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Unidad de Virología, Servicio de Microbiología. Hospital Universitario Son Espases.
Facultad de Medicina Universitat lles Balears. Palma de Mallorca
| Resumen
Las infecciones respiratorias agudas se definen como todas aquellas patologías de presentación con menos de <15 días de evolución, de origen infeccioso, que producen afectación del tracto respiratorio tanto superior como inferior. En pediatría, constituyen la primera causa de consulta en Atención Primaria (30 %), urgencias y hospitalización en los menores de cinco años, aunque su porcentaje puede llegar a ser del 75 % en los meses invernales. Los virus constituyen la principal causa de este tipo de infecciones, de modo que las bacterias solo representarían el 5 %. Una de las características principales de los virus respiratorios es su estacionalidad; es decir, la mayoría de casos se presentan y acumulan en un periodo corto de tiempo. Esta predictibilidad parece depender de muchos factores, tanto humanos (del huésped) como del entorno y del propio virus. Los principales factores que determinan el resultado clínico de la infección, después de haber estado expuesto a un virus respiratorio, son las características del propio virus, la respuesta del huésped y los factores ambientales favorecedores. Debido a las manifestaciones clínicas similares, causadas por los diferentes virus respiratorios, se hace muy difícil establecer a priori la etiología real de las mismas. Por ello, la única forma de conocer el verdadero agente etiológico es el diagnóstico de laboratorio. |
| Abstract
Acute respiratory infections are defined as all pathologies with a duration of less than 15 days, of infectious origin, that affect both the upper and lower respiratory tract. In pediatrics, they constitute the leading cause of consultations in primary care (30 %), emergency department visits, and hospitalizations in children under five years of age, although their percentage can reach 75 % during the winter months. Viruses are the main cause of this type of infection, with bacteria accounting for only 5 %. One of the main characteristics of respiratory viruses is their seasonality; that is, most cases occur and accumulate within a short period of time. This predictability appears to depend on many factors, both human (the host), environmental factors, and the virus itself. The main factors determining the clinical outcome of the infection after exposure to a respiratory virus are the characteristics of the virus itself, the host’s response, and favorable environmental factors. Due to the similar clinical manifestations caused by different respiratory viruses, it is very difficult to establish a priori the actual etiology of these manifestations. Therefore, the only way to determine the true etiologic agent is through laboratory diagnosis. |
Palabras clave: Infección respiratoria aguda; Virus respiratorios; Epidemiología; Diagnóstico.
Key words: Acute respiratory infection; Respiratory viruses; Epidemiology; Diagnosis.
Pediatr Integral 2026; XXX(1): 21 – 28
OBJETIVOS
• Conocer las características generales de las infecciones respiratorias agudas de etiología vírica.
• Analizar el impacto de las infecciones respiratorias agudas víricas a nivel mundial y en el ámbito de Atención Primaria.
• Establecer la distribución epidemiológica de las infecciones respiratorias agudas víricas.
• Analizar la estacionalidad de las infecciones respiratorias agudas víricas.
• Conocer la patogenia de las infecciones respiratorias agudas de causa vírica.
• Revisar los métodos de diagnóstico clínico y de laboratorio de las infecciones respiratorias víricas.
Infecciones víricas del tracto respiratorio: virología y epidemiología
https://doi.org/10.63149/j.pedint.108
Introducción
Las infecciones respiratorias agudas constituyen una de las patologías más frecuentes que afectan a la población infantil. Los virus constituyen la principal causa de estas infecciones (85 %), presentándose preferentemente como brotes epidémicos durante los meses invernales.
