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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

PEDIATRÍA INTEGRAL Nº8 – DICIEMBRE 2025

Infección y prevención del virus del papiloma humano (VPH)

J. de la Fuente Valero
Temas de FC


J. de la Fuente Valero

Coordinador de la Unidad de Patología del Tracto Genital Inferior de la mujer y Virus del Papiloma Humano (TGI-VPH). Hospital Universitario Infanta Leonor. Madrid

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Autor para correspondencia

jesus.fuente@salud.madrid.org

Resumen

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más común a nivel mundial, afectando hasta al 80 % de las personas sexualmente activas. La infección persistente por genotipos de VPH de alto riesgo se asocia con la práctica totalidad de los cánceres de cuello uterino, además de una proporción significativa de cánceres anogenitales y orofaríngeos. La estrategia preventiva más efectiva combina la prevención primaria (vacunación) y la secundaria (detección precoz o cribado). La Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa la eliminación global del cáncer de cérvix con los objetivos 90-70-90 para 2030. La vacunación profiláctica, que en España utiliza la vacuna nonavalente, ha demostrado una reducción drástica del riesgo de cáncer cervical. Recientemente, España a adoptado la recomendación de la OMS de administrar una sola dosis como pauta estándar de vacunación sistemática para adolescentes, basada en datos de inmunogenicidad y eficacia frente a la prevención del cáncer de cérvix producido por los VPH 16/18. En prevención secundaria, el cribado poblacional organizado en España se dirige a mujeres de 25 a 65 años, usando citología o la prueba de VPH de alto riesgo. La participación de pediatras de Atención Primaria es clave en la promoción de la vacunación y en la detección temprana de manifestaciones clínicas del VPH en la infancia y adolescencia.

 

Abstract

Human papillomavirus (HPV) is the most common sexually transmitted infection worldwide, affecting up to 80 % of sexually active people. Persistent infection is associated with virtually all cervical cancers, as well as a significant proportion of anogenital and oropharyngeal cancers. The most effective preventive strategy combines primary prevention (vaccination) and secondary prevention (early detection or screening). The World Health Organization (WHO) is promoting the global elimination of cervical cancer with the 90-70-90 targets for 2030. Prophylactic vaccination, which in Spain uses the nonavalent vaccine, has been shown to drastically reduce the risk of cervical cancer. Recently, Spain and the WHO have adopted the recommendation to administer a single dose as the standard routine vaccination schedule for adolescents, based on its robust immunogenicity and efficacy. In secondary prevention, organized population screening in Spain targets women aged 25 to 65, using cytology or high-risk HPV testing. The participation of primary care pediatricians is key in promoting vaccination and early detection of clinical manifestations of HPV in childhood and adolescence.

 

Palabras clave: Infecciones por el virus del papiloma humano; Vacunas contra el virus del papiloma; Detección del cáncer de cuello uterino; Prevención secundaria; Pediatría.

Key words: Human papillomavirus infections; Papillomavirus vaccines; Cervical cancer screening; Secondary prevention; Pediatrics.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 589 – 595

 


OBJETIVOS

• Describir la epidemiología, fisiopatología y manifestaciones clínicas de la infección por el virus del papiloma humano (VPH) en ambos sexos.

• Identificar los tipos de VPH de alto y bajo riesgo, y su relación con las distintas lesiones benignas, premalignas y malignas del tracto anogenital y orofaríngeo.

• Reconocer las estrategias de prevención primaria, con especial énfasis en la vacunación frente al VPH, sus esquemas de administración y la evidencia sobre su eficacia y cobertura poblacional en España.

• Explicar los fundamentos de la prevención secundaria del cáncer de cérvix, incluyendo las pruebas de cribado, los procedimientos diagnósticos y el papel de los biomarcadores.

• Analizar la estrategia global de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino, comprendiendo los objetivos 90-70-90 y su implementación en el contexto nacional.

• Valorar el papel del pediatra en la promoción de la vacunación, la educación sexual y la detección precoz de patologías asociadas al VPH en población infantil y adolescente.

