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M.L. Martínez Martínez, M.E. Gómez Sánchez![]()
Servicio de Dermatología. Complejo Hospitalario Universitario de Albacete
| Resumen
En este artículo se pretende realizar una actualización sobre las dermatosis eccematosas, centrándonos en la más frecuente, la dermatitis atópica (DA). También se describen otras enfermedades eccematosas, como la dermatitis de contacto, tanto alérgica como irritativa. El término eccema engloba enfermedades con una clínica variada, en forma de eritema, edema, vesículas, descamación, hiperqueratosis, fisuración, excoriación y liquenificación, con un patrón histológico común con espongiosis en la epidermis. El diagnóstico de estas enfermedades es principalmente clínico. En el caso de la DA, no existen biomarcadores establecidos, por lo que se han definido a lo largo de la historia diferentes clasificaciones y criterios diagnósticos. El tratamiento de elección son los corticoides tópicos de mediana alta potencia o inhibidores de la calcineurina en localizaciones sensibles, como la cara y flexuras. En el caso de la DA, se requiere un tratamiento proactivo diario en el momento del brote y un tratamiento de mantenimiento dos o tres veces a la semana para espaciar las recurrencias. Las dermatosis eccematosas son patologías muy frecuentes en las consultas diarias en Atención Primaria (AP), que pueden suponer un deterioro importante en la calidad de vida del paciente. Es importante por parte del pediatra conocerlas y diagnosticarlas de manera precoz para un manejo adecuado. |
| Abstract
This article aims to provide an update on eczematous dermatoses, focusing on the most common, atopic dermatitis (AD). Other eczematous diseases, such as contact dermatitis (both allergic and irritant), are also described. The term eczema encompasses diseases with varied clinical manifestations, including erythema, edema, vesicles, scaling, hyperkeratosis, fissuring, excoriation, and lichenification, with a common histological pattern of spongiosis in the epidermis. Diagnosis of these diseases is primarily clinical. In the case of AD, there are no established biomarkers, which has led to the development of various classifications and diagnostic criteria throughout history. The treatment of choice is medium- to high-potency topical corticosteroids or calcineurin inhibitors applied to sensitive areas such as the face and skin flexures. AD requires proactive daily treatment during flare-ups and maintenance treatment two to three times a week to reduce the frequency of recurrences. Eczematous dermatoses are very common conditions seen in daily primary care consultations, and they can significantly impair the patient’s quality of life. It is important for pediatricians to be familiar with them and diagnose them early for appropriate management. |
Palabras clave: Eccema; Dermatitis; Atopia.
Key words: Eczema; Dermatitis; Atopy.
Pediatr Integral 2026; XXX (3): 152 – 161
• Comprender la fisiopatología de la dermatitis atópica (DA).
• Identificar la clínica de las principales dermatosis eccematosas, sobre todo los estigmas de atopia y sus fases.
• Conocer las comorbilidades que se pueden desarrollar en pacientes con DA e identificarlas precozmente para su abordaje.
• Aprender el manejo de los brotes de la DA y el tratamiento de mantenimiento y conocer los tratamientos sistémicos emergentes en DA.
• Valorar la necesidad de plantear diagnósticos diferenciales ante dermatitis refractarias a tratamiento.
• Plantear la necesidad de pruebas epicutáneas ante la sospecha de dermatitis alérgica de contacto.
Dermatitis atópica y otras erupciones eccematosas
https://doi.org/10.63149/j.pedint.131
Introducción
Las dermatosis eccematosas suponen una de las consultas más frecuentes en las consultas de Dermatología. La palabra eccema viene del griego “ekzein”, que significa “hervir”. Es un término clínico que describe un patrón de inflamación cutánea variado, donde predominará el edema, el eritema y la vesiculación en los eccemas agudos, mientras que en los eccemas crónicos predominará la fisuración, liquenificación y excoriación. En ambas fases siempre habrá prurito. A nivel histológico, lo característico es encontrar espongiosis (edema intercelular en la epidermis), además de infiltrado inflamatorio en la dermis superficial, junto con acantosis, papilomatosis e hiperqueratosis, que son hallazgos más característicos de las fases crónicas.
Es frecuente utilizar los términos eccema y dermatitis como sinónimos, ya que comparten características clínicas y, en ocasiones, histológica; sin embargo, el término dermatitis es un concepto más amplio, que hace referencia a diversos procesos inflamatorios de la piel que no necesariamente tienen relación con el eccema(1,2).
Se han descrito diferentes clasificaciones de las dermatosis eccematosas, muchas veces controvertidas, basándose en su origen, localización, clínica e incluso en la edad en la que aparecen con mayor frecuencia. A nivel más didáctico, se dividen en eccemas exógenos y en endógenos, según haya factores externos o no en su desarrollo (Tabla I)(3).
