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| Terapia cinematográfica en la infancia y adolescencia |
J. González de Dios
Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital General Universitario de Alicante. Profesor del Departamento de Pediatría. Universidad Miguel Hernández. Alicante.
Autor del proyecto “Cine y Pediatría”
Pediatr Integral 2026; XXX (2): 140.e1 – 140.e10
| Pediatría Integral inicia esta nueva sección para poner en relación la ciencia (pediátrica) con el arte (cinematográfico), y hacer del séptimo arte un instrumento más para cimentar la arteterapia en nuestro día a día. El objetivo, es prescribir películas de cine que todo pediatra pudiera ver para mejorar en ciencia y conciencia en nuestra práctica clínica habitual, tanto en temas médicos como sociales. Prescribir películas argumentales bajo la observación narrativa para extraer todas las emociones y reflexiones posibles. Para ser mejores médicos pediatras. Y, quizás, por qué no, para ser mejores personas. |
Prescribir películas para entender el sida en la infancia y adolescencia
https://doi.org/10.63149/j.pedint.128
La evolución del VIH/sida en la ciencia y en la clínica
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) irrumpió en la historia de la medicina el 5 de junio de 1981, cuando los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reportaron cinco casos de neumonía por Pneumocystis jirovecii (por aquel entonces conocido como Pneumocystis carinii) en hombres homosexuales de Los Ángeles. Tres años después, en 1984, el equipo franco-estadounidense del Instituto Pasteur de París, dirigido por Françoise Barré-Sinoussi, Jean-Claude Chermann y Luc Montagnier, identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como agente causal de la enfermedad. Ese mismo año se determinaron las vías de transmisión –contacto sexual, transfusión de sangre contaminada y transmisión vertical (madre a hijo)– y en 1985 se desarrolló el primer test de diagnóstico basado en la detección de anticuerpos. Estos hallazgos iniciales transformaron el VIH/sida de una incógnita médica mortífera en una entidad transmisible y potencialmente diagnosticable.
El VIH es un retrovirus que contiene dos copias de ácido ribonucleico (ARN) de cadena simple, una enzima transcriptasa inversa y proteasas virales. Esta infección progresiva destruye la inmunidad celular, dejando al paciente susceptible a infecciones oportunistas (candidiasis, tuberculosis, Pneumocystis, citomegalovirus) y malignidades asociadas (sarcoma de Kaposi, linfomas) que caracterizaban la presentación clínica del sida. En sus inicios, y durante muchos años, su diagnóstico iba asociado a una alta morbilidad y mortalidad.
En 1987 se introdujo la zidovudina (AZT), primer fármaco antirretroviral que inhibía la transcriptasa inversa, con resultados modestos y toxicidad considerable. El cambio fundamental llegó entre 1995-1996, cuando la combinación de tres o más fármacos de diferentes familias –inhibidores de transcriptasa inversa nucleósidos (ITRN), inhibidores de transcriptasa inversa no nucleósidos (ITRNN) e inhibidores de proteasa (IP)– demostró por primera vez la capacidad de suprimir la replicación viral a niveles indetectables. Este tratamiento antirretroviral combinado (TAR) permitió que la infección aguda evolucionara de una sentencia de muerte a una enfermedad crónica controlable. Desde entonces, la oferta terapéutica se ha expandido exponencialmente: antagonistas de receptores de quimiocinas (como maraviroc), inhibidores de integrasa (dolutegravir, bictegravir), inhibidores de transcriptasa inversa de acción prolongada y esquemas de dosis única una vez al día, cada vez más seguros y tolerables.
El diagnóstico ha evolucionado desde los primeros test ELISA (1985) a pruebas rápidas de cuarta generación que detectan antígeno y anticuerpos simultáneamente, con una ventana diagnóstica de tan solo 18 días. La prevención se apoya ahora en profilaxis preexposición (PrEP) con tenofovir/emtricitabina, reduciendo el riesgo de adquisición en un 90 % en poblaciones clave. La prevención en madre-hijo ha reducido la transmisión a menos del 5 % en entornos de recursos altos mediante tratamiento gestacional y parto planificado.
Recordar este breve recorrido histórico de la pandemia del sida, 40 años después, es recorrer la carrera profesional de muchos de los que ahora leemos este artículo. Pero cabe tener presente que, pese a estos avances, España registró en 2024 aproximadamente 2.000 nuevos diagnósticos de VIH anuales, subrayando la persistencia de la epidemia incluso en contextos de acceso a tratamiento.
El sida ha sido –y sigue siendo– motivo de numerosas publicaciones científicas, protocolos y documentos de consenso, y sirva como ejemplo la enumeración de algunos ejemplos dentro de la literatura científica pediátrica en nuestro país(1-7).
El cine como espacio de humanización y crítica social ante el VIH/sida
Desde finales de los años 1980, el séptimo arte ha funcionado como un registro paralelo de la epidemia de sida: no solo documentando la devastación clínica y social, sino también visibilizando las vulnerabilidades estructurales, la homofobia sistémica, el estigma, la marginalización de personas afectas y la desigualdad global en el acceso a medicamentos. Las películas sobre sida cumplen una función pedagógica, política y afectiva que la medicina científica, por sí sola, no puede alcanzar. Y para ello baste enumerar una filmografía representativa, algo así como una pequeña cartografía del sida en la pantalla.