 

Infección y prevención del virus del papiloma humano (VPH)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.95

 

Introducción

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más común y está implicado en la mayoría de los cánceres de cérvix y en una proporción relevante de cánceres anogenitales y orofaríngeos.

El VPH no distingue entre géneros, edad ni orientación sexual(1). Representa la infección de transmisión sexual (ITS) más común en todo el mundo, llegando a afectar al 80 % de las personas sexualmente activas en algún momento de su vida(2).

La infección persistente por genotipos de VPH de alto riesgo está asociada con prácticamente todos los cánceres de cuello uterino o cérvix y una proporción significativa de cánceres anogenitales (vulvares, vaginales, penianos y anales) y orofaríngeos. También se asocia con otras lesiones cutáneas y mucosas, como verrugas y papilomas benignos(3).

La estrategia preventiva más eficaz consiste en la combinación de medidas de prevención primaria (vacunación frente al VPH) y secundaria (detección precoz de lesiones precursoras y cáncer)(4).

Epidemiología y carga de enfermedad

Existen más de 200 genotipos de VPH, con los tipos 16 y 18 responsables de la mayor carga oncológica; la prevalencia es alta en jóvenes y persiste en adultos, siendo el VPH causa de miles de cánceres anuales en España.

El VPH es un virus pequeño de ADN de doble cadena, sin envoltura, perteneciente a la familia Papillomaviridae. Se han identificado más de 200 genotipos, clasificados según su potencial oncogénico. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) los agrupa de la siguiente manera(3):

• Alto riesgo (Grupo 1 – carcinógenos para humanos): incluye 12 tipos (VPH 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58 y 59). El VPH 16 es el más carcinogénico, responsable de más del 60 % de los cánceres de cérvix, seguido por el VPH 18. Estos tipos están asociados a la práctica totalidad de los cánceres de cérvix y a una fracción importante de los cánceres de ano, vagina, vulva, pene y orofaringe.

• Probable carcinógeno (Grupo 2A): incluye el VPH 68.

• Posible carcinógeno (Grupo 2B): incluye tipos como el 26, 53 y 66, entre otros.

• Bajo riesgo: incluye principalmente los VPH 6 y 11, responsables del 90 % de los condilomas acuminados y de la papilomatosis respiratoria recurrente.

La prevalencia de la infección por el VPH disminuye progresivamente con la edad, aunque persiste el riesgo de infección en adultos sexualmente activos. En España, estudios poblacionales estiman una prevalencia de infección cervical por VPH en mujeres de 18-65 años en torno al 13-14 %. En el estudio CLEOPATRE, la máxima prevalencia fue del 28,8 % en mujeres españolas de 18-25 años(5). La prevalencia mundial de infección genital por VPH en hombres es del 31 % (IC 27-35), y para los tipos de alto riesgo (HR-HPV) es del 21 % (IC 18-24)(6). En hombres españoles, aunque los datos son menos abundantes, la prevalencia es similar a la observada en otros países europeos, y se reconoce que los varones son un reservorio importante para la transmisión(6).

El VPH es responsable de casi el 100 % de los cánceres de cérvix, 90 % de ano, 70 % de vagina, 50 % de vulva, 40 % de pene y 30 % de orofaringe. Se estima que, en España, se diagnostican cada año 3.277 casos de cáncer atribuibles al VPH. El cáncer mayoritario es el de cérvix (1.957 casos nuevos) y, entre los hombres, el de orofaringe (978 casos nuevos)(7).

La carga de enfermedad asociada al VPH incluye, además, lesiones precancerosas y condilomas, que afectan la calidad de vida y generan costes sanitarios elevados.

Fisiopatología

La infección se adquiere por contacto sexual y puede ser transitoria o persistente; la transformación oncogénica es promovida por las oncoproteínas virales E6 y E7, aunque la mayoría de las infecciones son transitorias y se resuelven espontáneamente gracias a la respuesta inmune mediada por linfocitos T en 12-24 meses.

