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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)
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Infecciones de transmisión sexual

 

A. Comunión Artieda
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A. Comunión Artieda

Dermatóloga en el Centro de Diagnóstico Médico. Madrid. Programa de Prevención de ITS y VIH. Madrid Salud

Resumen

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son un importante problema de salud pública. Desde el año 2005 y, sobre todo, en los últimos 5 años, la incidencia de las ITS está aumentando de forma muy llamativa. En las gráficas por edad, el grupo de menores de 19 años son una población con una mayor prevalencia de diversas ITS, son un grupo muy vulnerable.
Vamos a describir las ITS más prevalentes en nuestro medio: cómo se transmiten, a quién afectan, cómo podemos detectarlas y tratarlas. Además, es muy importante abordar la educación afectivo-sexual desde edades tempranas y tratarlo con naturalidad, tanto con los padres como con los adolescentes, para mejorar la formación e información.
Es muy importante que los profesionales de la salud estén al día, sepan realizar una detallada historia clínica para abordar de forma integral la salud afectivo-sexual de nuestro paciente. Conocer las guías de diagnóstico y tratamiento actualizadas, para mejorar la atención a nuestros pacientes. Aprovechar la consulta para consejo adaptado.

 

Abstract

Sexually Transmitted Diseases (STDs) are a considerable public health problem. Since 2005 and particularly in the last five years, the incidence of STDs has significantly increased. In the graphs by age, the group under 19 years old is a population with a large number of STDs, and thus, being a highly vulnerable group.
This article describes the most prevalent STDs in our environment, how they are transmitted, who they affect, and how we can diagnose and treat them. Additionally, it is very important to introduce early sex education, dealing with it in both parents and adolescents, in a natural way, so as to improve education and information.
It is of great relevance that health professionals are up to date, knowing how to conduct a detailed clinical history to comprehensively address the affective-sexual health of our patient. Similarly, they must know the updated diagnostic and treatment guidelines to improve the care of our patients, and take advantage of the consultation for tailored counseling.

 

Palabras clave: Infecciones de transmisión sexual; Prevención; Juventud; Educación afectivo-sexual.

Key words: Sexual transmitted diseases; Prevention; Youth; Affective-sexual education.

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 300 – 305


OBJETIVOS

• Conocer las infecciones de transmisión sexual más frecuentes en nuestro medio.

• Realizar una historia clínica detallada sobre salud sexual.

• Diagnosticar las infecciones de transmisión sexual más frecuentes a través de técnicas diagnósticas.

• Prestar atención a los tratamientos actualizados.

Infecciones de transmisión sexual

Introducción

Las infecciones de transmisión sexual son infecciones que se transmiten durante las relaciones sexuales, aunque, en ocasiones, no son la única forma de transmisión.

Pueden contagiarse por sexo vaginal, anal y/o sexo oral y algunas se transmiten por contacto cutáneo (piel-piel) durante las relaciones sexuales. Están producidas por: bacterias, virus, ectoparásitos y protozoos.

Hablar de infecciones de transmisión sexual incluye abordar la prevención y educación afectivo-sexual no solo en los adolescentes, sino también a otros niveles: familia, instituciones educativas, sociedad, instituciones sanitarias, para así mejorar el bienestar de los adolescentes, con el último fin de que crezcan con autonomía, respeto y libertad y así ser personas equilibradas y responsables en su vida y en sus relaciones(1).

Tienen unas características físicas, como una ligera inmadurez en el sistema inmune y, en el caso de las chicas, una tendencia a ectopia cervical, así como una baja producción de moco cervical que les hace propensos a infectarse de algunas ITS.

Además, tienen comportamientos que favorecen las ITS, como son: inicio precoz de las relaciones sexuales, múltiples parejas sexuales, relaciones sexuales coitocentristas, baja percepción del riesgo y esto aumenta, si hay consumo de alcohol y drogas, la posibilidad de comportamientos de riesgo para contraer una ITS(2).

Prevención

Las medidas de prevención y control de las ITS se basan fundamentalmente en: educación sanitaria, promoción del sexo seguro, detección de infecciones sintomáticas y asintomáticas, investigación de los contactos sexuales de los pacientes, inmunización frente a las ITS para las que se dispone de vacuna y vigilancia epidemiológica.

El mejor método para evitar el contagio de ITS en las relaciones sexuales es el uso de preservativo de forma consistente, en todas las relaciones y desde el principio de la penetración. Algunas ITS, como veremos, no se evitan al 100% con el preservativo, porque pueden aparecer en zonas que no cubre el preservativo. También es importante limitar el número de parejas sexuales, así como concienciar que las ITS no tienen que dar síntomas.

El uso y/o abuso de sustancias tóxicas como el alcohol y drogas, se ha visto que es causa importante de comportamientos de riesgo al disminuir la percepción de peligro y disminuir el uso de preservativo.

Está demostrado que una buena educación afectivo-sexual es una buena manera de formar y dar herramientas a los jóvenes para una sexualidad responsable(3).

Epidemiología

Es importante conocer a quién afectan, cómo se contagian y cómo evitar las ITS, así como el estudio de contactos para un control eficaz de las ITS.

Las ITS pueden contagiarse:

• Por contacto directo piel-piel, en este caso, el preservativo no protege del todo. Un ejemplo son: los condilomas acuminados, los molluscum contagiosos, el herpes simple, la sífilis, la pediculosis y la escabiosis.

• Por fluidos sexuales, como es el caso del VIH y la hepatitis B.

• Por contacto íntimo con una mucosa infectada. Como la infección por: clamidia, gonococo, tricomonas, mycoplasma genitalium y sífilis.

Las mejores monitorizadas en nuestro país son las enfermedades de declaración obligatoria (EDO), que son la infección por: clamidia, gonococo, sífilis, linfogranuloma venéreo, hepatitis B y VIH(4).

Desde el año 2005 y, sobre todo, desde el 2012, las ITS están aumentando en nuestro país. Los nuevos casos de VIH están estabilizados, descendiendo muy lentamente(5).

Historia clínica

Debemos hacer una historia clínica detallada y estructurada (Tabla I). Con todos los datos recogidos, haremos una valoración de riesgos y determinaremos qué pruebas diagnósticas son las más adecuadas.

tabla

Aprovecharemos la consulta para completar su estado de salud, si le hace falta alguna vacuna, anticoncepción y realizar un consejo adaptado.

Infecciones de transmisión sexual más frecuentes en nuestro medio

Virus de papiloma humano (VPH)

Es la infección de transmisión sexual vírica más frecuente en nuestro país.

Es un virus ADN sin cubierta que pertenece al género Papilomavirus dentro de la familia Papillomaviridae. Hay unos 40 genotipos que pueden infectar la zona genital. Algunos tienen poder oncogénico y están relacionados con: cáncer de cérvix, ano, vulva, vagina, pene y oro-faríngeo.

La mayoría de las infecciones se resuelven solas, por la inmunidad del individuo. Solo, en algunas ocasiones, progresan a lesiones premalignas y de ellas un pequeño porcentaje pueden evolucionar a cáncer(6).

Nos centraremos en los condilomas acuminados, también llamados verrugas genitales, son una enfermedad de transmisión sexual frecuente en área genital. Se estima que afectan al 2-4% de la población. Están producidos en su mayoría por los genotipos 6 y 11.

Clínica y diagnóstico de los condilomas acuminados

En la mayoría de los casos es un diagnóstico clínico.

Son lesiones papulosas, en muchas ocasiones con superficie papilomatosa, que pueden aparecer en distintas zonas del área genital, incluidas las mucosas. Pueden picar y pueden aparecer en áreas que no cubre el preservativo, como el pubis.

En ocasiones, para el diagnóstico utilizamos la dermatoscopia en lesiones únicas y/o pequeñas, para realizar el diagnóstico diferencial con fibromas o queratosis seborreicas.

La biopsia y estudio histológico se reserva para lesiones atípicas, cuando no responden a tratamientos o sospechamos lesión premaligna o maligna para su confirmación histológica.

Tratamiento de los condilomas acuminados

Es una patología que crea mucha morbilidad y es motivo de consulta frecuente con gran carga emocional. Los tratamientos irritan y producen molestias.

La elección del tratamiento depende de la localización, número de lesiones, tipo de lesiones y quien lo aplica (Tabla II).

tabla

Cuando las lesiones están brotando, debe realizarse un tratamiento de campo con inmunomoduladores o sinecatequinas. Cuando hay pocas lesiones, estables y en zona queratósica (piel), se suelen aplicar: crioterapia, ácido bi-tricloracético y podofilotoxina.

Es importante el seguimiento de los/las pacientes para un buen cumplimiento y tolerancia de los tratamientos.

Úlceras genitales

Solución de continuidad en la piel o mucosa en área genital. Múltiples causas.

La tabla III describe las úlceras genitales debidas a ITS más frecuentes en nuestro medio, con sus principales características.

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Herpes genital

Epidemiología

Es la causa de úlcera genital de transmisión sexual más frecuente en nuestro país.

El herpes en área genital está causado por el herpes simple tipo II (VHS-II) en aproximadamente el 80% de los casos y el herpes simple tipo I (VHS-I), en el 20% de los casos, por sexo oral.

Clínica

En adolescentes, la primoinfección puede causar cuadros muy floridos: vesículas que evolucionan rápidamente a úlceras de pequeño tamaño de 1-2 mm, fondo limpio, borde eritematoso, muy dolorosas, distribuidas por área genital, acompañado de síndrome miccional, o pasar desapercibida, en la mayoría de los casos.

Una vez adquirida la infección, con o sin clínica, se mantiene de forma latente y puede haber recurrencias, siempre mucho menos sintomáticas y con menos clínica. En el caso del herpes tipo II, las recurrencias son más frecuentes, sobre todo en los primeros años de la infección(7).

Las recurrencias cursan con la aparición de lesiones vesiculosas agrupadas, que evolucionan rápidamente a úlceras, dolorosas, pequeñas, que curan sin tratamiento en 7-8 días. Aparecen en la misma zona y se acompaña de un pródromo de ardor-picor.

Diagnóstico

En la mayoría de los casos, el diagnóstico es clínico. Existen pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (PCR), son muy sensibles y específicos, cercanos al 100%, pero son caros y se usan en caso dudoso de diagnóstico diferencial de úlceras genitales.

Las serologías tipo específicas son útiles, sobre todo, para ver seroconversiones, con poca relevancia clínica al ser diagnósticos a posteriori(8).

Tratamiento

Se utilizan antivirales: aciclovir, valaciclovir o famciclovir, sobre todo en caso de primoinfecciones, y también en caso de recurrencias frecuentes, más de 6 episodios al año suele usarse el tratamiento supresivo para evitar la aparición de los brotes. Debe comenzarse con el tratamiento en las primeras 24-48 h (Tabla IV).

tabla

Localmente, se utilizan fomentos de sulfato de cobre o zinc al 1 0/00 y pomadas de antibióticos, para evitar las sobreinfecciones. Mupirocina o ácido fusídico son los más utilizados. Es importante hablar con el/la paciente, pues el herpes genital produce una importante carga de angustia, al pensar que lo van a tener para siempre. Hay que explicarles que puede brotarles de vez en cuando, pero que las recurrencias tienen tratamiento y que van a poder llevar una vida sexual normal, siendo cuidadosos y teniendo ciertas precauciones.

Sífilis

Etiopatogenia

Causada por una espiroqueta Treponema pallidum, subfamilia pallidum. Su incidencia está aumentando desde el año 2005. Afecta, sobre todo, a hombres de 35 a 45 años.

Clínica

Enfermedad que cursa en estadios clínicos:

• Sífilis primaria: úlcera o chancro duro. Indurada, indolora, suele ser única, asociada a adenopatía unilateral. La úlcera aparece en la zona de inoculación de la espiroqueta y dura un mes, curando espontáneamente. Puede aparecer en cualquier área sexual, incluida boca y labios. Es una ITS que se puede transmitir por sexo oral. El preservativo no protege del todo.

• Sífilis secundaria: se produce por diseminación hematógena de la infección. Suele aparecer a los 2-3 meses de la infección, con la aparición de un rash en tronco, morbiliforme, no pruriginoso, denominado roséola sifilítica, y la aparición de lesiones maculosas o maculopapulosas, incluso con queratosis en la periferia (denominados clavos), afectando característicamente a palmas y a plantas. Se puede acompañar de astenia, febrícula y adenopatías generalizadas.

En este estadio pueden aparecer múltiples cuadros cutáneos, se llama “la gran imitadora”. Son características las placas mucosas de la lengua y las sifílides en genitales (ambas lesiones son contagiosas por contacto directo). Puede producir cuadros psoriasiformes, pitiriasis rosada like, alopecia en cuero cabelludo “apolillada”, entre otros cuadros clínicos(9).

• Sífilis latente: cuando hay serología positiva sin clínica.

• Neurosífilis: afectación del SNC y LCR. Sospechar en cualquier estadio de la sífilis, cuando aparecen cefaleas frecuentes, síntomas oftalmológicos u óticos(10).

Diagnóstico

En la sífilis primaria, las serologías pueden ser negativas, se utilizan técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (PCR) del chancro o el campo oscuro, para visualización directa del treponema (mucho menos sensible).

Serologías de la sífilis

Actualmente, se utiliza de screening una prueba de enzimoinmunoanálisis (EIA) IgG, IgM que es una prueba treponémica muy sensible y específica. Las pruebas treponémicas son las primeras en positivizar y permanecen casi de por vida.

Las pruebas reagínicas se utilizan para observar respuesta al tratamiento y posibles reinfecciones, y tienen que titularse. Se considera respuesta si disminuyen dos o más diluciones en un año y, reinfección, si los títulos aumentan dos o más diluciones.

Tratamiento

Sigue siendo la penicilina G benzatina a dosis de 2.400.000 UI im, una dosis en la sífilis primaria, secundaria y sífilis latente de menos de un año, y tres dosis, una a la semana, en la sífilis latente de más de un año o de tiempo indeterminado.

Uretritis y cervicitis

Inflamación con o sin secreción de uretra y cuello de útero, respectivamente.

En el caso de las cervicitis, muchas son asintomáticas. En el caso de los varones jóvenes, las uretritis casi siempre son una ITS. Se contagian por contacto directo con una mucosa infectada. El preservativo protege si se utiliza bien.

Etiología

Clásicamente, se dividen en uretritis o cervicitis gonocócicas y no gonocócicas.

Dentro de las no gonocócicas, la Chlamydia trachomatis es la etiología más frecuente. Seguida de Mycoplasma genitalium en el caso de las uretritis.

Nesisseria gonorrhoeae

Diplococo gran negativo, anaerobio intracelular. Puede infectar el epitelio columnar de: uretra, cérvix, faringe, recto y conjuntiva. Al igual que la clamidia.

Chlamydia trachomatis

La clamidia es la bacteria de transmisión sexual más frecuente en nuestro país. Afecta, sobre todo, a mujeres menores de 26 años(11).

Clínica

Características, periodo de incubación y síntomas (Tabla V). En el caso del gonococo, el periodo de incubación es corto y suele ser más sintomático, sobre todo en uretra, produciendo supuración purulenta.

tabla

La clamidia en uretra y, sobre todo, en cérvix, es muy poco sintomática. Si ambas infecciones no se tratan, pueden desembocar en complicaciones por afectación del aparato genital femenino, con cuadros de: salpingitis, enfermedad inflamatoria pélvica y, a largo plazo, problemas de fertilidad.

Cuando afecta al recto puede ocasionar proctitis, con tenesmo, dolor y exudado con moco, sangre y pus. En faringe suelen ser poco sintomáticas.

Diagnóstico

Gonococo

Tinción de Gram de los exudados, con la aparición de diplococos intracelulares en forma de granos de café (en uretra y cérvix). Técnicas de PCR de faringe, uretra u orina (primer chorro), cérvix o vagina y recto.

El cultivo de exudado (uretra, cérvix, faringe y/o recto) es importante para la realización de antibiograma. Se utiliza un cultivo de Thayer Marti modificado.

Clamidia

Técnicas de amplificación de ácidos nucleicos, la más extendida es la PCR. Toma de muestras en las localizaciones expuestas(12).

Tratamiento

Debe realizarse diagnóstico etiológico, para evitar tratamientos empíricos(13).

En ocasiones, sobre todo, ante sintomatología de uretritis, se sigue utilizando tratamiento empírico para aliviar molestias (Algoritmo de manejo de uretritis).

Tratamiento de infección gonocócica

Existen diferentes pautas según guías y países. En España, suele utilizarse ceftriaxona 500 mg im, como primera elección. El tratamiento ha ido cambiando ante el aumento de la resistencia a distintos antibióticos en los últimos años(14).

Infección por clamidia

Actualmente, el tratamiento de elección es la doxiciclina 100 mg cada 12 h 7 días. Hasta hace poco, también era de elección azitromicina 1 g monodosis, pero están aumentando las resistencias a azitromicina por su uso indiscriminado(15).

Importante recordar

Cuando diagnosticamos una ITS como la sífilis, la clamidia o el gonococo es muy importante intentar localizar y tratar a los contactos estrechos para así cortar la cadena de transmisión. Pues muchas de ellas no siempre producen síntomas.

Además siempre que diagnosticamos una ITS hay que realizar en el despistaje de otras incluyendo, serología de VIH y sífilis, y hepatitis B si no está vacunado, teniendo en cuenta el periodo ventana. Así como tomas locales de orina, vagina y/o cérvix, faringe, recto, según las prácticas que haya tenido el adolescentes sin protección.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

1.** Colomer Revuelta J, Cortés Rico O, Esparza Olcina MJ, Galbe Sánchez-Ventura J, García Aguado J, Martínez Rubio A, et al. Recomendaciones sobre el consejo para la prevención de las infecciones de transmisión sexual en adolescentes, realizado en la consulta de Atención Primaria pediátrica. Rev Pediatr Aten Primaria (Internet). Citado el 29 de enero de 2022. 2014; 16: 237-45.

2.** Ayerdi Aguirrebengoa O, Vera García M, Rueda Sánchez M, Delia G, Chavero Méndez B, Alvargonzález Arrancudiaga M, et al. Risk factors associated with sexually transmitted infections and HIV among adolescents in a reference clinic in Madrid. PLoS ONE. 2020; 15: e0228998. Disponible en: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0228998.

3.** OMS. Estrategia Mundial del Sector de la Salud contra las Infecciones de Transmisión Sexual 2016-2021.

4.** Situación de las infecciones de transmisión sexual en España 2019. Unidad de vigilancia de VIH, ITS y hepatitis. Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España, 2019. Madrid: CNE-Instituto de Salud Carlos III / Plan Nacional sobre el Sida-Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación 2021. Disponible en: https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/archivos%20A-Z/SIFILIS/infografia_ITS2019.pdf.

5.* Vigilancia epidemiológica del VIH y SIDA en España 2020. Actualizado el 30 de junio de 2021. Disponible en: https://bit.ly/3b8SEZg.

6.** Bhatia N, Lynde C, Vender R, Bourcier. Understanding genital warts: epidemiology, pathogenesis, and burden of disease of human papillomavirus. J Cutan Med Surg. 2013; 17: S47-54.

7.* Macho-Aizpurua M, Imaz-Pérez M, Álava-Menica JÁ, Hernández-Ragpa L, López-de-Munain-López MJ, Cámara-Pérez MM, et al. Characteristics of genital herpes in Bilbao (Northern Spain): 12-year retrospective study. Enferm Infecc Microbiol Clin (Engl Ed). 2021; 39: 234-40. DOI: 10.1016/j.eimc.2020.04.014.

8.** Genital Ulcers: Differential Diagnosis and Management. Roett MA.Am Fam Physician. 2020; 101: 355-61.

9.** O’Byrne P, MacPherson P. Syphilis. BMJ. 2019; 365: l4159. DOI: 10.1136/bmj.l4159. Erratum in: BMJ. 2019; 3660: l4746.

10.* Ghanem KG, Ram S, Rice PA. The Modern Epidemic of Syphilis. N Engl J Med. 2020; 382: 845-54. DOI: 10.1056/NEJMra1901593.

11.** Yuguero O, Fernández-Armenteros JM, Vilela Á, Aramburu J, Laín R, Godoy P. Young Population in Spain. Preliminary Results of a Screening Programme for Chlamydia in an Asymptomatic. Front Public Health. 2021; 9: 615110. DOI: 10.3389/fpubh.2021.615110.

12.** Janssen KJH, Dirks JAMC, Dukers-Muijrers NHTM, Hoebe CJPA, Wolffs PFG. Review of Chlamydia trachomatis viability methods: assessing the clinical diagnostic impact of NAAT positive results. Expert Rev Mol Diagn. 2018; 18: 739-47. DOI: 10.1080/14737159.2018.1498785.

13.** Bartoletti R, Wagenlehner FME, Bjerklund Johansen TE, Köves B, Cai T, Tandogdu Z, et al. Management of Urethritis: Is It Still the Time for Empirical Antibiotic Treatments? Eur Urol Focus. 2019; 5: 29-35. DOI: 10.1016/j.euf.2018.10.006.

14.* Salmerón P, Viñado B, Arando M, Alcoceba E, Romero B, Menéndez B, et al. Neisseria gonorrhoeae antimicrobial resistance in Spain: a prospective multicentre study. J Antimicrob Chemother. 2021; 76: 1523-31. DOI: 10.1093/jac/dkab037.

15.** Lau A, Kong FYS, Fairley CK, Templeton DJ, Amin J, Phillips S, et al. Azithromycin or Doxycycline for Asymptomatic Rectal Chlamydia trachomatis. N Engl J Med. 2021; 384: 2418-27. DOI: 10.1056/NEJMoa2031631.

16. Andrés Domingo P. Infecciones de transmisión sexual. Pediatr Integral. 2017; XXI: 323-33.

Bibliografía recomendada

– Guidance for School-Based HIV/STD Prevention.

Disponible en:
https://www.cdc.gov/healthyyouth/fundedprograms/1807/resources/PS18-1807-GUIDANCE508.pdf.

– Informe comparativo de las ediciones 2002-2006-2010-2014-2018 del Estudio HBSC en España.

Disponible en:
https://www.sanidad.gob.es/va/profesionales/saludPublica/prevPromocion/promocion/saludJovenes/estudioHBSC/docs/Comparativo2002a2018/HBSC_Comparativo2002_2018.pdf.

– Historia sexual CDC (A Guide to Taking a Sexual History).

Disponible en:
https://www.cdc.gov/std/treatment/sexualhistory.pdf
.

– Prevención y control de las ITS en España.

Disponible en:
https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/ITS/Informe_Revision_Planes_ITS_CCAA_2021.pdf.

– Guía ABE. Infecciones de transmisión sexual en adolescentes.

Disponible en:
https://www.guia-abe.es/files/pdf/Guia-ABE2_ITS_adolescentes_v.1.1_%5b2015%5d.pdf
.

– Bednarczyk RA. Addressing HPV vaccine myths: practical information for healthcare providers. Hum Vaccin Immunother. 2019; 15: 1628-38.

DOI: 10.1080/21645515.2019.1565267.

– Fortenberry JD. Sexually transmitted infections: Issues specific to adolescents. Up to date. Literature review current through. 2022.

Actualizado el 23 de mayo de 2022.

– Guías europeas de bolsillo de las ITS.

Disponible en:
https://iusti.org/wp-content/uploads/2020/07/PocketGuideline2019.pdf.

– Estudio cualitativo sobre salud sexual en jóvenes.

Disponible en:
https://www.sanidad.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/promocion/saludJovenes/docs/SaludSexualJovenes_InformeDefinitivo_2019.pdf
.

– Guías CDC de tratamiento de ITS.

Disponible en:
https://www.cdc.gov/std/treatment-guidelines/STI-Guidelines-2021.pdf
.

– Diagnóstico microbiológico de las infecciones de transmisión sexual y otras infecciones genitales.

Disponible en:
https://seimc.org/contenidos/documentoscientificos/procedimientosmicrobiologia/seimc-procedimientomicrobiologia24a.pdf.

Caso clínico

Adolescente mujer-cis, que acude preocupada por la aparición de “heridas” en vulva, desde hace 24 h, con gran dolor y molestias al orinar.

Historia clínica

Paciente sin antecedentes personales de interés. Tiene pareja chico, desde hace 3 meses. 3 parejas sexuales en el último año. Lleva un año teniendo relaciones sexuales con penetración.

Sin antecedentes personales de ITS. Utiliza preservativo, no siempre. No consumo de otras drogas, excepto consumo de alcohol esporádico. No practica sexo oral, pero a ella sí se lo han practicado.

Exploración física

Múltiples úlceras de 1-2 mm distribuidas por ambos labios mayores y menores, con borde eritematoso y fondo fibrinoso, no induradas. Diagnóstico clínico: primoinfección herpética.

Pruebas complementarias

Se completa el estudio de ITS realizando una serología de VIH y de sífilis. Se realizan tomas cervicovaginales. PCR para clamidia y gonococo en cérvix. Fresco y gram del exudado vaginal, cultivo general, cultivo de cándida. Resultados: serología VIH y sífilis negativas. Tomas cervicovaginales normales o negativas.

Vacunada de hepatitis B al nacimiento y del virus de papiloma humano con la vacuna tetravalente a los 12 años.

Diagnóstico clínico: primoinfección herpética

Se instaura tratamiento con valaciclovir a dosis de 1 g, cada 12 h 7 días. Localmente, fomentos con sulfato de zinc al 1 0/00 dos veces al día y ácido fusídico en crema.

Resolución de las lesiones en 10 días.

 

tabla

 

Embarazo y maternidad en adolescentes

J. Martínez-Guisasola Campa, M. Guerrero Ibáñez
Temas de FC


J. Martínez-Guisasola Campa, M. Guerrero Ibáñez

Servicio de Obstetricia y Ginecología. Hospital Universitario de Burgos. OBS Ginecólogos. Burgos

Resumen

La gestación en las adolescentes puede considerarse de riesgo por asociar una mayor morbimortalidad perinatal y materna, y debe seguir un control multidisciplinario con un acompañamiento intenso de estas gestantes. Frecuentemente, es: no deseado, prematuro, rechazado por la pareja y por su familia, lo que favorece su diagnóstico tardío con escasos controles antenatales y tiene un impacto negativo en el futuro bienestar de la madre y del niño, al asociar consecuencias familiares, sociales, educativas y económicas, además de ser la principal causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 19 años a nivel mundial.
En España, suponen el 2-2,2% del total de embarazos, con una tasa de fecundidad del 6,2‰, tasas muy inferiores a las existentes a nivel mundial y que son un indicador del nivel socioeconómico de los países.
El diagnóstico precoz y la derivación inmediata para control antenatal ayudan a reducir los riesgos perinatales, al establecerse un seguimiento similar, pero adaptado al del resto de las gestantes. Las principales complicaciones son: preeclampsia, parto prematuro y bajo peso al nacer.
Su prevención implica, además de una adecuada educación promovida, tanto en la familia como a nivel escolar, proporcionar una correcta anticoncepción, basada en el “doble método” para además proteger contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

 

Abstract

Pregnancy in adolescents can be considered risky because it is associated with greater perinatal and maternal morbidity and mortality and must follow a multidisciplinary control with intense monitoring of these pregnant women. It is often unwanted, premature, rejected by the couple and by their family, which favors its late diagnosis with few antenatal controls and has a negative impact on the future well-being of the mother and child by associating family, social, educational and economic consequences, in addition to being the main cause of mortality among young people between 15 and 19 years of age worldwide.
In Spain they account for 2-2.2% of all pregnancies with a fertility rate of 6.2‰; rates lower than those existing worldwide and which are an indicator of the socioeconomic level of countries.
Early diagnosis and immediate referral for antenatal care help reduce perinatal risks by establishing a similar, but adapted, follow-up to that of other pregnant women. The main complications are preeclampsia, premature birth and low birth weight.
Its prevention implies, in addition to an adequate education promoted both in the family and at the school level, providing correct contraception based on the “dual method” to also protect against sexually transmitted diseases (STDs).

 

Palabras clave: Embarazo; Maternidad; Adolescente.

Key words: Adolescent; Pregnancy; Maternity.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 289 – 299

 


OBJETIVOS

• Conocer que el manejo de la gestante adolescente debe ser multidisciplinar, siendo el pediatra uno de los primeros profesionales en el eslabón de cuidados de la adolescente, responsable de realizar un diagnóstico precoz y una derivación inmediata de la gestante al especialista (ginecólogo y/o matrona).

• Comprender que el adecuado y frecuente control de la gestación asocia una importante reducción de problemas perinatales, tanto en la madre como en el feto.

• Participar en la elaboración de los modelos de prevención primaria, mediante programas educativos y de formación a este grupo de la población, sobre las consecuencias de un embarazo no deseado y de las enfermedades de transmisión sexual, y en estos programas deben implicarse, tanto los gobiernos, mediante los sanitarios, como la sociedad en su conjunto, a través de: la escuela, la familia, el personal sanitario y, por supuesto, la pareja.

• Aconsejar que, en estas edades, por el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, además del embarazo no deseado, las relaciones sexuales deben ser protegidas con el doble método, método que siempre incluye al preservativo, además de un procedimiento hormonal o de una anticoncepción reversible de acción prolongada (LARC).

 

Embarazo y maternidad en adolescentes

Introducción

La gestación en las adolescentes debe ser considerada, en la mayoría de los casos, como una gestación de alto riesgo, por asociar una elevada morbimortalidad perinatal y materna, que exige un control multidisciplinar y un acompañamiento intenso de la gestante.

La adolescencia es una etapa de la vida de rápido crecimiento y desarrollo, en la que las jóvenes adquieren nuevas capacidades y se enfrentan a nuevos retos. Es una etapa de transición, caracterizada por una serie de cambios físicos, psicológicos, sociales y emocionales, incluido el inicio de la actividad sexual, que la hacen muy vulnerable para conductas de riesgo que pueden acarrear importantes consecuencias de por vida, como son el propio embarazo deseado o no deseado y las enfermedades de transmisión sexual (ETS)(1).

El apoyo familiar y profesional durante la adolescencia implica potenciar las capacidades y aptitudes de las adolescentes, promoviendo en ellas una adecuada gestión de los hábitos de riesgo, incluido el deseo sexual y sus conductas, y facilitando la prevención de estas actitudes.

La OMS define la adolescencia como: “el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años”(2). El embarazo en la adolescencia (EA) es aquel que ocurre en mujeres menores de 20 años, tanto de forma deseada como no, pero frecuentemente no planificado(3,4), suponiendo un impacto negativo para la joven en todos los aspectos vitales de esta etapa de la vida. El diagnóstico suele ser tardío y, frecuentemente, asociado a un rechazo de la pareja y de su familia. A diferencia del embarazo no deseado, el EA deseado y planificado es bien aceptado por la pareja y su familia, repercutiendo en menor medida sobre la vida habitual, cuyo principal inconveniente es la dificultad para incorporarse al mercado laboral finalizada una maternidad, que obligó a interrumpir los estudios.

La importancia del EA radica en que no solo puede aumentar el riesgo de un resultado perinatal adverso y una mayor mortalidad materna, sino que también puede asociarse a un potencial impacto negativo en el futuro bienestar de la madre y del niño(3). Así, entre las madres adolescentes hay: más interrupción de los estudios, lo que condicionará una mayor dificultad para incorporarse posteriormente al mercado laboral; mayor limitación de recursos para ejercer la maternidad, lo que puede ocasionar mayor patología infantil; mayor aislamiento social; más pobreza; más depresión; y más estigma de ilegitimidad(1).

El EA se encuentra favorecido por factores sobreañadidos, como pueden ser: entorno familiar desestructurado, bajo nivel socioeconómico, malnutrición, hábitos tóxicos, rechazo familiar y/o social, etc. En muchas ocasiones, es fruto de una relación esporádica y/o inestable, que finaliza con la separación de la pareja, originando una maternidad en solitario y un hogar monoparental, con importantes dificultades de autonomía y conciliación entre vida laboral y familiar para estas madres, a la vez, que se prolonga la dependencia de sus propias familias y/o de los sistemas asistenciales para intentar garantizar su bienestar y el de sus hijos(5).

Para la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, SEGO(1), todo embarazo en una mujer menor de 16 años debe ser considerado de riesgo, ya que es principalmente a estas edades, cuando está descrita una mayor morbimortalidad perinatal e infantil. En mayores de 15 años, por el simple hecho de desarrollarse durante la adolescencia, la gestación no debería ser considerada de riesgo, pero factores anteriormente comentados, así como una datación tardía y unos controles antenatales esporádicos, hacen que este también sea clasificado de alto riesgo. Todo ello, junto con la problemática individual propia de la edad de la gestante, hacen que tanto las matronas como los obstetras, intenten establecer un muy buen acompañamiento de esta mujer durante toda su gestación(1), por lo que la correcta asistencia del EA, además de ser multidisciplinar, exige conocer, comprender y asumir el concepto de salud integral de la adolescente, y contemplar los aspectos biológicos, psicológicos y sociales de estas jóvenes mujeres(4).

Epidemiología

Las causas más relevantes de los EA son: las dificultades económicas, el bajo nivel de educación y de estudios, la falta de información, el patrón familiar, un limitado acceso a los métodos anticonceptivos y el contexto sociocultural.

En la mayor parte de los países europeos, la primera relación sexual se realiza a los 16 años y, en más de la mitad de las ocasiones, sin utilizar método contraceptivo, lo cual favorece la gestación; si bien, la incidencia anual está descendiendo en los países desarrollados, incluida España, gracias a medidas y programas educativos que se están desarrollando(1,4,5).

La incidencia / prevalencia del EA es un indicador epidemiológico en el análisis y evaluación de las dificultades sociales y económicas de un país y, por ello, lo relacionan en gran parte con los problemas y dificultades socioeconómicas del país de origen(4). A nivel mundial, entre 3 y 4 de cada 10 mujeres menores de 20 años se quedan embarazadas en, al menos, una ocasión, estimándose que cada año nacen 14-16 millones de niños procedentes de EA, lo que supone el 10-11% del total de nacimientos anuales(4,5).

Estas gestaciones y partos, a nivel global, ocasionan el 23% de la morbimortalidad materna, siendo la principal causa de mortalidad entre niñas de 15 a 19 años; si bien, el 90% de estas gestaciones y de estas muertes suceden en los países subdesarrollados. Además, implican un alto riesgo de abortos con escasas garantías de seguridad, siendo el aborto el resultado final más frecuente a nivel mundial entre las adolescentes embarazadas, sobre todo, entre las más jóvenes(6).

En España, la tasa de fecundidad en adolescentes baja de forma pronunciada desde los años ochenta, estabilizándose en la década de los noventa, registra un repunte a principios de este siglo, para luego volver a descender. El número de nacimientos de madres adolescentes crece entre 1996 (11.174) y 2008 (15.133), con un cambio de tendencia en los años siguientes, reduciéndose casi un 50% en 2017 (7.839) y, aún más, en el 2020 y 2021 (7.228 y 7.202). Esto significa que la ratio sobre el total de estos tipos de nacimientos ocurridos en España, pasa de 3,08% a 1,99% entre 1996 y 2017, subiendo al 2,12 y 2,13 en 2020 y 2021 (Tabla I).

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Observamos poca variación de la frecuencia de nacimientos de madres adolescentes entre 1996 y 2017; esto quiere decir que, en 1996, de cada 1.000 adolescentes residentes en España, 7,37 mujeres menores de 20 años se embarazaban y daban a luz; mientras que, en 2017, estos acontecimientos se daban en 7,15 adolescentes por cada 1.000 residentes en el país(5). La tendencia en estos últimos años, sin embargo, es manifiestamente decreciente, según indica el Instituto Nacional de Estadística (INE), en todas las edades de la adolescencia (Fig. 1); ahora bien, la tasa de fecundidad varía con la nacionalidad y lógicamente con la edad de la adolescente (Tabla II).

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Figura 1. Descenso progresivo de la tasa de fecundidad por edad de la adolescente (Instituto Nacional de Estadística - 2015-2020).

 

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Siendo los 16 años, la edad media de inicio de las relaciones sexuales en España, según la encuesta de la Sociedad Española de Contracepción (SEC) en 2018 (encuesta nacional), la concentración de madres adolescentes varía según la Comunidad Autónoma, de tal forma que las regiones con mayores índices de estudios superiores, de renta per cápita y de participación femenina en el mercado de trabajo entre su población, tienen una tasa de fecundidad adolescente hasta un 40% menor respecto a las menos dinámicas en términos socio-económicos(5).

Estas cifras son similares a las observadas en Canadá, pero considerablemente inferiores a las de Norteamérica en la que, en 2008, los EA representaron el 7% del total(7). En EE.UU., el EA llegó a representar a principios de este siglo, el 13% del total de gestaciones en mujeres norteamericanas, siendo la tasa de nacimientos entre 15 y 19 años, en el 2015, del 22,3‰ adolescentes, del 24,2‰ en 2014, y un 9% superior en 2013, cifras que explican el descenso progresivo de las EA en los últimos 15-18 años. Aun así, EE.UU. continua siendo el país desarrollado con mayor tasa de EA, aunque existen importantes diferencias en función de la raza, de la etnia, del nivel socioeconómico y del estatus educacional(7-9).

Entre el 60 y el 90% de los EA son “no deseados o no planificados”(5,10), siendo en la adolescencia, un acontecimiento prematuro e inoportuno que repercute, tanto en la salud de la madre como en la del feto, asociando consecuencias sociales, educativas y económicas, además de efectos en la salud mental(5,10).

Los fenómenos sociales que explican los riesgos de embarazos no deseados a los que se exponen las adolescentes españolas en las últimas décadas son: la importancia de la sexualidad para nuestros jóvenes, el creciente acceso a métodos anticonceptivos y el aumento de la actividad sexual desvinculada de la finalidad reproductiva, de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) en las menores de edad y de las violencias de género que se manifiestan con cada vez mayor frecuencia en los centros escolares(5).

Un dato importante es el porcentaje de EA que termina en IVE, el 30-35%, cifra que puede estar infravalorada, ya que algún año, el INE llegó a reflejar el 54,52%, siendo la tasa de IVE en la adolescencia de 12,5-13‰ y del 11-12‰ en la población general. En Castilla y León, en 2020, el IVE en adolescentes fue el 9,95% del total de IVEs, mientras que, en España, la tasa de abortos voluntarios entre los 15 y 19 años, pasa del 4,8 en 1996 (un total de 7.331) al 8,8 en 2017 (9.755 casos), con un máximo de 13,6 en 2007 (15.307). El problema continúa agravándose, porque hasta un 20% de adolescentes se vuelven a embarazar en este periodo, al persistir los mismos hábitos de riesgo y una ineficaz conducta anticonceptiva(5).

Se trata pues de un problema global, cuya importancia se debe a que, en su gran mayoría, son gestaciones no deseadas con importantes consecuencias personales, familiares, sociales y de salud, al asociar una alta tasa de complicaciones durante la gestación y el parto, siendo la segunda causa de mortalidad en este grupo de edad(7). Las parejas y las familias juegan un papel fundamental para el bienestar y la estabilidad emotiva de la madre adolescente. Las actitudes frente a un embarazo no previsto, las decisiones con respecto a su continuidad y las formas en que se lleva psicológica y prácticamente la maternidad, dependen, en gran medida, del entorno de las adolescentes.

Seguimiento del embarazo en la mujer adolescente

El diagnóstico y derivación precoz de la gestante adolescente desde Atención Primaria al equipo multidisciplinar de especialistas es fundamental para reducir, mediante controles antenatales frecuentes, la morbimortalidad materna y fetal.

Consentimiento y confidencialidad en pacientes adolescentes en España

Las adolescentes necesitan una consideración especial y una respuesta adecuada a su edad por parte de los profesionales, en cuanto a consentimiento y confidencialidad.

Existe una obligación ética y legal de respetar la intimidad en la práctica médica, en función de una especial confianza en la relación médico-paciente y a la ley de Autonomía del Paciente, que establece que toda persona tiene derecho a que se respete el carácter confidencial de los datos de salud, principio que también incluye a las adolescentes(11,12).

En España, según la ley, la edad para emanciparse y/o casarse son los 16 años y los 13 años para mantener relaciones sexuales consentidas; sin embargo, según el código penal, reformado en el 2015, se entiende que un/a joven posee uso pleno de razón, discernimiento y autonomía para decidir cuándo y con quién practicar sexo (consentimiento sexual) y/o casarse a partir de los 16 años(11).

La ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en materia de Información y Documentación Clínica(12), reconoce en los 16 años, la mayoría de edad sanitaria para consentir en las intervenciones, con algunas excepciones, incluida la IVE, y establece la necesidad de tener en cuenta la opinión de la menor entre los 12 y 16 años, aunque, en estos casos, obliga a solicitar el consentimiento al representante legal.

Establecer la autonomía y confidencialidad de la adolescente embarazada puede ser complicado, debido a la atención que precisa y al entorno que la rodea. El conocimiento del embarazo en una adolescente exige al personal sociosanitario que la atiende, considerar su capacidad intelectual y madurez psíquica para consentir la relación sexual generadora de la gestación, así como valorar la necesidad de informar a las autoridades si se sospechan violaciones de la legalidad vigente.

Es probable que surjan problemas de confidencialidad durante la prestación de cuidados a adolescentes muy jóvenes, incluso problemas de confidencialidad entre los miembros del equipo sanitario multidisciplinar y/o con diferentes miembros de la familia de la adolescente.

Cuidados antenatales

Es necesario el diagnóstico precoz y su control multidisciplinar, con un importante apoyo familiar y psicológico, para reducir los resultados adversos asociados a estas gestaciones.

La desinformación sobre las implicaciones de la gestación en edades precoces, el retraso en el inicio de la atención prenatal y un número reducido de visitas prenatales, ocasionan unos resultados adversos, tanto maternos como obstétricos y neonatales. El establecimiento de unos cuidados prenatales multidisciplinares precoces mejorará los resultados, al reducir las tasas de complicaciones perinatales(6). Es esencial una buena comunicación entre profesionales y adolescentes, carente de barreras comunicativas, que promueva una atención equitativa y adaptada a las necesidades de salud y bienestar de la joven(1).

Es muy importante que en la primera asistencia, tanto el pediatra como el médico de Atención Primaria (AP) o el mismo ginecólogo, hablen abiertamente con la joven gestante sobre la necesidad de tomar una decisión acerca de continuar la gestación para formar una familia con el padre o monoparental, cederlo en adopción una vez que nazca o interrumpir la gestación(7). Tomada la decisión de continuar con el embarazo, su seguimiento debe ser multidisciplinar, con un importante asesoramiento psicológico, tan importante como el control médico, atendiendo a las necesidades de cada adolescente y valorando, de manera individualizada, sus propios factores de riesgo. Es lo que se considera el “gold standard” en el manejo de los innumerables problemas que se presentan en las gestantes adolescentes(6).

El grado de educación es probablemente el factor más importante en términos de riesgo reproductivo y riesgo perinatal, mucho más que: la propia edad, el control perinatal y el estado nutricional de la adolescente(1). El diagnóstico precoz y la derivación inmediata a los servicios de salud para una atención multidisciplinar especializada de la joven madre, ayudan mucho a reducir los riesgos perinatales(7).

Un aspecto a tener muy presente a la hora de realizar un diagnóstico precoz de la gestación, generalmente en el ámbito de la AP, es conocer cuáles son los síntomas propios del inicio del embarazo y que la presencia de amenorrea o de ciclos irregulares, síntomas frecuentes en estas edades, obligan a descartar una gestación. Por ello, en AP (pediatra, médico de familia y/o matrona), deben indicar la realización de un test de embarazo en orina o una beta-hCG en sangre e incluso repetirlo en unos días, si el resultado fue negativo y la menstruación no acaba de presentarse.

También es necesario tener presente que, en muchas ocasiones, la adolescente está obviando el detalle de un retraso menstrual, por lo que es necesario preguntarle cuándo fue su última regla y, por supuesto, si mantiene o ha mantenido relaciones sexuales recientemente, cómo las protege y si son con diferentes parejas. Cuando es la propia adolescente quien solicita la prueba de embarazo, lo hace por convicción o sospecha de haber estado expuesta a la posibilidad de un embarazo, lo que requiere la debida atención por parte del personal sanitario que, incluso ante la negatividad de la prueba, debe analizar las circunstancias familiares y sociales de la adolescente, para promover una intervención profiláctica que puede precisar también de otros profesionales como: educadores, trabajadores sociales, psicólogos, etc.(1).

Desde Atención Primaria, es importante que, diagnosticada la gestación y a la vez que se deriva a la gestante a la matrona o al ginecólogo para el seguimiento del embarazo, al tratarse de personas que están en fase de desarrollo y crecimiento, se promocione un estilo de vida saludable, se insista en un estricto control de los requerimientos nutricionales y en una alimentación que sea rica en proteínas, suplementada con vitaminas y micronutrientes como: ácido fólico, yodo, calcio e hierro. También, en esta primera visita, se debe explicar a la gestante cuál es su peso ideal y la ganancia ponderal deseable durante la gestación.

Entre las líneas estratégicas de los cuidados antenatales están, además del asesoramiento sobre hábitos saludables contrarios al consumo de tabaco, alcohol y drogas durante el embarazo y estimuladores del ejercicio físico, los programas de nutrición prenatal, de salud sexual y prácticas sexuales durante la gestación y de diagnóstico precoz de las ETS más prevalentes, todo ello dirigido a reducir la incidencia de patologías asociadas a la gestación y los costes asociados a la prematuridad y al bajo peso al nacer(6,7).

Las gestantes adolescentes tienen tasas de consumo de tabaco, alcohol y drogas mucho más altas que el resto de las gestantes, incluso a pesar de que muchas de ellas cesaron el consumo una vez conocido el estado de gestación(6,15). También, en este grupo de gestantes, es mucho más frecuente la violencia de pareja, la cual acarrea un mayor riesgo de resultados perinatales adversos como: bajo peso, parto pretérmino, muerte fetal y depresión materna postparto(6). Esta mayor frecuencia de complicaciones perinatales establece la recomendación de realizar controles rutinarios repetidos durante el embarazo de las adolescentes, además de estudios de cribado sobre el consumo de alcohol, tabaco y drogas, y sobre violencia durante el embarazo, siempre que existan indicios que sugieran estos hábitos o circunstancias.

Control de la gestación en la mujer adolescente

En un embarazo correctamente controlado por equipos multidisciplinares, los riesgos y las complicaciones asociadas a la gestación no se ven incrementados respecto a los habituales de cualquier gestación y su control debe seguir el protocolo de la SEGO con algunos matices(13).

El embarazo es un estado fisiológico de la mujer que dejado a su evolución espontánea, en la mayoría de los casos, no supondrá problema de salud alguno, tanto para la madre como para el feto, pero que precisa de un seguimiento adecuado, con el fin de controlar las posibles alteraciones que pudieran aparecer, para así intentar prevenirlas o diagnosticarlas precozmente(13).

Las gestantes adolescentes tienen unos niveles de asistencia prenatal y un número de visitas durante el primer trimestre muy inferiores a las recomendadas para cualquier gestante adulta(6,13). Los motivos de estas carencias van desde el desconocimiento de la importancia de estos cuidados precoces al también desconocimiento de las consecuencias que acarrean, pasando por: el deseo de ocultar el embarazo, una historia de violencia de género, dudas sobre interrumpir la gestación, motivos económicos, etc.

Cualquier profesional, en especial, los ginecólogos y las comadronas que intervenga en el control de la gestación de las adolescentes, debe de estar formado y habituado a tratar con estas jóvenes, que no son simplemente embarazadas, y para ello los servicios de salud deben contar con un profesional referente, evitando cambios innecesarios. Es indispensable establecer empatía con la gestante, a la vez, que tener aptitudes de tacto, respeto, discreción y tolerancia, y saber transigir con olvidos, retrasos e incumplimientos que se presentarán(1).

La primera visita o visita de captación debe ser realizada en las primeras 12 semanas de gestación, idealmente antes de la semana 10, y en los casos de embarazo no deseado cuanto antes mejor, para así poder tomar decisiones sobre la continuidad o no de la gestación con la menor repercusión posible, tanto a nivel ginecológico como psicológico(1,13). En esta primera visita, hay que realizar una minuciosa historia clínica, que permita evaluar: la situación de la adolescente, su grado de madurez y la identificación de posibles factores de riesgo. Hay que considerar el nivel social y educativo, junto a las expectativas vitales, la autoestima y los recursos económicos. En ocasiones, esta primera visita ha de ser continuada con otra posterior, que permita enfatizar en todos aquellos aspectos que se consideren incompletos(1).

Desde el momento del diagnóstico del embarazo o en la primera visita, el profesional sanitario debe acompañar a la joven en la toma de decisiones sobre la resolución de la gestación, sin decidir por ella, sin juzgarla y sin influirla, siendo muy recomendable que, desde el primer momento, se proponga una valoración y un asesoramiento psicológico y social de la gestante.

El personal sanitario estará atento para poder detectar presiones en uno u otro sentido en la toma de la decisión final de la adolescente (riesgo de ser víctimas de sexo forzado mediante insistencias, amenazas, coacción o engaños); ya que, si las presiones o influencias familiares van dirigidas en el sentido contrario al deseo de la adolescente, siempre acarrearán conflictos intrafamiliares y trastornos psicológicos a la joven en forma de sentimientos de culpabilidad(3).

Las adolescentes embarazadas, una vez que acuden a los servicios de salud, deben ser asesoradas de manera objetiva, valorando los pros y contras de las diferentes opciones que puede tomar con su embarazo, sin tener ninguna consideración específica con su edad, comenzando por la posibilidad de continuar con él, para alcanzar el estatus de madre o, en caso contrario, entregarlo en adopción, así como también sobre la posibilidad de interrumpirlo. Este proceso de decisión no es sencillo, está plagado de dudas y conviene que sea apoyado por un periodo de reflexión(4).

La adopción habitualmente se decide en casos de diagnóstico tardío de la gestación, por ocultamiento de este por parte de la adolescente y superados los límites legales para la IVE. En escasas ocasiones, la decisión de entregar al hijo en adopción se debe a razones personales o a las presiones del entorno familiar, pero sea por un motivo o por otro, en el caso de entregar al hijo en adopción, exige que durante el tiempo de gravidez se cree el soporte psicológico necesario para contrarrestar alteraciones conductuales y mentales, así como facilitar que la madre pueda acceder a los recursos sociales y legales oportunos(1).

En España, contamos con la ley 3/2010 sobre salud sexual y reproductiva y de la IVE(14), que regula la posibilidad de abortar dentro del marco legal en las primeras 14 semanas, a petición de la embarazada, siempre que se le haya informado de los derechos, prestaciones y ayudas públicas de soporte a la maternidad y haya contado con un plazo de, al menos, tres días de reflexión. Hasta la fecha, en esta ley se indica que, en el caso de menores de 16 años, se requiere para la IVE la autorización de los padres o tutores y, entre los 16 y 17 años, la decisión le corresponde a la gestante, hasta la fecha se exige que los padres estén informados de la decisión, requisito que podría desaparecer en la nueva Ley Orgánica. En España, la tasa de IVE en chicas de 15-19 años pasa de 4,8 en 1996 (un total de 7.331) a 8,8 en 2017 (9.755 casos), tras haber alcanzado el máximo de 13,6 en 2007 (15.307 casos)(5).

En los casos en los que la decisión sea continuar con embarazo y la adolescente se plantee aceptar a su hijo como tal, es preciso que se aborde con ella lo que esto supone en cuanto a: cuidados del embarazo y del futuro bebé, tiempo de dedicación, educación, cambios de vida futura, etc.(4).

Identificados los factores de riesgo en la primera visita gestacional, se propondrá el mismo protocolo de visitas especializadas que en cualquier otro embarazo normal, adaptando estas a las recomendaciones sobre control prenatal de la SEGO(13). Se tendrán en cuenta las características propias de estas jóvenes y en dicho protocolo están incluidas: la administración de inmunoglobulina anti-D en mujeres con factor Rh negativo, la vacunación de la madre frente a la tosferina entorno a la semana 28-32 y la profilaxis antibiótica intraparto frente al estreptococo beta-agalactiae previa toma vagino-rectal para cultivo(1,13).

Las mujeres entre 15 y 24 años presentan las mayores tasas de enfermedades de transmisión sexual (ETS), no solo HIV, HBsAg y sífilis, sino también de infecciones por: clamidia, gonococia y VHC, y de su reinfección en el primer año postratamiento, como consecuencia de prácticas sexuales sin protección con múltiples parejas, favorecido además por servicios sanitarios deficitarios en estos aspectos a los que acudir o por una importante ausencia de información sobre ello y, por lo tanto, falta de asistencia a los mismos(3).

El cribado rutinario de las ETS en adolescentes asintomáticas no está indicado, pero sí lo está en casos de factores de riesgo, como vida sexual activa o la propia gestación en esta etapa de la vida(17,18), por ello es muy importante en esta población gestante de riesgo, realizar en la primera visita prenatal, y en la del tercer trimestre, un cribado de ETS, así como ante cualquier queja sugerente de leucorrea o insinuación de tener una nueva pareja(7). El cribado es coincidente con el establecido en el control gestacional habitual, que incluye a: rubeola, sífilis, HBsAg y VIH(13). En los casos de EA procedentes de países con elevada incidencia de enfermedad de Chagas y de Zika, deben realizarse los cribados correspondientes(13), así como tener conocimiento de las gestantes extranjeras acerca de las vacunas que han recibido en su país de origen.

El aumento del consumo de alcohol y drogas puede favorecer la aparición de malformaciones en el feto, lo que asociado a posibles alteraciones en el crecimiento fetal, hacen que, en estos embarazos, el control ecográfico morfológico y del crecimiento fetal deba incrementarse sobre las tres ecografías básicas propuestas en las guías de asistencia al embarazo normal(13), por lo que realizar controles ecográficos en las semanas 16 y 28 tienen su justificación clínica en estos casos.

El parto debe ser afrontado de manera similar a cualquier otro parto en mujeres no adolescentes, sin que la edad constituya un factor determinante que incremente la tasa de partos intervenidos ni de cesáreas, incluso algunos estudios indican que en la mujer adolescente, tanto la tasa de fórceps como de ventosas y de cesáreas, es inferior a la obtenida en mujeres de 20 a 24 años(16).

Finalizado el parto, la adolescente permanecerá ingresada durante 36-48 h para vigilar la evolución materna y neonatal. Se realizará control hematológico, valoración de la involución uterina y de las cicatrices/suturas si se practicó episiotomía o cesárea, se promoverá la lactancia materna y se realizará la “prueba del talón” para cribado de metabolopatías en el neonato.

El control posparto exige una coordinación con el personal sanitario de AP, así se apoyará en las matronas, médicos de familia y pediatras, programando con las primeras, al menos, dos visitas puerperales, una domiciliaria lo más cerca posible al alta hospitalaria y otra en la 6ª semana del posparto. Si la adolescente no acude a estas visitas, es necesario intentar recuperarla con la ayuda de los asistentes sociales(1).

Complicaciones del embarazo en la adolescencia

Muchos de los riesgos asociados a la gestación en madres adolescentes son prevenibles mediante: diagnóstico precoz del embarazo y su derivación para cuidados perinatales precoces y multidisciplinares, nutrición adecuada, supresión del consumo de tóxicos y cribado de ETS.

Muchas son las complicaciones asociadas a la gestación en madres adolescentes, destacando: preeclampsia, parto prematuro, bajo peso al nacer y retraso de crecimiento intrauterino (RCIU), así como un incremento en la tasa de muertes fetales intraútero, abortos y muerte intraparto. Los peores resultados perinatales se observan cuando la gestación se produce en los dos primeros años después de la menarquia y la incidencia de estos se multiplica por 4 en madres de 13 a 15 años, y se duplica en madres de 15 a 19 años respecto a la incidencia observada en madres mayores de 19 años; en todos los casos, se relacionan las complicaciones con el retraso de los cuidados perinatales(7). Por sí sola, la edad materna de 16 años o inferior, debe de ser considerada como una potencial causa de riesgo perinatal y muerte neonatal, que exige a los profesionales sanitarios incrementar los cuidados y vigilancia de estas madres(16,19).

La juventud es un factor de riesgo independiente de otros factores sociodemográficos de confusión para producir resultados perinatales adversos, su asociación es muy intensa(16,19,20). La adolescente embarazada es más susceptible de padecer complicaciones médicas, tanto en ella como en el feto, principalmente cuanto más se acerque la gestación a la edad de la menarquia, ya que estas madres están en fase de crecimiento, compitiendo por los nutrientes con su propio hijo(1).

La inmadurez tisular y un desarrollo óseo no finalizado de la pelvis, favorecen: malposiciones fetales, distocias de hombros, asfixia intraparto e incluso muerte intraparto, lo cual se asocia a mayor tasa de cesáreas y de partos instrumentales; por otro lado, la estrechez del canal blando del parto facilita los desgarros y lesiones traumáticas del mismo(7,8).

La anemia (Hb ≤ 10,5 g/dl) es muy frecuente en estas gestantes, supera el 50% de ellas, esta y los bajos depósitos de hierro y niveles de ferritina se deben a déficits nutricionales, así como a los trastornos del ciclo menstrual previos a la gestación, por lo que se recomienda en estas gestantes, una suplementación con vitaminas e hierro para reducir las tasas de anemia y con ello el bajo peso al nacer(6,7,21).

Entre un EA controlado y uno no controlado se advierten diferencias importantes, para los trastornos hipertensivos del embarazo, algunos estudios indican diferencias entre el 3-5% vs 17-35%(1), no observando otros estudios diferencias cuando se ajusta por variables como la paridad(6). Al comparar la amenaza de parto prematuro en gestantes adolescentes con gestación controlada vs no controlada, las diferencias se encuentran entre el 10-12% vs 22-42% y, para los casos con retraso del crecimiento intrauterino, se duplican cuando el EA no es controlado(1,22). La prematuridad es la complicación que se describe más frecuente en las gestantes adolescentes.

Las malformaciones fetales constituyen una de las complicaciones más frecuentes e importantes de estas gestaciones; si bien, hay datos contradictorios sobre su frecuencia en comparación con las presentes en otras edades maternas. Estas afectan, sobre todo, al SNC, sistema urinario y a la cara, y para algunas guías está justificado realizar una doble ecografía morfológica a las 16 y 20 semanas(6).

La depresión es frecuente entre las adolescentes gestantes al igual que: estrés, ansiedad y cierta sensación de sentirse socialmente estigmatizadas por el embarazo; hasta el 50% de ellas desarrollarán depresión postparto de intensidad moderada o severa. El conocimiento de esta posibilidad obliga a los sanitarios a cribar estas patologías en cada visita perinatal(7).

En términos generales, las gestaciones en madres adolescentes tienen mayores tasas de incidencia de parto prematuro y extremadamente prematuro, bajo y muy bajo peso, RCIU y muerte perinatal.

Prevención del embarazo en la adolescencia

La prevención del embarazo no deseado debe implicar a los gobiernos y a la sociedad en su conjunto, además de a la escuela, la familia, el personal sanitario y, por supuesto, la pareja.

La prevención primaria, cuyo objetivo es evitar el embarazo no deseado en mujeres adolescentes, requiere medidas como promover el desarrollo personal y de habilidades, tanto en el ámbito familiar como en el escolar, facilitar una adecuada educación sexual, así como el asesoramiento sobre métodos anticonceptivos o incluso garantizar su acceso gratuito, medidas que son el pilar fundamental para evitar los embarazos no deseados(13,23). La prevención primaria del EA debe centrarse en la formación y la educación sanitaria sobre temas sexuales y de contracepción, de manera coordinada con la familia, la escuela y los medios de comunicación/redes sociales.

La base para la prevención del embarazo no deseado en la adolescencia será una correcta educación afectiva y sexual, estando ello muy condicionado por la sociedad y cultura en la que la joven crezca, en nuestro medio intervienen: familia, escuela, amigos, medios de comunicación, administración y profesionales sanitarios(4). La familia debe ser el principal lugar de formación y de influencia de hábitos saludables de la adolescente, ello reforzado a nivel escolar, como centro de la educación/formación en materia de sexualidad y reproducción responsable, para alcanzar unas adecuadas expectativas de futuro.

El EA no planificado supone un gran coste para la salud pública; la falta de información, el contexto sociocultural y familiar, así como la accesibilidad a los métodos anticonceptivos, son algunas de las causas por las que se suceden los embarazos no deseados. Una de las mejores formas de prevenir el embarazo precoz y mejorar los resultados reproductivos es, además de informar e impartir una educación paulatina, tanto en la familia como a nivel escolar, proporcionar una anticoncepción adecuada a los adolescentes(23).

Aunque el uso del preservativo ahora sea mucho más extendido entre la juventud española (con una media del 74,4% en 2010, según el Informe de Juventud en España 2012) hasta 2004, el 17% de los chicos y el 10% de las chicas de 15-24 años empleaban el coitus interruptus como medida de anticoncepción, y un 6% declaraba haber acudido algunas veces a la “píldora del día después” como recurso de emergencia(5). El uso de algún tipo de protección en la primera relación sexual ha aumentado en las menores de 20 años, según la Encuesta de Anticoncepción SEC 2018, el 97,3% de las jóvenes que pertenecen a este grupo de edad ha utilizado algún tipo de anticoncepción(5).

Entre los elementos que influyen en la ocurrencia de estos embarazos y de las ETS para los adolescentes en España, destacan: la escasa presencia en el territorio nacional de unos servicios sanitarios especializados, donde los menores puedan acudir sin sus padres, la carencia de valores éticos y morales de referencia en cuanto a una educación afectivo-sexual integral basada en el respeto, la influencia excesiva de unos medios de comunicación que promueven modelos desiguales de relaciones de género y el insuficiente control por parte de los adultos(24).

Las actuaciones que deberá emprender la Administración irán encaminadas a facilitar el acceso a la información y a los métodos anticonceptivos, y tratar de que estos sean gratuitos para este grupo de edad. La información sobre los métodos anticonceptivos debe ser generalizada y dirigida a que los adolescentes los utilicen de una manera segura y eficaz, ya que están en la etapa de mayor fertilidad(4). Los métodos hormonales aseguran una eficacia altísima, pero debemos aconsejar el “doble método” para así proteger frente al embarazo y también frente a las ETS, incluido el VIH, ya que el preservativo es considerado el método que más protege frente a estas últimas, pero esta forma de protegerse exige una motivación muy elevada(4). Además, también deben estar perfectamente informados sobre la anticoncepción de urgencia, método que no debe ser considerado el ideal, sino solamente ante el uso incorrecto del método habitual(4).

Los anticonceptivos reversibles de acción prolongada (LARC), denominación que incluye los dispositivos intrauterinos (DIU) y los implantes subdérmicos, son métodos muy seguros que ofrecen una protección anticonceptiva a largo plazo altamente eficaz y con escasas contraindicaciones. Su uso no está extendido, por lo que se debe suministrar una mayor información sobre ellos, de manera que los adolescentes conozcan y cambien la actitud hacia los mismos(8,25). Son muy efectivos en estas edades para prevenir un segundo embarazo, reduciendo la repetición de abortos y/o de partos(8,25).

Después de haber tenido un parto o un aborto, la mayoría de estas madres jóvenes manifiestan su deseo de evitar una nueva gestación; sin embargo, muchas cambian rápidamente de opinión y dejan el método anticonceptivo o las prácticas sexuales seguras, y al ser mujeres con una elevada tasa de fecundabilidad, hasta el 90% de las que lo buscan se quedan de nuevo embarazadas, llegando a producirse una segunda gestación en el 20% de la población adolescente que se embaraza(1).

Funciones del pediatra de Atención Primaria

El acompañamiento y ayuda profesional en Atención Primaria (AP), incluido el pediatra, durante la adolescencia, implica potenciar las capacidades y aptitudes de las adolescentes, promoviendo una adecuada gestión de los hábitos de riesgo, incluido el deseo sexual y sus conductas, facilitando la prevención de las gestaciones y de las ETS.

Los pediatras y demás profesionales de Atención Primaria, deben tener siempre presente la posibilidad de una gestación en mujeres adolescentes; por ello, la presencia de amenorrea o de ciclos irregulares, síntomas frecuentes en estas edades, exigen la realización de un test de embarazo en orina o en sangre. El diagnóstico y derivación precoz de la gestante adolescente al equipo multidisciplinar de especialistas es fundamental para reducir, mediante controles antenatales precoces y frecuentes, la mayor morbimortalidad materna y fetal asociada a estas gestaciones.

El conocimiento del estado de gravidez de una adolescente exige al personal sanitario que la atiende: considerar su capacidad intelectual y madurez psíquica para consentir la relación sexual generadora del embarazo, así como valorar la necesidad de informar a las autoridades si sospechan violaciones de la legalidad vigente.

Es muy importante que en esta primera consulta realizada en AP, tanto el pediatra como el médico de familia, hablen abiertamente con la joven gestante sobre la necesidad de tomar una decisión acerca de continuar la gestación para: formar una familia con el padre o monoparental, cederlo en adopción una vez que nazca o interrumpir la gestación, precisando de un periodo de reflexión antes de una determinación definitiva que transmitirá, tanto a ellos como al ginecólogo.

Diagnosticada la gestación, remitida la gestante al ginecólogo y hasta ser atendida por este, la adolescente debe estar asesorada sobre el peso ideal y la ganancia ponderal deseable durante la gestación, para lo que deberá seguir un estricto control nutricional y una alimentación rica en proteínas, suplementada con vitaminas y micronutrientes como: ácido fólico, yodo, calcio e hierro. También en esta primera visita, se indicará a la gestante que siga las recomendaciones sobre hábitos saludables que potencien el ejercicio y contrarias al consumo de tabaco, alcohol y drogas, apoyo educacional, salud sexual y prácticas sexuales durante la gestación, y diagnóstico precoz de ETS. Todo ello se traducirá en una importante reducción tanto de la incidencia de determinadas patologías asociadas a la gestación, como de los costes que se asocian a la prematuridad y bajo peso al nacer.

Conclusiones

Aunque la tendencia en España es a ir disminuyendo la incidencia de embarazos en madres adolescentes, estos constituyen, por su característica de no ser deseados, un problema personal, familiar y social muy importante que exige medidas preventivas basadas en programas de educación sexual y de métodos de anticoncepción. Para reducir la morbimortalidad perinatal, el diagnóstico debe ser lo más precoz posible, con un control multidisciplinario y adaptado a la idiosincrasia de estas pacientes, pero siempre basado en el proceso de control del embarazo normal de cualquier gestante.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. ProSego. Embarazo en la Adolescencia. Madrid: SEGO 2013. Disponible en: https://www.sego.es/gapSEGO/Guias_de_Asistencia_Practica#perinatal.

2. Organización Mundial de la Salud. OMS. Salud de la madre, el recién nacido, del niño y del adolescente. Desarrollo en la adolescencia (Internet). Consultado el 27 enero de 2022. Disponible en: https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/.

3.* López Sánchez F. Adolescencia y embarazo. En: Troyano Luque JM; Guía de manejo de la patología perinatal; 2015. p. 1-10. ISBN: 978-84-606-7426-9.

4.** Ros i Rahola R. Embarazo en la adolescencia. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 153-63. ISBN: 978-84-695-7249-8.

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11.** Ros i Rahola R. Aspectos ético-legales de la atención ginecológica a la adolescente. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 185-94. ISBN: 978-84-695-7249-8.

12. Ley 41/2002, básica reguladora de la Autonomía el Paciente y de Derechos y Obligaciones en materia de Información y Documentación Clínica.

13.** Guía de asistencia práctica. Control del embarazo normal. 2017. Disponible en: https://gapssp.es/.

14. Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. «BOE» núm. 55, de 4 de marzo de 2010. Referencia: BOE-A-2010-3514.

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18.** Screening for chlamydia and gonorrhea US Preventive Service Task Force setember. 2021.

19. Marvin-Dowle K, Soltani H. A comparision of neonatal outcomes between adolescent and adult mother in developed countries: asystematic review and meta-analysis. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2020; 6: 100109. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.eurox.2020.100109.

20. Fraser AM, Brocket JE, Ward RH. Association of Young maternal age with adverse reproductive outcomes. N Eng J Med. 1995; 332: 1113-7.

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22. Quinlivan JA, Evans SF. Teenage antenatal clinics may reduce the rate of preterm birth: a prospective study. BJOG. 2004; 111: 57-8.

23.* World Health Organization (WHO). WHO guideline on preventing early pregnancy and for reproductive outcome among adolescents in developing countries. Geneve: WHO. 2011.

24. Lailla J. La sexualidad en el adolescente en España comparada con otros estados europeos. En: García-Tornel S, Miret P, Cabré A, Flaquer L, Berg-Kelly K, Roca G, et al. (coords.). El adolescente y su entorno en el siglo XXI. Instantánea de una década. Esplugues de Llobregat: Observatorio de salud de la infancia y la adolescencia. 2011. p. 121-36.

25. Baldwin MK, Edelman AB. The effect of long acting reversible contracepción on rapid repeat pregnancy in a dolescents: a review. J Adolesc Health. 2013: 52: S47-53.

Bibliografía recomendada

– Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. ProSego. Embarazo en la Adolescencia. Madrid: SEGO 2013. Disponible en: https://www.sego.es/gapSEGO/Guias_de_Asistencia_Practica#perinatal.

Guía sobre el control de la gestación en la adolescente, elaborada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, que explica: la situación epidemiológica, el procedimiento de control y las complicaciones de estas gestaciones, con un enfoque centrado en las mujeres jóvenes.

– Guía de asistencia práctica. Control del embarazo normal. 2017. Disponible en: https://gapssp.es/.

Excelente guía de control de la gestación normal, elaborada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, que detalla todo lo necesario para realizar un adecuado control de la mujer gestante y del feto.

– López Sánchez F. Adolescencia y embarazo. En: Troyano Luque JM; Guía de manejo de la patología perinatal; 2015. p. 1-10. ISBN: 978-84-606-7426-9.

Capítulo de libro que describe, a modo de revisión, los diferentes aspectos médicos y sociales que concurren en las gestaciones de las adolescentes.

– Fleming N, O’Driscoll T, Becker G, Spitzer RF. SOGC Canadian Paediatric and Adolescet Gynaecology and Obstetricians (CANPAGO) Committee. Adolescent Pregnancy Guidelines. SOGC Clinical Practice Guideline nº 327, 2015. J Obstet Gynecol Can. 2015; 37: 740-56.

Guía clínica de la Sociedad Canadiense de Ginecología y Obstetricia, que indica la forma de enfocar en este país, el manejo del embarazo en las adolescentes y su prevención.

– Lefwich HK, Ortega-Alves MV. Adolescent pregnancy. Pediatr Clin N Am. 2017; 64: 381-8.

Interesante artículo de revisión, que describe en profundidad todos los aspectos a tener en cuenta en relación al embarazo en la mujer adolescente.

– Adolescent pregnancy, contraception, and sexual activity. Committee Opinion 699. American College of Obstetricians and Gynecologists. Obstet Gynecol. 2017; 129: e142-9.

Guía clínica del Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia, que indica la forma de enfocar el embarazo en las adolescentes en EE.UU., en la que se hace especial referencia a los programas preventivos, tanto escolares como sanitarios, así como a la prevención con métodos contraceptivos.

– Ros i Rahola R. Aspectos ético-legales de la atención ginecológica a la adolescente. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 185-94. ISBN: 978-84-695-7249-8.

Artículo que revisa las consideraciones legales que hay que conocer al tratar determinados aspectos médicos con las adolescentes.

 

Caso clínico

 

Mujer de 16 años y 8 meses, conocida tanto ella como su familia, como usuaria de los servicios de Atención Primaria del Centro de Salud del área sanitaria. Acude a consulta con su pediatra habitual, por presentar desde hace 20 días malestar digestivo asociado a náuseas frecuentes y vómitos ocasionales no precedidos de eructos, que han ido aumentando en frecuencia durante los últimos días, esporádicamente con algún hilo de sangre y que le impiden ingerir alimentos principalmente en el desayuno, que es el que principalmente suele vomitar.

Al ser preguntada, indica que simultáneamente asocia deposiciones blandas con algún episodio diarreico, no refiere molestias urinarias ni dificultades para la deglución, así como tampoco tuvo fiebre, pero refleja que la temperatura algunos días que se la tomo en este mes fue de 37,1ºC ± 0,3ºC.

Antecedentes familiares

Madre, reponedora en un supermercado, 20 años mayor que la adolescente, presenta asma extrínseca y alergia a ácaros. Padre con trastorno obsesivo-compulsivo y depresión en seguimiento, que requirió un ingreso en psiquiatría durante el seguimiento del paciente. Hermano de 18 años con alergia al huevo. La madre refiere que pasa muchas horas fuera de casa por trabajo y los niños están con su padre que está de baja laboral y cursando una reagudización importante de su patología.

Antecedentes personales

La historia clínica de la paciente refleja que se trata de una joven de clase media, escolarizada, con resultados normales y escasas faltas asistenciales, todas ellas justificadas. No realiza ejercicio físico y refiere una dieta variada, pero con abundante consumo de grasas poliinsaturadas y azúcares refinados. El IMC es de 32 kg/m2. No fuma y no refiere consumo de drogas, pero sí de alcohol los fines de semana sin llegar a emborracharse.

La paciente tuvo reflujo gastroesofágico del lactante e intolerancia a la lactosa que remitió al año. Sin otras enfermedades importantes a destacar. Amigdalectomizada a los 5 años y apendicectomizada a los 12. Tiene realizado correctamente el calendario vacunal, incluida la vacuna frente al HPV y no refiere alergias medicamentosas conocidas.

La telarquia la tuvo a los 10,5 años y la menarquia sucedió a los 12 años y, desde entonces, tras un periodo de 8 meses de amenorrea a los 3-4 meses de la menarquia, refiere tener reglas muy irregulares cada 60-90 días con sangrado de 5 días de duración y en cantidad intensa en los primeros 3 días, aunque esta es precedida por dos días de manchado oscuro.

Indica que comenzó a mantener relaciones sexuales hace 6 meses, esporádicas y con tres parejas distintas en este tiempo, relaciones sin protección, ya que con la irregularidad de los ciclos no tiene ovulaciones y que con la vacuna se encuentra protegida frente al virus del papiloma humano. Refiere haber tenido la última menstruación hace 9 semanas y que la espera de nuevo para estos días, ya que nota cierto malestar en el hipogastrio y manchado vaginal oscuro escaso en estos dos últimos días, síntoma y signos similares a los presentados en otras ocasiones antes de tener la regla.

A la exploración, presenta unas constantes normales en cuanto a frecuencia cardiaca y tensión arterial, si bien, desde la última visita al pediatra, hace 4 meses, ha perdido 3 kg y el IMC actual es de 31 kg/m2. No se encuentra foco infeccioso ni en boca ni en oídos, la puño-percusión renal bilateral resulta negativa y a la palpación abdominal no se evidencia dolor, pero sí una ligera defensa a nivel del hipogastrio, el Blumberg es claramente negativo.

El desarrollo madurativo es adecuado para su edad, estando en un estadio IV de Tanner, S4 y P4.

 

 

tabla

 

Anticoncepción en la adolescencia

M.J. Rodríguez Jiménez
Temas de FC


M.J. Rodríguez Jiménez

F.E.A. Ginecología y Obstetricia Hospital Universitario Infanta Sofía. San Sebastián de los Reyes. Madrid

Resumen

Hablar de anticoncepción en la adolescencia implica reconocer que, a pesar de los múltiples esfuerzos realizados desde instituciones sanitarias, educativas y familiares, no se ha conseguido generalizar el uso correcto de los métodos anticonceptivos y tanto el embarazo no deseado como las infecciones de transmisión sexual siguen siendo un importante problema.
Todos los métodos anticonceptivos pueden ser utilizados y son seguros para los adolescentes y la edad no es contraindicación para ninguno de ellos, excepto los métodos definitivos. El proceso de elección de un método ha de ser voluntario y no condicionado por las preferencias del profesional, por factores de presión de padres y madres o del grupo de iguales. Hay que asesorarles sobre riesgos y beneficios, y promover que sean ellos y ellas quienes decidan.
Entre los adolescentes, hay una peor cumplimentación y una menor adherencia a los métodos anticonceptivos. Por ello, es importante que se respeten las preferencias del joven, se explique de forma sencilla la utilización del método y se elaboren estrategias para favorecer la continuidad de uso.

 

Abstract

Speaking of contraception in adolescence implies acknowledging that despite the multiple efforts made by health, educational and family institutions, the correct use of contraceptive methods has not been generalized and both unwanted pregnancy and sexually transmitted infections continue to be a major problem.
All contraceptive methods can be used and are safe for adolescents and age is not a contraindication for any of them, except definitive methods. The choice of a method must be voluntary and not conditioned by the preferences of the professional, by factors of pressure from fathers and mothers or from the peer group. They must be advised on the risks and benefits and encouraged to be themselves the ones who make the decision.
Among adolescents, there is worse compliance and less adherence to contraceptive methods. For this reason, it is important that the preferences of the young person are respected, the use of the method is explained in a simple way, and strategies are developed to favor continuity of use.

 

Palabras clave: Asesoramiento anticonceptivo; Métodos anticonceptivos; Sexualidad.

Key words: Contraceptive counseling; Contraceptive methods; Sexuality.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 280 – 288

 


OBJETIVOS

• Conocer la realidad de la sexualidad y anticoncepción en nuestro medio.

• Destacar la importancia del asesoramiento anticonceptivo en la adolescencia.

• Repasar los métodos anticonceptivos con sus ventajas e inconvenientes en adolescentes.

• Informar de la situación legal vigente y actuación recomendada.

 

Anticoncepción en la adolescencia

Introducción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la salud reproductiva de la persona conlleva su derecho para disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, así como la capacidad y libertad para decidir procrear, y cuándo y con qué frecuencia hacerlo(1).

Las intervenciones en el ámbito de la anticoncepción en la adolescencia, se deben caracterizar por mantener la privacidad y confidencialidad de la persona y presentar la información con claridad y sin coacciones, fomentando la toma de decisiones con la información suficiente. Los adolescentes necesitan saber sobre sexualidad, métodos anticonceptivos y prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS) de forma adecuada a sus conocimientos y su madurez, para poder vivir su sexualidad con plenitud y sin riesgos para su salud.

Como en otras etapas de la vida, en la adolescencia, el método anticonceptivo que se utilice debe ser seguro y eficaz, y sabemos que la efectividad de un método, es decir, su eficacia durante el uso, depende de la adherencia al mismo y de su continuidad. Los adolescentes tienen un peor cumplimiento de los métodos anticonceptivos y, por tanto, un mayor riesgo de embarazo no deseado y de contagio de una ITS.

Realidad de la sexualidad y anticoncepción en España

Los estudios epidemiológicos muestran un inicio más precoz de la actividad sexual y el uso inconsistente de los métodos anticonceptivos por los adolescentes.

La sexualidad es uno de los aspectos más relevantes en la adolescencia, lo que justifica que existan gran cantidad de estudios sobre la materia: el comportamiento de los jóvenes, su nivel de información, las prácticas de riesgo, el uso de métodos anticonceptivos, etc.

Los datos que se muestran a continuación han sido obtenidos de dos estudios. El primero, es el Informe Juventud en España 2020 (IJE2020)(2), realizado por la Dirección General del INJUVE y el Observatorio de la Juventud, dependientes del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. Para realizarlo, fueron entrevistados 5.265 jóvenes entre 15 y 29 años, de ambos sexos y de todo el territorio nacional.

El segundo, es el Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019(3), patrocinado por la Fundación Española de Contracepción, dependiente de la Sociedad Española de Contracepción (FEC/SEC), que incluyó una muestra de unos 1.200 jóvenes de 16 a 25 años y ambos sexos.

Aunque en ambos se estudia una población más amplia, se va a hacer mención de los datos referidos a la población adolescente entrevistada, es decir, entre 15 y 20 años.

Lo primero que llama la atención, es que los jóvenes muestran una gran diversidad de orientaciones sexuales: el 16% se describe como no heterosexual. Los hombres tienden a ubicarse con más frecuencia como heterosexuales que las mujeres (82,3% frente a 72,3%), y también más como homosexuales que ellas (7,9% frente a 6%). Por su parte, las mujeres se autoidentifican más frecuentemente como bisexuales que los hombres (13,4% frente a 3,9%).

Hay una iniciación sexual cada vez más temprana. La edad media para la primera relación sexual es de 16,2 años, reduciéndose casi en 1 año respecto al IJE 2016 (17 años). La Encuesta FEC/SEC apunta a que la edad media de inicio del sexo es de 16,4 años, pero lo más interesante es comprobar que esa edad se reduce, y mientras los jóvenes entre 19-21 años la tuvieron a los 16,7 años, los de 16 a 18 la tiene de media a los 15,6 años (Fig. 1).

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Figura 1. Edad de la primera relación sexual.
Fuente: Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019 (FEC/SEC).

 

En la muestra analizada en el IJE 2020, el 52% de jóvenes de entre 15 y 19 años afirma haber tenido relaciones sexuales con penetración, un 7% sin ella y el 27% no ha tenido nunca relaciones (Fig. 2).

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Figura 2. Porcentaje de usos sexuales en función de género y edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

Las mujeres suelen tener relaciones sexuales más tarde que los hombres (Fig. 3).

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Figura 3. Edad de primera relación sexual en función del género.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

El nivel de estudios retrasa la edad para tener la primera relación sexual: tanto los que tienen educación de secundaria postobligatoria como estudios superiores, tienden a tener su primer contacto aproximadamente un año más tarde. La variable ser creyente, también tiende a retrasar ese momento.

Ambas encuestas coinciden en que el método anticonceptivo más utilizado por parte de los jóvenes es el preservativo. En segundo lugar, se sitúa el uso de la píldora y en tercer lugar el coitus interruptus (Fig. 4).

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Figura 4. Tipo de método anticonceptivo empleado por edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

El 76,4% de los jóvenes utiliza métodos anticonceptivos en todas sus relaciones sexuales; si bien, un 23,6% no lo hace en todas las ocasiones (Fig. 5).

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Figura 5. Porcentaje de uso de método anticonceptivo en todas las relaciones según género y edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

Esta práctica de riesgo se incrementa entre los hombres (25,3%) y los jóvenes de 16 a 18 años (26,3%). No hay diferencias significativas ni por edad ni sexo, lo que va en contra del saber convencional que establece que las mujeres tienen un comportamiento más seguro que los hombres. El 73,1% de los jóvenes no utiliza nunca en sus relaciones sexuales el doble método. Esta cifra se incrementa hasta el 76,4% entre los jóvenes de menor edad.

El 25,6% de los jóvenes ha tenido que recurrir al uso de la píldora del día después alguna vez, siendo el porcentaje del 17,1% entre los de 16 a 21 años. Por término medio, en el último año, los jóvenes menores de 18 años han utilizado 1,3 veces la píldora del día después.

En ambos estudios, los jóvenes coinciden en definir la información que reciben sobre sexualidad como escasa, con poca continuidad y que no se actualiza cuando realmente se precisa. Internet (47,8%) y los amigos/as (45,5%) constituyen las fuentes a través de las cuales consideran que han recibido la información más adecuada sobre sexualidad, por delante de los profesores/as (28%), la madre (23,1%) o el padre (12,4%) (Fig. 6).

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Figura 6. Fuentes de información sobre sexualidad.
Fuente: Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019 (FEC/SEC).

 

Un 12,1% de los encuestados dicen no haber recibido información sobre sexualidad. Los varones obtienen más información a través de Internet que las mujeres, incluyendo consumo de pornografía, y ello se traduce en la reproducción de mitos tradicionales asociados al tamaño del pene o a los pechos voluminosos. Entre las mujeres, los amigos/as (46,9%) son un canal de información más importante que Internet (44,9%).

Sin embargo, cuando se les pregunta de quienes desearían recibir esa información, el 34,5% de los jóvenes considera que deberían ser los profesionales sanitarios las personas que deberían orientarles en materia de sexualidad, seguidos de los profesores/as del colegio o instituto. Hay cierto pudor para tratar estos temas en el ámbito familiar, lo mantienen como última opción y solo en caso de emergencia o situaciones límite.

Asesoramiento anticonceptivo

El asesoramiento anticonceptivo es esencial para lograr la aceptación del método, su empleo correcto y la continuidad en el uso.

Los adolescentes tienen unas necesidades especiales en relación con la anticoncepción que derivan de su falta de experiencia en el uso de los métodos, las barreras para el acceso a estos y, sobre todo, la falta de información.

La elección de un método anticonceptivo es una decisión compleja, en la que el médico tiene un papel importante, no solo en la información suministrada, sino también en el apoyo al joven en su decisión. Es lo que se denomina asesoramiento anticonceptivo y va a ser clave para la aceptación del método; pero, sobre todo, para garantizar continuidad de uso.

Los adolescentes, por las características que se han visto antes, son considerados una población de riesgo en su salud reproductiva, y puede caerse en el error de que sea el médico quien imponga la elección de los métodos que considere más convenientes sin contar con la opinión del joven. Al contrario: el asesoramiento anticonceptivo en los adolescentes debe hacerse mediante la toma de decisiones compartidas, evitando caer en imposiciones o consejos muy dirigidos por el riesgo percibido por el médico(4). De esta manera, el joven es reconocido como el elemento principal que manifiesta sus preferencias, y el médico aportará sus conocimientos y la información sobre las diferentes opciones, a fin de elegir el método más conveniente y que mejor se adapte a esas preferencias.

Para realizar un adecuado asesoramiento, lo primero es establecer un buen vínculo con la adolescente. Si esto es importante en todos los aspectos de la atención médica, es de particular relevancia en el asesoramiento anticonceptivo, dado su contexto personal y sensible.

En segundo lugar, se debe hacer una historia clínica para identificar las condiciones médicas que podrían afectar a la seguridad de cada método. El tabaquismo, al tratarse de una población joven y sin otros factores de riesgo para la enfermedad tromboembólica, no va a constituir un impedimento para iniciar un método hormonal combinado. En cuanto a otras patologías, se aconseja consultar los Criterios Médicos de Elegibilidad para el Uso de Anticonceptivos de la Organización Mundial de la Salud(5). Están disponibles gratuitamente, son fáciles de usar y brindan una guía definitiva sobre la seguridad en una amplia gama de afecciones para diferentes poblaciones de pacientes. Los métodos anticonceptivos se etiquetan como categoría 1, 2, 3 o 4 para cada condición identificada; los de las categorías 1 y 2 se consideran generalmente seguros y los métodos de la categoría 4 están contraindicados. Para aquellos clasificados como categoría 3, las recomendaciones establecen que el “método generalmente no se recomienda a menos que otros métodos más apropiados no estén disponibles o no sean aceptables”.

Después de identificar cualquier condición que pueda limitar la gama de métodos disponibles, la selección debe comenzar preguntando a la joven qué métodos conoce y si habían pensado en alguno. De esta forma, nos haremos idea de las preferencias y de su grado de conocimiento sobre el tema. Algunas jóvenes solicitan un método concreto que ya han empleado previamente o utilizan sus amigas o hermanas; otras pueden dejar en manos del médico la elección que considere más adecuada para ella. En ambos casos, el médico debe informar sobre múltiples aspectos que varían en cada método: cómo se toman o se colocan, eficacia, duración, efectos sobre el patrón menstrual, efectos secundarios, beneficios no anticonceptivos y efectos en la fertilidad futura.

Es importante informarla que la eficacia de algunos métodos depende del uso correcto de los mismos y que la eficacia (“uso ideal”) no coincide con la efectividad (“uso habitual”)(6), a menos que su empleo sea independiente de la usuaria, como ocurre con los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (LARC, por sus siglas en inglés): dispositivo intrauterino (DIU), implante o inyección depot.

Los métodos anticonceptivos, excepto los de barrera, modifican de alguna manera el patrón de sangrado y esta característica es muy importante para algunas mujeres. La amenorrea, por ejemplo, puede ser inasumible para algunas usuarias, mientras que otras lo consideran como algo beneficioso.

Las adolescentes reciben información sobre los métodos anticonceptivos de sus redes sociales, y la información negativa se comunica más comúnmente que la positiva. Por lo tanto, a muchas pacientes, los posibles impactos negativos de los métodos anticonceptivos les influirán en la elección del método. Si bien, no es posible informar sobre la evidencia de todos los efectos secundarios, sí es recomendable preguntar a la joven de cuáles ha oído hablar y cuáles le preocupan e informar objetivamente sobre ellos. También, se la debe hablar de los numerosos beneficios no anticonceptivos que tiene y que pueden influir en la elección de la paciente.

Es importante dejar que los jóvenes expresen sus ideas sobre métodos, como la abstinencia periódica y el coito interrumpido, pues muchas veces utilizan una combinación de preservativo con ambos, sin tener mucha conciencia de riesgo. Es bueno que hablen de la parte molesta o de la que no gusta de cada método, y que manifestemos comprensión ante los inconvenientes que expongan. No se trata de convencerlos de las ventajas de un determinado método, pues podríamos estar provocando que el joven sienta que esa no ha sido su decisión y no lo utilice o cometa errores.

El proceso de decisión ha de ser voluntario y no condicionado por las preferencias del profesional, a menos que, explícitamente, solicite la orientación del médico, por factores de presión o coerción de la pareja, o por influencias negativas de padres y madres o del grupo de iguales.

Una vez seleccionado un método, hay que informar sobre cómo comenzar a usarlo y efectos secundarios que puede experimentar, especialmente los primeros ciclos. Deben también planificarse visitas de seguimiento para verificar la aceptación y continuidad de uso o, en su caso, cambiar de método anticonceptivo si la paciente lo desea. Nunca se debe ver esto como un fracaso del mismo; antes bien, la interrupción y el cambio de método son algo normal entre las usuarias de anticonceptivos y ayuda a garantizar que las mujeres se sientan cómodas con el método.

Métodos anticonceptivos para adolescentes

Al adolescente se le debe informar de todos los métodos anticonceptivos, ya que no existen métodos específicos ni desaconsejables para su edad, excepto los definitivos.

No existen métodos anticonceptivos específicos para adolescentes, pero es evidente que la elección de un método debe considerar circunstancias y características especiales de esta edad: tener en cuenta el grado de maduración biológica y no interferir en el desarrollo y el crecimiento; ser adecuado a su actividad sexual, valorando el tipo, frecuencia y la existencia de compañero no monógamo o cambios frecuentes de pareja; ser de fácil realización, porque los métodos cuyo uso requiera mayores cuidados pueden ser rechazados o mal utilizados por los adolescentes; y siempre debe ser reversible, salvo que casos excepcionales, como enfermedades o deficiencias psíquicas, aconsejen lo contrario(7).

La eficacia del método se mide mediante el índice de Pearl (IP), que indica el número de embarazos que se producirán cada 100 mujeres durante 1 año de uso (a menor índice, más eficacia). El IP teórico o ideal siempre es menor que el IP real o típico, que contempla la eficacia en las circunstancias reales de uso.

Abstinencia

La promoción de la abstinencia persigue retrasar el inicio de las relaciones coitales, como forma más eficaz de prevenir el embarazo y las infecciones de transmisión sexual. Por ello, es necesario que el adolescente contemple la abstinencia como una opción más. Los adolescentes deben aprender que tienen derecho a tener su propia historia sexual, con relaciones sexuales o sin ellas, aprendiendo a decir no cuando esto es lo que quieren, reconociendo el derecho a ser diferentes, distintos de los demás si es el caso y siendo asertivos con sus posibles parejas, no dejándose presionar y exigiendo condiciones de sexo seguro(8).

Métodos naturales

Los métodos naturales no son recomendables en adolescentes por su complejidad y poca eficacia, debido a las variaciones del ciclo menstrual en esta etapa.

Se basan en las variaciones que fisiológicamente se producen durante el ciclo menstrual, para programar el coito en los días en que sea más improbable el embarazo. Los cambios que se valoran son: la elevación de la temperatura basal en segunda fase, las modificaciones del moco cervical, determinación de sustancias en orina (monitores de ovulación) o el cálculo de la fase periovulatoria. Son métodos de baja eficacia, si no se combinan varios y con alto porcentaje de errores, generalmente por no respetar el periodo de abstinencia. Su IP es de 25. Ninguno de estos métodos protege frente a las ITS.

En los adolescentes existen una serie de variables fisiológicas peculiares que disminuyen aún más su eficacia: la irregularidad de los ciclos en los primeros años tras la menarquia y ser métodos difíciles de comprender e interpretar. Son métodos de bajo coste, reversibles e inocuos y, aunque poco aceptables para adolescentes, la elección depende de la edad, situación personal, social y religiosa del usuario.

El coito interrumpido, aunque no es considerado propiamente un método anticonceptivo, sigue siendo uno de los más utilizados por los adolescentes, al tratarse de un método gratuito y accesible en cualquier momento. El IP oscila del 10-38.

Anticoncepción de barrera

La anticoncepción de barrera no interfiere en el ciclo menstrual y proporciona, en el caso del preservativo, protección adicional frente a las ITS, por lo que su uso es muy recomendable entre adolescentes, solo o asociado a otro método más eficaz.

Todos los métodos de barrera están clasificados como categoría 1 dentro de los criterios de elegibilidad de la OMS.

Preservativo

Se denomina preservativo externo al que se coloca en el pene (antes masculino) y preservativo interno al que recubre la vagina (antes femenino). Cumple la doble función de proteger frente al embarazo y a las ITS, por lo que se consideran métodos aconsejables durante la adolescencia. Se acepta que existe una gran diferencia entre la eficacia teórica y el uso típico: el IP teórico es 0,5-2 y el real de 8-14, según la población estudiada. En general, su índice de fallos es del 5% cuando se usa correctamente. La tasa de rotura oscila entre 0,5-3%, por lo que hay que avisar de esta posibilidad e indicar que, si tiene lugar antes de la eyaculación, solo hay que cambiar el preservativo, y si sucede después de la misma, utilizar la anticoncepción de emergencia.

La utilización conjunta del preservativo al mismo tiempo que un método de alta eficacia (píldora o DIU), conocido como “doble protección” (DP) no solo previene de las ITS, sino que además refuerza la acción anticonceptiva frente a posibles fallos de cumplimiento (olvidos, interacciones medicamentosas), más frecuentes entre los jóvenes(9).

Otros métodos de barrera(8)

• Espermicidas: protección añadida sobre las ITS, pero deben utilizarse asociados a otros métodos de barrera, pues la eficacia per se es escasa. IP de 15-20.

• Diafragma: tiene la ventaja de ser reutilizable y la desventaja de que no protege frente a las ITS y necesita un adiestramiento para su inserción. IP de 6-16.

Anticonceptivos hormonales combinados

Los anticonceptivos hormonales combinados proporcionan una elevada eficacia y efectos beneficiosos añadidos, que deben ser conocidos por los adolescentes.

La anticoncepción hormonal combinada (AHC) es reversible, de alta eficacia y seguridad, fácil de utilizar y no interfiere en la relación sexual ni en el desarrollo físico, por lo que es considerada una anticoncepción preferente y recomendable en la mayoría de adolescentes(10).

Los AHC están compuestos por la combinación de estrógenos y gestágenos. La mayoría de los preparados contienen etinilestradiol (EE). En adolescentes, se recomiendan los que contienen dosis de 30-35 mcg. El gestágeno es diferente en cada preparado y, además de su función contraceptiva, ejercen distintas acciones biológicas, lo que permite hacer una selección individualizada del AHC más adecuado para cada mujer(11).

La vía oral es la más conocida y utilizada, también para las adolescentes. Tiene una alta eficacia, alcanza una tasa de embarazos de entre el 0,3 en uso perfecto y el 8 en uso típico, durante el primer año, con un IP medio de 2,1.

Para mejorar el cumplimiento y minimizar los efectos adversos, han ido apareciendo una amplia variedad de preparados orales con dosis de estrógeno cada vez menores y con nuevos esteroides, en paquetes monofásicos, con una dosis uniforme de estrógeno/gestágeno, o multifásicos (bi, tri o cuatrifásicas), en los que las dosis de estrógeno/gestágeno varían a lo largo de las píldoras activas. También se utilizan diferentes pautas: cíclicas, continuas o ampliadas. A la clásica pauta de 21 píldoras activas, se han unido nuevas presentaciones con el objeto de evitar olvidos: la de 21/7 (21 p. activas + 7 p. sin substancia activa), o la de 24/4, que puede ser atractiva para algunas adolescentes porque, al acortar el periodo libre de fármaco, da la posibilidad de disminuir la duración del sangrado y el síndrome premenstrual, y minimiza el riesgo de ovulación.

Hay comercializados AHC en régimen extendido (84-120 pastillas con un único intervalo de descanso de 7 días), que permite a la usuaria tener un solo sangrado cada 3-4 meses. El sangrado no programado es un problema común con estas pautas extendidas en los primeros tres a seis meses, pero la frecuencia disminuye con el tiempo y se vuelve similar a la de los regímenes cíclicos.

Otras vías de administración de los AHC son:

• La vía transdérmica(12), mediante un parche que se cambia semanalmente durante tres semanas, seguidas de una semana de intervalo libre en la que se provoca el sangrado por privación. No es eficaz si la joven pesa más de 90 kg.

• La vía vaginal(13) a través de un anillo flexible, en cuyo núcleo se encuentran dispersos el estrógeno y el gestágeno. La pauta utilizada es de 3 semanas de mantenimiento del anillo en vagina, retirarlo y volver a introducir uno nuevo, transcurrida una semana de descanso.

Estas vías no orales evitan el primer paso hepático, mantienen unos niveles constantes en sangre y su eficacia no se ve alterada en caso de trastornos digestivos (vómitos y diarreas). En segundo lugar, un aspecto extremadamente importante en las adolescentes es que, por su comodidad de uso y por evitar los olvidos, podrían favorecer el buen cumplimiento. Tanto la eficacia como el control de ciclo de las vías transdérmica y vaginal, son comparables a la píldora con un IP 1,24 el parche y 1,23 el anillo.

Los AHC aportan ventajas para las adolescentes, compartidas por todas las vías de administración, como su alta eficacia anticonceptiva, fácil utilización, rápida vuelta a la fertilidad tras el abandono, no tener relación con el coito y no ser necesaria la cooperación de la pareja.

Del mismo modo, van cobrando cada vez más relevancia los beneficios no contraceptivos que ofrecen los productos combinados y que van siendo conocidos por las propias mujeres, especialmente los relacionados con la corrección de ciclos irregulares, el beneficio sobre el acné, la seborrea o el hirsutismo que acompaña algunos estados hiperandrogénicos(14).

Los AHC aumentan en 5 veces el riesgo de trombosis, pero las adolescentes tienen muy bajo riesgo de enfermedad tromboémbolica venosa (ETV) y, en todo caso, sería menor al riesgo que proporcionaría un embarazo(15). Para minimizar el ya reducido riesgo vascular, bastaría con descartar la existencia de una migraña con aura (categoría 4 de los criterios de elegibilidad de la OMS, por aumentar el riesgo cerebrovascular), y la posibilidad de una trombofilia familiar, mediante la realización de una exhaustiva historia clínica; utilizar dosis bajas (menores de 50 mcg) de EE y emplear compuestos con gestágenos de menor riesgo trombótico, como levonorgestrel (LNG) o norgestimato.

Otro inconveniente, es la posible aparición de síntomas secundarios de índole menor que suelen ser pasajeros (gastrointestinales, cefaleas o mastalgia), de los que conviene informar, porque pueden ser causa de abandonos.

Anticonceptivos solo con gestágenos

La anticoncepción con gestágenos presenta el inconveniente de los patrones de sangrado irregulares. En adolescentes, se consigue una anticoncepción eficaz y de larga duración mediante el implante o el DIU hormonal.

La anticoncepción solo con gestágenos (ASG)(16) es el uso de anticonceptivos hormonales que utilizan como único principio activo un gestágeno, evitando los riesgos asociados al uso de los estrógenos, fundamentalmente tromboembolismo. Los ASG tienen una excelente eficacia anticonceptiva, que se debe a la combinación de varios mecanismos de acción, entre los que destacan: la inhibición de la ovulación y el espesamiento del moco cervical.

Se emplean de forma continua, no secuencial y, por ello, el patrón de sangrado es muy variable: desde amenorrea hasta manchados-sangrados prolongados o sangrados regulares, pero más escasos. Para muchas mujeres esa irregularidad es inasumible y constituye el principal motivo de abandono.

La ASG puede emplearse por vía oral (píldora), parenteral (intramuscular y subdérmica) y endouterina (DIU-LNG).

• Vía oral: píldoras con desogestrel o drospirenona de toma diaria continua, iniciando el primer día de regla. La vida media de desosgestrel es corta , por lo que si se olvida 12 o más horas, su eficacia se reduce y debe utilizarse un método anticonceptivo adicional (preservativo) durante los 2 días siguientes. La drospirenona tiene una vida media más larga por lo que solo hay que tener protección adicional si el olvido es superior a 24 horas, pero durante 7 días. IP:0,3.

• Vía intramuscular: inyección intramuscular profunda de 150 mg de acetato de medroxiprogesterona (AMDP) con periodicidad trimestral. No se recomienda en menores de 18 años, porque induce osteopenia, que se recupera al dejar el tratamiento. La recuperación de las menstruaciones y la fertilidad puede tardar varios meses tras la suspensión. IP: 0,2.

• Vía subdérmica(17): implante radiopaco, de varilla única, que contiene etonogestrel. Se inserta por vía subcutánea en la cara interna del brazo gracias a un aplicador, ejerciendo su acción durante tres años. IP: 0,05.

• Vía endouterina(18): dispositivo intrauterino que libera levonorgestrel (LNG-DIU) de forma continua, siendo eficaz durante 5 años. Para las adolescentes existe un LNG-DIU de menor diámetro para disminuir el dolor de la inserción y con menor carga hormonal para tener sangrados periódicos. Además de su uso como anticonceptivo, está indicado para el tratamiento del sangrado menstrual abundante. IP: 0,2.

Uno de los problemas en el uso de cualquier método anticonceptivo por parte de las adolescentes, es el mal cumplimiento, debido a unas tasas de abandono elevadas, por lo que la utilización por las más jóvenes de métodos reversibles de larga duración (long acting reversible contraception [LARC]), como son: el DIU-LNG y el DIU de cobre, el implante e incluso el AMDP inyectable, propician una mayor efectividad que otros métodos hormonales, al presentar una menor tasa de abandonos y evitarse errores en su uso(19).

Anticoncepción intrauterina no hormonal (DIU de cobre)

La prescripción de DIU entre adolescentes aún es minoritaria, pese a que se trata de un método muy eficaz y de larga duración.

A pesar de que su uso es excepcional en la población adolescente, la anticoncepción intrauterina proporciona una anticoncepción efectiva, de larga duración y alta seguridad, con un IP 0,6. Los motivos principales para no utilizar el DIU en adolescentes, son la falta de información sobre el método y las ideas erróneas que persisten entre los profesionales sanitarios(20). La edad y la paridad se consideran una categoría 2 de los Criterios Médicos de Elegibilidad de la OMS para la anticoncepción intrauterina, es decir, que los beneficios superan a los riesgos. Hay que informar a la joven que la colocación puede ser ligeramente dolorosa y el sangrado menstrual más abundante. La tasa de expulsión del DIU es mayor en las pacientes jóvenes y nulíparas.

Anticoncepcion de emergencia (AE)

La AE supone la última posibilidad de evitar un embarazo no deseado, pero no debe utilizarse de forma habitual, porque su eficacia es mucho menor que la de otros métodos.

También llamada “píldora del día después”. Consiste en la toma de un fármaco o la inserción de un dispositivo intrauterino después de un coito vaginal desprotegido(21). Es un método que supone una “segunda oportunidad” y como tal debe ser considerado, pues no debe sustituir a los anticonceptivos eficaces de uso regular y es importante recordar que no protege de las infecciones de transmisión sexual. Los tipos de AE disponibles en España son: píldora de LNG 1,5 mg; píldora de acetato de ulipristal (AUP) 30 mg; y la inserción de un dispositivo intrauterino. Ambas píldoras son de dispensación libre en farmacia sin necesidad de receta médica.

La eficacia de la píldora de LNG llega a las 72 h tras el coito; si bien, disminuye con el tiempo transcurrido. Actúa inhibiendo o retrasando la ovulación, pero no impide la implantación de un óvulo fecundado ni es teratógeno. La OMS en sus Criterios Médicos de Elegibilidad(5) considera el uso repetido de LNG como categoría 1 (sin restricciones). No obstante, observa que es una indicación para que la mujer reciba consejo sobre otras opciones anticonceptivas.

El AUP es un modulador selectivo de los receptores de progesterona y está indicado como anticoncepción de urgencia dentro de las 120 horas (5 días) siguientes al coito de riesgo.

La inserción de un DIU de alta carga de cobre se puede utilizar hasta las 120 horas tras el coito de riesgo. Su eficacia es muy elevada, con tasas de fallos inferiores al 1%. Su mecanismo de acción consiste en una acción espermicida, dificultando la fertilización, pero si esta se ha producido, actúa como anti-implantatorio.

Métodos irreversibles

El recurso a la utilización de los métodos irreversibles (ligadura de trompas, vasectomía) en adolescentes, tan solo se contempla en situaciones extraordinarias, como pueden ser enfermedades que contraindiquen el embarazo, y lo que suele ser más habitual, en caso de deficiencia psíquica grave(8).

Aspectos legales de la anticoncepción en España

El médico debe conocer la legislación vigente sobre edad de consentimiento sexual y ponerlo en conocimiento del adolescente para que, si fuera necesario, informe a sus progenitores.

En 2015, la reforma del Código Penal elevó la edad de consentimiento sexual de los trece a los dieciséis años, considerando como delito mantener relaciones con menores por debajo de esa edad.

Si una menor de 16 años acude a consulta para solicitar un tratamiento anticonceptivo, porque mantiene relaciones sexuales, el facultativo no tiene obligación de denunciar, pero sí tomar medidas para que la existencia de las relaciones sexuales pueda ser conocida por los padres de la menor y, estos últimos, activar, en su caso, los mecanismos de protección que procedan(22). La recomendación es que el facultativo preste el asesoramiento anticonceptivo y realice la prescripción, para evitar caer en la desatención y el riesgo de un embarazo no deseado(23), pero que informe a la menor de la situación legal que se produce y que de ello deje constancia en la historia clínica, dando la oportunidad de que sea la propia menor la que gestione este asunto con sus padres.

La anticoncepción en Pediatría de Atención Primaria

Dado que la edad media de inicio de las relaciones sexuales con penetración está alrededor de los 16 años, no es excepcional que se consulte al pediatra acerca de los métodos anticonceptivos. El pediatra tiene una labor fundamental, no solo aconsejando y prescribiendo el método más adecuado, sino insistiendo en la utilización del preservativo de forma conjunta para evitar el riesgo de infecciones de transmisión sexual. También debe informar de los beneficios añadidos de la anticoncepción hormonal en cuadros frecuentes a esta edad como el acné, las alteraciones del ciclo o la dismenorrea.

Para prescribir un método anticonceptivo hormonal solo es preciso realizar una anamnesis que recoja antecedentes de enfermedades tromboembólicas en familiares menores de 50 años, la toma de la tensión arterial y el cálculo del IMC. Con ello, se puede iniciar el tratamiento, valorando remitir a la paciente al ginecólogo si presenta problemas con el método o si desea utilizar métodos de larga duración reversibles.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según la autora.

1. Sexual health and its linkages to reproductive health: an operational approach. Ginebra: World Health Organization; 2018. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Puede consultarse en: http://apps.who.int/iris.

2. Informe Juventud España 2020. Dirección General del INJUVE y Observatorio de la Juventud en España. Disponible en: www.injuve.es.

3. Estudio sobre sexualidad y anticoncepción: jóvenes españoles. SEC 2019. Observatorio de la salud sexual y reproductiva de la Sociedad Española de Contracepción. Disponible en: http://hosting.sec.es/descargas/Encuesta2019_SEXUALIDAD_ANTICONCEPCION_JOVENES.pdf.

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5.*** World Health Organization. Medical eligibility criteria for contraceptive use 5º ed. Ginebra; 2015. Disponible en: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/181468/9789241549158_eng.pdf?sequence=1/.

6. Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica de Anticoncepción Hormonal e Intrauterina. Guía de Práctica Clínica de Anticoncepción Hormonal e Intrauterina. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud; 2019. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

7. González Marcos MI. Consejo contraceptivo en el adolescente: cuándo, dónde y cómo. Form Act Pediatr Aten Prim. 2015; 8: 148-54.

8.*** Cancelo MJ, de la Viuda E., Rodríguez MJ, Parra I, Parera N, González JV. Anticoncepción en la adolescencia. Documento de Consenso de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. 2012.

9. Grubb LK, AAP Committee on Adolescence. Barrier Protection Use by Adolescents During Sexual Activity. Pediatrics. 2020; 146: e2020007237.

10. Quílez J. Anticoncepción hormonal combinada oral, transdérmica y vaginal. Protocolos de la Sociedad Española de Contracepción. 2019. Disponible en: http://sec.es/.

11. Allen RH. Combined estrogen-progestin oral contraceptives: Patient selection, counseling, and use. Disponible en: https://www.uptodate.com/contents/combined-estrogen-progestin-oral-contraceptives-patient-selection-counseling-and-use/. Consultado en enero de 2022.

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20. Jatlaoui TC, Riley HE, Curtis KM. The safety of intrauterine devices among young women: a systematic review. Contraception. 2017; 95: 17-39.

21. Turok D. Emergency contraception. Disponible en: https://www.uptodate.com/contents/emergency-contraception/. Consultado en enero de 2022.

22.*** Abellán-García Sánchez F. Salud sexual y reproductiva del menor maduro y responsabilidad profesional. En: Manual Bioético-legal de consultas en salud sexual y contracepción. Sociedad Española de Contracepción. Exeltis; 2016. p. 17-26.

23.** Quintana Pantaleón C. Anticoncepción en la adolescencia. Pediatr Integral. 2017; XXI: 312-22.

Bibliografia recomendadada

– Apter D. Contraception options: Aspects unique to adolescent and young adult. Best Practice & Research Clinical Obstetrics and Gynaecology. 2018; 48: 115-27.

Muy completa y didáctica revisión de los métodos anticonceptivos, recogiendo los aspectos específicos de su empleo durante la adolescencia.

– Parera Junyent N, López García S, Llopis Pérez A. Habilidades para la comunicación con adolescentes. Anticonceptivos. EdikaMed. ISBN: 978-84-7877-734-1. 2012.

Es una herramienta muy útil para entender cómo debe realizarse la aproximación al adolescente si se quiere tener éxito en la consulta médica. Proporciona además argumentos para ayudar a los jóvenes a negociar prácticas de sexo seguro.

 

Caso clínico

 

Acude a consulta una adolescente de 15 años acompañada de su madre. Es esta quien ha solicitado la cita, porque su hija le ha contado que ha mantenido relaciones sexuales con su pareja y, aunque han utilizado preservativo, tiene miedo a que se rompa y se pueda quedar embarazada.

Antecedentes familiares: abuela materna con cáncer de mama. Padre fallecido a los 46 años por infarto de miocardio.

Antecedentes personales: enfermedades propias de la infancia. Sin cirugías ni alergias. No fumadora. Bebe alcohol ocasionalmente. Menarquia: hace 6 meses. Tipo menstrual: 5/28. Dismenorrea severa que requiere toma de antiinflamatorios cada 8 h los primeros días de la regla.

Exploración: 47 kg. Talla: 159 cm. Tensión arterial: 110/72.

El pediatra le pregunta a la joven qué método había pensado. Ella dice que todas sus amigas toman la píldora, porque les va genial para el acné y que quería tomarla.

El pediatra le explica a la paciente que, por sus antecedentes, tiene que hacer otras pruebas antes de saber si puede o no tomar la píldora. La madre comenta que ella no está a favor de que su hija tome anticonceptivos por el antecedente de la abuela y porque hace muy poco que ha tenido la primera regla, a ver si luego no va a poder tener hijos, por lo que le parece bien que el pediatra amplíe las pruebas complementarias.

¿Cuáles son las limitaciones para la prescripción de anticonceptivos hormonales en la adolescencia?

La población adolescente es por lo general sana. Las contraindicaciones para el uso de anticonceptivos hormonales son las mismas que en mujeres adultas. El riesgo cardiovascular y de tromboembolismo es muy bajo a estas edades, por lo que el tabaquismo no se considera una contraindicación. Sí lo es la existencia de trombofilias familiares o el cáncer hormono-dependiente. El antecedente de cáncer de mama en la familia no contraindica la toma de anticonceptivos.

Se pueden prescribir anticonceptivos desde la menarquia sin necesidad de dejar transcurrir ningún intervalo, porque no van a afectar a la talla final. El retorno a la fertilidad se produce poco después de cesar el uso y, la toma prolongada de los mismos, no influye en la reserva ovárica.

¿Cuáles son las exploraciones imprescindibles para prescribir un anticonceptivo hormonal?

Para prescribir un anticonceptivo hormonal, no es necesario realizar: una exploración ginecológica, una analítica o una citología. Basta con una anamnesis exhaustiva, descartando, fundamentalmente: eventos tromboembólicos en familiares <50 años, la toma de tensión arterial y el peso. Si la paciente refiere algún antecedente personal o familiar patológico, se harán las exploraciones complementarias pertinentes.

El pediatra señala que lo que le preocupa es el antecedente del padre y pregunta si hay otros familiares por parte paterna que hayan tenido infartos o trombosis. La madre dice que lo desconoce.

