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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Fiebre reumática aguda en países y ámbitos desarrollados con un adecuado sistema de salud pública

Historia de la Medicina y la Pediatría


M. Zafra Anta*, V.M. García Nieto**

*Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Miembro del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. **Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la AEP. Director de Canarias Pediátrica

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (8): 515.e1 – 515.e8

 


Enfermedades pediátricas que han pasado a la historia (14). Fiebre reumática aguda en países y ámbitos desarrollados con un adecuado sistema de salud pública

“No te asustes; espero que no será grave (–la fiebre escarlatina–). Miré en el libro de mamá y noté que comienza con dolor de cabeza y de garganta, y sensaciones extrañas como las mías; tomé belladona y me siento mejor
–dijo Beth, poniendo sus manos frías sobre su frente caliente, y tratando de aparentar que estaba bien”.

En la novela Mujercitas (1868), de Louisa May Alcott

Introducción

La fiebre reumática aguda (FRA), CIE-10: 100, es una enfermedad inflamatoria, no supurativa, producida por una respuesta autoinmune, por el sistema inmunitario de algunas personas predispuestas frente a los antígenos de la bacteria Streptococcus pyogenes o Estreptococo betahemolítico del Grupo A (EBHGA, también se cita como EGA o, con sus siglas en inglés, GAS). La FRA puede afectar a las articulaciones, el corazón, los vasos sanguíneos, el cerebro y la piel. La enfermedad cardiaca reumática (ECR) o cardiopatía reumática, CIE-10: 109.9, es la que produce lesiones que pueden hacerse permanentes y graves. La cardiopatía reumática crónica puede ser el resultado de un episodio único de FRA o de múltiples recurrencias, y es la determinante del pronóstico(1-5).

El periodo latente de la FRA es de 2 a 3 semanas tras una infección estreptocócica, en general una faringoamigdalitis, hasta que aparecen los primeros signos y síntomas, que incluyen: fiebre, poliartritis, carditis, erupción cutánea, nódulos subcutáneos y corea, no todos se presentan en cada paciente. Todos los síntomas, con o sin tratamiento, desaparecen en semanas (la corea a veces se prolonga), excepto el daño cardiaco que puede persistir, sobre todo en forma de daño valvular.

No se conoce completamente la patogenia de la FRA. Fue una enfermedad muy común en todo el mundo durante el siglo XIX y primera mitad del XX. Durante el siglo XX, en los países llamados desarrollados, la incidencia y la carga de la enfermedad descendió significativamente hasta virtualmente desaparecer(1,3,6-8) (Figs. 1 y 2). Aun así, la FRA continúa siendo un problema de salud pública en los países de bajos ingresos y también en zonas marginales de países de medianos y altos, con el fenómeno de la migración puede haber personas afectas de ECR en países desarrollados. Existe una clara asociación entre la inequidad social y la prevalencia de ECR(9,10).

Figura 1. El declive internacional histórico de la fiebre reumática, con datos de incidencia de Dinamarca (1862-1963) y datos de mortalidad de EE.UU. (1921-1970). Correlación: r = 0,928, r2 = 0,81. La penicilina se introdujo en 1943, en EE.UU. y en Dinamarca. Imagen tomada de Alm(7), traducida.

 

Figura 2. Caída en el tiempo de la mortalidad por fiebre reumática. Tasas estandarizadas totales. España-EE.UU. Edad: 5-19 años (España, 1951-1985; EE.UU. 1951-1978). Tomado de P. Cortina(8).

En este trabajo revisaremos la historia de la enfermedad y sus enseñanzas. Se resume la actualidad y se plantea la necesaria actitud vigilante que se necesita tener con las infecciones por EBHGA y sus complicaciones supurativas y no supurativas (fiebre reumática, carditis reumática, artritis postestreptocócica y glomerulonefritis postestreptocócica)(1-3,6). Por otro lado, en la historia de la infección por EBHGA se ha establecido una asociación con trastornos neuropsiquiátricos autoinmunes (PANDAS), los tics, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), aunque ello está en debate aún(11). Todo ello en cierta relación con la corea de Sydenham, manifestación neurológica de la FRA. El diagnóstico de PANDAS no está aún aceptado como una entidad independiente y tampoco se contempla en la CIE-10, ni en el DSM-IV. La DSM 5 lo cita en TOC relacionados a otra condición médica, pero dice que es “controvertido, aunque hay un cuerpo de evidencia”.

Es importante señalar aquí que la fiebre reumática aguda fue una enfermedad de declaración obligatoria (EDO) desde 1951(8) hasta 1996, en que dejó de ser EDO en España; véase BOE nº 21, del 24 de enero de 1996, p. 2153. Si bien, algunas Comunidades Autónomas la mantuvieron como EDO unos años más, como por ejemplo Castilla y León hasta 2006 (v. Anexo I de la Orden SAN/2128/2006, del 27 de diciembre, por la que se regula el Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria de Castilla y León).

Resumen de la actualidad de la fiebre reumática aguda

Epidemiología

Si bien hay casos y brotes descritos en todo tipo de población, la FRA y la ECR en la actualidad son enfermedades de la pobreza, de los económicamente desfavorecidos. Es una de las principales causas de muerte cardiovascular durante las primeras cinco décadas de la vida en países subdesarrollados(1,9,10), entorno en el que además se infradiagnostica y se infradeclara. Anualmente, en el mundo, hay hasta 470.000 nuevos casos de FRA, y más de 275.000 muertes atribuibles a cardiopatía reumática. No es, pues, una enfermedad desaparecida globalmente.

En países desarrollados la incidencia media es < 2 casos por 100.000 escolares, es mayor en países con bajos o medios recursos, y donde hay población indígena como en Australia (en ellos hasta 380 casos por 100.000). A mediados del siglo XX se producían casos de FRA en un 3 % de las faringitis agudas estreptocócicas no tratadas, actualmente la incidencia es mucho menor (< 1 %). Esta cifra no es uniforme en todos los pacientes con infecciones no tratadas, es una enfermedad con una afectación también determinada genéticamente. La mayoría de los casos de FRA ocurren en niños de 5 a 15 años de edad.

Patogénesis

El mecanismo patogénico todavía no es conocido completamente. Se necesita una infección faríngea previa y susceptibilidad genética. Hay brotes de FRA tras epidemias de faringitis estreptocócica o escarlatina asociada a faringitis.

El declinar en la FRA tiene relación con el descenso de las cepas de EBHGA denominadas reumatógenas (las emm: 3, 5, 6, 14, 18, 19, 24 y 29), que pertenecen al patrón A y C. Aunque puede haber cepas diferentes también implicadas(1,4,6). Incluso, en zonas tropicales parece que infecciones dermatológicas por estreptococo podrían desencadenar esta patología.

La similitud o “mimetismo” molecular parece que es la vía patogénica que está envuelta en la alteración tisular, tanto en el desarrollo de la carditis reumática (miosina, laminina) como en el corea (lisogangliósido de mamíferos)(1,4,7). Es conocido que la infección por Streptococcus pyogenes origina superantígenos que determinarían una activación general del sistema inmune. Se activan células B y T autorreactivas, con antígenos del EBHGA. En el corea de Sydenhan hay tendencia a producir anticuerpos frente a CaMK II, que aumenta la transmisión de dopamina o anticuerpos frente al receptor de dopamina D2.

También hay datos que apuntan a que coinfecciones virales con el EBHGA incrementan citokinas pro-inflamatorias y pueden potenciar las respuestas autoinmunes.

Hay susceptibilidad genética, parece que poligénica. Se encuentra concordancia de la FRA en gemelos monocigóticos más que entre dicigóticos.

La FRA en la fase aguda produce generalmente fiebre. En un 50-80 %, hay una pancarditis, que puede ser asintomática; en la fase crónica se produce la enfermedad cardíaca reumática. Afecta también: a la piel (eritema marginado, <6 % de casos); a las articulaciones (60-80 %, poliartritis migratoria, que responde rápidamente a antiinflamatorios); al sistema nervioso central (corea de Sydenham o corea menor, 10-30 %); y al tejido celular subcutáneo (nódulos subcutáneos, 0-10 %).

Las manifestaciones clínicas(1,3,5) se clasifican en manifestaciones mayores y menores, según los criterios de Jones, publicados por este autor(12) en 1944.

• Criterios mayores: artritis, carditis, afectación del SNC, como corea, nódulos subcutáneos y eritema marginado.

• Criterios menores: artralgias, fiebre, elevación de reactantes de fase agua (VSG) e intervalo PR prolongado en el ECG.

Hasta que se aceptaron unánimemente los criterios de T.D. Jones, cada autor sistematizaba el diagnóstico de la enfermedad siguiendo concepciones personales o de escuela, haciendo mayor hincapié en la clínica y/o en las pruebas complementarias. Jones afirmó que en las circunstancias en que coincidieran artralgia, fiebre y alguna anomalía de laboratorio, sería de valor para establecer el diagnóstico de fiebre reumática la existencia de historia de infección respiratoria previa o de exposición al estreptococo hemolítico epidémico y/o el desarrollo de anticuerpos antiestreptococo hemolítico. Es interesante señalar que los criterios originales no incluían pruebas de apoyo de una infección estreptocócica previa. De hecho, solo hay dos menciones a las infecciones estreptocócicas en el artículo de Jones, y más bien como observaciones de pasada(12,13).

A lo largo de los años, los comités de la Asociación Americana del Corazón han realizado cambios relativamente menores pero significativos en los criterios originales. La última actualización es de 2015, que incluye niveles de evidencia científica, la clasificación en poblaciones de riesgo y el apoyo de la ecografía cardiaca; la anterior actualización era de 1992(2,3,13-15).

Criterios de Jones revisados

• Para todos los pacientes con evidencia de EBHGA precedente, diagnóstico de FRA inicial o recurrente.

• Criterios mayores. En poblaciones de bajo riesgo:

Carditis. Clínica y/o subclínica (incluye valvulitis ecográfica).

– Artritis. Poliartritis solo.

– Corea.

– Eritema marginado.

• Criterios menores. En poblaciones de bajo riesgo.

– Poliartralgia.

– Fiebre (≥ 38,5ºC).

– VSG ≥ 60 mm y/o PCR ≥ 3,0 mg/dL.

– Intervalo PR prolongado teniendo en cuenta la variabilidad por edad.

El diagnóstico de carditis puede ser clínico o subclínico y se puede hacer por ecocardiografía(2,3,15). La ecografía es útil, además, para valorar la insuficiencia mitral o aórtica subclínicas.

Población de bajo riesgo: aquella con incidencia ≤ 2 por 100.000 escolares o ≤ 1 por 1.000 por población general de todas las edades con enfermedad cardiaca reumática.

La probabilidad diagnóstica de FRA es alta si en el contexto de infección por EBHGA se suceden dos criterios mayores o uno mayor y dos menores.

Estos criterios se modifican ligeramente si el entorno es de población de moderado-alto riesgo (monoartritis con poliartralgia, fiebre menos elevada, una VSG o PCR ligeramente menos elevada).

Hay dos situaciones donde el diagnóstico de FRA se plantea, y hay que hacer controles cardiológicos:

• Corea como única manifestación.

• Carditis indolente o subclínica como única manifestación.

La secuela tardía más común es la ECR, que ocurre a los 10 a 20 años tras la enfermedad inicial. Es la causa más común de valvulopatía cardíaca adquirida en el mundo.

Diagnóstico diferencial con: artritis poliarticular en niños y adultos, incluyendo infecciosa, inmune postinfecciosa, enfermedad autoimmune o autoinflamatorio, neoplasia o enfermedades sistémicas.

Otras complicaciones no supurativas del EBHGA son: la escarlatina, la artritis postestreptocócica y la glomerulonefritis postestreptocócica.

El tratamiento de la FRA requiere antibióticos, terapia antiinflamatoria, manejo de la insuficiencia cardiaca y seguimiento con prevención secundaria y educación sanitaria. Se recomienda ingreso hospitalario en el episodio agudo(2,3-5).

La penicilina demostró, en estudios controlados en los años 50 y 60, reducciones en la proporción de FRA y de recurrencias. Esto está apoyado por décadas de experiencia clínica. La duración del tratamiento recomendado es de 10 días si se busca erradicar la bacteria de la orofaringe (hay porcentajes menores en el tratamiento de 5 días: 80,4 %, frente al de 10 días: 90,7 %)(16).

Tras un episodio de FRA se recomienda la profilaxis a largo plazo de la infección por EBHGA. Con penicilina benzatina IM mensual, sobre todo en zonas endémicas; la penicilina oral puede ser útil en zonas no endémicas. La duración de la profilaxis depende de si ha habido carditis en el episodio inicial de FRA y si hay secuelas de esta. Al menos, hasta cumplir los 21 años de edad o que transcurran diez años sin recurrencia, si no hubo secuelas. Además, se busca la erradicación de los portadores de EBHGA. En los alérgicos el tratamiento se detalla en las referencias(2,3,5).

Antiinflamatorios: naproxeno de elección actualmente. Ibuprofeno es una alternativa en niños pequeños. Aspirina es una alternativa, y glucocorticoides a bajas dosis.

Direcciones útiles:

AHA: Scientific statement on the revision of the Jones criteria for the diagnosis of acute rheumatic fever in the era of Doppler echocardiography (2015).

AHA: Scientific statement on the prevention of rheumatic fever and diagnosis and treatment of acute streptococcal pharyngitis (2009).

European Society of Cardiology (ESC)/European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS): Guidelines for the management of valvular heart disease (2021).

El diagnóstico, tratamiento y manejo de la FRA y de la ECR está consensuado a nivel mundial. Se ha organizado un esfuerzo desde Naciones Unidas para desarrollar estrategias de prevención, detección y seguimiento de la fiebre reumática y sus secuelas. También hay importantes esfuerzos actuales para la vacunación contra el S. pyogenes(6).

Por otro lado, no hay un modelo experimental animal adecuado para el estudio de la fiebre reumática. Solo recientemente, Rafeek y cols.(17) han publicado un modelo con ratas de Lewis, en las que las proteínas M de diferentes especies de estreptococos (EBHGA, y también Streptococcus dysgalactiae subespecie equisimilis) podrían iniciar y promover el daño tisular cardíaco mediado por la autoinmunidad, así como las anormalidades neuroconductuales, comparables a los que determinan algunos síntomas cardinales observados en los pacientes con FRA/ECR(17).

Hitos en la historia de la fiebre reumática y cardiopatía reumática

La Reumatología es el estudio y tratamiento de las afecciones clínicas que se manifiestan generalmente por inflamación de las articulaciones de las extremidades. Es una especialidad médica, no quirúrgica, del aparato locomotor y del tejido conectivo.

Fiebre reumática en la Antigüedad

Los componentes léxicos de “Reumatología” proceden del griego y son: rheuma, rheumatos (flujo, manantial, catarro) y logos (estudio). Se refiere al humor mórbido que fluye a través del cuerpo, por gravedad, de la cabeza al cuerpo, y causa una enfermedad. Aunque algunos de los aforismos de Hipócrates ya se referían a enfermedades articulares y la palabra “reuma” fue introducida en el siglo I d.C., el concepto de “reumatismo” como síndrome musculoesquelético corresponde a la Era Moderna(5,18,19). Dioscórides, Celsius, Galeno, Aretaeus, Avicena, Abucasim utilizaban indiscriminadamente las palabras gota, artritis y reuma. Durante el siglo XVII se empieza realmente a diferenciar la gota, del reumatismo agudo (en la mayoría de los casos sería fiebre reumática) y del reumatismo crónico (artritis reumatoide); la palabra artritis realmente se conocía poco y se aplicaba a las afecciones articulares. La palabra Gota (del latín gutta o humor viciado que fluía gota a gota) en las articulaciones de las manos o pies (cheiragro y podagro) se utilizaba para inflamación articular.

Fiebre reumática en la Edad Moderna-Renacimiento(13,18-20)

Guillaume de Baillou, en latín Ballonius (1538-1616). Médico francés. Es considerado uno de los padres de la reumatología y el primer epidemiólogo tras Hipócrates. Hizo también descripciones de la tosferina y la difteria.

Sigismundo Albicus (hacia 1347-1427). Para algunos historiadores de la medicina fue el primer médico en hablar de reuma. Fue arzobispo de Praga y médico de la corte. Albicus, en su libro Régimen contra reumata (siglo XV), al parecer, es el que mejor describe la palabra reuma y fue el primero en utilizarla, y no Baillou.

Thomas Sydenham (1624-1689), famoso médico inglés, describió en 1685 una artritis febril aguda, y en 1686 describió el chorea sancti viti “baile de San Vito”, posteriormente llamado corea de Sydenham o corea menor; que no asoció a la artritis febril. El término “Corea” procede del latín y este del griego (“danza”). La corea menor fue tipificada en 1625 por el médico y anatomista alemán Gregor Horstius (1578-1636).

Raymond Vieussens (hacia 1635 o 1641-1715), iatroquímico y anatomista francés, publicó a principios del XVIII la descripción necrópsica de la estenosis mitral y la insuficiencia aórtica.

Herman Boerhaave (1668-1778), médico holandés, separó la gota del reumatismo.

Fiebre reumática en la Edad Contemporánea

Siglo XIX

En 1853 Jean-Martin Charcot (1825-1893) realizó una excelente diferenciación entre la artritis reumatoide, la gota, la fiebre reumática y la osteoartritis.

David Dundas (1749-1826), inglés, sargento cirujano del rey y baronet. Describe en 1808 casos de “peculiar enfermedad del corazón, con necropsia. En no menos de 9 casos que he visto la enfermedad sucede a uno o más ataques de fiebre reumática… las valvas mitrales tenían un borde esponjoso”. Matthe Baillie (1761-1823), médico inglés y anatomopatólogo, en su texto de Patología de 1797 escribió sobre una osificación o engrosamiento de las válvulas cardiacas en pacientes que habían padecido reumatismo agudo.

William Charles Wells (1757-1817), médico escocés, en 1812 planteó la asociación entre fiebre reumática y carditis y describió los nódulos subcutáneos. Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1881), médico francés, en 1836, así como Walter Butler Cheadle (1836-1910) pediatra inglés, en 1889, publicaron sendos estudios extensos acerca de la asociación de la fiebre reumática y las secuelas cardiacas. Los diccionarios médicos franceses siguen denominando la endocarditis reumatoide aguda como “enfermedad de Bouillaud”; también se conoció así a la fiebre reumática a principios del XX.

James Kingston Fowler (1852-1934), inglés, en 1880 señaló la asociación entre inflamación de garganta y fiebre reumática en Lancet, 1880.

Arthur Newsholme hizo el primer estudio epidemiológico sobre FRA. Señaló, entre otros datos, la presentación de la FRA en brotes epidémicos. Publicado en Lancet, 1885.

Siglo XX

Karl Ludwig Aschoff (1866-1942) anatomopatólogo alemán, en 1904 describió la lesión miocárdica especifica de la fiebre reumática, que se conoce como “nódulo de Aschoff”.

Carey Franklin Coombs (1879-1932), británico, cardiólogo especialista en fiebre reumática. Publicó el libro, “Rheumatic Heart Diseases” (1924). El soplo de Carey Coombs es un soplo corto mesodiastólico, que mejora o se resuelve con la recuperación de la enfermedad aguda.

Poynton y Paine en 1900 (Lancet) aislaron un estreptococo de la faringe de un paciente que padecía fiebre reumática aguda con amigdalitis, y con este organismo produjeron artritis experimental.

Homer Fordyce Swift (1881-1953), médico estadounidense y cols. anticiparon en 1928 la teoría de la patogénesis de la fiebre reumática como hipersensibilidad a estreptococo (estreptococo o productos diseminados, los tejidos reaccionan resultando el cuadro característico de la enfermedad).

Los trabajos epidemiológicos de Alvin F. Coburn (1899-1976), médico estadounidense y W.R.F Collis (Inglaterra), publicados en 1931, dirigieron la investigación final hacia el EBHGA como iniciador del proceso.

E.W. Todd introdujo en 1932 el test de antiestreptolisina. Estaba elevada en el 90 % de los enfermos. La antiestreptolisina O disminuye en la fase de inactividad.

Rebecca Craighill Lancefield (1895-1981), en 1933 introdujo la clasificación de los grupos de estreptococos, basándose en la naturaleza antigénica de los hidratos de carbono de su pared celular. Se afirma que “puso en orden” a los estreptococos.

Thomas Duckett Jones (1899-1954). Dedicó su vida al tratamiento y la investigación en fiebre reumática. Publicó en JAMA, en 1944(12), criterios para ayudar en el diagnóstico de la fiebre reumática aguda. Desde entonces se denominan: Criterios de Jones, con revisiones. Fue, entre otros cargos, presidente de la Asociación Americana de Reumatismo (Fig. 3).

Figura 3. Thomas Duckett Jones. Tomado de Denny(14).

Las primeras publicaciones sobre el uso de antibióticos para tratar la fiebre reumática, ya en 1945, de B.F. Massell y cols., en New England Journal of Medicine, y en JAMA, de F.W. Denny y cols. También en 1948 se comunica la capacidad de erradicar al EBHGA con penicilina por B.F. Massell, J.W. Dow y T.D. Jones en JAMA.

Sobre la prevención de la fiebre reumática, Rammelkamp en 1953 demostró que la fiebre reumática se podía prevenir tratando las faringitis estreptocócicas con antibióticos.

Fiebre reumática y algunos personajes históricos

En el estudio de las enfermedades en la Historia se tiene la dificultad de que se trata de un diagnóstico a posteriori; además, dicho diagnóstico no es solo clínico, sino que precisaría otras exploraciones complementarias, incluido un estudio anatomopatológico. Se ha citado la posibilidad de que tuvieran afectación por FRA diversos personajes de la cultura, en los que además habría influido en el desarrollo de su arte: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), Lord Byron (1788-1824), Andy Warhol (1928-1987), Gustav Mahler (1860-1911), Bertolf Brecht (1898-1956)(21), Carson McCullers (1917-1967), etc.

Gustav Mahler padecía un trastorno del movimiento, pero su naturaleza sigue siendo indeterminada. Hay publicada una carta de Freud a Theodore Reik refiriéndose a Gustav Mahler sobre su neurosis obsesiva. A Mahler se le diagnosticó una valvulopatía en 1907 y murió de endocarditis bacteriana subaguda en 1911. Estas características sugieren, pues, la hipótesis de que el compositor sufrió de FRA en la infancia con carditis y corea de Sydenham, que le dejó como secuelas valvulopatía, comportamiento obsesivo-compulsivo y corea persistente(21-22).

Evolución de la fiebre reumática en el mundo

Durante el siglo XX en los países llamados desarrollados, la incidencia de la enfermedad por FRA descendió significativamente hasta virtualmente desaparecer. El descenso de mortalidad por FRA y por ECR comenzó en muchos países ya en los años 20-30 del siglo XX y se acentuó a partir de los años 40, coincidiendo con la introducción de la antibioterapia. Parece que los principales factores asociados a esta dinámica fueron: la higiene, la mejora en las condiciones de vida de la infancia, evitar el hacinamiento (con hermanos en la casa, en barracones militares), la mejora en el acceso a los servicios de salud, la optimización de las herramientas de diagnóstico y la disponibilidad de los antibióticos en los países desarrollados(1,6,7,13,19,23,24).

Con respecto a los últimos 25 años, se estima que la carga sanitaria de la cardiopatía reumática está disminuyendo en todo el mundo. D.A. Watkins y cols. publicaron en New England Journal of Medicine un estudio sobre prevalencia global de la enfermedad y la mortalidad por cardiopatía reumática en el periodo 1990-2015(25), estas fechas son concretamente antes de la pandemia del SARS-CoV 2. Los datos de enfermedad y mortalidad se obtuvieron de los registros nacionales y de cohortes según clasificación CIE-10. Hay que tener en cuenta que la caída de prevalencia por ECR es anterior en el tiempo a la de la caída de mortalidad por ECR. El descenso de la carga sanitaria de la ECR fue alrededor de un 8,1 % (de 2,7 a 13,5 con un intervalo de incertidumbre de 95 %). Pero las tasas de enfermedad siguen siendo elevadas en algunas de las regiones más pobres, especialmente en África, Asia Central, Caribe y Oceanía(23,25). Ofrecemos aquí dos figuras de esta publicación de Watkins (Figs. 4 y 5).

Figura 4. Prevalencia de cardiopatía reumática en el mundo en los años 1990 y 2015. En la prevalencia estandarizada por edad, los territorios con mayor carga de enfermedad son: Oceanía, Asia Central, Caribe y África(25).

 

Figura 5. Clasificación de los países según tengan un patrón endémico o no endémico de cardiopatía reumática en el año 2015. Se clasificó a un país como con un patrón endémico de la enfermedad si su mortalidad infantil estimada por cardiopatía reumática era superior a 0,15 muertes por 100.000 habitantes entre los niños de 5 a 9 años de edad(25).

Evolución histórica de mortalidad y morbilidad de la fiebre reumática en España

En cuanto a la situación en España, hay que advertir que no existen datos, ni oficiales ni de otras fuentes, en cuanto al número de casos de FRA anteriores a 1930. Existen datos de morbilidad por FRA y ECR desde 1951(8). La mortalidad por FRA es mínima actualmente en España(3,8), como en otros territorios con un adecuado sistema de salud pública.

P. Cortina y cols. analizaron en 1991 la evolución epidemiológica en España en la segunda mitad del XX, esto es, mortalidad y morbilidad por FRA y ECR(8). Este estudio recogió los datos de mortalidad de España por FRA y ECR del “Movimiento Natural de la Población Española”, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), de los años 1951 a 1988, basados en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). El material utilizado para el estudio de morbilidad por FRA en España, de 1951 a 1988, se obtuvo a partir de los Boletines Epidemiológicos Semanales. Se objetivó que en nuestro país el descenso de mortalidad por FRA y ECR se inició con posterioridad a otros países, como EE.UU. y la mortalidad fue claramente descendente en ese período, si bien con un cierto repunte en los años 60. En cambio, aunque la morbilidad por fiebre reumática registró una tendencia decreciente, todavía mantenía valores considerables y presentó un notable aumento a finales de los años 80, lo que señalaba que la FRA volvía a ser un problema de Salud Pública en esa década en España (Fig. 6).

Figura 6. Morbilidad por fiebre reumática. Tasas por 100.000 habitantes. Totales. España, 1951-1988. Tomado de P. Cortina(8).

 

Encontramos el tema de la FRA y ECR en primeras publicaciones en revistas pediátricas españolas, tras la Guerra Civil:

• Profilaxis y tratamiento de la infección reumática en la infancia. Boix Barrios J. En la Rev Esp Pediatr. 1946; 2: 492-512.

• Etiopatogenia del reumatismo cardioarticular. Sandalio M. Rev Esp Pediatr. 1946; 2: 485-91.

• Prevención de la fiebre reumática en los niños. Gallego Barcina F. Acta Pediatr Esp. 1951; 9:143-51.

Hay que destacar en España en los años 30, el papel de la Medicina Interna: Carlos Jiménez Díaz y Gregorio Marañón (1934): “Vocabulario de la terminología reumática”, en: Once lecciones sobre el reumatismo. 269-74.

¿La fiebre reumática aguda y la infección por Streptococcus pyogenes tienen relación con la tartamudez?

Los estudios históricos sobre la fiebre reumática nos pueden aportar hipótesis en patología médica que en un primer momento pueden parecer incluso sorprendentes a los que se incorporan con profundidad al tema, como su relación con la tartamudez o disfemia (trastorno del habla). Este tema lo aporta y revisa en profundidad el estudio publicado por Alm(7).

En la década de 1930 se llevó a cabo una exhaustiva investigación sobre tartamudez por la Dra. Mildred Freburg Berry (1902-1993), del Rockford College, IL, EE.UU. (Berry, 1938). Se utilizó como fuente el historial médico de los niños que tartamudeaban. Ella declaró que la motivación para este trabajo le llegó de un comentario que era familiar para los terapeutas del habla en ese momento: ‘’mi hijo comenzó a tartamudear inmediatamente después de una grave enfermedad”. Mildred F. Berry, doctora en logopedia, fue una mujer pionera en la investigación, en el trabajo académico y profesional de los trastornos del lenguaje en los niños. El estudio de Berry de 1938, citado en Alm(7), señaló con solidez que hubo un tipo de evento médico en particular, que precedió a la aparición de la tartamudez infantil con una frecuencia inesperada: las enfermedades relacionadas con las infecciones de garganta por EBHGA.

Se ha propuesto(7) que la infección por EBHGA fue una de las principales causas subyacentes de la tartamudez hasta mediados del siglo XX, interactuando con factores genéticos. En particular, esto incluía la amigdalitis y la escarlatina, pero especialmente la fiebre reumática. Los datos y trabajos históricos disponibles sobre los cambios de la prevalencia de la tartamudez en la infancia indican un paralelismo sorprendente entre la tartamudez y la incidencia de la fiebre reumática, con descenso desde principios de 1900; y más marcado descenso desde la introducción de la penicilina a mediados de los años 40, alcanzando un nivel más estable en los años 60. En el estudio de Alm se encuentra una correlación muy alta, de aproximadamente 0,945 (Fig. 7).

Figura 7. La disminución paralela de la tartamudez y la fiebre reumática en diferentes continentes, tras la introducción de la penicilina en 1943, en EE.UU. y en Dinamarca. La correlación es r = 0,945, r2 = 0,89, p = 1,2E-9. Imagen tomada de Alm(7), traducida y modificada únicamente para mostrar el periodo en años con los datos de tartamudez.

 

La relación temporal histórica FRA-tartamudez no demuestra la asociación causal. Pero hay más datos que apoyan esto, como casos clínicos más recientes. El mecanismo patogénico podría ser una reacción autoinmune de la amigdalitis, dirigida a moléculas específicas, en los ganglios basales. Distinto mecanismo que el de la corea menor. Recientemente, el aumento de la susceptibilidad a tener tartamudez se ha relacionado con la presencia del alelo C del polimorfismo rs6277 del gen dopaminérgico DRD2, y con mutaciones de genes involucrados en el metabolismo lisosomal(4,7,11).

Epílogo

Todavía no tenemos un conocimiento completo de la etiología de la fiebre reumática, no podemos explicar definitivamente su declive, ni los cambios en ciertos periodos históricos, ni su persistencia en subgrupos poblacionales en ciertas regiones del mundo, así como en zonas desarrolladas(1,7,13,25). Esto no se explica solo por la atención médica y los antibióticos. Aunque el EBHGA es el agente etiológico fundamental de la FRA, la enfermedad puede tener un origen multifactorial. Este hecho debería impedir cualquier relajación o complacencia por nuestra parte en lo que respecta a la fiebre reumática.

Hay una tendencia actual a realizar el tratamiento de la faringoamigdalitis durante 5-7 días(16,26). Esto evita generalmente las complicaciones supurativas, pero no erradica la bacteria. Hay que tener esto en cuenta al menos ante población considerada de riesgo, o en las que se precise la erradicación del EBHGA como prioridad, así como estar vigilantes por si se presentan brotes de enfermedad. Recordemos aquí que la FRA actualmente no es una EDO en España.

Desde el punto de vista clínico, el bajo riesgo de FRA en la actualidad, sugiere que tal vez deberíamos reconsiderar las políticas actuales relativas al tratamiento de la infección por EBHGA y nuestra determinación de erradicarlo. Pero sin conocer exactamente las razones del declive, no se pueden anticipar completamente los posibles resultados de cualquier relajación en la política antibiótica. En cualquier caso, dicha relajación sería completamente inapropiada para los países en desarrollo, en los que los riesgos de fiebre reumática y cardiopatía reumática siguen siendo tan elevados.

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Fisiopatología articular

A. Remesal Camba, R.M. Alcobendas Rueda
Regreso a las bases


A. Remesal Camba, R.M. Alcobendas Rueda

Reumatología pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid

Resumen

Se define la articulación como el sitio de unión de dos o más estructuras óseas, cuyo principal objetivo es permitir movimiento y aportar estabilidad. Las articulaciones se dividen en sinoviales y no sinoviales, según su rango de movilidad articular y estructura interna. Las articulaciones sinoviales son las más importantes desde el punto de vista funcional, gracias a una serie de estructuras (cápsula articular, membrana sinovial, cartílago articular, líquido sinovial) que permiten un gran rango articular con una fricción muy baja. Sin embargo, la alteración de cualquiera de estas estructuras ocasiona un desequilibrio que repercute en la integridad y correcto funcionamiento de estas articulaciones, dando lugar a distintas patologías.

 

Abstract

The joint is defined as the union site of two or more bony structures, and its main objective is to allow movement and provide stability. Joints are divided into synovial and non-synovial, based on their range of joint motion and internal structure. Synovial joints are the most important from a functional point of view, due to various structures (joint capsule, synovial membrane, joint cartilage, synovial fluid) that allow a wide range of joints with very low friction. However, the alteration of any of these structures causes an imbalance that affects the integrity and correct functioning of these joints, giving rise to different pathologies.

 

Palabras clave: Articulación; Artritis; Membrana sinovial; Líquido sinovial; Cápsula articular.

Key words: Joint; Arthritis; Synovial membrane; Synovial fluid; Joint capsule.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 186.e1 – 186.e4


OBJETIVOS

• Conocer los diferentes tipos de articulaciones, así como su rango articular.

• Diferenciar las distintas estructuras de las articulaciones sinoviales.

• Conocer los distintos tipos de patología articular que pueden desarrollarse según la estructura afectada.

 

Fisiopatología articular

Se define la articulación como el sitio de unión de dos o más estructuras óseas, cuyo principal objetivo es permitir movimiento y aportar estabilidad.

Durante la embriogénesis, las articulaciones comienzan a desarrollarse cuando aparece el mesénquima condensado en la interzona articular durante la 6ª semana, creándose la cavidad articular al desaparecer la capa central de la interzona, mediante un proceso conocido como cavitación por apoptosis. Sin embargo, este proceso no es exactamente igual en todas las localizaciones, mostrando pequeñas distinciones en la diferenciación según el tipo de articulación que vaya a desarrollarse(1,2).

Tipos de articulaciones (Tabla I)(3)

Tabla

 

Articulaciones no sinoviales o sólidas

Son aquellas cuya movilidad se encuentra muy restringida. Se clasifican en los siguientes tipos.

Fibrosas o sinartrosis

Las sinartrosis son articulaciones que no permiten el movimiento. Los huesos se mantienen unidos por tejido conectivo fibroso con alto contenido en colágeno. Las articulaciones fibrosas incluyen:

• Suturas: presentes únicamente en el cráneo. Los huesos adyacentes tienen bordes dentados y están unidos por una fina capa de tejido conjuntivo denominado ligamento sutural.

• Gonfosis: situadas entre los dientes y el hueso adyacente, unidas por fibras de tejido colágeno.

• Sindesmosis: localizadas entre dos huesos adyacentes que están unidos por un ligamento, como el ligamento amarillo entre vértebras o la membrana interósea entre cúbito y radio o entre tibia y peroné.

Cartilaginosas o anfiartrosis

Los huesos se mantienen unidos mediante cartílago articular. Las articulaciones cartilaginosas incluyen:

• Sincondrosis: situadas entre dos centros de osificación de un hueso en desarrollo, estando separados por una capa de cartílago, como por ejemplo: el cartílago de crecimiento entre la epífisis y la diáfisis de los huesos largos en crecimiento.

• Sínfisis: almohadilla fibrocartilaginosa que une dos huesos separados, como ocurre en la sínfisis del pubis o los discos intervertebrales.

Articulaciones sinoviales o diartrosis

Son articulaciones capacitadas para permitir gran amplitud de movimiento con una fricción muy baja. Son las más comunes y las más importantes desde el punto de vista funcional e incluyen:

• Articulaciones planas (artrodias): permiten movimientos de deslizamiento de un hueso sobre otro; p. ej.: articulación acromioclavicular, subastragalina o metatarsiana.

• Articulaciones trocleares (en bisagra): permiten el desplazamiento en torno a un eje transversal a la articulación, permitiendo movimientos de flexión y extensión; p. ej.: articulación humerocubital o interfalángicas.

• Articulaciones trocoides (en pivote): permiten el movimiento de rotación en torno a un eje que atraviesa en sentido longitudinal la diáfisis del hueso; p. ej.: articulación atlantoaxial.

• Articulaciones condíleas (elipsoides), que permiten el movimiento en torno a dos ejes que se hallan en ángulo recto uno respecto del otro, regulan movimientos circulares, abducción y adducción, de flexión y de extensión; p. ej.: articulación radiocarpiana, metacarpofalángica y metatarsofalángica.

• Articulaciones en silla de montar: permite la flexión, extensión y otros movimientos, pero no la rotación; p. ej.: articulación carpometacarpiana del pulgar, por lo cual es oponible.

• Articulaciones esféricas (glenoideas o enartrosis), que permiten el movimiento en torno a múltiples ejes; regulan movimientos de flexión, extensión, abducción, aducción, circunducción y rotación; p. ej.: articulación de la cadera o el hombro.

Estructuras articulares de las articulaciones sinoviales

Como hemos comentado antes, las articulaciones sinoviales son articulaciones capacitadas para permitir gran amplitud de movimiento con una fricción muy baja. Por ello, están dotadas de unas estructuras características no presentes en los otros tipos de articulaciones (fibrosas o cartilaginosas).

Cartílago articular

El cartílago articular es una estructura de 2 mm de espesor, que recubre las superficies articulares de las diartrosis. Macroscópicamente es blanco, brillante y firme. Su función principal es reducir la fricción, proporcionando una superficie articular lubricada, que permite que los huesos se deslicen y giren uno sobre otro sin desgastarse. Es una variedad de tejido conectivo, avascular, aneural y alinfático. Su nutrición se realiza a partir del líquido sinovial y durante el desarrollo y maduración del tejido, también por difusión desde el estrato óseo subyacente. Clásicamente, se divide en tres zonas: capa superficial, capa de transición media o radial y cartílago calcificado. En cada una de ellas varían: la estructura y composición, el volumen y la forma celular, el diámetro y la orientación de las fibras de colágeno, así como la concentración de proteoglicanos. La capa superficial del cartílago articular es más blanda y elástica para soportar y distribuir las cargas(4,5).

Está constituido por células, denominadas condrocitos, y por una matriz extracelular (MEC), que sufre una remodelación continua y le confiere sus peculiares propiedades mecánicas.

Los condrocitos son células metabólicamente muy activas, capaces de responder a diversos estímulos (mediadores solubles, agentes farmacológicos, componentes de la matriz, cargas mecánicas y cambios de la presión hidrostática), especializadas en la producción y mantenimiento de la MEC. Su actividad no es constante a lo largo de la vida. Así, durante la fase de crecimiento, la densidad celular es alta y las células poseen máxima actividad metabólica, dividiéndose y sintetizando rápidamente grandes cantidades de MEC. Posteriormente, la mayoría de los condrocitos ya no vuelven a dividirse y, aunque continúa el remodelamiento mediante la síntesis activa de MEC, son incapaces de reparar defectos tisulares importantes. Además, la ausencia de vascularización impide una respuesta adecuada en caso de inflamación, limitando también los procesos de reparación del cartílago articular.

Toda la masa del cartílago articular, a excepción de los condrocitos, constituye la MEC. Su composición varía entre personas, articulaciones y estratos del cartílago articular, incluso en una misma articulación. Entre el 60-80% del peso total de la MEC está formada por agua predominante en el fluido tisular. El resto es una red de macromoléculas estructurales, como el colágeno (especialmente el tipo II), los proteoglicanos y, en menor medida, los lípidos, fosfolípidos, glicoproteínas y otras proteínas, que dan forma y estabilidad al tejido. Esta alta proporción en agua, le confiere la viscoelasticidad al cartílago, permitiendo cambios en su forma mediante la salida de agua al exterior, volviendo a la normalidad tras cesar la carga. Además, tanto la carga como el movimiento articular, favorecen el metabolismo del cartílago articular, dado que estimulan la síntesis de las macromoléculas estructurales. Al contrario, la inmovilización articular prolongada o la falta de carga deterioran la superficie articular por pérdida de proteoglicanos. De esta manera, es la utilización adecuada de una articulación lo que permite mantener un equilibrio óptimo en la estructura, composición y función del cartílago.

Entre los factores implicados en la regulación de las relaciones entre los condrocitos y la MEC, se encuentran una serie de moléculas, sistémicas y/o locales, denominadas factores de crecimiento, incluyendo entre otros, aquellos de la familia del factor de crecimiento insulina-like, del factor de crecimiento de los fibroblastos, del factor de crecimiento derivado de las plaquetas o del factor inhibidor de la leucemia. En general (aunque no todos), ejercen un efecto anabólico sobre los condrocitos y pueden potenciarse entre ellos. A su vez, estos pueden ser antagonizados por otro grupo de sustancias llamadas interleucinas (IL), especialmente la IL1, IL6 y el factor de necrosis tumoral α(4-6).

Cápsula articular

La cápsula articular es una membrana fibrosa y elástica que actúa como punto de unión entre extremos óseos, envolviendo la articulación. Está compuesta por tejido conjuntivo fibroso escaso en fibroblastos, formado principalmente por colágeno tipo I y en menor porcentaje por glucosaminoglucanos y elastina. Su composición puede variar ligeramente según el tipo de articulación para otorgar mayor laxitud, como sucede en hombro y cadera. Asimismo, el espesor de la cápsula es también variable y depende de la fisiología articular, siendo mayor en los lugares donde se ejercen fuerzas de tracción.

Su función principal es contribuir a la protección y estabilidad de las articulaciones tipo diartrosis, permitiendo los movimientos que son seguros e impidiendo aquellos no fisiológicos. En general, se inserta sobre huesos, pero también puede hacerlo sobre ligamentos, como sucede en la cadera con el ligamento transverso del acetábulo. Posee gran cantidad de receptores nociceptivos y propioceptivos. Consta de dos capas:

1. Cápsula fibrosa externa: formada por tejido conectivo denso adherido al periostio. Algunas de sus fibras forman fascículos (ligamentos), cuya función es mantener los huesos unidos en la articulación.

2. Membrana sinovial: que se desarrolla a continuación.

Membrana sinovial

Es una capa de tejido que recubre las superficies articulares, las vainas y las bursas.

Capa de tejido que tapiza el interior de las articulaciones diartrodiales, así como vainas y bursas. Las bolsas se interponen a menudo entre tendones y hueso, tendones y articulaciones, o piel y hueso, y reducen la fricción de una estructura al moverse sobre otra. Las vainas tendinosas rodean los tendones y también disminuyen la fricción. La función de la membrana sinovial es la elaboración del líquido sinovial, regular la presión y la temperatura local y participar en la defensa y la respuesta inmunitaria intraarticular.

La inflamación de la membrana sinovial causa, según la localización, sinovitis, bursitis y tenosinovitis.

La membrana sinovial está dividida en dos capas: una capa íntima superficial limitante o lining, de 1-2 capas celulares de grosor y una capa más profunda y menos definida de tejido conjuntivo vascularizado e inervado denominada sublining. El lining está formado fundamentalmente por dos tipos celulares denominados sinoviocitos de tipo A o macrófagos sinoviales y de tipo B o fibroblastos sinoviales, con funciones diferenciadas. Mientras que los macrófagos sinoviales son células fagocíticas encargadas de eliminar los desechos y las partículas intraarticulares, los fibroblastos sinoviales tienen funciones sintéticas relacionadas con la secreción de componentes esenciales del líquido sinovial y la homeostasis de la matriz extracelular, controlando el metabolismo del cartílago y manteniendo su integridad(7). Numerosos estudios apoyan la hipótesis de que los fibroblastos sinoviales desempeñan una función relevante en la patogenia de las artritis crónicas. En ellas, se produce una hiperplasia de los fibroblastos que puede contribuir a procesos de reclutamiento, y activación de células inflamatorias, angiogénesis y destrucción del cartílago y hueso subcondral(8,9).

En su interior, la membrana sinovial presenta pliegues sinoviales cuya función es aumentar la capacidad articular en caso de inflamación articular. Además, la membrana sinovial también se encarga de mantener la presión intraarticular negativa (-4 mmHg). En caso de derrame articular, esta presión aumenta provocando dolor por distensión de partes blandas y vasos sinoviales.

Líquido sinovial

El líquido sinovial es claro o ligeramente amarillento, de alta viscosidad (similar a la clara de huevo) y es secretado en la cavidad articular por la membrana sinovial. Su función es lubricar y nutrir al cartílago avascular. Es un dializado del plasma que, en condiciones normales, no contiene factores de coagulación ni eritrocitos y posee un escaso contenido en proteínas de bajo peso molecular y otras células. Solo en condiciones de inflamación, aumenta la permeabilidad de la cápsula articular permitiendo el paso de inmunoglobulina M y fibrinógeno, de mayor tamaño. Además, en el líquido articular podemos encontrar otras sustancias, como: ácido hialurónico y la lubricina, sintetizados por los sinoviocitos tipo B, responsables de la gran viscosidad del líquido sinovial y de disminuir la fricción, respectivamente. Tanto el cartílago articular como el líquido sinovial, permiten que el coeficiente de rozamiento de una articulación humana sea muy bajo, de 0,002 a 0,04.

El contenido de líquido intraarticular oscila generalmente entre 3-5 ml, aumentando en procesos inflamatorios. Asimismo, otras propiedades del líquido articular pueden también verse modificadas en presencia de inflamación articular, tales como: aspecto macroscópico, celularidad o filancia (Tabla II).

Tabla

 

La filancia se define como la capacidad de una mucosidad de extenderse hasta formar hilos. Esta se mide colocando una gota en un portaobjetos y levantándola lentamente. En condiciones normales, el líquido sinovial es capaz de formar una hebra de 3-6 cm de longitud, disminuyendo este recorrido en procesos inflamatorios.

En adultos, el análisis con microscopio de luz polarizada, puede ayudar en la identificación de cristales que orienten a determinada patología, como los cristales de urato monosódico en la gota; los de oxalato de calcio en el daño renal; o los de Charcot-Leyden en eosinofilia asociada a vasculitis. Así mismo, la tinción con rojo Congo es utilizada para descartar la presencia de amiloidosis(10).

Otros

Ligamentos

Son elementos viscoelásticos, con inervación propioceptiva y ricos en colágeno tipo I, fibras de elastina y fibronectina. Los ligamentos conectan dos huesos a través de la articulación para preservarlos durante los movimientos o desplazamientos, protegiéndolos de luxaciones. Suelen localizarse extracapsularmente, aunque existen ligamentos intracapsulares. La deformación del ligamento y su punto de rotura ante una determinada tracción se modifican con el tiempo y con la repetición de la misma. Mientras que el entrenamiento protege de posibles daños al mismo, otros factores como la edad, determinadas hormonas o la inmovilización los favorecen.

Meniscos

Son almohadillas fibrocartilaginosas, principalmente compuestas por colágeno tipo I, de forma semicircular y sección triangular. Se encuentran ubicadas entre las superficies articulares y unidas a la cápsula fibrosa. Están presentes en distintas articulaciones (acromio-clavicular, témporo-mandibular, rodilla). Su función es aumentar la superficie de contacto y la congruencia articular y contribuir a una mejor distribución de cargas mediante la transformación de fuerzas de compresión axial en longitudinales. Contribuyen a mantener la estabilidad de la articulación y dirigen el flujo de líquido sinovial hacia las zonas de mayor rozamiento.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

 

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Pediatr Integral 2017; XXI (3): 160 – 169


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*Sección de Reumatología Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Profesor Asociado. Universitat de Barcelona.
**Sección de Reumatología Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu


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Fármacos más habituales en Reumatología Pediátrica

D. Clemente Garulo
Temas de FC


D. Clemente Garulo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

Los fármacos empleados habitualmente en Reumatología Pediátrica son aquellos capaces de disminuir o suprimir la respuesta inflamatoria alterada que caracteriza a las enfermedades reumáticas, principalmente, bloqueando la vía metabólica del ácido araquidónico y las células del sistema inmune y/o sus productos. En el tratamiento inicial o durante la evolución de estas enfermedades, pueden utilizarse antiinflamatorios no esteroideos y corticoides, siendo con frecuencia necesario introducir precozmente fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME), así denominados a los inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado la capacidad de ralentizar la progresión o inducir la remisión clínica de las artritis crónicas y otras enfermedades reumáticas. Entre los FAME distinguimos 2 grandes grupos: 1) FAME sintéticos, que se subdividen en convencionales y dirigidos y 2) FAME biológicos, que se subdividen en originales o biosimilares. Para el tratamiento de enfermedades autoinmunes sistémicas, como conectivopatías y vasculitis, siguen utilizándose inmunosupresores clásicos. A continuación, se expondrán brevemente las características y los principios generales relativos al uso de cada uno de estos grupos de fármacos.

 

Abstract

Drugs commonly used in pediatric rheumatology are those capable of reducing or suppressing the abnormal inflammatory response that characterizes rheumatic diseases, mainly by blocking the metabolic pathway of arachidonic acid and the cells of the immune system and/or their products. In the initial treatment or during the progression of these diseases, non-steroidal anti-inflammatory drugs and corticosteroids can be used, but it is usually necessary to introduce disease-modifying (anti-rheumatic) drugs early (DMARDs), immunosuppressants or immunomodulators that have demonstrated the ability to slow down the progression or induce clinical remission of chronic arthritis and other rheumatic diseases. Among DMARDs 2 large groups can be distinguished: 1) synthetic DMARDs, which are subdivided into conventional and targeted; 2) Biological DMARDs, which are subdivided into originals or biosimilars. For the treatment of systemic autoimmune diseases, such as connective tissue diseases and vasculitis, classical immunosuppressants are still in use. The characteristics and general principles regarding the use of each of these groups of drugs will be briefly explained in the present article.

 

Palabras clave: Antiinflamatorios no esteroideos; Corticoides; FAME; Terapias biológicas; Inmunosupresores.

Key words: Non-steroidal anti-inflammatory drugs; Corticosteroids; DMARDs; Biological therapies; Immunosuppressants.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 175 – 184

 


OBJETIVOS

• Conocer las características generales de los fármacos antiinflamatorios y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME), tanto sintéticos como biológicos.

• Conocer las indicaciones de uso de los principales fármacos utilizados en Reumatología Pediátrica.

• Saber cómo evaluar y detectar posibles efectos secundarios de estos tratamientos.

• Aprender cuáles de estos fármacos se pueden utilizar con seguridad durante embarazo y lactancia.

Fármacos más habituales en Reumatología Pediátrica

Introducción

En el tratamiento farmacológico de las enfermedades reumáticas van a emplearse antiinflamatorios no esteroideos, corticoides y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME). Se denominan FAME a los fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado cambiar el curso evolutivo de la artritis idiopática juvenil y otras enfermedades reumáticas.

Las enfermedades reumáticas de inicio en la infancia constituyen un grupo heterogéneo de trastornos caracterizados por la aparición de inflamación crónica o intermitente (“en brotes”) y que pueden ocasionar un daño irreversible en los órganos y sistemas afectados. El tratamiento de estas enfermedades tiene como finalidad: aliviar los síntomas del paciente, asegurar un crecimiento y desarrollo adecuados, mejorar la calidad de vida y prevenir o minimizar la aparición de secuelas.

Para lograr estos objetivos, se dispone de un cada vez mayor número de fármacos que permiten controlar las manifestaciones inflamatorias de los pacientes y que pueden dividirse en: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), corticoides y fármacos (antirreumáticos) modificadores de la enfermedad (FAME) que, a su vez, se subdividen en FAME sintéticos y biológicos. Reciben el nombre de FAME, aquellos fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores que han demostrado la capacidad de cambiar el curso evolutivo de la artritis idiopática juvenil (AIJ) y otras enfermedades reumáticas, evitando o retrasando la progresión del daño estructural y ejerciendo un efecto beneficioso sobre los mecanismos patogénicos de estas, llegando incluso a inducir la remisión clínica. Los FAME son fármacos de acción lenta (su efecto comienza a ser apreciable después de varias semanas de tratamiento), por lo que necesitan ir asociados, en los momentos iniciales, con AINE o corticoides. Para el tratamiento de algunas enfermedades autoinmunes sistémicas, como conectivopatías y vasculitis, siguen utilizándose inmunosupresores clásicos, como la azatioprina, el micofenolato mofetilo o la ciclofosfamida. A continuación, se expondrán brevemente las características y principios generales relativos a cada uno de estos grupos de fármacos(1).

Antiinflamatorios no esteroideos

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) siguen siendo el tratamiento de primera línea del dolor con un componente inflamatorio leve o moderado.

Los efectos terapéuticos de los AINE y sus efectos secundarios se producen por su acción inhibitoria sobre la enzima ciclooxigenasa (COX), que convierte el ácido araquidónico en prostaglandinas (PG) G2 y H2 y que, a su vez, darán lugar a 5 eicosanoides activos (PGI2, tromboxano A2, PGE2, PGD2 y PGF2α). Existen 2 isoformas de COX (COX-1 y COX-2), codificadas por distintos genes:1) COX-1, que se expresa de forma constitutiva en la mayoría de los tejidos y proporciona las PG necesarias para el control homeostático de múltiples funciones fisiológicas (citoprotección de la mucosa gástrica, trombogénesis plaquetaria, homeostasis vascular y mantenimiento del flujo sanguíneo renal); 2) COX-2, cuya expresión es inducida por mediadores proinflamatorios (IL-1, TNF-α,…) y desempeña un papel en la modulación de la información dolorosa, la respuesta inflamatoria y la fiebre.

Todos los AINE inhiben la COX de forma reversible, excepto el ácido acetil salicílico (AAS), que lo hace de forma irreversible. La mayoría de AINE disponibles inhiben con diferente actividad ambas isoformas de COX, siendo la inhibición de COX-1 la que da lugar a los efectos adversos asociados a estos tratamientos (toxicidad gastrointestinal, efectos adversos cardiovasculares, reacciones de hipersensibilidad cutánea, renales).

En la tabla I se recogen los AINE de uso común en Reumatología Pediátrica, siendo ibuprofeno y naproxeno los más empleados debido a su posibilidad de presentación en formulaciones líquidas, normalmente bien tolerados y con menos efectos secundarios que en adultos.

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La respuesta a los AINE tiene un importante componente idiosincrático, por lo que habrá que valorar las experiencias previas en relación con su eficacia y tolerabilidad. También hay que tener en cuenta que, mientras el efecto analgésico es rápido en alcanzarse, el efecto antiinflamatorio suele tardar más y requerir dosis más elevadas. Celecoxib es el único inhibidor selectivo de la COX-2 aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para su uso en la artritis idiopática juvenil, aunque sigue siendo poco frecuente. La utilización de AINE de forma puntual en pacientes pediátricos sin factores de riesgo no justifica la gastroprotección rutinaria con inhibidores de la bomba de protones, aunque se recomienda tomar con comidas. No se deben combinar AINE salvo con AAS a dosis antiagregantes. En pacientes con enfermedad renal crónica o enfermedad inflamatoria intestinal, los AINE deben evitarse(2,3).

Corticoides

Los glucocorticoides sintéticos son los fármacos de mayor potencia antiinflamatoria que se conocen, que varía dependiendo del fármaco y las dosis empleadas. Sin embargo, se debe usar la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible, debido a la posibilidad de efectos adversos con tratamientos prolongados.

Los glucocorticoides son hormonas esteroideas que se sintetizan en la corteza de las glándulas suprarrenales, de las que el principal representante es el cortisol (hidrocortisona), y que tienen múltiples acciones biológicas, incluyendo efectos antiinflamatorios e inmunosupresores.

Las acciones de los glucocorticoides tienen lugar mediante 2 mecanismos de acción: 1) mediante su unión a receptores citosólicos específicos, dando lugar a complejos glucocorticoide-receptor que van a alterar la transcripción de genes implicados en la producción de citoquinas proinflamatorias y la proliferación linfocitaria (mecanismo genómico), pudiendo necesitar horas o días para conseguir el efecto máximo; 2) mediante cambios provocados en las membranas celulares y mitocondriales, cuando se utilizan a dosis elevadas, por interacciones con receptores y proteínas de membrana o acciones fisicoquímicas directas. En este caso, los efectos pueden apreciarse en segundos o minutos.

Los glucocorticoides sintéticos son los fármacos de mayor potencia antiinflamatoria que se conocen, que varía dependiendo del tipo (Tabla II) y las dosis empleadas.

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Cuando se emplean por vía sistémica (oral, intravenosa), utilizando a la prednisona como referencia, podemos distinguir:

• Dosis bajas: 7,5 mg/día o 0,2 mg/kg/día, para manifestaciones articulares leves y como terapia puente o mantenimiento.

Dosis medias: 7,5-30 mg/día o 0,2-0,5 mg/kg/día, para manifestaciones articulares moderadas-graves, serositis y manifestaciones cutáneas.

Dosis altas: > 30-100 mg/día o 0,5-1 mg/kg/día, para manifestaciones sistémicas y/o viscerales (renales, neurológicas).

Dosis muy altas: > 100 mg/día o 1-2 mg/kg/día, para manifestaciones sistémicas graves o con riesgo vital.

• Pulsos o bolos de corticoides: >250 mg o 10-30 mg/kg (máximo 1 g), habitualmente durante 3-5 días por vía intravenosa, previo al inicio de dosis altas o muy altas.

Los principales efectos adversos cuando se emplean a dosis altas son: incremento del apetito acompañado de ganancia ponderal, alteraciones cutáneas (acné, estrías, hipertricosis) y alteraciones del sistema nervioso central (euforia, alteraciones del comportamiento, insomnio). La administración prolongada puede dar lugar a: alteraciones musculoesqueléticas (retraso del crecimiento, osteoporosis, necrosis avascular, miopatías); cardiovasculares (hipertensión arterial); endocrino-metabólicas (hábito cushingoide, hiperglucemia, hiperlipemia); oculares (catarata, glaucoma); gastrointestinales (esteatosis hepática, pancreatitis); y un aumento del riesgo de infecciones. Para minimizar estos efectos adversos, se debe usar la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible (evitar dosis > 0,2 mg/kg o > 7,5 mg diarios de forma continuada), preferiblemente en dosis única por la mañana. En aquellos pacientes que precisen una administración prolongada, se debe considerar administración conjunta de suplementos de calcio y vitamina D, recomendar una dieta baja en sodio y no interrumpir el tratamiento de forma brusca por la posible supresión del eje hipotálamo-hipofisis-suprarrenal.

Gracias al desarrollo de los FAME, especialmente los biológicos, el uso de dosis sistémicas elevadas durante periodos prolongados ha disminuido significativamente en los últimos años. Sin embargo, sigue siendo frecuente la administración local de corticoides mediante aplicación tópica cutánea, colirios oftalmológicos o mediante infiltraciones intra o periarticulares. La duración clínica del efecto de los corticoides infiltrados es inversa a la solubilidad de estos. Los preparados menos solubles (acetónido de triamcinolona y hexacetónido de triamcinolona) son moléculas de mayor tamaño y con mayor facilidad para formar agregados y cristales; la duración de la acción local es mayor y con menos efectos sistémicos, aunque pueden producir un daño tisular local leve, como atrofia de la grasa subcutánea o despigmentación. Por ello, se suele recomendar la utilización de estos para infiltraciones intraarticulares, mientras que para las infiltraciones de partes blandas se prefieren preparados más solubles, como betametasona(3).

Fármacos modificadores de la enfermedad sintéticos

En este grupo de FAMEs podemos distinguir entre sintéticos convencionales, que incluye a fármacos tradicionales como: metotrexato, leflunomida, sulfasalazina e hidroxicloroquina (Tabla III), y sintéticos dirigidos, que incluye a nuevas moléculas diseñadas para inhibir selectivamente dianas terapéuticas específicas, como los inhibidores de proteínas JAK y el apremilast.

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Metotrexato

El metotrexato es, con diferencia, el FAME más usado debido a su probada efectividad, excelente perfil de seguridad y bajo coste.

El metotrexato se utiliza principalmente para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil, aunque también es útil en otras enfermedades como: uveítis, dermatomiositis juvenil (DMJ) o lupus eritematoso sistémico (LES). También se utiliza para inhibir la formación de anticuerpos neutralizantes frente a terapias biológicas, permitiendo prolongar su efectividad.

El metotrexato es un antagonista del ácido fólico que actúa inhibiendo la dihidrofolato reductasa, una enzima crítica en el metabolismo del folato, impidiendo la síntesis de purinas y pirimidinas, y bloqueando el ciclo de división celular. Sin embargo, este efecto citotóxico aparece cuando se emplea a dosis altas (p. ej., enfermedades oncológicas), diferente del efecto antiinflamatorio que se consigue si se emplea a dosis bajas y en pauta semanal. Este efecto resulta de la formación intracelular de poliglutamatos de MTX, que provoca la liberación de AMPc al exterior celular, donde se transforma en adenosina. La adenosina se une a los receptores de adenosina 2A linfocitarios (ADORA2A), favoreciendo la síntesis de pKA que, a su vez, bloquea la formación de NF-κB, impidiendo con ello la síntesis de citoquinas proinflamatorias(4).

La dosis de inicio es de 10-15 mg/m2 una vez a la semana, que puede incrementarse progresivamente hasta una dosis máxima de 25 mg/semana, pudiendo administrarse por vía oral o subcutánea. Se recomienda esta última forma de administración cuando se emplea una dosis mayor de 15 mg/semana (menor biodisponibilidad en la forma oral), aparecen efectos adversos gastrointestinales o cuando la eficacia es insuficiente. Cuando se indica para el tratamiento de AIJ poliarticular o uveítis, se emplean desde el inicio dosis de 15 mg/m2/semana y por vía subcutánea.

Los principales efectos adversos son gastrointestinales (dolor abdominal, náuseas/vómitos, anorexia) y conductuales (conducta de anticipación con aparición de dolor abdominal, síntomas digestivos o nerviosismo significativo previos a su administración)(5). También es relativamente habitual la elevación asintomática de transaminasas en controles analíticos, debiendo actuarse de la siguiente forma: 1) si las enzimas hepáticas se encuentran entre 1-2 veces en el límite superior de lo normal, solo se realizarán controles analíticos con mayor frecuencia hasta su normalización; 2) si las enzimas hepáticas superan en 2 veces el límite superior de lo normal, se recomienda disminuir la dosis o suspender temporalmente el metotrexato y 3) si las enzimas hepáticas se mantienen > 3 veces del límite superior de lo normal después de una disminución en la dosis del metotrexato, se recomienda suspender el tratamiento. La aparición de efectos adversos mucocutáneos (aftas orales, alopecia) o hematológicos (citopenias) es mucho menos frecuente, al igual que el posible aumento del riesgo de infecciones.

Para prevenir la aparición de dispepsia, náuseas o vómitos, se asocia ácido fólico o folínico por vía oral, a dosis de 5 y 7,5 mg respectivamente, separado, al menos, un día de la administración del metotrexato(6).

Leflunomida

La leflunomida es un inhibidor de la síntesis de pirimidinas, por lo que inhibe la proliferación y activación de linfocitos T. Se utiliza para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil cuando existe intolerancia o contraindicación para el uso de metotrexato, especialmente en adolescentes(7).

Sulfasalazina

La sulfasalazina es una molécula que resulta de la combinación de ácido 5-aminosalicílico y sulfapiridina (antibiótico). Su acción antiinflamatoria está relacionada con la disminución del crecimiento bacteriano (disminuye la presentación de antígenos), una inhibición parcial de la función de linfocitos T y B y la reducción de leucotrienos, prostaglandinas y citoquinas proinflamatorias.

Se utiliza para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil tipo artritis relacionada con entesitis y espondiloartritis juveniles(8).

Hidroxicloroquina

La hidroxicloroquina es un antimalárico con una acción inmunomoduladora. Entre sus mecanismos de acción destaca: el efecto antiinflamatorio sobre la pared vascular, la inhibición de la función de monocitos y macrófagos y la inhibición de las fosfolipasas A2 y C.

Su principal indicación es el LES, debiendo asociarse desde su diagnóstico. No solo se ha demostrado útil para el control de la actividad inflamatoria, sino que también disminuye la aparición de trombosis (con o sin anticuerpos antifosfolípidos), aterosclerosis y síndrome metabólico, infecciones e incluso neoplasias. También se ha empleado para el tratamiento de las manifestaciones cutáneas de la DMJ, en el síndrome de Sjögren y en el síndrome antifosfolípido.

Los efectos adversos son menos frecuentes que para otros antipalúdicos, como la cloroquina, siendo necesaria la realización de controles oftalmológicos periódicos por la posibilidad aparición de toxicidad retiniana(9).

Fármacos modificadores de la enfermedad sintéticos dirigidos

En este grupo de fármacos destacan los inhibidores de proteínas Janus quinasas (JAK), una familia de proteínas cuya función es la transmisión intracelular de señales de activación inducidas por citoquinas, factores de crecimiento y hormonas. Se diferencian de los FAMEs sintéticos convencionales en que se han desarrollado con un conocimiento claro de su mecanismo de acción y su diana terapéutica, y de los fármacos biológicos, en que son moléculas de pequeño tamaño y con la capacidad de bloquear de forma simultánea varias citoquinas proinflamatorias.

Se administran por vía oral, con un perfil de seguridad en adultos similar al de los fármacos biológicos, aunque con mayor riesgo de herpes zóster y de eventos trombóticos. Recientemente se ha aprobado el uso de tofacitinib en artritis idiopática juvenil poliarticular y psoriásica en niños mayores de 2 años (10-20 kg: 3,2 mg cada 12 horas; 20-40 kg: 4 mg cada 12 horas; > 40 kg: 5 mg cada 12 horas). Existen varios ensayos clínicos en marcha con baricitinb y upadacitinib en AIJ con resultados prometedores. Baricitinib también se ha empleado con éxito en algunas enfermedades autoinflamatorias como el síndrome CANDLE y la DMJ.

Otro FAME sintético dirigido es el apremilast, un inhibidor de la fosfodiesterasa 4, utilizado en el tratamiento de artritis psoriásica en adultos, pero todavía sin indicación en Pediatría.

Inmunosupresores clásicos

Este grupo de fármacos se caracteriza por tener una acción lenta, basada en la inhibición de la división celular o la citotoxicidad. Incluye a: azatioprina, micofenolato mofetilo, ciclofosfamida y anticalcineurínicos (Tabla III)(9,10).

Azatioprina

La azatioprina es un profármaco de la 6-mercaptopurina que inhibe la síntesis de purinas y, en consecuencia, la proliferación de linfocitos T y B. Se emplea fundamentalmente en el LES, sobre todo, cuando existe afectación renal y tras la inducción con ciclofosfamida, aunque también se emplea en vasculitis asociada a ANCA, miopatías inflamatorias o en la enfermedad de Behcet.

Se recomienda determinar la actividad de la enzima tiopurina metiltransferasa antes de iniciar el tratamiento, ajustando la dosis en consecuencia, para evitar la aparición de toxicidad.

Micofenolato mofetilo

El micofenolato mofetilo (MMF) es un profármaco del ácido micofenólico que inhibe la producción de monofosfato de guanosina, una purina requerida para la síntesis de ADN y ARN. De este modo, inhibe la proliferación de linfocitos T y B, macrófagos y células dendríticas.

Se emplea en el tratamiento del LES, miopatías inflamatorias, esclerodermia localizada y esclerosis sistémica, y en algunas vasculitis (asociada a ANCA, aislada del sistema nervioso central).

Ciclofosfamida

La ciclofosfamida es un agente alquilante que forma puentes de unión entre 2 cadenas de ADN e impide su replicación, afectando especialmente a las células que más rápidamente proliferan.

Debido a su toxicidad potencial, en Reumatología se emplea para el tratamiento de las manifestaciones más graves y/o con riesgo vital que pueden aparecer en el LES (afectación renal y del sistema nervioso central), vasculitis asociada a ANCA o la esclerosis sistémica.

Anticalcineurínicos

La ciclosporina A y el tacrólimus inhiben a la calcineurina, enzima responsable de la activación y la transcripción de IL-2, responsable de la estimulación del crecimiento y la diferenciación de los linfocitos T.

Ambos se emplean en algunos casos de conectivopatías (LES, DMJ), uveítis y enfermedad de Behcet. La ciclosporina A se utiliza en el tratamiento del síndrome de activación macrofágica que aparece en la AIJ sistémica.

Fármacos modificadores de la enfermedad biológicos

Las terapias biológicas constituyen un grupo de fármacos que se caracterizan por emplear organismos vivos (células, bacterias, virus, levaduras) en su producción. Han supuesto un gran avance para el tratamiento de enfermedades inmunomediadas, al ser diseñadas de forma específica y selectiva para neutralizar la acción de mediadores y/o receptores celulares o solubles implicados en su patogenia y para las que, en muchos casos, no se disponía de alternativas terapéuticas realmente efectivas.

Aunque a corto y medio plazo los efectos adversos son bien conocidos y aceptables, los efectos adversos a largo plazo todavía son desconocidos. Por otra parte, debido al proceso complejo de producción y a su empleo en enfermedades crónicas, los fármacos biológicos suponen un elevado gasto para los servicios públicos. Todo ello hace preciso que su prescripción esté debidamente justificada y sea necesario definir las indicaciones y los criterios de retirada en caso de ausencia de respuesta o una respuesta insuficiente.

Los principales fármacos biológicos utilizados en Reumatología quedan recogidos en la tabla IV, divididos según su mecanismo de acción.

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Con la expiración de la patente, han aparecido durante los últimos años fármacos biosimilares de algunas de las terapias biológicas. A pesar de que no son totalmente intercambiables con los fármacos originales, por poder presentar alguna variación en la molécula activa, en la práctica se utilizan para las mismas indicaciones.

La respuesta clínica se consigue habitualmente durante los 3-4 primeros meses de tratamiento, por lo que debe reconsiderarse la continuación del tratamiento en los pacientes que no hayan respondido en ese tiempo.

Para discontinuar el tratamiento de fármacos biológicos, debe haberse logrado la remisión clínica o un estado de mínima actividad de la enfermedad de forma estable durante, al menos, 6 meses (normalmente 12-24 meses). Aunque no existe un procedimiento estándar para su retirada, lo habitual es prolongar el intervalo de administración o disminuir la dosis progresivamente a lo largo de 6-12 meses antes de su suspensión definitiva.

Los principales efectos adversos de este grupo de fármacos son:

• Reacciones locales (dolor, prurito, eritema) en aquellos que se administran por vía subcutánea (especialmente anakinra), e infusionales en aquellos que se administran por vía intravenosa (especialmente infliximab y rituximab).

• Incremento de la susceptibilidad para infecciones graves, incluyendo tuberculosis (especialmente los antagonistas del TNF tipo anticuerpo monoclonal), sepsis bacterianas e infecciones oportunistas, como herpes zóster (otras infecciones oportunistas son raras en niños).

• Reactivación del virus de la hepatitis B en portadores crónicos.

• Incremento del riesgo de neoplasias y procesos linfoproliferativos. Aunque datos actuales no confirman un aumento de la incidencia de neoplasias en relación con antagonistas del TNF, sí se han descrito casos de linfoma hepatoesplénico de células T en niños con enfermedad inflamatoria intestinal tratados con anticuerpos monoclonales dirigidos frente al TNF-α en combinación con otros inmunosupresores.

Alteraciones neurológicas: se han descrito casos de enfermedad desmielinizante (esclerosis múltiple, neuritis óptica, síndrome de Guillain Barré). Aunque se desconoce si existe realmente una relación causal, se recomienda precaución cuando existen antecedentes de estas enfermedades desmielinizantes.

Alteraciones hematológicas: se han descrito citopenias, especialmente leucopenia, y de forma excepcional pancitopenia. La neutropenia es más frecuente con el uso de tocilizumab, aunque suele ser de carácter leve. En el caso de rituximab y debido a su mecanismo de acción, se puede producir hipogammaglobulinemia.

• Inmunogenicidad: se ha descrito la inducción de autoanticuerpos (anticuerpos antinucleares, anti-DNA, anticardiolipina) y de anticuerpos frente a los propios fármacos biológicos, especialmente antagonistas del TNF. Estos últimos pueden determinar la aparición de reacciones infusionales y la pérdida de la eficacia terapéutica.

Para las terapias biológicas que se administran por vía subcutánea, se recomienda sacar la medicación de la nevera media hora antes de su administración y variar el lugar de la inyección para evitar reacciones cutáneas. La primera dosis debe administrarse de forma supervisada en el hospital y debe instruirse en el manejo al paciente y/o sus padres. La administración de terapias biológicas por vía intravenosa debe realizarse en el hospital de día médico bajo supervisión del equipo de enfermería(11,12).

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria debe colaborar en la actualización del calendario vacunal que se realiza al inicio del tratamiento con FAME o inmunosupresores, siguiendo las recomendaciones de la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica(13). Además, puede participar en la monitorización de los tratamientos, con la realización de analíticas de sangre periódicas (Tabla V) y la detección precoz de los efectos adversos que acompañan con relativa frecuencia al uso de este grupo de fármacos(14).

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En algunos casos, puede ser consultado acerca de la interacción de estas medicaciones con embarazo y lactancia, por lo que se aportan recomendaciones actuales en tabla V(15,16).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según el autor.

1.*** Barrio Nogal L, Sala Icardo L, Sharruf AM, Peña Montelongo SI, Clemente Garulo D, López-Robledillo JC. Farmacopedia. Reumatología Pediátrica. Madrid: Anarr Nuevo Siglo; 2020.

2. Barbagallo M, Sacerdote P. Ibuprofen in the treatment of children’s inflammatory pain: a clinical and pharmacological overview. Minerva Pediatr. 2019; 71: 82-99.

3. Fernández Berrizbeitia O, Humayor Yáñez FJ. AINE y glucocorticoides. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Ergon ed. Majadahonda (Madrid); 2019. p. 259-66.

4. Malaviya AN, Sharma A, Agarwal D, Kapoor S, Garg S, Sawhney S. Low-dose and high-dose methotrexate are two different drugs in practical terms. Int J Rheum Dis. 2010; 13: 288-93.

5. Barral Mena E, García Cardaba LM, Canet Tarres A, Enriquez Merayo E, Cruz Utrilla A, de Inocencio Arocena J. Methotrexate in juvenile idiopathic arthritis. Adverse effects and associated factors. An Pediatr (Engl Ed). 2020; 92: 124-31.

6.*** Calvo I, Anton J, López Robledillo JC, de Inocencio J, Gamir ML, Merino R, et al. Recommendations for the use of methotrexate in patients with juvenile idiopathic arthritis. An Pediatr (Barc). 2016; 84: 177 e1-8.

7. Ayaz NA, Karadag SG, Cakmak F, Cakan M, Tanatar A, Sonmez HE. Leflunomide treatment in juvenile idiopathic arthritis. Rheumatol Int. 2019; 39: 1615-9.

8. Granados Bautista IP, Losado Pinedo B. FAME no biológicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 267-70.

9. Novoa Medina FJ, Angulo Moreno MT. Inmunomoduladores e inmunosupresores clásicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 271-5.

10. Trindade VC, Carneiro-Sampaio M, Bonfa E, Silva CA. An Update on the Management of Childhood-Onset Systemic Lupus Erythematosus. Paediatr Drugs. 2021; 23: 331-47.

11. Enríquez Merayo E, Arocena JI. FAME biológicos. En: Juan Carlos López Robledillo, María Luz Gámir Gámir, editores. Manual SER de diagnóstico y tratamiento en Reumatología Pediátrica. Majadahonda (Madrid): Ergon; 2019. p. 277-83.

12. Mehta J, Beukelman T. Biologic Agents in the Treatment of Childhood-Onset Rheumatic Disease. J Pediatr. 2017; 189: 31-9.

13. Núñez E, Marisol Camacho M, Grupo de trabajo SERPE: “Prevención y tratamiento de infecciones en Reumatología Pediátrica”. Vacunación en niños con enfermedades reumáticas (información para pediatras de Atención Primaria). 2018.

14. Higgins GC. Complications of Treatments for Pediatric Rheumatic Diseases. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 827-54.

15.*** Gotestam Skorpen C, Hoeltzenbein M, Tincani A, Fischer-Betz R, Elefant E, Chambers C, et al. The EULAR points to consider for use of antirheumatic drugs before pregnancy, and during pregnancy and lactation. Ann Rheum Dis. 2016; 75: 795-810.

16. Ostensen M, Forger F. How safe are anti-rheumatic drugs during pregnancy? Curr Opin Pharmacol. 2013; 13: 470-5.

Bibliografía recomendada

– Barrio Nogal L, Sala Icardo L, Sharruf AM, Peña Montelongo SI, Clemente Garulo D, López-Robledillo JC. Farmacopedia. Reumatología pediátrica. Madrid: Anarr Nuevo Siglo; 2020.

Libro de consulta que recoge de forma resumida los tratamientos más comúnmente utilizados en Reumatología Pediátrica, haciendo referencia fundamentalmente a sus indicaciones (presentes o no en ficha técnica), posología, monitorización y efectos secundarios relevantes, facilitando así el manejo de las enfermedades reumáticas en la práctica clínica.

– Calvo I, Antón J, López Robledillo JC, de Inocencio J, Gamir ML, Merino R, et al. Recommendations for the use of methotrexate in patients with juvenile idiopathic arthritis. An Pediatr (Barc). 2016; 84: 177e1-8.

Artículo en español que recoge de forma clara las recomendaciones para el uso de metotrexato en niños con artritis idiopática juvenil.

– Gotestam Skorpen C, Hoeltzenbein M, Tincani A, Fischer-Betz R, Elefant E, Chambers C, et al. The EULAR points to consider for use of antirheumatic drugs before pregnancy, and during pregnancy and lactation. Ann Rheum Dis. 2016; 75: 795-810.

Artículo en inglés que recoge las recomendaciones para embarazo y lactancia de los fármacos utilizados para el tratamiento de las enfermedades reumáticas.

Caso clínico

 

Niña de 2 años y 6 meses que presenta, durante los 2 últimos meses, una alteración de la marcha que aparece, sobre todo, al levantarse por la mañana y después de la siesta. Los padres no han presenciado ningún traumatismo que lo justifique ni ha presentado fiebre ni otras manifestaciones clínicas. Sin antecedente previo de infecciones respiratorias digestivas o genitourinarias.

Segunda hija de padres sanos, embarazo y parto normales. Bronquiolitis a los 3 meses. Calendario de vacunas al día. Sin antecedentes familiares de psoriasis, espondiloartritis, enfermedad celiaca ni alteraciones tiroideas.

En la exploración física destaca una tumefacción de rodilla izquierda, con limitación a la flexión completa, sin aparente dolor. Sin otras articulaciones afectadas. Sin entesitis ni dactilitis. Columna y marcha normal. Exploración general sin alteraciones.

Se dispone de las siguientes pruebas complementarias:

Analítica de sangre: hemograma: leucocitos: 9.520 (N 2.690, L 5.710); Hb: 13,3 g/dl; VCM: 83 fl; HCM: 28,3 pg; plaquetas: 453.000. VSG: 28 mm; PCR: 0,9 mg/dl. Bioquímica: normal, incluyendo perfil hepático y renal. Hormonas tiroideas: normales. Serología VHB y VHC negativos. Inmunología: anticuerpos antinucleares positivos 1/640, factor reumatoide negativo, anticuerpos antipéptido citrulinado negativo. Inmunoglobulinas y complemento normales. HLA B27 negativo.

Analítica de orina: sin alteraciones.

Radiografía de rodilla izquierda: sin lesiones óseas.

Ecografía de rodilla izquierda: derrame articular con hipertrofia sinovial.

Estudio del líquido sinovial: células en líquido sinovial: hematíes 400/mm3; leucocitos: 11.260 (polimorfonucleares 48%, mononucleares 52%). Bioquímica líquido sinovial: proteínas: 7,2 g/dl; glucosa: 59 mg/dl. No se observan microorganismos. Cultivo negativo.

Se diagnostica de una artritis idiopática juvenil oligoarticular, mejorando el cuadro articular tras la realización de una artrocentesis e infiltración de rodilla izquierda. Se solicita valoración por Oftalmología, detectándose una uveítis anterior en ambos ojos, que se mantiene en las siguientes revisiones a pesar del tratamiento tópico con corticoides.

 

 

Algoritmo

 

Lupus y otras conectivopatías en la infancia

E. Urbaneja Rodríguez
Temas de FC


E. Urbaneja Rodríguez

Consulta de Inmunología y Reumatología Pediátricas. Centro Médico La Marquesina, Hospital Recoletas Campo Grande. Valladolid

Resumen

Las conectivopatías (lupus eritematoso sistémico, dermatomiositis, esclerodermia, síndrome de Sjögren y enfermedad mixta del tejido conectivo) son un grupo heterogéneo de enfermedades autoinmunes de etiopatogenia multifactorial, en las que se combinan factores genéticos y ambientales, desencadenando una alteración del sistema inmune adaptativo. Asocian clínica multisistémica y muy variable, lo que puede complicar su diagnóstico. Su tratamiento debe ser individualizado, en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas y, generalmente, está basado en la combinación de corticoides con otros fármacos inmunosupresores. Aunque las conectivopatías son menos frecuentes que en adultos, en edad pediátrica afectan también más al sexo femenino y suelen debutar al final de la primera década de la vida o durante la adolescencia. Todas ellas asocian ciertas peculiaridades pediátricas, que se describen y desarrollan de forma detallada en el siguiente artículo.

 

Abstract

Connective tissue diseases (systemic lupus erythematosus, dermatomyositis, scleroderma, Sjögren’s syndrome and mixed connective tissue disease) are a heterogeneous group of autoimmune diseases with a multifactorial etiopathogenesis in which genetic and environmental factors are combined, triggering an alteration of the adaptive immune system. They associate multisystemic and highly variable symptoms that can complicate their diagnosis. Its treatment must be individualized based on the severity of the clinical manifestations, although it is generally based on the combination of corticosteroids with other immunosuppressive drugs. Although connective tissue diseases are less frequent than in adults, in the pediatric age they mainly affect females and usually manifest at the end of the first decade of life or during adolescence. All of them associate certain pediatric features that are described and developed in detail in the following article.

 

Palabras clave: Lupus; Dermatomiositis juvenil; Esclerodermia; Sjögren; Enfermedad mixta del tejido conectivo.

Key words: Lupus; Juvenile dermatomyositis; Scleroderma; Sjogren; Mixed connective tissue disease.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 163 – 174

 


OBJETIVOS

• Conocer las características de las principales conectivopatías que debutan en la infancia, haciendo hincapié en sus particularidades pediátricas.

• Realizar una aproximación diagnóstica a las principales conectivopatías.

• Aprender aspectos básicos sobre el tratamiento de estas enfermedades.

• Manejar algunas nociones sobre su seguimiento que se puedan aplicar desde cualquier consulta de Pediatría (detección precoz de brotes, seguimiento de efectos secundarios del tratamiento y la propia enfermedad, disminución del riesgo de infecciones y de factores de riesgo cardiovascular, vacunación, etc.).

Lupus y otras conectivopatías en la infancia

Introducción

Las conectivopatías son enfermedades autoinmunes poco frecuentes en la infancia, debidas a una alteración en la inmunidad adquirida, con predominio de afectación en el sexo femenino y que suelen debutar a finales de la primera década de la vida y en la adolescencia.

Las conectivopatías constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades autoinmunes debidas a una alteración en la inmunidad adquirida. Todas ellas son más frecuentes en el sexo femenino y, cuando presentan su debut en edad pediátrica, tienden a aparecer a finales de la primera década de la vida y durante la segunda década, sobre todo en la adolescencia(1).

Presentan una etiopatogenia desconocida y multifactorial, con implicación de factores ambientales unidos a una predisposición genética. Se caracterizan por una afectación multisistémica que suele cursar en brotes de actividad y periodos de remisión.

Aunque en general son raras en la infancia, todas ellas presentan ciertas peculiaridades cuando afectan a niños y adolescentes, asociando una gran morbilidad y, en muchas ocasiones, una demora diagnóstica, ya que presentan un amplio y difícil diagnóstico diferencial, sobre todo, con: procesos infecciosos, neoplasias y vasculitis. El diagnóstico de confirmación generalmente se establece por la combinación de síntomas sugestivos de cada enfermedad sumados a criterios analíticos.

El objetivo del tratamiento de estas patologías es conseguir la remisión/inactividad clínica para prevenir el daño secundario y las complicaciones asociadas(2). No podemos olvidar la interferencia de estas enfermedades en la adaptación escolar, así como los aspectos psicosociales derivados de las mismas. Por todo ello, las conectivopatías que debutan en niños y adolescentes precisan, para su correcto manejo, de un abordaje multidisciplinar en el que el pediatra de Atención Primaria tiene un papel clave.

Procederemos, a continuación, a resumir las características fundamentales y peculiaridades pediátricas de las principales conectivopatías que pueden aparecer en la infancia: lupus eritematoso sistémico (la más frecuente), dermatomiositis juvenil, esclerodermia (tanto su forma localizada como sistémica), síndrome de Sjögren y enfermedad mixta del tejido conectivo.

Lupus eritematoso sistémico (LES)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

El LES pediátrico supone un 15-20% del total de pacientes con LES y suele debutar en la adolescencia. Se caracteriza por presentar en la infancia un grado mayor de actividad de la enfermedad y por manifestaciones clínicas más graves que en los adultos, sobre todo a nivel renal y neuropsiquiátrico, que confieren un peor pronóstico.

El lupus eritematoso sistémico (LES) es la conectivopatía mejor conocida y el prototipo de enfermedad autoinmune crónica. El LES pediátrico representa aproximadamente un 15-20% del total de pacientes con LES, con una incidencia en España, según los registros nacionales, de 0,36-0,9 casos/100.000 niños/año y con un pico de incidencia a los 12 años(3), siendo muy poco frecuente su debut en <5 años y presentando estos pacientes manifestaciones clínicas atípicas(4). Es más frecuente en raza asiática, afroamericanos y latinos. Los pacientes pediátricos suelen tener las mismas manifestaciones clínicas que los adultos, aunque presentan un mayor grado de actividad de la enfermedad y manifestaciones clínicas más graves, sobre todo a nivel renal y neuropsiquiátrico, que condicionan una mayor morbimortalidad.

En esta enfermedad se produce una falta de tolerancia a antígenos intrínsecos, con formación de autoanticuerpos e inmunocomplejos y su consecuente depósito en los tejidos provocando daño. La presencia de estos autoanticuerpos es una de las características más destacadas de esta patología, estando los mismos en los niños con LES más presentes en el diagnóstico en comparación con los adultos. Además, se unen una gran cantidad de factores genéticos y epigenéticos que en el LES pediátrico adquieren una mayor importancia respecto a los adultos, encontrándose en hasta un 7-8% del LES pediátrico mutaciones monogénicas causantes de la enfermedad(4).

Clínica

Las manifestaciones clínicas más frecuentes en el LES pediátrico son los síntomas constitucionales, la artritis y el exantema malar. A largo plazo es la afectación renal la que marca el pronóstico de la enfermedad.

Aunque las manifestaciones clínicas pueden ser muy variables y similares a los adultos, los síntomas constitucionales (febrícula o fiebre, astenia, hiporexia, pérdida de peso), la artritis (de pequeñas y grandes articulaciones, simétrica, no erosiva) y el rash o exantema malar (eritema con forma de mariposa en mejillas) son los síntomas iniciales más frecuentes en el LES pediátrico (Fig. 1).

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Figura 1. Rash o exantema malar en alas de mariposa, típico de lupus eritematoso sistémico.

Durante la evolución de la enfermedad se puede afectar casi cualquier órgano (afectación renal, neuropsiquiátrica, hematológica, cardiopulmonar, digestiva, mucocutánea, etc.).

La afectación renal, agrupada bajo el término de nefritis lúpica, aparece en el 50-80% de los pacientes con LES pediátrico, en forma de: hematuria, proteinuria-síndrome nefrótico, hipertensión arterial o deterioro de la función renal (Fig. 2).

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Figura 2. Hematuria macroscópica como debut clínico en paciente con lupus eritematoso sistémico.

En ocasiones, la afectación renal puede no correlacionarse bien con los síntomas clínicos, por lo que será necesaria una biopsia renal siempre que exista afectación a dicho nivel para clasificar histológicamente el grado de nefritis lúpica, según la clasificación propuesta en 2003, por la International Society of Nephrology/Renal Pathology Society (ISN/RPS) (Tabla I)(5).

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La forma difusa (clase IV) es la más frecuente y grave. Según la reciente clasificación diagnóstica de LES, establecida en 2019, por EULAR/ACR, la afectación renal se define por la aparición de proteinuria >0,5 g/24 h o por una biopsia renal con clases II, III, IV o V.

La afectación neuropsiquiátrica puede aparecer en forma de: cefalea, convulsiones, enfermedad vascular cerebral, meningitis aséptica, neuropatía, trastornos del movimiento, cambios del estado de ánimo o psicosis.

A nivel hematológico, la leucopenia, linfopenia y trombopenia son las manifestaciones más frecuentes. Puede aparecer anemia en hasta un 50% de los casos, generalmente debida al trastorno inflamatorio crónico, aunque también puede asociarse a hemólisis con test de Coombs positivo. Existe además un estado de hipercoagulabilidad con un aumento del riesgo de trombosis.

A nivel cardiopulmonar, la pleuropericarditis es la manifestación más frecuente en niños.

A nivel gastrointestinal destacan, sobre todo, la aparición de dolor abdominal y diarrea, aunque pueden asociarse: hepatoesplenomegalia, alteraciones esofágicas, pancreatitis y hepatitis autoinmune.

A nivel mucocutáneo, además del típico exantema malar, pueden aparecer: fotosensibilidad, lesiones vasculíticas en cara, manos y pies (Fig. 3), úlceras orales y nasales, alopecia y fenómeno de Ray­naud. Las lesiones cutáneas subagudas y crónicas son raras en la infancia.

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Figura 3. Lesiones de vasculitis en manos en adolescente con lupus eritematoso sistémico.

En casos de gran actividad de la enfermedad, se puede desencadenar un síndrome de activación macrofágico (SAM) que, en comparación con el SAM asociado a artritis idiopática juvenil sistémica, presenta con más frecuencia afectación del SNC e hiponatremia(2).

Diagnóstico

No existen criterios diagnósticos específicos para el LES pediátrico. Se utilizan los criterios de clasificación de adultos (suma de criterios clínicos + analíticos). Las pruebas de laboratorio sirven también para monitorizar la actividad de la enfermedad.

Siempre que se sospeche la enfermedad, se deberá solicitar una analítica con: hemograma, bioquímica completa con función hepática y renal, reactantes de fase aguda, estudio de coagulación que incluya anticuerpos antifosfolípido, estudio de orina y estudio inmunológico, con ANA y anticuerpos específicos (anti-DNAds, anti-Ro, anti-La, anti-Sm y anti-RNP), complemento (C3 y C4) e inmunoglobulinas, así como las pruebas específicas que se precisen según el órgano afectado (ECG, radiografía de tórax, ecografía torácica y/o abdominal, biopsia renal, etc.).

Los niveles de anti-DNAds y los valores de complemento (C3 y C4) sirven para monitorizar la evolución de la enfermedad, siendo estos últimos bajos en periodos de actividad de la misma.

Aunque se está trabajando en ello, actualmente no se dispone de criterios diagnósticos específicos en Pediatría, utilizándose los criterios de clasificación ya conocidos en adultos (Tabla II).

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Los más usados históricamente fueron los establecidos en 1982 por el American College of Rheumatology (ACR), que se revisaron en 1997, necesitando cumplir, al menos, 4 de los 11 criterios en cualquier momento desde el inicio de la enfermedad para el diagnóstico de LES(6). En 2012 se publicaron unos nuevos del Systemic Lupus International Collaborating Clinics (SLICC), en los que hay que cumplir para el diagnóstico 4 criterios, de los cuales, al menos, 1 debe ser clínico y otro inmunológico(7). Más recientemente, en 2019 se han propuesto unos nuevos criterios diagnósticos por la European League Against Rheumatism (EULAR) en colaboración con ACR, que presentan una mayor sensibilidad y especificidad respecto a los de 1997 y 2012. La mayor modificación de esta última clasificación es la necesidad de la presencia de ANA positivos a títulos≥1/80 como requisito indispensable (lo que implica la exclusión de pacientes con ANA persistentemente negativos) y se ha incluido la fiebre inexplicada como criterio clínico constitucional. En esta última clasificación, unos ANA positivos ≥1/80 con una puntuación mayor o igual a 10 y un criterio clínico apoyan el diagnóstico de LES(8). Aunque ya hay varias publicaciones sobre la aplicación de estos últimos en el LES pediátrico, se necesitan más estudios para valorar los criterios EULAR/ACR 2019 en la infancia, sobre todo, teniendo en cuenta que los niños con LES de menor edad pueden tener ANA negativos.

Tratamiento

El tratamiento del LES pediátrico debe ser individualizado y está basado en la combinación de medidas generales y terapia farmacológica, que varía en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas que predominan en cada paciente.

Entre las medidas generales destaca la importancia de limitar la exposición solar, recomendando protección diaria. Es fundamental incidir también en la realización de una dieta variada con ingesta adecuada de calcio, ejercicio físico regular y una correcta inmunización según el calendario vacunal vigente. Los adolescentes con LES deben evitar el tabaco, ya que puede empeorar la enfermedad y disminuir la eficacia de algunas medicaciones.

El tratamiento farmacológico de la enfermedad varía en función de la extensión y gravedad de la misma y está basado en las recomendaciones aplicadas a pacientes adultos(1,4,9). Los pilares fundamentales y la primera línea de tratamiento para casi todos los pacientes con LES son los corticoides y la hidroxicloroquina. Los corticoides ejercen un potente efecto antiinflamatorio e inmunosupresor, mediante la reducción no selectiva en la expresión de citoquinas proinflamatorias. La dosis de corticoides se ajustará en función de la gravedad de las manifestaciones clínicas. Generalmente, se administra prednisona por vía oral, pero en casos graves, se utilizan bolos intravenosos de metilprednisolona. Siempre habrá que recordar que si se realiza un tratamiento prolongado con corticoides en la infancia, se deberán iniciar suplementos de calcio y vitamina D para la profilaxis de osteoporosis y realizar controles seriados de peso y tensión arterial. La hidroxicloroquina es un fármaco antipalúdico oral que resulta muy eficaz para el control de las manifestaciones cutáneas y articulares, reduce la frecuencia de brotes, retrasa la aparición de nuevos síntomas y previene el riesgo trombótico. Se recomienda una exploración oftalmológica anual durante el tratamiento con hidroxicloroquina, ya que puede provocar toxicidad retiniana(9).

En casos moderados se añadirá al tratamiento de primera línea fármacos inmunosupresores ahorradores de corticoides como: metotrexato (sobre todo en casos de afectación cutánea y articular), azatioprina (afectación cutánea, articular y, particularmente, en nefritis lúpica durante el embarazo), micofenolato mofetilo (sobre todo en nefritis lúpica, aunque también en enfermedad cutánea resistente y serositis) o ciclofosfamida (manifestaciones orgánicas graves y potencialmente mortales a nivel renal, cardiopulmonar y neuropsiquiátrico).

En casos refractarios a la terapia anteriormente descrita, pueden utilizarse fármacos biológicos contra las células B, como rituximab (anticuerpo monoclonal quimérico anti-CD20) o belimumab (anticuerpo monoclonal humano que inhibe al estimulador del linfocito B, BLYS). Los inhibidores de las JAK-Kinasas se encuentran en fase de ensayo clínico en niños. En un futuro, la terapia que involucra a células madre mesenquimales podría formar parte del arsenal terapéutico en los pacientes con LES.

En casos de nefritis lúpica, la utilización de diferentes combinaciones de fármacos (corticoterapia + inmunosupresores) ha mejorado mucho su pronóstico(10). En general, en fase de inducción suele utilizarse ciclofosfamida en pulsos o micofenolato mofetilo oral. El micofenolato tiene una eficacia similar a la ciclofosfamida y presenta un perfil de toxicidad más bajo. Posteriormente, como terapia de mantenimiento, se usan micofenolato o azatioprina orales. Es importante recordar que durante el embarazo no pueden usarse ni metotrexato ni micofenolato, por sus efectos teratogénicos, y que en mujeres de edad fértil no se debe usar ciclofosfamida por sus efectos gonadotóxicos.

Dermatomiositis juvenil (DMJ)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La DMJ es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación crónica de piel y músculo estriado, que suele debutar en edad escolar. A diferencia de los adultos, los niños con DMJ no tienen un mayor riesgo de neoplasia, pero asocian con mayor frecuencia: calcinosis, lipodistrofia y afectación cutánea severa.

La dermatomiositis juvenil (DMJ) es la miopatía inflamatoria idiopática más frecuente en la infancia y una enfermedad autoinmune que afecta a piel y músculo estriado, produciendo inflamación y necrosis del tejido muscular, que suele debutar en edad escolar con una edad media de aparición de 7 años. Presenta una incidencia de 2-4 casos/1.000.000 niños/año(1). Al igual que en otras enfermedades autoinmunes, su etiopatogenia se relaciona con una interacción de factores ambientales (infecciones, luz ultravioleta, fármacos) en un individuo genéticamente predispuesto. A diferencia de la dermatomiositis que aparece en adultos, los niños afectos no tienen un mayor riesgo de neoplasia. Además, de forma característica, los pacientes pediátricos asocian más frecuentemente: calcinosis, lipodistrofia y enfermedad cutánea grave y presentan una mejor respuesta al tratamiento y menor mortalidad que los adultos(11).

