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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Prescribir películas para entender el embarazo en adolescentes

Terapia cinematográfica
en la infancia y adolescencia


J. González de Dios

Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital General Universitario de Alicante. Profesor del Departamento de Pediatría. Universidad Miguel Hernández. Alicante.
Autor del proyecto “Cine y Pediatría”

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (2): 142.e1 – 142.e8

 

Pediatría Integral inicia esta nueva sección para poner en relación la ciencia (pediátrica) con el arte (cinematográfico), y hacer del séptimo arte un instrumento más para cimentar la arteterapia en nuestro día a día. El objetivo, es prescribir películas de cine que todo pediatra pudiera ver para mejorar en ciencia y conciencia en nuestra práctica clínica habitual, tanto en temas médicos como sociales. Prescribir películas argumentales bajo la observación narrativa para extraer todas las emociones y reflexiones posibles. Para ser mejores médicos pediatras. Y, quizás, por qué no, para ser mejores personas.

 


Prescribir películas para entender el embarazo en adolescentes

https://doi.org/10.63149/j.pedint.24

 

Embarazo en adolescentes, prototipo de consulta “sagrada”

En nuestro capítulo previo de la serie Terapia cinematográfica revisamos el tema del embarazo y parto de forma global(1). Y hoy vamos a centrar nuestra atención en los embarazos en adolescentes, definidos como embarazos precoces en la etapa de la adolescencia (que la OMS establece entre los 10 y los 19 años), normalmente en mujeres que no han alcanzado la mayoría de edad jurídica (variable según los distintos países del mundo), así como en las mujeres adolescentes embarazadas que están en situación de dependencia de la familia de origen.

Las adolescentes embarazadas, además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada, deben enfrentarse a una mayor desprotección, con mayores preocupaciones sobre su salud y su situación socioeconómica (de manera especial las menores de 15 años y las adolescentes de países con escasa atención médica y nula protección social). Es así que los embarazos en adolescentes se describen como embarazos precoces, porque normalmente estas mujeres han alcanzado la mayoría de edad jurídica y están en situación de dependencia de la familia de origen. Este embarazo suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes adolescentes y un serio y prevalente problema médico-social. Es por ello que el embarazo en adolescentes es un problema de salud pública mundial con consecuencias significativas para la salud, la educación y el desarrollo social de las jóvenes y sus hijos.

Según la organización Save the Children, cada año nacen entre 13 y 16 millones de niños de mujeres menores de 20 años de edad en todo el mundo, más del 90 % en los países denominados en desarrollo. Son evidentes las disparidades regionales y es conocido que la incidencia es mayor en países de ingresos bajos y medianos, especialmente en África subsahariana y América Latina.

La mayoría de los embarazos en adolescentes son considerados como embarazos no deseados provocados por la práctica de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos. En los países desarrollados, los datos de embarazos en la adolescencia confirman una relación con los niveles educativos más bajos, las mayores tasas de pobreza, así como otras situaciones de inestabilidad familiar y social, con falta de acceso a educación y servicios de salud sexual y reproductiva. Sin olvidar que ciertas normas sociales y culturales perpetúan la desigualdad de género, así como que la violencia sexual es un factor que contribuye al embarazo adolescente.

No debemos olvidar que la problemática del embarazo en adolescentes abarca aspectos sanitarios, educativos y económicos. Porque las adolescentes tienen mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo y el parto, como parto prematuro, preeclampsia y muerte materna, así como que sus recién nacidos también tienen mayor riesgo de nacer prematuros, con bajo peso y con problemas de salud. Por otro lado, el embarazo trunca la educación de muchas adolescentes, limitando sus oportunidades de desarrollo personal y profesional, amén de que pueden enfrentarse con ello a discriminación y estigma social. Y ese embarazo adolescente puede perpetuar la pobreza y la desigualdad, ya que las jóvenes madres a menudo tienen dificultades para mantener a sus hijos y a sí mismas.

¿Cómo mejorar esta situación? Es fundamental prevenirlo y para ello cabe invertir en educación integral en sexualidad, acceso a métodos anticonceptivos y servicios de salud sexual y reproductiva para adolescentes. El apoyo de las adolescentes embarazadas es clave, pues necesitan atención médica y psicosocial de calidad, así como oportunidades para continuar su educación y desarrollar habilidades para la vida, por lo que se requieren políticas públicas en ese sentido. Es cierto que diferentes organizaciones, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), trabajan para abordar este problema a través de programas de concienciación e intervención, pero queda mucho por hacer.

El embarazo en adolescentes es un problema complejo que requiere un enfoque multisectorial y la colaboración de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, profesionales de la salud y comunidades para garantizar que las adolescentes tengan la oportunidad de desarrollar su máximo potencial. Por ello cabe considerarlo en nuestro entorno sanitario como una consulta “sagrada” y que debemos saber manejar bien, pues es una consulta donde hay que poner especial énfasis en lo que debiera ser lo habitual (pero no siempre ocurre), como es una comunicación profesional, amable, cálida, digna, empática, respetuosa y serena con el paciente (y su familia, si así ella lo considera) y que conlleva un estilo de práctica que hace fluidas las relaciones médico-paciente presentes y futuras.

Embarazo en adolescentes desde las filmografías del mundo

Las situaciones personales, familiares, sociales, médicas y psicológicas que rodean al embarazo de una adolescente son un filón para el cine. Hace más de una década publicamos dos artículos en la revista de Pediatría de Atención Primaria sobre este tema(2,3) y luego también en la revista Medicina y Cine(4). Hoy actualizamos este tema con una síntesis de películas desde muy diversas filmografías que han tenido a adolescentes como protagonistas de su gestación, parto y maternidad.

Distintos temas afloran en estas películas sobre el embarazo de adolescentes. Uno de los más importantes viene relacionado con el contexto familiar y los sentimientos que provoca una noticia así sobre una hija adolescente (dolor, decepción, amargura, soberbia o amor, en distintas dosis), una hija no emocionalmente preparada para un compromiso vital tan importante como es la maternidad a tan temprana edad. Y desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales sobre el embarazo en adolescentes, aunque veremos que son numerosas las historias al respecto en el séptimo arte, tanto en largometrajes como en telefilmes. De cada película ofreceremos una breve ficha de la película y nuestros protagonistas, destacaremos las emociones y reflexiones que podremos extraer, y enunciaremos algunas frases “de cine” para el recuerdo que se derivarían de “prescribir” ese film. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:

Quinceañera (Richard Glaztzer, Wash Westmoreland, 2006)(5), para recordar que esa edad no siempre es una fiesta.

Juno (Jason Reitman, 2007)(6), para debatir sobre el embarazo no deseado en una adolescente.

9 meses (Keeper, Guillaume Senez, 2015)(7), para viajar dentro de las dificultades que implica aceptar ser madre o padre adolescente.

La inocencia (Lucía Alemany, 2018)(8), para entender que una prueba de embarazo lo puede cambiar todo.

Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Never Rarely Sometimes Always, Eliza Hittman, 2020)(9), para interiorizar las claves de las buenas decisiones en el embarazo de una adolescente.

El acontecimiento (L´évenement, Audrey Diwan, 2021)(7), para reconocer que el embarazo de una adolescente no siempre es un feliz acontecimiento, ni antes ni ahora.

La maternal (Pilar Palomero, 2022)(10), para compartir el día a día de un centro para madres menores de edad.

Siete películas argumentales para viajar a las vivencias de estas adolescentes durante una inesperada gestación a su edad, con el horizonte del parto, puerperio y maternidad.

 

Prescripción 1. Quinceañera (Richard Glatzer, Wash Westmoreland, 2006).

 

Prescripción 1
Quinceañera (Richard Glatzer, Wash Westmoreland, 2006)

Ficha técnica

Título: Quinceañera. Título original: Quinceañera.

Dirección: Richard Glatzer, Wash Westmoreland. País: EE.UU. Año: 2006.

Duración: 86 min. Género: Drama, cine independiente.

Reparto: Emily Ríos, Jesse Garcia, Chalo González, Araceli Guzmán-Rico, Jesús Castaños.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Magdalena (Emily Ríos), adolescente de 14 años de origen mexicano que vive en Los Ángeles.

Frases de cine

“Embarazada a los 14. ¡Reconócelo, tu vida está acabada!”.

“Cuando esté lista para confesar su pecado, hablaremos”.

“Mi quinceañera no es solo una fiesta, es un rito de iniciación”.

Síntesis argumental

Magdalena es la hija de una familia mexicana afincada en Los Ángeles y que solo piensa en la fiesta de su decimoquinto aniversario, un gran evento religioso y social para muchos países de América Latina. Pero un inesperado embarazo, del que su novio se desentiende, va a suponer un trauma para toda la familia, hasta el punto de que se marcha de casa para vivir con su anciano tío Tomás (Chalo González) y junto a su primo Carlos (Jesse García), homosexual y drogadicto. Una película estadounidense que respira México por los cuatro costados.

Emociones y reflexiones

Un film que utiliza el símbolo de la Fiesta de Quinceañera (o simplemente Quinceañera) como eje nuclear para adentrarnos en un problema global en el mundo, como es el embarazo en adolescentes, y que ocurre con mayor frecuencia en aquella población con niveles educativos más bajos, con mayores tasas de pobreza, así como cuando se dan otras situaciones de inestabilidad familiar y social.

Porque Quinceañera no siempre es una fiesta, dado que el embarazo a esta edad suele implicar un riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes, un serio y prevalente problema médico-social que en ocasiones implica exclusión. Y esta película nos narra una historia que deriva de una experiencia personal de sus directores.

 

Prescripción 2. Juno (Jason Reitman, 2007).

 

Prescripción 2
Juno (Jason Reitman, 2007)

Ficha técnica

Título: Juno. Título original: Juno.

Dirección: Jason Reitman. País: EE.UU. Año: 2007.

Duración: 92 min. Género: Comedia dramática.

Reparto: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Allison Janney, J.K. Simmons.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Juno MacGuff (Ellen Page), adolescente estadounidense de 16 años.

Frases de cine

“Odio cuando los adultos usan la expresión ‘sexualmente activa’. ¿Qué significa eso?: ¿qué me desactivaré algún día?, ¿o es un estado permanente?”.

“Las personas normales primero se enamoran antes de procrear, pero creo que nosotros nunca hemos sido tan normales”.

“Mira, en mi opinión, lo mejor que puedes hacer es buscar una persona que te quiera exactamente tal y como eres, de buen humor, de mal humor, fea, guapa, atractiva… como sea. La persona ideal seguirá perdiendo el culo por ti. Esa es la clase de persona que vale la pena”.

Síntesis argumental

Juno Macguff es una vivaz adolescente, más inteligente de lo que le conviene, ingeniosa, culta, observadora y, sobre todo, sarcástica. Ese sarcasmo no es más que una coraza para ocultar sus miedos y dudas, especialmente cuando, a raíz de la relación con un compañero de clase (Michael Cera), se queda embarazada. Y como él se desentiende del problema, Juno toma una decisión que cuenta con la aprobación de su familia: tendrá el niño y lo dará en adopción privada. Busca a unos padres adoptivos adecuados y parece que Mark (Jason Bateman) y Vanessa (Jennifer Garner) puedan ser los padres ideales.

Es Juno una película amable, que se ve (y recuerda) con una sonrisa. Y en el que cabe destacar su guión (de Diablo Cody), con esos simpáticos créditos iniciales y el transcurrir de la historia narrada en las cuatro estaciones del año, la interpretación de Ellen Page (actualmente como Elliot Page, tras declararse transgénero en el año 2020) y su buena banda sonora, que se convierte en toda una atracción en la propia historia.

Emociones y reflexiones

Juno se atreve a narrar temas de gran calado en el transcurrir de una adolescente: un embarazo no deseado y la posibilidad del aborto frente al camino de la adopción, y con las relaciones de pareja como telón de fondo. Una película compleja en su aparente sencillez, una película trascendente en su aparente simplicidad. Un tema dramático tratado desde una óptica luminosa.

Película multipremiada alrededor del mundo y que, pese a su tono de comedia, no se libró de la crítica (los temas que trataba no iban a dejar indiferente casi a nadie), por lo que la cinta fue vilipendiada por dos comunidades antagónicas: tanto por Provida como por Proelección, por su manera de tratar el tema del aborto y la adopción. Y quizás de ahí el interés del debate que genera.

 

Prescripción 3. 9 meses (Guillaume Senez, 2015).

 

Prescripción 3
9 meses (Guillaume Senez, 2015)

Ficha técnica

Título: 9 meses. Título original: Keeper.

Dirección: Guillaume Senez. País: Bélgica. Año: 2015.

Duración: 95 min. Género: Drama.

Reparto: Kacey Mottet Klein, Galatéa Bellugi, Laetitia Dosch, Corentin Lobet, Sam Louwyck.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Maxime/Max (Kacey Mottet Klein) y Melanie/Mel (Galatéa Bellugi) son una pareja de adolescentes belgas de 15 años.

Frases de cine

“Es complicado tener un hijo a los quince. Te da mucho trabajo. Sin la ayuda de vuestros padres, es aún más difícil. Vais a tener problemas. Podéis hacer esa elección, podéis quedaros con el bebé. Es posible. Pero requiere muchas responsabilidades que están más allá de vuestra edad”.

“Tienes que recordar esto. Al final eres tú quien decide… Si no estáis de acuerdo, tenéis que pensarlo bien, pero es una decisión muy importante que requiere muchas responsabilidades”.

“Lo he pasado yo misma. Créeme. ¿Qué sabes de la vida?… Vas a tener que dejar la escuela para cuidar de tu hijo”.

Síntesis argumental

Una relación de noviazgo de dos quinceañeros belgas, Max y Mel, enfrascados en su adolescencia y que culmina en un embarazo y las consecuencias posteriores. Y en contra de los (demasiados) dirigidos consejos de sus familias y orientadores, los jóvenes deciden seguir adelante con el embarazo y tener el hijo. Finalmente, las dudas de Mel le hacen tomar una decisión imprevista al final, cuando da al hijo en adopción. Max intenta recuperarlo, pero su deseo no es suficiente para la institución gubernativa que tienen ahora que decidir dónde deberá crecer feliz y con seguridad el bebé.

Emociones y reflexiones

Un film conmovedor y violentamente atractivo sobre la maternidad/paternidad en la adolescencia o, más bien, sobre la imposibilidad de ser madre o padre. Reflexiones alrededor del embarazo y la responsabilidad parental a tan joven edad, donde su ilusión por ello choca con la realidad de los adultos que le rodean. Y lo que al inicio en Mélanie es confusión y negación, en Maxime es incertidumbre y miedo. Pero a medida que avanza la historia (y el embarazo), se ven obligados a madurar rápidamente y a priorizar en aras de las responsabilidades en su futuro rol parental, si bien no encuentran en sus hogares (ni en el entorno sociosanitario) el apoyo que precisan.

Es por ello que 9 meses no está exenta de una crítica social a la falta de apoyo y recursos para los jóvenes que se enfrentan a un embarazo no deseado. Y cabe destacar la importancia de brindarles información no sesgada, orientación y acompañamiento para que puedan tomar decisiones informadas y responsables.

 

Prescripción 4. La inocencia (Lucía Alemany, 2019).

 

Prescripción 4
La inocencia (Lucía Alemany, 2019)

Ficha técnica

Título: La inocencia. Título original: La inocencia.

Dirección: Lucía Alemany. País: España. Año: 2019.

Duración: 92 min. Género: Drama.

Reparto: Carmen Arrufat, Laia Marull, Sergi López, Joel Bosqued, Estelle Orient.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Alicia/Lis (Carme Arrufat) es una adolescente de 15 años española (de Castellón).

Frases de cine

“Escucha, tú no tienes edad ni para salir, ni para ir con chicos, ni para fumar ni para todo eso. O sea que frena o se te acaba el chollo. Todo el día haciendo el gilipollas. Y de fumar, de fumar nada. Aquí solo fumo yo. Y punto, ¿está claro?, ¿sí o no?”.

“Alicia, esto es algo que tienes que afrontar… Las cosas no son porque sí, las cosas son para que tú aprendas algo. Esto ha pasado para que tú aprendas algo y tienes que responsabilizarte. No puedes huir… Aunque tú decidas abortar, que estás en todo tu derecho, debes ser consciente de que llevas a un ser que está creciendo dentro de ti y que tú voluntariamente has decidido quitarle la vida. Eso tienes que saberlo. Para poder sanar, tienes que afrontarlo, responsabilizarte de ello. Esto te acompañará toda la vida. Es así, te puede acompañar mal si lo hacemos mal, o te acompañará bien y te ayudará a crecer”.