La infección por VPH se produce principalmente por contacto sexual, aunque también puede transmitirse por contacto piel-mucosa y, raramente, de forma vertical durante el parto(8). El virus infecta las células basales de la piel y/o mucosas, a través de microlesiones presentes en las mismas. Tras la entrada, el VPH puede permanecer en estado latente (pudiendo reactivarse en años o décadas posteriores) o utilizar la maquinaria celular en su beneficio y dar lugar a infecciones productivas (perpetúan la infección) o a infecciones transformantes (gracias a la acción de las proteínas virales E6 y E7), que son la antesala de la transformación oncogénica de la infección. E6 promueve la degradación de p53, inhibiendo la apoptosis y permitiendo la acumulación de daño genético; E7 inactiva la proteína del retinoblastoma (pRb), favoreciendo la proliferación celular descontrolada(8).

Los factores predisponentes más relevantes para adquirir la infección son: 1) número elevado de parejas sexuales a lo largo de la vida; 2) inicio precoz de la actividad sexual; 3) la inmunosupresión por enfermedades (VIH) o farmacológica; y 4) la coinfección con otros agentes patógenos, como el virus del herpes simple (VHS) o la Chlamydia trachomatis. El tabaquismo y la inmunosupresión aumentan el riesgo de persistencia y progresión de la infección. El uso de preservativo reduce el riesgo, aunque no lo elimina completamente, debido a que el preservativo no cubre todas las zonas que pueden entrar en contacto durante una relación sexual(8).

La mayoría de las infecciones por VPH son transitorias y se resuelven espontáneamente en 12-24 meses, gracias a la respuesta inmune celular, especialmente la mediada por linfocitos T(9).

La inmunidad desarrollada tras la infección natural es parcial, no protege de la reinfección y es menos robusta que la inducida por la vacunación(9).

Manifestaciones clínicas

El VPH produce desde infecciones asintomáticas y verrugas anogenitales hasta lesiones premalignas y cánceres invasivos, siendo el cáncer de cérvix el más frecuente.

La infección por VPH se manifiesta a través de un amplio espectro clínico que abarca desde la infección asintomática, que es la forma más común, hasta lesiones benignas, pre-malignas y cánceres invasivos. Las manifestaciones dependen del tipo de VPH implicado, la localización anatómica de la infección y la respuesta inmunitaria del huésped.

La manifestación benigna más conocida y frecuente de la infección por VPH son los condilomas acuminados o verrugas anogenitales. Causados predominantemente por los tipos de VPH de bajo riesgo 6 y 11, pueden presentar hasta cuatro patrones: 1) condilomatoso (lesiones con aspecto de coliflor); 2) queratósico (lesiones duras, pigmentadas o blanquecinas); 3) papular (pequeñas pápulas lisas); y 4) plano (máculas o lesiones levemente sobreelevadas)(10). Aparecen típicamente en el área anogenital. Las localizaciones más frecuentes son la vulva (horquilla, labios), el periné, la región perianal, la vagina y el cérvix(10) y, aunque a menudo son asintomáticos, el síntoma más común es el prurito(10).

Una forma especial de condilomatosis es la papilomatosis respiratoria recurrente. Se caracteriza por el crecimiento de papilomas exofíticos, más comúnmente en la laringe, pero las lesiones pueden extenderse por todo el tracto respiratorio, incluyendo la tráquea, los bronquios y, en raras ocasiones, el parénquima pulmonar. Existen dos formas clínicas(11): 1) la forma clínica juvenil de comienzo antes de los 18 años (generalmente a los 2-5 años), producida por el contagio perinatal a través del canal del parto y con una incidencia de entre 0,12 y 4,3 casos/100.000 niños; y 2) la forma clínica del adulto, que se transmite por contacto sexual y con una incidencia menor (entre 1,8 y 10 casos/1.000.000 adultos).

Las lesiones premalignas en cérvix, vagina, ano y pene se clasifican de acuerdo a la clasificación LAST (Lower Anogenital Squamous Terminology) en dos categorías (Fig. 1)(12):

figura

Figura 1. Clasificación LAST para lesiones de cérvix, vagina, ano y pene producidas por el VPH (Lower Anogenital Squamous Terminology). Fuente: referencia (12).