Clínica

La asociación de manifestaciones cutáneas características y pérdida de fuerza muscular proximal y simétrica a nivel de cintura escapular y pelviana es muy sugestiva de DMJ.

Las manifestaciones cutáneas son específicas y patognomónicas de esta enfermedad y se observan en el 80% de pacientes: eritema en heliotropo (exantema violáceo en párpados superiores que puede acompañarse de edema palpebral) y pápulas de Gottron (lesiones rosadas que se asientan en prominencias óseas, sobre todo, a nivel de articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas, aunque también pueden aparecer en codos y rodillas) (Figs. 4-6).

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Figura 4. Eritema en heliotropo en paciente con dermatomiositis juvenil.

 

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Figura 5. Pápulas de Gottron en articulaciones metacarpo-falángicas e interfalángicas de manos.

 

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Figura 6. Pápulas de Gottron en codos en paciente con dermatomiositis juvenil.

Las alteraciones en los capilares periungueales también son frecuentes en la DMJ. Durante la evolución de la enfermedad pueden aparecer complicaciones cutáneas como: calcinosis (que se relaciona con enfermedad grave y prolongada e inicio tardío del tratamiento), úlceras y lipodistrofia.

La afectación muscular se manifiesta en forma de debilidad proximal y generalmente simétrica, que afecta a cintura escapular (dificultad para levantar los brazos) y pelviana (dificultad para subir y bajar escaleras). El signo de Gowers (el niño trepa sobre sí mismo para levantarse del suelo) es positivo. En casos graves se pueden afectar la musculatura faríngea y respiratoria, asociando dificultad para la deglución, disfagia, disfonía y voz nasal. Existen casos de afectación cutánea exclusiva sin asociación de clínica muscular, denominándose formas amiopáticas.

La afectación gastrointestinal constituye una de las complicaciones más graves de la enfermedad y es debida a una vasculitis intestinal. Se caracteriza por dolor abdominal y existe riesgo de sangrado o perforación.

La afectación cardiopulmonar es menos frecuente que en adultos y puede manifestarse en forma de: cardiomegalia, pericarditis, miocarditis y enfermedad pulmonar intersticial.

Diagnóstico

El diagnóstico de sospecha de DMJ está basado en la suma de criterios clínicos (afectación cutánea característica + debilidad muscular proximal) y analíticos (elevación de enzimas musculares). En ocasiones, se necesita una biopsia muscular para confirmar la enfermedad.

La DMJ se caracteriza analíticamente por una elevación de enzimas musculares (CPK, GOT, LDH y aldolasa). Los ANA pueden ser positivos. También pueden encontrarse anticuerpos específicos de miositis (anti-p155, anti-NXP2, anti-MDA5, anti-SRP, etc.) que están asociados con distintos subgrupos de la enfermedad, con diferente fenotipo, y anticuerpos asociados a miositis (anti-Pm-Scl, anti-U1-RNP, anti-Ro, anti-La, anti-Sm, etc), que aparecen en pacientes con clínica de solapamiento. El electromiograma muestra un patrón miopático con denervación, pero no es específico de la enfermedad. La confirmación diagnóstica se realiza mediante biopsia muscular. En los últimos años, la resonancia magnética se ha incorporado como nueva técnica diagnóstica no invasiva y ayuda a identificar fácilmente las zonas con inflamación muscular, permitiendo estudiar amplias áreas musculares. Se recomienda, además, un estudio cardiológico (ECG y ecocardiograma) y pulmonar (radiografía de tórax y función pulmonar) al inicio del cuadro clínico y durante su evolución si se precisa.

La fuerza muscular debe ser evaluada al diagnóstico y de forma periódica mediante escalas de valoración validadas en población pediátrica, como CMAS o MMT-8.

Clásicamente, para el diagnóstico de DMJ se utilizan los criterios de Bohan y Peter, descritos en 1975 (Tabla III)(12).

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En 2017 se han publicado unas nuevas recomendaciones del Single Hub and Access point for paediatric Rheumatology in Europe (SHARE) para el diagnóstico y manejo del paciente con DMJ(13).

Tratamiento

El tratamiento de la DMJ está basado en la corticoterapia y en el uso de metotrexato. En casos resistentes a la terapia habitual, se pueden usar inmunoglobulinas o fármacos biológicos.

El tratamiento de la DMJ está basado en el uso de corticoides a altas dosis (orales y/o endovenosos), con descenso posterior hasta mantener dosis bajas durante un mínimo de 12 meses, junto con metotrexato oral o subcutáneo como ahorrador de corticoides. En pacientes con intolerancia al metotrexato, se recomienda cambiar a micofenolato mofetilo o ciclosporina A. En pacientes con enfermedad grave se puede añadir ciclofosfamida.

En casos refractarios, el uso de inmunoglobulinas intravenosas de forma periódica se ha mostrado eficaz. Como último escalón terapéutico, se pueden utilizar fármacos anti-TNF o rituximab. Es importante incidir en la importancia de la protección solar y administrar suplementos de calcio y vitamina D. La fisioterapia y el ejercicio físico aeróbico controlado son de gran importancia para la rehabilitación y la prevención de complicaciones en estos pacientes.

Esclerodermia localizada (EL)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La EL es la forma más frecuente de esclerodermia en la infancia, afecta exclusivamente a la piel y suele debutar en edad escolar. En las formas pediátricas se describe una afectación más profunda y prolongada respecto a los adultos.

La esclerodermia localizada (EL), también llamada morfea, es una conectivopatía autoinmune que se caracteriza por una fibrosis o exceso de colágeno en la piel, afectando de forma exclusiva a piel y tejidos adyacentes. Es la forma de esclerodermia más frecuente en la infancia, con una incidencia de 0,34-2,7 casos/100.000 niños/año y es de 6 a 10 veces más frecuente que la esclerosis sistémica. Suele debutar entre los 6-9 años, incluso puede estar presente desde el nacimiento. Aunque su etiopatogenia es desconocida, se habla de una combinación de factores genéticos y ambientales que da lugar a una inflamación y aumento en la producción del colágeno de la piel.

Existen diferentes subtipos de la enfermedad en función de la profundidad y el patrón de afectación. Su aparición en edad pediátrica asocia una mayor frecuencia de formas lineales, con afectación más profunda y mayor duración de la enfermedad respecto a los casos descritos en adultos(1,14).

Clínica

La EL se caracteriza por un endurecimiento cutáneo progresivo sin asociación de síntomas sistémicos. El subtipo más frecuente en la infancia es la forma lineal.

La EL se caracteriza, inicialmente, por un edema cutáneo unilateral con bordes eritemato-violáceos que, posteriormente, asocia engrosamiento e induración de la piel y tejido subcutáneo. En casos avanzados pueden aparecer: atrofia cutánea, cambios de pigmentación, contracturas y dismetrías.

En un 25% de pacientes aparecen manifestaciones extracutáneas, en forma principalmente de artralgias o artritis, aunque también pueden asociarse: mialgias, miositis, escoliosis y hemiatrofia. Cuando se afectan cara y cuero cabelludo, se denomina “coup de sabre” y puede asociar: alopecia, clínica ocular (uveítis, afectación palpebral) y neurológica (cefalea, convulsiones, alteraciones del comportamiento).

Las diferentes formas de EL se clasifican en 5 subtipos (Tabla IV)(15).

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El subtipo de EL más frecuente en la infancia es la forma lineal, afectando fundamentalmente a extremidades, hueso frontal o tronco (Fig. 7).

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Figura 7. Afectación en tronco de forma lineal de esclerodermia localizada.

Las manifestaciones gastrointestinales, cardíacas y renales son muy poco frecuentes en las formas localizadas. La progresión a forma sistémica es excepcional(14).

Diagnóstico

El diagnóstico de EL está basado en la clínica y se confirma mediante biopsia cutánea. No existen hallazgos de laboratorio característicos de esta enfermedad.

No hay alteraciones analíticas características, aunque los ANA y el factor reumatoide pueden ser positivos. La biopsia cutánea se caracteriza por un infiltrado inflamatorio con predominio linfocitario a nivel perivascular y perianexial. La dermis puede estar edematosa con alteraciones en el colágeno.

Tratamiento

No existe tratamiento específico para la EL. En casos leves, se administra tratamiento tópico y, en casos moderados-graves, tratamiento inmunosupresor sistémico.

No existen guías estandarizadas para su tratamiento en Pediatría, lo que traduce una gran variabilidad terapéutica. En casos leves, se puede usar tratamiento tópico con corticoides, inhibidores de la calcineurina (tacrolimus, pimecrolimus) o imiquimod. La fototerapia no suele emplearse en la infancia por sus potenciales efectos secundarios. En casos moderados-graves, se recomienda tratamiento inmunosupresor sistémico, siendo la combinación de metotrexato oral o subcutáneo unido a corticoides orales la pauta más eficaz descrita en numerosas publicaciones. Como alternativa pueden usarse micofenolano mofetilo o fármacos biológicos(1).

Esclerosis sistémica (ES)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La ES es una conectivopatía excepcional en la infancia, con afectación multisistémica además de cutánea, que suele aparecer en edad escolar y que asocia menor gravedad que en pacientes adultos.

La esclerosis sistémica (ES) es una enfermedad autoinmune crónica, excepcional en la infancia, con una incidencia de 0,27-1 caso/1.000.000 niños/año y una edad media de aparición de 7-9 años. Se estima que solo el 10% de la ES debuta antes de los 16 años. Se caracteriza por afectación de piel y órganos internos, en general, con menor participación sistémica que en el adulto en el momento del diagnóstico y con menor mortalidad asociada(1,14).

Clínica

El fenómeno de Raynaud es la primera manifestación clínica de la enfermedad en la mayoría de casos. Además de la induración cutánea, aparecen síntomas: músculo-esqueléticos, digestivos, respiratorios y/o renales.

La enfermedad se inicia con fenómeno de Raynaud (Fig. 8) y alteraciones capilaroscópicas que asocian edema e induración progresiva de dedos (puffy fingers).

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Figura 8. Fenómeno de Raynaud complicado con ulceración digital como primera manifestación de esclerosis sistémica en adolescente.

El patrón capilaroscópico se caracteriza por pérdida de capilares y existencia de megacapilares, con destrucción de la arquitectura normal de la circulación del lecho ungueal. La piel está dura y seca, con áreas de alteración en la pigmentación. Existe además una disminución de la apertura oral con aumento de pliegues periorales, telangiectasias y calcinosis.

A nivel músculo-esquelético, suele asociar artralgias y artritis (sobre todo en manos).

A nivel digestivo, puede asociar: microstomía (disminución de apertura oral) y microquilia (disminución de los labios), alteraciones del gusto, caída de piezas dentales, reflujo gastroesofágico y alteraciones en la motilidad digestiva.

A nivel respiratorio, asocia alteración de la función pulmonar, enfermedad intersticial e hipertensión pulmonar.

Diagnóstico

Existen unos criterios de clasificación provisionales para la ES juvenil, basados en criterios clínicos y de laboratorio.

El hemograma y los reactantes de fase aguda suelen ser normales. Los ANA pueden ser positivos y es característica la positividad de los anticuerpos antitopoisomerasa (anti-Scl 70) y anticentrómero. Se deben realizar radiografía de tórax y estudio de función pulmonar, ECG y ecocardiograma.

Hay publicados unos criterios de clasificación provisionales para la ES juvenil elaborados por PRES/ACR/EULAR en 2007, más restrictivos que los aplicados en adultos (Tabla V).

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Cuando se cumple el criterio mayor de forma obligatoria y, al menos, 2 de los criterios menores presentan una sensibilidad del 90% y especificidad del 96% para el diagnóstico de ES juvenil(16).

Tratamiento

El tratamiento de la ES es sintomático y varía en función de las manifestaciones clínicas asociadas y su gravedad.

El tratamiento de la ES es sintomático y varía enormemente en función de la gravedad de la clínica asociada(14). El fenómeno de Raynaud precisa de medidas físicas (protección contra el frío, evitación de traumatismos y adecuada hidratación de la piel) y tratamiento con antagonistas del calcio (nifedipino). En casos refractarios se usan: antagonistas del receptor de angiotensina (losartan), inhibidores de la endotelina (bosentan), inhibidores de la fosfodiesterasa (sildenafilo) o prostaglandinas (iloprost). Para el reflujo gastroesofágico se usan los inhibidores de la bomba de protones. La terapia inmunosupresora sistémica con metotrexato, ciclofosfamida o fármacos biológicos es la base del tratamiento para el resto de manifestaciones clínicas. La fisioterapia también es un pilar fundamental en estos enfermos.

Síndrome de Sjögren (SS)

El SS es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al sistema glandular exocrino en forma de sequedad generalizada. Es poco frecuente su debut en edad pediátrica y se presenta en la infancia generalmente en forma de parotiditis recurrente.

Generalidades y peculiaridades pediátricas

El síndrome de Sjögren (SS) es una enfermedad autoinmune crónica debida a la infiltración linfocitaria de las glándulas exocrinas, produciendo pérdida de su función y sequedad generalizada, que suele debutar en edad adulta y es infrecuente en Pediatría. Se desconoce su incidencia real en niños debido a los pocos casos descritos. La edad media de aparición de la enfermedad son los 10-12 años(17). A diferencia de lo que ocurre en adultos, en la infancia el síntoma inicial más frecuente es la parotiditis recurrente, lo que hace su diagnóstico mucho más complicado(2).

Clínica

En niños, el SS se inicia como parotiditis recurrente. En adultos, el SS se inicia con sequedad bucal y ocular, síntomas que se presentan raramente en la infancia.

La parotiditis recurrente es el síntoma inicial en la mayoría de casos de SS pediátrico, aunque en Pediatría ante un caso de parotiditis recurrente siempre se deberán excluir primero otras causas como: infecciones (sobre todo, víricas), tumores, malformaciones anatómicas, litiasis glandular y parotiditis recurrente juvenil.

La sequedad bucal (xerostomía) y ocular (xeroftalmia) se instauran con tiempo de evolución de la enfermedad, por lo que son raras en la infancia, apareciendo solo en un 8% de los casos con debut en edad pediátrica(2). La xerostomía asocia dificultad para masticar, disfagia y una necesidad constante de beber agua. La lengua está seca, roja, depapilada, con queilitis angular y los labios están secos con fisuras (rágades). Es frecuente la asociación de caries y periodontitis. La xeroftalmia se manifiesta como sensación de cuerpo extraño o de “arenilla”, que asocia picor, fotofobia y disminución de agudeza visual. Se puede producir una irritación crónica con destrucción del epitelio conjuntival en forma de queratoconjuntivitis seca, que aumenta la susceptibilidad a infecciones oculares. La xeroftalmia se pone de manifiesto con el test de Schirmer y la tinción con rosa de Bengala.

Además, el SS puede asociar: síndrome constitucional, artralgias o artritis, citopenias, lesiones vasculíticas, afectación pleuropulmonar, renal y neurológica, siendo las artralgias y las adenopatías las formas más frecuentes de afectación extraglandular en la infancia. A diferencia de lo que ocurre en adultos, el linfoma de células B es una complicación poco frecuente en edad pediátrica(2).

Diagnóstico

No existen criterios de clasificación específicos para el SS en Pediatría. Por tanto, el diagnóstico debe estar centrado en una clínica compatible, en la detección de autoanticuerpos y en la demostración de lesiones estructurales en el parénquima glandular mediante ecografía.

No existen criterios de clasificación específicos para el SS infantil y los criterios aplicados en adultos son poco sensibles, porque no incluyen manifestaciones tan frecuentes en la infancia como la parotiditis recurrente, por lo que no deben aplicarse.

Los ANA pueden ser positivos en más del 80% de casos. Los anticuerpos anti-Ro y anti-La son positivos en el 30% y 70% de los casos, respectivamente, y su positividad se acompaña de más manifestaciones extraglandulares, de más alteraciones analíticas y del desarrollo de bloqueo cardíaco congénito en hijos de mujeres con anticuerpos anti-Ro. Algunos pacientes pueden presentar también positividad del factor reumatoide e hipergammaglobulinemia(17).

La ecografía permite evaluar la estructura y vascularización del parénquima glandular submandibular y parotídeo. La presencia de lesiones ovaladas hipoecóicas, la alteración de la estructura del parénquima glandular y el aumento de vascularización detectado mediante Doppler son hallazgos muy sugestivos de SS(17,18).

En casos de difícil diagnóstico, una biopsia de glándulas salivares menores puede confirmar la enfermedad(1). Se observa un infiltrado linfocitario difuso y en focos, con desestructuración de la arquitectura glandular(18).

Tratamiento

El tratamiento del SS en edad pediátrica es sintomático y se basa en la combinación de AINES y corticoides en fase aguda e hidroxicloroquina como terapia de mantenimiento.

No existe ninguna terapia que modifique la evolución del SS. El tratamiento es puramente sintomático y está basado en una buena hidratación y en la combinación de AINES y corticoterapia en fase aguda. El tratamiento crónico con hidroxicloroquina consigue una disminución en la frecuencia de los episodios de parotiditis. En casos refractarios o con afectación extraglandular, se pueden usar otros inmunosupresores(18).

Enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC)

Generalidades y peculiaridades pediátricas

La EMTC se caracteriza por solapar la clínica de dos o más conectivopatías y por presentar anticuerpos anti-RNP positivos como marcador serológico. Es muy poco frecuente su debut en la infancia.

La enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC) es una enfermedad autoinmune sistémica con incidencia desconocida en la infancia, que se caracteriza por el solapamiento de características clínicas de: LES, esclerosis sistémica, dermatomiositis juvenil y artritis idiopática juvenil. Suele presentarse en edad adulta, siendo excepcional su aparición en niños, ya que solo un 23% de los pacientes con EMTC inician la enfermedad en la infancia, con una edad media de aparición de 11 años(2,19,20). La hipertensión pulmonar que asocia la enfermedad en adultos es rara y mucho menos severa en la infancia.

Clínica

Las manifestaciones clínicas más frecuentes de la EMTC en la infancia son el fenómeno de Raynaud inicialmente, seguido de: artritis, miositis, esclerodactilia, edema de manos y dedos y enfermedad pulmonar intersticial.

La EMTC suele iniciarse con fenómeno de Raynaud, que precede al resto de manifestaciones clínicas en meses o años. Progresivamente, se asocian manifestaciones: articulares (poliartritis de manos), musculares (debilidad muscular, miositis), cutáneas (eritema malar, fotosensibilidad, esclerodactilia, edema de manos y dedos) y cardiopulmonares (pericarditis, pleuritis, fibrosis intersticial e hipertensión pulmonar). En edad pediátrica, la alteración de la función pulmonar es frecuente, incluso en ausencia de síntomas respiratorios, aunque la presencia de hipertensión pulmonar asociada es mucho menor que en adultos(20).

Diagnóstico

La EMTC debe sospecharse ante un paciente con síntomas sistémicos de diferentes conectivopatías solapados entre sí que presente anticuerpos anti-RNP positivos, ya que no existen criterios de clasificación específicos en Pediatría.

No existen criterios de clasificación específicos en Pediatría, por lo que el diagnóstico se basa en la aplicación de alguno de los diferentes criterios de clasificación propuestos para adultos. A nivel analítico, pueden aparecer: citopenias, hipocomplementemia, elevación de enzimas musculares, ANA y factor reumatoide positivos. La EMTC se asocia a la aparición de títulos elevados de anticuerpos anti-RNP, aunque su presencia no es patognomónica de esta patología e incluso pueden llegar a negativizarse en edad adulta en casos de remisión de la enfermedad(20).

Tratamiento

No existe tratamiento específico para la EMTC. Se usan los fármacos ya explicados para el resto de conectivopatías, ajustados en función de la gravedad de la enfermedad.

El tratamiento de la EMTC es similar al ya explicado para el resto de conectivopatías y se ajustará en función de la gravedad de los síntomas. La mayoría de los niños responden bien a dosis bajas de corticoides, AINES e hidroxicloroquina(1,20). Si se asocia artritis o miositis se añadirá metotrexato. En casos de afectación orgánica grave, se escalará el tratamiento inmunosupresor.

Funciones del pediatra de Atención Primaria

• Pensar en la posibilidad de conectivopatía ante un paciente pediátrico, generalmente de sexo femenino y edad escolar/adolescente que presente síntomas sistémicos no relacionados con causa infecciosa ni tumoral.

• Integrar todos los aspectos clínicos, diagnósticos y terapéuticos de estas enfermedades, siendo el pilar fundamental dentro del seguimiento multidisciplinar que necesitan estos pacientes.

• Incidir en la educación sobre estas enfermedades en el propio paciente y sus familiares, indicando la importancia del buen cumplimiento terapéutico, la protección solar, el ejercicio físico y la prevención tanto de infecciones como de factores de riesgo cardiovascular.

• Revisar periódicamente el calendario vacunal de estos enfermos para conseguir una correcta vacunación (prestando especial atención a la vacunación frente a gripe, neumococo, varicela, triple vírica y SARS-CoV-2).

• Controlar los efectos adversos de los tratamientos utilizados en estos pacientes (controles analíticos periódicos, control del crecimiento, etc.).

• Identificar de forma precoz los brotes o recaídas de estas enfermedades, para lograr un ajuste precoz de su tratamiento y evitar secuelas.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según la autora.

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18.*** Nieto González JC, Monteaguado Sáez I, Serrano Benavente B. Síndrome de Sjögren. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 187-94.

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20.*** Bethencourt Baute JJ, Expósito Pérez L, Bustabad Reyes S. Enfermedad mixta del tejido conectivo. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 195-200.

Bibliografía recomendada

– Clemente Garulo D. Conectivopatías. Pediatr Integral. 2017; XXI: 207-18.

Excelente número monográfico en español sobre patología reumatológica en la infancia.

– Tarvin SE, O’Neil KM. Systemic Lupus Erythematosus, Sjögren Syndrome and Mixed Connective Tissue Disease in Children and Adolescents. Pediatr Clin of North Am. 2018; 65: 711-37.

Artículo en inglés que resume de forma muy completa y didáctica las características pediátricas de estas 3 enfermedades.

– Weening JJ, D´Agati VD, Schwartz MM, Seshan SV, Alpers CE, Appel GB, et al. The classification of glomerulonephritis in systemic lupus erithematosus revisited. Kidney Int. 2004; 65: 521-30.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación internacional de la nefritis lúpica.

– Hochberg MC. Updating the American College of Rheumatology revised criteria for the classification of systemic lupus erythematosus. Arthritis Rheum. 1997; 40: 1725.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES.

– Petri M, Orbai AM, Alarcón GS, Gordon C, Merrill JT, Fortin PR, et al. Derivation and Validation of Systemic Lupus International Collaborating Clinics Classification Criteria for Systemic Lupus Erythematosus. Arthritis Rheum. 2012; 64: 2677-86.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES.

– Aringer M, Costenbader K, Daikh D, Brinks R, Mosca M, Ramsey-Goldman R, et al. 2019 European League Against Rheumatism/American College of Rheumatology Classification Criteria for Systemic Lupus Erythematosus. Arthritis Rheumatol. 2019; 71: 1400-12.

Artículo de referencia en inglés para la clasificación de LES más reciente.

– Boteanu A. Lupus eritematoso sistémico pediátrico. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 115-28.

Excelente revisión en español de esta enfermedad, abordando los aspectos epidemiológicos, clínicos, diagnósticos y terapéuticos más destacados.

Iglesias Jiménez E. Dermatomiositis juvenil. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 155-62.

Excelente y completa revisión en español sobre los aspectos más destacados de esta enfermedad.

– Bohan A, Peter JB. Polymiositis and dermatomyositis: Parts 1 and 2. N Engl J Med. 1975; 292: 344-47.

Artículo en inglés de referencia en esta enfermedad, que aborda sus aspectos más destacados y resume sus criterios diagnósticos.

– Suzanne C Li. Scleroderma in Children and Adolescents: Localized Scleroderma and Systemic Sclerosis. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 757-81.

Excelente revisión de inglés sobre la esclerodermia en Pediatría.

– Zulian F, Woo P, Athreya BH, Laxer RM, Medsger TA Jr, Lehman TJ, et al. The Pediatric Rheumatology European Society/American College of Rheumatology/European League Against Rheumatism provisional classification criteria for juvenile systemic sclerosis. Arthritis Rheum. 2007; 57: 203-12.

Artículo en inglés que hace referencia a los criterios de clasificación de la esclerosis sistémica en Pediatría, señalando las peculiaridades de esta enfermedad en la infancia.

– Nieto González JC, Monteaguado Sáez I, Serrano Benavente B. Síndrome de Sjögren. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 187-94.

Excelente revisión en español sobre los aspectos más destacados de esta enfermedad.

– Bethencourt Baute JJ, Expósito Pérez L, Bustabad Reyes S. Enfermedad mixta del tejido conectivo. Protoc diagn ter pediatr. 2020; 2: 195-200.

Excelente revisión en español de los aspectos más destacados de esta enfermedad.

 

Caso clínico

 

Varón de 13 años derivado a la consulta de Reumatología Pediátrica desde Atención Primaria para estudio de cuadro clínico con: astenia, aftas, artralgias y lesiones purpúricas en miembros inferiores de un mes de evolución (Fig. 9).

figura

Figura 9. Lesiones purpúricas en miembros inferiores sugerentes de vasculitis.

Anamnesis

Antecedentes familiares: madre con hipotiroidismo autoinmune. Prima con enfermedad celíaca. Sin otros antecedentes reumáticos ni autoinmunes.

Antecedentes personales: embarazo, parto y periodo neonatal normales. Lactancia materna 6 meses. Beikost sin incidencias. Vacunas al día. Sin alergias. Desarrollo psicomotor normal.

Enfermedad actual: desde hace 1 mes está mucho más cansado, come peor por la aparición de numerosas úlceras orales y han salido lesiones eritemato-violáceas en miembros inferiores, asociando artralgias con rigidez matutina hasta media mañana. No ha notado inflamación articular. No se ha tomado la temperatura. Sin otros síntomas asociados. Infección respiratoria de vías altas hace dos meses, que fue tratada de forma sintomática.

Exploración física

Temperatura 38,3ºC. Ojeroso, leve palidez cutánea asociada. Lesiones purpúricas no confluentes en miembros inferiores que no blanquean a la presión. Auscultación cardio-pulmonar: normal. Abdomen: hepatoesplenomegalia. Sin adenopatías. Úlceras en mucosa oral. Locomotor: Sin articulaciones limitadas, dolorosas ni tumefactas. No puntos dolorosos. Sin dactilitis. Sin entesitis. Maniobras sacroilíacas negativas. Fuerza conservada. Marcha normal.

Exploraciones complementarias

Analítica sangre: Hb: 11 g/dl con VCM 86 fL; y test de Coombs positivo. Leucocitos: 4.420/mm3 con linfocitos: 824/mm3 y neutrófilos: 3.430/mm3. Plaquetas: 95.000/mm3. Bioquímica: normal (incluyendo perfil hepático y renal). PCR: 25 mg/l. VSG: 60 mm. ANA positivos 1/1250 con anti-DNAds positivos y anti-RNP positivos, factor reumatoide positivo, C3: 85 mg/dl, C4: 4,2 mg/dl. Estudio de coagulación: normal.

Analítica de orina: 50-100 hematíes/campo. Resto normal.

Microbiología: mantoux negativo. Serologías VHB, VHC y VIH negativas. Frotis faríngeo negativo para virus y bacterias.

 

 

Algoritmo

 

Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

J. Antón López*, S. Carriquí Arenas**
Temas de FC


J. Antón López*, S. Carriquí Arenas**

*Jefe de sección de Reumatología pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Profesor asociado. Universitat de Barcelona. **Sección de Reumatología pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona

Resumen

La vasculitis es una inflamación de la pared de los vasos sanguíneos. Las vasculitis pediátricas engloban un grupo heterogéneo de enfermedades. En Ankara 2008, con el consenso de EULAR/PRINTO/PRES, se validaron criterios clasificatorios pediátricos para intentar agruparlas. La incidencia en edad pediátrica es baja, a excepción de la vasculitis por IgA (VIgA) y la enfermedad de Kawasaki (EK). La prueba diagnóstica considerada gold estándar es la anatomía patológica, aunque en la VIgA y la EK, al diagnóstico se llega mediante criterios clínicos. Existen hallazgos clínicos y analíticos que deben hacernos sospechar vasculitis, como pueden ser: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas, elevación de parámetros inflamatorios, etc.

La VIgA es la vasculitis pediátrica más común. Afecta principalmente a piel, intestino y riñón, siendo la afectación renal el principal factor de morbimortalidad a largo plazo. Su curso es autolimitado y el tratamiento es conservador.

La EK es la segunda vasculitis más frecuente tras la VIgA. El curso es autolimitado, puede producir complicaciones graves, siendo la primera causa de enfermedad cardíaca adquirida en la infancia en países desarrollados. El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas (IVIG), cuya administración dentro de los 10 primeros días disminuye de forma significativa el riesgo de complicaciones cardíacas.

 

Abstract

Vasculitis is an inflammation of the blood vessel wall. Pediatric vasculitis encompass a heterogeneous group of diseases. In Ankara 2008, with the consensus of EULAR/PRINTO/PRES, pediatric classification criteria were validated in order to group them. Its incidence is low in children with the exception of IgA vasculitis (VIgA) and Kawasaki disease (KD). Pathological anatomy is considered the gold standard diagnostic test, although in VIgA and KD the diagnosis is reached by means of clinical criteria. There are clinical and analytical findings that should raise suspicion of vasculitis, such as prolonged fever of unknown origin, suggestive skin lesions, elevated inflammatory parameters…

VIgA is the most common pediatric vasculitis. It mainly affects the skin, bowels and kidneys. The renal involvement is the main factor in long-term morbidity and mortality. Its course is self-limited and treatment is conservative.

KD is the second most common vasculitis after VIgA. Its course is self-limited and can generate serious complications. In developed countries it is the first cause of acquired cardiac disease in childhood. Immunoglobulin (IVIG) is the mainstay treatment, as its administration within the first 10 days significantly reduces the risk of cardiac complications.

 

Palabras clave: Vasculitis pediátricas; Vasculitis IgA; Nefritis por IgA; Enfermedad de Kawasaki; Vasculitis monogénicas.

Key words: Pediatric vasculitis; IgA vasculitis; IgA nephritis; Kawasaki disease; Monogenic vasculitis.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 151 – 162

 


OBJETIVOS

• Conocer la clasificación general de las vasculitis pediátricas y cuándo sospecharlas.

• Saber que la vasculitis por IgA y la enfermedad de Kawasaki son las 2 vasculitis más frecuentes en la infancia, cuyo curso es autolimitado.

• Aprender la presentación clínica de la vasculitis por IgA y de la enfermedad de Kawasaki, y cómo realizar el diagnóstico y tratamiento de las mismas.

• Comprender el tratamiento específico de la vasculitis por IgA y de la enfermedad de Kawasaki.

Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

Introducción

Las vasculitis se definen por la inflamación de la pared de los vasos sanguíneos, cuyo origen puede ser primario o secundario a otras patologías. Se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades cuyas manifestaciones clínicas dependen del tipo, localización y tamaño del vaso afecto(1).

La incidencia estimada de las vasculitis primarias pediátricas es aproximadamente de unos 50 casos/100.000 niños/año. Se trata de patologías raras en la infancia, a excepción de dos tipos de vasculitis agudas y autolimitadas, que son casi exclusivas de la edad pediátrica: vasculitis IgA/Púrpura de Schönlein-Henoch (PSH) y enfermedad de Kawasaki (EK)(2).

Criterios de clasificación pediátricos de las vasculitis sistémicas

Se prefiere utilizar los criterios clasificatorios del 2008 validados con el consenso de EULAR/PRINTO/PRES, ya que presentan una elevada sensibilidad y especificidad.

El término vasculitis agrupa a un grupo heterogéneo de enfermedades. Disponemos de criterios clasificatorios con el fin de poder agrupar grupos bien definidos, para poder realizar estudios y desarrollar protocolos. También para la enfermedad de Kawasaki disponemos de criterios diagnósticos(3).

Desde la década de 1990, los criterios de clasificación más aceptados para población pediátrica eran los propuestos por el ACR (American Collegue of Reumathology), basados en los criterios utilizados en población adulta.

En 2006, se propusieron los criterios clasificatorios de consenso EULAR/PRES. Utilizando la metodología Delphi, se elaboraron criterios para: PSH, arteritis de Takayasu, panarteritis nodosa (PAN) y granulomatosis con poliangeitis.

A pesar de que en el 2012, la conferencia internacional de Chapel Hill actualizó las categorías de vasculitis según el tamaño del vaso afecto, en Pediatría se prefiere utilizar los criterios clasificatorios del 2008, validados con el apoyo del EULAR/PRINTO/PRES, que presentan una elevada sensibilidad y especificidad(2-4) (Tabla I).

tabla

 

Diagnóstico general de vasculitis

El diagnóstico gold estándar de las vasculitis continúa siendo la anatomía patológica, a excepción del diagnóstico, mayormente clínico, de la púrpura de Schönlein-Henoch y de la enfermedad de Kawasaki.

Actualmente, la anatomía patológica sigue considerándose el gold estándar para el diagnóstico de la mayoría de las vasculitis, con la excepción de la púrpura de Schönlein-Henoch y la enfermedad de Kawasaki, cuyo diagnóstico en la edad pediátrica es mayormente clínico. Las pruebas de imagen son útiles, sobre todo en las vasculitis de mediano y gran vaso.

Existen una serie de hallazgos clínicos y de laboratorio que deben hacernos sospechar sobre la posibilidad de una vasculitis, son: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas y afectación renal, pulmonar o cardiovascular desconocida, junto con afectación sistémica, neuropatía periférica o afectación del SNC, serositis, artritis o elevación de parámetros inflamatorios (VSG, PCR, leucocitosis…)(3).

Ante la sospecha diagnóstica, lo primero es realizar una correcta anamnesis y exploración por órganos y sistemas, dirigiendo los estudios complementarios según la sospecha inicial y descartando patologías más frecuentes que cursen con clínica similar(3) (Tabla II).

tabla

 

Vasculitis IgA (púrpura de Schönlein-Henoch)

Introducción

La vasculitis por IgA es una vasculitis de pequeños vasos, anteriormente conocida como púrpura de Schönlein-Henoch.

La vasculitis por IgA (VIgA), anteriormente conocida como púrpura de Schönlein-Henoch (PSH), es una vasculitis de pequeños vasos (vénulas, capilares y arteriolas) en los que se depositan inmunocomplejos IgA. Los órganos afectados con más frecuencia son piel, intestino y riñón, principalmente a nivel glomerular. Su curso es agudo y autolimitado, llegándose al diagnóstico en la mayoría de los casos, por los criterios clínicos validados por EULAR/PRINTO/PRES en Ankara 2008(5).

Epidemiología

La vasculitis por IgA es la vasculitis pediátrica más frecuente. El 50% de los casos ocurren en niños de 5 años o menores.

La VIgA supone la vasculitis sistémica más frecuente en edad pediátrica (90%). La incidencia oscila entre 3-26,7 casos por 100.000 niños/año(5). La VIgA tiene un pico de presentación entre los 3 a 12 años, siendo raro que ocurra por debajo de los 2 años. El 50% de los casos ocurre en niños de 5 años o menores, y el 75-90% en menores de 10 años. Existe un discreto predominio en el sexo masculino (1,2:1 hasta 1,8:1 según series publicadas). El 30-50% de los casos ocurren durante los meses de otoño e invierno, normalmente precedido por infecciones respiratorias de vías altas(1-6).

Etiopatogenia

Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio en la VIgA/PSH son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA.

La etiopatogenia de la enfermedad sigue siendo desconocida, se cree que la actuación de ciertos desencadenantes ambientales (infecciones como: estreptococo del grupo A betahemolítico, Mycoplasma pneumoniae, Bartonella Henselae, fármacos, etc.) sobre pacientes genéticamente predispuestos, daría lugar a la formación y depósito de inmunocomplejos en la pared vascular, generando una inflamación local que desencadenaría una vasculitis leucocitoclástica con necrosis en vasos de pequeño calibre(6).

La mayoría de los casos son esporádicos, pero se han descrito asociaciones intrafamiliares y la susceptibilidad de padecerla en presencia de determinados polimorfismos de genes del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), incluyendo: HLA-DRB1 y HLA-B*4102. El HLA-B35 y DQA1 se han relacionado con el riesgo de padecer nefritis en pacientes con PSH(2-3). Según estudios realizados en Turquía e Israel, existe un aumento significativo de la prevalencia de mutaciones en el gen MEFV (Mediterranean fever) en niños con vasculitis por IgA respecto a la población general, y hasta un 5-7% de pacientes con fiebre mediterránea familiar presentan una VIgA(6).

La glicosilación aberrante de la región bisagra de la IgA1 predispone a la formación de inmunocomplejos y, por tanto, se ha descrito como factor de riesgo para desarrollar vasculitis por IgA y nefritis por IgA (IgAN). La activación del complemento en la VIgA es un importante factor de daño tisular, ya que el aclaramiento defectuoso de inmunocomplejos de IgA tiene un papel importante en la patogenia de la nefritis por IgA. Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio en la VIgA/PSH son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA(1).

La concentración y actividad del factor XIII podría constituirse como indicador pronóstico de la VIgA, ya que una disminución marcada de la actividad del factor XIII podría dar lugar a complicaciones severas, como hemorragia intracraneal, abdominal o pulmonar(1).

Clínica

La VIgA es una vasculitis sistémica. Las manifestaciones típicas son: púrpura, dolor articular y abdominal y afectación renal.

La VIgA es una vasculitis sistémica, por lo que puede afectar a cualquier órgano, siendo típica la afectación cutánea, articular, digestiva y renal. La sintomatología suele aparecer de forma progresiva en días o semanas, sin seguir un orden específico. La presentación inicial típica es la púrpura y el dolor articular.

Manifestaciones cutáneas

La afectación cutánea ocurre aproximadamente en el 75% de los niños con VIgA. La lesión más característica es la púrpura palpable en formas de petequias que pueden confluir, dando lugar a grandes equimosis. En ocasiones, puede presentarse como un exantema maculopapular eritematoso o urticarial. Las lesiones suelen aparecer en zonas declives (extremidades inferiores, glúteos), aunque también pueden afectarse las extremidades superiores, cara y tronco. El inicio del cuadro clínico, sobre todo en los más pequeños, puede acompañarse de edema del cuero cabelludo, cara, manos, pies y escroto. Las lesiones ampollosas, hemorrágicas o necróticas son raras en niños (2%), ocurriendo hasta en el 60% en adultos(1-6).

Manifestaciones articulares

Suelen aparecer en el 50-80% de los casos, principalmente en forma de artralgias de grandes articulaciones (tobillos y rodillas) y excepcionalmente como artritis. Suponen la primera manifestación de la enfermedad en el 15-25% de los pacientes. Clínicamente, se manifiesta como inflamación periarticular sin eritema ni aumento de temperatura local, con dolor que limita la articulación afecta. Son transitorias y no migratorias, resolviendo en pocos días sin secuelas(1-6).

Manifestaciones digestivas

Se describen en el 50-75% de los pacientes dentro de la primera semana de aparición de las lesiones cutáneas y dentro del primer mes de enfermedad, solo en el 11-20% suponen el primer síntoma. Los síntomas varían desde dolor abdominal con náuseas y vómitos, hasta complicaciones graves como: invaginación intestinal (2-3% de los casos), perforación, enteropatía pierde proteínas, pancreatitis, obstrucción u estenosis, hidrops vesicular, hemorragia gastrointestinal masiva, etc.(1-6).

La localización más frecuente es la zona proximal del intestino delgado, en forma de lesión isquémica, presentando sangre oculta en heces hasta en el 56% de los pacientes con afectación intestinal. En una publicación reciente se observó que el 71% de los pacientes presentaban manifestaciones digestivas; de ellos, el 7,6% sin afectación cutánea, llegándose al diagnóstico por biopsia vía endoscópica. La determinación de calprotectina fecal podría ser un marcador útil de afectación gastrointestinal en la VIgA/PSH(1).

Manifestaciones renales

Un tercio de los pacientes presentará afectación renal, que suele manifestarse entre la 4ª y 6ª semana tras la aparición de las lesiones cutáneas. Se puede manifestar de diversas formas como: hematuria microscópica/macroscópica con o sin proteinuria, nefritis o síndrome nefrótico, hipertensión, insuficiencia renal, etc. En la mayoría de las ocasiones, la afectación es leve y autolimitada, pudiendo ser grave en un 10%, aproximadamente; pudiendo cronificarse, dando lugar a un daño renal permanente. Por ello, la afectación renal es el principal factor pronóstico a largo plazo de la enfermedad(1-6).

En el 97% de los casos, la afectación renal aparece en los 6 primeros meses. El 1,6% de los pacientes que tuvieron una alteración renal puntual acaban presentando afectación renal permanente y en los que tuvieron nefritis o síndrome nefrótico, puede ocurrir hasta en el 19,5%(6).

En un metaanálisis con 2.400 pacientes con VIgA/PSHN, se identificaron factores de riesgo para desarrollar afectación renal(6) (Tabla III).

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Las guías SHARE publicadas en 2019, para el diagnóstico y tratamiento de la VIgA, recomiendan realizar un control de la tensión arterial y sedimento urinario durante los primeros 6 meses. En aquellos pacientes con proteinuria moderada o afectación del filtrado glomerular, se recomienda valoración y seguimiento por una unidad de Nefrología Pediátrica(5).

Manifestaciones urológicas

Las manifestaciones aparecen, sobre todo en varones, en forma de: escroto agudo, epididimitis, orquitis y complicaciones del cordón espermático (hematoma y edema). La eco-doppler permite establecer un diagnóstico, aunque puede ser necesaria la exploración quirúrgica para descartar torsión testicular. Rara vez, puede existir una obstrucción ureteral o ureteritis secundaria, típicamente aparecen al mes o a los dos meses, en ocasiones, asociada a nefritis(1).

Manifestaciones neurológicas

La afectación del sistema nervioso es poco frecuente (<1%), pudiendo presentarse en forma de: cefaleas con cambios emocionales (irritabilidad, apatía…), convulsiones, síndrome de Guillain-Barré, neuropatía periférica, ataxia, etc.(6).

Manifestaciones pulmonares

La afectación pulmonar es rara. Se han descrito casos aislados de hemorragia difusa alveolar, neumonía intersticial y fibrosis intersticial(1).

Diagnóstico VIgA

El diagnóstico de la VIgA/PSH es clínico. A todo paciente con VIgA se le debe valorar la función renal al diagnóstico. La característica típica de la nefritis por VIgA en la biopsia renal es el depósito mesangial difuso de IgA en la inmunofluorescencia.

El diagnóstico fundamentalmente es clínico. En el consenso de Ankara 2008, se establecieron los criterios clasificatorios para VIgA en edad pediátrica por parte de EULAR/PRINTO/PRES, no se trata de criterios diagnósticos (Tabla IV).

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No existen pruebas complementarias específicas para llevar a cabo el diagnóstico, pero sí nos ayudan en el diagnóstico diferencial y en conocer el grado de afectación. En el ámbito del laboratorio, en la fase aguda, podemos encontrar hallazgos inespecíficos (anemia, leucocitosis con neutrofilia…) y ligera elevación de VSG y PCR. El estudio de autoinmunidad (ANA, ANCA y FR) suele ser negativo, con niveles de complemento normales. En torno a un tercio de los casos pueden presentar elevación de IgA sérica, no siendo diagnóstica de la patología. En todo niño con sospecha de vasculitis por IgA, se debe estudiar la función renal; para ello, se realizará una evaluación del filtrado glomerular, sedimento urinario a primera hora de la mañana (hematuria, proteinuria, Índice Proteína/Creatinina -IProt/Cre-) y evaluación de la tensión arterial(5-6).

Las pruebas de imagen como la ecografía abdominal, se recomiendan en aquellos casos de dolor abdominal severo o sangrado abdominal, para descartar invaginación intestinal y perforación secundaria a isquemia de la pared intestinal.

La biopsia cutánea será necesaria para el diagnóstico solo en aquellos casos con una presentación atípica. Las guías de práctica clínica SHARE de 2019 recomiendan realizar biopsia cutánea de las lesiones agudas de <=48 horas de aparición, en aquellos casos con rash atípico (lesiones extensas o distribución difusa) para descartar otros diagnósticos(5).

Desde el punto de vista histológico, el hallazgo típico es una reacción leucocitoclástica con depósito predominante de IgA en la pared de pequeños vasos, con una especificidad del 100%. El depósito de IgA es lo que permite diferenciarla de la vasculitis leucocitoclástica; sin embargo, la ausencia de depósitos de IgA no excluye el diagnóstico de VIgA(5-6).

La biopsia renal se lleva a cabo en casos de duda diagnóstica o con afectación renal grave, existiendo una buena correlación entre la gravedad y los hallazgos histopatológicos. En las guías SHARE 2019, se establecieron las indicaciones de biopsia renal y se definió la clasificación de severidad desde el punto de vista anatomopatológico para la nefritis por VIgA(5) (Tablas V y VI).

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En la microscopía óptica, en la nefritis por IgA, se puede observar desde una proliferación mesangial leve hasta una glomerulonefritis con formación de semilunas grave. El depósito mesangial difuso de IgA en la inmunofluorescencia es la característica típica de la nefritis por VIgA, pudiéndose acompañar de depósitos de C3 (75%)(5-6).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial se debe realizar, sobre todo en pacientes con presentación atípica. Entre los posibles diagnósticos a tener en cuenta estarían otras vasculitis como: vasculitis ANCA positivo, patología autoinmune como PTI (púrpura trombopénica idiopática), conectivopatías como lupus, patología autoinflamatoria como fiebre mediterránea familiar (FMF), o procesos infecciosos como parvovirus B19, sepsis, etc.(6).

Existe una entidad con manifestaciones clínicas similares, el edema agudo hemorrágico del lactante, que afecta predominantemente a lactantes de 4 a 24 meses, con curso autolimitado en 1-3 semanas, siendo excepcional la afectación visceral como ocurre en la VIgA.

Tratamiento

El tratamiento principal es conservador. El uso de corticoides está indicado en afectación gastrointestinal severa, orquitis, vasculitis del sistema nervioso central, nefritis o hemorragia pulmonar. El uso de corticoides no previene de la afectación renal.

La mayoría de los casos presentan una resolución espontánea; por ello, el principal manejo es conservador, con medidas de soporte como: reposo, analgesia e hidratación(5-7).

En función de las recomendaciones de tratamiento elaboradas por el grupo SHARE para la VIgA, el manejo de las artralgias/artritis y el dolor abdominal leve se puede realizar con analgesia convencional con paracetamol o AINES, evitando el uso de los últimos si existe compromiso renal. No se ha demostrado que el uso de AINES aumente el riesgo de sangrado abdominal, pero sí están contraindicados en caso de sangrado digestivo activo(5).

El uso de glucocorticoides está limitado a una serie de indicaciones: afectación gastrointestinal severa, orquitis, vasculitis del sistema nervioso central, nefritis o hemorragia pulmonar; en estos casos, se puede realizar una inducción con bolus de metilprednisolona a dosis de 10-30 mg/kg/día (máximo 1 g) durante 3 días e incluso podría ser necesario el uso de otros inmunosupresores o plasmaféresis(5).

En los pacientes con dolor abdominal intenso o sangrado rectal, afectación cutánea severa o artralgias intensas, se puede considerar el uso de corticoterapia, ya que ha demostrado reducir la intensidad y duración del dolor, además de prevenir la intervención quirúrgica. La dosis habitual es de 1-2 mg/kg/día de prednisolona (máximo 60 mg) durante 1-2 semanas en pauta descendente. En los pacientes con afectación abdominal y ante el posible síndrome de malabsorción secundario al edema de la pared intestinal, se recomienda su uso vía endovenosa. El uso de corticoides no previene la afectación renal ni las recurrencias(5).

En los casos con curso refractario, en los que se han utilizado corticoides con adecuada respuesta, se puede añadir un ahorrador de corticoides (colchicina, dapsona, micofenolato mofetilo, azatioprina, inmunoglobulinas, ciclosporina…). Existen publicaciones de casos con afectación cutánea severa o recurrente tratados con colchicina con resolución de las lesiones(5).

Las recomendaciones para el tratamiento de la nefritis por VIgA siguen siendo controvertidas ante la falta de evidencia científica. En las recientes recomendaciones del grupo SHARE, se establece como recomendación general, el tratamiento con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA II), para prevenir o limitar la lesión glomerular secundaria en niños con VIgA, que presentan compromiso renal con proteinuria persistente (>3 meses de duración), independientemente de si reciben prednisolona u otro inmunosupresor(5-8).

En la nefritis leve, el tratamiento de primera línea es prednisolona oral. En la nefritis moderada, el tratamiento de primera línea es prednisolona oral o metilprednisolona en pulsos endovenosos. En la nefritis grave, se recomienda el uso de ciclofosfamida endovenosa con metilprednisolona en pulsos endovenosos o prednisolona oral, como tratamiento de primera línea.

Se puede usar azatioprina (AZA) o micofenolato mofetilo (MMF) como tratamiento de segunda línea en pacientes con nefritis, según los hallazgos histopatológicos hallados en la biopsia, además del tratamiento de mantenimiento con corticoides en casos de nefritis grave(5-8).

Pronóstico

El pronóstico general es bueno. A nivel renal, el 95% de los pacientes con afectación alcanzan una resolución completa.

El pronóstico general es excelente, al ser una patología autolimitada a 2-4 semanas. Un tercio de los pacientes pueden presentar recurrencias de las lesiones cutáneas o dolor abdominal dentro de las primeras 6 semanas. La morbilidad temprana de la patología depende en gran medida de la afectación gastrointestinal, sin embargo, la morbimortalidad a largo plazo estará determinada por la afectación renal(1-6).

A nivel renal, el pronóstico es bueno, con una resolución completa en cerca del 95% en aquellos pacientes que presentan hematuria y proteinuria. En un 2-15% de los casos, puede producirse un daño renal, con alteración del filtrado glomerular o hipertensión arterial, y en menos del 1% un fallo renal.

Se consideran factores de mal pronóstico renal: debut por encima de los 8 años, afectación abdominal, púrpura persistente, síndrome nefrítico/nefrótico, disminución de la actividad factor XIII, hipertensión arterial, fallo renal al inicio de los síntomas y presencia en la biopsia renal de esclerosis glomerular/glomerulonefritis con más del 50% de semilunas/atrofia y fibrosis tubulointersticial(1-6).

Enfermedad de Kawasaki

Introducción

La EK es una vasculitis sistémica aguda autolimitada que puede generar complicaciones potencialmente graves.

La enfermedad de Kawasaki (EK) es una vasculitis sistémica aguda autolimitada, que afecta a vasos de pequeño y mediano calibre y puede llegar a producir complicaciones potencialmente graves. La clínica característica es: fiebre, conjuntivitis bilateral no supurativa, eritema labial y oral, exantema, adenopatía látero-cervical y cambios en extremidades (descamación ungueal y edema en dorso de manos y pies)(9-10).

Epidemiología

Es la segunda vasculitis más frecuente en Pediatría y supone la causa más común de enfermedad cardíaca adquirida en la infancia en nuestro medio.

La EK es la segunda vasculitis más frecuente en la infancia tras la VIgA y supone la causa más común de enfermedad cardíaca adquirida en nuestro medio. El 25% de los casos que no reciben tratamiento presentarán afectación coronaria, disminuyendo al 4% en los que reciben inmunoglobulinas(9).

La incidencia ha ido en aumento en los últimos años. La incidencia en Europa se sitúa entorno los 5,4-15 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. En un estudio realizado en Cataluña, la incidencia fue de 8 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. En países asiáticos, la incidencia es mayor, siendo en Japón de 309 casos/100.000 niños menores de 5 años/año. El 77% de los casos ocurren en menores de 5 años, con un pico de incidencia entre los 18-24 meses, es poco frecuente en menores de 3 meses o mayores de 5 años; en estos grupos etarios, el riesgo de aneurisma coronario es mayor. Hay un predomino en el sexo masculino de 1,5:1. El mayor pico de incidencia ocurre en primavera e invierno. En Japón, el riesgo de recurrencia es del 3%(11).

La tasa de mortalidad no se conoce en nuestro medio; sin embargo, la mayor mortalidad se da entre el 15º y el 45º día desde el inicio de la fiebre, coincidiendo con el pico máximo de hipercoagulabilidad por trombocitosis e inflamación coronaria(10).

Etiología

La etiología es desconocida. La teoría más aceptada es la existencia de un desencadenante infeccioso transportado hasta las vías respiratorias en personas genéticamente predispuestas.

Tras décadas de investigación aún no se conoce la etiología de la enfermedad. La teoría más aceptada es la existencia de un desencadenante infeccioso inhalado que infectaría las células epiteliales bronquiales ciliadas en personas genéticamente predispuestas. Debido a la estacionalidad de la enfermedad, hay estudios en curso que orientan a un transporte del agente desencadenante por vientos de la troposfera. Se ha considerado la posibilidad de la existencia de un superantígeno(9-10).

La alta incidencia en población asiática sugiere que la genética juega un papel importante en la enfermedad. Estudios del genoma humano han permitido identificar marcadores genéticos de susceptibilidad, severidad y refractariedad al tratamiento. En alguno de estos estudios se han identificado genes del sistema HLA como: HLA B5, B44, Bw51, DR3 y DRB3*0301, que se asocian a enfermedad de Kawasaki en caucásicos. Además, se han identificado tres genes (ITPKC, ORAI1 y SLC8A1) relacionados con la vía de señalización del calcio, que activan la vía de la calcineurina y la traslocación del factor nuclear de células T activadas (NFAT), generando la transcripción de genes proinflamatorios (IL1B y TNF-alfa). Este hallazgo es importante, ya que tiene implicaciones terapéuticas, pudiendo utilizar la ciclosporina y el tacrólimus como tratamientos para inhibir la vía de la calcineurina. El gen de la caspasa 3, en el cromosoma 4, se ha asociado a resistencia al tratamiento con inmunoglobulinas y afectación coronaria. El gen FAM167A-BLK, que se había descrito asociado a enfermedades, como el lupus y la artritis reumatoide, también se ha asociado a un mayor riesgo de presentar EK(9-11).

En la EK participan tanto el sistema inmunológico innato como el adaptativo. La activación del sistema innato genera un gran número de neutrófilos circulantes, leucinas, IL1 e IL6, y factor de necrosis tumoral. La naturaleza autolimitada y no recurrente de la enfermedad sugiere la creación de células T y B de memoria que protegen ante futuros eventos(9).

Clínica

Las manifestaciones típicas no aparecen de forma secuencial, existiendo manifestaciones transitorias; de ahí la importancia de una historia clínica minuciosa con un alto índice de sospecha.

El inicio suele ser agudo, pudiendo estar precedido por síntomas respiratorios de vías altas o gastrointestinales. Las manifestaciones no aparecen secuencialmente, existiendo manifestaciones transitorias, de ahí la importancia de realizar una historia clínica completa. Los signos y síntomas clínicos en los pacientes no tratados desaparecen en una media de 12 días. De forma clásica, se diferencia tres fases evolutivas: un periodo febril agudo, de unos 10 días de duración; un periodo subagudo, de 2-4 semanas; y una fase de convalecencia(11-12).

Fiebre

Es el síntoma guía, suele ser persistente con escasa respuesta a antitérmicos, alcanzando picos de hasta 40ºC. La duración media sin tratamiento es de 1-3 semanas y en los tratados con inmunoglobulinas suele ceder a las 36 horas post-infusión. En los casos que cede espontáneamente a los 7 días, no se puede descartar el diagnóstico(9).

Manifestaciones oculares

La conjuntivitis ocurre en el 85% de los pacientes y suele aparecer al inicio de la fiebre. Se manifiesta como inyección conjuntival bilateral, predominantemente bulbar no exudativa que resuelve sin secuelas. Otra manifestación menos frecuente es la uveítis, sobre todo en niños de 2 años, entre el 5º-8º día de la enfermedad(11).

Manifestaciones de la mucosa oral

Los labios eritematosos, secos, fisurados con sangrado y la lengua aframbuesada son signos típicos. Además, podemos encontrar eritema orofaríngeo. No suelen aparecer vesículas ni exudado(9).

Manifestaciones cutáneas

El exantema se inicia durante los primeros 5 días desde el inicio de la fiebre. La erupción suele comenzar en el tronco, extendiéndose a extremidades, pudiendo confluir, sobre todo a nivel genital, donde produce una descamación temprana característica. La forma más típica de presentación es como exantema macular, urticarial, morbiliforme o lesiones en diana, no apareciendo habitualmente petequias, ampollas o vesículas(9-11).

En la fase aguda es característico un eritema palmo-plantar y edema, en ocasiones, doloroso en dorso de manos y pies. La descamación ungueal se inicia a nivel periungueal a los 10-15 días tras el inicio de la fiebre y entorno a las 6 semanas pueden aparecer unos surcos lineales transversales en las uñas (líneas de Beau)(9-11).

Linfadenopatía

La linfadenopatía cervical anterior unilateral de más de 1,5 cm de diámetro no es la característica más típica, presentándose en menos del 50% de los casos. Inicialmente, puede confundirse con una adenitis cervical bacteriana(11).

Manifestaciones cardíacas

La afectación puede ocurrir a cualquier nivel, manifestándose como: miocarditis, pericarditis, insuficiencia mitral (25%) o dilatación coronaria. En los primeros 10 días, no suelen detectarse los aneurismas, observándose inicialmente una hiperrefringencia de la pared en la ecocardiografía, apareciendo a partir de la 4-6ª semana. Los pacientes con aneurismas rara vez presentan síntomas, salvo isquemia miocárdica o rotura, debido al rápido crecimiento en la fase aguda(10).

Algunos pacientes en la fase aguda pueden presentarse con shock cardiogénico (5%). Estos pacientes tienen más riesgo de desarrollar afectación coronaria, disfunción miocárdica y refractariedad al tratamiento con inmunoglobulinas(10).

En estudios recientes histopatológicos, se han podido identificar tres procesos patológicos a nivel coronario(10-11):

1. Arteritis necrosante por infiltración de neutrófilos activados: afecta a la adventicia arterial, generando el aneurisma. Autolimitado con cese a las 2 semanas.

2. Vasculitis subaguda/crónica: infiltración de linfocitos, células plasmáticas, eosinófilos y macrófagos. Inicio a las 2 semanas, persistiendo durante meses.

3. Proliferación miofibroblástica luminal: es la causa de estenosis arterial. Inicio en las 2 primeras semanas hasta meses.

Otras manifestaciones

Otros manifestaciones son: artritis/artralgias de grandes articulaciones, dolor abdominal, vómitos y diarreas. A nivel respiratorio pueden presentar derrame pleural y, menos frecuentemente, infiltrado intersticial peribronquial. En lactantes es característica una marcada irritabilidad secundaria a meningitis aséptica. Otras manifestaciones neurológicas menos frecuentes son: sordera neurosensorial reversible, parálisis facial periférica unilateral y uveítis. Una de las complicaciones graves y poco frecuente al debut es el síndrome de activación macrofágica(10-11).

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki fundamentalmente es clínico, apoyándose en unos criterios diagnósticos bien definidos para la enfermedad.

El diagnóstico de la EK se realiza a través de criterios diagnósticos clínicos (Tabla VII).

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El diagnóstico de EK incompleto debe considerarse en niños con fiebre y alguno de los criterios clínicos con hallazgos analíticos y/o ecocardiograma compatibles con EK, una vez se han descartado otros diagnósticos(9).

En el ámbito del laboratorio, hay marcadores que apoyan el diagnóstico como: elevación de reactantes de fase aguda (PCR, VSG, PCT, leucocitosis con neutrofilia, NT-proBNP); hiponatremia, hipoalbuminemia, transaminasitis y piuria estéril, así como la trombocitosis a partir del décimo día(10). Se recomienda a todos los pacientes una valoración cardiológica con electrocardiograma y ecocardiograma. Además, dentro del estudio diagnóstico inicial se recomienda valoración con ecografía abdominal y valoración oftalmológica(10).

Diagnóstico diferencial

En la actualidad, a raíz de la pandemia por SARS-COV-2, el síndrome multisistémico inflamatorio (MIS-C) se ha convertido en uno de los principales diagnósticos diferenciales, debido a su similitud en la presentación clínica.

El diagnóstico diferencial debe realizarse con: procesos infecciosos bacterianos o virales (adenovirus, parvovirus B19, CMV, VEB, herpes virus…); enfermedades mediadas por toxinas (escarlatina, shock tóxico); otras patologías reumáticas (artritis idiopática juvenil de inicio sistémico, PAN cutánea, lupus eritematoso sistémico); o reacciones inmunitarias (síndrome Steven Johnson, enfermedad del suero)(12).

En los últimos dos años, a raíz de la pandemia por SARS-COV-2, el síndrome multisistémico inflamatorio (MIS-C), secundario a infección por COVID-19, se ha convertido en uno de los principales diagnósticos diferenciales, al compartir muchas de las características clínicas con la EK. Godfred-Cato et al., han identificado tres formas clínicas de presentación, denominando a una de ellas como fenotipo Kawasaki like(13-14).

Existen diferencias que nos van a permitir diferenciar ambas entidades, una de ellas es el antecedente de infección y/o contacto estrecho confirmado por SARS-COV-2 positivo en las 4-6 semanas previas en los casos de MIS-C. Además, los pacientes con MIS-C presentan más clínica digestiva y neurológica, así como una mayor incidencia de miocarditis y disfunción cardíaca. Desde el punto de vista analítico, destaca una elevación marcada de la ferritina junto citopenias, siendo características la linfopenia y plaquetopenia(13).

Tratamiento

El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas, cuyo uso dentro de los 10 primeros días de la enfermedad reduce el riesgo de afectación coronaria por debajo del 5%.

El objetivo del tratamiento es disminuir la inflamación, evitando el daño arterial coronario y previniendo las posibles trombosis asociadas(9).

El tratamiento de elección son las inmunoglobulinas (IVIG), cuyo mecanismo de acción se desconoce. El tratamiento está indicado dentro de los primeros 10 días desde el inicio de la fiebre y pasado el 10º día en pacientes con persistencia de la clínica, elevación de parámetros inflamatorios analíticos o afectación ecocardiográfica sugestiva de EK. El tratamiento con IVIG en los 10 primeros días disminuye el riesgo de aneurismas coronarios por debajo del 5%.

El tratamiento de primera línea en la fase aguda son las IVIG en infusión única a dosis de 2 g/kg junto aspirina (AAS) a dosis antiinflamatorias (30-50 mg/kg/día cada 6 horas). Una vez que el paciente permanezca afebril durante 48-72 horas, se disminuirá a dosis antiagregantes, de 3-5 mg/kg/día en dosis única, manteniéndola durante 6-8 semanas hasta conseguir la normalización de los parámetros analíticos y el ecocardiograma. El tratamiento adyuvante con aspirina no reduce la frecuencia de aneurismas coronarios, pero sí disminuye el riesgo trombótico.(10-15).

En el 10-20% de los casos, la fiebre persiste pasadas 36 horas postratamiento con IVIG, considerándose refractarios a tratamiento; en estos casos existen diferentes opciones terapéuticas, siendo la más recomendada por los expertos una segunda dosis de IVIG y adicionar pulsos de metilprednisolona 30 mg/kg/día (máximo 1 g) durante 3 días, continuando con prednisona oral 1 mg/kg/día en pauta descendente en los siguientes 21 días(9,10,15).

Otras opciones terapéuticas de segunda línea en caso de refractariedad y con eficacia probada en reducir la inflamación son los fármacos biológicos, como Infliximab IV 6 mg/kg (1 o 2 dosis separadas por una semana). Otros tratamientos utilizados en pacientes refractarios son anakinra y ciclosporina(12,15,16).

En los pacientes con factores de riesgo para EK grave y desarrollo de afectación coronaria, se recomienda de entrada el uso de corticoterapia, ya que disminuye la inflamación, disminuyendo la clínica y el riesgo de daño(9-17) (Tabla VIII).

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Diferentes metaanálisis y el estudio RAISE concluyen que el uso combinado de IVIG y corticoides en el tratamiento de la EK grave reduce el riesgo de presentar aneurismas coronarios sin aumentar efectos secundarios(9-17).

El tratamiento preventivo de trombosis en caso de aneurismas se hará según el tamaño y se mantendrá hasta la normalización de plaquetas y reactantes de fase aguda. Si el aneurisma persiste, el tratamiento antiagregante y/o anticoagulante será indefinido(9-12).

Aneurisma pequeño (Z score ≥ 2,5 a < 5): dosis bajas de AAS (3-5 mg/kg/día).

Aneurismas de tamaño moderado
(Z score ≥ 5 a < 10 y diámetro máximo < 8 mm): AAS (3-5 mg/kg/día) + tienopiridina (clopidogrel 0,2-1,0 mg/kg/día).

Aneurismas gigantes (Z score ≥ 10 o diámetro máximo > 8 mm) o de rápido crecimiento: AAS (3-5 mg/kg/día) + warfarina.

Los pacientes con EK deberán retrasar la vacunación de virus vivos durante 11 meses tras la última dosis de IVIG, ya que puede disminuir la respuesta vacunal.

Pronóstico

La EK incompleta supone un factor de riesgo de afectación coronaria. Debido a su infradiagnóstico, muchos de los infartos en la 3ª y 4ª década de la vida se atribuyen a este diagnóstico.

Las manifestaciones cardiológicas suponen la principal causa de morbimortalidad, tanto en fase aguda como a largo plazo. El pronóstico de los pacientes sin aneurismas coronarios o dilatación a las 6 semanas de enfermedad es bueno, pero en aquellos en los que persiste, se deberá realizar un seguimiento cardiovascular hasta la edad adulta. El 50-70% de los aneurismas regresan en los siguientes 2 años. Cerca del 20% de los menores de 6 meses tratados dentro de los primeros 10 días presentarán aneurismas coronarios frente al 5% en mayores de 6 meses(11).

En un reciente metaanálisis, donde se incluyeron 20 estudios, se concluyó que la EK incompleta supone un factor de riesgo para el desarrollo de afectación coronaria(12-15). Diferentes estudios sugieren una alta prevalencia de eventos cardíacos en pacientes jóvenes relacionados con EK. En EE.UU., el 5% de los infartos agudos de miocardio (IAM) en menores de 40 años ocurren en pacientes con historia conocida o sospecha de EK en la infancia, siendo en Japón del 9% los casos de IAM y muerte súbita(10).

Otras vasculitis

Vasculitis ANCA

Poliangeítis con granulomatosis (PAG)

Anteriormente denominada granulomatosis de Wegener, es una vasculitis granulomatosa que afecta a vasos de pequeño calibre, principalmente a nivel renal y de vías respiratorias altas y bajas. Los criterios clasificatorios son: inflamación granulomatosa en la pared arterial o el área perivascular, afectación de vía aérea superior, afectación laríngea-traqueo-bronquial, afectación pulmonar, ANCA positivos (MPO o PR3) y afectación renal en forma de proteinuria, hematuria o glomerulonefritis necrotizante(18).

Poliangeítis granulomatosa eosinofílica (PGE)

Previamente denominada síndrome de Churg-Strauss, es una vasculitis necrotizante de pequeño vaso con un intenso infiltrado eosinofílico. La localización más frecuentemente es el tracto respiratorio y a nivel cardiovascu­lar. Clínicamente, se caracteriza por presentarse como: asma severa, rinitis alérgica y lesiones cutáneas(18).

Poliangeítis microscópica (PAM)

Es otra vasculitis asociada a positividad ANCA, especialmente a anti-MPO. Afecta a vasos de pequeño calibre, principalmente a nivel pulmonar y renal, siendo la glomerulonefritis necrotizante su afectación más característica(18).

Vasculitis mediano vaso

La PAN es una vasculitis de mediano vaso. Su diagnóstico definitivo es una combinación de clínica compatible (alteraciones cutáneas, mialgias, hipertensión arterial, neuropatía periférica y afectación renal) junto a una anatomía patológica con necrosis en los vasos y/o la existencia de alteraciones en la angiografía, como: aneurismas, estenosis u oclusión de vasos. Se desconoce su etiopatogenia, aunque existen factores que predisponen a la patología, como se ha demostrado la asociación de PAN con mutaciones en el gen MEFV. En los últimos años, se ha identificado que el déficit de ADA2 (adenosina desaminasa 2), causado por una alteración en el gen CERC1, presenta en algunos pacientes un cuadro similar a una PAN (v. más adelante)(16).

Vasculitis gran vaso

La arteritis de Takayasu es una vasculitis granulomatosa que afecta predominantemente a la aorta y sus ramas primarias (subclavias, carótidas, arco aórtico, aorta abdominal, pulmonares…). Esta vasculitis predomina en países asiáticos y en mujeres entre la 2ª y 3ª década de la vida. Los criterios de clasificación son alteraciones angiográficas de la aorta o sus ramas principales, mostrando aneurismas/dilatación (criterio obligatorio), más 1 de los siguientes 5 criterios: déficit de pulso o claudicación, discrepancia en tensión arterial, soplos, hipertensión arterial y elevación de reactantes de fase aguda(2-16).

Vasculitis monogénicas

Mención especial por su importancia en el diagnóstico diferencial, a pesar de ser muy poco frecuentes, merecen un grupo de enfermedades autoinflamatorias monogénicas que cursan con afectación predominantemente vascular y entre las que cabe destacar las que se citan a continuación.

Síndrome DADA2

La deficiencia de la adenosina desaminasa tipo 2 está causada por mutaciones en el gen CECR1, con un patrón de herencia autosómico recesivo. Supone uno de los principales diagnósticos diferenciales de la panarteritis nodosa, con la que comparte similitudes clínicas y anatomopatológicas. Se han descrito varios fenotipos de presentación. El fenotipo clásico se manifiesta como: fiebre recurrente, lesiones cutáneas en forma de livedo racimosa y ulceraciones digitales, afectación neurológica en forma de infartos cerebrales (lacunares) o neuropatía periférica. Desde el punto de vista histológico, es una vasculitis necrosante sistémica que afecta a vasos de mediano calibre. Analíticamente, podemos encontrar: elevación de reactantes de fase aguda inespecíficos (PCR, VSG, leucocitosis) y, en algunos casos, se observan citopenias e hipogammglobulinemia de IgM. El diagnóstico se lleva a cabo mediante la cuantificación de la actividad enzimática de la enzima adenosina desaminasa, encontrándose disminuida en los pacientes afectos. El diagnóstico definitivo es la confirmación genética de mutaciones en el gen CECR1. El tratamiento que ejerce un buen control sobre la enfermedad son los fármacos biológicos anti TNF (etanercept, infliximab, adalimumab). En las formas clínicas con inmunodeficiencia o aplasia importante, el tratamiento es el trasplante hematopoyético(19).

Síndrome de SAVI

El síndrome de SAVI (o STING-Associated Vasculopathy with Onset in Infancy) es una enfermedad autoinflamatoria causada por mutaciones en el gen TMEM173, que regula la proteína STING encargada de regular la producción de interferón B (IFN-B). En los pacientes afectos hay una producción elevada de IFN-B. El patrón de herencia es autosómico dominante. Clínicamente, se manifiesta desde los primeros meses de vida por: fiebre recurrente, lesiones cutáneas violáceas acrales, telangiectasias, infartos e ulceraciones digitales distales y de pabellones auditivos y cartílago nasal, así como livedo reticular. Es característica la enfermedad pulmonar intersticial. Histopatológicamente, se observa una vasculopatía inflamatoria de pequeño vaso con afectación exclusiva de capilares. Los pacientes con síndrome de SAVI presentan una firma elevada de los genes que codifican el IFN, siendo útil como biomarcador para el diagnóstico y monitorización de la enfermedad. El diagnóstico se realiza confirmando las mutaciones genéticas en el gen TMEM173. Dentro de las opciones de tratamiento, los fármacos que parecen más eficaces son los inhibidores de las JAK (baricitinib, tofacitinib y ruxolitinib), ya que bloquean la vía de señalización del IFN(19).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Diagnóstico diferencial inicial con otros cuadros clínicos sugestivos de vasculitis.

• En la VIgA, el manejo inicial es conservador, reservando los corticoides para casos graves de afectación gastrointestinal, orquitis, afectación SNC, nefritis o hemorragia pulmonar. El uso de corticoides no previene la afectación renal.

• El pediatra de Atención Primaria es clave en el control periódico ambulatorio. Se recomienda monitorizar la función renal, al menos, durante los primeros 6 meses tras el diagnóstico (toma de tensión arterial y cribado proteinuria/hematuria) para detectar de forma precoz la nefritis secundaria por VIgA.

• Es importante tener un alto índice de sospecha diagnóstica en aquellos pacientes con cuadros de fiebre sin foco, para realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad de Kawasaki. Destacar la importancia del inicio del tratamiento dentro de los 10 primeros días de la enfermedad, para disminuir el riesgo de afectación coronaria. Igualmente es importante el seguimiento cardiológico posterior.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

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Artículo de revisión donde se establecen los criterios clasificatorios validados para varias vasculitis en población pediátrica. Ankara 2008.

– Ozen S, Marks SD, Brogan P, Groot N, De Graeff N, Avcin T, et al. European consensus-based recommendations for diagnosis and treatment of immunoglobulin A vasculitis-the SHARE initiative. Rheumatol (United Kingdom). 2019; 58: 1607-16.

Últimas recomendaciones Europeas elaboradas por el grupo SHARE para el diagnóstico y tratamiento de la vasculitis por IgA. Indicaciones de cuándo realizar biopsia renal y manejo de la nefritis por IgA.

– McCrindle BW, Rowley AH, Newburger JW, Burns JC, Bolger AF, Gewitz M, et al. Diagnosis, treatment, and long-term management of Kawasaki disease: A scientific statement for health professionals from the American Heart Association. Circulation. 2017; 135: 927-99.

Recomendaciones bien detalladas y estructuradas de la American Heart Association sobre el manejo de la enfermedad de Kawasaki.

– Tascón AB, Malfaz FC, Sombrero HR, Fernández-Cooke E, Sánchez-Manubens J, Pérez-Lescure Picarzo J. Consenso nacional sobre diagnóstico, tratamiento y seguimiento cardiológico de la enfermedad de Kawasaki. An Pediatría. 2019; 90: 135-6.

Consenso nacional completo y práctico con algoritmos diagnósticos y de tratamiento sobre el manejo de la enfermedad de Kawasaki.

– De Graeff N, Groot N, Brogan P, Ozen S, Avcin T, Bader-Meunier B, et al. European consensus-based recommendations for the diagnosis and treatment of rare paediatric vasculitides-the SHARE initiative. Rheumatol (United Kingdom). 2019; 58: 656-71.

Últimas recomendaciones europeas elaboradas por el grupo SHARE para el diagnóstico y tratamiento de la vasculitis en la edad pediátrica.

 

Caso clínico

 

Varón de 4 años que consulta en Urgencias por presentar, desde hace 48 horas, lesiones eritematosas en extremidades inferiores que han ido progresando, afectando a brazos, con edema en manos y pies doloroso, asocia leve dolor abdominal. Afebril, antecedente hace 1 semana de proceso respiratorio de vías altas.

Exploración

Hemodinámicamente estable con TA 109/73 mmHg, lesiones purpúricas palpables en extremidades inferiores y superiores, tronco y cara, confluentes a nivel de nalgas. Edema de manos y pies doloroso al tacto, dolor abdominal a la palpación profunda sin signos de irritación peritoneal, sin masas ni megalias.

Pruebas complementarias

Analítica:

– Hemograma: Hb: 12,9 g/dl; Hto: 36,6%; plaquetas: 424.000mm3; leucocitos: 9.700 mm3.

– Bioquímica: creatinina: 0,43 mg/dl; urea: 31 mg/dl; PCR: 10,9 mg/L; proteínas: 60 g/L; albúmina: 38 g/L.

Bioquímica urinaria: sin hematuria; Índice Pr/Cr: 0,18.

Evolución

Se ingresa para control del dolor, iniciando a las 24 horas aumento en la intensidad del dolor abdominal y cuadro de vómitos asociado. Se realiza ecografía abdominal con escaso líquido libre en pelvis y escaso edema de asas intestinales y hemoglobina en heces positiva.

 

 

algoritmo

 

Artritis idiopática juvenil

Temas de FC


C. Millán Longo*, S. Murias Loza**

*Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid. **Área de Gestión Clínica de Pediatría. Hospital Universitario Central de Asturias. Oviedo

Resumen

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. Se identifican siete categorías, cada una de ellas con unos rasgos clínicos diferenciadores. Las formas clínicas más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis factor reumatoide negativo. El diagnóstico es de exclusión y se basa en una anamnesis y exploración física correctas. Las principales complicaciones son las secuelas esqueléticas y la uveítis anterior. El síndrome de activación macrofágica es la complicación más grave de la categoría sistémica de AIJ. El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ. Los fármacos biológicos han mejorado significativamente el pronóstico de esta enfermedad.

 

Abstract

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in childhood. It is defined as arthritis of unknown origin, lasting for at least 6 weeks and with onset before 16 years of age. The current classification identifies seven different categories. The most common clinical forms are oligoarthritis and rheumatoid factor-negative polyarthritis. The diagnosis of JIA needs the exclusion of other diseases. An accurate clinical history and whole physical examination are needed. The main complications are skeletal sequelae and anterior uveitis. Macrophage activation syndrome is the most severe complication of systemic JIA. The treatment should be individualized according to the subtype of JIA. Biologic drugs have significantly improved the prognosis of this disease.

 

Palabras clave: Artritis idiopática juvenil; Uveítis; Fármacos biológicos.

Key words: Juvenile Idiopathic Arthritis; Uveitis; Biological Agents.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 141 – 150

 


OBJETIVOS

• Conocer los principales aspectos etiológicos y mecanismos fisiopatogénicos de la enfermedad.

• Profundizar en la clasificación actualmente vigente y conocer las características clínicas e inmunológicas de cada categoría, así como los rasgos diferenciadores de cada una de ellas.

• Realizar una aproximación diagnóstica adecuada ante un paciente con sospecha de artritis inflamatoria en la edad pediátrica.

• Conocer los principios del manejo terapéutico en un paciente con artritis idiopática juvenil, así como las generalidades de los fármacos empleados hoy en día.

• Conocer las complicaciones asociadas a la enfermedad y la importancia del seguimiento y las actividades preventivas, para mejorar el pronóstico y la calidad de vida del paciente.

Artritis idiopática juvenil

Introducción

La artritis idiopática juvenil es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y agrupa un conjunto heterogéneo de enfermedades.

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la edad pediátrica y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. El término AIJ es un término “paraguas” que engloba un grupo heterogéneo de enfermedades, tanto desde el punto de vista clínico como fisiopatológico e inmunológico(1-3).

Desde la primera descripción de la enfermedad por George Frederic Still en 1897(4), y gracias al conocimiento de la enfermedad que se ha ido generando progresivamente, sabemos que la AIJ difiere de la artritis crónica de los adultos y podemos, por tanto, considerarla como una entidad diferente, con la excepción de las formas poliarticular factor reumatoide (FR) positivo y artritis relacionada con entesitis (ARE), similares a la artritis reumatoide y a la espondilitis anquilosante, respectivamente(1).

El término artritis idiopática juvenil es el que se emplea desde la propuesta de la International League of Associations for Rheumatology (ILAR) de 1995(5) y sustituye a los anteriormente utilizados “artritis reumatoide juvenil” de la American College of Rheumatology (ACR)(6) y “artritis crónica juvenil” de la European League Against Rheumatism (EULAR)(7).

Clasificación

La clasificación actual diferencia siete categorías de AIJ.

La clasificación de la ILAR, revisada posteriormente y aceptada en Edmonton en 2001(8), es la actualmente vigente (Tabla I) y la que se emplea tanto con fines clínicos como de investigación. Esta clasificación identifica siete categorías de AIJ, excluyentes entre sí, conforme a las características clínicas e inmunológicas durante los 6 primeros meses de enfermedad. Cabe mencionar que esta clasificación está siendo objeto de revisión desde 2019(9) y se esperan modificaciones próximamente.

 

Epidemiología

La frecuencia poblacional de la AIJ es variable y los subtipos más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis FR negativo.

La incidencia y prevalencia de la AIJ son variables, debido a diferencias ambientales, genéticas y sociales entre las distintas poblaciones, con un importante infradiagnóstico de la enfermedad en países en desarrollo(2).

Globalmente, se estima una incidencia entre 1,6-23/100.000 niños menores de 16 años al año y una prevalencia entre 3,8-400/100.000 niños menores de 16 años(10). En general, es más frecuente en niñas que en niños (2:1), con excepciones, y la edad de presentación es variable(11). Entre las distintas categorías de AIJ, las más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis FR negativo, mientras que la artritis psoriásica y la poliartritis FR positivo son las menos frecuentes(1). En la tabla II se resumen las características epidemiológicas de las distintas categorías.

 

Etiopatogenia(1,2)

Se plantea una etiología multifactorial de la AIJ. La categoría sistémica es la que más difiere fisiopatológicamente de las demás al ser una enfermedad autoinflamatoria.

Los mecanismos etiopatogénicos de la AIJ no se conocen completamente. Se considera la implicación de factores genéticos y ambientales en la desregulación del sistema inmune, aunque la variedad de las formas clínicas sugiere la presencia de diferentes mecanismos patogénicos subyacentes.

En cuanto a las bases genéticas de la AIJ, las categorías oligoartritis y poliartritis FR negativo han sido las más estudiadas, encontrando asociación con los alelos HLA-DRB1*08, HLA-DRB*11 y HLA-DRB*13. La poliartritis FR positivo, así como la artritis reumatoide del adulto, se han asociado al alelo HLA-DRB1*04. En cuanto a las restantes categorías, la ARE se ha asociado al alelo HLA-B27, y la artritis psoriásica, al gen del receptor de IL-23 (IL-23R). La genética de la AIJ sistémica es menos conocida, aunque parece existir asociación con el alelo HLA-DRB1*11.

La categoría de AIJ que más difiere fisiopatológicamente de las demás es la sistémica. En esta, es la inmunidad primaria o innata la que se ve alterada, a diferencia de las otras formas de AIJ, en las que la inmunidad secundaria o adaptativa es la responsable. De esta forma, la AIJ sistémica se considera una enfermedad autoinflamatoria y está mediada por citoquinas proinflamatorias y no existe producción de autoanticuerpos, mientras que las otras formas de AIJ son enfermedades autoinmunes.

Con relación a los mecanismos de la respuesta inflamatoria, tanto mediadores como perpetuadores de la misma, cabe subrayar la implicación tanto de células dendríticas, células NK y macrófagos, así como de linfocitos T CD4+ y CD8+, linfocitos B y células plasmáticas. Todas ellas se acumulan e infiltran el tejido sinovial, donde actúan las citoquinas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral (TNF), interferón-γ (IFN-γ) e IL-17, entre otras. Los linfocitos B son, además, los productores de los autoanticuerpos que juegan un papel fundamental en varias de las formas de AIJ: el FR y los anticuerpos antinucleares (ANA). Es importante destacar que la presencia de ANA se considera, cada vez con mayor solidez, un criterio diferenciador de las distintas formas de AIJ.

Clínica

La artritis es la manifestación común de la mayoría de las formas clínicas de AIJ. Cada categoría presenta unas características clínicas diferenciadoras.

La artritis es el síntoma común de la mayoría de los subtipos de AIJ(12) y se manifiesta como tumefacción y/o limitación articular, que es más evidente en los últimos grados de movilidad y en extensión. Puede presentarse con aumento de temperatura local, aunque sin eritema de la piel adyacente, y el dolor es variable, en general de intensidad leve o moderada. La rigidez matutina y tras el reposo es una de las manifestaciones clínicas más características, puede condicionar una alteración de la marcha o cojera y mejora con la actividad física y a lo largo del día.

Además de la artritis, la tenosinovitis, entesitis y dactilitis son otras de las manifestaciones articulares de la AIJ(1):

Tenosinovitis: inflamación de las vainas tendinosas (Fig. 1). Es frecuente y suele ir acompañada de artritis de las articulaciones adyacentes. Las localizaciones más frecuentes son los aparatos extensores del dorso de la mano y dorso del pie y los tendones tibial posterior y peroneos.

Figura1

Figura 1. Artritis de carpo con tenosinovitis de las vainas extensoras. Se observa además artritis de articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas proximales segunda y cuarta.

Entesitis: inflamación de las entesis, es decir, el lugar de inserción de ligamentos, tendones y fascias en el hueso. Las localizaciones más frecuentes de entesitis en la AIJ son: la inserción del ligamento rotuliano en la rótula y tuberosidad tibial, la inserción del tendón de Aquiles en el calcáneo (Fig. 2) y la inserción de la fascia plantar en el calcáneo, base del quinto metatarsiano y cabezas de los metatarsianos primero al quinto.

Figura

Figura 2. Entesitis aquílea derecha.

Dactilitis: tumefacción uniforme de todo un dedo, secundaria a inflamación del aparato tendinoso y tejidos blandos periarticulares, resultando en la típica apariencia de “dedo en salchicha”. En ocasiones, el dedo presenta una tumefacción fusiforme, más acentuada en la base del dedo y articulación interfalángica proximal.

Los síntomas sistémicos como: fiebre, astenia, pérdida de peso y anorexia, son frecuentes en la AIJ sistémica y pueden estar presentes en la forma poliarticular(12).

Dada la variabilidad existente entre las diferentes formas clínicas de AIJ, se expondrán a continuación los rasgos característicos de cada una de ellas por separado(1-3).

Oligoartritis

Es el subtipo más frecuente de AIJ y suele ocurrir en niñas menores de 6 años. Se caracteriza por una artritis asimétrica de grandes articulaciones, con principal afectación de miembros inferiores. Las articulaciones mayormente implicadas son: la rodilla y el tobillo, y la presentación monoarticular no es infrecuente en el debut. Se denomina oligoartritis persistente si tras los primeros 6 meses afecta como máximo a cuatro articulaciones, y oligoartritis extendida si el número de articulaciones afectadas asciende a cinco o más tras dicho periodo de tiempo, disminuyendo la probabilidad de entrar en remisión a largo plazo.

Los reactantes de fase aguda (RFA) suelen ser normales o estar discretamente elevados, y hasta el 70% de los pacientes presenta ANA positivos a títulos bajos. Aproximadamente, un tercio de los pacientes desarrolla uveítis anterior crónica (UAC), típicamente asintomática, por lo que se recomienda realizar controles oftalmológicos periódicos(13) (Tabla III) para su diagnóstico y tratamiento precoces y evitar así complicaciones secundarias (sinequias, queratopatía en banda, cataratas, edema macular y glaucoma).

 

Poliartritis FR negativo

Es una categoría heterogénea en la que se identifican dos formas clínicas principales:

1. Artritis asimétrica de comienzo precoz antes de los 6 años y predominantemente en niñas, ANA positivos y con riesgo aumentado de UAC. Es equivalente a la AIJ oligoarticular, pero con mayor número de articulaciones afectadas.

2. Artritis simétrica de grandes y pequeñas articulaciones de comienzo en edad escolar, sin predominio de sexo, ANA negativos y con elevación de RFA. Es el subtipo equivalente a la artritis reumatoide seronegativa del adulto.

Además, en un pequeño grupo de pacientes puede identificarse una “sinovitis seca”, una forma de poliartritis con escasa tumefacción articular, pero asociada a rigidez y limitación significativas, contracturas y deformidades articulares y con peor respuesta al tratamiento.

Los pacientes que asocian una mayor inflamación sistémica, con astenia, elevación de RFA y anemia, es frecuente que presenten retraso del crecimiento, el cual tiende a normalizarse tras el inicio del tratamiento y el control de la enfermedad.

Poliartritis FR positivo

Representa menos del 5% de los pacientes con AIJ. Se presenta típicamente en niñas adolescentes y se caracteriza por una poliartritis simétrica de pequeñas articulaciones, sobre todo de las manos, elevación de RFA y presencia de anticuerpos antipéptidos citrulinados. La presentación clínica y el pronóstico son superponibles a la artritis reumatoide del adulto y, de la misma forma, puede evolucionar hacia una artritis destructiva.

Artritis relacionada con entesitis

Afecta principalmente a varones en edad escolar o adolescentes, y el 50-90% son HLA-B27 positivo. Suele ser una artritis asimétrica y oligoarticular, sobre todo de miembros inferiores. Es característica la afectación de cadera y tarso, poco frecuente en otras formas de AIJ, por lo que una artritis en estas localizaciones debe orientarnos hacia este diagnóstico. A diferencia de la espondilitis anquilosante del adulto, la artritis en el niño suele ser inicialmente periférica y la afectación axial en forma de sacroilitis suele desarrollarse más adelante en el curso de la enfermedad.

La entesitis es criterio diagnóstico de ARE y la manifestación clínica distintiva frente a otros subtipos de AIJ. Dado que las entesis más afectadas son las inserciones del ligamento rotuliano, el tendón de Aquiles y la fascia plantar, se debe realizar diagnóstico diferencial con las osteocondrosis de dichas localizaciones, es decir, la enfermedad de Osgood-Schlatter (tuberosidad tibial), el síndrome de Sinding-Larsen-Johansson (polo inferior de la rótula) y la enfermedad de Sever (calcáneo).

La categoría ARE también se asocia a uveítis anterior, aunque en este caso es aguda y sintomática, con ojo rojo, dolor y fotofobia, cursa en brotes y se asocia a menos complicaciones oculares que la UAC.

Artritis psoriásica

Es una categoría heterogénea y no bien definida en la que se distinguen dos grupos diferentes de pacientes:

1. Presentación similar a la AIJ oligoarticular, con oligoartritis asimétrica de inicio en edades tempranas, ANA positivos y asociado a UAC.

2. Presentación similar a la ARE y a la artritis psoriásica del adulto, con entesitis, afectación axial y HLA-B27 positivo. Estos pacientes habitualmente son excluidos de esta categoría de AIJ por los criterios de exclusión según la clasificación ILAR y suelen categorizarse como artritis indiferenciadas.

Una característica típica de la AIJ psoriásica es la presencia de dactilitis, así como la afectación de las articulaciones interfalángicas distales.

Sistémica

Es el subtipo que más difiere del resto, puesto que, como ya se ha comentado previamente, se trata de una enfermedad autoinflamatoria y no autoinmune. Afecta por igual a varones y mujeres y puede ocurrir a cualquier edad.

La artritis es habitualmente simétrica y poliarticular, aunque no siempre está presente inicialmente, lo que puede dificultar el diagnóstico. La fiebre se caracteriza por presentarse en picos vespertinos de fiebre alta, asociados a: afectación del estado general, mialgias, dolor abdominal y exantema, típicamente rosa-asalmonado, macular, localizado en tronco y raíz de miembros y evanescente. Otras manifestaciones acompañantes son: la serositis, las adenopatías y hepato-esplenomegalia, como puede ocurrir en otros procesos autoinflamatorios. En la analítica observamos: anemia, leucocitosis con neutrofilia, trombocitosis y elevación de RFA, ferritina, transaminasas y D-dímero. No se detectan autoanticuerpos. El 50% de los casos evoluciona a una forma poliarticular persistente, de difícil control y peor pronóstico.

Es importante destacar que, en la nueva propuesta de clasificación de 2019(9) y que está todavía en estudio, la artritis deja de ser un criterio obligado para el diagnóstico, por lo que podríamos diagnosticar a un paciente de AIJ sistémica en ausencia de esta (Tabla IV).

El síndrome de activación macrofágica (SAM) es la complicación más grave de la AIJ sistémica(14). Ocurre en el 10-15% de los pacientes, aunque casi en la mitad de los casos puede presentarse de forma subclínica, y puede desarrollarse tanto al inicio de la enfermedad como durante su evolución posterior. La mortalidad es elevada (8-20%), por lo que debe detectarse y tratarse precozmente. Clínicamente, se caracteriza por un empeoramiento rápido del paciente secundario a un estado de hiperinflamación (“tormenta de citoquinas”) con: fiebre continua, hepato-esplenomegalia y afectación variable del sistema nervioso central, asociado a alteraciones analíticas características. En la tabla V se muestran sus criterios diagnósticos.

Se resumen en la tabla VI las principales complicaciones de la AIJ.

 

Diagnóstico

Son fundamentales una anamnesis exhaustiva y una exploración física completa, así como la realización de pruebas complementarias dirigidas según la sospecha diagnóstica.

La AIJ es un diagnóstico de exclusión(3), por lo que para llegar a él es necesario descartar otras causas de artritis(3,15-17). A continuación, se detallan cuestiones importantes sobre la anamnesis, la exploración física y las pruebas complementarias a la hora del diagnóstico de la AIJ.

En la anamnesis es preciso indagar sobre los siguientes aspectos:

• Tiempo de evolución de los síntomas: el diagnóstico de AIJ requiere un mínimo de 6 semanas de duración de la artritis.

• Características del dolor: ritmo inflamatorio (rigidez matutina y tras el reposo, con mejoría tras actividad física) frente a ritmo mecánico en otras patologías y predominio de la rigidez frente al dolor (importante para el diagnóstico diferencial de artritis infecciosas).

• Caracterización de la afectación articular: número de articulaciones afectadas, localización (simétrica o asimétrica, periférica o axial).

• Síntomas extraarticulares: sistémicos (fiebre, afectación del estado general), cutáneos (exantema, lesiones cutáneas; Fig. 3), gastrointestinales (dolor abdominal, alteración del ritmo deposicional) u oculares (dolor, ojo rojo, fotofobia, disminución de la agudeza visual).

Figura

Figura 3. Psoriasis.

• Antecedentes familiares de artritis, psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal, uveítis u otras enfermedades autoinmunes.

En cuanto a la exploración física, es necesario realizar tanto un examen físico general como una exploración del aparato locomotor completa:

Examen físico general: buscar exantemas, lesiones cutáneas, hoyuelos ungueales sugestivos de psoriasis, adenopatías y visceromegalias.

Aparato locomotor: se debe realizar la exploración de forma ordenada y sistemática, comenzando por observar la actitud espontánea del paciente, valorando posturas antiálgicas y la marcha. Recordemos que la artritis se define como tumefacción y/o limitación articular por dolor y que las articulaciones profundas, como hombro, cadera y sacroilíacas, no muestran tumefacción. Podemos encontrar, además: tenosinovitis, dactilitis o entesitis. En los casos de artritis de larga evolución, pueden existir hipotrofias musculares secundarias a una menor utilización de la extremidad afectada (Fig. 4).

Figura

Figura 4. Artritis de rodilla con actitud en flexo (imposibilidad para la extensión completa), de tobillo y tarso derechos, asociado a hipotrofia de gastrocnemio derecho.

Además, dado que la inflamación mantenida conlleva una mayor vascularización de la zona, pueden desarrollarse dismetrías por el aumento temporal de la velocidad de crecimiento durante el proceso inflamatorio activo a favor de la extremidad afectada. El pGALS es una herramienta de valoración del aparato locomotor orientada al pediatra general y que permite detectar, de forma rápida y sencilla, alteraciones esqueléticas que pueden traducir la existencia de una enfermedad reumática(18).

Las pruebas complementarias deben realizarse de forma dirigida y partiendo de una anamnesis y exploración física compatibles:

Estudios de laboratorio: analítica sanguínea (hemograma, bioquímica básica con función hepática y renal, PCR, VSG, ANA, FR, HLA-B27), serologías de patógenos frecuentes (VHB, VHC, VIH, CMV, VEB, parvovirus B19), Mantoux u otras pruebas de detección de tuberculosis y sistemático de orina.

Ecografía articular: es la técnica más accesible y de elección para detectar el derrame articular o hipertrofia sinovial (Fig. 5).

Figura

Figura 5. Imagen ecográfica de artritis de cadera.

Radiografía simple: poco utilizada en la edad pediátrica, aunque útil para cuantificar el daño crónico (disminución del espacio articular, erosiones) y para descartar otros procesos (neoplasias, fracturas y otros procesos traumatológicos).

Resonancia magnética: es la técnica más sensible para detectar derrame articular, estudiar el cartílago y las partes blandas periarticulares (tendones, ligamentos), a la vez que descartar otros procesos, aunque es menos utilizada por: su alto coste, difícil acceso en algunos centros y necesidad de sedación en los pacientes más pequeños. Sin embargo, está especialmente indicada para evaluar la articulación temporomandibular (ATM), la columna cervical y las articulaciones sacroilíacas(1).

Estudio de líquido articular(17): mediante artrocentesis se obtiene un líquido amarillento, turbio, ligeramente viscoso (Fig. 6), y con una celularidad intermedia, cuyo cultivo es estéril.

Figura

Figura 6. Líquido articular obtenido de artrocentesis de rodilla.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es lograr la remisión clínica a corto y largo plazo y, para ello, los fármacos biológicos han jugado un papel clave en los últimos años.

El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ, la presentación y el curso clínico de la enfermedad. El objetivo principal es lograr la inactividad clínica, atajando la inflamación y controlando los síntomas, con el objetivo secundario de mantener la remisión a largo plazo, para conseguir un crecimiento y desarrollo normales, evitar secuelas y disfrutar de una calidad de vida similar a la población sana(19).

Las diferentes sociedades científicas han desarrollado guías terapéuticas(20,21); en general, planteando una pauta escalonada de tratamiento. Sin embargo, en los últimos años, se tiende a seguir una estrategia treat-to-target, que consiste en buscar el control de la enfermedad de forma rápida y utilizando los fármacos que sean necesarios según el grado de afectación(2,19). Para evaluar la actividad y monitorizar la enfermedad de forma prospectiva, el índice de actividad más utilizado es el Juvenile Arthritis Disease Activity Score (JADAS)(22).