Hace una petición de analítica en la que incluye un estudio de trombofilias. Cuando recibe el resultado comprueba que la paciente es portadora heterocigota de la mutación del factor V de Leyden.

Cuando la joven acude de nuevo, el pediatra le informa del resultado de la analítica y que por esa alteración hematológica está contraindicada la toma de anticonceptivos hormonales combinados. La joven se muestra preocupada, porque en el intervalo entre las dos consultas ha tenido que tomar la píldora del día después en dos ocasiones, una por rotura del preservativo y otra porque su pareja se negó a ponérselo.

El pediatra se toma el tiempo necesario para hablarle de la importancia de utilizar el preservativo, aunque se emplee otro método más eficaz.

¿Qué estrategias se pueden trabajar con los adolescentes para conseguir sexo seguro?

Los adolescentes deben conocer que el uso correcto del preservativo reduce, en un porcentaje muy elevado, la incidencia de infección del VIH en ambos sexos, y también de otras ITS, por lo que es muy importante motivarlos para utilizar el preservativo como método anticonceptivo y de protección frente a infecciones.

No debemos presuponer que lo sepan utilizar. Hay que instruirlos en un uso correcto (p. ej., aprender a colocarlos en modelos anatómicos y animar a los varones a ponerse uno antes de iniciar las relaciones coitales para habituarse).

En los adolescentes que ya lo utilizan, hay que preguntar sobre su uso en todos los coitos y su colocación adecuada a lo largo de todo el coito.

El miedo a la disminución del placer sexual, las dificultades para negociarlo con la pareja, la falta de información y la asociación de su empleo con relaciones sexuales promiscuas, son aspectos que condicionan su utilización y que el profesional de la salud deberá prever y negociar.

Una de las principales estrategias para el uso del preservativo en los jóvenes es llevar siempre uno, de cara a una relación sexual imprevista. Hay que recordarles que, si hay rotura o retención, pueden usar la anticoncepción de emergencia.

La joven asiente y se muestra convencida de ese razonamiento, pero insiste en si no podría usar algo más. El pediatra le habla de los métodos que solo contienen gestágenos y que podría utilizar, porque según las recomendaciones de los criterios de elegibilidad de la OMS son de categoría 2, es decir, que los beneficios superan a los riesgos.

Prescribe una píldora de solo gestágenos y le indica que debe iniciar la toma el primer día de la regla y tomarla continuamente, sin pausas de descanso. Le informa que el patrón de sangrado puede ser irregular, con manchados muchos días o ausencia de sangrado. Cita un control clínico en 6 meses.

Dos meses después, la joven acude de forma imprevista. Está muy preocupada, porque no ha tenido la regla en todo ese tiempo y teme que se haya quedado embarazada, aunque después de la charla que tuvieron, dice que siempre ha usado preservativo. El pediatra la tranquiliza y le explica que es normal la amenorrea.

¿Cuáles son los inconvenientes con la anticoncepción solo con gestágenos?

Las alteraciones en el sangrado menstrual son el principal motivo de fallos en el cumplimiento e incluso abandono de estos métodos. Puede ocurrir que la mujer entre en amenorrea, tenga sangrados regulares o sangrados irregulares frecuentes o prolongados, aunque siempre serán de escasa cantidad. Es importante informar a la usuaria que previo al uso no se puede prever cuál será en su caso el patrón de sangrado, pero el que presente en los 3 primeros meses de uso, suele ser predictivo respecto al comportamiento futuro.

Otros efectos secundarios desagradables son los cambios en el peso (AMP depot), aumento del acné y aparición de quistes funcionales de ovario (LNG-DIU).

Pasados los 6 meses, acude de nuevo a consulta y confiesa estar muy contenta con el método, porque al no tener regla tampoco tiene los molestos dolores de la misma. Reconoce que, en los últimos ciclos, se le han olvidado varias pastillas y, aunque se las tomó en cuanto se dio cuenta, ha tenido sangrados esporádicos e irregulares. La madre dice que su hija es muy despistada y tiene que ser ella quien le recuerde la toma.

¿Cuáles son las vías de administración de la anticoncepción solo con gestágenos?

La anticoncepción con gestágenos puede emplearse por cualquier vía: la oral mediante píldoras de toma diaria; parenteral, mediante inyección trimestral; subdérmica en el implante; y mediante dispositivos intrauterinos. Los tres últimos son también conocidos como anticoncepción de larga duración o LARC y son especialmente recomendados para adolescentes, porque ofrecen una cobertura anticonceptiva eficaz, a largo plazo y reversible.

El pediatra les explica que hay otras formas de utilizar los gestágenos: mediante implante subcutáneo o DIU. La madre dice que ella sabe que también hay una inyección cada tres meses, pero el médico no se la recomienda y le explica los motivos. Le cuenta también que ni el DIU ni el implante están financiados, aunque este último lo está a partir de los 18 años. Finalmente, optan por el implante. El pediatra solicita una cita al ginecólogo para la inserción del dispositivo, puesto que tiene que ser realizada por alguien adiestrado.

 

 

El adolescente violento

P.J. Rodríguez Hernández
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P.J. Rodríguez Hernández

Pediatra acreditado en Psiquiatría Infantil (AEP) y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife. Profesor Asociado de Psiquiatría. Universidad de La Laguna

Resumen

Se puede utilizar como definición de violencia, la presencia de comportamientos graves y extremos realizados con la intención de producir daño físico y/o psicológico a otras personas. La fenomenología de la violencia en la adolescencia es compleja, debido a que intervienen múltiples factores de naturaleza individual, social y cultural. De manera global, la violencia entre personas supone la quinta causa de muertes en este grupo de edad, lo que significa el 10% de las muertes de los adolescentes. La detección precoz mejora el pronóstico y reduce la comorbilidad. Es necesaria la intervención mediante estrategias multidisciplinares. Las evaluaciones de los programas de prevención han demostrado su eficacia en la reducción de la violencia. Para obtener unos resultados positivos, las intervenciones se deben realizar lo antes posible.

 

Abstract

By violence, we refer to serious and extreme behavior that is intended to cause physical and/or psychological harm to another person. The phenomenon of adolescent violence is complex since it involves multiple factors of individual, social and cultural nature. Globally, interpersonal violence represents the fifth cause of death in this age group and accounts for more than one-tenth of adolescent deaths. Early detection improves the prognosis and reduces morbidity. A multidisciplinary approach is required. The evaluations of prevention programs demonstrate their effectiveness in reducing violence. For treatment to be successful, it must be started as early as possible.

 

Palabras clave: Niños; Pediatría; Salud mental; Violencia juvenil; Salud adolescente.

Key words: Children; Pediatric; Mental health; Youth violence; Adolescent health.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 229 – 235

 


OBJETIVOS

• Saber cuáles son los factores de riesgo y vulnerabilidad para detectarlos precozmente y poder intervenir sobre ellos.

• Entender las características psicológicas y los rasgos psicopáticos que están presentes en un adolescente violento.

• Aprender los trastornos mentales del adolescente que se relacionan con más frecuencia con conductas violentas.

• Evaluar los programas de prevención de la violencia en la adolescencia, para seleccionar los más adecuados en la práctica diaria.

El adolescente violento

Introducción

La prevalencia de la conducta violenta en la adolescencia es muy elevada.

La Organización Mundial de la Salud ha identificado a la violencia como uno de los problemas más relevantes en salud pública, debido a las implicaciones sobre el bienestar físico y mental de las personas. La violencia es muy prevalente en nuestra sociedad. Los datos reflejan que se desarrolla con más frecuencia entre conocidos, amigos y familiares. También, que es más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes y está muy relacionada con variables socioeconómicas y existencia de factores de riesgo o vulnerabilidad (p. ej., es más frecuente en hombres jóvenes que viven en ciudades y que tienen un nivel económico bajo)(1).

La violencia en la adolescencia se refiere a comportamientos que tienen que ver con una confrontación directa con otros, con la intención de producir daño (insultos, golpes), pero también cuando el objetivo es dañar el círculo social de la víctima o la percepción que dicho círculo tiene de la persona (difundir rumores, exclusión social). Numerosos autores diferencian la violencia (solo daño físico importante) de la agresividad (daño, no solo físico y menos extremo). En la presente revisión no se va a realizar dicha distinción a efectos prácticos(2).

Es difícil establecer un modelo estratificado o una clasificación, debido a que se ha demostrado la ausencia de límites en su expresividad; por ejemplo, la violencia sexual, la racial o por diferencias ideológicas, está relacionada con otras formas de violencia en distintos contextos (familiar, social, comunitario o escolar) y también con la ejercida en distintos formatos virtuales (Internet, redes sociales). Además, existe alta asociación con consumo de alcohol y drogas, así como con estados mentales de depresión, ansiedad o baja autoestima(3).

Por estos motivos, puede ser más útil la clasificación de la violencia del adolescente según su patrón formal. En este sentido, se han identificado 4 patrones:

1. Patrón situacional: la violencia se genera en situaciones en que los factores contextuales favorecen su aparición. Puede seguir un formato temporal (p. ej., se ha comprobado que la violencia aumenta exponencialmente los fines de semana) o depender de cualquier variable que sea un factor de riesgo (p. ej., la violencia aumenta cuando hay una “ola de calor”, cuando hay consumo de alcohol o mayor disponibilidad de drogas en el tráfico callejero). Esas situaciones exacerban la predisposición individual o hacen que aumente la gravedad de la conducta.

2. Patrón relacional: es el más prevalente. Se manifiesta a partir de conflictos interpersonales entre conocidos, amigos o familiares. En algunos casos puede ser un incidente aislado o repetirse periódicamente. En este patrón se sitúa la violencia en la pareja o las agresiones de hijos a sus padres. Algunos estudios refieren que hasta el 25% de los adolescentes han presentado conductas violentas dentro de un patrón relacional. Se establece en función de la relación entre características psicológicas y sociales.

3. Patrón predador: se produce de manera intencionada para obtener algún tipo de ganancia o es parte de un conjunto de conductas antisociales o criminales. En la mayoría de las ocasiones, la violencia predadora tiende a la cronificación. Se desarrolla en las primeras etapas de la adolescencia y se desarrolla lentamente. Un ejemplo es la violencia que generan las bandas organizadas. Depende de la interacción de múltiples factores de riesgo y responden a estrategias de prevención mediante intervención intensiva sobre esos factores de riesgo.

4. Patrón psicopatológico: es el menos frecuente con diferencia, pero las conductas pueden ser muy graves. Los actos violentos suelen repetirse de manera periódica. Es el patrón más dependiente de factores personales psicopatológicos y traducen la existencia de traumas psicológicos importantes.

Los factores de vulnerabilidad o de riesgo también son múltiples, interrelacionados entre sí y difíciles de analizar por separado. Por ello, los estudios que analizan estas variables son escasos y difíciles de interpretar. Entre los factores del entorno, se ha comprobado que los más importantes son la educación familiar basada en patrones violentos y la asociación grupal de adolescentes que comparten conductas violentas(4).

Factores de vulnerabilidad y riesgo

La conducta violenta se produce por la interacción de múltiples variables, siendo las más importantes las de vulnerabilidad y riesgo.

Las revisiones que analizan los factores de vulnerabilidad y riesgo concluyen que probablemente concurran múltiples factores interaccionando entre sí para que se pueda desarrollar un comportamiento violento y, además, deben existir unos condicionantes del entorno a modo de facilitadores(5).

Los factores más estudiados son los que tienen que ver con las características individuales, tales como el bajo funcionamiento cognitivo o el pobre nivel de aprendizaje escolar. También, las relaciones entre iguales no adecuadas o el funcionamiento familiar disfuncional.

Los factores de vulnerabilidad y riesgo pueden anticipar o hacer más frecuente la presentación de la conducta violenta(6). En la tabla I se detallan algunos de los que se han identificado. Los más importantes son:

tabla

• Circunstancias de la concepción, embarazo y perinatales: enfermedades graves de la madre o el feto, conductas y situaciones de riesgo prenatal, como el consumo de drogas y los problemas laborales y ambientales durante el embarazo, prematuridad y sufrimiento fetal.

• Factores genéticos: se conoce que existen factores genéticos implicados en el desarrollo de los trastornos de la conducta. Se ha demostrado el efecto en estudios con gemelos, tanto monocigóticos como dicigóticos. Además, existe un fuerte efecto de interacción entre el factor genético y ambiental, que supone una expresividad más intensa de los síntomas en contextos sociales poco favorecedores.

• Sexo: el sexo es una de las variables más importantes. Se sabe que entre el 70 y 75% de todos los casos corresponden a varones. Las hipótesis explicativas de este hallazgo son múltiples. Se han mencionado las propias características temperamentales del varón. También, la mayor presencia de enfermedades del desarrollo y psiquiátricas en el sexo masculino, lo que puede incrementar el desarrollo de problemas de comportamiento. Por último, puede tener un importante papel el factor cultural. Se sabe que en algunas culturas en las que no existen diferencias en el trato a varones y mujeres, el porcentaje de problemas tienden a igualarse entre ambos sexos.

• Características de la familia: padres muy jóvenes o muy mayores, conflictos graves y crónicos de pareja, enfermedades crónicas o presencia de trastornos psiquiátricos severos.

• Factores relacionados con los patrones educativos familiares: padres con importantes problemas de tolerancia por las crisis de la infancia y adolescencia, padres que no aceptan la autonomía progresiva de sus hijos.

• Circunstancias socioeconómicas adversas de la familia.

• Problemas con la justicia: adolescentes con medidas judiciales, delincuencia y contactos repetidos con fiscalía de menores.

Las conductas violentas pueden coexistir con distintos problemas, especialmente cuando las conductas son graves y no se ha actuado de manera precoz(7). Las dos más importantes son los siguientes:

• Consumo de drogas, tóxicos, estupefacientes y otras sustancias: existe asociación entre el consumo de drogas y la violencia. En ocasiones, las transgresiones se producen por la necesidad de la obtención inmediata de la sustancia. Otras veces debido al efecto de las drogas, que puede ser agudo o a las alteraciones mentales que produce su consumo a largo plazo. El ambiente disocial que envuelve al mundo de las drogas es un factor negativo añadido al propio problema.

• Fracaso y absentismo escolares: impide al niño obtener los recursos escolares en la resolución de conflictos. Se pierde la estructuración temporal del ocio y del trabajo y se crea una situación de indisciplina que se traslada al ámbito familiar, con el consecuente empeoramiento de una situación ya de por sí deteriorada.

En cuanto a la evolución, existen variables que permiten predecir un aumento en la probabilidad de persistencia del problema. Una es la edad de inicio. Cuanto antes aparecen las conductas violentas, más probabilidad de que se perpetúen. También existe peor evolución cuando se expresa en varios contextos. Por último, hay que vigilar la frecuencia e intensidad y también la diversidad de las conductas violentas.

Ninguna de estas características, ni otras recogidas en otros estudios son, por sí mismas, predictores del desarrollo presente o futuro de conductas violentas, pues también existen factores personales y sociales de protección que pueden hacer que la evolución sea favorable. Reseñar que la acumulación de factores de riesgo incrementa la probabilidad de su desarrollo.

Características psicológicas del adolescente violento

Las características principales son: baja autoestima, insensibilidad a los resultados de sus acciones y escasa tolerancia a la frustración.

Con independencia de los factores etiológicos, vulnerabilidad o riesgo y de la evolución y expresión o forma de la conducta, las principales características psicológicas de un adolescente que emplea patrones de conducta violenta, a menudo definidas bajo la denominación “rasgos psicopáticos”, son las siguientes(8):

• Insensibilidad a los resultados de las acciones: pueden ser insensibles, no presentando sentimientos de culpa ni remordimiento. Existe déficit en la integración y valoración del componente emocional de los actos. Es importante descartar problemas familiares que hayan impedido desarrollar un aprendizaje correcto de las emociones que conllevan los actos violentos.

• El adolescente percibe mal las intenciones de los compañeros, interpretándolas como hostiles: en estos casos suele primar la violencia reactiva en detrimento de la espontánea. Es la característica más fácil de controlar, con medidas conductuales y técnicas de modificación del afrontamiento de la realidad.

• Escasa tolerancia a la frustración, con respuestas agresivas ante ella: los requerimientos del entorno han de ser satisfechos de manera inmediata(9). Existe controversia sobre el papel que desempeñan las nuevas formas de ocio basadas en la inmediatez, especialmente los videojuegos que permiten determinadas formas de adicción, debido a la utilización de reforzadores instantáneos (puntos, pasar de nivel). No se dispone de suficiente evidencia científica para determinar su influencia en los patrones de conducta de niños y adolescentes en la actualidad, pero la utilización generalizada de estas formas de ocio, sin duda, están moldeando la psicología de las “nuevas generaciones”.

• Tendencia a culpar a los compañeros de sus propias disconductas: predomina la mentira en el patrón psicológico. Habitualmente, esta característica se debe a un mecanismo de defensa o a una estrategia de afrontamiento de la realidad. Trasladar la consecuencia del acto a otra persona libera la culpa propia.

• Se acompaña de baja autoestima, a pesar de una apariencia de seguridad y dureza: las interacciones sociales pierden estímulos para establecer una adecuada vinculación emocional. La pérdida de éxito en las acciones retroalimenta negativamente la autoestima en un bucle continuo.

• Bajo rendimiento académico y consumo de drogas: son las consecuencias finales del patrón conductual de violencia. Además, por sí mismo pueden incrementar las respuestas violentas reactivas y explosivas.

Trastornos psiquiátricos y violencia

El trastorno psiquiátrico que se asocia con más frecuencia a la violencia en la adolescencia es el trastorno disocial.

Existen varios trastornos que pueden manifestar conductas violentas. Los más prevalentes son el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno Negativista Desafiante (TND), generalmente asociados a cuadros de media o larga evolución, carentes de intervención terapéutica(10); pero el más asociado a las expresiones de violencia, es el Trastorno de Comportamiento o Trastorno Disocial (TD). Las manifestaciones clínicas del TD se sustentan en un patrón de conducta persistente y recurrente no adaptado a las normas sociales de su edad y que viola los derechos de los demás. Además, se pueden producir agresiones a personas y animales, destrucción de la propiedad, robos y transgresiones graves de las normas sociales. En la tabla II se muestran los criterios diagnósticos.

tabla

Los trastornos del comportamiento pueden coexistir con distintos problemas, especialmente cuando las conductas son graves y no se ha actuado de manera precoz(11). Los más importantes son los siguientes:

• Consumo de drogas tóxicas, estupefacientes y otras sustancias: existe asociación entre el consumo de drogas y el TD(12). En ocasiones, las transgresiones se producen por la necesidad de la obtención inmediata de la sustancia. Otras veces, debido al efecto de las drogas, que puede ser agudo o a las alteraciones mentales que produce su consumo a largo plazo.

• Fracaso y absentismo escolares: impide al adolescente obtener los recursos escolares en la resolución de conflictos. Se pierde la estructuración temporal del ocio y del trabajo y se crea una situación de indisciplina que se traslada al ámbito familiar, con el consecuente empeoramiento de una situación ya de por sí deteriorada.

Tratamiento farmacológico

Los fármacos más utilizados son el metilfenidato y la risperidona.

Los psicofármacos se utilizan para disminuir los síntomas, no para tratar la causa que los produce. Se deben utilizar dentro de una estrategia integral que incluye: intervención médica, psicológica, servicios sociales y, si es necesario, fiscalía de menores. Su empleo se realiza en situaciones de elevada impulsividad, agresividad o explosividad, entre otros. Son especialmente útiles cuando subyace un TDAH, un TND o un TD sobre el que no se han realizado intervenciones terapéuticas efectivas y han evolucionado a lo largo de los años, acompañados de otros factores de riesgo. Los más utilizados son el metilfenidato y la risperidona en monoterapia o en combinación en las situaciones más graves(13).

Programas de intervención en la prevención de la violencia en adolescentes

Los programas de intervención multidimensionales son los más efectivos para disminuir la incidencia de comportamientos violentos en los adolescentes.

La violencia es una manifestación conductual de la suma de múltiples variables, factores de riesgo y vulnerabilidad de índole biopsicosocial. Debido a ello, los programas preventivos deben ser multidimensionales(14). Algunos de los más utilizados son los siguientes:

• Programas de intervención/sanción (“el que la hace la paga”): es un programa sancionador, donde se incide en la persecución y ejecución del infractor. El nivel de aversión que produce desaconseja su utilización de manera aislada. Debe ser un programa complementario de los otros tipos.

• Programas de conducta esperada (“saber a qué atenerse”): en este programa predomina la información general y la difusión sin un receptor preestablecido. Se emplea fundamentalmente como programas introductorios a un plan específico de acción y sobre grandes poblaciones.

• Programas de detección/prevención: tiene dos componentes. Por una parte, la detección de la conducta violenta específica y el análisis de los factores que inciden en su desarrollo y mantenimiento. Por otra parte, sobre los resultados obtenidos, se pueden realizar propuestas preventivas que participen en la reconducción de los condicionantes implicados.

• Programas de orientación comunitaria o proactivos(15): se consideran los de elección. Son los utilizados, habitualmente, en los programas de educar para la salud. El diseño de estos programas presenta enorme variabilidad, según: población diana, edad, objetivos específicos, factores socioculturales o ambientales, etc. A partir de este punto, vamos a ver los condicionantes principales para el diseño de un programa de orientación comunitaria o proactivo.

Programa de orientación comunitaria

La manera más fácil para difundir un programa de prevención de la violencia entre la población adolescente es acudir a los institutos en periodo lectivo. Un programa es un concepto amplio, que engloba objetivos, forma de consecución de esos objetivos (mediante conferencias, talleres, etc.), número de sesiones necesarias, etc. A continuación, se desarrolla un programa, a modo de ejemplo, incluyendo sus fases de desarrollo.

En general, se debe utilizar el formato taller (que incluye: exposición de contenidos, debate, recopilación de conclusiones, etc.). En cuanto a la disposición de los asistentes, esta puede ser: en círculo y sin obstáculos que impidan la visión a cuerpo entero de todos los participantes. El responsable del taller se integra en el círculo, como uno más.

• Inicio del taller: se puede comenzar el taller con nuestra presentación y una breve descripción de objetivos. Después, cada uno se presenta y comenta el significado del concepto “violencia”, así como un ejemplo de acto violento. Esta primera fase inicial es útil para disminuir la incertidumbre ambiental y aumentar la afinidad entre los participantes.

• Desarrollo: es la fase que permite mayor variabilidad en sus contenidos. El responsable del taller debe intervenir como moderador. Existen múltiples alternativas para establecer el debate. Se exponen tres a modo de ejemplo. La primera alternativa utiliza material actual en forma de recortes de prensa, vídeos preparados, etc., en que aparezcan actos violentos o sus consecuencias (p. ej.: la noticia de una pelea de aficionados al fútbol o la estadística anual de las agresiones a profesores por parte del alumnado). Hay que recordar que las noticias deben ser cercanas al grupo, teniendo en cuenta su edad. Así, en un grupo de adolescentes, podemos utilizar un vídeo sobre un episodio de guerra y, en preadolescentes, un recorte de prensa sobre una pelea acontecida en una fiesta. La segunda alternativa consiste en ofrecer frases o pequeñas historias para iniciar el debate que se continúa con una opinión general de cada asistente y un correlato emocional de sus consecuencias. La tercera alternativa consiste en realizar las preguntas directas sobre situaciones violentas: agresiones entre alumnos, agresiones homófobas, etc. Esta última puede ser más útil, cuando entre los objetivos se encuentran disminuir determinadas formas de violencias de elevada prevalencia en ese instituto o en su entorno. Como se puede observar, las tres alternativas no son incompatibles y solo son un ejemplo de las múltiples alternativas posibles.

• Finalización: previo a la conclusión del taller se redactan las conclusiones más importantes y se puede realizar un pequeño debate sobre la utilidad de lo realizado.

¿Qué hacer cuando nada es efectivo?

Cuando la intervención terapéutica no es efectiva, es posible recurrir a una modalidad de intervención mediante ingreso en un centro de protección.

La legislación actual sobre el sistema de protección a la infancia y a la adolescencia(16), regula el ingreso de niños y adolescentes en centros de protección específicos para menores de edad con problemas de conducta. Para efectuar el ingreso se requiere de autorización judicial. La autorización la puede solicitar el Ministerio Fiscal o la Entidad Pública con competencias en la evaluación familiar, dentro del área de servicios sociales. El acogimiento residencial en estos centros se realizará cuando no sea posible la intervención a través de otras medidas de protección. No podrán ser ingresados en estos centros, los menores que sufran trastornos mentales que requieran un tratamiento específico por parte de los servicios de Salud mental o de atención a personas con discapacidad.

Función del pediatra de Atención Primaria

Algunas de las funciones del pediatra de Atención Primaria son las siguientes:

• Detectar las situaciones de riesgo y vulnerabilidad, incluyendo la interacción entre factores personales y el entorno.

• Conocer los trastornos psiquiátricos asociados a mayor predisposición de aparición de conductas violentas.

• Prevenir las actividades y comportamientos que puedan generar situaciones de violencia.

• Organizar las acciones terapéuticas efectivas, incluyendo: coordinación entre profesionales implicados, utilización y participación en programas de prevención y derivación a dispositivos específicos, si es necesario.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Krug EG, Mercy JA, Dahlberg LL, Zwi AB. The world report on violence and health. The Lancet. 2002; 360: 1083-8.

2. Moreno-Ruiz D, Estevez E, Jiménez TI, Murgui S. Parenting style and reactive and proactive adolescent violence: Evidence from Spain. Int J Environ Res Public Health. 2018; 15: 2634.

3. Taquette SR, Monteiro DLM. Causes and consequences of adolescent dating violence: a systematic review. J Int Violence Res. 2019; 11: 137-47.

4.** Xia Y, Li SD, Liu TH. The interrelationship between family violence, adolescent violence, and adolescent violent victimization: An application and extension of the cultural spillover theory in China. Int J Environ Res Public Health. 2018; 15: 371.

5. Whiting D, Lichtenstein P, Fazel S. Violence and mental disorders: a structured review of associations by individual diagnoses, risk factors, and risk assessment. Lancet. 2021; 8: 150-61.

6.* Bozzini AB, Bauer A, Maruyama J, Simoes R, Matijasevich A. Factors associated with risk behaviors in adolescence: a systematic review. Braz J Psychiatr. 2020; 43: 210-21.

7.** Backman H, Laajasalo T, Jokela M, Aronen ET. Interpersonal relationships as protective and risk factors for psychopathy: a follow-up study in adolescent offenders. J Youth Adolescence. 2018; 47: 1022-36.

8. McCuish E, Bouchard M, Beauregard E, Corrado R. A network approach to understanding the structure of core symptoms of psychopathic personality disturbance in adolescent offenders. J Abnorm Child Psychol. 2019; 47: 1467-82.

9. Somma A, Andershed H, Borroni S, Salekin RT, Fossati A. Psychopathic personality traits in relation to self-report delinquency in adolescence: should we mind about interactive effects?. J Psychopathol Behav Assess. 2018; 40: 69-78.

10.** Fairchild G, Hawes DJ, Frick PJ, Copeland WE, Odgers CL, Franke B, et al. Conduct Disorder. Nat Rev Dis Primers. 2019; 5: 43.

11. Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. En: I Curso de psiquiatría del niño y del adolescente para pediatras. Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ, edit. Ed: Mayo. Barcelona. 2019.

12.** Bonilla J, González A, Castaño LM. Desarrollo adaptativo y funcionamiento ejecutivo en niños con diagnóstico de trastorno disocial y trastorno de déficit de atención/hiperactividad tipo hiperactivo-impulsivo. Rev Psicopat Psicol Cl. 2019; 24: 117-29.

13.* Sánchez P, Cohen DS. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad en la infancia y adolescencia. Pediatr Integral. 2020; 24: 316-24.

14. Edwards KM, Banyard VL, Sessarego SN, Waterman EA, Mitchell KJ, Chang H. Evaluation of a bystander-focused interpersonal violence prevention program with high school students. Prev Sci. 2019; 20: 488-98.

15. Bosworth K, Espelage D, DuBay T, Dayt­ner G, Karageorge K. Preliminary evaluation of a multimedia violence prevention program for adolescents. Am J Health Behav. 2000; 24: 268-80.

16.** Montalvo F. Dilemas ético-legales que presenta la regulación de la capacidad del menor en el ámbito del tratamiento médico. Pediatr Integral. 2015; 19: 302-7.

Bibliografía recomendada

- Imaz C, González KG, Geijo MS, Higuera MBN, Sánchez I. Violencia en la adolescencia. Pediatr Integral. 2013; 17: 101-8.

En este artículo se describen vías de desarrollo, tipos de agresiones y un modelo de desarrollo de conducta antisocial que permite contextualizar los aspectos teóricos. Se debe considerar una revisión complementaria a la presente, ya que su contenido sigue vigente y se enfoca desde un punto de vista importante, como es el psicopatológico.

- Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. Pediatr Integral. 2017; 21: 73-81.

Algunos trastornos mentales y del comportamiento pueden cursar con violencia. En este artículo se revisa el estado actual de los trastornos del comportamiento más frecuentes en la infancia y la adolescencia. Se realiza una aproximación a su diagnóstico y tratamiento.

 

Caso clínico

Juan, de 13 años, acude a la consulta de su pediatra de Atención Primaria (PAP) acompañado por su padre. La PAP comprueba el registro de las anteriores visitas y constata que desde los 8 años no acude al Centro de Salud. Entre los antecedentes, destaca una importante desestructuración familiar. Su padre ha estado en la cárcel desde que Juan tenía 3 años hasta dos semanas previas a la cita, debido a delitos relacionados con el tráfico de drogas. Separación de sus padres a los dos años y varias parejas de la madre denunciadas por violencia y agresiones hacia ella y hacia Juan y sus 4 hermanos. Alta sospecha de consumo de tóxicos durante el embarazo de Juan y posteriormente.

El padre de Juan le cuenta a la PAP que cuando sale de la cárcel decide mejorar las relaciones familiares que estaban muy deterioradas y que después de varios años sin contacto con sus hijos está intentando “hacer cambios en su vida y volver a ser padre”, que ha dejado de consumir y está buscando trabajo. Aunque la relación con la madre no es mala y él mantiene la custodia junto con la madre, refiere que “los niños deberían tener una vida mejor, ya que tanto él como su madre no son buenos ejemplos para ellos”.

Juan está repitiendo 1º de la ESO en el instituto de su barrio. También repitió 5º curso de primaria. Su rendimiento este curso no es bueno. En la primera evaluación, suspende 5 asignaturas (todas las principales) y presenta muchos problemas de comportamiento. En los últimos 4 años, ha tenido muchas peleas con los compañeros de clase y también en el barrio. Pasa muchas horas en la calle con chicos de más edad cuando vuelve de clase y los fines de semana, y cuando está en casa solo quiere jugar con su videoconsola. Refiere su padre que la madre está desbordada y, aunque lo intenta, “su enfermedad, las drogas, que es la misma que tenía yo” le impide ser consistente en las pautas educativas. El padre vive en un piso de alquiler en la misma calle del domicilio de Juan, su madre y hermanos, y todos los días lo recoge en el instituto, lo lleva a su casa y por la noche lo acompaña a la casa de la madre. “Estas dos semanas que he estado con Juan he visto a un hijo que no hace caso. Me desafía constantemente y me ha insultado y empujado cuando intento que estudie o no dejo que salga a la calle”.

El padre de Juan trae unos papeles muy arrugados. Uno de ellos es un informe del equipo de orientación del colegio realizado en 3º de primaria (8 años). En el resumen final, se señala la existencia de grandes dificultades para el autocontrol de las emociones, la excesiva intolerancia a la frustración y las conductas impulsivas y temerarias que manifiesta en el colegio, así como la merma importante en la atención mantenida. No se refiere existencia de problemas conductuales importantes (agresiones, insultos…), pero se indica la necesidad de estudio y seguimiento por salud mental, o quien corresponda, debido a que sus dificultades aumentan progresivamente. El cociente intelectual es normal y no presenta trastornos del aprendizaje aparentes.

Otros papeles, esta vez del instituto e igualmente arrugados, mencionan problemas conductuales relacionados con conductas agresivas, expulsiones, peleas, desafíos, etc. Según parece, desde la llegada al instituto esas conductas han sido la tónica general.

Por último, la pediatra analiza siete citaciones en el Juzgado de Menores, de los últimos 12 meses, debido a denuncias: agresión y robo en una zona turística cercana al domicilio, detención después de la quema de unos contenedores de basura y similares.

En la historia de Juan figura el comienzo de un estudio por sospecha de TDAH a la edad de 7 años que no se pudo completar.

Después de 5 consultas en las que la pediatra cita a la madre, vuelve a hablar con Juan y con su padre, y recaba información de servicios sociales, del instituto y de la fiscalía de menores, se comienza tratamiento con metilfenidato a 1 mg/kg/día y risperidona a baja dosis. Los resultados iniciales son positivos, pero a medio plazo dependerán del trabajo coordinado de pediatra, familia, servicios sociales, instituto y fiscalía.

 

Algoritmo

 

Aspectos bioéticos en la atención al adolescente

I. Riaño Galán*, I. del Río Pastoriza
Temas de FC


I. Riaño Galán*, I. del Río Pastoriza**

*Unidad de Endocrinología y Diabetes Infantil. AGC Pediatría. HUCA. Oviedo. Máster en Bioética. Coordinadora Comité de Ética de la AEP. **Pediatra CS Arcade. Pontevedra. Máster en Bioética. Secretaria Comité de Ética de la AEP

Resumen

El enfoque en la atención al adolescente desde la bioética, aporta una mirada abierta y enriquecedora hacia las personas en esta etapa vital con tanto potencial, pero al mismo tiempo tanta vulnerabilidad, lo que nos exige actuar con prudencia. Es precisa una formación científica y tecnológica, la mejor posible, pero la integración de los aspectos éticos en nuestra práctica clínica constituye una necesidad si queremos lograr la excelencia. Los cambios en la relación clínica hacen indispensable la incorporación del menor en la toma de decisiones sobre su salud, de acuerdo con su madurez y capacidad. Se debe promover la autonomía y la responsabilidad en el autocuidado de la salud, informándoles y haciéndoles partícipes de la decisión en función de su capacidad. La reflexión de los profesionales implicados en la atención de los adolescentes, así como el debate público, permitirán alcanzar consensos que garanticen el equilibrio entre la protección del menor como persona vulnerable y el respeto a su creciente autonomía. Nuestra actitud como profesionales ha de ser la de agentes de educación sanitaria y patrones de referencia.

 

Abstract

The focus on adolescent care from the Bioethics perspective, provides an open and enriching vision of this vital stage with so much potential, but at the same time with so much vulnerability; hence, we must act with caution. The best possible scientific and technological training is necessary, but the integration of ethical aspects in our clinical practice is a requirement if we aim to achieve excellence. Changes in the clinical relationship make it essential to include the minors in making decisions about their health, according to their maturity and capacity. Autonomy and responsibility in health self-care should be promoted, informing and making them participate in decisions, based on their capacity. The reflection of the professionals involved in the care of adolescents, as well as the public debate, will allow reaching consensus that guarantee a balance between the protection of the minors as vulnerable individuals and respecting their growing autonomy. Our attitude as professionals must be that of health education agents and role models.

 

Palabras clave: Ética; Adolescencia; Interés superior del menor; Confidencialidad; Adicciones.

Key words: Ethics; Adolescent; The best interest of the minor; Confidentiality; Addictions.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 236 – 243

 


OBJETIVOS

• Comprender la necesidad de incorporar los valores en la atención clínica al adolescente.

• Aprender a deliberar para superar los desacuerdos en la práctica clínica.

• Conocer los factores a tener en cuenta para valorar la capacidad del menor para tomar decisiones autónomas.

• Descubrir el interés superior del menor, como el criterio ético y legal para la toma de decisiones.

• Afrontar el reto de acompañar a los adolescentes en situaciones de riesgo.

• Mostrar la diversidad como una riqueza humana.

Aspectos bioéticos en la atención al adolescente

Introducción

La adolescencia es una etapa compleja, de riesgos y oportunidades, etapa de cambios, tanto en la esfera somática como en la psicoafectiva, moral y social.

La adolescencia no es un fenómeno nuevo. Lo novedoso es la tendencia a prolongar este periodo, la denominada “adultescencia” o adolescentes eternos, que se instalan en esa etapa vital, sin tomar la propia vida en las manos de forma activa, para gobernarla acorde a la razón, pues eso es para Kant alcanzar la madurez. En este sentido, la adolescencia tiene mucho que ver con la ética, pues esta trata de construir valores y es en esta etapa cuando se interiorizan los valores y madura la propia personalidad. El adolescente vive un periodo de incertidumbre, ya no es un niño, pero tampoco un adulto. Su creciente madurez le lleva a distanciarse de los criterios de su entorno (familia, profesores, usos y costumbres sociales), sin tener aún otros valores interiorizados y asumidos como propios(1). Desea libertad y autonomía, rebelándose de toda forma de autoridad y queriendo romper con los esquemas recibidos. En casos extremos, situaciones como el inicio del uso de sustancias psicoactivas, pueden ser expresión de esa rebelión y protesta.

¿Es necesaria la formación en ética?

La formación en bioética dota de herramientas para resolver los problemas, cada vez más complejos, a los que nos enfrentamos en la práctica clínica.

La resolución satisfactoria de los problemas éticos, que son conflictos de valores, exige una formación en bioética. El horizonte es promover personas autónomas, comprometidas y responsables en su ejercicio profesional, capaces de cambiar las reglas recibidas y dar respuesta a los nuevos interrogantes(2). La ética trata de los deberes y, en nuestro caso particular como pediatras, del deber de promover el valor de la salud en los niños y adolescentes. La buena voluntad, el sentido común y la experiencia no son suficientes. Constituyen un buen punto de partida, pero deben acompañarse de una metodología apropiada que nos permita la toma de decisiones prudentes y responsables.

La formación teórica no es suficiente, puesto que la clave radica en lo que se aprende del ejemplo, es decir, el llamado “currículo oculto”(3). Este incluye las múltiples “rutinas” no cuestionadas, que impregnan la práctica clínica cotidiana, y que las personas en formación perciben y asumen.

La comunicación es clave en todo el proceso de relación clínica. Por ello, la responsabilidad de mejorar las habilidades de comunicación, de forma que la relación clínica tenga más calidad y calidez. Para informar, es preciso tiempo suficiente y espacio adecuado. En ocasiones, la sobrecarga de trabajo es uno de los obstáculos, pero no es suficiente decir que no hay tiempo, sino que habrá que analizar cómo nos organizamos, así como argumentar las prioridades para lograr los cambios necesarios. Tal y como indica Carmen Martínez(4), un gran problema de comunicación con el adolescente es la incomunicación. Propone cinco actitudes que promueven la buena comunicación: capacidad de escucha, asentimiento, actitud empática, favorecer la confidencialidad y capacidad de contención. Sin olvidar en palabras de Peter Drucke, que lo más importante en la comunicación es lo que no se dice.

Aprender a deliberar

La bioética tiene una orientación práctica y nos aporta un método para tomar decisiones.

El objetivo de la bioética es educar en la deliberación, dotar al ser humano de una “segunda naturaleza”, buscando que nuestras decisiones sean justas, correctas, prudentes, en una búsqueda de la excelencia. Adquirir hábitos deliberativos, exige esfuerzo y el desarrollo de actitudes como: respeto, diálogo, escucha activa y empatía(5).

La tabla I resume algunos de los valores a construir en nuestra relación clínica con los adolescentes(6).

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Resulta imprescindible conjugar la medicina basada en la evidencia con la medicina basada en los valores(7,8). Cada caso es único, por ello, debe ser analizado desde los hechos clínicos a los valores implicados. Hemos de asumir la incertidumbre e intentar que participen en el proceso deliberativo todos los implicados, en la medida de sus posibilidades y madurez, desde una ética de la responsabilidad. En los casos más complejos, se puede solicitar el asesoramiento de un comité de ética asistencial. La tabla II resume, de forma esquemática, los diez pasos a aplicar según el método deliberativo para análisis de casos clínicos adaptado por Diego Gracia.

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Cabe resaltar dos elementos claves aplicables a cualquier situación. En primer lugar, la competencia científica, que implica el compromiso de formación continuada. Son necesarios equipos de profesionales bien formados, capaces de atender a los adolescentes de forma continuada y personalizada. En segundo lugar, se promoverá al máximo su autonomía, facilitando su participación, de forma coherente con su escala de valores, desde una actitud de respeto.

El consentimiento por representación y la edad para consentir

Los principales problemas éticos en la atención al adolescente, se plantean en relación con el ejercicio de la autonomía.

El consentimiento informado permite el ejercicio práctico de la autonomía en el ámbito sanitario. El consentimiento por representación se otorgará cuando el paciente menor de edad no sea capaz, intelectual ni emocionalmente, de comprender el alcance de la intervención. En este caso, el consentimiento lo dará el representante legal del menor, después de haber escuchado su opinión si tiene doce años cumplidos. La Ley 41/2002 había rebajado la edad para tomar decisiones sanitarias autónomas a los 16 años, excepto para casos concretos (práctica de ensayos clínicos y práctica de técnicas de reproducción humana asistida) que se rigen por lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad y por las disposiciones especiales de aplicación. La Ley 26/2015, de modificación del sistema de protección a la infancia y adolescencia reformó la Ley 41/2002, incorporando el criterio subjetivo de madurez del menor junto al objetivo, basado en la edad, tal y como se recogía en la Circular 1/2012 de la Fiscalía General del Estado por los conflictos ante transfusiones de sangre y otras intervenciones médicas sobre menores en caso de riesgo grave(9). Cuando se trate de una actuación de grave riesgo para la vida o salud del menor (referido a los menores emancipados o mayores de 16 años), según el criterio del facultativo, el consentimiento lo prestará el representante legal del menor, una vez oída y tenida en cuenta la opinión del menor. Por otra parte, en los casos en los que el consentimiento haya de otorgarlo el representante legal o las personas vinculadas por razones familiares o de hecho, la decisión debe adoptarse atendiendo siempre al mayor beneficio para la vida o salud del paciente, y en caso contrario, deberá ponerse en conocimiento de la autoridad judicial, directamente o a través del Ministerio Fiscal, para que adopte la resolución correspondiente.

El consentimiento informado es una responsabilidad ética compartida entre el equipo de profesionales. La complejidad del mundo moderno ha ido obligando al mundo jurídico a reconocer ámbitos en los que el menor puede realizar actos de manera más o menos autónoma, con capacidad suficiente, similar a un mayor de edad. La doctrina del menor maduro se basa en el respeto a los derechos civiles, desde el momento en que el individuo es capaz para ejercerlos, con independencia de que se haya alcanzado la mayoría de edad legal, pero no hay una edad definida en la que podamos afirmar que un menor sea maduro. El marco jurídico español actual reconoce como norma general, en la Ley de Protección del Menor, el derecho del niño a ser oído, en la medida de su madurez, en todo aquello que le afecte. Asimismo, se afirma el reconocimiento pleno de los menores de edad como sujetos de derechos y con capacidad progresiva para ejercerlos.

La evaluación de la capacidad del adolescente es un tema complejo, que se hará de forma individualizada y prudencial. Las aportaciones de Kholberg sobre el desarrollo del pensamiento moral, permiten distinguir tres niveles que representan los diferentes tipos de relación entre el yo y las reglas o expectativas de la sociedad (Tabla III)(10).

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Se han hecho muchos esfuerzos para buscar herramientas que permitan “medir” la capacidad. En este sentido, la escala de competencia de Lleida facilita medir la madurez del menor, discriminando entre el estadio preconvencional y convencional(11). No obstante, evaluar la capacidad con herramientas es una parte importante, pero no es la única, ni siquiera la decisiva.

Ponderación del riesgo de la decisión. La escala móvil de competencia de Drane (Tabla IV) sigue siendo un referente acerca de la proporcionalidad de la decisión: se deberá ajustar el grado de madurez requerido al riesgo de la decisión(12). Cuanto más graves, peligrosas o irreversibles sean las consecuencias, mayor ha de ser la exigencia de capacidad.

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La búsqueda del interés superior del menor

El interés superior del menor es un criterio ético y legal que siempre hemos de tener presente.

Según la Jurisprudencia, habría que entender el interés del menor, como todo aquello que le beneficia, en el sentido más amplio posible y no solo de orden material, también social, psicológico y moral, todo lo que redunde en su dignidad como persona y en la protección de sus derechos fundamentales; y todo ello, más allá de las preferencias personales de sus padres, tutores, guardadores, médicos o administraciones públicas.

Son muchas las situaciones, difíciles de resolver, que se originan en las consultas de Pediatría. Un escenario más habitual de lo deseable es el de padres separados, que instrumentalizan al menor, queriendo, cada uno, utilizar la asistencia sanitaria en su propio beneficio.

Puede ayudarnos recordar que nuestra obligación, ética y legal, es atender al interés del menor, no dejándonos llevar por las exigencias y/o peticiones de los padres, a las que atenderemos si redundan en beneficio del menor, pero no en caso contrario. Esto también se aplica para el consentimiento por representación; puesto que, en caso de que la decisión de los padres no se ajuste a ese interés superior, el asunto deberá ponerse en conocimiento de la autoridad judicial si las circunstancias lo permiten, o si no lo hacen, actuar directamente en beneficio de dicho menor.

Confidencialidad y protección de datos de menores

El derecho a la confidencialidad y a la protección de datos personales de los que los menores son titulares, es una manifestación más del principio de autonomía.

La confidencialidad de la información clínica para determinadas cuestiones médicas que precisen el acceso a una adecuada asistencia, es un aspecto importante en la atención al adolescente, cuestión ligada al desarrollo del concepto de menor maduro(13).

La Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, establece que los menores, mayores de 14 años pueden consentir el tratamiento de sus datos personales, exceptuando algunos supuestos(14). Esto significa que los mayores de 14 años consienten el tratamiento de datos que implica la elaboración de su historia clínica y tienen, desde esa edad, acceso a la misma, sin necesidad de contar con el consentimiento de sus padres(15).

Sin embargo, es necesario distinguirlo y, a su vez, conectarlo, con los supuestos en que la ley 41/2002, de autonomía del paciente y derechos y obligaciones en materia de documentación clínica, que requieren del consentimiento por representación, y que, en el ámbito de la asistencia sanitaria, la “mayoría de edad” viene regulada a partir de los 16 años.

Podría plantearse el caso de que un adolescente mayor de 14 años prohibiese el acceso a su historia clínica de sus progenitores. En estos casos y sin perjuicio del derecho de los menores, también se reconoce a los padres o tutores, como titulares de la patria potestad, para poder ejercer adecuadamente los deberes inherentes a la misma, ese derecho de acceso a la historia clínica de sus hijos, que estos no podrían evitar.

El tratamiento de los datos de los menores de 14 años tiene que estar autorizado por los titulares de la patria potestad o tutela, pero debemos tener siempre en cuenta, el principio del interés superior del menor que prevalecerá sobre la decisión de los padres, si esta les perjudicase.

Bioética práctica en la consulta del adolescente

La atención del adolescente debe ir más allá de nuestro posible papel en contextos de riesgo y ser capaces de acompañarles.

Se trataría de una responsabilidad en el acompañamiento durante el proceso de desarrollo de la autonomía, desde un enfoque integral de educación para la salud. El enfoque desde la bioética aporta una mirada abierta y enriquecedora hacia las personas en esta etapa vital con tanto potencial, pero al mismo tiempo tanta vulnerabilidad, lo que nos exige actuar con prudencia. Nos lleva a ampliar nuestra mirada más allá del respeto, como Derecho Humano fundamental, entendiendo como imperativo ético las diversidades (sexual, cultural, funcional…) como una riqueza humana.

Trataremos los siguientes temas como más relevantes: la atención a menores que acuden solos a la consulta y la multiculturalidad; las implicaciones éticas de la educación afectivo-sexual; dentro de la atención a las adicciones, hablaremos del juego y la adicción a la tecnología y el acompañamiento en problemas de salud mental.

Atención al adolescente no acompañado

No existe justificación, ni ética ni legal, para no atender al adolescente no acompañado en caso de patologías banales.

Nuestro deber es siempre de acogida inicial para realizar actividades de educación para la salud y detectar conductas de riesgo. En caso de observar indicios de problemas graves de salud o dichas conductas, intentaremos persuadirlos para que acudan con la familia (o incluso llegar a localizarla si existiese riesgo vital).

Multiculturalidad

Desde una mirada ética se promueve, más allá del respeto, la diversidad cultural como una riqueza humana.

Tenemos que realizar un esfuerzo de empatía y solidaridad para atender a las personas con calidez y calidad. Como derecho humano y deber profesional. Pensando, además, en los adolescentes como grupo de riesgo por su especial vulnerabilidad.

Educación afectivo-sexual

La educación sexual no puede ir desligada de la educación afectiva.

Es necesaria la formación en valores de los adolescentes y, en especial, la afectivo-sexual, dado que tiene un componente ético innegable. Los límites esenciales en la sexualidad y su expresión, se encuentran dentro de los Derechos Humanos y los principios de la ética(16). Es preciso ayudar a los adolescentes a crear un código ético propio para que ejerzan sus derechos, respeten los de los demás, y desarrollen actitudes y conductas responsables y saludables. La educación sexual necesita ser humanizada y menos estereotipada, siendo la familia el modelo de conducta, y dentro del concepto de la educación para la salud en un sentido amplio y positivo.

Entendida de modo global de salud física y psíquica, puede constituir un elemento de protección para los más vulnerables. Además, se trata de un derecho incorporado en convenciones internacionales (Convención sobre los Derechos de los Niños, Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo).

Tal y como afirman Chis Oliveira y Amada Traba: “la educación afectivo-sexual tendría que ayudar en la construcción de un proyecto de vida propio en un marco de libertad y en la construcción de puentes de entendimiento entre las personas con independencia de identidades y orientaciones”(17). Es preciso buscar espacios para una educación reflexiva que permita superar los problemas más graves (malestar, agresiones, cosificación, adicciones) y que trabaje ejes transversales como: el consentimiento, la igualdad, el cuidado y la salud. La hipersexualización y la aparente libertad sexual puede ser reflejo de los problemas relacionados con el nuevo mito derivado de la sociedad de consumo. La pornografía como principal fuente de información sexual en adolescentes, condiciona sus comportamientos sexuales, generando expectativas irreales y provocando alarma entre los profesionales. Como consecuencia de la concepción de la sexualidad dominadora e irresponsable, se aprecia un incremento del uso de la prostitución por parte de los jóvenes, así como la fascinación por tener relaciones sexuales con robots. Los adolescentes “encuentran en la prostitución y en la pornografía una escuela de la desigualdad humana”, lo cual debe ser motivo de reflexión.

En relación con la diversidad de género, el posicionamiento de la Asociación Española de Pediatría (AEP) pretende aportar una mirada ética(18). Como profesionales, debemos contar con una formación mínima e información básica sobre nuestros recursos locales, para realizar un acompañamiento médico positivo, entendiendo la diversidad sexual como una riqueza humana.

Salud digital

El acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es un derecho, pero se han de facilitar herramientas para evitar que pierdan su identidad, su independencia, su seguridad y su individualidad.

El experto en seguridad digital, Guillermo Cánovas, presidente y fundador de la organización de protección del menor Protégeles, ofrece una guía para la salud digital(19). Apunta que los adolescentes demandan información sobre seguridad, siendo importante incorporar los términos de “salud” y “responsabilidad”, en el concepto global de “Salud digital”. Cabe reseñar su colaboración en webs de ayuda (https://educalike.es/; https://guiasaluddigital.com/).

El objetivo sería facilitar herramientas que les permitan adaptarse al nuevo entorno. Podemos evitar problemas asociados al uso incorrecto de las TIC si los identificamos y trasladamos a la educación. Debemos conocer las posibles experiencias dañinas: ciberbullying (acoso escolar online); cibergrooming (acoso sexual); usurpaciones de identidad; y desórdenes de adicción a Internet y a otras nuevas tecnologías. Son necesarias: campañas de prevención, difusión de líneas de ayuda y atención personalizada.

Asimismo, no hemos de olvidar la gran influencia de las redes sociales sobre el modo en que los adolescentes construyen su identidad, su autoestima y sus relaciones. Los perfiles que crean, desempeñan un papel fundamental a la hora de aceptar lo que sienten y piensan. Les permite: recibir validación social, interiorizar normas sociales, adquirir control sobre sí mismos, reforzar y crear vínculos.

Como profesionales, debemos conocer los posibles impactos negativos, para detectarlos y ofrecer ayuda especializada. La conducta adictiva a Internet (CAI) se refiere a un patrón de comportamiento caracterizado por la pérdida de control sobre el uso de Internet. Conduce potencialmente al aislamiento, descuido de las relaciones sociales, actividades académicas y recreativas, y de la salud. Se enmarca en la conducta o comportamiento disfuncional en Internet (CDI). Como en las demás adicciones, podemos encontrarnos con distintas categorías (uso, abuso/uso inadecuado, adicción), que requerirán distintos tipos de manejo en función de la gravedad. También existen riesgos con los videojuegos: adicción, contacto con desconocidos, acoso, gasto económico, aislamiento y desarrollo de emociones negativas.

Las consecuencias derivadas del mal uso se pueden evitar trabajando con los menores, con implicación de las familias e integración de la formación en el currículo escolar. Desde la bioética, como profesionales, en la búsqueda del recomendable “curso óptimo de acción”, procede reflexionar sobre la necesidad de situarnos en un punto intermedio con respecto a la tecnología: ni tecnófilos ni tecnófobos.

Conductas adictivas

Nuestra actitud como profesionales ha de ser la de agentes de educación sanitaria y patrones de referencia.

La adolescencia es una etapa de riesgo potencial para las adicciones (tabaco, alcohol, drogas, juego…)(20). Hemos de valorar en qué categoría nos encontramos, para decidir nuestra actuación. Del consejo sanitario, en caso de consumo esporádico, sin distorsión de la vida del adolescente, que permitirá mantener la confidencialidad, al extremo de la adicción grave, que precisará de asistencia especializada y apoyo familiar, por la merma de la capacidad para tomar decisiones autónomas y las escasas posibilidades de gestionarlo sin ayuda. Hemos de acercarnos al adolescente, ofreciendo recursos adecuados, donde puedan encontrar respuestas claras a sus interrogantes, como las webs de organizaciones sanitarias, por ejemplo, la web Salud Joven de la AEPap (http://www.familiaysalud.es/salud-joven).

Trastornos psiquiátricos

Ante los trastornos psiquiátricos, se ha de acompañar y valorar su gravedad y cómo afectan a su capacidad.

De igual modo que con las adicciones, nuestra actitud dependerá de las consecuencias, de la distorsión del trastorno sobre su vida, la gravedad y el modo en que afecten a su capacidad para la toma de decisiones autónomas. Por ello, podemos considerar apropiado mantener la confidencialidad en trastornos leves, pero proceder a un internamiento forzoso, justificado éticamente, en caso de urgencia y riesgo vital.

Cabe destacar los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) por su frecuencia e importancia social. Sin duda, precisan de un manejo multidisciplinar y una valoración individualizada. Como profesionales, no podemos obviar los riesgos de páginas web que promueven de forma explícita los TCA y debemos adoptar una conducta proactiva para evitar su expansión.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria goza de una posición privilegiada para acompañar al adolescente en el proceso de desarrollo de su autonomía. Ello se debe a su posibilidad de establecer un contacto más continuado, próximo e intenso desde la infancia, que facilita una comunicación más fluida y mejor conocimiento del menor y su familia, sus creencias y valores, sus dudas y temores. Por ello, puede actuar como elemento fundamental en la integración y práctica del consentimiento informado. Como pediatras, se debe valorar la capacidad para tomar una decisión madura en una situación concreta, más que la madurez global. La adolescencia constituye una etapa idónea para entrenarse en tomar aquellas decisiones para las que tienen madurez suficiente, así como responsabilizándose de forma progresiva de adquirir hábitos de vida saludables. Por todo ello, hemos de ser prudentes al ponderar su participación en la toma de decisiones y hacer planteamientos integrales y personalizados que tengan en cuenta todos los elementos que caracterizan las decisiones como autónomas (Fig. 1); y como señala Diego Gracia, evitar caer en el error clásico de considerar inmaduro al que tiene un sistema de valores distinto al nuestro. En definitiva, junto a la mejora de la calidad técnica, es necesario fomentar la calidad ética de las intervenciones, de modo que la dignidad y la autonomía de los adolescentes sean respetadas.

figura

Figura 1. Requisitos necesarios para la toma de decisiones autónomas.

 

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Martínez González C. Aspectos éticos en la adolescencia: del menor maduro al adulto autónomo. Adolescere. 2013; 1: 22-6.

2.** Riaño Galán I. La bioética en la formación de los pediatras. An Pediatr (Barc). 2014; 80: 69-70.

3. Martínez González C, Riaño Galán I. La empatía, elemento clave del currículo oculto. Editorial. Form Act Pediatr Aten Prim. 2018; 11: 189-90.

4.** Martínez González C, Ortega González C. Entrevista con el adolescente. Problemas de comunicación. Rev Esp Endocrinol Pediatr. 2016; 7: 23-6.

5.*** Gracia D. Teoría y práctica de la deliberación moral. En: Feíto L, Gracia D, Sánchez M. (Eds.). Bioética: el estado de la cuestión. Madrid, Triacastela; 2011. p. 101-54.

6.*** Riaño Galán I, del Río Pastoriza I, Díaz E. Implicaciones éticas de la atención al adolescente. En: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral 3ª ed. Madrid: Ergon; 2021. p. 41-7.

7. Sánchez Jacob M. ¿Por qué una medicina basada en los valores? Una reflexión desde la ética. Adolescere. 2016; IV: 28-34.

8. Petrova M, Dale J, Fulford B. Values-based practice in primary care: easing the tensions between individual values, ethical principles and best evidence. Br J Gen Pract. 2006; 56: 703-9.

9.*** Martín Espíldora MN. Novedades en la ley de protección del menor. 2ª parte: atención al adolescente. Form Act Pediatr Aten Prim. 2016; 9: 1-15.

10. Kholberg L. Psicología del desarrollo moral. Bilbao: Desclee de Brouwer, 1992.

11. Espejo M, Miquel E, Esquerda M, Pifarre J. Valoración de la competencia del menor en relación con la toma de decisiones sanitarias: escala de la competencia de Lleida. Med Clin (Barc). 2011; 136: 26–30.

12. Drane JF. Las múltiples caras de la competencia. En: Couceiro A ed. Bioética para clínicos. Madrid, Triacastela; 1999. p. 163-76.

13. Martín Espíldora MN, Altisent Trota R, Delgado Marroquín MT. La intimidad, la confidencialidad y el secreto médico en la relación clínica con adolescentes. En: De los Reyes M, Sánchez-Jacob M (Eds.): Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena. Madrid: Editorial Ergon; 2010. p. 341-50.

14. Varios. La adaptación al nuevo marco de protección de datos tras el RGPD y la LOPDGDD. Madrid: Wolters Kluwer. 2019.

15. Lizárraga Bonelli E, Cañones Garzón PJ. Reflexiones sobre el acceso a las historias clínicas por parte de los pacientes menores de edad. Med Gen Fam. 2017; 6: 277-84.

16. Varios. Afectividad y sexualidad. ¿Son educables? Barcelona: Fundació Victor Grifols i Lucas. 2010.

17. Oliveira C, Traba A. Amarte. Pensar el amor en el siglo XXI. Editorial Los libros de la Catarata. Madrid. 2019.

18.** Riaño Galán I, del Río Pastoriza I, Chueca Guindulain M, Gabaldón Fraile S, de Montalvo Jááskeläinem F. Posicionamiento Técnico de la Asociación Española de Pediatría en relación con la diversidad de género en la infancia y la adolescencia: mirada ética y jurídica desde una perspectiva multidisciplinar. An Pediatr (Barc). 2018; 89: 123.e1-123.e6. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2018.02.012.

19. Cánovas G. Cariño he conectado a los niños. Guía sobre salud digital para familias y educadores. Bilbao: Ediciones Mensajero. 2015.

20. Hidalgo MI, Judez J. Adolescencia de alto riesgo. Consumo de drogas y conductas delictivas. Pediatr Integral. 2007; XI: 895-910.

Bibliografía recomendada

- De los Reyes M, Sánchez-Jacob M (Eds.): Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena. Madrid: Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla La Mancha; 2010; p. 41-8.

Libro de obligada referencia, cuya parte IV está dedicada a cuestiones durante la adolescencia. Desde el capítulo 36 al 51 analiza de forma pormenorizada aspectos éticos, para tener en cuenta en la etapa de la adolescencia.

- Gracia D. Construyendo valores. Madrid: Triacastela. 2013.

Desde la realidad cotidiana, describe el modo concreto de cómo los seres humanos elaboramos y construimos valores. Para Diego Gracia, el objetivo de cualquier programa docente ha de ser la educación en valores.

- Martínez González C, Tasso Cereceda M, Sánchez Jacob M, Riaño Galán I. Comité de Bioética de la AEP. Pediatras sólidos en tiempos líquidos. Reanimando la profesionalidad. An Pediatr (Barc). 2017; 86: 354.e1-354.e4. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.anpedi.2016.10.005.

La profesionalidad apenas se enseña formalmente. Se aprende por ósmosis a través del currículum oculto, que transmitimos de forma inconsciente a estudiantes, residentes y compañeros. Todos somos modelo o contramodelo de profesionalidad.

- Páginas webs recomendadas:

http://www.familiaysalud.es/salud-joven/

https://educalike.es/

https://guiasaluddigital.com/

https://www.aeped.es/comite-bioetica

 

Caso clínico

Adolescente de 14 años que, controlado por tiroiditis, acude solo a la consulta de Endocrinología Pediátrica a por los resultados del último control analítico. Está nervioso y nos cuenta toxicomanía (ya no solo los fines de semana, sino también cuando está solo y se siente ansioso), y afirma que no quiere que su familia lo sepa.

En primer lugar, se realiza la entrevista para determinar la evaluación psicosocial general y establecer el patrón de consumo, previo al proceso deliberativo para la toma de decisiones, con el fin de tener un conocimiento más profundo de los hechos.

Por el momento considera que el consumo no está distorsionando su vida a nivel personal, académico ni social, mantiene preservadas sus relaciones con amigos y tampoco parece que existan conflictos familiares graves, pero que lo que no quiere es preocupar a sus padres.

Tras esta recogida de datos de la entrevista clínica, procedemos a realizar el proceso deliberativo, de modo que se vulneren lo menos posible los valores en conflicto. Por un lado, nos encontramos con el derecho del menor a la confidencialidad que, en ocasiones, no es posible respetar, en caso de estar en grave riesgo su salud o su vida y, por otro, el derecho de la familia a participar en las decisiones sobre la salud de sus hijos menores (siempre en su beneficio), y el deber de protegerles, cuidarles y acompañarles cuando lo necesiten, sobre todo en situaciones de riesgo, donde es más probable que el menor precise de esa ayuda.

Nos encontramos con el conflicto ético de mantener la confianza y potenciar la autonomía del menor, pero intentando tomar decisiones clínicas prudentes, dada su potencial vulnerabilidad.

 

Algoritmo

 

Problemas escolares en la adolescencia

L. Abad Mas*, P. Moreno Madrid**, V. Peláez Marco****, D. Huerta Pándura***, A. Valls Monzó***, R. Martínez Borondo***, A. Ibáñez Orrico****, P. Mengod Balbas***
Temas de FC


L. Abad Mas*, P. Moreno Madrid**, V. Peláez Marco****, D. Huerta Pándura***, A. Valls Monzó***, R. Martínez Borondo***, A. Ibáñez Orrico****, P. Mengod Balbas***

*Psicopedagogo. Director del Centro de Desarrollo Cognitivo. **Psicóloga. Coordinadora del Departamento de Funciones Cerebrales Superiores. ***Psicóloga. ****Pedagoga. Red Cenit, Centros de Desarrollo Cognitivo. Valencia

Resumen

La adolescencia representa un periodo de cambios, tanto en las exigencias que se le requieren como en su rendimiento académico. Los alumnos con funciones ejecutivas deficitarias suelen presentar dificultades para manejar adecuadamente las demandas propias de esta etapa. Los estudiantes con Trastornos de Aprendizaje (TA) manifiestan una discrepancia significativa entre su logro académico y su potencial intelectual. El TA que más interfiere para el adecuado rendimiento académico en los adolescentes es la dislexia y los problemas de comprensión. Igualmente, el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, como ocurre en los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o en altas capacidades intelectuales, por sus características diferenciales, precisará también atención específica educativa orientada a su desarrollo integral: cognitivo, social y emocional. Las habilidades sociales ayudan a un óptimo ajuste personal, mejores logros escolares y adaptación social, previniendo así, el acoso escolar. Los estudios actuales establecen que, un uso prolongado de redes sociales y nuevas tecnologías, puede influir en el rendimiento académico de los adolescentes.

 

Abstract

Teenage years represent a period of change, both in the expectations generated from them, as well as in their academic performance. Students with deficient executive functions usually manifest difficulties to adequately manage the demands of this stage of life. Students with Learning Disorders (LD) show a significant discrepancy between their academic achievements and their intellectual potential. The LD that mostly interfere with adequate academic performance in adolescence are dyslexia and comprehension disabilities. In addition, students with specific needs for education support, for instance, attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD) or high intellectual abilities, will also require specific educational attention focused on their comprehensive development: cognitive, social and emotional. Social skills help optimal personal adjustment, better school achievements and social adaptation, therefore aiding in the prevention of bullying. Current studies have shown that prolonged use of social networks and new technologies can influence the academic performance of teenagers.

 

Palabras clave: Adolescencia; Funciones ejecutivas; Dificultades de aprendizaje; Habilidades sociales; Redes sociales.

Key words: Adolescence; Executive functions; Learning difficulties; Social skills; Social networks.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 222 – 228

 


OBJETIVOS

• Contextualizar la etapa de la adolescencia.

• Conocer la importancia de las funciones ejecutivas en el rendimiento académico.

• Comprender la influencia del adecuado desarrollo de las habilidades sociales en el rendimiento escolar y en la prevención del acoso.

• Valorar la necesidad de una adecuada evaluación para poder diseñar un plan de intervención individualizado que dé respuesta a sus necesidades específicas.

Problemas escolares en la adolescencia

Introducción

La adolescencia es una etapa compleja de la vida marcada por la transición de la infancia a la edad adulta. Se producen cambios: físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales. La corteza prefrontal, fundamental en muchos procesos cognitivos, experimentará un importante desarrollo que culminará alrededor de los 20-25 años. Se distancian de la familia, que va dejando de ser su centro de referencia, dando mayor peso a las relaciones con sus grupos de iguales. En estos intentos de lograr la independencia respecto de sus padres, son frecuentes las conductas de rebeldía frente a los mismos y a la autoridad en general. Todos estos cambios pueden influir en el desempeño académico.

Funciones ejecutivas y rendimiento académico

El objetivo de este apartado es analizar la importancia que tienen las funciones ejecutivas (FE) en el rendimiento académico.

En general, la literatura está de acuerdo en que el rendimiento académico se refiere al nivel de logro que puede alcanzar un estudiante en una o varias asignaturas; cuando no alcanza este nivel o no muestra, a través de sus resultados, el dominio en ciertas tareas, se puede decir que presenta bajo rendimiento académico.

Cada vez más estudios demuestran la dependencia que el éxito académico tiene del correcto funcionamiento de las FE (Tabla I)(1); estas incluyen un grupo de habilidades cognitivas cuyo objetivo principal es facilitar la adaptación de las personas a las nuevas situaciones.

tabla

En el ámbito escolar, la adolescencia representa un periodo de cambios, tanto en las exigencias que se le requieren como en su rendimiento académico. La corteza prefrontal, sede de las FE, se encuentra en pleno desarrollo madurativo al comienzo de esta etapa. Durante este periodo finalizará el proceso madurativo de dichas funciones, permitiendo que se inserte a la vida adulta con los recursos cognitivos pertinentes.

Aunque hay diversidad de opiniones con respecto a cuáles son las FE, las principales serían: velocidad de procesamiento, flexibilidad cognitiva, inhibición y procesos de interferencia, monitorización, planificación, memoria de trabajo y toma de decisiones.

La atención es un proceso cognitivo estrechamente relacionado con las FE, que nos permite orientarnos hacia los estímulos relevantes, procesarlos correctamente y dar una respuesta. Posner (2008)(2) considera la atención como un sistema neurocognitivo complejo, de naturaleza modular, e identifica tres subsistemas: red de alerta o red atencional de vigilancia, red de orientación y atención ejecutiva.

La atención ejecutiva es la más importante desde el ámbito educativo, ya que permite a los estudiantes focalizar de manera voluntaria su atención, evitando estímulos irrelevantes y, por tanto, mejorando el desempeño en tareas que demandan control cognitivo. Está implicada en la resolución de situaciones novedosas y complejas que requieren del control cognitivo.

Los alumnos con FE deficitarias suelen presentar dificultades para manejar adecuadamente las exigencias académicas durante la adolescencia, ya que además durante esta etapa, se les requiere una mayor independencia y planificación de sus responsabilidades. Algunas de las conductas asociadas a estas pobres FE podrían ser:

• Fracaso para traer el material a clase: planificación/organización.

• Perder tareas: organización.

• Olvidar tareas que han completado: organización y memoria de trabajo.

• Mostrar dificultades para iniciar tareas de aprendizaje: iniciación y planificación.

• Inician la tarea, pero no pueden sostener su focalización en ella: atención, organización, planificación y memoria de trabajo.

• Dificultades para cambiar durante la transición de una actividad a otra: flexibilidad mental y memoria de trabajo.

• Dificultades en evaluar cuánto tiempo durará una tarea: planificación y gestión del tiempo.

• Dificultades para dividir tareas a largo plazo en objetivos a corto plazo: organización y planificación.

• Completar las tareas apresuradamente: planificación/organización.

• Frustrarse con facilidad ante las dificultades de aprendizaje: control de impulsos.

• Actuar impulsivamente o hablar fuera de turno: control de los impulsos.

• Tomar decisiones impulsivas apoyadas por las emociones: control de los impulsos.

Trastornos de aprendizaje en la adolescencia

El objetivo de este apartado es conocer más sobre los Trastornos del Aprendizaje (TA) y su incidencia en el rendimiento académico.

Las dificultades de aprendizaje son un término general que se refiere a un grupo heterogéneo de trastornos que se manifiestan por dificultades significativas en la adquisición y uso de la escucha, habla, lectura, escritura, razonamiento o habilidades matemáticas (Miranda y cols., 2008)(3).

Se trata de problemas que para su remisión precisan intervención especializada y prolongada. Los alumnos con TA manifiestan una discrepancia significativa entre su logro académico y su potencial intelectual. El TA que más interfiere para el adecuado rendimiento académico en los adolescentes es la dislexia y los problemas de comprensión.

Dislexia

El término se aplica a aquellos que manifiestan dificultades en el aprendizaje del léxico, reconocimiento de palabras o descodificación. Son las dificultades de aprendizaje más comunes.

Los jóvenes adolescentes con dificultades lectoras, a menudo, no son capaces de responder a las cada vez mayores exigencias escolares, evidenciándose una carencia de conocimientos con respecto a sus compañeros sin dificultades, lo cual puede mermar sus aprendizajes futuros y autoestima.

En la adolescencia, lo más destacado es que su comprensión lectora es deficiente, tienen dificultades en la comprensión de textos largos. En la comprensión de instrucciones escritas, realizan la tarea en función de la información que han retenido, considerando solo algunas variables en la ejecución de las tareas.

Disgrafía

El término se refiere a las personas que tienen dificultades en la grafía, ortografía y composición escrita. Tienen dificultades para escribir de forma legible y ordenada.

En la adolescencia destacan los errores en la ortografía, deficitarios recursos de atención y de memoria de trabajo verbal empeñados a la escritura y dificultades en la composición escrita. En cuanto a la composición escrita, las dificultades suelen encontrarse en los subprocesos de la misma. En la planificación, al generar y organizar ideas, y establecer metas y submetas que guíen la realización del plan de escritura. En la traslación, al producir un texto legible, gramatical y formalmente correcto consistente con el plan establecido. Por último, en la revisión, cuando deben mejorar lo escrito mediante los subprocesos de relectura y edición.

Discalculia

Es un trastorno caracterizado por dificultades en el correcto aprendizaje de las habilidades aritméticas, que afecta significativamente al rendimiento académico o actividades cotidianas que requieren capacidad para el cálculo.

Las dificultades específicas en la solución de problemas matemáticos se observan sobre todo en la adolescencia en los procesos de traducción, al comprender los términos en que está expresado y trasladar lo comprendido al lenguaje matemático. También en los procesos de integración; implica conocimientos acerca de diferentes tipos de tareas matemáticas, reconocer la información relevante para la solución del problema y la habilidad para representar la tarea por medio de algún sistema que facilite su realización. Por último, dificultades en los procesos de planificación, al generar procedimientos que le permitan guiar sus pasos y controlar acciones encaminadas a la solución.

Dificultades en la realización de las operaciones. Los adolescentes suelen tener dificultades en los procesos de revisión y control durante la resolución de procedimientos operatorios específicos.

Altas capacidades, desadaptación social y rendimiento académico

En este apartado analizaremos tres términos que se pueden dar de forma simultánea en alumnos con altas capacidades y veremos cómo estos afectan al rendimiento escolar.

El perfil de los adolescentes con Altas Capacidades (AC):

• Elevada observación crítica.

• Sienten aburrimiento por aquellos temas que no les incentivan o que les resultan rutinarios, necesitan un ritmo de trabajo superior al que se les suele marcar.

• Pueden sobresalir en una o más asignaturas y suelen rendir bien en el colegio si están bien motivados.

• Tendencia a la individualidad, búsqueda de la libertad y buen sentido del humor.

• Capacidad intelectual general.

• Se muestran combativos hacia las situaciones que no aceptan, no les gusta someterse a la autoridad, pueden ser inconformistas y muy desobedientes.

• Pensamiento creativo productivo, suelen ser ingeniosos y originales.

• Desarrollo temprano del locus de control interno.

• Tendencia a hacerse preguntas existenciales, se cuestionan el porqué de las situaciones, especialmente de las no deseadas.

Problemas de bajo rendimiento escolar y desadaptación social

La disponibilidad de buenos recursos en los ámbitos de procesamiento intelectual no asegura su éxito académico e incluso puede provocar problemas de desadaptación social, como el síndrome de disincronía. García González MA y González Martínez MT (1997)(4) exponen que suelen encontrar dificultades en sus relaciones sociales, debido a su actitud crítica, analítica e independiente, también su conocimiento de las distintas áreas y tendencia al liderazgo, provocan en muchas ocasiones respuestas de rechazo, mensajes negativos por parte de sus compañeros e incluso sufren bullying.

Las relaciones familiares, en ocasiones, se pueden ver afectadas ante la falta de estrategias por parte de los padres para hacer frente a esta situación o, desde el lado opuesto, por un elevado nivel de exigencia.

El inconformismo y oposición propios de la adolescencia en jóvenes con AC se ve exacerbado, además, las altas expectativas por parte de padres y profesores representan una presión y carga excesiva que se ve incrementada en la adolescencia.

Es también significativo el aislamiento, depresión o ansiedad por problemas con sus iguales; ya que, en ocasiones, no les atrae lo mismo que al resto de adolescentes.

Otros factores que influyen en el rendimiento académico

TDAH

El objetivo de este apartado es analizar el impacto del TDAH en la adolescencia y la importancia de una buena intervención.

Los adolescentes con TDAH tienen un mayor riesgo de fracaso académico o problemas de aprendizaje. Esto puede ser causado por una variedad de factores, como: la necesidad de supervisión constante, bajo rendimiento escolar (debido a la dificultad de ordenar contenidos y comprenderlos, desencadenando un obstáculo a la hora de procesar información) o mucho esfuerzo y compromiso con resultados bajos.

Sin un tratamiento eficaz, el TDAH puede tener un impacto significativo en los resultados académicos y laborales. Los síntomas están asociados con calificaciones bajas en las pruebas, repetición de grado y no finalización de los estudios de secundaria. Los adultos con TDAH afirmaron que los problemas escolares tenían un impacto significativo en etapas posteriores de la vida y que manejar el trastorno de manera más efectiva en esos años, les hubiese conducido a un mayor éxito académico y laboral.

Según el estudio realizado por Shaw M, Hodgkins P, Caci H, et al. (2012)(5), teniendo como variables a explorar: autoestima, función social, logros académicos, consumo de drogas/comportamiento adictivo, comportamiento antisocial, uso de servicios y trabajo, se llegó a la conclusión de que los TDAH que habían seguido un tratamiento (72%) obtenían una mayor evolución a largo plazo que los sujetos que no habían recibido ningún tipo de tratamiento (28%).

Bullying

El objetivo de este apartado es analizar el impacto del acoso escolar en el rendimiento de la víctima, del agresor y de los observadores.

El bullying tiene repercusión en el rendimiento escolar, tanto en el agresor como en la víctima, pudiendo incluso afectar a los observadores de dicho acoso.

Los alumnos que ejercen el acoso escolar suelen presentar bajo rendimiento, ya que son menos reflexivos, tienen dificultades en entablar relaciones sociales adecuadas y se ven involucrados en problemas debido a la falta de inhibición conductual. En general, son poco populares; ya que, aunque no son marginados por sus iguales, su comportamiento suele estar en el punto de mira y recibe numerosas críticas, lo cual les frustra y provoca fácilmente.

En cuanto a las víctimas del acoso, presentan una baja autoestima y escasa motivación escolar, lo cual es imprescindible para que se dé un aprendizaje significativo, ya que el rendimiento se relaciona con la inteligencia, las funciones ejecutivas, los estilos cognitivos, la autoestima y la motivación (Pérez-Fuentes, Álvarez-Bermejo, Molero, Gázquez y López Vicente, 2011)(6). Si todos estos aspectos no están integrados, no se logrará el rendimiento deseado y, en este caso, la autoestima se ve muy afectada y no pueden concentrarse en tareas inmediatas, porque no ven un futuro esperanzador para ellos y solo pueden centrarse en el momento actual que están viviendo. En algunos casos, puede darse absentismo, ya que la persona que sufre el acoso, evita asistir a clases y lo justifica con todo tipo de dolencias y excusas, llegando incluso a mentir a la familia en cuanto a la asistencia. Esto provoca también un desfase académico y repercute en dicho rendimiento.

En cuanto a los observadores, puede darse un conflicto de valores, desensibilización, falta de atención y concentración, problemas de autoestima y, por ende, bajo rendimiento escolar.

Habilidades sociales

El objetivo de este apartado es analizar la importancia que tienen las habilidades sociales en el rendimiento académico.

Las habilidades sociales (HS) son conductas o destrezas sociales específicas y aprendidas, que son necesarias a la hora de conocer y relacionarnos con otras personas. Incluyen habilidades como: iniciar, mantener y cerrar conversaciones, expresar sentimientos positivos, recibir sentimientos positivos, defender los propios derechos, hacer peticiones o pedir favores, rechazar peticiones, afrontar las críticas y solicitar un cambio de conducta. Los alumnos mediante estas conductas expresan sus sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos, de un modo adecuado a la situación, aumentan sus posibilidades de mantener relaciones satisfactorias, sentirse bien, obtener lo que desean y conseguir que los demás no impidan lograr sus objetivos respetando los derechos de los demás.

Hay que destacar que las HS se pueden aprender de la misma forma que otra conducta o conocimiento y que contribuyen a la reducción de comportamientos problemáticos en el aula, al malestar de los alumnos y a potenciar la autoestima, empatía, establecimiento de relaciones positivas, responsabilidad, capacidad de resolución de problemas, etc.

Los estudios realizados sobre competencia social distinguen dos grandes grupos que presentan problemas de ajuste social: los niños inhibidos, tímidos o aislados y los niños impulsivos, agresivos o asociales. Diversas investigaciones demuestran que en el ámbito escolar, las HS ayudan a un adecuado ajuste personal, mejores logros escolares y adaptación social.

Las HS inciden en el nivel de rendimiento académico, pues el adolescente a través de la interacción, propone soluciones a los problemas que surgen en el contexto educativo, mediante innovación, creatividad, autonomía y propositividad (Núñez et al., 2018)(7). Santamaría y Valdés (2017)(8) encontraron que, a mayor puntuación en HS, mayores puntuaciones en rendimiento académico. Mudarra (2016)(9) en su investigación, determinó que todas las dimensiones de las HS se consideran críticas para el éxito académico, entre estas: la responsabilidad, la comunicación, el autocontrol y la empatía, pues favorecen la enseñanza y la armonía en los ambientes escolares, además de considerarse un factor protector del acoso escolar.

Influencia de las redes sociales y nuevas tecnologías en el rendimiento académico de los adolescentes

El objetivo de este apartado es analizar cómo influyen las redes sociales y las nuevas tecnologías en el rendimiento académico de los adolescentes.

En los últimos años, el uso de las redes sociales (RS) en los adolescentes se ha incrementado exponencialmente, gracias al desarrollo de nuevas plataformas, la adición de nuevas funcionalidades en las ya existentes, la globalización, la hiperconectividad, la sociedad, las restricciones de movilidad debido a la reciente crisis sanitaria y las demandas características de su edad.

Según la Academia Americana de Pediatría, los adolescentes presentan gran vulnerabilidad ante este tipo de plataformas, debido a que su cerebro no ha terminado de desarrollarse totalmente, concretamente la corteza prefrontal que es donde el pensamiento racional se deposita. Esto no sucede hasta alcanzar los 25 años. Dicho esto, en muchos momentos suelen actuar de manera impulsiva y no piensan en las consecuencias de sus actos. Teniendo en cuenta además, que muchas de las RS a las cuales tienen acceso premian este tipo de comportamiento irreflexivo.

Este rápido avance entre los jóvenes está modificando la forma en la que estos estudian, se relacionan y comunican, así como pasan su tiempo de ocio, permaneciendo gran parte del mismo haciendo uso de estas, pudiendo dejar de ser una actividad de ocio para convertirse en un problema serio de adicción y aislamiento. Es importante indicar que este tipo de actividades no son dañinas para los jóvenes, sino el tiempo prolongado que estos pasan conectados (Basteiro J, Robles A, Juarros J y Pedrosa I, 2013)(10). Un uso incontrolado o inadecuado de estas nuevas tecnologías puede llegar a desencadenar riesgos tales como: síntomas de depresión, trastornos alimenticios y de sueño, aislamiento social, ciberbullying o exponerse a contenidos y relaciones inapropiadas o de riesgo. De igual forma, cabe mencionar que no todos los jóvenes hacen un mal uso de Internet y sus redes, ya que muchos de ellos utilizan ese tiempo para realizar búsquedas que expandan su conocimiento, recopilar información, consultar el correo electrónico y acceder a redes sociales para potenciar sus relaciones personales (Ravichandran D, 2019)(11).

Esta expansión tecnológica ha puesto de manifiesto la necesidad de conocer si su uso favorece o interfiere en el aprendizaje escolar de los jóvenes. A pesar de que los resultados no son todavía concluyentes, algunas investigaciones manifiestan que el uso de estas redes y consumo de Internet en general, puede suponer una desventaja académica, repercutiendo en el rendimiento escolar, debido a que el uso de estas tecnologías puede restar tiempo en actividades escolares, siendo ahí donde podría afectar dicho rendimiento.

En estas investigaciones, se establece que cuanto mayor sea el tiempo que los adolescentes permanezcan haciendo uso de estas plataformas, tendrán mayor riesgo de presentar: falta de motivación al estudiar, la no realización de tareas o deberes o mostrar falta de concentración durante las clases y trabajos de investigación. Además, en algunos casos, puede ocasionar ausentismo escolar, reducción del tiempo de estudio en favor del uso de estos dispositivos con fines puramente recreativos o provocar graves lagunas de concentración al estar conectado en alguna red al mismo tiempo que se estudia o se realiza una tarea escolar, con el impacto negativo que esto supone y llegando a obtener bajas calificaciones o incluso puede provocar alteraciones en su salud mental y aislamiento social (Abdulahi A, Samadi B, 2014)(12).

Muchos jóvenes dedican muchas horas de su tiempo durante la noche a las redes sociales o al uso de videojuegos, entre otros, lo cual repercute en la falta de descanso nocturno, provocando cansancio y falta de concentración al día siguiente durante su jornada escolar y que el nivel de hábitos de estudio sea deficiente. Por lo tanto, un mal uso de estos dispositivos o Internet, no solo influye en su desempeño académico, sino que puede llegar a ser nocivo y afectar también sus inter­acciones personales y sociales.

Las redes sociales y otras tecnologías también tienen usos positivos, estableciendo que la utilización de estos instrumentos tecnológicos puede aportar una gran variedad de oportunidades para el aprendizaje y para la socialización, si son utilizados bajo supervisión y asesoramiento de adultos responsables.

Igualmente, hacen hincapié en la importancia del control y limitación del tiempo para hacer uso de estas. Este control debe ir acompañado de orientaciones por parte de los centros escolares, así como de las familias, que les ayudarán a prevenir riesgos que las distintas plataformas puedan presentar, tanto desde la perspectiva tecnológica y ciberseguridad como los asociados al ámbito social y académico.

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primara es fundamental para la identificación temprana del mayor número de casos de problemas de aprendizaje, ya sean los vinculados al desarrollo de las habilidades de aprendizaje o vinculados a cualquier trastorno del neurodesarrollo, como por ejemplo, los ocasionados por un TDAH, un trastorno del lenguaje, etc. Para ello es importante preguntar a las familias sobre su rendimiento escolar en los controles de salud, derivar al Neuropediatra cuando lo considere oportuno y solicitar una evaluación psicopedagógica en aquellos casos en los que haya una sospecha de dificultades o signos de alarma de trastornos del neurodesarrollo.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Tirapu-Ustárroz J, García Molina A, Ríos-Lago M, Ardila A. Neuropsicología de la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas. Barcelona: Viguera. 2012.

2.** Posner MI. Evolution and development of self-regulation. New York: The American Museum of Natural History. 2008.

3.*** Miranda A, Vidal-Abarca E, Soriano M. Evaluación e intervención psicoeducativa en dificultades de aprendizaje. 2008.

4.* García González MA, González Martínez MT. El niño sobredotado: aspectos psicológicos y educativos. 1997.

5.** Shaw M, Hodgkins P, Caci H, Young S, Kahle J, Woods AG, et al. A systematic review and analysis of long-term outcomes in attention deficit hyperactivity disorder: effects of treatment and non-treatment. BMC Med. 2012; 10: 99.

6.* Pérez Fuentes MC, Álvarez-Bermejo JA, Molero M, Gázquez JJ, López Vicente MA. Violencia escolar y rendimiento académico (VERA): aplicación de realidad aumentada. European Journal of Investigation in Health, Education and Psychology. 2011; 1: 71-84.

7.*** Núñez Hernández C, Hernández del Salto V, Jerez Camino D, Rivera Flores D, Núñez Espinoza M. Las habilidades sociales en el rendimiento académico en adolescentes (Social skills in academic performance in teens) Revista de Comunicación de la SEECI. 2018; 47: 37-49.

8.* Santamaría Villar B, Valdés Muñoz MV. Rendimiento del alumnado de educación secundaria obligatoria: Influencia de las habilidades sociales y la inteligencia emocional. International Journal of Developmental and Educational Psychology. Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores. Badajoz, España. 2017; 2: 57-66.

9.* Mudarra MJ, García-Salguero BI. Habilidades sociales y éxito académico: Expectativas de los profesores de educación secundaria. Revista Española de Orientación y Psicopedagogía. Asociación Española de Orientación y Psicopedagogía. Madrid, España. 2016; 27: 114-33.

10.* Abdulahi A, Samadi B. A study on the negative effects of social networking sites such as Facebook among Asia Pacific scholars in Malaysia. International Journal of Business and social science: Center for promoting ideas, EE.UU. 2014.

11.* Ravichandran D. Impact of social Networking sites usage on students’ performance. Inter­national Journal of research and innovation in social science (IJRISS). Vol. III. 2019.

12.* Basteiro J, Robles A, Juarros J, Pedrosa I. Adicción a las redes sociales: creación y validación de un instrumento de medida. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y Logopedia. 2013; 3: 2-8.

Bibliografía recomendada

- Tirapu-Ustárroz J, García Molina A, Ríos-Lago M, Ardila A. Neuropsicología de la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas. Barcelona: Viguera. 2012.

Nos ofrece una visión de la relación entre las FE y otros procesos cognitivos. Se analizan las consecuencias de las alteraciones de la corteza prefrontal y las FE, y se describen patrones de disfunción ejecutiva en diferentes cuadros clínicos. Se detalla la importancia de la evaluación de estas funciones para llegar a un diagnóstico preciso y la necesidad de una intervención clínica y neuropsicológica para su rehabilitación, dada la influencia de ellas en el desempeño de la vida cotidiana.

- Núñez Hernández C, Hernández del Salto V, Jerez Camino D, Rivera Flores D, Núñez Espinoza M. Las habilidades sociales en el rendimiento académico en adolescentes (Social skills in academic performance in teens) Revista de Comunicación de la SEECI. 2018; 47: 37-49.

Exalta la importancia de los comportamientos prosociales, ya que estos juegan un papel importante en el rendimiento académico de los adolescentes. Se plantea la formación académica, considerando a los estudiantes seres biopsicosociales.

- Miranda A, Vidal-Abarca E, Soriano M. Evaluación e intervención psicoeducativa en dificultades de aprendizaje. 2008.

Obra de referencia que resume los avances en la evaluación e intervención de las dificultades de aprendizaje. Ofrece instrumentos y metodologías para el correcto diagnóstico y tratamiento, y muestra la repercusión de estas en el área: personal, social y emocional de los alumnos.

 

Caso clínico

Varón de 14 años que cursa 2º de la ESO en un Centro concertado. Acude a consulta derivado por su neuropediatra, por presentar: problemas de rendimiento académico, problemas de atención, acoso escolar y aislamiento.

Antecedentes familiares

Tiene dos hermanos, una tres años mayor y otro dos años menor, ambos sin problemas. El padre refiere que cuando él era pequeño le decían que era muy despistado y aún hoy en día lo sigue siendo, tuvo problemas de aprendizaje y no consiguió acabar el bachiller.

Anamnesis

La familia refiere que es muy desordenado, tiene falta de atención, es muy lento con sus tareas, tiene problemas de memoria, lee lento, inventa palabras cuando lee, le cuesta discriminar algunas letras, tiene faltas de ortografía, mala resolución de problemas matemáticos, es poco autónomo y necesita ayuda para planificarse.

En el colegio tiene pedagogía terapéutica (PT) dos veces a la semana y el orientador del colegio recomienda intervención especializada, debido a sus problemas de aprendizaje y emocionales, ya que no está integrado en el aula y existe sospecha de acoso escolar.

Cuestionarios de padres y profesores (Tabla II)

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• BASC. Sistema de evaluación de la conducta de niños y adolescentes.

• Criterios diagnósticos DSM-V. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad para padres y profesores.

• Conners. Para padres y maestros.

• CBCL. Plus Cuestionario para padres-educadores.

• Escala IPE. Inventario de problemas escolares.

• SENA Familia.

• BRIEF-2 Familia.

Evaluación neuropsicológica (Tabla III)

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• RTT. Tiempos de reacción.

• CPT. Atención sostenida.

• SAT. Atención selectiva.

• STROOP. Mecanismos de control inhibitorio.

• WCST (Wisconsin Cards Sorting Test). Flexibilidad cognitiva.

• WISC-V. Escala de Inteligencia de Wechsler para niños.

• MFF-20. Test de emparejamiento de Figuras Familiares.

• STAIC. Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo en Niños.

• BDI. Inventario de Depresión de Beck.

Evaluación psicopedagógica individual (Tabla IV)

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• NAC. Nivel de Competencia en Matemáticas

• PROESC. Evaluación de los Procesos de Escritura.

• PROLEC-SE. Evaluación de los Procesos Lectores.

Interpretación diagnóstica (Tabla II-IV)

Tras la exploración instrumental por ordenador de la función atencional y las funciones ejecutivas, se observa que el paciente presenta dos síndromes: síndrome medial o del cíngulo, relacionado con los sistemas atencionales y la motivación, y síndrome dorsolateral vinculado a la flexibilidad cognitiva. Según el enfoque del procesamiento de la información, existe un compromiso severo de los sistemas input, performance y output por las latencias lentas que presenta.

Existe una correlación significativa entre la clínica evaluada y los criterios DSM-V de padres y profesores. El cuadro se define por un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, presentación predominante del déficit de atención (TDAH-I) compatible con la disfunción ejecutiva que presenta.

Tras la aplicación de la batería de evaluación de las estrategias de aprendizaje, el paciente presenta: trastorno especifico del aprendizaje (TA) con dificultades en la lectura, en la precisión de la lectura de palabras y en la velocidad o fluidez de la lectura; TA con dificultad en la expresión escrita, en la corrección ortográfica y claridad u organización de la expresión escrita; y TA con dificultad matemática, en el razonamiento matemático correcto, cálculo correcto o fluido y memorización operaciones aritméticas.

Se observa sintomatología ansiosa y depresiva, tanto en la escala IPE rellenada por los profesores y en la escala SENA rellenada por los padres, así como en las pruebas STAIC y BDI cumplimentada por el propio paciente.

Plan de actuación

Desde el punto terapéutico, se recomienda un abordaje neurocognitivo, psicopedagógico y clínico, que implique la estimulación y/o rehabilitación cognitiva de las FE comprometidas, la intervención sobre las dificultades de aprendizaje que presenta, así como la intervención clínica para tratar los problemas emocionales.

Así mismo, se recomienda la orientación psico-educativa a la familia (desarrollando un programa de orientación específico e individualizado) y, a su vez, coordinación con los profesores y gabinete de orientación del centro educativo donde cursa sus estudios.

 

El entorno y la influencia en la adolescencia: familia, amigos, escuela, universidad y medios de comunicación

M. Pérez Pascual*, M. Salmerón Ruiz**
Temas de FC


M. Pérez Pascual*, M. Salmerón Ruiz**

*Pediatra. Unidad de Medicina de la Adolescencia. Hospital Universitario La Paz. Madrid. **Pediatra. Unidad de adolescencia y Pediatría del Hospital Ruber Internacional de Madrid

Resumen

Si hay una etapa de la vida donde el entorno es determinante, esta es sin duda la adolescencia. Durante la infancia se crea el vínculo con la/las personas de referencia, asentándose las bases de la personalidad y adquiriendo las herramientas para desenvolverse posteriormente. Al llegar la adolescencia, se produce la necesaria “separación” del lecho familiar. En este momento, la opinión y aceptación dentro del grupo de iguales cobra importancia. De estas relaciones, dependerá en gran medida, la autopercepción del adolescente y la forma de relacionarse. Para los adolescentes y jóvenes, la escuela y la universidad son las instituciones donde el conocimiento impartido se valora por encima de otros ámbitos (como la familia, las redes o Internet). La educación equipara a todos los estudiantes, dándoles una formación para enfrentarse posteriormente al mercado laboral. Actualmente, nos encontramos ante la generación de los medios digitales, nacieron inmersos en las tecnologías de la información y la comunicación (TICs). La accesibilidad a multitud de contenidos, la inmediatez, las relaciones a través de las redes, los juegos en línea, etc., ofrecen riesgos y oportunidades. En este artículo se analiza cómo el entorno condiciona la vivencia del adolescente. Se hace una mención a la influencia que está teniendo la actual situación de pandemia por SARS-CoV-2.

 

Abstract

If there is a stage in life where the environment is decisive, this is undoubtedly adolescence. During childhood, the link with the reference person is created, laying the foundations of personality, and incorporating the tools to function afterwards. When adolescence arrives, the necessary “distance” from the family takes place, and the opinion and acceptance within the friend group becomes important. The adolescent’s self-perception and the way he/she relates with others will largely depend on these relationships. For adolescents and young people, school and university are the institutions where the knowledge taught is valued above other areas (such as family, networks or the Internet). Education equates all students, providing them with the training to later face the job market.

Currently, we are facing the generation of digital media, who were born immersed in information and communication technologies (ICTs). Accessibility to a multitude of content, immediacy, relationships through networks, online games, etc, pose risks and opportunities.

This article analyzes how the environment conditions the experience of the adolescent. Mention is made of the influence that the current pandemic situation due to SARS-CoV-2 is having.

 

Palabras clave: Adolescencia; Entorno; Familia; Amigos; Medios de comunicación.

Key words: Adolescence; Environment; Family; Friends; Media.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 214 – 221

 


OBJETIVOS

• Conocer que el entorno del adolescente determinará cómo este se enfrenta a las distintas situaciones de su vida.

• Aprender cómo podemos ayudar a las familias a manejar los conflictos entre padres y adolescentes, fomentando el diálogo y entendimiento entre ambos.

• Conocer cómo los adolescentes se desenvuelven en las redes y medios de comunicación.

• Entender que el sistema educativo obligatorio hasta 16 años en España, hace que los adolescentes pasen la mayoría de estos años bajo este sistema. Sus relaciones en este ámbito terminarán de modelar su personalidad.

• Saber que la aceptación dentro del grupo de iguales será un factor determinante para la autopercepción del adolescente.

El entorno y la influencia en la adolescencia: familia, amigos, escuela, universidad y medios de comunicación

Introducción

La adolescencia es la etapa de la vida donde se logra un importante crecimiento y desarrollo físico y se alcanzan los objetivos psicosociales necesarios en la evolución del joven a la edad adulta. Todos estos objetivos se alcanzan influidos por el entorno donde se encuentra inmerso el adolescente.

Las personas somos seres sociales por naturaleza. La especie humana ha ido avanzando a lo largo de la historia inmersa en sociedades e influida por las relaciones que se han ido produciendo entre las personas que las componen.

La adolescencia comprende más o menos desde los doce hasta los veinticuatro años (desde los 10 a los 19 años según la OMS)(1). La adolescencia es un concepto relativamente moderno, en culturas antiguas se pasaba desde la niñez a la adultez “directamente”. Muchos son los mitos y las creencias falsas de esta etapa, como por ejemplo: “las hormonas disparadas hacen que los adolescentes pierdan la cabeza” o cuando se asevera que esta etapa es un periodo de inmadurez y que los jóvenes solo necesitan madurar o, por último, creer que la adolescencia es un periodo que requiere pasar de la dependencia de los adultos a la total independencia de los mismos.

La familia es el primer núcleo en el que crece el individuo y donde se crean los primeros vínculos padres-hijos (apego). Este primer vínculo, va a marcar el eje de la personalidad del niño y, posteriormente, del adolescente y condiciona sus relaciones futuras. La influencia de los tipos de apego en el comportamiento del adolescente se resume en la tabla I(2).

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Progresivamente, las relaciones con los iguales van cogiendo fuerza, la aceptación dentro del grupo se vuelve prioritaria.

Las instituciones académicas, el colegio, instituto y universidad, ponen a prueba al adolescente. En esta sociedad, el éxito o fracaso en estos ambientes puede hacer que el individuo quede estigmatizado y valorado por las calificaciones obtenidas y no tanto por la valía del mismo. Esto influirá en la autoestima, en la percepción que tienen de ellos mismos, condicionando las relaciones que puedan tener con los demás.

Se propone una reflexión:

• Adolescente que tenga dificultades en el núcleo primario de apoyo (la familia), conflictos entre ellos, descalificaciones, escasa comunicación, junto con relaciones pobres entre iguales, escasa red de amistades, siendo estas superficiales, que hacen que se aísle y se refugie en las redes sociales, y fracaso escolar por desmotivación.

• Adolescente con buena comunicación con sus padres, ambiente honesto en la familia, escucha activa y ayuda a la resolución de conflictos, grupo de amigos estable con buena aceptación dentro del mismo y excelentes resultados académicos que hacen que el adolescente se sienta satisfecho consigo mismo y aceptado dentro de la sociedad.

¿Cuánto ha influido el ambiente en estos dos adolescentes? ¿Qué hubiese pasado si se intercambiaran los adolescentes? ¿Cómo nos hemos sentido nosotros al leer los dos ejemplos? ¿Qué sentimientos surgen? ¿Cómo reaccionar con uno y otro si aparecieran en la consulta?

Con esto se pretende reflexionar cómo el entorno influye en los adolescentes y los adolescentes en el entorno (Fig. 1).

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Figura 1. El adolescente y su entorno.

Otro gran condicionante en los adolescentes es sin duda el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TICs). El smartphone nació en 1994, pero fue en 2007 cuando la salida del primer iPhone impulsó la popularización de los móviles inteligentes. Fue a partir de entonces, cuando se empezó la conexión a Internet desde un pequeño dispositivo que cabía en el bolsillo y que facilitaba el acceso al mundo, siendo difícil para niños y adultos un uso racional. El impacto de las TICs y sus efectos va a ser determinante en el desarrollo de los adolescentes, como veremos más adelante.

En este artículo se analiza cómo la familia, los amigos, la escuela y los medios influyen en el adolescente.

La familia

La familia española ha sufrido en pocas décadas la transformación que otros países tardaron un siglo(3). La inestabilidad que sufren las familias actualmente influye definitivamente en la salud de los adolescentes.

En el último informe del Instituto de Política Familiar (IPF), titulado: “Informe de la Evolución de la Familia en España 2021”, la primera palabra que se encuentra en él es “crisis”. En la tabla II se explican los datos más relevantes de este informe, para entender el contexto familiar en que nos encontramos en España en estos momentos(4).

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Según el mismo, la crisis que sufre la familia es el reflejo de la crisis social. El mismo informe concluye que España es, en la actualidad, una sociedad envejecida, sin niños, con hogares solitarios, menos familias y cada vez más rotas e insatisfechas. Esto se hace más palpable y grave aún, si tenemos en cuenta los efectos adversos que ha tenido la pandemia de la COVID en la sociedad española.

En este contexto es en el que se desenvuelven nuestros adolescentes, de aquí la gran importancia de concienciar a la sociedad y a las familias de la necesidad de acompañar a los jóvenes para no cronificar esta situación.

Tipos de familia

Según la Real Academia Española (RAE), la definición de familia en la primera acepción que aparece es: “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. Las familias pueden estar emparentadas de diferentes formas y motivos. Los tipos de familia que podemos encontrar en nuestra sociedad se describen en la tabla III(5).

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Además, se dan otras situaciones que cada vez están siendo más comunes. El incremento de la edad de la mujer a la hora de decidir ser madre, hace que en muchas ocasiones se necesitan óvulos de donante e inseminaciones in vitro; además, en algunos países, la maternidad subrogada está permitida, la utilización de semen u óvulos de donantes para evitar enfermedades genéticas, etc. Todas estas circunstancias hacen que aparezcan nuevos tipos de familia.

No todos los grupos de familias y situaciones mencionadas anteriormente son aceptadas por igual dentro de la sociedad. Inicialmente, al niño le interesa crear un vínculo afectivo con el adulto de confianza, pero cuando llega a la adolescencia y empieza a entender cuál es su situación, comienzan los problemas entre padres e hijos. Suele pasar que a los adolescentes se les mantiene al margen de las decisiones de los adultos, manteniendo temas “tabú” o “secretos de familia”. Esto hace que la desconfianza del adolescente hacia el progenitor aumente y con ella la frustración y la irritación que mostrará el joven.

Familias funcionales y familias disfuncionales

Dependiendo de las características de la familia, estas pueden ser más propensas a generar conflictos entre los miembros que la componen. Puesto que la familia es la unidad básica en la que crecemos, una familia funcional promoverá el desarrollo adecuado de sus miembros, permitiendo que cada uno despliegue su individualidad. Una familia disfuncional creará un ambiente tóxico que discapacitará intelectual o emocionalmente a sus miembros e incluso puede convertirse en el caldo de cultivo donde proliferan diferentes trastornos psicológicos.

Características de las familias funcionales(3,6)

• Las familias funcionales cumplen de manera eficaz su función económica, estando cubiertas las necesidades básicas.

• Las tareas del hogar están repartidas equitativamente, no se sobrecarga a una persona sola con todos los deberes.

• Se potencia el sentido de pertenencia a la familia y, a la vez, se estimula la identidad personal y la autonomía de cada uno de sus miembros.

• Coexisten límites claros junto con un margen de tolerancia, de manera que no surgen conflictos familiares constantemente. Existe coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

• A pesar de que existen reglas y roles bien definidos, ante la presencia de problemas familiares, existe cierta flexibilidad que facilita llegar a acuerdos y soluciones enfocados en el bienestar familiar.

• Existe una repartición adecuada de los niveles de jerarquía. La jerarquía entre los padres es horizontal, de manera que ambos tienen el mismo poder en el hogar, pero ejercen una jerarquía vertical sobre sus hijos, que les permite establecer normas y hacerlas cumplir.

• Comunicación clara, donde todos los miembros puedan expresar lo que piensan y sienten de manera asertiva y sin dañar a los demás.

• Cada miembro se siente aceptado en el seno de la familia, donde encuentra una fuente de seguridad emocional.

• La familia crece a la par de sus miembros, de manera que los errores cometidos son experiencias de aprendizaje que los fortalecen.

• Ante una crisis, la familia es lo suficientemente flexible como para adaptarse a las circunstancias, aunque ello requiera un cambio en las reglas o los roles.

Características de la familia disfuncional(6)

• Se promueve una dependencia excesiva de algunos de sus miembros, lo cual limita su crecimiento y desarrollo personal. Se trata de familias sobreprotectoras que generan en sus miembros inseguridad y dependencia.

• Se establece una relación demasiado abierta, de manera que se anulan los sentimientos de pertenencia familiar. Suele ocurrir en familias demasiado permisivas, que terminan generando una sensación de desarraigo en sus miembros.

• No existen reglas y límites claros, de manera que sus miembros no saben cuáles son sus deberes y derechos. Como resultado, un miembro, suele verse sobrecargado por las exigencias desmedidas de los demás.

• No se respeta la distancia generacional y se invierte la jerarquía de poder, de manera que los padres se subordinan al niño, quien termina convirtiéndose en un pequeño tirano. También puede ocurrir que los padres confundan la jerarquía con el autoritarismo, impidiendo a los hijos dar su opinión.

• En la base de los hogares disfuncionales suele haber problemas de comunicación. Sus miembros no se sienten cómodos expresando sus sentimientos o ideas, de manera que los reprimen o expresan a través de indirectas que activan comportamientos defensivos. De esta manera, los mensajes no quedan claros y originan nuevos problemas familiares.

• Tienen roles y patrones de comportamiento demasiado rígidos que les impiden adaptarse a los cambios.

• Falta de empatía. En la familia no se satisfacen las necesidades básicas de aceptación y afecto. Algunos miembros pueden sentirse incluso rechazados.

• Existe un escaso nivel de tolerancia, de manera que se termina culpabilizando a uno de los miembros y dándole un trato injusto.

• Se practican comportamientos dañinos como la humillación, el desprecio o la falta de respeto.

• Existen patrones de manipulación emocional a través de los cuales se pretende controlar a los miembros de la familia.

Conflictos

Las diferencias entre padres y adolescentes son inevitables y, en cierta medida, necesarias, el problema radica en la forma en la que se abordan estas discusiones. Si el diálogo y el respeto están presentes, los conflictos pueden ser una oportunidad de crecimiento personal y familiar.

Independientemente del tipo de familia y del grado de funcionalidad de esta, los conflictos entre los padres y los adolescentes son una constante. La forma en la que se resuelvan va a influir en cómo afronte el adolescente sus problemas futuros en los distintos ámbitos. Los conflictos que más frecuentemente se producen en el entorno familiar están relacionados con: la organización y distribución de las tareas domésticas, mantener el cuidado de las pertenencias individuales del adolescente (cuidado de su habitación), la imagen (cómo lleva el pelo, forma de vestirse, etc.), la economía propia del adolescente (la paga y la gestión de los gastos), el uso de la tecnología (en tiempo y calidad), los temas relacionados con el estudio/trabajo (deberes, organización), horarios en general (acostarse, salidas), hábitos de salud (alimentación sueño, consumo de tóxicos), relaciones sociales (amistades, pareja) y, por último, valores (política, extremismos). En la tabla IV se resumen una serie de habilidades para resolver los conflictos diarios entre padres y adolescentes.

tabla

Escuela y universidad

La educación es uno de los elementos primordiales para el avance social y el desarrollo de la personalidad de los individuos. Como tal, constituye un derecho fundamental en la Constitución española y un derecho humano básico.

La educación de un país da la oportunidad de igualar a todos los individuos de la sociedad. Todos los niños y jóvenes deberían tener las mismas oportunidades de estudio. Por eso, se establece una enseñanza obligatoria y, a partir de esta, cada joven puede decidir su camino profesional.

En España, actualmente, la enseñanza obligatoria es hasta los 16 años. Hasta entonces, niños y adolescentes permanecen una media de 7 horas dentro del ámbito académico. Salta a la vista la gran repercusión que tanto el colegio como el instituto van a tener en la vida de la persona. La educación en sí misma no garantiza el éxito, pero sí facilita la adquisición de algunas metas.

En el informe de Juventud en España de 2020(7), se analiza la situación de la educación en la juventud española actualmente. A continuación, se comentan los datos más destacados:

• Importante abandono escolar. En 2010, la tasa de jóvenes españoles que salieron de manera precipitada de las escuelas fue del 28,2%, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Esta tasa se ha ido reduciendo, siendo del 17,3% en el año 2019 de acuerdo con la misma fuente. Aun así, España sigue a la cola de los países de nuestro entorno. Este abandono, alcanza el 21,4% de varones en edades más tempranas.

• En los últimos años, han aumentado el número de adolescentes y jóvenes que ni estudian ni trabajan, los llamados “ninis”. España es uno de los países europeos donde este problema se está cronificando. Si se analiza por sexo, son las mujeres jóvenes donde predomina este perfil.

• Perfiles de la vida educativa y laboral. Se pueden reconocer tres perfiles, primero hasta los 18 años, la práctica totalidad son estudiantes. Desde los 18 hasta 23 años, aunque la mayoría sigue estudiando, una proporción considerable empieza también a tener sus primeras experiencias laborales. A partir de los 23 años, el grupo más numeroso pasa a ser el de los que se dedican exclusivamente a trabajar.

• Determinantes individuales de la formación. Aunque los factores que influyen en el desempeño formativo son muchos y de muy diversa índole, se pueden esbozar tres categorías. La primera se refiere a aspectos sociodemográficos como: familia, género, orientación sexual, ubicación geográfica o raíces foráneas. La segunda categoría tiene que ver con la personalidad, es decir, esos rasgos psicológicos estables que determinan que los individuos actúen de manera distinta en una determinada circunstancia. Por último, una tercera categoría la conforman aspectos del estilo de vida, como: interés por la lectura, videojuegos, ocio nocturno o deportes, que a menudo se intercalan con el mundo de los estudios.

Impacto de la pandemia por SARS-CoV-2 en el sistema educativo

La digitalización de la escuela y la universidad lleva unos años abriéndose paso, pero ha sido durante la pandemia cuando la tecnología se ha hecho presente con contundencia. La necesidad de mantener el curso académico en la distancia ha apresurado que, tanto el personal docente como el alumnado, se hayan adaptado a las clases on line, los vídeos tutoriales, los exámenes digitales, los famosos “webinar”, es decir, charlas a través de la web, etc. Toda esta digitalización, que ha sido necesaria y que ha abierto tantas posibilidades, no ha sido igual para todos los alumnos. Muchas familias no tenían este acceso a Internet, por no disponer de dispositivos adecuados, tener un ordenador para varios miembros de la familia o carecer de conexión a la red. Por lo tanto, se ha abierto una brecha social en este sentido. También ha provocado que en este tiempo haya aumentado el tiempo de ocio en la red.

Medios de comunicación

La interrelación de los adolescentes y los medios de comunicación es cada vez más constante. El impacto en la forma que tienen muchos jóvenes de percibirse a sí mismos y relacionarse con los demás, está condicionado a su rol en las redes sociales.

La generación actual de niños y adolescentes está inmersa en un entorno digital. Los medios tradicionales, como la televisión, la radio y las publicaciones periódicas, se han complementado con nuevas tecnologías digitales que promueven la participación interactiva y social, y permiten a los usuarios el acceso instantáneo al entretenimiento, la información y el conocimiento, así como al contacto social y la publicidad(8).

Los medios poseen una enorme capacidad de influencia en el cambio y/o asentamiento de hábitos, patrones y conductas. En muchas ocasiones, la imagen de la juventud que se proyecta en los medios de comunicación está distorsionada, por ejemplo: la manera en que aparecen en los medios de comunicación, el tipo de informaciones que protagonizan en los informativos, la caracterización de los personajes juveniles en las series de ficción y otros contenidos de entretenimiento, el peso que tienen en los medios, etc. Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, redactaron un documento de referencia que sirve a los profesionales de los medios para abordar, desde el punto de vista de su tratamiento informativo, la realidad juvenil(9).

Los medios de comunicación no son los únicos responsables de haber construido una representación social de los adolescentes y jóvenes relativamente alejada de la realidad, pero sí contribuyen a recogerla, en ocasiones, amplificarla y, en cualquier caso, a darle carta de naturaleza “verdadera”.

Los jóvenes viven plenamente integrados en una cultura audiovisual que marca su día a día. Muchos estudios se centran en cómo el cerebro adolescente, aún en desarrollo, procesa el uso de los medios. Crone y Konijn concluyen que “los sistemas neuronales que están asociados con los comportamientos importantes para el uso de las redes sociales, incluido el procesamiento de recompensas sociales, el procesamiento basado en emociones, la regulación y la mentalización, destacan sobre otras regiones cerebrales. Dado que estos sistemas neuronales aún están subdesarrollados y experimentan cambios significativos durante la adolescencia, pueden contribuir a la sensibilidad al rechazo, la aceptación, la influencia de los compañeros y las interacciones cargadas de emociones en los medios y entornos en línea”(10).