• Años 80-90: Los comienzos inciertos. Invierno en primavera (An Early Frost, John Erman, 1985) y Buddies (Arthur J. Bressan Jr., 1985) son dos producciones estadounidenses, consideradas las primeras en tratar el tema en la ficción cuando aún existía mucho desconocimiento sobre el tema. Luego podemos citar la película de cine independiente Compañeros inseparables (Longtime Companion, Norman René, 1989), los documentales Common Threads: Stories from the Quilt (Rob Epstein, Jeffrey Friedman, 1989) y Absolutely Positive (Peter Adair, 1991), así como la road movie en tono de comedia dramática Vivir hasta el fin (The Living End, Gregg Araki, 1992).
• Años 90-2000: Reflexión y memoria. La película que marcó un antes y un después fue Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), donde un homosexual con sida se enfrenta a la discriminación laboral y lucha por sus derechos y la justicia, en un elenco actoral que contó con Tom Hanks, Denzel Washington y Antonio Banderas, más la oscarizada canción “Streets of Philadelphia” de Bruce Springsteen. Le siguieron otros títulos, como En el filo de la duda (And the Band Played On, Roger Spottswoode, 1993), telefilme que mezcla política, ciencia y poder en el descubrimiento del sida, basado en el bestseller de Randy Shilts, y que articula una crítica feroz a la incompetencia gubernamental; Los amigos de Peter (Peter´s Friends, Kenneth Branagh, 1992), esa reunión de viejos amigos británicos con la declaración de la infección por VIH de uno de ellos; o Gia (Michael Cristofer, 1998), sobre la vida de Gia Marie Carangi, una de las primeras supermodelos de los años 70 y una de las primeras famosas en morir por complicaciones del VIH/sida.
• A partir del siglo XXI: Reinvención personal y normalización. Una de las obras más significativas de este periodo fue Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), donde se retrata la historia real de Ron Woodroof (oscarizado Matthew McConaughey), cowboy tejano diagnosticado de sida en 1985 que, rechazando el protocolo oficial (AZT en monoterapia), trafica con medicamentos experimentales y funda los primeros clubs de compradores. Pero también podemos destacar otras películas como: Rent (Chris Columbus, 2005), la historia de un grupo de jóvenes bohemios que tratan de abrirse camino en la vida en el día a día del barrio de East Village de Nueva York, alrededor de la epidemia del sida; Cómo sobrevivir a una epidemia (How to Survive a Plague, David France, 2012), documental sobre cómo el activismo y la innovación convirtió a la enfermedad del sida de ser una sentencia de muerte para quien lo tuviera a ser una condición manejable para llevar una vida normal; The Normal Heart (Ryan Murphy, 2014), telefilme que nos narra cómo la sociedad estadounidense fue asimilando que el denominado “cáncer gay” podía afectar a todos; 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute, Robin Campillo, 2017), donde se documenta la lucha activista de ACT UP París en 1990-1992: jóvenes VIH+ que protestan, siendo quizás la película más radical sobre la relación entre militancia política y vivencia encarnada del sida; Vivir deprisa, amar despacio (Plaire, aimer et courir vite, Christophe Honoré, 2018), alrededor de una romántica historia de amor homosexual. Entre muchas otras películas.
El sida en la infancia y adolescencia: cine como herramienta pedagógica y humanizadora
Filmar el sida en la niñez y adolescencia plantea desafíos únicos: cómo representar a menores expuestos al virus sin exotizarlos, cómo retratar la transmisión vertical sin culpabilizar a madres, cómo narrar la muerte prematura de jóvenes sin caer en el melodrama o la moralizante lástima. Las películas más efectivas en este registro equilibran autenticidad emocional, rigor médico y responsabilidad pedagógica.
Es importante que estas películas compartan algunas virtudes clave: humanización sin moralidad alrededor de las personas con VIH/sida, mostrándolas como sujetos plenamente vivos y merecedores de dignidad; acceso a información, de forma que puedan integrar conocimiento sobre transmisión, diagnóstico, prevención y tratamiento sin interrupción didáctica; representación de vulnerabilidades cruzadas, al captar cómo el sida intersecciona con clase, género, sexualidad, uso de drogas y migración; reparación de silencios familiares, pues los hijos deben poder recuperar la memoria de padres muertos por VIH y heroína, transformando el silencio en relato y dignidad; y normalización de la prevención, presentando la profilaxis preexposición, los condones y pruebas no como actos de miedo, sino como formas de cuidado y libertad sexual responsable.
El cine ha abordado el sida y sus consecuencias desde su aparición. Pero las películas argumentales sobre este tema alrededor del sida infantojuvenil son infrecuentes, aunque desde esta sección de Terapia cinematográfica recogemos 7 películas argumentales al respecto. De cada película ofreceremos una breve ficha de la película y nuestros protagonistas, destacaremos las emociones y reflexiones que podremos extraer, y enunciaremos algunas frases “de cine” para el recuerdo que se derivarían de “prescribir” ese film. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:
• Juicio a un menor (The Ryan White Story, John Hezfeld, 1989)(8), para conocer la ola de prejuicios y falsas creencias que llevó en sus inicios –y durante mucho tiempo– al rechazo social, la discriminación, la marginación y, en muchos casos, la criminalización de las personas infectadas por el VIH.
• Kids (Larry Clark, 1995)(9), para reconocer el ambiente de sexo, alcohol y drogas que rodeaba a una parte de la juventud en la década de los 90, y que fue el caldo de cultivo que extendió la enfermedad.