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Se utilizan como tratamiento sintomático. No modifican la evolución de la enfermedad ni controlan la inflamación a largo plazo.

Glucocorticoides (GC)

Se suelen emplear los GC intraarticulares, de forma aislada o en combinación con otros tratamientos, en función del número y tipo de articulaciones afectadas. En ocasiones, está recomendado el empleo de GC orales como terapia puente hasta conseguir el control clínico en los casos de actividad moderada o alta y en función del tipo de afectación. Preferiblemente, se debe limitar su empleo durante el menor tiempo posible.

Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME)

El más utilizado es el metotrexato (MTX), antagonista del ácido fólico, que se puede administrar tanto por vía oral como subcutánea. Su máximo efecto terapéutico puede demorarse 6-8 semanas. Sus efectos secundarios principales son la intolerancia digestiva y la hipertransaminasemia, que suele ser leve y transitoria al disminuir la dosis.

Biológicos

Han revolucionado el tratamiento de la AIJ desde comienzos del siglo XXI. En general, son bien tolerados y sus perfiles de seguridad son favorables. Se pueden emplear en monoterapia o en combinación con otros tratamientos, generalmente MTX.

Los principales fármacos biológicos utilizados son: antagonistas del factor de necrosis tumoral alfa (etanercept, adalimumab, infliximab, golimumab), antagonistas de IL-1 (anakinra, canakinumab), antagonista de IL-6 (tocilizumab) y antagonista de linfocitos T (abatacept).

Inhibidores de Janus quinasas (inhibidores JAK)

Están en investigación como tratamiento de la AIJ, para su uso en monoterapia o asociados a otros fármacos.

Seguimiento

Es preciso mantener un seguimiento regular para monitorizar la actividad clínica, detectar complicaciones y ajustar el tratamiento de forma individualizada, según la evolución.

La AIJ es una enfermedad crónica de curso clínico variable y que puede alternar periodos de remisión con periodos de inflamación activa(3). Factores asociados a un peor pronóstico son: presentación poliarticular, afectación de carpo, cadera o tobillo, y la presencia de FR. En cuanto a la uveítis asociada a AIJ, los pacientes con más riesgo de padecer esta complicación son los menores de 6 años con ANA positivos y durante los primeros 4 años de la enfermedad(2).

Es preciso mantener un seguimiento periódico para monitorizar la actividad clínica y el tratamiento(3):

Revisiones clínicas: se realizan cada 3-4 meses. El objetivo es evaluar la actividad y vigilar la aparición de complicaciones: dismetría tras la artritis asimétrica de extremidades inferiores, siendo necesario el empleo de alzas en el miembro más corto y que se suele corregir parcial o totalmente con el tiempo; talla baja secundaria a la inflamación persistente y el uso prolongado de GC y alteraciones del desarrollo mandibular secundarias a artritis de la ATM.

Controles analíticos: se realizan cada 3-4 meses en los pacientes que reciben tratamiento farmacológico, para monitorizar hemograma, función hepática y renal y RFA.

Controles oftalmológicos(13): en los pacientes sin antecedentes de uveítis, la periodicidad de las revisiones viene fijada por el subtipo de AIJ, la edad de debut y el tiempo de evolución. En los pacientes con uveítis activa o previa, las revisiones se realizarán según indicación del servicio de Oftalmología en función del grado de actividad, para ajustar el tratamiento y asegurar un buen control de la uveítis con la mínima toxicidad posible.

En cuanto a las actividades preventivas y hábitos de vida saludable, recomendados en los pacientes con AIJ(3):

Dieta y suplementos: se recomienda seguir una dieta sana y equilibrada al igual que en el resto de la población infantil, puesto que no hay evidencia de que restricciones o modificaciones de las pautas alimentarias aporten beneficios en los pacientes con AIJ. Se recomienda la suplementación con ácido fólico si reciben tratamiento con MTX y la suplementación con calcio y vitamina D si reciben GC a altas dosis y durante un tiempo prolongado.

Actividad física: no es necesario limitar el ejercicio físico. En la situación de artritis activa, el dolor y la rigidez mejoran con la actividad y en los periodos de remisión es igualmente beneficiosa y recomendable para estimular la recuperación de la masa muscular.

Vacunaciones(23): las vacunas de virus vivos atenuados están contraindicadas en los pacientes que reciben tratamiento con GC, inmunomoduladores o biológicos. Por otro lado, está recomendada la administración de la vacuna frente a la hepatitis A en los que reciben MTX o tocilizumab, la vacuna meningocócica tetravalente ACWY en la adolescencia y la vacuna frente a meningococo B y la gripe estacional en todos los casos.

Función del pediatra de Atención Primaria

• La actuación del pediatra de Atención Primaria es fundamental a la hora de sospechar y reconocer la enfermedad, puesto que un diagnóstico y tratamiento precoces mejoran el pronóstico y disminuyen el riesgo de complicaciones y secuelas.

• Ante la sospecha de AIJ, está indicado iniciar tratamiento sintomático con AINE a dosis antiinflamatorias hasta que el paciente sea valorado por un reumatólogo pediátrico.

• Se recomienda la derivación precoz a un centro especializado en Reumatología Pediátrica para completar la valoración y confirmar el diagnóstico lo antes posible.

• El pediatra de Atención Primaria, de forma coordinada con el reumatólogo especialista, juega un papel fundamental en el seguimiento de los pacientes con AIJ, para despistaje y detección de posibles complicaciones derivadas de la enfermedad o de los tratamientos empleados.

• La actualización del calendario vacunal, así como la administración del resto de vacunas recomendadas en cada caso, es clave en el paciente con AIJ. Asimismo, es necesario conocer que las vacunas de virus vivos atenuados están contraindicadas en algunos pacientes y en función de los tratamientos recibidos.

• Es necesario planificar y llevar a cabo actividades preventivas y de promoción de la salud centralizadas desde el ámbito de la Atención Primaria (recomendaciones de dieta saludable, ejercicio físico) que permiten mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con AIJ.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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18.** Foster HE, Jandial S. pGALS – paediatric Gait Arms Legs and Spine: a simple examination of the musculoskeletal system. Pediatr Rheumatol Online J. 2013; 11: 44.

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23.** Comité Asesor de Vacunas de la AEP. Vacunación en niños inmunodeprimidos o con tratamiento inmunosupresor. En: Manual de vacunas de la AEP (actualizado en febrero de 2022).

Bibliografía recomendada

– Petty RE, Laxer RM, Lindsley CB, Wedderburn LR, Fuhlbrigge R, Mellins E. Textbook of pediatric rheumatology. 7th ed. Philadelphia: Elsevier; 2016.

Libro de referencia internacional de la Reumatología Pediátrica. Aborda de forma extensa y detallada, las enfermedades reumáticas en la edad pediátrica.

– Martini A, Lovell DJ, Albani S, Brunner HI, Hyrich KL, Thompson SD, et al. Juvenile idiopathic arthritis. Nat Rev Dis Primers. 2022; 8: 5.

Revisión reciente y actualizada sobre la AIJ, que trata los distintos aspectos de la enfermedad, de forma excelente.

– Petty RE, Southwood TR, Manners P, Baum J, Glass DN, Goldenberg, J et al; International League of Associations for Rheumatology. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: second revision, Edmonton, 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2.

Artículo en el que se presenta la clasificación vigente actualmente de la AIJ, con los criterios diagnósticos de cada categoría.

– Martini A, Ravelli A, Avcin T, Beresford MW, Burgos-Vargas R, Cuttica R, et al; Pediatric Rheumatology International Trials Organization (PRINTO). Toward New Classification Criteria for Juvenile Idiopathic Arthritis: First Steps, Pediatric Rheumatology International Trials Organization International Consensus. J Rheumatol. 2019; 46: 190-7.

Artículo que plantea la nueva clasificación que se ha propuesto para la AIJ y que está actualmente en estudio y validación.

– Cassidy J, Kivlin J, Lindsley C, Nocton J, Section on Rheumatology; Section on Ophtalmology. Ophthalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

Artículo en el que se presentan las recomendaciones de revisiones para la uveítis asociada a AIJ.

– Foster HE, Jandial S. pGALS – paediatric Gait Arms Legs and Spine: a simple examination of the musculoskeletal system. Pediatr Rheumatol Online J. 2013; 11: 44.

Artículo que explica la exploración del aparato locomotor de forma sistemática y sencilla.

 

Caso clínico

 

Niño de 5 años y 8 meses que presenta tumefacción y dolor en ambas rodillas, así como dolor en dedos de las manos de 5 semanas de evolución. Refiere dolor de predominio matutino con rigidez articular y cojera, que mejora a lo largo del día. No refiere procesos infecciosos previos ni síntomas digestivos ni lesiones cutáneas. Afebril en todo momento. Los padres refieren que últimamente está estancado de peso. El paciente continúa realizando sus actividades diarias, aunque con limitación en algunas ocasiones por el dolor. Como antecedentes personales, está en seguimiento en un oftalmólogo privado. No presenta antecedentes familiares de interés.

A la exploración destaca tumefacción significativa de ambas rodillas, con actitud en flexo de rodilla derecha e imposibilidad para la extensión completa, con limitación dolorosa a la flexión. Presenta, además, tumefacción leve de ambos carpos con dolor y limitación de la flexo-extensión, así como afectación de primera metacarpofalángica y segunda y cuarta interfalángicas proximales de la mano derecha. Destaca, además, hipotrofia significativa de ambos cuádriceps. Resto de la exploración física general sin hallazgos reseñables. Antropometría al diagnóstico: peso en p21, talla en p65.

Se realiza ecografía articular que confirma la presencia de derrame articular en ambas rodillas e hipertrofia sinovial significativa, de predominio en rodilla derecha. En la analítica de sangre se observa elevación leve de RFA con: VSG: 42 mm/h (0-20 mm/h); PCR: 15 mg/L (0-5 mg/L); y estudio inmunológico con ANA positivos: 1/160 y FR y HLA-B27 negativos.

 

 

 

Fibromialgia juvenil y amplificación del dolor musculoesquelético

J.C. López Robledillo
Temas de FC


J.C. López Robledillo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

La fibromialgia juvenil y los síndromes de amplificación del dolor son procesos de etiología desconocida, caracterizados por dolor musculoesquelético, habitualmente generalizado que tiende a la cronificación, repercutiendo negativamente en el paciente y su entorno. Es habitual que se presenten otros síntomas acompañando al dolor como: fatiga, trastornos del sueño y del ánimo. El diagnóstico es de exclusión, por lo que debe realizarse una historia clínica dirigida y solicitar las exploraciones complementarias pertinentes acorde a la misma. El abordaje debe ser multidisciplinar, integrando la formación del paciente y familiares con un programa físico y de psicoterapia adaptados. El empleo de medicamentos y otras intervenciones terapéuticas se utilizan en casos seleccionados.

 

Abstract

Juvenile fibromyalgia and pain amplification syndromes are processes of unknown etiology characterized by musculoskeletal pain, usually generalized, and with tendency to become chronic, negatively impacting the patient and his environment. Fatigue, sleep and mood disturbances often accompany the pain. The diagnosis is made by excluding other pathologies; thus, a directed clinical history must be carried out and the pertinent complementary examinations according to it requested. The approach must be multidisciplinary, integrating the training of the patient and family members with an adapted physical and psychotherapy program. The use of medications and other therapeutic interventions are needed in selected cases.

 

Palabras clave: Fibromialgia juvenil; Amplificación del dolor; Distrofia simpático refleja; Terapia cognitivo conductual.

Key words: Juvenile fibromyalgia; Pain amplification; Reflex sympathetic dystrophy; Cognitive behavioral therapy.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 132 – 140

 


OBJETIVOS

• Definir el síndrome fibromiálgico en niños y adolescentes y encuadrarlo dentro de los procesos de sensibilización central.

• Caracterizar el dolor crónico musculoesquelético en niños y adolescentes y realizar su diagnóstico diferencial.

• Conocer los síntomas asociados al dolor crónico musculoesquelético que permitan orientar el diagnóstico precoz de fibromialgia juvenil.

• Orientar las exploraciones complementarias adecuadas a realizar ante un paciente con dolor crónico musculoesquelético.

• Adquirir las bases para un adecuado manejo integral de niños y adolescentes con dolor crónico musculoesquelético fibromiálgico.

Fibromialgia juvenil y amplificación del dolor musculoesquelético

Introducción

La fibromialgia juvenil (FMJ) es un trastorno de etiología desconocida, caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado que persiste en el tiempo y se acompaña habitualmente de otros síntomas que pueden orientar su diagnóstico como, por ejemplo: fatiga, trastornos del sueño o del ánimo, etc.

La FMJ tiende a cronificarse, repercutiendo negativamente en el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y calidad de vida del paciente y sus familiares.

Es importante reseñar que la FMJ, por lo general, tiene un carácter primario; pero, en ocasiones, puede estar asociada a otras enfermedades crónicas, como la artritis idiopática juvenil, o conectivopatías, como el lupus eritematoso sistémico, etc.

En la actualidad, este proceso podríamos encuadrarlo dentro del grupo de los síndromes de sensibilización central de niños y adolescentes(1) (Tabla I).

La fibromialgia, aunque reconocida por la OMS, es una entidad controvertida y se diagnostica en muchas ocasiones con términos genéricos o confusos como: dolor crónico musculoesquelético, síndrome de amplificación del dolor, reumatismo psicógeno, etc.; esta circunstancia puede generar confusión en pacientes, familiares y otros profesionales sanitarios.

Epidemiologia

Podemos decir que la FMJ no es infrecuente en las consultas de Reumatología Pediátrica. En EE.UU. supone el 7-15% de primeras consultas de Reumatología Pediátrica.

En otros países se ha señalado que hasta un 6% de los niños y adolescentes padecen FMJ, con una relación mujer/varón de 4 a 1. La edad más frecuente en el momento del diagnóstico oscila entre los 13 y los 15 años. Por debajo de 9 años, es muy infrecuente(2).

Etiopatogenia

La FMJ es consecuencia de una percepción alterada del dolor en ausencia de daño orgánico o tisular, su etiología es desconocida, aunque mediante el empleo de técnicas de neuroimagen, se ha objetivado que el procesamiento del dolor endógeno está alterado.

En su patogenia se han contemplado como hipótesis: la infección, una disregulación genética o, incluso, un proceso inflamatorio, neurobiológico o psicosocial.

Se ha sugerido un componente genético, debido a que con frecuencia se constatan antecedentes familiares de dolor crónico. En este sentido se ha señalado que determinados genes podrían estar relacionados con un procesamiento alterado del dolor (COMT, ADRB2, HTR2A, etc.)(3).

La asociación de síntomas psiquiátricos al dolor crónico induce a pensar en una base neurobiológica común de la enfermedad, en la que se compartirían tanto vías neurales como neurotransmisores.

La liberación de determinadas citoquinas proinflamatorias podría estar implicada en la sensibilización central, favoreciendo la aparición de dolor crónico, surgiendo así el concepto de “neuroinflamación”(4). También, se ha sugerido que determinadas infecciones podrían predisponer al desarrollo de síndromes de dolor crónico.

Manifestaciones clínicas

El inicio de los síntomas puede estar precedido por una lesión física, el desarrollo de una enfermedad, la vivencia de un evento estresante, etc., circunstancias que, por tanto, podemos considerar como desencadenantes y debemos indagar su presencia.

Dolor musculoesquelético

Es el síntoma principal, consiste en dolor musculoesquelético generalizado, “en todo el cuerpo” y persistente, típicamente afecta a ambos hemicuerpos, tanto a los segmentos superiores como a los inferiores y al esqueleto axial.

Las áreas más frecuentemente comprometidas son: región lumbar, cervical, hombros, caderas, rodillas, manos y pared torácica. La intensidad del dolor tiende a ser de moderada a grave, pero la forma de expresarlo puede variar desde una mínima incomodidad a un gesto desproporcionado o incluso una alteración de conducta importante(5).

Su ritmo es claramente “no inflamatorio” y, aunque puede tratarse de un dolor espontáneo (en apariencia nada lo desencadena), en la exploración, es característica la presencia de alodinia (dolor ante un estímulo no nociceptivo) y/o hiperalgesia (dolor amplificado ante estímulo nociceptivo). El dolor se desencadena, por lo general, al palpar o presionar sobre determinados “puntos sensibles” o “gatillo” y se modula, entre otros, por el grado de actividad física, ansiedad, estrés y cambios climáticos.

Síntomas asociados al dolor musculoesquelético

Los síntomas que con mayor frecuencia se asocian al dolor crónico musculoesquelético en pacientes con FMJ, son los que se reflejan en la tabla II(6).

Los trastornos del sueño están presentes en un porcentaje elevado de casos, el insomnio es muy frecuente y, por lo general, responsable de un “sueño no reparador” que ocasiona fatiga y cansancio habitual. Las pesadillas y terrores nocturnos son frecuentes, por lo que el niño se despierta a menudo y duerme pocas horas consecutivas.

La astenia se presenta con mucha frecuencia, se trata de un cansancio, sensación de fatiga o falta de energía que limita la realización de las actividades cotidianas.

La ansiedad es el trastorno psicológico más prevalente y los síntomas depresivos, que pueden incluir ideación suicida, están presentes en aproximadamente el 20% de los pacientes.

El dolor abdominal es otro síntoma frecuente, puede ser de tipo cólico y se acompaña de urgencia para defecar. En adolescentes, la sintomatología recuerda al síndrome de intestino irritable del adulto, alternando estreñimiento con diarrea.

La cefalea es frecuente en niños y adolescentes con fibromialgia, es de carácter tensional por lo general, y no se acompaña de sintomatología neurológica.

También pueden observarse síntomas de: disfunción témporo-mandibular, sequedad ocular y/o oral, síndrome de piernas inquietas, etc.

Exploración física

Además de un examen físico completo, incluido un examen de las articulaciones, vainas tendinosas, entesis y músculos, se recomienda realizar una evaluación de puntos sensibles, palpando 18 puntos específicos con la aplicación de una fuerza variable según la edad, que puede llegar hasta 4 kg de presión en adolescentes mayores (Tabla III).

La alodinia es muy frecuente y característica, por lo que su presencia nos hará sospechar el diagnóstico. En la actualidad, la presencia de puntos sensibles al dolor no se requiere para realizar el diagnóstico de FMJ, pero puede ser útil para constatar la existencia de hipersensibilidad y también para determinar la extensión del dolor(7).

En la exploración física musculoesquelética, se objetiva hiperlaxitud articular hasta en un tercio de los casos, el significado de esta asociación se desconoce en la actualidad(8).

Exploraciones complementarias

Las pruebas de laboratorio y de imagen deben realizarse orientadas por los hallazgos de la historia clínica, siendo su principal indicación la de descartar otros procesos que cursan con dolor musculoesquelético.

Inicialmente, debe realizarse un hemograma con reactantes de fase aguda de la inflamación y una bioquímica general, que incluya LDH y CPK (Tabla IV).

El estudio polisomnográfico puede objetivar la presencia de ondas alfa (rápidas) en las fases de ondas delta (lento), hallazgo que se ha señalado como característico en la FMJ.

Diagnóstico

Es importante que el médico “conozca la enfermedad” con antelación a la valoración de pacientes con dolor musculoesquelético, dado que si no piensa en la FMJ como posibilidad, el diagnóstico y tratamiento pueden retrasarse.

La FMJ debe sospecharse ante un niño o adolescente con dolor generalizado desproporcionado o “inexplicable”, que persiste en el tiempo y que se acompaña de otras manifestaciones características como, por ejemplo: trastornos del sueño o del ánimo y que presenta además una exploración física por lo general normal, salvo la presencia de alodinia y/o hiperalgesia. La sospecha diagnóstica puede verse reforzada si existe antecedente de una vivencia estresante por parte del paciente y/o la constatación de antecedentes familiares de dolor crónico.

Una vez sospechada, se debe descartar patología infecciosa, inflamatoria o tumoral, mediante una anamnesis y exploración física dirigidas junto a las exploraciones analíticas y de imagen adecuadas.

La conducta a seguir para el diagnóstico del dolor crónico musculoesquelético, se detalla en la figura 1.

Figura 1. Orientación diagnóstica en el dolor crónico musculoesquelético.

El diagnóstico se basa actualmente en los criterios de clasificación de Yunus y Masi(5) o en los criterios del American College of Rheumatology (ACR) de 2010(9).

Los criterios de clasificación de Yunus y Masi para la FMJ, descritos en 1985, todavía se utilizan en la actualidad e incluyen la tríada característica de: dolor, síntomas asociados y puntos sensibles a la exploración (Tabla V).

Los criterios de fibromialgia para población adulta del American College of Rheumatology (ACR) se han mostrado de utilidad en adolescentes y precisarían mínimas adaptaciones para utilizarse en pacientes con FMJ (Tabla VI).

En estos criterios, se ha comunicado una sensibilidad del 89,4% y una especificidad del 87,5%. En este caso no es necesario incluir la valoración de los puntos sensibles como criterio diagnóstico. La versión pediátrica es sencilla y de rápida cumplimentación, por lo que se perfila como una herramienta útil para su empleo en la práctica clínica habitual, una vez que esté validada y adaptada transculturalmente.

Evaluación y seguimiento

Para la evaluación y seguimiento del paciente con dolor crónico musculoesquelético/FMJ, hemos de considerar: la anamnesis dirigida, los síntomas asociados, la exploración física y el impacto de la enfermedad en pacientes, familia y sociedad.

Anamnesis dirigida

En cuanto al dolor, han de considerarse entre otros los aspectos que se recogen en la tabla VII.

Determinados síntomas se asocian con frecuencia al dolor crónico y, por tanto, los consideramos característicos, dado que nos orientan al diagnóstico de FMJ (Tabla VIII).

Exploración física

La exploración física siempre debe ser completa y recoger los siguientes apartados que se detallan en la tabla IX.

Impacto de la enfermedad

La evaluación del impacto de la enfermedad debe realizarse periódicamente y para ello se pueden monitorizar los aspectos que en la práctica habitual se consideren más adecuados (Tabla X y XI).

La repercusión o interferencia de la enfermedad en la realización de las actividades habituales de la vida cotidiana (académicas, deportivas, etc.) y la participación social se consideran fundamentales.

No cabe duda que la calidad de vida se ve afectada tanto en el paciente como en sus familiares, y debe monitorizarse en la medida de lo posible, con los métodos adecuados que, por lo general, consisten en cuestionarios validados (SF36 en adultos y PedsQL en niños).

Tratamiento

El objetivo principal del tratamiento de la FMJ es mejorar el control del dolor y la sintomatología asociada a través de intervenciones centradas en mejorar la capacidad funcional del niño o adolescente para que reanude cuanto antes las actividades habituales de su vida cotidiana, esto redundará en un mejor control del dolor.

Como objetivo secundario, debemos considerar la reducción de tratamientos innecesarios que podrían redundar en secundarismos y sobrecostes directos e indirectos.

El enfoque terapéutico debe ser multidisciplinar y comprende la capacitación del paciente mediante: información adecuada, tratamiento físico rehabilitador, terapia cognitivo conductual y, en ocasiones, tratamiento farmacológico.

Información y educación

En primer lugar, debe capacitarse al paciente y padres, proporcionando información adecuada que debe consistir en explicar la enfermedad de forma adecuada según la edad y capacidad de paciente y familia, con las opciones de tratamiento y forma en que se realizará el seguimiento.

Es importante no intentar explicar el origen de la enfermedad, reduciéndolo o simplificándolo a mero proceso psicológico con repercusión musculoesquelética. En cambio, debe intentar explicarse dentro de lo posible, como: una alteración en el procesamiento del dolor que, en ocasiones, se desencadena por situaciones o vivencias estresantes no siempre identificadas convenientemente y que deben considerarse.

Es importante hacer entender que el dolor no está relacionado con una lesión o alteración concreta, dado que el paciente rehúsa, por lo general, la realización de movimientos, pensando que esto es así, por lo que se produciría un círculo vicioso que se debe intentar evitar. Cuando el paciente no tiene forma física tras un periodo de inactividad prolongada, puede pensar que el dolor está relacionado con un brote de su enfermedad.

Educación sobre hábitos saludables que han de procurarse: higiene del sueño, uso racional de pantallas, actividad física, alimentación, etc.

Debe hacerse hincapié en la necesidad de un manejo multidisciplinar, informando sobre los especialistas o profesionales que participarán en su atención y seguimiento, y evitar el empleo de medicamentos como única o principal forma de tratamiento.

Con este abordaje preliminar, conseguiremos reducir la ansiedad y generar confianza y empatía con el paciente y/o familia, necesarias para una adecuada adherencia y también evitar visitas redundantes a especialistas, realización de pruebas muchas veces innecesarias y tratamientos inadecuados.

Hábitos saludables

En primer lugar, ha de considerarse una serie de medidas generales, que consisten en: fomentar la “higiene del sueño” evitando el consumo de estimulantes, establecer una rutina con horarios prefijados para acostarse y levantarse, dormir en una habitación oscura y cómoda sin pantallas ni dispositivos electrónicos, etc.

Si existieran problemas para conciliar el sueño, puede recomendarse al paciente la lectura de un libro u otra actividad de distracción no relacionada con ordenadores, móviles, etc.

Fomentar la abstención de hábitos tóxicos, como el consumo de tabaco, alcohol y sustancias prohibidas.

Hacer hincapié en el beneficio de la actividad física regular mediante la práctica de gimnasia o algún deporte que sea de su agrado.

Actividad física. Ejercicio

El ejercicio aeróbico tiene un efecto beneficioso indudable, dado que reduce el dolor, mejora la capacidad funcional para realizar las actividades de la vida cotidiana y proporciona bienestar general(10).

Aunque la fisioterapia intensiva se ha señalado eficaz por algunos autores; por lo general, se recomienda un programa de ejercicios aeróbicos de instauración gradual, tanto en duración como en intensidad, por ejemplo: empezando con hidroterapia en piscina y progresivamente establecer como óptimo un ritmo de actividad aeróbica en torno a 30 minutos, 3 días en semana.

La utilidad de otras terapias, que podríamos considerar complementarias o alternativas, como: acupuntura, mesoterapia o uso de estimulación eléctrica transcutánea, no está suficientemente establecida.

Terapia psicológica. Terapia cognitivo conductual (TCC)

La terapia cognitivo conductual (TCC) se ha demostrado eficaz para disminuir el dolor y mejorar significativamente la capacidad funcional en niños y adolescentes con FMJ.

Así mismo, también se ha mostrado eficaz para disminuir los síntomas depresivos(11), por ello se recomienda la intervención de un psicoterapeuta experto, para que enseñe a los pacientes un menú de habilidades adaptativas para afrontar y disminuir el dolor y la discapacidad (técnicas de relajación, reencuadre cognitivo, resolución de problemas, etc.).

Cuando sea posible, se debe implicar a los padres en el aprendizaje de técnicas de manejo del comportamiento que puedan utilizar en sus hijos.

Tratamiento farmacológico

En la práctica habitual, el tratamiento farmacológico del dolor crónico musculoesquelético/FMJ tiene, por lo general, una eficacia reducida y no está exento de efectos adversos.

Como norma general, se tiende a evitar el empleo de fármacos en el tratamiento de la FMJ, aunque debe considerarse en pacientes seleccionados. En la tabla XII se exponen los tratamientos empleados para el manejo del dolor en pacientes seleccionados.

Analgésicos y antiinflamatorios

El empleo de analgésicos y antiinflamatorios, por lo general, no es muy eficaz para controlar el dolor. Los opioides no están indicados.

Psicofármacos

Determinados psicofármacos pueden ser útiles en trastornos del ánimo o del sueño en pacientes seleccionados, su empleo debe realizarse a las dosis más bajas posibles y con seguimiento estrecho para detectar secundarismos de forma precoz. Los más habituales son: inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, inhibidores selectivos de la recaptación de norepinefrina y antidepresivos tricíclicos. Estos últimos se suelen emplear, sobre todo, en los trastornos del sueño a dosis bajas.

Antiepilépticos

Tanto la gabapentina como la pregabalina se han usado con diferente éxito, teniendo en cuenta que deben utilizarse como medicamentos de uso especial, al no disponer, según ficha técnica, de indicación para su uso en niños y adolescentes.

Pronostico de la fibromialgia juvenil

El pronóstico es difícil de establecer, debido a las diferencias objetivadas, tanto en las poblaciones estudiadas como en la metodología empleada; de cualquier manera, se puede asumir una tendencia a la cronicidad, observando con frecuencia que los síntomas de la enfermedad tienden a persistir con diferentes grados de intensidad en la adolescencia tardía y la vida adulta.

En algunos estudios, no obstante, se ha objetivado un pronóstico favorable a los 2 años del diagnóstico(12).

Puntos clave para el abordaje de la fibromialgia juvenil

• La fibromialgia de inicio juvenil es un proceso caracterizado por dolor crónico musculoesquelético generalizado, englobado dentro del grupo de los síndromes de sensibilización central. Su etiopatogenia no está suficientemente aclarada, habiéndose relacionado con: factores genéticos, neurobiológicos y psicosociales.

• El dolor se asocia, por lo general, con otras manifestaciones características que incluyen, entre otros, trastornos del ánimo y del sueño que pueden orientar al diagnóstico.

• La FMJ habitualmente impacta negativamente en el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y en la calidad de vida de pacientes y familia, por lo que es importante su reconocimiento precoz y la instauración del tratamiento adecuado.

• El diagnóstico se realiza mediante la exclusión de otras patologías y requiere un alto índice de sospecha. El empleo de criterios diagnósticos puede ser de utilidad para reforzar el diagnóstico y evaluar la evolución.

• La FMJ tiende a persistir en la adolescencia tardía o incluso en la edad adulta, si no se realiza un abordaje adecuado de forma precoz y multidisciplinar.

• El tratamiento adecuado consiste en el enfoque mutidisciplinar mediante el empleo de medidas generales, que incluyan: información y capacitación de pacientes y familiares, puesta en marcha de un programa físico aeróbico, terapia cognitiva conductual y uso racional de medicamentos en casos seleccionados.

Distrofia simpático refleja (DSR) / Síndrome del dolor regional complejo

Entendemos por distrofia simpático refleja (DSR), un dolor idiopático localizado o regional que afecta, por lo general, a miembros inferiores, acompañándose de alteraciones del sistema nervioso autónomo (hiperactividad simpática).

La etiología es desconocida y probablemente multifactorial. La edad de presentación pediátrica es la de adolescencia o preadolescencia, con predileccion por el sexo femenino (3/1).

Afecta a miembros inferiores, comprometiendo a cualquier parte del miembro o incluso a la totalidad del mismo. En el 50% de los casos, se constata una condición preexistente, por lo general, un traumatismo, incluso mucho tiempo antes (a veces años).

La clínica consiste en dolor continuo en la región afectada, acompañado de hiperestesia (percepción exagerada de un estímulo doloroso) y/o alodinia (interpretación de un estímulo no doloroso como doloroso). El dolor suele aumentar con la actividad y puede producirse edema generalizado y aumento de la temperatura cutánea en fases iniciales.

En fases posteriores, la temperatura cutánea del miembro afecto puede estar disminuida al tacto y la piel aparecer con una decoloración parcheada. Es común la atrofia muscular que puede llegar a ser importante.

En las exploraciones complementarias, se aprecia osteoporosis importante en la radiología convencional y, con menor frecuencia, alteraciones en la captación gammagráfica, que son más típicas de los adultos.

El diagnóstico se hace sobre la base del cuadro clínico característico, resultando útiles los criterios diagnósticos de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) que se muestran en la tabla XIII(13).

El tratamiento es multidisciplinar, basado fundamentalmente en la fisioterapia. Se han empleado con diferente éxito: glucocorticoides, bloqueantes adrenérgicos, bloqueos nerviosos e incluso la simpatectomía. Puede ser necesaria la intervención psicológica para abordar el tratamiento conductual del dolor y también para valorar la existencia de factores que pudieran perpetuar el proceso que, con frecuencia, se cronifica.

La recuperación suele producirse al cabo de varios meses, pero son posibles, tanto las recurrencias como la evolución a un proceso crónico de sensibilización central.

Función del pediatra de Atención Primaria (AP) en el cribado y manejo de los síndromes de amplificación dolorosa

El pediatra de AP atiende con frecuencia a niños y adolescentes con dolor crónico musculoesquelético que en muchas ocasiones representan cuadros de “amplificación del dolor / sensibilización central”. Para un adecuado abordaje de los mismos, debemos tener en cuenta que la anamnesis dirigida y la exploración musculoesquelética son fundamentales para orientar el diagnóstico que inicialmente ha de ser de sospecha y posteriormente de probabilidad, cuando se constaten síntomas característicos asociados al dolor, como los trastornos del sueño o del ánimo que no suelen faltar. Así mismo, si en la exploración física objetivamos alodinia o hipersensibilidad y en la analítica de rutina el hemograma y los reactantes de fase son normales, podemos avanzar en el proceso diagnóstico que puede refrendarse consultando o remitiendo al reumatólogo pediátrico, que colaborará para descartar otros procesos mediante la realización de otras pruebas si lo considera necesario, ya sean analíticas o de imagen (ecografía musculoesquelética, resonancia magnética, etc.). El tratamiento puede iniciarse a la mayor brevedad posible, que consistirá en medidas generales de información y educación, higiene del sueño e hincapié en la bondad de los hábitos de vida saludables. En la mayoría de los casos se requiere la actuación del médico rehabilitador y del psicólogo, para iniciar un programa físico específico y de terapia cognitivo conductual, respectivamente. El tratamiento farmacológico del dolor se ha empleado con éxito variable y por lo general no está indicado salvo en casos seleccionados.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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Artículo de referencia actualizado y reciente, imprescindible para la comprensión y abordaje adecuado de la fibromialgia juvenil.

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Artículo que aborda la presentación y manejo del dolor crónico en adolescentes.

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Artículo que refleja la importancia del abordaje multidisciplinar del tratamiento de la fibromialgia juvenil mediante un programa físico y psicosocial.

– Gmuca S, Sherry DD. Fibromyalgia: treating pain in the juvenile patient. Paediatr Drugs. 2017; 19: 325-38.

Artículo que revisa la utilidad del tratamiento farmacológico en casos seleccionados de dolor en adolescentes.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: paciente de 14 años que acude a consulta por un cuadro clínico de dolor en miembros superiores de varios meses de evolución.

Antecedentes familiares: padre con espondilitis anquilosante en tratamiento biológico, distimia depresiva en tratamiento psicológico, madre con disfunción temporomandibular y cefalea crónica.

Antecedentes personales: embarazo y parto normales. Alimentación normal. Desarrollo psicomotor normal. Menarquia 12 años. Rendimiento académico sobresaliente. Exenta en educación física por dolor y limitación de la movilidad de miembros desde hace 6 meses.

Enfermedades previas: Sin ingresos hospitalarios. Ansiedad en seguimiento por psicólogo desde hace 1 año. Dolor abdominal en estudio por digestivo.

Tratamientos recibidos: ibuprofeno de forma habitual desde hace varias semanas.

Anamnesis: historia actual: dolor de 6 meses de evolución en cuello, brazos y antebrazos, que no localiza con precisión y que se presenta durante casi todo el día y que no la despierta por la noche. Mueve con dificultad ambos miembros superiores, pero no refiere hinchazón en las articulaciones ni aumento de temperatura. Presenta, así mismo, astenia de forma habitual, sobre todo, por las mañanas. También refiere que le cuesta conciliar el sueño y está agobiada por su rendimiento escolar que es muy bueno, aunque últimamente ha empeorado. No se refiere fiebre, alteración del estado general, anorexia ni pérdida ponderal.

Anamnesis por aparatos: sin alopecia, lesiones cutáneas, fotosensibilidad, úlceras orales o genitales, síntomas oculares, dolor torácico, etc. Presenta episodios de dolor abdominal intermitente acompañado de deposiciones líquidas explosivas sin productos patológicos, por lo que se ha iniciado estudio en digestivo.

Exploración física: general: afebril con buen estado general, sin lesiones cutáneas, sin adenias. ACP: sin hallazgos. Abdomen: sin masas ni megalias. Neurológico: sin déficits. Musculoesquelético: no se objetivan signos inflamatorios ni limitación de la movilidad en las articulaciones de los miembros. La movilidad de columna es normal y las maniobras sacroilíacas son negativas. Dolor a la exploración en: región cervical, ambos trapecios, hombros y cara lateral de ambos codos, con retirada ante mínima presión en áreas anatómicas sobre bordes óseos.

Exploraciones complementarias: aporta estudios realizados en su centro de salud: hemograma, VSG, proteína C reactiva y bioquímica general dentro de valores normales.

Radiología: Rx de columna cervical, hombros AP y L y codos AP y L: sin hallazgos patológicos.

Se solicita en nuestra consulta: hemograma, reactantes de fase aguda, bioquímica y estudio básico de autoinmunidad: hemograma: leucocitos: 13.200/µL (fórmula normal); hemoglobina: 13,6 g/dl; hematocrito: 41,3%; VCM: 85,5 fL; plaquetas: 265.000/µL. Bioquímica: CK: 150 U/L (21-250); GOT: 373 U/L (20-57); GPT: 42 U/L (17-43); LDH: 290 U/L (110-295). VSG: 2 mm/h; PCR: 0,5 mg/dL. Estudio de coagulación: normal. Sedimento de orina: normal. Inmunología: IgA: 210 mg/dL (40-250); IgG: 1.220 mg/dL (623-1581); IgM: 166 mg/dL (50-250). Complemento: C3: 98,5 mg/dL (86-184); C4: 22,9 mg/dL (16-47). Factor reumatoide < 20 UI/mL. ANA: 1/80, anticuerpos anti-DNA: negativo. Anticuerpos frente a antígenos nucleares extraíbles negativos. Mantoux: 0 mm.

 

 

Diagnóstico diferencial de artritis

R.M. Alcobendas Rueda*, J. de Inocencio Arocena**
Temas de FC


R.M. Alcobendas Rueda*, J. de Inocencio Arocena**

*Reumatología pediátrica. Hospital Universitario La Paz, Madrid. **Reumatología pediátrica. Hospital Universitario 12 de Octubre y Departamento de Salud Pública y Materno-Infantil, Universidad Complutense de Madrid. Madrid

Resumen

El dolor articular es un motivo frecuente de consulta en Pediatría. De acuerdo al Comité de Reumatología Pediátrica de ILAR (Liga Internacional de Asociaciones de Reumatología), se define artritis como la presencia de tumefacción articular o la combinación de dolor y limitación de la movilidad articular no producida por alteraciones mecánicas(1). El diagnóstico diferencial de artritis es amplio e incluye múltiples etiologías: infecciosa, inflamatoria, ortopédica y tumoral. La realización de una correcta anamnesis y exploración física, así como la realización de pruebas complementarias orientadas, son fundamentales para poder establecer un diagnóstico y tratamiento adecuados.

 

Abstract

Joint pain is a frequent complaint in Pediatrics. According to the Pediatric Rheumatology Committee of ILAR (International League of Rheumatology Associations), arthritis is defined as swelling within a joint, or limitation in the range of joint movement with joint pain or tenderness, which is not due to primary mechanical disorders(1). The differential diagnosis of arthritis is broad and includes multiple etiologies, such as infectious, inflammatory, orthopedic, or neoplastic. A complete history taking and physical examination suggest which complementary exams should be requested in order to reach a diagnosis and initiate treatment.

 

Palabras clave: Monoartritis; Poliartritis; Artritis idiopática juvenil; Sinovitis transitoria de cadera; Artritis séptica.

Key words: Monoarthritis; Polyarthritis; Juvenile idiopathic arthritis; Transient hip synovitis; Septic arthritis.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 125 – 131

 


OBJETIVOS

• Profundizar en el conocimiento de los aspectos fundamentales de la anamnesis y exploración física en pacientes que consultan por artritis.

• Orientación de pruebas complementarias según los hallazgos de historia clínica y exploración.

• Conocer las principales etiologías y manejo de las monoartritis.

• Conocer el papel del pediatra de Atención Primaria al evaluar a un paciente con artritis.

Diagnóstico diferencial de artritis

Introducción

De acuerdo con el Comité de Reumatología Pediátrica de ILAR (Liga Internacional de Asociaciones de Reumatología), artritis se define como tumefacción articular (esto es, con presencia de derrame sinovial) o como la combinación de dolor y limitación de la movilidad articular no producida por alteraciones mecánicas(1,2). La artritis debe distinguirse clínicamente de las artralgias, en las cuales existe dolor articular, pero sin asociar tumefacción ni limitación articular; también debe diferenciarse de la limitación articular no dolorosa, que puede ser constitucional o producida por traumatismos o trastornos del desarrollo, y que tampoco asocia tumefacción articular.

Las artritis se clasifican como oligoartritis, cuando existe inflamación de hasta 4 articulaciones, o poliartritis, cuando la artritis afecta a 5 articulaciones o más. Por tanto, la monoartritis, la inflamación de una sola articulación, se considera una forma de oligoartritis. Dada su importancia en Pediatría, al ser la forma más habitual de presentación de infecciones articulares, tumores sinoviales o trastornos de la coagulación (hemartros), las monoartritis se abordarán de manera independiente al resto en el texto.

La presencia de artritis en pacientes en edad pediátrica puede deberse a múltiples etiologías, incluyendo: infecciosa, postinfecciosa, reumatológica, traumática e incluso tumoral(3). Las características clínicas y la exploración, combinadas con las pruebas de laboratorio, microbiológicas y de imagen, son fundamentales para establecer el diagnóstico correcto.

Características clínicas

Síntomas acompañantes: la presencia de fiebre, infección de vías respiratorias en niños con edad inferior a 4 años o el antecedente de heridas penetrantes, pueden orientar a artritis séptica. Las gastroenteritis enteroinvasivas e infecciones genitourinarias pueden preceder a las artritis reactivas. Asimismo, el antecedente de una faringoamigdalitis estreptocócica suele preceder a la aparición de la artritis postestreptocócica y de la fiebre reumática. La asociación con febrícula, astenia, pérdida de peso o irritabilidad son sugerentes de un proceso tumoral subyacente. En pacientes con artritis, fiebre alta persistente y exantema, debe descartarse la enfermedad de Kawasaki o una artritis idiopática juvenil (AIJ) de inicio sistémico. Por último, la asociación con entesitis, así como con otras enfermedades, como psoriasis o uveítis anterior aguda sintomática, son descritas también en otras categorías de AIJ. La existencia de un antecedente traumático debe ser evaluado con cautela en pacientes pediátricos, ya que es frecuente que exista y no justifica la presencia de artritis.

Tiempo de evolución: en artritis de poco tiempo de evolución, particularmente monoartritis, debe descartarse la etiología infecciosa. La persistencia en el tiempo de una artritis sugiere una patología crónica y debe ser derivada para valoración por el especialista.

Ritmo del dolor: el dolor inflamatorio se caracteriza por empeorar con el reposo (predominio matutino) y mejorar con la actividad, mientras que el dolor mecánico se exacerba con el movimiento y se alivia con el reposo (predominio vespertino).

Intensidad del dolor: la presencia de dolor intenso ante un paciente con artritis, debe hacernos sospechar etiología infecciosa, tumoral o traumática. Las artritis crónicas se caracterizan por ser poco dolorosas y, asociar de manera característica, rigidez tras el reposo.

Patrón de aparición en las poliartritis: puede ser simultáneo, afectando muchas articulaciones a la vez (artritis virales), aditivo, en el que se van añadiendo articulaciones inflamadas a las que ya lo estaban (AIJ) o migratorio, en el que la artritis “salta” de unas articulaciones a otras (fiebre reumática).

Antecedentes familiares: es importante indagar acerca de la existencia de enfermedades autoinmunes o autoinflamatorias en los familiares cercanos, preguntando específicamente por psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal o espondiloartropatías.

Exploración física

La exploración de un paciente con sospecha de artritis comenzará por realizar una exploración física sistemática por aparatos, ya que la artritis puede ser un componente más de una enfermedad sistémica(4,5). La presencia de lesiones cutáneas (petequias, equimosis, púrpura) pueden orientar a un trastorno de la coagulación, proceso linfoproliferativo o vasculitis IgA (púrpura de Schönlein Henoch). El hallazgo de adenopatías y/o organomegalias obliga a descartar enfermedad infecciosa, patología tumoral o, en caso de asociar fiebre y exantema, AIJ de inicio sistémico. La debilidad muscular se puede asociar a miopatías inflamatorias, mientras que las aftas orales, el exantema malar o las placas de alopecia a un lupus eritematoso sistémico. En todo paciente con artritis dolorosa, debe investigarse la presencia de heridas cutáneas o dermatitis activa, que puedan haber servido de puerta de entrada de gérmenes al torrente sanguíneo.

La artritis se presenta en la exploración, como tumefacción articular o limitación dolorosa del rango articular. En ocasiones, particularmente cuando el derrame es significativo o la artritis es séptica, el paciente adopta, de manera espontánea, una postura en la que mantiene la articulación flexionada con la finalidad de disminuir el dolor. En articulaciones profundas, como la cadera, en las que no se puede palpar la tumefacción articular, la limitación de las rotaciones, particularmente la interna y de la abducción, sugiere la presencia de artritis. Hasta un 30% de los pacientes con artritis de cadera refiere el dolor a región anterior de muslo o rodilla ipsilateral (dolor irradiado), por lo que es fundamental realizar una exploración completa, independientemente de la presencia de dolor en otras localizaciones. Por este motivo, se debe explorar siempre todo el eje de carga (cadera-rodilla-tobillo-pie) comparándolo con el contralateral, no doloroso, que servirá como referencia. La exploración deber ser, por tanto, siempre completa y bilateral, reservando para el final el miembro afecto.

Pruebas complementarias(6)

Las pruebas complementarias deben ir dirigidas y orientadas según la sospecha diagnóstica.

Analítica sanguínea: se recomienda su realización en todo paciente con artritis, ya sea oligo o poliarticular, excepto en casos de existir una alta sospecha de sinovitis transitoria de cadera (STC). El hemograma, incluyendo frotis de sangre periférica, puede ayudar a descartar leucemia o etiología infecciosa, aunque con frecuencia es normal. El examen bioquímico puede incluir enzimas hepáticas (que orienten a etiología vírica) y musculares (CK y LDH), urato e iones (ante sospecha de patología tumoral), así como proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación (VSG).

Inmunología: los marcadores inmunológicos incluyen: factor reumatoide (FR), anticuerpos antinucleares (ANA) y HLA-B27, y deberían ser realizados ante sospecha de artritis crónica. La elevación de los anticuerpos anti-estreptococo betahemolítico tipo A (ASLO) indica únicamente antecedente de faringoamigdalitis estreptocócica, por lo que su positividad debería de ser interpretada con cautela.

Análisis del líquido sinovial: el análisis citoquímico del líquido articular también ofrece información sobre la posible etiología de la artritis. Se recomienda la realización de artrocentesis en todo paciente con monoartritis dolorosa de inicio reciente (excepto en pacientes mayores de 3 años con sospecha de STC), oligoartritis con fiebre y afectación importante del estado general, así como en artritis (oligo o poliarticulares) de curso crónico. Las características del líquido articular según etiología se recogen en la tabla I.

 

Microbiología: las pruebas microbiológicas deben ir orientadas según sospecha diagnóstica. El hemocultivo, Gram, cultivo de líquido articular, así como técnicas de amplificación genómica, son útiles en pacientes con oligoartritis sospechosa de etiología infecciosa, mientras que las serologías pueden ayudar en pacientes con poliartritis con sospecha de etiología vírica.

Pruebas de imagen:

Radiografía: no aporta mucha información en el estudio de las artritis, donde habitualmente es normal. Se debe realizar cuando se sospecha una etiología traumática y puede ser útil en el estudio de patología sistémica con artritis asociada (radiografía de tórax para valorar serositis o adenopatías mediastínicas).

Ecografía: es una técnica rápida, bien tolerada, barata y muy accesible. Su mayor limitación es la variabilidad inter-observador a la hora de la interpretación de las imágenes, así como la dificultad de interpretación de la señal Doppler de pacientes en crecimiento. Se recomienda su realización como primera aproximación diagnóstica en todo paciente con sospecha de artritis.

Resonancia magnética nuclear: es una técnica indolora y no conlleva radiación, pero requiere sedación en pacientes pequeños y la disponibilidad puede variar enormemente entre los diferentes centros. Se recomienda su realización en: monoartritis crónica, posible etiología infecciosa, tumoral o traumática, o en aquellos pacientes con evolución tórpida a pesar del tratamiento dirigido según sospecha diagnóstica inicial.

Diagnóstico diferencial

Monoartritis

Artritis séptica

En todo paciente con edad inferior a 3 años y artritis, debe descartarse como primera posibilidad la etiología infecciosa, incluso en ausencia de fiebre.

La artritis séptica es la inflamación articular debida a una infección bacteriana, siendo los miembros inferiores la localización más frecuente. Solo en casos excepcionales (inmunodeprimidos, neonatos, gérmenes muy agresivos) se han descrito casos de afectación multifocal. No es infrecuente que en pacientes menores de 18 meses exista afectación ósea por contigüidad, debido a que a estas edades la vascularización epífisis-diáfisis es común. Es de las etiologías de artritis que cursan con más dolor a la palpación/movilización articular, y que suelen asociar postura antiálgica evidente o rápido desarrollo de flexos articulares, así como fiebre, dolor en reposo y elevación de reactantes. Aunque a nivel global, el S. aureus es el principal agente causal de infecciones osteoarticulares en todas las edades, en los últimos años se ha identificado a Kingella kingae como el agente etiológico principal en pacientes con edad comprendida entre 6 meses y 4 años, especialmente en menores de 2 años(7,8) (Fig. 1).

Figura

Figura 1. Artritis séptica de cadera por K. kingae en paciente de un año.
A.
Artrocentesis y lavado articular. B. Muestra para citoquímica, Gram, cultivo y reacción en cadena de la polimerasa específica para K. kingae.

 

Es un germen colonizador habitual de la flora orofaríngea, que puede pasar al torrente sanguíneo cuando se altera la mucosa en el contexto de infecciones víricas. Se caracteriza por presentar un curso más leve, con poca repercusión clínica y analítica, y cifras de VSG o PCR que pueden ser cercanas a 20 mm/h o 20 mg/L, respectivamente. Hasta un tercio de los pacientes pueden encontrarse afebriles en el momento de la consulta o referir únicamente febrícula. Es un microorganismo de crecimiento difícil en medios de cultivo tradicionales, por lo que la utilización de técnicas de detección molecular, como la reacción en cadena de la polimerasa, ha permitido mejorar la identificación de este patógeno. Se recomienda mantener el tratamiento antibiótico, generalmente cefuroxima-aXetilo o cefadroxilo, durante un mínimo de 2 semanas o hasta la resolución completa clínico-analítica.

Sinovitis transitoria de la cadera (STC)

La sinovitis de cadera es un diagnóstico de exclusión (Tabla II). En pacientes con limitación dolorosa de la cadera, artritis de cadera en imagen ecográfica y edad inferior a 3 años, debería descartarse como primera posibilidad la etiología infecciosa, aún en ausencia de fiebre.

 

 

Artritis inflamatoria de la cadera de causa desconocida. Aunque puede existir el antecedente de una infección respiratoria los días previos, este no es obligatorio. Afecta de manera más frecuente a varones, con edad comprendida entre 3-10 años(9). Se caracteriza por un inicio brusco de la sintomatología con dolor intenso (en cadera, o irradiado a muslo o rodilla), con rechazo de la movilidad o incluso de la marcha. En caso de asociar fiebre o en pacientes menores de 3 años, debe descartarse primero una etiología infecciosa y no atribuir los síntomas a una STC. La evolución con antiinflamatorios suele ser buena, desapareciendo el dolor y la cojera a los 7-10 días. La normalización de la imagen ecográfica es más tardía (4-6 semanas), por lo que no se recomienda hacer controles de imagen seriados a no ser que persista la clínica; la presencia de dolor o limitación de la movilidad pasados 10 días del inicio orienta a enfermedad crónica. En pacientes con episodios de STC de repetición, debería descartarse enfermedad de Perthes, mediante la realización de radiografía anteroposterior y axial de pelvis; si esta es negativa, se podría realizar tipificación HLA-B27, ya que se ha descrito una mayor recurrencia de STC en estos sujetos.

Etiología tumoral

Sinovitis villonodular pigmentaria: es una enfermedad rara en niños, de etiología desconocida y que cursa generalmente con afectación monoarticular crónica y recidivante, siendo la rodilla la articulación más frecuentemente afectada. El líquido sinovial obtenido mediante artrocentesis ofrece un aspecto característico, marrón oscuro o claramente hemático. La resonancia magnética es el examen complementario de elección para el diagnóstico (efecto blooming por depósitos de hemosiderina) y seguimiento. En el examen macroscópico, la membrana sinovial muestra vellosidades, hipertrofia nodular o villonodular de color moteado oscuro marrón (depósitos de hemosiderina) y amarillo (células de xantoma). El tratamiento consiste en la resección de la lesión para las formas localizadas y la sinovectomía total en caso de afectación difusa(10,11).

Hemangioma sinovial: la rodilla es su localización más frecuente. Puede presentarse como tumefacción recidivante secundaria al sangrado.

Sarcoma sinovial: extremadamente infrecuente en la edad pediátrica.

Tumores óseos: los tumores óseos, como el osteosarcoma o el sarcoma de Ewing, pueden asociar inflamación local, pudiendo aparecer excepcionalmente artritis en casos de afectación de hueso intraarticular (Fig. 2).

Figura

Figura 2. Artritis de cadera en paciente con sarcoma de Ewing. A. Ecografía articular mostrando artritis de cadera y desflecamiento de la cortical de cuello femoral. B. Radiografía de pelvis en la que se observa alteración de la densidad ósea y levantamiento en capas de cebolla de cuello y tercio proximal de fémur izquierdo.

 

La presencia de dolor intenso, persistente, de predominio nocturno, así como la evolución tórpida y respuesta insuficiente a analgésicos habituales, deben ponernos en alerta.

Otras

Traumáticas: a diferencia de los adultos, la artritis traumática es excepcional en pacientes de edad pediátrica.

Alteraciones de la coagulación: en la hemofilia y otros trastornos de coagulación es posible el hemartros, tanto en el debut como durante el curso de la enfermedad.

Oligoartritis o poliartritis

Artritis vírica

Las infecciones virales suelen cursar con artralgias, aunque de manera mucho más infrecuente, también pueden asociar artritis franca. La severidad y el curso de las artritis víricas son muy variables atendiendo al agente causal. Las artritis por parvovirus B19 ocurren en menos del 3% de los niños menores de 10 años infectados. El dolor, la tumefacción y la rigidez de las pequeñas articulaciones de las manos y los pies se desarrolla poco después del típico exantema “en bofetada”, resolviéndose en menos de 10 días, aunque están descritas recurrencias. También se han descrito casos de poliartritis y tenosinovitis en pacientes con infección por rubeola, pudiendo aparecer desde antes del rash hasta 10-28 días después de la vacunación. Asimismo, el síndrome artritis-dermatitis por virus de la hepatitis B ha sido comunicado en adolescentes; se caracteriza por la aparición de exantema maculopapular y artritis de distribución simétrica, que puede afectar a las articulaciones interfalángicas de los dedos. La enfermedad es autolimitada y se resuelve en 4 semanas habitualmente, respondiendo bien a AINES. Por último, infecciones por virus de la varicela, Epstein-Barr, citomegalovirus, herpes virus o alpha virus (Chikungunya, etc.) pueden ocasionar también episodios autolimitados de poliartritis, por lo que deben ser incluidos en el diagnóstico diferencial.

Fiebre reumática

Se trata de una complicación no purulenta de las faringoamigdalitis causadas por el estreptococo β-hemolítico grupo A (GAS), afectando, en la mayoría de los casos, a niños de 5-14 años. El tiempo de latencia entre la infección y el inicio de las manifestaciones típicas es de 2-3 semanas. Durante este tiempo, el paciente está asintomático. Las presentaciones clínicas incluyen: artritis, carditis, corea, una erupción característica (eritema marginado) y nódulos subcutáneos, siendo las dos últimas extremadamente infrecuentes en nuestro medio. La poliartritis es la manifestación mayor más frecuente de la fiebre reumática, afectando hasta al 70% de los pacientes. La artritis se describe normalmente como intensamente dolorosa, migratoria (aunque también puede tener un patrón aditivo articular), que afecta predominantemente a grandes articulaciones. Según los nuevos criterios de la American Heart Asociación de 2015, en países con alta prevalencia de fiebre reumática, la afectación de una única articulación representa un criterio mayor(12). En general, la respuesta a AINES es excelente, debiendo reconsiderarse el diagnóstico si el paciente no evoluciona adecuadamente en las siguientes 48 horas tras su instauración.

Artritis postestreptocócicas

A diferencia de la fiebre reumática, la artritis aparece en los primeros 10 días tras el contacto, es aditiva y persistente o recurrente, puede afectar tanto a grandes como a pequeñas articulaciones y responde peor a AINES(13).

Artritis reactiva

El término de artritis reactiva hace referencia a las artritis o entesitis de­sencadenadas no directamente por gérmenes, como en las artritis sépticas, sino por la respuesta inflamatoria que producen algunos antígenos bacterianos. Comienzan 2-4 semanas después de una infección producida por algunos gérmenes entéricos (Yersinia, Salmonella, Sighella o Campylobacter) o genitourinarios (Chlamydia trachomatis). Aunque son más frecuentes en individuos HLA-B27 positivo, una proporción significativa de los pacientes puede ser B27 negativo.

Artritis idiopática juvenil

La denominación AIJ agrupa las artritis crónicas de causa desconocida y comienzo infantil.

Es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la edad pediátrica. Según los criterios ILAR validados en la actualidad, se define como aquella artritis de curso persistente de más de 6 semanas de evolución, en niños menores de 16 años, en los cuales se ha descartado de manera razonable otras posibles etiologías. La AIJ incluye 7 categorías, atendiendo al número de articulaciones afectas, clínica sistémica, síntomas acompañantes y marcadores inmunológicos(14). La categoría más frecuente es la oligoartritis, que suele afectar a niñas con edad inferior a 4 años y que tienen, en caso de ser los ANA positivos, el máximo riesgo de desarrollar uveítis. La rodilla es la articulación más frecuentemente afectada (Fig. 3).

figura

Figura 3. Artritis de rodilla izquierda. A. Artrocentesis de rodilla. B. Imagen ecográfica confirmando artritis de rodilla.

 

Otras categorías pueden ser sospechadas en función de las características clínicas del paciente. Así, los varones mayores de 6 años con artritis persistente de cadera o dolor inflamatorio sacroilíaco o lumbar, probablemente presentan una artritis relacionada con entesitis. De manera similar, los pacientes con artritis y dactilitis (“dedo en salchicha”) presentan una artritis psoriásica, a pesar de que no tengan lesiones cutáneas en el momento del diagnóstico.

Otras enfermedades que pueden cursar con oligo o poliartritis

Lupus eritematoso sistémico (LES): es una enfermedad autoinmune multisistémica, con preferencia por el sexo femenino y edad de aparición habitual a los 12-13 años. La afectación de las pequeñas articulaciones de las manos no es infrecuente entre los pacientes con LES de inicio en la infancia, aunque la artritis puede afectar a cualquier articulación.

Dermatomiositis juvenil (DMJ): un porcentaje variable de pacientes pueden tener artritis, debiendo descartar la asociación con anti-MDA5 cuando está presente.

Enfermedades autoinflamatorias: se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades, en general muy poco frecuentes, que se han ido describiendo en las últimas dos décadas. Se producen por desregulación del sistema inmune primario o innato. Cursan con inflamación sistémica, que puede ser persistente desde el debut, recurrente o periódica, y que se manifiesta a nivel de distintos órganos o sistemas. La artritis forma parte del conjunto de signos que algunos pacientes pueden presentar, como sucede en el síndrome de Blau, el síndrome de PAPA o la enfermedad de Behçet.

Artritis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal (EII): la artritis es la manifestación extradigestiva más frecuente en la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa; aunque sus mecanismos etiopatogénicos no están claros, la artritis puede preceder a los síntomas intestinales. Se estima que, alrededor de un 25-30% de los pacientes con EII, presentarán alguna manifestación extradigestiva a lo largo de su evolución. La artralgia y, en menor grado, la artritis son las manifestaciones extraintestinales más frecuentes en la EII del niño, y se correlacionan con la actividad inflamatoria intestinal. La artritis tiende a ser mono u oligorticular y asimétrica. Con menor frecuencia, cursa con afectación axial, implicando articulaciones sacroilíacas y columna lumbar, preferentemente en varones HLA-B27+.

Otras enfermedades sistémicas: la anemia de células falciformes (dactilitis y artritis infecciosas), las mucopolisacaridosis (contracturas articulares con o sin dolor asociado), el síndrome camptodactilia-artropatía-coxa vara-pericarditis o la policondritis recidivante (artritis), pueden presentar manifestaciones musculoesqueléticas que pueden confundirse con artritis sépticas o inflamatorias.

Falsas artritis: la artritis es un proceso intraarticular que, salvo excepciones, no se acompaña de cambios de la coloración cutánea. Entidades como: urticaria, celulitis infecciosas o púrpura de Schönlein Henoch, pueden producir inflamación del tejido celular subcutáneo que, cuando se localiza en la región periarticular, ocasiona dolor a ese nivel (periartritis). Sin embargo, es raro que se acompañen de verdadera artritis.

Tumorales: la leucemia linfoblástica aguda (LLA) es la neoplasia infantil más frecuente y puede presentarse inicialmente con artritis o artralgias (hasta en 10-20%), como parte de un proceso prodrómico que dura semanas o incluso meses, sin signos típicos de leucemia(15). La distinción clínica entre AIJ y LLA puede resultar difícil, siendo las citopenias un dato de alarma, especialmente la neutropenia y la trombopenia. Desde el punto de vista clínico, el dolor es característicamente muy intenso (a diferencia de la AIJ) y desproporcionado para los hallazgos del examen físico, pudiendo asociar organomegalias, adenopatías, palidez o lesiones petequiales-equimosis en la exploración. De manera menos frecuente, otras entidades, como el neuroblastoma, también pueden asociar manifestaciones musculoesqueléticas por lo que, ante cursos atípicos, clínica sistémica o mala evolución, deberían ser descartados.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Realizar una correcta anamnesis dirigida fundamentalmente a: tiempo de evolución, características del dolor (ritmo inflamatorio o mecánico, irradiación, duración, intermitente o continuo, etc.) y síntomas acompañantes, considerando la edad y el sexo del paciente.

• Realizar una exploración física sistemática por aparatos, incluyendo exploración musculoesquelética completa.

• Evaluar las principales etiologías y elaborar un diagnóstico diferencial orientado.

• Derivar al Servicio de Urgencias o a una consulta especializada según sospecha.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Actualización de la artritis idiopática juvenil publicada recientemente. Aborda todos sus aspectos, desde la genética hasta el tratamiento, presentando gran parte de la información importante en forma de tablas, lo que facilita su lectura.

– Haines KA. The approach to the child with joint complaints. Pediatr Clin North Am. 2018; 65: 623-38.

Excelente revisión de las diferentes etiologías que pueden producir dolor articular en Pediatría, desde las infecciosas a las tumorales, desarrollando cada apartado desde un punto de vista muy práctico.

Alapont EA. Exploración del aparato locomotor en Reumatología pediátrica. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/01_exploracion_locomotor.pdf. Consultado el 20 de noviembre de 2021.

Revisión pormenorizada de la exploración del aparato locomotor en Pediatría. Un detalle muy práctico es que la autora incluye fotos de las distintas maniobras de exploración utilizadas.

– Basmaci R, Lorrot M, Bidet P, Doit C, Vitoux C, Penneçot G, et al. Comparison of clinical and biologic features of Kingella kingae and Staphylococcus aureus arthritis at initial evaluation. Pediatr Infect Dis J. 2011; 30: 902-4.

Artículo muy práctico en la caracterización de clínica, analítica, microbiología y evolución de las infecciones osteoarticulares, atendiendo a la edad de presentación.

 

Caso clínico

 

Niña de 17 meses que acude por cojera de pierna derecha de 48 horas de evolución. Asocia cuadro catarral de una semana de evolución con temperatura máxima de 38,3ºC. Afebril actualmente. Tres días antes al inicio de la cojera, refiere antecedente traumático al caerse de un tobogán. Ha consultado en otro centro previamente, siendo diagnosticada de sinovitis transitoria de cadera. En la exploración presenta actitud de miembro inferior derecho en flexo de cadera y rodilla con rechazo total para el apoyo, tumefacción suprarrotuliana externa y franco dolor y limitación para la flexo-extensión de rodilla. Resto de exploración física sin alteraciones.

Se realiza analítica sanguínea donde destaca: PCR: 20 mg/L; VSG: 86 mm/h y resto normal.

 

 

 

 

Juvenile Idiopathic Arthritis

C. Millán Longo*, S. Murias Loza**
Topics on
Continuous Training


C. Millán Longo*, S. Murias Loza**

*Pediatric Rheumatology Unit. La Paz University Hospital. Madrid. **Clinical Management Area of Pediatrics. Central de Asturias University Hospital. Oviedo

Abstract

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in childhood. It is defined as arthritis of unknown origin, lasting for at least 6 weeks and with onset before 16 years of age. The current classification identifies seven different categories. The most common clinical forms are oligoarthritis and rheumatoid factor-negative polyarthritis. The diagnosis of JIA requires the exclusion of other diseases. An accurate clinical history and a full physical examination are needed. The main complications are skeletal sequelae and anterior uveitis. Macrophage activation syndrome is the most severe complication of systemic JIA. Treatment should be individualized according to the subtype of JIA. Biologic drugs have significantly improved the prognosis of this disease.

 

Resumen

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en la infancia y se define como la artritis de etiología desconocida que comienza antes de los 16 años y que persiste durante, al menos, 6 semanas. Se identifican siete categorías, cada una de ellas con unos rasgos clínicos diferenciadores. Las formas clínicas más frecuentes son la oligoartritis y la poliartritis factor reumatoide negativo. El diagnóstico es de exclusión y se basa en una anamnesis y exploración física correctas. Las principales complicaciones son las secuelas esqueléticas y la uveítis anterior. El síndrome de activación macrofágica es la complicación más grave de la categoría sistémica de AIJ. El tratamiento debe ser individualizado en función del subtipo de AIJ. Los fármacos biológicos han mejorado significativamente el pronóstico de esta enfermedad.

 

Key words: Juvenile Idiopathic Arthritis; Uveitis; Biological Agents.

Palabras clave: Artritis idiopática juvenil; Uveítis; Fármacos biológicos.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 141 – 150

 


OBJECTIVES

• To understand the main etiological aspects and pathophysiologic mechanisms of the disease.

• To delve into the current classification and get to know the clinical and immunological characteristics of each category, as well as the differentiating features of each one of them.

• To carry out an adequate diagnostic approach to a patient with suspected inflammatory arthritis in the pediatric age.

• To recognize the principles of therapeutic management in a patient with juvenile idiopathic arthritis, as well as the generalities of the drugs used today.

• To be aware of the complications associated with the disease and the importance of follow-up and preventive activities, in order to improve the prognosis and quality of life of the patient.


 

Juvenile idiopathic arthritis

Introduction

Juvenile idiopathic arthritis is the most frequent chronic rheumatic disease in childhood and groups a heterogeneous set of diseases.

Juvenile idiopathic arthritis (JIA) is the most common chronic rheumatic disease in children and is defined as arthritis of unknown etiology that begins before the age of 16 years-old and persists for at least 6 weeks. The term JIA is an “umbrella” term that encompasses a heterogeneous group of diseases, both from a clinical, pathophysiological and immunological point of view(1-3).

Since the first description of the disease by George Frederic Still in 1897(4), and thanks to the knowledge that has been progressively generated on the disease, it is known that JIA differs from chronic arthritis in adults and it can, therefore, be considered as a different entity, with the exception of the polyarticular forms of rheumatoid factor (RF) positive and enthesitis-related arthritis (ERA), similar to rheumatoid arthritis and ankylosing spondylitis, respectively(1).

The term juvenile idiopathic arthritis is the one coined since its proposal by the International League of Associations for Rheumatology (ILAR) in 1995(5), replacing the previously used “juvenile rheumatoid arthritis” of the American College of Rheumatology (ACR)(6) and “juvenile chronic arthritis” of the European League Against Rheumatism (EULAR)(7).

Classification

The current classification identifies seven categories of JIA.

The ILAR classification, subsequently revised and accepted in Edmonton in 2001(8), is currently in force (Table I) and is used for both clinical and research purposes. This classification identifies seven categories of JIA, mutually exclusive, according to clinical and immunological criteria during the first 6 months of disease. It is worth mentioning that this classification has been under review since 2019(9) and modifications are expected soon.

 

Epidemiology

The population frequency of JIA is variable and the most frequent subtypes are oligoarthritis and RF negative polyarthritis.

The incidence and prevalence of JIA are variable, due to environmental, genetic and social differences between the different populations, with a significant underdiagnosis of the disease in developing countries(2).

Globally, an incidence is estimated between 1.6-23/100,000 children under 16 years of age and a prevalence between 3.8-400/100,000 children under 16 years of age(10). In general, it is more frequent in girls than in boys (2:1), with exceptions, and the age of presentation is variable(11). Among the different categories of JIA, the most frequent are oligoarthritis and RF negative polyarthritis, while psoriatic arthritis and RF positive polyarthritis are the least frequent(1). Table II summarizes the epidemiological characteristics of the different categories.

 

Etiopathogenesis(1,2)

A multifactorial etiology of JIA is proposed. The systemic category is the one that differs pathophysiologically most from the others as it is an autoinflammatory disease.

The etiopathogenic mechanisms of JIA are not fully understood. The implication of genetic and environmental factors in the deregulation of the immune system is considered, although the variety of clinical forms suggests the presence of different underlying pathogenic mechanisms.

Regarding the genetic basis of JIA, the RF negative oligoarthritis and polyarthritis categories have been the most studied, finding an association with the HLA-DRB1*08, HLA-DRB*11 and HLA-DRB*13 alleles. Positive RF polyarthritis, as well as adult rheumatoid arthritis, have been associated with the HLA-DRB1*04 allele. As for the other categories, enthesitis-related arthritis has been associated with the HLA-B27 allele, and psoriatic arthritis with the IL-23 receptor gene (IL-23R). The genetics of systemic JIA is less well known, although there seems to be an association with the HLA-DRB1*11 allele.

The JIA category that differs pathophysiologically most from the others is systemic. In this, it is the primary or innate immunity that is abnormal, unlike the other forms of JIA, in which the secondary or adaptive immunity is responsible. Thus, systemic JIA is considered an autoinflammatory disease and is mediated by proinflammatory cytokines and there is no production of autoantibodies, while the other forms of JIA are autoimmune diseases.

Regarding the mechanisms of the inflammatory response, both mediators and perpetuators of the same, it is worth noting the involvement of dendritic cells, NK cells and macrophages, as well as CD4+ and CD8+ T lymphocytes, B lymphocytes and plasma cells. All of them accumulate and infiltrate the synovial tissue, where proinflammatory cytokines act, such as tumor necrosis factor (TNF), interferon-γ (IFN-γ) and IL-17, among others. B lymphocytes are also the producers of autoantibodies that play a fundamental role in various forms of JIA: RF and antinuclear antibodies (ANA). It is important to note that the presence of ANA is increasingly considered a differentiating criterion for the different forms of JIA.

Clinical manifestations

Arthritis is the common manifestation of most clinical forms of JIA. Each category presents differentiating clinical characteristics.

Arthritis is the common symptom of most subtypes of JIA(12) and manifests as swelling and/or joint limitation, which is more evident in the last degrees of mobility and in extension. It can present with local increase in temperature, although without erythema of the adjacent skin, and pain is variable, generally of mild or moderate intensity. Stiffness in the morning and after rest is one of the most characteristic clinical manifestations, it can condition gait disturbance or limp and improves with physical activity and throughout the day.

In addition to arthritis, tenosynovitis, enthesitis and dactylitis are other joint manifestations of JIA(1):

Tenosynovitis: inflammation of the tendon sheaths (Fig. 1). It is frequent and is usually accompanied by arthritis of the adjacent joints. The most frequent locations are the extensor apparatus of the dorsum of the hand and dorsum of the foot and the posterior tibial and peroneal tendons.

Figure

Figure 1. Carpal arthritis with extensor sheath tenosynovitis. Arthritis of the second and fourth proximal interphalangeal and metacarpophalangeal joints is also observed.

Enthesitis: inflammation of the entheses, that is, the place of insertion of ligaments, tendons and fasciae in the bone. The most frequent locations of enthesitis in JIA are: the insertion of the patellar ligament in the patella and tibial tuberosity, the insertion of the Achilles tendon in the calcaneus (Fig. 2) and the insertion of the plantar fascia in the calcaneus, base of the fifth metatarsal and heads of the first through fifth metatarsals.

Figure

Figure 2. Right Achilles enthesitis.

Dactylitis: uniform swelling of an entire finger, secondary to inflammation of the tendinous apparatus and periarticular soft tissues, resulting in the characteristic “sausage finger” appearance. Occasionally, the finger presents a fusiform swelling, more pronounced at the base of the finger and the proximal interphalangeal joint.

Systemic symptoms such as fever, asthenia, weight loss and anorexia are common in systemic JIA and may be present in the polyarticular form(12).

Given the variability that exists between the different clinical forms of JIA, the characteristic features of each of them will be presented separately below(1-3).

Oligoarthritis

It is the most common subtype of JIA and usually occurs in girls under 6 years of age. It is characterized by asymmetric arthritis of large joints, with main involvement of the lower limbs. The most commonly involved joints are: the knee and the ankle, but monoarticular presentation is not uncommon at onset. It is called persistent oligoarthritis if after the first 6 months it affects a maximum of four joints, and extended oligoarthritis if the number of affected joints rises to five or more after the same period of time, decreasing the probability of entering long-term remission.

Acute phase reactants (APR) are usually normal or slightly elevated, and up to 70% of patients have positive ANAs at low titers. Approximately one third of patients develop chronic anterior uveitis (CAU), which is typically asymptomatic, hence, regular ophthalmological check-ups are recommended(13) (Table III) for early diagnosis and treatment and thus avoid secondary complications (synechia, band keratopathy, cataracts, macular edema and glaucoma).

 

RF negative polyarthritis

It is a heterogeneous category in which two main clinical forms are identified:

1. Early-onset asymmetric arthritis before 6 years of age and predominantly in girls, ANA positive and with increased risk of CAU. It is equivalent to oligoarticular JIA, but with a greater number of affected joints.

2. Symmetrical arthritis of large and small joints beginning at school age, without predominance of sex, negative ANA and with elevated APR. It is the subtype equivalent to seronegative rheumatoid arthritis in adults.

In addition, in a small group of patients, a “dry synovitis” can be identified, a form of polyarthritis with little joint swelling, but associated with significant stiffness and limitation, joint contractures and deformities and with a worse response to treatment.

Patients who associate greater systemic inflammation, with asthenia, elevated APR and anemia, frequently present growth retardation, which tends to normalize after the start of treatment and control of the disease.

RF positive polyarthritis

It represents less than 5% of patients with JIA. It typically presents in adolescent girls and is characterized by symmetrical polyarthritis of small joints, especially in the hands, elevated APR, and the presence of anti-citrullinated peptide antibodies. The clinical presentation and prognosis are similar to adult rheumatoid arthritis and, in the same way, it can evolve into a destructive arthritis.

Enthesitis-related arthritis

It mainly affects males of school age or adolescents, and 50-90% are HLA-B27 positive. It is usually an asymmetric and oligoarticular arthritis, especially of the lower limbs. Hip and tarsal involvement is characteristic, uncommon in other forms of JIA, so arthritis in these locations should guide us towards this diagnosis. Unlike ankylosing spondylitis in adults, arthritis in children is usually initially peripheral and axial involvement in the form of sacroiliitis usually develops later in the course of the disease.

Enthesitis is a diagnostic criterion for ERA and the distinctive clinical manifestation compared to other subtypes of JIA. Given that the most affected entheses are the insertions of the patellar ligament, the Achilles tendon and the plantar fascia, a differential diagnosis should be made with osteochondrosis of these locations, that is, Osgood-Schlatter disease (tibial tuberosity), the syndrome Sinding-Larsen-Johansson (inferior pole of the patella) and Sever’s disease (calcaneus).

ERA category is also associated with anterior uveitis, although in this case it is acute and symptomatic, with red eye, pain and photophobia, it occurs in outbreaks and is associated with fewer ocular complications than CAU.

Psoriasic arthritis

It is a heterogeneous and not well-defined category in which two different groups of patients are distinguished:

1. JIA-like oligoarticular presentation, with early-onset asymmetric oligoarthritis, positive ANA and associated with CAU.

2. Presentation similar to ERA and adult psoriasic arthritis, with enthesitis, axial involvement and positive HLA-B27. These patients are usually excluded from this category of JIA due to the ILAR classification exclusion criteria and are usually categorized as undifferentiated arthritis.

A typical feature of psoriatic JIA is the presence of dactylitis, as well as involvement of the distal interphalangeal joints.

Systemic

It is the subtype that differs most from the rest, since, as previously mentioned, it is an autoinflammatory disease and not an autoimmune one. It affects males and females equally and can manifest at any age.

The arthritis is usually symmetrical and polyarticular, although it is not always present initially, which can make diagnosis difficult. Fever typically presents in evening peaks of high fever, associated with: affectation of the general state, myalgias, abdominal pain and a rash which is typically salmon-pink, macular, located on the trunk and root of limbs and evanescent. Other accompanying manifestations are: serositis, adenopathies and hepato-splenomegaly, as in other autoinflammatory processes. In the blood analysis the following can be observed: anemia, leukocytosis with neutrophilia, thrombocytosis and elevation of APR, ferritin, transaminases and D-dimer. Autoantibodies are not detected. 50% of cases evolve to a persistent polyarticular form, difficult to control and with a worse prognosis.

It is important to note that, in the new classification proposal of 2019(9), which is still under study, arthritis is no longer a mandatory criterion for diagnosis, so we could diagnose a patient with systemic JIA in the absence of it (Table IV).

 

Macrophage activation syndrome (MAS) is the most serious complication of systemic JIA(14). It occurs in 10-15% of patients, although in almost half of the cases it can present subclinically, and can develop both at the beginning of the disease and during its subsequent evolution. Mortality is high (8-20%), so it must be detected and treated early. Clinically, it is characterized by a rapid worsening of the patient secondary to a state of hyperinflammation (“cytokine storm”) with: continuous fever, hepato-splenomegaly and variable involvement of the central nervous system, associated with characteristic laboratory abnormalities. Table V shows its diagnostic criteria.

 

Table VI summarizes the main complications of JIA.

 

Diagnosis

An exhaustive history taking and a full physical examination are essential, as well as the performance of specific complementary tests according to the diagnostic suspicion.

JIA is a diagnosis of exclusion(3), hence, it is necessary to rule out other causes of arthritis(3,15-17). Important issues regarding the history, physical examination, and additional tests when diagnosing JIA are detailed below.

In the clinical history it is necessary to inquire about the following aspects:

• Duration of symptoms: the diagnosis of JIA requires a minimum period of 6 weeks of arthritis.

• Characteristics of the pain: inflammatory rhythm (stiffness in the morning and after rest, with improvement after physical activity) versus mechanical rhythm and predominance of stiffness versus pain in other pathologies (important for the differential diagnosis of infectious arthritis).

• Characterization of joint involvement: number of affected joints, location (symmetric or asymmetric, perypheral or axial).

• Extra-articular symptoms: systemic (fever, affected general condition), cutaneous (exanthema, skin lesions; Fig. 3), gastrointestinal (abdominal pain, altered bowel movements) or ocular (pain, red eye, photophobia, decreased visual acuity).

Figure

Figure 3. Psoriasis.

• Family history of arthritis, psoriasis, inflammatory bowel disease, uveitis, or other autoimmune diseases.

 

Regarding the physical examination, it is necessary to carry out both a general physical examination and a complete musculoskeletal examination:

General physical exam: rashes, skin lesions, nail pits suggestive of psoriasis, lymphadenopathy, and visceromegaly must be looked for.

Locomotor system: the examination must be carried out in an orderly and systematic manner, beginning by observing the patient’s spontaneous attitude, assessing anti-algic postures and gait. Remember that arthritis is defined as swelling and/or joint limitation due to pain and that deep joints, such as the shoulder, hip and sacroiliac joints, do not show swelling. We can also find: tenosynovitis, dactylitis or enthesitis. In cases of long-standing arthritis, there may be muscle hypotrophies secondary to less use of the affected limb (Fig. 4).

Figure

Figure 4. Arthritis of the knee with a flexed attitude (impossibility of full extension), of the right ankle and tarsus, associated with hypotrophy of the right gastrocnemius.

In addition, since sustained inflammation leads to greater vascularization of the area, dysmetria may develop due to the temporary increase in growth rate during the active inflammatory process in favor of the affected limb. pGALS is a tool for assessing the musculoskeletal system aimed at the general pediatrician and that allows the rapid and simple detection of skeletal alterations that can indicate the existence of a rheumatic disease(18).

Complementary tests must be carried out in a targeted manner and based on a compatible history and physical examination:

Laboratory studies: blood tests (complete blood count, basic biochemistry with liver and kidney function, CRP, ESR, ANA, RF, HLA-B27), serologies of common pathogens (HBV, HCV, HIV, CMV, EBV, parvovirus B19), Mantoux or other tests of screening for tuberculosis and urinalysis.

Joint ultrasound: it is the most accessible and preferred technique to detect joint effusion or synovial hypertrophy (Fig. 5).

Figure

Figure 5. Ultrasound image of hip arthritis.

X-ray: not commonly used in the pediatric age, although useful to quantify chronic damage (decreased joint space, erosions) and to rule out other processes (neoplasms, fractures and other traumatological processes).

Magnetic resonance imaging: it is the most sensitive technique to detect joint effusion, study the cartilage and periarticular soft tissues (tendons, ligaments), while ruling out other processes, although it is less frequently used due to: its high cost, difficult access in some centers and the need for sedation in smaller patients. However, it is especially indicated to evaluate the temporomandibular joint (TMJ), the cervical spine and the sacroiliac joints(1).

Joint fluid study(17): through arthrocentesis, a yellowish, turbid, slightly viscous liquid is obtained (Fig. 6), and with an intermediate cellularity, whose culture is sterile.

Figure

Figure 6. Joint fluid obtained from knee arthrocentesis.

Treatment

The goal of treatment is to achieve short- and long-term clinical remission and, for this, biological drugs have played a key role in recent years.

Treatment should be individualized based on the JIA subtype, presentation, and clinical course of the disease. The main objective is to achieve clinical inactivity, tackling inflammation and controlling symptoms, with the secondary objective of maintaining long-term remission, to achieve normal growth and development, avoid sequelae and enjoy a quality of life similar to that of the general healthy population(19).

The different scientific societies have developed therapeutic guidelines(20,21); in general, proposing a staggered pattern of treatment. However, in recent years, a treat-to-target strategy is usually followed, which consists of quickly seeking control of the disease by using the drugs that are necessary according to the degree of involvement(2,19). To assess activity and prospectively monitor the disease, the most widely used activity index is the Juvenile Arthritis Disease Activity Score (JADAS)(22).

Nonsteroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs)

They are used as symptomatic treatment. They do not modify the course of the disease or control inflammation in the long term.

Glucocorticoids (GC)

Intra-articular GCs are usually used, alone or in combination with other treatments, depending on the number and type of affected joints. Sometimes, the use of oral GC is recommended as bridging therapy until clinical control is achieved in cases of moderate or high activity and depending on the type of involvement. Preferably, their employment should be limited to the shortest possible time.

Disease-modifying antirheumatic drugs (DMARDs)

The most widely used is methotrexate (MTX), a folic acid antagonist, which can be administered both orally and subcutaneously. Its maximum therapeutic effect may take 6-8 weeks. Its main side effects are digestive intolerance and hypertransaminasemia, which is usually mild and transient when the dose is decreased.

Biological agents

They have revolutionized the treatment of JIA since the beginning of the 21st century. In general, they are well tolerated and their safety profiles are favorable. They can be used as monotherapy or in combination with other treatments, usually MTX.

The main biological drugs used are: tumor necrosis factor alpha antagonists (etanercept, adalimumab, infliximab, golimumab), IL-1 antagonists (anakinra, canakinumab), IL-6 antagonist (tocilizumab) and T-lymphocyte antagonist (abatacept).

Janus kinase inhibitors (JAK inhibitors)

They are under investigation as a treatment for JIA, either in monotherapy or associated with other drugs.

Follow-up

Regular follow-up is necessary to monitor clinical activity, detect complications and adjust treatment individually, according to evolution.

JIA is a chronic disease with a variable clinical course that can alternate periods of remission with periods of active inflammation(3). Factors associated with a worse prognosis are: polyarticular presentation, involvement of the carpus, hip or ankle, and the presence of RF. Regarding uveitis associated with JIA, the patients with the highest risk of suffering from this complication are those under 6 years of age with positive ANA and during the first 4 years of the disease(2).

Periodic follow-up is necessary to monitor clinical activity and treatment(3):

Clinic appointments: are performed every 3-4 months. The objective is to evaluate activity and monitor the appearance of complications: dysmetria after asymmetric arthritis of the lower extremities, requiring the use of lifts in the shorter limb, which is usually partially or totally corrected over time; short stature secondary to persistent inflammation and prolonged use of GC and alterations in mandibular development secondary to TMJ arthritis.

Analytical tests: they are performed every 3-4 months in patients receiving pharmacological treatment, to monitor full blood count, liver and kidney function, and APR.

Ophthalmological check-ups(13): in patients with no history of uveitis, the periodicity of check-ups is determined by the subtype of JIA, the age of onset and the duration of disease. In patients with active or previous uveitis, check-ups will be carried out as indicated by the Ophthalmology service depending on the degree of activity, to adjust treatment and ensure good control of uveitis with the least possible toxicity.

Regarding preventive activities and healthy lifestyle habits recommended in patients with JIA(3):

Diet and supplements: a healthy and balanced diet is recommended, just as in the rest of the child population, since there is no evidence that restrictions or modifications of dietary guidelines provide benefits in patients with JIA. Folic acid supplementation is recommended if they receive treatment with MTX and calcium and vitamin D supplementation if they receive GC at high doses and for a long time.

Physical activity: limitation of physical exercise is not necessary. In the episodes of active arthritis, pain and stiffness improve with activity and in periods of remission it is equally beneficial and recommended so as to stimulate the recovery of muscle mass.

Vaccinations(23): live attenuated virus vaccines are contraindicated in patients receiving treatment with GC, immunomodulators or biologicals. On the other hand, the administration of the hepatitis A vaccine is recommended in those receiving MTX or tocilizumab, the quadrivalent ACWY meningococcal vaccine in adolescence, and the meningococcal B and seasonal flu vaccine in all cases.

Role of the Primary Care pediatrician

• The action of the Primary Care pediatrician is essential when it comes to suspecting and recognizing the disease, since early diagnosis and treatment improve the prognosis and reduce the risk of complications and sequelae.

• Upon suspicion of JIA, it is indicated to start symptomatic treatment with NSAIDs at anti-inflammatory doses until the patient is evaluated by a pediatric rheumatologist.

• Early referral to a center specialized in Pediatric Rheumatology is recommended to complete the evaluation and confirm the diagnosis as soon as possible.

• The Primary Care pediatrician, in coordination with the specialist rheumatologist, plays a fundamental role in the follow-up of patients with JIA, for screening and detection of possible complications derived from the disease or from the treatments used.

• The update of the vaccination calendar, as well as the administration of the rest of the vaccines recommended in each case, is key in the patient with JIA. Likewise, it is necessary to be aware that live attenuated virus vaccines are contraindicated in some patients and depending on the treatments received.

• It is necessary to plan and carry out centralized preventive and health promotion activities from Primary Care (healthy diet recommendations, physical exercise) that allow to improve the prognosis and quality of life of patients with JIA.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the elaboration of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

The asterisks show the interest of the article in the opinion of the authors.

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Recommended bibliography

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International reference book of Pediatric Rheumatology. It addresses extensively and in detail, rheumatic diseases in the pediatric age.

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Recent and updated review on JIA, which addresses the different aspects of the disease in an excellent way.

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Article presenting the currently valid classification of JIA, with the diagnostic criteria for each category.

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Article on the new classification that has been proposed for JIA and that is currently under study and validation.

– CassidyJ, Kivlin J, Lindsley C, Nocton J, Section on Rheumatology; Section on Ophthalmology. Ophthalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

Article presenting review recommendations for JIA-associated uveitis.

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Article that explains the examination of the musculoskeletal system in a systematic and simple way.

 

Clinical case

 

A 5-year 8-month-old boy presented with swelling and pain in both knees, as well as pain in the fingers of 5 weeks’ duration. He reports predominantly morning pain with joint stiffness and limp, which improves throughout the day. He did not refer previous infectious processes or digestive symptoms or skin lesions. Afebrile at all times. Parents report that he has been stagnant in weight lately. The patient continues to perform his daily activities, although sometimes limited by pain. As for his personal history, he is being monitored by a private ophthalmologist. He has no family history of interest.

Examination revealed significant swelling of both knees, with a flexed attitude of the right knee and impossibility for full extension, with painful limitation of flexion. He also presented mild swelling of both wrists with pain and limitation of flexion-extension, as well as involvement of the first metacarpophalangeal and second and fourth proximal interphalangeal joints of the right hand. Significant hypotrophy of both quadriceps is identified. Rest of the general physical examination is without any noteworthy findings. Anthropometry at diagnosis: weight at the 21st centile, height at the 65th centile.

Joint ultrasound confirmed the presence of joint effusion in both knees and significant synovial hypertrophy, predominantly in the right knee. The blood test shows a slight elevation of APR with: ESR: 42 mm/h (0-20 mm/h); CRP: 15 mg/L (0-5 mg/L); and immunological study with positive ANA: 1/160, and negative RF and HLA-B27.

 

 

Algorithm

 

Anamnesis y exploración física en Reumatología

J.C. López Robledillo
Regreso a las bases


J.C. López Robledillo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús Madrid

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 219.e1 – 219.e16


Anamnesis y exploración física en Reumatología

Introducción

Las enfermedades reumáticas (ER) en niños y adolescentes, constituyen un grupo importante de procesos que afectan al sistema musculoesquelético de forma predominante, pero que, con frecuencia, comprometen también a otros órganos o sistemas y cuyos síntomas y signos pueden orientarnos a su diagnóstico. El espectro de las ER es amplio y abarca procesos locales y transitorios de índole mecánica, dolor crónico musculoesquelético, osteocondrosis, infecciones musculoesqueléticas, fragilidad ósea, enfermedad inflamatoria crónica articular y enfermedades sistémicas autoinmunes o autoinflamatorias.

Las ER en niños y adolescentes son, por lo general, procesos crónicos que se presentan en cualquier grupo etario y que podemos clasificar de forma operativa según la tabla I.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que determinadas enfermedades no reumáticas (neoplasias hematológicas, enfermedades metabólicas, etc.) pueden afectar al sistema musculoesquelético simulando un proceso o enfermedad reumática. Una buena historia clínica nos ayudará a discernir entre ambas (Tabla II).

“Para diagnosticar una ER se debe pensar en ella”, por lo que es imprescindible contar con determinados conocimientos y habilidades que hagan sospecharla, para mediante una anamnesis y exploración adecuadas, orientar las exploraciones complementarias necesarias y poder realizar un diagnóstico precoz que, sin duda, mejorará el pronóstico, al permitir iniciar, cuanto antes, el tratamiento específico.

En este trabajo abordaremos, inicialmente, la recogida sistemática de síntomas mediante una anamnesis dirigida y, a continuación, la exploración física reumatológica.

Anamnesis

Motivo de consulta

El motivo principal de la consulta debe reflejarse de forma concisa, como por ejemplo: “artralgias de larga evolución”, “inflamación rodilla”, “fiebre y exantema a estudio”, “cojera de reciente comienzo”. De esta forma, puede establecerse, en muchas ocasiones, el síntoma/signo guía de un determinado grupo de patologías musculoesqueléticas.

Antecedentes familiares (AF) (Tabla III)

Aunque en la mayoría de la ER de base inmune, no se ha identificado un gen específico que predisponga a ellas, no es infrecuente que los niños con ER tengan familiares con enfermedades autoinmunes, como: artritis reumatoide, espondiloartritis, tiroiditis, psoriasis, diabetes mellitus, etc. Lo que podríamos denominar como “carga familiar”. En este sentido, debemos recalcar que la presencia de espondiloartritis o psoriasis en un familiar de primer grado, constituye un criterio para la clasificación de las artritis crónicas de niños y adolescentes.

Por otro lado, determinadas enfermedades presentan patrones de herencia más claros, como: los síndromes de fiebre periódica (a la cabeza, la fiebre mediterránea familiar), la osteogénesis imperfecta, el síndrome de Marfan, enfermedad de Ehlers-Danlos, etc. En estos casos, resulta de utilidad realizar un árbol genealógico.

También, se debe tener en cuenta que muchas enfermedades genéticas tienen expresión clínica en el sistema musculoesquelético y, en ocasiones, simulan una enfermedad reumática.

Antecedentes personales (Tabla IV)

Traumatismos y sobrecargas: siempre debemos tener en cuenta, determinados antecedentes que pueden orientar el diagnóstico, como por ejemplo: el antecedente traumático o de sobrecarga mecánica en pacientes con dolor, tumefacción o limitación de la movilidad de una articulación. Pero, por otro lado, también se debe considerar como posible, que una caída sea consecuencia y no causa de una artropatía ya existente.

En casos de piomiositis, es frecuente el antecedente de sobrecarga física o traumatismos repetidos, días antes de la infección muscular en pacientes jóvenes sin otros antecedentes relevantes.

Infecciones: el antecedente de determinadas infecciones, como por ejemplo, gastroenteritis entre 1 y 4 semanas antes de la aparición de artritis aguda, puede orientarnos a una artritis reactiva.

La infección estreptocócica por estreptococo beta hemolítico del grupo A, es el agente responsable de la fiebre reumática que hoy difícilmente se observa, pero que no debe olvidarse. En la actualidad, es más frecuente la artritis reactiva posestreptocócica y quizás episodios de uveítis anterior (“uveítis reactiva posestreptocócica”).

El antecedente de un proceso infeccioso respiratorio de vías altas se constata con frecuencia en casos de sinovitis transitoria de cadera (STC).

Antecedentes epidemiológicos

La HCR debe recoger siempre aspectos epidemiológicos que pueden ser de interés para el diagnóstico de determinadas patologías, debiendo interrogar por el contacto con enfermos de tuberculosis, contacto con animales, consumo de lácteos y derivados sin higienizar, picaduras de garrapatas o mosquitos, viajes recientes, etc.

La tuberculosis todavía sigue declarándose en España y puede afectar al sistema musculoesquelético en forma de artritis séptica, osteomielitis y espondilodiscitis. Por este motivo, siempre se debe interrogar por la posibilidad de contacto del paciente con enfermos de TB en su ámbito cercano.

La brucelosis es una antropozoonosis que puede transmitirse por el contacto con animales enfermos o bien por el consumo de productos lácteos sin higienizar (leche cruda no pasteurizada). Esta enfermedad produce fiebre prolongada y compromiso articular con frecuencia, ya sea como artromialgias o bien como artritis, espondilitis, sacroileítis, etc. En España, se siguen declarando casos de brucelosis humana, pero de forma anecdótica en la actualidad.

La enfermedad de Lyme es una borreliosis que es transmitida por picaduras de garrapatas y que cursa con frecuencia con: artritis, exantema característico y compromiso neurológico, entre otros. Es endémica en determinadas latitudes y debe tenerse en cuenta en pacientes procedentes de estas latitudes, sobre todo, si han sufrido picaduras de garrapata.

La fiebre Chikungunya es una enfermedad vírica transmitida al ser humano por mosquitos infectados. Cursa con: fiebre, afectación del estado general, exantema y artromialgias intensas. La enfermedad se da en África, Asia y el subcontinente indio. Recientemente, los vectores de la enfermedad se han propagado a Europa y América, por lo que debe tenerse en cuenta en pacientes con fiebre, exantema y clínica articular.

Otras enfermedades o procesos

El antecedente de dolor abdominal recurrente y rectorragias en un paciente con patología articular, puede ponernos en alerta de la existencia de una enfermedad inflamatoria intestinal (diagnosticada o no) en la que es habitual la presencia de manifestaciones musculoesqueléticas.

Los pacientes con psoriasis cutánea pueden desarrollar artritis crónica durante su evolución en un porcentaje variable de casos, por lo que se debe tener en cuenta en la anamnesis de pacientes en estudio por artropatía. Dado que, en ocasiones, no está diagnosticada, se debe interrogar por la presencia de lesiones características.

Uveítis: el antecedente de inflamación ocular en un paciente con síntomas musculoesqueléticos, puede ponernos sobre la pista de una artropatía inflamatoria crónica, sarcoidosis, enfermedad de Behcet, etc.

Otras enfermedades sistémicas, ya sean autoinmunes, como LES, o autoinflamatoiras, como: la artritis sistémica juvenil, síndromes hereditarios de fiebre periódica (fiebre mediterránea familiar y otras), criopirinopatías (síndrome CINCA), etc., pueden presentar patología musculoesquelética durante su evolución.