En esta revisión nos centraremos en la dermatitis atópica por ser la más frecuente, pero también describiremos otras, como la dermatitis de contacto irritativa y su forma de expresión frecuente en lactantes en forma de dermatitis del pañal, así como la dermatitis de contacto alérgica, con un aumento de su prevalencia en los últimos años entre la población infantil.
Dermatitis atópica
La dermatitis atópica (DA) es una de las enfermedades eccematosas más frecuentes en la infancia. Puede llegar a suponer un gran impacto en la calidad de vida de los niños y de sus padres, por lo que requiere un abordaje precoz que también evite sus comorbilidades, como rinitis, asma, alergias y trastornos del comportamiento.
Epidemiología
La DA es una de las dermatosis inflamatorias más frecuentes en todo el mundo. Su incidencia se ha incrementado, sobre todo en los países industrializados.
La DA suele comenzar en la primera infancia y, aunque hasta en un 75 %(4,5) de los pacientes se resuelve en la adolescencia, puede persistir hasta la edad adulta, describiéndose además recientemente una DA de aparición tardía (en más de 60 años)(6). Se estima una prevalencia de 15-25 % en niños y en 3-7 % de los adultos(7), siendo esta muy variable según las diferentes regiones del mundo, basándose en factores ambientales y epigenéticos(4).
Fisiopatología
En el desarrollo de la DA intervienen una combinación de factores genéticos, alteración de la barrera cutánea, la disregulación de la respuesta inflamatoria, el microbioma cutáneo y de factores ambientales.
Factores genéticos y alteración de la barrera cutánea
Se ha descrito un fuerte componente genético en el desarrollo de la DA, basándose en la mayor frecuencia de aparición de la misma en niños cuyos padres presentaban algún tipo de comorbilidad atópica(8). Por otro lado, las mutaciones en filagrina (una proteína agregante de filamentos de queratina) y en otras proteínas de la envoltura cornificada, como la loricrina o involucrina, provocan alteración en la barrera epidérmica, favoreciendo la pérdida transepidérmica de agua y alteraciones en el pH(4). Las mutaciones en la filagrina se describen, sobre todo, en europeos y asiáticos (20-50 %), y asocia gravedad, además de hiperlinealidad palmar, aparición precoz, mayor persistencia, mayor asociación a alergias y mayor riesgo de infecciones asociadas, como el eccema herpeticum(5).
Se han descrito dos hipótesis, basándose en el desarrollo de la DA. Una es la teoría “outside in”, en la que se asume un defecto primario de la barrera epidérmica que provoca la penetración de alérgenos y esto, a su vez, la activación del sistema inmune. La teoría “inside out” postula que primero existiría una disregulación del sistema inmune que provocaría la inflamación cutánea con una alteración secundaria de la barrera epidérmica y la consiguiente disbiosis del microbioma y la penetración de alérgenos(7).
Disregulación del sistema inmune
Desde hace décadas, se conoce que los pacientes con DA tienen niveles más altos de IgE, IL4 e IL13(5). Los recientes estudios demuestran que el desarrollo de la DA se caracteriza por un predominio de activación de la respuesta Th2 en fase aguda, con una posterior evolución a respuesta Th1 en la fase crónica(4,9). En niños se describe una fuerte activación de la vía, tanto Th2 como Th1, esta última mayor que en adultos, reflejando una respuesta más parecida a la psoriasis que a la DA en adultos, pudiendo tener implicaciones a la hora de elegir el tratamiento en los pacientes según la edad(10). Estas diferencias en la respuesta también varían según la etnia, ya que en pacientes asiáticos existe también un incremento de la respuesta Th1(4).
Microbioma
Es conocido que el microbioma cutáneo tiene un papel importante en el desarrollo de la DA. La inflamación Th2 promueve la colonización cutánea por Staphylococcus aureus. Las infecciones por S. aureus están favorecidas por la inhibición de la producción de los péptidos antimicrobianos por las IL4 e IL13, exacerbando la inflamación y defectos de la barrera cutánea(10).
Factores medioambientales
Otros factores, como los socioeconómicos o ambientales, también influyen en el desarrollo de la DA. Estos factores se refieren al “exposoma”, que incluye la polución, condiciones climáticas, vivienda rural vs. urbana, estilo de vida, acceso a servicios médicos, etc. Se ha descrito la “teoría de la higiene”, que postula que una menor exposición microbiana y más tardía en la infancia favorece una desviación Th2 de la respuesta inmune y el desarrollo de atopia(7).
Clínica
La clínica de la DA se puede clasificar en fase del lactante, infantil y adolescente/adulto. En cada estadio pueden presentarse lesiones eccematosas agudas, subagudas y crónicas, todas ellas con prurito intenso.