• La súplica de una madre (A Mother´s Prayer, Larry Elikann, 1995)(10), para adentrarnos en las fases de duelo de una madre viuda afecta de sida que tiene que buscar una salida para su hijo, cuando ella ya no esté.
• Que nada nos separe (The Cure, Peter Horton, 1995)(11), para reivindicar el poder curativo e integrador de la amistad y el afecto en los menores con sida.
• Yesterday (Darell James Roodt, 2004)(12), para ser testigos de la desolación del sida en el continente africano, especialmente en las mujeres.
• Girl, Positive (Peter Werner, 2007)(13), para concienciar sobre la importancia de la prevención frente al sida –y otras infecciones de transmisión sexual– a partir de la adolescencia.
• Romería (Carla Simón, 2025)(14), para reparar la memoria silenciada de tantos niños y adolescentes que perdieron a sus padres por el estigma del sida y la drogadicción.
Siete películas argumentales para adentrarnos en las complejas vivencias de las infancias y adolescencias que se vieron acosadas por el sida, bien directamente como enfermos o bien indirectamente como huérfanos de padres afectos.
PRESCRIPCIÓN 1. Juicio a un menor (John Herzfeld, 1989)
Ficha técnica
Título: Juicio a un menor. Título original: The Ryan White Story.
Dirección: John Herzfeld. País: Estados Unidos. Año: 1989.
Duración: 91 min. Género: Drama basado en hechos reales.
Reparto: Lukas Haas, Judith Light, Nikki Cox, George C. Scott y Sarah Jessica Parker.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Ryan White (Lukas Haas), un adolescente de 13 años hemofílico de Indiana (Estados Unidos).
Frases de cine
• “Ryan tiene un tipo de infección que los niños normales no padecen. Se llama Pneumocystis. Puesto que sabemos que la tiene y sabemos también que le han estado administrando productos sanguíneos desde hace mucho tiempo para tratar su hemofilia, nuestra conclusión es que un virus ha dañado gravemente su sistema inmunológico. Sra. White, Ryan tiene sida”.
• “¡Nadie sabe quién lo empezó! No culpes a nadie, si quieres un culpable, cúlpame a mí, yo soy quien porta los genes deformados que le produjeron la hemofilia, soy yo quien le hace las transfusiones para la hemofilia, así es como ha entrado en contacto con el plasma sanguíneo infectado que le ha contagiado el sida. Así que si quieres echarle la culpa a alguien, échamela a mí”.
• “Tengo mi propia toalla en la cartera, y es la única que puedo utilizar. Para comer tengo servilletas, platos de papel, cuchillos y tenedores de plástico. Después de utilizarlos tengo que tirarlo todo, y no puedo beber en ninguna fuente”.
Síntesis argumental
Juicio a un menor es una historia real, la de Ryan White, un adolescente hemofílico que cambió la mirada sobre la pandemia del sida y que nos retrotrae a aquella década de los 80 que no dejó indiferente al mundo, en aquellos inicios en que se sabía poco de la infección por VIH y se temía mucho. Tras recibir productos sanguíneos contaminados para su enfermedad, contrae el sida y tiene que enfrentarse a la discriminación de que la escuela lo expulsa por miedo infundado al contagio casual. Su madre, Jeanne (Judith Light), una mujer separada y que carga con la culpa de ser la transmisora de la hemofilia de su hijo, inicia una batalla legal victoriosa que obliga a la escuela a readmitirlo, mientras Ryan lidia con su enfermedad y el apoyo de la comunidad.
Emociones y reflexiones
La película es todo un legado de concienciación sobre el sida, al mostrarnos su exclusión escolar, el juicio contra la escuela y su campaña por la aceptación social hasta su muerte en 1990, cuando tenía 18 años, pocos meses después del estreno de esta película. Un estreno a finales de la década de los 80, cuando la pandemia del sida llevaba unos años convirtiéndose en un problema sanitario global contra el cual no existían tratamientos médicos eficaces, y dejando una ola de prejuicios y falsas creencias que llevó al rechazo social, la discriminación, la marginación y, en muchos casos, la criminalización de las personas infectadas por el VIH, causante de la enfermedad.
Por ello, valores cinematográficos aparte, cabe prescribir Juicio a un menor como un juicio al estigma frente al sida (y, por extensión, ante cualquier enfermedad infecciosa) y también para que las generaciones más jóvenes de sanitarios conozcan aquella realidad inicial del sida, que nada tiene que ver con la que actualmente conocemos.
En ese contexto, hubo historias personales que ayudaron a cambiar esos puntos de vista y poner al sida en su real dimensión: los casos del actor Rock Hudson o del deportista Magic Johnson son bien conocidos. Otras lo son menos en la distancia, y el cine nos lo recuerda, como fue la historia de Ryan White, quien se convirtió en un símbolo nacional en la lucha contra el estigma y la discriminación del VIH/sida. Tanto es así que cuando murió, el expresidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, lo despidió así: “Debemos a Ryan haber eliminado el miedo y la ignorancia que le habían perseguido desde su casa al colegio. Debemos a Ryan haber abierto nuestros corazones y nuestras mentes a las personas con sida. Debemos a Ryan el ser compasivos, comprensivos y tolerantes con las personas con sida, sus familias y amigos. Es la enfermedad lo que da miedo, no las personas que la tienen”.
