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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)
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PEDIATRÍA INTEGRAL Nº5 – JUL-AGO 2026

Prescribir películas para entender los defectos sensoriales desde la infancia

Terapia cinematográfica
en la infancia y adolescencia


J. González de Dios

Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital General Universitario de Alicante. Profesor del Departamento de Pediatría. Universidad Miguel Hernández. Alicante.
Autor del proyecto “Cine y Pediatría”

https://orcid.org/0000-0002-1061-4132

 

Pediatr Integral 2026; XXX (5): 362.e1 – 362.e12

 

Pediatría Integral inicia esta nueva sección para poner en relación la ciencia (pediátrica) con el arte (cinematográfico), y hacer del séptimo arte un instrumento más para cimentar la arteterapia en nuestro día a día. El objetivo, es prescribir películas de cine que todo pediatra pudiera ver para mejorar en ciencia y conciencia en nuestra práctica clínica habitual, tanto en temas médicos como sociales. Prescribir películas argumentales bajo la observación narrativa para extraer todas las emociones y reflexiones posibles. Para ser mejores médicos pediatras. Y, quizás, por qué no, para ser mejores personas.

 


Prescribir películas para entender los defectos sensoriales desde la infancia

https://doi.org/10.63149/j.pedint.165

 

El mundo sensorial y el valor de ver, oír y nombrar

El mundo sensorial es la base de nuestra relación con la realidad: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Y, siendo todos importantes, son los dos primeros los más relevantes, porque es a través de la vista y el oído desde donde construimos memoria, orientación, aprendizaje e identidad. Cuando uno de esos canales falta o se altera desde la infancia, no solo cambia la percepción del entorno, sino también la forma de vincularse con los demás y de entenderse a uno mismo.

La vista organiza gran parte de la experiencia humana: nos permite anticipar, reconocer rostros, leer gestos y situarnos en el espacio. El oído, por su parte, no solo capta sonidos; también abre la puerta al lenguaje oral, al ritmo de la conversación y a la música del habla. El lenguaje articula ambos mundos porque transforma sensaciones en significado compartido y hace posible que la experiencia individual se convierta en comunicación social.

Crecer con una discapacidad visual o auditiva no significa “vivir menos”, pero sí vivir de otro modo, con estrategias específicas de adaptación, con apoyos más necesarios y, muchas veces, con una mirada social que impone barreras antes que soluciones. La infancia con ceguera o sordera puede desarrollar una enorme riqueza perceptiva, pero esa riqueza depende mucho del entorno: accesibilidad, educación, tecnología, familia y reconocimiento social(1-5).

¿Cuáles son las causas principales de ceguera en la infancia?(1,5)

Las causas principales de ceguera en la infancia suelen agruparse en congénitas, perinatales, infecciosas, hereditarias y traumáticas. Entre las más importantes están las cataratas congénitas, el glaucoma congénito, las anomalías del nervio óptico o de la retina, la retinopatía del prematuro, las infecciones intrauterinas (como toxoplasmosis, rubéola o citomegalovirus) y las lesiones o traumatismos oculares; sin olvidar los errores de refracción importantes no corregidos tempranamente, que pueden favorecer la ambliopía con graves pérdidas de visión.

Conviene sospechar un problema visual si el niño no fija la mirada, desvía un ojo, se acerca mucho a los objetos, tropieza con frecuencia, tiene pupilas anormales o presenta un reflejo blanco en la pupila.

¿Cuáles son las causas principales de sordera en la infancia?(2,4)

Las causas principales de sordera (hipoacusia) en la infancia se dividen en congénitas (presentes desde el nacimiento) y adquiridas (que aparecen después). Las causas congénitas principales son genéticas (heredadas de familiares), las infecciones intrauterinas (como citomegalovirus, toxoplasmosis, rubéola o herpes, aunque la sordera también puede desarrollarse de forma diferida), ciertos síndromes genéticos (Waardenburg, Usher, Alport, Jervell y Lange-Nielsen, entre otros), la prematuridad y bajo peso al nacer o la asfixia perinatal. Las causas adquiridas principales son la otitis media aguda y seromucosa de repetición, infecciones (como meningitis, sarampión, parotiditis, varicela, herpes, VIH, tuberculosis…), traumatismos craneales (que afecten a las estructuras del oído), agentes ototóxicos (como antibióticos aminoglucósidos, furosemida; quimioterápicos como cisplatino; antiinflamatorios como aspirina o ibuprofeno), así como síndromes de sordera progresiva (como neurofibromatosis, osteopetrosis o enfermedades neurodegenerativas).

El diagnóstico precoz es crucial para evitar alteraciones en el desarrollo del lenguaje, que se establece principalmente durante los dos primeros años de vida. La hipoacusia puede ser de conducción (problema en el oído medio) o neurosensorial (daño en el oído interno o nervio auditivo). Y conviene sospechar hipoacusia si hay retraso en la adquisición del lenguaje, si no responde a sonidos, no voltea ante su nombre o no balbucea a la edad apropiada.

¿Cómo es crecer con defectos visuales y auditivos importantes?

La ceguera obliga a afinar el tacto, la memoria espacial, la escucha y la confianza en las referencias ajenas. La sordera, en cambio, suele empujar hacia el valor de lo visual, la lectura labial, la lengua de signos y la conciencia del cuerpo como instrumento expresivo. En ambos casos, la discapacidad no se reduce a una limitación biológica: se vuelve experiencia social cuando el mundo no está adaptado. La clave no es solo “compensar” una ausencia, sino ofrecer condiciones para que la persona pueda participar plenamente en la vida común.

Por eso, el problema principal no es la falta de un sentido, sino la transformación de esa diferencia en aislamiento. Cuando la escuela, la familia o la sociedad no comprenden estas realidades, aparecen la incomunicación, la dependencia innecesaria y el estigma. En cambio, cuando hay apoyos adecuados, la ceguera y la sordera dejan de ser una condena narrativa y se convierten en una forma distinta de habitar el mundo(1-5).

Los defectos sensoriales como tema o personaje de cine

Y por todo lo anterior, la ceguera y la sordera no son ajenas al cine. Bien, como temática o por ser un aspecto clave en algún personaje relevante de la trama.

Con la ceguera como eje temático, recordamos películas como: A ciegas (Ensaio sobre a Cegueira, Fernando Meirelles, 2008), adaptación de la novela homónima de José Saramago; Perfect Sense (David Mackenzie, 2011), donde una sociedad va perdiendo los sentidos de forma progresiva, incluida la vista; El color de la hierba (Il Colore dell’Erba, Juliane Biasi Hendel, 2016), historia de amistad y autonomía con la ceguera como condición de fondo; A ciegas (Bird Box, Susanne Bier, 2018), donde el miedo a mirar se convierte en mecanismo de supervivencia en un mundo devastado por una fuerza invisible, etc.

