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C. Ortega Casanueva*
, J. Pellegrini Belinchón**, S. de Arriba Méndez***
*Especialista en Alergología y Pediatría. Especialista Europeo en Alergología Pediátrica. Clínica Materno Infantil Senda. Madrid
**Pediatra. Centro de Salud de Pizarrales. Salamanca. Profesor Adjunto de la Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Pontificia. Profesor Asociado de la Facultad de Medicina. Universidad de Salamanca
***Pediatra. Unidad de Alergia infantil. Hospital Universitario de Salamanca. Profesora Asociada de la Facultad de Medicina. Universidad de Salamanca. Especialista Europeo en Alergología Pediátrica
| Resumen
El asma es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia. En España, afecta a 1 de cada 10 niños y al 15 % de los adolescentes. Constituye un síndrome que cursa con síntomas recurrentes provocados por una obstrucción variable de la vía aérea inferior (tos, sibilancias, dificultad respiratoria) que varían en intensidad y en el tiempo. El diagnóstico del asma es eminentemente clínico y, cuando la edad y condición del niño lo permitan, debe confirmarse mediante la realización de pruebas de función pulmonar. La espirometría es una herramienta simple y asequible para su utilización en Atención Primaria. Una espirometría normal no descarta el diagnóstico de asma y, en el caso de dudas diagnósticas, pueden resultar útiles también las pruebas de provocación bronquial y la medición de la fracción de óxido nítrico en el aire exhalado (FeNO). Dada la relación entre el asma y la alergia, es importante realizar un estudio alergológico complementario. |
| Abstract
Asthma is one of the most prevalent chronic diseases in childhood. In Spain, it affects 1 in 10 children and 15 % of adolescents. It is a syndrome characterized by recurrent symptoms due to variable obstruction of the lower airways (cough, wheezing, and breathing difficulty), with variations in both intensity and duration. The diagnosis of asthma is primarily clinical, and, when the child’s age and condition so permit, it should be confirmed through pulmonary function tests. Spirometry is a simple and accessible tool for use in primary care. It is important to note that a normal spirometry result does not rule out the diagnosis of asthma. In cases of diagnostic uncertainty, bronchial provocation tests and fractional exhaled nitric oxide (FeNO) measurement may also be useful. Given the strong association between asthma and allergies, it is also recommended that an allergy evaluation be carried out. |
Palabras clave: Asma; Pediatría; Historia clínica; Exploración física; Espirometría; Alergia.
Key words: Asthma; Pediatrics; Medical history; Clinical examination; Spirometry; Allergy.
Pediatr Integral 2026; XXX(2): 91 – 98
OBJETIVOS
• Aprender a realizar una evaluación diagnóstica integral del asma.
• Establecer un diagnóstico certero, diferenciando el asma de otras enfermedades respiratorias recurrentes o transitorias, propias de la infancia.
• Coordinar la Atención Primaria con la atención especializada en alergología y/o neumología pediátrica, cuando el caso lo requiera.
• Describir la metodología diagnóstica del asma en las distintas edades.
Diagnóstico del asma en el niño y adolescente
https://doi.org/10.63149/j.pedint.119
Introducción
El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la infancia. Su prevalencia en la edad pe diátrica en España ha aumentado en las últimas décadas, especialmente en áreas urbanas, y afecta al 10,4 % en los escolares de 6-7 años y al 15,3 % en los adolescentes de 13-14 años, siendo su origen multifactorial(1).
Aunque, clásicamente, el asma se define como una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, donde participan distintas células y mediadores de la inflamación, condicionada en parte por factores genéticos, que cursa con hiperrespuesta bronquial y una obstrucción variable al flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción medicamentosa o espontáneamente. En el momento actual, más que una enfermedad, se considera un síndrome, que incluye diversos fenotipos clínicos que comparten manifestaciones clínicas similares, pero de etiologías probablemente diferentes(2-5,7).
Recientemente, la Guía GEMA ha propuesto una definición de asma en el lactante, que señala que el diagnóstico de asma en los menores de 3 años ha de ser probabilístico, probabilidad que se verá aumentada si presenta atopia. No se debe eludir el término de asma cuando haya más de 3 episodios al año, o episodios graves, de tos, sibilancias y dificultad respiratoria, con buena respuesta al tratamiento de mantenimiento con glucocorticoides inhalados y si se produce un empeoramiento tras su retirada(2).