En niños menores de dos años (fase lactante), predominan las lesiones en fase aguda, caracterizadas por placas eritematosas, edematosas, vesiculosas y exudativas asociadas a costras serosas. Se distribuyen, sobre todo, en cara (respetando la zona central), cuello, zonas de extensión de extremidades y tronco. En la fase infantil (2 a 12 años), predomina el eccema subagudo, con eritema, descamación, xerosis y menor frecuencia de lesiones exudativas, apareciendo la liquenificación. Las zonas típicas en esta fase son la fosa antecubital y poplítea (pliegues de flexión), además de pies, cuello, párpados y manos (Figs. 1 y 2). En la fase adolescente/adulta (>12 años), las lesiones también aparecen en flexuras, cara, cuello y dorso de manos y pies, y son eccematosas subagudas y ya cronificadas con liquenificación, engrosamiento de los pliegues y poco o nada de eritema(4,11).
Figura 1. Fase infantil de la dermatitis atópica. Región flexural. En cervical anterior se aprecia engrosamiento de los pliegues, eritema y costra (eccema subagudo); en región cervical posterior, descamación y discreto eritema.
Figura 2. Fase adolescente/adulta de la dermatitis atópica. Eccema crónico en flexuras antecubitales con liquenificación, excoriaciones y costras. Se aprecian también placas eritematodescamativas de eccema subagudo en escote y cuello, además de hipopigmentación postinflamatoria en brazos.
Existe un último estadio, llamado DA senil o de avanzada aparición, en personas de más de 60 años de edad, caracterizado por xerosis intensa(6,11). Se describen otras variantes de DA que son muy frecuentes en la infancia, como el eccema numular, que son placas exudativas y costrosas en forma de moneda que suelen aparecer en los miembros inferiores (Fig. 3).
Figura 3. Eccemas numulares: placas descamativas redondeadas con formación de costra.
La dermatosis plantar juvenil, con eritema brillante junto con descamación y grietas. La dermatitis friccional liquenoide, con pápulas de color piel o rosadas, planas, pequeñas y numerosas en los codos, rodillas y dorso de manos. El eccema dishidrótico en forma de pequeñas pápulo-vesículas muy pruriginosas en cara lateral y dorso de los dedos de manos y pies. El prurigo estrófulo o urticaria papulosa es una reacción exagerada a las picaduras de artrópodos, con presencia de lesiones ampollosas y lesiones tipo prurigo. La queilitis descamativa o atópica, afectando al borde del bermellón y piel circundante, sobre todo por el estímulo repetido de mojarse los labios. Por último, el eccema del área de pezón, que es típico de los adolescentes con DA(11-12).
Existen además unos “estigmas de la atopia” que frecuentemente aparecen en los niños con DA, aunque no son exclusivos de esta enfermedad. Son: xerosis, queratosis pilar, hiperlinealidad palmar y plantar, líneas de Dennie-Morgan (doble pliegue infraorbitario), oscurecimiento periorbitario, pitiriasis alba, palidez centrofacial, pliegues cervicales anteriores y signo de Hertoghe (adelgazamiento lateral de las cejas)(11).
Asociaciones frecuentes
La DA asocia con frecuencia otras comorbilidades atópicas (rinoconjuntivitis, asma, alergia alimentaria y esofagitis eosinofílica), que van apareciendo de forma secuencial en lo que se llama la “marcha atópica”, y otras comorbilidades no atópicas, como las alteraciones en la conducta y trastornos del sueño. Todo ello incrementa aún más el impacto en la calidad de vida de los pacientes.
Predomina la asociación con otras enfermedades alérgicas o las llamadas comorbilidades Th2, con una secuencia característica de aparición en función de la edad en lo que se ha denominado la “marcha atópica”. La DA suele ser la primera enfermedad atópica, seguida de la alergia alimentaria. Poco después o de manera simultánea, asma y rinitis alérgica en la edad escolar y, por último, la esofagitis eosinofílica, que ha sido el último eslabón unido a este espectro(5,10).
Por otro lado, numerosos estudios han demostrado una asociación significativa entre DA y trastornos del comportamiento, incluida la depresión y ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), alteración del sueño y retraso en el crecimiento.
También es frecuente la asociación con otras enfermedades autoinmunes como: vitíligo, alopecia areata, urticaria crónica y dermatitis herpetiforme(5).
Criterios diagnósticos/escalas de gravedad
No existen biomarcadores bien establecidos para el diagnóstico de la DA, por lo que su diagnóstico se hace basándose en la clínica. A lo largo de la historia, se han propuesto diferentes clasificaciones; se describen dos de ellas.
La primera clasificación de DA propuesta fue por Hanifin y Rajka en 1980, lo que ayudó a unificar el concepto clínico de DA. En ella, debían cumplirse tres o más criterios mayores y tres o más criterios menores (Tabla II).