Las infecciones respiratorias agudas se definen como todas aquellas patologías de presentación con menos de <15 días de evolución, de origen infeccioso, que producen afectación del tracto respiratorio, tanto superior como inferior. Representan el grupo cuantitativo más importante de todas las enfermedades transmisibles que afectan a la población humana. Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran tos, rinorrea, obstrucción nasal, fiebre, odinofagia, otalgia, disnea y signos y síntomas, tanto locales como generalizados, cuya intensidad está asociada a la gravedad del proceso respiratorio. Este tipo de infecciones se distribuyen por todo el mundo, afectando a todos los continentes. Aunque pueden presentarse a lo largo de toda la vida, en general predominan en los extremos de la misma, cuando la población es mucho más susceptible y vulnerable a este tipo de infección. En pediatría, constituyen la primera causa de consulta en Atención Primaria (AP) (30 %), urgencias y hospitalización en los menores de cinco años, aunque su porcentaje puede llegar a ser del 75 % en los meses invernales(1,2). Según el estudio DIRA, la bronquitis aguda es la infección más atendida en los servicios de urgencia hospitalarios (28 %), seguida de la neumonía (22 %), reagudización de EPOC (20 %), infecciones de la región ORL (19 %) y de la gripe (8 %). En esta serie, ingresaron el 33 % de los enfermos, siendo el mayor porcentaje para las neumonías (78 %) y reagudización de EPOC (45 %). Además, estas infecciones se caracterizan porque apenas inducen inmunidad permanente, de modo que pueden presentarse más de un episodio anual causado por el mismo o distinto patógeno(3).
Las infecciones agudas por virus respiratorio sincitial (VRS) y los rinovirus tipo A y C no solo producen una enfermedad aguda, sino que se les ha asociado con patologías pulmonares crónicas, como el asma, amplificando el significado de estas infecciones víricas. En un estudio mundial, en 2010, las infecciones respiratorias de vías bajas se situaban en el cuarto lugar de todas las causas de muerte en todas las edades (115-140 millones de casos), en 2021, la COVID-19 representaba la primera causa (198-234 millones de casos) y el resto de infecciones víricas había pasado al quinto puesto (73-93 millones de casos) debido a la pandemia, observándose una disminución significativa en el número de casos comunicados en este año(4,5).
Los virus constituyen la principal causa de este tipo de infecciones, de modo que las bacterias solo representarían el 5 % de todos los casos. De los diferentes virus causantes de infecciones respiratorias agudas, debemos destacar los tres principales por su morbi-mortalidad, como son el VRS, los virus gripales y el SARS-CoV-2, pero no es despreciable el papel que desempeñan otros virus, como adenovirus, metapneumovirus, rinovirus, coronavirus, virus de la parainfluenza o enterovirus, responsables, estos últimos, de entre 43-49 millones de casos/año. Entre el 5-10 % de las infecciones víricas son mixtas, es decir formadas por dos o más virus distintos, sin que se haya podido demostrar que este tipo de infecciones sea más grave que las infecciones por un solo virus. A pesar de los diferentes esfuerzos realizados en prevención, estas infecciones víricas siguen siendo un importante problema de salud pública global, especialmente las que se presentan anualmente como brotes epidémicos estacionales (gripe o VRS), ya que afectan a un gran número de personas de forma simultánea, saturando los sistemas sanitarios.
La sintomatología de las infecciones respiratorias víricas es muy variable y con un gran espectro de manifestaciones clínicas; sin embargo, esta va a depender de su localización en el tracto respiratorio alto o inferior y de su gravedad. Las infecciones respiratorias bajas afectan las vías respiratorias inferiores, como los bronquios y los pulmones. La bronquitis aguda es una inflamación de los bronquios, que son las vías respiratorias principales que llevan el aire hacia los pulmones. Esta afección suele ser causada por infecciones virales, como rinovirus o gripe, y se caracteriza por una tos persistente que puede producir esputo. La bronquiolitis es una enfermedad respiratoria común en lactantes y niños pequeños, especialmente durante los meses de invierno. Esta afección es generalmente causada por una infección viral, siendo el VRS el más común. La bronquiolitis se caracteriza por la inflamación de los bronquiolos, las vías respiratorias más pequeñas dentro de los pulmones, lo que dificulta la respiración. Los síntomas incluyen congestión nasal, tos, fiebre, respiración rápida y dificultad para respirar, especialmente en menores de un año. La neumonía es una infección del tejido pulmonar que puede ser causada por bacterias, virus u hongos. Esta enfermedad respiratoria puede afectar a personas de todas las edades, pero es más común en niños pequeños y adultos mayores, así como en personas con sistemas inmunológicos debilitados. Los síntomas de la neumonía incluyen fiebre, escalofríos, tos con flema, dificultad para respirar, dolor en el pecho y fatiga. En casos graves, también puede haber confusión mental, labios o uñas azulados y falta de aliento intensa. Debe recordarse que un mismo virus puede dar lugar a cuadros clínicos muy diferentes y que, además, varios virus pueden dar lugar a cuadros clínicos semejantes, no diferenciables clínicamente; por ello, solo el diagnóstico en el laboratorio permite establecer la verdadera etiología de estas infecciones.