La interacción entre los genes, el ambiente en el que se produce el desarrollo fetal y las circunstancias que rodean al niño tras el nacimiento pueden condicionar la maduración y la respuesta de su sistema inmunológico frente a diversos estímulos.
Factores exógenos, como infecciones (especialmente, el virus respiratorio sincitial y el rinovirus) o irritantes, influyen tanto en el desarrollo como en las exacerbaciones del asma. La exposición de forma natural por vía respiratoria a aeroalérgenos (pólenes, ácaros del polvo, moho y epitelios de animales) será responsable, entre otras patologías, del asma alérgica.
Cómo realizar un diagnóstico correcto
El diagnóstico del asma es fundamentalmente clínico y debe basarse en una historia clínica y exploración física exhaustiva, pero también debe acompañarse de pruebas específicas que confirmen la enfermedad, como las pruebas de función respiratoria, cuando la edad y el estado del niño lo permitan, y el estudio alergológico, cuando la anamnesis así lo indique y, en ocasiones, será necesaria la exclusión de otros diagnósticos menos prevalentes, pero que pueden presentar una clínica similar.
Anamnesis
La anamnesis o historia clínica es una pieza fundamental en el diagnóstico del asma.
Los antecedentes personales (circunstancias perinatales, crecimiento, otras enfermedades respiratorias, alergias…) y familiares (asma y/o alergia en padres o hermanos) contribuyen al diagnóstico del asma.
La estacionalidad de las crisis y las circunstancias que las desencadenan nos darán información sobre la base alérgica y otros desencadenantes de la enfermedad. La edad de comienzo, la forma de inicio y el tiempo de evolución de los síntomas son útiles para acotar el diagnóstico diferencial y las probabilidades de remisión con la edad(1-5).
Con los adolescentes, realizar una historia clínica metódica y minuciosa puede suponer un desafío, pues, en ocasiones, son poco colaboradores y, a veces, optan por el mutismo o el “no sé” constante.
Existen unos puntos clave que debemos tener en cuenta(6):
• Antecedentes personales y familiares. La identificación de otras patologías alérgicas, junto con la presencia de asma o enfermedades atópicas en familiares de primer grado, contribuyen a reforzar la sospecha diagnóstica.
• Valoración clínica de síntomas respiratorios. La identificación de síntomas, como tos, sibilancias, dificultad respiratoria, u opresión torácica en niños mayores o adolescentes, son claves en la evaluación clínica. Si el paciente está asintomático en el momento de la entrevista, es importante disponer de informes médicos que describan los hallazgos de la exploración, el diagnóstico realizado y el tratamiento pautado. La tos aislada, en ausencia de otros síntomas de asma, no es suficiente para hacer un diagnóstico de asma. La tos nocturna podría ser un equivalente asmático, pero también precisaría ser estudiada.
• Reversibilidad y recurrencia de los síntomas.
• Edad de inicio y evolución temporal. La edad de aparición y la evolución a lo largo del tiempo son claves para orientar el diagnóstico diferencial y estimar el pronóstico. Así, es distinto un lactante que tras una bronquiolitis comienza a tener episodios de obstrucción bronquial con las infecciones respiratorias, que un niño más mayor con antecedentes de dermatitis atópica que comienza con rinitis, prurito ocular y episodios de sibilancias en primavera o en relación con la humedad.
• Gravedad del asma. Fundamental para adaptar el manejo terapéutico.
• Identificación de posibles desencadenantes.
• Respuesta al tratamiento. La eficacia de los tratamientos administrados permite valorar el grado de reversibilidad funcional y, de forma indirecta, la gravedad del cuadro.
Exploración física
Fuera de los episodios de crisis, la exploración física, generalmente, no revela signos específicos.
Durante una crisis asmática, suelen aparecer signos característicos: la obstrucción al flujo aéreo provoca respiración acelerada (taquipnea), el uso de músculos accesorios (retracciones subcostales, intercostales y supraesternales) y dificultades para llevar a cabo tareas cotidianas, como hablar, comer o desplazarse. También pueden presentarse tos, cianosis y, en los casos más graves, alteración del nivel de conciencia. En la auscultación pulmonar es posible detectar una espiración prolongada, sibilancias, estertores (a veces difíciles de identificar) y, en algunos casos, una reducción del murmullo vesicular.