“Bueno, venga, vamos paso por paso. ¿Estás bien?… ¿Estás segura de que quieres abortar? Porque no lo pensamos, hablamos…”.

Síntesis argumental

Debut de la directora castellonense que emana tanta sencillez como frescura y honestidad, y que nos muestra en parte lo que fue su propio viaje personal que la llevó a dejar su pueblo para acabar creciendo fuera. Porque en Traiguera, un pequeño pueblo de Castellón, la adolescente Alicia/Lis disfruta de sus días de verano, su fiesta mayor, sus procesiones y tradiciones, su familia (con un padre machista y violento y una madre sometida) y la pandilla de amigos, sus primeros escarceos con el amor y las drogas… Y llega el fin del verano y el inicio del nuevo curso, con una noticia inesperada que romperá sus sueños y dará pie a sus pesadillas, en un entorno familiar opresor y un entorno social del qué dirán.

Y así avanza la historia, tan natural y real como la vida misma… que asusta. Porque un aborto puede ser una decisión, pero no un final feliz.

Emociones y reflexiones

Es La inocencia una historia que hemos visto muchas veces, pero pocas veces narrada con esta naturalidad, con ese fuerte contraste entre la primera mitad de la película y la segunda, entre lo que Alicia disfrutó en el verano y lo que dudó en el otoño, entre cómo se vive una experiencia así en la ciudad o en un pueblo. Y con un desenlace tan sencillo como abierto, mostrando sin juzgar.

Un torbellino de emociones a flor de piel, donde la natural rebeldía y deseo de libertad de la adolescente Lis choca con las normas y expectativas de su familia y el entorno social del pueblo, y donde tiene que buscar apoyo y consejos fuera de su casa. Porque el embarazo inesperado la sume en un mar de emociones encontradas, desde la culpa y el miedo hasta la incertidumbre sobre su futuro, temiendo la reacción de su familia y la sociedad. Y que nos sumerge en profundas reflexiones sobre el peso de las tradiciones, la falta de comunicación en la familia y la importancia del apoyo en el hogar, así como la lucha por los sueños (ella que hubiera querido ser la Gelsomina de Fellini). Pero en unas vacaciones de verano todo cambió para nuestra protagonista… con la pérdida de la inocencia.

 

Prescripción 5. Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020).

 

Prescripción 5
Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020)

Ficha técnica

Título: Nunca, casi nunca, a veces, siempre. Título original: Never Rarely Sometimes Always.

Dirección: Eliza Hittman. País: EE.UU. Año: 2020.

Duración: 101 min. Género: Drama, cine independiente.

Reparto: Sidney Flanigan, Talia Ryder, Théodore Pellerin, Ryan Eggold, Sharon Van Etten.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Autumn (Sidney Flanigan), adolescente estadounidense de 17 años.

Frases de cine

“Si es positivo, ¿hay manera de que sea negativo?… No. Un positivo siempre es positivo”.

“Quiero pasar unos minutos hablando contigo. Te haré algunas preguntas. Pueden ser muy personales. Y todo lo que tienes que responder es nunca, casi nunca, a veces, siempre. Es algo así como unas preguntas de selección múltiple, pero no es un examen”.

“Ha sido una especie de lo que sea… Solo fue incómodo”.

Síntesis argumental

Esta película, de título tan original, nos narra –de forma tan aparentemente simple como contundente– el proceso emocional (y, por supuesto, también físico) que debe sufrir una adolescente de 17 años, desde que sospecha que está embarazada hasta que decide tomar una decisión en solitario de incalculable impacto. Y para ello se traslada de un pequeño pueblo de Pensilvania a Nueva York con la compañía de una prima, embarcándose en una aventura de pocos días con más interrogantes que respuestas.

La inesperada maternidad en su adolescencia le hace buscar alternativas, alternativas donde el aborto aparece en primer término, pese a que le ofrecen otras como la adopción. Y con este dilema tan habitual se desarrolla esta película de cine independiente, un cine sencillo, honesto, reflexivo, que muestra una realidad cruda sin la poesía de su título.

Emociones y reflexiones

Nunca, casi nunca, a veces, siempre es una película tan inolvidable como su título. Porque nunca o casi nunca el embarazo no deseado de una adolescente y la decisión de abortar han sido descritos con tal sencilla crudeza; porque a veces (o más bien siempre) se aprecia este cine que describe sin tomar partido, que deja en el aire tantas preguntas y dudas como queramos hacernos sobre esta crónica del aborto de una adolescente.

Porque nos enfrentamos a una película emotiva y relevante que nos invita a promover una sociedad más informada y comprensiva sobre estos temas, donde garantizar el acceso a la salud reproductiva y el derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre sus propios cuerpos debería encajar antes con el derecho a la vida, a toda vida. Donde una educación sexual a tiempo podría evitar tantos abortos a destiempo.

 

Prescripción 6. El acontecimiento (Audrey Diwan, 2021).

 

Prescripción 6
El acontecimiento (Audrey Diwan, 2021)

Ficha técnica

Título: El acontecimiento. Título original: L’événement.

Dirección: Audrey Diwan. País: Francia. Año: 2021.

Duración: 100 min. Género: Drama basado en hechos reales.

Reparto: Anamaria Vartolomei, Sandrine Bonnaire, Luàna Bajrami, Pio Marmai, Anna Mouglalis.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Anne (Anamaria Vartolomei), adolescente francesa de 19 años.

Frases de cine

“No me voy a ir. ¡Ayúdeme! Quiero continuar con mi estudio… Tengo un problema y no pienso quedármelo”.

“El feto ha aguantado… Debe aceptarlo. No hay alternativa”.

“Se lo advierto, ni un grito. Si no, paro. Las paredes son muy finas… No podemos hacer nada. Poner una segunda sonda puede traer complicaciones. Si quiere volver a hacerlo, será bajo su responsabilidad”.

Síntesis argumental

Drama francés fundamentado en la novela autobiográfica de Annie Ernaux, “L´événement”. La historia nos transporta a la primavera de 1963, donde una joven estudiante en la Universidad de Letras en Angulema descubre que se ha quedado embarazada, con lo que sus oportunidades para terminar sus estudios – y llevar la vida que quiere – han quedado de repente muy reducidas, por lo que desea poner una solución que busca desesperadamente. Y la película se disecciona en los diversos hechos que acaecen a medida que pasan las semanas de gestación, que son estas: 3 semanas, 4 semanas, 5 semanas, 7 semanas, 9 semanas, 10 semanas y 12 semanas. Una cuenta atrás para que pueda llegar el acontecimiento, que no es otro que conseguir el aborto de su hijo.

Emociones y reflexiones

El acontecimiento nos recuerda algo tristemente frecuente (ahora y antes, como esta película): que los 9 meses que nos llevan a uno de los más hermosos acontecimientos de la vida no siempre son (ni han sido) un tiempo feliz, especialmente si las mujeres lo viven en su adolescencia o lo viven en condiciones legales complicadas. Y, por ello, evitar el embarazo en adolescentes es un tema de formación personal y sanitaria clave para que la prevención sea el inicio para evitar males mayores. Pero aquí la película, además, denuncia esas leyes que prohíben el aborto y abocan a las mujeres a recurrir a prácticas clandestinas y peligrosas.

Y uno de esos males, presente en esta película una vez más, es el aborto. Porque el debate sobre el aborto es complejo y esencial, y por ello debemos mirarlo de frente. Las opiniones de la ciudadanía (también de los políticos y sus leyes) al respecto oscilan en ocasiones entre polos muy lejanos. Y esta historia nos muestra la realidad que han vivido y siguen viviendo muchas mujeres en el mundo y nos anima a seguir luchando por los derechos de todos (madres e hijos).

 

Prescripción 7. La maternal (Pilar Palomero, 2022).

 

Prescripción 7
La maternal (Pilar Palomero, 2022)

Ficha técnica

Título: La maternal. Título original: La maternal.

Dirección: Pilar Palomero. País: España. Año: 2022.

Duración: 117 min. Género: Drama.

Reparto: Carla Quílez, Ángela Cervantes, Jordan Dumes, Pepe Lorente, Olga Hueso.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Carla (Carla Quílez) es una adolescente de 14 años española (de Zaragoza).

Frases de cine

“No sé ser madre, pero quiero aprender… Si tengo este niño va a ser la única persona que va a estar conmigo”.

“No me quiere. Le canto, le bailo, le doy de comer y sigue llorando. No sé qué hacer”.

“A veces, la familia que eliges es más importante que la que te toca”.

 

Síntesis argumental

La directora zaragozana Pilar Palomero vuelve a apostar por la adolescencia en clave femenina en esta película valiente y comprometida. La conocimos con su éxito de Las niñas (2020)(11), un particular coming of age de alumnas en un colegio de monjas en aquella Zaragoza del año 1992, y ahora regresa a Los Monegros con una adolescente más conflictiva y entornos más desestructurados de nuestra época.

La historia de Carla, una desafiante y rebelde de 14 años, que vive con su madre soltera (Ángela Cervantes) en un entorno tan inhóspito como sus vidas y que ingresa, por orden de los Servicios Sociales, en un centro con otras niñas y jóvenes madres, al conocerse su avanzado estado de gestación. Y la historia se conjuga con la mezcla de familias desestructuradas, sexualidad incipiente y crítica social, pero también con educación emocional y responsabilidad afectiva.

Emociones y reflexiones

Al explorar la realidad de Carla y otras madres adolescentes en La maternal, la mayoría bajo una estructura familiar rota y una educación desordenada, se nos abre la posibilidad a la reflexión y al debate sobre la maternidad adolescente, las relaciones familiares y la búsqueda de identidad. Porque la realidad siempre supera a la ficción. Y este centro de acogida de jóvenes madres se convierte en un espacio de encuentro y apoyo mutuo, donde pueden compartir sus experiencias y encontrar la fuerza para seguir adelante.

Colofón a las películas para entender el embarazo en adolescentes

El embarazo adolescente ha sido un tema recurrente en el cine, abordado desde diversas perspectivas y géneros. Películas de todas las filmografías que han explorado los desafíos, conflictos y emociones que enfrentan las jóvenes embarazadas, así como la importancia del apoyo familiar y social. Y a lo largo del tiempo, el tratamiento de este tema ha ido evolucionando en el séptimo arte: en el pasado, las películas solían centrarse en el drama y las consecuencias negativas del embarazo; en las últimas décadas hay representaciones más diversas y complejas, que exploran las diferentes realidades y experiencias, con un tono más reivindicativo.

Y aparte de estas siete películas argumentales seleccionadas, desde el proyecto Cine y Pediatría podemos enumerar un buen número de otras películas ya analizadas: Un sabor a miel (A Taste of Honey, Tony Richardson, 1961)(12), Adiós, cigüeña, adiós (Manuel Summers, 1971)(13), La que hemos armado (For Keeps?, John G. Avildsen, 1988)(14), Manny y Lo (Manny and Lo, Lisa Krueger, 1996)(15), La fuerza del amor (Where the Heart Is, Matt Williams, 2000)(12), Los chicos de mi vida (Riding in Cars with Boys, Penny Marshall, 2001)(14), Palíndromos (Palindromes, Todd Solondz, 2004)(16), El mejor (The Greatest, Shana Feste, 2009)(17), Precious (Lee Daniels, 2009)(18), Blog (Elena Trapé, 2010)(19), Electrick Children (Rebecca Thomas, 2012)(20), Pájaros sin alas (Scheme Birds, Ellen Fiske y Ellinor Hallin, 2018)(21), ¿Y esto… de quién es? (Le test, Emmanuel Poulain-Arnaud, 2021)(21), La hija (Manuel Martin Cuenca, 2021)(22), entre otras.

Comentar que el embarazo en la adolescencia no solo ha resultado un filón en la gran pantalla, sino que también es una temática propicia para telefilmes. En este caso, una gran mayoría son películas de fácil consumo en televisión, con alguna actriz con tirón en el papel principal, pero en general de baja calidad. He aquí algunos ejemplos, una gran mayoría estadounidenses(12): Las chicas de Huntington House (The Girls of Huntington House, Alf Kjellin, 1973), Quiero quedarme con mi hijo (I Want to Keep My Baby, Jerry Thorpe, 1976), Madre adolescente (Fifteen & Pregnant, Sam Pillsbury, 1998), Adolescencia perdida (Mom at Sixteen, Peter Werner, 2005), Embarazada a los 17 (Stalked at 17, Doug Campbell, 2012), Pacto entre adolescentes (The Pregnancy Pact, Rosemary Rodríguez, 2010), Padre adolescente (Freshman Father, Michael Scott, 2010), etc.

Pero también cabe contabilizar un buen número de teleseries alrededor del tema del embarazo en la adolescencia, como Decisión familiar (Too Young to Be a Dad, Éva Gárdos, 2002), Vida secreta de una adolescente (The Secret Life of the American Teenager, Brenda Hampton, 2008), Me acosté con un adolescente (Pramface, Dan Zeff, 2012), etc. Y de las teleseries se ha pasado a los “reality shows”, como el de Madres adolescentes (versión española del programa británico Help… I’m a Teen), que viene a ser un programa similar a Supernanny, solo que en esta ocasión son unas jovencísimas madres las que intentarán aprender a cuidar a sus hijos recién nacidos con la ayuda de expertos, pediatras y psicólogos.

Una mirada tan poliédrica como es la mirada a la vida, aquí representada por la vida (presente y futuro) de la madre, quien puede elegir, y la vida (presente y futuro) del nuevo ser, quien no puede elegir.

 

Bibliografía

1. González de Dios J. Terapia cinematográfica (12). Prescribir películas para entender el embarazo y parto. Pediatr Integral. 2025; XXIX: 78.e1-e10. Disponible en: https://doi.org/10.63149/j.pedint.12.

2. González de Dios J, Martínez González C, Ruiz Lázaro PJ. Embarazo y parto en el cine (I): emociones y reflexiones. Rev Pediatr Aten Primaria. 2013; 15: 375.e177-e188.

3. González de Dios J, Martínez González C, Ruiz Lázaro PJ. Embarazo y parto en el cine (II): historias de embarazos en adolescentes. Rev Pediatr Aten Primaria. 2013; 15: 377-91.

4. González de Dios J. El embarazo en adolescentes a través del séptimo arte. Rev Med Cine. 2024; 20; 103-18.

5. González de Dios J. Cine y Pediatría (405). “Quinceañera”, no siempre es una fiesta… Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2017/10/cine-y-pediatria-405-quinceanera-no.html.

6. González de Dios J. Cine y Pediatría (44). “Juno” se atreve a debatir sobre el embarazo no deseado en adolescentes. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2010/11/cine-y-pediatria-44-juno-se-atreve.html.

7. González de Dios J. Cine y Pediatría (642). “El acontecimiento” de “9 meses” inesperados. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2022/04/cine-y-pediatria-642-el-acontecimiento.html.

8. González de Dios J. Cine y Pediatría (557). “La inocencia” que se perdió en aquel verano… Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2020/09/cine-y-pediatria-557-la-inocencia-que.html.

9. González de Dios J. Cine y Pediatría (607). “Nunca, casi nunca, a veces, siempre”, crónica del aborto de una adolescente. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2021/08/cine-y-pediatria-607-nunca-casi-nunca.html.

10. González de Dios J. Cine y Pediatría (697). “La Maternal”, drama adolescente que persiste en tiempos del Tik Tok. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2023/05/cine-y-pediatria-697-la-maternal-drama.html.

11. González de Dios J. Cine y Pediatría (583). “Las niñas” musitan confundidos secretos. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2021/03/cine-y-pediatria-583-las-ninas-musitan.html.

12. González de Dios J. Cine y Pediatría (98). Películas sobre embarazo en la adolescencia (y 2). Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2011/11/cine-y-pediatria-98-peliculas-sobre.html.

13. González de Dios J. Cine y Pediatría (448). “Adiós, cigüeña, adiós”, el milagro de la vida contado desde la infancia. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2018/08/cine-y-pediatria-448-adios-ciguena.html.

14. González de Dios J. Cine y Pediatría (97). Películas sobre embarazo en la adolescencia (1). Disponible: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2011/11/cine-y-pediatria-97-peliculas-sobre.html.

15. González de Dios J. Cine y Pediatría (478). “Manny y Lo”, una road movie con luz escarlata. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2019/03/cine-y-pediatria-478-manny-y-lo-una.html.

16. González de Dios J. Cine y Pediatría (32). Todd Solondz y “Palíndromos”, un incómodo emparejamiento. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2010/08/cine-y-pediatria-32-todd-solondz-y.html.

17. González de Dios J. Cine y Pediatría (545). “El mejor”… y lo peor. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2020/06/cine-y-pediatria-545-el-mejor-y-lo-peor.html.