Pero también podemos citar películas con protagonistas ciegos, en films de muy distinto género, como Luces de la ciudad (City Lights, Charles Chaplin, 1931), Sola en la oscuridad (Wait Until Dark, Terence Young, 1967), Tommy (Ken Russell, 1975), Furia ciega (Blind Fury, Phillip Noyce, 1989), No me chilles, que no te veo (See No Evil, Hear No Evil, Arthur Hiller, 1989), Un perfume de mujer (Scent of a Woman, Martin Brest, 1992), Jennifer 8 (Bruce Robinson, 1992), A primera vista (At First Sight, Irwin Winkler, 1999), Bailando en la oscuridad (Dancer in the Dark, Lars von Trier, 2000), The Eye (Gin gwai / Jian gui, Oxide Pang, Danny Pang, 2002), Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003), Zatoichi (Takeshi Kitano, 2003), Ray (Taylor Hackford, 2004), La vida secreta de las palabras (Isabel Coixet, 2005), The Eye (Visiones) (The Eye, David Moreau, Xavier Palud, 2008), El libro de Eli (The Book of Eli, Albert Hughes, Allen Hughes, 2010), Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010), Imagine (Andrzej Jakimowski, 2012), No respires (Don’t Breathe, Fede Álvarez, 2016), Ciego (Blind, Michael Mailer, 2017), entre otras muchas.

Con la sordera como eje temático, recordamos películas como: Hijos de un dios menor (Children of a Lesser God, Randa Haines, 1986), uno de los grandes títulos sobre la comunidad sorda y la relación entre lenguaje oral y lengua de signos; Un lugar tranquilo (A Quiet Place, John Krasinski, 2018), donde la sordera de Regan y el uso de la lengua de signos son fundamentales para la supervivencia familiar; Sound of Metal (Darius Marder, 2019), que sigue a un baterista que pierde la audición y reconfigura su identidad a partir de esa experiencia, etc.

Pero también podemos citar películas con protagonistas sordos o sordomudos de muy distinto género, como Belinda (Jean Negulesco, 1948), El corazón es un cazador solitario (The Heart Is a Lonely Hunter, Robert Ellis Miller, 1968), Los amigos (Deaf Smith & Johnny Ears, Paolo Cavara, 1973), Deafula (Peter Wolf, 1975), Crazy Moon: Luna loca (Crazy Moon, Allan Eastman, 1987), Puente de silencio (Bridge to Silence, Karen Arthur, 1989), Dead Silence (Daniel Petrie Jr., 1997), Lee mis labios (Sur mes lèvres, Jacques Audiard, 2001), Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), Love in Another Language (Başka Dilde Aşk, İlksen Başarır, 2009), Silenced (Hwang Dong-hyuk, 2011), entre otras muchas.

Y hoy vamos a centrar nuestra atención en aquellas películas sobre ceguera y sordera (sordomudez) que tengan como protagonistas a la infancia y adolescencia. Historias con todos los sentidos puestos en esas vidas que crecen y se desarrollan alrededor de la ausencia de visión, audición y comunicación verbal. Vamos a prescribir películas sobre defectos sensoriales desde la etapa infantojuvenil que ya forman parte del proyecto Cine y Pediatría. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto. De cada película ofreceremos una breve ficha de la película y de nuestros protagonistas, destacaremos las emociones y reflexiones que podremos extraer, y enunciaremos algunas frases “de cine” para el recuerdo que se derivarían de “prescribir” ese film. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:

Mandy (Alexander Mackendrick, 1952)(6), para recordar que no solo son importantes los métodos para enseñar a hablar, sino el saber escuchar sus necesidades.

Habla, mudita (Manuel Gutiérrez Aragón, 1973)(7), para entender que la comunicación humana exige empatía, no solo palabras.

El camino de los sueños (Joan Soler, 2009)(8), para vislumbrar que es posible ver la vida con otra mirada y saber que lo esencial está oculto a los ojos.

La historia de Marie Heurtin (Marie Heurtin, Jean-Pierre Améris, 2014)(9), para recordar los cinco sentidos en la comunicación de las personas sordociegas.

La familia Bélier (La famille Bélier, Éric Lartigau, 2014)(10), para reconocer que lo que no escuches lo puedes sentir con el corazón.

Ava (Léa Mysius, 2017)(11), para intentar ganar la vida antes de que llegue la noche con la retinosis pigmentaria.

Sorda (Eva Libertad, 2025)(12), para vivir la experiencia de la maternidad y crianza entre una madre sorda y un padre oyente.

Siete películas argumentales para ver y oír la vida de esos niños, niñas y adolescentes que viven con defectos sensoriales, con especial foco en la vista y, sobre todo, en el oído.

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PRESCRIPCIÓN 1. Mandy (Alexander Mackendric, 1952)

Ficha técnica

Título: Mandy. Título original: Mandy.

Dirección: Alexander Mackendrick. País: Estados Unidos. Año: 1952.

Duración: 93 min. Género: Drama.

Reparto: Phyllis Calvert, Jack Hawkins, Terence Morgan, Mandy Miller y Godfrey Tearle.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Mandy (Mandy Miller) es una niña estadounidense a la que detectan sordera a los 2 años y a los 6 años se plantea el conflicto familiar de su educación.

Frases de cine

“Esta es Mandy, o mejor dicho, Amanda Jane Garland. Tiene dos años. Amanda en latín significa «merece ser amada». Merecido o no, lo cierto es que recibe mucho amor. Es nuestra única hija, así que Harry y yo nos dedicamos a soñar con que será una mujer de negocios, o una artista, o una simple ama de casa, como yo. Y nos preocupamos todo el rato por su salud y por si crece como es debido. Parece bastante inteligente…”.

“Tiene dos años y aún no dice una palabra”.

“Debe haber algo que podamos hacer”.

Síntesis argumental

El matrimonio Garland (Terence Morgan y Phyllis Calvert) vive feliz con su única hija, Mandy, hasta que un día, ya cumplidos los dos años, se dan cuenta de que la niña es sordomuda. Deciden instalarse en casa de los abuelos paternos para protegerla y que no sufra el contacto con otros niños en la escuela. Cuando la niña cumple seis años, su madre decide llevarla a una escuela especializada, lo que provoca un conflicto con su esposo y sus suegros. La madre apuesta por internarla en una escuela para niños y niñas sordomudos y por abrir a la pequeña al mundo; el padre y la familia paterna prefieren mantenerla “a salvo” dentro del hogar, aunque eso signifique aislarla. La polémica está servida en una familia burguesa dividida entre negación, sobreprotección y miedo al cambio.

El inicio de Mandy en la institución no es fácil y lo manifiesta con aislamiento, tristeza y ataques de ira. Y entonces deciden acogerla como externa, viviendo la madre cerca, quien ya se ha alejado de su marido. Se establece una relación especial con el director, Dick Searle (Jack Hawkins), que otros confunden… En esta institución se utiliza el método del oralismo; es decir, la enseñanza centrada en hablar y leer los labios, relegando la lengua de signos. Y, finalmente, nos aboca a un final que parece esperanzador, pero de lectura ambigua: la niña avanza, aunque el precio humano para su madre y para el equilibrio familiar es alto.