La severidad del episodio se determina según la intensidad de los síntomas y los hallazgos clínicos, además de la saturación de O2, lo cual resulta fundamental para decidir el tratamiento adecuado y valorar la necesidad de tratamiento del episodio agudo, supervisión médica u hospitalización(6).
Exploraciones complementarias
Cuando la edad y condición del niño lo permita, la sospecha clínica de asma debe seguirse de la realización de pruebas de función respiratoria, útiles para confirmar el diagnóstico, valorar la severidad del asma, monitorizar la evolución y medir la respuesta al tratamiento.
Pruebas de función respiratoria
Para diagnosticar la enfermedad, además de la historia clínica adecuada y la exploración física completa, serán necesarias las pruebas de función respiratoria.
Una prueba de función pulmonar, generalmente la espirometría forzada, nos puede demostrar, de forma objetiva, la obstrucción variable de los flujos espiratorios.
Cuando se dispone de ella, la espirometría es una herramienta simple y asequible para su utilización en Atención Primaria (AP).
La espirometría forzada
La espirometría es el patrón oro de evaluación objetiva del niño y adolescente con asma, tanto en el momento diagnóstico como en el seguimiento regular. Además, es una herramienta simple y asequible para su utilización en niños a partir de los 6 años. En menores de esta edad, aunque hay estudios que señalan que es factible, probablemente necesiten personal muy especializado para realizar las maniobras con un mínimo de seguridad(7).
Existen dos tipos de técnicas espirométricas: la simple y la forzada.
La espirometría forzada (Fig. 1) es la que habitualmente se realiza en la práctica clínica.
Figura 1. Espirometría forzada.
La espirometría mide el volumen y la velocidad del aire que se moviliza desde los pulmones hacia el exterior durante una maniobra de espiración máxima, hasta llegar a la capacidad vital forzada (FVC), comenzando desde la capacidad pulmonar total (TLC) tras un llenado máximo pulmonar y terminando al alcanzar el volumen residual. Con la espirometría se pueden determinar volúmenes estáticos y capacidades pulmonares, como la FVC, pero fundamentalmente se determinan volúmenes dinámicos, como el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1), el flujo espiratorio máximo (FEM), el flujo espiratorio forzado entre el 25 % y el 75 % de la FVC (FEF 25-75), etc. Los volúmenes estáticos, como la capacidad residual funcional (CRF), no se miden con la espirometría, sino con otras técnicas más complejas como la pletismografía.
A nivel clínico, se utiliza la espirometría forzada y, si la misma maniobra se registra mediante un neumotacógrafo, el trazado obtenido es la curva flujo/volumen (Fig. 2). Es la prueba funcional más frecuentemente realizada en pacientes con enfermedades respiratorias, y el FEV1 es el parámetro del que se extraen más datos. Se deben comparar los resultados con valores teóricos de referencia (edad, sexo y talla).
Figura 2. Curva flujo volumen normal. FEF: flujo espiratorio forzado. Modificada de: referencia (3).
En niños, para conseguir la correcta realización de la prueba, se pueden utilizar gráficos o juegos que mejoren su disponibilidad y cooperación (Fig. 1).
Según el FEV1, se cuantifica el grado de afectación funcional en leve, moderada o grave (Tabla I).
Asimismo, según los valores obtenidos de la espirometría, clasificamos el tipo de alteración ventilatoria en obstructiva, restrictiva o mixta (Tabla II).
Tradicionalmente, la valoración de la espirometría se realiza basándose en el porcentaje de normalidad respecto a unos valores de referencia, pero, recientemente, se han publicado ecuaciones de regresión para el rango de edad de 3 a 95 años y, en lugar de valorar el porcentaje respecto a un valor medio, valoran los resultados en relación con el límite inferior de la normalidad y los z-score(6,8,9).
Una espirometría normal no descarta el diagnóstico de asma, ya que en los periodos intercrisis la función pulmonar puede ser normal.
De cualquier forma, aunque la espirometría forzada basal sea normal, es necesario realizar, al menos para el diagnóstico, una prueba de broncodilatación (PBD).