 

• Lesión escamosa intraepitelial de bajo grado (LSIL): refleja una infección productiva por VPH y tiene una alta tasa de regresión espontánea.

• Lesión escamosa intraepitelial de alto grado (HSIL): es la verdadera lesión precursora del cáncer y, aunque una parte puede regresar (especialmente en personas jóvenes), tiene un riesgo significativo de progresión a carcinoma invasivo si no se trata.

En la vulva, la lesión premaligna producida por genotipos de VPH de alto riesgo se denomina HSIL vulvar(13):

• HSIL vulvar: típicamente, se presenta en mujeres más jóvenes, suele ser multifocal y a menudo se manifiesta como pápulas o placas pigmentadas (marrones o rojizas).

• Es muy importante diferenciar la anterior, de la neoplasia intraepitelial vulvar (VIN diferenciada). Esta es independiente del VPH y se asocia a dermatosis inflamatorias crónicas, como el liquen escleroso. Suele aparecer en mujeres de mayor edad, es típicamente unifocal y se presenta como placas blanquecinas (hiperqueratósicas) o rojizas. Tiene un mayor potencial de progresión a cáncer invasivo que la HSIL vulvar.

A diferencia de lo que ocurre en el resto de áreas afectadas por el VPH, en la orofaringe no se han identificado lesiones premalignas bien definidas, lo cual imposibilita realizar un diagnóstico precoz eficaz del cáncer orofaríngeo producido por el VPH.

La progresión de las lesiones premalignas no tratadas puede resultar en un carcinoma invasivo, siendo el cáncer de cérvix la neoplasia maligna más comúnmente asociada al VPH a nivel mundial(3).

Cribado del cáncer de cérvix producido por el VPH

El cribado se basa en la detección de VPH de alto riesgo y citología, con un enfoque poblacional organizado que mejora la equidad y la eficacia diagnóstica.

El cribado del cáncer de cérvix producido por el VPH se basa en la detección de lesiones premalignas en mujeres asintomáticas.

Procedimientos diagnósticos de sospecha

• Citología cervical: consiste en el estudio microscópico de las células del cuello uterino. La citología en medio líquido es el método preferido actualmente frente a la convencional, ya que reduce la tasa de muestras inadecuadas y permite realizar pruebas moleculares adicionales (como la del VPH) desde el mismo vial sin necesidad de una nueva toma de muestra (triaje reflejo)(14).

• Prueba de VPH: detecta la presencia del material genético del virus. Es más sensible que la citología para detectar lesiones HSIL, aunque menos específica. Se distinguen las pruebas de ADN-VPH, las más utilizadas, y las pruebas de ARNm-VPH, que detectan la expresión de oncoproteínas. La identificación del genotipo específico (genotipado) permite estratificar el riesgo; el genotipado limitado (que identifica VPH16 y 18 por separado) es de gran utilidad clínica dado el elevado riesgo asociado a estos dos tipos(14).

• Biomarcadores: se usan para el triaje de las mujeres VPH-positivas (detectar entre los resultados positivos los que más riesgo tienen de progresar a cáncer). En la actualidad, los dos biomarcadores más desarrollados son: 1) la tinción dual (p16/Ki67), que detecta la coexpresión de marcadores de desregulación del ciclo celular y proliferación; y 2) las pruebas de metilación, que analizan cambios epigenéticos asociados a la progresión oncogénica(14).

Procedimientos diagnósticos confirmatorios

• Colposcopia: es un examen visual magnificado del cérvix tras la aplicación de ácido acético y lugol. Permite identificar áreas sospechosas de lesión y dirigir la toma de biopsias. Es un procedimiento diagnóstico, no de cribado(12).

• Biopsia: constituye el estándar de oro para el diagnóstico definitivo. Consiste en la toma de una muestra de tejido para su análisis microscópico.