Emociones y reflexiones

Mandy es un melodrama de enorme delicadeza formal y gran dureza emocional: parte de la sordera infantil para hablar, en realidad, de incomunicación familiar, represión social y del precio humano de “proteger” a alguien sin escucharlo de verdad. Su fuerza no está tanto en el énfasis lacrimógeno como en la precisión con que observa a los personajes y en cómo convierte el silencio en experiencia dramática.

Mackendrick dirige con una sobriedad muy controlada, evitando la sentimentalidad fácil pese al material melodramático. El blanco y negro y el uso expresivo de sombras refuerzan la sensación de encierro doméstico y de emociones reprimidas. Especialmente importante es el trabajo con el sonido: la película recurre en momentos clave a la supresión o atenuación auditiva para aproximarse a la experiencia de Mandy, transformando el silencio en un recurso narrativo y sensorial. Y donde cabe destacar que la pequeña actriz Mandy Miller, no siendo sordomuda, hace una interpretación de gran solvencia, allí donde esa niña no es solo víctima de su sordera, sino también de la incapacidad adulta para asumir la realidad sin prejuicios ni miedo. Una historia que nos deja una serie de enseñanzas para reflexionar: que escuchar de verdad implica aceptar la diferencia, no forzarla a entrar en nuestras expectativas; que el amor puede volverse opresivo cuando se confunde con control; que la educación es un acto ético (no se trata solo de enseñar contenidos, sino de abrir posibilidades de vida); y que la familia puede ser refugio, pero también prisión cuando bloquea la autonomía.

Mandy nos recuerda que la discapacidad no reside solo en el cuerpo, sino también en la sociedad que no sabe adaptarse. Por eso, y pese a los años, sigue siendo una película muy valiosa: no solo emociona, sino que obliga a pensar cómo miramos la diferencia, cómo educamos y hasta qué punto el cariño puede llegar a dañar cuando se impone sin escucha. Mackendrick sugiere que el verdadero problema no es solo “hacer hablar” a la niña, sino aprender a escucharla de verdad.

Y desde el punto de vista docente, nos muestra una época en la que ese enfoque educativo del oralismo era discutido y aún no se había consolidado una visión más plural e inclusiva de la discapacidad. Por eso, Mandy tiene interés histórico y pedagógico, además de cinematográfico: porque en el siglo XVI un monje benedictino español, Pedro Ponce de León, comenzó con lo que sería el lenguaje de signos, pero fue desde el Congreso de Milán de 1880 cuando tomó fuerza el oralismo, es decir, el método educativo basado en forzar a las personas sordas a aprender a leer los labios y a emitir sonidos, suprimiendo el uso de las manos. Y es así como la polémica histórica entre el oralismo y la lengua de signos ha evolucionado hacia un consenso científico a favor del enfoque bilingüe: la lengua de signos como la primera lengua, que se aprende de forma natural y temprana a través de la vista, garantizando que el cerebro del menor desarrolle el pensamiento, la gramática y la estructura cognitiva sin retrasos; la lengua oral como la segunda línea, que se aprende de forma formal, apoyada en logopedia, restos auditivos e implantes, de forma que un niño con una base sólida en signos aprende a leer y escribir el idioma con mayor facilidad.

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PRESCRIPCIÓN 2. Habla, mudita (Manuel Gutiérrez Aragón, 1973)

Ficha técnica

Título: Habla, mudita. Título original: Habla, mudita.

Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón. País: España. Año: 1973.

Duración: 88 min.

Reparto: José Luis López Vázquez, Kiti Mánver, Francisco Algora, Marisa Porcel y Antonio Gamero.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: una pastora sordomuda adolescente (Kiti Mánver), sin nombre en la película, que vive en las montañas cántabras.

Frases de cine

“¡Ay mudita, mudita…!, ¡Pobre mudita!”.

“Poner nombre es poseer las cosas”.

“Habla mudita, habla…”.

Síntesis argumental

La historia sigue a don Ramiro (José Luis López Vázquez), escritor y hombre estudioso del lenguaje, quien, durante sus vacaciones en un parador de las montañas cántabras con su familia, se encuentra a una joven pastora sordomuda (Kiti Mánver), y ese encuentro lo conduce a una relación cargada de fascinación, desequilibrio y malentendidos, que afecta tanto a su familia como a la adolescente. Ella vive con su abuela, su madre y un hermano mayor también sordomudo en medio de las montañas. Y a partir de esta premisa aparentemente sencilla, la película va creciendo hacia un conflicto moral y social más complejo.

Y es así como el vínculo entre ambos personajes pone en juego cuestiones de poder, deseo, incomunicación, diferencia de clase y choque entre el mundo urbano y el rural. Unas relaciones interpersonales de Ramiro y la joven sordomuda que avanzan en doble plano, intelectivo y sensual. Uno y otro quedan envueltos en el más amplio empeño de conseguir la comunicación real y efectiva del adulto con la muchacha, como ya lo intentara Arthur Penn con Ana Sullivan (Anne Bancroft) en El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962)(13), Jean-Pierre Améris con la hermana Marguerite (Isabelle Carré) en La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améris, 2014), o François Truffaut con su doctor Itard (François Truffaut) en El pequeño salvaje (L’Enfant sauvage, François Truffaut, 1970)(14).

Por algunas similitudes con Habla, mudita, cabe destacar aquí la historia de El pequeño salvaje, película-documental que se inspira en la historia real de Víctor de Aveyron, niño de unos 12 años que, en 1790, fue encontrado en los bosques de Francia, donde aparentemente había pasado toda su niñez viviendo en soledad y entre animales. Los relatos del Dr. Jean Itard sirven de base para esta película que trata la importancia que tiene el proceso de socialización en el ser humano y que muestra el contraste entre la libertad y felicidad del ser humano en estado natural y la hipocresía y corrupción de la civilización (al mejor estilo rousseauniano). Y donde el muchacho, a quien puso el nombre de Víctor (Jean-Pierre Cargol), es enviado a una escuela para niños sordomudos en París, convencido de que su retraso se había limitado por el aislamiento y tan solo necesitaba que se le enseñaran las destrezas que los niños normalmente adquirían a través de la vida diaria. Itard llevó a Víctor a su casa y, durante los siguientes cinco años, gradualmente lo «domesticó». De hecho, Itard acabó convirtiéndose en un pionero de la educación especial, con especial énfasis en el problema pedagógico que plantean la educación y la enseñanza de sordomudos y ciegos.

Emociones y reflexiones

Uno de los temas más poderosos de este film es la incomunicación. El propio protagonista tiene en el lenguaje y la palabra su oficio, pero su relación con la joven muestra que saber hablar no siempre equivale a saber comprender. Otro eje importante es la relación entre poder y vulnerabilidad: la diferencia entre Ramiro y la muchacha no es solo lingüística, sino también social, afectiva y simbólica, allí donde se nos invita a mirar con cuidado cómo la fascinación puede convertirse en dominación cuando una persona intenta “explicar” o “corregir” a otra sin escucharla realmente.