18. González de Dios J. Cine y Pediatría (5). “Precious”: adolescencia S.O.S. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2010/02/cine-y-pediatria-5-precious.html.

19. González de Dios J. Cine y Pediatría (159). “Blog”, más que una bitácora de cine sobre adolescentes. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2013/01/cine-y-pediatria-159-blog-mas-que-una.html.

20. González de Dios J. Cine y Pediatría (260). “Electrick Children”, el embarazo como metáfora de libertad y misticismo. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2015/01/cine-y-pediatria-260-electrick-children.html.

21. González de Dios J. Cine y Pediatría (712). Embarazo en adolescentes y sus variados puntos de vista en los géneros cinematográficos. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2023/09/cine-y-pediatria-713-embarazo-en.html.

22. González de Dios J. Cine y Pediatría (646). La maternidad subrogada, de “Melody” a “La hija”. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2022/05/cine-y-pediatria-646-la-maternidad.html.

 

Imagen en Pediatría Clínica. Haz tu diagnóstico. Adolescente con movimientos oculares anormales de tres meses de evolución

autores
El Rincón del Residente


Coordinadores:

J.A. Soler Simón*, L. García Espinosa**, M. García Boyano**, S. Criado Camargo**
*Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid. **Hospital Universitario Infantil La Paz. Madrid.

Autores:

S. Poses Veiga*, D. Andina Martínez**
*Médico Interno Residente. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
**Facultativo Especialista de Pediatría y sus áreas específicas. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid


El Rincón del Residente es una apuesta arriesgada de Pediatría Integral. No hemos querido hacer una sección por residentes para residentes. Yendo más allá, hemos querido hacer una sección por residentes para todo aquel que pueda estar interesado. Tiene la intención de ser un espacio para publicaciones hechas por residentes sobre casos clínicos, imágenes y revisión bibliográfica.
¡Envíanos tu caso! Normas de publicación
aquí


Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 226.e1 – 226.e6


Imagen en Pediatría Clínica. Haz tu diagnóstico.
Adolescente con movimientos oculares anormales de tres meses de evolución

Historia clínica

Adolescente mujer de 16 años que consulta en Urgencias por movimientos oculares anormales de tres meses de evolución, cuya frecuencia ha ido progresivamente en aumento hasta producirse varias veces por minuto. Refiere episodios de supraversión ocular que se producen de forma involuntaria con duración de unos 5-10 segundos. No sufre desconexión del medio durante los mismos y estos se resuelven de forma espontánea sin presentar otra sintomatología acompañante. Estos episodios generan gran ansiedad en la paciente y en su entorno. Se ha realizado electroencefalograma como parte del estudio de este problema, que muestra normalidad de la actividad cerebral. Como antecedentes personales de interés, presenta enfermedad celíaca y se encuentra en seguimiento por Psiquiatría por anorexia nerviosa y trastorno ansioso-depresivo. Se encuentra en tratamiento con aripiprazol desde hace cuatro meses, mirtazapina y fluoxetina desde hace un año. Niega ingesta de otros fármacos o sustancias.

Durante la exploración, se objetivan múltiples episodios de supraversión ocular de segundos de duración, durante los cuales la paciente mantiene un adecuado nivel de conciencia (Fig. 1 y Vídeo 1). Resto de exploración normal.

Figura 1. Imagen realizada con consentimiento de la paciente y de su familia.

Gynecological examination and most common abnormalities of the menstrual cycle in adolescence

M. Guerrero Ibáñez, M. Franco Horta, J. Martínez-Guisasola Campa
Topics on
Continuous Training


M. Guerrero Ibáñez, M. Franco Horta, J. Martínez-Guisasola Campa

Department of Obstetrics and Gynecology for Children and Adolescents. Burgos University Hospital

Abstract

The main aim of this article is to review the most frequent reasons for consultation related to disturbances of the menstrual cycle in the pediatric and adolescent age group. During their transition through puberty and especially in its first years, disorders of menstruation become the most common complaint requiring the attention of the gynecologist, including problems such as amenorrhea, dysfunctional uterine bleeding and dysmenorrhea. The immaturity of the hypothalamus-pituitary-ovary (HPO) axis with its associated anovulation, are involved in a high proportion of the episodes. Dysmenorrhea is another common reason for consultation due to its impact on the quality of life in the young female, making its adequate treatment essential. Primary amenorrhea is strongly associated with genetic diseases and endocrine disorders so it is important to achieve the diagnosis as early as possible. Moreover, the relevance of history taking and physical examination must be highlighted as they provide a crucial approach to the underlying diagnosis.

 

Resumen

El objetivo principal de este artículo es una actualización orientada a la práctica diaria sobre los motivos de consulta más frecuentes relacionados con las alteraciones del ciclo menstrual en la etapa puberal y en la adolescencia. Durante la transición a la pubertad y en los primeros años de esta, las alteraciones del ciclo menstrual, desde la amenorrea al sangrado menstrual frecuente o infrecuente, son uno de los principales motivos de consulta en Ginecología. En un alto porcentaje de jóvenes, están relacionadas con la propia inmadurez del eje hipotálamo-hipófisis-ovario (HHO) y la anovulación asociada. La dismenorrea es otro motivo de consulta habitual por la repercusión en la calidad de vida que puede tener en la joven, y es fundamental su tratamiento adecuado. Las amenorreas primarias presentan una elevada asociación con patología genética y endocrina, por lo que deben ser diagnosticadas de manera temprana. Además, queremos destacar la importancia de una adecuada anamnesis y exploración física general y ginecológica en la orientación diagnóstica de estos cuadros.

 

Key words: Adolescence; Gynecological examination; Menstrual cycle; Amenorrhea; Dysmenorrhea.

Palabras clave: Adolescencia; Exploración ginecológica; Sangrado menstrual; Amenorrea; Dismenorrea.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 270 – 279

 


OBJECTIVES

• To carry out a specific history taking to assess the existence of abnormalities of the menstrual cycle, and recognize the circumstances that may favor communication with the girl or adolescent.

• To know how to carry out the gynecological examination in girls and adolescents and the environment that can favor its performance.

• To identify situations that meet the criteria for primary and secondary amenorrhea and start an etiological study.

• To recognize the adolescents with heavy menstrual bleeding and carry out the most appropriate treatment for each clinical situation.

• Diagnosis and treatment of primary dysmenorrhea.

• To identify premenstrual syndrome and the premenstrual dysphoric disorder.


 

Gynecological examination and most common abnormalities of the menstrual cycle in adolescence

Gynecological examination

Introduction

The request for attention in the Child and Adolescent Gynecology consultation is increasing, due to the appearance of certain signs or symptoms that, on occasions, generate confusion between the physiology and the pathology of pubertal development, and require a more specific study; but, on other occasions, this demand is related to the lack of knowledge of the wide variability of the physiology of puberty and the development of girls and adolescents; and in others, it is produced by the current social and family pressure to study the physiology in depth to rule out pathology outright.

History taking

Empathy and proximity are essential in the interview. Family history is particularly important due to its hereditary burden, especially in female relatives.

The chronological age of the patients who attend the Child and Adolescent Gynecology consultation is variable. Young girls require the support of a parent, both for the history taking and for the examination, in which case the presence of this adult figure is essential and accompanies them at all times. In the case of young adolescents or if the existence of sexual abuse is suspected, it is advisable to reserve a time and space for a one-to-one interview with the patient, where she feels comfortable and where the confidentiality of the data provided is ensured. Obtaining these data is essential for diagnosis and/or subsequent treatment.

Whenever possible, depending on age, it is important that the patient communicates the symptoms herself, since the information transmitted by her or by the family member or companion may be contradictory. It is essential to listen and learn about the girl or young woman’s concerns and experiences, and transmit the importance of knowing her own body as well as current and future changes, and also answering any doubts she may have. Proximity and empathy, but without paternalism, are necessary for the correct development of the consultation(1,2).

After identifying the reason for the consultation, the existence of a connection between the symptoms presented by the patient and her personal and family background, will be assessed.

The existence of current or previous diseases of special relevance must be inquired, including genetic or chromosomal abnormalities that may condition development, oncological processes with radiotherapy or chemotherapy that may affect ovarian reserve(3) and abdominal surgeries, especially pelvic or lower genital tract surgeries or medication intake that may interfere with the normal functioning of the hypothalamus-pituitary-ovary (HPO) axis. In young women, they should be asked about the consumption of toxic substances and informed about their repercussion on health, advising towards their discontinuation.

In the case of secondary amenorrhea, relevant factors include emotional, physical or nutritional stress(3,4), which inhibit the HPO axis by increasing cortisol secretion and suppressing reproductive function, with subsequent amenorrhea as a functional adaptive response. It is advisable to assess the existence of: mood swings, adaptation problems at school or work, academic stress, problems with family member/s or with other relationships… Changes in eating habits that lead to loss or gain are in a short period of time become of special relevance, since they also interfere with the functioning of the axis, especially those related to eating behavior disorders, as well as intense physical activity carried out by high-competition athletes. In our experience, we have particularly observed this situation among dance students, as, in addition to the daily practice of intense physical exercise, they sometimes associate a restrictive eating behavior.

If the adolescent has already presented menarche, the time elapsed since that date should be known, since menstrual irregularities are frequent during the first 2-3 years after menarche(1,3). Other important data are the menstrual pattern (MP: number of bleeding days/interval, between the start of a bleeding cycle and the onset of the following one), to assess the existence of alterations in the menstrual cycle, either in the amount of bleeding or the cyclicity of it, as well as the last menstrual period (LMP), to identify the moment of the cycle in which the patient is at the time of the examination and make a correct interpretation of the findings. The presence of dysmenorrhea, pain during menstruation, is common in adolescents and will be discussed subsequently. In the event that the patient has or has had sexual relations, it is a good opportunity to advise on contraception and on the prevention of sexually transmitted infections. Additionally, the existence of previous pregnancies should be recognized(1,3).

Taking into account the repercussion that family history can have on heredity and gynecological development, it is important to know the existence of diseases in parents and siblings, especially in female relatives such as mother and sisters, regarding: age of menarche, menstrual disorders and gynecological pathology, existence of coagulation disorders (hypo/hypercoagulability), endocrinological pathology and cases of early or late puberty(1,3).

Gynecological and breast examination

The gynecological examination should be the minimum with which the maximum information is obtained. Sometimes it can be postponed if the patient is not ready for it.

It is necessary to clearly differentiate between the examination and assessment of pediatric girls, especially the youngest ones, and the examination of young adolescents. Gynecological examination in pediatric patients is generally reduced to situations to: rule out pathology of the genital tract, diagnose gynecological infections or assess the presence of intravaginal foreign bodies. Consultation for genital bleeding or to assess the existence of sexual abuse is less frequent. The examination in the pediatric age generates fear and restlessness in the girl, thus it is preferable to be carried out with a companion who, in most cases, collaborates with the examination, unless the patient demands otherwise. Proximity is important, explaining the examination that is going to be carried out in understandable terms, the objective of each action and allowing time for the patient to be prepared for its performance(5). Sometimes, it may not be essential to perform the examination at that time, or the patient is not prepared for it, so it may be postponed until the situation is more favorable. The gynecological examination should be the minimum with which the maximum information is obtained(2).

To perform a complete examination, it is also necessary to obtain an assessment of: body mass index, blood pressure, thyroid gland, lymph nodes, breast development, abdomen, skin and skin appendages.

Placement of prepubertal girls and young women for an adequate gynecological examination

For the examination to be effective, it is important to adapt it to the age of the patient.

A clear, concise and simple explanation of the examination to be carried out can facilitate the calmness and cooperation of the patient.

In the case of girls under 4 years of age, they can be placed on the family member’s knees, placing the girl’s legs astride the adult’s thighs (Fig. 1A). Another option consists of placing the patient on a stretcher in the supine position with the hips abducted and the feet together, like a frog (Fig. 1B). Another alternative for the examination consists of placing the patient with her thighs close to her chest, raising the buttocks and hips (Fig. 1C), thus allowing the lower part of the hymen to be seen, the lower part of the vagina, and sometimes, the upper part of the vagina and the cervix, but as an inconvenience visual contact with the patient is lost.

Figura1

Figure 1. Placement of prepubertal girls and young women for an adequate gynecological examination. A. Sitting on the mother’s lap. B. Frog leg position. C. Position with knees to chest. D. Demonstration of visualization of external genitalia in prone knee-chest position. (Images A, C, and D from Finkel MA, Giardino AP [eds]: Medical examination of child sexual abuse: a practical guide, 2nd ed. Thousand Oaks, 2002, CA, 2002, pp. 46-64; Image B from McCann JJ, Kerns DL: The child abuse atlas, Evidentia Learning, 2018, www.childabuseatlas.com).

Older patients may prefer to use stirrups on the gynecological examination table, trying to get the patient in a position that allows constant eye contact during the examination. In the event that the patient has had sexual intercourse, the examination will be carried out in the same way as in young women, by inspecting the lower genital tract and visualizing the vagina and cervix using virginal specula.

Carrying out the gynecological examination with the patient alone is usually recommended, as long as she is over 13 years of age or if she is younger and requests it(1). A time for intimate dialogue should be reserved for the adolescent to pose questions that she has not asked in the presence of her companion, especially those related to the sexual sphere, or to raise that possibility on our part if it has not been done before and offer advice about contraception and sexually transmitted infections (Table I).

Breast inspection and examination is essential in cases of abnormalities in pubertal development, suspicion of malformations or asymmetry. The initial development of the breast can be uncomfortable and the examination can be painful, without this implying pathology. Palpation is important, especially in obese girls to assess for the presence of breast tissue that may lead to misstaging of Tanner stages. The development of the breast bud can be asymmetric and there can be up to 12 months of difference between the beginning of the development of one breast and that of the other(1).

At the end of the examination, regardless of the age of the girl or young person, it is important to inform her of our diagnosis or suspected diagnosis, addressing her in understandable language and engaging in conversation with her, involving her in the information so that she understands it and carries out opportune questions.

In the elaboration of the final report on the gynecological and breast examination, especially in the case of a study of pubertal development, the pubertal stage must be referenced according to the Tanner stages(6), which is essential if the follow-up is carried out by several specialists to objectively assess its progression (Fig. 2).

Figure

Figure 2. Pubertal Tanner stage in girls. Taken from: Tanner JM. Growth at adolescence. 2nd ed. Oxford: Blackwell; 1962.

 

Complementary examinations

Gynecological ultrasound is essential in the study of the internal genital tract.

When the internal genital apparatus must be evaluated for a diagnosis during consultation, gynecological ultrasound has become a basic and fundamental exploration due to its innocuousness, easy accessibility and the immediacy and relevance of the information. The exploration routes will depend on the age of the patient, so that transabdominal route with bladder repletion is used in girls or young females who are not sexually active, whereas intravaginal is reserved for sexually active adolescents. In cases in which it is not possible to visualize the internal genital apparatus through the aforementioned routes, transrectal or transperineal ultrasound can be used(1,7).

It is important to know the differences in the anatomy of the internal genital tract in the prepubertal and postpubertal stages (Table II).

If a nodule or the presence of secretions from the nipple (telorrhea) is detected in the breast examination, other complementary examinations may be required, such as: breast ultrasound, cytological study of the secretions or even breast puncture for the pathological study of lesions.

 

Menstrual cycle disturbances

The normal menstrual cycle ranges between 28 ± 7 days, with a bleeding duration of 4-8 days, and a menstrual loss between 30-80 ml per cycle. In adolescence, its alterations affect 75% of young people.

According to the ACOG (American College of Obstetricians and Gynecologists)(8), the identification of menstrual disorders in adolescence is essential to prevent health problems in adulthood. To meet this objective, it is necessary to know the physiology of puberty, to understand the difference between normal and pathological menstruation, considering the menstrual cycle as a vital sign, a reflection of a state of good health.

The normal menstrual cycle ranges from 28 ± 7 days, with a bleeding duration between 4-8 days, the amount of menstrual loss ranges from 30-80 ml per cycle. Some authors propose greater flexibility in adolescents, since 55-82% of cycles are anovulatory in the first 2 years after menarche; between 30-55% between 2-4 years and are even detected in 20% of young women 5 years after menarche(2,3,9,10).

Menstrual cycle disturbances affect a high number of adolescents (75%)(2,3) and are usually secondary to functional disorders, due to immaturity of the HPO axis. They are a common reason for consultation and are usually related to: the absence of menstruation (primary or secondary amenorrhea), the interval between cycles (frequent, infrequent or irregular menstrual bleeding), heavy menstrual bleeding, as well as the presence of pain during menstruation (dysmenorrhea).

Amenorrhea

Amenorrhea or absence of period should be studied. Secondary amenorrhea, of endocrine or functional cause, is more frequent. In the presence of primary amenorrhea, anomalies of genital development must be ruled out.