El crecimiento de las plataformas de medios interactivos y su rápida adopción por parte de los jóvenes es una indicación del potencial convincente que tienen las herramientas de medios sociales.

Los adolescentes usan las redes sociales para iniciar y mantener amistades, proporcionando un buen foro para practicar habilidades relacionadas con el desarrollo de la identidad, como el autoconcepto(11).

Aunque la mayoría de los adolescentes informan que las redes sociales son una contribución positiva a sus vidas, se han documentado asociaciones negativas con las redes sociales en la literatura de investigación. Estos incluyen: ciberacoso, depresión, ansiedad social y exposición a contenido inapropiado para el desarrollo(12).

Por otra parte, una alta proporción de jóvenes se involucra en el uso intensivo de teléfonos inteligentes y en la multitarea de los medios, con la consiguiente privación crónica del sueño y efectos negativos en el control cognitivo, el rendimiento académico y el funcionamiento socioemocional(13).

Por lo tanto, para los adolescentes de hoy, que no han conocido un mundo sin redes sociales, las interacciones digitales son la norma. Los beneficios potenciales del acceso en línea para una salud mental adecuada, un acceso a la información, la creatividad, la autoexpresión, el sentido de pertenencia y el compromiso cívico, han de tenerse en cuenta a la hora de hablar de medios de comunicación en jóvenes y adolescentes.

Otro debate del que se tienen hipótesis, pero escasas conclusiones, es el que pretende objetivar cuáles serán las modificaciones cognitivas que van a suponer el paso de una cultura basada en la escritura a una cultura multimediática. Alguno de los impactos predecibles sobre las nuevas generaciones digitales los desarrolla Begoña Gros en la revista de estudios de juventud(14), de los cuales destacamos:

• Aumento de la experiencia en procesar información más rápidamente que sus predecesores.

• Mayor capacidad de procesamiento en paralelo, que conlleva a una atención más diversificada y, probablemente, menos intensa y centrada en un único aspecto.

• Importancia de la inteligencia visual y de cómo esta se está desarrollando de una forma mucho más importante a partir de la televisión, el cine y, por supuesto, de los multimedia.

• Ha experimentado un medio no lineal de aprendizaje. El uso de los hipertextos, del acceso a diversas partes de la pantalla de los juegos o los multimedia educativos, así como la navegación por Internet, han introducido a los niños y jóvenes a una forma de organización de la información totalmente diferente a la utilizada en la escritura.

• Conectividad en red. Esta nueva generación tiende a pensar de forma diferente cuando se enfrenta a un problema. Las formas de acceso, búsqueda de información y comunicación se realizan a partir del uso de las TIC.

• Inmediatez. Es lo que han aprendido al tener acceso instantáneo a diversas fuentes. Rara vez se lee un manual a la hora de comenzar un videojuego. Incluso prefiere la pregunta directa al profesor que buscarlo en el texto.

• La orientación a la resolución de problemas va encaminada al “ensayo-error”, sin detenerse en la planificación inicial.

• Las nuevas generaciones mantienen una visión positiva de la tecnología. Crecen usando las TIC y, por este motivo, ni les son extrañas ni tienen una visión negativa, tal y como, a veces, sucede entre los adultos.

Los amigos

Es en la adolescencia donde las relaciones de amistad son determinantes para el crecimiento personal del individuo. La aceptación en el grupo de amigos, condicionarán la autoestima y las relaciones futuras.

Cuando el niño ha formado su personalidad infantil según sus vivencias familiares, con todos los condicionantes a los que nos hemos referido previamente, llega la segunda década de la vida, el inicio de la adolescencia y el inicio de la evolución hacia su propia personalidad. El adolescente utiliza las herramientas aprendidas en la infancia para iniciar nuevas relaciones, esta vez con sus iguales.

Inicialmente, el grupo de amigos es numeroso, así se van probando unos a otros para progresivamente juntarse en núcleos más pequeños, con los amigos “de confianza”.

En esos grupos, la personalidad de cada uno se va dando a conocer, son capaces de compartir sus miedos, sus inquietudes, sus ilusiones y sus metas. El refuerzo positivo que se obtiene potencia la autoestima y la fuerza con la que el joven abordará sus inquietudes.

El pertenecer a un grupo no siempre es fácil, y pueden sentirse en soledad. Se han separado de los padres y no hay nadie que “les de la mano”. Esta sensación percibida, no siempre tiene una base real, pero es capaz de ir destruyendo al adolescente y joven hasta hundirse en la desesperanza.

Los motivos de la discriminación pueden ser por cuestiones de: género, clase social, etnia, discapacidad, forma de vestir, etc.

¿Cómo ha influido la pandemia por SARS-CoV-2 en la forma de pensar de los adolescentes?

El estudio general sobre juventud de la Fundación SM “Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia”(15), realiza una completa investigación que recoge la realidad de chicos y chicas de entre 15 y 29 años, en un contexto marcado por las consecuencias sanitarias y socioeconómicas de la COVID-19. En la tabla V se resumen las conclusiones más destacables.

tabla

 

Función del pediatra de Atención Primaria. Factores de protección y riesgo para una buena salud integral del adolescente

El pediatra de Atención Primaria es el profesional que conoce la evolución del niño y posterior adolescente. Desde esta posición de cuidados longitudinales, el pediatra puede detectar precozmente aquellos factores negativos modificables del individuo, activando las herramientas necesarias para solventarlos, así como potenciar los factores de protección(16).

Factores de protección

• Buen sentido del humor.

• Buenas habilidades sociales o relaciones de amistad.

• Relaciones estrechas con uno o más miembros de la familia.

• Logros personales valorados socialmente.

• Nivel de inteligencia normal-alto.

• Práctica de algún deporte o actividad física.

• Participación en clubes escolares/sociales o en voluntariado.

• Poseer creencias y prácticas religiosas, espiritualidad o valores positivos.

Factores de riesgo

• Biológicos: genéticos, sexo femenino, edad post-puberal y problemas crónicos de salud.

• Psicológicos: trastornos psíquicos, orientación sexual, temperamento, afectividad negativa y otros estilos cognitivos.

• Familiares: trastorno mental en los padres, conflictos en las relaciones familiares, estilos educativos negativos, maltrato y abuso.

• Sociales: problemas escolares, dificultades en las relaciones con iguales, acoso (bullying) y otras circunstancias adversas.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Salud del adolescente. Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/es/health-topics/adolescent-health#tab=tab_1.

2. Horno Goicoechea P. Apego y adolescencia: Narrándose en el espejo de los otros. Adolescere. 2014; II: 19-28.

3. Rodríguez Molinero L. El adolescente y su entorno: familia, amigos, escuela y medios. Pediatr Integral. 2017; XXI: 261-9.

4. Informe de la Evolución de la Familia en España 2021. Disponible en: http://www.ipfe.org/Espa%C3%B1a/Documentos/IPF.

5. Ochando Perales G, Eddy Ives LS. La familia actual: tipos. Conflictos y resolución. En: Medicina de la Adolescencia. Atención integral 3ª edición. Cap. 9; p. 69-75.

6. Herrera PM. La familia funcional y disfuncional, un indicador de salud. Rev Cubana Med Gen Integr. 1997; 13: 6.

7.** Informe Juventud en España 2020. INJUVE.

8. Reid Chassiakos YL, Radesky J, Christakis D, Moreno MA, Cross C; Council on Communications and Media. Children and Adolescents and Digital Media. Pediatrics. 2016; 138: e20162593. DOI: 10.1542/peds.2016-2593. PMID: 27940795.

9. Pestaña B, Sánchez Rueda M, Sanmartín A. Jóvenes y medios de comunicación: El desafío de tener que entenderse. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fad. 2014. DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.3677134.

10. Crone EA, Konijn EA. Media use and brain development during adolescence. Nat Commun. 2018; 9: 588. DOI: 10.1038/s41467-018-03126-x.

11. Uhls YT, Ellison NB, Subrahmanyam K. Benefits and Costs of Social Media in Adolescence. Pediatrics. 2017; 140: S67-S70. DOI: 10.1542/peds.2016-1758E. PMID: 29093035.

12. Subrahmanyam K, Smahel D. Digital Youth: The Role of Media in Development. New York, NY: Springer. 2011.

13. Abi-Jaoude E, Naylor KT, Pignatiello A. Smartphones, social media use and youth mental health. CMAJ. 2020; 192: E136-E141. DOI: 10.1503/cmaj.190434.

14. Gros Salvat B. Pantallas y juegos: de la observación de modelos a la participación. Rev Juventud. 2005; 68: 61-72.

15.** González-Anleo JM, Ballesteros JC, Megías Quirós I, Pérez A, Rodríguez San Julián E. Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia. Fundación SM. Disponible en: https://www.fundacion-sm.org/jovenes-espanoles-2021-ser-joven-en-tiempos-de-pandemia/.

16. Grupo de trabajo de la actualización de la Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Actualización. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Unidad de Asesoramiento Científico-técnico. Avalia-t; 2018. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

Bibliografía recomendada

– El adolescente y su entorno. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Editores: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. 3ª ed. Ergon S.A.; 2021; 9-16: 69-121.

En estos capítulos se hace una revisión exhaustiva del entorno del adolescente. Se divide en capítulos en los que se aborda: familia, ámbito académico, medios de comunicación, adolescente inmigrante y adolescente en acogimiento, entre otros.

– Informe Juventud en España 2020. INJUVE.

El objetivo de este informe es presentar una radiografía general de la situación de las y los jóvenes españoles, teniendo en cuenta su enorme heterogeneidad. Describe la situación de la educación, del empleo, la emancipación, los intereses de los jóvenes y actitudes con respecto al ocio, a la sexualidad, a la igualdad de género y al cambio climático.

– González-Anleo JM, Ballesteros JC, Megías Quirós I, Pérez A, Rodríguez San Julián E. Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia. Fundación SM. Disponible en: https://www.fundacion-sm.org/jovenes-espanoles-2021-ser-joven-en-tiempos-de-pandemia/.

Esta investigación analiza de manera exhaustiva la realidad de las personas jóvenes en España, en un contexto global marcado por las consecuencias sanitarias y socioeconómicas de la pandemia provocada por la COVID-19. Mantiene líneas de investigación como: valores, espiritualidad, integración político-social, cultura y ocio, e incorpora nuevos temas que se están situando en el centro de los principales intereses y preocupaciones del colectivo joven y de los profesionales que trabajan a su lado. Entre estos destacan: (perspectivas de futuro sobre la formación y el empleo, actitudes con respecto a la igualdad de género y la diversidad o el impacto de la tecnología en las relaciones y los hábitos de consumo de la información.

 

Caso clínico

Acude a consulta de adolescencia un chico de 13 años (Daniel), por “fracaso escolar y alteración de la conducta”. Cuando analizamos el entorno en el que se encuentra nuestro paciente, nos encontramos con los siguientes determinantes:

• Familia: madre soltera, el padre se mantuvo distante durante el embarazo y le abandonó tras el nacimiento. Los padres eran de distinta nacionalidad y el niño tiene nombre compuesto español-árabe. Conviven con los abuelos maternos, que son los que se encargan del cuidado del niño durante la infancia, mientras la madre trabaja. Los abuelos no tienen conocimientos tecnológicos y Daniel no tiene ningún control en el uso de las TICs. En casa está la mayoría del tiempo solo, cada uno en casa “está a sus cosas”.

• Amigos: en el colegio tenía un amigo, este era tranquilo y no se metía en problemas. Con su paso al instituto, Daniel decide ampliar el grupo de amistades. Comienza a quedar con varios grupos, conoce gente que consume tóxicos (aunque él niega probarlos), comienza a “meterse en líos”, echa pintura en la puerta de un garaje, roba pequeños enseres en alguna tienda, etc. Comienza a salir todas las tardes.

• Escuela: en primaria era buen estudiante, aprobaba sin problemas sacando notables y sobresalientes. Buen comportamiento. El primer año de secundaria suspendió todas las asignaturas en el primer y segundo trimestre y las recuperó todas al final del año. Le ponen partes por faltas de respeto a los profesores. Desde el instituto les derivan al Centro de Atención a la Familia (CAF) de servicios sociales. En ese momento fue cuando le derivaron a nuestra consulta.

• Medios: se crea una cuenta de Instagram a través de la cual conoce a gente del barrio y habla con sus nuevos amigos. Pasa unas 5 horas al día conectado a las redes. Juega a juegos en línea en la consola con los amigos, estando 2-3 horas al día.

Como se puede observar en este caso, la derivación por “fracaso escolar y alteración de la conducta” está completamente influenciado por el entorno y es aquí donde tendremos que intervenir.

 

Adolescence. Epidemiological situation. Most frequent pathology. Transition

M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**
Topics on
Continuous Training


M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**

*Pediatrician. Doctor in medicine. Accredited in Adolescent Medicine. Former president of the SEMA. Madrid. **Pediatrician. Doctor in medicine. Accredited in Adolescent Medicine. La Marquesina Medical Center. Valladolid

Abstract

The stage of adolescence becomes socially relevant in industrialized countries after World War II and is linked to social progress more than any other stage of life. In industrial and consumer societies there is great interest in studying and understanding the events that take place in adolescence, from physical to mental and social changes. Adolescents suffer from diverse pathologies, many of which are related to their risk behaviors. There has been a switch in relation to chronic diseases due to medical advances, whereby infant mortality has been reduced and thus, life expectancy increased, even into adulthood. The main causes of death are preventable. All the pathologies and risk factors avoided or corrected during this period will lead to healthier adults in the future. The difficulties and care failures that occur when the adolescent grows up and starts to be looked after by other professionals have been verified. Guidelines and protocols to facilitate the process of transitioning care from the pediatrician to the adult physician are suggested. Strategies to improve the health of adolescents proposed by various international organizations are also presented.

 

Resumen

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. En las sociedades industriales y de consumo, existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Las principales causas de muerte son evitables. Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro. Se han constatado las dificultades y los fallos asistenciales que se producen cuando el adolescente crece y pasa a ser atendido por otros profesionales. Se sugieren pautas y protocolos para facilitar el proceso de transición del cuidado del pediatra al médico de adultos. Diferentes organismos internacionales proponen estrategias para mejorar la salud de los adolescentes.

 

Key words: Adolescent; Adolescent epidemiology; Adolescent health; Care transition.

Palabras clave: Adolescente; Epidemiología del adolescente; Salud del adolescente; Transición del cuidado.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 200 – 213

 


OBJECTIVES

• To update the knowledge about adolescence nowadays. The concept of adolescence as a social phenomenon changes with ideologies, values, care plans and demographic data.

• To define which theories are more powerful in terms of understanding the psychology of adolescents and their
behaviors.

• To analyze the epidemiological situation worldwide and in Spain: mortality, morbidity, reasons for consultation and causes of hospital admission.

• To understand why the health of adolescents deteriorates and how their health assistance is provided in our country.

• To know how “the transition” process from the various care levels should be carried out to achieve higher efficiency.

• To describe the strategies of world organizations to deal with “adolescence as an age of risk”.


 

Adolescence. Epidemiological situation. Most frequent pathology. Transition

Introduction

The stage of adolescence takes on social relevance in industrialized countries after World War II and is linked to social evolution more than any other stage of life.

The RAE Dictionary (Royal Academy of Spanish language) defines adolescence as the stage between childhood and adulthood. Etymologically, it comes from adolescere and its present participle adolescens, which means growing and developing. This definition encompasses the two most decisive characteristics of this stage: growth and development.

The division of life into ages comes from ancient times. Already in the Corpus Hipocraticum, the different stages of life mentioned: infancy, childhood, youth, adulthood and old age. The limits are imprecise. Charlotte Bühler in the 19th century, admitted that there were some critical stages in life, when it is not about chronological age, but about the way to carry out that “step”. That would be the first concept of adolescence, as we understand it today.

The stage of adolescence takes on social relevance in industrialized countries after World War II. The economic, sociological and cultural changes conditioned the delay of the incorporation of the adolescent to adult life. At the same time, the advancement of biological phenomena progressively increases this imbalance. The emergence of competitiveness, consumption, and welfare society have contributed to the raise of problems, previously unknown.

Adolescence is linked to social progress more than any other stage of life. When life expectancy was short, adolescents were the successors of the family, they had to assume responsibility early on. They were a cheap, docile and efficient workforce. They were traditionally used for military purposes. They have oftentimes been the object of abduction by ideological groups, sects, minorities… In no other stage of existence does social life influence so much as in this one, and the example that best demonstrates this, is the influence of temporary fashions and how much they are suffering in the current COVID pandemic, with the significant increase in psychological problems and suicide attempts.

There are many ways to “get through” adolescence. That is why we speak of “adolescences”. However, we are still far from achieving a society tailored to adolescents. Until there is a stable and balanced economy, educational plans made for each group of adolescents, communicative family dynamics and adequate health care, adolescence will continue to exist as a social risk group.

In our traditions there are numerous examples of rites, festivals or ceremonies for the passage from childhood to a mature age, which differ based on the meaning that adolescence had in each period of time.

In our western culture, we find traditional stories that try to clarify the mysteries of the cycles of life, for example, in classical mythology. Classical myths represent the events that take place in adolescence, as if the historical unconscious anticipated what has subsequently been analyzed in a more scientific way. In this sense, there are numerous myths, such as: Adonis (“an extremely attractive young man, often also vain”), Persephone (“an innocent maiden, a mother’s sorrow for the kidnapping of her daughter and the joy at her return; the explanation of natural processes, with the departure and return of the goddess causing the change of season”), Artemis (“virginity; the goddess who brought and also relieved women’s diseases”), Aphrodite (“goddess of beauty, sensuality and erotic love”), Narcissus (“unable to love another person because he loved himself too much”) or Cupid (“god of love and desire”). Could it be considered that these aspects are consubstantial with the life course of men? Isn’t adolescence the concentration of all those vicissitudes of the human being?(1).

Adolescence begins with puberty and has an indeterminate end, as this has been prolonged in recent years due to the greater time that the young person invests in his/her training. There is no consensus among authors about the ages it comprises. The World Health Organization (WHO) places it between 10 and 19 years, although some organizations, such as the American Pediatric Association, consider that this period extends to 21 years of age. Given that it is a stage of development and that it extends around 10 years, it seems obvious to think that there will be differences throughout its course, which is why three stages have been defined, that overlap each other: up to 13 years, the early adolescence; from 14 to 17, middle adolescence; and from 18 to 21 years of age, late adolescence. This classification is illustrative and relative, as it varies with ethnicities, cultures and geographical location. 

Adolescence is, therefore, a stage of rapid, extensive, very significant and determining changes. It is an evolutionary crisis with constant personal, family, academic and social adaptations and readaptations. Culturally, it develops into an “unlimited” consumption offer, with a loss of the educational and protective role of parents; on many occasions, with uncertain future horizons, in a society that overstimulates and excites the population and that, on many occasions, denies education and assistance (López, 1999). Adolescence, as a social phenomenon, is not analyzed from the point of view of physiological changes, but by its evolutionary psychological traits, its search for identity, its desire to find a place in the world and the influence of trending fashions and values. The western world of consumption, industry, marketing and production, create traps and generates frustrations and hopelessness for which, biologically, adolescents are less prepared(1).

Theories about adolescence

In industrial and consumer societies there is much interest in studying and understanding what happens in adolescence, from physical to mental and social changes.

In the mid-nineteenth century, Psychology rose as an autonomous discipline. Later, Child Psychology appeared in Germany, Comparative Psychology in England and Adolescent Psychology in the USA. Relevant authors who have been concerned with the study of adolescence include: Stanley Hall, Gesell, Freud (psychosexual development), Rank, Sullivan, Erikson, Blos, Spranger, Piaget (cognitive structures), Remplein (structural synthesis), Lewin (typological theory), Malinosky, Margaret Mead (Anthropology), Bandura (social learning), etc.

In industrial and consumer societies there is much interest in studying and understanding what happens in adolescence, from physical to mental and social changes. There are many ways to explain everything that happens at this stage. We are going to focus on those theories that have had the greatest diffusion and influence(2).

Psychoanalytic approach

The changing body of the adolescent is subject to conflicting emotions that generate confusion. There is a tension between the body and the mind that takes time to understand. The young child who wants to be attended and cared for becomes the adolescent who claims his space and the right to decide, sometimes showing contempt for his parents. These situations are related to psychological functioning. Some authors emphasize the evolution of the child’s sexuality in transition to adulthood and others point to, as a priority, the mourning that occurs due to past childhood.

Cognitive-evolutionary approach. Piaget’s theory

Adolescence is seen as a transition period in which important cognitive changes occur. Fundamentally, formal thinking is accessed (solving difficulties and reasoning functions). According to Piaget, adolescents reach the highest level of cognitive development (formal operations), when they reach the capacity to produce abstract thought. It gives them new and more flexible ways to use information. The ability to produce abstract thought has emotional implications. Now “the adolescent can love freedom and hate exploitation. The possible and the ideal captivate the mind and the feelings”.

Psychosocial development in adolescence

• For Elkin, adolescent thinking contains traits of immaturity reflected in: the tendency of constant discussion in an attempt to affirm their ideas; the insecurity that leads them to indecision, to finally adopt unmeditated and impulsive postures; feeling like they are the center of the world; wishing to be taken into account; the desire to attract attention, believing that they are unique, as if the rules of others did not affect them and, consequently, thinking that no one feels like them.

• For Erikson, the search for identity (understood as the awareness of knowing who one is), is the main task during the adolescent years. Knowing one’s own identity makes the adolescent feel unique and different from all the others. The identity is formed by modeling and imitation, but also by their own modifications that derive from their knowledge, ideas, thought and education. Identity confusion is a risk that can last into adulthood. Adolescents consolidate their sense of personal, sexual and social identity, building a positive or negative theory about themselves, which will have a decisive importance for the rest of their lives, since self-esteem and the feeling of ability to manage their own lives autonomously, responsibly and effectively are based on it.

• Bandura’s theory of social learning. Our brain is programmed to learn and from an early age one of the most powerful methods of learning is modeling or imitation. Throughout their family, school or social life, adolescents tend to imitate what they like, and more so if it is positively reinforced. Industrial and consumer societies exert a great influence on the learning of adolescents. Therefore, the people who most influence adolescents may be public, famous or successful figures.

• Cultural mistreatment (F. López). Socially prolonged adolescence is a cultural creation. Industrial societies produce this social prolongation of adolescence, either because they can afford it, extending compulsory schooling, or because if they are in crisis they cannot offer work to a good part of adolescents. From the social point of view, adolescence should entail a certain degree of autonomy of the young person from his family in numerous aspects of life: the bond of attachment continues to be fundamental, but with less need for proximity and family presence.

Epidemiological situation of adolescence

In 2016, in the world, there were 1,800 million adolescents and young people between the ages of 10-24. There is growing inequality and greater challenges for the health of today’s young people than those that this same group had to face 25 years ago.

Adolescence, from the point of view of public health, is a stage to which attention must be paid, not only in industrialized countries, but in all others. In 2011, the Lancet journal published a study on mortality by age groups of 5 years, from birth to the end of adolescence. The conclusions, among others, were: death rates in 15-year-olds are higher than in those under 10 in high-, middle-, and low-income countries, and most deaths are caused by injuries. These data highlighted the importance of investing in preventive health measures in adolescents throughout the world.

In the world, according to data from 2016, there were 1,800 million adolescents and young adults, between 10-24 years old, which constitutes a third of the world population. There is a growing inequality and greater challenges for the health of today’s young people than those that this same group had to face 25 years ago(3,4).

From 1990 to 2021(5,6), there have been notable changes in adolescent health. A decline in the burden of disease in many countries has been offset by growth in the adolescent population in poorer countries. Overweight, obesity and anemia have increased. Child marriage is prevalent, with an estimated 66 million women between the ages of 22 and 24 being married before the age of 18. Although globally, there is gender parity in secondary school completion, the prevalence of NEETs –youth without education, employment or training– remains higher for young women in multiburden countries, suggesting few opportunities to enter the labor market.

According to WHO data in 2021(6): half of all mental health disorders in adulthood begin before the age of 14, but, in most cases, they go undetected and untreated. Substance abuse affects young people disproportionately compared to older people. The fact of starting substance use early is associated with a higher risk of falling into dependencies and other problems during adult life. Globally, 43 out of every 1,000 girls between the ages of 15 and 19 give birth each year.

The global burden of disease has changed little since 1990 and the prevalence of many adolescent health risks has increased(6,7). Health, education, and legal systems have not kept pace with the changing needs of adolescents and changing demographics. Gender inequity remains a powerful driver of poor adolescent health in many countries.

As of January 2021, according to the Spanish National Institute of Statistics (INE), there were 5,954,862 adolescents in Spain between the ages of 10 and 21 (12.5% of the total population). This number has remained stable in recent years.

Mortality. Progression

The leading causes of death for adolescents are injuries and trauma (including road traffic and drowning), violence, self-injurious behavior, and maternity-related ailments. Most are avoidable.

In the world, according to a recent study by the WHO 2021(6):

• In 2019, more than 1.5 million adolescents and young adults between the ages of 10 and 24 died, which is almost 5,000 a day.

• Of all the age groups, the one with the lowest risk of death is that of young adolescents between 10 and 14 years of age.

• The leading causes of death for adolescents and young adults are: injuries and trauma (including road traffic and drowning), violence, self-harm behaviors and maternity-related ailments.

In most cases, these are avoidable deaths, both those caused by external causes (violence, traffic accidents, etc.), and those related to infections (through vaccinations, improving access to the health system, etc.). Boys die more in the context of violence and girls from situations related to motherhood. Despite these data, it must also be taken into account that the causes of mortality are different depending on the country.

In Spain, according to INE data, in 2020, mortality between 10-19 years of age was 11%(8). The main causes among 15–19-year-olds were: external causes, 40.3% (traffic accidents, violence, suicide and self-inflicted injuries), followed by tumors-neoplasms, diseases of the circulatory, respiratory and nervous systems. In Table I we can see the differences in mortality that occurred in our country between 1987-92 and 2020, with a significant decrease in external causes and, especially, in traffic accidents, which has been maintained in recent years. On the other hand, tumors and suicide are especially relevant, and with a tendency to increase, as a cause of death in this stage. The latter is increasing significantly in these last two years of COVID pandemic.

Table

Morbidity. Reasons for consultation. Causes of hospital admission

All the pathologies and risk factors that are avoided or corrected during this period will serve to have healthier adults in the future.

In general, adolescence is a period of health from the biological point of view, although it is a period of many risks. It is important not to forget that those pathologies or those health risk factors that are avoided or corrected during this period will serve to have healthier adults in the future.

The problems that adolescents present, in general, are a consequence of their psychological and social development (mental problems, risk behaviors), their biological development (scoliosis, acne, dysmenorrhea, trauma problems, etc.), infectious diseases (as in any other time of life, so it is essential to continue vaccination at this age), adult pathologies that can be detected asymptomatically during this stage (hypertension, hyperlipidemia, obesity, diabetes) and chronic diseases, of which in the past, patients died before reaching adolescence, such as: congenital heart disease, cancer or chronic diseases, for example, cystic fibrosis of the pancreas.

At a global level, according to studies by the WHO 2014(4), the main causes of disease by years of life lost adjusted for disability and by sex, can be seen in Figure 1. Although it is not reflected on the list, it should be noted that malnutrition is on the rise. Undernutrition in low-income countries and obesity increasing in both low- and high-income countries.

Figure

Figure 1. Leading causes of disease by years of life lost, adjusted for disability and by sex. Source: WHO Health for the world’s adolescents. A second chance in the second decade. 2014 (online). Accessed February 2022. Available at: https://apps.who.int/iris/ handle/10665/141455.

Morbidity. Some data of Spain(8)

• Drugs. The ESTUDES 2020 Survey (2018 data), has been carried out since 1994, every two years, on the use of drugs in secondary education, from 14- to 18-year-olds(9). The 2020 data confirms that the consumption of alcohol, tobacco and cannabis, which had been declining, has stabilized in recent years. 77.9% had tried alcohol at some time. 41.3%/33% had smoked tobacco/tried cannabis at some point, respectively. Cocaine use decreases, and ecstasy use slightly increases. The consumption of other substances (hypnotics, hallucinogens, amphetamines, volatile inhalants, heroin, etc.) is much smaller, with less than 2% of adolescents who have tried it.

• Problems related to sexuality. According to INE data in 2011, the rate of births per thousand (or fertility rate) between 15–19-year-olds was 11 and has been progressively decreasing, thus in 2017 it stood at 7.15. The voluntary interruption of pregnancy (VIP) in the same age group, in 2011 was 14.09 and has continued to decrease to 7.41 in 2020, although it is not known for sure, since spontaneous abortions cannot be counted.

If we add the number of births in individuals younger than 19 years of age plus VIPs (although this figure is not exact) in the same age group and during 2019, we obtain 17,500 pregnancies in those under 20 years of age/year, a very important figure to take into account.

The average age of the first complete sexual relationship, according to data from INJUVE 2020, is 16.2 years. 50.2% of adolescents aged 16-18 have had complete sexual intercourse (Observatorio S.E. Contracepción 2019).

62.5% of adolescents (87.5% men, 38.9 women) between 13-17 years of age have seen pornography at some point in their lives. The beginning is around 12 years of age and almost 50% have put it into practice. The danger is that their sexual desire is being built on unreal, violent and uneven foundations typical of fiction (Save the Children 2020).

Regarding sexually transmitted infections (STIs) in adolescents, we know that they are sometimes asymptomatic and can cause serious sequelae, such as pelvic inflammatory disease, infertility or cancer. Adolescents, in general, take time to consult, even if they have symptoms, a third of them do not perform the treatment adequately, which entails a greater risk of sequelae; there is insufficient use of condoms and, currently, HPV vaccination in the Interterritorial Calendar of our country is still not recommended for men, and vaccination coverage is insufficient in women.

• With regards to nutritional problems, such as obesity, although it is difficult to compare the studies due to the different methodologies, in the Paidós-84 study, the prevalence (6-13 years) was 4.7. In the Enkid-2003 study (2-24 years), it was found that 13.9% were obese and 26.3% overweight. In those 20 years, the prevalence of obesity tripled. Santa Cruz in 2012 (8-17 years), obtained a prevalence of obesity of 12.6 and overweight of 26%. In these last two years of the COVID pandemic, the prevalence of obesity has increased due to sedentary lifestyle and altered nutritional habits.

Also, the prevalence of eating behavior disorders (ED) in adolescents has increased. 70% of adolescents are not comfortable with their body; 6 out of 10 girls would be happier if they were thinner and 30% reveal pathological behaviors.

• Mental health. 20% of Spanish adolescents (10-19 years old) suffer from a mental health problem, more so in women (UNICEF-Mental state of childhood 2021).

• Technologies. Its use is very high (computer 91.5%; Internet 94.5%, mobile 69.5%), being higher in females. The relationship between the use of social networks and dysfunctional behaviors on the Internet is well established.

• Bullying affects 10-15% of students.

• Early school/training dropout between 18-24 years of age is 20.2% in men and 11.6% in women (Europe 2020 Ministry of Education and FP).

Despite these data, adolescents feel healthy and do not have the perception that their behaviors are risky, so they do not usually go to health services, unless they need it due to significant acute pathology. Sometimes they are unaware of who their doctor is or they do not trust him. On the other hand, health professionals, in general, have shown little interest in this age group.

Any consultation with a young person must be used to the maximum and, although the concern that has brought him or her is attended, prevention must be carried out. Whenever you are dealing with an adolescent, the “hidden agenda” will be taken into account, that is, that they may attend the clinic for a problem and what really worries them is another; for example: a young woman may consult for abdominal pain and what worries her is a possible pregnancy or STI. She may go for dizziness or headache and what underlies is that she has problems at school, at home or with her partner.

Reasons for consultation

The acute pathology is what makes the young person attend the consultation (Table II) and, in general, these problems are scarce, both for Primary Care, hospital Emergency Room or Specialist consultations. There are a few studies looking into this since its investigation is complex, due to the hidden agenda of the young person, the high rate of psychosomatic pathology –which makes diagnosis difficult–, and the differences according to the place where one consults –general clinic or young persons’ clinic(10)–. In the latter case, most consultations are related to sexuality and unwanted pregnancy.

Table

In a study carried out looking into the reasons for consultation between 10–18-year-olds in a General Consultation Health Center(11), the following were obtained from higher to lower frequency order: ENT infections (45.3%), skin problems (24 %), trauma (15.3%), allergies (7.6%) and gastroenteritis (7.6%). Consultation for issues related to sexuality, drugs or personal problems were very low: less than 3%.

Reasons for hospital admission

According to the study by Díaz Gañán (2009)(12), the most frequent causes of hospital admission in the Community of Madrid, in male adolescents aged 15-24 years, from highest to lowest frequency were: injuries and poisonings 18.1 %, gastrointestinal problems 17.2%, musculoskeletal and connective tissue issues 15.1%, and respiratory disorders 11.6%. The causes in women were: complications of pregnancy, childbirth and puerperium 50.6%, digestive system 10.2%, respiratory system 5.5% and injuries and poisoning 3.5%.

Romero et al., in 2006, found that the most prevalent reasons for admission to an Adolescent Medicine unit between 13-16 years of age were the management of chronic diseases in both sexes; followed by: traumas, confusional state/syncopes and intoxications. The patients who were admitted for organic conditions associated undiagnosed underlying psychosomatic conditions.

We still do not possess a tool that accurately measures the health needs of adolescents. There is a biomedical pathology that appears in all the databases and that reflects reality well; but there are other pathologies, such as psychosomatic ones, those related to body image, lifestyle or affective deficiencies, even with the so-called secret pathologies related to personal situations experienced with intensity and that alter emotional stability, which are not reflected in the studies.

Pathologies prevalent during adolescence

Adolescents suffer from different pathologies and many are related to their risk behaviors. Due to medical advances, there has been a change in relation to chronic diseases, in which infant mortality has reduced and life expectancy increased, even into adulthood. Strategies are needed to achieve greater involvement and adherence to treatments.

Subsequently, the most frequent pathologies that can be found during adolescence are briefly presented(10,13,14).

• Accidents. They constitute the main cause of death and disability in the group between 15-24 years of life, with a significant proportion being traffic accidents. It has been estimated that the correct use of the seat belt while driving could reduce the risk of injury by 45-55%, and mortality by 40-50%, both for the driver and the passenger. In addition, advice should be given against alcoholic beverage consumption if need to drive, since alcohol is related to traffic accidents in 40%. The use of a helmet when cycling reduces the incidence of head trauma by 69-80% and its use on a bicycle or motorcycle reduces the risk of injury or death (Evidence II-2; Recommendation B).

• Drugs. Its use is associated with: traffic accidents, homicides and suicides, early sexual activity, school failure, mental disorders, family problems and delinquency; in addition to the possible consequences in adulthood, such as: cardiovascular diseases, psychiatric disorders and cancers. Legal drugs (alcohol and tobacco) are the most prevalently used and are the gateway to other drugs. In high-income countries, the pattern of consumption characteristic of young people is maintained: multiple consumption, in recreational environments, during the weekend; the percentage increases with age and female consumption is rising.

• Problems related to sexuality. The increase of unwanted pregnancies and STIs in adolescents is a consequence of: early menarche, early onset of sexual relations, inappropriate use of contraceptive methods, existence of multiple partners, drug use and ignorance. Young people, due to: their physiology, their late consultation, lack of correct treatment compliance, etc., have a higher risk than adults of morbidity and long-term sequelae, such as: infertility, pelvic inflammatory disease, ectopic pregnancy or cancer. It is important to encourage HPV vaccination, both in women and men, as it prevents cancer.

• Nutritional disorders. Excessive calorie intake is a more serious and important problem than inadequate intake. In various studies in Western countries, a high consumption of saturated fats and low carbohydrates has been observed, as well as an insufficient intake of dairy products and fruits, with the consumption of fast food being increasingly widespread, which leads to an excess of saturated fats, sodium and refined sugars, with a high caloric intake, and almost no intake of vitamins and minerals, accompanied by an increase in the prevalence of overweight and obesity. In Spain, the figures for the prevalence of childhood and adolescent obesity, as previously mentioned, have tripled in the last 30 years. Eating disorders are increasingly occurring at younger ages, and encompass a wide spectrum, from subclinical and partial symptoms, even severe clinical pictures with serious consequences if they are not treated. They have irreversible complications: growth stagnation, failure to achieve the peak bone mass, and brain changes. Bigorexia, is more frequent in males who are obsessed with the practice of sports to obtain an athletic body and they prioritize it before any other activity. Orthorexia is the obsession with eating healthy food, knowing its origins and process until it reaches the consumer. In relation to all this, there is also a great demand for aesthetic interventions to improve appearance (breasts, nose or abdomen), as well as the significant increase in the consumption of clothing, fashion, computers…

• Mental health. Emotional and behavioral disorders. The conflictive situations typical of adolescence, together with the fragility of their developing personality, constitute an ideal framework for the emergence of possible mental disorders. Girls are more likely to have emotional problems (anxiety, depression) and eating disorders; boys are more vulnerable to disruptive and violent disorders. In the last two years of the COVID pandemic, mental problems have multiplied significantly.

• Information and Communication Technologies (ICTs). ICTs have revolutionized today’s world, they are present in most homes/schools and they constitute a danger for adolescents. Children begin their use when they have not yet developed the ability to understand terms, such as respect for oneself and others, privacy or intellectual property. The information that is posted will last forever (fingerprint). Its use entails many educational, communicative or entertainment benefits, but also many risks that must be taken into account: violence, pornography, addiction, identity theft, school failure, emotional, psychiatric disorders, visual disturbances (myopia, fatigue, dry eyes from decreased blinking), headaches, in addition to cyberbullying, grooming and sexting. Popularity today is measured by the number of followers on social networks. We are the first generation in history in which, on a massive scale, technology transfer is carried out from children to parents, and not the other way around. Adults, in general, are unaware of the technical aspects and underestimate the possible risks, although in recent years this has been changing.

• Sleep disorders. Different studies have shown that children and adolescents sleep an insufficient number of hours for their needs, which can affect: their physical and mental health (impaired growth, obesity, hypertension, immune disorders, emotional and behavioral problems); their safety (accidents); academic success and quality of life, conditioning chronic sleep disturbances in the future. According to different studies, up to 30% of children and adolescents will present some disorder and/or sleep problem. This is influenced by the biological changes of puberty and causes that are modifiable, such as: lifestyle and habits, use of technologies, academic demands or early start of classes. The most frequent disorders during adolescence are: insomnia, parasomnias, restless legs syndrome and delayed phase syndrome.

• Chronic illness or disability. As mentioned, the adolescent population is, in general, a healthy population. However, mainly due to medical advances, a change has been seen in relation to chronic diseases, in which infant mortality has been reduced, and life expectancy increased, even into adulthood. These medical achievements represent an increase in adolescents with chronic diseases: asthma, neoplasms, heart disease and other congenital malformations, diabetes, epilepsy, inflammatory bowel disease, myopathies or metabolic disorders, among others.

If a chronic disease causes difficulties at any time in life, during adolescence, some special elements are added. For example, on the one hand, he is a patient who is in a vital phase in need of an autonomy that we must promote, but who, in turn, on some occasions may not accept or understand the implications that the disease has, and may also not be involved in self-care (taking medication, attending medical appointments…). Sometimes, if the adolescent does not get involved, it may happen that the parents/guardians become too involved, or that they disengage, generating conflicts, bad progress of the disease, increase in the number of hospital admissions, etc. But precisely because of the increase in life expectancy of these diseases, which suggests that adolescents will reach adulthood, it is of great importance that strategies are found to achieve greater involvement and adherence to treatment.

Adolescents with chronic illnesses are as likely or more likely than their healthy peers to engage in risky behaviors. Also, they are more prone to have emotional disorders and depression, being victims of different forms of violence, bullying, maltreatment and sexual abuse. Likewise, they present a poor adaptation to the health system and, on occasions, denial of the disease, in addition to severe side effects due to the medication they take. Although care during the transition process is important for all adolescents, it is more relevant in this case.

The transition process

Transition is understood as: the process of preparation, adaptation and gradual integration of children and adolescents in an adult care unit.

Life is a continuum. It has been the health managers and the complexity and sophistication of the treatments that have forced the division of medical care.

Each stage of life has certain characteristics and needs a type of assistance. In fact, each field requires a different professional profile and this is sometimes not well understood by patients. The characteristics of each stage of life make us put on the table how the passage from one stage to another in health care occurs, that is, the patient’s transition from one specialty to another. With regards to adolescents, it must be added that young people change quickly and significantly, which requires adaptation, both on their part and on that of the professionals who care for them, if the aim is to achieve the maximum care quality, efficiency and clinical success(15). The two main objectives of a well-organized and coordinated transition are to optimize health and make it easier for the adolescent to feel satisfied with health care(15).

We can distinguish two types of assistance: Primary Care (PC) and Specialized Care (SC). The first is given in Health Care Centers and, although it deals with comprehensive health care, it also cares for healthy adolescents, it is based on: Health Education (HE), Health Promotion (HP) and Primary Prevention (PP). The second, takes place in hospitals and mainly cares for patients with chronic pathology, almost always multidisciplinary. In both cases, the care transition has specific characteristics.

The transition in Primary Care

In most of the Spanish Autonomous Communities, the age limit for healthcare is 14 years old and, in some, it reaches 16 years old. Although certain professionals continue to care for adolescents beyond this age, in the health check-up clinic between 14-16 years of age, the patient’s parents are usually informed that from that moment the administration transfers their data to the family doctor’s office. This step should be taken more seriously by everyone: pediatricians, family doctors, nurses, family and coordinated actions should be carried out.

If we start from the conceptual basis that adolescence is a stage that unites childhood with the adult state, the coherent action would be to maintain attendance, at least, during the minimum time that the stage lasts, up to 18 years of age. But reality differs, rather assistance is interrupted in middle adolescence (14-16 years), the most critical moment of the entire process. It is poorly understood how a 14-year-old child, when his/her growth and development has not yet concluded, should transfer from individualized, supervised, family-oriented Pediatric care coordinated with the school and the environment, to an adult-oriented care, much more impersonal, focusing on the health-disease axis and not on aspects of development. The change from pediatric care to the adult model entails an important break, and sometimes leads to loss of follow-up and adherence to treatment and also increases the number of patient admissions(16,17).

The transition, as we suggest it, could be considered a “rite of passage-initiation”, which recognizes the age of the adolescents who are given autonomy to use health services according to their criteria and needs. The transition is the time to recapitulate the entire stage that has taken place since birth and talk about health as an important value in life. It is about contributing to promote the “principle of patient autonomy”: “the patient’s right to decide for himself about the acts that will be performed on his own body and that will directly or indirectly affect his health, his integrity and his life”.

The transition is specific to each person and should occur between the ages of 16-18 (depending on how care is organized) and, more important than age, the transition should take place when young people are mature enough to do so and have sufficient skills for self-care(17). Not all adolescents have the same degree of maturity and autonomy to manage the control of their health. The law gives the right to decide about this from the age of 16 (legal health age), when it is considered that their decisions do not seriously risk their health. The level of development is also not the same in all adolescents. There is a TRAQ questionnaire (Transition Reading Assessment Questionnaire) that aims to measure this autonomy through an assessment. It is an instrument that assesses the abilities of adolescents with chronic diseases in relation to autonomy and self-care that they acquire in the transition to adulthood. It is aimed at people between 14 and 26 years old and the questions are classified into 5 domains: use of medication, attendance at appointments, follow-up of health problems, communication with professionals and management of daily activities(18).

Transition is a dynamic process, not an event, it must be gradual and multidisciplinary, since it implies a process planned over time to prepare for medical, psychosocial and educational needs in adult services. Coordination between services is essential. There are three stages: initial, when the decision is made; intermediate, the patient, his family and his doctor are already prepared; and finally, when the adolescent or young adult, in addition to being “transferred” to an adult service, actively participates in their care and decision-making, according to their abilities. There are obstacles to the transition, dependent on the patient, family, pediatrician or adult physician(17). During transition, there is the presentation of other professionals who will be involved in their health care. On one side, not all professionals have the same way of understanding clinical practice; on the other hand, adolescents are very sensitive to forms of treatment and, if these are not appropriate, they can ruin the clinical relationship.

In a study carried out in 2021 in Spain, it was found that 75% of young people had visited the family doctor before turning 21, while the remaining 25% finished this stage without making any appointments. It is noteworthy that they attended the consultation for the first time at a very young age, in most cases at 15 years old (67%) or 16 years old (20%). It can be interpreted that this early initial visit is due to the adherence of patients to the Pediatric consultation, which is transferred to the first visit with their adult doctor(18-19).

Adolescent morbidity and mortality, as previously mentioned, is highly relevant. At this age, Health Education (HE), Health Promotion (HP) and Primary Prevention (PP) are very important. That is why the term “opportunistic recruitment” is used, that is, taking advantage of each medical act to implement preventive programs. In addition, it could be attempted that, from the age of 16, the patient attended the consultation by himself, thus eliminating biases in the collection of information and promoting the autonomy, independence and capacity of the young person, facilitating accessibility to the system as an adult patient whom we are going to accompany as long as we can and is need(20).

In the last six years, programs have been established in our country to carry out the transition at the hospital level, and its organization in Primary Care (PC) is also required. It is necessary, when the time comes, to establish visits to the adolescent’s Health Center with the two professionals (the pediatrician to introduce the adolescent and explain his or her health problems and needs, and the family doctor who receives the adolescent) to carry out the transfer.

The transition in Specialized Care. Patients with chronic diseases and disabilities

WHO considers chronic diseases as: “those diseases that have a long duration (more than 6 months) and a slow progression, are not transmitted from person to person and are considered, therefore, non-communicable”. The use of the term “adolescent in need of special health care” has been proposed as a less stigmatizing and more socially acceptable term (Stein. USA). In recent decades, we have witnessed an increase in the prevalence of chronic diseases ranging between 10 and 30%(20). Globally, 9 out of 10 children affected by a chronic disease will exceed 20 years of age(15).

We understand by transition: the process of preparation, adaptation and gradual integration of children and adolescents with a chronic pathology in an adult care unit. The transition process begins in early adolescence but does not end until the young adult is fully integrated into an adult unit. However, the term transfer refers to the moment of transferring the patient with clinical and administrative information from one pediatric unit to another unit for adults (it does not imply development, it is not a process but a moment)(18-19).

Many adolescents are transferred abruptly, either because they have reached a certain age, or because of an acute decompensation that motivates admission to an adult service. Preparation for this step and coordination of care between the pediatric and adult groups are essential to facilitate the transition process, which must ensure the same quality and continuity of care for these patients, especially in the case of chronic diseases(16).

The American Academy of Pediatrics (AAP), the American Academy of Family Physicians (AAFP) and the American College of Physicians (ACP) have been aware of the importance of the medical care process in the adolescent’s transition from the pediatrician to the family physician, and the need to give more autonomy in their health care, especially to those who suffer from a chronic disease. The aforementioned organizations drafted a manifesto called: “The six main elements of the transition”(21), which are:

1. Beginning of transition: to talk with the patient and family about the plan and conduct training of the implicated staff.

2. Care and monitoring of the transition process, tools to establish criteria for inclusion, selection, observation, registration, etc.

3. Patient training: aims to assess their abilities and prepare them for a correct transition.

4. Transition planning with individualized preparation of the patient: objectives, detailed report, information to the family doctor and choosing the best moment for the transition, counseling for patients with intellectual disabilities, as well as help in choosing the adult doctor and coordinating with him.

5. Medical transition with all the clinical history and additional information to the adult doctor, when the disease is in a stable phase. It is the responsibility of the pediatrician to care for the adolescent until he is seen in the adult consultation.

6. End of transition. The pediatrician is to contact with the family and the patient so as to end the relationship, and offer the necessary help and contact with the adult doctor, as well as build collaboration alliances with the rest of the professionals.

In short, transition plans need to be elaborated together with the patient and family, starting the process at 14 years of age and the staff must be trained in the procedures for the correct transition (see Algorithm).

Clinical assistance to adolescents

Currently, there is a care gap with adolescents. In spite of all the aforementioned problems that these present, the doctors show little interest in the health of adolescents. Sometimes their rebellion, arguments, vindication, jargon, exacerbated criticism, disrespect, etc., make them unpleasant and their attention and care unrewarding. That is why it is said that it is the most abandoned stage of life, even more so than old age. There are few plans and programs in the social services portfolio that deal with these stages in detail. We have a history that can justify it. Until well into the 1990s, the age limit for pediatric care was 7 years. From 1973 to 1982, there is no single publication in Anales Españoles de Pediatría on adolescence. Professionals, rather than institutions, have been the first to give warning of this situation, and all this hand in hand with important social problems, such as: the prevention of substance use, school problems, family conflicts, unwanted pregnancies(1), etc.

In recent years, several advances have been made, such as the extension of the age of pediatric care to 14-16 in Primary Care (depending on the different Autonomous Communities) and up to 18 years at the hospital level (II National Strategic Plan for Childhood and Adolescence 2013-2016), although without developing a specific strategic plan for its implementation, which includes specific training for health professionals or an increase in resources. However, care for this population is not adequately organized, there is a lack of adequate services, well-trained professionals, as well as recognition of this subspecialty, among others(22). Table III shows the problems for the care of the adolescent population, as well as the needs to solve it.

Table

Various organizations, such as UNICEF in 2011, recommend investing in adolescents: because they need to develop their skills and abilities to become competent, exercise their rights and access quality education and health services, decent employment and participate in a positive way in the life and future of the country.

Global strategic plans

WHO, UN and various organizations are interested in studying the health indicators of adolescents and have created special organizations for it.

The demographic data mentioned above have led WHO and UN to create agencies in charge of studying criteria to measure the health of adolescents.

• Global Strategy for adolescent health 2016-2030(3):

– The Strategy, which is closely aligned with the Sustainable Development Goals (SDGs), seeks to ensure that adolescents can exercise their rights to health, physical and mental well-being.

– It aims to put an end to the preventable mortality of adolescents in any environment and part of the world by 2030 and guarantee universal access to health services. To this end, the Global Strategy provides a work plan that aims to set the milestones to be achieved by the different countries between now and the year 2030, taking into account the available evidence of the evaluation of needs and results of the effectiveness of the interventions.

– In relation to adolescents living in contexts of humanitarian crisis, the Global Strategy warns that they present a higher risk of morbidity than the general population, due to the conditions of insecurity, sexual violence and depression to which they are exposed. It urges the global community to act more quickly and invest more resources in helping people at risk.

– It integrates health in all policies, in particular with regards to: malnutrition, air pollution, poor water quality, sanitation and hygiene, violence and harmful and discriminatory practices.

– It defends the adoption of equity-oriented policies and programs that are based on human rights, especially for adolescents in situations of social exclusion and marginalization.

• Measuring adolescent health: a necessary step towards achieving the global goals. In 2018, the Global Action Advisory Group for Adolescent Health Measurement (GAMA) proposed a project sponsored by WHO and the support of other agencies, such as United Nations (UN) and the Bill and Melinda Gates Foundation, to search for indicators of adolescent health, knowing that one third of the global burden of disease is attributable to the behavior and circumstances of adolescence(23-25).

– GAMA accepts the age group that WHO considers adolescence between 10 and 19 years, but admits other definitions. Both health problems and social or health care systems change in these years. They recognize that young adults feel better served in older adolescent settings. Work is carried out in collaboration with local governments interested in improving the lives of adolescents.

– GAMA plans to stimulate the use of health indicators. The impact of these recommendations at national level will depend on the support within each country.

– UN Sustainable Development Goals (SDGs) require all countries to: pay attention to equity, prevent poverty, promote health and general economic growth, address education, social protection, employment, climate change and environmental protection.

– Investing in services for adolescents is a priority and this requires a political commitment from all nations to improve the lives of young people.

– The Alliance for Maternal and Child Health and many other WHO-recognized organizations are committed to improving adolescent health. They made a calling for the well-being of adolescents in 2019, which was to engage and empower adolescents and strengthen political commitment for funding through the World Summit on Adolescents in 2023.

– The importance of youth participation in the SDGs, UN and WHO increases the effectiveness of plans and strategies. The Secretary General of UN highlights the importance of the fact that 1,800 million people between the ages of 10 and 24, who have become agents of change, have enormous potential to achieve a better world.

Role of the Primary Care pediatrician

The work of the pediatrician extends beyond the treatment of the disease or its complications, and must care for and accompany during this period, so that the patient reaches adulthood with: the best quality of life, the least number of complications and without suffering during the transition from the pediatric model to the adult model (Table IV). The pediatrician needs to know the characteristics of adolescents, their needs and health problems, as well as their family and social dynamics.

Table

As we know, the adolescent seldom attends the clinic, the pediatrician must make the most of his visits to address all the issues that influence his overall health, and also carry out education and prevention. For this, the acronym proposed by the Spanish Society of Adolescent Medicine (SEMA) can help: F.A.V.O.R.E.C.E.R. (=PROMOTE health): Family, Friends, Healthy life-vaccinations, Objectives-leisure, Religion-spirituality, Self-esteem, School-university-work, Mental state, Risks).

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

Asterisks show the interest of the article in the opinion of the authors.

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Global adolescent health problems are presented and solutions offered.

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A 6-phase protocol to plan and organize a Transition Program is described in detail.

 

Clinical case

George is 15 years old. He has Type 1 Diabetes Mellitus since the age of 13. He presented with tiredness and weight loss. He is currently on insulin therapy and acceptably well controlled. He studies 8th grade in a semi-private school. His father is an industrial engineer and his mother is a housewife. He has another sister who is 10 years old. There is an optimal family structure.

His mother attends the clinic because the last weekend at a party he got drunk and returned home assisted by his friends. She tells us that since he started the school year, 3 months ago, he does not feel well, does not perform like the previous year, does not follow a correct diet…

A few months ago, he went to the family doctor, who, according to his mother, hardly knows him, and who has sticked to prescribing insulin and test strips for blood glucose control. She goes to the pediatrician’s office, since at the last clinic check-up, at age of 14, he told her that if she ever had any health problems, she could count on him.

The case is a model of a bad transition. Jorge is a carrier of a chronic disease (diabetes) and will be dependent on health services for life. The correct procedure would have been to have carried out some form of clinical management with his family doctor and nurse, to meet them, even introduce the adolescent to them so as to familiarize himself with their services (not only dispensing syringes and insulin); so that this last episode would have allowed the adolescent to go to him as administrative manager of his diabetes.

 

Algorithm

 

La adolescencia. Situación epidemiológica. Patología más frecuente. La transición

M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**
Temas de FC


M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**

*Pediatra. Doctora en Medicina. Acreditada en Medicina de la Adolescencia. Expresidenta de la SEMA. Madrid. **Pediatra. Doctor en Medicina. Acreditado en Medicina de la Adolescencia. Centro Médico La Marquesina. Valladolid

Resumen

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. En las sociedades industriales y de consumo, existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Las principales causas de muerte son evitables. Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro. Se han constatado las dificultades y los fallos asistenciales que se producen cuando el adolescente crece y pasa a ser atendido por otros profesionales. Se sugieren pautas y protocolos para facilitar el proceso de transición del cuidado del pediatra al médico de adultos. Diferentes organismos internacionales proponen estrategias para mejorar la salud de los adolescentes.

 

Abstract

The stage of adolescence becomes socially relevant in industrialized countries after World War II and is linked to social progress more than any other stage of life. In industrial and consumer societies there is great interest in studying and understanding the events that take place in adolescence, from physical to mental and social changes. Adolescents suffer from diverse pathologies, many of which are related to their risk behaviors. There has been a switch in relation to chronic diseases due to medical advances, whereby infant mortality has been reduced and thus, life expectancy increased, even into adulthood. The main causes of death are preventable. All the pathologies and risk factors avoided or corrected during this period will lead to healthier adults in the future. The difficulties and care failures that occur when the adolescent grows up and starts to be looked after by other professionals have been verified. Guidelines and protocols to facilitate the process of transitioning care from the pediatrician to the adult physician are suggested. Strategies to improve the health of adolescents proposed by various international organizations are also presented.

 

Palabras clave: Adolescente; Epidemiología del adolescente; Salud del adolescente; Transición del cuidado.

Key words: Adolescent; Adolescent epidemiology; Adolescent health; Care transition.

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 200 – 213


OBJETIVOS

• Actualizar conocimientos sobre la adolescencia en la actualidad. El concepto de adolescencia como fenómeno social cambia con las ideologías, los valores, los planes asistenciales y los datos demográficos.

• Definir qué teorías son más potentes en cuanto a comprender la psicología del adolescente y sus comportamientos.

• Analizar la situación epidemiológica a nivel mundial y en España: mortalidad, morbilidad, motivos de consulta y causas de ingreso.

• Comprender por qué causas los adolescentes pierden la salud y cómo se realiza en nuestro país la atención a su salud.

• Conocer cómo debe realizarse “la transición” desde los niveles de asistencia para lograr más eficiencia asistencial.

• Cuáles son las estrategias de los organismos mundiales para afrontar la “adolescencia como edad de riesgo”.

La adolescencia. Situación epidemiológica. Patología más frecuente. La transición

Introducción

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida.

El Diccionario de la RAE define la adolescencia como la etapa entre la infancia y la edad adulta. Etimológicamente procede de adolescere y de su participio presente adolescens, que quiere decir creciendo y desarrollándose. Con esta definición, engloba los dos caracteres más decisivos de esta etapa: el crecimiento y el desarrollo.

La parcelación de la vida en edades viene de antiguo. Ya en el Corpus Hipocraticum, se habla de las distintas etapas de la vida: infancia, niñez, juventud, edad adulta, ancianidad y vejez. Los límites son imprecisos. Charlotte Bühler en el siglo XIX, admitía que había unas etapas en la vida críticas en las que no se trata de la edad cronológica, sino de la forma de realizar ese “paso”. Ese sería el primer concepto de adolescencia, tal y como lo entendemos ahora.

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial. Los cambios económicos, sociológicos y culturales condicionaron el retraso de la incorporación del adolescente a la vida adulta. Paralelamente, el adelanto de los fenómenos biológicos acrecienta progresivamente este desajuste. La eclosión de la competitividad, el consumo, y la sociedad del bienestar han contribuido a plantear problemas desconocidos hasta ahora.

La adolescencia está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. Cuando la esperanza de vida era corta, los adolescentes eran los sucesores de la familia, tenían que asumir una responsabilidad precozmente. Eran una mano de obra barata, dócil y eficaz. Tradicionalmente eran usados con fines militares. Y han sido muchas veces objeto de captación por grupos ideológicos, sectas, minorías… En ninguna otra etapa de la existencia influye tanto la vida social como en esta, y el ejemplo que mejor lo demuestra es la influencia de las modas del momento y lo que están sufriendo en la actual pandemia COVID, con el importante aumento de los problemas psicológicos e intentos autolíticos.

Existen muchas formas de “pasar” la adolescencia. Por eso hablamos de “adolescencias”. Sin embargo, todavía estamos lejos de conseguir una sociedad a la medida del adolescente. Mientras no haya una economía estable y equilibrada, unos planes educativos hechos para cada grupo de adolescentes, una dinámica familiar comunicativa y una asistencia sanitaria adecuada, seguirá existiendo la adolescencia como grupo social de riesgo.

En nuestras tradiciones hay numerosos ejemplos de ritos, fiestas o ceremonias para el paso de la infancia a la madurez, que se diferencian por el sentido que en cada época se tenía de lo que era la adolescencia.

En nuestra cultura occidental, encontramos relatos tradicionales que intentan aclarar los misterios de los ciclos de la vida, por ejemplo, en la mitología clásica. Los mitos clásicos dan representación a los acontecimientos que suceden en la adolescencia, como si el inconsciente histórico se adelantara a lo que posteriormente se ha analizado de una manera más científica; y en este sentido, ¿qué significan los mitos de Adonis (”hombre joven extremadamente atractivo, a menudo también vanidoso”), Perséfone (“una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto de su hija y la alegría por su regreso; la explicación de los procesos naturales, con la marcha y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación”), Artemisa (“la virginidad; la diosa que traía y también aliviaba las enfermedades de las mujeres”), Afrodita (”diosa de la belleza, la sensualidad y el amor erótico”), Narciso (”incapaz de amar a otra persona porque se ama a sí mismo en exceso”) o Cupido (“dios del amor y del deseo”)? ¿Se podría decir que esos procesos son consustanciales con el devenir del hombre? ¿Acaso la adolescencia no es la concentración de todas esas vicisitudes del ser humano?(1).

La adolescencia se inicia con la pubertad y tiene un final indeterminado, y se ha ido prolongando en los últimos años debido al mayor tiempo que el joven invierte en su formación. No existe consenso entre autores sobre las edades que comprende. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la sitúa entre los 10 y los 19 años, aunque algunos organismos, como la Asociación Americana de Pediatría, consideran que este periodo se alarga hasta los 21 años. Dado que se trata de una etapa de desarrollo y que incluye alrededor de 10 años, parece evidente pensar que habrá diferencias a lo largo de su duración, por lo que se han definido tres etapas que se solapan entre sí: hasta los 13 años, la adolescencia temprana; de los 14 a los 17, la adolescencia media; y a partir de los 18 hasta los 21 años, la adolescencia tardía. Esta clasificación es orientativa y relativa y varía con las razas, las culturas y la situación geográfica.

La adolescencia es, pues, una etapa de cambios rápidos, amplios, muy significativos y determinantes. Es una crisis evolutiva con adaptaciones y readaptaciones constantes, personales, familiares, académicas y sociales. Culturalmente, se desenvuelve en una oferta de consumo “sin límites”, con una pérdida del papel educativo y protector de los padres; en muchas ocasiones, con unos horizontes de futuro inciertos, en una sociedad que sobreestimula y excita a la población y que, en no pocas ocasiones, niega la educación y la asistencia (López, 1999). La adolescencia, como fenómeno social, no se analiza desde el punto de vista de los cambios fisiológicos, sino por sus rasgos psicológicos evolutivos, su búsqueda de identidad, sus ansias de encontrar un lugar en el mundo y la influencia de las modas y los valores del momento. El mundo occidental del consumo, industrial, del mercado y la producción crea trampas y genera frustraciones y desesperanzas para lo que, biológicamente, los adolescentes están menos preparados(1).

Teorías sobre la adolescencia

En las sociedades industriales y de consumo existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales.

A mediados del siglo XIX, apareció la Psicología como disciplina autónoma. Después apareció la Psicología infantil en Alemania, la Psicología comparada en Inglaterra y la Psicología de la adolescencia en EE.UU. Autores relevantes que se han preocupado por estudiar la adolescencia son: Stanley Hall, Gesell, Freud (desarrollo psicosexual), Rank, Sullivan, Erikson, Blos, Spranger, Piaget (estructuras cognitivas), Remplein (síntesis estructural), Lewin (teoría tipológica), Malinosky, Margaret Mead (Antropología), Bandura (aprendizaje social), etc.

En las sociedades industriales y de consumo existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Hay muchas formas de explicar todo lo que sucede en esta etapa. Nos vamos a centrar en aquellas teorías que han tenido mayor difusión e influencia(2).

Enfoque psicoanalítico

El cuerpo cambiante del adolescente es objeto de emociones contradictorias que generan confusión. Se produce una tensión entre el cuerpo y la mente que requiere tiempo para ser comprendida. El niño pequeño que desea ser atendido y cuidado pasa a ser el adolescente que reclama su espacio y el derecho a decidir, mostrando, en ocasiones, desprecio hacia sus progenitores. Estas situaciones están relacionadas con el funcionamiento psicológico. Algunos autores acentúan la evolución de la sexualidad del niño en transición al adulto y otros apuntan, como prioritario, el duelo que se produce por la infancia pasada.

Enfoque cognitivo-evolutivo. Teoría de Piaget

La adolescencia se ve como un periodo de transición en el que se producen importantes cambios en lo cognitivo. Fundamentalmente, se accede al pensamiento formal (resolver dificultades y razonar las funciones). Según Piaget, los adolescentes logran el más alto nivel de desarrollo cognitivo (operaciones formales), cuando alcanzan la capacidad de producir pensamiento abstracto. Les proporciona nuevas y más flexibles maneras de utilizar la información. La capacidad de producir pensamiento abstracto tiene implicaciones emocionales. Ahora “el adolescente puede amar la libertad y odiar la explotación. Lo posible y lo ideal cautivan la mente y los sentimientos”.

Desarrollo psicosocial en la adolescencia

• Para Elkind, el pensamiento del adolescente contiene rasgos de inmadurez reflejados en: la tendencia a la discusión constante en un intento de afirmar sus ideas; la inseguridad que los lleva a la indecisión, para finalmente adoptar posturas no meditadas e impulsivas; sentirse el centro del mundo; desear ser tenidos en cuenta; afán de llamar la atención, creer que son únicos, como si las normas de los demás no les afectaran y, en consecuencia, pensar que nadie siente como ellos.

• Para Erikson, la búsqueda de la identidad (entendida como la conciencia de saber quién se es), es la principal tarea durante los años adolescentes. Conocer la propia identidad hace al adolescente sentirse único y distinto a todos los demás. La identidad se forma por modelado e imitación, pero también por modificaciones propias que derivan de su conocimiento, ideas, pensamiento y educación. La confusión de la identidad es un riesgo que puede durar hasta la adultez. Los adolescentes consolidan su sentido de la identidad personal, sexual y social, construyendo una teoría positiva o negativa sobre sí mismos, que tendrá una importancia decisiva para el resto de su vida, ya que en ella se fundamentan la autoestima y el sentimiento de capacidad para gestionar su propia vida de forma autónoma, responsable y eficaz.

• Teoría de Bandura del aprendizaje social. Nuestro cerebro está programado para aprender y desde pequeños uno de los métodos más potentes de aprender es el modelado o imitación. Los adolescentes a lo largo de su vida familiar, escolar o social, tienden a imitar lo que les gusta, y más si se refuerza positivamente. Las sociedades industriales y de consumo ejercen una influencia muy grande en los aprendizajes de los adolescentes. Por eso, las personas que más influyen en los adolescentes pueden ser figuras públicas, famosas o de éxito.

• Maltrato cultural (F. López). La adolescencia prolongada socialmente es una creación cultural. Las sociedades industriales producen esta prolongación social de la adolescencia, bien porque se lo pueden permitir, alargando la escolarización obligatoria, o bien porque si están en crisis no pueden ofrecer trabajo a buena parte de los adolescentes. Desde el punto de vista social, la adolescencia debería conllevar un cierto grado de autonomía del joven de su familia en numerosos aspectos de la vida: el vínculo del apego sigue siendo fundamental, pero con menor necesidad de proximidad y presencia familiar.

Situación epidemiológica de la adolescencia

En 2016, en el mundo, había 1.800 millones de adolescentes y jóvenes, entre los 10-24 años. Se observa una creciente desigualdad y mayores desafíos para la salud de los jóvenes del presente que aquellos a los que tenía que enfrentarse este mismo colectivo 25 años atrás.

La adolescencia, desde el punto de vista de salud pública, constituye una etapa a la que hay que dedicar atención, no solamente en los países industrializados, sino en todos los demás. En el año 2011, Lancet publicó un estudio sobre la mortalidad por tramos de edad de 5 años, desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia. Y las conclusiones, entre otras, fueron: las tasas de muerte en los jóvenes de 15 años son más altas que en los menores de 10 años en países de altos, medianos y bajos ingresos, y la mayoría de los fallecimientos son causados por lesiones. Estos datos pusieron en evidencia la importancia de invertir en medidas preventivas de salud en adolescentes, en todo el mundo.

En el mundo, según datos de 2016, había 1.800 millones de adolescentes y adultos jóvenes, entre 10-24 años, lo que constituye un tercio de la población mundial. Se observa una creciente desigualdad y mayores desafíos para la salud de los jóvenes del presente que aquellos a los que tenía que enfrentarse este mismo colectivo 25 años atrás(3,4).

Desde 1990 a 2021(5,6), se han producido cambios notables en la salud de los adolescentes. Una disminución en la carga de enfermedad en muchos países, ha sido compensada por el crecimiento de la población adolescente en los países más pobres. Han aumentado el sobrepeso, la obesidad y la anemia. El matrimonio infantil es frecuente, con aproximadamente 66 millones de mujeres entre 22 y 24 años que se casaron antes de los 18 años de edad. Aunque a nivel mundial, existe paridad de género en la finalización de la escuela secundaria, la prevalencia de NEET –jóvenes sin educación, empleo o capacitación– sigue siendo más alta para las mujeres jóvenes en los países con múltiples cargas, lo que sugiere pocas oportunidades para ingresar en el mercado laboral.

Según datos de la OMS en 2021(6): la mitad de todos los trastornos de salud mental en la edad adulta comienzan antes de los 14 años, pero, en la mayoría de los casos, no son detectados ni tratados. El abuso de sustancias afecta a las personas jóvenes de forma desproporcionada, en comparación con las personas de más edad. El hecho de empezar tempranamente a consumir sustancias está asociado a un mayor riesgo de caer en dependencias y otros problemas durante la vida adulta. A escala mundial, cada año dan a luz 43 de cada 1.000 chicas de entre 15 y 19 años de edad.

La carga mundial de morbilidad ha cambiado poco desde 1990 y la prevalencia de muchos riesgos para la salud de los adolescentes ha aumentado(6,7). La salud, la educación y los sistemas legales no han seguido el ritmo de las cambiantes necesidades de los adolescentes y las variaciones demográficas. La inequidad de género sigue siendo un poderoso impulsor de la mala salud de los adolescentes en muchos países.

A fecha de enero de 2021, según el Instituto Nacional de Estadística Español (INE), había 5.954.862 adolescentes en España entre los 10 y los 21 años (12,5% de la población total). Este número se mantiene estable en los últimos años.

Mortalidad. Evolución

Las principales causas de defunción de adolescentes son las lesiones y los traumatismos (incluidos los causados por el tránsito y los ahogamientos), la violencia, las conductas autolesivas y las dolencias ligadas a la maternidad. La mayoría son evitables.

En el mundo, según un estudio reciente de la OMS 2021(6):

• En 2019 murieron más de 1,5 millones de adolescentes y jóvenes adultos de entre 10 y 24 años de edad, lo que supone casi 5.000 al día.

• De todos los grupos de edad, el que presenta menor riesgo de muerte es el de los jóvenes adolescentes de entre 10 y 14 años.

• Las principales causas de defunción de adolescentes y jóvenes adultos son: las lesiones y los traumatismos (incluidos los causados por el tránsito y los ahogamientos), la violencia, las conductas autolesivas y las dolencias ligadas a la maternidad.

En la mayoría de casos, se trata de muertes evitables, tanto las producidas por causas externas (violencia, accidentes de tráfico, etc.), como las relacionadas con infecciones (mediante vacunas, mejorando el acceso al sistema sanitario, etc.). Los chicos fallecen más en el contexto de violencia y las chicas por situaciones relacionadas con la maternidad. A pesar de estos datos, también hay que tener en cuenta que las causas de mortalidad son diferentes en función de los países.

En España, según datos del INE, en el año 2020, la mortalidad entre los 10-19 años fue del 11%(8). Las principales causas entre los 15-19 años fueron: causas externas, 40,3% (accidentes de tráfico, violencia, suicidio y lesiones autoinfligidas), seguidas por tumores-neoplasias, enfermedades del aparato circulatorio, respiratorio y sistema nervioso. En la tabla I podemos ver las diferencias de mortalidad ocurridas en nuestro país entre 1987-92 y 2020, con una importante disminución de las causas externas y, en especial, de los accidentes de tráfico, que se mantiene en los últimos años. Por otro lado, son especialmente relevantes, y hay que ser consciente de la tendencia a incrementarse, los tumores y el suicidio, como causa de muerte en esta etapa. Este último está aumentando de forma significativa en estos dos años de la pandemia COVID.

Tabla

Morbilidad. Motivos de consulta. Causas de ingreso hospitalario

Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro.

En general, el periodo de la adolescencia es un periodo de salud, desde el punto de vista biológico, aunque es un periodo de muchos riesgos. Es importante no olvidarse de que aquellas patologías o aquellos factores de riesgo de salud que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro.

Los problemas que presentan los adolescentes, en general, son consecuencia de su desarrollo psicológico y social (problemas mentales, conductas de riesgo), de su desarrollo biológico (escoliosis, acné, dismenorrea, problemas traumatológicos, etc.), enfermedades infecciosas, como en cualquier otra época de la vida, por lo que es fundamental continuar la vacunación en esta edad, patologías del adulto que pueden ser detectadas de forma asintomática durante esta etapa (hipertensión, hiperlipemia, obesidad, diabetes) y enfermedades crónicas, de las cuales en el pasado los pacientes fallecían antes de llegar a la adolescencia, como: cardiopatías congénitas, cánceres o enfermedades crónicas como, por ejemplo, la fibrosis quística del páncreas.

A nivel mundial, según estudios de la OMS 2014(4), las principales causas de enfermedad por años de vida perdidos ajustados en función de la discapacidad y por sexo, se pueden ver en la figura 1. Aunque no aparezca en la lista, hay que destacar que la malnutrición se encuentra en aumento. La desnutrición en países de ingresos bajos y la obesidad que aumenta tanto en países de ingresos bajos como altos.

Figura1

Figura 1. Principales causas de enfermedad por años de vida perdidos, ajustados en función de la discapacidad y por sexo. Fuente: OMS Salud para los adolescentes del mundo. Una segunda oportunidad en la segunda década. 2014 (en línea). Consultado en febrero 2022. Disponible en: https://apps.who.int/iris/handle/10665/141455.

Morbilidad. Algunos datos en España(8)

• Drogas. La Encuesta ESTUDES 2020 (datos 2018), se realiza desde 1994, cada dos años, sobre el uso de drogas en la enseñanza secundaria, de los 14-18 años(9). Los datos de 2020 confirman que el consumo de alcohol, tabaco y cannabis, que habían ido bajando, se ha estabilizado en los últimos años. El 77,9% había probado el alcohol alguna vez. El 41,3%/33% había fumado tabaco/probado cannabis alguna vez, respectivamente. El uso de cocaína desciende, y del éxtasis asciende ligeramente. El consumo del resto de sustancias (hipnóticos, alucinógenos, anfetaminas, inhalables volátiles, heroína, etc.) es mucho más minoritario, con un consumo inferior al 2% los que la han probado.

• Problemas relacionados con la sexualidad. Según datos del INE en 2011, la tasa de nacimientos por mil (o tasa de fecundidad) entre los 15-19 años fue de 11 y ha ido disminuyendo progresivamente, así en 2017 se situaba en 7,15. La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en el mismo grupo de edad, en 2011 fue de 14,09 y ha seguido disminuyendo a 7,41 en 2020, aunque no se sabe con certeza, ya que no se pueden contabilizar los abortos espontáneos.

Si sumamos el número de nacimientos en menores de 19 años más las IVE (aunque esta cifra no sea exacta) en el mismo grupo de edad y durante 2019, obtenemos 17.500 embarazos en menores de 20 años/anual, cifra muy importante a tener en cuenta.

La edad media de la primera relación sexual completa, según datos del INJUVE 2020, es a los 16,2 años. El 50,2% de los adolescentes de 16-18 años han tenido relaciones sexuales completas (Observatorio S.E. Contracepción 2019).

El 62,5% de los adolescentes (87,5% varones, 38,9 mujeres) entre 13-17 años ha visto pornografía alguna vez en la vida. El inicio es sobre los 12 años y casi el 50% lo ha llevado a la práctica. El peligro es que su deseo sexual se esté construyendo sobre unos cimientos irreales, violentos y desiguales propios de la ficción (Save the Children 2020).

Respecto a las infecciones de transmisión sexual (ITS) en adolescentes, sabemos que, a veces, cursan asintomáticas y pueden producir graves secuelas, como enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad o cáncer. Los adolescentes, en general, tardan en consultar, aunque tengan síntomas, una tercera parte de ellos no realiza el tratamiento de forma adecuada, lo que conlleva un mayor riesgo de secuelas; hay un uso insuficiente del preservativo y, en la actualidad, la vacunación del VPH en el Calendario Interterritorial de nuestro país sigue sin recomendarse para los varones, y las coberturas vacunales son insuficientes en mujeres.

• En relación a los problemas nutricionales, como la obesidad, aunque es difícil comparar los estudios por las diferentes metodologías, en el estudio Paidós-84, la prevalencia (6-13 años) era de 4,7. En el estudio Enkid-2003 (2-24 años), se obtuvo que el 13,9% sufrían obesidad y el 26,3% sobrepeso. En esos 20 años, se triplicó la prevalencia de obesidad. Santa Cruz en 2012 (8-17 años), obtuvo una prevalencia de obesidad del 12,6 y sobrepeso del 26%. En estos dos últimos años de pandemia COVID, ha aumentado la prevalencia de obesidad debido al sedentarismo y a los hábitos nutricionales alterados.

También, se ha incrementado la prevalencia de los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) en adolescentes. El 70% de los adolescentes no está a gusto con su cuerpo; 6 de cada 10 chicas serían felices más delgadas y un 30% revela conductas patológicas.

• Salud mental. El 20% de los adolescentes españoles (10-19 años) sufre un problema de salud mental, más en las mujeres (Unicef-Estado mental de la infancia 2021).

• Tecnologías. Su uso es muy elevado (ordenador 91,5%; Internet 94,5%, móvil 69,5%), siendo mayor en el sexo femenino. Es conocida la relación entre el uso de redes sociales y conductas disfuncionales en Internet.

• El acoso escolar afecta al 10-15% de los alumnos.

• El abandono temprano de la educación/formación entre los 18-24 años, es del 20,2% en varones y del 11,6% en mujeres (Europa 2020 Ministerio de Educación y FP).

A pesar de estos datos, los adolescentes se sienten sanos y no tienen percepción de que sus conductas de riesgo lo sean, por lo que no suelen acudir a los servicios sanitarios, salvo que lo necesiten por patología aguda importante. En ocasiones, no saben quién es su médico o no tienen confianza con él. Por otro lado, los profesionales sanitarios, en general, han demostrado poco interés por esta edad.

Cualquier consulta con el joven, se debe aprovechar al máximo y, aunque se atienda en principio la demanda que le ha traído, hay que realizar prevención. Siempre que se esté ante un adolescente, se tendrá en cuenta la “agenda oculta”, es decir, que pueden acudir a la consulta por un problema y lo que realmente le preocupa es otro; por ejemplo: una joven puede acudir por un dolor abdominal y lo que le preocupa es un posible embarazo o ITS. Puede acudir por un mareo o cefalea y lo que ocurre es que tiene problemas en el colegio, en casa o con la pareja.

Motivos de consulta

La patología por problemas agudos es la que hace que el joven acuda a la consulta (Tabla II) y, en general, son escasos, tanto en Atención Primaria como en Urgencias hospitalarias o Consultas de especialistas. Hay pocos estudios al respecto, ya que su investigación es compleja, debido a la agenda oculta del joven, el alto índice de patología psicosomática –que dificulta el diagnóstico–, y las diferencias según el lugar donde se consulta –consulta general o consulta joven(10)–. En este último caso, la mayoría de las consultas están relacionadas con la sexualidad y el embarazo no deseado.

Tabla

En un estudio realizado sobre los motivos de consulta entre 10-18 años en un Centro de Salud de consulta general(11), se obtuvieron por orden de mayor a menor frecuencia: infecciones ORL (45,3%), problemas de piel (24%), traumatismos (15,3%), alergias (7,6%) y gastroenteritis (7,6%). La consulta por temas relacionados con la sexualidad, las drogas o con problemas personales era muy baja: menor del 3%.

Motivos de ingreso hospitalario

Según el estudio de Díaz Gañán (2009)(12), las causas más frecuentes de ingreso hospitalario en la Comunidad de Madrid, en adolescentes varones de 15-24 años, en orden de mayor a menor frecuencia fueron: lesiones y envenenamientos 18,1%, problemas del aparato digestivo 17,2%, aparato locomotor y tejido conectivo 15,1%, y afecciones del aparato respiratorio 11,6%. Las causas en las mujeres fueron: complicaciones del embarazo, parto y puerperio 50,6%, aparato digestivo 10,2%, aparato respiratorio 5,5% y lesiones y envenenamientos 3,5%.

Romero y cols., en 2006, encontraron que los motivos más prevalentes de ingreso en una unidad de Medicina de la Adolescencia entre los 13-16 años, fueron el control de enfermedades crónicas en ambos sexos; seguían: traumatismos, cuadros confusionales/sincopes e intoxicaciones. Los pacientes que ingresaban por cuadros orgánicos asociaban cuadros psicosomáticos de forma subyacente no diagnosticados.

Aún no tenemos una herramienta que mida realmente las necesidades de salud de los adolescentes. Existe una patología biomédica que consta en todas las bases de datos y que refleja bien la realidad; pero hay otras patologías, como las psicosomáticas, las relacionadas con la imagen corporal, el estilo de vida o las carencias afectivas, incluso con las llamadas patologías secretas relacionadas con situaciones personales vividas con intensidad y que alteran la estabilidad emocional, que no se reflejan en los estudios.

Patologías prevalentes durante la adolescencia

Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Se necesitan estrategias para conseguir la mayor implicación y adherencia a los tratamientos.

A continuación, se exponen brevemente las patologías más frecuentes que se pueden encontrar durante la adolescencia(10,13,14).

• Accidentes. Constituyen la principal causa de muerte e incapacidad en el grupo de los 15-24 años, siendo una proporción importante la de accidentes de tráfico. Se ha estimado que la utilización correcta del cinturón de seguridad mientras se conduce, podría disminuir el riesgo de lesiones en un 45-55%, y la mortalidad en un 40-50%, tanto del conductor como de su acompañante. Además, se debe aconsejar que no se consuman bebidas alcohólicas si se ha de conducir, dado que el alcohol está relacionado con los accidentes de tráfico en un 40%. La utilización de casco al ir en bicicleta reduce la incidencia de traumatismo craneal en el 69-80% y su uso en bicicleta o motocicleta, reduce el riesgo de lesión o muerte (Evidencia II-2; Recomendación B).

• Drogas. Su consumo se asocia con: accidentes de tráfico, homicidios y suicidios, actividad sexual temprana, fracaso escolar, trastornos mentales, problemas familiares y delincuencia; además de las posibles consecuencias en la edad adulta, como: las enfermedades cardiovasculares, alteraciones psiquiátricas y cánceres. Las drogas legales (alcohol y tabaco) son las de uso más prevalente y constituyen la puerta de entrada a otras drogas. En los países de renta alta se mantiene el patrón de consumo característico de los jóvenes: policonsumo, en ambientes lúdicos, durante el fin de semana; el porcentaje va aumentando con la edad y se ha ido incrementando el consumo femenino.

• Problemas relacionados con la sexualidad. El aumento del embarazo no deseado y de las ITS en los adolescentes es consecuencia del: adelanto de la menarquia, inicio precoz de relaciones sexuales, uso inadecuado de métodos anticonceptivos, existencia de múltiples parejas, consumo de drogas y desconocimiento. Los jóvenes, debido a su fisiología, a que consultan tarde, a que no realizan bien los tratamientos, etc., tienen más riesgo que los adultos de morbilidad y secuelas a largo plazo, como: infertilidad, enfermedad inflamatoria pélvica, embarazo ectópico o cáncer. Es importante fomentar la vacunación del VPH, tanto en las mujeres como en los varones, ya que previene el cáncer.

• Trastornos nutricionales. La ingesta excesiva de calorías es un problema más grave e importante que la ingesta inadecuada. En diversos estudios de países occidentales, se ha observado un elevado consumo de grasa saturada y bajo en carbohidratos, así como una ingesta insuficiente de lácteos y frutas, estando cada vez más extendido el consumo de comidas de preparación rápida, lo que conlleva un exceso de grasas saturadas, sodio y azúcares refinados, con un elevado aporte calórico, y casi nulo aporte de vitaminas y minerales, acompañándose de un aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. En España, las cifras de prevalencia de obesidad infantojuvenil, como hemos visto, se han triplicado en los últimos 30 años. Los TCA cada vez se producen a edades más tempranas, y engloban un amplio espectro, desde cuadros subclínicos y parciales, hasta cuadros graves con serias consecuencias si no son tratados. Tienen complicaciones irreversibles: estancamiento del crecimiento, fallo en lograr el pico de masa ósea y cambios cerebrales. La vigorexia, es más frecuente en el sexo masculino, están obsesionados por la práctica deportiva para conseguir un cuerpo atlético y lo anteponen a cualquier otra actividad. La ortorexia es la obsesión por comer alimentos sanos, conociendo su origen y proceso hasta llegar al consumidor. En relación con todo ello, existe también una gran demanda de intervenciones estéticas para mejorar el aspecto (las mamas, la nariz o el abdomen), así como el importante aumento del consumo de ropa, moda, informática…

• Salud mental. Trastornos emocionales y del comportamiento. Las situaciones conflictivas propias de la adolescencia, junto a la fragilidad de su personalidad en desarrollo, constituyen un marco idóneo para la eclosión de posibles trastornos mentales. Las chicas son más propensas a presentar problemas de tipo emocional (ansiedad, depresión) y TCA; los chicos son más vulnerables a trastornos perturbadores y violentos. En los últimos dos años de pandemia COVID, los problemas mentales se han multiplicado de forma muy importante.

• Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Las TICs han revolucionado el mundo actual, están presentes en la mayoría de los hogares/centros escolares y constituyen un peligro para la adolescencia. Los niños inician su uso cuando aún no han desarrollado la capacidad de comprender términos, como el respeto a uno mismo y a los demás, la privacidad o la propiedad intelectual. La información que se cuelgue perdurará para siempre (huella digital). Su uso conlleva muchos beneficios educativos, comunicativos o de entretenimiento, pero también muchos riesgos que deben tenerse en cuenta: violencia, pornografía, adicción, suplantación de identidad, fracaso escolar, trastornos emocionales, psiquiátricos, alteraciones visuales (miopía, fatiga, ojos resecos por disminución del parpadeo), cefaleas, además del ciberacoso, grooming y sexting. La popularidad hoy se mide por el número de seguidores en las redes sociales. Somos la primera generación en la historia en que, de manera masiva, la transferencia de tecnología se realiza de hijos a padres, y no al revés. Los adultos, en general, desconocen los aspectos técnicos y minusvaloran los posibles riesgos, aunque en los últimos años esto va cambiando.

• Trastornos del sueño. Diferentes estudios han mostrado que los niños y adolescentes duermen una cantidad insuficiente de horas para sus necesidades, lo que puede afectar: a su salud física y mental (alteración del crecimiento, obesidad, hipertensión, trastornos inmunológicos, problemas emocionales y de conducta); a su seguridad (accidentes); al éxito académico y a la calidad de vida, condicionando alteraciones crónicas del sueño en el futuro. Según diferentes estudios, hasta el 30% de niños y adolescentes presentarán algún trastorno y/o problema del sueño. En ello influyen los cambios biológicos de la pubertad y causas que son modificables, como: estilo de vida y hábitos, uso de tecnologías, exigencias académicas o inicio temprano de las clases. Los trastornos más frecuentes durante la adolescencia son: insomnio, parasomnias, síndrome de piernas inquietas y síndrome de retraso de fase.

• Enfermedad crónica o discapacidad. Como se ha comentado, la población adolescente es, en general, una población sana. Sin embargo, principalmente debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Estos logros médicos suponen un aumento de adolescentes con enfermedades crónicas: asma, neoplasias, cardiopatías y otras malformaciones congénitas, diabetes, epilepsia, enfermedad inflamatoria intestinal, miopatías o trastornos metabólicos, entre otras.

Si una enfermedad crónica genera dificultades en cualquier momento de la vida, durante la adolescencia, se añaden algunos elementos especiales. Por ejemplo, por un lado, se trata de un paciente que se encuentra en una fase vital con necesidad de una autonomía que debemos potenciar, pero que, a su vez, en algunas ocasiones puede no aceptar, o no entender las implicaciones que la enfermedad tiene, y también puede que no se implique en el propio autocuidado (toma de medicación, asistencia a visitas médicas…). Algunas veces, si el adolescente no se implica, puede suceder que se implican demasiado los padres/tutores, o que se desentiendan, generando conflictos, mala evolución de la enfermedad, aumento de los ingresos, etc. Pero precisamente por el incremento de la esperanza de vida de estas enfermedades, que sugiere que el adolescente llegará a la vida adulta, es de gran importancia que se encuentren estrategias para conseguir la mayor implicación y adherencia a los tratamientos.

Los adolescentes con enfermedades crónicas tienen igual o mayor posibilidad que sus compañeros sanos de adoptar conductas de riesgo. También, de tener trastornos emocionales y depresión, ser víctimas de diferentes formas de violencia, de bullying, maltrato y abuso sexual. Igualmente, presentan una mala adaptación al sistema sanitario y, en ocasiones, negación de la enfermedad, además de efectos secundarios severos por la medicación que toman. Aunque en todos los adolescentes es importante el cuidado durante la transición, aquí tiene mayor relevancia.

El proceso de la transición

Se entiende por transición: el proceso de preparación, adaptación e integración paulatina de niños y adolescentes en una unidad asistencial de adultos.

La vida es un continuum. Han sido los gestores sanitarios y la complejidad y sofisticación de los tratamientos los que han obligado a parcelar la atención médica.

Cada etapa de la vida tiene unas características y necesita un tipo de asistencia. Incluso, cada parcela exige un perfil profesional diferente y esto los pacientes, en ocasiones, no lo entienden bien. Las características de cada etapa de la vida nos hacen poner sobre la mesa cómo se produce el paso de una etapa a otra en la atención sanitaria, es decir, la transición del paciente de una especialidad a otra; por lo que se refiere a los adolescentes, se añade que el joven cambia de forma rápida y significativa, lo que exige una adaptación, tanto por su parte como por la de los profesionales que le atienden, si lo que se pretende es lograr la máxima calidad asistencial, eficiencia y éxito clínico(15). Los dos objetivos principales de una transición bien organizada y coordinada son optimizar la salud y facilitar que el adolescente se sienta satisfecho con la asistencia sanitaria(15).

Podemos distinguir dos tipos de asistencia: la Atención Primaria (AP) y la Atención Especializada (AE). La primera se da en los Centros de Salud y, aunque se ocupa de la atención integral a la salud, también atiende a adolescentes sanos, tiene como base: la Educación para la Salud (EpS), la Promoción de la Salud (PS) y la Prevención Primaria (PP). La segunda, se da en los Hospitales y atiende principalmente a pacientes con patología crónica, casi siempre multidisciplinar. En ambos casos, la transición asistencial tiene características específicas.

La transición en Atención Primaria

En la mayoría de las Comunidades Autónomas, la edad límite de asistencia sanitaria es la de los 14 años cumplidos y, en algunas, se llega hasta los 16 años. Aunque determinados profesionales continúan atendiendo al adolescente más allá de esta edad, en la revisión de salud de los 14-16 años, se suele informar a los padres del paciente de que a partir de ese momento la administración traslada sus datos a la consulta del médico de familia. Este paso debería ser tomado más en serio por todos: pediatras, médicos de familia, enfermería, familia y realizar acciones coordinadas.

Si partimos de la base conceptual de que la adolescencia es una etapa que une la niñez con el estado adulto, lo coherente sería mantener la asistencia, al menos, durante el tiempo mínimo que dura la etapa, hasta los 18 años. Pero la realidad no es así, sino que interrumpimos la asistencia en la adolescencia media (14-16 años), el momento más crítico de toda la evolución. No se entiende que un niño de 14 años, en una edad en que aún no ha concluido su crecimiento y desarrollo, deba pasar de un cuidado pediátrico individualizado, supervisado, orientado en la familia y coordinado con la escuela y el entorno, a un cuidado de adulto, mucho más impersonal, que se centra en el eje salud-enfermedad y no en los aspectos del desarrollo. El cambio del cuidado pediátrico al modelo adulto conlleva una ruptura importante, y hace que, en ocasiones, se pierdan el seguimiento y la adherencia al tratamiento y también que aumente el número de ingresos del paciente(16,17).

La transición tal y como la proponemos, podría ser considerada un “rito de paso-iniciación”, que supone el reconocimiento de la edad del adolescente, al que se da autonomía para que utilice los servicios de salud según su criterio y sus necesidades. La transición es el momento de recapitular toda la etapa que ha transcurrido desde el nacimiento y hablar de la salud como un valor importante en la vida. Se trata de contribuir a potenciar el “principio de autonomía del paciente”: “el derecho del paciente de decidir por sí mismo sobre los actos que se practicarán en su propio cuerpo y que afectarán de manera directa o indirecta a su salud, su integridad y su vida”.

La transición es específica para cada persona y debería ocurrir entre los 16-18 años (según esté organizada la atención) y más que por la edad, el paso debería realizarse cuando los jóvenes estén maduros para ello y cuenten con habilidades suficientes para el autocuidado(17). No todos los adolescentes tienen el mismo grado de madurez y de autonomía como para poder gestionar el control de su salud. La ley da el derecho a decidir sobre esto a partir de los 16 años (mayoría de edad sanitaria), cuando sus decisiones no pongan en grave riesgo su salud. El nivel de desarrollo tampoco es igual en todos los adolescentes. Existe un cuestionario TRAQ (Transition Reading Assessment Questionnaire) que pretende medir esta autonomía mediante una valoración. Es un instrumento que valora las habilidades de los adolescentes con enfermedades crónicas en relación a la autonomía y los cuidados propios que van adquiriendo en la transición a la fase adulta. Está dirigido a personas entre los 14 y 26 años y las preguntas se clasifican en 5 dominios: utilización de medicación, asistencia a citas, seguimiento de los problemas de salud, comunicación con los profesionales y gestión de actividades cotidianas(18).

La transición es un proceso dinámico, no un evento, debe ser gradual y multidisciplinar, pues implica un proceso planeado en el tiempo para preparar las necesidades médicas, psicosociales y educacionales, en los servicios de adultos. Es esencial la coordinación entre servicios. Hay tres etapas: inicial, momento en que se toma la decisión; intermedia, el paciente, su familia y su médico ya están preparados; y final, cuando el adolescente o adulto joven, además de ser “transferido” a un servicio de adultos, participa activamente de su cuidado y de la toma de decisiones, de acuerdo a sus capacidades. Existen obstáculos para la transición, dependientes del paciente, la familia, el pediatra o médico de adultos(17). Durante la transición, se produce la presentación de otros profesionales que van a estar implicados en su salud. Por una parte, no todos los profesionales tienen la misma forma de entender la práctica clínica; por otra, los adolescentes son muy sensibles a las formas de trato y, si estas no son adecuadas, pueden dar al traste con la relación clínica.

En un estudio realizado en el año 2021 en España, se detectó que el 75% de los jóvenes habían visitado al médico de familia antes de cumplir los 21 años, mientras que el 25% restante terminaba esta etapa sin hacer ninguna visita. Llama la atención que acudían por primera vez a la consulta a una edad muy temprana, en la mayor parte de los casos a los 15 años (67%) o a los 16 años (20%). Se puede interpretar que esta precoz visita inicial se debe a la adherencia de los pacientes a la consulta de Pediatría, que se traslada a la primera visita con su médico de adulto(18-19).

La morbi-mortalidad adolescente, como hemos visto es muy importante. En esta edad, la Educación para la Salud (EpS), la Promoción de la Salud (PS) y la Prevención Primaria (PP), tienen mucha importancia. Por eso se habla de “captación oportunista”, es decir, aprovechar cada acto médico para implementar los programas preventivos. Además, se puede intentar que, a partir de los 16 años, el paciente acuda solo a la consulta, eliminando de esta manera sesgos en la recogida de información y fomentando la autonomía, independencia y capacidad del joven, facilitando la accesibilidad al sistema y la entrada en el mismo como paciente adulto al que vamos a acompañar mientras podamos y lo precise(20).

En los últimos seis años se han establecido en nuestro país, programas para realizar la transición a nivel hospitalario, y es necesaria también su organización en Atención Primaria (AP). Es preciso, cuando llegue el momento, establecer en el Centro de Salud visitas del adolescente con los dos profesionales (el pediatra para presentar al joven y explicar su problemas y necesidades de salud y el médico de familia que recibe al adolescente) para ir realizando el cambio.

La transición en Atención Especializada. Pacientes con enfermedades crónicas y discapacidad

La OMS considera las enfermedades crónicas como: “aquellas enfermedades que presentan una larga duración (más de 6 meses) y una progresión lenta, no se transmiten de persona a persona y son consideradas, por lo tanto, como no transmisibles”. Se ha propuesto el uso del término “adolescente con necesidad de cuidados especiales en salud”, como un término menos estigmatizante y más aceptable socialmente (Stein. EE.UU.). En las últimas décadas, hemos asistido al aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas que oscilan entre el 10 y el 30%(20). Globalmente, 9 de cada 10 niños afectados por una enfermedad crónica superarán los 20 años de edad(15).

Entendemos por transición: el proceso de preparación, adaptación e integración paulatina de niños y adolescentes con una patología crónica en una unidad asistencial de adultos. El proceso de transición comienza en la adolescencia precoz, pero no termina hasta que el adulto joven está totalmente integrado en una unidad de adultos. Sin embargo, el término transferencia hace alusión al momento del traslado del paciente con información clínica y administrativa de una unidad pediátrica a otra de adultos (no implica desarrollo, no es un proceso sino un momento)(18-19).

Muchos adolescentes pasan de forma abrupta, ya sea por haber cumplido una determinada edad, o por una descompensación aguda que motiva el ingreso en un servicio de adultos. La preparación para ese paso y la coordinación de la atención entre el grupo pediátrico y el de adultos son fundamentales para facilitar el proceso de transición, que debe asegurar la misma calidad y continuidad en la atención de esos pacientes, sobre todo en el caso de enfermedades crónicas(16).

La Academia Americana de Pediatría (AAP), la Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP) y el Colegio Americano de Médicos (ACP) han sido conscientes de la importancia del proceso de atención médica en la transición del adolescente del pediatra al médico de familia, y de la necesidad de darle más autonomía en el cuidado de su salud, especialmente a los que padecen una enfermedad crónica. Los organismos anteriormente citados redactaron un manifiesto llamado: “Los seis elementos principales de la transición”(21) que son:

1. Principios de la transición: hablar con el paciente y la familia sobre el plan y realizar la formación del personal implicado.

2. Atención y seguimiento del proceso de transición, herramientas para establecer criterios de inclusión, selección, observación, registro, etc.

3. Capacitación del paciente: pretende evaluar sus capacidades y prepararlo para una correcta transición.

4. Planificación de la transición con la preparación individualizada del paciente: objetivos, informe pormenorizado, información al médico de familia y elección del mejor momento para la transición, asesoramiento al paciente con discapacidad intelectual, así como ayuda en la elección del médico de adultos y coordinarse con él.

5. Transición médica con toda la historia clínica e informaciones adicionales al médico de adultos, cuando la enfermedad esté en una fase estable. Es responsabilidad del pediatra atender al adolescente hasta que sea atendido en la consulta de adultos.

6. Fin de la transición. Conexión posterior con la familia y el paciente por parte del pediatra para cerrar el tránsito, y ofrecer la ayuda necesaria y el contacto con el médico de adultos, así como construir alianzas de colaboración con el resto de profesionales.

En resumen, es elaborar los planes de transición conjuntamente con el paciente y la familia, iniciar el proceso sobre los 14 años de edad y formar al personal en los procedimientos para la correcta transición (v. Algoritmo).

Asistencia clínica a los adolescentes

En la actualidad, existe un vacío asistencial con los adolescentes. A pesar de todos los problemas que hemos visto que presentan estos, los médicos ponen poco interés por la salud de los adolescentes. Su rebeldía, contestación, reivindicación, jerga, la crítica exacerbada, la irrespetuosidad, a veces, etc., los hacen antipáticos y su atención y cuidado poco gratificantes. Por eso se dice que es la etapa más abandonada de la vida, más aún que la ancianidad. Existen pocos planes y programas en la cartera de servicios sociales que traten con detalle estos momentos. Tenemos una historia que lo puede justificar. Hasta bien entrados los años noventa del siglo pasado, la edad límite de la atención pediátrica llegaba a los 7 años. Desde 1973 a 1982, no hay ninguna publicación en Anales Españoles de Pediatría sobre adolescencia. Han sido los profesionales, antes que las instituciones, los primeros en dar la voz de alarma, y todo de la mano de importantes problemas sociales, como: la prevención del consumo de sustancias, los problemas escolares, los conflictos familiares, los embarazos no deseados(1), etc.

En los últimos años, se han conseguido varios avances como la ampliación de la edad de atención pediátrica hasta los 14-16 en Atención Primaria (según las diferentes Comunidades Autónomas) y hasta los 18 años a nivel hospitalario (II plan estratégico nacional de infancia y adolescencia 2013-2016), aunque sin desarrollar un plan estratégico concreto para su implementación, que incluya formación específica de los profesionales sanitarios o un aumento de recursos; pero la atención a esta población no está adecuadamente organizada, faltan servicios adecuados, profesionales bien formados, así como reconocer dicha subespecialidad, entre otras(22). En la tabla III se pueden observar los problemas para la atención a la población adolescente, así como las necesidades para solucionarlo.

Tabla

Diversos organismos como Unicef en 2011, recomiendan que se debe invertir en los adolescentes: porque necesitan desarrollar sus capacidades y habilidades para hacerse competentes, poder ejercer sus derechos y acceder a una educación y servicios de salud de calidad, a un empleo digno y a participar de manera positiva en la vida y el futuro del país.

Planes estratégicos globales

La OMS, la ONU y diversos organismos están interesados en estudiar los indicadores de salud de los adolescentes y para ello han creado organismos especiales.

Los datos demográficos comentados previamente, han conducido a la OMS y a la ONU a crear organismos encargados de estudiar criterios para medir la salud de los adolescentes.

• Estrategia Mundial para la salud del adolescente 2016-2030(3):

– La Estrategia, que está estrechamente alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), persigue asegurar que los adolescentes puedan ejercer sus derechos a la salud y al bienestar físico y mental.

– Pretende poner fin en el año 2030, a la mortalidad prevenible de los adolescentes de cualquier entorno y parte del mundo y garantizar el acceso universal a los servicios sanitarios. Para ello, la Estrategia Mundial proporciona un plan de trabajo que pretende marcar los hitos a alcanzar por los diferentes países de aquí al año 2030, teniendo en cuenta la evidencia disponible de la evaluación de necesidades y de resultados de eficacia de las intervenciones.

– En relación con los adolescentes que viven en contextos de crisis humanitaria, la Estrategia Mundial advierte que presentan un riesgo de morbilidad mayor que la población general, debido a las condiciones de inseguridad, la violencia sexual y la depresión a las que están expuestos. Insta a la comunidad mundial a actuar de manera más ágil e invertir más recursos en ayudar a las personas en situaciones de riesgo.

– Integra la salud en todas las políticas, en particular, en lo que respecta a: la malnutrición, la contaminación del aire, la mala calidad del agua, el saneamiento y la higiene, la violencia y las prácticas nocivas y discriminatorias.

– Defiende la adopción de políticas y programas orientados a la equidad, que estén basados en los derechos humanos, sobre todo, para los adolescentes en situación de exclusión social y marginalidad.

• Medición de la salud de los adolescentes: un paso necesario hacia el logro de los objetivos mundiales. En el año 2018, el Grupo Asesor de Acción Global para la Medición de la Salud de los Adolescentes (GAMA) propuso un proyecto patrocinado por la OMS y el apoyo de otras agencias, como Naciones Unidas (ONU) y la Fundación Bill y Melinda Gates, para buscar unos indicadores de la salud de los adolescentes, siendo conocedores de que un tercio de la carga global de enfermedad es atribuible a la conducta y circunstancias de la adolescencia(23-25).

– El GAMA acepta el grupo de edad que la OMS considera de adolescencia entre los 10 y 19 años, pero admite otras definiciones. Tanto los problemas de salud como los sistemas sociales o de atención sanitaria, cambian en estos años. Reconocen que los adultos jóvenes se sienten mejor atendidos en entornos de adolescentes mayores. Realiza su trabajo en colaboración con los gobiernos locales interesados en mejorar la vida de los adolescentes.

– El GAMA prevé estimular el uso de los indicadores de salud. El impacto de estas recomendaciones a nivel nacional dependerá del apoyo dentro de cada país.

– Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU exigen a todos los países: atención a la equidad, prevenir la pobreza, promover la salud y el crecimiento económico general, abordar la educación, la protección social, el empleo, el cambio climático y la protección al medio ambiente.

– Es prioritario invertir en servicios para adolescentes y para ello es necesario un compromiso político de todas las naciones para mejorar la vida de los jóvenes.

– La Alianza para la Salud Materna e Infantil y otras muchas organizaciones reconocidas por la OMS, se comprometió a mejorar la salud de los adolescentes. Hizo una llamada a favor del bienestar de los adolescentes en el año 2019, que consistía en involucrar y capacitar a los adolescentes y fortalecer el compromiso político de financiación a través de la Cumbre Mundial sobre Adolescentes en 2023.

– La importancia de la participación de los jóvenes en los ODS, la ONU y la OMS aumenta la eficacia de los planes y estrategias. El Secretario General de la ONU destaca la importancia de que 1.800 millones de personas entre los 10 y 24 años, convertidos en agentes de cambio, son un potencial enorme para lograr un mundo mejor.

Función del pediatra de Atención Primaria

La labor del pediatra va más allá del tratamiento de la enfermedad o sus complicaciones, y debe cuidar y acompañar durante este periodo, para que el paciente llegue a la edad adulta con: la mejor calidad de vida, el menor número de complicaciones y sin sufrimiento por la transición del modelo pediátrico al modelo adulto (Tabla IV). Es preciso que conozca las características del adolescente, sus necesidades y problemas de salud, así como su dinámica familiar y social.

Tabla

Como sabemos, el adolescente acude poco a consultar, el pediatra debe aprovechar al máximo sus visitas para abordar todos los temas que influyen en su salud integral, y realizar también educación y prevención. Para ello, puede ayudar el acrónimo que propone la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA): F.A.V.O.R.E.C.E.R. la salud (Familia, Amigos, Vida sana-vacunas, Objetivos-ocio, Religión-espiritualidad, Estima, Colegio-universidad-trabajo, Estado mental, Riesgos).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

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Se exponen los problemas de salud de los adolescentes a nivel mundial y se ofrecen soluciones.

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Se puede ver detenidamente, en 6 fases, un protocolo para planificar y organizar un Programa de transición.

Caso clínico

Jorge tiene 15 años. Es diabético desde los 13. Debutó con cansancio y pérdida de peso. En la actualidad, está en tratamiento con insulina y aceptablemente controlado. Estudia 4º de ESO en un colegio concertado. Su padre es industrial y su madre ama de casa. Tiene otra hermana de 10 años. La estructura familiar es buena.

La madre acude a la consulta, porque el último fin de semana en una fiesta se ha emborrachado y ha regresado a casa con ayuda de los amigos. Nos dice que desde que ha empezado el curso, hace 3 meses, no se encuentra bien, no rinde como el año pasado, no lleva bien la dieta…

Hace unos meses ha ido al médico de familia, que según dice la madre apenas le conoce, y se ha limitado a recetarle la insulina y las tiras reactivas para control de glucemia. Acude a la consulta del pediatra, ya que en la última revisión, a los 14 años, este le dijo que, si alguna vez tenía algún problema de salud, podía contar con él.

El caso es un modelo de una mala transición. Jorge es portador de una enfermedad crónica (diabetes) y va a llevar una dependencia de los servicios sanitarios de por vida. Lo suyo hubiera sido haber realizado alguna gestión clínica con su médico de familia y enfermera, conocerlos, incluso presentarles para ir familiarizándose con sus servicios (no solamente despacho de jeringas e insulina), de forma que este episodio último le hubiera permitido acudir a él como responsable administrativo de su diabetes.

Tabla

 

Fármacos más habituales en Reumatología Pediátrica

D. Clemente Garulo
Temas de FC


D. Clemente Garulo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

Los fármacos empleados habitualmente en Reumatología Pediátrica son aquellos capaces de disminuir o suprimir la respuesta inflamatoria alterada que caracteriza a las enfermedades reumáticas, principalmente, bloqueando la vía metabólica del ácido araquidónico y las células del sistema inmune y/o sus productos. En el tratamiento inicial o durante la evolución de estas enfermedades, pueden utilizarse antiinflamatorios no esteroideos y corticoides, siendo con frecuencia necesario introducir precozmente fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME), así denominados a los inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado la capacidad de ralentizar la progresión o inducir la remisión clínica de las artritis crónicas y otras enfermedades reumáticas. Entre los FAME distinguimos 2 grandes grupos: 1) FAME sintéticos, que se subdividen en convencionales y dirigidos y 2) FAME biológicos, que se subdividen en originales o biosimilares. Para el tratamiento de enfermedades autoinmunes sistémicas, como conectivopatías y vasculitis, siguen utilizándose inmunosupresores clásicos. A continuación, se expondrán brevemente las características y los principios generales relativos al uso de cada uno de estos grupos de fármacos.

 

Abstract

Drugs commonly used in pediatric rheumatology are those capable of reducing or suppressing the abnormal inflammatory response that characterizes rheumatic diseases, mainly by blocking the metabolic pathway of arachidonic acid and the cells of the immune system and/or their products. In the initial treatment or during the progression of these diseases, non-steroidal anti-inflammatory drugs and corticosteroids can be used, but it is usually necessary to introduce disease-modifying (anti-rheumatic) drugs early (DMARDs), immunosuppressants or immunomodulators that have demonstrated the ability to slow down the progression or induce clinical remission of chronic arthritis and other rheumatic diseases. Among DMARDs 2 large groups can be distinguished: 1) synthetic DMARDs, which are subdivided into conventional and targeted; 2) Biological DMARDs, which are subdivided into originals or biosimilars. For the treatment of systemic autoimmune diseases, such as connective tissue diseases and vasculitis, classical immunosuppressants are still in use. The characteristics and general principles regarding the use of each of these groups of drugs will be briefly explained in the present article.

 

Palabras clave: Antiinflamatorios no esteroideos; Corticoides; FAME; Terapias biológicas; Inmunosupresores.

Key words: Non-steroidal anti-inflammatory drugs; Corticosteroids; DMARDs; Biological therapies; Immunosuppressants.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 175 – 184

 


OBJETIVOS

• Conocer las características generales de los fármacos antiinflamatorios y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME), tanto sintéticos como biológicos.

• Conocer las indicaciones de uso de los principales fármacos utilizados en Reumatología Pediátrica.

• Saber cómo evaluar y detectar posibles efectos secundarios de estos tratamientos.

• Aprender cuáles de estos fármacos se pueden utilizar con seguridad durante embarazo y lactancia.

Fármacos más habituales en Reumatología Pediátrica

Introducción

En el tratamiento farmacológico de las enfermedades reumáticas van a emplearse antiinflamatorios no esteroideos, corticoides y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME). Se denominan FAME a los fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado cambiar el curso evolutivo de la artritis idiopática juvenil y otras enfermedades reumáticas.

Las enfermedades reumáticas de inicio en la infancia constituyen un grupo heterogéneo de trastornos caracterizados por la aparición de inflamación crónica o intermitente (“en brotes”) y que pueden ocasionar un daño irreversible en los órganos y sistemas afectados. El tratamiento de estas enfermedades tiene como finalidad: aliviar los síntomas del paciente, asegurar un crecimiento y desarrollo adecuados, mejorar la calidad de vida y prevenir o minimizar la aparición de secuelas.

Para lograr estos objetivos, se dispone de un cada vez mayor número de fármacos que permiten controlar las manifestaciones inflamatorias de los pacientes y que pueden dividirse en: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), corticoides y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME) que, a su vez, se subdividen en FAME sintéticos y biológicos. Reciben el nombre de FAME, aquellos fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado la capacidad de cambiar el curso evolutivo de la artritis idiopática juvenil (AIJ) y otras enfermedades reumáticas, evitando o retrasando la progresión del daño estructural y ejerciendo un efecto beneficioso sobre los mecanismos patogénicos de estas, llegando incluso a inducir la remisión clínica. Los FAME son fármacos de acción lenta (su efecto comienza a ser apreciable después de varias semanas de tratamiento), por lo que necesitan ir asociados, en los momentos iniciales, con AINE o corticoides. Para el tratamiento de algunas enfermedades autoinmunes sistémicas, como conectivopatías y vasculitis, siguen utilizándose inmunosupresores clásicos, como la azatioprina, el micofenolato mofetilo o la ciclofosfamida. A continuación, se expondrán brevemente las características y principios generales relativos a cada uno de estos grupos de fármacos(1).

Antiinflamatorios no esteroideos

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) siguen siendo el tratamiento de primera línea del dolor con un componente inflamatorio leve o moderado.

Los efectos terapéuticos de los AINE y sus efectos secundarios se producen por su acción inhibitoria sobre la enzima ciclooxigenasa (COX), que convierte el ácido araquidónico en prostaglandinas (PG) G2 y H2 y que, a su vez, darán lugar a 5 eicosanoides activos (PGI2, tromboxano A2, PGE2, PGD2 y PGF2α). Existen 2 isoformas de COX (COX-1 y COX-2), codificadas por distintos genes:1) COX-1, que se expresa de forma constitutiva en la mayoría de los tejidos y proporciona las PG necesarias para el control homeostático de múltiples funciones fisiológicas (citoprotección de la mucosa gástrica, trombogénesis plaquetaria, homeostasis vascular y mantenimiento del flujo sanguíneo renal); 2) COX-2, cuya expresión es inducida por mediadores proinflamatorios (IL-1, TNF-α,…) y desempeña un papel en la modulación de la información dolorosa, la respuesta inflamatoria y la fiebre.