La primera gran enseñanza es que la comunicación humana exige empatía, no solo palabras. Y la película deja muy claro que el contacto humano fracasa cuando una de las partes intenta definir a la otra desde su propia superioridad. La segunda reflexión es que el deseo de transformar al otro puede esconder una forma de egoísmo, porque Ramiro cree que está ayudando, formando o despertando a la joven, pero la historia muestra los límites éticos de esa actitud. La tercera enseñanza es social: el mundo rural que presenta la película está atravesado por jerarquías, silencios y violencias, pero también por una lógica colectiva que juzga y reacciona de forma implacable. Eso convierte la obra en un retrato duro de una comunidad cerrada, donde la incomprensión mutua termina generando tragedia.

Habla, mudita nos deja tres enseñanzas que son metáfora frente al franquismo que en aquel año 1973 estaba dando sus últimas bocanadas en la política de España: la metáfora de la incomunicación y la censura, donde la sociedad española actuaba como una “muda” forzada por el miedo o la represión; el choque entre el intelectual y el mundo real, un tema recurrente y crítico en el cine de la Transición; la manipulación y el adiestramiento, sugiriendo que el lenguaje se utiliza para someter a otros en lugar de para entenderse.

Si la miramos hoy, Habla, mudita sigue siendo valiosa precisamente por su incomodidad. No ofrece respuestas fáciles, pero sí una advertencia muy clara: comprender a alguien exige reconocer su alteridad, no reducirla a nuestras expectativas. Su gran mérito está precisamente en no ofrecer respuestas cerradas, sino en dejar al espectador ante una verdad difícil: el encuentro humano exige humildad, y la verdadera comunicación empieza cuando dejamos de hablar para empezar a escuchar. Al final, la película nos recuerda que el problema no es solo la falta de palabras, sino la dificultad de reconocer al otro sin convertirlo en una proyección de nosotros mismos.

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PRESCRIPCIÓN 3. El camino de los sueños (Joan Soler, 2009)

Ficha técnica

Título: El camino de los sueños. Título original: El camino de los sueños.

Dirección: Joan Soler. País: España. Año: 2009.

Duración: 84 min. Género: Documental.

Reparto: Alba de Toro y Núria Faure.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Alba y Núria son dos jóvenes catalanas de 20 años, invidentes desde el nacimiento.

Frases de cine

“Yo siempre me pregunto qué es lo que os lleva a ir a la India a ayudar”.

“Si tú pudieras verte en un espejo, en un retrato, te quedarías asombrada”.

“¿Pero vosotras sois conscientes del valor que tiene lo que estáis haciendo?… Os voy a hacer un monumento. Si nadie os hace un monumento, yo me encargo de ello… En fin, no sabéis la alegría que me dais”.

Síntesis argumental

El camino de los sueños es un documento cinematográfico que narra la historia real de Alba de Toro y Nuria Faure, dos jóvenes de 20 años invidentes desde el nacimiento, y que deciden pasar del lamento a la acción, de la discapacidad a la capacidad, y para ello viajan de Barcelona a Anantapur para ofrecer su apoyo a los niños y niñas ciegos que acoge el centro escolar de la Fundación Vicente Ferrer.

Alba tiene una ceguera total y siempre va acompañada de su perra Tory; Nuria solo mantiene una mínima visión por el ojo izquierdo. Ambas mantienen una lucha diaria contra las limitaciones que les impone su discapacidad para llevar una vida normal, para llevar una sonrisa en la boca y para sentirse útiles. Su espíritu de superación y su generosidad las impulsan a alcanzar constantemente nuevos objetivos y a dedicar tiempo y esfuerzo para ayudar a los demás. Y llevadas por su afán de explotar todas las posibilidades que la vida les ofrece, viajarán a la India, a la Fundación Vicente Ferrer, para colaborar en la educación de niños ciegos. Y allí el propio Vicente Ferrer, ya en los últimos meses de su vida (porque la película se estrenó el año de su fallecimiento), las recibe y agradece su colaboración.

Emociones y reflexiones

Puede que El camino de los sueños no sea una gran película desde el punto de vista cinematográfico, pero sí es un interesante documental sobre la generosidad y capacidad de superación que, obviamente, son un ejemplo para todos. Las experiencias que allí vivirán Alba y Núria marcarán el recorrido de un camino que conduce a la realización de sus sueños. Y de hecho, en algún momento del documental se nos narra que la Fundación Vicente Ferrer tiene alrededor de 50 centros educativos para sordos, ciegos y sordociegos, personas que tienen un enorme hándicap sensorial, pero que no se rinden y que mantienen la sonrisa. Y se nos narra bajo la impresión de algunas escenas para el recuerdo, como la de esos niños con distintos tipos de ceguera aprendiendo braille o la de esas madres bañando a sus recién nacidos en el regazo de las piernas. Y cabe reseñar que los beneficios generados en taquilla de esta película que correspondan a la productora fueron destinados a la construcción de una nueva escuela en Anantapur, a través de la Fundación Vicente Ferrer.

Por ello no es de extrañar que la película finalice con esta frase de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; “No se puede ver sino con el corazón. Lo esencial está oculto a los ojos”. No es de extrañar que nuestras jóvenes protagonistas, Alba y Nuria, quisieran viajar a Anantapur, pues allí se ve la vida con otra perspectiva; en ese estado de Andhra Pradesh con tres millones de personas a lo largo de más de 3.000 municipios, la mayor parte dalit (los intocables, la última casta). Una historia que transmite emociones de superación, empatía y esperanza, y deja una reflexión muy clara sobre la autonomía y la capacidad de ayudar a otros incluso cuando se vive con una discapacidad visual.

En conjunto, El camino de los sueños deja la sensación de que la verdadera fortaleza no consiste en no tener límites, sino en vivirlos con dignidad, creatividad y generosidad. Y lo más valioso de la película es que no presenta a sus protagonistas como heroínas idealizadas, sino como jóvenes reales que dudan, se esfuerzan y aprenden. Esa mirada hace que el mensaje no sea paternalista, sino profundamente humano, y que nos permite reflexionar sobre estos mensajes inspiradores: que la discapacidad no define por completo a la persona (y la ceguera no impide tener sueños, proyectos ni capacidad de servicio), que ayudar también transforma a quien ayuda, que la normalidad es una construcción flexible y que soñar es (y será) siempre un motor vital.

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PRESCRIPCIÓN 4. La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améris, 2014)

Ficha técnica

Título: La historia de Marie Heurtin. Título original: Marie Heurtin.

Dirección: Jean-Pierre Améris. País: Francia. Año: 2014.

Duración: 90 min. Género: Drama basado en hechos reales.