Recordamos que a esta enfermedad se le llegó a denominar en aquellos inicios como “enfermedad de las cuatro H”, en donde se identificaron cuatro grupos de riesgo: homosexuales, hemofílicos, adictos a drogas intravenosas (heroína en particular) y haitianos. El estigma no tardó en cuajar, especialmente frente a homosexuales y heroinómanos. Los prejuicios podían más que la información y las “fake news” corrían como por un reguero de pólvora. Los pacientes eran convertidos en parias: perdían sus trabajos, la escolaridad, las relaciones sociales y, a veces, hasta sus familias. Incluso había médicos y enfermeras que se negaban a atenderlos. Se llegó a hablar de un castigo de Dios.
PRESCRIPCIÓN 2. Kids (Larry Clark, 1995)
Ficha técnica
Título: Kids. Título original: Kids.
Dirección: Larry Clark. País: Estados Unidos. Año: 1995.
Duración: 90 min. Género: Drama.
Reparto: Leo Fitzpatrick, Justin Pierce, Cholë Sevigny, Rosario Dawson y Sarah Henderson.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: cuatro adolescentes neoyorquinos (Telly, Casper, Jennie y Ruby) sumergidos en el sexo, alcohol, drogas y violencia gratuita de los 90.
Frases de cine
• “El sexo es lo mejor del mundo”.
• “Oyes hablar de todas esas enfermedades. Enfermedades de esto y de lo otro… Carajo, que todo el mundo se está muriendo y eso es un invento. No conozco a ningún chico con sida. No sé de nadie que se esté muriendo de eso. Son puros inventos”.
• “Tendré que decirle a mi hermanito que me voy a morir”.
Síntesis argumental
Kids irrumpió en los cines como una bofetada y causó un gran debate al poner a la adolescencia como protagonista del sida en aquella turbulenta década de los 90. La película, escrita por Harmony Korine (un joven skater) y producida por Gus van Sant, fue la polémica ópera prima de Larry Clark, afamado fotógrafo que se pasó a la dirección para tratar temas relacionados con el sexo, las drogas, la violencia juvenil o el skateboarding. Porque esta película trata de esos temas y también incluye la sombra omnipresente del sida, en un momento en que todo el mundo hablaba de esta enfermedad.
Y para ello contó con la participación de una nueva camada de actores (incluidas unas jóvenes Chloë Sevigny y Rosario Dawson), muchos de los cuales debutaban en el cine (de hecho, una gran mayoría eran patinadores de las calles, skaters), y donde el propio equipo lo recuerda como un rodaje complicado. La película retrata un día en la vida de un grupo de adolescentes neoyorquinos con escaso rumbo y terreno fértil para el sida en aquellos años 90. Adolescentes entre los 16 y 17 años. Dos chicos: Telly (Leo Fitzpatrick), aficionado a acostarse con chicas vírgenes sin ningún tipo de precaución y menos moralidad, y su amigo Casper (Justin Pierce), consumidor compulsivo de distintos tipos de drogas. Dos chicas: Jennie (Chloë Sevigni), cuyo único escarceo amoroso fue con Telly, y su amiga Ruby (Rosario Dawson), con múltiples flirteos amorosos en su haber.
Emociones y reflexiones
Kids llegó a las pantallas rodeada por el escándalo, y a varios niveles. Escándalo por el sexo (Terry se convierte en un depredador sexual sin escrúpulos, sexo adolescente sin valores, pura vorágine hormonal descorazonadora), por la violencia (algunas escenas, como la de la paliza a un joven negro, duelen no solo por la dureza física, sino por la xenofobia y homofobia implícita), por el sida (leitmotiv en segundo plano, si bien cabe recordar que ya en el año de salida de la película, el número de muertes debidas al sida en Estados Unidos llegó a un pico histórico con más de 50.000 fallecimientos), por las calles de Nueva York (con la cultura skater campeando a sus anchas), por la música (porque a diferencia de otras películas teen, no hay éxitos de moda, sino música grunge y lo-fi de Lou Barlow y las atormentadas canciones de Daniel Johnston), por las edades en que ocurre (adolescentes y preadolescentes sin rumbo entre el sexo sin protección, la droga y la delincuencia menor, sin figuras de autoridad visibles).
La película se transforma en crítica a la ausencia de comunicación generacional, con padres invisibles y jóvenes que “juegan a adultos” en las calles, lo que habla de la importancia de promover la educación sexual y emocional temprana. Realmente, la película no glorifica el caos, sino que clama por tomar conciencia: sexo seguro, diálogo con adolescentes y presencia adulta para prevenir tragedias evitables en subculturas marginales.
PRESCRIPCIÓN 3. La súplica de una madre (Larry Elikann, 1995)
Ficha técnica
Título: La súplica de una madre. Título original: A Mother´s Prayer.
Dirección: Larry Elikann. País: Estados Unidos. Año: 1995.
Duración: 94 min. Género: Drama basado en hechos reales.
Reparto: Linda Hamilton, Noah Fleiss, Bruce Dern, Kate Nelligan y Corey Parker.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Rosemary (Linda Hamilton) tiene que afrontar su diagnóstico de sida y la búsqueda de una nueva familia para su hijo T.J. (Noah Fleiss), de 12 años.
Frases de cine
• “Si tienes sida, ¿qué pasará conmigo?”.
• “Lo único que me importa es que mi hijo esté bien cuando yo no esté”.