En niños con hiperlaxitud, son más frecuentes los cuadros de dolor crónico musculoesquelético.

Historia actual (Tabla V)

La historia del proceso actual contempla, tanto los síntomas musculoesqueléticos relacionados con la inflamación (dolor, tumefacción, limitación de la movilidad y pérdida de función), como las manifestaciones asociadas.

1. Dolor y sus características: se debe interrogar sobre la localización, irradiación, tipo (urente, sordo, quemante, etc.), intensidad, ritmo horario (matutino, nocturno), duración, tiempo de evolución, cadencia, relación con la actividad física, etc. También sobre síntomas acompañantes, como: aumento de temperatura local, fiebre enrojecimiento, etc.

Por lo general, las enfermedades inflamatorias articulares (AIJ) no se caracterizan por el dolor como síntoma principal, siendo más frecuente que se refiera por parte de los padres: hinchazón y/o limitación de movilidad de un miembro, o bien, que el niño rehúse o rechace la realización de actividades habituales.

Cuando el dolor es intenso o desproporcionado a la tumefacción articular, debemos plantear la posibilidad de una artritis séptica o un proceso tumoral; en estos casos, el ritmo del dolor y la presencia de síntomas acompañantes, como fiebre y afectación del estado general, nos pondrán sobre la pista.

El dolor musculoesquelético (Fig. 1 y Tabla VI) generalizado sin signos de alarma es característico de los síndromes de sensibilización central (p. ej., fibromialgia juvenil) o de amplificación del dolor.

Figura 1. Esquema del abordaje del dolor musculoesquelético en reumatología pediátrica.

Dolor localizado de ritmo mecánico o no definido, puede corresponder tanto a sobrecarga mecánica por sobreuso, como a dolores del crecimiento, osteocondrosis (enfermedad de Sever, Osgood Schlatter, etc.) por lo general, procesos benignos.

2. Tumefacción o hinchazón: la tumefacción articular no siempre es muy evidente o afecta a articulaciones pequeñas o poco habituales y puede pasar desapercibida, por lo que la exploración física será de mayor utilidad para ponerla de manifiesto. Hay que tener en cuenta que la tumefacción puede afectar a tejidos periarticulares, vainas tendinosas y ser interpretado erróneamente como una artritis.

No debemos olvidar que las tenosinovitis se objetivan con frecuencia en la AIJ asociada a la artritis de carpos, tobillos y pies. Cuando se refiere al retropié, puede tratarse de una tendinitis aquílea, característica de la artritis idiopática juvenil forma artritis y entesitis”.

La tumefacción que se extiende más allá de una articulación puede corresponder a una dactilitis (“dedo en salchicha”) y es característica de determinadas formas de AIJ.

En ocasiones, puede objetivarse edema periarticular, acompañando a un proceso inflamatorio articular que puede corresponder a un linfedema.

3. La limitación de la movilidad de una articulación o un miembro y la incapacidad para realizar actividades habituales. Pueden deberse, tanto a un proceso banal o inespecífico, como a un proceso infeccioso (miositis, artritis séptica, osteomielitis), como a un inflamatorio crónico (AIJ) o incluso tumoral (leucemia linfoblástica aguda, sarcoma de Ewing, etc.).

La limitación de la movilidad puede deberse también a debilidad, que cuando afecta de forma proximal a miembros es característica de las miopatías inflamatorias (DMJ), la presencia de síntomas y signos característicos nos orientarán al diagnóstico.

La cojera es frecuente en la edad pediátrica y representa un mecanismo de protección contra el dolor. En ocasiones, es transitoria y precedida, por lo general, de una infección de vías respiratorias altas (sinovitis transitoria de cadera). Cuando la sinovitis persiste más de 1-2 semanas o se acompaña de episodios de cojera previa, estamos obligados a descartar una enfermedad de Perthes.

La presencia de fiebre asociada a la cojera nos obligará a descartar una artritis séptica/osteomielitis.

No debemos olvidar que la cojera puede ser expresión de una coxitis inflamatoria en un paciente con artritis idiopática juvenil. Aunque la enfermedad puede debutar afectando a la cadera, esto es poco frecuente y, por lo general, la coxitis se presenta en el curso evolutivo de la misma, habitualmente en varones mayores de 9-10 años con la forma “artritis y entesitis”.

Es importante tener en cuenta que no siempre la cojera o limitación de la marcha es debida a un problema de cadera, como ocurre con frecuencia en la inflamación de articulaciones de miembros inferiores de la artritis idiopática juvenil. En este sentido, cuando un niño cojea o rehúsa caminar o mantener la postura, se debe contemplar también la posibilidad de un problema de columna, como por ejemplo, una discitis que, por lo general, afecta a niños de 2-5 años. La exploración física nos ayudará a valorar estas opciones una vez sospechadas.

Las contracturas en flexión (“flexos”), por lo general no dolorosas, son relativamente frecuentes en la artritis idiopática juvenil, cuando se afecta el codo o la rodilla, ya sea en su inicio como durante su evolución. En ocasiones, la enfermedad se descubre estudiando un flexo y pueden pasar inadvertidos si son leves.

Una forma rápida de valorar la limitación de forma global, es empezar preguntando: si el niño presenta dificultad para vestirse sin ayuda, o subir o bajar escaleras (si antes lo hacía).

4. Incapacidad funcional: la patología reumática se acompaña, por lo general, de limitación funcional y su valoración ha de tener en cuenta el grupo etario del paciente: en el lactante, se observa una disminución de la movilidad espontánea, llanto desencadenado por determinados movimientos o una postura antiálgica durante el sueño; en los preescolares, la limitación puede hacerse patente por la alteración de la actividad normal al vestirse, al subir o bajar escaleras, al realizar actividades deportivas, etc.

5. Rigidez: la presencia de rigidez o entumecimiento matutino o tras periodos de reposo o inactividad más o menos prolongados, es característica de la patología inflamatoria articular (artritis idiopática juvenil), pudiendo llegar a ser el signo más importante de las ER. Cuando se asocia a dolor o tumefacción, decimos que el dolor es de ritmo inflamatorio en contraposición al de ritmo mecánico, que no se acompaña de rigidez y se presenta después de la realización de actividad física o al final del día. Por este motivo, es muy importante preguntar siempre si el niño tiene: rigidez, entumecimiento o rehúsa moverse al levantarse por la mañana o tras periodos de reposo. Los niños mayores suelen referirla, como: molestias vagas, sensación de cansancio, debilidad muscular, torpeza, agarrotamiento, etc.

6. Síntomas generales: la presencia de síntomas, como: fiebre, malestar general, decaimiento, debilidad, pérdida de peso, etc., pueden presentarse asociados a patología reumática, como: AIJ sistémica, LES, vasculitis o enfermedad de Kawasaki, pero estamos obligados a sospechar una infección o un proceso tumoral.

7. Síntomas por aparatos (anamnesis dirigida por aparatos): la anamnesis en Reumatología debe ir dirigida a la búsqueda de síntomas que, si están presentes, puedan orientarnos al diagnóstico de un determinado proceso reumatológico, ya sea este de naturaleza inflamatoria o no; así, vemos como, en la patología de base inmune, pueden estar presentes de forma aislada o combinada: fiebre, astenia, artralgias, mialgias, debilidad, rigidez matutina, aftas orales, fotosensibilidad, fenómeno de Raynaud, fiebre, etc., que, en muchas ocasiones, el paciente no refiere y que hemos de preguntar de forma más o menos sistemática y dirigida para hacerlas patentes. En la tabla VII, se detallan los principales hallazgos que debemos tener en cuenta para preguntar sobre ellos y confirmar posteriormente en la exploración, si procediera.

Exploración física en reumatología pediátrica

Una vez realizada la anamnesis, continuaremos con el examen musculoesquelético, realizado de forma sistemática a través de la inspección, palpación y examen de la movilidad articular, para lo que tendremos en cuenta los siguientes apartados:

Estática y actitud articular: con el paciente desnudo, se valorarán: la simetría en los relieves óseos, la morfología de las articulaciones, las masas musculares, la actitud postural, las posibles desviaciones del raquis y/o de las extremidades o la dismetría de las extremidades inferiores. La presencia de contracturas en flexión (“flexos”) suele ponernos en alerta de patología articular inflamatoria o infecciosa, especialmente en: codo, muñeca, cadera y rodilla…

Signos inflamatorios: los signos clásicos de la inflamación deben explorarse en busca de tumefacción articular o periarticular, rubor y calor. A continuación, valoraremos la presencia de derrame articular en articulaciones accesibles.

Deformidades: una articulación deformada indica, por lo general, un proceso de larga duración. Pueden ser congénitas o adquiridas.

Puntos dolorosos: la presencia de dolor en la exploración musculoesquelética, habitualmente tiene carácter patológico y debe valorarse siempre. Se valorará, especialmente: dolor articular, periarticular, músculos, fascias, tendones y sus inserciones. Hay que tener en cuenta que en muchos niños con enfermedades reumáticas, no se refiere ni se objetiva dolor en la exploración, siendo más habitual que el niño rehúse realizar determinados movimientos o constatar retirada al palpar o mover una articulación o estructura relacionada.

En ocasiones, se objetiva en la exploración muchas áreas dolorosas que puede traducir: tensión muscular, procesos de amplificación del dolor o un síndrome de sensibilización central (fibromialgia y patologías relacionadas). Un dolor a la exploración desproporcionado o acompañado de signos de compromiso sistémico, nos hará sospechar un proceso infeccioso osteoarticular o neoplásico con expresión musculoesquelética.

Movilidad articular: se evaluará la movilidad, tanto activa como pasiva, en busca de cualquier tipo de limitación, que puede ser parcial o total (anquilosis) y acompañarse o no de dolor. Si por el contrario se objetiva movilidad excesiva, podremos hablar de hiperlaxitud articular generalizada, cuando se cumplen determinados criterios (Tabla VIII).

No hay que olvidar que la presencia de hiperlaxitud generalizada puede ser una manifestación de síndromes, como: Marfan, Ehlers-Danlos, etc., que asocian un fenotipo particular.

Limitación funcional: la alteración de la capacidad funcional es consecuencia directa del dolor o tumefacción que provoca el proceso articular. Cuando se afectan las extremidades inferiores, en la mayoría de los casos, el niño presenta cojera o imposibilidad para apoyar la extremidad, dejando de realizar actividades habituales, como: jugar, correr, montar en bicicleta o cualquier actividad deportiva. Cuando se afectan las extremidades superiores, es más difícil de apreciar, debiendo valorarse las actividades manuales relacionadas con el aseo personal o el vestirse. En el caso de los lactantes, se puede observar disminución de la movilidad en la cuna o posturas inusuales durante el sueño.

La exploración física debe ser sistemática y, para ello, nos resultará útil establecer un orden como el propuesto.

Columna cervical

En pacientes con AIJ, sobre todo en las formas con afectación poliarticular, no es infrecuente que se afecte la columna cervical; para valorar esta posibilidad, empezaremos examinando la flexión, extensión, rotaciones y lateralización del cuello con el paciente de pie o sentado, pidiendo al niño que mire hacia el techo, luego a su ombligo y, finalmente, hacia los lados y hacia atrás.

Un signo frecuente de afectación cervical es la limitación, por lo general no dolorosa, de la extensión para sus últimos grados (Fig. 2).

Figura 2. Limitación de la extensión cervical en paciente con AIJ poliarticular evolucionada.

Así mismo, es posible observar como el niño gira el tronco cuando se le pide que mire hacia atrás en vez de mover el cuello solamente.

A continuación, valoraremos mediante palpación las masas musculares del cuello en búsqueda de contracturas dolorosas o no. En este momento, podemos aprovechar para buscar adenopatías.

Finalmente en decúbito supino, se explora la rotación cervical, moviendo la cabeza 90º tanto hacia la derecha como hacia la izquierda (Fig. 3).

Figura 3. Exploración de las rotaciones cervicales con el paciente en decúbito supino.

Articulación temporomandibular (ATM)

La ATM se afecta con cierta frecuencia en niños con artritis idiopática juvenil, pero puede pasar desapercibida, sobre todo, inicialmente.

Los principales signos de afectación ATM se exponen en la tabla IX y en las figuras 4-6.

Figura 4. Asimetría de la apertura oral en paciente con AIJ oligoarticular.

Figura 5. Exploración de la apertura oral. Se considera normal la introducción de, al menos, tres dedos.

Figura 6. Retrognatia en paciente con AIJ poliarticular evolucionada.

Articulación esternoclavicular

En ocasiones, puede afectarse la articulación esternoclavicular (Fig 7) en procesos inflamatorios o infecciosos óseos o articulares. La artritis suele pasar desapercibida, por lo que debe examinarse dentro de la sistemática que se establezca.

Figura 7. Tumefacción articulación esternoclavicular izquierda en paciente con Artritis y entesitis.

Hombro

La articulación del hombro se afecta con poca frecuencia en las artropatías crónicas, pero debe explorarse sistemáticamente. La inflamación de la articulación glenohumeral puede ponerse de manifiesto por la presencia de tumefacción en la cara anterior del hombro que puede resultar dolorosa a la palpación. No debemos olvidar que este hallazgo puede corresponder también a la presencia de tenosinovitis o bursitis, que es poco frecuente en pacientes con artritis crónicas, pero que hay que tener en cuenta.

La movilidad debe evaluarse pidiendo al niño que eleve los brazos hacia delante, hacia atrás y hacia los lados (abducción). Acto seguido, se le invita a que toque el hombro opuesto de cada brazo, tanto por delante como por la espalda (rotaciones externa e interna).

También puede explorarse la movilidad pasiva del hombro mediante la flexión del antebrazo sobre el brazo 90º, dirigiendo el antebrazo y la mano hacia fuera y hacia dentro (“tocar el ombligo”) y, a continuación, levantando el codo (brazo en abducción de 90º) llevar la mano tanto hacia arriba como hacia abajo (rotación externa e interna).

El signo más frecuente de compromiso articular es la limitación, en ocasiones dolorosa, de la rotación interna, tanto activa como pasiva (Fig. 8).

Figura 8. Exploración rotación interna del hombro.

Codo

La articulación del codo se afecta con frecuencia, pero puede pasar desapercibido si la artritis es leve y no se explora adecuadamente.

La sinovitis puede sospecharse por la presencia de tumefacción (Fig. 9) en la inspección, o bien, palpando la articulación radio-humeral en la parte posterior del codo (surco retroolecraniano externo), mientras se realiza un movimiento de pronosupinación de la mano.

Se han de explorar, tanto la flexo­extensión como pronosupinación para valorar si existe algún grado de dolor y limitación de la movilidad.

Con frecuencia, el primer signo de artritis del codo es la limitación de la extensión completa para sus últimos grados (flexo), que puede ser dolorosa o no. Los niños pequeños suelen tener tendencia a la hipermovilidad de los codos y, por tanto, un codo aparentemente normal, pero que no hiperextiende unos grados, puede ser el primer signo de una sinovitis, sobre todo, si el hallazgo es asimétrico.

Figura 9. Tumefacción marcada codo derecho y partes blandas adyacentes en paciente con artritis séptica.

Muñeca

La sinovitis de la articulación radiocarpiana y/o vainas tendinosas adyacentes es muy frecuente en pacientes con AIJ y se puede detectar mediante la simple inspección en forma de abultamientos o tumoraciones de consistencia blanda, por lo general, en su cara dorsal (Fig. 10).

Figura 10. Tumefacción por tenosinovitis en carpo en paciente con AIJ poliarticular.

No obstante, el compromiso inflamatorio suele hacerse patente de forma más precoz al palpar todo el carpo rodeando con el pulgar y tercer dedo del explorador ambas muñecas y observar cómo se produce dolor o una maniobra de retirada al presionar ligeramente (Fig. 11).

Figura 11. Compresión simultánea de las muñecas para explorar sinovitis en carpos.

A continuación, se evaluará la flexoextensión. Para ello, es útil pedir que el niño con los codos flexionados y apoyados sobre una mesa, intente mantener juntas las palmas de las manos en actitud de oración (Fig. 12), y descender el borde de las manos para tocar la mesa. Esta maniobra puede poner de manifiesto, de forma precoz, la inflamación de un carpo que de otra manera podría pasar desapercibido.

Figura 12. Actitud en “rezo” para evaluar extensión de carpos y articulaciones de los dedos.

Posteriormente, se juntarán los dorsos de las manos dirigiendo los dedos hacia abajo en vertical. La movilidad pasiva debe ser de 90º tanto para la flexión como para la extensión. También, deben explorarse los movimientos de lateralización cubital y radial, que en circunstancias normales son de 35 y 45º, respectivamente.

Mano

Las articulaciones de la mano se afectan con frecuencia en las artropatías crónicas. Mediante la simple inspección, podemos poner de manifiesto la presencia de tumefacción articular en los dedos. La presencia de dactilitis (Fig. 13) es muy sugerente de una enfermedad inflamatoria crónica; en ocasiones, pasa desapercibida si no es muy manifiesta, dado que, por lo general, no resulta dolorosa.

Figura 13. Dactilitis 4 dedo mano derecha en paciente con AIJ psoriásica.

También, mediante la inspección pueden ponerse de manifiesto la presencia de contracturas articulares y deformidades en metacarpofalángicas o interfalángicas que, por lo general, traducen procesos evolucionados (Fig. 14).

Figura 14. Contracturas en flexión de interfalángicas proximales en paciente con AIJ poliarituclar.

También, se deben inspeccionar las uñas en busca de onicolisis o piqueteado que pueden acompañar a la forma de artropatía psoriásica (Fig. 15).

Figura 15. Pitting ungueal en paciente con AIJ psoriásica.

Es recomendable pedir al niño que haga el puño (Fig. 16), para valorar si existe tumefacción o limitación de la movilidad de las metacarpofalángicas y acto seguido se le invita a que nos enseñe las uñas, flexionando las interfalángicas proximales y distales totalmente, mientras permanecen extendidas las metacarpofalángicas (maniobra de Bunnell).

Figura 16. Maniobra del puño para evaluar sinovitis de metacarpofalángicas e interfalángicas.

Las articulaciones metacarpofalángicas se evalúan inicialmente de forma conjunta, ejerciendo una compresión lateral entre la 2ª y la 5ª. Su movilidad en flexión es de unos 80º y en extensión de 45º.

Las articulaciones interfalángicas se exploran presionando con el dedo pulgar e índice sobre las caras laterales de la articulación. La flexión normal es de 90º.

La hipermovilidad del primer y del quinto dedo por laxitud es uno de los criterios diagnósticos de hiperlaxitud.

Cadera

El compromiso de la articulación coxomeforal puede abarcar, desde procesos transitorios, como una sinovitis transitoria de cadera, una enfermedad de Perthes o, incluso, un proceso séptico o tumoral, pero no debemos olvidar que esta articulación puede afectarse en niños con AIJ, por lo general, niños mayores en la forma artritis y entesitis (lo que podríamos considerar una espondiloartritis juvenil). Lo más habitual, es que se afecte durante el curso evolutivo de la misma, siendo poco frecuente que la enfermedad debute con una coxitis.

La limitación dolorosa de la rotación interna de la cadera suele ser el signo más habitual en caso de sinovitis. Sin embargo, una actitud en flexión y rotación externa, puede objetivarse como un signo de alarma precoz en la artritis séptica de cadera (Fig. 17).

La flexión debe explorarse intentando llevar la rodilla hasta el pecho (rango normal 120-135º). Las rotaciones se exploran con la cadera, rodilla y tobillo flexionados 90º, aproximando o separando la pierna de la línea media.

Figura 17. Cadera: maniobra de rotación externa (pie hacia dentro) e interna (pie hacia fuera).

Conviene realizar la maniobra de rolling (Fig. 18), que evalúa la rotación sobre su eje del miembro inferior totalmente extendido; para ello, se sitúan las manos por encima y por debajo de la rodilla, haciendo rotar la extremidad hacia dentro y hacia fuera. En la artritis séptica de cadera, se objetivará una limitación dolorosa de las rotaciones a diferencia de la sinovitis transitoria de cadera que no suele doler.

Figura 18. Maniobra de “rolling” para valorar rotación de cadera, que característicamente no resulta dolorosa en sinovitis transitoria de cadera a partir de los 30º, a diferencia de otros procesos.

Acto seguido, en decúbito supino, se explorarán tanto la extensión como las rotaciones, para ello, se fijará la pelvis con una mano y con la otra se elevará la pierna en extensión completa (el rango normal es de 30º). A continuación, se evalúan las rotaciones flexionando las piernas 90º y aproximando y separando cada pierna con respecto a la línea media (Fig. 19).

Figura 19. Maniobra de rotación interna de ambas caderas.

Articulación sacroilíaca y columna lumbar

Las articulaciones sacroilíacas suelen ser las grandes desconocidas en la patología musculoesquelética, pero hay que poner de manifiesto que, también, pueden presentar inflamación en determinadas formas de AIJ, manifestado, por lo general, como dolor lumbosacro de ritmo inflamatorio y/o limitación de la movilidad lumbar.

En primer lugar, se debe explorar palpando la región lumbosacra en busca de puntos dolorosos sobre el área sacroilíaca. Con frecuencia, puede provocarse dolor en este área en niños y, sobre todo, adolescentes con procesos miofasciales o de amplificación del dolor, pero también puede tratarse de una sacroileítis subclínica en un niño con una artropatía inflamatoria crónica.

Las maniobras clásicas para explorar la sinovitis incluye: la maniobra de FABERE (Flexión, Abducción, Rotación Externa), en la que estando el niño en decúbito supino, se flexiona la rodilla para apoyar el tobillo en la rodilla del miembro opuesto. Apoyaremos una mano sobre la espina ilíaca ipsilateral, al mismo tiempo que realizamos una suave flexión sobre la rodilla del lado examinado. La prueba es positiva, cuando genera dolor en la región sacroilíaca homolateral (Fig. 20).

Figura 20. Prueba de FABERE. Flexión abducción y rotación externa, fijando la pelvis para evaluar sacroileítis.

También es clásica, aunque menos usada en niños, la maniobra de Menell: en decúbito lateral, con la cadera y la rodilla del lado supuestamente afectado en hiperflexión, y la pierna del lado opuesto, proyectada en hiperextensión hacia atrás con la rodilla flexionada. Es positiva, cuando se genera dolor al comprimir la línea interarticular sacroilíaca al tiempo que se realiza una hiperextensión del muslo.

La movilidad lumbar se explora pidiendo al paciente que intente flexionar el tronco para intentar llevar las palmas totalmente extendidas al suelo, si lo consigue, sin duda, estaremos ante un caso de hiperlaxitud y habrá que comprobar si también otras articulaciones son laxas para diagnosticar un síndrome de hiperlaxitud.

Si, por el contrario, se objetiva una limitación “significativa” en la flexión, hay que valorar la posibilidad de un proceso inflamatorio crónico que esté afectando o ha afectado al esqueleto axial (artritis y entesitis o espondiloartropatías juveniles), para lo cual se realizará el test de Schöber que, además, es útil para monitorizar evolutivamente al paciente.

En niños mayores de 6 años, valorar la limitación de movimientos en la región lumbosacra mediante el Test de Schöber modificado. Con el paciente en bipedestación, se traza una línea a la altura de las espinas ilíacas; a continuación, se marcan dos líneas paralelas a esta, una 5 cm por debajo y otra 10 cm por encima (Fig. 21).

Figura 21. Test de Schöber modificado. Medición previa a la flexión máxima del raquis hacia delante.

El niño realizará una flexión del tronco para intentar alcanzar el suelo con los dedos de las manos. En este momento, se mide la diferencia de distancia entre el punto superior e inferior entre la posición erecta (15 cm) y en flexión máxima (21-22 cm). En niños mayores de 6 años, se considera patológica una diferencia inferior a 6 cm. Además, debemos explorar la flexión lateral del raquis, evaluando la distancia desde el tercer dedo de la mano hasta el suelo, de forma periódica.

Rodilla

El examen de la rodilla comienza con la inspección del paciente en decúbito supino para poner de manifiesto: tumefacción articular o periarticular, atrofia de masas musculares (cuádriceps) o una actitud en flexión (“flexo”) que, casi siempre, serán patológicas (Fig. 22).

Figura 22. Actitud en flexo de rodilla izquierda en paciente con AIJ oligoarticular.

Se valorará la existencia de dolor a la palpación o aumento de temperatura, como signos inflamatorios habitualmente presentes en caso de sinovitis aguda.

La observación de un abultamiento, a veces, doloroso en el área que corresponde a la inserción del tendón rotuliano en la tuberosidad anterior de la tibia, corresponde, por lo general, a una osteocondritis de Osgood Schlatter.

La presencia de dolor en el polo inferior de la rótula en el área de la inserción proximal del tendón rotuliano, puede deberse a una osteocondritis de Sinding Larsen Johanson.

No debemos olvidar que las inserciones del tendón rotuliano pueden afectarse en caso de entesitis en el contexto de una enfermedad inflamatoria, como la artritis entesitis o una espondiloartritis juvenil.

El dolor en el tendón rotuliano que se incrementa significativamente al realizar una extensión resistida de la rodilla, nos ha de hacer pensar en una tendinitis rotuliana por sobreuso en pacientes deportistas.

A continuación, se comprimen con la mano los fondos de saco laterales de la rodilla para desplazar el líquido sinovial existente hacia el aspecto contralateral, comprobando si se produce abombamiento, en cuyo caso hablaremos de un signo de la oleada positivo, que traduce la presencia de exceso de líquido intraarticular, habitual ante una sinovitis.

Con el mismo objetivo que en la maniobra anterior, se recomienda presionar sobre la rótula con el dedo pulgar, mientras se exprime el fondo de saco subcuadricipital con los dos primeros dedos de la otra mano, de esta manera, se desplazará el líquido sinovial presente hacia la región infrarotuliana. Si el observador siente la fluctuación de la rótula bajo el dedo del explorador, el signo del peloteo rotuliano o del balón” es positivo y hay derrame sinovial.

Tobillo y pie

El tobillo y pie se exploran buscando tumefacción difusa (Fig. 23) o localizada en las diferentes articulaciones: tibioastragalina, subastragalina, mediotarsiana, metatarsofalángicas e interfalángicas, y en las vainas de los tendones, tanto de la cara anterior (principalmente, tibial anterior) como medial (principalmente, tibial posterior) y lateral (principalmente, peroneos), que nos orientará a la posibilidad de un proceso inflamatorio o infeccioso.

Figura 23. Tumefacción difusa retropié, tendinitis aquílea. Paciente con artritis entesitis HLA B27+.

 

También, a simple vista, puede ponerse de manifiesto una dactilitis que adopta el aspecto de dedo en salchichay que corresponde a un proceso inflamatorio de una articulación del dedo que se extiende más allá de la misma, y que suele observarse en niños con AIJ (mayoritariamente en la forma artritis y psoriasis) (Fig. 24).

Figura 24. Dactilitis (“dedo en salchicha”) en paciente con AIJ psoriásica.

La movilidad activa y pasiva del tobillo se afecta en caso de sinovitis o tenosinovitis. Debemos valorarla adecuadamente teniendo en cuenta:

Articulación tibioastragalina: la flexión dorsal habitual es de 20º y la plantar 45º.

• Articulación subastragalina: lo normal son 30º tanto para la inversión como para la eversión del pie.

• El tarso se valora mediante la rotación del antepié sobre el retropié.

• Las articulaciones pequeñas del antepié se exploran conjuntamente comprimiendo lateralmente las articulaciones metatarsofalángicas y las interfalángicas.

• Acto seguido, observaremos al niño caminando de puntillas y talones durante unos metros.

• Para finalizar buscamos puntos dolorosos en el tendón de Aquiles y su inserción en el calcáneo, y en las inserciones de la fascia plantar (tuberosidad del calcáneo, cabezas de metatarsianos y base del quinto metatarsiano), que resultan dolorosos en caso de entesitis, característica de la forma artritis y entesitis de la AIJ y espondiloartritis juveniles (Fig. 25).

Figura 25. Exploración de la entesitis calcánea de la fascia plantar. Dolorosa en fascitis plantar en pacientes con artritis entesitis.

Otros aspectos en la exploración musculoesquelética

Para finalizar, la exploración física debe contemplar también los siguientes apartados:

Marcha: siempre debe explorarse la deambulación en búsqueda de cojera por afectación de la cadera u otras articulaciones del miembro inferior. Se debe tener en cuenta que con frecuencia la única manifestación es la claudicación de la marcha.

Determinados patrones de la marcha pueden orientarnos a procesos concretos:

- Inclinación del tronco hacia delante (afectación de la columna dorsolumbar).

- Marcha salutatoria (afectación de la cadera).

- Dificultad marcha en puntillas/talones (afectación de la rodilla y tobillos).

Alineación del raquis: los trastornos de alineación del raquis deben valorarse en busca de cifosis, escoliosis o hiperlordosis que, en ocasiones, se objetivan en pacientes reumáticos, aunque, por lo general, como patología asociada y no como una manifestación reumática per se.

Alineación de miembros: aunque ya hemos comentado que la actitud en flexión es frecuente en la patología articular reumática (“flexos”), podemos poner de manifiesto alteraciones asociadas, como: la hiperextensión de codos por laxitud, el cúbito valgo en miembros superiores y el genu valgo, varo o recurvatum en miembros inferiores, por poner algunos ejemplos.

Longitud de miembros inferiores: mediremos la distancia existente entre la espina ilíaca anterosuperior y el maléolo interno, en búsqueda de dismetrías que son frecuentes en patología articular crónica de miembros inferiores y que, por tanto, debemos monitorizar.

Para facilitar la sistematización exploratoria, se puede utilizar el examen de cribado musculoesquelético para niños pGALS (pediatrics, Gait, Arms, Legs, Spine) (Tabla X), que combina aspectos de inspección, palpación y movilidad en articulaciones periféricas y el raquis.

Resultará también de utilidad, reflejar en un gráfico el compromiso articular, señalando las articulaciones con dolor, con tumefacción y con limitación de la movilidad (Fig. 26).

Figura 26.

Exploración extraarticular en Reumatología

Las ER son mayoritariamente procesos sistémicos y es frecuente el compromiso extraarticular; por lo que la exploración general aporta con frecuencia hallazgos relevantes para su diagnóstico y caracterización. El examen debe hacerse adaptado a cada periodo de la infancia y adolescencia. Además de valorarse el estado general, de las constantes vitales y parámetros de crecimiento y desarrollo, se han de tener en cuenta determinados signos frecuentes o característicos en las ER. A continuación, se exponen los más relevantes.

Fiebre

Ante un niño con fiebre, la primera posibilidad que hay que tener en cuenta es que se trate de un proceso infeccioso, también puede tener un origen neoplásico, pero dependiendo de la presencia de determinados síntomas o signos característicos, puede ser manifestación de una enfermedad reumática.

En la AIJ sistémica, la fiebre cursa en forma de picos que se presentan varias veces al día. Se suele acompañar de exantema evanescente característico y artralgias o artritis. También, son frecuentes las adenopatías, hepatoesplenomegalia y cuadros de serositis.

Ante un paciente con clínica articular y entesopatía (fascitis plantar, tendinitis aquílea, etc.), la presencia de fiebre y diarrea nos hará pensar en la posibilidad de una enfermedad inflamatoria intestinal.

En las conectivopatías, como el LES y la dermatomiositis, y en las vasculitis sistémicas, como la panarteritis nodosa, enfermedad de Kawasaki y enfermedad de Takayasu, es frecuente la presencia de fiebre asociada a sintomatología constitucional y síntomas y signos característicos.

Por último, cuando la fiebre es prolongada o cursa de forma episódica, se debe pensar también en la posibilidad de una enfermedad autoinflamatoria.

Fenotipos peculiares

• Síndrome de Marfan: talla alta, braza excesiva, hiperlaxitud, luxación cristalina, valvulopatía.

• Síndrome de Ehlers-Danlos: hiperlaxitud generalizada, cicatrices características.

• Síndrome de Stickler: miopía magna, patología degenerativa articular, hipoplasia maxilar, fisura palatina, úvula bipartita.

• Criopirinopatías (Síndrome CINCA): abombamiento frontal, prominencias óseas.

Cráneo facial

• Retrognatia: AIJ.

• Asimetría apertura oral: AIJ.

• Tumefacción parotídea: síndrome de Sjögren. Sarcoidosis.

• Abombamiento frontal: síndrome CINCA.

Hipoplasia maxilar superior: síndrome de Stickler.

• Boca fruncida: esclerodermia.

Piel y mucosas

• Psoriasis: lesiones eritematodescamativas en superficies extensoras. Artritis psoriásica.

• Eritema anular: exantema fotosensible en lupus cutáneo subagudo.

• Pustulosis palmo plantar: síndrome SAPHO.

• Aftas orales: LES (no dolorosas). Enfermedad de Behcet (dolorosas). Síndrome PFAPA (dolorosas). Síndromes autoinflamatorios por déficit de mevalonato cinasa).

• Aftas nasales: LES.

• Aftas genitales: enfermedad de Behcet. Síndromes autoinflamatorios por déficit de mevalonato cinasa.

• Alopecia: LES.

• Labios fisurados: enfermedad de Kawasaki.

• Lengua aframbuesada: enfermedad de Kawasaki.

• Descamación periungueal: enfermedad de Kawasaki.

• Exantemas:

- Exantema evanescente: exantema maculopapuloso asalmonado de predomino en raíz de miembros: AIJ sistémica (Fig. 27).

Figura 27. Exantema maculopapular asalmonado evanescente en paciente con artritis idiopática juvenil sistémica.

- Exantema malar en alas de mariposa: LES, dermatomiositis juvenil.

- Eritema en heliotropo: dermatomiositis juvenil (Fig. 28).

Figura 28. Exantema eritematovioláceo en párpados (eritema en heliotropo) y exantema facial en alas de mariposa. Paciente con dermatomiositis juvenil.

- Púrpurico: púrpura de Schönlein Henoch (Fig. 29). Vasculitis ANCA +.

Figura 29. Lesiones eritemato purpúricas características de la púrpura de Schönlein Henoch.

- Urticarial: vasculitis, urticaria vasculitis hipocomplementémica, síndromes autoinflamatorios. Fiebre mediterránea familiar.

- Exantema poliformo: enfermedad de Kawasaki.

- Eritema periocular: lupus neonatal.

- Eritema periungueal: dermatomiositis juvenil.

- Eritema crónico migrans: enfermedad de Lyme.

- Eritema marginado: fiebre reumática.

• Raynaud (Fig. 30): enfermedad de Raynaud (idiopático), esclerosis sistémica, LES, vasculitis, síndrome de Sjögren y sindrome de desfiladero torácico (costilla cervical, etc.).

Figura 30. Fenómeno de Raynaud. Palidez cutánea que aparece en dedos de manos y pies (también, en otras zonas acras, como: nariz, pabellón auricular, areola mamaria, etc.) es consecuencia de episodios de vasoespasmos desencadenados por el frío o el estrés emocional. El cambio de coloración suele ser trifásico (palidez, cianosis y eritema). Por lo general, es benigno e idiopático y suele presentarse en mujeres jóvenes, pero puede indicar la presencia de una enfermedad autoinmune (LES, esclerodermia, EMTC, vasculitis, etc.) y, también, ser el primer síntoma de un síndrome de desfiladero torácico (costilla cervical), hipotiroidismo, diabetes, crioglobulinemia, etc.

• Livedo reticularis: vasculitis, síndrome de Snedon y síndrome antifósfolípido.

• Telangiectasias: síndrome de CREST y dermatomiositis juvenil (en párpados).

• Pápulas de Gottron (Fig. 31): Dermatomiositis juvenil.

Figura 31. Pápulas de coloración violácea o rosada en superficie extensora de dedos y rodillas (pápulas de Gottron), características de la dermatomiositis juvenil. Se aprecia exantema macular (signo de Gottron), como expresión de vasculitis.

Calcificaciones subcutáneas: dermatomiositis juvenil, esclerodermia, enfermedad mixta del tejido conectivo y síndromes overlap.

• Púrpura palpable: vasculitis leucocitoclástica y vasculitis sistémica.

• Engrosamiento cutáneo: esclerodermia lineal / morfea (Fig. 32).

Figura 32. Esclerodermia localizada en pierna. Morfea.

Figura 33. Atrofia importante MID en paciente con Morfea.

• Esclerodactilia: esclerodermia y síndromes relacionados.

• Nódulos subcutáneos: AIJ poliarticular y vasculitis tipo PAN.

• Paniculitis (eritema nodoso): sarcoidosis, enfermedad inflamatoria intestinal y vasculitis.

• Úlceras cutáneas: Vasculitis sistémicas.

• Úlceras digitales: LES y esclerodermia.

• Patología ungueal:

- Onicolisis: artritis psoriásica.

- Pitting: artritis psoriásica.

- Hemorragias en astilla: síndrome antifosfolipídico.

• Patergia: enfermedad de Behcet.

• Erisipela: fiebre mediterránea familiar.

Ocular

• Ojo rojo:

- Uveítis anterior crónica: AIJ, por lo general, es asintomática. Sarcoidosis.

- Uveítis anterior aguda (Fig. 34): espondiloartirtis juvenil y enfermedad de Kawasaki.

Figura 34. Hiperermia periciliar en paciente con uveítis aguda. Espondiloartritis juvenil.

- Conjuntivitis: síndrome de Reiter, enfermedad de Kawasaki, síndromes autoinflamatorios (criopirinopatías, TRAPS) y vasculitis.

- Epiescleritis: vasculitis sistémicas y enfermedades autoinflamatorias (criopirinopatías).

• Escleras azules: osteogénesis imperfecta.

• Miopía magna: síndrome de Stickler.

• Hipopion: enfermedad de Behcet.

ORL

• Faringo amigdalitis: síndrome PFAPA.

• Hipoacusia: síndromes autoinflamatorios (criopironopatías) y enfermedad inmunomediada del oído.

• Úvula bipartita: síndrome de Stickler.

• Condritis auricular: policondritis recidivante.

• Nariz en silla de montar: granulomatosis de Wegener.

• Aftas nasales: LES.

Cardiopulmonar

• Roce pleural: pleuritis lúpica y fiebre mediterránea familiar.

Roce pericárdico: pericarditis lúpica, AIJ sistémica, fiebre mediterránea familiar y enfermedad autoinflamatoria (TRAPS).

• Arritmia: miocarditis lúpica y esclerosis sistémica.

• Soplos:

- Soplo insuficiencia aórtica: espondiloartropatías juveniles.

- Soplo mitral: prolapso mitral (hiperlaxitud generalizada).

- Soplo carotídeo: enfermedad de Takayasu.

• Disminución / ausencia murmullo: neumopatía intersticial reumatoide, hemorragia pulmonar (LES) y vasculitis.

• Sibilancias: vasculitis de Churg Straus.

Sistema nervioso

• Paresia pares craneales: LES. Enfermedad de Lyme. Vasculitis.

Cefalea: LES. Vasculitis sistémicas.

• Convulsiones: LES y vasculitis sistémicas.

• Déficits focales. LES, síndromes autoinflamatorios y vasculitis.

• Corea: LES, síndrome antifosfolipídico y fiebre reumática.

• Meningitis aséptica: enfermedad de Behcet y síndromes autoinflamatorios.

• Mononeuritis múltiple: vasculitis sistémica.

La anamnesis y exploración física en Reumatología Pediátrica tiene sus peculiaridades y síntomas y signos guía que el médico de Atención Primaria, pediatra o reumatólogo deben conocer para orientar el diagnóstico y posterior abordaje de enfermedades musculoesqueléticas que, como el lector bien sabe, constituyen uno de los grupos de patología crónica más frecuente en la edad pediátrica.

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Conectivopatías

D. Clemente Garulo
Temas de FC


D. Clemente Garulo

Unidad de Reumatología pediátrica. Hospital Niño Jesús

 

Resumen

Las conectivopatías son un grupo heterogéneo de enfermedades ocasionadas por la inflamación de diversas estructuras corporales debido a una desregulación del sistema inmune. Entre ellas, encontramos: el lupus eritematoso sistémico (la conectivopatía más frecuente), la dermatomiositis juvenil, la esclerodermia, la enfermedad mixta del tejido conectivo y la enfermedad de Sjögren. Su incidencia es baja en la infancia, siendo en muchas ocasiones difícil realizar un diagnóstico en los primeros momentos de la enfermedad, ya que los síntomas y signos pueden ser inespecíficos y aparecer durante el transcurso de semanas o meses. La presencia de una afectación en múltiples órganos, sin una causa aparente y asociado a ciertas manifestaciones clínicas especificas (exantema malar, pápulas de Gottron, fenómeno de Raynaud, esclerodactilia), debe hacer sospechar una conectivopatía. El diagnóstico de confirmación se establece mediante una combinación de criterios clínicos y analíticos, como la presencia de anticuerpos antinucleares y otros autoanticuerpos. Es importante su reconocimiento precoz para iniciar un tratamiento adecuado sin demora, que incluye el uso de corticoides y fármacos inmunosupresores, y mejorar el pronóstico de los pacientes a largo plazo.

 

Abstract

Connective tissue diseases are a heterogeneous group of disorders caused by inflammation of different body structures due to dysregulation of the immune system. Among them, we find systemic lupus erythematosus (the most common), juvenile dermatomyositis, sclerodermia, mixed connective tissue disease and Sjögren syndrome. Its incidence is low in childhood, being in many cases difficult to make a diagnosis in the early stages of the disease because symptoms and signs may be nonspecific and appear over the course of weeks and months. The presence of multi-system involvement associated to certain clinical features (malar rash, Raynaud ́s phenomenon, Gottron ́rash, sclerodactyly) should alert of a connective tissue disease. Confirmation of the diagnosis is established by a combination of clinical and analytical criteria, like the presence of anti- nuclear antibodies and other autoantibodies.
It is important an early recognition to initiate appropriate treatment without delay, including corticoids and immunosuppressive drugs, and improve the long term outcome of these patients.

 

Palabras clave: Conectivopatías; Lupus eritematoso sistémico; Dermatomiositis juvenil; Esclerodermia pediátrica

Key words: Connective tissue diseases; Systemic lupus erythematosus; Juvenile dermatomyositis; Pediatric scleroderma

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 207–218


Conectivopatías

Introducción

Las conectivopatías son enfermedades poco habituales en la infancia. Es importante saber reconocer los rasgos principales de cada una de ellas para poder iniciar un tratamiento adecuado sin demora y mejorar el pronóstico de los pacientes.

Las conectivopatías constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades de causa desconocida. Están ocasionadas por una alteración en la inmunidad adquirida, apareciendo autoanticuerpos y/o células T autorreactivas frente a diversas estructuras corporales. Son enfermedades poco habituales en la infancia, con un predominio del sexo femenino y tendencia a aparecer en adolescentes o preadolescentes. Se caracterizan por una afectación multisistémica sin una causa aparente, con síntomas y signos variables que pueden aparecer simultáneamente o de forma insidiosa durante el transcurso de semanas o meses. Los síntomas iniciales son inespecíficos en muchos casos (fiebre, astenia, anorexia o pérdida de peso) y debe establecerse un diagnóstico diferencial con infecciones (víricas y bacterianas), neoplasias (especialmente procesos linfoproliferativos) y otras enfermedades inflamatorias (vasculitis). La aparición de ciertas manifestaciones clínicas (exantema malar, úlceras orales, pápulas de Gottron, fenómeno de Raynaud, esclerodactilia) asociadas a síntomas constitucionales y una afectación multisistémica, debe hacer pensar en una conectivopatía. El diagnóstico de confirmación se establece mediante una combinación de criterios clínicos y analíticos, como la presencia de anticuerpos antinucleares (ANA) y otros autoanticuerpos. Entre las conectivopatías, encontramos: el lupus eritematoso sistémico (la más frecuente), la dermatomiositis juvenil, las esclerodermias localizada y sistémica, la enfermedad mixta del tejido conectivo y el síndrome de Sjögren(1). El pediatra de Atención Primaria debe saber reconocer estas enfermedades y derivar a los pacientes a unidades especializadas de forma precoz, para iniciar el tratamiento que permita el control de la enfermedad y mejorar el pronóstico de los pacientes a corto y largo plazo. Además, el pediatra de Atención Primaria tiene un papel fundamental en la detección de las recaídas, la monitorización de efectos adversos de los tratamientos y en las actividades preventivas de estos pacientes.

Lupus eritematoso sistémico

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune crónica de causa desconocida, ocasionada por la presencia de autoanticuerpos e inmunocomplejos que afectan a múltiples órganos y sistemas. Dada su similitud con la enfermedad en adultos, para establecer el diagnóstico pueden utilizarse los mismos criterios de clasificación del American Collegue of Rheumatology (ACR), siendo necesaria la presencia simultánea o progresiva de ≥ 4 de los 11 criterios propuestos (Tabla I)(2).

Epidemiología

La incidencia anual en niños y adolescentes es de 0,36-0,9 por cada 100.000 niños y la prevalencia, muy variable según etnicidades, es de 3,3-24 por cada 100.000 niños. La edad de aparición habitual es entre los 12-16 años, siendo rara por debajo de los 10 años y excepcional por debajo de los 5 años. Es más frecuente en niñas (80%) y en asiáticos, afroamericanos y latinos(3).

Etiopatogenia

La causa es desconocida, siendo fundamental en su desarrollo una disfunción del sistema inmune que aparece en pacientes predispuestos genéticamente y sobre el que actúan factores ambientales.

Aunque la causa del LES sigue siendo desconocida, en su desarrollo es fundamental una disfunción del sistema inmune que va a condicionar la aparición de múltiples autoanticuerpos dirigidos contra antígenos nucleares, incluyendo: los anticuerpos antinucleares (ANA), los anticuerpos antinucleares extraíbles (ENA) y los anticuerpos anti-ADN de doble cadena. Los inmunocomplejos resultantes van a activar las células dendríticas y estimular la producción de interferón-α que, a su vez, estimula la diferenciación de los linfocitos B en células plasmáticas, incrementando la producción de autoanticuerpos y la formación de nuevos inmunocomplejos. Alteraciones en la apoptosis o muerte celular programada, pueden contribuir al desarrollo de los autoanticuerpos frente a las estructuras nucleares. Otros factores contribuyentes son: el aumento de las citoquinas proinflamatorias INFα, IL-6, IL-10, IL-12 e IL-18, mutaciones en los receptores inhibidores de las células T que conducen a la hiperactividad y pérdida de tolerancia de las mismas, y otras alteraciones en monocitos, células NK e inmunoglobulinas.

La predisposición genética es mayor en el LES que se inicia durante los primeros años de vida, que en el que se inicia durante la edad adulta, siendo habitual una historia familiar de autoinmunidad. Los hermanos de pacientes con LES juvenil tienen un riesgo entre 10-20 veces mayor de desarrollar la enfermedad. La deficiencia homocigota de complemento (C1q, sobre todo, y C1r, C1s, C4 y C2) y otras enfermedades monogénicas pediátricas (p. ej., síndrome Aicarde-Goutières, espondiloencondrodisplasia…) están asociadas al desarrollo de LES.

Entre los factores ambientales que pueden tener un papel en el inicio de la enfermedad, encontramos: la luz ultravioleta, algunas infecciones (VEB) y fármacos (procainamida, hidralazina) y hormonas (estrógenos)(4).

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son: los síntomas constitucionales, la artritis, el exantema malar, las alteraciones hematológicas y la nefritis lúpica.

Las manifestaciones clínicas son muy variables, pudiendo inicialmente presentar síntomas inespecíficos (fatiga, anorexia, pérdida de peso y cefalea) y asociar, posteriormente, manifestaciones específicas relacionadas según los órganos afectados, así como datos de inflamación sistémica (adenopatías, hepatesplenomegalia).

Manifestaciones mucocutáneas. Las más frecuentes son: el exantema malar en alas de mariposa (44-85%) (Fig. 1), la fotosensibilidad (35-50%), las lesiones de vasculitis cutánea en cara, palmas y plantas de los pies (16-45%) y las úlceras orales o nasales (20-40%).

Figura 1. Exantema malar (lupus eritematoso sistémico).

Otras posibles manifestaciones en niños, son: la alopecia (15-30%), los exantemas generalizados en áreas no fotoexpuestas (30%) y el fenómeno de Raynaud (6-12%). Las lesiones cutáneas subagudas y crónicas, aunque habituales en el adulto, son raras en los niños(5).

Manifestaciones musculoesqueléticas. La artritis suele ser poliarticular y simétrica, no erosiva, con afectación de grandes y pequeñas articulaciones. Las artralgias, la rigidez matutina y las mialgias son también habituales. Puede aparecer una necrosis avascular, especialmente en pacientes en tratamiento con corticoides.

Manifestaciones renales. La nefritis lúpica puede ser una de las manifestaciones iniciales y, en el 90% de los casos, aparece en los dos primeros años desde el diagnóstico. La presentación clínica es variable, desde una proteinuria mínima con una hematuria microscópica hasta el fallo renal agudo. Dado que la gravedad de la afectación glomerular puede no correlacionarse con los signos y síntomas clínicos, ante alteraciones en el sedimento de orina, es necesaria la realización de una biopsia para establecer un diagnóstico histológico según los criterios de clasificación de la Sociedad Internacional de Nefrología y Patología Renal (Tabla II)(6) y orientar el tratamiento. La glomerulonefritis proliferativa difusa (clase IV) es la forma más frecuente y también la más grave.

Manifestaciones neuropsiquiátricas. Puede afectarse tanto el sistema nervioso central (cefalea, meningitis aséptica, convulsiones, accidentes cerebrovasculares, trastornos del movimiento, síndromes desmielinizantes, mielopatía, síndromes confusionales agudos, trastornos por ansiedad, disfunciones cognitivas, psicosis y alteraciones del estado de ánimo) como el periférico (síndrome de Guillain Barré, trastornos autonómicos, neuropatías, miastenia gravis). Aunque pueden preceder al diagnóstico, normalmente aparecen durante el primer año de la enfermedad y pueden ocurrir en ausencia de actividad serológica u otras manifestaciones sistémicas. Es necesario descartar infecciones, efectos secundarios de los fármacos o alteraciones metabólicas como causa de las manifestaciones neuropsiquiátricas. La cefalea, las alteraciones del estado de ánimo, la psicosis, la disfunción cognitiva y las convulsiones son las más frecuentes. Los trastornos de movimiento (p. ej., corea), más habituales que en adultos, están asociados a menudo con la presencia de anticuerpos antifosfolípidos.

Manifestaciones hematológicas. Pueden aparecer citopenias afectando a las 3 series hematológicas. Una leucopenia leve (leucocitos 3.000-4.000/mm3) es la manifestación más frecuente (2/3 de los pacientes), normalmente a expensas de una disminución de linfocitos (<1.500/mm3), que no suele requerir tratamiento. La anemia suele ser debida al trastorno inflamatorio crónico, aunque, también puede ser secundaria a una ferropenia o a una anemia hemolítica con test de Coombs positivo. La trombocitopenia aparece en el 50% de los casos y puede ser la primera manifestación de LES. Las cifras de plaquetas son variables, pero no suele requerir tratamiento con cifras estables > 20.000/µl. Los anticuerpos antifosfolípido (anticoagulante lúpico, anticuerpos anticardiolipina y anticuerpos frente a la β2-glicoproteína I) se asocian a un estado de hipercoagulabilidad y a un aumento del riesgo de trombosis. El síndrome de activación macrofágico es otra complicación que puede aparecer en los niños con LES(7).

Manifestaciones gastrointestinales. El dolor abdominal y la diarrea son habituales, al igual que la hepatoesplenomegalia. La pancreatitis, la hepatitis autoinmune y la vasculitis intestinal son menos frecuentes.

Manifestaciones cardiopulmonares. La más frecuente es la serositis (pleuritis/pericarditis), con o sin derrame pleural/pericárdico. Muchos pacientes asintomáticos presentan alteraciones en las pruebas funcionales respiratorias. Otras posibles manifestaciones son: la miocarditis, la endocarditis estéril (de Libman-Sacks), la neumonitis intersticial, las hemorragias pulmonares y la hipertensión pulmonar.

Alteraciones en los estudios complementarios

Las pruebas de laboratorio sirven para apoyar el diagnóstico de LES y para monitorizar la actividad de la enfermedad.

El hemograma puede mostrar anemia, trombopenia o leucocitopenia (linfopenia). El test de Coombs puede ser positivo con o sin anemia hemolítica. En la bioquímica, podemos encontrar elevación de las transaminasas, LDH y CPK, así como de la urea y de la creatinina. Es habitual, la presencia de hipergammaglobulinemia. El sedimento de orina puede ser normal o presentar alteraciones variables según el tipo de nefritis lúpica. Durante los periodos de actividad, puede elevarse la velocidad de sedimentación globular (VSG), manteniendo unos valores normales de la proteína C reactiva (PCR) (excepto si se manifiesta como serositis). De este modo, la PCR puede ser útil para diferenciar infecciones intercurrentes de actividad lúpica. La característica principal del LES es la presencia de múltiples autoanticuerpos, siendo los anticuerpos antinucleares (ANA) positivos (títulos > 1/160) en la mayoría de pacientes. Aunque los ANA pueden ser positivos en niños sanos, valores por encima de 1/1.280 son muy sospechosos de LES. Los anticuerpos anti-DNA (en 75% pacientes) y los anti-Sm (en 50% pacientes) son muy específicos de LES. Otros anticuerpos que pueden encontrarse son: los anti-SS-A (Ro) y anti-SS-B(La), los anti-RNP y los anticuerpos antifosfolípido. Para monitorizar la actividad de la enfermedad, se utilizan los niveles de anti-DNA y los valores de complemento (C3 y C4), siendo estos últimos, bajos durante los periodos de actividad(8).

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es inducir la remisión de la enfermedad, minimizar los brotes y prevenir las complicaciones a largo plazo. Los fármacos utilizados van a depender de las manifestaciones clínicas de cada paciente.

El tratamiento del LES juvenil se basa en el uso de fármacos y en la atención a medidas generales de salud. Es fundamental la educación del niño/adolescente y la familia, ya que el cumplimiento del tratamiento a largo plazo puede ser difícil, bien por miedo a efectos adversos (estrías cutáneas o aumento de peso con altas dosis de corticoides) o porque se “cansen” de estar enfermos, acudir a citas, tomar medicaciones…

Dentro de las medidas generales, es muy importante limitar la exposición al sol (radiación UVB), recomendando protección solar (SPF ≥ 30) a diario. Se debe recomendar una ingesta adecuada de calcio y suplementos de vitamina D y controlar la dieta (restricción de sodio y calorías) cuando se inicia un tratamiento con corticoides a dosis altas para evitar una excesiva ganancia ponderal. Se deben controlar y tratar los factores de riesgo cardiovascular. Especialmente los adolescentes con LES deben evitar fumar, ya que puede empeorar la actividad de la enfermedad y disminuir la eficacia de medicaciones, como la hidroxicloroquina. Hay que asegurar que el calendario vacunal ha sido completado (especialmente la inmunización contra el neumococo) y realizar un tratamiento precoz de las infecciones.

El tratamiento farmacológico más utilizado en el LES y sus indicaciones se recogen en la tabla III, debiendo individualizarse según la extensión y gravedad de la enfermedad. La dosis y duración del tratamiento con corticoides está basada en la gravedad de las manifestaciones clínicas.

Para el tratamiento de las manifestaciones cutáneas, articulares y hematológicas, las serositis y los síntomas sistémicos generales, suele utilizarse una dosis de prednisona de 0,25-0,75 mg/kg/día, preferiblemente en dosis única. Cuando existe una afectación renal grave (nefritis lúpica III o IV) o manifestaciones neuropsiquiátricas, se utilizan dosis iniciales de prednisona oral de 1-2 mg/kg/día en 1-3 dosis durante 4-6 semanas antes de disminuir la dosis de forma lenta. La administración temprana de bolos de metilprednisolona de 30 mg/kg vía intravenosa (3 días consecutivos) debe considerarse en casos graves. Las manifestaciones cutáneas pueden mejorar con pautas cortas de corticoides o inhibidores de la calcineurina tópicos(9,10).

En el algoritmo 1, se establecen las pautas de tratamiento para las distintas manifestaciones de LES. En los casos refractarios, pueden utilizarse inmunoglobulinas intravenosas, plasmaféresis o terapias biológicas dirigidas contra las células B, como rituximab (anticuerpo monoclonal anti CD-20) o belimumab (anticuerpo monoclonal anti-BLyS)(11).

Evolución y pronóstico

El LES es una enfermedad crónica que cursa con periodos de actividad y remisión, pudiendo desencadenarse exacerbaciones por factores exógenos, como: exposición solar, infecciones, intervenciones quirúrgicas… Para medir la actividad de la enfermedad, se utilizan diferentes cuestionarios, como SLEDAI (Systemic Lupus erythematosus Disease Activity Index) o el British Isles Assesment Group (BILAG), al igual que para determinar el daño acumulado se utiliza el SLICC/ACR (Systemic Lupus International Cooperating Clinics/American College of Rheumatology)(3). El LES pediátrico tiene peor pronóstico que los casos de inicio en la edad adulta, ya que presentan manifestaciones clínicas más graves y la remisión a largo plazo es poco frecuente, siendo más propensos a presentar complicaciones, debido, tanto a una mayor actividad de la enfermedad, como a los efectos adversos asociados a tratamientos más agresivos y prolongados. La mortalidad ocurre en un 5% de los casos, principalmente por complicaciones infecciosas o fracaso renal. Son factores de mal pronóstico: la afectación orgánica grave, el sexo masculino, el origen étnico afroamericano, asiático o latino y un nivel socioeconómico bajo(8-10).

Dermatomiositis juvenil

La dermatomiositis juvenil (DMJ) es una enfermedad autoinmune caracterizada por la inflamación crónica de piel y músculo estriado.

La incidencia en niños es baja (2-4 casos/millón de niños/año), con un predominio del sexo femenino y una edad media de aparición a los 7 años. Los criterios para el diagnóstico de dermatomiositis juvenil se encuentran en la tabla IV(12).

Etiopatogenia

Al igual que en otras enfermedades autoinmunes, la DMJ es el resultado de una combinación de factores ambientales (luz ultravioleta, infecciones respiratorias o gastrointestinales) que desencadena en un individuo predispuesto genéticamente (p. ej., polimorfismo TNFα-308A) una respuesta inmune anómala.

Manifestaciones clínicas

La presentación habitual de la DMJ es un cuadro de debilidad muscular asociado a un cuadro constitucional (fiebre, hiporexia, pérdida de peso) de comienzo insidioso y manifestaciones cutáneas específicas, como las pápulas de Gottron (Fig. 2) o el eritema heliotropo (Fig. 3).

Figura 2. Pápulas de Gottron (dermatomiositis juvenil).

Figura 3. Eritema heliotropo (dermatomiositis juvenil).

La debilidad muscular afecta a la cintura escapular (dificultad para levantar los brazos) y pélvica (dificultad para subir y bajar escaleras) y puede asociar dolor muscular con el ejercicio. El signo de Gowers (el niño trepa por sus muslos para levantarse del suelo) es positivo. En casos graves, puede aparecer disfagia o disnea por afectación de la musculatura faríngea y respiratoria. Aunque poco frecuentes, existen formas amiopáticas en las que existen las manifestaciones cutáneas características sin debilidad muscular o subclínica. Durante su evolución, puede aparecer calcinosis, asociado a enfermedad prolongada o tratada de forma insuficiente (Fig. 4), que pueden dar lugar a episodios de inflamación local aguda (Fig. 5). Otras complicaciones, son la lipodistrofia y úlceras cutáneas, asociándose estas últimas a vasculitis sistémica.

Figura 4. Calcinosis (dermatomiositis juvenil).

Figura 5. Inflamación secundaria a calcinosis en codo (dermatomiositis juvenil).

Alteraciones en los estudios complementarios

El hemograma suele ser normal al inicio de la enfermedad, aunque puede aparecer linfopenia. Las enzimas musculares (creatinquinasa, alanina aminotransferasa, aspartato amino transferasa, lactato deshidrogenasa, aldolasa) están elevadas en más del 75% de los pacientes. Los ANA suelen ser positivos, pero sus niveles no se relacionan con la actividad de la enfermedad. Aunque son poco frecuentes, pueden detectarse autoanticuerpos específicos de miositis (anti-Jo1, anti-Mi2, anti SRP) o autoanticuerpos asociados a miositis (antip155/140, anti-NXP2), siendo útiles para establecer un pronóstico, ya que se asocian con fenotipos diferenciados de DMJ(13). La resonancia magnética también puede identificar la inflamación muscular y la presencia de edema subcutáneo y es cada vez más utilizada en lugar del EMG en la evaluación inicial de pacientes con DMJ. La biopsia muscular sigue siendo necesaria para confirmar el diagnóstico en pacientes sin las alteraciones cutáneas características o con manifestaciones atípicas (debilidad muscular asimétrica, localizada o de predominio distal, atrofia muscular, fasciculaciones…) y para establecer un pronóstico según el grado de afectación. La calcinosis es fácilmente apreciable en las radiografías simples. En la capilaroscopia del lecho ungueal, se aprecia una disminución de la densidad de los capilares en casi todos los pacientes y es útil para el diagnóstico y el seguimiento. Es recomendable, la realización de una radiografía de tórax y pruebas de función pulmonar al inicio del cuadro y durante su evolución, al igual que un ECG y un ecocardiograma basales.

Tratamiento

El tratamiento se basa en la administración inicial de prednisona a dosis de 2 mg/kg/día vía oral repartido en 2-3 dosis, pudiendo administrarse previamente bolos de metilprednisolona a 30 mg/kg vía intravenosa durante 3 días en los pacientes graves. Una vez mejoren los síntomas, normalmente a las 2-4 semanas, se administra en una sola dosis y se inicia el descenso de forma progresiva, dejando una dosis de 5-10 mg/día durante, al menos, 12-24 meses. El uso de metotrexato se inicia precozmente como ahorrador de esteroides a una dosis de 15 mg/m2/semana vía subcutánea. En los casos graves o refractarios, ha demostrado su utilidad la administración de inmunoglobulinas intravenosas a dosis de 2 g/kg de forma periódica. Como terapia adyuvante de las lesiones cutáneas, puede utilizarse tratamientos tópicos (corticoides, tacrólimos, pimecrolimus) o asociar hidroxicloroquina oral a 3-6 mg/kg/día. Se deben administrar suplementos de calcio y vitamina D y recomendar protección solar. Aunque en la fase aguda se recomienda el reposo, el ejercicio físico aeróbico moderado aporta beneficios a los pacientes en remisión clínica.

Evolución y pronóstico

Durante los dos primeros años encontramos formas: monocíclicas (recuperación completa sin recidivas), policíclicas (recuperación completa con recaídas al suspender el tratamiento) y crónicas (mejoría parcial, actividad mantenida). La evaluación de la fuerza muscular se realiza mediante balances de los principales grupos musculares y el Childhood Myositis Assesment Scale (CMAS), utilizándose para monitorizar la actividad de la enfermedad diversas escalas, como el Myositis Disease Activity Assesment Tool (MDAAT). A largo plazo, la mayor parte de los pacientes realiza una vida normal, aunque no todos puedan realizar actividad física intensa y hasta un 5% puede necesitar una silla de ruedas para desplazarse. En un 25-30%, quedan contracturas articulares y atrofia muscular, como secuelas. Con los tratamientos actuales, la mortalidad se ha reducido considerablemente (solo un 1-2% de los casos, normalmente debido a complicaciones respiratorias(13-15).

Esclerodermia pediátrica

La esclerodermia agrupa a un conjunto de enfermedades caracterizadas por la fibrosis o excesivo depósito de colágeno en la piel y en otros tejidos, diferenciándose formas localizadas o sistémicas, dependiendo de la localización y extensión de la fibrosis.

La causa es desconocida, encontrándose alteraciones inmunológicas y de la regulación de los fibroblastos y de la producción de colágeno. Algunas similitudes con la enfermedad injerto contra huésped sugieren que células no propias o microquimerismo puedan estar implicadas en la patogénesis de la enfermedad. Algunos fármacos (bleomicina, bromocriptina) pueden inducir reacciones esclerodermia-like.

Esclerodermia localizada

Es la forma de esclerodermia más frecuente en la infancia, con una incidencia de 3,4 casos por cada 1.000.000 niños al año. La edad media de aparición es entre los 7-9 años, con un predominio del sexo femenino (2:1). Se caracteriza por la afectación de la piel y tejidos subyacentes (incluyendo: fascia, músculo, tendón, cápsula articular), distinguiéndose diversos subtipos según la profundidad y el patrón de afectación de las lesiones (Tabla V)(16).

La esclerodermia lineal (Fig. 6) es la forma más frecuente en niños y adolescentes (65%).

Figura 6. Esclerodermia lineal.

Manifestaciones clínicas

El cuadro comienza de manera insidiosa con un edema cutáneo localizado con bordes eritematosos o violáceos, seguido de un progresivo endurecimiento de la piel y tejidos subyacentes, con frecuencia, asociado a alteraciones de la pigmentación, alopecia y anhidrosis. En un 25% de los pacientes, existen manifestaciones extracutáneas, principalmente musculoesqueléticas (artralgias/artritis) y, en pacientes con esclerodermia lineal con afectación de cara/cuero cabelludo, manifestaciones neurológicas (cefalea, convulsiones, trastornos del comportamiento) y oculares (epiescleritis, uveítis, afectación palpebral).

Alteraciones en los estudios complementarios

El diagnóstico es clínico, no existiendo alteraciones analíticas características. Pueden detectarse ANA (23-73%), aunque sin una correlación clínica significativa, así como FR (25-40%), asociado a manifestaciones articulares.

Tratamiento

En las lesiones circunscritas superficiales con signos de actividad, puede realizarse tratamiento tópico con corticoides, inhibidores de la calcineurina (tacrólimus, pimecrolimus) o con fototerapia con luz ultravioleta (UV). En los casos en los que existe afectación profunda, que cruza articulaciones (riesgo de limitación funcional), lesiones lineales o atróficas que afectan a cara o cuero cabelludo, una progresión rápida o una distribución amplia de las lesiones y/o un fracaso a los tratamientos tópicos o terapia UV, se utilizan corticoides orales (prednisona a 0,5-1 g/kg/día) asociado a metotrexato a dosis de 10-15 mg/m2/semana vía oral o subcutánea. En los casos refractarios al metotrexato, puede utilizarse micofenolato mofetilo. Puede ser necesaria la realización de fisioterapia para mejorar contracturas articulares y cirugía plástica para la reconstrucción de alteraciones faciales.

Evolución y pronóstico

La duración media de la actividad de la esclerodermia localizada suele estar limitada a 3-5 años y la progresión a esclerosis sistémica es excepcional. El pronóstico va a depender de la superficie cutánea afectada, su localización y del grado de induración, así como de las secuelas articulares (contracturas, dismetría de extremidades, limitación de la función) y neurológicas y el impacto psicológico de la enfermedad.

Esclerosis sistémica

La esclerosis sistémica (ES) es una enfermedad muy rara en niños, con una incidencia anual de 1 paciente por cada millón de niños. La edad media de aparición es entre 7-9 años, con un predominio del sexo femenino (4:1). Se caracteriza por la afectación de piel, vasos y órganos internos. Los criterios para la clasificación de las esclerodermias sistémicas pediátricas están recogidos en la tabla VI(17).

Manifestaciones clínicas

El inicio de la enfermedad se caracteriza por el desarrollo de un fenómeno de Raynaud, asociado a: edema e induración progresiva en manos y cara, telangiectasias (cara y extremidades superiores) y alteraciones capilares en el lecho ungueal. Otras manifestaciones cutáneas son: la calcinosis o depósitos subcutáneos de calcio (codos, rodillas), las úlceras digitales y las alteraciones en la pigmentación de las zonas afectadas. Las principales manifestaciones extracutáneas son: gastrointestinales (reflujo gastroesofágico, trastornos en la motilidad digestiva), respiratorias (alteraciones en las pruebas de función pulmonar, enfermedad intersticial pulmonar, hipertensión pulmonar) y musculoesqueléticas (artralgias y artritis, sobre todo en manos).

Alteraciones en los estudios complementarios

El hemograma, la orina y los reactantes de fase aguda suelen ser normales. La mayoría de los pacientes tienen ANA (80-97%), siendo característica la positividad a los anticuerpos antitopoisomerasa (o Scl-70) y los anticuerpos anticentrómero. La radiografía simple detecta la presencia de calcificaciones, erosiones articulares y acrosteolisis. El estudio de los pacientes con síntomas de reflujo gastroesofágico incluye: una manometría, una pHmetría y, en algunos casos, una endoscopia digestiva alta. En los niños con sospecha de ES, debe realizarse en la valoración inicial: una radiografía de tórax, pruebas de función pulmonar (espirometría, difusión de la capacidad de monóxido de carbono), un ECG y un ecocardiograma. Cuando existe una alteración de las pruebas de función pulmonar, es necesario evaluar la presencia de alveolitis (fase inflamatoria de la enfermedad intersticial pulmonar) mediante un TC de alta resolución (opacidades en vidrio esmerilado) y un lavado broncoalveolar (aumento de neutrófilos y eosinófilos, además de macrófagos alveolares).

Tratamiento

El metotrexato y el micofenolato han demostrado mejorar la clínica cutánea, mientras que para la enfermedad pulmonar intersiticial se precisa el uso de ciclofosfamida. El tratamiento sintomático es fundamental, utilizándose nifedipino o iloprost para el fenómeno de Raynaud, inhibidores de la bomba de protones para el reflujo gastroesofágico y procinéticos para los trastornos de la motilidad. Algunas recomendaciones generales incluyen una protección contra el frío y los traumatismos y la adecuada hidratación de la piel. Se necesitan programas de fisioterapia para mejorar las contracturas articulares.

Evolución y pronóstico

Aunque la afectación cutánea y las contracturas articulares pueden dar a una discapacidad funcional grave, el pronóstico está determinado por la afectación cardiopulmonar y renal. En la mayoría de los pacientes, la enfermedad progresa lentamente, con una supervivencia a los 20 años del 69-82,5%(18,19).

Enfermedad mixta del tejido conectivo

La enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC) se caracteriza por presentar signos y síntomas de dos o más enfermedades reumáticas y la presencia de anticuerpos anti-RNP.

Es muy poco frecuente, con una edad media de inicio de 11 años y predominio en niñas (6:1). No existen unos criterios de clasificación adaptados para Pediatría.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas iniciales más frecuentes son: la presencia de un síndrome constitucional asociado a fenómeno de Raynaud y la poliartritis de manos, apareciendo progresivamente manifestaciones de AIJ (sinovitis), LES (exantema malar, pleuritis, pericarditis, adenopatías), DMJ (debilidad muscular, miositis) y ES (esclerodactilia, enfermedad pulmonar intersticial, trastornos en la motilidad esofágica).

Alteraciones en los estudios complementarios

Es frecuente encontrar en el hemograma: anemia, leucopenia y/o trombocitopenia. Otras alteraciones comunes son: la hipocomplementemia, la elevación de las enzimas musculares y la presencia de FR positivo. Los títulos de ANA están elevados, siendo los anticuerpos anti-RNP a títulos altos, característicos de esta enfermedad.

Tratamiento

La mayoría de pacientes suelen responder a corticoides a dosis bajas, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), hidroxicloroquina o combinaciones de estas medicaciones. El fenómeno de Raynaud se trata evitando el frío y el estrés emocional y, en los casos más graves, con nifedipino. Cuando existe una afectación visceral importante, se requieren corticoides a dosis altas e inmunosupresores.

Evolución y pronóstico

El pronóstico a largo plazo es variable, siendo peor para los casos que se asemejan a LES y, especialmente, si asocian trombocitopenia e insuficiencia renal(20).

Síndrome de Sjögren

El síndrome de Sjögren se caracteriza por la inflamación de las glándulas exocrinas, principalmente glándulas salivales y lagrimales.

El síndrome de Sjögren es la enfermedad del tejido conectivo menos frecuente en la infancia. En las formas juveniles, la forma de presentación habitual es la parotiditis recurrente (75% casos), apareciendo, posteriormente, sequedad oral (dificultad para salivar durante las comidas o para hablar) y ocular, además de otras manifestaciones sistémicas variables. La sospecha diagnóstica se refuerza con la presencia de ANA y anticuerpos anti-SSA o anti-SSB en la analítica y puede confirmarse mediante el estudio anatomopatológico de biopsias de glándulas salivares menores, que demuestra un infiltrado inflamatorio linfocitario. El tratamiento suele ser sintomático: lágrimas artificiales, estimulantes de la salivación, una buena higiene dental y antiinflamatorios no esteroideos para los dolores articulares. Para el tratamiento de las manifestaciones sistémicas, se utiliza hidroxicloroquina o metotrexato. Es importante tener en cuenta durante su seguimiento, que existe un riesgo aumentado de linfoma en estos pacientes(1).

Funciones del pediatra de Atención Primaria

• Derivación precoz a atención especializada de pacientes con sospecha de conectivopatía o de una reagudización de una conectivopatía ya diagnosticada.

• Asegurar el cumplimiento del calendario vacunal de estos pacientes, prestando especial atención a la vacunación frente al neumococo, la varicela, la triple vírica y la gripe.

• Favorecer la adherencia terapéutica de estos pacientes y monitorizar los efectos adversos de los tratamientos empleados, colaborando en la realización de controles analíticos periódicos.

• Tratamiento precoz de las infecciones y otras complicaciones, así como control de los factores de riesgo cardiovascular.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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Buena revisión de las esclerodermias pediátricas, actualizando conceptos de patogénesis, diagnóstico y tratamiento.

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Libro de referencia de reumatología pediátrica, escrito por expertos a nivel mundial, que desarrolla de forma comprensiva todas las enfermedades reumáticas. En inglés, se puede acceder on-line.

 

Caso clínico

 

Niña de 10 años que presenta edema y eritema palpebral bilateral de un mes de evolución. Ha sido tratada con un colirio antihistamínico sin mejoría. Desde hace una semana, se queja de astenia y debilidad muscular generalizada, de predominio en cintura escapular y pelviana. Sin fiebre ni manifestaciones digestivas ni respiratorias.

Antecedentes familiares

Padres sanos no consanguíneos. Hermana de 4 años seguida en consulta de reumatología por fiebre periódica ya resuelta.

Antecedentes personales

Embarazo: diabetes gestacional, controlada con dieta. Parto a término, sin alteraciones. Periodo neonatal normal. Desarrollo psicomotor normal. Sin alergias medicamentosas. Inmunizaciones según calendario.

Exploración física

Aceptable estado general. Bien hidratada, nutrida y perfundida. Edema palpebral bilateral de coloración violácea (Fig. 7).

Figura 7.

Sin otras lesiones cutáneas. Sin adenopatías palpables. Auscultación cardiopulmonar normal. Abdomen: blando, depresible, no doloroso a la palpación, no masas ni visceromegalias. Neurológico: debilidad muscular marcada con fuerza 2/5 en deltoides, 2/5 en bíceps braquial, 3/5 en extensores de muñeca, 3/5 cuadriceps, 4/5 en extensores de tobillo, 3/5 en flexores del cuello, 3/5 en glúteo mediano y 3/5 en glúteo mayor. Exploración ORL: normal. Locomotor: sin articulaciones dolorosas, limitadas ni tumefactas.

Pruebas complementarias

Hemograma: leucocitos: 13.200/μL (fórmula normal), hemoglobina: 13,6 g/dl, hematocrito: 41,3%, VCM: 85,5 fL, plaquetas: 265.000/μL. Bioquímica: CK: 9.484 U/L (21-250), GOT: 373 U/L (20-57), GPT: 152 U/L (17-43), LDH: 1.236 U/L (110-295), proteínas totales: 7,3 g/dL, albúmina: 3,4 g/dL, resto normal. VSG: 27 mm/h, PCR: 2,9 mg/dL. Estudio de coagulación: normal. Sedimento de orina: normal. Inmunología: IgA: 210 mg/dL (40-250), IgG: 1.220 mg/dL (623-1581), IgM: 166 mg/dL (50-250). Complemento: C3: 98,5 mg/dL (86-184), C4: 22,9 mg/dL (16-47). Factor reumatoide < 20 UI/mL. ANA: positivo 1/160, anticuerpos anti-DNA: negativo. Anticuerpos frente a antígenos nucleares extraíbles negativos. Mantoux: 0 mm.

 

 

 

 

Fiebre reumática y artritis reactiva post-estreptocócica

J. Antón López*, J. Mosquera Angarita**
Temas de FC


J. Antón López*, J. Mosquera Angarita**

*Sección de Reumatología Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu. Profesor Asociado. Universitat de Barcelona. **Sección de Reumatología Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu

 

Resumen

La fiebre reumática aguda es causada por un proceso inflamatorio secundario a la infección por el Streptoccocus pyogenesβ-hemolítico del grupo A. Esta inflamación puede afectar a las articulaciones, cerebro, vasos sanguíneos y corazón. La afectación del corazón y, en especial, de las válvulas cardiacas marca el pronóstico a largo plazo de estos pacientes y es causa de la enfermedad reumática cardiaca. La fiebre reumática aguda, que fue un importante problema de salud hasta la aparición de los antibióticos, continúa siendo una importante causa de morbilidad y mortalidad en los países en vías de desarrollo; además, últimamente se ha observado un incremento en nuestro medio. Su diagnóstico se fundamenta en los criterios modificados de Jones y los criterios de la OMS. El tratamiento se basa en la administración de antibióticos para el control de la infección estreptocócica, AINES, en especial aspirina y, en algunas ocasiones, corticoides. Es muy importante la profilaxis secundaria; es decir, la prevención de los ataques recurrentes en pacientes con antecedentes de fiebre reumática aguda, que consiste en la administración periódica de penicilina intramuscular para evitar la progresión de la enfermedad cardiaca reumática.

 

Abstract

Acute rheumatic fever is caused by an inflammatory condition secondary to infection by Group A betahemolytic Streptococcus pyogenes. This inflammation can affect the joints, brain, blood vessels and heart. The affect on the heart, and especially of the heart valves, marks the long term prognosis of these patients and is a cause of rheumatic heart disease. Acute rheumatic fever, which was an important health program until antibiotics appeared, continues to be an important cause of morbidity and mortality in developing countries. Furthermore, an increase has recently been observed in our setting. Its diagnosis is based on the modified criteria of Jones and the WHO criteria. Treatment is based on the administration of antibiotics for the control of streptococcal infections, NSAID, especially aspirin, and sometimes corticosteroids. Secondary prophylaxis is very important, that is, the prevention of recurrent attacks in patients with a history of acute rheumatic fever. The prophylaxis consists in the periodic administration of intramuscular penicillin to avoid progression of rheumatic heart disease.

 

Palabras clave: Fiebre reumática; Enfermedad cardiaca reumática; Estreptococo; Criterios de Jones

Key words: Rheumatic fever; Rheumatic heart disease; Streptococcus; Jones Criteria

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 196-206


Fiebre reumática y artritis reactiva post-estreptocócica

Introducción

La fiebre reumática aguda, causada por la respuesta inmune frente al estreptococo, continúa siendo un problema de salud a nivel mundial.

La fiebre reumática aguda (FRA) es una enfermedad caracterizada por un proceso inflamatorio que afecta a diferentes órganos del cuerpo. Es una de las pocas enfermedades reumáticas cuyo agente causal ha sido identificado, el Streptococcus pyogenes β-hemolítico del grupo A. Los individuos susceptibles presentan una respuesta inmunológica exagerada frente a este agente infeccioso y desarrollan una enfermedad inflamatoria que puede afectar al corazón, articulaciones, cerebro, vasos sanguíneos y tejido subcutáneo. Aunque el proceso agudo causa una considerable morbilidad y cierta mortalidad, la mayor implicación clínica deriva de la lesión a largo plazo por la enfermedad cardiaca reumática (ECR) y, en concreto, por la afectación de las válvulas cardiacas. Con la extensión del acceso a los tratamientos antibióticos en los países desarrollados, la incidencia de esta enfermedad descendió significativamente; no obstante, hay que tener en cuenta que la fiebre reumática continúa siendo un problema de salud pública de primer orden en países pobres y en vías de desarrollo y que, en los últimos años, se ha producido un aumento de su incidencia en los países desarrollados.

Epidemiología

Un 60% de los individuos que presentan una fiebre reumática aguda desarrollarán una enfermedad cardiaca reumática.

Según datos del año 2010, aproximadamente 34,2 millones de personas presentaban ECR, y se atribuían 345.110 muertes al año y 10,1 millones de años de discapacidad ajustados perdidos por causa de la fiebre reumática, siendo el más importante determinante cardiovascular en este aspecto para población entre 10 y 14 años. Se considera la novena causa de mortalidad relacionada con infección en humanos y es aún, hoy día, la cardiopatía prevenible más frecuente en la infancia.

Estudios mediante ecocardiografías seriadas han mostrado una incidencia de ECR del 2-3% en niños de edad escolar de Camboya y Mozambique. Así mismo, un 89,5% de los problemas cardiacos asociados con el embarazo y hasta un 1/3 de las necropsias de madres egipcias muertas en el momento del parto, mostraban signos de afectación a largo plazo debida a la FRA.

La incidencia en algunos países en desarrollo, es superior a 50 por 100.000 niños, habiéndose observado, en la actualidad, la incidencia más alta en algunos indígenas de Australia y Nueva Zelanda. En cambio, entre la población no aborigen de Nueva Zelanda, las cifras son inferiores a 10 por 100.000 niños, siendo estos datos, del año 2000, de los más recientes en poblaciones industrializadas; ya que, muchos de los estudios en estas poblaciones se realizaron en los años 60 y 70.

La prevalencia de ECR en niños de 5 a 14 años es más alta en el África subsahariana (5,7 por 1.000), las poblaciones indígenas del Pacífico y de Australia y Nueva Zelanda (3,5 por 1.000), Asia central y del sur (2,2 por 1.000); mientras que, en los países desarrollados cae a 0,5 por 1.000. Se ha notado una asociación entre la inequidad social y la prevalencia de ECR, y se han descrito al hacinamiento, pobre higiene y acceso limitado al servicio de salud como determinantes principales.

La FRA es una enfermedad rara entre los niños más pequeños, solo el 5% de los episodios se presentan en menores de 5 años, siendo prácticamente desconocida en menores de 2 años. Los primeros episodios de FRA se producen justo antes de la adolescencia, y disminuyen al final de la segunda década de la vida, haciéndose de nuevo muy raros en mayores de 35 años. La ECR tiene un pico de incidencia entre los 25-34 años, reflejando episodios de FRA en años previos.

Existen diferencias entre grupos raciales y étnicos; así, por ejemplo, en Nueva Zelanda, es más frecuente entre los maoríes que entre la población no-maorí de similar estado socioeconómico y, en Estados Unidos, se ha descrito como más prevalente entre los afro-americanos e hispanos que entre la población caucásica.

No parece haber diferencias entre hombres y mujeres, pero algunos estudios han sugerido una mayor incidencia de ECR y corea de Sydenham en mujeres, aunque no está claro si estos datos se relacionan con una susceptibilidad innata, por una mayor exposición al estreptococo del grupo A por estar las mujeres más implicadas en el cuidado de los niños, o por tener estas un acceso médico más limitado que los hombres en algunas culturas y sociedades(1-8).

Patogénesis

En individuos genéticamente predispuestos, la infección estreptocócica desencadena una respuesta inmune causante de la lesión en corazón, vasos, articulaciones y cerebro.

La FRA es una complicación de la faringoamigdalitis causada por el estreptococo del grupo A (EGA), aunque solo un 0,3-3% de las personas previamente sanas expuestas a la infección desarrollarán una FRA. Existen factores dependientes de las características del microorganismo (agente etiológico), del individuo (predisposición genética) y de la respuesta inmune.

Agente etiológico

El estreptococo β hemolítico se divide según Lancefield en 20 serotipos diferentes (A a H y K a V), basándose en las diferencias inmunoquímicas de los polisacáridos de su pared celular. El EGA es el patógeno bacteriano más frecuentemente asociado con la faringoamigdalitis y el único miembro de este grupo de estreptococos que puede iniciar una FRA. Otros agentes infecciosos, como los virus Coxsackie B, el virus del sarampión y, recientemente, el virus del herpes simple tipo I, han sido implicados como agentes causales o como cofactores. No obstante, ninguno ha sido confirmado.

Históricamente, se habían postulado tres posibles vías patogénicas por las cuales el estreptococo podía explicar la FRA:

1. Infección directa.

2. Efecto de una toxina estreptocócica (principalmente, estreptolisina O).

3. Efecto de un mimetismo antigénico asociado o no a una respuesta inmune alterada.

Esta última hipótesis es la más sólida, considerándose en la actualidad que la FRA es una enfermedad autoinmune y probablemente, en parte, resultado de la producción de anticuerpos autorreactivos frente a epítopos bacterianos específicos en un huésped susceptible.

La membrana del estreptococo está compuesta por lipoproteínas, uno de cuyos componentes fundamentales es un peptidoglicano; integrado en él, está un polisacárido que determina la especificidad del serogrupo y que parece compartir ciertos determinantes antigénicos con un glicopéptido presente en el tejido de la válvula mitral. Finalmente, atravesando la pared celular y extendiéndose al exterior se encuentra la proteína M, una proteína con una estructura α helicoidal con un extremo carboxi-terminal anclado en la pared celular y un extremo amino-terminal hipervariable que le confiere al EGA su especificidad antigénica. La importancia patogénica de la proteína M se apoya en datos que indican que varios epítopos de esta proteína presentan antigénicamente reactividad cruzada con el miocardio humano, miosina y el tejido cerebral, lo que lleva a la inflamación. También, se conoce que producen efectos anti fagocitosis, facilitan la supervivencia del EGA en los neutrófilos en tejidos y fluidos humanos y que inducen una formación pronunciada de anticuerpos(2-3).

Datos epidemiológicos asociando brotes de faringoamigdalitis causados por un limitado número de serotipos M y seguidos por brotes de FRA, llevaron a describir ciertos serotipos M como reumatogénicos (subtipos del gen emm que codifica para la proteína M 1, 3, 5, 6, 11, 12, 14, 17, 18, 19, 24, 27, 29, 30, 32 y 41); no obstante, otros datos epidemiológicos han mostrado cómo serotipos M clásicamente reumatogénicos no están presentes en ciertas comunidades con cifras altas de FRA y ECR(3,8).

Se han hecho otros intentos para diferenciar entre cepas reumatogénicas y no reumatogénicas; así, por ejemplo, estudios en países desarrollados diferenciaron las cepas de EGA encontradas en la faringe de aquellas encontradas en la piel, clasificando in vitro en dos grupos antigénicos, clases I y II. Asociándose preferentemente las cepas clase I con la FRA, y la clase II con la glomerulonefritis postestreptocócica. No obstante, otros estudios en poblaciones tropicales y subtropicales no mostraron una asociación definitiva ni con la clase ni tan siquiera con el sitio de infección. Así, en algunas comunidades, serían las lesiones cutáneas estreptocócicas y no la faringoamigdalitis por EGA las responsables de la FRA. La “reumatogenicidad” de cada cepa parece ser variable, dependiendo del diseño del estudio, año de investigación, estación del año, país, edad y género del paciente(3).

En la patogénesis de la artritis, el componente celular del EGA que se ha implicado es el hialurónico y la N-acetil-glucosamina de la cápsula; mientras que, en la afectación de los ganglios de la base (caudado y putamen), se ha implicado un fenómeno de mimetismo molecular con las lipoproteínas del protoplasma del EGA, reactividad cruzada entre las células de la superficie neuronal y los epítopos de N-acetil glucosamina y lisogangliósido, y los receptores de dopamina(2,5,9,10).

Predisposición genética

La búsqueda de marcadores genéticos ha mostrado cómo algunos antígenos asociados a los leucocitos humanos (HLA, human leukocyte-associated antigen) de clase II son más frecuentes en algunas poblaciones. Las moléculas HLA de clase II participan en la presentación de antígenos al receptor de las células T y, por lo tanto, en el desencadenamiento de las respuestas inmunes celular y humoral. Entre los alelos HLA de clase II descritos, el HLA-DR7 está entre los más consistentemente asociados con la ECR. La asociación de DR7 con diferentes alelos DQ-B o DQ-A parece implicada en el desarrollo de múltiples lesiones valvulares o la regurgitación mitral en estos pacientes. No obstante, hay que tener en cuenta que las asociaciones de HLA con aparente susceptibilidad o protección frente a la FRA y la ECR se han mostrado variables dependiendo de las poblaciones sujetas a estudio; aun así, más de 30 alelos de genes HLA clase II se han visto relacionados con cardiopatía reumática.

Otras asociaciones se han descrito, como: la correlación con aquellos genotipos que expresan niveles circulantes aumentados de MBL (mannose-binding lectin), los polimorfismos del gen TGF-β1 (transforming growth factor-β1), TNF (tumoral necrosis factor), los polimorfismos de genes de inmunoglobulinas o los aloantígenos de células B (concretamente, el D8/17)(2,11).

Respuesta inmune

La respuesta inmunológica inflamatoria que causa la FRA no se conoce aún por completo, pero parece desencadenada por la similitud molecular entre epítopos del EGA y algunos tejidos humanos (miocardio, tejido sinovial y ganglios basales) en individuos susceptibles. El mimetismo molecular dirige la respuesta inmunológica y los anticuerpos reactivos activan el proceso inflamatorio en los tejidos. Parece también haber una hiperrespuesta en algunos pacientes, asociado con una función alterada de linfocitos T efectores y colaboradores.

No está del todo claro, si la afectación valvular inicial es debida a una lesión inmunológica mediada por células o por anticuerpos anti-estreptocócicos. No obstante, una vez activado el endotelio valvular, la válvula es infiltrada por las células T, que reconocerían la proteína M del EGA, la miosina cardiaca, así como otras proteínas del tejido valvular.

El parecido estructural e inmunológico entre la proteína M y la miosina es fundamental para la aparición de la carditis reumática. Durante el habitual recambio celular del tejido cardiaco, las células T se sensibilizarían frente a la miosina, que normalmente está protegida frente a la respuesta inmune al ser intracelular. No obstante, la miosina no está presente en las válvulas cardiacas, lugar preferente de afectación para la ECR; por lo que, se considera que podrían ser otras proteínas, como: laminina, vimentina, tropomiosina o queratina, las que serían reconocidas por las células T dirigidas contra la miosina y la proteína M. Los linfocitos T CD4+ serían los principales efectores causantes de la lesión en el tejido cardiaco, acentuándose la respuesta inmune por la liberación de citoquinas proinflamatorias, como el TNFα y el interferón β, IL – 6 y 8(6,11,12).

De manera resumida, parece que se producen anticuerpos durante la fase aguda de la infección contra el antígeno del carbohidrato de N-acetil-glucosamina, laminina y proteína M. Estos anticuerpos reactivos inician la enfermedad reaccionando contra algunas proteínas cardiacas y el epitelio de las válvulas cardiacas, desencadenando una cascada inflamatoria inicialmente mediante la activación de VCAM 1, permitiendo a los linfocitos T específicos dirigidos contra los epítopes comunes a la miosina cardiaca y la proteína M entrar al tejido, favorecer la migración de monocitos y macrófagos, desencadenando la formación de los cuerpos de Aschoff. Se crea entonces un ambiente proinflamatorio que, en individuos genéticamente predispuestos, rompe el balance existente. Se trata de una respuesta Th1 que induce cicatrización de la válvula. Este tejido cicatricial es susceptible de neovascularización, favoreciendo: la progresión y la deformidad irreversible de la válvula, cuerdas tendinosas y disfunción cardiaca. La exposición repetida a EGA parece llevar a modificaciones postranslacionales que llevan a formación de neoantígenos cardiacos y al fenómeno de diseminación de epítopos, que perpetúa la inflamación y el daño cardiaco(2,6,11,12).

Anatomía patológica

Los cuerpos de Aschoff son lesiones características de la carditis en los pacientes con fiebre reumática aguda.

La inflamación que se produce en la FRA es el resultado de una vasculitis difusa que afecta los vasos más pequeños y que se caracteriza por la proliferación de células endoteliales. El proceso de vasculitis se refleja en el eritema marginado, y la inflamación del colágeno se observa en la artritis, valvulitis y pericarditis. La sinovitis de la FRA se caracteriza por un infiltrado de células mononucleares con degeneración fibrinoide, respetándose el cartílago. La anatomía patológica de la carditis muestra una inflamación, reacción exudativa y proliferativa que se caracteriza por cambios edematosos seguidos por un infiltrado de linfocitos, preferentemente CD4, células plasmáticas y algunos granulocitos. Posteriormente, se forman los cuerpos de Aschoff, que son patognomónicos de la carditis reumática y que se observan en cualquier zona del miocardio, pero no en otros tejidos. Estos cuerpos de Aschoff consisten en un infiltrado perivascular de células grandes con núcleos polimorfos y citoplasma basófilo situados en rosetón alrededor de un centro avascular fibrinoide. El edema tisular y los infiltrados celulares caracterizan la afectación valvular, que puede afectar el borde de las valvas y las cuerdas tendinosas. La inflamación persistente causa la fibrosis y la calcificación de las válvulas ocasionando una estenosis.

En la corea de Sydenham, se afectan los ganglios basales, donde se ha visto infiltración celular y pérdida neuronal.

Clínica

Según el aforismo médico, la fiebre reumática aguda “lame las articulaciones y muerde el corazón”. Así la artritis, que es típicamente migratoria y afecta a grandes articulaciones, es muy dolorosa, pero no deja secuelas; mientras que, la afectación cardiaca, a pesar de su poca expresividad clínica inicial, puede causar una lesión valvular crónica.

Las principales manifestaciones clínicas se incluyen entre los Criterios de Jones. Los mayores son: artritis, carditis, corea de Sydenham, eritema marginado y nódulos subcutáneos; y los menores son: artralgias, fiebre, aumento de los reactantes de fase aguda e intervalo PR alargado. No obstante, hay que tener en cuenta que estos criterios son solo una guía diagnóstica. Existen excepciones en el escenario de corea de Sydenham, carditis altamente sugestiva o indolente que no requerirán cumplir todos los criterios el diagnóstico. Por último, recordar que están concebidos para el primer episodio; por ende, los criterios no tienen el mismo rendimiento para el diagnóstico de recurrencias de la enfermedad.

Artritis

La artritis está presente en un 70% de los pacientes. Es la más común de las manifestaciones mayores, pero es poco específica, pues está presente en muchas otras enfermedades reumáticas, siendo una causa frecuente de diagnósticos erróneos. La artritis de la FRA presenta, no obstante, una serie de características que permiten ayudar a su diferenciación.

La artritis afecta principalmente a grandes articulaciones (rodillas, tobillos, muñecas, codos); mientras que, las articulaciones pequeñas periféricas o el esqueleto axial se afectan muy raramente. La artritis es característicamente migratoria y aditiva, inicialmente es una monoartritis que se hace poliarticular; a pesar de que, recientemente, se ha descrito la monoartritis persistente asociada a la FRA. Para la nueva revisión de los criterios, la monoartritis puede considerarse un criterio mayor en poblaciones de alto riesgo, así como la poliartralgia podrá ser considerada criterio mayor en determinados escenarios y tras exclusión de otras causas más frecuentes.

Los síntomas en una articulación pueden desaparecer en unas horas para aparecer en otra articulación, con una duración total aproximada de 4 semanas. Los signos clásicos de tumefacción, eritema, calor y dolor están presentes, siendo el dolor el más importante, está presente en reposo y aumenta con los movimientos. Clásicamente, se ha descrito una rápida respuesta a los salicilatos(2,4,13).

Carditis

La afectación cardiaca aparece en alrededor del 50% de los pacientes, hasta en el 70%, si se utiliza la ecocardiografía, siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad. La carditis aparece unas 3 semanas después de la infección por el EGA, usualmente aparece junto con otros signos, como la artritis. Si no está presente al inicio de la artritis, suele aparecer al cabo de una semana de esta. La capa más frecuentemente afectada es el endocardio (valvulitis), aunque también se puede afectar el pericardio y, en menor grado, el miocardio (si bien, la afectación de este es más discutida). Se ha descrito en menos del 5% una pancarditis, afectación de todas las capas cardiacas, complicación con mal pronóstico.

Se desconoce exactamente cuáles son los factores que determinan la progresión de FRA a ECR, pero están probablemente relacionados con: la severidad de la carditis inicial, magnitud de la respuesta inmunológica del sujeto, episodios recurrentes de fiebre reumática, éxito de las pautas profilácticas de penicilina y factores hemodinámicos locales, que podrían perpetuar la lesión valvular(14).

La endocarditis, que está siempre presente, afecta principalmente al tejido valvular y puede causar una insuficiencia valvular. La válvula mitral es la que se afecta con más frecuencia, un 65% de los pacientes presentan afectación aislada de la válvula mitral. La válvula aórtica se afecta de manera aislada en un 6%. Un 29% de pacientes presentan afectación simultánea mitral y aórtica. La afectación de las válvulas pulmonar y tricúspide es muy poco frecuente. En fases crónicas de la ECR, pueden aparecer estenosis de las válvulas mitral y aórtica. La mayoría de los pacientes con afectación valvular se presentan inicialmente con insuficiencia mitral de severidad variable, aquellos con afectación severa suelen permanecer afectados y algunos desencadenan estenosis valvular por fusión de comisuras, engrosamiento de las valvas y enfermedad subvalvular(2,5,14).