Reparto: Isabelle Carré, Ariana Rivoire, Brigitte Catillon, Gilles Treton y Laure Duthilleul.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Marie Heurtin (Ariana Rivoire), una adolescente francesa de 14 años sorda y ciega de nacimiento.

Frases de cine

“Hoy he conocido un alma. ¿Cómo conseguir hablar con ella, escucharla? Cómo es vivir en la oscuridad total y el silencio absoluto”.

“Y sí, mi misión es ocuparme de ella para que aprenda el mundo de los hombres y de Dios”.

“Me ha hecho descubrir otro mundo que no conocía. Un mundo vivo que palpita debajo de los dedos”.

Síntesis argumental

Basada en una emocionante e inspiradora historia real acaecida en la Francia del siglo XIX, tal como nos recuerda la película en sus inicios. Marie Heurtin, de 14 años de edad, es sorda y ciega de nacimiento y es incapaz de comunicarse. Sus padres acuden al Instituto Larnay, especializado en la educación de niñas sordomudas. A pesar del escepticismo general, la monja Marguerite acoge a esta “pequeña salvaje” bajo su protección, haciendo todo lo posible para educarla y sacarla de la oscuridad, en lo que constituye toda una gesta pedagógica.

Marie Heurtin era una de las hijas mayores de un matrimonio campesino de la Bretaña francesa. A ese matrimonio le nacieron 9 hijos, de los cuales únicamente dos niñas vinieron al mundo sin alguna discapacidad. El resto de los niños, cinco de los cuales murieron tempranamente, eran sordos o sordociegos. Marie nació en 1885 y hasta la adolescencia permaneció en la casa familiar, sin recibir ningún tipo de educación. Fue aceptada como alumna en la escuela de Notre Dame de Larnay, regentada por las Hermanas de la Sabiduría, cerca de la ciudad francesa de Poitiers. Esta orden tenía ya una tradición importante en la enseñanza de sordos en muchos otros países, y las de Larnay venían reuniendo además experiencias exitosas en la enseñanza de niñas sordociegas. La primera niña que parece haber sido educada en Larnay fue Marthe Obrecht y su preceptora fue la hermana Marguerite. Marie Heurtin se convirtió en 1895 en la segunda alumna de esa monja.

La formación básica de las niñas en la escuela de Larnay duraba unos 7 años. Una vez terminada esa formación, la mayoría de las niñas regresaba con sus familias, pero algunas permanecían internas de por vida en el convento: ese fue el caso de Marie Heurtin, quien desarrolló un profundo espíritu religioso y se convirtió luego en maestra de otras niñas sordociegas hasta su temprana muerte a los 36 años. Larnay se granjeó renombre internacional tras publicarse en 1904 “Une âme en prison”, de Louis Arnould, donde se describe gráficamente el método que empleó la hermana Marguerite para la educación de Marie Heurtin, vista como la versión francesa de la estadounidense Helen Keller, la protagonista de la icónica película El milagro de Ana Sullivan(13), aunque posiblemente en peor estado, pues Marie se comportaba como una niña salvaje, en la que era casi imposible predecir si podría aprender algo. Tras muchos meses de lucha y trabajo duro, la hermana Marguerite finalmente logró un primer paso al enseñarle el lenguaje de signos mediante el establecimiento de una relación entre un objeto y un signo para que Marie lo designase: un cuchillo de bolsillo por el que la joven mostraba gran apego. Aprendida la primera palabra, luego fue posible avanzar a grandes pasos gracias al tesón de la monja, quien siguió apegada al aprendizaje de Marie hasta el final de la corta vida de la hermana Marguerite, truncada por la tuberculosis. Marie nunca la olvidó y se esforzó en aprender braille, escribir a máquina, jugar al dominó, coser y adquirir cultura hasta llegar a ser una joven refinada. Su historia se considera un milagro (otro milagro, como el de Helen Keller).

Emociones y reflexiones

Jean-Pierre Améris estuvo fascinado por la historia de Helen Keller cuando vio de joven la película El milagro de Ana Sullivan y, al toparse con la menos conocida Marie Heurtin, decidió visitar el Instituto Larnay, que todavía opera en la actualidad, no ya como establecimiento religioso, aunque sigue como centro para niños sordomudos. Y, a partir de ahí, se crea un lazo entre Marie y la hermana Marguerite (Isabelle Carré) que en la película se convierte en un tour de force entre ambos personajes y ambas protagonistas: porque ambas están soberbias en sus papeles, pero la labor de interpretar a Marie es digna de mención, pues Ariana Rivoire no es una actriz profesional, sino una chica sorda de 20 años que fue seleccionada por el propio director por las similitudes con el personaje de la película, y fue todo un acierto, dotando a su personaje de gran fuerza y presencia.

Porque La historia de Marie Heurtin es una historia de educación mutua, un drama sobre la capacidad de comunicarse y de amar del ser humano. Una historia donde Marie tiene que salir de su estado de niña salvaje y aprenderlo todo, pero donde también Marguerite aprenderá a ver el mundo de una forma nueva, como nunca se había imaginado. Una preciosa indagación sobre el amor y, por medio de este, también sobre la fe y el sentido de la vida, narrada con tanta sensibilidad y sencillez que resulta inusualmente tierna, emotiva y profunda.

Y como ya hemos citado, por su parecido, cabe citar aquí también todo un icono en blanco y negro, que ya hemos citado previamente: El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962), una película mítica adaptada de una obra de teatro del escritor William Gibson y basada en hechos reales, donde se narra ese tour de force entre la profesora Ana Sullivan (Anne Bancroft) y su relación con la que fue su alumna sordociega, Helen Keller (Patty Duke), afecta posiblemente de un síndrome de Usher, y quien a partir de los 19 meses quedó sorda y ciega.

Cabe recordar que el método educativo de Ana Sullivan es peculiar a nuestros ojos. Su primer paso fue comunicarse con Helen, venciendo su agresividad con fuerza y paciencia; el siguiente paso fue enseñarle el alfabeto manual. Como resultado de todo este trabajo, Helen llegó a ser más civilizada y amable, pero el esfuerzo fue máximo, y aprendió a leer y escribir en braille, pero también aprendió a leer los labios de las personas tocándolos con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones. Se graduó con título de honor en el Radcliffe College en 1904 gracias a su gran poder de concentración. Allí escribió “The Story of My Life”, libro que tuvo un rápido éxito y que, gracias a él, le permitió ganar suficiente dinero para comprarse su propia casa y colaborar en la creación de la Fundación Americana para los Ciegos, con el objetivo de ofrecer servicios a otras personas ciegas. Helen Keller llegó a ser muy famosa, incluso con títulos de honor de diferentes universidades extranjeras. Esta película ya fue seleccionada y “prescrita” en el tema de esta serie de Terapia cinematográfica titulada “Prescribir películas para entender los trastornos del neurodesarrollo”(15).