Se calcula que solo el 5-10 % de las infecciones, inicialmente del tracto superior, pueden afectar a las estructuras respiratorias inferiores, siendo más frecuentes en la población infantil. De modo que cerca del 15 % de todos los nacidos cada año presentan, como mínimo, un episodio de esta enfermedad. En este caso, estas infecciones (bronquiolitis, bronquitis, bronconeumonía o neumonía) se consideran potencialmente graves, especialmente si afectan a personas con patologías pulmonares o sistémicas subyacentes o si presentan alguna alteración del sistema inmune (inmunosupresión o prematuridad). En Estados Unidos se calcula que se hospitalizan unos 400.000 niños/año por infecciones respiratorias víricas en menores de 15 años(6).
La transmisión de la mayoría de los virus respiratorios se produce a través de tres vías diferentes, pero no excluyentes entre sí. Los virus respiratorios infectan preferentemente las células epiteliales del tracto respiratorio superior; por ello, su principal vía de transmisión y contagio es por vía aérea. Esta transmisión puede producirse a través de gotas o aerosoles. Las gotas se generan durante el acto de toser, estornudar o hablar y poseen un tamaño >5 mm; se caracterizan por no extenderse más allá de 1 m de distancia (distancia de seguridad) y de precipitarse y depositarse en las superficies del entorno y en la mucosa de las vías respiratorias de las personas de alrededor. Por otro lado, los aerosoles están formados por microgotas de un tamaño <5 mm, lo que les permite alcanzar mayores distancias, ya que son diseminadas por las corrientes de aire, permaneciendo suspendidas durante largos periodos de tiempo. Los virus se encuentran en el núcleo de las gotas biológicas que se producen, en las partículas de polvo que contienen células u otros elementos que se mantienen en suspensión. Debido a su pequeño tamaño, los aerosoles se depositan tanto en el tracto respiratorio superior como inferior, llegando a las estructuras más profundas del parénquima pulmonar. El proceso de transmisión viral por contacto, directo o indirecto, se refiere a la transferencia desde una persona infectada o un elemento contaminado a una persona susceptible. En el contacto directo se incluye la transmisión a través de la saliva y los besos, y en el indirecto, cualquier elemento previamente contaminado, aunque el principal elemento transmisor son las manos de la persona infectada. En estos casos, la entrada de los virus se realiza a través de la orofaringe, nariz y conjuntiva. La relevancia de las diferentes vías de transmisión va a depender del tipo de virus, el tiempo de exposición y de las medidas de prevención que se utilicen o vayan a ser instauradas(6,7).
Estacionalidad
Una de las características principales de las infecciones respiratorias agudas de etiología viral es su estacionalidad y su presentación como brotes epidémicos invernales. Sin embargo, hay un gran grupo de virus que se puede detectar a lo largo de todo el año. Se analizan las bases epidemiológicas de esta estacionalidad.
Una de las características principales de los virus respiratorios es su posible estacionalidad; es decir, la mayoría de casos se presentan y acumulan en un periodo corto de tiempo. Los meses invernales son los preferidos por los virus respiratorios considerados como epidémicos, dando brotes anuales en el mismo periodo del año (noviembre-marzo). Esta estacionalidad o predictibilidad de los virus respiratorios parece depender de muchos factores, tanto humanos (del huésped) como del entorno y del propio virus. Está demostrado que los cambios ambientales de temperatura, humedad relativa y horas de luz solar pueden afectar a la viabilidad de algunos virus. Estos factores podrían modular las defensas innatas del tracto respiratorio, facilitando la infección y la transmisibilidad de los virus respiratorios.
El ser humano es sociable y, por ello, los diferentes contactos que realiza con otros humanos van a determinar la mayor o menor capacidad de transmisión de un determinado virus respiratorio. De este modo, este tipo de contactos se incrementa durante los días laborables frente a los producidos durante el fin de semana. Este hecho es muy evidente en la población infantil, de modo que durante la época escolar los contactos entre niños son mucho más elevados que durante la época de vacaciones estivales. Pero, en estos contactos diarios, las condiciones ambientales, tales como la lluvia, el sol o el frío, apenas tienen impacto. Sin embargo, esta hipótesis se contradice con el hecho de que la mayoría de las personas interactúan, trabajan o duermen el 90 % del tiempo en espacios cerrados en los que existe una cantidad de aire limitada y no sujeta a los efectos climáticos. Todo ello parece demostrar que la mayoría de las transmisiones virales se producen en los espacios cerrados; es decir, el clima en el interior de estos espacios cerrados y los intercambios de aire en ellos son los principales moduladores de la estacionalidad de los virus respiratorios y de su presentación epidemiológica estacional o no.