The absence of periods can be primary or secondary. Primary amenorrhea is defined as the absence of a period at 16 years of age in the presence of secondary sexual characteristics, or at 14 years of age in the absence of secondary sexual characteristics. 60% of cases are due to genetic abnormalities that affect genital development, and 40% to endocrine disorders. Secondary amenorrhea is defined as the disappearance of the period for more than 6 months(11).

The main causes of amenorrhea are collected in tables III and IV, and they overlap in both types of amenorrhea, although the vast majority are reduced to the diagnoses of: polycystic ovary syndrome (PCOS), hyperprolactinemia, premature ovarian failure (POF) and hypothalamic amenorrhea.

 

The Reproductive and Endocrinology Interest Group (Grupo de Interés de Endocrinología Reproductiva [GIER]) for the diagnosis of amenorrhea, established in 2010 a classification of amenorrhea based on the anatomical etiology area and, in this way, they were classified as: central (hypothalamus-pituitary), gonadal (ovaries) or genital (uterus-vagina)(12).

On these bases, a simplified diagnostic algorithm for amenorrhea is proposed.

Primary amenorrhea is less common than secondary amenorrhea and requires a complete study in which the general examination and the staging of pubertal development are especially relevant(3,13).

• Normal pubertal development with normal height and weight, is suspicious for anatomical malformation of the uterus or vagina: hymenal atresia, imperforate hymen, vaginal septum, agenesis of the uterus and/or vagina (Rokitansky syndrome or Morris syndrome or testicular feminization or androgen insensitivity). The gynecological examination must be complemented with ultrasound and/or MRI; sometimes, hormonal study and karyotype are required.

• Pubertal delay: temporary pubertal delay, hypothalamic-pituitary failure (hypogonadotropic hypogonadism) or peripheral failure (hypergonadotropic hypogonadism). Complementary studies to be requested based on evolution. It is important to assess progression using the Tanner stages.

• Infantilism: absence of sexual development by the age of 15-16 years (Tanner stage I). Hormonal determinations, radiological exams of the brain (X-ray, CT, MRI) and chromosomal analysis are necessary. The cause may be central: pituitary tumors (prolactinoma or craniopharyngioma) or of hypothalamic origin (Kallman syndrome) or gonadal, gonadal dysgenesis that occurs with primary ovarian insufficiency (chromosomal, it is important to make the diagnosis of chromosomopathy associated with the presence of Y chromosome) or secondary to oncological treatments (chemo or radiotherapy).

• Infantilism and low weight: assess body image disorders (anorexia and bulimia) or by history taking, high performance athletes, with important daily discipline and dietary control.

• Virilization and/or hirsutism: complement the examination and ultrasound with androgen concentrations and karyotype. Etiological suspicion of: adrenal hyperplasia, virilizing tumors and chromosomal alterations associated with the presence of the Y chromosome.

In all cases of primary amenorrhea the treatment is etiological, hence, the responsible cause must be treated.

Secondary amenorrhea is much more frequent than primary amenorrhea and the most common causes in adolescence are related to: physical or psychological stress, eating disorders and their effect on weight, intense physical exercise (competition athletes, dance students…) and polycystic ovary syndrome (PCOS). Always, before starting the secondary amenorrhea study, if the adolescent has sexual intercourse, the possibility of pregnancy should be assessed(2,4,10,11).

History taking, physical examination, hormonal study and gynecological ultrasound are usually the most used tests to reach the diagnosis.

Hypothalamic stress amenorrhea is suspected after a directed history, in which the adolescent refers to a personal stage of restlessness or worry, or the performance of intense physical activities. In eating behavior disorders, it may be that the adolescent does not verbalize it, but the family does, or it may be suspected after calculating the BMI. In hypothalamic amenorrhea, ultrasound shows no pathology and hormonal analysis shows hypoestrogenism secondary to lack of gonadotropic stimulation. Treatment is etiological, although in some situations of eating disorders, if amenorrhea persists over time after weight regain, it may be necessary to establish hormone replacement therapy(11).

Polycystic ovary syndrome (PCOS) has a prevalence between 8-26% in adolescence. It can present itself in many ways: infrequent menstrual bleeding, clinical hyperandrogenism (acne and/or hirsutism, of variable intensity) and, occasionally, obesity or overweight. Typical hormonal laboratory tests reflect anovulation and hyperandrogenism and, in some cases, insulin resistance. Ultrasound aids diagnosis, especially if the ovaries have the characteristic appearance. Treatment must be individualized. If there is clinical hyperandrogenism, combined hormonal therapy with antiandrogenic progestins (cyproterone acetate, dienogest, or drospirenone) or spironolactone may be necessary. In cases of insulin resistance, the use of insulin-sensitizing drugs (metformin®) may be indicated and, in cases where there is a high BMI, weight loss and physical exercise are essential(3,10,11).

Premature ovarian failure (POF) is diagnosed as hypergonadotropic hypogonadism and no ovarian follicles are visualized on ultrasound. It causes a significant impact on the health and reproductive future of adolescents, as well as an increase in mortality of up to two times. The association should be considered, especially in patients who have received oncological treatments (alkylating agents and/or pelvic radiotherapy). The treatment will be hormone replacement therapy with the use of estrogens and gestagens(3,11).

Heavy menstrual bleeding

Heavy menstrual bleeding (HMB) is common in adolescence, as it is related to the immaturity of the HPO axis and anovulation. It is a common cause of anemia in adolescents.

The American Academy of Pediatrics (AAP) recommends considering menstruation at routine visits as one more vital sign. It must be taken into account that, in the first year after menarche, menstruation should not have a frequency of less than 45 days. With age, menstruation becomes regular; in the third year after menarche, the period is usually 21-35 days, with a duration of menstruation of 3-7 days. Normally, the cycle length of an adolescent is established at 19-20 years of age(14).

Heavy menstrual bleeding (HMB) can be prolonged in duration, abundant in quantity or irregular in nature, and it occurs without being related to a systemic pathology or an anatomical substrate. In most cases, the problem lies in an immaturity of the HPO axis that causes anovulation, and produces HMB on the base of a proliferative endometrium that does not have the stabilizing action of the progesterone produced at ovulation(15).

Irregular bleeding, particularly that caused by anovulation, can be prolonged and heavy. However, in patients with regular and cyclical menstruation who present with prolonged and/or heavy bleeding, a haematological cause should be suspected. Von Willebrand disease and coagulation disorders may account for 13 and 44%, respectively, of patients with menstrual bleeding heavy enough to warrant hospitalization(16).

In the study of HMB it is important to ask about: episodes of epistaxis, ecchymosis or excessive bleeding during any surgery, as well as a family history that reveals any coagulation, liver (coagulation factors and estrogen metabolism) or kidney disorders that may interfere with platelet function. It is known that a decrease in glomerular filtration produces an elevation in prolactin that leads to anovulation. In addition, there are autoimmune diseases, such as lupus or juvenile rheumatoid arthritis, which have been more frequently associated with dysfunctional bleeding(17,18).

In sexually active patients, the possibility of an infectious etiology that conditions a pelvic infection, such as that caused by Chlamydia or Gonococcus, must be taken into account. Much less frequently at this stage, may the etiology be related to the existence of endometrial polyps that can be assessed by gynecological examination(19).

Treatment is determined by the severity of the case. In mild cases, a diet rich in foods with iron or iron intake is recommended, and assessment of cycles using a menstrual calendar, in order to know the pattern of bleeding in subsequent cycles. NSAIDs have been shown to be more effective than placebo in controlling menstrual bleeding, while improving dysmenorrhea, if it coexists. If there is no therapeutic response or if it is inadequate, tranexamic acid (Amchafibrin® 500 mg), an antifibrinolytic that acts by interrupting the coagulation cascade, can be used: 1 g/6-8 h orally, for 3-5 days, until 22 g total dose is reached. It reduces bleeding by 40-50% in patients with HMB and can be administered together with combined hormonal treatment(20). In severe or prolonged cases in which bleeding is not controlled with antifibrinolytics, and with systemic repercussions, combined hormonal treatment is started with 1 tablet/12 h until it stops, subsequently maintaining treatment with 1 tablet/24 h for a period of time, either continuously or following a cyclical pattern. It is possible to use treatment with gestagens in case estrogens are contraindicated, or to add gestagens in the second part of the cycle sequentially. In rare cases where combined hormone therapy at 1-2 tabs/day does not control bleeding, hormone therapy may be increased to 3-4 tabs/day with gradual tapering over the next 2 weeks. In severe cases, patients with continuous bleeding, syncope or dizziness, as well as those whose hemoglobin is <7-8 g/dl, will require hospital admission(20-22).

Dysmenorrhea

Dysmenorrhea has a negative effect on the quality of life of adolescents, affecting their personal development. It is related to ovulation. It generally responds well to NSAIDs.

Dysmenorrhea is defined as pain that precedes and/or accompanies menstruation, of variable intensity and accompanying symptoms (headache, diarrhea, nausea, vomiting, dizziness…), but which can interfere with quality and normal life habits, such as attending school or other activities. It can affect 20-60% of the adolescent population according to various authors, with cases of severe and limiting involvement being 10-15%(2,10,23).

Dysmenorrhea is classified as primary or secondary. Primary dysmenorrhea is the most frequent form of presentation in adolescents. The pathophysiology is related to the postovulatory period: after ovulation, the decrease in progesterone induces the synthesis of prostaglandins at the endometrial level, which produce vasoconstriction, ischemia and pain at the uterine level, and smooth muscle contraction, thus explaining the coexistence of other accompanying gastrointestinal symptoms. In general, it does not usually coincide with menarche, but appears later, when the menstrual cycles begin to be ovulatory.

Secondary dysmenorrhea has its origin in other underlying pathologies, anatomical alterations or pelvic infections. In the case of adolescents, the most frequent cause of secondary dysmenorrhea is endometriosis(24).

The treatment of primary dysmenorrhea should be aimed at reducing the excess of prostaglandins, with NSAIDs being the first therapeutic step, the intake of which should be started one day before the onset of menstruation. If pain persists despite treatment with optimal doses of NSAIDs or if contraception is required, hormonal therapy can effectively improve dysmenorrhea (Table V). In the case of secondary dysmenorrhea, the treatment will be etiological.

 

Premenstrual dysphoric disorder and premenstrual syndrome

Mood disturbances related to the menstrual cycle are not common in adolescence. The need for hormonal or antidepressant treatment will be assessed.

Premenstrual dysphoric disorder (PMDD) occurs in 2-6% of menstruating women worldwide and has been included in the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th ed. (DSM-5). PMDD is included within depressive disorders and its characteristic entails its moment of presentation in relation to the menstrual cycle. Symptoms of anxiety and depressed mood begin in the second phase of the cycle, after ovulation, with significant improvement when menstruation occurs. This entity produces general malaise and significant functional impairment, and can also be accompanied by physical and behavioral symptoms. It is important to differentiate between PMDD and premenstrual syndrome (PMS), which has a much higher incidence, around 30% of adolescents, and it does not have the same repercussion or seriousness at an affective level. Almost half of the patients who report symptoms that fall within PMS do not meet diagnostic criteria for PMDD(25).

More data is needed to support the efficacy of hormonal contraceptive methods as a treatment for PMS, especially in adolescents, but it is true that some experts recommend this treatment if, in addition, they are patients who suffer from dysmenorrhea or need contraception. In the case of severe PMS and PMDD, there is evidence that the use of serotonin reuptake inhibitors (SSRIs) constitutes the first line of treatment in adult women. They have a rapid onset of action, so they can be prescribed continuously or intermittently, beginning with ovulation (or with the onset of symptoms in the luteal phase) and stopping when symptoms subside. The treatment indicated in adolescents is the same as in the adult population, for example: fluoxetine 20 mg/day orally.

Role of the Primary Care pediatrician

The Primary Care pediatrician establishes contact with his patients from the first days of life, so he has the advantage of having a close relationship with them and their families. The control of growth and development that he carries out over the years offers him the possibility of being able to detect alterations in the pubertal development of the girl at the beginning of adolescence. It is essential to know the chronology of pubertal development and its possible variations, and the association that certain systemic diseases or genetic or chromosomal abnormalities may present with alterations in pubertal development or the menstrual cycle, to suspect the existence of pathology in the progression of puberty.

If menarche has not occurred by 14 years of age with the absence of secondary sexual characteristics or by 16 years of age with their presence, it is necessary to refer for an endocrinological and/or gynecological assessment due to primary amenorrhea. Delaying referral is not recommended, as it is highly associated with the existence of pathology, except in cases of developmental and constitutional delay, in which case there is a family history. Menstrual cycle disturbances are very common in the first years after menarche, especially during the first one, so in their presence, the adolescent and family must be reassured, informing that as the HPO axis matures it will resolve without requiring treatment in most cases. In case of prolonged amenorrhea or if they are accompanied by clinical signs of hyperandrogenism, it is advisable to refer to the Endocrinology and/or Gynecology consultation due to a high suspicion of ovarian or adrenal pathology. It is necessary to take into account the influence that physical or psychological stress can have on the menstrual cycle and investigate its possible relationship.

In cases in which the alterations of the menstrual cycle are due to excess, it is necessary to assess whether they meet the criteria for heavy menstrual bleeding, carry out analyzes and from Primary Care initiate the treatment of those of mild intensity and follow up. Most of the clinical pictures are related to anovulation and will resolve with maturation of the HPO axis. Cases of more severe intensity with clinical or analytical repercussions, those that do not show improvement after treatment with NSAIDs or antifibrinolytics, or those that are prolonged over time, require more specific studies and treatments.

Dysmenorrhea is a frequent symptom in adolescence, more typical time after menarche, since it is related to the presence of ovulatory cycles. It usually presents a good response to treatment with different NSAIDs. In cases of severe dysmenorrhea or those that do not show improvement with an adequate pattern of analgesia, it is recommended to perform a gynecological evaluation to rule out organic pathology. Severe cases present a good response to hormonal therapy.

PMS is not frequent in adolescence, but from Primary Care its diagnosis can be suspected in the presence of anxious or depressive symptoms directly related to the post-ovulatory stage and that improve after menstruation. In severe cases, it may be necessary to start hormone therapy or SSRI, so referral to Gynecology or Psychiatry should be considered.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript.

Bibliography

The asterisks reflect the interest of the article according to the authors.

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Recommended bibliography

- Ginecología Pediátrica. Documentos de Consenso SEGO 2017 (Pediatric Gynecology. Consensus Documents SEGO 2017). Coordinator: Cancelo Hidalgo MJ. Members: Parera i Junyent N, Almansa González C, Rodríguez Jiménez MJ, Hernández de la Calle I.

Basic introduction to the physiology and gynecological pathology of children and adolescents, essential for both gynecologists and pediatricians, with the participation of the Gynecology Group for Children and Adolescents of the SEGO.

- Guía de Atención Ginecológica en la Infancia y Adolescencia. Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. 2013 (Gynecological Care Guide for Children and Adolescents. Spanish Society of Gynecology and Obstetrics. 2013).

Essential guide for child and adolescent gynecology consultation and adolescent pediatrics. The chapters analyzed include the pathologies that are the most frequent reason for consultation. Concise, easy to use, and with a diagnostic and therapeutic approach guide.

- Argente Oliver J, Soriano Guillén L. Manual de Endocrinología Pediátrica. 2ª ed. Madrid. Ergon. 2014. (Manual of Pediatric Endocrinology).

This manual of Pediatric Endocrinology, fundamental for the knowledge of this topic, is understandable and has an agile reading. Its diagnostic-therapeutic algorithms are of great interest for their application in daily practice.

- Pediatric Endocrinology website. Available at:
http://www.webpediatrica.com/endocrinoped/endocrinopedia.php.

Web page that is constantly updated on Pediatric Endocrinology. It is easy to navigate and contains very good diagnostic and therapeutic guidance. It is also very well documented.

- Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. Medicina de la adolescencia. Atención integral (3ª ed.). SEMA. Ergon. 2021. (Adolescent medicine).

Very complete work directed exclusively to adolescence. Multiple pathologies related to this stage are addressed. It includes important participation of professionals from different fields and has recently been updated.

 

Clinical case

 

Chief complaint

A 16-year-old female is referred for primary amenorrhea. She refers progression of secondary sexual characteristics (breast and hair). There are no other associated symptoms.

Personal history

Left unilateral vesicoureteral reflux. No previous surgical interventions. No current medications. She is currently an 11th grade student. Good academic performance. Good nutrition. She does not play sports.

Family background

She has a healthy younger brother and healthy parents. Mother´s age of menarche was 12 years.

