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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Hemorragia digestiva alta y baja

L. Moreno Puerto*,  M. Molina Arias**
Temas de FC


L. Moreno Puerto*, M. Molina Arias**

*Hospital Universitario El Escorial. **Hospital Universitario la Paz. Madrid

X

Autor para correspondencia

lmorenop@salud.madrid.org

Resumen

La hemorragia digestiva es el sangrado con origen en algún punto del tracto gastrointestinal. Se divide en alta o baja según si su origen es proximal o distal al ángulo de Treitz, respectivamente. El objetivo principal de este artículo es dar a conocer su manejo inicial, ya que es una entidad potencialmente mortal. Hay una larga lista de patologías que pueden originarla. Para el diagnóstico habrá que realizar una buena historia clínica, exploración física y pruebas complementarias para determinar tanto el origen del sangrado como la gravedad de este. El tratamiento dependerá de la causa del sangrado, siendo, en casos graves, imprescindible la estabilización inicial y la derivación precoz.

 

Abstract

Gastrointestinal bleeding is originated anywhere in the gastrointestinal tract. It is divided into upper or lower depending on whether its origin is proximal or distal to the ligament of Treitz, respectively. The main objective of this article is to raise awareness of its initial management, given that it is a potentially life-threatening condition. There is a long list of pathologies that can cause it. Diagnosis requires a good clinical history, physical examination, and complementary tests to determine both the origin of the bleeding and its severity. Treatment will depend on the cause of the bleeding, and in severe cases initial stabilization and early referral are essential.

 

Palabras clave: Hemorragia gastrointestinal; Hematemesis; Melena; Hematoquecia.

Key words: Gastrointestinal hemorrhage; Hematemesis; Melena; Hematochezia.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 465 – 470

 


OBJETIVOS

• Conocer las diferentes causas de hemorragia digestiva alta y baja.

• Orientar las pruebas complementarias según la historia clínica y exploración física.

• Evaluar de manera inicial una hemorragia digestiva y tener herramientas para diferenciar los casos que precisen una actitud urgente.

• Tratar las causas leves que no precisen pruebas invasivas.

 

Hemorragia digestiva alta y baja

Introducción

La hemorragia digestiva es una entidad infrecuente en la infancia, pero potencialmente mortal, por lo que requiere un manejo inicial eficaz.

La hemorragia digestiva se define como la emisión de sangre con origen en cualquier punto del tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el ano. Se divide en alta o baja, según si su origen es proximal o distal al ángulo de Treitz, respectivamente. Se trata de una entidad infrecuente en la infancia, pero potencialmente mortal, por lo que requiere un manejo inicial eficaz que todo pediatra debe conocer(1).

Se definen, según la localización y características del sangrado, diferentes formas que nos ayudan a orientar el diagnóstico:

• Hematemesis: emisión de sangre con el vómito, que puede ser roja (“fresca”) o en posos de café, según el grado de digestión de esta. Sugiere sangrado proximal.

• Hematoquecia: emisión de sangre roja mezclada con las heces. Sin presencia de heces lo llamaríamos rectorragia. Sugiere sangrado distal o proximal asociado a tránsito intestinal acelerado.

• Melena: heces negras y malolientes (“alquitranosas”). Sugiere origen proximal.

• Hemorragia digestiva oculta: no visible macroscópicamente. Se trata de un hallazgo químico o microscópico.

• Hemorragia de origen oscuro: origen desconocido tras una exploración endoscópica completa.

• Falsa hemorragia digestiva: ya sea por la ingesta de alimentos o fármacos que simulan la emisión de sangre o por un sangrado con origen extradigestivo (epistaxis, hemoptisis…).

Hemorragia digestiva alta (HDA)

Epidemiología

La incidencia de HDA en la edad pediátrica se estima en 1-2 casos por cada 10.000 niños al año(2), con una mortalidad estimada de 5-21 %(3).

Etiología

Las causas más frecuentes son úlceras gástricas y duodenales, esofagitis, gastritis y varices.

Hay una larga lista de patologías que pueden originarla, de manera que será muy importante orientar bien la historia clínica para establecer el origen y la gravedad del sangrado. Las causas más frecuentes son úlceras gástricas y duodenales, esofagitis, gastritis y varices. En la tabla I vemos las causas más frecuentes según la edad. La existencia de factores de riesgo, como la toma de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), la infección por Helicobacter pylori (comentada en profundidad en otro tema), enfermedades que cursan con hipertensión portal o tener un trastorno de la coagulación, aumentarán el riesgo de HDA(3).

tabla

 

Clínica

Los síntomas más frecuentes son hematemesis y melena.

Se presentará habitualmente como hematemesis de sangre fresca (73 %) o en granos de café (6 %) o bien melenas (21 %), aunque otros síntomas que pueden aparecer son dolor y distensión abdominal o mareo(7). Es raro que en niños pequeños se presente como melena, ya que la sangre es catártica y acelera el tránsito.

Diagnóstico

Una vez confirmada la estabilidad hemodinámica, el diagnóstico se basa en la historia clínica y exploración física. La endoscopia digestiva alta es el estándar oro.

Habrá que intentar establecer la etiología del cuadro clínico y, sobre todo, valorar la gravedad de este. El primer paso será la valoración hemodinámica precoz y estabilización en caso necesario (ver algoritmo al final del artículo). La taquicardia es el indicador más sensible de pérdida sanguínea grave en niños(1). La hipotensión es un signo tardío de descompensación y puede no estar presente hasta que se haya perdido el 15-30 % del volumen sanguíneo(8).

A continuación, intentaremos determinar el origen del sangrado. La endoscopia digestiva alta sigue siendo el estándar oro para el diagnóstico y, además, es terapéutica en algunos casos. Puede ser útil para el pediatra de Atención Primaria conocer el Score de Sheffield, predictor de la necesidad de actitud endoscópica (Tabla II) para discernir aquellos casos más urgentes de cara al traslado.

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Historia clínica

Habrá que preguntar por el número y características de los vómitos y las deposiciones, sintomatología asociada, si han tenido episodios previos o intervenciones quirúrgicas recientes, enfermedades que cursen con hipertensión portal, toma de medicamentos o alimentos que puedan simular sangre e ingesta de cáusticos o cuerpos extraños. Así mismo, será importante preguntar por los siguientes fármacos(4):

• Medicaciones que pueden causar esofagitis, cuando se quedan en contacto prolongado con la mucosa (como cuando hay trastornos de la motilidad): paracetamol, doxiciclina, bifosfonatos, ácido ascórbico, sulfato ferroso y cloruro potásico.

• Medicaciones que aumentan el riesgo de sangrado: inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), antiagregantes como la aspirina, anticoagulantes e inhibidores de la recaptación de serotonina (sertralina, fluoxetina…).

Exploración física

Tras la valoración hemodinámica y de signos vitales, habrá que valorar la coloración de la piel, presencia de lesiones cutáneas, examinar boca y nariz para descartar sangrado de otro origen, exploración abdominal, perianal y anorrectal.

Pruebas complementarias

• Análisis de sangre con hemograma (el hematocrito puede tardar hasta 24 horas en descender), bioquímica hepática y pancreática, urea/creatinina y coagulación, además de pruebas cruzadas. Un cociente nitrógeno ureico (BUN)/creatinina >30 es sugestivo de HDA, mientras que <30 sugiere hemorragia digestiva baja (HDB).

• Test de Apt-Downey en neonatos, para distinguir la verdadera HDA (la hemoglobina fetal se teñiría de color rojo) de la deglución de sangre materna (color amarillo-marrón).

• Endoscopia digestiva alta (EDA), es la prueba con el mayor rendimiento diagnóstico, localiza el origen del sangrado en el 90-95 % de los casos(1). Se debe realizar en las primeras 12-24 horas, en casos que requieren transfusión o de inestabilidad hemodinámica.

• Radiografía de tórax, si se sospecha ingesta de pila de botón.

• La ecografía abdominal puede ser útil para valorar procesos obstructivos o hipertensión portal.

• En caso de no encontrar el origen del sangrado existen otras pruebas, como son la cápsula endoscópica, la enteroscopia de doble balón, la gammagrafía con hematíes marcados o la angiografía.

Tratamiento

En pacientes estables y con sangrado leve, se puede plantear tolerancia oral e inicio de un inhibidor de la bomba de protones; en caso contrario, hay que realizar una estabilización y valoración completa.

En pacientes estables con sangrado escaso y de probable causa benigna, como en el síndrome de Mallory-Weiss, se puede plantear observación con tolerancia oral e inicio de un inhibidor de la bomba de protones (IBP). En caso contrario o ante la posibilidad de sangrado por varices, precisarán valoración hospitalaria, según vemos en el algoritmo al final del artículo.

En algunos casos, la colocación de una sonda nasogástrica puede ser útil para confirmar que se trata de un sangrado activo y mejorar la visualización de una endoscopia posterior, pero no se recomienda el lavado con suero salino frío, ya que puede producir hipotermia(10).

Si se sospecha causa varicosa del sangrado, añadiremos al tratamiento drogas vasoactivas, como el octreótido, un antibiótico de espectro extendido y beta-bloqueantes(3), se pueden ver las dosis en la tabla III.

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A veces, puede ser precisa terapia endoscópica. En el caso de úlceras sangrantes, los criterios de Forrest (tabla IV) indican en qué casos estaría indicada la terapia endoscópica (Ia, Ib, IIa, y algunos IIb)(1) y nos ayudan a predecir el riesgo de resangrado. El tipo de técnica variará según la lesión, su localización y la experiencia del endoscopista. Existen técnicas de inyección (adrenalina o agentes esclerosantes), de hemostasia mecánica (clips o ligadura de varices) o de termo-coagulación.

tabla

 

Prevención

En pacientes con riesgo de HDA habrá que evitar los AINEs y el resto de medicaciones que aumentan el riesgo de sangrado. En pacientes con hipertensión portal está indicada la profilaxis primaria y secundaria con propranolol, que debe ajustarse para que la frecuencia cardiaca se reduzca a un 75 % del basal(1), y endoscopias digestivas altas de control(3).

Hemorragia digestiva baja (HDB)

Epidemiología

La HDB es un problema frecuente; se trata del 0,3 % de las consultas en Urgencias de Pediatría(5). En la mayoría de los casos se autolimita, pero hasta el 5-10 % de los casos precisa ingreso(11). La mortalidad estimada es del 0,9 %(8).

Etiología

Las causas más frecuentes son las lesiones perianales, la alergia a proteínas de leche de vaca y la colitis infecciosa.

Las causas más frecuentes son las lesiones perianales, la alergia a proteínas de leche de vaca y la colitis infecciosa(6). A continuación, vemos las causas más frecuentes por edad y, más adelante, comentaremos aspectos relevantes de alguna de ellas.

• Neonato: deglución de sangre materna, enfermedad hemorrágica del recién nacido, coagulopatía, enterocolitis necrotizante, gastropatía y ulcus de estrés, malrotación y vólvulo, duplicaciones intestinales, proctocolitis alérgica a proteína de leche de vaca y enterocolitis de la enfermedad de Hirschsprung.

• Lactante: fisura anal, deglución de sangre materna, diarrea infecciosa, malformaciones intestinales, divertículo de Meckel, invaginación intestinal, proctocolitis alérgica, hiperplasia linfoide y coagulopatía.

• Preescolar: fisura anal, diarrea infecciosa, pólipo juvenil y otras poliposis, púrpura de Schönlein-Henoch, síndrome hemolítico-urémico, malformaciones vasculares, invaginación intestinal, divertículo de Meckel, enfermedad inflamatoria intestinal, hiperplasia folicular linfoide y abuso sexual.

• Escolar y adolescente: enfermedad inflamatoria intestinal, diarrea infecciosa, colitis pseudomembranosa y poliposis.

Clínica

Los síntomas más frecuentes son hematoquecia y rectorragia.

Se presentará, habitualmente, como hematoquecia o rectorragia. Aunque, también, podemos encontrarnos ante melenas o sangre oculta. De manera general, cuanto más oscura es la sangre, más proximal es el sangrado(10).

Diagnóstico

Tras comprobar la estabilidad hemodinámica, una buena historia clínica y exploración física nos guiarán hacia el origen del sangrado y necesidad de pruebas complementarias.

Igual que en la HDA, el primer paso será comprobar la estabilidad hemodinámica y monitorizar las constantes del paciente.

Historia clínica

Habrá que preguntar sobre la cantidad de sangre y su disposición en las heces, además del número y las características de estas. Es difícil estimar la cantidad de sangre, ya que se tiende a sobrevalorar, dado lo alarmante del sangrado. También, es importante preguntar por patologías previas y antecedentes familiares, coagulopatías o toma de fármacos y medicamentos que pueden aparentar ser sangre o melenas.

Exploración física

Deberemos buscar si existe circulación colateral que indique patología hepática, alteraciones vasculares, formaciones melánicas típicas del síndrome Peutz Jeghers o telangiectasias. Siempre habrá que inspeccionar la región anal en busca de fisuras o lesiones sugestivas de enfermedad inflamatoria intestinal.

Pruebas complementarias

Una vez descartadas las causas quirúrgicas, la mayor rentabilidad diagnóstica la obtendremos de la realización de una colonoscopia e ileoscopia(8). Previo a esta, se pueden obtener muestras de heces para cultivo. Para lesiones situadas en intestino delgado existen diferentes pruebas, como la cápsula endoscópica o la enteroscopia por pulsión de doble balón. En caso de no encontrar el origen del sangrado, se puede realizar una laparoscopia exploradora o una escintigrafía con hematíes marcados con tecnecio 99.

Tratamiento

El tratamiento será aquel de la causa del sangrado.

• Enfermedad hemorrágica del recién nacido: debida al déficit de vitamina K, se previene con su administración parenteral.

• Enterocolitis necrotizante: más frecuente en prematuros, deberemos sospecharlo si asocia mal estado general. En la radiografía abdominal observaremos neumatosis, edema de pared y gas en el sistema portal. Inicialmente, el tratamiento es conservador con dieta absoluta y antibioterapia intravenosa, pero, en algunos casos, es precisa la cirugía.

• Proctocolitis alérgica a proteína de leche de vaca: condición normalmente benigna y transitoria. El tratamiento consiste en eliminar la proteína de la dieta. En casos de lactancia materna exclusiva, se puede valorar no retirar siguiendo las últimas guías de la ESPGHAN(12). En caso de alimentación con fórmula artificial, está indicado el cambio a una fórmula hidrolizada.

• Fisuras anales: suelen asociar dolor con la deposición. Normalmente relacionadas con estreñimiento, habrá que tratar este y asociar una crema reepitelizante.

• Invaginación intestinal: se diagnostica mediante ecografía y se puede reducir con un enema, si no se consigue, está indicada la cirugía.

• Divertículo de Meckel: sangrado indoloro. Si se sospecha, la gammagrafía intestinal con tecnecio 99-pertecnetato permite identificar ectopia gástrica(1) y el tratamiento es quirúrgico.

• Pólipos colorrectales: sangrado indoloro. Su diagnóstico y tratamiento se basan en la realización de una colonoscopia.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Identificación precoz de una HDA significativa, en cuanto el abordaje multidisciplinar puede disminuir la morbimortalidad asociada.

• Realizar una correcta anamnesis y exploración física dirigidas a detectar el origen del sangrado.

• Elaborar un diagnóstico diferencial orientado y tratar aquellas patologías que no precisen pruebas complementarias en hospital, como son las fisuras anales o la proctocolitis alérgica.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Navalón Rubio M, Bautista Casasnovas A. Hemorragia digestiva alta y baja en edad pediátrica. Protoc diagn ter pediatr. 2023; 1: 65-76.

2. Grimaldi-Bensouda L, Abenhaim L, Michaud L, Mouterde O, Jonville-Béra AP, Giraudeau B, et al. Clinical features and risk factors for upper gastrointestinal bleeding in children: a case-crossover study. Eur J Clin Pharmacol. 2010; 66: 831-7.

3.** Owensby S, Taylor K, Wilkins T. Diagnosis and management of upper gastrointestinal bleeding in children. J Am Board Fam Med. 2015; 28: 134-45.

4.** Novak I, Bass LM. Gastrointestinal Bleeding in Children: Current Management, Controversies, and Advances. Gastrointest Endosc Clin N Am. 2023; 33: 401-21.

5.** Romano C, Oliva S, Martellossi S, Miele E, Arrigo S, Graziani MG, et al. Pediatric gastrointestinal bleeding: Perspectives from the Italian Society of Pediatric Gastroenterology. World J Gastroenterol. 2017; 23: 1328-37.

6. Hidalgo Montes I, Sarría Osés JM. Hemorragia digestiva. En: Guerrero-Fernández J, Cartón Sánchez A, Barreda Bonis A, Menéndez Suso J, Ruiz Domínguez J. Manual de diagnóstico y terapéutica en Pediatría. 6ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2018. p. 963-78.

7. Cleveland K, Ahmad N, Bishop P, Nowicki M. Upper gastrointestinal bleeding in children: an 11-year retrospective endoscopic investigation. World J Pediatr. 2012; 8: 123-8.

8.*** Piccirillo M, Pucinischi V, Mennini M, Strisciuglio C, Iannicelli E, Giallorenzi MA, et al. Gastrointestinal bleeding in children: diagnostic approach. Italian Journal of Pediatrics. 2024; 50: 13.

9. Thomson MA, Leton N, Belsha D. Acute Upper Gastrointestinal Bleeding in Childhood: Development of the Sheffield Scoring System to Predict the Need for Endoscopia Therapy. JPGN. 2015; 60: 632-6.

10. Ramos Boluda E. Gastritis, úlcera y hemorragia digestiva. Pediatr Integral. 2015; XIX: 83-91. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2015-02/gastritis-ulcera-y-hemorragia-digestiva/.

11. Pant C, Olyaee M, Sferra TJ, Gilroy R, Almadhoun O, Deshpande A. Emergency department visits for gastrointestinal bleeding in children: results from the Nationwide Emergency Department Sample 2006-2011. Curr Med Res Opin. 2015; 31: 347-51.

12. Vandenplas Y, Broekaert I, Domellöf M, Indrio F, Lapillonne A, Pienar C, et al. An ESPGHAN position paper on the diagnosis, management and prevention of cow’s milk allergy. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2023.

Bibliografía recomendada

– Navalón Rubio M, Bautista Casasnovas A. Hemorragia digestiva alta y baja en edad pediátrica. Protoc diagn ter pediatr. 2023; 1: 65-76.

Revisión muy completa de la hemorragia digestiva alta y baja, sus causas, diagnóstico y tratamiento. Avalado por la Asociación Española de Pediatría y por la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

– Kocic M, Rasic P, Marusic V, Prokic D, Savic D, Milickovic M, et al. Age-specific causes of upper gastrointestinal bleeding in children. World J Gastroenterol. 2023; 29: 6095-110.

Revisión muy detallada de las causas de hemorragia digestiva alta por edad, con imágenes de estas y tablas resumen.

Caso clínico

 

Niño de 2 años que acude a Urgencias traído por sus padres por rectorragia.

Antecedentes personales: embarazo controlado, con ecografías y serologías normales. Parto eutócico a término. Periodo perinatal normal. Eliminación del meconio en primeras 24 horas. Pruebas metabólicas normales. Vacunación según calendario. Sin alergias conocidas. No refieren antecedentes de interés.

Historia clínica: refieren en las últimas 24 horas aparición de sangre en las heces que ha ido aumentando hasta ser prácticamente solo sangre. Aportan el último pañal. No refieren dolor abdominal ni fiebre. Ven a su hijo contento, a pesar de la rectorragia. No presenta vómitos, aunque está comiendo algo menos de lo habitual.

Constantes: frecuencia cardiaca: 110 latidos por minuto; frecuencia respiratoria: 25 respiraciones por minuto; temperatura: 36,5ºC; Tensión arterial: 90/60 mmHg.

Exploración física: buen estado general. Leve palidez. Buena hidratación. Contento y activo. Auscultación cardiopulmonar normal. Abdomen blando y depresible, no se palpan masas ni megalias, no presenta datos de irritación peritoneal. Exploración perianal sin lesiones. Se realiza tacto rectal que sale manchado de sangre fresca; no se palpan masas.

Pruebas complementarias: análisis de sangre: hemoglobina: 11 g/dL; resto de hemograma normal; bioquímica sin alteraciones y coagulación normal. Ecografía abdominal sin alteraciones.

Se canaliza una vía venosa y se mantiene en observación a dieta absoluta y con sueroterapia intravenosa. Durante su estancia en Urgencias, realiza nuevo episodio de rectorragia. Se decide completar el estudio con la prueba que observamos en la figura 1 y, dados los resultados, se contacta con cirugía pediátrica, quienes realizan una laparotomía exploradora y observan los hallazgos de la figura 2.

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Figura 1. Gammagrafía intestinal con tecnecio 99-pertecnetato.

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Figura 2. Asas de intestino durante la cirugía

 

 

algoritmo

 

Nuevas estrategias para el diagnóstico y tratamiento de la infección por Helicobacter pylori

A. Hernández Hernández, G. García Ron, R. da Cuña Vicente, C. Coronel Rodríguez
Temas de FC


A. Hernández Hernández1, G. García Ron2, R. da Cuña Vicente3, C. Coronel Rodríguez4

1Centro de Salud de Tacoronte. Tenerife, 2Centro de Salud de Las Águilas. Madrid,3Zona Básica de Salud Íscar. Valladolid, 4Centro de Salud Amante Laffón. Sevilla

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Autor para correspondencia

ansel.hdez@gmail.com

Resumen

En la edad pediátrica, el manejo de la infección por Helicobacter pylori (HP) ha planteado muchas controversias: escasa correlación entre los síntomas digestivos y la presencia de infección por HP; en niños, la infección por HP es poco probable que tenga las consecuencias que muestra en adultos: enfermedad ulceropéptica (PUD) o cáncer gástrico (CaG) e, incluso, puede tener algún beneficio; creciente resistencia a antibióticos (claritromicina) que hace necesario tratamiento erradicador (>90 %), no basado en “prueba y tratamiento” empírico, sino en “estrategia de estrategia”: endoscopia, biopsia y cultivo; el diagnóstico y/o tratamiento no debe estar basado en pruebas no invasivas. Todo ello llevó a la NASPGHAN y a la ESPGHAN (North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition y European Society for Paediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition), en 2017, a revisar la literatura para proporcionar pautas actualizadas del tratamiento de la infección por HP en la población pediátrica de América del Norte y Europa. En 2021, autores de diferentes sociedades científicas pediátricas españolas publican un documento de consenso, sobre la base de la revisión de la literatura hasta diciembre de 2020, para aunar criterios sobre el manejo, diagnóstico y tratamiento de la infección por HP en la edad pediátrica en España. En agosto de 2024, la ESPGHAN/NASPGHAN publican nuevas guías que cambian algunas de las recomendaciones previas y matizan otras. En esta revisión se trata de actualizar posturas y controversias, basadas en estos documentos, con respecto al tema y su manejo, tanto a nivel de Atención Primaria como hospitalario, en nuestro país.

 

Abstract

In the pediatric age, the management of Helicobacter pylori (HP) infection has raised many controversies: Little correlation between digestive symptoms and the presence HP infection; In children, HP infection is unlikely to have the consequences that it shows in adults: peptic ulcer disease (PUD) or gastric cancer (GCa), and may even have some benefit; Increasing resistance to antibiotics (clarithromycin) that requires eradication treatment (>90 %), not based on empirical “test and treatment” but on “strategy of strategy”: endoscopy, biopsy and culture; The diagnosis and/or treatment should not be based on non-invasive tests. All of this led NASPGHAN and ESPGHAN (North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition and European Society for Paediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition), in 2017, to review the literature to provide updated guidelines for the treatment of HP infection in the pediatric population of North America and Europe. In 2021, authors from different Spanish pediatric scientific societies publish a consensus document, based on the review of the literature until December 2020, combining criteria on the management, diagnosis and treatment of HP infection in pediatric age in Spain. In August 2024, ESPGHAN/NASPGHAN published new guidelines that changed some of the previous recommendations and clarified others. This review attempts to update positions and controversies, based on these documents, regarding this issue and its management, both at the Primary Care and hospital levels, in our country.

 

Palabras clave: Infección por Helicobacter pylori en niños; Pruebas de erradicación; Secuenciación de próxima generación; Resistencia a los antibióticos.

Key words: Helicobacter pylori infection in children; Testing for eradication; Next generation sequencing; Antibiotic resistance.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 440 – 452

 


OBJETIVOS

• Valorar correctamente la clínica digestiva del paciente pediátrico, mediante una adecuada historia clínica y exploración, con el objetivo de diferenciar el dolor abdominal funcional de aquel que pueda tener alguna causa específica orgánica y tratable.

• Saber por qué y para qué solicitar los exámenes complementarios a su alcance en el primer nivel, orientados a confirmar o descartar patología orgánica, y no solo la presencia de infección por HP como posible causa, sino las repercusiones gástricas que pueda tener y su correcto diagnóstico y tratamiento, informando de forma clara a los padres.

• Conocer las indicaciones de derivación al pediatra digestivo de segundo nivel, con la intención de que valore, no solo la presencia de HP, sino si hay lesiones subsidiarias de ser tratadas lo más específicamente posible.

• Hacer un seguimiento y apoyo adecuados que favorezca el cumplimiento completo de la pauta de tratamiento indicada en atención especializada.

• Seguir y verificar la normalización de dicha clínica a lo largo del tiempo, una vez tratado, e indicar, en su caso, nueva revaloración por atención especializada.

 

Nuevas estrategias para el diagnóstico y tratamiento de la infección por Helicobacter pylori

Introducción

La infección por Helicobacter pylori (HP) en niños es mayoritariamente asintomática y no está relacionada con la clínica; causa, con baja frecuencia, enfermedad ulceropéptica, y el cáncer gástrico es muy poco probable. Por lo tanto, la estrategia “test y tratamiento” ha de ser abandonada por la de biopsia, cultivo y tratamiento antibiograma guiado.

Los doctores Warren y Marshall fueron los primeros en describir la relación entre la enfermedad ulceropéptica (PUD) y la infección por HP en el año 1982, lo que marcó un antes y un después en el manejo de esta patología, motivo por el cual recibieron el premio Nobel de Medicina en el año 2005.

La infección por HP se adquiere en la infancia y sigue siendo una causa importante de PUD y cáncer gástrico (CaG) en adultos, principalmente. Los niños y los adolescentes desarrollan con poca frecuencia estas complicaciones. Además, la infección por HP en la primera infancia puede estar asociada con beneficios inmunológicos en el futuro, en la prevención de obesidad, alergias, asma, enfermedad celiaca, u otras enfermedades gastrointestinales como la esofagitis eosinofílica o la enfermedad inflamatoria intestinal, aunque esto sigue siendo controvertido y no hay evidencia suficiente(1).

Las directrices conjuntas ESPGHAN/NASPGHAN (European Society for Paediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition/North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) se desarrollaron para el tratamiento de la infección por HP en niños y adolescentes en 2009 y se publicaron en 2011(2). Sobre la base de los nuevos conocimientos clínicos y, en particular, la necesidad creciente de llevar a cabo una terapia de erradicación que evite las altas incidencias de resistencias a antibióticos usados clásicamente, especialmente la claritromicina, por un lado, y, por otro, la baja probabilidad de que dicha infección cause síntomas sin PUD y menos CaG motivaron que la NASPGHAN y la ESPGHAN acordaran revisar la literatura para proporcionar pautas actualizadas para el tratamiento de la infección por HP en la población pediátrica en América del Norte y Europa, que se publicaron en junio de 2017(1). Estas pautas se aplican solo a pacientes pediátricos, definidos como niños y adolescentes menores de 18 años, y pueden diferir de las recomendaciones recientes dadas para adultos, debido a una relación riesgo-beneficio diferente según la edad y el país (la incidencia de CaG es mayor en países orientales, este de Asia, China y Japón, Europa oriental, meridional y en América del Sur), y al hecho de que algunos antibióticos no están autorizados en la población pediátrica(1).

En 2021, autores de diferentes sociedades científicas pediátricas españolas publican un documento de consenso, basándose en la revisión de la literatura hasta diciembre de 2020, para aunar criterios sobre el manejo, diagnóstico y tratamiento de la infección por HP en la edad pediátrica en España(3). Muy recientemente, en agosto de 2024, la ESPGHAN/NASPGHAN publican nuevas guías que cambian o matizan algunas de las recomendaciones previas(4).

Las nuevas pautas hacen hincapié en diferentes aspectos referentes al diagnóstico. El objetivo del estudio de los síntomas gastrointestinales es identificar la causa, en lugar de determinar si hay o no infección por HP. Por lo tanto, se ha de cambiar la estrategia de “prueba y tratamiento” por la de “criterio de criterio”, es decir, no se justifica la realización de un examen no invasivo para detectar la infección y tratar si la prueba es positiva, sin comprobar que haya lesiones a nivel gastrointestinal, dado que la clínica abdominal es poco probable si no existen lesiones gastrointestinales(4). El diagnóstico ha de basarse en pruebas invasivas: endoscopia gastrointestinal superior (EGC) con biopsias para cultivo, estudio anatomopatológico, test rápido de ureasa in situ (RUT) u otros. Los pacientes a estudiar se restringen a los que se sospecha PUD por síntomas de organicidad, a solo los que presentan anemia ferropénica, en las que se hayan descartado otras causas y sean resistentes al tratamiento, no como estudio de su causa. En las nuevas guías de 2024, la púrpura trombocitopénica inmunitaria crónica (PTIc) en niños deja de ser indicación de estudio de infección de HP, tanto con test invasivos como no invasivos. Tampoco es indicación tratar la infección por HP para mejorar el recuento plaquetario, pero si el niño se somete a una endoscopia gastrointestinal superior por sangrado, se puede considerar la realización de pruebas para HP y tratamiento si se le encuentra(4). No son indicación de estudio, los pacientes que presentan dolor abdominal crónico funcional o niños con talla baja o asintomáticos con familiares con antecedentes de PUD o CaG(3); en estos últimos y solo en familiares de primer grado afectos con CaG, se sugiere realizar estudio de HP con test no invasivos, test de aliento con urea marcada con C13 o con prueba de determinación de antígenos monoclonales ­en heces. Esta recomendación es con evidencia baja a moderada(4).

En cuanto al tratamiento, ha de estar basado en la demostración de infección en pacientes con PUD por cultivo o estudios moleculares (PCR) y buscando la erradicación mediante estudios de sensibilidad específica, o bien, en su caso, tener en cuenta resistencias locales y nacionales del HP a los antibióticos usados, así como tratamientos previos, sobre todo, el uso de claritromicina. El objetivo es conseguir una tasa de erradicación del 90 % con la terapia inicial. El tratamiento debe administrarse durante 14 días, insistiendo en la adherencia y el cumplimiento estricto del mismo. Los regímenes que contienen claritromicina deben restringirse a niños infectados con cepas susceptibles. Cuando no se conocen los perfiles de susceptibilidad a los antibióticos, se recomienda la terapia triple de alta dosis con inhibidor de la bomba de protones (IBP), amoxicilina (AMO) y metronidazol (MET) durante 14 días o una terapia cuádruple basada en bismuto, evitando el uso de claritromicina (CLA). El éxito de la terapia debe controlarse después de 6 a 8 semanas mediante pruebas no invasivas confiables: test de urea marcada con carbono 13 exhalada (13C-UBT) o Ag monoclonales en heces. Como norma general, para la realización de pruebas invasivas y no invasivas se recomienda un periodo de 2 semanas sin IBP, al menos, y de 4 semanas sin tomar antibióticos o sales de bismuto(3,4).

En poblaciones de alta prevalencia de CaG, como Japón o China, el beneficio del tratamiento en reducir la tasa de dicha neoplasia puede ser mayor que el riesgo que provoca (efectos secundarios y aumento de resistencia). En estos países se está apostando por la prevención primaria mediante una vacuna, con resultados prometedores en un ensayo en fase III, aunque requiere de mayor optimización para garantizar una protección duradera(5).

Epidemiología

La infección por HP afecta a 4.400 millones de personas. Se inicia desde la primera infancia, con claro predominio en los países en vías de desarrollo. La prevalencia en estos se mantiene estable, a diferencia de los países más desarrollados donde desciende, con las correspondientes implicaciones que ello supone.

La infección por HP es un problema de salud pública y es la infección crónica más frecuente a nivel mundial, de inicio en la infancia y duradera de por vida. Se ha estimado que esta bacteria infecta al 50 % de la población mundial, unos 4,4 mil millones de personas. En los países en vías de desarrollo, el 50-66 % de las personas están infectadas a los 2 años de edad, con riesgo de infección creciente a ritmo de 3-10 %/año. En los países desarrollados, el 10-20 % de los niños están infectados a los 10 años y la prevalencia aumenta a ritmo de 0,5-1 %/año.
La transmisión se produce de persona a persona, vía oro-oral o feco-oral, intrafamiliar, de padres a hijos y entre hermanos.

Las mayores tasas de prevalencia mundial afectan a países en vías de desarrollo: África (79,1 %), América Latina y el Caribe (63,4 %) y Asia (54,7 %). Las regiones con prevalencia más baja son Norteamérica (37,1 %) y Oceanía (24,4 %) (Fig. 1). Aunque estas diferencias puedan explicarse por factores, como acceso al agua potable, urbanización, sanidad y estatus socioeconómico, entre otros, lo cierto es que dentro de un mismo país o, incluso, región, pueden encontrarse importantes diferencias. En EE.UU., la prevalencia de blancos no hispanos vs. no blancos oscila entre (18,4-26,2 % vs. 34,5-61,6 %), y puede llegar al 75 % en la población nativa de Alaska(6).

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Figura 1. Prevalencia del Helicobacter pylori (HP) mundial. Modificada de: Hooi JKY, Ying Lai W, Khoon Ng W, Suen MMY, Underwood FE, Tanyingoh D, et al. Global Prevalence of Helicobacter pylori Infection: Systematic Review and Meta-Analysis. Gastroenterology. 2017; 153: 420-29.

Se ha observado una disminución de la prevalencia en los países altamente industrializados del mundo occidental: Europa, América del Norte y Oceanía; mientras que ha seguido estancada en los países en vías de desarrollo, como Asia, América Latina y Caribe. Esto tiene importantes implicaciones en cuanto a las secuelas de la infección por HP, incluida la PUD y el CaG, así como en las estrategias de diagnóstico y erradicación.

Patogenicidad del HP

La infección por HP está relacionada con la PUD, el CaG y el linfoma MALT (linfoma de tejido linfoide asociado a mucosas), condicionados por factores de virulencia del HP y otros genéticos del hospedador.

El Helicobacter pylori es una bacteria Gram negativa, espiral y flagelada, que coloniza específicamente la mucosa gástrica del ser humano. El HP, ante situaciones adversas (presencia de antibióticos, acidez gástrica), puede transformarse de una forma espiral activa a una cocoide inactiva, resistente a los antibióticos y a la acidez gástrica, que le permite permanecer latente sin perder vitalidad ni factores de virulencia, permitiendo una infección crónica y refractaria al tratamiento. En esta forma, también constituye un reto diagnóstico al no ser cultivable y generar falsos negativos en el test de aliento con urea marcada con 13C, además de dificultar su identificación morfológica en las biopsias(7).

El CaG es la tercera causa de muerte por cáncer en el mundo, mata casi a un millón de personas/año (780.000 muertes/año). El 90-100 % de CaG está relacionado con la infección crónica de HP. Las tasas de prevalencia de infección de HP se correlacionan con la incidencia de CaG salvo en África, “enigma africano”. Allí se dan altas tasas de infección por HP con relativa baja incidencia de CaG. Factores genéticos, ambientales (la coinfección con ciertos parásitos puede modificar la respuesta inmunológica en un sentido Th2 u otro Th1) u otras circunstancias (población con esperanza de vida más corta, con peor acceso a sistemas sanitarios y registros adecuados), parecen descartar dicha diferencia(7).

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) considera al HP carcinógeno Clase I y, la OMS, en 2017, lo declara como uno de los 12 patógenos prioritarios, colocando a esta bacteria dentro de la categoría de alta prioridad por su creciente resistencia a antibióticos y ser una amenaza para la salud pública(8).

La mayoría de las infecciones por HP, más del 80 % de los casos, son asintomáticas. Cuando presentan clínica, se asocian a enfermedad ulceropéptica en el 5-10 %, a dispepsia en el 1-10 %, a cáncer gástrico no-cardias en <1 % y a linfoma de tejido linfoide asociado a las mucosas (MALT) en <0,1 %(9).

La infección por HP no solo va a producir efectos sobre la mucosa gástrica, sino que se han descrito consecuencias extradigestivas: anemia ferropénica refractaria al tratamiento y trombocitopenia inmune primaria crónica (PTIc). En esta última y en lo que se refiere a la PTIc en niños, a diferencia de los adultos, no hay evidencia de que el HP sea causa de PTIc ni de que la evolución de la misma difiera por hacer tratamiento de HP(4). En el caso de anemia ferropénica refractaria a tratamiento, cuando en la realización de endoscopia superior para el estudio de la misma se encuentre el HP, se recomienda tratar(1,4). La infección por HP se ha relacionado con talla baja en países del tercer mundo; sin embargo, no ha podido ser demostrada en países europeos; esta ni es motivo para hacer estudio de HP ni se ha visto que su tratamiento, cuando se encuentra HP, modifique el pronóstico de talla(1,4). En otras entidades, como la obesidad, la diabetes mellitus tipo 1, la enfermedad celiaca, la púrpura de Schönlein Henoch, la enfermedad atópica (rinitis, asma, esofagitis eosinofílica…), la halitosis, la estomatitis aftosa recurrente o la otitis media con derrame, los estudios presentan resultados contradictorios: no muestran dicha relación o carecen de la suficiente calidad(3,4).

Por otra parte, se ha observado que la infección por HP puede ser un factor protector contra la enfermedad por reflujo gastroesofágico, esófago de Barret y adenocarcinoma esofágico, por el efecto alcalinizante de la ureasa sobre el ambiente ácido del estómago y de otras patologías como la atopia, asma o enfermedad inflamatoria intestinal (EII), llegando a cuestionarse su papel como patógeno e incluso considerándolo como parte de la microbiota comensal(10,11).

Los mecanismos de virulencia y patogénesis del HP están condicionados por:

• La capacidad de supervivencia del HP en un medio ácido, como el estómago (ureasa).

• La presencia de flagelos, que le permiten moverse dentro del mucus gástrico, alcanzar la mucosa gástrica y adherirse a la misma mediante una serie de adhesinas de superficie, que se unen a receptores específicos del epitelio gástrico, dando lugar a una colonización crónica.

• La liberación de una serie de toxinas vacuolantes (vacA), codificadas por los genes VacA s1/m1 y VacA m1, no solo causa daño epitelial, edema e inflamación, sino alteraciones inmunológicas. Otras toxinas son inyectadas directamente en la célula epitelial (CagA, sistema de secreción tipo IV), precisamente las cepas CagA+ y VacA (s1m1) son las que se consideran más patógenas y conllevan un mayor riesgo de lesiones precancerosas, sobre todo, si se produce infección simultánea por ambas cepas y desde la infancia.

Estos factores de virulencia producen cambios en la comunicación y en la señalización intracelular, favoreciendo la apoptosis celular y la oncogénesis, además de ser capaces de modificar o alterar la respuesta inmune celular y el propio equilibrio inmunológico, para no solo evadir el sistema inmune, favoreciendo la colonización crónica, y también la proliferación y el escape de las células cancerosas(10). Dichos factores de virulencia y sus mecanismos de acción se resumen en la figura 2 y tabla I.

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Figura 2. Factores de virulencia del Helicobacter pylori. Modificada de: Longo DL, et al. Harrison. Principios de Medicina interna. 18 ed. Mc Graw Hill.

 

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Clínica

La infección por HP es mayoritariamente asintomática. Si hay síntomas de organicidad, pueden indicar lesiones de la mucosa gástrica: no hay relación del dolor abdominal funcional con la presencia de infección por HP.

La infección por HP se adquiere, en su mayoría, en la infancia. En España, el 20 % de los niños escolares están infectados, alcanzando hasta el 51 % de prevalencia en los niños entre 11-15 años. Sin embargo, la infección por HP es mayoritariamente asintomática (80-90 %). Las manifestaciones clínicas, cuando las hay, son frecuentemente inespecíficas y otras pueden estar justificadas por la presencia de complicaciones (anemia ferropénica, desnutrición, talla baja, etc.)(12).

En un metaanálisis no se ha encontrado asociación entre la infección de HP con el dolor abdominal recurrente, ni con vómitos, diarrea, flatulencia, halitosis, regurgitación, estreñimiento o náuseas; sí se observó asociación con dolor abdominal inespecífico (aquel que no cumple completamente los criterios del dolor funcional) y, en el ámbito hospitalario, o sea, en pacientes que previamente han sido remitidos por sospecha de organicidad, y no en pacientes de AP, también se relacionó con dolor epigástrico, vómitos persistentes, hemorragia digestiva y anemia ferropénica(13). En la anemia ferropénica refractaria, y cuando se realice estudio gastroendoscópico en busca de causa de la misma por fallo al tratamiento habitual, puede indicarse estudio de HP y tratarlo en su caso, no así en el PTIc(4). La presencia de desnutrición o talla baja no justifica el estudio de infección por HP.

Macarthur et al., en una revisión sistemática (con metaanálisis), publicada en 1995 en estudios retrospectivos, sí observó un mayor riesgo de dolor abdominal recurrente en los niños infectados con HP, que no se confirmó en otros estudios de carácter prospectivo de mayor tamaño(14).

Son varios los artículos publicados recientemente, en los que no se encuentra relación alguna entre la presencia de sintomatología digestiva: dispepsia, dolor abdominal crónico, náuseas, halitosis o pérdida de apetito, con estar o no infectados por HP(3,12).

Indicaciones diagnósticas

La prioridad no es el diagnóstico de la infección, sino la causa que motiva la clínica. El hallazgo de lesiones gástricas con infección de HP indica cultivo y tratamiento con antibiograma guiado.

La primera pregunta a resolver es a qué pacientes está indicado investigar la presencia de infección por HP. Como se ha comentado previamente, al no estar relacionado el dolor abdominal funcional y/o la dispepsia con la infección del HP(15), no está justificado realizar estudios en este tipo de pacientes, salvo que la clínica sea sugestiva de causa orgánica (Tabla II), por lo que se debe indicar una gastroesofagoscopia (GEC) para determinar la causa subyacente de los síntomas y no solamente el diagnóstico de infección por HP(3,4).

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Los hallazgos de la GEC que indican estudio y búsqueda de infección por HP son las erosiones y úlceras gastrointestinales, aunque solo son causa de síntomas en el 5 % de los casos. En los niños, es más frecuente que la infección por HP cause gastritis en el antro de tipo nodular, sin úlcera, lo que no supone, por lo general, riesgo para el paciente pediátrico, puede ser un hallazgo incidental en el estudio gastroenteroscópico de niño con otras enfermedades gastrointestinales, sin otras lesiones en mucosa gástrica o duodenal y plantear un dilema al gastroenterólogo sobre si recomendar o no un tratamiento de erradicación; dicha decisión, en el contexto clínico, ha de ser consensuada con la familia y el paciente valorando beneficios (evitar futuras complicaciones UPD, atrofia/metaplasia intestinal, linfoma MALT gástrico y CaG, más teóricos que reales, pues el riesgo de enfermedad péptica es bajo en niños y el riesgo de complicaciones graves es extremadamente bajo en Europa y América del Norte, otro posible beneficio es disminuir la ansiedad de los padres ante la “falta de tratamiento”) y riesgos (aumento de resistencia a antibióticos, efectos secundarios, alteración de microbiota, fracaso de tratamiento y necesidad de retratamiento, posibilidad de reinfección y bloqueo de posible efecto protector de HP sobre otras enfermedades crónicas). Si la decisión es tratar, ha de ser de tipo erradicador guiado por estudio de sensibilidad antibiótica(1,3,4).

La búsqueda de HP y su tratamiento erradicador ya no están justificados en los casos de trombocitopenia inmune primaria crónica (PTIc), con recaídas y resistente al tratamiento con corticoides; sí en la anemia ferropénica refractaria, descartada por otras causas; y en el inusual hallazgo de un linfoma MALT de bajo grado. Es obligatoria la erradicación de la infección; puesto que, en la mayoría de los casos, supone el tratamiento curativo de la enfermedad(3,4).

En las guías ESPGHAN/NASPGHAN de 2017 se había retirado la recomendación de hacer estudio de infección por HP en niños asintomáticos con antecedentes familiares de primer grado de padecer úlcera gástrica o duodenal o cáncer gástrico. En las nuevas guías ESPGHAN/NASPGHAN de 2024, se ha cambiado el criterio y se sugiere realizar estudio de HP con test no invasivos, test de aliento con urea marcada con C13 o con prueba de determinación de antígenos monoclonales en heces. Esta recomendación es con evidencia baja a moderada, como se ha comentado en la introducción(4).

Todo ello en base a que en los países de alta prevalencia de CaG (países del este de Asia, Europa oriental y meridional y América del Sur) la erradicación del H. pylori puede estar asociada con una disminución del riesgo de CaG en adultos japoneses asintomáticos sanos. Si bien los datos de países con una baja prevalencia de CaG son muy limitados, se ha visto que el H. pylori se agrupa en familias y las cepas se comparten entre los miembros de la familia. Un antecedente familiar de CaG en un pariente de primer grado se asocia con un riesgo dos a tres veces mayor de CaG; por ello, las pautas para adultos recomiendan una endoscopia con biopsia en los miembros de la familia asintomáticos mayores de 45 años. Sin embargo, no se ha comprobado que la erradicación del HP en estos casos reduzca la incidencia de CaG.

Si bien una prueba no invasiva para H. pylori en niños con antecedentes familiares de CaG en familiares de primer grado sería suficiente en la mayoría de los escenarios clínicos, algunos casos en los que se detecta H. pylori pueden justificar un examen endoscópico con pruebas de susceptibilidad. Las pruebas invasivas deben limitarse a los niños positivos para H. pylori que residen en un hogar con familiares de primer grado en quienes se ha diagnosticado CaG. Después del tratamiento de la infección, se debe confirmar la erradicación exitosa de H. pylori(4,5,16).

En las nuevas guías, además, no se recomienda realizar pruebas no invasivas de detección de H. pylori en niños pertenecientes a grupos raciales o étnicos con mayor riesgo de CaG que vivan en Norteamérica o Europa(4).

Exámenes diagnósticos

Los test invasivos: biopsia, cultivo, test ureasa, PCR, son los que determinan el diagnóstico, y los no invasivos: 13C-UBT y Ag en heces, el control de erradicación.

Para la determinación de infección por HP hay, básicamente, dos tipos de test: invasivos, mediante gastroendoscopia, y los no invasivos. El diagnóstico se realizará por cultivo de la biopsia gástrica y, cuando no se disponga de este o no haya crecimiento, se considerará diagnóstica la presencia de HP en el estudio histológico, determinado con tinción de Gram, además de otro test invasivo positivo (test rápido de ureasa o PCR). Es preferible la realización de métodos de PCR que aporten información de resistencia a la claritromicina y/o al levofloxacino, frente a los que solo informan de la presencia bacteriana. Las únicas excepciones valorables son la PTIc con bajo recuento plaquetario y el paciente de alto riesgo para la realización de procedimientos bajo sedación o anestesia(3).

A continuación, se detallan los diferentes test empleados, que se resumen en la tabla III. Los exámenes no invasivos son:

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Test del aliento con urea marcada con 13C (UBT). Esta prueba, para el diagnóstico de infección por HP, tiene una sensibilidad y especificidad cercana al 100 %. Es el método más factible de seguimiento y control de la infección, muy sencillo, y puede realizarse a cualquier edad, incluso en lactantes, aunque los resultados son menos fiables en niños menores de 6 años.

Detección de antígenos monoclonales en heces mediante ELISA en niños infectados por HP. Presenta una sensibilidad y especificidad del 85-95 %, no así con el uso de antígenos policlonales u otros métodos de laboratorio, como inmunocromatografía, con resultados más heterogéneos. Este examen complementario es útil, tanto para el diagnóstico de infección, cuando se dispone de histología positiva y no de cultivo, como, y principalmente, para el control del tratamiento de erradicación del HP junto con el test de urea 13C en el aliento. Hay que considerar que, al igual que el del aliento, puede ver atenuada su sensibilidad y especificidad por toma previa de IBP, antibióticos o sangrado gástrico(17).

Test rápidos (inmunoensayocromatográfico). Es una prueba de detección cualitativa del antígeno del HP (heces), obteniendo los resultados en 10 minutos. El examen utiliza anticuerpos específicos para antígenos de HP(17).

Detección de Ac IgG anti-HP en sangre periférica mediante ELISA o EIA (enzime immunoassay). Presenta una sensibilidad del 90 % y especificidad entre el 50-90 % en adultos, y menor del 60 % en niños. Ha dejado de utilizarse como prueba diagnóstica o de control de la erradicación, ya que dicha serología puede persistir positiva hasta más de 18 meses post-erradicación, aunque conserva su validez para estudios epidemiológicos, al igual que la detección de Ac en orina o saliva, y en el caso de que no se pueda suprimir el tratamiento antisecretor. Actualmente, no se recomiendan las pruebas basadas en anticuerpos para H. pylori en suero, sangre total, orina y saliva en el ámbito clínico(4).

La detección por inmunoblot de Ac IgG circulantes frente a proteínas Cag A y Vac A (citotóxica y vacuolizante, respectivamente), que son factores implicados en la patogenicidad del HP y en su capacidad para generar úlcera péptica y cáncer gástrico, es un marcador de riesgo del HP(17).

La endoscopia es un método invasivo, sensible y específico para la confirmación de enfermedad péptica, grado de afectación, presencia de agente etiológico y, sobre todo, para la obtención de muestras para cultivo y valoración de resistencias microbianas o detección de factores de patogenicidad, como la proteína Cag A y Vac A. Se recomienda que se obtengan al menos seis biopsias gástricas (tres del cuerpo y tres del antro) para el diagnóstico de infección por H. pylori durante la endoscopia superior(4). En las muestras obtenidas en los diversos puntos de lesión, se pueden realizar los siguientes estudios:

Test de ureasa rápida (RUT). En la misma sala de endoscopia, detecta presencia de HP en pocos minutos sobre las muestras obtenidas. Tiene una sensibilidad del 85-95 % y especificidad del 95-100 %(18). Dicha sensibilidad puede verse disminuida por el tratamiento previo o la presencia de sangrado.

Examen histológico. Permite observar la presencia de microorganismos de forma espirilar, mediante tinciones de Gram o Giemsa, e informa de manera precisa de los cambios morfológicos de la mucosa gástrica. El informe histológico de las biopsias gástricas se realiza según la clasificación del Sistema de Sydney, que valora la presencia de inflamación crónica (de tipo linfocítico mayor que neutrofílico, patrón más típico de los niños), actividad aguda, atrofia, metaplasia intestinal y displasia, además de la presencia de HP(19). Tiene una especificidad del 100 %, pero sensibilidad variable, dado el riesgo de biopsias de zonas no afectas(1,3,17).

Cultivo microbiológico. Es la prueba de mayor utilidad para identificar diferentes cepas, resistencia microbiana, detección de factores de patogenicidad y hacer un tratamiento dirigido basándose en sus sensibilidades(3,4). Tiene como hándicap el lento crecimiento del HP, que puede precisar de hasta 8-10 días. Presenta una especificidad del 100 %, pero sensibilidad variable, entre 60-98 %; además, disminuye significativamente por tratamientos previos, muy influenciable por la técnica de recogida, conservación y procesamiento de la muestra para el adecuado cultivo(17).

PCR (Polymerase Chain Reaction). Determina el ADN del HP, tanto en heces como en muestra de biopsia. En estas últimas, la especificidad es del 98 % (94,3-98,6 %) y la sensibilidad del 80,8 % (75,3-85,6 %). El diagnóstico por PCR en heces, aunque más asequible, tiene menor rendimiento que el obtenido en biopsias gástricas, con sensibilidad entre 63-84 %. Es diagnóstico de infección activa; además, identifica mutaciones asociadas a resistencias antimicrobianas (claritromicina y, recientemente, también al levofloxacino) y otros factores de virulencia del HP(17,18).

Tiene especial valor cuando no se han podido suspender antibióticos, IBP o hay sangrado activo que interfieren significativamente con el cultivo, la histología y el test de ureasa(3,18).

Los estudios moleculares: las pruebas fenotípicas de susceptibilidad a los fármacos (DST) mediante PCR, las PCR ampliadas y la secuenciación de nueva generación (NGS), para determinar la presencia de HP y mutaciones asociadas a resistencias de diferentes antibióticos, no solo claritromicina, sino otros, como las quinolonas, metronidazol, rifamixinas, etc., abren nuevas perspectivas. Van a constituir un método diagnóstico crucial para la vigilancia de las resistencias a los antibióticos y en el tratamiento de los fracasos de estos(18). En las nuevas guías, a las pruebas moleculares se les da el mismo valor que al cultivo y se recomienda que el diagnóstico de la infección por H. pylori se base en una biopsia gástrica, utilizando las siguientes pruebas: (a) cultivo o pruebas moleculares y (b) histopatología según el sistema de Sydney(4).

Técnica de hibridación in situ con sondas fluorescentes (FISH). La detección de HP se realiza mediante la hibridación con una sonda de oligonucleótido fluorescente dirigida al ARNr 16S, específica del HP. Permite detectar HP en formas cocoides, viables pero no cultivables, y resistencias a claritromicina en muestras de biopsia. Es una herramienta potente, rápida y sensible para la detección del HP sin necesidad de cultivo ni extracción de ácidos nucleicos. No está disponible en la mayoría de laboratorios(3).

Secuencia diagnóstica

Búsqueda de causa orgánica de la clínica mediante EGC, biopsia, cultivo, RUT, PCR, para tratamiento antibiograma guiado (ver algoritmo al final del artículo).

1. El diagnóstico de la infección por HP se realizará siempre mediante test invasivo con biopsias recogidas durante la endoscopia, indicada cuando la clínica sea sugestiva de causa orgánica (Tabla II) (ver algoritmo al final del artículo). Las únicas excepciones valorables son la PTIc con bajo recuento plaquetario y el paciente de alto riesgo para la realización de procedimientos bajo sedación o anestesia(3).

2. El diagnóstico se realizará mediante el cultivo de la biopsia gástrica. Cuando no se disponga de este, o no haya crecimiento, se considerará diagnóstica la PCR preferiblemente, dado que permite determinar resistencias a antibióticos y la presencia de HP en el estudio histológico, según el sistema Sydney(4) ya no es criterio necesario otro test invasivo positivo (test rápido de ureasa)(3).

3. Como norma general, para la realización de pruebas invasivas para el diagnóstico y no invasivas para confirmar la erradicación de HP, se espere al menos 2 semanas después de suspender IBP (o en su caso sustituir por anti H2 hasta 48 horas antes de la EGC) y de 4 semanas después de suspender los antibióticos y las sales de bismuto(4).

4. Se recomienda que se obtengan, al menos, seis biopsias gástricas (tres del cuerpo y tres del antro) para el diagnóstico de infección por H. pylori durante la endoscopia superior. Las tomas para cultivo se recogerán en primer lugar, antes de progresar con el endoscopio al duodeno, conservándose y transportándose en los medios adecuados, bien sea para cultivo o anatomía patológica(3,4).

5. Se recomienda realizar cultivo y antibiograma en todas las biopsias remitidas a microbiología, al menos, una del antro y otra del cuerpo(3).

Secuencia terapéutica

El tratamiento ha de ser guiado por el antibiograma o empírico, basado en resistencias locales y nacionales. Busca la erradicación mayor del 90 %, con triple o cuádruple terapia con bismuto. El fracaso al tratamiento ha de plantear nueva endoscopia y cultivo, o terapia empírica como doble resistencia (ver algoritmo al final del artículo).

Tratamiento de primera línea

Recomendamos que se obtenga la susceptibilidad antimicrobiana por cultivo para la(s) cepa(s) infectantes de H. pylori de acuerdo con una metodología estandarizada y/o por PCR en tiempo real para resistencia al CLA, y que el tratamiento de erradicación se adapte en consecuencia. No así para el MET, ya que los resultados no son confiables (ni por métodos moleculares ni por cultivos) y no mejoran la tasa de erradicación(4).

Con sensibilidad antibiótica conocida

La primera opción de tratamiento será la triple terapia [IBP*+AMO** (amoxicilina)+MET/CLA (metronidazol/claritromicina)] dirigida durante 14 días, en función del resultado de antibiograma.

*IBP clásicos: omeprazol y lanzoprazol. Han de utilizarse a altas dosis para evitar polimorfismo CYP2C19 de los metabolizadores rápidos o usar los nuevos IBP (esomeprazol, raveprazol) que evitan estos polimorfismos.

Sugerimos una terapia triple guiada por test de sensibilidad a antibióticos, utilizando una dosis alta de IBP, una dosis alta de AMO y una duración de 14 días(4).

**En alérgicos a penicilina: si la cepa es sensible a CLA y MET, usar la triple terapia con dosis estándar de MET en lugar de AMO; si la cepa es resistente a CLA, usar cuádruple terapia mediante sales de bismuto (SB) con tetraciclinas (TRC) en lugar de AMO si el niño es mayor de 8 años (IBP+SB+TRC+MET).

Terapia secuencial de 10 días: IBP-AMO 5 días + IBP-CLA-MET 5 días. Es igual de efectiva en pacientes con una cepa HP sensible a todo, pero no debe usarse si existe resistencia a MET o CLA o si la sensibilidad es desconocida. Su rendimiento no mejora la triple terapia de 14 días y se expone al paciente a tres antibióticos diferentes, con el mayor riesgo de desarrollo de resistencias.

Si presenta doble resistencia: triple terapia con AMO a altas dosis y MET, o cuádruple terapia (IBP+SB+AMO+MET). Otra posibilidad es la cuádruple terapia concomitante (IBP+AMO+MET+CLA) de uso en adultos, no estudiada en el paciente pediátrico, y que puede producir muchos efectos secundarios.

Con sensibilidad antibiótica desconocida

Cuando no se dispone de anti­biograma, se hace tratamiento empírico basado en resistencias locales o ­nacionales, como si de doble resistencia se tratara.

En las nuevas guías se sugiere una terapia cuádruple basada en bismuto (SB, IBP, AMO, MET), como terapia de erradicación empírica de primera línea con sensibilidad antibiótica desconocida(4).

Se recomienda el uso concomitante de probióticos durante el tratamiento erradicador, por su beneficio en la prevención de efectos adversos asociados al uso de antibióticos de amplio espectro(20); aunque, actualmente, no existe evidencia suficiente para aconsejar el uso concreto de un probiótico que favorezca la erradicación de HP. Las nuevas guías de uso e indicaciones de probióticos del año 2023 recomiendan, en el caso de niños y con evidencia 1, el uso de S. Bulardii CNCM, I-174; no así en adultos, donde la evidencia de este y otros probióticos, en general, es menor(21).

Debe comprobarse la eficacia del tratamiento erradicador a las 6-8 semanas de haber finalizado el tratamiento, mediante test no invasivos validados [test de aliento (13C-UBT) o test de antígeno monoclonal de dos pasos en heces](3,4).

Tratamiento de segunda línea

No hay evidencia suficiente para generar recomendaciones específicas para la terapia de rescate en la población pediátrica, por tanto, lo que se indica a continuación son sugerencias basadas en la opinión de expertos(4).

En caso de fracaso del tratamiento de primera línea, se recomienda actuar según el estudio inicial de resistencias:

• Para cepas con susceptibilidad a ambos fármacos, se empleará triple terapia con sustitución recíproca entre claritromicina y metronidazol.

• Si la cepa es resistente a alguno de ellos, se recomienda la triple terapia con dosis altas de amoxicilina o la cuádruple terapia con bismuto, pudiendo sustituir la amoxicilina por tetraciclina, si el niño es mayor de 8 años.

• Si la cepa presenta doble resistencia, se recomienda la alternativa no empleada previamente durante el tratamiento inicial.

• Las resistencias a AMO son raras, por lo que se pueden repetir en terapia de rescate a altas dosis y en tres tomas. La resistencia a MET puede superarse con dosis mayores y de uso más prolongado; el uso de dosis altas de IBP o inhibidores más potentes; debe evitarse CLA o fluoquinolonas si hay resistencia o uso previo sin conocer resistencias(4).

• Si las resistencias son desconocidas y después de dos terapias fallidas con adherencia confirmada del paciente, se recomienda un nuevo estudio endoscópico con realización de cultivo para hacer tratamiento dirigido; en caso de no lograr crecimiento, se tratará como si presentase doble resistencia.

Es fundamental transmitir bien a la familia la importancia de realizar el tratamiento de forma correcta, para lograr la erradicación y reducir el riesgo de desarrollo de resistencias antimicrobianas. El uso de refuerzos como el diario de las dosis elaborado por la ESPGHAN, la prevención del riesgo de aparición de efectos adversos del tratamiento, mediante el empleo de probióticos y un seguimiento estrecho, pueden favorecer el éxito del tratamiento(3,4,20,21).

La posología de fármacos recomendados se especifica en la tabla IV.

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Perspectivas futuras

En el diagnóstico, los métodos moleculares de próxima generación van a implicar obviar los cultivos. En cuanto al tratamiento, se postulan nuevas estrategias de antibióticos, IBP más potentes, vacunas, probióticos e, incluso, el uso de nanopartículas.

Los métodos diagnósticos moleculares de siguiente generación, la PCR ampliada y la secuenciación de nueva generación (NGS), han demostrado ser altamente sensibles y específicos (sensibilidad y especificidad cercanas al 100 %) en el diagnóstico del HP, mediante el estudio directo de biopsias o heces, además de permitir identificar genes de virulencia de esa cepa en concreto, y de resistencia antimicrobiana. Posibilitan iniciar un esquema de tratamiento específico y personalizado para su erradicación, sin tener que utilizar un esquema antimicrobiano empírico basado en cultivos, muy influenciable por la técnica de recogida, conservación y procesamiento de la misma. El HP tiene crecimiento lento, 8-12 días, y puede dar muchos falsos negativos, por formas cocoides que no crecen en cultivos y son difíciles de identificar en las biopsias. Por otra parte, se ha comprobado que la actividad in vitro a los antibióticos, determinada por antibiograma, puede ser diferente a la de in vivo. Todo ello supone un cambio paradigmático en el diagnóstico y tratamiento de esta infección.

En cuanto a las nuevas estrategias de tratamiento, destacan:

• El uso de IBP clásicos (omeprazol, lanzoprazol) a alta dosis, en contraposición a la utilización de esomeprazol o raveprazol a dosis habituales, que evitan polimorfismo CYP2C19, causantes de una metabolización rápida de dichos fármacos.

• Nuevos fármacos, como el vonoprazán, inhibidor selectivo de canales de potasio, es hasta 300 veces más selectivo que los IBP tradicionales, no influenciado por el metabolismo hepático. Se ha propuesto el uso combinado de amoxicilina-vonoprazán, como terapia de primera o de segunda línea, para infecciones por HP. Puede ser una alternativa adecuada para evitar efectos secundarios y resistencias por uso combinado de antibióticos.

• Se está ensayando el uso de nuevos antibióticos, como las fluoroquinolonas de cuarta generación, entre ellas, la sitafloxacina, candidata a integrarse en la triple o cuádruple terapia en adultos y adolescentes mayores de 16 años(22).

• Los probióticos. En un metaanálisis reciente, se ha demostrado que su suplementación no mejora las tasas de erradicación por sí solos, pero sí parece reducir los efectos adversos generados por la combinación de antibióticos, favoreciendo la adherencia al tratamiento. En el caso de los niños, el S. Bulardii parece tener evidencia 1 con respecto a otros probióticos por separado o en combinación de varios(21).

• La nanotecnología. El uso de nanopartículas de metales pesados (plata, cobre, zinc) ligadas a moléculas produce lisis del HP, aunque aún no se ha probado en humanos.

• Las vacunas. Utilizando los factores de virulencia del HP (p. ej., ompA, cagA) en población pediátrica, estas han fallado en mostrar una respuesta duradera de protección a la infección, pero prometen ser una nueva revolución terapéutica(23).

Función del pediatra de Atención Primaria

• Valorar correctamente la clínica digestiva del paciente pediátrico, mediante una adecuada historia clínica y exploración, con el objetivo de diferenciar el dolor abdominal funcional de aquel que pueda tener alguna causa específica orgánica y tratable.

• Saber por qué y para qué solicitar los exámenes complementarios a su alcance en el primer nivel, orientados a confirmar o descartar patología orgánica, y no solo la presencia de infección de HP como posible causa, sino las repercusiones gástricas que pueda tener y su correcto diagnóstico y tratamiento, informando de forma clara a los padres.

• Conocer las indicaciones de derivación al pediatra digestivo de segundo nivel, con la intención de que valore, no solo la presencia de HP, sino si hay lesiones subsidiarias de ser tratadas lo más específicamente posible.

• Hacer un seguimiento y apoyo adecuado que favorezca el cumplimiento completo de la pauta de tratamiento indicada en atención especializada.

• Seguir y verificar la normalización de dicha clínica a lo largo del tiempo, una vez tratado, e indicar, en su caso, nueva revaloración por atención especializada.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

– Jones NL, Koletzko S, Goodman K, Bontems P, Cadranel S, Casswall T, et al. Joint ESPGHAN/NASPGHAN Guidelines for the Management of Helicobacter pylori in Children and Adolescents (Update 2016). J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2017; 64: 991-1003.

Este artículo marca las nuevas estrategias a partir de 2016 y revisa las directrices previas de 2011 de la ESPGHAN/NASPGHAN, en cuanto a pautas de diagnóstico y tratamiento de la infección por HP en pacientes menores de 18 años de los países occidentales, Europa y EE.UU., fundamentalmente. Dado el problemático incremento de resistencias a claritromicina y a otros antibióticos usados, basados en la estrategia de “test and treat”, se exige que, en las nuevas guías, los tratamientos se basen en antibiogramas guiados para lesiones gástricas objetivadas mediante GEC y no empíricos, esto es “strategy strategy”.

– Galicia Poblet G, Alarcón Cavero T, Alonso Pérez N, Borrell Martínez B, Botija Arcos G, Cilleruelo Pascual ML, et al. Manejo de la infección por Helicobacter pylori en la edad pediátrica. An Pediatr. 2021; 383: 1-9.

Documento de consenso publicado en 2021, elaborado por 13 autores pertenecientes a diferentes sociedades de la Pediatría española: Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Se revisa, exhaustivamente, la última literatura descrita, desde la publicación de la guía ESPGHAN/NASPGHAN hasta diciembre de 2020 incluido, con el objetivo de aunar los criterios entre AP y especializada, en cuanto a la búsqueda de la infección, el diagnóstico y tratamiento, poniendo en común diversas cuestiones para llegar a una recomendación final en cada una de las mismas.

– Homan M, Jones NL, Bontems P , Carroll MW, Czinn SJ, Gold BD, et al. Updated joint ESPGHAN/NASPGHAN guidelines for management of Helicobacter pylori infection in children and adolescents (2023). J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2024; 79: 758-85.

Estas nuevas guías hacen revisión exhaustiva de las recomendaciones previas, publicadas por la ESPGHAN/NASPGHAN en 2017, basadas en las nuevas evidencias entre 2016-2021, incluso posterior si fue literatura relevante, bien concretando, modificando o cambiando algunas de las mismas: sobre todo en cuanto a la no necesidad de hacer estudio o tratamiento de HP en la PTIc, se modifican indicaciones de si hacer estudio en niños con antecedente familiar de primer grado con CaG, con test no invasivos y cambios en el valor de diagnóstico de la PCR equiparable o superior al cultivo para confirmación diagnóstica de presencia de HP en biopsias gástricas y estudio de resistencia a CLA y otros antibióticos.

– Reyes VE. Helicobacter pylori y su papel en el cáncer gástrico. Micro organismos. 2023, 11: 1312.

Artículo de obligada lectura, si se quieren conocer los factores de patogenicidad y virulencia del HP y su intrincada interacción con la mucosa gástrica y sistema inmunológico, que pueden llevar a la colonización crónica de esta bacteria y su capacidad para producir la enfermedad ulceropéptica o, en el peor de los casos, el propio cáncer gástrico y que se resume en la tabla I.

– Garrido TM, López-Martínez M, Flores-Hinojosa JA, Tijerina-Rodríguez L, Bosques-Padilla F. Empiric treatment vs susceptibility-guided treatment for eradicating H. pylori: Is it possible to change that paradigm using modern molecular methods? Revista de Gastroenterología de México. 2022; 87: 330-41.

En este artículo se hace una revisión de lo que va a suponer el desarrollo de nuevos métodos moleculares no invasivos de siguiente generación (NGS) para la detección genotípica y fenotípica de resistencia a la mayoría de antibióticos, y no solo a la claritromicina. Promete ser una herramienta que revolucione la terapéutica del HP, ofreciendo esquemas de tratamiento antibiótico personalizado y con menores costes, repasando además las nuevas estrategias y los medicamentos de dicho tratamiento.

Caso clínico

 

Niño de 8 años y 6 meses de edad con dolor abdominal de 4-5 meses de evolución, que se repite cada 2-3 semanas, localizado frecuentemente en epigastrio, mesogastrio y periumbilical, sin irradiación a otras zonas, de intensidad 7-8/10, que puede durar 2-3 horas, más frecuente en la mañana, otras veces en la tarde. No mejora con la comida, ni se relaciona con la toma de ninguna comida en particular. Nunca ha llegado a despertar y, en algunas ocasiones, se acompaña de náusea y sensación de acidez. Heces de consistencia variable: Bristol 2-3-4, defecación diaria o, como máximo, dos días sin hacer, sin clínica miccional. Al menos, 3 veces, sus padres han tenido que irlo a recoger al colegio por tal motivo. Por lo demás, es un niño inteligente, va bien en el cole y con buenas relaciones con sus iguales y profesores. Tampoco refieren nuevos eventos estresantes en el entorno familiar. Dicho dolor se ha calmado con metimazol en gotas.

Antecedentes personales: niño nacido por parto eutócico. Peso adecuado a su edad gestacional. Test de AEG, APGAR 9/9. Sin otros antecedentes destacables, “alérgico a la penicilina”, y usa como alternativa azitromicina o claritromicina para tratamiento de amigdalitis, otitis y otros cuadros respiratorios.

Antecedentes familiares: abuelo paterno murió de cáncer gástrico. Madre padece de gastritis no filiada. Padre diagnosticado recientemente de enfermedad de Crohn. Hermano de 2 años sano, acude a guardería.

Exploración física: peso: 23 kg (pc10); talla: 120 cm (pc3); IMC: 19,97 (pc25); hábito asténico, escaso panículo adiposo, lo único llamativo son las caries dentales y cierta palidez de piel y mucosa. Dolor sordo a la palpación profunda en epigastrio, sin visceromegalias ni escíbalos.

 

 

algoritmo

 

Estomatología básica para el pediatra de Atención Primaria

J. Falgás Franco
Temas de FC


J. Falgás Franco

CAP Vila Vella Sant Vicenç dels Horts. Práctica Privada de la Estomatología. Barcelona

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Autor para correspondencia

cdjfsv@gmail.com

Resumen

La caries sigue siendo la primera causa de demanda odontológica en Atención Primaria (AP), aunque la disminución progresiva de esta patología en las encuestas epidemiológicas de población infantil de los últimos años probablemente nos induce a pensar que disminuya su prevalencia en las próximas décadas. Además, los traumatismos y las maloclusiones dentarias son motivos odontológicos de demanda frecuentes en consultas de AP. También presentamos la patología de la mucosa oral que no tiene relación con enfermedades exantemáticas, ya bien conocidas en Pediatría, como: la gingivitis, la estomatitis aftosa recidivante, lesiones herpéticas, candidiasis orales, alteraciones linguales y patología de los frenillos, que también son muy habituales en las consultas de AP.

 

Abstract

Caries continues to be the leading cause of dental demand in Primary Care (PC), although the progressive decrease of this pathology in epidemiological surveys of childhood population in recent years probably leads us to think that its prevalence will decrease in the coming decades. Trauma and dental malocclusions are also frequent dental reasons requested from PC consultations. The pathology of the oral mucosa that is not related to exanthematous diseases, already well known in Pediatrics, is presented, such as gingivitis, recurrent aphthous stomatitis, herpetic lesions, oral candidiasis, lingual disorders and pathology of the frenums, which are also very common PC consultations.

 

Palabras clave: Caries dental; Traumatismos dentales; Maloclusiones; Patología de la mucosa oral.

Key words: Dental cavities; Dental trauma; Malocclusions; Pathology of the oral mucosa.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 419 – 427

 


OBJETIVOS

• Conocer las patologías bucales más frecuentes en la edad pediátrica para poder prevenir la evolución de las mismas.

• Conocer la importancia de la prevención y del diagnóstico precoz de la caries dental.

• Saber cuándo derivar una maloclusión a Odontología.

• Conocer la patología mucosa bucal más frecuente.

• Saber qué traumatismos dentales deben ser derivados de urgencia para su tratamiento.

 

Estomatología básica para el pediatra de Atención Primaria

Introducción

La cavidad bucal es el primer tramo del tubo digestivo, donde se produce la trituración de los alimentos, el aporte de saliva por las glándulas salivares y la deglución del bolo alimenticio con la ayuda de la lengua, para pasar a la faringe y seguir su tránsito digestivo. En el proceso de masticación es necesaria la presencia del máximo número de dientes y que estos estén sanos y funcionales.

Erupción dentaria

La dentición temporal o decidua o de leche se compone de 20 piezas dentales por arcada: 2 incisivos centrales, 2 incisivos laterales, 2 caninos y 4 molares. Las primeras piezas dentales en erupcionar sobre los 6-7 meses son los incisivos centrales inferiores, aunque las desviaciones individuales en la cronología eruptiva son la regla más que la excepción. La inflamación de la encía en la zona eruptiva puede comportar cierta irritabilidad en el lactante, como agitación, insomnio, hipersalivación e incluso un ligero aumento de la temperatura corporal o pequeñas alteraciones del peristaltismo, aunque como norma no se debe atribuir un síndrome febril de un lactante al proceso de erupción dental.

La dentición permanente se compone de 28 piezas dentales o 32 en el caso de que existan los cordales o muelas del juicio (erupción a partir de los 18 años aproximadamente): 2 incisivos centrales, 2 incisivos laterales, 2 caninos, 4 premolares y 4 molares por arcada. En esta dentición, la variación en la erupción aún es más frecuente que en la temporal, debido a la influencia de factores endocrinos prepuberales, a la mayor posibilidad de alteraciones locales (caries, traumatismos, falta de espacio eruptivo…) que pueden condicionar un retraso o un adelanto en la erupción. El primer diente en erupcionar es el incisivo central inferior, sobre los 6-7 años, aunque actualmente no es infrecuente ver que ya aparezca sobre los 5 años (Tabla I).

tabla

 

Se considera erupción tardía en dentición temporal cuando esta no se ha iniciado a los 15 meses, en donde podrían intervenir, especialmente, factores generales (hipotiroidismo, hipovitaminosis D, hipopituitarismo, disostosis cleidocraneal y síndrome de Down). En la dentición permanente, los factores locales son los más frecuentes, especialmente la falta de espacio para la erupción, aunque, en ocasiones, pueden ser debidos a agenesias, más frecuentes en la dentición permanente (Fig. 1), afectando normalmente a incisivos laterales y premolares. Se considera tardía, cuando a los 7-8 años no se ha producido el inicio de la erupción.

figura

Figura 1. Agenesia de incisivos inferiores permanentes. Fuente: propiedad del autor.

Se considera erupción precoz en dentición temporal cuando estos erupcionan antes de los 4 meses. Dentro de esta erupción precoz estarían los dientes natales o congénitos, ya presentes en el momento del nacimiento, y los dientes neonatales que erupcionan durante el periodo neonatal. El 90 % de estos dientes corresponden a la erupción prematura de dientes normales y solo un 10 % corresponden a dientes de más o supernumerarios. Normalmente, se trata de un incisivo mandibular que puede provocar erosiones en el pezón que dificulten la lactancia materna o lesiones en la lengua del lactante, por lo que en estos casos se aconseja la exodoncia preventiva cuando sean lo suficiente móviles para comportar un riesgo de exfoliación y aspiración o si interfieren con la alimentación del niño. Si se realiza la exodoncia, es aconsejable realizarla después de los 10 días postparto para evitar el riesgo de hemorragia por la hipotrombinemia fisiológica.

La presencia de dientes supernumerarios es más frecuente en la dentición permanente, afectando generalmente a los incisivos superiores y, en menor frecuencia, a los premolares y molares. Si se produce entre los incisivos centrales superiores, se denomina “mesiodens”. Pueden comportar retrasos en la erupción de los dientes vecinos, reabsorción de las raíces adyacentes e incluso dar lugar a quistes foliculares de erupción, por lo que una vez diagnosticados, está indicada su exodoncia para evitar complicaciones.

Caries dental

La caries dental sigue siendo la primera causa de demanda odontológica en la infancia, a pesar de las mejoras epidemiológicas de los últimos años.

Epidemiología

Los índices de caries han mejorado en todas las franjas de edad en los últimos 30 años en los países desarrollados, y en España se encuentran entre los más bajos del mundo, con una media a los 12 años de menos de un diente afectado por caries; no obstante, el porcentaje de personas con lesiones de caries continúa siendo elevado, aunque con menor número de lesiones y de menor tamaño.

En la última encuesta de Salud Oral realizada en 2020(1), los resultados indicaban que en dentición temporal, los índices de caries se mantienen en unos niveles estables, sin cambios significativos en los últimos años y que, en edades de 12 y 15 años, en dentición permanente sigue la tendencia descendente, si se compara con respecto a 10 años antes. También se observa que aumenta el número de niños libres de caries, 71,4 % a los 12 años (Fig. 2) y 64,5 % a los 15 años, y que las lesiones de caries se concentran en un porcentaje bajo de niños que acumulan mucha patología; así a los 12 años, un 15,6 % de niños acumula el 77,7 % de las lesiones y a los 15 años, el 23,4 % acumula el 87,1 % de las lesiones(1).

figura

Figura 2. Evolución en escolares de 12 años libres de caries, de 1984 a 2020(1).

Fisiopatología

La etiología de la caries es multifactorial, donde intervienen: las características del individuo, la placa o biofilm bacteriano y el sustrato presente en el medio bucal (dieta, saliva, etc.). El desequilibrio en uno o varios de estos factores provoca el inicio del proceso de caries.

Los hidratos de carbono, especialmente los azúcares, interaccionan con el biofilm bacteriano, produciendo una liberación de ácidos del metabolismo bacteriano que desmineralizan el tejido dental (esmalte), por una disminución brusca del pH. Los alimentos con mayor potencial cariógeno son los que contienen azúcares refinados, que son los más fácilmente metabolizables, y los alimentos con consistencia pegajosa, ya que al quedar retenidos más tiempo en la boca por su consistencia, se metabolizan durante más tiempo. También la frecuencia de la ingesta de alimentos influye más que la cantidad ingerida, ya que al ingerir alimentos entre horas, se producen más ciclos de desmineralización y, por tanto, más picos de disminución de pH. Se considera especialmente lesivo el consumo de alimentos azucarados antes de ir a dormir, porque la producción de saliva disminuye durante el sueño. La tendencia actual a consumir bebidas refrescantes con pH muy bajo, especialmente las bebidas energéticas y algunos zumos muy ácidos, se considera lesiva, y pueden, si son ingeridos con alta frecuencia, condicionar la aparición de lesiones de caries y lesiones erosivas en el esmalte, muy parecidas a las que pueden producirse por la presencia de vómitos repetitivos. La presencia de erosiones dentales en el adolescente puede indicarnos estar ante un trastorno de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia).

Clínica

La caries se inicia con una desmineralización totalmente reversible en sus estadios iniciales. La presencia de caries puede objetivarse a la exploración, aún sin signos clínicos en caries incipientes, que solo afecten a la primera capa externa (esmalte), o con signos leves producidos por quedar restos de comida en estas caries.

El avance de la lesión cuando afecta a la dentina, segunda capa dental en profundidad que presenta terminaciones nerviosas, ya puede dar dolor por sensibilidad a cambios de temperatura o alimentos ácidos, por inflamación de la pulpa (paquete vásculo-nervioso de la pieza dental). Si se deja evolucionar sin tratamiento, se producirá una pérdida de estructura dental y la lesión puede llegar a afectar a la pulpa o cavidad pulpar. Es básica la derivación precoz para evitar su evolución.

El diagnóstico se produce normalmente por la presencia de sintomatología clínica o al realizar una exploración rutinaria por visualización directa de la lesión/es de caries. Las pruebas complementarias más utilizadas son la radiológicas, como la panorámica o ortopantomografía, para una visualización global de todas las arcadas dentarias, y las radiografías intraorales, para visualizar con más detalle la presencia y diagnóstico de caries.

Prevención de la caries

En la actualidad, para prevenir la caries, se recomienda un abordaje múltiple. Así, el uso de compuestos fluorados, el consejo dietético, la hidratación y control de la hiposalivación, la enseñanza de higiene oral y la utilización de selladores de fisuras son algunas de las medidas recomendadas.

La pasta dentífrica es el producto con flúor más utilizado. Las pastas infantiles con concentraciones entre 250 y 500 ppm (partes por millón) no disponen de una gran evidencia científica que aconseje su uso. El consenso internacional promueve la utilización de pastas dentales con concentraciones de 1.000-1.450 ppm para escolares, misma concentración, pero con distinta dosis (tamaño) según la edad. El cepillado debería iniciarse con la aparición de los primeros dientes, sobre los 6-8 meses (aunque antes es recomendable limpiar la cavidad bucal con una gasa o un dedal), diariamente con pasta dentífrica (1.000 ppm) del tamaño de un grano de arroz. A partir de los 3 años, puede utilizarse el tamaño de un guisante (1.000 ppm) y de 1.000 – 1.450 ppm a partir de los 6 años. También, a partir de los 6 años, podría recomendarse, si precisa, la utilización de enjuagues bucales con fluoruro sódico diario (0,05 %-230 ppm F) o semanal (0,2 %-920 ppm F), ya que a partir de esta edad se considera que ya existe un control suficiente de la deglución para no ingerir el enjuague(2). El cepillado dental se debe realizar, al menos, 2 veces al día, y uno de los cepillados debería ser realizado por la noche antes de ir a dormir. Se recomienda que hasta los 7 años los cepillados sean controlados y monitorizados por los padres o un familiar.

En la actualidad, se recomienda que después del cepillado no se enjuague con agua o que se haga con muy poca agua, para no minimizar el efecto del flúor. En caso de haber comido o bebido algún alimento muy azucarado, es recomendable no cepillarse inmediatamente, sino que se debe esperar unos 10 minutos, para evitar que, debido a la importante disminución del pH bucal y el consecuente reblandecimiento del esmalte dental, no produzcamos al cepillarnos erosiones del esmalte, hasta que el efecto tampón de la saliva haya neutralizado en parte este descenso de pH.

Las tabletas y comprimidos de flúor están en desuso, por su mayor riesgo de fluorosis, y solo se utilizan en ciertos casos individuales o colectivos de riesgo muy alto de caries.

La aplicación de selladores de fisuras a las piezas permanentes para evitar la instauración de caries en las mismas sería el complemento ideal a la utilización de compuestos fluorados (colutorios, geles, barnices) para realizar una prevención integral de las piezas dentarias, ya que el flúor actúa más por las caras proximales e interdentarias y menos por las caras oclusales, donde los selladores de fisuras sí actuarían.

La Sociedad Española de Odontopediatría (SECOM) recomienda(3), al igual que desde hace años ya recomiendan en Australia, Canadá y Nueva Zelanda con sus programas “Lift the Lip” – “Levanta el labio” a los niños menores de 5 años, levantar hacia arriba el labio superior para visualizar los dientes del niño, para ver que no existan descalcificaciones tempranas o caries incipientes o caries rampantes. Se aconseja realizarlo regularmente 1 vez al mes por sus padres, para poder realizar un diagnóstico temprano de caries y evitar la evolución de las mismas.

Enfermedades periodontales

Las enfermedades periodontales graves son muy poco frecuentes en la infancia, pero debido a la erupción y recambio de piezas dentales y a la falta de una correcta higiene oral, es frecuente la existencia de gingivitis.

Las enfermedades periodontales en la infancia son poco frecuentes. Comprenden una serie de procesos clínicos que se caracterizan por la afectación de los tejidos de soporte del diente: encía, cemento radicular, hueso alveolar y ligamento periodontal.

La acumulación de placa bacteriana por una higiene incorrecta provoca inflamación y sangrado de las encías. Tanto la gingivitis como la periodontitis están causadas por microorganismos que colonizan la placa bacteriana o biofilm oral, que provocan una reacción inflamatoria en el tejido gingival. La diferencia entre estas dos enfermedades es que en la gingivitis solo existe afectación de los tejidos blandos y es reversible, y en la periodontitis ya existe afectación del tejido de soporte óseo, siendo esta pérdida ya irreversible.

La gingivitis sí que es frecuente en la infancia y adolescencia, provocada por un acúmulo de placa bacteriana, por una mala higiene o técnica de cepillado insuficiente, por la movilidad fisiológica de las piezas temporales antes de ser exfoliadas, y por la misma inflamación producida por la erupción de las piezas dentales, tanto temporales como permanentes. En estos casos, es muy importante el control de la placa supragingival mediante el cepillado dental, con la ayuda de su entorno familiar para conseguir que ese cepillado sea eficaz y ese niño obtenga la destreza y motivación suficientes.

Clínicamente, la gingivitis cursa con inflamación y enrojecimiento de las encías, que pierden su color rosa coral habitual y un sangrado de las mismas, que puede producirse al comer, al cepillado suave o espontáneo, dependiendo del grado evolutivo del proceso.

El diagnóstico se realiza por inspección, al ver las encías inflamadas o sangrado al cepillado. En la encuesta del Consejo de Dentistas del año 2020(1), solamente el 36,7 % de adolescentes de 15 años presentaban un estado periodontal completamente sano, significando estas cifras que la eficacia de la higiene dental diaria entre adolescentes es baja, aunque su frecuencia ha mejorado respecto a encuestas anteriores.

El tratamiento consiste en la remoción y control de la placa bacteriana, incrementando el cepillado y mejorando la técnica.

La periodontitis es muy poco frecuente en la infancia. En el adulto, las formas de periodontitis más frecuentes son las crónicas; mientras que, en niños y adolescentes, son las formas agresivas y las periodontitis, como manifestación de enfermedades sistémicas, las más habituales. Las formas agresivas se producen en edades próximas a la pubertad, estando condicionadas por la herencia genética, así como por hábitos ambientales como el tabaco y la presencia de bacterias. Pueden ser localizadas, afectando únicamente a incisivos y primeros molares permanentes, y generalizadas, que afectan, al menos, a tres dientes distintos de incisivos y primeros molares y pueden afectar a toda la dentición. El éxito del tratamiento dependerá de un diagnóstico precoz. En las periodontitis condicionadas por enfermedades sistémicas, estas predisponen a una pérdida severa del soporte óseo, ya en la dentición temporal. En este grupo se incluyen enfermedades como el síndrome de Down, el síndrome de Papillon Lefévre, neutropenia cíclica, agranulocitosis o el déficit de adherencia leucocitaria. El éxito del tratamiento dependerá del control de la enfermedad sistémica, y del tratamiento odontológico que se efectúe sobre las mismas.

El pediatra de AP, si no mejora la inflamación y sangrado con un progreso en el cepillado del niño, debería derivar a Odontología para hacer el seguimiento del caso.

Traumatismos dentales

La avulsión dentaria en dentición permanente se considera una verdadera urgencia dental, por variar el curso evolutivo dependiendo del tiempo que tarde en tratarse.

Son muy frecuentes en la infancia y adolescencia, siendo la segunda causa de demanda odontológica urgente después de la caries dental. La prevalencia varía entre el 10 al 47 %, según autores(4), con dos picos de incidencia, en dentición temporal entre los 2 y 3 años, cuando no está totalmente desarrollada la coordinación motora, y en dentición permanente entre los 8 y 10 años, aunque existe una gran variación en la notificación de prevalencia de traumatismos dentales en el mundo.

La etiología es multifactorial, con tres grupos de factores etiológicos: los determinantes por el comportamiento humano, riesgos, falta de atención, hiperactividad…; los determinantes ambientales, la casa donde vives y sus muebles en un entorno inseguro; y los determinantes orales, donde la posición de los dientes en la arcada dental, sobre todo, los incisivos superiores si están protruidos pueden ser un factor de riesgo a los traumatismos.

Estos traumatismos dentales comportan alteraciones médicas, estéticas y emocionales en los adolescentes y también en los padres en los casos de niños más pequeños. Los dientes que con más frecuencia se afectan son los incisivos superiores. La importancia del traumatismo también está en relación con la dentición temporal o dentición permanente, siendo en estos donde la repercusión estética en unos dientes que ya no se van a recambiar puede comportar un mayor problema estético y emocional. Afortunadamente, en la actualidad, se dispone de tratamientos odontológicos estéticos muy efectivos y duraderos que pueden minimizar el aspecto estético del traumatismo.

Es importante conocer y tratar de forma adecuada cada caso según la complejidad del traumatismo, ya que la mayoría de secuelas postraumáticas son consecuencia de tratamientos inadecuados o de no haber actuado dentro del plazo de tiempo necesario.

En los niños menores de 3 años, la mayoría de traumatismos se producen más frecuentemente en su propia casa; entre los 7 y los 12 años están en relación con caídas por juegos y deportes, y de los 13 a 17 años suelen estar en relación con deportes de más riesgo, o en accidentes de tráfico con bicicleta o moto.

Pueden afectar a esmalte, dentina, cavidad pulpar y fractura radicular, siendo el tratamiento odontológico distinto en cada caso (Fig. 3).

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Figura 3. Fractura del incisivo superior. Fuente: propiedad del autor.

En dentición temporal, si a la fractura solo interesa una pequeña porción de la corona, el pronóstico será bueno y solo precisará del tratamiento antiálgico necesario en cada caso. Si la fractura es más amplia y afecta a la raíz, el odontólogo deberá decidir en función del grado de afectación, de la edad del niño y del periodo que falte para su exfoliación fisiológica si esa pieza dental debe conservarse o ser exodonciada. En casos de avulsión en piezas temporales, no se debe reimplantar la pieza para evitar daño en los dientes permanentes.

En cambio, los traumatismos que comporten la avulsión o exfoliación total de una pieza dental permanente se consideran una auténtica urgencia odontológica. Normalmente se afectan los incisivos superiores, donde el pronóstico y viabilidad de la pieza exfoliada mejora si esta es reimplantada en el alveolo dentario antes de los 30 minutos, considerándose el tiempo óptimo para obtener un buen resultado a largo plazo, disminuyendo drásticamente el pronóstico en casos de tratamiento realizado después de 2 horas (según algunos autores(5) 1 hora). En estos casos es importante por parte del pediatra realizar la derivación urgente a Odontología para su tratamiento.

En el resto de traumatismos dentales, una vez realizada la exploración y descartadas otras patologías, debería derivarse al odontólogo para que realizara el tratamiento odontológico según el grado de afectación dental(6).

La utilización de protectores bucales para la realización de deportes de contacto evitaría muchos de los traumatismos dentales que se producen en su práctica.

Actualmente, con la tendencia entre los jóvenes y adolescentes a la colocación de piercings en lengua, labio inferior y frenillo lingual, es frecuente observar la aparición de traumatismos dentales en incisivos inferiores(7), por el contacto repetitivo del piercing con los incisivos inferiores, y también la recesión gingival de los mismos, con pérdida de soporte óseo irreversible, e incluso pérdida de algún incisivo inferior si no se elimina el piercing precozmente y se realiza el tratamiento periodontal adecuado (Fig. 4).

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Figura 4. Lesión periodontal agravada por piercing lingual. Fuente: propiedad del autor.

Maloclusiones

No todas las maloclusiones deben esperar a ser tratadas hasta la erupción-recambio de todas las piezas permanentes.

La incongruencia oclusal entre la arcada maxilar superior y la inferior produce las denominadas maloclusiones, cuya etiología puede ser debida a alteraciones óseas, dentales o mixtas, que pueden ser corregidas mediante técnicas ortodóncicas y/o cirugía ortognática, si existen alteraciones óseas. Entre los factores etiológicos generales, destacarían los factores genéticos, donde la herencia influye en la forma y disposición de las piezas dentales y las alteraciones óseas, y los factores ambientales como los hábitos, traumatismos y anomalías dentarias.

La presencia de ciertos hábitos persistentes pueden provocar maloclusiones, como: la utilización de chupetes y biberones sin tetinas anatómicas; la persistencia del uso del chupete más allá de los 2 años; el hábito de succión (normalmente de pulgar); la deglución atípica, que es la persistencia de la deglución infantil, protruyendo la lengua con cada deglución; y la respiración bucal por posible hipertrofia adenoidea o amigdalar. Algunas de estas anomalías producidas por hábitos persistentes, si son diagnosticados precozmente y eliminados, pueden mejorar o incluso desaparecer.

Aunque muchas de las maloclusiones dentales, sin afectación ósea, se corrigen cuando se ha producido la erupción de todas las piezas permanentes, son muy frecuentes los casos que precisan de una intervención temprana sobre los 6-8 años mediante ortodoncia interceptiva. Este sería el caso de: mordidas cruzadas anteriores (Fig. 5), donde los incisivos inferiores están más adelantados que los superiores, pudiendo ser de causa ósea, dental o mixta; mordidas cruzadas posteriores (la arcada superior no cubre a la inferior, como en los paladares estrechos); resalte o overjet (la arcada superior y/o los incisivos superiores protruyen mucho respecto a los inferiores); sobremordida anterior donde desde una visión frontal y la boca cerrada y labios separados, no se visualizan los incisivos inferiores; y mordida abierta anterior, donde no contactan los incisivos superiores con inferiores (Fig. 6).

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Figura 5. Maloclusión. Mordida cruzada anterior. Fuente: propiedad del autor.

 

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Figura 6. Maloclusión. Mordida abierta anterior. Fuente: propiedad del autor.

Lo ideal sería que, ante un diagnóstico precoz de una maloclusión por parte del pediatra, fuera derivado a Odontología para confirmar el momento terapéutico óptimo en cada caso.

Patología de la mucosa oral

En niños menores de 2 años, la gingivoestomatitis herpética primaria puede dar lugar a un cuadro de deshidratación que requiera ingreso hospitalario.

Las lesiones de la mucosa oral más frecuentes en niños hasta los 14 años, son: lesiones mucosas traumáticas, estomatitis aftosa recidivante, lesiones herpéticas, candidiasis orales, lengua geográfica y alteraciones de los frenillos bucales(8).

Ulceras traumáticas

La aparición de úlceras de contacto por traumatismos repetitivos se presenta con una prevalencia del 12 %, la mayoría producidas por contacto con una cúspide o arista dental muy marcada. Es característico de este tipo de lesiones que siempre aparecen en la misma localización coincidiendo con el agente etiológico. Su tratamiento consiste en retocar o eliminar el agente causante. En lactantes, en alguna ocasión, puede aparecer una úlcera traumática en la punta de la lengua o en el frenillo lingual, producida por la rozadura con los dientes existentes, o por la presencia prematura de dientes natales y neonatales. Esta entidad se denomina enfermedad de Riga-Fede. También, pueden producirse mordeduras repetitivas que condicionen la aparición de fibromas traumáticos, especialmente en labios, mucosa yugal y lengua, que son hiperplasias fibrosas simples.

Estomatitis aftosa recidivante (EAR)

En la actualidad, se considera que su etiología es multifactorial, interviniendo unos factores predisponentes (genéticos, alimentarios, estrés, ciclo menstrual, irritantes locales como traumatismos, manipulaciones dentales, etc.), factores inmunológicos (los estudios sugieren que se trata de una enfermedad inflamatoria de las mucosas de etiología no infecciosa, produciéndose por una respuesta inmunológica local mediada por linfocitos T), y enfermedades generales asociadas (síndrome de Behçet, enfermedad de Crohn, déficit de hierro, ácido fólico, vitamina B12 o zinc)(9).

Clasificación clínica

Aftas menores (aftas de Mikulicz)

Son las más frecuentes y suponen el 75-85 % de los casos. Su tamaño es menor de 1 cm (de 5 a 10 mm), de forma ovalada, con poca profundidad, bordes eritematosos y no muy numerosos. Afectan principalmente a las mucosas yugales, labiales, fondo de vestíbulo, suelo de la boca y lengua. Su duración oscila entre los 10 y 14 días, curando sin secuelas.

Aftas mayores

Son lesiones mayores de 1 cm y representan entre el 10 y el 15 % del total de las aftas. Son más frecuentes después de la pubertad. Suelen cursar con 1 o 2 lesiones aisladas, con una duración de más de 2 semanas, pudiendo superar el mes. Pueden aparecer en mucosa queratinizada y no queratinizada. Su ubicación más frecuente es el paladar blando y la faringe. Suelen ser redondeadas, más profundas que las menores y de color blanco amarillento. Existen dos formas clínicas especiales de aftas mayores: la aftosis bipolar de Newman, que se caracteriza por la aparición simultánea de aftas en mucosa oral y genital, y la enfermedad de Sutton o periadenitis mucosa necrótica recurrente, que se trata de una afta mayor en la vecindad de una glándula salival menor, en donde la inflamación y la necrosis afectan también a esta.

Ulceraciones herpetiformes recurrentes

Representan el 5-10 % de las aftas. Son lesiones de tamaño muy pequeño, pero muy numerosas, con tendencia a unirse y formar úlceras más grandes e irregulares, que pueden confundirse con un cuadro herpético. Afectan a la mucosa blanda móvil y no queratinizada, a diferencia del herpes intraoral. Suelen aparecer en suelo de la boca y cara ventral de la lengua. Su duración es de 10-14 días y se resuelven sin dejar cicatriz.

Tratamiento

Se utilizan diferentes tratamientos tópicos, incluyendo antisépticos orales como: clorhexidina en gel o colutorio, antiinflamatorios (amlexanox), lidocaína tópica, sucralfato, corticoides (triamcinolona en colutorios o en orabase). En la actualidad, la tendencia es iniciar el tratamiento con la utilización tópica del ácido hialurónico al 0,2 % (gel, colutorios o espray), considerándose una terapia eficaz y segura. En pacientes con brotes muy frecuentes y con aftas muy sintomáticas, se debería valorar la conveniencia de utilizar terapia sistemática con corticosteroides.

Lesiones herpéticas(10)

Las lesiones herpéticas son frecuentes en la infancia, pudiendo destacar la gingivo-estomatitis herpética primaria y el herpes recurrente oral como las dos más prevalentes.

Herpes primario. Gingivoestomatitis herpética primaria

La primoinfección por el virus del herpes simple (VHS) en la infancia puede ser asintomática o dar síntomas inespecíficos, como un cuadro catarral, faringitis o fiebre sin foco aparente. La manifestación clínica más importante es la gingivoestomatitis, que afecta a niños de 2 a 5 años y que cursa con fiebre alta, malestar, inapetencia, adenopatías submandibulares y cervicales inflamatorias y lesiones vesiculosas que, en unas 24 horas, dan lugar a erosiones y úlceras superficiales sangrantes en los labios, encías, paladar duro, lengua y mucosa yugal, dando lugar a disfagia y sialorrea intensa que les puede impedir comer. Pueden existir también lesiones extraorales faciales y en zonas periungueales de los dedos de las manos. El diagnóstico es básicamente clínico, pudiéndose realizar test de Tzanck o PCR para VHS para confirmar el caso. Se produce la resolución espontánea entre los 10 y 15 días. Se debe controlar la deshidratación si se produce; ya que, en algunos casos, especialmente en menores de 2 años, pueden requerir hospitalización para rehidratación parenteral. El aciclovir oral administrado antes de las 72 h del inicio del cuadro puede disminuir la duración de las lesiones y evitar complicaciones, aunque existen dudas de que sea eficaz en reducir el número de lesiones orales. Prescribir analgésicos como tratamiento sintomático(11).

Herpes recurrente oral

El herpes labial es la forma clínica más frecuente. Cursa con una fase prodrómica con escozor y sensación pruriginosa en la zona del labio donde se instaurará la lesión, apareciendo las vesículas a los 2-3 días en ramillete de 8-10 con contenido claro. Evolucionan abriéndose, desecándose y formando costras. Curan espontáneamente en 7-10 días. El tratamiento con aciclovir en crema al 5 % aplicado 5 veces al día en fase prodrómica puede evitar la aparición del cuadro o atenuarlo.

Herpes intraoral

Es también frecuente, pero menos que la presentación labial. Da escasos síntomas, aunque puede presentar dolor al pasar la lengua o al contacto con alimentos. Aparece en mucosa queratinizada de paladar duro y encía, formando también un ramillete, pero sin aparecer costras en su evolución.

La aparición de lesiones herpéticas en pacientes inmunodeprimidos (leucemia, VIH/SIDA) ocurre en el 15-40 % de los casos.

Candidiasis orales

En la población infantil, las presentaciones más frecuentes son: la pseudomembranosa o muguet, la eritematosa y la queilitis angular.

La candidiasis pseudomembranosa o muguet se caracteriza por la presencia de unas pseudomembranas blanquecinas algodonosas que se desprenden con facilidad con un depresor, dejando una mucosa enrojecida. Pueden aparecer en cualquier localización oral, aunque en lengua y mucosa yugal son frecuentes. Dan escasa sintomatología.

La candidiasis eritematosa puede ser una evolución del muguet o puede iniciarse como eritematosa. Se da en áreas eritematosas y erosivas, normalmente en dorso lingual, dando lugar a una lengua depapilada, roja y brillante; aunque esto es más frecuente en las candidiasis eritematosas crónicas del adulto, también se pueden dar en niños con higiene bucal deficiente, siendo frecuente post-tratamiento con antibióticos (como resultado de la destrucción de la flora bacteriana saprófita y del aumento de la capacidad patogénica de la cándida), después de tratamientos con corticoides, en pacientes diabéticos y en SIDA.

Las queilitis angulares cursan con la aparición de lesiones eritematosas con fisuras en las comisuras de los labios (rágades o boqueras), que pueden erosionarse al abrir y cerrar la boca.

El tratamiento de las candidiasis orales normalmente se realiza con nistatina o miconazol, aplicados 4 o 5 veces al día. En casos refractarios donde se precisen antimicóticos sistémicos, se pueden utilizar, preferentemente, fluconazol, itraconazol y ketoconazol.

Alteraciones linguales

Lengua geográfica (glositis migratoria benigna)

En población infantil se da en el 1-2 %, con más frecuencia en niños que en niñas, asociándose con: dermatitis seborreica, bronquitis espasmódica, atopias, alergias, psoriasis y lengua fisurada. Aunque su etiología es desconocida, es más frecuente en casos de ansiedad y tensión emotiva. Aparecen con unas placas únicas o múltiples depapiladas con centro eritematoso y bordes algo sobreelevados que afectan al dorso y márgenes linguales (aspecto geográfico). No precisa tratamiento si no da sintomatología. En casos sintomáticos se puede tratar con antisépticos, difenhidramina o corticoides tópicos. En la pandemia de COVID-19, se diagnosticaron casos de lenguas con alteraciones que recordaban a la lengua geográfica con zonas depapiladas, incluso en fase prodrómica del COVID, que se denominaron “lengua COVID”.

Lengua dentada

Es frecuente, observándose indentaciones en uno o en ambos bordes laterales de la lengua por una excesiva presión de la lengua sobre las piezas dentales, en casos de macroglosia, bruxismo, ansiedad o por problemas de espacio en bocas pequeñas. No precisa tratamiento; solo si es preciso se pueden redondear las cúspides más cortantes que produzcan sintomatología.

Patología de los frenillos bucales

Ante la presencia de un frenillo patológico, debería derivarse a Odontología para seguimiento del caso y valorar las necesidades terapéuticas.

Los frenillos bucales son bandas de tejido conectivo fibroso, muscular o mixto, recubiertas de una membrana mucosa situada en la línea media y de origen congénito.

La presencia de un frenillo labial superior patológico de implantación baja (entre dientes) es el más frecuente, y su aparición provoca habitualmente la separación de los incisivos centrales superiores (diastemas) que da alteraciones estéticas y, en pocas y raras ocasiones,
alguna alteración fonética (sonido balbuceante o de silbido). Su diagnóstico es clínico. Para confirmar si el frenillo es patológico, se debería realizar el test de isquemia o test de Graber, que consiste en la tracción del labio superior hacia arriba y adelante, observando si se produce isquemia o blanqueamiento del frenillo que confirmaría el diagnóstico. Si se isquemiza, es muy probable que no se corrija espontáneamente y que se deba corregir quirúrgicamente(12). En la actualidad, la edad de dicha intervención se acostumbra a demorar hasta que se haya producido la erupción de los 4 incisivos superiores (6-7 años) o hasta la erupción de los caninos superiores (11 años), según la mayoría de autores, porque existe un porcentaje elevado de corrección espontánea con cierre o mejoría del diastema con la erupción de todas las piezas dentales superiores. En ocasiones, además de la frenectomía, se precisa de tratamiento ortodóncico para poder cerrar el diastema instaurado(13).

La inserción patológica del frenillo labial inferior puede condicionar la aparición de alteraciones periodontales, en concreto la recesión (retracción) gingival de los incisivos centrales inferiores (Fig. 7). En estos casos debería corregirse quirúrgicamente para evitar el avance de la recesión.

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Figura 7. Patología de frenillo labial inferior con recesión gingival de incisivo. Fuente: propiedad del autor.

El frenillo lingual se define como un pliegue vertical de la mucosa que aparece en la línea media de la superficie ventral de la lengua, y que une la parte libre de esta al suelo de la boca. En ocasiones, en neonatos, el frenillo lingual es muy corto y se inserta cerca de la punta lingual, corrigiéndose espontáneamente entre los 2-5 años, por el crecimiento en altura de la cresta alveolar y el desarrollo lingual. Si persiste, puede dar anquiloglosia, que puede dar alteraciones de fonación y menos de deglución. El diagnóstico es clínico. El tratamiento quirúrgico suele demorarse hasta los 3-5 años para ver la evolución del caso, se debería valorar adelantar el tratamiento quirúrgico en los casos que la anquiloglosia impida la realización de una correcta lactancia materna..

Función del pediatra de Atención Primaria

El conocimiento de la patología bucodental más frecuente por parte del pediatra es importante para diagnosticar y poder prevenir y tratar precozmente dichas patologías.

Aunque la recomendación es que al año de edad se realice la primera visita al odonto-estomatólogo, la realidad es que muchos de los niños no son visitados hasta los 4-6 años y, en otros casos, más tarde, hasta que no presentan síntomas odontológicos. Por eso, la accesibilidad y la alta frecuentación de la población infantil a los pediatras de AP supone una gran oportunidad para que la visita del pediatra sea un primer escalón para un diagnóstico precoz básico de las patologías bucodentales, antes de que sean vistas por Odontología, en muchas ocasiones, con una evolución avanzada.

Como ya ha sido comentado, la SECOM, al igual que otras sociedades internacionales, aconseja que, cada 1-2 meses, los padres realicen la maniobra de levantar el labio superior de los niños hacia arriba (lift the lip), para descartar que existan descalcificaciones iniciales, precursoras de caries, o caries incipientes.

En Pediatría, realizar esta simple maniobra en visitas recurrentes de control, junto con realizar una inspección diagnóstica bucodental al hacer abrir la boca para diagnosticar otras patologías, como en faringe-laringe, permitiría este diagnóstico temprano de caries incipientes, instaurar unas medidas preventivas precoces e incluir a estos niños en grupos de alto riesgo de caries.

En los controles de puericultura del “niño sano”, sería básico aconsejar y enseñar técnicas de cepillado dental, aconsejando la utilización de pasta de flúor y acostumbrar-motivar al niño y a su familia a realizar el cepillado diario, junto con el control dietético, disminuyendo el aporte de azúcares innecesarios, lo que sin duda ayudaría para poder disminuir aún más los resultados epidemiológicos obtenidos.

Lo más frecuente a descartar en las visitas del pediatra serían: las lesiones de caries, la presencia de lesiones mucosas, encías y frenillos, las maloclusiones (estas se deben diagnosticar normalmente con la boca cerrada para ver su oclusión, con visión de frente y perfil), y los traumatismos dentales, donde se debería valorar el grado y tipo de fractura dental, siendo especialmente importante la avulsión total en piezas permanentes que requerirá ser tratado de urgencia, en un tiempo no superior a 2 horas, o ser reimplantado incluso en la consulta de Pediatría, si no va a ser posible la visita al odontólogo en el plazo de tiempo indicado. El conocimiento de estas patologías por parte del pediatra y saber cuándo se debe derivar a Odontología de una forma prioritaria o urgente, mejoraría sin duda la salud bucodental de muchos de nuestros pacientes infantiles.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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2. Casals E, García MA. Guía de práctica clínica para la prevención y tratamiento no invasivo de la caries dental. RCOE. 2014; 19: 189-248.

3. SEOP. Sociedad Española de Odonto­pediatria. Recomendaciones SEOP. Técnica de Levantar Labio. 2023.

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7. Passos PF, Pintor AVB, Marañón-Vásquez GA, Campos T, Abrahao AC, Ferreira DMTP, et al. Oral manifestations arising from oral piercings: A systematic review and meta-analyses. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol. 2022; 134: 327-41. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.oooo.2022.04.051.

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11. Coppola N, Adamo D, Canfora F, Baldares S, Riccitiello F, Musella G, et al. Supportive care and antiviral tratments in primary herpetic gingivostomatitis: a systemic review. Clin Oral Investg. 2023; 27: 6333-344. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s00784-023-05250-5.

12. Cobo-Vázquez CM, Martínez-Rodríguez C, López-Quiles J, Martínez-González JM. Guía clínica del manejo de los frenillos bucales; 2023. p. 1-19. Disponible en: https://coem.org.es/pdf/GuiafrenillosUCM.pdf.

13. Baxter RT, Zaghi S, Lashley AP. Safety and efficacy of maxillary labial frenectomy in children: A retrospective comparative cohort study. Int Orthod. 2022: 20: 100630. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.ortho.2022.100630.

Bibliografía recomendada

– Bagán J. Medicina y Patología Bucal. 2ª ed. Valencia: Medicina Oral. 2021.

Se trata de un libro muy completo sobre patología oral, actualizado, con 1.654 figuras de lesiones orales, que nos ayudarán en las consultas y diagnósticos de las mismas.

– Laskaris G. Color Atlas of Oral Diseases. 4ª ed. Sttugart: Thieme. 2017.

Es un libro esencial para médicos y odontólogos para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades orales. Consta de 710 páginas y más de 1.000 figuras.

Caso clínico

 

Niño de 23 meses que presenta fiebre alta, malestar e inapetencia. A la exploración, palpamos adenopatías submandibulares y cervicales inflamatorias y se observan lesiones vesiculosas, que en las últimas 24 horas, han dado lugar a erosiones y úlceras superficiales sangrantes en los labios, encías, paladar duro, lengua y mucosa yugal, dando lugar a disfagia y sialorrea intensa, que le impide comer con normalidad. No presenta lesiones en otras localizaciones.