• “Siempre será mi madre, mi única madre. Pase lo que pase”.
Síntesis argumental
La súplica de una madre es un telefilm alrededor de un drama ficticio inspirado en los miedos y realidades del VIH en la década de los 90 en Estados Unidos, epicentro del sida, y se centra en la relación madre-hijo, el estigma del VIH y el sistema de acogida/adopción, con una interpretación central de Linda Hamilton que fue nominada al Globo de Oro.
Lo más destacado de esta película es cómo traza la evolución emocional de esta madre y que sigue las etapas clásicas del duelo ante un diagnóstico terminal de sida: las etapas iniciales de negación y rabia (por un diagnóstico inesperado de infección por VIH/sida, una enfermedad transmitida a través de su marido, usuario de drogas por vía parenteral y quien contrajo el virus y se lo transmitió vía sexual a su esposa sin que ella lo supiera), la etapa intermedia de negociación y planificación (el proceso de entrevistas con posibles padres adoptivos, servicios sociales y parejas candidatas se convierte en el eje dramático) y la etapa final de aceptación y sacrificio (donde su hijo T.J. se vincula a la familia Walker, culminando en un traspaso emocional liberador pero desgarrador).
Emociones y reflexiones
Es La súplica de una madre un telefilm emotivo y que plantea un buen debate para visionar que el sida no es solo una enfermedad, sino un dispositivo social que genera orfandad, estigma y exclusión, y frente al cual se reclama compasión y responsabilidad comunitaria. Algunos temas que se abordan en la película son: la centralidad del cuidado materno frente a la enfermedad (la identidad de Rosemary no se agota en ser “paciente con sida”, porque ante todo es madre y la protección de su hijo es su mayor objetivo), la inocencia de muchos afectados (porque se evidencia cómo muchas mujeres y niños contrajeron VIH sin haber participado en conductas de riesgo directas, lo que cuestiona las narrativas moralizadoras que asociaban el sida a “culpa” individual), la importancia de los sistemas de protección del menor (adopción y acogida), y la visibilización del impacto del sida en la vida cotidiana (porque más allá del hospital y la clínica, se muestran efectos en la escuela, el vecindario, las relaciones sociales y familiares).
Y todo ello nos permite reflexionar sobre el sida como fenómeno social, sobre la maternidad en contextos de vulnerabilidad, sobre el duelo anticipado en la infancia y sobre el estigma y la ética del cuidado (frente a los discursos de miedo y discriminación propios de aquella época en la que se enfoca esta historia, la película propone una ética basada en la compasión, la responsabilidad y la dignidad).
PRESCRIPCIÓN 4. Que nada nos separe (Peter Horton, 1995)
Ficha técnica
Título: Que nada nos separe. Título original: The Cure.
Dirección: Peter Horton. País: Estados Unidos. Año: 1995.
Duración: 95 min. Género: Drama.
Reparto: Brad Renfro, Joseph Mazzello, Annabella Sciorra, Jeremy Howard y Aeryk Egan.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Erik (Brad Renfro) y Dexter (Joseph Mazzello) son dos adolescentes de Minesota que viven una amistad y una aventura especial alrededor del sida.
Frases de cine
• “Qué estabas pensando, dime. No es viruela, no es tosferina, es sida. ¿Qué estabas tratando de hacer, matarnos a ambos?”.
• “Teme que no encuentren la cura a tiempo”.
• “Lo hiciste. Toda la soledad y tristeza que había en su vida la olvidó. Y la olvidó por ti. Dexter fue muy feliz al tenerte como amigo”.
Síntesis argumental
En Que nada nos separe, dos niños, que viven solo con sus madres y con sus distintas circunstancias, inician el camino de la adolescencia por diferentes caminos. Erik, un adolescente solitario de 13 años con una madre ausente y negligente, acaba de trasladarse a esta ciudad de Minesota y se hace amigo de su vecino Dexter, un niño de 11 años con VIH que vive aislado por miedo al contagio y apoyado por su amorosa madre. Una historia de amistad, pues ambos encuentran algo que no tienen: Dexter, el amigo que le niega la enfermedad; Erik, esa nueva madre que le niega la vida.
Tras experimentar con remedios caseros fallidos, los chicos emprenden un viaje por el río Misisipi (más que una “road movie”, se transforma en una “boat movie”) hacia Nueva Orleans en busca de una supuesta cura, enfrentando aventuras y prejuicios que fortalecen su lazo. Dexter empeora y fallece en el hospital, dejando a Erik con un profundo duelo. Pero su madre le revela que la verdadera cura fue la amistad que le dio alegría a su amigo y acabó con su soledad.
Emociones y reflexiones
Que nada nos separe es una pequeña gran película que puede haber pasado desapercibida y que reivindica que la mejor cura es la amistad… en tiempos del sida y en cualquier momento. Y que nos recuerda que vale la pena no olvidar esta película, pero sobre todo debemos tener en cuenta que el sida pediátrico no puede ser una enfermedad olvidada.
La película destaca el poder transformador de la amistad, capaz de superar el aislamiento emocional y ofrecer consuelo ante la muerte inevitable. Critica los estigmas sociales y el miedo irracional al VIH en la infancia, mostrando cómo el rechazo comunitario agrava el sufrimiento más que la enfermedad misma. Subraya también este film la importancia de la empatía familiar y el rechazo al abuso emocional, como en la relación tóxica de Erik con su madre.