Condiciones necesarias para poder realizar la espirometría
La espirometría es una técnica sencilla de realizar, pero exige una serie de condiciones mínimas para poder obtener unos parámetros fiables.
• Previa a su realización, es aconsejable dar algunas recomendaciones, como evitar la administración de fármacos broncodilatadores (Tabla III) en las horas previas, así como las comidas cuantiosas, el ejercicio físico y, en el caso de los adolescentes, el tabaco y/o alcohol. También debemos preguntar por infecciones respiratorias en las dos últimas semanas. En caso afirmativo, se pospondría la realización de la espirometría.
• El día de la prueba y antes de comenzar la espirometría, debemos preguntar de nuevo acerca del estado del paciente y sobre el consumo de fármacos u otras circunstancias que puedan interferir o contraindicar la prueba en ese momento. Si durante la maniobra, el paciente presenta dolor torácico, la espirometría debe interrumpirse.
Criterios para considerar una espirometría aceptable
Los criterios para considerar una espirometría aceptable en niños son los siguientes:
• Realizar una inspiración profunda (hasta TLC).
• Realizar espiración máxima, hasta el vaciamiento pulmonar total (llegar a RV –Volumen Residual–).
• Mantener una espiración, al menos, de 2 a 3 segundos.
• Obtener una curva de morfología apropiada y libre de artefactos (tos), final prematuro, inicio retrasado (trazados continuos y sin artefactos).
• Realizar un mínimo de 3 y un máximo de 8 maniobras correctas (diferencia entre FVC y FEV1 < 5 % o 100 ml, y valores de variables seleccionados entre los mejores valores de FVC y FEV1 obtenidos).
• Colaboración adecuada (a juicio de quien realice la prueba).
• Inicio adecuado: inicio de la espiración rápido y continuado hasta alcanzar flujo cero (en la práctica, se acepta el final de la espiración en los niños cuando el tiempo espiratorio es > 3 segundos).
• Volumen extrapolado (volumen de aire movilizado entre inspiración forzada y comienzo de espiración forzada) < 5 % de FVC o < 0,15 l y PEF (Pico Espiratorio Flujo) precoz y pronunciado.
• Tiempo entre inspiración previa y espiración forzada: ≥ 0,25 s (preferiblemente ≥ 1 s).
La reproductibilidad se obtiene tras 3 maniobras aceptables, aplicando los siguientes criterios:
• Diferencia entre los dos valores más altos de FVC ≤ 200 ml.
• Diferencia entre los dos valores más altos de FEV1 ≤ 200 ml.
• Variabilidad < 5 %.
• Se pueden realizar hasta 8 maniobras. Realizar una espirometría no es algo intuitivo, precisa de práctica. En los niños más pequeños se pueden realizar varios intentos, pero es importante dejar un breve tiempo de descanso entre cada uno.
Contraindicaciones
No existen contraindicaciones absolutas, sino que son relativas, y dependen de cada niño y sus circunstancias. Entre ellas, figura la falta de colaboración o comprensión en la realización de la prueba (Tabla IV).
Complicaciones
La espirometría es una técnica sencilla que apenas tiene complicaciones, aunque podemos encontrar accesos de tos, broncoespasmo, dolor torácico o, de forma más infrecuente, neumotórax o síncope.
Prueba de broncodilatación (PBD)
Se emplea para estudiar la reversibilidad de la obstrucción del flujo aéreo. Se realiza tras una espirometría basal; se administran broncodilatadores de acción corta (generalmente, 4 dosis de salbutamol en niños con cámara espaciadora, cada una de las pulsaciones separadas 30 segundos). A los 15-20 minutos, se realiza otra espirometría; si el FEV1 aumentó más del 9 % del valor teórico o más del 12 % del valor basal previo, se considera una prueba de broncodilatación positiva y es muy sugestiva de asma(6-10).
Es imprescindible su realización para el diagnóstico de asma.
La espirometría basal y la prueba broncodilatadora son el pilar básico en el diagnóstico del asma en pediatría. Estas técnicas deben siempre estar interpretadas en función de una correcta anamnesis y exploración física.
Pletismografía
Existen situaciones en las que se necesita medir aquellos volúmenes que la espirometría no puede medir. Dichos volúmenes son: el volumen residual (RV), la capacidad residual funcional (FRC) y la capacidad pulmonar total (TLC). A pesar de ello, la pletismografía corporal no es una prueba para realizar en AP.