 

 

Patología esofágica

A. Recio Linares*, C. García Rodríguez**, G. Botija Arcos*, A. Barrio Merino*
Temas de FC


A. Recio Linares*, C. García Rodríguez**, G. Botija Arcos*, A. Barrio Merino*

*Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario Fundación de Alcorcón. Madrid. **Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario del Tajo. Aranjuez. Madrid

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Autor para correspondencia

abarrio@fhalcorcon.es

Resumen

Las enfermedades esofágicas son de diversa índole: estructurales-malformativas, motoras, traumáticas, infecciosas, inmunológicas y funcionales. El origen embriológico común con la vía respiratoria superior ha propiciado el desarrollo de unidades de “Medicina Aero-Digestiva”, que abarcan los distintos procesos patológicos comunes a ambos. En una edición anterior, publicada en esta misma revista en 2019(1), dedicada a Esofagitis y gastritis, ya fueron revisadas algunas patologías esofágicas. En este artículo se describen aquellas enfermedades esofágicas más prevalentes, enfocadas desde un punto de vista conceptual y práctico, especialmente desde la Atención Primaria. Revisión y actualización de las patologías más prevalentes, con especial atención a las recomendaciones de las guías de práctica clínica de sociedades científicas. El pediatra debe tener presente la posibilidad de que los síntomas del paciente se deban a una patología esofágica concreta; debe conocer las ventajas y limitaciones de los métodos diagnósticos, así como la coexistencia de patología urgente que requiere una valoración inmediata y, al contrario, problemas funcionales que frecuentemente son sobretratados.

 

Abstract

Esophageal diseases are diverse in nature: malformative, motor, traumatic, infectious, immunological and functional. The common embryological origin with the upper airway has led to the development of ‘Aero-Digestive Medicine’ units covering the different pathological processes common to both. In a previous edition published in this same journal in 2019(1), dedicated to Esophagitis and Gastritis, some esophageal pathologies were already reviewed. This article describes the most prevalent esophageal diseases, approached from a conceptual and practical point of view, especially from a Primary Care perspective. This is a review and update of the most prevalent pathologies, with special attention to the recommendations of the clinical practice guidelines of scientific societies. The pediatrician must bear in mind the possibility that the patient’s symptoms are due to a specific esophageal pathology; he/she must know the advantages and limitations of the diagnostic methods as well as the coexistence of urgent pathology that requires immediate assessment and, conversely, functional problems that are frequently overtreated.

 

Palabras clave: Trastornos de motilidad esofágica; Esofagitis; Esofagitis eosinofílica; Reflujo gastroesofágico; Ingestión de cáusticos.

Key words: Esophageal motility disorders; Esophagitis; Eosinophilic esophagitis; Gastroesophageal reflux; Caustic ingestion.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 428 – 439

 


OBJETIVOS

• Saber reconocer los síntomas y signos sugestivos de enfermedad esofágica.

• Saber valorar la información aportada por cada prueba diagnóstica: cuándo solicitarla y qué información esperar de ella, con el fin de discriminar entre patología funcional y orgánica, evitando, de este modo, tratamientos innecesarios.

• Estar familiarizado con las patologías más prevalentes como la esofagitis eosinofílica y la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

• Conocer que la mayor supervivencia de lactantes sometidos a cirugía esofágica, como la atresia de esófago, ha dado lugar a la aparición de problemas tardíos que necesitan ser identificados, estudiados y tratados correctamente.

• Saber identificar los fármacos responsables de lesiones esofágicas. Es función primordial del pediatra de Atención Primaria dar instrucciones al paciente (si la edad lo permite) o a su familia para minimizar el riesgo del desarrollo de estas, además de elegir las formas galénicas con menor riesgo de producirlas.

• Conocer que la generalización del uso de las pilas de botón compuestas por sales de litio ha cambiado el paradigma en el manejo accidental de las mismas. Es necesaria la atención temprana y adecuada en el manejo de estos accidentes y su derivación a centros hospitalarios adecuados.

 

Patología esofágica

Introducción

Las enfermedades esofágicas son de diversa índole: estructurales-malformativas, motoras, traumáticas, infecciosas, inmunológicas y funcionales. El origen embriológico común con la vía respiratoria superior ha propiciado el desarrollo de unidades de “Medicina Aero-Digestiva”, que abarcan los distintos procesos patológicos comunes a ambos.

El pediatra debe tener presente la posibilidad de que los síntomas del paciente se deban a una patología esofágica concreta; debe conocer las ventajas y limitaciones de los métodos diagnósticos, así como la coexistencia de patología urgente que requiere una valoración inmediata y, al contrario, problemas funcionales que frecuentemente son sobretratados.

Síntomas cardinales

Con independencia de la etiología responsable de la lesión, los síntomas son comunes en muchas de las enfermedades y diferentes en función de la edad del paciente, como queda reflejado en la tabla I tomada del artículo de Thomson y colaboradores(2).

Tabla

 

Técnicas de estudio

El diagnóstico etiológico de los síntomas esofágicos es un reto diagnóstico. Es fundamental la elección de la prueba más adecuada en función del supuesto clínico.

Las pruebas diagnósticas enfocadas al diagnóstico etiológico son un reto para el pediatra, dado el solapamiento de los síntomas, ya referido, y la ausencia de guías diagnósticas específicas para Pediatría. La elección de la técnica más adecuada debe basarse en la hipótesis diagnóstica. Así, la esofagogastroduodenoscopia es la prueba de elección para el estudio de alteraciones mucosas; el esofagograma para detectar anomalías estructurales y acalasia; el TAC torácico o la resonancia nuclear magnética (RNM) para el estudio del mediastino; la manometría es la más sensible en la detección de alteraciones motoras y la pHmetría-Impedancia (pH-MMI) para la valoración del reflujo gastroesofágico. Una descripción más detallada de las ventajas e inconvenientes de cada técnica queda resumida en la tabla II, modificada de Lanzoni y colaboradores(3).

Tabla

 

Traumatismos esofágicos

Los pediatras necesitamos concienciarnos de la importancia de las lesiones traumáticas del esófago y aprender a prevenirlas.

Esofagitis por fármacos

Los pediatras debemos aumentar la conciencia de los potenciales daños que pueden ocasionar algunos fármacos. Es fundamental dar indicaciones claras al paciente o a su familia que minimicen el riesgo de desarrollar lesiones esofágicas.

Epidemiología

La prevalencia de lesiones esofágicas inducidas por fármacos es desconocida, debido a la falta de conciencia médica de la relación entre fármaco y lesión esofágica, y al sesgo de pensar en patologías más graves como responsables de los síntomas. En EE.UU. se describen unos 10.000 casos al año de lesiones esofágicas inducidas por fármacos a cualquier edad. Hasta nuestro conocimiento, solo hemos encontrado una publicación de una serie de casos exclusivamente pediátricos(4). En ella, se analizan retrospectivamente los resultados de 532 esófagogastroscopias realizadas durante 4 años, identificando lesiones esofágicas por fármacos en 26 pacientes con una edad media de 10,76 años. Los fármacos responsables fueron, exclusivamente, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), antibióticos (doxiciclina) y sulfato ferroso. Evolutivamente, 8 casos desarrollaron una estenosis esofágica. Se han descrito más de 70 fármacos responsables de la lesión, resumidos en la tabla III(5).

Tabla

 

Fisiopatología

El mecanismo fisiopatológico es variado: producción de una sustancia ácida cáustica (ácido ascórbico, sulfato ferroso), producción de un cáustico alcalino (alendronato), creación de una sustancia hiperosmolar en contacto con la mucosa (cloruro potásico) y toxicidad celular directa sobre epitelio esofágico (doxiciclina)(5).

Manifestaciones clínicas

Los síntomas son dolor torácico en general, de comienzo abrupto y, casi siempre, en relación temporal con el comienzo de la medicación (no es así con la quinidina), odinofagia, disfagia, vómitos y, más raramente, hemate­mesis.

Diagnóstico

La técnica de elección es la endoscopia, donde se objetivan eritema mucoso, erosiones, úlceras (en casi la mitad de los casos típicamente “en espejo”), sangrado, o en los casos más graves, disección mucosa extensa o perforación. No es necesario realizarla en casos leves; aunque no solo es diagnóstica, sino que permite diferenciar lesiones producidas por otros mecanismos y tomar muestras para histología y cultivos. Las lesiones asientan, en la mayoría de las ocasiones, en el tercio medio del esófago, coincidiendo con la impronta del arco aórtico en la luz esofágica.

Tratamiento

Más allá de la retirada del fármaco responsable cuando sea posible o, al menos, la sustitución por otra forma galénica, el tratamiento consiste en la hidratación por boca o intravenosa según precise y analgésicos sistémicos y tópicos (lidocaína viscosa o similar). La administración de antisecretores (omeprazol o derivados) y sucralfato, aunque son práctica habitual, carece de ensayos clínicos que demuestren su eficacia. Desde el punto de vista de Atención Primaria, es fundamental dar indicaciones al paciente o a su familia que minimicen el riesgo de desarrollar lesiones esofágicas: no tomar los comprimidos o cápsulas en decúbito o no tumbarse hasta unos 30 minutos después de la ingesta, ingerirlos con una cantidad suficiente de líquido (en adultos se estima en unos 100 ml), usar preferentemente comprimidos o cápsulas con cubierta de gelatina y, si no están disponibles, los jarabes, sobres y otras formas galénicas. Estas indicaciones son especialmente importantes en pacientes de riesgo: trastornos motores esofágicos, crecimiento de aurícula izquierda, cirugía cardiaca previa, diabéticos, etc.

El lector más interesado puede acudir a la revisión de Petersen y Jaspersen(6), donde se describe con más detalle lo aquí expuesto, así como el mecanismo de producción individualizado de la lesión de los fármacos más frecuentes.

Ingesta accidental de baterías de litio (pilas de botón)

La sustitución progresiva de pilas de botón de litio, en lugar de las de plata, cobre, mercurio u otros, ha dado lugar a un aumento en la morbilidad y, en ocasiones, mortalidad tras su ingesta accidental. La mera sospecha de la ingesta requiere una evaluación médica inmediata.

El aumento de aparatos electrónicos en los domicilios a los que los niños tienen acceso conlleva el aumento de ingesta accidental de las baterías de estos dispositivos.

Epidemiología

Según los informes del National Battery Ingestion Hotline de EE.UU. (NBIH), en el año 2015 se registraron 1,5 casos por cada 100.000 niños y año. La mayoría (75 %) ocurrieron en menores de 6 años, con un pico entre 1 y 2 años, y los dispositivos electrónicos más frecuentes donde se alojaban las baterías fueron por este orden: audífonos, juguetes y mandos a distancia. Paralelo a este aumento en la ingesta, se ha observado un aumento en la morbilidad ocasionado por la sustitución progresiva de baterías de plata, cobre, mercurio, etc., por las de litio, mucho más duraderas, ligeras, estables a diferentes temperaturas y con mayor carga eléctrica (3 V frente a 1,5 V), pero de mayor diámetro. Como consecuencia, la ingesta accidental de baterías de litio por niños pasó de 1 % del total de las ingestas de baterías de botón en 1990 al 25 % en el año 2008.

Fisiopatología

La importancia de las baterías de litio es que el mecanismo de lesión es una necrosis por licuefacción del tejido en contacto con el polo negativo. Cuando una de estas baterías queda impactada en el esófago, el tejido esofágico en contacto hace de conductor creando una corriente hacia el polo negativo (el que no está rotulado), por la cual se producen iones hidroxilos en el tejido que elevan el pH por encima de 12, siendo, por tanto, una necrosis igual a la producida por ingesta de un álcali fuerte, es decir, profunda, pudiendo producir perforaciones o fístulas a tráquea, aorta, arteria subclavia derecha o tiroidea inferior, y prolongada, pues el proceso de necrosis persiste tras la extracción de la batería.

Manifestaciones clínicas

Se ha demostrado que la lesión se produce tras solo 2 horas tras la impactación, y que es especialmente intensa tras 8-12 horas. La ingesta de una batería de litio descargada no debe tranquilizarnos, puesto que aún conserva una carga residual de 1,5 V y que en estudios experimentales se ha demostrado que voltajes de 1,2 V o superiores son suficientes para lesionar el tejido. En el año 2015, el comité de endoscopia de la Sociedad Norteamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (NASPGHAN) publicó sus recomendaciones para el manejo de la ingesta de cuerpos extraños en niños(7). Entre ellas, ponía especial énfasis en baterías mayores de 20 mm de diámetro y en niños menores de 5 años. La actitud recomendada fue la extracción endoscópica inmediata si el paciente estaba estable. En los casos en los que presentaba hemorragia o inestabilidad hemodinámica, la extracción debería realizarse en quirófano con la presencia de un cirujano torácico o cardiovascular. Cualquier paciente con lesión esofágica endoscópica debe ser ingresado para tratamiento con dieta absoluta y antibióticos. Previo al alta, debe descartarse con las pruebas oportunas, TAC torácico, angioTAC o RMN torácica, la presencia de perforación, fístulas vasculares, etc.

Unos años más tarde, en 2021, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) publicó sus recomendaciones específicas para la ingesta de baterías de botón en niños(8). Resalta, especialmente, la localización y el tiempo de alojamiento desde la ingesta, sin mencionar la edad o el tamaño de la batería.

Tratamiento

A continuación, se resumen las principales recomendaciones:

• La ingesta de una batería de botón o la mera sospecha requiere una evaluación clínica y radiológica inmediata, para confirmar la ingesta y la localización de la batería.

• En casos de alojamiento de la batería en el esófago se recomienda la extracción endoscópica inmediata de la misma, preferiblemente antes de 2 horas tras la ingesta.

• Si han pasado <12 horas tras la ingesta, en pacientes estables puede administrarse un ácido débil para intentar minimizar el daño, previo a la endoscopia. Estudios experimentales con sucralfato (10 ml cada 10 minutos, máximo 3 dosis) o miel en mayores de 1 año de edad (10 ml cada 10 minutos, hasta 6 dosis) han demostrado cierto efecto protector. En ningún caso, la administración debe retrasar la extracción endoscópica.

• En casos en los que la ingesta haya ocurrido >12 horas, se aconseja realizar un TAC torácico previo a la extracción, para descartar la presencia de fístulas a grandes vasos que pudieran producir hemorragia masiva tras la retirada de la batería. La extracción se realizará en el quirófano, con la presencia de un cirujano torácico o cardiovascular.

• Si la batería está alojada en el estómago y la ingesta fue <12 horas, hasta la evaluación se vigilará al paciente y se realizará una radiografía simple de abdomen entre 7 y 14 días, para confirmar su expulsión (la recomendación previa era realizar la radiografía a los 2-4 días).

• Una batería alojada en el estómago, ingerida >12 horas antes, requiere la realización de endoscopia para descartar la posibilidad de que, antes de llegar al estómago, haya permanecido alojada en esófago un tiempo, lo suficientemente largo, para producir una lesión esofágica.

Desde un punto de vista práctico y de Atención Primaria, la mera sospecha de ingestión accidental de una batería requiere una evaluación inmediata. El sucralfato es considerado un medicamento extranjero, por lo que es poco probable que dispongan del mismo en los centros de salud, pero la miel es un remedio barato y accesible. Dada la recomendación de la presencia de un cirujano durante la extracción endoscópica en ingestas prolongadas (>12 horas antes), recomendamos derivar directamente al paciente a un centro terciario. La evaluación en un centro sin estas posibilidades solo retrasaría la asistencia.

Malformaciones y alteraciones motoras

Malformaciones esofágicas

Habrá que sospechar una atresia de esófago en un recién nacido con dificultad respiratoria, hipersalivación y regurgitaciones que se acentúan con la alimentación, además de incapacidad para pasar la sonda nasogástrica.

Epidemiología

La atresia de esófago (AE) es la anomalía congénita más frecuente del esófago y, en el 90 % de los casos, presentan una fístula traqueoesofágica (FTE) asociada. La AE se asocia a otras anomalías en el 50 % de los casos, a menudo, como parte de la asociación VATER o VACTERL, el síndrome de CHARGE y, especialmente, con defectos cardiacos y genitourinarios. En la tabla IV se presenta la clasificación de los diferentes tipos de AE.

Tabla

 

Manifestaciones clínicas

En el periodo prenatal puede cursar con polihidramnios, prematuridad o pueden detectarse otras malformaciones asociadas. En el periodo postnatal suele cursar con hipersalivación y babeo. Pueden aparecer episodios de tos, cianosis y dificultad respiratoria. La alimentación acentúa estos síntomas, provoca regurgitación y puede causar aspiración. La aspiración del contenido gástrico a través de una fístula distal puede provocar neumonitis. En los casos menos frecuentes de FTE aislada en ausencia de AE (tipo H), la clínica suele presentarse en etapas más tardías de la vida, generalmente con problemas respiratorios crónicos.

Diagnóstico

Hay que sospechar una AE en un recién nacido, si aparece dificultad respiratoria de instauración precoz y existe incapacidad para pasar la sonda nasogástrica u orogástrica. Los hallazgos en las ecografías fetales de ausencia de burbuja gástrica fetal y presencia de polihidramnios pueden orientar hacia el diagnóstico antes del parto. En las radiografías simples postnatales, el extremo de la sonda aparece enrollado en espiral en el bolsón esofágico y/o se observa distensión gástrica con aire, lo que indica la presencia de una FTE coexistente. Por el contrario, en la AE aislada, el abdomen aparece excavado y no tiene aire. La FTE aislada (tipo H) se puede identificar mediante un esofagograma con contraste, administrado a presión o mediante broncoscopia.

Tratamiento

Son fundamentales las medidas generales, como mantener la vía aérea permeable y descomprimir el bolsón proximal, para evitar la aspiración de secreciones. En los recién nacidos con FTE sin otras patologías asociadas, se realiza una intervención quirúrgica precoz. La técnica quirúrgica consiste en la sección de la FTE y la anastomosis primaria término-terminal. Si la distancia entre los extremos del esófago es amplia, habrá que interponer un fragmento de estómago, yeyuno o colon a manera de neo-esófago(9).

Pronóstico

El pronóstico de la AE aislada, en general, es bueno, con una supervivencia >90 %, condicionada, sobre todo, por el peso al nacimiento y la presencia de malformaciones cardiacas graves asociadas. Las complicaciones a largo plazo son frecuentes y el pediatra de Atención Primaria debe ser conocedor de las mismas para incrementar la sospecha diagnóstica e iniciar el tratamiento adecuado de forma precoz. Entre las complicaciones a largo plazo destacan las respiratorias y la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Los pacientes operados de AE precisan tratamiento con inhibidores de la bomba de protones, al menos, durante el primer año de vida, reevaluando posteriormente la persistencia del reflujo(10).

Alteraciones motoras del esófago

La presentación clínica de la acalasia es gradual e insidiosa, predominando los síntomas respiratorios crónicos en niños pequeños, y los digestivos en mayores. Hay que tener una alta sospecha diagnóstica para evitar un retraso en el tratamiento.

Los trastornos motores esofágicos son alteraciones infrecuentes y de etiología poco conocida. Pueden ser primarios o secundarios a patología esofágica (esofagitis por reflujo, esofagitis cáustica…), o a enfermedades sistémicas (esclerodermia, dermatomiositis, Chagas…). La acalasia es un trastorno motor primario, caracterizado por la ausencia de peristaltismo y una relajación insuficiente del esfínter esofágico inferior.

Epidemiología

Es poco frecuente en los niños y, en ocasiones, se asocia a diversos síndromes, como la trisomía 21 o el síndrome de Allgrove (acalasia, alacrimia e insuficiencia adrenal).

Manifestaciones clínicas

Los síntomas son insidiosos. Inicialmente, suelen ser leves e inespecíficos y se van incrementando con la edad. En niños pequeños predominan los síntomas respiratorios crónicos, como tos de predomino nocturno, neumonías de repetición o hiperreactividad bronquial; mientras que, en los niños mayores, los síntomas son más parecidos a los adultos, con disfagia inicialmente a sólidos y después a líquidos, regurgitación del contenido alimentario, pérdida de peso, dolor retroesternal o dificultad para eructar(11).

Diagnóstico

Se sospecha por la historia clínica; pero, a menudo, en los niños, este se retrasa, ya que los síntomas de la acalasia se pueden interpretar erróneamente y atribuirse a otras patologías, como reflujo gastroesofágico o a un trastorno de la conducta alimentaria. El gold standard para el diagnóstico es la manometría esofágica de alta resolución. Otras pruebas complementarias también pueden ayudar al diagnóstico. En el esofagograma con contraste se puede ver un esófago proximal dilatado, con un estrechamiento en la unión esofagogástrica en “pico de pájaro”. En la endoscopia digestiva alta se puede observar un esófago de retención, con una dilatación del cuerpo esofágico y restos de alimento.

Tratamiento

Va dirigido a disminuir la presión del esfínter esofágico inferior, permitiendo el paso del alimento al estómago, mejorando así los síntomas. Se recomienda mantener una postura incorporada durante las comidas y tras las mismas, tomar sorbos de agua entre las degluciones, y favorecer texturas de fácil deglución. Respecto al tratamiento farmacológico, su efecto es transitorio y no está exento de efectos secundarios, por lo que su uso se reserva para periodos limitados o como puente hasta la cirugía. La inyección endoscópica de toxina botulínica también tiene un efecto transitorio, por lo que se reserva para pacientes que rechazan la cirugía o que continúan con síntomas a pesar de esta. Las opciones terapéuticas actuales consisten en la miotomía laparoscópica de Heller o la dilatación neumática, ambas tienen tasas de recaída considerables. La miotomía peroral endoscópica (POEM) es una opción de tratamiento menos invasiva con resultados prometedores a corto plazo(12).

Esofagitis infecciosa

La esofagitis infecciosa es la tercera causa más frecuente de esofagitis en niños después de la esofagitis por reflujo y la esofagitis eosinofílica, y debe tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de un paciente con disfagia y odinofagia.

Se han descrito factores de riesgo, como la inmunosupresión, las alteraciones de la motilidad esofágica, que ocurren, por ejemplo, en el contexto de una atresia de esófago, o la disbiosis esofágica secundaria al uso de antiácidos, antibióticos o corticoides tópicos. Los agentes causantes más frecuentes son la cándida, el virus del herpes simple (VHS) y el citomegalovirus (CMV). Hemos resumido las características clínicas, diagnósticas y terapéuticas en la tabla V(13-14).

Tabla

 

Esofagitis eosinofílica

La esofagitis eosinofílica (EEo) es una enfermedad crónica, mediada por el sistema inmune, que ha experimentado un incremento exponencial de la incidencia en los últimos años.

Epidemiología y fisiopatología

La EEo está causada por una respuesta inmune no mediada por IgE a antígenos alimentarios, y otros factores como son la alteración de la barrera epitelial esofágica y variantes genéticas predisponentes(15). En 2007, en España, la incidencia era de 10,6 casos por 100.000 habitantes/año y la prevalencia de 111 casos por 100.000 habitantes(16).

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas varían según la edad. En niños pequeños, predominan los vómitos, el dolor abdominal y el rechazo de alimentación; mientras que, en niños mayores, suele presentarse con disfagia e impactación. Con frecuencia, se asocia comorbilidad alérgica.

Diagnóstico

La prueba gold estándar es la endoscopia. Se pueden distinguir 2 patrones distintos, el patrón inflamatorio y el patrón fibroestenosante, más frecuente en adolescentes y adultos. El diagnóstico requiere la presencia de síntomas de disfunción esofágica, infiltrado ≥15 eosinófilos/campo de gran aumento (CGA) y exclusión de otras causas de eosinofilia esofágica.

A nivel macroscópico, destacan: edema, surcos longitudinales, placas blanquecinas, anillos concéntricos y estenosis, que otorgan un grado de severidad a la esofagitis según la Clasificación de Hirano. Histológicamente, el hallazgo principal es el infiltrado ≥15 eosinófilos/CGA o 50 eosinófilos/mm2 a cualquier nivel(17).

Tratamiento

Existen 3 herramientas terapéuticas que se pueden ofrecer en el primer escalón y que se deben mantener entre 8 y 12 semanas(13).

• Inhibidor de bomba de protones (IBP): omeprazol, lansoprazol y esomeprazol.

• Dieta de eliminación: única estrategia que se dirige a tratar la causa de la enfermedad. Permite mantener la remisión a largo plazo y evitar efectos adversos de fármacos, aunque implica un deterioro de la calidad de vida. Existen 3 opciones: dieta elemental, dieta dirigida por pruebas de alergia (poco usada en la actualidad por los pobres resultados obtenidos, aunque puede ensayarse cuando las pruebas son positivas y existe un contexto clínico que lo respalda) y dieta empírica, que se inicia con los 2 alimentos más frecuentemente implicados, que son el trigo y la leche.

• Corticoides tópicos deglutidos: budesonida y fluticasona. El corticoide sistémico solo debe considerarse en situaciones de estenosis o disfagia grave.

En los últimos años se están buscando alternativas en fármacos inmunomoduladores. Dupilumab, un anticuerpo monoclonal que bloquea la señalización de IL-4 e IL-13 y que se ha mostrado eficaz en asma y dermatitis atópicas refractarias, podría también ser eficaz en EEo de mal control, administrado de forma subcutánea semanalmente. Ha sido aprobado recientemente por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) en mayores de 12 años para tal uso(18).

Enfermedad por reflujo gastro-esofágico

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una patología cuyo diagnóstico se basa en la historia clínica. El tratamiento se basa en inhibidores de la bomba de protones, de 4 a 8 semanas, en niños mayores. En lactantes debe descartarse antes una alergia a proteínas de leche de vaca no mediada por IgE, en cuyo caso el tratamiento debe ser con una fórmula hidrolizada, que a la vez sirve de diagnóstico y tratamiento.

Definición y epidemiología

El reflujo gastroesofágico (RGE) se define como el paso del contenido gástrico al esófago (con o sin regurgitación o vómito)(19). Se presenta frecuentemente durante la infancia, tanto en la Atención Primaria como especializada, y afecta aproximadamente al 50 % de los lactantes menores de tres meses. Suele ser autorresolutivo antes del año de edad, gracias al aumento del tiempo en sedestación, el aumento del tono del esfínter esofágico inferior y el cambio hacia una dieta más sólida(20).

Reflujo gastroesofágico fisiológico y ERGE

En menores de 1 año, el RGE es en su mayoría fisiológico, por lo que su diagnóstico debe basarse en anamnesis y exploración física, evitando pruebas complementarias y tratamientos innecesarios.

La distinción entre el RGE y la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es fundamental y, en muchas ocasiones, difícil de llevar a cabo en la práctica clínica habitual. La ERGE se define como aquel RGE que presenta síntomas lo suficientemente graves como para merecer tratamiento y/o complicaciones digestivas (esofagitis, esófago de Barrett, hematemesis o estenosis) o extradigestivas (apneas, episodios aparentemente letales (BRUE en sus siglas en inglés), anemia, fallo de medro, tos, sibilancias crónicas, sinusitis u otitis). La ERGE se caracteriza por iniciarse tras los 6 meses, aunque es poco frecuente, puede producirse ERGE antes de los 6 meses de edad, o por síntomas que persisten o empeoran tras los 12-18 meses de edad. Ciertas patologías tienen mayor riesgo de presentar ERGE, como son: parálisis cerebral infantil, fibrosis quística, hernia diafragmática congénita o enfermedades pulmonares crónicas.

Clínica

Los signos y síntomas difieren en función de la edad:

• En lactantes son inespecíficos, destacando vómitos/regurgitaciones repetidas asociadas o no a irritabilidad, fallo de medro, rechazo de la ingesta y posturas distónicas del cuello (síndrome de Sandifer)(20).

• En niños mayores o adolescentes pueden presentar la tríada clásica, consistente en pirosis, epigastralgia y dolor torácico retroesternal. Además, pueden presentar otros síntomas, como vómitos, disfagia, tos, estridor o sibilancias, o signos como erosiones dentales, esofagitis, asma o neumonías recurrentes.

Es fundamental indagar en la anamnesis en busca de signos o síntomas de alarma que sugieran otras patologías diferentes de ERGE, como son:

• Vómitos matutinos, fontanela abombada, convulsiones y macrocefalia: hipertensión intracraneal.

• Vómitos biliosos: obstrucción intestinal.

• Hematemesis: síndrome de Mallory Weiss o esofagitis.

• Distensión abdominal: celiaquía, anomalías anatómicas.

• Fiebre, letargia y disuria: infecciones.

Diagnóstico

Hasta la fecha no existe ninguna herramienta diagnóstica de referencia para el diagnóstico de la ERGE. No obstante, existen varias técnicas que permiten evaluar su gravedad, posibles complicaciones, así como hacer diagnóstico diferencial de patologías que se asemejen clínicamente al ERGE y que precisen tratamiento específico. Las más destacadas son:

• Endoscopia con toma de biopsias: permite identificar complicaciones digestivas de ERGE y enfermedades que afectan a la mucosa esofágica (esofagitis eosinofílica, esofagitis infecciosas…). No obstante, una endoscopia normal no descarta ERGE y no está indicada para diagnosticar esta patología en sí misma.

• pHmetría con o sin impedanciometría: técnica que consiste en colocar una sonda nasogástrica con electrodos, que permite medir reflujos débilmente ácidos y no ácidos, con el objetivo de: 1) correlacionar síntomas persistentes con eventos de RGE; 2) aclarar el rol del reflujo ácido en la etiología de la esofagitis y de otros signos y síntomas sugestivos de ERGE; 3) determinar la eficacia de la terapia de supresión ácida; y 4) diferenciar ERGE no erosiva, hipersensibilidad esofágica y pirosis funcional en pacientes con endoscopia normal.

Otras técnicas pueden emplearse si se sospecha ERGE complicado o signos de alarma secundarios a malformaciones anatómicas: ecografía abdominal en lactantes y tránsito baritado en niños mayores(19).

Tratamiento

El tratamiento se describe de forma resumida en los algoritmos 1 y 2, basados en las recomendaciones de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) y NASPGHAN (Sociedad Norteamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) de 2018.

En lactantes menores de un año, se recomendará inicialmente fraccionar las tomas y espesar los alimentos. No se ha demostrado beneficio algunos del tratamiento con masajes por lo que no deben recomendarse. El tratamiento postural en decúbito prono tampoco debe recomendarse por ser un factor de riesgo de muerte súbita del lactante. Si no se objetiva mejoría, se hará una prueba de exclusión-provocación de 2 a 4 semanas de proteínas de leche de vaca (PLV), ya sea mediante eliminación de lácteos de la dieta materna (si lactancia materna exclusiva) o con una fórmula extensamente hidrolizada, fórmula hidrolizada de arroz o elemental, en caso de lactancia artificial. Esto es debido a que la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV) no mediada por IgE, cursa clínicamente igual que una ERGE a esta edad, por lo que, si esta prueba fuese positiva, serán diagnosticados de APLV no mediada por IgE(21). En caso contrario, se debe derivar a Gastroenterología Pediátrica, donde se valorará una prueba terapéutica con un supresor ácido durante 4-8 semanas. La ranitidina (antagonista del receptor H2 de histamina), ampliamente utilizada en esta franja de edad previamente, ha sido descartada debido a la alerta sanitaria publicada por la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) en 2019, en la que se indicaba la retirada del mercado por la presencia de nitrosaminas, un probable carcinogénico. Por este motivo, aun fuera de ficha técnica se emplea el omeprazol. No está demostrada la mejoría clínica con masajes y, están contraindicados los antiácidos y la terapia posicional, este último por el riesgo de muerte súbita del lactante.

En niños mayores y adolescentes se debe iniciar el tratamiento, indicando medidas higiénico-dietéticas como:

• Dieta saludable baja en irritantes gástricos (chocolate, café, picantes, excesos de productos procesados).

• Alcanzar el normopeso.

• Medidas posturales como elevar el cabecero de la cama y el decúbito lateral izquierdo.

Si no mejora, se debe pautar un ciclo de 4 a 8 semanas con IBP, evaluando de forma periódica su eficacia. Los IBP aprobados en edad pediátrica son omeprazol, lansoprazol y esomeprazol. Deben administrarse siempre en ayunas, 30 minutos antes del desayuno o la cena y sin abrir las cápsulas gastrorresistentes; ya que, en caso contrario, disminuye drásticamente su efectividad. En tratamientos prolongados es recomendable pautar una reducción gradual de la dosis para evitar rebote ácido.

En pacientes mayores de 12 años pueden emplearse, de forma puntual, antiácidos como el almagato tras las comidas principales, pero nunca de forma crónica por el alto contenido en aluminio y magnesio.

No está indicado para el tratamiento del ERGE a ninguna edad: domperidona (alerta AEMPS 2020), metoclopramida (ambos pueden producir síntomas extrapiramidales), eritromicina, probióticos, acupuntura o hierbas medicinales(19-20).

En última opción, en casos graves o refractarios, podría realizarse cirugía mediante funduplicatura de Nissen.

Se recomienda que se derive desde Atención Primaria a Gastroenterología Pediátrica a aquellos pacientes con ERGE que presenten:

• Signos de alarma o síntomas que sugieren una enfermedad gastrointestinal subyacente.

• Pacientes refractarios al tratamiento óptimo con IBP tras 8 semanas.

• Imposibilidad de retirar de forma permanentemente el tratamiento farmacológico (6 a 12 meses)(19).

Función del pediatra de Atención Primaria

• El pediatra de Atención Primaria debe saber reconocer los síntomas y signos sugestivos de enfermedad esofágica.

• Debe valorar la información aportada por cada prueba diagnóstica: cuándo solicitarla y qué información esperar de ella, con el fin de discriminar entre patología funcional y orgánica, evitando, de este modo, tratamientos innecesarios.

• Necesita estar familiarizado con las patologías más prevalentes, como la esofagitis eosinofílica y la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

• La mayor supervivencia de lactantes sometidos a cirugía esofágica, como la atresia de esófago, ha dado lugar a la aparición de problemas tardíos que necesitan ser identificados, estudiados y tratados correctamente.

• Recientemente, se han identificado múltiples fármacos responsables de lesiones esofágicas. Es función primordial del pediatra de Atención Primaria dar instrucciones al paciente (si la edad lo permite) o a su familia para minimizar el riesgo del desarrollo de estas, además de elegir las formas galénicas con menor riesgo de producirlas.

• La generalización del uso de las pilas de botón compuestas por sales de litio ha cambiado el paradigma en el manejo accidental de las mismas. Es necesaria la atención temprana y adecuada en el manejo de estos accidentes y su derivación a centros hospitalarios adecuados.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Nota adicional de los autores

Tras la remisión a la editorial y su posterior aceptación para publicación, la ESPGHAN ha publicado una actualización de su documento de manejo de la esofagitis eosinofílica que no modifica lo expuesto en esta revisión. Para el lector interesado, está disponible en: Amil-Dias J, Oliva S, Papadopoulo A, Thomson M, Gutiérrez-Junquera C, Kalach N, et al. Diagnosis and management of eosinophilic esophagitis in children: an update from the European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition (ESPGHAN). J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2024; 79: 394-437. https://doi.org/10.1002/jpn3.12188.

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Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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16. Arias Á, Lucendo AJ. Incidence and prevalence of eosinophilic oesophagitis increase continiously in adults and children in Central Spain: A 12-year population-based study. Digestive and Liver Disease. 2019; 51: 55-62.

17.*** Lucendo AJ, Molina-Infante J, Arias Á, von Arnim U, Bredenoord AJ, Bussmann C, et al. Guidelines on eosinophilic esophagitis: Evidence-based statements and recommendations for diagnosis and management in children and adults. United European Gastroenterology Journal. 2017; 5: 335-58.

18. Dellon ES, Rothenberg ME, Collins MH, Hirano I, Chehade AJ, Bredenoord AJ, et al. Dupilumab in adults and adolescents with eosinophilic esophagitis. The New England Journal of Medicine. 2022; 387: 2317-30.

19.*** Rosen R, Vandenplas Y, Singendonk M, Cabana M, DiLorenzo C, Gottrand F, et al. Pediatric Gastroesophageal Reflux Clinical Practice Guidelines: Joint Recommendations of the North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition and the European Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018; 66: 516-54.

20. Tighe MP, Andrews E, Liddicoat I, Afzal NA, Hayen A, Beattie RM. Pharmacological treatment of gastro‐oesophageal reflux in children. Cochrane Database of Systematic Reviews 2023; 8: CD008550. Disponible en: https://doi.org/10.1002/14651858.cd008550.pub3.

21. Vandenplas Y, Broekaert I, Domellöf M, Indrio F, Lapillonne A, Pienar C, et al. An ESPGHAN Position Paper on the Diagnosis, Management, and Prevention of Cow-Milk Allergy. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2024; 78: 386-413.

Bibliografía recomendada

– Thomson M. Esophagitis. En: Kleiman, Goulet, Mieli-Vergani, Sanderson, Sherman, Shneider Ed. Walker´s Pediatric Gastrointestinal Disease. Physiology. Diagnosis. Management. 6th ed. North Carolina: People´s Medical Publishing House-USA; 2018. p. 125-49.

Capítulo del libro conocido como “la biblia del digestivo pediátrico”, dedicado a la patología inflamatoria esofágica. La información es pormenorizada y práctica.

– Petersen KU, Jaspersen D. Medication-induced oesophageal disorders. Expert Opin Drug Saf. 2003; 2: 495-507.

Revisión muy extensa de los fármacos causantes de lesión esofágica, con descripción del mecanismo de producción de cada uno de ellos, prevención y tratamiento.

– Mubarak A, Benninga MA, Broekaert I, Dolinsek J, Homan M, Mas E, et al. Diagnosis, Management, and Prevention of Button Battery Ingestion in Childhood: A European Society for Pediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition Position Paper. JPGN. 2021; 73: 129-36.

Actualización europea detallada del manejo de la ingesta de baterías de litio, con recomendaciones precisas y un algoritmo nítido. Merece la pena tenerlo a mano.

– O´Donell JE, Krishnan U. Infectious esophagitis in children. Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrititon. 2022; 75: 556-63.

Artículo sobre las esofagitis infecciosas en niños, que describe con mucho detalle las peculiaridades clínicas, diagnósticas y terapéuticas de cada etiología.

– Lucendo AJ, Molina-Infante J, Arias Á, von Arnim U, Bredenoord AJ, Bussmann C, et al. Guidelines on eosinophilic esophagitis: Evidence-based statements and recommendations for diagnosis and management in children and adults. United European Gastroenterology Journal. 2017; 5: 335-58.

Últimas guías sobre el manejo y tratamiento de la esofagitis eosinofílica, tanto en niños como en adultos.

– Rosen R, Vandenplas Y, Singendonk M, Cabana M, DiLorenzo C, Gottrand F, et al. Pediatric Gastroesophageal Reflux Clinical Practice Guidelines: Joint ­Recommendations of the North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition and the European Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018; 66: 516-54.

Lectura recomendada. Guía de práctica clínica de manejo y tratamiento del ERGE, a nivel internacional, Europa y Norte América: (EPSGHAN y NASPGHAN, respectivamente).

 

Caso clínico

 

Niña de 12 años que acude remitida a consulta de Digestivo por cuadro de disfagia a sólidos intermitente de 4 meses de evolución. Además, comenta un episodio de impactación con carne (cordero) hace 1 mes, resuelto espontáneamente tras vómito. Como antecedentes personales, destaca alergia a frutos secos y rinoconjuntivitis estacional.

Exploración física

Peso: 43 kg (Pc38). Talla: 151 cm (Pc39). IMC: 18,86 % (Pc41).

Buen estado general. Buen estado nutricional. Auscultación cardiopulmonar normal. Abdomen: blando, depresible, no doloroso, sin masas ni megalias. ORL: normal. Resto sin alteraciones.

Pruebas complementarias

Analítica: normal, salvo eosinofilia de 700/µL.

Gastroscopia con sedación (Figs. 1 y 2): mucosa esofágica con edema y pérdida del patrón vascular. Surcos longitudinales y depósitos blanquecinos de predominio en 2/3 distales. Marcado aspecto traquealizado, sobre todo con la contracción. Sin estenosis. Línea Z a nivel. Buena coaptación de cardias por retro. Mucosa de fundus, cuerpo y antro de aspecto normal. Píloro centrado y permeable. Mucosa de bulbo y 2ª porción duodenal, normal.

Figure 1. Gastroscopia. Esófago con surcos longitudinales y marcados depósitos blanquecinos, de predominio en 2/3 distales.

Figure 2. Gastroscopia. Esófago con aspecto traquealizado.

Anatomía patológica: biopsias de esófago distal y medio-proximal con hiperplasia de células basales, papilomatosis, espongiosis, congestión papilar y presencia de un infiltrado inflamatorio de predominio eosinofílico a nivel de todo el espesor epitelial, con hasta 35 eos/CGA en la muestra distal y 67 eos/CGA en la muestra medio-proximal, con presencia de microabscesos aislados. El infiltrado no afecta al corion. Biopsias de cuerpo y antro gástrico, y segunda porción duodenal sin alteraciones reseñables.

Evolución

Ante el diagnóstico de esofagitis eosinofílica, se plantean de forma conjunta, con los padres y la paciente, las opciones terapéuticas y se opta por iniciar tratamiento con esomeprazol a dosis altas, 40 mg cada 12 horas, con control endoscópico a las 12 semanas. En gastroscopia de control, persisten hallazgos macroscópicos compatibles con esofagitis eosinofílica y, en las biopsias, se mantiene un infiltrado inflamatorio de predominio eosinofílico con hasta 40 eos/CGA, tanto a nivel de esófago proximal como distal. Ante la ausencia de respuesta a inhibidores de la bomba de protones, se plantea dieta de exclusión (leche y gluten) o budesónida viscosa. Se opta por tratamiento con budesónida, pautando 1 mg cada 12 horas durante 12 semanas, con nuevo control endoscópico en el que se observa una clara mejoría con un esófago normal, salvo leve edema de la mucosa. Las biopsias de esófago demuestran remisión histológica sin presencia de eosinófilos. Tras remisión clínica e histológica, se decide descenso de dosis de budesónida a 1 mg cada 24 horas, que se mantiene durante 6 meses, realizando en ese momento nuevo control endoscópico. La paciente persiste asintomática tras un descenso de dosis, pero en la endoscopia se observa una mucosa algo friable con placas blanquecinas que no se desprenden al lavado. En la anatomía patológica destaca la presencia de un infiltrado inflamatorio sin eosinófilos, observándose pseudohifas que invaden el epitelio de forma perpendicular. En el cultivo de biopsia esofágica para hongos, crece C. albicans. Ante el diagnóstico de candidiasis esofágica, se pauta tratamiento con fluconazol oral durante 14 días.

 

 

algoritmo 1

 

algoritmo 2

 

 

Trastornos funcionales digestivos más frecuentes en Pediatría

E. Román Riechmann*,  A. García Díaz**
Temas de FC


E. Román Riechmann*, A. García Díaz**

*Servicio de Pediatría. Unidad de Gastroenterología Pediátrica. Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda. Madrid. **Servicio de Pediatría. Hospital Universitario El Escorial. Madrid

X

Autor para correspondencia

e.romanriechmann@gmail.com

Resumen

Los trastornos funcionales gastrointestinales (TFGI) o trastornos del eje cerebro-intestino (TECI) son un motivo frecuente de consulta en la edad pediátrica, afectando la calidad de vida del paciente y de sus familias y dando lugar, muchas veces, a exploraciones complementarias innecesarias y a tratamientos no justificados. Ante la ausencia de parámetros biológicos que confirmen el diagnóstico y la gran variabilidad en la práctica clínica, el diagnóstico se basa en los criterios de Roma, desarrollados para establecer subgrupos dentro del conjunto de síntomas recurrentes o crónicos que constituyen los TFGI. Una historia clínica cuidadosa y una exploración física exhaustiva, descartando datos de alarma, son las principales herramientas para la orientación diagnóstica y el abordaje terapéutico, buscando un diagnóstico proactivo precoz y tranquilizar al paciente y la familia. En el primer año de vida predominan, sobre todo, las regurgitaciones, el estreñimiento y los cólicos del lactante. En el niño mayor y en el adolescente son muy frecuentes los trastornos de la defecación y los trastornos de dolor abdominal. El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en estos trastornos, estableciendo el diagnóstico adecuado y, en determinados casos, derivando a una unidad de Gastroenterología Pediátrica.

 

Abstract

Functional gastrointestinal disorders (FGIDs) or disorders of the brain-gut interaction (BGIDs) are a frequent reason for consultation in the paediatric age, affecting the quality of life of patients and their families and often leading to unnecessary tests and treatments. In the absence of biological parameters to confirm the diagnosis and due to the great variability in clinical practice, the diagnosis is based on the Rome criteria, developed to establish subgroups within the set of recurrent or chronic symptoms that constitute FGIDs. A careful clinical history and a thorough physical examination, ruling out potential alarm features, are the main tools for diagnostic and therapeutic approach, looking for an early proactive diagnosis and reassuring the patient and family. In the first year of life, regurgitation, constipation and infant colic mainly occur. In older children and adolescents, defecation disorders and abdominal pain disorders are much more frequent. The role of the primary care paediatrician is essential in these disorders, establishing the appropriate diagnosis and, in certain cases, referring to a paediatric gastroenterology unit.

 

Palabras clave: Trastornos funcionales gastrointestinales; Trastornos eje cerebro-intestino; Lactante regurgitador e irritable; Estreñimiento funcional; Dolor abdominal funcional.

Key words: Functional gastrointestinal disorders; Brain-gut axis disorders; Regurgitative and irritable infant; Functional constipation; Functional abdominal pain.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 453 – 464

 


OBJETIVOS

• Diagnosticar con los datos de la historia clínica y la exploración física, los principales trastornos funcionales gastrointestinales en la edad pediátrica.

• Identificar los síntomas y signos de alarma.

• Entender la base fisiopatológica de alteración en el eje cerebro-intestino microbiota y el abordaje bio-psico-social del tratamiento.

• Adecuar las intervenciones en el caso del niño regurgitador y/o irritable.

• Optimizar el tratamiento en los casos de estreñimiento funcional, familiarizándose con los laxantes más habituales.

• Conocer la utilidad de las distintas intervenciones en los casos de dolor abdominal funcional, según el subtipo.

 

Trastornos funcionales digestivos más frecuentes en Pediatría

Introducción

Se consideran como trastornos funcionales gastrointestinales (TFGI) a un conjunto de síntomas gastrointestinales crónicos o recurrentes no explicados por anomalías estructurales o bioquímicas y que interfieren de forma importante con la calidad de vida del niño y de su familia. Han pasado de ser meros diagnósticos de exclusión a entidades clínicas específicas con criterios diagnósticos propios.

Estos trastornos se asocian a una gran variabilidad en la práctica clínica. Una historia clínica cuidadosa y una exploración física exhaustiva, descartando la presencia de síntomas y signos de alarma, son las principales herramientas para la orientación diagnóstica y el abordaje terapéutico, buscando un diagnóstico proactivo precoz y tranquilizar tanto al paciente como a la familia.

Respecto a la repercusión de estos trastornos en la calidad de vida de los niños afectados y de sus familias, los niños de 5 a 18 años con TFGI refieren una peor calidad de vida en todas las dimensiones (física, emocional, social y escolar) que los controles sanos e, incluso, algo peor que pacientes con otras enfermedades gastrointestinales y presentan, además, una mayor frecuencia de ansiedad, depresión y absentismo escolar. Los padres de niños de 2-3 años con TFGI perciben una peor calidad de vida en sus hijos y refieren mayor número de consultas por síntomas gastrointestinales y en salud mental y mayor uso de medicación(1).

En este capítulo, tras unas consideraciones generales, se van a revisar los TFGI pediátricos más frecuentes: lactante regurgitador y/o irritable, estreñimiento funcional y trastornos de dolor abdominal funcional.

Prevalencia

En todas las edades, los TFGI son uno de los principales motivos de consulta, tanto en Atención Primaria como en Gastroenterología Pediátrica. Su prevalencia en población aparentemente sana es muy alta, aunque la gran heterogeneidad en las definiciones aplicadas en los distintos estudios hace difícil el establecer datos globales.

Una reciente revisión sistemática de los estudios de prevalencia en población general, siguiendo los criterios de Roma IV, aporta una prevalencia global del 22,2 % en menores de 4 años, siendo los más frecuentes el estreñimiento funcional y la regurgitación del lactante, y del 21,8 % entre 4 y 18 años, con un predominio del estreñimiento y de los trastornos de dolor abdominal funcional(2).

Fisiopatología

La posible fisiopatología de los TFGI ha evolucionado, pasando de ser considerados como trastornos principalmente psicosociales a implicar en el organismo a múltiples sistemas. En la actualidad, se considera el modelo bio-psico-social, que implica una compleja interacción entre factores de vulnerabilidad genética, ambientales, psicológicos y psicosociales que, junto con experiencias tempranas en la vida, configurarían la habilidad del sistema nervioso central y entérico para adaptarse a los cambios fisiológicos o de estrés. Una función intestinal alterada supondría alteraciones en el procesamiento central de las señales de dolor del intestino, con una hipersensibilidad visceral y/o una posible disregulación inmune mucosa y microbiana(3,4).

El modelo bio-psico-social es contemplado como una disfunción del eje cerebro-intestino, por ello la denominación actual de TECI. A este eje se incorpora la microbiota intestinal. Se han identificado mecanismos de señalización específicos que comunican la microbiota con el cerebro a través de vías neuronales, endocrinas e inmunes. El cerebro, a su vez, modula la composición y función de la microbiota intestinal a través del sistema nervioso autónomo, regulando la motilidad, la secreción, la permeabilidad y la liberación de hormonas intestinales que afectan la expresión de genes microbianos. Los cambios en cualquier nivel de estas interacciones pueden alterar el equilibrio, contribuyendo potencialmente a la patogénesis de los TFGI(5).

La asociación familiar, con una mayor prevalencia de TFGI en padres de niños con estos trastornos, expresa una predisposición genética, aunque el agrupamiento de casos en las familias puede tener relación también con compartir factores ambientales, factores de estrés, conductas aprendidas e, incluso, exposición a infecciones.

Criterios diagnósticos

Los pacientes con TFGI se han identificado por su pertenencia a algunos de los subgrupos sintomáticos, mediante los denominados “criterios de Roma”. Los criterios de Roma III (2006) establecieron dos grandes categorías: menores de 4 años, trastornos que expresan alteraciones fisiológicas, de maduración y del desarrollo afectivo; y niños y adolescentes (4-18 años), en los que prevalece el modelo bio-psico-social.

Los criterios de Roma IV se desplazaron desde el consenso a la evidencia y, tratando de superar la dicotomía funcional-orgánico, se denominaron “Trastornos de la interacción cerebro-intestino”, clasificados por síntomas gastrointestinales, en relación con una combinación de alteraciones en motilidad, sensibilidad visceral, inmunidad mucosa, microbiota intestinal y procesamiento del sistema nervioso central (SNC). Establecieron, explícitamente, que la necesidad de una evaluación médica debe ser decidida en cada caso y, también, la posible coexistencia de TFGI con otros procesos patológicos gastrointestinales orgánicos (como la enfermedad inflamatoria intestinal) o no orgánicos(3,4). No obstante, y a pesar del intento de aclarar las definiciones, todavía se cuestiona su aplicabilidad en la práctica clínica habitual. Se espera que, en el 2026, sean publicados los nuevos criterios de Roma V, que avanzarán en estas consideraciones.

TFGI del niño pequeño

En general, son niños sanos con buena ganancia ponderal, en los que no se evidencia ninguna enfermedad de base. La información de los problemas que experimenta el paciente es recibida a través de los padres y/o cuidadores, con el componente subjetivo y de angustia que ello implica. Se consideran alteraciones transitorias de un sistema gastrointestinal y de un eje cerebro-intestino en desarrollo(3).

Los puntos clave del tratamiento son tranquilizar a los padres o cuidadores, mediante un diagnóstico proactivo precoz del trastorno funcional, explicando la benignidad del proceso y anticipando su historia natural hacia la resolución.

Los distintos cuadros clínicos se agrupan en 7 categorías, cuyos criterios diagnósticos se exponen en la tabla I(3,6).

tabla

 

TFGI del niño mayor

Como novedades, los criterios de Roma IV incluyeron en este grupo nuevos trastornos, como son las náuseas y vómitos funcionales; eliminaron como criterio diagnóstico la ausencia de enfermedad orgánica que explique los síntomas y consideraron como tal que: “los síntomas no pueden atribuirse a otra enfermedad, después de una evaluación médica adecuada”. El tratamiento se basa en un abordaje biopsicosocial, con el objetivo de normalizar la vida del paciente. Los distintos cuadros clínicos se agrupan en 3 categorías(4,6,7):

1. Trastornos de náuseas y vómitos funcionales (Tabla II).

tabla

 

2. Trastornos de dolor abdominal funcional (Tabla III).

tabla

 

3. Trastornos de la defecación (Tabla IV).

tabla

 

Lactante regurgitador y/o irritable

En el caso del niño regurgitador y/o irritable, la causa más probable es un trastorno funcional en relación con un eje cerebro-intestino en desarrollo. Es fundamental un diagnóstico precoz y seguimiento, anticipando la evolución natural a la resolución (en torno al 5º mes de vida para el cólico y al año de vida para la regurgitación) (Algoritmo 1).

algoritmo 1

 

Se considera regurgitación la emisión pasiva y sin esfuerzo del contenido gástrico a la boca, consecuencia de un esfínter esofágico inferior inmaduro o incompetente. La alta frecuencia de regurgitaciones en el lactante pequeño está justificada también por la escasa capacidad gástrica, el carácter líquido de la dieta, la postura habitualmente horizontal y la presencia de una aerofagia fisiológica. Es importante descartar siempre la existencia de signos de alarma que obligarían a descartar una patología de base. Los casos en que se asocian síntomas molestos y/o complicaciones, se considerarían ya enfermedad por reflujo gastroesofágico(3).

Los episodios de irritabilidad y llanto inconsolables que no pueden ser prevenidos por los cuidadores, pues ocurren sin causa aparente, se consideran cólicos del lactante. Los criterios de Roma IV ampliaron la edad de 4 a 5 meses y eliminaron la necesidad de una duración mínima de horas (criterio arbitrario) o una frecuencia mínima a la semana (difícil de aplicar en la práctica diaria). En este caso, los trastornos del eje cerebro-intestino consideran una interacción entre una base genética, eventos de la vida temprana, situaciones de estrés y tipo de afrontamiento y percepción parental asociado a una dismotilidad, hiperalgesia visceral, aumento de permeabilidad y componentes inflamatorios y de alteración del microbioma.

Respecto al tratamiento en las regurgitaciones del lactante, el tratamiento postural eficaz en decúbito prono está contraindicado por el riesgo de muerte súbita en los menores de un año y hay que evitar la posición semisupina sentada por el aumento de la presión intraabdominal. De forma individualizada, se podría considerar el espesamiento de las tomas en algunos lactantes con escasa ganancia ponderal, mediante el empleo de fórmulas espesadas con almidón de maíz, almidón de arroz o harina de semilla de algarrobo. Las recientes recomendaciones del Comité de nutrición de la ESPGHAN establecen, en los casos de regurgitaciones sin otros síntomas, si los padres experimentan una angustia importante, extraer la leche materna y complementar con agentes espesantes y, en los lactantes alimentados con fórmula, considerar las fórmulas infantiles espesadas industrialmente (fórmulas antirreflujo) o fórmulas con espesantes añadidos. Para evitar la sobrealimentación, generalmente se prefiere utilizar espesantes de bajo contenido energético, como la algarroba o la goma guar(8). Asimismo, en determinados casos, se podría hacer una prueba de retirada de proteínas de leche de vaca (PLV) a través de la dieta materna o con el empleo de hidrolizados extensos de PLV durante dos a cuatro semanas, con provocación diagnóstica posterior si mejoría(9). En el tratamiento farmacológico, hay suficiente evidencia sobre la falta de eficacia en el uso de inhibidores de la bomba de protones y no hay evidencia de beneficio en la evolución del proceso con el uso de procinéticos o antiácidos(10).

Al tratarse las regurgitaciones y cólicos del lactante de dos TFGI muy frecuentes en la primera infancia, no es infrecuente su coincidencia. Los criterios de Roma IV establecieron la ausencia de una buena correlación entre la existencia de enfermedad por reflujo gastroesofágico y el llanto o el comportamiento irritable del lactante. Estos síntomas dependerían de la percepción subjetiva, tanto de los cuidadores como del médico, existiendo falta de evidencia en el beneficio del uso de inhibidores de la bomba de protones.

La base del tratamiento en los casos de irritabilidad es tranquilizar y apoyar a los padres, explicando el llanto como una forma de expresar el lactante cualquier tipo de disconfort y reforzando el hecho de que se trata de un proceso autolimitado. Por lo general, no se recomienda el uso de “fórmulas anticólicos” u otras fórmulas con contenido modificado en lactantes con cólicos(8). Como en el caso del niño regurgitador, en determinados casos, sobre todo en presencia de otros síntomas cutáneos o respiratorios, se puede considerar la posibilidad de una alergia a PLV no mediada por IgE y plantear una dieta de eliminación de PLV durante 2 a 4 semanas(9). En lactantes alimentados al pecho, se contempla la administración del Lactobacillus reuteri DSM 17938 o Bifidobacterium lactis BB12, disminuyendo el tiempo de llanto(11). No hay evidencia de beneficio con ninguna medicación ni con el uso de terapias alternativas, como la osteopatía o la quiropráctica. Podría haber cierto beneficio con la administración de hierbas aromáticas como la camomila, melisa o hinojo, siempre que no interfiera con la nutrición del lactante(12).

Se han descrito, asociado a estos casos, sobremedicaciones, intervenciones nutricionales innecesarias (razón más frecuente para abandono de lactancia materna), riesgo de maltrato infantil (síndrome del niño zarandeado) y de depresión materna y aumento de incidencia posterior de TFGI y de trastornos de conducta(12).

Estreñimiento funcional

El estreñimiento funcional es el TFGI más frecuente en todas las edades. El fracaso del tratamiento y/o la mala evolución, en la mayoría de los casos, está en relación con situaciones de infratratamiento (Algoritmo 2).

algoritmo 2

 

Consiste en la emisión dolorosa e infrecuente de heces duras o grandes que puede acompañarse, en niños con adecuado control de esfínteres, de episodios de incontinencia. Los criterios de Roma IV incorporaron la subdivisión en pacientes sin control de esfínteres y con adecuado control de esfínteres, teniendo en cuenta en estos últimos la incontinencia fecal y la emisión de heces de gran diámetro que puedan obstruir el inodoro(3,4).

Lo más frecuente es una actitud retentora por miedo a la defecación, lo que lleva a una mayor reabsorción de agua en el colon y a deposiciones de consistencia más dura, de gran tamaño y a la posible producción de fisuras anales. Esta actitud puede relacionarse con cambios en la dieta o el intento de control de esfínteres.

La historia clínica y exploración física, excluyendo signos o síntomas de alarma que planteen el diagnóstico diferencial con la enfermedad de Hirschs­prung, obstrucciones anatómicas o alteraciones en la columna vertebral, metabólicas o neuroentéricas, confirman el diagnóstico, sin precisar muchas veces de la realización de un tacto rectal. La detección de algún dato de alarma implica la indicación de exploraciones complementarias orientadas a descartar otras patologías, principalmente enfermedad celíaca e hipotiroidismo. Respecto a los estudios de imagen, se descarta la indicación de la radiografía simple de abdomen y se plantea la utilidad de la ecografía para valorar el diámetro rectal y el posible diagnóstico de impactación fecal.

El objetivo del tratamiento es reblandecer las heces y evitar el dolor. En niños más mayores, el abordaje es fundamentalmente conductual, reforzando y facilitando el hábito de la defecación. Es importante informar sobre la posición más adecuada, con una base de apoyo en los pies para una prensa abdominal más eficaz, así como el reforzar la rutina de un patrón defecatorio diario y el tratamiento de lesiones anales si existiesen. No se recomienda el aumento de ingesta de fibra, pero sí completar los requerimientos diarios normales para la edad. La fibra medicamentosa no es más efectiva y es peor tolerada, por lo que su uso en Pediatría está muy limitado. No hay una base fisiopatológica para la recomendación de aumentar la ingesta de agua, pues la mayor parte es reabsorbida en tramos proximales, por lo que sería cuestionable su utilidad para reblandecer(13).

Respecto a la alimentación en niños pequeños, tanto en lactantes amamantados como en los alimentados con fórmula, se deben aplicar intervenciones no nutricionales como tratamiento de primera línea. No se debe interrumpir la lactancia. En casos seleccionados, se puede considerar el uso de fórmulas con alto contenido de β-palmitato o con mayor contenido de magnesio para ablandar las heces(8).

Se considera importante un tratamiento laxante adecuado, mediante laxantes osmóticos tipo polietilenglicol (PEG), lactulosa o leche de magnesio, siendo el de primera elección el PEG con o sin electrolitos(13,14), seguido de aceite mineral y laxantes estimulantes. Es fundamental la indicación de una dosis adecuada y, al menos, durante 2 meses, pues la principal causa de mala respuesta al tratamiento es la infradosificación y la corta duración del mismo. Se considera un estreñimiento funcional como refractario, cuando no responde al tratamiento habitual óptimo durante un mínimo de 3 meses, incluyendo estimulación rectal. En la tabla V se exponen las dosis de laxantes orales y rectales utilizados más frecuentemente según las últimas guías de práctica clínica, Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y Pediamecum. Se exponen, así mismo, las dosis, en caso de ser necesario realizar una desimpactación.

tabla

 

Como en los TFGI previos, en los primeros años y en casos sugestivos de componente alérgico, se puede plantear una prueba de exclusión de PLV durante 2-4 semanas. La respuesta a la retirada y a la reintroducción confirmaría el diagnóstico de trastorno de la motilidad inducido por proteínas alimentarias(9). Hay falta de evidencia para el empleo de probióticos(11).

En niños mayores es importante diferenciar el estreñimiento funcional con encopresis de la incontinencia fecal no retentiva, con una frecuencia de defecación normal y en lugares inapropiados (ropa interior, suelo, cama…) para el contexto sociocultural del niño y en ausencia de retención fecal. Hay que descartar alteraciones emocionales y puede ser un signo de alarma para investigar abusos sexuales(4).

Trastornos de dolor abdominal funcional

El síntoma dominante es el dolor abdominal, distinguiéndose varios subtipos dependiendo de la sintomatología acompañante. Se trata de un diagnóstico de primera línea, no de exclusión, aunque la evolución de cada caso pueda hacer cambiar el diagnóstico a lo largo del seguimiento (Algoritmo 3).

algoritmo 3

 

El pediatra, además de explicar el concepto de funcionalidad, tranquilizar por la ausencia de síntomas de alarma y apoyar al niño y a la familia mediante visitas de seguimiento, tendría que intentar descubrir los posibles desencadenantes. El tratamiento está orientado a recuperar la actividad normal y mejorar la calidad de vida del paciente y su familia, no a conseguir la desaparición completa de los síntomas, tratando de evitar los ingresos y valorando la conveniencia del tratamiento empírico(7).

Existe escasa evidencia en la literatura científica sobre la eficacia del tratamiento farmacológico. Es un tratamiento sintomático, por lo que la elección del fármaco debe estar basada en el subtipo clínico y en el síntoma predominante del cuadro. Hay que considerar también otros abordajes no farmacológicos (terapia cognitivo-conductual, acupuntura, yoga, masajes, manipulación espinal, moxibustión o actividades físicas)(15). En todo momento, hay que considerar el efecto placebo de la intervención o la historia natural con mejoría de los síntomas.

Abordaje según subtipos

Dispepsia funcional

La principal característica es el dolor o disconfort localizado en el epigastrio. Los criterios de Roma IV contemplan dos subtipos de dispepsia, el síndrome de disconfort postprandial (plenitud postprandial molesta o saciedad precoz que impide acabar una comida normal), y el síndrome de dolor epigástrico (dolor o ardor epigástrico suficientemente importante como para interferir con la actividad habitual).

Un hecho importante es que se ha eliminado la necesidad de que haya “dolor” al hablar de dispepsia funcional y también la necesidad de disponer de una gastroscopia normal para confirmar el diagnóstico, estando indicada solo si hay datos sugestivos de patología orgánica. Se mantiene la “no indicación” de test no invasivos para el diagnóstico de la infección por Helicobacter pylori en estos pacientes(16).

Respecto a la orientación terapéutica, si destaca la pirosis y el dolor epigástrico, se puede hacer un ensayo terapéutico con inhibidores de la bomba de protones y, si el síntoma predominante es la plenitud o saciedad precoz, se puede plantear iniciar tratamiento con un procinético(4).

Síndrome de intestino irritable (SII)

Se caracteriza por dolor abdominal y alteración del hábito intestinal, siendo fundamental la relación que tiene el dolor con la defecación, tanto en frecuencia como en cambios en la consistencia. Se refuerza la diferencia con estreñimiento funcional: en niños con SII y predominio de estreñimiento, el dolor no se resuelve al solucionar el estreñimiento, a diferencia de lo que ocurre en el estreñimiento funcional. En los casos con predominio de diarrea, se plantearía el diagnóstico diferencial, con diarrea infecciosa, enfermedad celíaca, malabsorción de carbohidratos, sobrecrecimiento bacteriano o enfermedad inflamatoria intestinal.

Respecto al tratamiento, cuando predomina la diarrea, se ha extendido el uso de los probióticos, aunque la gran variabilidad de los estudios en cuanto a cepas, dosis y duración de tratamiento, impiden disponer de unas recomendaciones claras. No hay evidencia de eficacia de ningún tratamiento farmacológico, aunque en los casos con predominio de estreñimiento se ha utilizado el polietilenglicol(17). Respecto a la intervención nutricional, en niños no hay evidencia como hay en adultos para recomendar las dietas bajas en FODMAPs (Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols)(18). Si se decide establecer una dieta de prueba, implica un soporte nutricional adecuado y un seguimiento estrecho. En una primera fase se instaura una dieta estricta y se reevalúa la sintomatología en dos a cuatro semanas. Si hay respuesta, se introducen progresivamente grupos de alimentos para restringir aquellos que desencadenan síntomas; aunque, a veces, esto es difícil de valorar. Respecto a otras dietas restrictivas, una práctica común es la restricción en lactosa o fructosa. No hay evidencia de relación entre la intolerancia a la lactosa y los TFGI con dolor abdominal. La reducción de fructosa en la dieta se ha relacionado con una disminución en la intensidad de los episodios de dolor, aunque sin disminuir su frecuencia. Esta respuesta parece estar asociada más con el abandono de bebidas azucaradas y otros productos manufacturados que con la fructosa presente en alimentos naturales. Por todo ello, no debe recomendarse la eliminación de lactosa o fructosa de manera sistemática en estos pacientes, ni tampoco otras dietas restrictivas, como es la retirada del gluten o del trigo, dada la infrecuencia de la patología sensible al gluten/trigo en niños(19).

En el manejo terapéutico de estos pacientes tiene gran importancia el abordaje psicológico. La terapia cognitivo-conductual y la hipnosis, junto con los probióticos, son las intervenciones que han demostrado mayor evidencia en la mejoría de la sintomatología del SII(17).

Migraña abdominal

Episodios recurrentes y paroxísticos de dolor abdominal muy intenso e incapacitante, que suelen asociarse con síntomas vegetativos y que, característicamente, son estereotipados en cada paciente. Entre los episodios existe un estado basal de salud, durante el que pueden persistir otros síntomas digestivos menores. Como en el resto de trastornos funcionales, existe poca evidencia en cuanto al tratamiento farmacológico. Los fármacos más usados como profilácticos para disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis son el propanolol y la ciproheptadina. En aquellos pacientes que asocian cefalea pueden usarse fármacos antimigrañosos, como flunarizina y pizotifeno(4).

Dolor abdominal funcional no específico

Cuadros de dolor abdominal, continuo o intermitente, que no cumplen criterios para ser clasificados como dispepsia funcional, intestino irritable o migraña abdominal. Con respecto a los criterios de Roma III se añadió a la definición “no especifico” para evitar confusiones.

Se ha descrito la eficacia del aceite de menta (pippermint). Se han utilizado los anticolinérgicos por su efecto espasmolítico y los antidepresivos a dosis bajas, aunque una reciente revisión de la Cochrane no recomienda su uso generalizado para el dolor crónico, incluido el abdominal(20). Teniendo en cuenta el riesgo/beneficio de estos fármacos, su uso debería limitarse a casos graves que no responden a otras terapias. Como en el síndrome de intestino irritable, el abordaje psicoterapéutico parece ser eficaz, sobre todo, la terapia conductual y la hipnoterapia(17).

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en el abordaje y orientación de estos trastornos, pues es el profesional que va a establecer los diagnósticos adecuados y a evitar intervenciones y tratamientos innecesarios. La base del abordaje terapéutico va a ser siempre transmitir confianza al paciente y a las familias. En determinados casos será preciso derivar a una unidad de Gastroenterología Pediátrica, para lo que es fundamental un abordaje conjunto de estos trastornos por parte del pediatra de Atención Primaria y del pediatra gastroenterólogo, para ofrecer una orientación común y poder transmitir a la familia y al paciente un mensaje uniforme y la misma tranquilidad desde todos los niveles de atención(7).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Documento de posicionamiento del Comité de Nutrición de ESPGHAN, en el que se revisa la evidencia actual sobre la seguridad y eficacia de fórmulas específicamente elaboradas para abordar la regurgitación, los cólicos y el estreñimiento.

– Rajindrajith S, Devanarayana NM, Thapar N, Benninga MA. Myths and misconceptions about childhood constipation.Eur J Pediatr. 2023; 182: 1447-58.

Excelente revisión de varios mitos y conceptos erróneos ampliamente difundidos sobre el estreñimiento y que siguen interfiriendo con el tratamiento racional del estreñimiento infantil.

– Chakraborty PS, Daniel R, Navarro FA. Non-pharmacologic approaches to treatment of pediatric functional abdominal pain disorders. Front Pediatr. 2023: 11: 1118874. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fped.2023.1118874.

Revisión de las intervenciones no farmacológicas utilizadas en el tratamiento de los trastornos de dolor abdominal funcional, incluidas modificaciones en la dieta, manipulación del microbioma intestinal e intervenciones psicológicas (terapia cognitivo conductual, hipnoterapia, técnicas de respiración y relajación).

– Rexwinkel R, Vlieger AM, Saps M, Tabbers MM, Benninga MA. A therapeutic guide on pediatric irritable bowel síndrome and functional abdominal pain-not otherwise specified. Eur J Pediatr. 2022; 181: 2603-17.

Propuesta de un enfoque personalizado para cada paciente, basado en sus síntomas físicos y psicológicos. Plantea una toma de decisiones compartida, incluidas las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas, y discutida con la familia.

– Valverde Fernández J, Román Riechmann E, Juste Ruiz M. Nutrición en los trastornos funcionales gastrointestinales. En: Manual de nutrición. Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP. Asociación Española de Pediatría. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2021. p. 94-103.

Actualización sobre el papel de la alimentación como uno de los pilares del tratamiento de los TFGI. La evidencia limitada sobre el efecto de la intervención nutricional refuerza la necesidad de evitar intervenciones dietéticas innecesarias y que puedan conllevar a carencias nutricionales.

Caso clínico

 

Niño varón de 4 años sin antecedentes personales de interés, en seguimiento por su pediatra por estreñimiento de 2 años de evolución, coincidiendo el inicio con la retirada del pañal. Los padres indican que durante los primeros años de vida realizaba 2-3 deposiciones diarias tipo 4-5 en la escala de Bristol, pero que a los 2 años comenzó a hacer una deposición cada 1-2 días de consistencia caprina, 1-2 en la escala de Bristol y con esfuerzo defecatorio. Presentó fisura anal con restos de sangre en las heces a los 3 años, iniciando desde entonces actitudes retentivas, con dolor durante la defecación.

Han seguido tratamiento intermitente con polietilenglicol sin electrolitos (500 mg/ml), 5 ml al día, sin mejoría de los síntomas, retirándose a los pocos días por miedo a los efectos secundarios. Actualmente, administran de forma ocasional y durante 2-3 días polietilenglicol, con emisión de heces blandas tras su empleo. Sin embargo, los padres refieren preocupación, porque cuando no administran el laxante, el paciente puede permanecer 3 o 4 días sin realizar deposición.

Asocia disconfort abdominal ocasional que calma al realizar deposición. Sin vómitos. Refieren dieta variada, curva ponderoestatural ascendente (p48 de peso) e ingesta adecuada, sin rechazo de alimentación.

Acudió en una ocasión a Urgencias por estreñimiento de 4 días de evolución, realizándose radiografía de abdomen, en la que se objetivaban abundantes heces desde recto hasta marco cólico izquierdo. En esta ocasión administraron enema de suero salino que fue efectivo.

Presenta una exploración física normal, salvo abdomen globuloso, aunque blando y depresible, palpándose masas fecales en fosa iliaca izquierda. Refiere molestias a la palpación profunda en región periumbilical, sin datos de irritación peritoneal. Exploración perianal sin alteraciones.

 

 

Esophageal pathology

A. Recio Linares*, C. García Rodríguez**, G. Botija Arcos*, A. Barrio Merino*
Topics on
Continuous Training



A. Recio Linares*, C. García Rodríguez**, G. Botija Arcos*, A. Barrio Merino*

*Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition Unit of the Fundación de Alcorcón University Hospital. Madrid. **Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition Unit of the Tajo University Hospital. Aranjuez. Madrid

X

Corresponding author:

abarrio@fhalcorcon.es

Abstract

Esophageal diseases are diverse in nature: malformative, motor, traumatic, infectious, immunological and functional. The common embryological origin with the upper airway has led to the development of ‘Aero-Digestive Medicine’ units covering the different pathological processes common to both. In a previous edition published in this same journal in 2019(1), dedicated to Esophagitis and Gastritis, some esophageal pathologies were already reviewed. This article describes the most prevalent esophageal diseases, approached from a conceptual and practical point of view, especially from a Primary Care perspective. This is a review and update of the most prevalent pathologies, with special attention to the recommendations of the clinical practice guidelines of scientific societies. The pediatrician must bear in mind the possibility that the patient’s symptoms are due to a specific esophageal pathology; he/she must know the advantages and limitations of the diagnostic methods as well as the coexistence of urgent pathology that requires immediate assessment and, conversely, functional problems that are frequently overtreated.

 

Resumen

Las enfermedades esofágicas son de diversa índole: estructurales-malformativas, motoras, traumáticas, infecciosas, inmunológicas y funcionales. El origen embriológico común con la vía respiratoria superior ha propiciado el desarrollo de unidades de “Medicina Aero-Digestiva”, que abarcan los distintos procesos patológicos comunes a ambos. En una edición anterior, publicada en esta misma revista en 2019(1), dedicada a Esofagitis y gastritis, ya fueron revisadas algunas patologías esofágicas. En este artículo se describen aquellas enfermedades esofágicas más prevalentes, enfocadas desde un punto de vista conceptual y práctico, especialmente desde la Atención Primaria. Revisión y actualización de las patologías más prevalentes, con especial atención a las recomendaciones de las guías de práctica clínica de sociedades científicas. El pediatra debe tener presente la posibilidad de que los síntomas del paciente se deban a una patología esofágica concreta; debe conocer las ventajas y limitaciones de los métodos diagnósticos, así como la coexistencia de patología urgente que requiere una valoración inmediata y, al contrario, problemas funcionales que frecuentemente son sobretratados.

 

Key words: Esophageal motility disorders; Esophagitis; Eosinophilic esophagitis; Gastroesophageal reflux; Caustic ingestion.

Palabras clave: Trastornos de motilidad esofágica; Esofagitis; Esofagitis eosinofílica; Reflujo gastroesofágico; Ingestión de cáusticos.

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (7): 428 – 439

 


OBJECTIVES

• To recognize the symptoms and signs suggestive of esophageal disease.

• To assess the information provided by each diagnostic test: when to request it and what information to expect from it, in order to discriminate between functional and organic pathology, thus avoiding unnecessary treatments.

• To be familiar with the most prevalent pathologies such as eosinophilic esophagitis and gastroesophageal reflux disease.

• To identify that the increased survival rate of infants undergoing esophageal surgery, such as esophageal atresia, has led to the appearance of late-onset problems that need to be identified, studied and treated correctly.

• To know how to identify the drugs responsible for esophageal lesions. It is the primary function of the primary care pediatrician to give instructions to the patient (age permitting) or to his/her family to minimize the risk of developing these lesions, in addition to choosing the pharmaceutical forms with the lowest risk of producing them.

• To be aware that the widespread use of button cells made of lithium salts has changed the paradigm in their accidental handling. Early and appropriate attention is necessary in the management of these accidents and their referral to appropriate hospitals.


 

 

Esophageal pathology

Introduction

Esophageal diseases are of diverse nature: structural-malformative, motor, traumatic, infectious, immunological and functional. The common embryological origin with the upper respiratory tract has led to the development of “Aero-Digestive Medicine” units, which cover the different pathological processes common to both.

The pediatrician must be aware of the possibility that the patient’s symptoms may be due to a specific esophageal pathology; he or she must be aware of the advantages and limitations of the diagnostic methods, as well as the coexistence of urgent pathology that requires immediate assessment and, conversely, functional problems that are frequently overtreated.

Cardinal symptoms

Regardless of the etiology responsible for the injury, the symptoms are common in many of the diseases and different depending on the age of the patient, as reflected in Table I taken from the article by Thomson et al.(2).

 

Study techniques

The etiological diagnosis of esophageal symptoms is a diagnostic challenge. It is essential to choose the most appropriate test based on the clinical case.

Diagnostic tests focused on etiological diagnosis are a challenge for the pediatrician, given the overlap of symptoms, already mentioned, and the absence of specific diagnostic guidelines for Pediatrics. The choice of the most appropriate technique should be based on the diagnostic hypothesis. Thus, esophagogastroduodenoscopy is the test of choice for the study of mucosal alterations; esophagogram to detect structural abnormalities and achalasia; chest CT or magnetic resonance imaging (MRI) for the study of the mediastinum; manometry is the most sensitive in the detection of motor alterations and pH-impedance (pH-MMI) for the assessment of gastroesophageal reflux. A more detailed description of the advantages and disadvantages of each technique is summarized in table II, modified from Lanzoni et al.(3).

 

Esophageal trauma

We pediatricians need to become aware of the importance of traumatic injuries to the esophagus and learn how to prevent them.

Drug-induced esophagitis

Pediatricians must raise awareness of the potential harm that some drugs can cause. It is essential to provide clear instructions to the patient or his/her family to minimize the risk of developing esophageal injuries.

Epidemiology

The prevalence of drug-induced esophageal injuries is unknown, due to the lack of medical awareness of the relationship between drugs and esophageal injury, and the bias of thinking of more serious pathologies as responsible for the symptoms. In the USA, approximately 10,000 cases of drug-induced esophageal injuries are described each year at any age. To our knowledge, we have only found one publication of a series of exclusively pediatric cases(4). In it, the results of 532 esophagogastroscopies performed over 4 years were retrospectively analyzed, identifying drug-induced esophageal injuries in 26 patients with a mean age of 10.76 years. The responsible drugs were exclusively nonsteroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs), antibiotics (doxycycline) and ferrous sulfate. Over time, 8 cases developed an esophageal stricture. More than 70 drugs responsible for the injury have been described, summarized in table III(5).

 

Pathophysiology

The pathophysiological mechanism is varied: production of a caustic acid substance (ascorbic acid, ferrous sulphate), production of an alkaline caustic (alendronate), creation of a hyperosmolar substance in contact with the mucosa (potassium chloride) and direct cellular toxicity on esophageal epithelium (doxycycline)(5).

Clinical manifestations

Symptoms include chest pain, generally of abrupt onset and almost always temporally related to the start of medication (not the case with quinidine), odynophagia, dysphagia, vomiting and, more rarely, hematemesis.

Diagnosis

The technique of choice is endoscopy, which reveals mucosal erythema, erosions, ulcers (typically “mirror-image” in almost half of cases), bleeding, or in more severe cases, extensive mucosal dissection or perforation. It is not necessary to perform it in mild cases; although it is not only diagnostic, but also allows for differentiating lesions produced by other mechanisms and taking samples for histology and cultures. In most cases, the lesions are located in the middle third of the esophagus, coinciding with the imprint of the aortic arch in the esophageal lumen.

Treatment

Beyond the withdrawal of the responsible drug when possible or, at least, its substitution with another galenic form, the treatment consists of oral or intravenous hydration as required and systemic and topical analgesics (viscous lidocaine or similar). The administration of antisecretory agents (omeprazole or derivatives) and sucralfate, although they are common practice, lack clinical trials that demonstrate their efficacy. From the point of view of Primary Care, it is essential to give instructions to the patient or his family that minimize the risk of developing esophageal lesions: do not take the tablets or capsules lying down or do not lie down until about 30 minutes after ingestion, ingest them with a sufficient quantity of liquid (in adults it is estimated at about 100 ml), preferably use tablets or capsules with gelatin coating and, if they are not available, syrups, sachets and other galenic forms. These indications are especially important in patients at risk: esophageal motor disorders, left atrial enlargement, previous cardiac surgery, diabetics, etc.

The most interested reader can refer to the review by Petersen and Jaspersen(6), where what is presented here is described in more detail, as well as the individualized mechanism of production of the injury of the most frequent drugs.

Accidental ingestion of lithium batteries (button cells)

The gradual replacement of lithium button cells with silver, copper, mercury or other types of cells has led to an increase in morbidity and, in some cases, mortality following accidental ingestion. The mere suspicion of ingestion requires immediate medical evaluation.

The increase in electronic devices in homes to which children have access leads to an increase in accidental ingestion of the batteries of these devices.

Epidemiology

According to reports from the National Battery Ingestion Hotline (NBIH), in 2015 there were 1.5 cases per 100,000 children per year. The majority (75%) occurred in children under 6 years of age, with a peak between 1 and 2 years of age, and the most frequent electronic devices where batteries were housed were, in this order: hearing aids, toys and remote controls. In parallel with this increase in ingestion, an increase in morbidity has been observed caused by the progressive replacement of silver, copper, mercury, etc. batteries by lithium batteries, which are much more durable, lighter, stable at different temperatures and have a higher electrical charge (3 V versus 1.5 V), but with a larger diameter. As a result, accidental ingestion of lithium batteries by children went from 1% of all button cell battery ingestions in 1990 to 25% in 2008.

Pathophysiology

The importance of lithium batteries is that the mechanism of injury is liquefaction necrosis of the tissue in contact with the negative pole. When one of these batteries is impacted in the esophagus, the esophageal tissue in contact acts as a conductor, creating a current towards the negative pole (the one not labeled), which produces hydroxyl ions in the tissue that raise the pH above 12, thus being a necrosis equal to that produced by ingestion of a strong alkali, that is, deep, potentially producing perforations or fistulas to the trachea, aorta, right subclavian artery or lower thyroid, and prolonged, since the necrosis process persists after the battery is removed.

Clinical manifestations

Injury has been shown to occur after only 2 hours after impaction, and is especially severe after 8-12 hours. Ingestion of a discharged lithium battery should not be reassuring, as it still retains a residual charge of 1.5 V and experimental studies have shown that voltages of 1.2 V or higher are sufficient to injure tissue. In 2015, the endoscopy committee of the North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition (NASPGHAN) published its recommendations for the management of foreign body ingestion in children(7). Among these, it placed special emphasis on batteries larger than 20 mm in diameter and in children under 5 years of age. The recommended approach was immediate endoscopic removal if the patient was stable. In cases where the patient presented hemorrhage or hemodynamic instability, the removal should be performed in the operating room with the presence of a thoracic or cardiovascular surgeon. Any patient with an endoscopic esophageal injury should be admitted for treatment with a complete diet and antibiotics. Prior to discharge, the presence of perforation, vascular fistulas, etc. should be ruled out with appropriate tests, chest CT, angioCT or chest MRI.

A few years later, in 2021, the European Society of Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition (ESPGHAN) published its specific recommendations for the ingestion of button batteries in children(8). It particularly highlights the location and time of ingestion, without mentioning the age or size of the battery.

Treatment

The main recommendations are summarized below:

• Ingestion of a button battery or even the mere suspicion thereof requires immediate clinical and radiological evaluation to confirm ingestion and the location of the battery.

• In cases where the battery lodges in the esophagus, immediate endoscopic removal of the battery is recommended, preferably within 2 hours after ingestion.

• If <12 hours have passed since ingestion, a weak acid may be administered in stable patients to try to minimize the damage prior to endoscopy. Experimental studies with sucralfate (10 ml every 10 minutes, maximum 3 doses) or honey in patients over 1 year of age (10 ml every 10 minutes, up to 6 doses) have shown a certain protective effect. In no case should administration delay endoscopic removal.

• In cases where ingestion has occurred >12 hours, it is advisable to perform a chest CT scan prior to removal, to rule out the presence of fistulas to large vessels that could cause massive bleeding after removal of the battery. The removal will be performed in the operating room, with the presence of a thoracic or cardiovascular surgeon.

• If the battery is lodged in the stomach and ingestion was <12 hours, the patient will be monitored and re-administered until the evaluation. A simple abdominal X-ray will be performed between 7 and 14 days to confirm its expulsion (the previous recommendation was to perform the X-ray after 2-4 days).

• A battery lodged in the stomach, ingested >12 hours previously, requires endoscopy to rule out the possibility that, before reaching the stomach, it remained lodged in the esophagus for a sufficiently long time to cause an esophageal injury.

From a practical and primary care point of view, the mere suspicion of accidental ingestion of a battery requires immediate evaluation. Sucralfate is considered a foreign drug, so it is unlikely to be available in health centers, but honey is a cheap and accessible remedy. Given the recommendation of the presence of a surgeon during endoscopic removal in cases of prolonged ingestion (>12 hours before), we recommend referring the patient directly to a tertiary center. Evaluation in a center without these possibilities would only delay assistance.

Malformations and motor disorders

Esophageal malformations

Esophageal atresia should be suspected in a newborn with respiratory difficulty, hypersalivation and regurgitation that worsens with feeding, in addition to the inability to pass a nasogastric tube.

Epidemiology

Esophageal atresia (EA) is the most common congenital anomaly of the esophagus, with 90% of cases presenting with an associated tracheoesophageal fistula (TEF). EA is associated with other anomalies in 50% of cases, often as part of the VATER or VACTERL association, CHARGE syndrome, and especially with cardiac and genitourinary defects. Table IV presents the classification of the different types of EA.

 

Clinical manifestations

In the prenatal period, it may present with polyhydramnios, prematurity, or other associated malformations may be detected. In the postnatal period, it usually presents with hypersalivation and drooling. Episodes of coughing, cyanosis, and respiratory distress may appear. Feeding accentuates these symptoms, causes regurgitation, and may cause aspiration. Aspiration of gastric contents through a distal fistula may cause pneumonitis. In less frequent cases of isolated TEF in the absence of EA (type H), the symptoms usually appear in later stages of life, generally with chronic respiratory problems.

Diagnosis

EA should be suspected in a newborn if respiratory distress of early onset develops and there is inability to pass a nasogastric or orogastric tube. Findings on fetal ultrasound of an absent gastric bubble and the presence of polyhydramnios may guide the diagnosis before delivery. On postnatal plain radiographs, the tip of the tube appears coiled in a spiral in the esophageal pouch and/or gastric distension with air is seen, indicating the presence of a coexisting TEF. In contrast, in isolated EA, the abdomen appears excavated and devoid of air. Isolated TEF (type H) can be identified by a contrast-enhanced esophagram or by bronchoscopy.

Treatment

General measures, such as maintaining a patent airway and decompressing the proximal pouch, are essential to prevent aspiration of secretions. In newborns with TEF without other associated pathologies, early surgical intervention is performed. The surgical technique consists of sectioning the TEF and primary end-to-end anastomosis. If the distance between the ends of the esophagus is wide, a fragment of stomach, jejunum or colon must be interposed as a neo-esophagus(9).

Prognosis

The prognosis of isolated EA is generally good, with a survival rate of >90%, conditioned mainly by birth weight and the presence of associated severe cardiac malformations. Long-term complications are frequent and the primary care pediatrician must be aware of them in order to increase diagnostic suspicion and initiate appropriate treatment early. Long-term complications include respiratory complications and gastroesophageal reflux disease. Patients operated on for EA require treatment with proton pump inhibitors, at least during the first year of life, subsequently re-evaluating the persistence of reflux(10).

Motor disorders of the esophagus

The clinical presentation of achalasia is gradual and insidious, with chronic respiratory symptoms predominating in young children and digestive symptoms in older children. A high diagnostic suspicion is necessary to avoid a delay in treatment.

Esophageal motor disorders are rare and have little known etiology. They may be primary or secondary to esophageal pathology (reflux esophagitis, caustic esophagitis, etc.), or to systemic diseases (scleroderma, dermatomyositis, Chagas disease, etc.). Achalasia is a primary motor disorder, characterized by the absence of peristalsis and insufficient relaxation of the lower esophageal sphincter.

Epidemiology

It is rare in children and is sometimes associated with various syndromes, such as trisomy 21 or Allgrove syndrome (achalasia, alacrimia and adrenal insufficiency).

Clinical manifestations

Symptoms are insidious. Initially, they are usually mild and nonspecific and increase with age. In young children, chronic respiratory symptoms predominate, such as a cough that occurs predominantly at night, recurrent pneumonia, or bronchial hyperreactivity; while in older children, symptoms are more similar to those in adults, with dysphagia initially to solids and later to liquids, regurgitation of food contents, weight loss, retrosternal pain, or difficulty belching(11).

Diagnosis

It is suspected based on the clinical history, but in children this is often delayed because the symptoms of achalasia can be misinterpreted and attributed to other pathologies, such as gastroesophageal reflux or an eating disorder. The gold standard for diagnosis is high-resolution esophageal manometry. Other complementary tests can also help with the diagnosis. A contrast-enhanced esophagogram can show a dilated proximal esophagus, with a narrowing at the esophagogastric junction in a “bird’s beak”. Upper gastrointestinal endoscopy can show a retention esophagus, with a dilated esophageal body and food remains.

Treatment

It is aimed at reducing the pressure of the lower esophageal sphincter, allowing food to pass into the stomach, thus improving symptoms. It is recommended to maintain an upright posture during and after meals, take sips of water between swallows, and favor textures that are easy to swallow. Regarding pharmacological treatment, its effect is transitory and is not free of side effects, so its use is reserved for limited periods or as a bridge to surgery. Endoscopic injection of botulinum toxin also has a transitory effect, so it is reserved for patients who refuse surgery or who continue to have symptoms despite it. Current therapeutic options consist of laparoscopic Heller myotomy or pneumatic dilation, both of which have considerable relapse rates. Peroral endoscopic myotomy (POEM) is a less invasive treatment option with promising short-term results(12).

Infectious esophagitis

Infectious esophagitis is the third most common cause of esophagitis in children after reflux esophagitis and eosinophilic esophagitis, and should be considered in the differential diagnosis of a patient with dysphagia and odynophagia.

Risk factors such as immunosuppression, esophageal motility disorders, which occur, for example, in the context of esophageal atresia, or esophageal dysbiosis secondary to the use of antacids, antibiotics or topical corticosteroids, have been described. The most common causative agents are Candida, herpes simplex virus (HSV) and cytomegalovirus (CMV). We have summarized the clinical, diagnostic and therapeutic characteristics in table V(13-14).

 

Eosinophilic esophagitis

Eosinophilic esophagitis (EoE) is a chronic, immune-mediated disease that has experienced an exponential increase in incidence in recent years.

Epidemiology and pathophysiology

EoE is caused by a non-IgE-mediated immune response to food antigens and other factors such as alteration of the esophageal epithelial barrier and predisposing genetic variants(15). In 2007, in Spain, the incidence was 10.6 cases per 100,000 inhabitants/year and the prevalence was 111 cases per 100,000 inhabitants(16).

Clinical manifestations

Clinical manifestations vary according to age. In young children, vomiting, abdominal pain and refusal to eat predominate; whereas, in older children, dysphagia and impaction are more common. Allergic comorbidity is frequently associated.

Diagnosis

The gold standard test is endoscopy. Two distinct patterns can be distinguished: the inflammatory pattern and the fibrostenosing pattern, which is more common in adolescents and adults. Diagnosis requires the presence of symptoms of esophageal dysfunction, infiltration ≥15 eosinophils/high power field (HPF), and exclusion of other causes of esophageal eosinophilia.

At the macroscopic level, the following stand out: edema, longitudinal grooves, whitish plaques, concentric rings and stenosis, which give a degree of severity to esophagitis according to the Hirano Classification. Histologically, the main finding is the infiltrate ≥15 eosinophils/hpf or 50 eosinophils/mm2 at any level(17).

Treatment

There are 3 therapeutic tools that can be offered in the first step and that should be maintained between 8 and 12 weeks(13).

• Proton pump inhibitor (PPI): omeprazole, lansoprazole and esomeprazole.

• Elimination diet: the only strategy that addresses the cause of the disease. It allows for long-term remission and avoids adverse drug effects, although it involves a deterioration in quality of life. There are 3 options: elemental diet, diet directed by allergy tests (not very commonly used nowadays due to the poor results obtained, although it can be tried when the tests are positive and there is a clinical context that supports it) and empirical diet, which begins with the 2 most frequently implicated foods, which are wheat and milk.

• Swallowed topical corticosteroids: budesonide and fluticasone. Systemic corticosteroid should only be considered in situations of severe stenosis or dysphagia.

In recent years, alternative immunomodulatory drugs are being sought. Dupilumab, a monoclonal antibody that blocks IL-4 and IL-13 signaling and has been shown to be effective in refractory asthma and atopic dermatitis, could also be effective in poorly controlled EoE, administered subcutaneously weekly. It has recently been approved by the Spanish Agency for Medicines and Health Products (AEMPS) for use in patients over 12 years of age(18).

Gastroesophageal reflux disease

Gastroesophageal reflux disease (GERD) is a pathology whose diagnosis is based on clinical history. Treatment is based on proton pump inhibitors, for 4 to 8 weeks, in older children. In infants, a non-IgE-mediated allergy to cow’s milk proteins must be ruled out first, in which case treatment should be with a hydrolyzed formula, which serves as both diagnosis and treatment.

Definition and epidemiology

Gastroesophageal reflux (GER) is defined as the passage of gastric contents into the esophagus (with or without regurgitation or vomiting)(19). It frequently occurs during childhood, both in primary and specialized care, and affects approximately 50% of infants under three months of age. It usually resolves itself before one year of age, thanks to increased sitting time, increased tone of the lower esophageal sphincter and a change to a more solid diet(20).

Physiological gastroesophageal reflux and GERD

In children under 1 year of age, GERD is mostly physiological, so its diagnosis should be based on anamnesis and physical examination, avoiding unnecessary additional tests and treatments.

The distinction between GERD and gastroesophageal reflux disease (GERD) is fundamental and, in many cases, difficult to carry out in routine clinical practice. GERD is defined as GERD that presents symptoms severe enough to warrant treatment and/or digestive complications (esophagitis, Barrett’s esophagus, hematemesis or stenosis) or extradigestive complications (apneas, apparently life-threatening episodes (BRUE in its English acronym), anemia, failure to thrive, cough, chronic wheezing, sinusitis or otitis). GERD is characterized by onset after 6 months, although it is rare, GERD can occur before 6 months of age, or by symptoms that persist or worsen after 12-18 months of age. Certain pathologies have a higher risk of presenting GERD, such as: infantile cerebral palsy, cystic fibrosis, congenital diaphragmatic hernia or chronic lung diseases.

Clinical manifestations

Signs and symptoms differ depending on age:

• In infants they are nonspecific, highlighting repeated vomiting/regurgitation associated or not with irritability, failure to thrive, refusal to eat and dystonic neck postures (Sandifer syndrome)(20).

• In older children or adolescents they may present the classic triad, consisting of heartburn, epigastric pain and retrosternal chest pain. In addition, they may present other symptoms, such as vomiting, dysphagia, cough, stridor or wheezing, or signs such as dental erosions, esophagitis, asthma or recurrent pneumonia.

It is essential to investigate the patient’s history for warning signs or symptoms that suggest pathologies other than GERD, such as:

• Morning vomiting, bulging fontanelle, seizures and macrocephaly: intracranial hypertension.

• Bilious vomiting: intestinal obstruction.

• Hematemesis: Mallory Weiss syndrome or esophagitis.

• Abdominal distension: celiac disease, anatomical abnormalities.

• Fever, lethargy and dysuria: infections.

Diagnosis

To date, there is no diagnostic tool for diagnosing GERD. However, there are several techniques that allow the evaluation of its severity, possible complications, as well as the differential diagnosis of pathologies that clinically resemble GERD and require specific treatment. The most notable are:

• Endoscopy with biopsy: allows to identify digestive complications of GERD and diseases that affect the esophageal mucosa (eosinophilic esophagitis, infectious esophagitis, etc.). However, a normal endoscopy does not rule out GERD and is not indicated to diagnose this pathology in itself.

• pH monitoring with or without impedance measurement: A technique that involves placing a nasogastric tube with electrodes, which allows the measurement of weakly acidic and non-acidic reflux, with the aim of: 1) correlating persistent symptoms with GERD events; 2) clarifying the role of acid reflux in the etiology of esophagitis and other signs and symptoms suggestive of GERD; 3) determining the efficacy of acid suppression therapy; and 4) differentiating non-erosive GERD, esophageal hypersensitivity, and functional heartburn in patients with normal endoscopy.

Other techniques may be used if complicated GERD or warning signs secondary to anatomical malformations are suspected: abdominal ultrasound in infants and barium swallow in older children(19).

Treatment

Treatment is summarized in algorithms 1 and 2, based on the 2018 ESPGHAN (European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) and NASPGHAN (North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) recommendations.

In infants under one year of age, it is initially recommended to divide the feedings and thicken the food. No benefit has been shown from massage treatment, so it should not be recommended. Prone postural treatment should also not be recommended as it is a risk factor for sudden infant death. If no improvement is seen, a 2 to 4 week exclusion-provocation test of cow’s milk protein (CMP) will be performed, either by eliminating dairy products from the mother’s diet (if exclusively breastfed) or with an extensively hydrolyzed formula, hydrolyzed rice formula or elemental formula, in the case of artificial feeding. This is because non-IgE-mediated cow’s milk protein allergy (CMPA) has the same clinical course as GERD at this age, so if this test is positive, they will be diagnosed with non-IgE-mediated CMPA(21). Otherwise, the patient should be referred to Pediatric Gastroenterology, where a therapeutic trial with an acid suppressant for 4-8 weeks will be considered. Ranitidine (histamine H2 receptor antagonist), widely used in this age group previously, has been ruled out due to the health alert published by the AEMPS (Spanish Agency for Medicines and Health Products) in 2019, which indicated its withdrawal from the market due to the presence of nitrosamines, a probable carcinogen. For this reason, omeprazole is used even outside the technical data sheet. Clinical improvement with massage has not been demonstrated, and antacids and positional therapy are contraindicated, the latter due to the risk of sudden infant death.

In older children and adolescents, treatment should be started by indicating hygienic-dietary measures such as:

• Healthy diet low in gastric irritants (chocolate, coffee, spicy foods, excessive processed foods).

• Reaching a normal weight.

• Postural measures such as raising the head of the bed and lying on the left side.

If there is no improvement, a 4- to 8-week cycle of PPIs should be prescribed, periodically evaluating their effectiveness. The PPIs approved for use in children are omeprazole, lansoprazole and esomeprazole. They should always be administered on an empty stomach, 30 minutes before breakfast or dinner and without opening the gastro-resistant capsules; otherwise, their effectiveness is drastically reduced. In prolonged treatments, it is advisable to prescribe a gradual reduction in the dose to avoid acid rebound.

In patients over 12 years of age, antacids such as almagate may be used occasionally after main meals, but never chronically due to the high aluminum and magnesium content.

It is not indicated for the treatment of GERD at any age: domperidone (AEMPS alert 2020), metoclopramide (both can produce extrapyramidal symptoms), erythromycin, probiotics, acupuncture or medicinal herbs(19-20).

As a last resort, in severe or refractory cases, surgery using Nissen fundoplication could be performed.

It is recommended that patients with GERD who present the following be referred from Primary Care to Pediatric Gastroenterology:

• Warning signs or symptoms that suggest an underlying gastrointestinal disease.

• Patients refractory to optimal PPI treatment after 8 weeks.

• Inability to permanently withdraw drug treatment (6 to 12 months)(19).

Role of the Primary Care pediatrician

• The primary care pediatrician must know how to recognize the symptoms and signs suggestive of esophageal disease.

• He/she must assess the information provided by each diagnostic test: when to request it and what information to expect from it, in order to discriminate between functional and organic pathology, thus avoiding unnecessary treatments.

• He/she needs to be familiar with the most prevalent pathologies, such as eosinophilic esophagitis and gastroesophageal reflux disease.

• The increased survival of infants undergoing esophageal surgery, such as esophageal atresia, has led to the appearance of late-onset problems that need to be identified, studied and treated correctly.

• Recently, multiple drugs have been identified as responsible for esophageal lesions. It is the primary function of the primary care pediatrician to give instructions to the patient (if age permits) or to his/her family to minimize the risk of developing these lesions, in addition to choosing the pharmaceutical forms with the lowest risk of producing them.

• The widespread use of button cells made of lithium salts has changed the paradigm in their accidental handling. Early and appropriate attention is necessary in the management of these accidents and their referral to appropriate hospital centers.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript.

Additional note from the authors

Following submission to the publisher and subsequent acceptance for publication, ESPGHAN has published an update of its management document for eosinophilic esophagitis that does not modify what is stated in this review. For the interested reader, it is available at: Amil-Dias J, Oliva S, Papadopoulo A, Thomson M, Gutiérrez-Junquera C, Kalach N, et al. Diagnosis and management of eosinophilic esophagitis in children: an update from the European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition (ESPGHAN). J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2024; 79: 394-437. https://doi.org/10.1002/jpn3.12188.

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Asterisks indicate the authors’ opinion of the article as being of interest.

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Recommended bibliography

– Thomson M. Esophagitis. In: Kleiman, Goulet, Mieli-Vergani, Sanderson, Sherman, Shneider Ed. Walker’s Pediatric Gastrointestinal Disease. Physiology. Diagnosis. Management. 6th ed. North Carolina: People’s Medical Publishing House-USA; 2018. p. 125-49.

Chapter from the book known as “the Bible of pediatric gastroenterology”, dedicated to esophageal inflammatory pathology. The information is detailed and practical.

– Petersen KU, Jaspersen D. Medication-induced oesophageal disorders. Expert Opinion Drug Saf. 2003; 2: 495-507.

Very extensive review of drugs that cause esophageal injury, with a description of the mechanism of production of each of them, prevention and treatment.

– Mubarak A, Benninga MA, Broekaert I, Dolinsek J, Homan M, Mas E, et al. Diagnosis, Management, and Prevention of Button Battery Ingestion in Childhood: A European Society for Pediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition Position Paper. JPGN. 2021; 73: 129-36.

Detailed European update on lithium battery consumption management, with precise recommendations and a clear algorithm. Worth having on hand.

– O’Donell JE, Krishnan U. Infectious esophagitis in children. Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition. 2022; 75: 556-63.

Article on infectious esophagitis in children, which describes in great detail the clinical, diagnostic and therapeutic peculiarities of each etiology.

– Lucendo AJ, Molina-Infante J, Arias Á, vonArnim U, Bredenoord AJ, Bussmann C, et al. Guidelines on eosinophilic esophagitis: Evidence-based statements and recommendations for diagnosis and management in children and adults. United European Gastroenterology Journal. 2017; 5: 335-58.

Latest guidelines on the management and treatment of eosinophilic esophagitis in both children and adults.

– Rosen R, Vandenplas Y, Singendonk M, Cabana M, DiLorenzo C, Gottrand F, et al. Pediatric Gastroesophageal Reflux Clinical Practice Guidelines: Joint Recommendations of the North American Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition and the European Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018; 66: 516-54.

Recommended reading. Clinical practice guideline for the management and treatment of GERD, in Europe and North America (EPSGHAN and NASPGHAN, respectively).

Clinical case

 

A 12-year-old girl was referred to the Gastroenterology clinic due to intermittent dysphagia to solids that had been developing for 4 months. She also mentioned an episode of impaction with meat (lamb) 1 month ago, which resolved spontaneously after vomiting. Her personal history included allergy to nuts and seasonal rhinoconjunctivitis.

Physical examination

Weight: 43 kg (38th centile). Size: 151 cm (39th centile). BMI: 18.86% (41st centile).

Good general condition. Good nutritional status. Normal cardiopulmonary auscultation. Abdomen: soft, depressible, not painful, without masses or visceromegalies. ENT: normal. Rest of the examination without abnormalities.

Complementary tests

Blood analysis: normal, except eosinophilia of 700/µL.

Gastroscopy with sedation (Figs. 1 and 2): esophageal mucosa with edema and loss of vascular pattern. Longitudinal grooves and whitish deposits predominantly in the distal 2/3. Marked trachealized appearance, especially with contraction. No stenosis. Z line at level. Good coaptation of cardia by retro. Mucosa of fundus, body and antrum of normal appearance. Pylorus centered and permeable. Mucosa of bulb and 2nd portion of duodenum, normal.

Figure 1. Gastroscopy. Esophagus with longitudinal grooves and marked whitish deposits, predominantly in the distal 2/3.

Figure 2. Gastroscopy. Esophagus with trachealized appearance.

Histology: Distal and mid-proximal esophageal biopsies showed basal cell hyperplasia, papillomatosis, spongiosis, papillary congestion and the presence of a predominantly eosinophilic inflammatory infiltrate throughout the entire epithelial thickness, with up to 35 eos/hpf in the distal sample and 67 eos/hpf in the mid-proximal sample, with the presence of isolated microabscesses. The infiltrate does not affect the chorion. Biopsies of the body and antrum of the gastric cavity and second portion of the duodenum showed no significant alterations.

Progress

Given the diagnosis of eosinophilic esophagitis, the therapeutic options were discussed jointly with the parents and the patient, and it was decided to start treatment with high doses of esomeprazole, 40 mg every 12 hours, with endoscopic control at 12 weeks. In the control gastroscopy, macroscopic findings compatible with eosinophilic esophagitis persisted and, in the biopsies, an inflammatory infiltrate of predominantly eosinophilic nature with up to 40 eos/hpf was maintained, both at the proximal and distal esophagus level. Given the lack of response to proton pump inhibitors, an exclusion diet (milk and gluten) or viscous budesonide was proposed. Treatment with budesonide was decided upon, prescribing 1 mg every 12 hours for 12 weeks, with new endoscopic control in which a clear improvement was observed with a normal esophagus, except for mild mucosal edema. Esophageal biopsies show histological remission without the presence of eosinophils. After clinical and histological remission, it was decided to reduce the budesonide dose to 1 mg every 24 hours, which was maintained for 6 months, at which time a new endoscopic control was performed. The patient remained asymptomatic after a dose reduction, but endoscopy showed a somewhat friable mucosa with whitish plaques that did not come off when washed. The pathology showed an inflammatory infiltrate without eosinophils, with pseudohyphae invading the epithelium perpendicularly. In the esophageal biopsy culture for fungi, C. albicans grew. Given the diagnosis of esophageal candidiasis, treatment with oral fluconazole was prescribed for 14 days.

 

 

 

 

Actualización en malformaciones y defectos de la pared abdominal

A.R. Tardáguila Calvo, M.I. Fernández Jiménez, E.M. de Diego García
Temas de FC


A.R. Tardáguila Calvo, M.I. Fernández Jiménez, E.M. de Diego García

Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Santander

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Autor para correspondencia

artardaguila@gmail.com

Resumen

Las malformaciones de la pared abdominal comprenden un grupo de patologías en las cuales alguna porción de las vísceras abdominales del neonato o el niño se encuentran en algún momento del desarrollo fuera de la cavidad abdominal. Desde el punto de vista anatómico y embriológico, se podrían agrupar en dos grandes grupos: por un lado, el onfalocele y la gastrosquisis; y por otro lado, las hernias de la pared abdominal, siendo las más frecuentes la hernia umbilical y la hernia inguinal, directa e indirecta. También, cabe mencionar el síndrome de Prune Belly, un defecto de la musculatura de la pared abdominal, con diferentes grados de afectación. En el primer grupo, en la actualidad, el diagnóstico prenatal permite una planificación y reparación precoz con disminución de las complicaciones, así como el empleo de nuevas técnicas que han mejorado la reparación de las mismas. En el caso del síndrome de Prune Belly, el manejo actual de estos pacientes está encaminado a mejorar la calidad de vida y disminuir las complicaciones a medio y largo plazo. El objetivo del presente artículo es una revisión de los aspectos fundamentales de estas patologías y una puesta al día de su manejo.

 

Abstract

Abdominal wall defects comprise a group of pathologies in which some portion of the abdominal viscera of the neonate or child is found at some point in development outside the abdominal cavity. From an anatomical and embryological point of view, they could be grouped in two large groups: on the one hand, omphalocele and gastroschisis, and on the other hand, hernias of the abdominal wall, the most frequent being the umbilical hernia and inguinal hernias, direct and indirect. It is also worth mentioning Prune Belly syndrome, which is a muscular wall defect, with different degrees of involvement. In the first group, current prenatal diagnosis allows for early planning and repair with reduction of complications, as well as the use of new techniques that have improved their repair. In the case of Prune Belly syndrome, the current management of these patients is aimed at improving quality of life and reducing complications in the medium and long term. The objective of this article is to review the fundamental aspects of these pathologies, and to provide an update on their management.

 

Palabras clave: Onfalocele; Gastrosquisis; Hernia umbilical; Síndrome de Prune Belly.

Key words: Omphalocele; Gastroschisis; Umbilical hernia; Prune Belly syndrome.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 388 – 394

 


• Entender la controversia que existe acerca de la embriología de los defectos de pared abdominal, su anatomía y diferenciar los diversos tipos.

• Conocer las hernias de pared más comunes en la infancia, diferenciar entre ellas, a fin de saber el momento más adecuado para referirlas al cirujano y poder transmitir a la familia información precisa y tranquilizadora sobre cada tipo.

 

Actualización en malformaciones y defectos de la pared abdominal

Embriología

En la actualidad, aún no están claros los fallos embriológicos por los cuales se producen los defectos de pared abdominal anterior, aunque está claro que tienen un origen multifactorial, con asociación de factores genéticos, fallos espontáneos e influencia ambiental.

La pared corporal ventral y lateral se forma a partir de cuatro pliegues del disco embrionario, dos laterales, uno superior y otro inferior, durante la tercera semana de desarrollo. Se cree que un fallo en este proceso de plegado es el responsable de los distintos defectos de la pared abdominal anterior, más graves cuanto más precoces. Los pliegues laterales darán lugar a gastrosquisis, mientras que el superior dará lugar a ectopia cordis y pentalogía de Cantrell, y el inferior a extrofia vesical y de cloaca(1).