Todos los AINE inhiben la COX de forma reversible, excepto el ácido acetil salicílico (AAS), que lo hace de forma irreversible. La mayoría de AINE disponibles inhiben con diferente actividad ambas isoformas de COX, siendo la inhibición de COX-1 la que da lugar a los efectos adversos asociados a estos tratamientos (toxicidad gastrointestinal, efectos adversos cardiovasculares, reacciones de hipersensibilidad cutánea, renales).

En la tabla I se recogen los AINE de uso común en Reumatología Pediátrica, siendo ibuprofeno y naproxeno los más empleados debido a su posibilidad de presentación en formulaciones líquidas, normalmente bien tolerados y con menos efectos secundarios que en adultos.

tabla

La respuesta a los AINE tiene un importante componente idiosincrático, por lo que habrá que valorar las experiencias previas en relación con su eficacia y tolerabilidad. También hay que tener en cuenta que, mientras el efecto analgésico es rápido en alcanzarse, el efecto antiinflamatorio suele tardar más y requerir dosis más elevadas. Celecoxib es el único inhibidor selectivo de la COX-2 aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para su uso en la artritis idiopática juvenil, aunque sigue siendo poco frecuente. La utilización de AINE de forma puntual en pacientes pediátricos sin factores de riesgo no justifica la gastroprotección rutinaria con inhibidores de la bomba de protones, aunque se recomienda tomar con comidas. No se deben combinar AINE salvo con AAS a dosis antiagregantes. En pacientes con enfermedad renal crónica o enfermedad inflamatoria intestinal, los AINE deben evitarse(2,3).

Corticoides

Los glucocorticoides sintéticos son los fármacos de mayor potencia antiinflamatoria que se conocen, que varía dependiendo del fármaco y las dosis empleadas. Sin embargo, se debe usar la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible, debido a la posibilidad de efectos adversos con tratamientos prolongados.

Los glucocorticoides son hormonas esteroideas que se sintetizan en la corteza de las glándulas suprarrenales, de las que el principal representante es el cortisol (hidrocortisona), y que tienen múltiples acciones biológicas, incluyendo efectos antiinflamatorios e inmunosupresores.

Las acciones de los glucocorticoides tienen lugar mediante 2 mecanismos de acción: 1) mediante su unión a receptores citosólicos específicos, dando lugar a complejos glucocorticoide-receptor que van a alterar la transcripción de genes implicados en la producción de citoquinas proinflamatorias y la proliferación linfocitaria (mecanismo genómico), pudiendo necesitar horas o días para conseguir el efecto máximo; 2) mediante cambios provocados en las membranas celulares y mitocondriales, cuando se utilizan a dosis elevadas, por interacciones con receptores y proteínas de membrana o acciones fisicoquímicas directas. En este caso, los efectos pueden apreciarse en segundos o minutos.

Los glucocorticoides sintéticos son los fármacos de mayor potencia antiinflamatoria que se conocen, que varía dependiendo del tipo (Tabla II) y las dosis empleadas.

tabla

Cuando se emplean por vía sistémica (oral, intravenosa), utilizando a la prednisona como referencia, podemos distinguir:

• Dosis bajas: ≤ 7,5 mg/día o ≤ 0,2 mg/kg/día, para manifestaciones articulares leves y como terapia puente o mantenimiento.

• Dosis medias: 7,5-30 mg/día o 0,2-0,5 mg/kg/día, para manifestaciones articulares moderadas-graves, serositis y manifestaciones cutáneas.

• Dosis altas: > 30-100 mg/día o 0,5-1 mg/kg/día, para manifestaciones sistémicas y/o viscerales (renales, neurológicas).

• Dosis muy altas: > 100 mg/día o 1-2 mg/kg/día, para manifestaciones sistémicas graves o con riesgo vital.

• Pulsos o bolos de corticoides: >250 mg o 10-30 mg/kg (máximo 1 g), habitualmente durante 3-5 días por vía intravenosa, previo al inicio de dosis altas o muy altas.

Los principales efectos adversos cuando se emplean a dosis altas son: incremento del apetito acompañado de ganancia ponderal, alteraciones cutáneas (acné, estrías, hipertricosis) y alteraciones del sistema nervioso central (euforia, alteraciones del comportamiento, insomnio). La administración prolongada puede dar lugar a: alteraciones musculoesqueléticas (retraso del crecimiento, osteoporosis, necrosis avascular, miopatías); cardiovasculares (hipertensión arterial); endocrino-metabólicas (hábito cushingoide, hiperglucemia, hiperlipemia); oculares (catarata, glaucoma); gastrointestinales (esteatosis hepática, pancreatitis); y un aumento del riesgo de infecciones. Para minimizar estos efectos adversos, se debe usar la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible (evitar dosis > 0,2 mg/kg o > 7,5 mg diarios de forma continuada), preferiblemente en dosis única por la mañana. En aquellos pacientes que precisen una administración prolongada, se debe considerar administración conjunta de suplementos de calcio y vitamina D, recomendar una dieta baja en sodio y no interrumpir el tratamiento de forma brusca por la posible supresión del eje hipotálamo-hipofisis-suprarrenal.

Gracias al desarrollo de los FAME, especialmente los biológicos, el uso de dosis sistémicas elevadas durante periodos prolongados ha disminuido significativamente en los últimos años. Sin embargo, sigue siendo frecuente la administración local de corticoides mediante aplicación tópica cutánea, colirios oftalmológicos o mediante infiltraciones intra o periarticulares. La duración clínica del efecto de los corticoides infiltrados es inversa a la solubilidad de estos. Los preparados menos solubles (acetónido de triamcinolona y hexacetónido de triamcinolona) son moléculas de mayor tamaño y con mayor facilidad para formar agregados y cristales; la duración de la acción local es mayor y con menos efectos sistémicos, aunque pueden producir un daño tisular local leve, como atrofia de la grasa subcutánea o despigmentación. Por ello, se suele recomendar la utilización de estos para infiltraciones intraarticulares, mientras que para las infiltraciones de partes blandas se prefieren preparados más solubles, como betametasona(3).

Fármacos modificadores de la enfermedad sintéticos

En este grupo de FAMEs podemos distinguir entre sintéticos convencionales, que incluye a fármacos tradicionales como: metotrexato, leflunomida, sulfasalazina e hidroxicloroquina (Tabla III), y sintéticos dirigidos, que incluye a nuevas moléculas diseñadas para inhibir selectivamente dianas terapéuticas específicas, como los inhibidores de proteínas JAK y el apremilast.

tabla

Metotrexato

El metotrexato es, con diferencia, el FAME más usado debido a su probada efectividad, excelente perfil de seguridad y bajo coste.

El metotrexato se utiliza principalmente para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil, aunque también es útil en otras enfermedades como: uveítis, dermatomiositis juvenil (DMJ) o lupus eritematoso sistémico (LES). También se utiliza para inhibir la formación de anticuerpos neutralizantes frente a terapias biológicas, permitiendo prolongar su efectividad.

El metotrexato es un antagonista del ácido fólico que actúa inhibiendo la dihidrofolato reductasa, una enzima crítica en el metabolismo del folato, impidiendo la síntesis de purinas y pirimidinas, y bloqueando el ciclo de división celular. Sin embargo, este efecto citotóxico aparece cuando se emplea a dosis altas (p. ej., enfermedades oncológicas), diferente del efecto antiinflamatorio que se consigue si se emplea a dosis bajas y en pauta semanal. Este efecto resulta de la formación intracelular de poliglutamatos de MTX, que provoca la liberación de AMPc al exterior celular, donde se transforma en adenosina. La adenosina se une a los receptores de adenosina 2A linfocitarios (ADORA2A), favoreciendo la síntesis de pKA que, a su vez, bloquea la formación de NF-κB, impidiendo con ello la síntesis de citoquinas proinflamatorias(4).

La dosis de inicio es de 10-15 mg/m2 una vez a la semana, que puede incrementarse progresivamente hasta una dosis máxima de 25 mg/semana, pudiendo administrarse por vía oral o subcutánea. Se recomienda esta última forma de administración cuando se emplea una dosis mayor de 15 mg/semana (menor biodisponibilidad en la forma oral), aparecen efectos adversos gastrointestinales o cuando la eficacia es insuficiente. Cuando se indica para el tratamiento de AIJ poliarticular o uveítis, se emplean desde el inicio dosis de 15 mg/m2/semana y por vía subcutánea.

Los principales efectos adversos son gastrointestinales (dolor abdominal, náuseas/vómitos, anorexia) y conductuales (conducta de anticipación con aparición de dolor abdominal, síntomas digestivos o nerviosismo significativo previos a su administración)(5). También es relativamente habitual la elevación asintomática de transaminasas en controles analíticos, debiendo actuarse de la siguiente forma: 1) si las enzimas hepáticas se encuentran entre 1-2 veces en el límite superior de lo normal, solo se realizarán controles analíticos con mayor frecuencia hasta su normalización; 2) si las enzimas hepáticas superan en 2 veces el límite superior de lo normal, se recomienda disminuir la dosis o suspender temporalmente el metotrexato y 3) si las enzimas hepáticas se mantienen > 3 veces del límite superior de lo normal después de una disminución en la dosis del metotrexato, se recomienda suspender el tratamiento. La aparición de efectos adversos mucocutáneos (aftas orales, alopecia) o hematológicos (citopenias) es mucho menos frecuente, al igual que el posible aumento del riesgo de infecciones.

Para prevenir la aparición de dispepsia, náuseas o vómitos, se asocia ácido fólico o folínico por vía oral, a dosis de 5 y 7,5 mg respectivamente, separado, al menos, un día de la administración del metotrexato(6).

Leflunomida

La leflunomida es un inhibidor de la síntesis de pirimidinas, por lo que inhibe la proliferación y activación de linfocitos T. Se utiliza para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil cuando existe intolerancia o contraindicación para el uso de metotrexato, especialmente en adolescentes(7).

Sulfasalazina

La sulfasalazina es una molécula que resulta de la combinación de ácido 5-aminosalicílico y sulfapiridina (antibiótico). Su acción antiinflamatoria está relacionada con la disminución del crecimiento bacteriano (disminuye la presentación de antígenos), una inhibición parcial de la función de linfocitos T y B y la reducción de leucotrienos, prostaglandinas y citoquinas proinflamatorias.

Se utiliza para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil tipo artritis relacionada con entesitis y espondiloartritis juveniles(8).

Hidroxicloroquina

La hidroxicloroquina es un antimalárico con una acción inmunomoduladora. Entre sus mecanismos de acción destaca: el efecto antiinflamatorio sobre la pared vascular, la inhibición de la función de monocitos y macrófagos y la inhibición de las fosfolipasas A2 y C.

Su principal indicación es el LES, debiendo asociarse desde su diagnóstico. No solo se ha demostrado útil para el control de la actividad inflamatoria, sino que también disminuye la aparición de trombosis (con o sin anticuerpos antifosfolípidos), aterosclerosis y síndrome metabólico, infecciones e incluso neoplasias. También se ha empleado para el tratamiento de las manifestaciones cutáneas de la DMJ, en el síndrome de Sjögren y en el síndrome antifosfolípido.

Los efectos adversos son menos frecuentes que para otros antipalúdicos, como la cloroquina, siendo necesaria la realización de controles oftalmológicos periódicos por la posibilidad aparición de toxicidad retiniana(9).

Fármacos modificadores de la enfermedad sintéticos dirigidos

En este grupo de fármacos destacan los inhibidores de proteínas Janus quinasas (JAK), una familia de proteínas cuya función es la transmisión intracelular de señales de activación inducidas por citoquinas, factores de crecimiento y hormonas. Se diferencian de los FAMEs sintéticos convencionales en que se han desarrollado con un conocimiento claro de su mecanismo de acción y su diana terapéutica, y de los fármacos biológicos, en que son moléculas de pequeño tamaño y con la capacidad de bloquear de forma simultánea varias citoquinas proinflamatorias.

Se administran por vía oral, con un perfil de seguridad en adultos similar al de los fármacos biológicos, aunque con mayor riesgo de herpes zóster y de eventos trombóticos. Recientemente se ha aprobado el uso de tofacitinib en artritis idiopática juvenil poliarticular y psoriásica en niños mayores de 2 años (10-20 kg: 3,2 mg cada 12 horas; 20-40 kg: 4 mg cada 12 horas; > 40 kg: 5 mg cada 12 horas). Existen varios ensayos clínicos en marcha con baricitinb y upadacitinib en AIJ con resultados prometedores. Baricitinib también se ha empleado con éxito en algunas enfermedades autoinflamatorias como el síndrome CANDLE y la DMJ.

Otro FAME sintético dirigido es el apremilast, un inhibidor de la fosfodiesterasa 4, utilizado en el tratamiento de artritis psoriásica en adultos, pero todavía sin indicación en Pediatría.

Inmunosupresores clásicos

Este grupo de fármacos se caracteriza por tener una acción lenta, basada en la inhibición de la división celular o la citotoxicidad. Incluye a: azatioprina, micofenolato mofetilo, ciclofosfamida y anticalcineurínicos (Tabla III)(9,10).

Azatioprina

La azatioprina es un profármaco de la 6-mercaptopurina que inhibe la síntesis de purinas y, en consecuencia, la proliferación de linfocitos T y B. Se emplea fundamentalmente en el LES, sobre todo, cuando existe afectación renal y tras la inducción con ciclofosfamida, aunque también se emplea en vasculitis asociada a ANCA, miopatías inflamatorias o en la enfermedad de Behcet.

Se recomienda determinar la actividad de la enzima tiopurina metiltransferasa antes de iniciar el tratamiento, ajustando la dosis en consecuencia, para evitar la aparición de toxicidad.

Micofenolato mofetilo

El micofenolato mofetilo (MMF) es un profármaco del ácido micofenólico que inhibe la producción de monofosfato de guanosina, una purina requerida para la síntesis de ADN y ARN. De este modo, inhibe la proliferación de linfocitos T y B, macrófagos y células dendríticas.

Se emplea en el tratamiento del LES, miopatías inflamatorias, esclerodermia localizada y esclerosis sistémica, y en algunas vasculitis (asociada a ANCA, aislada del sistema nervioso central).

Ciclofosfamida

La ciclofosfamida es un agente alquilante que forma puentes de unión entre 2 cadenas de ADN e impide su replicación, afectando especialmente a las células que más rápidamente proliferan.

Debido a su toxicidad potencial, en Reumatología se emplea para el tratamiento de las manifestaciones más graves y/o con riesgo vital que pueden aparecer en el LES (afectación renal y del sistema nervioso central), vasculitis asociada a ANCA o la esclerosis sistémica.

Anticalcineurínicos

La ciclosporina A y el tacrólimus inhiben a la calcineurina, enzima responsable de la activación y la transcripción de IL-2, responsable de la estimulación del crecimiento y la diferenciación de los linfocitos T.

Ambos se emplean en algunos casos de conectivopatías (LES, DMJ), uveítis y enfermedad de Behcet. La ciclosporina A se utiliza en el tratamiento del síndrome de activación macrofágica que aparece en la AIJ sistémica.

Fármacos modificadores de la enfermedad biológicos

Las terapias biológicas constituyen un grupo de fármacos que se caracterizan por emplear organismos vivos (células, bacterias, virus, levaduras) en su producción. Han supuesto un gran avance para el tratamiento de enfermedades inmunomediadas, al ser diseñadas de forma específica y selectiva para neutralizar la acción de mediadores y/o receptores celulares o solubles implicados en su patogenia y para las que, en muchos casos, no se disponía de alternativas terapéuticas realmente efectivas.

Aunque a corto y medio plazo los efectos adversos son bien conocidos y aceptables, los efectos adversos a largo plazo todavía son desconocidos. Por otra parte, debido al proceso complejo de producción y a su empleo en enfermedades crónicas, los fármacos biológicos suponen un elevado gasto para los servicios públicos. Todo ello hace preciso que su prescripción esté debidamente justificada y sea necesario definir las indicaciones y los criterios de retirada en caso de ausencia de respuesta o una respuesta insuficiente.

Los principales fármacos biológicos utilizados en Reumatología quedan recogidos en la tabla IV, divididos según su mecanismo de acción.

tabla

Con la expiración de la patente, han aparecido durante los últimos años fármacos biosimilares de algunas de las terapias biológicas. A pesar de que no son totalmente intercambiables con los fármacos originales, por poder presentar alguna variación en la molécula activa, en la práctica se utilizan para las mismas indicaciones.

La respuesta clínica se consigue habitualmente durante los 3-4 primeros meses de tratamiento, por lo que debe reconsiderarse la continuación del tratamiento en los pacientes que no hayan respondido en ese tiempo.

Para discontinuar el tratamiento de fármacos biológicos, debe haberse logrado la remisión clínica o un estado de mínima actividad de la enfermedad de forma estable durante, al menos, 6 meses (normalmente 12-24 meses). Aunque no existe un procedimiento estándar para su retirada, lo habitual es prolongar el intervalo de administración o disminuir la dosis progresivamente a lo largo de 6-12 meses antes de su suspensión definitiva.

Los principales efectos adversos de este grupo de fármacos son:

• Reacciones locales (dolor, prurito, eritema) en aquellos que se administran por vía subcutánea (especialmente anakinra), e infusionales en aquellos que se administran por vía intravenosa (especialmente infliximab y rituximab).

• Incremento de la susceptibilidad para infecciones graves, incluyendo tuberculosis (especialmente los antagonistas del TNF tipo anticuerpo monoclonal), sepsis bacterianas e infecciones oportunistas, como herpes zóster (otras infecciones oportunistas son raras en niños).

• Reactivación del virus de la hepatitis B en portadores crónicos.

• Incremento del riesgo de neoplasias y procesos linfoproliferativos. Aunque datos actuales no confirman un aumento de la incidencia de neoplasias en relación con antagonistas del TNF, sí se han descrito casos de linfoma hepatoesplénico de células T en niños con enfermedad inflamatoria intestinal tratados con anticuerpos monoclonales dirigidos frente al TNF-α en combinación con otros inmunosupresores.

• Alteraciones neurológicas: se han descrito casos de enfermedad desmielinizante (esclerosis múltiple, neuritis óptica, síndrome de Guillain Barré). Aunque se desconoce si existe realmente una relación causal, se recomienda precaución cuando existen antecedentes de estas enfermedades desmielinizantes.

• Alteraciones hematológicas: se han descrito citopenias, especialmente leucopenia, y de forma excepcional pancitopenia. La neutropenia es más frecuente con el uso de tocilizumab, aunque suele ser de carácter leve. En el caso de rituximab y debido a su mecanismo de acción, se puede producir hipogammaglobulinemia.

• Inmunogenicidad: se ha descrito la inducción de autoanticuerpos (anticuerpos antinucleares, anti-DNA, anticardiolipina) y de anticuerpos frente a los propios fármacos biológicos, especialmente antagonistas del TNF. Estos últimos pueden determinar la aparición de reacciones infusionales y la pérdida de la eficacia terapéutica.

Para las terapias biológicas que se administran por vía subcutánea, se recomienda sacar la medicación de la nevera media hora antes de su administración y variar el lugar de la inyección para evitar reacciones cutáneas. La primera dosis debe administrarse de forma supervisada en el hospital y debe instruirse en el manejo al paciente y/o sus padres. La administración de terapias biológicas por vía intravenosa debe realizarse en el hospital de día médico bajo supervisión del equipo de enfermería(11,12).

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria debe colaborar en la actualización del calendario vacunal que se realiza al inicio del tratamiento con FAME o inmunosupresores, siguiendo las recomendaciones de la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica(13). Además, puede participar en la monitorización de los tratamientos, con la realización de analíticas de sangre periódicas (Tabla V) y la detección precoz de los efectos adversos que acompañan con relativa frecuencia al uso de este grupo de fármacos(14).

tabla

En algunos casos, puede ser consultado acerca de la interacción de estas medicaciones con embarazo y lactancia, por lo que se aportan recomendaciones actuales en tabla V(15,16).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según el autor.

1.*** Barrio Nogal L, Sala Icardo L, Sharruf AM, Peña Montelongo SI, Clemente Garulo D, López-Robledillo JC. Farmacopedia. Reumatología Pediátrica. Madrid: Anarr Nuevo Siglo; 2020.

2. Barbagallo M, Sacerdote P. Ibuprofen in the treatment of children’s inflammatory pain: a clinical and pharmacological overview. Minerva Pediatr. 2019; 71: 82-99.

3. Fernández Berrizbeitia O, Humayor Yáñez FJ. AINE y glucocorticoides. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Ergon ed. Majadahonda (Madrid); 2019. p. 259-66.

4. Malaviya AN, Sharma A, Agarwal D, Kapoor S, Garg S, Sawhney S. Low-dose and high-dose methotrexate are two different drugs in practical terms. Int J Rheum Dis. 2010; 13: 288-93.

5. Barral Mena E, García Cardaba LM, Canet Tarres A, Enriquez Merayo E, Cruz Utrilla A, de Inocencio Arocena J. Methotrexate in juvenile idiopathic arthritis. Adverse effects and associated factors. An Pediatr (Engl Ed). 2020; 92: 124-31.

6.*** Calvo I, Anton J, López Robledillo JC, de Inocencio J, Gamir ML, Merino R, et al. Recommendations for the use of methotrexate in patients with juvenile idiopathic arthritis. An Pediatr (Barc). 2016; 84: 177 e1-8.

7. Ayaz NA, Karadag SG, Cakmak F, Cakan M, Tanatar A, Sonmez HE. Leflunomide treatment in juvenile idiopathic arthritis. Rheumatol Int. 2019; 39: 1615-9.

8. Granados Bautista IP, Losado Pinedo B. FAME no biológicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 267-70.

9. Novoa Medina FJ, Angulo Moreno MT. Inmunomoduladores e inmunosupresores clásicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 271-5.

10. Trindade VC, Carneiro-Sampaio M, Bonfa E, Silva CA. An Update on the Management of Childhood-Onset Systemic Lupus Erythematosus. Paediatr Drugs. 2021; 23: 331-47.

11. Enríquez Merayo E, Arocena JI. FAME biológicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 277-83.

12. Mehta J, Beukelman T. Biologic Agents in the Treatment of Childhood-Onset Rheumatic Disease. J Pediatr. 2017; 189: 31-9.

13. Núñez E, Marisol Camacho M, Grupo de trabajo SERPE: “Prevención y tratamiento de infecciones en Reumatología Pediátrica”. Vacunación en niños con enfermedades reumáticas (información para pediatras de Atención Primaria). 2018.

14. Higgins GC. Complications of Treatments for Pediatric Rheumatic Diseases. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 827-54.

15.*** Gotestam Skorpen C, Hoeltzenbein M, Tincani A, Fischer-Betz R, Elefant E, Chambers C, et al. The EULAR points to consider for use of antirheumatic drugs before pregnancy, and during pregnancy and lactation. Ann Rheum Dis. 2016; 75: 795-810.

16. Ostensen M, Forger F. How safe are anti-rheumatic drugs during pregnancy? Curr Opin Pharmacol. 2013; 13: 470-5.

Bibliografía recomendada

– Barrio Nogal L, Sala Icardo L, Sharruf AM, Peña Montelongo SI, Clemente Garulo D, López-Robledillo JC. Farmacopedia. Reumatología pediátrica. Madrid: Anarr Nuevo Siglo; 2020.

Libro de consulta que recoge de forma resumida los tratamientos más comúnmente utilizados en Reumatología Pediátrica, haciendo referencia fundamentalmente a sus indicaciones (presentes o no en ficha técnica), posología, monitorización y efectos secundarios relevantes, facilitando así el manejo de las enfermedades reumáticas en la práctica clínica.

– Calvo I, Antón J, López Robledillo JC, de Inocencio J, Gamir ML, Merino R, et al. Recommendations for the use of methotrexate in patients with juvenile idiopathic arthritis. An Pediatr (Barc). 2016; 84: 177e1-8.

Artículo en español que recoge de forma clara las recomendaciones para el uso de metotrexato en niños con artritis idiopática juvenil.

– Gotestam Skorpen C, Hoeltzenbein M, Tincani A, Fischer-Betz R, Elefant E, Chambers C, et al. The EULAR points to consider for use of antirheumatic drugs before pregnancy, and during pregnancy and lactation. Ann Rheum Dis. 2016; 75: 795-810.

Artículo en inglés que recoge las recomendaciones para embarazo y lactancia de los fármacos utilizados para el tratamiento de las enfermedades reumáticas.

Caso clínico

 

Niña de 2 años y 6 meses que presenta, durante los 2 últimos meses, una alteración de la marcha que aparece, sobre todo, al levantarse por la mañana y después de la siesta. Los padres no han presenciado ningún traumatismo que lo justifique ni ha presentado fiebre ni otras manifestaciones clínicas. Sin antecedente previo de infecciones respiratorias digestivas o genitourinarias.

Segunda hija de padres sanos, embarazo y parto normales. Bronquiolitis a los 3 meses. Calendario de vacunas al día. Sin antecedentes familiares de psoriasis, espondiloartritis, enfermedad celiaca ni alteraciones tiroideas.

En la exploración física destaca una tumefacción de rodilla izquierda, con limitación a la flexión completa, sin aparente dolor. Sin otras articulaciones afectadas. Sin entesitis ni dactilitis. Columna y marcha normal. Exploración general sin alteraciones.

Se dispone de las siguientes pruebas complementarias:

• Analítica de sangre: hemograma: leucocitos: 9.520 (N 2.690, L 5.710); Hb: 13,3 g/dl; VCM: 83 fl; HCM: 28,3 pg; plaquetas: 453.000. VSG: 28 mm; PCR: 0,9 mg/dl. Bioquímica: normal, incluyendo perfil hepático y renal. Hormonas tiroideas: normales. Serología VHB y VHC negativos. Inmunología: anticuerpos antinucleares positivos 1/640, factor reumatoide negativo, anticuerpos antipéptido citrulinado negativo. Inmunoglobulinas y complemento normales. HLA B27 negativo.

• Analítica de orina: sin alteraciones.

• Radiografía de rodilla izquierda: sin lesiones óseas.

• Ecografía de rodilla izquierda: derrame articular con hipertrofia sinovial.

• Estudio del líquido sinovial: células en líquido sinovial: hematíes 400/mm3; leucocitos: 11.260 (polimorfonucleares 48%, mononucleares 52%). Bioquímica líquido sinovial: proteínas: 7,2 g/dl; glucosa: 59 mg/dl. No se observan microorganismos. Cultivo negativo.

Se diagnostica de una artritis idiopática juvenil oligoarticular, mejorando el cuadro articular tras la realización de una artrocentesis e infiltración de rodilla izquierda. Se solicita valoración por Oftalmología, detectándose una uveítis anterior en ambos ojos, que se mantiene en las siguientes revisiones a pesar del tratamiento tópico con corticoides.

 

 

Algoritmo

 

Lupus y otras conectivopatías en la infancia

E. Urbaneja Rodríguez
Temas de FC


E. Urbaneja Rodríguez

Consulta de Inmunología y Reumatología Pediátricas. Centro Médico La Marquesina, Hospital Recoletas Campo Grande. Valladolid

Resumen

Las conectivopatías (lupus eritematoso sistémico, dermatomiositis, esclerodermia, síndrome de Sjögren y enfermedad mixta del tejido conectivo) son un grupo heterogéneo de enfermedades autoinmunes de etiopatogenia multifactorial, en las que se combinan factores genéticos y ambientales, desencadenando una alteración del sistema inmune adaptativo. Asocian clínica multisistémica y muy variable, lo que puede complicar su diagnóstico. Su tratamiento debe ser individualizado, en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas y, generalmente, está basado en la combinación de corticoides con otros fármacos inmunosupresores. Aunque las conectivopatías son menos frecuentes que en adultos, en edad pediátrica afectan también más al sexo femenino y suelen debutar al final de la primera década de la vida o durante la adolescencia. Todas ellas asocian ciertas peculiaridades pediátricas, que se describen y desarrollan de forma detallada en el siguiente artículo.

 

Abstract

Connective tissue diseases (systemic lupus erythematosus, dermatomyositis, scleroderma, Sjögren’s syndrome and mixed connective tissue disease) are a heterogeneous group of autoimmune diseases with a multifactorial etiopathogenesis in which genetic and environmental factors are combined, triggering an alteration of the adaptive immune system. They associate multisystemic and highly variable symptoms that can complicate their diagnosis. Its treatment must be individualized based on the severity of the clinical manifestations, although it is generally based on the combination of corticosteroids with other immunosuppressive drugs. Although connective tissue diseases are less frequent than in adults, in the pediatric age they mainly affect females and usually manifest at the end of the first decade of life or during adolescence. All of them associate certain pediatric features that are described and developed in detail in the following article.

 

Palabras clave: Lupus; Dermatomiositis juvenil; Esclerodermia; Sjögren; Enfermedad mixta del tejido conectivo.

Key words: Lupus; Juvenile dermatomyositis; Scleroderma; Sjogren; Mixed connective tissue disease.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 163 – 174

 


OBJETIVOS

• Conocer las características de las principales conectivopatías que debutan en la infancia, haciendo hincapié en sus particularidades pediátricas.

• Realizar una aproximación diagnóstica a las principales conectivopatías.

• Aprender aspectos básicos sobre el tratamiento de estas enfermedades.

• Manejar algunas nociones sobre su seguimiento que se puedan aplicar desde cualquier consulta de Pediatría (detección precoz de brotes, seguimiento de efectos secundarios del tratamiento y la propia enfermedad, disminución del riesgo de infecciones y de factores de riesgo cardiovascular, vacunación, etc.).

Lupus y otras conectivopatías en la infancia

Introducción

Las conectivopatías son enfermedades autoinmunes poco frecuentes en la infancia, debidas a una alteración en la inmunidad adquirida, con predominio de afectación en el sexo femenino y que suelen debutar a finales de la primera década de la vida y en la adolescencia.

Las conectivopatías constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades autoinmunes debidas a una alteración en la inmunidad adquirida. Todas ellas son más frecuentes en el sexo femenino y, cuando presentan su debut en edad pediátrica, tienden a aparecer a finales de la primera década de la vida y durante la segunda década, sobre todo en la adolescencia(1).

Presentan una etiopatogenia desconocida y multifactorial, con implicación de factores ambientales unidos a una predisposición genética. Se caracterizan por una afectación multisistémica que suele cursar en brotes de actividad y periodos de remisión.

Aunque en general son raras en la infancia, todas ellas presentan ciertas peculiaridades cuando afectan a niños y adolescentes, asociando una gran morbilidad y, en muchas ocasiones, una demora diagnóstica, ya que presentan un amplio y difícil diagnóstico diferencial, sobre todo, con: procesos infecciosos, neoplasias y vasculitis. El diagnóstico de confirmación generalmente se establece por la combinación de síntomas sugestivos de cada enfermedad sumados a criterios analíticos.

El objetivo del tratamiento de estas patologías es conseguir la remisión/inactividad clínica para prevenir el daño secundario y las complicaciones asociadas(2). No podemos olvidar la interferencia de estas enfermedades en la adaptación escolar, así como los aspectos psicosociales derivados de las mismas. Por todo ello, las conectivopatías que debutan en niños y adolescentes precisan, para su correcto manejo, de un abordaje multidisciplinar en el que el pediatra de Atención Primaria tiene un papel clave.

Procederemos, a continuación, a resumir las características fundamentales y peculiaridades pediátricas de las principales conectivopatías que pueden aparecer en la infancia: lupus eritematoso sistémico (la más frecuente), dermatomiositis juvenil, esclerodermia (tanto su forma localizada como sistémica), síndrome de Sjögren y enfermedad mixta del tejido conectivo.

Lupus eritematoso sistémico (LES)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

El LES pediátrico supone un 15-20% del total de pacientes con LES y suele debutar en la adolescencia. Se caracteriza por presentar en la infancia un grado mayor de actividad de la enfermedad y por manifestaciones clínicas más graves que en los adultos, sobre todo a nivel renal y neuropsiquiátrico, que confieren un peor pronóstico.

El lupus eritematoso sistémico (LES) es la conectivopatía mejor conocida y el prototipo de enfermedad autoinmune crónica. El LES pediátrico representa aproximadamente un 15-20% del total de pacientes con LES, con una incidencia en España, según los registros nacionales, de 0,36-0,9 casos/100.000 niños/año y con un pico de incidencia a los 12 años(3), siendo muy poco frecuente su debut en <5 años y presentando estos pacientes manifestaciones clínicas atípicas(4). Es más frecuente en raza asiática, afroamericanos y latinos. Los pacientes pediátricos suelen tener las mismas manifestaciones clínicas que los adultos, aunque presentan un mayor grado de actividad de la enfermedad y manifestaciones clínicas más graves, sobre todo a nivel renal y neuropsiquiátrico, que condicionan una mayor morbimortalidad.

En esta enfermedad se produce una falta de tolerancia a antígenos intrínsecos, con formación de autoanticuerpos e inmunocomplejos y su consecuente depósito en los tejidos provocando daño. La presencia de estos autoanticuerpos es una de las características más destacadas de esta patología, estando los mismos en los niños con LES más presentes en el diagnóstico en comparación con los adultos. Además, se unen una gran cantidad de factores genéticos y epigenéticos que en el LES pediátrico adquieren una mayor importancia respecto a los adultos, encontrándose en hasta un 7-8% del LES pediátrico mutaciones monogénicas causantes de la enfermedad(4).

Clínica

Las manifestaciones clínicas más frecuentes en el LES pediátrico son los síntomas constitucionales, la artritis y el exantema malar. A largo plazo es la afectación renal la que marca el pronóstico de la enfermedad.

Aunque las manifestaciones clínicas pueden ser muy variables y similares a los adultos, los síntomas constitucionales (febrícula o fiebre, astenia, hiporexia, pérdida de peso), la artritis (de pequeñas y grandes articulaciones, simétrica, no erosiva) y el rash o exantema malar (eritema con forma de mariposa en mejillas) son los síntomas iniciales más frecuentes en el LES pediátrico (Fig. 1).

figura

Figura 1. Rash o exantema malar en alas de mariposa, típico de lupus eritematoso sistémico.

Durante la evolución de la enfermedad se puede afectar casi cualquier órgano (afectación renal, neuropsiquiátrica, hematológica, cardiopulmonar, digestiva, mucocutánea, etc.).

La afectación renal, agrupada bajo el término de nefritis lúpica, aparece en el 50-80% de los pacientes con LES pediátrico, en forma de: hematuria, proteinuria-síndrome nefrótico, hipertensión arterial o deterioro de la función renal (Fig. 2).

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Figura 2. Hematuria macroscópica como debut clínico en paciente con lupus eritematoso sistémico.

En ocasiones, la afectación renal puede no correlacionarse bien con los síntomas clínicos, por lo que será necesaria una biopsia renal siempre que exista afectación a dicho nivel para clasificar histológicamente el grado de nefritis lúpica, según la clasificación propuesta en 2003, por la International Society of Nephrology/Renal Pathology Society (ISN/RPS) (Tabla I)(5).

tabla

La forma difusa (clase IV) es la más frecuente y grave. Según la reciente clasificación diagnóstica de LES, establecida en 2019, por EULAR/ACR, la afectación renal se define por la aparición de proteinuria >0,5 g/24 h o por una biopsia renal con clases II, III, IV o V.

La afectación neuropsiquiátrica puede aparecer en forma de: cefalea, convulsiones, enfermedad vascular cerebral, meningitis aséptica, neuropatía, trastornos del movimiento, cambios del estado de ánimo o psicosis.

A nivel hematológico, la leucopenia, linfopenia y trombopenia son las manifestaciones más frecuentes. Puede aparecer anemia en hasta un 50% de los casos, generalmente debida al trastorno inflamatorio crónico, aunque también puede asociarse a hemólisis con test de Coombs positivo. Existe además un estado de hipercoagulabilidad con un aumento del riesgo de trombosis.

A nivel cardiopulmonar, la pleuropericarditis es la manifestación más frecuente en niños.

A nivel gastrointestinal destacan, sobre todo, la aparición de dolor abdominal y diarrea, aunque pueden asociarse: hepatoesplenomegalia, alteraciones esofágicas, pancreatitis y hepatitis autoinmune.

A nivel mucocutáneo, además del típico exantema malar, pueden aparecer: fotosensibilidad, lesiones vasculíticas en cara, manos y pies (Fig. 3), úlceras orales y nasales, alopecia y fenómeno de Ray­naud. Las lesiones cutáneas subagudas y crónicas son raras en la infancia.

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Figura 3. Lesiones de vasculitis en manos en adolescente con lupus eritematoso sistémico.

En casos de gran actividad de la enfermedad, se puede desencadenar un síndrome de activación macrofágico (SAM) que, en comparación con el SAM asociado a artritis idiopática juvenil sistémica, presenta con más frecuencia afectación del SNC e hiponatremia(2).

Diagnóstico

No existen criterios diagnósticos específicos para el LES pediátrico. Se utilizan los criterios de clasificación de adultos (suma de criterios clínicos + analíticos). Las pruebas de laboratorio sirven también para monitorizar la actividad de la enfermedad.

Siempre que se sospeche la enfermedad, se deberá solicitar una analítica con: hemograma, bioquímica completa con función hepática y renal, reactantes de fase aguda, estudio de coagulación que incluya anticuerpos antifosfolípido, estudio de orina y estudio inmunológico, con ANA y anticuerpos específicos (anti-DNAds, anti-Ro, anti-La, anti-Sm y anti-RNP), complemento (C3 y C4) e inmunoglobulinas, así como las pruebas específicas que se precisen según el órgano afectado (ECG, radiografía de tórax, ecografía torácica y/o abdominal, biopsia renal, etc.).

Los niveles de anti-DNAds y los valores de complemento (C3 y C4) sirven para monitorizar la evolución de la enfermedad, siendo estos últimos bajos en periodos de actividad de la misma.

Aunque se está trabajando en ello, actualmente no se dispone de criterios diagnósticos específicos en Pediatría, utilizándose los criterios de clasificación ya conocidos en adultos (Tabla II).

tabla

Los más usados históricamente fueron los establecidos en 1982 por el American College of Rheumatology (ACR), que se revisaron en 1997, necesitando cumplir, al menos, 4 de los 11 criterios en cualquier momento desde el inicio de la enfermedad para el diagnóstico de LES(6). En 2012 se publicaron unos nuevos del Systemic Lupus International Collaborating Clinics (SLICC), en los que hay que cumplir para el diagnóstico 4 criterios, de los cuales, al menos, 1 debe ser clínico y otro inmunológico(7). Más recientemente, en 2019 se han propuesto unos nuevos criterios diagnósticos por la European League Against Rheumatism (EULAR) en colaboración con ACR, que presentan una mayor sensibilidad y especificidad respecto a los de 1997 y 2012. La mayor modificación de esta última clasificación es la necesidad de la presencia de ANA positivos a títulos≥1/80 como requisito indispensable (lo que implica la exclusión de pacientes con ANA persistentemente negativos) y se ha incluido la fiebre inexplicada como criterio clínico constitucional. En esta última clasificación, unos ANA positivos ≥1/80 con una puntuación mayor o igual a 10 y un criterio clínico apoyan el diagnóstico de LES(8). Aunque ya hay varias publicaciones sobre la aplicación de estos últimos en el LES pediátrico, se necesitan más estudios para valorar los criterios EULAR/ACR 2019 en la infancia, sobre todo, teniendo en cuenta que los niños con LES de menor edad pueden tener ANA negativos.

Tratamiento

El tratamiento del LES pediátrico debe ser individualizado y está basado en la combinación de medidas generales y terapia farmacológica, que varía en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas que predominan en cada paciente.

Entre las medidas generales destaca la importancia de limitar la exposición solar, recomendando protección diaria. Es fundamental incidir también en la realización de una dieta variada con ingesta adecuada de calcio, ejercicio físico regular y una correcta inmunización según el calendario vacunal vigente. Los adolescentes con LES deben evitar el tabaco, ya que puede empeorar la enfermedad y disminuir la eficacia de algunas medicaciones.

El tratamiento farmacológico de la enfermedad varía en función de la extensión y gravedad de la misma y está basado en las recomendaciones aplicadas a pacientes adultos(1,4,9). Los pilares fundamentales y la primera línea de tratamiento para casi todos los pacientes con LES son los corticoides y la hidroxicloroquina. Los corticoides ejercen un potente efecto antiinflamatorio e inmunosupresor, mediante la reducción no selectiva en la expresión de citoquinas proinflamatorias. La dosis de corticoides se ajustará en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas. Generalmente, se administra prednisona por vía oral, pero en casos graves, se utilizan bolos intravenosos de metilprednisolona. Siempre habrá que recordar que si se realiza un tratamiento prolongado con corticoides en la infancia, se deberán iniciar suplementos de calcio y vitamina D para la profilaxis de osteoporosis y realizar controles seriados de peso y tensión arterial. La hidroxicloroquina es un fármaco antipalúdico oral que resulta muy eficaz para el control de las manifestaciones cutáneas y articulares, reduce la frecuencia de brotes, retrasa la aparición de nuevos síntomas y previene el riesgo trombótico. Se recomienda una exploración oftalmológica anual durante el tratamiento con hidroxicloroquina, ya que puede provocar toxicidad retiniana(9).

En casos moderados se añadirá al tratamiento de primera línea fármacos inmunosupresores ahorradores de corticoides como: metotrexato (sobre todo en casos de afectación cutánea y articular), azatioprina (afectación cutánea, articular y, particularmente, en nefritis lúpica durante el embarazo), micofenolato mofetilo (sobre todo en nefritis lúpica, aunque también en enfermedad cutánea resistente y serositis) o ciclofosfamida (manifestaciones orgánicas graves y potencialmente mortales a nivel renal, cardiopulmonar y neuropsiquiátrico).

En casos refractarios a la terapia anteriormente descrita, pueden utilizarse fármacos biológicos contra las células B, como rituximab (anticuerpo monoclonal quimérico anti-CD20) o belimumab (anticuerpo monoclonal humano que inhibe al estimulador del linfocito B, BLYS). Los inhibidores de las JAK-Kinasas se encuentran en fase de ensayo clínico en niños. En un futuro, la terapia que involucra a células madre mesenquimales podría formar parte del arsenal terapéutico en los pacientes con LES.

En casos de nefritis lúpica, la utilización de diferentes combinaciones de fármacos (corticoterapia + inmunosupresores) ha mejorado mucho su pronóstico(10). En general, en fase de inducción suele utilizarse ciclofosfamida en pulsos o micofenolato mofetilo oral. El micofenolato tiene una eficacia similar a la ciclofosfamida y presenta un perfil de toxicidad más bajo. Posteriormente, como terapia de mantenimiento, se usan micofenolato o azatioprina orales. Es importante recordar que durante el embarazo no pueden usarse ni metotrexato ni micofenolato, por sus efectos teratogénicos, y que en mujeres de edad fértil no se debe usar ciclofosfamida por sus efectos gonadotóxicos.

Dermatomiositis juvenil (DMJ)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La DMJ es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación crónica de piel y músculo estriado, que suele debutar en edad escolar. A diferencia de los adultos, los niños con DMJ no tienen un mayor riesgo de neoplasia, pero asocian con mayor frecuencia: calcinosis, lipodistrofia y afectación cutánea severa.

La dermatomiositis juvenil (DMJ) es la miopatía inflamatoria idiopática más frecuente en la infancia y una enfermedad autoinmune que afecta a piel y músculo estriado, produciendo inflamación y necrosis del tejido muscular, que suele debutar en edad escolar con una edad media de aparición de 7 años. Presenta una incidencia de 2-4 casos/1.000.000 niños/año(1). Al igual que en otras enfermedades autoinmunes, su etiopatogenia se relaciona con una interacción de factores ambientales (infecciones, luz ultravioleta, fármacos) en un individuo genéticamente predispuesto. A diferencia de la dermatomiositis que aparece en adultos, los niños afectos no tienen un mayor riesgo de neoplasia. Además, de forma característica, los pacientes pediátricos asocian más frecuentemente: calcinosis, lipodistrofia y enfermedad cutánea grave y presentan una mejor respuesta al tratamiento y menor mortalidad que los adultos(11).

Clínica

La asociación de manifestaciones cutáneas características y pérdida de fuerza muscular proximal y simétrica a nivel de cintura escapular y pelviana es muy sugestiva de DMJ.

Las manifestaciones cutáneas son específicas y patognomónicas de esta enfermedad y se observan en el 80% de pacientes: eritema en heliotropo (exantema violáceo en párpados superiores que puede acompañarse de edema palpebral) y pápulas de Gottron (lesiones rosadas que se asientan en prominencias óseas, sobre todo, a nivel de articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas, aunque también pueden aparecer en codos y rodillas) (Figs. 4-6).

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Figura 4. Eritema en heliotropo en paciente con dermatomiositis juvenil.

 

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Figura 5. Pápulas de Gottron en articulaciones metacarpo-falángicas e interfalángicas de manos.

 

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Figura 6. Pápulas de Gottron en codos en paciente con dermatomiositis juvenil.

Las alteraciones en los capilares periungueales también son frecuentes en la DMJ. Durante la evolución de la enfermedad pueden aparecer complicaciones cutáneas como: calcinosis (que se relaciona con enfermedad grave y prolongada e inicio tardío del tratamiento), úlceras y lipodistrofia.

La afectación muscular se manifiesta en forma de debilidad proximal y generalmente simétrica, que afecta a cintura escapular (dificultad para levantar los brazos) y pelviana (dificultad para subir y bajar escaleras). El signo de Gowers (el niño trepa sobre sí mismo para levantarse del suelo) es positivo. En casos graves se pueden afectar la musculatura faríngea y respiratoria, asociando dificultad para la deglución, disfagia, disfonía y voz nasal. Existen casos de afectación cutánea exclusiva sin asociación de clínica muscular, denominándose formas amiopáticas.

La afectación gastrointestinal constituye una de las complicaciones más graves de la enfermedad y es debida a una vasculitis intestinal. Se caracteriza por dolor abdominal y existe riesgo de sangrado o perforación.

La afectación cardiopulmonar es menos frecuente que en adultos y puede manifestarse en forma de: cardiomegalia, pericarditis, miocarditis y enfermedad pulmonar intersticial.

Diagnóstico

El diagnóstico de sospecha de DMJ está basado en la suma de criterios clínicos (afectación cutánea característica + debilidad muscular proximal) y analíticos (elevación de enzimas musculares). En ocasiones, se necesita una biopsia muscular para confirmar la enfermedad.

La DMJ se caracteriza analíticamente por una elevación de enzimas musculares (CPK, GOT, LDH y aldolasa). Los ANA pueden ser positivos. También pueden encontrarse anticuerpos específicos de miositis (anti-p155, anti-NXP2, anti-MDA5, anti-SRP, etc.) que están asociados con distintos subgrupos de la enfermedad, con diferente fenotipo, y anticuerpos asociados a miositis (anti-Pm-Scl, anti-U1-RNP, anti-Ro, anti-La, anti-Sm, etc), que aparecen en pacientes con clínica de solapamiento. El electromiograma muestra un patrón miopático con denervación, pero no es específico de la enfermedad. La confirmación diagnóstica se realiza mediante biopsia muscular. En los últimos años, la resonancia magnética se ha incorporado como nueva técnica diagnóstica no invasiva y ayuda a identificar fácilmente las zonas con inflamación muscular, permitiendo estudiar amplias áreas musculares. Se recomienda, además, un estudio cardiológico (ECG y ecocardiograma) y pulmonar (radiografía de tórax y función pulmonar) al inicio del cuadro clínico y durante su evolución si se precisa.

La fuerza muscular debe ser evaluada al diagnóstico y de forma periódica mediante escalas de valoración validadas en población pediátrica, como CMAS o MMT-8.

Clásicamente, para el diagnóstico de DMJ se utilizan los criterios de Bohan y Peter, descritos en 1975 (Tabla III)(12).

tabla

En 2017 se han publicado unas nuevas recomendaciones del Single Hub and Access point for paediatric Rheumatology in Europe (SHARE) para el diagnóstico y manejo del paciente con DMJ(13).

Tratamiento

El tratamiento de la DMJ está basado en la corticoterapia y en el uso de metotrexato. En casos resistentes a la terapia habitual, se pueden usar inmunoglobulinas o fármacos biológicos.

El tratamiento de la DMJ está basado en el uso de corticoides a altas dosis (orales y/o endovenosos), con descenso posterior hasta mantener dosis bajas durante un mínimo de 12 meses, junto con metotrexato oral o subcutáneo como ahorrador de corticoides. En pacientes con intolerancia al metotrexato, se recomienda cambiar a micofenolato mofetilo o ciclosporina A. En pacientes con enfermedad grave se puede añadir ciclofosfamida.

En casos refractarios, el uso de inmunoglobulinas intravenosas de forma periódica se ha mostrado eficaz. Como último escalón terapéutico, se pueden utilizar fármacos anti-TNF o rituximab. Es importante incidir en la importancia de la protección solar y administrar suplementos de calcio y vitamina D. La fisioterapia y el ejercicio físico aeróbico controlado son de gran importancia para la rehabilitación y la prevención de complicaciones en estos pacientes.

Esclerodermia localizada (EL)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La EL es la forma más frecuente de esclerodermia en la infancia, afecta exclusivamente a la piel y suele debutar en edad escolar. En las formas pediátricas se describe una afectación más profunda y prolongada respecto a los adultos.

La esclerodermia localizada (EL), también llamada morfea, es una conectivopatía autoinmune que se caracteriza por una fibrosis o exceso de colágeno en la piel, afectando de forma exclusiva a piel y tejidos adyacentes. Es la forma de esclerodermia más frecuente en la infancia, con una incidencia de 0,34-2,7 casos/100.000 niños/año y es de 6 a 10 veces más frecuente que la esclerosis sistémica. Suele debutar entre los 6-9 años, incluso puede estar presente desde el nacimiento. Aunque su etiopatogenia es desconocida, se habla de una combinación de factores genéticos y ambientales que da lugar a una inflamación y aumento en la producción del colágeno de la piel.

Existen diferentes subtipos de la enfermedad en función de la profundidad y el patrón de afectación. Su aparición en edad pediátrica asocia una mayor frecuencia de formas lineales, con afectación más profunda y mayor duración de la enfermedad respecto a los casos descritos en adultos(1,14).

Clínica

La EL se caracteriza por un endurecimiento cutáneo progresivo sin asociación de síntomas sistémicos. El subtipo más frecuente en la infancia es la forma lineal.

La EL se caracteriza, inicialmente, por un edema cutáneo unilateral con bordes eritemato-violáceos que, posteriormente, asocia engrosamiento e induración de la piel y tejido subcutáneo. En casos avanzados pueden aparecer: atrofia cutánea, cambios de pigmentación, contracturas y dismetrías.

En un 25% de pacientes aparecen manifestaciones extracutáneas, en forma principalmente de artralgias o artritis, aunque también pueden asociarse: mialgias, miositis, escoliosis y hemiatrofia. Cuando se afectan cara y cuero cabelludo, se denomina “coup de sabre” y puede asociar: alopecia, clínica ocular (uveítis, afectación palpebral) y neurológica (cefalea, convulsiones, alteraciones del comportamiento).

Las diferentes formas de EL se clasifican en 5 subtipos (Tabla IV)(15).

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El subtipo de EL más frecuente en la infancia es la forma lineal, afectando fundamentalmente a extremidades, hueso frontal o tronco (Fig. 7).

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Figura 7. Afectación en tronco de forma lineal de esclerodermia localizada.

Las manifestaciones gastrointestinales, cardíacas y renales son muy poco frecuentes en las formas localizadas. La progresión a forma sistémica es excepcional(14).

Diagnóstico

El diagnóstico de EL está basado en la clínica y se confirma mediante biopsia cutánea. No existen hallazgos de laboratorio característicos de esta enfermedad.

No hay alteraciones analíticas características, aunque los ANA y el factor reumatoide pueden ser positivos. La biopsia cutánea se caracteriza por un infiltrado inflamatorio con predominio linfocitario a nivel perivascular y perianexial. La dermis puede estar edematosa con alteraciones en el colágeno.

Tratamiento

No existe tratamiento específico para la EL. En casos leves, se administra tratamiento tópico y, en casos moderados-graves, tratamiento inmunosupresor sistémico.

No existen guías estandarizadas para su tratamiento en Pediatría, lo que traduce una gran variabilidad terapéutica. En casos leves, se puede usar tratamiento tópico con corticoides, inhibidores de la calcineurina (tacrolimus, pimecrolimus) o imiquimod. La fototerapia no suele emplearse en la infancia por sus potenciales efectos secundarios. En casos moderados-graves, se recomienda tratamiento inmunosupresor sistémico, siendo la combinación de metotrexato oral o subcutáneo unido a corticoides orales la pauta más eficaz descrita en numerosas publicaciones. Como alternativa pueden usarse micofenolano mofetilo o fármacos biológicos(1).

Esclerosis sistémica (ES)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La ES es una conectivopatía excepcional en la infancia, con afectación multisistémica además de cutánea, que suele aparecer en edad escolar y que asocia menor gravedad que en pacientes adultos.

La esclerosis sistémica (ES) es una enfermedad autoinmune crónica, excepcional en la infancia, con una incidencia de 0,27-1 caso/1.000.000 niños/año y una edad media de aparición de 7-9 años. Se estima que solo el 10% de la ES debuta antes de los 16 años. Se caracteriza por afectación de piel y órganos internos, en general, con menor participación sistémica que en el adulto en el momento del diagnóstico y con menor mortalidad asociada(1,14).

Clínica

El fenómeno de Raynaud es la primera manifestación clínica de la enfermedad en la mayoría de casos. Además de la induración cutánea, aparecen síntomas: músculo-esqueléticos, digestivos, respiratorios y/o renales.

La enfermedad se inicia con fenómeno de Raynaud (Fig. 8) y alteraciones capilaroscópicas que asocian edema e induración progresiva de dedos (puffy fingers).

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Figura 8. Fenómeno de Raynaud complicado con ulceración digital como primera manifestación de esclerosis sistémica en adolescente.

El patrón capilaroscópico se caracteriza por pérdida de capilares y existencia de megacapilares, con destrucción de la arquitectura normal de la circulación del lecho ungueal. La piel está dura y seca, con áreas de alteración en la pigmentación. Existe además una disminución de la apertura oral con aumento de pliegues periorales, telangiectasias y calcinosis.

A nivel músculo-esquelético, suele asociar artralgias y artritis (sobre todo en manos).

A nivel digestivo, puede asociar: microstomía (disminución de apertura oral) y microquilia (disminución de los labios), alteraciones del gusto, caída de piezas dentales, reflujo gastroesofágico y alteraciones en la motilidad digestiva.

A nivel respiratorio, asocia alteración de la función pulmonar, enfermedad intersticial e hipertensión pulmonar.

Diagnóstico

Existen unos criterios de clasificación provisionales para la ES juvenil, basados en criterios clínicos y de laboratorio.

El hemograma y los reactantes de fase aguda suelen ser normales. Los ANA pueden ser positivos y es característica la positividad de los anticuerpos antitopoisomerasa (anti-Scl 70) y anticentrómero. Se deben realizar radiografía de tórax y estudio de función pulmonar, ECG y ecocardiograma.

Hay publicados unos criterios de clasificación provisionales para la ES juvenil elaborados por PRES/ACR/EULAR en 2007, más restrictivos que los aplicados en adultos (Tabla V).

tabla

Cuando se cumple el criterio mayor de forma obligatoria y, al menos, 2 de los criterios menores presentan una sensibilidad del 90% y especificidad del 96% para el diagnóstico de ES juvenil(16).

Tratamiento

El tratamiento de la ES es sintomático y varía en función de las manifestaciones clínicas asociadas y su gravedad.

El tratamiento de la ES es sintomático y varía enormemente en función de la gravedad de la clínica asociada(14). El fenómeno de Raynaud precisa de medidas físicas (protección contra el frío, evitación de traumatismos y adecuada hidratación de la piel) y tratamiento con antagonistas del calcio (nifedipino). En casos refractarios se usan: antagonistas del receptor de angiotensina (losartan), inhibidores de la endotelina (bosentan), inhibidores de la fosfodiesterasa (sildenafilo) o prostaglandinas (iloprost). Para el reflujo gastroesofágico se usan los inhibidores de la bomba de protones. La terapia inmunosupresora sistémica con metotrexato, ciclofosfamida o fármacos biológicos es la base del tratamiento para el resto de manifestaciones clínicas. La fisioterapia también es un pilar fundamental en estos enfermos.

Síndrome de Sjögren (SS)

El SS es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al sistema glandular exocrino en forma de sequedad generalizada. Es poco frecuente su debut en edad pediátrica y se presenta en la infancia generalmente en forma de parotiditis recurrente.

Generalidades y peculiaridades pediátricas

El síndrome de Sjögren (SS) es una enfermedad autoinmune crónica debida a la infiltración linfocitaria de las glándulas exocrinas, produciendo pérdida de su función y sequedad generalizada, que suele debutar en edad adulta y es infrecuente en Pediatría. Se desconoce su incidencia real en niños debido a los pocos casos descritos. La edad media de aparición de la enfermedad son los 10-12 años(17). A diferencia de lo que ocurre en adultos, en la infancia el síntoma inicial más frecuente es la parotiditis recurrente, lo que hace su diagnóstico mucho más complicado(2).

Clínica

En niños, el SS se inicia como parotiditis recurrente. En adultos, el SS se inicia con sequedad bucal y ocular, síntomas que se presentan raramente en la infancia.

La parotiditis recurrente es el síntoma inicial en la mayoría de casos de SS pediátrico, aunque en Pediatría ante un caso de parotiditis recurrente siempre se deberán excluir primero otras causas como: infecciones (sobre todo, víricas), tumores, malformaciones anatómicas, litiasis glandular y parotiditis recurrente juvenil.

La sequedad bucal (xerostomía) y ocular (xeroftalmia) se instauran con tiempo de evolución de la enfermedad, por lo que son raras en la infancia, apareciendo solo en un 8% de los casos con debut en edad pediátrica(2). La xerostomía asocia dificultad para masticar, disfagia y una necesidad constante de beber agua. La lengua está seca, roja, depapilada, con queilitis angular y los labios están secos con fisuras (rágades). Es frecuente la asociación de caries y periodontitis. La xeroftalmia se manifiesta como sensación de cuerpo extraño o de “arenilla”, que asocia picor, fotofobia y disminución de agudeza visual. Se puede producir una irritación crónica con destrucción del epitelio conjuntival en forma de queratoconjuntivitis seca, que aumenta la susceptibilidad a infecciones oculares. La xeroftalmia se pone de manifiesto con el test de Schirmer y la tinción con rosa de Bengala.

Además, el SS puede asociar: síndrome constitucional, artralgias o artritis, citopenias, lesiones vasculíticas, afectación pleuropulmonar, renal y neurológica, siendo las artralgias y las adenopatías las formas más frecuentes de afectación extraglandular en la infancia. A diferencia de lo que ocurre en adultos, el linfoma de células B es una complicación poco frecuente en edad pediátrica(2).

Diagnóstico

No existen criterios de clasificación específicos para el SS en Pediatría. Por tanto, el diagnóstico debe estar centrado en una clínica compatible, en la detección de autoanticuerpos y en la demostración de lesiones estructurales en el parénquima glandular mediante ecografía.

No existen criterios de clasificación específicos para el SS infantil y los criterios aplicados en adultos son poco sensibles, porque no incluyen manifestaciones tan frecuentes en la infancia como la parotiditis recurrente, por lo que no deben aplicarse.

Los ANA pueden ser positivos en más del 80% de casos. Los anticuerpos anti-Ro y anti-La son positivos en el 30% y 70% de los casos, respectivamente, y su positividad se acompaña de más manifestaciones extraglandulares, de más alteraciones analíticas y del desarrollo de bloqueo cardíaco congénito en hijos de mujeres con anticuerpos anti-Ro. Algunos pacientes pueden presentar también positividad del factor reumatoide e hipergammaglobulinemia(17).

La ecografía permite evaluar la estructura y vascularización del parénquima glandular submandibular y parotídeo. La presencia de lesiones ovaladas hipoecóicas, la alteración de la estructura del parénquima glandular y el aumento de vascularización detectado mediante Doppler son hallazgos muy sugestivos de SS(17,18).

En casos de difícil diagnóstico, una biopsia de glándulas salivares menores puede confirmar la enfermedad(1). Se observa un infiltrado linfocitario difuso y en focos, con desestructuración de la arquitectura glandular(18).

Tratamiento

El tratamiento del SS en edad pediátrica es sintomático y se basa en la combinación de AINES y corticoides en fase aguda e hidroxicloroquina como terapia de mantenimiento.

No existe ninguna terapia que modifique la evolución del SS. El tratamiento es puramente sintomático y está basado en una buena hidratación y en la combinación de AINES y corticoterapia en fase aguda. El tratamiento crónico con hidroxicloroquina consigue una disminución en la frecuencia de los episodios de parotiditis. En casos refractarios o con afectación extraglandular, se pueden usar otros inmunosupresores(18).

Enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La EMTC se caracteriza por solapar la clínica de dos o más conectivopatías y por presentar anticuerpos anti-RNP positivos como marcador serológico. Es muy poco frecuente su debut en la infancia.

La enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC) es una enfermedad autoinmune sistémica con incidencia desconocida en la infancia, que se caracteriza por el solapamiento de características clínicas de: LES, esclerosis sistémica, dermatomiositis juvenil y artritis idiopática juvenil. Suele presentarse en edad adulta, siendo excepcional su aparición en niños, ya que solo un 23% de los pacientes con EMTC inician la enfermedad en la infancia, con una edad media de aparición de 11 años(2,19,20). La hipertensión pulmonar que asocia la enfermedad en adultos es rara y mucho menos severa en la infancia.

Clínica

Las manifestaciones clínicas más frecuentes de la EMTC en la infancia son el fenómeno de Raynaud inicialmente, seguido de: artritis, miositis, esclerodactilia, edema de manos y dedos y enfermedad pulmonar intersticial.

La EMTC suele iniciarse con fenómeno de Raynaud, que precede al resto de manifestaciones clínicas en meses o años. Progresivamente, se asocian manifestaciones: articulares (poliartritis de manos), musculares (debilidad muscular, miositis), cutáneas (eritema malar, fotosensibilidad, esclerodactilia, edema de manos y dedos) y cardiopulmonares (pericarditis, pleuritis, fibrosis intersticial e hipertensión pulmonar). En edad pediátrica, la alteración de la función pulmonar es frecuente, incluso en ausencia de síntomas respiratorios, aunque la presencia de hipertensión pulmonar asociada es mucho menor que en adultos(20).

Diagnóstico

La EMTC debe sospecharse ante un paciente con síntomas sistémicos de diferentes conectivopatías solapados entre sí que presente anticuerpos anti-RNP positivos, ya que no existen criterios de clasificación específicos en Pediatría.

No existen criterios de clasificación específicos en Pediatría, por lo que el diagnóstico se basa en la aplicación de alguno de los diferentes criterios de clasificación propuestos para adultos. A nivel analítico, pueden aparecer: citopenias, hipocomplementemia, elevación de enzimas musculares, ANA y factor reumatoide positivos. La EMTC se asocia a la aparición de títulos elevados de anticuerpos anti-RNP, aunque su presencia no es patognomónica de esta patología e incluso pueden llegar a negativizarse en edad adulta en casos de remisión de la enfermedad(20).

Tratamiento

No existe tratamiento específico para la EMTC. Se usan los fármacos ya explicados para el resto de conectivopatías, ajustados en función de la gravedad de la enfermedad.

El tratamiento de la EMTC es similar al ya explicado para el resto de conectivopatías y se ajustará en función de la gravedad de los síntomas. La mayoría de los niños responden bien a dosis bajas de corticoides, AINES e hidroxicloroquina(1,20). Si se asocia artritis o miositis se añadirá metotrexato. En casos de afectación orgánica grave, se escalará el tratamiento inmunosupresor.

Funciones del pediatra de Atención Primaria

• Pensar en la posibilidad de conectivopatía ante un paciente pediátrico, generalmente de sexo femenino y edad escolar/adolescente que presente síntomas sistémicos no relacionados con causa infecciosa ni tumoral.

• Integrar todos los aspectos clínicos, diagnósticos y terapéuticos de estas enfermedades, siendo el pilar fundamental dentro del seguimiento multidisciplinar que necesitan estos pacientes.

• Incidir en la educación sobre estas enfermedades en el propio paciente y sus familiares, indicando la importancia del buen cumplimiento terapéutico, la protección solar, el ejercicio físico y la prevención tanto de infecciones como de factores de riesgo cardiovascular.

• Revisar periódicamente el calendario vacunal de estos enfermos para conseguir una correcta vacunación (prestando especial atención a la vacunación frente a gripe, neumococo, varicela, triple vírica y SARS-CoV-2).

• Controlar los efectos adversos de los tratamientos utilizados en estos pacientes (controles analíticos periódicos, control del crecimiento, etc.).

• Identificar de forma precoz los brotes o recaídas de estas enfermedades, para lograr un ajuste precoz de su tratamiento y evitar secuelas.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según la autora.

1.*** Clemente Garulo D. Conectivopatías. Pediatr Integral. 2017; XXI: 207-18.

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3. Torrente-Segarra V, Salman Monte TC, Rúa-Figueroa I, Sánchez-Alonso F, López-Longo FJ, Galindo- Izquierdo M, et al. Juvenile- and adult-onset systemic lupus erythematosus: a comparative study in a large cohort from the Spanish Society of Rheumatology Lupus Registry (RELESSER). Clin Exp Rheumatol. 2017; 35: 1047-55.

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9. Durcan L, O´Dwyer T, Petri M. Management strategies and future directions for systemic lupus erythematosus in adults. Lancet. 2019; 393: 2332-43.

10.*** Boteanu A. Lupus eritematoso sistémico pediátrico. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 115-28.

11.*** Iglesias Jiménez E. Dermatomiositis juvenil. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 155-62.

12.** Bohan A, Peter JB. Polymiositis and dermatomyositis: Parts 1 and 2. N Engl J Med. 1975; 292: 344-47.

13. Enders FB, Bader-Meunier B, Baildam E, Constantin T, Dolezalova P, Feldman B, et al. Consensus-based recommendation for the management of juvenile dermatomyositis. Ann Rheum Dis. 2017; 76: 329-40.

14.** Suzanne C Li. Scleroderma in Children and Adolescents: Localized Scleroderma and Systemic Sclerosis. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 757-81.

15. Laxer RM, Zulian F. Localized scleroderma. Curr Opin Rheumatol. 2006; 18: 606-13.

16.** Zulian F, Woo P, Athreya BH, Laxer RM, Medsger TA Jr, Lehman TJ, et al. The Pediatric Rheumatology European Society/American College of Rheumatology/European League Against Rheumatism provisional classification criteria for juvenile systemic sclerosis. Arthritis Rheum. 2007; 57: 203-12.

17. Wright TB. Updates in childhood Sjogren´s syndrome. Curr Opin Pediatr. 2021.

18.*** Nieto González JC, Monteaguado Sáez I, Serrano Benavente B. Síndrome de Sjögren. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 187-94.

19. Berard RA, Laxer RM. Pediatric Mixed Connective Tissue Disease. Curr Rheumatol Rep. 2016; 18: 28.

20.*** Bethencourt Baute JJ, Expósito Pérez L, Bustabad Reyes S. Enfermedad mixta del tejido conectivo. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 195-200.

Bibliografía recomendada

– Clemente Garulo D. Conectivopatías. Pediatr Integral. 2017; XXI: 207-18.

Excelente número monográfico en español sobre patología reumatológica en la infancia.

– Tarvin SE, O’Neil KM. Systemic Lupus Erythematosus, Sjögren Syndrome and Mixed Connective Tissue Disease in Children and Adolescents. Pediatr Clin of North Am. 2018; 65: 711-37.

Artículo en inglés que resume de forma muy completa y didáctica las características pediátricas de estas 3 enfermedades.

– Weening JJ, D´Agati VD, Schwartz MM, Seshan SV, Alpers CE, Appel GB, et al. The classification of glomerulonephritis in systemic lupus erithematosus revisited. Kidney Int. 2004; 65: 521-30.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación internacional de la nefritis lúpica.

– Hochberg MC. Updating the American College of Rheumatology revised criteria for the classification of systemic lupus erythematosus. Arthritis Rheum. 1997; 40: 1725.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES.

– Petri M, Orbai AM, Alarcón GS, Gordon C, Merrill JT, Fortin PR, et al. Derivation and Validation of Systemic Lupus International Collaborating Clinics Classification Criteria for Systemic Lupus Erythematosus. Arthritis Rheum. 2012; 64: 2677-86.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES.

– Aringer M, Costenbader K, Daikh D, Brinks R, Mosca M, Ramsey-Goldman R, et al. 2019 European League Against Rheumatism/American College of Rheumatology Classification Criteria for Systemic Lupus Erythematosus. Arthritis Rheumatol. 2019; 71: 1400-12.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES más reciente.

– Boteanu A. Lupus eritematoso sistémico pediátrico. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 115-28.

Excelente revisión en español de esta enfermedad, abordando los aspectos epidemiológicos, clínicos, diagnósticos y terapéuticos más destacados.

– Iglesias Jiménez E. Dermatomiositis juvenil. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 155-62.

Excelente y completa revisión en español sobre los aspectos más destacados de esta enfermedad.

– Bohan A, Peter JB. Polymiositis and dermatomyositis: Parts 1 and 2. N Engl J Med. 1975; 292: 344-47.

Artículo en inglés de referencia en esta enfermedad, que aborda sus aspectos más destacados y resume sus criterios diagnósticos.

– Suzanne C Li. Scleroderma in Children and Adolescents: Localized Scleroderma and Systemic Sclerosis. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 757-81.

Excelente revisión de inglés sobre la esclerodermia en Pediatría.

– Zulian F, Woo P, Athreya BH, Laxer RM, Medsger TA Jr, Lehman TJ, et al. The Pediatric Rheumatology European Society/American College of Rheumatology/European League Against Rheumatism provisional classification criteria for juvenile systemic sclerosis. Arthritis Rheum. 2007; 57: 203-12.

Artículo en inglés que hace referencia a los criterios de clasificación de la esclerosis sistémica en Pediatría, señalando las peculiaridades de esta enfermedad en la infancia.

– Nieto González JC, Monteaguado Sáez I, Serrano Benavente B. Síndrome de Sjögren. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 187-94.

Excelente revisión en español sobre los aspectos más destacados de esta enfermedad.

– Bethencourt Baute JJ, Expósito Pérez L, Bustabad Reyes S. Enfermedad mixta del tejido conectivo. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 195-200.

Excelente revisión en español de los aspectos más destacados de esta enfermedad.

 

Caso clínico

 

Varón de 13 años derivado a la consulta de Reumatología Pediátrica desde Atención Primaria para estudio de cuadro clínico con: astenia, aftas, artralgias y lesiones purpúricas en miembros inferiores de un mes de evolución (Fig. 9).

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Figura 9. Lesiones purpúricas en miembros inferiores sugerentes de vasculitis.

Anamnesis

Antecedentes familiares: madre con hipotiroidismo autoinmune. Prima con enfermedad celíaca. Sin otros antecedentes reumáticos ni autoinmunes.

Antecedentes personales: embarazo, parto y periodo neonatal normales. Lactancia materna 6 meses. Beikost sin incidencias. Vacunas al día. Sin alergias. Desarrollo psicomotor normal.

Enfermedad actual: desde hace 1 mes está mucho más cansado, come peor por la aparición de numerosas úlceras orales y han salido lesiones eritemato-violáceas en miembros inferiores, asociando artralgias con rigidez matutina hasta media mañana. No ha notado inflamación articular. No se ha tomado la temperatura. Sin otros síntomas asociados. Infección respiratoria de vías altas hace dos meses, que fue tratada de forma sintomática.

Exploración física

Temperatura 38,3ºC. Ojeroso, leve palidez cutánea asociada. Lesiones purpúricas no confluentes en miembros inferiores que no blanquean a la presión. Auscultación cardio-pulmonar: normal. Abdomen: hepatoesplenomegalia. Sin adenopatías. Úlceras en mucosa oral. Locomotor: Sin articulaciones limitadas, dolorosas ni tumefactas. No puntos dolorosos. Sin dactilitis. Sin entesitis. Maniobras sacroilíacas negativas. Fuerza conservada. Marcha normal.

Exploraciones complementarias

• Analítica sangre: Hb: 11 g/dl con VCM 86 fL; y test de Coombs positivo. Leucocitos: 4.420/mm3 con linfocitos: 824/mm3 y neutrófilos: 3.430/mm3. Plaquetas: 95.000/mm3. Bioquímica: normal (incluyendo perfil hepático y renal). PCR: 25 mg/l. VSG: 60 mm. ANA positivos 1/1250 con anti-DNAds positivos y anti-RNP positivos, factor reumatoide positivo, C3: 85 mg/dl, C4: 4,2 mg/dl. Estudio de coagulación: normal.

• Analítica de orina: 50-100 hematíes/campo. Resto normal.

• Microbiología: mantoux negativo. Serologías VHB, VHC y VIH negativas. Frotis faríngeo negativo para virus y bacterias.

 

 

Algoritmo

 

Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

J. Antón López*, S. Carriquí Arenas**
Temas de FC


J. Antón López*, S. Carriquí Arenas**

*Jefe de sección de Reumatología pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Profesor asociado. Universitat de Barcelona. **Sección de Reumatología pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona

Resumen

La vasculitis es una inflamación de la pared de los vasos sanguíneos. Las vasculitis pediátricas engloban un grupo heterogéneo de enfermedades. En Ankara 2008, con el consenso de EULAR/PRINTO/PRES, se validaron criterios clasificatorios pediátricos para intentar agruparlas. La incidencia en edad pediátrica es baja, a excepción de la vasculitis por IgA (VIgA) y la enfermedad de Kawasaki (EK). La prueba diagnóstica considerada gold estándar es la anatomía patológica, aunque en la VIgA y la EK, al diagnóstico se llega mediante criterios clínicos. Existen hallazgos clínicos y analíticos que deben hacernos sospechar vasculitis, como pueden ser: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas, elevación de parámetros inflamatorios, etc.

La VIgA es la vasculitis pediátrica más común. Afecta principalmente a piel, intestino y riñón, siendo la afectación renal el principal factor de morbimortalidad a largo plazo. Su curso es autolimitado y el tratamiento es conservador.

La EK es la segunda vasculitis más frecuente tras la VIgA. El curso es autolimitado, puede producir complicaciones graves, siendo la primera causa de enfermedad cardíaca adquirida en la infancia en países desarrollados. El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas (IVIG), cuya administración dentro de los 10 primeros días disminuye de forma significativa el riesgo de complicaciones cardíacas.

 

Abstract

Vasculitis is an inflammation of the blood vessel wall. Pediatric vasculitis encompass a heterogeneous group of diseases. In Ankara 2008, with the consensus of EULAR/PRINTO/PRES, pediatric classification criteria were validated in order to group them. Its incidence is low in children with the exception of IgA vasculitis (VIgA) and Kawasaki disease (KD). Pathological anatomy is considered the gold standard diagnostic test, although in VIgA and KD the diagnosis is reached by means of clinical criteria. There are clinical and analytical findings that should raise suspicion of vasculitis, such as prolonged fever of unknown origin, suggestive skin lesions, elevated inflammatory parameters…

VIgA is the most common pediatric vasculitis. It mainly affects the skin, bowels and kidneys. The renal involvement is the main factor in long-term morbidity and mortality. Its course is self-limited and treatment is conservative.

KD is the second most common vasculitis after VIgA. Its course is self-limited and can generate serious complications. In developed countries it is the first cause of acquired cardiac disease in childhood. Immunoglobulin (IVIG) is the mainstay treatment, as its administration within the first 10 days significantly reduces the risk of cardiac complications.

 

Palabras clave: Vasculitis pediátricas; Vasculitis IgA; Nefritis por IgA; Enfermedad de Kawasaki; Vasculitis monogénicas.

Key words: Pediatric vasculitis; IgA vasculitis; IgA nephritis; Kawasaki disease; Monogenic vasculitis.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 151 – 162

 


OBJETIVOS

• Conocer la clasificación general de las vasculitis pediátricas y cuándo sospecharlas.

• Saber que la vasculitis por IgA y la enfermedad de Kawasaki son las 2 vasculitis más frecuentes en la infancia, cuyo curso es autolimitado.

• Aprender la presentación clínica de la vasculitis por IgA y de la enfermedad de Kawasaki, y cómo realizar el diagnóstico y tratamiento de las mismas.

• Comprender el tratamiento específico de la vasculitis por IgA y de la enfermedad de Kawasaki.

Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

Introducción

Las vasculitis se definen por la inflamación de la pared de los vasos sanguíneos, cuyo origen puede ser primario o secundario a otras patologías. Se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades cuyas manifestaciones clínicas dependen del tipo, localización y tamaño del vaso afecto(1).

La incidencia estimada de las vasculitis primarias pediátricas es aproximadamente de unos 50 casos/100.000 niños/año. Se trata de patologías raras en la infancia, a excepción de dos tipos de vasculitis agudas y autolimitadas, que son casi exclusivas de la edad pediátrica: vasculitis IgA/Púrpura de Schönlein-Henoch (PSH) y enfermedad de Kawasaki (EK)(2).

Criterios de clasificación pediátricos de las vasculitis sistémicas

Se prefiere utilizar los criterios clasificatorios del 2008 validados con el consenso de EULAR/PRINTO/PRES, ya que presentan una elevada sensibilidad y especificidad.

El término vasculitis agrupa a un grupo heterogéneo de enfermedades. Disponemos de criterios clasificatorios con el fin de poder agrupar grupos bien definidos, para poder realizar estudios y desarrollar protocolos. También para la enfermedad de Kawasaki disponemos de criterios diagnósticos(3).

Desde la década de 1990, los criterios de clasificación más aceptados para población pediátrica eran los propuestos por el ACR (American Collegue of Reumathology), basados en los criterios utilizados en población adulta.

En 2006, se propusieron los criterios clasificatorios de consenso EULAR/PRES. Utilizando la metodología Delphi, se elaboraron criterios para: PSH, arteritis de Takayasu, panarteritis nodosa (PAN) y granulomatosis con poliangeitis.

A pesar de que en el 2012, la conferencia internacional de Chapel Hill actualizó las categorías de vasculitis según el tamaño del vaso afecto, en Pediatría se prefiere utilizar los criterios clasificatorios del 2008, validados con el apoyo del EULAR/PRINTO/PRES, que presentan una elevada sensibilidad y especificidad(2-4) (Tabla I).

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Diagnóstico general de vasculitis

El diagnóstico gold estándar de las vasculitis continúa siendo la anatomía patológica, a excepción del diagnóstico, mayormente clínico, de la púrpura de Schönlein-Henoch y de la enfermedad de Kawasaki.

Actualmente, la anatomía patológica sigue considerándose el gold estándar para el diagnóstico de la mayoría de las vasculitis, con la excepción de la púrpura de Schönlein-Henoch y la enfermedad de Kawasaki, cuyo diagnóstico en la edad pediátrica es mayormente clínico. Las pruebas de imagen son útiles, sobre todo en las vasculitis de mediano y gran vaso.

Existen una serie de hallazgos clínicos y de laboratorio que deben hacernos sospechar sobre la posibilidad de una vasculitis, son: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas y afectación renal, pulmonar o cardiovascular desconocida, junto con afectación sistémica, neuropatía periférica o afectación del SNC, serositis, artritis o elevación de parámetros inflamatorios (VSG, PCR, leucocitosis…)(3).

Ante la sospecha diagnóstica, lo primero es realizar una correcta anamnesis y exploración por órganos y sistemas, dirigiendo los estudios complementarios según la sospecha inicial y descartando patologías más frecuentes que cursen con clínica similar(3) (Tabla II).

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Vasculitis IgA (púrpura de Schönlein-Henoch)

Introducción

La vasculitis por IgA es una vasculitis de pequeños vasos, anteriormente conocida como púrpura de Schönlein-Henoch.

La vasculitis por IgA (VIgA), anteriormente conocida como púrpura de Schönlein-Henoch (PSH), es una vasculitis de pequeños vasos (vénulas, capilares y arteriolas) en los que se depositan inmunocomplejos IgA. Los órganos afectados con más frecuencia son piel, intestino y riñón, principalmente a nivel glomerular. Su curso es agudo y autolimitado, llegándose al diagnóstico en la mayoría de los casos, por los criterios clínicos validados por EULAR/PRINTO/PRES en Ankara 2008(5).

Epidemiología

La vasculitis por IgA es la vasculitis pediátrica más frecuente. El 50% de los casos ocurren en niños de 5 años o menores.

La VIgA supone la vasculitis sistémica más frecuente en edad pediátrica (90%). La incidencia oscila entre 3-26,7 casos por 100.000 niños/año(5). La VIgA tiene un pico de presentación entre los 3 a 12 años, siendo raro que ocurra por debajo de los 2 años. El 50% de los casos ocurre en niños de 5 años o menores, y el 75-90% en menores de 10 años. Existe un discreto predominio en el sexo masculino (1,2:1 hasta 1,8:1 según series publicadas). El 30-50% de los casos ocurren durante los meses de otoño e invierno, normalmente precedido por infecciones respiratorias de vías altas(1-6).

Etiopatogenia

Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio en la VIgA/PSH son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA.

La etiopatogenia de la enfermedad sigue siendo desconocida, se cree que la actuación de ciertos desencadenantes ambientales (infecciones como: estreptococo del grupo A betahemolítico, Mycoplasma pneumoniae, Bartonella Henselae, fármacos, etc.) sobre pacientes genéticamente predispuestos, daría lugar a la formación y depósito de inmunocomplejos en la pared vascular, generando una inflamación local que desencadenaría una vasculitis leucocitoclástica con necrosis en vasos de pequeño calibre(6).

La mayoría de los casos son esporádicos, pero se han descrito asociaciones intrafamiliares y la susceptibilidad de padecerla en presencia de determinados polimorfismos de genes del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), incluyendo: HLA-DRB1 y HLA-B*4102. El HLA-B35 y DQA1 se han relacionado con el riesgo de padecer nefritis en pacientes con PSH(2-3). Según estudios realizados en Turquía e Israel, existe un aumento significativo de la prevalencia de mutaciones en el gen MEFV (Mediterranean fever) en niños con vasculitis por IgA respecto a la población general, y hasta un 5-7% de pacientes con fiebre mediterránea familiar presentan una VIgA(6).

La glicosilación aberrante de la región bisagra de la IgA1 predispone a la formación de inmunocomplejos y, por tanto, se ha descrito como factor de riesgo para desarrollar vasculitis por IgA y nefritis por IgA (IgAN). La activación del complemento en la VIgA es un importante factor de daño tisular, ya que el aclaramiento defectuoso de inmunocomplejos de IgA tiene un papel importante en la patogenia de la nefritis por IgA. Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio en la VIgA/PSH son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA(1).

La concentración y actividad del factor XIII podría constituirse como indicador pronóstico de la VIgA, ya que una disminución marcada de la actividad del factor XIII podría dar lugar a complicaciones severas, como hemorragia intracraneal, abdominal o pulmonar(1).

Clínica

La VIgA es una vasculitis sistémica. Las manifestaciones típicas son: púrpura, dolor articular y abdominal y afectación renal.

La VIgA es una vasculitis sistémica, por lo que puede afectar a cualquier órgano, siendo típica la afectación cutánea, articular, digestiva y renal. La sintomatología suele aparecer de forma progresiva en días o semanas, sin seguir un orden específico. La presentación inicial típica es la púrpura y el dolor articular.

Manifestaciones cutáneas

La afectación cutánea ocurre aproximadamente en el 75% de los niños con VIgA. La lesión más característica es la púrpura palpable en formas de petequias que pueden confluir, dando lugar a grandes equimosis. En ocasiones, puede presentarse como un exantema maculopapular eritematoso o urticarial. Las lesiones suelen aparecer en zonas declives (extremidades inferiores, glúteos), aunque también pueden afectarse las extremidades superiores, cara y tronco. El inicio del cuadro clínico, sobre todo en los más pequeños, puede acompañarse de edema del cuero cabelludo, cara, manos, pies y escroto. Las lesiones ampollosas, hemorrágicas o necróticas son raras en niños (2%), ocurriendo hasta en el 60% en adultos(1-6).

Manifestaciones articulares

Suelen aparecer en el 50-80% de los casos, principalmente en forma de artralgias de grandes articulaciones (tobillos y rodillas) y excepcionalmente como artritis. Suponen la primera manifestación de la enfermedad en el 15-25% de los pacientes. Clínicamente, se manifiesta como inflamación periarticular sin eritema ni aumento de temperatura local, con dolor que limita la articulación afecta. Son transitorias y no migratorias, resolviendo en pocos días sin secuelas(1-6).

Manifestaciones digestivas

Se describen en el 50-75% de los pacientes dentro de la primera semana de aparición de las lesiones cutáneas y dentro del primer mes de enfermedad, solo en el 11-20% suponen el primer síntoma. Los síntomas varían desde dolor abdominal con náuseas y vómitos, hasta complicaciones graves como: invaginación intestinal (2-3% de los casos), perforación, enteropatía pierde proteínas, pancreatitis, obstrucción u estenosis, hidrops vesicular, hemorragia gastrointestinal masiva, etc.(1-6).

La localización más frecuente es la zona proximal del intestino delgado, en forma de lesión isquémica, presentando sangre oculta en heces hasta en el 56% de los pacientes con afectación intestinal. En una publicación reciente se observó que el 71% de los pacientes presentaban manifestaciones digestivas; de ellos, el 7,6% sin afectación cutánea, llegándose al diagnóstico por biopsia vía endoscópica. La determinación de calprotectina fecal podría ser un marcador útil de afectación gastrointestinal en la VIgA/PSH(1).

Manifestaciones renales

Un tercio de los pacientes presentará afectación renal, que suele manifestarse entre la 4ª y 6ª semana tras la aparición de las lesiones cutáneas. Se puede manifestar de diversas formas como: hematuria microscópica/macroscópica con o sin proteinuria, nefritis o síndrome nefrótico, hipertensión, insuficiencia renal, etc. En la mayoría de las ocasiones, la afectación es leve y autolimitada, pudiendo ser grave en un 10%, aproximadamente; pudiendo cronificarse, dando lugar a un daño renal permanente. Por ello, la afectación renal es el principal factor pronóstico a largo plazo de la enfermedad(1-6).

En el 97% de los casos, la afectación renal aparece en los 6 primeros meses. El 1,6% de los pacientes que tuvieron una alteración renal puntual acaban presentando afectación renal permanente y en los que tuvieron nefritis o síndrome nefrótico, puede ocurrir hasta en el 19,5%(6).

En un metaanálisis con 2.400 pacientes con VIgA/PSHN, se identificaron factores de riesgo para desarrollar afectación renal(6) (Tabla III).

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Las guías SHARE publicadas en 2019, para el diagnóstico y tratamiento de la VIgA, recomiendan realizar un control de la tensión arterial y sedimento urinario durante los primeros 6 meses. En aquellos pacientes con proteinuria moderada o afectación del filtrado glomerular, se recomienda valoración y seguimiento por una unidad de Nefrología Pediátrica(5).

Manifestaciones urológicas

Las manifestaciones aparecen, sobre todo en varones, en forma de: escroto agudo, epididimitis, orquitis y complicaciones del cordón espermático (hematoma y edema). La eco-doppler permite establecer un diagnóstico, aunque puede ser necesaria la exploración quirúrgica para descartar torsión testicular. Rara vez, puede existir una obstrucción ureteral o ureteritis secundaria, típicamente aparecen al mes o a los dos meses, en ocasiones, asociada a nefritis(1).

Manifestaciones neurológicas

La afectación del sistema nervioso es poco frecuente (<1%), pudiendo presentarse en forma de: cefaleas con cambios emocionales (irritabilidad, apatía…), convulsiones, síndrome de Guillain-Barré, neuropatía periférica, ataxia, etc.(6).

Manifestaciones pulmonares

La afectación pulmonar es rara. Se han descrito casos aislados de hemorragia difusa alveolar, neumonía intersticial y fibrosis intersticial(1).

Diagnóstico VIgA

El diagnóstico de la VIgA/PSH es clínico. A todo paciente con VIgA se le debe valorar la función renal al diagnóstico. La característica típica de la nefritis por VIgA en la biopsia renal es el depósito mesangial difuso de IgA en la inmunofluorescencia.

El diagnóstico fundamentalmente es clínico. En el consenso de Ankara 2008, se establecieron los criterios clasificatorios para VIgA en edad pediátrica por parte de EULAR/PRINTO/PRES, no se trata de criterios diagnósticos (Tabla IV).

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No existen pruebas complementarias específicas para llevar a cabo el diagnóstico, pero sí nos ayudan en el diagnóstico diferencial y en conocer el grado de afectación. En el ámbito del laboratorio, en la fase aguda, podemos encontrar hallazgos inespecíficos (anemia, leucocitosis con neutrofilia…) y ligera elevación de VSG y PCR. El estudio de autoinmunidad (ANA, ANCA y FR) suele ser negativo, con niveles de complemento normales. En torno a un tercio de los casos pueden presentar elevación de IgA sérica, no siendo diagnóstica de la patología. En todo niño con sospecha de vasculitis por IgA, se debe estudiar la función renal; para ello, se realizará una evaluación del filtrado glomerular, sedimento urinario a primera hora de la mañana (hematuria, proteinuria, Índice Proteína/Creatinina -IProt/Cre-) y evaluación de la tensión arterial(5-6).

Las pruebas de imagen como la ecografía abdominal, se recomiendan en aquellos casos de dolor abdominal severo o sangrado abdominal, para descartar invaginación intestinal y perforación secundaria a isquemia de la pared intestinal.

La biopsia cutánea será necesaria para el diagnóstico solo en aquellos casos con una presentación atípica. Las guías de práctica clínica SHARE de 2019 recomiendan realizar biopsia cutánea de las lesiones agudas de <=48 horas de aparición, en aquellos casos con rash atípico (lesiones extensas o distribución difusa) para descartar otros diagnósticos(5).

Desde el punto de vista histológico, el hallazgo típico es una reacción leucocitoclástica con depósito predominante de IgA en la pared de pequeños vasos, con una especificidad del 100%. El depósito de IgA es lo que permite diferenciarla de la vasculitis leucocitoclástica; sin embargo, la ausencia de depósitos de IgA no excluye el diagnóstico de VIgA(5-6).

La biopsia renal se lleva a cabo en casos de duda diagnóstica o con afectación renal grave, existiendo una buena correlación entre la gravedad y los hallazgos histopatológicos. En las guías SHARE 2019, se establecieron las indicaciones de biopsia renal y se definió la clasificación de severidad desde el punto de vista anatomopatológico para la nefritis por VIgA(5) (Tablas V y VI).

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En la microscopía óptica, en la nefritis por IgA, se puede observar desde una proliferación mesangial leve hasta una glomerulonefritis con formación de semilunas grave. El depósito mesangial difuso de IgA en la inmunofluorescencia es la característica típica de la nefritis por VIgA, pudiéndose acompañar de depósitos de C3 (75%)(5-6).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial se debe realizar, sobre todo en pacientes con presentación atípica. Entre los posibles diagnósticos a tener en cuenta estarían otras vasculitis como: vasculitis ANCA positivo, patología autoinmune como PTI (púrpura trombopénica idiopática), conectivopatías como lupus, patología autoinflamatoria como fiebre mediterránea familiar (FMF), o procesos infecciosos como parvovirus B19, sepsis, etc.(6).

Existe una entidad con manifestaciones clínicas similares, el edema agudo hemorrágico del lactante, que afecta predominantemente a lactantes de 4 a 24 meses, con curso autolimitado en 1-3 semanas, siendo excepcional la afectación visceral como ocurre en la VIgA.

Tratamiento

El tratamiento principal es conservador. El uso de corticoides está indicado en afectación gastrointestinal severa, orquitis, vasculitis del sistema nervioso central, nefritis o hemorragia pulmonar. El uso de corticoides no previene de la afectación renal.

La mayoría de los casos presentan una resolución espontánea; por ello, el principal manejo es conservador, con medidas de soporte como: reposo, analgesia e hidratación(5-7).

En función de las recomendaciones de tratamiento elaboradas por el grupo SHARE para la VIgA, el manejo de las artralgias/artritis y el dolor abdominal leve se puede realizar con analgesia convencional con paracetamol o AINES, evitando el uso de los últimos si existe compromiso renal. No se ha demostrado que el uso de AINES aumente el riesgo de sangrado abdominal, pero sí están contraindicados en caso de sangrado digestivo activo(5).

El uso de glucocorticoides está limitado a una serie de indicaciones: afectación gastrointestinal severa, orquitis, vasculitis del sistema nervioso central, nefritis o hemorragia pulmonar; en estos casos, se puede realizar una inducción con bolus de metilprednisolona a dosis de 10-30 mg/kg/día (máximo 1 g) durante 3 días e incluso podría ser necesario el uso de otros inmunosupresores o plasmaféresis(5).

En los pacientes con dolor abdominal intenso o sangrado rectal, afectación cutánea severa o artralgias intensas, se puede considerar el uso de corticoterapia, ya que ha demostrado reducir la intensidad y duración del dolor, además de prevenir la intervención quirúrgica. La dosis habitual es de 1-2 mg/kg/día de prednisolona (máximo 60 mg) durante 1-2 semanas en pauta descendente. En los pacientes con afectación abdominal y ante el posible síndrome de malabsorción secundario al edema de la pared intestinal, se recomienda su uso vía endovenosa. El uso de corticoides no previene la afectación renal ni las recurrencias(5).

En los casos con curso refractario, en los que se han utilizado corticoides con adecuada respuesta, se puede añadir un ahorrador de corticoides (colchicina, dapsona, micofenolato mofetilo, azatioprina, inmunoglobulinas, ciclosporina…). Existen publicaciones de casos con afectación cutánea severa o recurrente tratados con colchicina con resolución de las lesiones(5).

Las recomendaciones para el tratamiento de la nefritis por VIgA siguen siendo controvertidas ante la falta de evidencia científica. En las recientes recomendaciones del grupo SHARE, se establece como recomendación general, el tratamiento con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA II), para prevenir o limitar la lesión glomerular secundaria en niños con VIgA, que presentan compromiso renal con proteinuria persistente (>3 meses de duración), independientemente de si reciben prednisolona u otro inmunosupresor(5-8).

En la nefritis leve, el tratamiento de primera línea es prednisolona oral. En la nefritis moderada, el tratamiento de primera línea es prednisolona oral o metilprednisolona en pulsos endovenosos. En la nefritis grave, se recomienda el uso de ciclofosfamida endovenosa con metilprednisolona en pulsos endovenosos o prednisolona oral, como tratamiento de primera línea.

Se puede usar azatioprina (AZA) o micofenolato mofetilo (MMF) como tratamiento de segunda línea en pacientes con nefritis, según los hallazgos histopatológicos hallados en la biopsia, además del tratamiento de mantenimiento con corticoides en casos de nefritis grave(5-8).

Pronóstico

El pronóstico general es bueno. A nivel renal, el 95% de los pacientes con afectación alcanzan una resolución completa.

El pronóstico general es excelente, al ser una patología autolimitada a 2-4 semanas. Un tercio de los pacientes pueden presentar recurrencias de las lesiones cutáneas o dolor abdominal dentro de las primeras 6 semanas. La morbilidad temprana de la patología depende en gran medida de la afectación gastrointestinal, sin embargo, la morbimortalidad a largo plazo estará determinada por la afectación renal(1-6).

A nivel renal, el pronóstico es bueno, con una resolución completa en cerca del 95% en aquellos pacientes que presentan hematuria y proteinuria. En un 2-15% de los casos, puede producirse un daño renal, con alteración del filtrado glomerular o hipertensión arterial, y en menos del 1% un fallo renal.

Se consideran factores de mal pronóstico renal: debut por encima de los 8 años, afectación abdominal, púrpura persistente, síndrome nefrítico/nefrótico, disminución de la actividad factor XIII, hipertensión arterial, fallo renal al inicio de los síntomas y presencia en la biopsia renal de esclerosis glomerular/glomerulonefritis con más del 50% de semilunas/atrofia y fibrosis tubulointersticial(1-6).

Enfermedad de Kawasaki

Introducción

La EK es una vasculitis sistémica aguda autolimitada que puede generar complicaciones potencialmente graves.

La enfermedad de Kawasaki (EK) es una vasculitis sistémica aguda autolimitada, que afecta a vasos de pequeño y mediano calibre y puede llegar a producir complicaciones potencialmente graves. La clínica característica es: fiebre, conjuntivitis bilateral no supurativa, eritema labial y oral, exantema, adenopatía látero-cervical y cambios en extremidades (descamación ungueal y edema en dorso de manos y pies)(9-10).

Epidemiología

Es la segunda vasculitis más frecuente en Pediatría y supone la causa más común de enfermedad cardíaca adquirida en la infancia en nuestro medio.

La EK es la segunda vasculitis más frecuente en la infancia tras la VIgA y supone la causa más común de enfermedad cardíaca adquirida en nuestro medio. El 25% de los casos que no reciben tratamiento presentarán afectación coronaria, disminuyendo al 4% en los que reciben inmunoglobulinas(9).

La incidencia ha ido en aumento en los últimos años. La incidencia en Europa se sitúa entorno los 5,4-15 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. En un estudio realizado en Cataluña, la incidencia fue de 8 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. En países asiáticos, la incidencia es mayor, siendo en Japón de 309 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. El 77% de los casos ocurren en menores de 5 años, con un pico de incidencia entre los 18-24 meses, es poco frecuente en menores de 3 meses o mayores de 5 años; en estos grupos etarios, el riesgo de aneurisma coronario es mayor. Hay un predomino en el sexo masculino de 1,5:1. El mayor pico de incidencia ocurre en primavera e invierno. En Japón, el riesgo de recurrencia es del 3%(11).

La tasa de mortalidad no se conoce en nuestro medio; sin embargo, la mayor mortalidad se da entre el 15º y el 45º día desde el inicio de la fiebre, coincidiendo con el pico máximo de hipercoagulabilidad por trombocitosis e inflamación coronaria(10).

Etiología

La etiología es desconocida. La teoría más aceptada es la existencia de un desencadenante infeccioso transportado hasta las vías respiratorias en personas genéticamente predispuestas.

Tras décadas de investigación aún no se conoce la etiología de la enfermedad. La teoría más aceptada es la existencia de un desencadenante infeccioso inhalado que infectaría las células epiteliales bronquiales ciliadas en personas genéticamente predispuestas. Debido a la estacionalidad de la enfermedad, hay estudios en curso que orientan a un transporte del agente desencadenante por vientos de la troposfera. Se ha considerado la posibilidad de la existencia de un superantígeno(9-10).

La alta incidencia en población asiática sugiere que la genética juega un papel importante en la enfermedad. Estudios del genoma humano han permitido identificar marcadores genéticos de susceptibilidad, severidad y refractariedad al tratamiento. En alguno de estos estudios se han identificado genes del sistema HLA como: HLA B5, B44, Bw51, DR3 y DRB3*0301, que se asocian a enfermedad de Kawasaki en caucásicos. Además, se han identificado tres genes (ITPKC, ORAI1 y SLC8A1) relacionados con la vía de señalización del calcio, que activan la vía de la calcineurina y la traslocación del factor nuclear de células T activadas (NFAT), generando la transcripción de genes proinflamatorios (IL1B y TNF-alfa). Este hallazgo es importante, ya que tiene implicaciones terapéuticas, pudiendo utilizar la ciclosporina y el tacrólimus como tratamientos para inhibir la vía de la calcineurina. El gen de la caspasa 3, en el cromosoma 4, se ha asociado a resistencia al tratamiento con inmunoglobulinas y afectación coronaria. El gen FAM167A-BLK, que se había descrito asociado a enfermedades, como el lupus y la artritis reumatoide, también se ha asociado a un mayor riesgo de presentar EK(9-11).

En la EK participan tanto el sistema inmunológico innato como el adaptativo. La activación del sistema innato genera un gran número de neutrófilos circulantes, leucinas, IL1 e IL6, y factor de necrosis tumoral. La naturaleza autolimitada y no recurrente de la enfermedad sugiere la creación de células T y B de memoria que protegen ante futuros eventos(9).

Clínica

Las manifestaciones típicas no aparecen de forma secuencial, existiendo manifestaciones transitorias; de ahí la importancia de una historia clínica minuciosa con un alto índice de sospecha.

El inicio suele ser agudo, pudiendo estar precedido por síntomas respiratorios de vías altas o gastrointestinales. Las manifestaciones no aparecen secuencialmente, existiendo manifestaciones transitorias, de ahí la importancia de realizar una historia clínica completa. Los signos y síntomas clínicos en los pacientes no tratados desaparecen en una media de 12 días. De forma clásica, se diferencia tres fases evolutivas: un periodo febril agudo, de unos 10 días de duración; un periodo subagudo, de 2-4 semanas; y una fase de convalecencia(11-12).

Fiebre

Es el síntoma guía, suele ser persistente con escasa respuesta a antitérmicos, alcanzando picos de hasta 40ºC. La duración media sin tratamiento es de 1-3 semanas y en los tratados con inmunoglobulinas suele ceder a las 36 horas post-infusión. En los casos que cede espontáneamente a los 7 días, no se puede descartar el diagnóstico(9).

Manifestaciones oculares

La conjuntivitis ocurre en el 85% de los pacientes y suele aparecer al inicio de la fiebre. Se manifiesta como inyección conjuntival bilateral, predominantemente bulbar no exudativa que resuelve sin secuelas. Otra manifestación menos frecuente es la uveítis, sobre todo en niños de 2 años, entre el 5º-8º día de la enfermedad(11).

Manifestaciones de la mucosa oral

Los labios eritematosos, secos, fisurados con sangrado y la lengua aframbuesada son signos típicos. Además, podemos encontrar eritema orofaríngeo. No suelen aparecer vesículas ni exudado(9).

Manifestaciones cutáneas

El exantema se inicia durante los primeros 5 días desde el inicio de la fiebre. La erupción suele comenzar en el tronco, extendiéndose a extremidades, pudiendo confluir, sobre todo a nivel genital, donde produce una descamación temprana característica. La forma más típica de presentación es como exantema macular, urticarial, morbiliforme o lesiones en diana, no apareciendo habitualmente petequias, ampollas o vesículas(9-11).

En la fase aguda es característico un eritema palmo-plantar y edema, en ocasiones, doloroso en dorso de manos y pies. La descamación ungueal se inicia a nivel periungueal a los 10-15 días tras el inicio de la fiebre y entorno a las 6 semanas pueden aparecer unos surcos lineales transversales en las uñas (líneas de Beau)(9-11).

Linfadenopatía

La linfadenopatía cervical anterior unilateral de más de 1,5 cm de diámetro no es la característica más típica, presentándose en menos del 50% de los casos. Inicialmente, puede confundirse con una adenitis cervical bacteriana(11).

Manifestaciones cardíacas

La afectación puede ocurrir a cualquier nivel, manifestándose como: miocarditis, pericarditis, insuficiencia mitral (25%) o dilatación coronaria. En los primeros 10 días, no suelen detectarse los aneurismas, observándose inicialmente una hiperrefringencia de la pared en la ecocardiografía, apareciendo a partir de la 4-6ª semana. Los pacientes con aneurismas rara vez presentan síntomas, salvo isquemia miocárdica o rotura, debido al rápido crecimiento en la fase aguda(10).

Algunos pacientes en la fase aguda pueden presentarse con shock cardiogénico (5%). Estos pacientes tienen más riesgo de desarrollar afectación coronaria, disfunción miocárdica y refractariedad al tratamiento con inmunoglobulinas(10).

En estudios recientes histopatológicos, se han podido identificar tres procesos patológicos a nivel coronario(10-11):

1. Arteritis necrosante por infiltración de neutrófilos activados: afecta a la adventicia arterial, generando el aneurisma. Autolimitado con cese a las 2 semanas.

2. Vasculitis subaguda/crónica: infiltración de linfocitos, células plasmáticas, eosinófilos y macrófagos. Inicio a las 2 semanas, persistiendo durante meses.

3. Proliferación miofibroblástica luminal: es la causa de estenosis arterial. Inicio en las 2 primeras semanas hasta meses.

Otras manifestaciones

Otros manifestaciones son: artritis/artralgias de grandes articulaciones, dolor abdominal, vómitos y diarreas. A nivel respiratorio pueden presentar derrame pleural y, menos frecuentemente, infiltrado intersticial peribronquial. En lactantes es característica una marcada irritabilidad secundaria a meningitis aséptica. Otras manifestaciones neurológicas menos frecuentes son: sordera neurosensorial reversible, parálisis facial periférica unilateral y uveítis. Una de las complicaciones graves y poco frecuente al debut es el síndrome de activación macrofágica(10-11).

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki fundamentalmente es clínico, apoyándose en unos criterios diagnósticos bien definidos para la enfermedad.

El diagnóstico de la EK se realiza a través de criterios diagnósticos clínicos (Tabla VII).

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El diagnóstico de EK incompleto debe considerarse en niños con fiebre y alguno de los criterios clínicos con hallazgos analíticos y/o ecocardiograma compatibles con EK, una vez se han descartado otros diagnósticos(9).

En el ámbito del laboratorio, hay marcadores que apoyan el diagnóstico como: elevación de reactantes de fase aguda (PCR, VSG, PCT, leucocitosis con neutrofilia, NT-proBNP); hiponatremia, hipoalbuminemia, transaminasitis y piuria estéril, así como la trombocitosis a partir del décimo día(10). Se recomienda a todos los pacientes una valoración cardiológica con electrocardiograma y ecocardiograma. Además, dentro del estudio diagnóstico inicial se recomienda valoración con ecografía abdominal y valoración oftalmológica(10).

Diagnóstico diferencial

En la actualidad, a raíz de la pandemia por SARS-COV-2, el síndrome multisistémico inflamatorio (MIS-C) se ha convertido en uno de los principales diagnósticos diferenciales, debido a su similitud en la presentación clínica.

El diagnóstico diferencial debe realizarse con: procesos infecciosos bacterianos o virales (adenovirus, parvovirus B19, CMV, VEB, herpes virus…); enfermedades mediadas por toxinas (escarlatina, shock tóxico); otras patologías reumáticas (artritis idiopática juvenil de inicio sistémico, PAN cutánea, lupus eritematoso sistémico); o reacciones inmunitarias (síndrome Steven Johnson, enfermedad del suero)(12).

En los últimos dos años, a raíz de la pandemia por SARS-COV-2, el síndrome multisistémico inflamatorio (MIS-C), secundario a infección por COVID-19, se ha convertido en uno de los principales diagnósticos diferenciales, al compartir muchas de las características clínicas con la EK. Godfred-Cato et al., han identificado tres formas clínicas de presentación, denominando a una de ellas como fenotipo Kawasaki like(13-14).

Existen diferencias que nos van a permitir diferenciar ambas entidades, una de ellas es el antecedente de infección y/o contacto estrecho confirmado por SARS-COV-2 positivo en las 4-6 semanas previas en los casos de MIS-C. Además, los pacientes con MIS-C presentan más clínica digestiva y neurológica, así como una mayor incidencia de miocarditis y disfunción cardíaca. Desde el punto de vista analítico, destaca una elevación marcada de la ferritina junto citopenias, siendo características la linfopenia y plaquetopenia(13).

Tratamiento

El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas, cuyo uso dentro de los 10 primeros días de la enfermedad reduce el riesgo de afectación coronaria por debajo del 5%.

El objetivo del tratamiento es disminuir la inflamación, evitando el daño arterial coronario y previniendo las posibles trombosis asociadas(9).

El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas (IVIG), cuyo mecanismo de acción se desconoce. El tratamiento está indicado dentro de los primeros 10 días desde el inicio de la fiebre y pasado el 10º día en pacientes con persistencia de la clínica, elevación de parámetros inflamatorios analíticos o afectación ecocardiográfica sugestiva de EK. El tratamiento con IVIG en los 10 primeros días disminuye el riesgo de aneurismas coronarios por debajo del 5%.

El tratamiento de primera línea en la fase aguda son las IVIG en infusión única a dosis de 2 g/kg junto aspirina (AAS) a dosis antiinflamatorias (30-50 mg/kg/día cada 6 horas). Una vez que el paciente permanezca afebril durante 48-72 horas, se disminuirá a dosis antiagregantes, de 3-5 mg/kg/día en dosis única, manteniéndola durante 6-8 semanas hasta conseguir la normalización de los parámetros analíticos y el ecocardiograma. El tratamiento adyuvante con aspirina no reduce la frecuencia de aneurismas coronarios, pero sí disminuye el riesgo trombótico.(10-15).

En el 10-20% de los casos, la fiebre persiste pasadas 36 horas postratamiento con IVIG, considerándose refractarios a tratamiento; en estos casos existen diferentes opciones terapéuticas, siendo la más recomendada por los expertos una segunda dosis de IVIG y adicionar pulsos de metilprednisolona 30 mg/kg/día (máximo 1 g) durante 3 días, continuando con prednisona oral 1 mg/kg/día en pauta descendente en los siguientes 21 días(9,10,15).

Otras opciones terapéuticas de segunda línea en caso de refractariedad y con eficacia probada en reducir la inflamación son los fármacos biológicos, como Infliximab IV 6 mg/kg (1 o 2 dosis separadas por una semana). Otros tratamientos utilizados en pacientes refractarios son anakinra y ciclosporina(12,15,16).

En los pacientes con factores de riesgo para EK grave y desarrollo de afectación coronaria, se recomienda de entrada el uso de corticoterapia, ya que disminuye la inflamación, disminuyendo la clínica y el riesgo de daño(9-17) (Tabla VIII).

tabla

Diferentes metaanálisis y el estudio RAISE concluyen que el uso combinado de IVIG y corticoides en el tratamiento de la EK grave reduce el riesgo de presentar aneurismas coronarios sin aumentar efectos secundarios(9-17).

El tratamiento preventivo de trombosis en caso de aneurismas se hará según el tamaño y se mantendrá hasta la normalización de plaquetas y reactantes de fase aguda. Si el aneurisma persiste, el tratamiento antiagregante y/o anticoagulante será indefinido(9-12).

• Aneurisma pequeño (Z score ≥ 2,5 a < 5): dosis bajas de AAS (3-5 mg/kg/día).

• Aneurismas de tamaño moderado
(Z score ≥ 5 a < 10 y diámetro máximo < 8 mm): AAS (3-5 mg/kg/día) + tienopiridina (clopidogrel 0,2-1,0 mg/kg/día).

• Aneurismas gigantes (Z score ≥ 10 o diámetro máximo > 8 mm) o de rápido crecimiento: AAS (3-5 mg/kg/día) + warfarina.

Los pacientes con EK deberán retrasar la vacunación de virus vivos durante 11 meses tras la última dosis de IVIG, ya que puede disminuir la respuesta vacunal.

Pronóstico

La EK incompleta supone un factor de riesgo de afectación coronaria. Debido a su infradiagnóstico, muchos de los infartos en la 3ª y 4ª década de la vida se atribuyen a este diagnóstico.

Las manifestaciones cardiológicas suponen la principal causa de morbimortalidad, tanto en fase aguda como a largo plazo. El pronóstico de los pacientes sin aneurismas coronarios o dilatación a las 6 semanas de enfermedad es bueno, pero en aquellos en los que persiste, se deberá realizar un seguimiento cardiovascular hasta la edad adulta. El 50-70% de los aneurismas regresan en los siguientes 2 años. Cerca del 20% de los menores de 6 meses tratados dentro de los primeros 10 días presentarán aneurismas coronarios frente al 5% en mayores de 6 meses(11).

En un reciente metaanálisis, donde se incluyeron 20 estudios, se concluyó que la EK incompleta supone un factor de riesgo para el desarrollo de afectación coronaria(12-15). Diferentes estudios sugieren una alta prevalencia de eventos cardíacos en pacientes jóvenes relacionados con EK. En EE.UU., el 5% de los infartos agudos de miocardio (IAM) en menores de 40 años ocurren en pacientes con historia conocida o sospecha de EK en la infancia, siendo en Japón del 9% los casos de IAM y muerte súbita(10).

Otras vasculitis

Vasculitis ANCA

Poliangeítis con granulomatosis (PAG)

Anteriormente denominada granulomatosis de Wegener, es una vasculitis granulomatosa que afecta a vasos de pequeño calibre, principalmente a nivel renal y de vías respiratorias altas y bajas. Los criterios clasificatorios son: inflamación granulomatosa en la pared arterial o el área perivascular, afectación de vía aérea superior, afectación laríngea-traqueo-bronquial, afectación pulmonar, ANCA positivos (MPO o PR3) y afectación renal en forma de proteinuria, hematuria o glomerulonefritis necrotizante(18).

Poliangeítis granulomatosa eosinofílica (PGE)

Previamente denominada síndrome de Churg-Strauss, es una vasculitis necrotizante de pequeño vaso con un intenso infiltrado eosinofílico. La localización más frecuentemente es el tracto respiratorio y a nivel cardiovascu­lar. Clínicamente, se caracteriza por presentarse como: asma severa, rinitis alérgica y lesiones cutáneas(18).