Physical and gynecological examination

Weight: 59.5 kg. Height: 169 cm. BMI: 20.83 kg/m2. Feminine fat distribution. Tanner stage IV for breasts and stage IV for axillary and pubic hair. Gynecological examination: vulva without abnormalities. No perineal alterations. Normal clitoris and urethra. Transverse hymenal septum. Mild abdominal and sacral hirsutism. Abdominal gynecological ultrasound: the uterus is not visualized by this technique. Right ovary well visualized containing follicles, it measures 38 x 18 mm. Left ovary: it is visualized with difficulty, measurements: 24 x 17 mm.

Ancillary tests

Blood analysis: FSH: 4.3 mIU/mL; LH: 5.8 mIU/mL; Estradiol: 177 pg/mL; Progesterone: 11.5 ng/mL. Karyotype 46 XX; MRI: complete absence of uterus and most of the vagina, except for a small outline or stump of the distal end of the vagina and vaginal vestibule with normal appearance of the labia and vulva region.

 

 

 

Consentimiento informado y aspectos legales en la atención al adolescente

L. Rodríguez Molinero*, F. de Montalvo Jääskeläinen**
Regreso a las bases


L. Rodríguez Molinero*, F. de Montalvo Jääskeläinen**

*Doctor en Medicina. Pediatra acreditado en Medicina del Adolescente por la AEP.
**Profesor propio adjunto, Derecho Constitucional, UP Comillas (ICADE). Vicepresidente del Comité de Bioética de España

Resumen

Las relaciones humanas están cambiando de forma llamativa y esto afecta a las relaciones profesionales directamente. Las relaciones sanitarias entre los profesionales y los pacientes no son ajenas a estos cambios. Entre los factores que han contribuido a ello, están: el reconocimiento de las minorías y los derechos que las acompañan, los nuevos valores sociales (la salud como objeto de consumo), el resurgir de los principios éticos y morales, las normas administrativas relacionadas con la eficiencia, las relaciones entre los compañeros profesionales, los vaivenes de la economía o las circunstancias imprevisibles, como la pandemia COVID-19, etc.
La capacidad legal de obrar del adolescente respecto del tratamiento médico, es decir, si dichos menores de edad pueden autorizarlo o rechazarlo por sí mismos constituye, desde una perspectiva ético-legal, una cuestión especialmente compleja. Y ello es así, porque el adolescente es un sujeto que se encuentra precisamente en la fase final del tránsito entre la minoría de edad y la mayoría de edad sanitarias, es decir, entre una capacidad de obrar limitada a una plena capacidad de obrar, equiparable a la de los mayores de edad.

 

Abstract

Human relationships are changing dramatically and this affects professional relationships directly. Health relationships between professionals and patients are not exempt from these changes. Among the factors that have contributed to this is the recognition of minorities and the rights that accompany them, new social values (health as an object of consumption), the resurgence of ethical and moral principles, administrative regulations related to efficiency, the relationships between professional colleagues, the ups and downs of the economy or unforeseeable circumstances, such as the COVID-19 pandemic, etc.

The legal capacity of the adolescent to act with respect to medical treatment, that is, if minors can authorize or reject it by themselves, constitutes, from an ethical-legal perspective, a particularly complex issue. And this is so because the adolescent is a subject who is precisely in the final phase of the transition between being a minor and becoming of legal health age, that is, between a limited capacity to act and a full capacity to act, comparable to that of the elderly.

 

Palabras clave: Adolescencia; Bioética; Capacidad legal del menor.

Key words: Adolescence; Bioethics; Legal Capacity of the Minor.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 317.e1 – 317.e7


OBJETIVOS

    • Conocer los factores sociales que influyen en los cambios en las relaciones humanas y profesionales.

    • Saber la estructura asistencial del sistema español de salud.

    • Valorar la confidencialidad como base de una buena relación médico-adolescente.

    • Determinar la madurez del menor como determinante en la toma de decisiones.

    • Conocer los límites de los padres respecto a decisiones del adolescente sobre su tratamiento.

 

Consentimiento informado y aspectos legales en la atención al adolescente

Introducción

Las relaciones humanas están cambiando de forma llamativa y esto afecta a las relaciones profesionales directamente. Las relaciones sanitarias entre los profesionales y los pacientes no son ajenas a estos cambios.

La RAE define el consentimiento en su tercera acepción como: “manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula jurídicamente”.

Las relaciones humanas están cambiando de forma llamativa y esto afecta a las relaciones profesionales directamente. Las relaciones sanitarias entre los profesionales y los pacientes no son ajenas a estos cambios. Entre los factores que han contribuido a ello, están: el reconocimiento de las minorías y los derechos que las acompañan, los nuevos valores sociales (la salud como objeto de consumo), el resurgir de los principios éticos y morales, las normas administrativas relacionadas con la eficiencia, las relaciones entre los compañeros profesionales, los vaivenes de la economía o las circunstancias imprevisibles, como la pandemia COVID-19, etc.

No se pueden entender bien los problemas asistenciales, si previamente no conocemos cuáles son los factores que van a determinar el marco de la atención sanitaria.

¿Qué se entiende por asistencia sanitaria?

Se conoce como asistencia sanitaria o atención de salud al conjunto de servicios que se proporcionan al individuo, con el fin de promover, proteger y restaurar su salud. Según la Organización Mundial de la Salud, la asistencia sanitaria abarca todos los bienes y servicios diseñados para promover la salud, incluyendo: “intervenciones preventivas, curativas y paliativas, ya sean dirigidas a individuos o a poblaciones”(1).

En España, el derecho a la salud aparece reflejado en la Constitución de 1978, vigente en el momento actual, en su artículo 43, donde se reconoce el derecho a la protección de la salud de todos los españoles, y se establece que: “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”.

Nuestro modelo sanitario

Un modelo sanitario se puede definir como: “el conjunto de criterios o fundamentos doctrinales e ideológicos en los que están cimentados los sistemas sanitarios. Incluye aspectos como: la población que recibe esos servicios, quién lo financia, prestaciones, actuaciones y competencias de la salud pública y autoridad sanitaria”.

La OMS define el Sistema de Salud como: “la suma de todas las organizaciones, instituciones y recursos cuyo objetivo principal consiste en mejorar la salud. Necesita personal, financiación, información, suministros, transporte y comunicaciones, así como una orientación y una dirección generales. Tiene que proporcionar buenos tratamientos y servicios que respondan a las necesidades de la población y sean justos desde el punto de vista financiero”. Según la OMS, a cualquier sistema sanitario que pretenda ser óptimo, se le deben exigir las siguientes cualidades: universalidad, atención integral, equidad, flexibilidad y participación real de la población.

La financiación de nuestro modelo de salud es mixto (liberal y socializado). Se basa en la separación entre la financiación y la provisión de los servicios sanitarios. La provisión de los servicios será indistintamente pública y privada, pero debe garantizarse el cumplimiento de unos parámetros de calidad asistencial adecuada. Se basa en la potenciación de la promoción y prevención y de la Atención Primaria de salud.

En la actualidad, la gestión de la asistencia sanitaria se encuentra transferida a las distintas Comunidades Autónomas, quedando las competencias en materia de sanidad como se describe en el documento elaborado por el Ministerio de Sanidad y Política Social del año 2010.

El Sistema Nacional de Salud se organiza en dos entornos o niveles asistenciales: Atención Primaria (AP) y Atención Especializada (AE). La Atención Primaria tuvo su despegue asistencial desde la conferencia de la OMS-UNICEF de Alma-Ata, en 1978, cuando se define la AP. Las características que definen la Atención Primaria son: accesibilidad, continuidad, integralidad, coordinación y enfoque clínico asistencial, docente e investigador.

La AP de salud es llevada a cabo por los equipos de Atención Primaria, formados por profesionales sanitarios y no sanitarios. Su núcleo básico lo forman: médicos de familia, personal de enfermería, trabajadores sociales y técnicos no sanitarios. El funcionamiento interno y soporte de la AP son: la docencia e investigación, la formación continuada, la organización interna, la gestión y política de calidad y la evaluación.

La Atención Especializada se presta en centros de especialidades y en los hospitales. El acceso a este nivel de atención se realiza por indicación de los facultativos de Atención Primaria.

En el artículo 56 de la Ley General de Sanidad, se definen las Áreas de Salud como: las estructuras fundamentales del sistema sanitario con una dirección, gestión y administración que garantiza la realización de todas las actividades de la Atención Primaria en las zonas básicas de su influencia. Como regla general, el Área de Salud extenderá su acción a una población no inferior a 200.000 habitantes ni superior a 250.000. Exceptuando las Comunidades Autónomas de Baleares y Canarias y las ciudades de Ceuta y Melilla, que podrán acomodarse a sus especificas peculiaridades. En todo caso, cada provincia tendrá, como mínimo, un Área. En esta misma ley se establece que las Áreas de Salud se dividirán en Zonas Básicas de Salud, que son los ámbitos que cubre un Centro de Salud.

Modelo de asistencia sanitaria

El modelo de asistencia actual está centrado en el paciente (ACP), la OMS define la Asistencia Centrada en el Paciente como: “aquella que se consigue cuando se pone a la persona como eje sobre el que giran el resto de las dimensiones relacionadas con la intervención basada en evidencia científica, la organización del servicio, el equipo y la interdisciplinariedad y el ambiente”(2,3).

Valores sociales. Derechos humanos. Crisis de valores. Valores de la salud

“Los valores sociales son criterios que rigen el modo de ser, estar y actuar en un determinado grupo social”. No obstante, la desconexión progresiva que la persona ha sufrido a lo largo de la Historia con respecto a su modo de ser original, le ha llevado progresivamente a alejar sus comportamientos de la guía de conducta basada en los valores humanos arquetípicos, y a incluir otro tipo de valores en función del sistema social vigente en el grupo. La cultura, la política, la economía, la educación, etc. del lugar y del momento han condicionado el establecimiento de estos valores y el nivel de respeto de los mismos.

En una sociedad como la actual, en donde prima lo económico sobre lo humano, los valores sociales son un reflejo de dicho modo de vida (éxito, poder, prestigio, obediencia, autorrealización, etc.). En este caso, la recuperación de los verdaderos valores humanos se convierte en una tarea de gran relevancia, si deseamos modificar el estado actual de nuestras relaciones sociales y crear una nueva sociedad más justa, pacífica y solidaria.

Relación médico-paciente

Desde el nacimiento, estamos aprendiendo cómo satisfacer las necesidades básicas a través del tacto, la vista y el olfato. Posteriormente, vamos perfeccionando el lenguaje verbal o gestual. A través de la comunicación es como conseguimos satisfacer nuestras necesidades, muy bien descritas por Maslow(4).

La relación médico-paciente, a pesar del avance técnico, tendrá siempre una importancia definitiva en la curación de los pacientes. En esta relación, es donde se contempla el componente emocional del ser humano en situación de necesidad o enfermedad(4).

Actualmente, se entiende que todo proceso morboso afecta tanto a lo corporal como a lo mental. Cualquier proceso tiene un componente físico y otro psíquico. El efecto placebo es responsable del 30-40% del éxito de un tratamiento. Este efecto está basado en el aspecto psíquico o espiritual de la persona (relación chamánica)(4,5).

La relación chamánica se basa en la confianza (esperanza firme que se tiene de alguien) y confidencialidad (preservar lo hecho o lo dicho).

Relación médico-adolescente

En la actualidad, se conoce cada vez mejor la relación entre la conducta y el neurodesarrollo de los adolescentes. Entre los 10 y los 19 años suceden cambios cerebrales, fundamentalmente en el lóbulo prefrontal. Este lóbulo es el encargado de las funciones superiores humanas: aprendizaje, razonamiento, memoria de trabajo a corto plazo, capacidad de concentración, planificación, responsabilidad, etc.; todo lo cual nos ayuda a comprender el humor, la impulsividad y la desmotivación del adolescente. A lo largo de la entrevista con el adolescente aparecen datos, unos neutros y otros dotados de una alta carga emocional y privada, que precisan del respeto escrupuloso por parte del médico, además de ser datos protegidos por la ley.

La entrevista se convierte en un conjunto de actitudes y técnicas fruto de un aprendizaje autocrítico, de modo que el buen entrevistador no “nace”, sino que se “hace”(7). El médico asertivo asume sus limitaciones y dificultades a la hora de atender a los diversos tipos de adolecentes: comunicativos, silenciosos, emocionales-llorosos y agresivos-oposicionistas. Cada caso exige actitudes distintas, pero siempre teniendo en cuenta lo dicho anteriormente.

La madurez de un adolescente

Madurez es el estado de una persona que ha alcanzado su mejor momento en algún aspecto. Valorar la madurez de una persona, y más la de un adolescente, es una tarea difícil y arriesgada, pero hay que hacerlo por razones prácticas y operativas. Alguien podría decir que es una contradicción, dado que partimos de la base de que el adolescente es inmaduro desde el punto de vista del neurodesarrollo.

Madurez, autonomía, competencia y capacidad son palabras que usamos como sinónimos en el lenguaje habitual, pero son conceptos distintos. Madurez es la capacidad de hacer juicios morales en función de los propios principios. Autonomía es la capacidad de valerse por sí mismo. Competencia es la coherencia entre los juicios morales y las acciones.

Finalmente, capacidad es la posibilidad de obrar o actuar jurídicamente, y se adquiere progresivamente.

Hablar de madurez en el adolescente puede parecer un contrasentido. Los avances en el conocimiento del neurodesarrollo muestran que el cerebro no termina de desarrollarse hasta bien entrados los veinte años.

En la práctica clínica, cada vez está más extendido el modelo de asistencia centrada en el paciente (ACP). Este modelo considera fundamental la autonomía del adolescente, su capacidad de tomar decisiones como si se tratara de una persona madura, pero menor (“menor maduro”). Hay autores (Cherry, 2013; Partridge, 2013 y 2014) contrarios a la teoría del “menor maduro” sobre la base de que sus estructuras pre-frontales están menos desarrolladas que en los adultos.

La teoría del “menor maduro” considera que son capaces de tomar decisiones en algunos momentos concretos. Organizaciones como la Academia Americana de Pediatría (AAP, 1995), sostienen que a partir de los 14 años los adolescentes pueden tener una capacidad de decisión similar a la de los adultos si tienen información suficiente, e incluso que a partir de los 9 años pueden participar significativamente en las decisiones que les afectan.

Hay estudios que muestran que a los adolescentes les gustaría tener más información de la que se les da; el 96% de adolescentes con enfermedades crónicas y el 88% de los sanos, querrían compartir la toma de decisiones en caso de estar muy enfermos. Además, valoran la confidencialidad y aseguran que, en alguna ocasión, les gustaría decidir solos (Berlan y Bravender). En el caso de los divorcios de los padres, el 91% de los menores quiere participar en las decisiones. En coherencia con ello, el 70% de los padres considera que sus hijos deben ser consultados en función de su edad y madurez, pero que no tienen que decidir ellos(6).

Independientemente de las consideraciones sobre la madurez o inmadurez de los adolescentes, hay razones para considerar la necesidad de ser consultados:

• La sociedad necesita ciudadanos maduros y estos empiezan a serlo desde la adolescencia.

• Las leyes reconocen el derecho a manifestar su opinión.

• Los adolescentes necesitan una guía para gestionar sus cambios biopsicosociales que los llevará a madurar.

• Porque las políticas públicas sobre adolescencia necesitan contar con su participación, tanto de mujeres como de varones. Ambas complementan  la ética de los cuidados y la ética de la justicia (Gilligan, 1982).

Teleasistencia o telemedicina

La Organización Mundial de la Salud (OMS)(1) define la Telemedicina como: “aportación de servicios de salud donde la distancia es un factor crítico, por cualquier profesional de la salud, usando las nuevas tecnologías de la comunicación para el intercambio válido de información en el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de enfermedades o lesiones, investigación y evaluación, y educación continuada de los proveedores de salud, todo con el interés de mejorar la salud de los individuos y sus comunidades”(7).

¿Cómo se debe atender al adolescente?

La Society for Adolescent Health and Medicine recomienda que siempre se tengan en cuenta los siguientes valores: disponibilidad, visibilidad, calidad, confidencialidad, satisfacción, flexibilidad y coordinación.

Los factores descritos actúan sobre los profesionales y condicionan su asistencia. La Society for Adolescent Health and Medicine recomienda que siempre se tengan en cuenta los siguientes valores: disponibilidad, visibilidad, calidad, confidencialidad, satisfacción, flexibilidad y coordinación(8). En otras palabras, se trata de: favorecer el encuentro, evitar la presencia de los padres en algún momento especial, darles responsabilidad para su curación y explicar la situación que padecen.

Como en todas las actividades humanas, se exigen unas motivaciones, tanto externas (prestigio, reconocimiento social) como internas (satisfacción, autorrealización). En esta especialidad, las motivaciones internas van a ser muy determinantes(7).