Un diagnóstico preciso es el pilar fundamental para seleccionar el tratamiento más adecuado, minimizando el sobretratamiento de lesiones de bajo riesgo y asegurando la erradicación de las lesiones con potencial de progresión a cáncer.

Estrategia de la OMS para la eliminación del cáncer de cérvix producido por el VPH

La OMS busca la eliminación global del cáncer de cérvix mediante la estrategia 90-70-90 para 2030: 90 % de niñas completamente vacunadas, 70 % de mujeres cribadas con pruebas de alto rendimiento y 90 % de mujeres con lesiones cervicales tratadas.

El 17 de noviembre de 2020, durante la 73ª Asamblea Mundial de la Salud, la OMS impulsó una iniciativa de salud pública mundial cuyo objetivo es reducir la incidencia del cáncer de cuello uterino a menos de cuatro casos por cada 100.000 mujeres-año en el siglo XXI. Esta estrategia se estructura en torno a un enfoque de “triple intervención”, con objetivos para 2030 conocidos como los objetivos 90-70-90: el 90 % de las niñas completamente vacunadas con la vacuna contra el VPH a los 15 años, el 70 % de las mujeres sometidas a pruebas de detección de alto rendimiento a los 35 años y de nuevo a los 45, y el 90 % de las mujeres con enfermedad cervical recibiendo el tratamiento adecuado(15).

Para alcanzar estos objetivos es necesario coordinar los esfuerzos nacionales e internacionales, con el fin de fortalecer los sistemas de salud, garantizar un acceso equitativo e integrar el control del cáncer de cuello uterino en políticas de salud más amplias. La estrategia de la OMS también destaca la necesidad de llevar a cabo un seguimiento riguroso, abordar las desigualdades en materia de salud y fomentar las alianzas multisectoriales para acelerar los avances hacia la eliminación.

Prevención primaria de la infección por el VPH

La medida más eficaz de prevención primaria es la vacunación profiláctica frente al virus, tanto en niñas como en niños. Las coberturas vacunales en España son elevadas, aunque aún desiguales entre comunidades autónomas. Recientemente, España ha adoptado la recomendación de la OMS de administrar una sola dosis como pauta estándar para adolescentes.

La medida de prevención primaria más eficaz para evitar la infección por el VPH es la vacunación profiláctica frente al mismo. Otras medidas de prevención primaria (uso del preservativo, la circuncisión, la monogamia mutua de por vida y la abstinencia absoluta) no son realistas ni fácilmente aplicables a la mayoría de la población en riesgo de contraer la infección.

Vacunas profilácticas contra el VPH

Las vacunas contra el VPH se basan en partículas similares a virus (VLPs), que no contienen material genético viral y, por tanto, no son infecciosas (su seguridad está ampliamente contrastada) ni oncogénicas, y generan una respuesta de anticuerpos muy superior a la de una infección natural.

Actualmente, en España se utiliza una vacuna nonavalente, que ofrece la protección más amplia, cubriendo los tipos de VPH 6 y 11 (causantes del 90 % de los condilomas) y siete de los tipos de alto riesgo más comunes (VPH 16, 18, 31, 33, 45, 52, 58), responsables de aproximadamente el 94,7 % de los cánceres de cérvix(16) y de una proporción muy significativa de cánceres en el resto de zonas que pueden verse afectadas por el VPH.

Efectividad e impacto de la vacunación frente al VPH

La evidencia científica acumulada a nivel mundial demuestra un impacto muy significativo de los programas de vacunación, especialmente cuando se administra a edades más tempranas. Países pioneros como Australia y Suecia, han reportado reducciones drásticas en la prevalencia de los tipos de VPH vacunales, así como en la incidencia de condilomas y de lesiones HSIL a nivel cervical, vulvar y vaginal(17). En España, ya se observa una tendencia clara a la baja en estas patologías en las cohortes de mujeres jóvenes vacunadas(10,12).