Pruebas de broncoprovocación
Si el asma está bien controlada y la PBD no es concluyente, pueden ser de ayuda las pruebas de broncoprovocación para comprobar la existencia de hiperreactividad bronquial (HRB) inespecífica.
Se pueden utilizar estímulos, como el ejercicio, y agentes directos (metacolina, histamina) o indirectos (manitol, solución salina hipertónica)(6,8,9).
Test de ejercicio
El test de ejercicio o de carrera libre trata de demostrar la respuesta obstructiva exagerada producida con el ejercicio físico.
El diagnóstico de BIE (broncoespasmo inducido por el ejercicio) debe establecerse por los cambios de la función pulmonar (FEV1) tras el ejercicio y no basándose en los síntomas. Los síntomas descritos anteriormente no son sensibles ni específicos para identificar a aquellos pacientes con BIE.
Prueba de provocación bronquial con metacolina/histamina
Estos dos agentes farmacológicos son los más utilizados, después del ejercicio, para poner de manifiesto la hiperreactividad bronquial. La técnica consiste, en primer lugar, en una espirometría basal; a continuación, la inhalación del diluyente y otra espirometría. Los resultados se comparan con la espirometría posterior a la inhalación del diluyente. El parámetro de elección para objetivar los resultados es el FEV1 y el método más utilizado, el de Cockcroft, en el que un resultado positivo se logra si la concentración requerida para causar una caída del FEV1 del 20 % (PC20) es menor a 16 mg/ml.
Prueba de provocación con solución salina hipertónica
Tiene una alta sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de asma. Se necesita menos colaboración que para la prueba de ejercicio, pudiéndose observar la respuesta a los 30 segundos de iniciar la provocación. La única desventaja es que se deben utilizar nebulizadores ultrasónicos.
Estas dos últimas pruebas no son para realizar en AP.
Estudio de la inflamación
Medición de la fracción de óxido nítrico en el aire exhalado (FeNO)
El óxido nítrico en el aire exhalado es un marcador subrogado del grado de inflamación eosinofílica de la vía aérea. Existen unos puntos de corte que permitirían distinguir al paciente con asma del sano (niveles de normalidad < 35 ppb en menores de 12 años y < 50 ppb (partículas por billón) en mayores de 12 años), pero hay que tener en cuenta que el FeNO se puede modificar por varios factores, como la ingesta de alimento, maniobras espirométricas previas, el uso de tratamientos como los corticoides inhalados o la exposición al humo de tabaco.
La medición del FeNO puede ser útil también en el seguimiento del paciente asmático, bien para predecir la respuesta a corticoides inhalados, para valorar la adherencia al tratamiento con corticoides o para ajustar el tratamiento durante el seguimiento(4-6), aunque no hay suficientes pruebas de la utilidad del FeNO en estos aspectos.
Un valor normal de FeNO no excluye el diagnóstico de asma.
Para el estudio de la inflamación, se pueden utilizar otras técnicas, como el análisis del condensado del aire exhalado, el esputo inducido o el lavado broncoalveolar, pero estas pruebas se limitan generalmente al campo de la investigación(10).
Estudio alergológico
Si durante la infancia muchas crisis están desencadenadas por procesos infecciosos, en el niño mayor y adolescente, los desencadenantes por excelencia son los aeroalérgenos.
En España, los alérgenos que más producen asma son los pólenes, seguidos de los ácaros, los epitelios y los hongos (Fig. 3).
Figura 3. Agentes más frecuentemente implicados en la rinoconjuntivitis y asma alérgica
En los casos en los que se sospeche un desencadenante alérgico del asma, es importante derivar al paciente a una unidad de Alergología infantil para el diagnóstico etiológico y que se pueda realizar el tratamiento mediante la evitación del alérgeno y, si estuviese indicado, la inmunoterapia específica (ITE)(5,6,9,10).
Hay que tener en cuenta que la sensibilización a alérgenos no estará presente en todos los pacientes con asma y que la sensibilización no es exclusiva del asma.