Poliangeítis microscópica (PAM)

Es otra vasculitis asociada a positividad ANCA, especialmente a anti-MPO. Afecta a vasos de pequeño calibre, principalmente a nivel pulmonar y renal, siendo la glomerulonefritis necrotizante su afectación más característica(18).

Vasculitis mediano vaso

La PAN es una vasculitis de mediano vaso. Su diagnóstico definitivo es una combinación de clínica compatible (alteraciones cutáneas, mialgias, hipertensión arterial, neuropatía periférica y afectación renal) junto a una anatomía patológica con necrosis en los vasos y/o la existencia de alteraciones en la angiografía, como: aneurismas, estenosis u oclusión de vasos. Se desconoce su etiopatogenia, aunque existen factores que predisponen a la patología, como se ha demostrado la asociación de PAN con mutaciones en el gen MEFV. En los últimos años, se ha identificado que el déficit de ADA2 (adenosina desaminasa 2), causado por una alteración en el gen CERC1, presenta en algunos pacientes un cuadro similar a una PAN (v. más adelante)(16).

Vasculitis gran vaso

La arteritis de Takayasu es una vasculitis granulomatosa que afecta predominantemente a la aorta y sus ramas primarias (subclavias, carótidas, arco aórtico, aorta abdominal, pulmonares…). Esta vasculitis predomina en países asiáticos y en mujeres entre la 2ª y 3ª década de la vida. Los criterios de clasificación son alteraciones angiográficas de la aorta o sus ramas principales, mostrando aneurismas/dilatación (criterio obligatorio), más 1 de los siguientes 5 criterios: déficit de pulso o claudicación, discrepancia en tensión arterial, soplos, hipertensión arterial y elevación de reactantes de fase aguda(2-16).

Vasculitis monogénicas

Mención especial por su importancia en el diagnóstico diferencial, a pesar de ser muy poco frecuentes, merecen un grupo de enfermedades autoinflamatorias monogénicas que cursan con afectación predominantemente vascular y entre las que cabe destacar las que se citan a continuación.

Síndrome DADA2

La deficiencia de la adenosina desaminasa tipo 2 está causada por mutaciones en el gen CECR1, con un patrón de herencia autosómico recesivo. Supone uno de los principales diagnósticos diferenciales de la panarteritis nodosa, con la que comparte similitudes clínicas y anatomopatológicas. Se han descrito varios fenotipos de presentación. El fenotipo clásico se manifiesta como: fiebre recurrente, lesiones cutáneas en forma de livedo racimosa y ulceraciones digitales, afectación neurológica en forma de infartos cerebrales (lacunares) o neuropatía periférica. Desde el punto de vista histológico, es una vasculitis necrosante sistémica que afecta a vasos de mediano calibre. Analíticamente, podemos encontrar: elevación de reactantes de fase aguda inespecíficos (PCR, VSG, leucocitosis) y, en algunos casos, se observan citopenias e hipogammglobulinemia de IgM. El diagnóstico se lleva a cabo mediante la cuantificación de la actividad enzimática de la enzima adenosina desaminasa, encontrándose disminuida en los pacientes afectos. El diagnóstico definitivo es la confirmación genética de mutaciones en el gen CECR1. El tratamiento que ejerce un buen control sobre la enfermedad son los fármacos biológicos anti TNF (etanercept, infliximab, adalimumab). En las formas clínicas con inmunodeficiencia o aplasia importante, el tratamiento es el trasplante hematopoyético(19).

Síndrome de SAVI

El síndrome de SAVI (o STING-Associated Vasculopathy with Onset in Infancy) es una enfermedad autoinflamatoria causada por mutaciones en el gen TMEM173, que regula la proteína STING encargada de regular la producción de interferón B (IFN-B). En los pacientes afectos hay una producción elevada de IFN-B. El patrón de herencia es autosómico dominante. Clínicamente, se manifiesta desde los primeros meses de vida por: fiebre recurrente, lesiones cutáneas violáceas acrales, telangiectasias, infartos e ulceraciones digitales distales y de pabellones auditivos y cartílago nasal, así como livedo reticular. Es característica la enfermedad pulmonar intersticial. Histopatológicamente, se observa una vasculopatía inflamatoria de pequeño vaso con afectación exclusiva de capilares. Los pacientes con síndrome de SAVI presentan una firma elevada de los genes que codifican el IFN, siendo útil como biomarcador para el diagnóstico y monitorización de la enfermedad. El diagnóstico se realiza confirmando las mutaciones genéticas en el gen TMEM173. Dentro de las opciones de tratamiento, los fármacos que parecen más eficaces son los inhibidores de las JAK (baricitinib, tofacitinib y ruxolitinib), ya que bloquean la vía de señalización del IFN(19).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Diagnóstico diferencial inicial con otros cuadros clínicos sugestivos de vasculitis.

• En la VIgA, el manejo inicial es conservador, reservando los corticoides para casos graves de afectación gastrointestinal, orquitis, afectación SNC, nefritis o hemorragia pulmonar. El uso de corticoides no previene la afectación renal.

• El pediatra de Atención Primaria es clave en el control periódico ambulatorio. Se recomienda monitorizar la función renal, al menos, durante los primeros 6 meses tras el diagnóstico (toma de tensión arterial y cribado proteinuria/hematuria) para detectar de forma precoz la nefritis secundaria por VIgA.

• Es importante tener un alto índice de sospecha diagnóstica en aquellos pacientes con cuadros de fiebre sin foco, para realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad de Kawasaki. Destacar la importancia del inicio del tratamiento dentro de los 10 primeros días de la enfermedad, para disminuir el riesgo de afectación coronaria. Igualmente es importante el seguimiento cardiológico posterior.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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15. De Graeff N, Groot N, Ozen S, Eleftheriou D, Avcin T, Bader-Meunier B, et al. European consensus-based recommendations for the diagnosis and treatment of Kawasaki disease – the SHARE initiative. Rheumatology. 2018; 58: 672-82.

16.*** De Graeff N, Groot N, Brogan P, Ozen S, Avcin T, Bader-Meunier B, et al. European consensus-based recommendations for the diagnosis and treatment of rare paediatric vasculitides-the SHARE initiative. Rheumatol (United Kingdom). 2019; 58: 656-71.

17. Kobayashi T, Saji T, Otani T, Takeuchi K, Nakamura T, Arakawa H, et al. Efficacy of immunoglobulin plus prednisolone for prevention of coronary artery abnormalities in severe Kawasaki disease (RAISE study): a randomised, open-label, blinded-endpoints trial. Lancet. 2012; 379: 1613-20.

18. David A. Cabral, Kimberly A. Morishita. Antineutrophil Cytoplasmic Antibody Associated Vasculitis. Petty,Laxer, Lindsley, Wedderburn, Mellins, Fuhlbrigge. Pediatric Rheumatology. Eighth edition. Philadelphia. Elsevier. 2021; 36: 484-97.

19. Hernández-Rodríguez J, Prieto-González S, Espígol-Frigolé G, Cid MC. Nuevos síndromes autoinflamatorios con vasculopatía inflamatoria (síndrome de DADA2 y síndrome de SAVI). José Hernández-Rodríguez, Juan Ignacio Aróstegui, Jordi Yagüe. Avances en enfermedades autoinflamatorias. Marge Books; 2015. p. 155-69.

Bibliografía recomendada

– Ruperto N, Ozen S, Pistorio A, Dolezalova P, Brogan P, Cabral DA, et al. EULAR/PRINTO/PRES criteria for Henoch-Schönlein purpura, childhood polyarteritis nodosa, childhood Wegener granulomatosis and childhood Takayasu arteritis: Ankara 2008. Part I: Overall methodology and clinical characterisation. Ann Rheum Dis. 2010; 69: 790-7.

Artículo de revisión donde se establecen los criterios clasificatorios validados para varias vasculitis en población pediátrica. Ankara 2008.

– Ozen S, Marks SD, Brogan P, Groot N, De Graeff N, Avcin T, et al. European consensus-based recommendations for diagnosis and treatment of immunoglobulin A vasculitis-the SHARE initiative. Rheumatol (United Kingdom). 2019; 58: 1607-16.

Últimas recomendaciones Europeas elaboradas por el grupo SHARE para el diagnóstico y tratamiento de la vasculitis por IgA. Indicaciones de cuándo realizar biopsia renal y manejo de la nefritis por IgA.

– McCrindle BW, Rowley AH, Newburger JW, Burns JC, Bolger AF, Gewitz M, et al. Diagnosis, treatment, and long-term management of Kawasaki disease: A scientific statement for health professionals from the American Heart Association. Circulation. 2017; 135: 927-99.

Recomendaciones bien detalladas y estructuradas de la American Heart Association sobre el manejo de la enfermedad de Kawasaki.

– Tascón AB, Malfaz FC, Sombrero HR, Fernández-Cooke E, Sánchez-Manubens J, Pérez-Lescure Picarzo J. Consenso nacional sobre diagnóstico, tratamiento y seguimiento cardiológico de la enfermedad de Kawasaki. An Pediatría. 2019; 90: 135-6.

Consenso nacional completo y práctico con algoritmos diagnósticos y de tratamiento sobre el manejo de la enfermedad de Kawasaki.

– De Graeff N, Groot N, Brogan P, Ozen S, Avcin T, Bader-Meunier B, et al. European consensus-based recommendations for the diagnosis and treatment of rare paediatric vasculitides-the SHARE initiative. Rheumatol (United Kingdom). 2019; 58: 656-71.

Últimas recomendaciones europeas elaboradas por el grupo SHARE para el diagnóstico y tratamiento de la vasculitis en la edad pediátrica.

 

Caso clínico

 

Varón de 4 años que consulta en Urgencias por presentar, desde hace 48 horas, lesiones eritematosas en extremidades inferiores que han ido progresando, afectando a brazos, con edema en manos y pies doloroso, asocia leve dolor abdominal. Afebril, antecedente hace 1 semana de proceso respiratorio de vías altas.

Exploración

Hemodinámicamente estable con TA 109/73 mmHg, lesiones purpúricas palpables en extremidades inferiores y superiores, tronco y cara, confluentes a nivel de nalgas. Edema de manos y pies doloroso al tacto, dolor abdominal a la palpación profunda sin signos de irritación peritoneal, sin masas ni megalias.

Pruebas complementarias

• Analítica:

– Hemograma: Hb: 12,9 g/dl; Hto: 36,6%; plaquetas: 424.000mm3; leucocitos: 9.700 mm3.

– Bioquímica: creatinina: 0,43 mg/dl; urea: 31 mg/dl; PCR: 10,9 mg/L; proteínas: 60 g/L; albúmina: 38 g/L.

• Bioquímica urinaria: sin hematuria; Índice Pr/Cr: 0,18.

Evolución

Se ingresa para control del dolor, iniciando a las 24 horas aumento en la intensidad del dolor abdominal y cuadro de vómitos asociado. Se realiza ecografía abdominal con escaso líquido libre en pelvis y escaso edema de asas intestinales y hemoglobina en heces positiva.

 

 

algoritmo

 

Artritis idiopática juvenil

Temas de FC


C. Millán Longo*, S. Murias Loza**

*Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid. **Área de Gestión Clínica de Pediatría. Hospital Universitario Central de Asturias. Oviedo

Resumen

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. Se identifican siete categorías, cada una de ellas con unos rasgos clínicos diferenciadores. Las formas clínicas más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis factor reumatoide negativo. El diagnóstico es de exclusión y se basa en una anamnesis y exploración física correctas. Las principales complicaciones son las secuelas esqueléticas y la uveítis anterior. El síndrome de activación macrofágica es la complicación más grave de la categoría sistémica de AIJ. El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ. Los fármacos biológicos han mejorado significativamente el pronóstico de esta enfermedad.

 

Abstract

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in childhood. It is defined as arthritis of unknown origin, lasting for at least 6 weeks and with onset before 16 years of age. The current classification identifies seven different categories. The most common clinical forms are oligoarthritis and rheumatoid factor-negative polyarthritis. The diagnosis of JIA needs the exclusion of other diseases. An accurate clinical history and whole physical examination are needed. The main complications are skeletal sequelae and anterior uveitis. Macrophage activation syndrome is the most severe complication of systemic JIA. The treatment should be individualized according to the subtype of JIA. Biologic drugs have significantly improved the prognosis of this disease.

 

Palabras clave: Artritis idiopática juvenil; Uveítis; Fármacos biológicos.

Key words: Juvenile Idiopathic Arthritis; Uveitis; Biological Agents.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 141 – 150

 


OBJETIVOS

• Conocer los principales aspectos etiológicos y mecanismos fisiopatogénicos de la enfermedad.

• Profundizar en la clasificación actualmente vigente y conocer las características clínicas e inmunológicas de cada categoría, así como los rasgos diferenciadores de cada una de ellas.

• Realizar una aproximación diagnóstica adecuada ante un paciente con sospecha de artritis inflamatoria en la edad pediátrica.

• Conocer los principios del manejo terapéutico en un paciente con artritis idiopática juvenil, así como las generalidades de los fármacos empleados hoy en día.

• Conocer las complicaciones asociadas a la enfermedad y la importancia del seguimiento y las actividades preventivas, para mejorar el pronóstico y la calidad de vida del paciente.

Artritis idiopática juvenil

Introducción

La artritis idiopática juvenil es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y agrupa un conjunto heterogéneo de enfermedades.

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la edad pediátrica y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. El término AIJ es un término “paraguas” que engloba un grupo heterogéneo de enfermedades, tanto desde el punto de vista clínico como fisiopatológico e inmunológico(1-3).

Desde la primera descripción de la enfermedad por George Frederic Still en 1897(4), y gracias al conocimiento de la enfermedad que se ha ido generando progresivamente, sabemos que la AIJ difiere de la artritis crónica de los adultos y podemos, por tanto, considerarla como una entidad diferente, con la excepción de las formas poliarticular factor reumatoide (FR) positivo y artritis relacionada con entesitis (ARE), similares a la artritis reumatoide y a la espondilitis anquilosante, respectivamente(1).

El término artritis idiopática juvenil es el que se emplea desde la propuesta de la International League of Associations for Rheumatology (ILAR) de 1995(5) y sustituye a los anteriormente utilizados “artritis reumatoide juvenil” de la American College of Rheumatology (ACR)(6) y “artritis crónica juvenil” de la European League Against Rheumatism (EULAR)(7).

Clasificación

La clasificación actual diferencia siete categorías de AIJ.

La clasificación de la ILAR, revisada posteriormente y aceptada en Edmonton en 2001(8), es la actualmente vigente (Tabla I) y la que se emplea tanto con fines clínicos como de investigación. Esta clasificación identifica siete categorías de AIJ, excluyentes entre sí, conforme a las características clínicas e inmunológicas durante los 6 primeros meses de enfermedad. Cabe mencionar que esta clasificación está siendo objeto de revisión desde 2019(9) y se esperan modificaciones próximamente.

 

Epidemiología

La frecuencia poblacional de la AIJ es variable y los subtipos más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis FR negativo.

La incidencia y prevalencia de la AIJ son variables, debido a diferencias ambientales, genéticas y sociales entre las distintas poblaciones, con un importante infradiagnóstico de la enfermedad en países en desarrollo(2).

Globalmente, se estima una incidencia entre 1,6-23/100.000 niños menores de 16 años al año y una prevalencia entre 3,8-400/100.000 niños menores de 16 años(10). En general, es más frecuente en niñas que en niños (2:1), con excepciones, y la edad de presentación es variable(11). Entre las distintas categorías de AIJ, las más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis FR negativo, mientras que la artritis psoriásica y la poliartritis FR positivo son las menos frecuentes(1). En la tabla II se resumen las características epidemiológicas de las distintas categorías.

 

Etiopatogenia(1,2)

Se plantea una etiología multifactorial de la AIJ. La categoría sistémica es la que más difiere fisiopatológicamente de las demás al ser una enfermedad autoinflamatoria.

Los mecanismos etiopatogénicos de la AIJ no se conocen completamente. Se considera la implicación de factores genéticos y ambientales en la desregulación del sistema inmune, aunque la variedad de las formas clínicas sugiere la presencia de diferentes mecanismos patogénicos subyacentes.

En cuanto a las bases genéticas de la AIJ, las categorías oligoartritis y poliartritis FR negativo han sido las más estudiadas, encontrando asociación con los alelos HLA-DRB1*08, HLA-DRB*11 y HLA-DRB*13. La poliartritis FR positivo, así como la artritis reumatoide del adulto, se han asociado al alelo HLA-DRB1*04. En cuanto a las restantes categorías, la ARE se ha asociado al alelo HLA-B27, y la artritis psoriásica, al gen del receptor de IL-23 (IL-23R). La genética de la AIJ sistémica es menos conocida, aunque parece existir asociación con el alelo HLA-DRB1*11.

La categoría de AIJ que más difiere fisiopatológicamente de las demás es la sistémica. En esta, es la inmunidad primaria o innata la que se ve alterada, a diferencia de las otras formas de AIJ, en las que la inmunidad secundaria o adaptativa es la responsable. De esta forma, la AIJ sistémica se considera una enfermedad autoinflamatoria y está mediada por citoquinas proinflamatorias y no existe producción de autoanticuerpos, mientras que las otras formas de AIJ son enfermedades autoinmunes.

Con relación a los mecanismos de la respuesta inflamatoria, tanto mediadores como perpetuadores de la misma, cabe subrayar la implicación tanto de células dendríticas, células NK y macrófagos, así como de linfocitos T CD4+ y CD8+, linfocitos B y células plasmáticas. Todas ellas se acumulan e infiltran el tejido sinovial, donde actúan las citoquinas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral (TNF), interferón-γ (IFN-γ) e IL-17, entre otras. Los linfocitos B son, además, los productores de los autoanticuerpos que juegan un papel fundamental en varias de las formas de AIJ: el FR y los anticuerpos antinucleares (ANA). Es importante destacar que la presencia de ANA se considera, cada vez con mayor solidez, un criterio diferenciador de las distintas formas de AIJ.

Clínica

La artritis es la manifestación común de la mayoría de las formas clínicas de AIJ. Cada categoría presenta unas características clínicas diferenciadoras.

La artritis es el síntoma común de la mayoría de los subtipos de AIJ(12) y se manifiesta como tumefacción y/o limitación articular, que es más evidente en los últimos grados de movilidad y en extensión. Puede presentarse con aumento de temperatura local, aunque sin eritema de la piel adyacente, y el dolor es variable, en general de intensidad leve o moderada. La rigidez matutina y tras el reposo es una de las manifestaciones clínicas más características, puede condicionar una alteración de la marcha o cojera y mejora con la actividad física y a lo largo del día.

Además de la artritis, la tenosinovitis, entesitis y dactilitis son otras de las manifestaciones articulares de la AIJ(1):

• Tenosinovitis: inflamación de las vainas tendinosas (Fig. 1). Es frecuente y suele ir acompañada de artritis de las articulaciones adyacentes. Las localizaciones más frecuentes son los aparatos extensores del dorso de la mano y dorso del pie y los tendones tibial posterior y peroneos.

Figura1

Figura 1. Artritis de carpo con tenosinovitis de las vainas extensoras. Se observa además artritis de articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas proximales segunda y cuarta.

• Entesitis: inflamación de las entesis, es decir, el lugar de inserción de ligamentos, tendones y fascias en el hueso. Las localizaciones más frecuentes de entesitis en la AIJ son: la inserción del ligamento rotuliano en la rótula y tuberosidad tibial, la inserción del tendón de Aquiles en el calcáneo (Fig. 2) y la inserción de la fascia plantar en el calcáneo, base del quinto metatarsiano y cabezas de los metatarsianos primero al quinto.

Figura

Figura 2. Entesitis aquílea derecha.

• Dactilitis: tumefacción uniforme de todo un dedo, secundaria a inflamación del aparato tendinoso y tejidos blandos periarticulares, resultando en la típica apariencia de “dedo en salchicha”. En ocasiones, el dedo presenta una tumefacción fusiforme, más acentuada en la base del dedo y articulación interfalángica proximal.

Los síntomas sistémicos como: fiebre, astenia, pérdida de peso y anorexia, son frecuentes en la AIJ sistémica y pueden estar presentes en la forma poliarticular(12).

Dada la variabilidad existente entre las diferentes formas clínicas de AIJ, se expondrán a continuación los rasgos característicos de cada una de ellas por separado(1-3).

Oligoartritis

Es el subtipo más frecuente de AIJ y suele ocurrir en niñas menores de 6 años. Se caracteriza por una artritis asimétrica de grandes articulaciones, con principal afectación de miembros inferiores. Las articulaciones mayormente implicadas son: la rodilla y el tobillo, y la presentación monoarticular no es infrecuente en el debut. Se denomina oligoartritis persistente si tras los primeros 6 meses afecta como máximo a cuatro articulaciones, y oligoartritis extendida si el número de articulaciones afectadas asciende a cinco o más tras dicho periodo de tiempo, disminuyendo la probabilidad de entrar en remisión a largo plazo.

Los reactantes de fase aguda (RFA) suelen ser normales o estar discretamente elevados, y hasta el 70% de los pacientes presenta ANA positivos a títulos bajos. Aproximadamente, un tercio de los pacientes desarrolla uveítis anterior crónica (UAC), típicamente asintomática, por lo que se recomienda realizar controles oftalmológicos periódicos(13) (Tabla III) para su diagnóstico y tratamiento precoces y evitar así complicaciones secundarias (sinequias, queratopatía en banda, cataratas, edema macular y glaucoma).

 

Poliartritis FR negativo

Es una categoría heterogénea en la que se identifican dos formas clínicas principales:

1. Artritis asimétrica de comienzo precoz antes de los 6 años y predominantemente en niñas, ANA positivos y con riesgo aumentado de UAC. Es equivalente a la AIJ oligoarticular, pero con mayor número de articulaciones afectadas.

2. Artritis simétrica de grandes y pequeñas articulaciones de comienzo en edad escolar, sin predominio de sexo, ANA negativos y con elevación de RFA. Es el subtipo equivalente a la artritis reumatoide seronegativa del adulto.

Además, en un pequeño grupo de pacientes puede identificarse una “sinovitis seca”, una forma de poliartritis con escasa tumefacción articular, pero asociada a rigidez y limitación significativas, contracturas y deformidades articulares y con peor respuesta al tratamiento.

Los pacientes que asocian una mayor inflamación sistémica, con astenia, elevación de RFA y anemia, es frecuente que presenten retraso del crecimiento, el cual tiende a normalizarse tras el inicio del tratamiento y el control de la enfermedad.

Poliartritis FR positivo

Representa menos del 5% de los pacientes con AIJ. Se presenta típicamente en niñas adolescentes y se caracteriza por una poliartritis simétrica de pequeñas articulaciones, sobre todo de las manos, elevación de RFA y presencia de anticuerpos antipéptidos citrulinados. La presentación clínica y el pronóstico son superponibles a la artritis reumatoide del adulto y, de la misma forma, puede evolucionar hacia una artritis destructiva.

Artritis relacionada con entesitis

Afecta principalmente a varones en edad escolar o adolescentes, y el 50-90% son HLA-B27 positivo. Suele ser una artritis asimétrica y oligoarticular, sobre todo de miembros inferiores. Es característica la afectación de cadera y tarso, poco frecuente en otras formas de AIJ, por lo que una artritis en estas localizaciones debe orientarnos hacia este diagnóstico. A diferencia de la espondilitis anquilosante del adulto, la artritis en el niño suele ser inicialmente periférica y la afectación axial en forma de sacroilitis suele desarrollarse más adelante en el curso de la enfermedad.

La entesitis es criterio diagnóstico de ARE y la manifestación clínica distintiva frente a otros subtipos de AIJ. Dado que las entesis más afectadas son las inserciones del ligamento rotuliano, el tendón de Aquiles y la fascia plantar, se debe realizar diagnóstico diferencial con las osteocondrosis de dichas localizaciones, es decir, la enfermedad de Osgood-Schlatter (tuberosidad tibial), el síndrome de Sinding-Larsen-Johansson (polo inferior de la rótula) y la enfermedad de Sever (calcáneo).

La categoría ARE también se asocia a uveítis anterior, aunque en este caso es aguda y sintomática, con ojo rojo, dolor y fotofobia, cursa en brotes y se asocia a menos complicaciones oculares que la UAC.

Artritis psoriásica

Es una categoría heterogénea y no bien definida en la que se distinguen dos grupos diferentes de pacientes:

1. Presentación similar a la AIJ oligoarticular, con oligoartritis asimétrica de inicio en edades tempranas, ANA positivos y asociado a UAC.

2. Presentación similar a la ARE y a la artritis psoriásica del adulto, con entesitis, afectación axial y HLA-B27 positivo. Estos pacientes habitualmente son excluidos de esta categoría de AIJ por los criterios de exclusión según la clasificación ILAR y suelen categorizarse como artritis indiferenciadas.

Una característica típica de la AIJ psoriásica es la presencia de dactilitis, así como la afectación de las articulaciones interfalángicas distales.

Sistémica

Es el subtipo que más difiere del resto, puesto que, como ya se ha comentado previamente, se trata de una enfermedad autoinflamatoria y no autoinmune. Afecta por igual a varones y mujeres y puede ocurrir a cualquier edad.

La artritis es habitualmente simétrica y poliarticular, aunque no siempre está presente inicialmente, lo que puede dificultar el diagnóstico. La fiebre se caracteriza por presentarse en picos vespertinos de fiebre alta, asociados a: afectación del estado general, mialgias, dolor abdominal y exantema, típicamente rosa-asalmonado, macular, localizado en tronco y raíz de miembros y evanescente. Otras manifestaciones acompañantes son: la serositis, las adenopatías y hepato-esplenomegalia, como puede ocurrir en otros procesos autoinflamatorios. En la analítica observamos: anemia, leucocitosis con neutrofilia, trombocitosis y elevación de RFA, ferritina, transaminasas y D-dímero. No se detectan autoanticuerpos. El 50% de los casos evoluciona a una forma poliarticular persistente, de difícil control y peor pronóstico.

Es importante destacar que, en la nueva propuesta de clasificación de 2019(9) y que está todavía en estudio, la artritis deja de ser un criterio obligado para el diagnóstico, por lo que podríamos diagnosticar a un paciente de AIJ sistémica en ausencia de esta (Tabla IV).

El síndrome de activación macrofágica (SAM) es la complicación más grave de la AIJ sistémica(14). Ocurre en el 10-15% de los pacientes, aunque casi en la mitad de los casos puede presentarse de forma subclínica, y puede desarrollarse tanto al inicio de la enfermedad como durante su evolución posterior. La mortalidad es elevada (8-20%), por lo que debe detectarse y tratarse precozmente. Clínicamente, se caracteriza por un empeoramiento rápido del paciente secundario a un estado de hiperinflamación (“tormenta de citoquinas”) con: fiebre continua, hepato-esplenomegalia y afectación variable del sistema nervioso central, asociado a alteraciones analíticas características. En la tabla V se muestran sus criterios diagnósticos.

Se resumen en la tabla VI las principales complicaciones de la AIJ.

 

Diagnóstico

Son fundamentales una anamnesis exhaustiva y una exploración física completa, así como la realización de pruebas complementarias dirigidas según la sospecha diagnóstica.

La AIJ es un diagnóstico de exclusión(3), por lo que para llegar a él es necesario descartar otras causas de artritis(3,15-17). A continuación, se detallan cuestiones importantes sobre la anamnesis, la exploración física y las pruebas complementarias a la hora del diagnóstico de la AIJ.

En la anamnesis es preciso indagar sobre los siguientes aspectos:

• Tiempo de evolución de los síntomas: el diagnóstico de AIJ requiere un mínimo de 6 semanas de duración de la artritis.

• Características del dolor: ritmo inflamatorio (rigidez matutina y tras el reposo, con mejoría tras actividad física) frente a ritmo mecánico en otras patologías y predominio de la rigidez frente al dolor (importante para el diagnóstico diferencial de artritis infecciosas).

• Caracterización de la afectación articular: número de articulaciones afectadas, localización (simétrica o asimétrica, periférica o axial).

• Síntomas extraarticulares: sistémicos (fiebre, afectación del estado general), cutáneos (exantema, lesiones cutáneas; Fig. 3), gastrointestinales (dolor abdominal, alteración del ritmo deposicional) u oculares (dolor, ojo rojo, fotofobia, disminución de la agudeza visual).

Figura

Figura 3. Psoriasis.

• Antecedentes familiares de artritis, psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal, uveítis u otras enfermedades autoinmunes.

En cuanto a la exploración física, es necesario realizar tanto un examen físico general como una exploración del aparato locomotor completa:

• Examen físico general: buscar exantemas, lesiones cutáneas, hoyuelos ungueales sugestivos de psoriasis, adenopatías y visceromegalias.

• Aparato locomotor: se debe realizar la exploración de forma ordenada y sistemática, comenzando por observar la actitud espontánea del paciente, valorando posturas antiálgicas y la marcha. Recordemos que la artritis se define como tumefacción y/o limitación articular por dolor y que las articulaciones profundas, como hombro, cadera y sacroilíacas, no muestran tumefacción. Podemos encontrar, además: tenosinovitis, dactilitis o entesitis. En los casos de artritis de larga evolución, pueden existir hipotrofias musculares secundarias a una menor utilización de la extremidad afectada (Fig. 4).

Figura

Figura 4. Artritis de rodilla con actitud en flexo (imposibilidad para la extensión completa), de tobillo y tarso derechos, asociado a hipotrofia de gastrocnemio derecho.

Además, dado que la inflamación mantenida conlleva una mayor vascularización de la zona, pueden desarrollarse dismetrías por el aumento temporal de la velocidad de crecimiento durante el proceso inflamatorio activo a favor de la extremidad afectada. El pGALS es una herramienta de valoración del aparato locomotor orientada al pediatra general y que permite detectar, de forma rápida y sencilla, alteraciones esqueléticas que pueden traducir la existencia de una enfermedad reumática(18).

Las pruebas complementarias deben realizarse de forma dirigida y partiendo de una anamnesis y exploración física compatibles:

• Estudios de laboratorio: analítica sanguínea (hemograma, bioquímica básica con función hepática y renal, PCR, VSG, ANA, FR, HLA-B27), serologías de patógenos frecuentes (VHB, VHC, VIH, CMV, VEB, parvovirus B19), Mantoux u otras pruebas de detección de tuberculosis y sistemático de orina.

• Ecografía articular: es la técnica más accesible y de elección para detectar el derrame articular o hipertrofia sinovial (Fig. 5).

Figura

Figura 5. Imagen ecográfica de artritis de cadera.

• Radiografía simple: poco utilizada en la edad pediátrica, aunque útil para cuantificar el daño crónico (disminución del espacio articular, erosiones) y para descartar otros procesos (neoplasias, fracturas y otros procesos traumatológicos).

• Resonancia magnética: es la técnica más sensible para detectar derrame articular, estudiar el cartílago y las partes blandas periarticulares (tendones, ligamentos), a la vez que descartar otros procesos, aunque es menos utilizada por: su alto coste, difícil acceso en algunos centros y necesidad de sedación en los pacientes más pequeños. Sin embargo, está especialmente indicada para evaluar la articulación temporomandibular (ATM), la columna cervical y las articulaciones sacroilíacas(1).

• Estudio de líquido articular(17): mediante artrocentesis se obtiene un líquido amarillento, turbio, ligeramente viscoso (Fig. 6), y con una celularidad intermedia, cuyo cultivo es estéril.

Figura

Figura 6. Líquido articular obtenido de artrocentesis de rodilla.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es lograr la remisión clínica a corto y largo plazo y, para ello, los fármacos biológicos han jugado un papel clave en los últimos años.

El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ, la presentación y el curso clínico de la enfermedad. El objetivo principal es lograr la inactividad clínica, atajando la inflamación y controlando los síntomas, con el objetivo secundario de mantener la remisión a largo plazo, para conseguir un crecimiento y desarrollo normales, evitar secuelas y disfrutar de una calidad de vida similar a la población sana(19).

Las diferentes sociedades científicas han desarrollado guías terapéuticas(20,21); en general, planteando una pauta escalonada de tratamiento. Sin embargo, en los últimos años, se tiende a seguir una estrategia treat-to-target, que consiste en buscar el control de la enfermedad de forma rápida y utilizando los fármacos que sean necesarios según el grado de afectación(2,19). Para evaluar la actividad y monitorizar la enfermedad de forma prospectiva, el índice de actividad más utilizado es el Juvenile Arthritis Disease Activity Score (JADAS)(22).

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Se utilizan como tratamiento sintomático. No modifican la evolución de la enfermedad ni controlan la inflamación a largo plazo.

Glucocorticoides (GC)

Se suelen emplear los GC intraarticulares, de forma aislada o en combinación con otros tratamientos, en función del número y tipo de articulaciones afectadas. En ocasiones, está recomendado el empleo de GC orales como terapia puente hasta conseguir el control clínico en los casos de actividad moderada o alta y en función del tipo de afectación. Preferiblemente, se debe limitar su empleo durante el menor tiempo posible.

Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME)

El más utilizado es el metotrexato (MTX), antagonista del ácido fólico, que se puede administrar tanto por vía oral como subcutánea. Su máximo efecto terapéutico puede demorarse 6-8 semanas. Sus efectos secundarios principales son la intolerancia digestiva y la hipertransaminasemia, que suele ser leve y transitoria al disminuir la dosis.

Biológicos

Han revolucionado el tratamiento de la AIJ desde comienzos del siglo XXI. En general, son bien tolerados y sus perfiles de seguridad son favorables. Se pueden emplear en monoterapia o en combinación con otros tratamientos, generalmente MTX.

Los principales fármacos biológicos utilizados son: antagonistas del factor de necrosis tumoral alfa (etanercept, adalimumab, infliximab, golimumab), antagonistas de IL-1 (anakinra, canakinumab), antagonista de IL-6 (tocilizumab) y antagonista de linfocitos T (abatacept).

Inhibidores de Janus quinasas (inhibidores JAK)

Están en investigación como tratamiento de la AIJ, para su uso en monoterapia o asociados a otros fármacos.

Seguimiento

Es preciso mantener un seguimiento regular para monitorizar la actividad clínica, detectar complicaciones y ajustar el tratamiento de forma individualizada, según la evolución.

La AIJ es una enfermedad crónica de curso clínico variable y que puede alternar periodos de remisión con periodos de inflamación activa(3). Factores asociados a un peor pronóstico son: presentación poliarticular, afectación de carpo, cadera o tobillo, y la presencia de FR. En cuanto a la uveítis asociada a AIJ, los pacientes con más riesgo de padecer esta complicación son los menores de 6 años con ANA positivos y durante los primeros 4 años de la enfermedad(2).

Es preciso mantener un seguimiento periódico para monitorizar la actividad clínica y el tratamiento(3):

• Revisiones clínicas: se realizan cada 3-4 meses. El objetivo es evaluar la actividad y vigilar la aparición de complicaciones: dismetría tras la artritis asimétrica de extremidades inferiores, siendo necesario el empleo de alzas en el miembro más corto y que se suele corregir parcial o totalmente con el tiempo; talla baja secundaria a la inflamación persistente y el uso prolongado de GC y alteraciones del desarrollo mandibular secundarias a artritis de la ATM.

• Controles analíticos: se realizan cada 3-4 meses en los pacientes que reciben tratamiento farmacológico, para monitorizar hemograma, función hepática y renal y RFA.

• Controles oftalmológicos(13): en los pacientes sin antecedentes de uveítis, la periodicidad de las revisiones viene fijada por el subtipo de AIJ, la edad de debut y el tiempo de evolución. En los pacientes con uveítis activa o previa, las revisiones se realizarán según indicación del servicio de Oftalmología en función del grado de actividad, para ajustar el tratamiento y asegurar un buen control de la uveítis con la mínima toxicidad posible.

En cuanto a las actividades preventivas y hábitos de vida saludable, recomendados en los pacientes con AIJ(3):

• Dieta y suplementos: se recomienda seguir una dieta sana y equilibrada al igual que en el resto de la población infantil, puesto que no hay evidencia de que restricciones o modificaciones de las pautas alimentarias aporten beneficios en los pacientes con AIJ. Se recomienda la suplementación con ácido fólico si reciben tratamiento con MTX y la suplementación con calcio y vitamina D si reciben GC a altas dosis y durante un tiempo prolongado.

• Actividad física: no es necesario limitar el ejercicio físico. En la situación de artritis activa, el dolor y la rigidez mejoran con la actividad y en los periodos de remisión es igualmente beneficiosa y recomendable para estimular la recuperación de la masa muscular.

• Vacunaciones(23): las vacunas de virus vivos atenuados están contraindicadas en los pacientes que reciben tratamiento con GC, inmunomoduladores o biológicos. Por otro lado, está recomendada la administración de la vacuna frente a la hepatitis A en los que reciben MTX o tocilizumab, la vacuna meningocócica tetravalente ACWY en la adolescencia y la vacuna frente a meningococo B y la gripe estacional en todos los casos.

Función del pediatra de Atención Primaria

• La actuación del pediatra de Atención Primaria es fundamental a la hora de sospechar y reconocer la enfermedad, puesto que un diagnóstico y tratamiento precoces mejoran el pronóstico y disminuyen el riesgo de complicaciones y secuelas.

• Ante la sospecha de AIJ, está indicado iniciar tratamiento sintomático con AINE a dosis antiinflamatorias hasta que el paciente sea valorado por un reumatólogo pediátrico.

• Se recomienda la derivación precoz a un centro especializado en Reumatología Pediátrica para completar la valoración y confirmar el diagnóstico lo antes posible.

• El pediatra de Atención Primaria, de forma coordinada con el reumatólogo especialista, juega un papel fundamental en el seguimiento de los pacientes con AIJ, para despistaje y detección de posibles complicaciones derivadas de la enfermedad o de los tratamientos empleados.

• La actualización del calendario vacunal, así como la administración del resto de vacunas recomendadas en cada caso, es clave en el paciente con AIJ. Asimismo, es necesario conocer que las vacunas de virus vivos atenuados están contraindicadas en algunos pacientes y en función de los tratamientos recibidos.

• Es necesario planificar y llevar a cabo actividades preventivas y de promoción de la salud centralizadas desde el ámbito de la Atención Primaria (recomendaciones de dieta saludable, ejercicio físico) que permiten mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con AIJ.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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3.** Murias Loza S, Udaondo Gascón C. Artritis Idiopática Juvenil. En: García JJ, Cruz O, Mintegi S, Moreno JM. M. Cruz Manual de Pediatría. Madrid: Editorial Ergon; 2020. p. 1348-52.

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8.*** Petty RE, Southwood TR, Manners P, Baum J, Glass DN, Goldenberg J, et al; International League of Associations for Rheumatology. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: second revision, Edmonton, 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2.

9.*** Martini A, Ravelli A, Avcin T, Beresford MW, Burgos-Vargas R, Cuttica R, et al; Pediatric Rheumatology International Trials Organization (PRINTO). Toward New Classification Criteria for Juvenile Idiopathic Arthritis: First Steps, Pediatric Rheumatology International Trials Organization International Consensus. J Rheumatol. 2019; 46: 190-7.

10. Thierry S, Fautrel B, Lemelle I, Guillemin F. Prevalence and incidence of juvenile idiopathic arthritis. A systematic review. Joint Bone Spine. 2014; 81: 112-7.

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12. Gowdie PJ, Tse SML. Juvenile idiopathic arthritis. Pediatr Clin North Am. 2012; 59: 301-27.

13.*** Cassidy J, Kivlin J, Lindsley C, Nocton J, Section on Rheumatology; Section on Ophtalmology. Ophthalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

14.*** Ravelli A, Minoia F, Davì S, Horne A, Bovis F, Pistorio A, et al. 2016 Classification Criteria for Macrophage Activation Syndrome Complicating Systemic Juvenile Idiopathic Arthritis: A European League Against Rheumatism/American College of Rheumatology/Paediatric Rheumatology International Trials Organisation Collaborative Initiative. Arthritis Rheumatol. 2016; 68: 566-76.

15. Prabhu AS, Balan S. Approach to a Child with Monoarthritis. Indian J Pediatr. 2010; 77: 997-1004.

16. Singh S, Mehra S. Approach to Polyarthritis. Indian J Pediatr. 2010; 77: 1005-10.

17. Fernández Fraga P, Murias Loza S. Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares. Pediatr Integral. 2017; XXI: 154-9.

18.** Foster HE, Jandial S. pGALS – paediatric Gait Arms Legs and Spine: a simple examination of the musculoskeletal system. Pediatr Rheumatol Online J. 2013; 11: 44.

19.** Ravelli A, Consolaro A, Horneff G, Laxer RM, Lovell DJ, Wulffraat NM, et al. Treating juvenile idiopathic arthritis to target: recommendations of an international task force. Ann Rheum Dis. 2018; 77: 819-28.

20. Beukelman T, Patkar NM, Saag KG, Tolleson-Rinehart S, Cron RQ, DeWitt ES, et al. 2011 American College of Rheumatology recommendations for the treatment of juvenile idiopathic arthritis: initiation and safety monitoring of therapeutic agents for the treatment of arthritis and systemic features. Arthritis Care Res (Hoboken). 2011; 63: 465-82.

21. Ringold S, Angeles-Han ST, Beukelman T, Lovell D, Cuello CA, Becker ML, et al. 2019 American College of Rheumatology/Arthritis Foundation Guideline for the Treatment of Juvenile Idiopathic Arthritis: Therapeutic Approaches for Non-Systemic Polyarthritis, Sacroiliitis, and Enthesitis. Arthritis Care Res (Hoboken). 2019; 71: 717-34.

22. Trincianti C, Van Dijkhuizen EHP, Alongi A, Mazzoni M, Swart JF, Nikishina I, et al; Paediatric Rheumatology International Trials Organisation. Definition and Validation of the American College of Rheumatology 2021 Juvenile Arthritis Disease Activity Score Cutoffs for Disease Activity States in Juvenile Idiopathic Arthritis. Arthritis Rheumatol. 2021; 73: 1966-75.

23.** Comité Asesor de Vacunas de la AEP. Vacunación en niños inmunodeprimidos o con tratamiento inmunosupresor. En: Manual de vacunas de la AEP (actualizado en febrero de 2022).

Bibliografía recomendada

– Petty RE, Laxer RM, Lindsley CB, Wedderburn LR, Fuhlbrigge R, Mellins E. Textbook of pediatric rheumatology. 7th ed. Philadelphia: Elsevier; 2016.

Libro de referencia internacional de la Reumatología Pediátrica. Aborda de forma extensa y detallada, las enfermedades reumáticas en la edad pediátrica.

– Martini A, Lovell DJ, Albani S, Brunner HI, Hyrich KL, Thompson SD, et al. Juvenile idiopathic arthritis. Nat Rev Dis Primers. 2022; 8: 5.

Revisión reciente y actualizada sobre la AIJ, que trata los distintos aspectos de la enfermedad, de forma excelente.

– Petty RE, Southwood TR, Manners P, Baum J, Glass DN, Goldenberg, J et al; International League of Associations for Rheumatology. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: second revision, Edmonton, 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2.

Artículo en el que se presenta la clasificación vigente actualmente de la AIJ, con los criterios diagnósticos de cada categoría.

– Martini A, Ravelli A, Avcin T, Beresford MW, Burgos-Vargas R, Cuttica R, et al; Pediatric Rheumatology International Trials Organization (PRINTO). Toward New Classification Criteria for Juvenile Idiopathic Arthritis: First Steps, Pediatric Rheumatology International Trials Organization International Consensus. J Rheumatol. 2019; 46: 190-7.

Artículo que plantea la nueva clasificación que se ha propuesto para la AIJ y que está actualmente en estudio y validación.

– Cassidy J, Kivlin J, Lindsley C, Nocton J, Section on Rheumatology; Section on Ophtalmology. Ophthalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

Artículo en el que se presentan las recomendaciones de revisiones para la uveítis asociada a AIJ.

– Foster HE, Jandial S. pGALS – paediatric Gait Arms Legs and Spine: a simple examination of the musculoskeletal system. Pediatr Rheumatol Online J. 2013; 11: 44.

Artículo que explica la exploración del aparato locomotor de forma sistemática y sencilla.

 

Caso clínico

 

Niño de 5 años y 8 meses que presenta tumefacción y dolor en ambas rodillas, así como dolor en dedos de las manos de 5 semanas de evolución. Refiere dolor de predominio matutino con rigidez articular y cojera, que mejora a lo largo del día. No refiere procesos infecciosos previos ni síntomas digestivos ni lesiones cutáneas. Afebril en todo momento. Los padres refieren que últimamente está estancado de peso. El paciente continúa realizando sus actividades diarias, aunque con limitación en algunas ocasiones por el dolor. Como antecedentes personales, está en seguimiento en un oftalmólogo privado. No presenta antecedentes familiares de interés.

A la exploración destaca tumefacción significativa de ambas rodillas, con actitud en flexo de rodilla derecha e imposibilidad para la extensión completa, con limitación dolorosa a la flexión. Presenta, además, tumefacción leve de ambos carpos con dolor y limitación de la flexo-extensión, así como afectación de primera metacarpofalángica y segunda y cuarta interfalángicas proximales de la mano derecha. Destaca, además, hipotrofia significativa de ambos cuádriceps. Resto de la exploración física general sin hallazgos reseñables. Antropometría al diagnóstico: peso en p21, talla en p65.

Se realiza ecografía articular que confirma la presencia de derrame articular en ambas rodillas e hipertrofia sinovial significativa, de predominio en rodilla derecha. En la analítica de sangre se observa elevación leve de RFA con: VSG: 42 mm/h (0-20 mm/h); PCR: 15 mg/L (0-5 mg/L); y estudio inmunológico con ANA positivos: 1/160 y FR y HLA-B27 negativos.

 

 

 

Fibromialgia juvenil y amplificación del dolor musculoesquelético

J.C. López Robledillo
Temas de FC


J.C. López Robledillo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

La fibromialgia juvenil y los síndromes de amplificación del dolor son procesos de etiología desconocida, caracterizados por dolor musculoesquelético, habitualmente generalizado que tiende a la cronificación, repercutiendo negativamente en el paciente y su entorno. Es habitual que se presenten otros síntomas acompañando al dolor como: fatiga, trastornos del sueño y del ánimo. El diagnóstico es de exclusión, por lo que debe realizarse una historia clínica dirigida y solicitar las exploraciones complementarias pertinentes acorde a la misma. El abordaje debe ser multidisciplinar, integrando la formación del paciente y familiares con un programa físico y de psicoterapia adaptados. El empleo de medicamentos y otras intervenciones terapéuticas se utilizan en casos seleccionados.

 

Abstract

Juvenile fibromyalgia and pain amplification syndromes are processes of unknown etiology characterized by musculoskeletal pain, usually generalized, and with tendency to become chronic, negatively impacting the patient and his environment. Fatigue, sleep and mood disturbances often accompany the pain. The diagnosis is made by excluding other pathologies; thus, a directed clinical history must be carried out and the pertinent complementary examinations according to it requested. The approach must be multidisciplinary, integrating the training of the patient and family members with an adapted physical and psychotherapy program. The use of medications and other therapeutic interventions are needed in selected cases.

 

Palabras clave: Fibromialgia juvenil; Amplificación del dolor; Distrofia simpático refleja; Terapia cognitivo conductual.

Key words: Juvenile fibromyalgia; Pain amplification; Reflex sympathetic dystrophy; Cognitive behavioral therapy.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 132 – 140

 


OBJETIVOS

• Definir el síndrome fibromiálgico en niños y adolescentes y encuadrarlo dentro de los procesos de sensibilización central.

• Caracterizar el dolor crónico musculoesquelético en niños y adolescentes y realizar su diagnóstico diferencial.

• Conocer los síntomas asociados al dolor crónico musculoesquelético que permitan orientar el diagnóstico precoz de fibromialgia juvenil.

• Orientar las exploraciones complementarias adecuadas a realizar ante un paciente con dolor crónico musculoesquelético.

• Adquirir las bases para un adecuado manejo integral de niños y adolescentes con dolor crónico musculoesquelético fibromiálgico.

Fibromialgia juvenil y amplificación del dolor musculoesquelético

Introducción

La fibromialgia juvenil (FMJ) es un trastorno de etiología desconocida, caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado que persiste en el tiempo y se acompaña habitualmente de otros síntomas que pueden orientar su diagnóstico como, por ejemplo: fatiga, trastornos del sueño o del ánimo, etc.

La FMJ tiende a cronificarse, repercutiendo negativamente en el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y calidad de vida del paciente y sus familiares.

Es importante reseñar que la FMJ, por lo general, tiene un carácter primario; pero, en ocasiones, puede estar asociada a otras enfermedades crónicas, como la artritis idiopática juvenil, o conectivopatías, como el lupus eritematoso sistémico, etc.

En la actualidad, este proceso podríamos encuadrarlo dentro del grupo de los síndromes de sensibilización central de niños y adolescentes(1) (Tabla I).

La fibromialgia, aunque reconocida por la OMS, es una entidad controvertida y se diagnostica en muchas ocasiones con términos genéricos o confusos como: dolor crónico musculoesquelético, síndrome de amplificación del dolor, reumatismo psicógeno, etc.; esta circunstancia puede generar confusión en pacientes, familiares y otros profesionales sanitarios.

Epidemiologia

Podemos decir que la FMJ no es infrecuente en las consultas de Reumatología Pediátrica. En EE.UU. supone el 7-15% de primeras consultas de Reumatología Pediátrica.

En otros países se ha señalado que hasta un 6% de los niños y adolescentes padecen FMJ, con una relación mujer/varón de 4 a 1. La edad más frecuente en el momento del diagnóstico oscila entre los 13 y los 15 años. Por debajo de 9 años, es muy infrecuente(2).

Etiopatogenia

La FMJ es consecuencia de una percepción alterada del dolor en ausencia de daño orgánico o tisular, su etiología es desconocida, aunque mediante el empleo de técnicas de neuroimagen, se ha objetivado que el procesamiento del dolor endógeno está alterado.

En su patogenia se han contemplado como hipótesis: la infección, una disregulación genética o, incluso, un proceso inflamatorio, neurobiológico o psicosocial.

Se ha sugerido un componente genético, debido a que con frecuencia se constatan antecedentes familiares de dolor crónico. En este sentido se ha señalado que determinados genes podrían estar relacionados con un procesamiento alterado del dolor (COMT, ADRB2, HTR2A, etc.)(3).

La asociación de síntomas psiquiátricos al dolor crónico induce a pensar en una base neurobiológica común de la enfermedad, en la que se compartirían tanto vías neurales como neurotransmisores.

La liberación de determinadas citoquinas proinflamatorias podría estar implicada en la sensibilización central, favoreciendo la aparición de dolor crónico, surgiendo así el concepto de “neuroinflamación”(4). También, se ha sugerido que determinadas infecciones podrían predisponer al desarrollo de síndromes de dolor crónico.

Manifestaciones clínicas

El inicio de los síntomas puede estar precedido por una lesión física, el desarrollo de una enfermedad, la vivencia de un evento estresante, etc., circunstancias que, por tanto, podemos considerar como desencadenantes y debemos indagar su presencia.

Dolor musculoesquelético

Es el síntoma principal, consiste en dolor musculoesquelético generalizado, “en todo el cuerpo” y persistente, típicamente afecta a ambos hemicuerpos, tanto a los segmentos superiores como a los inferiores y al esqueleto axial.

Las áreas más frecuentemente comprometidas son: región lumbar, cervical, hombros, caderas, rodillas, manos y pared torácica. La intensidad del dolor tiende a ser de moderada a grave, pero la forma de expresarlo puede variar desde una mínima incomodidad a un gesto desproporcionado o incluso una alteración de conducta importante(5).

Su ritmo es claramente “no inflamatorio” y, aunque puede tratarse de un dolor espontáneo (en apariencia nada lo desencadena), en la exploración, es característica la presencia de alodinia (dolor ante un estímulo no nociceptivo) y/o hiperalgesia (dolor amplificado ante estímulo nociceptivo). El dolor se desencadena, por lo general, al palpar o presionar sobre determinados “puntos sensibles” o “gatillo” y se modula, entre otros, por el grado de actividad física, ansiedad, estrés y cambios climáticos.

Síntomas asociados al dolor musculoesquelético

Los síntomas que con mayor frecuencia se asocian al dolor crónico musculoesquelético en pacientes con FMJ, son los que se reflejan en la tabla II(6).

Los trastornos del sueño están presentes en un porcentaje elevado de casos, el insomnio es muy frecuente y, por lo general, responsable de un “sueño no reparador” que ocasiona fatiga y cansancio habitual. Las pesadillas y terrores nocturnos son frecuentes, por lo que el niño se despierta a menudo y duerme pocas horas consecutivas.

La astenia se presenta con mucha frecuencia, se trata de un cansancio, sensación de fatiga o falta de energía que limita la realización de las actividades cotidianas.

La ansiedad es el trastorno psicológico más prevalente y los síntomas depresivos, que pueden incluir ideación suicida, están presentes en aproximadamente el 20% de los pacientes.

El dolor abdominal es otro síntoma frecuente, puede ser de tipo cólico y se acompaña de urgencia para defecar. En adolescentes, la sintomatología recuerda al síndrome de intestino irritable del adulto, alternando estreñimiento con diarrea.

La cefalea es frecuente en niños y adolescentes con fibromialgia, es de carácter tensional por lo general, y no se acompaña de sintomatología neurológica.

También pueden observarse síntomas de: disfunción témporo-mandibular, sequedad ocular y/o oral, síndrome de piernas inquietas, etc.

Exploración física

Además de un examen físico completo, incluido un examen de las articulaciones, vainas tendinosas, entesis y músculos, se recomienda realizar una evaluación de puntos sensibles, palpando 18 puntos específicos con la aplicación de una fuerza variable según la edad, que puede llegar hasta 4 kg de presión en adolescentes mayores (Tabla III).

La alodinia es muy frecuente y característica, por lo que su presencia nos hará sospechar el diagnóstico. En la actualidad, la presencia de puntos sensibles al dolor no se requiere para realizar el diagnóstico de FMJ, pero puede ser útil para constatar la existencia de hipersensibilidad y también para determinar la extensión del dolor(7).

En la exploración física musculoesquelética, se objetiva hiperlaxitud articular hasta en un tercio de los casos, el significado de esta asociación se desconoce en la actualidad(8).

Exploraciones complementarias

Las pruebas de laboratorio y de imagen deben realizarse orientadas por los hallazgos de la historia clínica, siendo su principal indicación la de descartar otros procesos que cursan con dolor musculoesquelético.

Inicialmente, debe realizarse un hemograma con reactantes de fase aguda de la inflamación y una bioquímica general, que incluya LDH y CPK (Tabla IV).

El estudio polisomnográfico puede objetivar la presencia de ondas alfa (rápidas) en las fases de ondas delta (lento), hallazgo que se ha señalado como característico en la FMJ.

Diagnóstico

Es importante que el médico “conozca la enfermedad” con antelación a la valoración de pacientes con dolor musculoesquelético, dado que si no piensa en la FMJ como posibilidad, el diagnóstico y tratamiento pueden retrasarse.

La FMJ debe sospecharse ante un niño o adolescente con dolor generalizado desproporcionado o “inexplicable”, que persiste en el tiempo y que se acompaña de otras manifestaciones características como, por ejemplo: trastornos del sueño o del ánimo y que presenta además una exploración física por lo general normal, salvo la presencia de alodinia y/o hiperalgesia. La sospecha diagnóstica puede verse reforzada si existe antecedente de una vivencia estresante por parte del paciente y/o la constatación de antecedentes familiares de dolor crónico.

Una vez sospechada, se debe descartar patología infecciosa, inflamatoria o tumoral, mediante una anamnesis y exploración física dirigidas junto a las exploraciones analíticas y de imagen adecuadas.

La conducta a seguir para el diagnóstico del dolor crónico musculoesquelético, se detalla en la figura 1.

Figura 1. Orientación diagnóstica en el dolor crónico musculoesquelético.

El diagnóstico se basa actualmente en los criterios de clasificación de Yunus y Masi(5) o en los criterios del American College of Rheumatology (ACR) de 2010(9).

Los criterios de clasificación de Yunus y Masi para la FMJ, descritos en 1985, todavía se utilizan en la actualidad e incluyen la tríada característica de: dolor, síntomas asociados y puntos sensibles a la exploración (Tabla V).

Los criterios de fibromialgia para población adulta del American College of Rheumatology (ACR) se han mostrado de utilidad en adolescentes y precisarían mínimas adaptaciones para utilizarse en pacientes con FMJ (Tabla VI).

En estos criterios, se ha comunicado una sensibilidad del 89,4% y una especificidad del 87,5%. En este caso no es necesario incluir la valoración de los puntos sensibles como criterio diagnóstico. La versión pediátrica es sencilla y de rápida cumplimentación, por lo que se perfila como una herramienta útil para su empleo en la práctica clínica habitual, una vez que esté validada y adaptada transculturalmente.

Evaluación y seguimiento

Para la evaluación y seguimiento del paciente con dolor crónico musculoesquelético/FMJ, hemos de considerar: la anamnesis dirigida, los síntomas asociados, la exploración física y el impacto de la enfermedad en pacientes, familia y sociedad.

Anamnesis dirigida

En cuanto al dolor, han de considerarse entre otros los aspectos que se recogen en la tabla VII.

Determinados síntomas se asocian con frecuencia al dolor crónico y, por tanto, los consideramos característicos, dado que nos orientan al diagnóstico de FMJ (Tabla VIII).

Exploración física

La exploración física siempre debe ser completa y recoger los siguientes apartados que se detallan en la tabla IX.

Impacto de la enfermedad

La evaluación del impacto de la enfermedad debe realizarse periódicamente y para ello se pueden monitorizar los aspectos que en la práctica habitual se consideren más adecuados (Tabla X y XI).

La repercusión o interferencia de la enfermedad en la realización de las actividades habituales de la vida cotidiana (académicas, deportivas, etc.) y la participación social se consideran fundamentales.

No cabe duda que la calidad de vida se ve afectada tanto en el paciente como en sus familiares, y debe monitorizarse en la medida de lo posible, con los métodos adecuados que, por lo general, consisten en cuestionarios validados (SF36 en adultos y PedsQL en niños).

Tratamiento

El objetivo principal del tratamiento de la FMJ es mejorar el control del dolor y la sintomatología asociada a través de intervenciones centradas en mejorar la capacidad funcional del niño o adolescente para que reanude cuanto antes las actividades habituales de su vida cotidiana, esto redundará en un mejor control del dolor.

Como objetivo secundario, debemos considerar la reducción de tratamientos innecesarios que podrían redundar en secundarismos y sobrecostes directos e indirectos.

El enfoque terapéutico debe ser multidisciplinar y comprende la capacitación del paciente mediante: información adecuada, tratamiento físico rehabilitador, terapia cognitivo conductual y, en ocasiones, tratamiento farmacológico.

Información y educación

En primer lugar, debe capacitarse al paciente y padres, proporcionando información adecuada que debe consistir en explicar la enfermedad de forma adecuada según la edad y capacidad de paciente y familia, con las opciones de tratamiento y forma en que se realizará el seguimiento.

Es importante no intentar explicar el origen de la enfermedad, reduciéndolo o simplificándolo a mero proceso psicológico con repercusión musculoesquelética. En cambio, debe intentar explicarse dentro de lo posible, como: una alteración en el procesamiento del dolor que, en ocasiones, se desencadena por situaciones o vivencias estresantes no siempre identificadas convenientemente y que deben considerarse.

Es importante hacer entender que el dolor no está relacionado con una lesión o alteración concreta, dado que el paciente rehúsa, por lo general, la realización de movimientos, pensando que esto es así, por lo que se produciría un círculo vicioso que se debe intentar evitar. Cuando el paciente no tiene forma física tras un periodo de inactividad prolongada, puede pensar que el dolor está relacionado con un brote de su enfermedad.

Educación sobre hábitos saludables que han de procurarse: higiene del sueño, uso racional de pantallas, actividad física, alimentación, etc.

Debe hacerse hincapié en la necesidad de un manejo multidisciplinar, informando sobre los especialistas o profesionales que participarán en su atención y seguimiento, y evitar el empleo de medicamentos como única o principal forma de tratamiento.

Con este abordaje preliminar, conseguiremos reducir la ansiedad y generar confianza y empatía con el paciente y/o familia, necesarias para una adecuada adherencia y también evitar visitas redundantes a especialistas, realización de pruebas muchas veces innecesarias y tratamientos inadecuados.

Hábitos saludables

En primer lugar, ha de considerarse una serie de medidas generales, que consisten en: fomentar la “higiene del sueño” evitando el consumo de estimulantes, establecer una rutina con horarios prefijados para acostarse y levantarse, dormir en una habitación oscura y cómoda sin pantallas ni dispositivos electrónicos, etc.

Si existieran problemas para conciliar el sueño, puede recomendarse al paciente la lectura de un libro u otra actividad de distracción no relacionada con ordenadores, móviles, etc.

Fomentar la abstención de hábitos tóxicos, como el consumo de tabaco, alcohol y sustancias prohibidas.

Hacer hincapié en el beneficio de la actividad física regular mediante la práctica de gimnasia o algún deporte que sea de su agrado.

Actividad física. Ejercicio

El ejercicio aeróbico tiene un efecto beneficioso indudable, dado que reduce el dolor, mejora la capacidad funcional para realizar las actividades de la vida cotidiana y proporciona bienestar general(10).

Aunque la fisioterapia intensiva se ha señalado eficaz por algunos autores; por lo general, se recomienda un programa de ejercicios aeróbicos de instauración gradual, tanto en duración como en intensidad, por ejemplo: empezando con hidroterapia en piscina y progresivamente establecer como óptimo un ritmo de actividad aeróbica en torno a 30 minutos, 3 días en semana.

La utilidad de otras terapias, que podríamos considerar complementarias o alternativas, como: acupuntura, mesoterapia o uso de estimulación eléctrica transcutánea, no está suficientemente establecida.

Terapia psicológica. Terapia cognitivo conductual (TCC)

La terapia cognitivo conductual (TCC) se ha demostrado eficaz para disminuir el dolor y mejorar significativamente la capacidad funcional en niños y adolescentes con FMJ.

Así mismo, también se ha mostrado eficaz para disminuir los síntomas depresivos(11), por ello se recomienda la intervención de un psicoterapeuta experto, para que enseñe a los pacientes un menú de habilidades adaptativas para afrontar y disminuir el dolor y la discapacidad (técnicas de relajación, reencuadre cognitivo, resolución de problemas, etc.).

Cuando sea posible, se debe implicar a los padres en el aprendizaje de técnicas de manejo del comportamiento que puedan utilizar en sus hijos.

Tratamiento farmacológico

En la práctica habitual, el tratamiento farmacológico del dolor crónico musculoesquelético/FMJ tiene, por lo general, una eficacia reducida y no está exento de efectos adversos.

Como norma general, se tiende a evitar el empleo de fármacos en el tratamiento de la FMJ, aunque debe considerarse en pacientes seleccionados. En la tabla XII se exponen los tratamientos empleados para el manejo del dolor en pacientes seleccionados.

Analgésicos y antiinflamatorios

El empleo de analgésicos y antiinflamatorios, por lo general, no es muy eficaz para controlar el dolor. Los opioides no están indicados.

Psicofármacos

Determinados psicofármacos pueden ser útiles en trastornos del ánimo o del sueño en pacientes seleccionados, su empleo debe realizarse a las dosis más bajas posibles y con seguimiento estrecho para detectar secundarismos de forma precoz. Los más habituales son: inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, inhibidores selectivos de la recaptación de norepinefrina y antidepresivos tricíclicos. Estos últimos se suelen emplear, sobre todo, en los trastornos del sueño a dosis bajas.

Antiepilépticos

Tanto la gabapentina como la pregabalina se han usado con diferente éxito, teniendo en cuenta que deben utilizarse como medicamentos de uso especial, al no disponer, según ficha técnica, de indicación para su uso en niños y adolescentes.

Pronostico de la fibromialgia juvenil

El pronóstico es difícil de establecer, debido a las diferencias objetivadas, tanto en las poblaciones estudiadas como en la metodología empleada; de cualquier manera, se puede asumir una tendencia a la cronicidad, observando con frecuencia que los síntomas de la enfermedad tienden a persistir con diferentes grados de intensidad en la adolescencia tardía y la vida adulta.

En algunos estudios, no obstante, se ha objetivado un pronóstico favorable a los 2 años del diagnóstico(12).

Puntos clave para el abordaje de la fibromialgia juvenil

• La fibromialgia de inicio juvenil es un proceso caracterizado por dolor crónico musculoesquelético generalizado, englobado dentro del grupo de los síndromes de sensibilización central. Su etiopatogenia no está suficientemente aclarada, habiéndose relacionado con: factores genéticos, neurobiológicos y psicosociales.

• El dolor se asocia, por lo general, con otras manifestaciones características que incluyen, entre otros, trastornos del ánimo y del sueño que pueden orientar al diagnóstico.

• La FMJ habitualmente impacta negativamente en el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y en la calidad de vida de pacientes y familia, por lo que es importante su reconocimiento precoz y la instauración del tratamiento adecuado.

• El diagnóstico se realiza mediante la exclusión de otras patologías y requiere un alto índice de sospecha. El empleo de criterios diagnósticos puede ser de utilidad para reforzar el diagnóstico y evaluar la evolución.

• La FMJ tiende a persistir en la adolescencia tardía o incluso en la edad adulta, si no se realiza un abordaje adecuado de forma precoz y multidisciplinar.

• El tratamiento adecuado consiste en el enfoque mutidisciplinar mediante el empleo de medidas generales, que incluyan: información y capacitación de pacientes y familiares, puesta en marcha de un programa físico aeróbico, terapia cognitiva conductual y uso racional de medicamentos en casos seleccionados.

Distrofia simpático refleja (DSR) / Síndrome del dolor regional complejo

Entendemos por distrofia simpático refleja (DSR), un dolor idiopático localizado o regional que afecta, por lo general, a miembros inferiores, acompañándose de alteraciones del sistema nervioso autónomo (hiperactividad simpática).

La etiología es desconocida y probablemente multifactorial. La edad de presentación pediátrica es la de adolescencia o preadolescencia, con predileccion por el sexo femenino (3/1).

Afecta a miembros inferiores, comprometiendo a cualquier parte del miembro o incluso a la totalidad del mismo. En el 50% de los casos, se constata una condición preexistente, por lo general, un traumatismo, incluso mucho tiempo antes (a veces años).

La clínica consiste en dolor continuo en la región afectada, acompañado de hiperestesia (percepción exagerada de un estímulo doloroso) y/o alodinia (interpretación de un estímulo no doloroso como doloroso). El dolor suele aumentar con la actividad y puede producirse edema generalizado y aumento de la temperatura cutánea en fases iniciales.

En fases posteriores, la temperatura cutánea del miembro afecto puede estar disminuida al tacto y la piel aparecer con una decoloración parcheada. Es común la atrofia muscular que puede llegar a ser importante.

En las exploraciones complementarias, se aprecia osteoporosis importante en la radiología convencional y, con menor frecuencia, alteraciones en la captación gammagráfica, que son más típicas de los adultos.

El diagnóstico se hace sobre la base del cuadro clínico característico, resultando útiles los criterios diagnósticos de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) que se muestran en la tabla XIII(13).

El tratamiento es multidisciplinar, basado fundamentalmente en la fisioterapia. Se han empleado con diferente éxito: glucocorticoides, bloqueantes adrenérgicos, bloqueos nerviosos e incluso la simpatectomía. Puede ser necesaria la intervención psicológica para abordar el tratamiento conductual del dolor y también para valorar la existencia de factores que pudieran perpetuar el proceso que, con frecuencia, se cronifica.

La recuperación suele producirse al cabo de varios meses, pero son posibles, tanto las recurrencias como la evolución a un proceso crónico de sensibilización central.

Función del pediatra de Atención Primaria (AP) en el cribado y manejo de los síndromes de amplificación dolorosa

El pediatra de AP atiende con frecuencia a niños y adolescentes con dolor crónico musculoesquelético que en muchas ocasiones representan cuadros de “amplificación del dolor / sensibilización central”. Para un adecuado abordaje de los mismos, debemos tener en cuenta que la anamnesis dirigida y la exploración musculoesquelética son fundamentales para orientar el diagnóstico que inicialmente ha de ser de sospecha y posteriormente de probabilidad, cuando se constaten síntomas característicos asociados al dolor, como los trastornos del sueño o del ánimo que no suelen faltar. Así mismo, si en la exploración física objetivamos alodinia o hipersensibilidad y en la analítica de rutina el hemograma y los reactantes de fase son normales, podemos avanzar en el proceso diagnóstico que puede refrendarse consultando o remitiendo al reumatólogo pediátrico, que colaborará para descartar otros procesos mediante la realización de otras pruebas si lo considera necesario, ya sean analíticas o de imagen (ecografía musculoesquelética, resonancia magnética, etc.). El tratamiento puede iniciarse a la mayor brevedad posible, que consistirá en medidas generales de información y educación, higiene del sueño e hincapié en la bondad de los hábitos de vida saludables. En la mayoría de los casos se requiere la actuación del médico rehabilitador y del psicólogo, para iniciar un programa físico específico y de terapia cognitivo conductual, respectivamente. El tratamiento farmacológico del dolor se ha empleado con éxito variable y por lo general no está indicado salvo en casos seleccionados.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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3. Ablin JN, Buskila D. Update on the genetics of the fibromyalgia syndrome. Best Pract Res Clin Rheumatol. 2015; 29: 20-8.

4. Ji RR, Nackley A, Huh Y, Terrando N, Maixner W. Neuroinflammation and central sensitization in chronic and widespread pain. Anesthesiology. 2018; 129: 343-66.

5.*** Yunus MB, Masi AT. Juvenile primary fibromyalgia syndrome. A clinical study of thirty-three patients and matched normal controls. Arthritis Rheum. 1985; 28: 138-45.

6.* Kashikar-Zuck S, Ting TV. Juvenile fibromyalgia: current status of research and future developments. Nat Rev Rheumatol. 2014; 10: 89-96.

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8.* Grahame R, Bird HA, Child A. The revised (Brighton 1998) criteria for the diagnosis of benign joint hypermobility syndrome (BJHS). J Rheumatol. 2000; 27: 1777-9.

9.*** Wolfe F, Clauw DJ, Fitzcharles MA, Goldenberg DL, Katz RS, Mease P, et al. The American College of Rheumatology preliminary diagnostic criteria for fibromyalgia and measurement of symptom severity. Arthritis Care Res (Hoboken). 2010; 62: 600-10.

10.** Stephens S, Feldman BM, Bradley N, Schneiderman J, Wright V, Singh-Grewal D, et al. Feasibility and effectiveness of an aerobic exercise program in children with fibromyalgia: results of a randomized controlled pilot trial. Arthritis Rheum. 2008; 59: 1399-406.

11.** Kashikar-Zuck S, Ting TV, Arnold LM, Bean J, Powers SW, Graham TB, et al. Cognitive behavioral therapy for the treatment of juvenile fibromyalgia: a multisite, single-blind, randomized, controlled clinical trial. Arthritis Rheum. 2012; 64: 297-305.

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Bibliografía recomendada

– Davies K, Woo P. Non-rheumatic causes of musculoskeletal symptoms in childhood (I). Acta Pediatr Esp. 2003; 61: 445-58.

– Davies K, Woo P. Non-rheumatic causes of musculoskeletal symptoms in childhood (II). Acta Pediatr Esp. 2003; 61: 516-24.

Artículos muy completos que revisan de forma exhaustiva los síndromes de dolor en la edad pediátrica, partes I/II y II/II.

– Weiss JE, Kashikar-Zuck S. Juvenile Fibromyalgia. Rheum Dis Clin N Am. 2021; 47: 725-36.

Artículo de referencia actualizado y reciente, imprescindible para la comprensión y abordaje adecuado de la fibromialgia juvenil.

– Siegel DM, Janeway D, Baum J. Fibromyalgia Syndrome in Children and Adolescents: Clinical Features at Presentation and Status at Follow-up. Pediatrics. 1998; 101: 377-82.

Artículo que aborda la presentación y manejo del dolor crónico en adolescentes.

– Sherry DD, Brake L, Tress JL, Sherker J, Fash K, Ferry K, et al. The Treatment of Juvenile Fibromyalgia with an Intensive Physical and Psychosocial Program. J Pediatr. 2015; 167: 731-7.

Artículo que refleja la importancia del abordaje multidisciplinar del tratamiento de la fibromialgia juvenil mediante un programa físico y psicosocial.

– Gmuca S, Sherry DD. Fibromyalgia: treating pain in the juvenile patient. Paediatr Drugs. 2017; 19: 325-38.

Artículo que revisa la utilidad del tratamiento farmacológico en casos seleccionados de dolor en adolescentes.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: paciente de 14 años que acude a consulta por un cuadro clínico de dolor en miembros superiores de varios meses de evolución.

Antecedentes familiares: padre con espondilitis anquilosante en tratamiento biológico, distimia depresiva en tratamiento psicológico, madre con disfunción temporomandibular y cefalea crónica.

Antecedentes personales: embarazo y parto normales. Alimentación normal. Desarrollo psicomotor normal. Menarquia 12 años. Rendimiento académico sobresaliente. Exenta en educación física por dolor y limitación de la movilidad de miembros desde hace 6 meses.

Enfermedades previas: Sin ingresos hospitalarios. Ansiedad en seguimiento por psicólogo desde hace 1 año. Dolor abdominal en estudio por digestivo.

Tratamientos recibidos: ibuprofeno de forma habitual desde hace varias semanas.

Anamnesis: historia actual: dolor de 6 meses de evolución en cuello, brazos y antebrazos, que no localiza con precisión y que se presenta durante casi todo el día y que no la despierta por la noche. Mueve con dificultad ambos miembros superiores, pero no refiere hinchazón en las articulaciones ni aumento de temperatura. Presenta, así mismo, astenia de forma habitual, sobre todo, por las mañanas. También refiere que le cuesta conciliar el sueño y está agobiada por su rendimiento escolar que es muy bueno, aunque últimamente ha empeorado. No se refiere fiebre, alteración del estado general, anorexia ni pérdida ponderal.

Anamnesis por aparatos: sin alopecia, lesiones cutáneas, fotosensibilidad, úlceras orales o genitales, síntomas oculares, dolor torácico, etc. Presenta episodios de dolor abdominal intermitente acompañado de deposiciones líquidas explosivas sin productos patológicos, por lo que se ha iniciado estudio en digestivo.

Exploración física: general: afebril con buen estado general, sin lesiones cutáneas, sin adenias. ACP: sin hallazgos. Abdomen: sin masas ni megalias. Neurológico: sin déficits. Musculoesquelético: no se objetivan signos inflamatorios ni limitación de la movilidad en las articulaciones de los miembros. La movilidad de columna es normal y las maniobras sacroilíacas son negativas. Dolor a la exploración en: región cervical, ambos trapecios, hombros y cara lateral de ambos codos, con retirada ante mínima presión en áreas anatómicas sobre bordes óseos.

Exploraciones complementarias: aporta estudios realizados en su centro de salud: hemograma, VSG, proteína C reactiva y bioquímica general dentro de valores normales.

Radiología: Rx de columna cervical, hombros AP y L y codos AP y L: sin hallazgos patológicos.

Se solicita en nuestra consulta: hemograma, reactantes de fase aguda, bioquímica y estudio básico de autoinmunidad: hemograma: leucocitos: 13.200/µL (fórmula normal); hemoglobina: 13,6 g/dl; hematocrito: 41,3%; VCM: 85,5 fL; plaquetas: 265.000/µL. Bioquímica: CK: 150 U/L (21-250); GOT: 373 U/L (20-57); GPT: 42 U/L (17-43); LDH: 290 U/L (110-295). VSG: 2 mm/h; PCR: 0,5 mg/dL. Estudio de coagulación: normal. Sedimento de orina: normal. Inmunología: IgA: 210 mg/dL (40-250); IgG: 1.220 mg/dL (623-1581); IgM: 166 mg/dL (50-250). Complemento: C3: 98,5 mg/dL (86-184); C4: 22,9 mg/dL (16-47). Factor reumatoide < 20 UI/mL. ANA: 1/80, anticuerpos anti-DNA: negativo. Anticuerpos frente a antígenos nucleares extraíbles negativos. Mantoux: 0 mm.

 

 

Diagnóstico diferencial de artritis

R.M. Alcobendas Rueda*, J. de Inocencio Arocena**
Temas de FC


R.M. Alcobendas Rueda*, J. de Inocencio Arocena**

*Reumatología pediátrica. Hospital Universitario La Paz, Madrid. **Reumatología pediátrica. Hospital Universitario 12 de Octubre y Departamento de Salud Pública y Materno-Infantil, Universidad Complutense de Madrid. Madrid

Resumen

El dolor articular es un motivo frecuente de consulta en Pediatría. De acuerdo al Comité de Reumatología Pediátrica de ILAR (Liga Internacional de Asociaciones de Reumatología), se define artritis como la presencia de tumefacción articular o la combinación de dolor y limitación de la movilidad articular no producida por alteraciones mecánicas(1). El diagnóstico diferencial de artritis es amplio e incluye múltiples etiologías: infecciosa, inflamatoria, ortopédica y tumoral. La realización de una correcta anamnesis y exploración física, así como la realización de pruebas complementarias orientadas, son fundamentales para poder establecer un diagnóstico y tratamiento adecuados.

 

Abstract

Joint pain is a frequent complaint in Pediatrics. According to the Pediatric Rheumatology Committee of ILAR (International League of Rheumatology Associations), arthritis is defined as swelling within a joint, or limitation in the range of joint movement with joint pain or tenderness, which is not due to primary mechanical disorders(1). The differential diagnosis of arthritis is broad and includes multiple etiologies, such as infectious, inflammatory, orthopedic, or neoplastic. A complete history taking and physical examination suggest which complementary exams should be requested in order to reach a diagnosis and initiate treatment.

 

Palabras clave: Monoartritis; Poliartritis; Artritis idiopática juvenil; Sinovitis transitoria de cadera; Artritis séptica.

Key words: Monoarthritis; Polyarthritis; Juvenile idiopathic arthritis; Transient hip synovitis; Septic arthritis.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 125 – 131

 


OBJETIVOS

• Profundizar en el conocimiento de los aspectos fundamentales de la anamnesis y exploración física en pacientes que consultan por artritis.

• Orientación de pruebas complementarias según los hallazgos de historia clínica y exploración.

• Conocer las principales etiologías y manejo de las monoartritis.

• Conocer el papel del pediatra de Atención Primaria al evaluar a un paciente con artritis.

Diagnóstico diferencial de artritis

Introducción

De acuerdo con el Comité de Reumatología Pediátrica de ILAR (Liga Internacional de Asociaciones de Reumatología), artritis se define como tumefacción articular (esto es, con presencia de derrame sinovial) o como la combinación de dolor y limitación de la movilidad articular no producida por alteraciones mecánicas(1,2). La artritis debe distinguirse clínicamente de las artralgias, en las cuales existe dolor articular, pero sin asociar tumefacción ni limitación articular; también debe diferenciarse de la limitación articular no dolorosa, que puede ser constitucional o producida por traumatismos o trastornos del desarrollo, y que tampoco asocia tumefacción articular.

Las artritis se clasifican como oligoartritis, cuando existe inflamación de hasta 4 articulaciones, o poliartritis, cuando la artritis afecta a 5 articulaciones o más. Por tanto, la monoartritis, la inflamación de una sola articulación, se considera una forma de oligoartritis. Dada su importancia en Pediatría, al ser la forma más habitual de presentación de infecciones articulares, tumores sinoviales o trastornos de la coagulación (hemartros), las monoartritis se abordarán de manera independiente al resto en el texto.

La presencia de artritis en pacientes en edad pediátrica puede deberse a múltiples etiologías, incluyendo: infecciosa, postinfecciosa, reumatológica, traumática e incluso tumoral(3). Las características clínicas y la exploración, combinadas con las pruebas de laboratorio, microbiológicas y de imagen, son fundamentales para establecer el diagnóstico correcto.

Características clínicas

• Síntomas acompañantes: la presencia de fiebre, infección de vías respiratorias en niños con edad inferior a 4 años o el antecedente de heridas penetrantes, pueden orientar a artritis séptica. Las gastroenteritis enteroinvasivas e infecciones genitourinarias pueden preceder a las artritis reactivas. Asimismo, el antecedente de una faringoamigdalitis estreptocócica suele preceder a la aparición de la artritis postestreptocócica y de la fiebre reumática. La asociación con febrícula, astenia, pérdida de peso o irritabilidad son sugerentes de un proceso tumoral subyacente. En pacientes con artritis, fiebre alta persistente y exantema, debe descartarse la enfermedad de Kawasaki o una artritis idiopática juvenil (AIJ) de inicio sistémico. Por último, la asociación con entesitis, así como con otras enfermedades, como psoriasis o uveítis anterior aguda sintomática, son descritas también en otras categorías de AIJ. La existencia de un antecedente traumático debe ser evaluado con cautela en pacientes pediátricos, ya que es frecuente que exista y no justifica la presencia de artritis.

• Tiempo de evolución: en artritis de poco tiempo de evolución, particularmente monoartritis, debe descartarse la etiología infecciosa. La persistencia en el tiempo de una artritis sugiere una patología crónica y debe ser derivada para valoración por el especialista.

• Ritmo del dolor: el dolor inflamatorio se caracteriza por empeorar con el reposo (predominio matutino) y mejorar con la actividad, mientras que el dolor mecánico se exacerba con el movimiento y se alivia con el reposo (predominio vespertino).

• Intensidad del dolor: la presencia de dolor intenso ante un paciente con artritis, debe hacernos sospechar etiología infecciosa, tumoral o traumática. Las artritis crónicas se caracterizan por ser poco dolorosas y, asociar de manera característica, rigidez tras el reposo.

• Patrón de aparición en las poliartritis: puede ser simultáneo, afectando muchas articulaciones a la vez (artritis virales), aditivo, en el que se van añadiendo articulaciones inflamadas a las que ya lo estaban (AIJ) o migratorio, en el que la artritis “salta” de unas articulaciones a otras (fiebre reumática).

• Antecedentes familiares: es importante indagar acerca de la existencia de enfermedades autoinmunes o autoinflamatorias en los familiares cercanos, preguntando específicamente por psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal o espondiloartropatías.

Exploración física

La exploración de un paciente con sospecha de artritis comenzará por realizar una exploración física sistemática por aparatos, ya que la artritis puede ser un componente más de una enfermedad sistémica(4,5). La presencia de lesiones cutáneas (petequias, equimosis, púrpura) pueden orientar a un trastorno de la coagulación, proceso linfoproliferativo o vasculitis IgA (púrpura de Schönlein Henoch). El hallazgo de adenopatías y/o organomegalias obliga a descartar enfermedad infecciosa, patología tumoral o, en caso de asociar fiebre y exantema, AIJ de inicio sistémico. La debilidad muscular se puede asociar a miopatías inflamatorias, mientras que las aftas orales, el exantema malar o las placas de alopecia a un lupus eritematoso sistémico. En todo paciente con artritis dolorosa, debe investigarse la presencia de heridas cutáneas o dermatitis activa, que puedan haber servido de puerta de entrada de gérmenes al torrente sanguíneo.

La artritis se presenta en la exploración, como tumefacción articular o limitación dolorosa del rango articular. En ocasiones, particularmente cuando el derrame es significativo o la artritis es séptica, el paciente adopta, de manera espontánea, una postura en la que mantiene la articulación flexionada con la finalidad de disminuir el dolor. En articulaciones profundas, como la cadera, en las que no se puede palpar la tumefacción articular, la limitación de las rotaciones, particularmente la interna y de la abducción, sugiere la presencia de artritis. Hasta un 30% de los pacientes con artritis de cadera refiere el dolor a región anterior de muslo o rodilla ipsilateral (dolor irradiado), por lo que es fundamental realizar una exploración completa, independientemente de la presencia de dolor en otras localizaciones. Por este motivo, se debe explorar siempre todo el eje de carga (cadera-rodilla-tobillo-pie) comparándolo con el contralateral, no doloroso, que servirá como referencia. La exploración deber ser, por tanto, siempre completa y bilateral, reservando para el final el miembro afecto.

Pruebas complementarias(6)

Las pruebas complementarias deben ir dirigidas y orientadas según la sospecha diagnóstica.

• Analítica sanguínea: se recomienda su realización en todo paciente con artritis, ya sea oligo o poliarticular, excepto en casos de existir una alta sospecha de sinovitis transitoria de cadera (STC). El hemograma, incluyendo frotis de sangre periférica, puede ayudar a descartar leucemia o etiología infecciosa, aunque con frecuencia es normal. El examen bioquímico puede incluir enzimas hepáticas (que orienten a etiología vírica) y musculares (CK y LDH), urato e iones (ante sospecha de patología tumoral), así como proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación (VSG).

• Inmunología: los marcadores inmunológicos incluyen: factor reumatoide (FR), anticuerpos antinucleares (ANA) y HLA-B27, y deberían ser realizados ante sospecha de artritis crónica. La elevación de los anticuerpos anti-estreptococo betahemolítico tipo A (ASLO) indica únicamente antecedente de faringoamigdalitis estreptocócica, por lo que su positividad debería de ser interpretada con cautela.

• Análisis del líquido sinovial: el análisis citoquímico del líquido articular también ofrece información sobre la posible etiología de la artritis. Se recomienda la realización de artrocentesis en todo paciente con monoartritis dolorosa de inicio reciente (excepto en pacientes mayores de 3 años con sospecha de STC), oligoartritis con fiebre y afectación importante del estado general, así como en artritis (oligo o poliarticulares) de curso crónico. Las características del líquido articular según etiología se recogen en la tabla I.

 

• Microbiología: las pruebas microbiológicas deben ir orientadas según sospecha diagnóstica. El hemocultivo, Gram, cultivo de líquido articular, así como técnicas de amplificación genómica, son útiles en pacientes con oligoartritis sospechosa de etiología infecciosa, mientras que las serologías pueden ayudar en pacientes con poliartritis con sospecha de etiología vírica.

• Pruebas de imagen:

– Radiografía: no aporta mucha información en el estudio de las artritis, donde habitualmente es normal. Se debe realizar cuando se sospecha una etiología traumática y puede ser útil en el estudio de patología sistémica con artritis asociada (radiografía de tórax para valorar serositis o adenopatías mediastínicas).

– Ecografía: es una técnica rápida, bien tolerada, barata y muy accesible. Su mayor limitación es la variabilidad inter-observador a la hora de la interpretación de las imágenes, así como la dificultad de interpretación de la señal Doppler de pacientes en crecimiento. Se recomienda su realización como primera aproximación diagnóstica en todo paciente con sospecha de artritis.

– Resonancia magnética nuclear: es una técnica indolora y no conlleva radiación, pero requiere sedación en pacientes pequeños y la disponibilidad puede variar enormemente entre los diferentes centros. Se recomienda su realización en: monoartritis crónica, posible etiología infecciosa, tumoral o traumática, o en aquellos pacientes con evolución tórpida a pesar del tratamiento dirigido según sospecha diagnóstica inicial.

Diagnóstico diferencial

Monoartritis

Artritis séptica

En todo paciente con edad inferior a 3 años y artritis, debe descartarse como primera posibilidad la etiología infecciosa, incluso en ausencia de fiebre.

La artritis séptica es la inflamación articular debida a una infección bacteriana, siendo los miembros inferiores la localización más frecuente. Solo en casos excepcionales (inmunodeprimidos, neonatos, gérmenes muy agresivos) se han descrito casos de afectación multifocal. No es infrecuente que en pacientes menores de 18 meses exista afectación ósea por contigüidad, debido a que a estas edades la vascularización epífisis-diáfisis es común. Es de las etiologías de artritis que cursan con más dolor a la palpación/movilización articular, y que suelen asociar postura antiálgica evidente o rápido desarrollo de flexos articulares, así como fiebre, dolor en reposo y elevación de reactantes. Aunque a nivel global, el S. aureus es el principal agente causal de infecciones osteoarticulares en todas las edades, en los últimos años se ha identificado a Kingella kingae como el agente etiológico principal en pacientes con edad comprendida entre 6 meses y 4 años, especialmente en menores de 2 años(7,8) (Fig. 1).

Figura

Figura 1. Artritis séptica de cadera por K. kingae en paciente de un año.
A.
Artrocentesis y lavado articular. B. Muestra para citoquímica, Gram, cultivo y reacción en cadena de la polimerasa específica para K. kingae.

 

Es un germen colonizador habitual de la flora orofaríngea, que puede pasar al torrente sanguíneo cuando se altera la mucosa en el contexto de infecciones víricas. Se caracteriza por presentar un curso más leve, con poca repercusión clínica y analítica, y cifras de VSG o PCR que pueden ser cercanas a 20 mm/h o 20 mg/L, respectivamente. Hasta un tercio de los pacientes pueden encontrarse afebriles en el momento de la consulta o referir únicamente febrícula. Es un microorganismo de crecimiento difícil en medios de cultivo tradicionales, por lo que la utilización de técnicas de detección molecular, como la reacción en cadena de la polimerasa, ha permitido mejorar la identificación de este patógeno. Se recomienda mantener el tratamiento antibiótico, generalmente cefuroxima-aXetilo o cefadroxilo, durante un mínimo de 2 semanas o hasta la resolución completa clínico-analítica.

Sinovitis transitoria de la cadera (STC)

La sinovitis de cadera es un diagnóstico de exclusión (Tabla II). En pacientes con limitación dolorosa de la cadera, artritis de cadera en imagen ecográfica y edad inferior a 3 años, debería descartarse como primera posibilidad la etiología infecciosa, aún en ausencia de fiebre.

 

 

Artritis inflamatoria de la cadera de causa desconocida. Aunque puede existir el antecedente de una infección respiratoria los días previos, este no es obligatorio. Afecta de manera más frecuente a varones, con edad comprendida entre 3-10 años(9). Se caracteriza por un inicio brusco de la sintomatología con dolor intenso (en cadera, o irradiado a muslo o rodilla), con rechazo de la movilidad o incluso de la marcha. En caso de asociar fiebre o en pacientes menores de 3 años, debe descartarse primero una etiología infecciosa y no atribuir los síntomas a una STC. La evolución con antiinflamatorios suele ser buena, desapareciendo el dolor y la cojera a los 7-10 días. La normalización de la imagen ecográfica es más tardía (4-6 semanas), por lo que no se recomienda hacer controles de imagen seriados a no ser que persista la clínica; la presencia de dolor o limitación de la movilidad pasados 10 días del inicio orienta a enfermedad crónica. En pacientes con episodios de STC de repetición, debería descartarse enfermedad de Perthes, mediante la realización de radiografía anteroposterior y axial de pelvis; si esta es negativa, se podría realizar tipificación HLA-B27, ya que se ha descrito una mayor recurrencia de STC en estos sujetos.

Etiología tumoral

• Sinovitis villonodular pigmentaria: es una enfermedad rara en niños, de etiología desconocida y que cursa generalmente con afectación monoarticular crónica y recidivante, siendo la rodilla la articulación más frecuentemente afectada. El líquido sinovial obtenido mediante artrocentesis ofrece un aspecto característico, marrón oscuro o claramente hemático. La resonancia magnética es el examen complementario de elección para el diagnóstico (efecto blooming por depósitos de hemosiderina) y seguimiento. En el examen macroscópico, la membrana sinovial muestra vellosidades, hipertrofia nodular o villonodular de color moteado oscuro marrón (depósitos de hemosiderina) y amarillo (células de xantoma). El tratamiento consiste en la resección de la lesión para las formas localizadas y la sinovectomía total en caso de afectación difusa(10,11).

• Hemangioma sinovial: la rodilla es su localización más frecuente. Puede presentarse como tumefacción recidivante secundaria al sangrado.

• Sarcoma sinovial: extremadamente infrecuente en la edad pediátrica.

• Tumores óseos: los tumores óseos, como el osteosarcoma o el sarcoma de Ewing, pueden asociar inflamación local, pudiendo aparecer excepcionalmente artritis en casos de afectación de hueso intraarticular (Fig. 2).

Figura

Figura 2. Artritis de cadera en paciente con sarcoma de Ewing. A. Ecografía articular mostrando artritis de cadera y desflecamiento de la cortical de cuello femoral. B. Radiografía de pelvis en la que se observa alteración de la densidad ósea y levantamiento en capas de cebolla de cuello y tercio proximal de fémur izquierdo.

 

La presencia de dolor intenso, persistente, de predominio nocturno, así como la evolución tórpida y respuesta insuficiente a analgésicos habituales, deben ponernos en alerta.

Otras

• Traumáticas: a diferencia de los adultos, la artritis traumática es excepcional en pacientes de edad pediátrica.

• Alteraciones de la coagulación: en la hemofilia y otros trastornos de coagulación es posible el hemartros, tanto en el debut como durante el curso de la enfermedad.

Oligoartritis o poliartritis

Artritis vírica

Las infecciones virales suelen cursar con artralgias, aunque de manera mucho más infrecuente, también pueden asociar artritis franca. La severidad y el curso de las artritis víricas son muy variables atendiendo al agente causal. Las artritis por parvovirus B19 ocurren en menos del 3% de los niños menores de 10 años infectados. El dolor, la tumefacción y la rigidez de las pequeñas articulaciones de las manos y los pies se desarrolla poco después del típico exantema “en bofetada”, resolviéndose en menos de 10 días, aunque están descritas recurrencias. También se han descrito casos de poliartritis y tenosinovitis en pacientes con infección por rubeola, pudiendo aparecer desde antes del rash hasta 10-28 días después de la vacunación. Asimismo, el síndrome artritis-dermatitis por virus de la hepatitis B ha sido comunicado en adolescentes; se caracteriza por la aparición de exantema maculopapular y artritis de distribución simétrica, que puede afectar a las articulaciones interfalángicas de los dedos. La enfermedad es autolimitada y se resuelve en 4 semanas habitualmente, respondiendo bien a AINES. Por último, infecciones por virus de la varicela, Epstein-Barr, citomegalovirus, herpes virus o alpha virus (Chikungunya, etc.) pueden ocasionar también episodios autolimitados de poliartritis, por lo que deben ser incluidos en el diagnóstico diferencial.

Fiebre reumática

Se trata de una complicación no purulenta de las faringoamigdalitis causadas por el estreptococo β-hemolítico grupo A (GAS), afectando, en la mayoría de los casos, a niños de 5-14 años. El tiempo de latencia entre la infección y el inicio de las manifestaciones típicas es de 2-3 semanas. Durante este tiempo, el paciente está asintomático. Las presentaciones clínicas incluyen: artritis, carditis, corea, una erupción característica (eritema marginado) y nódulos subcutáneos, siendo las dos últimas extremadamente infrecuentes en nuestro medio. La poliartritis es la manifestación mayor más frecuente de la fiebre reumática, afectando hasta al 70% de los pacientes. La artritis se describe normalmente como intensamente dolorosa, migratoria (aunque también puede tener un patrón aditivo articular), que afecta predominantemente a grandes articulaciones. Según los nuevos criterios de la American Heart Asociación de 2015, en países con alta prevalencia de fiebre reumática, la afectación de una única articulación representa un criterio mayor(12). En general, la respuesta a AINES es excelente, debiendo reconsiderarse el diagnóstico si el paciente no evoluciona adecuadamente en las siguientes 48 horas tras su instauración.

Artritis postestreptocócicas

A diferencia de la fiebre reumática, la artritis aparece en los primeros 10 días tras el contacto, es aditiva y persistente o recurrente, puede afectar tanto a grandes como a pequeñas articulaciones y responde peor a AINES(13).

Artritis reactiva

El término de artritis reactiva hace referencia a las artritis o entesitis de­sencadenadas no directamente por gérmenes, como en las artritis sépticas, sino por la respuesta inflamatoria que producen algunos antígenos bacterianos. Comienzan 2-4 semanas después de una infección producida por algunos gérmenes entéricos (Yersinia, Salmonella, Sighella o Campylobacter) o genitourinarios (Chlamydia trachomatis). Aunque son más frecuentes en individuos HLA-B27 positivo, una proporción significativa de los pacientes puede ser B27 negativo.

Artritis idiopática juvenil

La denominación AIJ agrupa las artritis crónicas de causa desconocida y comienzo infantil.

Es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la edad pediátrica. Según los criterios ILAR validados en la actualidad, se define como aquella artritis de curso persistente de más de 6 semanas de evolución, en niños menores de 16 años, en los cuales se ha descartado de manera razonable otras posibles etiologías. La AIJ incluye 7 categorías, atendiendo al número de articulaciones afectas, clínica sistémica, síntomas acompañantes y marcadores inmunológicos(14). La categoría más frecuente es la oligoartritis, que suele afectar a niñas con edad inferior a 4 años y que tienen, en caso de ser los ANA positivos, el máximo riesgo de desarrollar uveítis. La rodilla es la articulación más frecuentemente afectada (Fig. 3).

figura

Figura 3. Artritis de rodilla izquierda. A. Artrocentesis de rodilla. B. Imagen ecográfica confirmando artritis de rodilla.

 

Otras categorías pueden ser sospechadas en función de las características clínicas del paciente. Así, los varones mayores de 6 años con artritis persistente de cadera o dolor inflamatorio sacroilíaco o lumbar, probablemente presentan una artritis relacionada con entesitis. De manera similar, los pacientes con artritis y dactilitis (“dedo en salchicha”) presentan una artritis psoriásica, a pesar de que no tengan lesiones cutáneas en el momento del diagnóstico.

Otras enfermedades que pueden cursar con oligo o poliartritis

• Lupus eritematoso sistémico (LES): es una enfermedad autoinmune multisistémica, con preferencia por el sexo femenino y edad de aparición habitual a los 12-13 años. La afectación de las pequeñas articulaciones de las manos no es infrecuente entre los pacientes con LES de inicio en la infancia, aunque la artritis puede afectar a cualquier articulación.

• Dermatomiositis juvenil (DMJ): un porcentaje variable de pacientes pueden tener artritis, debiendo descartar la asociación con anti-MDA5 cuando está presente.

• Enfermedades autoinflamatorias: se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades, en general muy poco frecuentes, que se han ido describiendo en las últimas dos décadas. Se producen por desregulación del sistema inmune primario o innato. Cursan con inflamación sistémica, que puede ser persistente desde el debut, recurrente o periódica, y que se manifiesta a nivel de distintos órganos o sistemas. La artritis forma parte del conjunto de signos que algunos pacientes pueden presentar, como sucede en el síndrome de Blau, el síndrome de PAPA o la enfermedad de Behçet.

• Artritis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal (EII): la artritis es la manifestación extradigestiva más frecuente en la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa; aunque sus mecanismos etiopatogénicos no están claros, la artritis puede preceder a los síntomas intestinales. Se estima que, alrededor de un 25-30% de los pacientes con EII, presentarán alguna manifestación extradigestiva a lo largo de su evolución. La artralgia y, en menor grado, la artritis son las manifestaciones extraintestinales más frecuentes en la EII del niño, y se correlacionan con la actividad inflamatoria intestinal. La artritis tiende a ser mono u oligorticular y asimétrica. Con menor frecuencia, cursa con afectación axial, implicando articulaciones sacroilíacas y columna lumbar, preferentemente en varones HLA-B27+.

• Otras enfermedades sistémicas: la anemia de células falciformes (dactilitis y artritis infecciosas), las mucopolisacaridosis (contracturas articulares con o sin dolor asociado), el síndrome camptodactilia-artropatía-coxa vara-pericarditis o la policondritis recidivante (artritis), pueden presentar manifestaciones musculoesqueléticas que pueden confundirse con artritis sépticas o inflamatorias.

• Falsas artritis: la artritis es un proceso intraarticular que, salvo excepciones, no se acompaña de cambios de la coloración cutánea. Entidades como: urticaria, celulitis infecciosas o púrpura de Schönlein Henoch, pueden producir inflamación del tejido celular subcutáneo que, cuando se localiza en la región periarticular, ocasiona dolor a ese nivel (periartritis). Sin embargo, es raro que se acompañen de verdadera artritis.

• Tumorales: la leucemia linfoblástica aguda (LLA) es la neoplasia infantil más frecuente y puede presentarse inicialmente con artritis o artralgias (hasta en 10-20%), como parte de un proceso prodrómico que dura semanas o incluso meses, sin signos típicos de leucemia(15). La distinción clínica entre AIJ y LLA puede resultar difícil, siendo las citopenias un dato de alarma, especialmente la neutropenia y la trombopenia. Desde el punto de vista clínico, el dolor es característicamente muy intenso (a diferencia de la AIJ) y desproporcionado para los hallazgos del examen físico, pudiendo asociar organomegalias, adenopatías, palidez o lesiones petequiales-equimosis en la exploración. De manera menos frecuente, otras entidades, como el neuroblastoma, también pueden asociar manifestaciones musculoesqueléticas por lo que, ante cursos atípicos, clínica sistémica o mala evolución, deberían ser descartados.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Realizar una correcta anamnesis dirigida fundamentalmente a: tiempo de evolución, características del dolor (ritmo inflamatorio o mecánico, irradiación, duración, intermitente o continuo, etc.) y síntomas acompañantes, considerando la edad y el sexo del paciente.

• Realizar una exploración física sistemática por aparatos, incluyendo exploración musculoesquelética completa.

• Evaluar las principales etiologías y elaborar un diagnóstico diferencial orientado.

• Derivar al Servicio de Urgencias o a una consulta especializada según sospecha.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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5.*** Alapont EA. Exploración del aparato locomotor en Reumatología pediátrica. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/01_exploracion_locomotor.pdf. Consultado el 20 de noviembre de 2021.

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13. Ahmed S, Padhan P, Misra R, Danda D. Update on Post-Streptococcal Reactive Arthritis: Narrative Review of a Forgotten Disease. Curr Rheumatol Rep. 2021; 23: 19.

14.*** Zaripova LN, Midgley A, Christmas SE, Beresford MW, Baildam EM, Oldershaw RA. Juvenile idiopathic arthritis: from aetiopathogenesis to therapeutic approaches. Pediatr Rheumatol Online J. 2021; 19: 135.

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16. Fernández Fraga P, Murias Loza S. Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares. Pediatr Integral. 2017; XXI: 154-9.

Bibliografía recomendada

– Zaripova LN, Midgley A, Christmas SE, Beresford MW, Baildam EM, Oldershaw RA. Juvenile idiopathic arthritis: from aetiopathogenesis to therapeutic approaches. Pediatr Rheumatol Online J. 2021; 19: 135. DOI: 10.1186/s12969-021-00629-8.

Actualización de la artritis idiopática juvenil publicada recientemente. Aborda todos sus aspectos, desde la genética hasta el tratamiento, presentando gran parte de la información importante en forma de tablas, lo que facilita su lectura.

– Haines KA. The approach to the child with joint complaints. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 623-38.

Excelente revisión de las diferentes etiologías que pueden producir dolor articular en Pediatría, desde las infecciosas a las tumorales, desarrollando cada apartado desde un punto de vista muy práctico.

– Alapont EA. Exploración del aparato locomotor en Reumatología pediátrica. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/01_exploracion_locomotor.pdf. Consultado el 20 de noviembre de 2021.

Revisión pormenorizada de la exploración del aparato locomotor en Pediatría. Un detalle muy práctico es que la autora incluye fotos de las distintas maniobras de exploración utilizadas.

– Basmaci R, Lorrot M, Bidet P, Doit C, Vitoux C, Penneçot G, et al. Comparison of clinical and biologic features of Kingella kingae and Staphylococcus aureus arthritis at initial evaluation. Pediatr Infect Dis J. 2011; 30: 902-4.

Artículo muy práctico en la caracterización de clínica, analítica, microbiología y evolución de las infecciones osteoarticulares, atendiendo a la edad de presentación.

 

Caso clínico

 

Niña de 17 meses que acude por cojera de pierna derecha de 48 horas de evolución. Asocia cuadro catarral de una semana de evolución con temperatura máxima de 38,3ºC. Afebril actualmente. Tres días antes al inicio de la cojera, refiere antecedente traumático al caerse de un tobogán. Ha consultado en otro centro previamente, siendo diagnosticada de sinovitis transitoria de cadera. En la exploración presenta actitud de miembro inferior derecho en flexo de cadera y rodilla con rechazo total para el apoyo, tumefacción suprarrotuliana externa y franco dolor y limitación para la flexo-extensión de rodilla. Resto de exploración física sin alteraciones.

Se realiza analítica sanguínea donde destaca: PCR: 20 mg/L; VSG: 86 mm/h y resto normal.

 

 

 

 

Juvenile Idiopathic Arthritis

C. Millán Longo*, S. Murias Loza**
Topics on
Continuous Training


C. Millán Longo*, S. Murias Loza**

*Pediatric Rheumatology Unit. La Paz University Hospital. Madrid. **Clinical Management Area of Pediatrics. Central de Asturias University Hospital. Oviedo

Abstract

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in childhood. It is defined as arthritis of unknown origin, lasting for at least 6 weeks and with onset before 16 years of age. The current classification identifies seven different categories. The most common clinical forms are oligoarthritis and rheumatoid factor-negative polyarthritis. The diagnosis of JIA requires the exclusion of other diseases. An accurate clinical history and a full physical examination are needed. The main complications are skeletal sequelae and anterior uveitis. Macrophage activation syndrome is the most severe complication of systemic JIA. Treatment should be individualized according to the subtype of JIA. Biologic drugs have significantly improved the prognosis of this disease.

 

Resumen

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. Se identifican siete categorías, cada una de ellas con unos rasgos clínicos diferenciadores. Las formas clínicas más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis factor reumatoide negativo. El diagnóstico es de exclusión y se basa en una anamnesis y exploración física correctas. Las principales complicaciones son las secuelas esqueléticas y la uveítis anterior. El síndrome de activación macrofágica es la complicación más grave de la categoría sistémica de AIJ. El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ. Los fármacos biológicos han mejorado significativamente el pronóstico de esta enfermedad.

 

Key words: Juvenile Idiopathic Arthritis; Uveitis; Biological Agents.

Palabras clave: Artritis idiopática juvenil; Uveítis; Fármacos biológicos.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 141 – 150

 


OBJECTIVES

• To understand the main etiological aspects and pathophysiologic mechanisms of the disease.

• To delve into the current classification and get to know the clinical and immunological characteristics of each category, as well as the differentiating features of each one of them.

• To carry out an adequate diagnostic approach to a patient with suspected inflammatory arthritis in the pediatric age.

• To recognize the principles of therapeutic management in a patient with juvenile idiopathic arthritis, as well as the generalities of the drugs used today.

• To be aware of the complications associated with the disease and the importance of follow-up and preventive activities, in order to improve the prognosis and quality of life of the patient.


 

Juvenile idiopathic arthritis

Introduction

Juvenile idiopathic arthritis is the most frequent chronic rheumatic disease in childhood and groups a heterogeneous set of diseases.

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in children and is defined as arthritis of unknown etiology that begins before the age of 16 years-old and persists for at least 6 weeks. The term JIA is an “umbrella” term that encompasses a heterogeneous group of diseases, both from a clinical, pathophysiological and immunological point of view(1-3).

Since the first description of the disease by George Frederic Still in 1897(4), and thanks to the knowledge that has been progressively generated on the disease, it is known that JIA differs from chronic arthritis in adults and it can, therefore, be considered as a different entity, with the exception of the polyarticular forms of rheumatoid factor (RF) positive and enthesitis-related arthritis (ERA), similar to rheumatoid arthritis and ankylosing spondylitis, respectively(1).

The term juvenile idiopathic arthritis is the one coined since its proposal by the International League of Associations for Rheumatology (ILAR) in 1995(5), replacing the previously used “juvenile rheumatoid arthritis” of the American College of Rheumatology (ACR)(6) and “juvenile chronic arthritis” of the European League Against Rheumatism (EULAR)(7).

Classification

The current classification identifies seven categories of JIA.

The ILAR classification, subsequently revised and accepted in Edmonton in 2001(8), is currently in force (Table I) and is used for both clinical and research purposes. This classification identifies seven categories of JIA, mutually exclusive, according to clinical and immunological criteria during the first 6 months of disease. It is worth mentioning that this classification has been under review since 2019(9) and modifications are expected soon.

 

Epidemiology

The population frequency of JIA is variable and the most frequent subtypes are oligoarthritis and RF negative polyarthritis.

The incidence and prevalence of JIA are variable, due to environmental, genetic and social differences between the different populations, with a significant underdiagnosis of the disease in developing countries(2).

Globally, an incidence is estimated between 1.6-23/100,000 children under 16 years of age and a prevalence between 3.8-400/100,000 children under 16 years of age(10). In general, it is more frequent in girls than in boys (2:1), with exceptions, and the age of presentation is variable(11). Among the different categories of JIA, the most frequent are oligoarthritis and RF negative polyarthritis, while psoriatic arthritis and RF positive polyarthritis are the least frequent(1). Table II summarizes the epidemiological characteristics of the different categories.

 

Etiopathogenesis(1,2)

A multifactorial etiology of JIA is proposed. The systemic category is the one that differs pathophysiologically most from the others as it is an autoinflammatory disease.

The etiopathogenic mechanisms of JIA are not fully understood. The implication of genetic and environmental factors in the deregulation of the immune system is considered, although the variety of clinical forms suggests the presence of different underlying pathogenic mechanisms.

Regarding the genetic basis of JIA, the RF negative oligoarthritis and polyarthritis categories have been the most studied, finding an association with the HLA-DRB1*08, HLA-DRB*11 and HLA-DRB*13 alleles. Positive RF polyarthritis, as well as adult rheumatoid arthritis, have been associated with the HLA-DRB1*04 allele. As for the other categories, enthesitis-related arthritis has been associated with the HLA-B27 allele, and psoriatic arthritis with the IL-23 receptor gene (IL-23R). The genetics of systemic JIA is less well known, although there seems to be an association with the HLA-DRB1*11 allele.

The JIA category that differs pathophysiologically most from the others is systemic. In this, it is the primary or innate immunity that is abnormal, unlike the other forms of JIA, in which the secondary or adaptive immunity is responsible. Thus, systemic JIA is considered an autoinflammatory disease and is mediated by proinflammatory cytokines and there is no production of autoantibodies, while the other forms of JIA are autoimmune diseases.

Regarding the mechanisms of the inflammatory response, both mediators and perpetuators of the same, it is worth noting the involvement of dendritic cells, NK cells and macrophages, as well as CD4+ and CD8+ T lymphocytes, B lymphocytes and plasma cells. All of them accumulate and infiltrate the synovial tissue, where proinflammatory cytokines act, such as tumor necrosis factor (TNF), interferon-γ (IFN-γ) and IL-17, among others. B lymphocytes are also the producers of autoantibodies that play a fundamental role in various forms of JIA: RF and antinuclear antibodies (ANA). It is important to note that the presence of ANA is increasingly considered a differentiating criterion for the different forms of JIA.

Clinical manifestations

Arthritis is the common manifestation of most clinical forms of JIA. Each category presents differentiating clinical characteristics.

Arthritis is the common symptom of most subtypes of JIA(12) and manifests as swelling and/or joint limitation, which is more evident in the last degrees of mobility and in extension. It can present with local increase in temperature, although without erythema of the adjacent skin, and pain is variable, generally of mild or moderate intensity. Stiffness in the morning and after rest is one of the most characteristic clinical manifestations, it can condition gait disturbance or limp and improves with physical activity and throughout the day.

In addition to arthritis, tenosynovitis, enthesitis and dactylitis are other joint manifestations of JIA(1):

• Tenosynovitis: inflammation of the tendon sheaths (Fig. 1). It is frequent and is usually accompanied by arthritis of the adjacent joints. The most frequent locations are the extensor apparatus of the dorsum of the hand and dorsum of the foot and the posterior tibial and peroneal tendons.

Figure

Figure 1. Carpal arthritis with extensor sheath tenosynovitis. Arthritis of the second and fourth proximal interphalangeal and metacarpophalangeal joints is also observed.

• Enthesitis: inflammation of the entheses, that is, the place of insertion of ligaments, tendons and fasciae in the bone. The most frequent locations of enthesitis in JIA are: the insertion of the patellar ligament in the patella and tibial tuberosity, the insertion of the Achilles tendon in the calcaneus (Fig. 2) and the insertion of the plantar fascia in the calcaneus, base of the fifth metatarsal and heads of the first through fifth metatarsals.

Figure

Figure 2. Right Achilles enthesitis.

• Dactylitis: uniform swelling of an entire finger, secondary to inflammation of the tendinous apparatus and periarticular soft tissues, resulting in the characteristic “sausage finger” appearance. Occasionally, the finger presents a fusiform swelling, more pronounced at the base of the finger and the proximal interphalangeal joint.

Systemic symptoms such as fever, asthenia, weight loss and anorexia are common in systemic JIA and may be present in the polyarticular form(12).

Given the variability that exists between the different clinical forms of JIA, the characteristic features of each of them will be presented separately below(1-3).

Oligoarthritis

It is the most common subtype of JIA and usually occurs in girls under 6 years of age. It is characterized by asymmetric arthritis of large joints, with main involvement of the lower limbs. The most commonly involved joints are: the knee and the ankle, but monoarticular presentation is not uncommon at onset. It is called persistent oligoarthritis if after the first 6 months it affects a maximum of four joints, and extended oligoarthritis if the number of affected joints rises to five or more after the same period of time, decreasing the probability of entering long-term remission.

Acute phase reactants (APR) are usually normal or slightly elevated, and up to 70% of patients have positive ANAs at low titers. Approximately one third of patients develop chronic anterior uveitis (CAU), which is typically asymptomatic, hence, regular ophthalmological check-ups are recommended(13) (Table III) for early diagnosis and treatment and thus avoid secondary complications (synechia, band keratopathy, cataracts, macular edema and glaucoma).