A día de hoy, aún no hay un consenso claro en la patogénesis de los defectos de pared abdominal, aunque se comienza a dilucidar que se trata de dos entidades separadas(2). La gastrosquisis se debería a un fallo del cierre del anillo umbilical previo al retorno del intestino a la cavidad abdominal, que se produciría por la acción simultánea de susceptibilidad genética del embrión afectado y diversos factores infecciosos, demográficos y ambientales(3).

La edad materna, menor de 20 años, se considera un factor de riesgo no genético, pero siempre asociado simultáneamente con otros factores existentes en estas madres (tabaco, alcohol o drogas) y, más recientemente, se ha descrito la asociación con infecciones urinarias y de transmisión sexual adquiridas alrededor del primer trimestre de embarazo y la reactivación de infecciones por virus de Epstein Barr y herpes simplex 2.

Además, las condiciones psicosociales adversas y un déficit nutricional en el embarazo de ácido fólico, metionina y treonina, con alta ingesta calórica, se han descrito como factores asociados.

El onfalocele se produciría por una combinación de fallo precoz del disco germinal y otro tardío a nivel de la migración de las células que formarán la pared abdominal.

Se piensa que tiene relación con anomalías cromosómicas y genéticas, dada su alta asociación con otras anomalías y con espectros sindrómicos, como el síndrome de Beckwith-Wiedemann o el de regresión caudal.

En cuanto a la hernia umbilical, se relaciona con un fracaso en los procesos embriológicos de cierre y contracción del anillo umbilical al nacimiento(4), así como una fijación del ligamento redondo en la zona superior del ombligo.

Onfalocele

En el onfalocele, las vísceras abdominales se encuentran recubiertas de saco. Las anomalías asociadas y alteraciones cromosómicas determinan el pronóstico.

El onfalocele consiste en una herniación a nivel umbilical y supraumbilical de contenido abdominal, que puede incluir hígado, estómago, corazón e intestino en un saco formado por peritoneo y membrana amniótica, con el cordón umbilical en su extremo. Se denomina hernia de cordón umbilical, cuando el diámetro de la misma es menor de 4 cm y contiene asas intestinales.

La alteración tiene lugar en etapas muy precoces de la gestación, por lo que la probabilidad de afectar a otros órganos es elevada, y por eso, los pacientes con onfalocele, a menudo, presentan anomalías asociadas(5).

Epidemiología

Actualmente, se estima su incidencia en torno a 1-2,5/5.000 recién nacidos vivos, con predominancia en los varones. Hasta el 50 % de estos pacientes presentan anomalías asociadas, algunas graves, como anencefalia y cardiopatías congénitas, o se pueden presentar en el contexto de alteraciones cromosómicas (20 %), que incluyen el síndrome de Down y síndromes, como OEIS (onfalocele, extrofia de cloaca, ano imperforado y defectos espinales).

Presentan también mayor incidencia de trastornos músculo-esqueléticos y defectos del tubo neural. Asimismo, se ha descrito dentro de agrupaciones sindrómicas, como el síndrome de Beckwith Wiedemann. La presencia de estas anomalías asociadas será la que determine el pronóstico de los pacientes.

Clínica y diagnóstico

El diagnóstico se hace mediante la ecografía prenatal, distinguiéndola de la gastrosquisis por la presencia de saco y de la hernia de cordón por la presencia de hígado en el defecto. El diagnóstico prenatal permite el consejo prenatal a los padres; que, aunque normalmente es positivo dado el buen pronóstico en general, dependerá de los hallazgos de otras patologías asociadas que condicionan la morbilidad. Tras el nacimiento, se precisan otros estudios como ecocardiografía, para descartar malformaciones cardiacas(6).

Tratamiento

Actualmente, no está indicada la realización de cesárea precoz, ni en el momento del parto a término ante la presencia de un defecto de la pared abdominal, a no ser que asocie otras indicaciones obstétricas, ya que no modifica el pronóstico.

Manejo inicial

El tratamiento debe ser precoz y urgente para favorecer la posibilidad de cierre primario del defecto. Las primeras medidas serán el soporte ventilatorio y de oxígeno a demanda, control de la temperatura corporal y sondaje nasogástrico y rectal si es preciso para descompresión intestinal.

Tratamiento quirúrgico

Aunque el tratamiento conservador inicial sigue teniendo su utilidad en ocasiones en que no es posible el cierre primario, y hay autores que defienden los beneficios de un cierre secuencial para evitar las complicaciones del aumento de presión intraabdominal, el cierre primario es el tratamiento de elección en aquellos casos en los que sea posible.

La intervención consiste en la reducción de las vísceras abdominales contenidas en el interior del saco, resección del mismo y el cierre de la pared abdominal (músculos rectos, fascia y piel) (Fig. 1). El factor limitante de dicho cierre será el aumento de la presión intraabdominal y la imposibilidad de aproximar dichos planos. En estos casos es necesario un cierre secuencial, con la colocación de un sistema de cobertura de las vísceras (denominado silo), que progresivamente se va cerrando e introduciendo las mismas a la cavidad, permitiendo posteriormente el cierre de la pared, habitualmente en un plazo de unos 7 días. En algunas ocasiones se trata de defectos de gran tamaño, denominados onfaloceles gigantes, que precisan de colocación de mallas protésicas e injertos y colgajos cutáneos para poder llevar a cabo el cierre de la pared, con una mayor tasa de complicaciones infecciosas y de obstrucción intestinal(7).

figura

Figura 1. Onfalocele. A. Onfalocele al nacimiento. B. Onfalocele parcialmente reducido. C. Cierre de fascia. D. Aspecto final tras cierre. Fuente: propiedad de los autores.

Los cuidados postoperatorios incluyen un manejo adecuado de la hidratación e hipovolemia y de las presiones intraabdominales, que pueden originar dificultades ventilatorias y bajo gasto cardiaco, y pueden obligar a una revisión del cierre del defecto.

La supervivencia de estos pacientes se estima en un 70-95 %, y como ya se expuso previamente, depende de la presencia de otras anomalías asociadas.

En el grave caso del defecto de cierre de los pliegues craneales, la ectopia cordis y pentalogía de Cantrell, la supervivencia es rara y con una elevada morbilidad. En el caso de extrofia vesical y de cloaca, la supervivencia es cercana al 100 %, aunque con una elevada morbilidad, derivada de la alteración de la función intestinal y urinaria.

En el largo plazo, los pacientes con onfalocele presentarán un mayor número de consultas asociadas con reflujo gastroesofágico, obstrucción intestinal, malrotación, criptorquidias y defectos estéticos, sobre todo de la cicatriz a nivel umbilical.

Gastrosquisis

En la gastrosquisis, el intestino se encuentra expuesto al líquido amniótico, ya que carece de saco. El tratamiento urgente evita los cambios secundarios que se producen en este tras el nacimiento.

Se trata de un defecto menor de 4 cm de diámetro, sin membrana y habitualmente contiene intestino medio y, en ocasiones, estómago, casi siempre a la derecha de la línea media y del cordón umbilical, siendo la pared abdominal y su musculatura normales. Se asocia a malrotación intestinal y, en ocasiones, se presenta asociada a atresia intestinal, perforación, necrosis y vólvulo, dentro de la denominada gastrosquisis complicada, que presenta un mal pronóstico.

Epidemiología

Su incidencia se estima en 2-5/10.000 recién nacidos vivos, con predilección por los varones. Las anomalías asociadas son, habitualmente, del intestino medio, y aparte de la malrotación intestinal, la más frecuente es la atresia intestinal. Además, asocia cierto grado de intestino corto congénito y dismotilidad intestinal; y también, es más frecuente el reflujo gastroesofágico durante el primer año de vida.

Clínica y diagnóstico

El diagnóstico se hace mediante ecografía prenatal, con una media que se estima en las 20 semanas de edad gestacional. La atresia intestinal que en ocasiones se asocia, suele diagnosticarse tras el nacimiento, en el momento de la intervención.

La ausencia de saco en las gastrosquisis condiciona que el intestino se encuentre engrosado, edematoso y recubierto de una cápsula de fibrina. Tradicionalmente, se consideraba que estos cambios se debían al cambio de composición del líquido amniótico en las últimas semanas de gestación con el inicio de la función renal fetal. Actualmente, muchos autores afirman que estos cambios son postnatales y que no están presentes al nacimiento, sino que aparecen a partir de los 20 minutos de vida, debidos a la exposición al medio ambiente y a la compresión de la vena mesentérica que provoca edema y trasudado a nivel intestinal.

Tratamiento

Debido a que los cambios en el intestino se consideran un evento postnatal, ya no se considera indicado adelantar el parto a la semana 33-34, ya que esto solo aumenta los efectos adversos debidos a la prematuridad. Al igual que en el onfalocele, tampoco está indicada la cesárea por este motivo(8). Sin embargo, sí que es necesaria la coordinación interdisciplinar para planificar el momento del parto y el tratamiento quirúrgico urgente, para optimizar el cierre del defecto y disminuir las complicaciones asociadas a una demora en el procedimiento.

Tratamiento inicial

La mayoría de estos pacientes son prematuros, por lo que debe tenerse especial cuidado en el soporte ventilatorio y en la pérdida de líquidos y calor que va asociada a la exposición de las asas intestinales. La cobertura de asas intestinales con bolsas estériles de materiales plásticos permite controlar estos factores mientras el paciente es estabilizado y transferido a quirófano.

Tratamiento quirúrgico

El tratamiento de elección consiste en el cierre primario del defecto tras reducción del contenido en las primeras horas de vida, lo que se puede realizar en hasta el 70 % de los casos. Si esto no es posible por distensión o engrosamiento de asas, o por compromiso de espacio, se hace necesaria la colocación de un “silo” de Silastic de manera similar al onfalocele, con cierre diferido en unos días (Fig. 2).

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Figura 2. Gastrosquisis. A. Vísceras herniadas.
B. Silo para reducción. C. Aspecto final tras reducción y cierre de pared. Fuente: imagen cedida por el Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC).

El pronóstico es favorable en casos no complicados y en centros con asistencia médico-quirúrgica neonatal adecuada, alcanzando un 97 % de supervivencia, ya que no suele asociar otras anomalías extraintestinales ni alteraciones cromosómicas. En los casos complicados (atresia, perforación, necrosis, vólvulo, malrotación) hay mayor riesgo de complicaciones respiratorias, gastrointestinales e infecciosas, así como de mortalidad; aunque, a largo plazo, los resultados son satisfactorios, con una mayor incidencia de complicaciones obstructivas por adherencias.

Función del pediatra de Atención Primaria en el onfalocele y la gastrosquisis

Tanto en el onfalocele como en la gastrosquisis, el papel del pediatra de Atención Primaria consiste en el seguimiento global de su desarrollo a todos los niveles, ejerciendo de apoyo y enlace con la atención especializada, que seguirán precisando muchos ellos de por vida.

Hernias de pared (Tabla I)

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Umbilical

Consiste en una protrusión a través del ombligo y su cierre espontáneo es muy frecuente; por lo que, en la mayoría de los casos, es suficiente con observarlas, pudiendo demorarse su derivación al cirujano hasta los 5 o 6 años de edad.

La hernia umbilical consiste en una debilidad con defecto resultante a nivel del anillo umbilical. Además de relacionarse con una posición superior del ligamento redondo, se asocia a un defecto en la fascia umbilical, que puede no recubrir todo el defecto o incluso estar ausente. A través de este defecto, puede protruir contenido abdominal, generalmente líquido. Cabe destacar que la extensión de la protuberancia cutánea no guarda correlación con el tamaño del defecto de la fascia.

Se encuentra siempre cubierta por un saco de peritoneo, que está íntimamente adherido a la dermis del ombligo.

Existe un tipo de hernia umbilical denominado probóscide (Fig. 3), en el que la herniación es superior al anillo, dando aspecto a la hernia de “trompa de elefante” al irse desplazando inferiormente la cicatriz y protruyendo hacia abajo el contenido herniario.

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Figura 3. Hernia umbilical probóscide. Fuente: propiedad de los autores.

A diferencia de otros tipos de hernias, la umbilical puede llegar a cerrarse durante la infancia, no siendo necesario su cierre quirúrgico en todos los casos.

Epidemiología

La hernia umbilical está íntimamente relacionada con la prematuridad, siendo su incidencia del 75 % en menores de 1,5 kg de peso.

Además, se asocia a raza africana, síndromes como Down o Beckwith-Wiedemann, hipotiroidismo y colagenopatías.

Complicaciones

Se puede producir la incarceración o estrangulación del contenido, pero en nuestro medio es extremadamente raro, a diferencia de lo que ocurre en países no desarrollados.

Tratamiento

Como ya hemos dicho, la hernia umbilical se puede cerrar espontáneamente tras el nacimiento, a medida que la pared abdominal se va fortaleciendo. Los factores relacionados con este cierre son: la edad, el tamaño y la existencia de condiciones asociadas. Se ha comprobado una alta tasa de cierre espontáneo por debajo de los 5 años, pero se ha descrito cierre espontáneo hasta los 14 años.

El manejo de la hernia se basa, por tanto, en la posibilidad de cierre natural y en la alta tasa de recurrencia de los pacientes operados antes de los 4 años de vida(9). Se deben remitir a la consulta del cirujano en el momento que se considere oportuno por el pediatra de Atención Primaria, en función de la exploración y ansiedad familiar.

Se pueden considerar criterios quirúrgicos:

• Absolutos: el estrangulamiento o incarceración.

• Relativos: la asociación de comorbilidades que hagan poco probable el cierre espontáneo, la necesidad de diálisis peritoneal, persistencia de un defecto herniario mayor de 1,5 cm más allá de los 4 años, hernias probóscides que persisten más allá de los 2 años y problemas de comportamiento.

En el resto de pacientes se puede considerar una actitud de observación durante la infancia, con seguimiento anual para comprobar si el defecto disminuye de tamaño(10).

Hernia epigástrica

Se encuentran en la línea media, nunca se herniará contenido abdominal y deben cerrarse quirúrgicamente sin la colocación de mallas.

Consiste en un defecto en la línea alba centroabdominal, a través del que se hernia grasa preperitoneal, pero nunca contenido intraabdominal, debido a que el peritoneo está íntegro (Fig. 4).

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Figura 4. Hernia epigástrica con grasa preperitoneal herniada. Fuente: propiedad de los autores.

Clínica

La mitad de los pacientes son sintomáticos al diagnóstico, presentando una tumoración, por lo general, indolora, en la línea media abdominal entre el ombligo y el xifoides. Pueden ser múltiples y causar dolor con el ejercicio por incarceración de la grasa preperitoneal.

Diagnóstico diferencial

Se realiza principalmente con la diástasis de rectos, que consiste en una debilidad a lo largo de toda la línea alba, que se corrige a medida que esta se fortalece con el desarrollo del niño, generalmente antes de los 10 años.

Tratamiento

Siempre son quirúrgicas, a diferencia de las umbilicales. Se deben remitir al cirujano a partir de los 3 años, si la ansiedad familiar lo permite, tras tranquilizarles sobre su ausencia de riesgos, pero confirmando que precisarán intervención.

La cirugía consiste en el cierre directo del orificio fascial, a través de una incisión sobre la tumoración. Es importante marcar la localización antes del proceso anestésico, ya que con la relajación se pueden reducir, siendo en este caso muy difícil encontrarlas.

Hernia de Spiegel

Son muy raras en la infancia, se localizan en la zona lateral e inferior de los rectos y pueden ser de origen traumático. Se deben cerrar quirúrgicamente las congénitas, pudiendo demorarse el de las traumáticas.

La hernia de Spiegel consiste en un defecto con o sin saco en la fascia de Spiegel, que es la parte de la aponeurosis del músculo transverso que va entre la línea semilunar y el borde lateral de los rectos, por lo general por encima de los vasos epigástricos. Pueden ser congénitas o traumáticas.

Es un tipo de hernia rara en los niños y que suele ser difícil de diagnosticar, salvo en el caso de la traumática, en la que el paciente asocia una tumoración en la localización descrita claramente asociada a un traumatismo local, como puede ser un traumatismo con el manillar de la bicicleta.

En la edad pediátrica es más frecuente en los niños (al contrario que en los adultos) y en el lado derecho(11).

Clínica

Inespecífica, con sensación de plenitud o masa en la zona y, en ocasiones, asociando una masa transitoria. Pueden ser bilaterales. Pueden estar asociadas a criptorquidia.

Diagnóstico

Ecográfico tras sospecharse clínicamente.

Diagnóstico diferencial

Con la hernia inguinal directa, que, aunque muy rara en la infancia, puede dar una clínica muy similar.

Tratamiento

Las traumáticas pueden resolverse espontáneamente, mientras que las congénitas deben ser cerradas quirúrgicamente. Se deben remitir a la consulta del cirujano todas las hernias de Spiegel, independientemente de su etiología al momento del diagnóstico.

Consiste en una incisión sobre el defecto, excisión del saco que suele encontrarse bajo el músculo oblicuo en caso de ser congénita y cierre del mismo. Suele ser necesario poner una malla, al contrario que la mayoría de hernias en los niños. Actualmente, se ha descrito la posibilidad de un abordaje laparoscópico.

Hernia inguinal

Presentan un saco herniario por el que protruye contenido intraabdominal. Su cierre no precisa colocación de mallas. Es importante que el niño realice una vida normal hasta su cierre quirúrgico.

Consisten en la protrusión de un saco herniario a través del anillo inguinal interno y se producen por la persistencia de permeabilidad del conducto peritoneo vaginal. Son hernias indirectas, al contrario de las presentes en los adultos que son de tipo directo por debilidad de la pared.

Epidemiología

Es un tipo de hernia muy frecuente. Se asocian a la prematuridad, fibrosis quística, criptorquidia y trastornos del tejido conectivo.

Son más frecuentes en varones y, por lo general, son derechas.

Clínica

Tumoración inguinal reductible a nivel del anillo inguinal. La presentación clínica de una hernia incarcerada consiste en un bultoma inguinal duro y muy doloroso, con enrojecimiento cutáneo. Asocia llanto inconsolable.

Diagnóstico

Clínico, siendo suficiente con la historia de tumoración inguinal con el llanto que refieren los padres. No es necesario solicitar ninguna prueba de imagen, y una ecografía negativa no descarta la existencia de la misma si existe un alto índice de sospecha clínica.

Tratamiento

Siempre es quirúrgico, precoz, pero no urgente, consistiendo en el cierre y resección del saco herniario, sin colocación de mallas. En el caso de los recién nacidos, el cierre intentará realizarse lo antes posible. Se deben remitir al cirujano todas las hernias inguinales al momento del diagnóstico, de manera preferente las de los recién nacidos y lactantes(12). Es importante que el niño realice una actividad normal hasta la cirugía, debiendo solo alertar a la familia de los signos de alarma por los cuales deben acudir a Urgencias.

Otras hernias de pared en niños

Aunque muy raras en la infancia, las hernias a través del anillo femoral o de localización lumbar, pueden estar presentes en esta edad y debemos conocer su existencia.

Hernia crural o femoral

Es similar a la hernia inguinal, pero con el saco herniario protruyendo a nivel del orificio crural o femoral, por debajo del ligamento inguinal, medial a los vasos ilíacos.

Son muy raras en niños, sin clara predilección de sexo y, más frecuentemente, derechas(13).

Clínica

La tumoración es lateral al tubérculo pubiano, por fuera del canal inguinal, objetivándose la tumoración por debajo del pliegue inguinal.

Diagnóstico diferencial

Con la hernia inguinal indirecta, realizándose este, a veces, en el transcurso de la intervención quirúrgica o tras una recidiva de una hernia tratada como inguinal. Con adenitis inguinal, debido a que la localización es similar.

Tratamiento

Quirúrgico, por vía abierta o laparoscópica.

Hernia lumbar

Tumoración en el área que rodea a la 12 costilla, el sacroespinal y el oblicuo interno, pudiendo llegar hasta la cresta ilíaca. Suele presentar grasa herniada preperitoneal y ser fácilmente reductible.

Suelen ser asintomáticas y deben ser cerradas quirúrgicamente, precisando la colocación de una malla, a pesar de lo cual la recidiva es frecuente.

Función del pediatra de Atención Primaria en las hernias de pared

En cuanto al resto de defectos de la pared abdominal, la función del pediatra de Atención Primaria será el principal, puesto que será el encargado de diagnosticar los defectos, proporcionar la información inicial y canalizar las derivaciones a Cirugía Pediátrica de una manera ordenada y eficaz.

Es de vital importancia, por tanto, que el pediatra de Atención Primaria sea capaz de distinguir los distintos tipos de defectos de pared y, en el caso de las hernias inguinales, diferenciar las reductibles, que serán remitidas a consulta, de las incarceradas, que deben ser remitidas sin demora a un servicio de Urgencias Hospitalarias con un pediatra y, a ser posible, también, un cirujano pediátrico.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1. Khan FA, Raymond SL, Hashmi A, Islam S. Anatomy and embryology of abdominal wall defects. Semin Pediatr Surg. 2022; 31: 151230.

2. Fuentes-Carretero S, Pradillos-Serna JM, González-Martínez S, Valladares-Díez S, Carbajo-Martín R, Ardela-Díaz E. Defectos Congénitos de pared abdominal. Bol Pediatr. 2018; 58: 259-64.

3. Chuaire Noakc L. Nuevas pistas para comprender la gastrosquisis. Embriología, patogénesis y epidemiología. Revisión Colom Méd (Cali). 2021; 52: e4004227.

4.* Sujka JA, Holcomb GW. Hernias umbilicales y otras hernias de la pared abdominal. En: Holcomb GW, Murphy JP, St. Peter SD. eds. Holcomb and Ashcraft´s Cirugía Pediátrica. 7ª ed. Philadelphia, PA: Elsevier. 2021; 49: 780-2.

5.** Coran AG, Adzick NS. Congenital defects of the abdominal wall. En: Coran AG, Caldamone A, Adzick NS, eds. Pediatric Surgery. 7th ed. Mosby. 2012.

6. Corey KM, Hornik CP, Laughon MM, McHutchison K, Clark RH, Smith PB. Frequency of anomalies and hospital outcome in infants with gastroschisis and omphalocele. Early Hum Dev. 2014; 90: 421-4.

7.*** Roux N, Jakubowitz D, Salomon L, Grangé G, Giuseppi A, Rousseau V, et al. Early surgical management for giant omphalocele. Results and prognostic factors. J Pediatr Surg. 2018; 53: 1908-13.

8. Kirollos DW, Abdel Latif ME. Mode of delivery and outcomes of infants with gastroschisis: a meta-analysis of observational studies. Arch Dis Child Fetal Neonatal Ed. 2018; 103: F355-63.

9. García Boyano M, Soler Simón JA, Criado Camargo S, García Espinosa L. 10 cosas que deberías saber sobre… la patología umbilical en el recién nacido. Pediatr Integral. 2022; XXVI: 380e5. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2022-09/10-cosas-que-deberias-saber-sobre-la-patologia-umbilical-en-el-recien-nacido/.

10. Palazzi DL, Brandt ML. Management of umbilical hernia in children. UpTodate. 2024. Disponible en: https://www.uptodate.com/contents/care-of-the-umbilicus-and-management-of-umbilical-disorders-in-children.

11. Sengar M, Mohta A, Neogi S, Gupta A, Viswanathan V. Spigelian hernia in children: low vs. clasical. J Pediatr Surg. 2018; 53: 2346-8.

12. De Diego García EM, Tardáguila Calvo AR. Cirugía programada. Calendario quirúrgico. Pediatr Integral. 2014; XVIII: 760-6. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2014/xviii10/05/n10-760-766_Regr-Bases_E.deDiego.pdf.

13. García-Hernández C, Carvajal-Figueroa L, Archivaldo-García C, Pique-Aragón C, Landa-Juárez S, Izundegui-Ordóñez G. Hernia femoral en niños: reto diagnóstico y terapéutico. Reporte de un caso. 2020. Academia mexicana de Cirugía. Permanyer. Disponible en: https://doi.org/10.24875/CIRU.20001580.

Bibliografía recomendada

– Sujka JA, Holcomb GW. Hernias umbilicales y otras hernias de la pared abdominal. En: Holcomb GW, Murphy JP, St. Peter SD. eds. Holcomb and Ashcraft´s Cirugía Pediátrica. 7ª Ed. Philadelphia, PA: Elsevier. 2021; 49: 780-2.

Principal libro de patología quirúrgica en la edad pediátrica con actualizaciones periódicas, en el que se puede encontrar un completo capítulo de resumen de toda la patología de pared abdominal publicado muy recientemente. Las ilustraciones permiten entender de manera sencilla los procedimientos quirúrgicos.

– Coran AG, Adzick NS. Congenital defects of the abdominal wall. En: Coran AG, Caldamone A, Adzick NS, eds. Pediatric Surgery. 7th ed. Mosby. 2012.

Compendio de Cirugía Pediátrica con una visión más global, que aúna criterios pediátricos y quirúrgicos, más completo a nivel teórico.

– Roux N, Jakubowitz D, Salomon L, Grangé G, Giuseppi A, Rousseau V, et al. Early surgical management for giant omphalocele. Results and prognostic factors. J Pediatr Surg. 2018; 53: 1908-13.

Revista con revisiones actualizadas de temática pediátrica. Este artículo es interesante por sus fotografías, que permiten comprender muy bien el onfalocele, su evolución y completar la información a las familias de la evolución esperada, en función de las malformaciones asociadas o no.

Caso clínico

 

Acude a la consulta de Pediatría de Atención Primaria un paciente varón de 6 meses, por referir la madre la aparición la noche anterior, coincidiendo con un episodio de llanto muy intenso, de un bulto en la zona inguinal derecha que se le redujo tras calmar el llanto. Nos aporta una fotografía en la que se visualiza el bulto inguinal.

A la exploración, presenta una hernia umbilical de gran tamaño, pero no se objetivan bultomas ni aumento de tamaño en la zona inguinal, aunque sí impresiona palparse engrosamiento local con discreto hidrocele de ese lado.

 

Indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva

M.D. Blanco Verdú,  I. Bada Bosch,  A. Del Cañizo López
Temas de FC


M.D. Blanco Verdú, I. Bada Bosch, A. Del Cañizo López

Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid

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Autor para correspondencia

lolablancoverdu@hotmail.com

Resumen

En las últimas décadas, la cirugía laparoscópica ha revolucionado la atención médica pediátrica al ofrecer una opción segura, eficaz y menos invasiva que la cirugía convencional para el tratamiento de diversas enfermedades en niños. Este análisis detalla las ventajas derivadas de este enfoque innovador, así como los retos y límites que aún enfrenta. Se abordan los avances más recientes en instrumental y equipos que han permitido la adaptación de esta técnica a las características fisiológicas y anatómicas de los pacientes pediátricos. Se examina específicamente el espectro de patologías que pueden ser abordadas mediante cirugía mínimamente invasiva en el abdomen, tórax y retroperitoneo. En resumen, se resalta la cirugía mínimamente invasiva en pacientes pediátricos como un enfoque que aporta notables ventajas en el tratamiento de la patología quirúrgica infantil y se subraya la importancia de realizar una indicación adecuada e individualizada de este abordaje para minimizar los riesgos y potenciar sus beneficios.

 

Abstract

In recent decades, laparoscopic surgery has revolutionized pediatric healthcare by offering a safe, effective and less invasive alternative to conventional surgery for the treatment of various diseases in children. This analysis details the advantages derived from this innovative approach, as well as the challenges and limits it still faces. The most recent advances in instruments and equipment that have allowed the adaptation of this technique to the physiological and anatomical characteristics of pediatric patients are discussed. The spectrum of pathologies that can be addressed by minimally invasive surgery in the abdomen, thorax and retroperitoneum is specifically examined. In summary, minimally invasive surgery in pediatric patients is highlighted as an approach that provides notable advantages in the treatment of childhood surgical pathology. The importance of carrying out an adequate and individualized indication of this approach to minimize the risks and enhance its benefits is underlined.

 

Palabras clave: Laparoscopia; Toracoscopia; Cirugía mínimamente invasiva; Pediatría.

Key words: Laparoscopy; Thoracoscopy; Minimally invasive surgery; Pediatrics.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 395 – 399

 


OBJETIVOS

• Entender los avances en el campo de la laparoscopia pediátrica y comprender su evolución.

• Identificar las ventajas y los riesgos del uso de la laparoscopia en los pacientes pediátricos.

• Comprender cómo se ha adaptado el equipamiento e instrumental laparoscópico al paciente pediátrico.

• Explorar las afecciones médicas específicas en niños que se benefician de la cirugía laparoscópica.

• Promover el conocimiento y la concienciación sobre el uso de la cirugía mínimamente invasiva.

 

Indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva

Introducción

La cirugía mínimamente invasiva (CMI) ha experimentado una notable evolución en las últimas décadas. Inicialmente, su aplicación en Cirugía Pediátrica se vio limitada debido al campo operatorio más reducido en comparación con el paciente adulto y a la falta de instrumental miniaturizado. Actualmente, la comercialización de material y equipos adaptados para Pediatría y la creciente expansión de esta técnica entre los cirujanos han llevado a su aplicación en una amplia variedad de procedimientos quirúrgicos, desde patologías menores hasta intervenciones de alta complejidad(1).

Ventajas y desventajas de la cirugía mínimamente invasiva

La incorporación de nuevas tecnologías a la práctica quirúrgica en Pediatría conlleva una mejora significativa en la calidad de atención de estos pacientes, siempre y cuando su implementación e indicación sean apropiadas. Es fundamental recalcar la importancia de individualizar el uso de la CMI en función de la naturaleza de la intervención y de las características específicas de cada paciente. Las ventajas más importantes están recogidas en la tabla I(2).

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Es esencial, no obstante, tener en cuenta posibles desventajas y ciertos desafíos vinculados a la CMI. Las más importantes se recogen en la tabla II.

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La elección entre CMI o cirugía abierta convencional debe basarse en la evaluación exhaustiva de las necesidades individuales y de las consideraciones clínicas específicas de cada paciente pediátrico, para optimizar los resultados y reducir al mínimo los riesgos(4).

La cirugía mínimamente invasiva ofrece beneficios siempre que esté adecuadamente indicada. La elección del abordaje quirúrgico debe ser individualizada según las características clínicas concretas de cada paciente.

Innovaciones en material en cirugía mínimamente invasiva

Como mencionamos previamente, es importante recordar que la principal barrera histórica para el avance de la CMI en niños ha sido la limitación en la miniaturización de los instrumentos. La edad y el peso de los pacientes pediátricos por sí mismos no suponen una restricción para este abordaje, siempre y cuando dispongamos de un equipo y un instrumental con un tamaño adecuado. Un avance significativo en este sentido ha sido el diseño y comercialización de instrumentos con diámetros de 3 y de 5 mm, en comparación con los de 8, 10 y 12 mm que usan los adultos, lo que ha permitido realizar CMI incluso en neonatos. En este entorno, en constante evolución, la tendencia es a la producción de instrumentos y puertos de acceso cada vez más delgados, compactos, ergonómicos y resistentes. Una de las innovaciones más recientes y prometedoras ha sido el diseño de equipos que permiten el uso de sustancias fluorescentes, como el verde de indocianina, que inyectadas intravenosas o in situ, mejoran la visualización de estructuras anatómicas y ayudan al cirujano a identificar y preservar estructuras críticas durante la cirugía(5-7).

El avance de la cirugía mínimamente invasiva en niños ha sido históricamente obstaculizado por el tamaño de los instrumentos. La miniaturización del instrumental ha facilitado la implementación y expansión de este abordaje en Pediatría.

Indicaciones de cirugía abdominal laparoscópica

En la práctica de la Cirugía Pediátrica, el acceso a la cavidad abdominal es un aspecto fundamental a tener en cuenta. Se puede optar por un abordaje laparoscópico con intención tanto diagnóstica como terapéutica. En el momento actual, casi la totalidad de patologías quirúrgicas pueden realizarse por abordaje mínimamente invasivo, sin embargo, la dificultad técnica que entrañan varía entre unos procedimientos y otros.

En la tabla III recogemos las patologías abdominales más frecuentes a las que tiene que enfrentarse un cirujano pediátrico y las dividimos según el grado de complejidad que implica su abordaje mínimamente invasivo. En el grupo 1 se incluyen aquellos procedimientos técnicamente sencillos que se pueden realizar en cualquier centro hospitalario que cuente con un servicio de Cirugía Pediátrica. En el grupo 2 se encuentran intervenciones técnicamente más complejas, cuyo abordaje laparoscópico ha demostrado tener amplios beneficios. Es el caso, por ejemplo, de patologías cuyo abordaje tradicional implica grandes incisiones al localizarse en zonas de difícil acceso mediante laparotomía. En el grupo 3 se recogen intervenciones con dificultad técnica alta o muy alta, que solo deberían ser realizadas por cirujanos ampliamente experimentados en laparoscopia infantil. Por último, el grupo 4 contiene intervenciones de dificultad técnica moderada, cuyo abordaje laparoscópico genera controversia al albergar un cierto potencial de complicación. Sin embargo, estas intervenciones mejoran el aprendizaje de los cirujanos y los capacitan para enfrentarse a procedimientos más complejos en un futuro.

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La apendicitis aguda constituye la emergencia quirúrgica más común en niños. La apendicectomía abierta ha sido el tratamiento de elección durante décadas con resultados excelentes, sin embargo, cada vez son más los cirujanos que optan por la apendicectomía laparoscópica de manera rutinaria en la población infantil. Además de las ventajas de la cirugía mínimamente invasiva previamente mencionadas, esta técnica proporciona la oportunidad de explorar toda la cavidad abdominal, lo cual es especialmente crucial en pacientes con dolores abdominales recurrentes y diagnósticos dudosos, así como en niñas, donde la incidencia de apendicectomías “blancas” es más elevada que en el resto de la población.

Clásicamente, la esplenectomía o la colecistectomía requerían laparotomías amplias. Estos procedimientos son ejemplos de intervenciones que se han beneficiado considerablemente de los abordajes mínimamente invasivos, al evitar la morbilidad asociada a incisiones extensas en la pared abdominal. Otro ejemplo destacado de beneficio del abordaje laparoscópico lo encontramos en la funduplicatura para el tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, donde el abordaje mínimamente invasivo ha mejorado sustancialmente el acceso a una zona de difícil visibilidad por laparotomía(8,9).

Sin embargo, en algunas patologías, el uso del abordaje mínimamente invasivo es controvertido. Un ejemplo es la herniorrafia inguinal que, aunque su técnica laparoscópica está ampliamente extendida, aún son muchos los cirujanos que abogan por la técnica tradicional debido a su rapidez de ejecución, seguridad y mínima incisión en la piel. Algunas de las situaciones en las que el abordaje mínimamente invasivo produce controversia son:

• Que la cirugía tradicional por laparotomía sea sencilla y poco invasiva, cuestionándose si la laparoscopia aporta beneficios adicionales o no.

• Que el nivel de dificultad técnica sea tan elevado que solo sea realizable por cirujanos con amplia experiencia.

• Que no se asegure una extracción segura de la pieza.

• Que exista riesgo de no respetar los principios de la cirugía oncológica.

Cirugía toracoscópica

La toracoscopia en niños ha experimentado un notable avance. Históricamente, las afecciones pulmonares se abordaban mediante toracotomías, lo cual implicaba la realización de amplias incisiones en el tórax que, junto a la separación costal, conllevaba una alta morbilidad postoperatoria, con riesgo de fracturas óseas y de secuelas musculoesqueléticas a largo plazo, como escoliosis, escápula alada y otras asimetrías ­torácicas. Actualmente, la toracoscopia permite una mejor visualización pulmonar con incisiones reducidas en la pared. Sin embargo, es un campo de difícil trabajo y movilidad por la interposición de las costillas, la falta de distensibilidad de la pared torácica y la repercusión respiratoria y hemodinámica que genera. A pesar de estos desafíos, la toracoscopia se ha expandido significativamente en los últimos años, incluyendo procedimientos cada vez más complejos en un número creciente de centros hospitalarios(2,4).

En la tabla IV, se recogen las patologías quirúrgicas torácicas más frecuentes en un servicio de Cirugía Pediátrica y se dividen en 3 grupos: procedimientos de baja complejidad, que se pueden realizar en cualquier centro hospitalario con cirujanos pediátricos; aquellos de dificultad moderada; y procedimientos de alta complejidad, que requieren centros de referencia con cirujanos expertos.

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Cirugía urológica laparoscópica y retroperitoneoscópica

En el ámbito de la urología infantil, existen varias vías de abordaje mínimamente invasivas, como son: la laparoscopia, el acceso retroperitoneal y las técnicas endoscópicas. La laparoscopia alcanza los órganos urológicos a través de incisiones en la pared abdominal anterior e insuflación de neumoperitoneo. El abordaje retroperitoneal consiste en la creación de un espacio virtual mediante la insuflación de gas, con el que se accede de manera directa al riñón, a la glándula suprarrenal y al uréter proximal. Tiene como inconveniente la falta de espacio y la dificultad de movimientos(2). Por último, las técnicas endourológicas han supuesto una revolución en el campo de la cirugía mínimamente invasiva al disminuir a su mínima expresión la necesidad de incisiones en la pared(10).

En la tabla V, se recogen las intervenciones urológicas más frecuentes clasificadas según su tipo de abordaje y dificultad técnica.

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Cirugía robótica en Pediatría

La cirugía robótica se desarrolló en la década de 1980 con el objetivo de superar las limitaciones de la laparoscopia convencional, como la visión bidimensional y la limitada movilidad de los instrumentos. En 2008, el sistema quirúrgico Da Vinci® (desarrollado por Intuitive Surgical, Sunnyvale, CA, EE.UU.) comenzó a implementarse en algunos hospitales y, desde entonces, su adopción ha crecido de manera continua a nivel mundial. El propósito principal de esta tecnología es asistir al cirujano durante la operación, mejorando su precisión y proporcionándole una visión tridimensional del área quirúrgica. Esto le permite mayor control y destreza en la manipulación de los instrumentos. A pesar de sus ventajas, la adopción de la cirugía robótica se enfrenta a varios obstáculos, como su elevado costo, el prolongado tiempo de acoplamiento del robot, la necesidad de capacitación especializada para médicos y enfermeros, y la falta de estudios concluyentes con muestras amplias y seguimientos a largo plazo que respalden de manera definitiva su eficacia y seguridad. A pesar de estos retos, la cirugía laparoscópica asistida por robot continúa en desarrollo y evolución dentro de la cirugía pediátrica, facilitando cada vez más la realización exitosa de procedimientos laparoscópicos que anteriormente resultaban más difíciles de ejecutar.

Conclusión

La cirugía laparoscópica pediátrica es una técnica alternativa a la cirugía abierta convencional que ha experimentado una gran transformación en las últimas décadas gracias a la miniaturización y adaptación de los instrumentos y de los equipos. Esta técnica ofrece numerosas ventajas en pacientes pediátricos, como una menor experiencia de dolor postoperatorio, una recuperación más rápida y cicatrices más estéticas. Sin embargo, también presenta desafíos, como la curva de aprendizaje, las consecuencias de la insuflación de gas en pacientes inestables y la necesidad de un equipo especializado y costoso. La elección del abordaje quirúrgico debe contemplar, entre otros aspectos relevantes, la edad del paciente, su estado de salud general y la naturaleza específica de la patología a tratar.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria identifica los posibles candidatos para cirugía, coordina la derivación al especialista y se encarga del cuidado del paciente antes y después de la intervención. La decisión final sobre la indicación quirúrgica y el tipo de abordaje recaen en el cirujano especialista.

La función del pediatra de Atención Primaria es crucial para un adecuado proceso de derivación al especialista y cuidado global del paciente. Esta función radica en la identificación temprana de afecciones que podrían beneficiarse de un tratamiento quirúrgico. Esto implica una evaluación exhaustiva de los síntomas del paciente, la historia clínica y la realización de pruebas diagnósticas preliminares. Basándose en esta evaluación, el pediatra puede determinar si el paciente es un candidato quirúrgico y, en tal caso, referirlo al cirujano especialista correspondiente. Además, el pediatra de Atención Primaria desempeña un papel fundamental en la coordinación del cuidado del paciente antes y después de la cirugía, garantizando una comunicación fluida entre todos los profesionales de la salud involucrados y proporcionando apoyo continuo al paciente y su familia. Aunque la decisión final sobre el tipo de abordaje quirúrgico, tradicional o mínimamente invasivo, recae en el cirujano, la colaboración estrecha entre el pediatra de Atención Primaria y el equipo quirúrgico puede mejorar significativamente los resultados clínicos y la experiencia del paciente en general.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.** Álvarez-Zapico JA. Estado actual e indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva en Pediatría. Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Central de Asturias. Bol Pediatr. 2001; 41: 190-4. Disponible en: https://www.sccalp.org/documents/0000/0830/BolPediatr2001_41_190-194.pdf.

2. Esposito C, Hollands C, Lima M, Settimi A, Valla JS. Videochirurgia pediatrica: Principi di tecnica in laparoscopia, toracoscopia e retroperitoneoscopia pediatrica. Springer-Verlag. Italia. 2010. Disponible en: https://doi.org/10.1007/978-88-470-1797-9.

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4. McHoney M, Kiely EM, Mushtaq I. Color Atlas of Pediatric Anatomy, Laparoscopy, and Thoracoscopy. Springer Verlag Berlin. Heidelberg. 2017. Disponible en: https://doi.org/10.1007/978-3-662-53085-6.

5. Esposito C, Settimi A, Del Conte F, Cerulo M, Coppola V, Farina A, et al. Image-Guided Pediatric Surgery Using Indocyanine Green (ICG) Fluorescence in Laparoscopic and Robotic Surgery. Front Pediatr. 2020: 8: 314. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fped.2020.00314.

6. Fernández-Bautista B, Mata DP, Parente A, Pérez-Caballero R, De Agustín JC. First Experience with Fluorescence in Pediatric Laparoscopy. European J Pediatr Surg Rep. 2019: 7: e43-e46. Disponible en: https://doi.org/10.1055/s-0039-1692191.

7. Cundy TP, Shetty K, Clark J, Chang TP, Sriskandarajah K, Gattas NE, et al. The first decade of robotic surgery in children. J Pediatr Surg. 2013; 48: 858-65. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.jpedsurg.2013.01.031.

8.*** Esposito C, Becmeur F, Steyaert H, Szavay P. ESPES manual of pediatric minimally invasive surgery. Springer Nature. Switzerland. 2019. Disponible en: https://dx.doi.org/10.1007/978-3-030-00964-9.

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Bibliografía recomendada

– Álvarez-Zapico JA. Estado actual e indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva en Pediatría. Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Central de Asturias. Bol Pediatr. 2001; 41: 190-4. Disponible en: https://www.sccalp.org/documents/0000/0830/BolPediatr2001_41_190-194.pdf.

Artículo publicado en el año 2001 que recogió, al igual que este capítulo, las indicaciones de cirugía mínimamente invasiva en Pediatría en aquel momento. Brinda a los lectores una perspectiva sobre la progresión de este abordaje en el campo de la cirugía infantil.

– Esposito C, Becmeur F, Steyaert H, Szavay P. ESPES manual of pediatric minimally invasive surgery. Springer Nature. Switzerland. 2019. Disponible en: https://dx.doi.org/10.1007/978-3-030-00964-9.

Amplía los conocimientos de los lectores sobre todos los aspectos clave de la cirugía mínimamente invasiva pediátrica. Describe sus posibles complicaciones y las mejores formas de abordarlas. Está escrito bajo el patrocinio de la European Society of Paediatric Endoscopic Surgeons (ESPES).

 

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Criptorquidia y patología escrotal

L. Luis Huertas
Temas de FC


A.L. Luis Huertas

Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

X

Autor para correspondencia

analourdes.luis@salud.madrid.org

Resumen

Las alteraciones del descenso testicular y el escroto agudo constituyen las principales patologías benignas del testículo. Se manifiestan por alteraciones en la exploración escrotal, como: escroto vacío en el caso de la criptorquidia, y con dolor y signos inflamatorios de corta evolución, en las situaciones de escroto agudo. Además, la clasificación en función de la palpación o no del testículo, es determinante en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con maldescenso testicular (MDT). El MDT es la malformación genital más frecuente en los varones, en la que se han demostrado factores genéticos, a veces, en asociación a otros síndromes, u otros, como la prematuridad o el bajo peso al nacer, influyentes en el descenso testicular. El tratamiento de elección es la orquidopexia, con el objetivo de posicionarlo en su localización normal y palpable en el escroto. Debe realizarse de forma precoz, preferiblemente al año de edad, para evitar defectos sobre la fertilidad o el desarrollo de cáncer testicular en el futuro. El escroto agudo, cuyas causas más frecuentes son: la torsión de hidátide testicular (Morgagni), la epididimitis y la torsión testicular, requieren una valoración precoz que descarte esta última situación. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física. La ecografía-doppler, prueba complementaria de elección, se plantea siempre que no suponga un retraso en el diagnóstico de los pacientes con alta sospecha de torsión testicular. La exploración quirúrgica del testículo es el tratamiento indicado en la torsión testicular, asociado a orquidopexia si se confirma viabilidad testicular. La orqui-epididimitis y la mayoría de los casos de torsión de hidátide testicular se resuelven con tratamiento médico.

 

Abstract

Undescended testes (UDT) and acute scrotum comprise the main benign pathologies of the testicle. Empty scrotum and acute pain associated with scrotal swelling are the characteristic signs in scrotal examination, respectively. Furthermore, distinction between palpable and non-palpable testis is crucial in the management of patients with UDT. Cryptorchidism as the commonest male genital malformation, is under the influence of genetic factors, sometimes in association with other syndromic conditions, or others as low birth weight or prematurity, which affect the genesis and testicular descent in both transabdominal and inguinoscrotal phases. Orchidopexy is the treatment of choice that consists on the descent and fixation of the testicle in the scrotum, in its physiological and palpable location. It must be undergone within the first twelve months in order to avoid fertility damages and the development of testicular cancer in the future. Acute scrotum is mainly caused by Morgagni torsion, epididymitis and testicular torsion, situations that require an early assessment so as to rule out the latter situation. The diagnosis is based on clinical and physical examination. Doppler-ultrasound being the preferred imaging test, should never delay the early and accurate diagnosis in patients with a high suspicion of testicular torsion. Surgical exploration of the testis is the treatment of choice in patients with testicular torsion, associated with orchidopexy if testicular viability is confirmed. Epididymitis and most cases of testicular appendix torsion resolve with medical treatment.

 

Palabras clave: Maldescenso testicular; Escroto agudo; Escrotal; Torsión testicular; Pediátrico.

Key words: Undescended testis; Acute scrotum; Scrotal; Testicular torsion; Pediatric.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 354 – 370

 


OBJETIVOS

• Recordar los aspectos fundamentales del diagnóstico del maldescenso testicular (MDT) y del resto de la patología testicular-escrotal benigna. Identificación de signos de alarma para el pediatra de Atención Primaria.

• Actualización del algoritmo de actuación en los pacientes con MDT.

• Conocer las indicaciones de derivación y tratamiento en las patologías testiculares benignas.

• Exposición de las posibles complicaciones y secuelas de las situaciones de MDT y de la patología testicular benigna.

 

Criptorquidia y patología escrotal

Introducción

En este tema se abordan las patologías testiculares benignas más frecuentes, que comparten como dato común, alteraciones en la exploración escrotal. Para su mejor comprensión y basándose en su origen y curso clínico más habitual, las tratamos según la siguiente clasificación:

1. Criptorquidia o maldescenso testicular: alteraciones del desarrollo y descenso testicular, de origen malformativo.

2. Escroto agudo: alteraciones testiculares adquiridas de curso clínico agudo.

3. Otras patologías escrotales: de origen adquirido o malformativo y curso clínico variable.

Dada la importancia de las posibles repercusiones sobre la viabilidad del testículo en muchas de estas situaciones, el diagnóstico y seguimiento adecuados de los trastornos de descenso testicular o de otras patologías, como el varicocele, así como el reconocimiento de signos de alarma en los casos de escroto agudo, son esenciales y suponen el objetivo principal de este capítulo.

Trastornos del desarrollo y descenso testicular

El descenso testicular al escroto puede continuar en el periodo postnatal, hasta los 6 meses o el año de edad. El testículo no descendido es la malformación genital más frecuente en el varón recién nacido.

Aunque, en muchas ocasiones, se habla de forma generalizada de criptorquidia para referirse a la ausencia de testículo en el escroto o, incluso, de testículo no palpable, es preferible utilizar el término maldescenso testicular (MDT) o testículo no descendido. De este modo, se incluyen de forma más adecuada todas las alteraciones provocadas por un trastorno en el desarrollo y/o descenso testicular, que dan lugar tanto a exploraciones de testículo palpable como no palpable.

El descenso del testículo desde la cavidad abdominal puede completarse de forma espontánea durante los primeros meses de vida, durante los 6 meses en los nacidos a término (constatándose ausencia de descenso testicular en el 1 %, al año) y hasta el primer año en los recién nacidos (RN) prematuros. Así, los testículos no descendidos constituyen la malformación congénita genital más frecuente en el varón recién nacido, con prevalencias variables según la edad gestacional: 1-5 % en RN a término y 30-40 % en RN pretérminos.

Es bilateral en el 30 % de los pacientes. En estos casos de bilateralidad con testículos no palpables o en aquellos casos de MDT en los que se detecta algún otro signo sospechoso de alteración del desarrollo de la diferenciación sexual (hipospadias, escroto bífido, etc.), debe solicitarse valoración endocrinológica y estudio genético.

A pesar del descenso espontáneo, en muchos casos, es aconsejable el seguimiento clínico durante varios años durante la infancia, dada la posibilidad de “reascenso” testicular adquirido (40 %)(1,2).

Clasificación

Basada en la etiopatogenia del MDT, y en la exploración física en función de la localización del testículo y de si estamos ante una situación de testículos palpables o no palpables(3-5) (Fig. 1):

Figura1

Figura 1. Clasificación del testículo no descendido, en función de su patogenia y localización. Se indica la situación de testículo palpable o no palpable según la posición testicular. MDT: maldescenso testicular.

Maldescenso testicular congénito: el testículo se encuentra fuera de la bolsa escrotal, en cualquier punto a lo largo del trayecto normal de descenso. Pueden ser: palpables (80 %), cuando se sitúan externos al orificio inguinal interno; o no palpables (20 %), localizados profundos al orificio inguinal interno o a nivel intraabdominal.

En la exploración física, los testículos palpables pueden, en ocasiones, traccionarse hasta el escroto, pero “reascienden” inmediatamente, lo que les diferencia de los testículos retráctiles “en ascensor”.

Testículo ectópico: el testículo se encuentra fuera del escroto a nivel extra-abdominal, en una posición “aberrante”, diferente al trayecto normal de descenso. Se sitúa más frecuentemente en la región del anillo inguinal superficial o a nivel del pubis. Otras posibilidades, menos frecuentes, son: la región femoral o perineal. Habitualmente, son testículos palpables y no descienden espontáneamente, por lo que requieren tratamiento quirúrgico.

Testículo ausente, por dos mecanismos patogénicos posibles: 1) la agenesia testicular; o 2) la atrofia testicular secundaria a torsión testicular intrauterina, situación conocida como “testículo evanescente”(5).

Testículo retráctil, “en ascensor”: se produce por un reflejo cremastérico exagerado. Son siempre palpables en región inguinal o en puntos altos del escroto, y se descienden fácilmente a escroto con la tracción manual, permaneciendo en escroto durante un tiempo. Se considera una situación fisiológica, que no requiere tratamiento, ya que el testículo ha completado su descenso a su posición ­normal en el escroto. Sin embargo, deben seguirse en consulta con exploraciones periódicas, ya que hasta un tercio de los casos pueden tener un ascenso posterior.

Testículo no descendido adquirido: el testículo se encuentra en el escroto durante el primer año de vida, pero asciende posteriormente, debido a la falta de crecimiento del cordón espermático, que queda corto y retrae el testículo. Se puede considerar que son los verdaderos testículos retráctiles. Con frecuencia se detecta entre los 5-10 años de edad.

Patogenia y aspectos embriológicos(3,6-9)

En la etiopatogenia de la criptorquidia se describen como principales causas: factores genéticos, entre ellos los que afectan al cromosoma Y o al gen INSL-3, la prematuridad o el bajo peso al nacer.

Formación del testículo

La cresta gonadal indiferenciada se desarrolla hacia la gónada testicular a partir de la 6ª-7ª semana de gestación (SDG), influenciada por la acción del factor de transcripción SRY (sex-determining región Y) y, posteriormente, por otras moléculas (WT1, SF1, SOX9, FGF9), que provocan a su vez el desarrollo de las células de Sertoli y de Leydig del testículo. Las primeras, mediante la secreción de hormona antimulleriana (HAM), provocan la regresión de los conductos de Müller y ejercen una acción trófica para los espermatozoides. Por otra parte, las células de Leydig, mediante la liberación de testosterona, inducen el desarrollo de los conductos de Wolff (que darán lugar al conducto deferente y vesículas seminales) y a través de su metabolito dihidrotestosterona (DHT), el desarrollo de los genitales externos masculinos. Las células de Leydig, además liberan insulin-like factor 3 (INSL3), que produce el crecimiento del gubernaculum testis, que acompañará el descenso del testículo al escroto.

Descenso testicular al escroto

El testículo desciende desde el retroperitoneo hasta el escroto, en dos fases, que pueden finalizar de forma fisiológica hasta los 3-6 meses después del nacimiento:

1. Fase transabdominal: controlada por la hormona insulin-like 3 (INSL3), producida por las células de Leydig, y que estimula el crecimiento del gubernáculo para su posterior migración en dirección caudal. En esta fase, el testículo se desliza por la cavidad abdominal adosado al gubernáculum hasta situarse en el orificio inguinal interno, hacia la 15 SDG.

2. Fase inguinoescrotal, más compleja, e influenciada por la acción de los andrógenos, en la que el gubernaculum debe crecer y migrar 4-5 cm desde la región inguinal hasta el escroto, y guía así el desplazamiento del testículo desde la entrada en el canal inguinal hasta el escroto. Esta es la etapa habitualmente afectada en los casos de MDT, lo que explica que la localización más frecuente de los testículos no descendidos sea la región inguinal. Finaliza en torno a la 35 SDG, pudiendo prolongarse hasta los primeros meses de vida postnatal, ayudado por la elevación transitoria de gonadotropinas en los primeros 6 meses tras el nacimiento, que provoca una estimulación de las células de Leydig y, con ello, un incremento de los niveles de testosterona.

Causas genéticas

Alteraciones cromosómicas que afecten al cromosoma Y: síndrome de Klinefelter u otras alteraciones estructurales de dicho cromosoma Y.

Síndromes de base genética con afectación de otros cromosomas: síndrome de Noonan, síndrome de Prader-Willi (alteración en el cromosoma 15) o síndrome de Wiedemann-Beckwith (alteraciones en el cromosoma 11).

Alteraciones en la secreción de HAM secundarias a disfunciones en la activación del factor transcripcional SRY, y de otros como: WT1, SF1, SOX9, FGF9 y DAX1. Producen anomalías en la diferenciación de los genitales internos, en la secreción de testosterona y en su transformación a dihidrotestosterona, con afectación del desarrollo de los genitales externos y del descenso testicular.

Mutaciones en el gen INSL-3 (“insulin-like factor 3”) y en su receptor LGR8, involucrados en la masculinización del gubernaculum testis.

Prematuridad

La prematuridad o el bajo peso al nacer, influyen en la aparición de criptorquidia. La prematuridad constituye una situación favorecedora del MDT, debido al descenso del testículo durante el tercer trimestre de gestación, con posibilidad de completarse durante los primeros 3-6 meses tras el nacimiento.

Factores ambientales

Se debe investigar sobre exposición a factores maternos como: hipertensión, tabaco o consumo de analgésicos durante el embarazo. Así mismo, el contacto con sustancias químicas como: pesticidas, filatos y talatos (constituyentes en algunos plásticos), con propiedades estrogénicas, podrían afectar el descenso testicular al actuar como disruptores endocrinos, interfiriendo en la síntesis o acción de los andrógenos.

Atrofia testicular

Por accidente isquémico durante la gestación: torsión intraútero.

Diagnóstico

El diagnóstico del MDT se basa en los datos clínicos y en la exploración física, que se complementa con la ecografía en los casos de testículos no palpables, o en aquellos en los que se sospechen alteraciones de la diferenciación sexual.

Anamnesis

Antecedentes familiares y/o personales de criptorquidia u otras alteraciones del desarrollo genital masculino. Antecedentes obstétricos: edad gestacional, peso al nacimiento, ingesta o contacto con fármacos anti-androgénicos durante la gestación. Preguntar sobre el momento en que se apreció el MDT; así como, si se constató el testículo en el escroto en alguna ocasión o si la alteración se refiere como unilateral o bilateral.

Exploración física

Se debe realizar la exploración en un ambiente cálido y tranquilo. El paciente debe estar en decúbito supino con las piernas flexionadas y en abducción. En caso de duda, se puede explorar en posición de “cuclillas” o con el paciente sentado con las piernas cruzadas (exploración de Taylor). La exploración inguinoescrotal se realiza mediante palpación bimanual en busca de la localización del testículo. Se colocan los dedos a nivel del orificio inguinal interno, y se deslizan a lo largo del canal inguinal hasta el escroto. Debe valorarse: si el testículo es palpable o no palpable y, en el primer caso, su localización, así como el tamaño, consistencia y movilidad. También, si la afectación es unilateral o bilateral. En la inspección del escroto, valorar la morfología del escroto: asimetría o hipoplasia escrotal. En los casos unilaterales, la constatación de un aumento del tamaño escrotal en el lado donde el testículo es palpable, debe hacer sospechar una hipertrofia escrotal compensatoria y el antecedente de atrofia testicular intraútero como causa del testículo no palpable en el lado contralateral.

Se debe descartar la presencia de otras alteraciones del desarrollo genital masculino (hipospadias, alteraciones escrotales, implantación peneana, etc.), que pudieran sugerir la existencia de alteraciones de la diferenciación sexual(3,7).

Estudio hormonal y genético

Ante la presencia de criptorquidia bilateral, alteraciones en genitales externos o testículos no palpables y sospecha de testículo intraabdominal, se debe completar el diagnóstico con la solicitud de cariotipo y pruebas de función hormonal (gonadotropinas, testosterona y sus metabolitos, inhibina y HAM), que serán valoradas durante el seguimiento por los especialistas en Endocrinología(4).

Pruebas de imagen

En el caso de los testículos palpables, el diagnóstico de MDT es clínico y no es necesaria ninguna prueba diagnóstica complementaria. Se reserva la indicación de la ecografía abdominal y de la región inguinal para los casos de testículos no palpables. Esta detecta la existencia de los testículos de localización inguinoescrotal en la mayoría de los casos, con sensibilidad y especificidad cercanas al 100 %. Sin embargo, en los pacientes con testículos intraabdominales, la sensibilidad y especificidad descienden al 50 % y 75 %, respectivamente, por lo que la no detección ecográfica de testículo no descarta la existencia de testículo intraabdominal(4). En cualquier caso, aunque la ecografía puede ayudar en la elección de la vía de abordaje (se puede optar por iniciar la exploración quirúrgica por vía inguinal en los casos en los que se detecte ecográficamente el testículo en el canal inguinal), esta no es imprescindible en los pacientes con testículo no palpable, ya que en estos siempre va a estar indicada la exploración quirúrgica y orquidopexia, en los casos de que se confirme la existencia de testículo viable.

Se recomienda la realización de ecografía abdominal en aquellos pacientes con criptorquidia en los que se sospechen alteraciones del desarrollo sexual, en la búsqueda de testículos intraabdominales, malformaciones de genitales internos o, incluso, la presencia de tumoraciones abdominales de carácter secretor hormonal, causantes de alteraciones del desarrollo sexual. En caso de duda, deberá completarse el estudio radiológico mediante la realización de RM abdominopélvica para confirmar o descartar dichas anomalías.

En los casos en los que la ecografía no pueda confirmar la presencia de testículo y se sospeche la existencia de criptorquidia intraabdominal, está indicada la exploración laparoscópica abdominal en busca de un testículo intraabdominal o, incluso, de atrofia o agenesia testicular(3-5,8,9).

Tratamiento(3-7,9,10)

La edad y la distinción entre testículos palpables y no palpables son los aspectos fundamentales a considerar en el tratamiento del MDT. Ante el diagnóstico de MDT, el tratamiento de elección es la realización de una orquidopexia precoz: descenso y fijación testicular al escroto, preferiblemente antes del año de edad.

El objetivo del tratamiento de los testículos no descendidos es la colocación del testículo en su posición escrotal normal, permitiendo su crecimiento a la temperatura óptima (33ºC) para el correcto desarrollo y diferenciación de las células madre gonadales, minimizando así el riesgo de aparición de secuelas y complicaciones relacionadas con la infertilidad o el cáncer testicular en el futuro. Así mismo, el normal posicionamiento del testículo en el escroto, permite la exploración del mismo y la detección precoz de situaciones de escroto agudo o la presencia de tumoraciones testiculares.

El tratamiento indicado en los pacientes con MDT es quirúrgico. El objetivo es la localización del testículo y su descenso y fijación en el escroto (orquidopexia), o bien, la extirpación de restos testiculares en los casos de atrofia testicular.

Los aspectos fundamentales a tener en cuenta son: la edad indicada para la intervención quirúrgica, la distinción entre testes palpables y no palpables en cuanto a la elección de las técnicas quirúrgicas a realizar, y el seguimiento de los testículos retráctiles (“en ascensor”), hasta poder descartar definitivamente un ascenso testicular adquirido, que requiera tratamiento quirúrgico.

Edad(4,9,11)

El tratamiento quirúrgico debe realizarse en torno al año de edad, a partir de los 6 meses y no antes, por la posibilidad de descenso espontáneo hasta ese momento. Se recomienda la realización de una orquidopexia precoz: hasta los 12 meses o, como muy tarde, los 18 meses de edad, que es el tiempo límite considerado para la recuperación (“catch up”) de una fertilidad potencialmente dañada por los cambios en las células germinales testiculares y la depleción de las células de Leydig, anteriormente descritos. Esta indicación está especialmente establecida en los casos de criptorquidia bilateral, en los testículos no palpables, o en aquellos palpables en los que el testículo se encuentra a un nivel “alto” en la región inguinal proximal, a nivel del orificio inguinal interno. Este consenso, en cuanto a la indicación de la orquidopexia precoz, se basa en los resultados publicados en pacientes con MDT, operados al año de edad, en los que se ha demostrado un mayor crecimiento del volumen testicular y mejores índices de espermiogénesis en estudios histológicos testiculares. También, estudios hormonales han revelado mayores niveles de inhibina B e inferiores de FSH, en pacientes operados antes de los 2 años de edad, en comparación con los que lo hicieron a edades posteriores.

Testículos palpables

La técnica de elección consiste en la orquiolisis y funiculolisis (sección del gubernaculum testis y disección del músculo cremáster y de los elementos del cordón espermático), descenso del testículo al escroto y fijación al mismo: procedimiento conocido como orquidopexia(5). El objetivo de la orquidofuniculolisis es la liberación del testículo de sus fijaciones al pubis, la localización de un conducto peritoneo vaginal persistente (cpvp) para su ligadura y sección, si existe, así como la elongación del cordón espermático para facilitar el descenso testicular. Este primer paso permite el descenso testicular para la posterior orquidopexia.

Este procedimiento quirúrgico puede realizarse, tanto por vía inguinal como por vía escrotal (técnica de Bianchi); reservándose este último abordaje para los testículos localizados caudalmente al orificio inguinal externo, próximos al escroto.

En los pacientes con criptorquidia bilateral, puede considerarse el procedimiento escalonado en dos tiempos separados para cada lado, sobre todo en aquellos en los que los testículos están localizados a un nivel alto en el canal inguinal, y se prevé un procedimiento más complejo, con mayor riesgo de complicaciones perioperatorias en cuanto a sangrado o lesión de los tejidos del cordón espermático o del propio testículo. También, en aquellas situaciones en las que el testículo presenta una localización alta y/o tiene un cordón espermático corto, es necesario realizar la orquidopexia en dos tiempos: dejando en un primer momento el testículo en algún punto del canal inguinal, para su posterior descenso meses después, al escroto, si es posible.

La orquidopexia no requiere tratamiento antibiótico profiláctico y, habitualmente, se lleva a cabo como un procedimiento de cirugía mayor ambulatoria, en ausencia de antecedentes o datos clínicos que obliguen al ingreso hospitalario.

Los puntos “clave” de la técnica de orquidopexia por vía inguinal, se describen a continuación (Fig. 2):

Figura

Figura 2. Orquidopexia, abordaje inguinal. A. Gubernaculum testis fijado a la región del pubis (punta de flecha). B, D. Conducto peritoneovaginal persistente-cpvp (asterisco) junto a los elementos del cordón espermático. En la figura D, el cpvp se ha abierto para su disección y ligadura en el momento de la funiculolisis. El epidídimo (e) se encuentra disociado del testículo. C. Orquiolisis y funiculolisis completada. Se muestra el pequeño tamaño de los elementos del cordón espermático (flecha), que se encuentran hipoplásicos. Disociación epidídimo-testicular (e). E. Orquidopexia mediante la fijación con sutura del testículo a la bolsa escrotal. Incisión inguinal realizada para la orquiolisis y funiculolisis en el paso previo (flecha). Fuente: propiedad de la autora.

• Incisión cutánea inguinal y entrada en el canal inguinal mediante su apertura, intentando localizar el nervio ilioinguinal, que discurre próximo al cordón espermático, para su preservación(*).

(*) En el caso de la técnica de Bianchi, los pasos anteriormente descritos se realizan mediante una única incisión escrotal. La elección del abordaje inguinal o escrotal, en los casos de testículos palpables distales al anillo inguinal externo, depende de la experiencia y preferencias del cirujano, al no existir indicaciones expresas de un abordaje u otro en estos casos, ya que los resultados y las complicaciones de la orquidopexia son comparables.

Orquiolisis: movilización del testículo mediante la sección del gubernaculum, y funiculolisis: disección del músculo cremáster y de los elementos del cordón espermático. Esto permite: 1) la localización de un cpvp si existe, para su sección y ligadura en su base, próximo al anillo inguinal interno; y 2) disminución de tensión en el cordón espermático para el descenso del testículo en dirección escrotal.

Este paso es el más delicado por el riesgo de daño de los vasos espermáticos o del conducto deferente durante la disección de los mismos.

En esta fase se debe realizar la inspección del testículo en relación a su localización exacta, tamaño, aspecto (disociación epidídimo-testicular, estado de los vasos espermáticos y del conducto deferente, o signos de atrofia). Asimismo, se realizará la extirpación de apéndices testiculares o del epidídimo, si se confirman.

• Incisión cutánea en el escroto y creación de bolsa escrotal a nivel sub-dartros, para el alojamiento del testículo.

• Sutura de ambas heridas: inguinal y escrotal.

Testículos no palpables

El objetivo del tratamiento es confirmar o descartar la existencia de testículo y su exploración en el caso de que este esté presente, para realizar la orquidopexia si está en buen estado o extirparlo en el caso de atrofia evidente.

En todos los casos es necesaria siempre, como primera medida, la exploración inguinoescrotal bajo anestesia, ya que esta puede permitir la palpación del testículo y su localización en el canal inguinal en pacientes en los que se diagnosticó de testículos no palpables durante la exploración en la consulta(12). En aquellas situaciones en las que se confirme la presencia de testículo en región inguinal o se palpe el cordón, se continúa la intervención quirúrgica por vía inguinal. Si, por el contrario, no es posible, se opta preferentemente por la exploración por vía laparoscópica para confirmar o descartar la presencia de testículo y/o elementos del cordón espermático en la cavidad abdominal o a la entrada del canal inguinal. Sería posible también, continuar la búsqueda del cordón y testículo no palpables por vía inguinal, mediante la disección hacia el peritoneo a través del anillo inguinal interno, procediendo al descenso testicular por vía inguinal, en el caso de encontrar el testículo, o a la exploración laparoscópica cuando no se localice por esta vía inguinal.

Exploración laparoscópica (Fig. 3)

Figura

Figura 3. Laparoscopia exploradora en pacientes con criptorquidia y testículos no palpables. A. Testículo intraabdominal. B. Imagen laparoscópica a nivel del anillo interno. Se observan los vasos espermáticos hipoplásicos con extremo “ciego” (flechas). El conducto deferente también se encuentra amputado a ese nivel (puntas de flecha). Fuente: propiedad de la autora.

Se considera la técnica de elección en el tratamiento de los testículos no palpables. La laparoscopia permite confirmar la presencia o ausencia de testículos intraabdominales y su aspecto (la no visualización ecográfica no descarta su presencia), los anillos inguinales, la persistencia del proceso vaginal, y el examen de los elementos del cordón espermático: conducto deferente y vasos espermáticos.

En la mayoría de los pacientes (80 %), este abordaje permite confirmar la entrada de los elementos del cordón espermático a través del anillo inguinal interno o la existencia de un testículo viable en la cavidad intraabdominal; siendo otras posibilidades menos frecuentes: la localización de testículo atrófico intraabdominal (10 %) o la “amputación” de los vasos espermáticos o del conducto deferente en el retroperitoneo, sin presencia de testículo (10 %).

En los pacientes en los que la exploración laparoscópica demuestre los elementos del cordón espermático entrando en el canal inguinal, se continuará la intervención por vía inguinal, para la búsqueda del testículo y su fijación a la bolsa escrotal si este es viable, o proceder a la extirpación de restos testiculares, si no lo es.

En aquellos casos en los que se objetive la presencia de testículo intraabdominal viable, se puede continuar el procedimiento de descenso y pexia testicular en el escroto, tanto por vía laparoscópica como por vía inguinal, según los hallazgos:

• En aquellas situaciones en las que el cordón espermático sea corto, con imposibilidad para el descenso del testículo al escroto, se indicará un procedimiento secuencial en dos tiempos, según la técnica de Stephens-Fowler. En un primer momento, se realiza la sección de los vasos espermáticos, dejando el aporte vascular del testículo a través de la arteria del conducto deferente; para en una segunda fase (meses después) en la que se prevé el desarrollo de vasos colaterales, proceder al descenso testicular hacia el escroto. El desarrollo de estos vasos colaterales elongados facilita la movilización y el descenso del testículo hasta el escroto, con una tasa de éxito aproximada del 85 %.

• En los casos poco frecuentes, en los que se observe un cordón espermático largo, se podrá realizar el descenso testicular al canal inguinal por vía laparoscópica en un solo tiempo, para completar la orquidopexia por vía inguinal.

• Por último, en los casos en los que se confirme la existencia de un testículo intraabdominal atrófico, se llevará a cabo la orquiectomía laparoscópica, con finalización del procedimiento en este punto.

Al igual que se ha comentado en el tratamiento de los testículos palpables, en el MDT con testículos no palpables bilaterales, y para cualquiera de las técnicas elegidas, se recomienda la orquidopexia en dos tiempos, retrasando el descenso testicular del segundo lado para dar tiempo a evaluar los resultados de la primera orquidopexia. De esta manera, en aquellas situaciones en las que se haya producido, durante la evolución, atrofia testicular del testículo descendido, existe la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica menos agresiva en el lado contralateral, con menor disección del cordón espermático y menor riesgo de atrofia testicular. Incluso, es posible plantearse dejar el testículo en una localización palpable, más proximal al escroto, para minimizar los daños testiculares.

Consideraciones generales en el tratamiento quirúrgico del MDT(3-5,7,9)

• Es importante recordar que la biopsia testicular no es un procedimiento rutinario indicado durante las técnicas de orquidopexia, siendo recomendada solo en situaciones especiales, como en los casos de genitales ambiguos, alteraciones cromosómicas o como parte de otros estudios en pacientes con patologías endocrinológicas.

• Durante el periodo postoperatorio se debe evitar el esfuerzo físico y los deportes que provoquen microtraumatismos en la zona escrotal, durante aproximadamente un mes.

El seguimiento postoperatorio se realizará a intervalos variables (comenzando cada 3-6 meses durante el primer año), valorando la posición del testículo y su crecimiento en cada revisión, hasta la pubertad.

• Los cambios inflamatorios locales son frecuentes tras la orquidopexia, pudiendo aparecer en el escroto o incluso en la región inguinal. Otras complicaciones leves menos habituales son: infección, hematoma o dehiscencia de la herida quirúrgica. Otras complicaciones menos frecuentes son: el “reascenso” testicular, que requiere tratamiento quirúrgico, o la lesión del conducto deferente.

• La atrofia testicular es la complicación más severa del tratamiento quirúrgico, con tasas variables en función de la técnica: 2 % en la orquidopexia inguinal, 8 % en la técnica de Stephens-Fowler clásica en dos tiempos, o 28 % en esta última cuando se lleva a cabo en un solo tiempo. Se produce por daño de los vasos espermáticos o por cambios inflamatorios severos post­quirúrgicos sobre el cordón espermático o el parénquima testicular.

Tratamiento hormonal

Aunque no está indicado para inducir el descenso testicular(3,7,8,12,13), algunos autores defienden su indicación como tratamiento asociado a la orquidopexia, por la posibilidad de mejorar la fertilidad futura(14). Así, en las guías europeas de urología pediátrica(4), se contempla el tratamiento hormonal con GnRH (hormona liberadora de gonadotropinas) en los pacientes con criptorquidia bilateral, según un nivel de evidencia 4, al no haberse podido demostrar resultados concluyentes al respecto. Por el contrario, se desestima el tratamiento con hCG (gonadotropina coriónica humana), por los efectos secundarios sobre la espermatogénesis al producir apoptosis en las células germinales, cambios inflamatorios y disminución del volumen testicular(3).

Testículos retráctiles y ascenso testicular adquirido

Los testículos retráctiles en ascensor son aquellos que ascienden fuera del escroto como consecuencia de la contracción fisiológica del músculo cremáster y, por lo tanto, no requieren tratamiento. Durante la exploración, se descienden fácilmente a escroto con la tracción manual, permaneciendo en posición escrotal durante la exploración física. Es muy importante diferenciarlos del maldescenso testicular congénito o de aquellos que reascienden con el tiempo por un acortamiento del cordón espermático (también llamados testículos retráctiles verdaderos), situaciones ambas que requieren tratamiento quirúrgico.

El testículo ascendido adquirido puede producirse a partir de los 6 meses de edad, coincidiendo con el descenso de los niveles de andrógenos que han mantenido el músculo cremáster más relajado y el crecimiento del músculo dartos escrotal, durante el periodo denominado “minipubertad”, entre los 2 y 6 meses de edad. A partir de este momento, la disminución de los niveles de testosterona, adelgaza ambas estructuras, favoreciendo el “empuje” del testículo fuera del escroto. También, la retracción del testículo puede deberse a la fibrosis permanente de un cpvp previo que, a su vez, acorta los elementos del cordón espermático(9).

Diferenciar la causa de esta retracción testicular: 1) por contracción muscular en el caso de los testículos en ascensor; o 2) por un acortamiento tisular del cordón espermático, en el caso de los verdaderos testículos retráctiles, es crucial. En el primer caso, nos encontramos ante una situación fisiológica; y en el segundo, ante una situación de maldescenso testicular adquirido, que requerirá la realización de orquidopexia, habitualmente entre los 5 y 10 años de edad. Es por ello, que estos pacientes deben seguirse hasta la pubertad mediante exploración periódica, hasta confirmar o descartar de forma definitiva una situación de MDT(10,12,15).

Fertilidad y cáncer

El desarrollo y crecimiento del testículo a una temperatura corporal anormalmente elevada en el abdomen o región inguinal (37ºC), puede provocar efectos deletéreos sobre el testículo de forma precoz, lo que justifica el tratamiento temprano de estos pacientes, durante el primer año de edad. Las posibles alteraciones acontecen sobre las células germinales testiculares y su transformación a stem cells para la futura espermatogénesis, así como sobre las células de Leydig, que se han visto disminuidas en los estudios histológicos de los testículos criptorquídicos(4,11). De este modo, se ha demostrado que los varones, con criptorquidia no tratada, presentan una fertilidad dañada, con una disminución de las tasas de fertilidad, más probable si la orquidopexia se realiza a partir de los 18 meses de edad. En este sentido, se han descrito tasas de infertilidad del 10-30 % en pacientes con criptorquidia unilateral, asociada a azoospermia en el 13 % de los casos, que se ve incrementada hasta en el 90 % de los pacientes con criptorquidia bilateral no tratada(4). Así mismo, se han publicado alteraciones en relación a hipofunción testicular, disminución del volumen testicular, alteraciones del esperma y disminución funcional de las células de Leydig, en pacientes con antecedentes de criptorquidia(16).

En relación al cáncer testicular, se ha demostrado un incremento del riesgo de degeneración maligna en la edad adulta en los pacientes con antecedentes de MDT, sobre todo en aquellos que no se trataron antes de la pubertad y, más frecuentemente, en los testículos de localización intraabdominal. Varios estudios y metaanálisis publican de hecho una reducción significativa del riesgo de malignización testicular con la orquidopexia prepuberal(4,17).

En la tabla I se resumen las principales recomendaciones relacionadas con el diagnóstico y tratamiento de las alteraciones del descenso testicular, según la última actualización de 2022 de la Asociación Europea de Urología Pediátrica.

 

Escroto agudo

La torsión de apéndices testiculares, la epididimitis y la torsión de testículo, suponen más del 80 % de las causas de escroto agudo. El escroto agudo requiere siempre una valoración urgente para descartar una situación de torsión testicular, o realizar una exploración quirúrgica urgente en el caso de que esta se sospeche.

Se define por el cuadro clínico de dolor testicular de pocas horas de evolución, asociado habitualmente a signos inflamatorios locales como: tumefacción, eritema y/o aumento de la temperatura escrotal. La torsión del apéndice testicular, la epididimitis u orquiepididimitis o la torsión testicular son las causas más frecuentes (80 %), por este orden.

Se incluyen también, como causas menos frecuentes: el edema escrotal idiopático (que puede cursar sin dolor), la hernia incarcelada, el traumatismo testicular u otros cuadros clínicos, como la púrpura de Schönlein-Henoch o la orquitis viral(18).

Requiere siempre una valoración urgente, que confirme o descarte la existencia de torsión testicular, ya que sin un tratamiento precoz, dará lugar a la necrosis y atrofia del testículo.

En la evaluación es muy importante una correcta exploración física y prestar atención a ciertos signos o síntomas característicos de cada una de estas entidades, que nos orientarán, junto a los datos ecográficos, al diagnóstico en cada caso. De este modo, la evolución y localización del dolor, más agudo, severo y generalizado en el testículo y escroto en los pacientes con torsión testicular, o localizado en el polo superior testicular en los cuadros de torsión de los apéndices testiculares o en la epididimitis, nos orientarán al diagnóstico en cada caso. Por otro lado, los cuadros de torsión testicular neonatal evolucionada, pueden cursar sin dolor asociado.

La fiebre y la detección de infección urinaria deben orientar hacia un episodio de orquitis-orquiepidimitis, que se presenta aproximadamente en el 20 % de los pacientes.

Torsión testicular

La torsión testicular es la tercera causa de escroto agudo. Es más frecuente a partir de la pubertad, producida por una mala fijación y posición del testículo en el escroto. En la época perinatal se produce otro pico de incidencia, pudiendo haberse producido intraútero o tras el nacimiento.

La torsión de testículo (TT) se produce por la rotación del cordón testicular sobre su eje longitudinal, provocando una disminución o ausencia de la vascularización del testículo y, en fases avanzadas, la necrosis y atrofia testicular. El tiempo de evolución y el grado de torsión del cordón espermático son los dos factores principales de riesgo del daño testicular, habiéndose demostrado que el riesgo de necrosis testicular se produce a partir de las 8-10 horas de evolución(4,19).

Con una incidencia aproximada de 1/4.000 varones (< 25 años), es la tercera causa más frecuente de escroto agudo en la población pediátrica (15-20 %)(4,18,20), y debe diferenciarse en el diagnóstico, de la torsión de apéndices testiculares (primera causa de escroto agudo), ya que pueden presentarse con sintomatología inicial muy similar, pero con una evolución, tratamiento y pronóstico muy diferentes.

La congestión y tumefacción testicular de las primeras fases, producida por la compresión de los vasos venosos torsionados, evoluciona hacia la isquemia y necrosis del parénquima testicular por obstrucción arterial, a medida que evoluciona. Esto explica que, en los momentos iniciales, la ecografía pueda mostrar una “falsa hiper-vascularización”, por la congestión de las cubiertas testiculares, con visualización aún de flujo arterial, aunque disminuido, si la torsión no es completa. Este hecho debe tenerse siempre en cuenta en los casos de sospecha de torsión testicular, para evitar fallos o retrasos en su diagnóstico.

La TT presenta dos picos de incidencia: uno menos prevalente en el periodo neonatal (15 %), y otro más frecuente a partir de la pubertad entre los 12 y 18 años de edad(4).

En función de su origen y la disposición del testículo y cordón espermático con respecto a la túnica vaginal, se clasifican los distintos tipos y entidades clínicas(4,18,21):

Torsión intravaginal (Fig. 4): la más frecuente y de aparición más habitual en torno a la pubertad (65 %), aunque puede aparecer a cualquier edad. Se produce por una mala fijación, polar y estrecha, del testículo a la túnica vaginal, lo que predispone a una mayor movilidad del testículo y a su torsión sobre el eje del cordón espermático en el interior de la túnica vaginal en el escroto. Una deformidad típica es el denominado “testículo en badajo”, en la que el testículo se dispone horizontalizado, suspendido por el cordón testicular dentro de la vaginal, muy móvil; y, por lo tanto, con una mayor predisposición a la torsión. Su prevalencia se estima en el 12 % de los varones, siendo bilateral en el 40 % de los casos.

Figura

Figura 4. Torsión testicular intravaginal. Adolescente de 17 años de edad con torsión completa de 360º sobre cordón espermático (asterisco), de 12 horas de evolución. A. Exploración quirúrgica por vía escrotal: se observa necrosis (n) del parénquima testicular. B. Detorsión escrotal sin signos de viabilidad testicular, por lo que se indicó la realización de orquiectomía. Fuente: propiedad de la autora.

Torsión extravaginal: se produce por una rotación del testículo y la túnica vaginal de forma conjunta sobre el eje del cordón espermático en la región inguinal. Es la que se presenta en la etapa prepuberal.

Cuando se diagnostica en el periodo neonatal, la TT se ha producido durante la gestación o en algún momento tras el nacimiento, durante el primer mes de vida. Se manifiesta como torsión testicular hasta en el 20 % de los casos, y supone el 15-20 % de los casos de TT. Hay que tener en cuenta que esta puede estar infraestimada, por el hecho de que muchos casos se diagnostican más tarde como criptorquidia o atrofia testicular(21).

En función del momento de producción de la torsión testicular neonatal, se distinguen dos entidades diferenciadas:

1. Torsión prenatal intraútero, de curso prolongado y evolucionada al diagnóstico (80 %). No se considera, por lo tanto, un cuadro clínico urgente. Puede detectarse en el momento del parto o durante las primeras exploraciones del recién nacido. Suele presentarse como una tumoración inguinal o escrotal de consistencia dura, más o menos dolorosa y con signos inflamatorios o no, en función del tiempo evolutivo. En los casos de mayor tiempo de evolución, en los que la torsión se ha producido durante los meses de gestación lejanos al parto, se diagnostica con frecuencia como criptorquidia, al no palparse el testículo ya atrófico.

2. Torsión postnatal (Fig. 5): ocurre después del nacimiento y se manifiesta como un cuadro de irritabilidad, dolor escrotal agudo, con eritema y tumefacción escrotal, en un recién nacido en el que las exploraciones previas detectaban un testículo normal. Su tratamiento es urgente.

Figura

Figura 5. Torsión testicular neonatal. A. Paciente de 10 días de vida, valorado por irritabilidad, dolor a la palpación, tumefacción e induración escrotal (*). B. Torsión extravaginal del testículo y túnica vaginal sobre el cordón espermático, confirmada mediante exploración inguinal (**). C. Necrosis testicular (n) y trombosis vascular (t) del cordón espermático tras detorsión, que requirió orquiectomía. Fuente: propiedad de la autora.

 

Epididimitis, orquitis y orquiepididimitis

Se trata de la inflamación del epidídimo, testículo o ambos, respectivamente. La orquitis aparece habitualmente asociada a epididimitis por evolución de esta. Cuando se presenta de forma aislada, se produce como consecuencia de la diseminación hematógena de una infección bacteriana o secundaria a una infección viral, como la parotiditis (orquitis urliana), infecciones por adenovirus, enterovirus, influenza o parainfluenza(4). Con una incidencia anual aproximada de 1,2/1.000 varones, la epididimitis/orquiepididimitis es la 2ª causa de escroto agudo en la infancia (20-30 %). En muchos pacientes, sobre todo en los prepúberes, el origen es desconocido, pero en aquellos casos en los que aparecen episodios de repetición, se debe investigar la existencia de malformaciones o trastornos funcionales urológicos. El reflujo vesicoureteral, los uréteres ectópicos o la vejiga neurógena, así como las pruebas diagnósticas que supongan la manipulación de la vía urinaria (sondaje, cistografía o cistoscopia) suponen factores de riesgo a tener en cuenta en estos casos. Los gérmenes más frecuentemente aislados a esta edad son: E. Coli, Mycoplasma pneumoniae, enterococos, enterovirus o adenovirus. En los adolescentes sexualmente activos, los cuadros de epididimitis, secundarios a infecciones de transmisión sexual (ETS), son la causa más frecuente, siendo Chlamydia trachomatis, N. gonorrhoeae, E. Coli y los virus, los microorganismos causantes más habituales(22,23).

Torsión de apéndices testiculares y de epidídimo

La torsión del apéndice testicular (hidátide de Morgagni) es la causa más frecuente de escroto agudo. Su tratamiento es médico, siendo necesaria la resección quirúrgica solo en los casos recidivantes o los refractarios al tratamiento médico.

Es la primera causa de escroto agudo (45 %), y se presenta más habitualmente en los niños entre los 7 y 12 años de edad.

Se produce por la torsión e inflamación secundaria de los apéndices testiculares o epididimarios (remanentes de los conductos de Müller y Wolff), localizados en el polo superior del testículo (hidátide de Morgagni) o en el epidídimo.

Otras causas de escroto agudo

Suponen el 10-15 % de los casos de escroto agudo.

Traumatismo testicular: los traumatismos testiculares de alto impacto pueden ocasionar complicaciones con repercusión sobre la viabilidad del testículo, por lo que es necesaria la valoración urgente con ecografía testicular. Además de la producción de torsión testicular secundaria al traumatismo, la visualización de hematocele (hematoma en la túnica vaginal), hematoma intratesticular o la disrupción de la túnica albugínea con ruptura del testículo, requieren la exploración quirúrgica para descomprimir el parénquima testicular y evitar la necrosis testicular.

Hernia incarcerada: se puede manifestar como escroto agudo, como consecuencia del dolor irradiado desde la región inguinal. En ocasiones, puede palparse el contenido intestinal de la hernia en el escroto.

Púrpura de Schönlein-Henoch: vasculitis sistémica que puede asociarse a dolor articular, dolor abdominal, afectación renal, hemorragia digestiva y, de forma ocasional, a dolor escrotal, tanto agudo como insidioso.

Tumor testicular: aunque el modo de presentación más habitual del cáncer testicular es la aparición de una masa testicular indolora, la hemorragia intratumoral, puede originar un cuadro de dolor agudo testicular y/o escrotal, asociado a cambios inflamatorios.

Edema escrotal idiopático: inflamación escrotal, de corta evolución, con tumefacción de los tejidos blandos y eritema local. De forma característica, el paciente presenta buen estado general y, si refiere dolor, es de poca intensidad. Es bilateral en >50 % de los casos, y recurrente en el 10 % de los pacientes. El edema puede extenderse al periné, región inguinal o al pene. Los hallazgos ecográficos muestran, de forma característica, hipervascularización y engrosamiento hipoecoico del saco escrotal, sin alteraciones a nivel del testículo.

Diagnóstico de los cuadros clínicos de escroto agudo(4,19,22)

El diagnóstico de escroto agudo debe basarse en la anamnesis y exploración física. Ante situaciones sospechosas de torsión testicular, la actitud indicada es la exploración quirúrgica, sin la realización de pruebas complementarias que retrasen su tratamiento precoz.

Anamnesis y exploración física

Se consideran fundamentales en el diagnóstico del escroto agudo, ya que existen datos y signos clínicos característicos de cada una de las entidades clínicas, que nos orientan al diagnóstico. La exploración física se basa en la inspección y palpación testicular, escrotal y bilateral. Se debe prestar atención a la posición del testículo, la intensidad y localización del dolor, la presencia de signos inflamatorios, y la valoración del reflejo cremastérico. Con frecuencia, suele observarse hidrocele reactivo, más característico de la torsión testicular, la epididimitis evolucionada o de los traumatismos testiculares.

En la valoración clínica del escroto agudo, se ha desarrollado el score TWIST (Testicular Workup for Ischemia and Suspected Torsion) para la identificación de los pacientes con riesgo de presentar un cuadro de torsión testicular. En esta escala se valoran: la inflamación y consistencia testicular, el reflejo cremastérico, la posición del testículo y la presencia o no de náuseas o vómitos (Tabla II). Con unos valores que van desde el 0 al 7 (máxima probabilidad de TT), se ha validado como una escala fiable y útil en el diagnóstico de torsión testicular, dada su sensibilidad y especificidad(19).

Además, en la anamnesis es importante investigar sobre determinados antecedentes que pueden predisponer a episodios de escroto agudo, entre los que destacan:

• Antecedente de maldescenso testicular; traumatismo escrotal/actividad física intensa: torsión testicular.

• Actividad sexual; malformaciones, anomalías funcionales urológicas; manipulación de la vía urinaria; episodios infecciosos previos o enfermedades sistémicas (vasculitis): epididimitis/orquiepididimitis.

Entre los datos clínicos a tener en cuenta, destacamos:

Edad: factor importante en el diagnóstico diferencial de escroto agudo, ya que la frecuencia de aparición es diferente según las diferentes patologías. De este modo, la torsión testicular, con un patrón de distribución bimodal, es más frecuente en la adolescencia, periodo en el que son más prevalentes también los episodios de orqui-epididimitis. La torsión de hidátide testicular se presenta con más frecuencia en la etapa prepuberal.

Dolor: intensidad, duración y asociación a otros síntomas. La torsión testicular se manifiesta de forma típica con dolor intenso, de inicio brusco, de pocas horas de evolución. Además, el paciente presenta mal estado general y puede asociar otros síntomas, como náuseas o vómitos.

En el caso de la torsión de hidátides testiculares o de la epididimitis, el dolor, localizado en el polo superior del testículo, sigue un curso más gradual, no es tan intenso y, de forma típica, el paciente mantiene un buen estado general. En el caso de la torsión de apéndice testicular, el dolor, es muy delimitado en un punto del polo superior testicular.

Además, tanto en la torsión testicular como en la epididimitis, puede existir dolor irradiado a la región inguinal.

No hay que olvidar que los cuadros de torsión testicular neonatal evolucionada, pueden cursar sin dolor asociado(21).

Fiebre: no es un síntoma frecuente en el escroto agudo. Aparece en <20 % de los cuadros de epididimitis-orquiepididimitis. Una excepción, son los cuadros de orquitis de origen viral en los que sí es frecuente el antecedente de síndrome febril, unos días previos al episodio de escroto agudo.

Síntomas urinarios: la existencia de sintomatología, como disuria, polaquiuria o tenesmo vesical, debe orientarnos hacia la presencia de epididimitis. Si, además, existe clínica de uretritis, debemos sospechar epididimitis secundaria a ETS en los adolescentes.

En relación a la exploración física, son destacables los siguientes datos en algunas entidades:

• En la torsión testicular son muy evidentes el eritema y la tumefacción escrotal, junto al aumento de la consistencia del testículo, que es muy doloroso a la palpación (Fig. 3). Este aparece “fijo”, horizontalizado y ascendido, con el epidídimo en posición anterior: “Signo de Gouverneur”. Además, el reflejo cremastérico suele estar abolido; aunque su presencia no descarta la existencia de torsión testicular. Es importante recordar también, que el reflejo cremastérico puede estar ausente en los pacientes menores de 6 meses de edad de forma fisiológica.

En los pacientes con torsión de un testículo no descendido, se palpa el testículo doloroso en la región inguinal con signos inflamatorios locales y escroto vacío ipsilateral.

• En la epididimitis, el dolor es máximo a la palpación en la zona correspondiente al epidídimo, que parece engrosado. Puede extenderse al resto del testículo en las orquiepididimitis. El testículo es móvil dentro de la bolsa escrotal, está normoposicionado y mantiene el reflejo cremastérico, aunque este último puede ser difícil de valorar en los casos con gran inflamación. Signo de Prehn: el dolor se alivia con la elevación del testículo (al contrario de lo que ocurre en la torsión testicular: el dolor no disminuye o incluso aumenta con la elevación testicular).

• En la torsión de hidátide testicular, el dolor se localiza en el polo superior del testículo. Pueden asociarse o no eritema y calor en la piel escrotal en grado variable. Es característico el signo del “punto azul”, que se observa en el polo superior del testículo al realizar la transiluminación escrotal, y que se corresponde con la necrosis o congestión del apéndice torsionado. La existencia del punto azul (10-23 % de los casos) es un signo característico de la torsión de hidátide, pero su ausencia (cuando hay inflamación de la hidátide, pero no se ha producido la necrosis) no la descarta.

En la tabla III, se resumen los datos clínicos más característicos de la torsión testicular, torsión de hidátide y epididimitis, en el diagnóstico diferencial de los cuadros de escroto agudo.

 

Pruebas complementarias

El primer objetivo en el diagnóstico del escroto agudo es confirmar o descartar si estamos ante un cuadro de torsión testicular y, ante esta situación, el paciente debe ser valorado por un especialista en Cirugía Pediátrica.

La ecografía asociada a doppler testicular es la prueba de imagen de elección en el diagnóstico del escroto agudo (Fig. 6), pero hay que tener cuenta que, ante la alta sospecha diagnóstica de torsión testicular, la actitud a seguir es la exploración quirúrgica urgente, única medida diagnóstica de certeza, que también será terapéutica en el caso de que se confirme la torsión testicular. Es importante insistir en que, aunque la ecografía es la técnica gold standard en el diagnóstico de la patología testicular, nunca se debe retrasar el tratamiento quirúrgico en los cuadros que sugieran TT, a la espera de su realización. Además, a pesar de que el flujo arterial está disminuido o ausente en el testículo torsionado, en las fases iniciales este puede estar preservado, y se puede asociar también hipervascularización de las cubiertas testiculares por la congestión venosa y el propio proceso inflamatorio, lo que puede dar lugar a fallos (falsos negativos) en el diagnóstico de TT. Es por esto también, que los hallazgos ecográficos no deben cambiar nunca la indicación de la exploración quirúrgica urgente ante la sospecha de torsión testicular, a pesar de que el estudio doppler informe sobre la presencia de flujo testicular.

Figura

Figura 6. Ecografía-doppler testicular bilateral en torsión testicular izquierda (A, B, C y D) y epididimitis (E y F). A. Testículo derecho (Td) de aspecto ecográfico normal, con preservación de flujo arterial. B, D. Testículo izquierdo (Ti) con signos de torsión testicular: aumento de tamaño y ausencia de flujo en estudio Doppler. C. Testículo izquierdo (Ti) en el que se aprecia la vuelta del cordón espermático (asterisco). E. Testículo izquierdo con epididimitis. Marcado con asterisco se muestra el engrosamiento del epidídimo. F. Hipervascularización de las cubiertas del testículo izquierdo con epididimitis. Fuente: propiedad de la autora.

La ecografía testicular bilateral permite valorar además, la simetría en relación al tamaño, localización y aspecto del parénquima testicular, engrosamiento y posición del cordón espermático, engrosamiento de cubiertas testiculares y de la bolsa escrotal, o tamaño y signos inflamatorios de los apéndices testiculares o del epidídimo.

No se debe olvidar también, que la ecografía-doppler puede ofrecer falsos diagnósticos positivos de torsión testicular en situaciones, como grandes hidroceles a tensión, hernias inguinoescrotales o hematomas testiculares de gran tamaño, que dificulten la vascularización testicular.

El análisis de orina se debe realizar en los cuadros de epididimitis y orquiepididimitis. Si se observa leucocituria o nitritos positivos, o el paciente presenta sintomatología urinaria clara, se realizará cultivo con antibiograma para validar el tratamiento antibiótico empírico pautado en un inicio. Es importante señalar que la positividad del análisis y cultivo de orina se obtiene en un bajo porcentaje de pacientes con epididimitis y, al contrario, la normalidad de los resultados de estas pruebas no excluye el diagnóstico de epididimitis. Del mismo modo, un examen de orina patológico no excluye la torsión testicular. Está indicada, adicionalmente, la recogida de exudado uretral para estudio microbiológico en los adolescentes con vida sexual activa, y sospecha de epididimitis como enfermedad de transmisión sexual (ETS).

Tratamiento del escroto agudo

La torsión testicular es una urgencia quirúrgica que requiere un tratamiento quirúrgico precoz para garantizar la viabilidad del testículo. El grado de torsión y el tiempo de evolución son los dos factores principales en la predicción del daño testicular. Por el contrario, en la torsión de hidátide de Morgagni, el tratamiento indicado es médico, con reposo y fármacos antiinflamatorios.

La torsión testicular es una urgencia quirúrgica, que requiere un tratamiento precoz para preservar la viabilidad del testículo. Los dos factores determinantes del daño testicular son el grado de torsión y el tiempo de evolución, siendo más probable la recuperación del parénquima testicular, cuando la detorsión se realiza en las primeras 4-8 horas de evolución. En los casos de torsión completa, el riesgo de necrosis testicular es muy elevado con un tiempo de evolución corto (4 h), y cuando la torsión es incompleta, existe la posibilidad de que el testículo permanezca viable, con cursos evolutivos de hasta 12 horas(4,18,19).

La intervención quirúrgica consiste en la detorsión manual del testículo y fijación del mismo en el escroto: orquidopexia, si se confirma la viabilidad del mismo durante la exploración quirúrgica. En la actualidad, se recomienda la orquidopexia contralateral en el mismo acto, dado el riesgo de torsión futura en ese lado(4).

Si el testículo está necrosado, está indicada la extirpación del testículo: orquiectomía, y fijación del testículo contralateral en el escroto. Para el tratamiento de la torsión intravaginal, el abordaje se realiza mediante una incisión escrotal, mientras que en el caso de la torsión extravaginal, este se lleva a cabo por vía inguinal.

Se puede intentar la detorsión manual antes de la intervención quirúrgica, mediante la rotación externa del tes­tículo (maniobra similar a la apertura de un libro) si no se observa resistencia a la misma o aumento del dolor. En los casos en los que la maniobra consigue la detorsión del testículo, el dolor desaparece. En esta situación, debe indicarse también la exploración quirúrgica urgente ante la posibilidad de que permanezca aún una torsión parcial.

Los pacientes con torsión intermitente: sufren episodios de torsión testicular con resolución espontánea tras segundos o minutos de inicio del cuadro. La exploración testicular y la ecografía pueden ser normales en el momento de la valoración clínica, si el cuadro se ha resuelto. Está indicado el seguimiento, y el tratamiento quirúrgico mediante orquidopexia para evitar futuros episodios.

En los casos de torsión neonatal, está indicada la exploración quirúrgica y orquidopexia bilaterales debido a la posibilidad de torsión bilateral hasta en el 20 % de los casos.

En el caso de la torsión prenatal, no existe consenso en relación al momento de la intervención quirúrgica y la exploración quirúrgica del lado contralateral. Aunque el testículo afectado está necrosado en la práctica totalidad de las ocasiones y, por lo tanto, no supone una urgencia quirúrgica, el objetivo del tratamiento es la fijación escrotal del testículo contralateral en prevención de torsiones futuras. Teniendo en cuenta también, la posibilidad de casos de torsión bilateral sincrónica no diagnosticada, en general se recomienda el tratamiento quirúrgico preferente, cuando el paciente esté estable y no existen contraindicaciones clínicas ni anestésicas para llevarlo a cabo(21).

Seguimiento y evolución de la torsión testicular

En general, el riesgo de recurrencia de torsión testicular es < 5 %, y puede aparecer años después del primer episodio. Por otra parte, a pesar de una detorsión adecuada y la apariencia de viabilidad testicular durante el procedimiento quirúrgico del episodio agudo, algunos pacientes desarrollan atrofia testicular con el tiempo, lo que puede afectar a su fertilidad futura. Esta situación puede deberse, tanto al daño directo del parénquima testicular por la isquemia durante la torsión, como por la rápida reabsorción de radicales libres en el testículo durante la fase de reperfusión post-isquemia. Estos cambios podrían llevar a implicaciones sobre la fertilidad futura, más frecuentes en los casos de torsión testicular grave y evolucionada(4,19).

En la epididimitis/orquiepididimitis, el tratamiento de elección es médico mediante reposo y fármacos antiinflamatorios, y no está indicada la antibioterapia de forma generalizada, a no ser que exista sospecha de infección de orina tras los resultados del examen y cultivo de orina(4). En estos casos, nosotros proponemos iniciar tratamiento antibiótico empírico según las recomendaciones actuales publicadas por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria(23) (Guía ABE: https://www.guia-abe.es/).

Se instaura de este modo, tratamiento inicial con cobertura para Gram + y Gram -, con cefalosporinas de 2ª/3ª generación (cefuroxima: 20-30 mg/kg/día; cefixima: 8 mg/kg/día), amoxicilina-clavulánico (50 mg/kg/día) o quinolonas en los niños más mayores (ciprofloxacino: 20-40 mg/kg/día; levofloxacino: 500 mg/día), durante 7-10 días. Dichos tratamientos se reevaluarán con los resultados del cultivo y antibiograma.

En la torsión de hidátide testicular, también se establece el tratamiento médico con reposo y antiinflamatorios como primera opción. Habitualmente, la mejoría es progresiva hasta la resolución del cuadro clínico a los 7-10 días. Solo se indica el tratamiento quirúrgico para la extirpación del apéndice testicular/epididimario, en los casos de dolor refractario al tratamiento médico o en aquellos pacientes con episodios recidivantes. No está indicada la exploración quirúrgica del testículo contralateral(22).

En los pacientes con traumatismo testicular está indicado el reposo y tratamiento analgésico y antiinflamatorio. En los casos de ruptura, hematoma compresivo o sospecha de torsión testicular, está indicada la exploración quirúrgica.

El edema escrotal idiopático no requiere tratamiento habitualmente, salvo en los pacientes que cursen con molestia dolorosa local, que se tratarán con tratamiento antiinflamatorio(24).

Valoración del escroto agudo por el pediatra: aspectos importantes a considerar

• El principal objetivo del pediatra en la valoración del paciente con dolor testicular agudo debe ser la identificación de síntomas y signos que puedan sugerir la existencia de torsión testicular. Ante su mínima sospecha, se debe indicar la valoración urgente por Cirugía Pediátrica.

• El diagnóstico de escroto agudo es clínico y no está indicada la realización de pruebas complementarias que puedan retrasar el tratamiento quirúrgico precoz de un posible caso de torsión de testículo.

• La ecografía escrotal y testicular con estudio doppler, es la prueba de imagen de elección en la valoración de la patología escrotal y testicular. En los cuadros de escroto agudo, ayuda a la valoración del flujo y parénquima testicular, grado de inflamación en los casos de epididimitis severas o detección de un apéndice inflamado en la torsión de apéndices testiculares/epididimarios.

• En los cuadros de epididimitis en los niños prepúberes, el tratamiento antibiótico sistemático no está justificado, salvo en el caso de sintomatología urinaria, examen de orina patológico o antecedentes que hagan sospechar la presencia de infección de orina. En la mayoría de los casos, en los que no se dan estas circunstancias, se indica tratamiento sintomático con reposo, fármacos antiinflamatorios y analgésicos.

La epididimitis en el adolescente con vida sexual activa, debe tratarse de forma empírica con pautas de antibioterapia que cubran N. Gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis, para cubrir infecciones de transmisión sexual.

En los casos de orquitis/epididimitis con gran componente inflamatorio, evolución tórpida a pesar del tratamiento médico, o aparición de sintomatología general, está indicada la valoración por el servicio de Cirugía, quien valorará la indicación de tratamiento antibiótico intravenoso y la realización de ecografía testicular para el estudio de la afectación del parénquima testicular.

• En los pacientes con cuadros claros de torsión de hidátide testicular, se indicará reposo y tratamiento sintomático con fármacos antiinflamatorios por vía oral. El tratamiento quirúrgico está indicado en aquellos casos de dolor persistente refractario al tratamiento médico o en los recidivantes.

• El traumatismo testicular moderado-severo debe valorarse mediante la realización de ecografía testicular y atención urgente por el servicio de Cirugía, para la valoración de la afectación parenquimatosa y/o posibles complicaciones que requieran tratamiento quirúrgico, como ruptura, hematoma a tensión o torsión testicular. La misma actitud debe seguirse en los casos de tumoración testicular, con el objetivo de descartar la existencia de un posible tumor testicular.

Otras causas de patología escrotal

Hidrocele(4)

Se define como el acúmulo de contenido líquido entre las capas visceral y parietal de la túnica vaginal testicular. En la exploración física se identifica como un aumento del volumen escrotal, con transiluminación positiva e indolora (cuando no se asocia a procesos inflamatorios testiculares). Puede ser primario, malformativo o por hipersecreción, o secundario a otros procesos inflamatorios del testículo, como torsión testicular, orqui-epididimitis o traumatismo testicular. También, se puede producir tras las operaciones de varicocele por ligadura de vasos linfáticos durante la intervención.

En este apartado nos referiremos al hidrocele primario, que se clasifica en:

1. Hidrocele congénito: aparece en la infancia, y se produce por la persistencia del proceso vaginal (cpvp).

2. Hidrocele del tipo adulto: generado por el acúmulo de líquido por hipersecreción de la mucosa de la túnica vaginal y el desequilibrio entre esta producción y su reabsorción. Se debe sospechar cuando se presenta en torno a la adolescencia, en pacientes sin historia de hidrocele o hernia inguinal durante la infancia.

En el caso del hidrocele congénito, este puede aparecer como un hidrocele comunicante: en el que el proceso vaginal permanece abierto en todo su trayecto y, por lo tanto, es oscilante, siendo más evidente al final del día. En otros casos, el cpvp se oblitera en algún punto, dando lugar a una tumoración fija, no reductible, visible en la región inguinal (quiste de cordón espermático), o en el escroto, según la localización del cierre del proceso vaginal.

El diagnóstico de hidrocele es clínico y no son necesarias pruebas complementarias adicionales, salvo en los casos en los que se sospeche asociación a otras patologías, como masa testicular o cualquier cuadro inflamatorio testicular.

En los pacientes con hidrocele congénito, se debe esperar a la obliteración espontánea durante el primero o dos primeros años de edad. A partir de este momento, el tratamiento es quirúrgico y consiste en la ligadura y sección del proceso vaginal mediante un abordaje inguinal, procedimiento denominado herniorrafia, ya que es el mismo que se realiza en el tratamiento de la hernia inguinal. Como abordaje alternativo, se puede indicar la herniorrafia por vía laparoscópica, en función de la experiencia y preferencias del cirujano.

Es importante recordar que el hidrocele no provoca daño testicular, por lo que la intervención quirúrgica se programa a partir del año de edad, sin carácter de urgencia.

Como excepción, en los casos en los que se sospeche la existencia de hernia inguinal concomitante, el tratamiento quirúrgico se indica en el momento del diagnóstico.

En el caso del hidrocele escrotal, no comunicante, del tipo adulto, el tratamiento quirúrgico es la hidrocelectomía por vía escrotal: drenaje del hidrocele, mediante apertura y sección de la túnica vaginal.

Varicocele

El varicocele del adolescente suele ser asintomático. Los criterios de tratamiento incluyen la aparición de síntomas (dolor) o la disminución del crecimiento testicular.

Se trata de la dilatación de las venas testiculares en el plexo pampiniforme producida por reflujo venoso. Lo más habitual es su presentación a partir de la pubertad (15-20 % en adolescentes), siendo infrecuente en niños menores de 10 años. El 90 % de los casos aparece en el lado izquierdo, y puede ser bilateral en algunos pacientes(25). La disposición anatómica de la vena espermática izquierda en su unión a la vena renal izquierda en un ángulo de 90º, se ha descrito como una de las causas.

En función de su severidad, se diferencian 3 grados según la Clasificación de Dubin-Amelar:

• Grado I: varicocele palpable con maniobras de Valsalva.

• Grado II: varicocele palpable (sin maniobras de Valsalva).

• Grado III: varicocele visible.

El varicocele subclínico es aquel que se detecta únicamente en la ecografía, de forma incidental, sin hallazgos durante la exploración física.

En los adolescentes, habitualmente el varicocele es asintomático y poco evolucionado, pero es imprescindible un seguimiento clínico y ecográfico cercano para el diagnóstico precoz de síntomas, como dolor testicular o la disminución del volumen testicular, que suponen indicaciones para su tratamiento. Como complicación a largo plazo, se ha descrito que el 20 % de los adolescentes con varicocele puede desarrollar problemas de fertilidad en el futuro, secundarios al hipogonadismo y la disminución de la secreción de testosterona, generados por el daño parenquimatoso del testículo expuesto a una temperatura anormalmente elevada.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en:

• Exploración física: el varicocele se detecta mediante la visualización y/o palpación de venas testiculares dilatadas y tortuosas en posición de bipedestación, que se hacen más evidentes con las maniobras de Valsalva.

Siempre se debe evaluar el tamaño de ambos testículos, en la búsqueda de asimetrías por disminución del volumen testicular en el lado del varicocele.

• Ecografía-doppler testicular: confirma la existencia de varicocele y su severidad. Mide el reflujo venoso en el plexo pampiniforme en posición de bipedestación y en decúbito supino; y el tamaño testicular, considerándose signo de hipoplasia cuando el volumen testicular es <20 % con respecto al contralateral.

Se debe asociar la realización de ecografía abdominal en los pacientes con varicocele de presentación más “atípica”, en los que es obligado descartar la existencia de una masa tumoral como causa de varicocele, por compresión de la vena renal o la vena cava inferior. En este sentido, se debe indicar especialmente en pacientes prepúberes o en aquellos casos de varicocele derecho aislado.

Tratamiento

Se ha demostrado que el tratamiento del varicocele mejora el volumen testicular, los parámetros seminales y las posibilidades de fertilidad futura. El éxito del tratamiento en cuanto a la desaparición del varicocele se sitúa en el 85-100 % de los pacientes según las distintas técnicas y la experiencia de cada Centro. Por ello, se han establecido dos criterios principales de tratamiento en el varicocele de la infancia y adolescencia, que son los siguientes:

1. Varicocele asociado a disminución del tamaño testicular (hipotrofia).

2. Varicocele sintomático.

Además, alteraciones en los parámetros de estudio de las muestras de semen, u otras situaciones, como el varicocele palpable bilateral o la asociación de otras patologías con riesgo de fertilidad, podrían valorarse también, como otras indicaciones de tratamiento en el varicocele(4,26-29).