Se ha observado cómo diferentes factores ambientales pueden afectar a la viabilidad de los virus, la dinámica de diseminación y el tamaño y estructura de las gotas, así como a las defensas inmunes antivirales del tracto respiratorio, la competitividad replicativa de los virus y a la eficiencia de la secreción mucosa para eliminarlos de la puerta de entrada (tracto respiratorio superior). Mientras que la gripe en el hemisferio norte es una infección estacional-invernal (epidémica), en la zona de los trópicos se presenta a lo largo de todo el año con un comportamiento de tipo endémico. Aunque debe recordarse que estos virus pueden acceder a las zonas respiratorias no solo por la orofaringe, sino también a través de la mucosa nasal y la conjuntiva. Está bien demostrado el efecto de las condiciones ambientales sobre las vías respiratorias y sus mecanismos de defensa intrínseca. De este modo, la mucosa extratorácica y traqueal se ve directamente afectada por los cambios de temperatura y humedad del aire inhalado. Las altas temperaturas disminuirían el desarrollo de la inmunidad adquirida específica frente a estos virus, mientras que las bajas temperaturas disminuirían las respuestas innatas en interferón, producirían una deficiencia en la limpieza mucociliar y facilitarían el desprendimiento de las células epiteliales de las capas más superficiales, además de enlentecer los procesos de recuperación y reparación de los epitelios dañados por la infección viral(8).
De acuerdo a su estacionalidad, o mejor dicho, al patrón epidemiológico de presentación, los virus respiratorios, clásicamente, se han clasificado en tres tipos, aunque debe reconocerse que, en los últimos años, y tras la pandemia del SARS-CoV-2, algunos de ellos han modificado estos patrones. En el primer grupo estarían los virus invernales o epidémicos, que corresponderían al VRS y a la gripe, aunque también se han incluido, en algunos estudios, a los coronavirus no-SARS; en nuestra zona geográfica se presentan a lo largo del año (Fig. 1). Entre ambos virus parece existir un proceso de interferencia viral, de modo que la epidemia de VRS casi siempre antecede a la de gripe en unas 10-12 semanas y los picos máximos de ambos virus nunca coinciden. Un fenómeno parecido ocurre entre el VRS y el metapneumovirus, de modo que hasta que no finaliza la epidemia del primero (enero), no se inicia el brote del segundo (enero-marzo). Se han sugerido diferentes posibles mecanismos responsables de esta interferencia, como la alteración de los receptores celulares o su utilización masiva por un determinado virus, no haciéndoles accesibles al siguiente, la muerte de las células infectadas por el primer virus y la necesidad de su recuperación posterior o las respuestas en interferón por parte del huésped(9).
Figura 1. Evolución epidemiológica semanal de los principales virus respiratorios detectados en la temporada 2023-2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).
Entre los virus respiratorios que causan infección durante todo el año (endémicos, aunque con algún pico moderado estacional), se encuentran principalmente aquellos que carecen de una envoltura lipídica externa que puede verse afectada por la temperatura o la humedad. Así, en este grupo tendríamos a los adenovirus (principal representante del viroma de la orofaringe), rinovirus (principal representante del viroma de la mucosa nasal) y el enterovirus, que se transmite tanto por vía aérea como fecal. Estos tres virus fueron los únicos que circularon durante la pandemia de 2020 causada por el SARS-CoV-2. También hay otros virus sin un patrón específico, como bocavirus o los parainfluenza, que se detectan casi a lo largo de todo el año. En un tercer grupo se han incluido los virus estivales, que incluye principalmente al enterovirus, aunque, como ya se ha mencionado, en los últimos estudios epidemiológicos quizás ya no debería incluirse en este grupo (Fig. 2).
Figura 2. Evolución epidemiológica mensual de los principales virus respiratorios detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).