 

RF negative polyarthritis

It is a heterogeneous category in which two main clinical forms are identified:

1. Early-onset asymmetric arthritis before 6 years of age and predominantly in girls, ANA positive and with increased risk of CAU. It is equivalent to oligoarticular JIA, but with a greater number of affected joints.

2. Symmetrical arthritis of large and small joints beginning at school age, without predominance of sex, negative ANA and with elevated APR. It is the subtype equivalent to seronegative rheumatoid arthritis in adults.

In addition, in a small group of patients, a “dry synovitis” can be identified, a form of polyarthritis with little joint swelling, but associated with significant stiffness and limitation, joint contractures and deformities and with a worse response to treatment.

Patients who associate greater systemic inflammation, with asthenia, elevated APR and anemia, frequently present growth retardation, which tends to normalize after the start of treatment and control of the disease.

RF positive polyarthritis

It represents less than 5% of patients with JIA. It typically presents in adolescent girls and is characterized by symmetrical polyarthritis of small joints, especially in the hands, elevated APR, and the presence of anti-citrullinated peptide antibodies. The clinical presentation and prognosis are similar to adult rheumatoid arthritis and, in the same way, it can evolve into a destructive arthritis.

Enthesitis-related arthritis

It mainly affects males of school age or adolescents, and 50-90% are HLA-B27 positive. It is usually an asymmetric and oligoarticular arthritis, especially of the lower limbs. Hip and tarsal involvement is characteristic, uncommon in other forms of JIA, so arthritis in these locations should guide us towards this diagnosis. Unlike ankylosing spondylitis in adults, arthritis in children is usually initially peripheral and axial involvement in the form of sacroiliitis usually develops later in the course of the disease.

Enthesitis is a diagnostic criterion for ERA and the distinctive clinical manifestation compared to other subtypes of JIA. Given that the most affected entheses are the insertions of the patellar ligament, the Achilles tendon and the plantar fascia, a differential diagnosis should be made with osteochondrosis of these locations, that is, Osgood-Schlatter disease (tibial tuberosity), the syndrome Sinding-Larsen-Johansson (inferior pole of the patella) and Sever’s disease (calcaneus).

ERA category is also associated with anterior uveitis, although in this case it is acute and symptomatic, with red eye, pain and photophobia, it occurs in outbreaks and is associated with fewer ocular complications than CAU.

Psoriasic arthritis

It is a heterogeneous and not well-defined category in which two different groups of patients are distinguished:

1. JIA-like oligoarticular presentation, with early-onset asymmetric oligoarthritis, positive ANA and associated with CAU.

2. Presentation similar to ERA and adult psoriasic arthritis, with enthesitis, axial involvement and positive HLA-B27. These patients are usually excluded from this category of JIA due to the ILAR classification exclusion criteria and are usually categorized as undifferentiated arthritis.

A typical feature of psoriatic JIA is the presence of dactylitis, as well as involvement of the distal interphalangeal joints.

Systemic

It is the subtype that differs most from the rest, since, as previously mentioned, it is an autoinflammatory disease and not an autoimmune one. It affects males and females equally and can manifest at any age.

The arthritis is usually symmetrical and polyarticular, although it is not always present initially, which can make diagnosis difficult. Fever typically presents in evening peaks of high fever, associated with: affectation of the general state, myalgias, abdominal pain and a rash which is typically salmon-pink, macular, located on the trunk and root of limbs and evanescent. Other accompanying manifestations are: serositis, adenopathies and hepato-splenomegaly, as in other autoinflammatory processes. In the blood analysis the following can be observed: anemia, leukocytosis with neutrophilia, thrombocytosis and elevation of APR, ferritin, transaminases and D-dimer. Autoantibodies are not detected. 50% of cases evolve to a persistent polyarticular form, difficult to control and with a worse prognosis.

It is important to note that, in the new classification proposal of 2019(9), which is still under study, arthritis is no longer a mandatory criterion for diagnosis, so we could diagnose a patient with systemic JIA in the absence of it (Table IV).

 

Macrophage activation syndrome (MAS) is the most serious complication of systemic JIA(14). It occurs in 10-15% of patients, although in almost half of the cases it can present subclinically, and can develop both at the beginning of the disease and during its subsequent evolution. Mortality is high (8-20%), so it must be detected and treated early. Clinically, it is characterized by a rapid worsening of the patient secondary to a state of hyperinflammation (“cytokine storm”) with: continuous fever, hepato-splenomegaly and variable involvement of the central nervous system, associated with characteristic laboratory abnormalities. Table V shows its diagnostic criteria.

 

Table VI summarizes the main complications of JIA.

 

Diagnosis

An exhaustive history taking and a full physical examination are essential, as well as the performance of specific complementary tests according to the diagnostic suspicion.

JIA is a diagnosis of exclusion(3), hence, it is necessary to rule out other causes of arthritis(3,15-17). Important issues regarding the history, physical examination, and additional tests when diagnosing JIA are detailed below.

In the clinical history it is necessary to inquire about the following aspects:

• Duration of symptoms: the diagnosis of JIA requires a minimum period of 6 weeks of arthritis.

• Characteristics of the pain: inflammatory rhythm (stiffness in the morning and after rest, with improvement after physical activity) versus mechanical rhythm and predominance of stiffness versus pain in other pathologies (important for the differential diagnosis of infectious arthritis).

• Characterization of joint involvement: number of affected joints, location (symmetric or asymmetric, perypheral or axial).

• Extra-articular symptoms: systemic (fever, affected general condition), cutaneous (exanthema, skin lesions; Fig. 3), gastrointestinal (abdominal pain, altered bowel movements) or ocular (pain, red eye, photophobia, decreased visual acuity).

Figure

Figure 3. Psoriasis.

• Family history of arthritis, psoriasis, inflammatory bowel disease, uveitis, or other autoimmune diseases.

 

Regarding the physical examination, it is necessary to carry out both a general physical examination and a complete musculoskeletal examination:

• General physical exam: rashes, skin lesions, nail pits suggestive of psoriasis, lymphadenopathy, and visceromegaly must be looked for.

• Locomotor system: the examination must be carried out in an orderly and systematic manner, beginning by observing the patient’s spontaneous attitude, assessing anti-algic postures and gait. Remember that arthritis is defined as swelling and/or joint limitation due to pain and that deep joints, such as the shoulder, hip and sacroiliac joints, do not show swelling. We can also find: tenosynovitis, dactylitis or enthesitis. In cases of long-standing arthritis, there may be muscle hypotrophies secondary to less use of the affected limb (Fig. 4).

Figure

Figure 4. Arthritis of the knee with a flexed attitude (impossibility of full extension), of the right ankle and tarsus, associated with hypotrophy of the right gastrocnemius.

In addition, since sustained inflammation leads to greater vascularization of the area, dysmetria may develop due to the temporary increase in growth rate during the active inflammatory process in favor of the affected limb. pGALS is a tool for assessing the musculoskeletal system aimed at the general pediatrician and that allows the rapid and simple detection of skeletal alterations that can indicate the existence of a rheumatic disease(18).

Complementary tests must be carried out in a targeted manner and based on a compatible history and physical examination:

• Laboratory studies: blood tests (complete blood count, basic biochemistry with liver and kidney function, CRP, ESR, ANA, RF, HLA-B27), serologies of common pathogens (HBV, HCV, HIV, CMV, EBV, parvovirus B19), Mantoux or other tests of screening for tuberculosis and urinalysis.

• Joint ultrasound: it is the most accessible and preferred technique to detect joint effusion or synovial hypertrophy (Fig. 5).

Figure

Figure 5. Ultrasound image of hip arthritis.

• X-ray: not commonly used in the pediatric age, although useful to quantify chronic damage (decreased joint space, erosions) and to rule out other processes (neoplasms, fractures and other traumatological processes).

• Magnetic resonance imaging: it is the most sensitive technique to detect joint effusion, study the cartilage and periarticular soft tissues (tendons, ligaments), while ruling out other processes, although it is less frequently used due to: its high cost, difficult access in some centers and the need for sedation in smaller patients. However, it is especially indicated to evaluate the temporomandibular joint (TMJ), the cervical spine and the sacroiliac joints(1).

• Joint fluid study(17): through arthrocentesis, a yellowish, turbid, slightly viscous liquid is obtained (Fig. 6), and with an intermediate cellularity, whose culture is sterile.

Figure

Figure 6. Joint fluid obtained from knee arthrocentesis.

Treatment

The goal of treatment is to achieve short- and long-term clinical remission and, for this, biological drugs have played a key role in recent years.

Treatment should be individualized based on the JIA subtype, presentation, and clinical course of the disease. The main objective is to achieve clinical inactivity, tackling inflammation and controlling symptoms, with the secondary objective of maintaining long-term remission, to achieve normal growth and development, avoid sequelae and enjoy a quality of life similar to that of the general healthy population(19).

The different scientific societies have developed therapeutic guidelines(20,21); in general, proposing a staggered pattern of treatment. However, in recent years, a treat-to-target strategy is usually followed, which consists of quickly seeking control of the disease by using the drugs that are necessary according to the degree of involvement(2,19). To assess activity and prospectively monitor the disease, the most widely used activity index is the Juvenile Arthritis Disease Activity Score (JADAS)(22).

Nonsteroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs)

They are used as symptomatic treatment. They do not modify the course of the disease or control inflammation in the long term.

Glucocorticoids (GC)

Intra-articular GCs are usually used, alone or in combination with other treatments, depending on the number and type of affected joints. Sometimes, the use of oral GC is recommended as bridging therapy until clinical control is achieved in cases of moderate or high activity and depending on the type of involvement. Preferably, their employment should be limited to the shortest possible time.

Disease-modifying antirheumatic drugs (DMARDs)

The most widely used is methotrexate (MTX), a folic acid antagonist, which can be administered both orally and subcutaneously. Its maximum therapeutic effect may take 6-8 weeks. Its main side effects are digestive intolerance and hypertransaminasemia, which is usually mild and transient when the dose is decreased.

Biological agents

They have revolutionized the treatment of JIA since the beginning of the 21st century. In general, they are well tolerated and their safety profiles are favorable. They can be used as monotherapy or in combination with other treatments, usually MTX.

The main biological drugs used are: tumor necrosis factor alpha antagonists (etanercept, adalimumab, infliximab, golimumab), IL-1 antagonists (anakinra, canakinumab), IL-6 antagonist (tocilizumab) and T-lymphocyte antagonist (abatacept).

Janus kinase inhibitors (JAK inhibitors)

They are under investigation as a treatment for JIA, either in monotherapy or associated with other drugs.

Follow-up

Regular follow-up is necessary to monitor clinical activity, detect complications and adjust treatment individually, according to evolution.

JIA is a chronic disease with a variable clinical course that can alternate periods of remission with periods of active inflammation(3). Factors associated with a worse prognosis are: polyarticular presentation, involvement of the carpus, hip or ankle, and the presence of RF. Regarding uveitis associated with JIA, the patients with the highest risk of suffering from this complication are those under 6 years of age with positive ANA and during the first 4 years of the disease(2).

Periodic follow-up is necessary to monitor clinical activity and treatment(3):

• Clinic appointments: are performed every 3-4 months. The objective is to evaluate activity and monitor the appearance of complications: dysmetria after asymmetric arthritis of the lower extremities, requiring the use of lifts in the shorter limb, which is usually partially or totally corrected over time; short stature secondary to persistent inflammation and prolonged use of GC and alterations in mandibular development secondary to TMJ arthritis.

• Analytical tests: they are performed every 3-4 months in patients receiving pharmacological treatment, to monitor full blood count, liver and kidney function, and APR.

• Ophthalmological check-ups(13): in patients with no history of uveitis, the periodicity of check-ups is determined by the subtype of JIA, the age of onset and the duration of disease. In patients with active or previous uveitis, check-ups will be carried out as indicated by the Ophthalmology service depending on the degree of activity, to adjust treatment and ensure good control of uveitis with the least possible toxicity.

Regarding preventive activities and healthy lifestyle habits recommended in patients with JIA(3):

• Diet and supplements: a healthy and balanced diet is recommended, just as in the rest of the child population, since there is no evidence that restrictions or modifications of dietary guidelines provide benefits in patients with JIA. Folic acid supplementation is recommended if they receive treatment with MTX and calcium and vitamin D supplementation if they receive GC at high doses and for a long time.

• Physical activity: limitation of physical exercise is not necessary. In the episodes of active arthritis, pain and stiffness improve with activity and in periods of remission it is equally beneficial and recommended so as to stimulate the recovery of muscle mass.

• Vaccinations(23): live attenuated virus vaccines are contraindicated in patients receiving treatment with GC, immunomodulators or biologicals. On the other hand, the administration of the hepatitis A vaccine is recommended in those receiving MTX or tocilizumab, the quadrivalent ACWY meningococcal vaccine in adolescence, and the meningococcal B and seasonal flu vaccine in all cases.

Role of the Primary Care pediatrician

• The action of the Primary Care pediatrician is essential when it comes to suspecting and recognizing the disease, since early diagnosis and treatment improve the prognosis and reduce the risk of complications and sequelae.

• Upon suspicion of JIA, it is indicated to start symptomatic treatment with NSAIDs at anti-inflammatory doses until the patient is evaluated by a pediatric rheumatologist.

• Early referral to a center specialized in Pediatric Rheumatology is recommended to complete the evaluation and confirm the diagnosis as soon as possible.

• The Primary Care pediatrician, in coordination with the specialist rheumatologist, plays a fundamental role in the follow-up of patients with JIA, for screening and detection of possible complications derived from the disease or from the treatments used.

• The update of the vaccination calendar, as well as the administration of the rest of the vaccines recommended in each case, is key in the patient with JIA. Likewise, it is necessary to be aware that live attenuated virus vaccines are contraindicated in some patients and depending on the treatments received.

• It is necessary to plan and carry out centralized preventive and health promotion activities from Primary Care (healthy diet recommendations, physical exercise) that allow to improve the prognosis and quality of life of patients with JIA.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the elaboration of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

The asterisks show the interest of the article in the opinion of the authors.

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International reference book of Pediatric Rheumatology. It addresses extensively and in detail, rheumatic diseases in the pediatric age.

– Martini A, Lovell DJ,Albani S, Brunner HI, Hyrich KL, Thompson SD, et al. Juvenile idiopathic arthritis. Nat Rev Dis Primers. 2022; 8:5.

Recent and updated review on JIA, which addresses the different aspects of the disease in an excellent way.

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Article presenting the currently valid classification of JIA, with the diagnostic criteria for each category.

– Martini A.Ravelli A, Avcin T, Beresford MW, Burgos-Vargas R, Cuttica R, et al; Pediatric Rheumatology International Trials Organization (PRINTO). Toward New Classification Criteria for Juvenile Idiopathic Arthritis: First Steps, Pediatric Rheumatology International Trials Organization International Consensus. J Rheumatol. 2019; 46: 190-7.

Article on the new classification that has been proposed for JIA and that is currently under study and validation.

– CassidyJ, Kivlin J, Lindsley C, Nocton J, Section on Rheumatology; Section on Ophthalmology. Ophthalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

Article presenting review recommendations for JIA-associated uveitis.

– Foster HE, Jandial S. pGALS – pediatric Gait Arms Legs and Spine: a simple examination of the musculoskeletal system. Pediatr Rheumatol Online J. 2013; 11:44.

Article that explains the examination of the musculoskeletal system in a systematic and simple way.

 

Clinical case

 

A 5-year 8-month-old boy presented with swelling and pain in both knees, as well as pain in the fingers of 5 weeks’ duration. He reports predominantly morning pain with joint stiffness and limp, which improves throughout the day. He did not refer previous infectious processes or digestive symptoms or skin lesions. Afebrile at all times. Parents report that he has been stagnant in weight lately. The patient continues to perform his daily activities, although sometimes limited by pain. As for his personal history, he is being monitored by a private ophthalmologist. He has no family history of interest.

Examination revealed significant swelling of both knees, with a flexed attitude of the right knee and impossibility for full extension, with painful limitation of flexion. He also presented mild swelling of both wrists with pain and limitation of flexion-extension, as well as involvement of the first metacarpophalangeal and second and fourth proximal interphalangeal joints of the right hand. Significant hypotrophy of both quadriceps is identified. Rest of the general physical examination is without any noteworthy findings. Anthropometry at diagnosis: weight at the 21st centile, height at the 65th centile.

Joint ultrasound confirmed the presence of joint effusion in both knees and significant synovial hypertrophy, predominantly in the right knee. The blood test shows a slight elevation of APR with: ESR: 42 mm/h (0-20 mm/h); CRP: 15 mg/L (0-5 mg/L); and immunological study with positive ANA: 1/160, and negative RF and HLA-B27.

 

 

Algorithm

 

El niño y la niña con altas capacidades intelectuales

 

C. Artiles Hernández
Temas de FC


C. Artiles Hernández

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Resumen

El contenido hace un recorrido por el concepto de altas capacidades intelectuales y las características de estos niños. Nos detenemos en analizar los factores de riesgo, a observar en la consulta pediátrica determinados indicios que señalen un bajo rendimiento escolar. Proporcionamos instrumentos para la detección temprana y mencionamos cómo se realiza la identificación y la respuesta educativa dentro y fuera del centro escolar. Aportamos algunas orientaciones de actuación para la familia y el pediatra. Es posible que lleguen a la consulta médica familias exponiendo algún problema combinado con indicadores de una presunta precocidad intelectual. Es preciso que el pediatra conozca esos indicadores para identificarlos y poder trasladar la información a los centros educativos a través de las familias. Lo más correcto, es que el pediatra proporcione un cuestionario a la familia para su cumplimentación y deducir de su resultado los pasos a seguir. Si los cuestionarios de la familia determinan la posibilidad de precocidad, el pediatra lo derivará al director del centro escolar directamente o a través de los padres. Desde la consulta pediátrica, no conviene dar por sentado que estamos ante un niño precoz, sin la previa confirmación de los equipos psicopedagógicos de la Consejería de Educación correspondiente o un especialista de psicopedagogía.

 

Abstract

The content of this paper reviews the concept of high intellectual abilities and the characteristics of these children. We analyze the risk factors, to be observed in the pediatric consultation and certain signs that indicate low school performance. We provide tools for early detection and mention how the identification and educational response is carried out inside and outside the school. We provide some guidelines for the family and the pediatrician. It is possible that families may come to the doctor’s office presenting a problem combined with indicators of presumed intellectual precocity. It is necessary for the pediatrician to know these indicators in order to identify them and to be able to transfer the information to the educational centers through the families. The most practical approach is for the pediatrician to provide the family with a questionnaire to be filled in and to deduce from the results the steps to be taken. If the family questionnaires determine the possibility of precociousness, the pediatrician will refer it to the director of the school directly or through the parents. From the pediatric consultation, it should not be taken for granted that we are dealing with a precocious child, without the previous confirmation of the psycho-pedagogical teams of the corresponding Department of Education or a specialist in psycho-pedagogy.

 

Palabras clave: Precocidad; Superdotación; Talentos complejos y simples; Altas capacidades intelectuales; Adaptaciones curriculares de enriquecimiento.

Key words: Precociousness; Giftedness; Complex and simple talents; High intellectual abilities; Enrichment curricular adaptations.

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 91 – 103

OBJETIVOS

  • Conocer el concepto de altas capacidades intelectuales y las características de estos niños y niñas.
  • Saber cuáles son los factores de riesgo para que presenten bajo rendimiento escolar y los problemas comórbidos que les pueden acompañar.
  • Conocer los indicadores de la presencia de una alta capacidad intelectual y cómo actuar a continuación.
  • Entender determinadas falsas creencias sobre las altas capacidades intelectuales.
  • Saber cómo debe actuar la familia con un niño de estas características.

El niño y la niña con altas capacidades intelectuales

Concepto de altas capacidades intelectuales

Un niño con altas capacidades intelectuales es el que maneja y relaciona de manera simultánea y eficaz múltiples recursos cognitivos diferentes, de tipo lógico, numérico, espacial, de memoria, verbal y creativo, o bien destaca especialmente y de manera excepcional, en el manejo de uno o varios de ellos.

Los niños y niñas que presentan altas capacidades intelectuales forman un grupo tan diverso entre sí, como el resto de la población infantil. Estos niños se encuentran en todos los tipos de entornos sociales, niveles culturales, tipos de escolarizaciones, etc. Al ser un grupo heterogéneo, sus perfiles intelectuales y su comportamiento son diferentes. Algunos presentan un alto rendimiento o un alto potencial intelectual, destacando en una o en varias competencias cognitivas a la vez.

El término de altas capacidades intelectuales aparece en la Ley Orgánica de Educación en 2006 (LOE) y se ha mantenido en las sucesivas leyes educativas hasta la actual LOMLOE de 2020, así como en los países de nuestro entorno. Parece existir consenso en su utilidad por abarcar a los superdotados, talentosos y precoces, señalando de alguna manera la heterogeneidad del grupo.

El concepto de alta capacidad está condicionado, por lo que entendemos por inteligencia. El concepto de inteligencia ha evolucionado desde una medida determinante e inamovible hasta una concepción con posibilidades de variación a lo largo de la vida. Nuestra inteligencia está conformada por lo que heredamos, el tipo de contexto donde nos desarrollamos mediante la educación formal e informal y nuestras características más personales, relacionadas con la capacidad de esfuerzo o perseverancia en alcanzar las metas, entre otras cosas. La inteligencia no es un rasgo único, ni hay una única inteligencia, hay muchas y van variando a lo largo de nuestra vida. Por eso, está cuestionado el concepto de cociente intelectual (CI), como referente para disponer una medida de la inteligencia y como un indicador del éxito académico de un niño o niña.

Está cercano a una concepción actualizada la consideración de un niño con altas capacidades intelectuales, cuando este maneja y relaciona de manera simultánea y eficaz múltiples recursos cognitivos diferentes, de tipo lógico, numérico, espacial, de memoria, verbal y creativo, o bien destaca especialmente y de manera excepcional, en el manejo de uno o varios de ellos.

Modelos explicativos de las altas capacidades intelectuales

Los modelos explicativos más frecuentes son: cognitivos (cómo se adquiere, se procesa, se almacena y se recupera la información), modelos por capacidades (lo que miden los test), por rendimiento (junto a la alta inteligencia debe estar presente un alto rendimiento). El modelo sociocultural considera relevante para el desarrollo de las altas capacidades: la influencia de la familia y la educación formal e informal.

No obstante, esta consideración hay que enmarcarla en las distintas tipologías de modelos para definir las altas capacidades. Nos parece interesante la propuesta de Mönks y Mason(1), cuando establece cuatro modelos recogiendo a los principales autores.

• El modelo cognitivo. Analiza los procesos implicados en la adquisición, el procesamiento y el almacenamiento de la información, como el modelo triárquico de la inteligencia de Sternberg(2), que distingue las inteligencias: analítica, creativa y práctica. Considera que, para tener éxito en la vida profesional y personal (inteligencia exitosa), son necesarios los tres tipos de inteligencia. Otro ejemplo del modelo cognitivo son las inteligencias múltiples de Gardner(1) con sus ocho inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Gardner señala que cada una de estas inteligencias son independientes de las otras, pudiendo disponerse de un alto nivel en una o varias de ellas y niveles medios en el resto, incluso bajo en alguna(2).

• El modelo por capacidades hace referencia a lo que miden los test psicométricos. Inteligencia monolítica, factor G o inteligencia general (CI). También se puede incluir la inteligencia jerárquica: fluida (G) y cristalizada (Cattell o Vernon).

• El modelo por rendimiento. Un rendimiento excepcional condiciona la superdotación, acompañado por un alto potencial intelectual como requisito necesario, pero no suficiente. Un ejemplo lo tenemos en el modelo de los tres anillos de Renzulli, que añade un compromiso con la tarea (perseverancia) y la creatividad, a las habilidades intelectuales por encima de la media. Otro ejemplo de este modelo es la propuesta de Gagné que diferencia entre dotación y talento(3).

• El modelo sociocultural considera relevante para el desarrollo de las altas capacidades: la influencia de la familia, la educación formal e informal. Tannenbaum es uno de sus representantes. Considera este autor que la superdotación implica: 1) capacidad general; 2) aptitudes específicas; 3) factores no intelectivos; 4) influjos ambientales; y 5) factor suerte u oportunidad. Mönks, propone el mismo modelo de Renzulli, añadiendo la influencia de la escuela, la familia y los amigos.

Perfiles de altas capacidades

Hay bastante acuerdo en señalar los conceptos y perfiles de superdotación, talentos y precocidad, al disponer de rasgos comunes diferenciados y por ser relativamente fácil identificarlos con las pruebas psicométricas al uso.

Agrupar por perfiles es una necesidad para diseñar una respuesta educativa común, siendo consciente de que son diversos dentro de un mismo grupo, aun disponiendo de capacidades y características similares, pero no idénticas.

A continuación, se muestra una aproximación a los perfiles de excepcionalidad intelectual y criterios de identificación, en función de las puntuaciones obtenidas en diferentes habilidades cognitivas(4,5). Estos perfiles están recogidos en las normativas de varias Comunidades Autónomas (p. ej.: Canarias, Andalucía, Castilla la Mancha, Aragón, Cantabria, Cataluña y País Vasco), siendo utilizados para la detección temprana y para la identificación a los efectos de concretar la respuesta educativa, adelantos de curso, becas, etc.

La superdotación intelectual hace referencia a las características personales del niño que dispone de un nivel elevado (por encima del centil 75) de recursos en capacidades cognitivas y aptitudes intelectuales, como: razonamiento lógico, gestión perceptual, gestión de memoria, razonamiento verbal, razonamiento matemático, aptitud espacial y creatividad. Tienen facilidad para interconectar conceptos e informaciones distantes y generar soluciones e ideas novedosas (Fig. 1).

Figura 1. Altas capacidades intelectuales.

El niño con talento simple destaca en un ámbito concreto, mientras que en el resto, presenta valores normales y, en algunos casos, deficitarios. El alumnado talentoso simple muestra una elevada aptitud o competencia en un ámbito específico, como: verbal, matemático, lógico o creativo, entre otros. Para ello, es necesario que se encuentre por encima del centil 95 en razonamiento verbal, razonamiento matemático, razonamiento lógico o creatividad, respectivamente. Otros talentos simples pueden ser: el musical, el social o el deportivo.

Un niño presenta un talento complejo cuando se combinan determinadas aptitudes específicas en niveles elevados. El talento complejo más característico es el talento académico, que se presenta al combinarse la aptitud verbal, la aptitud lógica y la gestión de la memoria, todas ellas por encima del centil 85. Hay otras combinaciones, como el talento artístico (creatividad, gestión perceptual y aptitud espacial) por encima del centil 80, en cada una de ellas.

El término precocidad es un concepto evolutivo y conlleva una mayor rapidez en el aprendizaje, pero no necesariamente niveles cognitivos altos. Consideramos como precoz a un niño/a, cuando en edades inferiores a los 12 o 13 años, presenta las características mencionadas anteriormente para la superdotación intelectual, el talento simple, académico o artístico se identifica como precoz, pudiendo confirmarse o no tales características, una vez que se consolide la maduración de su capacidad intelectual, en torno a la edad mencionada.

En otras comunidades como Asturias, Extremadura, Galicia, Madrid y Murcia se utilizan diferentes perfiles y criterios de identificación para el superdotado. Emplean un modelo cercano a la propuesta de Renzulli, es decir, tener una capacidad intelectual global igual o superior a 130, una valoración positiva de la creatividad y tener persistencia en la tarea. No diferencian a los distintos tipos de talento.

Características de los niños con altas capacidades

Características generales

Ya hemos comentado que no hay dos niños con el mismo perfil, aunque se pueden agrupar por perfiles parecidos. Entre el alumnado de altas capacidades intelectuales hay tanta variabilidad como entre el resto de alumnado.

También hemos mencionado que la inteligencia y talento son siempre el producto de la interacción entre el potencial biológico y las oportunidades de aprendizaje que tienen en su contexto. Los niños con talento académico, tienen una gran capacidad para conectar informaciones, utilizando la combinación de recursos lógicos y creativos(6).

Para responder mejor a sus características y necesidades, entendemos que los niños con altas capacidades deben estar integrados en su grupo ordinario, con: a) enriquecimiento curricular; b) compactación; y c) agrupamiento parcial con otros talentosos en algunas actividades. Aunque en casos excepcionales, será recomendable la aceleración o adelanto de curso.

Pueden presentar “disincronías” entre los aspectos: intelectual, psicomotor y afectivo. Son frecuentes las disincronías entre lectura y escritura. También pueden presentar sobre-excitabilidad emocional, al generar reacciones más intensas que el resto de alumnos ante un mismo estímulo, llorando ante sucesos injustos o calamitosos que le ocurren a los demás o cuando no tienen éxito en sus propias tareas, juegos o actuaciones(7). Los niños y niñas emocionalmente inteligentes son hábiles para reconocer y expresar sus propias emociones y la de los demás, manteniendo relaciones satisfactorias. Aunque debemos saber si son capaces de autoconocerse y de disponer de la capacidad de adaptarse a los cambios y gestionarlos adecuadamente, así como manejar su propia conducta y emociones de forma exitosa en situaciones de estrés.

Características específicas de los superdotados

Un niño o niña superdotado presenta un nivel elevado en todas las aptitudes intelectuales (lógico, verbal, matemática, memoria, espacial, perceptual y creatividad), incluidas las sociales y emocionales, teniendo facilidad para hacer interactuar a la vez todos sus recursos cognitivos, en la resolución de un problema y disponer de una excelente aptitud para tratar y procesar cualquier tipo de información (verbal, matemática, gráfica…) y ser creativos (Fig. 2).

Figura 2. Características de la conducta escolar en niños con altas capacidades.

Estos niños prefieren que les presenten contenidos complejos y muy distantes. Buscan alternativas, los porqué de las cosas. Quieren retos(6). Habitualmente, su buena inteligencia socioemocional hace que no presenten conflictos con los otros, aunque están más cómodos siendo independientes y les gusta marcar sus propias normas. Son un poco inconstantes, ya que su curiosidad hace que empiecen muchos proyectos y los dejen a medias. Necesitan un tutor o un mentor que los guíe. No obtienen rendimientos muy altos en tareas escolares, y se motivan y destacan, a veces, en un área si el tema les interesa. Suelen pasar desapercibidos, aunque presentan, en ocasiones, cierto grado de sobreexcitabilidad y perfeccionismo. En general, se adaptan bien al medio y buscan el estímulo intelectual fuera del aula, si la escuela no satisface sus necesidades de aprendizaje(6).

Características específicas de los talentos académicos

Son los que habitualmente presentan altos niveles de aprendizaje y de éxito escolar. Prefieren los aprendizajes de tipo lógico, aunque quieren comprenderlo todo.

Almacenan y recuperan con facilidad cualquier tipo de información que tenga una organización lógica y que se pueda expresar verbalmente o por escrito. La cantidad de conocimientos y vocabulario sobre temas que le interesan, supera con creces a los de su edad y, a veces, a los adultos. Son los más indicados para el adelanto de curso. Manifiestan hipersensibilidad y perfeccionismo, en ocasiones.

Los talentos académicos tienen una especial tendencia al aburrimiento en el aula, si no se le adaptan los contenidos a su alto ritmo de aprendizaje. Esta velocidad para aprender y la diferencia de intereses con sus coetáneos, puede dar lugar a que presenten dificultades para la comunicación e interacción social con sus compañeros. En ocasiones, exhiben actitudes despectivas hacia el resto de niños y niñas de su clase, por su sobreestimulada autoestima, por su brillantez en los aprendizajes académicos o por la sobreaprobación de los adultos. Aunque pueden fracasar en la escuela en los niveles más altos de la enseñanza secundaria, si no se le exige una disciplina en los hábitos de trabajo y estudio en los años previos(8).

Características específicas de los talentos simples: verbales, matemáticas, sociales, deportivas y musicales

• Los talentos verbales, tienen muchos recursos para la representación y manipulación de material verbal. Disponen de una buena capacidad de comprensión general y buenos resultados académicos, aunque pueden presentar dificultades en matemáticas o plástica. Su interacción social es correcta y/o buena.

• Los talentos matemáticos disponen de elevados recursos de manipulación y representación de informaciones cuantitativas y numéricas. Aunque presentan, en ocasiones, baja eficacia en el uso de la información verbal y dificultades en la comunicación e interacción social. Es frecuente que consideren irrelevantes las materias no cuantitativas(8).

• El niño con talento social suele presentar una alta motivación, una gran competencia social y un autoconcepto ajustado y realista. En ocasiones, viene acompañado con habilidades de liderazgo.

• Los niños con talento musical presentan una alta percepción rítmica y coordinación motriz, acompañada de una buena memoria y oído musical. Junto a lo anterior, suelen exhibir una alta motivación y creatividad musical.

• El talento deportivo para juegos colectivos dispone de adecuadas aptitudes técnicas, creatividad y capacidades físicas para el desarrollo del deporte colectivo del que se trate. Además, destacan sus capacidades psicológicas, la adecuada gestión emocional y un buen nivel de liderazgo, acompañado con una alta capacidad de aprendizaje, dominio táctico y rapidez de ejecución. Disponen de un buen contexto sociofamiliar y presentan óptimas cualidades físicas para el deporte específico del que se trate.

Algunos factores de riesgo a observar en casa, en el aula o en la consulta pediátrica

Hay que estar pendientes de algunas señales de riesgo, como la tendencia al aburrimiento, el perfeccionismo, las dificultades de socialización o los desajustes emocionales.

Veamos algunos factores de riesgo a observar en la familia, en el aula o en la consulta pediátrica(9):

• Tendencia al aburrimiento. A consecuencia del desarrollo intelectual precoz o de un ritmo alto de aprendizaje. Síntomas de alerta de desmotivación: pregunta menos, interacciona poco con el profesor, baja su rendimiento académico, no termina sus tareas, se queja a menudo de la escuela y de sus profesores…

• Perfeccionismo. El alumno se impone a sí mismo un grado de exigencia por encima de sus posibilidades, habitualmente relacionado con poca flexibilidad, alta competitividad y falta de tolerancia a la frustración. Síntomas de alerta del perfeccionismo: nunca da por terminada una tarea, no se siente satisfecho de lo que ha hecho, autocrítica poco realista, metas inalcanzables, irritabilidad, ansiedad en la realización de tareas…

• En ocasiones, dificultades de socialización. Síntomas de alerta de las dificultades de socialización: solo se relaciona con los adultos o con pocos compañeros de clase (siempre los mismos), tiene problemas para comunicarse, se muestra extremadamente tímido, muy orgulloso, se inhibe en las tareas de grupo, no participa en las actividades del patio, los compañeros no se relacionan con él…

• Síntomas de alerta de las dificultades emocionales: muestras de tristeza, cambios repentinos de humor, inseguridad, reacciones fuertes ante eventos sociales o personales, llanto, etc.

Como detectarlos e identificarlos en el aula, en casa o en la consulta pediátrica

Debemos distinguir entre detección e identificación. La detección permite conocer la presencia de indicadores suficientes para sospechar de una alta capacidad intelectual. La detección se suele realizar mediante cuestionarios a padres y docentes, y el análisis de las producciones y las observaciones de los coetáneos(10).

Una vez detectados, viene la fase de identificación. En ella se debe constatar la presencia de un alto potencial intelectual mediante dos o tres pruebas cognitivas aplicadas individualmente, junto al análisis del rendimiento escolar y el ajuste socio-emocional. Para que un niño o niña sea identificado con altas capacidades, debe constar en un informe psicopedagógico mediante dictamen, realizado por los equipos psicopedagógicos de las Consejerías de Educación de cada Comunidad Autónoma, que son los competentes para dicha tarea. Esto no impide que una familia desee disponer de un informe psicopedagógico de profesionales privados (psicólogos, pedagogos, psicopedagogos) o que en un centro educativo privado pueda realizarlo por disponer de esos profesionales. En general, los informes privados no son válidos para adelantar curso a un niño o niña o para acceder a las becas del Ministerio de Educación, dado que cada Comunidad Autónoma lo tiene regulado, mediante sus propios informes y profesionales. En cualquier caso, conviene consultar este tema en la Consejería de Educación de su propia Comunidad Autónoma.

¿Cuándo debo sospechar que un niño puede ser de altas capacidades?

Como norma general, cuando sus preguntas y respuestas son propias de un niño dos o tres años mayor que él. Evidentemente, hay muchos más indicadores. La eficacia de la detección de las altas capacidades por los padres, docentes y pediatras se potencia con la ayuda de cuestionarios de observación. Hay cuestionarios específicos para la edad de 4 a 6 años, de 6 a 8 años y de 9 a 12 años(11).

Puede ocurrir que lleguen familias a la consulta pediátrica o al maestro, manifestando su extrañeza por las singularidades de la conducta de su hijo en casa. A veces, se dan cuenta por la diferencia con otros hermanos o familiares o, simplemente, por lo que han leído sobre el tema. Nuestra actitud más adecuada como médico o educador, es cumplimentar un cuestionario mediante entrevista y proporcionarle otro para que lo cumplimente la familia. Si las puntuaciones de ambos (profesional y familia) son altas, debemos pasar esta información al centro educativo, para que el orientador valore la situación.

Hay que ser prudentes a la hora de emitir un juicio valorativo ante los primeros datos y no generar falsas expectativas a la familia.

Algunos cuestionarios que ayudan a la detección

Para niños de 4 a 6 años

Escala destinada a niños de 4 a 6 años (a cumplimentar por la familia y profesorado), elaborada por Arocas E, Martínez P, Martínez D, Regadera A. 2002(12). Puede consultarla en la página 32, en la siguiente dirección:
http://www.ceice.gva.es/documents/161862987/162822463/evaluacion_alumnado.pdf/643c7783-5dfc-4f44-98ff-588d5595bf56.

Para niños de 6 a 8 años

A cumplimentar por el profesorado y la familia, de febrero a mayo de 1º de E. Primaria, aunque se puede utilizar en 2º curso también. Esta escala está elaborada en Canarias y puede consultarla en la página 31 del documento “Guía para la detección temprana” en la siguiente dirección:
https://www.gobiernodecanarias.org/cmsweb/export/sites/educacion/web/.content/publicaciones/archivos/documento/guia_deteccion_tempranab.pdf.

Dicha escala se suele utilizar de manera individual o cuando se hace una detección generalizada de toda la clase de 1º de primaria, tal como está regulada en Canarias desde el año 2005. En este caso, la maestra solo la cumplimenta para un tercio de sus alumnos (en torno a 8-10), tomando los que han puntuado alto en las familias (>125) y aquellos que, a criterio de la maestra, presenten aprendizaje rápido, alto rendimiento, destaquen en algunos ámbitos del razonamiento, la memoria, la creatividad o presenten otras precocidades.

Para niños de 9 a 12 años

Escala destinada a niños de 9 a 12 años (a cumplimentar por la familia y profesorado)(12). Puede consultarla en la página 21 en esta dirección:
http://www.ceice.gva.es/documents/161862987/162822463/evaluacion_alumnado.pdf/643c7783-5dfc-4f44-98ff-588d5595bf56.

Para la detección de talentos deportivos de 10 a 12 años

La escala para detectar talentos para el balonmano de 10 a 12 años, está disponible en:
https://ceferinoartiles.es/escala-para-detectar-tempranamente-talentos-deportivos-en-balonmano-en-escolares-de-10-12-anos/.

La escala para detectar talentos para el fútbol de 10 a 12 años, está disponible en:
https://ceferinoartiles.es/normativizacion-de-la-escala-de-deteccion-temprana-de-talentos-deportivos-para-futbol-etafu/.

Para la detección de talentos musicales de 6 a 8 años

La escala para detectar talentos musicales de 6 a 8 años está disponible en Aneis. Rev Sobredotaçao [publicación aceptada y pendiente de publicación en el vol. 17 (2021)].

Para las inteligencias múltiples

Consultar los cuestionarios y actividades disponibles en:
https://es.scribd.com/document/455589177/inteligencias-multiples-tcm1069-220993-pdf
(fundacionmapfre.org);
https://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2014/06/CAJA-DE-HERRAMIENTAS-DE-IIMM.pdf
(orientacionandujar.es).

Bajo rendimiento escolar y altas capacidades

¿Cuál es su perfil?

Es frecuente confundir alto rendimiento escolar y superdotación. Solo podemos esperar un alto rendimiento académico en alumnos con un perfil de “talento académico” o en “precoces”, en sus primeros años de desarrollo intelectual(6). Son los “talentos académicos” o los “precoces”, los que pueden “desmotivarse” y, por tanto, presentar una bajada en su rendimiento académico. Se aburren, porque sus conocimientos y ritmo de aprendizaje más rápido les hacen estar mucho más avanzados –a nivel curricular– que sus compañeros de curso.

Los superdotados no suelen presentar problemas escolares, ni tampoco bajo rendimiento, ni desmotivación. No necesariamente tienen que obtener notas excepcionales y de hecho no es lo más frecuente. Tampoco suelen tener el mismo rendimiento en todas las materias, ya que pueden estar más motivados hacia alguna en especial. Se adaptan bien al medio y buscan el estímulo intelectual fuera del aula, si la escuela no satisface sus necesidades de aprendizaje.

No obstante, los que empiezan a suspender varias materias, disponiendo de un informe de altas capacidades, tienen un perfil determinado. A pesar de su potencial intelectual, muestran un rendimiento académico bajo en algunas áreas o materias. La calidad de sus tareas escolares y su nivel de atención depende de sus intereses y motivación. Se aburren con facilidad y parecen distraídos; pero, si el tema es de su interés, intervienen brillantemente, con lo cual desconciertan. Aunque muestran una buena expresión oral, con frecuencia su escritura es pobre, desordenada y sus trabajos escritos presentan deficiencias. Les atraen los retos escolares y les encantan las tareas inusuales, pero rechazan las tareas rutinarias.

Estos niños con bajo rendimiento y altas capacidades, emocionalmente son inestables. Tienen baja autoestima. A veces, son agresivos e intolerantes y no tienen “mano izquierda” con los compañeros menos inteligentes o menos rápidos. Son excesivamente críticos consigo mismos y con los demás. Cuestionan a los profesores y los retan, prefiriendo trabajar con adultos.

¿Cuáles son las causas de los bajos logros académicos es estos niños?

Algunas de las causas las encontramos en la excesiva presión familiar o a la influencia de los compañeros (Fig. 3). También en el contexto sociocultural o por la doble excepcionalidad. Hay factores personales y de clima escolar que condicionan el rendimiento y que se deben explorar.

Figura 3. Causas de un bajo rendimiento en niños con altas capacidades.

En cuanto a la presión familiar, estos niños se rebelan ante los padres muy exigentes, que les generan baja autoestima ante algunas dificultades en el rendimiento. Influye el nivel de colaboración con el centro, objetivos comunes e ir de la mano. Es relevante la comunicación familiar para la mejora del rendimiento.

Los compañeros ejercen cierta influencia para que estos niños y niñas no quieran destacar. En ocasiones, fracasan a propósito para no sobresalir y ser mejor aceptados en el grupo. Esto ocurre un poco más en niñas que en niños.

No cabe duda de que el contexto determina. El nivel sociocultural de la familia, la valoración de la cultura y la educación, la preocupación y disponibilidad de medios, son aspectos que aceleran o retrasan el avance de estos niños.

Algunos escolares presentan altas capacidades intelectuales acompañadas de otros trastornos o dificultades simultáneamente. A ellos se les denominan niños con doble excepcionalidad. La compañía más habitual es con una dislexia, disgrafía o discalculia, un trastorno autista de nivel 1 (antes Asperger) o también un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). A veces, se juntan dos o tres de estos en un mismo individuo. Es evidente que la presencia de la doble excepcionalidad puede estar generando el bajo rendimiento.

Para determinar la presencia de la doble excepcionalidad, debe existir un informe psicopedagógico por los servicios de orientación de cada Consejería de Educación autonómica, que dictamine la alta capacidad intelectual, así como la presencia de la dislexia, disgrafia o discalculia(13). En el caso del TDAH, Asperger u otros trastornos emocionales, debe existir un informe clínico de las Unidades de Salud Públicas correspondientes. Es frecuente descubrir una alta capacidad cuando se evalúa un TDAH o una dislexia y viceversa. La disincronía se presenta con más frecuencia en estos niños de doble excepcionalidad; por ejemplo, en la alta capacidad con autismo, puede ocurrir que presenten habilidades sociales con un desfase de 3-4 años y habilidades cognitivas entre 4-5 años por encima de su edad cronológica.

Si analizamos los problemas personales que pueden estar influyendo en el bajo rendimiento de un niño con altas capacidades, debemos fijarnos en las circunstancias familiares (separaciones, nuevo hermano, etc.) o en lo que ocurre en el colegio (acoso, rechazo del profesor), que pueden generar depresiones o ansiedades y bajar el rendimiento. Por otro lado, puede estar influyendo el bajo autoconcepto, la baja autoestima o autocompetencia, coincidiendo con la posible poca madurez para atribuir sus éxitos o fracasos (mejor si lo atribuye a aspectos que puede controlar). También se deberían explorar como posibles causas, algunas carencias en la inteligencia emocional, las habilidades sociales, el autocontrol o la impulsividad(14).

Lo que ocurre en el aula con sus compañeros y con los docentes tiene repercusión en el rendimiento. Es necesario que estos niños confíen en el profesor por sus conocimientos y por la manera de llevar sus relaciones interpersonales. Algunos docentes rechazan a aquellos alumnos inteligentes que son disruptivos, creativos y poco convencionales, ya que los ven como una fuente de conflicto e interferencia. El profesor debe adaptarse a las necesidades y estilos de aprendizaje de estos chicos y chicas con un estilo democrático, pero no autoritario, ni liberal. El docente debe generar en el aula un clima favorable al aprendizaje. Un mal clima genera desmotivación, actitud negativa hacia el profesor y desconexión con el docente. Considero que la expectativa de éxito del maestro hacia el alumno condiciona el rendimiento(14).

Un apartado especial dentro de las posibles causas del bajo rendimiento de estos niños, es el acoso escolar, ¿por qué son acosados? Una posible causa es que los niños que presentan altas capacidades tienen, desde pequeños, intereses poco coincidentes con los de sus iguales y se aíslan o los aíslan. Otra razón, es que son diferentes y lo muestran con su tendencia a la hiperresponsabilidad y a la autoexigencia, a la ansiedad, hipersensibilidad, perfeccionismo, sus conductas rígidas, autoinculpación, preocupaciones que no se corresponden con su edad y condición, etc. El rechazo al diferente, por desgracia. Estos niños suelen tener respuesta para todo y sus buenos resultados, también generan rechazo de algunos compañeros.

Un estudio reciente en nuestro país, afirma que el 50,9% del alumnado con altas capacidades está implicado en el acoso escolar, siendo el 39,6% víctimas, el 1,1% agresores y el 10,2% víctimas-agresoras, tal como se afirma en un estudio(15) con 285 alumnos/as de altas capacidades, generando aumento del estrés, ansiedad y depresión. Otro estudio(16) reduce esta incidencia, al comprobar los informes de acoso en una muestra de 1.444 estudiantes superdotados de sexto grado con una muestra de 1.444 estudiantes no superdotados emparejados en cuanto al género, la educación de los padres, el rendimiento y el origen étnico. Los estudiantes superdotados informaron de un acoso relacional y verbal significativamente menor y un nivel similar de acoso físico.

Debemos estar atentos en casa, en la escuela o en la consulta pediátrica, a algunos de los siguientes indicadores de la presencia de un posible acoso escolar: a) un niño que no quiere ir al colegio, que manifiesta tristeza, miedos o dolores inexplicables, que falta a las actividades o descubrimos que nunca es invitado a fiestas o salidas; b) la presencia de golpes que justifica con explicaciones vagas, siempre hay que investigar lo que ha sucedido, puede haber una situación de violencia, sea escolar o en otros ámbitos; c)estar atentos si en el recreo del colegio están aislados, si hay pintadas en los baños ofensivas, los cambios bruscos de su comportamiento o rendimiento escolar, los rumores que circulan entre los compañeros, la forma en que se tratan, observar si en clase se burlan de él habitualmente o se ríen cuando interviene; d) de pronto no quiere participar en actividades de grupo, que antes sí hacían o se queda sin compañeros en las actividades de grupo; y e) debemos fijarnos si existe escasa o nula sociabilidad con los compañeros, mostrada a través de su autoexclusión o el rechazo de los otros.

Ante cualquier señal de alarma, comunicarlo a los padres, al centro y a las autoridades competentes. En todos los centros escolares hay un protocolo contra el acoso.

¿Cómo actuar para evitar que fracasen en sus aprendizajes?

Se deben descubrir sus intereses para canalizarlos y conocer sus motivaciones, para cambiar su conducta y actitudes confrontadas con los aprendizajes. Ayudarle a establecer hábitos de trabajo y de organización en el aula y en la familia, partiendo de las carencias observadas, así como trabajar la tolerancia a la frustración y la mejora de la autoestima en colaboración con la familia. Se deben conocer sus puntos fuertes para apoyarnos en ellos y sus dificultades, para compensar y conocer lo que ya sabe y no reiterar y compactar.

Es muy adecuado favorecer la comunicación entre profesorado y familias. Ir de la mano, para cambiar las falsas expectativas que puedan tener los padres y profesorado, y orientar a la familia para que estimulen sin agobiar, respondan a sus preguntas, colaboren con el centro educativo, estimulen sus relaciones sociales, etc. Se debe permitir la independencia en la elección de proyectos, materias, materiales y presentaciones, y potenciar su responsabilidad, relajando un poco la disciplina y las exigencias de sumisión y conformidad.

Necesitan aprender de forma activa, asumiendo retos, planteando preguntas con respuestas divergentes, respetando sus intereses. Se mueven bien desarrollando proyectos y problemas, en grupo e individualmente. Necesitan disfrutar con su aprendizaje. Necesitan sentirse orgullosos de su trabajo y resultados, más que el reconocimiento externo o la nota. Hacerles ver que el talento es una parte y que, sin esfuerzo y trabajo duro, no se avanza.

Falsas creencias generales, socioafectivas, escolar y en la intervención

Las altas capacidades se prestan con frecuencia a generar falsas creencias por la información incorrecta, proporcionada en gran medida por los medios de comunicación. Este juicio inadecuado va afianzándose en la sociedad poco a poco, si nadie lo contradice, pasando a ser una explicación verosímil. Por eso, se hace necesario exponer y describir los conceptos necesarios en aquellos aspectos más confusos(6). Algunos de ellos son: la herencia, la inteligencia y creatividad, las patologías mentales, el género y la clase social, la escolarización y la inteligencia, y capacidad física.

Herencia

En cuanto a los aspectos o procesos cognitivos heredados o aprendidos, hay que decir que los microprocesos cognitivos se heredan y los macroprocesos dependen del aprendizaje (Martínez, 2005b).

¿De padres superdotados, hijos superdotados? Algunos autores(17) describen que el 57% de los superdotados graduados en ciencias tenían un padre con estudios relacionados con STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y el 20% tenía padres que solo habían alcanzado la enseñanza secundaria. Existe la creencia de que los padres poco dotados tienen hijos menos dotados, y los muy brillantes tienen hijos muy brillantes y así sucesivamente. Esto es bastante erróneo, debido al efecto de regresión hacia la media, es decir, padres muy poco dotados pueden llegar a tener hijos con inteligencia normal y padres de inteligencia media pueden tener hijos muy brillantes. Por otro lado, padres muy brillantes pueden tener hijos de inteligencia media. La regresión es una consecuencia estadística donde la correlación de la inteligencia entre el padre, la madre y el hijo no es perfecta(18).

Hay evidencias de que un niño o niña con altas capacidades no siempre se convierte en un adulto con altas capacidades. El potencial mostrado en la edad escolar requiere oportunidades y recursos para que el talento se desarrolle. La evolución de su potencial también está condicionada por el nivel sociocultural, las circunstancias y acontecimientos de su vida, y también por el esfuerzo y la práctica intencionada. No obstante, tener altas capacidades no asegura que de mayor seas una persona adaptada, con éxito y feliz. A veces, unos no llegan a terminar un grado universitario, otros padecen desajustes emocionales, adicciones o intentos de suicidio(19).

Inteligencia y creatividad

La creatividad es una capacidad cognitiva al igual que puede ser la inteligencia (G) o la memoria. La adquisición de conocimientos, hechos e ideas corre a cargo principalmente de la inteligencia, facilitado por el pensamiento convergente. El pensamiento divergente (creatividad) aparece cuando el sujeto cuenta con una información tan amplia, facilitado por el pensamiento convergente, que le permite encontrar nuevas soluciones.

Los individuos que tienen un cociente intelectual (CI) muy bajo no pueden ser creativos. Sin embargo, en un cierto nivel de inteligencia (a partir de un CI de 120 según Torrance), la divergencia y la convergencia son lo bastante independientes como para crear diferencias entre inteligencia y creatividad. Esto significa que la creatividad y la inteligencia pueden estar en correlación por debajo de este umbral, pero por encima se presentan como variables independientes(20).

Interacción social de los niños con altas capacidades

Podemos encontrar en las áreas de personalidad y sociabilidad, tanta variación en los niños excepcionales como en el resto de la población(6). Los superdotados, talentos verbales, talentos artísticos, talentos creativos y talentos sociales no suelen presentar excesivos problemas de relación con sus compañeros. Los talentos lógicos, académicos, matemáticos y los niños y niñas precoces son los que pueden presentar más problemas de comunicación e interacción con los demás. Unas veces, por el razonamiento poco flexible, otras por su vocabulario muy técnico y elaborado, o bien por intereses excesivamente alejados del grupo.

No todos son líderes. La habilidad social de liderazgo es un tipo de talento específico y no una característica generalizable a todos los niños y niñas con altas capacidades intelectuales. Está condicionado por el nivel de inteligencia intra e interpersonal (inteligencia emocional y social) y el interés del alumno en temas que quiera liderar.

En el contexto escolar observamos que los líderes de altas capacidades presentan una capacidad especial para ayudar a que un grupo de compañeros alcance sus objetivos y mejoren sus relaciones humanas. Además, muestran mucha flexibilidad para ajustar su vocabulario y comportamiento a los otros, percibiendo con cierta facilidad las normas y reglas de cada grupo social.

Patología mental

Diferentes estudios han comprobado que la incidencia de patologías mentales en sujetos de altas capacidades es similar a la del resto de la población(6). No existe una correlación directa entre tipos de personalidad, patología mental y altas capacidades intelectuales(21).

Se ha constatado mediante un estudio, que los niños superdotados, con algunas excepciones, no son más vulnerables que sus compañeros no superdotados y es probable que se conviertan en adultos más felices y saludables. Los escolares superdotados no mostraron niveles más altos de psicopatología que sus compañeros(22). En otro estudio realizado en relación con el suicidio, concluye que el pensamiento suicida en los estudiantes superdotados es equivalente al de sus compañeros no superdotados.

Género, clase social y escolarización

Es similar el número de niños como de niñas con altas capacidades. No hay diferencia por género. Las niñas muestran un mejor rendimiento inicialmente, pero se igualan a los chicos en la adolescencia. A veces, se han encontrado diferencias en escalas de razonamiento entre hombres y mujeres, por motivos culturales. Tampoco hay diferencias significativas de la presencia de las altas capacidades entre colegios públicos y privados.

Detección temprana

Conviene detectar e identificar tempranamente (5-8 años) para potenciar los macroprocesos cognitivos; porque si no se estimulan los microprocesos y macroprocesos ya presentes en edades tempranas, se pierden e incluso pueden degenerar en inadaptaciones escolares y fracasos en el rendimiento(24).

La detección temprana generalizada a todos los niños en edades tempranas es necesaria para evitar que se oculten con facilidad y pasen desapercibidos. Los profesores y los padres son malos detectores sin la ayuda de escalas de observación. También es necesaria esta detección temprana, para evitar que los niños de los primeros niveles educativos (4-12 años) con altas capacidades no sean adecuadamente tratados en la familia (sobre todo, las familias desfavorecidas) y en la escuela, y se pierda su potencial intelectual.

La detección temprana y la intervención para estimular sus competencias cognitivas y adaptaciones de enriquecimiento del currículo, evitan que muchos se aburran, se desmotiven y fracasen en sus estudios. Especialmente, niños y niñas de entornos desfavorecidos.

No obstante, algunos precoces no confirman sus competencias a los 13-14 años y se igualan al resto de la población escolar. También algunos chicos no detectados tempranamente muestran sus potencialidades en edades posteriores.

Inteligencia y capacidad física

Su desarrollo físico es totalmente independiente de sus altas capacidades intelectuales. Un ejemplo lo tenemos en los talentos deportivos. Conviene motivar hacia la actividad física, al igual que con otro niño, para propiciar un desarrollo armónico.

Intervención

No son soluciones válidas para la intervención, frenar su rapidez para aprender, ni tampoco hiperestimularlo. Creer en la necesidad de la hiperestimulación, genera ansiedad en la familia y en el niño y, a veces, no responden a las necesidades del sujeto. No es adecuado priorizar el desarrollo intelectual, al desarrollo emocional, social o físico. Totalmente inapropiada es la no intervención, porque limita el derecho básico del alumno de desarrollarse en función de sus características y necesidades educativas; es decir, tener una educación que maximice sus recursos intelectuales y humanos. La proporción adecuada de los distintos tipos de intervención como la adaptación curricular, la aceleración o el enriquecimiento, estará en función de las características y necesidades de cada niño o niña.

La respuesta educativa dentro y fuera del centro escolar

De manera muy genérica, la respuesta educativa a un alumno con altas capacidades intelectuales hay que dividirla entre, la que recibe de manera individual dentro del aula, la que recibe de forma colectiva dentro y fuera del aula, y la respuesta fuera del centro.

De manera individual, dentro del aula, el docente le debe proporcionar un tratamiento diferenciado, con adaptaciones del currículo que permitan enriquecer o ampliar los contenidos programados ordinariamente para el resto, o bien se le puede ofertar la posibilidad de adelantar de curso si se dan las condiciones establecidas. De manera colectiva, como miembro del grupo-clase, el maestro podrá proporcionar metodologías con enfoque inclusivo, como el aprendizaje cooperativo o por proyectos, y los agrupamientos temporales de alumnado de rápido aprendizaje, donde compartan proyectos con otros de similares características, como las aulas de “desarrollo de capacidades” presentes en algunos centros (Fig. 4).

Figura 4. Respuesta educativa para los niños con altas capacidades intelectuales.

Fuera del centro hay muchas posibilidades de enriquecimiento mediante talleres, campamentos, mentorías y mucha oferta de programas en línea o presenciales, la mayoría de enriquecimiento cognitivo y emocional(25).

En cuanto a las modalidades de escolarización, se dan varias opciones para la atención educativa al alumnado con altas capacidades. Una de ellas es la educación inclusiva en los centros ordinarios, que considero es la más adecuada. También es una buena opción la educación integrada en un centro ordinario con apoyo fuera del centro y en grupos de iguales. Otras modalidades concentran a los alumnos de altas capacidades en uno de los grupos del nivel, separados del resto (p. ej., en el centro hay tres grupos de 3er nivel, uno con alumnos de altas capacidades y dos con el resto). En otros países hay centros específicos para alumnado con altas capacidades (p. ej., Corea y Canadá).

La respuesta adecuada dentro del aula son las adaptaciones curriculares de enriquecimiento. Consisten en modificar la programación de los contenidos curriculares de una materia, eliminando contenidos que ya domina y enriqueciendo la programación con la introducción de actividades y contenidos curriculares de profundización e interconexión con otras áreas. También se enriquece con la introducción de contenidos extracurriculares como: cognitivos (razonamientos, memoria, creatividad, funciones ejecutivas, etc.); metacognitivos (conocer como procesamos, secuenciamos o regulamos nuestra propia actividad cognitiva, autorregulación conductual, destrezas de pensamiento, etc.); introducción de contenidos de integración social (habilidades sociales y actitudes, etc.); contenidos de gestión emocional, como la mejora de la resistencia a la frustración (perfeccionismo e hipersensibilidad), mejora del autoconcepto, la autoestima, etc.; introducción de contenidos que impliquen la elaboración de productos y procedimiento para resolver situaciones y contenidos derivados de los intereses de los propios niños y niñas. Como podemos ver, las posibilidades de enriquecimiento son múltiples(14).

Adelantar de curso, flexibilizar y acelerar

El adelanto de curso es una medida que se suele emplear para responder al rápido aprendizaje de un alumno de altas capacidades y evitar su aburrimiento en su grupo. Este adelanto conviene apoyarlo en tres condiciones: 1) una alta habilidad intelectual en los macroprocesos cognitivos (superdotados y talentos académicos en los términos aquí expuestos); 2) haber adquirido las competencias del curso/s que se va a saltar; y 3) disponer de indicadores suficientes que pronostiquen una adecuada adaptación social al grupo de los mayores que él y un buen equilibrio emocional en el nuevo grupo(25).

Es relativamente fácil obtener la competencia cognitiva y curricular del niño o niña, pero es más difícil conocer su ajuste social y emocional. Ante las dudas en el ámbito socio-emocional, parece más prudente adelantar un curso, ver cómo se adapta y luego otro, si procediera, y así hasta cuatro, en muchas de las Comunidades Autónomas.

En cuanto al equilibrio personal-emocional, debemos analizar, mediante la observación, aspectos como: la habilidad para gestionar las emociones y sentimientos propios (adaptación personal/social y escolar); el autoconcepto conductual, intelectual, físico y social, y la autoestima y confianza en sí mismo; la resiliencia/tolerancia a la frustración; el control de la ansiedad (ansiedad, depresión); la motivación/cumplimiento de tareas; si sabe pedir ayuda; la agresividad/introversión/extraversión (extraversión/excitabilidad, dureza); la dependencia/autonomía; la capacidad para hacer frente a los desafíos, manejar la crítica y la adversidad con serenidad; y el grado de estabilidad emocional.

¿Cómo se desenvolverá en un grupo de alumnos mayores?, ¿tendrá problemas para socializarse con ellos?

Debemos conocer si responde de manera adecuada a los estados de ánimo, los temperamentos, las motivaciones y los deseos de otras personas; cómo es su empatía, sensibilidad social, relaciones interpersonales; muestra mucha flexibilidad para ajustar su vocabulario y comportamiento al de los demás; percibe con cierta facilidad las normas y reglas de cada grupo social; realiza un buen uso de determinadas habilidades sociales, haciendo amigos, siendo aceptado; es jovial y amable con los otros; respeta las normas con cierta conformidad y expone un buen autocontrol; evita conflictos, trata de resolverlos (no es agresivo ni terco y tiende a evitar los conflictos interpersonales); maneja la competitividad de forma adecuada sin llegar a ser patológica; se desenvuelve bien ante presiones o acoso; y se hace respetar por los alumnos mayores y en algunos ámbitos manifiesta dotes de liderazgo.

Conviene señalar los peligros del adelanto de curso sin análisis previo

Puede existir la frustración producida por el incremento de las demandas académicas y sociales, pudiéndole causar estrés y desgaste; las reducidas oportunidades para hacer amistades podrían conducir al aislamiento y a una etapa adulta antisocial; el escaso margen de tiempo para dedicarse a actividades extracurriculares siguiendo sus intereses, que puede producir dificultades emocionales en edades posteriores en algunos casos; la excesiva presión externa puede dar lugar a dificultades emocionales, como la tristeza, los cambios de humor, el llanto, la ansiedad, la inseguridad, etc.

Después de ser adelantado de curso, también deberá disponer de adaptaciones de enriquecimiento curricular y extracurricular.

Cómo debe actuar la familia

Cualquier iniciativa de la familia debe estar presidida por un dialogo flexible, la negociación, un contexto de seguridad, apoyo, mostrar confianza en el niño y una actitud firme en el establecimiento de límites y de pactos. Deben proporcionar autonomía, pero con seguimiento, que aprendan a elegir y a actuar, a resolver problemas autónomamente, que sea capaz de corregir sus errores y responsabilizarse de sus actos.

Criterios de actuación

Tanto el maestro como el pediatra deben informar a las familias de estos niños con altas capacidades, apoyándose en los siguientes criterios de actuación.

• Los padres deben tener un único criterio para establecer normas, responsabilidades y consecuencias. La conducta de la familia debe ser un modelo donde el alumno pueda aprender. La familia debe mantener el equilibrio, entre estimularlos para que aprendan en función de sus posibilidades, sin presionarles demasiado, y evitar que desaprovechen sus capacidades.

• Ser generosos en premiar su conducta cuando desarrolla valores de solidaridad, justicia, trabajo, esfuerzo, honradez y otros que la familia considere. No pasarse en las exigencias de un alto rendimiento ni de una conducta intachable. Ya son ellos muy autoexigentes.

• En cuanto a los hermanos, lo correcto sería comunicar con claridad, que cada uno destaca en cosas distintas y todos tienen carencias y virtudes, y no darle un trato especial respecto al resto de los hermanos.

Lo que sí debe hacer la familia(6)

• Aceptarlo como es. Evitar términos de “superdotado” o talento. No negar la evidencia, pudiendo decir que aprende más rápido que otros, pero otros corren o saltan más que él. Normativizar y relativizar su talento cognitivo. Hay muchas inteligencias.

• Estimular a que desarrollen todo su potencial cognitivo; pero no a cambio de jugar menos, de reducir su tiempo libre, de poner en peligro su equilibrio emocional o de transformarlo en un ser aislado e infeliz.

• Colaborar en aumentar su umbral de tolerancia a la frustración. Si comete un error o si tiene un fracaso, hay que seguir. Participar de sus inquietudes y compartirlas, animándoles a resolver sus problemas sin temor al fracaso y ayudarlos en la planificación de sus proyectos y tareas. Mostrarles que son queridos como los demás miembros de la familia y hacerles partícipes en las tareas del hogar, como el resto.

• Apoyar sus ideas, su creatividad, su imaginación. Poner atención a lo que dice. Tomarlo en serio. Atender a sus preguntas. Mantener un diálogo fluido sobre su educación. Darle libertad de pensamiento y proteger su potencial creativo. Proporcionar materiales y ocasiones de aprender en los ámbitos de su interés.

• Proporcionarles la posibilidad de convivir con todo tipo de niños, hacer actividades en equipo y respetar las normas y reglas del juego. Estimular el respeto por la diferencia y ser tolerante con los que aprenden más lentamente que él.

• Evitar, en su presencia, críticas hacia el profesorado y al centro, y discrepar entre los padres sobre su educación.

Orientaciones del docente, orientador o el pediatra, hacia la familia

• Reducir los errores detectados en las relaciones entre hermanos, con compañeros y con los adultos.

• Relajar las tensiones entre el profesorado y la familia. Favorecer la comunicación y el respeto mutuo, mostrar verdadero interés sobre el niño.

• Remediar las inadecuadas prácticas parentales en general.

• Orientar la oferta educativa complementaria a dispensar al escolar.

• Orientar a cómo estimular, sin forzar ni agobiar.

• Orientar cómo la familia puede formarse en conocer las características de estos escolares, invitándolos a participar en seminarios, cursos y ASOCIARSE con otras familias.

• Propiciar un pacto docente-familia. En el pacto debe quedar claro el rol que desarrolla la familia y el profesorado (y el niño en función de su edad o características).

La respuesta en la consulta pediátrica

Ante la consulta de una familia sobre la posible precocidad de un niño o niña conviene recordar:

• Los instrumentos de valoración son más fiables a partir de 4 años. Mientras llega esa edad, basta con proporcionar al niño las oportunidades de aprendizaje acordes a sus intereses y seguir las orientaciones del maestro y orientador del centro.

• Ante la sospecha de ciertos indicadores de precocidad, el pediatra podrá proporcionar un cuestionario de los expuestos anteriormente, para que lo cumplimente la familia. Si los cuestionarios de la familia determinan la posibilidad de precocidad, el pediatra lo derivará al director del centro escolar directamente o a través de los padres.

• No conviene dar por sentado que estamos ante un niño o niña precoz sin la confirmación de los equipos psicopedagógicos de la Consejería de Educación o profesionales de la psicopedagogía.

• Conviene que el pediatra ante determinados indicios, explore la posibilidad de desajustes emocionales, TDAH o autismo. De sospechar algo, informar por escrito al director del centro directamente o a través de la familia.

• El pediatra ha de orientar a las familias para que acudan al centro escolar en busca de la respuesta psicopedagógica que pueda necesitar el niño o la niña.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1. Mönks FJ, Mason EJ. Developmental Psychology and Giftedness: Theories and Research. En: Heller KA, Mönks FJ, Sternberg RJ, Subotnik RF, eds.International Handbook of Giftedness and Talent (2nd Edition). Pergamon, 2000; p. 141-55.

2.* Sternberg RJ. Inteligencia exitosa. Cómo una inteligencia práctica y creativa determina el éxito en la vida. Paidós. 1997.

3. Gagné F. Toward a differentiated model of giftedness and talent. En: Colangelo N, Davis GA, eds. Handbook of gifted education. Allyn and Bacon, 1991; p. 65-80.

4. Castelló A, Martínez M. Alumnat excepcionalment dotat intel·lectualment Identificació i intervenció educativa. Documents d’Educació Especial. Generalitat de Catalunya. Departament d’Ensenyament. 1999.

5.** Artiles C, Jiménez JE, Alonso P, Guzmán R, Vicente L, Álvarez J. Orientaciones para la detección e identificación del alumnado que presenta altas capacidades y su intervención educativa. Guía para los profesionales de la educación. Sta. Cruz de Tenerife: Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno Autónomo de Canarias. 2003.

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7.* Tourón J. Desarrollo social y emocional de los más capaces: la sobreexitabilidad. Recuperado de Desarrollo social y emocional de los más capaces: la sobreexcitabilidad (2/2). 2019. Disponible en: https://www.javiertouron.es/desarrollo-social-y-emocional-de-los-mas-capaces-la-sobreexcitabilidad-2-2/.

8.*** Martínez M, Guirado A, eds. Altas capacidades intelectuales en la escuela. Pautas de actuación, orientación, intervención y evaluación. Barcelona: Graó, 2012.

9.** Artiles C. Contexto en el aula. El contexto social, escolar y familiar del alumnado con altas capacidades intelectuales. Prejuicios y falsas creencias (material de clase). El contexto del alumno con talento. Máster en formación del profesorado para alumnos de altas capacidades, IV edición. Universidad de Castilla la Mancha. Facultad de Educación de Albacete. 2018.

10.** Artiles C, Jiménez JE, Álvarez J. Los procesos de detección desde el aula y la familia del alumnado con altas capacidades intelectuales. Análisis de los procedimientos informales para la detección colectiva e individual. En: Artiles C y Jiménez JE, Coord. Procedimientos e instrumentos para la detección e identificación del alumnado con altas capacidades intelectuales. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. 2005; II: 19-64.

11.** Artiles C, Jiménez JE. Identificación e intervención educativa y familiar con el alumnado de altas capacidades. Las Palmas de Gran Canaria: Ed. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canaria. 2005.

12.** Arocas E, Martínez MD, Regadera. Orientaciones para la evaluación psicopedagógica del alumnado con altas capacidades. Consejería de Cultura y Educación de la Generalitat Valenciana. 2002.

13.** Jiménez JE, Artiles C. Dislexia y altas capacidades intelectuales. En: Jiménez JE, ed. Dislexia en español. Madrid: Pirámide, 2012.

14.* Artiles C. Intervención con el alumno que presenta altas capacidades intelectuales y sus dificultades de aprendizaje (material de clase). Dificultades en el proceso de aprendizaje. Grado de E. Primaria. Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. 2015.

15. González-Cabrera J, Tourón J, Machimbarrena JM, León A, Gutiérrez-Ortega M. Estudio exploratorio sobre acoso escolar en alumnado con altas capacidades: prevalencia y afectación psicológica. Revista de Educación. 2019; 386, 187-214. DOI: 10.4438/1988-592X-RE-2019-386-432.

16. Erwin J. Prevalence and Impact of Peer Victimization Among Gifted Adolescents (Doctoral Dissertation). University of California, Berkeley, United States. 2015.

17. Almorode J, Subotnik R, Crowe E, Tai R. Specialized High Schools and Talent Search Programs: Incubators for Adolescents With High Ability in STEM Disciplines. Journal of Advanced Academics. 2014; 25: 307-31.

18. Benito Y. Inteligencia y algunos factores de personalidad en superdotados. Salamanca: Amarú Ediciones. 1997.

19. Pfeiffer S, ed. APA. Handbook on giftedness and talent. Washington, DC: American Psychological Association. 2018.

20.* Jiménez JE, Artiles C, Rodríguez C, Camacho J, Moraes J. Creatividad e inteligencia: ¿dos hermanas gemelas inseparables? Revista Española de Pedagogía. 2008; 240: 261-82.

21. Carreras L, Castiglione F, Valera M, eds.. Altas Capacidades Intelectuales: La asignatura pendiente. Barcelona: Horsori Editorial. 2012.

22. Suldo S, Shaunessy E, Hardesty R. Relationships among stress, coping, and mental health in high-achieving high school students. Psychology in the Schools. 2008; 45: 273-90.

23. Cross TL, Neumeister KLS, Cassady JC. Psychological types of academically gifted adolescents. Gifted Child Quarterly. 2007; 51: 285-94.

24. Artiles C, Álvarez J, Jiménez JE. Orientaciones para conocer y atender al alumnado con altas capacidades. Guía para familias. Consejería de educación, cultura y deportes del Gobierno de Canarias. 2002.

25.** Artiles C. El adelanto de curso. La importancia de lo social y lo emocional. 2020. Disponible en: https://ceferinoartiles.es/wp-content/uploads/2020/06/El-adelanto-de-curso.-La-importancia-de-lo-social-y-emocional-3.pdf.

Bibliografía recomendada

– Carreras L, Castiglioni F, Valera M, eds. Altas capacidades intelectuales. La asignatura pendiente. Barcelona: Horsori Editorial. 2012.

El libro nos conduce de forma amena e instructiva al contenido, concluyendo con propuestas y recomendaciones de actuaciones rigurosas y necesarias. Se muestra un panorama tranquilizador y sosegado ante la presencia de un niño con altas capacidades en la familia. Huye del alarmismo y del esperpento, abogando por la necesidad de conocer mejor al sujeto para adaptar su respuesta. Buena, actual y rigurosa científicamente, para ser útil a la familia y a los profesionales.

– Martínez M, Guirado A, eds. Altas capacidades intelectuales en la escuela. Pautas de actuación, orientación, intervención y evaluación. Barcelona: Graó, 2012; p. 71-118.

Un repaso completo desde la detección, la identificación y la intervención con estos niños y niñas de altas capacidades. Se mencionan recursos y la relación familia-escuela. Un buen manual para profesionales y padres.

– Renzulli J, Reis S. Enriqueciendo el currículo para todo el alumnado. Madrid: Ápeiron ediciones. 2016.

Una propuesta muy interesante para documentar una respuesta de enriquecimiento a estos escolares en el contexto escolar y extraescolar. Recomendable.

– Artiles C. Tengo un alumno/a de altas capacidades en mi clase ¿y ahora qué? 2020. Disponible en: https://ceferinoartiles.es/tengo-un-alumno-a-de-altas-capacidades-en-mi-clase-y-ahora-que/.

Este artículo presenta una guía de recursos metodológicos y organizativos ante la presencia de un niño o niña de altas capacidades en una clase de la enseñanza básica.

– Artiles C. El adelanto de curso. La importancia de lo social y emocional. 2020. Disponible en: https://ceferinoartiles.es/wp-content/uploads/2020/06/El-adelanto-de-curso.-La-importancia-de-lo-social-y-emocional-3.pdf.

Todo padre, madre o docente que se plantee el adelanto de curso de un niño de estas características, debe leer el contenido de este artículo. Se hace hincapié especial en las condiciones sociales y emocionales, como condición del adelanto.

Caso clínico

Niña de 4 años que no quiere ir al colegio, porque se aburre en clase. Llora y tiene fiebre cuando llega la hora de asistir a su centro por la mañana. Dice que la maestra no la deja preguntar y la manda callar constantemente. Ella ya sabe leer, pero en clase no la dejan. Habla mucho y emplea acertadamente las palabras para expresarse. Suma y resta con los dedos cantidades hasta 100. Dibuja muy bien, especialmente animales. Le gusta jugar en el recreo con niños y niñas mayores que ella. Le cuesta aceptar las normas de juego y de la clase.

Antecedentes familiares

Sus padres son docentes en la Universidad y tiene dos primos de 12 y 13 años que tienen un alto rendimiento escolar. Su madre pinta muy bien.

Antecedentes personales

De pequeña caminó y habló antes de tiempo, según el pediatra. A los dos años contaba hasta 10 en español y en inglés, y hacía preguntas de una niña mayor que ella. En la clase de tres años, no paraba quieta, molestaba y se peleaba con frecuencia con sus compañeros.

Describa la actuación del pediatra.

 

Psicofarmacología

P.J. Rodríguez Hernández
Temas de FC


P.J. Rodríguez Hernández

Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife

Resumen

Los medicamentos pueden producir efectos significativos sobre la salud de niños y adolescentes con trastornos mentales. Sin embargo, existe consenso sobre la necesidad de demostrar la eficacia sobre determinados síntomas nucleares y sintomatología acompañante en determinadas enfermedades. Muchos estudios han mejorado el conocimiento de los mecanismos terapéuticos para la intervención en los trastornos del comportamiento, trastornos del ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos del desarrollo y enfermedades psicóticas. El conocimiento de la psicofarmacología pediátrica está en continuo desarrollo. Algunos de los tratamientos más utilizados en Psiquiatría infantil son los psicoestimulantes, los antipsicóticos, los estabilizadores del ánimo y los antidepresivos. Este artículo pretende ayudar a los pediatras mediante la revisión de la mejor evidencia científica disponible y las estrategias actualizadas destinadas al cuidado del paciente pediátrico.

 

Abstract

Medications can provide significant salutary effects for children and adolescents with mental illness. However, there was consensus about the need to demonstrate efficacy in targeted disorders as well as symptoms within specific disorders. Multiple studies have expanded our understanding of ways to treat youths with disruptive behaviour disorders, mood disorders, anxiety disorders, pervasive developmental disorders and psychotic illness. Our understanding of paediatric psychopharmacology is continuously changing. Some of the most utilized treatments in child psychiatry are stimulants, antipsychotics, mood regulators and antidepressants. This review was designed to help clinicians provide the best evidenced-based and most up-to-date care for paediatric patients.

 

Palabras clave: Psicofarmacología infantil; Niños; Pediatría; Salud mental.

Key words: Pediatric psychopharmacology; Children; Pediatric; Mental health.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 84 – 90

 

OBJETIVOS

Entre los objetivos de la presente revisión figuran los siguientes:

  • Conocer que los psicofármacos se utilizan en la edad pediátrica para mejorar la sintomatología de los trastornos mentales.
  • Aprender que los efectos secundarios son frecuentes, pero poco importantes en la mayoría de las ocasiones.
  • Saber que en las crisis de agitación se utilizan neurolépticos atípicos orales en dosis única.
  • Entender la utilización del metilfenidato como primera opción terapéutica farmacológica en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

 

Psicofarmacología

Introducción

Los psicofármacos en Pediatría se deben utilizar dentro de un plan terapéutico global que incluya psicoterapia, intervención pedagógica y apoyo familiar.

La investigación y el desarrollo de protocolos para la utilización de psicofármacos en la infancia y adolescencia es reciente. En muchos casos, se han extrapolado los resultados de los estudios en los adultos antes de realizarlos en niños. Aunque cada vez existe más evidencia de la efectividad y seguridad, lo cierto es que aún se necesitan muchas pruebas e investigación de resultados a medio y largo plazo(1).

Algunas de las dificultades en este campo pueden ser las inherentes a la experimentación en la edad pediátrica, el desarrollo reciente de la psiquiatría infantil o la ausencia de experiencia metodológica suficiente. Incluso los instrumentos de evaluación ofrecen sustanciales diferencias en los resultados que aportan, dificultando la comparativa entre las conclusiones de estudios diferentes(2).

Algunas de las características generales de los psicofármacos que se emplean en niños y adolescentes son(3):

• Habitualmente, se debe comenzar con la mínima dosis posible y se va incrementando según beneficios terapéuticos y efectos secundarios.

• La acción no la ejercen sobre los síntomas nucleares, sino que mitigan las expresiones conductuales o emocionales de dichos síntomas.

• Su utilización conjunta con otras modalidades terapéuticas (terapias psicológicas) permiten mejorar la efectividad global.

• Habitualmente, es necesario que transcurran semanas hasta que se obtiene el efecto terapéutico deseado y/o la estabilización del cuadro clínico.

• La mayoría de los psicofármacos no afectan a un sistema único de neurotransmisores. Por ello, los efectos secundarios no se circunscriben exclusivamente al sistema nervioso central, sino que pueden aparecer en otros órganos o sistemas (Tabla I).

En el presente artículo se desarrollan los aspectos más importantes de los psicofármacos más utilizados en la infancia: los psicoestimulantes y otros tratamientos para el trastorno por défict de atención e hiperactividad (TDAH), los neurolépticos, los antidepresivos, las benzodiacepinas y los estabilizadores del ánimo.

Farmacología en el tratamiento del TDAH

La efectividad del tratamiento farmacológico del TDAH es muy elevada.

La farmacología en este trastorno es la mejor estudiada y la que ofrece unos mejores resultados en efectividad y seguridad. Se dividen en psicoestimulantes y no estimulantes. Los psicoestimulantes comercializados en España son el metilfenidato y la lisdexanfetamina. Los fármacos no estimulantes son la atomoxetina y la guanfacina.

Metilfenidato (Tabla II)

El metilfenidato (MPH) se prescribe a niños y adolescentes con gran efectividad desde hace más de 60 años. Es seguro y tiene muy buena tolerancia. Actúa principalmente bloqueando el transportador presináptico de dopamina, impidiendo la recaptación de dopamina en la neurona presináptica y aumentando así su concentración en la sinapsis neuronal. También liberan catecolaminas de las vesículas presinápticas.

La mayoría de las guías clínicas recomiendan iniciar el tratamiento a partir de los 6 años. Algunos estudios que incluyen a niños entre 3 y 5 años con TDAH concluyen que el MPH también es efectivo en niños preescolares, pero con menor tamaño del efecto y más efectos secundarios. Especialmente, labilidad emocional e irritabilidad.

Como efecto clínico, se ha demostrado que mejora los síntomas centrales del TDAH en el 70-80% de los niños y adolescentes. También mejoran otros síntomas que se asocian con frecuencia al TDAH, como el negativismo, la agresividad impulsiva, la motivación, la capacidad de aprendizaje y el control inhibitorio. La efectividad del MPH es, generalmente, dependiente de la dosis hasta un máximo, a partir del cual no existe mejoría clínica(4).

Los efectos secundarios suelen ser leves y transitorios (aparecen al inicio del tratamiento y suelen disminuir con el tiempo), y dosis-dependiente. En orden descendente de frecuencia son: disminución del apetito, insomnio de conciliación, “efecto rebote” (brusco retorno de los síntomas al disminuir el nivel de MPH en sangre), cefalea, síntomas gastrointestinales (molestias abdominales, náuseas, vómitos), síntomas cardiovasculares (taquicardia, hipotensión ortostática), aparición o empeoramiento de tics, hiperconcentración e irritabilidad. 1 de cada 1.000 pacientes puede presentar síntomas psicóticos con el MPH. Para disminuir el riesgo de aparición de efectos secundarios se recomienda iniciar el tratamiento con dosis bajas y aumentar la dosis lentamente cada 5-8 días. El rango terapéutico es variable, pero se sitúa entre 0,5 y 1,2 mg/k/día(5).

Existen tres tipos de MPH comercializados en España. De liberación inmediata, de acción intermedia y de acción larga.

MPH de liberación inmediata con acción corta

Hace efecto a la media hora de la toma y tiene el efecto máximo a la hora y media. La duración es de 4-6 horas. Se debe empezar con dosis de 5 mg/día
repartidos en 2-3 tomas, subiendo semanalmente entre 5-10 mg hasta una dosis máxima de 90 mg/día. Como principal ventaja, permite un ajuste fino de dosis y sirve como complementación del MPH de acción prolongada(6). Está disponible en comprimidos de 5, 10 y 20 mg.

MPH en cápsulas de liberación prolongada de acción intermedia

Son cápsulas de liberación prolongada, rellenas con dos tipos de gránulos: 50% de liberación inmediata y 50% de liberación prolongada. Su efecto comienza a los 30 minutos, siendo su primer pico a la 1,5 horas y un segundo pico a las 4 horas. Se empieza con dosis de 10 mg/día subiendo 10 mg cada 6-8 días, hasta una dosis máxima de 100 mg/día. Presenta la ventaja de poder abrirse y espolvorearse sobre comida blanda (yogur, natillas…). También se pueden tomar enteras. Al ser de duración intermedia, a veces, se indican dos tomas diarias. Se presenta en cápsulas de 5, 10, 20, 30, 40, 50 y 60 mg.

MPH de liberación prolongada de acción larga

Existen dos tipos de cápsulas con dos sistemas de liberación: el sistema OROS (osmotic-release oral system). Es una cápsula recubierta de MPH de liberación inmediata (en torno al 22%) rellena de MPH, que se libera lentamente durante 12 horas (78%). El segundo es en cápsulas duras de liberación modificada.

Debido a la liberación gradual de MPH, los picos no son tan rápidos ni tan elevados, lo que disminuye el riesgo de efecto rebote y taquifilaxia.

Se debe iniciar con dosis de 18 mg/día con incremento de 18 mg cada 6-8 días hasta 72 mg/día como dosis máxima (o incluso 108 mg/día). Se presenta en dosis de 18, 27, 36 y 54 mg.

MPH en cápsulas de liberación prolongada 30:70

Presentación de metilfenidato de liberación prolongada en cápsulas, que combina un 30% de metilfenidato de liberación inmediata con un 70% de liberación retardada. Las cápsulas pueden ingerirse enteras, ayudándose con líquidos o bien se puede espolvorear el contenido en una pequeña cantidad de compota o similar. El perfil de efectos secundarios es similar al del resto de mecanismos de liberación de metilfenidato, sin que existan diferencias estadísticamente significativas en la frecuencia de aparición con MPH 30:70. Se comercializa en dosis de 10, 20, 30, 40, 50 y 60 mg.

Lisdexanfetamina

Se trata de un profármaco resultado de la combinación mediante enlace covalente del aminoácido lisina y la dexanfetamina o dextro-anfetamina. Tras su administración por vía oral es absorbido a nivel intestinal y, una vez en el torrente sanguíneo, la capacidad hidrolítica de los glóbulos rojos separa los dos componentes mediante la disolución del enlace covalente, permitiendo el aumento de la concentración de dexanfetamina, componente responsable de la actividad farmacológica. Actúa bloqueando la recaptación presináptica de dopamina y noradrenalina. Resulta un compuesto seguro, menos perjudicial que otros psicoestimulantes en caso de sobre ingesta y con menor potencial de riesgo de abuso(7).

Se encuentra comercializado en cápsulas de 30, 50 y 70 mg. Se recomienda pauta inicial de 30 mg por la mañana, en caso de no respuesta o de respuesta subóptima, se sugiere incremento de dosis a razón de 20 mg semanales, siendo la dosis máxima recomendada de 70 mg/día. Los efectos adversos más frecuentes son, igual que en el caso del metilfenidato, el insomnio de conciliación y la disminución del apetito.

Atomoxetina

La atomoxetina es un inhibidor selectivo de la recaptación de la noradrenalina, aunque su mecanismo de acción no está del todo claro. Parece ser que actúa bloqueando o retrasando la reabsorción de noradrenalina, con lo que mejora el grado de atención y presenta un posible efecto ansiolítico. Se comercializa en cápsulas de 10, 18, 25, 40, 60 y 80 mg. La dosis inicial recomendada es de 0,5 mg/kg/día. En caso de no respuesta, se recomienda incremento progresivo de dosis hasta 1-1,2 mg/kg/día. Se debe tener en cuenta que cuanto menor sea la velocidad a la que se aumente la dosis mejor tolerado será este aumento, dificultando la aparición de efectos adversos. Los efectos adversos más comunes son la pérdida de apetito, las molestias gastrointestinales y la somnolencia.

Los efectos secundarios de falta de apetito y pérdida de peso son similares a los del metilfenidato, pero al contrario que este, produce somnolencia que podría ser beneficioso en pacientes con TDAH y alteraciones del sueño. Se ha comunicado la aparición de convulsiones y QT prolongado con sobredosis de atomoxetina, pero no a dosis terapéuticas.

Guanfacina

La guanfacina es el último medicamento que se ha aprobado en España para el tratamiento del TDAH. Es un agonista adrenérgico que está indicado en un perfil de pacientes en los que la persistencia de los síntomas o la comorbilidad asociada (problemas de comportamiento, ansiedad o tics) no se controla con el metilfenidato. Por eso ha demostrado características de especial interés para resolver necesidades no cubiertas en su manejo. La dosis es de 4 mg en menores de 12 años en toma única, generalmente matutina y de 7 mg en mayores de 12 años, con incremento semanal de 1 mg. El efecto terapéutico aparece desde ya la tercera semana desde su introducción. Se comercializa en dosis de 1, 2, 3 y 4 mg.

Neurolépticos

Los neurolépticos atípicos son el tratamiento farmacológico de elección en los trastornos graves del comportamiento.

Los neurolépticos o antipsicóticos se han usado en el tratamiento de niños y adolescentes con diferentes problemas psiquiátricos, que incluyen psicosis, agresividad, manía, irritabilidad y síndrome de Tourette(8). El mecanismo de acción fundamental de los antipsicóticos es el bloqueo del receptor dopaminérgico D2. El objetivo del tratamiento es reducir la activación de los circuitos dopaminérgicos que, al menos en parte, están mediando la psicosis, la manía, los tics y la agresividad. Los antipsicóticos atípicos tienen menos efectos secundarios motóricos que los típicos, pero comparten otros efectos secundarios, como la sedación o la ganancia de apetito y de peso(9).

Neurolépticos típicos

Su utilización en Pediatría es anecdótica y prácticamente limitada al haloperidol. Está indicado en el tratamiento sintomático de la ansiedad grave, agitaciones psicomotoras de cualquier etiología, incluido: delirium tremens, estados maníacos, estados psicóticos agudos y crónicos, movimientos anómalos como: tics motores, tartamudeo, síntomas del síndrome de Gilles de la Tourette y corea.

Las dosis aprobadas en niños son de 0,05 mg/kg/día. Se recomienda tomar con las comidas (con agua, leche o zumo de naranja).

Neurolépticos atípicos

Son fármacos que presentan un mejor nivel de tolerabilidad y menos efectos secundarios que los típicos. La risperidona es uno de los antipsicóticos atípicos mejor estudiados en niños y adolescentes. Además, es el fármaco con mayor evidencia de eficacia como tratamiento de la irritabilidad y agresividad en los trastornos del espectro autista (TEA). Presenta una eficacia demostrada con dosis bajas a partir de 0,25 mg al día. Se comercializa en jarabe y comprimidos. El aumento de dosis por encima de 2,5 mg/día no se asocia con mejor respuesta. Aunque los efectos a largo plazo son todavía poco conocidos, debido a la evidencia existente en la actualidad, es de elección frente a otros antipsicóticos atípicos, como son la quetiapina o el aripiprazol.

El aripiprazol es otro neuroléptico atípico utilizado con frecuencia en la infancia. Se trata de un fármaco agonista parcial de dopamina. La dosis inicial es de 2 mg/día hasta alcanzar dosis de 10-20 mg/día. También se comercializa en jarabe y comprimidos. Las dosis que han demostrado ser eficaces en los diversos estudios publicados, oscilan entre 1,25 y 7,5 mg/día con una media de unos 3 mg/día(10).

Neurolépticos en crisis de agitación

El tratamiento de elección de las crisis de agitación psicomotriz es un neuroléptico a bajas dosis(11). Algunas pautas son las siguientes:

• Risperidona: entre 0,5 y 1 mg en dosis única en niños y 2 mg en adolescentes, vía oral.

• Olanzapina: 2,5 mg en dosis única en niños y 5 mg en adolescentes, vía oral.

• Haloperidol: 2,5 mg en dosis única en niños y 5 mg en adolescentes, vía intramuscular.

Efectos secundarios de los neurolépticos

Los efectos secundarios son mínimos, debido a que las dosis que se emplean en niños suelen ser bajas y su utilización no suele ser prolongada(12). Los principales son la sedación y el incremento de peso. También efectos gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarreas.

Se recomienda que la discontinuación sea de forma gradual para evitar síntomas extrapiramidales de rebote. En caso de que esto sucediese, se recomienda mantener un fármaco antiparkinsoniano durante unos días después de la retirada del antipsicótico.

Cuando las dosis son mayores o se utilizan durante mucho tiempo, pueden aparecer otros efectos secundarios, entre los que se encuentran(13):

• Parkinsonismo, síntomas extrapiramidales. Se caracteriza por temblor, acentuado en reposo, rigidez y bradiquinesia. Para eliminarlo es necesario disminuir la dosis. También se puede usar antiparkinsonianos como el biperideno (2 mg vía oral cada ocho horas, hasta que ceda la sintomatología). En etapas agudas es necesario aplicar una ampolla de 5 mg vía intramuscular.

• Distonía aguda. Contracción muscular. En el 90% de los casos ocurre en los primeros cuatro a cinco días después de comenzar el tratamiento. Puede afectar al cuello, la mandíbula o la lengua, y el tratamiento inicial debe ser con biperideno.

• Acatisia aguda. Consiste en una sensación subjetiva y objetiva de inquietud motora, que conduce a que el paciente esté agitado. Aparece en cualquier momento durante el tratamiento.
Se debe reducir la dosis del antipsicótico y suministrar bloqueadores betaadrenérgicos (p. ej., propanolol).

• Disquinesia tardía. Consiste en movimientos involuntarios de la boca y coreoatetoides de la cabeza, extremidades y el tronco. Desaparecen durante el sueño y aumentan con el estrés. Aparecen después de mucho tiempo de tratamiento. Se debe evaluar la disminución de dosis o cambiar por otro antipsicótico.

El síndrome neuroléptico maligno es muy poco frecuente. Puede presentarse en cualquier momento durante el curso de tratamiento con antipsicóticos. Es una complicación grave que puede causar la muerte. Presenta síntomas motores, como rigidez muscular, embotamiento y agitación. Se acompaña de fiebre y aumento de la tensión arterial. Existe aumento de leucocitos, de enzimas hepáticas o mioglobinuria. El tratamiento es sintomatológico.

Antidepresivos

Los antidepresivos de elección en la infancia y la adolescencia son los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS).

Los ISRS con más efectividad son: la fluoxetina, la sertralina, la paroxetina y el citalopram. La dosis de sertralina debe ser de 25-50 mg/día de inicio, en dosis única matutina, con incremento paulatino de 25 mg cada ascenso y dosis máxima de 200 mg. Para la fluoxetina, la dosis de inicio es 10-20 mg/día, también en dosis única matutina, incremento de 10-20 mg/día en cada ascenso con dosis máxima de 60 mg/día. Para el escitalopram, la dosis de inicio es de 5 mg, con incremento de 5 mg hasta la dosis máxima de 20 mg/día, también en dosis única matutina(14).

Si no existe mejoría en 4-5 semanas, hay que reconsiderar el tipo de tratamiento y la existencia de comorbilidad. Una vez se consigue la estabilidad clínica, se debe mantener de manera prolongada, como mínimo, 10 o 12 meses antes de plantear su retirada progresiva.

A diferencia de los otros psicofármacos considerados en la presente revisión, los antidepresivos en la infancia y adolescencia precisan de más cantidad de estudios para evaluar mejor la eficacia y seguridad a largo plazo. También se han encontrado altas tasas de respuesta a placebo en los estudios de depresión infantil, por lo que sería aconsejable la investigación mediante nuevos diseños de tratamiento que puedan demostrar la eficacia.

Los efectos secundarios de los ISRS en la infancia suelen ser leves y transitorios, sobre todo en las primeras semanas de tratamiento. Los más frecuentes son: molestias gastrointestinales como: náuseas, vómitos, dolor abdominal y cefalea; y problemas en el sueño en forma de pesadillos, insomnio o hipersomnia. En raras ocasiones, se presentan problemas de impulsividad, agitación o desinhibición conductual. En el año 2004, la administración del medicamento americana emitió una alerta sobre el incremento del riesgo de conducta e ideación autolítica en adolescentes tratados con antidepresivos. Sin embargo, en el 2007, otra alerta admitió la existencia de dichos fenómenos asociada a la propia depresión, por lo que no se puede imputar el problema a los antidepresivos.

Benzodiacepinas

Se deben utilizar como último recurso, ya que crean habituación, dependencia y tolerancia.

Las benzodiacepinas se deben utilizar cuando existe ansiedad marcada y producen una mejoría rápida de la misma. Sin embargo, se recomienda su empleo solo de manera puntual. El tratamiento de los trastornos de ansiedad se realiza mediante estrategias de psicoterapia cognitivo-conductual y, si es necesario con ISRS. Las benzodiacepinas son útiles para el abordaje a corto plazo, y debe ser convenientemente monitorizada(2).

Los efectos secundarios más frecuentes son la somnolencia, los problemas mnésicos y de atención, la desinhibición conductual, la hipotensión y mareo o el estreñimiento. Como principios básicos generales, su utilización se debe realizar durante pocas semanas. Se pueden emplear a partir de los 2 años, pero se debe evitar antes de los 9. Los más recomendados son el clorazepato y el clonazepan, debido a su vida media larga. Las dosis iniciales deben ser bajas, y se aumentarán cada 3-7 días si persiste la sintomatología. Si se presenta somnolencia, se reparten las dosis en más tomas. Si aumenta la ansiedad entre 2 tomas, se emplea una dosis extra de manera puntual. No se recomienda utilizar 2 tipos de benzodiacepinas a la vez. Una vez controlada la sintomatología, la retirada se debe realizar de forma progresiva y lenta.

Antiepilépticos

Los antiepilépticos se utilizan como estabilizadores del ánimo.

También se han utilizado con éxito en el tratamiento de los trastornos de comportamiento, trastorno bipolar, agresividad o impulsividad en la infancia y adolescencia.

El ácido valproico es el más estudiado en el tratamiento de los trastornos del comportamiento y en el trastorno bipolar en niños y adolescentes. La dosis eficaz oscila entre 15-20 mg/kg/día dividida en dos tomas, si bien la forma de liberación prolongada permite una única toma por la noche. Como posibles efectos secundarios podemos encontrar: fallo hepático, pancreatitis, trombocitopenia o molestias gastrointestinales. Se recomienda la realización de hemograma, perfil hepático y niveles de ácido valproico en sangre cada seis meses.

La carbamacepina también se ha usado en el tratamiento de trastornos del comportamiento y trastorno bipolar en niños y adolescentes. En niños, las dosis iniciales son de 100 mg/día dos veces al día, con subida gradual hasta 10-20 mg/kg/día. En cambio, en adolescentes, las dosis oscilan entre 400-1.400 mg/día en dos o tres tomas. Se utiliza poco, debido a sus múltiples interacciones con otros fármacos y sus efectos secundarios como: síndrome de Stevens-Johnson, hiponatremia, anemia aplásica y agranulocitosis.

Por último, hay que mencionar que el litio se usa con frecuencia como estabilizador del ánimo en adultos. En niños y adolescentes, puede ocasionar muchos efectos secundarios (cardiacos, renales, tiroideos), por lo que su uso es anecdótico.

Función del pediatra de Atención Primaria

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria son:

• Conocer los psicofármacos más utilizados y sus indicaciones, así como las dosis y los protocolos de incremento de dosis y disminución de estas.

• Dominio de los efectos secundarios más frecuentes, tanto los de aparición aguda como tardía. Estrategias para actuar ante la aparición de efectos secundarios.

• Planificar las estrategias terapéuticas de manera global. Integrando tratamiento psicofarmacológico con otras modalidades terapéuticas.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1.** Sánchez P, Hervás P. Psicofarmacología en niños y adolescentes. En: AEPap (ed). Curso de Actualización Pediatría 2018. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2018. p.135-43.

2. Campos A, Ávila G, Trillos E. Psicofarmacología en niños, niñas y adolescentes: una aproximación terapéutica. MEDUNAB. 2002; 5: 195-202.

3. Alonso S. Manejo de psicofármacos. Adolescere. 2014; 2: 103-12.

4.*** Rodríguez Hernández PJ, Betancort Montesinos M, Peñate Castro W. Progression of symptoms in children with attention deficit hyperactivity disorder in treatment with methylphenidate. Medicina (B Aires). 2020; 80: 72-5. PMID: 32150718.

5. Criado Gutiérrez I, Rodríguez Hernández PJ. El tratamiento farmacológico. Moléculas y galénicas al alcance del pediatra de Atención Primaria. Consejos prácticos. En: TDAH en el niño. Madrid: IMC; 2015. p. 65-73.

6.** Rodríguez Hernández PJ, González González I, Gutiérrez Sola AM. El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Pediatr Integral. 2015; 19: 540-6.

7. Rodríguez Hernández PJ, Alda Díez JA. Introducción al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. En: TDAH en Pediatría. (Rodríguez Hernández PJ, Coord.). Ed.: inScienceCommunications. Madrid; 2013. p. 1-14.

8. Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. Pediatr Integral. 2017; 21: 73-81.

9.*** Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. En: I Curso de psiquiatría del niño y del adolescente para pediatras. (Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ, Edit.). Ed: Mayo. Barcelona, 2019. ISBN: 978-84-9905-263-2. Disponible en: https://www.cursopsiquiatriasema.com/tema-4-trastornos-del-comportamiento/.

10. Constals N, Menard ML, Cohen D. Aripiprazole in children and adolescents. J Child Adolesc Psychopharmacol. 2021; 31: 4-32.

11. Rodríguez Hernández PJ, Sánchez Pavesi AL, Lago García B. Urgencias en psiquiatría infanto-juvenil. Pediatr Integral. 2019; 23: 91-7.

12. Henshall C, Cipriani A, Ruvolo D, Macdonald O, Wolters L, Koychev I. Implementing a digital clinical decision support tool for side effects of antipsychotics: A focus group study. Evid Based Mental Health. 2019; 22: 56-60.

13.*** Israni AV, Kumar S, Hussain N. Fifteen-minute consultation: an approach to a child presenting to the emergency department with acute psychotic symptoms. Arch Dis Child Educ Pract Ed. 2018; 103: 184-8.

14.*** Mardomingo MJ. Depresión, suicidio y trastorno bipolar. En: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ, eds. I Curso de psiquiatría del niño y del adolescente para pediatras. Madrid: Ediciones Mayo S.A.; 2019. p. 103-34. Disponible en: https://www.cursopsiquiatriasema.com/tema-5-depresion-suicidio-y-trastorno-bipolar/.

Bibliografía recomendada

- Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y en la Adolescencia. Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y en la Adolescencia. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social. Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitaria de Galicia (avalia-t); 2009. Guías de Práctica Clínica en el SNS: avalia-t Nº 2007/09.

Gratuito en Internet. Incluye un amplio apartado sobre el suicidio, con recomendaciones prácticas y niveles de evidencia científica de las recomendaciones realizadas.

- Javaloyes MA. Psicofarmacología. Pediatr Integral. 2017; 21: 117-25.

Artículo de revisión que resume los principales psicofármacos utilizados en la infancia, sus indicaciones, así como sus efectos secundarios más frecuentes.

- Soutullo C. Guía esencial de psicofarmacología del niño y del adolescente. Madrid: Panamericana; 2011.

Es el manual más completo y útil que existe hasta el momento. Adecuadas recomendaciones terapéuticas muy útiles en Pediatría de Atención Primaria.

- Nicol GE, Ivanov I. Getting to precision psychopharmacology in child psychiatry: The value of adverse treatment. J Child Adolesc Psychopharmacol. 2021; 31: 1-3.

Editorial reciente en el que se reflexiona sobre los efectos secundarios de uno de los psicofármacos que más se prescriben en los trastornos mentales infantiles: los neurolépticos.

 

Caso clínico

 

Alberto es un niño de 7 años que acude a la consulta de su pediatra de Atención Primaria con su madre. El pediatra conoce al niño desde el nacimiento y recuerda que a los 2 años y 3 meses fue diagnosticado de trastorno del espectro autista (TEA) leve en la Unidad de Salud Mental del hospital de referencia. En aquel momento, los síntomas incluían retraso en el desarrollo del lenguaje de 1 año, tendencia al aislamiento, pero sin rechazar la interacción cuando otros niños se acercaban, indiferencia parcial a las demandas (respuesta a su nombre en el 50% de las veces en que sus padres le llamaban), rarezas en el juego (juego repetitivo con tendencia a ordenar los juguetes más que a interaccionar con ellos) y particularidades sensoriales (tendencia a la restricción alimentaria con dificultad para probar nuevos sabores, taparse los oídos ante ruidos intensos).

En ese momento comienza a acudir a un programa de Atención Temprana, en el que estuvo 2 años, que supuso mejoría en la socialización y en las características del juego.

A los 3 años, comienza la etapa infantil en el colegio del barrio con buena adaptación y, en el informe psicopedagógico realizado por el equipo de orientación en el primer año de escolarización, se menciona que acude a un aula ordinaria con apoyo logopédico semanal. Entre los 3 y los 6 años (periodo de educación infantil), la evolución es positiva con mejoría lenta y progresiva de los síntomas del neurodesarrollo.

En el momento actual, con 7 años, se encuentra escolarizado en primero de infantil. Acude una hora a la semana a logopedia y varias horas semanales a refuerzo de aprendizaje en el mismo colegio en el que cursa infantil. Por la tarde, acude a robótica una hora a la semana y a una ludoteca otra hora. La socialización ha mejorado considerablemente, aunque desde que comenzó el curso, su tutora está preocupada por los enfados y rabietas que aparecen cuando no se le hace caso o se le lleva la contraria. Durante los últimos dos meses de clase, han aparecido explosiones de mal genio. Durante el último mes, las explosiones han sido diarias y cada día duran más tiempo y son más extremas, con gritos, insultos y agresividad hacia objetos, otros niños y profesorado. Estos comportamientos se observan también en el entorno familiar, pero con menor intensidad y generalmente en los momentos previos al sueño. En esos instantes refiere su madre que lo encuentra más nervioso y que últimamente le cuesta más dormir.

La madre entrega al pediatra un informe elaborado en el colegio, en el que se indica que desde que comenzó el curso (primero de primaria) se detecta mucha hiperactividad acompañada de dificultades atencionales significativas. Los profesores plantean la existencia de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) junto con el establecido trastorno del espectro autista (TEA). Solicitan al pediatra que contemple algún tratamiento para mejorar la impulsividad del niño.

El pediatra analiza los síntomas que se recogen en el informe y amplía los datos mediante la anamnesis a la madre. Concluye que puede existir un TDAH, pero que ahora mismo el problema principal es secundario a la explosividad que se genera, secundario a la intolerancia a la frustración debido a inflexibilidad cognitiva. Decide iniciar tratamiento con risperidona en jarabe (0,25 cc en desayuno y cena) y cita en una semana.

Después de una semana de tratamiento, la madre transmite al pediatra la existencia de una importante mejoría en el sueño y las dificultades previas a su inicio. También ha disminuido la explosividad, aunque persisten 2 o 3 días a la semana con intensidad moderada. El pediatra aumenta la dosis de risperidona (0,5 cc en desayuno y mantiene 0,25 cc en cena) y plantea indagar la existencia de un TDAH asociado en otra cita posterior, para decidir si inicia tratamiento con metilfenidato.

 

 

 

Depresión mayor en niños y adolescentes

C. Soutullo Esperón, MD, PhD; C. Collins, B. Sci
Temas de FC


C. Soutullo Esperón, MD, PhD; C. Collins, B. Sci

Louis A. Faillace Department of Psychiatry and Behavioral Sciences, McGovern Medical School, The University of Texas Health Science Center at Houston, Texas, EE.UU.

Resumen

La depresión mayor es un trastorno frecuente en niños y adolescentes, asociado a una alta morbilidad y mortalidad (por suicidio, la segunda causa de muerte en esta franja de edad). La etiología incluye factores genéticos, neuroendocrinos y psicosociales, especialmente la presencia de trauma o acontecimientos vitales importantes.

La fluoxetina y el escitalopram son eficaces y seguros en el tratamiento de la depresión mayor en niños y adolescentes, y tienen la aprobación de la FDA de EE.UU. La terapia cognitiva conductual también es eficaz y se recomienda asociarla a la medicación para una mejor respuesta y posterior prevención de recaídas cuando se reduce gradualmente y finalmente interrumpe la medicación, tras por lo menos 1 año de respuesta consolidada.

 

Abstract

Major depression is frequent in children and adolescents and is associated to elevated morbidity and mortality (due to suicide, the second cause of death in this age range). The etiology includes genetic, neuroendocrine and psychosocial factors, including trauma and negative life events.

Fluoxetine and escitalopram are safe and effective treatments that are approved by the U.S. FDA. Cognitive behavioral therapy is also effective and its combination with medication is recommended to improve response rates and prevent recurrences once the medication is tapered gradually and eventually discontinued, after at least one year of complete response.

 

Palabras clave: Depresión; Niños y adolescentes; Antidepresivos; Terapia cognitivo-conductual; Suicidio.

Key words: Depression; Child and adolescent; Antidepressants; Cognitive behavioral therapy; Suicide.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 83.e1 – 83.e16

 

OBJETIVOS

  • Comprender la epidemiologia y etiopatogenia de la depresión mayor en niños y adolescentes.
  • Entender en qué consiste, sus síntomas, la forma de diagnosticarla y su diagnóstico diferencial, y el riesgo de suicidio.
  • Conocer el tratamiento farmacológico de la depresión mayor en niños y adolescentes, los fármacos aprobados y recomendados, su seguridad y eficacia y cómo combinarlos con psicoterapia.
  • Conocer cuánto tiempo debe tratarse la depresión mayor en niños y adolescentes, una vez que se consigue una respuesta completa.
  • Saber cuáles son las recomendaciones cuando el paciente no responde al primer antidepresivo.
  • Conocer las indicaciones de la terapia cognitiva conductual, su eficacia y el tiempo que se tarda en conseguir una respuesta.

 

Depresión mayor en niños y adolescentes

Introducción

La depresión mayor es un importante problema de salud pública por su alta prevalencia. Tiene un inicio en edad temprana y produce un gran impacto negativo.

La depresión aumenta el riesgo vital por ideas, intentos y muerte por suicidio, abuso de sustancias, enfermedades médicas y otros trastornos psiquiátricos.

• La 5ª edición del manual diagnóstico americano DSM-5(1) de 2013, separó los “trastornos bipolares” de los “trastornos depresivos” que anteriormente en el DSM-IV (1994-2000) y el DSM-V-TR (2000-2013) estaban juntos en el capítulo de trastornos del humor(1).

• Los trastornos depresivos en el DSM-5(1) incluyen: la depresión mayor, el trastorno depresivo persistente (antes llamado distimia) y los trastornos depresivos no especificados. Además, se añadieron el trastorno disfórico premenstrual y el trastorno de disregulación disruptiva del humor (en inglés, Disruptive Mood Disregulation Disorder, DMDD), diseñado para intentar evitar que niños con irritabilidad crónica sin ciclación y episodios de descontrol o rabietas explosivas fueran diagnosticados de enfermedad bipolar. La Clasificación Internacional de la OMS CIE-11(2) mantiene 5 tipos de trastornos del humor: depresivos, distimia, bipolares, secundarios a trastornos médicos e inducidos por sustancias. Este artículo se centra en la depresión mayor en niños adolescentes (hasta 18 años).

• La depresión mayor es un importante problema de salud pública por su alta prevalencia, inicio en edades tempranas, impacto negativo en el paciente y su familia y el riesgo vital que produce, al asociarse a aumento de riesgo de ideas, intentos y muerte por suicidio, abuso de sustancias, enfermedades médicas y otros trastornos psiquiátricos. La edad media de aparición del primer episodio depresivo es la adolescencia o inicio de la edad adulta, aunque, en ocasiones, es la edad escolar.

• La depresión se manifiesta, también en niños y adolescentes, como un conjunto de síntomas persistentes, que suponen un cambio significativo respecto al estado habitual del paciente, y que interfieren negativamente en el rendimiento académico, y en las relaciones familiares y sociales. Además, aunque el episodio depresivo puede remitir en 1-2 años, si no se trata adecuadamente, tiende a la recurrencia y a la cronicidad. Un diagnóstico y tratamiento precoces son esenciales para reducir el impacto negativo.

Epidemiología

La prevalencia de la depresión mayor es del 2,8% en niños (hasta 13 años) y del 5,6% en los adolescentes (13-18 años). Es más frecuente en chicas a partir de la pubertad.

Hay una amplia evidencia sobre la prevalencia de depresión mayor en niños y adolescentes, un diagnóstico que hasta los años 1990 se decía en los libros que no existía en esta franja de edad. Un reciente meta-análisis encontró 23 estudios epidemiológicos sobre trastornos depresivos, con una prevalencia media del 2,6% (IC 95%: 1,7-3,9) y 22 estudios sobre Depresión Mayor (DM), con una prevalencia media de 1,3% (CI 95% 0,7-2,3)(3). La variabilidad de los resultados no se explicaba por la procedencia geográfica ni el año de publicación, pero sí por el tipo de entrevista diagnóstica utilizada y la definición de deterioro funcional para alcanzar umbral diagnóstico. En este meta-análisis se describe un estudio europeo en 12.000 adolescentes en 11 países, que encontró una prevalencia de depresión del 10,5%, y depresión sub-umbral (que no cumplía los criterios al 100%) del 29,2%. Los pacientes tenían tasas altas de comorbilidad (50%) y esta era predictor de ideas y conductas suicidas y de deterioro funcional.