Estudios poblacionales realizados en Escocia, Inglaterra, Suecia y Dinamarca proporcionan pruebas sólidas de que la vacuna contra el VPH reduce drásticamente el riesgo tanto de cáncer cervical invasivo como de neoplasia intraepitelial cervical (CIN) grado 3 (CIN3), con un beneficio máximo cuando se administra antes de la exposición al VPH en la adolescencia temprana (reducción de riesgo 86-100 %)(18-21). La reducción de riesgo cuando se administró entre los 17 y los 30 años fue del 53 % (Fig. 2)(18).

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Figura 2. Efectividad de la vacuna frente al VPH para reducir el riesgo de cáncer de cérvix. Pauta vacunal acorde a ficha técnica. Fuente: referencias (18-21).

 

Esquemas de reducción de dosis vacunales

Desde 2022, la OMS recomienda la administración de una o dos dosis de la vacuna contra el VPH como esquema primario de inmunización para niñas de entre 9 y 20 años. Para mujeres a partir de los 21 años, se recomienda un esquema de dos dosis, separadas 6 meses. Las personas inmunodeprimidas, incluidas aquellas con VIH, deben recibir tres dosis(22).

Esta recomendación se fundamenta en evidencia científica, obtenida a partir de ensayos clínicos y estudios de inmunogenicidad comparativa (“puente”) prospectivos y a partir de datos retrospectivos de estudios observacionales, realizados tras la comercialización de las vacunas frente al VPH. En función de lo anterior, sabemos que una sola dosis vacunal ofrece una respuesta inmunitaria y niveles de eficacia clínica que pueden ser comparables a los de los esquemas de dos o tres dosis, especialmente frente a los tipos VPH 16 y 18, principales causantes de cáncer de cuello uterino(23).

Además, los estudios han evidenciado que la protección conferida por una única dosis se mantiene durante, al menos, 8 a 10 años, lo que refuerza la viabilidad de este enfoque en programas de salud pública, especialmente en contextos de recursos limitados(23).

Esta estrategia tiene el potencial de aumentar la cobertura global, reducir los costos logísticos y acelerar los esfuerzos para la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública(22). En la actualidad, esta estrategia ha sido adoptada por ochenta países a nivel mundial(24), si bien es cierto que no existe una estrategia común en todos ellos. En Australia, por ejemplo, se recomienda la administración de una dosis hasta los 25 años (inclusive), pero, en personas de edad igual o superior a 26 años, se mantiene la recomendación de administrar tres dosis(25).

Además, aún existen lagunas en el conocimiento respecto a la eficacia de dosis reducidas en ciertos contextos específicos. En particular, no se dispone aún de evidencia concluyente sobre:

• La protección frente a otros tipos de VPH de alto riesgo incluidos en la vacuna nonavalente, distintos del VPH 16/18.

• La eficacia en la prevención de lesiones premalignas y cánceres en otras localizaciones anogenitales y orofaríngeas de mujeres y hombres (vagina, vulva, ano, pene y orofaringe).

• La eficacia en personas mayores de 25 años, grupo para el cual los datos siguen siendo limitados.

En la actualidad, están en marcha varios ensayos clínicos prospectivos (ESCUDDO, PRISMA, HANDS), cuyos resultados se conocerán en los próximos años y que esperamos puedan dar respuesta a las incertidumbres anteriores.

Programa de vacunación frente al VPH en España

El programa de vacunación sistemática en España se inició en 2008 para las niñas. Actualmente, se administra la vacuna nonavalente a los 12 años. En 2022, se extendió la vacunación sistemática a los niños, una medida crucial para lograr una mayor protección de la población, acelerar la reducción de la circulación viral y ofrecer protección directa a los varones contra los cánceres y condilomas asociados al VPH(14).

La cobertura de la vacuna contra el VPH en España es alta entre las chicas y los chicos adolescentes. Los datos de 2024, consultados en SIVAMIN (Sistema de Información de Vacunaciones del Ministerio de Sanidad), muestran que la tasa media de cobertura de la primera dosis en chicas a los 13 y 15 años es del 90,14 % y del 90,52 %, respectivamente; y solo 8 comunidades autónomas llegan al 90 % de cobertura, objetivo de la OMS para eliminar el cáncer de cérvix. La tasa media de cobertura de la segunda dosis, entre estas chicas adolescentes de 13 y 15 años, cae al 63,69 % y 85,86 %, respectivamente. Entre los chicos de 13 años, las tasas medias de cobertura de la primera y segunda dosis son 84,32 % y 53,46 %, respectivamente, sin alcanzar el 90 % objetivo. En el caso de los chicos, solo la Comunidad Autónoma de Galicia llega a ese límite, si bien es cierto que la introducción de la vacunación frente al VPH para ellos es más reciente(26).