Pruebas cutáneas (prick test)
Primera prueba que se debe hacer. Alta sensibilidad y fácil de realizar. Permite estudiar, de forma rápida y sencilla, múltiples alérgenos. Se realizará con una batería que incluya los aeroalérgenos más frecuentes en nuestra zona, así como otros alérgenos sospechosos por haberse observado la presencia de síntomas tras su contacto. Los extractos deben estar estandarizados y el personal que lo realiza debe estar entrenado. Es importante conocer los factores que pueden alterar las pruebas (toma de medicación, dermografismo…) antes de interpretar su resultado.
Determinación de IgE específica
Método más caro y lento. Puede usarse para confirmar, cuantificar o complementar los resultados de las pruebas cutáneas. En los últimos años, se ha profundizado en el diagnóstico alergológico mediante el estudio de alérgenos moleculares, permitiendo distinguir la sensibilización secundaria a reactividad cruzada frente a la sensibilización primaria, más posiblemente responsable de la clínica(6).
Pruebas de provocación específica conjuntival, nasal o bronquial
No se practican de forma rutinaria en pediatría, pero pueden realizarse de forma puntual, con el fin de demostrar la relevancia clínica del alérgeno sospechoso. Ausencia de estandarización.
Los resultados positivos de estas pruebas no confirman la alergia, sino solo la sensibilización a determinados alérgenos. La relevancia clínica se determina por el efecto observado tras la exposición natural a los alérgenos implicados. Dado que el asma es más frecuente, persistente y grave en los pacientes atópicos, se aconseja que se les realice un estudio alergológico.
Otros
Para realizar el diagnóstico diferencial de asma, pueden ser necesarias otras pruebas, como radiografía de tórax, prueba de tuberculina o test del sudor.
El diagnóstico correcto del asma alérgico permitirá pautar un tratamiento eficaz y a medida para el niño con asma de etiología alérgica.
Criterios de derivación de Atención Primaria a Neumología/Alergología
Cuando el diagnóstico es dudoso o necesaria su confirmación, el paciente debe ser derivado desde el Centro de Salud a los Servicios de Neumología y Alergología infantil. Algunos de esos criterios (y el servicio indicado para la derivación) son(8):
• Diagnóstico dudoso o necesario (Neumología/Alergología).
• Confirmar o completar el mismo tras la valoración y realización de las pruebas disponibles (Alergología).
• No disponibilidad de recursos para valorar los desencadenantes o la función pulmonar (Alergología/Neumología).
• Síntomas presentes desde el nacimiento o problemas perinatales pulmonares significativos (Neumología).
• Tos húmeda o productiva persistente (Neumología).
• Historia familiar de enfermedad pulmonar inusual (Neumología).
• Pólipos nasales (Neumología/Alergología/Otorrinolaringología).
• Síntomas clínicos atípicos asociados (disfagia, estridor…) (Neumología).
• Falta de control con dosis medias de corticoides inhalados (Alergología/Neumología).
• Asma grave, de control difícil o de riesgo vital (Alergología/Neumología).
• Posible beneficio de inmunoterapia específica (Alergología).
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico de asma no siempre es sencillo y hay que considerar otros diagnósticos alternativos(6):
• Infecciones recurrentes de vía aérea superior (rinitis, sinusitis, adenoiditis, laringitis).
• Malacia o estenosis de la vía aérea.
• Bronquiolitis.
• Fibrosis quística.
• Malformaciones pulmonares, esofágicas o vasculares.
• Masas mediastínicas y adenomegalias.
• Displasia broncopulmonar o enfermedad pulmonar crónica del lactante.
• Reflujo gastroesofágico.
• Cuerpos extraños en la vía aérea.
• Enfermedad cardiaca.
• Discinesia ciliar primaria.
• Inmunodeficiencias primarias.
Función del pediatra de Atención Primaria
El papel del pediatra de Atención Primaria en el diagnóstico del asma infantil es fundamental. Es el primero en evaluar los síntomas respiratorios en los niños y adolescentes. Gracias a la historia clínica que realizan de forma minuciosa, pueden identificar los signos tempranos de asma.
Establecida la sospecha, planteará el estudio de la función pulmonar (espirometría basal con PBD) y estudio alérgico, si se sospecha un desencadenante ambiental. Esa detección precoz permitirá confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento oportuno.
Conflicto de intereses
No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.
Bibliografía
Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.