Dos películas que nos hablan del milagro de la palabra, el milagro del lenguaje, y con mensajes comunes: el poder de la enseñanza (vocación, constancia y afecto frente a retos máximos), la empatía que transforma (pues no basta con “hacer hablar” o “enseñar signos”), la esperanza frente al escepticismo y la dignidad de la diferencia (combatiendo la idea de que la sordoceguera equivalga al aislamiento total o a una vida sin sentido).

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PRESCRIPCIÓN 5. La familia Bélier (Éric Lartigau, 2014)

Ficha técnica

Título: La familia Bélier. Título original: La famille Bélier.

Dirección: Éric Lartigau. País: Francia. Año: 2014.

Duración: 105 min. Género: Comedia dramática.

Reparto: Louane Emera, Karin Viard, François Damiens, Luca Gelberg y Éric Elmosnino.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Paula (Louane Emera) es una adolescente francesa de 16 años, la única oyente de su familia, con sus padres y hermano sordos.

Frases de cine

“Me llamo Paula Bélier… que significa carnero… Te cambio la familia”.

“Mis padres no son como los demás. Pero yo tampoco soy como los demás… Ser sordo no es un hándicap, es una identidad”.

“Cuando todo va mal y no queda ninguna esperanza, nos queda Michel Sardou. Michel Sardou es para la música francesa lo que Mozart para la música clásica: intemporal”.

Síntesis argumental

La familia Bélier está compuesta por cuatro miembros que viven en una granja en la campiña francesa, entre vacas y quesos. Todos los miembros de la familia son sordos, excepto Paula, quien hace de intérprete para sus padres, Rodolphe (François Damiens) y Gigi (Karin Viard), y su hermano Quentin (Luca Gelberg). Pero Paula, alentada por su profesor de música, el Sr. Thomasson (Éric Elmosino), que ha descubierto su talento para el canto, un buen día decide prepararse para la audición del Coro de Radio France, una elección que la obligará a distanciarse de su familia.

La película avanza desde ese conflicto central: Paula quiere crecer y elegir su propio camino, pero teme abandonar a unos padres que dependen de ella para comunicarse con el entorno. De ahí surge el tono afectivo de la obra, que mezcla humor, ternura y conflicto familiar. Curiosamente, en la película tan solo el hermano pequeño es sordomudo de verdad, pero los intérpretes llegan a dominar a la perfección el lenguaje de los signos.

El sentimiento verdadero de toda la familia, el humor que sabe destilar el director y la emotividad constante de la cinta sirven en bandeja una comedia que tiene de todo, pero, fundamentalmente, una gran belleza interna. Una película donde la música es intérprete y las canciones del gran Michel Sardou, cantante mítico francés de varias generaciones, son casi leitmotiv. Por todo ello, es una película que se recuerda bien y durante mucho tiempo.

Emociones y reflexiones

Una de las virtudes de La familia Bélier es que evita presentar a la familia como un caso de lástima. Al contrario, la convierte en un hogar lleno de humor, afecto y tensiones reales, donde la discapacidad auditiva no borra la personalidad de cada miembro. Esa perspectiva hace que la película funcione también como una reflexión sobre dependencia, autonomía y cuidado mutuo.

Y se convierte en una película donde lo que no se escucha, se siente con el corazón. Y nos deja un buen número de enseñanzas: 1) la discapacidad no elimina la plenitud familiar: la película muestra una familia sorda perfectamente funcional, con afectos, rutinas y sentido del humor propios;
2) la independencia personal puede convivir con el amor filial: Paula aprende que madurar no significa dejar de querer a su familia, sino definir su propia identidad sin dejar de pertenecer; 3) la comunicación no es solo verbal: se subraya la importancia de la lengua de signos, la interpretación y los gestos como formas legítimas de vínculo y comprensión; 4) el talento necesita oportunidad: el descubrimiento de la voz de Paula recuerda que muchas vocaciones surgen cuando alguien reconoce un don y lo impulsa; 5) la inclusión exige mirar desde la experiencia del otro y se nos invita a comprender la cultura sorda no como carencia, sino como una manera distinta de habitar el mundo.

Una historia así no tardaría en ver su remake estadounidense en la película CODA: Los sonidos del silencio (CODA, Sian Heder, 2021)(16), una versión inferior a la original, pero que, paradójicamente, consiguió el Óscar a mejor película ese año en los Premios de la Academia, premio este no exento de polémica, pues fuimos muchos los que pensamos que no fue la película de mejor calidad ese año. CODA es el acrónimo de Child of Deaf Adults, es decir, “hijo de padres sordos”, lo que ya delata el contenido de la película. Este término fue acuñado por la fundadora de la organización CODA, Millie Brother, donde se nos comunica que el 90 % de los hijos de adultos sordos pueden oír normalmente, por lo que son hijos que se mueven entre dos culturas, la de los sordos y la de los oyentes, y deben adaptarse a ambas, especialmente porque los padres sordos pueden llegar a depender de sus hijos hablantes. Y, en realidad, la historia de La familia Bélier se reproduce en CODA: Los sonidos del silencio, aunque cambiando lugar y nombres: la familia francesa de ganaderos en La familia Bélier pasa a ser una familia yanqui de pescadores; nuestra protagonista adolescente, la hija oyente, pasa de llamarse Paula (la cantante y actriz francesa Louane Emera) a llamarse Ruby (la actriz británica Emilia Jones); el papel de madre pasa de la actriz francesa Karin Viard a la icónica actriz sorda estadounidense Marlee Matlin, ganadora de un Óscar a mejor actriz por Hijos de un dios menor (Children of a Lesser God, Randa Haines, 1986); el hermano menor de Paula pasa a ser ahora el hermano mayor de Ruby; el peculiar profesor de música M. Thomasson se convierte en el peculiar profesor de música Bernardo Villalobos (Eugenio Derbez); y los hermosos temas musicales “Je vole” o “Je vais t´aimer” de Michel Sardou se intercambian por otros temas como el “You´re All I Need to Get By” de Marvin Gaye y Tammi Terrell o el “I’ve Got The Music In Me” de The Kiki Dee Band. Por tanto, aunque CODA: Los sonidos del silencio intenta ser un remake diferencial con estos cambios, la esencia es la misma respecto al mensaje (incluso con escenas que son casi un plagio), pero pierde toda la frescura de La familia Bélier.

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PRESCRIPCIÓN 6. Ava (Léa Mysius, 2017)

Ficha técnica

Título: Ava. Título original: Ava.

Dirección: Léa Mysius. País: Francia. Año: 2017.

Duración: 105 min. Género: Drama.

Reparto: Noée Abita, Laure Calamy, Juan Cano, Tamara Cano y Carmen Giménez.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Ava (Noée Abita), adolescente francesa de 13 años que está perdiendo la vista por la retinosis pigmentaria.

Frases de cine

“¿Te acuerdas cuando hablamos de la retinosis pigmentaria, de que tu vista iría disminuyendo y que no podrás ver por la noche, y que el círculo se cerrará? A veces ocurre muy temprano… Muy pronto no verás bien cuando haya poca luz. Por la noche o en la penumbra, por ejemplo. Y perderás la vista dentro de poco”.