En el caso de las mujeres que no entran en el programa rutinario para adolescentes (edades comprendidas entre los 15 y los 55 años), la cobertura de la vacunación contra el VPH sigue siendo muy baja, con una cobertura acumulada en torno al 4 % en 2020, aunque se ha observado una ligera tendencia al alza en los últimos años(27).

En julio de 2024, la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones publica una actualización relevante en las recomendaciones sobre la vacunación frente al VPH, poniendo especial énfasis en la estrategia de administración de una sola dosis, en lugar del esquema tradicional de múltiples dosis. En este documento se propone la administración de una sola dosis como pauta estándar para la vacunación sistemática de niñas y niños a los 12 años, así como para la captación de personas no vacunadas hasta los 18 años. No obstante, se mantiene el esquema de tres dosis para personas inmunodeprimidas y mujeres con antecedentes de lesiones cervicales de alto grado previamente tratadas, dada la mayor necesidad de protección en estos casos (Fig. 3)(28).

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Figura 3. Recomendaciones de vacunación frente a VPH de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones en España. 2024. HSH: hombres que tienen sexo con hombres.
Fuente: referencia (28).

 

Prevención secundaria del cáncer de cérvix producido por el VPH

En España, el cribado poblacional se basa en la prueba de VPH de alto riesgo o citología según la edad, en mujeres de 25 a 65 años. La autotoma vaginal es una herramienta clave para superar las barreras de acceso y aumentar la participación.

La prevención secundaria, o cribado, tiene como objetivo detectar y tratar las lesiones pre-cancerosas en mujeres asintomáticas para evitar su progresión a un cáncer invasivo. Es una estrategia fundamental para la población que no se benefició de la vacunación primaria o que, a pesar de ella, puede tener riesgo de desarrollar lesiones.

Se distinguen dos modelos principales. El cribado oportunista, realizado a demanda, se caracteriza por una cobertura desigual y falta de control de calidad sistemático. En contraposición, el cribado poblacional organizado, modelo recomendado hacia el que transita España, se basa en una invitación activa a toda la población diana. Sus ventajas incluyen mayor equidad, cobertura monitorizada, control de calidad riguroso en todas las fases del proceso y mayor eficiencia(14).

Las recomendaciones actuales en España, según la Guía de Cribado 2025, establecen un algoritmo basado en la edad(14):

• Población diana: mujeres y personas con cuello de útero entre 25 y 65 años.

• Prueba por grupo de edad:

– 25-29 años: citología cervical cada 3 años.

– 30-65 años: prueba de VPH de alto riesgo cada 5 años.

• Finalización del cribado: se recomienda a los 65 años en mujeres con un historial de cribado previo adecuado y con resultados negativos.

La autotoma vaginal (la propia mujer recoge una muestra para la prueba de VPH) es una herramienta clave para superar barreras de acceso al cribado (culturales, geográficas, personales) y ha demostrado aumentar la participación en mujeres que no acuden regularmente a los controles. Su validez es alta para las pruebas de VPH basadas en la detección de ADN mediante PCR. Sin embargo, su rendimiento puede ser inferior con otras tecnologías y, actualmente, no está validada para pruebas basadas en ARNm ni para la realización de citología, ya que no garantiza la obtención de células de la zona de transformación(14).

Función del pediatra de Atención Primaria

La pediatría de Atención Primaria es indispensable para recomendar la vacunación, fomentar la educación sexual y detectar precozmente manifestaciones clínicas del VPH en la infancia y adolescencia.