1. Bercedo Sanz A, Martínez-Torres A, González Díaz C, López-Silvarrey Varela A, Pellegrini Belinchón FJ, Aguinaga-Ontoso I, et al. Prevalencia y evolución temporal de síntomas de asma en España. Estudio Global Asthma Network (GAN). An Pediatr. 2022; 97: 161-7. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpede.2021.10.005.
2.** Guía española para el manejo del asma (GEMA 5.5). 2025. Disponible en: https://www.gemasma.com/.
3. Pellegrini Belinchón FJ, Martín Ruano J, Ortega Casanueva C, Arriba de Méndez S. PULMI ASMA. Programa de Formación en el Diagnóstico y Tratamiento del asma en la edad pediátrica. PulmiAsma. 3ª edición. Madrid: YOU&US S.A.; 2023.
4. Global Initiative for Asthma. Global initiative for asthma management and prevention 2025. Disponible en: https://ginasthma.org/.
5.** Moral Gil L, Asensi Monzó M, Juliá Benito JC, Ortega Casanueva C, Paniagua Calzón NM, Pérez García MI, et al. Asma en pediatría. Consenso REGAP. Anales de Pediatría. 2021; 95: 125. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2021.02.009.
6.** Moral Gil L, Asensio de la Cruz O, Lozano Blasco J. ASMA: Aspectos clínicos y diagnósticos. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 103-15.
7. Pérez Yarza EG, Villa JR, Cobos N, Navarro M, Salcedo A, Martín C, et al. Espirometría forzada en preescolares sanos bajo las recomendaciones de la ATS/ERS: estudio CANDELA. Anales de Pediatría. 2009; 70: 3-11.
8.** Álvarez Caro F, García González M. Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación. Pediatr Integral. 2021; 2: 56-66. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-03/asma-concepto-fisiopatologia-diagnostico-y-clasificacion/.
9.** Bercedo Sanz A, Úbeda Sansano I, Juliá Benito JC, Praena Crespo M; Grupo de Vías Respiratorias de la AEPap. Diagnóstico funcional del asma. ¿Sabemos cómo realizar y cómo interpretar una espirometría? En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización en Pediatría 2023. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2023. p. 309-24.
10.** Gaillard EA, Kuehni CE, Turner S, Goutaki M, Holden KA, De Jong CM, et al. European Respiratory Society clinical practice guidelines for the diagnosis of asthma in children aged 5-16 years. Eur Respir J. 2021; 58: 2004173. Disponible en: https://doi.org/10.1183/13993003.04173-2020.
Bibliografía recomendada
– Guía española para el manejo del asma (GEMA 5.5). 2025. Disponible en: https://www.gemasma.com/.
Guía de práctica clínica imprescindible, dirigida a profesionales sanitarios, práctica e independiente, y consensuada con un gran número de expertos de las sociedades científicas españolas, de Latinoamérica y de Portugal.
– Moral Gil L, Asensi Monzó M, Juliá Benito JC, Ortega Casanueva C, Paniagua Calzón NM, Pérez García MI, et al. Asma en pediatría. Consenso REGAP. Anales de Pediatría. 2021; 95: 125. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2021.02.009.
Imprescindible. Documento actualizado sobre lo que todo pediatra debe conocer sobre el asma. Elaborado por las principales sociedades pediátricas de nuestro país relacionadas con el cuidado de los niños con asma. Este documento tiene una orientación práctica, con tablas, figuras y algoritmos sencillos y esquemáticos.
– Álvarez Caro F, García González M. Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación. Pediatr Integral. 2021; 2: 56-66. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-03/asma-concepto-fisiopatologia-diagnostico-y-clasificacion/.
Artículo muy bien estructurado, muy claro y de fácil lectura. Aborda de forma minuciosa el asma, profundizando en el concepto y diagnóstico del mismo.
– Gaillard EA, Kuehni CE, Turner S, Goutaki M, Holden KA, De Jong CM, et al. European Respiratory Society clinical practice guidelines for the diagnosis of asthma in children aged 5-16 years. Eur Respir J. 2021; 58: 2004173. Disponible en: https://doi.org/10.1183/13993003.04173-2020.
Recomendaciones sistematizadas con revisión de evidencias.