Las opciones de tratamiento incluyen diversas técnicas quirúrgicas de ligadura y sección vascular o la embolización endovascular, como alternativa no quirúrgica. Debido a la falta de estudios en la edad pediátrica, no se han podido confirmar diferencias significativas en los resultados terapéuticos de las distintas técnicas, que dependen, en gran medida, de la experiencia de cada Centro. Por lo tanto, existe controversia aún en relación al mejor método de tratamiento del varicocele en los pacientes pediátricos y adolescentes.

La embolización se realiza mediante un procedimiento endovascular percutáneo, consistente en la introducción de espirales metálicos (coils) o sustancias esclerosantes en las venas espermáticas, a través de la cateterización de una vena principal en la ingle (vena femoral), el cuello (vena yugular interna) o el brazo (vena basílica). Debido a la actuación selectiva sobre los vasos venosos, tiene la ventaja de no desarrollar posteriormente hidrocele por lesión de los vasos linfáticos del cordón espermático, complicación más frecuente del tratamiento quirúrgico. Al ser una técnica poco invasiva, en la mayoría de los pacientes se plantea, además, como una intervención de corta estancia, que no precisa ingreso en la mayoría de los pacientes. En contrapartida, y a pesar de ser un tratamiento eficaz con tasas de éxito en torno al 80-90 %(25,29), su principal desventaja es una mayor tasa de recurrencia (13-15 %) con respecto al tratamiento quirúrgico (5-7 %), que hace necesaria en algunos pacientes, la repetición de la embolización.

El tratamiento quirúrgico consiste en la ligadura y sección de las venas espermáticas dilatadas, mediante un abordaje inguinal, retroperitoneal o laparoscópico. La ligadura de las venas espermáticas puede realizarse de forma selectiva, con preservación de la arteria espermática (técnica de Ivanissevich-abordaje inguinal), o de forma conjunta junto a la arteria espermática (técnica de Paloma-vía retroperitoneal). En el caso del abordaje laparoscópico, se puede realizar cualquiera de las dos opciones. En este último caso, puede optimizarse la técnica mediante la inyección intra-testicular de sustancias colorantes (p. ej., verde de indocianina), que tiñe los vasos linfáticos del cordón espermático, lo que permite su preservación y evita la aparición de hidrocele postquirúrgico.

Las complicaciones del tratamiento en el varicocele son escasas. Como se ha comentado anteriormente, la del hidrocele postquirúrgico es la más frecuente, con tasas de presentación del 5-10 %, que disminuyen significativamente con la preservación de los vasos linfáticos. Otras complicaciones descritas más raras son: la atrofia testicular tras la ligadura de la arteria espermática o la migración del material de embolización a la vena renal con trombosis de la misma.

Quistes de epidídimo y espermatocele (Fig. 7)

Figura

Figura 7. Quiste de epidídimo en paciente de 15 años de edad. La indicación de resección quirúrgica se realizó por su gran tamaño, imposibilidad de diferenciar el testículo del quiste en la exploración física (lo que dificultaba una correcta exploración testicular ante la aparición de otras patologías escrotales), y la presentación de molestias dolorosas con el ejercicio. Fuente: propiedad de la autora.

Los quistes de epidídimo son de etiología benigna, aparecen en cualquier zona del epidídimo y se rellenan de un líquido claro que no contiene espermatozoides. Son más frecuentes en varones prepuberales. Con frecuencia son asintomáticos, de pequeño tamaño y se diagnostican habitualmente de forma casual durante la exploración física o ecográfica testicular realizadas por otros motivos. Su etiología es desconocida en la mayoría de los casos, aunque se han descrito, a veces, antecedentes de traumatismo testicular o epididimitis. Pueden desaparecer espontáneamente.

Deben diferenciarse del espermatocele, indistinguible en la exploración física y, también, manifestado como quiste epididimario, que aparece en las etapas post-puberales y contiene esperma en su interior. Aparecen en la cabeza del epidídimo y, aunque suele ser también asintomático, puede producir dolor en un porcentaje mayor a los quistes epididimarios de la infancia. En la ecografía, puede diferenciarse de estos por tener un contenido con ecos variables y septos en su interior.

El diagnóstico diferencial de los quistes de epidídimo debe realizarse con otras patologías testiculares de distinta naturaleza como: epididimitis, hidrocele, varicocele o tumores testiculares.

La observación es la medida indicada como primera opción, tanto en los quistes de epidídimo como en el espermatocele que aparece en los pacientes asintomáticos, sin dudas diagnósticas o con quistes de pequeño tamaño (<10 mm). Por el contrario, los quistes de epidídimo o espermatoceles, de gran tamaño, o de crecimiento progresivo, con dudas diagnósticas o con dolor asociado, se tratan quirúrgicamente mediante la extirpación completa del quiste, por vía escrotal(30).

Función del pediatra de Atención Primaria

El principal objetivo del pediatra de Atención Primaria en la valoración de los problemas del descenso testicular debe ser su identificación precoz para indicar su seguimiento por parte del cirujano pediátrico en caso de sospecha, duda o confirmación. Esto permitirá el tratamiento en torno al año de edad, evitando así las posibles secuelas que puedan producirse sobre la fertilidad en el futuro. En los casos en los que se identifiquen de forma tardía, también se deberán remitir para su tratamiento antes de la pubertad, minimizando así los potenciales riesgos de malignización testicular.

Para ello, se establece como función primordial, llevar a cabo una adecuada exploración de la región inguinoescrotal, tanto durante las consultas del programa de revisión del niño sano, como en otras que se produzcan por cualquier otro síntoma o signo referidos al testículo, escroto, región inguinal o abdominal. Junto a esto, es muy importante que el pediatra esté familiarizado con el calendario quirúrgico, en relación a las recomendaciones sobre el momento de establecer el diagnóstico de criptorquidia según la edad gestacional o con la diferenciación entre los verdaderos casos de MDT de aquellos de “testículos en ascensor”, que no requieren ningún tipo de tratamiento.

En cuanto a los cuadros de escroto agudo, y ante la mínima sospecha de torsión testicular, la solicitud inmediata de valoración urgente por Cirugía Pediátrica desde la consulta de Atención Primaria, es vital para poder llevar a cabo una exploración quirúrgica urgente y la recuperación del testículo, en el caso de que esta se confirme. En este caso, no se debe solicitar la realización de pruebas complementarias previas, que retrasarían el diagnóstico.

En cuanto al varicocele, el pediatra de Atención Primaria debe considerar un signo de alarma, cuando este se presente en el lado derecho, y solicitar una ecografía abdominal preferente para descartar la existencia de masa abdominal.

En los casos de epididimitis-orquiepididimitis de repetición en pacientes en edad prepuberal, se debe investigar la existencia de trastornos malformativos o funcionales del sistema urinario, que se deben iniciar mediante la realización de ecografía a ese nivel.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de la autora.

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Consenso Europeo sobre los principales aspectos de la clasificación, diagnóstico y tratamiento del maldescenso testicular y la patología escrotal. Actualización del año 2022. Guía diagnóstico-terapéutica de referencia en la atención del paciente con criptorquidia y patología escrotal, esquemática, y validada por la Asociación Europea de Urología (EAU).

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Resumen de las principales claves en el abordaje diagnóstico-terapéutico del paciente con criptorquidia, dirigido a los profesionales de Pediatría.

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Artículo de revisión americano del maldescenso testicular, muy actualizado. A destacar, tabla explicativa de los distintos tipos en función de la prevalencia, la exploración y su naturaleza, congénito o adquirido. Exposición clara y contrastada de las complicaciones y secuelas a largo plazo, descritas.

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Revisión de los principales aspectos diagnósticos y de tratamiento del maldescenso testicular. Descripción detallada de los distintos procedimientos quirúrgicos indicados, en función del tipo y evolución del MDT, con imágenes quirúrgicas que ayudan a la comprensión anatómica y del abordaje terapéutico en cada caso.

– Shin J, Jeon GW. Comparison of diagnostic and treatment guidelines for undescended testis. Clin Exp Pediatr. 2020; 63: 415-21.

Revisión actualizada sobre la criptorquidia: etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento. Exposición de la clasificación del maldescenso testicular de forma esquemática y muy gráfica, y con relación a la exploración física del paciente. Revisión de los aspectos más relevantes del diagnóstico y tratamiento del MDT y comparación de las principales guías diagnósticas y terapéuticas internacionales: AUA: American Urological Association; BAPS/BAUS: British Association of Pediatric Surgeons/British Association of Urologic Surgeons; CUA: Canadian Urological Association; EAU: European Association of Urology.

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Resumen de los principales aspectos del diagnóstico clínico del paciente con escroto agudo. Enfoque en la atención y valoración por el profesional pediatra. Explicación del score TWIST en la valoración inicial del escroto agudo y su relación con el diagnóstico de torsión testicular.

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Exposición detallada de los aspectos sobre el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes con torsión testicular.

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Artículo sobre la etiopatogenia, clínica y tratamiento de la torsión de aparición durante el período perinatal, con especial énfasis en las actitudes diagnósticas y terapéuticas a seguir ante su sospecha. Incide en los aspectos controvertidos en cuanto al momento y abordaje quirúrgicos. En la explicación de los factores etiopatogénicos, describe, de forma clara y esquemática, los diferentes tipos de torsión testicular, en función de la edad y mecanismo de producción.

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Exposición de la etiología, clínica, diagnóstico e indicaciones y tipo de tratamiento del varicocele. Revisión de las recomendaciones de las guías europeas y americanas de atención al paciente con patología urológica de la población pediátrica y adolescente.

 

Caso clínico

 

Paciente de 2 meses de edad que acude a la consulta de su pediatra en el contexto de la revisión del niño sano. Sin antecedentes de interés, parto a término, eutócico, con peso al nacer: 3,350 kg. Lactancia materna exclusiva en la actualidad.

En la exploración de los genitales externos, se observa testículo derecho en escroto, de tamaño adecuado para su edad, móvil, sin masas palpables. Sin alteraciones escrotales. En el lado izquierdo se observa escroto vacío, palpándose testículo en región inguinal.

 

 

 

Patologías genitourinarias más frecuentes

B. Pontón Martino,  C. Cebrián Muiños
Temas de FC


B. Pontón Martino*, C. Cebrián Muiños*,**

*Médicos Adjuntos del Servicio de Cirugía Pediátrica. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca. **Profesora asociada de Ciencias de la Salud en la Universidad de Salamanca

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Autor para correspondencia

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Resumen

La patología genital es muy frecuente en la consulta de Pediatría y supone una parte importante del quehacer diario del cirujano pediátrico. Este artículo pretende describir y actualizar las patologías genitourinarias más frecuentes. La sinequia vulvar consiste en la fusión medial de los labios menores de la vulva y suele ser un proceso autolimitado. El hipospadias es una malformación congénita del pene que afecta a la formación del tramo distal de la uretra, pene y prepucio. Es la segunda anomalía congénita más frecuente del aparato genitourinario, por detrás de la criptorquidia, y su diagnóstico es eminentemente clínico. El epispadias primario es una malformación congénita rara que afecta a ambos sexos y se considera la forma más leve del complejo extrofia vesical-epispadias. La fimosis es una patología muy frecuente, debe tratarse a partir de los 4 años con corticoides tópicos, si no hay respuesta está indicada la circuncisión. La parafimosis es una emergencia urológica, por lo que es fundamental su conocimiento para llegar a un rápido diagnóstico y tratamiento. La balanitis es un cuadro inflamatorio que se produce en la mayoría de los casos por acumulación de esmegma, por ello es más frecuente en pacientes con fimosis.

 

Abstract

Genitourinary conditions are frequent in the pediatrician’s daily practice and they are also a main part of the pediatric surgeon´s day-to-day activity. This article summarizes and updates concepts and guidelines about these topics. Labial adhesion is the fusion of labia minora and, in children, it usually resolves spontaneously without treatment. Hypospadias consists of a congenital malformation involving the penis, the urethra formation and the foreskin. It is the second most frequent genitourinary malformation after cryptorchidism and its diagnosis is mainly clinical during an examination. Primary epispadias is a very rare congenital malformation that can affect both sexes and it is considered the mildest variant of bladder exstrophy-epispadias complex. Phimosis is a very frequent condition that must be treated from 4 years old on with topical steroids. If the conservative treatment fails, a circumcision must be performed. Paraphimosis is a urologic emergency, so it is especially important to be aware of it in order to be able to diagnose and treat it as soon as possible. Balanitis is an inflammatory condition which is often caused my smegma accumulation, for this reason it is more frequent in boys who present phimosis.

 

Palabras clave: Sinequia vulvar; Hipospadias; Fimosis; Parafimosis; Balanitis.

Key words: Labial adhesion; Hypospadias; Phimosis; Paraphimosis; Balanitis.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 371 – 379

 


Objetivos

• Actualizar el manejo de las patologías genitales en la infancia.

• Repasar la embriología y características de los genitales infantiles.

• Resaltar la importancia de una adecuada exploración, pues de ello deriva un correcto diagnóstico, sin precisar estudios complementarios.

• Conocer el papel del pediatra de Atención Primaria, ya que puede iniciar tratamientos médicos en alguna de las patologías, previa derivación al especialista quirúrgico.

 

Patologías genitourinarias más frecuentes

Introducción

La urología pediátrica comprende una serie de patologías muy variadas que afectan al sistema urogenital, de complejidad variable y que suponen aproximadamente el 50 % de las intervenciones quirúrgicas en Cirugía Pediátrica(1). El objetivo de este trabajo es desarrollar el concepto de cada una de ellas, dar a conocer las claves que nos lleven a su diagnóstico, además de recalcar el manejo de las mismas y el momento, en caso de ser preciso, en que deben derivarse para su valoración por Cirugía Pediátrica.

Sinequia de labios menores

Concepto y epidemiología

Consiste en la fusión medial, parcial o total, de los labios menores de la vulva. La adherencia entre los labios menores aparece como una tela fina grisácea que une los bordes mediales de los labios menores y que puede impedir la visualización del himen, el introito vaginal o, incluso, el meato urinario(1,2). Aparece aisladamente y no se asocia a otras anomalías del aparato genital superior. Es una entidad adquirida cuya etiología es desconocida, pero se asocia con bajos niveles de estrógenos. También, puede presentarse como consecuencia de dermatosis y enfermedades sistémicas, como síndrome de Steven Johnson, liquen escleroso vulvar, enfermedad de injerto contra huésped cutánea, enfermedad de Behcet o traumatismo por abuso sexual o caída a horcajadas. Aparece más frecuentemente entre los 3 meses y los 6 años, con un pico de incidencia entre los 13 y los 23 meses. Se trata de una situación bastante frecuente, que puede afectar hasta al 22 % de las mujeres prepuberales(2).

Fisiopatología

La etiología de la sinequia es desconocida, pero parece relacionarse con la combinación de hipoestrogenismo e inflamación vulvar. La inflamación erosiona el epitelio de los labios menores, lo que, en un ambiente de escaso influjo estrogénico, conduce a su fusión en la línea media. Así, las sinequias son muy poco frecuentes en el periodo neonatal, cuando los niveles de estrógenos son elevados. La inflamación puede deberse a higiene deficitaria, contaminación de la zona vulvar por material fecal, vulvo-vaginitis, dermatitis del pañal reiteradas, así como a traumatismo. Las sinequias secundarias a liquen escleroso vulvar aparecen en edades más tardías, de los 2 a los 10 años(2).

Clínica y diagnóstico

Habitualmente, es un hallazgo incidental en la exploración genital, dado que la mayoría de las pacientes no presentan síntomas. Cuando producen síntomas, son principalmente: goteo postmiccional, disuria, infecciones de tracto urinario o inflamación local de la región labial. El diagnóstico es clínico, mediante inspección, y no son necesarias pruebas de imagen ni otras exploraciones complementarias. La postura de mariposa en decúbito supino con las rodillas dobladas y las piernas separadas es adecuada para la valoración de la vulva en las niñas. La tracción suave con los dedos de los labios mayores hacia abajo y los laterales permite exponer perfectamente las sinequias para su valoración.

Suelen clasificarse: en parciales, cuando hay una parte adherida, generalmente la más posterior, y una libre, en una proporción variable; o totales, cuando prácticamente la totalidad de los bordes libres de los labios están fusionándose entre sí, pero esta clasificación no condiciona la evolución ni el tratamiento(2) (Fig. 1).

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Figura 1. Sinequia de labios menores. Fuente: propiedad de las autoras.

Tratamiento

Si la paciente está asintomática, el tratamiento conservador es el más recomendado.

En ausencia de síntomas, no hay necesidad de tratar esta condición, que tiende a ser autolimitada cuando se modifican las condiciones locales y hormonales y comienza la producción endógena de estrógenos(3). El 80 % de las sinequias desaparece en el plazo de un año sin tratamiento. Es importante incidir en la higiene genital adecuada con jabones neutros formulados específicamente para la higiene genital infantil. Cuando hay síntomas o infecciones del tracto urinario de repetición, está indicada la aplicación de crema de estrógenos (estradiol 0,01 %) en ciclos cortos sobre los labios menores adheridos. Como efectos paralelos de la aplicación de estrógenos pueden aparecer sensibilidad mamaria o hiperpigmentación de la piel vulvar, que se revierten al suspender el tratamiento. Ya que no existen estudios sobre efectos secundarios del uso prolongado de estrógenos tópicos en niñas, se recomienda prolongar el tratamiento lo mínimo para que sea efectivo, por lo general una o dos veces al día durante 2 hasta 6 semanas, y no se ha llegado a evidenciar una relación entre la mayor duración del tratamiento y mayor tasa de éxito(4). Otra opción es la aplicación tópica de corticoides en crema (betametasona 0,05 % o beclometasona) cada 12 horas durante 4 a 6 semanas. Los estudios comparativos no han encontrado diferencias significativas entre estas dos pautas de tratamiento. Solo en el caso de fracaso del tratamiento tópico, se puede plantear la liberación mecánica de las sinequias, que consiste en la tracción suave separando las adherencias o arrastrando un hisopo impregnado en lubricante en la zona medial fusionada. Puede hacerse en la consulta, tras aplicación de crema o gel anestésico, o en quirófano bajo sedación. Tras la liberación mecánica de las sinequias, se recomienda la aplicación de crema de estrógenos dos veces al día durante 2 a 4 semanas para minimizar el riesgo de recidiva. Cualquiera de las modalidades de tratamiento muestran altas tasas de recurrencia (que se han cifrado hasta el 41 % en pacientes portadoras de pañal entre 13 y 23 meses) y pueden aparecer reiteradamente hasta la pubertad.

Hipospadias

Concepto y epidemiología

El hipospadias es una malformación congénita del pene que afecta a la formación del tramo distal de la uretra, pene y prepucio.

El hipospadias es una malformación congénita del pene que afecta a la formación del tramo distal de la uretra, pene y prepucio. Esto provoca una ectopia del meato uretral, que aparece en la superficie ventral del pene en un lugar proximal al cenit del glande (desde el propio glande hasta el periné), así como una incurvación ventral del pene y un fallo de cierre cutáneo del prepucio que produce un capuchón prepucial hipospádico (Fig. 2). Es la segunda anomalía congénita más frecuente del aparato genitourinario, por detrás de la criptorquidia, con una incidencia en Europa de aproximadamente 1 por cada 150-300 recién nacidos(1,5).

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Figura 2. Hipospadias distal. Fuente: propiedad de las autoras.

Embriología

El desarrollo del pene sucede entre las semanas 6ª y 17ª de gestación.

El desarrollo del pene sucede entre las semanas 6ª y 17ª de gestación. El primer paso consiste en la formación del tubérculo genital por delante del seno urogenital, que sucede en mujeres (da lugar al clítoris) y varones (origina el pene) en torno a la 6ª semana de gestación y es hormono-independiente. Paulatinamente y bajo el influjo de la testosterona, a partir de la semana 8ª, los pliegues genitales internos se fusionan en el plano medial de proximal hacia distal, creando un tubo (futura uretra) que comunica con el seno uro-genital y alcanza la base del glande. La formación de la uretra peneana termina al final del primer trimestre. La formación de la uretra balánica es el último paso de la formación de la uretra y procede de una invaginación ectodérmica retrógrada desde el glande(5).

Los cuerpos cavernosos, dorsales a la uretra en desarrollo, provienen del tejido mesenquimatoso y crecen a diferente velocidad, lo que origina una curvatura ventral transitoria durante el desarrollo. El cuerpo esponjoso es el tejido eréctil de sostén que rodea la uretra y se comunica con el tejido eréctil del glande. Estas estructuras se forman después de que se complete la formación de la uretra, y su crecimiento también es estimulado por la testosterona(1,5). La última estructura en formarse es el prepucio, que se forma desde el surco coronal y encierra progresivamente el glande en sentido proximal-caudal y dorsal-ventral. Por este motivo, a menudo, el hipospadias se asocia con un prepucio abierto en forma de V ventral (capuchón prepucial hispospádico). La detención del desarrollo de la uretra puede dejar el meato localizado en cualquier punto a lo largo de la superficie ventral del pene. Esto induce la parada del desarrollo de las otras estructuras que forman el pene y da lugar al acortamiento de las estructuras situadas en la superficie ventral del pene y falta de cierre del prepucio.

Etiología

Se han apuntado factores genéticos, hormonales, aspectos materno/placentarios, así como ambientales, que pueden contribuir a su aparición.

En la mayoría de casos de hipospadias, la causa es desconocida(5,6). Se han apuntado factores genéticos, hormonales y aspectos materno/placentarios, así como ambientales que pueden contribuir a su aparición. Hasta el 10 % de casos de hipospadias presentan antecedente familiar de esta patología. Son factores de riesgo de hipospadias conocidos los siguientes: edad materna avanzada, diabetes mellitus materna preexistente, prematuridad, padre con hipospadias, exposición prenatal a tabaco y pesticidas(7,8); o diversos fármacos, como valproato, loperamida, paroxetina y antiestrógenos o antiandrógenos; y otros disruptores endocrinos, como dietilbestrol o éteres difenil polibrominados, insuficiencia placentaria y fecundación in vitro. El mecanismo etiopatogénico propuesto es una disrupción de la estimulación androgénica necesaria para el desarrollo de los genitales masculinos normales.

Factores genéticos: se ha descrito la expresión de variantes patogénicas en diferentes genes relacionados con hipospadias, como HOXA4, IRX5, IRX6 y otros.

Por otro lado, el hipospadias aparece en varios síndromes genéticos conocidos, como el síndrome Denys-Drash (insuficiencia renal, anomalías genitales y tumor de Wilms), síndrome WAGR (tumor de Wilms, aniridia, anomalías genitourinarias y retraso cognitivo), ambos síndromes con mutación WT1, y síndrome de Opitz (hipertelorismo, asimetría del cráneo y defectos laringo-esofágicos).

Anomalías asociadas

La hernia inguinal y la criptorquidia son las anomalías más frecuentemente asociadas con el hipospadias y están presentes hasta en el 13 % de los pacientes, con mayor incidencia en las formas más proximales(1,6). Cuando el hipospadias se asocia con criptorquidia bilateral, micropene, transposición peno-escrotal o escroto bífido, hay que tener en cuenta el diagnóstico diferencial con trastorno de la diferenciación sexual, que precisa evaluación por equipo multidisciplinar que incluya endocrinología pediátrica, así como cariotipo. Por otro lado, en hipospadias graves podemos encontrar un utrículo prostático agrandado hasta en el 10 % de los pacientes, cuya complicación principal es la infección. Está indicado descartar anomalías del tracto urinario superior (TUS) en los hipospadias proximales (peno-escrotal y perineal) y en los asociados con otros síndromes o anomalías de otro sistema o aparato.

Diagnóstico y clasificación

El diagnóstico se hace generalmente en el neonato en el momento de la exploración inicial, y es eminentemente clínico.

Debemos considerar los tres aspectos de la malformación, la ectopia del meato, la incurvación y el defecto prepucial; si bien, debemos tener en cuenta que, en caso de existir incurvación, la posición del meato puede variar una vez que se ha realizado la maniobra quirúrgica de corrección de la incurvación(5). El meato uretral puede estar localizado en cualquier punto a lo largo del pene hasta una localización tan proximal como el periné. La clasificación, por lo general, atiende a la localización del meato tras la liberación quirúrgica de la incurvación, y se divide en distal (70 % de los casos), o más leve, medio (en torno a un 10 %) y proximal, que comprende los casos más graves y supone aproximadamente un 20 % del total (Fig. 3).

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Figura 3. Esquema: clasificación del hipospadias.

Por otro lado, existen otras variantes de hipospadias que suponen un 5 % del total y son tipos con peculiaridades diferentes, a saber:

• Hipospadias con prepucio íntegro (también llamado megameato con prepucio íntegro), donde el prepucio está completamente formado, pero al retraerlo se encuentra un fallo de formación de la uretra que condiciona un meato uretral anormalmente amplio a nivel del surco balano-prepucial.

• Chorda con meato uretral normal. Estos pacientes presentan un glande normal y meato ortotópico, pero con un cuerpo esponjoso atrésico que produce incurvación peneana que puede ser muy acusada.

Tratamiento

En la actualidad, la mayoría de formas de hipospadias se reparan en un único tiempo quirúrgico.

La indicación quirúrgica debe ser personalizada, considerando factores anatómicos, psico-sociales y urodinámicos (Fig. 4).

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Figura 4. Hipospadias intervenido. Fuente: propiedad de las autoras.

Calendario quirúrgico

En la actualidad, la mayoría de formas de hipospadias se reparan en un único tiempo quirúrgico. No obstante, las formas más graves pueden precisar un planteamiento de corrección quirúrgica en varias etapas. Si no existe meatoestenosis o situaciones que comprometan la urodinámica y obliguen a tratarlo de forma preferente, el momento óptimo para la corrección quirúrgica debe ser consensuado con la familia, teniendo en cuenta que las recomendaciones actuales sugieren reparar el hipospadias entre los 6 y los 12 meses de vida, aunque algunos grupos prefieren demorar la intervención en torno a los 20-24 meses(1,6). Hay evidencia clara de que la reparación en etapas postpuberales, conlleva tasas de complicación considerablemente más altas.

Objetivos del tratamiento

El primer aspecto que se debe considerar es la meatoestenosis. El meato ectópico puede ser muy estrecho, lo cual produce una hiperpresión miccional que podría tener un impacto negativo en la función vesical y del tracto urinario superior; por lo que, de existir, debe tratarse de forma preferente mediante meatotomía (cirugía destinada a ampliar el meato urinario sin modificar su localización).

La corrección quirúrgica del hipospadias persigue tres objetivos:

1. Enderezamiento del pene.

2. Construcción de la neouretra, que permita llevar el meato uretral hasta el cenit del glande.

3. Eliminar el exceso dorsal de piel prepucial, mediante hemicircuncisión, por lo general.

Enderezamiento

Puede resultar difícil valorar la incurvación de manera preoperatoria, pero en quirófano es posible realizar una erección artificial mediante la inyección de suero fisiológico en los cuerpos cavernosos, que permite determinar el grado exacto de curvatura. La incurvación ventral es generalmente debida a una fijación de la piel o tejido celular subcutáneo ventral, por lo que la liberación de piel y dartros la corrige. Si la curvatura obedece a la presencia de verdadero tejido fibroso (chorda) o bien a una discrepancia de la zona ventral y dorsal de los cuerpos cavernosos por deficiencia de desarrollo de la zona ventral, la reparación quirúrgica es mucho más compleja.

Reposicionamiento del meato uretral (uretroplastia)

El objetivo es crear una neouretra que permita avanzar el meato uretral hasta el cenit del glande. Para la construcción uretral, pueden usarse colgajos cutáneos locales (tubulización), diversos tipos de injertos libres o colgajos pediculados vascularizados. Existe una enorme variedad de técnicas descritas, la elección va a depender del tipo y complejidad del hipospadias y también del criterio del cirujano(9).

Glanduloplastia

Otro de los objetivos del tratamiento es conferir al glande, que suele ser plano y achatado, una forma cónica, lo que se consigue aproximando en la línea media las alas del glande sobre la neouretra.

Hemicircuncisión

Reconstruir el prepucio cerrando la zona ventral no formada del prepucio suele ser quirúrgicamente más complejo y con más riesgo de complicaciones que extirpar la piel prepucial dorsal redundante (capuchón prepucial hispospádico), por lo que la mayoría de cirujanos optarán por la hemicircuncisión que da al pene un aspecto circuncidado estándar. En los casos de hipospadias más complejos, puede ser preciso emplear colgajos de piel prepucial para la reconstrucción uretral; por lo que, a veces, no se extirpa en una primera intervención, especialmente cuando se considera que puedan ser precisas varias intervenciones(1,5).

Cuidados postoperatorios

• Sondaje permanente: con la intención de proteger la neouretra y la sutura del efecto de la orina en el postoperatorio inmediato, suele colocarse una sonda vesical tipo Foley permanente durante los primeros 3-5 días postoperatorios, transcurridos los cuales se retira para permitir la micción a través de la neouretra. Este periodo de sondaje se puede manejar ambulatoriamente según las necesidades particulares del paciente(9).

• Vendaje: suele colocarse un vendaje suavemente compresivo que se mantiene, por lo general, 24-72 horas tras la intervención.

• Analgesia: las necesidades de analgesia son variables en función del paciente y del tipo de hipospadias y su reparación. En nuestro Centro solemos emplear analgesia mediante catéter epidural en el postoperatorio inmediato, así como analgesia endovenosa pautada. Para evitar los espasmos vesicales secundarios al sondaje se pauta un anticolinérgico oral como la oxibutinina.

Complicaciones de la cirugía

Las complicaciones son más frecuentes en las formas más proximales (10-50 %), pero pueden aparecer en las variantes distales (7 %). La más frecuente es la fístula uretra-cutánea, en la que una zona de la neouretra dehiscente busca el camino hacia la piel y genera una comunicación entre la uretra y la superficie cutánea proximal al neomeato(9). La reparación de la fístula implica una nueva cirugía para resecar el trayecto fastuoso y cerrar el epitelio uretral y la piel(5,9). La estenosis es otra de las complicaciones clásicas del hipospadias y puede aparecer en cualquier punto de la neouretra, pero los puntos más habituales son el meatal y la anastomosis proximal de la uretra.

Pronóstico y función sexual

Los estudios sobre calidad de vida sexual, función eréctil y eyaculación son limitados, porque estos aspectos se evalúan en la edad adulta y es difícil comparar métodos y técnicas empleadas en diferentes épocas(10). Tradicionalmente, se ha dicho que pueden presentar incurvación residual o dolor con la erección.

Epispadias

Concepto y epidemiología

El epispadias primario es una malformación congénita rara que afecta a ambos sexos y se considera la forma más leve del complejo extrofia vesical-epispadias.

El epispadias es una afección congénita poco común, en la que la abertura uretral se encuentra en la cara dorsal del cuerpo del pene. Se asocia con extrofia de la vejiga en más del 90 % de los casos, formando el complejo extrofia-epispadias, mientras que se informa una forma aislada, con una incidencia menor a uno de cada 100.000 nacimientos masculinos. El epispadias femenino se produce con una incidencia significativamente menor, con una proporción hombre-mujer de 2,3:1.

Diagnóstico

El epispadias se puede diagnosticar clínicamente, pero se necesitan pruebas complementarias, como la ecografía del sistema genitourinario y la cistouretrografía, para excluir anomalías congénitas asociadas del TUS.

Por lo general, el epispadias se reconoce al nacer, aunque las formas más distales, que se presentan únicamente con anomalías clínicas menores, pueden pasar desapercibidas en el momento del nacimiento. En los niños, el epispadias se caracteriza por un pene corto y ancho, esto se acompaña de una deficiencia en la piel dorsal del pene y un exceso de piel prepucial en el lado ventral. En casi todos los casos, existe un grado variable de curvatura dorsal del pene. No suele asociar alteraciones a nivel escrotal ni testicular. Según la posición del meato uretral, de modo similar al hipospadias, se clasifica en forma glandular, peneana y penopúbica, lo que repercute en la gravedad de la anomalía y en el tratamiento quirúrgico posterior. La forma más común y grave es la penopúbica, En las niñas, la uretra ancha con un clítoris bífido y unos labios divergentes son los hallazgos característicos en la exploración. La incontinencia urinaria es el principal síntoma clínico en ambos sexos, variando desde un goteo de orina permanente en las formas graves, hasta incontinencia urinaria de esfuerzo en las formas más leves. La unión ureterovesical es deficiente en pacientes con epispadias y los uréteres, a menudo, se ubican lateralmente en la vejiga con un trayecto recto, lo que favorece la aparición de reflujo vesicoureteral en estos pacientes. Otras anomalías comúnmente asociadas incluyen: diástasis púbica, urolitiasis, alteraciones renales y duplicación uretral.

Tratamiento

El tratamiento es quirúrgico, enfocado en una adecuada reconstrucción genital funcional y estética y, si es necesario, en lograr la continencia urinaria.

El tratamiento quirúrgico del epispadias puede ser difícil y requiere una gran experiencia, pues precisa técnicas quirúrgicas complejas(11). Los objetivos de la reparación incluyen reconstruir la anatomía para proporcionar una función y cosmética óptimas de los genitales y la uretra, así como buscar la mejor continencia, todo ello enfocado a mejorar la calidad de vida. Al igual que en la reparación del hipospadias, se busca corregir no solo la posición del meato, sino el resto de alteraciones anatómicas, como la distribución asimétrica del prepucio o la incurvación. Actualmente, se está estudiando la eficacia de las terapias de biofeedback de los músculos del suelo pélvico, con la idea de evitar o, al menos, mejorar los resultados de las cirugías encaminadas a corregir la incontinencia.

Complicaciones

El seguimiento exhaustivo y a largo plazo de los pacientes con anomalías genitales congénitas graves es de suma importancia para identificar y resolver cualquier complicación, con el fin de lograr resultados estéticos y funcionales satisfactorios y facilitar la transición de los casos pediátricos a un urólogo de adultos.

La complejidad de la reconstrucción quirúrgica y sus resultados se basan en la posición de la abertura uretral, la calidad de la placa uretral y la gravedad de la curvatura del pene(12), en el caso de los varones. La formación de fístulas representa la complicación más común relacionada con la uretroplastia. Las propias fístulas, las estenosis del meato y de la uretra y la incontinencia representan los obstáculos más comunes a largo plazo(13).

Fimosis

Concepto y epidemiología

La fimosis en el recién nacido es fisiológica, por lo que el tratamiento no debe plantearse hasta, al menos, los 4 años.

La fimosis consiste en la incapacidad de retraer el prepucio debido a una estenosis de la piel, de forma que el glande no puede quedar al descubierto. Se considera fisiológica hasta los 2-3 años, puesto que la queratinización incompleta del glande impide la retracción; debido a ello, menos de un 5 % de los recién nacidos tienen un prepucio totalmente retraible. No se recomienda, por lo indicado anteriormente, iniciar el descenso del prepucio hasta que el niño haya alcanzado la continencia urinaria. Con una pauta higiénica adecuada se corrige en el 90 % de los casos, lo que conlleva una incidencia actual del 8 % a los 6-7 años.

Diagnóstico

El diagnóstico, al igual que en el resto de patologías abordadas en el tema, se basa en la exploración física.

La exploración se lleva a cabo con el paciente en decúbito supino. Se debe realizar una retracción prepucial suave, progresiva y sin forzar, con el fin de conseguir una exposición del glande.

Algunos autores hacen referencia a la clasificación de Kayaba de la fimosis (Tabla I), sin embargo, no suele emplearse de rutina en la práctica diaria. A parte de la imposibilidad objetiva en la retracción prepucial, otro signo que indica la presencia de fimosis es la aparición de abombamiento del prepucio durante la micción, presente, sobre todo, en pacientes con fimosis grave o puntiforme.

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Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial debe plantearse con afecciones variadas que afectan al pene, como pueden ser las adherencias balanoprepuciales, el pene palmeado o el megaprepucio.

Las adherencias balanoprepuciales no requieren corrección quirúrgica, puesto que se liberan de manera gradual con la higiene y retracción prepucial diaria. En el pene palmeado, el problema reside en la desaparición del ángulo penoescrotal, por una extensión anormalmente distal de la piel escrotal en la cara ventral del pene, sin existir limitación para la retracción prepucial. El megaprepucio se caracteriza por presentar una mucosa muy extensa y redundante, acompañada de piel prepucial escasa y engrosada que cubre totalmente el glande sobre un pene de tamaño y aspecto normales.

Tratamiento

Debe tratarse a partir de los 4 años con corticoides tópicos. Si no hay respuesta o existen complicaciones asociadas, está indicada la realización de una circuncisión o una plastia prepucial (v. algoritmo al final del artículo).

Terapia conservadora

Suele indicarse inicialmente en un paciente mayor de 4 años con diagnóstico de fimosis. El tratamiento conservador se inicia con la administración de una pomada de corticoides cada 12 horas durante 4 semanas, lo que aumenta la distensibilidad de la piel prepucial y facilita la retracción. Se recomienda comenzar con las retracciones a partir del quinto día de tratamiento, siempre de manera suave. Se realiza una reevaluación para ver la respuesta a los 3 meses de indicado el tratamiento, durante ese tiempo y de manera indefinida, el paciente debe realizar retracciones prepuciales diarias, idealmente durante el aseo. En caso de respuesta parcial, se puede plantear una nueva tanda de tratamiento conservador antes de plantear la opción quirúrgica. En ausencia de respuesta se recomienda derivar a Cirugía.

Tratamiento quirúrgico

Deberán remitirse al especialista para corrección quirúrgica, a partir de los 4 años, todas aquellas fimosis refractarias al tratamiento conservador. Antes de esta edad, se intervendrán solo los pacientes que sufran complicaciones, como balanitis de repetición a pesar del tratamiento, hayan presentado algún episodio de parafimosis o aquellos que presenten infecciones de orina reiteradas, aunque no se indica como método preventivo. Algunos autores también recomiendan directamente la corrección quirúrgica en las fimosis cicatriciales, en las que el prepucio presenta un aspecto engrosado y friable, puesto que la tasa de respuesta al tratamiento conservador es muy baja.

La técnica de elección es la circuncisión(14) que consiste en extirpar la piel prepucial dejando el glande expuesto con una corona de puntos mucocutáneos reabsorbibles en la base del glande (Figs. 5 y 6). Existen alternativas consideradas menos agresivas, como la prepucioplastia, que consiste en un remodelaje prepucial mediante incisión longitudinal y sutura transversal en la cara dorsal del prepucio, que permite mantener la cobertura natural del glande. Sin embargo, no se consideran de primera elección debido a la mayor tasa de recidiva(15). En ocasiones, sobre todo, los niños mayores y adolescentes con fimosis cicatricial, pueden asociar balanitis xerótica o liquen escleroatrófico, que requiere tratamientos posteriores con corticoides para evitar recidivas u otras complicaciones, como meatoestenosis.

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Figura 5. Pene con fimosis. Fuente: propiedad de las autoras.

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Figura 6. Mismo paciente tras circuncisión. Fuente: propiedad de las autoras.

Complicaciones

A pesar de la baja tasa de complicaciones, no debe indicarse la intervención sin un motivo médico objetivo.

Cuando se practica por manos experimentadas y en condiciones de esterilidad, la circuncisión tiene una baja tasa de complicaciones, entre el 2 y el 10 %. El sangrado y la infección son las complicaciones más frecuentes. La circuncisión infantil conlleva una morbilidad importante, por lo que no debería recomendarse sin un motivo médico(16,17).

Parafimosis

Concepto y epidemiología

La parafimosis es un proceso patológico que requiere su reducción inmediata o, en caso de no ser posible, un tratamiento quirúrgico con carácter urgente.

La parafimosis es una de las pocas emergencias urológicas que pueden encontrarse en la práctica general. Es una condición en la que el prepucio, una vez retraído, no puede ser colocado de nuevo en su posición original. Es menos común que otros trastornos del pene, con una incidencia que varía entre el 0,2-1 %. La causa más frecuente en cualquier rango de edad es la iatrogénica, ocurre cuando el prepucio se retrae para limpiarlo, para colocar un catéter urinario o realizar un procedimiento quirúrgico, como una cistoscopia, en un paciente no circuncidado. No devolver el prepucio retraído sobre el glande inmediatamente después de la retracción inicial puede provocar parafimosis.

Diagnóstico

El dolor no está presente en todos los pacientes.

El diagnóstico se lleva a cabo ante una clínica típica que incluye edema y congestión del glande y prepucio, en un paciente con el prepucio retraído. Aunque es frecuente la aparición de dolor intenso, este no siempre está presente, lo que, en ocasiones, lleva a un retraso en la consulta y, consecuentemente, en el diagnóstico.

Diagnóstico diferencial

Debe realizarse el diagnóstico diferencial con aquellas patologías que generen congestión o edema peneano.

Hay que hacer diagnóstico diferencial con balanopostitis, picaduras de insectos (lesión punteada con eritema y edema asimétricos, asociada a prurito), angioedema (edema indoloro de desarrollo súbito), hematoma peneano y síndrome del torniquete (en el bebé, un cabello o una fibra de algún tejido puede enrollarse inadvertidamente alrededor del pene provocando congestión venosa y reducción del flujo linfático, que puede generar dolor, hinchazón y edema del pene).

Tratamiento

La prevención e intervención temprana son elementos clave en el tratamiento de la parafimosis.

El tratamiento se basa en el control del dolor, así como la reducción manual, que puede facilitarse asociando métodos que ayuden a reducir la congestión y edema.

Técnica de reducción manual

Se aplica una presión suave, pero constante y contundente al glande con los pulgares y se ejerce una contra tracción al prepucio con los dedos índice y medio, tirando de este hacia delante hasta conseguir la reducción completa(18). Como hemos indicado, las medidas dirigidas a disminuir el edema pueden facilitar esta maniobra de reducción. Entre las más usadas, se encuentran: la colocación de gasas empapadas en suero hipertónico o la aplicación directa de azúcar granulado(19) en la zona, que debe ser retirado minuciosamente antes de la reducción manual, con el objetivo de reducir el edema.

Corrección quirúrgica

Cuando no sea posible la reducción manual, está indicada la corrección quirúrgica con carácter urgente, con el objeto de eliminar el prepucio que actúa como constrictor. La técnica quirúrgica mayoritariamente empleada es la circuncisión completa. Se recomienda la circuncisión electiva, como medida preventiva de nuevos episodios de parafimosis, en aquellos casos que se haya logrado reducción manual en el momento agudo.

Complicaciones

Si no se trata, esta afección puede tener consecuencias graves, incluida la estrangulación del glande y la necrosis tisular.

El atrapamiento del prepucio detrás del surco coronal actúa como un anillo constrictor, lo que provoca ingurgitación venosa del glande con el consecuente edema que, en última instancia, puede comprometer el flujo arterial al glande.

Balanitis

Concepto y epidemiología

Es una entidad frecuente que aparece, sobre todo, en niños con fimosis.

La balanitis es la inflamación del glande y la postitis la inflamación del prepucio, cuando se afectan ambos se habla de balanopostitis. Es una entidad relativamente frecuente, dado que afectará al 3-10 % de los varones a lo largo de su vida, especialmente en la edad preescolar y con mayor frecuencia en niños con fimosis.

Etiología

Las causas son variadas y se modifican en función de la edad del paciente.

La más habitual es la balanitis inespecífica, secundaria a la acumulación de esmegma por una higiene inadecuada, de ahí que sea más frecuente en pacientes con fimosis. Otras causas comunes son: las balanitis irritativas por limpieza excesiva, las traumáticas por retracción forzada del prepucio o las infecciosas. Estas últimas cursan generalmente con clínica inespecífica y presencia de flora mixta (Tabla II). Menos habituales en Pediatría son las enfermedades de transmisión sexual, que deben ser sospechadas ante la presencia de secreción uretral (uretritis).

tabla

Diagnóstico

La presentación clínica y el aspecto de las lesiones guían el diagnóstico.

El examen físico que revela un glande inflamado y eritematoso, asociado a dolor o disuria, confirma el diagnóstico de balanitis(20). Aquellos pacientes con balanitis de repetición, sin causa aparente, deben someterse a un examen de glucosa en sangre para descartar una diabetes oculta. Si hay sospecha de etiología infecciosa es prudente incluir la toma de cultivo para posteriormente poder guiar el tratamiento enfocado al germen.

Tratamiento

En la mayoría de los casos una higiene escrupulosa asociada al tratamiento del dolor es suficiente.

Se debe indicar una correcta limpieza entre el prepucio y el glande, lo cual se puede realizar con un hisopo o irrigando agua con ayuda de una jeringa. También, los baños de manzanilla 3 veces al día durante 3-4 días, pues mejoran la inflamación y reducen el dolor. En aquellas balanitis infecciosas se debería añadir el tratamiento antibiótico o antifúngico más específico para el germen, lo que acelera la resolución del cuadro. Debe evitarse la retracción prepucial hasta la mejoría, puesto que empeora la sintomatología. Se recomienda la circuncisión electiva en pacientes con episodios recurrentes.

Complicaciones

Los episodios recurrentes o un tratamiento inadecuado pueden llevar a una inflamación persistente del glande, lo que además de dolor puede producir irritación del meato que lleva a una estenosis del mismo.

Función del pediatra de Atención Primaria

Iniciar tratamientos médicos en alguna de las patologías, previa derivación al especialista quirúrgico.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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18.** Vunda A, Lacroix LE, Schneider F, Manzano S, Gervaix A. Videos in clinical medicine. Reduction of paraphimosis in boys. N Engl J Med. 2013; 368: e16. Disponible en: https://doi.org/10.1056/nejmvcm1105611.

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Bibliografía recomendada

– Norris JE, Elder CV, Dunford AM, Rampal D. Spontaneous resolution of labial adhesions in pre-pubertal girls. J Paediatr Child Health. 2018; 54: 748-53.

Este estudio retrospectivo hace un seguimiento durante 2 años de 45 pacientes y constata la resolución espontánea del 40 % de las sinequias, lo que apoya el tratamiento conservador en las sinequias vulvares.

– Wood D, Wilcox D. Hypospadias: lessons learned. An overview of incidence, epidemiology, surgery, research, complications, and outcomes. Int J Impot Res. 2023; 35: 61-6. Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41443-022-00563-7.

Este trabajo ofrece una información detallada de los avances en conocimiento de epidemiología, factores genéticos y ambientales, y una revisión exhaustiva de las novedades en técnicas y cuidados postoperatorios del hipospadias.

– Vunda A, Lacroix LE, Schneider F, Manzano S, Gervaix A. Videos in clinical medicine. Reduction of paraphimosis in boys. N Engl J Med. 2013; 368: e16. Disponible en: https://doi.org/10.1056/nejmvcm1105611.

En este vídeo se explica detalladamente la técnica de reducción de una parafimosis, lo que sirve de apoyo ilustrativo a lo explicado en el texto.

 

Caso clínico

 

Varón de 9 meses de edad, procedente de embarazo espontáneo con parto a término, que acude a consulta por hipospadias. En la exploración se encuentra una criptorquidia bilateral no palpable, meato urinario de buen calibre en la base del pene en su unión con el escroto, que es bífido, micropene e importante incurvación dorsal del pene.

 

 

algoritmo

 

El disrafismo espinal oculto

M. Budke Neukamp*,  M.T. García Campos**
Temas de FC


M. Budke Neukamp*, M.T. García Campos**

*Doctor Especialista en Neurocirugía. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Hospital Ruber Internacional. Profesor en la Universidad Francisco de Vitoria. Madrid. **Facultativo Especialista. Adjunta de Neurocirugía. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid

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Autor para correspondencia

neurobudke@yahoo.es

Resumen

El disrafismo espinal oculto (DEO) comprende una serie de malformaciones preferentemente de la médula espinal caudal, a veces, coexistentes entre sí, que están adquiriendo una importancia creciente en la clínica diaria y, cuyo diagnóstico temprano, tiene relevancia en el manejo clínico de los pacientes. Causa un síndrome principal que es el anclaje del cono medular. El DEO tiene una patogenia disembriogénica múltiple, que puede abarcar tanto la primera, como la segunda neurulación, y el periodo de regresión caudal. Las malformaciones incluidas en el DEO son, fundamentalmente: el lipomielomeningocele, el seno dérmico, el síndrome del filum terminale hipertrófico, la diastematomielia y el quiste neuroentérico. La clínica varía en función del tipo de disrafismo, yendo desde un paciente asintomático a otros con diferentes tipos de déficit neurológico. Para su adecuado diagnóstico es necesaria una prueba de imagen; de ellas, la resonancia magnética (RM) es la prueba de elección. En caso de aparición de síntomas neurológicos, la técnica de elección es el tratamiento quirúrgico. Una mayor concienciación de esta patología por los pediatras, rehabilitadores y urólogos, así como el impacto diagnóstico de la resonancia magnética, han hecho que estas malformaciones del tubo neural se reconozcan y traten antes en la actualidad. Este artículo revisa algunas de las más importantes aportaciones en el síndrome de anclaje del cono medular, el diagnóstico clínico y radiológico, y el tratamiento quirúrgico del mismo.

 

Abstract

Occult spinal dysraphism (OSD) comprises different developmental anomalies preferably affecting the caudal portion of the neural tube that are becoming increasingly important in clinical practice. Tethered cord syndrome, the result of traction on the spinal cord, occurs with any of the OSD entities. It encompasses several separate and sometimes coexisting malformations: lipomyelomeningocele, dermal sinus, hypertrophic filum terminale syndrome, diastematomyelia and neuroenteric cyst. The clinical presentation of tethered cord syndrome varies according to the type of dysraphism, ranging from asymptomatic to different types of neurological deficits. A proper diagnosis requires an imaging test; MRIs are the test of choice. In case of neurological symptoms, the most effective treatment option is surgery. Increased awareness of this pathology among pediatricians, rehabilitation specialists, and urologists, as well as the diagnostic impact of magnetic resonance imaging, have led to earlier recognition and treatment of these neural tube malformations. This article reviews some of the most important contributions in tethered cord syndrome, covering its clinical and radiological diagnosis as well as surgical treatment.

 

Palabras clave: Anclaje del cono medular; Disrafismo espinal oculto; Lipomielomeningocele; Malformación raquimedular; Seno dérmico.

Key words: Tethered cord syndrome; Occult spinal dysraphism; Lipomyelomeningocele; Spinal dysembryogenesis; Dermal sinus.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 380 – 387

 


OBJETIVOS

• Conocer las diferentes entidades que existen bajo el nombre de “disrafismo espinal oculto”.

• Saber identificar a aquellos pacientes que pueden tener esta patología, conociendo los estigmas cutáneos que pueden asociar.

• Entender los mecanismos que producen deterioro neurológico en estos pacientes.

• Aprender qué pruebas complementarias son necesarias para el diagnóstico y los tipos de tratamiento que se pueden aplicar.

 

El disrafismo espinal oculto

Introducción

Se define el disrafismo espinal oculto (DEO), la médula anclada, con una breve descripción de la clínica, la incidencia y las pruebas radiológicas diagnósticas. Se enfatiza la importancia del diagnóstico precoz por el pediatra para evitar las secuelas ortopédicas y urológicas de esta enfermedad que, en muchos casos, pueden ser irreversibles.

El disrafismo espinal oculto (DEO) es una patología caracterizada por la fusión incompleta del tubo neural, en la que la lesión se encuentra cubierta por piel, sin observarse exposición del tejido nervioso. El diagnóstico precoz es de gran importancia, ya que la corrección quirúrgica oportuna puede prevenir daño neurológico irreversible. Existen alteraciones cutáneas que se asocian a la presencia del disrafismo espinal oculto (Tabla I).

figura

Debido a que, en muchos casos, estos marcadores cutáneos son la única manifestación inicial de estas alteraciones, es fundamental que el pediatra esté familiarizado con ellos, para poder realizar el diagnóstico precoz y derivar al paciente al especialista más adecuado.

Para el pediatra, lo más importante es detectar la lesión, para así prevenir el daño neurológico progresivo e irreversible que produce la médula anclada. Este anclamiento tracciona la médula, posicionándola en un nivel anormalmente bajo. En el feto, la médula espinal y el canal espinal tienen la misma longitud, el crecimiento diferente que experimentan estas estructuras en condiciones normales lleva a un ascenso relativo del cono medular. Al nacer, este está ubicado en L2-L3, alcanzando el nivel adulto del cono (L1-L2) a los 2 o 3 meses de edad. Al flexionar la columna normal, se produce un ascenso del cono; si el cono está anclado, sufre alteración del metabolismo oxidativo(1) por tracción repetida, lo que lleva a daño progresivo del segmento inferior de la médula espinal. El síndrome de la médula anclada se manifiesta, en la mayoría de los casos, con alteraciones sensitivas y motoras de las extremidades inferiores, que conducen a deformaciones ortopédicas y aparece durante la infancia, o a lo largo de la vida adulta, como en el caso del engrosamiento del filum terminale(2). Son comunes otros síntomas y signos, como lumbago, acortamiento de extremidades inferiores, cojera, escoliosis y cambios tróficos de la piel. Un 20 % de los pacientes presenta vejiga neurogénica, que se manifiesta como enuresis o infecciones urinarias repetidas. Una vez que aparecen estos síntomas, la mayoría de estos son irreversibles.

Por este motivo, el diagnóstico de estas condiciones debe ser precoz; es decir, antes de que se desarrollen síntomas neurológicos(3,4).

Se han descrito factores de riesgo medioambientales, como serían: obesidad materna, diabetes mellitus, exposición a tratamiento antiepiléptico (ácido valproico, carbamacepina) e hipertermia durante el embarazo. Varios estudios han demostrado que el tratamiento con 0,4 mg al día de ácido fólico, preconceptualmente y durante las etapas tempranas del embarazo, reduce de forma significativa la aparición de déficit del tubo neural(5).

Se desconoce la incidencia real del DEO en la población normal. Al contrario que en la espina bífida quística o mielomeningocele, en la que el defecto es evidente para obstetras y neonatólogos, la detección de un estigma cutáneo es, a veces difícil, pues, en un principio, puede incluso no existir.

Una vez que se han detectado alteraciones sospechosas, es necesario descartar el diagnóstico de DEO, para lo que se han utilizado distintas técnicas. De todas ellas, la de mayor utilidad es la resonancia magnética (RM).

La RM es una técnica no invasiva, sin radiación ionizante y de un alto poder diagnóstico. Actualmente, se considera el examen de primera elección en la detección de DEO. Entre otras cosas, permite determinar la extensión intraespinal de las lesiones y la localización exacta del cono medular, lo que es de gran importancia para una eventual resolución quirúrgica.

La ecografía lumbosacra puede ser usada como una prueba de screening en niños menores de 6 meses (falta de osificación completa de la columna) ante la sospecha de una disrafia espinal oculta, para seleccionar los casos que requieran estudio más sofisticado(6).

Clínica del disrafismo espinal oculto

Se detallan los principales signos y síntomas del DEO, fundamentalmente, los dependientes del anclaje del cono medular, así como los que orientan en la clínica diaria de la existencia del mismo, evitando una posible meningitis o daño neurológico.

El cuadro clínico de estos pacientes puede hallarse presente al nacer, pero la mayor parte desarrolla sus síntomas y signos neurológicos en las dos primeras décadas de la vida, preferentemente en la adolescencia. Gran parte de la clínica del DEO tiene su origen en un síndrome de anclaje del cono medular, que impide el ascenso normal del mismo hasta la que sería su posición definitiva en D12-L1, a lo largo del crecimiento. La médula espinal anclada se define como: una fijación anormal de la misma a alguno o varios de los tejidos que la circundan. Esta restricción, en principio compensada por la tracción compensatoria del filum, puede traducirse a la larga, en un daño mecánico y/o vascular, provocando una hipoxia en las estructuras distales de la médula.

Algunos autores han demostrado, la existencia de una hipoxia local en el tejido medular distendido, mediante la evidencia de un metabolismo oxidativo mitocondrial deficiente en estudios de tejido neural del cono traccionado, tanto en animales como en el ser humano. Otros han observado por eco-Doppler, una mejoría llamativa de la microcirculación del tejido medular distal tras la sección del filum terminale en pacientes con médula anclada. De hecho, cuando se secciona el filum terminale, se aprecia, a veces, la relajación y recoloración de un tejido medular estirado y, ocasionalmente, más pálido de lo habitual. El atrapamiento del cono medular puede ocasionar un síndrome motor de 1ª, de 2ª motoneurona o mixto, dependiendo del nivel de la malformación.

En el neonato y lactante, puede ser difícil dilucidar si existe defecto motor o no, pues, muchas veces, este es mínimo y asimétrico. En ocasiones, el defecto trófico se esconde tras un mayor volumen de grasa en una de las extremidades inferiores.

Por lo general, en la médula anclada, existe un lento y progresivo deterioro neurológico, afectando a los esfínteres, con una debilidad in crescendo de los miembros inferiores y deformidad de los pies, siguiéndole el dolor lumbar, la afectación sensorial de extremidades inferiores y escoliosis progresiva.

La sintomatología del cono medular atrapado se exacerba con el ejercicio físico, sobre todo, con el que implica flexión del tronco(6).

Hasta un 10 % de los pacientes con DEO presentan un Chiari tipo I (descenso de las amígdalas cerebelosas por debajo del agujero magno, hallándose, a veces, también descendido el tronco cerebral).

Además de los dos síndromes neurológicos citados, existen otros signos y síntomas específicos y comunes que orientan al diagnóstico de DEO y que se detallan a continuación.

Estigmas cutáneos

Con relativa frecuencia, es la única indicación de DEO. Para el pediatra, lo más importante es detectar la lesión, para realizar el diagnóstico y así prevenir el daño neurológico progresivo e irreversible, que produce la médula anclada. En el neonato, podemos observar alguna anormalidad cutánea muy sutil, en cualquier lugar posterior del raquis o en la línea media de la cabeza. Normalmente, se observan en la línea media posterior a nivel de la lesión subyacente, son múltiples, y se hallan presentes en, al menos, un 70 % de los niños con disrafismo espinal (Fig. 1).

figura

Figura 1. Lesiones cutáneas en la línea media del neuroeje que conllevan riesgo de disrafismo espinal oculto.

Dentro de los estigmas cutáneos, la hipertricosis puede ser localizada, discreta o como un acúmulo mayor de pelos, como ocurre en el nevo, en cola de Fauno, que se presenta con pelo claro u oscuro y textura generalmente sedosa. Cuando existe una gran cantidad de pelos, se asocia generalmente a otros estigmas cutáneos y es altamente indicativo de disrafismo espinal. También, puede existir pelo escaso como un hallazgo normal, lo cual hace difícil la decisión entre realizar o no estudio completo.

El hemangioma cutáneo, también llamado nevus capilar, consiste en una zona eritematosa de la piel, a veces, con forma de llama, y puede ser una lesión plana o elevada. Los hemangiomas se asocian a disrafismo espinal, en general, cuando son grandes (mayores de 4 cm), muchos sobrepasan la línea media y presentan una erosión o ulceración en su superficie. Cuando son pequeños, la asociación con disrafia espinal es menos frecuente. Pueden existir, asimismo: áreas de hiperpigmentación o hipopigmentación (estas últimas pueden ser residuales a un meningocele intrafetal que regresó espontáneamente), aplasia de cutis o apéndice cutáneo caudal que, normalmente, es de pequeño tamaño.

Un reciente estudio de Guggisberg encontró una relación significativa entre alteraciones vasculares de línea media, junto con otro estigma cutáneo y disrafismo espinal oculto(1).

Todos estos estigmas cutáneos de disrafismo suelen estar en línea media raquídea o paramedial y asociarse varios a la vez(7).

Los hoyuelos lumbosacros representan el 45 % de la población en estudio para evaluar posible disrafismo. El tamaño, la relación con el ano, la presencia o ausencia de fondo se han identificado en algunos estudios como factores de riesgo para su asociación con disrafismo espinal oculto(1). El hoyuelo o seno dérmico, que se continúa habitualmente con un tracto fibroso, tiene significación clínica, solo cuando este último comunica con la teca lumbar (que termina en S2). El hoyuelo coccígeo (que se aprecia en un 1-2 % de la población normal) con una situación caudal, no tiene más relevancia que la que implica mantener en él una higiene exquisita con el fin de evitar la infección.

Según otros artículos, hoyuelos sacros a más de 25 mm del ano y atípicos se asocian con más frecuencia con patología subyacente(1,8).

De forma general, aquel que se halla por encima del pliegue interglúteo obliga a ser rigurosos en el diagnóstico y diligentes en la cirugía, con el fin de evitar una infección del Sistema Nervioso Central (SNC). A veces, existen hoyuelos en zonas límite sacras dentro del pliegue interglúteo alto, en los que el estudio con RM descarta la comunicación del tracto sinusal con la teca lumbar(7).

Existe mucha controversia en cuanto a la relación de prueba de imagen diagnóstica ante la presencia de estigma cutáneo, sobre todo en aquellos pacientes con hoyuelos sacros. Aquellos en contra de solicitar una prueba de imagen, argumentan que la médula anclada puede ocurrir en un 4,8 % de pacientes sin estigmas cutáneos; sin embargo, otros investigadores han encontrado mayor proporción de anclaje medular en pacientes con hoyuelos sacros. Dada la falta de estudios randomizados a largo plazo, se recomienda una prueba de imagen en aquellos pacientes con un potencial disrafismo espinal oculto(1).

Los lipomas, cuando son congénitos, son altamente sugerentes de lesión espinal; pueden estar ubicados en la dermis, presentarse con una masa de grasa subcutánea medial o paramedial irregular en su distribución, no dolorosa al tacto que, normalmente, se continúa, a través de un defecto vertebral posterior y dural, al interior del canal raquídeo (lipomielomeningocele).

En algunos casos, el estudio radiológico debe ser exhaustivo, dado que hay conexiones intraespinales mínimas que deben ser descartadas o diagnosticadas.

Los trastornos de esfínteres: ocurren en un 25 % de los pacientes, especialmente en el lipomielomeningocele, y son diagnosticados más frecuentemente en la niñez tardía o en la adolescencia. Una historia clínica cuidadosa es importante, especialmente en el lactante y niño pequeño, donde existe un paso atrás en la continencia urinaria, siendo la falta de control esfinteriano progresivamente creciente.

Puede haber síntomas de obstrucción y/o incontinencia. En la mayoría de los casos, la lesión es incompleta y se acompaña de hipertonía vesical, siendo frecuentes las infecciones de vías urinarias. No es habitual la incontinencia rectal de origen neurológico, sin la presencia previa de afectación urinaria importante. Los test urodinámicos son especialmente valiosos en el diagnóstico precoz del DEO(9).

Síndrome doloroso: se presenta en un 20 % de los niños con disrafismo espinal oculto, porcentaje que aumenta al 80 % cuando se trata de pacientes adultos. El dolor suele ser lumbar o de miembros inferiores. En estos últimos, suele ser de carácter difuso o radicular. A veces, el niño o adolescente refiere la característica subjetiva de un desdoblamiento de extremidades y tronco (como si fueran independientes unas del otro). Existe, asimismo, una limitación dolorosa en la movilidad del raquis que impide al niño la flexión hasta tocar el suelo.

Síndrome ortopédico: puede limitarse a una desigualdad en la longitud de ambas extremidades inferiores; otras, deformidades de los pies del tipo equinovaro, casi siempre progresivas. El signo ortopédico más común en el DEO es la deformidad unilateral de un pie.

Ocasionalmente, se objetiva atrofia o hipotrofia de miembros inferiores, por lo general asimétrica, y pueden hallarse trastornos de la sensibilidad, difíciles de objetivar a veces, y que se traducen en úlceras tróficas de los pies, quemaduras y fracturas.

Escoliosis: se aprecia en el 70-95 % de los pacientes con diastematomielia. En largas series de escoliosis, se ha encontrado un 5 % de diastematomielia. Se debe pensar en toda escoliosis, en la posibilidad de que exista un disrafismo espinal oculto, dada la catástrofe que pudiera suponer la corrección quirúrgica de la misma, en presencia de un cono medular atrapado.

Radiología

En la radiología simple de raquis, se pueden hallar diversas anomalías, ya sean aisladas o con frecuencia múltiples: escoliosis, fusión parcial o completa de cuerpos o láminas vertebrales, dilatación fusiforme del canal raquimedular con aumento de la distancia interpedicular, signos de agenesia sacra parcial o total y signos de masa sacra o mediastínica.

La ecografía de alta resolución es otra alternativa, que permite una evaluación rápida no invasiva y de bajo costo. Dado que los elementos espinales posteriores no se encuentran osificados en los neonatos, se ha señalado que podría tener un rol en los pacientes menores de 6 meses(10). Algunas veces, es suficiente para descartar malformación raquimedular en el neonato y en el lactante menor de 6 meses, revelando la situación del cono medular, así como masas quísticas o heterogéneas dentro del canal, y es útil para dilucidar si el tracto fibroso del hoyuelo cutáneo llega a la teca lumbar.

Cuando se opta por este método, es importante explorar la médula espinal en toda su extensión, debido a que los defectos cutáneos no siempre se encuentran localizados sobre la disrafia espinal. Sin embargo, la interpretación de la ecografía es difícil y depende del grado de experiencia del radiólogo.

La tomografía axial computarizada (TAC) es útil en el DEO para descartar anomalías vertebrales. Con la TAC helicoidal se puede visualizar el tejido neural, pues permite la reconstrucción en todos los planos y es aún más fiable con la inyección de contraste intratecal. Este último es especialmente útil para ver la conformación del tabique óseo y fibroso de la diastematomielia. No obstante, la invasividad de esta técnica y la alta radiación hacen que no sea una prueba de elección en neonatos.

La imagen por resonancia magnética (RM) es la técnica de elección en el estudio del DEO y debería ser siempre la primera en utilizarse ante una sospecha diagnóstica. Es de gran ayuda, inicialmente, la proyección sagital en T1, pues define con exactitud la anatomía y situación del cono medular.

Además, descarta otro tipo de patología, a veces, acompañante al DEO, como puede ser el tumor, la siringohidromielia y el quiste extradural o intradural(11).

Entidades clínicas asociadas al DEO

Se describen y analizan las características de las principales malformaciones del DEO, con las implicaciones clínicas generales, fundamentalmente, la médula anclada y la posibilidad específica de una meningitis, en el caso del seno dérmico.

Médula anclada

Se debe sospechar en pacientes con espina bífida y clínica progresiva de mielorradiculopatía, y en pacientes con: diastematomielia, síndrome del filum terminale, seno dérmico, lipomielomeningocele, meningocele y mielomeningocele.

Los síntomas no parecen que sean debidos directamente a la tracción y al anclaje, pero estos últimos sí producen una isquemia medular por los traumatismos repetidos durante los movimientos del raquis a lo largo de la vida, existiendo una disfunción de las neuronas de la médula por alteración del metabolismo. Cuando las tracciones son mínimas, la clínica puede ser reversible(12).

Clínicamente, presentan dolor y disminución de fuerza en miembros inferiores. Disfunción vesical e intestinal. Alteraciones de la sensibilidad y estigmas cutáneos.

La indicación de tratamiento quirúrgico profiláctico del cono medular anclado es muy discutida, sobre todo, por los resultados conseguidos y las complicaciones. Está descrita una mejoría en un 10 % de los casos, en aquellos pacientes con síntomas, recidivando en el 13 % de las ocasiones.

El empeoramiento vesical es el más frecuente y el primero en aparecer, seguido por el ortopédico. No hay dudas con respecto a la indicación de tratamiento quirúrgico, en los casos con clara sintomatología(13).

Lipomas

Lipomielomeningocele es la forma más frecuente (75 % de los lipomas). Se extiende desde la médula a través de la espina bífida hasta el espacio subcutáneo coexistiendo, de forma constante, con el anclaje del cono medular. Se postula que ocurren durante la primera neurulación en la semana 3 y 4 de gestación(14).

Los lipomas están formados por tejido graso, conectivo e incluso tejidos de otras extirpes, parcialmente encapsulados. La mayoría de los lipomas se extienden desde la médula espinal hasta los tejidos subcutáneos, donde hacen relieve como una masa de tacto blando. Existe, por lo tanto, tejido graso localizado a nivel subcutáneo, epidural, intradural e intramedular, infiltrando el cono y entremezclándose con las raíces que forman la cola de caballo (Figs. 2A y B).

figura

Figura 2. A. Lipoma subcutáneo lumbosacro asociado a lipomielomeningocele.
B.
Médula anclada con raíces sacras englobadas en el lipoma.

A veces, esta malformación tiene una disposición caudal pura, anclándose en la terminación del cono medular y otras es mixta, con una localización dorso-caudal respecto al cono medular. La mayor parte de los pacientes con lipomielomeningocele (hasta un 90 %) presentan una masa blanda subcutánea, acompañada o no de otros estigmas cutáneos de DEO; la cuarta parte de los mismos tiene patología esfinteriana vesical y, de un 20 a 50 %, presentan deformidad en el pie u otros signos neurológicos u ortopédicos. Los lipomas o fibrolipomas son lesiones histológicamente estables, los lipocitos que los forman son normales y la lipogénesis o lipolisis siguen en ellos con las mismas leyes que en el resto del organismo. Debido a la diversidad de formas, por la localización y composición, se agrupan en:

• Lipomas intradurales: representan menos del 1 % de los tumores medulares. Se pueden localizar a nivel cervical, dorsal o lumbar y, aunque tienen un componente extradural, no se objetivan a simple vista en la espalda (Fig. 3).

figura

Figura 3. RM lumbosacra en secuencia T1, observándose lipoma lumbosacro caudal con médula anclada.

• Lipomielomeningoceles: consisten en un lipoma que, por un lado, está unido a la superficie dorsal de una médula abierta y no neurulada y, por el otro, se funde con la grasa subcutánea protruyendo en la región lumbosacra. Se suele asociar un meningocele al lipoma (Figs. 2A y B).

• Lipomas del filum terminale: se localizan habitualmente en la región extradural del filum, pero también pueden involucrar la parte intradural. Se puede asociar un pequeño quiste.

En el diagnóstico neurorradiológico con RM lumbosacra, se observa perfectamente el lipoma, con una señal de intensidad aumentada respecto al resto de los tejidos esqueléticos y neurales, la posición del cono medular y su relación con el lipoma y las raíces lumbosacras. La microcirugía tiene como objetivo desanclar la médula y extirpar la mayor cantidad de lipoma posible, pero teniendo presente la necesidad de respetar la integridad del cono medular y raíces nerviosas. Los potenciales evocados son de ayuda para establecer la diferencia entre el cono medular y el filum, diagnóstico imprescindible para la sección del filum y su desanclaje.

De los pacientes operados, un 20 % mejorarán su sintomatología, un 5 % empeorarán y, aproximadamente, el 75 % de los mismos permanecerán con los mismos síntomas(15).

Seno dérmico

Es una estructura tubular, recubierta en su interior por una capa de epitelio. Se sitúa principalmente en la línea media lumbosacra, por encima del pliegue glúteo, y consiste en un hoyuelo de la piel que se continúa con un tracto fibroso que puede llegar: al tejido subcutáneo, al hueso, al espacio epidural, al espacio subaracnoideo o al propio cono medular. En estos últimos, el tracto sinusal puede terminar o contener en su trayecto un tumor dermoide en el que, ocasionalmente, pueden hallarse gérmenes o pus en su interior, causando un cuadro de meningitis bacteriana. Al igual que el lipomielomengocele, se produce durante la etapa de la primera neurulación, se cree que por una alteración de la separación entre el ectordermo cutáneo del neural(1).

El diagnóstico de seno dérmico, por lo general, se produce durante los dos primeros años de vida, bien por una inspección rutinaria de Pediatría o bien por meningitis de repetición. Es crítico enfatizar la importancia de la exploración por parte del pediatra, no solo de la región dorsoespinal del lactante, sino también la línea media del cuero cabelludo, desde la región suboccipital hasta el cartílago nasal, descartando la existencia de cualquier hoyuelo cutáneo, por supuesto, con mucha mayor atención en un niño con meningitis.

El diagnóstico se confirma con una RM de alta resolución, que pondrá de manifiesto las características del tracto, la existencia o no de un quiste dermoide y un cono medular anclado.

El tratamiento quirúrgico consiste en una extirpación del tracto en toda su extensión, hasta su unión con la duramadre, con la resección del quiste dermoide en caso de existir, eliminando de esta manera la comunicación con el exterior. En el mismo acto quirúrgico, se procederá al desanclaje del cono medular. Nunca se debe sondar ni inyectar un tracto sinusal y la cirugía debe ser radical y temprana.

El seno dérmico frustrado (“dimple” de los autores anglosajones). Es una invaginación cutánea en la región media coccígea que existe en un 2-4 % de la población normal, no suele comunicar con el espacio subaracnoideo lumbar y no precisa, por lo general, tratamiento quirúrgico(16).

Síndrome del filum terminale

En el adulto, la médula espinal termina a nivel de L1-L2, pero en el 1 % de la población puede extenderse por debajo de L2. El cono medular se continúa con el filum terminale, que es un cordón fibroso y fino que está anclado en su extremo inferior al periostio de la primera vértebra coccígea, mezclado con las raíces nerviosas de esta zona que forman la “cola de caballo”.

El síndrome del filum terminale se produce debido a una fase de regresión caudal defectuosa. Es una forma de DEO, en la cual existe un atrapamiento y tensión del cono medular debido a un filum terminale corto y grueso, a veces, lipomatoso (aproximadamente, el 25 % de los casos), sin ninguna otra malformación asociada.

Se debe a un fracaso de la involución de la médula espinal terminal, del alargamiento de las raíces nerviosas o bien de ambos.

La sintomatología se debe fundamentalmente a la tracción por la fijación del filum, en un nivel inferior al fisiológico. Clínicamente, aparece una dificultad para la marcha que oscila desde rigidez a falta de fuerza, dolor de espalda y disfunción vesical. Radiológicamente, pueden no presentar alteraciones, pero aproximadamente en la mitad de los estudios aparecen signos óseos de espina bífida oculta.

La prueba diagnóstica de elección es la RM del raquis, que nos permite observar el filum hipertrófico o lipomatoso y valorar el grado de descenso del cono medular.

El tratamiento quirúrgico consiste en la sección del citado filum tras una laminotomía lumbosacra(17).

Diastematomielia

Es una malformación que se caracteriza por un desdoblamiento sagital de la médula espinal, en uno o varios segmentos. Se acompaña de un tabique medial óseo o fibroso que divide a la médula en dos mitades, a veces, incluso con duramadre independiente. Se cree que, a nivel embriológico, se produce durante la etapa de gastrulación entre los días 12 y 20 de gestación(1).

En un pequeño porcentaje, afecta a varios niveles, siendo la localización más frecuente, la dorsolumbar. Frecuentemente, se acompaña de otras malformaciones como: mielomeningoceles, meningoceles, lipomas, senos dérmicos, hemivértebras con cifosis, escoliosis y filum terminale hipertrófico.

Pueden también asociarse malformaciones viscerales (riñón, recto, útero).

Dentro de los estigmas cutáneos de esta malformación, llama la atención la frecuencia de la hipertricosis en línea media raquídea. La TAC con metrizamida y la RM raquídeas son técnicas muy fiables de diagnóstico y localización, a pesar de la muy frecuente coexistencia de escoliosis que dificulta el estudio de neuroimagen.

Recientemente, se ha clasificado la diastematomielia en dos tipos: la diplomielia tipo I, en la cual existen dos médulas alojadas cada una en duramadres diferentes y separadas por un septum óseo; y la diplomielia tipo II, en la que existe una única duramadre para ambas médulas, que se hallan separadas por un tabique fibroso. Ambos tipos tienen los mismos síntomas y signos.

La forma aislada tiene un pronóstico más favorable. La cirugía de la distematomielia consiste en el fresado del tabique intermedular, reconstruyendo la duramadre en los casos necesarios y desanclaje medular(18).

Quiste neuroentérico

Su incidencia es rara y se encuentra con mayor frecuencia en el mediastino posterior que dentro del raquis. Esta malformación consiste en un quiste o trayecto fistuloso que, en su forma más pura, comunica el tracto respiratorio o digestivo con la región raquimedular.

Representa la persistencia parcial del conducto neuroentérico o canal de Kovalevsky y se acompaña, frecuentemente, de anomalías vertebrales de diferentes grados. El quiste intraespinal puede diagnosticarse, casualmente, al intentar clarificar un quiste mediastino. Puede también cursar con clínica de tumor medular, siendo, a veces, difícil su diagnóstico.

Normalmente, se acompaña de aracnoiditis crónica, debido a rupturas quísticas previas.

El diagnóstico se realiza con RM y el tratamiento quirúrgico depende de la localización y de los órganos afectados. A veces, se requiere cirugía en dos tiempos, uno para el tracto digestivo o respiratorio, y el otro para la extirpación de la pars raquimedular. Se cree que se debe a una alteración de la integración de la notocorda durante la gastrulación en los días 16-17 de gestación(1).

Meningocele sacro anterior

El meningocele anterior es una entidad rara en la que existe una herniación del saco dural a través de la cara anterior del sacro. El saco de la malformación, además de contener duramadre, aracnoides y líquido cefalorraquídeo (LCR), puede albergar tejido neural.

Esta malformación produce, por lo general, anclaje medular, pero si el saco es grande, su diagnóstico, en principio, es el de una masa pélvica. Los síntomas derivan de la compresión de las estructuras pélvicas por la masa del saco célico, provocando: estreñimiento, urgencia urinaria y/o dolor lumbar. En la palpación abdominal o exploración rectal, se puede apreciar al tacto una masa blanda diagnóstica, que se definirá y delimitará con la RM espinal.

La radiología simple demuestra, en ocasiones, un sacro en cimitarra, que se puede ver también en otras masas presacras, como el teratoma. La mielo-TAC con metrizamida es, asimismo, diagnóstica.

Se recomienda tratamiento conservador cuando se trata de un saco pequeño asintomático. Si es grande o produce sintomatología, se realizará abordaje quirúrgico.

Tratamiento quirúrgico del DEO

Se señalan los principales detalles quirúrgicos que harán una más eficiente y fácil cirugía y evitarán las complicaciones más frecuentes, como son: el reanclaje medular y la fístula postoperatoria del LCR.

En cuanto al tratamiento del DEO, la cirugía es el tratamiento de elección y debe practicarse antes de que den comienzo los síntomas neurológicos. La cirugía permite la prevención del desarrollo de un déficit neurológico, que puede ser irreversible y permanente, una vez establecido, ya que una vez que se detecten, el tratamiento quirúrgico solamente podría restablecer un 25 o 50 % de la función perdida, aunque en la mayoría de los casos, únicamente, actúa frenando la progresión del deterioro. El momento ideal para la realización de la cirugía es un tema controvertido en los casos asintomáticos.

El tratamiento quirúrgico precoz tiene como objetivo la prevención del deterioro de la función motora y de los síntomas urológicos durante el crecimiento.

Con las técnicas microquirúrgicas actuales y la monitorización neurofisiológica intraoperatoria, se recomienda el tratamiento quirúrgico cuidadoso para evitar la tracción y la compresión del cono medular y de las raíces sacras.

Independientemente de la obligatoriedad del uso del microscopio y de la coagulación bipolar, se recomienda practicar laminotomías osteoplásticas (con reposición intraoperatoria de láminas) con objeto de minimizar al máximo la posibilidad futura de cifoescoliosis.

Durante la cirugía del lipomielomeningocele, se debe pensar en que el principal objetivo de la misma es desanclar la médula espinal y que, a veces, existen raíces nerviosas funcionantes, aberrantes, en el propio tejido lipomatoso (especialmente, en el adolescente).

Se ha demostrado que una resección total del lipoma, cuando es factible y en manos expertas para evitar la morbilidad asociada, reduce la probabilidad de reanclaje medular(19).

Uno de los mayores problemas en este tipo de cirugía es el dilucidar cuándo nos hallamos o no ante tejido neural funcional. Para ello, es fundamental la monitorización con potenciales evocados intraoperatorios motores y/o sensoriales, así como la estimulación intraoperatoria de las áreas S2, S3 y S4, a través de manometría y/o registro electromiográfico.

Para evitar el reanclaje medular, se agrandará el saco tecal con un parche de duramadre artificial, dejando la médula flotando en LCR para evitar nuevas adherencias.

Con el fin de evitar la fístula de LCR postoperatoria, se cerrará la duramadre con sutura no reabsorbible, continua y hermética. De la misma forma, se tendrá especial cuidado en el cierre de los planos superficiales, evitando los espacios muertos. En el postoperatorio, se colocará al paciente en posición prona por un tiempo de 3-5 días.

En la cirugía de la diastematomielia, se realiza un fresado microscópico y cuidadoso del tabique intermedular, reconstruyéndose una única duramadre.

Cuando esta malformación se acompaña de filum terminale hipertrófico, se deberán liberar, simultáneamente, ambos anclajes. El tratamiento del seno dérmico es siempre la cirugía radical y temprana, antes de dar ninguna sintomatología por anclaje medular o meningitis. El neurocirujano debe ser riguroso en la extirpación completa del tracto y del tumor intradural, si existiera.

En los casos de filum terminale hipertrófico o lipomatoso con médula anclada, la cirugía mínimamente invasiva con sección endoscópica del filum, también puede ser una opción recomendable(20).

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra en este caso pasa a ser fundamental para el diagnóstico temprano de esta patología, al ser la primera persona que valora a los niños desde su nacimiento, es importante que sepa identificar los estigmas cutáneos y derivar a aquellos pacientes que pueden tener algunas de las entidades descritas. También, es importante durante la infancia del niño, que ante la aparición de síntomas neurológicos o alteraciones esfinterianas, tenga presente la posibilidad de un disrafismo espinal oculto como causa de esa sintomatología.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Estudiosos de la neuroembriología, estos dos autores han hecho una de las referencias más citadas en la Neuropatología disráfica.

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Probablemente, junto con la anterior cita bibliográfica, uno de los mejores estudios recientes de la embriología del SNC, con aplicaciones a la patología malformativa del DEO.

– Iskandar BJ, Oakes J. Anomalies of the Spine and Spinal Cord. En: McLone, et al., eds. Pediatric Neurosurgery: Surgery of the Developing Nervous System. 4th edition. Philadelphia: Saunders; 2001. p. 307-23.

Se revisan aquí, fundamentalmente, los trabajos en que se analizan las implicaciones genéticas y profilácticas del DEO, que deberían ser equiparables a las de la espina bífida quística, según estos autores.

– Martínez Lage JF. Médula anclada: Hipertrofia del filum terminale. En: Villarejo F, Martínez Lage JF, eds. Neurocirugía Pediátrica. Madrid: Ergon; 2001. p. 175-87.

Una revisión rigurosa en español de la historia, la etiopatogenia, el estudio histológico, la clínica y el tratamiento quirúrgico del síndrome del filum hipertrófico.

– Sutton LN. Spinal dysraphism. En: Rengachary SS, Ellenbogen, eds. Principles of Neurosurgery. New York: Elsevier Mosby; 2005. p. 99-115.

Este trabajo es una de las más recientes compilaciones de los defectos de cierre del tubo neural, con una radiología y dibujos de campo quirúrgico.

– Morota N, Sakamoto H. Surgery for spina bifida occulta: spinal lipoma and tethered spinal cord. Childs Nerv Syst. 2023; 39: 2847-64. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s00381-023-06024-w.

Se revisan en ese trabajo la indicación quirúrgica del disrafismo espinal oculto y lo que ha cambiado esta indicación en los últimos años.

Caso clínico

 

Paciente de 3 años de edad derivado por su pediatra de zona por angioma en la región lumbosacra con pequeño orificio cutáneo.

Anamnesis. La historia clínica revelaba un episodio previo de meningitis, no filiada, hacía un año. El cuadro infeccioso meníngeo fue tratado por el pediatra con éxito tras ingreso en el hospital comarcal y antibioticoterapia (cefotaxima y vancomicina). El paciente es derivado a la consulta de Neurocirugía por sospecha de disrafismo espinal oculto.

La exploración neurológica del niño era completamente normal para su edad, excepto por la presencia de un pequeño angioma cutáneo de 2 cm asociado a orificio cutáneo en el centro del angioma (Fig. 4).

figura

Figura 4. Foto de la zona lumbosacra del paciente, observándose pequeño angioma con orificio cutáneo indicativo de disrafismo espinal oculto.

Prueba radiológica. Se realiza RM lumbosacra en nuestro centro, evidenciándose trayecto tubular hipointenso en secuencias T1 e hiperintenso en T2, que se extiende desde la superficie cutánea lumbar en línea media hasta intrarraquídea, en comunicación con cordón intratecal, que se ubica posterior y lateral derecho a raíces del filum y alcanza el cono medular a nivel de L2-L3.

Se asocia a imagen quística a nivel L1-L2, redondeada, de 1 cm de diámetro de intensidad, de señal similar al LCR en todas las secuencias realizadas (no presentó realce tras la administración de contraste), que podría corresponder a quiste epidermoide/dermoide intramedural asociado al tracto fibroso (Figs. 5A y B). Defecto de fusión de elementos posteriores en L5 y sacro.

figura

Figura 5. A. RM (T2) que evidencia seno dérmico y tracto fibroso. B. Orificio cutáneo con tracto fibroso.

Conclusión. Los hallazgos son compatibles con seno dérmico con médula anclada, y probable quiste epidermoide/dermoide intramedular asociado.

El niño fue intervenido quirúrgicamente por neurocirugía, realizándose laminotomía osteoplástica (con reposición de las apófisis espinosas) y, con técnicas microquirúrgicas y monitorización neurofisiológica intraoperatoria, se realiza una resección completa del tracto fibroso y del quiste intramedular, llegándose desde la piel al quiste intramedular conectado al trayecto fibroso. La evolución quirúrgica fue favorable sin complicaciones y sin empeoramiento motor y urodinámico.

 

Cryptorchidism and scrotal pathology

L. Luis Huertas
Topics on
Continuous Training


A.L. Luis Huertas

X

Corresponding author:

analourdes.luis@salud.madrid.org

Pediatric Surgery Service. Niño Jesús University Children’s Hospital. Madrid

Abstract

Undescended testes (UDT) and acute scrotum comprise the main benign pathologies of the testicle. Empty scrotum and acute pain associated with scrotal swelling are the characteristic signs in scrotal examination, respectively. Furthermore, distinction between palpable and non-palpable testis is crucial in the management of patients with UDT. Cryptorchidism as the commonest male genital malformation, is under the influence of genetic factors, sometimes in association with other syndromic conditions, or others as low birth weight or prematurity, which affect the genesis and testicular descent in both transabdominal and inguinoscrotal phases. Orchidopexy is the treatment of choice that consists on the descent and fixation of the testicle in the scrotum, in its physiological and palpable location. It must be undergone within the first twelve months in order to avoid fertility damages and the development of testicular cancer in the future. Acute scrotum is mainly caused by Morgagni torsion, epididymitis and testicular torsion, situations that require an early assessment so as to rule out the latter situation. The diagnosis is based on clinical and physical examination. Doppler-ultrasound being the preferred imaging test, should never delay the early and accurate diagnosis in patients with a high suspicion of testicular torsion. Surgical exploration of the testis is the treatment of choice in patients with testicular torsion, associated with orchidopexy if testicular viability is confirmed. Epididymitis and most cases of testicular appendix torsion resolve with medical treatment.

 

Resumen

Las alteraciones del descenso testicular y el escroto agudo constituyen las principales patologías benignas del testículo. Se manifiestan por alteraciones en la exploración escrotal, como: escroto vacío en el caso de la criptorquidia, y con dolor y signos inflamatorios de corta evolución, en las situaciones de escroto agudo. Además, la clasificación en función de la palpación o no del testículo, es determinante en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con maldescenso testicular (MDT). El MDT es la malformación genital más frecuente en los varones, en la que se han demostrado factores genéticos, a veces, en asociación a otros síndromes, u otros, como la prematuridad o el bajo peso al nacer, influyentes en el descenso testicular. El tratamiento de elección es la orquidopexia, con el objetivo de posicionarlo en su localización normal y palpable en el escroto. Debe realizarse de forma precoz, preferiblemente al año de edad, para evitar defectos sobre la fertilidad o el desarrollo de cáncer testicular en el futuro. El escroto agudo, cuyas causas más frecuentes son: la torsión de hidátide testicular (Morgagni), la epididimitis y la torsión testicular, requieren una valoración precoz que descarte esta última situación. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física. La ecografía-doppler, prueba complementaria de elección, se plantea siempre que no suponga un retraso en el diagnóstico de los pacientes con alta sospecha de torsión testicular. La exploración quirúrgica del testículo es el tratamiento indicado en la torsión testicular, asociado a orquidopexia si se confirma viabilidad testicular. La orqui-epididimitis y la mayoría de los casos de torsión de hidátide testicular se resuelven con tratamiento médico.

 

Key words: Undescended testis; Acute scrotum; Scrotal; Testicular torsion; Pediatric.

Palabras clave: Maldescenso testicular; Escroto agudo; Escrotal; Torsión testicular; Pediátrico.

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (6): 354 – 370

 


OBJECTIVES

• To recognize the main aspects of the diagnosis of undescended testes (UDT) and other benign testicular-scrotal pathologies. To identify warning signs for the primary care pediatrician.

• To update the algorithm of action in patients with UDT.

• To be aware of the indications for referral and treatment in benign testicular pathologies.

• To present the possible complications and consequences of UDT and benign testicular pathology.


 

 

Cryptorchidism and scrotal pathology

Introduction

This article addresses the most common benign testicular pathologies, which share the common feature of abnormalities in scrotal examination. For a better understanding and based on their origin and most common clinical course, they will be dealt according to the following classification:

1. Cryptorchidism or testicular maldescent: alterations in testicular development and descent, of malformative origin.

2. Acute scrotum: acquired testicular disorders with an acute clinical course.

3. Other scrotal pathologies: of acquired or malformative origin and variable clinical course.

Given the importance of the potential impact on testicular viability in many of these situations, proper diagnosis and follow-up of testicular descent disorders or other pathologies, such as varicocele, as well as recognition of warning signs in cases of acute scrotum, are essential and are the main objective of this article.

Testicular developmental and descent disorders

Testicular descent into the scrotum may continue into the postnatal period, up to 6 months or 1 year of age. Undescended testicles are the most common genital malformation in newborn males.

Although cryptorchidism is often used in general terms to refer to the absence of a testicle in the scrotum or even a non-palpable testicle, it is preferable to use the term maldescended testicle (MDT) or undescended testicle. By doing so, all the alterations caused by a disorder in testicular development and/or descent are more appropriately included, which give rise to examinations of both palpable and non-palpable testicles.

The descent of the testicle from the abdominal cavity may be completed spontaneously during the first months of life, during the 6 months in full-term infants (absence of testicular descent is observed in 1%, at 1 year) and up to the first year in premature newborns (NBs). Thus, undescended testicles constitute the most frequent congenital genital malformation in newborn males, with variable prevalence according to gestational age: 1-5% in full-term NBs and 30-40% in preterm NBs.

It is bilateral in 30% of patients. In these cases of bilaterality with non-palpable testicles or in those cases of MDT in which some other suspicious sign of alteration in the development of sexual differentiation is detected (hypospadias, bifid scrotum, etc.), an endocrinological evaluation and genetic study should be requested.

Despite spontaneous descent, in many cases, clinical follow-up for several years during childhood is advisable, given the possibility of acquired testicular “reascension” (40%)(1,2).

Classification

This is based on the etiopathogenesis of MDT, and on the physical examination depending on the location of the testicle and whether we are dealing with a situation of palpable or non-palpable testicles(3-5) (Fig. 1):

Figura1

Figure 1. Classification of undescended testicles based on their pathogenesis and location. The situation of a palpable or non-palpable testicle is indicated according to the testicular position. MDT: undescended testicle.

Congenital testicular maldescent: the testicle is located outside the scrotal sac, at any point along the normal path of descent. They may be: palpable (80%), when located external to the internal inguinal orifice; or non-palpable (20%), located deep to the internal inguinal orifice or intra-abdominally.

On physical examination, palpable testicles may occasionally be pulled into the scrotum, but they immediately “reascend”, which differentiates them from retractile testicles.

Ectopic testicle: the testicle is located outside the scrotum at an extra-abdominal level, in an “aberrant” position, different from the normal descent path. It is most frequently located in the region of the superficial inguinal ring or at the pubic level. Other, less frequent, possibilities are: the femoral or perineal region. Usually, they are palpable testicles and do not descend spontaneously, so they require surgical treatment.

Absent testicle, due to two possible pathogenic mechanisms: 1) testicular agenesis; or 2) testicular atrophy secondary to intrauterine testicular torsion, a situation known as “evanescent testicle”(5).

Retractile testicle: it is caused by an exaggerated cremasteric reflex. They are always palpable in the inguinal region or at high points in the scrotum, and they are easily lowered into the scrotum with manual traction, remaining in the scrotum for a while. It is considered a physiological situation, which does not require treatment, since the testicle has completed its descent to its normal position in the scrotum. However, they should be followed up in consultation with periodic examinations, since up to a third of cases may have a subsequent ascent.

Acquired undescended testicle: the testicle is located in the scrotum during the first year of life, but later rises due to the lack of growth of the spermatic cord, which remains short and retracts the testicle. They can be considered to be true retractile testicles. They are often detected between 5-10 years of age.

Pathogenesis and embryological aspects(3,6-9)

In the etiopathogenesis of cryptorchidism, the main causes described are: genetic factors, including those affecting the Y chromosome or the INSL-3 gene, prematurity or low birth weight.

Formation of the testicle

The undifferentiated gonadal ridge develops into the testicular gonad from the 6th-7th week of gestation (WoG), influenced by the action of the transcription factor SRY (sex-determining region Y) and subsequently by other molecules (WT1, SF1, SOX9, FGF9), which in turn trigger the development of the Sertoli and Leydig cells of the testis. The former, by secreting anti-Müllerian hormone (AMH), trigger regression of the Müllerian ducts and exert a trophic action on sperm. On the other hand, the Leydig cells, by releasing testosterone, induce the development of the Wolffian ducts (which give rise to the vas deferens and seminal vesicles) and, through its metabolite dihydrotestosterone (DHT), the development of the male external genitalia. Leydig cells also release insulin-like factor 3 (INSL3), which produces the growth of the gubernaculum testis, which will accompany the descent of the testicle into the scrotum.

Testicular descent into the scrotum

The testicle descends from the retroperitoneum to the scrotum in two phases, which can end physiologically up to 3-6 months after birth:

1. Transabdominal phase: controlled by the insulin-like hormone 3 (INSL3), produced by Leydig cells, which stimulates the growth of the gubernaculum for its subsequent migration in a caudal direction. In this phase, the testicle slides through the abdominal cavity attached to the gubernaculum until it is located in the internal inguinal orifice, towards the 15 WoG.

2. Inguinoscrotal phase, more complex and influenced by the action of androgens, in which the gubernaculum must grow and migrate 4-5 cm from the inguinal region to the scrotum, thus guiding the movement of the testicle from the entrance into the inguinal canal to the scrotum. This is the stage usually affected in cases of MDT, which explains why the most frequent location of undescended testicles is the inguinal region. It ends around 35 weeks of age and can last until the first months of postnatal life, helped by the transient rise in gonadotropins in the first 6 months after birth, which causes stimulation of Leydig cells and, therefore, an increase in testosterone levels.

Genetic causes

Chromosomal alterations affecting the Y chromosome: Klinefelter syndrome or other structural alterations of the Y chromosome.

Genetically based syndromes with involvement of other chromosomes: Noonan syndrome, Prader-Willi syndrome (alteration in chromosome 15) or Wiedemann-Beckwith syndrome (alterations in chromosome 11).

Alterations in AMH secretion secondary to dysfunctions in the activation of the transcription factor SRY, and others such as: WT1, SF1, SOX9, FGF9 and DAX1. They produce abnormalities in the differentiation of the internal genitalia, in the secretion of testosterone and in its transformation to dihydrotestosterone, affecting the development of the external genitalia and testicular descent.

Mutations in INSL-3 gene (“insulin-like factor 3”) and its receptor LGR8, involved in the masculinization of the gubernaculum testis.

Prematurity

Prematurity or low birth weight influence the appearance of cryptorchidism. Prematurity is a favorable situation for MDT, due to the descent of the testicle during the third trimester of pregnancy, with the possibility of being completed during the first 3-6 months after birth.

Environmental factors

Research should be conducted on exposure to maternal factors such as hypertension, tobacco or the use of analgesics during pregnancy. Likewise, contact with chemical substances such as pesticides, phylates and thalates (constituents in some plastics), with estrogenic properties, could affect testicular descent by acting as endocrine disruptors, interfering with the synthesis or action of androgens.

Testicular atrophy

Due to ischemic accident during pregnancy: intrauterine torsion.

Diagnosis

The diagnosis of MDT is based on clinical data and physical examination, which is complemented by ultrasound in cases of non-palpable testicles, or in those in which alterations in sexual differentiation are suspected.

Medical history

It should include family and/or personal history of cryptorchidism or other alterations in male genital development. Obstetric history: gestational age, birth weight, intake or contact with anti-androgenic drugs during pregnancy. Request information about the moment when the MDT was noted; as well as whether the testicle was noted in the scrotum on any occasion or whether the alteration is reported as unilateral or bilateral.

Physical examination

The examination should be performed in a warm and quiet environment. The patient should be supine with the legs flexed and abducted. In case of doubt, the patient can be examined in a squatting position or with the patient sitting with the legs crossed (Taylor examination). The inguinoscrotal examination is performed by bimanual palpation in search of the location of the testicle. The fingers are placed at the level of the internal inguinal orifice and are slid along the inguinal canal to the scrotum. The following should be assessed: whether the testicle is palpable or not palpable and, if the former, its location, as well as its size, consistency and mobility. Also, whether the involvement is unilateral or bilateral. During the inspection of the scrotum, the morphology of the scrotum should be assessed: scrotal asymmetry or hypoplasia. In unilateral cases, the finding of an increase in scrotal size on the side where the testicle is palpable should raise suspicion of compensatory scrotal hypertrophy and a history of intrauterine testicular atrophy as the cause of the non-palpable testicle on the contralateral side.

The presence of other alterations in male genital development (hypospadias, scrotal alterations, penile implantation, etc.) that could suggest the existence of alterations in sexual differentiation should be ruled out(3,7).

Hormonal and genetic study

In the presence of bilateral cryptorchidism, alterations in external genitalia or non-palpable testicles and suspicion of intra-abdominal testicles, the diagnosis must be completed with the request of karyotype and hormonal function tests (gonadotropins, testosterone and its metabolites, inhibin and AMH), which will be assessed during follow-up by Endocrinology specialists(4).

Imaging tests

In the case of palpable testicles, the diagnosis of MDT is clinical and no additional diagnostic test is necessary. Abdominal and inguinal ultrasound is indicated for cases of non-palpable testicles. This detects the existence of testicles in an inguinoscrotal location in most cases, with sensitivity and specificity close to 100%. However, in patients with intra-abdominal testicles, sensitivity and specificity drop to 50% and 75%, respectively, so the non-detection of a testicle by ultrasound does not rule out the existence of an intra-abdominal testicle(4). In any case, although ultrasound can help in choosing the approach (one can choose to start surgical exploration via the inguinal route in cases where the testicle is detected ultrasound-wise in the inguinal canal), it is not essential in patients with a non-palpable testicle, since surgical exploration and orchidopexy will always be indicated in these cases, in cases where the existence of a viable testicle is confirmed.

Abdominal ultrasound is recommended in patients with cryptorchidism in whom sexual development disorders are suspected, in the search for intra-abdominal testicles, malformations of internal genitalia or even the presence of abdominal tumors of a hormonal secreting nature, causing alterations in sexual development. In case of doubt, the radiological study should be completed by performing an abdominopelvic MRI to confirm or rule out these abnormalities.

In cases where ultrasound cannot confirm the presence of a testicle and the existence of intra-abdominal cryptorchidism is suspected, abdominal laparoscopic examination is indicated in search of an intra-abdominal testicle or even testicular atrophy or agenesis(3-5,8,9).

Treatment(3-7,9,10)

Age and the distinction between palpable and non-palpable testicles are the key aspects to consider in the treatment of MDT. When MDT is diagnosed, the treatment of choice is early orchidopexy: lowering and fixing the testicles to the scrotum, preferably before one year of age.

The objective of treatment of undescended testicles is to place the testicle in its normal scrotal position, allowing it to grow at the optimal temperature (33ºC) for the correct development and differentiation of gonadal stem cells, thus minimizing the risk of the appearance of sequelae and complications related to infertility or testicular cancer in the future. Likewise, the normal positioning of the testicle in the scrotum allows for its examination and the early detection of acute scrotal conditions or the presence of testicular tumors.

The treatment indicated for patients with MDT is surgical. The objective is to locate the testicle, lower it and fix it in the scrotum (orchidopexy), or to remove testicular remains in cases of testicular atrophy.

The fundamental aspects to take into account are: the age indicated for surgical intervention, the distinction between palpable and non-palpable testes in terms of the choice of surgical techniques to be performed, and the monitoring of retractile testicles, until being able to definitively rule out acquired testicular ascent, which requires surgical treatment.

Age(4,9,11)

Surgical treatment should be performed around one year of age, from 6 months onwards and not before, due to the possibility of spontaneous descent until then. Early orchidopexy is recommended: up to 12 months or, at the latest, 18 months of age, which is the time limit considered for the recovery (“catch up”) of a fertility potentially damaged by the changes in testicular germ cells and the depletion of Leydig cells, described above. This indication is especially established in cases of bilateral cryptorchidism, in non-palpable testicles, or in palpable ones in which the testicle is located at a “high” level in the proximal inguinal region, at the level of the internal inguinal orifice. This consensus regarding the indication of early orchidopexy is based on the results published in patients with MDT operated on at one year of age, in which greater testicular volume growth and better spermatogenesis indices have been demonstrated in testicular histological studies. Also, hormonal studies have revealed higher levels of inhibin B and lower levels of FSH in patients operated on before 2 years of age, compared to those operated on at later ages.

Palpable testicles

The technique of choice is orchiolysis and funiculolysis (section of the gubernaculum testis and dissection of the cremaster muscle and elements of the spermatic cord), lowering the testicle into the scrotum and fixing it there: a procedure known as orchidopexy(5). The aim of orchidopexy is to release the testicle from its attachments to the pubis, locate a patent peritoneal vaginal canal (ppvc) for its ligation and section, if present, and elongate the spermatic cord to facilitate testicular descent. This first step allows testicular descent for subsequent orchidopexy.

This surgical procedure can be performed either via the inguinal or scrotal route (Bianchi technique), reserving the latter approach for the testicles located caudally to the external inguinal orifice, close to the scrotum.

In patients with bilateral cryptorchidism, a two-stage procedure may be considered, separate for each side, especially in those in which the testicles are located high in the inguinal canal, and a more complex procedure is anticipated, with a higher risk of perioperative complications in terms of bleeding or injury to the tissues of the spermatic cord or the testicle itself. Also, in those situations in which the testicle is located high and/or has a short spermatic cord, it is necessary to perform the orchidopexy in two stages: initially leaving the testicle at some point in the inguinal canal, for its subsequent lowering months later, to the scrotum, if possible.

Orchiopexy does not require prophylactic antibiotic treatment and is usually performed as a major outpatient surgery procedure in the absence of a history or clinical data that require hospital admission.

The “key” points of the inguinal orchidopexy technique are described below (Fig. 2):

Figura

Figure 2. Orchiopexy, inguinal approach. A. Gubernaculum testis fixed to the pubic region (arrowhead). B, D. Patent peritoneovaginal duct ppvd (asterisk) next to the spermatic cord elements. In figure D, the ppvd has been opened for dissection and ligation at the time of funiculolysis. The epididymis (e) is dissociated from the testis. C. Orchiolysis and funiculolysis completed. The small size of the spermatic cord elements (arrow), which are hypoplastic, is shown. Epididymo-testicular dissociation (e). E. Orchiopexy by suturing the testis to the scrotal sac. Inguinal incision made for orchiolysis and funiculolysis in the previous step (arrow). Source: property of the author.

• Inguinal skin incision and entry into the inguinal canal by opening it, trying to locate the ilioinguinal nerve, which runs close to the spermatic cord, for its preservation(*).

(*) In the case of the Bianchi technique, the steps described above are performed through a single scrotal incision. The choice of inguinal or scrotal approach, in cases of palpable testicles distal to the external inguinal ring, depends on the surgeon’s experience and preferences, as there are no explicit indications for one approach or the other in these cases, since the results and complications of orchidopexy are comparable.

Orchiolysis: mobilization of the testicle by section of the gubernaculum, and funiculolysis: dissection of the cremaster muscle and the elements of the spermatic cord. This allows: 1) the location of a ppvc, if present, for its section and ligation at its base, close to the internal inguinal ring; and 2) reduction of tension in the spermatic cord for lowering the testicle in a scrotal direction.

This step is the most delicate due to the risk of damage to the spermatic vessels or the vas deferens during their dissection.

At this stage, the testicle should be inspected in relation to its exact location, size, appearance (dissociation) epididymo-testicular function, status of the spermatic vessels and the vas deferens, or signs of atrophy). Likewise, removal of the testicular appendages or the epididymis will be performed, if confirmed.

• Skin incision in the scrotum and creation of a scrotal sac at the sub-darthros level, for the accommodation of the testicle.

• Suture of both wounds: inguinal and scrotal.

Non-palpable testicles

The aim of treatment is to confirm or rule out the existence of a testicle and to examine it if it is present, to perform orchidopexy if it is in good condition or to remove it in the case of evident atrophy.

In all cases, inguinoscrotal exploration under anesthesia is always necessary as a first measure, since this can allow palpation of the testicle and its location in the inguinal canal in patients who were diagnosed with non-palpable testicles during the examination in the office(12). In those situations in which the presence of a testicle in the inguinal region is confirmed or the cord is palpable, the surgical intervention continues via the inguinal route. If, on the other hand, this is not possible, the option is preferably to perform a laparoscopic examination to confirm or rule out the presence of a testicle and/or elements of the spermatic cord in the abdominal cavity or at the entrance to the inguinal canal. It would also be possible to continue the search for the non-palpable cord and testicle via the inguinal route, by means of dissection towards the peritoneum through the internal inguinal ring, proceeding to lower the testicle via the inguinal route, in the event of finding the testicle, or to perform a laparoscopic examination when it is not located via the inguinal route.

Laparoscopic examination (Fig. 3)

Figura

Figure 3. Exploratory laparoscopy in patients with cryptorchidism and nonpalpable testicles. A. Intra-abdominal testicle. B. Laparoscopic image at the level of the internal ring. Hypoplastic spermatic vessels with a “blind” end can be seen (arrows). The vas deferens is also amputated at this level (arrowheads). Source: property of the author.

It is considered the technique of choice in the treatment of non-palpable testicles. Laparoscopy allows confirmation of the presence or absence of intra-abdominal testicles and their appearance (non-visualization by ultrasound does not rule out their presence), inguinal rings, persistence of the vaginal process, and examination of the elements of the spermatic cord: vas deferens and spermatic vessels.

In most patients (80%), this approach confirms the entry of the spermatic cord elements through the internal inguinal ring or the presence of a viable testicle in the intra-abdominal cavity; other less frequent possibilities are: the location of an intra-abdominal atrophic testicle (10%) or the “amputation” of the spermatic vessels or the vas deferens in the retroperitoneum, without the presence of a testicle (10%).

In patients in whom laparoscopic examination shows elements of the spermatic cord entering the inguinal canal, the intervention will continue via the inguinal route, to search for the testicle and fix it to the scrotal sac if it is viable, or to proceed to remove the testicular remains if it is not.

In those cases where the presence of a viable intra-abdominal testicle is observed, the procedure of testicular descent and pexy in the scrotum can be continued, either laparoscopically or inguinally, depending on the findings:

• In those situations where the spermatic cord is short, making it impossible for the testicle to descend into the scrotum, a two-stage sequential procedure will be indicated, according to the Stephens-Fowler technique. Initially, the spermatic vessels are sectioned, leaving the vascular supply to the testicle through the vas deferens artery. In a second phase (months later) in which the development of collateral vessels is anticipated, the testicular descent towards the scrotum is carried out. The development of these elongated collateral vessels facilitates the mobilization and descent of the testicle towards the scrotum, with an approximate success rate of 85%.

• In rare cases where a long spermatic cord is observed, the testicular descent into the inguinal canal can be performed laparoscopically in a single stage, to complete the inguinal orchidopexy.

• Finally, in cases where there is presence of an atrophic intra-abdominal testicle, laparoscopic orchiectomy will be performed, ending the procedure at this point.

As has been discussed in the treatment of palpable testicles, in MDT with bilateral non-palpable testicles, and for any of the chosen techniques, a two-stage orchidopexy is recommended, delaying testicular descent on the second side to allow time to evaluate the results of the first orchidopexy. Thus, in those situations in which testicular atrophy of the descended testicle has occurred during the evolution, there is the possibility of performing a less aggressive surgical intervention on the contralateral side, with less dissection of the spermatic cord and a lower risk of testicular atrophy. It is even possible to consider leaving the testicle in a palpable location, more proximal to the scrotum, to minimize testicular damage.

General considerations in the surgical treatment of MDT(3-5,7,9)

• It is important to remember that testicular biopsy is not a routine procedure indicated during the techniques of orchidopexy, being recommended only in special situations, such as in cases of ambiguous genitalia, chromosomal alterations or as part of other studies in patients with endocrine pathologies.

• During the postoperative period, physical effort and sports that cause microtraumas in the scrotal area should be avoided, for approximately one month.

• The postoperative follow-up will be carried out at variable intervals (starting every 3-6 months during the first year), assessing the position of the testicle and its growth at each check-up, until puberty.

• Local inflammatory changes are common after orchidopexy, which may occur in the scrotum or even in the inguinal region. Other less common mild complications include infection, hematoma or dehiscence of the surgical wound. Other less common complications include testicular “reascension”, which requires surgical treatment, or injury to the vas deferens.

• Testicular atrophy is the most severe complication of surgical treatment, with variable rates depending on the technique: 2% in inguinal orchidopexy, 8% in the classic two-stage Stephens-Fowler technique, or 28% in the latter when performed in a single stage. It occurs due to damage to the spermatic vessels or severe post-surgical inflammatory changes on the spermatic cord or testicular parenchyma.

Hormonal treatment

Although it is not indicated to induce testicular descent(3,7,8,12,13), some authors defend its indication as an associated treatment to orchidopexy, due to the possibility of improving future fertility(14). Thus, in the European guidelines for pediatric urology(4), hormonal treatment with GnRH (gonadotropin-releasing hormone) is contemplated in patients with bilateral cryptorchidism, according to a level of evidence 4, since conclusive results in this regard have not been demonstrated. On the contrary, treatment with hCG (human chorionic gonadotropin) is rejected, due to the side effects on spermatogenesis by producing apoptosis in germ cells, inflammatory changes and a decrease in testicular volume(3).

Retractile testicles and acquired testicular ascent

Retractile testicles are those that rise out of the scrotum as a result of the physiological contraction of the cremaster muscle and therefore do not require treatment. During examination, they are easily lowered into the scrotum with manual traction, remaining in the scrotal position during the physical examination. It is very important to differentiate them from congenital maldescended testicles or those that re-ascend over time due to a shortening of the spermatic cord (also called true retractile testicles), both situations requiring surgical treatment.