“Mi madre es a menudo desdichada por tener a una hija como yo. La comprendo. Temo que me digan, cuando ya no sea consciente de mi cara: Te pareces a tu madre. Parece que Ava significa “yo deseo”. ¿Pero qué deseo?”.

“El círculo se está cerrando. Los animales acechan en la oscuridad. ¿Mis sueños también desaparecerán? Quiero reventarme los ojos para acabar con esto…”.

Síntesis argumental

Ava es un drama de iniciación y despertar sensorial centrado en esta adolescente de 13 años que descubre que perderá la vista antes de lo previsto, mientras intenta atravesar el final del verano, el vínculo conflictivo con su madre y un primer contacto intenso con el deseo y la libertad.

Ava pasa unas vacaciones en la costa con su madre, Maud (Laure Calamy), cuando recibe la noticia de que va a quedarse ciega mucho antes de lo esperado por la enfermedad que la acompaña: retinosis pigmentaria. Su madre decide fingir que nada ha cambiado para intentar vivir un verano feliz, pero Ava no acepta esa negación y empieza a enfrentarse al problema a su manera, con una mezcla de rebeldía, rabia y curiosidad. En ese proceso conoce a Juan (Juan Cano), un joven gitano, y a un gran perro negro, elementos que la arrastran fuera del entorno familiar y la introducen en una experiencia más libre, más instintiva y también más peligrosa. La historia termina convirtiéndose en un viaje de tránsito: de la infancia a una conciencia más dura de sí misma y de su cuerpo, lo que cambia su forma de estar en el mundo.

Emociones y reflexiones

Nuestra protagonista padece una retinosis pigmentaria, nombre que agrupa a un conjunto de enfermedades oculares crónicas de origen genético y carácter degenerativo, que se caracteriza por una degeneración progresiva de la retina, que poco a poco va perdiendo las principales células que la forman, los conos y los bastones. Se manifiesta como una disminución lenta pero progresiva de la agudeza visual que en las primeras etapas afecta predominantemente a la visión nocturna y al campo periférico, manteniéndose, sin embargo, la visión central (lo que se conoce como visión “en cañón de escopeta”). Una forma peculiar y grave es el síndrome de Usher, la principal causa de sordoceguera congénita, enfermedad que ya hemos indicado que quizás fuera la responsable de la enfermedad de dos de las protagonistas de películas ya comentadas: El milagro de Ana Sullivan y La historia de Marie Heurtin.

Pero Ava, más que una película sobre la ceguera, es una película sobre la formación de una subjetividad en crisis. Léa Mysius filma la adolescencia como un territorio de deseo, miedo y transformación, y convierte la pérdida de visión en una metáfora de otro aprendizaje: aprender a habitar el mundo cuando ya no puede verse igual. Y alrededor de esta enfermedad, casi leitmotiv, nos lleva por caminos visuales y narrativos cautivadores e inesperados. Y, en su particular caos, brotan algunos mensajes para el espectador, como que aceptar una pérdida no significa rendirse, que el cuerpo también piensa y ve (y el sol, el mar, la piel, la oscuridad y la música son parte de la experiencia emocional de Ava, como si el mundo sensorial sustituyera poco a poco a la vista) o que crecer implica asumir la ambigüedad (y de ahí ese viaje inquieto a la madurez, a ratos tierno y a ratos violento).

Una película que se acoge al simbolismo no para decorar, sino para expresar el conflicto interior de una chica que está perdiendo la vista y, al mismo tiempo, está empezando a ver quién es. La ceguera es el símbolo central de la película, pero no debe leerse solo como una discapacidad física, porque representa también la pérdida de la infancia, la ruptura de la seguridad y la entrada en una etapa de incertidumbre donde ya no sirven las mismas formas de orientarse en el mundo; porque Ava no solo teme dejar de ver, teme también perder el control sobre su vida y sobre el vínculo con su madre. Otros símbolos son el mar (funciona como imagen del cambio, porque nunca está quieto y obliga a Ava a enfrentarse a algo que no puede dominar), la luz y el sol (donde ambos dejan de ser solo algo positivo y se convierten en una presencia que deslumbra, expone y a veces amenaza), el perro negro (que puede interpretarse como figura de libertad no domesticada, pero también como una especie de guía hacia una zona más oscura y más libre de su propia subjetividad), Juan (y esa forma distinta de estar en el mundo), la madre (que representa el amor protector, pero también la negación del dolor, porque su decisión de actuar como si nada estuviera ocurriendo simboliza una forma de cuidado que intenta preservar la felicidad, pero que al mismo tiempo oculta la verdad) y la noche (ese tiempo simbólico en el que la protagonista deja de ser solo una niña y empieza a ensayar otra identidad).

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PRESCRIPCIÓN 7. Sorda (Eva Libertad, 2025

Ficha técnica

Título: Sorda. Título original: Sorda.

Dirección: Eva Libertad. País: España. Año: 2025.

Duración: 99 min. Género: Drama.

Reparto: Miriam Garlo, Álvaro Cervantes, Elena Irureta, Joaquín Notario y Agustín Otón.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: La joven sorda Ángela (Miriam Garlo) y su pareja oyente, Héctor (Álvaro Cervantes), enfrentados a la llegada de su primera hija en común.

Frases de cine

“Bueno, la prueba no es concluyente. No nos dice si la niña oye o no… A veces, queda líquido amniótico, líquido del vientre de la madre, en los conductos del oído y el aparato no detecta bien… Tenemos que hacer otra prueba en un par de meses”.

“Todavía no sabemos si es sorda u oyente. Pero si es sorda, no podrá ir ahí, tendrá que ir a la asociación… Mejor esperamos a ver qué pasa”.

“¿Sabes lo que te pasa? Que tú quieres una pareja sorda y una hija sorda. Pero me has elegido a mí y yo soy oyente. Y tu hija es oyente. Y el mundo es oyente”.

Síntesis argumental

Sorda es una nueva ópera prima de esa gran escuela de directoras de cine en nuestro país y que procede de un corto homónimo de éxito de la propia Eva Libertad. Y cabe referir que la actriz principal, Miriam Garlo, es una actriz sorda y hermana de la directora, lo que añade credibilidad a este retrato tierno y realista de cómo una mujer sorda y su pareja oyente se enfrentan al nacimiento de su primera hija en una sociedad hecha por y para los que oyen.

La película comienza sin sonido, todo un guiño que se repetirá de forma más contundente al final de la historia. Vamos conociendo a Ángela, de quien sabemos que nació oyente, pero se quedó sorda años después (y también son sordos en su familia la abuela paterna y una tía); trabaja como alfarera en una fábrica y le gusta reunirse con sus amigos sordomudos para festejar (y ahora celebran su embarazo). Cuando acude a la revisión ginecológica, le informan de que hay probabilidad de que su descendencia sea sorda y esa preocupación se extiende a toda la familia (quizás más en el padre y abuelos maternos, todos oyentes). En la espera, Ángela observa con pesar cómo los hijos oyentes de sus amigas sordas se avergüenzan de que sus madres sigan signando.