El soplo de insuficiencia mitral es de alta frecuencia, suave, holosistólico y de predominio apical, irradiando a la axila izquierda. En casos de insuficiencia mitral severa, se puede oír el soplo de Carey-Coombs, un soplo protodiastólico mitral, de baja frecuencia, que es un signo de la estenosis mitral relativa funcional por hiperaflujo diastólico. El soplo de insuficiencia aórtica es de alta frecuencia, diastólico y se oye mejor con el diafragma del estetoscopio sobre el tercer espacio intercostal izquierdo (foco de Erb o segundo foco aórtico). En casos de insuficiencia aórtica leve, el soplo es apenas perceptible; mientras que, en casos de insuficiencia aórtica severa, es fuerte y puede acompañarse de un frémito diastólico.

La miocarditis se produce en una primera fase de la afectación cardiaca. Clínicamente, se puede observar taquicardia en reposo en un paciente afebril, bloqueo cardiaco, arritmias, y un intervalo PR alargado en el electrocardiograma. Un 5% de los pacientes pueden presentar un fallo cardiaco agudo asociado a la FRA, secundario a una miocarditis o una insuficiencia valvular.

Existe controversia sobre si la afectación cardiaca subclínica, detección de lesiones valvulares típicas por ecocardiografía, pero sin la presencia de soplos cardiacos de insuficiencia mitral o aórtica a la exploración, debería ser incluida o no como un criterio diagnóstico. En algunos estudios de pacientes con detección accidental de afectación valvular sugestiva de ECR, se ha hecho seguimiento sin haber recibido tratamiento, encontrando regresión o disminución de la afectación valvular hasta en el 33%, estabilidad de las lesiones hasta en el 68%, deterioro de las lesiones hasta en el 8% y, también, se ha encontrado que algunos pacientes detectados ecocardiográficamente, finalmente tuvieron una afectación clínica(6,15).

Los Criterios de Jones actualizados incluyen la afectación subclínica dentro del criterio de afectación cardiaca. El comité de la OMS reconoce que la ecocardiografía puede ser usada para el diagnóstico de la carditis reumática subclínica aguda y la carditis reumática crónica silente y que, por tanto, estas lesiones deben ser tratadas como una ECR.

En 2012, se publicaron las guías basadas en la evidencia de la World Heart Federation(WHF), con los criterios para el diagnóstico ecocardiográfico de la ECR. Definieron 3 categorías para los menores de 20 años: ECR definida, ECR dudosa y normal, con 4 subcategorías para la ECR definida y 3 para la ECR dudosa. Se definieron también unos criterios para la regurgitación mitral y aórtica patológicas. Por otra parte, se definieron también unos criterios ecocardiográficos definitivos para mayores de 20 años(16,17).

En la última revisión de la AHA (American Heart Association), a manera de recomendación, se ha postulado(4):

• Realizar ecocardiografía con doppler en todos los casos de fiebre reumática aguda sospechada o confirmada (clase I, grado de evidencia B).

• Considerar realizar ecocardiografía doppler seriada en cualquier paciente con diagnóstico o sospecha de FRA, incluso sin haber documentado carditis al diagnóstico (clase IIa, grado de evidencia C).

• Realizar ecocardiografía doppler para valorar presencia de carditis en ausencia de hallazgos auscultatorios, particularmente en poblaciones de moderado y alto riesgo (clase I, grado de evidencia B).

• Los hallazgos de ecocardiografía no consistentes con carditis deben excluir el diagnóstico en pacientes con soplo en los que se había sospechado carditis reumática (clase I, grado de evidencia B).

Corea de Sydenham

Se observa en un 15% de los pacientes. El periodo de latencia entre la infección por EGA y el inicio de los síntomas es más largo que con las otras manifestaciones de la FRA y suele aparecer entre los 2-4 meses (1-6 meses); si bien, se han descrito casos hasta 12 meses después de la infección. Los síntomas se resuelven espontáneamente en 2 o 3 semanas; si bien, algunos casos pueden persistir por meses e incluso años.

La corea se caracteriza por unos movimientos involuntarios, sin propósito, arrítmicos y clónicos, y que normalmente son simétricos y sin coordinación muscular. Estos movimientos son más frecuentes en la cara, tronco y extremidades distales, y desaparecen durante el sueño. Puede observarse: hipotonía, alteración de la marcha, incoordinación, pérdida del control motor fino, muecas faciales o fasciculaciones de la lengua (signo de la lengua de gusanos). Otros signos que pueden observarse son: el pronador (la extensión de las manos por encima de la cabeza lleva a la pronación de la mano), el signo del ordeñador (al pedir que se aprieten los dedos del examinador se notan contracciones irregulares de los músculos de las manos) o el de la cuchara (al pedir que se extiendan las manos anteriormente se hiperextienden los dedos). El habla se puede ver afectada, con disartria, habla explosiva, paradas bruscas y cambios de tono. También, pueden observarse cambios de carácter, incapacidad para concentrarse y labilidad emotiva(4,13).

Eritema marginado

Se observa en menos del 2-6% de los pacientes. Se caracteriza por la presencia de un exantema macular no pruriginoso con un borde serpiginoso eritematoso, que se exacerba con el calor. Las lesiones tienen un diámetro de 0,4 cm y se localizan habitualmente en el tronco y la parte proximal de las extremidades(4,13).

Nódulos subcutáneos

En la actualidad, se observan en menos del 1-5% de los pacientes. Eran más frecuentes en pacientes que desarrollaban una ECR y eran un signo de severidad de la afectación de esta. Se localizan en las zonas de extensión de las articulaciones, sobre las prominencias óseas y las vainas de los tendones, principalmente de codos, rodillas, tobillos, nudillos y, ocasionalmente, en el occipucio y columna vertebral. El tamaño es de 0,5 a 2 cm, la piel por encima es normal, y son duros, no dolorosos, fácilmente movibles y desaparecen en un mes sin dejar secuela. Clínica e histológicamente, se parecen a nódulos reumatoides benignos(4,13).

Criterios menores

La fiebre se presenta durante la fase aguda de la enfermedad y suele ser de 38,5-40°C, su severidad y duración pueden variar. Las artralgias, dolor articular sin signos objetivables de inflamación, deben diferenciarse de las artritis. El aumento de los reactantes de fase aguda (velocidad de sedimentación globular o proteína C reactiva) está presente durante la fase aguda de la enfermedad y es un signo de la inflamación de los tejidos. El intervalo PR alargado es también un criterio menor, y no se correlaciona con la aparición de ECR crónica(4,13).

Diagnóstico

El diagnóstico de la fiebre reumática aguda se basa en los criterios modificados de Jones y en los criterios de la OMS.

En 1944, se propusieron los criterios de Jones que, posteriormente, fueron modificados (1956), revisados en 2 ocasiones (1965 y 1984) y actualizados por la AHA por última vez en 2015 (Tabla I).

Cada revisión ha ido aumentando la especificidad, pero disminuyendo la sensibilidad. Esto tiene sentido en países desarrollados, donde la FRA tiene una incidencia muy baja, pero puede no ser aplicable en países con alta incidencia; por lo que, la OMS propuso unos criterios en 2002-2003 que permiten el diagnóstico de FRA recurrente en pacientes con ECR (Tabla II), es por esto que el último esfuerzo de la AHA es incrementar la sensibilidad diagnóstica diferenciando criterios para poblaciones de alta y baja prevalencia(4).

El cultivo de faringe positivo para el EGA está presente en menos del 30% de los pacientes, dado el intervalo existente entre la infección por el EGA y el inicio de los síntomas, aunque esto no excluye el diagnóstico. Se han identificado múltiples anticuerpos contra el estreptococo, pero los más comúnmente utilizados son los anticuerpos contra la estreptolisina (ASLOS), aunque solo un 85% de los pacientes con FRA presentan un aumento de los ASLOS. El uso de los anticuerpos contra la de­soxirribonucleasa B (los anti-DNAasa B) permite evidenciar la infección previa por el EGA en aquellos pacientes en que el título de ASLOS no ha sido concluyente. La combinación de ambos anticuerpos permite demostrar un aumento, al menos, en uno de los dos en un 90% de los pacientes. Sin embargo, hay que remarcar que, por sí solos, ni los ASLOS ni los anti-DNAasa B son diagnósticos de FRA; de hecho, pueden ser normales en los pacientes con ECR crónica o corea de Sydenham. Es importante destacar que las pruebas de detección rápida para estreptococo en faringe (faringotest) tienen una sensibilidad suficientemente alta, por lo que podría no ser necesario el obtener un cultivo de faringe en los resultados negativos. Podrían llegar a dejarse de diagnosticar hasta un 14% de faringitis por EGA que podría considerarse un nivel de riesgo aceptable en países de baja prevalencia, sin embargo, esta decisión queda a discreción médica.

Es de mención que en la carditis reumática aguda, los niveles de troponina I no aumentan, a diferencia de lo que se observa en otras lesiones miocárdicas.

La ecocardiografía permite diagnosticar la afectación valvular, la presencia o no de líquido pericárdico y, también, la existencia o no de miocarditis, al valorar la contractilidad cardiaca. Los criterios actuales de la WHF permiten evidenciar: presencia y severidad de la regurgitación valvular, cambios morfológicos de la válvula y estimación doppler de la magnitud de la regurgitación. Se han definido como hallazgos morfológicos sugestivos de afectación reumática: engrosamiento de las valvas, engrosamiento del aparato subvalvular, acortamiento de las cuerdas tendinosas, fusión de las comisuras, calcificación y restricción al movimiento de las valvas.

El electrocardiograma permite confirmar las arritmias y bloqueos durante la fase de inflamación miocárdica aguda(4,5,18).

Diagnóstico diferencial

Son varias las enfermedades que entran en el diagnóstico diferencial de la FRA y la ECR. En la tabla III, se han agrupado las más importantes según las manifestaciones clínicas: poliartritis y fiebre, carditis y corea.

Es de destacar que algunos pacientes con corea de Sydenham son erróneamente diagnosticados como un problema de conducta, un trastorno de déficit de atención-hiperactividad o un tic. Mención especial merece, la artritis reactiva post-estreptocócica, que se describe al final de este artículo con más detenimiento(4).

Tratamiento

El tratamiento profiláctico con penicilina intramuscular es fundamental para la prevención de la enfermedad cardiaca reumática.

El tratamiento de la FRA está basado en la erradicación del estreptococo, el tratamiento del proceso inflamatorio y la profilaxis con antibióticos a largo plazo.

Erradicación del estreptococo

La penicilina es el agente de elección, la vía intramuscular (penicilina benzatina) parece más efectiva en aquellos pacientes con afectación cardiaca, otras posibilidades son: la penicilina oral (penicilina V) o la amoxicilina. Se han propuesto también las cefalosporinas de primera generación y los macrólidos, aunque hay que tener en cuenta la aparición de resistencias a estos últimos (Tabla IV).

Aunque el cultivo o test de detección rápida faríngeo sean negativos, se deben dar antibióticos anti-estreptocócicos ante un episodio de FRA. Por otra parte, la OMS recomienda, en aquellas zonas con altas tasas de FRA y sin acceso a laboratorios con test de detección rápida, considerar dar antibiótico a los pacientes entre 5-15 años de edad que presenten un cuadro faringoamigdalar.

Tratamiento de las manifestaciones clínicas

La aspirina, a 80-100 mg/kg/día en 4 dosis, permite controlar la fiebre, artritis y artralgias. El tratamiento inicial es de 4 a 8 semanas, dependiendo de la respuesta clínica y, posteriormente, se disminuye de manera progresiva hasta la suspensión en 4 semanas más. La artritis en la FRA responde exquisitamente ante los salicilatos, hasta el punto de que, clásicamente, se ha descrito que en aquellos pacientes con artritis por sospecha de FRA, la falta de respuesta a los salicilatos a los 5 días debería hacer replantear el diagnóstico. El naproxeno también se ha utilizado en algunas series y en un estudio randomizado. A pesar de lo anteriormente expuesto, no se ha demostrado que la administración de aspirina reduzca la incidencia de ECR.

Los corticoides reducen de manera significativa la respuesta inflamatoria en la FRA, especialmente la fiebre y los reactantes de fase aguda. A pesar de que, al igual que con la aspirina, no existen estudios que muestren la reducción de la lesión valvular cardiaca al comparar con placebo; se ha propuesto que su administración permitiría una mejoría más rápida en casos de afectación cardiaca severa. Así, en casos de carditis severa (p. ej., fallo cardiaco, pancarditis y riesgo vital) se sugiere administrar prednisona 2 mg/kg/día, máximo de 80 mg/día, en una sola dosis matutina, durante 3-4 semanas, con reducción posterior durante 6-8 semanas. Una semana antes de terminar los corticoides, se recomienda administrar aspirina, a 80-100 mg/kg/día en 4 dosis, durante 4-8 semanas, reduciéndolos posteriormente durante 4 semanas más, con el objetivo de evitar el rebote de los síntomas inflamatorios y el aumento de los parámetros de inflamación. En casos de carditis leve o moderada, se recomienda simplemente el tratamiento con aspirina.

Durante mucho tiempo, se había propuesto el reposo prolongado en la cama como uno de los pilares del tratamiento. Actualmente, se tiende a recomendar que se restrinja la actividad física tan solo hasta que los parámetros de inflamación se normalicen, reiniciándola de manera progresiva posteriormente.

La VSG y, en especial, la PCR, permiten controlar la evolución de la respuesta inflamatoria en estos pacientes.

La ecocardiografía permite controlar la evolución de la carditis, así como decidir en qué momento es recomendable la corrección quirúrgica de las lesiones valvulares. En los casos en que la corrección quirúrgica está indicada (adultos con insuficiencia mitral severa, función del ventrículo izquierdo muy reducida…), se recomienda, si es posible, la reparación de la válvula dañada frente a la sustitución por una válvula protésica.

Las manifestaciones leves de la corea no precisan tratamiento antiinflamatorio, se recomienda solamente reposo y evitar los factores de estrés físico y emocional. En caso de síntomas más severos, se ha propuesto la administración de anticonvulsivantes (un pequeño estudio muestra mejor respuesta con la administración de valpróico que con carbamazepina) o haloperidol. Se ha sugerido que la administración de gammaglobulinas podría acelerar la curación de estos pacientes, a pesar de que no parece que estas mejoren el pronóstico cardiaco en los pacientes con FRA(8,19).

Profilaxis

La prevención primordial hace referencia a las medidas encaminadas a optimizar el estado socio-económico, hacinamiento, nutrición, atención médica y educación pública.

El objetivo planteado por la WHF es reducir en 25% el número de muertes prematuras por ECR en menores de 25 años para el año 2025, mediante la promoción de 5 áreas específicas: programas de control basados en registros, acceso global a penicilina benzatina, identificación y desarrollo de figuras públicas, como campeones de la ECR”, expansión de centros de formación en ECR y apoyo para el desarrollo de vacunas(1,5,16).

La prevención primaria de la FRA se basa en el tratamiento antibiótico de la faringitis sintomática causada por el EGA (Tabla IV)(20); no obstante, en los países en vías de desarrollo, no se ha podido establecer una estrategia práctica que permita la prevención primaria. En la actualidad, existen diversas vacunas en estudio contra el EGA, se ha completado en adultos una multivalente en fase II, basada en algunos serotipos M con evidencia de seguridad e inmunogenicidad, y existen otras en desarrollo, aunque no se prevé su introducción en la práctica en un futuro cercano. La falta de éxito en el desarrollo de la vacuna se ha atribuido al riesgo potencial de inducción de ECR y dificultades para la cobertura del gran número de serotipos M. Otras dianas vacunales potenciales como la C5a peptidasa, proteína fijadora de fibronectina y pili del EGA, también se encuentran en estudio(2,11).

La prevención secundaria, es decir, la prevención de los ataques recurrentes en pacientes con FRA, es la única medida que se ha mostrado coste-efectiva en prevenir la ECR. La administración de antibióticos a largo plazo en pacientes con antecedentes de FRA o ECR permite reducir las recaídas y, por tanto, prevenir nuevos episodios de FRA, así como la aparición o el desarrollo de ECR. En general, se recomienda la administración intramuscular de penicilina benzatina cada 4 semanas. No obstante, las concentraciones en sangre descienden a partir de la segunda semana, por lo que se recomienda reducir el intervalo a cada 3 semanas en aquellos pacientes que, a pesar de una correcta profilaxis, han presentado un nuevo episodio de FRA, o en aquellos con importante afectación cardiaca en los que se confirma una buena adherencia al tratamiento. Por otra parte, la duración de la profilaxis secundaria es un tema debatido y debe basarse en: la edad (la FRA es menos frecuente en mayores de 25 años y, rara, en mayores de 40 años), la existencia de ECR o cirugía valvular (un nuevo episodio puede agravar la lesión existente), la presencia de carditis en el episodio inicial (lo que acarrea un mayor riesgo en caso de nuevo episodio), el tiempo pasado desde el último ataque (pasados los 5 años, la recurrencia disminuye), el estado socio-económico (se ha descrito que la FRA es más frecuente en niveles socio-económicos bajos, probablemente debido a condiciones de hacinamiento), el riesgo de infección por EGA (que es superior en escuelas, barracones militares, albergues de juventud, casas con muchos niños…) y la evolución de los controles ecográficos de la ECR. Existen diferentes recomendaciones internacionales, en la tabla V se resumen la de la OMS del 2001, las de los Estados Unidos del 2009 y las australianas del 2012, con diferencias en función de la dosis por peso, el intervalo de dosis y la duración del tratamiento, según el grado de afectación cardiaca una vez alcanzada la remisión.

Cuando exista una duda razonable de diagnóstico, es prudente ofrecer 12 meses de profilaxis secundaria seguida de cuidadosa reevaluación de la historia clínica y hallazgos exploratorios sumado al control de ecocardiografía para definir la continuidad de la profilaxis(20).

Para disminuir el dolor asociado a la administración intramuscular de la penicilina benzatina, se recomienda permitir que la penicilina benzatina se caliente a temperatura ambiente, añadir 0,5-1 ml de lidocaína al 1%, aumentar el volumen a administrar (hasta 3,5 ml), utilizar agujas pequeñas (23G), permitir evaporar el alcohol antes de inyectar, presionar con el dedo en la zona a inyectar durante unos 10 segundos, y administrar muy lentamente (más de 2-3 minutos) mientras se distrae al paciente. También, se había propuesto para el control del dolor, la combinación de penicilina benzatina con penicilina procaína, no obstante, parece ser que esta combinación no permite obtener niveles adecuados para la profilaxis secundaria, por lo que no está indicada.

La profilaxis de la endocarditis bacteriana está indicada ante procedimientos quirúrgicos o dentales en los pacientes con ECR.

Pronóstico

La afectación cardiaca marcará el pronóstico a largo plazo, mientras que la artritis, la corea y el eritema marginado son autolimitados.

La morbilidad en la fiebre reumática se asocia fundamentalmente con la afectación cardiaca y el grado de lesión valvular, aunque el desarrollo de la cirugía cardiaca ha mejorado el pronóstico de esta complicación. La mortalidad es poco frecuente y se asocia fundamentalmente con cuadros de pancarditis en la fase aguda.

La artritis, la corea de Sydenham y el eritema marginado son autolimitados, y se resuelven sin dejar secuelas. En apoyo de la importancia de la profilaxis secundaria, se ha demostrado que hasta en un 80% de los pacientes que reciben de manera prolongada la profilaxis adecuada, los signos de afectación cardiaca pueden llegar a desaparecer.

Artritis reactiva postestreptocócica

La artritis reactiva postestreptocócica es aquella artritis causada por el estreptococo que no cumple los criterios diagnósticos para la fiebre reumática aguda.

Se define la artritis reactiva postestreptocócica (ARPE), como: aquella artritis de una o más articulaciones asociada a una infección reciente por el EGA en un paciente que no cumple los criterios de Jones para el diagnóstico de FRA. Para algunos autores, la ARPE formaría parte del espectro de la FRA, mientras que para otros, es una entidad diferente. Es destacable que se ha asociado con infección por estreptococo tanto del grupo A, como C y G. Representan hasta el 10% de los episodios de artritis en menores de 16 años.

En 1993, Deighton propuso las siguientes características de la ARPE que servirían para distinguirla de la FRA:

1. Inicio de los síntomas en los primeros 10 días desde el comienzo de la infección por EGA, versus las 2 o 3 semanas observadas en la FRA.

2. Artritis de evolución prolongada y/o recurrente, en contraste con la FRA, en que la artritis es migratoria y dura entre pocos días y unas 3 semanas.

3. Respuesta lenta y parcial a la aspirina, mientras que en la FRA la respuesta es rápida y espectacular.

En 1997, Ayoub y Ahmed hicieron una propuesta de criterios diagnósticos para la ARPE (Tabla VI).

El diagnóstico diferencial es similar al de la FRA.

Entre las manifestaciones clínicas, la faringitis se encuentra presente en un 66% de los pacientes, un 30% refieren febrícula y otro 30% pueden presentar un exantema no escarlatiniforme que precede al inicio de la artritis. Hasta un 50% de los niños, refieren rigidez matutina de duración variable. La artritis, presente en un 70-80% de los casos, puede ser simétrica o asimétrica, aditiva y no migratoria y afecta principalmente a las articulaciones de las extremidades inferiores, aunque hasta un 50% pueden presentar afectación de alguna articulación de las extremidades superiores. La afectación cardiaca, mucho más baja que en la FRA, es de alrededor del 6%.

Las pruebas de laboratorio muestran un recuento leucocitario normal. La VSG, en cambio, se encuentra elevada hasta en un 75% de los pacientes. Los títulos de ASLOS y anti-DNAasa B se encuentran elevados en el 88% y 80%. Por otra parte, dado el intervalo más corto entre la infección por el EGA y el inicio de los síntomas, estos pacientes presentan una mayor frecuencia de resultados positivos en el test de detección rápida y/o de cultivos faríngeos positivos para el EGA (75%) frente a los pacientes con FRA (1/3).

En la ARPE está indicado el tratamiento del episodio agudo de infección por EGA, así como el control de los síntomas con antiinflamatorios no esteroideos. No obstante, como ya se ha comentado, una de las características de la ARPE es que no se observa la rápida respuesta con la administración de aspirina descrita en la FRA.

La profilaxis antimicrobiana es objeto de discusión dada la baja incidencia de afectación cardiaca. Se ha propuesto el tratamiento por un mínimo de 1 o 2 años. Si al cabo de este tiempo no se han encontrado signos de afectación cardiaca, se podría suspender la profilaxis. Sin embargo, otros autores prefieren hacer el mismo tratamiento que para aquellos pacientes con FRA sin afectación cardiaca (5 años desde el último episodio o hasta los 18 años, lo que sea antes).

La evolución de la artritis en la ARPE es persistente, con una duración entre el inicio y la resolución de entre 5 días y 8 meses (media de 66 días)(19).

Función del pediatra de Atención Primaria

Su papel es cardinal en el abordaje inicial que permita la determinación de los hallazgos clínicos y analíticos sugestivos de fiebre reumática aguda, así como en la detección incidental de pacientes con enfermedad cardiaca reumática mediante auscultación de soplos cardiacos. Es indispensable que conozca: la fisiopatología, presentación clínica, criterios diagnósticos de fiebre reumática aguda, tratamiento adecuado de faringitis estreptocóccica y tratamiento, como prevención secundaria de fiebre reumática aguda. Debe conocer que unos ASLOS elevados aislados tienen poco valor para el diagnóstico de FRA o ECR. Debe apoyarse en el Cardiólogo pediatra para la confirmación ecocardiográfica de la sospecha de enfermedad cardiaca reumática y el seguimiento y tratamiento de las lesiones valvulares detectadas. Se sugiere consultar al reumatólogo pediatra para apoyar el diagnóstico de Fiebre reumática aguda y artritis reactiva postestreptocóccica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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Capítulo sobre la fiebre reumática y la artritis reactiva post-estreptocócica en el libro de referencia en Reumatología pediátrica. Extensa revisión y análisis en profundidad de la etiología, patogenia, manifestaciones clínicas y tratamiento.

Gewitz MH, Baltimore RS, Tani LY, Sable CA, Shulman ST, Carapetis J, et al. Revision of the Jones criteria for the diagnosis of acute rheumatic fever in the era of Doppler echocardiography a scientific statement from the American heart association. Circulation. 2015; 131(20): 1806-18.

Última revisión de la AHA con la actualización de los criterios revisados de Jones para el año 2015. Resalta la importancia del uso de la ecocardiografía.

Gerber MA, Baltimore RS, Eaton CB, Gewitz M, Rowley AH, Shulman ST, Taubert KA. Prevention of rheumatic fever and diagnosis and treatment of acute Streptococcal pharyngitis: a scientific statement from the American Heart Association Rheumatic Fever, Endocarditis, and Kawasaki Disease Committee of the Council on Cardiovascular Disease in the Young, the Interdisciplinary Council on Functional Genomics and Translational Biology, and the Interdisciplinary Council on Quality of Care and Outcomes Research: endorsed by the American Academy of Pediatrics. Circulation. 2009; 119: 1541-51.

Guías clínicas de la American Heart Association. Una de las guías de referencia a nivel mundial.

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Muy completa revisión de todos los tópicos relacionados, principalmente epidemiología y fisiopatología.

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Revisión extensa de una de las autoridades mundiales en fiebre reumática publicada en una de las más importantes revistas en medicina. Artículo clave con más de 200 citas bibliográficas.

Carapetis JR, Steer AC, Mulholland EK, Weber M. The global burden of group A streptococcal diseases. Lancet Infect Dis. 2005; 5: 685-94.

Importante artículo de revisión con datos sobre la epidemiología de la fiebre reumática.

Caso clínico

 

Ingresa por primera vez a su consulta un niño de 8 años, natural de España, procedente de otra comunidad autónoma, pero que recientemente vive en su ciudad, para una visita de seguimiento de rutina. En los antecedentes, la madre describe que no ha sufrido de ninguna enfermedad relevante, pero que recientemente le encontraron un soplo cardiaco, por lo que realizaron un ecocardiograma hace 2 semanas, en el que describe: insuficiencia mitral leve, sin cambios de engrosamiento en valvas ni cuerdas tendinosas, sin signos de calcificación. Sin otros hallazgos de importancia. Reinterrogando de manera dirigida, recuerda un episodio de faringoamigdalitis a los 5 años, se realizó un faringotest con resultado positivo y recibió tratamiento antibiótico con amoxicilina por 10 días en total. No recuerda episodios de artralgias ni artritis, lesiones cutáneas ni sintomatología neurológica. En la exploración física, se encuentra en buena condición general, con peso y talla adecuados para su edad. En la exploración cardiológica, se identifica un soplo sistólico, de predominio apical, irradiado hacia la axila izquierda. Sin otros hallazgos anormales.

Ante el cuadro descrito, usted decide solicitar estudios analíticos que informan:

Hemograma: hemoglobina: 13,2 g/dL, hematocrito: 39,6%, leucocitos totales: 9.800/mm3, neutrófilos: 56%, linfocitos: 40%, plaquetas: 316.000/mm3. VSG: 8 mm/h, PCR: menor a 0,2 mg/dL. Faringotest: negativo. ASLOS: 280 UI/mL.

Electrocardiograma: ritmo sinusal. Frecuencia: 88 latidos/minuto. Eje +60 grados. Intervalo PR 0,10 segundos.

 

 

Púrpura de Shönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

M.S. Camacho Lovillo*, M.J. Lirola Cruz**
Temas de FC


M.S. Camacho Lovillo*, M.J. Lirola Cruz**

*Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. **Instituto Hispalense de Pediatría

 

Resumen

Las vasculitis son un grupo de enfermedades heterogéneas caracterizadas por inflamación de los vasos sanguíneos. Su incidencia es baja en la infancia, a excepción de la púrpura de Schölein-Henoch (PSH) y la enfermedad de Kawasaki (EK). Existen ciertos hallazgos clínicos que deben hacer considerar la posibilidad diagnóstica de un cuadro de vasculitis: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas, neuropatía periférica y/o afectación multisistémica, especialmente renal, pulmonar o cardiovascular, de causa no determinada. Para establecer el diagnóstico, puede ser necesaria la realización de pruebas de imagen y biopsia de los tejidos afectos.
La PSH es la vasculitis más común en los niños y se caracteriza por un curso autolimitado en la mayoría de los casos. En aquellos pacientes en los que se acompaña de nefritis es, sin embargo, importante el seguimiento a largo plazo, debido al riesgo que existe de daño renal.
En los países desarrollados, la EK es la causa principal de enfermedad cardiaca adquirida en la edad pediátrica. Existen casos incompletos, más frecuentes en niños menores de un año, que tienen un mayor riesgo de desarrollo de aneurismas coronarios. El tratamiento con gammaglobulina intravenosa en los primeros 10 días de la enfermedad, disminuye de forma significativa la prevalencia de esta complicación.

 

Abstract

The vasculitis syndromes are a group of heterogeneous diseases characterized by inflammation of the blood vessels. Its incidence is low in childhood with the exception of Henoch Schönlein purpura (HSP) and Kawasaki disease (KD). In the presence of certain clinical features the possibility of an underlying vasculitic disease must be considered: prolonged fever of unknown origin, suggestive cutaneous lesions, peripheral neuropathy and/or multi-systemic involvement (especially renal, pulmonary or cardiovascular) of unexplained etiology. To establish a correct diagnosis appropriate imaging and biopsy of the affected tissue may be necessary.
HSP is the commonest vasculitis in children and self-limiting in the majority of the cases. However long-term follow-up is important in patients with accompanied nephritis, as they are at increased risk of renal damage.
In developed countries KD is the commonest cause of acquired cardiac disease in childhood. The clinical presentation is sometimes incomplete, more frecuently in children aged less than a year, and have a greater risk developing coronary aneurisms. The treatment with intravenous gammaglobulin within the first 10 days of the disease reduces significantly the risk of this complication.

 

Palabras clave: Vasculitis; Enfermedad de Kawasaki; Púrpura de Schölein-Henoch

Key words: Vasculitis; Kawasaki disease; Henoch-Schölein purpura

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 183-195


Púrpura de Shönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

Introducción

Las vasculitis son un grupo heterogéneo de enfermedades que se caracterizan por la inflamación de la pared de los vasos sanguíneos. Las características clínicas dependerán del tamaño, tipo y localización de los vasos afectados. La incidencia estimada de las vasculitis pediátricas se sitúa en 50 casos por cada 100.000 niños por año. Aunque la incidencia global es baja en niños, cierto tipo de vasculitis ocurren casi exclusivamente en la edad pediátrica, como la vasculitis IgA/púrpura de Shönlein-Henoch y la enfermedad de Kawasaki.

Debido a la naturaleza heterogénea de las vasculitis y al conocimiento limitado de sus causas, es difícil establecer subgrupos adecuados. Dado que el diagnóstico no depende de un solo test patognomónico, hablaremos de criterios de clasificación y no de criterios diagnósticos(1).

En la Conferencia de Consenso de Chapel Hill de 2012, se actualizaron las definiciones de vasculitis utilizando el mejor conocimiento sobre la etiopatogenia y hallazgos clínicos de los diferentes tipos. Esto llevó a que algunos de los epónimos fueran reemplazados por nombres más descriptivos y a incluir nuevas categorías (Tabla I)(2).

En 2008, en Ankara, se validaron los criterios de clasificación de PSH, panarteritis nodosa, arteritis de Takayasu y granulomatosis de Wegener(2).

Los hallazgos clínicos y de laboratorio que deben hacer sospechar la existencia de una vasculitis se reflejan en la tabla II.

Las pruebas de imagen son útiles, sobre todo en las vasculitis de medianos y grandes vasos, siendo en la mayoría de casos, necesaria la biopsia de tejidos afectos. Debido a la afectación multisistémica y a la baja incidencia, el diagnóstico es con frecuencia difícil y consecuentemente tardío, lo cual suele asociarse a una importante morbi-mortalidad. El limitado número de estudios específicos en niños condiciona que muchos aspectos sobre su manejo se extrapolen a partir de la experiencia publicada en adultos(1).

Purpura de Shönlein-Henoch

Introducción

La vasculitis IgA (VIgA) es la nueva forma de denominar a la Púrpura de Shönlein-Henoch (PSH) y es la vasculitis sistémica más frecuente en Pediatría.

En la Conferencia de Consenso de Chapel Hill de 2012, las vasculitis de pequeños vasos (VPV) quedaron clasificadas en 2 grandes grupos en función del proceso etiológico subyacente: las vasculitis asociadas a ANCA y las asociadas a inmunocomplejos (IC)(1,2).

Las VPV asociadas a IC se caracterizan por el depósito de inmunoglobulinas y/o factores del complemento predominantemente en las paredes de los pequeños vasos. La VIgA/ PSH es la forma más frecuente en Pediatría, siendo el resto raras en este grupo de edad, afecta a pequeños vasos con depósitos inmunes de IgA1. La IgA es la inmunoglobulina más importante de la inmunidad de mucosa y su glicosilación es fundamental para el aclaramiento de las moléculas IgA1. Desde que se conoce que una glicosilación anómala en la región pesada de la IgA1 lleva a la acumulación de grandes inmunocomplejos, a la activación de la vía alternativa del complemento y reclutamiento de células inflamatorias, el término descriptivo “Vasculitis IgA” ha sustituido al de “Púrpura de Shönlein-Henoch”.

Epidemiologia

La VIgA/PSH es más frecuente durante la infancia (3-15 años) y su incidencia oscila entre los 10 y 20 casos por cada 100.000 niños.

La VIgA/PSH puede aparecer en todos los grupos de edad, siendo más frecuente durante la infancia, ocurriendo el 50% de los casos en menores de 5 años y el 75-90%, en menores de 10 años. Los hallazgos clínicos son, con frecuencia, atípicos en las edades extremas y de mayor gravedad en el adulto.

La incidencia oscila entre los 10 y 20 casos por cada 100.000 niños menores de 17 años, pudiendo alcanzar los 70,3 casos/100.000 en el grupo de edad comprendido entre los 4 y 7 años. La distribución según el sexo es similar, aunque con predominio en varones en algunas series (1,5-2:1). Los afroamericanos rara vez se afectan y es algo más frecuente en niños con ascendente asiático. La enfermedad es más frecuente en invierno y otoño, lo que hace probable la implicación de determinados procesos infecciosos en su patogénesis(3).

Etiopatogenia

La PSH es una vasculitis mediada inmunológicamente, probablemente resultado de la formación de complejos inmunes en respuesta a determinados estímulos antigénicos en personas genéticamente susceptibles.

La patogénesis de la enfermedad continúa siendo desconocida, aunque se le supone una base genética sobre la que actúan factores ambientales desencadenantes. Su predominio estacional y la evidencia clínica apoyan la hipótesis de la participación en su etiología de determinados componentes infecciosos (parvovirus, VHB, VHC, adenovirus, Estreptococo de grupo A betahemolítico, Staphylococcus aureus, Mycoplasma)(4).

Predisposición genética

La mayoría de los casos de VIgA/PSH son esporádicos, sin embargo, se han descrito determinadas asociaciones intrafamiliares. Se postula la participación de los genes del complejo mayor de histocompatibilidad en la patogénesis de la enfermedad. En este sentido, se ha relacionado en varios trabajos, ciertos polimorfismos del HLA-DRB1 y HLA-B*41:02 con la susceptibilidad de presentar una VIgA/PSH y con su gravedad. El HLA B35 y DQA1 se han relacionado con el riesgo de padecer una nefritis en pacientes con VIgA/PSH. El impacto de la expresión de los genes del sistema renina-angiotensina en la presentación y desarrollo de una VIgA/PSH se ha estudiado en varios trabajos. Igualmente, se han encontrado asociaciones entre la VIgA/PSH y los genes que codifican moléculas relacionadas con la inflamación (citoquinas y moléculas de adhesión)(4). La VIgA/PSH aparece hasta en el 7% de los pacientes con fiebre mediterránea familiar (FMF), enfermedad autoinflamatoria determinada genéticamente. Estudios procedentes de Israel y Turquía muestran un aumento significativo de la prevalencia de mutaciones que afectan al gen MEFV, causa de la FMF, en los niños con VIgA/PSH en comparación con la población general. La glicosilación aberrante de la región bisagra de la IgA1 se ha descrito como factor de riesgo para desarrollar una VIgA/PSH y nefritis por IgA (IgAN). Basándose en esto, se han estudiado los polimorfismos del gen C1GALT1, que codifica a la enzima β1,3-galactosiltransferasa, que juega un papel importante en la glicosilación de esta región bisagra.

Glicosilación aberrante de la IgA1

Existen 2 subclases de IgA, la IgA1 y la IgA2. La IgA1 es la subclase predominante (80-90% de la IgA sérica), contiene una región bisagra con múltiples lugares de glicosilación. En la VIgA/PSH, existe una glicosilación aberrante de esta región que predispone a la formación de inmunocomplejos.

Se ha documentado la existencia de niveles séricos elevados de IgA1, complejos inmunes que contienen IgA1 (de pequeño peso molecular), IgA- ANCA, IgA- FR en los pacientes con VIgA/PSH. En aquellos que, además, presentan nefritis (VIgA/PSHN), se detectan complejos inmunes circulantes IgA1-IgG de gran masa molecular. Así mismo, los niveles séricos de IgA1 con defecto de galactosa (Gd-IgA1) son significativamente más elevados en los pacientes con VIgA/PSHN que en los controles sanos y en los pacientes con VIgA/PSH sin nefritis(5).

Citoquinas en la VIgA/PSH

Durante los últimos años, muchos estudios han implicado a diferentes citoquinas proinflamatorias en la patogénesis de la enfermedad (TNF-α, IL-1-β, IL-2, IL-6, IL-8, TGF-β y VEGF). Son segregadas por las células endoteliales vasculares e inician y propagan la respuesta inflamatoria.

Complemento en la VIgA/PSH

Se piensa que la activación del complemento es un importante factor para el daño tisular en la VIgA/PSH. El aclaramiento defectuoso de IC que contienen IgA por el sistema de complemento, juega un papel en la patogenia de la nefritis por IgA y la VIgA/PSH. Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio en la VIgA/PSHN son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA.

Daño endotelial y anomalías en la coagulación en la VIgA/PSH

La circulación de IC y alteraciones en la hemostasia pueden provocar daño vascular en la VIgA/PSH. En algunos estudios, se ha relacionado la gravedad de la enfermedad con los niveles séricos de dímeros-D, complejo trombina-antitrombina, fragmentos de protrombina y factor de Von Willebrand, indicando estos hallazgos, probablemente, una reacción local en el vaso sanguíneo inflamado, más que una activación sistémica de la coagulación e hiperfibrinolisis. Una disminución marcada de la actividad del factor XIII podría dar lugar a complicaciones severas, tales como hemorragia intracraneal o hemorragia pulmonar, presumiblemente debido a una degradación específica del factor XIII por las enzimas proteolíticas liberadas por células inflamatorias, con defecto local de la hemostasia. La concentración y actividad del factor XIII podría constituirse como indicador pronóstico en la VIgA/PSH.

Clínica

La VIgA/PSH es una vasculitis sistémica con afectación multiorgánica. La presentación clásica incluye: púrpura palpable, artralgia/artritis, dolor abdominal y enfermedad renal (hematuria/proteinuria) (Tabla III).

Manifestaciones cutáneas

La lesión cutánea característica es la púrpura palpable, pudiendo presentar el paciente desde petequias a grandes equimosis, precediéndose con frecuencia de un exantema maculopapular eritematoso o urticarial. Aparecen de forma simétrica en las zonas declives (miembros inferiores y nalgas) (Figs. 1 y 2), aunque también pueden encontrarse en los brazos, cara, orejas y espalda.

Figura 1 y 2. Exantema característico de púrpura de Scölein Henoch: púrpura palpable en miembros inferiores.

Al inicio del cuadro, y sobre todo en niños pequeños, puede acompañarse de edema de cuero cabelludo, cara, manos, pies y escroto. Las lesiones ampollosas o hemorrágicas y necróticas son raras en los niños (2%), ocurriendo hasta en el 60% del paciente adulto. La recurrencia de la púrpura, que podría estar relacionada con una afectación renal más severa, se observa en un 25% de los pacientes(3).

La biopsia cutánea, si se realizase ante una presentación atípica y dudas diagnósticas, mostraría una vasculitis leucocitoclástica de pequeños vasos con depósitos de IgA e infiltración de neutrófilos y células mononucleares perivasculares.

Manifestaciones digestivas

Se describen en el 50-75% de los pacientes, siendo el primer síntoma de la enfermedad en el 14-36% de los casos. Se producen como consecuencia del edema y la hemorragia secundaria a la vasculitis de la pared intestinal, con mayor afectación del intestino proximal. El síntoma más frecuente es el dolor abdominal, generalmente se trata de un dolor cólico leve-moderado que puede acompañarse de vómitos; en algunos casos, el dolor puede ser muy intenso y limitante. Se encuentra sangre oculta en heces en el 56% de los pacientes, aunque la hemorragia intestinal masiva es rara (2%). La invaginación es la complicación gastrointestinal más frecuente, limitándose al intestino delgado en el 60% de los casos, siendo la incidencia de esta complicación muy variable, hasta en un 2,3-3,5% en algunas series. La pancreatitis, el hidrops vesicular, la enteropatía pierde-proteína y la perforación intestinal son complicaciones raras, pero también descritas. La enteropatía pierde proteínas podría sospecharse ante la presencia de hipoproteinemia en ausencia de proteinuria y/o disfunción hepática severa, pudiéndose confirmar mediante la cuantificación de alfa1-antitripsina en heces(3).

En un trabajo reciente, encuentran manifestaciones digestivas de la enfermedad en el 71% de los pacientes, sin tener ninguna manifestación cutánea el 7,6% de los mismos, llegándose al diagnóstico de VIgA/PSH tras endoscopia oral y biopsia(5). En este mismo trabajo, encuentran que en los pacientes con manifestaciones digestivas, los niveles de dímeros-D y de productos de degradación del fibrinógeno (PDF) están consistentemente más elevados que los marcadores inflamatorios (leucocitos, neutrófilos, VSG, PCR), pudiéndose utilizar estos como marcadores de afectación gastrointestinal en la fase aguda de la VIgA/PSH. La determinación de calprotectina fecal podría ser un marcador útil de afectación gastrointestinal en la VIgA/PSH.

Manifestaciones articulares

La artritis o artralgia puede ser el primer síntoma de la enfermedad en el 15-25% de los pacientes, encontrándose algún grado de afectación articular en el 82% de los mismos. Característicamente, la inflamación es poliarticular, dolorosa, sin eritema ni calor, pero con limitación, afectando con mayor frecuencia a las grandes articulaciones de miembros inferiores. Son transitorias y se resuelven en pocos días sin dejar deformidad(3,6).

Manifestaciones renales

Un 30-50% de los pacientes con VIgA/PSH desarrollarán una glomerulonefritis (PSHN), pudiendo hacerse crónica y dar lugar a un daño renal permanente, motivo por el que es el factor pronóstico a largo plazo más importante de la enfermedad. Se manifestará con: hematuria microscópica/macroscópica, proteinuria, síndrome nefrótico/nefrítico, fracaso renal e hipertensión. En la mayor parte de los pacientes, la afectación es leve y autolimitada. Los niños que no presentan alteraciones urinarias durante los 6 primeros meses de la enfermedad, no desarrollarán una disfunción renal en el seguimiento a largo plazo. El 20% de los pacientes con PSHN (7% de todos los casos de PSH) desarrollarán un síndrome nefrítico o nefrótico. La afectación renal se producirá durante las primeras 4 semanas de la enfermedad en el 75-80% de los pacientes, durante las primeras 6 semanas en el 91% y en los primeros 6 meses en el 97% de los casos, por lo que se aconseja realizar un seguimiento mediante uroanálisis durante, al menos, los seis primeros meses desde el inicio de la enfermedad. El tiempo en que se va a instaurar el daño renal es impredecible, pudiéndose desarrollar incluso años después de alteraciones urinarias menores.

La severidad de los daños histológicos renales, también se correlaciona con el pronóstico renal a largo plazo y, en consecuencia, puede condicionar la toma de decisiones terapéuticas, por lo que se aconseja la realización de una biopsia renal en los casos de VIgA/PSHN más severas(3,7).

La clasificación, desde el punto de vista anatomopatológico de la VIgA/PSHN, está basada preferentemente en la gravedad de las lesiones proliferativas y están definidas según la clasificación para PSH, acordada por el Estudio Internacional de Enfermedades Renales en el Niño (clasificación de Haas).

Manifestaciones neurológicas

Son raras, aunque la cefalea seguida de una ligera encefalopatía con mínimos cambios en el estado mental, tales como: labilidad emocional, apatía e hiperactividad, podría ser más frecuente de lo que se pensaba. Podemos encontrar alteraciones electroencefalográficas y convulsiones. Se han descrito casos de: hematoma subdural, hemorragia subaracnoidea, hemorragia cerebelosa, sangrado intraparenquimatoso e infarto(3).

Manifestaciones pulmonares

La afectación pulmonar es rara. Aunque ocurre con mayor frecuencia en el adulto, se han descrito casos aislados en los niños de hemorragia difusa alveolar, neumonía intersticial y fibrosis intersticial(3).

Manifestaciones urológicas

Las manifestaciones escrotales y testiculares asociadas a la VIgA/PSH son relativamente comunes en los niños, en forma de: escroto agudo, epididimitis, orquitis y complicaciones del cordón espermático (hematoma y edema). Aunque la realización de una eco-doppler normalmente nos permite establecer un diagnóstico, puede llegar a ser necesaria la exploración quirúrgica para descartar la existencia de torsión testicular. De forma poco frecuente, puede existir afectación ureteral durante la fase aguda de la enfermedad o tras resolución de la misma, en forma de obstrucción ureteral o ureteritis. La obstrucción puede ser uni o bilateral, parcial o total, secundaria a una vasculitis periureteral que puede desencadenar una isquemia ureteral. Los síntomas de ureteritis típicamente aparecen 1-2 meses después de la fase aguda de la enfermedad, en ocasiones, asociada a nefritis(8).

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad es fundamentalmente clínico. Las diferentes pruebas complementarias irán encaminadas a descartar otras patologías y a conocer el alcance de la enfermedad.

No existen pruebas de laboratorio específicas para el diagnóstico de la enfermedad, por lo que nos basaremos fundamentalmente en los hallazgos clínicos, precisándose, en ocasiones, hallazgos anatomopatológicos. La investigación irá encaminada a descartar otros posibles diagnósticos y a conocer la extensión de la afectación orgánica.

En el estudio inicial, podremos encontrar anemia, leucocitosis con neutrofilia y un discreto aumento de la VSG y de la PCR; en algunos casos, una función renal y/o hepática alterada; en pacientes con proteinuria importante, podemos encontrar hipoalbuminemia. La trombocitosis se ha asociado con enfermedad más severa. Los estudios estándares de coagulación son habitualmente normales, aunque la actividad del factor XIII se encuentra disminuida en relación con enfermedad más severa; no se aconseja su determinación rutinaria. La IgA se encuentra elevada en la mitad de los pacientes y no se correlaciona con la severidad de la enfermedad; pueden encontrarse IC circulantes de IgA. El significado de la presencia de IgA ANCA en la VIgA/PSH, está aún por dilucidar. En general, el estudio básico inmunológico suele ser normal, encontrándose en alguna ocasión, niveles descendidos de C3 y C4. Podremos necesitar diferentes pruebas de imagen para conocer el alcance de la enfermedad gastrointestinal y urológica. En casos de dudas diagnósticas o buscando conocer el alcance de la enfermedad renal, se realizará biopsia cutánea y/o renal.

Tratamiento

Dada la tendencia a la resolución espontánea de la enfermedad, el tratamiento, en la mayor parte de los casos, será conservador, con medidas de sostén, reposo y analgesia.

En caso de manifestaciones cutáneas severas, puede ser necesario el uso de corticoides orales, habiéndose utilizado con éxito agentes ahorradores de corticoides, como la colchicina y dapsona.

La artritis responde generalmente a antiinflamatorios no esteroideos, aunque existen datos sobre una respuesta más rápida y acortamiento de la duración de los síntomas con dosis bajas de corticoides orales.

El uso de prednisolona a 1-2 mg/kg (máximo, 60 mg) se podría considerar en niños con VIgA/PSH y dolor abdominal moderado-severo, una vez descartada patología abdominal potencialmente quirúrgica, como la invaginación y la perforación intestinal. En caso de vasculitis gastrointestinal muy severa (enteropatía pierde-proteínas y la hemorragia gastrointestinal severa), se ha descrito el éxito del tratamiento con: infusión de gammaglobulinas, pulsos de metilprednisolona, plasmaféresis e incluso bolos de ciclofosfamida. El dolor abdominal persistente o crónico es poco común, pero parece responder a metotrexate o micofenolato mofetilo, aunque deben ser valorados sus efectos secundarios gastrointestinales(3,9).

El tratamiento de la VIgA/PSHN sigue siendo controvertido. La toma de decisiones terapéuticas es difícil dada la alta proporción de pacientes con pronóstico favorable y el curso clínico impredecible de pacientes individuales. En algunos estudios retrospectivos, el inicio tardío del tratamiento se asociaba a un peor pronóstico; por lo que, a pesar de la posibilidad de una remisión espontanea, podría ser aconsejable tratar a los pacientes severamente afectados tan pronto como sea posible. El abordaje terapéutico actual se basa en la fisiopatología supuesta y en las series de casos publicados(7).

Los efectos antihipertensivos y renoprotectores de los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o de los antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA II) están bien documentados en el adulto con hipertensión y/o insuficiencia renal crónica. También, se ha constatado su eficacia en un estudio prospectivo realizado en niños con IgAN. Los corticoides orales o intravenosos forman parte de la mayoría de los regímenes terapéuticos y existe alguna evidencia sobre su efecto beneficioso a largo plazo en adultos con IgAN. En un estudio reciente, se evaluaron de forma retrospectiva a 142 niños con VIgA/PSHN a los que se le realizó biopsia renal. Concluyen que el tratamiento precoz con IECA y ARA-II (tan pronto como la PSHN sea diagnosticada) se relaciona con la existencia de menor proteinuria, al menos, a medio plazo, y que el tratamiento precoz con pulsos de metilprednisolona parece disminuir el riesgo de secuelas(10). De forma análoga, a los pacientes con glomerulonefritis rápidamente progresivas de diferente etiología, la ciclofosfamida se ha utilizado en aquellos pacientes con VIgA/PSHN con manifestaciones más severas. Otras terapias inmunosupresoras, tales como: azatioprina, micofenolato mofetilo, ciclosporina A o rituximab, han sido beneficiosas en casos individuales o pequeñas series de pacientes. En algunos, la plasmaféresis precoz ha sido beneficiosa, incluso sin terapia inmunosupresora adicional(9,10).

Pronóstico

La VIgA/PSH es generalmente una enfermedad autolimitada (en 2-4 semanas), aunque hasta el 33% de los pacientes pueden presentar síntomas recurrentes (entre 1 y 6 episodios). Estas recurrencias suelen acontecer durante los 2-3 primeros meses, aunque se describen recaídas que sobrepasan los 18 meses del inicio de la enfermedad. Normalmente, los síntomas son similares a los del debut y parece ser que aquellos pacientes con afectación renal pueden recaer con mayor facilidad.

El pronóstico a largo plazo de los niños con VIgA/PSH se relaciona predominantemente con la existencia de enfermedad renal. Aunque ningún hallazgo es absolutamente predictivo, muchos estudios coinciden en que la presencia de síndrome nefrítico/nefrótico, la disminución de la actividad del factor XIII, la hipertensión, el desarrollo del fallo renal al inicio de la enfermedad y la presencia de esclerosis glomerular/semilunas/afectación tubulointersticial (lesiones histopatológicas clase IV y V), se considerarían como factores de mal pronóstico; de tal manera que, aunque puedan presentar una recuperación inicial, en el seguimiento a largo plazo (más de 20 años en algunos casos), casi la mitad de estos pacientes pueden presentar hipertensión o insuficiencia renal. Aquellas mujeres a las que se les diagnosticó una VIgA/PSH durante la infancia, presentarán con mayor frecuencia hipertensión arterial y proteinuria durante el embarazo. El tratamiento inicial de la VIgA/PSH con corticoides no previene el desarrollo de nefritis. Por todo lo referido anteriormente, dado el potencial riesgo de deterioro renal de los pacientes con historia de VIgA/PSHN, se aconseja su seguimiento de por vida. En aquellos pacientes sin alteraciones del sedimento urinario y con tensiones arteriales normales, el seguimiento se podría abandonar a los 6-12 meses del inicio de la enfermedad o de la última recaída.

Enfermedad de Kawasaki

Introducción

La enfermedad de Kawasaki (EK) es una vasculitis aguda y autolimitada de etiología desconocida. Constituye la causa más frecuente de enfermedad cardiaca adquirida en la infancia.

Fue descrita por primera vez por Tomisaku Kawasaki, en Japón en 1967. Desde entonces, su incidencia ha ido en aumento, describiéndose en todos los grupos raciales y étnicos. Su importancia se debe a que el 15-25% de los niños no tratados desarrollan anomalías coronarias (AC) que puede conducir a infarto de miocardio, muerte súbita o enfermedad isquémica cardiaca. El tratamiento va dirigido a reducir la inflamación y prevenir el desarrollo de AC(11).

Epidemiología

Afecta a toda la edad pediátrica, aunque con mayor frecuencia a menores de 5 años. La incidencia es más elevada en países asiáticos.

La EK afecta principalmente a niños entre 6 meses y 5 años, existiendo una mayor proporción de varones (1,5:1). La incidencia más alta se ha registrado en Japón (265 casos/100.000 menores de 5 años)(11,12). En nuestro país, se estima que la incidencia anual acumulada es similar a la encontrada en Estados Unidos (20,8/100.000 niños menores de 5 años en 2006). La incidencia es mayor en americanos de origen asiático. En Japón y Corea, la incidencia continúa aumentando, mientras que en Estados Unidos y Canadá permanece estable. Las recurrencias son poco frecuentes (Japón 3% y Estados Unidos 1-2%). Los casos familiares son raros (0,7-2,1%) y el 50% aparece en los 10 días siguientes al primer caso. Existe un predominio estacional que varía de unos países a otros(11,12).

Etiopatogenia

La EK se debe a una respuesta inmunológica inapropiada a uno o más desencadenantes en individuos genéticamente susceptibles(12,13).

La etiología de la EK es aún desconocida, si bien, se piensa que el desencadenante puede ser un agente infeccioso. Sin embargo, las características clínicas pueden ser el resultado de una vía común de inflamación inmunomediada después de una variedad de infecciones, más que un solo patógeno(14). La baja frecuencia en adultos y en los primeros meses de la vida, sugiere un agente que produce inmunidad y del cual están protegidos los lactantes pequeños por el paso de anticuerpos maternos. La hipótesis que relaciona la EK con determinadas toxinas bacterianas estreptocócicas o estafilocócicas que actuarían como superantígenos es, hoy día, controvertida. Los estudios actuales señalan que el desencadenante podría ser un virus y que la puerta de entrada sería el tracto respiratorio(12,13).

La alta incidencia en sujetos de origen asiático y el aumento del riesgo en familiares de pacientes, sugieren la importancia de los factores genéticos en la patogénesis de la EK. Actualmente, existen múltiples estudios de asociación del genoma completo (GWAS) encaminados a identificar marcadores genéticos de susceptibilidad de la enfermedad, de severidad y de resistencia al tratamiento (CTL-4, caspasa 3, linfocito Kinasa B,FCGR2A, IL-10, IL-1B, CD40, PD-1, ORAI1 e inositol 1,4,5 trifosfato3kinasaC[ITPKC]) y HLA clase II(HLA-DQB2) y HLA-DOB(15).

Estudios recientes, que analizan las variaciones estacionales y epidemias, apoyan la hipótesis de que el desencadenante de EK es transportado por vientos de la troposfera y que las provincias del noreste de China sirven como fuente para la epidemia anual de EK en Japón, Hawaii y sur de California(12).

Una etiología autoinmune primaria es improbable, debido a la naturaleza autolimitada y no recurrente de EK. Se postula que en la respuesta aguda de EK intervienen tanto la inmunidad innata como la adaptativa, siendo la inmunidad innata importante en el desarrollo de AC(12).

El paso que conduce a la arteritis coronaria aún no está del todo aclarado. En el epitelio bronquial, se produce un infiltrado primero de neutrófilos, seguido de monocitos/macrófagos CD68, linfocitos CD8 y células plasmáticas Ig A. El trigger infeccioso fagocitado por los macrófagos pasaría a través del torrente sanguíneo al tejido coronario donde produciría un aumento de citocinas y enzimas, como CD40L, VGEF (factor de crecimiento del endotelio vascular), MCP-1, TNF α, IL 1 e IL 6 y metaloproteinasas, que contribuirían al daño vascular. La inflamación acaba produciendo una destrucción de la íntima y la formación de aneurismas. Las células T reguladoras (Tregs) están disminuidas en sangre periférica en EK aguda y aumentados los Th17(16). Existen evidencias de la activación de la vía de IL-1 y del predominio de citocinas de los ejes IL-6/Th17 y IL-12/interferon gamma(12,13).

Clínica

En ausencia de una prueba diagnóstica específica o características clínicas patognomónicas, se han establecido unos criterios clínicos para ayudar al diagnóstico de EK (Tabla IV)(11).

Es característico que todas las manifestaciones clínicas no se presenten a la vez en el tiempo; por lo que, a veces, es necesario esperar varios días antes de hacer el diagnóstico(11).

Es importante excluir otras enfermedades con manifestaciones clínicas similares. El polimorfismo de los signos y síntomas obliga a considerar un amplio diagnóstico diferencial, que incluye procesos infecciosos, alérgicos o tóxicos y reumatológicos (Tabla V)(14).

El término de Kawasaki incompleto se refiere a pacientes que, aunque no cumplen suficientes criterios, pueden ser diagnosticados de EK. Es más frecuente en menores de 1 año y mayores de 9. En 2004, la Asociación Americana de Cardiología ha desarrollado un algoritmo de actuación para la EK incompleta, basada en opiniones de expertos, que utiliza los datos clínicos, analíticos y ecocardiográficos para mejorar el diagnóstico que, en muchos casos, resulta difícil (Algoritmo 1). Debe considerarse el diagnóstico de EK en todos los niños con fiebre inexplicable de 5 o más días de duración, con 2 o 3 criterios clínicos principales y en cualquier niño menor de 6 meses con fiebre de más de 7 días de duración con hallazgos de laboratorio compatibles con inflamación y sin causa explicable de la fiebre(11).

Manifestaciones clínicas principales

La fiebre suele ser elevada, en picos y, a menudo, resistente a antitérmicos. Los cambios en las extremidades son característicos. En la fase aguda, suele aparecer eritema de palmas y plantas. Pueden estar, además, edematosas y el niño evita coger objetos y la deambulación. La descamación se inicia en la región periungueal a las 2 o 3 semanas del comienzo de la fiebre y puede extenderse a palmas y plantas (Fig. 3).

Figura 3. Descamación ungueal en manos en fase subaguda.

1-2 meses tras el inicio de la fiebre, pueden aparecer las líneas de Beau (surcos transversales en las uñas). A los 5 días del inicio de la fiebre, suele aparecer un rash eritematoso. Puede presentarse de muchas formas, aunque la más frecuente es una erupción maculopapular difusa inespecífica (Fig. 4).

Figura 4. Exantema inespecífico maculopapular. Edema en dorso de pies.

A veces, se manifiesta, como: urticaria, rash escarlatiniforme, eritrodermia, similar al eritema multiforme o, menos frecuente, erupción micropustular. No se han descrito las formas bullosas, vesiculares y petequias. Suele localizarse en tronco y extremidades, acentuándose en la región perineal, donde puede aparecer una descamación temprana (Fig. 5).

Figura 5. Exantema perineal con descamación precoz.

La inyección conjuntival bilateral suele aparecer poco después del inicio de la fiebre. Afecta de forma característica a la conjuntiva bulbar y no se asocia a exudado, edema conjuntival o ulceración corneal. Normalmente, no es dolorosa. Los cambios en los labios y la cavidad oral incluyen: eritema (Fig. 6), sequedad, fisuras, descamación, grietas y sangrado de labios, lengua aframbuesada indistinguible de la escarlatina, y eritema difuso de la mucosa orofaríngea.

Figura 6. Lactante irritable con labios rojos y edema en manos.

No suelen verse úlceras orales y exudado faríngeo. La linfadenopatía cervical es la menos frecuente de todas las características clínicas principales. Suele ser unilateral y localizada en el triángulo cervical anterior. Para que sea criterio de la EK debe haber una o más linfadenopatías mayores de 1,5 cm de diámetro. Suelen ser firmes, no fluctuantes y sin eritema en la piel. Puede iniciarse como una adenopatía cervical confundiéndose con una adenitis bacteriana o con un edema retrofaríngeo. Pueden aparecer otras manifestaciones descritas en la tabla VI(11).

Son formas poco frecuentes de presentación, pero de especial gravedad, el shock y el síndrome de activación macrofágica(15).

Manifestaciones clínicas cardiovasculares asociadas

En los primeros 10 días no suelen detectarse aneurismas coronarios, pero puede apreciarse mediante ecocardiografía un aumento de la brillantez que rodea la luz arterial o ectasias. Esta lesión precoz puede resolverse o evolucionar hacia aneurismas. También se puede observar disminución de la función ventricular, regurgitación valvular o derrame pericárdico. Los aneurismas se suelen detectar en la fase subaguda (4-6 semanas de enfermedad)(11).

Hallazgos de laboratorio

Las pruebas de laboratorio no son específicas, pero pueden contribuir al diagnóstico (Tabla VI). Suelen normalizarse de 6 a 10 semanas después del inicio de la enfermedad. El biomarcador N-terminal tipo pro-B péptido natriurético (NT-pro BNP) se correlaciona con marcadores de inflamación, estrés oxidativo y disfunción diastólica cardiaca. Algunos estudios sugieren que se eleva en pacientes con EK en comparación con controles febriles y que podría servir como dato analítico suplementario para diferenciar la EK de otros procesos febriles; para facilitar el diagnóstico de EK incompleto e incluso podría ser marcador de riesgo de desarrollo de AC(11).

Tratamiento

El tratamiento con IGIV, dentro de los 10 primeros días del comienzo de la enfermedad, disminuye la incidencia de AC desde un 20-25% a menos de un 5%.

Ya que no se ha podido establecer un escore de riesgo, en población no asiática, que nos permita distinguir pacientes con mayor probabilidad de desarrollar AC, todos los pacientes diagnosticados de EK deben ser tratados con IGIV(15).

La IGIV se utiliza a dosis elevadas (2 g/kg) en una sola infusión. Su mecanismo de acción no es del todo conocido. Parece tener un efecto antiinflamatorio, disminuyendo la producción de citocinas proinflamatorias y aumentando la producción de antagonista del receptor de IL1(12). Es un producto seguro, con efectos secundarios poco frecuentes (reacción infusional, anafilaxia, urticaria, meningitis aséptica, anemia hemolítica autoinmune, tromboembolismo y fallo renal agudo). Aunque solo se han demostrado los beneficios para pacientes tratados en los primeros 10 días de la enfermedad, se recomienda su empleo en niños con evidencia de inflamación persistente (persistencia de fiebre o elevación de reactantes de fase aguda) o alteraciones coronarias, que son diagnosticadas después de esta fecha. Tras administración de IGIV, se recomienda retrasar 11 meses las vacunas que contengan sarampión o varicela, ya que pueden disminuir la respuesta vacunal(16).

La aspirina se emplea por sus efectos antiinflamatorios (a dosis alta) y antitrombóticos (dosis bajas). Aunque no está demostrado que reduzca la incidencia de dilatación coronaria, si parece disminuir la incidencia de infartos miocárdicos fatales. La dosis a emplear es controvertida. Dosis bajas de 30-50 mg/kg/día en 4 dosis, no han demostrado ser menos eficaces en la prevención de AC que las dosis altas de 80-100 mg/kg/día durante la fase aguda, y son mejor toleradas(15). Tras 48-72 horas afebril, la dosis de aspirina se puede reducir a dosis antitrombóticas (3-5 mg/kg/día). El uso de ibuprofeno concomitante antagoniza el efecto antitrombótico de la aspirina. Los pacientes que reciben salicilatos de forma crónica deben vacunarse anualmente de la gripe y estar vacunados de la varicela(11,16).

Enfermedad de Kawasaki refractaria

Entre 11,6 y 38,3% de pacientes tratados inicialmente con IGIV y aspirina a dosis alta, tienen fiebre persistente 24-48 horas tras la primera dosis de IGIV o bien recurre a las 36 horas o más después de completar la infusión de IGIV. Estos pacientes tienen mayor riesgo de desarrollo de AC. La progresión a aneurismas, a pesar de un diagnóstico y un tratamiento adecuado, ha impulsado los estudios hacia tratamientos más efectivos(9,11,12,15).

La utilización de corticoides es controvertida, si bien, cada vez más estudios apoyan su empleo. En el meta-análisis de Chen, et al. y el estudio RAISE concluyeron que la combinación de corticoides con IGIV, como tratamiento inicial en EK grave, reduce el riesgo de desarrollo de AC sin aumentar los efectos secundarios(17,18). Los expertos recomiendan valorar el uso de corticoides en: pacientes con EK refractaria; pacientes con enfermedad severa (menores de 1 año, marcadores de inflamación severa, como PCR elevada persistente, disfunción hepática, hipoalbuminemia y anemia; y características de linfohistiocitosis hemofagocítica o shock); y pacientes con afectación coronaria en la primera semana de la enfermedad. No está establecida la dosis, duración y vía óptima de administración(15). Un meta-análisis reciente apoya que el tratamiento con corticoides de inicio, añadido a IGIV disminuye el riesgo de AC y que, sobre todo, se benefician los pacientes con mayor riesgo de resistencia a IGIV(19). Es importante que estos pacientes con más riesgo reciban un tratamiento a tiempo y más agresivo.

Los escores de riesgo de resistencia a IGIV utilizados en población japonesa tienen una baja sensibilidad en otras poblaciones(15). Anemia severa, trombocitopenia, hipoalbuminemia, elevación de alanino aminotransferasa (ALT) por encima de 200 U/L y PCR y VSG muy elevadas o persistentemente aumentadas, se correlacionan con el riesgo de desarrollar AC(15). Se identifican, además, como factores de riesgo de resistencia a IGIV: la elevación de bilirrubina, polimorfonucleares y NT- pro BNP y la disminución del sodio en sangre(20). También, son factores de riesgo de aparición de AC, las edades extremas y la larga duración de la fiebre antes del tratamiento. Los menores de 6 meses y mayores de 8 años suelen tener una presentación atípica, una mayor demora diagnóstica y, probablemente, una mayor vulnerabilidad genética(11).

En la EK refractaria, la mayoría de los expertos recomiendan retratamiento con IGIV y/o corticoides por el elevado riesgo de desarrollo de AC, previa reevaluación clínica, por si existe un diagnóstico alternativo(15). Se puede considerar el uso de anti TNFα. El tratamiento con infliximab (anticuerpo monoclonal anti TNFα) en EK refractaria, puede ser tan seguro y efectivo como la IGIV en cuanto a duración de síntomas, si bien, se requieren más estudios que definan su papel como primera línea de tratamiento. En caso de fracaso a la segunda dosis de IGIV, corticoides y anti TNFα, se pueden considerar ciclofosfamida, ciclosporina o plasmaferesis(15).

Actualmente, está en marcha un estudio con anakinra (antagonista del receptor de IL-1), como tratamiento de EK refractaria, y otro para evaluar la eficacia de ciclosporina combinada con IGIV, como tratamiento de EK severa en Japón(9). El abciximab (anticuerpo monoclonal trombolítico) se ha empleado en pacientes con aneurismas gigantes en la fase subaguda(11). Se está llevando a cabo un estudio con anakinra y otro con atorvastin (estatina) en pacientes con EK y aneurismas coronarios(12).

Pronóstico

Muchos casos de infartos en personas jóvenes (3ª-4ª década), son atribuidos a una infradiagnosticada EK en la infancia.

El pronóstico de los pacientes sin AC o mínima dilatación a las 6 semanas del inicio de la enfermedad, es normalmente bueno(15). En los pacientes en los que persiste el aneurisma más allá de 6 semanas, precisan un seguimiento cardiovascular hasta la edad adulta, aunque haya una resolución ecocardiográfica, ya que la remodelación se realiza por fibrosis y proliferación del tejido endotelial(12). La mortalidad (0,17% en Estados Unidos) se relaciona, siempre, con la persistencia de secuelas cardiacas. La causa más frecuente de muerte es el infarto de miocardio por trombosis de aneurismas, que suele suceder durante el primer año de enfermedad(11). En varones japoneses con secuelas cardiacas por EK existe un aumento de 1,86 en la tasa estandarizada de mortalidad(14).

En Estados Unidos el tamaño del aneurisma por ecocardiografía se determina en base al tamaño de la luz interna del segmento proximal coronario en relación a la superficie corporal, y se expresa en desviaciones estándares de la media. Se considera aneurisma pequeño si z score ≥ 2 y <5, mediano si ≥ 5 y <10 y gigante si z score ≥ 10 o > de 8 mm(12). El 50-70% de los aneurismas coronarios se resuelven en 1-2 años, si bien, los aneurismas gigantes no se resuelven totalmente(15).

El seguimiento evolutivo de pacientes con EK se basa en la estratificación de riesgo relativo de isquemia miocárdica. Se suele recomendar estudio ecocardiográfico al diagnóstico, a las 2-3 y a las 6-8 semanas del comienzo de la enfermedad y, en función de los hallazgos, se establecen los niveles de riesgo:

Nivel de riesgo I: pacientes sin AC en ninguno de los estadios. Pueden suspender tratamiento con aspirina a las 6-8 semanas de inicio de la enfermedad.

Nivel de riesgo II: pacientes con ectasia transitoria de la arteria coronaria en la ecocardiografía (desaparece durante la enfermedad aguda) que pueden recibir recomendaciones similares a las del nivel I y continuar reevaluación cardiológica cada 3-5 años.

Nivel de riesgo III, IV y V: pacientes con aneurismas que precisan mantener tratamiento con aspirina, con anticoagulación si son aneurismas gigantes, restricción de actividad física y controles cardiológicos periódicos. La angio resonancia magnética y el angio tomografía computada se utilizan cada vez con más frecuencia en el seguimiento de pacientes con AC(11,12).

El riesgo cardiovascular a largo plazo en pacientes con EK sin AC es desconocido; si bien, parece que puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de arteriosclerosis precoz en la edad adulta debido a una disfunción endotelial, por lo que se deben generalizar a todos ellos las recomendaciones sobre factores de riesgo cardiovascular: dieta saludable, ejercicio moderado, peso adecuado, control de tensión arterial y evitar consumo y exposición al tabaco.

Otras vasculitis

Vasculitis asociadas a ANCA

Son raras en los niños, con una incidencia de 2,4 casos por millón y año. La poliangeítis con granulomatosis (PAG), antes denominada granulomatosis de Wegener (GW), es la más frecuente. Para diagnosticarla deben de estar presentes, al menos, 3 de las 6 características: afectación renal (hematuria, proteinuria, glomerulonefritis pauciinmune necrotizante), granulomas necrotizantes en las biopsias, afectación de vía aérea superior, afectación laringotraqueobronquial, radiografía o TAC pulmonares patológicos y ANCA positivos. La poliangeítis microscópica (PAM) se define como: una vasculitis necrotizante de pequeños/medianos vasos que se asocia frecuentemente a GN pauci-inmune y ANCA (90%). La poliangeítis granulomatosa eosinofílica (PGE), antes denominada síndrome de Churg-Strauss (SCS), se define como: una vasculitis necrotizante de pequeño/mediano vaso que a menudo afecta al tracto respiratorio superior, junto con inflamación granulomatosa rica en eosinófilos. Se caracteriza por un inicio tardío de asma y frecuentes rinitis-sinusitis no infecciosas.

Vasculitis de mediano vaso

Panarteritis nodosa (PAN): Los criterios de clasificación para los niños son: evidencia histológica de vasculitis necrotizante en arterias de mediano-pequeño tamaño o anomalías angiográficas (angiografía convencional si la angioRMN es negativa) más uno de los siguientes: afectación cutánea, mialgias o sensibilidad muscular, hipertensión, neuropatía periférica o afectación renal.

Vasculitis de grandes vasos (VGV)

Arteritis de Takayasu (TA): Afecta a la aorta y sus ramas principales. Tiene una incidencia mayor en el este de Asia. Para su clasificación se requerirá: demostración en una angiografía (convencional, TAC o RM) de un aneurisma/dilatación, estenosis, oclusión, engrosamiento de la pared arterial y, al menos, uno de los siguientes: falta de pulso o claudicación; soplos; discrepancia de la tensión arterial en los cuatro miembros mayor de 10 mmHg; hipertensión arterial (>p95 según edad); y elevación de reactantes de fase aguda. El síntoma más frecuente en los niños, es la hipertensión arterial seguida de las manifestaciones músculo-esqueléticas.

Vasculitis monogénicas

Recientemente, se han descrito enfermedades monogénicas autoinflamatorias con un importante componente de vasculitis.

DADA2: la deficiencia de adenosina deaminasa tipo 2 es una enfermedad autosómica recesiva, causada por una mutación del gen CECR1, que se asemeja a la PAN. Los hallazgos clínicos cardinales son: livedo racemosa, afectación neurológica con propensión a los infartos lacunares, neuropatía periférica vasculítica, isquemia digital y ulceraciones cutáneas e inflamación sistémica.

CANDLE: dermatosis neutrofílica atípica crónica con lipodistrofia y temperatura elevada. Es un síndrome autoinflamatorio asociado al proteasoma. En estadios precoces en la histología, se puede encontrar vasculitis leucocitoclástica/neutrofílica.

SAVI: estimulador de los genes de interferón (STING) asociados a vasculitis de la infancia. Surge de una mutación del gen TMEM173. Se presenta en edades tempranas con un exantema vasculítico que afecta a mejillas, nariz y zonas acras con ulceraciones crónicas y enfermedad pulmonar intersticial progresiva asociada a hipertensión pulmonar(1,9).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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9.*** Eleftheriou D, Brogan PA. Therapeutic advances in the treatment of vasculitis. Pediatr Rheumatol Online J. 2016; 14(1): 26.

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15.** Leftheriou D, Levin M, Shingadia D, Tulloh R, Klein NJ, Brogan PA. Management of Kawasaki disease. Arch Dis Child. 2014; 99(1): 74-83.

16.** Esposito S, Bianchini S, Dellepiane RM, Principi N. Vaccines and Kawasaki disease. Expert Rev Vaccines. 2016; 15(3): 417-24.

17. Chen S, Dong Y, Yin Y, Krucoff MW. Intravenous immunoglobulin plus corticosteroid to prevent coronary artery abnormalities in Kawasaki disease: a meta-analysis. Heart. 2013; 99: 76-82.

18. Kobayashi T, Saji T, Otan T, Takeuchi K, Nakamura T, Arakawa H, et al. Efficacy of immunoglobulin plus prednisolone for prevention of coronary artery abnormalities in severe Kawasaki disease (RAISE study): a randomised, open-label,blinded-endpoints trial. Lancet. 2012; 379: 1613–20.

19.** Chen S, Dong Y, Kiuchi MG, Wang J, Li R, Ling Z, et al. Coronary Artery Complication in Kawasaki Disease and the Importance of Early Intervention: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Pediatr. 2016.

20. Baek JY, Song MS. Meta-analysis of factors predicting resistance to intravenous immunoglobulin treatment in patients with Kawasaki disease. Korean J Pediatr. 2016; 59(2): 80-90.

21. Camacho MS, Lirola MJ. Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis. Pediatr Integral. 2013; XVII(1): 34-46.

Bibliografía recomendada

Batu ED, Bilginer Y. Classification of Vasculitis in Childhood. Ann Paediatr Rheum. 2016; 5: 1-10.

Muy interesante artículo de revisión en el que se hace una puesta al día de la clasificación de las vasculitis pediátricas.

Eleftheriou D, Brogan PA. Therapeutic advances in the treatment of vasculitis. Pediatr Rheumatol Online J. 2016; 14(1): 26.

Se hace un repaso sobre las últimas novedades en los tratamientos de las principales vasculitis en la infancia, y una actualización sobre enfermedades autoinflamatorias con manifestaciones vasculíticas descritas muy recientemente.

Newburger J, Takahashi M, Gerber M, Gewitz M, Tani L, Burns J, et al. Diagnosis, Treatment, and Long-Term Management of Kawasaki Disease: Statement for Health Professionals From the Committee on Rheumatic Fever, A Endocarditis, and Kawasaki Disease, Council on Cardiovascular Disease in the Young, American Heart Association. Pediatrics. 2004; 114; 1708-33.

Completa y estupenda revisión de EK con un algoritmo de manejo de EK incompleto, muy útil para la práctica diaria.

Leftheriou D, Levin M, Shingadia D, Tulloh R, Klein NJ, Brogan PA. Management of Kawasaki disease. Arch Dis Child. 2014; 99(1): 74-83.

Contiene un algoritmo muy útil, con las recomendaciones de tratamiento de la enfermedad de Kawasaki refractaria.

Esposito S, Bianchini S, Dellepiane RM, Principi N. Vaccines and Kawasaki disease. Expert Rev Vaccines. 2016; 15(3): 417-24.

Interesante artículo, en el que se explican todos los aspectos relacionados con las vacunas y la enfermedad de Kawasaki.

 

Caso clínico

 

Lactante de 5 meses que acude por fiebre de 72 horas de evolución. Exantema maculopapuloso generalizado que ha aparecido en las últimas 24 horas. Rechazo parcial de las tomas. No antecedentes personales ni familiares de interés.

Exploración

Destaca la irritabilidad. Presenta lesiones maculopapulosas generalizadas. No se encuentran hallazgos patológicos en el resto de la exploración.

Pruebas complementarias al ingreso

Hemograma: leucocitos: 17.480/uL, 48% de PMN, Hb: 10,8 g/dL, plaquetas: 406.000/uL. Coagulación normal. Bioquímica: normal, excepto proteínas totales: 3,7 g/dL. PCR: 88 mg/L. Orina: leucocitos +. LCR: 26 células, 58% PMN, glucosa y proteínas normales.

Evolución

Tras 48 horas de antibioterapia empírica, persiste la fiebre y el exantema. Aparece hiperemia conjuntival bilateral y edema de manos y pies. Se repite la analítica en la que la Hb ha descendido a 7,9 g/dl y la PCR se ha elevado a 172 mg/l. El urocultivo, cultivo de LCR y hemocultivo son negativos.

 

 

 

 

Artritis idiopática juvenil

E. Urbaneja Rodríguez, P. Solís Sánchez
Temas de FC


E. Urbaneja Rodríguez, P. Solís Sánchez

Unidad de Inmunología y Reumatología Pediátricas. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valladolid

 

Resumen

La Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática más frecuente en Pediatria (quitar en la infancia) y una importante causa de morbilidad infantil. El término AIJ se define como una artritis que debe aparecer antes de los 16 años y persistir, al menos, 6 semanas, excluyendo otras causas de artritis típicas de la infancia, y engloba a un grupo heterogéneo de artritis dividido en 7 categorías principales (oligoarticular, poliarticular con factor reumatoide negativo, poliarticular con factor reumatoide positivo, sistémica, artritis relacionada con entesitis, artritis psoriásica y artritis indiferenciada), según la última clasificación vigente. La forma sistémica asocia sintomatología general (fiebre, exantema, hepatoesplenomegalia, linfadenopatías, serositis) y tiene una clara base autoinflamatoria; mientras que en el resto de categorías predominan los síntomas articulares y tienen un origen autoinmune. El diagnóstico de la enfermedad es clínico, aunque las pruebas de laboratorio y de imagen pueden ayudar a confirmarlo. La principal complicación asociada es la aparición de uveítis crónica anterior, por lo que siempre será necesario un seguimiento conjunto y periódico, con Oftalmología, de estos pacientes. El tratamiento de la enfermedad depende de múltiples factores y ofrece numerosas posibilidades, siendo, en general, el metotrexato el primer fármaco de elección utilizado para conseguir la remisión de la enfermedad, aunque también se disponen en la actualidad de otras muchas estrategias terapéuticas (fármacos biológicos), que han supuesto toda una revolución en el pronóstico de esta patología.

 

Abstract

Juvenile Idiopathic Arthritis (JIA) is the most frequent rheumatic disease in children and an important cause of childhood morbidity. The term JIA is defined as an arthritis that should appear before 16 years old and persist for at least 6 weeks, excluding other causes of arthritis typical in childhood, and encompasses a heterogeneous group of arthritis divided into 7 main categories (oligoarticular, poliarticular with negative rheumatoid factor, poliarticular with positive rheumatoid factor, systemic, arthritis related to enthesitis, psoriatic arthritis and undifferentiated arthritis) according to the last classification. The systemic form associates general symptomatology (fever, exanthema, hepatosplenomegaly, lymphadenopathy, serositis) and has a clear autoinflammatory base, while in the other categories joint symptoms predominate and have an autoimmune origin. The diagnosis of the disease is clinical, although laboratory
and imaging tests may help to confirm this. The main complication associated is the appearance of chronic anterior uveitis, so it will always be necessary to follow up together and periodically with Ophthalmology of these patients. The treatment of the disease depends on multiple factors and offers numerous possibilities, being in general methotrexate the first medicine of choice used to achieve remission of the disease, but also currently available many other therapeutic strategies (biological drugs) that have led to a revolution in the prognosis of this pathology.

 

Palabras clave: Artritis idiopática juvenil; Uveítis; Metotrexato; Terapia biológica

Key words: Juvenile Idiopathic Arthritis; Uveitis; Metotrexato; Biological therapy

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 170-182


Artritis idiopática juvenil

Introducción

La artritis idiopática juvenil es la enfermedad reumática más frecuente en la infancia, una de las enfermedades crónicas más prevalentes en niños y una importante causa de morbilidad infantil.

La Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) es la enfermedad reumática crónica más frecuente en niños y una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia(1). El término AIJ en­globa a un grupo heterogéneo de artritis crónicas de causa desconocida que, como premisas fundamentales, deben aparecer antes de los 16 años de edad y persistir durante, al menos, 6 semanas para su diagnóstico, habiendo excluido previamente otras causas conocidas de artritis.

La primera descripción de la enfermedad se realizó por George Frederic Still en 1897, quién detalló en 22 niños un patrón de artritis crónica, asociando algunos de ellos un comienzo sistémico con fiebre, adenopatías y hepatoesplenomegalia(2). Posteriormente, numerosos autores hicieron referencia a la aparición de diferentes formas de la enfermedad, planteándose si se trataba de una única entidad o de varias patologías agrupadas bajo un mismo término.

La denominación actual de AIJ está aceptada internacionalmente y fue acuñada a partir de 1995 por la International League of Associations for Rheumatology (ILAR), suplantando a otros nombres que esta enfermedad recibió con anterioridad: “Artritis Reumatoide Juvenil”, término propuesto en Estados Unidos por el American College of Rheumatology (ACR) y “Artritis Crónica Juvenil”, término utilizado en Europa por la European League Against Rheumatism (EULAR)(3). El uso actual de estos dos últimos términos como sinónimos de AIJ conduce a error y no son equivalentes, ya que en ellos fueron utilizados otros criterios de clasificación, por lo que no deben usarse.

La AIJ se divide, a su vez, en diferentes subtipos según unos criterios unificados de clasificación de la ILAR, revisados por última vez en el 2001 en Edmonton(4). Cada forma clínica presenta unos criterios de clasificación bien definidos (forma clínica, criterios de inclusión y criterios de exclusión), ya que cada categoría presenta diferentes manifestaciones clínicas, evolución, respuesta al tratamiento y pronóstico. Está clasificación está en proceso de validación y continua revisión, con el fin de obtener una categorización lo más perfecta posible que permita agrupar a los pacientes de forma homogénea y, a su vez, facilite la investigación. Los criterios de clasificación actualmente vigentes, que presentan algunas limitaciones, se verán modificados próximamente, cuando exista suficiente evidencia científica que así lo aconseje.

Epidemiología

La prevalencia e incidencia reales de la AIJ son desconocidas, aunque se sabe que la AIJ oligoarticular es el subtipo más frecuente en todas las poblaciones.

La AIJ presenta una distribución mundial, aunque su incidencia y prevalencia reales son desconocidas, probablemente debido a un infradiagnóstico de la enfermedad. En los últimos estudios publicados por Thierry et al., se estima en Europa una incidencia de 1,6-23/100.000 niños menores de 16 años y una prevalencia de 3,8-400/100.000 niños menores de 16 años(5).

En nuestro medio, la AIJ oligoarticular es el subtipo más frecuente (50%), seguido de la AIJ poliarticular (25%), AIJ sistémica (5-15%), artritis relacionada con entesitis (10-15%) y artritis psoriásica (2%). Al aplicar la clasificación de la ILAR, el porcentaje de artritis indiferenciadas puede llegar hasta un 10%. La edad de aparición es variable y característica de cada subtipo de AIJ(3). Existe predominio del sexo femenino en las formas oligoarticular, poliarticular y psoriásica, no hay diferencias en cuanto al sexo en la forma sistémica, y predomina el sexo masculino en la artritis relacionada con entesitis (Tabla I).

Clasificación

La AIJ engloba a un conjunto heterogéneo de artritis, dividido en 7 categorías principales según la última clasificación vigente (Edmonton, 2001), con características mutuamente excluyentes y fenotípicamente bien diferenciadas.

Según la última clasificación vigente de la ILAR, que ya se comentó anteriormente (Edmonton, 2001), se distinguen 7 categorías dentro de la AIJ(4). Dicha categorización en subtipos de la enfermedad se realizó con el fin de clasificar a los pacientes en grupos homogéneos con características similares. La clasificación se realiza a los 6 meses del diagnóstico de la enfermedad, sobre la base de unos criterios bien definidos. Cada categoría de AIJ es mutuamente excluyente, existiendo unos criterios de exclusión aplicados a cada categoría que se definen a continuación de forma general y, posteriormente, según categorías.

Criterios de exclusión

a. Psoriasis en paciente o en familiar de primer grado.

b. Artritis en varón mayor de 6 años HLA-B27 positivo.

c. Antecedentes de: espondilitis anquilosante, artritis relacionada con entesitis, sacroileítis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome de Reiter o uveítis anterior aguda en paciente o en familiar de primer grado.

d. Presencia de factor reumatoide (FR) en, al menos, dos determinaciones separadas entre sí 3 meses.

e. Presencia de AIJ sistémica en paciente.

Características principales de cada categoría de AIJ

AIJ oligoarticular: es la categoría más frecuente y la que tiene mejor pronóstico. Se define como una artritis de 4 o menos articulaciones durante los 6 primeros meses de enfermedad. Puede ser persistente (si a lo largo de la evolución de la enfermedad no se afectan más de 4 articulaciones) o extendida (si a lo largo de la evolución de la enfermedad se afectan más de 4 articulaciones). Criterios de exclusión: a, b, c, d y e.

AIJ poliarticular factor reumatoide negativo: artritis de 5 o más articulaciones durante los 6 primeros meses de enfermedad. La determinación del factor reumatoide es negativa. Criterios de exclusión: a, b, c, d y e.

AIJ poliarticular factor reumatoide positivo: está categoría se asemeja a la artritis reumatoide del adulto. Se define como una artritis de 5 o más articulaciones durante los 6 primeros meses de enfermedad. La determinación del factor reumatoide debe ser positiva en, al menos, dos determinaciones separadas entre sí 3 meses. Criterios de exclusión: a, b, c y e.

AIJ sistémica: artritis en una o más articulaciones y fiebre diaria de, al menos, dos semanas de duración (objetivada, al menos, 3 días) con uno o más de los siguientes criterios:

1. Exantema eritematoso evanescente.

2. Adenopatías.

3. Hepatomegalia y/o esplenomegalia.

4. Serositis.

Criterios de exclusión: a, b, c y d.

AIJ artritis relacionada con entesitis: artritis y entesitis, o artritis o entesitis y dos o más de los siguientes criterios:

1. Dolor sacroilíaco y/o dolor inflamatorio lumbosacro.

2. Presencia de HLA-B27 positivo.

3. Aparición de síntomas en varón mayor de 6 años.

4. Uveítis anterior aguda.

5. Antecedentes de: espondilitis anquilosante, artritis relacionada con entesitis, sacroileítis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome de Reiter o uveítis anterior aguda en familiar de primer grado.

Criterios de exclusión: a, d y e.

AIJ artritis psoriásica: artritis y psoriasis, o artritis y dos o más de los siguientes criterios:

1. Dactilitis.

2. Afectación ungueal: lesiones puntiformes en uñas u onicolisis.

3. Familiar de primer grado afecto de psoriasis.

Criterios de exclusión: b, c, d y e.

AIJ artritis indiferenciada: artritis que no cumple criterios de ninguna categoría o cumple criterios de varias categorías.

A pesar de que los criterios de inclusión y exclusión de cada subtipo de AIJ están bien establecidos, no todos los pacientes se encuentran correctamente clasificados con los criterios actuales, por lo que siguen existiendo aspectos mejorables, siendo cada vez más necesaria una revisión de la clasificación actual que se llevará a cabo en un futuro cercano(6).

Etiopatogenia

La AIJ sistémica es una enfermedad autoinflamatoria, mientras que el resto de formas de AIJ son enfermedades autoinmunes. Estas diferencias etiopatogénicas son la clave de la utilización de diferentes estrategias terapéuticas según el subtipo de la enfermedad.

La AIJ tiene una etiopatogenia multifactorial. Se describen mecanismos inmunológicos y ambientales que actúan en un individuo genéticamente predispuesto(7). Salvo el subtipo de AIJ sistémica, que tiene una base autoinflamatoria con alteración de la inmunidad innata, el resto de formas de AIJ poseen un claro componente autoinmune y se asocian a alteraciones en la inmunidad adaptativa, tanto humoral como celular (Tabla II).

Actualmente, se conoce bien que la AIJ sistémica se produce como consecuencia de una disregulación del sistema inmune innato, caracterizada por una activación anómala de fagocitos que conduce a un aumento de citoquinas proinflamatorias (IL-1, IL-6, IL-18, proteínas S100) que son las responsables de sus manifestaciones clínicas específicas, englobándose, por tanto, dentro de los trastornos autoinflamatorios. Se han descrito polimorfismos en genes que codifican IL-6 y el factor inhibidor de macrófagos en esta forma de AIJ.

En las formas oligo y poliarticulares, existe una respuesta autoinmune mediada por linfocitos T CD4+, que son activados por autoantígenos, produciendo un desequilibrio entre células Th1 y Th17 (aumentadas) y células T reguladoras (disminuidas) que causa un fallo en la tolerancia frente a dichos autoantígenos y un incremento de citoquinas proinflamatorias (IFN-γ, IL-17) con inhibición de citoquinas antiinflamatorias (IL-10), provocando, todo ello, la inflamación sinovial. Existe una cierta asociación de estas formas de AIJ con algunos antígenos leucocitarios humanos, como: HLA-A2 (forma oligoarticular), HLA-DRB1 (forma poliarticular con FR negativo), HLA-DR4 (forma poliarticular con FR positivo), aunque con una asociación menos fuerte que en otros tipos de artritis.

En el caso de las formas de artritis relacionada con entesitis y artritis psoriásica (englobadas ambas dentro de las espondiloartropatías juveniles), existe una respuesta predominante de linfocitos T CD8+, con mayor expresión celular de TNF-α. En la artritis relacionada con entesitis, existe además una fuerte asociación con la presencia de HLA-B27, molécula perteneciente al complejo mayor de histocompatibilidad tipo I, determinando una mayor frecuencia de casos dentro de una misma familia. En ambos subtipos, se han descrito polimorfismos de IL23R-, que codifica el receptor de IL-23, favoreciendo la aparición de estos dos subtipos de AIJ.

Numerosos factores ambientales podrían actuar como desencadenantes de las diferentes formas de la enfermedad, existiendo en los últimos años numerosas publicaciones que intentan relacionar la aparición de AIJ con: antecedentes infecciosos y vacunales, estrés psicológico, lactancia materna, tabaquismo materno durante embarazo, traumatismos, etc.

Un mejor conocimiento en los mecanismos inmunológicos de la AIJ y en los biomarcadores implicados en cada categoría de la enfermedad, podrá facilitar en los próximos años nuevos avances en su inmunopatología e investigar nuevas dianas terapéuticas(8).

Clínica

Es necesario que exista artritis para poder diagnosticar a un niño de AIJ, aunque pueden existir otras múltiples manifestaciones clínicas.

En general, en la mayoría de casos, la AIJ tiene un comienzo lento e insidioso. El niño suele presentar cojera ocasional con rigidez matutina (está peor después del reposo prolongado y mejora a lo largo del día), marcando la descripción de un ritmo inflamatorio, disminuye su actividad física y la tumefacción articular no es muy evidente. Cuando el debut de la enfermedad se produce de forma precoz en época de lactante, estos suelen estar irritables y se niegan a caminar. Cuando la enfermedad avanza, las articulaciones afectas aparecen: inflamadas, calientes al tacto, limitadas en movimiento y, en ocasiones, puede existir dolor a la palpación o con la movilización, aunque el dolor no es un síntoma predominante en la AIJ.

Cada subtipo de AIJ presenta una forma de afectación articular característica(9), que se describe de forma gráfica en la tabla I.

Si se trata de una AIJ oligoarticular, se afectan al inicio del cuadro ≤ 4 articulaciones, siendo lo más frecuente la artritis de grandes articulaciones de extremidades inferiores, sobre todo, rodilla y tobillo (Fig. 1).

Figura 1. Artritis de rodilla derecha en paciente con AIJ oligoarticular.

La afectación aislada de articulaciones de miembros superiores es menos frecuente. En función de si aparecen anticuerpos antinucleares (ANA) positivos o negativos, existirá un mayor o menor riesgo de uveítis en este grupo de pacientes, siendo la categoría de AIJ que, en general, tiene un mayor riesgo de uveítis.

La AIJ poliarticular se caracteriza por afectar a ≥ 5 articulaciones, generalmente de forma simétrica, pudiendo aparecer en miembros superiores e inferiores, afectando incluso a pequeñas articulaciones de dedos de manos y pies (Fig. 2).

Figura 2. Artritis de articulación interfalángica de 1er dedo mano derecha en paciente con AIJ poliarticular.

Si asocia factor reumatoide positivo su evolución se asemejará a una artritis reumatoide del adulto. La aparición de nódulos reumatoides no es frecuente en la infancia y se asocia a formas graves con factor reumatoide positivo. Es típico de esta categoría la aparición de micrognatia secundaria a la afectación crónica de la articulación temporomandibular. También, es posible la afectación de las vértebras cervicales, ocasionando una disminución de la extensión del cuello y la afectación de caderas.

En la artritis relacionada con entesitis, existe artritis periférica y asimétrica de grandes articulaciones de miembros inferiores, sobre todo: rodilla, tobillo y cadera, pudiendo aparecer entesitis (inflamación en la zona de inserción de un tendón, ligamento, fascia o unión de cápsula articular al hueso, que generalmente afecta a las inserciones de la fascia plantar, tendón de Aquiles y tendón rotuliano) o tarsitis (Fig. 3).

Figura 3. Tarsitis bilateral en paciente varón de 14 años con artritis relacionada con entesitis.

La afectación del esqueleto axial (articulaciones sacroilíacas) es menos frecuente en la infancia y suele aparecer durante la edad adulta.

En la artritis psoriásica, aparece artritis asimétrica que puede afectar a grandes y pequeñas articulaciones, siendo muy característico de este subtipo la aparición de dactilitis o dedo en salchicha (Fig. 4).

Figura 4. Dactilitis de 2º dedo pie derecho, sugestiva de forma de AIJ asociada a psoriasis

Puede haber psoriasis en hasta el 50% de casos, siendo poco frecuente su presentación simultánea (Fig. 5).

Figura 5. Psoriasis vulgar en niña con AIJ. Recordar su típica aparición en forma de placas eritematosas descamativas que afectan a zonas de extensión y cuero cabelludo.

También, es frecuente la afectación ungueal en forma de pitting u onicolisis.

En algunas ocasiones, el debut de la AIJ no es puramente articular y comienza de forma brusca y grave con participación visceral, ocasionando un cuadro de afectación del estado general, con aparición de fiebre diaria en picos ≥ 39ºC, exantema maculopapuloso de la AIJ sistemica (no pruriginoso, transitorio, predominante en tronco, raíz de miembros y flexuras), que puede acompañarse de fenómeno de Koebner, linfadenopatías generalizadas, hepatoesplenomegalia y pleuritis, pericarditis o peritonitis, además de la asociación de artritis, que definen, en este caso, una AIJ sistémica (Figs. 6 y 7).

Figura 6. Exantema asalmonado evanescente en paciente con AIJ sistémica.

Figura 7. Exantema asalmonado evanescente en paciente con AIJ sistémica.

Inicialmente, la artritis puede afectar a una o varias articulaciones e incluso aparecer con posterioridad al resto de síntomas, pero clásicamente evoluciona a un patrón poliarticular en hasta un 30% de casos. La AIJ sistémica cursa de forma monocíclica con resolución completa del cuadro tras un primer episodio en la mitad de casos, pero en el resto, aparecen brotes repetidos de la enfermedad.

Complicaciones

La uveítis crónica anterior es la manifestación extraarticular más frecuente de la AIJ y su principal complicación.