The acquired ascended testicle can occur from 6 months of age, coinciding with the decrease in androgen levels that have kept the cremaster muscle more relaxed and the growth of the scrotal dartos muscle, during the period known as “minipuberty”, between 2 and 6 months of age. From this moment on, the decrease in testosterone levels thins both structures, favoring the “pushing” of the testicle out of the scrotum. Also, the retraction of the testicle can be due to the permanent fibrosis of a previous ppvc which, in turn, shortens the elements of the spermatic cord(9).

Differentiating the cause of this testicular retraction: 1) due to muscular contraction in the case of retractile testicles; or 2) due to tissue shortening of the spermatic cord, in the case of true retractile testicles, is crucial. In the first case, we are faced with a physiological situation; and in the second, we are faced with a situation of acquired testicular maldescent, which will require the performance of orchidopexy, usually between 5 and 10 years of age. For this reason, these patients should be followed until puberty by periodic examination, until a situation of MDT is confirmed or definitively ruled out(10,12,15).

Fertility and cancer

The development and growth of the testicle at an abnormally high body temperature in the abdomen or inguinal region (37ºC) can cause early deleterious effects on the testicle, which justifies early treatment of these patients, during the first year of age. Possible alterations occur on testicular germ cells and their transformation into stem cells for future spermatogenesis, as well as on Leydig cells, which have been seen to decrease in histological studies of cryptorchid testicles(4,11). Thus, it has been shown that males with untreated cryptorchidism have impaired fertility, with a decrease in fertility rates, more likely if orchiopexy is performed after 18 months of age. In this regard, infertility rates of 10-30% have been described in patients with unilateral cryptorchidism, associated with azoospermia in 13% of cases, which increases to 90% in patients with untreated bilateral cryptorchidism(4). Likewise, alterations have been published in relation to testicular hypofunction, decreased testicular volume, sperm alterations and functional decrease of Leydig cells, in patients with a history of cryptorchidism(16).

In relation to testicular cancer, an increased risk of malignant degeneration in adulthood has been demonstrated in patients with a history of MDT, especially in those who were not treated before puberty and, more frequently, in testicles located intra-abdominally. Several studies and meta-analyses in fact report a significant reduction in the risk of testicular malignancy with prepubertal orchidopexy(4,17).

Table I summarizes the main recommendations related to the diagnosis and treatment of testicular descent disorders, according to the latest 2022 update of the European Association of Pediatric Urology.

 

Acute scrotum

Torsion of the testicular appendages, epididymitis and testicular torsion account for more than 80% of the causes of acute scrotum. Acute scrotum always requires urgent assessment to rule out testicular torsion, or urgent surgical examination if this is suspected.

It is defined by the clinical picture of testicular pain that has developed for a few hours, usually associated with local inflammatory signs such as swelling, erythema and/or increased scrotal temperature. Torsion of the testicular appendage, epididymitis or orchitis, or testicular torsion are the most frequent causes (80%), in that order.

Less frequent causes include: idiopathic scrotal edema (which may be painless), incarcerated hernia, testicular trauma, or other clinical conditions such as Henoch-Schönlein purpura or viral orchitis(18).

It always requires an urgent assessment to confirm or rule out the existence of testicular torsion, since without early treatment, it will lead to necrosis and atrophy of the testicle.

In the evaluation, it is very important to perform a correct physical examination and pay attention to certain signs or symptoms characteristic of each of these entities, which will guide us, together with the ultrasound data, to the diagnosis in each case. In this way, the evolution and location of the pain, more acute, severe and generalized in the testicle and scrotum in patients with testicular torsion, or located in the upper testicular pole in cases of torsion of the testicular appendages or in epididymitis, will guide us to the diagnosis in each case. On the other hand, cases of advanced neonatal testicular torsion may occur without associated pain.

Fever and detection of urinary tract infection should indicate an episode of orchitis or epididymo-orchitis, which occurs in approximately 20% of patients.

Testicular torsion

Testicular torsion is the third cause of acute scrotum. It is more frequent after puberty, caused by poor fixation and position of the testicle in the scrotum. Another peak of incidence occurs in the perinatal period, which may have occurred in utero or after birth.

Testicular torsion (TT) is caused by the rotation of the testicular cord on its longitudinal axis, causing a decrease or absence of vascularization of the testicle and, in advanced stages, testicular necrosis and atrophy. The time of evolution and the degree of torsion of the spermatic cord are the two main risk factors for testicular damage, having been shown that the risk of testicular necrosis occurs after 8-10 hours of evolution(4,19).

With an approximate incidence of 1/4,000 males (<25 years), it is the third most frequent cause of acute scrotum in the pediatric population (15-20%)(4,18,20), and must be differentiated in the diagnosis from testicular appendage torsion (leading cause of acute scrotum), since they may present with very similar initial symptoms, but with a very different progress, treatment and prognosis.

Testicular congestion and swelling in the early stages, caused by compression of the twisted venous vessels, evolves into ischemia and necrosis of the testicular parenchyma due to arterial obstruction as it progresses. This explains why, in the early stages, ultrasound can show a “false hypervascularization” due to congestion of the testicular coverings, with arterial flow still visible, although diminished, if the torsion is not complete. This fact must always be taken into account in cases of suspected testicular torsion, to avoid errors or delays in its diagnosis.

TT presents two incidence peaks: one less prevalent in the neonatal period (15%), and another more frequent from puberty between 12 and 18 years of age(4).

Depending on their origin and the position of the testicle and spermatic cord in relation to the vaginal tunic, the different types and clinical entities are classified(4,18,21):

Intravaginal torsion (Fig. 4): the most frequent and most common appearance around puberty (65%), although it can appear at any age. It is caused by poor, polar and narrow fixation of the testicle to the vaginal tunic, which predisposes to greater mobility of the testicle and its torsion on the axis of the spermatic cord inside the vaginal tunic in the scrotum. A typical deformity is the so-called “bell clapper testicle”, in which the testicle is arranged horizontally, suspended by the testicular cord inside the vaginal tunic, very mobile; and, therefore, with a greater predisposition to torsion. Its prevalence is estimated at 12% of males, being bilateral in 40% of cases.

Figura

Figure 4. Intravaginal testicular torsion. A 17-year-old adolescent with complete 360º torsion of the spermatic cord (asterisk), 12 hours after the procedure. A. Surgical exploration via the scrotum: necrosis (n) of the testicular parenchyma is observed. B. Scrotal detorsion with no signs of testicular viability, for which orchiectomy was indicated. Source: property of the author.

Extravaginal torsion: it is caused by a rotation of the testicle and the vaginal tunic together on the axis of the spermatic cord in the inguinal region. It occurs in the prepubertal stage.

When diagnosed in the neonatal period, TT has occurred during gestation or at some point after birth, during the first month of life. It manifests as testicular torsion in up to 20% of cases, and accounts for 15-20% of TT cases. It should be noted that this may be underestimated, due to the fact that many cases are later diagnosed as cryptorchidism or testicular atrophy(21).

Depending on the moment of production of neonatal testicular torsion, two distinct entities are distinguished:

1. In utero Prenatal torsion, with a prolonged course and developed at the time of diagnosis (80%). It is not, therefore, considered an urgent clinical picture. It can be detected at the time of delivery or during the first examinations of the newborn. It usually presents as a hard inguinal or scrotal tumor, more or less painful and with inflammatory signs or not, depending on the evolution time. In cases with a longer evolution time, in which the torsion has occurred during the months of gestation remote from delivery, it is frequently diagnosed as cryptorchidism, as the already atrophic testicle cannot be palpated.

2. Postnatal torsion (Fig. 5): it occurs after birth and manifests as a picture of irritability, pain and acute scrotal syndrome, with erythema and scrotal swelling, in a newborn in whom previous examinations revealed a normal testicle. Treatment is urgent.

Figura

Figure 5. Neonatal testicular torsion. A. A 10-day-old patient was assessed for irritability, tenderness, swelling and scrotal induration (*). B. Extravaginal torsion of the testicle and tunica vaginalis over the spermatic cord, confirmed by inguinal examination (**). C. Testicular necrosis (n) and vascular thrombosis (t) of the spermatic cord after detorsion, requiring orchiectomy. Source: property of the author.

Epididymitis, orchitis and epididymo-orchitis

It is the inflammation of the epididymis, testicle or both, respectively. Orchitis usually appears associated with epididymitis due to the evolution of the latter. When it occurs in isolation, it occurs as a consequence of the hematogenous dissemination of a bacterial infection or secondary to a viral infection, such as mumps (orchitis urlianis), infections by adenovirus, enterovirus, influenza or parainfluenza(4). With an approximate annual incidence of 1.2/1,000 males, epididymitis/ epididymo-orchitis is the 2nd cause of acute scrotum in childhood (20-30%). In many patients, especially in prepubertal children, the origin is unknown, but in those cases in which repetitive episodes occur, the existence of malformations or urological functional disorders should be investigated. Vesicoureteral reflux, ectopic ureters or neurogenic bladder, as well as diagnostic tests that involve manipulation of the urinary tract (catheterization, cystography or cystoscopy) are risk factors to be taken into account in these cases. The germs most frequently isolated at this age are: E. coli, Mycoplasma pneumoniae, enterococci, enteroviruses or adenoviruses. In sexually active adolescents, epididymitis secondary to sexually transmitted infections (STDs) is the most frequent cause, with Chlamydia trachomatis, N. gonorrhoeae, E. coli and viruses being the most common causative microorganisms(22,23).

Torsion of the testicular and epididymal appendages

Torsion of the testicular appendage (Morgagni hydatid) is the most common cause of acute scrotum. Its treatment is medical, with surgical resection only being necessary in recurrent cases or those refractory to medical treatment.

It is the leading cause of acute scrotum (45%), and most commonly occurs in children between 7 and 12 years of age.

It is caused by torsion and secondary inflammation of the testicular or epididymal appendages (remnants of the Müllerian and Wolffian ducts), located in the upper pole of the testicle (Morgagni hydatid) or in the epididymis.

Other causes of acute scrotum

They account for 10-15% of cases of acute scrotum.

Testicular trauma: high-impact testicular trauma can cause complications that affect testicular viability, so urgent assessment with testicular ultrasound is necessary. In addition to the production of testicular torsion secondary to trauma, the visualization of hematocele (hematoma in the tunica vaginalis), intratesticular hematoma or disruption of the tunica albuginea with rupture of the testicle, require surgical exploration to decompress the testicular parenchyma and prevent testicular necrosis.

Incarcerated hernia: it may manifest as acute scrotal pain, as a result of pain radiating from the inguinal region. Occasionally, the intestinal contents of the hernia may be palpated in the scrotum.

Henoch-Schönlein purpura: systemic vasculitis that may be associated with joint pain, abdominal pain, renal involvement, gastrointestinal bleeding and, occasionally, scrotal pain, both acute and insidious.

Testicular tumor: although the most common mode of presentation of testicular cancer is the appearance of a painless testicular mass, intratumoral hemorrhage can cause acute testicular and/or scrotal pain, associated with inflammatory changes.

Idiopathic scrotal edema: scrotal swelling, of short duration, with soft tissue swelling and local erythema. Typically, the patient is in good general condition and, if pain is reported, it is of low intensity. It is bilateral in >50% of cases, and recurrent in 10% of patients. The edema may extend to the perineum, inguinal region or penis. Ultrasound findings typically show hypervascularization and hypoechoic thickening of the scrotal sac, without alterations at the level of the testicle.

Diagnosis of clinical pictures of acute scrotum(4,19,22)

The diagnosis of acute scrotum should be based on the history and physical examination. In cases of suspected testicular torsion, the recommended approach is surgical examination, without carrying out additional tests that delay early treatment.

History and physical examination

They are considered essential in the diagnosis of acute scrotum, since there are characteristic clinical signs and data for each of the clinical entities, which will guide to the diagnosis. The physical examination is based on inspection and palpation of the testicle and scrotum, bilaterally. Attention should be paid to the position of the testicle, the intensity and location of the pain, the presence of inflammatory signs, and the assessment of the cremasteric reflex. Reactive hydrocele is frequently observed, which is more characteristic of testicular torsion, advanced epididymitis or testicular trauma.

In the clinical evaluation of the acute scrotum, the TWIST (Testicular Workup for Ischemia and Suspected Torsion) score has been developed to identify patients at risk of developing testicular torsion. This scale assesses: testicular swelling and consistency, cremasteric reflex, testicular position and the presence or absence of nausea or vomiting (Table II). With values ranging from 0 to 7 (maximum probability of TT), it has been validated as a reliable and useful scale in the diagnosis of testicular torsion, given its sensitivity and specificity(19).

In addition, it is important to investigate certain aspects in the history that may predispose to episodes of acute scrotum, including:

• Background of testicular maldescent; scrotal trauma/strenuous physical activity: testicular torsion.

• Sexual activity; malformations, urological functional anomalies; manipulation of the urinary tract; previous infectious episodes or systemic diseases (vasculitis): epididymitis/epididymo-orchitis.

Among the clinical data to be taken into account, the following are highlighted:

Age: important factor in the differential diagnosis of acute scrotum, since the frequency of appearance is different according to the diverse pathologies. Thus, testicular torsion, with a bimodal distribution pattern, is more frequent in adolescence, a period in which episodes of epididymo-orchitis are also more prevalent. Testicular hydatid torsion occurs more frequently in the prepubertal stage.

Pain: intensity, duration and association with other symptoms. Testicular torsion typically manifests itself with intense pain, sudden onset, lasting a few hours. In addition, the patient is in poor general condition and may have other symptoms such as nausea or vomiting.

In the case of torsion of the testicular hydatids or epididymitis, the pain, located in the upper pole of the testicle, follows a more gradual course, is not as intense and, typically, the patient remains in good general condition. In the case of torsion of the testicular appendix, the pain is very limited to one point in the upper pole of the testicle.

In addition, in both testicular torsion and epididymitis, there may be pain radiating to the inguinal region.

It should not be forgotten that evolved neonatal torsions may occur without associated pain(21).

Fever: it is not a frequent symptom in the acute scrotum. It appears in <20% of cases of epididymo-orchitis. An exception is the case of orchitis of viral origin, in which a history of febrile syndrome is frequent, a few days prior to the episode of acute scrotum.

Urinary symptoms: the presence of symptoms such as dysuria, pollakiuria or bladder tenesmus should indicate the presence of epididymitis. If there are also clinical signs of urethritis, we should suspect epididymitis secondary to STDs in adolescents.

In relation to the physical examination, the following data are noteworthy in some entities:

• In testicular torsion: scrotal erythema and swelling are very evident, together with increased testicular consistency, which is very painful to palpation (Fig. 3). The testicle appears “fixed”, horizontalized and raised, with the epididymis in an anterior position: “Gouverneur sign”. In addition, the cremasteric reflex is usually abolished; although its presence does not rule out the existence of testicular torsion. It is also important to remember that the cremasteric reflex may be physiologically absent in patients under 6 months of age.

In patients with torsion of an undescended testicle, the painful testicle is palpated in the inguinal region with local inflammatory signs and an ipsilateral empty scrotum.

• In epididymitis, the pain is maximum on palpation in the area corresponding to the epididymis, which appears thickened. It can extend to the rest of the testicle in epididymo-orchitis. The testicle is mobile within the scrotal sac, is normally positioned and maintains the cremasteric reflex, although the latter may be difficult to assess in cases with severe inflammation. Prehn’s sign: the pain is relieved by raising the testicle (contrary to what occurs in testicular torsion: the pain does not decrease or even increases with testicular elevation).

• In testicular hydatid torsion, the pain is located in the upper pole of the testicle. Erythema and heat of the scrotal skin may or may not be associated to varying degrees. The characteristic sign of the “blue dot” is observed in the upper pole of the testicle when performing scrotal transillumination and corresponds to necrosis or congestion of the twisted appendix. The presence of the blue dot (10-23% of cases) is a characteristic sign of hydatid torsion, but its absence (when there is inflammation of the hydatid, but necrosis has not occurred) does not rule it out.

Table III summarizes the most characteristic clinical data of testicular torsion, hydatid torsion and epididymitis in the differential diagnosis of acute scrotal conditions.

Complementary tests

The first objective in the diagnosis of acute scrotum is to confirm or rule out whether we are dealing with a case of testicular torsion and, in this situation, the patient should be evaluated by a specialist in Pediatric Surgery.

Ultrasound associated with testicular Doppler is the imaging test of choice in the diagnosis of acute scrotum (Fig. 6), but it must be taken into account that, given the high diagnostic suspicion of testicular torsion, the approach to follow is urgent surgical exploration, the only diagnostic measure of certainty, which will also be therapeutic in the event that testicular torsion is confirmed. It is important to insist that, although ultrasound is the gold standard technique in the diagnosis of testicular pathology, surgical treatment should never be delayed in cases that suggest TT, pending its performance. In addition, although arterial flow is decreased or absent in the torsioned testicle, in the initial phases it may be preserved, and hypervascularization of the testicular coverings may also be associated due to venous congestion and the inflammatory process itself, which may lead to errors (false negatives) in the diagnosis of TT. This is also why ultrasound findings should never change the indication for urgent surgical exploration when testicular torsion is suspected, even if the Doppler study reports the presence of testicular discharge.

Figura

Figure 6. Bilateral testicular Doppler ultrasound in left testicular torsion (A, B, C and D) and epididymitis (E and F). A. Right testicle (Td) with normal ultrasound appearance, with preserved arterial flow. B, D. Left testicle (Ti) with signs of testicular torsion: enlarged size and absence of flow on Doppler study. C. Left testicle (Ti) in which the turn of the spermatic cord can be seen (asterisk). E. Left testicle with epididymitis. The thickening of the epididymis is marked with an asterisk. F. Hypervascularization of the coverings of the left testicle with epididymitis. Source: property of the author.

Bilateral testicular ultrasound also allows for the assessment of symmetry in relation to the size, location and appearance of the testicular parenchyma, thickening and position of the spermatic cord, thickening of the testicular coverings and the scrotal sac, or size and inflammatory signs of the testicular appendages or the epidi­dymis.

It should also not be forgotten that Doppler ultrasound can provide false positive diagnoses of testicular torsion in situations such as large tension hydroceles, inguinoscrotal hernias or large testicular hematomas, which hinder testicular vascularization.

Urinalysis should be performed in cases of epididymitis and epididymo-orchitis. If leukocyturia or positive nitrites are observed, or the patient presents clear urinary symptoms, a culture with antibiogram will be performed to validate the empirical antibiotic treatment initially prescribed. It is important to note that a positive urine analysis and culture is obtained in a low percentage of patients with epididymitis and, on the contrary, the normality of the results of these tests does not exclude the diagnosis of epididymitis. Likewise, a pathological urine test does not exclude testicular torsion. Additionally, the collection of urethral exudate for microbiological study is indicated in adolescents with sexual activity, and suspected epididymitis as a sexually transmitted disease (STD).

Treatment of acute scrotum

Testicular torsion is a surgical emergency that requires early surgical treatment to ensure testicular viability. The degree of torsion and the time of evolution are the two main factors in predicting testicular damage. In contrast, in Morgagni hydatid torsion, the indicated treatment is medical, with rest and anti-inflammatory drugs.

Testicular torsion is a surgical emergency that requires early treatment to preserve testicular viability. The two determining factors of testicular damage are the degree of torsion and the time of evolution, with recovery of the testicular parenchyma being more likely when detorsion is performed in the first 4-8 hours of evolution. In cases of complete torsion, the risk of testicular necrosis is very high with a short evolution time (4 h), and when the torsion is incomplete, there is a possibility that the testicle remains viable, with evolutionary courses of up to 12 hours(4,18,19).

The surgical intervention consists of manual detorsion of the testicle and fixation of the same in the scrotum: orchidopexy, if its viability is confirmed during the surgical exploration. Currently, contralateral orchidopexy is recommended in the same procedure, given the risk of future torsion on that side(4).

If the testicle is necrotic, removal of the testicle is indicated: orchiectomy, and fixation of the contralateral testicle in the scrotum. For the treatment of intravaginal torsion, the approach is performed through a scrotal incision, while in the case of extravaginal torsion, this is done via the inguinal route.

Manual detorsion can be attempted before surgery, by external rotation of the testicle (a maneuver similar to opening a book) if there is no resistance or increased pain. In cases where the maneuver succeeds in detorting the testicle, the pain disappears. In this situation, urgent surgical exploration should also be indicated in case partial torsion remains.

Patients with intermittent torsion suffer episodes of testicular torsion that resolve spontaneously within seconds or minutes of the onset of the condition. Testicular examination and ultrasound may be normal at the time of clinical assessment, if the condition has resolved. Follow-up and surgical treatment by orchidopexy are indicated to prevent future episodes.

In cases of neonatal torsion, bilateral surgical exploration and orchidopexy are indicated due to the possibility of bilateral torsion in up to 20% of cases.

In the case of prenatal torsion, there is no consensus regarding the time of surgical intervention and surgical exploration of the contralateral side. Although the affected testicle is necrotic in almost all cases and, therefore, does not represent a surgical emergency, the objective of treatment is scrotal fixation of the contralateral testicle to prevent future torsion. Taking into account also the possibility of undiagnosed cases of synchronous bilateral torsion, surgical treatment is generally recommended as a priority when the patient is stable and there are no clinical or anesthetic contraindications to performing it(21).

Monitoring and evolution of testicular torsion

In general, the risk of testicular torsion recurrence is <5%, and it may occur years after the first episode. Furthermore, despite adequate detorsion and the appearance of testicular viability during the surgical procedure of the acute episode, some patients develop testicular atrophy over time, which may affect their future fertility. This situation may be due to both direct damage to the testicular parenchyma by ischemia during torsion, and rapid reabsorption of free radicals in the testicle during the post-ischemia reperfusion phase. These changes could lead to implications for future fertility, which are more frequent in cases of severe and advanced testicular torsion(4,19).

In epididymitis/epididymo-orchitis, the treatment of choice is medical with rest and anti-inflammatory drugs, and antibiotic therapy is not generally indicated, unless there is suspicion of urinary tract infection following the results of the urine test and culture(4). In these cases, we propose starting empirical antibiotic treatment according to the current recommendations published by the Spanish Association of Primary Care Pediatrics(23) (ABE Guide: https://www.guia-abe.es/).

Initial treatment with coverage for Gram + and Gram – is therefore established with 2nd/3rd generation cephalosporins (cefuroxime: 20-30 mg/kg/day; cefixime: 8 mg/kg/day), amoxicillin-clavulanate (50 mg/kg/day) or quinolones in older children (ciprofloxacin: 20-40 mg/kg/day; levofloxacin: 500 mg/day), for 7-10 days. These treatments will be re-evaluated based on the results of the culture and antibiogram.

In testicular hydatid torsion, medical treatment with rest and anti-inflammatory drugs is also established as the first option. Improvement is usually progressive until the clinical picture is resolved in 7-10 days. Surgical treatment is only indicated for the removal of the testicular/epididymal appendix in cases of pain refractory to medical treatment or in those patients with recurrent episodes. Surgical exploration of the contralateral testicle is not indicated(22).

In patients with testicular trauma, rest and analgesic and anti-inflammatory treatment are indicated. In cases of rupture, compressive hematoma or suspected testicular torsion, surgical exploration is indicated.

Idiopathic scrotal edema does not usually require treatment, except in patients who present with local painful discomfort, who will be treated with anti-inflammatory treatment(24).

Acute scrotal assessment by the pediatrician: important aspects to consider

• The main goal of the pediatrician in the evaluation of the patient with acute testicular pain should be to identify symptoms and signs that may suggest the existence of testicular torsion. At the slightest suspicion, urgent evaluation by Pediatric Surgery should be indicated.

• The diagnosis of acute scrotum is clinical and additional tests that may delay early surgical treatment of a possible case of testicular torsion are not indicated.

• Scrotal and testicular ultrasound with Doppler study is the imaging test of choice in the assessment of scrotal and testicular pathology. In cases of acute scrotum, it helps to assess the flow and testicular parenchyma, the degree of inflammation in cases of severe epididymitis or the detection of an inflamed appendix in the torsion of testicular/epididymal appendages.

• In cases of epididymitis in prepubertal children, systematic antibiotic treatment is not justified, except in the case of urinary symptoms, pathological urine examination or a history that suggests the presence of a urinary tract infection. In most cases, where these circumstances do not occur, symptomatic treatment with rest, anti-inflammatory drugs and analgesics is indicated.

Epididymitis in adolescents with an active sexual life should be treated empirically with antibiotic therapy that cover N. gonorrhoeae and Chlamydia trachomatis, to cover sexually transmitted infections.

In cases of orchitis/epididymitis with a strong inflammatory component, torpid evolution despite medical treatment, or the appearance of general symptoms, evaluation by the Surgery team is indicated, who will assess the indication of intravenous antibiotic treatment and the performance of a testicular ultrasound to study the involvement of the testicular parenchyma.

• In patients with clear symptoms of testicular hydatid torsion, rest and symptomatic treatment with oral anti-inflammatory drugs will be indicated. Surgical treatment is indicated in cases of persistent pain that is refractory to medical treatment or in cases of recurrent pain.

• Moderate-severe testicular trauma should be assessed by performing testicular ultrasound and urgent care by the Surgery team, to assess parenchymal involvement and/or possible complications requiring surgical treatment, such as rupture, tension hematoma or testicular torsion. The same approach should be followed in cases of testicular tumor, in order to rule out the existence of a possible testicular tumor.

Other causes of scrotal pathology

Hydrocele(4)

It is defined as the accumulation of liquid content between the visceral and parietal layers of the testicular vaginal tunic. On physical examination it is identified as an increase in scrotal volume, with positive and painless transillumination (when not associated with testicular inflammatory processes). It may be primary, malformative or due to hypersecretion, or secondary to other inflammatory processes of the testicle, such as testicular torsion, epididymo-orchitis or testicular trauma. It may also occur after varicocele operations due to ligation of lymphatic vessels during the intervention.

In this section we will refer to primary hydrocele, which is classified as:

1. Congenital hydrocele: it appears in childhood, and is caused by the persistence of the vaginal process (pvp).

2. Hydrocele of the adult: generated by the accumulation of fluid due to hypersecretion of the vaginal mucosa and the imbalance between this production and its reabsorption. It should be suspected when it occurs around adolescence, in patients with no history of hydrocele or inguinal hernia during childhood.

In the case of congenital hydrocele, this may appear as a communicating hydrocele: in which the vaginal process remains open throughout its length and is therefore oscillating, being more evident at the end of the day. In other cases, the pvp is obliterated at some point, giving rise to a fixed, non-reducible tumor, visible in the inguinal region (spermatic cord cyst), or in the scrotum, depending on the location of the closure of the vaginal process.

The diagnosis of hydrocele is clinical and no additional complementary tests are necessary, except in cases where an association with other pathologies is suspected, such as a testicular mass or any testicular inflammatory condition.

In patients with congenital hydrocele, spontaneous obliteration must be awaited during the first year or two of life. From this point on, treatment is surgical and consists of ligation and section of the vaginal process through an inguinal approach, a procedure called herniorrhaphy, since it is the same procedure performed in the treatment of inguinal hernia. As an alternative approach, laparoscopic herniorrhaphy may be indicated, depending on the experience and preferences of the surgeon.

It is important to remember that hydrocele does not cause testicular damage, so surgery is scheduled from one year of age, without being urgent.

As an exception, in cases where concomitant inguinal hernia is suspected, surgical treatment is indicated at the time of diagnosis.

In the case of non-communicating scrotal hydrocele of the adult, the surgical treatment is hydrocelectomy via the scrotum: drainage of the hydrocele by opening and sectioning the tunica vaginalis.

Varicocele

Varicocele in adolescents is usually asymptomatic. Treatment criteria include the appearance of symptoms (pain) or decreased testicular growth.

This is the dilation of the testicular veins in the pampiniform plexus caused by venous reflux. It most commonly appears after puberty (15-20% in adolescents), but is rare in children under 10 years of age. In 90% of cases, it appears on the left side, and may be bilateral in some patients(25). The anatomical arrangement of the left spermatic vein at its junction with the left renal vein at a 90º angle has been described as one of the causes.

Depending on their severity, 3 degrees are differentiated according to the Dubin-Amelar Classification:

• Grade I: palpable varicocele with Valsalva maneuver.

• Grade II: palpable varicocele (without Valsalva maneuver).

• Grade III: visible varicocele.

Subclinical varicocele is one that is detected only on ultrasound, incidentally, with no findings during physical examination.

In adolescents, varicocele is usually asymptomatic and develops little, but close clinical and ultrasound monitoring is essential for early diagnosis of symptoms such as testicular pain or decreased testicular volume, which are indications for treatment. As a long-term complication, it has been reported that 20% of adolescents with varicocele may develop fertility problems in the future, secondary to hypogonadism and decreased testosterone secretion, generated by parenchymal damage to the testicle exposed to an abnormally high temperature.

Diagnosis

The diagnosis is based on:

• Physical examination: varicocele is detected by visualization and/or palpation of dilated and tortuous testicular veins in the standing position, which become more evident with Valsalva maneuver.

• The size of both testicles should always be assessed in the search for asymmetries due to decreased testicular volume on the side of the varicocele.

• Ultrasound-Testicular Doppler: it confirms the presence of varicocele and its severity. It measures venous reflux in the pampiniform plexus in the standing and supine positions; and testicular size, considering a sign of hypoplasia when testicular volume is <20% with respect to the contralateral volume.

Abdominal ultrasound should be performed in patients with a more “atypical” presentation of varicocele, in whom it is necessary to rule out the existence of a tumor mass as a cause of varicocele, due to compression of the renal vein or the inferior vena cava. In this sense, it should be indicated especially in prepubertal patients or in cases of isolated right varicocele.

Treatment

It has been shown that treatment of varicocele improves testicular volume, seminal parameters and the chances of future fertility. The success of treatment in terms of the disappearance of varicocele is 85-100% of patients depending on the different techniques and the experience of each center. Therefore, two main treatment criteria have been established for varicocele in childhood and adolescence, which are the following:

1. Varicocele associated with decreased testicular size (hypotrophy).

2. Symptomatic varicocele.

Furthermore, alterations in the study parameters of semen samples, or other situations, such as bilateral palpable varicocele or the association of other pathologies with risk of fertility, could also be assessed, as other indications for treatment in varicocele(4,26-29).

Treatment options include various surgical techniques of ligation and vascular section or endovascular embolization, as a non-surgical alternative. Due to the lack of studies in pediatrics, significant differences in the therapeutic results of the different techniques have not been confirmed, which depend largely on the experience of each center. Therefore, there is still controversy regarding the best method of treatment of varicocele in pediatric and adolescent patients.

Embolization is performed by means of a percutaneous endovascular procedure, consisting of the introduction of metal coils or sclerosing substances into the spermatic veins, through the catheterization of a main vein in the groin (femoral vein), the neck (internal jugular vein) or the arm (basilic vein). Due to the selective action on the venous vessels, it has the advantage of not subsequently developing hydrocele due to injury to the lymphatic vessels of the spermatic cord, the most frequent complication of surgical treatment. As it is a minimally invasive technique, in most patients it is also considered a short-stay intervention, which does not require admission in most patients. On the other hand, and despite being an effective treatment with success rates of around 80-90%(25,29), its main disadvantage is a higher recurrence rate (13-15%) compared to surgical treatment (5-7%), which makes it necessary in some patients to repeat the embolization.

Surgical treatment consists of ligation and section of the dilated spermatic veins, using an inguinal, retroperitoneal or laparoscopic approach. Ligation of the spermatic veins can be performed selectively, with preservation of the spermatic artery (Ivanissevich technique – inguinal approach), or together with the spermatic artery (Paloma technique – retroperitoneal approach). In the case of the laparoscopic approach, either of the two options can be used. In the latter case, the technique can be optimized by intra-testicular injection of coloring substances (e.g., indocyanine green), which stains the lymphatic vessels of the spermatic cord, allowing their preservation and preventing the appearance of postoperative hydrocele.

Complications of varicocele treatment are rare. As mentioned above, post-surgical hydrocele is the most frequent, with rates of 5-10%, which decrease significantly with preservation of the lymphatic vessels. Other rarer complications described are: testicular atrophy after ligation of the spermatic artery or migration of the embolization material to the renal vein with thrombosis of the same.

Epididymal cysts and spermatocele (Fig. 7)

Figura

Figure 7. Epididymal cyst in a 15-year-old patient. Surgical resection was indicated due to its large size, the impossibility of differentiating the testicle from the cyst during physical examination (which made a correct testicular examination difficult in the presence of other scrotal pathologies), and the presence of painful discomfort with exercise. Source: property of the author.

Epididymal cysts are benign in origin, appear in any area of the epididymis and are filled with a clear fluid that does not contain sperm. They are more common in prepubertal males. They are often asymptomatic, small in size and are usually diagnosed incidentally during physical examination or testicular ultrasound performed for other reasons. Their etiology is unknown in most cases, although a history of testicular trauma or epididymitis has sometimes been described. They may disappear spontaneously.

They must be differentiated from spermatocele, which is indistinguishable on physical examination and also manifests as an epididymal cyst, which appears in post-pubertal stages and contains sperm inside. They appear in the head of the epididymis and, although they are usually asymptomatic, they can cause pain in a higher percentage than epididymal cysts in childhood. On ultrasound, they can be differentiated from these by having content with variable echoes and septa inside.

The differential diagnosis of epididymal cysts must be made with other testicular pathologies of a different nature such as: epididymitis, hydrocele, varicocele or testicular tumors.

Observation is the measure indicated as a first option, both in epididymal cysts and in spermatocele that appears in asymptomatic patients, without diagnostic doubts or with small cysts (<10 mm). On the contrary, epididymal cysts or spermatoceles, of large size, or of progressive growth, with diagnostic doubts or associated pain, are treated surgically by complete removal of the cyst, via the scrotum(30).

Role of the Primary Care pediatrician

The primary goal of the primary care pediatrician in the assessment of testicular descent problems should be their early identification in order to indicate their follow-up by the pediatric surgeon in case of suspicion, doubt or confirmation. This will allow treatment around one year of age, thus avoiding possible consequences that may occur on fertility in the future. In cases where they are identified late, they should also be referred for treatment before puberty, thus minimizing the potential risks of testicular malignancy.

To this end, the primary function is to carry out an adequate examination of the inguinoscrotal region, both during the programmed well-baby check-ups and in other cases that occur due to any other symptom or sign related to the testicle, scrotum, inguinal or abdominal region. In addition, it is very important for the pediatrician to be familiar with the surgical calendar, in relation to the recommendations on the time to establish the diagnosis of cryptorchidism according to gestational age or with the differentiation between true cases of MDT from those of retractile testicles, which do not require any type of treatment.

In the case of acute scrotal symptoms, and at the slightest suspicion of testicular torsion, the immediate request for urgent assessment by Pediatric Surgery from the Primary Care consultation is vital in order to be able to carry out an urgent surgical examination and the recovery of the testicle, in the event that this is confirmed. In this case, prior complementary tests should not be requested, as they would delay the diagnosis.

Regarding varicocele, the primary care pediatrician should consider it an alarm sign when it appears on the right side, and request a preferential abdominal ultrasound to rule out the existence of an abdominal mass.

In cases of recurrent epididymo-orchitis in prepubertal patients, the existence of malformative or functional disorders of the urinary system should be investigated, which should be initiated by performing an ultrasound at that level.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript.

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The asterisks indicate the interest of the article in the author’s opinion.

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Clinical case

 

A 2-month-old patient attended his pediatrician’s office for a well-baby check-up. He had no relevant medical history, was delivered at term, eutocic, and had a birth weight of 3.350 kg. He is currently exclusively breastfed.

On examination of the external genitalia, the right testicle in the scrotum was observed, of an adequate size for his age, mobile, with no palpable masses. There were no scrotal alterations. On the left side, the scrotum was empty, and the testicle was palpable in the inguinal region.

 

 

 

Bases genéticas de la hiperplasia suprarrenal congénita

B. Ezquieta Zubicaray*/**, E. Llorente Martín*
Temas de FC


B. Ezquieta Zubicaray*/**, E. Llorente Martín*

*Laboratorio de Diagnóstico Molecular. Servicio de Bioquímica. Hospital Materno Infantil Gregorio Marañón. **Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón. Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid

X

Autor para correspondencia

begona.ezquieta@salud.madrid.org

Resumen

La hiperplasia suprarrenal congénita (HSC) es consecuencia del déficit monogénico recesivo de alguna de las proteínas (enzimáticas o transportadoras) implicadas en la biosíntesis de cortisol y aldosterona. Su causa mayoritaria (95 %) son alteraciones del gen CYP21A2 responsable del déficit de esteroide-21-hidroxilasa (HSC-21OHD), entidad no infrecuente incluida en el cribado neonatal. El espectro clínico de la HSC-21OHD abarca desde formas neonatales, que comprometen la vida (clásica pierde-sal) o son crípticas, aunque clásicas (virilizante simple en varones), hasta formas leves de aparición tardía (pediátrica o adulta) no clásicas en las que uno de los alelos deficientes puede ser grave. La relación entre el genotipo CYP21A2 (definido por la gravedad conjunta de alteraciones, alelos paterno y materno) y la expresión clínica es fuerte; aunque debe garantizarse un análisis genotípico experto, porque es un locus complejo. Los esteroides marcadores identifican los distintos déficits, pero presentan interferencias analíticas en los inmunoanálisis directos y no discriminan alelos graves. El genotipo de CYP21A2 resulta útil al no verse afectado por situaciones de estrés o prematuridad y poder estar libre de variantes de interpretación incierta. Una batería de alteraciones CYP21A2 validadas clínicamente permite caracterizar >90 % de las alteraciones graves permitiendo confirmar/descartar/clasificar la enfermedad ya en el periodo neonatal.

 

Abstract

Congenital adrenal hyperplasia (CAH) is the consequence of a recessive monogenic deficit of some of the proteins (enzymatic or transporter) involved in the biosynthesis of cortisol and aldosterone. Its main cause (95%) is abnormalities of the CYP21A2 gene responsible for steroid-21-hydroxylase deficiency (HSC-21OHD), a not infrequent entity included in the newborn screening. The clinical spectrum of HSC-21OHD ranges from neonatal, life-threatening (classic salt-losing) or cryptic, although classic (single virilizing in males), to mild late-onset (pediatric or adult) non-classical forms in which one of the deficient alleles may be severe. The relationship between CYP21A2 genotype (defined by the joint severity of alterations, paternal and maternal alleles) and clinical expression is strong; although expert genotypic analysis should be warranted, because it is a complex locus. Steroid markers identify the various deficits, but present analytical interferences in direct immunoassays and do not discriminate severe alleles. CYP21A2 genotyping is useful because it is not affected by stress or prematurity and can be free of variants of uncertain interpretation. A pool of clinically validated CYP21A2 alterations allows characterization of >90% of severe alterations allowing confirmation/ruling out/classification of the disease as early as the neonatal period.

 

Palabras clave: Hiperplasia suprarrenal congénita; CYP21A2;CYP11B1; Deficiencia 21-hidroxilasa; Genotipo/fenotipo; Asesoramiento genético; Pseudogén.

Key words: Congenital adrenal hyperplasia; CYP21A2; CYP11B1; 21-hydroxylase deficiency; Genotype/phenotype; Genetic counseling; Pseudogene.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 326 – 337

 


OBJETIVOS

• Conocer la herencia de la hiperplasia suprarrenal congénita (HSC) y los genes implicados en los distintos déficits, profundizando en el mayoritario (95 %), la deficiencia de esteroide 21-hidroxilasa (21OHD).

• Conocer la base molecular de las formas graves y leves de la HSC-21OHD.

• Saber que el genotipo CYP21A2 es muy informativo y orienta sobre la gravedad clínica de esta entidad, aunque se trata de un locus complejo que requiere estudio experto.

• Conocer la utilidad del genotipo CYP21A2 para confirmar/descartar la sospecha clínica, sospecha ecográfica y los casos detectados y dudosos del cribado neonatal de la HSC-21OHD (ya en cartera básica del Sistema Nacional de Salud).

• Saber que el diagnóstico de portadores y estudio de parejas es necesario, dada la frecuencia de la HSC-21OHD.

• Saber que el tratamiento prenatal es posible en la HSC forma clásica, pero solo puede hacerse con consentimiento informado y en centros de referencia. Requiere genotipado experto al igual que las opciones diagnósticas prenatales (preimplantacional, ADN circulante en sangre materna, sospecha ecográfica).

 

Bases genéticas de la hiperplasia suprarrenal congénita

Introducción

El déficit de 21-hidroxilasa origina una menor síntesis de glucocorticoide y mineralocorticoide que, en sus formas más graves, compromete la vida. La acumulación del producto previo al bloqueo, la 17-hidroxiprogesterona (17OHP) que se desvía hacia la formación de andrógenos a nivel periférico, da lugar a la virilización neonatal de las niñas, característica de estas formas graves. En las formas leves, la androgenización tardía puede tener una manifestación pediátrica (ambos sexos), adulta en las mujeres o incluso ser críptica.

La hiperplasia suprarrenal congénita (HSC) es una de las enfermedades más frecuentes en endocrinología pediátrica. Comprende un grupo de enfermedades hereditarias autosómicas recesivas debidas a defectos en alguna de las enzimas o de la proteína transportadora, implicadas en la vía esteroidogénica (Fig. 1) en la glándula suprarrenal, lo que resulta en una producción deficiente de cortisol y aldosterona.

figura

Figura 1. Síntesis y metabolismo de esteroides endógenos. Obsérvese la similitud de las moléculas cuyo núcleo central común (ciclopentano-perhidro-fenantreno) nos hace intuir la difícil discriminación de los anticuerpos de los inmunoensayos. Los genes codificantes de las enzimas que catalizan cada uno de los pasos se indican entre paréntesis. 3β-HSD: 3β-hidroxiesteroide deshidrogenasa; 17β-HSD: 17-β-hidroxiesteroide deshidrogenasa; DHEA: dehidroepiandrosterona; DHT: dihidrotestosterona.

El déficit de 21 hidroxilasa (21-OHD, OMIM#201910) es responsable del 95 % de los casos de HSC y está relacionado con una amplia gama de comportamientos clínicos, desde formas clásicas (CL), con graves manifestaciones neonatales, hasta formas no clásicas (NC) de inicio tardío e, incluso, formas crípticas, todas ellas de tipo recesivo. La esteroide 21-hidroxilasa (21-OH) está codificada por el gen CYP21A2 (Fig. 2), cuyas alteraciones patogénicas provocan que la actividad enzimática se encuentre reducida o, incluso, sea nula, lo que conduce a la acumulación de 17-hidroxiprogesterona (17-OHP) que se desvía hacia la formación de andrógenos, tanto en la suprarrenal como de forma periférica(1,2). Recientemente, se ha documentado la potencia androgénica de estos metabolitos periféricos originados por la vía back-door(2). Cuando la deficiencia es total no se produce aldosterona y aparece la pérdida salina (PS).

figura

Figura 2. Esquema del locus donde se ubica el gen CYP21A2 en el brazo largo del cromosoma 6 (citobanda 6p21.3), dentro del complejo mayor de histocompatibilidad humano (HLA). Junto a CYP21A2 y CYP21A1P, hay otros tres genes: RP1, C4, TNXB y dos pseudogenes truncados, RP2 y TNXA, que constituyen una unidad genética denominada módulo RCCX (RP-C4-CYP21-TNX)(7,8). Los genes C4B y C4A codifican el cuarto componente del complemento sérico, el gen TNXB para una proteína de la matriz extracelular denominada tenascina-X(23) y el gen RP1 para una proteína quinasa nuclear de serina/treonina(6). Fuente: Arriba y Ezquieta(6).

La HSC-21OHD no es infrecuente en sus formas más graves, de 1 en 10.000 a 20.000(1,2), y es extraordinariamente frecuente en sus formas leves en algunas zonas, 1:200 en el área mediterránea(3,4). La frecuencia de portadores de alteraciones graves en la población general es elevada, 1:55, y los pacientes muy frecuentemente son heterocigotos compuestos (alteraciones distintas en alelos paterno y materno).

Si bien la 17-OHP es el marcador metabólico de la deficiencia, el genotipado de CYP21A2, dada su independencia fisiológica de situaciones de estrés, prematuridad, etc., contribuye como herramienta diagnóstica, ya que existe una muy fuerte correlación genotipo-fenotipo en esta entidad clínica(5-11) que analizaremos más adelante (v. apartado: “Correlación genotipo-fenotipo. Formas clínicas graves [clásicas] y leves [no clásicas]”) (Fig. 3).

Las manifestaciones clínicas de la HSC-21OHD han sido revisadas exhaustivamente en diversas publicaciones y guías actuales(1,2,8,10-13) y no constituyen el objetivo de este artículo; no obstante, nos referiremos a ellas brevemente dada la estrecha relación mencionada entre la gravedad de la presentación clínica y el grado de afectación enzimática. Aproximadamente, el 75 % de los pacientes con HSC forma CL tienen la forma PS que, sin detección neonatal, supone en los varones la presentación con una crisis grave de pérdida salina que pone en peligro la vida. La HSC-21OHD es responsable de >80 % de la insuficiencia suprarrenal pediátrica(14) y es la causa más frecuente de genitales externos masculinizados en individuos afectados con cariotipo 46,XX(1). En la forma clásica virilizante simple (VS), una mínima producción de aldosterona permite evitar la PS(1,2,5,8-13). La forma virilizante simple (VS) en varones es críptica neonatalmente y el genotipo favorece su correcta detección(5,15-18). La forma NC puede manifestarse en la infancia o en la edad adulta temprana con pubarquia precoz o un cuadro clínico parecido al síndrome de ovario poliquístico, y puede ser también asintomática. Esta forma leve puede, en ocasiones, detectarse en el cribado, pero no requerirá intervención alguna, por lo que su correcta clasificación en esta etapa será esencial. El cribado neonatal incluye ya, en la cartera básica del Sistema Nacional de Salud, la HSC-21OHD.

Genes cuyas alteraciones originan los déficits congénitos que causan más infrecuentemente la HSC

Existen otras formas de hiperplasia suprarrenal congénita, aunque mucho menos comunes, que incluyen otros déficits enzimáticos.

Además de la HSC-21OHD, existen otros déficits mucho menos frecuentes que dan lugar a la HSC (Tabla I).

tabla

Cada uno de ellos tiene su marcador metabólico, el esteroide que se acumula por encima del nivel en que tenga lugar el bloqueo. Estos marcadores han facilitado y siguen permitiendo la clasificación clínica (Fig. 1). Sin embargo, cada vez más, los hallazgos genotípicos (alteraciones documentadas en alguno de los genes implicados) tipifican/clasifican estos déficits. Aunque no podemos olvidar que esto es así solo si las alteraciones detectadas han sido validadas clínicamente como causales (v. apartado: “Estructura del locus del gen CYP21A2”).

Los estudios genotípicos a aplicar en la HSC, con excepción de 21OHD y 11OHD (deficiencia de 11β-hidroxilasa) que requieren todavía abordajes preferentemente monogénicos, son de tipo multigénico (paneles y secuenciación masiva) y permiten el estudio simultáneo de paneles de genes, facilitando la detección de alteraciones que, debidamente validadas como patogénicas(19), tipificarán el déficit. Datos genotípicos debidamente validados como causales, permiten confirmar la enfermedad y podrán ser utilizados en el diagnóstico de portadores, prenatal y preimplantacional, no así las alteraciones clasificadas como inciertas o en conflicto. La limitación inherente a las variantes inciertas hace que sigan siendo necesarios los datos bioquímicos mencionados, cuyas limitaciones veremos en el apartado: “Marcador bioquímico [17OHP] vs. genotipo CYP21A2. Ventajas e inconvenientes”. En lo que se refiere a los genes cuyas alteraciones causan la 21OHD y la 11OHD, señalar que se encuentran en loci complejos (contienen genes homólogos o pseudogenes en tándem) y no están debidamente validados en los paneles multigénicos comerciales.

Gen de la 11β-hidroxilasa (CYP11B1)

Alteraciones en este gen causan la deficiencia de 11β-hidroxilasa (OMIM#202010), segunda en frecuencia (aproximadamente el 4 % de todos los casos de HSC) con una incidencia de 1 en 100.000 a 200.000 nacidos vivos. La 11β-hidroxilasa es una enzima mitocondrial P450 tipo I, responsable de la conversión de 11-de­soxicortisol en cortisol y de 11-desoxicorticosterona en corticosterona y su defecto, al igual que el de 21OHD, ocasiona acumulación de andrógenos (Fig. 1) (Tabla I). Pero, a diferencia de esta, no presentan pérdida salina y pueden asociar hipertensión debido a la actividad mineralcorticoide que presenta la 11-desoxicorticosterona que se acumula. Su metabolito marcador es el 11-desoxicortisol y una fuente de error en el diagnóstico es la interferencia analítica del 21-deoxicortisol que se acumula en la 21OHD que, en ocasiones, ha llevado a diagnósticos erróneos de déficit de 11-OH en casos afectos de la HSC-21OHD, lo que tiene una importante trascendencia, tanto en el manejo clínico como en el asesoramiento genético de estos pacientes. El 21-deoxicortisol es de hecho considerado en la actualidad un marcador sensible y específico para detectar portadores de la deficiencia de 21OHD(2) (v. apartado: “Marcador bioquímico (17OHP) vs. genotipo CYP21A2. Ventajas e inconvenientes”).

El gen CYP11B1, ubicado en el cromosoma 8q21 (Tabla I), consta de nueve exones y está a 40 kb de su gen homólogo CYP11B2 que codifica la aldosterona sintetasa. La recombinación asimétrica entre CYP11B1 y CYP11B2 produce híbridos de duplicación o de deleción que dan lugar, respectivamente, a entidades bien conocidas, aunque infrecuentes: el hiperaldosteronismo familiar tipo I que causa hipertensión suprimible por glucocorticoides y la deficiencia de 11β-hidroxilasa que, en función de la posición de punto de ruptura del híbrido de deleción, puede o no asociar PS(7,20).

Gen de la 17α-hidroxilasa (CYP17A1)

Las alteraciones del gen CYP17A1 son la causa de la deficiencia de 17α-hidroxilasa (OMIM#202110) que representa aproximadamente el 1 % de los casos de HSC, es, por tanto, una forma muy poco frecuente de HSC. El gen CYP17A1, ubicado en el cromosoma 10 (10q24.3), codifica una enzima microsomal P450 tipo II que cataliza dos reacciones enzimáticas diferentes (Fig. 1) (Tabla I).

Gen de la 3β-hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 2 (3BHSD2)

Las alteraciones de 3BHSD2 (cromosoma 1p3, OMIM#201810) son una causa muy poco frecuente (<1 %) de HSC. En esta deficiencia se ve afectada la síntesis de todos los esteroides (corticoides, mineralocorticoides y andrógenos), tanto a nivel suprarrenal como gonadal. Esta enzima es responsable de la conversión de pregnenolona, 17-hidroxipregnenolona y dehidroepiandrosterona en progesterona, 17-OHP y androstenediona, respectivamente (Fig. 1) (Tabla I).

Gen de la P450 oxidorreductasa (POR)

La deficiencia de P450 oxidorreductasa (POR) (OMIM#207410) es una variante rara de HSC de incidencia desconocida y que se manifiesta como una aparente deficiencia combinada de CYP17A1 y CYP21A2. El gen POR está ubicado en el brazo largo del cromosoma 7 (7q11.2) (Tabla I). Sirve como enzima donadora de electrones para CYP17A1, CYP19A1 (aromatasa) y CYP21A2, por lo que su deficiencia produce una insuficiencia múltiple, cortisol y esteroides, pero no de mineralocorticoides.

Gen de la proteína transportadora StAR(STAR)

Las alteraciones del gen STAR (localizado en 8p11.2, OMIM#201710) (Tabla I) causan la hiperplasia lipoide que es la forma más grave de HSC. La proteína (StAR) es esencial para el transporte del colesterol al interior de la mitocondria, por lo que existe un déficit grave de todos los esteroides suprarrenales y gonadales, ya que es el paso limitante en la producción de hormonas esteroides.

Gen de la 20-22 desmolasa (CYP11A1)

Las alteraciones de CYP11A1 causan la deficiencia de la enzima que cataliza el paso de colesterol a pregnenolona dentro de la mitocondria (OMIM#118485). Existen muy pocos casos descritos en la literatura médica. Esta forma es clínica y bioquímicamente idéntica a la forma lipoidea, sin embargo, los pacientes presentan típicamente una atrofia adrenal y gonadal (Tabla I).

Base molecular de la HSC-21OHD

La HSC-21OHD es recesiva, tanto en sus formas graves como leves; en estas últimas, uno de los alelos puede ser grave (50-70 % de las formas leves no crípticas). El genotipo CYP21A2 es muy informativo y, además de fundamentar el asesoramiento genético, es una herramienta esencial en las decisiones clínicas, ya que orienta sobre la gravedad de la enfermedad y ayuda a descartarla en la etapa pre- y neonatal; aunque la complejidad del locus y de sus alelos (normales y mutados) hace imprescindible un análisis e interpretación expertos.

Se trata de un locus complejo (Fig. 2), cuya estructura contribuye al mecanismo por el que se generan la gran mayoría de sus alteraciones, que luego se trasmiten de forma estable por generaciones. Dado que el genotipado CYP21A2 contribuye a una correcta clasificación clínica que facilitará un mejor manejo de la enfermedad(5,18), consideramos oportuno presentar mínimamente estos aspectos moleculares de la HSC que nos hacen conscientes de la importancia de un análisis experto, y nos pueden dar claves para comprender la relación genotipo/fenotipo, a la par que conocer aspectos esenciales de los hallazgos genotípicos, que cada vez más ocupan el ámbito diagnóstico.

Estructura del locus del gen CYP21A2

El gen CYP21A2 se localiza en el brazo corto del cromosoma 6 (citobanda 6p21.3), dentro del complejo mayor de histocompatibilidad humano (HLA) (Fig. 2). Este hecho explica que muy pronto se conociera que algunos haplotipos HLA se asociaban con determinadas formas clínicas de HSC y, aun no conociendo todavía el gen ni sus alteraciones, pudieran realizarse diagnósticos de portadores siguiendo de forma indirecta el gen heredado, mediante los haplotipos HLA. En la actualidad, se conoce bien el gen y sus alteraciones, y los diagnósticos en pacientes se dirigen de forma directa a la detección de estas, que son tanto de tipo puntual como reordenamientos y conversiones más complejos, deleciones y duplicaciones. Esta complejidad, que afecta a los alelos mutados y también a los normales, hace imprescindible contar con una experiencia demostrada en el estudio de este locus, ya que de ello se deriva que el resultado del genotipado consiga una caracterización completa y pueda ser de ayuda para las decisiones clínicas.

En la figura 2 se muestra la organización del locus con varios de los genes duplicados: en el caso de CYP21A2 (gen funcional) su pseudogén inactivo CYP21A1P. Ambos están formados por diez exones y presentan un alto nivel de homología de secuencia del 98 % en sus exones y del 96 % en sus intrones. El pseudogén CYP21A1P es inactivo debido a la presencia de múltiples alteraciones patogénicas, pequeñas inserciones o deleciones y variantes patogénicas puntuales que impiden la síntesis de una proteína funcional. Esta alta homología existente entre gen y pseudogén favorece mecanismos de recombinación y conversión durante la meiosis. La recombinación asimétrica da lugar a genes quiméricos (híbridos de deleción, denominados rutinariamente deleciones) y también, grandes conversiones del gen. Estos grandes reordenamientos, que fueron los primeros detectados en las formas clásicas de la enfermedad, se encuentran en el 25 % de los alelos graves. La mayoría de las alteraciones restantes en las formas clásicas y también en las formas leves son cambios puntuales. Aproximadamente, un 70 % de los mismos son esas alteraciones puntuales preexistentes en el pseudogén que, de forma aislada, por conversión génica, son transferidas al gen funcional CYP21A2 (microconversiones) que se comportan como las habituales alteraciones puntuales(1,2,6-8,10).

La existencia de este mecanismo, si bien complica el estudio por la existencia del pseudogén en el que preexisten las alteraciones y los alelos complejos con deleciones, duplicaciones y conversiones, facilita el que un panel limitado de alteraciones, permita caracterizar una amplia proporción de los alelos causales, caracterizando >90 % de los alelos en pacientes con formas graves (v. apartado: “Correlación genotipo-fenotipo. Formas clínicas graves [clásicas] y leves [no clásicas]”). Estas alteraciones son bien conocidas (son frecuentes y comunes a todas las poblaciones) y todas ellas están bien validadas clínicamente en su expresión clínica/fenotípica, por lo que su estudio en el contexto asistencial es muy informativo y ayuda en el manejo clínico de los pacientes(5,12,18).

Alteraciones patogénicas graves y leves del gen CYP21A2

Las deleciones y conversiones grandes del gen son siempre de tipo severo o grave, ya que impiden que se produzca proteína funcional (alelos nulos), las alteraciones puntuales pueden ser de tipo leve y también severo. En las figuras 2 y 3 se incluyen las alteraciones frecuentes y el efecto funcional que producen. La forma clínica que asocian, como hemos señalado, vendrá definida por la funcionalidad de la combinación de los alelos paterno y materno (Fig. 3).

figura

Figura 3. Correlación genotipo/fenotipo en la HSC-21OHD. Se trata de una entidad recesiva, cuya manifestación clínica depende del resultado de la afectación de la funcionalidad conjunta de ambos alelos, paterno y materno. Las variantes que causan actividad enzimática nula o mínima en ambos alelos, en homocigosidad o en heterocigosidad compuesta (alteraciones distintas), dan como resultado formas perdedoras de sal (PS); las variantes nulas en heterocigosidad compuesta con alteraciones que permiten una cierta actividad residual o la homocigosidad de estas últimas dan como resultado formas virilizantes simples (VS). Las formas no clásicas (NC) se deben a variantes leves en homocigosidad (la misma alteración en ambos alelos) o a una heterocigosidad compuesta, pudiendo ser una grave y otra leve, o ambas leves.

Las alteraciones puntuales que dan lugar a un codón de parada (nonsense) o aquellas de cambio de aminoácido (missense) que afectan funciones enzimáticas críticas, como el centro activo, dan como resultado una pérdida completa de funcionalidad y son, por tanto, alteraciones graves o severas que se asocian con formas PS. Los cambios de aminoácido que afectan al anclaje de la membrana, la unión del hemo o alteran la estabilidad de la enzima, son algo menos graves. En pacientes con la forma VS encontramos, en uno o ambos alelos, alteraciones de cambio de aminoácido cuya proteína codificada mantiene una pequeña actividad residual (1-2 %), que es suficiente para evitar la pérdida salina, pero no suficiente para frenar la producción de andrógenos. En CYP21A2 se encuentran representados todos los tipos de cambios puntuales (Fig. 2): cambio de aminoácido, codón de parada, desplazamiento de la fase de lectura y alteraciones que afectan al procesamiento (splicing) del mRNA. De hecho, la alteración más frecuente en las formas graves es la c.293-13C>G, un cambio en el intrón 2 que genera un sitio de procesamiento anómalo 13pb por delante del habitual, que da lugar a un codón de parada posterior que inactiva la funcionalidad del alelo que la porta. Como puede haber cierto procesamiento alternativo normal (ya que no se ve afectada la base normalmente implicada en el procesamiento), puede, en ocasiones, asociarse a formas VS, aunque generalmente se manifiesta en la forma más grave, la PS.

Es importante no olvidar que las conversiones pueden afectar a variantes consecutivas, en ese caso las alteraciones se encontrarán en el mismo gen/alelo (o como se denomina en la jerga genética en cis). En cualquier enfermedad recesiva, resulta necesario establecer que las alteraciones detectadas están “segregadas” (separadas en los alelos paterno y materno, en trans) y ello resulta más que imprescindible en el genotipado CYP21A2, ya que no es improbable que las alteraciones puedan encontrarse en el mismo alelo (en cis), si se hubieran producido en el mismo evento de conversión génica. Siempre que sea posible, la segregación debe ser documentada en los progenitores. Este estudio permitirá, además, establecer la situación de portadores en los progenitores, lo que también es necesario en HSC-21OHD, dado que un 1 % de los alelos 21OH-deficientes podrían haberse originado de novo, por lo que la alteración no estará presente como tal en uno de los progenitores (no son “portadores obligados”). Las alteraciones de novo se generan por los mecanismos habituales de CYP21A2 mencionados y son, por tanto, las mismas que las habituales y se detectarán en los cribados básicos de alteraciones frecuentes.

Además de las alteraciones recurrentes preexistentes en el pseudogén, existen en CYP21A2 alteraciones denominadas “nuevas” o “raras” (no deben confundirse con las alteraciones de novo que acabamos de mencionar) que se heredan del progenitor portador, pero no se originan por conversión. Estas alteraciones “nuevas” son más infrecuentes y no se conocen todavía en muchas de ellas su efecto funcional. Las variantes patogénicas de cambio de aminoácido requieren estudios funcionales para ser clasificadas y se documenta su patogenicidad cuando se validan clínicamente, al ser detectadas en múltiples pacientes no relacionados.

Hasta la fecha, se han informado más de 1.300 variantes de CYP21A2 en todas las especies, de las que solo 230 podrían tener interés en humanos. Un pequeño porcentaje de estas cubre prácticamente la totalidad de los alelos graves, completando ese 5-7 % de alelos severos que no presentan las alteraciones recurrentes. Otras de estas variantes son leves y en ellas está siendo más difícil validar su causalidad, especialmente en aquellas que afectan a regiones reguladoras. Estas variantes leves tendrían menos impacto para la prevención de las formas graves y el asesoramiento genético. La gran mayoría de las variantes son inocuas (polimorfismos), algunos de ellos son muy infrecuentes, y no por ello deben ser interpretados como alteraciones causales. Algunas variantes inicialmente descritas como patogénicas han sido posteriormente reclasificadas como “benignas”, lo que pone de manifiesto la dificultad de clasificar las variantes nuevas detectadas(7).

Es esencial no olvidar que los datos genotípicos solo podrán orientar las decisiones clínicas si se basan en alteraciones cuyos efectos fenotípicos (clínica) hayan sido validados en series amplias de pacientes.

Complejidad de los alelos CYP21A2. Requerimiento de análisis experto

Algunas de las variantes puntuales CYP21A2 se encuentran en alelos complejos que deben ser caracterizados de forma completa para asignar correctamente su gravedad(6). Una caracterización incompleta de los alelos puede originar falsos positivos y negativos, interpretando como graves alelos leves y viceversa. Algunas de las discordancias entre genotipo y fenotipo que se describieron, sabemos hoy que eran debidas a estudios incompletos o inexpertos, y hoy pueden y deben ser evitadas. Como ejemplos que no son infrecuentes en nuestro medio, citaremos: la variante leve puntual c.92C>T (p.Pro31Leu) que se encuentra en formas NC, pero, en ocasiones, da formas VS cuando asocia una conversión en la región 5´(6-8) y se encuentra en heterocigosis compuesta con una alteración grave; la alteración puntual c.955C>T (p.Gln319*) que es grave y se asocia con las formas PS, pero, en ocasiones, se encuentra en alelos que presentan un gen duplicado, siendo uno de estos genes funcional y, por lo tanto, no asociando la deficiencia(4). Otro ejemplo de interés que hemos detectado, en nuestro medio, son algunos pacientes con formas graves PS que en uno de sus alelos tienen la variante c.844G>T (p.Val282Leu), que como tal alteración puntual sería leve, pero que asociaba en todos ellos una variante intrónica rara c.292+5G>A que es grave, variante que también incorporamos en el cribado básico(21), porque modifica drásticamente la severidad de los alelos c.844G>T (p.Val282Leu), muy frecuentes en el área mediterránea. Resulta imprescindible un análisis completo que, además, debe garantizar la amplificación específica y eficiente del gen funcional y una definición precisa de las quimeras pseudogén-gen y de los genes duplicados. El caso clínico que se presenta es un buen ejemplo de la importancia de la caracterización completa en CYP21A2(22).

Correlación genotipo-fenotipo. Formas clínicas graves (clásicas) y leves (no clásicas)

Existe una relación directa entre el genotipo y la gravedad de la manifestación clínica (fenotipo). En el 90-95 % de los casos(6-9), el fenotipo esperado a partir del genotipo detectado se corresponde con la forma clínica que presenta el paciente. El fenotipo esperado viene definido por el alelo cuya alteración permite conservar la mayor actividad enzimática (Fig. 3).

En general, la gravedad de la enfermedad en la infancia se puede predecir con precisión, mediante los genotipos que darán lugar a las formas más graves (PS) y más leves (NC). Se observa cierta variabilidad en el fenotipo intermedio, VS(8,9), que siempre será más evidente en el sexo femenino. Las variantes patogénicas, como c.293-13C>G (antes denominada i2G, intron2) que afecta al procesamiento del ARNm o las variantes que mantienen una pequeña actividad residual c.518T>A (p.Ile173Asn) y c.1280G>A (p.Arg427His), pueden dar como resultado grados variables de actividad de la 21-hidroxilasa. Los fenotipos clínicos en pacientes con alteraciones leves en ambos alelos son siempre leves. En el caso de variantes leves en heterocigosis compuesta con alteraciones graves, la clínica es primordialmente leve, aunque la presencia de la variante grave puede, en ocasiones, condicionar un fenotipo algo más grave(7,9) y, desde luego, siempre tendrá que ser considerada en el asesoramiento genético.

Como algunos autores han puesto de manifiesto, el genotipado CYP21A2 es relevante para el manejo clínico de los pacientes(5,18), muy especialmente en la etapa neonatal, ya que en esta etapa las interferencias analíticas que presentan los inmunoensayos directos son importantes(13) y las situaciones de prematuridad, infección y estrés, modifican los niveles de los metabolitos adrenales (marcadores bioquímicos de las deficiencias).

Portadores e hiperandrogenismo “funcional”

Aunque la enfermedad es recesiva, tanto en sus formas graves como leves, los portadores (alteración en uno de los alelos) muestran respuesta moderadamente elevada de 17OHP a la estimulación con ACTH (v. apartado: “Marcador bioquímico [17OHP] vs. genotipo CYP21A2. Ventajas e inconvenientes”) y pueden, en ocasiones, presentar hiperandrogenismo. El genotipado de los pacientes ha contribuido a definir mejor la forma no clásica y es imprescindible para garantizar la detección de alelos graves en estos pacientes(6).

Asesoramiento genético. Detección de portadores: familiares y población general

La alta frecuencia de portadores en población general, evidencia la importante contribución que hace el genotipado al proporcionar información valiosa en la prevención y el manejo de la enfermedad.

En la HSC-21OHD, al igual que ocurre con la fibrosis quística, otra enfermedad recesiva grave pero no infrecuente, no solo los familiares de casos afectos, sino también la población general debe considerarse en el estudio de portadores, ya que en el caso de la HSC-21OHD, 1:55 presentan alteraciones graves y se benefician de un adecuado asesoramiento genético. Dada la elevada frecuencia de portadores en población general, los afectos de la deficiencia y los individuos que hayan sido documentados como portadores de alteración grave (familiares, pacientes con hiperandrogenismo), se encuentran en riesgo de concebir un hijo/a afecto de la forma clásica grave. Como veremos a continuación, en la detección de portadores pueden también emplearse marcadores bioquímicos, pero con ciertas limitaciones. De cualquier manera, es el estudio genotípico el que define la situación de portador, discriminando además si la alteración es grave o leve, lo que es esencial para el asesoramiento genético.

Marcador bioquímico (17OHP) vs. genotipo CYP21A2. Ventajas e inconvenientes

El diagnóstico de la HSC-21OHD se apoya en la determinación del esteroide 17-OHP, no obstante, el genotipado CYP21A2 contribuye también como herramienta diagnóstica, debido a su independencia de la fisiología y su fuerte relación con la gravedad clínica.

El principal biomarcador para el diagnóstico de la HSC-21OHD es la 17β-hidroxiprogesterona (17OHP)(13).
En el déficit clásico de 21OH, la 17-OHP basal está muy elevada y se encuentra muy por encima de 20 ng/ml a las 48 horas de vida (se alcanzan valores superiores a 30-100 ng/ml). La 17OHP es el marcador empleado en el cribado neonatal. Los recién nacidos con estrés o los prematuros pueden tener valores de 17-OHP >20 ng/ml y, si además existe clínica inespecífica (hipoglucemia, aparente hiperpotasemia, clitoromegalia, hiperpigmentación genital), sospechar de HSC-21OHD. En el periodo neonatal, los inmunoanálisis directos de esteroides, habitualmente empleados, incluso en los hospitales terciarios, muestran interferencias analíticas y pueden ocasionar elevaciones falsas de 17OHP en niños sanos y valores «normales» o incluso elevaciones de aldosterona en recién nacidos con pérdida salina(11). En la etapa pediátrica y adulta, el marcador bioquímico de la enfermedad no presenta interferencias y es sensible y específico para el diagnóstico de las formas no clásicas o tardías, pero, a diferencia del genotipo, no identifica los heterocigotos compuestos con alteración severa (que requieren asesoramiento genético).

La 17OHP basal permite la detección de afectos, aunque no es sensible para la detección de portadores. La prueba dinámica tras la estimulación con ACTH mejora la especificidad en la detección de afectos y puede detectar un 50-70 % de los portadores, aunque sin discriminar si estos son portadores de mutación leve o grave. Resulta más sensible para la detección de portadores un metabolito intermedio, el 21-deoxicortisol(2), para el que actualmente no se dispone de kit comercial, pero puede documentarse en el análisis con tándem-masas; aunque esta metodología no está todavía implementada de forma rutinaria es de esperar que, al menos, en los hospitales terciarios se encuentre disponible en breve. Entretanto, han de ser los estudios genotípicos los empleados y, de cualquier manera, los portadores detectados bioquímicamente tendrían que ser genotipados para establecer cuál es la alteración CYP21A2 y si es grave o leve.

En lo que se refiere al diagnóstico diferencial de los distintos déficits enzimáticos, el dato bioquímico es el que define el nivel del bloqueo enzimático, pero sin olvidar que la determinación directa en las muestras perinatales presenta interferencias. Es importante resaltar que, un fallo en el diagnóstico diferencial puede tener consecuencias en el seguimiento clínico y en el consejo genético de los pacientes. Por ello, los casos sospechosos e incluso los confirmados bioquímicamente deben ser genotipados para caracterizar las variantes patogénicas que confirman el diagnóstico y permitirán delinear estrategias terapéuticas personalizadas y permitir un correcto asesoramiento genético.

Aunque la 17-OHP es el marcador metabólico de la deficiencia, el genotipado de CYP21A2 contribuye como una herramienta de diagnóstico debido a su independencia de la fisiología y su fuerte relación con la gravedad clínica, por lo que proporciona información de pronóstico sobre la gravedad de la enfermedad. Además, la alta frecuencia de portadores y la fertilidad deteriorada recurrente en estos pacientes, evidencian aún más la importante contribución que hace el genotipado. Los estudios moleculares proporcionan información valiosa en la prevención y contribuyen a un mejor manejo de la enfermedad.

No deben olvidarse las dificultades inherentes a la alta complejidad del locus, lo que hace esencial la realización del genotipado de CYP21A2 bajo la supervisión de personal experto en la materia(6,7). La secuenciación masiva en sus formatos comerciales no es hoy un abordaje de elección para el estudio CYP21A2, dado que este complejo locus génico no se adapta bien a las nuevas tecnologías de secuenciación multigénica (paneles), que en los últimos años han pasado a sustituir a los abordajes monogénicos por su alto rendimiento, pero que resultan muy difíciles de optimizar en locus tan complejos como el que nos ocupa. Las plataformas masivas actuales no están validadas para caracterizar pares de genes-pseudogenes y tienen la limitación de basarse en amplificaciones por PCR y alinear de forma única lecturas cortas que pueden no incluir regiones específicas del gen. Como consecuencia, todavía no son la opción de primera opción para el genotipado de CYP21A2. Sin embargo, el uso de plataformas de tercera generación basadas en la secuenciación directa de largas cadenas de ADN sin amplificación previa parece prometedor.

Aportaciones del conocimiento de la base molecular de la HSC-21OHD

Este apartado señala la contribución del conocimiento del genotipo CYP21A2 en el contexto clínico de la HSC-21OHD y, de una forma más general, los aspectos particulares de la base molecular de esta entidad que son aplicables en otras entidades para las que los hallazgos genotípicos son ya de obligado manejo en la práctica clínica.

Orientadas a la utilidad clínica en el diagnóstico de la HSC

Confirmación del diagnóstico en la sospecha clínica neonatal

Dadas las limitaciones del marcador bioquímico, determinado mediante los inmunoanálisis directos habituales en el periodo neonatal, el genotipado resulta de elección para confirmar e incluso descartar la sospecha clínica.

Clasificación clínica postcribado neonatal

Para la enfermedad detectada en cribado neonatal, la forma clínica VS es críptica en varones. Las formas NC no se manifiestan neonatalmente, pero pueden, en ocasiones, generar positivos en el cribado neonatal. En estos casos, el genotipo será muy relevante.

Sospecha ecográfica

La sensibilidad y precisión de las técnicas de imagen actuales ha incrementado esta sospecha al detectar genitales ambiguos. De nuevo, el genotipo podrá ayudar a confirmar/descartar el diagnóstico.

Diagnóstico prenatal, preimplantacional, tratamiento prenatal

El tratamiento prenatal, aunque ha demostrado su eficacia para corregir la masculinización de genitales externos, sigue siendo experimental y requiere consentimiento, ya que debe instaurarse antes de conocer la situación de afecto del feto, y solo los femeninos se benefician del mismo. Debe apoyarse en el genotipado para conocer la situación fetal, al igual que el diagnóstico preimplantacional o el ADN fetal circulante (en estos casos, el análisis del locus es indirecto, dirigido por el genotipo del caso índice determinado por análisis directo de las alteraciones del gen).

Detección de portadores y asesoramiento genético

Aporta sensibilidad y poder discriminatorio de graves y leves. Importante considerar el riesgo en parejas de afectos y portadores en población general.

De carácter general relativas a los estudios genéticos

Confirmar/descartar/clasificar postcribado neonatal

Los estudios genotípicos pueden ser empleados para confirmar y también descartar falsos positivos del cribado neonatal. Será imprescindible que, en el gen o los genes analizados, se haya establecido la causalidad, que las alteraciones analizadas cubran, al menos, el 95 % de las alteraciones causales y que para las variantes analizadas esté bien establecida la patogenicidad (validadas clínicamente).

Diagnóstico prenatal, preimplantacional y sospecha ecográfica

Los estudios genotípicos son la herramienta de elección para este tipo de muestras en que la enfermedad no se ha desarrollado y no se dispone de otros marcadores bioquímicos o de imagen (o estos son muy inespecíficos), pero es imprescindible dirigir el estudio al gen (en la sospecha ecográfica, gen o genes precisos) y alteraciones cuya causalidad está bien documentada (nunca variantes inciertas).

Enfermedades monogénicas y poligénicas o multifactoriales

En la actualidad, aunque la metodología permita estudios multigénicos (lo que ha abierto la posibilidad de investigar sobre la base poligénica de entidades de mayor impacto clínico), el diagnóstico molecular solo puede ser aplicado en enfermedades monogénicas (un solo gen desencadenante). En ocasiones, aun siendo monogénica, puede haber diversos genes que pueden causarla (heterogeneidad genética) y, en estos casos, se ha facilitado enormemente el diagnóstico al poder abordar todos los genes implicados de forma simultánea. Si un solo gen es el causante mayoritario, es conveniente comenzar el estudio por dicho gen (p. ej.: HSC-CYP21A2, fibrosis quística-CFTR, acondroplasia-FGFR3).

Alteraciones puntuales y deleciones (dosis génica)

Las técnicas de secuenciación, tanto monogénica (Sanger) como masiva (NGS), no están diseñadas para detectar deleciones. Cuando una entidad clínica no solo es causada por alteraciones puntuales, y deben analizarse también deleciones o duplicaciones, son necesarios estudios de dosis génica (en la actualidad la técnica de elección es MLPA). Las nuevas técnicas de tercera generación permitirán, debidamente validadas, cubrir ambos tipos de alteraciones.

Función del pediatra en Atención Primaria

Los médicos de Atención Primaria deben conocer las diversas formas de presentación clínica de la HSC, el modo de sospecharlas y derivarlas a tiempo. La Guía para pacientes y familiares(23) puede ayudar a facilitar la información genética. Ante la sospecha clínica, y según la forma de presentación y gravedad que tengan, la derivación será al Servicio de Urgencias, para estabilización y estudio (pérdida salina) o al Servicio de Endocrinología Pediátrica, para estudio ambulatorio.

Pediatra de Primaria en guardia de Urgencias de Hospital

• Paciente con pérdida salina, con o sin diagnóstico.

• Paciente reclamado desde cribado neonatal.

• Paciente con signos inespecíficos (hipoglucemia, hiperpotasemia [hemólisis], hiperpigmentación, clitoromegalia) y 17OHP elevada.

Consulta clínica

• Discriminar si la situación del caso es “tranquilizadora” o “preocupante”.

• Discriminar signos clínicos leves o importantes.

• Discriminar si se trata de una forma leve o una forma clásica en un varón (la forma clásica en la niña ya ha sido probablemente diagnosticada).

• Si se encuentra ante una forma leve, saber discriminar entre hiperandrogenismo en un portador (contexto poligénico) o la forma recesiva NC.

• Orientar el caso hacia el Servicio de Endocrinología o hacia el Genetista.

• Trasmitir la necesidad de asesoramiento genético.

• Saber plantear que es una entidad frecuente, con una alta frecuencia de portadores, que solo las alteraciones graves pueden dar lugar a descendencia en riesgo de la forma grave neonatal, que las alteraciones leves son extremadamente frecuentes en nuestro medio.

• Conocer los materiales de apoyo disponibles para pacientes y familiares.

Consulta del dato genético

• Conocer los datos familiares previos, clínicos, genéticos o bioquímicos.

• Trasmitir la necesidad de asesoramiento genético.

Consulta del dato bioquímico

Conocer el dato bioquímico del cribado neonatal.

• Conocer que puede haber elevaciones 17OHP por estrés, prematuridad o, incluso, por interferencia analítica que no indican que exista 21OHD.

• Discriminar si la situación es “tranquilizadora” o “preocupante”.

• Los déficits raros van a ser diagnosticados y seguidos por Endocrinología.

Conclusiones

El genotipado CYP21A2 proporciona un diagnóstico causal de la HSC muy informativo y libre de influencias fisiológicas; es el único que discrimina los alelos graves, también en las formas clínicas leves y permite, desde la etapa neonatal, confirmar/descartar y clasificar la enfermedad.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Visión general y práctica de la fisiopatología y manejo de la hiperplasia suprarrenal congénita, proporcionando conocimientos actuales sobre la hiperplasia suprarrenal congénita, con especial atención a los nuevos desarrollos de diagnóstico y tratamiento.

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Estudio que incluye pacientes con hiperplasia suprarrenal congénita para el análisis de los efectos clínicos en pacientes afectados a largo plazo en las diferentes formas clínicas de la enfermedad.

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En este artículo, se describen, de forma práctica, aspectos sobre el diagnóstico molecular de la 21OHD, abordando las complejidades asociadas y cómo el genotipado constituye una herramienta útil y fundamental en el manejo de la enfermedad.

– Forest MG, Tardy V, Nicolino M, David M, Morel Y. 21-Hydroxylase Deficiency: An Exemplary Model of the Contribution of Molecular Biology in the Understanding and Management of the Disease. Ann Endocrinol. 2005; 66: 225-32. Disponible en: https://doi.org/10.1016/s0003-4266(05)81754-8.

Este artículo aborda los aspectos moleculares de la enfermedad, facilitando su comprensión y manejo en la detección de portadores y diagnóstico prenatal.

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Con amplia experiencia, los autores describen la importancia de un diagnóstico molecular preciso y experto en la detección de portadores y en el diagnóstico prenatal por presencias de duplicaciones genéticas en el gen causal de la 21OHD.

– Richards S, Aziz N, Bale S, Bick D, Das S, Gastier-Foster J, et al. Standards and guidelines for the interpretation of sequence variants: a joint consensus recommendation of the American College of Medical Genetics and Genomics and the Association for Molecular Pathology. Genet Med. 2015; 17: 405-24. Disponible en: https://doi.org/10.1038/gim.2015.30.

Recomendaciones de consenso del Colegio Estadounidense de Genética Médica y Genómica y la Asociación de Patología Molecular, que abordan los estándares y las pautas para la interpretación de variantes genéticas.

 

Caso clínico

 

Aunque la insuficiencia suprarrenal en una neonata virilizada es primordialmente debida a 21OHD, no deben olvidarse otros escenarios. El diagnóstico diferencial 21OHD vs. 11OHD resulta esencial para definir el tratamiento: mientras que en el primer caso el mineralocorticoide contribuirá a un mejor control, en el segundo puede aumentar la hipertensión que este déficit puede desencadenar. A continuación, presentamos el caso de una recién nacida con virilización de genitales externos cuyo genotipado ayudó en su manejo clínico, y en el que se evidencia la necesidad de un análisis experto del gen CYP21A2(22).

Se trata de una recién nacida con importante virilización de los genitales externos (Prader 5): micropene delgado, criptorquidia bilateral y bolsas escrotales hiperpigmentadas. Aunque en las tres ecografías realizadas durante el embarazo no se habían detectado alteraciones, se objetivaron al nacer órganos internos reproductores femeninos. Datos bioquímicos basales en suero: 17OHP: 17,31 nmol/L; cortisol: 3,4 µg/dL; testosterona: 14,60 ng/mL; DHEA-S: 5,57 µg/mL; androstendiona: >10 ng/mL; aldosterona: 982 pg/mL. Se inició, de forma inmediata, tratamiento con hidrocortisona (15,8 mg/m2/día)
y fludrocortisona (0,05 mg/12 h). Se realizaron pruebas citogenéticas, QF-PCR (Reacción en Cadena de Polimerasa Cuantitativa Fluorescente) y cariotipo en sangre periférica, que confirmaron el sexo genético de la paciente; y se solicitó análisis del gen CYP21A2 ante la sospecha de HSC.

La secuenciación del gen CYP21A2 resultaba aparentemente “positiva”, aunque sugestiva de una falta de relación genotipo/fenotipo. Se detectaban cambios en ambos alelos, materno y paterno (Fig. 4): la variante leve c.844G>T (p.Val282Leu) y la alteración severa c.955C>T (p.Gln319*), respectivamente. El estudio complementario de dosis génica, necesario para la correcta caracterización del alelo paterno mostró un patrón indicativo de duplicación del gen funcional. La alteración puntual c.955C>T (p.Gln319*) es de tipo severo (codón de parada), pero también puede encontrarse en alelos con duplicación del gen que no asocian la deficiencia 21-OH que, además, no son infrecuentes en la población general(4). Por tanto, el genotipo CYP21A2 detectado descartaba que se tratara de una HSC-21OHD clásica. Dado que el resto de déficits ya son extremadamente infrecuentes, consultamos sobre la posible existencia de consanguinidad que nos fue confirmada.

Decidimos analizar CYP11B1, segundo gen causante de HSC. Los resultados revelan una alteración de desplazamiento de la fase de lectura no descrita, c.50_51delins (p.Ser17*) que origina codón de parada, en homocigosis (Fig. 4).

figura

Figura 4. Pedigríes obtenidos tras el estudio molecular de los genes CYP21A2 y CYP11B1. Localización cromosómica de CYP21A2 y CYP11B1 (A). Segregación de las alteraciones detectadas en la paciente y progenitores en los genes CYP21A2 (B) y CYP11B1 (C). El color negro indica alteraciones graves, negro punteado alteración “aparentemente” grave, y gris, variante frecuente leve. Fuente: Llorente y Ezquieta(22).

El estudio de los ADNs parentales revela que ambos progenitores son portadores de la alteración. Aunque esta alteración concreta no ha sido descrita, sí se encuentran recogidas en las bases de datos otras alteraciones similares asociadas a 11OHD. Este tipo de cambios dan lugar a proteínas truncadas y son consideradas patogénicas en enfermedades recesivas como la HSC(19). Por tanto, el genotipo CYP11B1 detectado sí resulta causal del fenotipo de la paciente, confirmando el diagnóstico de HSC-11OHD, lo que llevó a suspender el tratamiento con fludrocortisona.

 

Síndrome de Noonan y otras RASopatías

A. Carcavilla Urquí
Temas de FC


A. Carcavilla Urquí

Coordinador de la Unidad Multidisciplinar de Rasopatías. Servicio de Endocrinología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid

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Autor para correspondencia

atilano.carcavilla@salud.madrid.org

Resumen

Las RASopatías comprenden un grupo de trastornos clínicamente solapados causados por variantes genéticas que afectan a componentes de la cascada de señalización intracelular de las RAS-MAPKinasas. Aunque varios de estos trastornos son muy infrecuentes, juntos representan uno de los mayores grupos de síndromes con afectación multiorgánica conocidos. El síndrome de Noonan es el más frecuente de todos, y constituye una RASopatía prototípica de la que el resto de RASopatías, como el síndrome cardiofaciocutáneo, el síndrome de Costello, o el síndrome de Noonan con lentiginosis múltiple, se diferencian tanto clínica como genéticamente. Aunque el diagnóstico es clínico, el estudio molecular es una herramienta inestimable en el diagnóstico y evaluación pronóstica. El tratamiento en el síndrome de Noonan es fundamentalmente sintomático, ya que no existen tratamientos etiológicos disponibles; sin embargo, el conocimiento de la base molecular de estos trastornos abre la vía para la investigación de tratamientos dirigidos a la raíz de este grupo de enfermedades.

 

Abstract

RASopathies comprise a group of clinically overlapping disorders caused by genetic variations affecting components of the RAS-MAPKinases intracellular signaling cascade. Although several of these disorders are very rare, together they represent one of the largest known groups of syndromes with multiorgan involvement. Noonan syndrome is the most frequent of all, and constitutes a prototypical RASopathy from which the other RASopathies, such as cardiofaciocutaneous syndrome, Costello syndrome, or Noonan syndrome with multiple lentiginosis, differ both clinically and genetically. Although the diagnosis is clinical, the molecular study is an invaluable tool in the diagnosis and prognostic evaluation. Treatment in Noonan syndrome is primarily symptomatic, as there are no etiologic treatments available; however, knowledge of the molecular basis of these disorders opens the way for research into treatments directed at the root cause of the associated problems.

 

Palabras clave: Síndrome de Noonan; Síndrome cardiofaciocutáneo; Síndrome de Costello; Vía RAS/MAPK.

Key words: Noonan syndrome; Cardiofaciocutaneous syndrome; Costello syndrome; RAS/MAPK pathway.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 319 – 325

 


OBJETIVOS

• Conocer la base fisiopatológica común al grupo de las RASopatías.

• Identificar las manifestaciones clínicas características del síndrome de Noonan.

• Conocer los criterios clínicos que permiten diagnosticar el síndrome de Noonan, así como sus causas genéticas y los elementos de correlación genotipo-fenotipo.

• Conocer las particularidades clínicas y moleculares que distinguen a cada una de las RASopatías del síndrome de Noonan, así como el diagnóstico diferencial con otras entidades.

• Familiarizarse con los tratamientos disponibles en el síndrome de Noonan y las recomendaciones de seguimiento actuales.

 

Síndrome de Noonan y otras RASopatías

Introducción

El síndrome de Noonan y las RASopatías son trastornos genéticos con solapamiento clínico debidos a alteraciones en la regulación de la vía de las RAS-MAPKinasas.

El síndrome de Noonan es un trastorno multisistémico de origen genético y herencia autosómica dominante. Caracterizado por la tríada de fenotipo facial característico, cardiopatía congénita y talla baja; puede presentar además, en grado variable, problemas de alimentación, anomalías linfáticas, manifestaciones musculoesqueléticas, anomalías genitourinarias, trastornos del neurodesarrollo, tendencia al sangrado y predisposición a neoplasias, entre otras manifestaciones(1). En las últimas décadas se ha producido un desarrollo notable del conocimiento de su causa genética y su sustrato bioquímico, que reside en una alteración en la regulación de la vía de señalización intracelular de las RAS-MAPKinasas(2). Se han descrito diversos síndromes ­solapados clínicamente con el síndrome de Noonan, como el síndrome cardiofaciocutáneo, el síndrome de Costello, el síndrome de Noonan con lentiginosis múltiple (anteriormente denominado síndrome LEOPARD) o el síndrome de Noonan-like con cabello anágeno suelto, los cuáles se deben también a alteraciones en la regulación de la vía de las RAS-MAPKinasas; por ese motivo, se ha denominado colectivamente a ese grupo de síndromes RASopatías(2). La neurofibromatosis tipo 1 también se debe a una alteración de la regulación de las MAPKinasas, y es considerada igualmente una RASopatía.

Epidemiología

El síndrome de Noonan tiene una incidencia estimada de 1:1.000-2.500, y la neurofibromatosis tipo 1 de 1:2.500-3.000, mientras que el resto de RASopatías son bastante menos frecuentes.

El síndrome de Noonan es un trastorno relativamente frecuente, con una incidencia que se estima en uno por cada 1.000 a 2.500 recién nacidos vivos. Sin embargo, su incidencia real es desconocida y, dada su extrema variabilidad clínica, puede pasar sin diagnosticar, tanto en casos leves(3) como en casos de letalidad neonatal(4).

La neurofibromatosis tipo 1 tiene una incidencia estimada de 1 de cada 2.500-3.000, y el resto de RASopatías son mucho menos frecuentes, con incidencias estimadas de 1 de cada 100.000 para el síndrome de Noonan con lentiginosis múltiple(1), 1 de cada 800.000 para el síndrome cardiofaciocutáneo, y 1 de cada 1.290.000 para el síndrome de Costello(5). El síndrome de Noonan es la segunda causa más frecuente de cardiopatía congénita sindrómica y, consideradas en conjunto, las rasopatías son uno de los trastornos del desarrollo más frecuentes, con una incidencia acumulada de 1 de cada 1.000 recién nacidos.

Etiología y fisiopatología

Las RASopatías comparten una patogénesis molecular común, en la que las variantes genéticas afectan a componentes o moduladores de la cascada de las RAS-MAPKinasas, lo que conduce a un aumento del flujo de señal a través de esta vía.

En el año 2001 se identificó el primer gen relacionado con el síndrome de Noonan mediante una técnica de búsqueda de candidatos por posicionamiento: PTPN11. En este estudio, los autores identificaron que las variantes en PTPN11 eran la causa del síndrome de Noonan en cerca de un 50 % de los pacientes(6). PTPN11 codifica para SHP2, una protein-tirosín-fosfatasa involucrada en la vía de las RAS-MAPKinasas, una vía de señalización intracelular implicada en múltiples procesos celulares. Las mutaciones en PTPN11, de ganancia de función, producen un aumento de la actividad de SHP2, que en último término conducen a una hiperactivación de la vía RAS. A partir de este hallazgo, comenzó una etapa de búsqueda de genes mediante búsqueda de candidatos funcionales, que progresivamente involucró a otros genes de la vía de las RAS-MAPkinasas en la etiología del síndrome de Noonan y las otras RASopatías. En los últimos 10 años, el desarrollo de técnicas de secuenciación genómica ha permitido la búsqueda “libre de hipótesis” de nuevos genes. Como consecuencia de estos desarrollos, en la actualidad, se han descrito más de 20 genes asociados a las RASopatías. De cualquier manera, la heterogeneidad de locus para algunos síndromes, junto con la heterogeneidad de alelo de otros, hace la clasificación de las RASopatías más compleja(2).

Dada la expansión de las técnicas de secuenciación genómica y el número creciente de genes documentados en las RASopatías, es imperativo contar con estrategias para validar estos hallazgos. En esa línea, el panel de expertos en rasopatías de la Clinical Genome Resource (ClinGen), fundada por los National Institutes of Health, ha publicado una revisión de 19 genes implicados en rasopatías, que aporta una clasificación de la fuerza de la evidencia clínica y experimental entre los distintos genes y los fenotipos a los que se han asociado(7). Se han descrito múltiples ejemplos de correlación genotipo-fenotipo en el síndrome de Noonan, si bien ninguno de ellos se presenta de manera uniforme e invariable. La tabla I resume algunas de las asociaciones más aceptadas.

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Clínica

El síndrome de Noonan tiene manifestaciones multisistémicas dominadas por la talla baja, la cardiopatía congénita y la facies típica, con alta variabilidad en su expresión.

El síndrome de Noonan se caracteriza por una afectación multisistémica con alta heterogeneidad y expresión clínica variable(8). Existen casos muy leves u oligosintomáticos, que pueden no ser diagnosticados a lo largo de su vida. De herencia autosómica dominante en la abrumadora mayoría de los casos, en los últimos años se ha descrito que algunas variantes de LZTR1 se asocian a herencia recesiva (mientras que otras variantes en este gen dan lugar a fenotipo con la afectación de un solo alelo)(9), y que las variantes en SPRED2 causan una forma autosómica recesiva de síndrome de Noonan(10). El síndrome de Noonan puede considerarse la RASopatía prototípica, y el resto de RASopatías tienen particularidades que permiten distinguirlas. Sin embargo, no existe una manifestación patognomónica de un síndrome, y ninguna manifestación se da en todos los individuos.

El aspecto craneofacial muestra rasgos similares en todas las RASopatías, y es un elemento esencial para la sospecha diagnóstica. Entre otros, destacan: hipertelorismo, ptosis palpebral, oblicuidad palpebral descendente, orejas de implantación baja y antevertidas, cuello ancho y corto con piel redundante en el recién nacido, línea de implantación posterior del cabello baja, facies triangular y diferentes grados de tosquedad facial. Característicamente, el fenotipo facial se va atenuando con la edad(11).

La cardiopatía congénita está presente en cerca de un 80 % de los pacientes, con la estenosis pulmonar valvular y la miocardiopatía hipertrófica como las alteraciones más frecuentes. En tercer lugar están los defectos septales, pero se han descrito todo tipo de cardiopatías, aisladas o combinadas, con un grado de gravedad muy variable(12).

El tamaño al nacimiento es habitualmente normal, con un hipocrecimiento postnatal acusado durante los primeros dos años de vida, en los que es común que se produzca un fallo de medro relacionado con dificultades para la alimentación. Hasta un 20 % de los pacientes pueden precisar sonda nasogástrica o gastrostomía por estos problemas, que tienden a mejorar para el segundo año de vida. El crecimiento posterior se sitúa habitualmente en el percentil 3 con retraso de la edad ósea, y con un estirón puberal tardío y pobre que conduce a una talla por debajo del percentil 3 en un 20-50 % de los adultos(13).

Entre las manifestaciones musculoesqueléticas destacan las anomalías torácicas (pectus excavatum, pectus carinatum, tórax en tonel, teletelia), así como cúbito valgo, genu valgo, escoliosis e hiperextensibilidad articular. Las manifestaciones linfáticas pueden ser más frecuentes de lo que se consideraba clásicamente, y representan la manifestación fetal más frecuente en el síndrome de Noonan, con casos de translucencia nucal aumentada, higroma quístico, quilotórax fetal e hídrops no inmune. Estos y otros hallazgos, como el polihidramnios, a pesar de su baja especificidad, pueden conducir al diagnóstico prenatal de síndrome de Noonan u otras RASopatías(3).

La criptorquidia está presente en cerca de un 60-80 % de los varones afectos, y la fertilidad está disminuida en los varones, mientras que parece estar conservada en las mujeres. Se han descrito también malformaciones renales, como doble sistema colector, riñón único, estenosis pieloureteral y dilatación de la pelvis renal.

El síndrome de Noonan tiene un aumento de riesgo de desarrollar tumores sólidos y síndromes mielodisplásicos que se estima en 8 veces el de la población general(14). Presentan, también, facilidad para hacerse hematomas y una tendencia al sangrado con casos infrecuentes de hemorragia grave. Se han descrito diversos trastornos de coagulación, así como disfunción plaquetaria, aunque a menudo no hay una correlación estrecha entre los resultados de las pruebas de coagulación y la tendencia al sangrado(15).

Mientras que el retraso psicomotor es frecuente, el desarrollo neurocognitivo suele ser favorable, con facultades intelectuales conservadas o solo levemente afectadas. El déficit de atención, las dificultades de aprendizaje y los problemas sociales y emocionales son más comunes que en la población general(16).

Además de las manifestaciones comentadas, el síndrome de Noonan presenta una serie de características adicionales de baja especificidad que ocurren con más frecuencia que en la población general, como estrabismo, defectos de refracción, hipoacusia de transmisión y neurosensorial, manchas café con leche y otras lesiones hiperpigmentadas en la piel, piel seca e hiperqueratosis folicular, y manifestaciones orodentales(3).

Diagnóstico

Aunque el diagnóstico del síndrome de Noonan es clínico, el estudio molecular es una herramienta inestimable en el estudio de pacientes con síndrome de Noonan y otras RASopatías.

A pesar del desarrollo de las técnicas de caracterización molecular, el diagnóstico del síndrome de Noonan sigue siendo clínico, y cerca de un 15-20 % de los pacientes con diagnóstico de síndrome de Noonan no tienen una causa genética identificada. Los criterios más uniformemente aceptados fueron descritos por Van der Burgt en 1994 y revisados en 2007(17) (Tabla II).

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De cualquier forma, el estudio molecular se ha convertido en una herramienta indispensable para la orientación diagnóstica de estos pacientes, para la confirmación molecular, como ayuda en el diagnóstico diferencial con el resto de RASopatías, para la guía anticipada basada en los elementos de correlación genotipo-fenotipo, y como ayuda en el estudio familiar(2). En líneas generales se recomienda la realización de un panel de secuenciación masiva que incluya, al menos, los genes implicados en las RASopatías. Menos frecuentemente, o en situaciones de duda, se puede optar por la realización de un exoma o un genoma. La realización de estudios gen a gen mediante secuenciación Sanger no se recomienda, ya que es más costosa y menos eficiente que el panel de genes. Es recomendable que el estudio genético sea orientado por un genetista clínico.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial incluye las otras RASopatías y otros síndromes no relacionados.

En el diagnóstico diferencial del síndrome de Noonan deben considerarse las otras rasopatías, incluida la neurofibromatosis tipo 1 (Tabla III), así como otros síndromes no relacionados con la vía RAS-MAPK, como el síndrome de Aarskog, el síndrome de Turner o el síndrome de Baraitser-Winter y la familia de las actinopatías.

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Tratamiento

El tratamiento en el síndrome de Noonan es fundamentalmente sintomático, ya que no existen tratamientos etiológicos disponibles; sin embargo, el conocimiento de la base molecular de estos trastornos abre la vía para la investigación de tratamientos dirigidos a la raíz de los problemas asociados: la vía de las RAS-MAPKinasas.

En el momento actual, las posibilidades de tratamiento en el síndrome de Noonan y otras RASopatías se limitan al tratamiento sintomático. Desde el año 2020 está aprobado en España, el tratamiento con hormona de crecimiento recombinante humana (rhGH) en el síndrome de Noonan con talla baja (menor de -2,5 DE), por encima de los 2 años de edad. A la hora de iniciar tratamiento con rhGH en el síndrome de Noonan, las deficiencias calóricas deben ser resueltas previamente, debe tenerse en cuenta la patología asociada (seguimiento estrecho de miocardiopatía hipertrófica; vigilancia de escoliosis) y el genotipo (riesgo de neoplasia y de miocardiopatía hipertrófica asociada a algunos genes/mutaciones específicas)(18). Algunos autores recomiendan la realización de una resonancia nuclear magnética cerebral antes de iniciar tratamiento, dado el riesgo de tumores sólidos en estos pacientes.

El conocimiento del sustrato molecular del síndrome de Noonan y otras RASopatías ha abierto el camino para la búsqueda de fármacos etiológicos, dirigidos a atenuar la actividad de la vía RAS-MAPK. Algunos de estos fármacos se emplean ya en cáncer, pero la frecuencia de efectos secundarios y los casos documentados de resistencia dificultan su extrapolación al campo de las rasopatías. Aun así, se han descrito experiencias aisladas favorables con trametinib en pacientes en situaciones clínicas desesperadas, y selumetinib ha sido aprobado por la FDA para el tratamiento de pacientes pediátricos con neurofibromas plexiformes inoperables. El avance en el diagnóstico genético, el desarrollo de modelos animales y el perfeccionamiento de nuevos fármacos, contribuyen al objetivo último de ofrecer alternativas terapéuticas significativas para los pacientes con RASopatías(19).

Prevención

La mayoría de guías de seguimiento publicadas recomiendan un abordaje por distintas áreas de salud, anticipándose a las manifestaciones esperables en función de la edad y el genotipo, cuando existen elementos de correlación genotipo-fenotipo. La tabla IV reúne una síntesis de las recomendaciones de seguimiento aceptadas actualmente(8,17,20). Se recomienda, en general, ofrecer contacto con grupos de apoyo y asociaciones de pacientes y familiares de pacientes con síndrome de Noonan y otras RASopatías, que tienen una actividad importante en el territorio nacional.

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Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria puede jugar un papel esencial en el diagnóstico, seguimiento y tratamiento de los pacientes con síndrome de Noonan.

El pediatra de Atención Primaria puede ser el primer médico que detecte que un niño tiene síndrome de Noonan. Le pueden hacer sospechar el fallo de medro, la criptorquidia, la talla baja, la detección de un soplo o el antecedente de un trastorno linfoproliferativo. La visión global del paciente por parte del pediatra de Atención Primaria, así como el conocimiento de sus familiares, puede ser clave en la detección temprana. Asimismo, algunas de las evaluaciones que deben hacerse en el seguimiento de un niño con síndrome de Noonan pueden ser solicitadas por el pediatra de Atención Primaria, que puede derivar al paciente a endocrinología pediátrica para valorar tratamiento con rhGH, a urología para tratamiento de criptorquidia, o a Atención Temprana si precisa fisioterapia o terapia ocupacional, entre otras actuaciones.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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7. Grant AR, Cushman BJ, Cavé H, Dillon MW, Gelb BD, Gripp KW, et al. Assessing the gene-disease association of 19 genes with the RASopathies using the ClinGen gene curation framework. Hum Mutat. 2018; 39: 1485-93.

8.*** Romano AA, Allanson JE, Dahlgren J, Gelb BD, Hall B, Pierpont ME, et al. Noonan syndrome: clinical features, diagnosis, and management guidelines. Pediatrics. 2010; 126: 746-59.

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11. Allanson JE. Objective studies of the face of Noonan, Cardio-facio-cutaneous, and Costello syndromes: A comparison of three disorders of the Ras/MAPK signaling pathway. Am J Med Genet A. 2016; 170: 2570-7.

12. Leoni C, Blandino R, Delogu AB, De Rosa G, Onesimo R, Verusio V, et al. Genotype-cardiac phenotype correlations in a large single-center cohort of patients affected by RASopathies: Clinical implications and literature review. Am J Med Genet A. 2022; 188: 431-45.

13.*** Yart A, Edouard T. Noonan syndrome: an update on growth and development. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes. 2018; 25: 67-73.

14.** Villani A, Greer MLC, Kalish JM, Nakagawara A, Nathanson KL, Pajtler KW, et al. Recommendations for Cancer Surveillance in Individuals with RASopathies and Other Rare Genetic Conditions with Increased Cancer Risk. Clin Cancer Res Off J Am Assoc Cancer Res. 2017; 23: e83-90.

15. Di Candia F, Marchetti V, Cirillo F, Di Minno A, Rosano C, Pagano S, et al. RASopathies and hemostatic abnormalities: key role of platelet dysfunction. Orphanet J Rare Dis. 2021; 16: 499.

16. Wingbermühle E, Roelofs RL, Oomens W, Kramer J, Draaisma JMT, Leenders E, et al. Cognitive Phenotype and Psychopathology in Noonan Syndrome Spectrum Disorders through Various Ras/MAPK Pathway Associated Gene Variants. J Clin Med. 2022; 11: 4735.

17.** van der Burgt I. Noonan syndrome. Orphanet J Rare Dis. 2007; 2: 4. Disponible en: https://doi.org/10.1186/1750-1172-2-4.

18.** Stagi S, Ferrari V, Ferrari M, Priolo M, Tartaglia M. Inside the Noonan ‘universe’: Literature review on growth, GH/IGF axis and rhGH treatment: Facts and concerns. Front Endocrinol. 2022; 13: 951331.

19. Saint-Laurent C, Mazeyrie L, Yart A, Edouard T. Novel therapeutic perspectives in Noonan syndrome and RASopathies. 2024; 183: 1011-9.

20.*** Carcavilla A, Suárez-Ortega L, Rodríguez Sánchez A, González-Casado I, Ramón-Krauel M, Labarta JI, et al. Síndrome de Noonan: actualización genética, clínica y de opciones terapéuticas. An Pediatr Barc Spain. 2020; 93: 61.e1-e14.

Bibliografía recomendada

– Tartaglia M, Aoki Y, Gelb BD. The molecular genetics of RASopathies: An update on novel disease genes and new disorders. Am J Med Genet C Semin Med Genet. 2022; 190: 425-39.

Excelente revisión de la historia del descubrimiento de los distintos genes implicados en las RASopatías, de la mano del autor que identificó el primer gen asociado al síndrome de Noonan.

– Zenker M. Clinical overview on RASopathies. Am J Med Genet C Semin Med Genet. 2022; 190: 414-24.

Revisión actualizada de la nosología de las RASopatías, con sus particularidades: breve y claro.

– Yart A, Edouard T. Noonan syndrome: an update on growth and development. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes. 2018; 25: 67-73.

Brillante panorámica de la repercusión del síndrome de Noonan en el crecimiento y desarrollo.

– Noonan syndrome guideline development group. Management of Noonan syndrome. A clinical guideline. Disponible en: https://rasopathiesnet.org/wp-content/uploads/2014/01/265_Noonan_Guidelines.pdf.

Una guía clásica para el seguimiento del síndrome de Noonan, elaborada por Dyscerne, una red de expertos en dismorfología, en 2010 y revisada en 2011. Está en desarrollo una actualización, hasta que llegue esta sigue siendo una ayuda útil.

– Romano AA, Allanson JE, Dahlgren J, Gelb BD, Hall B, Pierpont ME, et al. Noonan syndrome: clinical features, diagnosis, and management guidelines. Pediatrics. 2010; 126: 746-59.

Revisión clásica del síndrome de Noonan con una guía de actuación que, en algunos aspectos se ha quedado un poco antigua, pero ya es un clásico imprescindible.

– Carcavilla A, Suárez-Ortega L, Rodríguez Sánchez A, González-Casado I, Ramón-Krauel M, Labarta JI, et al. Síndrome de Noonan: actualización genética, clínica y de opciones terapéuticas. An Pediatr Barc Spain. 2020; 93: 61.e1-e14.

Actualización de las guías de actuación en síndrome de Noonan, adaptada a nuestro medio.

 

Caso clínico

 

Lactante varón de 7 meses remitido por fenotipo particular y retraso ponderoestatural. Entre sus antecedentes familiares: madre: sin antecedentes de interés; talla: 166 cm. Padre: antecedente de criptorquidia operada; estenosis pulmonar valvular con evolución favorable; talla: 163 cm; diagnosticado en la infancia de síndrome de Dubowitz sin estudio genético. A la exploración física, longitud en -4,83 DE y peso en -3,71 DE. Se aprecia hipertelorismo, ptosis palpebral, raíz nasal hundida, orejas de implantación baja algo grandes e implantación baja del cabello. Presenta también 3 manchas café con leche, pectus excavatum, hígado a 2 cm del reborde costal derecho y no se palpa el testículo izquierdo. No se auscultan soplos. A la exploración, el padre tiene ptosis palpebral e inclinación palpebral descendente. No tiene manchas en la piel ni lunares.

 

 

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Epigenética y enfermedad: enfermedades de impronta

G. Pérez de Nanclares Leal, A. Manero Ruiz de Azúa, Y. Vado Ranedo
Temas de FC


G. Pérez de Nanclares Leal, A. Manero Ruiz de Azúa, Y. Vado Ranedo

Grupo de investigación en enfermedades raras. Laboratorio de (epi)genética molecular. Instituto de Investigación Sanitaria Bioaraba. Hospital Universitario Araba – Txagorritxu. Vitoria-Gasteiz. Álava

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Autor para correspondencia

gnanclares@osakidetza.eus

Resumen

La epigenética hace referencia a cambios hereditarios en la expresión de los genes que, a diferencia de las mutaciones, no afectan a la secuencia del ADN. Los principales mecanismos epigenéticos conocidos son: la metilación del ADN (incluyendo la impronta), las modificaciones de la cromatina y el ARN no codificante.

La impronta genómica afecta a un pequeño número de genes, conocidos como genes improntados, que se expresan de manera monoalélica y están metilados de manera asimétrica dependiendo de su origen parental. Tanto variantes nucleotídicas (como en los genes de expresión bialélica) o, más específicamente, alteraciones en el patrón de metilación de estos genes, pueden conllevar una expresión o función anómala y causar una patología. Estas enfermedades se conocen como enfermedades de impronta (ImpDis; Imprinting Disorders), que comparten mecanismos moleculares y características clínicas comunes. Recientemente, se ha descubierto que algunos pacientes con estas enfermedades no solo manifiestan alteraciones en el patrón de metilación en el locus causal de la misma, sino que pueden presentarla alterada en múltiples loci, fenómeno conocido como MLID (Multi-locus imprinting disturbances).

 

Abstract

Epigenetics refers to heritable changes in gene expression that, unlike mutations, do not affect the DNA sequence. The main known epigenetic mechanisms are DNA methylation (including imprinting), chromatin modifications and non-coding RNA.

Genomic imprinting affects a small number of genes, known as imprinted genes, which are monoallelically expressed and asymmetrically methylated depending on their parental origin. Either nucleotide variants (as in biallelically expressed genes) or, more specifically, alterations in the methylation pattern of these genes can lead to abnormal expression or function and cause pathology. These diseases are known as Imprinting Disorders (ImpDis), which share common molecular mechanisms and clinical features. It has recently been discovered that some patients with these diseases not only manifest alterations in the methylation pattern at the causal locus of the disease, but may also have alterations in the methylation pattern at multiple loci, a phenomenon known as MLID (Multi-locus imprinting disturbances).

 

Palabras clave: Impronta genómica; Metilación; Enfermedades de impronta; Epimutación.

Key words: Genomic imprinting; Methylation; Imprinting diseases; Epimutation.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 307 – 318

 


OBJETIVOS

• Exponer los mecanismos epigenéticos y, en especial, la impronta genética, las alteraciones moleculares y enfermedades asociadas.

• Describir las principales características clínicas y epigenéticas de las diferentes enfermedades de impronta (ImpDis).

• Entender la repercusión de las alteraciones de los genes improntados en el fenotipo de los pacientes.

• Dar a conocer la posibilidad de alteración multi-locus de la impronta (MLID) en pacientes con ImpDis.

 

Epigenética y enfermedad: enfermedades de impronta

Epigenética

La epigenética constituye un conjunto de mecanismos moleculares que conllevan cambios en la expresión génica sin alterar la secuencia nucleotídica del ADN. A pesar de no modificar la secuencia del ADN, estas modificaciones epigenéticas son heredables durante las divisiones mitóticas y meióticas(1).

