irregulares (como en el flutter ocular o el opsoclono) y fenómenos paroxísticos asociados a alteraciones visuales o posturales, como en el espasmo nutans o las crisis oculógiras. Su diferenciación respecto a las crisis epilépticas con componente ocular puede resultar especialmente difícil, dado que ambas entidades pueden compartir elementos clínicos llamativos, de breve duración y con aparición abrupta. La clave para su correcta identificación suele residir en una anamnesis detallada, la presencia de desencadenantes específicos, la ausencia de alteración del nivel de conciencia y, en ocasiones, la realización de un EEG o monitorización EEG que permita estudiar el patrón electroencefalográfico durante el episodio(34).

Por otra parte, existe un conjunto de TPNE estrechamente relacionado con el sueño que, por su alta frecuencia y potencial solapamiento con crisis epilépticas nocturnas, merece una atención particular. Dentro de los trastornos paroxísticos del sueño NREM se encuentran fenómenos, como los terrores nocturnos, el sonambulismo y las pesadillas, pero también otros, como los movimientos rítmicos durante el sueño (incluyendo el headbanging, head rolling o body rocking), la parálisis del sueño, los movimientos periódicos de las piernas, etc. Todos estos trastornos pueden presentarse con movimientos bruscos, vocalizaciones o alteraciones conductuales que despiertan preocupación en las familias y que, con frecuencia, motivan consultas en neurología pediátrica. Aunque este grupo de trastornos se aborda en profundidad en otros artículos de Pediatría Integral35-36, es importante destacar algunos aspectos prácticos para el diagnóstico diferencial con epilepsia nocturna: la historia clínica detallada, el uso de cuestionarios específicos (FLEP: Frontal Lobe Epilepsy and Parasomnias) y, cada vez con más frecuencia, la grabación de los episodios en el entorno domiciliario, que permite una evaluación más precisa del patrón clínico. En algunos casos seleccionados, se puede valorar la realización de estudios de vídeo-EEG prolongado con polisomnografía, especialmente si hay duda con crisis epilépticas del lóbulo frontal.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de AP desempeña un papel fundamental en el abordaje de los trastornos paroxísticos no epilépticos (TPNE) en la infancia. En muchos casos, especialmente en lactantes, será el primer profesional en evaluar estos episodios. El correcto conocimiento de los TPNE más frecuentes por edad permitirá: 1) diferenciar los cuadros benignos y autolimitados; y 2) derivar precozmente a neuropediatría los episodios de difícil clasificación o con signos de alarma neurológica. En muchos casos, una historia clínica detallada, la observación directa o el uso de vídeos grabados por las familias son suficientes para establecer un diagnóstico, lo que brinda la oportunidad de tranquilizar a los cuidadores y reducir el impacto emocional del evento y la ansiedad familiar asociada, así como tratamientos innecesarios.

Establecer sistemas de comunicación ágiles (telemáticos) entre la pediatría de AP y las especialidades (en este caso, mayoritariamente neurología pediátrica) puede ayudar a los médicos de AP a esclarecer los diagnósticos dudosos y priorizar los pacientes que necesitan atención terciaria preferente, lo que supone una atención integral, eficiente y más segura para el paciente y su familia.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

– Prasad M, Babiker MO. Fifteen-minute consultation: when is a seizure not a seizure? Part 1, the younger child. Arch Dis Child Educ Pract Ed. 2016; 101: 15-20. Disponible en: https://doi.org/10.1136/archdischild-2015-308342.

– Babiker MO, Prasad M. Fifteen-minute consultation: when is a seizure not a seizure? Part 2, the older child. Arch Dis Child Educ Pract Ed. 2015; 100: 295-300. Disponible en: https://doi.org/10.1136/archdischild-2015-308343.

Dos maravillosos artículos sobre el diferencial de los TPNE en pediatría. Claros y rápidos. Pensados para el no especialista, pero enriquecedores para todos.

– Reilly C, Jette N, Johnson EC, Kariuki SM, Meredith F, Wirrell E, et al. Scoping review and expert-based consensus recommendations for assessment and management of psychogenic non-epileptic (functional) seizures (PNES) in children: A report from the Pediatric Psychiatric Issues Task Force of the International League Against Epilepsy. Epilepsia. 2023; 64: 3160-95. Disponible en: https://doi.org/10.1111/epi.17768.

Artículo de revisión con especial atención a las manifestaciones clínicas y el diagnóstico de las crisis no epilépticas psicógenas (PNES) y el papel de los pediatras en su manejo.

– López Lafuente A, Duat Rodríguez A, Cáceres Marzal C, Abeledo Gómez A. Trastornos paroxísticos no epilépticos. Protoc diagn ter pediatr. 2022; 1: 305-17.

Protocolo de la AEPED sobre el tema.

 

Caso clínico

 

Un lactante de 18 meses es traído a consulta de Atención Primaria por un episodio de inclinación lateral de la cabeza a la derecha, desde hace 2 horas. No hay antecedentes de traumatismo ni signos de infección.

En la anamnesis dirigida explican episodios recurrentes de inclinación lateral de la cabeza, que suelen durar unas horas. Los episodios comenzaron a los 8 meses de edad y se presentan cada 3-4 semanas. Durante los episodios, el niño está más irritable, presenta palidez facial y vómitos ocasionales, pero, entre los episodios, está completamente asintomático. El examen neurológico es normal fuera de los episodios. No hay antecedentes de traumatismo ni signos de infección.

 

 

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