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| Crítica de libros |
Razones para vivir y cantar la vida. Ideas para crecer, compartir y transformar el mundo
Autor: Félix López Sánchez
Editorial: Pirámide
Quiero pensar que a todas las personas nos gustan las humanidades. Pero, sobre todo, a los que nos dedicamos a la salud, el dolor o el sufrimiento, porque nos ayudan a entender lo que somos y contribuyen a dar sentido al trabajo y a la vida. En los últimos meses he tenido oportunidad de leer “Voz en el viento. El arte de vivir”, escrito por una psiquiatra infantil (Dra. María Jesús Mardomingo) durante la pandemia. Y poco antes, repasar otro libro de un antiguo profesor (Dr. Pedro Gómez Bosque), “Sí a la vida, al amor y a la paz”. Los dos están llenos de humanidad y deseos de animar y cantar la suerte de vivir, con razones de vivencias personales, razonamientos científicos y filosóficos.
Acabo de leer “Razones para vivir y cantar la vida. Ideas para crecer, compartir y transformar tu mundo”. Siendo autores distintos, coinciden en que haber podido llegar a una edad madura es una suerte, y agradecen a las personas que han contribuido a que fuera posible, piden perdón por los errores y sintetizan su existencia para que otros se recreen con su lectura, y de paso compartan la suerte de haber vivido y haber sabido dar vida. Los autores están gratamente sorprendidos del extraordinario desarrollo que han vivido y que siguen viviendo, y coinciden en que “la ciencia y la técnica mejoran nuestras vidas, pero solo la poesía y el arte nos salvan”.
De estos libros nos atraen sus sugerentes títulos, que nos incitan a imaginar el contenido.
El libro “Razones para cantar la vida…” es de un estilo sencillo y fácil de leer. Se nota que el autor es un buen docente y comunicador. A partir de su propia biografía, nos cuenta su infancia, su madre, su ambiente rural en la España de posguerra y los cambios que ha experimentado a través del tiempo. Cambios en lo humano, en lo académico y en lo tecnológico. Cambios que a cualquiera pueden sorprender. Sin duda, la vida es ahora más cómoda.
Cuenta cómo, cuando vino de Canadá a finales del siglo pasado, traía la pesada maleta repleta de fotocopias de textos y documentos, que ahora tiene en su despacho a un golpe de clic. Se sorprende de la evolución tecnológica. A la tecnología tenemos que agradecer muchas cosas. Y, en consecuencia, también nos surge la sospecha de que el mundo del consumo y la producción, con sus dependencias y servidumbres, tal vez no merezca la pena.
Si a raíz del título del libro puede parecer que vamos a encontrar respuestas a preguntas trascendentales, nada más lejos de la intención del autor, que ya lo advierte desde las primeras páginas: No doy respuestas porque no las tengo, viene a decir. Desde sus años de estancia en Roma, confiesa, “no he hecho más que hacerme preguntas… no tengo muchas certezas”. “Estamos condenados a vivir en la incertidumbre”.
Desde las primeras páginas del libro confiesa su admiración por Sócrates, Kant, Albert Camus y Beethoven.
De Sócrates lamenta que no se conserve ningún escrito suyo, y que únicamente nos haya llegado su pensamiento a través de su discípulo, Platón. Seguramente por la influencia socrática, fundamentada en la mayéutica, pretende que el lector, a base de hacerse preguntas, trate de encontrar sus propias respuestas. Se muestra partidario de encontrar en la biografía de cada uno los secretos y la explicación de su vida. “No hay dos vidas iguales, cada uno somos únicos”, se repite con cierta frecuencia.
De Kant extrae la invitación a hacerse tres preguntas: ¿Qué puedo saber de la vida? ¿Qué puedo hacer con mi vida? ¿Qué podemos esperar más allá de la vida?
La primera no es difícil de responder con la ayuda de la ciencia y la tecnología, que, bien utilizada, puede darnos muchas satisfacciones. La tercera puede encontrar un atisbo de respuesta en las religiones y creencias, pero, en este caso, poco ayuda el progreso. Podríamos deducir que en esta materia no se avanza al ritmo de las ciencias y la tecnología, y que no vamos a progresar en mucho tiempo.