En 2003, la Academia Americana de Dermatología (AAD) publica una clasificación que destaca por su simplicidad y aplicabilidad a todas las edades (Tabla III).
En ella, se describen unas características esenciales que deben estar siempre presentes, unas características importantes que se ven en la mayoría de los casos, apoyando el diagnóstico, unas características asociadas que apoyan el diagnóstico, pero son muy inespecíficas, y las condiciones excluyentes(13).
Las escalas que con mayor frecuencia se usan para medir gravedad de la DA son Eczema Area and Severity Index (EASI), Severity Scoring for Atopic Dermatitis (SCORAD) e Investigator’s Global Assessment (IGA). Estas escalas se utilizan en estudios clínicos y para medir la respuesta al tratamiento con fármacos biológicos(5,7).
Diagnóstico diferencial
Existe un amplio diagnóstico diferencial de la DA, entre ellas, infecciones, otras dermatosis crónicas, neoplasias e inmunodeficiencias, las cuales se enumeran en la tabla IV.
Criterios de derivación
Desde Atención Primaria (AP), el pediatra debe ser capaz de identificar aquellos casos de DA moderada-grave que requieren tratamiento y derivación precoz.
Se han propuesto los siguientes criterios de derivación: dudas diagnósticas, DA recurrente, eccema persistente o recurrente en la misma localización a pesar del tratamiento correcto durante, al menos, 2 meses, y eccema moderado o grave con extensión superior al 30 % y que requiera tratamiento sistémico(13).
Es importante en cada consulta preguntar sobre signos o síntomas de comorbilidades atópicas y no atópicas comentadas anteriormente, que pueden presentarse en cualquier momento de la evolución y derivar, si es preciso, al correspondiente especialista.
Evolución, complicaciones y pronóstico
La DA es una enfermedad inflamatoria crónica que cursa con brotes y remisiones que pueden durar toda la vida. Suele comenzar en la primera infancia y no existen biomarcadores clínicos establecidos que vaticinen la evolución en cada paciente.
Los factores de riesgo asociados a la persistencia de la DA en la edad adulta son el sexo femenino, la DA de aparición después de los dos años de vida y la enfermedad grave y recurrente(5). Tras los brotes, puede quedar hiper o hipopigmentación postinflamatoria durante varias semanas en las localizaciones afectas. Como principales complicaciones, se describen las infecciones víricas, con mayor extensión y aparición de las lesiones en las zonas previamente afectadas por su dermatitis (eczema herpeticum, eczema moluscatum y eczema coxsackium) y las sobreinfecciones bacterianas (S. aureus y Streptococcus pyogenes), en forma de impétigo contagioso e impétigo ampolloso(2,11).
Tratamiento
El tratamiento de la DA lo podemos dividir en medidas de prevención, tratamientos tópicos y tratamientos sistémicos. Es muy importante el tratamiento adecuado en cada brote para prevenir las recurrencias.
Medidas no farmacológicas y prevención
El tratamiento precoz de la DA y la evitación de alérgenos pueden frenar el desarrollo del resto de comorbilidades atópicas, pero el nivel de evidencia es aún bajo. El uso de emolientes para mejorar y restaurar la función de la barrera cutánea supone la intervención con más evidencia, sobre todo en pacientes con alto riesgo de desarrollo de DA, pese a que algunos estudios reflejan que, a pesar del uso diario de emolientes en recién nacidos, puede que no se evite el desarrollo de DA(7).
En los programas educacionales para la educación terapéutica, el objetivo es ayudar al paciente y a sus padres a adquirir los recursos necesarios para gestionar de manera óptima su vida con una enfermedad crónica como la DA, y han demostrado beneficio en la calidad de vida del paciente, en la adherencia al tratamiento y en evitar la corticofobia(14).
Tratamientos tópicos clásicos y emergentes
El tratamiento de elección en los brotes son los corticoesteroides tópicos de mediana-alta potencia, aplicados una o dos veces al día como tratamiento reactivo antiinflamatorio y, de manera intermitente, dos veces en semana como tratamiento proactivo de la inflamación subclínica, lo cual previene las recurrencias. Los inhibidores de la calcineurina (tacrólimus y pimecrólimus) se usan en brotes en áreas sensibles, como la cara, el área genital y flexuras, pudiendo ser utilizados también de manera intermitente para espaciar las recurrencias.
Recientemente, se han aprobado, por la FDA, dos nuevos fármacos tópicos como ahorradores de corticoides: crisaborole, un inhibidor de la fosfodiesterasa 4 para DA moderada grave a partir de los 3 años; y ruxolitinib, un inhibidor JAK 1-2 para niños a partir de los 12 años(7).