Algunas actividades en medicina de la adolescencia tienen que ver con el voluntarismo y la postura ética más que con las exigencias formales del Sistema Nacional de Salud.

En ocasiones, podemos pensar que los adolescentes no necesitan nada, que van sobrados de todo y que es nuestro paternalismo lo que nos induce a actuar de esa manera. Pues bien, esto no es así y la experiencia indica que un 20% necesita ayuda, orientación, estímulo y adaptación a una familia, un sistema y una sociedad compleja no siempre justa, y cada vez más sofisticada y exigente(8).

Silber describe tres modelos de asistencia a adolescentes(9):

1. Activo-pasivo. El médico “actúa” sobre el paciente y este no es capaz de responder. Igual que los padres ante el recién nacido.

2. Guía-cooperación. El médico recomienda un tratamiento y el paciente obedece. Es lo que pasa entre el padre y el niño escolar.

3. Participación mutua. El profesional orienta al paciente, para que este se ayude a sí mismo. En la vida normal es la relación adulto-adulto.

La vida del médico también se desarrolla entre el tiempo y el espacio, y esto hay que considerarlo, sobre todo, cuando hablamos de tiempos largos. Entre la exigencia y nuestra limitación no tenemos resuelto el conflicto. No es fácil.

El respeto a la autonomía del adolescente es un principio elemental en la relación con él. Darle información y capacitación para que desarrolle la responsabilidad de sus decisiones.

La confianza genera confidencialidad y esta exige mantener la discreción y el secreto de lo que conocemos, sin el cual no habrá eficiencia clínica. El secreto médico es un derecho de los pacientes y está contemplado en las leyes.

¿Cuál es nuestra actitud profesional?

La Society for Adolescent Health and Medicine ha definido las siete características que deben configurar la atención a este grupo de edad. De su aplicación derivará una atención satisfactoria, tanto para el adolescente como para el médico. Estas características son: disponibilidad, visibilidad, calidad, confidencialidad, satisfacción, flexibilidad y coordinación.

¿Cómo es la sociedad en la que han nacido?

Esta sociedad llamada de consumo, industrial, de producción y mercado, condiciona de una forma u otra toda nuestra vida y, por tanto, también la de los adolescentes. Bandura dice que, sin estas características, tendríamos que hablar de otra cosa distinta y el mundo sería forzosamente distinto. La familia ha pasado a ser una unidad de producción, en vez de una unidad de afecto. El factor protector de la familia es muy limitado. Nos corresponde a los profesionales de la salud suplir esa ausencia de factor protector en forma de “paternalismo terapéutico”.

Papel de las “TICs”, tecnologías de la información y la comunicación

La presencia de las TICs en la sociedad en la que han nacido nuestros adolescentes está ocasionando cambios importantes en la forma de relacionarse, no solo entre ellos, sino también con el médico.

La capacidad legal de obrar del adolescente frente al tratamiento médico

La capacidad legal de obrar del adolescente respecto del tratamiento médico, es decir, si dichos menores de edad pueden autorizarlo o rechazarlo por sí mismos constituye, desde una perspectiva ético-legal, una cuestión especialmente compleja.

La capacidad legal de obrar del adolescente respecto del tratamiento médico; es decir, si dichos menores de edad pueden autorizarlo o rechazarlo por sí mismos constituye, desde una perspectiva ético-legal, una cuestión especialmente compleja. Y ello es así, porque el adolescente es un sujeto que se encuentra precisamente en la fase final del tránsito entre la minoría de edad y la mayoría de edad sanitarias; es decir, entre una capacidad de obrar limitada a una plena capacidad de obrar, equiparable a la de los mayores de edad.

El menor de edad es un sujeto móvil en cuanto a su capacidad, ya que evoluciona progresivamente, desde una falta absoluta de capacidad hasta una capacidad equiparable a la de un mayor de edad, entendiendo por la mayoría de edad común, según prescribe la Constitución, los 18 años.

En todo caso, pese a que la mayoría de edad se adquiere en nuestro ordenamiento jurídico a partir de los dieciocho años de edad, ello lo es a los efectos fundamentalmente del ejercicio de los derechos y libertades políticas (artículo 12 de la Constitución Española). El propio ordenamiento jurídico reconoce capacidad de obrar al menor de edad y, especialmente, al adolescente, para muchos actos y negocios jurídicos y, entre ellos, singularmente, los que vienen referidos al ámbito de los tratamientos médicos.

El artículo 9.3 c) de la Ley 41/2002 de autonomía del paciente, regula el régimen de la capacidad de obrar del adolescente en el ámbito sanitario, y así dispone que el consentimiento lo prestará su representante legal (consentimiento por representación) cuando el paciente menor de edad no sea capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de la intervención, después de haber escuchado su opinión, sobre todo, a partir de los doce años de edad.

Así pues, el citado precepto no establece una edad determinada a partir de la cual el adolescente pueda disponer de capacidad de obrar en el ámbito sanitario. Simplemente, se establece que tal facultad se modulará de acuerdo con su capacidad intelectual y emocional, en relación con el correspondiente tratamiento médico. Así pues, concurrirían dos elementos: uno subjetivo, representado por la madurez intelectual y emocional del adolescente; y otro objetivo, relacionado con la naturaleza y consecuencias del acto médico.

Por ello, podría afirmarse que el adolescente puede gozar de capacidad para autorizar o rechazar un tratamiento médico, siempre que pueda constatarse que dispone de madurez intelectual y emocional.

Tal conclusión, también permite alcanzarla el propio paradigma en el que se asienta, en general, el régimen de la capacidad de obrar de los menores de edad, a partir de la Ley Orgánica 1/1996 y, sobre todo, tras su reforma en 2015. En la Exposición de Motivos, se describe el nuevo paradigma en los siguientes términos que exponemos de manera resumida (que reproducimos por su interés para el debate que estamos planteando; hemos introducido negrita en algunos textos para destacarlos):

“Las transformaciones sociales y culturales operadas en nuestra sociedad han provocado un cambio en el status social del niño y como consecuencia de ello se ha dado un nuevo enfoque a la construcción del edificio de los derechos humanos de la infancia.

Este enfoque reformula la estructura del derecho a la protección de la infancia vigente en España y en la mayoría de los países desarrollados desde finales del siglo XX, y consiste fundamentalmente en el reconocimiento pleno de la titularidad de derechos en los menores de edad y de una capacidad progresiva para ejercerlos.

El desarrollo legislativo postconstitucional refleja esta tendencia, introduciendo la condición de sujeto de derechos a las personas menores de edad. Así, el concepto «ser escuchado si tuviere suficiente juicio» se ha ido trasladando a todo el ordenamiento jurídico en todas aquellas cuestiones que le afectan. Este concepto introduce la dimensión del desarrollo evolutivo en el ejercicio directo de sus derechos.

Las limitaciones que pudieran derivarse del hecho evolutivo deben interpretarse de forma restrictiva. Más aún, esas limitaciones deben centrarse más en los procedimientos, de tal manera que se adoptarán aquéllos que sean más adecuados a la edad del sujeto.

El ordenamiento jurídico, y esta Ley en particular, va reflejando progresivamente una concepción de las personas menores de edad como sujetos activos, participativos y creativos, con capacidad de modificar su propio medio personal y social; de participar en la búsqueda y satisfacción de sus necesidades y en la satisfacción de las necesidades de los demás.

El conocimiento científico actual nos permite concluir que no existe una diferencia tajante entre las necesidades de protección y las necesidades relacionadas con la autonomía del sujeto, sino que la mejor forma de garantizar social y jurídicamente la protección a la infancia es promover su autonomía como sujetos…”

Sin embargo, este nuevo paradigma de la toma de decisiones del adolescente en el ámbito de la salud y que informaría a favor de que el adolescente pueda autorizar o rechazar el tratamiento sin intervención de sus padres, queda matizado, a continuación, por el propio artículo 9, cuando en su apartado 4 dispone que, cuando se trate de menores emancipados o mayores de 16 años que no se encuentre en el supuesto del artículo 9.3 c), no cabe prestar el consentimiento por representación. Y esto se completa, a continuación, en el siguiente párrafo, señalando que, no obstante, lo dispuesto en el párrafo anterior, cuando se trate de una actuación de grave riesgo para la vida o salud del menor, según el criterio del facultativo, el consentimiento lo prestará el representante legal del menor, una vez oída y tenida en cuenta la opinión del mismo.

Ello significa, pues, que el menor de edad tendrá plena capacidad de obrar en el ámbito sanitario a partir de los dieciséis años de edad, salvo que el correspondiente tratamiento suponga un grave riesgo, en cuyo caso, la capacidad no se alcanzará hasta la mayoría de edad común, los dieciocho años de edad.

Así pues, en principio, existe una presunción de plena capacidad de obrar del menor de edad a la hora de autorizar o rechazar el tratamiento, cuando cuente con dieciséis o más años. Además, si el menor de edad tuviera menos años que estos, podrá también aceptarse que él preste el correspondiente consentimiento, sin participación de sus padres, siempre que goce de suficiente madurez intelectual y emocional para entender lo que supone el tratamiento. En este último caso, la carga de la prueba recae sobre el profesional sanitario, ya que no se presume la plena capacidad de obrar como ocurre con el menor de dieciséis o más años(10).

¿Pueden los padres, actuando en representación de su hijo sin capacidad suficiente, ¿rechazar el tratamiento?

A la hora de valorar la eficacia del rechazo al tratamiento, hay que diferenciar entre que el sujeto, adolescente, esté actuando en su propia representación por tener 16 o más años o, en su caso, la suficiente madurez intelectual y emocional, o que la decisión la adopten sus representantes a través del consentimiento por representación.

A la hora de valorar la eficacia del rechazo al tratamiento, hay que diferenciar entre que el sujeto, adolescente, y según lo explicado en el apartado anterior, esté actuando en su propia representación por tener 16 o más años o, en su caso, la suficiente madurez intelectual y emocional, o que la decisión la adopten sus representantes a través del consentimiento por representación.

En el primer caso, las facultades de rechazo al tratamiento del adolescente “maduro” serían, en principio, las mismas que las de un mayor de edad, salvo la excepción del grave riesgo para su vida o salud.

En el segundo caso, cuando el consentimiento al tratamiento deba prestarse por representación, por no tener este ni 16 años ni madurez suficiente para entender las consecuencias de este o suponer el rechazo al mismo un grave riesgo para su vida o integridad, es decir, deben dar su autorización los padres de aquel, es importante recordar que el propio artículo 9 de la Ley de autonomía del paciente dispone, en su apartado 6, que los padres deben siempre actuar procurando el mayor beneficio para la vida o salud de su hijo. Es decir, los padres no actúan en este caso como si estuvieran decidiendo sobre su propio cuerpo, integridad o salud, sino que deciden sobre los intereses de un tercero, su hijo. De este modo, si la decisión de los padres es contraria a dichos intereses, deberán ponerse en conocimiento de la autoridad judicial, directamente o a través del Ministerio Fiscal, para que adopte la resolución correspondiente, salvo que, por razones de urgencia, no fuera posible recabar la autorización judicial, en cuyo caso, los profesionales sanitarios adoptarán las medidas necesarias en salvaguarda de la vida o salud del paciente, amparados por las causas de justificación de cumplimiento de un deber y de estado de necesidad.

Así pues, puede afirmarse que los padres no pueden, en principio, rechazar el tratamiento médico de su hijo adolescente, cuando tal decisión ponga en riesgo la salud de este. Los padres solo pueden actuar beneficientemente, en cuanto están decidiendo sobre un tercero, su hijo. El rechazo al tratamiento por parte de sus padres carecería de toda eficacia jurídica, pudiendo removerse y ser suplida tal negativa por la autoridad pública, dado que aquéllos habrían actuado de manera maleficiente en el ejercicio de sus funciones de la patria potestad y custodia, véase, en contra de la salud de su hijo.

Incluso, tal rechazo tendría legalmente la consideración de “situación de riesgo” en los términos que incorpora la Ley Orgánica 1/1996, cuando señala en su artículo 17.10 que: “la negativa de los progenitores, tutores, guardadores o acogedores a prestar el consentimiento respecto de los tratamientos médicos necesarios para salvaguardar la vida o integridad física o psíquica de un menor constituye una situación de riesgo. En tales casos, las autoridades sanitarias, pondrán inmediatamente en conocimiento de la autoridad judicial, directamente o a través del Ministerio Fiscal, tales situaciones a los efectos de que se adopte la decisión correspondiente en salvaguarda del mejor interés del menor”(11) (Fig. 1).

Figura 1. Flujograma que resume de manera esquemática las recomendaciones asistenciales en el ámbito sanitario, según la edad del menor y el tipo de actuación, en el contexto de la legislación vigente. Fuente: Pina-Camacho L, Vidal J, Picouto MD, Justo Ortiz E, de Montalvo Jääskeläinen F, Moreno C, et al. Atención a menores con progenitores en conflicto en materia de información y consentimiento relativos a la salud de los hijos. Protocolo asistencial en el contexto de la legislación vigente. An Pediatr (Barc). 2021; 94: 338.e1-e7.

*Sin incapacidad legal / sin incapacidad intelectual o emocional para conocer alcance de la intervención.

**Basta el de uno de ellos en situaciones de urgente necesidad / otras excepcionales art 156 CC y RDL 2018.

En el caso de padres en situación de separación o ruptura familiar, si la custodia la ostenta uno de los padres o es compartida (manteniendo ambos la patria potestad que es lo habitual), puede aceptarse el consentimiento por representación de uno de los padres (el que tenga la custodia en exclusiva o uno de los que la tenga compartida), cuando se trate de un tratamiento ordinario (p. ej., las vacunas del calendario vacunal). En el caso de tratarse de un tratamiento extraordinario, es decir, fuera de lo ordinario (p. ej.: una cirugía o tratamientos psicológicos o psiquiátricos), debe obtenerse el consentimiento de ambos, si ambos tienen la patria potestad y con independencia de que solo uno tenga la custodia. Eso sí, no debe olvidarse que tal requisito no significa que ninguno de ambos padres pueda actuar en contra del mejor interés de su hijo y rechazar el tratamiento, conforme prescriben el artículo 9.6 de la Ley de autonomía del paciente y el artículo 17.10 Ley Orgánica 1/1996.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

1. ONU. Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 25, párrafo 1).

2. Rodríguez, P. La atención integral y centrada en la persona. Papeles de la Fundación Pilares para la Autonomía Personal. 2013. Consultado el 1 de marzo de 2021. Disponible en: https://www.fundacionpilares.org/docs/encuentro_PPT_Rodriguez.pdf.

3. Hacia un modelo de atención más centrada en la persona. Disponible en: https://osieec.osakidetza.eus/blog/hacia-un-modelo-de-atencion-mas-centrada-en-la-persona/.

4. Rodríguez Molinero L, Montalvo Jäaskeläinen F. Atención al adolescente y aspectos legales. An Pediatr Contin. 2014; 12: 152-5. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-anales-pediatria-continuada-51-articulo-la-atencion-al-adolescente-aspectos-S1696281814701854.

5. Rodríguez Molinero L. Entrevista clínica al adolescente. Pediatr Integral. 2013; XVII: 128-32.

6. Martín Badía J. La valoración de la madurez en adolescentes. Requisitos, indicadores y condicionantes. Consultado el 7 de marzo de 2022. Disponible en: https://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/412000423/720.

7. Prados Castillejos JA. Telemedicina, una herramienta también para el médico de familia. Aten Primaria. 2013; 45: 129-32. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-atencion-primaria-27-articulo-telemedicina-una-herramienta-tambien-el-S0212656712003484.

8. Rodríguez Molinero L. Atención al adolescente. ¿Quién?, ¿Cómo?, ¿Dónde? Adolescere. 2016; IV: 17-27. Disponible en: https://www.adolescere.es/revista/pdf/volumen-IV-n1-2016/2016-n1-17_atencion-al-adolescente.pdf.

9. Silber TJ. Perfil del médico que atiende a adolescentes. En: Hidalgo MI Vicario, Redondo Romero AM y Castellano Barca G. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2a ed. Ergon. Madrid. 2012.

10. Pina-Camacho L, Vidal J, Picouto MD, Justo Ortiz E, de Montalvo Jääskeläinen F, Moreno C, et al. Atención a menores con progenitores en conflicto en materia de información y consentimiento relativos a la salud de los hijos. Protocolo asistencial en el contexto de la legislación vigente. An Pediatr (Barc). 2021; 94: 338.e1-e7.

11. de Montalvo Jääskeläinen F. Menores de edad y consentimiento informado. Tirant lo Blanch. Valencia. 2019.