Tipos de mecanismos epigenéticos

Los principales mecanismos epigenéticos son: la metilación del ADN, las modificaciones post-traduccionales de las histonas y el ARN no codificante.

Los mecanismos epigenéticos que alteran de forma estable los patrones de expresión génica incluyen la metilación de las citosinas del ADN, modificaciones post-traduccionales de histonas que remodelan la estructura cromatínica y mecanismos basados en ARN no codificante (para ampliar información revisar Al Aboud & Jialal, 2018)(2).

Metilación en bases nucleotídicas del ADN

En los mamíferos, la forma principal de metilación del ADN es la 5-metilcitosina (5mC), originada por la adición de un grupo metilo (CH3) al quinto átomo de carbono del anillo de citosina. La metilación del ADN fue el primer mecanismo epigenético descrito asociado a la impronta genómica(2).

La mayoría de 5mC se encuentran en dinucleótidos CpGs que, normalmente, están organizados en islas CpG, comúnmente asociadas a promotores génicos(2). De manera general, la metilación en las islas CpG, a lo largo del genoma, tiene una función regulatoria de la expresión génica, ya que la adición de estos grupos metilo compactan la estructura cromatínica, haciendo que los genes resulten inaccesibles a los factores de transcripción y, por ello, transcripcionalmente inactivos. Por el contrario, las regiones cromatínicas desmetiladas presentan una estructura abierta y transcripcionalmente activa. Esta regulación puede ser específica de tejidos o de etapas del desarrollo(2).

Modificaciones post-traduccionales de las histonas

En la cromatina, el ADN se encuentra envolviendo un núcleo de ocho proteínas histónicas formando un nucleosoma. Estas histonas sufren modificaciones post-traduccionales (PTMs) en los extremos amino y carboxilo terminal, que pueden alterar su interacción, tanto con el ADN como con otros factores nucleares, incluyendo factores de transcripción y unas proteínas de unión de ADN. De manera general, las PTMs de las histonas alteran la estructura cromatínica, haciéndola más accesible transcripcionalmente (eucromatina o cromatina activa) o menos (heterocromatina o cromatina inactiva)(2).

Estas PTMs, conocidas globalmente como código histónico, incluyen la acetilación, fosforilación, metilacion, SUMOilación y ubiquitinación de los residuos aminoacídicos de estas proteínas. Las más estudiadas en la regulación de la expresión génica son la acetilación y metilación de las histonas. Así, la acetilación de las histonas en los residuos de lisina neutraliza su carga positiva, dando lugar a una estructura cromatínica más accesible. Por otro lado, la metilación de las histonas también es común en los residuos de lisina, sin embargo, su función reguladora depende del residuo modificado(2); por ejemplo, la metilación de la lisina (K) 4 de la histona (H) 3 (H3K4) implica la formación de eucromatina, mientras que la metilación de la H3K9 conlleva la condensación de la cromatina y silenciamiento de la expresión génica.

ARNs no codificante (ncRNAs)

Los ARN no codificantes (ncRNAs; non-coding RNA) son moléculas de ARN que tras su transcripción no generan proteína, muchas veces derivados de clusters de genes improntados que, a diferencia de la metilación y de las modificaciones histónicas, regulan la expresión génica a nivel post-transcripcional(3). Existen diferentes tipos de ncRNAs con funciones reguladoras distintas. Por un lado, los ncRNA largos (lncRNAs) actúan reprimiendo en cis (mismo alelo) los promotores de los genes flanqueantes, mientras que los micro-ARNs (miRNAs), más pequeños, suelen inhibir la traducción de los mRNAs(2).

¿Qué es la impronta genómica?

La impronta genómica conlleva la expresión monoalélica de determinados genes/regiones en función de su origen parental debido a la metilación del ADN.

En el desarrollo de los mamíferos, ambos progenitores contribuyen por igual en el material genético presente en las células de la descendencia, y la mayoría de los genes autosómicos se expresan a niveles equivalentes (expresión bialélica). Sin embargo, durante el desarrollo embrionario, en algunos genes o zonas genómicas, ocurre un fenómeno epigenético conocido como impronta genómica, por el cual uno de los alelos se marca molecularmente de manera reversible indicando su origen parental. Esta marca está producida por la metilación del ADN, de ahí que se hable de regiones diferencialmente metiladas (DMRs; Differentially Methylated Regions): la presencia del grupo metilo estará presente en uno u otro alelo en función del origen parental del gen/locus del que se trate. Debido al marcaje de los alelos de un gen o locus en función del origen parental, la impronta genómica tiene como resultado funcional la expresión monoalélica de dicho gen, ya que la metilación impide la expresión(4). Así, hablaremos de impronta paterna, cuando se expresa preferentemente el alelo materno y, de impronta materna, cuando el alelo expresado es el paterno(3,5). Por tanto, la impronta genómica se trata de un mecanismo de control de la dosis génica. Este mecanismo de regulación se mantiene de manera estable durante las divisiones celulares por mitosis(2).

Ciclo vital de la impronta

El ciclo vital de la impronta genómica en mamíferos consta de tres etapas principales: establecimiento, mantenimiento y borrado. El conocimiento de estos procesos procede principalmente de estudios en ratones y, a pesar de que la caracterización en humanos ha revelado ciertas diferencias interespecie, el proceso global de la metilación es comparable (Fig. 1)(3).

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Figura 1. Representación del ciclo de la impronta (borrado, establecimiento y mantenimiento) a lo largo del desarrollo vital de un humano. Las gDMRs de los gametos están marcados epigenéticamente de manera asimétrica, mientras que en el resto del genoma la metilación se distribuye en ambos alelos de manera aleatoria. Tras la fecundación, ocurre la reprogramación genómica; es decir, se pierde todo el marcaje epigenético excepto en las gDMRs. En estas últimas, el SCMC es el complejo encargado de proteger la impronta, junto con otras proteínas embrionarias (ZFP57 y ZNF445). Más adelante en el desarrollo, se establece de nuevo la metilación y se mantiene de forma específica en cada tejido y estadio. Posteriormente, las PGC migran a los primordios gonadales y se produce un segundo borrado de la metilación, en este caso, borrado completo. Esto permitirá establecer a posteriori un patrón de metilación específico según el sexo del feto. La remetilación posterior se dará de manera asíncrona. Esto es, las células germinales masculinas tendrán el patrón de metilación completo antes de nacer; mientras que, en las células germinales femeninas, la remetilación se completará cuando el óvulo madure (adolescencia/adultez). Los cuadrados rojos representan gDMRs de impronta materna y los cuadrados azules las gDRMs de impronta paterna. Los recuadros negros simbolizan las sDMRs. Las “Piruletas amarillas” indican metilación. Imagen creada con Biorender.com. gDMR: región diferencialmente metilada germinal; PGC: células germinales primordiales; SCMC: complejo materno subcortical; sDMR: región diferencialmente metilada somática.

 

Los gametos (células haploides) se encuentran marcados epigenéticamente de manera asimétrica en las gDMRs (regiones diferencialmente metiladas de la línea germinal). Tras la fecundación y formación del zigoto pre-implantacional, ocurre la reprogramación genómica, donde la mayoría del marcaje epigenético heredado del espermatozoide y del ovocito es borrado, exceptuando las gDMRs(3). La protección de la metilación de las gDMRs está mediada por factores de transcripción sensibles a la metilación, como ZFP57 y ZNF445, así como por las proteínas que forman parte del complejo materno subcortical (SCMC; sub-cortical maternal complex)(3).

En etapas posteriores del desarrollo, ocurre el establecimiento y mantenimiento de la metilación específica de tejido y de estadio. Cuando las células germinales primordiales (PGC) migran a los primordios gonadales, se produce una segunda ola de borrado de la metilación. En este caso, la desmetilación será global, incluyendo las gDMRs, para establecer un patrón de metilación específico según el sexo del feto(3).

La remetilación se produce de manera asíncrona, no solo entre las diferentes DMRs de un individuo, sino también entre sexos. La remetilación de las células germinales masculinas se establece por completo antes del nacimiento; mientras que la metilación de las células germinales femeninas comienza durante la gametogénesis y se completa en el ovocito maduro, tras el nacimiento(3).

Alteración de la impronta y enfermedad

Cuando el patrón de impronta está alterado, surgen las enfermedades de impronta (ImpDis). En la actualidad, se conocen catorce ImpDis y, a pesar de tener características comunes (predominantemente afectan al desarrollo placentario, embrionario y neurológico), cada una tiene sus manifestaciones clínicas específicas.

En la actualidad, en el genoma humano se conocen alrededor de 130 genes o regiones improntadas (listado completo: https://www.geneimprint.com/site/genes-by-species.Homo+sapiens.imprinted-All), lo que hace referencia a aproximadamente un 1 % de los genes que codifican para proteína en los humanos.

La mayoría de estos genes se expresan durante el desarrollo embrionario y regulan el desarrollo de la placenta y el crecimiento fetal. No obstante, se ha demostrado su función en procesos postnatales, incluyendo la regulación del cerebro y el comportamiento, metabolismo y adaptaciones fisiológicas(5).

Comúnmente, estos genes improntados se encuentran organizados en grupos de genes, donde su correspondiente región cromosómica se conoce como región improntada(3). El hecho de que se organicen en dominios cromosómicos, sugiere que exista una regulación común para ellos.

Las enfermedades o trastornos de impronta (ImpDis; Imprinting Disorders) son un grupo de síndromes congénitos causados por cambios moleculares que afectan a determinadas regiones genómicas improntadas, como 6q24, 7q21, 7q32, 8q24, 11p15, 14q32, 15q11-q13, 19q13 y 20q13. En la actualidad, se conocen 14 ImpDis; 13 de ellas bien definidas y la última en discusión (Tabla I). Todas ellas tienen en común los mecanismos causales y algunas características clínicas.

Mecanismos epigenéticos causales de las enfermedades de impronta

Los principales mecanismos (epi)genéticos causales de las ImpDis incluyen UPD (disomía uniparental), SNVs (variantes patogénicas de nucleótido único), CNVs (variantes en el número de copias) y epimutaciones, tanto en cis como en trans. Si bien actualmente no hay una tecnología que permita analizar todas estas alteraciones, por lo general, entre el MS-MLPA y la secuenciación es posible alcanzar un diagnóstico. Sin embargo, se requiere del resto de tecnologías para el correcto asesoramiento genético..

Existen diversos cambios moleculares que pueden dar lugar a ImpDis, generando una alteración de la expresión de los genes improntados (Fig. 2).

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Figura 2. Mecanismos moleculares causantes de las enfermedades de impronta (ImpDis). En la parte superior de la imagen se representa un ejemplo de una región cromosómica sometida a impronta en la que, en condiciones normales, en el alelo materno se expresa una sDMR por no estar su promotor metilado, y en el alelo paterno se expresa el gen regulado por una gDMR. A. Disomía uniparental (UPD). Ambos alelos son heredados del mismo progenitor y, por tanto, presentan el estado de metilación asociado. En este ejemplo, se presenta el caso de una UPD de origen materno, donde se observan dos cromosomas maternos y falta la copia de origen paterno. En la isodisomía, los dos cromosomas son iguales, porque uno de ellos se ha duplicado. Por otro lado, en la heterodisomía, se heredan los cromosomas homólogos del mismo progenitor. El patrón de metilación corresponde al del alelo heredado, en este caso, hipermetilación. B. Variantes (probablemente) patogénicas de nucleótido único (SNV). En caso de afectar al alelo que se transcribe, la proteína no se expresará o será una proteína con una función anómala. C. Variantes en el número de copias (CNV). Las CNVs en genes improntados tienen el mismo efecto funcional que las SNVs. D.Las epimutaciones ocurren cuando uno de los alelos tiene alterado el patrón de impronta. Las epimutaciones primarias ocurren cuando dicha alteración no presenta causa genética subyacente conocida. Se consideran epimutaciones secundarias, cuando una alteración (epi)genética es la razón de la alteración de la metilación. En este ejemplo de epimutaciones primarias, en la representación superior hay una hipometilación del alelo materno (y, por lo tanto, sobreexpresión) y en la inferior una hipermetilación del paterno (y, en consecuencia, expresión disminuida). En el caso de las epimutaciones secundarias, hay dos posibilidades: elementos reguladores en cis (variantes genéticas en elementos reguladores de la metilación localizados en el mismo alelo que se impronta, como la figura de la izquierda) o en trans, que son mutaciones que ocurren en SCMC y/o proteínas responsables del correcto establecimiento y mantenimiento de la metilación. Los cuadrados rojos representan gDMRs de impronta materna y los cuadrados azules las gDMRs de impronta paterna. Los recuadros negros simbolizan las sDMRs. Las “piruletas” amarillas indican presencia de metilación, mientras que sin color indican que no están metiladas. La flecha quiere decir que esa zona se transcribe y el símbolo del rayo hace referencia a una variante genética. Imagen creada con Biorender.com. gDMR: región diferencialmente metilada germinal; LOM: pérdida de la metilación; SCMC: complejo materno subcortical; sDMR: región diferencialmente metilada somática.

 

Disomia uniparental (UPD)

La UPD es la presencia de un par cromosómico derivado únicamente de uno de los progenitores, debido a una no disyunción durante la división celular con cariotipo equilibrado(6). Esta disomía puede deberse a la herencia de dos cromosomas homólogos, pero genéticamente diferentes de un progenitor, heterodisomía (hUPD), o la herencia de dos copias de un mismo cromosoma parental, isodisomía (iUPD)(6). En caso de que la disomía ocurra en cromosomas sometidos a impronta, dará lugar a la presencia o ausencia simultánea de regiones de ADN metiladas de forma idéntica y, por tanto, una alteración del patrón de impronta esperado y, en consecuencia, una ImpDis específica.

Variantes puntuales (SNVs) en genes improntados

Variantes patogénicas de pérdida de función en el alelo activo de un gen improntado alteran la función proteica de dicho gen(4).

Variantes en el número de copias (CNVs) debido a reordenamientos cromosómicos

Las deleciones, inserciones o translocaciones en el alelo activo pueden dar lugar a una pérdida completa o a una duplicación de la dosis génica del gen improntado(4).

Epimutaciones

A diferencia del resto de mecanismos moleculares implicados en las enfermedades de impronta, las epimutaciones no alteran la secuencia de ADN, sino el patrón de metilación de las DMRs. La mayoría de los casos de ImpDis se deben a epimutaciones primarias; es decir, alteraciones en el patrón de metilación de las DMRs, que dan lugar a la reactivación de un alelo silenciado o al silenciamiento de un alelo activo(4).

Por otro lado, las epimutaciones pueden ser secundarias, debido a variantes genéticas que afectan en cis (mismo alelo) o en trans (otro alelo u otras regiones cromosómicas) al establecimiento, mantenimiento y/o borrado de las marcas de metilación. En la actualidad, se han identificado variantes en trans que afectan a genes que codifican para proteínas embrionarias implicadas en el proceso de metilación o a los genes maternos que codifican para las proteínas que forman el SCMC(5). Ambos tipos de epimutaciones secundarias pueden dar lugar a alteración multi-locus de la impronta (MLID; multi-locus imprinting disturbances)(5).

Técnicas diagnósticas empleadas en el estudio de enfermedades de impronta

Hasta el momento, no existe una tecnología que nos permita analizar de forma sencilla todos los posibles mecanismos responsables de las enfermedades de impronta, sino que, en función de la alteración que queramos identificar puede emplearse una u otra tecnología.

Para la detección de SNVs, al igual que con cualquier otro gen, se recomienda el uso de secuenciación (tanto Sanger como masiva) para el análisis de los genes improntados o los reguladores de la impronta.

Las ganancias o pérdidas en el número de copias pueden ser analizadas por el estudio de arrays de hibridación genómica comparada (aCGH; Comparative Genomic Hybridization), hibridación in situ fluorescente (FISH; Fluorescence In Situ Hybridization) y cariotipo convencional para el estudio del genoma completo (ordenados de mayor a menor resolución). Además, en caso de sospechar una ImpDis concreta, se sugiere el uso de la técnica de amplificación de sondas tras ligación múltiple (MLPA) (v. más adelante).

Por otro lado, en pacientes con sospecha de UPD, se puede realizar un estudio de microsatélites o STRs (Short Tandem Repeats) de la región cromosómica sospechada o realizar un array de SNPs (Single Nucleotide Polymorphisms). Para la confirmación de UPD, puede ser necesario estudiar también a los progenitores y/o a otros familiares del caso índice(6).

Finalmente, el estudio de epimutaciones primarias resulta más complejo, debido a que los patrones de metilación no son conservativos en los procesos de amplificación. Además, en algunas de las ImpDis, la alteración de la metilación ocurre de forma post-zigótica, por lo que su alteración podrá ser diferente en los distintos tejidos y, en función de la técnica escogida, estar por debajo de su límite de detección. A lo largo de los años, se han desarrollado técnicas que permiten identificar alteraciones en el patrón de impronta(7). La técnica más extendida para el estudio de los patrones de impronta es el MLPA específico de metilación (MS-MLPA; methylation specific multiplex ligation-dependent probe amplification), que permite detectar, de forma simultánea, alteraciones de la metilación y la presencia de CNVs(5). No obstante, existen otras técnicas, algunas de ellas basadas en la digestión del ADN por enzimas de restricción sensibles a metilación (Southern blot, o PCR del ADN genómico digerido y posterior electroforesis en gel de agarosa) y otras basadas en el tratamiento del ADN genómico con bisulfito sódico (secuenciación alelo específica del ADN bisulfitado, amplificación por PCR específica de metilación, MS-SNuPE, Combined Bisulfite Restriction Analysis (COBRA) o pirosecuenciación)(8).

En la última década, el avance de la tecnología ha permitido el desarrollo de técnicas para el análisis de la metilación a gran escala, bien basadas en la modificación del ADN con bisulfito, conversión enzimática o secuenciacion de lecturas largas.

Enfermedades de impronta (ImpDis)

Las ImpDis presentan características heterogéneas y superpuestas, que repercuten en el crecimiento, el desarrollo, el metabolismo y el comportamiento. Su diagnóstico precoz es importante para aplicar un tratamiento adecuado que optimice los resultados clínicos.

A excepción de los síndromes que conllevan pubertad precoz, los síntomas clínicos de las ImpDis debutan en el nacimiento y/o en la primera infancia, incluso algunos de ellos antes del nacimiento. A pesar de tener características clínicas y moleculares comunes (Tabla I), cada ImpDis se caracteriza por rasgos clínicos específicos, y se han considerado entidades separadas.

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Diabetes mellitus neonatal transitoria 1 (TNDM1)

La diabetes mellitus neonatal transitoria 1 (OMIM #601410) tiene, como características cardinales, el retraso grave del crecimiento intrauterino y, aunque comúnmente nacen a término, son pequeños para la edad gestacional y parecen desnutridos. Además, en el periodo neonatal presentan hiperglucemia que suele resolverse a los 18 meses de edad(9). Sin embargo, cada vez está más claro que las personas con TNDM1 corren el riesgo de recaer, en la adolescencia o al principio de la edad adulta, con diabetes de tipo 2.

Otros rasgos que pueden presentar estos pacientes incluyen la macroglosia, hernia umbilical, anomalías del sistema nervioso central, cardiopatías congénitas, anomalías en las extremidades e hipotiroidismo(10).

La TNDM1 se asocia con una sobreexpresión de PLAGL1 en 6q24, un gen de impronta materna, que puede deberse a disomía uniparental paterna en 6q24 (41 %), duplicación paterna en 6q24 (29 %) o pérdida de la metilación (LOM; Loss Of Methylation) en PLAGL1:alt-TSS-DMR (30 %) (Tabla I)(11). Alrededor del 50 % de individuos con TNDM1 y epimutación en PLAGL1:alt-TSS-DMR presentan MLID, es decir, muestran alteraciones en el patrón de impronta de otras DMRs en el genoma, generalmente, en mosaico y asociadas a alteraciones en ZFP57 (v. apartado MLID)(12).

Síndrome de Silver-Russell (SRS)

El síndrome de Silver-Russell (OMIM #180860) se asocia con retraso del crecimiento pre y postnatal, así como con características craneofaciales específicas (macrocefalia relativa, cara triangular, frente prominente, barbilla pequeña y boca ancha). También pueden presentar asimetría corporal y otras malformaciones en orejas, manos y pies(13). El diagnóstico clínico se basa en la combinación de varias manifestaciones, siguiendo el sistema de puntuación de Netchine-Harbison(14).

La mayoría de los pacientes presentan alteraciones moleculares en 11p15, siendo la más prevalente (28 %) la hipometilación de H19/IGF2:IG-DMR. Aproximadamente, el 6 % presentan UPD materna para el cromosoma 7 [upd(7)mat o upd(7q)mat segmentaria]. Además, se han descrito numerosas alteraciones (submicroscópicas) de los cromosomas 7 y 11, así como de otros cromosomas; por lo tanto, está indicado el estudio de desequilibrios genómicos crípticos mediante aCGH/SNP array tras excluir las epimutaciones upd(7)mat y 11p15(13).

Por otro lado, se han descrito variantes en otros genes en familias con SRS, como son algunas variantes activantes en el alelo materno de CDKN1C, otras inactivantes en el alelo paterno de IGF2, así como variantes en HMGA2 y PLAG1(15).

Síndrome de Birk-Barel (BIBARS)

El síndrome de Birk-Barel (OMIM #612292), también conocido como síndrome de impronta KCNK9, tiene como síntomas principales: hipotonía congénita, retraso motor y del lenguaje, trastorno del desarrollo intelectual, dificultades de alimentación y problemas de conducta, como la hiperactividad(16,17). Algunos pacientes, además, presentan convulsiones, apnea del sueño y escoliosis. Finalmente, los rasgos faciales característicos incluyen cara alargada, labio superior fino, microretrognatia y anomalías palatinas, entre otros(16).

El BIBARS está causado por variantes missense patogénicas en el alelo materno del gen KCNK9, situado en el cromosoma 8q24.3(16). Hasta la fecha, apenas se han descrito 20 individuos con un diagnóstico confirmado molecularmente(16,17).

Síndrome de Beckwith-Wiedeman (BWS)

Clásicamente, los pacientes con Beckwith-Wiedemann (OMIM #130650) se caracterizan por presentar sobrecrecimiento junto con macroglosia, defectos de la pared abdominal anterior (onfalocele o exónfalo) y una mayor tendencia a desarrollar tumores. Asimismo, pueden presentar otras características menores que incluyen hernias umbilicales, pliegues en la parte inferior del lóbulo de las orejas y fositas auriculares, hemangiomas, nevus flammeus en la glabela y organomegalia(18).

Debido a la alta variabilidad fenotípica entre los pacientes de BWS, donde algunos únicamente presentan macrosomía y otros un cuadro más complejo, los expertos en esta patología redactaron un consenso, definiendo la enfermedad como un espectro de BWS (BWSp)(18). Este consenso propone un sistema de puntuación para las diferentes manifestaciones clínicas y un umbral a partir del cual alcanzar el diagnóstico clínico de BWSp o realizar el estudio genético.

Las principales causas genéticas asociadas a esta entidad incluyen epimutaciones en mosaico en 11p15.5 (60 % de los pacientes con BWSp), siendo principalmente LOM en KCNQ1OT1:TSS-DMR y, en una minoría de casos, ganancia (GOM; Gain Of Methylation) en H19/IGF2:IG-DMR. En un 20 % es posible identificar disomía paterna en mosaico en 11p15 (Tabla I). La mayoría de los casos de BWS son esporádicos, pero hasta en un 15 % de los casos, es posible identificar una alteración genética. Así, pueden identificarse microdeleciones/duplicaciones o mutaciones puntuales en los sitios de unión de OCT4/SOX4 en las formas familiares de BWS causadas por hipermetilación de H19/IGF2:IG-DMR (5-10 %). Por otra parte, también es posible identificar variantes puntuales en el alelo paterno de CDKN1C en casos familiares (5 %)(4,18). En caso de alta sospecha clínica, sin identificar alteración epigenética, puede ser importante analizar otros tejidos, debido al fenómeno de mosaicismo(18).

El BWSp puede ser confundido con otras ImpDis, como el síndrome de Kagami-Ogata, con el que comparte ciertas características clínicas (v. más adelante) y, por lo tanto, la confirmación diagnóstica mediante estudio genético puede resultar imprescindible para un correcto manejo del paciente(19).

Síndrome de Temple (TS14)

En la etapa prenatal, los pacientes con síndrome de Temple (OMIM #616222) se caracterizan por presentar oligohidramnios, baja actividad fetal, retraso del crecimiento uterino y parto prematuro. En la etapa perinatal y primera infancia puede detectarse bajo peso al nacimiento, talla baja, hipotonía, retraso motor y problemas de alimentación. Asimismo, presentan ciertos rasgos característicos, como cara alargada o triangular, frente prominente, epicanto, nariz corta con punta nasal ancha, narinas antevertidas y/o micrognatia. Durante su evolución, la mayoría de los pacientes cursan con alteraciones esqueléticas, como manos y pies pequeños, clinodactilia, cifoescoliosis, asimetría corporal o hipermovilidad articular, pubertad precoz, edad ósea avanzada y obesidad por hábitos compulsivos(20).

Genéticamente, el TS14 está causado por una disomía uniparental materna del cromosoma 14 (upd(14)mat) (54 %), una deleción paterna de 14q32 (12 %) o LOM en MEG3/DLK1:IG-DMR (34 %)(21).

Algunas de las manifestaciones clínicas pueden estar presentes en otras ImpDis; de hecho, en la primera infancia, sus características son muy similares al SRS y, durante la evolución puede confundirse con el síndrome de Prader-Willi(21). Por otra parte, ciertas manifestaciones, como el retraso en el crecimiento y la hipotonía, son compartidos con el síndrome de Mulchandani-Bhoj-Conlin(22). Por ello, se recomienda que, ante un resultado genético negativo para las posibles alteraciones del cromosoma 14, se valoren estos diagnósticos diferenciales.

Síndrome de Kagami-Ogata (KOS14)

Las principales características prenatales del síndrome de Kagami-Ogata (OMIM #608149) incluyen polihidramnios, macrosomía fetal y placentomegalia. Tras el nacimiento, los individuos manifiestan anomalías esqueléticas con costillas en forma de percha y tórax acampanado, alteraciones cardiacas, dificultad respiratoria, dificultades de alimentación por baja succión que suele requerir de sonda nasogástrica, retraso del crecimiento postnatal, dismorfia facial (mejillas llenas y surco nasolabial prominente) y retraso intelectual(19,23). La tasa de mortalidad alcanza el 20-25 % en el periodo neonatal.

Ciertas características clínicas en pacientes con KOS14 son compartidas con pacientes BWS y con SRS, por lo que resulta importante realizar un diagnóstico diferencial en caso de sospecha clínica.

En la actualidad, existen alrededor de 80 casos reportados, de los cuales, aproximadamente, la mitad se deben a disomía uniparental del cromosoma 14 (upd(14)pat), pero también puede ser causado por microdeleciones del alelo materno de la región improntada 14q32 (22 %) o por GOM en MEG3/DLK1:IG-DMR (34 %)(19).

Pubertad precoz central (PPC)

La pubertad precoz (PP) se caracteriza por la aparición prematura de los caracteres sexuales secundarios (antes de 8 años en niñas y de los 9 en niños). Se diferencian la PP central (PPC) y PP periférica (PPP). La PPC es la más común y es dependiente de gonadotropinas, que provocan una maduración prematura del eje hipotálamo-hipofisario-gonadal(24).

La PPC puede deberse a alteraciones genéticas en los genes de impronta materna MKRN3 o DLK1, o a alteraciones en genes bialélicos como KISS1 y KISS1R(24,25). Variantes en el alelo paterno de DLK1 son causantes de pubertad precoz central (familiar) y alteraciones en el alelo paterno de MKRN3 provocan pubertad precoz central 2 (OMIM #615356). La clínica presentada por ambos tipos de PPC es similar, destacando el desarrollo puberal adelantado a la edad del paciente, manifestado como agrandamiento testicular en los niños y telarquia precoz en las niñas, crecimiento lineal acelerado y edad ósea avanzada en ambos(24).

Síndrome de Prader-Willi (PWS)

Las principales características presentadas en la etapa perinatal por los pacientes con síndrome de Prader-Willi (OMIM #176270) consisten en: actividad fetal reducida, hipotonía severa y falta de apetito que deriva en dificultad para alimentarse y escaso aumento de peso en recién nacidos y niños/as. A partir de ese momento, aparecen características conductuales adicionales, como mayor interés por la comida y mayor ingesta de alimentos que genera en un aumento de peso y, frecuentemente, obesidad(26). Además, presentan otras características, como manos y pies pequeños, estatura baja o hipogonadismo(26).

Existen otras enfermedades de impronta que comparten ciertas características con PWS y pueden dar lugar a un diagnóstico incorrecto, como son, por ejemplo: SRS, síndrome de Angelman o síndrome de Schaff-Yang.

Este síndrome está causado por la falta de expresión de genes localizados en la región 15q11-q13 en el alelo paterno, generalmente por deleciones de dicha región en el alelo paterno (70-75 %), por disomía uniparental materna del cromosoma 15 (25-30 %) o por GOM en SNURF:TSS-DMR (1 %)(26).

Síndrome de Angelman (AS)

El síndrome de Angelman (OMIM #105830) es una enfermedad que afecta al neurodesarrollo. Se caracteriza principalmente por la presencia de un retraso del desarrollo severo, ausencia o capacidad limitada del lenguaje, trastorno del movimiento o equilibrio (ataxia o temblor de las extremidades) y un comportamiento característico con conducta alegre, sonrisa y excitabilidad. Es frecuente la presencia de microcefalia, convulsiones y un patrón de electroencefalograma anormal característico(27,28).

Además, existen otros síntomas asociados a esta enfermedad, como son los problemas de alimentación durante la infancia, aumento de la sensibilidad al calor, ciclos anormales del sueño o escoliosis(27).

El AS puede estar causado por una deleción en el alelo materno de la región 15q11-q13 (75 %), disomía uniparental paterna del cromosoma 15 (1-2 %) o un defecto de impronta (1-3 %). Los defectos de impronta pueden deberse a epimutaciones primarias de impronta sin alteraciones de la secuencia de ADN o a deleciones en la región crítica de la región de control de la impronta (ICR; Imprinting Control Region). Asimismo, las variantes patogénicas puntuales o deleciones de UBE3A en el alelo materno, también causan el síndrome de Angelman en el 10 % de los casos(28).

En, aproximadamente, el 10 % de los individuos con diagnóstico clínico de AS no es posible encontrar el mecanismo genético subyacente y deben considerarse otros diagnósticos(28).

Síndrome de Schaaf-Yang (SYS)

El fenotipo presentado por los pacientes de Schaaf-Yang (OMIM #615547) resulta similar al de PWS(29). Incluye hipotonía neonatal, anomalías respiratorias, dificultades en alimentación, retraso del desarrollo y del lenguaje, así como apnea del sueño(29). Además, aproximadamente la mitad de los pacientes con SYS presentan sensibilidad anormal a la temperatura e hipogonadismo. Las enfermedades del espectro autista son muy prevalentes en estos pacientes(29).

Por el momento, se han reportado alrededor de 165 casos de pacientes con SYS, cuya patología está causada por variantes patogénicas en el alelo paterno del gen MAGEL2 que dan lugar a una proteína truncada(30).

Pseudohipoparatiroidismo (PHP) / iPPSD2 y 3

El pseudohipoparatiroidismo (PHP), recientemente renombrado como iPPSD2 (OMIM #103580) e iPPSD3 (OMIM #603233) (inactivating PTH/PTHrP signaling disorders)(31), engloba un grupo heterogéneo de enfermedades (epi)genéticas raras, caracterizadas por la presencia de hipocalcemia e hiperfosfatemia, como consecuencia de la resistencia de ciertos tejidos a las acciones biológicas de la hormona paratiroidea (PTH)(32).

El iPPSD2 está causado por variantes inactivantes (tanto variantes puntuales como deleciones) en el gen GNAS, que codifica para la subunidad estimuladora de la proteína G alfa (Gsα). Debido a que GNAS está sometido a impronta, la clínica de los pacientes con iPPSD2 depende del alelo parental que presente la alteración genética. Aquellos pacientes con variantes patogénicas en el alelo materno (iPPSD2mat o PHP1A) presentarán fenotipo AHO (Albright Hereditary Osteodistrophy) (talla baja, osificaciones ectópicas, cara redondeada y braquidactilia), obesidad, con resistencia a PTH y, a veces, a otras hormonas que actúan a través de Gsα (TSH, Gn…). Cuando la mutación está presente en el alelo paterno (iPPSD2pat o PPHP/POH), conduce a un fenotipo AHO, normalmente en ausencia de alteraciones hormonales(32). En algunos casos, las osificaciones ectópicas se extienden progresivamente hasta el músculo esquelético y tejidos conectivos profundos(33).

Por otro lado, el iPPSD3 está causado por alteraciones epigenéticas en el locus GNAS (20q13.2-20q13.3), incluyendo siempre pérdida de metilación en GNAS A/B:TSS-DMR(32). Estos pacientes se caracterizan por presentar hipocalcemia e hiperfosfatemia, una resistencia renal a la PTH que se traduce en valores elevados de la hormona con valores de vitamina D normales, además de una frecuente resistencia a la TSH(32).

Como los pacientes con iPPSD suelen presentar un cuadro clínico heterogéneo y progresivo a lo largo de su vida, es necesario un seguimiento clínico multidisciplinar desde la infancia hasta la edad adulta(32).

Síndrome Mulchandani-Bhoj-Conlin (MBCS)

El síndrome Mulchandani-Bhojh-Conlin (MBCS) (OMIM #617352) se caracteriza por un retraso en el crecimiento prenatal y postnatal moderado, talla baja severa sin microcefalia y dificultades en la alimentación(22). Hasta el momento, se han reportado 18 pacientes con UPD materna del cromosoma 20 (upd(20)mat), tanto isodisomía como heterodisomía.

Es posible que, dada su similitud fenotípica con otras ImpDis, exista un infradiagnóstico de este síndrome. Como hallazgos distintivos respecto al SRS, los pacientes con upd(20)mat no presentan asimetría, ni frente prominente ni macrocefalia relativa(22). Asimismo, también comparten características con el TS14, como el retraso en el crecimiento y la hipotonía(22).

Síndrome upd(16)mat

Pacientes con esta disomía materna del cromosoma 16 presentan un fenotipo muy heterogéneo y con características clínicas no específicas, debido a la presencia de mosaicismos de trisomía 16. Sin embargo, destacan manifestaciones, como nacimiento prematuro, retraso del crecimiento pre- y post-natal, y cardiopatías congénitas(34).

El fenotipo de estos pacientes es muy similar al presentado por los pacientes de SRS, por lo que se propone el estudio de upd(16)mat en personas con dicha sospecha clínica(34).

Dada la heterogeneidad clínica de 19 pacientes diagnosticados y que no está establecida aún la contribución que pueden aportar los genes improntados en el cromosoma 16 al fenotipo de los pacientes(4), esta región se propone como ImpDis, aunque todavía no esté totalmente aceptada(5).

Alteración multi-locus de la impronta (MLID)

Algunos pacientes con enfermedades de impronta presentan alteraciones de la metilación en más de una zona improntada del genoma, lo que se conoce como alteración multi-locus de la impronta (MLID). En ocasiones, esta MLID está causada por variantes genéticas en genes responsables del establecimiento/mantenimiento de la impronta, lo que tiene importantes implicaciones en el asesoramiento genético a las familias.

A mediados de los 2000, los grupos de Arima et al.(35) y Mackay et al.(11), describieron por primera vez la presencia de alteración en la metilación en más regiones que la específicamente asociada a una ImpDis concreta. Ambos equipos identificaron pacientes con TNDM1 causada por una epimutación PLAGL1:alt-TSS-DMR que, además, presentaban una hipometilación en KCNQ1OT1:TSS-DMR.

Con el paso del tiempo, se ha observado que algunos pacientes con una ImpDis presentan anomalías en más de una gDMR, principalmente LOM(36). Este fenómeno epigenético se conoce como alteración multi-locus de la impronta (Multi-Locus Imprinting Disturbances, MLID)(5).

No en todas las ImpDis se han observado casos de MLID (Tabla I). La mayor frecuencia se da en TNDM1 (50 % de los portadores de la epimutación), seguida de BWSp (detectable en el 13 % de los portadores de hipometilación KCNQ1OT1:TSS-DMR) y en el 12,5 % de los pacientes con iPPSD3/PHP1B causados por epimutación sin causa genética subyacente. El MLID es menos frecuente en SRS, detectándose en el 5 % de los portadores de la epimutación. En el resto de ImpDis, el MLID se ha descrito en raras ocasiones.

La mayoría de los pacientes afectados por MLID presentan la epimutación en esa DMR “extra” en mosaico; es decir, la alteración de la metilación no es del 100 %, sino más leve y no igual en todos los tejidos del individuo, lo que dificulta su identificación y valorar su implicación en el fenotipo clínico(5,36).

De hecho, los pacientes con MLID presentan un fenotipo muy heterogéneo, en ocasiones, muy diferenciado de los pacientes que presentan epimutación en una única DMR. Así, en los pacientes con TNDM1-MLID, las manifestaciones no relacionadas con la diabetes son más probables y pueden incluir importantes dificultades de aprendizaje, hipotonía marcada, cardiopatía congénita, sordera, rasgos neurológicos como epilepsia y malformaciones renales(10). Por el contrario, en otras ImpDis, ese efecto no es tan notorio, como en los pacientes con PHP1B/iPPSD3-MLID, en los que no existe una relación significativa entre el defecto de impronta y la resistencia a la PTH o los parámetros de peso/talla(37).

La etiología de la MLID está vinculada a factores ambientales, incluidas algunas evidencias de su asociación con la reproducción asistida(38) y a la presencia de variantes en genes que controlan el establecimiento y mantenimiento de la metilación en las DMRs(39). Estas variantes afectan al genoma embrionario o al materno. Por ejemplo, las variantes de ZFP57 heredadas de forma autosómica-recesiva afectan al genoma embrionario y son responsables del 50 % de los casos de TNDM1-MLID(12), mientras que las variantes en genes que codifican componentes del complejo materno subcortical (NLRP2, NLRP5, NLRP7, TLE6, PADI6, KHDC3L y OOEP) afectan al genoma materno y se han identificado en pacientes con BWS-MLID(39-43), SRS-MLID(39,43,44), e iPPSD3-MLID(41).

Los hallazgos de estas variantes genéticas implican un riesgo incrementado de transmisión/recurrencia respecto a la presencia de epimutación aislada, de ahí la importancia de tratar de identificarlas.

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra en estos pacientes es la detección de síntomas clínicos sugestivos de enfermedades de impronta (ImpDis), que puedan ser apoyados por análisis bioquímicos complementarios antes de remitirlos a especialistas en endocrinología, genética, neurología, digestivo… Además, si bien las formas familiares son infrecuentes, el pediatra pudiera sospechar de estar frente a una enfermedad de impronta cuando la herencia familiar no parece cumplir una herencia mendeliana clásica. Adicionalmente, llevará a cabo el seguimiento de los pacientes, orientará a los familiares sobre el riesgo de recurrencia y aclarará dudas generadas durante las consultas con los especialistas hospitalarios.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Artículo de revisión donde se resumen las principales características clínicas y moleculares de las distintas enfermedades de impronta, así como la posibilidad de MLID y causas genéticas asociadas.

– Pérez de Nanclares G, Lapunzina P. Enfermedades de impronta. Guías de buena práctica clínica. Enfermedades de Impronta: Guías de buena práctica clínica; 2015. p. 67-92.

Libro gratuito, en castellano, que recoge las enfermedades de impronta más relevantes, con su diagnóstico clínico y molecular, así como el asesoramiento genético asociado. Existe un capítulo específico dedicado a las asociaciones de pacientes de estas enfermedades.

– Wakeling EL, Brioude F, Lokulo-Sodipe O, O’Connell SM, Salem J, Bliek J, et al. Diagnosis and management of Silver-Russell syndrome: first international consensus statement. Nat Rev Endocrinol. 2017; 13: 105-24. Disponible en: https://www.nature.com/articles/nrendo.2016.138.

Documento de consenso internacional para el diagnóstico clínico y molecular de pacientes con síndrome de Silver-Russell, así como su manejo clínico.

– Brioude F, Kalish JM, Mussa A, Foster AC, Bliek J, Ferrero GB, et al. Clinical and molecular diagnosis, screening and management of Beckwith-Wiedemann syndrome: An international consensus statement. Nat Rev Endocrinol. 2018; 14: 229-49.

Documento de consenso internacional para el diagnóstico clínico y molecular de pacientes con síndrome de Beckwith-Wiedemann, así como su manejo clínico.

– Mantovani G, Bastepe M, Monk D, de Sanctis L, Thiele S, Usardi A, et al. Diagnosis and management of pseudohypoparathyroidism and related disorders: First international Consensus Statement. Nat Rev Endocrinol. 2018; 14: 476-500.

Documento de consenso internacional para el diagnóstico clínico y molecular de pacientes con pseudohipoparatiroidismo y enfermedades relacionadas (iPPSD), así como su manejo clínico.

 

Caso clínico

 

Varón, primer hijo de padres no consanguíneos, nacido a término tras embarazo espontáneo sin complicaciones, peso al nacer: 4.510 g (>p97, según las tablas de crecimiento de su región). A la exploración, se observó hemihiperplasia, macroglosia, onfalocele, plieges auriculares y hepatomegalia. Durante el ingreso, a los 16 días de vida, los análisis de laboratorio revelaron hipocalcemia transitoria y niveles de PTH elevados con déficit de vitamina D (Ca: 6,4 mg/dL; P: 12,4 mg/dL; vitamina D: 8 ng/mL; PTH: 96 pg/mL). Se estableció tratamiento con vitamina D a dosis altas.

Siguiendo el sistema de puntuación propuesto en el consenso del síndrome de Beckwith-Wiedemann, este paciente tenía más de 4 puntos, lo que le confiere el diagnóstico clínico de BWSp. Se llevó a cabo un estudio genético mediante MS-MLPA (ME030), en el que se observó una pérdida parcial (pLOM) de la metilación en KCNQ1OT1:TSS-DMR, confirmando el diagnóstico.

Durante el seguimiento, mantuvo niveles de PTH elevados con calcio y fósforo normales y niveles de vitamina D en el límite. A la edad de 12 años presentó unos niveles de PTH de 136 pg/mL con vitamina D normal. Estos hallazgos, junto con la obesidad, sugirieron un posible PHP. Tras el análisis de metilación del locus GNAS por MS-MLPA (ME031), se observó pLOM en GNAS A/B:TSS-DMR, GNAS-XL:Ex1-DMR, GNAS-AS1:TSS-DMR y pGOM en GNAS-NESP:TSS-DMR sin alteraciones en el número de copias. De esta manera, se confirmó la sospecha de PHP1B/iPPSD3 y, por tanto, MLID, ya que el paciente presentaba alteraciones en el patrón de metilación de varios loci.

A continuación, se amplió el estudio al resto de DMRs asociadas con enfermedades de impronta: PLAGL1: (6q24.2); MEST (7q32.2); H19/IGF2 y KCNQ1OT1 (11p15.5); MEG3 (14q32); SNRPN (15q11.2); PEG3 (19q13.43); NESP55, NESPAS, GNAS XLAS y GNAS A/B (20q13.32). Los resultados de este estudio confirmaron las alteraciones anteriormente descritas y, además, se mostraba una LOM completa de PLAGL1:alt-TSS-DMR, asociado con diabetes neonatal transitoria.

 

Implicación de la gestación asistida en las enfermedades genéticas

M.J. Sánchez Soler*,  F. Santos-Simarro**
Temas de FC


M.J. Sánchez Soler*, F. Santos-Simarro**

*Sección de Genética Médica. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca. Murcia. **Unidad de Diagnóstico Molecular y Genética Clínica. Hospital Universitario Son Espases. Palma de Mallorca

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Autor para correspondencia

fernando.santos@sib.es

Resumen

Este trabajo explora la posible implicación de las técnicas de reproducción asistida (TRA) en la aparición de enfermedades genéticas y/o malformaciones congénitas en niños concebidos por estos métodos. La evidencia científica actual apoya que, aunque las TRA son cada vez más seguras y comunes, existe un leve aumento en el riesgo de aparición de malformaciones congénitas mayores y algunas menores, así como un mayor riesgo de síndromes por defecto de impronta genómica. Se discuten posibles factores asociados, como la realización de la fecundación in vitro (FIV), el tiempo de exposición al cultivo embrionario, la vitrificación de embriones, el test genético preimplantatorio (PGT) o la hiperestimulación ovárica. No parece existir un riesgo aumentado de alteraciones cromosómicas ni de enfermedades monogénicas, salvo aquellos asociados la edad materna y paterna. Es importante que las parejas que se van a someter a estos procedimientos sean informadas adecuadamente sobre estos riesgos.

 

Abstract

This paper explores the possible implication of assisted reproductive techniques (ART) in the occurrence of genetic diseases and/or congenital malformations in children conceived by these methods. Current scientific evidence supports that, although ART is becoming safer and more common, there is a slightly increased risk of major and some minor congenital malformations, as well as an increased risk of genomic imprinting defect syndromes. Possible associated factors are discussed, such as the performance of in vitro fertilization (IVF), time of exposure to embryo culture, embryo vitrification, preimplantation genetic testing (PGT) or ovarian hyperstimulation. There does not appear to be an increased risk of chromosomal alterations or monogenic diseases, except for those associated with maternal and paternal age. It is important that couples who are going to undergo these procedures are adequately informed about these risks.

 

Palabras clave: Técnicas de reproducción asistida; Malformaciones congénitas; Defectos de impronta; Metilación.

Key words: Assisted reproductive techniques; Congenital malformations; Imprinting defects; Methylation.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 299 – 306

 


OBJETIVOS

• Actualizar el conocimiento sobre el impacto de las técnicas de reproducción asistida (TRA) en el desarrollo de enfermedades genéticas y malformaciones congénitas mayores y menores en niños concebidos por TRA.

• Describir los posibles factores específicos de la TRA responsables del impacto sobre la salud de estos niños.

• Mejorar el asesoramiento de las parejas que van a someterse a estos procedimientos, así como resolver las dudas de familiares y profesionales implicados en ellos.

 

Implicación de la gestación asistida en las enfermedades genéticas

Introducción

Los inicios de las técnicas de reproducción asistida se remontan a los años 30, pero fue en 1984 cuando nació el primer niño concebido por fecundación in vitro (FIV) en España y desde el año 2017 existe un Registro Nacional sobre el uso de estas técnicas en nuestro país.

Los inicios de la FIV se remontan a los años 30, cuando Pincus et al. empiezan a estudiar cultivos de embriones de roedores y consiguen liberar ovocitos inmaduros del folículo de la coneja(1). Años más tarde, Edwards estudia ovocitos humanos, y consiguen su maduración completa en unas 37 horas aproximadamente. Desde entonces, a pesar del rechazo inicial que hubo hacia estas investigaciones, se siguió avanzando, fue posible la obtención de múltiples ovocitos vía laparoscópica, se empezaron a transferir embriones a parejas con esterilidad y, tras múltiples transferencias fallidas, en el año 1978 nació el primer niño concebido por FIV en Londres. Fue, en 1984, cuando esto se consiguió en España. Posteriormente, se han producido grandes avances en el campo de la reproducción humana, siendo los más relevantes: el desarrollo de distintos protocolos de estimulación ovárica; mejoras de las condiciones del cultivo; la introducción de la ecografía vaginal, que permite recuperar los ovocitos sin necesidad de anestesia general y dirigir la transferencia; la criopreservación; la introducción de la inyección espermática intracitoplasmática (ICSI), el test genético preimplantatorio (PGT), etc.

Pronto fue necesario regular el uso de estas técnicas. En nuestro país, la Ley 14/2006 de 26 de mayo (modificada en julio 2015) sobre técnicas de reproducción humana asistida (https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2006-9292) es la que regula estos procedimientos. También, se consideró imprescindible crear registros sobre la actividad de las clínicas de reproducción asistida, y en España contamos con un Registro Nacional desde 2017, año en el que el Ministerio de Sanidad suscribió un contrato con la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), para encargarse del mismo. Actualmente, más de 1.300 centros participan en este registro. A nivel internacional, es el International Committee for Monitoring Assisted Reproductive Technology (ICMART) el que nos permite conocer las tendencias más significativas del uso de las técnicas de reproducción asistida (TRA) a nivel mundial.

La accesibilidad a estas técnicas es cada día mayor y las tasas de éxito son mejores. Ello, añadido a los cambios socioeconómicos de las últimas décadas, como la incorporación de la mujer al ámbito laboral, el retraso en el deseo reproductivo y el hecho de que entre el 12-17 % de hombres y mujeres tienen problemas de esterilidad(2), ha condicionado que el número de niños concebidos por estos procedimientos aumente cada día. Actualmente, hay más de 10 millones de niños-TRA a nivel mundial, lo que condiciona que en torno al 7,9 % de recién nacidos en Europa y al 5,1 % en EE.UU. hayan sido concebidos por estos procedimientos(3).

La preocupación por el posible impacto de estas técnicas sobre la salud de niños y gestantes ha ido siempre de la mano de estos avances y mejoras progresivas. Así, desde los años 80, se han ido publicando muchos trabajos en relación a lo anterior y, de forma muy breve, podemos decir que la mayoría de autores y últimos metaanálisis describen más patología perinatal, malformaciones congénitas y riesgo de síndromes por defecto de impronta genómica en esta población(4,5). La mayoría coinciden en que no existen diferencias en cuanto a desarrollo psicomotor, capacidad intelectual, crecimiento ni desarrollo de alteraciones cromosómicas(6,7). Los resultados son más dispares y escasos en cuanto a autismo, cáncer, riesgo cardiovascular y fertilidad.

No obstante, los resultados siguen siendo contradictorios, los diseños de los estudios poco homogéneos y la posibilidad de que existan múltiples factores de confusión implicados es muy alta(8-10).

TRA y malformaciones congénitas mayores

Los últimos metaanálisis describen un ligero aumento de riesgo de malformaciones congénitas mayores en niños nacidos de gestaciones únicas conseguidas tras TRA (OR = 1,22, 95 % CI [1,17, 1,28], p <0,05).

Los datos sobre las anomalías congénitas en niños-TRA son contradictorios a día de hoy, debido fundamentalmente a las diferencias en la forma de clasificar estas anomalías por los autores, los diseños de estudio, los tipos de TRA analizados y el tiempo de seguimiento. No obstante, el último metaanálisis(4) describe un riesgo aumentado de desarrollar malformaciones mayores en niños concebidos de gestaciones únicas conseguidas gracias a estos procedimientos (FIV/ICSI). En este trabajo, los autores, de un total de 7.866 artículos, seleccionaron 14 publicados entre 2008 y 2018. Basándose en ellos, realizaron el análisis comparativo entre el grupo de niños-TRA nacidos de gestaciones únicas y el grupo de nacidos tras concepción natural, detectando un incremento del riesgo en el grupo TRA: OR = 1,22, 95 % CI [1,17, 1,28], p <0,05). No detectaron diferencias al comparar ambos grupos nacidos de gestaciones múltiples (RR: 1,12, IC 95 % 0,97-1,30).

La última revisión sistemática(11), basada en la selección de 11 artículos publicados en los últimos 10 años (2010-2016), también detecta un aumento de riesgo de malformaciones en el grupo de niños TRA de gestaciones únicas, basándose en 5 de esos estudios. Sin embargo, los autores concluyen que este incremento del riesgo de anomalías congénitas no está directamente relacionado con la TRA en sí misma, sino que depende de la edad de los padres, tipos de infertilidad y comorbilidades de la pareja y número de fetos durante la gestación, entre otros factores.

Un estudio reciente de cohorte prospectivo(9) llevado a cabo en la población española, también apoya la importante influencia de estos factores en la salud de los niños-TRA. Los autores siguieron hasta los 3 años de edad a 230 niños concebidos por TRA y 209 niños control apareados por el mismo grupo de edad materna, tipo de gestación (múltiples o única) y edad gestacional, sin detectar mayor riesgo de desarrollar malformaciones congénitas en el grupo TRA (tasa alta de malformaciones, 7-8 %, en ambos grupos, sin diferencias estadísticamente significativas entre ellos).

Por otro lado, además de estudiar la posible asociación entre el conjunto de malformaciones congénitas y las TRA, numerosos autores se han centrado en estudiar la posible asociación con algunos tipos concretos de estas anomalías. Así, Zwink et al., en 2012(12), describen en la población alemana nacida entre 1997 y 2011 un riesgo muy elevado de anomalías anorrectales en población TRA (FIV/ICSI), tanto para gestaciones únicas como múltiples: 7,7 (IC 95 %, 4,6-12,7) y 4,9 (IC 95 %, 2,4-10,1), respectivamente. Los autores no detectaron diferencias estadísticamente significativas entre gestaciones tras FIV o ICSI.

En relación con el riesgo de determinadas cardiopatías congénitas, se publica en 2013, un estudio de casos y controles de niños concebidos entre 1987 y 2009(13), en combinación con el estudio de cohortes de cardiopatías congénitas EPICARD, que incluye 1.583 niños-TRA con cardiopatía (tetralogía de Fallot, coartación aórtica, hipoplasia de cavidades izquierdas y transposición de grandes arterias) y 4.104 controles (niños con otras malformaciones) no expuestos a TRA. Los 3 tipos de TRA estudiados (FIV/ICSI y estimulación ovárica) se asociaron con el desarrollo de tetralogía de Fallot (6,6 % vs. 3,5 %), OR: 2,4 (IC 95 % 1,5-3,7). Hubo más asociación con ICSI, siendo la OR de 3 (IC 95 % 1-8,9). No se detectó asociación con los otros tres tipos de cardiopatías estudiadas.

En el metaanálisis citado previamente(4), los autores también establecieron que existía un mayor riesgo de algunas malformaciones concretas en nacidos de gestaciones únicas TRA:

– Cardiovasculares: OR: 1,51, 95 % CI (1,34-1,69).

– Urogenitales OR: 1,24, 95 % CI (1,11-1,38) p <0,05.

– Sistema nervioso central OR: 1,33, 95 % CI (1,14-1,55) <0,05.

– Orofaciales OR: 1,45, 95 % CI (1,15-1,83) p <0,05.

Posibles factores asociados al incremento de riesgo de malformaciones congénitas en niños TRA

Los principales factores postulados como causales del impacto en la salud de niños y gestantes sometidos a estos procedimientos son los siguientes: la realización de ICSI, tiempo de exposición al cultivo embrionario, la vitrificación de embriones, el PGT y la aparición de hiperestimulación ovárica.

Asociación entre ICSI y malformaciones congénitas

En cuanto a la existencia o no de un mayor riesgo de anomalías congénitas en nacidos de gestaciones conseguidas tras ICSI frente a los nacidos tras FIV, algunos autores describen tasas más altas, otros describen mayor riesgo asociado al uso de FIV, mientras otros no detectan diferencias. No existe consenso.

Un artículo muy reciente(14) en población danesa, noruega y suiza, en el que se compara una amplia cohorte de niños nacidos tras gestaciones únicas conseguidas tras ICSI (39.784) y tras FIV (47.178), muestra un aumento de riesgo en el grupo ICSI (Fig. 1), OR ajustado de 1,07 (95 % CI, 1,01-1,14), pero muy leve. A día de hoy, de acuerdo a los registros nacionales e internacionales, en el 85 % de los ciclos se realiza ICSI, por lo que es importante conocer que el impacto sobre la salud de los niños nacidos tras este tratamiento parece ser nulo o muy bajo.

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Figura 1. Microinyección intracitoplasmatica del espermatozoide en el ovocito.

Tiempo de exposición a cultivo embrionario

A día de hoy, hay una tendencia generalizada a transferir embriones en estadios tardíos (día 5 o 6 tras la fertilización), ya que ello parece conseguir una situación más similar a la fisiológica, una mejor adaptación del endometrio para la implantación, seleccionar los embriones de mejor calidad y, consecuentemente, mejores tasas de implantación y gestaciones clínicas. No obstante, una transferencia más tardía condiciona mayor tiempo de exposición de los embriones al medio de cultivo artificial, lo que se ha postulado que podría tener efectos en la salud de los niños-TRA(15).

La última revisión sistemática(16) en la que se analiza si hay diferencias en cuanto al riesgo para el recién nacido de presentar anomalías congénitas, en función del día de la transferencia embrionaria (día 3 o día 5-6) (Fig. 2), no mostró diferencias significativas RR: 0,80 (95 % CI, 0,63-1,03).

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Figura 2. Estadios del embrión.A. Embrión día 3. B. Embrión en día 5: blastocisto.

Vitrificación embrionaria (Fig. 3)

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Figura 3. Vitrificación embrionaria.

Un reciente metaanálisis(16) en el que se compara el riesgo de patología perinatal y defectos congénitos en función de si la transferencia se ha producido en fresco o tras desvitrificación embrionaria, describe menor riesgo de prematuridad, bajo peso y peso bajo para la edad gestacional en el grupo de transferencia de embrión vitrificado; y no muestra diferencias en el riesgo de anomalías congénitas. En este trabajo también se describe un aumento de riesgo de recién nacido grande para la edad gestacional y de HTA materna, aspectos que han sido previamente descritos en la literatura.

Por ello, la tendencia de vitrificar siempre o “Freeze all”, para disminuir las tasas de hiperestimulación ovárica, y conseguir una situación más similar a la fisiológica, debe ser cuestionada(17) y valorar su práctica de forma individualizada.

Realización de PGT

El uso de PGT va en aumento cada año. El último registro de la actividad TRA en el año 2019 en España (Registro SEF 2019) informa que se llevaron a cabo 14.189 ciclos, siendo la indicación más frecuente la edad materna avanzada.

La biopsia embrionaria se realiza en estadio de blastocisto expandido (embrión en día 5 o 6). El riesgo de dañar al embrión se estima en <1 % y, en la mayoría de casos, los embriones son vitrificados tras la biopsia. En cuanto al posible impacto sobre la salud de niños y gestantes expuestos a TRA, la última revisión sistemática y metaanálisis(18) en la que se revisaron los trabajos publicados en los últimos 20 años y se compararon 3 grupos: 3.682 niños-PGT, 127.719 concebidos tras FIV/ICSI y 915.222 tras concepción natural, no hubo más tasas de malformaciones en el primer grupo. Los autores describen un mayor riesgo de HTA materna en el grupo PGT en relación con el grupo gestaciones tras FIV/ICSI y naturales, así como más riesgo de pequeño para la edad gestacional OR: 3,95 (IC 95 % 2,32-6,72).

Un estudio retrospectivo posterior(19) que compara los resultados perinatales tras transferencias realizadas de embriones vitrificados biopsiados o no biopsiados
entre los años 2016 y 2018, mostró tasas superiores de recién nacido vivo tras PGT 41,1 % vs. 35,6 % (aOR: 1,27, 95 % IC 1,05-1,54 p = 0,012). Las tasas de malformaciones congénitas fueron similares en ambos grupos.

Síndrome de hiperestimulación ovárica

El síndrome de hiperestimulación ovárica es una complicación poco frecuente (3,1-8 %), pero, potencialmente grave, de los tratamientos de reproducción asistida (Fig. 4).

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Figura 4. Ovario hiperestimulado.

Es más frecuente en mujeres jóvenes y delgadas, en casos de síndrome de ovario poliquístico o con imagen ecográfica del “signo del collar” y en mujeres con valores de estradiol elevado (>2.500 pg/ml). Se ha asociado a mayor riesgo de patología perinatal, como gran prematuridad y bajo peso al nacimiento(20), y también a un riesgo aumentado de defectos congénitos, aunque los estudios son muy escasos y no hay suficiente evidencia científica que lo apoye.

Otro posible factor asociado a los problemas de salud estudiados en los niños concebidos gracias a técnicas de reproducción asistida es la subfertilidad. Esta se ha asociado a mayor riesgo de patología perinatal, malformaciones mayores, así como a la obtención de peores resultados en la evaluación del desarrollo psicomotor(21,22), por lo que también debemos tener esto en cuenta.

TRA y malformaciones congénitas menores

Se ha descrito aumento de riesgo de malformaciones capilares, hemangioma y lesiones pigmentarias, así como un fenotipo facial recurrente asociado al uso de estas técnicas, pero son necesarios más estudios que corroboren estos datos.

Las malformaciones menores son un conjunto de anomalías del desarrollo que no tienen una repercusión clínica significativa en los pacientes. En cuanto a su asociación con las TRA, los estudios realizados son muy escasos. No obstante, se ha descrito la TRA como factor de riesgo de hemangioma infantil(23), y en hijos de parejas subfértiles y sometidas a TRA se han descrito altas tasas de anomalías menores clínicamente irrelevantes, de acuerdo con la clasificación de Merks et al.(24). Entre el 50 y el 54 % presentó este tipo de anomalías(25), siendo las más frecuentes: hemangioma infantil (2-5 %), hernia inguinal y umbilical (1-3 %), hipospadias (1-2 %) y criptorquidia (1-2 %). En un estudio ya citado previamente(9), en el que también se compara el riesgo de anomalías menores entre una cohorte de 230 niños-TRA y 209 niños concebidos de forma natural, en conjunto no se detectan diferencias entre grupos, pero sí en algunas de ellas. Concretamente, los autores describen más riesgo de malformaciones capilares OR: 1,72 (IC 95 % 1,00-2,97 p = 0,05) y lesiones pigmentarias en esta población OR: 1,92 (IC 95 % 1,23-3,08 p = 0,004), independientemente de la edad materna, la edad gestacional, el tipo de gestación (múltiple o única) y el sexo. Respecto al riesgo de hemangioma infantil, aunque se describe mayor incidencia en el grupo TRA (4,76 % vs. 3,4 %), las diferencias no fueron estadísticamente significativas al ajustar los resultados por sexo, prematuridad y otros posibles factores de confusión.

En este trabajo se detectó también un patrón craneofacial recurrente en el 68 % de la población TRA no descrito con anterioridad, caracterizado por frente prominente, hipoplasia mediofacial, epicantus, mejillas llenas y labio superior fino(18). El programa de reconocimiento facial (https://www.face2gene.com/) que incluyó pacientes controles, con síndrome alcohólico fetal y niños-TRA, permitió distinguir los tres patrones craneofaciales.

El conocimiento de este fenotipo facial por parte de los clínicos y, en especial, por los especializados en el estudio de pacientes con anomalías congénitas o trastornos del neurodesarrollo lo consideramos fundamental, de cara a solicitar los estudios genéticos más oportunos en cada caso. Los rasgos craneofaciales son, en ocasiones, la pista para alcanzar un diagnóstico genético específico, pero conocer los patrones craneofaciales asociados a factores no genéticos, como la exposición a algunos fármacos, tóxicos, o esta asociación con el uso de TRA, puede minimizar ocasionalmente los estudios a realizar.

TRA y defectos de impronta genómica

Los síndromes por defecto de impronta, como el síndrome de: Beckwith-Wiedemann, Silver-Russel, Prader-Willi, entre otros, son más frecuentes en población concebida por TRA según los últimos metaanálisis.

La impronta genómica hace referencia a los mecanismos de regulación de la expresión génica sin cambios de la secuencia de ADN e incluye modificaciones en: las colas de histonas (acetilación, metilación, fosforilización, etc.), la metilación del ADN y el grado de compactación del ADN sobre los nucleosomas.

El mecanismo más ampliamente estudiado es la metilación del ADN. Esta reacción está catalizada por enzimas ADN metiltransferasas, que unen un grupo metilo de la S-adenosilmetionina al carbón 5 del anillo de la citosina de los dinucleótidos de la secuencia CpG(26).

Estas marcas epigenéticas condicionan, en determinadas regiones cromosómicas, la expresión monoalélica de determinados genes según su origen parental. Desde 1991, se han descrito en el ser humano más de 100 genes sometidos a este tipo de regulación génica (https://www.geneimprint.com/site/genes-by-species), cuyas funciones están implicadas en procesos fundamentales del desarrollo fetal: crecimiento, metabolismo, desarrollo placentario y neurológico(27). Estos mecanismos se llevan a cabo durante la gametogénesis y la fase preimplantatoria y, por ello, el uso de TRA se ha planteado como posible modificador de estos procesos.

La pérdida o ganancia de metilación tendrá, en ocasiones, efectos graves sobre el desarrollo fetal y del individuo, y podrá condicionar un grupo de trastornos genéticos denominados síndromes por defecto de impronta (SDI). Entre ellos se incluyen el síndrome de: Prader-Willi (SPW), Angelman (SA), Silver-Russell (SSR), Beckwith-Wiedemann (SBW) y Temple.

Estos síndromes son enfermedades muy poco frecuentes y, aunque algunos autores no han detectado diferencias entre su desarrollo en niños-TRA o concebidos de forma natural, la gran mayoría de autores sí describe, desde el 2002, mayor tasa de estas patologías en niños concebidos por TRA(28,29). El último metaanálisis publicado en 2018(5), en el que se analiza el riesgo para cuatro de estos trastornos por defecto de impronta, se describe un riesgo aumentado de todos ellos: SA: sOR 4,7 (IC 95 % 2,6-8,5, basándose en 4 estudios); SBW, sOR 5,8 (95 % CI 3,1-11,1, 8 estudios); SPW sOR 2,2 (IC 95 % 1,6-3,0, 6 estudios); SSR, sOR 11,3 (IC 95 % 4,5-28,5, 3 estudios).

En un estudio posterior realizado en población japonesa(30) en el que fueron incluidos 931 pacientes afectos de SDI, los autores describen un riesgo aumentado de 4,46 y 8,91 para el síndrome de Beckwith-Wiedemann y Silver-Russell, respectivamente; y de 3,44 para el síndrome de Prader-Willi. Los autores también describen que los fenotipos son, en ocasiones, atípicos, sin las características más comunes presentes en estos síndromes, lo que puede tener relación con el hecho de que puede haber alteraciones epigenéticas en locus distintos a los que condicionan estos síndromes. Esta premisa se apoya en los resultados de estudios específicos de epigenética en distintas muestras de población TRA y concebidos de forma natural (humana y animal), en los que se detectan patrones diferentes de metilación(31,32).

A día de hoy, se desconoce el factor específico de la TRA implicado en estos cambios y el momento exacto en el que se producen. Algunos factores postulados son: la exposición al cultivo celular(33), la estimulación ovárica(34), la técnica ICSI(35) y la vitrificación embrionaria(36), los mismos factores postulados como causales del incremento del riesgo de desarrollar malformaciones congénitas. Sin embargo, es muy complejo poder determinar el que está directamente relacionado con el aumento de los SDI, debido a los distintos tipos de TRA y protocolos de tratamiento, las diferentes condiciones basales y hábitos de las parejas infértiles y por la escasa prevalencia de estos síndromes.

Por todo ello, son necesarios más estudios al respecto y en muestras más amplias, para poder alcanzar un mejor entendimiento de estos procesos y así minimizar las alteraciones secundarias en la medida de lo posible.

Cromosomopatías y TRA

No hay evidencia, a día de hoy, de que el uso de TRA aumente el riesgo de cromosomopatías en la descendencia, por lo que no está indicado ofrecer estudio prenatal invasivo en las gestaciones conseguidas por estos procedimientos, a no ser que haya otro motivo que lo justifique.

En cuanto a la hipótesis de si existe un mayor riesgo de alteraciones cromosómicas en fetos o niños TRA (sobre todo tras ICSI), en probable relación con las alteraciones seminales presentes en algunos pacientes, inicialmente se publicaron distintos trabajos que lo sugerían(37), pero, en la actualidad, no hay evidencia científica que lo apoye y la mayoría de autores no detectan diferencias(38,39). La última revisión sistemática y metaanálisis publicado en 2021(40) sobre la asociación entre ICSI y anomalías cromosómicas, tampoco detecta un incremento de riesgo de estas anomalías en niños concebidos tras ICSI en comparación con los concebidos tras FIV aOR: 0,75 (IC 95 % 0,41-1,38) ni tras concepción natural OR: 1,29 (IC 95 % 0,69-2,43). Los autores seleccionan 19 artículos de un total de 4.648 de estudios de cohorte para realizar el metaanálisis y se pudo realizar el análisis de riesgo teniendo en cuenta los datos de 5 de ellos. Los diferentes diseños de estudio, la realización de test prenatales, postnatales o en embriones en los distintos trabajos, hace difícil extraer conclusiones robustas del análisis conjunto de estos trabajos.

Con todo, en la actualidad, no se ofrece diagnóstico prenatal invasivo tras estos procedimientos, algo que sí se planteaba al inicio del uso de esta técnica en los años noventa. Sí se describe una clara asociación entre el aumento progresivo de estas alteraciones y la edad materna en población-TRA(41), al igual que ocurre en población general(42). Ello hay que tenerlo en cuenta, dado que según los últimos datos publicados por el ICMART, hasta el 27 % de las mujeres tratadas son mayores de 40 años, porcentaje que ha ido subiendo año tras año y que puede que a fecha actual sea superior.

Enfermedades monogénicas y TRA

No hay evidencia científica que apoye que el uso de TRA aumente el riesgo de enfermedades monogénicas en la descendencia.

No hay evidencia de que el uso de estos procedimientos se asocie con un mayor riesgo de enfermedades monogénicas. No obstante, hay que tener en cuenta la asociación entre la edad paterna avanzada y el riesgo de algunas enfermedades. También, en varones con afectación seminal muy grave, se ha postulado, pero no hay evidencia científica suficiente que lo apoye.

Es importante comentar la realización, cada día más frecuente, de los estudios de cribado genético de portadores de enfermedades de herencia autosómica recesiva y/o ligada al X en parejas que van a someterse a TRA. Con este tipo de estudios, el objetivo es disminuir el riesgo de enfermedades monogénicas en la descendencia de estas parejas, pero debemos recordar que siempre queda un riesgo residual por las limitaciones del estudio (variantes de significado incierto, contínua descripción de genes asociados a patología, etc.), y que este tipo de estudios no permiten evitar la aparición de enfermedades genéticas de novo en los futuros recién nacidos.

Conclusiones

Las técnicas de reproducción asistida son procedimientos cada vez más utilizados y, aunque son seguros y la mayoría de niños concebidos gracias a estos procedimientos son sanos, la evidencia científica actual apoya que existe un leve incremento de riesgo de malformaciones congénitas mayores y algunas menores y mayor riesgo de síndromes por defecto de impronta genómica. No parece existir riesgo de alteraciones cromosómicas ni de enfermedades monogénicas, salvo el asociado al aumento de la edad materna y paterna, respectivamente.

No obstante, cada vez son más los autores que insisten en la posibilidad de que exista una influencia mayor de otros factores en los resultados comentados, como son la gemelaridad, tipos de infertilidad, etc., y no la TRA en sí misma. Las parejas deben ser informadas adecuadamente, y se debe tener en cuenta su edad al explicar las tasas de éxito, así como los posibles efectos de la misma sobre su salud durante la gestación y la de su descendencia en un futuro. Por todo lo anterior, también se debe recomendar transferir un único embrión en la medida de lo posible, con lo que se minimiza la tasa de gestaciones múltiples y secundariamente la de prematuridad, así como de otros problemas de salud relacionados.

Basándose en la actualización realizada sobre el impacto de la gestación asistida en las enfermedades genéticas, se ha realizado un documento informativo dirigido a las parejas que van a someterse a estos tratamientos, con el objetivo de mejorar su asesoramiento.

Hoja informativa para las familias

En la actualidad, fundamentalmente por el retraso en el deseo reproductivo (estilo de vida, cambios socioeconómicos, etc.), entre el 12-17 % de las parejas tiene dificultades para concebir. Ello ha condicionado un aumento de las indicaciones y uso de las técnicas de reproducción asistida (TRA) y ha supuesto que entre el 5-7 % de los niños sean concebidos gracias a TRA a nivel mundial.

La tasa general de gestación por embrión transferido se estima en 36-45 % aproximadamente hasta los 40 años, y la tasa de abortos entre el 12-25 % (similar a la población general). En caso de realización de test genético preimplantatoria (PGT), las tasas de parto/transferencia son del 40 % aproximadamente (Registro de la Sociedad española de fertilidad 2019).

• Durante el procedimiento pueden aparecer complicaciones, generalmente leves, siendo las más frecuentes: dolor abdominal, sangrado, hiperestimulación ovárica o una baja respuesta (obtención de un escaso número de ovocitos).

 

En cuanto al posible impacto sobre la salud de los recién nacidos, los datos más relevantes son los siguientes:

• El crecimiento y desarrollo suele ser normal, similar al de la población general. Tampoco hay evidencia de que exista mayor riesgo de retraso psicomotor, problemas de aprendizaje y/o comportamiento en este grupo de niños.

• La tasa de malformaciones congénitas mayores se describe algo superior en niños nacidos de gestaciones únicas tras TRA (OR = 1,22), pero no tras gestaciones múltiples. No obstante, la última revisión sistemática y otros estudios sugieren que este incremento no está relacionado con la TRA en sí misma, sino con otros múltiples factores como la edad de los miembros de la pareja, las causas de infertilidad, el tipo de gestación (múltiple o única) y otras comorbilidades.

• Los últimos metaanálisis no detectan más riesgo de malformaciones congénitas asociado al uso de PGT.

• El conjunto de las malformaciones menores no parecen verse incrementadas en estos niños, aunque los datos son escasos. Sí se ha descrito mayor riesgo de malformaciones capilares, lesiones pigmentarias, así como anomalías craneofaciales no específicas.

• No hay evidencia de que exista un riesgo aumentado de enfermedades cromosómicas ni por variantes en genes concretos (enfermedades monogénicas) en niños concebidos por TRA.

• Se describe mayor riesgo de enfermedades de muy baja prevalencia debidas a defectos de impronta genética, como el síndrome de: Beckwith-Wiedemann, Silver-Russel, Temple, Angelman y Prader Willi, aunque el riesgo absoluto sigue siendo muy bajo.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Realizar una correcta anamnesis, documentando siempre la historia familiar, el tipo de gestación (natural o por TRA) y, en caso de tratarse de una TRA, documentar el motivo y si se ha realizado con gametos propios o muestra de donante y el tipo.

• Realizar una exploración física sistemática, incluyendo una exploración de anomalías congénitas menores que puedan orientar hacia una sospecha de diagnóstico de cuadro malformativo y/o entidad genética específica que pueda estar relacionada con las TRA.

• Derivar a una consulta de genética especializada de aquellos casos sospechosos.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

– Hattori H, Hiura H, Kitamura A, Miyauchi N, Kobayashi N, Takahashi S, et al. Association of four imprinting disorders and ART. Clin Epigenetics. 2019; 11: 21.

Este artículo es especialmente interesante, porque además de estudiar la asociación entre el uso de TRA y los síndromes por defectos de impronta, describe la clínica de los casos diagnosticados, así como las distintas alteraciones genéticas identificadas según el tipo de gestación (natural o tras TRA).

– Sánchez Soler MJ, López-González V, Ballesta-Martínez MJ, Gálvez-Pradillo J, Nicolás-Arnao M, Gómez-Sánchez E, et al. Risk of mayor and minor birth defects in children conceived by assisted reproductive technology (IVF/ICSI): A prospective controlled cohort study. An Pediatr (Engl Ed). 2021; 95: 448-58.

Artículo de interés al ser un estudio prospectivo de una cohorte española de niños concebidos gracias a TRA y un grupo control de similares características (prematuridad, gemelaridad, edad materna, etc.), en el que se estudian las diferencias en el desarrollo de malformaciones mayores y menores entre grupos. Por el diseño del estudio, muchos de los posibles factores de confusión son eliminados y los resultados son algo distintos a los descritos en los últimos metaanálisis.

 

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: paciente remitida a los 4 años para valoración y asesoramiento por talla baja con déficit de GH y rasgos particulares.

Antecedentes familiares: madre: 42 años. Talla: 170 cm. Sin hábitos tóxicos ni medicación crónica. Esterilidad primaria. GAV 1/0/1. Padre: 42 años, sano. Talla: 180 cm. No consanguíneos. No refieren otros antecedentes familiares de interés (abortos de repetición, malformaciones congénitas, discapacidad intelectual, etc.).

Antecedentes personales: gestación conseguida mediante técnicas de reproducción asistida con gametos paternos, mediante transferencia de embrión congelado (TEC) por complicación tras ciclo (hipererestimulación ovárica materna). Hiperémesis gravídica hasta el 6º mes. Cribado de riesgo de cromosomopatías de bajo riesgo. Ecografías prenatales normales hasta semana 37 de gestación en la que se detecta retraso de crecimiento intrauterino (CIR). Nacimiento mediante cesárea programada a las 38+2 semanas por CIR y presentación podálica. No precisó reanimación. Peso: 2.380 g (P3). Longitud: 47 cm (P10). Perímetro cefálico: 34 cm (P50). Cribado metabólico normal. Cribado auditivo normal. Desarrollo psicomotor: sonrisa social: 2 meses. Sostén cefálico: 12 meses. Deambulación autónoma a los 3 años. Hipotonía generalizada. Torpeza motora, dificultades para subir escaleras. Adquisición retrasada del lenguaje con abundantes dislalias. Comportamiento amable, siempre está tranquila. Escolarizada en ciclo infantil, con buena adaptación, aunque con cierto desfase, algunas dificultades en la relación social. Control de esfínteres próximo a los 5 años. Acude a atención temprana 3 veces/semana, donde recibe fisioterapia y logopeda. Sin eventos sugestivos de crisis convulsivas. Sin datos de regresión. Audición y visión normal. Dentición retrasada. Alimentación: problema deglutorio (más acusado con líquidos) desde el nacimiento, por lo que ha precisado sonda nasogástrica hasta los 2 años y, posteriormente, gastrostomía hasta los 3 años. En seguimiento por múltiples especialistas:

• Endocrinología por el retraso de crecimiento desde los 2 años, iniciándose tratamiento con GH a los 3 años con muy buena respuesta.

• Traumatología desde el nacimiento por displasia de caderas bilateral que precisó tratamiento ortopédico. Pie aducto.

• Neuropediatría por síndrome hipotónico. Pruebas complementarias realizadas: EMG, EEG, RM cerebral, bioquímica con CK, hemograma, cariotipo y FISH Prader-Willi: normal; estudio de metilación para síndrome de Silver-Russell con resultado normal.

• Valoración oftalmológica con fondo de ojo normal.

• Estudio nefrológico con función renal normal.

• Estudio cardiológico: ecocardiograma y ECG a los 2 años, normal.

Exploración física (5 años y 3 meses): peso: 17 kg (p21, -0,84 DE). Talla: 102,5 cm (p2, -2,1 DE). Perimetro cefálico: 50 cm (p32, -0,49 DE). Buen estado general. Proporciones corporales normales. Macrocefalia relativa, frente algo prominente. Raíz nasal aplanada. Hipoplasia de alas nasales. Ojos redondeados con desviación de comisuras palpebrales inferior. Hipoplasia malar. Pabellones auriculares con hélix plegado, carnoso, de implantación baja, rotados. Sin fositas, fístulas ni apéndices preauriculares. Paladar ojival y encías normales. Úvula normal. Dientes de morfología y tamaño normal. Cuello normal. Tórax simétrico, mamilas separadas no invertidas. ACP: normal. Abdomen: blando y depresible, sin masas ni visceromegalias, globuloso. Cicatriz de gastrostomía. Genitales femeninos normales. Neurológico: hipotonía generalizada. Sin focalidad. Adecuada colaboración. Locomotor: sin escoliosis, genu valgo leve y pies planos. Hipotrofia de pantorrillas. Dedos de manos largos, afilados distalmente. Leve implantación baja del primer dedo. Leve clinodactilia del 5º dedo de mano izquierda. Surcos palmares y plantares normales. Fosita sacra superficial, en fondo de saco. Sin limitación articular de miembros. Piel: sin manchas ni discromías significativas. Nevus en palma izquierda. Sin pits palmares.

Exploraciones complementarias:

Array-CGH (60 k): se identifica una duplicación de significado incierto de un segmento del brazo largo del cromosoma 3 en la banda q22.3, de un tamaño comprendido entre 0,25 y 0,56 Mb. Afecta a la dosis de 3 genes (TMEM22, NCK1, IL20RB) no asociados a patología en OMIM, heredada de la madre. Al ser la madre portadora sana de esta misma CNV, es más probable que se trate de una variante familiar sin repercusión clínica.

Estudio de metilación de la región 14q32: hipometilación que conlleva la sobre-expresión de genes MEG3/GTL2.

Juicio clínico: síndrome de Temple (#6161222): Retraso psicomotor, hipotonía, trastorno deglutorio, retraso de crecimiento y rasgos particulares secundarios.

Asesoramiento genético: la paciente fue remitida por hipotonía, retraso psicomotor, problemas deglutorios, retraso de crecimiento prenatal y rasgos particulares, sospechándose, tras su valoración, un trastorno genético específico. Dentro de los estudios realizados, el análisis de una región del cromosoma 14 ha mostrado un patrón de metilación alterado (mecanismo de regulación de la expresión de algunos genes). Ello se considera la causa de sus problemas médicos, confirmando el diagnóstico de síndrome de Temple. Esta enfermedad genética es una enfermedad rara, que se caracteriza por bajo peso al nacimiento (87 %), hipotonía (93 %), talla baja con macrocefalia relativa (56 %), y problemas de alimentación (43 %). Evolutivamente los pacientes suelen presentar sobrepeso, hiperlaxitud articular, y es frecuente la pubertad adelantada. En torno al 83 %, presenta retraso psicomotor y, aproximadamente el 39 %, discapacidad intelectual. Pueden presentar también rasgos faciales similares a los presentes en la paciente (raíz nasal aplanada, frente prominente, ojos almendrados, paladar ojival, etc.) y, en ocasiones, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia o trastornos de regulación de la glucemia. Por todo ello, estos pacientes precisan un seguimiento interdisciplinar según sus necesidades, y controles periódicos por Endocrinología.

Existen distintos mecanismos por los que esa región del cromosoma 14 puede verse alterada, habiéndose detectado en este caso un defecto de metilación aislado. En estos casos suele ocurrir de forma esporádica, y el riesgo de recurrencia para los padres o en futuras gestaciones de la paciente, se considera bajo.

 

 

Bases moleculares del diagnóstico de las enfermedades genéticas

A. González-Meneses López
Temas de FC


A. González-Meneses López

Unidad de Dismorfología. Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Universidad de Sevilla

X

Autor para correspondencia

pediatra@gonzalez-meneses.es

Resumen

Las enfermedades genéticas son unos procesos complejos que pueden ser debidos a múltiples causas, desde alteraciones cromosómicas, que afectan a un cromosoma completo o parte de él, a alteraciones monogénicas que pueden tener, tanto herencia autosómica dominante, autosómica recesiva o ligada al cromosoma X. Además de estas herencias mendelianas tradicionales, existen otras alteraciones genéticas correspondientes a las herencias no tradicionales, como son la expansión de tripletes, responsables de enfermedades, como el X frágil, la enfermedad de Huntington o la distrofia miotónica de Steinert; otras formas de herencia no tradicional son la disomía uniparental, responsable de enfermedades como el síndrome de Prader-Willi o de Angelman, y la herencia mitocondrial, tanto por afectación del ADN mitocondrial como de ADN nuclear expresado en la mitocondria. El adecuado conocimiento de las bases moleculares de las enfermedades genéticas nos permite una mejor comprensión de las herramientas necesarias para el diagnóstico, así como de los patrones de herencia subyacentes en estas enfermedades.

 

Abstract

Genetic diseases are complex processes that can be due to multiple causes, from chromosomal alterations affecting either a whole chromosome or part of it, to monogenic alterations that can have either autosomal dominant, autosomal recessive, or X-linked inheritance. In addition to these traditional Mendelian inheritances, there are other genetic alterations corresponding to non-traditional inheritances, such as triplet expansions, responsible for diseases like Fragile X syndrome, Huntington’s disease, or myotonic dystrophy. Other forms of non-traditional inheritance include uniparental disomy, responsible for diseases like Prader-Willi or Angelman syndrome, and mitochondrial inheritance, involving both mitochondrial DNA and nuclear DNA expressed in the mitochondria. Adequate knowledge of the molecular bases of genetic diseases allows for a better understanding of the tools needed for diagnosis as well as the underlying inheritance patterns in these diseases

 

Palabras clave: Enfermedades genéticas; Alteraciones cromosómicas; Herencia autosómica dominante; Herencia autosómica recesiva; Herencia ligada al cromosoma X; Enfermedad por expansión de tripletes; Enfermedad mitocondrial.

Key words: Genetic diseases; Chromosomal alterations; Autosomal dominant inheritance; Autosomal recessive inheritance; X- linked inheritance; Triplet expansion diseases; Mitochondrial diseases.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 282 – 288

 


OBJETIVOS

• Conocer las bases moleculares de las diferentes enfermedades genéticas que afectan al ser humano.

• Identificar las herramientas de diagnóstico más adecuadas para cada una de las alteraciones genéticas subyacentes.

• Conocer los diferentes patrones de herencia asociados a las enfermedades genéticas.

• Entender el papel de la genética en el diagnóstico de las enfermedades infantiles, fundamentalmente aquellas asociadas a discapacidad intelectual y malformaciones congénitas.

 

Bases moleculares del diagnóstico de las enfermedades genéticas

Introducción

Las enfermedades genéticas son un grupo heterogéneo de alteraciones, cuya causa principal es una alteración en la información genética contenida en la célula, bien sea en el ADN (ácido desoxirribonucleico) nuclear, bien sea en el ADN mitocondrial.

Nuestro material genético es heredado de nuestros progenitores, siendo el ADN nuclear, el perteneciente al núcleo de la célula, heredado al 50 % de nuestro padre y de nuestra madre, y el ADN mitocondrial heredado solo de nuestra madre, al ser aportado por el óvulo tras la fecundación(1).

En líneas generales, los genes codifican proteínas que, a su vez, realizarán las funciones biológicas que les son propias. Así, una alteración en esta codificación (mutación) puede hacer que la función de dicha proteína no se produzca adecuadamente, dando lugar a una patología de base genética. Estas mutaciones pueden afectar a una sola de las copias del gen o a ambas, condicionando así el patrón de herencia de dichas enfermedades(1).

Aunque todas las enfermedades pueden estar influidas por la genética, en el presente trabajo abordaremos específicamente aquellas donde la genética es determinante en su etiología y fisiopatología, fundamentalmente por afectación de un solo gen como causa del problema subyacente.

Etiología de las enfermedades genéticas y patrones de herencia

Las alteraciones genéticas pueden producirse por una alteración en varios genes simultáneamente o por una alteración solo en un gen. Cuando se producen por varios genes simultáneamente, puede ser tanto por exceso de genes (duplicaciones) como por defecto (deleciones). En la tabla I podemos encontrar un resumen de las diferentes etiologías de alteraciones genéticas.

tabla

Alteraciones cromosómicas

Las alteraciones cromosómicas se producen cuando se altera un cromosoma total o parcialmente, siendo el cariotipo y el array CGH, las herramientas más adecuadas para su diagnóstico.

Cuando la alteración afecta a un cromosoma, hablamos de cromosomopatías. Así, consideramos las aneuploidías como aquellas alteraciones genéticas provocadas por el exceso o defecto de un cromosoma completo. Entre las aneuploidías más frecuentes, tenemos el síndrome de Down, por exceso de un cromosoma 21(2), o el síndrome de Turner, por falta de un cromosoma X(3). En muy raras ocasiones, podemos tener una dotación cromosómica completa duplicada (todos los cromosomas duplicados), si bien es algo que solo es compatible con la vida cuando se produce en mosaico. Es lo que conocemos como triploidía (si hay una dotación genética completa de más), o tetraploidía (si hay dos dotaciones genéticas de más)(4). En las cromosomopatías consideramos mosaico cuando no todas las células tienen la misma dotación genética. Así, un individuo con síndrome de Down en mosaico será aquel que tiene un porcentaje de sus células con la trisomía 21 y otro porcentaje de ellas sin dicha trisomía(2).

Cuando parte de un cromosoma está situado en otro cromosoma que no le corresponde, hablamos de translocación. Las translocaciones pueden ser equilibradas (también llamadas robertsonianas) o desequilibradas. Las translocaciones equilibradas son aquellas que no alteran el número total de genes ni su marco de lectura, mientras que las translocaciones desequilibradas sí alteran el número total de genes del individuo o alteran el marco de lectura de alguno de los genes incluidos en los puntos de corte de la translocación. La importancia de las translocaciones equilibradas radica en que puede desequilibrarse en la descendencia del individuo portador de dicha translocación, estimándose en 1:1.000 la presencia de una translocación equilibrada en la población general(4).

Las aneuploidías se ven influidas fundamentalmente por la edad materna, como ocurre con frecuencia en el síndrome de Down, cuya incidencia aumenta exponencialmente en función de la edad de la madre(2,4).

La herramienta más importante y utilizada para la identificación de aneuploidías, es el cariotipo, aplicado habitualmente en los leucocitos obtenidos de sangre periférica, si bien puede aplicarse también a fibroblastos o a células fetales. Es, además, la única prueba que puede detectar las translocaciones equilibradas(5).

Cuando la deleción o duplicación de genes afecta solo a un pequeño número de ellos, hablamos de microdeleción o microduplicación, siendo una causa muy frecuente de alteraciones cromosómicas(4). Este tipo de alteraciones provoca lo que conocemos como síndromes de genes contiguos, que son afectaciones simultáneas debidas a la alteración de varios genes situados físicamente de modo adyacente en un mismo cromosoma, pero que afectan a órganos y sistemas distantes entre sí. Entre estos síndromes de genes contiguos, podemos destacar, entre otros, el síndrome de Williams-Beuren, por deleción a nivel 7q11.23, o el síndrome de Digeorge, por deleción 22q11(6), como casos paradigmáticos, donde encontramos alteraciones cardiológicas, renales o malformativas asociadas a diferentes grados de discapacidad intelectual, debido a esta afectación simultánea de genes contiguos que actúan en diferentes órganos. El array CGH es la mejor herramienta para el diagnóstico de este tipo de alteraciones; si bien suele ser necesario confirmar las alteraciones encontradas mediante hibridación in situ fluorescente (FISH) o cariotipo, para un adecuado consejo genético(4,5,7).

La mayoría de las alteraciones cromosómicas suelen ser “de novo”; es decir, no heredadas de los padres del paciente, salvo que sean debidas a una translocación cromosómica(2,4). No obstante, en algunos casos, el padre o la madre(4,6), considerándose entonces como herencia autosómico dominante si la alteración está en los cromosomas 1 al 22, o ligada al cromosoma X, si está en uno de los cromosomas X de la madre(4). En estos casos, la clínica presente en los individuos afectos de una misma familia puede ser variable, lo que indica diferente grado de expresividad de las alteraciones clínicas asociadas a la cromosomopatía. En el caso de las alteraciones cromosómicas ligadas al cromosoma X, esta diferente expresividad puede estar también influida en las mujeres portadoras por la diferente expresión de cada cromosoma X en las células; ya que, en cada una de las células, uno de los cromosomas X de la mujer está silenciado, habitualmente de un modo aleatorio, lo que se conoce como fenómeno de Lyonización o inactivación selectiva del cromosoma X(8). No es infrecuente que, en estas familias, se detecten varones afectos de discapacidad intelectual, con o sin malformaciones asociadas, siendo las mujeres portadoras fenotípicamente sanas o solo mínimamente afectas, como ocurre en la mayoría de las alteraciones ligadas al cromosoma X no cromosómicas(8).

Alteraciones monogénicas

Las alteraciones monogénicas son aquellas debidas a la alteración de un solo gen, pueden ser autosómica dominantes, autosómica recesivas o ligadas al cromosoma X fundamentalmente, siendo la secuenciación masiva, la herramienta que actualmente permite mejor su identificación en la mayoría de los casos.

Las alteraciones monogénicas son aquellas que se producen como consecuencia de una mutación que afecta a la correcta lectura de la información contenida en un solo gen. Esta alteración puede encontrarse únicamente en una de las copias del gen, tal es el caso de las enfermedades autosómicas dominantes, o en ambas copias de dicho gen, como ocurre en las enfermedades autosómicas recesivas. Cuando el gen alterado se encuentra en el cromosoma X, normalmente afectará de modo diferencial si se trata de un varón o de una mujer, siendo habitualmente más intensa la alteración en los varones al tener exclusivamente un cromosoma X(9). No obstante, existen alteraciones ligadas a X de modo dominante, donde las mujeres son las únicas afectadas en su mayoría, siendo letal la afectación en los varones, como es el caso del gen MECP2 en el síndrome de Rett(10).

Que una alteración sea autosómica dominante o autosómica recesiva, depende de las características intrínsecas del propio gen. Así, hay genes donde una sola alteración es suficiente para desencadenar la clínica asociada a la insuficiencia de dicho gen, como ocurre en la acondroplasia o la neurofibromatosis tipo 1, entre otras.

Lo que caracteriza de modo inequívoco la transmisión autosómica dominante es un padre afecto que transmite la patología a su hijo varón. De este modo, una persona afectada de una de estas enfermedades puede transmitir dicha mutación y, por tanto, la enfermedad subyacente, a un 50 % de su descendencia, independientemente del sexo de los mismos. Existen, no obstante, muchas alteraciones asociadas a genes dominantes, donde la afectación es tan severa que no suele ser habitual que una persona afectada pueda reproducirse. En estos casos, es común que la aparición de dicha afectación sea “de novo” en la familia, es decir, el hijo afectado es el primero que padece dicha alteración en la familia, y la mutación genética responsable no ha sido heredada de ninguno de sus progenitores, como por ejemplo ocurre con la haploinsuficiencia del gen KAT6A, que provoca el síndrome de Arboleda-Tham, caracterizado por discapacidad intelectual moderada-severa, microcefalia y cardiopatía congénita fundamentalmente(11).

En cambio, en las enfermedades recesivas, ambos padres suelen ser portadores de la alteración subyacente, teniendo cada uno de ellos un alelo mutado y otro no mutado, lo cual no les ocasiona patología alguna. La transmisión a su descendencia de ambos alelos mutados dará lugar a una persona afectada por la alteración que se trate, lo que ocurrirá únicamente en el 25 % de su descendencia, independientemente del sexo de los mismos. Un ejemplo típico de este tipo de patología es la fibrosis quística, donde aproximadamente una de cada 25 personas es portadora, y que cuando dos portadores emparejan, tiene una posibilidad de 1 entre 4 de tener un hijo afectado por dicha patología(12). Este tipo de herencia, la autosómica recesiva, es especialmente frecuente en familias o poblaciones con una alta tasa de consanguinidad, al ser más probable que una mutación ya presente en algunos miembros de la familia pueda ser transmitida a la descendencia de un modo patogénico, al emparentar diferentes parientes entre sí(9).

El diagnóstico genético de las enfermedades monogénicas, bien sean autosómica dominantes, recesivas o ligadas al cromosoma X, se basa en la secuenciación del gen sospechoso, bien específicamente, bien dentro de una secuenciación masiva y simultánea de genes con consecuencias similares, siendo este último caso, el más habitual hoy día(9). Así, ante una sospecha de fibrosis quística por tener un paciente un test del sudor positivo y clínica compatible, podemos secuenciar únicamente el gen CFTR, para tratar de identificar las mutaciones causales en cada uno de los alelos de dicho gen, el materno y el paterno(12). Sin embargo, en caso de un paciente con retraso mental, con o sin malformaciones congénitas, se podrían secuenciar simultáneamente varios cientos de genes que son capaces de dar un fenotipo concordante mediante técnicas de secuenciación masiva de nueva generación (NGS), con el objetivo de encontrar el gen responsable(5,9).

Patología genética por expansión génica

En las alteraciones genéticas debidas a la expansión génica, la expansión de tripletes más allá de lo considerado fisiológico es la causa de la alteración subyacente del gen. No pueden ser identificadas adecuadamente mediante técnicas de secuenciación masiva y requieren pruebas específicas para su detección.

En algunos genes, la patología se produce por la expansión de tripletes repetitivos cuando dichos genes son transmitidos a la descendencia.

Así, existen algunos genes que están formados, entre otros, por tripletes repetitivos de ADN en un número determinado. En ocasiones, al transmitirse a los descendientes, dicho número de triplete aumenta, haciendo dichas zonas inestables, pudiendo aumentar aún más su tamaño en las siguientes generaciones e inactivando su transcripción(13).

Este es el modo de herencia que podemos encontrar en: la distrofia miotónica de Steinert (gen DMPK)(14), la enfermedad de Huntington (gen HTT) y el síndrome de X frágil por expansión del gen FMR1(15). El empeoramiento de la clínica y el aumento de su precocidad presentada por el paciente, conforme la expansión de tripletes es mayor con el paso de las generaciones, es lo que conocemos como fenómeno de anticipación.

Así, la enfermedad de Huntington es un trastorno neurodegenerativo progresivo autosómica dominante, caracterizado por: corea, distonía, falta de coordinación, deterioro cognitivo y dificultades de conducta, debido a una pérdida y atrofia progresiva y selectiva de células neurales en el núcleo caudado y el putamen. En personas no afectadas, el rango de tripletes repetidos es de 9 a 36, mientras que aquellos con enfermedad de Huntington, tienen más de 37 repeticiones en el gen HTT(13). Conforme una persona con tripletes aumentados tiene descendencia, aquellos que reciban el triplete afecto tenderán a aumentarlo en número en el momento de la concepción, presentando, a su vez, una clínica más severa y precoz conforme pasan las generaciones.

Análogamente, en la distrofia miotónica de Steiner ocurre un fenómeno parecido, con la particularidad que cuando el alelo expandido se transmite de una madre a su hijo, puede aumentar mucho más intensamente que cuando es de un varón a su hijo, pudiendo dar lugar, en el caso de las mujeres, a hijos afectos de formas de Steinert congénito(14).

También, en el síndrome de X frágil podemos ver esta expansión con fenómeno de anticipación, si bien en este trastorno vemos una afectación más intensa en los varones que en las mujeres, ya que los varones solo tienen un cromosoma X y el gen FMR1, que es el afectado en este proceso, se encuentra en dicho cromosoma. Las mujeres pueden estar también afectadas; pero, habitualmente, con una intensidad menor que los varones de su familia(14).

Para el diagnóstico de esta patología por expansión, requeriremos de técnicas especiales capaces de detectar con precisión el número de tripletes expandidos en el gen concreto, no siendo adecuadas las técnicas de secuenciación masiva, como el exoma(12-14).

Disomía uniparental e impronta génica

Las alteraciones genéticas causadas por disomía uniparental o impronta génica son debidas a una alteración que tiene en cuenta si el alelo heredado es del padre o de la madre. Para su correcto diagnóstico, son precisas, en muchos casos, pruebas específicas para determinar dicha herencia alélica.

La impronta génica, también llamada imprinting, es el mecanismo genético por el cual el material genético se expresa de forma diferente según se herede del padre o de la madre. En el genoma humano se han identificado genes con impronta en todos los autosomas excepto el 21(9). Es importante en todos aquellos procesos donde se puede producir una disomía uniparental, que es el fenómeno en el cual una parte del material genético ha sido heredado exclusivamente de uno de los progenitores(9).

Así, existen diferentes síndromes genéticos que están basados en la disomía uniparental y la impronta génica.

Destacamos, entre ellos, el síndrome de Prader Willi y el síndrome de Angelman, que son debidos a alteraciones en la región cromosómica 15q11-q13, que tiene impronta génica(16).

Así, los pacientes afectados por el síndrome de Prader Willi presentan al nacimiento una gran hipotonía, con grandes dificultades para la deglución que suelen irse resolviendo progresivamente, presentando posteriormente en su infancia una discapacidad intelectual moderada, con marcha y lenguaje habitualmente presentes, y una gran avidez por la comida que les hace engordar de modo intenso, si no existe un adecuado control de la ingesta. Es infrecuente la presencia de epilepsia en ellos, pero sí es frecuente el hipogenitalismo en los varones(16).

Las personas con síndrome de Prader Willi pueden tener, desde el punto de vista genético, bien una deleción del alelo paterno (en un 75-80 % de los casos) o una disomía uniparental materna (dos alelos presentes, pero ambos heredados de la madre, por lo que falta el alelo paterno), lo que ocurre en un 15-20 % restante(16). Rara vez, sobre un 1-3 %, la alteración es debida a un defecto de la impronta, teniendo el paciente un cromosoma de cada progenitor, pero con una impronta genómica incorrecta, donde el cromosoma paterno lleva una impronta materna, silenciando los genes de expresión paterna(16).

Por el contrario, las personas con síndrome de Angelman tienen unas manifestaciones clínicas muy diferentes de aquellas con síndrome de Prader Willi. Así, los neonatos con síndrome de Angelman pueden presentar hipotonía, pero no tan severa como en el síndrome de Prader Willi. Su desarrollo psicomotor es más deficiente, presentando una discapacidad intelectual habitualmente severa, donde es frecuente la epilepsia y donde el lenguaje suele estar ausente. La marcha, cuando se consigue (no en todos los pacientes), es a menudo anómala, con tendencia a la flexión de miembros superiores e inferiores.

En los pacientes con síndrome de Angelman, el defecto genético subyacente puede ser: deleción del alelo materno (70-75 %), disomía uniparental paterna (3-7 %), defectos del centro del imprinting (2-4 %) o mutaciones en el gen UB3A (10 %)(16).

Para el diagnóstico de estas alteraciones, podemos recurrir a herramientas capaces de detectar una deleción, como el array CGH, si bien no detectaría las disomías uniparentales sin deleción; o a técnicas especiales, como la PCR de metilación, capaz de detectar, tanto la pérdida cromosómica como la disomía uniparental(15,16).

Otra patología muy influida por la impronta génica es el síndrome de Beck­with-Wiedemann, síndrome caracterizado por sobrecrecimiento presente desde el nacimiento, macroglosia y, en ocasiones, defectos de la pared abdominal. Se caracteriza, también, por el aumento de susceptibilidad a tumores abdominales en la primera infancia. Su defecto genético reside en la región cromosómica 11p15.5, donde hay una región con impronta génica, pudiendo tener diferentes alteraciones en esta región, como deleciones o disomías uniparentales, o mutaciones de genes específicos de esta región génica capaces de dar un fenotipo similar(17).

Esta disomía uniparental, en el síndrome de Beckwith-Wiedemann, puede ocurrir de dos maneras principales: la disomía uniparental paterna y la materna. En el caso de la disomía uniparental paterna, el individuo hereda ambos cromosomas 11 de su padre; mientras que en la materna, ambos cromosomas provienen de la madre.

Además, la disomía uniparental en el síndrome de Beckwith-Wiedemann puede aumentar el riesgo de tumores embrionarios, especialmente el tumor de Wilms y el hepatoblastoma(17).

Herencia digénica

La herencia digénica es una forma peculiar de herencia que involucra alteraciones en dos genes simultáneamente. Si bien no son muy frecuentes las alteraciones que presenta dicha herencia, debe ser tenida en cuenta para un correcto diagnóstico en las patologías susceptibles.

La herencia digénica es un fenómeno genético en el cual un rasgo fenotípico o una enfermedad son el resultado de la interacción de variantes en dos genes diferentes. Este tipo de herencia implica la contribución combinada de múltiples genes en la determinación de un fenotipo específico. A diferencia de la herencia mendeliana clásica, en la que un solo gen puede determinar un rasgo, la herencia digénica requiere la presencia de variantes en dos genes para manifestar el fenotipo.

En los casos de herencia digénica, las variantes genéticas individuales pueden no ser suficientes para causar la enfermedad por sí solas, pero su combinación puede resultar en la expresión del fenotipo. Esto puede incluir interacciones aditivas, en las cuales las variantes en ambos genes contribuyen de manera similar al fenotipo, o interacciones epistáticas, en las cuales una variante en un gen modifica el efecto de la variante en otro gen.

El ejemplo más característico es el síndrome de Bardet-Biedl, un trastorno autosómica recesivo caracterizado por obesidad, retinitis pigmentosa, polidactilia y otras características. Este síndrome puede ser causado por mutaciones en varios genes diferentes, incluidos BBS1, BBS2, BBS4, entre otros. La interacción de las variantes en estos genes puede influir en la gravedad y la expresión clínica del síndrome, estando descrita la herencia digénica en este proceso, es decir, mutaciones en diferentes genes BBS pueden dar lugar a enfermedad, en lugar de dos mutaciones en el mismo gen BBS(18). Estas mutaciones, si bien pueden estar en genes diferentes, pueden ser identificadas mediante técnicas habituales de secuenciación.

Herencia mitocondrial

En la herencia mitocondrial podemos encontrar afectación diferente en individuos de la misma familia en función de la distribución de las mitocondrias alteradas en las diferentes células de su organismo. Es lo que se conoce como fenómeno de heteroplasmia.

La herencia mitocondrial es un tipo especial de herencia genética que implica la transmisión de características fenotípicas a través del ADN mitocondrial (ADNmt), que se encuentra en las mitocondrias y en las estructuras celulares encargadas de la producción de energía. A diferencia de la herencia nuclear, donde los genes se heredan de ambos progenitores, la herencia mitocondrial sigue un patrón específico y está mediada exclusivamente por el ADNmt, al ser todo este ADN heredado de nuestra madre a través del óvulo.

La herencia mitocondrial puede manifestarse de dos formas principales: herencia recesiva mitocondrial y herencia por alteración del ADN mitocondrial. En la herencia recesiva mitocondrial, una mutación en un gen que codifica una proteína que se expresa en las mitocondrias, se hereda de forma autosómica recesiva, lo que significa que un individuo debe heredar dos copias mutadas del gen (una de cada progenitor) para desarrollar la enfermedad. Las enfermedades mitocondriales recesivas pueden presentar una amplia variedad de síntomas y afectar a diferentes sistemas del cuerpo, como los músculos, el sistema nervioso y los órganos sensoriales, al ser estructuras ricas en producción energética y, por tanto, ricas en mitocondrias. En este tipo de afectación mitocondrial, todas las mitocondrias se verán afectadas de igual manera(19-20).

Por otro lado, la herencia por alteración del ADN mitocondrial implica mutaciones en el propio ADNmt, que pueden surgir de forma espontánea o ser heredadas de la madre. Dado que las mitocondrias se transmiten casi exclusivamente a través de la línea materna, las mutaciones en el ADNmt solo se heredan de la madre. Esto significa que todos los descendientes de una mujer afectada por una enfermedad mitocondrial por alteración del ADNmt estarán en riesgo de heredar la alteración, independientemente de su sexo. Sin embargo, no todas las mitocondrias tienen que estar afectadas y no todos los tejidos van a tener una afectación similar, sino que dependerá de la distribución de las mitocondrias afectadas. Este fenómeno se conoce con el nombre de heteroplasmia.

Las enfermedades mitocondriales causadas por alteraciones del ADNmt pueden afectar a una amplia gama de tejidos y órganos, y la gravedad de la enfermedad puede variar significativamente, incluso dentro de la misma familia. Ejemplos de enfermedades mitocondriales incluyen: el síndrome de Leigh, la encefalopatía mitocondrial, la neuropatía óptica hereditaria y la miopatía mitocondrial, entre otras(20). El diagnóstico de estas alteraciones difiere si se trata de mutaciones del ADN mitocondrial o nuclear, ya que las alteraciones del ADN nuclear que se expresan en la mitocondria pueden ser detectadas por métodos de secuenciación habitual, como el exoma, mientras que la secuenciación del ADN mitocondrial requiere de técnicas específicas para el estudio de dicho ADN mitocondrial(20).

Conclusiones

Las enfermedades genéticas abarcan un amplio espectro de trastornos cuya etiología reside en la alteración del material genético. Conocer adecuadamente las bases moleculares de estas patologías permite acercarnos a su diagnóstico y eventualmente a su tratamiento.

Las enfermedades genéticas abarcan un amplio espectro de trastornos cuya etiología reside en la alteración del material genético. Estas alteraciones pueden involucrar, tanto al ADN nuclear como al ADN mitocondrial, con patrones de herencia diversos, que van desde las cromosomopatías hasta las enfermedades monogénicas y las enfermedades por expansión génica.

La comprensión de los mecanismos subyacentes a estas enfermedades es fundamental para el diagnóstico, el manejo clínico y el asesoramiento genético adecuado. En el caso de las cromosomopatías, la edad materna y la presencia de translocaciones equilibradas pueden influir en la incidencia de aneuploidías. Las enfermedades monogénicas pueden presentar patrones de herencia autosómica dominante o recesiva, con implicaciones significativas para el consejo genético y la evaluación del riesgo en la descendencia.

La disomía uniparental y la impronta génica son fenómenos complejos que pueden dar lugar a síndromes genéticos bien conocidos, como el síndrome de Prader-Willi, el síndrome de Angelman y el síndrome de Beckwith-Wiedemann. Estos trastornos ilustran la importancia de la regulación epigenética y los efectos de la expresión génica diferencial según el origen parental.

Por otro lado, la herencia digénica revela la interacción entre múltiples genes en la determinación de ciertos fenotipos, como se observa en el síndrome de Bardet-Biedl. Esta complejidad genética resalta la necesidad de enfoques integrales en el diagnóstico molecular y la investigación genética.

Finalmente, la herencia mitocondrial representa un desafío único, debido a su exclusiva transmisión materna y la variabilidad en la afectación de los tejidos a causa de la heteroplasmia. Las enfermedades mitocondriales pueden afectar a una amplia gama de sistemas y presentar una gran variabilidad fenotípica, incluso dentro de una misma familia, lo que subraya la importancia de un enfoque multidisciplinario en su diagnóstico y manejo clínico.

En conjunto, estas diversas formas de herencia genética ilustran la complejidad del genoma humano y la importancia de una comprensión integral de los mecanismos genéticos en la práctica clínica y la investigación biomédica.

Función del pediatra de Atención Primaria

La genética es una rama de la medicina totalmente transversal y que trasciende a todas las demás ramas de la medicina, al estudiar las causas íntimas de muchas patologías. Los estudios genéticos actuales nos están permitiendo conocer, en muchos casos, las causas genéticas etiológicas de muchas patologías anteriormente desconocidas. Para el pediatra de Atención Primaria, conocer y estar familiarizado con los estudios necesarios para el diagnóstico genético, es fundamental para una adecuada atención a su paciente con una enfermedad de posible causa genética.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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GeneReviews es un recurso internacional on-line, que proporciona información clínicamente relevante, estructurada y comprensible para alteraciones hereditarias en un formato estandarizado estilo revista, que cubre diagnóstico, manejo y asesoramiento genético para pacientes y sus familias. Cada capítulo de GeneReviews está escrito por uno o más expertos en una enfermedad específica y pasa por un riguroso proceso de edición y revisión por pares antes de publicarse en línea. GeneReviews actualmente comprende 893 capítulos y tiene más de siete millones de usuarios al año. Los dos formatos generales de GeneReviews son: capítulos centrados en un solo gen o fenotipo (~95 %) y resúmenes que resumen las causas de afecciones genéticas comunes (p. ej., pérdida auditiva genética, enfermedad de Alzheimer) (~5 %). Forma parte de las bases de datos de la Biblioteca Nacional de los Estados Unidos.