En pacientes con AIJ, puede existir afectación ocular en forma de uveítis crónica anterior en un 10-30% de casos, sobre todo, durante los primeros cuatro años después del diagnóstico de AIJ y en aquellos pacientes con formas oligoarticulares y ANA positivos, aunque puede presentarse en cualquier momento de evolución de la enfermedad e incluso preceder a la aparición de la artritis. En la mayoría de las ocasiones, la uveítis es asintomática o silente, bilateral y recurrente, por lo que todo paciente con AIJ deberá tener un seguimiento ocular periódico en función de las recomendaciones actualmente vigentes(10,11).

La primera visita al oftalmólogo debería realizarse de forma precoz tras el diagnóstico de AIJ (preferiblemente en el primer mes) y las visitas de seguimiento se realizarán en función del riesgo de uveítis: cada 3 meses en pacientes con alto riesgo, cada 6 meses si riesgo moderado o cada 12 meses si bajo riesgo (Tabla III).

La exploración oftalmológica deberá realizarse siempre con lámpara de hendidura para detectar los signos típicos de uveítis (presencia de células en cámara anterior, debido a la rotura de la barrera hematoacuosa) y establecer el grado de actividad según el grupo Standardization of Uveitis Nomenclature (SUN)(12).

El objetivo fundamental de dicho seguimiento es evitar sus posibles complicaciones: sinequias, cataratas, glaucoma, queratopatía en banda, edema macular quístico y disminución de la agudeza visual. Si aparece uveítis, se deberá iniciar tratamiento específico de forma precoz y conjunta entre oftalmólogos y reumatólogos pediátricos(13).

Otra complicación mucho menos frecuente, pero grave y potencialmente mortal es el síndrome de activación del macrófago (SAM), que aparece, sobre todo, en los casos de AIJ sistémica. El SAM es un término utilizado para describir al grupo de linfohistiocitosis hemofagocíticas secundarias a enfermedades reumáticas. Puede aparecer en un 10% de pacientes con AIJ sistémica y, de forma subclínica, en hasta un 30-40% de casos e incluso puede ser su primera manifestación de una AIJ sistémica y aparecer en forma de recidivas. También, se han descrito casos de SAM secundarios a lupus eritematoso sistémico, enfermedad de Kawasaki y síndromes de fiebre periódica(14). Se caracteriza por una activación y proliferación descontrolada de linfocitos T y macrófagos que sintetizan de forma masiva citoquinas proinflamatorias, cuyo resultado es la llamada “tormenta citoquímica” responsable de sus alteraciones clínicas y analíticas.

Habrá que sospecharlo, cuando un paciente con AIJ sistémica presente de forma aguda un empeoramiento del estado general, con: fiebre alta persistente, hepatoesplenomegalia, linfadenopatías, alteraciones neurológicas (cefalea, irritabilidad, desorientación, obnubilación, convulsiones, coma), tendencia al sangrado (aparición de petequias/púrpura, sangrado en puntos de venopunción, epistaxis) y alteraciones analíticas características (citopenias, elevación de transaminasas, ferritina, lactato deshidrogenasa, triglicéridos y dímero D, con disminución del fibrinógeno y de la velocidad de sedimentación globular). El SAM puede llegar a tener una mortalidad del 8% según los últimos estudios publicados, siendo fundamental un reconocimiento precoz de esta entidad para iniciar un tratamiento adecuado en el menor tiempo posible.

Los niños con AIJ pueden presentar también retraso en el crecimiento y disminución de la masa ósea (osteopenia), secundarios a un estado de inflamación crónico y al tratamiento con corticoides.

Diagnóstico

No existe ninguna prueba de laboratorio o de imagen que confirme el diagnóstico de AIJ. Se trata, por tanto, de un diagnóstico clínico tras exclusión de otras causas de artritis en la infancia.

El diagnóstico diferencial de la AIJ es amplio (causas infecciosas, tumorales, traumáticas y otras enfermedades del tejido conectivo) y está basado fundamentalmente en una buena anamnesis y exploración física.

Datos clave para sospechar una AIJ en la anamnesis

Siempre habrá que diferenciar si los síntomas del niño tienen características mecánicas o inflamatorias (dato cardinal de AIJ). Para ello, debemos preguntar de forma específica si el niño está peor por las mañanas al levantarse después del reposo, presenta rigidez matutina y si va mejorando a lo largo del día. La detección de un ritmo inflamatorio obligará al despistaje de AIJ, entre otras enfermedades reumáticas. Además, será necesario investigar antecedentes familiares de patología reumática, enfermedad inflamatoria intestinal, uveítis y/o psoriasis en familiares de primer grado.

Datos clave para sospechar una AIJ en la exploración física

Siempre buscar lesiones cutáneas y ungueales compatibles con psoriasis (que pueden determinar el diagnóstico de AIJ psoriásica) o exantema maculopapuloso evanescente asalmonado (típico de AIJ sistémica), así como la presencia de hepatoesplenomegalia y/o adenopatías (que pueden acompañar a AIJ sistémica). Respecto al aparato locomotor, deberemos examinar, una a una, todas las articulaciones del niño, buscando datos de tumefacción, movilidad limitada y/o dolorosa. Además, evaluaremos la fuerza muscular, marcha y presencia de dismetrías (la articulación inflamada crece más que la sana).

Pruebas complementarias

Pruebas de laboratorio: ante la sospecha de una AIJ, siempre se deberán solicitar: hemograma, bioquímica (que incluya perfil hepático y renal) y determinación de reactantes de fase aguda (PCR y VSG). La determinación de ASLO, ácido úrico, enzimas musculares, serologías víricas y complemento puede ayudarnos a diferenciar otras causas de artritis. No existe ningún marcador de laboratorio que sea diagnóstico de AIJ; no obstante, la determinación de los anticuerpos antinucleares (ANA), HLA-B27 y factor reumatoide (FR) puede ayudar a la clasificación en subtipos de la enfermedad. Es importante destacar que dichos marcadores pueden estar presentes en niños sanos, no siendo específicos ni diagnósticos de enfermedad reumática. Los ANA positivos determinan, como ya se comentó previamente, un mayor riesgo de uveítis y pueden aparecer en hasta el 70% de formas oligoarticulares, 30-50% de formas psoriásicas y 25% de formas poliarticulares con FR negativo. La realización de una artrocentesis con obtención de líquido de características inflamatorias (líquido amarillento, turbio y poco viscoso, con aumento de celularidad, glucosa algo disminuida y proteínas aumentadas) y cultivo negativo, apoya el diagnóstico y debe realizarse siempre que sea posible.

Pruebas de imagen: la mejor técnica de imagen por su inocuidad, fácil realización y bajo coste es la ecografía articular. En ella, se puede distinguir sinovitis o presencia de derrame articular, características típicas de una articulación afecta de AIJ. Una radiografía ósea será necesaria para descartar procesos tumorales o traumatológicos, con los que es necesario realizar un diagnóstico diferencial al inicio del cuadro, pero no es demasiado útil en el seguimiento del paciente, ya que las lesiones óseas típicas de la AIJ aparecen en la radiografía de forma tardía, provocando una disminución del espacio articular, crecimiento óseo y erosiones. La resonancia magnética es una técnica con alta sensibilidad y especificidad para la detección de artritis, pero, en ocasiones, no está disponible en todos los centros. Existen una serie de recomendaciones sobre las pruebas de imagen más útiles en el diagnóstico y seguimiento de la AIJ, publicadas recientemente que pueden orientar el criterio del médico(15).

Diagnóstico de SAM

El diagnóstico de SAM no es fácil, debido a que sus manifestaciones clínicas y analíticas pueden, en ocasiones, solaparse inicialmente a las de brotes de AIJ sistémica o cuadros infecciosos/sepsis. En el 2016, se han publicado unos criterios conjuntos por EULAR, ACR y PRINTO para facilitar el diagnóstico de SAM en pacientes con AIJ sistémica(16), definiendo una serie de indicadores que se resumen en la Tabla IV.

Es útil remarcar, que para sospechar un SAM es importante que el pediatra sepa reconocer un empeoramiento clínico rápido y un cambio relativo en los valores de laboratorio en un paciente con sospecha de AIJ sistémica o con una AIJ sistémica ya confirmada, para poder hacer un diagnóstico temprano del mismo. En ocasiones, la biopsia de médula ósea no muestra signos de hemofagocitosis de los macrófagos inicialmente, por lo que se recomienda iniciar tratamiento específico del mismo de forma precoz, una vez que la sospecha clínica esté bien establecida.

Tratamiento

El tratamiento de la AIJ debe iniciarse de forma precoz, ya que se dispone de una “ventana terapéutica” en la que se obtiene una mejor respuesta, y realizarse de forma individualizada, dependiendo del subtipo de la enfermedad, la edad al debut, el tipo de afectación y su gravedad.

El tratamiento de la AIJ es complejo y siempre debe realizarse en centros especializados en el manejo de niños con enfermedades reumáticas. Las posibilidades terapéuticas en la AIJ son amplias y, de forma general, podrían entenderse como los peldaños de una escalera en la que se asciende progresivamente en función de las características del paciente y la evolución de su enfermedad (Fig. 8).

Figura 8. Posibilidades de tratamiento en la AIJ: escalera terapéutica.

La actitud conservadora en su tratamiento ha cambiado desde hace ya más de una década, imponiéndose actualmente el empleo precoz de fármacos que controlen la actividad de la enfermedad y eviten el daño a largo plazo (Tabla V).

Primer escalón terapéutico: antiinflamatorios no esteroideos (AINES)

Se utilizan únicamente como tratamiento sintomático, ya que tienen efectos analgésico, antiinflamatorio y antipirético, al inhibir la ciclooxigenasa (COX) e interferir en la síntesis de prostaglandinas. No modifican la evolución de la enfermedad. Generalmente, se administran de forma precoz en cualquier subtipo de AIJ, ya sea en el debut de la enfermedad hasta su confirmación diagnóstica, como ante brotes de la misma hasta su adecuado control. Son la mejor opción terapéutica para administrar desde Atención Primaria a un niño en el que se sospeche una AIJ, hasta que pueda ser valorado de forma precoz por pediatras especialistas en este campo.

Segundo escalón terapéutico: corticoides

En la AIJ pueden utilizarse de forma oral, intravenosa o intraarticular. Presentan acción antiinflamatoria e inmunosupresora. Cuando existe artritis de una o varias articulaciones y estas se pueden infiltrar fácilmente, el uso de acetónido de triamcinolona disminuye la actividad de la enfermedad, aunque su efecto no dura más de varios meses. En general, los corticoides suelen utilizarse como terapia puente hasta que se obtiene la efectividad de otros fármacos y son una de las terapias de elección para formas graves y con afectación sistémica. Por sus efectos secundarios, se prefiere su uso durante períodos cortos de tiempo y es importante recalcar que los pacientes que realicen un tratamiento con corticoides sistémicos deben recibir suplementos de calcio y vitamina D.

Tercer escalón terapéutico: fármacos modificadores de enfermedad (FAME)

El más usado y con el que se tiene más experiencia en niños es el metotrexato (MTX), un antagonista del ácido fólico que inhibe competitivamente a la enzima dihidrofolato reductasa, con actividad antiinflamatoria e inmunosupresora (a dosis bajas) y antiproliferativa (a dosis altas). Es el fármaco de elección en la AIJ como primer inductor de remisión de la enfermedad y constituye el eje terapéutico fundamental en estos pacientes. En el 2016, se ha publicado en nuestro país un documento de consenso realizado por expertos en el campo de la Reumatología Pediátrica sobre el uso de metotrexato en pacientes con AIJ y sus principales recomendaciones(17). Puede usarse por vía subcutánea u oral, aunque por esta segunda vía su biodisponibilidad es un 10% menor. Tarda en hacer efecto unas 6-8 semanas, alcanzando su máxima efectividad a partir de los 3 meses de tratamiento. Para reducir sus efectos secundarios, se debe administrar ácido fólico unas 24-48 horas después del MTX.

Otros FAME, como la sulfasalazina o leflunomida, pueden usarse en ciertas formas de AIJ, aunque no suelen emplearse mucho en Pediatría.

Cuarto escalón terapéutico: fármacos biológicos

Han supuesto toda una revolución terapéutica en el campo de la Reumatología Infantil. Actúan de forma específica contra las moléculas que producen la respuesta inflamatoria (moléculas de adhesión, citoquinas, linfocitos B o T, etc.) y su uso ha cambiado radicalmente el pronóstico de esta enfermedad. Son fármacos de prescripción hospitalaria y se aplican de forma subcutánea o endovenosa. Se describen, a continuación, los mejor conocidos en Pediatría:

• Antagonistas del Factor de Necrosis Tumoral Alfa (TNF-α): representan el grupo más numeroso y con el que se tiene más experiencia. Existen dos categorías:

Anticuerpos antirreceptor soluble del TNF: Etanercept.

Anticuerpos anti TNF: Infliximab, Adalimumab, Golimumab y Certolizumab pegol.

• Antagonistas de interleucina 1 (IL-1): Anakinra y Canakinumab.

• Antagonista de interleucina 6 (IL-6): Tocilizumab.

• Antagonista de linfocitos T: Abatacept.

• Antagonista de linfocitos B: Rituximab.

Debemos saber que antes del inicio de cualquier terapia con MTX o con fármacos biológicos, habrá que solicitar un Mantoux y realizar serologías frente a virus de la hepatitis B, C y VIH (descartar infecciones latentes, ya que pueden reactivarlas). Además, debemos realizar controles analíticos periódicos, con hemograma y bioquímica (detección de posibles citopenias, alteraciones de perfil hepático, autoanticuerpos séricos). Debido a un mayor riesgo de infecciones, será recomendable que estos pacientes mantengan actualizado su calendario vacunal con administración de vacuna antigripal anual (al niño y a sus convivientes) e incluyendo vacunas frente a organismos encapsulados. No deben administrarse vacunas vivas durante dicho tratamiento.

Existen numerosas guías (Americana del 2011, Canadiense del 2016), en las que se explica de forma detallada diferentes posibilidades terapéuticas con sus peculiaridades, según cada categoría de AIJ. Por su extensión, no se describen en este artículo, aunque pueden resultar de interés si se quiere obtener una orientación sobre el tratamiento específico de una situación clínica determinada(18,19,20).

Tratamiento de la uveítis asociada a AIJ

Inicialmente, está basado en la administración de corticoides y ciclopléjicos tópicos, aunque a menudo se requiere una segunda línea de tratamiento con MTX y, si este no es eficaz, se añade terapia biológica con anti TNF-α (generalmente, Adalimumab), pudiendo utilizar otros fármacos como tratamiento de rescate en casos refractarios (Abatacept, Tocilizumab, Golimumab, Rituximab, etc.), de forma individualizada y en función de la experiencia de cada centro. En el año 2015, se ha publicado un documento de consenso elaborado por expertos en uveítis asociada a AIJ, donde se propone un algoritmo terapéutico y se resume de forma detallada cada opción terapéutica(10).

Tratamiento del SAM

Por la gravedad del cuadro, se recomienda iniciar de forma precoz bolos intravenosos de metilprednisolona a 10-30 mg/kg/día durante 3-5 días consecutivos, seguidos de prednisona oral a 1,5-2 mg/kg/día, con descenso progresivo posterior. Además, son necesarias medidas de soporte como en cualquier situación de riesgo vital. Si no se obtiene respuesta clínica en 24-48 horas desde el inicio del cuadro, se deberá añadir al tratamiento: ciclosporina A oral o endovenosa a dosis de 4-8 mg/kg/día o etopósido a 150 mg/m2/día, siendo, en este caso, todo un reto terapéutico. Cada vez hay más casos publicados con buena respuesta al tratamiento con fármacos biológicos (anti TNF-α y anti IL-1).

Tratamientos complementarios en la AIJ

Se recomienda realizar ejercicio físico de forma periódica y actividades propias de la edad del niño, para mejorar la movilidad articular y potenciar la musculatura. Además, la fisioterapia ocupa un lugar fundamental en la recuperación funcional de estos pacientes. Es importante vigilar también aspectos psicológicos relacionados con cualquier enfermedad crónica, insistiendo en la importancia del apoyo social. Los padres de niños con AIJ deben recibir información detallada de la enfermedad para poder comprender su naturaleza y evolución.

Dentro de la página web de la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica (SERPE), se ofrece información rigurosa sobre la AIJ dirigida a profesionales sanitarios, pacientes y familiares, que puede ser muy útil para comprender mejor la enfermedad y ayudar a estos niños.

Evolución y pronóstico

El pronóstico de la AIJ ha mejorado en los últimos años, debido a los múltiples avances en dicho campo, no obstante, varía mucho en función del subtipo de la enfermedad, el grado de afectación y la respuesta al tratamiento.

El pronóstico de la enfermedad ha mejorado mucho durante las últimas décadas, debido fundamentalmente a:

• Creación de unidades especializadas en el manejo de estos pacientes y derivación precoz a las mismas.

• Utilización racional de corticoides.

• Inicio precoz de tratamiento sistémico de la enfermedad.

• Generalización del uso de fármacos biológicos.

Existen diferentes instrumentos de medida (ACR 30/50/70/90, criterios de remisión de Wallace, JADAS 10; 27; 71) de la actividad de la AIJ que se pueden aplicar para evaluar y monitorizar a los pacientes a lo largo de la evolución de su enfermedad. Como ya se ha comentado, la AIJ oligoarticular es la forma que tiene mejor pronóstico, con un 50% de remisiones a los 5-10 años del inicio del cuadro. Las AIJ poliarticulares suelen tener un curso más agresivo y no remiten espontáneamente, sobre todo, las que tienen un factor reumatoide positivo. La artritis relacionada con entesitis tiene un curso variable y puede evolucionar a espondilitis anquilosante en hasta un 25% de pacientes. La artritis psoriásica remite en el 35% de casos. La AIJ sistémica es la forma más grave y suelen ser pacientes con actividad inflamatoria prolongada y de difícil control, en muchas ocasiones.

Función del Pediatra de Atención Primaria

• El reconocimiento precoz de esta enfermedad es fundamental por parte del Pediatra de Atención Primaria para evitar secuelas y complicaciones a largo plazo.

• Cualquier caso sospechoso de AIJ deberá ser enviado de forma precoz para estudio y seguimiento en centro especializado en Reumatología Pediátrica. Hasta que el niño sea valorado en dicho centro, el Pediatra de Atención Primaria podrá iniciar el estudio de artritis en el niño, realizando un exhaustivo diagnóstico diferencial y pautando tratamiento con AINES. No es adecuado el uso de corticoides, ya que pueden enmascarar otros diagnósticos.

• Es necesario realizar un seguimiento estrecho del calendario vacunal de estos enfermos, teniendo en cuenta que en todo paciente con AIJ que recibe tratamiento inmunosupresor, no se deben administrar vacunas vivas y están especialmente recomendadas la vacunal antigripal anual y vacunas contra organismos encapsulados.

• Es fundamental la vigilancia de las infecciones en pacientes con AIJ, ya que estas pueden ser más frecuentes y graves (si los pacientes están sometidos a tratamiento inmunosupresor) e incluso desencadenar brotes de la enfermedad.

Los pacientes con AIJ sometidos a tratamiento inmunosupresor deberán realizarse analítica sanguínea cada 3 meses, para monitorización de posibles citopenias y elevación de transaminasas.

• Asegurar de que el paciente con AIJ realiza un seguimiento ocular periódico por oftalmólogo experto en uveítis.

• Acompañar al paciente y sus familiares en el largo camino de esta enfermedad crónica, explicando dicha patología, su evolución y posibles tratamientos, siempre de forma coordinada y conjunta con el especialista en Reumatología Pediátrica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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Bibliografía recomendada

- Kliegman, Stanton, St. Geme, Schor. Nelson Tratado de Pediatría. 20ª Ed. Elsevier. 2016.

Libro de referencia internacional en Pediatría. Su última edición disponible en español, aborda en los capítulos 155 y 156 las principales características y formas clínicas de la AIJ.

- Petty, Laxer, Lindsley, Wedderburn. Textbook of Pediatric Rheumatology. 7ª Ed. Elsevier. 2016.

Libro de referencia internacional en el campo de la Reumatología Pediátrica. Su última edición en inglés, aborda de forma detallada todas las enfermedades reumáticas infantiles con las últimas actualizaciones en su etiopatogenia y tratamiento.

- Petty RE, Southwood TR, Manners P, et al. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: Second revision, Edmonton, 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2.

Artículo que hace referencia a la clasificación de la AIJ utilizada hasta el momento actual.

- Gowdie PJ, Tse SM. Juvenile Idiopathic Arhtritis. Pediatr Clin North Am. 2012; 59: 301-27.

Excelente revisión en inglés de los aspectos más relevantes de esta enfermedad.

- Cassidy J, Kivlin J, Lindsley C, et al. Ophtalmologic examinations in children with juvenile rheumatoid arthritis. Pediatrics. 2006; 117: 1843-5.

Documento en el que se basa a nivel internacional, el seguimiento ocular de los niños afectos de AIJ.

 

Caso clínico

 

Niña de 12 años derivada a la consulta desde Atención Primaria en Enero del 2016, por artritis de rodilla derecha y artralgias de dedos de ambas manos de larga evolución.

Anamnesis

Antecedentes familiares: padres sanos. No hermanos. Abuela materna con artritis reumatoide. Prima con enfermedad celíaca. No psoriasis. No enfermedad inflamatoria intestinal. No otros antecedentes reumáticos ni autoinmunes.

Antecedentes personales: embarazo, parto y período neonatal normales. Lactancia materna 6 meses. Beikost sin incidencias. Vacunas al día (incluyendo antineumocócica y meningococo B). No alergias conocidas. Desarrollo psicomotor normal. Desde hace 1 mes ha notado la rodilla derecha inflamada, asociando cojera al levantarse, que mejora progresivamente hasta desaparecer a media mañana. Está mejor por las tardes. Mejoría parcial con AINES. No refiere artritis a otros niveles, aunque si artralgias de dedos de ambas manos desde hace 2-3 años, no sabe si alguna vez con inflamación asociada. No antecedente infeccioso ni traumático. Afebril.

Exploración física

Color normal. No lesiones cutáneas. No masas ni visceromegalias. No adenopatías. Locomotor: rodilla derecha: tumefacta +++ limitada + dolorosa 0. Articulaciones interfalángicas proximales de dedos de ambas manos: tumefactas + limitadas + dolorosas 0 (Fig. 9).

Figura 9.

Micrognatia. No otros puntos dolorosos. No dactilitis. No entesitis. Maniobras sacroilíacas negativas. Fuerza conservada. Dismetría 0,5 cm a favor de extremidad inferior derecha. Marcha con cojera derecha intermitente.

Exploraciones complementarias

Analítica sangre: hemograma y bioquímica normales (incluyendo transaminasas). PCR: 5 mg/l. VSG: 20 mm. ASLO: 450 UI. ANA: positivos 1/160, FR: negativo, HLA-B27: negativo.

Microbiología: mantoux negativo. Serologías VHB, VHC y VIH negativas.

Ecografía rodilla derecha: moderado derrame articular con leve sinovitis asociada (Fig. 10).

Figura 10.

Artrocentesis rodilla derecha (bajo sedoanalgesia con Kalinox): se extraen unos 40 ml de líquido articular con el aspecto macroscópico que se muestra (Fig. 11).

Figura 11.

Leucocitos: 20.000/mm3 (predominio polimorfonucleares), glucosa normal y proteínas aumentadas. Cultivo del líquido articular negativo.

Tratamiento

Tras resultados microbiológicos que descartan infección latente, con clínica y líquido articular de características inflamatorias, se realizó infiltración de rodilla derecha con acetónido de triamcinolona 40 mg y se inició simultáneamente tratamiento con metotrexato subcutáneo a 15 mg/m2 semanal con suplementos de ácido fólico. Se realizó control analítico al mes del inicio del tratamiento con MTX y, posteriormente cada 3 meses, junto con revisiones en consulta, manteniendo transaminasas normales y reactantes de fase aguda negativos.

 

 

 

 

Evaluación y tratamiento de la osteoporosis en niños

J.C. López Robledillo
Temas de FC


J.C. López Robledillo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús

 

Resumen

La osteoporosis es un trastorno esquelético que se caracteriza por disminución de la masa ósea y alteración de la calidad del hueso que conduce a fracturas. Puede tener un origen primario, debido a una anormalidad ósea intrínseca (generalmente, de origen genético), o ser secundaria a una patología médica subyacente y/o su tratamiento. Causas de osteoporosis secundaria, incluyen: inmovilidad, leucemia, enfermedades inflamatorias crónicas, tratamiento con glucocorticoides, hipogonadismo, mal nutrición, etc. La osteoporosis en niños puede cursar de forma silente hasta que se produce una fractura. Una historia de fracturas vertebrales o de fracturas múltiples de bajo impacto son indicadores de fragilidad ósea infantil. En las formas genéticas de osteoporosis, como la osteogénesis imperfecta, pueden estar presentes rasgos faciales característicos: escleróticas azules, dentinogénesis imperfecta e hipermovilidad. La densitometría de rayos X de doble fotón es la técnica preferida para estudiar la masa ósea en niños y adolescentes. Los resultados obtenidos deberían ajustarse, entre otros, por edad, sexo y tamaño corporal, por lo que se requieren curvas de referencia adecuadas. Las principales medidas a tener en cuenta para la prevención y tratamiento de la osteoporosis en niños y adolescentes son: la práctica deportiva regular, la ausencia de hábitos tóxicos y una alimentación que garantice los aportes necesarios de calcio y vitamina D. El tratamiento farmacológico se basa en el empleo racional de bifosfonatos en niños con formas graves de osteoporosis.

 

Abstract

Osteoporosis is defined as a bone disorder with low bone mass and altered bone quality leading to fractures, it may be primary due to an intrinsic bone abnormality (usually genetic in origin) or secondary due to an underlying medical condition and/or its treatment. Causes for secondary osteoporosis include immobility, leukemia, inflammatory conditions, glucocorticoid therapy, hypogonadism and poor nutrition. Osteoporosis in children may occur silently until a fracture occurs. A history of axial skeletal fractures or multiple fractures from low biomechanical force may be indicators of skeletal fragility and should raise concern for osteoporosis. In genetic forms of primary osteoporosis, such as osteogenesis imperfecta, exam findings can include characteristic facial features, blue sclerae, dentinogenesis imperfecta, and hypermobility. Dual-energy x-ray absorptiometry (DXA) is the preferred method for assessing bone mineral content in children and adolescents Obtained results are affected by age, sex, body mass, height, bone age, environmental factors and illnesses The mean values of age matched control group are used as a reference point for diagnosis of osteoporosis. Regular sports, the absence of toxic habits and food to ensure the recommended calcium and vitamin D intake are the main measures to be taken into account for the prevention and treatment of osteoporosis in children and adolescents. Drug treatment is based on the rational use of bisphosphonates in children with severe forms of osteoporosis.

 

Palabras clave: Osteoporosis pediátrica; Fragilidad ósea; Densitometría ósea; Vitamina D; Bifosfonatos

Key words: Pediatric osteoporosis; Bone fragility; Bone densitometry; Vitamin D; Bisphosphonates

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 160-169


Evaluación y tratamiento de la osteoporosis en niños

Introducción

Las fracturas son relativamente frecuentes en niños mayores y adolescentes y, por lo general, no se deben a un problema de fragilidad ósea; así vemos como, aproximadamente, la mitad de los varones y un tercio de las mujeres antes de los 16 años han sufrido algún tipo de fractura relacionadas, por lo general, con traumatismos de impacto(1). La fragilidad, sin embargo, debe sospecharse ante fracturas de mínimo impacto, en determinados contextos y ante la presencia de determinados hallazgos clínicos o de exploraciones complementarias asociadas que se abordarán a continuación.

La osteoporosis (OP) es una enfermedad generalizada del esqueleto que se caracteriza por una resistencia ósea disminuida, que conlleva un riesgo elevado de padecer fracturas. En adultos, se conoce como “la epidemia silenciosa”, debido a que suele pasar inadvertida hasta que se producen fracturas(2). La OP es mucho más frecuente en mujeres después de la menopausia a partir de los 50-55 años(3), pero es muy importante recalcar que no solo la padecen adultos y ancianos, también niños y adolescentes la pueden desarrollar.

La prevalencia de OP en Pediatría no está establecida, pero no es una patología infrecuente; como ejemplo, contamos con estudios observacionales que han demostrado como supervivientes de cáncer, una vez finalizado el tratamiento, presentan una masa ósea disminuida. Otros estudios han observado que el 16% de los niños con leucemia linfoblástica aguda(4) y el 7% de los niños con enfermedades reumáticas sistémicas desarrollan fracturas de compresión vertebral en los 30 días que siguen al diagnóstico(5).

Aunque existen múltiples definiciones, la conferencia de consenso del National Institutes of Health establece, en el año 2000, que la OP es un: “trastorno esquelético caracterizado por una resistencia ósea alterada que predispone a un riesgo de fractura elevado”(6).

La resistencia ósea depende fundamentalmente del crecimiento y mineralización del esqueleto, proceso que se inicia durante el desarrollo fetal y continúa a ritmos diferentes durante la infancia y la adolescencia. Poco después, se alcanza el pico máximo de MO que representaría el “capital óseo” del que se dispondrá en la edad adulta. A partir de entonces, la masa ósea se mantiene constante hasta los 40-45 años de la vida, momento en el que empieza a disminuir paulatinamente hasta sobrepasar un determinado valor (umbral de fractura) y entrar en la zona teórica de mayor riesgo de sufrir fracturas (Fig. 1)(7,8).

Figura 1. Curvas de masa ósea (densidad mineral ósea) normal y alterada.

La MO está determinada fundamentalmente por la genética(9), pero también lo está por el tipo de alimentación, la actividad física, la exposición solar y el consumo de determinados fármacos, entre otros (Tabla I).

Por tanto, cualquier factor que incida sobre estos determinantes, puede provocar alteración de la calidad ósea, que se traducirá en disminución de la resistencia del hueso y, por tanto, en un aumento de su fragilidad(10).

La osteoporosis primaria ocurre debido a un defecto esquelético intrínseco de origen genético o idiopático. La mayoría de los casos de fragilidad ósea genética, se deben a mutaciones en los genes del colágeno tipo I (COL1A1 y COL1A2) que corresponden a diferentes tipos de osteogénesis imperfecta (OI). La historia familiar o la presencia de determinados rasgos característicos, como: escleróticas azules, dentinogénesis imperfecta, laxitud ligamentaria y deficiencia auditiva, nos orientan al diagnóstico(11), pero su ausencia no lo descarta, por lo que ante un niño con fracturas de repetición sin una enfermedad crónica subyacente, debemos sospechar OI.

La osteoporosis juvenil idiopática es otra forma rara de osteoporosis primaria y es un diagnóstico de exclusión, se presenta típicamente antes de la pubertad y espontáneamente remite después de la pubertad. Sus características son: dolor de hueso, dificultades para caminar y fracturas metafisarias y vertebrales(12).

La osteoporosis secundaria se produce en enfermedades crónicas, debido a los efectos del proceso de la enfermedad sobre el esqueleto, su tratamiento o por ambas circunstancias(13). Como ejemplos tenemos: anorexia nerviosa(14), malnutrición, inmovilidad prolongada(15), hipogonadismo, enfermedades tumorales(16), enfermedades inflamatorias crónicas(17), tratamiento prolongado con glucocorticoides(18), anticonvulsivantes, etc.

La tabla II enumera algunas de las condiciones más frecuentes que resultan en la reducción de la masa ósea en los niños.

Evaluación de la masa ósea

La masa ósea puede evaluarse mediante diversas técnicas que se han ido desarrollando con el paso del tiempo. La densitometría dual fotónica de Rayos X se considera en la actualidad válida y fiable para el estudio de la masa ósea en niños y adolescentes con mínima radiación. Otras técnicas, como la ecografía y la tomografía, no están suficientemente validadas en la actualidad, reservándose para casos determinados.

A continuación, se exponen las técnicas más habituales para el estudio de la masa ósea.

Densitometría

La densitometría obtenida mediante absorcimetría dual fotónica de Rayos X (DEXA) constituye el procedimiento más adecuado para la cuantificación de la masa ósea. Se trata de una prueba cómoda, precisa, incruenta y que aporta escasa radiación.

La masa ósea no es una medida de densidad volumétrica real, ya que se cuantifica como contenido mineral óseo en gramos por área de superficie ósea seleccionada. Este hecho se debe tener en cuenta, ya que los huesos de los niños, a diferencia de los adultos, no crecen y modelan de forma uniforme en las tres dimensiones con el paso del tiempo. De esta manera, se tiende a sobrestimar la masa ósea en niños grandes y a infraestimar en los pequeños(20).

En población adulta, la densidad mineral ósea (DMO) se expresa comúnmente como “puntuación T”, que es un parámetro que se define, como la desviación estándar de la DMO del paciente en un momento determinado, con respecto a la DMO del pico de masa ósea considerado como normal que se alcanza, por lo general, a los 20 años.

Según la recomendación oficial de la International Society of Clinical Densitometry en niños y adolescentes, debido a que todavía no se ha alcanzado el pico de masa ósea, la DMO debe expresarse como “puntuación Z” que representa la masa ósea ajustada según edad, sexo y tamaño corporal (en ocasiones, también se ajusta por raza).

Aunque los datos basados en la población, sobre la relación entre la DMO y el desarrollo de fractura, siguen siendo limitados, se dispone de curvas de referencia poblacionales para la masa ósea de columna lumbar y cuello femoral, fundamentalmente(21-24).

En niños y adolescentes, se puede evaluar mediante densitometría, tanto el esqueleto axial (habitualmente, columna lumbar) como el periférico (cadera, extremo distal del radio, etc.), existiendo la posibilidad de realizar una evaluación corporal total que puede incluir partes blandas. Esta última opción se reserva para el estudio de enfermedades crónicas que cursan con malnutrición o presentan déficits musculares o esqueléticos.

En la práctica clínica habitual, la evaluación de la columna lumbar es la recomendable, dada la variabilidad existente en la masa ósea de la cadera en niños en crecimiento(25).

El seguimiento de la masa ósea se recomienda realizar con carácter anual, pero el intervalo mínimo podría fijarse a partir de 6 meses.

En la figura 2, se muestra un ejemplo de un informe de resultado de la densitometría de columna vertebral lumbar realizada a un paciente de riesgo.

Figura 2. Informe de una densitometría dual fotónica de Rx de columna lumbar.

Obsérvese en este informe, que la densidad mineral ósea (DMO) de la totalidad de 4 vértebras lumbares consecutivas se expresa en 0,539 g/cm2 y que la puntuación Z corresponde a -1,6 desviaciones estándar por debajo de la media de una población normal española ajustada por edad y sexo.

Se objetiva una puntuación Z de -1,6 que es considerada normal en relación a un grupo poblacional de la misma edad y sexo.

Las indicaciones para realizar una evaluación de la masa ósea mediante densitometría han de tener en cuenta fundamentalmente el riesgo del desarrollo de fracturas, como son: la edad del paciente en el momento de la fractura, presencia de antecedentes familiares de fragilidad ósea, enfermedad subyacente grave y recibir tratamientos osteopenizantes.

En la tabla III, se relacionan las principales indicaciones propuestas para realizar una densitometría ósea según la Academia Americana de Pediatría (AAP).

Hay que tener en cuenta que la evaluación de la MO no nos informa sobre la fortaleza ósea del niño y que la presencia de un contenido mineral óseo disminuido no siempre es indicativa de osteoporosis.

Ecografía y tomografía

En la actualidad, disponemos de otros métodos para cuantificar la MO, como son: la ecografía de calcáneo y de falanges y la tomografía computerizada cuantitativa (qCT), que puede ser periférica (pQCT) para evaluar miembros inferiores con menos radiación(27-30).

Histología

En casos seleccionados, estaría indicada la realización de una biopsia ósea en ilíaco, para realizar estudio histomorfométrico.

En la tabla IV, se exponen las principales técnicas que se han empleado para la valoración de la masa ósea. Debemos hacer hincapié en que la densitometría ósea (DEXA) es la que se considera más idónea y debe siempre ajustarse a una población de referencia adecuada.

Diagnóstico

En muchos casos, la fragilidad ósea cursa de forma asintomática hasta que se produce una fractura y aparece dolor, alteraciones de la postura o la marcha, deformidades del raquis, etc. Pacientes con osteoporosis juvenil idiopática suelen presentar dolor mecánico de instauración gradual, habitualmente en miembros inferiores que suele definirse como disconfort para caminar.

No es infrecuente un historial de fracturas previas o que el paciente aporte radiografías o densitometrías alteradas sugestivas de desmineralización o defecto en la formación ósea, que nos pueden hacer sospechar fragilidad ósea.

En otras ocasiones, se objetivarán síntomas y signos de una enfermedad subyacente, ya sea esta genética o adquirida, relacionable con el desarrollo de OP.

Cuando se produce una fractura o se constata el haberla padecido, es importante tener en cuenta sus características de presentación, para determinar si puede ser patológica o “significativa”, para ello, hay que tener en cuenta el número de fracturas, su mecanismo de producción y localización.

En niños, las fracturas de cadera, fémur y vertebrales son raras, por lo que su presencia siempre debe alertarnos. Así mismo, las fracturas que se producen espontáneamente, o suceden ante mínimo traumatismo o manipulación, igualmente nos harán pensar en que son patológicas y, por tanto, existe fragilidad ósea.

La exploración de un paciente con OP, por lo general, es normal, pero pueden objetivarse determinados hallazgos, como talla baja y cifosis o cifoescoliosis, cuando se afecta el raquis. Las deformidades de huesos largos son características de formas graves de las enfermedades metabólicas óseas. Anomalías torácicas, como pectus carinatum o excavatum, también pueden estar presentes. Con respecto a la movilidad, tanto la hiperlaxitud articular como la hipomovilidad, pueden estar presentes en enfermos con fragilidad ósea. También, puede objetivarse alteración de la marcha o de la postura consecuencia del dolor óseo.

En los síndromes de fragilidad ósea hereditaria, son característicos: determinados rasgos faciales, escleras azules, dentinogénesis imperfecta, hiperlaxitud, etc.

La Organización Mundial de la Salud establece para el diagnóstico de OP en la población adulta, valores de DMO de, al menos, 2,5 desviaciones estándar por debajo del pico de MO considerado normal en adultos jóvenes sanos del mismo sexo y raza.

En niños y adolescentes, esta definición técnica no es apropiada, ya que todavía no se ha alcanzado el pico de MO y, por tanto, no se puede referenciar a dicho valor normalizado. Se impone, por tanto, una definición operativa como la propuesta por ISCD(31,32,33), en la que se requiere la presencia de cualquiera de los siguientes:

1. Al menos, una fractura vertebral (aplastamiento) en ausencia de enfermedad local o traumatismo de alta energía.

2. Historia de fractura clínicamente significativa y una puntuación Z de la DMO ≤ -2,0.

Por fractura clínicamente significativa se entiende la presencia de, al menos, una de las situaciones siguientes:

• Dos o más fracturas de hueso largo hasta los 10 años de edad.

• Tres o más fracturas de hueso largo en cualquier edad hasta 19 años de edad.

Es muy importante tener en cuenta que valores de puntuación Z de la masa ósea > -2,0, no excluyen la posibilidad de una situación de fragilidad esquelética con riesgo elevado de fractura, por lo tanto, el diagnóstico de osteoporosis en niños y adolescentes no debe hacerse basándose únicamente en criterios técnicos (densitométricos).

A diferencia de los adultos, donde la osteopenia se define como una puntuación T entre -1 y -2,5, el uso del término “osteopenia” no es apropiado en niños, recomendándose en su lugar, la expresión “masa ósea disminuida para la edad cronológica”.

En la figura 3, se diagrama la actitud que debe tenerse en cuenta para realizar un diagnóstico correcto de osteoporosis según las recomendaciones de expertos.

Figura 3. Orientación diagnóstica de osteoporosis infantil.

Manejo práctico de la fragilidad ósea

El estudio de un paciente con fragilidad ósea o sospecha de padecerla ha de iniciarse mediante una anamnesis dirigida y exploración física pertinente para determinar el estatus de salud ósea.

Los principales factores que han de tenerse en cuenta, se detallan en la tabla V.

A continuación, dependiendo de los hallazgos clínicos objetivados, se valorarán las exploraciones complementarias que se detallan en la tabla VI, que nos permitan caracterizar el estatus de fragilidad ósea y diagnosticar OP si está presente.

La determinación de calcio y creatinina en orina (de segunda micción preferiblemente), puede ser útil para valorar la ingesta de calcio y la posibilidad de hipercalciuria.

La fosfatasa alcalina (total o ósea) y la osteocalcina son marcadores de formación ósea.

La deoxypyridinolina, N-telopeptido del colágeno tipo I (NTx), C-telopeptido del colágeno tipo I (CTx) y la creatinina urinaria son marcadores de resorción ósea.

Los marcadores bioquímicos de remodelado óseo, aunque se han empleado en determinadas situaciones(34), su uso clínico habitual es limitado, dado que no existen datos normativos que faciliten su interpretación adecuada.

En ocasiones, las determinaciones de laboratorio pueden orientar a determinados diagnósticos como, por ejemplo: hiperparatiroidismo secundario (Ca sérico normal o elevado con niveles de P normales o disminuidos y PTH elevada), hipoparatiroidismo (Ca disminuido y P normal o elevado con PTH disminuida), pseudohipoparatiroidismo (Ca disminido, P normal y PTH normal o elevado).

Los niveles de magnesio (Mg) proporcionan un índice del contenido corporal total de Mg. Si está disminuido puede inhibir la secreción y funcionamiento normal de la PTH.

Prevención y tratamiento

Medidas generales

La práctica deportiva regular, la ausencia de hábitos tóxicos y la alimentación que garantice los aportes de calcio y vitamina D recomendados, son las principales medidas que han de tenerse en cuenta para la prevención y tratamiento de la osteoporosis en niños y adolescentes.

La actividad física y el ejercicio habitual(35,36) son las primeras medidas que han de tenerse en cuenta, cuando esto sea posible. Por ello, se debe fomentar la práctica deportiva en cualquier grupo de edad.

La alimentación debe ser variada y equilibrada, favoreciendo el consumo de lácteos y derivados para garantizar los aportes considerados beneficiosos para nuestro metabolismo óseo. No debemos olvidar que la leche humana es la fuente óptima de calcio en los primeros meses de vida.

La exposición solar favorece la síntesis adecuada de vitamina D, esencial para el metabolismo óseo, por ello debe promoverse siempre que se pueda, 10-15 minutos al día podrían ser suficientes.

Tanto el consumo de tabaco como el consumo excesivo de cafeína (café y refrescos de cola) se han asociado con una mala salud ósea.

Calcio

Dentro de los factores nutricionales, el calcio es el más importante. La capacidad de absorción del calcio dietético depende, entre otros: de la cantidad ofertada, del contenido en vitamina D, de la relación calcio/fósforo y de la presencia en los alimentos de sustancias que favorezcan o interfieran en esta. En general, la biodisponibilidad es baja, no superando el 30% en la leche. Estas variaciones parecen depender del efecto favorecedor de la lactosa, la caseína y la relación Ca/P en la primera y la presencia de fitatos y otros componentes de la fibra, que interfieren la absorción, en la segunda. Por otra parte, el contenido en vitamina D, al favorecer la absorción intestinal del Ca, también influye decisivamente.

Las necesidades de calcio para cada grupo de edad se exponen en la tabla VII, y dependen de los requerimientos fisiológicos variables con el crecimiento y desarrollo.

Durante este periodo, es importante la dieta rica en lácteos y derivados que garantice un aporte de calcio adecuado para la correcta salud esquelética, sabiendo que existe controversia sobre la eficacia de esta intervención aislada para prevenir las fracturas por fragilidad. En este sentido, se ha constatado que los suplementos de calcio no repercuten de forma significativa en la densidad mineral ósea(37).

La adquisición de hábitos de alimentación saludable a edades tempranas se asocia al consumo adecuado de calcio en edades posteriores.

Es importante tener en cuenta que la suplementación dietética de calcio durante la preadolescencia puede ser un factor clave para optimizar el pico de masa ósea(39).

Vitamina D

La vitamina D desempeña un papel importante en la regulación del metabolismo Ca/P, mejorando la absorción intestinal y renal de ambos.

La exposición solar es el principal estímulo para la síntesis cutánea de vitamina D mediante la transformación de su provitamina.

Se recomienda un aporte diario adecuado de vitamina D a toda la población, ya sea a través de la dieta o mediante suplementos, según la tabla VIII.

Se ha intentado correlacionar la masa ósea con niveles adecuados de vitamina D(40), sin embargo, no hay evidencia suficiente sobre su efecto en la reducción del riesgo de fractura por fragilidad ósea.

Se recomienda suplementación con vitamina D en las siguientes situaciones:

• Recién nacidos hasta finalizar el primer año. En forma medicamentosa, si es lactado al pecho, y mediante la utilización de fórmulas enriquecidas si la lactancia es artificial.

• Niños de 1 y 2 años que deben tomar productos lácteos desnatados (historia familiar de obesidad, dislipidemia o accidentes cardiovasculares).

• Niños mayores que toman menos de un litro diario de leche sin fortificar en vitamina D.

• Adolescentes que no llegan a tomar 400 UI diarias. En estos casos, se aconsejan productos lácteos u otros alimentos fortificados con vitamina D.

• Los niños con riesgo especial de deficiencia en vitamina D (malabsorción, tratamiento con anticomiciales) deben recibir diariamente dosis más altas en función de la tasa sérica de 25-OHCC. Se aconseja monitorizar esta vigilancia cada 3 meses.

• Todos los niños cuya tasa de 25-OHCC sea inferior a 50 nmol/l hasta su normalización.

El nivel de 25 OH vitamina D se considera el mejor indicador de vitamina D en el organismo, aunque en niños, no existe acuerdo sobre los niveles deseables. Se asume, en general, que valores de 50 ng/ml son adecuados y seguros.

En adultos, se considera deficiencia en vitamina D, tasas de 25-OHCC inferiores a 50 nmol/ (o < 20 ng/ml); mientras que, por encima de 80–75 nmol/ (>30 ng/ml) está asegurada la suficiencia y, aunque no hay consenso sobre las citadas cifras en niños, es aconsejable mantener niveles por encima de 50 nmol/l(41).

Bisfosfonatos

El tratamiento farmacológico de la osteoporosis se basa fundamentalmente en el empleo de bifosfonatos; dado que, aunque fuera de ficha técnica, son los agentes que se han empleado con mayor frecuencia. Su eficacia y seguridad no están totalmente determinadas; por lo que su uso debe considerarse en casos seleccionados, como las formas graves de osteoporosis primaria o la presencia de fracturas significativas en las formas secundarias.

Son análogos sintéticos de los pirofosfatos presentes en la estructura ósea, que se unen a la hidroxiapatita inhibiendo la reabsorción ósea mediada por los osteoclastos. A dosis elevadas, también tienen acción osteoblástica. Constituyen un grupo heterogéneo y difieren en su mecanismo de acción y efectos clínicos. En el ámbito pediátrico, su uso se ha centrado fundamentalmente en el tratamiento de las formas graves de osteogénesis imperfecta con pamidronato intravenoso. Paulatinamente, se ha ido generando experiencia en la prevención y tratamiento de la osteoporosis secundaria (inmovilización prolongada en patología neuromuscular y tratamiento esteroideo, fundamentalmente), pero existe poco consenso en cuanto al tipo de bifosfonato a utilizar, dosis, forma de administración más adecuada y duración del tratamiento(42-51). Los efectos secundarios a largo plazo, aún no son totalmente conocidos, por lo que debemos ser cautos a la hora de utilizarlos en este tipo de pacientes en crecimiento y, sobre todo, en las niñas al llegar a la edad fértil.

En la tabla IX, se exponen los principales bifosfonatos utilizados en el tratamiento de la osteoporosis en la edad pediátrica.

Otros fármacos

Denosumab

Se trata de un anticuerpo monoclonal humano (IgG2) que se dirige y se une con gran afinidad y especificidad al RANKL (ligando de receptor activador para el factor nuclear kappa B), impidiendo la activación de su receptor, RANK, en la superficie de los precursores de los osteoclastos y en los osteoclastos. Al impedir la interacción del RANKL/RANK, se inhibe la formación, la función y la supervivencia de los osteoclastos, lo que, a su vez, provoca la disminución de la resorción ósea en el hueso trabecular y cortical.

Se ha empleado en pacientes con formas graves de osteogénesis imperfecta, como alternativa a los bisfosfonatos. Se administra semestralmente por vía subcutánea. En la tabla X, se detallan sus características.

Datos clave

1. La OP es muy frecuente en la población adulta a partir de una determinada edad y se considera una epidemia silenciosa. En niños y adolescentes con enfermedades crónicas no es infrecuente, existiendo un riesgo elevado de fracturas que impactan en la capacidad funcional y calidad de vida de pacientes y familiares.

2. En niños, las fracturas de cadera, fémur y vertebrales son raras, por lo que su presencia siempre debe hacernos sospechar fragilidad. Las fracturas espontáneas, o que suceden ante mínimo traumatismo o manipulación, igualmente nos harán pensar que son patológicas.

3. Una historia de fracturas de repetición en un niño, debe hacernos sospechar un síndrome hereditario de fragilidad ósea, una vez que se haya descartado un proceso secundario. Se ha de tener en cuenta que un estudio genético negativo no descarta el diagnóstico de osteogénesis imperfecta.

4. El pico de masa ósea se produce en la adolescencia tardía, por lo que es importante tener en cuenta que la calidad de hueso acumulada durante la infancia y juventud actúa protegiendo contra la aparición de osteoporosis y fracturas en la edad adulta. El ejercicio físico y los aportes suficientes de calcio en los años preadolescentes pueden ser un factor clave para optimizar el pico de masa ósea.

5. El desarrollo de osteoporosis en la edad adulta puede verse condicionada por el estado nutricional durante la infancia, especialmente en lo referente a los aportes de calcio y vitamina D.

6. El método ideal para evaluar la masa ósea es la densitometría dual fotónica de rayos X (DEXA), pero debe interpretarse con cautela, dependiendo del contexto del paciente y de su historial de fracturas. El área anatómica que debe evaluarse preferentemente es la columna lumbar.

7. El diagnóstico de OP debe realizarse teniendo en cuenta las recomendaciones internacionales vigentes, considerando que no siempre es necesaria la densitometría ósea para establecerlo.

8. Las medidas generales, como: una dieta adecuada rica en lácteos y derivados, el ejercicio regular, la exposición solar y evitar tóxicos, como alcohol y tabaco, son claves para la prevención y tratamiento de la fragilidad ósea.

9. Los suplementos de calcio y vitamina D se realizarán para satisfacer las necesidades recomendadas por expertos. No está indicado monitorizar los niveles de vitamina D en niños sanos. La exposición solar sigue siendo la fuente principal de síntesis de esta vitamina.

10. En la actualidad, se dispone de experiencia creciente para el tratamiento de formas graves de OP con fármacos antiresortivos. Los bisfosfonatos, tanto orales como IV, han demostrado eficacia y seguridad en niños y adolescentes, aunque su indicación no figura todavía en ficha técnica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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Bibliografía recomendada

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Revisión sobre la adquisición de la masa ósea en niños y adolescentes, mediante medidas generales que el pediatra debe conocer dado su papel relevante para lo optimización de la salud ósea en la población infantil.

Martínez Suárez V, Moreno Villares J, Dalmau Serra J. Recomendaciones de ingesta de calcio y vitamina D: posicionamiento del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. An Pediatr (Barc). 2012; 77: 57.

Posicionamiento de la Asociación Española de Pediatría, con recomendaciones para la valoración de necesidades de Ca y vitamina D y el uso racional de suplementos e ingestión de productos fortificados.

Alonso Franch M, Redondo Del Río MP, Suárez Cortina L. En nombre del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Nutrición infantil y salud ósea. An Pediatr (Barc). 2010; 72: 80.e1-11. doi: 10.1016/j.anpedi.2009.08.018.

Excelente revisión sobre osteoporosis pediátrica. Se establece la importancia de la adquisición del pico de masa ósea y su conservación, abordando los diferentes determinantes de la masa ósea, con especial énfasis en los aspectos nutricionales. También, se detallan los métodos de evaluación de la masa ósea, destacando los métodos no radiológicos, como la densitometría ósea y algunos valores normativos existentes al respecto.

Saraff V, Högler W. Endocrinology and adolescence: Osteoporosis in children: diagnosis and management. Eur J Endocrinol. 2015; 173: R185-97.

Revisión muy completa sobre la fragilidad ósea en niños y adolescentes. Se revisan las causas secundarias de osteoporosis y su manejo adecuado mediante su correcto diagnóstico y tratamiento.

 

Caso clínico

 

Paciente de 9 años de edad.

Motivo de consulta: dolor intenso en región dorsal.

Antecedentes familiares: fractura de cadera osteoporótica en abuela paterna. Hipotiroidismo en tratamiento sustitutivo en madre.

Antecedentes personales: gestación 36 semanas, parto eutócico. PRN: 2,100 g. Lactancia artificial. Enfermedades previas: artritis idiopática juvenil sistémica diagnosticada a los 3 años y 6 meses de edad que ha cursado en forma de brotes, en número de 2-3 durante los dos primeros años, predominando las manifestaciones sistémicas (fiebre, exantema y anemización). Estos brotes requirieron para su control, el empleo de glucocorticoides a dosis altas. Al tercer año de evolución, presentó nuevo brote sistémico con: fiebre, pericarditis y poliartritis de grandes y pequeñas articulaciones. Se inició tratamiento con metotrexate subcutáneo y glucocorticoides a dosis de 1,5 mg/kg/día durante dos semanas, con lo que se controló parcialmente la enfermedad y se comienza deprivación esteroidea manteniendo el metotrexate a su máxima dosis.

Historia actual: paciente que acude fuera de cita a la consulta de Reumatología, por presentar dolor de instauración aguda en región dorsolumbar desde hace 2 días. Se acompaña de limitación para la movilidad y le impide realizar sus actividades cotidianas, obligándole a permanecer en cama. El dolor se alivia parcialmente con reposo y analgésicos y no se acompaña de fiebre ni alteración del estado general. Es la primera vez que le ocurre y no se acompaña de fiebre ni manifestaciones generales. Está en tratamiento con prednisona 7,5 mg al día, desde hace 10 días (semanas antes había recibido dosis de hasta 45 mg/día con deprivación rápida) y metotrexate 15 mg semanales por vía subcutánea.

No refiere dolor ni tumefacción articular a ningún nivel en las dos semanas previas, siendo su capacidad funcional normal.

Exploración física: buen estado general. Afebril. Peso, talla. Adenopatías laterocervicales rodaderas de 1,5 cm. No exantemas. ACP normal. Abdomen: hepatoesplenomegalia.

Musculoesquelético:

Marcha no se explora por dolor.

Actitud fetal en cama.

Movilidad cervical conservada sin puntos dolorosos.

Rectificación lordosis fisiológica lumbar.

Dolor a la palpación en apófisis espinosas D10-L1 con contractura musculatura paravertebral.

Maniobras sacroilíacas sin hallazgos patológicos.

Maniobras de elongación ciática normales.

No debilidad muscular, ROT presentes y simétricos.

No signos inflamatorios articulares.

Atrofia ambos cuádriceps.

Analítica urgente: hemograma y PCR normales.

Radiología: Rx columna dorsal y lumbar: cuerpos vertebrales explorados con platillos bien definidos y refuerzo de la trabeculación. Pérdida significativa de altura de cuerpos vertebrales D11 y L3 sin esclerosis ni alteración en partes blandas adyacentes Conclusión: osteoporosis, colapsos vertebrales aislados D11 y L3.

Juicio clínico: dorsalgia aguda por aplastamientos vertebrales. Artritis idiopática juvenil sistémica sin actividad en la actualidad.

 

 

Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares

P. Fernández Fraga, S. Murias Loza
Temas de FC


P. Fernández Fraga, S. Murias Loza

Sección de Reumatología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz

 

Resumen

La cojera y otros síntomas músculo-esqueléticos son una causa frecuente de consulta en Pediatría, a veces, como consecuencia de una artritis. Se define artritis (o su sinónimo sinovitis), como: la tumefacción de una articulación y/o la limitación con dolor. Se considera monoartritis, la inflamación de una sola articulación, y poliartritis la de dos o más. El diagnóstico diferencial de artritis es amplio, incluyendo etiologías: infecciosas, inflamatorias (artritis idiopática juvenil y otras enfermedades reumáticas), ortopédicas y tumorales. En función de la anamnesis y la exploración física, podemos orientar las pruebas complementarias para llegar al diagnóstico correcto y guiar el tratamiento adecuado.

 

Abstract

Limping and other musculoskeletal symptons are common in paediatric practice, occasionally as arthritis. Arthritis (or sinovitis) is defined as: swelling of the joint, or painful limitation. Monoarthritis refers to a single joint afection whereas polyarthritis means afection of ≥2 joints. Differential diagnosis of arthritis is broad, and mainly includes infectious, inflammatory, orthopedic and malignant ethiology. Data obtained by history taking and physical examination allow to suspect the cause of arthritis, leading to perform the appropriate additional tests to achieve an accurate diagnosis and guide therapeutic approach.

 

Palabras clave: Monoartritis; Poliartritis; Artritis idiopática juvenil; Artritis séptica; Sinovitis transitoria de cadera

Key words: Monoarthritis; Polyarthritis; Juvenile idiopathic arthritis; Septic arthritis; Post-infectious arthritis; Transient sinovitis of the hip

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 154-159


Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares

Introducción

La artritis (o sinovitis) se define por la presencia de tumefacción articu­lar y dos o más de los siguientes síntomas o signos: limitación, dolor o calor. Las artralgias aisladas corresponden a dolor articular sin otros signos inflamatorios. Es de especial relevancia la diferenciación entre monoartritis y poliartritis. El papel del pediatra de Atención Primaria consiste en detectar los síntomas y signos de artritis y derivarlos a un Servicio de Urgencias o al especialista adecuado.

Anamnesis

Interesa conocer las características de la artritis, los síntomas asociados, así como los antecedentes personales y familiares.

La historia clínica debe recoger:

• Tiempo de evolución (aguda vs crónica).

• Patrón de aparición en las poliarticulares: simultáneo (virales), aditivo (artritis idiopática juvenil [AIJ]) o migratorio (fiebre reumática).

• Características del dolor:

- Intensidad: en general, las artritis inflamatorias crónicas son menos dolorosas que las artritis sépticas.

- Relación con el ejercicio físico/reposo: las artritis inflamatorias empeoran con el reposo y mejoran con la actividad.

• Rigidez (entumecimiento) tras el reposo, propia de las inflamatorias.

• Asociación con entesitis.

• Síntomas generales (diarrea, fiebre, exantema, anorexia o pérdida de peso) que acompañan a procesos infecciosos, tumorales o inflamatorias.

• Presencia de cojera: esta constituye un mecanismo de protección frente al dolor, en ocasiones, incluso rechazando la deambulación. En Reumatología pediátrica, la cojera representa el 45% de los motivos de consulta, siendo de etiología inflamatoria en el 22% de los casos, infecciosa en el 17%, por sinovitis transitoria de cadera en el 13% y una miscelánea en el 48%(1). Episodios previos de cojera orientan a enfermedad de Perthes.

• Infecciones digestivas o respiratorias concurrentes o previas orientan a sinovitis transitoria o artritis post-infecciosa.

• Antecedentes traumáticos: en ocasiones, la caída es la consecuencia (y no la causa) de una artritis previa no diagnosticada.

• Antecedentes familiares: psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal (EII), espondilitis anquilosante u otras enfermedades de base inmunológica.

Exploración física

Debe incluir el examen físico general y el músculo-esquelético, valorando todas las articulaciones, la marcha y la actitud espontánea del paciente.

Examen general: constituye un pilar en el diagnóstico diferencial. La presencia de exantemas y visceromegalias indican infección viral y, más rara vez, AIJ sistémica, síndrome de activación macrofágica (SAM) o procesos oncológicos. La existencia de debilidad muscular orienta a miopatía y los hematomas de características atípicas a trastornos de la coagulación o maltrato. El hallazgo de una puerta de entrada orienta a un origen séptico en caso de artritis/osteomielitis.

Examen músculo-esquelético: no es infrecuente que la exploración del sistema músculo-esquelético se obvie(2,3). Es imprescindible valorar la actitud espontánea del niño: por lo general, las articulaciones inflamadas se colocan espontáneamente en posición antiálgica. A continuación, se exploran todas las articulaciones de forma sistemática, dejando para el final las inflamadas(4). La inflamación de piel y tejidos blandos suprayacentes a una articulación puede dar lugar a movilización dolorosa y simular una artritis (típico de urticaria). Es útil comparar con la extremidad contralateral para apreciar diferencias de tamaño, color y temperatura. Por último, siempre hay que observar la marcha para determinar el origen de la cojera (neurológica, antiálgica). Por otro lado, existen signos que orientan a una evolución crónica de la artritis: dismetrías (la extremidad afectada acelera temporalmente el crecimiento), hipotrofia de grupos musculares y deformidades.

Pruebas complementarias

Deben realizarse según la sospecha clínica alcanzada tras la anamnesis y exploración física. No hay “pruebas reumáticas” generales.

Se deben solicitar en función del diagnóstico de sospecha que la anamnesis y la exploración física sugieran. Cabe mencionar que la sinovitis transitoria de cadera (STC) es la única etiología de monoartritis en la que no es necesario realizar análisis de sangre ni de líquido articular, siempre que los datos clínicos (edad > de 4 años y ausencia de fiebre) apoyen el diagnóstico(5). La radiografía convencional excluye procesos ortopédicos.

Laboratorio

• Analítica de sangre con: hemograma, bioquímica, incluyendo función hepática y renal, proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación globular (VSG).

• El estudio inmunológico solo interesa en las artritis de etiología inflamatoria crónica. Aunque los anticuerpos antinucleares (ANAs), el factor reumatoide (FR) y el HLA-B27 forman parte de los criterios actuales de clasificación de la AIJ, pueden ser positivos en niños sanos. Los anticuerpos anti-estreptolisina O (ASLO) han perdido interés en la actualidad, pues solo indican una infección reciente por estreptococo; además, la prevalencia de fiebre reumática es a día de hoy muy baja en países desarrollados(6).

La artrocentesis permite el estudio de líquido articular (Tabla I). Es imprescindible en toda monoartritis (con la excepción de la sinovitis transitoria de cadera) y, si es posible, antes de comenzar el tratamiento antibiótico.

- El líquido sinovial normal es amarillo transparente, con menos de 2.000 leucocitos/µL.

- El líquido purulento de la artritis séptica posee abundantes leucocitos, generalmente >50.000/µL.

- Los líquidos inflamatorios y los de las artritis víricas y post-infecciosas son amarillos y turbios, con cifra alta de leucocitos (típicamente en torno a 10.000-20.000/µL), aunque menor que en las sépticas.

- Un líquido hemático puede corresponder a punción traumática, trastornos de la coagulación o alteraciones sinoviales, como la sinovitis villonodular o el hemangioma sinovial.

Microbiología

El estudio microbiológico constituye un punto clave en el estudio de las artritis relacionadas con infección. Incluye: serologías virales, hemocultivo, coprocultivo si diarrea, frotis faríngeo en caso de amigdalitis y análisis de líquido articular con Gram, cultivo y RCP (reacción en cadena de la polimerasa). Es destacable la mejoría en el diagnóstico etiológico que ha supuesto la implementación de la RCP en agentes como K. kingae y otros(7). No es necesario investigar de entrada otras etiologías más raras en nuestro medio, como la brucelosis o la enfermedad de Lyme. El Mantoux es útil, tanto para el estudio de artritis con evolución inesperada, como para el estudio previo al tratamiento con ciertos fármacos.

Pruebas de imagen

Ecografía: se ha consolidado como una de las principales herramientas del reumatólogo infantil, al tratarse de una exploración inocua, barata y accesible. Ha demostrado tener mayor sensibilidad que la exploración física en la detección de artritis(8).

• Rx convencional: en la mayor parte de las ocasiones, solo permite excluir patología. En las artritis inflamatorias crónicas, muestra el daño secundario a la actividad prolongada (disminución del espacio articular, erosiones y alteraciones del crecimiento óseo).

• Otras: la gammagrafía ósea (Fig. 1) es, por un lado, poco rentable en el diagnóstico de artritis, pero tiene alta sensibilidad en localización de lesiones inflamatorias óseas (osteomielitis, fracturas o tumores) sin distinguir etiología.

Figura 1. Gammagrafía ósea con Tecnecio 99, mostrando sacroilitis izquierda.

La resonancia magnética tiene como inconvenientes la menor disponibilidad y la frecuente necesidad de anestesia general, lo que limita su uso. La tomografía computerizada es útil en sospecha de determinadas patologías óseas, pero la alta radiación la excluye como prueba de imagen de primer escalón.

Diagnóstico diferencial de monoartritis

Relacionada con infección

Sinovitis transitoria de cadera

Cuadro autolimitado en niños de 3-9 años, de causa desconocida. La clínica típica permite el diagnóstico y limita las exploraciones complementarias.

Actualmente, se considera una artritis inflamatoria idiopática(5). Es, tras los traumatismos, la causa más frecuente de cojera en un servicio de Urgencias. Afecta a niños entre 3 y 9 años, generalmente varones, apareciendo dolor de intensidad variable y de forma brusca en la región de la ingle, que, en ocasiones, se expresa en muslo o rodilla ipsilateral. Los niños presentan cojera o rechazo de la deambulación, con buen estado general. Puede asociar fiebre, si existe infección respiratoria concurrente, aunque con frecuencia le precede. La exploración muestra limitación dolorosa de la abducción y de las rotaciones de la cadera afectada. Si se realiza ecografía, se objetiva derrame articular, siendo útil comparar con la articulación contralateral (Fig. 2).

Figura 2. Sinovitis transitoria de cadera izquierda. En la ecografía, se aprecia aumento del espacio articular con abombamiento de la cápsula (flecha).

La radiografía excluye procesos ortopédicos (enfermedad de Perthes, epifisiolisis) (Tabla II).

Se resuelve espontáneamente en 5-10 días. Debe diferenciarse de la artritis séptica y de la enfermedad de Perthes (Fig. 3). Con esta última, comparte la edad de presentación y el derrame ecográfico, siendo necesaria la radiología.

Figura 3. Enfermedad de Perthes en cadera derecha. Se observa aplastamiento del núcleo epifisario y fractura subcondral.

Artritis séptica

Es más frecuente en menores de 3 años. Puede cursar sin fiebre y escasos reactantes de fase aguda. S. Aureus y K. kingae son los gérmenes habituales.

A diferencia de otras artritis infecciosas, en la artritis séptica, el germen asienta en la propia articulación. Su incidencia parece estar aumentando y se sitúa en torno a 4-10/100.000 niños(9). Se produce por diseminación hematógena y, más raramente, por inoculación directa o por contigüidad. Globalmente, el agente causal más frecuente es el Staphylococus aureus, aunque con las nuevas técnicas moleculares(7) se está observando mayor frecuencia de Kingella Kingaeen nuestro medio. La afectación de varias articulaciones es rara, siendo casi exclusiva de inmunodeprimidos y neonatos. La artritis séptica constituye una urgencia médica, siendo necesario sospecharla precozmente para iniciar tratamiento. La tendencia actual contempla un abordaje más conservador, con mayor protagonismo de la antibioterapia oral y relegándose las medidas tradicionales (hospitalización prolongada y cirugía) para los casos graves o con mala evolución(10,11).

Artritis inflamatoria: artritis idiopática juvenil (AIJ)

La denominación AIJ agrupa las artritis crónicas de causa desconocida y comienzo infantil.

La AIJ es la enfermedad reumática crónica pediátrica más frecuente y puede tener una presentación monoarticular o poliarticular. Según los criterios de clasificación vigentes(12), debe ser de causa desconocida, comenzar antes de los 16 años y persistir más de 6 semanas. Dichos criterios serán previsiblemente modificados y mejorados a medio plazo(13). Se trata, por tanto, de un diagnóstico de exclusión, que exige descartar otras etiologías. Con la llegada de los fármacos biológicos hace algo más de una década, la meta perseguida actualmente es la remisión clínica. Esta patología se desarrolla en otro tema de la monografía.

Otras

• Alteraciones de la coagulación: la monoartritis (en forma de hemartros) puede ser el debut o aparecer durante la evolución de la hemofilia u otros trastornos.

• Traumáticas: raras antes de los 10 años (cierta laxitud fisiológica).

Diagnóstico diferencial de poliartritis

Los síntomas asociados ayudan a orientar la etiología (Tabla III).

Relacionadas con infección

Artritis vírica(14)

Es la causa más frecuente de poliartritis, siendo los agentes etiológicos más frecuentes: parvovirus B19, virus de Epstein-Barr (EBV) y citomegalovirus (CMV). Aunque, ocasionalmente, se ha demostrado la presencia del virus en el líquido sinovial, el diagnóstico se realiza mediante serologías. Se trata de una poliartritis, por lo general, dolorosa y simétrica, acompañándose de síntomas de viriasis (cuadro catarral, febrícula, exantema…). Es autolimitada, cediendo en pocas semanas con tratamiento sintomático.

Artritis reactiva

Aparece tras infección entérica por Salmonella, Shigella o Campylobacter. El germen no se aísla intraarticularmente, sino que la inflamación sinovial está mediada por mecanismos inmunes. Se engloba dentro de las espondiloartropatías, afectando a varones >6 años con HLA-B27 (+).

Fiebre reumática(6)

De patogenia autoimune, aparece 2-3 semanas tras una infección faríngea por estreptococo beta-hemolítico. Su incidencia está disminuyendo en los países desarrollados. Ocupa otro capítulo de esta monografía.

Enfermedad de Lyme

Al ser característica de zonas boscosas y húmedas, es rara en nuestro país, excepto en la franja norte. La artritis (mono o poliarticular) es una manifestación tardía.

Inflamatorias

Enfermedades reumáticas crónicas

La poliartritis es un síntoma habitual en diversas enfermedades reumáticas. Para el diagnóstico diferencial, interesan las manifestaciones asociadas.

La poliartritis es un síntoma habitual de las enfermedades reumáticas. Para el diagnóstico diferencial, es preciso tener en cuenta las manifestaciones asociadas. La AIJ es, con diferencia, la etiología más frecuente de poliartritis, aunque también puede verse en otros cuadros más raros en niños, como: el lupus eritematoso sistémico (LES), la dermatomiositis juvenil, las enfermedades autoinflamatorias y la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).

Otras

• Procesos oncológicos: la infiltración tumoral a nivel yuxtarticular simula artritis, siendo poco habitual la presencia de una verdadera sinovitis.

• Otras enfermedades sistémicas: drepanocitosis, mucopolisacaridosis, artritis familiar asociada a camptodactilia o policondritis recidivante.

• “Falsas” artritis: la inflamación del tejido subcutáneo que se produce en procesos, como: la urticaria, celulitis o la púrpura de Schönlein-Henoch, suele asentar en localizaciones periarticulares, pudiendo confundirse con una verdadera artritis. En la enfermedad de Osgood-Schlatter, se produce inflamación y dolor a nivel de la tuberosidad tibial. También, entran en el diagnóstico diferencial la hiperlaxitud articular, algunas displasias esqueléticas y los síndromes de amplificación del dolor.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Reconocer mediante la anamnesis y la exploración física la existencia de artritis.

• Evaluar las principales etiologías en función de la historia clínica y la edad.

• Derivar al Servicio de Urgencias o a una consulta especializada.

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Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

Pääkkönen M, Peltola H. Simplifying the treatment of acute bacterial bone and joint infections in children. Expert Rev. Anti Infect Ther. 2011; 9: 1125-31.

Revisión de un grupo de investigación consagrado en la investigación de las infecciones músculo-esqueléticas pediátricas. Supone un avance importante al considerar un tratamiento cada vez menos intervencionista.

Petty RE, Cassidy JT. Infectious arthritis and osteomyelitis. En: Cassidy JT, Petty RE, Laxer RM, Lindsley CB. Textbook of Pediatric Rheumatology 6th Edition Philadelphia: Elsevier Saunders 2011; p. 559-78.

Libro de texto de referencia en Reumatología Pediátrica, ofrece un completo repaso de las entidades infecciosas que desencadenan artritis y osteomielitis de forma directa o indirecta.

Murias Loza S. Diagnóstico diferencial de un niño con monoartritis. Diagnóstico diferencial de un niño con poliartritis. En: Reumatología Pediátrica: curso de aproximación práctica. Continuum. El portal de formación en Pediatría de la AEP [en línea]. Consultado el 17.06.2015. Disponible en: http://continuum.aeped.es/.

Reciente curso online de reumatología pediátrica. En esta sección, se repasan todas las patologías reumáticas del niño en el contexto del diagnóstico diferencial de artritis.

 

Caso clínico

 

Niña de 11 meses que consulta en urgencias por disminución de la movilidad de miembro superior derecho de 1 día de evolución. Como antecedentes personales, la semana previa había sido diagnosticada de infección aguda de vía aérea superior de características virales y una caída accidental en el parque hace 5 días. Hace 48 horas acudieron a urgencias de otro centro, donde se diagnostica de pronación dolorosa y se realiza maniobra de reducción aparentemente efectiva. Consultan en nuestro centro por persistencia de la sintomatología. Actualmente presenta febrícula, objetivada desde hace 3 días, máximo 37,8ºC, junto con tos y rinorrea escasas y rechazo del gateo, que previamente realizaba de forma normal. En la exploración física general, es normal salvo dos hematomas en dorso de la mano y antebrazo derechos. En la exploración de aparato locomotor, se objetiva limitación dolorosa de la movilidad de hombro derecho sin tumefacción ni cambios en la piel suprayacente ni puntos óseos dolorosos. La exploración de codo y resto de articulaciones es normal. Se realiza una analítica, que muestra 14.500 leucocitos/ml, con un 60% de neutrófilos, VSG de 28 mm/hora y PCR de 30 mg/L. Resto de hemograma y bioquímica normal.

 

 

 

 

Artritis idiopática juvenil (AIJ)

Temas de FC

P. Solís Sánchez

Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valladolid

 

Resumen

La artritis idiopática juvenil (AIJ) es un grupo heterogéneo de entidades caracterizadas por una artritis de origen desconocido de comienzo antes de los 16 años y con diferentes formas de presentación, síntomas clínicos y, probablemente, base genética. Es la enfermedad reumática crónica más frecuente en niños. Las causas y la patogenia se conocen aún mal, a pesar de los importantes avances en inflamación, inmunidad y genética. No hay ninguna prueba patognomónica, ni de imagen, ni de laboratorio; por lo que, el diagnóstico se basa únicamente en datos clínicos. Ningún fármaco es curativo, pero la introducción de nuevos agentes biológicos, como anticuerpos anti-citocinas, han mejorado el pronóstico y la calidad de vida de los enfermos infantiles. El pediatra general debe estar bien familiarizado con la AIJ para seguir la evolución de estos pacientes y atenderlos en coordinación con un equipo multidisciplinar.

 

Abstract

The juvenile idiopathic arthritis (JIA) is a heterogeneous group of entities characterized by an arthritis of unknown origin with onset before 16 years of age and with different forms of presentation, clinical symptoms and likely genetic background. It is the chronic rheumatic disease more frequent in children. The causes and the pathogenesis are very poor known, in spite of the important advances in inflammation, immunity and genetics. There is not a imaging or laboratory pathognomonic test for the JIA, moreover the diagnosis is only based on clinical data. None drug has a curative potential but the introduction of new biological agents, as anticytokine antibodies, have provided a better prognosis and quality of life for pediatric patients. The general pediatrician must be well familiarized with JIA in order to follow-up these patients and care them in coordination in a multidisciplinary team.

 

Palabras clave: Artritis Idiopática juvenil; AIJ; Criterios diagnósticos; Terapia reumatológica; Anticitocinas.

Key words: Juvenile idiopathic arthritis; JIA; Diagnosis criteria; Rheumatologic therapy; Anticitokines.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 24-33


Artritis idiopática juvenil (AIJ)

 

Introducción y conceptos

Se denomina AIJ a la presencia de artritis en una o varias articulaciones, que comienza antes de los 16 años y persiste al menos 6 semanas, sin una etiología conocida. La clínica es variable y se duda si consiste en una única enfermedad con distintas formas de presentación y de evolución, o si son diferentes enfermedades, todas ellas tienen en común una inflamación articular crónica(1-4).

Se define artritis como la presencia de tumefacción articular o, al menos, de 2 o más de los siguientes signos: dolor espontáneo o a la presión, aumento de calor local, impotencia funcional o limitación a la movilidad. Esta inflamación crónica de la membrana sinovial llega a ocasionar la destrucción de estructuras articulares con deterioro funcional irreversible.

Clasificación

Con el mejor conocimiento de las entidades agrupadas bajo la denominación de AIJ, en el futuro se podrían mejorar los criterios clasificatorios, fundamentalmente clínicos, y hacer grupos de pacientes más homogéneos.

La enfermedad fue descrita por Cornil en 1867 y Diammant-Berger en 1890 ya aceptaba la existencia de diferencias clínicas. En 1897, Still describe a un paciente con afectación ganglionar, visceral y fiebre, diferenciándose desde entonces esta forma de las que mostraban una participación articular predominante. En 1940, Coss y Boots introdujeron la denominación de “artritis reumatoide juvenil”, que fue de uso común durante muchos años.

Hasta hace poco coexistieron dos clasificaciones, sembrando cierta confusión, porque sus criterios de inclusión y terminología no eran equivalentes. Ambas se referían a una afectación articular de etiología desconocida en menores de 16 años, pero con diferencias:

1. El Colegio Americano de Reumatología (ACR) la denominaba artritis reumatoide juvenil (ARJ) y exigía que la artritis tuviera una duración mínima de 6 semanas con la exclusión de otras enfermedades.

2. La Liga Europea contra el Reumatismo (EULAR) utilizaba el término de artritis crónica juvenil (ACJ) y sólo aplicaba el de ARJ a la forma poliarticular con factor reumatoide positivo. Exigía una persistencia mínima de la artritis de 3 meses y aceptaba la asociación de la artritis con algunas patologías (espondilitis anquilosante juvenil, enfermedad inflamatoria intestinal o psoriasis) que el ACR excluía.

La clasificación europea era más amplia que la americana, lo que dificultaba la comparación de estudios entre ambas. La Liga Internacional contra el Reumatismo (ILAR) propuso en Santiago de Chile (1995) la unificación de los criterios y la denominación genérica de artritis idiopática juvenil, que actualmente es la que está en uso. Tras las revisiones realizadas en Durban (1997) y Edmonton (2001)(5), se admiten 7 categorías clínicas basándose en su forma de presentación y características clínicas, así como en criterios de exclusión que se identifican con las letras a, b, c, d, e (Tabla I).

 

 

Etiopatogenia

La etiología es desconocida por definición. Se admite que existe una susceptibilidad genética determinante de una anómala respuesta inmunitaria frente a ciertos factores desencadenantes, lo que favorece la cronicidad de la inflamación.

Genética

Se desconoce en dónde radica exactamente la anomalía genética, aunque hay formas de AIJ asociadas a ciertos grupos HLA; también, se han descrito asociaciones con polimorfismos de genes relacionados con interleucinas.

Factores desencadenantes

Son múltiples los propuestos por unos u otros investigadores a lo largo de los años, como: infecciones bacterianas y víricas, vacunaciones, traumatismos, estrés o temperatura.

Alteración de la respuesta de la inmunidad innata

Mucho más complejo resulta investigar en qué punto radica la alteración inmunitaria, según el tipo de AIJ (Tabla II).

 

 

En la artritis sistémica, se ha descrito una excesiva activación de fagocitos y aumento de citocinas proinflamatorias, lo que condicionaría algunas de las manifestaciones típicas de esta forma clínica; así, la elevación de IL1 e IL6 causa hipertermia, elevación de reactantes de fase aguda, trombocitosis y el típico exantema por la estimulación de las células endoteliales. Las proteínas S 100, también producidas en los fagocitos activados, se encuentran muy aumentadas(6). El síndrome de activación macrofágica (SAM) sería la máxima expresión de esta activación fagocítica con excesiva producción de diferentes citocinas.

Alteración de la respuesta de la inmunidad adaptativa

En las artritis oligoarticulares o en las poliarticulares seronegativas(7) hay una respuesta autoinmune mediada por linfocitos CD4 que son activados por antígenos desencadenantes, apareciendo un desequilibrio entre las células Th17, aumentadas, y las Treg (reguladoras), disminuidas, lo que rompería la tolerancia frente a autoantígenos y permitiría la síntesis de anticuerpos antinúcleo (ANA). En el caso de artritis entesitis o de artritis psoriásicas parece haber una respuesta de células CD8 en el punto de la inflamación, con aumento articular de TNF alfa, por reacción a antígenos bacterianos o superantígenos, con una cierta similitud a lo ocurrido en las artritis reactivas. En las AIJ poliarticulares FR+ la llegada de células inflamatorias a la articulación, favorecida por moléculas que inducen la formación de nuevos vasos, angiogénesis, es la causa de la agresión y destrucción articular.

Descripción de las formas clínicas

La edad de inicio, el sexo, el tipo de articulación afectada, la clínica articular predominante, los síntomas generales, la evolución de la enfermedad, las complicaciones y algún dato de exploraciones complementarias, son los datos que apoyan o confirman una determinada forma de AIJ.

Artritis sistémica

Representa un 10% de todas las AIJ, suele aparecer antes de los 6 años y, al inicio, predominan los síntomas extraarticulares. Comienza de forma aguda con hipertermia (100%) durante más de 2 semanas (en los actuales criterios se requiere la comprobación objetiva durante 3 días), con picos preferentemente vespertinos que alcanzan, 1 ó 2 veces al día, los 40°C. La fiebre remite mal con antitérmicos y se acompaña de irritabilidad y de afectación del estado general que sólo se corrige con el descenso de la hipertermia. A la hipertermia se suma exantema (90%) de carácter máculo-papuloso, localizado en tronco y extremidades, aunque también puede afectar a palmas y plantas. Se intensifica con el calor y el rascado (fenómeno Koebner o respuesta isomórfica) aunque muy pocas veces es pruriginoso y desaparece al ceder la fiebre. La tríada característica la completa la artritis, que puede ser más tardía, aunque artralgias y mialgias intensas suelen coincidir con los picos febriles. La artritis, con inflamación y dolor intenso, al inicio es generalmente oligoarticular, afectando a las extremidades inferiores (rodilla, tobillo, caderas), aunque luego se convierte en poliarticular, participando también las muñecas, dedos y vértebras cervicales. En la exploración, hay adenopatías (80%) indoloras y elásticas, hepatomegalia (50%), esplenomegalia (30%) y serositis (30%) con poca sintomatología salvo en aquellos casos de peritonitis estéril que se manifiestan como un abdomen agudo. En el estudio analítico hay: anemia, leucocitosis, trombocitosis y elevación de los reactantes de fase aguda. La evolución clínica puede ser monocíclica con resolución favorable pero, en el 50% de los casos, cursa en brotes y en un 30% hacia una forma poliarticular con lesiones osteoarticulares severas e incapacidad funcional.

Artritis oligoarticular

Es la forma más común de AIJ (60%), predominando en niñas (5/1) menores de 6 años, con un pico entre 1-3 a. Por definición, debe afectar a 4 o menos articulaciones, aunque se divide en dos subgrupos según la evolución que presente tras los 6 primeros meses: 1) artritis oligoarticular persistente, cuando se mantiene el número de las articulaciones inflamadas; y 2) artritis oligoarticular extendida, si el número aumenta y asemeja una artritis poliarticular. La mitad de los enfermos comienzan con una monoartritis de rodilla o de tobillo causante de impotencia funcional, aunque sea poco dolorosa. No hay síntomas generales y los reactantes de fase aguda apenas se incrementan. Los anticuerpos antinúcleo son positivos en el 70-85% de los casos (ANA =1/160)(8) y la citología del líquido articular es de tipo inflamatorio y con cultivo negativo. La afectación extraarticular más importante es la ocular (10-20%) en forma de uveítis anterior o de iridociclitis crónica(9), que son más frecuentes en casos ANA+, lo que obliga a realizarles controles oftalmológicos rutinarios desde el diagnóstico, porque muchos casos cursan sin “ojo rojo” ni cualquier otro síntoma ocular (Tabla V).

 

 

Artritis poliarticular

Se define como la afectación de 5 o más articulaciones durante los 6 primeros meses de enfermedad. Representan el 20% de las AIJ, de las cuales 1/3 tienen FR+ (2 determinaciones positivas con 3 meses de diferencia) y 2/3 son FR-. La enfermedad es mas frecuente en niñas (3/1) con dos momentos de aparición: entre los 2-5 años generalmente FR- y en niñas mayores (10-14 años) en las que es más común el FR+. Suelen afectarse articulaciones simétricas: caderas, tobillos, codos, manos, pies y también columna cervical, siendo muy característica la temporomandibular. En la exploración, se detecta tumefacción, calor y dolor a la movilidad, pero con escaso enrojecimiento. En las llamadas artritis secas, la rigidez sin apenas signos inflamatorios cursa con un impotencia funcional muy importante. En los carpos suele haber tenosinovitis y nódulos. Es una forma de AIJ muy agresiva, con gran actividad inflamatoria y con una sintomatología general inespecífica (astenia, anorexia, febrícula, retraso crecimiento) que es más propia de la forma FR- de las niñas pequeñas y con rigidez matutina en las FR+ de las adolescentes que, además, tienen una mala evolución. El estudio analítico, además de FR, muestra: anemia, leucocitosis, reactantes de fase aguda altos, hipergammaglobulinemia y anticuerpos anti-citrulina, en casos de evolución más prolongada. En el 25% de los niños pequeños hay ANA+, presentando cierto riesgo de uveítis, aunque menor que en las AIJ oligoarticulares.

Artritis relacionada con entesitis

La EULAR la incluyó inicialmente en la forma pauciarticular tardía, luego denominado síndrome SEA. Representa el 10% de las AIJ y corresponden a las espondiloartropatías infantiles. El grupo incluye a pacientes con artritis y entesitis (inflamación en el punto de inserción de un tendón o fascia), generalmente en el talón de Aquiles, fascia plantar o inserción de la rótula. Las articulaciones afectadas suelen ser asimétricas, iniciándose como oligoarticular en piernas (rodilla, tobillo) y, más tarde, en las sacroilíacas y columna vertebral. En ciertos casos atípicos, la presencia de dolor raquídeo o sacroilíaco en un varón mayor de 6 años, con uveítis anterior aguda, o con antígeno HLA-B27+ (70-80%), puede ser suficiente para completar el diagnóstico, ayudando también la existencia en familiares de 1er grado de alguna enfermedad asociada con HLA-B27.

Artritis psoriásicas

Es un grupo menos homogéneo en el que la aparición de los síntomas definitorios puede separarse años. En ausencia de psoriasis, a veces temporal, la ILAR acepta como criterio de inclusión 2 de los siguientes síntomas acompañantes de la artritis: dactilitis; afectación ungueal (pitting: pocillos localizados en uñas, onicolisis, hiperqueratosis) o familiares de 1er grado diagnosticados de psoriasis(10). Cuando el inicio es monoarticular (rodilla) con ANA+ (30-50%), el diagnóstico diferencial con las AIJ oligoarticulares es complicado, pero la posterior extensión a pequeñas articulaciones de manos y pies marca la diferencia. La evolución suele ser peor que en otros tipos y los periodos de actividad muy prolongados. Pueden presentar uveítis sobre todo los pacientes ANA+.

Artritis indiferenciadas

En este apartado se recogen los pacientes que no pueden incluirse en ninguna de las formas anteriores, ya sea por falta de criterios o por mostrar los propios de más de uno de los grupos.

Exploraciones complementarias

La analítica sanguínea tiene un valor limitado porque no hay ninguna prueba específica, aunque el FR, los ANA o los antígenos HLA ayuden a clasificar las formas, siendo más útil el estudio del líquido articular. La ecografía complementa la exploración física y es la técnica de imagen de mayor rendimiento.

Análisis hematológicos

Los reactantes de fase aguda se modifican dependiendo del grado de actividad inflamatoria, siendo las AIJ sistémicas y las poliarticulares en niños pequeños, que cursan con más sintomatología general, las que presentan valores más altos. En estos dos grupos también son más comunes la anemia hipocroma y microcítica, la leucocitosis y la trombocitosis. Otros parámetros que a veces están elevados son las proteínas séricas, inmunoglobulinas, inmunocomplejos, complemento y ferritina. La determinación de ASLO, ácido úrico, transaminasas, enzimas musculares, LDH o serología vírica sirven para identificar ciertas artritis no incluidas en la AIJ. Sin embargo, la elevación de las citocinas proinflamatorias carece de utilidad diagnóstica aunque sí es objeto de investigaciones patogénicas.

Estudios inmunitarios

El factor reumatoide es negativo excepto, por definición, en las poliarticulares FR+. Los ANA son positivos, conllevando riesgo de uveítis, en las oligoarticulares (70-85%), en un 25% de las poliarticulares FR- de niños pequeños y en el 30% de psoriásicas. Se consideran positivos los títulos =1/160. Los anticuerpos anti-cardiolipina son positivos en un 16% de las oligoarticulares y modifican las pruebas de hemostasia (TTPA) pero sin causar clínica trombótica. Los anticuerpos anti-citrulina son muy específicos pero poco sensibles, con una frecuencia de positividad mucho más baja que en los adultos, los casos positivos suelen ser fases evolucionadas de las AIJ poliarticulares. El HLA-B27 es un marcador genético importante en las artritis entesitis. Otra anomalía inmunitaria descrita es el descenso de la población de linfocitos CD8+ durante la fase aguda de la AIJ.

Líquido sinovial

Se obtiene por artrocentesis, es amarillento y turbio por el aumento de células, principalmente leucocitos, aunque su número es muy inferior al de las artritis infecciosas. La viscosidad está disminuida y no se forma coágulo al dejar caer una gota. La glucosa está baja y los lípidos y proteínas intraarticulares altos por el aumento de permeabilidad vascular que existe en la inflamación. Algunas citocinas están muy elevadas, incluso más que en el suero porque su síntesis es local.

Pruebas de imagen

La ecografía es una prueba incruenta, barata y que no irradia. Permite distinguir las alteraciones articulares y periarticulares, además sirve para dirigir la artrocentesis y las infiltraciones(11). La radiografía convencional objetiva el aumento inicial de partes blandas y el ensanchamiento del espacio articular pero sólo cuando la evolución se prolonga demuestra la participación ósea (erosiones, pseudoquistes, periostitis, osteoporosis). La gammagrafía ósea se utiliza menos por ser poco específica, pero sirve para detectar osteomielitis. La RMN tiene como ventaja mostrar hueso, cartílago y partes blandas, y la desventaja de su disponibilidad relativa, la exigencia de sedación en niños y el elevado coste. La TAC queda relegada para visualizar articulaciones complejas (sacroilíaca, esternoclavicular, subastragalina) pero es poco resolutiva para estudiar las partes blandas.

Diagnóstico diferencial

Se basa en la forma de inicio. Para diagnosticar una AIJ hay que excluir antes otras causas de patología articular, mediante las pertinentes exploraciones complementarias. La anamnesis y la exploración minuciosa orientan un diagnóstico que luego la evolución confirmará.

Para la historia clínica tiene importancia la edad del niño, número de articulaciones inflamadas, rigidez matutina, impotencia funcional, síntomas acompañantes (afectación estado general, fiebre, exantema, úlceras, pérdida de peso), tiempo de evolución transcurrido desde el inicio y los antecedentes familiares de psoriasis, de enfermedad inflamatoria intestinal o de espondiloartropatías.

Al comienzo de una artritis sistémica es preciso descartar cualquier otro cuadro febril, infeccioso, maligno o autoinflamatorio. La coincidencia de fiebre, adenopatías y/o exantema obliga a realizar cultivos y serologías para constatar su negatividad y así excluir posibles infecciones. La fiebre reumática, hoy casi desaparecida, se presentaría con fiebre, artritis migratorias y/u otros criterios extraarticulares: ASLO, Rx tórax y ECG sugerentes. Los dolores óseos que presentan los procesos oncológicos pueden inducir a errores y, en ocasiones, hay que llegar a realizar estudio de médula ósea, RNM o gammagrafía ósea.

También enfermedades autoinmunes, como: LES, dermatomiositis, vasculitis o enfermedades autoinflamatorias (CINCA, TRAPs) pueden hacer sospechar una artritis sistémica, pero suelen referir episodios previos similares y una sintomatología acompañante propia, siendo decisivo el resultado de pruebas genéticas en estas últimas.

En las AIJ monoarticulares afebriles el origen traumático es la primera posibilidad, especialmente sí son niños pequeños, siendo muy indicativo que tan sólo muestren un dolor moderado. En escolares, otras causas mecánicas son la osteocondrosis de talón por sobreuso (enf. de Sever), la necrosis avascular del escafoides tarsiano (enf. de Köhler) o de la cabeza femoral (enf. de Perthes) en la que no siempre hay dolor, aunque sí cojera. Si el niño es mayor, 10-12 años, la entesopatía por tracción sobre la tuberosidad tibial (Osgood-Schlatter) provoca una tumefacción dolorosa. La hiperlaxitud ligamentosa, los esguinces de repetición y la epifisiólisis femoral completarían la relación de patologías traumatológicas.

Con fiebre o febrícula y afectación oligoarticular, se debería pensar en una infección: sinovitis vírica transitoria si es un niño pequeño y TBC, Parvovirus B19, Brucella o artritis reactivas si ocurre semanas después de una infección gastrointestinal o urinaria.

Con fiebre alta, estado general afectado, leucocitosis y reactantes de fase aguda elevados, el diagnóstico a descartar es una artritis séptica o una osteomielitis, siendo aconsejable no demorar la antibioterapia mientras se confirme la sospecha, recordando que los cambios radiológicos son tardíos. Otra patología que cursa con fiebre, irritabilidad, hiperlordosis y dolor a la deambulación es la espondilodiscitis, difícil de localizar salvo por gammagrafía, pues la disminución del espacio intervertebral y la erosión de los platillos vertebrales se tardan en evidenciar.

Frente a las AIJ poliarticulares se deben descartar las artritis infecciosas meningocócicas, víricas, la enfermedad de Lyme y algunas postinfeciosas que afectan a varias articulaciones. Si la artritis se asocia con manifestaciones dermatológicas, las afecciones a descartar son principalmente la enfermedad del suero y la púrpura de Schönlein-Henoch; se deben considerar también: colagenosis, gota, mucopolisacaridosis o inmunodeficiencias.

Evaluación de los enfermos con AIJ

La valoración objetiva de los pacientes es necesaria para monitorizar su evolución y tomar las oportunas decisiones terapéuticas, modificando el tratamiento si no hay mejoría. Los criterios ACR valoran (30, 50, 70) la situación con respecto al nivel basal.

Los criterios de Pavia definen objetivamente, como “mejoría” o como “remisión clínica”, la evolución de la enfermedad. Se basan en datos como: número de articulaciones afectas, limitación de la movilidad, dolor, VSG, capacidad funcional, evaluación de la enfermedad por el médico y por el paciente; últimamente, se valora también la rigidez matutina con o sin tratamiento. La ecografía rutinaria también ayuda a catalogar el grado de actividad de los pacientes con AIJ.

Para evaluar el grado de afectación, así como la respuesta terapéutica, se dispone de diferentes instrumentos, entre ellos el CHAQ (Childhood Health Assessment Questionnaire), que analiza la capacidad funcional y calidad vida, es de fácil aplicación y está adaptado y validado en niños. Se puntúan 30 preguntas sobre actividad diaria, en 8 áreas, con una escala de 4 puntos. La clasificación funcional de Steinbroker valora el grado de incapacidad desde ausencia de dificultades (grado I) hasta la gran incapacidad en silla de ruedas o cama (grado IV). Realizar diferentes actividades pero con molestia o limitación de la motilidad sería un grado II y la necesidad de ayuda importante con imposibilidad para correr, el grado III. En 1992, una comisión denominada OMERACT (Outcome Measures in Rheumatoid Arthritis Clinical Trials) acordó los criterios objetivos en los que deben basarse los resultados de los ensayos clínicos para valorar la eficacia terapéutica.

Pronóstico, evolución y complicaciones

La evolución varía mucho dependiendo del grado de afectación, de la categoría clínica y de la respuesta al tratamiento. La identificación de los enfermos con mal pronóstico permite indicarles una pauta más agresiva desde el inicio.

AIJ sistémicas

A este grupo pertenecen los pacientes más graves y que mantienen una actividad inflamatoria más prolongada. La presentación como un brote único, sin secuelas, es posible aunque, por desgracia, la evolución habitual sea hacia una poliartritis. Supone un mal pronóstico la persistencia de los síntomas sistémicos, la duración de la enfermedad por encima de 5 años, la edad menor de 6 años al diagnóstico, articulaciones con erosión articular precoz y la trombocitosis. El mantenimiento de la inflamación obliga a prolongar la corticoterapia a dosis altas con los conocidos efectos iatrogénicos (obesidad, osteoporosis, necrosis avascular de la cabeza del fémur, alteraciones del crecimiento) que, al sumarse a la patología propia de la AIJ, ensombrecen mucho el pronóstico.