Fototerapia (radiación de UVB de banda estrecha) y tratamientos sistémicos clásicos y biológicos
La fototerapia se indica en DA moderadas graves que no responden al tratamiento tópico, con pocos efectos secundarios, pero con el inconveniente de ser poco accesible.
Los corticoides orales, en pauta descendente, se utilizan para controlar brotes graves junto con el tratamiento tópico, pero se deben usar lo mínimo posible por sus efectos secundarios.
Los fármacos sistémicos inmunosupresores clásicos son: ciclosporina A, metrotexato, azatioprina y micofenolato mofetilo. Se han usado fuera de ficha técnica durante décadas como ahorradores de corticoides orales para controlar las DA moderadas graves que no responden a tratamiento tópico, pero todos requieren monitorización estrecha y uso limitado(15).
Los nuevos fármacos biológicos suponen una revolución en el tratamiento de la DA moderada grave por su alta eficacia y perfil de seguridad. Dupilumab es un anticuerpo monoclonal IgG4 contra la subunidad α del receptor IL 4 que bloquea IL4 e IL13. Es tratamiento de elección en pacientes con DA moderada grave que no responde a tópicos a partir de los 6 meses de edad, con un perfil de seguridad excelente que hace que no se requiera monitorización analítica, aunque sí se debe evitar su uso concomitante con vacunas vivas atenuadas.
Otros fármacos similares, aprobados para mayores de 12 años, son tralokinumab (anticuerpo monoclonal IgG4 que se une a la IL13 impidiendo su unión al receptor IL-13Rα1 e IL13α2) y lebrikizumab (anticuerpo monoclonal IgG4 que impide la unión de IL13 soluble con el receptor IL-13Rα1), también con buen perfil de seguridad.
Los inhibidores de JAK, upadacitinib (iJAK1), abrocitinib (iJAK1) y barcitinib (iJAK1-2), están aprobados para la DA moderada o grave; a partir de los 2 años, el baricitinib y, en mayores de 12 años, upadacitinib y baricitinib. Son interesantes para pacientes con DA que presenten otras enfermedades autoinmunes, como alopecia areata, enfermedad inflamatoria intestinal o artritis idiopática juvenil, para los que también están indicados (según el tipo de IJAK). Estos fármacos sí que requieren monitorización analítica periódica(7,15).
Dermatitis seborreica
La dermatitis seborreica es una entidad frecuente en la infancia que se caracteriza clínicamente por placas eritematodescamativas en áreas seborreicas, con prurito escaso o ausente y evolución benigna en lactantes.
La dermatitis seborreica es una patología cutánea inflamatoria de curso crónico y recidivante, con una elevada prevalencia a nivel mundial. Presenta una distribución bimodal, por lo que se pueden considerar la dermatitis seborreica del adulto y adolescente, y la dermatitis seborreica infantil. Se estima una prevalencia global de 4,38 %, siendo del 3,70 % en niños y, en concreto, del 0,23 % en el grupo de neonatos(16). Estos datos serían coherentes con la activación puberal de las glándulas sebáceas como factor contribuyente, al aumentar la cantidad de sebo, así como con la aparición de la dermatitis seborreica infantil más frecuentemente entre los 3 y 8 meses. Sin embargo, existe una amplia variabilidad geográfica y sociodemográfica, probablemente, debido a factores ambientales y determinadas prácticas culturales(16). Los pacientes inmunocomprometidos presentan un aumento de incidencia y aún de mayor magnitud en caso de ser VIH positivos(17).
Su etiología se relaciona con múltiples factores, incluyendo la actividad de las glándulas sebáceas, la disfunción inmunitaria, la alteración de la barrera cutánea y cambios en el microbioma cutáneo (Malassezia spp)(18), describiendo un entorno inmunoinflamatorio complejo, en el que predominan los ejes Th1, Th17 y Th22(19). Por otra parte, los antecedentes maternos de dermatitis seborreica constituyen un factor de riesgo para el desarrollo de dermatitis seborreica en la descendencia(20). Sin embargo, la existencia de dermatitis seborreica infantil no parece conferir riesgo de desarrollar dermatitis seborreica de inicio tardío(20).
Clínicamente, se presenta en forma de placas eritematosas o con tonalidad amarillenta, con descamación untuosa, de forma simétrica en áreas seborreicas, como el cuero cabelludo, la cara y el tronco superior, con predilección por pliegues y áreas intertriginosas.