Bibliografía recomendada

- La relación médico-enfermo. Historia y teoría. Pedro Laín Entralgo.

Una publicación básica que resume el pensamiento de una escuela de medicina. A pesar de estar descatalogado, está disponible en Internet. Debería ser obligado su estudio en las facultades.

- Pina-Camacho L, Vidal J, Picouto MD, Justo Ortiz E, de Montalvo Jääskeläinen F, Moreno C, et al. Atención a menores con progenitores en conflicto en materia de información y consentimiento, relativos a la salud de los hijos. Protocolo asistencial en el contexto de la legislación vigente. An Pediatr (Barc). 2021; 94: 338.e1-e7.

Entre los principales cambios sociales y legislativos que se han producido en España en los últimos años, en materia de familia, se encuentran el aumento progresivo de situaciones de conflicto judicializado entre progenitores y la aparición de la Ley 26/2015 de Protección a la Infancia, que modificó la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente.

 

 

 

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Temas de Formación Continuada:

Patología psiquiátrica prevalente en la adolescencia

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*Pediatra acreditado en Psiquiatría Infantil (A.E.P.) y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife.
**Pediatra y Terapeuta de la Conducta Infantil. Clínica Bello Campo, Caracas, Venezuela. Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (CIPPSV). Caracas. Venezuela


El texto completo únicamente está disponible en www.pediatriaintegral.es
Pediatr Integral 2017; XXI (5): 334 – 342


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F. López Sánchez

Catedrático de Psicología de la Sexualidad. Universidad de Salamanca


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El hipo, ¿un signo inane en pediatría?

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Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza


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Exploración ginecológica y alteraciones más frecuentes del ciclo menstrual en la adolescencia

M. Guerrero Ibáñez, M. Franco Horta, J. Martínez-Guisasola Campa
Temas de FC


M. Guerrero Ibáñez, M. Franco Horta, J. Martínez-Guisasola Campa

Servicio de Obstetricia y Ginecología Infanto-juvenil. Hospital Universitario de Burgos

Resumen

El objetivo principal de este artículo es una actualización orientada a la práctica diaria sobre los motivos de consulta más frecuentes relacionados con las alteraciones del ciclo menstrual en la etapa puberal y en la adolescencia. Durante la transición a la pubertad y en los primeros años de esta, las alteraciones del ciclo menstrual, desde la amenorrea al sangrado menstrual frecuente o infrecuente, son uno de los principales motivos de consulta en Ginecología. En un alto porcentaje de jóvenes, están relacionadas con la propia inmadurez del eje hipotálamo-hipófisis-ovario (HHO) y la anovulación asociada. La dismenorrea es otro motivo de consulta habitual por la repercusión en la calidad de vida que puede tener en la joven, y es fundamental su tratamiento adecuado. Las amenorreas primarias presentan una elevada asociación con patología genética y endocrina, por lo que deben ser diagnosticadas de manera temprana. Además, queremos destacar la importancia de una adecuada anamnesis y exploración física general y ginecológica en la orientación diagnóstica de estos cuadros.

 

Abstract

The principal aim of this article is to review the main disturbances of the menstrual cycle in the pediatric and adolescent age group. During their transition through puberty, disorders of menstruation become the most common complaint requiring the attention of the gynecologist, referring to problems like amenorrhea, dysfunctional uterine bleeding and dysmenorrhea. The immaturity of the hypothalamic -pituitary-ovary axis and the anovulation that it associates, are involved in a high proportion of the episodes. The importance of an accurate diagnosis and treatment lies in the impact of dysmenorrhea on the quality of life. Primary amenorrhea is strongly associated with genetic diseases and endocrine disorders so it is important to achieve the diagnosis as soon as possible. Moreover, we want to highlight the relevance of the anamnesis and physical exam which can provide us with an interesting approach to the problem.

 

Palabras clave: Adolescencia; Exploración ginecológica; Sangrado menstrual; Amenorrea; Dismenorrea.

Key words: Adolescence; Gynecological examination; Menstrual cycle; Amenorrhea; Dysmenorrhea.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 270 – 279

 


OBJETIVOS

• Realizar una anamnesis específica para valorar la existencia de alteraciones del ciclo menstrual, y conocer las circunstancias que pueden favorecer la comunicación con la niña o adolescente.

• Conocer cómo se debe llevar a cabo la exploración ginecológica en la niña y en la adolescente y el entorno que puede favorecer su realización.

• Identificar situaciones que cumplan criterios de amenorrea primaria y secundaria e iniciar estudio etiológico.

• Identificar a las adolescentes que presentan sangrado menstrual abundante y realizar el tratamiento más adecuado para cada situación clínica.

• Diagnóstico y tratamiento de la dismenorrea primaria.

• Identificar el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual.

 

Exploración ginecológica y alteraciones más frecuentes del ciclo menstrual en la adolescencia

 

Exploración ginecológica

Introducción

La demanda de atención en la consulta de Ginecología Infantojuvenil va en aumento, ante la aparición de determinados signos o síntomas que, en ocasiones, crean dudas entre la fisiología y la patología del desarrollo puberal, y requieren un estudio más específico; pero, en otras ocasiones, esta demanda está en relación con el desconocimiento de la amplia variabilidad de la fisiología de la pubertad y del desarrollo de la niña y la adolescente; y en otras, se produce por la presión social y familiar actual de estudiar en profundidad la fisiología para descartar rotundamente la patología.

Anamnesis

La empatía y la proximidad son fundamentales en la entrevista. Los antecedentes familiares cobran especial importancia por su carga hereditaria, en especial, los femeninos.

La edad cronológica de las pacientes que son recibidas en consulta de Ginecología Infantojuvenil es variable. Las niñas de corta edad, requieren del apoyo de un progenitor, tanto para la anamnesis como para la exploración, en cuyo caso la presencia de esta figura adulta es esencial y realiza el acompañamiento en todo momento. En el caso de jóvenes adolescentes o si se sospecha la existencia de abusos sexuales, es aconsejable reservar un tiempo y espacio para una entrevista a solas con la paciente, en la que se sienta cómoda y en la que se asegure la confidencialidad de los datos aportados. La obtención de estos datos es fundamental para el diagnóstico y/o el tratamiento posterior.

Siempre que sea posible, en función de la edad, es importante que sea la paciente la que nos comunique la sintomatología que presenta, ya que la información transmitida por ella o por el familiar o acompañante puede ser contradictoria. Es fundamental escuchar y conocer de la niña o la joven sus inquietudes y vivencias, y transmitirle la importancia del conocimiento de su propio cuerpo y de los cambios actuales y futuros, así como despejar las dudas que pueda presentar. La proximidad y la empatía, pero sin paternalismos, son necesarias para el correcto desarrollo de la consulta(1,2).

Tras conocer el motivo de la consulta, se valorará la existencia de relación entre la sintomatología que presenta la paciente y sus antecedentes, tanto personales como familiares.

Se debe conocer la existencia de enfermedades actuales o previas de especial relevancia, alteraciones genéticas o cromosómicas que puedan condicionar el desarrollo, procesos oncológicos con radioterapia o quimioterapia que puedan afectar la reserva ovárica(3), intervenciones quirúrgicas abdominales especialmente pélvicas o en tracto genital inferior o la toma de medicación que pueda interferir en el normal funcionamiento del eje HHO. En mujeres jóvenes, se debe interrogar sobre el consumo de tóxicos e informar sobre su repercusión en la salud, aconsejando su interrupción.

En el caso de las amenorreas secundarias, un factor de relevancia es el estrés(3,4) emocional, físico o nutricional, que inhibe el eje HHO por aumento de la secreción de cortisol y que suprime la función reproductiva, con la posterior amenorrea como respuesta de adaptación funcional. Se aconseja valorar la existencia de: alteraciones del estado de ánimo, problemas de adaptación en centros escolares o laborales, estrés académico, problemas familiares o con relaciones del entorno… Son de especial relevancia, los cambios de hábitos alimentarios que conllevan pérdida o ganancia de peso en un periodo corto de tiempo, ya que también interfieren en el funcionamiento del eje, especialmente los que están en relación con los trastornos de la conducta alimentaria, así como el ejercicio físico intenso que realizan las atletas de alta competición. En nuestra experiencia hemos observado esta situación en las estudiantes de danza, en las que además de la práctica diaria de ejercicio físico intenso, en ocasiones, asocian una conducta alimentaria restrictiva.

Si la adolescente ya ha presentado la menarquia, se debe conocer el tiempo transcurrido desde esa fecha, ya que son frecuentes las irregularidades menstruales durante los 2-3 primeros años tras la menarquia(1,3). Otros datos importantes son la fórmula menstrual (FM: días de sangrado/intervalo, entre el inicio de un ciclo de sangrado y la aparición del siguiente), para valorar la existencia de alteraciones del ciclo menstrual, ya sea en la cantidad de sangrado o la ciclicidad de este, así como la fecha de la última regla (FUR), para conocer el momento del ciclo en el que se encuentra la paciente en el momento de la exploración y hacer una interpretación correcta de los hallazgos. La presencia de dismenorrea, dolor durante la regla, es habitual en las adolescentes y lo desarrollaremos posteriormente. En el caso de que la paciente tenga o haya tenido relaciones sexuales, es un buen momento para asesorar sobre anticoncepción y sobre la prevención de infecciones de trasmisión sexual, y se debe conocer la existencia de embarazos previos(1,3).

Teniendo en cuenta la repercusión que pueden tener los antecedentes familiares en la herencia y en el desarrollo ginecológico, es importante conocer la existencia de enfermedades en padres y hermanos, especialmente en los familiares de sexo femenino como madre y hermanas, respecto a: la edad de la menarquia, las alteraciones menstruales y la patología ginecológica, la existencia de trastornos de la coagulación (hipo/hipercoagulabilidad), la patología endocrinológica y los casos de pubertad precoz o tardía(1,3).

Exploración ginecológica y mamaria

La exploración ginecológica debe ser la mínima con la que se obtenga la máxima información. En ocasiones, puede posponerse si la paciente no está preparada para ella.

Hay que diferenciar claramente la exploración y valoración de la niña en edad pediátrica, sobre todo, las más pequeñas, y la exploración en la joven adolescente. La exploración ginecológica en la paciente pediátrica se reduce, en general, a situaciones para: descartar patología del aparato genital, el diagnóstico de infecciones ginecológicas o valorar la presencia de cuerpos extraños intravaginales. Es menos frecuente la consulta por sangrado genital o para valorar la existencia de abuso sexual. La exploración en la edad pediátrica crea temor e inquietud en la niña y es preferible que se realice con acompañante que, en la mayor parte de las ocasiones, colabora en la exploración, a no ser que la paciente demande lo contrario. Es importante la cercanía, explicar la exploración que se va a llevar a cabo en términos comprensibles, el objetivo de cada actuación y dar tiempo a que la paciente esté preparada para su realización(5). En ocasiones, puede ser que la exploración no sea imprescindible realizarla en ese momento, o que la paciente no esté preparada para ella, pudiendo posponerse hasta que la situación sea más favorable. La exploración ginecológica debe ser la mínima con la que se obtenga la máxima información(2).

Para realizar una exploración completa es preciso, además: una valoración del índice de masa corporal, la presión arterial, la glándula tiroides, los ganglios linfáticos, el desarrollo mamario, el abdomen, la piel y los anejos cutáneos.

Colocación de niñas y jóvenes prepúberes para una exploración ginecológica adecuada

Para que la exploración resulte eficaz, es importante adaptarla a la edad de la paciente.

Una explicación clara, concisa y sencilla de la exploración que se va a realizar puede facilitar la tranquilidad y cooperación de la paciente.

En el caso de niñas menores de 4 años, pueden colocarse sobre las rodillas del familiar, colocando las piernas de la niña a horcajadas sobre los muslos del adulto (Fig. 1A). Otra opción consiste en la colocación de la paciente en una camilla en decúbito supino con las caderas en abducción y los pies juntos, a modo de rana (Fig. 1B). Otra alternativa para la exploración, consiste en colocar a la paciente con los muslos pegados al pecho elevando los glúteos y las caderas (Fig. 1C), así se permite visualizar la parte inferior del himen, la parte baja de la vagina y, en ocasiones, la parte alta de la vagina y el cuello del útero, como inconveniente perdemos el contacto visual con la paciente.

Figura1

Figura 1. Colocación de niñas y jóvenes prepúberes para una exploración ginecológica adecuada. A. Sentada en el regazo de la madre. B. Posición en patas de rana. C. Posición de rodillas hacia el pecho. D. Demostración de visualización de genitales externos en posición decúbito prono genupectoral. (Imágenes A, C, y D de Finkel MA, Giardino AP [eds]: Medical examination of child sexual abuse: a practical guide, 2nd ed. Thousand Oaks, 2002, CA, 2002, pp. 46-64; Imagen B de McCann JJ, Kerns DL: The child abuse atlas, Evidentia Learning, 2018, www.childabuseatlas.com.

Las pacientes mayores pueden preferir utilizar los estribos en la camilla ginecológica, intentando que la paciente esté en una posición que permita el contacto visual constante durante la exploración. En el caso de que la paciente haya tenido relaciones sexuales, la exploración se realizará de la misma manera que en la mujer joven, mediante la inspección del tracto genital inferior y la visualización de vagina y cérvix mediante espéculos virginales.

Se recomienda realizar la exploración ginecológica con la paciente sola, siempre que sea mayor de 13 años o si es menor y lo solicita la paciente(1). Se debe reservar un tiempo de diálogo íntimo para que la adolescente plantee preguntas que no ha realizado con su acompañante, en especial las relacionadas con la esfera sexual o para plantear por nuestra parte esa posibilidad si no se ha realizado antes y ofrecer asesoramiento anticonceptivo y sobre infecciones de transmisión sexual (Tabla I).

La inspección y exploración mamaria es imprescindible en los casos de alteraciones del desarrollo puberal, sospecha de malformaciones o asimetría. El desarrollo inicial de la mama puede ser molesto y la exploración ser dolorosa, sin que esto implique patología. Es importante la palpación, especialmente en niñas obesas para valorar la presencia de tejido mamario que pueda llevar a cabo un estadiaje erróneo de los estadios de Tanner. El desarrollo del botón mamario puede ser asimétrico y pueden transcurrir hasta 12 meses de diferencia entre el inicio del desarrollo de una mama y el de la otra(1).

Al finalizar la exploración, independientemente de la edad de la niña o joven, es importante informarla de nuestro diagnóstico o sospecha diagnóstica, dirigiéndonos a ella con lenguaje comprensible y entablando la conversación con ella, haciéndola partícipe de la información para que la comprenda y realice las preguntas necesarias.

En la elaboración del informe definitivo sobre la exploración ginecológica y mamaria, especialmente en el caso de que se trate de un estudio de desarrollo puberal, se debe referenciar el estadio de maduración en función de los estadios de Tanner(6), fundamental, si el seguimiento se realiza entre varios especialistas para valorar de forma objetiva la evolución del desarrollo (Fig. 2).

Figura

Figura 2. Escalas de Tanner en niñas. Tomado de: Tanner JM. Growth at adolescence. 2ª ed. Oxford: Blackwell; 1962.

 

Exploraciones complementarias

La ecografía ginecológica es esencial en el estudio del aparato genital interno.

La ecografía ginecológica se ha convertido en una exploración básica y fundamental, cuando se debe evaluar el aparato genital interno por su inocuidad, fácil accesibilidad y la inmediatez y relevancia de la información para un diagnóstico en consulta. Las vías de exploración dependerán de la edad de la paciente, vía transabdominal con repleción vesical en las niñas o jóvenes no sexualmente activas, o intravaginal en las adolescentes con relaciones sexuales. En los casos en los que no sea posible la visualización del aparato genital interno por las anteriores vías, se puede recurrir a la realización de ecografía transrectal o transperineal(1,7).

Es importante conocer las diferencias de la anatomía del aparato genital interno en la etapa prepuberal y la pospuberal (Tabla II).

Si en la exploración mamaria se detecta algún nódulo o la presencia de secreciones por pezón (telorrea), es posible que se requieran otras exploraciones complementarias como: la ecografía mamaria, el estudio citológico de las secreciones o incluso la punción mamaria para estudio anatomopatológico de las lesiones.

 

Alteraciones del ciclo menstrual

El ciclo menstrual normal oscila entre 28 ± 7 días, una duración del sangrado de 4-8 días, y una pérdida menstrual entre 30-80 ml por ciclo. En la adolescencia, las alteraciones afectan al 75% de las jóvenes.

Según la ACOG(8) (Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos), es fundamental la identificación de alteraciones menstruales en la adolescencia, para prevenir problemas de salud en la edad adulta. Para cumplir este objetivo, es necesario conocer la fisiología de la pubertad, para comprender la diferencia entre la menstruación normal y patológica, considerando el ciclo menstrual como un signo vital, reflejo de un buen estado de salud.