- OMIM. Base de datos de enfermedades genéticas. Disponible en: https://omim.org/

OMIM es un compendio completo y autorizado de genes humanos y fenotipos genéticos que está disponible gratuitamente y se actualiza diariamente. Los resúmenes de texto completos con referencias en OMIM contienen información sobre todos los trastornos mendelianos conocidos y más de 16.000 genes. OMIM se centra en la relación entre fenotipo y genotipo. Se actualiza diariamente y las entradas contienen numerosos enlaces a otros recursos genéticos. Esta base de datos fue iniciada a principios de la década de 1960 por el Dr. V.A. McKusick, como un catálogo de rasgos y trastornos mendelianos, titulado Herencia mendeliana en el hombre (MIM). Entre 1966 y 1998 se publicaron doce ediciones de libros de MIM. La versión en línea, OMIM, fue creada en 1985, gracias a una colaboración entre la Biblioteca Nacional de Medicina y la Biblioteca Médica William H. Welch de Johns Hopkins. Estuvo disponible de forma generalizada en Internet a partir de 1987. En 1995, el NCBI, el Centro Nacional de Información Biotecnológica, desarrolló OMIM para la World Wide Web. OMIM está escrito y editado en el Instituto McKusick-Nathans de Medicina Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, bajo la dirección de la Dra. A. Hamosh.

Caso clínico

 

Nos consulta un paciente varón de 7 años por retraso psicomotor global para tratar de llegar a un diagnóstico etiológico. Presenta un retraso de los ítems del desarrollo que ha tenido casi desde el inicio y por el que ha recibido atención infantil temprana. Consiguió la deambulación con 2 años y medio y el lenguaje también con retraso, diciendo palabras con intención a partir de los 3 años. No presenta rasgos de trastorno del espectro autista.

Sus padres son un matrimonio, aparentemente sanos y no consanguíneos, y tiene un hermano mayor varón sano. Entre los antecedentes familiares, destaca que un hermano de la madre presenta también retraso del desarrollo de causa no aclarada.

Se han descartado, en el paciente, causas externas conocidas de discapacidad intelectual, teniendo una prueba de talón normal mediante análisis de carnitinas y acilcarnitinas por espectrometría de masas en tándem, así como unos niveles normales de hormonas tiroideas y de anticuerpos de celiaquía.

Ante los antecedentes familiares de discapacidad intelectual, se realiza como descarte de alteraciones cromosómicas, un estudio de array CGH que es normal, así como un estudio de expansión del gen FMR1, que indica que tiene una expansión dentro de la normalidad, descartando el cuadro.

Posteriormente, se realiza un exoma clínico de discapacidad intelectual, que muestra una mutación patogénica en el gen ARX, ligado al cromosoma X recesivo, gen responsable de discapacidad intelectual no sindrómica.

La segregación familiar de dicha mutación muestra que la alteración ha sido heredada de su madre sana y que el hermano de la madre afectado por discapacidad intelectual, también presenta la misma mutación.

 

 

Orientación diagnóstico-terapéutica del niño con malformaciones o fenotipo dismorfológico o sugerente de enfermedad genética

R. Arroyo Ruiz*, P. Prieto Matos**
Temas de FC


R. Arroyo Ruiz*, P. Prieto Matos**

*Unidad de Diagnóstico de Enfermedades Raras de Castilla y León. **Departamento de Ciencias Biomédicas y del Diagnóstico. Universidad de Salamanca. Unidad de Diagnóstico de Enfermedades Raras de Castilla y León. Hospital Universitario de Salamanca. Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca

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Autor para correspondencia

pabloprieto@usal.es

Resumen

El abordaje diagnóstico y terapéutico de los pacientes con enfermedades raras supone un reto, debido a la rápida evolución y auge existente en la actualidad en el ámbito genético. Las peculiaridades de las múltiples patologías, tanto en historia natural como en mecanismo de producción y desarrollo, hacen que la importancia de una anamnesis detallada y una exploración clínica exhaustiva y sistemática sean pilares fundamentales en este proceso, así como antecedentes relevantes que nos puedan orientar a la elección de la prueba diagnóstica correcta. En este aspecto, es clave un enfoque integral que combine la investigación, la atención clínica especializada y el seguimiento a largo plazo en las enfermedades raras en el ámbito pediátrico. Para ello, es importante la colaboración entre pediatras de Atención Primaria, especialistas de consultas y pediatras con formación en genética, con el fin de conseguir una atención integral a las familias afectadas. El objetivo de esta revisión es describir de forma sucinta pero precisa, el enfoque diagnóstico de estos pacientes, centrándose en la relevancia y justificación de una buena anamnesis y exploración, para posteriormente con esa información realizar una correcta interpretación clínica y asesoramiento genético de las variantes obtenidas, junto a un repaso de las opciones terapéuticas actuales.

 

Abstract

The diagnostic and therapeutic approach to patients with rare diseases is challenging, due to the current rapid progress and development in the field of Genetics. The characteristics of the multiple pathologies, both in natural history and in the mechanism of production and development, highlight the importance of a detailed medical history and an exhaustive and systematic clinical examination as essential pillars in this process, as well as relevant background information that can guide us in the selection of the correct diagnostic test. In this regard, a comprehensive approach that combines research, specialized clinical care and long-term follow-up in rare diseases in the pediatric setting is key. To this end, collaboration between primary care pediatricians, hospital specialists and pediatricians trained in Genetics is crucial in order to achieve comprehensive care for affected families. The aim of this review is to describe in a succinct but precise way, the diagnostic approach to these patients, focusing on the relevance and rationale of a proper medical history and examination, and then with this information to perform a correct clinical interpretation and genetic counseling of the variants obtained, along with a review of the current therapeutic options.

 

Palabras clave: Malformación; Dismorfología; Secuenciación masiva; Diagnóstico; Tratamiento.

Key words: Malformation; Dysmorphology; Massive sequencing; Diagnosis; Treatment.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 289 – 298

 


OBJETIVOS

• Resaltar la importancia de la evaluación integral de las personas en las que se sospecha una enfermedad rara.

• Establecer los pasos que se deben realizar, desde la sospecha de la enfermedad rara hasta alcanzar el diagnóstico.

• Capacitar al pediatra para interpretar correctamente los resultados de los estudios genéticos y comunicar esta información de manera efectiva al paciente.

• Proporcionar información sobre recursos adicionales que pueden ser útiles en el proceso diagnóstico de enfermedades genéticas.

 

Orientación diagnóstico-terapéutica del niño con malformaciones o fenotipo dismorfológico o sugerente de enfermedad genética

Introducción

Importancia de la genética y definiciones

La genética en medicina avanza con la tecnología, facilitando la identificación de enfermedades. Las enfermedades raras, con frecuencia, genéticas, requieren de una alta sospecha para llegar al diagnóstico y tratamiento.

La importancia de la genética en la práctica médica ha ido en aumento en relación con el gran avance de la tecnología molecular y genómica, identificando con más facilidad los genes causantes de las enfermedades, permitiendo establecer relaciones fenotipo-genotipo y desarrollando tratamientos desde el punto de vista genético.

Definimos enfermedad rara aquella cuya frecuencia es inferior a 1 de cada 2.000 personas. Una gran parte de estas enfermedades se deben a una causa genética, siendo importante el conocimiento de las particularidades del diagnóstico de estas enfermedades, tanto a nivel clínico como de estudio molecular(1,2). La parte de la genética que se dedica al diagnóstico y la prevención de estas patologías es la genética clínica, teniendo un papel principal los profesionales sanitarios, como genetistas clínicos y dismorfólogos(3).

La Dismorfología, por otro lado, sería la ciencia que se ocupa del estudio de las variantes y anomalías morfológicas humanas, con la intención de reconocer ciertos patrones y combinaciones particulares que orienten a discernir las distintas enfermedades genéticas(4).

Las malformaciones son anomalías que ocurren a lo largo del desarrollo fetal y puede afectar a parte o a la totalidad de un órgano o a una estructura anatómica, pudiendo ser mayores (tiene consecuencias importantes para la salud o vida del individuo) o menores (producen poco impacto en la salud del individuo).

Cuándo sospechar una enfermedad rara

Sospechar una de estas enfermedades, habitualmente genéticas, no siempre es fácil, pero hay ciertos factores que podrían ayudarnos a determinar en qué pacientes deberíamos pensar en una patología de base genética.

Las malformaciones, anomalía en la morfología de una estructura corporal u orgánica producida por un desarrollo anormal, pueden ser orientativas(5). Dos o más malformaciones mayores u orgánicas, o una mayor y otras dos menores, deben hacernos pensar que la probabilidad de trastorno genético es muy elevada(6).

También, hay ciertos signos y síntomas, que veremos más adelante, que pueden hacernos sospechar de síndromes genéticos, como un desarrollo sexual diferente, pérdida de hitos del desarrollo ya adquiridos, hipotonía congénita, displasias esqueléticas, hipoacusias marcadas desde el nacimiento, síndromes crónicos resistentes a tratamiento habitual, consanguinidad… Toda esta sintomatología debe hacernos sospechar y derivar a una consulta de enfermedades raras(7).

Evaluación inicial del paciente

Anamnesis

Los antecedentes familiares, detallados con un árbol genealógico, son fundamentales para identificar enfermedades genéticas. Además, la anamnesis abarca los antecedentes personales, resaltando hitos del desarrollo y realizando un repaso de todos los aspectos médicos relevantes para un diagnóstico preciso. Este proceso exhaustivo debe proporcionar una visión integral de la situación del paciente.

Los antecedentes familiares son una de las herramientas más importantes de las que nos podemos valer a la hora de determinar la sospecha de una enfermedad genética, ya que nos van a informar del tipo de patrón de herencia que puede tener la enfermedad.

A la hora de recoger estos antecedentes, es importante dejar registrado el momento en el que se obtienen los mismos, ya que los cambios evolutivos pueden ayudarnos a realizar el diagnóstico, siendo necesario conocer el momento en el que estos han ocurrido.

Entre los antecedentes familiares más relevantes en la evaluación diagnóstica (Tabla I) se encuentran: la edad de los progenitores al momento de la concepción, donde una edad avanzada, especialmente en la paternidad, sugiere la posibilidad de enfermedades de novo, mientras que en la maternidad puede indicar una patología cromosómica; la consanguinidad en la familia apunta hacia enfermedades con un patrón de herencia recesivo; los abortos de repetición en familiares o en el mismo individuo pueden estar asociados con enfermedades que se repiten en familiares (orientando a enfermedades recesivas o existencia de mosaicismos) o traslocaciones cromosómicas balanceadas(8) que, aunque no presenten manifestaciones fenotípicas claras, pueden causar problemas de infertilidad y abortos recurrentes; el uso de técnicas de reproducción asistida se ha vinculado con un mayor riesgo de patologías relacionadas con el imprinting, como el síndrome de Beckwith-Wiedemann(9); además, los antecedentes familiares de enfermedades infantiles importantes, como malformaciones congénitas, hipoacusias precoces, defectos cardiacos o neurológicos, también son elementos relevantes para considerar en la evaluación diagnóstica.

 

Todos estos antecedentes familiares deben ser recogidos de la forma más exhaustiva y detallada, y deben ir acompañados de un árbol genealógico que recoja de forma visual la historia familiar. Este árbol genealógico nos va a permitir, de forma gráfica, estimar patrones de herencia, identificar a familiares que se encuentren en riesgo y facilitar la interpretación de los estudios de segregación de manera gráfica. La elaboración del árbol genealógico debe realizarse utilizando una serie de símbolos estandarizados, los cuales están definidos en recomendaciones internacionales(10-12) (Fig. 1).

Figura1

Figura 1. Árboles genealógicos, mostrando distintos patrones de herencia. A. Autosómico recesivo. B. Autosómica dominante. C. Ligado a X. D. Mitocondrial.

En el momento actual, la necesidad de avanzar hacia “hospitales sin papel”, presenta un desafío para la elaboración de árboles genealógicos de calidad, pero existen aplicaciones y recursos (que más adelante nombraremos) que pueden ser de ayuda en este proceso fundamental para la interpretación y el manejo de la información.

Existen algunas peculiaridades que pueden generar confusión en la interpretación de la herencia, como la penetrancia incompleta, la expresividad variable, las variantes de novo y los mosaicismos. La penetrancia incompleta se refiere a que algunos portadores de un genotipo concreto no expresen el rasgo asociado, mientras que otros sí lo hagan. Por otro lado, la expresividad variable implica que una misma alteración genética puede manifestarse en diferentes personas con diversos grados de gravedad. Las variantes de novo son aquellas que surgen de forma espontánea en un individuo y no están presentes en ninguno de sus progenitores. Los mosaicismos se refieren a la presencia de dos o más poblaciones celulares genéticamente distintas dentro de un mismo individuo, lo que puede influir en la expresión fenotípica de una enfermedad genética. Estas peculiaridades deben ser tenidas en cuenta en la interpretación de la herencia y en el asesoramiento genético.

Los antecedentes personales, desde el prenatal y perinatal hasta el postnatal, son cruciales para comprender las enfermedades raras(13). Aspectos relevantes incluyen: la duración de la gestación, tanto por exceso como por defecto, que puede asociarse con cromosomopatías; alteraciones en el líquido amniótico, que pueden indicar condiciones, como atresia esofágica en polihidramnios(14) o malformaciones renales en oligohidramnios; infecciones durante el embarazo, útiles para el diagnóstico diferencial de síndromes genéticos e infecciones congénitas; el tipo de parto, que puede desencadenar secuelas neurológicas que ayudan a distinguir entre causas durante el parto o congénitas; la edad gestacional; la ganancia ponderoestatural, que puede indicar trastornos, como el síndrome de Silver-Russel o displasias óseas. Los hitos del desarrollo y su evolución juegan un papel fundamental por la alta prevalencia de retraso global del desarrollo y discapacidad intelectual en las enfermedades raras y genéticas. Por tanto, en todo paciente con malformaciones, alteraciones en el fenotipo o en que sospechemos una enfermedad genética, es fundamental atender a los signos de alarma que puedan indicar una anomalía del neurodesarrollo(15).

La complejidad de las enfermedades de carácter genético hace que la información obtenida en el apartado de enfermedad actual deba ser lo más completa, ordenada y precisa. Se debe iniciar con preguntas abiertas para que los progenitores refieran los problemas más importantes. Una vez obtenida la información inicial, es importante que intentemos dirigir la anamnesis con preguntas semidirigidas, obteniendo síntomas y su momento de inicio, de todos los aparatos y sistemas. Obtener la información, crónica o no, de todas las enfermedades: neurológica, cardiológica, oftalmológica, endocrinológica, inmunológica… nos va a permitir realizar posteriormente una buena relación clínico-genética de todos los datos del paciente.

Es tan importante registrar tanto los síntomas positivos como los negativos. Muchas veces, en las valoraciones clínico-genéticas posteriores podemos encontrarnos con hallazgos que nos hagan dudar, y el hecho de haber registrado los datos también negativos, nos pueden ayudar a descartar diagnósticos posibles.

La reevaluación clínica puede ser tan importante o más que la valoración inicial. El seguimiento longitudinal puede darnos nuevos puntos de vista, demostrar nuevos síntomas u otros que pasaron desapercibidos. En este tipo de consultas, todo dato es importante y debe quedar reflejado en la historia clínica, ya que podrá ser de utilidad para interpretar los estudios genéticos posteriores.

Exploración dismorfológica

La exploración debe ser completa, sistemática, ordenada y detallada. Todo detalle cuenta y todo debe quedar reflejado en la historia médica, tanto los datos positivos como los negativos. Cualquier detalle puede ser importante. Es importante la recogida de fotografías para poder consultar datos que puedan haberse escapado en la exploración inicial.

Si la exploración física en una consulta médica es importante, en el estudio de las enfermedades raras es crucial y se necesita que sea completa, sistemática, ordenada y detallada. En la medicina actual, tan centrada en las pruebas complementarias y con avances en genética molecular que permiten secuenciar un genoma en menos de una semana, la exploración física en las enfermedades raras es esencial. Cada detalle, por pequeño que parezca, puede ser fundamental para llegar al diagnóstico. En algunos casos, guiará el estudio genético, mientras que, en otros, si está bien realizada, puede ser diagnóstica. Todo genetista clínico, dismorfólogo o pediatra general debe conocer la gratificante sensación de, realizando una exploración exhaustiva, llegar a un diagnóstico que minutos antes parecía imposible. Detalles, como incisivos centrales grandes, un hoyuelo en el lóbulo de la oreja, una pequeña heterocromía en el iris, una hipertricosis cubital, una deformidad de Madelung o un talón prominente, pueden orientar hacia síndromes, como el de KBG, Mowat-Wilson, Waardenburg, Wiedemann-Steiner, Leri-Weill o 3M, respectivamente. Este enfoque de máximo detalle y sistematicidad garantiza un análisis integral del paciente, facilitando la detección de patrones clínicos y favoreciendo el diagnóstico precoz, especialmente en la consulta de dismorfología.

La sistemática de la exploración se puede establecer de cualquier manera, nosotros recomendamos establecer un orden descendente para ayudar a recordar todos los apartados necesarios. Esta exploración debe acompañarse de la realización de fotografías (con permiso escrito) que permita la consulta de estas a posteriori, ya sea estudiando el caso clínico o recibiendo las variantes candidatas de un estudio genético que nos permitan realizar una correcta interpretación de este.

Esta exploración debe comenzar con una inspección general, que constituye la primera evaluación del individuo. En esta fase, se evalúan: la actitud corporal, el somatotipo, la postura, la marcha, las posibles asimetrías y cualquier parecido físico con otros familiares.

Posteriormente, se procede a realizar una antropometría básica, que incluye mediciones de peso, talla y perímetro craneal, pudiendo extenderse a otras mediciones comunes, como la braza, la talla sentada y el segmento inferior e, incluso, a otras mediciones menos frecuentes, teniendo en cuenta la existencia de tablas de normalidad para una gran variedad de parámetros(16). Todas las valoraciones antropométricas deben ir percentiladas y, a ser posible, acompañadas de una puntuación de desviación estándar.

Luego pasaremos a la exploración propiamente dicha, que estará dividida según cada región corporal (Tabla II) siendo, sin duda alguna, la región craneofacial la parte más importante y la que más información nos va a otorgar en el análisis de estos pacientes(17-21).

 

Continuaremos la exploración dismórfica, prestando especial atención al cuello, tórax, abdomen (incluyendo zona anorectal)(22-25), extremidades(26,27), piel y anejos, sumando a esto el estadio puberal de Tanner(28,29), con la descripción de los genitales. No es objetivo de estas líneas hacer una revisión sistemática de cada uno de los apartados, pero invitamos al lector a consultar algunas de la citas de este artículo o consultar el artículo “Regreso a las Bases: Semiología dismorfológica de la cabeza y cara” de este número o artículos de números anteriores de esta misma revista(5), para profundizar en lo que debe ser una correcta exploración dismorfológica.

Toma de decisiones en la evaluación inicial

Después de la primera evaluación en consulta frente al paciente, se habrán identificado las malformaciones y/o características fenotípicas más relevantes, distinguiéndolas de aquellas de menor importancia. A partir de estos hallazgos, se realizará una primera aproximación para determinar qué alteraciones podrían estar directamente relacionadas con la posible enfermedad, cuáles podrían ser secundarias a otras, cuáles podrían estar interconectadas entre sí y cuáles podrían ser hallazgos incidentales sin una relación aparente con la enfermedad en cuestión.

A partir de aquí, la ampliación a otras pruebas puede variar según los hallazgos obtenidos hasta el momento y las sospechas diagnósticas específicas. Es común realizar pruebas de imagen, como ecografías abdominales, radiografía de la mano izquierda, serie ósea y estudios de imagen cerebral (TC o RM). En cuanto a las pruebas de laboratorio, se pueden solicitar análisis generales de sangre y orina, así como pruebas hormonales y estudios metabólicos y enzimáticos más avanzados, según sea necesario. También, es frecuente que, dada la alta incidencia de alteraciones en pacientes con malformaciones o fenotipo dismórfico, se requiera interconsulta con otros especialistas, como oftalmólogos, otorrinolaringólogos, cardiólogos y otros, para evaluar posibles asociaciones con problemas adicionales.

Es necesario tener en cuenta que el diagnóstico de estas enfermedades complejas precisa habitualmente del trabajo en equipo con implicación de varias especialidades pediátricas y otras especialidades, tanto clínico-quirúrgicas (oftalmología, ORL, etc.), como relacionadas con el diagnóstico (laboratorio, radiología, anatomía patológica, etc.).

Enfoque diagnóstico

Códigos HPO (Human Phenotipe Ontology) y diagnóstico diferencial

Los avances tecnológicos en diagnóstico requieren estandarizar la información clínica para interpretarla de forma eficiente. Los códigos HPO facilitan esta tarea, describiendo fenotipos humanos que debemos priorizar según la relevancia para el diagnóstico. La inteligencia artificial y las bases de datos están transformando el proceso diagnóstico al almacenar e integrar múltiple información. Es importante saber qué esperar de cada prueba genética para poder seleccionar la que más se adapta a la situación de nuestro paciente. En los próximos años se espera que la secuenciación del genoma completo se convierta en la prueba más informativa.

Los avances tecnológicos en el uso de sistemas de diagnóstico han hecho necesario estandarizar la información clínica para su correcta interpretación por los sistemas bioinformáticos. Esto implica que, una vez que tengamos la información clínica de nuestro paciente, debamos tomarnos un tiempo para transformarlo de nuestro lenguaje clínico a uno estandarizado. Para ello, utilizaremos los códigos HPO (Human Phenotipe Ontology)(30,31). Los HPO proporcionan un vocabulario estandarizado de anomalías fenotípicas encontradas en las enfermedades humanas. Cada término del HPO, que se acompaña de un código único, describe una anomalía. En el momento actual existen más de 13.000 términos HPOs que pueden ser muy generales (Growth abnormality HP:0001507) o más específicos (Infancy onset short-trunk short stature HP:0011406), estando interrelacionados y pudiendo seleccionar los más específicos o generales en función de las circunstancias. Es recomendable ordenar los términos seleccionados de nuestros pacientes por su importancia, de acuerdo con las características de cada caso. Así, es habitual que una malformación mayor como una atresia de esófago (Esophageal atresia HP:0002032) o una microftalmía (Microphthalmia HP:0000568), nos ayuden más al diagnóstico que una talla baja (Short stature HP:0004322) o un retraso motor (Motor delay HP:0001270), sobre todo, si estos son leves.

Teniendo en cuenta las particularidades de cada caso clínico, así como nuestros conocimientos y experiencia, en el mejor de los casos, seremos capaces de llegar a un diagnóstico claro (síndrome de Noonan con léntigos), realizar un diagnóstico diferencial que nos oriente hacia un grupo de enfermedades (RASopatías) y, en otros casos, solo podremos orientar el diagnóstico mediante los HPOs (Hypertelorism, Short stature, Multiple lentigines).

Los avances actuales en inteligencia artificial, big data y su integración en multitud de bases datos, están dando lugar a la creación de recursos innovadores que nos ofrecen herramientas adicionales (face2gen, Phenomizer, entre otros) que facilitan el proceso diagnóstico, ofreciendo un enfoque más preciso y eficiente en la identificación y comprensión de estas enfermedades.

Solicitud de pruebas genéticas

Una vez que, tras una completa anamnesis y exploración, hemos establecido una sospecha clínica diagnóstica o una orientación por HPOs, llega el momento de decidir qué prueba genética vamos a realizar a nuestro paciente. Para tomar esta decisión, es fundamental comprender qué tipo de variante genética es la responsable de la enfermedad o grupo de enfermedades que consideramos como la posible causante de la situación clínica de nuestro paciente.

Generalmente, se distinguen dos grandes grupos de variantes genéticas: SNVs (cambios de un solo nucleótido) y CNVs (cambio en el número de copias de una secuencia particular de ADN en el genoma de un individuo, incluyendo: inserciones, duplicaciones o deleciones de nucleótidos en la cadena). De estas últimas, pueden derivarse variantes dinámicas que ocasionan un aumento en el número de repeticiones de un determinado microsatélite, conocidas como expansiones de tripletes(32,33).

Si la sospecha es clara y la variante es conocida, debido a antecedentes familiares u otras razones, se solicitará una secuenciación tipo Sanger o una qPCR (PCR cuantitativa en tiempo real) o MLPA (amplificación de sondas tras ligazón múltiple), dependiendo de si la variante es una SNV o una CNV. Por ejemplo, si un progenitor está afectado por una variante en el gen RET (responsable del MEN2A) y se desea determinar si el hijo es portador de dicha variante, solicitaremos un Sanger de la variante concreta. Solicitaremos un MLPA o qPCR en caso de que la variante que debemos buscar sea una CNV, como en el caso de que estudiemos a un hijo de una mujer afecta de neurofibromatosis, que tiene una deleción del gen NF1.

En el caso de que la enfermedad sea sospechada, pero la variante sea desconocida, se recurre al MLPA para detectar CNVs (deleción 7q si sospechamos síndrome de Williams) o a la secuenciación de un gen específico mediante Sanger (gen EXT1 en la encondromatosis múltiple).

En situaciones donde la enfermedad puede ser causada por variantes en múltiples genes o regiones, o cuando solo se puede realizar una orientación de la enfermedad mediante HPOs, se necesitan pruebas capaces de analizar SNVs en múltiples genes (secuenciación de nueva generación)(34) o buscar CNVs en todo el ADN genómico (CGH arrays)(35). Es común combinar varias técnicas, debido a la posibilidad de que la variante responsable de la enfermedad pueda ser una CNV o una SNV.

Existen otras pruebas que se utilizan cuando la enfermedad que sospechamos está producida por una expansión de tripletes o por alteración de la metilación, en cuyo caso será necesario solicitar una TP-PCR (Triplet Repeat Primed PCR)(36), o un MS-MLPA (amplificación de sondas dependiente de ligandos múltiples metilación especifica)(37).

En los últimos años, gracias a los avances técnicos y bioinformáticos, las nuevas técnicas de secuenciación masiva, que antes eran incapaces de detectar CNVs, están adquiriendo mayor capacidad de identificarlas. Actualmente, también tenemos a nuestra disposición la secuenciación del genoma completo, que es la prueba diagnóstica que más información puede aportarnos y que se espera que, en los próximos años, se convierta en la prueba única capaz de detectar la mayoría de las enfermedades genéticas. Mediante esta técnica, obtendremos las variantes presentes, tanto en las regiones codificantes como en las no codificantes, lo que nos permitirá encontrar también variantes a nivel estructural.

En la tabla III hacemos un resumen de las técnicas diagnósticas que podemos utilizar para la detección de los distintos tipos de variantes.

 

Interpretación clínica de las pruebas genéticas y asesoramiento

El proceso diagnóstico no finaliza con los resultados de la prueba genética. En casos no concluyentes, se debe determinar si se finaliza el proceso, se realizan más pruebas o se reorienta con nuevos HPOs. La interpretación de los resultados, ya sean concluyentes o no, es crucial para ofrecer un asesoramiento genético completo a la familia, considerando posibles implicaciones fenotípicas, opciones de tratamiento y herencia de la variante.

El proceso diagnóstico no concluye cuando se reciben los resultados de la prueba genética. Independientemente de que la prueba haya resultado positiva o no concluyente, es necesario interpretar el resultado.

En casos de pruebas genéticas no concluyentes, es necesario determinar si se finaliza el proceso diagnóstico, se amplían con nuevas pruebas o se realiza una reorientación con nuevos HPOs. El cierre del proceso diagnóstico ocurre si el objetivo era descartar una variante genética específica, una enfermedad o si se sugiere que la enfermedad sospechada podría no tener una causa genética identificable. En estos casos, se informa a la familia sobre los resultados y se concluye el proceso.

Sin embargo, si el resultado es no concluyente, pero existe certeza de una sospecha genética clara, debemos insistir en obtener un diagnóstico. Debemos considerar las limitaciones de la prueba genética inicial. Es posible que necesitemos buscar otro tipo de variante. Por ejemplo, si se solicitó un CGH arrays debido a una posible CNV, pero también es necesario descartar SNVs mediante secuenciación masiva. Debemos estar conscientes de la posibilidad de errores inherentes a la técnica diagnóstica. En muchos casos, será necesario realizar una reorientación del caso con nuevos HPOs, o solicitar un reanálisis de la prueba inicial que, debido a avances en bioinformática o nuevos conocimientos científicos, puede resultar fructífera. Por tanto, ante pruebas no concluyentes, es esencial mantener una comunicación directa con el laboratorio que realizó la prueba genética o con genetistas de laboratorio, para apoyar el proceso de interpretación y tomar decisiones adecuadas.

Si la prueba genética revela una variante genética concluyente, es fundamental interpretarla en el contexto del paciente. Cada variante debe ser evaluada en términos de su patogenicidad según los criterios de la American College of Medical Genetics (ACMG)(38). Aunque una variante patogénica tiene más probabilidad de ser la causa de la clínica del paciente, esto no siempre es así. Puede tratarse de una variante única en una enfermedad de herencia recesiva, o una variante que solo explica parte de la clínica. Por otro lado, una variante catalogada como “de significado incierto” podría resultar diagnóstica. Los estudios adicionales de segregación, clínica muy compatible o nuevos conocimientos, pueden cambiar la interpretación de la patogenicidad. Por lo tanto, es esencial que los médicos comprendan que esta interpretación depende de múltiples factores y puede evolucionar con el tiempo (Tabla IV).

 

Una vez interpretada la variante en el contexto del paciente, podemos determinar si el estudio es concluyente o no. Si consideramos que no es concluyente y que no explica la clínica de nuestro paciente, debemos comportarnos como hemos explicado antes. En caso afirmativo, se debe ofrecer un asesoramiento genético completo a la familia, que incluya información sobre el diagnóstico, posibles implicaciones fenotípicas, opciones de tratamiento, investigación, apoyo psicológico y consideraciones sobre la herencia de la variante. Todo esto debe ser comunicado con empatía y claridad por un médico con la formación adecuada(7).

Tratamientos actuales de las enfermedades genéticas

Los avances en investigación y en los conocimientos en fisiopatología de las enfermedades está cambiado el tratamiento de enfermedades genéticas. Actualmente, hay más de 1.300 estudios en curso y 4.000 en reclutamiento en ClinicalTrials.gov sobre tratamientos huérfanos. Se exploran terapias genéticas, sustitutivas y sintomáticas para mejorar el tratamiento.

Los nuevos hallazgos en relación con la fisiopatología de las enfermedades raras y genéticas han condicionado un cambio de paradigma en el tratamiento y manejo de dichas enfermedades. Actualmente, en la base de datos de Clinical trials, si filtramos por enfermedad genética encontramos más de 1.300 estudios en activo y más de 4.000 en fase de reclutamiento(39).

Estos avances nos informan de un creciente interés en las terapias específicas y dirigidas; sin embargo, actualmente, el tratamiento que actúa directamente sobre el gen afecto solo ocurre en contadas enfermedades. En función de la diana terapéutica, podemos diferenciar el tratamiento de las enfermedades raras en: tratamientos genéticos, aquellos que tratan de reparar o modular la expresión genética; tratamientos sustitutivos; y tratamientos sintomáticos(40).

Los tratamientos genéticos pueden actuar a nivel del ADN, ARN o de las proteínas. A nivel del ADN podemos encontrar tratamientos con vectores virales, oligonucleótidos antisentido o ARN de interferencia(41). Ejemplos de estos tratamientos serían el Onasemnogene Abeparvovec (Zolgensma®), Betibeglogén Autotemcel (Zynteglo®) o el Voretigén Neparvovec (Luxturna®), utilizados en la atrofia medular espinal tipo 1(42), en la betatalasemia(43) o la enfermedad de Leber(44), todas enfermedades de consecuencias severísimas cuyo pronóstico ha cambiado radicalmente con estos nuevos tratamientos.

En el caso de los oligonucleótidos antisentido, tenemos el ejemplo de la distrofia muscular de Duchenne con Eteplirsén®, este actúa a nivel del splicing de RNA, eliminando el exón 51, lo que condiciona que no exista un codón de terminación prematuro. Esto induce una proteína truncada, pero que es funcional, ocasionando una patología mucho más leve(41).

Otra línea de tratamiento actual sería la que actúa a nivel molecular, alterando el plegamiento de las proteínas, como por ejemplo el Trikafta® en la fibrosis quística. Este tratamiento está aprobado en pacientes de 2 años o más que presentan, al menos, una copia de la variante F508 del gen CFTR(45).

Por último, hablar de las terapias sustitutivas de remplazo enzimático, cuyo objetivo es aportar de forma exógena la enzima deficitaria, como es el caso de algunas enfermedades lisosomales, como el síndrome de Hunter.

En el resto de los casos, aquellas patologías que no tengan ningún tratamiento de medicina de precisión, se les deberá otorgar un adecuado seguimiento y acompañamiento, tanto al paciente como a las familias, coordinándose de forma multidisciplinar, asegurando el mejor tratamiento de soporte posible para la enfermedad de nuestros pacientes.

Por tanto, en el momento actual estamos viviendo una explosión de estudios que permiten demostrar la efectividad de nuevos tratamientos que, estamos seguros de que en un futuro próximo, con el avance de la terapia génica, muchas de las enfermedades que actualmente son incluso difíciles de diagnosticar tengan un tratamiento paliativo e incluso curativo que cambie radicalmente el pronóstico de estos pacientes.

Recursos en línea

Hay una serie de recursos online que nos pueden facilitar la búsqueda de información con bases de datos públicas o, incluso, sitios web que nos pueden ayudar en el proceso de orientación diagnóstico-terapéutica del niño con malformaciones o fenotipo dismorfológico o sugerente de enfermedad genética, entre ellas encontramos:

Orphanet: recurso único que reúne y mejora el conocimiento sobre las enfermedades raras para mejorar el diagnóstico, la atención y el tratamiento de los pacientes con enfermedades raras. Posee una base de datos sobre todo aspecto que ataña a las enfermedades raras, con información sobre enfermedades raras, guías clínicas, genes, hojas informativas para familias etc. Disponible en: https://www.orpha.net/es.

OMIM (Online Mendelian Inheritance in Men): catálogo que proporciona descripciones completas y referenciadas de todas las enfermedades mendelianas conocidas y más de 15.000 genes. Disponible en: https://www.omim.org/.

GeneReviews: recurso web con múltiples revisiones e información sobre enfermedades genéticas. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK1116/.

Face2Gene: conjunto de aplicaciones de fenotipado parcialmente gratuitas, que utilizando fotografías de pacientes y términos HPOs, y gracias a tecnologías de inteligencia artificial, facilita la detección precoz de síndromes. Disponible en: https://www.face2gene.com/.

Human Genome Variation Society Nomenclature: página web con información sobre la nomenclatura estándar de variantes y genes. Disponible en: https://hgvs-nomenclature.org/stable/.

HPO (Human Phenotipe Ontology): página web con la terminología estandarizada de anomalías fenotípicas. Disponible en: https://hpo.jax.org/app/.

Clinical Trials: portal que agrupa ensayos clínicos en realización a nivel mundial. Disponible en: https://clinicaltrials.gov/.

Phenomizer: aplicación incluida dentro de la web HPO que ayuda al diagnóstico, ofreciendo posibles diagnósticos ante la presencia de HPOs. Disponible en: https://hpo.jax.org/app/tools/phenomizer.

POSSUMweb: base de datos de pago de dismorfología que proporciona herramientas que pueden ayudar al diagnóstico de síndromes dismórficos. Disponible en: https://www.possum.net.au/.

Dx29: software para el análisis y la gestión de síntomas, la creación y el intercambio del historial médico que ayuda a la obtención de un diagnóstico. Disponible en: https://dx29.ai/.

GenoPro y TreeStudio: aplicaciones que ofrecen una solución práctica a la creación de árboles familiares y genogramas, de forma abierta. Disponible en: https://genopro.com/es/ y https://treestudio.healthincode.com/.

MalaCards: base de datos de enfermedades y genes que recoge información de más de 44 fuentes, integrándola y creando anotaciones específicas de enfermedades y conexiones entre ellas. Disponible en: https://www.malacards.org/.

Varsome: plataforma que proporciona herramientas para interpretar y filtrar variantes genéticas, así como acceso a una amplia base de datos de información genómica y clínica. Disponible en: https://varsome.com/.

Franklin: plataforma avanzada para la interpretación de variantes genéticas. Disponible en: https://franklin.genoox.com/.

GnomAd: base de datos que integra datos de variantes de exomas y genomas
a nivel mundial, siendo muy útil para conocer la prevalencia de variantes en la población general. Disponible en:
https://gnomad.broadinstitute.org/.

ClinVar: recurso de la National Library of Medicine que recoge variantes genéticas y relacionándolas con fenotipos específicos y clasificándolas por niveles de confianza representados por estrellas. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/clinvar/.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria desempeña un papel fundamental en el diagnóstico temprano de enfermedades raras mediante la sospecha. Su familiaridad con el paciente desde el nacimiento, le permite reconocer síntomas y signos inusuales, así como integrar información de múltiples consultas para un diagnóstico precoz. Es el punto de partida crucial para la identificación temprana de estas condiciones.

Una vez realizado el diagnóstico, el pediatra de Atención Primaria asume un rol central en la coordinación de la atención del paciente, actuando como enlace con la medicina especializada para facilitar la comunicación entre diferentes especialistas. Además, desempeña una función crucial de acompañamiento a las familias, especialmente en enfermedades graves y crónicas, siendo su punto de referencia durante todo el proceso diagnóstico y de tratamiento.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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35. Palacios Verdú MG, Pérez-Jurado LA. Nuevas metodologías en el estudio de enfermedades genéticas y sus indicaciones. Pediatr Integral. 2014; XVIII: 515-28. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2014-10/nuevas-metodologias-en-el-estudio-de-enfermedades-geneticas-y-sus-indicaciones/.

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37. Acosta-Fernández E, Corona-Rivera JR, Ríos-Flores Izabel M, Torres-Anguiano E, Corona-Rivera A, Peña-Padilla C, et al. Utilidad de la técnica de MS-MLPA en el diagnóstico de los síndromes de Beckwith-Wiedemann y Silver-Russell. Gac Méd Méx. 2022; 158: 210-8.

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39. ClinicalTrials.gov. Disponible en: https://clinicaltrials.gov/.

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43. Thompson AA, Walters MC, Kwiatkowski J, Rasko JEJ, Ribeil JA, Hongeng S, et al. Gene Therapy in Patients with Transfusion-Dependent β-Thalassemia. N Engl J Med. 2018; 378: 1479-93.

44. Maguire AM, Russell S, Wellman JA, Chung DC, Yu ZF, Tillman A, et al. Efficacy, Safety, and Durability of Voretigene Neparvovec-rzyl in RPE65 Mutation-Associated Inherited Retinal Dystrophy: Results of Phase 1 and 3 Trials. Ophthalmology. 2019; 126: 1273-85.

45. Bacalhau M, Camargo M, Magalhães-Ghiotto GAV, Drumond S, Castelletti CHM, Lopes-Pacheco M. Elexacaftor-Tezacaftor-Ivacaftor: A Life-Changing Triple Combination of CFTR Modulator Drugs for Cystic Fibrosis. Pharmaceuticals (Basel). 2023; 16: 410.

Bibliografía recomendada

– Bennett RL, Steinhaus KA, Uhrich SB, O’Sullivan CK, Resta RG, Lochner-Doyle D, et al. Recommendations for standardized human pedigree nomenclature. Pedigree Standardization Task Force of the National Society of Genetic Counselors. Am J Hum Genet. 1995; 56: 745-52.

Artículo de obligada consulta para realizar un árbol genealógico de forma adecuada.

– Soto Insuga V, González Alguacil E, García Peñas JJ. Detección y manejo del retraso psicomotor en la infancia. Pediatr Integral. 2020; XXIV: 303-15. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-09/deteccion-y-manejo-del-retraso-psicomotor-en-la-infancia-2/.

Señala de forma clara la detección y el manejo de los retrasos psicomotores en la infancia, algo que es importante conocer dada la gran frecuencia de estas alteraciones en las enfermedades raras.

– Allanson JE, Cunniff C, Hoyme HE, McGaughran J, Muenke M, Neri G. Elements of morphology: standard terminology for the head and face. Am J Med Genet A. 2009; 149A: 6-28 y sucesivos que establecen la terminología de la exploración.

Artículos de obligada consulta para realizar una correcta exploración en pacientes dismorfológicos.

– Recursos en línea: es importante saber manejar gran parte de los recursos en línea citados en este artículo, ya que van a servir de apoyo y referencia en el diagnóstico de las enfermedades raras.

 

Caso clínico

 

Niño de 3 años seguido en Atención Primaria, en cuyos antecedentes neonatales destaca la presencia de una hernia diafragmática y un cribado neonatal de hipoacusia alterado, razón por la cual es derivado a consulta de genética-enfermedades raras.

Antecedentes familiares: madre: 25 años, sana, G3 A1 V2 (interrupción legal por malformaciones múltiples). Padre: 28 años, sano. Existe consanguinidad. Tío materno fallecido a los 6 meses por enfermedad de Wolman. Sin abortos de repetición.

Árbol genealógico (Fig. 2).

Figura1

Figura 2. Árbol genealógico del caso clínico.

 

Antecedentes personales: edad gestacional 40+1, seguido en consulta de alto riesgo por embarazo anterior con malformaciones, sin infecciones, sin radiación ionizante. Antropometría neonatal: peso: 3.650 g; longitud: 53 cm; cefálico: 36,5 cm. Periodo neonatal: precisa reanimación avanzada por hernia diafragmática (cirugía a las 48 h). No pasa el cribado auditivo. Refieren hitos del desarrollo con cierto retraso.

Enfermedad actual: Cardiología: valorado en etapa neonatal con CIV muscular e hipertensión pulmonar, ambas resueltas y, actualmente, “corazón normal”. Neurológica: inicio de deambulación a los 2,5 años, pero, actualmente, no es capaz de correr y sube escaleras con ayuda. Lenguaje con capacidad de decir y expresar sí/no y decir dos monosílabos (mamá, agua). No tiene control de esfínteres. Refiere interés por otros niños, pero no juega con ellos, no tiene juego simbólico. Sin crisis, EEG normal. Oftalmología: derivado a oftalmología a los 18 meses por nistagmo, siendo diagnosticado de una distrofia retiniana con mal pronóstico visual, actualmente con corrección óptica mal tolerada. ORL: hipoacusia neurosensorial severa. Se ha iniciado tratamiento con implante coclear, presentando una meningitis en el postoperatorio. Traumatología: sin deformidades óseas, sin escoliosis en el momento actual. Dermatología: en la etapa de lactante presentó dermatitis atópica. Nefrología: sin infecciones de orina. Realiza ECO renal en etapa neonatal normal. Neumología: ingreso a los 6 meses de vida por bronquiolitis VRS, precisando O2 en alto flujo. Otros datos: no parecidos en la familia.

Exploración física (no se ponen todos los signos negativos por problemas de espacio). General: hernia umbilical pequeña. Antropometría: peso: -1,9 DE; talla: -2,1 DE; perímetro cefálico: 0,8 DE. Cráneo, cuello y cara: hipertelorismo, implantación baja de los pabellones auriculares y rotados a posterior, micrognatia leve, nariz corta con filtrum largo y amplio. Cavidad orofaríngea: dientes normales, úvula normal. Extremidades: normales, manos y pies normales. Genitales: Tanner I, G1, P1, A1 con testes de 2 ml, uno de ellos ligeramente ascendido. Piel y anejos: normal. Otras pruebas pendientes: resonancia magnética cerebral.

HPOs. Principales: Congenital diaphragmatic hernia HP:0000776; Retinal dystrophy HP:0000556. Secundarios: Sensorineural hearing impairment HP:0000407; Global developmental delay HP:0001263; Autosomal recessive inheritance HP:0000007; Abnormal heart morphology HP:0001627; Hypertelorism HP:0000316; Abnormal location of ears HP:0000357. Otros: Atopic dermatitis HP:0001047; Short stature HP:0004322; Relative macrocephaly HP:0004482; Micrognathia HP:0000347.

 

 

 

Diagnostic and therapeutic approach to children with malformations, dysmorphological phenotype or features suggestive of genetic disease

Topics on
Continuous Training



R. Arroyo Ruiz*, P. Prieto Matos**

*Rare Diseases Diagnosis Unit of Castilla y León. **Department of Biomedical and Diagnostic Sciences. University of Salamanca. Rare Diseases Diagnostic Unit of Castilla y León. Salamanca University Hospital. Salamanca Biomedical Research Institute.

X

Corresponding author:

pabloprieto@usal.es

Abstract

The diagnostic and therapeutic approach to patients with rare diseases is challenging, due to the current rapid progress and development in the field of Genetics. The characteristics of the multiple pathologies, both in natural history and in the mechanism of production and development, highlight the importance of a detailed medical history and an exhaustive and systematic clinical examination as essential pillars in this process, as well as relevant background information that can guide us in the selection of the correct diagnostic test. In this regard, a comprehensive approach that combines research, specialized clinical care and long-term follow-up in rare diseases in the pediatric setting is key. To this end, collaboration between primary care pediatricians, hospital specialists and pediatricians trained in Genetics is crucial in order to achieve comprehensive care for affected families. The aim of this review is to describe in a succinct but precise way, the diagnostic approach to these patients, focusing on the relevance and rationale of a proper medical history and examination, and then with this information to perform a correct clinical interpretation and genetic counseling of the variants obtained, along with a review of the current therapeutic options.

 

Resumen

El abordaje diagnóstico y terapéutico de los pacientes con enfermedades raras supone un reto, debido a la rápida evolución y auge existente en la actualidad en el ámbito genético. Las peculiaridades de las múltiples patologías, tanto en historia natural como en mecanismo de producción y desarrollo, hacen que la importancia de una anamnesis detallada y una exploración clínica exhaustiva y sistemática sean pilares fundamentales en este proceso, así como antecedentes relevantes que nos puedan orientar a la elección de la prueba diagnóstica correcta. En este aspecto, es clave un enfoque integral que combine la investigación, la atención clínica especializada y el seguimiento a largo plazo en las enfermedades raras en el ámbito pediátrico. Para ello, es importante la colaboración entre pediatras de Atención Primaria, especialistas de consultas y pediatras con formación en genética, con el fin de conseguir una atención integral a las familias afectadas. El objetivo de esta revisión es describir de forma sucinta pero precisa, el enfoque diagnóstico de estos pacientes, centrándose en la relevancia y justificación de una buena anamnesis y exploración, para posteriormente con esa información realizar una correcta interpretación clínica y asesoramiento genético de las variantes obtenidas, junto a un repaso de las opciones terapéuticas actuales.

 

Key words: Malformation; Dysmorphology; Massive sequencing; Diagnosis; Treatment.

Palabras clave: Malformación; Dismorfología; Secuenciación masiva; Diagnóstico; Tratamiento.

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (5): 289 – 298

 


AIMS

• To highlight the importance of comprehensive assessment of individuals in whom a rare disease is suspected.

• To establish the steps that must be taken, from suspicion of the rare disease to reaching the diagnosis.

• To aid the pediatrician to correctly interpret the results of genetic studies and communicate this information effectively to the patient.

• To provide information about additional resources that may be useful in the diagnostic process of genetic diseases.


 

 

Diagnostic and therapeutic approach to children with malformations, dysmorphological phenotype or features suggestive of genetic disease

Introduction

Relevance of Genetics and definitions

Genetics in medicine advances with technology, facilitating the identification of diseases. Rare diseases, often genetic, require high suspicion to reach a diagnosis and treatment.

The importance of Genetics in medical practice has been increasing in relation to the great advance of molecular and genomic technology, making it easier to identify the genes that cause diseases, allowing the establishment of phenotype-genotype relationships and developing treatments from the genetic view.

Rare disease is defined as one whose frequency is less than 1 in 2,000 people. A large part of these diseases are due to a genetic cause, and knowledge of the particularities of the diagnosis of these diseases is important, both at a clinical and at a molecular study level(1,2). The part of Genetics that is dedicated to the diagnosis and prevention of these pathologies is Clinical Genetics, with health professionals, such as clinical geneticists and dysmorphologists, playing a main role(3).

Dysmorphology, on the other hand, would be the science that deals with the study of human morphological variants and anomalies, with the intention of recognizing certain patterns and particular combinations that guide the discernment of different genetic diseases(4).

Malformations are anomalies that occur throughout fetal development and can affect part or all of an organ or an anatomical structure, and may be major (they have important consequences for the health or life of the individual) or minor (they produce little impact on the health of the individual).

When to suspect a rare disease

Suspecting one of these diseases, usually genetic, is not always easy, but there are certain factors that could help us determine which patients should be considered to have a genetic-based pathology.

Malformations, abnormalities in the morphology of a bodily structure or organ produced by abnormal development, can be indicative(5). Two or more major or organic malformations, or one major and two minor ones, should make us think that the probability of a genetic disorder is very high(6).

Also, there are certain signs and symptoms, which will be commented later, that can make us suspect genetic syndromes, such as different sexual development, loss of already acquired developmental milestones, congenital hypotonia, skeletal dysplasias, marked congenital hypoacusis, chronic syndromes resistant to conventional treatment, consanguinity… All these symptoms should raise suspicion and referral to a rare diseases clinic(7).

Initial patient evaluation

Medical history

Family history, detailed with a family tree, is essential to identify genetic diseases. In addition, the personal history should highlight developmental milestones and review all medical aspects relevant to an accurate diagnosis. This meticulous process should provide a comprehensive view of the patient’s situation.

Family history is one of the most important tools to be used when determining the suspicion of a genetic disease, since it will inform of the type of inheritance pattern that the disease may have.

When collecting this history, it is important to record the moment in which they are obtained, since evolutionary changes can help us make the diagnosis, making it necessary to know the moment in which these have occurred.

Among the most relevant family history in the diagnostic evaluation (Table I) are: the age of the parents at the time of conception, where advanced age, especially in paternity, suggests the possibility of de novo diseases, while in maternity may indicate a chromosomal pathology; consanguinity in the family points towards diseases with a recessive inheritance pattern; Repeated miscarriages in family members or in the same individual may be associated with diseases that are repeated in family members (leading to recessive diseases or the existence of mosaicism) or balanced chromosomal translocations(8) that, although they do not present clear phenotypic manifestations, can cause problems of infertility and recurrent miscarriages; the use of assisted reproduction techniques has been linked to a greater risk of pathologies related to imprinting, such as Beckwith-Wiedemann syndrome(9); in addition, family history of important childhood diseases, such as congenital malformations, early hearing loss, cardiac or neurological defects, are also relevant elements to consider in the diagnostic evaluation.

All this family history must be collected in the most exhaustive and detailed way, and must be accompanied by a family tree that visually collects the family history. This family tree will allow us, graphically, to estimate inheritance patterns, identify relatives who are at risk and facilitate the graphical interpretation of segregation studies. The preparation of the family tree must be carried out using a series of standardized symbols, which are defined in international recommendations(10-12) (Fig. 1).

Figure 1. Family trees, showing different inheritance patterns. A. Autosomal recessive. B. Autosomal dominant. C. Linked to X. D. Mitochondrial.

At the current time, the need to move towards “paperless hospitals” presents a challenge for the development of quality family trees, but there are applications and resources (which will be named later) that can be helpful in this fundamental process for interpretation and management of information.

There are some peculiarities that can generate confusion in the interpretation of inheritance, such as incomplete penetrance, variable expressivity, de novo variants and mosaicisms. Incomplete penetrance refers to the fact that some carriers of a specific genotype do not express the associated trait, while others do. On the other hand, variable expressivity implies that the same genetic alteration can manifest itself in different people with varying degrees of severity. De novo variants are those that arise spontaneously in an individual and are not present in any of his/her parents. Mosaicism refers to the presence of two or more genetically distinct cell populations within the same individual, which can influence the phenotypic expression of a genetic disease. These peculiarities must be taken into account in the interpretation of heredity and in genetic counseling.

Personal history, from prenatal and perinatal to postnatal, is crucial to understand rare diseases(13). Relevant aspects include: the length of gestation, both due to excess and deficiency, which can be associated with chromosomopathies; alterations in the amniotic fluid, which may indicate conditions, such as esophageal atresia in polyhydramnios(14) or kidney malformations in oligohydramnios; infections during pregnancy, useful for the differential diagnosis of genetic syndromes and congenital infections; the type of birth, which can trigger neurological sequelae that help distinguish between birth or congenital causes; gestational age; weight-length gain, which may indicate disorders, such as Silver-Russel syndrome or bone dysplasias. Developmental milestones and their progression play a fundamental role due to the high prevalence of global developmental delay and intellectual disability in rare and genetic diseases. Therefore, in any patient with malformations, alterations in phenotype or in whom we suspect a genetic disease, it is essential to pay attention to the warning signs that may indicate a neurodevelopmental anomaly(15).

The complexity of genetic diseases means that the information obtained in the current disease section must be as complete, orderly and precise as possible. It should start with open questions so that parents can point out the most important problems. Once the initial information is obtained, it is important that the clinical history is directed with semi-directed questions, obtaining symptoms and their onset time from all the devices and systems. Obtaining information, chronic or not, on all diseases: neurological, cardiological, ophthalmological, endocrinological, immunological… will allow us to subsequently make a good clinical-genetic relationship of all the patient’s data.

It is equally important to record both positive and negative symptoms. Many times, in subsequent clinical-genetic evaluations we may encounter findings that make us doubt, and the fact that we have also recorded negative data can help us rule out possible diagnoses.

Clinical reassessment may be as important or more important than the initial assessment. Longitudinal follow-up can give us new points of view, demonstrate new symptoms or others that went unnoticed. In this type of consultation, all data is important and should be reflected in the clinical history, as it may be useful to interpret subsequent genetic studies.

Dysmorphological examination

The examination must be complete, systematic, orderly and detailed. Every detail counts and everything must be reflected in the medical history, both positive and negative data. Any detail can be relevant. It is important to collect photographs to be able to consult data that may have escaped in the initial examination.

If the physical examination in a medical consultation is important, in the study of rare diseases it is crucial and needs to be complete, systematic, orderly and detailed. In today’s medicine, so focused on complementary tests and with advances in molecular genetics that allow a genome to be sequenced in less than a week, physical examination in rare diseases is essential. Every detail, no matter how small it may seem, can be essential to reach the diagnosis. In some cases, it will guide the genetic study, while in others, if well performed, it can be diagnostic. Every clinical geneticist, dysmorphologist or general pediatrician must know the gratifying sensation of, performing an exhaustive examination, reaching a diagnosis that seemed impossible minutes before. Details, such as large central incisors, a dimple in the earlobe, a small heterochromia in the iris, ulnar hypertrichosis, Madelung deformity or a prominent heel, can point towards syndromes, such as KBG, Mowat-Wilson, Waardenburg, Wiedemann-Steiner, Leri-Weill or 3M, respectively. This approach of maximum detail and systematicity guarantees a comprehensive analysis of the patient, facilitating the detection of clinical patterns and favoring early diagnosis, especially in dysmorphology consultation.

The examination systematic can be established in any way, we recommend establishing a descending order to help remember all the necessary sections. This examination must be accompanied by taking photographs (with written permission) that allow them to be consulted with hindsight, either by studying the clinical case or receiving candidate variants from a genetic study that allow us to make a correct interpretation of it.

This examination should begin with a general inspection, which constitutes the first evaluation of the individual. In this phase, the following are evaluated: body attitude, somatotype, posture, gait, possible asymmetries and any physical resemblance to other family members.

Subsequently, basic anthropometry is performed, which includes measurements of weight, height and head circumference, and can be extended to other common measurements, such as breaststroke, sitting height and lower segment and even other less frequent measurements, taking into account the existence of normality tables for a wide variety of parameters(16). All anthropometric assessments should be percentilated and, if possible, accompanied by a standard deviation score.

Then we will move on to the examination itself, which will be divided according to each body region (Table II), with the craniofacial region being, without a doubt, the most important part and the one that will provide us with the most information in the analysis of these patients(17-21). We will continue the dysmorphic examination, paying special attention to the neck, thorax, abdomen (including anorectal area)(22-25), limbs(26,27), skin and adnexa, adding to this the Tanner pubertal stage(28,29), with the description of the genitals. It is not the objective of these lines to make a systematic review of each of the sections, but we invite the reader to consult some of the quotes from this article or consult the article “Back to Basics: Dysmorphological semiology of the head and face” of this journal issue or articles from previous issues(5), to delve deeper into what a correct dysmorphological examination should be.

 

Decision making in the initial evaluation

After the first evaluation in consultation with the patient, the most relevant malformations and/or phenotypic characteristics will have been identified, distinguishing them from those of less importance. Based on these findings, a first approach will be made to determine which alterations could be directly related to the possible disease, which could be secondary to others, which could be interconnected with each other and which could be incidental findings without an apparent relationship with the disease in question.

From here, the extension to other tests may vary depending on the findings obtained so far and specific diagnostic suspicions. It is common to perform imaging tests, such as abdominal ultrasound, left hand x-ray, bone series, and brain imaging studies (CT or MRI). Regarding laboratory tests, general blood and urine tests may be ordered, as well as hormonal tests and more advanced metabolic and enzymatic studies, as necessary. Also, it is common that, given the high incidence of alterations in patients with malformations or dysmorphic phenotype, consultation with other specialists, such as ophthalmologists, otorhinolaryngologists, cardiologists and others, is required to evaluate possible associations with additional problems.

It is necessary to take into account that the diagnosis of these complex diseases usually requires teamwork with the involvement of several pediatric specialties and other specialties, both clinical-surgical (ophthalmology, ENT, etc.), as well as related to the diagnosis (laboratory, radiology, pathological anatomy, etc.).

Diagnostic approach

HPO (Human Phenotype Ontology) codes and differential diagnosis

Technological advances in diagnosis require standardizing clinical information to interpret it efficiently. HPO codes facilitate this task, describing human phenotypes that we must prioritize based on relevance to the diagnosis. Artificial intelligence and databases are transforming the diagnostic process by storing and integrating multiple information. It is important to know what to expect from each genetic test to be able to select the one that best suits our patient’s situation. In the coming years, whole genome sequencing is expected to become the most informative test.

Technological advances in the use of diagnostic systems have made it necessary to standardize clinical information for its correct interpretation by bioinformatic systems. This implies that, once we have our patient’s clinical information, we must take time to transform it from our clinical language to a standardized one. To do this, we will use the HPO (Human Phenotype Ontology)(30,31) codes. HPOs provide a standardized vocabulary of phenotypic abnormalities found in human diseases. Each HPO term, which is accompanied by a unique code, describes an anomaly. At present there are more than 13,000 HPO terms that can be very general (Growth abnormality HP:0001507) or more specific (Infancy onset short-trunk short stature HP:0011406), being interrelated and being able to select the most specific or general ones depending on the circumstances. It is advisable to order the selected terms of our patients by their importance, according to the characteristics of each case. Thus, it is common that a major malformation such as esophageal atresia (Esophageal atresia HP:0002032) or microphthalmia (Microphthalmia HP:0000568) is more helpful in the diagnosis than short stature (Short stature HP:0004322) or motor delay (Motor delay HP:0001270), especially if these are mild.

Taking into account the particularities of each clinical case, as well as our knowledge and experience, in the best of cases, we will be able to reach a clear diagnosis (Noonan syndrome with lentigines), make a differential diagnosis that guides us towards a group of diseases (RASopathies) and, in other cases, we can only guide the diagnosis through HPOs (Hypertelorism, Short stature, Multiple lentigines).

Current advances in artificial intelligence, big data and their integration into a multitude of databases are giving rise to the creation of innovative resources that offer us additional tools (face2gen, Phenomizer, among others) that facilitate the diagnostic process, offering a more accurate and efficient approach in the identification and understanding of these diseases.

Request for genetic testing

Once, after a complete history and examination, we have established a clinical diagnostic suspicion or an orientation for HPOs, it is time to decide which genetic test we are going to perform on our patient. To make this decision, it is essential to understand what type of genetic variant is responsible for the disease or group of diseases that we consider as the possible cause of our patient’s clinical situation.

Generally, two large groups of genetic variants are distinguished: SNVs (single nucleotide changes) and CNVs (change in the number of copies of a particular DNA sequence in the genome of an individual, including: nucleotide insertions, duplications or deletions in the chain). From the latter, dynamic variants can be derived that cause an increase in the number of repetitions of a given microsatellite, known as triplet expansions(32,33).

If the suspicion is clear and the variant is known, due to family history or other reasons, Sanger sequencing or qPCR (quantitative real-time PCR) or MLPA (multiple ligation probe amplification) will be requested, depending on whether the variant is an SNV or a CNV. For example, if a parent is affected by a variant in the RET gene (responsible for MEN2A) and we want to determine if the child is a carrier of said variant, we will request a Sanger of the specific variant. We will request an MLPA or qPCR in case the variant we must look for is a CNV, as in the case where we study a child of a woman affected by neurofibromatosis, who has a deletion of the NF1 gene.

In the event that the disease is suspected, but the variant is unknown, MLPA is used to detect CNVs (7q deletion if we suspect Williams syndrome) or sequencing of a specific gene using Sanger (EXT1 gene in multiple enchondromatosis).

In situations where the disease can be caused by variants in multiple genes or regions, or when only HPO targeting of the disease can be performed, tests capable of analyzing SNVs in multiple genes are needed (next-generation sequencing)(34) or search for CNVs in all genomic DNA (CGH arrays)(35). It is common to combine several techniques, due to the possibility that the variant responsible for the disease could be a CNV or a SNV.

There are other tests that are used when the disease we suspect is caused by triplet expansion or methylation alteration, in which case it will be necessary to request a TP-PCR (Triplet Repeat Primed PCR)(36), or an MS-MLPA (specific methylation-specific multiple ligand-dependent probe amplification)(37).

In recent years, thanks to technical and bioinformatic advances, new massive sequencing techniques, which were previously incapable of detecting CNVs, are becoming more capable of identifying them. Currently, we also have at our disposal complete genome sequencing, which is the diagnostic test that can provide us with the most information and which is expected to, in the coming years, become the only test capable of detecting most genetic diseases. Using this technique, we will obtain the variants present, both in the coding and non-coding regions, which will also allow us to find variants at a structural level.

Table III summarizes the diagnostic techniques that can be used to detect the different types of variants.

Clinical interpretation of genetic tests and counseling

The diagnostic process does not end with the results of the genetic test. In inconclusive cases, it must be determined whether to end the process, perform more tests, or reorient with new HPOs. The interpretation of the results, whether conclusive or not, is crucial to offer complete genetic counseling to the family, considering possible phenotypic implications, treatment options and inheritance of the variant.

The diagnostic process does not conclude when the results of the genetic test are received. Regardless of whether the test was positive or inconclusive, the result must be interpreted.

In cases of inconclusive genetic tests, it is necessary to determine whether the diagnostic process is completed, expanded with new tests or redirected with new HPOs. Closure of the diagnostic process occurs if the goal was to rule out a specific genetic variant, disease, or if it is suggested that the suspected disease may not have an identifiable genetic cause. In these cases, the family is informed of the results and the process is concluded.

However, if the result is inconclusive, but there is certainty of a clear genetic suspicion, we must insist on obtaining a diagnosis. We must consider the limitations of the initial genetic test. We may need to look for another type of variant. For example, if an array CGH was ordered due to a possible CNV, but SNVs also need to be ruled out by bulk sequencing. We must be aware of the possibility of errors inherent to the diagnostic technique. In many cases, it will be necessary to reorient the case with new HPOs, or request a reanalysis of the initial test which, due to advances in bioinformatics or new scientific knowledge, may be fruitful. Therefore, when faced with inconclusive tests, it is essential to maintain direct communication with the laboratory that performed the genetic test or with laboratory geneticists, to support the interpretation process and make appropriate decisions.

If genetic testing reveals a conclusive genetic variant, it is essential to interpret it in the context of the patient. Each variant must be evaluated in terms of its pathogenicity according to the criteria of the American College of Medical Genetics (ACMG)(38). Although a pathogenic variant is more likely to be the cause of the patient’s symptoms, this is not always the case. It may be a unique variant in a recessively inherited disease, or a variant that only explains part of the symptoms. On the other hand, a variant classified as “of uncertain significance” could be diagnostic. Additional segregation studies, very compatible clinical features or new knowledge may change the interpretation of pathogenicity. Therefore, it is essential for clinicians to understand that this interpretation depends on multiple factors and may evolve over time (Table IV).

 

Once the variant is interpreted in the context of the patient, we can determine whether the study is conclusive or not. If we consider that it is not conclusive and that it does not explain our patient’s symptoms, we must behave as we have explained before. If so, comprehensive genetic counseling should be offered to the family, including information about the diagnosis, possible phenotypic implications, treatment options, investigation, psychological support and considerations about the inheritance of the variant. All of this must be communicated with empathy and clarity by a doctor with appropriate training(7).

Current treatments for genetic diseases

Advances in research and knowledge in the pathophysiology of diseases are changing the treatment of genetic diseases. Currently, there are more than 1,300 ongoing studies and 4,000 recruiting studies on ClinicalTrials.gov on orphan treatments. Genetic, replacement and symptomatic therapies are being explored to improve treatment.

New findings in relation to the pathophysiology of rare and genetic diseases have led to a paradigm shift in the treatment and management of these diseases. Currently, in the Clinical trials database, if filtered by genetic disease more than 1,300 active studies and more than 4,000 in the recruitment phase may be found(39).

These advances inform us of a growing interest in specific and targeted therapies; however, currently, treatment that acts directly on the affected gene only occurs in few diseases. Depending on the therapeutic target, we can differentiate the treatment of rare diseases into: genetic treatments, those that try to repair or modulate genetic expression; replacement treatments; and symptomatic treatments(40).

Genetic treatments can act at the level of DNA, RNA or proteins. At the DNA level we can find treatments with viral vectors, antisense oligonucleotides or RNA interference(41). Examples of these treatments would be Onasemnogene Abeparvovec (Zolgensma®), Betibeglogen Autotemcel (Zynteglo®) or Voretigén Neparvovec (Luxturna®), used in spinal cord atrophy type 1(42), in beta-thalassemia(43) or Leber disease(44), all of these with very severe consequences whose prognosis has radically changed with these new treatments.

In the case of antisense oligonucleotides, there is the example of Duchenne muscular dystrophy with Eteplirsén®, which acts at the level of RNA splicing, eliminating exon 51, which means that there is no premature termination codon. This induces a truncated but functional protein, causing a much milder pathology(41).

Another current line of treatment would be one that acts at a molecular level, altering protein folding, such as Trikafta® in cystic fibrosis. This treatment is approved in patients aged 2 years or older who have at least one copy of the F508 variant of the CFTR gene(45).

Finally, regarding enzyme replacement therapies, whose objective is to exogenously provide the deficient enzyme, there is the case of some lysosomal diseases, such as Hunter syndrome.

In the rest of the cases, those pathologies that do not have any precision medicine treatment, they must be provided with adequate monitoring and support, both to the patient and to the families, coordinating in a multidisciplinary manner, ensuring the best possible support treatment for the illness of our patients.

Therefore, currently we are experiencing an explosion of studies that allow us to demonstrate the effectiveness of new treatments that, we are sure that in the near future, with the advance of gene therapy, many of the diseases that are currently even difficult to diagnose will have palliative and even curative treatment that radically changes the prognosis of these patients.

Online resources

There are a series of online resources that can make it easier to search for information with public databases or even websites that can help in the process of diagnostic-therapeutic guidance for children with malformations or a dysmorphological phenotype or one suggestive of a genetic disease. Some of them include:

Orphanet: A unique resource that brings together and enhances knowledge about rare diseases to improve the diagnosis, care and treatment of patients with rare diseases. It has a database on all aspects related to rare diseases, with information on rare diseases, clinical guides, genes, information sheets for families, etc. Available in: https://www.orpha.net/es.

OMIM (Online Mendelian Inheritance in Men): catalog that provides complete and referenced descriptions of all known Mendelian diseases and more than 15,000 genes. Available in: https://www.omim.org/.

GeneReviews: Web resource with multiple reviews and information on genetic diseases. Available in: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK1116/.

Face2Gene: partially free of charge group of applications for phenotyping, which use patient photographs and HPO terms, and thanks to artificial intelligence technologies, facilitate the early detection of syndromes. Available in: https://www.face2gene.com/.

Human Genome Variation Society Nomenclature: web page with information on the standard nomenclature of variants and genes. Available in: https://hgvs-nomenclature.org/stable/.

HPO (Human Phenotype Ontology): web page with standardized terminology for phenotypic anomalies. Available in: https://hpo.jax.org/app/.

Clinical Trials: portal that brings together clinical trials being carried out worldwide. Available in: https://clinicaltrials.gov/.

Phenomizer: application included within the HPO website that helps with diagnosis, offering possible diagnoses in the presence of HPOs. Available in: https://hpo.jax.org/app/tools/phenomizer.

POSSUMweb: Pay-per-view dysmorphology database that provides tools that can assist in the diagnosis of dysmorphic syndromes. Available in: https://www.possum.net.au/.

Dx29: software for symptom analysis and management, creation and exchange of medical history to help obtain a diagnosis. Available in: https://dx29.ai/.

GenoPro and TreeStudio: applications that offer a practical solution to the creation of family trees and genograms, in an open way. Available in: https://genopro.com/es/ and https://treestudio.healthincode.com/.

MalaCards: disease and gene database that collects information from more than 44 sources, integrating it and creating specific annotations of diseases and connections between them. Available in: https://www.malacards.org/.

Varsome: platform that provides tools to interpret and filter genetic variants, as well as access to an extensive database of genomic and clinical information. Available in: https://varsome.com/.

Franklin: advanced platform for the interpretation of genetic variants. Available in: https://franklin.genoox.com/.

GnomAd: database that integrates exome and genome variant data worldwide, being very useful for knowing the prevalence of variants in the general population. Available in: https://gnomad.broadinstitute.org/.

ClinVar: resource from the National Library of Medicine that collects genetic variants and relates them to specific phenotypes and classifies them by confidence levels represented by stars. Available in: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/clinvar/.

Role of the Primary Care pediatrician

The Primary Care pediatrician plays a fundamental role in the early diagnosis of rare diseases through suspicion. His familiarity with the patient since birth allows him to recognize unusual symptoms and signs, as well as to integrate information from multiple consultations for an early diagnosis. He is the crucial starting point for early identification of these conditions.

Once the diagnosis is made, the Primary Care pediatrician assumes a central role in coordinating the patient’s care, acting as a liaison with specialized medicine to facilitate communication between different specialists. In addition, he plays a crucial role in supporting families, especially in severe and chronic illnesses, being their point of reference throughout the diagnostic and treatment process.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

References

The asterisks show the interest of the article in the authors’ opinion.

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A must-read article to properly create a family tree.

– Soto Insuga V, González Alguacil E, García Peñas JJ. Detección y manejo del retraso psicomotor en la infancia. Detection and management of psychomotor delay in childhood. Pediatr Integral. 2020; XXIV: 303-15. Available in: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-09/deteccion-y-manejo-del-retraso-psicomotor-en-la-infancia-2/.

It clearly indicates the detection and management of psychomotor delay in childhood, which is important to know given the high frequency of these alterations in rare diseases.

– Allanson JE, Cunniff C, Hoyme HE, McGaughran J, Muenke M, Neri G. Elements of morphology: standard terminology for the head and face. Am J Med Genet A. 2009; 149A: 6-28 et seq. that establish the terminology of the exploration.

Mandatory articles to carry out a correct examination in dysmorphological patients.

– Online resources: it is important to know how to use many of the online resources mentioned in this article, since they will serve as support and reference in the diagnosis of rare diseases.

 

Clinical case

 

A 3-year-old boy followed up in Primary Care, whose neonatal history highlights the presence of a diaphragmatic hernia and an altered neonatal screening for hearing loss, is referred to the Genetics-rare diseases clinic.

Family history: Mother: 25 years old, healthy, Gestations: 3, Miscarriages/losses: 1 (legal interruption due to multiple malformations), live births: 2. Father: 28 years old, healthy. There is consanguinity. Maternal uncle died at 6 months due to Wolman’s disease. No recurrent miscarriages.

Family tree (Fig. 2).

Figure 2. Family tree of the clinical case.

Personal background: Gestational age 40+1, followed in the High-risk clinic for previous pregnancy with malformations, no infections, no exposure to ionizing radiation. Neonatal anthropometry: weight: 3,650 g; length: 53 cm; cephalic perimeter: 36.5 cm. Neonatal period: he required advanced resuscitation for diaphragmatic hernia (surgery at 48 hours of life). He did not pass the hearing screening. He presents certain delay in developmental milestones.

Current illness: Cardiology: he was evaluated in the neonatal stage when muscular IVC and pulmonary hypertension were identified, both resolved and, currently presents a “normal heart”. Neurology: he started ambulation at 2.5 years, but he is not currently able to run and climbs stairs with help. In terms of language, he has the ability to say and express yes/no and say two monosyllables (mom, water). He has no sphincter control. He reports interest in other children, but he does not play with them, he does not have symbolic play. He has not had seizures and has a normal EEG. Ophthalmology: he was referred to Ophthalmology at 18 months due to nystagmus, being diagnosed with retinal dystrophy with poor visual prognosis, and he currently poorly tolerates optical correction. ENT: he has severe sensorineural hearing loss. Treatment with cochlear implant has been started, presenting meningitis in the postoperative period. Traumatology: he has no bone deformities, no scoliosis at the current time. Dermatology: he presented atopic dermatitis as an infant. Nephrology: he has not had any urinary infections. A normal renal US was performed in the neonatal stage. Pulmonology: admission at 6 months of age for RSV bronchiolitis, requiring high flow O2. Other information: no similarities in the family.

Physical examination: (not all negative signs are included due to word limit). General: small umbilical hernia. Auxology: weight: -1.9 SD; height: -2.1 SD; Head circumference: 0.8 SD. Skull, neck and face: hypertelorism, ear pinnae present a low implantation and are posteriorly rotated, mild micrognathia, short nose with long and wide philtrum. Oropharyngeal cavity: normal teeth, normal uvula. Limbs: normal, normal hands and feet. Genitals: Tanner stage I, G1, P1, A1 with 2 ml testes, one of them slightly raised. Skin and annexes: normal. Other pending tests: brain MRI.

HPOs. Main: Congenital diaphragmatic hernia HP:0000776; Retinal dystrophy HP:0000556. Secondary: Sensorineural hearing impairment HP:0000407; Global developmental delay HP:0001263; Autosomal recessive inheritance HP:0000007; Abnormal heart morphology HP:0001627; Hypertelorism HP:0000316; Abnormal location of ears HP:0000357. Others: Atopic dermatitis HP:0001047; Short stature HP:0004322; Relative macrocephaly HP:0004482; Micrognathia HP:0000347.

 

 

 

Tumoraciones óseas más frecuentes

J.C. Abril Martín*,  P. Manzarbeitia Arroba**
Temas de FC


J.C. Abril Martín*, P. Manzarbeitia Arroba**

X

Autor para correspondencia

juancabr@hotmail.com

*Jefe de Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología.**Médico Especialista del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

Los tumores óseos son relativamente frecuentes en niños, habitualmente asintomáticos, y suelen ser hallazgos casuales. La sintomatología y las características radiológicas son fundamentales para la orientación diagnóstica. Siendo imprescindible la realización de una radiografía simple en dos proyecciones ortogonales, como primera prueba de imagen. Esta radiografía debe ser evaluada de forma sistemática, buscando características de alta o baja agresividad. Los quistes y tumores benignos suelen ser poco sintomáticos, muchos de ellos son hallazgos casuales en las radiografías, no suelen requerir tratamiento. Los tumores malignos (osteosarcoma y sarcoma de Ewing) dan sintomatología con datos de alarma. La función del pediatra de Atención Primaria es fundamental para reconocer estos datos de alarma y así derivar a estos pacientes a Urgencias, para continuar con su estudio lo antes posible.

 

Abstract

Bone tumors are relatively common in children, usually asymptomatic and incidental findings. Symptoms and radiological characteristics are essential for diagnostic guidance. It is necessary to perform a simple x-ray in two orthogonal projections as the first imaging test. This x-ray should be systematically evaluated looking for characteristics of high or low aggressiveness. Benign cysts and tumors usually have few symptoms; many of them are incidental findings on x-rays and do not usually require treatment. Malignant tumors (osteosarcoma and Ewing´s sarcoma) manifest alarming symptoms. The role of the primary care pediatrician is indispensable to recognize these alarming data and, thus, refer these patients to the Emergency Room to continue their study as soon as possible.

 

Palabras clave: Tumor; Óseo; Maligno; Benigno; Agresividad.

Key words: Tumor; Bone; Malignant; Benign; Aggressiveness.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 260 – 265

 


OBJETIVOS

• Revisar la aproximación diagnóstica de los tumores óseos primarios más frecuentes en la infancia.

• Conocer que la primera prueba diagnóstica, ante la sospecha de un tumor óseo, debe ser una radiografía simple con dos proyecciones.

• Saber evaluar las características de agresividad de una lesión ósea en una radiografía simple.

• Repasar los tumores óseos benignos y malignos más frecuentes en la infancia.

 

Tumoraciones óseas más frecuentes

Introducción

Conocer la edad del paciente, la sintomatología asociada y las características radiológicas típicas, facilita enormemente el diagnóstico de las lesiones óseas.

Las tumoraciones óseas se dan por un crecimiento anómalo de las células que se encuentran en los huesos, derivadas del mesodermo embrionario. Son una patología relativamente frecuente en la edad pediátrica(1,2).

La gran mayoría son asintomáticas, hallándose de forma casual en radiografías que se hacen por otros motivos (fibroma no osificante); otras pueden ser sintomáticas, presentándose como fractura patológica (quiste óseo simple), cojera, dolor o masa (osteocondroma).

Las características del dolor nos orientan sobre la gravedad de la patología. Un dolor importante, que no mejora con medicación y va empeorando progresivamente hasta hacerse constante, ocasionando despertares nocturnos, nos debe hacer sospechar una patología agresiva. Hay que interrogar al paciente sobre cómo y cuándo comenzó la clínica (larvada o más aguda), si ha tenido traumatismos o antecedentes relacionados, si tiene dolor en otros sitios, fiebre, astenia, si el dolor mejora con medicación…

La edad del paciente es un dato importante, ya que nos orienta a diferentes tipos de tumores.

Si hay una masa, debemos tocarla (los tumores malignos suelen producir dolor y tumefacción), valorando tamaño, consistencia, profundidad, si está adherido o no a planos profundos, si está inflamada o caliente. Además, debemos buscar ganglios cercanos y palpar los pulsos distales.

La primera prueba de imagen en el estudio de las lesiones óseas es una radiografía simple (Rx) de buena calidad, siendo obligatorio obtener dos proyecciones ortogonales(2,3). Se evalúan de forma sistemática, haciéndonos una serie de preguntas(4,5) (Fig. 1):

figura

Figura 1. Apreciamos dos lesiones con diferentes características, la primera es una lesión lítica, con patrón geográfico que no afecta a corticales, no tiene reacción perióstica ni afectación de partes blandas. La segunda es una lesión con un patrón moteado, no podemos delimitar la lesión, tiene reacción perióstica y afectación de partes blandas.

• ¿Dónde está la lesión?: describiendo hueso y localización dentro del hueso. Hay tumoraciones más frecuentes en diferentes huesos y zonas (osteosarcoma en metáfisis distal del fémur, quiste óseo simple en metáfisis humeral proximal, condroblastoma en epífisis…).

• ¿Qué le hace la lesión al hueso?: lo destruye (lítico), crea hueso (blástico), expande cortical o la rompe (signo de crecimiento rápido) o, incluso, llega a invadir partes blandas. Lodwick describió tres tipos de destrucción ósea que ayudan a identificar la agresividad de la lesión.

– Tipo 1: patrón geográfico. Lesión lítica bien definida, con o sin reborde escleroso: sugestivo de lesión indolente y poco agresiva.

– Tipo 2: patrón apolillado. Áreas de destrucción con bordes irregulares. Sugestivo de una lesión más agresiva.

– Tipo 3: patrón permeativo. Lesiones múltiples de menor tamaño, mal delimitadas, con zona de transición no definida. Sugestivo de lesión muy agresiva.

• ¿Qué le hace el hueso a la lesión?: la delimita con un reborde escleroso (signo de lesión indolente o inactiva, dando tiempo al hueso a rodearla) o no se pueden dibujar los bordes (lesión de crecimiento rápido, no da tiempo al hueso a contenerla), produce reacción perióstica discontinua, como el triángulo de Codman o en sol naciente (en el intento del hueso por contener la lesión que va creciendo muy rápido) (Tabla I).

tabla

 

• ¿Qué contenido tiene la lesión?: calcificaciones en palomitas de maíz, típicas de encondroma o vidrio esmerilado de la displasia fibrosa.

La siguiente prueba más solicitada es la resonancia magnética nuclear (RMN), muy importante para valorar la afectación de partes blandas y presencia de metástasis saltatorias, incluye toda la extensión del hueso hasta las articulaciones más cercanas a la lesión.

En el estudio de extensión de la enfermedad, contamos con otras herramientas, como el TC (para valorar metástasis pulmonares), PET-TAC o gammagrafía (metástasis a otros niveles).

Respecto a las pruebas de laboratorio, debemos solicitar analíticas ante la sospecha de infección o de lesión maligna con: hemograma, marcadores inflamatorios y perfil óseo, los hallazgos son poco específicos.

El último paso es la biopsia y suele darnos el diagnóstico definitivo, debe hacerse tras las demás pruebas de imagen y siempre por el equipo de cirujanos que va a tratar al paciente. La técnica más empleada es la biopsia percutánea y debe hacerse por la vía de abordaje de la cirugía; ya que, si la lesión es maligna, debemos resecar el trayecto de la biopsia en la cirugía definitiva.

Quiste óseo simple

No es un auténtico tumor. Se localiza en húmero y fémur proximales, esta lesión lítica y unicameral suele tratarse de forma conservadora.

Se considera una lesión pseudotumoral y representa el 3 % de las lesiones óseas primarias. Es una cavidad única dentro del hueso, rellena de líquido y revestida por una membrana fibrosa(6). Afecta más frecuentemente a niños entre los 2 y los 10 años. Se localiza en la metáfisis de los huesos largos (húmero y fémur proximales).

La etiopatogenia es controvertida, la hipótesis más aceptada es que se forma un bloqueo del drenaje venoso intraóseo, produciendo una resorción ósea con formación de tejido fibroso y acúmulo de líquido intersticial.

Clínica: suelen ser asintomáticos, aunque el debut más típico es la fractura patológica (50 %).

Rx: es una lesión lítica, central, metafisaria, con patrón geográfico, puede adelgazar cortical o dar reacción perióstica continua si hay fractura (Fig. 2).

figura

Figura 2. Quiste óseo simple.

RMN: no es necesaria para el diagnóstico, mostrará cavidad única con baja señal en t1 e hipercaptante en t2.

Diagnóstico: radiológico y anatomopatológico.

Tratamiento: depende de la sintomatología y del riesgo de fractura.

• Asintomáticos, bajo riesgo de fractura: observación.

• Fractura patológica: habitualmente, conservador en miembro superior y quirúrgico en miembros inferiores, hasta el 15 % de los quistes se resuelven con la fractura.

• Sintomatología o riesgo de fractura: infiltración percutánea de corticoides o médula ósea autóloga, cirugía de curetaje e injerto óseo o síntesis con enclavado elástico.

Quiste óseo aneurismático

Neoplasia benigna, pero agresiva. Esta lesión lítica, multicameral, con niveles líquido-líquido en la RMN, da sintomatología y siempre precisa tratamiento.

Es un tumor benigno, pero localmente agresivo, formado por múltiples cavidades quísticas rellenas de sangre. Se desarrolla en la metáfisis de huesos largos (67 %), elementos posteriores columna (15 %) y pelvis (9 %)(7).

Clínica: dolor y tumefacción progresivos de meses de evolución, pueden darse fracturas patológicas.

Rx: lesión quística, multicameral, insufla cortical y puede tener rasgos de agresividad radiológica (rotura cortical, masa de partes blandas…) (Fig. 3).

figura

Figura 3. Quiste óseo aneurismático

RMN: son característicos los niveles líquido-líquido (la sangre es más densa que el suero).

Diagnóstico: radiológico, se confirma con biopsia.

Tratamiento: siempre quirúrgico.

• Percutáneo: inyección de agentes esclerosantes.

• Curetaje intralesional/resección en bloque más injerto, en estos casos se puede hacer una embolización preoperatoria para disminuir el riesgo de sangrado.

Fibroma no osificante/defecto fibroso cortical

Lesión ósea más frecuente, es un hallazgo casual y no suele precisar tratamiento. Evoluciona a la resolución con la maduración esquelética.

Es la lesión ósea benigna más frecuente en el esqueleto inmaduro (40 %), aunque la incidencia es desconocida, ya que son asintomáticas y su diagnóstico suele ser casual(8). Son lesiones pseudotumorales o anormalidades del desarrollo, compuestas histológicamente por tejido fibroso mezclado con osteoclastos.

La etiología es desconocida. Se da una osificación disfuncional con resorción osteoclástica subperióstica durante el remodelado metafisario.

Clínica: asintomática, muy pocos debutan con dolor por una fractura patológica.

Rx: lesión lítica en región metafisaria de fémur distal y tibia proximal, tiene patrón geográfico y borde escleroso (Fig. 4).

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Figura 4. Fibroma no osificante.

RMN: se solicita cuando hay dudas diagnósticas.

Tratamiento:

• Asintomáticos sin riesgo de fractura: seguimiento clínico radiológico cada 6-12 meses hasta la regresión.

• Sintomatología o riesgo de fractura: curetaje e injerto.

Evolucionan a la regresión espontánea con el crecimiento.

Osteocondroma

Tumor primario óseo benigno más frecuente, solo se intervienen ante sintomatología o sospecha de malignización, cosa extraordinaria.

Es el tumor óseo benigno más frecuente (33 % de los tumores óseos benignos) y se da en menores de 20 años.

Se desarrolla a partir del cartílago fisario aberrante que va creciendo siguiendo una osificación encondral normal, su actividad se enlentece con el fin del crecimiento.

Etiopatogenia: se asocian con mutaciones en los genes EXT1 y EXT2.

Clínica: suelen ser asintomáticos, aunque puede haber tumoración, deformidad ósea, compromiso vascular, bursitis, tendinitis…

Rx: exóstosis en la metáfisis de los huesos largos sin signos de agresividad. Es característico que su cortical se continúa sin interrupción con el hueso sano.

RMN: más preciso para casos sintomáticos. Permite valorar tejidos cercanos y visualizar el capuchón cartilaginoso.

Tratamiento:

• Asintomático: observación.

• Sintomáticos: resección completa del capuchón cartilaginoso y hueso subyacente a nivel de la cortical. Se intenta demorar el procedimiento hasta la madurez esquelética para evitar lesiones fisarias.

La transformación maligna a condrosarcoma ocurre en menos de un 1 %.

Encondroma

Tumor óseo benigno, más frecuente en falanges. No suelen precisar tratamiento quirúrgico y su riesgo de malignización es muy bajo.

Tumor benigno, compuesto por cartílago hialino. Su incidencia es desconocida y afecta a un amplio rango de edad (5-80 años)(9).

Se localiza típicamente en huesos tubulares cortos de las manos y es el tumor óseo más frecuente en falanges. También afecta a la metáfisis de huesos largos. Crecen mientras hay crecimiento remanente.

Clínica: asintomáticos, tumoración, dolor y deformidad.

Rx: lesión lítica con matriz condroide (calcificaciones en palomitas de maíz) de bordes definidos, patrón geográfico y de localización metafisaria. En manos pueden ser expansivos (Fig. 5).

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Figura 5. Encondroma.

Diagnóstico: habitualmente radiológico.

Tratamiento:

Asintomáticos: observación.

• Sintomáticos: biopsia y curetaje con o sin relleno.

El riesgo de malignización: en menos de un 1 %, peor en pelvis y huesos largos, excepcional en manos y pies.

Osteoma osteoide

Tumor benigno, activo y sintomático, ocasiona dolor nocturno que mejora con antiinflamatorios no esteroideos y el tratamiento es la termoablación guiada por TC.

Es un tumor óseo benigno formado de hueso, se considera activo y da sintomatología, aunque no tiene potencial de malignización.

Es el 10 % de todos los tumores óseos benignos, afectando más al sexo masculino (3:1). Se da entre los 5 y los 30 años(10).

Su localización más frecuente es en diáfisis de huesos largos, siendo menos frecuente en los elementos posteriores de la columna.

Clínica: dolor intenso, de predominio nocturno que cede con salicilatos y antiinflamatorios no esteroideos. Puede producir escoliosis dolorosa.

En la Rx simple se aprecia una lesión radiotransparente de menos de 1,5 cm (nidus), con reacción perióstica marcada, el TC será diagnóstico, identificando el nidus.

Tratamiento: termoablación percutánea guiada por TC.

Granuloma eosinófilo (GE)

Lesión lítica de agresividad muy variable en huesos planos o vértebra plana, que puede ser o no sintomática, se considera un gran imitador.

Es una lesión tumoral benigna que se caracteriza por proliferación clonal de células de Langerhans(11). Se encuentra englobado dentro de la histiocitosis más frecuente, histiocitosis de células de Langerhans (HCL) y es la manifestación más frecuente de la misma (70 % de los casos). Se da en niños y adolescentes, siendo el 1 % de los tumores óseos.

La HCL puede clasificarse a nivel ortopédico, como:

• Monosistémica: monostótica o poliostótica.

• Multisistémica: con afectación extraesquelética (mucosas, pulmones, órganos sólidos…).

Asienta en cráneo, pelvis, vértebras (normalmente en el cuerpo vertebral en columna torácica, dando lugar a la típica” vértebra plana de Calvé”) y diáfisis de los huesos largos.

Estas lesiones pueden ser asintomáticas, debutar con: dolor, tumefacción, cojera o fractura patológica. La sintomatología neurológica por compresión radicular es muy rara.

Rx: en cuerpo vertebral ocasiona aplastamientos severos sin afectación de elementos posteriores (vértebra de Calvé); en los huesos largos causa lesiones líticas con signos de agresividad muy variables, pudiendo incluir en su diagnóstico diferencial tumoraciones malignas, consideramos al GE como un “imitador” (Tabla II).

tabla

 

Diagnóstico: es necesaria la biopsia ante discordancia clínico-radiológica y en lesiones sintomáticas.

Tratamiento:

• Asintomáticos con enfermedad autolimitada: observación o indometacina vía oral.

• Progresión clínico-radiológica: infiltración con metilprednisolona.

• Lesiones con alto riesgo de fractura o compresión neurológica: curetaje, aporte de injerto y osteosíntesis.

El pronóstico suele ser excelente, con regresión espontánea de la lesión y baja tasa de recurrencias.

Osteosarcoma

Tumor óseo maligno más frecuente, debemos sospecharlo en un adolescente con dolor con signos de alarma y radiografía con signos de agresividad.

Es el más frecuente de los tumores óseos malignos(12). Presenta una distribución bimodal, con un pico en adolescencia y otro en adultos mayores de 65 años.

Etiología: relacionada con el crecimiento rápido de los huesos durante la pubertad. El 50 % se presenta alrededor de la rodilla, cerca de las físis más fértiles del cuerpo. Aunque la mayoría son consecuencia de mutaciones esporádicas, hasta un 10 % forman parte de síndromes de predisposición al cáncer.

La mayoría son lesiones de alto grado con potencial metastásico. Hasta el 20 % de los pacientes presentan metástasis al diagnóstico, principalmente en pulmón y un gran porcentaje tiene enfermedad micrometastásica. La supervivencia a largo plazo es del 60 %.

Clínica: inespecífica al inicio, dolor intermitente que se hace constante con limitación funcional progresiva, tumoración y tumefacción.

Rx: signos de agresividad descritos (Fig. 6).

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Figura 6. Osteosarcoma.

RMN: valoración de afectación de partes blandas. Imprescindible para valorar la respuesta a quimioterapia.

Estudio de extensión, incluye TC de tórax y PET-TC.

Diagnóstico: anatomopatológico.

Tratamiento: esquema de quimioterapia (QT) neoadyuvante, cirugía de resección amplia y QT adyuvante (Tabla III).

Sarcoma de Ewing

Tumor óseo maligno que afecta a niños más pequeños, muestra translocación t(11,22)(q24,q12), puede dar sintomatología general y alteración analítica.

Es el segundo tumor óseo maligno, compuesto por células redondas y pequeñas(13).

Se localiza en huesos largos (50-60 %), siendo la pelvis el hueso plano más afectado (20 %).

Etiopatogenia: el 95 % muestra translocación t(11;22)(q24,q12). Es una enfermedad agresiva, el 25 % presenta metástasis al diagnóstico (pulmonares o esqueléticas).

Clínica: dolor progresivo, que interfiere con el descanso nocturno, tumefacción, afectación del estado general y fiebre.

Laboratorio: pueden presentar anemia, elevación de VSG y PCR. El aumento de LDH asocia peor pronóstico, estos hallazgos analíticos son poco específicos.

Rx: lesión lítica, mal delimitada, con patrón permeativo y reacción perióstica. Gran componente de partes blandas.

RMN: imprescindible para diagnóstico y tratamiento.

Estudio de extensión: TC tórax, PET-TAC y RMN de difusión de cuerpo completo. Biopsia de médula ósea.

Diagnóstico: anatomopatológico.

Tratamiento: esquema de QT neoadyuvante, tratamiento local (cirugía amplia o radioterapia) y QT adyuvante.

Función del pediatra de Atención Primaria

Reconocer los signos de alarma clínicos y radiológicos, para derivar a traumatología a los pacientes con tumores óseos, aquellos con sospecha de malignidad deben ser enviados de forma urgente.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Salom M, Chiari C, Alessandri JMG, Willegger M, Windhager R, Sanpera I. Diagnosis and staging of malignant bone tumours in children: what is due and what is new? J Child Orthop. 2021; 15: 312-32.

2. Caracciolo JT, Temple HT, Letson GD, Kransdorf MJ. A Modified Lodwick-Madewell Grading System for the Evaluation of Lytic Bone Lesions. AJR Am J Roentgenol. 2016; 207: 150-6.

3. Lodwick GS. Radiographic diagnosis and grading of bone tumors, with comments on computer evaluation. Proc Natl Cancer Conf. 1964; 5: 369-80.

4. Anderson WJ, Doyle LA. Updates from the 2020 World Health Organization Classification of Soft Tissue and Bone Tumours. Histopathology. 2021; 78: 644-57.

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– Steffner R. Benign bone tumors. Cancer Treat Res. 2014; 162: 31-63.

Revisión amplia de los tumores benignos de hueso. Recomendable para un abordaje amplio.

– Aboulafia A, Ramos Pascua R. Tumores óseos malignos. Monografías AAOS-Secot; 2014. p. 11-79.

Monografía en español, auspiciada por la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Visión general de los tumores óseos malignos más frecuentes.

Caso clínico

 

Niño de 5 años que acude a Urgencias por dolor y tumefacción en hombro izquierdo tras caída desde propia altura mientras caminaba. A su llegada, tiene el brazo izquierdo en cabestrillo, dolor a la palpación de hombro izquierdo, limitación a la movilidad y buen estado neurovascular distal. No tiene ningún antecedente de interés ni sintomatología previa. Descartamos síntomas de alarma. Se solicita radiografía simple en dos proyecciones de hombro izquierdo, diagnosticándose al paciente de una fractura patológica de húmero proximal izquierdo. En la figura 7 apreciamos una lesión lítica, central, con patrón geográfico, sin reacción perióstica ni afectación de partes blandas. Se decide tratamiento ortopédico de la fractura, observándose la consolidación de la fractura y la posterior desaparición del quiste con el paso de los meses (ocurre en solo el 15 % de los casos).

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Figura 7.

 

 

Pie plano y otras alteraciones del pie

H. Garlito Díaz*, M. Galán Olleros*, P. Manzarbeitia Arroba*, J. Cabello Blanco**
Temas de FC

H. Garlito Díaz*, M. Galán Olleros*, P. Manzarbeitia Arroba*, J. Cabello Blanco**

*Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. **Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario La Paz. Madrid

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Autor para correspondencia

hugo.garlito@gmail.com

Resumen

El objetivo principal de este artículo es abordar y entender el pie plano infantil, uno de los motivos de consulta más frecuentes al pediatra, que se caracteriza por una reducción o ausencia del arco longitudinal medial del pie. Su origen es multifactorial, involucrando factores genéticos y ambientales, como hipermovilidad articular, obesidad, calzado inapropiado, trastornos neuromusculares y enfermedades del tejido conectivo. La mayoría de las veces cursa de forma asintomática. En aquellos casos donde expresa clínica, se presenta como: fatiga localizada, dolor durante la actividad física, alteraciones en la marcha y desgaste asimétrico del calzado. El diagnóstico se basa en la anamnesis y la exploración física y, ocasionalmente, se pueden emplear radiografías. La mayoría de los casos no requieren tratamiento, más allá de la observación clínica. En casos sintomáticos, se recomienda tratamiento conservador, como plantillas ortopédicas. El tratamiento quirúrgico se reserva para casos de deformidades severas o sintomatología persistente. El pie plano infantil es una condición común que generalmente no requiere tratamiento invasivo. El diagnóstico y tratamiento adecuados son cruciales para manejar los casos sintomáticos y prevenir complicaciones futuras.

 

Abstract

The main objective of this article is to address and understand flatfoot in children, one of the most common reasons for pediatric consultations, characterized by a reduction or absence of the medial longitudinal arch of the foot. Its origin is multifactorial, involving genetic and environmental factors such as joint hypermobility, obesity, inappropriate footwear, neuromuscular disorders, and connective tissue diseases. It is mostly asymptomatic. In cases where symptoms are present, it manifests as localized fatigue and pain during physical activity, gait abnormalities, and asymmetric shoe wear. The diagnosis is based on medical history and physical examination, and occasionally, radiographs may be used. Most cases do not require treatment beyond clinical observation. In symptomatic cases, conservative treatment such as orthotic insoles is recommended. Surgical treatment is reserved for cases of severe deformities or persistent symptoms. Flatfoot in children is a common condition that generally does not require invasive treatment. Proper diagnosis and treatment are crucial for managing symptomatic cases and preventing future complications.

 

Palabras clave: Pie plano; Flexible; Pediátrico; Valgo; Tratamiento conservador.

Key words: Flatfoot; Flexible; Pediatric; Planovalgus; Non-surgical treatment.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 241 – 247

 


OBJETIVOS

• Comprender la etiología y fisiopatología del pie plano infantil, incluyendo la influencia de factores genéticos y ambientales.

• Identificar las principales manifestaciones clínicas del pie plano infantil, para realizar un diagnóstico adecuado basándose en la anamnesis, la exploración física y, cuando sea necesario, el uso de radiografías.

• Evaluar las distintas opciones de tratamiento para el pie plano infantil, comprendiendo la importancia de un enfoque conservador en la mayoría de los casos, y las indicaciones para el tratamiento quirúrgico en casos severos.

• Desarrollar un enfoque multidisciplinar en el manejo del pie plano, integrando la educación de los padres y la colaboración entre diferentes profesionales de la salud.

• Aprender a identificar y manejar otras alteraciones del pie del niño, como son: el pie cavo, el pie zambo, el metatarso aducto o el astrágalo vertical, entre otras.

Pie plano y otras alteraciones del pie

Introducción

El pie plano infantil es uno de los principales motivos de consulta en la práctica pediátrica y ortopédica. Se trata de una condición fisiológica en la mayoría de casos, que se va modificando con el crecimiento y desarrollo del niño.

El pie plano infantil es una condición común en Pediatría, caracterizada por la disminución o ausencia del arco plantar longitudinal medial cuando el niño está de pie. A menudo, es una variante del desarrollo normal, que evoluciona de forma natural hacia una progresiva formación del arco con el crecimiento. No obstante, puede variar en severidad, y su relevancia clínica se destaca cuando se asocia a síntomas o problemas funcionales, subrayando la necesidad de un enfoque diagnóstico y terapéutico preciso.

La prevalencia del pie plano varía ampliamente en la literatura, reflejando diferencias poblacionales y metodológicas, con informes que oscilan entre un 2 % y más del 20 %. Esta variabilidad enfatiza la importancia de criterios diagnósticos uniformes y bien definidos. La incidencia disminuye con la edad, especialmente después de los 6 años, marcando una etapa crítica para el desarrollo estructural y funcional del pie(1).

Estudios recientes han aportado luz sobre los factores de riesgo, incluyendo: genéticos, ambientales y biomecánicos; sin embargo, la influencia de género y raza permanece menos clara, sugiriendo la interacción de múltiples factores en la etiología del pie plano. Este conocimiento avanzado apoya un enfoque individualizado en la evaluación y manejo del pie plano infantil, priorizando intervenciones basadas en evidencia y adaptadas al perfil clínico de cada paciente(2).

Etiopatogenia del pie plano infantil

La etiología del pie plano infantil es multifactorial, involucrando tanto factores genéticos como influencias ambientales. La heredabilidad del pie plano resalta la importancia de los factores genéticos, con estudios indicando que la presencia de esta condición en los progenitores aumenta significativamente el riesgo en sus descendientes. Paralelamente, la hipermovilidad articular y la laxitud ligamentosa emergen como contribuyentes biomecánicos esenciales, comprometiendo la estabilidad estructural del arco plantar y predisponiendo al desarrollo del pie plano. Por otro lado, el uso de calzado inadecuado o una actividad física insuficiente durante el desarrollo temprano también pueden tener un impacto negativo, sugiriendo la importancia de intervenciones preventivas tempranas. La obesidad amplifica este riesgo mediante una carga excesiva sobre los pies, alterando potencialmente su morfología y función(3). Además, la debilidad muscular puede fallar en proporcionar el soporte necesario para el mantenimiento del arco, facilitando la progresión hacia una estructura plana.

Los trastornos neuromusculares, como la parálisis cerebral o la distrofia muscular, y las enfermedades del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan y el síndrome de Ehlers-Danlos, subrayan la influencia de alteraciones sistémicas en la integridad y estructura del pie. De manera similar, el síndrome de Down se asocia con características, como la hipotonía muscular y la laxitud ligamentosa, contribuyendo al desarrollo del pie plano (Tabla I)(4).

tabla

 

Presentación clínica

El pie plano infantil cursa de forma asintomática en la mayoría de los casos.

El pie plano suele presentarse de manera asintomática en la mayoría de los niños, considerándose una condición fisiológica durante el desarrollo esquelético. Sin embargo, algunos niños pueden presentar síntomas, pudiendo observarse(5):

Dolor: varía desde un dolor difuso en pies, tobillos o piernas, a un dolor mecánico específico en la planta del pie, exacerbado por la actividad física.

Fatiga: cansancio notable en los pies después de estar de pie, caminar o al hacer deporte durante un tiempo prolongado.

Cambios en la marcha: incluyendo patrones anormales, como caminar “con los pies hacia fuera, más agachado con genu valgo”.

Desgaste asimétrico del calzado: indicativo de una distribución desigual del peso.

Exploración física

Comienza con una adecuada anamnesis, crucial para identificar factores de riesgo y síntomas asociados, dada la importancia de comprender el contexto individual de cada paciente. La confianza con el niño es crucial para una exploración efectiva. La evaluación debe ser sistemática, incluyendo:

Inspección visual: evaluación del arco plantar bajo carga y al realizar puntillas. También, se pueden observar zonas de hiperqueratosis o eritema.

Análisis de la huella plantar o podograma: uso de podoscopio (Fig. 1) para clasificar el pie plano en grados según la visibilidad del arco plantar: en el grado 1 se aprecia un mínimo arco plantar, en el grado 2 desaparece el arco plantar longitudinal, y en el grado 3 el borde interno del pie se vuelve convexo.

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Figura 1. Podoscopio y podrograma con los grados del pie plano.

Evaluación de la marcha: detección de alteraciones en el patrón de caminar.

Palpación: identificación de zonas sensibles o dolorosas.

Test de Fonseca o heel rise test(Fig. 2): se evalúa el retropié en carga normal y con el niño de puntillas, observando si el retropié pasa de valgo a varo, es decir, corrige, lo que indica que el retropié es flexible. En caso de que permanezca en valgo, es decir, no cambie o no corrija al ponerse de puntillas, se debe pensar en un pie plano rígido y habrá que descartar la presencia de coaliciones tarsales u otras alteraciones.

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Figura 2. Test de Fonseca (corrección del valgo de retropié al ponerse de puntillas).

Test de Jack: con el pie apoyado, se realiza una flexión dorsal del primer dedo a nivel de la metatarsofalángica, debiendo observarse la formación del arco plantar junto a la corrección del valgo del retropié, lo que indica la flexibilidad del pie y el funcionamiento del mecanismo de cabrestante por acortamiento de la fascia plantar(6).

Pruebas de flexibilidad: evaluación de la movilidad subastragalina (entre el talón y el tobillo) y movilidad del tobillo para detectar contracturas del tríceps sural (se considera normal una flexión dorsal del 10º con la rodilla extendida).

Comparación bilateral: para detectar diferencias en la forma y la función entre ambos pies(7).

Radiología

En los casos sintomáticos, la realización de una radiografía simple dorsoplantar y lateral de ambos pies en carga, permitirá visualizar la anatomía y posibles anomalías. En los casos asintomáticos, no está justificado el estudio radiológico(8).

Analizaremos los siguientes parámetros radiológicos clave (Fig. 3):

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Figura 3. Mediciones radiológicas en el pie plano. Proyección lateral (izquierda) y AP (derecha) de pie en carga.

Ángulo de Kite (Talo-Calcáneo): se mide entre el eje longitudinal del calcáneo y el del astrágalo en la proyección dorsoplantar. Su valor normal está entre 20º y 30º. En el pie plano, este ángulo suele estar aumentado, indicando un valgo del retropié(9).

Ángulo talo-primer metatarsiano: se mide entre el eje longitudinal del astrágalo y el del primer metatarsiano en la proyección dorsoplantar, y es útil para determinar el componente de abducto.

Ángulo de Costa-Bartani: formado por dos líneas que unen los puntos más bajos del calcáneo, astrágalo y cabeza del primer metatarsiano, y mide el arco longitudinal medial, siendo su valor normal entre 125º y 135º. Un aumento en este ángulo es indicativo de un aplanamiento del arco medial.

Ángulo de Meary: se mide entre el eje longitudinal del astrágalo y el del primer metatarsiano en la proyección lateral, y su valor normal es entre 0 y 10º. También está alterado en el pie plano y es indicativo de un aplanamiento del arco interno(10).

Además, la radiología simple puede ser útil para descartar lesiones óseas o coaliciones tarsales óseas, para lo cual nos será útil la proyección oblicua en caso de sospecha. La resonancia magnética (RM) y la tomografía computarizada (TC) se emplean para casos específicos. La RM juega un papel importante a la hora de diagnosticar coaliciones tarsales de componente fibroso o cartilaginoso, mientras que la TC puede ayudar en el diagnóstico de coaliciones tarsales óseas y permite evaluar las complejas relaciones tridimensionales de los huesos del tarso(11).

Tratamiento (Fig. 4)

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Figura 4. Esquema general del manejo diagnóstico-terapéutico del pie plano valgo infantil. AVC: astrágalo vertical congénito; NRL: patología neurológica; PPV: pie plano valgo; Rx DP y LAT: radiografía dorsoplantar y lateral de ambos pies.

Tratamiento conservador o no quirúrgico

La mayoría de los casos de pie plano infantil no requieren intervención más allá de la observación y seguimiento regular por el pediatra, para monitorizar la evolución y los cambios en la sintomatología. Sin embargo, para aquellos con síntomas, se prefieren inicialmente enfoques conservadores, incluyendo el uso de las plantillas ortopédicas.

Estas ortesis, personalizadas o prefabricadas, buscan mejorar la alineación y el apoyo del pie, consiguiendo disminuir los síntomas, aunque no han demostrado modificar su estructura o evolución. La elección del calzado también es importante, siendo recomendables aquellos que ofrecen soporte sin restringir el movimiento natural del pie durante el crecimiento.

Tratamiento quirúrgico

Reservado para casos donde estas medidas conservadoras no son suficientes para aliviar los síntomas, existe limitación funcional significativa o en casos de deformidades severas. El enfoque quirúrgico depende de la anatomía del pie y el grado de rigidez:

Procedimientos de partes blandas: normalmente se emplean combinados con otras técnicas, ya que no suelen ser eficaces de forma aislada. Incluyen: alargamiento del tríceps sural, retensado del tibial posterior y plicatura capsular plantar medial talonavicular.

Artrorrisis: limita el movimiento excesivo en la articulación subtalar y controla el valgo del retropié, aliviando la tensión en la zona medial. Esta técnica es poco invasiva, permite una carga precoz y se prefiere en pacientes jóvenes con pie plano flexible con valgo del retropié.

Osteotomías: en función de la alteración anatómica del pie se realizará una u otra.

– La más frecuentemente realizada es la osteotomía de alargamiento del calcáneo o técnica de Mosca para restaurar la cobertura talonavicular y corregir el valgo del retropié.

Osteotomía de descenso del primer radio: indicada cuando tras corregir el retropié existe una supinación del antepié. Puede realizarse en la primera cuña (Cotton), en el primer metatarsiano o en ambos.

Osteotomía de deslizamiento de calcáneo o de Koutsogiannis: corrige la alineación del talón medializando el calcáneo, cuando predomina un valgo de retropié rígido.

Procedimientos asociados: exéresis de escafoides accesorio y reinserción de tibial posterior en caso de persistencia de síntomas por escafoides accesorio, resección de coaliciones tarsales e interposición de tejido, pudiendo combinarse otras técnicas(12).

Otras alteraciones del pie infantil (Tabla II)

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Pie cavo infantil

Lo primero que se debe descartar ante un pie cavo es su posible etiología neurológica.

El pie cavo (Fig. 5) se caracteriza por un aumento pronunciado del arco plantar, pudiendo ser secundario a trastornos neurológicos y neuromusculares, así como idiopático o familiar, donde la causa es desconocida. Esta condición puede conducir a alteraciones en la marcha, dificultad para el calzado y desarrollo de hiperqueratosis o callosidades debido a la carga desigual sobre el pie. La evaluación clínica permite estudiar la flexibilidad y asociación a un retropié varo. Las imágenes radiológicas pueden revelar un incremento en el arco longitudinal (ángulo de Meary y Costa Bartani) y posibles alteraciones en la alineación de los metatarsianos y falanges(13). El manejo puede ser:

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Figura 5. Imágenes clínicas de un pie cavo varo infantil.

Conservador: uso de plantillas personalizadas, calzado adecuado y fisioterapia para mejorar la flexibilidad, movilidad y el equilibrio, con el objetivo de aliviar los síntomas.

Quirúrgico: reservado para casos severos o progresivos con limitación funcional, puede incluir: fasciotomía plantar, transferencias tendinosas, osteotomías correctivas y procedimientos de realineamiento.

Pie equinovaro congénito o pie zambo

El pie zambo es una anomalía congénita que combina cuatro deformidades: cavo, aducto, varo y equino. El cambio de paradigma terapéutico, gracias a la introducción del Método de Ponseti, ha mejorado notablemente el pronóstico de estos pacientes.