La prevalencia de la DM varía con la edad, siendo del 2,8% en niños de hasta 13 años y del 5,6% en los adolescentes (13-18 años) (rango 4-6%), y es más frecuente en el sexo femenino a partir de la pubertad (x2 veces más frecuente que en varones). Además, en las chicas, la prevalencia de la depresión aumenta con la edad (2,2% a los 11 años; 2,7% a los 12 años; 4,1% a los 13 años), pero en varones se mantiene estable. Las mujeres presentan episodios depresivos más largos (media: 20 semanas) y más recurrencias. El aumento de depresión tras la adolescencia en ambos sexos se relaciona con mayor abuso de sustancias (tabaco, alcohol y otras drogas), disminución del número de horas de sueño (a pesar de una mayor necesidad fisiológica de dormir) y menor supervisión por los adultos.

El 60% de los adolescentes con DM tendrá una recurrencia en la edad adulta. Además, los adultos con DM que tuvieron DM en la adolescencia tienen tasas más altas de suicidio que los adultos con DM sin inicio en la adolescencia. Por lo tanto, el inicio temprano es un predictor de gravedad. La DM es un problema de salud pública, un trastorno frecuente, grave, tratable y una causa potencialmente prevenible de discapacidad, fracaso académico, abuso de sustancias, embarazo precoz y mortalidad en niños y adolescentes.

Clínica y diagnóstico de la depresión mayor

Un niño o adolescente con depresión mayor puede presentar tres tipos de síntomas: afectivos, físicos y cognitivos. En niños y adolescentes con depresión del humor puede no ser triste, sino irritable.

Los criterios diagnósticos DSM-5(1) son prácticamente iguales en niños/adolescentes y en adultos. Solamente hay una diferencia: el humor irritable se acepta en niños y adolescentes como criterio A, al igual que el humor triste y la anhedonia, pero no en adultos. Sin embargo, la presentación de los síntomas puede ser diferente. Los niños tienen más frecuentemente: síntomas somáticos, inquietud psicomotriz, ansiedad por separación, fobias y alucinaciones. Los adolescentes con DM más frecuentemente tienen: anhedonia, aburrimiento, desesperanza, hipersomnia, cambio de peso (incluyendo no ganar peso según lo esperable para su edad, aunque vayan subiendo de peso), uso de alcohol o drogas e intentos de suicidio.

Un niño o adolescente con depresión mayor puede presentar tres tipos de síntomas: afectivos, físicos y cognitivos (Tabla I).

En niños y adolescentes, los síntomas depresivos más frecuentes son: humor deprimido o irritable, pérdida de interés (apatía) y pérdida de la capacidad para experimentar placer en la mayoría de actividades (anhedonia), que son los síntomas cardinales, y fatigabilidad.

Hay un contínuum desde síntomas leves a moderados, a síntomas más graves y depresión mayor franca, y es importante detectar los síntomas tempranos para hacer un abordaje lo antes posible.

Trastorno adaptativo. Se sitúa en el extremo más cercano a la normalidad. Cursa con síntomas depresivos leves, autolimitados y claramente relacionados con un factor desencadenante.

Trastorno depresivo no especificado. También llamado “depresión menor” o “depresión sub-sindrómica”. Se caracteriza por presencia de, al menos, un síntoma central de depresión mayor: tristeza, irritabilidad o anhedonia, asociado a otros tres síntomas de depresión mayor. Se diagnostica cuando el paciente no cumple los criterios diagnósticos DSM-5(1) de gravedad, duración o cantidad de síntomas presentes de un trastorno depresivo. La CIE-11 lo denomina episodio depresivo leve(2).

Trastorno depresivo persistente (antes llamada distimia). Es de inicio insidioso, cursa con síntomas sub-sindrómicos, y sigue un curso fluctuante, que se mantiene durante, al menos, un año en los niños o adolescentes (2 años en adultos). Se trata de un trastorno más leve, pero más crónico que la depresión mayor. Durante el curso del trastorno depresivo persistente, el niño/adolescente puede presentar periodos asintomáticos (no es preciso que los síntomas estén presentes cada día como en la depresión mayor), aunque estos periodos asintomáticos no pueden durar más de dos meses. Cuando un episodio depresivo mayor surge a partir de una distimia se denomina depresión doble, y tiene un curso más crónico y peor pronóstico.

A pesar de sus síntomas leves, el trastorno adaptativo, el depresivo no especificado y el trastorno depresivo persistente (distimia), por su cronicidad y por ser frecuentemente precursores de depresión mayor, pueden generar un deterioro funcional importante en el niño.

Depresión mayor. Es el cuadro clínico más grave del espectro depresivo. Para el diagnóstico, un niño debe presentar un cambio en su humor y, al menos, cinco síntomas depresivos, y de estos, al menos, un síntoma central: humor deprimido o irritable, pérdida de interés/apatía o anhedonia. Estos síntomas se deben presentar en (casi) todas las actividades, la mayor parte del día y (casi) cada día, durante al menos, 2 semanas (Fig. 1).

Figura 1. Representación del trastorno depresivo mayor(1).

Un niño/adolescente puede presentar varios tipos de trastorno depresivo mayor según la gravedad del cuadro clínico (leve, moderado o grave), grado de remisión (total o parcial, que revisamos en el apartado de curso y pronóstico), presencia de síntomas melancólicos, catatónicos, psicóticos y atípicos, y la presencia de patrón estacional o relación con el posparto (en chicas adolescentes).

La depresión mayor cursa con síntomas psicóticos en el 9% de los niños y 15% de los adolescentes, aunque estos son poco frecuentes antes de la adolescencia media. Al igual que en adultos, los síntomas psicóticos indican mayor gravedad y peor pronóstico, por mayor refractariedad al tratamiento y mayor probabilidad de estar asociados a enfermedad bipolar. Frecuentemente, estos pacientes tienen historia familiar de depresión psicótica o enfermedad bipolar.

La depresión con síntomas atípicos se caracteriza por aumento del apetito (especialmente carbohidratos), hipersomnia, cansancio intenso (brazos o piernas como “pesadas” / inertes) e hipersensibilidad al rechazo (que provoca gran deterioro social y ocupacional). Además, el humor suele ser reactivo a factores ambientales y mejorar, al menos brevemente, ante situaciones positivas.

La presencia de síntomas melancólicos y catatónicos no es frecuente en niños y adolescentes con depresión mayor.

Trastorno depresivo con patrón estacional. Generalmente, comienza o empeora en una estación del año de forma recurrente. Frecuentemente, este episodio depresivo comienza en el otoño, la época del año cuando las horas de luz bajan con más rapidez. En niños/adolescentes, el otoño suele coincidir con el inicio del curso, por lo que debe realizarse un diagnóstico diferencial con un trastorno adaptativo por dificultades escolares, con trastorno de ansiedad por separación o con fobia escolar.

La depresión postparto aparece en las primeras cuatro semanas tras el parto. En las adolescentes con frecuencia se asocia a síntomas de ansiedad: el estrés propio del embarazo, al que se añade que con frecuencia se trata de un embarazo no deseado/planificado. Puede ser una depresión grave y cursar con ideas de suicidio, pensamientos de hetero-agresividad (hacer daño al neonato), alucinaciones y comportamientos extraños.

Diferencias entre la depresión en niños/adolescentes versus adultos

El cuadro clínico de la depresión en niños/adolescentes y en adultos es similar, pero no idéntico por las diferencias en el estadio del desarrollo físico, emocional, cognitivo y social. Comparado con los adultos con depresión, los niños/adolescentes presentan con mayor frecuencia: humor irritable (vs. humor deprimido), rabietas, tormentas afectivas, labilidad emocional, escasa tolerancia a la frustración, quejas somáticas y aislamiento social (vs. sentimientos y pensamientos negativos); y con menor frecuencia: síntomas melancólicos, psicóticos e intentos de suicidio.

Diferencias entre la depresión en niños versus adolescentes

En niños, la depresión frecuentemente cursa con rabietas, irritabilidad, hiper-reactividad emocional, agitación psicomotriz, alteración del sueño y el apetito, labilidad emocional y síntomas de ansiedad por separación o molestias físicas generalizadas e inespecíficas. A veces, un niño con un episodio depresivo presenta un estancamiento en su desarrollo psicomotor, que se enlentece e incluso puede involucionar (regresión). En niños con depresión, es frecuente la comorbilidad con un trastorno de conducta negativista/desafiante (TND) o disocial (TD).

La depresión prepuberal aumenta el riesgo de aparición de otros trastornos psiquiátricos en el adulto: enfermedad bipolar, trastorno de ansiedad y de abuso de sustancias.

En adolescentes, la depresión es más parecida a la del adulto: tendencia a la cronicidad y recurrencia, humor fluctuante, abandono de actividades que antes le divertían y del aseo, o aspecto personal.

El diagnóstico del trastorno depresivo es clínico, y se realiza mediante una historia clínica detallada y una exploración del estado mental para valorar si el paciente cumple los criterios diagnósticos(1,2) (Tablas I y II).

Debe descartarse que los síntomas depresivos sean consecuencia directa de una droga de abuso o fármaco, o de una enfermedad médica, o si ocurren solo durante el curso de un trastorno psicótico.

En la entrevista diagnóstica inicial, se obtiene información de varias fuentes: paciente, padres y, si es posible, profesores u otras personas que pasen tiempo con él.

Algunos instrumentos, como la entrevista K-SADS para niños y adolescentes (Kiddie-Schedule for Affective Disorders and Schizophrenia), permiten una evaluación clínica estandarizada. Otras entrevistas más cortas y sencillas, ampliamente utilizadas, son: el DISC (Diagnostic Interview Schedule for Children) y ChIPS (Children´s Interview for Psychiatric Symptoms). Pueden ser útiles para el diagnóstico, cuestionarios autoaplicados como: el cuestionario de depresión infantil (CDI) para niños de 7 a 17 años; el cuestionario para jóvenes de depresión de Beck BDI-Y (Beck Depression Inventory for youth), para niños entre 7 y 14 años; y el Mood And Feelings Questionnaire, para niños de 6 a 17 años. También, son útiles para el diagnóstico, cuestionarios hetero-aplicados, como el CDRS-R (Children´s Depression Rating Scale-Revised), para niños de 6 a 12 años. El cuestionario PHQ-9 consta de 9 preguntas que detectan trastorno depresivo y se utiliza frecuentemente en Pediatría para cribado. Para cuantificar el impacto de los síntomas en el funcionamiento académico, familiar y social, se puede utilizar la escala de valoración global del niño C-GAS (Children´s Global Assessment Scale).

En la entrevista clínica inicial se debe:

• Valorar el episodio depresivo actual: presencia de síntomas, repercusión en el funcionamiento global (rendimiento académico, familia, colegio, etc.), cambio respecto al funcionamiento basal o premórbido y posibles factores etiológicos. Es imprescindible preguntar directamente al niño y a su familia sobre la presencia de ideas de muerte o de suicidio, independientemente del motivo de consulta. Esto, en ningún caso, induce ni empeora la ideación o el comportamiento suicida y, por el contrario, puede prevenir que el niño se haga daño o se provoque la muerte. Deben valorarse también la presencia de comorbilidad psiquiátrica y las circunstancias psicosociales, académico-educativas y familiares en la que se presentan los síntomas.

• Valorar los antecedentes personales psiquiátricos, especialmente episodios depresivos e (hipo)maníacos. Si el niño ha presentado episodios afectivos previos, se debe evaluar el curso clínico de cada episodio, el patrón de recurrencia y la efectividad de los tratamientos seguidos en el pasado.

• Explorar la existencia de trastornos psiquiátricos en los familiares, especialmente de trastornos del humor.

• Realizar pruebas complementarias si están indicadas. Las pruebas neuropsicológicas pueden ser útiles para valorar el cociente intelectual y los rasgos de personalidad del niño. Las pruebas biológicas: exploración física completa, analítica general, neuroimagen (resonancia magnética cerebral), genéticas (cariotipo), endocrinas o poli-somnográficas, deben solicitarse si hay sospecha de una alteración hematológica, cerebral, genética, hormonal o del patrón de sueño. Ninguna de estas pruebas biológicas resulta diagnóstica en el trastorno depresivo.

• Realizar el diagnóstico diferencial con otras enfermedades psiquiátricas y médicas que puedan remedar un cuadro clínico depresivo.

Para el trastorno depresivo mayor, el DSM-5 utiliza los mismos criterios diagnósticos en la edad adulta y en la edad pediátrica, con dos excepciones: en niños permite la presencia de humor irritable o humor depresivo, y el síntoma de pérdida de peso en niños se puede manifestar como una falta de la ganancia ponderal correspondiente a su edad, ya que se espera que un niño sano crezca y gane peso.

Etiología

La etiología de los trastornos depresivos es multifactorial: biológica (factores genéticos, neuroendocrinos, cerebrales e inmunológicos, alteraciones del sueño y enfermedades médicas y psiquiátricas), psicológica, ambiental y sociocultural.

La etiología de los trastornos depresivos es multifactorial, e incluye factores biológicos, psicológicos, ambientales y socioculturales que pueden desencadenar o mantener un trastorno depresivo. Un mismo factor etiológico puede causar cuadros clínicos diferentes (p. ej., el antecedente de abuso sexual aumenta el riesgo de trastorno depresivo, fobia social o trastorno límite de la personalidad) y distintas causas pueden desembocar en un trastorno depresivo (p. ej., alteraciones genéticas, ciertos rasgos de personalidad o estrés mantenido). Además, el impacto de un factor de riesgo depende, entre otras cosas, de la edad y el sexo del niño. Presentaremos los factores etiológicos (o de riesgo) según el modelo bio-psico-social.

Factores biológicos

Hay factores genéticos, neuroendocrinos, cerebrales e inmunológicos, alteraciones en el sueño y algunas enfermedades médicas y psiquiátricas implicadas en la etiología del trastorno depresivo.

Factores genéticos

Resultados preliminares realizados en familiares, gemelos y adoptados, demuestran la heredabilidad de los trastornos depresivos.

Estudios de agregación familiar

Los estudios de agregación familiar demuestran que los trastornos del humor se agrupan en las familias. Los familiares de primer grado de niños con trastorno depresivo presentan con mayor frecuencia depresión. A su vez, un niño cuyo padre o madre presenta un trastorno depresivo tiene un riesgo tres veces mayor de presentar un trastorno depresivo, comparado con un hijo de padres controles.

Estudios en gemelos

La concordancia del trastorno depresivo es mucho mayor en gemelos monocigóticos (aproximadamente 76%) que en gemelos dicigóticos (en torno al 19%). Esto demuestra la influencia genética en estos trastornos. Sin embargo, el hecho de que la tasa de concordancia en gemelos monocigóticos no es del 100%, sugiere que otros factores (biológicos, psicológicos, ambientales y socioculturales) son responsables de la variabilidad restante. Por otro lado, los estudios sugieren que el componente hereditario es mayor en adolescentes que en niños pequeños. Esto apoya la hipótesis de que en niños pequeños los factores ambientales negativos son más importantes que en adolescentes, en la etiología de la depresión.

Estudios de genética molecular

Los resultados de los estudios de genética molecular son preliminares y la interpretación de los resultados es compleja. Los factores genéticos predisponen a un niño a presentar un trastorno del humor, pero no explican el 100% de su presencia. Además, el patrón de herencia es desconocido y probablemente el trastorno depresivo presente un patrón multigénico. Los estudios genéticos del trastorno depresivo investigan los genes que codifican elementos del sistema serotonérgico (5-HT): transportadores y receptores de serotonina y enzimas que intervienen en su metabolismo.

Factores neuroendocrinos

Los estudios relacionan el trastorno depresivo con alteraciones en algunas hormonas como: cortisol, andrógenos (hormonas sexuales), hormona de crecimiento, melatonina, hormonas tiroideas y prolactina.

Eje Hipotálamo-hipofisario (pituitaria)-adrenal (eje HPA)

Tres fenómenos apoyan el importante papel del eje HPA en los trastornos depresivos:

1. Durante un episodio afectivo, muchos pacientes presentan una hiperactividad del eje HPA (hipercortisolemia).

2. Algunos pacientes con depresión muestran una hiperactividad mantenida del eje HPA; es decir, la hiperactividad persiste incluso después de resolverse el episodio depresivo.

3. La hipercortisolemia puede intervenir en la etiopatogenia del trastorno depresivo de dos maneras: directamente sobre el cerebro (a través de la afectación del sistema serotoninérgico y provocando neurotoxicidad sobre el hipocampo) e indirectamente (modulando el efecto de los acontecimientos vitales estresantes sobre el cerebro). Sin embargo, actualmente, excepto en investigación, la prueba de supresión de dexametasona rara vez se usa en el trastorno depresivo en adolescentes, pues tiene baja sensibilidad y baja especificidad.

Hormona del crecimiento (GH)

Algunos adultos y niños con depresión tienen menor respuesta a agentes que en controles aumentan la secreción de GH.

Andrógenos u hormonas sexuales

Antes de la pubertad, los trastornos del humor tienen igual prevalencia en ambos sexos. A partir de la pubertad, el trastorno depresivo es más frecuente en chicas. La pubertad se caracteriza por un fuerte aumento de andrógenos (testosterona) en chicos y de estrógenos (estradiol, progesterona) en chicas. Los andrógenos influyen en el humor, modulando la respuesta del sistema serotoninérgico, noradrenérgico, dopaminérgico y del eje HPA. El aumento de estradiol y oxitocina, aumenta la necesidad en las chicas de relacionarse y afiliarse con un grupo. Por eso, las chicas perciben las dificultades interpersonales con familiares o amigos como más estresantes que los chicos.

Factores cerebrales

Independientemente de la etiología del trastorno depresivo, existe una correlación entre los síntomas depresivos y alteraciones cerebrales en el circuito córtico-límbico-estriado-pálido-talámico, que son las regiones cerebrales principalmente implicadas en la regulación del humor. Estas alteraciones pueden ser estructurales o funcionales. El trastorno depresivo no solo se debe a la alteración de cada región de manera aislada, sino también a cómo estas regiones interactúan entre sí.

Los estudios de la bioquímica cerebral del trastorno depresivo han encontrado alteraciones en varios neurotransmisores cerebrales, segundos mensajeros, neuroquininas y factores de transcripción genética.

Entre los neurotransmisores principalmente implicados en el trastorno depresivo, destacan las monoaminas (serotonina, noradrenalina y dopamina). En la década de 1960, se postuló la hipótesis monoaminérgica, que atribuía los síntomas afectivos a alteraciones en la concentración de estos neurotransmisores en sangre y en líquido céfalo-raquídeo (LCR), en su velocidad de recaptación y/o en sus receptores (en el número o en su sensibilidad) (Harrington et al., 2003). Recientemente, se ha estudiado la implicación de otros neurotransmisores en la fisiopatología de los trastornos del humor: acetilcolina, GABA (ácido gamma aminobutírico), sustancia P, glicina y glutamato.

Algunos segundos mensajeros como: la proteína G, el cAMP (monofosfato cíclico de adenosina), cGMP (monofosfato cíclico de guanina), fosfatidilinositoles y calcio-calmodulina, también se han implicado en la etiopatogenia de los trastornos depresivos, por su papel en el funcionamiento bioquímico de las neuronas. También, se ha observado que los pacientes con depresión presentan alteraciones que indican disminución de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para cambiar y así adaptarse a los cambios ambientales y recuperarse de lesiones o enfermedades.

Factores inmunológicos

Algunos pacientes deprimidos presentan alteraciones en el sistema inmunológico: alteración de la función y estructura del sistema monocito-macrófago y aumento de las citoquinas (como las interleuquinas 1 y 6), entre otras. Además, algunos autores han descrito una relación funcional entre el sistema inmunológico y el sistema serotoninérgico.

Sueño

Los niños/adolescentes con trastorno depresivo presentan alteraciones en el sueño como: despertar precoz (la más específica del trastorno depresivo), sueño superficial con múltiples despertares durante la noche e insomnio de conciliación. Con frecuencia, también presentan una alteración en el patrón polisomnográfico del sueño: acortamiento del periodo de latencia de la primera fase REM, aumento de la actividad REM en el primer tercio de la noche y disminución de las fases III y IV (correspondientes al sueño más profundo). Además, algunos autores sugieren que el sueño no reparador y el insomnio de conciliación se asocian a la persistencia y recurrencia del trastorno depresivo.

Enfermedad médica

Una enfermedad médica aumenta el riesgo de aparición de DM por efecto directo, actuando sobre el cerebro (trastorno del humor secundario a un problema médico) o por efecto indirecto, mediado por el estrés que produce la enfermedad médica.

Enfermedad psiquiátrica

Los trastornos (o síntomas) de ansiedad aumentan el riesgo de DM en todas las edades, especialmente en mujeres. La asociación es más intensa en el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno por ataques de pánico. Otras enfermedades psiquiátricas también pueden provocar DM a través del efecto estresante que producen por sus síntomas y su impacto en el funcionamiento normal del adolescente.

Factores psicológicos

Algunos rasgos temperamentales observables desde la infancia, se asocian a psicopatología en la edad adulta: excesiva timidez, introversión, hipersensibilidad y dependencia emocional, ansiedad, inseguridad con búsqueda de seguridad (reassurance seeking) en los demás, baja autoestima, escasa tolerancia a la frustración, falta de adaptabilidad al cambio, neuroticismo, perfeccionismo, elevada autoexigencia e inhibición conductual. Sin embargo, los resultados de los estudios no son todavía concluyentes en la edad pediátrica.

Algunos mecanismos de afrontamiento aumentan el riesgo de depresión, tales como: rumiación negativa, perseverancia o actitud sumisa.

Las distorsiones cognitivas, es decir, cogniciones negativas y erróneas sobre uno mismo, su entorno y su futuro, se han relacionado con la aparición y el mantenimiento del trastorno depresivo en niños. También, las atribuciones negativas acerca de los acontecimientos vitales. Sin embargo, no se ha establecido si estas son primarias o secundarias al trastorno depresivo.

Factores ambientales (estrés)

Un factor estresante negativo puede desencadenar un episodio depresivo. De hecho, la mayoría de los primeros episodios depresivos están relacionados con un factor ambiental negativo.

El mecanismo de acción por el que los factores estresantes aumentan el riesgo de trastorno del humor puede ser directo (alterando el funcionamiento cerebral, p. ej., aumentando la concentración de cortisol en sangre) o indirecto (produciendo distorsiones cognitivas negativas).

Algunos estresores son propios de la edad escolar, como el acoso escolar (bullying). Otros son propios de la adolescencia, como formar la propia identidad personal, “asimilar” la sexualidad emergente, los cambios físicos de la pubertad (y peor si ocurren antes o después que el resto de sus pares), la separación de los padres o la toma de decisiones importantes por primera vez. En este sentido, existe mayor riesgo de trastorno depresivo y de ideas e intentos de suicidio en adolescentes LGTBQIA+ (del inglés, Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, Intersexual, Queer, Intersex, Asexual/Aromantic/Agender, etc.), que también tienen riesgo más elevado de trauma y bullying.

Algunas dificultades familiares graves pueden actuar como desencadenante de un trastorno depresivo, como la discordia familiar severa y la muerte o la separación de los padres, sobre todo en los niños más pequeños. Hay una asociación entre la depresión en niños y: vínculos familiares afectivos débiles, niveles elevados de crítica, hostilidad familiar y psicopatología de los padres.

Los conflictos interpersonales son factores de riesgo significativo de depresión, especialmente a partir de la adolescencia, cuando el niño comienza a ser independiente de su familia. Las chicas adolescentes sufren un mayor número de estresores y los perciben como más intensos comparado con los varones. Probablemente, se deba a la mayor necesidad de afiliación y de conexión interpersonal de las chicas, relacionado con el aumento de estrógenos y oxitocina en la pubertad. Para las adolescentes, las dificultades con los amigos o la pareja suponen un estresante marcado, porque se sienten rechazadas en un momento de su desarrollo en que necesitan sentirse aceptadas.

La calidad de la interacción entre los padres y el niño influye en el desarrollo y la maduración del circuito cortico-límbico, que es esencial para regular el afecto. Aumenta el riesgo de depresión cuando el estilo de crianza de los padres (parenting style) conlleva una disciplina excesivamente dura o excesivamente permisiva, o cuando existe un vínculo inseguro o falta de afecto (sobre todo, materno) y escasa supervisión. Esto influye, sobre todo en las chicas, por su mayor necesidad de conectividad emocional, también con su familia.

La presencia de enfermedad psiquiátrica en los padres aumenta el riesgo de depresión en un hijo, sobre todo en el caso de que la madre presente depresión mayor o el padre presente abuso de alcohol o personalidad antisocial.

Esta relación tiene un componente genético (se transmite la predisposición a presentar un trastorno depresivo) y un componente ambiental (un progenitor deprimido puede modelar a un hijo interacciones hostiles y pasivas, retraimiento social y distorsiones cognitivas).

Entre los factores estresantes, es necesario destacar el maltrato y el abuso sexual/físico/emocional, como factor de riesgo de trastorno depresivo, de comportamiento suicida y de psicopatología en general.

Momento del desarrollo

El impacto también depende del momento en el que aparece el estresante. Su impacto es más perjudicial durante los periodos críticos para el desarrollo cerebral y emocional. El periodo crítico puede ser prenatal (durante el embarazo) o post-natal. Los factores ambientales negativos en estos periodos pueden provocar cambios persistentes en la neuroplasticidad, estructura y funcionamiento cerebral, que influyen en cómo el niño percibe y cómo responde a los factores ambientales el resto de su vida.

A medida que el paciente va presentando episodios depresivos a lo largo de su vida, estos pueden desencadenarse a raíz de estresantes cada vez más leves, hasta que pueden incluso llegar a ocurrir de forma espontánea (Efecto de encendido o “Kindling”).

Factores socioculturales

Algunas características sociodemográficas aumentan el riesgo de presentar DM y psicopatología en general como: pobreza extrema, nivel socioeconómico bajo, vivir en áreas urbanas o falta de apoyo social. La cultura influye en el rol atribuido a los niños, sobre todo, a partir de la pubertad. En algunas culturas se espera que las chicas adolescentes sean dependientes, muy emocionales, sumisas y sacrificadas, rasgos que son factores de riesgo de depresión.

Factores protectores

Algunos factores disminuyen el riesgo de depresión; por ejemplo: tener una afiliación cultural, religiosa o grupal, probablemente mediado por el desarrollo de actitudes cognitivas positivas y el apoyo social; tener unos cuidadores responsables (esto disminuye el riesgo de depresión y de psicopatología en general, en los niños); presentar sentido del humor; una relación estrecha con, al menos, un familiar/ amigo íntimo; la consecución de logros valorados por la sociedad; y un cociente intelectual normal-alto.

Resumen

En resumen, los factores etiológicos biológicos, psicológicos, ambientales y socioculturales interaccionan entre sí de manera compleja, determinando la vulnerabilidad o por el contrario la resistencia/resiliencia, biológica y psicológica, de una persona a presentar un trastorno depresivo, prediciendo la probabilidad de que un paciente presente un trastorno del humor.

Los expertos sugieren un modelo de diátesis-estrés de depresión, en el que los factores genéticos y el antecedente de trauma en la infancia actúan como factores predisponentes (vulnerabilidad biológica) y los acontecimientos vitales estresantes (que incluyen enfermedades médicas y psiquiátricas) actúan como factores desencadenantes (desencadenan un episodio afectivo en personas predispuestas); mientras que otros factores como las alteraciones cerebrales, los rasgos de personalidad o las distorsiones cognitivas, actúan como factores mediadores o moduladores de la enfermedad (Fig. 2).

Figura 2. Modelo etiopatogénico de la depresión, interacción entre genética y factores estresantes tempranos.

Comorbilidad

La comorbilidad psiquiátrica es muy frecuente en la DM, también en niños y adolescentes (40-90% presentan, al menos, otro trastorno psiquiátrico comórbido; y el 50%, al menos, dos).

Con frecuencia, la comorbilidad complica el diagnóstico, aumenta el impacto en el funcionamiento global del niño, disminuye la respuesta al tratamiento y favorece las recaídas.

La comorbilidad psiquiátrica empeora el pronóstico y sugiere la necesidad de un tratamiento más intenso. La mayoría de los trastornos comórbidos comienzan antes del primer episodio depresivo, excepto el abuso de sustancias y el trastorno por ataques de pánico, que suelen debutar después, al final de la adolescencia. Algunos trastornos psiquiátricos aumentan el riesgo de aparición de distimia en los niños, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o los trastornos del comportamiento negativista/desafiante o disocial.

Trastorno de ansiedad

La mayoría de los niños con depresión presentan síntomas de ansiedad. Debido a la elevada tasa de comorbilidad, los expertos sugieren que los trastornos depresivos y ansiosos comparten su vulnerabilidad biológica. Cuando se da esta comorbilidad, lo más habitual es que el trastorno de ansiedad sea el precursor del trastorno depresivo. También es frecuente, que niños con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) presenten depresión.

Trastornos de conducta

El trastorno de conducta con frecuencia se asocia a la depresión, sobre todo en los niños más pequeños. Esta comorbilidad está favorecida por el solapamiento de factores de riesgo de ambas patologías como: abuso de sustancias, padres con consumo de tóxicos y criminalidad, exposición a violencia familiar y discordia familiar grave.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

Aproximadamente, el 30% de los niños con depresión mayor tienen TDAH asociado. La asociación de ambos trastornos parece influir en que el trastorno depresivo comience antes, dure más, provoque mayor deterioro en el funcionamiento, se asocie a una mayor tasa de ideación/actos suicidas, y aumente la probabilidad de ingreso hospitalario.

Abuso de sustancias

Los niños con depresión mayor, sobre todo los varones y adolescentes, con frecuencia tienen asociado abuso o dependencia de alcohol, tabaco y drogas (cannabis, anfetaminas y cocaína). Los estudios sugieren un solapamiento bidireccional.

Trastorno de conducta alimentaria

La depresión con frecuencia se asocia a bulimia nerviosa y trastorno por atracones, pero también, anorexia nerviosa.

Enfermedades médicas

Los niños deprimidos presentan enfermedades médicas con mayor frecuencia que los controles sanos. La presencia de un trastorno depresivo interfiere negativamente en el curso de la enfermedad médica. Las enfermedades médicas que más se han relacionado con depresión en niños y adolescentes son: dermatitis atópica, asma, epilepsia, diabetes, enfermedades reumáticas, oncológicas, neuroendocrinas y obesidad.

Diagnóstico diferencial

Los síntomas de la DM no son patognomónicos. El diagnóstico diferencial se debe realizar con la tristeza normal, otros trastornos psiquiátricos y enfermedades médicas.

Tristeza normal

El sentimiento de tristeza es normal cuando es proporcionado al factor desencadenante (p. ej., la muerte de un ser querido), se alivia con situaciones positivas y se resuelve espontáneamente. La distinción más importante entre depresión como enfermedad y los “altibajos normales” de la infancia y adolescencia, es que los síntomas depresivos se asocian a sufrimiento o malestar interno (“distress”) y deterioro en el funcionamiento del paciente.

Enfermedad bipolar

Es difícil realizar el diagnóstico diferencial entre depresión mayor o episodio depresivo bipolar, durante un primer episodio depresivo. Algunas características sugieren bipolaridad como: antecedentes familiares de enfermedad bipolar, psicosis e historia de manía (o hipomanía) secundaria a antidepresivos. Sin embargo, no todos los pacientes con estas características tienen enfermedad bipolar.

Trastornos de ansiedad

Hay un solapamiento de síntomas entre depresión y ansiedad. Algunos son más característicos del trastorno depresivo (retraso psicomotor, tristeza, anhedonia, ideas de suicidio, despertar precoz y pérdida de apetito) y otros del trastorno de ansiedad (actitud hipervigilante, sensación de tensión interna, pánico, evitación fóbica, indecisión, inseguridad y agitación psicomotriz).

Abuso de sustancias

El abuso de sustancias (intoxicación aguda, uso crónico o abstinencia) puede provocar síntomas depresivos. La persistencia de los síntomas afectivos durante un periodo de abstinencia prolongado sugiere un trastorno del humor primario (no relacionado con las drogas).

Esquizofrenia y trastornos psicóticos

Para realizar el diagnóstico diferencial entre trastornos depresivos y psicóticos es esencial establecer el orden cronológico de aparición de los síntomas depresivos y psicóticos, y su persistencia en el tiempo (relación temporal). Hay tres posibilidades, fundamentalmente:

1. Un episodio depresivo con síntomas psicóticos si: predominan los síntomas depresivos (vs. síntomas psicóticos), solo aparecen síntomas psicóticos cuando están presentes los síntomas depresivos, y ambos desaparecen a la vez, o son recurrentes al mismo tiempo. Además, frecuentemente, el paciente presenta antecedentes familiares de depresión (y no de trastorno psicótico).

2. Un episodio depresivo post-psicótico: los síntomas depresivos aparecen tras la resolución de los síntomas psicóticos, que es frecuente durante el curso de una esquizofrenia.

3. Trastorno esquizoafectivo: los síntomas psicóticos y depresivos son igual de severos (ambos son predominantes), aparecen a la vez y tienden a la cronicidad.

Trastorno de aprendizaje

Con frecuencia, los niños con trastorno de aprendizaje (de la lectura, escritura, matemáticas, no-verbal y del lenguaje) presentan síntomas depresivos, posiblemente asociados al frecuente fracaso escolar y dificultades interpersonales.

Enfermedad médica

Con frecuencia, un trastorno depresivo se manifiesta con síntomas físicos que se pueden confundir con una enfermedad médica. Algunas enfermedades médicas pueden provocar síntomas depresivos como: infecciones crónicas (mononucleosis infecciosa por VEB), enfermedades autoinmunes, endocrinas (hipotiroidismo), déficits nutricionales graves, enfermedades neurológicas y enfermedades oncológicas (tumores del sistema nervioso central). Algunos medicamentos también pueden favorecer la aparición de síntomas depresivos como: estimulantes, anticonceptivos hormonales y corticoides. En este caso, el tratamiento de depresión mayor o distimia solo debe realizarse si el niño cumple criterios diagnósticos (DSM-5)(1) y los síntomas no se deben solamente a estas enfermedades o medicamentos.

Tratamiento de la depresión en niños y adolescentes

La fluoxetina y el escitalopram son eficaces y seguros en el tratamiento de la depresión mayor en niños y adolescentes, y tienen la aprobación de la FDA de EE.UU. Si un paciente no responde al primer inhibidor selectivo de recaptación de serotonina (ISRS), la recomendación es probar otro ISRS y añadir terapia cognitiva conductual (TCC). La TCC se puede usar como monoterapia en casos leves o moderados, porque puede tardar más que la medicación en conseguir un respuesta (por eso no se recomienda como monoterapia si hay ideas graves de suicidio).

Tratamiento farmacológico

Los antidepresivos son eficaces para la DM en niños y adolescentes, el TOC y otros trastornos de ansiedad. Aunque se llamen “antidepresivos”, son más eficaces en trastornos de ansiedad, de eficacia intermedia en el TOC y siendo eficaces, su efecto es más modesto en DM(4). Solamente fluoxetina está aprobada para el tratamiento agudo y de mantenimiento de la DM en niños y adolescentes (8-17 años) y escitalopram en adolescentes (12-17 años). También, hay dos estudios positivos de sertralina en niños 6-17. Para otros antidepresivos, hay algunos estudios negativos de citalopram (N = 1), escitalopram (N = 1) y paroxetina (N = 3); y de los no-ISRS, mirtazapina (N = 2), nefazadona (N = 2) y venlafaxina (N = 2). Es importante resaltar que estos estudios tuvieron tasas de respuesta similares a las encontradas en los estudios positivos, pero un efecto placebo más alto. Las altas tasas de respuesta a placebo se asociaron con depresión leve (versus marcada o grave) en los probandos, alto número de sedes del estudio y edad más temprana de los pacientes (niños vs. adolescentes). También, hay estudios de eventos adversos emergentes del tratamiento con ISRS, incluyendo el inicio de la ideación suicida (pero sin suicidio consumado) en niños y adolescentes tratados con ISRS para DM, pero no en aquellos tratados con SSRI para trastornos de ansiedad(4).

El clínico debe conocer bien la evidencia sobre eficacia, tolerabilidad y seguridad en los estudios aleatorios doble-ciego controlados con placebo de ISRS en DM en niños y adolescentes, incluyendo sus métodos y limitaciones, y la mejor forma de interpretarlos, para facilitar la conversación necesaria con los padres, para el consentimiento informado. Debe revisarse el ratio riesgo/beneficio con los padres antes de seleccionar el mejor tratamiento basado en la evidencia disponible para su hijo con DM. Esta decisión de los padres debe basarse en factores como: gravedad de DM (moderada o grave), historia de un episodio previo de DM o tratamiento previo con ISRS, antecedentes familiares de DM unipolar versus trastorno bipolar, historia familiar de buena respuesta a ISRS, estresores ambientales (con especial interés en acoso escolar) que se han eliminado sin que mejore el humor, y evidencia de un buen ensayo de terapia cognitivo-conductual (TCC) con falta de respuesta.

Eficacia de los antidepresivos y si son eficaces en niños y adolescentes con DM

Hay, al menos, 19 estudios publicados que evaluaron la eficacia de los antidepresivos comparados con placebo, 15 con ISRS y 4 con antidepresivos de nueva generación no ISRS, en un total de 3.335 niños o adolescentes (Tabla III)(4,5).

Encontramos 15 estudios que usaron inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS): fluoxetina (N = 5), escitalopram (N = 2), sertralina (N = 2), citalopram (N = 2) y paroxetina (N = 4).

Respecto a otras clases de antidepresivos, encontramos 2 ensayos publicados juntos del inhibidor selectivo de la recaptación de norepinefrina (ISRN) venlafaxina; y dos ensayos del antidepresivo tetracíclico, mirtazapina. Recientemente, estudios con vortioxetina no encontraron eficacia respecto a placebo en niños y adolescentes.

El Tratamiento para Adolescentes con Estudio de Depresión (TADS)(6,7) fue el primer ensayo que comparó directamente la eficacia de fluoxetina, la terapia cognitivo-conductual (TCC), su combinación (fluoxetina + TCC) o placebo en adolescentes con DM. Después de 3 meses de tratamiento, la fluoxetina fue superior al placebo (tasa de respuesta del 61% frente al 35%), sin embargo, la TCC (respuesta 43%) no fue diferente del placebo (Fig. 3).

Figura 3. Estudio TADS (Tratamiento de adolescentes con depresión). Adaptado de March et al., 2008. Tasas de respuesta a las 4 ramas de tratamiento, primeras 12 semanas, doble ciego(6,7).

Fluox: fluoxetina; TCC: terapia cognitivo-conductual; CDRS (Children Depression Rating Scale): Escala de depresión de niños.

Por otro lado, respecto a la remisión completa, solo en el grupo de uso combinado de fluoxetina + TCC, las tasas de remisión eran más altas que con placebo (37% vs 17%). Al analizar los siguientes 6 meses de tratamiento, encontraron que había una convergencia gradual de los efectos del tratamiento entre los tres grupos activos de tratamiento. Así, tras 9 meses, la fluoxetina, la TCC y su combinación, no difirieron en la tasa de respuesta (fluoxetina: 81%, TCC: 81%, combinación 86%) ni en las tasas de remisión (fluoxetina 55%, TCC 64% y combinación 60%) (Fig. 4).

Figura 4. Estudio TADS (Tratamiento de adolescentes con depresión). Seguimiento a largo plazo en abierto tras la fase doble ciego. Adaptado de(6,7). Tasas de respuesta las 4 ramas de tratamiento.

Fluox: fluoxetina; TCC: terapia cognitivo-conductual.

La conclusión de estos 2 estudios, el inicial y el de seguimiento, es que, en el caso de un niño con DM moderada a grave, probablemente debamos usar fluoxetina desde el inicio, porque la respuesta es más rápida que si solo usamos TCC, y seguramente sería razonable usar fluoxetina + TCC, porque las tasas de respuesta tras 3 meses son mayores que usando solo fluoxetina. Sin embargo, si la depresión es leve y podemos esperar una respuesta, el uso de TCC sola o de fluoxetina sola, alcanza niveles de respuesta, tras 9 meses, similares a si usamos fluoxetina + TCC. Esto es importante en sistemas de salud con recursos limitados (p. ej., el de cualquier país del mundo) a la hora de seleccionar el mejor tratamiento para cada paciente, con las mejores tasas de remisión con el menor coste posible.

Sin embargo, en otros estudios, la combinación de ISRS + TCC fue superior al tratamiento con ISRS en monoterapia en 1 estudio, pero no otros 3 estudios agudos de DM en niños y adolescentes. Los predictores de mejor respuesta a la TCC + medicación fueron: más comorbilidad, ausencia de antecedentes de maltrato y menor desesperanza.

En 2007, un meta-análisis de Bridge et al.(8) de 13 ensayos (N = 2.919) encontró que, las tasas absolutas de respuesta en niños y adolescentes fueron 61% (IC del 95%, 58-63%) en los participantes tratados con antidepresivos y 50% (IC del 95%, 47% a 53%) en los tratados con placebo, con una diferencia de riesgo agrupada del 11% (IC del 95%, 7-15%) y número necesario para tratar (NNT) de 10 (IC del 95%, 7-15%), con un NNT para la fluoxetina de 6(8). Las tasas absolutas de ideación suicida/intento de suicidio fueron del 3% en los pacientes tratados con antidepresivos versus el 2% en los que recibieron placebo. La diferencia de riesgo agrupado fue de 1%, por lo que el número necesario para dañar (NNH) fue de 112. En este exhaustivo meta-análisis, NNT para ISRS en 6 ensayos de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) (N = 705) fue de 6 (95% IC, 4-8) y NNT para ideas o intento de suicidio en los ensayos de TOC fue de 200. Y NNT para ISRS en 6 ensayos en ansiedad (N = 1.136) fue de 3 (95% IC, 2 a 5) y NNH para la ideación suicida / intento de suicidio en estos ensayos fue de 143. Así, la eficacia de los antidepresivos parece ser mayor en ansiedad, intermedia en TOC, y menor en DM, y el riesgo de ideación suicida / intento de suicidio mayor en DM que en los ensayos de ansiedad(10), pero aún con una relación riesgo/beneficio favorable en 11 a 112. Los predictores de eventos adversos suicidas fueron:

• Alta ideación suicida basal.

• Conflicto familiar.

• Abuso de drogas o alcohol.

Hay otro meta-análisis en red más reciente(4), que encontró eficacia con diferentes tamaños de efecto (TE) respecto al placebo de fluoxetina (TE medio: 0,51), escitalopram (TE bajo: 0,17) y sertralina (TE bajo: 0,11), aunque la combinación más eficaz era fluoxetina + TCC (tamaño del efecto medio: 0,73). Recordemos que un tamaño del efecto entre 0,5 o 0,8 se considera medio.

El uso de ejercicio físico para el tratamiento de la depresión mayor en niños y adolescentes, no encontró beneficios significativos en un reciente meta-análisis(9). Tampoco se encontraron evidencias claras del uso de parámetros inflamatorios, como la proteína C reactiva (PCR), interleukina-6 (IL-6) o factor de necrosis tumoral-alfa (TNF-α) en la etiología, el pronóstico o el tratamiento de la depresión en niños y adolescentes, en otro meta-análisis de estudios entre 1946 y 2019(10).

¿Qué antidepresivo debemos usar?

Los dos únicos medicamentos aprobados por la FDA para el tratamiento de la DM en adolescentes son: fluoxetina (para niños y adolescentes de 7 a 17 años) y escitalopram (adolescentes 12-17 años).

También hay otros estudios positivos (aunque no estén aprobadas por la FDA) que apoyan el uso de: citalopram (1 estudio en pacientes de 7 a 17 años) y sertralina (2 estudios en pacientes de 7 a 17 años).

Basándonos en los estudios disponibles(4-7), la fluoxetina en niños y adolescentes (6-17 años; tasas de respuesta: 52-61% vs. placebo: 33-37%)(15-19) y escitalopram en adolescentes (12-17 años; tasas de respuesta: 64% vs. placebo: 53%) tienen evidencia de eficacia en el tratamiento de la depresión mayor. Además, hay pruebas de que la sertralina (tasa de respuesta: 63% vs. placebo 53%) podría ser beneficiosos en los niños de 6 a 17 años, y también hubo un estudio positivo con citalopram (tasas de respuesta: 45% vs. placebo 45%).

Factores asociados con estudios negativos

Los estudios negativos (Tabla III) tuvieron tasas de respuesta similares a los estudios positivos (49-69%), pero la respuesta placebo fue mayor que en los estudios positivos (41-61%), por lo que la medicación no se separó significativamente del placebo.

Los factores asociados con altas tasas de respuesta placebo incluyeron:

• Edad más temprana del paciente.

• Menor gravedad basal de los síntomas depresivos.

• Mayor número de sedes en el estudio.

Duración del tratamiento en un episodio de depresión mayor (DM)

Para intentar responder a la pregunta que frecuentemente nos hacen los padres en consulta: ¿cuánto tiempo hay que mantener el tratamiento en un episodio depresivo?, Cheung et al. realizaron un estudio en 93 adolescentes con DM, que recibieron tratamiento en abierto (sin doble ciego controlado con placebo) con sertralina de 12 semanas (3 meses) de duración. Los pacientes que respondieron (N = 51, 54,8%), continuaron tomando sertralina en abierto durante otras 24 semanas (6 meses). Al final de estas 36 semanas (9 meses), los que mantuvieron la respuesta (N = 22; 23,6% de la muestra original) fueron asignados aleatoriamente y doble ciego a continuar con sertralina (N = 13) o cambiar a placebo (N = 9), durante otras 52 semanas (1 año). Después de 52 semanas (1 año) de doble ciego, tras 3 + 6 meses de tratamiento inicial, en total, 1 año y 9 meses, el 38% de los que recibieron sertralina mantuvieron la respuesta, pero el 0% de los pacientes tratados con placebo mantuvieron la respuesta. Así, 6 meses después de lograr una respuesta, una aleatorización a placebo dio lugar a una recaída en el 100% de los pacientes. Sin embargo, una limitación es el pequeño tamaño muestral, pero los hallazgos indican un posible beneficio del tratamiento de mantenimiento con sertralina, comparado con placebo tras 6 meses de respuesta. Estudios más grandes son necesarios, porque el análisis de supervivencia no encontró diferencias significativas entre los grupos (p = 0,17).

El tratamiento de continuación después de lograr una buena respuesta es importante para aumentar la probabilidad de remisión sostenida y para prevenir la recaída. Si 6 meses es demasiado corto para la continuación, ¿cuánto tiempo es suficiente? No hay una respuesta empírica clara a esta pregunta, además de las directrices de expertos, que recomiendan el tratamiento hasta 6-12 meses después de lograr la remisión completa, y una interrupción gradual, durante un periodo que esté libre de estrés importante (no durante el comienzo del año escolar, ni al final durante los exámenes). Según el estudio de Cheung et al., una duración del tratamiento cercana a 12 meses después de la remisión completa, es probablemente más segura para prevenir las recaídas.

Otro factor es cuando, durante el año, detener el tratamiento. En el estudio de tratamiento de adolescentes con depresión resistente a ISRS (Treatment of SSRI resistant depression in adolescents study, TORDIA)(11), los pacientes que pararon su tratamiento de 12 semanas durante las vacaciones de verano tenían probabilidades 1,7 veces mayores (intervalo de confianza del 95% = 1,02-2,8, p = 0,04) de tener una respuesta adecuada, comparado con los que paraban su tratamiento en mitad del año escolar.

En otro interesante estudio, Kennard et al. trataron a 66 adolescentes de 11 a 17 años con DM, que fueron asignados a un curso abierto de fluoxetina de 12 semanas. Los que respondieron fueron asignados aleatoriamente para continuar con fluoxetina (N = 24) o continuar con fluoxetina + TCC (N = 22). Después de 6 meses de tratamiento con cualquiera de los brazos, las tasas de recaída fueron: 37% con fluoxetina y 15% con fluoxetina + TCC. Por lo tanto, similar al TADS, al añadir TCC se reduciría la tasa de recaída en comparación con usar la medicación sola.

Paciente no respondedor al primer ISRS (dosis y duración adecuadas)

Hay alguna evidencia disponible de qué hacer si el paciente no responde a una prueba con dosis y duración adecuadas (8 semanas) de un ISRS que viene del estudio TORDIA.

En el estudio de tratamiento de la depresión resistente a los ISRS en adolescentes (TORDIA), 334 pacientes adolescentes (edades 12-18) con depresión clínicamente significativa (escala de depresión de los niños>40) y gravedad moderada a grave (CGI>4) que no habían respondido a un ISRS durante 8 semanas, fueron elegibles para participar en el estudio y fueron asignados al azar a uno de los cuatro tratamientos:

1. Cambiar a otro ISRS (citalopram o fluoxetina).

2. Cambiar a venlafaxina.

3. Cambiar a ISRS + terapia cognitivo-conductual (TCC).

4. Cambiar a venlanfaxina + TCC.

Aunque este estudio se realizó en medio de la controversia de las ideas de suicidio y los antidepresivos, y tuvo reclutamiento dificultado, se consiguió terminar. La fase aguda fue de 12 semanas, los respondedores permanecieron en su brazo de tratamiento y los no respondedores recibieron tratamiento abierto durante 12 semanas adicionales. Los resultados mostraron:

• Una tasa de respuesta del 50% a un tratamiento alternativo.

• Una respuesta similar a otro ISRS (47%) o venlafaxina (48%), pero venlafaxina se asoció con más efectos secundarios.

• La combinación de antidepresivo + TCC tuvo mejor tasa de respuesta (55%) que el antidepresivo solo (41%).

Por lo tanto, la recomendación basada en la evidencia para un adolescente con depresión moderada a grave que no responde a un ISRS tras 8 semanas de tratamiento con dosis eficaces es cambiar a otro ISRS (fluoxetina o citalopram) y agregar TCC. Esto lograría una respuesta en el 55% de los pacientes. Los predictores de respuesta incluyeron: depresión menos grave, menos conflictos familiares y ausencia en conductas autolesivas no suicidas.

Seguridad de los antidepresivos en niños y adolescentes

Los antidepresivos ISRS suelen ser bien tolerados en niños y adolescentes, pero los efectos a largo plazo de estos agentes no se conocen. Los eventos adversos de los ISRS y otros nuevos antidepresivos parecen ser similares, dependientes de la dosis, y pueden disminuir con el tiempo.

Los eventos adversos más frecuentes incluyen: síntomas gastrointestinales, cambios de sueño (insomnio, somnolencia, sueños vívidos, pesadillas, sueño alterado), inquietud, diaforesis, dolores de cabeza, acatisia, apetito y cambios de peso (aumento o disminución) y disfunción sexual. La venlafaxina puede aumentar ligeramente la tensión arterial, y alrededor del 3-8% de los jóvenes, en particular los niños, también pueden mostrar una mayor impulsividad, agitación, irritabilidad, “tontería” y “activación conductual”. Algunos efectos adversos son más frecuentes inicialmente, por lo que se recomienda comenzar con una dosis baja durante unos días, luego aumentar hasta la dosis terapéutica inicial y esperar 4 semanas hasta considerar el siguiente aumento de dosis. Aumentar la dosis más rápidamente no acelerará la respuesta, pero aumentará el riesgo de eventos adversos.

Seguridad: ideas e intentos de suicidio

Un evento adverso potencial que ha generado atención médica, familiar y mediática es la posible asociación del uso de antidepresivos con ideación de suicidio (suicidalidad). Históricamente, desde 1950, se observó que los antidepresivos están asociados con un pequeño aumento en la ideación suicida. Inicialmente con tricíclicos, luego con ISRS en adultos en los años 1980 y principios de los 1990, seguidos de casos de niños durante los años 1990. Una revisión de 24 estudios (16 de DM) encontró que el uso de antidepresivos en pacientes pediátricos se asoció con un modesto aumento del riesgo de ideas o intentos de suicidio, pero no hubo suicidios consumados en los ensayos. El riesgo relativo general de ideación suicida para todos los ensayos e indicaciones (depresión, ansiedad y TOC) fue de 1,95 (IC del 95%: 1,28-2,98), y para los ISRS en los ensayos de DM 1,66 (IC del 95%: 1,02-2,68). Sin embargo, en los 24 estudios, el intervalo de confianza del 95% incluyó siempre el valor 1, por lo que hay un 95% de probabilidad de que el riesgo de ideación suicida con antidepresivos se multiplique por 1 respecto al placebo (es decir, sea igual al de placebo). Otra limitación de este documento, es que los resultados no se basan en datos recogidos prospectivamente en el diseño del estudio, sino en datos recogidos retrospectivamente, con gran variabilidad entre unos ensayos y otros en lo que se informa como evento adverso.

En una revisión más reciente de 27 estudios, los autores hallaron una tasa de ideas o intentos de suicidio del 3% (ningún suicidio consumado) en pacientes tratados con antidepresivos para depresión, ansiedad y TOC (IC del 95%, 2-4%) vs. 2% (IC del 95%, 1-2%) con placebo. La diferencia de riesgo fue de 1% (IC del 95%, 0,1-2%), no estadísticamente significativa (p = 0,08). Ninguno de los meta-análisis encontró casos de suicidio consumado.

Debido a los informes de este posible riesgo aumentado modesto de ideación suicida (ideas o intentos), la Agencia Británica de Regulación de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido (MHRA) advirtió a los médicos del Reino Unido contra el uso pediátrico de sertralina, citalopram y escitalopram, debido al “perfil de riesgo-beneficio desfavorable”. En octubre de 2004, la FDA de EE.UU. emitió un aviso, ampliado en 2007, con un recuadro negro (Black Box Warning)(12) sobre todos los antidepresivos, para informar de un aumento del riesgo de suicidio en niños y adolescentes en pacientes de hasta 24 años de edad, y advertencias similares aparecieron en otros países. El objetivo de la advertencia era hacer que los médicos y las familias conocieran este riesgo potencial de baja frecuencia y equilibrar la toma de decisiones por consentimiento informado riesgo / beneficio, pero no prohibir el uso de antidepresivos hasta los 24 años(12).

Entre 1999 y 2003, antes de la advertencia del recuadro negro de la FDA de EE.UU., hubo un aumento en la tasa de diagnóstico de DM y en el uso de ISRS en todas las edades (2002-2003: uso pediátrico de antidepresivos aumentó significativamente un 36%), y paralelamente, hubo una disminución del 35,7% en tasas de suicidio.

Después de la advertencia del recuadro negro de la FDA, hubo una disminución en el diagnóstico de DM en niños y adolescentes, y una disminución del 22% de la prescripción de ISRS en jóvenes en EE.UU., Holanda y otros países. Durante este periodo, hubo un aumento en las tasas de suicidio consumado de 14% en los EE.UU. (2003-2004), 49% en Holanda (2003-2005) y 25% en Canadá (2003-2005). Esta asociación en el tiempo no implica causalidad, sin embargo, si los ISRS estuvieran asociados con mayor riesgo de ideas de suicidio, una disminución en el uso de ISRS debería haber asociado una disminución de las tasas de suicidio, no un aumento.

Bridge et al. encontraron que el número necesario para tratar (NNT) en niños y adolescentes con DM fue de 10 y el número necesario para dañar (NNH) para ideas o intentos de suicidio fue de 112(8). La ratio 112/10 sugiere una relación riesgo/beneficio favorable al uso de antidepresivos en niños con DM moderada o grave. Es decir, si no tratamos a un niño con depresión para evitar la aparición de ideas/intento de suicidio, por cada niño al que evitamos ese riesgo, dejamos a 11 niños que potencialmente podrían haber respondido, sin tratar. Por otro lado, el tratamiento de la DM con ISRS debe combinarse con TCC cuando esté disponible, ya que disminuye el riesgo de ideas o intentos de suicidio.

Algunos autores encontraron que un aumento en las ventas de ISRI de 1 pastilla per cápita (12% de los niveles de ventas del año 2000) reduce el suicidio en un 5%, lo que implica que cada 22.000 US$ adicionales gastados en SSRI evitaría un suicidio. Debemos pensar si compensa gastar 22.000 US$ (unos 18.000€) para salvar una vida. Nuestra opinión es que sí.

Debido a que en el estudio de adolescentes con depresión TADS(6,7) se excluyeron a los pacientes con alto riesgo de suicidio, el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de EE.UU. financió el estudio de tratamiento de adolescentes con intento de suicidio (TASA)(13). Este fue un ensayo abierto de 124 adolescentes con DM unipolar que habían hecho un intento de suicidio recientemente. La mayoría recibió psicoterapia y medicación específicas, y fueron seguidos 6 meses. Los riesgos mórbidos de los eventos suicidas y los intentos fueron 0,19 y 0,12, respectivamente, menor que en otras muestras comparables, lo que sugiere que la intervención fue útil.

En resumen, las ideas y los intentos de suicidio son bastantes frecuentes en la población pediátrica general; 2,6-16% y 0,5-5%, respectivamente, y la ideación suicida es un síntoma común en la depresión mayor. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los 10 y 25 años, después de los accidentes y el cáncer; sin embargo, el suicidio es la octava causa a la que la ciudadanía dona fondos para la investigación, quizás por desconocer que tiene un origen médico y que se puede prevenir.

Algunos estudios sugieren que existe una asociación entre el tratamiento con ISRS en pacientes pediátricos con DM y un modesto aumento en ideación o intentos de suicidio (pero no en suicidio consumado). Otros estudios sugieren que no hay evidencia de esta asociación y que los ISRS reducen la ideación y los intentos de suicidio. Por otro lado, sabemos que la gran mayoría de las víctimas de suicidio (consumado) no estaban tomando antidepresivos en el momento de la muerte, incluso aquellos a quienes se les había prescrito, y no tenían niveles de antidepresivos en sangre. Es decir, si tenían depresión, no se les había diagnosticado, y si se había diagnosticado y tratado, no estaban tomando la medicación, indicando falta de diagnóstico, falta de tratamiento o mala adherencia, quizás por esto no mejoran y acaban muriendo (curso natural de esta enfermedad si no es tratada). La ratio riesgo/beneficio evita la aparición de-novo de ideas de suicidio vs. no tratar la depresión moderada a grave con antidepresivos, en concreto ISRS, es favorable al tratamiento.

Resumen del tratamiento farmacológico

La fluoxetina y el escitalopram son eficaces y seguras en el tratamiento de la depresión mayor en niños y adolescentes, y tienen la aprobación de la FDA de EE.UU. Si un paciente no responde al primer ISRS, la recomendación es probar otro ISRS y añadir TCC(4,6,7). La duración recomendada de tratamiento del episodio de DM, una vez alcanzada la remisión es de, al menos, 1 año, pero debe evitarse parar el tratamiento de forma brusca o en épocas de mayor estrés. El posible aumento modesto de la ideación suicida en algunos pacientes debe ser conocido por los médicos. El NNT para niños y adolescentes con DM es de 10, y el NNH para ideas/intentos de suicidio es de 112, lo que indica una relación riesgo/beneficio favorable al uso de antidepresivos en niños con depresión moderada o grave. No se encontró suicidio completo en ninguno de los 19 ensayos aleatorios doble ciego controlados con placebo.

Tratamiento no farmacológico: Psicoterapia

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

El uso de TCC en el tratamiento de la depresión (y también de la ansiedad que frecuentemente acompaña los episodios depresivos) en niños y especialmente en adolescentes, se basa en la observación de que los pacientes con depresión mayor tienen sesgos y cometen errores en el procesamiento de la información, atendiendo preferentemente a estímulos emocionales negativos que refuerzan su humor deprimido.

Entre los sesgos de percepción y errores cognitivos más frecuentes presentes en adolescentes con DM están:

• Abstracción selectiva (filtro mental), en el que solo se considera una pequeña parte (la negativa) de la información disponible.

• Conclusión arbitraria (se llega a una conclusión apresurada con información contraria o insuficiente: “aunque he aprobado este examen, soy un inútil porque he tenido suerte”).

• Pensamiento ABSOLUTO (todo/nada) (“no tengo amigos, no sirvo para nada, soy feísima”).

• Magnificación y minimización.

• Personalización (asumir responsabilidad de sucesos externos).

• Pensamiento catastrófico (cualquier cosa que pasa es un desastre absoluto y ya no hay nada que hacer).

La TCC interrumpe los ciclos negativos de pensamiento negativo (es culpa mía), humor deprimido (estoy triste, no sirvo para nada) y acción maladaptativa (me quedo en la cama, o me corto con un cutter). Esta teoría cognitiva de la depresión está basada, no solo en la observación y evidencia clínica, sino también en estudios de resonancia magnética funcional (fMRI) que han encontrado una disminución del control cognitivo top-down (de arriba abajo) de las respuestas emocionales (el córtex prefrontal controla mal la actividad del sistema límbico), y la TCC tiene como objetivo también mejorar la capacidad de la corteza prefrontal a través de una reestructuración cognitiva. Una de las claves para la aplicación de la TCC son las técnicas de activación conductual, en la que se ayuda al paciente a normalizar sus rutinas saludables y a reiniciar actividades que les produzcan recompensa (que les gusten o les motiven), ya que se ha visto que una de las cosas que hacen los adolescentes con depresión es abandonar actividades que les resultan placenteras o interesantes (actividades sociales, de ocio, deporte…).

Como hemos mencionado al revisar los resultados del TADS(6,7) (Fig. 5), en adolescentes con depresión moderada a grave, el tratamiento con fluoxetina en monoterapia o combinada + TCC acelera la respuesta (además, fluoxetina + TCC consigue tasas de respuesta más altas tras 3 meses), comparado con si se usa solo TCC (que no se diferencia del placebo en 3 meses).

Figura 5. Posible algoritmo de tratamiento inicial de la depresión mayor en niños y adolescentes (ruta de respondedores en azul, no respondedores en rojo). Basado en tasas de respuesta y recomendaciones de TADS(6,7) y TORDIA(11). TCC: Terapia cognitivo-conductual; ISRS: inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina.

En el caso de depresión leve, donde podemos esperar más tiempo, la TCC sola acaba alcanzando tasas de respuesta similares a TCC + fluoxetina o fluoxetina sola tras 9 meses (estudios abiertos). Por otro lado, usar TCC + fluoxetina mejora la seguridad respecto a la ideación suicida (presente en el 29% de los pacientes basalmente, mejoría significativa con todos los tratamientos, pero más con TCC + fluoxetina p = 0,02), por lo que es recomendable un tratamiento combinado para mejorar eficacia y seguridad (fluoxetina + TCC).

Modelo de Salud Mental Integrada en Pediatría y cuidados basados en medidas

En el Centro de Ciencias de la Salud de Houston de la Universidad de Texas, participamos en el desarrollo de un modelo de Salud Mental Integrada (en Pediatría) y colaboramos en estudios con otros Centros Médicos Universitarios del Estado de Texas en Atención Basada en Medidas (Measurement Based Care), Texas Child Mental Health Consortium. El Estado de Texas es el 2º más poblado de EE.UU. con 29,2 millones de habitantes y con 2 de las 5 ciudades más pobladas de EE.UU. (Houston y Dallas-Fort Worth). Tiene una población muy joven (25% menores de 18 años), una gran diversidad étnica (40% Hispanos). A pesar de tener un PIB de 1,78 billones de US$ (el de España es de 1,46), y PIB per cápita de 60.900 US$ (el de España es 27.057 US$), debido a su extensión similar a la de España, diferencias entre áreas urbanas y rurales, la juventud de su población y la frontera con México y su situación inmigratoria, la atención en Salud Mental a niños y adolescentes es una prioridad, especialmente tras el inicio de la pandemia de COVID-19.

La Red de Investigación de Depresión y Suicidio en Jóvenes de Texas (Texas Youth Depression & Suicide Research Network TxYDSRN) es una iniciativa de investigación que parte del Consorcio de Salud Mental Infantil de Texas (Texas Child Mental Health Consortium: TCMHCC), creada en la 86ª Legislatura de Texas. El TCMHCC financia investigación multicéntrica sobre salud mental en niños y adolescentes en Texas. El TxYDSRN cubre todo el Estado de Texas para desarrollar una Red de registro de participantes y recolección de datos, para describir y caracterizar los sistemas de salud y las intervenciones en todo el estado y examinar los resultados de salud poblacional en Salud Mental en niños y adolescentes, en lo que se refiere a depresión y suicidio.

La red está formada por un total de 12 Centros, 8 pertenecientes a la Universidad de Texas (que es una Universidad pública perteneciente al Estado de Texas) y otras 4 sedes en otras Universidades públicas y privadas: Baylor College of Medicine, Texas A&M University System Health Science Center, Texas Tech University Health Science Center, Texas Tech University Health Science Center-El Paso, University of Texas at Austin Dell Medical School, University of Texas Health-San Antonio, University of Texas-Rio Grande Valley, University of Texas Southwestern Medical Center (Dallas), University of Texas Health Science Center-Houston, University of Texas Health Science Center-Tyler, University of Texas Medical Branch (Galveston) y University of North Texas Health Science Center.

El modelo de atención basada en medidas, incluye una serie de evaluaciones, entrevistas o cuestionarios para el niño o adolescente, para los padres y otros administrados por el clínico, durante 1 año, extensible a otro más. Además de la entrevista MINI-KIDS y escalas sobre síntomas depresivos (PHQ-9) e ideas de suicidio (Columbia C-SSRS), utilizamos otras escalas y cuestionarios:

1. Cuestionario de Salud del Paciente [Patient Health Questionnaire-A (PHQ-A)] y PHQ-A-completado por los padres(14).

2. Inventario de Sintomatología Depresiva-autoreportado (IDS-SR)(15).

3. Escala Concisa de Riesgos para la Salud-autoreportada [Concise Health Risk Tracking Scale Self-Report (CHRT-SR)](16-18).

4. Escala de Ansiedad Generalizada-7 ítems (GAD-7)(19).

5. Escala de Frecuencia, Intensidad e Impacto de Efectos Secundarios para niños [Frequency, Intensity, and Burden of Side Effects Rating (FIBSER)]-Child(20).

Este modelo intenta recoger un registro de pacientes niños, adolescentes y adultos jóvenes (edades 8-20 años), con depresión o síntomas depresivos o ideas de suicidio, y seguirlos longitudinalmente en el tiempo, para comprobar si una atención basada en medidas, tiene ventajas en las tasas de remisión, en las tasas de recaída y en el pronóstico, respecto al seguimiento habitual en consultas de Pediatría o Psiquiatría del niño y adolescente. Disponible en: https://tx-ydsrn.swmed.org/.

Las recomendaciones para detección de DM en Pediatría serían hacer cribajes rutinarios a todos los niños, al menos, cada 6 a 12 meses con un cuestionario como el PHQ-9, y una interacción ágil con Psiquiatría que podría ser con servicios de telemedicina y telementores.

Conflictos de intereses

Cesar Soutullo: (2019-2021); Catedrático de Psiquiatría (Full Time): UT Health Science Center at Houston, Texas, USA.

Ha recibido fondos de investigación para su departamento (no personales) de:

• Texas Child Mental Health Care Consortium (Youth Depression & Suicide Network) SB11.

• Adlon Therapeutics.

Ha servido como Consultor / Advisory Board para:

• Editorial Médica Panamericana (Consultor para traducciones).

• EUNETHYDIS (European Network on Hyperkinetic Disorder) (European ADHD Guidelines Group).

• NeuroTech Solutions Ltd (International Advisory Board).

• Limbix Heatlh (DSMB).

• MEDEA – (Marketing Company) España.

Ha servido en el Panel de Ponentes / ha impartido conferencias de Educación Médica Continuada (no sobre productos) para:

• Bial – Portugal.

• Medice – Alemania.

• Rubio – España.

• Cuquerella Medical Consulting – España.

• Tecnofarma – Perú.

Ha recibido Derechos de autor de:

• Editorial Médica Panamericana.

Cordelia Collins: ninguno.

Bibliografía

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Este libro de texto es la referencia mundial en Psiquiatría infantil y adolescente, y este es el capítulo de depresión mayor.

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Excelente artículo sobre cómo usar los antipsicóticos (estabilizadores del humor) y cómo cambiar de uno a otro; medicaciones que, a veces, son necesarias en niños y, especialmente, en adolescentes con depresión psicótica y otros trastornos del humor.

– Singh MK. Clinical Handbook on the diagnosis and treatment of Pediatric Mood Disorders. American Psychiatric Association Publishing Washington, DC, 2019.

Fabuloso libro totalmente actualizado sobre trastornos del humor en niños y adolescentes.

 

Caso clínico

 

Niño de 9 años que acude a consulta porque va muy mal en el colegio, está triste y llora mucho por sus malas notas. En clase no atiende, se levanta, habla interrumpiendo, enreda y no espera turno. Además, evita hacer las tareas, es olvidadizo, comete muchos errores porque trabaja descuidadamente.

En casa también le pasa, y no hace los deberes, se levanta en la cena, es muy inquieto, y si le mandan alguna cosa tiene enfados frecuentes.

 

 

Trastornos del comportamiento alimentario

P.M. Ruiz Lázaro
Temas de FC


P.M. Ruiz Lázaro

Jefe de Sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil HCU Lozano Blesa de Zaragoza. Profesor asociado médico de Psiquiatría. Universidad de Zaragoza. I+CS. Coordinador ZARIMA y ZARIMA-Prevención. Vocal ARBADA, AEETCA. UTCA Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza

Resumen

Los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) en niños y adolescentes son trastornos mentales multifactoriales, graves y frecuentes, con repercusión en la salud física, desarrollo y funcionamiento psicosocial. Y pueden tardar en ser detectados, con retraso en su diagnóstico y tratamiento. Ante su sospecha, se recomienda utilizar instrumentos de criba, que no diagnostican, pero ayudan. El tratamiento principal es una terapia psicoconductual específica ambulatoria, con hospitalización parcial o total en los casos más graves. Además, se debe abordar las comorbilidades nutricionales, físicas y de salud mental por un equipo interdisciplinar. La terapia cognitivo-conductual (TCC) transdiagnóstico mejorada es de primera línea para todos los TCA. Un tratamiento ateórico basado en la familia (FBT) se recomienda en niños y adolescentes. La psicoterapia focal para adolescentes puede usarse. El uso de psicofármacos se limita a formas graves, con agitación, hiperactividad y/o intensa rumiación que interfieren en la rehabilitación nutricional e intervención psicoterapéutica. O para tratar la comorbilidad. En la bulimia nerviosa (BN) está indicada fluoxetina, asociada a TCC e intervención familiar, y topiramato y zonisamida. La FDA ha aprobado la lisdexanfetamina para tratar el trastorno por atracones. Y hay pruebas de que es posible suprevención primaria con programas, como el Body Project o ZARIMA.

 

Abstract

Eating disorders (ED) in children and adolescents are severe, frequent and multifactorial mental disorders, with an impact on physical health, development and psychosocial function. They can take time to be detected, hence the delay in their diagnosis and treatment. If suspected, the use of screening instruments is recommended, which do not diagnose, but aid in the process. The main treatment is specific outpatient psycho-behavioral therapy, with partial or total hospitalization in the most severe cases. In addition, nutritional, physical and mental health comorbidities must be addressed by an interdisciplinary team. Enhanced transdiagnostic cognitive behavioral therapy (CBT-E) is the first-line treatment for all EDs. A family-based atheoric treatment (FBT) is recommended in children and adolescents. Focal adolescent psychotherapy can be used. The use of psychotropic drugs is limited to severe forms, with agitation, hyperactivity and / or intense rumination that interfere with nutritional rehabilitation and psychotherapeutic intervention. Or to treat comorbidity. In bulimia nervosa (BN), fluoxetine is indicated, associated with CBT and family intervention, as well as topiramate and zonisamide. The FDA has approved lisdexamfetamine to treat binge eating disorder. There is evidence that its primary prevention is possible with programs such as the Body Project or ZARIMA.

 

Palabras clave: Trastornos de conducta alimentaria; Atención primaria; Niños; Adolescentes.

Key words: Eating disorders; Primary care; Children; Adolescents.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 76 – 82

 

OBJETIVOS

  • Comprender que los TCA en niños y adolescentes son multifactoriales, graves y frecuentes, con repercusión en la salud, desarrollo y funcionamiento.
  • Aprender a utilizar instrumentos de criba para ayudar a diagnosticar un TCA.
  • Conocer que el tratamiento principal es psicoconductual específico ambulatorio, cognitivo-conductual (TCC) transdiagnóstico o terapia basada en la familia (FBT), con hospitalización parcial o total en los casos más graves.
  • Aprender que es posible su prevención primaria con programas como el Body Project o ZARIMA.

 

Trastornos del comportamiento alimentario

Introducción

Los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) en niños y adolescentes son trastornos mentales multifactoriales, graves y frecuentes.

Son costosos, discapacitantes y potencialmente mortales; pueden repercutir de forma considerable en la salud física y perturbar la funcionalidad psicosocial(1-3); y afectar a los individuos a lo largo de su vida, con impacto particular en el desarrollo físico y psicológico de niños y adolescentes(2). Los pacientes presentan comorbilidades psiquiátricas, médicas y posibles secuelas psicológicas(4). Se reconocen seis trastornos principales de la conducta alimentaria y la alimentación en las clasificaciones diagnósticas actuales: anorexia nerviosa (AN), bulimia nerviosa (BN), trastorno por atracón (TA), trastorno por evitación-restricción de la ingesta de alimentos (ARFID o TERIA), pica y trastorno de rumiación (TR)(3). Tres tipos de TCA (AN, BN y TCA no especificado o TCANE) están entre los tres diagnósticos psiquiátricos más habituales entre la población femenina adolescente(5), ya que la atención en la infancia y la adolescencia de los TCA puede ser compleja y los recursos son a menudo limitados, es posible que se solicite a los pediatras que no solo proporcionen supervisión médica a sus pacientes con TCA, sino que también coordinen la atención y defiendan servicios adecuados(2).

Epidemiología

Los TCA en conjunto representan la tercera enfermedad de larga evolución o crónica más frecuente entre la población de pacientes adolescentes(5).

Pueden afectar a personas de todas las edades, géneros, orientaciones sexuales, etnias y geografías. Los adolescentes y adultos jóvenes, especialmente del género femenino, están particularmente en riesgo, ya que la AN comienza antes que la BN o el TA. La edad de inicio de la AN parece estar disminuyendo(3,6). Los grupos de riesgo lo son por edad (adolescencia), género (mujeres) o por la participación en actividades de ocio o profesionales (gimnastas, atletas, modelos, bailarines, patinadores, deportistas de élite)(7). La epidemiología de los TCA en nuestro país es un área de investigación con considerables avances. Existe variedad en la metodología y edad poblacional de las investigaciones, pero se pueden admitir unas horquillas de prevalencia de riesgo entre el 4 y el 12%, y de prevalencia de TCA entre el 1 y el 5% en mujeres. Y menor del 1% en hombres(8). Se estima una prevalencia vital en la adolescencia de AN del 0,5-1%. La de BN del 2-4% en mujeres jóvenes, con inicio en etapas algo posteriores que la AN(9).

Etiología y fisiopatología

Los TCA son trastornos multifactoriales(6). Influyen factores biológicos, psicológicos y ambientales socioculturales, que los predisponen, precipitan y mantienen(4).

Factores biológicos (genéticos, con un 60% de varianza, y trauma temprano, durante el desarrollo) y culturales, contribuyen a incrementar el riesgo para el desarrollo de un TCA(6). Se confirma el papel de rasgos psicológicos de vulnerabilidad, como perfeccionismo, neuroticismo y baja autoestima(6). También, de determinantes ambientales familiares (antecedentes TCA, estado civil, familia monoparental, padres separados o divorciados, viudos, madres solteras, conflictos familiares, percepción de funcionamiento disfuncional, que el adolescente coma solo). Y las influencias a través de la exposición a medios de comunicación, pantallas y redes sociales. El estrés crónico y la comorbilidad psiquiátrica (mediador parcial) se asocian fuertemente con el inicio de TCA(6). Las complicaciones neonatales y perinatales, obstétricas (anemia materna, diabetes mellitus, preeclampsia, infarto placentario, cardiopatías neonatales, hiporreactividad, dificultades en alimentación temprana y bajo peso para la edad gestacional) incrementan el riesgo para AN, TCA. Los problemas del neurodesarrollo también se pueden implicar en su patogénesis(6). La internalización del ideal de delgadez, presión percibida para adelgazar, preocupación por el peso e insatisfacción corporal, sobrepeso y conducta de dieta restrictiva para perder peso, son predictores del riesgo de iniciar un TCA(6). También afectos negativos y uso de sustancias(6). Las bromas familiares acerca del peso, la preocupación personal por él y la conducta de dieta y otras no saludables para intentar controlarlo (vómitos, píldoras adelgazantes, laxantes y diuréticos) predicen sobrepeso, alimentación compulsiva con pérdida de control y conductas extremas de control de peso a cinco años(6). El abuso sexual infantil parece un factor inespecífico para desarrollar síndromes bulímicos, no necesariamente mediado por morbilidad psiquiátrica o dietas graves(6). Entre los hombres adolescentes y jóvenes, ciertos factores aumentan el riesgo de TCA, incluidas las preocupaciones sobre la imagen corporal centrada en la musculatura y la orientación sexual(10).

Como consecuencia de la pérdida ponderal, aparecen signos/síntomas de desnutrición y adaptación a la misma. Cuando la malnutrición está instaurada, especialmente si es grave o rápida, los cambios fisiopatológicos en la AN son parecidos a otros estados de inanición. En ayuno prolongado tienen lugar mecanismos adaptativos para mantener la vida. Las funciones «no vitales» (crecimiento, reproducción) pasan a segundo plano. Hay un hipogonadismo hipogonadotrófico adaptativo, entre otros. Tales adaptaciones producen deterioro funcional en otros sistemas que limitan la capacidad para realizar actividades físicas y mentales(11). En AN no se produce cetoadaptación y las reservas de glucosa, proteínas y micronutrientes se conservan a expensas de utilizar solo depósitos grasos. Al mismo tiempo existe descenso de insulina, IGF-1, catecolaminas y T3, T4 e incremento de cortisol, glucagón y GH. Estas alteraciones hacen comprender signos y síntomas como: intolerancia al frío, disminución de frecuencia cardiaca, respiratoria, estreñimiento etc.(11). Cambios de semiinanición similares a los de la AN se observan en pacientes con BN.

Clínica

Se consideran TCA a una serie de entidades nosológicas diferenciadas que tienen como nexo común una alteración continuada en la ingesta o bien en la conducta relacionada con la alimentación, con posible distorsión en la imagen corporal.

Dentro de su clasificación destacan los siguientes trastornos: AN y BN y TCANE(4,9). La AN es un trastorno de curso crónico con malnutrición, caracterizado principalmente por una negativa, restricción o disminución de la ingesta, acompañada de una distorsión de la imagen corporal, con el consecuente miedo intenso a la ganancia de peso, temor extremo a engordar, con negativa a mantener un mínimo peso normal(4,9,11). Dentro de la AN encontramos dos subtipos: restrictivo, sin atracones ni purgas; y purgativo, donde encontramos atracones y/o conductas purgativas. En la BN, la presencia de atracones de comida y la posterior conducta compensatoria (vómitos autoprovocados, ejercicio intenso, laxantes, diuréticos…) es lo que prima en el paciente, junto a marcadas alteraciones emocionales con relación a la evaluación de la imagen corporal. Se considera atracón al consumo, durante un periodo corto de tiempo, de una cantidad excesiva de comida, superior a la que la mayoría de individuos comerían, con sensación de pérdida de control(4,12). Los TCANE serán aquellos que, compartiendo características clínicas con los anteriores, no cumplen todos los criterios de los manuales al uso, como el DSM-5(4,9). El ARFID o TERIA, la pica y el TR se agregaron al capítulo revisado del DSM-5 TCA y de la ingestión de alimentos en 2013(13). Los TCA en el niño han sido objeto de numerosos intentos de clasificación, desde que, en 1994, se introdujeran por primera vez como categoría diagnóstica psiquiátrica en el DSM-IV, como: TCA del lactante y el niño, posteriormente en el DSM-5, como ARFID o TERIA. Más completa y utilizada ha sido la clasificación de Chatoor con seis tipos de TCA: 1) alteración del estado de regulación; 2) reciprocidad inadecuada (vínculo madre-hijo); 3) anorexia infantil; 4) aversión alimentaria sensorial; 5) alteración asociada a patología orgánica; y 6) alteración postraumática. Kerzner establece tres categorías: niños con poco apetito, con ingesta selectiva y con miedo a comer(14). El ARFID o TERIA categoriza a pacientes con patrones de alimentación selectivos y/o restrictivos en ausencia de cognición distorsionada en relación con el peso, la comida y la imagen corporal. Es grave, con impacto significativo en la salud física y mental de la población pediátrica. Problemas de atención y miedos clínicos en ARFID, y mayor presencia de síntomas internalizados en AN, son las principales diferencias encontradas en los perfiles psicopatológicos(15). La pica es una forma peligrosa de comportamiento potencialmente mortal, con ingesta de sustancias no nutritivas, que ocurre en personas con discapacidades del desarrollo, en ocasiones, con deficiencias nutricionales (hierro, zinc)(13). El TR o mericismo es un TCA DSM-5 y un trastorno funcional gastroduodenal(13) en que la comida se regurgita y pasa a la boca, se mastica y luego se expulsa.

Todos los TCA presentan importantes repercusiones orgánicas (tasas de mortalidad de hasta 5,1 muertes/1.000 personas en AN), entre las que destacan: caquexia, alteraciones cardiacas, digestivas, metabólicas o neuropsiquiátricas(9). Dentro de los factores de mal pronóstico se encuentran, un inicio de tratamiento más tardío y una mayor gravedad de síntomas en el diagnóstico (peso más bajo para AN y mayor intensidad de atracones y conductas compensatorias de purga en la BN)(1).

Diagnóstico

El retraso en el diagnóstico e identificación parece conllevar mayor morbilidad y peor pronóstico. La Atención Primaria (AP) es clave en su detección(1).

Pueden tardar en ser detectados meses o años. La media de tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y la solicitud de ayuda se estima en un año para AN y de cuatro para BN(1). Hay resultados significativamente mejores para los que son identificados y tratados tempranos y se evita la evolución a formas crónicas(1).

Signos y síntomas de detección de TCA

Restricción alimentaria sin control médico: saltarse comidas, ayunos, disminuir raciones, evitar alimentos “que engordan”, comer solo alimentos dietéticos, hipocalóricos, bajos en grasas, “light” o “diet”(1,11); adelgazamiento; cambios en hábitos alimentarios: prolongar el tiempo para realizar comidas, rituales (“marear” alimentos, jugar con ellos, quitarles la grasa, trocearlos, esparcirlos, esconderlos bajo el plato o servilleta, tirarlos, elevada ingesta de agua); síntomas y signos físicos de malnutrición: alopecia, sensación de frialdad, mareos, alteraciones menstruales, amenorrea; atracones; vómitos autoprovocados; empleo de laxantes; ejercicio físico con exageración, hiperactividad; preocupación excesiva por la gordura; no se ve cómo es, se ve gordo/a (dismorfofobia); irritabilidad, inestabilidad emocional(1,11).

Sospecha de TCA

En la tabla I se recogen algunas características que nos deben llevar a sospechar un posible riesgo de TCA.

Tabla

 

Ante la sospecha de un posible caso, se aconseja la utilización de instrumentos de cribado. The Eating Attitudes Test, EAT-26 y el Eating Disorders Inventory (EDI) son los cuestionarios de detección más utilizados, pero hay muchos otros: Short Evaluation of Eating Disorders (SEED), SCOFF Questionnaire y otros muchos(1). Se aconseja pasar el Cuestionario SCOFF (Sick, Control, One, Fat, Food questionnaire)(1) (Tabla II).

Tabla

 

Manejo del caso

En AN, el peso y el índice de masa corporal (IMC) no son los únicos indicadores de riesgo físico, siendo recomendable una anamnesis y exploración física exhaustiva, y pruebas complementarias para un correcto diagnóstico etiológico(1). Debido a la baja frecuencia de visitas de los adolescentes, se recomienda aprovechar cualquier oportunidad (visita programada, consulta por problemas menores) para ofrecer una atención integral, con detección temprana de hábitos de riesgo o trastornos ya establecidos (prevención secundaria)(1). Al entrevistar a un adolescente con sospecha de TCA, es importante conocer que les caracteriza la falta de conciencia de enfermedad, tendencia a la negación y escasa motivación de cambio, siendo esta más acusada cuanto menor es la evolución del trastorno(1). A la hora de hacer el diagnóstico, se debe tener en cuenta que, en fases iniciales, los adolescentes pueden no presentar todos los síntomas necesarios para cumplir criterios diagnósticos según las clasificaciones internacionales en vigor (IMC < 17,5 kg/m2 o distorsión de imagen corporal), pero sus síntomas les pueden generar alteraciones conductuales o de funcionamiento significativas (v. criterios diagnósticos CIE-10 y DSM 5)(1).

Pruebas médicas

En la tabla III se indican las pruebas médicas más recomendadas.

Tabla

 

Exploración psicopatológica

La exploración psicopatológica mínima recomendada se detalla en la tabla IV.

Tabla

 

Diagnóstico diferencial (Tabla V)

Tabla

Incluye enfermedades consuntivas no neoplásicas (digestivas, endocrinas, infecciosas, hematológicas, reumatológicas, neurológicas, renales), neoplásicas y trastornos psiquiátricos.

Tratamiento

Para todos los trastornos alimentarios (incluido ARFID o TERIA), el tratamiento principal de elección es una terapia psicoconductual, por lo general, ambulatoria(3,11).

Las personas con TCA, a menudo, no reciben un tratamiento basado en pruebas científicas. Las nueve guías clínicas actuales respaldan los principales enfoques de tratamiento validados empíricamente con un acuerdo considerable(17). Las terapias psicológicas efectivas son la primera línea en la atención y la mayoría de las personas se recuperan a medio y largo plazo(18). Para todos los TCA, el tratamiento principal de elección, según las guías nacionales e internacionales actuales, es una terapia psicoconductual, por lo general, ambulatoria(18,19). Las terapias psicológicas específicas, como la terapia cognitivo-conductual transdiagnóstico mejorada (TCCT-M, CBT-E), son el tratamiento de primera línea para todos los TCA, con el mayor impacto en reducción de síntomas(18).

Los pacientes con síntomas más graves o sin mejora ambulatoria, con una atención menos restrictiva, pueden ser tratadas en un programa hospitalario especializado parcial (Hospital de día) o completo en unidad de corta estancia. Las terapias basadas en pruebas administradas por médicos, psicólogos y terapeutas formados sobre TCA, se consideran las más eficaces y son las preferidas por las personas con TCA. Este enfoque también puede ser más rentable y reducir hospitalizaciones(18). Además de terapia psicológica específica, el tratamiento debe abordar comorbilidades nutricionales, físicas y de salud mental por el equipo interdisciplinar con, como mínimo, un terapeuta psicológico y un pediatra o médico de familia. En casos más complejos de TCA, como la mayoría de personas con AN, casos más graves de BN y TA, y aquellos que requieren atención hospitalaria, se requieren apoyos interdisciplinares adicionales en unidad específica (Tabla VI) (psiquiatra, enfermero(s), nutricionista, médico/pediatra, trabajador social o terapeuta familiar y terapeuta ocupacional y de ejercicio físico)(18).

Tabla

El tratamiento hospitalario implica apoyo nutricional que, en una proporción de pacientes con AN, puede implicar alimentación nasogástrica. Una revisión sistemática del tratamiento nutricional en adolescentes, encontró una gran variación en los protocolos de realimentación, que van desde los cautelosos (por síndrome de realimentación) hasta aquellos que respaldan una resolución más rápida de la desnutrición. Una revisión sistemática posterior sugirió que algunos enfoques podrían ser demasiado conservadores(3). La hospitalización breve de adolescentes con AN (para estabilización médica) seguida de tratamiento familiar o diurno, tuvo resultados similares a la más prolongada (hasta recuperación del peso)(3). El tratamiento hospitalario es eficaz para mejorar la salud nutricional, pero en una proporción hay recaídas. Se han añadido modificaciones para reducir la tendencia a recaer tras el alta, como intervenciones digitales y fomentar el apoyo de cuidadores(3).

La intervención temprana mejora los resultados. Es esencial el inicio rápido del tratamiento y atención especializados para TCA, en lugar de la espera vigilante. Para casos leves o moderadamente graves, el primer paso es el tratamiento psicológico ambulatorio que involucre a la familia de una manera apropiada para la edad. Si el riesgo médico o psicológico es alto o existe falta de respuesta a la atención ambulatoria, se puede brindar una atención más intensa diurna u hospitalaria. Alrededor del 20-35% de los pacientes necesitarán este nivel más alto de atención. Para pacientes con trastorno del espectro compulsivo, es posible secuenciar tratamientos que pueden comenzar con autoayuda guiada y ser seguidos por TCC o tratamiento farmacológico, o ambos. La recuperación es posible para más del 60% de pacientes tras 9 años de enfermedad(3).

Un tratamiento ateórico basado en la familia (FBT) es la principal modalidad de atención en niños y adolescentes. La psicoterapia focal para adolescentes puede usarse para personas más jóvenes con AN(18,19). En adolescentes con BN, la TCC es una terapia alternativa y, administrada en forma de autocuidado guiado, produce mejora más rápida en atracones que la FBT, y como ventaja el manual se puede compartir con los padres(3). Una buena descripción de todas las terapias psicológicas se encuentra en las pautas de la Guía NICE(20), desarrolladas para la atención ambulatoria individual durante 8 meses o más. La TCC se ha adaptado para su administración en entornos grupales, habitual en los programas hospitalarios. Todos cuentan con manuales para orientar las terapias que se utilizan en la formación. Y tienen niveles moderados de abandono(18).

La mayoría de los usos de psicofármacos son “no autorizados” (“off label”). El uso de psicofármacos en AN, TCANE y ARFID estaría limitado a formas graves con agitación, hiperactividad y/o intensa rumiación, que interfieren en la rehabilitación nutricional e intervención psicoterapéutica, o para el tratamiento de los trastornos comórbidos. En AN se usa olanzapina. En BN está indicado el uso de antidepresivos, como fluoxetina, asociada a TCC e intervención familiar. En TA se emplea zonisamida y topiramato (este menos por sus efectos adversos), y se ha estudiado atomoxetina. La FDA ha aprobado la lisdexanfetamina para tratar el TA en adultos moderado a grave y bajo control por un psiquiatra especializado(3,18,19).

Prevención

El paradigma de la promoción de la salud se muestra hasta la fecha como la fórmula más eficaz para favorecer una adecuada prevención de los TCA(6,7).

El objetivo es modificar conocimientos, actitudes y conductas. Para ello es preciso el empleo de técnicas de implicación, una metodología pedagógica activa, participativa y experiencial, que responda a contenidos de procedimientos y actitudinales. Los estudios que producen mayores beneficios se dirigen a participantes con un riesgo relativo mayor para desarrollar TCA, son selectivos, interactivos, multisesión, dirigidos a mujeres mayores de 15 años, sin contenido psicoeducativo, llevados a cabo por profesionales de la intervención entrenados, con contenidos de aceptación corporal o inducción de disonancia cognitiva, evaluados con medidas validadas y con periodos de seguimiento más cortos(6,7). La mitad de las intervenciones preventivas en los TCA (un 51%) reducen los factores de riesgo para los TCA y más de un cuarto (29%) reduce la patología alimentaria actual o futura. Algunos programas interesantes con buenos resultados son: The Body Project, Sorority Body Image Program, Student Bodies o el currículo manualizado ZARIMA (Fig. 1) y el DITCA en España(6,7). En los últimos años, se han desarrollado programas de prevención dirigidos a abordar de forma conjunta e integrada el amplio espectro de los denominados “problemas relacionados con el peso y la alimentación (PRAP)”. En España, el currículo manualizado ZARIMA (Fig. 1) aplicado en Santander por el grupo SANTUCA, ha demostrado su efecto positivo preventivo sobre el sobrepeso. Otra intervención exitosa española, una aproximación integrada a la prevención de los PRAP, es el proyecto MABIC(6,7,20).

Bulimia y anorexia

Figura 1. Guía Programa ZARIMA.

 

Función del pediatra de Atención Primaria

Detección temprana, prevención primaria y secundaria, supervisión médica de pacientes con TCA diagnosticado, coordinación de la atención y defensa de servicios adecuados(2).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1. Ruiz-Lázaro PM. Guía de actuación ante los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en la adolescencia en Atención Primaria. Adolescere. 2020; VIII; 63-9.

2.** Hornberger LL, Lane MA, Committee on Adolescence. Identification and Management of Eating Disorders in Children and Adolescents. Pediatrics. 2021; 147: e2020040279. doi: 10.1542/peds.2020-040279.

3.** Treasure J, Antunes Duarte T, Schmidt U. Eating disorders. Lancet. 2020; 395: 899-911.

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6. Ruiz-Lázaro PM. Prevención de los trastornos de la conducta alimentaria y obesidad. En: Ruiz-Lázaro PM, Velilla M, González E, coordinadores. Buenas prácticas en prevención de trastornos de la conducta alimentaria. Madrid: ediciones Pirámide; 2017. p. 25-53.

7. Ruiz-Lázaro PM. Prevención de los trastornos de la conducta alimentaria y los diversos ámbitos de actuación. En: Martínez MA, ed. Todo sobre los trastornos de la conducta alimentaria. Una visión multidisciplinar desde la experiencia y la evidencia científica. Tarragona: Publicaciones Altaria; 2015. p.431-76.

8. Ruiz-Lázaro PM, Calvo D, Pérez J, Gómez del Barrio JA, Calado M. Prevención secundaria de los trastornos de la alimentación en adolescentes escolarizados del norte de España. En: Ruiz-Lázaro PM, Velilla M, González E, coordinadores. Buenas prácticas en prevención de trastornos de la conducta alimentaria. Madrid: Pirámide; 2017. p. 267-83.

9. Díaz-Marsá M, Alberdi-Páramo I, Niell-Galmés Ll. Suplementos nutricionales en trastornos de la conducta alimentaria. Actas Esp Psiquiatr. 2017; 45: 16-36.

10. Gorrell S, Stuart B Murray SB. Eating Disorders in Males. Child Adolesc Psychiatr Clin N Am. 2019; 28: 641-51. doi: 10.1016/j.chc.2019.05.012. Epub 2019 Jul 11.

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14. Campuzano SH. Trastornos de la conducta alimentaria en el niño pequeño. Pediatr Integral. 2020; XXIV: 108-14.

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16. AEPNYA. Protocolos clínicos AEPNYA Asociación Española Psiquiatría del Niño y del Adolescente; 2008.

17. Hilbert A, Hoek HW, Schmidt R. Evidence-based clinical guidelines for eating disorders: international comparison Curr Opin Psychiatry 2017; 30: 423-37. doi: 10.1097/YCO.0000000000000360.

18. Hay Ph. Current approach to eating disorders: a clinical update. Intern Med J. 2020; 50: 24-9. doi: 10.1111/imj.14691.

19. Klein DA, Sylvester JE, Schvey NA. Eating Disorders in Primary Care: Diagnosis and Management Am Fam Physician. 2021; 103: 22-32. PMID: 33382560.

20. Ruiz-Lázaro PM. Obesidad. En: Lázaro L, Moreno D, Rubio B. Manual de Psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Barcelona: Elsevier España; 2021. p. 511-20.

Bibliografía recomendada

- Morandé G, Graell M, Blanco A, eds. Trastornos de la conducta alimentaria y obesidad. Un enfoque integral. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2014.

El manual de referencia en este momento en lengua española.

- Martínez MA, ed. Todo sobre los trastornos de la conducta alimentaria. Una visión multidisciplinar desde la experiencia y la evidencia científica. Tarragona: Publicaciones Altaria; 2015.

Un libro interesante, con una visión multidisciplinar de los TCA.

- Ruiz-Lázaro PM, Velilla M, González E, coordinadores. Buenas prácticas en prevención de trastornos de la conducta alimentaria. Madrid: ediciones Pirámide; 2017.

Se recopilan en este texto todos los programas de prevención primaria y secundaria españoles. Imprescindible, si se desea realizar prevención de los TCA.

 

Caso clínico

 

Mujer de 16 años y 10 meses de edad que, durante el confinamiento por COVID-19, presenta conducta restrictiva adelgazante con ingesta muy reducida, con pérdida ponderal grave en tres meses, con IMC muy bajo de 15,5 kg/m2, con 40,4 kg, sin mejoría ambulatoria. Dieta vegetariana flexible, con alimentación extremadamente lenta hasta 120 minutos por comida con pantallas. Bajo estado anímico, ansiedad con amenorrea primaria, miedo morboso a engordar, dismorfofobia de abdomen, muslos y piernas (se medía la tripa), y con consecuencias físicas de su extrema malnutrición, como: alopecia, lanugo, mareos, estreñimiento, dispepsia y frialdad. Hipercolesterolemia en bioquímica. Con rasgos caracteriales premórbidos (sensible, perfeccionista).

 

 

Trastornos del comportamiento

A. Díez Suárez*, C. Canga Espina**
Temas de FC


A. Díez Suárez*, C. Canga Espina**

*Responsable de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente. **Residente de Psiquiatría del Niño y Adolescente. Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica, Clínica Universidad de Navarra. Pamplona, Navarra

Resumen

Los dos principales trastornos del comportamiento son: el trastorno negativista-desafiante y el trastorno de conducta. Por lo general, estos trastornos son secundarios a otras enfermedades o situaciones de índole muy variada. El trastorno de conducta suele venir precedido de un trastorno negativista desafiante, sus síntomas son más graves y, en muchos casos, es una complicación del anterior. En muchos casos, se asocian a otro trastorno psiquiátrico, principalmente al trastorno de déficit de atención e hiperactividad, pero también a ansiedad o depresión. Es muy importante investigar en profundidad las características de cada caso y realizar un diagnóstico preciso, para que el enfoque terapéutico sea correcto. Tanto el DSM-5 como la CIE-10, ofrecen sus propios criterios diagnósticos. El diagnóstico es clínico, mediante una entrevista al paciente y a sus familiares. El tratamiento principal es la psicoterapia, de tipo cognitivo-conductual o conductual, y con la colaboración de los padres o cuidadores principales. Asimismo, se debe tratar de forma específica la psicopatología subyacente, si es preciso con medicación. Algunos fármacos como los antipsicóticos atípicos, pueden resultar útiles para los casos más graves, pero no se recomiendan como primera elección.

 

Abstract

There are two main behavioral disorders, oppositional defiant disorder (ODD) and conduct disorder. These disorders are usually associated with a wide range of mental disorders or stressful life events. Conduct disorder is usually preceded by oppositional defiant disorder, and symptoms are more severe, being a more advanced complication of ODD. Behavioral disorders may be associated with other psychiatric disorders, mainly Attention Deficit Hyperactivity Disorder, but also with anxiety or depression. The characteristics of each case should be assessed, and an accurate diagnosis should be made in order to propose an adequate therapeutic approach. Both, DSM-5 and ICD-10 offer their own diagnostic criteria. The diagnosis is clinical, through an interview with the patient and his family. Cognitive-behavioral or behavioral psychotherapy is the first-line treatment. Parents or main caregivers must be involved in the therapy. Likewise, the underlying psychopathology must be specifically treated, with medication or specific psychotherapy, if needed. Atypical antipsychotics may be useful for the most severe cases, but they are not recommended as the first choice.

 

Palabras clave: Trastornos de comportamiento; Trastorno negativista-desafiante; Trastorno de conducta.

Key words: Behavior disorders; Oppositional-defiant disorder; Conduct disorder.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 68 – 75

 

OBJETIVOS

  • Comprender las características de los principales trastornos del comportamiento: trastorno negativista-desafiante y trastorno de conducta.
  • Conocer cuál es su prevalencia y en qué poblaciones se presenta con mayor frecuencia.
  • Reconocer los principales factores de riesgo relacionados con los trastornos del comportamiento.
  • Estudiar las diferentes herramientas útiles para realizar un adecuado diagnóstico.
  • Aprender los diferentes tipos de tratamiento, tanto psicológicos como farmacológicos, efectivos en los trastornos de comportamiento.

 

Trastornos del comportamiento

Introducción

Si unos padres acuden a consulta, porque su hijo “se porta mal”, el pediatra debe indagar acerca de sus motivos, por qué se comporta así, para encontrar la mejor solución.

Cuando un niño o un adolescente “se porta mal”, es decir, que discute o no sigue las normas, es muy importante conocer sus motivos, por qué se comporta así. A esta situación se la conoce en Psiquiatría y Psicología como trastorno negativista desafiante (TND). Si, además, su comportamiento es más agresivo y las violaciones de las normas son más graves, o con una tendencia a no tener en cuenta los sentimientos de los demás, se denomina trastorno de conducta (TC). Es importante ser precisos con los términos, ya que a menudo se emplea el término “trastorno de conducta” de una forma vaga, para referirse a cualquier tipo de resistencia a las normas, cuando los trastornos de conducta tienen una definición específica en los principales sistemas de clasificación.

Las situaciones que se esconden debajo de los trastornos del comportamiento pueden ser de diversa índole, podrían compararse con una punta de iceberg (Fig. 1).

Figura1

Figura 1. Factores asociados a los trastornos del comportamiento: el trastorno negativista desafiante (TND) y el trastorno de conducta (TC), con frecuencia, “esconden” a modo de punta de iceberg otros trastornos psiquiátricos o situaciones que al niño
o adolescente le generan un estrés.

Cuando unos padres consultan al pediatra por alteraciones del comportamiento, como profesionales no debemos quedarnos conformes con un diagnóstico único de TND, esta situación equivaldría a concluir que un niño que acude a consulta por “fiebre” tiene “fiebre”. Es decir, hay que indagar acerca de los motivos por los cuales ese niño se comporta de ese modo. La propia adolescencia suele asociarse a confrontación de las normas, en un deseo de reafirmar su propia identidad, al pasar los adolescentes de la etapa de la niñez a la vida adulta. En algunos casos, una adolescencia intensa puede llegar a manifestarse como un TND, principalmente cuando el patrón educativo es rígido, autoritario o inflexible. El temperamento de los niños puede ser muy diferente, y algunos niños resultan más intensos en su forma de expresarse y comportarse. Se podría decir que cualquier situación adversa en la vida de un niño o adolescente puede manifestarse con este tipo de síntomas. Puede asociarse a situaciones sociales (adversidad psicosocial, falta de supervisión y cuidados adecuados, acoso de cualquier tipo) o familiares (rivalidad entre hermanos, separación de los padres, enfermedades psiquiátricas, de otro tipo o fallecimiento de los padres u otros miembros de la familia). En otros casos responde a un consumo de sustancias tóxicas (alcohol, cannabis, etc.). Además de esos factores de índole más psicosocial, el pediatra debe descartar que ese comportamiento negativista se asocie a otros trastornos psiquiátricos, principalmente trastorno de déficit de atención e hiperactividad, pero también ansiedad, depresión u otros.

Epidemiología de los trastornos del comportamiento

El trastorno negativista desafiante es más leve que el trastorno de conducta y suele precederlo. Aparecen con mayor frecuencia en varones, con una prevalencia aproximada del 2-10%

Los trastornos de conducta son menos frecuentes que el trastorno negativista desafiante, y como se ha comentado previamente, el TND suele preceder al TC. El TND es un motivo de consulta frecuente en Pediatría, su prevalencia estimada es variable, aunque la mayoría de los estudios la sitúan en 2-10%. Estos datos difieren según criterios de recogida de datos, la población estudiada y las posibles diferencias culturales en torno a lo aceptado socialmente(1,2). Ambas patologías aparecen con más frecuencia en varones que en mujeres prepuberales, entre dos y tres veces más, con una tendencia a igualarse en la adolescencia(2).

Concepto y sintomatología de los trastornos del comportamiento

Las alteraciones comportamentales son frecuentes y comunes en diferentes etapas del desarrollo de los niños, en especial a los 18-24 meses de edad, con un pico de máxima intensidad a los 3 años, y en la adolescencia. Estos comportamientos se consideran patológicos o pasan a formar parte de la categoría de trastorno, cuando se extienden mucho más allá de estas condiciones, tanto en frecuencia como en intensidad.

Ambos trastornos, TND y TC, son diferentes, tienen sus propios criterios diagnósticos, y no se deben confundir. La mayoría de los niños que presentan un TND no derivan en sintomatología compatible con TC; si bien, los pacientes con TC retrospectivamente, lo más probable, es que en algún momento hayan cumplido criterios de TND(3). Las características de ambos trastornos se resumen a continuación:

• Trastorno negativista desafiante:

- Se trata de un síntoma genérico, una manifestación de malestar inespecífica en la infancia.

- Sus manifestaciones clínicas varían dependiendo el contexto y van evolucionando con la edad.

- Se caracteriza por un patrón persistente de enfado, irritabilidad y actitud desafiante o vengativa que dura, por lo menos, seis meses y que aparece en varios ambientes del paciente.

- En general, los niños tienen poca conciencia de enfermedad, es decir, no suelen identificar ni comprender la importancia de sus manifestaciones.

• Trastorno de conducta:

- Edad de inicio más tardía que el TND, hacia los 14 años(3).

- El comportamiento conlleva una serie de comportamientos agresivos hacia personas o animales, destrucción de objetos, presencia de engaños o robos, y violaciones serias de las normas.

- Suele conllevar problemas legales.

- Suele acompañarse de una aparente frialdad emocional, que se debe a dificultades para ponerse en el lugar del otro. Muchos estudios asocian este comportamiento con alteraciones neurobiológicas en algunas regiones, como el cuerpo calloso.

Diagnóstico de los trastornos del comportamiento

El diagnóstico de los trastornos del comportamiento es clínico, y se basa en una entrevista con el niño y sus padres.

Al igual que en todos los trastornos psiquiátricos, el diagnóstico de los trastornos de comportamiento es clínico, en base a la entrevista, tanto con el paciente como con su familia, cuidadores principales y si es necesario, profesores. Debemos tener en cuenta también que las manifestaciones clínicas del TND varían dependiendo del contexto y van evolucionando con la edad. Para ello, se debe recabar información procedente de varias fuentes, además del relato del propio paciente. La observación del comportamiento del niño en la entrevista y su interacción con sus padres: cómo se sientan, cómo se hablan, cómo se miran, etc., puede resultar muy ilustrativa de cómo es la situación en casa. Por lo general, los niños tienden a infravalorar este tipo de dificultades de comportamiento denominadas “externalizantes”; es decir, el niño con TND puede tener poca conciencia del problema. Sin embargo, los observadores externos dan más detalles y se suelen mostrar más preocupados. Esto se denomina divergencia de informadores.

Además de la entrevista clínica, se pueden emplear algunos cuestionarios, tanto auto como heteroaplicados, y entrevistas estructuradas para detectar otros síntomas, cuantificar o graduar los síntomas o mejorar la comunicación en niños poco colaboradores. En la tabla I, se ofrece un listado de algunas entrevistas y cuestionarios, todos ellos disponibles en castellano.

 

Criterios diagnósticos según CIE-10 y DSM-5 (Tabla II)

El TND y el TC pueden considerarse dos patologías dentro del mismo espectro (CIE-10) o como dos patologías diferentes (según DSM-5, el TND precede a TC). El DSM-5 clasifica al TDAH dentro de los “trastornos del neurodesarrollo” y lo separa de los “trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta”, donde están el trastorno negativista desafiante (TND), el trastorno de la conducta (disocial) (TC) y trastornos del control de los impulsos (cleptomanía, piromanía y el trastorno de la personalidad antisocial).

Los criterios, tanto de CIE -10 como de DSM-5 para el trastorno de conducta o disocial, requieren que los síntomas hayan estado presentes, por lo menos, durante 6 meses. Se enumeran 15 conductas que deben ser consideradas para el diagnóstico de un trastorno de la conducta, han de estar presentes, al menos, tres de ellas. Se sugiere indicar si la edad de inicio es antes o después de los 10 años. Se especifican tres subtipos: trastorno de la conducta limitado al ámbito familiar (F91.0), trastorno de la conducta en niños no socializados (F91.1, donde el niño o adolescente no tiene amigos y es rechazado por sus pares) y trastorno de la conducta en niños socializados (F91.2, donde las relaciones con los pares están dentro de los límites normales). Las conductas se agrupan en cuatro categorías:

• Agresión a personas y animales:

- Miente con frecuencia y rompe promesas para obtener beneficios y favores, o para eludir sus obligaciones.

- Inicia con frecuencia peleas físicas (sin incluir peleas con sus hermanos).

- Ha usado alguna vez un arma que puede causar serios daños físicos a otros (p. ej., ladrillos, botellas rotas, cuchillos, arma de fuego).

- A menudo permanece fuera de casa por la noche, a pesar de la prohibición paterna (comenzando antes de los 13 años de edad).

- Crueldad física hacia otras personas (p. ej., ata, corta o quema a sus víctimas).

- Crueldad física hacia animales.

• Destrucción de la propiedad privada:

- Destrucción deliberada de la propiedad ajena (diferente a la provocación de incendios).

− Incendios deliberados con la intención de provocar serios daños.

• Engaño y robo:

− Robos de objetos de un valor significativo sin enfrentarse a la víctima, bien en el hogar o fuera de él (p. ej.: tiendas, casas ajenas, falsificaciones).

• Incumplimiento grave de las normas:

− Ausencias reiteradas de la escuela, que comienzan antes de los 13 años.

− Abandono del hogar, al menos, en dos ocasiones o en una ocasión durante más de una noche (a no ser que sea para evitar abusos físicos o sexuales).

− Cualquier episodio de delito violento o que implique enfrentamiento con la victima (incluyendo: “tirones”, atracos y extorsión).

− Forzar a otra persona a tener relaciones sexuales.

− Intimidaciones frecuentes a otras personas (p. ej., infligir dolor o daño deliberados, incluyendo intimidación, abusos deshonestos o torturas).

− Allanamiento de morada o del vehículo de otros.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial se debe plantear con diferentes patologías, principalmente psiquiátricas, que pueden generar sintomatología semejante a la previamente descrita(7).

Entre los problemas psicopatológicos se puede encontrar: TDAH, trastornos depresivos (a menudo, los adolescentes con depresión están más irritables que tristes), trastornos de ansiedad, trastorno de consumo de sustancias, otros con menor frecuencia (trastorno de estrés postraumáticos, de somatización, adicciones no comportamentales…). Algunas enfermedades o situaciones pueden asociarse a irritabilidad o a comportamientos negativistas. Son poco frecuentes en niños y adolescentes, pero el pediatra debe plantearlas en algunos casos concretos. La mayoría hacen referencia a alteraciones neurológicas (traumatismo craneoencefálico, accidentes cerebrovasculares, síndromes confusionales, infecciones o neoplasias cerebrales). Los trastornos metabólicos o el efecto de algunos fármacos, como por ejemplo: corticoesteroides, algunos antiepilépticos (perampanel) u otros con efecto estimulante (antigripales), pueden confundirse con un TND.

Factores de riesgo

En los trastornos del comportamiento es preferible hablar de factores de riesgo que de etiología o causas como tal. Al igual que ocurre en todos los trastornos psiquiátricos, no existe ningún factor que, de forma exclusiva, produzca dificultades en el comportamiento. Al leer esto, muchos pediatras compartirán la impresión de que existen casos de niños o adolescentes con comportamientos adecuados que provienen de entornos complejos, familias desestructuradas, con consumos de tóxicos, abusos o negligencias. En otros casos, a pesar de tener “todo a su favor” (padres con estilo educativo asertivo, colegios donde los profesores se preocupan por ellos, ausencia de exposición a situaciones de riesgo, consumos de tóxicos, etc.), algunos adolescentes se comportan de modo muy desafiante o incluso llegan a desarrollar trastornos de conducta graves. A grandes rasgos, los factores de riesgo se pueden clasificar en(6): factores genéticos, personales, sociales y familiares.

Factores genéticos

Se estima que la heredabilidad (porcentaje de la etiología que se puede atribuir a la genética) del TND se sitúa en torno al 50%. Se trata de una herencia multigénica.

Además de la herencia como tal, existe una interacción muy importante entre la genética y el ambiente. Es decir, que existe la posibilidad de que un niño o adolescente con varios antecedentes familiares de problemas de conducta, no los desarrolle al crecer en un ambiente protector y viceversa; algunos chicos sin esa carga genética, pero con ambientes desfavorables pueden desarrollar TND o TC. Por ejemplo, los distintos polimorfismos funcionales del gen promotor de la enzima monoaminooxidasa (MAO) influye en la expresión de conducta disfuncional ante la presencia de abusos infantiles, de modo que los niños víctimas de maltrato con un genotipo que genera bajos niveles de la actividad de la MAO, desarrollan con mayor frecuencia comportamientos antisociales.

En estudios de adopción se ha podido observar que los niños con un riesgo genético alto de problemas de conducta reciben una crianza menos asertiva por parte de sus padres adoptivos en comparación con los niños de bajo riesgo genético de alteraciones de conducta(7).