En lactantes, la dermatitis seborreica puede afectar al cuero cabelludo, en forma de placas, en ocasiones circinadas, cubiertas por escamas grasientas y adherentes, que reciben el nombre de costra láctea, afectando, sobre todo, la región del vértex y fontanela anterior, con posible extensión a otras áreas faciales y zona cervical. La zona del pañal (Fig. 4) y otros pliegues de la superficie corporal (axilas, ingles) también se pueden afectar, en forma de placas bien delimitadas eritematosas y con descamación fina. Los síntomas asociados suelen estar ausentes o existir leve prurito(17). Se puede producir sobreinfección secundaria por Candida y episodios de irritación con aparición de lesiones más exudativas. En este grupo de edad, frecuentemente la dermatitis seborreica es autolimitada, aunque puede recidivar y coexistir con otras dermatosis, como la DA o el inicio de una psoriasis infantil.
Figura 4. Dermatitis seborreica en lactante. Placas eritematosas con descamación untuosa amarillenta y afectación de pliegues.
En niños de mayor edad, la afectación más frecuente se presenta en cuero cabelludo en forma de descamación blanco-amarillenta fina y untuosa de diversa intensidad, junto con lesiones en cejas, pestañas (blefaritis), retroauricular, región interciliar y temporal. La evolución suele ser crónica y recurrente. Algunos pacientes presentan una clínica con características comunes a la dermatitis seborreica y la psoriasis, a lo cual se ha denominado “sebopsoriasis”.
El diagnóstico de la dermatitis seborreica es clínico. En el diagnóstico diferencial debemos tener en cuenta la DA cuando las lesiones son más pruriginosas, de distribución típica y acompañadas de xerosis. La psoriasis puede presentar una clínica similar con lesiones más definidas y escamas más secas y más blanquecinas. En caso de lesiones en cuero cabelludo, con o sin componente inflamatorio y alopecia, se debe explorar en busca de adenopatías y realizar un cultivo para hongos y realización de KOH para descartar una tiña capitis. La sobreinfección por Candida se caracterizaría por la aparición de pústulas satélite en las lesiones de pliegues. En los pacientes con prurito intenso y presentación clínica atípica, se debe interrogar sobre ambiente epidemiológico compatible con escabiosis y presencia de surcos acarinos. En casos muy infrecuentes de lesiones refractarias a tratamiento con afectación del área del pañal, se deben descartar déficits nutricionales, como el déficit de zinc en la dermatitis enteropática o la histiocitosis de células de Langerhans. Si las lesiones son muy extensas, haremos el diagnóstico diferencial con inmunodeficiencias o la enfermedad de Leiner-Moussous, una forma clínica eritrodérmica(17).
La dermatitis seborreica presenta una evolución favorable en la mayoría de los pacientes, aunque, en ocasiones, pueden persistir máculas hipopigmentadas residuales durante semanas(17). En lactante con formas leves y afectación de cuero cabelludo, se recomienda lavado frecuente con champú suave, ablandar escamas con emoliente y retirada suave con cepillo blando o peine. Si la afectación es moderada o incluye los pliegues, se puede añadir ketoconazol tópico en crema o champú, así como hidrocortisona en crema. En escolares o adolescentes, con afectación de cuero cabelludo, se podría utilizar un champú de ketoconazol o ciclopirox, junto con corticoide tópico en solución durante ciclos cortos. Las áreas de piel afecta pueden ser tratadas con inhibidores de la calcineurina (pimecrolimus y tacrolimus). Los regímenes terapéuticos pueden incluir pimecrolimus dos veces al día durante 4 semanas y tacrolimus dos veces al día durante 4 semanas, seguido de aplicaciones dos veces por semana como tratamiento de mantenimiento en cara y cuerpo(21). Nuevos enfoques terapéuticos incluyen a los inhibidores de la PDE4 (roflumilast, crisaborol y apremilast), los inhibidores de JAK tópicos y orales, los probióticos y las terapias dirigidas al microbioma(19), limitados por el momento a la población adulta.
Dermatitis de contacto
La dermatitis de contacto son lesiones eccematosas originadas por la exposición local a una sustancia. La dermatitis irritativa de contacto (DIC) estaría producida por una sustancia mediante un efecto irritante, mientras que la dermatitis alérgica de contacto (DAC) se produce mediante un mecanismo alérgico retardado.
Dermatitis de contacto irritativa
La dermatitis de contacto irritativa más frecuente en la infancia es la dermatitis del pañal. Las medidas preventivas son esenciales, incluyendo cambios frecuentes de pañal y cremas de barrera que contengan óxido de zinc.
La DIC es mucho más frecuente que la DAC, y pese a que no está producida por mecanismos inmunológicos, sí es más frecuente en pacientes con enfermedades que alteran la barrera cutánea, como la DA. La DIC se manifiesta habitualmente como un eccema. En función del tiempo de exposición y de la intensidad del irritante, puede originarse un eccema agudo (con vesículas y exudación), un eccema subagudo (con eritema descamativo) o un eccema crónico (con liquenificación y fisuración).