La complicación más grave es el síndrome hemofagocítico o de activación macrofágica (SAM). Aunque no sea exclusiva de la AIJ, es ésta la entidad que con mayor frecuencia se observa en Pediatría. Se debe a la producción masiva de citocinas proinflamatorias; se expresa como un cuadro agudo con: fiebre, síntomas neurológicos, fallo hepático y, con menos frecuencia, renal o cardiológico; se detecta pancitopenia, elevación de enzimas hepáticas, ferritina, triglicéridos y dímero D, alteración de la coagulación, disminución de factores de coagulación y caída de la VSG. La aparición de hemofagocitosis en la médula ósea es decisiva para su diagnóstico. En AIJ sistémicas de larga evolución hay riesgo de amiloidosis secundaria, renal o hepática, por depósito de proteína AA. La proteinuria persistente sería un indicador de insuficiencia renal. Ambas complicaciones tienen muy mal pronóstico con alta tasa de mortalidad.

AIJ oligoarticular persistente

Es la que tiene mejor pronóstico articular, con un 50% de remisiones a los 5-10 años del inicio. La evolución hacia una oligoarticular extendida, que es más probable cuando la afectación inicial incluye tobillo, muñeca o extremidad superior, disminuye el porcentaje de remisión. Debe vigilarse la aparición de dismetrías entre las extremidades, alargando la afectada mediante estímulo del cartílago de crecimiento, sobre todo en cóndilo lateral izquierdo de rodilla, que causa un ligero valgo y acortándola cuando la AIJ ocurre con posterioridad al cierre precoz epifisario. Las complicaciones oftalmológicas: uveítis crónica o iridociclitis, son frecuentes en este grupo de artritis y puede ocasionar pérdida de visión por edema macular quístico, elevación de presión intraocular, cataratas, sinequias o queratopatía en bandas. Además, estas afectaciones, generalmente bilaterales, a veces ocurren antes que la artritis.

AIJ poliarticulares

Son las más agresivas, sobre todo las seropositivas (FR+) y cursan con limitaciones funcionales, contracturas, discapacidades y deformidades secundarias al daño articular precoz, siendo muy característica la micrognatia por afectación temporomandibular que limita la apertura de la boca. No suelen remitir espontáneamente.

Artritis relacionada con entesitis

Tienen una evolución variable, en forma de brotes, siendo más severa cuando hay participación axial, espondilitis anquilosante (25%) que, cuando afecta a articulaciones de las extremidades inferiores, aunque en algunos pacientes la afectación de las caderas precise implantar prótesis. Puede presentarse como una tarsitis anquilosante con afectación importante del pie y deformidades en el mismo.

La artritis psoriásica

Remite en el 30-40% de los pacientes y los restantes evolucionan a formas poliarticulares. Hay posibilidad de uveítis cualquiera que sea su situación articular. La persistencia de los síntomas y el tratamiento, no siempre bien tolerado, son causa de: anorexia, hipocrecimiento, retraso pubertad, cambios de carácter, alteraciones del sueño, etc.

Tratamiento farmacológico

Su objetivo es frenar la inflamación o, al menos, aliviar los síntomas. Los fármacos modificadores de la enfermedad se introducen cada vez más precozmente para evitar los daños irreversibles. En abril-2011(12), la ACR publicó sus recomendaciones (Tabla IV). El mejor conocimiento de la patogenia está permitiendo introducir agentes biológicos cada vez más eficaces.

 

 
 

 

Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs)

Frenan la síntesis de prostaglandina proinflamatoria inhibiendo la enzima ciclooxigenasa (COX), de la que hay dos isoezinmas: la COX1, expresada por la mayoría de los tejidos y la COX2, que sólo participa en acciones inflamatorias patológicas. Se fabricaron inhibidores selectivos de esta última (celecoxib y rofecoxib) para obviar los efectos secundarios de bloquear la COX1, pero han sido poco utilizados en niños y bastante discutidos en adultos por motivos de seguridad. El ácido acetil salicílico (AAS) fue históricamente el fármaco más utilizado, pero se ha sustituido ya por otros AINEs, como: ibuprofeno, indometacina, tolmetin o piroxicam, que actúan sobre COX1, siendo sus efectos secundarios más frecuentes las alteraciones gastrointestinales, elevación de las enzimas hepáticas, disminución de agregación plaquetaria y proteinuria. Otros posibles fármacos son el naproxeno y diclofenaco, equipotentes para COX1 y COX2, y el meloxicam, preferente para COX2.

Antiinflamatorios esteroideos

Se eligen glucocorticoides potentes con efecto inmunosupresor, ya sea por vía oral o i.v. Pueden utilizarse como puente hasta que otra medicación comience a actuar, pero se reservan para situaciones graves o con mala respuesta debido a sus efectos secundarios y “rebotes” al tratar de suspenderlos. En la uveítis, se aplican de forma tópica; en oligo y/o poliartritis, las infiltraciones intraarticulares de hexacetónido de triamcinolona disminuyen la actividad.

Fármacos modificadores de enfermedad (FARME)

El fármaco más empleado es el metotrexato (MTX), antagonista de ácido fólico. Se administra por vía subcutánea, i.m. (10-15 mg/m2/semana) u oral, aunque por esta vía su biodisponibilidad es un 10-15% menor. Actúa a partir de la 3ª semana, alcanzando la máxima efectividad a los 3 meses. Los efectos secundarios (aftas, anemia, elevación de transaminasas, intolerancia digestiva) son frecuentes, aunque son paliados añadiendo al día siguiente ácido fólico (5 mg); sin embargo, cuando los controles analíticos están alterados de forma importante o mantenida, ya es necesario reducir o suspender el MTX. Se elimina por vía biliar y renal. La leflunomida es un inhibidor de una enzima involucrada en la síntesis de pirimidina. Aún no se emplea mucho en Pediatría, reservándose para los enfermos con AIJ poliarticular y mala respuesta a MTX. La sulfasalazina, a 30-50 mg/kg/d, es útil en casos con espondiloartropatía. Otros fármacos, como la penicilamina o las sales de oro ya han quedado relegados.

Inmunosupresores

La azatioprina y la ciclofosfamida (3-5 mg/kg/d) están indicados en la AIJ sistémica grave, asociándose ciclosporina cuando surge un síndrome de activación macrofágica. En AIJ sistémicas también se ensayó gammaglobulina i.v a altas dosis con resultados poco concluyentes.

Agentes biológicos

Representan un importante avance terapéutico al modificar la patogenia de la enfermedad. Actúan contra moléculas de adhesión, citocinas, linfocitos B o T. Siendo los mejor conocidos en Pediatría los citados a continuación, especialmente los inhibidores de TNF-a.

Antagonistas del factor de necrosis tumoral alfa (anti TNF-a). Los preparados mejor conocidos son el etanercept, infliximab y adalimumab, siendo el primero una proteína de fusión y los otros dos anticuerpos monoclonales. Frenan la actividad inflamatoria, mejorando la capacidad funcional y la calidad de vida. Se admite que también disminuyen la tasa de recaídas. El etanercept se administra por vía subcutánea 2 veces a la semana y está indicado en pacientes con AIJ poliarticular intolerantes o resistentes a MTX. El infliximab se administra por vía i.v. (3-6 mg/kg), en las semanas 0, 2 y 6 y luego cada 8. El adalimumab se administra por vía subcutánea cada 15 días con dosis de 24 mg/m2 y, en niños mayores, 40 mg/dosis. Está indicado en AIJ poliarticular y en uveítis, asociándolo al MTX cuando este fármaco no sea suficiente para controlar los síntomas.

Estos agentes facilitan la activación de algunas infecciones latentes, principalmente tuberculosis; por lo que, antes de iniciar el tratamiento, es obligado hacer un Mantoux, Rx de tórax y serología de hepatitis B. No se deben administrar vacunas de agentes vivos durante el tratamiento y hay que suspenderlo 2 semanas antes de intervenciones quirúrgicas y otras 2 después de un postoperatorio sin infección.

Antagonistas de IL-1. El anakinra, que bloquea el receptor de IL-1, aún no está aprobado en ficha técnica para usar en niños, pero se han realizado ensayos clínicos en AIJ sistémica, por vía subcutánea (1-2 mg/kg/d).

Antagonistas de IL-6. El tocilizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que bloquea los receptores de IL-6. Se indica en AIJ sistémicas a 8 mg/kg/2 semanas, i.v.

Anti-linfocitos B. El rituximab es un anticuerpo monoclonal dirigido contra el antígeno CD20 que es expresado por los linfocitos pre-B y B maduros, ocasionando su lisis. Se administra 2 dosis de 1 g/2 semana, i.v.

Anti-linfocitos T. El abatacept inhibe la activación de los linfocitos T. Está indicado en AIJ poliarticulares.

La administración de cualquier agente biológico exige controles analíticos para detectar la aparición de citopenias, autoanticuerpos séricos, alteración del perfil hepático o lipídico.

Otros tratamientos

Aunque se trate de terapias complementarias que no intervienen en la evolución de la enfermedad, tienen una definitiva influencia sobre la calidad de vida, aspectos de la mayor importancia en cualquier enfermedad crónica.

La fisioterapia es fundamental para evitar limitaciones del aparato locomotor y también las correcciones quirúrgicas, prótesis articulares o cirugía maxilofacial, en determinados casos. Hay que vigilar los aspectos psicológicos que una enfermedad crónica como ésta produce sobre el niño enfermo, que impide realizar actividades propias de la edad. Se debe contar con apoyo en el ámbito escolar y familiar, tras las pertinentes explicaciones de lo que supone la AIJ.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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2.*** Modesto C, Gamir M. Artritis idiopática juvenil. 1ª ed. Marge Medica Books; 2011.

3.*** Gowdie PJ, Tse SML. Juvenile Idiopathic Arthritis. Pediatr Clin N Am. 2012; 59: 301-27.

4.** Blanco Quirós A, Solís P. Artritis idiopática juvenil. En: Cruz M, editor. Manual Pediatría. Madrid: Ergon; 2010. p. 377-82.

5.*** Petty RE, Southwood TR, Manners P, et al. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: second revision Edmonton 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2 C.

6. Foell D, Wittkowski H, Vogl T, Roth J. S100 proteins expressed in phagocytes: a novel group of damage-associated molecular pattern molecules. J Leukoc Biol. 2007; 81: 28-37.

7. Macaubas C, Nguyen K, Milojevic D, Park J, Mellins ED. Oligoarticular and polyarticular JIA: epidemiology and pathogenesis. Nat Rev Rheumatol. 2009; 5: 616-26.

8. Ravelli A, Varnier GC, Oliveira S, Castell E, Arquedas O, Magnani A, et al.Antinuclear antibody positive patients should be grouped as a separate category in the classification of juvenile idiopathic arthritis. Arthritis Rheum. 2011; 63: 267-75.

9. Petty R, Smith J, Rosenbau J. Arthritis and uveitis in children. A pediatric rheumatology perspective. Am J Ophthalmol. 2003; 135: 879-84.

10. Stoll ML, Lio P, Sundel RP Nigrovic PA. Compararison of Vancouver and International League of Associations for Rheumatology classification criteria for juvenile psoriatic arthritis. Arthritis Rheum. 2008; 59: 51-8.

11. Collado P, Bouffard A. La imagen en reumatología pediátrica. Utilidad de la ecografía musculoesquelética. Monografías SER. Reumatología Pediátrica. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2007. p. 17-27.

12.*** Beukelman T, Patkar NM, Saag KG, et al. American College of Rheumatology Recommendations for the treatment of juvenile idiopathic arthritis: initiation and safety monitoring of therapeutic agents for the treatment of arthritis and systemic features. Arthritis Care Res. 2011; 63: 465-82.

Bibliografía recomendada

– Cassidy JT, Laxer RM, Petty RE, et al. The juvenile idiopathic artritis. En: Cassidy Texbook of Pediatric Rheumatology. Cap. 13. 6th ed. Filadelfia: Elsevier Saunders; 2011.

Manual de reumatología pediátrica clásico, escrito por un renombrado autor y sus colaboradores, dirigido a reumatólogos y pediatras. Es un imprescindible libro de consulta.

– Modesto C, Gamir M. Artritis idiopática juvenil. 1ª ed. Marge Medica Books; 2011.

Excelente publicación monográfica que pone al día todos los aspectos relacionados con AIJ. Sus autoras reúnen un grupo de reumatólogos pediatras españoles que escriben los diferentes capítulos y revisan todos los aspectos relacionados con esta patología.

– Gowdie PJ, Tse SML. Juvenile Idiopathic Arthritis. Pediatr Clin N Am. 2012; 59: 301-27.

Reciente artículo incluido en la revista Clínicas Pediátricas de Norteamérica dedicada a reumatología pediátrica. La publicación constituye un interesante y actual compendio de todos los problemas relacionados con las diferentes enfermedades reumáticas.

– Blanco Quirós A, Solís P. Artritis idiopática juvenil. En: Cruz M, editor. Manual Pediatría. Madrid: Ergon; 2010. p. 377-82.

Capítulo actualizado en la última edición por la autora de este artículo, dirigido a estudiantes de medicina, residentes y a pediatras en general.

– Petty RE, Southwood TR, Manners P, et al. International League of Associations for Rheumatology classification of juvenile idiopathic arthritis: second revision Edmonton 2001. J Rheumatol. 2004; 31: 390-2 C.

Revisión actual de clasificación de AIJ y criterios validados por la Liga Internacional contra el Reumatismo.

– Beukelman T, Patkar NM, Saag KG, et al. American College of Rheumatology Recommendations for the treatment of juvenile idiopathic arthritis: initiation and safety monitoring of therapeutic agents for the treatment of arthritis and systemic features. Arthritis Care Res. 2011; 63: 465-82.

Guía de recomendaciones para el tratamiento de la AIJ en sus distintas categorías clínicas y estadios de enfermedad o en fracasos terapéuticos previos.

 

Caso clínico

Historia clínica

Niña de 21 meses de edad, que presenta desde hace una semana cojera de pierna izquierda, con tumefacción y calor en rodilla, sin cambios de coloración. Refiere dolor cuando comienza a andar e impotencia funcional, necesita sujetarse a objetos para caminar. No presenta ninguna otra sintomatología. No hay antecedentes personales reseñables hasta 3 meses antes cuando, tras un cuadro febril, con síntomas respiratorios que cede en unos días, aparece cojera de pierna derecha. Su pediatra le diagnostica una sinovitis de cadera, pautando tratamiento con ibuprofeno y reposo. Rx de caderas y rodillas normales. Revisada días después, hay tumefacción de rodilla derecha, derivándose para valoración a traumatólogo quien, tras 3 semanas de clínica, realiza artrocentesis e infiltración con acetónido de triamcinolona, disminuyendo la inflamación de la rodilla, comenzando a caminar. Un mes más tarde aparece una gastroenteritis por Salmonella sp. que es tratada con azitromicina 3 días y con cefixima, 10 días al persistir positivo el cultivo. Se mantiene con anorexia, pérdida de peso, irritabilidad y artritis rodilla izquierda, 8 días después.

Exploración física

Rodilla izquierda con tumefacción, sin calor ni rubor, mínimo choque rotuliano. Se niega a apoyar en el suelo y limita la motilidad pasiva de ambas rodillas, no realizando la extensión total. Ausencia de inflamación en otras articulaciones, resto de la exploración: normal.

Analítica sanguínea

Sistemático de sangre y bioquímica: normales. PCR: 4,3 mg/L; VSG: 60 mm 1ª h; ASLO: <50 UI; FR (-); ANA: 1/40; HLA-B27+. Frotis faríngeo y coprocultivo (-). Prueba de Mantoux (-).

Pruebas de imagen

Ecografía: en la rodilla izquierda se aprecia una distensión a nivel de la bolsa suprarrotuliana y ocupación por un material ecogénico móvil, compatible con bursitis; rodilla derecha normal. En ambas rodillas hay quistes de Baker. Radiografía de tórax: normal.

Interconsulta de oftalmología

Se informa una ausencia de signos de inflamación ocular.

Tratamiento

Se aconseja tratamiento con ibuprofeno y nueva infiltración con triamcinolona, al principio con resultado beneficioso, pero transitorio, por lo que se introduce MTX (10 mg/m2/sem) con el que se mantiene asintomática durante 2 años y medio, con ANA positivos a 1/320 y revisiones oftalmológicas normales.

Dada la buena evolución, se retira el MTX y, un mes más tarde, de nuevo aparece artritis en ambas rodillas y uveítis anterior, por lo que es preciso reintroducirlo. Desde entonces (3 años) ha permanecido sin sintomatología articular, pero con una uveítis activa, que se controla subiendo el MTX a 13 mg/m2/sem.

 

 

 

Síndrome del dolor musculoesquelético en la edad pediátrica

Temas de FC

J.C. López Robledillo

Unidad de Reumatología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

 

Resumen

El dolor musculoesquelético es frecuente en niños y adolescentes. La mayoría de los casos es de carácter benigno, pero un porcentaje variable desarrollan un síndrome de dolor crónico que puede afectar a su calidad de vida. En este artículo, se revisan las principales patologías de dolor crónico idiopático en la edad pediátrica, como son: los dolores de crecimiento, el síndrome de hiperlaxitud articular generalizada benigna, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica y la distrofia simpática refleja. La etiología de estas entidades es desconocida. El diagnóstico diferencial del dolor crónico musculoesquelético es amplio, requiriéndose la realización de una historia y exploración adecuadas para evitar diagnósticos erróneos. El tratamiento debe ser multidisciplinar, contemplando la educación, empleo racional de fármacos y la intervención psicológica.

 

Abstract

Musculoskeletal symptoms are common in children and adolescents. Most of the cases are benign but a number of children develop a chronic pain syndrome and become quite disable. The focus of the review is on chronic or recurrent musculoskeletal complaints.
Chronic pain in childhood can be caused by a wide variety of conditions, several of which are discussed here: growing pains, hypermobility syndrome, fibromyalgia, chronic fatigue syndrome and reflex sympathetic dystrophy. The aetiology of the majority of cases is unknown. Differential diagnosis is broad, then when evaluating a child meticulous history taking and a careful examination is required in order to avoid misdiagnosis. Only a small proportion has an inflammatory or systemic origin. Various treatments have been propose but effective managing is based on interdisciplinary approach to reverse pain associated disability with education, simple analgesics and psycologic intervention.

 

Palabras clave: Dolor musculoesquelético; Dolor difuso idiopático; Fibromialgia; Hiperlaxitud articular benigna.

Key words: Musculoskeletal pain; Diffuse idiopatic pain; Fibromyalgia; Hypermobility syndrome.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 15-23


Síndrome del dolor musculoesquelético en la edad pediátrica

 

Introducción

El dolor musculoesquelético (DME) es muy frecuente en niños y adolescentes y constituye una causa habitual de consulta médica y de derivación a reumatólogos pediátricos y cirujanos ortopédicos. Se ha estimado que, entre un 10 y un 20% de los niños en edad escolar lo presentan. Las mujeres presentan el dolor con mayor frecuencia que los varones y el pico de mayor incidencia son los 13-14 años(1,2).

La mayoría de las veces es benigno pero, en ocasiones, puede ser una manifestación de una enfermedad sistémica, ya sea ésta de naturaleza inflamatoria, como la artritis idiopática juvenil y otras conectivopatías, o neoplásica, como la leucemia linfoide aguda o el neuroblastoma, por poner algunos ejemplos. Ante un cuadro de DME se deben considerar estas patologías y realizar un diagnóstico diferencial adecuado. En este sentido, resulta útil considerar los criterios diagnósticos existentes para la mayoría de las enfermedades reumáticas y también distinguir entre el dolor idiopático localizado y el difuso (Tablas I y II) y tener en cuenta determinados signos de alarma que nos pudieran orientar hacia una patología potencialmente grave (Tabla III).

 

 
 

 
 

 

El DME tiende a cronificarse en muchas ocasiones, comprometiendo tanto la calidad de vida del niño como la de su entorno cercano. El tratamiento requiere un abordaje integral y, en muchas ocasiones, multidisciplinar en el que se contempla la intervención psicológica.

En esta revisión nos centraremos en los principales síndromes de DME idiopático y realizaremos una orientación práctica para su manejo (Fig. 1).

 

Figura 1. Orientación diagnóstica del dolor musculoesquelético.

 

Principales síndromes de dolor musculoesquelético idiopático

Síndrome del dolor nocturno idiopático: dolores del crecimiento (DC)(2-5)

Cuadro de dolor generalizado recurrente que afecta, por lo general, a miembros inferiores, su origen es incierto, probablemente miofascial, y su naturaleza benigna.

Afecta a un 4-34% de los niños en edad escolar. Las principales características que lo definen son:

• El intervalo de edad en que aparecen son los 3-13 años, sin predilección por sexo.

• Se trata de dolor generalizado localizado habitualmente en miembros inferiores (muslo y /o pantorrilla) y por lo general mal definido.

• Se refiere como intenso o muy intenso en el 5-10% de los casos.

• La presentación es nocturna o vespertina, apareciendo después de un periodo de descanso.

• Desencadenado en muchas ocasiones con actividades a las que no se está acostumbrado.

• En la exploración de los niños con DC se objetiva con cierta frecuencia hiperlaxitud articular concomitante.

• A diferencia de lo señalado en muchas ocasiones, no guardan relación temporal con los periodos de rápido crecimiento óseo.

• El curso suele ser recurrente con episodios que duran hasta varios meses.

• Típicamente se alivian con masajes y/o dosis bajas de analgésicos.

Ante un paciente con sospecha de DC, realizaremos el diagnóstico teniendo en cuenta los siguientes apartados:

• Dolor de miembros de al menos 3 meses.

• Dolor intermitente con intervalo libre de síntomas de días o meses.

• Dolor no relacionado con las articulaciones.

• Dolor suficientemente intenso para interferir con las actividades cotidianas.

• Exploración física, laboratorio y radiología normales.

El tratamiento se basa en informar adecuadamente a los padres y emplear masajes y analgésicos en los episodios dolorosos.

Síndrome de hiperlaxitud articular generalizada benigna

Entendemos por hiperlaxitud articular un rango de movilidad articular superior al considerado como normal debido a laxitud del tejido conectivo periarticular. En ocasiones, la hiperlaxitud generalizada es una manifestación más de determinadas enfermedades hereditarias del tejido conectivo, cuando éstas no están presentes hablamos de hiperlaxitud articular generalizada benigna (HAGB)(6).

Un porcentaje importante de niños en edad escolar tienen hiperlaxitud articular, y la mayoría de ellos están asintomáticos. Los síntomas, cuando están presentes, se deberían a microtraumatismos repetidos sobre los tejidos periarticulares que son más vulnerables a la agresión debido a su laxitud. Por lo general, se presenta en niños mayores durante la época de mayor crecimiento (estirón), pero puede afectar a cualquier grupo de edad(6-8).

Las manifestaciones clínicas, cuando se presentan, consisten por lo general en artralgias después de realizar ejercicio físico o una actividad no acostumbrada. Los síntomas pueden aparecer durante la actividad física o, más característicamente, varias horas después, incluso por la noche.

Otras manifestaciones que pueden estar presentes son la rigidez articular e incluso tumefacción de carácter leve. Así mismo, pueden producirse luxaciones o subluxaciones articulares recidivantes(7).

En los pacientes con HAGB, hay una mayor incidencia de dolores del crecimiento, reumatismos de partes blandas, fibromialgia, condromalacia patelar y lesiones traumáticas de tejidos periarticulares(7,8).

Para realizar el diagnóstico, nos basaremos en la presencia de determinados criterios, como los de Carter y Wilkinson modificados por Bird, requiriéndose en este caso al menos tres de los siguientes:

• Hiperextensión pasiva de los dedos hasta que estos estén paralelos a la superficie de extensión del antebrazo.

• Aposición pasiva del pulgar en la superficie flexora del antebrazo.

• Hiperextensión activa de más de 10 grados de ambos codos.

• Hiperextensión activa de más de 10 grados de ambas rodillas.

• Apoyo de las palmas de las manos en el suelo flexionando las caderas con las rodillas en extensión completa.

También puede emplearse la puntuación de Beignton(9) (Tabla IV) o los criterios de Brighton(10) (Tabla V), que son los más aceptados en la comunidad científica.

 

 
 

 

El tratamiento consiste en evitar actividades que se sabe empeoran o desencadenan los síntomas, prevenir los traumatismos en articulaciones y ligamentos y realizar fisioterapia activa para mejorar el tono y la potencia muscular. En pacientes muy sintomáticos, se puede proponer el tratamiento con AINE de forma discontinua, sobre todo en episodios dolorosos.

Síndrome de dolor difuso idiopático: fibromialgia y fatiga crónica

Fibromialgia

Un grupo importante de procesos caracterizados por dolor no inflamatorio lo constituyen los síndromes de sensibillización central o de amplificación del dolor entre los que se hallan la distrofia simpático-refleja y la fibromialgia juvenil (FMJ) (Tabla VI).

 

 

La fibromialgia es una entidad clínica controvertida que se caracteriza por la presencia de dolor musculosquelético difuso de origen no articular que cursa con astenia, alteraciones del sueño y rigidez matutina. Es un proceso benigno, aunque de curso crónico, que a menudo repercute en la calidad de vida del niño y su familia.

Etiopatogenia

La causa sigue siendo desconocida pero, en la actualidad, algunos autores la incluyen en los llamados síndromes de sensibilización o hipersensibilización del sistema nervioso central caracterizados por un incremento en la percepción del dolor consecuencia de determinados cambios neuroquímicos a dicho nivel. Yunus propuso el término de síndromes de sensibilización central para este grupo de entidades(11,12).

Aunque la depresión y el estrés pueden contribuir a los síntomas de los síndromes de sensibilización central, estos procesos no tendrían una base psiquiática o psicosocial, sino que se deberían a alteraciones objetivables en el sistema nervioso central(12).

En la etiopatogenia de la FM se han barajado hipótesis de todo tipo, que incluyen: factores genéticos y ambientales, infecciones, trastornos neuroendocrinos, hiperactividad simpática, trastornos del sueño, alteraciones psicosociales, etc.

Epidemiología(13-15)

La fibromialgia infantil y juvenil es una entidad poco conocida, pero podemos decir que no es infrecuente.

En EE.UU., la FMJ representa el 7,7% de los diagnósticos realizados por reumatólogos pediátricos. En estudios internacionales, la incidencia es del 1,2% y la prevalencia oscilaba entre 1,3% y el 6,2%. Se acepta que, en general, su frecuencia de presentación es mayor que la de las formas del adulto (8,8% en niñas y un 3,9% en niños).

Es más frecuente en mujeres y más aún en hijas de madres que sufren FM u otros procesos de sensibilización central.

La edad de presentación más habitual está entre los 13 y los 15 años. Yunus y Masi, en 1985, describieron la enfermedad en niños de edades entre los 9 y los 17 años.

Por lo que respecta a la raza, los niños y adolescentes negros presentan la enfermedad con menor frecuencia que el resto de población americana.

Cerca de un 25% de casos de FM del adulto empezaron ya en la edad infantil.

Manifestaciones clínicas(16,18)

El paciente suele expresar dolor generalizado en todo el cuerpo, afectando a ambos hemicuerpos, tanto a los segmentos superiores como inferiores y al esqueleto axial. Las áreas más frecuentemente comprometidas son: región lumbar, cervical, hombros, caderas, rodillas, manos y pared torácica. El dolor experimentado puede verse modulado por factores como el grado de actividad física, ansiedad, estrés y cambios climáticos.

La astenia se presenta con mucha frecuencia, se trata de un cansancio, sensación de fatiga o falta de energía que limita la realización de las actividades cotidianas.

Las alteraciones del sueño de estos pacientes suelen ser variables de unos a otros, desde la dificultad para conciliarlo, tener sueño agitado y superficial, entrecortado, hasta dormir pocas horas consecutivas. En cualquier caso, es un sueño no reparador, el niño se levanta con la sensación de no haber descansado.

La rigidez articular se presenta principalmente por la mañana al levantarse, o después de periodos de reposo o inactividad. Los movimientos se realizan con dificultad debido a la sensación de entumecimiento o hinchazón de algunas articulaciones. Es característico que no dure más de 30-40 minutos.

Otros síntomas: el dolor musculoesquelético puede asociarse a dolor abdominal difuso recurrente, constituyendo en ocasiones un verdadero “colon irritable” y también a cefalea, por lo general de carácter tensional. Estos cuadros dolorosos posiblemente corresponden a expresiones diferentes de un mismo trastorno.

Exploración física(19,21)

Es característico el dolor a la palpación sobre múltiples puntos característicos “tender points” (véase tabla VII), que provocan en muchas ocasiones una respuesta exagerada por parte del niño (“alodinia”) en forma de retirada y que, en ocasiones, puede adoptar la forma de un verdadero “salto”. Los puntos dolorosos deben palparse con el pulgar, imprimiendo una fuerza (2-3 kg/cm2).

 

 

Debemos tener en cuenta que la exploración es menos significativa que en los adultos, pues en muchas ocasiones los llamados “puntos sensibles” que utilizamos para la clasificación de los cuadros de FM no son tan concretos en los niños, en los cuales, además, es mucho más difícil cuantificar el dolor.

Otros hallazgos menos frecuentes son cambios de coloración cutánea e incluso fenómeno de Raynaud, que traducen un fenómeno de hiperreactividad vascular cutánea.

Exploraciones complementarias

De forma característica, tanto los exámenes de laboratorio como las pruebas de imagen no resultan de utilidad para el diagnóstico. En algunas series de pacientes con fibromialgia, se han documentado alteraciones polisomnográficas que demuestran alteraciones en la fase REM (rapid eye movement) del sueño que son consideradas por algunos autores como características de la enfermedad(18).

Los estudios complementarios se recomiendan para descartar otras patologías, sobre todo si el cuadro clínico es de presentación aguda o con un curso clínico atípico. De acuerdo a los diagnósticos diferenciales planteados, se recomiendan: hemograma con reactantes de fase aguda (PCR y VSG), bioquímica elemental, CPK, factor reumatoide, anticuerpos antinucleares y hormonas tiroídeas. Puede requerirse un estudio radiológico simple y, eventualmente, gammagrafía ósea y electromiografía dependiendo de los hallazgos en la exploración física.

En la tabla VIII, se detallan las exploraciones complementarias a tener en cuenta para realizar una aproximación al diagnóstico de un proceso de dolor generalizado.

 

 

Diagnóstico

Se basa en la constatación de los siguientes apartados.

a. Dolor generalizado.

b. Duración al menos 3 meses.

c. Dolor a la palpación en al menos 11 de los 18 puntos característicos.

d. Exploraciones complementarias normales.

e. Exclusión razonable de otras patologías.

Para realizar el diagnóstico se han venido aplicando “criterios de clasificación”, como los propuestos por Yunus(16) para la fibromialgia juvenil y, más recientemente, los del American College of Rheumatology (ACR) de 1990(21).

Ante todo cuadro de dolor difuso persistente, deben descartarse, principalmente: enfermedad sistémica de tipo inflamatorio (artritis idiopática juvenil, lupus eritematoso sistémico, miopatías, vasculitis, etc.), neoplasias (como, por ejemplo, la leucemia linfoblástica aguda) y trastornos endocrinos, como la miastenia gravis juvenil o el hipotiroidismo. En ellos, la presencia, conjunta o no, de otros hallazgos, ya sean clínicos, de laboratorio o de imagen, posibilita el diagnóstico.

Es importante tener en cuenta que los niños y adolescentes con procesos inflamatorios también pueden desarrollar dolor (generalmente mecánico) secundario a trastornos de alineamiento, déficit neuromuscular o propioceptivo, crecimiento rápido o a un cambio en el nivel de actividad física.

Tratamiento(22-29)

El manejo adecuado de la FMJ requiere un abordaje integral contemplando los siguientes apartados:

1. Educación sobre la enfermedad, informando sobre todos sus aspectos convenientemente, tanto a niños y adolescentes (en la medida en que esto sea posible), como a sus padres, para mejorar el conocimiento de la enfermedad y su abordaje a largo plazo dada la cronicidad de este proceso. En muchas ocasiones, la modificación de determinados hábitos de vida puede contribuir a la mejoría del dolor y de los trastornos del sueño.

2. Ejercicio físico regular de predominio aeróbico para mejorar los síntomas generales, reducir el dolor y aumentar la calidad de vida de los pacientes con fibromialgia juvenil(22).

3. Relajación: las técnicas de relajación individuales o en grupo, tuteladas por un experto, pueden en muchos casos aliviar la sintomatología general y dolorosa de nuestros pacientes.

4. Psicoterapia: la intervención por un psicoterapeuta siempre es recomendable. El empleo de terapia cognitivo conductal puede resultar de interés en muchos casos; dado que, pretende disminuir la experiencia dolorosa sobre la base de propiciar el conocimiento de los factores desencadenantes del dolor y de las respuestas ante el mismo para aprender a modificarlos(23,24).

5. Fármacos: el tratamiento farmacológico se basa en el empleo de analgésicos y antiinflamatorios para intentar controlar el dolor en algunas fases de la enfermedad, aunque a largo plazo, por lo general, resultan ineficaces. Los relajantes musculares y psicofármacos de entrada no están indicados, reservándose para casos seleccionados que el psiquiatra debe decidir. Antidepresivos tricíclicos, como: amitriptilina, inhibidores de la recaptación de serotonina, neurolépticos y antiepilépticos se han empleado con diferente éxito en grupos de pacientes seleccionados(25-27).

Al no existir un tratamiento específico para la FMJ, deben considerarse, como objetivos a medio y largo plazo, la obtención de un sueño reparador, la práctica de ejercicio aeróbico como hábito de vida y el manejo del estrés, para adquirir un estilo de vida saludable y evitar la progresión hacia la cronicidad.

Se debe insistir en lo conveniente de informar adecuadamente tanto al niño (en la medida que su edad lo permita) como a los padres para hacerles comprender la naturaleza benigna del proceso y evitar nuevas consultas y exploraciones innecesarias generadoras de ansiedad y gastos.

Evolución

La FMJ es un trastorno con tendencia a la cronicidad, que puede tener consecuencias en el desarrollo psicosocial de los pacientes y que implica, en muchas ocasiones, una difícil transición hacia la vida adulta.

De cualquier manera, el pronóstico en general es favorable a largo plazo, como lo demuestran algunos estudios, entre los que destacamos los siguientes:

• Buskila y cols. (1995) estudiaron a 15 niños de 9-15 años diagnosticados de FMJ y objetivaron que, a los 30 meses de seguimiento, el 73% no cumplían los criterios diagnósticos iniciales. Se redujeron de forma significativa, tanto el número de puntos dolorosos como la fuerza necesaria para provocar dolor en los mismos(28).

• Siegel y cols. (1998) observaron a 33 pacientes, con un seguimiento medio de 2,6 años, y se constató mejoría en la mayoría de los pacientes durante ese tiempo de seguimiento, todos los pacientes presentaron algún tipo de respuesta favorable. Teniendo en cuenta los resultados del pronóstico, los niños en su conjunto tienen más probabilidades de tener un resultado favorable que los adultos(17).

• Gedalia y cols. (2000) estudiaron a 50 niños durante 18 meses, pudiendo apreciar como el 60% mejoraban, el 36% permaneció igual, y el 4% empeoraban(29).

Los mejores resultados se obtienen cuando todos los implicados en el abordaje de la enfermedad estén familiarizados con los objetivos terapéuticos que incluyen la educación al paciente y su familia, la terapia física, los medicamentos y la intervención psicológica y social.

Síndrome de fatiga crónica(30-32)

El síndrome de fatiga crónica es un trastorno caracterizado por cansancio o fatiga acentuada que se prolonga en el tiempo sin causa conocida aparente y que interfiere en las actividades cotidianas del niño o adolescente.

La etiología es desconocida, habiéndose involucrado a factores psicológicos (algunos afectados presentan un cuadro depresivo, de ansiedad o algún trastorno de la personalidad) infecciosos (virus de Epstein-Barr) inmunoalérgicos, etc.

Por lo general, los pacientes presentan un cuadro de fatiga bastante acentuada que aumenta con los esfuerzos o la actividad física y que interfiere con sus tareas cotidianas. Como síntomas acompañantes, destacan: malestar general, trastornos del sueño y dolores a múltiples niveles (artralgias o artromialgias generalizadas, cefalea, dolor abdominal, odinofagia, etc.).

En la exploración física, no se obtienen hallazgos relevantes, aunque, en ocasiones, se objetiva faringitis, adenopatías, aumento de la temperatura corporal, etc.

Las exploraciones complementarias no son de ayuda diagnóstica, pero sirven para descartar otros procesos.

Como consecuencia de que la causa no puede ser identificada y dado que existen controversias acerca de sus posibles causas, el tratamiento debe realizarse en forma totalmente individualizada considerando especialmente el apoyo psicológico.

Síndrome de dolor miofascial

El término de dolor miofascial se reserva para aquellos cuadros dolorosos circunscritos a un área determinada, sin que pueda objetivarse una patología concreta y definida en esa localización. Se considera una forma localizada de fibromialgia.

Distrofia simpático refleja (DSR) o

síndrome del dolor idiopático regional(33-40)

Entendemos por DSR un dolor idiopático localizado o regional que afecta por lo general a miembros inferiores acompañándose de alteraciones del sistema nervioso autónomo (hiperactividad simpática). La etiología es desconocida y, probablemente, multifactorial. La edad de presentación es la de adolescencia o preadolescencia con predileccion por el sexo femenino (3/1).

Afecta a miembros inferiores comprometiendo a cualquier parte del miembro o incluso a la totalidad del mismo. En el 50% de los casos, se constata una condición preexistente, por lo general un traumatismo, incluso mucho tiempo antes (a veces, años).

La clínica consiste en dolor continuo en la región afectada, acompañado de hiperestesia (percepción exagerada de un estímulo doloroso) y/o alodinia (interpretación de un estímulo no doloroso como doloroso). El dolor suele aumentar con la actividad y puede producirse edema generalizado y aumento de la temperatura cutánea en fases iniciales. En fases posteriores, la temperatura cutánea del miembro afecto puede estar disminuida al tacto y la piel aparecer con una decoloración parcheada. Es común la atrofia muscular que puede llegar a ser importante.

En las exploraciones complementarias, se aprecia osteoporosis importante en la radiología convencional y, con menor frecuencia, alteraciones en la captación gammagráfica, que son más típicas de los adultos.

El diagnóstico se hace sobre la base del cuadro clínico característico, resultando útiles los criterios diagnósticos de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) que se muestran en la tabla IX.

 

 

El tratamiento es multidisciplinar basado, fundamentalmente, en la fisioterapia. Se han empleado, con diferente éxito: calcitonina, glucocorticoides, bloqueantes adrenérgicos, bloqueos nerviosos e, incluso, la simpatectomía. Puede ser necesaria la intervención psicológica para el tratamiento del dolor y una exploración del papel de factores psicológicos que pueden perpetuar el proceso.

La recuperación puede producirse en varios meses, aunque son posibles tanto las recurrencias como la evolución a cuadros de dolor difuso idiopático.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Excelente revisión sobre el dolor no inflamatorio en niños y adolescentes.

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Estudio epidemiológico que sienta las bases para el establecimiento de criterios diagnósticos del síndrome de hipermovilidad.

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Buen original sobre el dolor no inflamatorio en niños con hiperlaxitud.

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Se detallan los criterios de Brighton para realizar el diagnóstico del síndrome de hiperlaxitud articular.

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En este trabajo, se introduce el concepto de los “Síndromes de sensibilización central” en la edad pediátrica, entre los que figuran la fibromialgia, colon irritable, etc.

– Clark P, Burgos-Vargas R, Medina-Palma C, et al. Prevalence of fibromyalgia in children: a clinical study of Mexican children. J Rheumatol. 1998; 25: 2009-14.

Estudio de aproximación epidemiológica a la fibromialgia juvenil en Méjico.

– Eraso RM, Bradford NJ, Fontenot CN, Espinoza LR, Gedalia A. Fibromyalgia syndrome in young children: onset at age 10 years and younger. Clin Exp Rheumatol. 2007; 25: 639-44.

En este trabajo, el grupo de A. Gedalia, aporta datos epidemiológicos sobre la fibromialgia en niños.

– Yunus MB, Masi AT. Juvenile primary fibromyalgia syndrome. A clinical study of thirtythree patients and matched normal controls. Arthritis Rheum. 1985; 28: 138-45.

Excelente estudio clínico sobre fibromialgia juvenil en el que se caracteriza la enfermedad en la edad pediátrica.

– Siegel DM, Janeway D, Baum J. Fibromyalgia Syndrome in Children and Adolescents: Clinical Features at Presentation and Status at Follow-up. Pediatrics. 1998; 101: 377-82.

En este trabajo, se aporta información sobre la historia natural de la enfermedad.

– Roizenblatt S, Tufik S, Goldenberg J, Pinto LR, Hilario MO, Feldman D. Juvenile fibromyalgia: clinical and polysomnographic aspects. J Rheumatol. 1997; 24: 579-85.

Por primera vez se revelan alteraciones objetivas del sueño en niños con fibromialgia mediante polisomnografía. Se propone un patrón característico.

– Stephens S, Feldman BM, Bradley N, Schneiderman Wright V, Singh-Grewal D, et al. Feasibility and effectiveness of an aerobic exercise program in children with fibromyalgia: results of a randomized controlled pilot trial. Arthritis Rheum. 2008; 59: 1399-406.

En este trabajo, se detallan los beneficios de la actividad física en pacientes pediátricos con fibromialgia.

– Degotardi PJ, Klass ES, Rosenberg BS, et al. Development and evaluation of a cognitive-behavioral intervention for juvenile fibromyalgia. J Pediatr Psychol. 2006; 31: 714-23.

Se estudia el beneficio de la terapia cognitivo conductual en la fibromialgia juvenil.

– Goldenberg D, Mayskiy M, Mossey C, Ruthazer R, Schmid C. A randomized, double-blind crossover trial of fluoxetine and amitriptyline in the treatment of fibromyalgia. Arthritis Rheum. 1996; 39: 1852-9.

El tratamiento farmacológico con antidepresivos de la fibromialgia en niños es controvertido, pero se ha empleado con diferente éxito en casos seleccionados.

– Arnold LM, Russell IJ, Diri EW, et al. A 14-week, randomized, double-blinded, placebo-controlled monotherapy trial of pregabalin in patients with fibromyalgia. J Pain. 2008; 9: 792-805.

La pregabalina también se ha ensayado en casos seleccionados.

– Tan EC, Zijlstra B, Essink ML, et al: Complex regional pain syndrome type I in children. Acta Paediatr. 2008; 97: 875-9.

Excelente revisión sobre la distrofia simpático refleja en niños.

 

Caso clínico

Motivo de consulta

Adolescente de 13 años de edad que acude a la consulta después de haber sido valorada por el traumatólogo de su área de salud por presentar dolor persistente desde hace tres meses en cuello y ambos hombros.

Anamnesis

No antecedentes de interés, no se refieren traumatismos ni sobreesfuerzos. Presenta dolor continuo en el cuello sin irradiación a miembros, que aumenta con los movimientos y al realizar actividades. Tiende a disminuir con el reposo nocturno y durante los fines de semana. La administración de analgésicos y antiinflamatorios alivia parcialmente la sintomatología para volver a recaer. También, se queja de forma intermitente de ambos hombros con características similares a las del cuello. La madre refiere que se levanta cansada por la mañana y que con frecuencia se queja de dolor abdominal. No problemas aparentes en el entorno (familia e instituto) y es muy buena estudiante.

Exploración física

Afebril, buen estado general, normocoloración de piel y mucosas, no adenias ni lesiones cutáneas. ACP: normal, abdomen: normal. Osteoarticular: dolor a la palpación en musculatura paravertebral cervical y ambos trapecios, con leve limitación dolorosa de los giros del cuello. Dolor a la palpación en cara anterior de ambos hombros sin limitación de la movilidad. No signos inflamatorios. Fuerza, sensibilidad y reflejos osteotendinosos normales.

Resto de la exploración: se objetiva dolor a la palpación en apófisis espinosas de las últimas lumbares, masas musculares de ambos glúteos, cara lateral de ambos muslos y cara interna de ambas rodillas. No signos inflamatorios ni limitación de la movilidad a ningún nivel.

Exploraciones complementarias

Analítica:

– Hemograma: sin hallazgos. VSG 12 mm/1ª h.

– Bioquímica: PCR, glucosa, GOT, GPT, LDH, CPK, Ca, P y FAL: normales.

– Inmunología: factor reumatoide, anticuerpos antinucleares y HLA B27 negativos.

Imagen:

– Rx columna cervical AP y L: rectificación de lordosis fisiológica.

– Ecografía de hombros: integridad del manguito de rotadores, ausencia de derrame articular. Masas musculares sin hallazgos.

– Gammagrafía ósea Tc99m: sin captación patológica.

 

Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares

Temas de FC

S. Murias Loza, R. Merino Muñoz

Reumatología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid

 

Resumen

Los síntomas músculo-esqueléticos suponen una consulta frecuente en Pediatría, a veces a causa de artritis. En general, se considera monoartritis la inflamación de una sola articulación y poliartritis la de dos o más. El diagnóstico diferencial es amplio e incluye, fundamentalmente, las etiologías infecciosa, inflamatoria, ortopédica y tumoral. La anamnesis y la exploración física permiten sospechar la causa responsable y orientar las pruebas complementarias para alcanzar el diagnóstico correcto. El papel del pediatra de Atención Primaria es detectar la inflamación articular y derivar al paciente a un Servicio de Urgencias o a una consulta especializada.

 

Abstract

Musculoeskeletal symptoms are common in pediatric practice, occasionally as arthritis. In general, monoarthritis is referred to inflammation of a single joint, while polyarthritis affects 2 or more. Differential diagnosis of arthritis is broad and mainly includes infectious, inflammatory, orthopedic and malignant ethiology. With a proper assessment, data obtained by history taking and physical examination allow to suspect the cause of arthritis, and suggest additional tests needed to achieve an accurate diagnosis. The role of the primary care pediatrician is to detect joint inflammation and refer the patient to an Emergency Room or a specialized service.

 

Palabras clave: Monoartritis; Poliartritis; Artritis idiopática juvenil; Artritis séptica; Artritis post-infecciosa; Sinovitis transitoria de cadera.

Key words: Monoarthritis; Polyarthritis; Juvenile idiopathic artritis; Septic arthritis; Post-infectious artritis;
Transient synovitis of the hip.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 10-14


Diagnóstico diferencial de las inflamaciones articulares

 

Introducción

La artritis o sinovitis consiste en tumefacción articular y/o al menos dos de los siguientes: limitación de la movilidad, dolor y calor. Las artralgias, en cambio, corresponden a dolor articular sin otros signos inflamatorios. En este artículo, se aborda el diagnóstico diferencial de las artritis y se revisa la exploración del sistema músculo-esquelético. Desde la Pediatría se continúa mostrando un escaso interés por el aparato locomotor a pesar de la alta prevalencia de sus síntomas(1,2).

Anamnesis

Interesa conocer las características de la artritis, los síntomas asociados, así como los antecedentes personales y familiares.

La historia clínica debe recoger:

• El tiempo de evolución (artritis aguda o crónica).

• El patrón de aparición: aditivo, caso de la artritis idiopática juvenil (AIJ) o migratorio, en la fiebre reumática.

• Las características del dolor. En general, son más dolorosas las artritis sépticas que las inflamatorias crónicas.

• La existencia de rigidez matutina (entumecimiento tras el reposo), propia de la etiología inflamatoria.

• Un posible antecedente traumático. Con frecuencia una caída se considera la causa cuando, en realidad, es la consecuencia de una artritis ya presente.

• El antecedente infeccioso respiratorio, digestivo u otro, sugieren sinovitis transitoria o artritis post-infecciosa.

• Si limita las actividades habituales, por ejemplo, con cojera. Ésta constituye un mecanismo de protección frente al dolor y el rechazo de la deambulación es su máxima expresión. En Reumatología pediátrica, la cojera representa el 45% de los motivos de consulta, siendo de etiología inflamatoria en el 22% de los casos, infecciosa en el 17%, por sinovitis transitoria de cadera en el 13% y una miscelánea en el 48%(3).

• Episodios de cojera previa orientan hacia una posible enfermedad de Perthes.

• Síntomas acompañantes, como: fiebre, exantema, anorexia, pérdida de peso o diarrea ayudan en el diagnóstico de distintas enfermedades infecciosas, inflamatorias y tumorales.

• Antecedentes familiares de psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal o espondilitis anquilosante aluden a una potencial patología reumática.

Exploración física

Comprende el examen general y el músculo-esquelético, incluyendo todas las articulaciones, la marcha y la actitud espontánea del paciente.

Examen general

Aporta datos relevantes para el diagnóstico etiológico. El exantema y las visceromegalias suelen indicar infección vírica y, más rara vez, AIJ sistémica o procesos oncológicos. Hematomas en lugares poco habituales apuntan a maltrato o trastorno de la coagulación y la presencia de debilidad muscular sugiere miopatía.

Examen músculo-esquelético

Se comienza valorando la actitud espontánea, con frecuencia antiálgica (de protección frente al dolor). Después, se exploran de forma sistemática todas las articulaciones(4), dejando para el final las inflamadas, una vez se logra la confianza del niño. El eritema de la piel suprayacente indica afectación de tejidos blandos y puede simular artritis. Es útil comparar la extremidad afectada con la contralateral sana, para apreciar diferencias de tamaño, color o temperatura. Por último, siempre hay que observar la marcha. Recientemente se ha desarrollado y validado el pGALS (pediatric Gait, Arms, Legs, Spine), una herramienta simple para la exploración del sistema músculo-esquelético, que de forma simplificada, se muestra en la tabla I(5).

 

 

Pruebas complementarias

Según la sospecha diagnóstica, se realizan: analítica básica, Rx convencional, ecografía, estudio de líquido sinovial, inmunología y microbiología.

Dependen del diagnóstico de sospecha establecido. En la sinovitis transitoria de cadera (STC), no son necesarios análisis de sangre ni de líquido articular; mientras que, resultan útiles los datos clínicos (edad > de 4 años y ausencia de fiebre), así como la radiografía (Rx) convencional, que excluye procesos ortopédicos y la ecografía que demuestra el derrame articular(6).

Laboratorio

• La analítica de sangre habitualmente consta de: hemograma, bioquímica (función hepática y renal), velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C-reactiva (PCR).

• Los test inmunológicos sólo interesan en las artritis inflamatorias crónicas. Los anticuerpos antinucleares (ANA), el factor reumatoide y el HLA B27 pueden ser positivos en niños sanos aunque, cuando se asocian a AIJ, ayudan a clasificarla(7). Los anticuerpos anti-estreptolisina O (ASLO) revelan sin más una infección reciente por Estreptococo pyogenes, salvo que se reúnan criterios de fiebre reumática, entidad infrecuente en la actualidad.

• La artrocentesis o punción articular con aguja (Fig. 1) y el análisis de líquido articular (recuento celular y microbiología) son imprescindibles en el estudio de las monoartritis, exceptuando la STC y otros procesos ortopédicos, como la epifisiólisis. El líquido articular normal es amarillo transparente y tiene menos de 2.000 leucocitos/µl. El correspondiente a una artritis séptica muestra aspecto purulento, superando los 50.000 leucocitos/µl; mientras que, el inflamatorio y el de las artritis vírica y post-infecciosa es turbio y amarillento, con alrededor de 10.000 leucocitos/µl. Los líquidos hemáticos no debidos a punción traumática corresponden a trastorno de la coagulación, sinovitis villonodular o a un hemangioma sinovial.

 

Figura 1. Artrocentesis de tobillo derecho.

 

Microbiología

Las exploraciones clave para distinguir artritis sépticas, víricas y post-infecciosas son las serologías de las viriasis más frecuentes, el hemocultivo, el coprocultivo si diarrea, el frotis faríngeo en caso de amigdalitis y el análisis de líquido articular, incluyendo Gram, cultivo y PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Los cultivos se siembran en los medios habituales y en los específicos para microorganismos de crecimiento lento (micobacterias). La PCR ha mejorado la perspectiva de lograr el diagnóstico etiológico en infecciones por Kingella kingae y otros gérmenes(8). En principio, no es preciso investigar etiologías poco prevalentes en nuestro medio, como la enfermedad de Lyme o la brucelosis.

Mantoux

Sigue teniendo de utilidad, sobre todo en las artritis persistentes.

Pruebas de imagen

• La Rx convencional en gran parte de los casos sólo ayuda a excluir patología. No obstante, en la artritis séptica puede mostrar lesiones osteolíticas, si existe osteomielitis intraarticular asociada (Fig. 2). En las artritis inflamatorias inicialmente es normal, y sólo cuando el tiempo de actividad de la enfermedad ha sido prolongado pone de manifiesto disminución del espacio articular, erosiones y alteraciones del crecimiento óseo.

 

Figura 2. Lesión osteolítica (osteomielitis) de fémur y artritis de cadera derecha por S. agalactiae en neonato de tres semanas.

 

• La ecografía tiene un protagonismo creciente en la práctica diaria del reumatólogo infantil al tratarse de una exploración inocua, barata y accesible (Fig. 3). Tiene mayor sensibilidad que la exploración física en la detección de artritis(9). Su mayor inconveniente es ser explorador-dependiente y no permitir valorar estructuras intraóseas.

 

Figura 3. Sinovitis transitoria de cadera izquierda. En la ecografía se aprecia aumento del espacio articular con abombamiento de la cápsula.

 

• Otras pruebas ocasionalmente necesarias son: 1) la gammagrafía isotópica ósea, que es poco rentable en el diagnóstico de artritis, salvo en situaciones como la sacroileitis (Fig. 4). Se trata de una técnica muy sensible pero poco específica en la localización de osteomielitis(10), fracturas o tumores; 2) la resonancia magnética, aunque es muy útil, tampoco discrimina entre etiologías(11). Asimismo, tiene desventajas por ser más cara, tener accesibilidad limitada y necesitar anestesia en los más pequeños. Se recomienda en las evoluciones clínicas desfavorables; y, por último, 3) la tomografía computarizada emite una radiación excesiva y está en franco desuso.

 

Figura 4. Gammagrafía ósea con Tecnecio 99 mostrando sacroileitis izquierda.

 

Diagnóstico diferencial de monoartritis

Relacionada con infección

Artritis séptica

Es más frecuente en menores de 3 años. Suele cursar con pocos síntomas. S. aureus, K. kingae y los estreptococos son los gérmenes habituales.

En la artritis séptica el germen asienta en la propia articulación. No es una infección común, estimándose su incidencia en <5/100.000 niños/año(12). Supone algo más del 6% de todas las artritis infantiles y es más frecuente en los más pequeños, pero puede presentarse a cualquier edad. El cuadro típico es el de un menor de 3 años con artritis y fiebre o febrícula en algún momento de la evolución, que conserva buen estado general. Se produce por diseminación hematógena y, menos veces, por inoculación directa en traumatismo abierto o cirugía o por contigüidad desde una infección cercana. El agente causal predominante es el Staphylococcus aureus; sin embargo, se ha demostrado un incremento de Kingella kingae y la familia de los estreptococos es responsable de un pequeño porcentaje(13). Debe ser sospechada y tratada con precocidad teniendo en cuenta que el tratamiento tradicional (hospitalización prolongada y cirugía agresiva) está cambiando(14). La afectación de más de una articulación se observa sobre todo en inmunodeficientes y neonatos.

Inflamatoria

Artritis idiopática juvenil

La denominación AIJ agrupa las artritis crónicas de causa desconocida y comienzo infantil.

La AIJ es la enfermedad reumática crónica pediátrica más frecuente. Los criterios diagnósticos vigentes definen que la artritis debe ser de causa desconocida, comenzar antes de los 16 años y persistir más de 6 semanas(7). Puede ser monoarticular en la categoría de oligoartritis (niñas menores de 6 años con ANA positivos) y en la de Artritis relacionada con entesitis (varones mayores de 6 años con HLA-B27 positivo). No se desarrolla en este artículo por ser objeto de otro tema en la monografía.

Sinovitis transitoria de cadera

Cuadro autolimitado en niños de 3-9 años, de causa desconocida. La clínica típica permite el diagnóstico y limita las exploraciones complementarias.

Es la causa más frecuente de poliartritis. Los agentes etiológicos habituales son parvovirus B19, virus de Epstein-Barr y citomegalovirus.

Se ha considerado un proceso ortopédico cuando, en realidad, es una artritis inflamatoria idiopática. Representa el motivo más frecuente de cojera en un Servicio de Urgencias si se excluyen los traumatismos(15). Aparece de forma brusca en niños de 3 a 9 años, generalmente varones, con dolor de intensidad variable en la ingle, en ocasiones irradiado al muslo y la rodilla ipsilateral. Cursa con cojera o rechazo de la deambulación. El estado general es bueno y no asocia fiebre, salvo que se acompañe de un proceso infeccioso respiratorio, que con cierta frecuencia le precede. La exploración muestra limitación dolorosa de la abducción y las rotaciones en la cadera afectada. La Rx convencional excluye procesos ortopédicos y la ecografía confirma el derrame. Se resuelve en 5-10 días con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). Hay que diferenciarla de la artritis séptica y de la enfermedad de Perthes. Esta última se presenta en edades similares, puede debutar con derrame ecográfico y la radiología es clave para su diagnóstico (Fig. 5).

 

Figura 5. Enfermedad de Perthes en cadera derecha. Se observa aplastamiento del núcleo epifisario y fractura subcondral.

 

Otras

1. Alteraciones de la coagulación. En la hemofilia y otros trastornos es posible el hemartros en el debut o durante el curso de la enfermedad.

2. Tumores. La artritis secundaria a procesos tumorales, como el neuroblastoma o la leucemia, asienta en más de una articulación. Los tumores intraarticulares son raros y en general benignos, destacando la sinovitis villonodular y el hemangioma sinovial.

3. Traumáticas. Poco frecuentes en los menores de 10 años.

Diagnóstico diferencial de la poliartritis

Relacionada con infección

Fiebre reumática

Surge tras una infección faríngea por estreptoco ß-hemolítico. Fue muy prevalente hasta mediados del siglo XX, sin embargo, hoy tiene una incidencia muy baja. Se desarrolla en otro capítulo de esta monografía.

Artritis reactiva

Aparece tras una infección entérica por Salmonella, Shigella o Campylobacter. Al igual que en la anterior, el germen responsable se encuentra alejado de la articulación. Ocurre fundamentalmente en varones mayores de 6 años con HLA-B27 (+) y forma parte de las espondiloartropatías.

Artritis vírica

Es la causa más frecuente de poliartritis. Los agentes etiológicos habituales son parvovirus B19, virus de Epstein-Barr y citomegalovirus.

Su patogenia no es bien conocida. Ocasionalmente se ha demostrado la presencia del virus en el líquido sinovial, aunque el diagnóstico se realiza mediante serología. Puede asociar cuadro catarral, exantema, febrícula y discreta elevación de transaminasas y, en general, cede en pocas semanas con tratamiento sintomático(16).

Enfermedad de Lyme

Frecuente en zonas boscosas y húmedas, es rara en nuestro país si se excluye la franja norte. La artritis mono o poliarticular es una manifestación tardía. El diagnóstico definitivo se obtiene con el Western Blot si la determinación con ELISA es positiva.

Inflamatoria

Enfermedades reumáticas crónicas

La poliartritis es un síntoma habitual en las enfermedades reumáticas. Para el diagnóstico diferencial, es preciso tener en cuenta las manifestaciones asociadas.

La AIJ es con diferencia la etiología más frecuente de poliartritis crónica, aunque el lupus eritematoso sistémico, la dermatomiositis juvenil, las enfermedades autoinflamatorias y la enfermedad inflamatoria intestinal, entre otras, también la presentan (Tabla II)(17,18).

 

 

Otras

1. Procesos oncológicos. La infiltración tumoral yuxtaarticular simula artritis, siendo poco habitual la presencia de una verdadera sinovitis.

2. Otras enfermedades sistémicas. La anemia de células falciformes, las mucopolisacaridosis, la artritis familiar asociada a camptodactilia o la policondritis recidivante, a veces manifiestan artritis.

3. “Falsas” artritis. La inflamación subcutánea en la púrpura de Schönlein-Henoch o en las reacciones urticariales suele elegir la localización periarticular y a veces se interpreta erróneamente como artritis(18). Lo mismo sucede con la enfermedad de Osgood-Schlatter, una osteocondrosis del adolescente que cursa con inflamación y dolor en la tuberosidad tibial antero-superior. La hiperlaxitud articular, ciertas displasias esqueléticas y los síndromes de amplificación del dolor también se confunden con artritis.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Reconocer mediante la historia clínica y exploración la existencia de artritis.

• Evaluar las principales etiologías de inflamación articular, basándose en las manifestaciones clínicas y la edad del niño.

• Derivarlas al Servicio de Urgencias o a una consulta especializada.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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18.** Berard R. Approach to the child with joint inflammation. Pediatr Clin North Am. 2012; 59: 245-62.

Bibliografía recomendada

– Pääkkönen M, Peltola H. Management of a child with suspected acute septic arthritis. Arch Dis Child. 2012; 97: 287-92.

Revisión cuyos autores, grupo experto en infecciones osteoarticulares, analizan la evolución del manejo en cuanto al diagnóstico y tratamiento de dichas patologías a lo largo de la última década. Concluyen que la actitud menos agresiva, limitando la cirugía y acortando el tiempo de antibiótico, es efectiva.

– Berard R. Approach to the child with joint inflammation. Pediatr Clin North Am. 2012; 59: 245-62.

Capítulo incluido en el más reciente monográfico de actualización en Reumatología Pediátrica, que revisa el abordaje del niño con inflamación articular incidiendo en el diagnóstico diferencial tomando como punto de partida la afectación mono o poliarticular.

 

Caso clínico

Lactante de 13 meses remitido por disminución de la movilidad de la extremidad inferior derecha, con rechazo de la deambulación y del gateo. Tiene febrícula, hasta 37,8°C, sin otros síntomas. Refieren que se cayó desde su propia altura tres días antes y que desde entonces notan la rodilla inflamada. Los antecedentes familiares carecen de interés. Acude a guardería hace tres semanas e inició la deambulación hace dos. La exploración general es normal y la del sistema músculo-esquelético confirma una artritis de rodilla derecha.

 

Conectivopatías

Temas de FC

D. Clemente Garulo

Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid

 

Resumen

Las conectivopatías constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades ocasionadas por el desarrollo de autoanticuerpos o células T autorreactivas frente a diversas estructuras corporales. Se caracterizan por una afectación multisistémica sin una causa aparente, con síntomas y signos variables que pueden aparecer simultáneamente o durante el transcurso de semanas o meses. La presencia de síntomas constitucionales asociado a ciertas manifestaciones clínicas (exantema malar, pápulas de Gottron, fenómeno de Raynaud, esclerodactilia) debe hacer sospechar una conectivopatía. Es habitual la presencia de anticuerpos antinucleares y otros autoanticuerpos y ayuda a la confirmación diagnóstica. Aunque son poco frecuentes en la infancia, es importante su reconocimiento precoz para iniciar un tratamiento adecuado para conseguir el control de la enfermedad y mejorar el pronóstico de los pacientes a largo plazo.

 

Abstract

Connective tissue diseases are a heterogeneous group of disorders caused by the development of autoantibodies or autoreactive T cells against differen body structures. They are characterized by multi-system involvement without apparent cause, with variables signs and symptoms that may appear simultaneously or in the course of several weeks and months. The presence of constitutional symptoms associated to certain clinical features (malar rash, Raynaud ́s phenomenon, Gottron ́s rash, sclerodactyly) should alert of a connective tissue disease. It is common to find anti-nuclear and other autoantibodies and helps to confirm the diagnosis. Though rare in childhood, early recognition is important to initiate appropriate treatment to achieve the control of the disease an improve the long term outcome of these patients.

 

Palabras clave: Conectivopatías; Lupus eritematoso sistémico; Dermatomiositis juvenil; Esclerodermia pediátrica.

Key words: Connective tissue diseases; Systemic lupus erythematosus; Juvenile dermatomyositis; Pediatric scleroderma.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 57-65


Conectivopatías

 

Introducción

Aunque las conectivopatías son enfermedades poco habituales en la infancia, es importante saber reconocer los rasgos principales de cada una de ellas para poder iniciar un tratamiento adecuado de forma precoz y mejorar el pronóstico de los pacientes.

Las conectivopatías constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades ocasionadas por una alteración en la inmunidad adquirida, apareciendo autoanticuerpos o células T autorreactivas frente a diversas estructuras corporales. Se caracterizan por una afectación multisistémica sin una causa aparente, con síntomas y signos variables que pueden aparecer simultáneamente o de forma insidiosa durante el transcurso de semanas o meses. Los síntomas iniciales son inespecíficos en muchos casos, como: fiebre, astenia, anorexia o pérdida de peso, y debe establecerse un diagnóstico diferencial con infecciones (víricas y bacterianas), neoplasias (especialmente, procesos linfoproliferativos) y otras enfermedades inflamatorias (vasculitis). La aparición de ciertas manifestaciones clínicas (exantema malar, úlceras orales, pápulas de Gottron, fenómeno de Raynaud o esclerodactilia) asociadas a síntomas constitucionales y una afectación multisistémica debe hacer pensar en una conectivopatía. La presencia de anticuerpos antinucleares (ANA) y otros autoanticuerpos refuerza la sospecha de diagnóstica. Entre las conectivopatías encontramos al lupus eritematoso sistémico (la más frecuente), la dermatomiositis juvenil, las esclerodermias localizada y sistémica, la enfermedad mixta del tejido conectivo y el síndrome de Sjögren(1). El pediatra de Atención Primaria debe saber reconocer estas enfermedades y derivar a los pacientes a unidades especializadas de forma precoz, para iniciar el tratamiento que permita el control de la enfermedad y mejorar el pronóstico a largo plazo. Además, el pediatra de atención primaria tiene un papel fundamental en la detección precoz de las recaídas, la monitorización de efectos adversos de los tratamientos y en las actividades preventivas de estos pacientes.

Lupus eritematoso sistémico

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por la presencia de autoanticuerpos que afectan a múltiples órganos y sistemas. En su aparición va a influir la combinación de una serie de factores ambientales (radiación ultravioleta, infecciones, fármacos) y hormonales en un paciente predispuesto genéticamente, en el que existe una desregulación del sistema inmune. La incidencia anual en niños y adolescentes es de 0,3-0,9 por cada 100.000 niños y la prevalencia es de 3,3-8,8 por cada 100.000 niños. La edad de aparición habitual es entre los 10-14 años, siendo más frecuente en niñas (80% casos) y en asiáticos, afroamericanos y latinos. Para el diagnóstico, se deben cumplir =4 de los criterios de clasificación ACR para LES (Tabla I)(2).

 

 

Manifestaciones clínicas

Los síntomas constitucionales, la artritis y el exantema malar son las manifestaciones iniciales más frecuentes en los pacientes con LES pediátrico.

Los niños y adolescentes suelen presentar síntomas constitucionales inespecíficos (fiebre, fatiga, anorexia, pérdida de peso, alopecia) asociados a una inflamación generalizada (linfadenopatía, hepatoesplenomegalia) y síntomas de afectación orgánica específica.

Manifestaciones mucocutáneas. El exantema malar en alas de mariposa (30% al inicio-80% durante su evolución) es característico de la enfermedad (Fig. 1). Otras manifestaciones frecuentes en niños son la fotosensibilidad (17-58%), la alopecia (15-35%), las úlceras orales (30-40%) y el fenómeno de Raynaud (10-20%). Pueden aparecer exantemas de morfología y localización variables y lesiones vasculíticas (úlceras, nódulos). Las lesiones discoides, con cicatriz atrófica tras su curación, son raras en los niños.

 

Figura 1. Exantema malar (lupus eritematoso sistémico)

 

Manifestaciones musculoesqueléticas. La artritis suele ser poliarticular, simétrica y con afectación de articulaciones grandes y pequeñas. Las artralgias, la rigidez matutina y las mialgias son también habituales. Puede aparecer una necrosis avascular, especialmente en pacientes en tratamiento con corticoides.

Manifestaciones renales. Suelen aparecer durante los dos primeros años desde el diagnóstico de LES, afectando principalmente al glomérulo renal (nefritis lúpica). Puede variar desde una proteinuria mínima con una hematuria microscópica hasta el fallo renal agudo. Dado que la gravedad de la glomerulonefritis no se correlaciona con los signos y síntomas clínicos, es necesaria la realización de una biopsia para establecer un diagnóstico histológico (Tabla II)(3) y orientar el tratamiento.

 

 

Manifestaciones neuropsiquiátricas. Puede afectarse tanto el sistema nervioso central como el periférico, generalmente en los 2 primeros años desde el diagnóstico. La cefalea, las alteraciones del estado de ánimo, la psicosis, la disfunción cognitiva y las convulsiones son las más frecuentes.

Manifestaciones hematológicas. La leucopenia leve (leucocitos 3.000-4.000/mm3) es la manifestación más frecuente, especialmente debida a linfopenia (<1.500/mm3). Puede encontrarse anemia de enfermedad crónica, una anemia ferropénica o una anemia hemolítica con Coombs positivo. La trombocitopenia es variable, aunque no suele requerir tratamiento con cifras estables >20.000/µl. Los anticuerpos antifosfolípido se asocian a un estado de hipercoagulabilidad y un aumento del riesgo de trombosis.

Manifestaciones gastrointestinales. El dolor abdominal y la diarrea son habituales, al igual que la hepatoesplenomegalia. La pancreatitis y la vasculitis intestinal son menos frecuentes.

Manifestaciones cardiopulmonares. La más frecuente es la serositis (pericarditis/pleuritis), con o sin derrame pleural/pericárdico. Muchos pacientes asintomáticos presentan alteraciones en las pruebas funcionales respiratorias. Otras posibles manifestaciones son la miocarditis, la endocarditis estéril (de Libman-Sacks), la neumonitis intersticial, las hemorragias pulmonares y la hipertensión pulmonar.

Alteraciones en los estudios complementarios

Las pruebas de laboratorio sirven para apoyar el diagnóstico de LES y para monitorizar la actividad de la enfermedad.

El hemograma puede mostrar la citopenia de una o más series hematológicas y puede aparecer elevación de las transaminasas y de la creatinina en el perfil bioquímico. Es habitual la elevación de la VSG con unos valores normales de la PCR; ya que, esta última suele ser normal durante un brote de LES (excepto si se manifiesta como serositis) y puede ayudar a diferenciar actividad lúpica de infecciones intercurrentes. La característica principal del LES es la presencia de múltiples autoanticuerpos, siendo los ANA positivos (títulos >1/160) en la mayoría de pacientes. Aunque los ANA pueden ser positivos en niños sanos, valores por encima de 1/1280 son muy sugerentes de LES. Los anticuerpos anti-DNA (en 75% pacientes) y los anti-Sm (en 50% pacientes) son muy específicos de LES. Otros anticuerpos que pueden encontrarse son los anti-SS-A (Ro) y anti-SS-B(La), los anti-RNP y los anticuerpos antifosfolípido (anticoagulante lúpico, anticardiolipina). Para monitorizar la actividad de la enfermedad se utilizan los niveles de anti-DNA y los valores de complemento (C3 y C4), siendo estos últimos bajos o indetectables durante los periodos de actividad.

Tratamiento

Los fármacos utilizados en el LES y sus indicaciones se recogen en la tabla III, debiendo individualizarse el tratamiento según la extensión y gravedad de la enfermedad. La dosis y duración del tratamiento con corticoides están basadas en la gravedad de las manifestaciones clínicas. Para el tratamiento de las manifestaciones cutáneas y articulares, las serositis y los síntomas sistémicos generales, suele utilizarse una dosis de prednisona de 0,25-0,75 mg/kg/día en dosis única, aunque puede ser necesaria una dosis más alta (0,5-1 mg/kg/día) en dos dosis en algunos casos de serositis. Cuando existe afectación renal grave (nefritis lúpica III o IV) o manifestaciones neuropsiquiátricas, se utilizan dosis iniciales de prednisona oral de 2 mg/kg/día en 3 dosis durante 4-6 semanas antes de disminuir la dosis de forma lenta. En la mayoría de estos casos, se administran previamente bolos de metilprednisolona por vía intravenosa a dosis de 30 mg/kg durante 3-5 días. Se debe recomendar el uso de protección solar y una ingesta adecuada de calcio y suplementos de vitamina D. Hay que asegurar el cumplimiento del calendario vacunal (especialmente la inmunización contra el neumococo) y realizar un tratamiento precoz de las infecciones. Se deben controlar y tratar los factores de riesgo cardiovascular.

 

 

Evolución y pronóstico

El LES es una enfermedad crónica que cursa con periodos de actividad y remisión, pudiendo desencadenarse exacerbaciones por factores como la exposición solar, infecciones, intervenciones quirúrgicas… El LES pediátrico tiene peor pronóstico que los casos de inicio en la edad adulta; ya que, presentan manifestaciones clínicas más graves y mayor morbilidad y mortalidad (5-15% de los casos), principalmente por complicaciones infecciosas o fracaso renal. Son factores de mal pronóstico la afectación orgánica grave, el sexo masculino, el origen étnico afroamericano, asiático o latino y un nivel socioeconómico bajo(4-6).

Dermatomiositis juvenil

La dermatomiositis juvenil (DMJ) es una enfermedad autoinmune caracterizada por la inflamación crónica de piel y músculo estriado.

La incidencia en niños es baja (2-4 casos/millón de niños/año), con un predominio del sexo femenino y una edad media de aparición a los 7 años. Los criterios para el diagnóstico de dermatomiositis juvenil se encuentran en la tabla IV(7).

 

 

Manifestaciones clínicas

La presentación habitual de la DMJ es un cuadro de debilidad muscular asociado a un cuadro constitucional (fiebre, hiporexia, pérdida de peso) de comienzo insidioso y manifestaciones cutáneas específicas, como las pápulas de Gottron (Fig. 2) o el eritema heliotropo (Fig. 3). La debilidad muscular afecta a la cintura escapular (dificultad para levantar los brazos) y pélvica (dificultad para subir y bajar escaleras) y puede asociar dolor muscular con el ejercicio. El signo de Gowers (el niño trepa por sus muslos para levantarse del suelo) es positivo. En casos graves, puede aparecer disfagia o disnea por afectación de la musculatura faríngea y respiratoria. Durante su evolución pueden aparecer calcinosis (asociada a enfermedad prolongada o tratada de forma insuficiente), lipodistrofia (cara y tronco) y úlceras cutáneas (asociadas a vasculitis sistémica).

 

Figura 2. Pápulas de Gottron (dermatomiositis juvenil).

 
 

Figura 3. Eritema heliotropo (dermatomiositis juvenil).

 

Alteraciones en los estudios complementarios

El hemograma suele ser normal al inicio de la enfermedad, aunque puede aparecer linfopenia. Las enzimas musculares (creatinquinasa, alanina aminotransferasa, aspartato amino transferasa, lactato deshidrogenasa, aldolasa) están elevadas en más del 75 % de los pacientes, pero sus valores no se correlacionan con la actividad de la enfermedad. Los ANA son positivos hasta en el 85% de los casos, aunque autoanticuerpos específicos de miositis, como el anti-Jo1, son mucho menos frecuentes que en adultos. La resonancia magnética también puede identificar la inflamación muscular y la presencia de edema subcutáneo y es cada vez más utilizada en lugar del EMG en la evaluación inicial de pacientes con DMJ. La biopsia muscular sigue siendo necesaria para confirmar el diagnóstico en pacientes sin las alteraciones cutáneas características o con manifestaciones atípicas (debilidad muscular asimétrica, localizada o de predominio distal, atrofia muscular, fasciculaciones…). La calcinosis es fácilmente apreciable en las radiografías simples (Fig. 4). Es recomendable la realización de una radiografía de tórax y pruebas de función pulmonar al inicio del cuadro y durante su evolución, al igual que un ECG y un ecocardiograma basales.

 

Figura 4. Calcinosis (dermatomiositis juvenil).

 

Tratamiento

El tratamiento se basa en la administración inicial de prednisona a dosis de 2 mg/kg/día vía oral repartido en 2-3 dosis, pudiendo administrarse previamente bolos de metilprednisolona a 30 mg/kg vía intravenosa durante 3 días en los pacientes graves. Una vez mejoren los síntomas, normalmente a las 2-4 semanas, se administra en una sola dosis y se inicia el descenso de forma progresiva durante al menos 12-24 meses. El uso de metotrexato se inicia precozmente como ahorrador de esteroides, normalmente a dosis de 15 mg/m2/semana vía subcutánea. Como terapia adyuvante de las lesiones cutáneas puede utilizarse tratamientos tópicos (corticoides, tacrólimos, pimecrolimus) o asociar hidroxicloroquina oral a 3-6 mg/kg/día. Se deben administrar suplementos de calcio y vitamina D y recomendar protección solar. Aunque en la fase aguda se recomienda el reposo, el ejercicio físico aeróbico moderado aporta beneficios a los pacientes en remisión clínica.

Evolución y pronóstico

Durante los dos primeros años, encontramos formas monocíclicas (recuperación completa sin recidivas), policíclicas (recuperación completa con recaídas al suspender el tratamiento) y crónicas (mejoría parcial, actividad mantenida). A largo plazo, la mayor parte de los pacientes realiza una vida normal, aunque no todos puedan realizar actividad física intensa y hasta un 5% puede necesitar una silla de ruedas para desplazarse. En un 25-30% quedan contracturas articulares o atrofia muscular como secuelas. Con los tratamientos actuales, la mortalidad se ha reducido a un 1-2% de los casos, normalmente debido a complicaciones respiratorias(8,9).

Esclerodermia pediátrica

La esclerodermia agrupa a un conjunto de enfermedades caracterizadas por la fibrosis o excesivo depósito de colágeno en la piel y en otros tejidos, diferenciándose formas localizadas o sistémicas dependiendo de la localización y extensión de la fibrosis.

Esclerodermia localizada

Es la forma de esclerodermia más frecuente en la infancia, con una incidencia de 1 caso por cada 100.000 niños al año. La edad media de aparición es entre los 7-9 años, con un predominio del sexo femenino (2:1). Se caracteriza por la afectación de la piel y tejidos subyacentes (incluyendo fascia, músculo, tendón, cápsula articular), distinguiéndose diversos subtipos según la profundidad y el patrón de afectación de las lesiones (Tabla V)(10). La esclerodermia lineal (Fig. 5) es la forma más frecuente en niños y adolescentes (65%).

 

Figura 5. Esclerodermia lineal.

 
 

 

Manifestaciones clínicas

El cuadro comienza de manera insidiosa, con un edema cutáneo localizado con bordes eritematosos o violáceos, seguido de un progresivo endurecimiento de la piel y tejidos subyacentes, con frecuencia asociado a alteraciones de la pigmentación, alopecia y anhidrosis. En un 25% de los pacientes, existen manifestaciones extracutáneas, principalmente musculoesqueléticas (artralgias/artritis) y, en pacientes con esclerodermia lineal con afectación de cara/cuero cabelludo, manifestaciones neurológicas (cefalea, convulsiones, trastornos del comportamiento) y oculares (epiescleritis, uveítis, afectación palpebral).

Alteraciones en los estudios complementarios

No hay alteraciones analíticas características, pudiendo los reactantes de fase aguda (VSG, PCR) reflejar la actividad de la enfermedad. Pueden detectarse ANA (23-73%), aunque sin una correlación clínica significativa, así como FR (25-40%), asociado a manifestaciones articulares.

Tratamiento

En las lesiones circunscritas superficiales con signos de actividad puede realizarse tratamiento tópico con corticoides, inhibidores de la calcineurina (tacrolimus, pimecrolimus) o con fototerapia con luz ultravioleta (UV). En los casos en los que existe afectación profunda, que cruza articulaciones (riesgo de limitación funcional), lesiones lineales o atróficas que afectan a cara o cuero cabelludo, una progresión rápida o una distribución amplia de las lesiones y/o un fracaso a los tratamientos tópicos o terapia UV, se utilizan corticoides orales (prednisona a 0,5-1 g/kg/día) asociado a metotrexato a dosis de 10-15 mg/m2/semana vía oral o subcutánea. En los casos refractarios al metotrexato, puede utilizarse micofenolato mofetilo. Puede ser necesaria la realización de fisioterapia para mejorar contracturas articulares y cirugía plástica para la reconstrucción de alteraciones faciales.

Evolución y pronóstico

La duración media de la actividad de la esclerodermia localizada suele estar limitada a 3-5 años y la progresión a esclerosis sistémica es excepcional. El pronóstico va a depender de la superficie cutánea afectada, su localización y del grado de induración, así como de las secuelas articulares (contracturas, dismetría de extremidades, limitación de la función) y neurológicas y el impacto psicológico de la enfermedad.

Esclerosis sistémica

La esclerosis sistémica (ES) es una enfermedad muy rara en niños, con una incidencia anual de 1 paciente por cada millón de niños. La edad media de aparición es entre 7-9 años, con un predominio del sexo femenino (4:1). Se caracteriza por la afectación de piel, vasos y órganos internos. Los criterios para la clasificación de las esclerodermias sistémicas pediátricas están recogidos en la tabla VI(11).

Manifestaciones clínicas

El inicio de la enfermedad se caracteriza por el desarrollo de un fenómeno de Raynaud asociado a edema e induración progresiva en manos y cara, telangiectasias (cara y extremidades superiores) y alteraciones capilares en el lecho ungueal. Otras manifestaciones cutáneas son la calcinosis o depósitos subcutáneos de calcio (codos, rodillas), las úlceras digitales y las alteraciones en la pigmentación de las zonas afectadas. Las principales manifestaciones extracutáneas son gastrointestinales (reflujo gastroesofágico, trastornos en la motilidad digestiva), respiratorias (alteraciones en las pruebas de función pulmonar, enfermedad intersticial pulmonar, hipertensión pulmonar) y musculoesqueléticas (artralgias y artritis, sobre todo en manos).

Alteraciones en los estudios complementarios

El hemograma, la orina y los reactantes de fase aguda suelen ser normales. La mayoría de los pacientes tienen ANA (80-97%), siendo característica la positividad a los anticuerpos antitopoisomerasa (o Scl-70) y los anticuerpos anticentrómero. La radiografía simple detecta la presencia de calcificaciones, erosiones articulares y acrosteólisis. El estudio de los pacientes con síntomas de reflujo gastroesofágico incluye una manometría, una pHmetría y, en algunos casos, una endoscopia digestiva alta. En los niños con sospecha de ES, debe realizarse en la valoración inicial una radiografía de tórax, pruebas de función pulmonar (espirometría, difusión de la capacidad de monóxido de carbono), un ECG y un ecocardiograma. Cuando existe una alteración de las pruebas de función pulmonar, es necesario evaluar la presencia de alveolitis (fase inflamatoria de la enfermedad intersticial pulmonar) mediante un TC de alta resolución (opacidades en vidrio esmerilado) y un lavado broncoalveolar (aumento de neutrófilos y eosinófilos, además de macrófagos alveolares).

Tratamiento

El tratamiento de la esclerosis sistémica es sintomático y depende de las manifestaciones clínicas del paciente, como el nifedipino para el fenómeno de Raynaud o inhibidores de la bomba de protones y procinéticos para el reflujo gastroesofágico. Algunas recomendaciones generales incluyen una protección contra el frío y los traumatismos y la adecuada hidratación de la piel. Se necesitan programas de fisioterapia para mejorar las contracturas articulares.

Evolución y pronóstico

Aunque la afectación cutánea y las contracturas articulares pueden dar una discapacidad funcional grave, el pronóstico está determinado por la afectación de los órganos internos. En la mayoría de los pacientes, la enfermedad progresa lentamente, aunque algunos casos desarrollan una afectación visceral precoz que conduce al fallecimiento durante los 5 primeros años de evolución, principalmente por complicaciones cardiacas(12,13).

Enfermedad mixta del tejido conectivo

La enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC) se caracteriza por presentar signos y síntomas de dos o más enfermedades reumáticas y la presencia de anticuerpos anti-RNP.

Es muy poco frecuente, con una edad media de inicio de 11 años y predominio en niñas (3:1). No existen unos criterios de clasificación adaptados para Pediatría.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas iniciales más frecuentes son el fenómeno de Raynaud y la poliartritis de manos, apareciendo progresivamente manifestaciones de AIJ (sinovitis), LES (exantema malar, pleuritis, pericarditis, adenopatías), DMJ (debilidad muscular, miositis) y ES (esclerodactilia, enfermedad pulmonar intersticial, trastornos en la motilidad esofágica).

Alteraciones en los estudios complementarios

Es frecuente encontrar en el hemograma: anemia, leucopenia y/o trombocitopenia. Otras alteraciones comunes son: hipocomplementemia, elevación de las enzimas musculares y presencia de FR positivo. Los títulos de ANA están elevados, siendo los anticuerpos anti-RNP a títulos altos característicos de esta enfermedad.

Tratamiento

La mayoría de pacientes suelen responder a corticoides a dosis bajas, AINEs, hidroxicloroquina o combinaciones de estas medicaciones. El fenómeno de Raynaud se trata evitando el frío y el estrés emocional y, en los casos más graves, con nifedipino. Cuando existe una afectación visceral importante se requieren corticoides a dosis altas e inmunosupresores.

Evolución y pronóstico

El pronóstico a largo plazo es variable, siendo peor para los casos que se asemejan a LES y especialmente si asocian trombocitopenia e insuficiencia renal(14).

Síndrome de Sjögren

El síndrome de Sjögren se caracteriza por la inflamación de las glándulas exocrinas, principalmente glándulas salivales y lagrimales.

El síndrome de Sjögren es la enfermedad del tejido conectivo menos frecuente en la infancia. En las manifestaciones clínicas destaca la sequedad oral (dificultad para salivar durante las comidas o para hablar) y ocular además de otros síntomas sistémicos variables. En ocasiones, se trata de formas secundarias a otras conectivopatías. La sospecha diagnóstica se refuerza con la presencia de ANA y anticuerpos anti-SSA o anti-SSB en la analítica y puede confirmarse mediante el estudio anatomopatológico de biopsias de glándulas salivares menores. El tratamiento suele ser sintomático: lágrimas artificiales, estimulantes de la salivación, una buena higiene dental y antiinflamatorios no esteroideos para los dolores articulares(1).

Funciones del pediatra de Atención Primaria

• Derivación precoz a atención especializada de pacientes con sospecha de conectivopatía o de una reagudización de una conectivopatía ya diagnosticada.

• Asegurar el cumplimiento del calendario vacunal de estos pacientes, prestando especial atención a la vacunación frente al neumococo, la varicela, la triple vírica y la gripe.

• Favorecer la adherencia terapéutica de estos pacientes y monitorizar los efectos adversos de los tratamientos empleados, colaborando en la realización de controles analíticos periódicos.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

– Weiss JE. Pediatric systemic lupus erythematosus: more than a positive antinuclear antibody. Pediatr Rev. 2012; 33(2): 62-73.

Artículo de revisión con especial atención a las manifestaciones clínicas y el diagnóstico del lupus eritematoso sistémico y el papel de los pediatras en su manejo.

– Huber AM. Idiopathic inflammatory myopathies in childhood: current concepts. Pediatr Clin N Am. 2012; 59: 365-80.

Amplia revisión del tema con actualización de los métodos diagnósticos y de tratamiento en dermatomiositis juvenil.

– Torok KS. Pediatric scleroderma: systemic or localized forms. Pediatr Clin N Am. 2012; 59: 381-45.

Buena revisión de las esclerodermias pediátricas, actualizando conceptos de patogénesis, diagnóstico y tratamiento.

– Cassidy JT. Textbook of pediatric rheumatology. Philadelphia: Saunders Elsevier; 2011.

Libro de referencia de reumatología pediátrica escrito por expertos a nivel mundial, que desarrolla de forma comprensiva todas las enfermedades reumáticas y las enfermedades musculoesqueléticas no reumáticas. En inglés, se puede acceder on-line.

 

Caso clínico
 

Figura 6.

 

Niña de 11 años que durante las últimas 3-4 semanas refiere astenia y artralgias en manos y que, durante la semana previa a acudir a la consulta, presenta un exantema en cara (Fig. 6) tras pasar el día en el campo y febrícula intermitente.

Antecedentes familiares

Madre con ß-talasemia minor. Abuela materna con artritis reumatoide en tratamiento con adalimumab.

Antecedentes personales

ß-talasemia minor. Alergia a pólenes de gramíneas y olivos.

Exploración física

Aceptable estado general. Bien hidratada, nutrida y perfundida. Exantema en cara (véase figura). Palidez cutánea. Sin adenopatías palpables. Auscultación cardiopulmonar: normal. Abdomen: normal. Neurológico: normal. Exploración ORL: normal. Tumefacción y dolor a la palpación en articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas de manos.

Pruebas complementarias

Hemograma: leucocitos: 5.450/µl (fórmula normal), hemoglobina: 9,9 g/dl, hematocrito: 33,4%, VCM: 58,8 fL, plaquetas: 144.000/µl. Bioquímica: proteínas totales: 8,2 g/dl, albúmina: 4 g/dl, ferritina: 130 ng/ml (7-140), hierro: 59 µg/dl (55-140), resto: normal. VSG: 32 mm/h, PCR: <0,5 mg/dl. Estudio de coagulación: normal. Sedimento de orina: normal. Inmunología: IgA: 356 mg/dl (40-250), IgG: 2.050 mg/dl (623-1581), IgM: 144 mg/dl (50-250). Complemento: C3: 38,4 mg/dl (86-184), C4: 2,38 mg/dl (16-47). Factor reumatoide: <20 UI/ml. ANA: 394 (<1 negativo), anticuerpos anti-DNA positivo: 1/640. Anticuerpos frente a antígenos nucleares extraíbles: negativos. Mantoux: negativo.

 

 

 

Fiebre reumática y artritis reactiva post-estreptocócica

Temas de FC

J. Antón López

Unidad de Reumatología Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Sant Joan de Déu.Profesor Asociado. Universitat de Barcelona

 

Resumen

La fiebre reumática aguda es causada por un proceso inflamatorio secundario a la infección por el Streptoccocus pyogenes ß-hemolítico del grupo A. Esta inflamación puede afectar a las articulaciones, cerebro, vasos sanguíneos y corazón. La afectación del corazón y, en especial, de las válvulas cardiacas marca el pronóstico a largo plazo de estos pacientes y es causa de la enfermedad reumática cardiaca. La fiebre reumática aguda, que fue un importante problema de salud hasta la aparición de los antibióticos, continúa siendo una importante causa de morbilidad y mortalidad en los países en vías de desarrollo; además, últimamente se ha observado un incremento en nuestro medio. Su diagnóstico se fundamenta en los criterios modificados de Jones y los criterios de la OMS. El tratamiento se basa en la administración de antibióticos para el control de la infección estreptocócica, AINES, en especial aspirina y, en algunas ocasiones, corticoides. Es muy importante la profilaxis secundaria, es decir, la prevención de los ataques recurrentes en pacientes con antecedentes de fiebre reumática aguda, que consiste en la administración periódica de penicilina intramuscular para evitar la progresión de la enfermedad cardiaca reumática.

 

Abstract

Acute rheumatic fever is caused by an inflammatory condition secondary to infection by Group A beta- hemolytic Streptococcus pyogenes. This inflammation can affect the joints, brain, blood vessels and heart. The affect on the heart, and especially of the heart valves, marks the long term prognosis of these patients and is a cause of rheumatic heart disease. Acute rheumatic fever, which was an important health program until antibiotics appeared, continues to be an important cause of morbidity and mortality in developing countries. Furthermore, an increase has recently been observed in our setting. Its diagnosis is based on the modified criteria of Jones and the WHO criteria. Treatment is based on the administration of antibiotics for the control of streptococcal infections, NSAID, especially aspirin, and sometimes corticosteroids. Secondary prophylaxis is very important, that is, the prevention of recurrent attacks in patients with a history of acute rheumatic fever. The prophylaxis consists in the periodic administration of intramuscular penicillin to avoid progression of rheumatic heart disease.

 

Palabras clave: Fiebre reumática; Enfermedad cardiaca reumática; Estreptococo; Criterios de Jones; Artritis; Car- ditis; Corea; Eritema marginado; Nódulos reumatoides.

Key words: Rheumatic fever; Rheumatic heart disease; Streptococcus; Jones Criteria; Arthritis; Carditis; Chorea; Erythema marginatum; Rheumatoid nodules.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 47-56


Fiebre reumática y artritis reactiva post-estreptocócica

 

Introducción

La fiebre reumática aguda causada por la respuesta inmune frente al estreptococo continúa siendo un problema de salud a nivel mundial.

La fiebre reumática aguda (FRA) es una enfermedad caracterizada por un proceso inflamatorio que afecta a diferentes órganos del cuerpo. Es una de las pocas enfermedades reumáticas cuyo agente causal ha sido identificado, el Streptoccocus pyogenes ß-hemolítico del grupo A. Los individuos susceptibles presentan una respuesta autoinmune exagerada frente a este agente infeccioso y desarrollan una enfermedad inflamatoria que puede afectar al corazón, articulaciones, cerebro, vasos sanguíneos y tejido subcutáneo. Aunque el proceso agudo causa una considerable morbilidad y cierta mortalidad, la mayor implicación clínica deriva de la lesión a largo plazo por la enfermedad cardiaca reumática (ECR) y, en concreto, por la afectación de las válvulas cardiacas. Con la extensión del acceso a los tratamientos antibióticos en los países desarrollados, la incidencia de esta enfermedad descendió significativamente; no obstante, hay que tener en cuenta que la fiebre reumática continúa siendo un problema de salud pública de primer orden en países pobres y en vías de desarrollo y que, en los últimos años, se ha producido un aumento de su incidencia en los países desarrollados.

Epidemiología

Un 60% de los individuos que presentan una fiebre reumática aguda desarrollarán una enfermedad cardiaca reumática.

Según datos del año 2004 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 15,6 y 19,6 millones de personas en el mundo presentan ECR, un 95% en países subdesarrollados. Alrededor de 300.000 individuos de cada 500.000 que presentan una FRA cada año desarrollarán una ECR (un 60%). Aproximadamente, unas 233.000 muertes al año son atribuibles de manera directa a la FRA y la ECR, lo que sitúa la infección por el estreptococo del grupo A entre una de las principales causas de mortalidad y morbilidad por agentes patógenos a nivel mundial. Estudios mediante ecocardiografías seriadas han mostrado una incidencia de ECR del 2-3% en niños de edad escolar de Camboya y Mozambique. Así mismo, un 89,5% de los problemas cardiacos asociados con el embarazo y hasta un 1/3 de las necropsias de madres egipcias muertas en el momento del parto mostraban signos de afectación a largo plazo debida a la FRA.

La incidencia en algunos países en desarrollo es superior a 50 por 100.000 niños, habiéndose observado en la actualidad la incidencia más alta en algunos indígenas de Australia y Nueva Zelanda. En cambio, entre la población no aborigen de Nueva Zelanda, las cifras son inferiores a 10 por 100.000 niños, siendo estos datos, del año 2000, de los más recientes en poblaciones industrializadas; ya que, muchos de los estudios en estas poblaciones se realizaron en los años 60 y 70.

La prevalencia de ECR en niños de 5 a 14 años es más alta en el África sub-sahariana (5,7 por 1.000), las poblaciones indígenas del Pacífico y de Australia y Nueva Zelanda (3,5 por 1.000), Asia central y del sur (2,2 por 1.000); mientras que, en los países desarrollados cae a 0,5 por 1.000.

La FRA es una enfermedad rara entre los niños más pequeños, sólo el 5% de los episodios se presentan en menores de 5 años, siendo prácticamente desconocida en menores de 2 años. Los primeros episodios de FRA se producen justo antes de la adolescencia, y disminuyen al final de la segunda década de la vida, haciéndose de nuevo muy raros en mayores de 35 años. La ECR tiene un pico de incidencia entre los 25-34 años, reflejando episodios de FRA en años previos.

Existen diferencias entre grupos raciales y étnicos; así, por ejemplo, en Nueva Zelanda es más frecuente entre los maoríes que entre la población no-maorí de similar estado socio-económico, y en Estados Unidos se ha descrito como más prevalente entre los afro-americanos e hispanos que entre la población caucásica.

No parece haber diferencias entre hombres y mujeres, pero algunos estudios han sugerido una mayor incidencia de ECR y corea de Sydenham en mujeres, aunque no está claro si estos datos se relacionan con una susceptibilidad innata, por una mayor exposición al estreptococo del grupo A por estar las mujeres más implicadas en el cuidado de los niños, o por tener éstas un acceso médico más limitado que los hombres en algunas culturas y sociedades.

Patogénesis

En individuos genéticamente predispuestos, la infección estreptocócica desencadena una respuesta inmune causante de la lesión en corazón, vasos, articulaciones y cerebro.

La FRA es una complicación de la faringoamigdalitis causada por el estreptococo del grupo A (EGA), aunque sólo un 0,3-3% de las personas previamente sanas expuestas a la infección desarrollarán una FRA. Existen factores dependientes de las características del microorganismo (agente etiológico), del individuo (predisposición genética) y de la respuesta inmune.

Agente etiológico

El estreptococo ß-hemolítico se divide según Lancefield en 20 serotipos diferentes (A a H y K a V), basándose en las diferencias inmunoquímicas de los polisacáridos de su pared celular. El EGA es el patógeno bacteriano más frecuentemente asociado con la faringoamigdalitis y el único miembro de este grupo de estreptococos que puede iniciar una FRA. Otros agentes infecciosos, como los virus Coxsackie B, el virus del sarampión, y recientemente el virus del herpes simple tipo I, han sido implicados como agentes causales o como cofactores. No obstante, ninguno ha sido confirmado.