Es una malformación congénita compleja y multifactorial que produce una postura anómala del pie, caracterizada por la presencia simultánea de cuatro deformidades: cavo, varo, aducto y equino (Fig. 6). Si bien las causas exactas siguen siendo inciertas, las influencias genéticas y ambientales juegan un papel crucial en su aparición. La ecografía prenatal avanzada permite la detección temprana a partir del segundo trimestre, y el examen físico postnatal confirma el diagnóstico. En la evaluación inicial se deben explorar la coexistencia de otras alteraciones ortopédicas.

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Figura 6. Imágenes clínicas de un recién nacido con pie zambo bilateral y los yesos de Ponseti.

El tratamiento ha evolucionado significativamente. Desde la introducción del Método Ponseti(14), cambió el paradigma en el manejo de esta patología, con un enfoque secuencial de yesos seriados semanales (por lo general, entre 4 y 6 yesos) para corregir progresivamente la deformidad del pie, siguiendo el orden de la regla mnemotécnica “CAVE” (Cavo, Aducto, Varo, Equino) y una tenotomía percutánea del tendón de Aquiles para corregir finalmente la deformidad en equino. El mantenimiento posterior con una ortesis en abducción y rotación de los miembros inferiores (férula de Denis-Brown) es esencial para evitar recurrencias y garantizar un resultado óptimo a largo plazo, en más del 90 % de los casos.

La adherencia al uso de la ortesis es vital, y las recidivas deben abordarse con diligencia, recurriendo a tratamientos adicionales, incluyendo nuevos yesos seriados o cirugía en casos refractarios.

Pie calcáneo valgo

Conocido también como pie talo, es la deformidad congénita que aparece con más frecuencia en el recién nacido (hasta el 50 % de los recién nacidos según algunos autores). Esta condición, a menudo asociada a la posición intrauterina fetal, formando parte del conocido, como “síndrome del niño moldeado”, se manifiesta en una pronunciada dorsiflexión y eversión del pie, llegando en ocasiones a contactar el dorso del pie con la tibia. El diagnóstico diferencial es crucial para excluir el astrágalo vertical congénito, una entidad grave. La severidad del pie calcáneo valgo se determina evaluando la capacidad de flexión plantar pasiva, con clasificaciones que van de leves a graves. El pronóstico generalmente es favorable, con una excelente respuesta al tratamiento conservador mediante ejercicios(15).

Metatarso aducto

Se caracteriza por una deformidad en aducción del antepié, sin afectación del retropié, diferenciándose así del pie zambo por la ausencia de equinismo y varo del calcáneo. Clásicamente, se ha diferenciado entre metatarso aducto flexible, que se corrige pasivamente, y metatarso varo rígido. Sin embargo, la nomenclatura moderna tiende a unificar ambos términos en un espectro de severidad.

En lactantes menores de un año, se favorece la autocorrección con manipulaciones realizadas por los padres. El uso de ortesis o calzado corrector sigue siendo objeto de debate respecto a su eficacia. Aproximadamente, el 85-90 % de los casos muestran resolución natural en el primer año de vida. En casos severos con rigidez inicial o falta de mejora, se plantea el tratamiento con yesos correctores por parte del especialista. La cirugía, incluyendo osteotomías, se reserva para aquellos casos que no se corrigen espontáneamente en la primera infancia.

Astrágalo oblicuo congénito

El Astrágalo Oblicuo Congénito (AOC) se distingue del Astrágalo Vertical Congénito (AVC) por su menor severidad, por la no luxación completa de la articualción talo-navicular y por la ausencia de equino de tobillo, lo que permite una corrección más favorable de la deformidad. Esta afección, con similar incidencia entre sexos, suele ser bilateral en el 50 % de los casos. Además, a diferencia del AVC, en el AOC se puede palpar el escafoides en su posición normal, la articulación talonavicular está desviada, pero no completamente luxada y no resulta en un pie rígido. El diagnóstico radiológico en recién nacidos puede ser complicado por la falta de osificación de ciertas estructuras del pie. El pronóstico del AOC es generalmente positivo cuando se maneja con tratamiento ortopédico, mediante la técnica de Ponseti invertida. Este método implica la colocación seriada de yesos semanales (generalmente 6), que gradualmente corrigen la deformidad del pie mediante la flexión plantar e inversión, aplicando contrapresión en la cara medial del astrágalo.

Astrágalo vertical congénito

El AVC es una anomalía infrecuente caracterizada por un pie plano rígido asociado a una luxación talonavicular irreductible, que lo diferencia del AOC. Se trata de una entidad con un pronóstico menos favorable; ya que, de no abordarse adecuadamente, puede resultar en dificultades significativas para caminar y dolor persistente. El diagnóstico se establece a través de la exploración física y se confirma mediante estudios de imagen con radiografías dinámicas, que demuestran la orientación vertical del astrágalo y la irreductibilidad de la luxación de la articulación astrágalo-escafoidea con la flexión plantar.

El tratamiento consiste en yesos correctores, siguiendo el método de Dobbs o Ponseti invertido, seguido de técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, obteniendo unos resultados satisfactorios y minimizando las complicaciones(16).

Conclusiones

En conclusión, el presente artículo “Pie plano y otras alteraciones del pie” ofrece una revisión exhaustiva sobre las distintas patologías del pie en la población pediátrica, con especial énfasis en el pie plano infantil. Se ha proporcionado una revisión comprensiva que abarca desde la etiología y la fisiopatología hasta el diagnóstico y las opciones de tratamiento, considerando la diversidad en presentaciones clínicas y la influencia de factores genéticos y ambientales. Este artículo resalta la importancia de una evaluación cuidadosa y un enfoque multidisciplinar para el manejo efectivo, subrayando la necesidad de un seguimiento continuo y adaptativo en estas patologías. Además, se enfatiza en la necesidad de una educación continua involucrando a los padres, y de una colaboración estrecha entre los profesionales de la salud, para optimizar el cuidado y mejorar la calidad de vida de estos niños.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria desempeña un papel crucial en la identificación temprana y el manejo del pie plano en niños. Su función comienza con una evaluación meticulosa durante las visitas rutinarias, donde observa signos de posibles alteraciones del pie, como el pie plano. Además, el pediatra educa a los padres sobre la importancia de un calzado adecuado y promueve actividades físicas que favorezcan el desarrollo muscular y óseo del pie. En casos donde se identifican síntomas o una evolución atípica, el pediatra juega un papel vital en la derivación temprana al especialista para una evaluación más detallada y tratamiento específico. Por lo tanto, su rol es fundamental, tanto en la prevención como en la intervención precoz de esta condición común en la población pediátrica.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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4. Xu L, Gu H, Zhang Y, Sun T, Yu J. Risk Factors of Flatfoot in Children: A Systematic Review and Meta-Analysis. Int J Environ Res Public Health. 2022; 19: 8247.

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Bibliografía recomendada

– Martínez Caballero I. Ortopedia y Traumatología Infantil. Ergon. Madrid. 2015.

Se trata de un completo manual de Ortopedia Infantil, abordando las patologías ortopédicas infantiles de una manera didáctica y sencilla.

– Ponseti I, Morcuende J, Pirani S, Mosca V, Penny N, Dietz F, et al. Pie Zambo: El Método de Ponseti. Lynn Staheli, Global HELP Publication. 2009.

Conocido, también, como: “El libro rojo de Ponseti”, se trata de una sencilla e ilustrativa guía sobre el diagnóstico, patogenia, clínica y tratamiento del pie zambo, basándose en el método de Ignacio Ponseti, que revolucionó el tratamiento de esta deformidad de una manera sencilla, eficaz y reproducible.

– Ford SE, Scannell BP. Pediatric Flatfoot: Pearls and Pitfalls. Foot Ankle Clin. 2017; 22: 643-56. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.fcl.2017.04.008.

Una revisión exhaustiva sobre el pie plano pediátrico, abordando puntos clave en diagnóstico y manejo.

– Rodríguez N, Volpe RG. Clinical diagnosis and assessment of the pediatric pes planovalgus deformity. Clin Podiatr Med Surg. 2010; 27: 43-58. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.cpm.2009.08.005.

Una mirada profunda al diagnóstico clínico y evaluación de la deformidad del pie plano valgo pediátrico.

– Dare DM, Dodwell ER. Pediatric flatfoot: cause, epidemiology, assessment, and treatment. Curr Opin Pediatr. 2014; 26: 93-100.

Una revisión actualizada, que incluye: causas, epidemiología, evaluación y tratamiento del pie plano pediátrico.

Caso clínico

 

Llega a tu consulta de Pediatría de Atención Primaria un adolescente de 12 años acompañado de su madre. Consultan, porque lleva con dolor de pie izquierdo 5 meses que le limita su entrenamiento deportivo de forma ocasional, y nota cansancio y dificultad para la marcha, cada vez más frecuente. La madre refiere que gasta el calzado de forma asimétrica y que es más llamativo en el lado izquierdo. Tras completar la anamnesis, clasificas el dolor como tipo mecánico y no objetivas ningún antecedente personal ni familiar relevante.

A la exploración física, el paciente presenta ligero sobrepeso, un genu valgo leve simétrico sin dismetrías asociadas, y unos pies planos valgos asimétricos, siendo la deformidad severa en el lado izquierdo, y más leve en el derecho.

Cuando le pides ponerse de puntillas, el pie derecho corrige el valgo del retropié, pero el izquierdo no variza, parece más rígido.

Tras completar la anamnesis y la exploración física, decides solicitar la radiografía de pies en carga que observas en la figura 7.

algoritmo

Figura 7. Radiografía de pies en carga.

 

 

Alteraciones angulares y torsionales de los miembros inferiores

J. Cabello Blanco
Temas de FC


P. Manzarbeitia Arroba*, H. Garlito Díaz*, M. Galán Olleros*, J. Cabello Blanco**

X

Autor para correspondencia

manzarbeitiap@gmail.com

*Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. **Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario La Paz. Madrid

Resumen

El objetivo principal de este artículo es resumir las implicaciones clínicas y el diagnóstico y tratamiento de las alteraciones torsionales y angulares de los miembros inferiores. En cuanto a la fisiopatología, hay que considerar una variación de los valores normales durante el desarrollo fisiológico que se deben conocer, las alteraciones metabólicas o de las zonas de crecimiento y las fuerzas que las atraviesan, que dan origen a un espectro de deformidades coronales, sagitales y axiales. Pequeñas alteraciones torsionales y angulares cursan de forma asintomática. Modificaciones mayores repercuten en el patrón de marcha, haciéndola menos eficiente y provocando sobrecargas articulares. A largo plazo, las sobrecargas se vuelven sintomáticas. El diagnóstico se basa en la exploración física, incluyendo la observación de la marcha. Las alteraciones coronales se miden con radiografías y las axiales, en caso de plantearse tratamientos quirúrgicos, necesitan imagen axial (TAC o RM). Pequeñas variaciones de la normalidad no van a requerir tratamiento. Si hay crecimiento restante, las alteraciones coronales se pueden tratar con técnicas de crecimiento guiado. Cuando esto no es posible, recurriremos a las osteotomías. Las deformidades rotacionales pueden mejorar con fortalecimiento de musculatura. Requieren cirugía en escasas ocasiones y las técnicas son osteotomías desrotatorias. Las deformidades coronales y axiales son frecuentes como espectro de variación de la normalidad, significando un hallazgo patológico en escasas ocasiones. El tratamiento será dirigido a la causa que lo origine, con especial hincapié en técnicas de crecimiento guiado para las deformidades coronales, mientras que tengamos fisis abiertas y las osteotomías en caso de rotacionales.

 

Abstract

The main objective of this article is to summarize the clinical implications as well as the diagnosis and treatment of torsional and angular deformities of the lower limbs. Besides physiological variations of lower limbs during growth that must be considered, metabolic diseases, physeal disturbances and forces applied through physis may cause a wide spectrum of coronal, sagittal and axial deformities. Subtle deformities are mostly asymptomatic. The bigger the deformity, the greater gait disturbance, making it less efficient and provoking joint overload. Eventually, asymptomatic joint overload will become painful. Diagnosis is based on physical examination and observation of the gait cycle. Coronal deformities are measured with radiographs. Axial deviations, in case of surgery, need axial imaging such us axial tomography or MRI. Most cases do not require treatment. Whenever residual growth is left, guided growth techniques are indicated. Should the remaining growth be insufficient, osteotomies will need to be performed. Rotational deformities may improve by physical therapy and strengthening. Surgical treatment is seldom needed, and denotational osteotomies are used. Coronal and axial deformities are a spectrum from normal variations to pathological deformities. The treatment addresses the subjacent cause and guided growth techniques are preferred whenever open physis are present. Rotational osteotomies are reserved for axial rotational deformities.

 

Palabras clave: Genu valgo; Genu varo; Anteversión femoral; Torsión tibial; Crecimiento guiado.

Key words: Genu valgum; Genu varum; Femoral anteversion; Tibial torsion; Guided growth.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 234 – 240

 


OBJETIVOS

• Conocer cuál es la fisiología del desarrollo de los miembros inferiores (MMII) para poder diferenciarla de la patología.

• Recordar las implicaciones clínicas de las alteraciones angulares y torsionales de los MMII.

• Saber que el diagnóstico es eminentemente clínico.

• Repasar el tratamiento, que es habitualmente conservador.

 

Alteraciones angulares y torsionales de los miembros inferiores

Introducción

Durante el crecimiento, el esqueleto infantil experimenta variaciones en el patrón de alineación frontal y en el patrón rotacional. Por eso, conviene conocer los parámetros de normalidad para cada periodo del desarrollo(1).

Valgo hace referencia a un segmento distal lateralizado respecto al proximal, mientras que varo significa segmento distal medializado respecto al proximal. Son, por tanto, deformidades en el plano coronal. De este modo, consideramos valgo cuando el eje mecánico queda por fuera de la rodilla y varo cuando queda por dentro.

Versión: la variación normal en la rotación del miembro (+/-2 desviaciones estándar, D.S.). La versión de un hueso largo se cuantifica midiendo el ángulo que forman la intersección de los ejes transversos de sus epífisis.

Versión tibial: diferencia angular entre eje de rodilla y el eje maleolar.

Versión femoral: diferencia angular entre los ejes transcervical y transcondilar.

Torsión: aquella variación que supera +/- 2 D.S., se considera anormal.

Las alteraciones torsionales pueden ser simples (un único nivel) o complejas (múltiples segmentos), además puede ser aditivas o compensadoras.

Los recién nacidos presentan un genu varo (10-15º) que puede aumentar cuando el niño comienza a caminar y se hace máximo al año y medio de vida. Posteriormente, las piernas cambian a neutro para hacerse valgas con un máximo a los 4 años. Este valgo va disminuyendo hasta los 8 años, cuando las piernas adquieren su alineación definitiva con un valgo de 5-7º. Por lo tanto, es esperable una “normalización” del valgo con el crecimiento.

A nivel torsional, desde el nacimiento, los miembros inferiores rotan hacia externo; así, con el desarrollo normal, la antetorsión femoral disminuye de 30º con el nacimiento hasta unos 10º con la madurez y la versión tibial rota hacia externo desde 5º el nacimiento hasta 15º. Por ello, las torsiones internas tienden a mejorar con el crecimiento, mientras que las externas pueden empeorar(2).

Los procesos fisiológicos son moderados, bilaterales y simétricos. Consideramos anormales aquellas alteraciones angulares o torsionales que se encuentran más/menos 2 DE de la normalidad. Es fundamental determinar si el proceso es fisiológico o si nos encontramos ante patología, ya que el pronóstico y el tratamiento difieren profundamente(3).

Clínica

Estudiaremos al niño caminando, en bipedestación para valorar las alteraciones angulares y en decúbito prono para las torsionales.

Habitualmente, el niño está asintomático, siendo los padres los que expresan preocupación por la forma de caminar, en ocasiones, se quejan de dolor de rodillas o inestabilidad femoropatelar.

En primer lugar, se realiza la exploración de la marcha, poniendo al paciente a caminar en línea recta. En niños pequeños que no colaboren para la marcha en la consulta, se puede usar un vídeo de los padres que le hayan grabado “sin el médico delante”.

Evaluaremos el ángulo de progresión de la marcha (diferencia angular entre el eje del pie y la línea de progresión, valor normal de 5 a 20º) y la situación de las rótulas respecto al avance. Por ejemplo, en la anteversión femoral muy aumentada vemos que las rótulas progresan en rotación interna (“kissing patellas”).

A nivel coronal, vemos si hay roce de los muslos y mecanismos de circunducción compensatorios. También, los incrementos de la deformidad con el apoyo. Buena amplitud del paso, velocidad y simetría, deben estar presentes en pacientes sanos(4).

Posteriormente, en bipedestación, evaluamos:

• Simetría, los casos unilaterales o claramente asimétricos se relacionan con patología de base.

• Distancia intermaleolar (DIM), con rodillas pegadas y rótulas al frente, medimos la distancia entre los maleolos, considerando anormal DIM >8 cm en mayores de 8 años. Se utiliza en los casos de valgo (Fig. 1).

figura

Figura 1. Genu valgo. Los cóndilos femorales están en contacto y los tobillos separados. Esto nos permite medir la distancia entre los tobillos (distancia intermaleolar).

• Distancia intercondílea (DIC) con los tobillos juntos y medimos la distancia entre las rodillas, lo normal es que sea menor de 6 cm. Aplicable a los genu varo (Fig. 2).

figura

Figura 2. Genu varo. Los tobillos están juntos y aparece separación entre las rodillas. Medimos la distancia entre la cara interna de ambas rodillas (distancia intercondílea).

Ambas medidas son muy útiles para valorar la evolución y evitar radiaciones innecesarias al niño.

• Localización de la deformidad, si afecta al fémur o a la tibia, o a la diáfisis o metáfisis.

En decúbito prono estudiamos el perfil torsional:

• Versión femoral: medimos rotación interna y externa de la cadera con el niño en prono y rodillas flexionadas. Deben ser simétricas. Podemos medir la anteversión femoral (AVF): palpando el trocánter cuando esté en máxima prominencia, mediremos el ángulo formado entre el eje longitudinal tibial y la vertical: normal entre 40 y 10º (Fig. 3).

figura

Figura 3. Medición de la anteversión femoral de manera clínica. Con el paciente en decúbito prono medimos el máximo de rotación interna y el máximo de rotación externa. Nos encontraremos valores de rotación interna mayores de 70º cuando la anteversión femoral está aumentada.

• Ángulo muslo-pie: el paciente en decúbito prono con rodillas a 90º de flexión y pies relajados en dorsiflexión neutra: se mide el ángulo entre el eje longitudinal del muslo y el eje longitudinal del pie, con esto evaluamos la torsión tibial (Fig. 4).

figura

Figura 4. Medición del ángulo clínico muslo-pie. Con el paciente en prono, se flexionan 90º las rodillas. Trazamos una línea imaginaria por la mitad del muslo y otra por la mitad del pie. El ángulo que forman es el ángulo muslo-pie.

• Morfología del pie: el borde lateral debe ser recto, para descartar metatarso aducto. Normalidad: la bisectriz plantar del retropié pasa entre el 2º y 3er dedo.

Finalmente, evaluamos la presencia de hiperlaxitud, ya que podría aumentar la apariencia de deformidad en carga.

Diagnóstico

Es eminentemente clínico, la sintomatología asociada, asimetrías, progresión o sospecha de patología de base, nos obliga a solicitar una telerradiografía.

Lo realizamos mediante la exploración física. Estos niños no suelen requerir pruebas de imagen asociadas. Es una buena idea pedirles a los padres que realicen fotografías cada 6 meses y así vean de forma objetiva la evolución que está teniendo su hijo. Para la toma de imagen clínica, las rótulas deben estar al frente y el foco de la cámara a la altura de las rodillas (Tabla I).

tabla

La realización de pruebas de imagen axiales, como RM o TAC, está indicada para medición prequirúrgica de deformidades rotacionales y no forman parte, por tanto, del estudio habitual de los pacientes no candidatos a cirugía.

Evaluamos:

• Eje mecánico: línea desde el centro de la cabeza femoral al centro del tobillo, lo normal es que pase por el centro de la rodilla. Se describen seis zonas (zonas de Stevens) dependiendo por donde cruce el eje mecánico la rodilla, si la cruza por dentro será un varo y si la cruza por fuera un valgo, indican el grado de deformidad(5).

• Eje anatómico o ángulo femorotibial, línea desde la fosa piriforme al centro de la rodilla y desde el centro de la tibia al tobillo, normal de 5-7º.

Si existe una deformidad generalizada o sospechamos alteraciones endocrinas, debemos solicitar una analítica con calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, función renal y hematocrito.

Tratamiento

Los principios generales del tratamiento serán la observación para los casos fisiológicos y el tratamiento quirúrgico para los que representen un espectro patológico.

Mientras que tenemos fisis abiertas, es posible aplicar tratamientos de crecimiento guiado, en los que aprovechamos la fuerza de crecimiento de las fisis para la corrección de la deformidad. Consisten en técnicas de frenado asimétrico de las zonas de crecimiento. Si a una deformidad en valgo se la frena, la zona interna de las fisis del fémur distal o tibia proximal crecerán más por lateral, lo que en un plazo de cerca de un año produce una corrección de la alineación. Del mismo modo, para un varo realizaremos frenados de la zona lateral.

Las técnicas de crecimiento guiado pueden ser reversibles o no reversibles. En pacientes a los que les queda mucho crecimiento por delante, si queremos corregir una deformidad en varo o valgo con crecimiento guiado, para cuando esté corregida seguirá quedando tiempo de crecimiento, por lo que debemos permitir ese crecimiento restante. Usaríamos, en ese caso, técnicas reversibles. Dichas técnicas se basan en un implante que frena el crecimiento por un lado. Cuando se obtiene la corrección se retira el implante.

Por otra parte, si queremos usar técnicas no reversibles, realizaremos un puente fisario en el lado que interese para la corrección. La técnica habitual consiste en un perforado y legrado de la zona fisaria, lo que provocará la cicatrización ósea, formando un puente fisario. Dichas técnicas requieren de un cálculo de la deformidad a corregir y el tiempo de crecimiento restante.

Las osteotomías son cortes en el hueso, a través de las cuales se reorientan los extremos óseos para corregir la deformidad presente. Por tanto, permiten corregir deformidades en el plano frontal, sagital y rotacional. Son más agresivas y con más complicaciones que las técnicas de crecimiento guiado.

A continuación, veremos las características propias de cada una de las entidades de interés en este artículo.

Genu varo

Son las rodillas con aspecto de paréntesis. Haremos el diagnóstico diferencial con la enfermedad de Blount, el raquitismo, displasias esqueléticas y puentes fisarios.

Genu varo fisiológico

Se define con un ángulo femorotibial >10º (siendo normal hasta 15º en menores de 2 años). Es la alteración angular más frecuente. El síntoma por el que consultan los padres con gran preocupación es la deformidad que se hace máxima con la bipedestación. El genu varo fisiológico no produce dolor a estas edades y el niño se encuentra asintomático. Clínicamente, cuando el varo es asimétrico, tiene más posibilidades de corresponder a una situación patológica, aunque no siempre es así.

El resto de la exploración es normal, pero pueden asociar torsión tibial interna que aumenta la apariencia de genu varo(6).

Está indicado realizar una telerradiografía en mayores de dos años, deformidad asimétrica, progresiva o dolorosa.

Enfermedad de Blount o tibia vara

Alteración en la osificación endocondral de la región posteromedial de la fisis proximal de la tibia. Produce una deformidad tridimensional de la rodilla en varo, antecurvatum y rotación interna.

Aumenta la incidencia en raza negra, obesos, con antecedentes familiares y deambulación precoz.

La etiología es multifactorial. Se ha postulado la teoría de la sobrecarga mecánica, ya que la incidencia es más elevada en niños con deambulación precoz y sobrepeso, sin embargo, esta teoría no explica los casos unilaterales, simétricos o en niños sin patología.

Clasificación:

• Precoz: afecta a menores de 4 años, con un varo indoloro progresivo a partir de los 18 meses, asociado a torsión tibial interna. Se relaciona con marcha precoz y es bilateral hasta en el 75 % de los casos.

• Tardío: a partir de los 4 años, suele ser unilateral, asociando un acortamiento de 2-3 cm, dolor e inestabilidad de rodilla.

En la radiología veremos signos típicos como el “pico metafisario medial”, angulación abrupta en varo metafisario, epífisis irregular con pendiente medial y línea fisaria medial ensanchada e irregular.

Langenskiöld describió los estadios evolutivos de la enfermedad. Más que una clasificación pronóstica, es una descripción de la evolución de la osificación durante la osteocondrosis que condiciona el tratamiento quirúrgico. En los estadios I y II, en los que la fisis medial no ha empezado a osificarse, la restauración de la deformidad se consigue con frecuencia tras una osteotomía. En los estadios III y IV, cuando la osificación de la fisis ha comenzado, esta restauración es posible, pero más improbable con una osteotomía aislada; mientras que, en los estadios V y VI, existe un mal pronóstico con recidivas incluso tras el tratamiento quirúrgico.

Los objetivos de nuestro tratamiento son la alineación y longitud normal de los miembros inferiores con articulaciones congruentes. Estadios avanzados mayores 3-4 años necesitarán cirugía, ya sea mediante hemiepifisiodesis, osteotomías o resección de puentes fisarios.

Raquitismo

Osteopatía generalizada del hueso en crecimiento por deficiencias en la mineralización de la matriz ósea por ausencia de vitamina D. El raquitismo nutricional era la causa de genu varo patológico más frecuente en el pasado. En la actualidad, predomina el raquitismo hipofosfatémico ligado al cromosoma X. Asocia genu varo asimétrico dependiente de ambos huesos, talla baja e historia familiar. Debemos sospecharlo en un niño con deformidad progresiva, estatura corta, dieta atípica y antecedentes familiares.

En las radiografías nos encontraremos las típicas fisis ensanchadas, metáfisis en copa y líneas de Looser-Milkman.

En la analítica encontramos aumento de fosfatasa alcalina y disminución de calcio.

El tratamiento es médico, debiendo derivar a estos pacientes al endocrino y solo planteamos un tratamiento quirúrgico mediante crecimiento guiado u osteotomías, si no se consigue mejoría del cuadro clínico.

Genu valgo

O piernas en “X”, siendo el genu valgo fisiológico el más frecuente. Haremos el diagnóstico diferencial con puentes fisarios, displasias óseas y secuela de fracturas.

Genu valgo fisiológico

Normal entre los 2 y los 8 años (con un ángulo femorotibial de hasta 15º a los 3 años).

El valgo que persiste tras los 10 años está asociado a sobrepeso y puede provocar dificultad al correr, dolor en la cara anterior de la rodilla e inestabilidad rotuliana. La presencia de obesidad y de pies planos aumenta la sensación del valgo. Consideramos anormal una DIM mayor de 8 cm en un niño mayor de 8 años.

Haremos radiografías si valgo severo, estatura corta, asimetría, antecedentes de infección, trauma o enfermedad metabólica o si el niño está “fuera de la edad típica”.

En cuanto al tratamiento, no se ha demostrado que ningún dispositivo externo, ortesis o plantilla cambie la alineación de las piernas, sin embargo, la pérdida de peso sí puede mejorar la apariencia(7).

Tratamiento:

• Conservador: el 90 % de los niños adquieren una morfología normal de forma espontánea, aquellos con valgo más llamativo o sintomático serán evaluados clínicamente cada 6-12 meses.

• Quirúrgico: indicado en niños >10 años con >8 cm de DIM, >15º de ángulo femorotibial, con eje mecánico en zona +3 o en zona +2 con síntomas.

– Hemiepifisiodesis no definitiva: con técnicas de crecimiento guiado. Indicado si más de 1 año de crecimiento remanente. Se estima que la hemiepifisiodesis femoral distal consigue corrección de 7º al año, mientras que la tibial consigue 5º.

– Hemiepifisiodesis definitiva (técnica Phemister, percutánea…) menos utilizadas, ya que exige identificar el momento exacto de la cirugía.

– Osteotomía correctora: pacientes sin margen de crecimiento o inmaduros con deformidades severas.

Fenómeno de Cozen: es la deformidad unilateral y progresiva en valgo que se produce tras una fractura metafisaria proximal de tibia con integridad del peroné. Afecta a niños de 2-8 años, desarrollándose este fenómeno a los 12-18 meses.

El tratamiento es conservador, ya que la mayoría de los pacientes van a tener una resolución espontánea y nuestra misión es informar a la familia de este fenómeno en el momento de la fractura.

Estaría indicada la cirugía, si no se da la resolución de este proceso cerca de la madurez esquelética.

Marcha en rotación interna

Con un ángulo de progresión de la marcha negativo, la causa más frecuente es la anteversión femoral (AVF).

Es un motivo de consulta muy frecuente, causado en menores de 2 años por la torsión tibial interna fisiológica y en mayores de 3 años por AVF. La máxima rotación interna ocurre en torno a los 4-6 años(8,9). Debemos saber que la marcha en rotación interna asimétrica puede ser el primer motivo de consulta en una hemiparesia espástica (asociando marcha en equino, flexión del miembro superior homolateral…)

Causas:

Hallux aducto dinámico o primer dedo explorador: se debe a una espasticidad o tracción excesiva del abductor del hallux durante la fase de apoyo, no precisa tratamiento.

Metatarso aducto: se da una desviación medial del antepié sin alteraciones en medio ni retropié (Tabla II), habitualmente flexible, postural, el 80 % se normalizan en el primer año de vida de forma espontánea(10).

tabla

Es más útil clasificarlo según su flexibilidad:

– Tipo I: muy flexible. El antepié consigue una leve hiperabducción activa.

– Tipo II: flexibilidad parcial. El antepié no consigue colocarse en posición neutra de forma activa, pero sí de forma pasiva.

– Tipo III: rígido, no conseguimos corregirlo de forma pasiva.

Clínica: marcha en intratorsión, el borde lateral del pie es cóncavo y la dorsiflexión del pie es normal.

Tratamiento: es eminentemente conservador, los tipos 1 y 2 se resuelven espontáneamente de forma completa al 3er año de vida (95 %). En estos niños podemos indicar ejercicios de estiramientos y estimulaciones.

En el tipo 3 indicaremos yesos seriados y manipulaciones, manteniendo la corrección con el uso de botas en abducción del antepié los primeros 4-6 meses o con botas bebax 23 h/d en pacientes menores de 9 m.

Reservamos el tratamiento quirúrgico para aquellos casos en los que no consigamos mejoría o en niños mayores, realizaremos:

- Alargamiento del abductor del hallux.

- Capsulotomía medial.

- Osteotomía de apertura de la primera cuña y decancelación del cuboides.

Torsión tibial interna (TTI): relacionado con la posición intraútero, dormir en prono o sentarse sobre ambos pies. Suele asociarse a metatarso aducto y genu varo. A la exploración física, se aprecia marcha con progresión interna de pies y rótulas al frente. El ángulo muslo-pie estará aumentado >10-20º. El 90 % de los niños pierden la TTI a los 8 años. Si el ángulo muslo-pie es >10º, debemos descartar tibia vara o hemiplejia espástica. No existe un tratamiento ortopédico efectivo.

Anteversión femoral/ torsión femoral interna (AVF): más frecuente en niñas. Enmascarada durante el primer año de vida por la contractura de los músculos rotadores externos de cadera, se hace máxima a los 4-6 años, posteriormente disminuyendo de forma progresiva.

Ocasiona una marcha en progresión interna con rótulas hacia dentro, simétrica que se desencadena con el cansancio y la carrera. Estos niños tienden a sentarse en W. A la exploración, se evidencia un aumento de la rotación interna de cadera.

El pronóstico es muy bueno con resolución del 90 % de los casos a los 9 años.

El tratamiento ortopédico no tiene evidencia y reservamos el tratamiento quirúrgico (osteotomías desrotadoras, OD) para aquellos niños con AVF >50º, mayores de 9 años con una alteración funcional o estética grave.

Marcha en rotación externa

O marcha con un ángulo de progresión positivo, es fisiológica y frecuente durante el inicio de la deambulación y desaparece a los 2 años de vida. Debemos estar atentos, porque la marcha en rotación externa asimétrica o progresiva puede ser consecuencia de displasia del desarrollo de la cadera, coxa vara o epifisiolisis de la cabeza femoral.

Torsión tibial externa (TTE): la etiología es incierta, puede deberse a contracturas de la banda iliotibial o ser compensatoria de la AVF. Aumenta progresivamente durante el crecimiento, ya que las tibias crecen rotando hacia fuera. Puede ser asimétrica y unilateral y ocasiona marcha con rótulas al frente y pies hacia fuera. Los pacientes consultan por alteración de la marcha, dolor o inestabilidad de rótula, aunque lo normal es que sean asintomáticos. Se diagnostica evaluando el ángulo muslo-pie (Fig. 5).

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Figura 5. Torsión tibial externa. Los pies están orientados en rotación externa respecto a la cara anterior de las rodillas.

El tratamiento es conservador y ofreceremos cirugía con OD de tibia en niños mayores de 10 años, con importante afectación funcional (ángulo muslo-pie >30-40º).

Retrotorsión femoral o torsión femoral externa: es una entidad muy poco frecuente y menos benigna, ya que se relaciona con dolor, artrosis, fracturas de estrés y epifisiolisis femoral proximal.

En la exploración se objetiva un aumento de la rotación externa de la cadera y una marcha en progresión externa con rótulas hacia fuera. El tratamiento es la observación, ofreciendo OD femorales en niños mayores con alteraciones funcionales o estéticas severas.

Mala alineación torsional

Estos niños presentan una progresión neutra de la marcha, con rótulas en rotación interna o “kissing knees”. Se da por una asociación de TTE y AVF. Los padres consultan por anormalidad de la marcha y los niños suelen estar asintomáticos, muy raramente causa dolor en la cara anterior de la rodilla o inestabilidad femoropatelar (Fig. 6).

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Figura 6. Malrotación combinada. En rotación interna los fémures (rótulas mirándose) y en rotación externa las tibias (compensa la rotación interna del fémur y hace que los pies estén orientados hacia delante).

El manejo es conservador, ya que el tratamiento quirúrgico conlleva cuatro osteotomías y solo se ofrece en niños con sintomatología muy grave.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Valorar la alteración rotacional o torsional en el tiempo, tanto su comportamiento evolutivo como en su momento de presentación, ya que ciertas situaciones son normales a una edad y patológicas en otra.

• Descartar etiologías de origen médico en deformidades que aparentan ser exclusivamente musculoesqueléticas.

• Remitir deformidades que se puedan beneficiar de tratamiento quirúrgico al especialista.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.** Antón LM, Burgos J. Alteración de alineación en el eje de los miembros inferiores. En: Martínez Caballero I, ed. Ortopedia y Traumatología Infantil. Madrid: Ergon; 2015. p. 75-88.

2. Staheli LT. Lower Limb. Staheli LT. Fundamentals of Pediatric Orthopedics. Seattle: Wolters Kluwer; 2016. p. 367-428.

3.** Martínez Álvarez S. Casos Clínicos en Ortopedia Infantil para pediatras. Madrid: Ergon Creación, S.A; 2018.

4. Johnston C, Young M. Disorders of the Leg. Herring JA. Tachdjian´s Pediatric Orthopaedics. From the Texas Scottish Rite Hospital for Children. Philadelphia: Elsevier; 2014. p. 713-40.

5. Standard SC. Normal Limb Alignment. En: Herzenberg JE, Standard SC, Conway J, Lamm B, Siddiqui NA. The art of limb alignment. Baltimore: Rubin Institute for Advanceed Orthopedics; 2013. p. 1-14.

6. Nagayam S. Genu varum. En: Joseph B, Nayagam S, Loder R, Torode I. Paediatric Orthopaedics: A System of Decision-Making. Londres: Hodder Education; 2009. p. 92-9.

7. Nagayam S. Genu valgum. En: Joseph B, Nayagam S, Loder R, Torode I. Paediatric Orthopaedics: A System of Decision-Making. Londres: Hodder Education; 2009. p. 99-106.

8. Loder R. Femoral anteversion. En: Joseph B, Nayagam S, Loder R, Torode I. Paediatric Orthopaedics: A System of Decision-Making. Londres: Hodder Education; 2009. p. 115-21.

9. Nagayam S. Metatarsus adductus and skewfoot. En: Joseph B, Nayagam S, Loder R, Torode I. Paediatric Orthopaedics: A System of Decision-Making. Londres: Hodder Education; 2009. p. 55-62.

10. Joseph B. Tibial Torsion. En: Joseph B, Nayagam S, Loder R, Torode I. Paediatric Orthopaedics: A System of Decision-Making. Londres: Hodder Education; 2009. p. 73-9.

11. Conejero Casares JA. Patología de la rodilla. Pediatr Integral. 2019; XXIII: 194-202. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2019-06/patologia-de-la-rodilla/.

Bibliografía recomendada

– Antón LM, Burgos J. Alteración de alineación en el eje de los miembros inferiores. En: Martínez Caballero I, ed. Ortopedia y Traumatología Infantil. Madrid: Ergon; 2015. p. 75-88.

Libro de referencia en ortopedia infantil en España.

– Martínez Álvarez S. Casos Clínicos en Ortopedia Infantil para pediatras. Madrid: Ergon Creación, S.A; 2018.

Libro muy recomendable para pediatras de Atención Primaria, en él se recogen todas las patologías que puedan interesar a estos especialistas, orientadas a la práctica diaria.

Caso clínico

 

Niña de 11 años que acude para valoración de genu valgo y dolor de rodillas. A la exploración se aprecia un genu valgo simétrico con DIM de 12 cm. Se solicita una telerradiografía en la que se aprecia una clasificación de Stevens de 2 en valgo (Fig. 7).

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Figura 7.

 

 

Dolor de espalda y otras patologías del raquis

J.A. Conejero Casares
Temas de FC


J.A. Conejero Casares

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Autor para correspondencia

juanandresconejero@gmail.com

Médico rehabilitador. Unidad de Rehabilitación Infantil. Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla. Profesor asociado de Rehabilitación. Departamento de Farmacología, Pediatría y Radiología. Facultad de Medicina. Universidad de Sevilla

Resumen

El dolor vertebral es la primera causa de dolor musculoesquelético en la infancia y adolescencia. Su prevalencia es del 14-59 %. El dolor inespecífico es más frecuente en adolescentes, el dolor de causa específica es más común en niños. Se han identificado factores físicos, de estilo de vida, escolares y psicosociales, relacionados con el aumento del dolor vertebral inespecífico. También, son conocidos los signos de alarma o “banderas rojas” (varón, menores de 4 años, dolor de 2 meses de evolución, antecedentes familiares y rigidez vertebral) que nos deben hacer sospechar un diagnóstico específico.

La anamnesis y la exploración física son esenciales para diferenciar la patología inespecífica o mal llamada mecánica de una causa definida potencialmente grave. Es más fácil establecer el diagnóstico en los niños (80-84 %) que en los adolescentes (20 %). La espondilolisis-espondilolistesis es la causa más frecuente de dolor lumbar cuando se consigue establecer el diagnóstico. La relación entre escoliosis y dolor está en debate. La espondilodiscitis no es frecuente; el diagnóstico es sencillo, pero existe un retraso en establecerlo de entre 1 y 3 meses.

 

Abstract

Vertebral pain is the leading cause of musculoskeletal pain in childhood and adolescence. Its prevalence is 14-59 %. Non-specific pain is more common in adolescents, whereas specific cause pain is more common in children. Physical, lifestyle, school, and psychosocial factors related to the increase in non-specific vertebral pain have been identified. There are also known warning signs or “red flags” (male, under 4 years of age, pain of 2 months of evolution, family history and vertebral stiffness) that should make us suspect a specific diagnosis.

The history and physical examination are essential to differentiate the non-specific pathology or misnamed mechanical pathology from a defined potentially severe cause. It is easier to establish the diagnosis in children (80-84%) than in adolescents (20%). Spondylolysis-spondylolisthesis is the most common cause of low back pain when the diagnosis is established. The relationship between scoliosis and pain is up for debate. Spondylodiscitis is rare; the diagnosis is simple, but there is a delay in establishing it between 1 and 3 months.

 

Palabras clave: Dolor de espalda; Niños y adolescentes; Diagnóstico diferencial.

Key words: Back pain; Children and adolescents; Differential diagnosis.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 225 – 233

 


OBJETIVOS

• Conocer la epidemiología del dolor vertebral en el niño y el adolescente.

• Realizar la anamnesis de forma ordenada, conociendo los factores implicados en el dolor vertebral inespecífico.

• Efectuar la exploración física de forma sistemática.

• Identificar los signos de alarma del dolor de causa específica.

• Solicitar las pruebas complementarias basándose en las expectativas diagnósticas.

• Orientar el tratamiento según la bibliografía actualizada.

 

Dolor de espalda y otras patologías del raquis

Introducción

Dice Tan, en un ejercicio de reducción quizá exagerado, que los pacientes acuden a un Servicio de Rehabilitación por dolor o por otro motivo. En Rehabilitación Infantil no somos tan tajantes. Podríamos establecer tres categorías: deformidad ortopédica sin dolor, deformidad ortopédica asociada a dolor o dolor sin alteración ortopédica evidente. Es este último caso, en el que englobaríamos al dolor vertebral en el niño y el adolescente (al menos, en la gran mayoría de los casos). “El dolor vertebral en el niño no es frecuente. Debe emprenderse un método diagnóstico agresivo para evitar que graves problemas pasen desapercibidos” (King, 1984). En el mismo sentido, McCarty afirmaba en 1989, que “una artralgia es frecuentemente una artritis sin examen clínico”. El objetivo de estas referencias clásicas es no banalizar el dolor vertebral en niños y adolescentes. Una correcta anamnesis, una exploración física ordenada y rigurosa, con una petición juiciosa de pruebas complementarias, aclarará el diagnóstico en la mayoría de los casos o, al menos, podrá permitirnos descartar una etiología grave(1,2).

La frecuencia del dolor vertebral aumenta con la edad y constituye en el adolescente la primera causa de dolor musculoesquelético, seguida del dolor fémoro-patelar(3) (Tabla I).

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¿Es frecuente? ¿Existen factores de riesgo claramente identificados? ¿Cómo se manifiesta? ¿Cuáles son los aspectos esenciales en la exploración física? ¿Qué pruebas complementarias son útiles? ¿Es fácil establecer la causa? Sobre esta última cuestión, hay cierto consenso en que es más fácil llegar a establecer el diagnóstico en niños (80-84 %) que en adolescentes (22 %), lo que ya nos orienta que, en los niños, las causas específicas son más frecuentes; y que, en el adolescente, es más común el diagnóstico de dolor lumbar inespecífico o mecánico sin una etiología definida.

En este artículo no pretendo realizar una descripción pormenorizada de posibles diagnósticos (algunos muy poco frecuentes) (Tabla II), sino orientar al pediatra sobre el dolor en niños y adolescentes y advertir sobre aquellas “banderas rojas” o signos de alarma a tener en cuenta cuando el dolor es secundario a patologías potencialmente graves (Tabla III).

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Anamnesis

Es esencial identificar con claridad el principal motivo de consulta, realizar una evaluación clásica de las características del dolor e identificar los factores asociados al dolor vertebral inespecífico en adolescentes.

Pate(4) nos recuerda que evaluar un dolor de espalda en niños y adolescentes es completamente diferente a como lo haríamos en un adulto. Realizar una correcta anamnesis es esencial para orientar la petición de pruebas complementarias y establecer el diagnóstico sin dilación y con la máxima precisión posible. Es esencial establecer de forma clara el motivo de consulta. No es lo mismo el caso del adolescente remitido por sospecha de deformidad vertebral que “además” le duele la espalda, que el del paciente que “realmente” consulta porque presenta dolor vertebral que le preocupa y que tiene un cierto impacto funcional. Se establecerá un interrogatorio clásico. Comenzaremos por recoger los antecedentes familiares (dolor vertebral crónico, situación del entorno familiar) antecedentes personales (enfermedad inflamatoria intestinal, hernia discal), rendimiento escolar, régimen de vida y actividad física. Hay factores que se han relacionado con la presencia de dolor vertebral inespecífico en adolescentes (Tabla IV).

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Sobre el dolor tenemos que recoger: localización, tiempo de evolución, tipo de comienzo, antecedente traumático, intensidad (escala analógica visual en adolescentes, escala de caras de Wong-Baker en niños), impacto funcional (escala de Oswestry en adolescentes), ritmo inflamatorio (rigidez matutina), oncológico (dolor nocturno) o mecánico (relacionado con posturas mantenidas, acarreo de peso o actividad física). Es importante recoger si el dolor ha precisado la ingesta de analgésicos o AINEs y la respuesta obtenida. También, es importante estar atentos a cómo se refiere el dolor y si lo hace el adolescente o toman el protagonismo los padres.

Exploración física

Es recomendable realizar una exploración completa del aparato locomotor axial y periférico. La presencia de rigidez vertebral, acompañada o no de signos neurológicos, nos debe orientar hacia una etiología específica, más frecuente en niños pequeños.

En primer lugar, se evalúa la actitud espontánea dinámica (durante la marcha o al desvestirse) y la estática (antepulsión de la cabeza y hombros, aumento de la cifosis o lordosis). En segundo lugar, se analiza la movilidad vertebral global y segmentaria: cervical (extensión y flexión, mediante la medida con cinta métrica de la distancia mentón-esternón; rotación, mentón-acromion; y lateralizaciones, lóbulo de la oreja-acromion), dorsal (flexión: test de Ott; lateraciones: distancia dedo-suelo; e índice de expansión torácica con cinta métrica, normal >5 cm, disminuido en espondilitis anquilosante) y lumbar (flexión: test de Schöber modificado, patológico si es menor de 18,5 cm) (Fig. 1); ritmo lumbo-pélvico, normal cuando la lordosis lumbar pasa a cifosis en flexión (Fig. 2); distancia dedo-suelo; rotaciones; y lateralizaciones). En tercer lugar, se valora el plano sagital (cifosis y lordosis) con inclinómetro mecánico; y para terminar, se explora el plano frontal (asimetrías, eje occipito-interglúteo, test de Adams con escoliómetro de Bunnell en bipedestación, sedestación y prono).

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Figura 1. Test de Schöber modificado. A.Se localiza la espinosa de L4 colocando las manos sobre las crestas ilíacas y se realiza una marca 5 cm inferior y 10 cm superior. B. Si en la flexión lumbar máxima esa distancia no aumenta más allá de 18,5 cm, se considera positivo y, por tanto, patológico.

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Figura 2. Ritmo lumbo-pélvico normal. A. La lordosis lumbar en posición erguida pasa a B, cifosis cuando se realiza la flexión de la columna.

La realización del test de Adams en bipedestación (en niños mayores de 5 años o colaboradores) debe realizarse de forma rigurosa. El paciente debe colocarse con los pies paralelos y separados 10-15 cm; el médico debe colocarse detrás y ordenar al niño que vaya agachándose despacio. Debe observarse la región vertebral que esté paralela al suelo (escasa flexión, región cervical o cérvico-torácica; flexión intermedia, región torácica; y flexión máxima, región lumbar). La vista puede detectar salientes laterales (ángulo de rotación del tronco –ART–) superiores o 1-2º, lo que quiere decir que, si visualmente no apreciamos diferencias, podemos establecer que el test es negativo; si hay un ART, debe ser medida con el escoliómetro, recomendándose la realización de una telerradiografía póstero-anterior y lateral de la columna vertebral en bipedestación, si se superan los 5º en prono. En caso de dolor vertebral, se realizará una palpación segmentaria y reiterada de las apófisis espinosas, ligamento interespinoso, articulares posteriores y musculatura paravertebral mediante el test de Magnuson. En esta prueba, se realiza inicialmente una marca horizontal en la zona dolorosa, en una segunda palpación se realiza una marca vertical y en una tercera una oblicua, si coincide la zona dolorosa en las tres se considera que puede existir una patología relevante subyacente. Se practicarán las maniobras sacroilíacas (compresión frontal y de espina ilíaca ántero-superior; compresión posterior del sacro) y los signos de posible afectación medular y/o radicular.

Es importante descartar la rigidez o acortamiento de los isquiotibiales mediante el ángulo poplíteo o la maniobra de Bado, que se relaciona de forma clara con el dolor inespecífico y, en especial, con la espondilolistesis.

Si se detecta una escoliosis, hay que realizar un examen neurológico básico que debe incluir siempre la realización del reflejo cutáneo-abdominal (que está ausente de forma precoz en la siringomielia).

Pruebas complementarias

En la mayoría de los pacientes con dolor vertebral inespecífico sin signos de alarma no serán necesarias. En caso de sospechar una etiología definida, se solicitarán sin demora radiografías simples, analítica, gammagrafía ósea, TAC y RM, que aclararán el diagnóstico en la mayor parte de los casos.

La petición de pruebas complementarias (Tabla V) puede aclarar rápidamente el diagnóstico. Es esencial realizar una radiología simple localizada en la zona dolorosa (la American College of Radiology aconseja realizar una radiografía si existen hallazgos neurológicos, dolor nocturno o irradiado o que persista más de 4 semanas) y una analítica general que debe incluir la velocidad de sedimentación, la PCR y, quizá, el HLA B-27, si se sospecha una espondiloartropatía inflamatoria(5). Solo se pedirá una telerradiografía póstero-anterior y lateral, si existe una exploración sugerente de deformidad vertebral.

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Si el dolor tiene características diferentes del dolor inespecífico, no se debe demorar la petición de otras pruebas: gammagrafía ósea y SPECT (tomografía por emisión de fotón único) si se sospecha: fractura de fatiga, tumor óseo o espondilodiscitis (siempre que se sospeche y la radiología simple sea normal); resonancia magnética que establece el diagnóstico en hernia discal, espondilodiscitis, síndrome de Arnold-Chiari, siringomielia, médula anclada y tumores espinales; TAC en caso de espondilolisis/espondilolistesis, anomalía lumbo-sacra dolorosa (síndrome de Bertolotti) o para definir con mayor precisión un tumor detectado en la radiología simple.

Dolor vertebral inespecífico

Es, con mucha diferencia, la situación clínica más habitual. El paciente refiere un dolor global, de baja intensidad, más frecuente a nivel dorsal o dorsolumbar, con una exploración sin hallazgos específicos y con escaso impacto funcional.

Se trata sin duda de la situación clínica más frecuente, sobre todo en adolescentes, aunque paradójicamente no sepamos con certeza la estructura anatómica de la que parte el dolor. Las características clínicas son relativamente homogéneas: los pacientes suelen referir dolor dorsal o dorsolumbar de escasa intensidad, que no precisa medicación y que no produce ningún impacto funcional. En la anamnesis es fácil identificar los factores de riesgo (Tabla IV). Michaleff(6) y Feldman(7) analizan de forma detallada aquellos aspectos relacionados con el dolor vertebral en adolescentes; Bento(8) lo relaciona con factores socio-demográficos, abuso de dispositivos electrónicos y alteraciones en la salud mental; Sugiura(9) relaciona el dolor lumbar con la disminución en la flexibilidad; y Cazmon(10) estudia el impacto del acarreo de mochilas en la biomecánica vertebral.

La exploración física no detecta limitación en la movilidad (ritmo lumbo-pélvico normal, test de Schöber negativo), la palpación es negativa (test de Magnuson no concluyente) y la exploración neurológica es normal. No hay banderas rojas.

En estos casos es muy importante tranquilizar al paciente y a la familia, y dar consejos sobre actividad física, ergonomía, orientación biomecánica simple y corrección de factores de riesgo, que suelen solucionar satisfactoriamente el problema.

Espondilolisis-espondilolistesis

Frecuente, en adolescentes que practican deportes que implican hiperextensión de la columna lumbar con sobrecarga del arco posterior vertebral. La radiología simple y el TAC son necesarios para establecer el tipo de lesión, pronóstico y orientar el tratamiento.

Es la causa más frecuente de dolor lumbar en el adolescente, cuando se logra establecer el diagnóstico. La espondilolisis es la lesión a nivel de la pars interarticularis de una vértebra lumbar (prevalencia de 5-11 %), que puede originar, en aproximadamente un 50-60 % de los casos, un deslizamiento de la vértebra sobre la inferior o espondilolistesis ístmica (prevalencia de 4-8 %). Hay diferentes clasificaciones que hacen referencia a la etiología, el grado de deslizamiento, la forma de comienzo y la localización (Tabla VI), que son muy útiles para establecer el pronóstico y elegir el tratamiento más apropiado.

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El mecanismo biomecánico que determina la lesión (en la espondilolisis aguda o por fractura de estrés) está relacionado con movimientos repetidos de hiperextensión de la columna lumbar, que origina una presión excesiva sobre el arco posterior de la vértebra en general y sobre la pars interarticularis en particular. Es más frecuente en gimnastas y atletas y se manifiesta por un dolor lumbar bajo localizado o con irradiación radicular en el 14-77 % de los casos y rigidez de isquiotibiales (signo de Bado), que origina una postura agazapada característica y que supone un signo de mal pronóstico evolutivo. La radiología simple confirma el diagnóstico en la mayor parte de los casos, el TAC permite apreciar mejor la lesión y la gammagrafía y el SPECT nos ayudan a diferenciar una lesión aguda de otra antigua.

El tratamiento conservador con normas de higiene postural, fortalecimiento muscular, deporte orientado y, ocasionalmente, el uso de corsés, suele ofrecer buenos resultados. La cirugía (estabilización con osteosíntesis “in situ”) se reserva a casos con dolor que no responde al tratamiento habitual, el deslizamiento progresivo o la presencia de clínica neurológica(11).

Escoliosis

No es frecuente que una escoliosis debute o se detecte por la presencia de dolor. Una vez diagnosticada, tampoco está claro si la deformidad es o no causa de raquialgia.

Es una deformidad tridimensional del raquis, en la que se asocia una curvatura o flexión lateral (en el plano frontal) con una rotación vertebral en el plano transversal y, a veces, con desviaciones en el plano sagital (sobre todo, hipocifosis torácica). Se define radiológicamente como una curvatura de la columna vertebral con un ángulo de Cobb de 10º o más, con rotación. Su etiología puede ser idiopática, congénita (defectos de formación (hemivértebra y vértebra cuneiforme), defectos de soldadura (vértebra en mariposa y raquisquisis) y defectos de segmentación (bloques y barras unilaterales), neuromuscular (parálisis cerebral, mielomeningocele, lesión medular infanto-juvenil, atrofia muscular espinal, distrofia muscular de Duchenne, ataxia de Friedreich, polineuropatías y artrogriposis), sindrómica (síndrome de Marfan, neurofibromatosis tipo I, mucopolisacaridosis, displasia espóndilo-epifisaria, etc.) y un grupo variado (toracógenas, traumáticas, secundarias a discitis, etc.). La prevalencia de la escoliosis idiopática (85 % del total) es del 2 % en curvas mayores de 10º; 0,1-0,3 % en mayores de 30º y no se sabe con seguridad qué curva va a evolucionar. Empeora durante el periodo de crecimiento y puede seguir haciéndolo en el adulto, si al final del desarrollo vertebral se superan los 40º. En esencia el tratamiento consiste en observación en curvas menores de 20º, corsés, reducciones enyesadas asociadas a fisioterapia y ejercicio dirigido entre 20 y 45º, y cirugía si se supera esa barrera. El objetivo del tratamiento conservador es detener la evolución de la curva.

Todo lo anterior describe, con bastante fidelidad, la deformidad a la que nos enfrentamos cuando atendemos a un paciente con escoliosis. La anamnesis es muy escueta: casi siempre se limita a las circunstancias en las que se descubre la deformidad. La mayor parte de los casos, al tomar medidas o probarse una prenda de vestir, en la playa o piscina, o en una consulta pediátrica por otro motivo; lamentablemente menos en los programas de detección escolar. Es raro que una escoliosis se diagnostique por la presencia de dolor. En este caso, hay que buscar una causa específica cuando los hallazgos de la exploración física son sugerentes (discitis, osteoma osteoide, tumor medular o radicular…).

Sobre la presencia de dolor, una vez que se ha establecido el diagnóstico y el paciente y la familia conocen el tratamiento y el pronóstico, hay más discusión.

AlAssiri(12) describe un incremento en los dominios de imagen corporal y salud mental en la escala SRS-22 en adolescentes con escoliosis, pero no refiere diferencias en la presencia de dolor comparado con el grupo general. Belarmino Dantas(13) refiere dolor leve-moderado (EVA 3.83) en los 3 meses previos al diagnóstico en el 63,7 % de los pacientes con escoliosis; si bien, con un análisis multivariante, establecen posible relación con variables posturales, sexo (femenino), sobrepeso y edad (adolescentes mayores). Pero no citan si el dolor condujo al diagnóstico. Ilharreborde(14) se pregunta si la escoliosis es fuente de dolor; refiere que la bibliografía nos ofrece una evidencia ambigua, que no hay consenso entre la magnitud de la curva y el dolor, que la presencia de un dolor significativo debe considerarse una “bandera roja” y, por último, que los síntomas pueden relacionarse con factores
psicosociales. An(15) en una “revisión comprensiva” que incluye 93 artículos sobre escoliosis idiopática y dolor, concluye que, aunque el dolor es común, es difícil de predecir y tratar y que la bibliografía es heterogénea y no concluyente. Por último, Calloni(16) nos ofrece una guía sobre la petición de pruebas de imagen en escoliosis dolorosa.

Enfermedad de Scheuermann

Se trata de una cifosis rígida con signos radiológicos característicos. El dolor, de características mecánicas-inespecíficas es frecuente, sobre todo en la forma lumbar.

Holger Werfel Scheuermann describió en 1921 una cifosis rígida frecuente en adolescentes, con radiología característica y que atribuyó a la presencia de necrosis avascular de la apófisis anular cartilaginosa del cuerpo vertebral, con detención secundaria del crecimiento. Se considera la causa más frecuente de hipercifosis en adolescentes y, recientemente, se relaciona con una mineralización y osificación del platillo vertebral en la adolescencia, que genera un acuñamiento variable del cuerpo vertebral. Su incidencia es de 1-8 % de la población general; probablemente sea mayor, ya que se considera infradiagnosticada. Los criterios diagnósticos son:

1. Cifosis mayor de 45º.

2. Acuñamiento mayor de 5º, al menos, en 3 vértebras.

3. Irregularidades en los platillos vertebrales.

4. Disminución del espacio discal (Sörensen, 1964).

Se distinguen dos formas clínicas:

I. Típica, clásica o dorsal que se localiza, sobre todo entre T6 y T9, asociada a hiperlordosis flexible cervical y lumbar.

II. Atípica o lumbar, descrita por Blumenthal, menos frecuente, con erosiones características en el ángulo superior e inferior del cuerpo vertebral (Fig. 3) y que obliga a realizar el diagnóstico diferencial con espondilodiscitis típica y con espondilodiscitis tuberculosa.

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Figura 3. Enfermedad de Scheuermann lumbar. Imágenes características de erosiones en platillos vertebrales.

El dolor en la enfermedad de Scheuermann suele presentar características mecánicas y localizarse en el vértice de la curva; es más frecuente en la forma lumbar. Cetik(17) refiere que afecta al 50 % de los pacientes y que va disminuyendo a medida que el adolescente se acerca a la madurez esquelética. En el adulto, la frecuencia de dolor se reduce al 25 %.

Hernia discal

Es muy poco frecuente en niños y adolescentes. Sus manifestaciones clínicas difieren de las del adulto y es típica la actitud escoliótica y la rigidez. La RM es diagnóstica y el tratamiento conservador suele ser efectivo.

La hernia discal lumbar tiene una baja incidencia antes de los 21 años, oscilando, según los autores, entre 1-6,8 %. La localización más frecuente es L4-L5 y L5-S1 en el 93 % de los casos Es muy poco frecuente su aparición en la adolescencia y excepcional en menores de 10 años. El primer caso de hernia discal lumbar en el adolescente se publicó en 1946 en un niño de 12 años. Posteriormente, han sido pocas las publicaciones al respecto, y estas han contado con escaso número de casos, siendo en su mayoría quirúrgicos.

En cuanto a las manifestaciones clínicas, la sintomatología típica es diferente a la del adulto. En una amplia serie, Qi(18) refiere dolor lumbar con dolor radicular asociado, como manifestación clínica más frecuente (88,5 %), seguido de limitación en la movilidad lumbar (77,9 %) (Fig. 4), disminución de fuerza en miembros inferiores (26 %) y reducción o ausencia del reflejo aquíleo. Una característica de la hernia discal en adolescentes es el retraso en el diagnóstico, que puede oscilar entre 6 meses y 2 años. La RM establece el diagnóstico.

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Figura 4. Hernia discal lumbar.A. Actitud escoliótica dolorosa. B. Rigidez lumbar.

Aunque la causa es desconocida, recientemente se han identificado una serie de factores que pueden predisponer a su aparición: obesidad (IMC >30), historia genética, sedestación durante más de 6 horas al día y antecedente de traumatismo lumbar.

Las opciones de tratamiento son múltiples y, aunque existe consenso en apostar inicialmente por el tratamiento conservador, hay autores que opinan que la cirugía es más efectiva. En ausencia de déficit neurológico grave, se debe posponer el tratamiento quirúrgico, pues la mayoría de los casos responde adecuadamente al tratamiento médico (reposo relativo, higiene postural, analgésicos, antiinflamatorios, relajantes musculares e inmovilización con corsé). La cirugía debería considerarse únicamente cuando se han agotado sin éxito todas las opciones de tratamiento conservador.

Espondilodiscitis

Aunque representa una entidad poco frecuente dentro de las infecciones osteoarticulares, el diagnóstico se suele retrasar, porque se manifiesta, en ocasiones, como dolor abdominal y rechazo a caminar. La rigidez vertebral es constante, la RM es fundamental y el tratamiento antibiótico ofrece buenos resultados.

Se trata de la infección del disco y de los platillos de las vértebras adyacentes con la presencia ocasional de absceso en partes blandas (en especial, en psoas). La diferenciación entre discitis y osteomielitis vertebral no se admite en el momento actual y parece ser que la secuencia de la espondilodiscitis ocurre desde una infección inicial en la vértebra que se traslada al disco. La edad media de aparición es de 2 años y 4 meses (la mayoría entre los 6 meses y los 4 años). Se estima que constituye menos del 3 % de las infecciones osteoarticulares y su incidencia se estima en 2-4 por millón por año. La localización más frecuente es la columna lumbar (L4-L5 seguido por L5-S1) y el patógeno más aislado es Staphylococcus aureus seguido de Kingella kingae(19).

Se manifiesta por: rechazo a caminar (49,79 %), dolor lumbar (37,97), fiebre (33,23 %), rigidez vertebral (16,03 %), dolor abdominal y cojera. En la exploración se aprecia actitud antiálgica en bipe y sedestación, rigidez lumbar, rechazo a la flexión lumbar, alteración marcada en el ritmo lumbo-pélvico y sensibilidad a la palpación de espinosas de las vértebras afectadas (13,08 %)(20).

El diagnóstico se realiza por la analítica (aumento de la VSG, PCR y leucocitosis), la radiología simple (estrechamiento del espacio discal e irregularidades en los platillos vertebrales), la gammagrafía ósea (captación incrementada del trazador) y la RM con una sensibilidad del 96 % y especificidad en el 94 % (alteraciones en el disco, tejido neural, partes blandas y cambios en el cuerpo vertebral) (Fig. 5). No obstante, se estima que hay un retraso diagnóstico de 1-3 meses. Se confunde fundamentalmente con sinovitis transitoria de cadera y dolor abdominal inespecífico.

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Figura 5. Espondilodiscitis C2-C3. A. Erosiones en el platillo inferior de C2 y superior de C3. B. RM potenciada en T2 donde se aprecia la afectación del disco C2-C3.

El tratamiento recomendado es antibioterapia endovenosa durante 2 semanas, seguida de administración oral 4 semanas más, con inmovilización asociada. La indicación de cirugía es poco frecuente.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Identificar con claridad si el dolor vertebral es la principal causa de consulta o está incluido en el contexto de otros síntomas.

• Realizar una anamnesis ordenada que defina las características del dolor, según la práctica clínica habitual.

• Repasar la presencia de factores conocidos relacionados con el dolor vertebral inespecífico (sedentarismo, abuso de pantallas, obesidad…).

• Reconocer aquellos signos de alarma que nos orientarán hacia una causa específica y remitir al especialista según el diagnóstico de sospecha.

• Recordar que las causas más graves se dan en niños y los casos de raquialgia inespecífica son más frecuentes en adolescentes.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Los autores, en este magnífico artículo, revisan lo publicado en esta patología en Pubmed, desde 1965 hasta 2023. Plantean la repercusión funcional de las alteraciones que ocurren en el plano sagital (cifosis idiopática, enfermedad de Scheuermann, cifosis tóraco-lumbar, hiperlordosis, espondilolisis-espondilolistesis y anomalías lumbo-pélvicas) y que muchas veces no son consideradas y evaluadas de forma adecuada en la práctica clínica habitual.

– Cheng Y, Guo W, Ya X, Shao S, Shao Z, Zhu Y, et al. Dose-response relationship between daily screen time and the risk of low back pain among children and adolescents: a meta-analysis of 57831 participants. Environ Health Prev Med. 2023; 28: 64-72.

Los autores nos ofrecen una información muy valiosa sobre el efecto del uso de pantallas (móvil, portátil, ordenador) en la prevalencia del dolor vertebral inespecífico en adolescentes. Concluyen que el riesgo de padecer raquialgia mecánica aumenta un 8,2 % por cada hora diaria de exposición a estos dispositivos.

Caso clínico

 

Mujer de 12 años y 10 meses.

Antecedentes familiares: hermana de la madre e hijo con deficiencia congénita longitudinal de tibia unilateral.

Antecedentes personales: embarazo normal, cesárea por falta de progresión; peso RN: 2.400 g; longitud: 46 cm; periodo neonatal: normal; inicio de la deambulación: 12 meses; desarrollo del lenguaje: normal; buen rendimiento escolar; defecto óseo cortical en tibia derecha controlada en Cirugía Ortopédica Infantil y dada de alta en noviembre de 2023. Enfermedad actual. Asintomática, sin historia actual o pasada de dolor vertebral, realiza actividad física normal. En una revisión pediátrica se descubre una deformidad vertebral.

Exploración física: buen aspecto general; peso: 47,2 kg; talla: 153,5 cm; estadio IV de Tanner (S4, P4); menarquia en septiembre de 2023; nivel cognitivo y conducta normales; lenguaje normal; situación motora normal; locomotor axial: movilidad normal, ritmo lumbo-pélvico normal, sin actitud antiálgica; plano frontal: ángulo de rotación del tronco (ART) mediante la combinación del test de Adams y el uso de escoliómetro de Bunnell torácico derecho de 17º y lumbar izquierdo de 8º en bipedestación, torácico derecho de 15º y lumbar izquierdo de 5º en sedestación y torácico derecho de 12º y lumbar izquierdo de 2º en decúbito; locomotor periférico normal.

Pruebas complementarias: telerradiografía anteroposterior de columna vertebral en bipedestación (septiembre 2023): escoliosis torácica derecha, con vértebra límite superior T5, vértebra límite inferior T11, vértebra vértice T8, valor angular (Cobb) 60º rotación (Maguelone-Perdriolle) 25º; escoliosis lumbar izquierda, con vértebra límite superior T11, vértebra límite inferior L4, vértebra vértice L2, valor angular (Cobb) 38º rotación (Maguelone-Perdriolle) 15º, test de Risser 2/5 (Fig. 6); telerradiografía lateral: cifosis 18º, lordosis 50º y base sacra 41º; resonancia magnética de cráneo y columna completa (enero 2024) sin hallazgos. Tratamiento: corsé de Cheneau 4C clásico (código OTD 040C) a tiempo completo (23/24 horas) asociado a cinesiterapia. Se permite que realice una actividad física normal, una vez que se comprueba que no hay patología subyacente (RM).

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Figura 6. Escoliosis idiopática, torácica derecha (60o), toracolumbar izquierda (38o).

 

 

algoritmo

 

Patología de la cadera y otras causas de cojera

J. López Olmedo
Temas de FC


J. López Olmedo

Unidad de Ortopedia y Traumatología Infantil. Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

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Autor para correspondencia

jorgeolmedo@hotmail.com

Resumen

La cojera es el síntoma principal en la patología de la cadera y uno de los motivos de consulta más frecuentes en Ortopedia y Traumatología infantil. Las causas que pueden provocar cojera son muy variadas e incluyen cuadros de gravedad y repercusión muy diferentes. Para poder orientar el diagnóstico, va a ser importante conocer las causas más frecuentes en cada edad y su forma de presentación. La realización de una anamnesis detallada junto a una exploración física minuciosa, nos va a permitir elaborar una sospecha diagnóstica y determinar si son necesarias exploraciones complementarias para confirmarla. En muchos casos, se trata de patología leve que va a mejorar en poco tiempo; aunque en otros, deben remitirse al especialista para su tratamiento y seguimiento.

 

Abstract

Limping is the main symptom in hip pathology and one of the most frequent reasons for consultation in childhood Orthopedics and Traumatology. The etiologies that can cause limping are varied and include conditions of diverse severity and repercussions. In order to guide the diagnosis, it will be important to know the most frequent causes at each age and their form of presentation. Taking a detailed history along with a thorough physical examination will allow us to develop a suspected diagnosis and determine whether additional examinations are necessary to confirm it. In many cases it is a mild pathology that will improve in a short time, although in others, they must be referred to a specialist for treatment and follow-up.

 

Palabras clave: Cojera; Cojera dolorosa; Sinovitis transitoria; Enfermedad de Perthes; Artritis séptica; Epifisiolisis femoral proximal.

Key words: Limping; Painful limping; Transient synovitis; Perthes disease; Septic arthritis; Proximal femoral epiphysiolysis.

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 214 – 224

 


OBJETIVOS

• Conocer la etiología de la cojera en la edad pediátrica y las principales causas en cada edad: sinovitis transitoria, enfermedad de Perthes, artritis/osteomielitis, epifisiolisis femoral proximal y secuelas de displasia de cadera.

• Conocer el abordaje diagnóstico de la cojera infantil: saber los aspectos que deben formar parte de la anamnesis y de la exploración física, conociendo las posibles etiologías de la cojera infantil.

• Ser capaz de orientar el diagnóstico de una cojera mediante la anamnesis y la exploración física y determinar si son necesarias exploraciones complementarias para confirmarlo.

 

Patología de la cadera y otras causas de cojera

Introducción

La cojera es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Pediatría y Ortopedia Infantil(1). Se define como una alteración del patrón normal de la marcha para la edad del niño. La etiología es muy amplia e incluye desde cuadros que resuelven de forma espontánea o con tratamiento sencillo, hasta cuadros graves que van a requerir tratamiento quirúrgico. Es importante al valorar la cojera de un niño, tener presentes las causas más frecuentes según la edad(2), realizar una buena anamnesis y una minuciosa exploración clínica que nos permita obtener una sospecha diagnóstica y determinar si son necesarios estudios analíticos y de imagen que la confirmen(3) (Tabla I).

tabla

 

Tipos de cojera

Existen diferentes tipos de cojera, con diversa significación patológica, que debemos conocer y poder identificar en la exploración.

Podemos diferenciar dos tipos de cojera según se acompañe o no de dolor:

Antiálgica o dolorosa: se caracteriza porque la fase de apoyo de la extremidad está disminuida o se evita porque provoca dolor. Camina a pasitos cortos. Ante una cojera antiálgica pensaremos, sobre todo en causas infecciosas (artritis/osteomielitis), inflamatorias (sinovitis), traumáticas o tumorales.

No antiálgica: consecuencia de una alteración neuromuscular u osteoarticular. Pueden producir formas de cojera o alteración de la marcha características:

– Marcha en Trendelemburg: indica debilidad de los músculos abductores de la cadera del lado afecto (musculatura glútea) y provoca inclinación de la pelvis al caminar. Aparece en: distrofias musculares o en deformidades de la cadera, como secuelas de epifisiolisis femoral proximal (EFP), Perthes y displasia del desarrollo de la cadera (DDC).

– Marcha con steppage o pie caído: se produce por insuficiencia de los dorsiflexores del pie, lo que obliga a flexionar y elevar la rodilla del lado afectado en cada paso para poder levantar el pie del suelo. Ocurre en enfermedades neurológicas (parálisis del nervio ciático poplíteo externo, enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, etc.).

– Marcha en circunducción o guadaña: aparece en casos de dismetrías de miembros (reales o secundarias a rigidez articular y contracturas, parálisis cerebral infantil hemipléjica).

– Marcha en equino: ocurre en situaciones de dismetría de miembros, obligando al paciente a presentar pie equino para compensar la diferencia o en formas de parálisis cerebral infantil ambulantes monopléjicas o hemipléjicas por espasticidad del gemelo-sóleo y acortamiento del tendón de Aquiles.

– Desviaciones angulares o rotacionales de miembros inferiores (MMII): durante el crecimiento se produce una evolución de la alineación angular y rotacional de los MMII, que pueden provocar patrones de marcha característicos por genu varo o valgo, valgo de tobillo, anteversión femoral…, juntando o separando rodillas, girando rodillas o pies hacia dentro al caminar… Pueden ser fisiológicos según la edad, aunque pueden provocar un número importante de consultas por la forma de caminar.

Edad

Otro factor que nos va a permitir dirigir el diagnóstico e intentar delimitar la etiología de la cojera es la edad del paciente(4) (Tabla II):

tabla

 

• A cualquier edad: artritis séptica, osteomielitis, fracturas, neoplasias y enfermedades neuromusculares.

• En menores de 3 años: artritis séptica de cadera y luxación congénita de cadera.

• Entre los 4 y 10 años: sinovitis transitoria de cadera y enfermedad de Perthes.

• En mayores de 10 años: epifisiolisis de la cabeza femoral (ECF), osteocondrosis, Osgood-Schlatter, Sever y condropatía rotuliana.

Diagnóstico

Una buena anamnesis junto a una exploración física minuciosa nos permitirá establecer el diagnóstico o una sospecha diagnóstica firme, que será confirmada por las exploraciones complementarias(5).

Anamnesis

Se debe interrogar al paciente, si tiene edad suficiente, y a sus padres o cuidadores sobre los siguientes aspectos de la cojera:

• Localización del dolor, cuando este existe. Puede resultar difícil en niños pequeños. Habitualmente, se localiza en la zona inguinal o en la cara anterior del muslo. Puede presentarse con dolor exclusivamente en la rodilla y ser un dolor referido con origen en la cadera; por ello es importante que, en un niño con dolor en la rodilla, siempre se ha de descartar patología de cadera.

• Fecha de inicio de la cojera, duración del cuadro clínico y si ha sido constante o con fases sin cojera ni dolor.

• Forma de aparición o presentación: aguda, subaguda o crónica. Un inicio brusco, nos debe orientar hacia una causa traumática o infecciosa, mientras que uno gradual, nos hará pensar en un origen neoplásico o inflamatorio. El dolor nocturno, sobre todo, si despierta al niño, es sugestivo de origen neoplásico (osteoma osteoide, osteoblastoma, sarcomas…).

• Evolución, hacia la mejoría y resolución o al empeoramiento progresivo.

• Ritmo de la cojera, si empeora con el reposo (cojera más significativa por la mañana) y mejora con la actividad (ritmo inflamatorio) o, por el contrario, si empeora con la actividad y mejora con el reposo (ritmo mecánico).

• Episodios similares previos y cómo evolucionaron.

• Antecedentes traumáticos significativos, aparición de cojera inmediatamente o pocas horas después de un traumatismo. Hay que tener en cuenta que hasta uno de cada tres pacientes con cojera asociada a infección osteoarticular presenta un antecedente traumático. Antecedente de vacunación. Modificación de la actividad física habitual.

• Antecedentes infecciosos o febriles previos o actuales.

• Antecedentes personales y familiares: hemofilia, psoriasis, enfermedades autoinmunes, problemas psicosociales…

• Asociación con clínica general (astenia, anorexia, pérdida de peso).

• Síntomas asociados: fiebre, lesiones cutáneas, adenomegalias, clínica respiratoria o digestiva, afectación ocular, tumefacción o limitación de movilidad articular, otras artralgias y dificultad para realizar las actividades diarias.

Exploración física

Debe realizarse de forma sistemática y minuciosa para que sea completa, ya que las causas pueden ser muy variadas. Se inicia con una exploración general, ya que la cojera puede deberse a una enfermedad sistémica, posteriormente una valoración de la marcha, exploración en bipedestación y, finalmente, en la camilla. El paciente debe estar desnudo o en ropa interior.

En la inspección general observaremos el comportamiento del niño, su movilidad espontánea, si adopta alguna postura antiálgica y si presenta afectación del estado general. Se debe determinar si presenta fiebre o febrícula en el momento de la consulta o en los días previos. Su presencia es una indicación para realizar una analítica y determinar reactantes de fase aguda, incluyendo proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación (VSG).

Si es capaz de deambular, le pediremos que camine y exploraremos la marcha desde delante y detrás, para determinar si existe cojera y si esta presenta algún patrón específico.

Con el niño en bipedestación

Observaremos si es capaz de mantener la postura: extremidades en extensión con las rótulas y el dedo gordo del pie orientados al frente, pelvis horizontal (horizontalidad de las espinas ilíacas anterosuperiores -EIAS-) y tronco en extensión.

• Podemos apreciar rechazo al apoyo de una extremidad total o parcial, posturas adaptativas o antiálgicas, áreas de deformidad o inflamación.

• Si presenta diferencia de longitud de las extremidades, podemos apreciar que inclina la pelvis hacia el lado más corto, que flexiona la rodilla de la extremidad más larga, que tiene la extremidad más corta de puntillas o que presenta asimetría de los pliegues glúteos y poplíteos.

• Observaremos la alineación de las EEII y si existe una posible desviación angular y rotacional de los MMII (orientación de las rótulas, distancia intermaleolar e intercondílea).

• Simetría y equilibrio del tronco (hombros, escápulas, flancos, curvas fisiológicas).

• En patología neurológica podemos apreciar atrofias o distrofias musculares, contracturas musculares por espásticidad (equinismo, flexo de rodilla o cadera).

• Test de Trendelemburg, indicativo de patología de cadera con debilidad de los músculos abductores de la cadera. Se pide al niño que se mantenga de pie sobre la pierna afectada con la otra levantada, es positivo si se observa inclinación de la pelvis hacia la pierna que está levantada (displasia de cadera, Perthes, EFP, distrofia muscular…).

• Si sospechamos patología de columna (espondilodiscitis o espondilolistesis), observaremos la alineación del tronco, si existe pérdida de lordosis lumbar, si existe rigidez lumbar y acortamiento de isquiotibiales mediante el test de Schober (flexión anterior del tronco para cuantificar su movilidad) y la distancia dedos-suelo y si existen gibas lumbares mediante el test de Adams.

Exploración en la camilla

En la inspección inicial buscaremos signos inflamatorios, hematomas, soluciones de continuidad en la piel (posibles puertas de entrada de infecciones) en todo el miembro inferior. Observaremos cuál es la postura espontánea de las extremidades inferiores (EEII) y si existe desviación, deformidad, contracturas o alteraciones posturales. Un proceso inflamatorio o infeccioso agudo en la cadera suele manifestarse con una postura antiálgica en flexión, rotación externa y abducción. La epifisiolisis femoral proximal de fémur puede cursar con una postura anormal de la cadera, por la alteración de movilidad provocada por el desplazamiento de la epífisis femoral.

La palpación evitaremos comenzarla por las áreas más dolorosas o presuntamente afectadas, explorando primero el resto. Buscaremos puntos dolorosos, zonas de inflamación o crepitación, aumento de temperatura local, para ­centrar el problema sobre una localización anatómica de la extremidad.

Se explorará la movilidad activa y pasiva de todas las articulaciones del miembro inferior por separado, observando si hay limitación, dolor, rigidez articular y debilidad muscular. En niños pequeños se puede observar la denominada pseudoparálisis, que es la negativa a la movilidad del miembro afecto por dolor.

• Caderas: la patología de cadera se puede sospechar por la presencia de una dismetría por acortamiento de la extremidad y por la alteración o disminución de la movilidad articular con o sin dolor acompañante. La discrepancia de longitud de las EEII la evaluamos inicialmente en bipedestación, si esta es posible, con la altura de las EIAS y la horizontalidad de la pelvis. En la camilla en decúbito supino con las EEII en extensión, apreciamos la simetría del maléolo interno de ambas EEII y, a continuación, flexionamos las caderas y rodillas con los pies apoyados en la camilla y observamos la altura de ambas rodillas (test de Galeazzi). Será positivo e indicador de dismetría, cuando encontremos diferencia de altura de las rodillas. Se explora la movilidad activa y pasiva de las caderas, flexoextensión, abducción y rotación interna y externa, que ha de ser completa, simétrica e indolora en ausencia de patología. Si al realizar la flexión de la cadera se produce una rotación externa (signo de Dreh­mann), sospecharemos un desplazamiento epifisario crónico de la cadera. En muchos procesos inflamatorios de cadera es típica la limitación de la abducción y rotación interna. Para detectar leves limitaciones de las rotaciones, pondremos al niño en decúbito prono y la compararemos con el lado sano. En muchos casos de patología de cadera, la única clínica inicial es una cojera intermitente y una limitación de la rotación interna. Ante una exploración de movilidad de caderas con flexoextensión, abducción y rotaciones completa, simétrica e indolora, es poco probable que exista patología de cadera o será poco importante.

A nivel de la rodilla, valoraremos el rango de movilidad activo y pasivo de la articulación, normal de 0º a 150º. Exploraremos la presencia de derrame articular, presionando las bursas suprarrotulianas y comprobaremos la estabilidad anteroposterior (ligamento cruzado anterior, mediante las maniobras de Lachman y cajón anterior y posterior) y lateral (ligamentos lateral interno y externo, , maniobras de bostezo). Observaremos, flexionando la rodilla a 90º y rotando la tibia a interno y externo, si sentimos resaltes en las interlíneas articulares externa (menisco discoideo) o interna (rotura meniscal). Comprobaremos si la rótula permanece estable o si presenta tendencia a la luxación, o si la presión de esta contra el fémur provoca dolor. Si observamos una contractura en extensión, es decir, imposibilidad para flexionar la rodilla, habitualmente son por causas psiquiátricas o voluntarias, ya que las contracturas o rigideces de la rodilla por patología articular (menisco, osteocondritis, fractura…) suelen ser en flexión, observándose una dificultad para la extensión completa de la rodilla. En niños deportistas con dolor durante la actividad o tras ella, entre los 9-12 años, hay que palpar la inserción proximal y distal del tendón rotuliano, localización frecuente de apofisitis-osteocondrosis de Sinding-Larsen-Johanson y Osgood-Schlatter, respectivamente.

• A nivel del pie y tobillo, comprobaremos la presencia de inflamación que, si no existe antecedente traumático y tiene edema, calor y dolor en la tibia distal, puede ser por una osteomielitis. Palparemos puntos dolorosos habituales de osteocondrosis, como la base del 5° metatarsiano (enfermedad de Iselin) o si resulta dolorosa la compresión lateral de la tuberosidad del calcáneo (típico de enfermedad de Sever). Observaremos si presenta prominencia del escafoides (posible escafoides accesorio) o si tiene dolor en el seno del tarso, con limitación de movilidad de la articulación subastragalina y dolor a la marcha sobre el borde externo del talón (posible coalición tarsal). El dolor selectivo en la cabeza del 2º metatarsiano es orientativo de la enfermedad de Freiberg y en la diáfisis de algún metatarsiano, sobre todo del 4º, de las fracturas de estrés típicas después de marchas prolongadas. La inflamación del dedo, dactilitis, es frecuente en procesos reumáticos poliarticulares. El dolor en el primer dedo con inflamación puede ser por una uña encarnada.

Pruebas complementarias

Cuando tras la historia clínica y la exploración física no somos capaces de establecer un diagnóstico y descartar procesos hipotéticamente graves o urgentes, está indicada la realización de pruebas de imagen(6).

• Radiografía simple: casi siempre es la primera prueba complementaria solicitada y la más usada en los casos de cojera(6). Se realizarán, al menos, 2 proyecciones de las localizaciones sospechosas, incluyendo las articulaciones más próximas. En ocasiones, también puede ser útil solicitar una comparativa del miembro contralateral.

• Ecografía: muy útil cuando sospechemos patología articular, ya que nos confirmará la presencia de derrame articular y puede ayudarnos a realizar una punción diagnóstica (artrocentesis). También permite el estudio de patología de partes blandas (abscesos, hematomas, entesitis). Es muy útil en niños de corta edad con sospecha de patología articular de cadera: de elección en el diagnóstico de DDC en menores de 4 meses y en casos de sospecha de artritis de cadera para confirmar la presencia de derrame.

• Gammagrafía ósea: permite localizar la presencia de enfermedad en casos de sospecha elevada, pero con radiología o ecografía no concluyentes. Tiene una elevada sensibilidad, pero baja especificidad; por tanto, permite determinar si existe o no patología y localizarla, pero no determina la causa. Es útil en casos de lesiones osteoarticulares infecciosas (osteomielitis y artritis séptica), fracturas ocultas o neoplasias.

• RMN: de gran utilidad en casos de sospecha elevada de patología con radiología simple no diagnóstica. A diferencia de la gammagrafía, tiene elevada especificidad y sensibilidad, por lo que es muy útil en osteomielitis, tumores óseos o de partes blandas, fracturas por estrés, estadios precoces de necrosis avascular (Perthes) y en patología del raquis (espondilodiscitis o tumores espinales). Presenta el inconveniente de precisar sedación en niños de corta edad.

• TAC: su gran inconveniente es la radiación ionizante sobre el niño, lo que limita su uso. Es útil en lesiones óseas: coaliciones tarsales, osteoma osteoide…

Analítica de laboratorio

• Debemos pedir algunas pruebas de laboratorio, si existe sospecha de un cuadro de: infección osteoarticular, artritis inflamatoria o un proceso neoplásico(7).

• Ante la sospecha de patología infecciosa como causa de la cojera, solicitaremos: hemograma con recuento leucocitario, VSG, procalcitonina y PCR. Esta última es un buen marcador de la evolución del proceso séptico y de la respuesta al tratamiento(8).

• En caso de artritis se ha de realizar una artrocentesis y un estudio del líquido sinovial obtenido (aspecto y color, Gram urgente, recuento leucocitario, proteínas, glucosa y cultivo de gérmenes aerobios y anaerobios) para determinar si este tiene características de artritis séptica, inflamatoria o traumática.

• Otras pruebas: serologías, CPK (miositis), frotis faríngeo, pruebas reumáticas, hormonas tiroideas, etc.

Principales causas de cojera

Tan importante como saber realizar una anamnesis y una exploración física minuciosa es conocer las características de los cuadros clínicos más frecuentes de la cojera en la edad infantil. Tener estos cuadros presentes nos permitirá reconocerlos o descartarlos en el proceso de diagnóstico.

Traumatismos

Probablemente sea la causa más frecuente de cojera. Pueden producir fracturas, esguinces, contusiones… que generalmente suelen ser de poca importancia; por lo que, en la mayoría de casos, la clínica mejora y desaparece a los pocos días. El antecedente de traumatismo y la exploración física (cojera antiálgica, inflamación, hematoma, deformidad, crepitación, dolor a palpación…) nos orientan el diagnóstico. Solicitaremos una radiografía simple para confirmar o descartar la presencia de una fractura (Fig. 1).

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Figura 1. Fractura de fémur.

Hay algunos cuadros clínicos característicos:

• La fractura de los primeros pasos, “toddler´s fracture”, la sospecharemos en niños entre 9 meses y 3 años con un antecedente traumático muchas veces no claro, sin alteración del estado general y que presenta una cojera antiálgica muy evidente o un rechazo al apoyo de inicio brusco. En la exploración presentará dolor a la palpación ósea en el punto de la fractura, habitualmente la tibia. La radiografía inicial puede no mostrar fractura o solo verse en proyecciones oblicuas. Si la repetimos a las 2-3 semanas, la presencia de una reacción perióstica confirma el diagnóstico. La localización más habitual suele ser la tibia con un patrón espiroideo diafisario por un mecanismo torsional, pero también puede afectar al peroné y, excepcionalmente, al fémur. Si sospechamos este cuadro y la radiografía no es diagnóstica, debemos inmovilizar al paciente y repetir el estudio a los 7-10 días.

• En niños algo más mayores, deportistas o que realizan sobreesfuerzos, pueden presentar fracturas por sobrecarga o de estrés, localizándose principalmente en la metáfisis de la tibia proximal, 4º metatarsiano y, más raramente, en el cuello femoral.

Sinovitis transitoria de la cadera

Es la causa no traumática más común de cojera en niños de 3 a 10 años(8). Puede plantear dudas diagnósticas, con artritis sépticas y con la enfermedad de Perthes, principalmente. Es un cuadro de inicio brusco, a veces, al levantarse de la cama, de cojera antiálgica o rechazo del apoyo. No suele acompañarse de sintomatología general o es escasa. La exploración de la cadera es normal o presenta leve limitación de la abducción o de la rotación interna en la cadera afecta. La radiografía suele ser normal y la ecografía mostrará hipertrofia de la sinovial con/sin derrame articular. En los casos que presente sintomatología general puede estar justificada la realización de una analítica que, generalmente, será normal. La evolución es excelente, resolviendo en 7-15 días, o algo menos con antiinflamatorios, sin dejar secuelas, aunque hasta en el 20 % de casos puede repetir (20 %). La etiología es desconocida, aunque se ha intentado relacionar con infecciones virales que afectan al tracto gastrointestinal o respiratorio, pero sin evidencia clara de su relación.

Enfermedad de Legg-Calvé-Perthes

Es una necrosis idiopática de la epífisis femoral proximal provocada por obstrucción vascular. Tras la necrosis se produce una reabsorción del tejido necrosado y, posteriormente, se reosifica de forma progresiva la cabeza femoral. Afecta, sobre todo, a varones entre los 3-10 años, pudiendo ser bilateral hasta en un 20 % de los casos. Se inicia de forma insidiosa, con una cojera de semanas o meses de evolución que empeora después de la actividad física. Puede no ser dolorosa o presentarse con dolor referido al muslo o la rodilla. En la exploración, presenta limitación de la abducción y de la rotación interna de la cadera y, en fases más avanzadas de la enfermedad según el grado de afectación, puede presentar también una discrepancia de longitud de MMII y una marcha en Trende­lemburg. El diagnóstico se realiza con la radiografía simple anteroposterior y axial de la cadera, que será patológica a partir de las 4-6 semanas de iniciarse la obstrucción vascular epifisaria. En estas semanas de radiografía no patológica, la RMN permite confirmar el diagnóstico. La enfermedad discurre a lo largo de 3-4 años, en los que el principal objetivo del tratamiento es mantener la cabeza femoral contenida dentro del acetábulo pélvico con una buena movilidad articular. Mientras la cabeza femoral conserve su morfología esférica, se encuentre contenida en la cavidad acetabular y la articulación conserve un grado de movilidad amplio, trataremos solamente el dolor y las contracturas musculares, mediante: reposo funcional, evitando actividades físicas deportivas de impacto (carreras, saltos…), realizando fisioterapia y estiramientos musculares y mediante el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). En niños mayores de 8 años con signos de mal pronóstico, se debe plantear la realización de tratamiento quirúrgico para centrar la cabeza femoral (generalmente, osteotomía femoral y/o pélvica) (Fig. 2).

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Figura 2. Enfermedad de Perthes de cadera izquierda.

Artritis séptica de cadera

Se considera una urgencia quirúrgica que requiere de un diagnóstico rápido y de una intervención quirúrgica urgente, seguida del uso de antibióticos por vía intravenosa(9). El retraso del tratamiento puede provocar la destrucción del cartílago articular por la acción de las enzimas proteolíticas de las células inflamatorias y por la presión del pus intraarticular a tensión que oblitera las arterias epifisarias y provoca necrosis de la cabeza femoral. El mecanismo más frecuente de infección es por vía hematógena y las bacterias más comunes son Staphylococcus aureus y Streptococcus del grupo B.

Puede presentarse a cualquier edad, aunque es más frecuente en niños menores de 3 años. Debe sospecharse o, al menos, descartarse, ante cualquier cuadro de cojera acompañada de fiebre y/o afectación del estado general. Se presenta de forma aguda, con cojera dolorosa o rechazo a apoyar la extremidad, y se acompaña de fiebre y malestar general o síntomas locales como eritema, calor e hinchazón. En los lactantes puede manifestarse simplemente como un cuadro de irritabilidad sin fiebre. En la exploración, la cadera suele tener una postura en flexión, abducción y rotación externa, sin realizar movimiento activo (pseudoparálisis) y con dolor importante si se intenta la movilización pasiva. La analítica de sangre presenta leucocitosis con desviación a la izquierda, VSG aumentada y PCR elevada. Para su diagnóstico, son útiles los 4 criterios de Kocher: fiebre >de 38,5ºC, cojera o rechazo a apoyar la extremidad en el suelo, leucocitosis >12.000/mm3 y VSG >40 mm/h. Cuando los 4 parámetros están alterados, la probabilidad de que un niño con derrame articular en la cadera pueda tener una artritis séptica es del 99 %. La VSG ha sido sustituida por la PCR >de 2 mg/dl que, además, se usa de parámetro para el control evolutivo de la respuesta al tratamiento antibiótico. La radiografía simple es normal en fases iniciales, y es la ecografía la que permite detectar el derrame articular. La realización de una punción de líquido articular guiada por ecografía confirma el diagnóstico, si muestra un líquido purulento con >50.000 leucocitos >75 % PMN y permite realizar una tinción de Gram y cultivo del líquido. Se deben realizar también hemocultivos en pacientes con fiebre alta. El tratamiento es la intervención quirúrgica urgente, realizando una artrotomía, desbridamiento y limpieza exhaustiva de la articulación, dejando un drenaje durante varios días. Debe iniciarse tratamiento antibiótico intravenoso empírico inmediatamente después de la toma de muestras en la cirugía, hasta disponer de los resultados del cultivo y antibiograma (Tabla III).

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Osteomielitis

Es una infección ósea que suele afectar a niños <10 años. Se localiza habitualmente en la región metafisaria de la tibia o el fémur por diseminación hematógena. Los gérmenes más frecuentes son los mismos que en las artritis sépticas y puede darse conjuntamente con esta, especialmente en los niños más pequeños. Debemos sospecharla en niños con sintomatología de infección, en los que no se advierte la presencia de derrame en la ecografía. Habitualmente, se presenta como una cojera o negativa a soportar carga, generalmente de forma insidiosa, más lenta que si fuera una artritis y que, inicialmente, puede no acompañarse de afectación general y fiebre, aunque luego aparece. En la exploración, la zona afectada (tibia o fémur distal o proximal) suele estar edematosa, caliente y dolorosa a la palpación y a la movilización. Las primeras radiografías pueden ser normales y no mostrar alteración hasta los 10-12 días (formación de hueso perióstico, osteólisis en la zona afectada). En la analítica presentará leucocitosis, aunque inicialmente puede ser normal, y la VSG, la PCR y la procalcitonina estarán elevadas. Si la radiografía es normal, la resonancia magnética permite el diagnóstico de forma precoz y detectará si existe absceso intraóseo o perióstico. El tratamiento se realiza mediante antibióticos intravenosos y la cirugía solo es necesaria en caso de que presente abscesos o mala respuesta al tratamiento antibiótico inicial.

Displasia del desarrollo de la cadera (DDC)

Después de la edad de la marcha(10), la presencia de una cadera luxada al iniciar la marcha independientemente provocará una cojera no dolorosa con un patrón de Trendelemburg. La exploración física mostrará una asimetría de la abducción de las caderas y una discrepancia de longitud de las extremidades inferiores con maniobra de Galeazzi positiva. Actualmente, el diagnóstico precoz, mediante la exploración clínica de las caderas del recién nacido y la ecografía de todos los casos con signos de riesgo, permite instaurar un tratamiento que corrige las alteraciones de la cadera antes de la edad de marcha y no se llega a esta situación. El diagnóstico se confirmará mediante una radiografía simple. El tratamiento será necesariamente quirúrgico, mediante reducción abierta de la cadera, pudiendo necesitar la realización de osteotomías correctoras pélvicas y/o femorales (Fig. 3).

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Figura 3. DDC, cadera derecha luxada, 2 años.

Osteocondrosis de los miembros inferiores

Las osteocondrosis de los miembros inferiores son causa frecuente de cojera en pacientes en crecimiento. Se trata de procesos inflamatorios localizados en zonas de osificación incompleta, en las que se inserta un tendón o ligamento (entesopatías de tracción). Se originan por tracción o por sobrecarga con la actividad y ceden o mejoran con el reposo físico, frío local y AINEs. Suelen ser procesos autolimitados, de duración variable y que mejoran con tratamiento sintomático.

Las más conocidas y frecuentes, son:

Enfermedad de Osgood-Schlatter. Origina dolor y tumefacción de la tuberosidad tibial anterior por tracción del tendón rotuliano en su inserción distal. Puede ser bilateral. En la radiografía simple puede apreciarse fragmentación y osificaciones a nivel de la tuberosidad tibial anterior. El tratamiento será sintomático: reposo relativo de la actividad que lo desencadena, frío local y analgésicos en el momento agudo. Puede ser útil la utilización de una cinta infrapatelar para disminuir la tracción y la realización de estiramientos. La cronificación del proceso por persistencia de la actividad física y la tracción origina un abultamiento permanente de la tuberosidad tibial anterior y/o formación de osículos, que pueden llegar a ser dolorosos y requerir tratamiento quirúrgico para su eliminación. Cuando el dolor lo refieren en el polo inferior de la rótula, es el mismo tipo de cuadro y se conoce como la enfermedad de Sinding-Larsen-Johansson.

Enfermedad de Sever. Es una osteocondrosis que afecta a la parte posterior del calcáneo de niños, entre los 7-9 años, por la tracción del tendón de Aquiles. Se caracteriza por dolor (talalgia) con la actividad que mejora con el reposo y que es bilateral en muchos casos. En la exploración física presenta dolor a la presión lateral de la apófisis posterior del calcáneo. Es un cuadro autolimitado, aunque recurrente, y que mejora con el reposo, con los analgésicos y con los ejercicios de estiramiento del tríceps sural.

Enfermedad de Van Neck o dolor de la sincondrosis de la unión isquiopubiana. Los pacientes típicamente refieren un dolor vago en la región inguinal y de los aductores. Puede plantear problemas de diagnóstico diferencial con osteomielitis o tumores. La evolución clínica es excelente con mejoría en pocas semanas.

Epifisiolisis femoral proximal (EFP)

Es la patología de cadera más frecuente en adolescentes (10-16 años). Se trata de un deslizamiento de la metáfisis respecto a la epífisis que, si no se diagnostica de forma temprana, puede provocar secuelas permanentes por la deformidad femoral proximal. Es más prevalente en obesos, rasgo presente en más del 80 % de los pacientes que padecen este proceso, y puede ser bilateral en >25 % casos. Debe sospecharse en niños con cojera y dolor de varias semanas o meses de evolución, localizado en el muslo o en la rodilla. En la exploración clínica apreciaremos cojera, actitud de la extremidad en rotación externa, disminución de la rotación interna de la cadera y puede existir un signo de Dreh­man positivo (al flexionar la cadera se produce una rotación externa de forma pasiva). Las radiografías anteroposterior y axial permiten apreciar el desplazamiento epifisometafisario. En fases iniciales, con clínica sugerente y radiografía simple no concluyente, la RMN permite el diagnóstico. Es importante el diagnóstico precoz para evitar el desplazamiento progresivo epifisario mediante tratamiento quirúrgico: fijación con un tornillo de forma percutánea(11) (Fig. 4).

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Figura 4. Epifisiolisis femoral proximal.

Tumores en la infancia

Pueden debutar con cojera como síntoma inicial, por lo que debe ser una causa a tener en cuenta. Los principales tumores benignos que nos encontramos son:

Osteoma osteoide: es una lesión ósea osteogénica, pequeña, que se encuentra con mayor frecuencia en la cortical del fémur proximal. Los pacientes suelen presentarse con dolor en el muslo que empeora por la noche y mejora con AINEs. El diagnóstico se realiza radiológicamente por una lesión de menos de 1,5 cm de diámetro, con un margen esclerótico y un nido radiolúcido que puede precisar la realización de una TAC o RMN, si la Rx simple no es concluyente. El tratamiento en pacientes con síntomas progresivos que no ceden, suele ser la ablación por radiofrecuencia o la resección quirúrgica.

Quiste óseo: cuando se localizan en el fémur proximal suelen ser asintomáticos, pero si son grandes pueden provocar dolor o cojera con la actividad o ser la causa de una fractura patológica. El diagnóstico se realiza con radiografías que muestran una lesión metafisaria femoral central, lítica, bien delimitada, con expansión quística y que puede tener un signo característico de “hoja caída”. El tratamiento cuando se localizan en el fémur proximal y son grandes con riesgo de fractura, es la punción de corticoides o el curetaje e injerto óseo con fijación interna.

• Los osteocondromas son lesiones cartilaginosas benignas que crecen adyacentes a los cartílagos de crecimiento, como una exóstosis sésil o pediculada localizada en la superficie del hueso. El diagnóstico se realiza con la radiografía simple. El tratamiento es la observación en los casos asintomáticos o mínimamente sintomáticos, y la resección quirúrgica solo está indicada en casos de dolor progresivo y severo.

• En cuanto a los tumores malignos, cabe destacar el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing. Se presentan con dolor que suele ser progresivo hasta hacerse constante y que, a menudo, empeora por la noche. Clínicamente, manifiestan una cojera antiálgica y puede tener clínica inflamatoria local.

Leucemia: son más frecuentes en niños menores de 4 años. La leucemia linfoblástica aguda hasta en un 25 % de casos puede debutar con dolores óseos o articulares y cojera como síntoma inicial, precediendo en semanas o meses a otras manifestaciones clínicas. La existencia de síntomas musculoesqueléticos inexplicables o una marcha patológica de duración variable con/sin febrícula nos debe hacer pensar en este cuadro y explorar la presencia de linfoadenopatías o hepatoesplenomegalia y solicitar una analítica por si presenta un aumento de la VSG o alteraciones hematológicas en forma de anemia, trombopenia o leucopenia.

Espondilodiscitis

Es la infección del disco vertebral y suele afectar a pacientes menores de 5 años. El organismo causante más común (>80 %) es el S. aureus. La forma de presentación dependerá de la edad del niño, siendo lo más importante tener esta patología presente al hacer el diagnóstico diferencial. En el niño más pequeño puede presentarse como negativa a sentarse o a caminar o como una cojera dolorosa con pérdida de apetito e irritabilidad, fiebre (solo el 25 % de los pacientes) o dolor abdominal. Los niños mayores ya localizarán el dolor en la espalda o al palparles la zona lumbar y mostrarán una movilidad lumbar disminuida en la exploración.

La radiografía simple suele ser normal al inicio del proceso. El signo radiológico más temprano suele ser la pérdida de lordosis lumbar y, hasta las 2-3 semanas, no se apreciará la pérdida de altura del espacio discal con irregularidades de los platillos vertebrales. La analítica puede no ser concluyente, ya que puede mostrar leucocitosis, VSG y PCR moderadamente elevados o también pueden ser normales. En pacientes con sospecha clínica elevada, la RMN es la prueba diagnóstica de elección. El tratamiento consiste en reposo en cama y antibióticos, inicialmente intravenosos, durante 4 a 6 semanas. Se realizará desbridamiento quirúrgico, si presenta un absceso o no mejora con el tratamiento no quirúrgico (Fig. 5).

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Figura 5. Espondilodiscitis L5-S1.

Sacroileítis infecciosa

Es una infección de la articulación sacrolíaca causada habitualmente por S. aureus. Suele afectar a niños >10 años que presentan dolor en la región lumbosacra y nalgas o un cuadro de cojera e incapacidad para apoyar la extremidad del lado afecto. Suele acompañarse de fiebre y afectación general. En la exploración física, la movilidad de la cadera es poco o nada dolorosa y no presenta limitación de movilidad, pero sí son dolorosas la compresión de las alas ilíacas y la maniobra de FABER (flexión, abducción y rotación externa de la cadera). La analítica es patológica: leucocitosis, VSG elevada (>50), PCR elevada (>7) y los hemocultivos pueden ser positivos. La radiografía simple de pelvis puede ser normal en fases iniciales, siendo la RMN la prueba de elección para el diagnóstico precoz. El tratamiento es mediante antibióticos IV dirigidos al organismo específico. El desbridamiento quirúrgico está indicado en presencia de absceso o falta de respuesta a los antibióticos.

Enfermedades reumáticas del niño

Pueden presentarse con cojera como síntoma principal. Entre ellas, cabe destacar: la artritis idiopática juvenil (AIJ), las artritis reactivas, el lupus eritematoso sistémico o las vasculitis, como la púrpura de Schönlein-Henoch. La forma de presentación más frecuente de la AIJ es la forma oligoarticular (60 %) en niñas alrededor de los 2 años, con una cojera de larga evolución por inflamación de una articulación de los MMII. En la analítica puede presentar elevación de leucocitos, VSG y PCR y el factor reumatoide y los anticuerpos antonucleares (ANAs) pueden ser positivos. Las características del líquido sinovial (inflamatorio y no séptico) permiten descartar una artritis séptica. El tratamiento es médico.

Absceso del psoas

El psoas es un músculo que se origina en la columna lumbar y se inserta en el muslo en el trocánter menor, participando en la flexión de la cadera. Su infección puede confundirse con una artritis séptica de cadera, porque se suele presentar con: fiebre, dolor en el muslo y cojera o rechazo del apoyo de pocos días de evolución. La extremidad se presenta con la cadera en flexión y puede tener la zona del muslo inflamada. La movilización pasiva de la cadera en flexión puede no ser dolorosa, pareciendo que la cadera esté bien, pero si hacemos una extensión pasiva y rotación interna (signo del psoas), desencadenará dolor y puede orientar el diagnóstico. También producirá dolor pedirle al paciente que haga una flexión activa de la cadera (por tensión del músculo psoas). El diagnóstico se realizará con la ecografía o con la RMN para detectar si existe un absceso del psoas que precise drenaje. El tratamiento es mediante antibióticos intravenosos y drenaje del absceso, cuando existe. En casos de retraso diagnóstico puede extenderse a la articulación de la cadera, causando una artritis séptica.

Parálisis cerebral infantil (leve)

Las formas leves de parálisis cerebral infantil pueden pasar desapercibidos los primeros meses o años de vida y ser diagnosticadas cuando acuden a la consulta para consultar por una cojera con algún patrón característico (marcha en equino, falta de movimientos espontáneos de las extremidades, etc.) Los antecedentes de complicaciones perinatales nos deben hacer sospechar la posibilidad de una etiología neurológica de la cojera. En la exploración física, puede llamar la atención: el aumento del tono muscular en la extremidad, un acortamiento o rigidez de la musculatura flexora de la cadera, la rodilla o el tobillo provocando una disminución de la movilidad articular y/o una deformidad en flexo de la cadera y la rodilla o un equino del tobillo.

Función del pediatra de Atención Primaria

La cojera y las alteraciones de la marcha suponen un motivo de consulta muy frecuente en la consulta de Pediatría de Atención Primaria. Para poder aproximarnos al diagnóstico, son importantes tres elementos: conocer las principales causas en cada edad, realizar una anamnesis detallada y saber realizar una exploración clínica minuciosa. El objetivo principal de este artículo es mostrar las características de los principales procesos asociados a la cojera o las alteraciones de la marcha, para poder tenerlos presentes en la actividad habitual del pediatra. Deseo que sea de utilidad.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1. Fischer SU, Beattie TF. The limping child: epidemiology, assessment and outcome. J Bone Joint Surg Br. 1999; 81: 1029-34.

2.** Perry DC, Bruce C. Evaluating the child who presents with an acute limp. BMJ. 2010; 341: c4250.

3. Alonso Hernández, J. Evaluación del niño con cojera. Pediatr Integral. 2014; XVIII: 456-67. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2014-09/evaluacion-del-nino-con-cojera/.

4. Calvo C, Collado MP, Díaz-Delgado R. Cojera. Protoc Diagn Ter Pediatr. 2014; 1: 263-75.

5. Sawyer JR, Kapoor M. The limping child: a systematic approach to diagnosis. Am Fam Physician. 2009; 79: 215-24.

6. Jain N, Sah M, Chakraverty J, Evans A, Kamath S. Radiological approach to a child with hip pain. Clin Radiol. 2013; 68: 1167-78.

7. Abbassian A. The limping child: a clinical approach to diagnosis. Br J Hosp Med (Lond). 2007; 68: 246-50.

8. Álvaro Alonso A, Quevedo Narciso A, Narbona Cárceles FJ. Diagnóstico y evaluación de la cojera en el niño. Cap. 124. En: Vaquero Martín FJ, ed. Manual de Residentes de la SECOT.

9. Kocher MS, Mandiga R, Zurakowski D, Barnewolt C, Kasser JR. Validation of a clinical prediction rule for the differentiation between septic arthritis and transient synovitis of the hip in children. J Bone Joint Surg. 2004; 86: 1629-35.

10. González Herrán P, Alonso Carpintero M. Pediatr Integral. 2019; XXIII: 212-20. ­Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2019/xxiii04/05/n4-212-220_PedroGlez.pdf.

11. Martínez-Álvarez S, Martínez-González C, Miranda C, Abril JC, Epeldegui T. Epifisiolisis de la cabeza femoral. Rev Esp Cir Ortop Traumatol. 2012; 56: 506-14.

Bibliografía recomendada

– Staheli LT. Fundamentals of Pediatric Orthopedics. LWW, Philadelphia. 2008.

Tratado de Ortopedia y Traumatología infantil que incluye toda la patología de manera básica y didáctica. Incluye múltiples ilustraciones que facilitan la comprensión de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos. El capítulo de cojera, al igual que el resto del libro, resulta muy interesante.

– Martínez Caballero I. Ortopedia y Traumatología Infantil. Ergon. 2015.

Tratado básico y manejable elaborado por profesionales de la Ortopedia infantil que, de manera breve, aportan lo elemental de la patología ortopédica infantil. Guía muy útil que aborda las patologías que producen cojera en la infancia.

– Perry DC, Bruce C. Evaluating the child who presents with an acute limp. BMJ. 2010; 341: c4250.

Artículo de revisión sobre el diagnóstico de la cojera y patología de cadera infantil.

 

Caso clínico

 

Paciente de 2 años y 7 meses que acude al Servicio de Urgencias por cuadro de cojera intermitente de 1 semana de evolución, que se ha hecho constante y más evidente en las últimas 48 horas. Presenta fiebre de hasta 38ºC en los últimos 2 días. Sin síntomas catarrales ni gastrointestinales en los días previos. El niño va a guardería y los padres/cuidadores no conocen un antecedente traumático claro.

Antecedentes personales: sano, vacunas según calendario.

Exploración física: marcha con cojera antiálgica de extremidad inferior derecha. El tobillo derecho está inflamado con aumento de calor local. Movilidad de caderas completa simétrica no dolorosa y movilidad de rodillas completa no dolorosa. Tobillo derecho doloroso a la palpación y movilización.

Pruebas complementarias: radiografía simple: sin alteraciones. Hemograma: leucocitos: 21.000/ul con 70 % de PMN; Hb: 12,5 g/dl; PCR: 6,8 mg/dL; VSG: 50 mm/h. Ecografía de tobillo: no se aprecia derrame articular.

 

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