Para profesionales de pediatría, resalta cómo la calidad de vida emocional es crucial en enfermedades terminales, priorizando el apoyo afectivo sobre curas imposibles. Y, aunque poéticamente en esta película decimos que la mejor cura es la amistad, está claro que la mejor cura en el sida pediátrico es la inversión en investigación y que el tratamiento antirretroviral llegue a todos los niños del mundo. Asimetría que hoy por hoy –y como muchas otras– es una dolorosa realidad.
PRESCRIPCIÓN 5. Yesterday (Darrell James Roodt, 2004)
Ficha técnica
Título: Yesterday. Título original: Yesterday.
Dirección: Darrell James Roodt. País: Sudáfrica. Año: 2004.
Duración: 96 min. Género: Drama.
Reparto: Leleti Khumalo, Lihle Mvlase, Kenneth Kambule, Harriet Lehabe y Camilla Walkerer.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Yesterday (Leleti Khumalo) y Beauty (Lihle Mvelase), madre e hija de 5 años, viven en una población rural de Sudáfrica enfrentadas a la infección por VIH.
Frases de cine
• “Entonces, ¿voy a dejar de vivir?”.
• “¡Hasta que mi hija no vaya a la escuela, no pienso morirme! Empieza el año que viene”.
• “Cuando llegue el final, amaré a Beauty como si fuese mía”.
Síntesis argumental
Yesterday es una película sudafricana de una gran belleza, aunque la historia que nos cuente sea tan dura alrededor del estigma del sida. Belleza en los personajes, en las actrices protagonistas, en el paisaje, en la música, en los sentimientos y en el mensaje. Una historia que se revisa con el corazón encogido al sentir la asimetría del mundo y cómo la realidad de África sigue siendo muy lejana a la acomodada vida de nuestro primer mundo.
La historia se nos cuenta a través de dos estaciones del año (verano e invierno) y nos retrata la vida de una mujer zulú con su hija en un entorno rural precario, mientras su esposo trabaja en las minas de Johannesburgo. Tras caer enferma, recibe el diagnóstico de VIH positivo y viaja a la ciudad para tratar el tema con su marido, enfrentándose a la negación del mismo (quien le ha transmitido la infección) y el rechazo comunitario. Su meta principal es sobrevivir lo suficiente para ver a Beauty asistir a la escuela, algo que ella nunca pudo hacer, y lograrlo en medio de su pobreza y deterioro físico.
Una historia de mujeres (la protagonista y su hija, la doctora, la maestra, las vecinas) enfrentadas a la infección por VIH, donde el miedo, la desinformación, el estigma, la intolerancia y el desprecio son más que notorios.
Emociones y reflexiones
Esta conmovedora obra cinematográfica nos habla del ayer y del hoy de las infancias huérfanas por el sida en África. Y entre emociones como la empatía y compasión, la tristeza y el dolor, la indignación y frustración, o la esperanza y admiración, nos llevamos estas reflexiones en la mochila, dignas de un cinefórum: el estigma y la ignorancia en torno al VIH/sida, la resiliencia de la mujer africana, la importancia de la educación (un símbolo de esperanza para el futuro y la única manera de cambiar el destino de las naciones), la universalidad de la condición humana sobre temas como el amor incondicional de una madre, la lucha por la supervivencia, la dignidad ante la enfermedad y la búsqueda de un futuro mejor. Y entender que, aún hoy, el sida en África poco tiene que ver con el sida en el primer mundo. Y por ello Yesterday y Beauty son dos nombres que ya nos inspiran en busca de un mañana más bello.
¿Y cuáles son los desafíos a los que se enfrenta el sida en África (muchos presentes en nuestra película de hoy)?: la transmisión de madre a hijo elevada (dadas las deficiencias en la cobertura de salud para las madres seropositivas), el diagnóstico tardío o inexistente, la dificultad de acceso al tratamiento antirretroviral, la resistencia a antirretrovirales como amenaza creciente, el estigma social y barreras legales (sobre todo en población clave como LGTBIQ+, drogadictos vía parenteral, trabajadores sexuales), el aumento de leyes punitivas (en países como Uganda o Mali, lo que agrava la invisibilidad y vulnerabilidad de estas poblaciones), la desigualdad de género (desfavorable a adolescentes y mujeres jóvenes) o los recortes en la financiación.
PRESCRIPCIÓN 6. Girl, Positive (Peter Werner, 2007)
Ficha técnica
Título: Girl, Positive. Título original: Girl, Positive.
Dirección: Peter Werner. País: Estados Unidos. Año: 2007.
Duración: 71 min. Género: Drama.
Reparto: Andrea Bowen, Jennie Garth, Nathan Anderson, Evan Gamble y Rhoda Griffis.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Rachel (Andrea Bowen), una popular estudiante de instituto, descubre que ha sido infectada de sida por una relación sexual no protegida.
Frases de cine
• “Basta con una sola vez para infectar docenas de vidas”.
• “Pensándolo bien, es difícil imaginar otra epidemia desde la peste negra de la Edad Media que haya causado tanto miedo”.
• “En realidad, uno no muere de VIH. El VIH es un virus que ataca el sistema inmunitario. Soy voluntaria en la clínica gratuita de sida del centro y puedo garantizarles que los hombres homosexuales no son los únicos afectados por el VIH”.