Los pediatras tienen la doble responsabilidad de recomendar la vacuna contra el VPH y de detectar qué adolescentes no se han vacunado y conocer sus motivos. Una recomendación firme e inequívoca del pediatra es el factor más importante que influye en la aceptación de la vacuna por parte de los padres. Las estrategias de comunicación basadas en el enfoque de anuncio presuntivo (presentar la vacunación como una acción prevista y normal) son eficaces para aumentar la aceptación de la vacuna y abordar la reticencia a la misma(29).

La necesidad de hablar sobre la sexualidad antes de recomendar la vacuna se ha identificado como una barrera para las recomendaciones firmes y la aceptación de la vacuna. En este sentido, es importante transmitir a los adolescentes y a sus padres que la vacuna contra el VPH no está asociada con el inicio precoz de la actividad sexual ni con una mayor incidencia de infecciones de transmisión sexual(30).

Los pediatras también desempeñan un papel importante en la identificación y el tratamiento de las afecciones relacionadas con el VPH en los niños, como las verrugas anogenitales y la papilomatosis respiratoria recurrente juvenil. Los condilomas anogenitales en niños pueden deberse a transmisión no sexual, donde el contacto con adultos portadores de verrugas o lesiones genitales puede facilitar la infección, pero siempre requieren valoración clínica y social para descartar abuso sexual.

Conflicto de intereses

El autor declara haber participado como ponente en actividades científicas y formativas patrocinadas por una de las compañías que comercializan la vacuna frente al VPH, así como en sesiones de asesoramiento, y haber recibido apoyo para la asistencia a congresos por parte de dicha empresa. Sin embargo, el presente manuscrito se ha elaborado de manera independiente y no ha recibido financiación ni apoyo material de ninguna entidad comercial. La empresa mencionada no ha intervenido en el diseño, redacción, revisión ni aprobación del contenido de este artículo.

Declaración de uso de inteligencia artificial generativa

El autor declara haber utilizado la inteligencia artificial generativa a la hora de redactar este manuscrito con la única finalidad de mejorar la legibilidad del mismo.

 

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

– Wilailak S, Kengsakul M, Kehoe S. Strategic approaches for global cervical cancer elimination: An update review and call for national action. International Journal of Gynecology and Obstetrics. 2025; 171: 120-8.

Una revisión actualizada que analiza los enfoques estratégicos para la eliminación global del cáncer cervical.

– Palmer TJ, Kavanagh K, Cuschieri K, Cameron R, Graham C, Wilson A, et al. Invasive cervical cancer incidence following bivalent human papillomavirus vaccination: a population-based observational study of age at immunization, dose, and deprivation. J Natl Cancer Inst. 2024; 116: 857-65.

Estudio observacional basado en la población que evalúa la incidencia de cáncer cervical invasivo después de la vacunación bivalente, considerando variables como la edad de inmunización y las dosis.

– Grupo de trabajo de Recomendaciones de Vacunación frente a VPH de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Actualización de las recomendaciones de vacunación frente a VPH. Revisión de la estrategia de una dosis. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. 2024.

Documento oficial del Ministerio de Sanidad español que actualiza las recomendaciones de vacunación contra el VPH, incluyendo una revisión de la estrategia de una dosis.

 

Caso clínico

 

Un niño de 12 años de edad acude a la consulta de Pediatría de Atención Primaria para una revisión de salud rutinaria, acompañado por sus padres. El pediatra aborda el calendario vacunal y recomienda la vacunación sistemática contra el VPH.

Los padres del paciente expresan preocupación, indicando que creían que esta vacuna era solo para niñas y preguntan por qué se recomienda ahora para los niños.

El pediatra, que reconoce su función indispensable en la recomendación de la vacunación, procede a educar a la familia sobre la carga de enfermedad del VPH en ambos sexos y las pautas actualizadas de inmunización en España. Además, el pediatra tiene en cuenta que el niño presenta un estado de inmunosupresión (debido a una enfermedad crónica), un factor que aumenta el riesgo de persistencia y progresión de la infección por VPH si llegara a adquirirla.

 

 

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