Mención especial tiene el SARS-CoV-2, que inicialmente fue un virus respiratorio invernal (epidémico/pandémico), para pasar a ser endémico, y en los últimos años parece presentar un comportamiento más estival con pequeños brotes en esta época del año. En las últimas temporadas invernales, el SARS-CoV-2 apenas ha tenido un papel etiológico relevante en la patología respiratoria (Fig. 3).
Figura 3. Distribución mensual de los diferentes virus respiratorios como porcentaje de probabilidad etiológica detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).
Tras la pandemia, se observó un incremento dramático de las infecciones respiratorias víricas pediátricas con un incremento en el espectro de virus causantes de ellas, así como un aumento muy elevado de casos de hospitalización por VRS, quizás asociado a lo que se ha denominado “deuda inmunológica”. Es decir, al no circular este virus, las cohortes de madres y de niños no se infectaban y crearon una gran bolsa de población no inmune y, por lo tanto, susceptible a la reaparición de este virus(10).
Patogenia
Las infecciones respiratorias agudas víricas se producen como consecuencia de la interacción entre el virus, el huésped y el medio ambiente. El huésped es el responsable del control de la infección viral a través de la inmunidad innata y adquirida. La vacunación previene y refuerza la actividad del sistema inmune.
El resultado de las infecciones respiratorias virales depende de la capacidad del huésped para desarrollar una respuesta inmune adecuada capaz de eliminar al virus y mantener íntegras las vías aéreas. Si la respuesta no es adecuada, la función de la vía aérea podría verse afectada, comportando una alteración funcional de la misma con su correspondiente morbilidad o mortalidad. Los principales factores que determinan el resultado clínico, después de haber estado expuesto a un virus respiratorio, son las características del propio virus (virulencia), la respuesta del huésped (inmunidad innata) y los factores ambientales favorecedores. El virus influye según el tipo, la virulencia y la carga del inóculo; el huésped según la susceptibilidad genética, edad, género y patologías de base y, como ya se ha mencionado, el medio ambiente influye según la estacionalidad, la humedad y la temperatura.
En la mayoría de las personas sanas e inmunocompetentes, las infecciones respiratorias víricas agudas son asintomáticas o con escasas manifestaciones clínicas y solo afectan al tracto respiratorio superior. Esto se debe a la capacidad de la respuesta inmune innata tipo 1 (IgM natural, células dendríticas y linfocitos natural killers) para actuar de forma inmediata y a la secreción activa de interferón-1 que evita la replicación viral y su diseminación dentro del tracto respiratorio, además de inhibir los efectores que favorecen la inflamación. Todos estos elementos consiguen mantener la estructura epitelial de la vía aérea respiratoria normal (Fig. 4)(9).
Figura 4. Evolución epidemiológica mensual de los principales virus respiratorios detectados en 2024 (Hospital Universitario Son Espases, Palma de Mallorca).
Cuando el sistema inmune no es capaz de controlar la replicación viral, se produce una expansión de la misma hacia la mayoría de las células epiteliales de la orofaringe. Esta replicación implica una destrucción de parte de este epitelio (efecto citopático), la liberación de citoquineas y elementos inflamatorios, responsables de la fiebre, que determinan un aumento de la permeabilidad vascular, para favorecer la llegada de linfocitos y polimorfonucleares y una importante alteración de la estructura aérea del tracto respiratorio superior. Si la replicación viral persiste, se activan los controles neuronales de la zona que determinan la parálisis o disminución de la función ciliar, facilitando el paso a las estructuras del tracto respiratorio inferior. La afectación de esta zona es la que determina la aparición de la mayoría de síntomas respiratorios, como tos, expectoración, estridor, broncoespasmo, obstrucción de las vías aéreas, dificultad para el intercambio gaseoso, edema y, en casos graves, distress respiratorio. En estos casos, el virus determina un aumento en la sensibilidad y reactividad bronquial a estímulos inespecíficos que determinan la contracción del tejido muscular liso. Por lo tanto, la afectación de las vías respiratorias bajas, que es la forma más grave de infección respiratoria vírica aguda, va a depender, inicialmente, de la capacidad de respuesta inmune del huésped o, en su defecto, de la existencia de inmunidad previa, ya sea por infecciones anteriores o por vacunación. También, la madurez histopatológica del parénquima pulmonar, capacidad para regenerar el epitelio dañado, determinará, en los menores, la gravedad de estas infecciones respiratorias(11,12).