Las lesiones de DIC suelen limitarse a la zona de contacto con la sustancia irritante, sin embargo, los límites pueden no estar tan bien definidos como en la DAC.
Dermatitis irritativa del pañal
Es la forma más frecuente de DIC en la infancia y la forma más frecuente de lesiones en el área del pañal. Se producen por el efecto irritante de orina y heces. Más frecuente en lactantes, sobre todo entre los 9 y los 12 meses. En ocasiones, se puede producir sobreinfección por Candida. Existen diversas formas clínicas:
• La más habitual es el eritema en W, donde las lesiones se suelen limitar a las zonas de convexidad de las nalgas y genitales, por ser estas las de máximo contacto con los irritantes, con respeto del fondo de pliegue. Aparece un eritema mal delimitado con respecto a los pliegues cutáneos. La zona perianal puede estar afectada por el efecto irritante de las heces.
• Dermatitis irritativa del pañal erosiva o sifiloides de Sevestre-Jaquet. Forma grave de DIC del pañal, en la que aparecen placas eritematosas intensas con erosiones superficiales y lesiones en sacabocados.
• Eritema confluente, placas eritematosas con afectación de pliegues.
• Granuloma glúteo infantil. Forma rara, relacionada con el tratamiento prolongado con corticoides potentes, en la que se observan lesiones nodulares rojo-violáceas o marronáceas en la zona glútea.
• Dermatitis del pañal con sobreinfección secundaria. La sobreinfección por Candida albicans produce un eritema rojo brillante con afectación de pliegues junto con pápulas y pústulas satélite. La sobreinfección por Streptococcus pyogenes produce una dermatitis perianal estreptocócica, con eritema intenso bien delimitado, fisuras y dolor.
El tratamiento preventivo es la mejor estrategia, con cambios frecuentes de pañal y cremas de barrera que contengan óxido de zinc, evitando aquellas que contengan sustancias irritantes o potencialmente sensibilizantes(22). Los pacientes con dermatitis del pañal refractarias a medidas no farmacológicas requieren valoración médica, para descartar otras causas de irritación en esta zona, como la dermatitis de contacto alérgica, las infecciones fúngicas o bacterianas, la histiocitosis de células de Langerhans, la acrodermatitis enteropática, la psoriasis o la dermatitis seborreica.
El tratamiento de la dermatitis del pañal persistente o refractaria a medidas no farmacológicas debe realizarse con corticoides tópicos durante ciclos cortos (máximo una semana), seguidos de un periodo de descanso y del uso continuado de emolientes de barrera. En caso de infección por Candida, pueden aplicarse antifúngicos tópicos, como nistatina, clotrimazol, miconazol, ketoconazol o ciclopirox, en el área del pañal con cada cambio de pañal, valorando añadir corticoides tópicos de baja potencia para reducir la inflamación inicial(22).
Dermatitis de contacto alérgica
La dermatitis de contacto alérgica en la edad infantil está infradiagnosticada y puede coexistir con DA. Debe sospecharse ante eccema localizado, recidivante o refractario al tratamiento habitual.
La dermatitis alérgica de contacto (DAC) está infradiagnosticada en niños y es más prevalente en pacientes que presentan patologías que alteran la barrera cutánea. Pueden originar un eccema agudo, subagudo o crónico, dependiendo de la intensidad del alérgeno y el tiempo de exposición. Normalmente, las lesiones se limitan al lugar de contacto con el alérgeno, pero, en casos muy inflamatorios o extensos, se pueden producir lesiones a distancia del lugar de contacto (eccemátides).
La DAC en la infancia puede adoptar patrones clínicos diversos, cuya localización orienta de forma significativa hacia el alérgeno responsable (Tabla V).
La parafenilendiamina (PPDA)(23) es un colorante con una intensa tonalidad negra. Es utilizado para adulterar la henna empleada en los tatuajes temporales, produciendo una DAC con vesículas y erosiones en la zona del tatuaje temporal, que puede llegar a originar reacciones graves (Fig. 5).
Figura 5. Dermatitis alérgica de contacto a parafenilendiamina. Lesiones vesiculosas distribuidas en las líneas realizadas al tatuar la figura en el brazo de una niña de 5 años.
La DAC por cosméticos representa un problema creciente, en concreto el conservante metilisotiazolinona/metilcloroisotiazolinona (KathonCG), siendo una forma frecuente la dermatitis perianal por toallitas húmedas que contiene este alérgeno.