Síntesis argumental
Telefilme centrado en Rachel, una adolescente de clase media-alta que se enfrenta al miedo a vivir con VIH y al estigma en su entorno escolar. Narrada a lo largo de varios días, la película funciona casi como un relato de iniciación, donde la protagonista pasa de la negación y la desinformación a una posición de mayor conciencia, apoyada por una adulta seropositiva que vive con su enfermedad y su medicación en secreto. Ella es Sarah (Jennie Garth), la profesora sustituta, quien le revela que lleva más de siete años viviendo en secreto con VIH, lo que, una vez descubierto por el entorno escolar, desencadena una espiral de rumores y exposición tanto para la alumna como para la profesora, pues el VIH se ha asociado a comportamientos “inmorales”, lo que conduce a culpa, vergüenza y aislamiento en las personas que vivían con la infección a principios del siglo XXI.
Emociones y reflexiones
Girl, Positive debe visualizarse como un material educativo audiovisual. Plantea en Rachel, nuestra protagonista, la importancia de las pruebas de VIH, del uso sistemático del preservativo y de la noción de que “no hay perfil” del seropositivo, desmontando la idea de que el riesgo es visible en el cuerpo o en la apariencia del otro. Y donde Sarah es un personaje puente, una adulta que comparte con la protagonista género, vulnerabilidad y experiencia de estigma, y que introduce una narrativa de empoderamiento más que de victimización. Su acompañamiento encaja con lo que recomiendan intervenciones centradas en jóvenes con VIH: modelos de rol positivos, trabajo en autoestima y habilidades para manejar la revelación del diagnóstico y las relaciones afectivo-sexuales.
Una relación alumna-profesora muy particular y muy positiva, útil para trabajar en aula temas de sexualidad responsable, consentimiento informado, prueba del VIH y acompañamiento a jóvenes que viven –o temen vivir– con el virus.
Y si Girl, Positive se centra en una adolescente heterosexual en los comienzos del sida, otra película estadounidense más actual, Three Months (Jared Frieder, 2022)(13), trata un tema similar en un adolescente homosexual de Florida en la época más actual de la enfermedad a través de una comedia coming-of-age queer donde Caleb (Troye Sivan, cantante y actor) descubre que ha estado expuesto al VIH y debe esperar tres meses para el resultado definitivo. Caleb transforma la angustia de esperar los resultados de VIH en un relato vitalista sobre autodescubrimiento, amistad y amor en la adolescencia tardía. Y ello porque Jared Frieder, el director de esta película, inspirado en su propia experiencia, prioriza la alegría sobre la tragedia, diferenciándose de narrativas ochenteras.
Girl, Positive y Three Months son dos películas que abordan el temor de un adolescente frente al sida desde dos perspectivas diferentes, y que en su visionado nos deja buenos mensajes para “prescribir” a nuestros hijos o alumnos.
PRESCRIPCIÓN 7. Romería (Carla Simón, 2025)
Ficha técnica
Título: Romería. Título original: Romería.
Dirección: Carla Simón. País: España. Año: 2025.
Duración: 115 min. Género: Documental.
Reparto: Llúsia García, Mitch, Tristán Ulloa, Miryam Gallego y José Ángel Egido.
Ficha de los protagonistas:
• Nombre: Marina (Llúsia García), una adolescente barcelonesa de 18 años, viaja a Vigo para reencontrarse con la historia de sus padres fallecidos por el sida.
Frases de cine
• “¿Sabes que por tomarnos un porro no vamos a acabar como tus padres?”.
• “Cuando el caballo entra en tu vida, arrasa”.
• “Me gusta este mar. Como a mi padre”.
Síntesis argumental
Romería es un viaje íntimo de Marina, huérfana (y adoptada) desde niña, cuyos padres murieron de sida tras una historia marcada por la heroína y la precariedad afectiva. Y comienza en Vigo, junto al mar, donde se encuentra la familia del padre ya ausente hace más de una década. Ella quiere estudiar cine y viaja allí desde Cataluña, pues precisa un documento que justifique su verdadera filiación y la firma de sus abuelos paternos para conseguir una beca. Y la historia convierte ese viaje administrativo y familiar en una búsqueda identitaria donde la protagonista se enfrenta al silencio, la vergüenza y el estigma que rodean la memoria de sus padres.
La película tiene un formato peculiar de contar la historia. En la primera mitad del metraje, Marina conoce el entorno familiar de su padre a través de una narración fraccionada en cuatro días. En la segunda mitad del metraje, todo es más onírico y, a través del diario encontrado de su madre y una especial relación afectiva con un primo, le permite imaginar cómo pudieron sentirse sus padres cuando eran jóvenes en aquella etapa de los 80 de amor libre y drogas, alegoría de la devastación causada por la heroína y el sida en toda una generación.