Diagnóstico de las infecciones respiratorias
El diagnóstico inicial de infección respiratoria aguda es eminentemente clínico, detectándose una serie de síntomas locales y generales que orientan esta patología. Sin embargo, la mayoría de los virus respiratorios provocan la misma sintomatología, de modo que solo las técnicas virológicas de laboratorio permiten conocer ya la etiología verdadera de estas infecciones.
Diagnóstico clínico
Debido a las manifestaciones clínicas similares causadas por los diferentes virus respiratorios, se hace muy difícil establecer a priori la etiología real de las mismas. Sin embargo, algunos datos epidemiológicos o clínicos pueden orientarnos hacia la posible etiología. Entre ellos, destaca el conocimiento epidemiológico del tipo o tipos de virus que están circulando en la comunidad durante el momento del diagnóstico. Este dato facilita la aproximación etiológica al proceso respiratorio, ya que durante la epidemia de VRS o gripe, su circulación mayoritaria nos da una elevada probabilidad de que sea la causa. Para conocer esta circulación es muy importante el papel de las redes centinela de vigilancia de las infecciones víricas (SIVIRA) y las detecciones antigénicas realizadas en AP. Las gráficas de probabilidad etiológica establecen porcentualmente la posibilidad de que un virus determinado sea el causante de un proceso respiratorio en un mes determinado (Fig. 3). También, el carácter estacional o endémico de los diferentes virus puede apoyar este diagnóstico; más allá de los meses epidémicos, la probabilidad de que el proceso respiratorio esté causado por algunos de estos virus (VRS) es muy baja y puede descartarse(1,2).
Evidentemente, algunos síntomas pueden acercarnos al diagnóstico viral; así, en un cuadro de catarro común o rinorrea, el rinovirus probablemente sea el causal. Los procesos respiratorios con conjuntivitis y amigdalitis señalan al adenovirus como causante y la detección de sibilantes en un paciente de menos de tres meses apunta al VRS como principal agente etiológico. La aparición de fiebre elevada, escalofríos y, especialmente, mialgias, sugiere a los virus gripales como principal sospecha, especialmente durante los meses de invierno. Finalmente, la gravedad de la infección y la edad del paciente pueden orientar hacia algún virus en concreto, en especial los tres principales, pero no puede descartarse la participación de otros virus que pueden afectar a personas con factores predisponentes. A pesar de ello, cada uno de ellos se relaciona mayoritariamente con un tipo particular de patología respiratoria, según la zona geográfica, la estacionalidad y la edad del paciente. Sin embargo, ninguno de todos estos aspectos tiene suficiente capacidad discriminatoria para confirmar o descartar con suficiente seguridad la participación de un virus respiratorio en concreto.
Diagnóstico virológico
Como consecuencia de todo ello, la única forma de conocer el verdadero agente etiológico de una infección respiratoria aguda, ya sea leve o grave, es el diagnóstico de laboratorio. Para esto se dispone, en la actualidad, de diferentes técnicas y procedimientos, pero cada laboratorio debe determinar cuáles son los más adecuados para utilizar según el centro (primaria/hospitalaria), la población que se atiende, la necesidad de disponer de técnicas rápidas o no y del personal que se disponga. Entre los objetivos del diagnóstico de laboratorio están, no solo establecer la etiología, sino la posibilidad de aplicar una terapia antiviral específica, el seguimiento de los pacientes o la no utilización innecesaria de antibióticos.
Para la obtención de resultados fiables es fundamental que la muestra sea de buena calidad. En general, se consideran adecuados el aspirado nasofaríngeo, el lavado nasal y el frotis faríngeo. En casos especiales se pueden recoger muestras invasivas, como el aspirado traqueal o el lavado broncoalveolar. Se recomienda recoger estas muestras lo antes posible desde la aparición de los síntomas, pero, en general, la recogida en los tres primeros días da resultados adecuados; más allá de este periodo pueden darse falsos resultados negativos debido a la disminución de la carga viral.