En cuanto a la segunda pregunta, es esta la materia sobre la que se va a desarrollar todo el libro. Nadie como Kant y la Ilustración han sido capaces de describir, o por así decirlo, “crear un ser humano” imbuido de ideas como la paz, la justicia, la libertad y la fraternidad. “Spinoza lo dijo con lucidez: nuestra vida tiene un impulso vital: deseo de seguir viviendo y conductas para sobrevivir y mejorar nuestro bienestar” (F. López). Ideario que en estos momentos encontramos absolutamente contradictorio con nuestra realidad actual, oyendo sones de guerra en los medios de comunicación. Pero ideario que, al fin y al cabo, es un canto positivo a la vida y un deseo de dejar a nuestros descendientes, sean hijos, alumnos o lectores, una sensación de haber vivido “una vida buena”.
Albert Camus es otro referente que admira por su honestidad, por su valentía ante los totalitarismos con los que tuvo que vivir, y por no haber perdido la confianza en el ser humano. Si la literatura de Camus es reflejo de su propia vida, esta parece transcurrir a través de tres etapas: desde la interpretación de la existencia como un absurdo (“El extranjero”), a la lucha contra la ausencia de contenido vital (“El mito de Sísifo”) y, en tercer lugar, en “La Peste”, en que relata la entrega de un médico a la curación de una población enferma que parece haber encontrado el sentido de la vida.
Finalmente, habla de Beethoven como un visionario optimista, que, reconociendo que el ser humano es portador de todo lo mejor y lo peor, trata de contribuir a que al final venza lo positivo y lo grandioso que tiene la humanidad. Cuando compuso el himno a la Alegría, soñaba con ese ser que Kant idealizaba. Pensar que es el Himno de Europa no es una casualidad. Está elegido por reflejar los valores comunitarios.
El libro está distribuido en siete capítulos. Vienen a desarrollar las razones por las que el autor canta a la vida.
El primero, “¿Quiénes somos?”, define al hombre como ser biopsicosocial, dando a la genética la importancia que tiene, pero no más; recordando la infancia, donde empieza nuestra biografía, y que nos acompañará y, en cierto modo, explicará las sombras a lo largo de la vida. El segundo capítulo se refiere a los recursos técnicos y científicos que la comunidad dispone para nuestro bienestar, y añade la ética de ciudadano. Otro capítulo trata de las emociones, el humor, los sentimientos y los afectos, esa vertiente humana llena de recursos gratificantes (que los pediatras hemos podido conocer por otras publicaciones del mismo autor). No es posible una vida plena sin lo lúdico y lo estético, dimensiones que nos hacen disfrutar de las bellezas de la naturaleza y las creaciones humanas a lo largo de la Historia. En otro lugar analiza los afectos sexuales, el deseo, la atracción y el enamoramiento. También, los afectos sociales, el apego, los cuidados, la amistad y el altruismo. Finalmente, como fiel seguidor de Kant, el autor también admira el firmamento y las personas con buena voluntad, denominadas por el filósofo “personas éticas”. Esta eticidad referida también, claro está, a la vida sexual y amorosa, la ética del consentimiento, del placer, de la igualdad, de la lealtad, de la salud, de la diversidad, de los cuidados y de la vinculación y desvinculación.
El último capítulo habla de la felicidad o bienestar personal: lo que depende de mí. “Todo el tiempo que dedique usted a reflexionar, analizar, decidir y llevar a cabo mejoras en su vida y en la de los demás, empezando por los más cercanos, le hará sentirse mejor persona y ciudadano, que es lo que finalmente nos acerca al bienestar”.
En síntesis, un libro que se lee con placer por lo que aporta al análisis personal y que invita a ser releído para reflexionar y comprenderlo mejor.
Luis Rodríguez Molinero
Pediatra. Centro Médico Recoletas Salud “La Marquesina”. Valladolid



Cutaneous manifestations suggestive of systemic diseases in pediatrics