Emociones y reflexiones
Carla Simón es una joven directora y guionista barcelonesa que construye su cine en torno a un naturalismo depurado, que prioriza la observación paciente de la vida cotidiana y las dinámicas familiares, evitando el melodrama y los subrayados emocionales. Sus películas retratan mundos desde la perspectiva infantil o juvenil, usando actores no profesionales para lograr autenticidad y rostros que transmiten verdad inmediata, con rodajes largos en localizaciones reales que permiten captar gestos, silencios y sonidos ambientales en directo. Y sus únicos tres largometrajes constituyen una trilogía de la memoria familiar: Verano 1993 (2017)(15), que convierte el duelo por la muerte de los padres (fallecidos por sida) en una crónica íntima del verano en que Frida aprende a pertenecer a una nueva familia, filmando el mundo desde la altura de una niña de seis años; Alcarràs (2022), donde desplaza el foco a la memoria de una familia campesina amenazada por la pérdida de la tierra, donde la cosecha final de melocotones funciona como último ritual colectivo antes de que el paisaje que los sostiene desaparezca; y Romería (2025), donde la adolescente Marina, hija de padres fallecidos de sida, viaja a Vigo para conocer por primera vez a la familia paterna y recomponer una memoria fragmentada a partir del diario de su madre y de las grietas emocionales de esa familia.
Tres películas multipremiadas en los festivales de cine y tres movimientos de una misma herida. Y en dos de ellas, una herida producida por el sida de los padres. En Verano 1993, la memoria es sobre todo afectiva y confusa: el cine recoge gestos, juegos y silencios de una niña incapaz de poner palabras a la pérdida. En Romería, la memoria es ya activamente buscada: Marina investiga, pregunta, lee cartas y diarios, cuestiona el silencio en torno al sida y obliga a la familia a narrarse, reparando “una memoria mal colocada”. Y sí, Frida y Marina son el alter ego de Carla Simón, ya que la directora ha confirmado que las protagonistas canalizan su propia experiencia personal (en la infancia y adolescencia) como hija de padres fallecidos por sida y adicción a la heroína.
¿Qué pretende Carla Simón con estas películas… y con su historia? Se me ocurren tres posibilidades: primero, reparar la memoria silenciada: pues ese silencio familiar –por vergüenza, estigma o culpa– no protege, sino que deja a los hijos sin historia, donde la búsqueda de Marina afirma el derecho de los descendientes a conocer el pasado para poder vivir en paz con él; segundo, desestigmatizar el sida y la drogadicción: al humanizar a unos padres marcados por la heroína y el VIH, el filme rehúye tanto la condena moralista como la idealización, y propone comprender el contexto social que arrasó la vida de muchos jóvenes en la década de los 80 y 90; y, tercero, el poder regenerar la identidad a través de la imaginación y la creación artística: cuando la memoria heredada está rota o llena de huecos, es legítimo “inventarse” una imagen de los padres, y el cine aparece así como herramienta para generar recuerdos que no se tuvieron, y para transformar el dolor en relato propio.
Verano 1993 y Romería son dos películas atravesadas por la orfandad y los modelos de familia no normativos: adopciones, familias extensas y parientes desconocidos con los que hay que renegociar el vínculo. Es un relato en dos etapas (infancia y adolescencia) que configuran un retrato lleno de dignidad frente al estigma del sida.
Colofón a las películas para entender el sida en la infancia y adolescencia
En tiempos de tratamiento efectivo y prevención disponible, películas sobre sida infantojuvenil ya no narran solo muerte y tragedia: narran supervivencia, memoria dañada, búsqueda de dignidad y la necesidad urgente de desmantelar el estigma que aún rodea a hijos e hijas de personas fallecidas por VIH. El cine, en este sentido, actúa como repositorio de verdad afectiva y herramienta de reparación social, permitiendo a nuevas generaciones heredar no la vergüenza, sino la comprensión y el compromiso.
La representación cinematográfica del sida en la infancia y adolescencia tiene distintas aristas, como hemos visto en las películas previamente reseñadas. Aun así, a estas se pueden sumar otras más. Comenzamos con dos telefilmes: uno canadiense, Tiempo de esperanza (And Then There Was One, David Hugh Jones, 1994), cuando la vida de un feliz matrimonio que han sido padres se ve empañada al conocer que todos son VIH positivos; otro estadounidense, Derecho a la vida (A Place for Annie, John Gray, 1994), historia de un bebé seropositivo abandonado que una enfermera toma en acogimiento, pero al cabo de dos años reaparece la madre y solicita a su hija. A ellas se suman otros largometrajes: la película española La niña de tus sueños (Jesús R. Delgado, 1995), donde Ana, una niña de 8 años, es expulsada de un campamento de verano al detectarse que es seropositiva y ante el riesgo al contagio; la película alemana La vida sexual de los peces (Fickende Fische, Almut Getto, 2002), donde un adolescente portador del virus del sida encuentra en el primer amor cierto bálsamo a su atormentada vida interior; la película francesa Siempre juntos (Todos contra Leo) (Tout contre Léo, Christophe Honoré, 2002), donde Marcel, un adolescente de 12 años, acaba descubriendo que su hermano mayor padece sida.
Y cabe reseñar una película de la familia de Cine y Pediatría que comparte el protagonismo del sida (una película muy especial, pues fue la primera analizada en este proyecto que comenzó allá por el año 2010). Hablamos de En el mundo, a cada rato es una película española del año 2004, realizada como una contribución del cine a la protección de los derechos de la infancia en el mundo y producida en colaboración con UNICEF; la película se compone de 5 historias, que abordan las cinco prioridades de UNICEF en este ámbito, y la primera historia es El secreto mejor guardado (Patricia Ferreira, 2004)(16), filmada en la India y alrededor del sida, cuyo protagonista es Ravi, un niño huérfano con VIH que vive con su abuela y sufre el rechazo de su aldea, donde los adultos ocultan la verdad sobre su enfermedad.
Bibliografía
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Pulmonary tuberculosis