Técnicas directas
Son aquellas capaces de detectar la presencia de proteínas del virus o parte de su genoma directamente de la muestra respiratoria. Entre las primeras está la detección rápida de los antígenos virales mediante técnicas de inmunocromatografía o enzimoinmunoensayo. Se basan en la utilización de anticuerpos monoclonales específicos dirigidos exclusivamente contra alguna proteína (antígeno) conservada del virus. Estas técnicas son rápidas, sencillas de realizar y de bajo coste, pudiendo realizarse en AP o en las urgencias hospitalarias. Como inconvenientes debe apuntarse que los resultados, a veces, son difíciles de interpretar, la especificidad dependerá de la experiencia del personal, solo están disponibles para los virus más prevalentes (VRS, gripe, SARS-CoV-2 y adenovirus) y la sensibilidad suele ser baja. Sin embargo, el valor predictivo positivo es muy elevado, especialmente en el periodo epidémico, y su positividad confirma al virus causante(13).
Los métodos moleculares de diagnóstico que permiten la detección de ácidos nucleicos están basados en la búsqueda y el reconocimiento del genoma viral, o parte de él, en la muestra clínica. Estas técnicas, ya muy accesibles, permiten detectar múltiples virus en un gran número de muestras de forma simultánea y diferencial. Poseen una serie de ventajas sobre otros métodos diagnósticos. Muestran una sensibilidad superior, entre 5-10 veces, a los métodos convencionales clásicos, como el cultivo celular, especialmente en aquellos virus difíciles de aislar o poco viables. Sin embargo, debido a la elevada sensibilidad de estos métodos moleculares, no se puede descartar una posible contaminación de la muestra, una colonización o una excreción prolongada de un virus tras la infección sin implicación clínica, especialmente cuando se utilizan muestras del tracto respiratorio superior.
La PCR es una de las mejores técnicas de amplificación de ácidos nucleicos para la detección de virus respiratorios y se basa en la detección del genoma viral en la muestra y posterior amplificación exponencial de una secuencia mediante la acción cíclica del enzima ADN polimerasa. La variante en tiempo real permite monitorizar en tiempo real la amplificación en cada uno de los ciclos mediante sondas específicas marcadas con un fluoróforo. Inicialmente, esta técnica se utilizaba de forma individual para la detección de los principales virus respiratorios (VRS y gripe), existiendo técnicas de PCR rápidas que aportan el diagnóstico en menos de 2 horas. Además, puede utilizarse como técnica semicuantitativa para establecer la medida de la carga viral en función del valor ct (umbral de ciclo: el número de ciclos de amplificación necesarios para que la señal fluorescente cruce el umbral en una muestra positiva). El desarrollo posterior de las PCR múltiples permite la detección de más de 20 virus distintos de forma simultánea y diferencial; siendo sistemas que admiten un gran número de muestras y a un coste asequible para muchos laboratorios(14).
La secuenciación directa del genoma presente en la muestra es muy útil para la identificación de virus conocidos y para el descubrimiento de otros nuevos. Con la utilización de iniciadores degenerados, diseñados en regiones del genoma muy conservadas, es posible identificar y clasificar grupos de virus genéticamente relacionados. Esta estrategia, junto con el análisis filogenético de las secuencias con otras de referencia, se utiliza en los estudios epidemiológicos moleculares.
Técnicas indirectas
Los métodos serológicos consisten en la detección de anticuerpos de tipo IgM o IgGs específicos frente a un determinado virus; es, por lo tanto, una forma indirecta de realizar el diagnóstico etiológico. Sin embargo, la variabilidad antigénica de muchos de los virus respiratorios (VRS, gripe…), la inmunidad no duradera inducida por ellos y la persistencia de anticuerpos tras la vacunación, hacen que no sean un método útil y recomendable para este tipo de infecciones. Además, para un diagnóstico adecuado, se precisa la recolección de dos muestras de suero separadas en unos 15 días (fase aguda y fase convaleciente), lo que hace que la realización de estas pruebas resulte de poca utilidad para el manejo clínico del paciente. Su realización acostumbra a limitarse a estudios seroepidemiológicos (conocimiento de la prevalencia de una infección) y de seroprotección poblacional (inmunidad frente a un virus) retrospectivos(13,14).