Durante el embarazo, empiezan a aflorar dudas muy profundas en ella: si la niña oirá o no, cómo se comunicará con ella y si la pareja será capaz de sostener la crianza sin que la diferencia entre ambos se convierta en una grieta. Tras el parto, la película muestra cómo la llegada del bebé intensifica la crisis emocional y obliga a Ángela a enfrentarse a un mundo que no está hecho a su medida.

Emociones y reflexiones

Con Sorda somos partícipes de esa maternidad/paternidad y crianza entre lo sonoro y el silencio, entre la palabra y la signación… donde Ángela no se siente a gusto. Y que finaliza con unos 15 minutos finales sin sonido o con el ruido distorsionado que le proporcionan los audífonos. Y el sonido reaparece con los títulos de crédito finales y la canción “Neskaren Kanta” de Verde Prato, nombre artístico de la artista multidisciplinar Ana Arsuaga. Y con esa canción analizamos las muchas emociones y reflexiones que nos ha dejado esta historia: la “violencia social” que experimentan las personas sordas ante las barreras de comunicación; la exploración de la maternidad desde una perspectiva única y no normativa, donde Ángela debe afirmarse como madre y mujer en sus propios términos; la representación inclusiva y no ejemplarizante, porque Ángela no es una heroína perfecta ni una víctima, sino un personaje complejo con sus virtudes y defectos; y ese juego entre el sonido y el silencio para sumergir al espectador en la experiencia sensorial de la protagonista.

La maternidad desde el silencio con la honestidad de Sorda, gracias a dos hermanas: Eva Libertad, la directora oyente, y Miriam Garlo, la actriz con hipoacusia grave. Su fuerza está en mostrar que la maternidad, la pareja y la discapacidad no son temas separados, sino dimensiones entrelazadas de una misma experiencia humana.

Colofón a las películas para entender los defectos sensoriales desde la infancia

La ceguera, la sordera y el resto de alteraciones sensoriales no deben ser interpretadas únicamente desde una perspectiva deficitaria o restrictiva, sino como condiciones que interpelan de manera profunda a la medicina, la educación, la ética y la organización social. Más que definir a la persona por lo que pierde, conviene reconocer la complejidad de su experiencia, la riqueza de sus estrategias de adaptación y la necesidad de construir entornos accesibles que garanticen su plena participación en la vida colectiva.

Desde esta perspectiva, la discapacidad sensorial obliga a desplazar la mirada desde el límite individual hacia la responsabilidad compartida. La dificultad no reside solo en la alteración biológica, sino también en las barreras físicas, comunicativas, tecnológicas y culturales que la sociedad impone. Por ello, el verdadero reto no consiste en “normalizar” a la persona, sino en transformar el contexto para que la diferencia no se convierta en exclusión. La accesibilidad, la inclusión educativa, la comunicación efectiva y el respeto a la autonomía deben entenderse como principios básicos de justicia, no como concesiones asistenciales.

Asimismo, estas situaciones recuerdan que la percepción humana es plural y que el conocimiento del mundo no depende exclusivamente de un sentido concreto. La experiencia táctil, auditiva, visual o kinestésica configura modos diversos de relación con la realidad, todos ellos válidos y potencialmente fecundos. En consecuencia, hablar de ceguera o sordera exige evitar simplificaciones y estereotipos, y asumir una visión más amplia, en la que la persona no queda reducida a su diagnóstico, sino reconocida en su totalidad biográfica, afectiva y social. Y, como hemos visto, en las películas “prescritas” hasta ahora, este es un tema poliédrico.

Porque el cine ha abordado los déficits sensoriales no solo como condición médica, sino como una forma de explorar la percepción, la identidad y la relación entre el individuo y el mundo. Y a las películas ya comentadas cabe enunciar otros títulos más y desde muchas filmografías:

Mi querido Frankie (Dear Frankie, Shona Auerbach, 2004). Reino Unido. La historia de Lizzie (Emily Mortimer), una madre soltera que huye constantemente para proteger a su hijo sordo de 9 años, Frankie (Jack McElhone), y evitar contarle la verdad sobre su padre maltratador, por lo que se inventa que es un marinero que recorre el mundo y que le envía cartas (inventadas por la propia madre).

Black (Sanjay Leela Bhansali, 2005). India. Viene a ser una versión en clave masculina e india de El milagro de Ana Sullivan, en donde la joven Michelle McNally (Ayesha Kapur) es una chica sorda e invidente, completamente salvaje, y cuyo aprendizaje para comunicarse es asignado a un profesor retirado, el señor Debraj (Amitabh Bachchan), situación que resulta compleja.

Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013)(17). Argentina. Película documental que muestra la experiencia de Alejandra, fundadora y docente de una escuela de sordos en una pequeña ciudad del interior de Argentina, pero que se ha constituido en mucho más que una maestra. Una escuela donde atiende a unos 30 alumnos de diferentes edades (niños, adolescentes y jóvenes, los más pequeños entre 8 y 12 años), aunque cada día acude una decena, los que pueden, y allí les enseña a leer, a escribir y a expresarse a través de la lengua de señas argentina (LSA), diferente al “español señado”.

La sonrisa verdadera (Juan Rayos, 2015)(18). España. Película documental sobre la historia de Sergio Aznárez Rosado, quien nació ciego por una microftalmía grave y que, cuando quiso sentir y reconocer su entorno, el autismo se lo hizo todavía más difícil. Un viaje en bicicleta en tándem con su hermano desde Cuenca a Marruecos, y que es un viaje a la mirada vacía de un autista ciego que nos enseña así su mundo, tan verdadero y mágico como el desierto al que se dirigen.

Una voz silenciosa (A Silent Voice, Naoko Yamada, 2016). Japón. Película de animación cuyo núcleo dramático es la experiencia de Shōko Nishimiya, una estudiante de primaria que es sorda y que, al cambiarse de colegio, comienza a sufrir el bullying de sus nuevos compañeros.

Listen (Ana Rocha, 2020)(19). Portugal. Drama inspirado en hechos reales, la historia de Bela (Lúcia Moniz) y Jota (Rubén García), un matrimonio portugués con tres hijos que vive en condiciones precarias en los alrededores de Londres mientras intenta demostrar que su situación familiar es injustamente interpretada por las instituciones y lucha por proteger a su hija sorda de 6 años, Lucía, ante la sospecha de los servicios sociales de que existe maltrato.

Porque en películas sobre ceguera, sordera o sordoceguera, la limitación sensorial deja de ser un simple dato biográfico para convertirse en un recurso narrativo y simbólico que obliga al espectador a reconsiderar qué significa “ver”, “oír” o “comprender”.

 

Bibliografía

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