– Bercedo Sanz A, Úbeda Sansano I, Juliá Benito JC, Praena Crespo M; Grupo de Vías Respiratorias de la AEPap. Diagnóstico funcional del asma. ¿Sabemos cómo realizar y cómo interpretar una espirometría? En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización en Pediatría 2023. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2023. p. 309-24.
Revisión completa y muy práctica sobre cómo realizar e interpretar la espirometría en el niño y en el adolescente. Muy recomendable para pediatras de AP.
– Moral Gil L, Asensio de la Cruz O, Lozano Blasco J. ASMA: Aspectos clínicos y diagnósticos. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 103-15.
Protocolo diagnóstico y terapéutico sobre el asma en pediatría, avalado por la Asociación Española de Pediatría (AEP) y por la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).
| Caso clínico |
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Niño de 13 años que acude al centro de salud por presentar en el último mes (mayo), casi a diario, tos, ruidos respiratorios y sensación de dificultad respiratoria. Antecedentes familiares: padre con rinoconjuntivitis por alergia a pólenes de olivo, gramíneas y arizónicas. Hermano de 8 años con dermatitis atópica de difícil control. Antecedentes personales: recién nacido a término con peso adecuado para la edad gestacional. Bronquiolitis a los 10 meses de vida que no precisó ingreso. Alergia a proteínas de leche de vaca (APLV) durante la etapa de lactante, actualmente superada. Resto de alimentación complementaria sin incidencias. Dermatitis atópica en flexuras, que controla con cremas emolientes y, de forma puntual, con corticoides tópicos. Inmunización según calendario. Anamnesis: en los dos últimos años, durante los meses de abril y mayo, con una frecuencia casi diaria y de predominio en horario matutino, presenta prurito ocular, hiperemia y lagrimeo conjuntival, congestión y prurito nasal, rinorrea acuosa y estornudos en salvas. Para estos síntomas nunca ha realizado tratamiento. Habitualmente, presenta buena tolerancia al ejercicio físico, excepto durante esos dos meses de primavera. No presenta tos nocturna ni con la risa, de forma habitual. Con la exposición al polvo, ambientes húmedos o animales no presenta síntomas. Actualmente, tolera todos los alimentos. Tolera látex y metales. Exploración física: peso: 40 kg; talla: 150 cm; frecuencia respiratoria: 25 rpm; frecuencia cardiaca: 105 lpm; SatO2: 98 %. Buena coloración de piel y mucosas. Pliegue de Dennie Morgan. Eccema en flexuras antecubitales y huecos poplíteos. Congestión nasal con rinorrea acuosa. Saludo alérgico. Auscultación pulmonar: buena entrada de aire bilateral con sibilancias aisladas en ambos campos pulmonares. No tiraje. Resto de exploración física: normal. Sin hallazgos relevantes. Pruebas complementarias: tras realizar la exploración física y bajo la sospecha de asma de probable etiología alérgica, se realiza espirometría basal con los siguientes resultados: *espirometría forzada: aceptable técnica. Morfología de la curva apropiada. FVC: 105 %; FEV1: 107 % (z-score + 0,63); FV1/FVC: 88,17 (z-score: + 0,19); FEF 25-75: 110 % (2,36 l/s, con LIN: 1,41). *FeNO: 50 ppb: niveles altos. Tratamiento: se pauta tratamiento con antihistamínico (ebastina) vía oral, tópico ocular (ketotifeno) y corticoide tópico nasal (furoato de fluticasona) para los síntomas rinoconjuntivales. Para la crisis de broncoespasmo, se le pauta salbutamol pautado durante una semana y, posteriormente, a demanda y, como tratamiento de mantenimiento, fluticasona 50 mcg 2 inhalaciones cada 12 horas. Evolución: en la siguiente revisión, un mes más tarde, se objetiva mejoría en el control del asma. Valoración en consultas de Alergología infantil: pruebas cutáneas en prick (mm) positivas para olivo, phleum y lolium. IgE total: 445 kU/L: IgE específica olivo (Olea europea): > 100 kU/L; IgE específica hierba timotea (Phleum pratense): 30 kU/L; ballico (Lolium perenne): 56 kU/L. Diagnóstico: rinoconjuntivitis y asma por alergia a pólenes de olivo y gramíneas.
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Pulmonary tuberculosis