Factores personales

El sexo masculino es un factor de riesgo para ambos trastornos de conducta, que son entre 4 y 5 veces más frecuentes en varones. Existe evidencia de que los niños que desde la infancia temprana se muestran impulsivos, irritables o con reacciones marcadas ante estímulos negativos (rabietas frecuentes e intensas), tienen mayores probabilidades de mostrarse desafiantes a lo largo de las diferentes etapas de la vida(8).

Algunos niños y adolescentes con problemas de comportamiento se arrepienten con facilidad de sus actos, sin embargo, otros parecen no darse cuenta del daño que causan a su alrededor. Los denominados rasgos antisociales, es decir, la tendencia a actuar de modo insensible o carente de emociones, sin considerar los sentimientos de los demás, son muy heredables y tienen un origen neurobiológico. Cuando aparecen, se asocian a mayor gravedad en los trastornos de conducta.

Las habilidades verbales escasas pueden contribuir a los problemas de conducta, principalmente a edades tempranas. Los niños que tratan de expresarse y no lo consiguen, o sienten que no les entienden, tienen mayor tendencia a actuar con agresividad y enfados desproporcionados(9).

Factores sociales

Los niños con síntomas desafiantes tienden a sufrir rechazo y suelen agruparse con compañeros también con comportamientos problemáticos. A su vez, el hecho de frecuentar compañías de este ámbito perpetúa estos problemas de comportamiento.

Es muy conocido que en las clases sociales más desfavorecidas existen más niños con dificultades para regular su conducta. Existen diversos factores que se asocian entre sí, cuando se habla de nivel socioeconómico bajo: los niveles de supervisión por parte de los padres, el nivel económico, el acceso a los recursos de prevención y de atención son menores, hay más violencia a su alrededor o tienen menos posibilidades de involucrarse en actividades de ocio y tiempo libre saludables (deporte, actividades al aire libre, artísticas, etc.). Asimismo, si presentan dificultades académicas o psicológicas, las probabilidades de recibir apoyos son inferiores a las de las clases más acomodadas(6).

Factores familiares

La relación entre el estilo educativo y el comportamiento de los niños es bidireccional: los estilos de crianza inadecuados pueden empeorar en niños vulnerables, las conductas negativistas y, a su vez, estos comportamientos desafiantes, provocan en los padres mayor estrés, desesperación y empeoramiento de las estrategias educativas. En general, los estilos de vida educativos basados en el castigo excesivo, la crítica constante, la sobreprotección excesiva o la ambivalencia, agravan los problemas de comportamiento(10). Cuando los padres no dan órdenes claras o hay desacuerdos entre ellos, es más probable que el niño no cumpla esas normas o límites. Si las normas son inexistentes o muy laxas, el propio niño establece sus normas. Si se les critica por todo lo que hacen, las posibilidades de los niños para cambiar su comportamiento son escasas. Como se explicará más adelante en la sección de tratamiento, los comportamientos indeseables que reciben atención, tienden a perpetuarse, y las consecuencias de estas conductas deben ser lógicas y proporcionadas. Por lo general, aunque, por supuesto, no en todos los casos, en las familias desestructuradas, monoparentales o donde existe psicopatología (en especial, depresión materna) o consumos de tóxicos en los padres, es más fácil que el ambiente pueda ser facilitador de estas conductas(3).

No existe ninguna condición única que genere un trastorno del comportamiento. Existen factores de riesgo: genéticos, sociales, familiares o personales, que pueden influir en su desarrollo.

 

Tratamiento de los trastornos del comportamiento

Tratamiento psicológico y psicosocial

El entrenamiento de los padres en técnicas de modificación de conducta, es fundamental en todos los casos de trastornos del comportamiento. Cuando se trata de un TND leve, con una repercusión limitada al ambiente familiar, es muy frecuente que los problemas de conducta se resuelvan solo con este tipo de intervenciones.

Estos programas siguen un manual y todos aquellos profesionales del ámbito de la salud o educativo pueden aplicarlos con la formación adecuada: enfermeros, médicos pediatras, de Atención Primaria o psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos, profesores o terapeutas ocupacionales. En general, se aplican a los padres o a los cuidadores principales, porque son los que pasan más tiempo con los niños y, en la mayoría de los casos, los que realizan la demanda de ayuda. En algunas ocasiones, puede ser necesario también involucrar al colegio, como por ejemplo, cuando las dificultades de comportamiento se manifiestan de forma predominante en el ámbito escolar o si son graves.

Existen múltiples programas de modificación de conducta manualizados, por ejemplo:

• “The incredible Years” de Webster-Stratton (https://incredibleyears.com/team-view/carolyn-webster-stratton/).

• Programa de parentalidad positiva “Triple P” (https://www.triplep.net/glo-es/home/).

Los objetivos principales de estos entrenamientos son: fomentar los comportamientos positivos, ignorar, cuando se pueda, los comportamientos negativos, y establecer normas y rutinas estables y predecibles. A los padres se les enseña a elogiar a sus hijos, técnicas para ignorar como el uso del “tiempo fuera”, a aumentar la estructura y el orden, establecer reglas claras, sencillas y concretas, utilizar, en ocasiones, sistemas de puntos, pactar de antemano consecuencias inmediatas (positivas si se cumplen y negativas si no las cumple), proponer metas realistas, etc. En la tabla III, se ofrecen algunos consejos prácticos para los padres.

Es importante también aprender a detectar las situaciones que pueden desencadenar explosiones desproporcionadas de agresividad en el adolescente, con el fin de tratar de evitarlas. Es especialmente importante priorizar las exigencias o “elegir las batallas”, de modo que se establezcan tres tipos de situaciones:

1. Las que no son ni importantes ni peligrosas (ordenar el cuarto, terminarse la cena, ponerse un tipo de ropa o pelo), pero generan muchísima explosividad en los niños o adolescentes si intentamos imponer nuestro criterio.

• En estos casos, es preferible dejar que se “salgan con la suya”. No compensa discutir intensamente por esto, cuando hay otros problemas más graves pendientes de solucionar.

2. Las importantes y potencialmente peligrosas si no obedece, como cruzar la calle sin mirar, consumir drogas o amenazar con objetos cortantes.

• En estos casos, los padres deben imponer su regla, aunque esto provoque una explosión.

3. Las que no son ni importantes ni peligrosas, pero que tampoco son menores, como por ejemplo: el horario de llegar a casa o el tipo de deporte que puede elegir.

• Se recomienda que los padres negocien con su hijo hasta hallar soluciones que satisfagan a todos.

Este entrenamiento con los padres suele ser eficaz, porque reduce la explosividad y las situaciones de violencia, ya que los padres no tienen que controlar todo, sino solo una parte de los comportamientos. Para mayor información, consultar este documento:
http://www.livesinthebalance.org/sites/default/files/SPANISH-PAPERWORK.pdf.

La coordinación del pediatra con los colegios, profesores y orientadores escolares es fundamental a la hora de establecer un plan coordinado de acción. Asimismo, el pediatra puede intercambiar información y restablecer contacto con otros profesionales implicados, como los educadores, personal de servicios sociales o, si es preciso, judiciales. En aquellos casos de trastornos de conducta graves, cuando las familias no son capaces de abordar la situación o si el comportamiento del niño o adolescente implica un peligro para los demás, puede ser necesario trasladar al niño a un centro terapéutico especializado en problemas de conducta. Estos ingresos se plantean como temporales, y durante los mismos se realiza un abordaje intensivo y multidisciplinar con el niño y con su familia.

El tratamiento de elección es la psicoterapia cognitivo-conductual, basada en estrategias de modificación de conducta, que involucren al niño y a sus padres.

 

Tratamiento farmacológico

Específico del trastorno subyacente si existe

Como se ha explicado en los apartados previos, es muy habitual que el TND o el TC se asocien a otros trastornos psiquiátricos. Si el paciente tiene TDAH, debe recibir tratamiento con estimulantes (metilfenidato, lisdexanfetamina) o no estimulantes (atomoxetina, guanfacina). Ambos grupos de fármacos han mostrado su efectividad en la reducción, tanto de los síntomas nucleares del TDAH como en la mejoría de la conducta.

Si el paciente presenta síntomas depresivos o de ansiedad, se debe plantear si es candidato a realizar una psicoterapia de tipo cognitivo-conductual específica o si requiere añadir antidepresivos de tipo inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS). En general, la psicoterapia está indicada en los casos de intensidad leve o moderada, siempre que el paciente se muestre colaborador, la familia pueda acompañarle y se cuente con profesionales formados y con experiencia. En los últimos años, la terapia online está siendo una alternativa a considerar en algunas situaciones. Cuando la sintomatología es más grave (p. ej., si la ansiedad se asocia a somatizaciones importantes, el sueño está muy afectado o existen ideas de suicidio), se debe indicar tratamiento con ISRSs, como: fluoxetina, sertralina o escitalopram. El empleo de benzodiacepinas se debe reservar para síntomas concretos y durante un tiempo limitado.

Ningún fármaco ha mostrado efectividad para reducir el consumo de tóxicos, que se debe abordar con psicoterapia cognitivo-conductual, con un enfoque basado también en la terapia de aceptación y compromiso. En estos casos, son muy importantes las medidas de tipo social dirigidas a limitar el acceso a los tóxicos y ofrecer alternativas de ocio saludable.

Uso de psicofármacos para trastornos de conducta graves

En algunos casos, desde el principio, las conductas que presenta el paciente conllevan un alto grado de agresividad, y pueden poner en riesgo la integridad física de los convivientes. En otros casos, inicialmente, la aplicación de psicoterapia puede resultar efectiva, pero con el tiempo la situación empeora. En cualquiera de estas situaciones, se puede plantear añadir antipsicóticos atípicos (risperidona, aripiprazol, olanzapina o quetiapina). Esto es aplicable, tanto para el TND como para los TC. Se deben emplear en las dosis mínimas posibles y durante un periodo de tiempo concreto, debido a sus potenciales efectos adversos. Siempre que se plantee la prescripción de este tipo de fármacos, el pediatra debe asegurarse de que ha revisado al detalle otros factores perpetuantes que puedan ser tratables(11).

Estos fármacos ayudan a reducir la agresividad y la irritabilidad, y logran que el manejo que hacen los adultos en casa y en el centro educativo, pueda resultar efectivo con mayor probabilidad y que los padres puedan trabajar mejor con él lo que han aprendido en las sesiones de terapia conductual con el psicólogo.

El tratamiento farmacológico para los trastornos de comportamiento se deben indicar si existe algún otro trastorno psiquiátrico subyacente. Los antipsicóticos no son un tratamiento de primera elección.

 

Función del pediatra de Atención Primaria

Algunas de las funciones del pediatra de Atención Primaria en los trastornos del comportamiento (TND y TC) son:

• Identificar los principales factores de riesgo que pueden asociarse a los trastornos de comportamiento.

• Conocer los síntomas propios del TND y TC, así como las situaciones subyacentes a las que se pueden asociar, para establecer un adecuado diagnóstico de forma precoz.

• Establecer una comunicación adecuada, tanto con la familia como con otros profesionales implicados: profesores, orientadores escolares, educadores, servicios sociales y judiciales.

• Aplicar o indicar programas de modificación de conducta dirigidos a padres o a los propios niños.

• Indicar tratamientos farmacológicos en los casos en los que se identifica otro trastorno psiquiátrico, como TDAH, depresión o ansiedad.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

1. Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. Pediatr integral. 2017; XXI: 73-81.

2. Ogundele MO. Behavioural and emotional disorders in childhood: A brief overview for paediatricians. World J Clin Pediatr. 2018; 7: 9-26.

3. Rowe R, Maughan B, Pickles A, Costello EJ, Angold A. The relationship between DSM-IV oppositional defiant disorder and conduct disorder: findings from the Great Smoky Mountains Study. J Child Psychol Psychiatry. 2002; 43: 365-73.

4. CIE-10. Trastornos Mentales y del Comportamiento. Décima Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades. Descripciones Clínicas y pautas para el diagnóstico. Organización Mundial de la Salud, Ginebra. 1992.

5. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 5th ed. 2013.

6. Azeredo A, Moreira D, Barbosa F. ADHD, CD, and ODD: Systematic review of genetic and environmental risk factors. Res Dev Disabil. 2018; 82: 10-9.

7. Ouellet-Morin I, Côté SM, Vitaro F, Hébert M, Carbonneau R, Lacourse É, et al. Effects of the MAOA gene and levels of exposure to violence on antisocial outcomes. Br J Psychiatry. 2016; 208: 42-8. doi: 10.1192/bjp.bp.114.162081. Epub 2015 Oct 22. PMID: 26494873.

8. Stringaris A, Maughan B, Goodman R. What’s in a disruptive disorder? Temperamental antecedents of oppositional defiant disorder: findings from the Avon longitudinal study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2010; 49: 474-83.

9. Smith AK, Stasi SM, Rhee SH, Corley RP, Young SE, Hewitt JK. The Role of Attention-Deficit/hyperactivity Disorder in the Association between Verbal Ability and Conduct Disorder. Front Psychiatry. 2011; 2: 3.

10. Fooladvand M, Nadi MA, Abedi A, Sajjadian I. Parenting styles for children with oppositional defiant disorder: Scope review. J Educ Health Promot. 2021; 10: 21.

11. Loy JH, Merry SN, Hetrick SE, Stasiak K. Atypical antipsychotics for disruptive behaviour disorders in children and youths. Cochrane Database Syst Rev. 2017; 8: CD008559.

Bibliografía recomendada

– Quy K, Stringaris A. Trastorno negativista desafiante. Irarrázaval M, Andres Martín (eds.) Prieto-Tagle F, Gilibert Sánchez N (trad.). En Rey JM (ed.), Manual de Salud Mental Infantil y Adolescente de la IACAPAP. Ginebra: Asociación Internacional de Psiquiatría del Niño y el Adolescente y Profesiones Afines 2017. Disponible en: https://iacapap.org/content/uploads/D.2-Oppositional-Defiant-Dis-Spanish-2017.pdf.

Este capítulo resume, de forma muy actualizada, las principales evidencias en la etiopatogenia y abordaje terapéutico del TND. Se encuentra de forma gratuita online en el link ofrecido y traducido a varios idiomas.

– Scott S. Trastorno de la conducta (Irarrázaval M, Martín A, eds.; Prieto Tagle F, Hacohen Domené S, trad.). En Rey JM (ed.). Manual de Salud Mental Infantil y Adolescente de la IACAPAP. Ginebra: Asociación Internacional de Psiquiatría del Niño y el Adolescente y Profesiones Afines 2017. Disponible en: https://iacapap.org/content/uploads/D.3-Conduct-Disorder-Spanish-17.pdf.

Este artículo de revisión y actualización de la IACAPAP, que se encuentra gratis online, explica los fundamentos de los trastornos de conducta o disociales.

– Child mind institute: https://childmind.org/es/guia/guia-rapida-sobre-el-trastorno-de-conducta/.

En esta página web, se pueden encontrar materiales claros, concisos y muy interesantes para entregar a los padres y profesores.

 

Caso clínico

 

Anamnesis

Iker es un adolescente de 13 años, que vive en su casa con sus padres y con sus dos hermanos mayores. En el momento de la consulta ha terminado segundo curso de Educación Obligatoria del instituto de su localidad natal, con rendimiento académico aceptable, aunque tanto sus padres como sus profesores consideran que se encuentra “por debajo de su rendimiento, ya que apenas estudia”. Acude a consulta acompañado por sus padres, por agresividad en el ámbito familiar y conducta negativista en el colegio.

Desde hace aproximadamente un año, han empezado a tener muchos conflictos con Iker debido a su disminución del rendimiento académico, le atribuyen “dejadez” y esto ha generado discusiones y peleas. Va suspendiendo y luego recuperando varias asignaturas, no se organiza, no apunta nada en la agenda y, a menudo, no se entera de lo que le entra para el examen. Él mismo dice que: “se distrae, pierde la atención y motivación de participar en clase, se cansa rápidamente de estudiar”.

Los padres describen explosiones de mal genio desproporcionadas para la situación, que vienen ocurriendo a lo largo de los últimos 6-8 meses. No identifican aparentes desencadenantes, aparte de la “adolescencia”. Se han preocupado de forma especial en este último mes, ya que en varias ocasiones ha agredido con mayor fuerza a su padre y le ha amenazado con matarle con un cuchillo. En una ocasión, le contó a la madre que había pensado “quemar a su padre mientras dormía”. Cuando le preguntamos por ello, admite que “lo pensó durante un rato corto, cuando su padre le mantenía atrapado en el suelo poniéndole la rodilla sobre el pecho”. El padre admite asimismo dificultades en su propio control de impulsos, vive la actitud de su hijo como un reto y varias veces le ha culpabilizado de las discusiones y mal ambiente de la familia. Nunca ha tenido peleas con amigos ni otras violaciones de las normas.

No hay sospechas de consumo de alcohol, tabaco u otros tóxicos (“me da asco”). Mantiene un uso de Internet y videojuegos que sus padres describen como problemático, ya que en situaciones en las que no le limitan las horas, sería capaz de pasar “más de 8 horas” viendo vídeos o jugando a videojuegos de contenido violento. Cuando tratan de negociar el tiempo dedicado o le retiran los dispositivos, suele tener explosiones de ira. Jugaba a balonmano, pero lo había abandonado este último año.

Antecedentes personales: sin relevancia. No toma medicación.

Antecedentes familiares psiquiátricos: no refiere.

Exploración y pruebas complementarias

Consciente, orientado en persona-espacio-tiempo. Adecuado en el trato y colaborador (tranquilo y abordable en todo momento). No presenta movimientos anormales ni inquietud psicomotriz. Buena ejecución en tareas mnésicas (memoria de trabajo y a largo plazo) y abstracción. Presenta síntomas de inatención, como cometer errores por descuido, estar ensimismado y no parecer escuchar lo que se le está diciendo, evitar hacer actividades que requieren esfuerzo mental y dejar las tareas a medio hacer, ser desorganizado y olvidadizo (pierde cosas) y distraerse fácilmente por estímulos externos. También presenta algunos síntomas de hiperactividad e impulsividad, como estar inquieto, hablar excesivamente, interrumpir conversaciones o responder impulsivamente antes de terminar una pregunta. Su discurso es fluido, coherente, informativo, sin alteraciones del curso ni del contenido. Sin alteraciones de la sensopercepción ni de la vivencia del Yo. Estado de ánimo disfórico con irritabilidad y cierta tristeza, aunque refiere “ya no estoy con esa tensión como antes”. Sin anhedonia.

Pensamiento de inutilidad, “hago muchas cosas mal”, y baja autoestima. No se siente validado por sus padres: “mis padres quieren que sea como ellos, que estudie y trabaje en casa y luego que haga trabajo gratis para la comunidad, no me quieren como soy”. Gestos parasuicida. Refiere haberse autolesionado mediante cortes superficiales como medio de que sus padres estuvieran con él. Siente que sus padres solamente lo regañan y no están con él afectivamente. Ha pensado en morirse atragantado, pero actualmente refiere que no tiene deseos de muerte. Ha tenido varios episodios de explosividad de ira con heteroagresividad. Le gusta el fuego y quemar cosas. Niega haber realizado actos violentos a animales. Disfruta de la violencia animada, aunque es sensible y sufre cuando ve actos de violencia real. Sin síntomas obsesivo-compulsivos ni (hipo)maníacos. Es reacio a irse a la cama para dormir y le cuesta levantarse por las mañanas, pero duerme bien. Apetito conservado. Reconoce dificultades y está abierto a la posibilidad de recibir tratamiento.

Cuando se le pide que formule tres deseos dice: 1) “que a todos los humanos se les quite la parte reptiliana (violenta) de ser”; 2) “que las condiciones atmosféricas mejoren”;
y 3)
“tener una pastilla que quite todas las enfermedades”.

Cuestionarios

Cuestionario ADHD-RS.es (síntomas de inatención e hiperactividad), según sus padres:

• Déficit de atención: 17 puntos (alterado), cumple 8/9 criterios.

• Hiperactividad: 5 puntos (normal), cumple 0/9 criterios.

• Total: 22 puntos (alterado).

 

 

Behavior disorders

A. Díez Suárez*, C. Canga Espina**
Topics on
Continuous Training


A. Díez Suárez*, C. Canga Espina**

*Head of the Child and Adolescent Psychiatry Unit. **Resident of Child and Adolescent Psychiatry. Department of Psychiatry and Medical Psychology, Clínica Universidad de Navarra. Pamplona, Navarra

Abstract

There are two main behavioral disorders, oppositional defiant disorder (ODD) and conduct disorder. These disorders are usually associated with a wide range of mental disorders or stressful life events. Conduct disorder is usually preceded by oppositional defiant disorder, and symptoms are more severe, being a more advanced complication of ODD. Behavioral disorders may be associated with other psychiatric disorders, mainly Attention Deficit Hyperactivity Disorder, but also with anxiety or depression. The characteristics of each case should be assessed, and an accurate diagnosis should be made in order to propose an adequate therapeutic approach. Both, DSM-5 and ICD-10 offer their own diagnostic criteria. The diagnosis is clinical, through an interview with the patient and his family. Cognitive-behavioral or behavioral psychotherapy is the first-line treatment. Parents or main caregivers must be involved in the therapy. Likewise, the underlying psychopathology must be specifically treated, with medication or specific psychotherapy, if needed. Atypical antipsychotics may be useful for the most severe cases, but they are not recommended as the first choice.

 

Resumen

Los dos principales trastornos del comportamiento son: el trastorno negativista-desafiante y el trastorno de conducta. Por lo general, estos trastornos son secundarios a otras enfermedades o situaciones de índole muy variada. El trastorno de conducta suele venir precedido de un trastorno negativista desafiante, sus síntomas son más graves y, en muchos casos, es una complicación del anterior. En muchos casos, se asocian a otro trastorno psiquiátrico, principalmente al trastorno de déficit de atención e hiperactividad, pero también a ansiedad o depresión. Es muy importante investigar en profundidad las características de cada caso y realizar un diagnóstico preciso, para que el enfoque terapéutico sea correcto. Tanto el DSM-5 como la CIE-10, ofrecen sus propios criterios diagnósticos. El diagnóstico es clínico, mediante una entrevista al paciente y a sus familiares. El tratamiento principal es la psicoterapia, de tipo cognitivo-conductual o conductual, y con la colaboración de los padres o cuidadores principales. Asimismo, se debe tratar de forma específica la psicopatología subyacente, si es preciso con medicación. Algunos fármacos como los antipsicóticos atípicos, pueden resultar útiles para los casos más graves, pero no se recomiendan como primera elección.

 

Key words: Behavior disorders; Oppositional-defiant disorder; Conduct disorder.

Palabras clave: Trastornos de comportamiento; Trastorno negativista-desafiante; Trastorno de conducta.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 68 – 75

 

OBJECTIVES

  • To understand the characteristics of the main behavioral disorders: oppositional-defiant disorder and conduct disorder.
  • To know their prevalence and populations in which it appears most frequently.
  • To recognize the main risk factors related to behavioral disorders.
  • To identify the diverse useful tools to make a correct diagnosis.
  • To learn about the different types of effective treatments in behavioral disorders, both psychological and pharmacological.

 

 

Behavior disorders

Introduction

If parents consult in clinic because their child “misbehaves”, the pediatrician must inquire about the reasons for him behaving like that, so as to find the best solution.

When a child or adolescent “misbehaves”, that is, he argues or does not follow the rules, it is very important to know his reasons; why he behaves that way. This situation is known in psychiatry and psychology as oppositional defiant disorder (ODD). If, in addition, his behavior becomes more aggressive and the violations of the rules are more severe or with a tendency to disregard the feelings of others, it is labelled as conduct disorder (CD). It is important to be precise with the terms, since the term “conduct disorder” is often used in a loose way to refer to any type of resistance to the norms, when conduct disorders have a specific definition in the main classification systems.

The situations that hide behind behavioral disorders can be of various kinds, and they could be compared to the tip of an iceberg (Fig. 1).

Figura1

Figure 1. Factors associated with behavioral disorders: Oppositional Defiant Disorder (ODD) and Conduct Disorder (CD) often “hide” other psychiatric disorders or situations that generate stress for the child or adolescent, like the tip of the iceberg.

When parents consult the pediatrician for behavioral anomalies, as professionals we should not be satisfied with a single diagnosis of ODD, this situation would be equivalent to concluding that a child who comes to the clinic with “fever” has “fever”. That is, we have to inquire about the reasons behind the child behaving that way. Adolescence itself is often associated with confrontation of norms, in a desire to reaffirm their own identity, as adolescents move from the stage of childhood to adult life. In some cases, an intense adolescence can manifest as ODD, mainly when the educational pattern is rigid, authoritarian or inflexible. Children’s temperaments can be very different, and some children are more intense in the way they express themselves and behave. Even any adverse situation in the life of a child or adolescent can manifest with these types of symptoms. It can be associated with social situations (psychosocial adversity, lack of adequate supervision and care, bullying of any kind) or family situations (sibling rivalry, parental separation, psychiatric or other illnesses, or death of parents or other family members). In other cases, it responds to the intake of substances of abuse (alcohol, cannabis, etc.). In addition to these factors of a more psychosocial nature, the pediatrician must rule out that this oppositional behavior is associated with other psychiatric disorders, such as Attention Deficit Hyperactivity Disorder, anxiety or depression.

Epidemiology of behavioral disorders

Oppositional defiant disorder is milder than conduct disorder and often precedes it. They appear more frequently in males, with an approximate prevalence of 2-10%.

Conduct disorders are less frequent than oppositional defiant disorder, and as previously mentioned, ODD usually precedes CD. ODD is a frequent reason for consultation in Pediatrics, with a variable estimated prevalence, although most studies place it around 2-10%. These data differ according to data collection criteria, the population studied and the possible cultural differences regarding what is socially accepted(1,2). Both disorders appear more frequently in males than in prepubertal females, between two and three times more, with a tendency to become equal in adolescence(2).

Concept and symptoms of behavioral disorders

Behavioral alterations are frequent and common at different stages of children’s development, especially at 18-24 months of age, with a peak of maximum intensity at 3 years of age, and in adolescence. These behaviors are considered pathological or become part of a disorder category, when they extend far beyond these conditions, both in frequency and intensity.

Both disorders, ODD and CD, are different, have their own diagnostic criteria, and should not be confused. Most children with ODD will not develop symptoms compatible with CT; although retrospectively, it is most likely that patients with CT have met ODD criteria at some point in the past(3). The characteristics of both disorders are summarized below:

• Oppositional defiant disorder:

– It is a generic symptom, a manifestation of unspecific discomfort in childhood.

– Its clinical manifestations vary depending on the context and evolve with age.

– It is characterized by a persistent pattern of anger, irritability, and defiance or vindictiveness that lasts for at least six months and manifests in various settings.

– In general, children have little awareness of disease, that is, they do not usually identify or understand the importance of their manifestations.

• Conduct disorder:

– Age of onset later than ODD, around 14 years-old(3).

– The behavior involves a series of aggressive behaviors towards people or animals, destruction of objects, presence of ruse or theft, and severe violations of the rules.

– It usually leads to legal problems.

– It is usually accompanied by an apparent emotional coldness, which is due to difficulties in putting oneself in another’s place. Several studies associate this behavior with neurobiological abnormalities in some regions, such as the corpus callosum.

Diagnosis of behavioral disorders

Diagnosis of behavioral disorders is clinical, based on an interview with the child and his parents.

As in all psychiatric disorders, the diagnosis of behavioral disorders is clinical, based on interviews with both the patient and his family, primary caregivers and, if necessary, teachers. We must also bear in mind that the clinical manifestations of ODD vary depending on the context and evolve with age. To do this, information must be collected from various sources, in addition to the patient’s own account. Observing the child’s behavior in the interview and his interaction with his parents: how they sit, how they talk to each other, how they look at each other, etc., can be very illustrative of what the situation is like at home. In general, children tend to underestimate this type of difficulties called “externalizing behaviors”; namely, the child with ODD may have little awareness of the problem. However, outside observers provide more details and are often more concerned. This is called informant divergence.

In addition to the clinical interview, some questionnaires can be used, both self- and face-to-face-administered, and structured interviews to detect other symptoms, quantify or grade symptoms, or improve communication in uncooperative children. Table I offers a list of interviews and questionnaires, all of them available in Spanish.

 

Diagnostic criteria according to ICD10 and DSM-5 (Table II)

ODD and CD can be considered two pathologies within the same spectrum (ICD-10) or two different pathologies (according to DSM-5, ODD precedes CD). DSM-5 classifies ADHD within the “neurodevelopmental disorders” and separates it from the “disruptive, impulse control and behavior disorders”, which include oppositional defiant disorder (ODD), conduct disorder (dissocial) (CD) and impulse control disorders (kleptomania, pyromania and antisocial personality disorder).

Both ICD-10 and DSM-5 criteria for conduct or dissocial disorder require for the symptoms to be present for at least 6 months. 15 behaviors are listed that should be considered for the diagnosis of a conduct disorder, and at least three of them must be present. It should be indicated if the age of onset is before or after 10 years-old. Three subtypes are specified: conduct disorder limited to the family (F91.0), conduct disorder in unsocialized children (F91.1, where the child or adolescent has no friends and is rejected by his peers), and behavior disorder in socialized children (F91.2, where relationships with peers are within normal limits). Behaviors are grouped into four categories:

• Aggression to people and animals:

– He frequently lies and breaks promises in order to obtain benefits and favors, or to avoid obligations.

– He frequently starts physical fights (not including fights with siblings).

– He has used a weapon that could cause serious bodily harm to others (eg, bricks, broken bottles, knifes, firearm).

– He often stays out of the household at night, despite parental prohibition (beginning before age 13).

– Physical cruelty towards other people (eg, tying up, cutting, or burning their victims).

– Physical cruelty to animals.

• Destruction of private property:

– Deliberate destruction of another person’s property (different to setting a fire).

– Deliberately starting a fire with the intention of causing serious damage.

• Ruse and theft:

– Thefts of objects of significant value without confronting the victim, either at home or outside of it (eg: shops, foreign houses, counterfeits).

• Serious breach of the rules:

– Repeated absences from school, beginning before the age of 13.

– Leaving the home at least on two, or on one occasion for more than one night (unless it is to prevent physical or sexual abuse).

– Any episode of violent crime or incident that involves confrontation with the victim (including: “pulls”, robberies and extortion).

– Forcing another person to have sex.

– Frequent bullying of others (eg, deliberate infliction of pain or harm, including intimidation, indecent abuse, or torture).

– Breaking into the home or vehicle of others.

Differential diagnosis

The differential diagnosis must be considered with different pathologies, mainly psychiatric, which can generate symptoms similar to those previously described(7).

Among the psychopathological problems, the following can be found: ADHD, depressive disorders (often, adolescents with depression are more irritable than sad), anxiety disorders, substance abuse disorder, others less frequent (post-traumatic stress disorder, somatization, non-behavioral addictions…). Some diseases or situations can be associated with irritability or oppositional behavior. They are rare in children and adolescents, but the pediatrician should consider them in some specific cases. Most refer to neurological disorders (cranioencephalic trauma, cerebrovascular accidents, confusional syndromes, infections or brain tumors). Metabolic disorders or the effect of certain drugs, such as: corticosteroids, some antiepileptic drugs (perampanel) or others with a stimulant effect (anti-flu), can be confused with an ODD.

Risk factors

In behavioral disorders it is preferable to speak of risk factors than of etiology or causes, as such. As in all psychiatric disorders, there is no single factor that causes behavioral difficulties on its own. Whilst reading this, many pediatricians will share the impression that there are cases of children or adolescents with appropriate behaviors who come from complex environments, broken families, with drug use, physical abuse or neglect. In other cases, despite having “everything in their favor” (parents with an assertive educational style, schools where teachers care about them, lack of exposure to risky situations, drug use, etc.), some adolescents behave in a very defiant way or even develop serious behavior disorders. Broadly speaking, risk factors can be classified into(6): genetic, personal, social and family factors.

Genetic factors

It is estimated that the heritability (percentage of the etiology that can be attributed to genetics) of ODD is around 50%. It is a multigenic inheritance.

In addition to heredity as such, there is a very important interaction between genetics and the environment. In other words, there is the possibility that a child or adolescent with several family members with behavioral problems may not develop it if growing up in a protective environment and vice versa; some boys without that genetic load, but with unfavorable environments can develop ODD or TC. For example, the different functional polymorphisms of the gene promoter of the enzyme monoamine oxidase (MAO) influence the expression of dysfunctional behavior in the presence of child abuse, so that child victims of abuse with a genotype that generates low levels of activity of MAO, develop antisocial behaviors more frequently.

In adoption studies, it has been observed that children with a high genetic risk of behavioral problems receive less assertive parenting from their adoptive parents compared to children with a low genetic risk of behavioral disorders(7).

Personal factors

Male sex is a risk factor for both behavioral disorders, which are between 4 and 5 times more frequent than in females. There is evidence that children who are impulsive, irritable or have marked reactions to negative stimuli (frequent and intense tantrums) from early childhood, are more likely to be defiant throughout the different stages of life(8).

Some children and adolescents with behavior problems easily regret their actions, however, others seem to be unaware of the damage they cause. The so-called antisocial traits, that is, the tendency to act in an insensitive or unemotional way, without considering the feelings of others, are highly heritable and have a neurobiological origin. When they appear, they are associated with greater severity in behavioral disorders.

Poor verbal skills can contribute to behavioral problems, especially at an early age. Children who try to express themselves and do not succeed, or feel that they are not understood, have a greater tendency to act aggressively and disproportionately angry(9).

Social factors

Children with challenging symptoms tend to experience rejection and are often grouped with peers also with problem behaviors. In turn, the fact of frequenting companies of this sort perpetuates these behavioral problems.

It is well known that in the most deprived social classes there are more children with difficulties in regulating their behavior. There are several factors that are associated when talking about low socioeconomic status: the level of supervision by parents, the economic level, access to prevention and care resources are lower, there is more violence in their environment or they are less likely to engage in healthy leisure and free time activities (sports, outdoor activities, art, etc.). Likewise, if they present academic or psychological difficulties, the chances of receiving support are lower than those of more affluent classes(6).

Family factors

The relationship between educational style and children’s behavior is bidirectional: inappropriate parenting styles can worsen, in vulnerable children, oppositional behaviors and, in turn, these challenging behaviors cause greater stress, despair and worsening in parents´ educational strategies. In general, educational lifestyles based on excessive punishment, constant criticism, excessive overprotection or ambivalence aggravate behavioral problems(10). When parents do not provide clear orders or there are disagreements between them, it is more likely that the child will not follow those rules or limits. If the rules are non-existent or very lax, the child himself establishes his rules. If they are criticized for everything they do, children’s chances of changing their behavior are slim. As it will be explained later in the treatment section, undesirable behaviors that receive attention tend to perpetuate themselves, and the consequences of these behaviors must be logical and proportionate. In general, although, of course, not in all cases, in unstructured, single-parent families or if there is psychopathology (especially maternal depression) or drug abuse in the parents, it is easier for the environment to be a facilitator of these behaviors(3).

There is no single condition that causes a behavioral disorder. There are risk factors: genetic, social, family or personal, that can influence its development.

Treatment of behavioral disorders

Psychological and psychosocial treatment

Parental training in behavior modification techniques is essential in all cases of behavioral disorders. When it comes to a mild ODD, with impact limited to the family environment, it is very common for behavioral problems to be resolved only with this type of intervention.

These programs follow a manual and all those professionals in the health or educational field can apply them with the appropriate training: nurses, pediatricians, primary care doctors or psychiatrists, psychologists, educational psychologists, teachers or occupational therapists. In general, they apply to parents or primary caregivers, because they are the ones who spend the most time with the children and, in most cases, are the ones who make the request for help. On certain occasions, it may also be necessary to involve the school, for instance, when the behavioral difficulties are predominantly manifested in the school setting or if they are severe.

There are multiple manualized behavior modification programs, for example:

• “The Incredible Years” from Webster-Stratton (https://incredibleyears.com/team-view/carolyn-webster-stratton/).

• “Triple P” program of positive parenting (https://www.triplep.net/glo-es/home/).

The main objectives of these trainings are: to encourage positive behaviors, to ignore, when possible, negative behaviors, and to establish stable and predictable norms and routines. Parents are taught to praise their children, techniques to ignore such as the use of “time out”, to increase structure and order, to establish clear, simple and concrete rules, to use, on occasion, point systems, to agree immediate consequences in advance (positive if they are fulfilled and negative if they are not fulfilled), propose realistic goals, etc. Table III offers some practical advice for parents.

It is also important to learn to detect the situations that can trigger disproportionate explosions of aggressiveness in the adolescent, in order to try to avoid them. It is especially important to prioritize the demands or “choose the battles”, so that three types of situations are established:

1. Those that are neither important nor dangerous (tidying up the room, finishing dinner, wearing a particular type of clothing or hair), but they generate a lot of explosiveness in children or adolescents if we try to impose our criteria.

• In these cases, it is preferable to let them “get away with it”. It is not worth to intensely argue about this, when there are other more relevant problems pending to be solved.

2. The important and potentially dangerous ones in case he disobeys, such as crossing the street without looking, using drugs or attacking with sharp objects.

• In these cases, parents must enforce their rule, even if it causes an explosion.

3. Those that are neither important nor dangerous, but that are not minor either, such as: the time to arrive home or the type of sport he can choose.

• Parents are encouraged to negotiate with their child until solutions are found that satisfy everyone.

This training with parents is usually effective, because it reduces explosiveness and violent situations, since parents do not have to control everything, but only part of the behaviors. For more information, check this document: http://www.livesinthebalance.org/sites/default/files/SPANISH-PAPERWORK.pdf.

The coordination of the pediatrician with schools, teachers and school counselors is essential when establishing a coordinated plan of action. Likewise, the pediatrician can exchange information and re-establish contact with other professionals involved, such as educators, social service personnel or, if necessary, judicial personnel. In cases of serious behavioral disorders, when families are unable to deal with the situation or if the behavior of the child or adolescent poses a danger to others, it may be necessary to transfer the child to a therapeutic center specialized in behavioral problems. These admissions are considered temporary, and during them an intensive and multidisciplinary approach is carried out with the child and his family.

The treatment of choice is cognitive-behavioral psychotherapy, based on behavior modification strategies, involving the child and his parents.

Pharmacotherapy

Specific to the underlying disorder if present

As explained in the previous sections, it is very common for ODD or CD to be associated with other psychiatric disorders. If the patient has ADHD, he should be treated with stimulants (methylphenidate, lisdexamfetamine) or non-stimulants (atomoxetine, guanfacine). Both groups of drugs have shown their effectiveness in reducing both the core symptoms of ADHD and improving behavior.

If the patient presents depressive or anxiety symptoms, it should be considered whether he is a candidate for specific cognitive-behavioral psychotherapy or whether he needs to add selective serotonin reuptake inhibitor (SSRI) antidepressants. In general, psychotherapy is indicated in cases of mild or moderate intensity, provided that the patient is cooperative, the family can accompany him and if there are trained and experienced professionals. In recent years, online therapy has become an alternative to consider in some situations. When the symptoms are more severe (eg, if anxiety is associated with significant somatizations, sleep is severely affected, or if thoughts of suicide are present), treatment with SSRIs should be indicated, such as: fluoxetine, sertraline, or escitalopram. The use of benzodiazepines should be reserved for specific symptoms and for a limited time.

No drug has shown effectiveness in reducing the consumption of toxic substances, which should be addressed with cognitive-behavioral psychotherapy, with an approach based on acceptance and commitment therapy. In these cases, social measures aimed at limiting access to alcohol and drugs by offering healthy leisure alternatives are very important.

Use of psychoactive drugs for severe behavioral disorders

In some cases, from the beginning, the behaviors presented by the patient entail a high degree of aggressiveness, and can place the physical integrity of the cohabitants at risk. In other cases, initially, the application of psychotherapy may be effective, but over time the situation worsens. In any of these situations, adding atypical antipsychotics (risperidone, aripiprazole, olanzapine or quetiapine) can be considered. This is applicable for both TND and TC. They should be used in the lowest possible doses and for a specific period of time, due to their potential adverse effects. Whenever the prescription of this type of drug is considered, the pediatrician must ensure that other perpetuating factors that may be treatable have been reviewed in detail(11).

These drugs help reduce aggressiveness and irritability, making it more likely that the management that adults perform at home and in the school is effective and that parents can better work with what they have learned in the sessions of behavioral therapy with the psychologist.

Pharmacological treatment for behavioral disorders should be indicated if there is any other underlying psychiatric disorder. Antipsychotics are not a treatment of first choice.

 

Role of the Primary Care pediatrician

Some of the roles of the Primary Care pediatrician in behavioral disorders (ODD and TC) are:

• To identify the main risk factors that can be associated with behavioral disorders.

• To recognize the symptoms of ODD and TC, as well as the underlying situations to which they can be associated, so as to establish an early adequate diagnosis.

• To establish an adequate communication, both with the family and with other professionals involved: teachers, school counselors, educators, social and judicial services.

• To apply or indicate behavior modification programs aimed at parents or the children themselves.

• To indicate pharmacological treatments in cases in which another psychiatric disorder is identified, such as ADHD, depression or anxiety.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

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2. Ogundele MO. Behavioural and emotional disorders in childhood: A brief overview for paediatricians. World J Clin Pediatr. 2018; 7: 9-26.

3. Rowe R, Maughan B, Pickles A, Costello EJ, Angold A. The relationship between DSM-IV oppositional defiant disorder and conduct disorder: findings from the Great Smoky Mountains Study. J Child Psychol Psychiatry. 2002; 43: 365-73.

4. ICD-10. Mental and Behavioral Disorders. Tenth Revision of the International Classification of Diseases. Clinical descriptions and diagnostic guidelines. World Health Organization, Geneva. 1992.

5. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 5th ed. 2013.

6. Azeredo A, Moreira D, Barbosa F. ADHD, CD, and ODD: Systematic review of genetic and environmental risk factors. Res Dev Disabil. 2018; 82: 10-9.

7. Ouellet-Morin I, Côté SM, Vitaro F, Hébert M, Carbonneau R, Lacourse É, et al. Effects of the MAOA gene and levels of exposure to violence on antisocial outcomes. Br J Psychiatry. 2016; 208: 42-8. doi: 10.1192/bjp.bp.114.162081. Epub 2015 Oct 22. PMID: 26494873.

8. Stringaris A, Maughan B, Goodman R. What’s in a disruptive disorder? Temperamental antecedents of oppositional defiant disorder: findings from the Avon longitudinal study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2010; 49: 474-83.

9. Smith AK, Stasi SM, Rhee SH, Corley RP, Young SE, Hewitt JK. The Role of Attention-Deficit/hyperactivity Disorder in the Association between Verbal Ability and Conduct Disorder. Front Psychiatry. 2011; 2: 3.

10. Fooladvand M, Nadi MA, Abedi A, Sajjadian I. Parenting styles for children with oppositional defiant disorder: Scope review. J Educ Health Promot. 2021; 10: 21.

11. Loy JH, Merry SN, Hetrick SE, Stasiak K. Atypical antipsychotics for disruptive behaviour disorders in children and youths. Cochrane Database Syst Rev. 2017; 8: CD008559.

Recommended bibliography

– Quy K, Stringaris A. Oppositional defiant disorder. Irarrázaval M, Andres Martín (eds.) Prieto-Tagle F, Gilibert Sánchez N (trans.). In Rey JM (ed.), IACAPAP Child and Adolescent Mental Health Manual. Geneva: International Association for Child and Adolescent Psychiatry and Allied Professions 2017. Available at: https://iacapap.org/content/uploads/D.2-Oppositional-Defiant-Dis-Spanish-2017.pdf.

This chapter summarizes, in a highly up-to-date manner, the main evidence on the etiopathogenesis and therapeutic approach of ODD. It can be found online free of charge in the link provided and translated into several languages.

– Scott S. Conduct Disorder (Irarrázaval M, Martín A, eds.; Prieto Tagle F, Hacohen Domené S, trans.). In King JM (ed.). IACAPAP Child and Adolescent Mental Health Manual. Geneva: International Association for Child and Adolescent Psychiatry and Allied Professions 2017. Available at: https://iacapap.org/content/uploads/D.3-Conduct-Disorder-Spanish-17.pdf.

This IACAPAP updated review article, which is available for free online, explains the basics of conduct or dissocial disorders.

– Child mind institute: https://childmind.org/es/guia/guia-rapida-sobre-el-trastorno-de-conducta/.

On this web site clear, concise and very interesting materials for parents and teachers can be found.

 

Clinical case

 

Anamnesis

Iker is a 13-year-old teenager who lives at home with his parents and his two older brothers. At the time of the consultation, he has finished the second year of Compulsory Education at the school in his hometown, with acceptable academic performance, although both his parents and teachers consider that he is “below his performance, since he hardly studies”. He attends the consultation accompanied by his parents, due to aggressiveness in the family setting and oppositional behavior at school.

For about a year, they have had many conflicts with Iker due to his decline in academic performance, which they attribute to “sloppiness” and this has generated arguments and fights. He fails exams and then passes them in several subjects, he is not organized, he does not write anything down in the school agenda and, he often is unaware of what needs to be studied for the exam. He reports that: “he gets distracted, loses attention and motivation to participate in class, he quickly becomes tired of studying.”

Parents describe outbursts of temper, disproportionate to the situation, which have been occurring over the last 6-8 months. They do not identify apparent triggers, apart from “adolescence”. They have been especially concerned in this last month, since on several occasions he has attacked his father with greater force and has threatened to kill him with a knife. On one occasion, he told his mother that he had thought about “burning his father in his sleep”. When inquired about it, he admits that he “thought about it for a short while, whilst his father was pinning him to the ground with his knee on his chest.” The father also admits difficulties in controlling his own impulses, experiences his son’s attitude as a challenge and has repeatedly blamed him for the arguments and bad atmosphere in the family. He has never had fights with friends or other violations of the rules.

There is no suspicion of alcohol, tobacco or other drug intake (“it disgusts me”). His use of the Internet and video games is described by his parents as problematic, since if his time was not limited, he would be able to spend “more than 8 hours” watching videos or playing video games of violent content. When they try to negotiate the time spent or when they have the devices removed, he often has angry outbursts. He used to play handball, but gave it up the previous year.

Personal history: not relevant. He does not take any medication.

Psychiatric family history: none referred

Examination and ancillary tests

Conscious, oriented in person, space and time. Appropriate behavior and collaborative (calm and approachable at all times). He does not present abnormal movements or psychomotor restlessness. Good performance in memory tasks (working and long-term memory) and abstraction. He presents symptoms of inattention, such as making careless mistakes, being self-absorbed and not seeming to listen to what is being said, avoiding activities that require mental effort and leaving tasks half done, being disorganized and forgetful (loses things), and being easily distracted by external stimuli. He also has some symptoms of hyperactivity and impulsivity, such as being restless, talking excessively, interrupting conversations, or responding impulsively before finishing a question. His speech is fluent, coherent, informative, without alterations of the course or the content. Absence of alterations of sensoperception or the experience of the Self. Dysphoric mood with irritability and some sadness, although he refers “I am no longer with that tension as before”. No anhedonia.

Thoughts of uselessness, “I do many things wrong”, and low self-esteem. He does not feel validated by his parents: “my parents want me to be like them, to study and help at home and then to do free work for the community, they don’t love me the way I am”. Parasuicidal gestures. He refers having self-harmed himself through superficial cuts as a way for his parents to be with him. He feels that his parents only scold him and are not with him affectively. He has thought about choking to death, but currently reports that he has no death wishes. He has had several episodes of explosive anger with heteroaggressiveness. He likes fire and burning things. He denies having performed violent acts on animals. He enjoys animated violence, although he is sensitive and suffers when he sees actual violence. No obsessive-compulsive or (hypo)manic symptoms. He is reluctant to go to bed to sleep and has trouble getting up in the morning, but sleeps well. Preserved appetite. He recognizes having difficulties and is open to the possibility of receiving treatment.

When requested to formulate three wishes, he asks: 1) “for the reptilian (violent) part of the being to be removed from all humans”; 2) “for atmospheric conditions to improve”; and 3) “having a pill that cures all diseases”.

Questionnaires

ADHD-RS.es questionnaire (symptoms of inattention and hyperactivity), according to his parents:

• Attention deficit: 17 points (abnormal), meets 8/9 criteria.

• Hyperactivity: 5 points (normal), meets 0/9 criteria.

• Total: 22 points (abnormal).

 

 

Orientación de los trastornos mentales en la edad infantojuvenil

L.S. Eddy Ives
Temas de FC


L.S. Eddy Ives

Pediatra especializada en Psiquiatría infanto-juvenil. Centre Mèdic Sant Ramon. Santa Coloma de Gramenet. Barcelona. HM Hospitales Sant Jordi y Nens, Barcelona

Resumen

Los trastornos psicológicos y psiquiátricos van en aumento y se considera que son el gran desafío del siglo XXI. Los profesionales sanitarios de Atención Primaria tienen una importante labor a realizar en el campo de la prevención, como es la educación sanitaria y la detección precoz de problemas psicológicos y trastornos psiquiátricos. Es necesario tener presentes los factores de riesgo; pues, cuando hay varios, será preciso hacer un seguimiento más de cerca y de forma más continuada. La intervención temprana mejora el pronóstico. Los cuestionarios de cribado de los trastornos más prevalentes en la infancia y adolescencia son una buena herramienta para ayudar a realizar una detección e intervención temprana desde Atención Primaria.

 

Abstract

Psychological and psychiatric disorders are on the rise and are considered to be the great challenge of the 21st century. Primary care health professionals face an important duty in the field of prevention, such as health education and early detection of psychological problems and psychiatric disorders. It is necessary to bear in mind the risk factors, because if several of them are present, a closer and more continuous monitorization of the child should be implemented. Early intervention improves the prognosis. Screening questionnaires for the most prevalent disorders in childhood and adolescence are an optimal tool, aiding to carry out an early detection and intervention from the primary care setting.

 

Palabras clave: Salud mental infanto-juvenil; Prevención; Cribado; Atención Primaria; Factores de riesgo.

Key words: Child and adolescent mental health; Prevention; Screening; Primary care; Risk factors.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (1): 5 – 11

 

OBJETIVOS

  • Perfeccionar la entrevista clínica psiquiátrica.
  • Tener presente los factores de riesgo de patología psiquiátrica para una mejor prevención.
  • Conocer los cuestionarios de cribado de los trastornos psiquiátricos más prevalentes para facilitar el diagnóstico precoz.

 

Orientación de los trastornos mentales en la edad infantojuvenil

Introducción

Los problemas psicológicos y psiquiátricos van en aumento y se considera que son el gran desafío del siglo XXI.

Desde el equipo de Pediatría de Atención Primaria (PAP) hay un contacto continuado a lo largo de los años con los niños y adolescentes, y con sus familias, por lo que es primordial que dicho equipo tenga una amplia formación en neurodesarrollo y sobre los problemas psicológicos y psiquiátricos más frecuentes, que puedan presentarse a lo largo de la infancia y adolescencia. Es necesario atender a los niños desde una vertiente holística. Los problemas psicológicos y psiquiátricos van en aumento y se considera que son el gran desafío del siglo XXI, hecho evidenciado con la pandemia del COVID-19, pues ha ocasionado un claro incremento de muchos procesos psiquiátricos, sobre todo: ansiedad, depresión y trastorno de la conducta alimentaria(1). Los estudios muestran que, alrededor del 20% de los niños y adolescentes, en algún momento de su desarrollo, van a padecer un trastorno psiquiátrico(2).

Los profesionales de AP deben saber distinguir si el niño/adolescente presenta una pequeña variación dentro de la normalidad, si están ante una señal de alarma de posible patología o si presenta un trastorno ya consolidado(3). Muchos de los trastornos psiquiátricos que se observan en el adulto, debutaron en la adolescencia, por lo que es importante la detección temprana para evitar una evolución negativa(4); o sea, desde PAP se debe abordar la prevención primaria (educación sanitaria), prevención secundaria (detección precoz) y prevención terciaria (intervención y/o derivación a salud mental). Los dos primeros se harán en los controles de salud, citando con mayor frecuencia si el niño presenta algo que preocupa o cuando tiene varios factores de riesgo para sufrir problemas de salud mental (SM). A veces, será suficiente dar a los padres unos adecuados consejos sobre la crianza o el manejo conductual y afectivo del niño, pero otras veces será preciso derivar a salud mental infanto-juvenil (SMIJ) para realizar un abordaje multidisciplinar. Como en cualquier tipo de patología, es importante el diagnóstico precoz. Será beneficioso, por no decir imprescindible, que haya una buena colaboración y coordinación entre PAP y SM. Lo ideal es que haya atención psicológica en los propios centros de Atención Primaria, facilitando así las consultas y coordinación entre ambos servicios.

La labor del pediatra no acaba con la derivación a SMIJ. Conviene que desde PAP se dé el oportuno apoyo a las decisiones tomadas desde SM, reforzando así el cumplimiento por parte de la familia de las indicaciones realizadas desde los centros de SMIJ. También, el pediatra con su apoyo cercano y natural, con la misma actitud que tiene ante cualquier otro tipo de patología que pudiera padecer un paciente, puede ayudar a desestigmatizar los problemas psicológicos y psiquiátricos, un reto importante a conseguir.

Entrevista clínica

La entrevista psiquiátrica debe explorar tres áreas fundamentales: el pensamiento del niño/adolescente, sus emociones y su comportamiento.

Para ejercer con eficiencia, tanto en la Pediatría como en la Medicina de la adolescencia, se requiere de unas buenas capacidades comunicativas, de la observación del lenguaje no verbal y de escucha activa, aún más cuando es para abordar temas de SM. También hay que prestar atención a la prosodia o tinte emocional que acompaña al lenguaje(5). El profesional no solo debe recoger información concreta para hacer una orientación diagnóstica, sino además conviene que sea capaz de captar las preocupaciones, los miedos y dudas, tanto del paciente como de los padres o cuidadores, y saber mostrar empatía y comprensión hacia dichas preocupaciones. El pediatra, que cuida de sus pacientes desde el nacimiento hasta llegar a la edad adulta, debe saber compaginar la ciencia tecnológica del siglo XXI con el arte y carácter humano que siempre debe estar presente en el ejercicio de la medicina.

Existen entrevistas psiquiátricas estructuradas y semiestructuradas que son de utilidad, sobre todo para la investigación clínica, y también para no olvidarse de algunos aspectos clínicos. Ahora bien, la entrevista abierta facilita que el paciente y/o padres se sientan escuchados y comprendidos, ayudando a establecer una buena alianza terapéutica. Lo más habitual es que los padres sean los que solicitan la consulta, aunque puede, en ocasiones, solicitarlo el adolescente, sobre todo cuando el problema es de tipo emocional. Conviene tenerlo en cuenta, pues es importante crear una relación de confianza desde la primera visita, teniendo en cuenta que si uno de los padres o el propio paciente no quería acudir, este propósito será más difícil de lograr.

A veces, el motivo de consulta no coincide con el verdadero problema del niño. Es importante tener presente cuál es el motivo de la visita pues, a veces, la angustia de los padres/cuidadores es tal que impide tener claro qué es lo que realmente ha motivado la consulta. Es necesario recoger información sobre la historia evolutiva, ya que ayudará a entender el presente. A parte de recoger información sobre embarazo y parto por las repercusiones biológicas que podría tener, también hay que preguntar sobre: neurodesarrollo, hitos más importantes del desarrollo psicomotor, lenguaje, comunicación afectiva, control de esfínteres, sueño, alimentación, temperamento, dificultades en el ámbito de la escolaridad, sexualidad, etc., todos estos datos muchas veces ya recogidos a lo largo del tiempo en la historia clínica pediátrica.

Una buena historia clínica es básica y, a veces, se dispone de poco tiempo, pero la ventaja en PAP es que se dispone de muchos “5 minutos” para ir ampliando datos, y para conocer mejor a la familia y su situación social. Finalmente, hay que tomar nota de los antecedentes personales y familiares de trastornos psiquiátricos. Interesa valorar los rasgos de personalidad de los padres que, sin duda, influirán en la dinámica familiar, en el estilo de crianza y en algunos rasgos del carácter del niño. También: la valoración del modelo de familia (nuclear clásica, monoparental, homoparental, reconstituida, etc.)(6) y su situación actual; antecedentes de patología somática y psíquica de los padres biológicos, y de los que ejercen de padres por su influencia en el entorno; y conocer la fratria y la presencia de otras personas de convivencia estable.

Lo ideal es poder hacer una entrevista solo con los padres, otra solo con el paciente y otra con padres y paciente, para poder observar la dinámica entre todos ellos. Las tres preguntas clásicas: ¿qué te pasa?, ¿desde cuándo? y ¿a qué lo atribuyes?, siguen siendo válidas. Es importante la observación directa del niño, que no siempre va a coincidir con lo que expresan los padres. Conviene obtener información de otras fuentes, principalmente la escolar, ya que pasan diariamente muchas horas en dicho entorno interactuando con los iguales y con otros adultos. De la misma forma, puede ser útil la información aportada desde actividades extraescolares. Debido a que los progenitores pueden tener visiones discrepantes sobre los problemas del hijo, es importante que ambos vayan a la visita, sobre todo, si están separados o divorciados. El paciente suele ser mejor informante sobre sus problemas emocionales; en cambio, de los conductuales, suele ser más realista la información aportada por padres y profesores. Para completar la entrevista, los cuestionarios son útiles, sobre todo para recopilar información del entorno escolar.

En toda entrevista psiquiátrica, hay que explorar la normalidad o patología en tres áreas básicas: el pensamiento del niño/adolescente, sus emociones y su comportamiento(7). Habrá que identificar los posibles factores causales. Puede haber algún factor ambiental estresante en el origen del malestar o problemática del niño; otras veces, el factor estresante actuará haciendo aflorar algo ya existente y favoreciendo que tenga una peor evolución, pero no habrá sido la causa en sí de la patología o trastorno. Hay que tener presente que cualquier alteración en la dinámica de la familia, la escuela o con los iguales puede influir negativamente en el bienestar emocional del niño.

Es necesario abordar el tema de la confidencialidad, que sepan que solo será compartida la información del niño/adolescente con los padres si hay un riesgo de peligro serio para él u otras personas. En ocasiones, será útil ayudar al propio paciente a comunicar a sus padres su malestar, en lugar de hacerlo el profesional.

Factores de riesgo

El riesgo de padecer un trastorno mental es multifactorial, influyendo tanto factores genéticos como ambientales.

En los controles de salud conviene tener presente los factores de riesgo (FR) de sufrir patología psiquiátrica para dedicar más tiempo cuantos más factores de riesgo haya. Es necesario conocer y tener presente los signos de alarma de los trastornos psiquiátricos más frecuentes en la infancia (a abordar en otros apartados de esta revista) y saber distinguir entre los que requieran un seguimiento más estrecho por parte de Pediatría de los que requieran derivación a SMIJ. El pediatra es quien mejor conoce el desarrollo normal de los niños, pero también debe conocer posibles variantes de la normalidad según el momento evolutivo o la edad cronológica. Puede haber conductas normales a una edad, pero a otra edad ya no ser normales; por ejemplo, las rabietas a los 2-3 años son normales, pero no a los 10. También su intensidad puede ser lo que nos alerte de la necesidad de interconsulta o derivación, pues unas rabietas intensas y diarias, aunque sea a la edad de 2-3 años, también requieren atención para indagar en la causa y ayudar a los padres a gestionar mejor dicha conducta.

El riesgo de padecer un trastorno mental (TM) es multifactorial, influyendo tanto factores genéticos como ambientales(8,9). Los FR tienden a presentarse de forma agrupada e interactuando entre ellos, aumentando la vulnerabilidad del niño. Aumenta el riesgo cuando los factores actúan de forma temprana, en períodos críticos del desarrollo y cuando actúan de forma continuada. Cabe mencionar (Tabla I):

• Factores relacionados con el embarazo: madre adolescente, hijo no deseado al final del embarazo, hijo adoptado, embarazo de riesgo, nutrición materna deficiente, consumo de tóxicos o fármacos y estrés parental durante el embarazo.

• Factores perinatales: prematuridad, sufrimiento fetal, recién nacido con malformaciones o defectos importantes, separación prolongada entre madre y bebé por alguna causa médica, dificultando el establecimiento del vínculo.

• Características temperamentales: temperamento difícil con mayor riesgo de presentar trastornos externalizantes (trastorno de déficit de atención con hiperactividad, trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta) y temperamento inhibido con mayor riesgo de presentar trastornos internalizantes (ansiedad, depresión).

• Enfermedad médica crónica: asma, obesidad, diabetes juvenil, enfermedades metabólicas, etc., todas ellas requiriendo elevada capacidad de adaptación por parte del niño y de la familia; y enfermedades con afectación de la capacidad cognitiva del niño.

• Características de los padres: padres muy jóvenes o mayores, con problemas de SM, con patologías médicas importantes, no implicados en la crianza de su hijo o con un estilo educativo autoritario sin afecto, o con maltrato físico, psicológico o sexual.

• Factores relacionados con la familia: monoparental con poco apoyo psicosocial; separación/divorcio con conflicto o desacuerdos importantes; fallecimiento de algún miembro; hospitalización larga o con enfermedad compleja; familia aislada socialmente; niño no escolarizado de forma prolongada; o sujeto que está muchas horas solo en casa sin supervisión, con riesgo de excesiva conexión a las redes sociales en internet.

• Factores socioeconómicos: situación económica muy desfavorable; paro sin subsidio; o migración con riesgo de marginación.

• Otros factores sociales de relevancia en la adolescencia: aislamiento social; ambientes urbanos estresantes; exposición a violencia y drogas; acoso escolar; o acontecimientos traumáticos dentro y fuera del contexto familiar.

Ha habido una larga historia de debate sobre la influencia de la genética (nature, en inglés) y de las experiencias ambientales vividas a través de la familia, escuela, grupo de iguales, comunidad y cultura (nurture, en inglés). Hoy día nadie sostiene que el desarrollo humano se explica exclusivamente por la acción de nature o de nurture, sino lo que el debate cuestiona es hasta qué punto influye cada uno. Estas interacciones gen-ambiente son complejas, pues no solo el ambiente actúa sobre la expresión de los genes, sino que a su vez los genes pueden influir sobre el ambiente. Cada vez se da más importancia a la epigenética (del griego epi, en o sobre, y -genética). La epigenética estudia todos aquellos factores no genéticos que intervienen en la determinación de la ontogenia o desarrollo de un organismo. Interviene en la regulación heredable de la expresión génica sin que haya cambios en la secuencia de nucleótidos. Se puede decir que la epigenética es el conjunto de reacciones químicas y demás procesos que modifican la actividad del ADN, pero sin alterar su secuencia, dando forma a nuestro “epigenoma”. O sea, la epigenética estudia cómo determinados factores medioambientales, condicionados por nuestros hábitos, son capaces de interaccionar con nuestros genes y modificar su función sin alterar su composición (secuencia de nucleótidos), interviniendo en la regulación heredable de la expresión génica. Las experiencias tempranas pueden activar y desactivar genes, es decir, determinar cómo se expresan los genes(10). Se considera que nuestras propias experiencias pueden marcar nuestro material genético y transmitirlo a generaciones futuras, por lo que nuestro estilo de vida no solo nos afecta a nosotros, sino también a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Es lo que se denomina herencia epigenética transgeneracional. El estudio de la epigenética nos dice que no es cuestión de valorar nature (ADN) versus nurture (crianza), sino nature más nurture.

No hay que olvidar los factores de protección (FP) y la capacidad de resi­liencia del individuo para afrontar y adaptarse a las situaciones adversas. Entre los FP (Tabla II) estarían: la cohesión y apoyo familiar y comunitario, las habilidades sociales, temperamento fácil, buen autoconcepto y autoeficacia del individuo. También, las pautas de vida saludable con buena alimentación, ejercicio físico y adecuadas horas de sueño, factores que siempre se debe tener en mente para promocionarlos.

La detección temprana es importante para evitar la progresión hacia un TM grave, como puede ser una esquizofrenia o una depresión mayor recurrente. Con la prevención, se busca reducir la incidencia, prevalencia y recurrencia de los trastornos mentales, y la discapacidad asociada a los mismos. Hay que promover el bienestar psicológico, fomentar la adquisición de hábitos de higiene mental, aumentar la capacidad para lograr hitos del desarrollo, fortalecer las habilidades para adaptarse a la adversidad y desarrollar resiliencia y competencia(11). Si se tienen presentes los factores de riesgo y los factores protectores, se podrá mejorar la capacidad del sujeto y de su familia, para afrontar posibles eventos adversos.

Cuando un sujeto ya cumple criterios diagnósticos de un TM específico, es importante brindar un tratamiento adecuado para evitar la progresión de la enfermedad, además de la aparición de comorbilidades, como puede ser el consumo de substancias, ocasionando la denominada patología dual (un TM específico más un trastorno por abuso de substancia o sin substancia, cuando la adicción es a los videojuegos).

Orientación diagnóstica

Los cuestionarios de cribado son útiles para valorar si es necesario derivar a salud mental.

Desde AP es de utilidad disponer de cuestionarios para realizar screening de los diferentes procesos frecuentes en la infancia y adolescencia, para así poder hacer una mejor orientación diagnóstica. Nos permite valorar y tomar la decisión de si conviene derivar a SM o seguir controlando desde AP. Cabe mencionar entre los más utilizados (se citan preferentemente los de acceso libre) (Tabla III):

• Cuestionario M-CHAT Revisado de Detección del Autismo en Niños Pequeños con Entrevista de Seguimiento (M-CHAT-R/F)(12). Es una herramienta de detección en 2 etapas, que responden los padres para evaluar el riesgo de trastorno del espectro autista (TEA) en niños de 16-30 meses. Según la puntuación obtenida, serán clasificados de riesgo bajo, medio y alto, siendo recomendable derivar a atención temprana si el riesgo es medio o alto. Al ser un instrumento de screening, puede haber falsos positivos, o sea, casos en los que luego no se confirma la presencia de TEA, pero probablemente tendrán algún tipo de retraso en el neurodesarrollo que requerirá atención especializada. La entrevista de seguimiento (M-CHATR/F) suele pasarse en los centros de atención temprana pues requiere tiempo y experiencia en su empleo.

• Cuestionario de Cualidades y Dificultades de Goodman (SDQ, sus siglas en inglés, Strengths and Difficulties Questionnaire)(13). Está traducido a múltiples idiomas y hay varios formatos: franja de edad 2-4 años para padres, 4-17 años para padres y otro para maestros, y para adolescentes de 11-17 años para ser autocumplimentado. Consta de 25 ítems que evalúan problemas emocionales, de comportamiento, de conducta hiperactiva e inatención, de relación con iguales, y de conducta prosocial.

• Vanderbilt para padres(14) y Vanderbilt para maestros(15), que evalúa: trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta y malestar emocional.

• Child Asperger Syndrome Test (CAST)(16) para el cribado del síndrome de Asperger en niños de 4 a 11 años. Una puntuación de 15 o más requiere derivación para una evaluación diagnóstica. Hay un gran abanico de test para el cribado de autismo en la web EspectroAutista.info (http://espectroautista.info/), además de proporcionar bibliografía, criterios diagnósticos y test interactivos.

• Protocolos de detección y actuación en dislexia: PRODISLEX(17) para su detección en español en los diferentes ciclos educativos, desde P5 (final de párvulos) hasta bachillerato, y PRODISCAT(18) para su detección en catalán.

• State-Trait Anxiety Inventory for Children (STAIC)(19,20) para valoración de sintomatología ansiosa en niños de 9-15 años. Consta de 20 ítems que evalúan cómo se siente en general (ansiedad rasgo), y otros 20 ítems que evalúan cómo se siente en un momento determinado (ansiedad estado). En adolescentes mayores de 15 años se utiliza la versión de adultos, STAI.

• Cuestionario de depresión infantil (CDI) de Kovacs(21,22) para edades entre 7-17 años. Es para ser autoadministrado y consta de 27 preguntas.

• Ask Suicide-Screening Questions (ASQ)(23) de NIMH (National Institute of Mental Health) que consta de 5 preguntas para evaluar el riesgo de suicidio.

Evaluación psicológica

La evaluación psicológica aporta información valiosa para conocer mejor al niño/adolescente y se realiza desde los servicios de salud mental.

En muchas ocasiones será conveniente, aunque no imprescindible, una evaluación psicológica que aporte información valiosa para conocer mejor al niño/adolescente, y que se suele hacer desde los servicios de SM. Lo que se evalúa más frecuentemente, es: capacidad cognitiva (WISC y WPPSI en menores de 6 años), clínica emocional de depresión y ansiedad, conducta adaptativa (BASC, TAMAI), valoración de la personalidad (16PF, MMPI) y valoración neuropsicológica, que incluye pruebas atencionales, de funciones ejecutivas, memoria, lenguaje, etc.

Función del pediatra de atención primaria

Entre las funciones del pediatra de AP está la labor de educación sanitaria y de prevención de enfermedades. Educando a las familias en el mejor tipo de crianza y cuidados de los hijos, ayuda a prevenir muchos problemas de SM. Una vez que haya aparecido alguna alteración o trastorno, con los adecuados consejos pueden ayudar a que no progrese o minimizarlo. Con la realización de diferentes cribados en los controles de salud pueden hacer una detección temprana de diferentes trastornos del neurodesarrollo, lo que ayuda a que la evolución sea más favorable o como mínimo pueden ayudar a la familia a entender mejor lo que le pasa a su hijo.

Finalmente, es decisión del pediatra derivar a SM. Con un mayor interés, sensibilidad y conocimiento por los problemas psicológicos y psiquiátricos, es evidente que la derivación por parte del PAP estará mejor orientado, y realizado en el momento más adecuado, mejorando así la atención dispensada a los niños, adolescentes y a sus padres o cuidadores.

Conclusiones

Desde AP hay una gran labor a hacer de prevención y detección precoz de problemas y trastornos de SM, siendo importante que se haga de forma temprana, para así mejorar el pronóstico. Debido al incremento de la incidencia de los trastornos psicológicos y psiquiátricos, es necesario que el personal sanitario disponga de formación y tiempo para atender mejor a su población de referencia.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de la autora.

1. UNICEF. Salud mental e infancia en el contexto del Covid-19. Disponible en: https://www.unicef.es/publicacion/salud-mental-e-infancia-en-el-escenario-de-la-covid-19-propuestas-de-unicef-espana.

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3.*** Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA). Protocolos del niño sano. En: Protocolos clínicos. Madrid: Ed. Siglo SL; 2010. p. 8-41. Disponible en: https://aepnya.es/wp-content/uploads/2017/07/protocolos_2010.pdf.

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11.** Arango C, Díaz-Caneja CM, McGorry PD, Rapoport J, Sommer IE, Vorstman JA, et al. Preventive strategies for mental health. The Lancet Psychiatry. 2018; 5: 591-604. Disponible en: https://doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30057-9.

12.*** Robins Fein D, Barton M. (Traducción y adaptación en España: Grupo Estudio MCHAT España) Cuestionario M-CHAT Revisado de Detección del Autismo en Niños Pequeños con Entrevista de Seguimiento (M-CHAT-R/F)™. Disponible en: https://mchatscreen.com/wp-content/uploads/2015/05/M-CHAT-R_F_Spanish_Spain.pdf.

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15.** Academia Americana de Pediatría, 2005. Sistema NICHQ Vanderbilt de Evaluación. Cuestionario para MAESTRO. NICHQ Vanderbilt Assessment Scale—TEACHER Informant. Disponible en: https://www.adolescenciasema.org/usuario/documentos/spanish_teacher_Vanderbilt_ADHD.pdf.

16. Scott FJ, Baron-Cohen S, Bolton P, Brayne C. The CAST (Childhood Asperger Syndrome Test): Preliminary Development of a UK Screen for Mainstream Primary-School-Age Children. Autism. 2002; 6: 9-31. Disponible en: http://espectroautista.info/CAST-es.html.

17.** Salas Vallespir A, Gómez E, Alvarado H, Damians MA, Martorell N, Sancho S. PRODISLEX. Protocolos de detección y actuación en dislexia. 2010. Disponible en: https://www.disfam.org/prodislex/.

18.** Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya. Col·legi de Logopedes de Catalunya (CLC). Protocol de Detecció i Actuació en la Dislexia. Àmbit educatiu. Disponible en: https://www.clc.cat/pdf/module_34/10/prodiscat_3er_4art____ILfFkbkIctg6VoqdA8C7_ca.pdf.

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22. Timbremont B, Braet C, Dressen L. Assessing depression in youth: relation between the Children’s Inventory and a structured interview. J Clin Child Adolesc Psychol. 2004; 33: 149-57. Disponible en: https://doi.org/10.1207/S15374424JCCP3301_14.

23.** National Institute of Mental Health (NIMH). Suicide Risk Screening Tool. Ask Suicide-screening Questions. Disponible en: https://www.nimh.nih.gov/sites/default/files/documents/research/research-conducted-at-nimh/asq-toolkit-materials/asq-tool/screening_tool_asq_nimh_toolkit.pdf.

Bibliografía recomendada

– Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA). Protocolos del niño sano. En: Protocolos clínicos. Madrid: Ed. Siglo SL; 2010. p. 8-41. Disponible en: https://aepnya.es/wp-content/uploads/2017/07/protocolos_2010.pdf.

Aunque los protocolos ya tienen más de 10 años son muy completos y la mayoría vigentes.

– Mardomingo Sanz MJ. Trastornos psiquiátricos de los niños y adolescentes en la consulta de Pediatría. Guía práctica y digital para pediatras. Ed. Mayo. 2021. ISBN electrónico 978-84-9905-290-8. Disponible en: https://www.mardomingopsiquiatriainfantil.es/profesionales/guia-practica-y-digital-para-pediatras/.

Es una guía útil y práctica para Atención Primaria, de reciente edición.

– Robins D, Fein D, Barton M. (Traducción y adaptación en España: Grupo Estudio MCHAT España) Cuestionario M-CHAT Revisado de Detección del Autismo en Niños Pequeños con Entrevista de Seguimiento (M-CHAT-R/F)™. Disponible en: https://mchatscreen.com/wp-content/uploads/2015/05/M-CHAT-R_F_Spanish_Spain.pdf.

Explica en detalle la utilización del M-CHAT, instrumento útil para el cribado del TEA.

– Lázaro L, Moreno D, Rubio B, eds. Manual de psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Elsevier España SLU. 2021.

Es el manual de psiquiatría de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, recientemente editado, que va bien tener a mano para cualquier consulta en este campo.

 

Caso clínico

 

Niño de 20 meses de edad que preocupa a los padres, porque el ritmo de adquisición de los hitos del neurodesarrollo es más lento que lo que fue en el caso de su hermana de 4 años.

Antecedentes personales: parto eutócico a las 38 semanas de gestación. Lactancia materna hasta los 11 meses.

Antecedentes familiares: padre asma bronquial; hermana intolerancia transitoria a la proteína de leche de vaca.

Plan de actuación: se pasa el M-CHAT-R con los siguientes resultados que se muestran a continuación:

 

 

Trastornos del lenguaje

J. Artigas-Pallarès*, I. Paula Pérez**, E. Ventura Mallofré***
Temas de FC


J. Artigas-Pallarès*, I. Paula Pérez**, E. Ventura Mallofré***

*Profesor de Postgrado Trastornos de Espectro Autista. Universidad de Barcelona; Coordinador del Máster Trastornos de Espectro Autista. Universidad de la Rioja; Profesor del Máster Universitario en Neuropsicología. Universidad Loyola. Sevilla. **Profesora titular de Trastornos del Neurodesarrollo. Departamento de métodos de investigación y diagnóstico en educación. Universidad de Barcelona. ***Psiquiatra infanto-juvenil. Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona

Resumen

Esta revisión aborda de forma sencilla y clara los aspectos conceptuales del lenguaje y sus disfunciones. A pesar de su carácter divulgativo, se incorporan ideas muy recientes vinculadas al neurodesarrollo del lenguaje que pueden interesar, tanto al pediatra generalista como a otros profesionales implicados en la salud mental infanto-juvenil.

Partiendo del análisis de la naturaleza y desarrollo del lenguaje, se describe cada una de las entidades integradas en los manuales diagnósticos bajo la denominación genérica de trastornos del habla o del lenguaje en la CIE-11 y la de trastornos de la comunicación en el DSM-5. Puesto que los problemas lingüísticos inciden más allá de aspectos puramente comunicativos, se comenta la relación con otros trastornos del neurodesarrollo. En este sentido, se presta un interés especial a la repercusión del lenguaje en el desarrollo emocional.

A modo de conclusión, optando por un modelo multidimensional, se sugiere una mirada que desborda la visión tradicional centrada en entidades categóricas.

 

Abstract

This review addresses in a simple and clear way the conceptual aspects of language and its dysfunctions. Despite its informative nature, very recent ideas related to the neurodevelopment of language are incorporated and that may interest both the general pediatrician and other professionals involved in child and adolescent mental health.

Starting from the analysis of the nature and development of language, each of the entities included in the diagnostic manuals is described under the generic name of speech or language disorders in the ICD-11 and communication disorders in the DSM-5. Since linguistic problems affect beyond purely communicative aspects, the relationship with other neurodevelopmental disorders is discussed. In this sense, special interest is paid to the impact of language on emotional development.

By way of conclusion, opting for a multidimensional model, a look is suggested that goes beyond the traditional vision centered on categorical entities.

 

Palabras clave: Mutismo selectivo; Tartamudez; Trastorno del desarrollo del lenguaje; Trastorno del habla; Trastorno social del lenguaje.

Key words: Pragmatic language disorder; Selective mutism; Stuttering; Language development disorder; Sound speech disorder; Social language disorder.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (1): 12 – 20

 

OBJETIVOS

  • Ser consciente del caos que existe en la terminología y clasificaciones de los trastornos del lenguaje.
  • Entender el gran solapamiento, también conocido como comorbilidades, que existe entre todos los trastornos del neurodesarrollo.
  • Estimular a los pediatras a tomar siempre en consideración un trastorno del lenguaje como causa única o coadyuvante de un problema del aprendizaje.
  • Prestar atención y asumir las preocupaciones de las familias cuando estas se refieren a problemas de retraso o alteración en el desarrollo del lenguaje, pues las observaciones desde el entorno familiar son un dato de gran valor diagnóstico.

 

Trastornos del lenguaje

Introducción

El lenguaje es un aspecto del neurodesarrollo y, como tal, su evolución puede ser óptima o quedar limitada en alguna de sus vertientes. Cuando esto ocurre, estamos ante un problema o trastorno del lenguaje.

Los trastornos del lenguaje agrupan el conjunto de problemas que interfieren en la comunicación verbal a causa del desarrollo ineficiente de cualquier mecanismo implicado en el lenguaje, sin olvidar que la repercusión no se limita al intercambio de información, sino que también incide en el aprendizaje, el razonamiento, la interacción social, las emociones y la calidad de vida.

La investigación sobre el lenguaje y sus alteraciones se inició con el estudio de las lesiones cerebrales en personas adultas, donde se pudieron observar patrones clínicos relativamente estables y semiológicamente diferenciados, por ejemplo: afasias expresivas, agnosias verbales, alexias, etc. En estas lesiones fue posible intuir una relación causal entre la localización de la lesión y el tipo de disfunción del lenguaje.

En edades infantiles la situación es muy distinta. Los niños, como es obvio, pueden sufrir las mismas lesiones que el adulto, pero, aparte de ser menos frecuentes, inciden en un cerebro en fase evolutiva, lo cual condiciona diferencias respecto a los problemas del lenguaje del adulto. Sin embargo, no es un objetivo de esta revisión el abordaje de las lesiones adquiridas durante la infancia.

El estudio de los problemas del desarrollo del lenguaje topa con serios problemas epistemológicos derivados del uso canónico que imponen el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) y la International Classification of Diseases (CIE). Si bien es cierto que ambos sistemas tienden a confluir, difieren en términos diagnósticos, clasificación y modelo diagnóstico, lo cual genera confusiones semánticas. Lo que en la CIE-11 se agrupa como trastornos del desarrollo del habla o del lenguaje (Tabla I), en el DSM-5 se denomina trastornos de la comunicación (Tabla II) y, además, las entidades que se incluyen no coinciden en ambos manuales.

 

En esta revisión se utilizará, en cada caso, el término más usado en la bibliografía reciente, pero también se mencionarán términos alternativos, con el fin dejar claro que un mismo problema puede recibir nombres distintos; por ejemplo: una disfasia, un trastorno específico del lenguaje, un trastorno del desarrollo del lenguaje o un trastorno mixto del lenguaje son lo mismo.

Componentes del lenguaje

Los elementos que componen el lenguaje son: la fonética, la semántica, la morfosintaxis, la prosodia y la pragmática.

La fonética atañe a los sonidos básicos del habla, que unidos secuencialmente conforman palabras; la semántica es el conocimiento de los significados de las palabras, lo que vendría a ser el equivalente del diccionario almacenado en la memoria; y la morfosintaxis concierne al conjunto de reglas que rigen la forma de cada palabra y la estructura de los enunciados. La prosodia integra el tono, el énfasis, el ritmo y las pausas, es la melodía del lenguaje y está impregnada de contenidos emocionales. La pragmática hace referencia al uso del lenguaje y toma en consideración el contexto y las intenciones, por lo cual desborda los aspectos propiamente lingüísticos(1,2).

El lenguaje, además de estar al servicio de la comunicación, es un elemento básico para la adquisición de conceptos sobre la realidad física y abstracta que nos rodea. Por lo tanto, la percepción de la realidad está mediatizada por el lenguaje y entraña la subjetividad de cada persona y de su cultura. Cuando aprendemos el significado de palabras, por ejemplo: “silla”, “penalti” o “resentimiento”, hemos adquirido conceptos susceptibles de ser almacenados en la memoria, lo cual permite imaginarlos, razonar sobre ellos e intercambiar información sin recurrir a explicaciones prolijas. Supongamos que nunca hubiéramos oído la palabra “paella” o no conociéramos su significado. La consecuencia sería que si alguien nos preguntara qué hemos comido en un restaurante donde sirven paellas, deberíamos enumerar sus componentes y, además, describir el aspecto y modo de cocción. El lenguaje configura el mundo que percibimos. Si sé el significado de “limón”, podré distinguir entre limones, naranjas, mandarinas y pomelos y, además, habré adquirido el concepto de “cítrico”. Y, quizás algún día, tendré la oportunidad de deducir que un kumquat también es un cítrico.

Cómo se adquiere el lenguaje

El desarrollo progresivo del lenguaje verbal implica estar inmerso en un entorno donde el lenguaje es el vehículo básico de la comunicación entre las personas.

La adquisición del lenguaje se inicia en las últimas semanas de gestación, cuando el feto percibe a través del líquido amniótico los sonidos que emite la madre. De este modo, un bebé recién nacido es capaz de discriminar entre los fonemas de la madre y los de las otras personas, al igual que entre los sonidos del habla de la lengua materna y los de otra lengua(3).

Durante el primer mes se irá adquiriendo mayor versatilidad discriminativa para los sonidos que más se repiten. El mecanismo operativo es el uso de inferencias estadísticamente significativas, algo tan elemental como que lo que más se escucha, más se recuerda(4).

Hacia los 6 meses se incorpora la repetición de fonemas (balbuceo) y se progresa hacia un tipo de discurso carente de significados (jerga). En algunos casos, la modulación de la jerga puede simular la cadencia del discurso adulto, lo cual si es persistente y muy elaborado deberá despertar la sospecha de un trastorno del espectro autista (TEA).

Alrededor del primer año, se adquiere la capacidad de articular algunas palabras con significado y, a partir de los 2 años, es habitual emitir frases de dos o tres palabras. Entre los 3 y 5 años, se incrementa el vocabulario y la complejidad de las frases, simultáneamente a la incorporación de las reglas básicas gramaticales y sintácticas. La tabla III, inspirada en la escala Haizea-Llevant, muestra los parámetros evolutivos del lenguaje en los cinco primeros años(5); pero lo más relevante es que, paralelamente a la adquisición de vocabulario, se construyen conceptos.

Veamos un ejemplo.

Marta es un bebé que convive con un perro que se llama Ulises. Le encanta ver cómo se mueve, salta y juega. Además, percibe que Ulises tiene patas, cola y orejas y que emite sonidos propios. En el mundo de Marta estas características distinguen a Ulises de cualquier otro objeto; ni su hermano, ni las pelotas, ni los muñecos tienen cola o ladran. Cada vez que Marta, que ya es capaz de discriminar secuencias de fonemas, oye la palabra Ulises centra la atención en su amigo, porque siempre se repite la coincidencia. Tras haber cumplido los 8 meses, observa que en el parque hay otros objetos con patas, cola y orejas que emiten los mismos sonidos que Ulises. Mamá suele decir: ¡mira, un “guau”!; y Marta se irá dando cuenta de que existen “guaus” de distintos colores y tamaños, que, además, coinciden con los dibujos de perros. Marta ha adquirido el concepto de la palabra “guau”; más adelante, descubrirá que “guau” y “perro” son lo mismo. Esta estrategia innata se irá repitiendo e incrementando exponencialmente, de modo que aumentará no solo el lenguaje expresivo y comprensivo, sino algo más importante: la forma de dirigir la atención y de percibir la realidad de su entorno. Además, esta realidad está muy mediatizada por su cultura. Su concepto de “guau” y “perro” sería muy distinto si Marta hubiera nacido en una cultura donde los perros fueran un manjar para guardar en la nevera o vender enlatado en el supermercado.

Trastorno del desarrollo fonológico/trastorno del habla

Otras denominaciones: trastorno fonológico, dislalia.

El trastorno del habla se define en el DSM-5 por la dificultad persistente para la pronunciación de fonemas que condiciona la inteligibilidad del lenguaje y repercute en la interacción social o en el rendimiento escolar.

En la práctica, dada la ambigüedad del término “dificultad persistente”, se suele considerar que cuando el problema se mantiene de forma evidente más allá de los 4 años es cuando se diagnostica un trastorno del habla. La prevalencia en niños de 4 años se sitúa entre el 8 y 9% y se reduce al 5% en el primer curso, pues la habilidad fonética tiende de modo natural a progresar. De ello se infiere la indefinición conceptual entre un simple retraso del desarrollo y un trastorno(6).

El profesional que atiende por primera vez a un niño con trastorno del habla suele ser el pediatra, ya sea en una visita de control evolutivo o como motivo de consulta. Una interpretación bastante extendida es atribuir la causa a un problema de frenillo sublingual; sin embargo, debe ser tenido en cuenta que, aun en el caso de que la cortedad del frenillo tuviera algún impacto en la vocalización, casi siempre se resuelve espontáneamente.

En el trastorno del habla están involucrados dos niveles no necesariamente independientes; por un lado, la conciencia fonológica –capacidad para discriminar fonemas– y, por otro lado, la motricidad del aparato bucofonatorio –lengua, mejillas y labios– en coordinación con la respiración. El trastorno del habla no debe confundirse con un problema motor de causa neuromuscular; por ejemplo, la parálisis cerebral, en cuyo caso se diagnosticaría disartria. También quedan excluidos los problemas de pronunciación derivados de una alteración auditiva.

Es importante tomar en consideración los antecedentes familiares, no solo de cualquier trastorno del lenguaje, sino también de dislexia, TEA y trastorno de déficit de atención/hiperactividad (TDAH), pues existe entre todos ellos un solapamiento cognitivo, neurofuncional y genético. Un niño de 4 años con problemas fonéticos es propenso a presentar dislexia a partir de los 7 años. En este caso, la intervención logopédica puede tener un efecto preventivo.

Trastorno del desarrollo de la fluencia del habla/trastorno de la fluencia de inicio en la infancia

Otras denominaciones: tartamudez, disfemia.

La tartamudez consiste en la repetición de sílabas o sonidos poco elaborados al inicio o a la mitad de la palabra.

A veces, lo que se repite es una palabra completa; en otros casos, el problema reside en la prolongación de algún sonido vocálico o consonante. Puesto que uno mismo es muy consciente de su problema, no es raro que utilice circunloquios para evitar palabras “difíciles” o haga una pausa asociada a una ostensible tensión muscular en la mitad de la palabra. Para el diagnóstico se requiere que la sintomatología sea persistente, limite la participación social o se acompañe de ansiedad.

Lo más común en la infancia son los casos leves y transitorios que se resuelven espontáneamente. Otras veces, el curso es ondulante con periodos de mayor o menor expresividad, que pueden estar vinculados a niveles de ansiedad.

Existe una relación compleja entre la tartamudez y el trastorno de Tourette, pues puede ser difícil o imposible marcar un límite entre un problema de fluencia y un tic fónico, lo cual plantea una cuestión muy interesante y a la vez intrigante, sobre la relación entre ambos trastornos. Cuando la tartamudez coincide con tics motores o con antecedentes familiares de tics, la respuesta a la intervención logopédica puede ser muy pobre. En estos casos, el tratamiento farmacológico de los tics –aripropazol, risperidona– es una opción a tener en cuenta.

Trastorno del desarrollo del lenguaje: el trastorno invisible

Otras denominaciones: trastorno del lenguaje, trastorno específico del lenguaje, disfasia, trastorno expresivo del lenguaje y trastorno mixto del lenguaje.

El trastorno del desarrollo del lenguaje afecta a la expresión y a la comprensión, y si se piensa en él es fácil de identificar tras entablar una conversación con el niño.

El trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) es un claro ejemplo del caos terminológico tan común entre los trastornos mentales. En el año 2013, en el DSM-5 se optó por el término “trastorno del lenguaje” para referirse a la dificultad para la comunicación, debida a limitaciones en el vocabulario y la construcción de frases. Sin embargo, por entonces, había conseguido una notable aceptación el término “trastorno específico del lenguaje” (TEL), traducción incorrecta al español de “specific language impairment”. Ante la división de opiniones y la coexistencia de otras denominaciones que sería prolijo relatar, se llevó a cabo un ambicioso proyecto –CATALISE–, liderado por D. Bishop(7), que reunió un panel de 57 expertos, representantes de diversas disciplinas, con el objetivo de alcanzar un consenso. La decisión fue mantener el término “trastorno del lenguaje” para referirse a los casos donde existía una causa biológica concreta, por ejemplo, el síndrome X frágil; y utilizar el término TDL cuando el problema está vinculado al neurodesarrollo. La CIE-11 también se ha posicionado en este sentido.

El TDL se pone en evidencia cuando incitamos al niño para que hable sin recurrir a la formulación de preguntas convencionales que darán lugar a respuestas estereotipadas o monosílabos. Es necesario provocar un relato de una cierta complejidad, por ejemplo: “¿qué hiciste este fin de semana?”, “cuéntame un cuento, un chiste, una película que te haya gustado…”. En estas situaciones, una vez superada la vergüenza, se suele poner en evidencia la dificultad para encontrar las palabras apropiadas y, además, la construcción de frases suele ser torpe y reiterativa. Sin embargo, lo que no es tan evidente es la dificultad para la comprensión que, por otra parte, tiene una repercusión superior a la que se deriva de las limitaciones expresivas.

Ante la sospecha de TDL es muy útil que la familia facilite los informes escolares de varios cursos. En ellos suelen estar referenciadas las dificultades expresivas y la baja comprensión lectora y, además, casi siempre se puede constatar el antecedente de retraso en el inicio del lenguaje.

La adquisición del lenguaje, al igual que cualquier aspecto del neurodesarrollo, admite un margen de variabilidad. Un retraso moderado en las primeras adquisiciones no siempre significa un problema; sin embargo, cuando esto ocurre es necesario asegurarse de que la comprensión es correcta y que la interacción social se corresponde con la de los niños de edad similar(8). Sin embargo, pasado el periodo preescolar, la situación es más delicada y debe tomarse en consideración no solo el problema de lenguaje, sino la repercusión a otros niveles, que podría dar lugar a una espiral de problemas(9).

La relación entre TDL y TEA merece especial atención, pues es una cuestión que se plantea con relativa frecuencia entre los 2 y 4 años. No se debe olvidar que la prevalencia de TDL gira alrededor del 8% y la de TEA se sitúa entre el 1,5-2%. Según la Asociación Española de Pediatría, debería haber un pediatra para cada 800-1.000 niños(10), bastantes menos de lo que se contempla en las áreas básicas de salud. Esto significa que un pediatra en una consulta con un contingente de pacientes óptimo debería de atender entre 16 y 20 casos de TEA y entre 56 y 70 de TDL. ¿Está identificada esta casuística en los archivos diagnósticos de la mayoría de los pediatras? Probablemente no, lo cual sugiere que quedan muchos por diagnosticar.

Otra cuestión a tener en cuenta es que el primer motivo de consulta y el más común para un niño con TEA es un retraso en el lenguaje, asociado a otras manifestaciones relacionadas con la interacción social, la conducta y el juego simbólico. Por este motivo, cuando el síntoma es: “mi hijo no habla”, se debería activar un automatismo capaz de sugerir el diagnóstico de TEA, pues cuando el retraso en la adquisición del lenguaje es muy evidente entre los 2 y los 4 años, es relativamente común la asociación de ambos diagnósticos. Cuando esto ocurre, además de los problemas lingüísticos, se aprecia una falta de interés para hacerse comprender, lo cual implica un lenguaje gestual escaso o ausente; por ejemplo: no señalar con el dedo con intención de compartir algo que le ha llamado la atención. La tabla IV muestra las diferencias entre el TDL puro y el TEA.

El TDL sin TEA, excepto en casos graves, no suele ser motivo de preocupación durante el periodo escolar, pues la sintomatología que le es propia puede pasar inadvertida. En estos casos, el motivo de consulta más común son las dificultades de aprendizaje detectadas en la escuela. Obviamente, un niño con bajo nivel de lenguaje va a tener problemas para seguir las clases y para la comprensión lectora. Además, estará muy penalizado en los exámenes. Quizás el bajo rendimiento escolar, en el mejor de los casos, motive la movilización de recursos pedagógicos; sin embargo, aun así, suelen quedar muchos cabos sueltos. El bajo rendimiento escolar es la punta del iceberg, porque: a) el TDL, al pasar desapercibido, está infra diagnosticado; b) casi siempre el TDL está asociado a otros trastornos, sobre todo al TDAH y a la dislexia; y c) no se toman en consideración las manifestaciones emocionales implícitas en el TDL y en los trastornos asociados.

A pesar de la elevada prevalencia del TDL, solo un 60% de la población general afirma tener conocimiento de la existencia de esta entidad, porcentaje inferior al de la dislexia, autismo, TDAH y trastorno del habla. Además, menos de un 15% tiene consciencia de que en alguna ocasión se haya mencionado este problema en el colegio(11).

Trastorno social (pragmático) de la comunicación

Otras denominaciones: trastorno del desarrollo del lenguaje con alteración predominante del lenguaje pragmático, trastorno semántico-pragmático.

El trastorno social de la comunicación tiene que ver con el uso de las normas implícitas que facilitan el intercambio inteligible y adecuado de la información al margen de la inteligencia y de las habilidades formales del lenguaje (semántica, sintaxis y fonética).

El modo de comunicarnos entraña aspectos propios de cada cultura y de cada situación, lo cual implica: hábitos sociales, reciprocidad y uso de recursos lingüísticos que desbordan la literalidad del contenido (metáforas, metonimias, bromas, inferencias implícitas…). Cuando dialogamos, adaptamos los mensajes y las formas al contexto y a la relación personal con el interlocutor. No hablamos igual con un familiar o un amigo que con una persona de determinado rango o profesión.

El contenido del mensaje y la forma de expresarlo deben ajustarse al nivel cultural y conocimiento previo que atribuimos al interlocutor y, al mismo tiempo, tratamos de intuir el grado de comprensión y receptividad que sugieren sus gestos y expresiones de asentimiento o indiferencia. La voluntad de hacernos entender modula el uso apropiado de los componentes verbales –palabras utilizadas, construcciones discursivas y reciprocidad del diálogo–, pero también de los no verbales –énfasis expresivo, mirada, gestualidad, distancia y contacto físico– y, además, requiere la capacidad para detectar el aburrimiento o la impaciencia del interlocutor.

En las ediciones previas al DSM-5 y la CIE-11, el trastorno social de la comunicación (TSC) no se contemplaba como una entidad específica, pues los problemas pragmáticos del lenguaje se consideraban manifestaciones del autismo. Sin embargo, diversos autores ya se habían ocupado a fondo del tema, aunque con denominaciones y conceptualizaciones diversas(12). Actualmente, se acepta que existe un marcado solapamiento entre TEA y TSC, lo cual motiva a tener muy en cuenta los componentes propiamente autistas en los casos de TSC.

Mutismo selectivo

El mutismo selectivo no es un trastorno del lenguaje, puesto que lo que subyace es un problema de ansiedad que suele acompañarse de otras manifestaciones; la más común, pero no la única, es la timidez.

El mutismo selectivo es fácil de identificar en la consulta. La situación más común es la de un niño en edad preescolar cuyos padres han sido advertidos por la escuela de que no habla o de que su lenguaje se reduce a monosílabos, incluso cuando es requerido a responder preguntas. Estas limitaciones ocurren principalmente, pero no exclusivamente, cuando el interlocutor es el docente. Por otro lado, en el entorno familiar la comunicación es fluida o, cuando menos, mucho mejor que en la escuela.

Para establecer el diagnóstico solo se requiere un mínimo de perspicacia que se sustenta en una pregunta muy objetiva: “¿habla mucho más y mejor en casa que en clase o con personas desconocidas?”, si la respuesta es claramente afirmativa, basta por sí misma para confirmar el diagnóstico. Sin embargo, se dan casos donde el mutismo selectivo se asocia a TDL o a TEA; y, entonces, se debe resolver el dilema profundizando en la anamnesis sobre la conducta social y su calidad expresiva en el entorno familiar.

El mutismo selectivo puede ser reversible con medidas simples. Por un lado, se requiere no presionar al niño para que hable, ni siquiera comentar el problema estando él presente. Forzarlo a hablar tiene como resultado acentuar y cronificar el problema. Tampoco requiere tratamiento con técnicas de logopedia, excepto si se asocia a un trastorno del lenguaje.

El tratamiento cognitivo-conductual suele ser eficaz a corto plazo. Por otro lado, si la intervención psicológica se prolonga, el tratamiento farmacológico casi siempre suele dar resultados espectaculares a partir de la primera o segunda semana.

El uso de fármacos en el mutismo selectivo es una medida off label (fuera de ficha técnica), dada la escasez de evidencia empírica. Actualmente, además de un uso bastante extendido, se cuenta con dos ensayos doble-ciego, uno para la fluoxetina y otro para la sertralina. Dichos fármacos estarían indicados ante la ausencia de respuesta al tratamiento psicológico, pues existe un alto riesgo de que el funcionamiento social y académico empeore si el mutismo selectivo no es tratado eficazmente. Por otro lado, al disminuir la ansiedad por la acción de estos fármacos, la progresión es más rápida que con el tratamiento psicosocial. Cuando mejora el mutismo, es importante mantener el fármaco durante algunos meses para optimizar los beneficios, consolidar la confianza en las nuevas habilidades sociales y evitar retrocesos. Resulta reconfortante acordar con la familia que tanto la respuesta como los posibles efectos secundarios serán supervisados de cerca, y que el plan es suspender el fármaco una vez que el niño hable normalmente en la mayoría de los contextos(13). En cualquier caso, con dosis bajas, la tolerancia suele ser buena y los resultados excelentes.

Lenguaje y alexitimia

Se entiende por alexitimia la baja capacidad para identificar y verbalizar las propias emociones y las de los demás.

La alexitima es un concepto introducido en 1973 por el psiquiatra de orientación psicoanalítica Sifneos PE(14), que ha alcanzado relieve a partir del siglo XXI. Interesa incorporar este constructo porque permite abordar la repercusión del lenguaje en la construcción social de las emociones y las consecuencias que se derivan cuando este proceso no es eficiente. Esta cuestión ha despertado tradicionalmente poco interés en el campo de la neurolingüística y la investigación ha sido escasa, si bien el panorama está cambiando en los últimos años.

La teoría clásica sobre las emociones se sustenta en el cerebro triuno –cerebro reptiliano, cerebro límbico y neocórtex–, propuesto por Mc Lean(15). Esta teoría sostiene la dicotomía entre razón y emoción, y el carácter innato de las emociones. Estos postulados, más que caducos, han sido reemplazados por los estudios de Craig B(16), Damasio A(17) y Feldman L(18), los cuales, basados en la interocepción, contemplan las emociones como reacciones corporales que se reconocen en el cerebro.

Los acontecimientos externos y los pensamientos relevantes desencadenan respuestas hormonales y neurovegetativas inmediatas: cortisol, adrenalina, frecuencia cardíaca, ritmo respiratorio, sensaciones gástricas, tono muscular. El impacto somático –interocepción– es vehiculado por las vías interoceptivas a la ínsula anterior para ser enviadas al córtex cingulado, donde el patrón interoceptivo es percibido como un estado de bienestar o malestar que se denomina afecto o estado de ánimo. Dicha percepción no es necesariamente consciente ni comporta, por sí misma, una emoción concreta: es, simplemente, “como nos sentimos”. El tono afectivo, que discurre ensamblado en el flujo del pensamiento, cohabita con recuerdos, razonamientos, deseos y sentimientos, y determina como uno se siente en el aquí y ahora(17).

Feldman da un paso más e incorpora el protagonismo del lenguaje en lo que ella denomina “la construcción social de las emociones”. Según esta autora, las emociones no son innatas ni universales ni, tampoco, existen patrones faciales propios para cada emoción. Las emociones las crea el cerebro cuando recibe la información interoceptiva –estado afectivo– y vincula esta percepción física al término emocional que se utiliza en su entorno cultural. Cuando la respuesta interoceptiva se repite en situaciones similares, adquiere un significado que coincide con una emoción que se puede representar en un eje de coordenadas compuesto de valencia (bienestar/malestar) y arousal (mayor o menor expresividad)(18). La figura 1 es un ejemplo inventado donde se representa cómo se podrían ubicar diversas emociones.

Figura 1. Ejemplos de ubicación de algunas emociones. Este gráfico no se basa en ningún estudio, su objetivo es representar las emociones.

La construcción social de las emociones se lleva a cabo del mismo modo que se adquiere cualquier concepto lingüístico, es decir: por inferencia estadística. Tomemos como ejemplo el concepto de árbol. Después de escuchar reiteradamente la palabra “árbol” para referirse a un pino, un ciprés o un roble, se intuye el concepto de árbol, y a partir de entonces cualquier vegetal con tronco leñoso, ramas y hojas será reconocido como un árbol. En la medida que el niño va aprendiendo palabras, les otorga significados mediante inferencias estadísticas. La construcción social de las emociones, tal como se describe en el ejemplo de la figura 2, se rige por el mismo proceso.

Figura 2. El hermano mayor de Luisito le ha quitado de las manos su muñeco. Luisito se siente mal, debido a su respuesta interoceptiva, y llora. Su mamá pronuncia la palabra “enfadado”, que se repetirá en cada situación similar. Por inferencia estadística, Luisito conecta cierto estado de malestar corporal, que se repite en determinadas situaciones, con la palabra “enfadado”. Progresivamente, Luisito irá consolidando el concepto de enfado.

Diversas causas pueden contribuir a una baja eficiencia en la construcción social de las emociones, dando lugar al cuadro sintomático de alexitimia (Tabla V), que se puede observar en condiciones clínicas muy diversas: enfermedades neurodegenerativas, síndrome de Turner, esquizofrenia, trastornos alimenticios, TEA, ansiedad y depresión(19).

Pero, además, puesto que la alexitimia es un fenotipo emocional de carácter multidimensional y de límites imprecisos, se ha observado que el 10% de la población general presenta síntomas de alexitimia que se incrementan con la edad(20).

Recientemente, el TDL ha sido añadido a las causas de alexitimia, debido a que el fallo del componente semántico limita la capacidad para poner nombre a las sensaciones agradables o desagradables vehiculadas por las vías interoceptivas(21-23). Basta analizar la etimología del término alexitimia (ausencia de palabras para las emociones) para comprender la conexión entre emociones y lenguaje.

En conclusión: si los familiares y los educadores no toman en consideración la baja eficiencia para el desarrollo emocional en los niños con trastornos del lenguaje, no entenderán y no podrán gestionar las situaciones frustrantes que inciden en su cotidianeidad, con el riesgo de interpretar como problemas de conducta lo que ellos solo pueden describir como: “no sé lo que me pasa”.

El espectro de trastornos del lenguaje

Los trastornos del lenguaje, al igual que la mayor parte de trastornos mentales, no son entidades categóricas, puesto que no existen marcadores biológicos.

El objetivo y el motivo que impulsaron la creación de los manuales de clasificación y diagnóstico, fue la necesidad ineludible de identificar, clasificar y codificar las enfermedades y los problemas de salud de acuerdo con unos criterios y denominaciones consensuadas y asumidas en el terreno asistencial y en la investigación. Pero no se nos puede escapar que codificar trastornos mentales no es lo mismo que codificar electrodomésticos, donde no se plantea ninguna dificultad para diferenciar un lavavajillas de un televisor, dada la facilidad para categorizar sus funciones. En los trastornos mentales la situación es distinta, puesto que se utilizan criterios dimensionales para construir diagnósticos categóricos. Por ejemplo, según el DSM-5, vocabulario reducido, frases estructuralmente deficitarias y alteraciones discursivas son criterios de naturaleza dimensional; pero, a pesar de ello, se utilizan para establecer el diagnóstico categórico de TDL. Cuando nos referimos a trastornos mentales, en realidad, estamos hablando siempre de constructos dimensionales, donde los límites entre lo que se suele entender como “normalidad” y “trastorno” son difusos.

Tampoco son nítidos los límites entre los trastornos del lenguaje y los trastornos ubicados en otras entidades, entre los cuales los más comunes son la dislexia, el TEA, el TDAH, la ansiedad y el trastorno del desarrollo de la coordinación. Estas asociaciones suelen denominarse “comorbilidades”, aunque este concepto ha sido muy cuestionado, pues no está claro que sean entidades distintas añadidas a los trastornos del lenguaje. El solapamiento es la regla y el trastorno “puro” es un caso raro(24).

Por si hubiera alguna reticencia para aceptar el modelo dimensional y la carencia de validez del concepto de comorbilidad, nada tan contundente como el reconocimiento en el propio DSM-5 de sus propias deficiencias, expresadas en estos términos: “un sistema categórico demasiado rígido no captura la experiencia clínica o importantes observaciones científicas. Si bien algunos trastornos pueden tener límites bien definidos, la evidencia científica ubica la mayoría en un espectro con trastornos muy próximos que comparten síntomas, aspectos genéticos y factores de riesgo ambiental; y, posiblemente, sustratos neurológicos”(25).

A pesar de ello, en el campo de la investigación y en la práctica asistencial, los trastornos del lenguaje son tratados como entidades categóricas, lo cual distorsiona los resultados de los estudios y obstaculiza la adopción de medidas terapéuticas ajustadas a la diversidad de cada persona(26).

Cuando hablamos de los trastornos de la comunicación, según la clasificación del DSM-5, estamos hablando de las diversas dimensiones que componen el lenguaje –fonética, semántica, prosodia, pragmática–, las cuales se solapan dando lugar a una gran diversidad de heterogeneidades disfuncionales que trascienden los límites y categorías de los manuales y que, además, configuran un espacio que se debe contemplar como un espectro multidimensional donde cada persona se ve cualitativa y cuantitativamente desfavorecida (Fig. 3).

Figura 3. Espectro de trastornos del lenguaje. TDL: trastorno del desarrollo de lenguaje; TSC: trastorno social de la comunicación (TCS); TEA: trastorno del espectro autista. Modificado de: Bishop DVM. Ten questions about terminology for children with unexplained language problems. Int J Lang Comm Dis. 2014; 49: 381-415.

Este modelo difumina la tipificación de los trastornos de la comunicación al aglutinar en el mismo espectro TDL y TEA; y, también, aspectos sintomáticos propios de TDAH, trastornos del aprendizaje, discapacidad intelectual y de la preocupante e ignorada problemática emocional.

La implicación trascendental de este panorama es que cada niño requiere una atención individualizada que desborda pautas y protocolos centrados de modo exclusivo en categorías diagnósticas.

Decálogo de los trastornos del lenguaje para un pediatra

1. Los trastornos del lenguaje son fáciles de diagnosticar; pero ten cuidado si no piensas en ellos: ¡son invisibles! Te será de gran ayuda confiar en un psicólogo o logopeda experto en neurodesarrollo.

2. Nunca digas: “ya hablará” sin pensártelo dos veces.

3. Contempla siempre la posibilidad de un problema auditivo.

4. Si te comentan que un niño tiene como único diagnóstico un trastorno del lenguaje, piensa que solo te están explicando una parte del problema.

5. Ten muy en cuenta que la causa más frecuente de consulta, entre los 2-4 años, por un claro retraso en el inicio del lenguaje es el TEA.

6. El TDL siempre tiene la vertiente expresiva y receptiva. La más importante es la segunda, y si la primera suele ser invisible, la segunda todavía lo es más.

7. No solicites pruebas de neuroimagen o neurofisiológicas. Consumirás recursos y no te ayudarán en el diagnóstico.

8. Tienes la obligación de implicarte y explicar a la familia, de forma sencilla y sin términos médicos, en que consiste el problema. Piensa que tienen depositada en ti su confianza.

9. No olvides que el trastorno del habla, muchas veces, precede a la dislexia. La intervención logopédica puede atenuar problemas de lectoescritura en un futuro.

10. Casi todos los niños con TDL tienen un elevado nivel de ansiedad debido a la baja capacidad para gestionar e identificar las emociones propias y ajenas. A pesar de su importancia pocas veces se tiene en cuenta.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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18.*** Barrett LF. La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones. Barcelona: Ediciones Paidós; 2018.

19. Taylor GJ, Bagby RM. The Alexithymia Personality Dimension in Widiger TA. (Ed.). 2012. Oxford library of psychology. The Oxford handbook of personality disorders. Oxford University Press.

20. Lane RD, Sechrest L, Riedel R. Sociodemographic correlates of alexithymia. Psychiatry. 1998; 39: 377-85.

21. Luminet O, Nielson KA, Ridout N. Having no words for feelings: alexithymia as a fundamental personality dimension at the interface of cognition and emotion. Cognition Emot. 2021; 35: 435-48.

22. Hinojosa JA, Moreno EM, Ferré P. Affective neurolinguistics: towards a framework for reconciling language and emotion. Lang Cognition Neurosci. 2019; 35: 1-27.

23. Samson AC, Bedem NP, Van Den Dukes D, Rieffe C. Positive Aspects of Emotional Competence in Preventing Internalizing Symptoms in Children with and without Developmental Language Disorder: A Longitudinal Approach. J Autism Dev Disord. 2020; 50: 1159-71.

24.** Artigas-Pallarés J, Paula-Pérez I. Asignaturas pendientes del DSM-5. Rev Neurol. 2015; 60: S95-S101.

25.*** American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Arlington, VA: Am Psychiatr Publ. 5th ed; 2013.

26.*** Hyman S E. The Diagnosis of Mental Disorders: The Problem of Reification. Annu Rev Clin Psycho. 2010; 6: 155-79.

Bibliografía recomendada

– Cuetos F, González J, de Vega M. Psicología del lenguaje. Editorial Panamericana. 2021.

Es un libro sobre el lenguaje, no sobre los trastornos del lenguaje; pero comprender el lenguaje es básico para comprender los trastornos.

– Mendoza E. Trastorno específico del lenguaje (TEL): Avances en el estudio de un trastorno invisible. Editorial Pirámide. 2016.

Desarrolla a fondo el TEL o TDL y aspectos colaterales desde una visión muy actual y, a la vez, empática.

– Barrett LF. La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones. Ediciones Paidós; 2018.

Un libro excelente para comprender la relación entre lenguaje y emociones. Y mucho más.

 

Caso clínico

 

Los padres de Marta, que actualmente tiene 10 años y está en el cuarto curso de primaria, acuden al pediatra para que les oriente a causa de que en el colegio han decidido que deberá repetir curso, pues lleva un retraso en lectura y comprensión lectora, pero es muy competente en matemáticas y dibujo.

La exploración en la consulta no detecta ningún dato relevante, aunque se muestra muy tímida. Respecto a los antecedentes perinatales no hay nada destacable. Empezó a andar a los 15 meses y a los 4 años podía construir frases de dos palabras, aunque era difícil entenderla, pues no pronunciaba bien algunos sonidos. Sin embargo, fue progresando en el habla y a los cinco años pronunciaba correctamente.

La mamá nos cuenta que actualmente cada día hay jaleo en casa, pues siempre acaban enfadadas cuando Marta, por recomendación del colegio, debe leer en voz alta durante 20 minutos. Además, cuando le llega el turno de leer ante sus compañeros de clase, se pone a llorar. La mamá añade que es superdespistada y que, en muchas ocasiones, parece estar en la luna. Antes de salir de casa para ir al colegio, la mamá tiene que revisar la cartera, pues siempre se olvida de algo: la libreta, el chándal, el desayuno, la agenda.

Marta es muy sensible, se enfada por nada y llora con facilidad. Con frecuencia, tiene dolores de barriga por la mañana, excepto los fines de semana y durante los periodos vacacionales.

En la consulta, a instancias del pediatra, es capaz de nombrar de forma clara y correcta los días de la semana, los meses, las estaciones y los puntos cardinales, sin embargo, cuando el pediatra la pregunta sobre las vacaciones, Marta titubea al hablar, confunde los tiempos verbales y parece que la cuesta encontrar la palabra adecuada, aunque dice que la tiene en la punta de la lengua.

 

 

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