Históricamente, se habían postulado tres posibles vías patogénicas por las cuales el estreptococo podía explicar la FRA:

1. Infección directa.

2. Efecto de una toxina estreptocócica (principalmente, estreptolisina O).

3. Efecto de un mimetismo antigénico asociado o no a una respuesta inmune alterada.

Esta última hipótesis es la más sólida, considerándose en la actualidad que la FRA es una enfermedad autoinmune y probablemente en parte resultado de la producción de anticuerpos autorreactivos frente a epítopos bacterianos específicos en un huésped susceptible.

La membrana del estreptococo está compuesta por lipoproteínas, uno de cuyos componentes fundamentales es un peptidoglicano, integrado en él está un polisacárido que determina la especificidad del serogrupo y que parece compartir ciertos determinantes antigénicos con un glicopéptido presente en el tejido de la válvula mitral. Finalmente, atravesando la pared celular y extendiéndose al exterior se encuentra la proteína M, una proteína con una estructura a-helicoidal con un extremo carboxi-terminal anclado en la pared celular y un extremo amino-terminal hipervariable que le confiere al EGA su especificidad antigénica. La importancia patogénica de la proteína M se apoya en datos que indican que varios epítopos de esta proteína presentan antigénicamente reactividad cruzada con el miocardio humano, miosina y el tejido cerebral, lo que lleva a la inflamación. Datos epidemiológicos asociando brotes de faringoamigdalitis causados por un limitado número de serotipos M y seguidos por brotes de FRA llevaron a describir ciertos serotipos M como reumatogénicos (por ejemplo, los serotipos 3 y 18). No obstante, otros datos epidemiológicos han mostrado cómo serotipos M clásicamente reumatogénicos no están presentes en ciertas comunidades con cifras altas de FRA y ECR.

Se han hecho otros intentos para diferenciar entre cepas reumatogénicas y no reumatogénicas; así, por ejemplo, estudios en países desarrollados diferenciaron las cepas de EGA encontradas en la faringe de aquellas encontradas en la piel, clasificando in vitro en dos grupos antigénicos, clases I y II. Asociándose preferentemente las cepas clase I con la FRA, y la clase II con la glomerulonefritis postestreptocócica. No obstante, otros estudios en poblaciones tropicales y subtropicales no mostraron una asociación definitiva ni con la clase ni tan siquiera con el sitio de infección. Así, en algunas comunidades serían las lesiones cutáneas estreptocócicas y no la faringoamigdalitis por EGA las responsables de la FRA.

En la patogénesis de la artritis, el componente celular del EGA que se ha implicado es el hialurónico y la N-acetil-glucosamina de la cápsula; mientras que, en la afectación de los ganglios de la base (caudado y putamen), se ha implicado un fenómeno de mimetismo molecular con las lipoproteínas del protoplasma del EGA.

Predisposición genética

La búsqueda de marcadores genéticos ha mostrado cómo algunos antígenos asociados a los leucocitos humanos (HLA, human leukocyte-associated antigen) de clase II son más frecuentes en algunas poblaciones. Las moléculas HLA de clase II participan en la presentación de antígenos al receptor de las células T y, por lo tanto, en el desencadenamiento de las respuestas inmunes celular y humoral. Entre los alelos HLA de clase II descritos, el HLA-DR7 está entre los más consistentemente asociados con la ECR. La asociación de DR7 con diferentes alelos DQ-B o DQ-A parece implicada en el desarrollo de múltiples lesiones valvulares o la regurgitación mitral en estos pacientes. No obstante hay que tener en cuenta que las asociaciones de HLA con aparente susceptibilidad o protección frente a la FRA y la ECR se han mostrado variables dependiendo de las poblaciones sujetas a estudio.

Otras asociaciones se han descrito, como: la correlación con aquellos genotipos que expresan niveles circulantes aumentados de MBL (mannose-binding lectin), los polimorfismos del gen TGF-ß1 (transforming growth factor-ß1), los polimorfismos de genes de inmunoglobulinas o los aloantígenos de células B (concretamente, el D8/17).

Respuesta inmune

La respuesta autoinmune que causa la FRA parece pues desencadenada por la similitud molecular entre epítopos del EGA y algunos tejidos humanos en individuos susceptibles. No está del todo claro si la afectación valvular inicial es debida a una lesión inmunológica mediada por células o por anticuerpos anti-estreptocócicos. No obstante, una vez activado el endotelio valvular, la válvula es infiltrada por las células T, que reconocerían la proteína M del EGA, la miosina cardiaca, así como otras proteínas del tejido valvular.

El parecido estructural e inmunológico entre la proteína M y la miosina es fundamental para la aparición de la carditis reumática. Durante el habitual recambio celular del tejido cardiaco, las células T se sensibilizarían frente a la miosina, que normalmente está protegida frente a la respuesta inmune al ser intracelular. No obstante, la miosina no está presente en las válvulas cardiacas, lugar preferente de afectación para la ECR; por lo que, se considera que sería la laminina, proteína presente en la membrana basal valvular y alrededor del endotelio, la que sería reconocida por las células T dirigidas contra la miosina y la proteína M. Los linfocitos T CD4+ serían los principales efectores causantes de la lesión en el tejido cardiaco, acentuándose la respuesta inmune por la liberación de citoquinas proinflamatorias como el TNF-a y el interferón-?.

Anatomía patológica

Los cuerpos de Aschoff son lesiones características de la carditis en los pacientes con fiebre reumática aguda.

La inflamación que se produce en la FRA es el resultado de una vasculitis difusa que afecta los vasos más pequeños y que se caracteriza por la proliferación de células endoteliales. El proceso de vasculitis se refleja en el eritema marginado, la inflamación del colágeno se observa en la artritis, valvulitis y pericarditis. La sinovitis de la FRA se caracteriza por un infiltrado de células mononucleares con degeneración fibrinoide, respetándose el cartílago.

La anatomía patológica de la carditis muestra una inflamación, reacción exudativa y proliferativa que se caracteriza por cambios edematosos seguidos por un infiltrado de linfocitos, preferentemente CD4, células plasmáticas y algunos granulocitos. Posteriormente, se forman los cuerpos de Aschoff, que son patognomónicos de la carditis reumática y que se observan en cualquier zona del miocardio, pero no en otros tejidos. Estos cuerpos de Aschoff consisten en un infiltrado perivascular de células grandes con núcleos polimorfos y citoplasma basófilo situados en rosetón alrededor de un centro avascular fibrinoide. El edema tisular y los infiltrados celulares caracterizan la afectación valvular, que puede afectar el borde de las valvas y las cuerdas tendinosas. La inflamación persistente causa la fibrosis y la calcificación de las válvulas ocasionando una estenosis.

En la corea de Sydenham se afectan los ganglios basales, donde se ha visto infiltración celular y pérdida neuronal.

Clínica

Según el aforismo médico, la fiebre reumática aguda “lame las articulaciones y muerde el corazón”. Así la artritis, que es típicamente migratoria y afecta a grandes articulaciones, es muy dolorosa pero no deja secuelas; mientras que, la afectación cardiaca, a pesar de su poca expresividad clínica inicial, puede causar una lesión valvular crónica.

Las principales manifestaciones clínicas se incluyen entre los Criterios de Jones. Los mayores son: artritis, carditis, corea de Sydenham, eritema marginado y nódulos subcutáneos; y los menores son: artralgias, fiebre, aumento de los reactantes de fase aguda e intervalo PR alargado. No obstante, hay que tener en cuenta que estos criterios son sólo una guía diagnóstica.

Artritis

La artritis está presente en un 70% de los pacientes. Es la más común de las manifestaciones mayores, pero es poco específica, pues está presente en muchas otras enfermedades reumáticas, siendo una causa frecuente de diagnósticos erróneos. La artritis de la FRA presenta, no obstante, una serie de características que permiten ayudar a su diferenciación. La artritis afecta principalmente a grandes articulaciones (rodillas, tobillos, muñecas, codos); mientras que, las articulaciones pequeñas periféricas o el esqueleto axial se afectan muy raramente. La artritis es característicamente migratoria y aditiva, inicialmente es una monoartritis que se hace poliarticular, a pesar de que recientemente se ha descrito la monoartritis persistente asociada a la FRA. Los síntomas en una articulación pueden desaparecer en unas horas para aparecer en otra articulación. Los signos clásicos de tumefacción, eritema, calor y dolor están presentes, siendo el dolor el más importante, está presente en reposo y aumenta con los movimientos. Clásicamente, se ha descrito una rápida respuesta a los salicilatos.

Carditis

La afectación cardiaca aparece en alrededor del 50% de los pacientes, hasta en el 70% si se utiliza la ecocardiografía, siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad. La carditis aparece unas 3 semanas después de la infección por el EGA, usualmente aparece junto con otros signos, como la artritis. Si no está presente al inicio de la artritis suele aparecer al cabo de una semana de ésta. La capa más frecuentemente afectada es el endocardio (valvulitis), aunque también se puede afectar el pericardio y, en menor grado, el miocardio (si bien la afectación de éste es más discutida). Se ha descrito en menos del 5% una pancarditis, afectación de todas las capas cardiacas, complicación con mal pronóstico.

La endocarditis, que está siempre presente, afecta principalmente al tejido valvular y puede causar una insuficiencia valvular. La válvula mitral es la que se afecta con más frecuencia, un 65% de los pacientes presentan afectación aislada de la válvula mitral. La válvula aórtica se afecta de manera aislada en un 6%. Un 29% de pacientes presentan afectación simultánea mitral y aórtica. La afectación de las válvulas pulmonar y tricúspide es muy poco frecuente. En fases crónicas de la ECR pueden aparecer estenosis de las válvulas mitral y aórtica. El soplo de insuficiencia mitral es de alta frecuencia, suave, holosistólico y de predominio apical, irradiando a la axila izquierda. En casos de insuficiencia mitral severa se puede oír el soplo de Carey-Coombs, un soplo protodiastólico mitral, de baja frecuencia, que es un signo de la estenosis mitral relativa funcional por hiperaflujo diastólico. El soplo de insuficiencia aórtica es de alta frecuencia, diastólico y se oye mejor con el diafragma del estetoscopio sobre el tercer espacio intercostal izquierdo (foco de Erb o segundo foco aórtico). En casos de insuficiencia aórtica leve, el soplo es apenas perceptible; mientras que, en casos de insuficiencia aórtica severa, es fuerte y puede acompañarse de un frémito diastólico.

La miocarditis se produce en una primera fase de la afectación cardiaca. Clínicamente, se puede observar taquicardia en reposo en un paciente afebril, bloqueo cardiaco, arritmias, y un intervalo PR alargado en el electrocardiograma.

Un 5% de los pacientes pueden presentar un fallo cardiaco agudo asociado a la FRA secundario a una miocarditis o una insuficiencia valvular.

Existe controversia sobre si la afectación cardiaca subclínica, detección de lesiones valvulares típicas por ecocardiografía pero sin la presencia de soplos cardiacos de insuficiencia mitral o aórtica a la exploración, debería ser incluida o no como un criterio diagnóstico. Los Criterios de Jones no incluyen la afectación cardiaca subclínica, a no ser que esté presente al menos otro criterio mayor. No obstante, un comité de expertos de la OMS reconoce que la ecocardiografía puede ser usada para el diagnóstico de la carditis reumática subclínica aguda y la carditis reumática crónica silente y que, por tanto, estas lesiones deberían ser tratadas como una ECR. En 2012 se han publicado las guías basadas en la evidencia de la World Heart Federation, con los criterios para el diagnóstico ecocardiográfico de la ECR. Definen 3 categorías para los menores de 20 años: ECR definida, ECR dudosa y normal, con 4 subcategorías para la ECR definida y 3 para la ECR dudosa. Se definen también unos criterios para la regurgitación mitral y aórtica patólogicas. Por otra parte, se definen también unos criterios ecocardiográficos definitivos para mayores de 20 años.

Corea de Sydenham

Se observa en un 15% de los pacientes. El periodo de latencia entre la infección por EGA y el inicio de los síntomas es más largo que con las otras manifestaciones de la FRA y suele aparecer entre los 2-4 meses (1-6 meses); si bien, se han descrito casos hasta 12 meses después de la infección. Los síntomas se resuelven espontáneamente en 2 ó 3 semanas; si bien, algunos casos pueden persistir por meses e incluso años.

La corea se caracteriza por unos movimientos involuntarios, sin propósito, arrítmicos y clónicos, y que normalmente son simétricos y sin coordinación muscular. Estos movimientos son más frecuentes en la cara, tronco y extremidades distales, y desaparecen durante el sueño. Puede observarse: hipotonía, alteración de la marcha, incoordinación, pérdida del control motor fino, muecas faciales o fasciculaciones de la lengua (signo de la lengua de gusanos). Otros signos que pueden observarse son el del pronador (la extensión de las manos por encima de la cabeza lleva a la pronación de la mano), el signo del ordeñador (al pedir que se aprieten los dedos del examinador se notan contracciones irregulares de los músculos de las manos) o el de la cuchara (al pedir que se extiendan las manos anteriormente se hiperextienden los dedos). El habla se puede ver afectada con disartria, habla explosiva, paradas bruscas y cambios de tono. También, pueden observarse cambios de carácter, incapacidad para concentrarse y labilidad emotiva.

Eritema marginado

Se observa en menos del 2-6% de los pacientes. Se caracteriza por la presencia de un exantema macular no pruriginoso con un borde serpiginoso eritematoso, que se exacerba con el calor. Las lesiones tienen un diámetro de 0,4 cm y se localizan habitualmente en el tronco y la parte proximal de las extremidades.

Nódulos subcutáneos

En la actualidad, se observan en menos del 1-5% de los pacientes. Eran más frecuentes en pacientes que desarrollaban una ECR y eran un signo de severidad de la afectación de ésta. Se localizan en las zonas de extensión de las articulaciones, sobre las prominencias óseas y las vainas de los tendones, principalmente de codos, rodillas, tobillos, nudillos y, ocasionalmente, en el occipucio y columna vertebral. El tamaño es de 0,5 a 2 cm, la piel por encima es normal, y son duros, no dolorosos, fácilmente movibles y desaparecen en un mes sin dejar secuela. Clínica e histológicamente se parecen a nódulos reumatoides benignos.

Criterios menores

La fiebre se presenta durante la fase aguda de la enfermedad y suele ser de 38,5-40°C, su severidad y duración pueden variar.

Las artralgias, dolor articular sin signos objetivables de inflamación, deben diferenciarse de las artritis.

El aumento de los reactantes de fase aguda (velocidad de sedimentación globular o proteína C reactiva) está presente durante la fase aguda de la enfermedad y es un signo de la inflamación de los tejidos.

El intervalo PR alargado es también un criterio menor, y no se correlaciona con la aparición de ECR crónica.

Diagnóstico

El diagnóstico de la fiebre reumática aguda se basa en los criterios modificados de Jones y en los criterios de la OMS.

En 1944 se propusieron los criterios de Jones, que posteriormente fueron modificados (1956), revisados en 2 ocasiones (1965 y 1984) y actualizados por la American Heart Association por última vez en 1992 (Tabla I). Cada revisión ha ido aumentando la especificidad, pero disminuyendo la sensibilidad. Esto tiene sentido en países desarrollados, donde la FRA tiene una incidencia muy baja, pero puede no ser aplicable en países con alta incidencia; por lo que, la OMS propuso unos criterios en 2002-2003 que permiten el diagnóstico de FRA recurrente en pacientes con ECR (Tabla II).

 

 
 

 

El cultivo de faringe positivo para el EGA está presente en menos del 30% de los pacientes, dado el intervalo existente entre la infección por el EGA y el inicio de los síntomas, aunque esto no excluye el diagnóstico. Se han identificado múltiples anticuerpos contra el estreptococo, pero los más comúnmente utilizados son los anticuerpos contra la estreptolisina (ASLOS), aunque sólo un 85% de los pacientes con FRA presentan un aumento de los ASLOS. El uso de los anticuerpos contra la desoxirribonucleasa B (los anti-DNAasa B) permite evidenciar la infección previa por el EGA en aquellos pacientes en que el título de ASLOS no ha sido concluyente. La combinación de ambos anticuerpos permite demostrar un aumento al menos en uno de los dos en un 90% de los pacientes. Sin embargo, hay que remarcar que, por sí solos, ni los ASLOS ni los anti-DNAasa B son diagnósticos de FRA; de hecho, pueden ser normales en los pacientes con ECR crónica o corea de Sydenham. Es de mención que en la carditis reumática aguda los niveles de troponina I no aumentan, a diferencia de lo que se observa en otras lesiones miocárdicas.

La ecocardiografía permite diagnosticar la afectación valvular, la presencia o no de líquido pericárdico y también la existencia o no de miocarditis al valorar la contractilidad cardiaca. El electrocardiograma permite confirmar las arritmias y bloqueos durante la fase de inflamación miocárdica aguda.

Diagnóstico diferencial

Son varias las enfermedades que entran en el diagnóstico diferencial de la FRA y la ECR. En la tabla III, se han agrupado las más importantes según las manifestaciones clínicas: poliartritis y fiebre, carditis y corea. Es de destacar que algunos pacientes con corea de Sydenham son erróneamente diagnosticados como un problema de conducta, un trastorno de déficit de atención-hiperactividad o un tic. Mención especial merece la artritis reactiva post-estreptocócica, que se describe al final de este artículo con más detenimiento.

 

 

Tratamiento

El tratamiento profiláctico con penicilina intramuscular es fundamental para la prevención de la enfermedad cardiaca reumática.

El tratamiento de la FRA está basado en la erradicación del estreptococo, el tratamiento del proceso inflamatorio y la profilaxis con antibióticos a largo plazo.

Erradicación del estreptococo

La penicilina es el agente de elección, la vía intramuscular (penicilina benzatina) parece más efectiva en aquellos pacientes con afectación cardiaca, otras posibilidades son la penicilina oral (penicilina V) o la amoxicilina. Se han propuesto también las cefalosporinas de primera generación y los macrólidos, aunque hay que tener en cuenta la aparición de resistencias a estos últimos (Tabla IV). Aunque el cultivo o test de detección rápida faríngeo sean negativos, se deben dar antibióticos anti-estreptocócicos ante un episodio de FRA. Por otra parte, la OMS recomienda, en aquellas zonas con altas tasas de FRA y sin acceso a laboratorios con tests de detección rápida, el considerar dar antibiótico a los pacientes entre 5-15 años de edad que presenten un cuadro faringoamigdalar.

 

 

Tratamiento de las manifestaciones clínicas

La aspirina, a 80-100 mg/kg/día en 4 dosis, permite controlar la fiebre, artritis y artralgias. El tratamiento inicial es de 4 a 8 semanas, dependiendo de la respuesta clínica y, posteriormente, se disminuye de manera progresiva hasta la suspensión en 4 semanas más. La artritis en la FRA responde exquisitamente ante los salicilatos, hasta el punto de que, clásicamente, se ha descrito que en aquellos pacientes con artritis por sospecha de FRA la falta de respuesta a los salicilatos a los 5 días debería hacer replantear el diagnóstico. El naproxeno también se ha utilizado en algunas series y en un estudio randomizado. A pesar de lo anteriormente expuesto, no se ha demostrado que la administración de aspirina reduzca la incidencia de ECR.

Los corticoides reducen de manera significativa la respuesta inflamatoria en la FRA, especialmente la fiebre y los reactantes de fase aguda. A pesar de que, al igual que con la aspirina, no existen estudios que muestren la reducción de la lesión valvular cardiaca al comparar con placebo; se ha propuesto que su administración permitiría una mejoría más rápida en casos de afectación cardiaca severa. Así, en casos de carditis severa (por ejemplo, fallo cardiaco, pancarditis, riesgo vital) se sugiere administrar: prednisona 2 mg/kg/día, máximo de 80 mg/día, en una sola dosis matutina, durante 3-4 semanas, con reducción posterior durante 6-8 semanas. Una semana antes de terminar los corticoides se recomienda administrar aspirina, a 80-100 mg/kg/día en 4 dosis, durante 4-8 semanas, reduciéndolos posteriormente durante 4 semanas más, con el objetivo de evitar el rebote de los síntomas inflamatorios y el aumento de los parámetros de inflamación. En casos de carditis leve o moderada, se recomienda simplemente el tratamiento con aspirina.

Durante mucho tiempo se había propuesto el reposo prolongado en la cama como uno de los pilares del tratamiento. Actualmente, se tiende a recomendar que se restrinja la actividad física tan sólo hasta que los parámetros de inflamación se normalicen, reiniciándola de manera progresiva posteriormente.

La VSG y, en especial, la PCR, permiten controlar la evolución de la respuesta inflamatoria en estos pacientes. La ecocardiografía permite controlar la evolución de la carditis, así como decidir en qué momento es recomendable la corrección quirúrgica de las lesiones valvulares. En los casos en que la corrección quirúrgica está indicada (adultos con insuficiencia mitral severa, función del ventrículo izquierdo muy reducida…), se recomienda, si es posible, la reparación de la válvula dañada frente a la sustitución por una válvula protésica.

Las manifestaciones leves de la corea no precisan tratamiento antinflamatorio, se recomienda solamente reposo y evitar los factores de estrés físico y emocional. En caso de síntomas más severos se ha propuesto la administración de anticonvulsivantes (un pequeño estudio muestra mejor respuesta con la administración de valproico que con carbamazepina) o haloperidol. Se ha sugerido que la administración de gammaglobulinas podría acelerar la curación de estos pacientes, a pesar de que no parece que éstas mejoren el pronóstico cardiaco en los pacientes con FRA.

Profilaxis

La prevención primaria de la FRA se basa en el tratamiento antibiótico de la faringitis sintomática causada por el EGA (Tabla IV); no obstante, en los países en vías de desarrollo, no se ha podido establecer una estrategia práctica que permita la prevención primaria. En la actualidad, existen diversas vacunas en estudio contra el EGA, se ha completado en adultos una multivalente en fase II, basada en algunos serotipos M, con evidencia de seguridad e inmunogenicidad, y existen otras en desarrollo, aunque no se prevé su introducción en la práctica en un futuro cercano.

La prevención secundaria, es decir, la prevención de los ataques recurrentes en pacientes con FRA, es la única medida que se ha mostrado coste-efectiva en prevenir la ECR. La administración de antibióticos a largo plazo en pacientes con antecedentes de FRA o ECR permite reducir las recaídas y, por tanto, prevenir nuevos episodios de FRA, así como la aparición o el desarrollo de ECR.

En general, se recomienda la administración intramuscular de penicilina benzatina cada 4 semanas. No obstante, las concentraciones en sangre descienden a partir de la segunda semana, por lo que se recomienda reducir el intervalo a cada 3 semanas en aquellos pacientes que, a pesar de una correcta profilaxis han presentado un nuevo episodio de FRA, o en aquellos con importante afectación cardiaca en los que se confirma una buena adherencia al tratamiento. Por otra parte, la duración de la profilaxis secundaria es un tema debatido y debe basarse en la edad (la FRA es menos frecuente en mayores de 25 años, y rara en mayores de 40 años), la existencia de ECR o cirugía valvular (un nuevo episodio puede agravar la lesión existente), la presencia de carditis en el episodio inicial (lo que acarrea un mayor riesgo en caso de nuevo episodio), el tiempo pasado desde el último ataque (pasados los 5 años, la recurrencia disminuye), el estadio socio-económico (se ha descrito que la FRA es más frecuente en niveles socio-económicos bajos, probablemente debido a condiciones de hacinamiento), el riesgo de infección por EGA (que es superior en escuelas, barracones militares, albergues de juventud, casas con muchos niños…) y la evolución de los controles ecográficos de la ECR. Existen diferentes recomendaciones internacionales, en la tabla V se resumen las de la OMS del 2001, las de los Estados Unidos del 2009 y las australianas del 2012, con diferencias en función de la dosis por peso, el intervalo de dosis y la duración del tratamiento según el grado de afectación cardiaca una vez alcanzada la remisión. En la tabla VI, se presentan los tratamientos orales alternativos en la profilaxis secundaria, en especial en caso de alergia a la penicilina.

 

 
 

 

Para disminuir el dolor asociado a la administración intramuscular de la penicilina benzatina, se recomienda permitir que la penicilina benzatina se caliente a temperatura ambiente, añadir 0,5-1 ml de lidocaína al 1%, aumentar el volumen a administrar (hasta 3,5 ml), utilizar agujas pequeñas (23G), permitir evaporar el alcohol antes de inyectar, presionar con el dedo en la zona a inyectar durante unos 10 segundos, y administrar muy lentamente (más de 2-3 minutos) mientras se distrae al paciente. También, se había propuesto para el control del dolor, la combinación de penicilina benzatina con penicilina procaína, no obstante, parece ser que esta combinación no permite obtener niveles adecuados para la profilaxis secundaria, por lo que no está indicada.

La profilaxis de la endocarditis bacteriana está indicada ante procedimientos quirúrgicos o dentales en los pacientes con ECR.

Pronóstico

La afectación cardiaca marcará el pronóstico a largo plazo, mientras que la artritis, la corea y el eritema marginado son autolimitados.

La morbilidad en la fiebre reumática se asocia fundamentalmente con la afectación cardiaca y el grado de lesión valvular, aunque el desarrollo de la cirugía cardiaca ha mejorado el pronóstico de esta complicación. La mortalidad es poco frecuente y se asocia fundamentalmente con cuadros de pancarditis en la fase aguda.

La artritis, la corea de Sydenham y el eritema marginado son autolimitados, y se resuelven sin dejar secuelas.

En apoyo de la importancia de la profilaxis secundaria, se ha demostrado que hasta en un 80% de los pacientes que reciben de manera prolongada la profilaxis adecuada los signos de afectación cardiaca pueden llegar a desaparecer.

Artritis reactiva postestreptocócica

La artritis reactiva postestreptocócica es aquella artritis causada por el estreptococo que no cumple los criterios diagnósticos para la fiebre reumática aguda.

Se define la artritis reactiva postestreptocócica (ARPE) como aquella artritis de una o más articulaciones asociada a una infección reciente por el EGA en un paciente que no cumple los criterios de Jones para el diagnóstico de FRA. Para algunos autores, la ARPE formaría parte del espectro de la FRA, mientras que para otros es una entidad diferente.

En 1993, Deighton propuso las siguientes características de la ARPE que servirían para distinguirla de la FRA:

1. Inicio de los síntomas en los primeros 10 días desde el comienzo de la infección por EGA, versus las 2 ó 3 semanas observadas en la FRA.

2. Artritis de evolución prolongada y/o recurrente, en contraste con la FRA, en que la artritis es migratoria y dura entre pocos días y unas 3 semanas.

3. Respuesta lenta y parcial a la aspirina, mientras que en la FRA la respuesta es rápida y espectacular.

En 1997, Ayoub y Ahmed hicieron una propuesta de criterios diagnósticos para la ARPE (Tabla VII). El diagnóstico diferencial es similar al de la FRA.

Entre las manifestaciones clínicas, la faringitis se encuentra presente en un 66% de los pacientes, un 30% refieren febrícula y otro 30% pueden presentar un exantema no escarlatiniforme que precede al inicio de la artritis. Hasta un 50% de los niños refieren rigidez matutina de duración variable. La artritis, presente en un 70-80% de los casos, es asimétrica y no migratoria y afecta principalmente a las articulaciones de las extremidades inferiores, aunque hasta un 50% pueden presentar afectación de alguna articulación de las extremidades superiores. La afectación cardiaca, mucho más baja que en la FRA, es de alrededor del 6%.

 

 

Las pruebas de laboratorio muestran un recuento leucocitario normal. La VSG, en cambio, se encuentra elevada hasta en un 75% de los pacientes. Los títulos de ASLOS y anti-DNAasa B se encuentran elevados en el 88% y 80%. Por otra parte, dado el intervalo más corto entre la infección por el EGA y el inicio de los síntomas, estos pacientes presentan una mayor frecuencia de resultados positivos en el test de detección rápida y/o de cultivos faríngeos positivos para el EGA (75%) frente a los pacientes con FRA (1/3).

En la ARPE está indicado el tratamiento del episodio agudo de infección por EGA, así como el control de los síntomas con antiinflamatorios no esteroideos. No obstante, como ya se ha comentado, una de las características de la ARPE es que no se observa la rápida respuesta con la administración de aspirina descrita en la FRA.

La profilaxis antimicrobiana es objeto de discusión dada la baja incidencia de afectación cardiaca. Se ha propuesto el tratamiento por un mínimo de 1 ó 2 años. Si al cabo de este tiempo no se han encontrado signos de afectación cardiaca, se podría suspender la profilaxis. Sin embargo otros autores prefieren hacer el mismo tratamiento que para aquellos pacientes con FRA sin afectación cardiaca (5 años desde el último episodio o hasta los 18 años, lo que sea antes).

La evolución de la artritis en la ARPE es persistente, con una duración entre el inicio y la resolución de entre 5 días y 8 meses (media de 66 días).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

– Alsaeid K, Cassidy JT. Acute rheumatic fever and post-streptococcal reactive arthritis. En: Cassidy JT, Petty RE, Laxer R, Lindsley C, eds. Textbook of Pediatric Rheumatology. 6th ed. Philadelphia, PA: Elsevier Saunders; 2010. p. 600-11.

Capítulo sobre la fiebre reumática y la artritis reactiva post-estreptocócica en el libro de referencia en Reumatología pediátrica. Extensa revisión y análisis en profundidad de la etiología, patogenia, manifestaciones clínicas y tratamiento.

– The Australian guideline for prevention, diagnosis and management of acute rheumatic fever and rheumatic heart disease (2nd edition), 2012. http://www.rhdaustralia.org.au/sites/default/files/guideline_0.pdf

Segunda edición de las guías australianas fruto de una revisión basada en la evidencia. En la página web de la sociedad se puede acceder y descargar de manera gratuita la revisión completa y una guía clínica. Extraordinaria revisión de obligada lectura para profesionales interesados en profundizar en el conocimiento de la fiebre reumática.

– Gerber MA, Baltimore RS, Eaton CB, Gewitz M, Rowley AH, Shulman ST, Taubert KA. Prevention of rheumatic fever and diagnosis and treatment of acute Streptococcal pharyngitis: a scientific statement from the American Heart Association Rheumatic Fever, Endocarditis, and Kawasaki Disease Committee of the Council on Cardiovascular Disease in the Young, the Interdisciplinary Council on Functional Genomics and Translational Biology, and the Interdisciplinary Council on Quality of Care and Outcomes Research: endorsed by the American Academy of Pediatrics. Circulation. 2009; 119(11): 1541-51.

Guías clínicas de la American Heart Association, una de las guías de referencia a nivel mundial.

– WHO Technical Report Series 923. Rheumatic fever and rheumatic heart disease-Report of a WHO expert consultation, Geneva, Oct 29-Nov 1, 2001. Geneva: World Health Organization, 2004. http://whqlibdoc.who.int/trs/WHO_TRS_923.pdf (acceso 21 noviembre 2012).

Guías clínicas de la OMS, del año 2001 pero continúan teniendo validez y son consideradas un referente.

– Carapetis JR, McDonald M, Wilson NJ. Acute rheumatic fever. Lancet. 2005; 366(9480): 155-68.

Revisión extensa de una de las autoridades mundiales en fiebre reumática publicada en una de las más importantes revistas en medicina. Artículo clave con más de 200 citas bibliográficas.

– Carapetis JR, Steer AC, Mulholland EK, Weber M. The global burden of group A streptococcal diseases. Lancet Infect Dis. 2005; 5: 685-94.

Importante artículo de revisión con datos sobre la epidemiología de la fiebre reumática.

 

Caso clínico

Motivo de consulta

J.A.C. es una niña de 11 años de edad que consulta a su pediatra por fiebre y dolor articular.

Antecedentes personales

Cuadros de faringoamigdalitis de repetición. No refieren alergias conocidas.

Antecedentes familiares

Abuela paterna con “reuma en la sangre” y problemas de corazón no especificados, por los que en la adolescencia le obligaron a guardar cama durante semanas. No otros antecedentes familiares de relieve.

Enfermedad actual

La madre refiere inicio 10 días antes de cuadro de fiebre hasta 40°C junto con dolor en codo izquierdo que ha sido tratado sintomáticamente con paracetamol e ibuprofeno. Desde entonces presenta persistencia de la fiebre y de las molestias articulares que ahora también presenta en rodillas, tobillos y codo contralateral. Hace 3 días los padres observaron tumefacción y eritema en rodillas y tobillos que mejoró en 24 horas. Ante la persistencia de los síntomas consultan. Entre los antecedentes médicos recientes explican cuadro de odinofagia con fiebre hasta 39°C que se autolimitó en 3 días y por el cual sólo recibió tratamiento con paracetamol.

Exploración física

Regular estado general, correcta hidratación de piel y mucosas, palidez. Facies de dolor. En la exploración articular se objetiva tumefacción, con eritema, aumento de temperatura, dolor y limitación importante en la movilidad en ambas rodillas, así como limitación y dolor en la movilidad de ambos codos. La auscultación cardiaca objetiva unos tonos taquicárdicos y arrítmicos, así como un roce pericárdico.

Pruebas complementarias

En la ecocardiografía se objetiva estenosis mitral severa con engrosamiento valvular y fusión de las comisuras. La analítica muestra una VSG de 80, con hemograma y fórmula normales, ASLOS 950 U/ml.

 

Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

Temas de FC

M.S. Camacho Lovillo, M.J. Lirola Cruz*

Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. *Instituto Hispalense de Pediatría

 

Resumen

Las vasculitis son un grupo de enfermedades heterogéneas caracterizadas por inflamación de los vasos sanguíneos. Su incidencia es baja en la infancia a excepción de la púrpura de Schönlein-Henoch (PSH) y la enfermedad de Kawasaki (EK). Existen ciertos hallazgos clínicos que deben hacer considerar la posibilidad diagnóstica de un cuadro de vasculitis: fiebre prolongada de origen desconocido, lesiones cutáneas sugestivas, neuropatía periférica y/o afectación multisistémica (especialmente renal, pulmonar o cardiovascular), de causa no determinada. El diagnóstico se establece tras la realización de las pruebas de imagen y la biopsia de los tejidos afectos.
La PSH es la vasculitis más común en los niños y se caracteriza por un curso autolimitado en la mayoría de los casos. En aquellos pacientes en los que se acompaña de nefritis es, sin embargo, importante el seguimiento a largo a plazo debido al riesgo que existe de daño renal.
En los países desarrollados la EK es la causa principal de enfermedad cardiaca adquirida en la edad pediátrica. Existen casos incompletos o atípicos, más frecuentes en niños menores de un año, que tienen un mayor riesgo de desarrollo de aneurismas coronarios. El tratamiento con gammaglobulina intravenosa en los primeros 10 días de la enfermedad disminuye de forma significativa la prevalencia de esta complicación.

 

Abstract

The vasculitis syndromes are a group of heterogeneous diseases characterized by inflammation of the blood vessels. Its incidence is low in childhood with the exception of Henoch Schönlein purpura (HSP) and Kawasaki disease (KD). In the presence of certain clinical features the possibility of an underlying vasculitic disease must be considered: prolonged fever of unknown origin, suggestive cutaneous lesions, peripheral neuropathy and/or multisystemic involvement (especially renal, pulmonary or cardiovascular) of unexplained etiology. To establish a correct diagnosis appropriate imaging and biopsy of the affected tissue may be necessary. HSP is the commonest vasculitis in children and self-limiting in the majority of the cases. However long-term follow-up is important in patients with accompanied nephritis, as they are at increased risk of renal damage. In developed countries KD is the commonest cause of acquired cardiac disease in childhood. The clinical presentation is sometimes incomplete or atypical; more frequently in children aged less than a year, and have a greater risk developing coronary aneurisms. The treatment with intravenous gammaglobulin within the first 10 days of the disease reduces significantly the risk of this complication.

 

Palabras clave: Vasculitis; Enfermedad de Kawasaki; Púrpura de Schönlein-Henoch.

Key words: Vasculitis; Kawasaki disease; Henoch-Schönlein purpura.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(1): 34-46


Púrpura de Schönlein-Henoch, enfermedad de Kawasaki y otras vasculitis

 

Introducción

Las vasculitis son un grupo heterogéneo de enfermedades que producen afectación multisistémica.

El término vasculitis se refiere a la inflamación y necrosis de los vasos sanguíneos. Se suelen afectar varios órganos o sistemas, con unas manifestaciones clínicas dependientes de la localización y tamaño de los vasos implicados. Pueden ser primarias o secundarias a infecciones, tumores, drogas u otras enfermedades reumáticas. Su frecuencia es muy baja en niños, a excepción de la Púrpura de Schönlein-Henoch y la enfermedad de Kawasaki. Debido a la afectación multisistémica y la baja incidencia, el diagnóstico es con frecuencia difícil y, consecuentemente, tardío, lo cual suele asociarse a una importante morbi-mortalidad(1,2). En el año 2005, la Liga Europea contra el Reumatismo (EULAR) y la Sociedad Europea de Reumatología Pediátrica (PRES) desarrollaron la primera clasificación pediátrica de vasculitis (Tabla I)(3). Los hallazgos clínicos y de laboratorio que deben hacer sospechar la existencia de una vasculitis se reflejan en la tabla II. Las pruebas de imagen son útiles, sobre todo en las vasculitis de mediano y grandes vasos, siendo en la mayoría de casos necesaria la biopsia de tejidos afectos. El tratamiento generalmente se realiza con corticoides e inmunosupresores y se requiere un abordaje multidisciplinar. El limitado número de estudios específicos en niños condiciona que muchos aspectos sobre su manejo se extrapolen a partir de la experiencia publicada en adultos(1,2).

 

 
 

 

Púrpura de Schönlein-Henoch

Introducción

La púrpura de Shönlein-Henoch (PSH) es la vasculitis sistémica más frecuente en los niños. El primer caso fue descrito por Willian Heberden en 1801 en un niño de 5 años con erupción purpúrica, hematuria macroscópica, dolor abdominal, deposiciones sanguinolentas, vómitos, artralgias y edema. En 1837, Johann Schönlein añadió el componente articular y denominó a esta entidad “peliosis reumática” o “púrpura rubra” y, algo más tarde, Eduard Heinrish Henoch, alumno de Schönlein, completó su descripción. La naturaleza vasculítica de la PSH, o púrpura anafilactoide, fue descrita por Gairdner en 1948. Sus manifestaciones clínicas más frecuentes son bien conocidas: púrpura palpable, artritis, dolor abdominal, sangrado intestinal y nefritis, aunque cualquier órgano puede verse afectado. Son consecuencia de una vasculitis leucocitoclástica de pequeños vasos debida al depósito de IgA1 en la pared de los vasos y del mesangio renal. Se ha asociado a una gran variedad de microorganismos, drogas y otros agentes ambientales. En general, su curso es autolimitado aunque el grado de afectación renal condicionará su pronóstico a largo plazo(1,4-6).

Epidemiología

La PSH es más frecuente durante la infancia (3-15 años) y su incidencia oscila entre los 10 y 20 casos por cada 100.000 niños.

La PSH puede aparecer en todos los grupos de edad, siendo más frecuente durante la infancia (entre los 3 y 15 años), ocurriendo el 50% de los casos en menores de 5 años y el 75-90%, en menores de 10 años. Los hallazgos clínicos son, con frecuencia, atípicos en las edades extremas y de mayor gravedad en el adulto; sin embargo, en los menores de 2 años son menos probables las complicaciones renales y gastrointestinales. La incidencia oscila entre los 10 y 20(4). casos por cada 100.000 niños, pudiendo alcanzar los 70,3 casos/100.000 en el grupo de edad entre los 4 y 7 años(4). La distribución según el sexo es similar, aunque con predominio en varones en algunas series (1,5-2:1). No existe un claro predominio racial, los afroamericanos rara vez se afectan. La enfermedad es más frecuente en invierno, otoño y primavera, lo que hace probable la implicación de determinados procesos infecciosos en su patogénesis.

Etiopatogenia

La PSH es una vasculitis mediada inmunológicamente, probablemente resultado de la formación de complejos inmunes en respuesta a determinados estímulos antigénicos en personas genéticamente susceptibles.

Las investigaciones tempranas sobre susceptibilidad genética de la PSH se focalizaron en las asociaciones HLA. Estudios procedentes de España, Italia y Turquía, informaron sobre la asociación de los alelos HLA-DRB1*01, HLA DRB1*11 y HLA- DRB1*14 con esta enfermedad. Un estudio reciente de Turquía mostraba que el alelo HLA-B35 se asociaba con un riesgo elevado de PSH. Un estudio anterior español informaba sobre la asociación del HLA-B35 con el aumento de riesgo de nefritis, pero no sobre el riesgo total de PSH(5).

La PSH aparece hasta en el 7% de los pacientes con fiebre mediterránea familiar (FMF), enfermedad autoinflamatoria determinada genéticamente. Estudios procedentes de Israel y Turquía muestran un aumento significativo de la prevalencia de mutaciones que afectan al gen MEFV, causa de la FMF, en los niños con PSH en comparación con la población general. Es improbable que estos hallazgos sean extensibles a otros países en los que la FMF es mucho menos común(5).

Se han estudiado polimorfismos en genes que codifican citocinas proinflamatorias, moléculas de adhesión celular y moléculas asociadas con la activación de células endoteliales, focalizándose la mayoría de los trabajos en el TNF-alfa, IL-1beta, IL-8, TGB-beta y VEGF. No se ha llegado hasta la fecha a conclusiones firmes respecto a su asociación genética con la PSH(5).

La patogénesis de la PSH continúa siendo desconocida; sin embargo, en general, se piensa que es una enfermedad mediada por el depósito de inmunocomplejos, caracterizados por la presencia de IgA1 polimérica, predominantemente a nivel de los capilares dérmicos, gastrointestinales y glomerulares. Los depósitos granulares patognomónicos de IgA y C3 en el mesangio son indistinguibles de los que se observan en la nefropatía por IgA. Existen 2 subclases de IgA, la IgA1 y la IgA2. La IgA1 contiene una región bisagra con múltiples lugares de glicosilación. La glicosilación aberrante de esta región de la IgA1 podría explicar su participación exclusiva en la patogénesis de la PSH. El aumento de la producción de IgA polimérica por parte del sistema inmune de las mucosas en respuesta a la presentación de antígenos, tales como bacterias, virus u hongos, se contempla como posible mecanismo desencadenante de la PSH. Se ha documentado la existencia de niveles séricos elevados de IgA1, complejos inmunes que contienen IgA1 (de pequeño peso molecular), IgA- ANCA, IgA- FR en los pacientes con PSH. En aquellos que, además, presentan nefritis (PSHN), se detectan complejos inmunes circulantes IgA1-IgG de gran masa molecular. Así mismo, los niveles séricos de de IgA1 con defecto de galactosa (Gd-IgA1) son significativamente más elevados en los pacientes con PSHN que en los controles sanos y en los pacientes con PSH sin nefritis.

Recientemente, se ha demostrado que los niveles en sangre y en orina de leucotrieno B4 (LTB4), potente activador de los neutrófilos e inductor de su quimiotaxis, son más altos en los pacientes con PSH y nefritis. Mientras que, los niveles de lipoxina A4 (LXA4), inhibidora de la activación y reclutamiento de los neutrófilos e inhibidora de la producción de citoquinas proinflamatorias, son más bajos. Estos hallazgos pueden ayudar a explicar el papel prominente de los neutrófilos en la patogénesis de la PSH(5).

Manifestaciones clínicas

En la PSH existirá, principalmente y por este orden, afectación cutánea, digestiva, articular y renal.

Manifestaciones cutáneas

La lesión cutánea característica es la púrpura palpable, presentando el paciente desde petequias a grandes equimosis, pudiendo estar precedidas de un exantema maculopapular eritematoso o urticarial. Aparecen de forma simétrica en las zonas declive (miembros inferiores y nalgas) (Figs. 1 y 2), aunque también pueden encontrarse en los brazos, cara, orejas y espalda. Al inicio del cuadro, puede acompañarse de edema de cuero cabelludo, cara, manos, pies y escroto, sobre todo en niños pequeños. Las lesiones ampollosas o hemorrágicas y necróticas son raras en los niños (2%), ocurriendo hasta en el 60% del paciente adulto.

 


Figuras 1 y 2. Exantema característico de púrpura de Schönlein-Henoch: púrpura palpable en miembros inferiores

 

Manifestaciones digestivas

Se describen en el 50-75% de los pacientes, siendo el primer síntoma de la enfermedad en el 14-36% de los casos. Se producen como consecuencia del edema y la hemorragia secundaria a la vasculitis de la pared intestinal. El síntoma más frecuente es el dolor abdominal de tipo cólico. Otras manifestaciones pueden ser: hemorragia digestiva (masiva en el 2%), invaginación intestinal, úlceras, perforaciones, pancreatitis aguda, hydrops de la vesícula biliar y enteropatía pierde proteínas.

Manifestaciones articulares

La artritis o artralgia puede ser el primer síntoma de la enfermedad en el 15-25% de los pacientes, encontrándose algún grado de afectación articular en el 82% de los casos. Característicamente, la inflamación es periarticular, dolorosa, sin eritema ni calor pero con limitación, afectando con mayor frecuencia a las grandes articulaciones de miembros inferiores. Son transitorias y se resuelven en pocos días sin dejar deformidad.

Manifestaciones renales

Se producen en el 20-50% de los pacientes y es el factor pronóstico más importante de la enfermedad. La afectación renal se manifestará con: hematuria microscópica/macroscópica, proteinuria, síndrome nefrótico/nefrítico, fracaso renal e hipertensión, siendo la afectación severa en el 5-7% de los casos. Se desarrollará durante el 1º mes de la enfermedad en el 75-80% de los pacientes, y en el 97-100% de los casos a los 3 meses de inicio de la enfermedad. Se han descrito pocos casos en los que la afectación renal se desarrolló varios años después de la presentación de la enfermedad.

Manifestaciones neurológicas

Son raras, aunque la cefalea seguida de una ligera encefalopatía con mínimos cambios en el estado mental, tales como: labilidad emocional, apatía e hiperactividad, podría ser más frecuente de lo que se pensaba. Podemos encontrar alteraciones electroencefalográficas y convulsiones. Se han descrito casos de hematoma subdural, hemorragia subaracnoidea, hemorragia cerebelosa, sangrado intraparenquimatoso e infarto.

Manifestaciones pulmonares

La afectación pulmonar es rara. Aunque ocurre con mayor frecuencia en el adulto, se han descrito casos aislados en los niños de hemorragia difusa alveolar, neumonía intersticial y fibrosis intersticial.

Manifestaciones urológicas

La orquitis es un hallazgo relativamente común en el niño con PSH, encontrándose hasta en el 24% de los casos. Puede llegar a ser necesaria la exploración quirúrgica para descartar la existencia de torsión testicular(1,4-6).

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad es fundamentalmente clínico. Las diferentes pruebas complementarias irán encaminadas a descartar otras patologías y a conocer el alcance de la enfermedad.

No existen pruebas de laboratorio específicas para el diagnóstico de la enfermedad; por lo que, nos basaremos, fundamentalmente, en los hallazgos clínicos, precisándose en ocasiones hallazgos anatomopatológicos(5,7) (Tabla III). La investigación irá encaminada a descartar otros posibles diagnósticos y a conocer la extensión de la afectación orgánica. En el estudio inicial se incluirán: hemograma, coagulación, creatinina, urea e iones, perfil hepático y óseo, uroanálisis para detectar hematuria y proteinuria y, si fuese necesario, determinación de sangre oculta en heces. Si se identifica proteinuria en la tira reactiva, se determinará en orina de la mañana el índice proteína: creatinina. Si el diagnóstico fuese dudoso, añadiríamos un perfil autoinmune completo, incluyendo: ANA, antiDNAds, ANCA, inmunoglobulinas, C3 y C4. Podremos encontrar anemia, leucocitosis, un discreto aumento de la VSG y, en algunos casos, una función renal y/o hepática alteradas; en pacientes con proteinuria importante, podemos encontrar hipoalbuminemia. La trombocitosis se ha asociado con enfermedad más severa. Los estudios estándares de coagulación son habitualmente normales, aunque la actividad del factor XIII se encuentra disminuida en relación con enfermedad más severa; no se aconseja su determinación rutinaria. La IgA se encuentra elevada en la mitad de los pacientes y no se correlaciona con la severidad de la enfermedad; pueden encontrarse inmunocomplejos circulantes de IgA. El significado de la presencia de IgA ANCA en la PSH está aún en discusión. En general, el estudio básico inmunológico suele ser normal, encontrándose en alguna ocasión niveles descendidos de C3 y C4. En caso de existir sospecha de proceso infeccioso, en función de los síntomas encontrados, realizaríamos: hemocultivo, cultivo faringe, urocultivo y Rx de tórax. Si existe evidencia de infección estreptocócica reciente, determinaríamos los títulos de ASLO y antiDNA asa B. La investigación viral podría revelarnos la causa precipitante de la enfermedad. Si existe afectación renal, se recomienda realizar los controles y pruebas indicados en el Algoritmo 1. La biopsia cutánea, si se realizase (normalmente ante una presentación atípica y dudas diagnósticas), mostraría una vasculitis leucocitoclástica de pequeños vasos con depósitos de IgA e infiltración de neutrófilos y células mononucleares perivasculares. En la biopsia renal, podemos encontrar desde glomerulonefritis con lesiones focales y/o segmentarías hasta la formación de semilunas. También, encontraremos depósitos de IgA en la inmunofluorescencia. La ecografía abdominal puede mostrar un engrosamiento de las paredes del intestino delgado y grueso, ayudará a descartar la existencia de una invaginación intestinal. Realizaremos ecografía escrotal en los casos de escroto agudo para descartar la existencia de una torsión testicular(1,4-7).

 

 

Tratamiento

Dada la tendencia a la resolución espontánea de la enfermedad, el tratamiento en la mayor parte de los casos será de sostén, con reposo y analgesia.

Afectación cutánea

El reposo disminuye la aparición de nuevas lesiones cutáneas, no precisando, en general, tratamiento específico añadido. En caso de lesiones bullosas, existen notificaciones del éxito del tratamiento con corticoides. Se han utilizado también agentes ahorradores de corticoides, como la dapsona y la colchicina.

Afectación articular

Normalmente responden a tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos, aunque existen datos sobre la rápida respuesta y el acortamiento de la duración de los síntomas con el uso de corticoides.

Enfermedad gastrointestinal

El uso de prednisolona a 1-2 mg/kg (máximo, 60 mg) se podría considerar en niños con PSH y dolor abdominal moderado-severo, una vez descartada patología abdominal significativa, como la invaginación. En caso de vasculitis gastrointestinal muy severa (enteropatía pierde-proteínas y la hemorragia gastrointestinal severa, entre otras), se ha descrito el éxito del tratamiento con infusión de gammaglobulinas, pulsos de metilprednisolona y plasmaféresis. El dolor abdominal persistente o crónico es poco común, pero parece responder a metotrexate o micofenolato mofetilo, aunque deben ser valorados sus efectos secundarios gastrointestinales.

Enfermedad renal

El tratamiento de la PSHN sigue siendo controvertido, no existiendo evidencia suficiente sobre la mejor guía de tratamiento para la PSHN establecida. Se proponen tratamientos con: prednisolona, metilprednisolona, ciclofosfamida, azatioprina, ciclosporina A, micofenolato mofetilo, dipiridamol, warfarina, plasmaféresis y rituximab. Los efectos antihipertensivos y renoprotectores de los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o de los antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA II) están bien documentados en el adulto con hipertensión y/o insuficiencia renal crónica. En un estudio retrospectivo más reciente, aportan su experiencia positiva con el tratamiento de la PSH con nefropatía severa y la nefropatía IgA con la combinación de esteroides, ciclofosfamida, IECA y ARA II, consiguiendo una respuesta adecuada en el 54% de los niños con cambios histológicos severos (> estadio III) en la biopsia inicial(8-11).

Pronóstico

Las manifestaciones digestivas condicionan el pronóstico a corto plazo, en el momento de la púrpura; mientras que, la afectación renal condicionará el pronóstico a largo plazo.

La PSH es generalmente una enfermedad autolimitada (en 2-4 semanas), aunque hasta el 33% de los pacientes pueden presentar síntomas recurrentes (entre 1 y 6 episodios). Estas recurrencias suelen acontecer durante los 2-3 primeros meses, aunque se describen recaídas que sobrepasan los 18 meses del inicio de la enfermedad. Normalmente, los síntomas son similares a los del debut y parece ser que aquellos pacientes con afectación renal pueden recaer con mayor facilidad. El pronóstico a largo plazo de los niños con PSH se relaciona predominantemente con la existencia de enfermedad renal. Aunque ningún hallazgo es absolutamente predictivo, muchos estudios coinciden en que la presencia de síndrome nefrítico/nefrótico, la disminución de la actividad del factor XIII, la hipertensión, el desarrollo del fallo renal al inicio de la enfermedad y la presencia de esclerosis glomerular/semilunas/afectación tubulointersticial (lesiones histopatológicas clase IV y V), se definen como factores de mal pronóstico; de tal manera que, aunque puedan presentar una recuperación inicial, en el seguimiento a largo plazo (más de 20 años en algunos casos), casi la mitad de estos pacientes pueden presentar hipertensión o insuficiencia renal. Aquellas mujeres a las que se les diagnosticó una PSH durante la infancia, presentarán con mayor frecuencia hipertensión arterial y proteinuria durante el embarazo. El tratamiento inicial de la PSH con corticoides no previene el desarrollo de nefritis(6). Por todo lo referido anteriormente, dado el potencial riesgo de deterioro renal de los pacientes con historia de PSHN, se aconseja su seguimiento de por vida. En aquellos pacientes sin alteraciones del sedimento urinario y con tensiones arteriales normales, el seguimiento se podría abandonar a los 6-12 meses del inicio de la enfermedad o de la última recaída.

Enfermedad de Kawasaki

Introducción

La enfermedad de Kawasaki (EK) es una vasculitis aguda y autolimitada. Constituye la causa más frecuente de enfermedad cardiaca adquirida en la infancia.

Fue descrita por primera vez por Tomisaku Kawasaki en Japón en 1967. Desde entonces su incidencia ha ido en aumento, describiéndose en todos los grupos raciales y étnicos. Su etiología es aún desconocida. Su importancia se debe a que el 15-25% de los niños no tratados desarrollan anomalías coronarias (AC) que puede conducir a infarto de miocardio, muerte súbita o enfermedad isquémica cardiaca. El tratamiento va dirigido a reducir la inflamación y prevenir el desarrollo de AC(12,13).

Epidemiología

Afecta a toda la edad pediátrica aunque, con mayor frecuencia, a menores de 5 años. La incidencia es más elevada en países asiáticos.

La EK afecta principalmente a niños entre 6 meses y 5 años, existiendo una mayor proporción de varones (1,5:1). La incidencia más alta se ha registrado en Japón(13). En nuestro país se estima que la incidencia anual acumulada es similar a la encontrada en Estados Unidos (20,8/100.000 niños menores de 5 años en 2006)(12). Durante el periodo 1998-2009, la incidencia en Noruega, Suecia y Finlandia fue de 5,4, 7,4 y 11,4, respectivamente; mientras que, en ese periodo en Japón, la incidencia aumentó de 111,7 a 218,6/100.000 niños menores de 5 años. Se desconocen las causas de este incremento, si bien ha contribuido un mejor reconocimiento y diagnóstico de la enfermedad(14). Las recurrencias son poco frecuentes (Japón 3% y Estados Unidos 1-2%). Los casos familiares son raros (0,7-2,1%) y el 50% aparecen en los 10 días siguientes al primer caso. En Japón existe un predominio de la enfermedad en los meses de invierno y primavera; si bien, el predominio estacional varía de unos países a otros(15).

Etiopatogenia

La EK se debe a una respuesta inmunológica inapropiada a uno o más agentes infecciosos que actuarían como desencadenantes en individuos genéticamente susceptibles (Tabla IV)(16,17).

 

 

La hipótesis que relaciona la EK con determinadas toxinas bacterianas estreptocócicas o estafilocócicas que actuarían como superantígenos es, hoy día, controvertida. El aumento de IgA en el tracto respiratorio que se detecta en pacientes con EK sugiere una puerta de entrada respiratoria del agente etiológico. El coronavirus New Haven ha sido identificado en secreciones respiratorias de niños con EK, así como el coronavirus y bocavirus(12,16).

Actualmente, existen múltiples estudios encaminados a identificar marcadores genéticos de susceptibilidad de la enfermedad, de severidad y de resistencia al tratamiento [CTL-4, caspasa 3, IL-10, IL-1B, CD40L, PD-1, ORAI1 e inositol 1,4,5 trifosfato3kinasaC(ITPKC)](12).

El paso que conduce a la arteritis coronaria aún no está aclarado, si bien la activación de células endoteliales, monocitos/macrófagos CD68, linfocitos CD8 y células plasmáticas IgA monoclonales parece estar implicada. Un trigger infeccioso aumentaría la producción de citocinas, como: TNF-a, IL 1 e IL 6, que inducirían nuevos antígenos endoteliales y se generarían anticuerpos contra ellos. Se produce un infiltrado de macrófagos y linfocitos en la pared arterial que secretan mediadores inflamatorios y enzimas que contribuirían al daño vascular. La inflamación acaba produciendo una destrucción de la media y la formación de aneurismas. En los estadios precoces, se produce una infiltración de neutrófilos que producirían óxido nítrico. Las células T reguladoras (Tregs) están disminuidas en sangre periférica en EK aguda y aumentados los Th17(16,17).

Se suelen afectar las arterias de tamaño medio extraparenquimatosas (celíacas, mesentéricas, femoral, ilíaca, renal, axilar y braquial) y, en especial, las arterias coronarias. Los aneurismas son más frecuentes en las zonas proximales y en las bifurcaciones, ya que son las zonas de mayor estrés de la pared arterial. El enlentecimiento del flujo en la zona dilatada favorece la formación de trombos. Las coronarias que se afectan con mayor frecuencia son la arteria coronaria izquierda, la descendente anterior y la coronaria derecha(13,16).

Clínica

En ausencia de una prueba diagnóstica específica o características clínicas patognomónicas, se han establecido unos criterios clínicos para ayudar al diagnóstico de EK (Tabla V)(13).

Es característico que todas las manifestaciones clínicas no se presenten a la vez en el tiempo, por lo que a veces es necesario esperar varios días antes de hacer el diagnóstico.

El término de Kawasaki incompleto se refiere a pacientes que, aunque no cumplen suficientes criterios, pueden ser diagnosticados de EK. Es más frecuente en menores de 1 año y mayores de 9. En 2004, la Asociación Americana de Cardiología ha desarrollado un algoritmo de actuación para la EK incompleta basada en opiniones de expertos que ayuda a usar los datos clínicos, analíticos y ecocardiográficos para mejorar el diagnóstico y tratamiento (Algoritmo 2). Debe considerarse el diagnóstico de EK en todos los niños con fiebre inexplicable de 5 o más días de duración con 2 ó 3 criterios clínicos principales y en cualquier niño menor de 6 meses con fiebre de más de 7 días de duración con hallazgos de laboratorio compatibles con inflamación y sin causa explicable de la fiebre(13).

Manifestaciones clínicas principales

 

Figura 3. Descamación periungueal en pies en fase subaguda.

 
 

Figura 4. Exantema inespecífico maculopapular.

 
 

Figura 5. Exantema perineal con descamación precoz.

 
 

Figura 6. Lactante irritable con labios rojos.

 

La fiebre suele ser elevada y sin tratamiento persiste una media de 11 días. Los cambios en las extremidades son característicos. En la fase aguda, suele aparecer eritema de palmas y plantas. Pueden estar, además, edematosas y el niño evita coger objetos y la deambulación. La descamación se inicia en la región periungueal a las 2 ó 3 semanas del comienzo de la fiebre y puede extenderse a palmas y plantas (Fig. 3). A los 5 días del inicio de la fiebre, suele aparecer un rash eritematoso. Puede presentarse de muchas formas, aunque la más frecuente es una erupción maculopapular difusa inespecífica (Fig. 4). A veces, se manifiesta como: urticaria, rash escarlatiniforme, eritrodermia, similar al eritema multiforme o, menos frecuente, erupción micropustular. No se han descrito las formas bullosas, vesiculares y petequias. Suele localizarse en tronco y extremidades, acentuándose en la región perineal, donde puede aparecer una descamación temprana (Fig. 5). La inyección conjuntival bilateral suele aparecer poco después del inicio de la fiebre. Afecta de forma característica a la conjuntiva bulbar y no se asocia a exudado, edema conjuntival o ulceración corneal. Normalmente no es dolorosa. Los cambios en los labios y la cavidad oral incluyen: eritema (Fig. 6), sequedad, fisuras, descamación, grietas y sangrado de labios, lengua aframbuesada indistinguible de la escarlatina y eritema difuso de la mucosa orofaríngea. No suelen verse ni úlceras orales ni exudado faríngeo. La linfadenopatía cervical es la menos frecuente de todas las características clínicas principales. Suele ser unilateral y localizada en el triangulo cervical anterior. Para que sea criterio de la EK, debe haber una o más linfadenopatías mayores de 1,5 cm de diámetro. Suele ser firmes, no fluctuantes y sin eritema en la piel. Pueden aparecer otras manifestaciones descritas en la tabla VI(12,13).

 

 

Manifestaciones clínicas cardiovasculares asociadas

En los primeros 10 días, no suelen detectarse aneurismas coronarios, pero puede apreciarse mediante ecocardiografía un aumento de la brillantez que rodea la luz arterial o ectasias. Esta lesión precoz puede resolverse o evolucionar hacia aneurismas. También, se puede observar disminución de la función ventricular, regurgitación valvular o derrame pericárdico. Los aneurismas se suelen detectar en la fase subaguda (4-6 semanas de enfermedad)(12,13).

Hallazgos de laboratorio

Las pruebas de laboratorio no son específicas, pero pueden contribuir al diagnóstico (Tabla VI). Suelen normalizarse de 6 a 10 semanas después del inicio de la enfermedad. El biomarcador N-terminal tipo pro-B péptido natriurético (NT-pro BNP) se correlaciona con marcadores de inflamación, estrés oxidativo y disfunción diastólica cardiaca. Algunos estudios sugieren que se eleva en pacientes con EK en comparación con controles febriles y que podría servir como dato analítico suplementario para el diagnóstico de EK incompleto, incluso podría ser marcador de riesgo de desarrollo de AC(12,13).

Diagnóstico diferencial

El polimorfismo de los signos y síntomas obliga a considerar un amplio diagnóstico diferencial que incluye procesos infecciosos, alérgicos o tóxicos y reumatológicos. El diagnóstico precoz, fundamentalmente de los casos atípicos, puede ser difícil.

Infecciones

• Estreptocócicas y estafilocócicas mediadas por toxinas: en el caso de la escarlatina, existe exudado amigdalar, cultivo faríngeo positivo y respuesta al tratamiento con penicilina. En el shock tóxico, existe afectación renal, hipotensión y elevación de la creatinkinasa.

• Sarampión: es típica la presencia de conjuntivitis supurativa, las lesiones de Koplik y la aparición del rash predominantemente en la cara.

• Adenovirus: la conjuntivitis suele ser supurativa, y se puede utilizar para su diagnóstico los cultivos virales y la reacción en cadena de la polimerasa.

• Otras: virus de Epstein-Barr, parvovirus B19, rickettsias, leptospiras.

Otros

Reacciones medicamentosas, artritis idiopática juvenil de comienzo sistémico, poliarteritis nodosa, lupus eritematoso sistémico, fiebre reumática, enfermedad del suero, Stevens-Johnson y síndromes autoinflamatorios (fiebre periódica asociada al receptor de TNF, síndrome hiper IgD, síndromes periódicos asociados a criopirinas)(12,13).

Tratamiento

El tratamiento con IGIV dentro de los 10 primeros días del comienzo de la enfermedad disminuye la incidencia de AC desde un 20-25% a menos de un 5%.

Ya que no se ha podido establecer un score de riesgo que nos permita distinguir a pacientes con mayor probabilidad de desarrollar aneurismas, todos los pacientes diagnosticados de EK deben ser tratados con IGIV.

La aspirina se emplea por sus efectos antiinflamatorios (a dosis alta) y antitrombóticos (dosis bajas). Aunque no está demostrado que reduzca la incidencia de dilatación coronaria, sí parece disminuir la incidencia de infartos miocárdicos fatales. La dosis a emplear es controvertida, ya que no existen estudios de calidad. En la mayoría de los centros se suele emplear a dosis altas de 80-100 mg/kg/día en 4 dosis durante la fase aguda del proceso; mientras que, en Japón se emplea a dosis moderada (30-50 mg/kg/día). Cuando el paciente lleva 48-72 horas afebril, la dosis de aspirina se reduce a dosis antitrombóticas (3-5 mg/kg/día). El uso de ibuprofeno concomitante antagoniza el efecto antitrombótico de la aspirina. Los pacientes que reciben salicilatos de forma crónica deben vacunarse anualmente de la gripe y estar vacunados de la varicela(12,13).

La IGIV se utiliza a dosis elevadas (2 g/kg) en una sola infusión. Su mecanismo de acción no es del todo conocido, parece tener un efecto antiinflamatorio, disminuyendo la producción de citocinas proinflamatorias y aumentando la producción de antagonista del receptor de IL1(17). Es un producto seguro, con efectos secundarios poco frecuentes: reacción infusional, anafilaxia, urticaria, meningitis aséptica, anemia hemolítica autoinmune, tromboembolismo y fallo renal agudo. Aunque sólo se han demostrado los beneficios para pacientes tratados en los primeros 10 días de la enfermedad, algunos autores recomiendan su empleo en niños con evidencia de inflamación persistente, con o sin alteraciones coronarias, que son diagnosticados después de esta fecha. Una vez administrada, deben esperarse 11 meses para la vacunación de virus vivos.

La utilización de corticoides es controvertida. En un metaanálisis reciente, concluyen que la combinación de corticoides con el régimen convencional de IGIV como tratamiento inicial reduciría el riego de desarrollo de aneurismas coronarios sin aumentar los efectos secundarios(18,19).

Tratamiento de la enfermedad de Kawasaki refractaria

Entre 11,6 y 38,3% de pacientes tratados inicialmente con IGIV y aspirina a dosis alta, tienen fiebre persistente 24-48 horas tras la primera dosis de IGIV o bien recurre a las 36 horas o más después de completar la infusión de IGIV. Estos pacientes tienen mayor riesgo de desarrollo de AC. La mayoría de los expertos recomiendan retratamiento con IGIV a 2 g/kg, previa reevaluación clínica por si el diagnóstico inicial cambia. En algunos estudios, se ha señalado que los pacientes retratados que reciben la 2ª dosis de IGIV precozmente (antes de los 10 días del inicio de la enfermedad) tienen menor prevalencia de aneurismas coronarios. Recientemente, se ha publicado que el tratamiento con infliximab (anticuerpo monoclonal anti TNF-a) puede ser tan seguro y efectivo como la IGIV en EK refractaria en cuanto a duración de síntomas; si bien, en estudios retrospectivos no se han encontrado diferencias en cuanto a la aparición de aneurismas entre el grupo de infliximab y el de IGIV(20). En caso de fracaso de la 2ª dosis de IGIV, se pueden considerar pulsos de metilprednisolona (30 mg/kg durante 3 días), ciclofosfamida asociada a prednisona, ciclosporina o plasmaféresis.

Existen en la actualidad nuevos tratamientos de utilidad aún incierta por la falta de estudios, como la ulinastatina (inhibidor de la tripsina humana) que se ha probado en EK refractario a IGIV, el abciximab (anticuerpo monoclonal trombolítico), que se ha empleado en pacientes con aneurismas gigantes en la fase subaguda, y atorvastin, estatina estudiada en ratones, que podría detener la inflamación en EK(13).

Pronóstico

Muchos casos de infartos en personas jóvenes (3ª-4ª década) son atribuidos a una infradiagnosticada EK en la infancia.

La mortalidad (0,17% en Estados Unidos) se relaciona siempre con secuelas cardiacas. La causa más frecuente de muerte es el infarto de miocardio por trombosis de aneurismas, que suele suceder durante el primer año de enfermedad(13).

La severidad de la anemia, trombocitopenia, hipoalbuminemia y elevación de alanino aminotransferasa (ALT) por encima de 200 U/L y PCR y VSG muy elevadas o persistentemente aumentadas se correlacionan con el riesgo de desarrollar AC. También, son factores de riesgo de aparición de AC las edades extremas y la larga duración de la fiebre antes del tratamiento (menores de 6 meses y mayores de 8 años suelen tener una presentación atípica, una mayor demora diagnóstica y probablemente a una mayor vulnerabilidad genética)(12).

En Japón se han desarrollado varios score de riesgo para predecir la resistencia a IGIV y poder tratar a estos pacientes de forma más agresiva (podrían beneficiarse de un tratamiento inicial con corticoides). Estos score no son aplicables a niños de Estados Unidos(12).

Un 7% de EK se presenta como shock, y se suele asociar con disfunción ventricular y refractariedad al tratamiento. El 1,9% de pacientes con EK desarrollaron un síndrome de activación macrofágica, manifestándose como fiebre resistente a IGIV y aumento de transaminasas.

El mejor pronóstico se asocia a los aneurismas fusiformes de menos de 8 mm de diámetro y el peor con los aneurismas gigantes (>8 mm de diámetro). En la mitad de los pacientes con aneurismas coronarios, estos regresan a largo plazo y en un 20% de los casos progresan hacia una estenosis coronaria.

El seguimiento evolutivo de pacientes con EK se basa en la estratificación de riesgo relativo de isquemia miocárdica. Se suele recomendar estudio ecocardiográfico al diagnóstico, a las 2 y a las 6-8 semanas del comienzo de la enfermedad, y en función de los hallazgos, se establecen los niveles de riesgo:

Nivel de riesgo I: pacientes sin AC en ninguno de los estadios. Pueden suspender tratamiento con aspirina a las 6-8 semanas de inicio de la enfermedad.

Nivel de riesgo II: pacientes con ectasia transitoria de la arteria coronaria en la ecocardiografía (desaparece durante la enfermedad aguda) que pueden recibir recomendaciones similares a las del nivel I y continuar reevaluación cardiológica cada 3-5 años.

Nivel de riesgo III, IV y V: pacientes con aneurismas que precisan mantener tratamiento con: aspirina, con anticoagulación si son aneurismas gigantes, restricción de actividad física y controles cardiológicos periódicos. La resonancia magnética angiográfica coronaria y la tomografía computada multicorte son herramientas no invasivas que en el futuro pueden reemplazar a la angiografía en el seguimiento de pacientes con aneurismas coronarios(13).

El riesgo cardiovascular a largo plazo en pacientes con EK sin AC es desconocido; si bien, parece que puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de arteriosclerosis precoz en la edad adulta debido a una disfunción endotelial, por lo que se deben generalizar a todos ellos las recomendaciones sobre factores de riesgo cardiovascular: dieta saludable, ejercicio moderado, peso adecuado, control de tensión arterial y evitar consumo y exposición al tabaco.

Panarteritis nodosa infantil (PAN)

Es una enfermedad rara en niños de etiología desconocida, aunque se han implicado el virus de la hepatitis B, la infección estreptocócica y los depósitos de inmunocomplejos. Se ha asociado con la fiebre mediterránea familiar. Se puede diagnosticar a un niño de PAN si en la biopsia presenta vasculitis necrotizante de arterias de pequeño y mediano calibre o angiografía patológica y al menos 1 de los siguientes: afectación de piel (lívedo reticularis, nódulos, infartos…), mialgias o debilidad muscular, hipertensión arterial en relación con su edad, mononeuropatía o polineuropatía o afectación renal (hematuria, proteinuria o afectación de la función renal)(1,2,7).

Poliarteritis cutánea

Es más frecuente en niños y se caracteriza por la presencia de nódulos subcutáneos dolorosos, lesiones no purpúricas, con o sin lívedo reticularis, sin afectación sistémica (excepto mialgia, atralgia y artritis no erosiva). Se asocia a menudo con antecedente de infección estreptocócica(1,2,7).

Vasculitis asociada a ANCA

Son vasculitis de mediano y pequeño vaso con elevada morbi-mortalidad y frecuentes recaídas. La granulomatosis de Wegener afecta al tracto respiratorio superior e inferior y riñones. 90% son ANCA positivos. Para diagnosticarla deben estar presentes al menos 3 de las 6 características: afectación renal (hematuria, proteinuria, glomerulonefritis pauciinmune necrotizante), granulomas necrotizantes en las biopsias, afectación de vía aérea superior, afectación laringotraqueobronquial, radiografía o TAC pulmonares patológicos y ANCA positivos. La poliangeítis microscópica es una enfermedad no granulomatosa necrotizante que afecta a vasos pequeños. Es característica la capilaritis pulmonar y glomerulonefritis necrotizante. Casi el 100% tienen afectación renal y se asocia con títulos elevados de ANCA. El Churg- Strauss es una vasculitis granulomatosa de vaso mediano y pequeño que afecta a pacientes con asma severa o alergia(1,2,7).

Arteritis de Takayasu

Vasculitis granulomatosa que afecta de forma primaria a los grandes vasos como la aorta y sus ramas. Se presenta en mujeres entre 10 y 30 años, con una incidencia mayor en asiáticos. Para su diagnóstico es necesaria anormalidad en arteriografía (convencional, angioRNM o angio TAC) de la aorta y sus ramas principales, más al menos una de las siguientes características: disminución del pulso arterial periférico y/o claudicación de extremidades, diferencia de presión mayor de 10 mmHg en cualquier miembro, soplo en la aorta o sus ramas principales, hipertensión en relación con su edad, aumento de reactantes de fase aguda(1,2,7).

Vasculitis primaria del sistema nervioso central

La incidencia en niños es desconocida, debido a lo poco frecuentes que son y a la carencia de un consenso para los criterios diagnósticos. Los criterios para adultos son: déficit neurológico con hallazgos típicos de vasculitis en la angiografía o histología. Lo más frecuente es que se manifieste como cefaleas y déficits neurológicos focales, aunque también aparecen con frecuencia disfunciones cognitivas y cambios de comportamiento. El papel de las diversas técnicas de neuroimagen en el diagnóstico y seguimiento de esta patología no está plenamente establecido. La biopsia craneal es la prueba oro, pero tiene una sensibilidad limitada debido a la naturaleza desigual de la enfermedad(1,2,7).

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Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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19.** Kobayashi T, Saji T, Otan T, Takeuchi K, Nakamura T, Arakawa H,et al. Efficacy of immunoglobulin plus prednisolone for prevention of coronary artery abnormalities in severe Kawasaki disease (RAISE study): a randomised, open-label,blinded-endpoints trial. Lancet. 2012; 379: 1613-20.

20. Son MB, Gauvreau K, Burns JC, Corinaldesi E, Tremoulet AH, Watson VE et al. Infliximab for Intravenous Immunoglobulin Resistance in Kawasaki Disease: A Retrospective Study. J Pediatr. 2011; 158: 644-9.

Bibliografía recomendada

– Tizard EJ, Hamilton-Ayres MJ. Henoch-Schönlein purpura. Arch Dis Child Ed Pract. 2008; 93(1): 1-8.

Completo artículo de revisión sobre la púrpura de Schönlein-Henoch.

– Saulsbury FT. Henoch-Schönlein purpura. Curr Opin Rheumatol. 2010; 22(5): 598-602.

Interesante artículo de revisión en el que se intenta ahondar sobre las cuestiones aún no resueltas sobre la PSH. Existe suficiente evidencia de la eficacia del tratamiento con corticoides del dolor abdominal y articular, así como de la ineficacia del tratamiento con corticoides en la prevención de la nefritis.

– Vila Cots J. Púrpura de Schönlein-Henoch: participación renal. An Pediatr Contin. 2012; 10(3): 121-6.

Artículo muy reciente en el que se hace una amplia y magnífica revisión del estado actual del tratamiento de la PSH con nefritis.

– Newburger J, Takahashi M, Gerber M, Gewitz M, Tani L, Burns J, Shulman S, et al. Diagnosis, Treatment, and Long-Term Management of Kawasaki Disease: Statement for Health Professionals From the Committee on Rheumatic Fever, A Endocarditis, and Kawasaki Disease, Council on Cardiovascular Disease in the Young, American Heart Association. Pediatrics. 2004; 114: 1708-33.

Completa y estupenda revisión de EK con algoritmo de manejo de EK incompleto muy útil para la práctica diaria.

– Kobayashi T, Saji T, Otan T, Takeuchi K, Nakamura T, Arakawa H, et al. Efficacy of immunoglobulin plus prednisolone for prevention of coronary artery abnormalities in severe Kawasaki disease (RAISE study): a randomized, open-label, blinded-endpoints trial. Lancet. 2012; 379: 1613-20.

Realizado en 74 hospitales japoneses, en los que el grupo que añade prednisolona a 2 mg/kg/día i.v. en la fase aguda de EK grave resulta superior que el grupo de IGIV en cuanto a prevención de AC, reducción de la necesidad de retratamiento y rápida resolución de fiebre y parámetros inflamatorios.

 

Caso clínico
 

Figura 7. Ecografía abdominal.

 

Niña de 2 años y 11 meses que ingresa por cuadro de 5 días de evolución consistente en: náuseas continuas, vómitos esporádicos, prácticamente diarios, anorexia, decaimiento, astenia y apatía. Los padres refieren que duerme mucho más de lo habitual. Hace 8 días presentó vómitos (unos 5-6 episodios) que se autolimitan en menos de 24 horas. Dos días más tarde, la madre tuvo un cuadro similar, con cefalea, vómitos y otalgia, que cede en 12 horas.

Antecedentes personales

Bronquitis recurrentes hasta los 2 años, resto sin interés.

Antecedentes familiares

Madre con asma extrínseca, metrorragias con anemia secundaria y migrañas. Tío paterno, con 5 años presentó una púrpura de Schönlein-Henoch con manifestaciones cutáneas tras faringoamigdalitis, posteriormente fallece a los 27 años por carcinoma renal. Abuela materna acidosis tubular renal.

A la exploración por aparatos, sólo destacar cierto decaimiento, se duerme con facilidad pero despierta durante la exploración con rapidez y colabora, abdomen ligeramente distendido con aumento de la peristalsis, sin otros hallazgos.

Pruebas complementarias al ingreso

Hemograma: leucocitos: 20.000/ul con 70% de PMN, Hb: 13,5 g/dl, plaquetas: 449.000/ul. Coagulación: normal. Bioquímica básica, renal y hepática, amilasa: normales, proteínas totales 5,9 g/dl. PCR: 79,5 mg/L. EAB: normal. Orina: normal.

Evolución

Se instaura tratamiento con sueroterapia y omeprazol i.v. Durante las primeras 72 horas de ingreso, mantiene una situación clínica similar, quejándose muy ocasionalmente de dolor abdominal que cede en pocos minutos, náuseas y algún vómito. Transcurrido ese tiempo, se intensifica el dolor cólico, en hipogastrio y periumbilical, asociado a llanto, sin datos a la exploración de irritación peritoneal. Se realiza ECO abdominal (Fig. 7): cambios inflamatorios en asas intestinales, más acusados en segmento corto yeyunal con pared de 6 mm, con líquido y focos lineales ecogénicos en su interior. Se aprecia aumento de la vascularización en el asa edematosa, lo que no sugiere un proceso isquémico. Analítica de control sin cambios, salvo prot. T 4,9 g/dl. A las 30 horas, se evidencian lesiones de 2-3 mm ligeramente sobreelevadas, petequiales en miembros inferiores y nalgas. Ante la persistencia del dolor abdominal moderado-severo y la afectación del estado general de la niña, se instaura tratamiento con metilprednisolona i.v. a 2 mg/kg/día fraccionado en 3 dosis, con lo que la paciente mejora sustancialmente. Cede el dolor, se aclaran las lesiones y mejora la ingesta a los 3 días de iniciado el tratamiento con corticoides. Orinas y tensiones arteriales reiteradamente normales.

 

 
 

 

 

Semiología y pruebas de laboratorio en Reumatología

Regreso a las bases

 

R. Merino, R. Alcobendas

Reumatología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz. Madrid

 

Pediatr Integral 2012; XVII(1): 69.e1-69.e5


Semiología y pruebas de laboratorio en Reumatología

 

Introducción

La Reumatología se ocupa de las enfermedades no quirúrgicas que afectan a un órgano, el sistema músculo-esquelético, así como de una forma de enfermar en la que dicho sistema está implicado, las enfermedades autoinmunes y las enfermedades autoinflamatorias(1).

Los pacientes generalmente consultan por dolor, artritis, cojera, fiebre y lesiones cutáneas. Se trata de síntomas inespecíficos que, aislados o asociados, se observan en procesos banales y en patologías graves de etiología múltiple (Tabla I).

 

 

Este artículo pretende ofrecer una visión de conjunto de las enfermedades reumáticas, considerando que la anamnesis y la exploración son el pilar básico para establecer el diagnóstico de sospecha, que posteriormente se confirmará con las pruebas complementarias.

Manifestaciones clínicas

Dolor

El dolor es un motivo de consulta habitual. La historia clínica debe recoger sus características: 1) comienzo relacionado con traumatismo o microtraumatismos de repetición (sobreuso); 2) tiempo de evolución; 3) localización e irradiación; y 4) ritmo (mecánico cuando aparece con el ejercicio y cede con el descanso, inflamatorio si ocurre durante el reposo y mixto si se presenta en ambas situaciones). Así mismo, interesa conocer si limita total o parcialmente las actividades del paciente.

Etiología del dolor según los grupos de diagnóstico de la tabla I.

• En la artritis idiopática juvenil (AIJ), el dolor lo origina la artritis. A veces puede ser severo, aunque en general es poco intenso, siendo más llamativa la rigidez tras el reposo. También es dolorosa la entesitis (inflamación en los lugares de inserción de tendones, fascias y ligamentos) típica de la artritis relacionada con entesitis (ArE), una categoría de AIJ.

• Las conectivopatías pueden doler por artritis y serositis en el caso del lupus eritematoso sistémico (LES), por miositis en la dermatomiositis juvenil (DMJ) y por las úlceras vasculíticas distales en la esclerosis sistémica.

• La púrpura de Schönlein-Henoch cursa con dolor abdominal por vasculitis intestinal y con dolor articular por edema subcutáneo, que simula una artritis.

• En cuanto a las enfermedades autoinflamatorias, las lesiones cutáneas en ocasiones provocan sensación de quemazón.

• Dentro de los procesos mecánicos son dolorosas las fracturas, los esguinces, las lesiones por sobreuso y las osteocondrosis. Estas últimas son un grupo heterogéneo de trastornos con unos datos comunes: a) predilección por el hueso en formación; b) afectación de apófisis y epífisis; y 3) imágenes radiológicas características (Tabla II). A su vez, la hiperlaxitud articular facilita una movilidad exagerada y es un motivo de artralgias (dolor articular sin tumefacción).

 

 

• La artritis séptica es bastante dolorosa y el primer diagnóstico de sospecha en menores de 3 años con artritis y aumento de los reactantes de fase aguda(2). En la osteomielitis, el dolor se localiza a punta de dedo. La espondilodiscitis y la sacroileítis ocasionan una marcha anómala por dolor lumbar y la miositis aguda benigna produce impotencia funcional transitoria debida a la inflamación dolorosa de los músculos, fundamentalmente de los gemelos.

• Las leucemias y otros procesos malignos a veces debutan con artritis, aunque es más frecuente que originen dolor óseo intenso sin evidencia de signos inflamatorios.

• En el grupo Otros, el dolor depende de la enfermedad. Cuando un paciente consulta por molestias de años de evolución con escasa o nula limitación funcional y exploración normal, casi siempre se diagnostica de dolor inespecífico, sin una causa orgánica que lo justifique. Los dolores de crecimiento se localizan en las piernas de forma bilateral y alternante, en niños entre 3 y 12 años a los que despierta por la noche. Cursan con periodos libres de síntomas y no alteran la actividad diurna. Su etiología es desconocida, aunque algunos autores los atribuyen a sobreuso y para otros estarían incluidos en los síndromes de amplificación del dolor(3). Finalmente la osteoporosis no duele salvo que asocie fracturas.

Artritis

La artritis o sinovitis es la inflamación articular que asienta en articulaciones superficiales como la rodilla, dando lugar a tumefacción, o en articulaciones profundas, como la cadera sin tumefacción perceptible.

Causas de artritis según los grupos diagnósticos de la tabla I:

• En la AIJ el número de articulaciones inflamadas define la forma de comienzo y la evolución de la enfermedad. Por otra parte, las espondiloartropatías en los niños y jóvenes comienzan con artritis periférica y entesitis, siendo tardía la afectación axial en columna y/o articulaciones sacroiliacas. Para denominarlas se estableció el término ArE.

• La artritis de las pequeñas articulaciones de las manos es frecuente en el LES.

• En la enfermedad de Kawasaki, la inflamación articular no es un síntoma precoz, aparece cuando el paciente ha superado la fase aguda.

• La artritis en las enfermedades autoinflamatorias puede ser semejante a la de la AIJ, tratarse de una artropatía por sobrecrecimiento óseo en el caso de algunas criopirinopatías e incluso corresponder a un aumento de partes blandas y no a una artritis verdadera.

• La artritis traumática, como los esguinces y las roturas fibrilares, son excepcionales en los menores de 10 años. La enfermedad de Perthes simula una artritis de cadera, que hay que diferenciar de la artritis séptica y de la sinovitis transitoria (Tabla III). Clásicamente la sinovitis transitoria de cadera está incluida en los procesos mecánicos, a pesar de tratarse de un proceso inflamatorio idiopático, transitorio y autolimitado(4).

 

 

• La artritis séptica bacteriana suele ser monoarticular, sin embargo la artritis vírica habitualmente tiene un curso poliarticular.

• La hemofilia y otros trastornos de coagulación en ocasiones debutan con hemartros, simulando artritis.

• Finalmente, el grupo Otros abarca la artritis transitoria sin una etiología infecciosa o traumática definida que remite en pocos días, así como aquellos cuadros clínicos en los que el paciente tiene sensación de inflamación articular que la exploración no confirma.

Fiebre

Características de la fiebre según los grupos etiológicos de la tabla I:

• La presencia de fiebre es un criterio diagnóstico de AIJ sistémica (AIJs). Debe ser diaria en picos hasta 39°C, durante al menos dos semanas y objetivarse tres días seguidos. A su vez, la fiebre y la diarrea en un adolescente con ArE sugiere una posible enfermedad inflamatoria intestinal.

• En el grupo de las conectivopatías, el LES presenta fiebre, pérdida de peso, astenia y anorexia. La DMJ, en cambio, se caracteriza por la falta de fuerza para movimientos como subir o bajar escaleras y levantarse desde el suelo, sin manifestar síntomas constitucionales en la mayoría de los pacientes pediátricos.

• La púrpura de Schönlein-Henoch no muestra fiebre salvo que se acompañe de una infección respiratoria; mientras que, la fiebre es un criterio para el diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki y de otras vasculitis.

• Respecto a las enfermedades autoinflamatorias, son responsables de cuadros febriles periódicos, recurrentes o persistentes. Los avances en su identificación y tratamiento han mejorado el pronóstico de los afectados, que hasta hace pocos años se diagnosticaban de fiebre de origen desconocido(5).

• Por último, conviene destacar que la primera posibilidad en un niño febril es la causa infecciosa, que las leucemias y tumores forman parte del diagnóstico diferencial de la fiebre prolongada y que, en los procesos mecánicos y los de grupo Otros, la fiebre no existe o es una consecuencia de procesos intercurrentes.

Cojera

La cojera se debe a la alteración de la marcha causada por dolor, debilidad o deformidad. Puede ser antiálgica cuando constituye un mecanismo de protección contra el dolor, y no antiálgica si corresponde a una adaptación frente a disfunción de los sistemas neuromuscular u osteoarticular. En una consulta de Reumatología, representa el 45% de los motivos de consulta, siendo de etiología inflamatoria en el 22% de los casos, infecciosa en el 17%, por sinovitis transitoria de cadera en el 13% y el 48% restante pertenece a un grupo heterogéneo de patologías(6).

Manifestaciones cutáneas

Siguiendo el esquema previo, se especifican algunas peculiaridades de las lesiones cutáneas según los grupos diagnósticos de la tabla I:

• El exantema maculopapuloso evanescente que se intensifica con la fiebre y asienta en la raíz de los miembros y el tronco es otro criterio diagnóstico de AIJs. La psoriasis y el antecedente de familiares con la misma son criterios de artritis psoriásica juvenil.

• El paciente con LES suele presentar en la cara el exantema en alas de mariposa y el afectado por DMJ, las pápulas de Gottron sobre las superficies dorsales de las pequeñas articulaciones de las manos.

• La púrpura de Schönlein-Henoch se identifica por las lesiones de púrpura palpable en las zonas declive y la enfermedad de Kawasaki ocasiona exantemas polimorfos.

• La mayoría de las enfermedades autoinflamatorias tienen participación cutánea.

• Un exantema puede sugerir una infección vírica, al tiempo que los niños con trastornos de coagulación manifiestan hematomas en lugares poco habituales.

• Los procesos mecánicos normalmente no asocian lesiones cutáneas.

• En el grupo Otros, la urticaria y su frecuente localización periarticular es un diagnóstico a diferenciar de la artritis.

Pruebas de laboratorio

Los test de laboratorio, además de apoyar una sospecha diagnóstica, ayudan a monitorizar la respuesta al tratamiento de los pacientes. En general son poco específicos y carecen de interés cuando se alteran de forma aislada. Por ello, su uso indiscriminado es un gasto inútil y una fuente de problemas innecesarios para el paciente, su familia y el médico.

Hace tiempo, cuando un niño presentaba fiebre o dolor músculo-esquelético, se realizaban “las pruebas reumáticas”. Tales pruebas eran la proteína C reactiva (PCR), el factor reumatoide (FR) y la antiestreptolisina O (ASLO). En la actualidad, esas determinaciones se practican con objetivos determinados. La PCR se solicita para confirmar inflamación o infección. El FR tiene interés en la forma poliarticular de AIJ. Por último, el ASLO elevado sin síntomas de fiebre reumática, entidad infrecuente en la actualidad, se interpreta como la respuesta normal a una infección faríngea por S. pyogenes y no precisa seguimiento.

El papel del pediatra general es reconocer las diferentes patologías reumáticas y derivar a los pacientes que lo requieran a un centro especializado (Tabla IV). Pero, igualmente, debe saber interpretar las pruebas de laboratorio más habituales(7-9).

 

 

Reactantes de fase aguda

En la tabla V, se exponen las principales proteínas relacionadas con inflamación.

 

 

• La velocidad de sedimentación globular es una medida indirecta de la reacción de fase aguda, que depende de la concentración de fibrinógeno. Posee algunos inconvenientes, puesto que los valores se modifican con la edad, con la forma y el tamaño de los hematíes y con la presencia de proteínas no inflamatorias. Aun así, continúa siendo útil para evaluar la inflamación. Su determinación es simple, reproducible, barata y existe una amplia experiencia de su manejo.

• La PCR se sintetiza en el hígado y mide de forma directa la reacción de fase aguda, guardando una estrecha relación con la intensidad de la inflamación. Es un buen parámetro para el seguimiento de los procesos inflamatorios por tener una cinética de respuesta muy rápida. Aumenta a las 4-6 horas del estímulo y alcanza el pico en las primeras 24-48 horas; mientras que, el fibrinógeno lo logra a los 7 ó 10 días desde el comienzo. Hasta ahora, la mayoría de los laboratorios la determinan con la técnica semicuantitativa de aglutinación con látex, aunque está prevista la generalización de métodos más sensibles.

• La ferritina es otro reactante de fase aguda. Su síntesis y expresión las regulan el hierro sérico, la interleucina (IL)-1, la IL-6, el factor de necrosis tumoral, algunas hormonas y el estrés oxidativo. Se incrementa en las enfermedades inflamatorias; de hecho, en el síndrome de activación del macrófago (SAM), la complicación más grave de la AIJs, su valor puede superar los 10.000 ng/ml.

Recuento de las células sanguíneas

• La anemia de las enfermedades reumáticas es multifactorial y se debe a acortamiento de la vida media del glóbulo rojo, disminución de la producción en médula ósea o menor absorción del hierro en el intestino. En los trastornos crónicos, como la AIJs, la ferritina aumenta, mientras que el valor corpuscular medio del hematíe, el hierro sérico y la transferrina disminuyen. Sin embargo, en el LES se puede apreciar anemia hemolítica autoinmune con un test de Coombs directo positivo, que difiere de la anemia hemolítica no autoinmune del SAM. En este último, la reacción inflamatoria desmedida activa los macrófagos y con ello la fagocitosis de todos los elementos formes de la sangre.

• La leucopenia y la linfopenia son habituales en el LES y la leucocitosis en las categorías de AIJs, poliartritis y ArE. A su vez, en los procesos malignos la serie blanca puede encontrarse aumentada o disminuida.

• La trombocitosis moderada es la norma en las enfermedades reumáticas y la trombocitosis significativa una característica evolutiva de la enfermedad de Kawasaki. Por el contrario, la trombopenia es un dato sugerente de LES y de síndrome antifosfolípido (SAF).

Tests específicos en Reumatología

• Los anticuerpos antinucleares (ANA) son autoanticuerpos que reaccionan con material nuclear. Se asocian con las categorías de AIJ de oligoartritis, poliartritis y artritis psoriásica y con un mayor riesgo de uveítis anterior crónica. Además, son un criterio de clasificación del LES. No obstante, conviene recordar que más del 20% de niños sanos o con enfermedades músculo-esqueléticas benignas tienen ANA (+). Determinados ANAs se asocian a enfermedades concretas (Tabla VI). Entre ellos los anti-DNA de doble cadena son muy útiles en el seguimiento de los pacientes con LES y participación renal, en los que pueden predecir recaídas.

 

 

La técnica más exacta para la determinación de los ANA es la inmunofluorescencia (IF) frente a células del epitelio humano (Hep-2) las cuales poseen un núcleo muy grande y expresan más de 100 antígenos nucleares. También, se utiliza un método comercial automatizado con enzyme-linked immunosorbent assay (ELISA), que tiene la desventaja de no disponer de todos los antígenos nucleares y puede proporcionar resultados falsos negativos.

• El FR es una inmunoglobulina (Ig), típicamente de clase M, dirigida contra la porción Fc de la IgG. En Reumatología Pediátrica se utiliza para clasificar la AIJ en poliartritis FR (+) y poliartritis FR (-). A diferencia de la artritis reumatoide (AR) del adulto en donde la mayoría de los pacientes son FR (+), el total de casos positivos en niños con AIJ ronda el 3%. Sin embargo, se considera que el curso evolutivo de ese pequeño grupo es especialmente agresivo.

• Los anticuerpos antipéptido citrulinado son muy específicos de AR y están presentes incluso antes del comienzo de los síntomas, indicando mal pronóstico. Su significado en AIJ no ha sido establecido.

• Los anticuerpos anticitoplasma del neutrófilo (ANCA) parecen jugar un papel patogénico en las vasculitis sistémicas con las que se asocian. Se determinan mediante dos métodos, IF indirecta y ELISA. La IF detecta dos patrones, el citoplásmico (c-ANCA) y el perinuclear (p-ANCA). El ELISA mide los anticuerpos dirigidos contra dos antígenos, la proteinasa 3 (PR3) y la mieloperoxidasa (MPO) localizadas en gránulos de los neutrófilos y los macrófagos. Generalmente el patrón c-ANCA se relaciona con un ELISA positivo para PR3 y ambos con la Granulomatosis de Wegener. Por el contrario, el patrón p-ANCA lo hace con un ELISA positivo para MPO y suele corresponder a una poliangeítis microscópica. Aunque las asociaciones entre técnicas y enfermedades no es rígida y cabe la posibilidad de ANCAs (+) en otras enfermedades autoinmunes, en infecciones y tras exposición a algunos fármacos.

• Los anticuerpos antifosfolípido (AAF) aumentan el riesgo de trombosis arterial y venosa. En los niños con frecuencia son positivos transitoriamente en relación con infecciones. Cuando persisten y se cumplen los criterios definidos al respecto, el cuadro clínico se denomina SAF, que puede ser primario sin una enfermedad subyacente, o secundario casi siempre a LES.

Los tres métodos más comunes para determinar los AAF son el anticoagulante lúpico (AL), un ELISA para anticardiolipina IgG e IgM y un ELISA para antiß2-glicoproteína-I IgG e IgM. Es habitual que en el laboratorio de los pacientes con AL (+) los tiempos de coagulación (tiempo parcial de tromboplastina activado y tiempo de veneno de víbora de Russel) se prolonguen paradójicamente, a pesar de tratarse de un estado clínico protrombótico. Parece ser que in vitro el AL interfiere con la habilidad de los fosfolípidos para promover trombosis y alarga los tiempos de coagulación referidos. La situación se distingue de un déficit de factores (VIII, IX u otro) porque la adición de plasma de individuos sanos no la corrige.

• En último lugar, el interés clínico de otras pruebas de laboratorio como las enzimas musculares, el complemento, la función renal, el ASLO y los test genéticos se muestran en la tabla VII.

 

 

Bibliografía

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