Debido a la elevada prevalencia de las infecciones respiratorias agudas víricas y su alta morbimortalidad, es muy importante no solo identificar correctamente el virus causante, para conocer su patogenia y comportamiento, y tratar adecuadamente, sino promover acciones básicas destinadas a la prevención de estas enfermedades. Las estrategias más recomendadas son estimular la lactancia materna, el lavado de manos o el uso de geles hidroalcohólicos, las vacunas correspondientes por edad y la educación a la población general respecto a las formas de prevención de estas infecciones y de los signos y síntomas de alarma para acudir al centro sanitario.
Función del pediatra de Atención Primaria
Las funciones principales de los pediatras, referentes a las infecciones víricas del tracto respiratorio, son las de conocer la epidemiología y estacionalidad de las mismas. De modo que, frente a un cuadro respiratorio, pueda realizar un diagnóstico sindrómico en función de la época del año en que se encuentre.
Conocer los principales mecanismos de patogenicidad de los virus respiratorios y sus consecuencias en la sintomatología del paciente.
Utilizar las diferentes técnicas de diagnóstico virológicas frente a este tipo de infecciones. Saber manejar e interpretar las técnicas rápidas de diagnóstico etiológico en situaciones reales. Valorar la no utilización de antibióticos cuando se disponga de un diagnóstico viral específico.
Conflicto de intereses
No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.
Bibliografía
Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.
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12. Dakhama A, Lee YM, Gelfand EW. Virus-induced airway dysfunction. Pediatr Infect Dis J. 2005; 24: S159-S169. Disponible en: https://doi.org/10.1097/01.inf.0000188155.46381.15.
13. Navarro-Marí JM, Pérez-Ruiz M. Virus respiratorios: viejos y nuevos virus. Revisión de métodos diagnósticos. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2007; 25: S60-S65.
14.** Eiros JM, Ortiz de Lejarazu R, Tenorio A, Casas I, Pozo F, Ruiz G et al. Diagnóstico microbiológico de las infecciones virales respiratorias. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2009; 27: 168-77. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.eimc.2008.03.004.
15. Sanz Muñoz I, Bachiller Luque MR, Eiros Bouza JM. Infecciones víricas del tracto respiratorio. Pediatr Integral. 2021; 1: 13-20. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2021-01/infecciones-viricas-del-tracto-respiratorio/.
Bibliografía recomendada
– GBD 2019 Diseases and injuries Collaborators. Global burden of 369 diseases and injuries in 204 countries and territories, 1990-2019: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2019. Lancet. 2020; 396: 1204-22. Disponible en: https://doi.org/10.1016/s0140-6736(20)30925-9.
Presenta una revisión sobre la carga de enfermedad que representa la mayoría de patologías a nivel mundial, haciendo especial referencia a las infecciones respiratorias víricas.
– Moriyama M, Hugentobler WJ, Iwasaki A. Seasonality of respiratory viral infections. Annu Rev Virol. 2020; 7: 83-101. Disponible en: https://doi.org/10.1146/annurev-virology-012420-022445.
Analiza de forma minuciosa los diferentes mecanismos de transmisión de los virus respiratorios y los patrones epidemiológicos de presentación de acuerdo con las influencias ambientales.
– Eiros JM, Ortiz de Lejarazu R, Tenorio A, Casas I, Pozo F, Ruiz G et al. Diagnóstico microbiológico de las infecciones virales respiratorias. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2009; 27: 168-77. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.eimc.2008.03.004.
Se describen de una forma muy docente los principales métodos y procedimientos de diagnóstico virológico de las principales infecciones respiratorias agudas.
| Caso clínico |
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Niño de 3 años de edad que acude a la consulta por fiebre elevada (>38ºC) desde hace 3 días, cefalea, dolor de garganta espontánea y al tragar, y conjuntivitis unilateral derecha con aspecto de “ojo rosado”. No presenta tos ni expectoración, ni rinorrea ni otros síntomas catarrales. No presenta alergias conocidas. Tiene la cartilla vacunal al día y no ha recibido ningún tratamiento antibiótico previo. A la exploración, se observa unas amígdalas hipertrofiadas, enrojecidas y con un exudado blanquecino no purulento. La orofaringe está enrojecida y con signos inflamatorios. Se detecta una pequeña adenopatía laterocervical derecha, ligeramente dolorosa. Se toma un frotis faríngeo de las zonas afectadas y se realizan dos pruebas de diagnóstico rápido, una bacteriana y otra vírica; siendo ambas negativas.
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Acute bronchiolitis and bronchitis in pediatrics