En los últimos años, se ha observado un aumento de casos de dermatitis alérgica de contacto entre los pacientes con eccema crónico de manos. La dermatitis por slime causada por slime casero se asocia más frecuentemente a DAC que la producida por slime adquirido en tiendas, probablemente debido a la falta de regulación sobre los componentes incluidos en la mezcla. Los niños suelen seguir tutoriales en línea que recomiendan añadir productos domésticos, como espuma de afeitar, detergentes, soluciones para lentes de contacto, fragancias y pegamentos, que no están diseñados para un contacto cutáneo prolongado y contienen conservantes en concentraciones elevadas que no estarían permitidas en productos de aplicación sin aclarado(24). Otras sustancias involucradas con mayor frecuencia en el eccema alérgico de contacto en manos fueron las plantas de exterior, los esmaltes de uñas con metacrilatos y los guantes deportivos, presentando reacciones positivas a metilcloroisotiazolinona y/o metilisotiazolinona (MCI/MI), entre las más frecuentes(24).
Por grupos de edad, los principales sensibilizantes en nuestro medio son, en el grupo de 0-5 años, los hidroperóxidos de linalool y limoneno; mientras que, en el grupo de 6-16 años, los principales alérgenos fueron el hidroperóxido de linalool y la metilisotiazolinona. La presencia de DA se presentó en ambos grupos en el 36,6 % y en el 45 % de pacientes, respectivamente(25). Las altas tasas de sensibilización en ambos grupos de edad subrayan la importancia de las pruebas epicutáneas en la evaluación de la DAC pediátrica y de la importancia de sospecharla en los pacientes con eccemas refractarios a tratamiento correcto.
Función del pediatra de Atención Primaria
Desde AP existe una ventana de oportunidad para diagnosticar precozmente la DA en la edad pediátrica y garantizar un abordaje terapéutico correcto de las formas leves y moderadas, con el objetivo de mantener la enfermedad controlada, derivando de forma precoz aquellas formas graves, para iniciar tratamiento sistémico y poder evitar posibles complicaciones asociadas.
Por otra parte, la educación sanitaria proporcionada a las familias de niños con patologías cutáneas es esencial para el control de la enfermedad, como, por ejemplo, el uso adecuado y seguro de los corticoides tópicos durante las exacerbaciones.
Por otra parte, es esencial la sospecha de otras patologías que pueden cursar con lesiones eccematosas en la infancia, asegurando así un diagnóstico y manejo adecuados.
Conflicto de intereses
No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.
Bibliografía
Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.
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Bibliografía recomendada
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Artículos de revisión actualizados de la DA (epidemiología, fisiopatología, clínica, tratamiento). El primero describe el tratamiento tópico de la DA y el segundo se centra más en los nuevos tratamientos sistémicos.
– Guttman-Yassky E, Renert-Yuval Y, Brunner PM. Atopic dermatitis. Lancet. 2025; 405: 583-96. Disponible en: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)02519-4.
Artículo muy reciente que detalla el diagnóstico diferencial de la DA con una propuesta de algoritmo diagnóstico.
– Ferrer Royo M, Escrivá Mayoral A, Cabrerizo Carvajal A. Documentos de consulta rápida. Manejo de la dermatitis atópica en atención primaria. Semergen. 2025.
Guía práctica resumida sobre la DA, publicada por SEMERGEN.
– Wollenberg A, Kinberger M, Arents B, Aszodi N, Barbarot S, Bieber T, et al. European Guideline (EuroGuiDerm) on atopic eczema: Living update. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2025; 39: 1537-66. Disponible en: https://doi.org/10.1111/jdv.20639.
Revisión reciente sobre el tratamiento sistémico de la DA.
– Barbarot S, Bernier C, Deleuran M, De Raeve L, Eichenfield L, El Hachem M, et al. Oriented Patient-Education Network in Dermatology. Therapeutic patient education in children with atopic dermatitis: position paper on objectives and recommendations. Pediatr Dermatol. 2013; 30: 199-206. Disponible en: https://doi.org/10.1111/pde.12045.
Artículo que pone de relieve la importancia de la educación terapéutica en DA, que ayude a la adherencia al tratamiento y la calidad de vida de los pacientes.
| Caso clínico |
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Niño de 10 años, sin antecedentes personales de interés, que consulta por lesiones eccematosas pruriginosas en dorso de ambos pies, de 3 meses de evolución, con intenso prurito (Fig. 6). La aparición coincide con el inicio del invierno y el uso de calzado nuevo. No presenta fiebre ni otros síntomas generales. No refiere antecedentes de dermatitis atópica, pero sí alergias a gramíneas y olivo. Figura 6. Placas eritematosas descamativas y pruriginosas en dorso de pie. A la exploración, se observan placas eritematodescamativas bien delimitadas, con zonas erosionadas por rascado, localizadas en el dorso de ambos pies, respetando los espacios interdigitales y las plantas. Se pauta tratamiento tópico con corticoide de potencia media, con mejoría parcial, pero recidiva rápida al suspender. Se realiza derivación para estudio con pruebas epicutáneas.
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Cutaneous manifestations suggestive of systemic diseases in pediatrics