El ciclo menstrual normal oscila entre 28 ± 7 días, con una duración del sangrado de 4-8 días, la cantidad de pérdida menstrual oscila entre 30-80 ml por ciclo. Algunos autores plantean una mayor flexibilidad en las adolescentes, ya que el 55-82% de los ciclos son anovulatorios en los 2 primeros años postmenarquia; entre el 30-55% entre los 2-4 años e incluso se detectan en el 20% de las jóvenes 5 años después de la menarquia(2,3,9,10).

Las alteraciones del ciclo menstrual afectan a un elevado número de adolescentes (75%)(2,3) y suelen ser secundarias a trastornos funcionales, por inmadurez del eje HHO. Son motivo frecuente de consulta y, habitualmente, están relacionadas con: la ausencia de regla (amenorrea primaria o secundaria), el intervalo entre ciclos (sangrado menstrual frecuente, infrecuente o irregular), el sangrado menstrual abundante, así como la presencia de dolor los días de la menstruación (dismenorrea).

Amenorrea

La amenorrea o ausencia de regla debe ser estudiada. Es más frecuente la amenorrea secundaria, de causa endocrina o funcional. Ante una amenorrea primaria, hay que descartar anomalías del desarrollo genital.

La ausencia de regla puede ser primaria o secundaria. La amenorrea primaria se define como la ausencia de regla a los 16 años en presencia de caracteres sexuales secundarios, o a los 14 años en ausencia de caracteres sexuales secundarios. El 60% de los casos se debe a anomalías genéticas que afectan al desarrollo genital, y el 40% a trastornos endocrinos. La amenorrea secundaria se define como la desaparición de la regla durante más de 6 meses(11).

Las principales causas de amenorrea quedan reflejadas en las tablas III y IV, y se superponen en ambos tipos de amenorrea, aunque la gran mayoría se reducen a los diagnósticos de: síndrome del ovario poliquístico (SOP), hiperprolactinemias, fallo ovárico prematuro (FOP) y amenorrea hipotalámica.

El Grupo de Interés de Endocrinología Reproductiva (GIER) para el diagnóstico de las amenorreas, en el año 2010 estableció una clasificación de las amenorreas en función del área anatómica etiológica y, de esta manera, se clasificaron en: central (hipotálamo-hipofisario), gonadal (ovárico) o genital (útero-vaginal)(12).

Sobre estas bases, se propone un algoritmo diagnóstico simplificado de las amenorreas.

La amenorrea primaria es menos frecuente que la secundaria y exige un estudio completo en el que la exploración general y el estadiaje del desarrollo puberal cobran especial relevancia(3,13).

• Desarrollo puberal normal con talla y peso normales, es sospechoso de malformación anatómica del útero o vagina: atresia de himen, himen imperforado, septo vaginal, agenesia de útero y/o vagina (síndrome de Rokitansky o síndrome de Morris o de feminización testicular o de insensibilidad a andrógenos). Complementar la exploración ginecológica con ecografía y/o RMN; en ocasiones, se precisa estudio hormonal y cariotipo.

• Retraso puberal: retraso puberal temporal, fallo hipotálamo-hipofisario (hipogonadismo hipogonadotropo) o fallo periférico (hipogonadismo hipergonadotropo). Estudios complementarios en función de la evolución. Es importante valorar la evolución mediante estadios de Tanner.

• Infantilismo: ausencia de desarrollo sexual a los 15-16 años (estadio Tanner I). Son necesarias determinaciones hormonales, exploraciones radiológicas de cráneo (Rx, TAC, RNM) y análisis cromosómico. La causa puede ser central: tumores hipofisarios (prolactinoma o craneofaringioma) o de origen hipotalámico (síndrome de Kallman) o gonadal, disgenesias gonadales que cursan con insuficiencia ovárica primaria (cromosómicas, importante el diagnóstico de cromosomopatía asociada a la presencia de cromosoma Y) o secundaria a tratamientos oncológicos (quimio o radioterapia).

• Infantilismo y bajo peso: valorar trastornos de la imagen corporal (anorexia y bulimia) o por anamnesis, deportistas de alto nivel, con importante disciplina diaria y control dietético.

• Virilización y/o hirsutismo: complementar la exploración y la ecografía con estudio androgénico y cariotipo. Sospecha etiológica de: hiperplasia suprarrenal, tumores virilizantes y alteraciones cromosómicas asociadas a la presencia de cromosoma Y.

En todos los casos de amenorrea primaria, el tratamiento es etiológico, tratar la causa responsable.

La amenorrea secundaria es mucho más frecuente que la primaria y las causas más frecuentes de aparición en la adolescencia están relacionadas con: el estrés físico o psíquico, los trastornos de la alimentación y su efecto en el peso, el ejercicio físico intenso (atletas de competición, estudiantes de danza…) y el síndrome del ovario poliquístico (SOP). Siempre, antes de iniciar el estudio de amenorrea secundaria, si la adolescente mantiene relaciones sexuales, se debe valorar la posibilidad de embarazo(2,4,10,11).

La anamnesis, la exploración física, el estudio hormonal y la ecografía ginecológica suelen ser las pruebas más utilizadas para llegar al diagnóstico.

Las amenorreas hipotalámicas por estrés se sospechan tras una anamnesis dirigida, en la que la adolescente refiere una etapa personal de inquietud o preocupación, o la realización de actividades físicas intensas. En los trastornos de la conducta alimentaria, puede ser que la adolescente no lo verbalice, pero sí la familia, o puede sospecharse tras realizar el cálculo del IMC. En las amenorreas hipotalámicas, la ecografía no muestra patología y la analítica hormonal muestra un hipoestronismo secundario a la falta de estímulo gonadotrópico. El tratamiento es etiológico, aunque en algunas situaciones de trastornos alimentarios, si tras la recuperación de peso persiste la amenorrea a lo largo del tiempo, puede ser necesaria la instauración de terapia hormonal sustitutiva(11).

El síndrome del ovario poliquístico (SOP) presenta una prevalencia entre un 8-26% en la adolescencia. Puede presentarse de múltiples formas: sangrado menstrual infrecuente, hiperandrogenismo clínico (acné y/o hirsutismo, de intensidad variable) y, en ocasiones, obesidad o sobrepeso. La analítica hormonal típica refleja anovulación e hiperandrogenismo y, en algunos casos, resistencia a la insulina. La ecografía ayuda al diagnóstico, en especial, si los ovarios presentan la estructura característica. El tratamiento debe ser individualizado. Si existe hiperandrogenismo clínico, puede ser necesario el tratamiento hormonal combinado con gestágenos antiandrogénicos (acetato de ciproterona, dienogest o drospirenona) o la espironolactona. En los casos de resistencia a la insulina, puede estar indicada la utilización de fármacos insulinosensibilizantes (metformina®) y, en los casos en los que exista un IMC elevado, es fundamental la pérdida de peso y la realización de ejercicio físico(3,10,11).

El fallo ovárico prematuro (FOP) se diagnostica como un hipogonadismo hipergonadotropo y en la ecografía no se visualizan folículos ováricos. Ocasiona una importante repercusión para la salud y el futuro reproductivo de la adolescente, así como un aumento de la mortalidad de hasta dos veces. Se debe pensar en la asociación especialmente en pacientes que han recibido tratamientos oncológicos (agentes alquilantes y/o radioterapia pélvica). El tratamiento será la terapia hormonal de sustitución con el uso de estrógenos y gestágenos(3,11).

Sangrado menstrual abundante

El sangrado menstrual abundante (SMA) es frecuente en la adolescencia, al estar relacionado con la inmadurez del eje HHO y la anovulación. Es una causa frecuente de anemia en la adolescente.

La American Academy of Pediatrics (AAP) recomienda tratar la menstruación como una constante vital más en las visitas rutinarias. Hay que tener en cuenta que, en el primer año tras la menarquia, la menstruación no debe tener una periodicidad inferior a los 45 días. Con la edad, la menstruación se va regularizando; al tercer año tras la menarquia, el periodo suele ser de 21-35 días, con una duración de la menstruación de 3-7 días. Normalmente, la duración del ciclo de una adolescente se establece a los 19-20 años de edad(14).

El sangrado menstrual abundante (SMA) puede ser prolongado en cuanto a duración, abundante en cuanto a cantidad o de características irregulares, y acontece sin tener relación con una patología sistémica o un sustrato anatómico. En la mayoría de casos, el problema subyace en una inmadurez del eje HHO que origina anovulación, y produce SMA en la base de un endometrio proliferativo que no tiene la acción estabilizadora de la progesterona producida en la ovulación(15).

Las hemorragias irregulares, en concreto las provocadas por anovulación, pueden ser prolongadas y abundantes. Sin embargo, en las pacientes con una menstruación regular y cíclica que presenten un sangrado prolongado y/o abundante, se debe sospechar una causa hematológica. La enfermedad de von Willebrand y los trastornos de la coagulación pueden suponer entre 13 y el 44% respectivamente, de las pacientes con sangrado menstrual lo suficientemente abundante como para justificar la hospitalización(16).

Es importante en el estudio del SMA, preguntar por: episodios de epistaxis, equimosis o sangrados excesivos durante alguna cirugía, así como antecedentes familiares que revelen alguna alteración de la coagulación, hepática (factores de coagulación y metabolismo estrogénico) o renales que puedan interferir en la función plaquetaria. Se sabe que una disminución en la filtración glomerular, produce una elevación de la prolactina que conlleva a la anovulación. Además, existen enfermedades autoinmunes, como el lupus o la artritis reumatoide juvenil, que se han asociado con mayor frecuencia a sangrados disfuncionales(17,18).

Ante pacientes sexualmente activas, hay que tener en cuenta la posibilidad de etiología infecciosa que condicione una infección pelviana, como la que produce Chlamydia o Gonococo. Con mucha menor frecuencia en esta etapa, la etiología puede estar relacionada con la existencia de pólipos endometriales que pueden valorarse mediante exploración ginecológica(19).

El tratamiento está determinado por la gravedad del caso. En los casos leves, se recomienda dieta rica en alimentos con hierro o aporte de hierro, y valoración de los ciclos mediante calendario menstrual, con el fin de conocer el patrón de sangrado en ciclos posteriores. Los AINE han demostrado ser más eficaces que el placebo en el control del sangrado menstrual, al tiempo que mejoran la dismenorrea si coexiste. Si no hay respuesta terapéutica o es inadecuada, se puede utilizar el ácido tranexámico (Amchafibrin® 500 mg), antifibrinolítico que actúa interrumpiendo la cascada de la coagulación: 1 g/6-8 h por vía oral, durante 3-5 días, hasta 22 g de dosis total. Disminuye el sangrado entre un 40-50% en las pacientes con SMA y puede administrarse conjuntamente con tratamiento hormonal combinado(20). En aquellos casos graves o prolongados en los que no se controla el sangrado con el antifibrinolítico, y con repercusión sistémica, se inicia tratamiento hormonal combinado con 1 comp/12 h hasta que cese, manteniendo posteriormente el tratamiento con 1 comp/24 h durante un periodo de tiempo, bien pauta continua o cíclica. Es posible el uso de tratamiento con gestágenos en caso de que los estrógenos estén containdicados, o añadir gestágenos en la segunda parte del ciclo de forma secuencial. En casos excepcionales en los que la terapia hormonal combinada a 1-2 comp/día no controle el sangrado, la terapia hormonal puede aumentarse a 3-4 comp/día con disminución gradual en las siguientes 2 semanas. En los casos graves, pacientes que presenten hemorragias continuas, síncope o mareo, así como en aquellas cuya hemoglobina sea <7-8 g/dl, será preciso el ingreso hospitalario(20-22).

Dismenorrea

La dismenorrea tiene un efecto negativo en la calidad de vida de la adolescente, repercutiendo en su desarrollo personal. Está relacionada con la ovulación. En general, presenta buena respuesta a los AINE.

La dismenorrea se define como el dolor que precede y/o acompaña a la menstruación, de intensidad y sintomatología acompañante variable (cefalea, diarrea, náuseas, vómitos, mareos…), pero que puede interferir en la calidad y hábitos de vida normales, como ir a la escuela u otras actividades. Puede afectar al 20-60% de la población adolescente según los autores, siendo los casos de afectación severa y limitante un 10-15%(2,10,23).

La dismenorrea se clasifica en primaria o secundaria. La dismenorrea primaria es la forma más frecuente de presentación en la adolescente. La fisiopatología está en relación con el periodo postovulatorio: tras la ovulación, el descenso de progesterona induce la síntesis de prostaglandinas a nivel endometrial, que producen vasoconstricción, isquemia y dolor a nivel uterino, y la contracción del músculo liso, explicando así mismo la coexistencia de otros síntomas gastrointestinales acompañantes. En general, no suele coincidir con la menarquia, sino que aparece tiempo después, cuando los ciclos menstruales comienzan a ser ovulatorios.

La dismenorrea secundaria tiene su origen en otras patologías subyacentes, alteraciones anatómicas o infecciones pélvicas. En el caso de las adolescentes, la causa más frecuente de dismenorrea secundaria es la endometriosis(24).

El tratamiento de la dismenorrea primaria debe ir orientado a la disminución del exceso de prostaglandinas, siendo los AINE el primer escalón terapéutico, recomendando el inicio de la toma un día antes del inicio de la menstruación. Si a pesar del tratamiento con dosis óptimas de AINE persiste el dolor o si se precisa anticoncepción, la terapia hormonal puede mejorar de forma eficaz la dismenorrea (Tabla V). En el caso de la dismenorrea secundaria, el tratamiento será etiológico.

 

Trastorno disfórico premenstrual y síndrome premenstrual

Las alteraciones del estado de ánimo relacionadas con el ciclo menstrual no son frecuentes en la adolescencia. Se valorará la necesidad de tratamiento hormonal o antidepresivo.

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) aparece en el 2-6% de las mujeres con menstruación del mundo y ha sido incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5ª ed. (DSM-5). El TDPM se engloba dentro de los trastornos depresivos y tiene como característica su momento de presentación en relación al ciclo menstrual. Los síntomas de ansiedad y de estado de ánimo depresivo comienzan en la segunda fase del ciclo, tras la ovulación, con mejoría importante de estos cuando acontece la menstruación. Esta entidad produce malestar general y deterioro funcional significativo, y además puede ir acompañada de síntomas físicos y conductuales. Es importante diferenciar entre el TDPM y el síndrome premenstrual (SPM) que tiene una incidencia mucho mayor, en torno al 30% de las adolescentes, y no tiene la misma repercusión ni gravedad a nivel afectivo. Casi la mitad de las pacientes que refieren síntomas que se encuadran dentro del SPM no cumplen criterios diagnósticos de TDPM(25).

Se necesitan más datos que avalen la eficacia de los métodos anticonceptivos hormonales como tratamiento del SPM, sobre todo en adolescentes, pero sí es cierto que algunos expertos recomiendan este tratamiento si, además, son pacientes que sufren dismenorrea o necesitan anticoncepción. En el caso de SPM y TDPM graves, hay evidencia de que el uso de inhibidores de recaptación de la serotonina (ISRS) constituye la primera línea de tratamiento en mujeres adultas. Tienen un inicio de acción rápido, por lo que pueden prescribirse de forma continua o intermitente, comenzando con la ovulación (o con el inicio de los síntomas en la fase lútea) e interrumpiendo cuando ceda la sintomatología. El tratamiento indicado en adolescentes es el mismo que en población adulta, por ejemplo: fluoxetina 20 mg/día vía oral.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria establece contacto con sus pacientes desde los primeros días de vida, por lo que se encuentra con la ventaja de tener una estrecha relación con ellos y sus familias. El control del crecimiento y desarrollo que realiza a lo largo de los años, le ofrece la posibilidad de estar en condiciones de detectar alteraciones en el desarrollo puberal de la niña al inicio de la adolescencia. Es fundamental conocer la cronología del desarrollo puberal y sus posibles variaciones, y la asociación que pueden presentar ciertas enfermedades sistémicas o anomalías genéticas o cromosómicas con alteraciones del desarrollo puberal o del ciclo menstrual, para sospechar la existencia de patología en la evolución de la pubertad.

Si no se ha producido la menarquia a los 14 años con ausencia de caracteres sexuales secundarios o a los 16 años con presencia de estos, es preciso remitir a estudio endocrinológico y/o ginecológico por amenorrea primaria. No es recomendable demorar la derivación, por presentar una alta asociación con la existencia de patología, excepto en los cuadros de retraso del desarrollo y constitucional, en cuyo caso existen antecedentes familiares. Las alteraciones del ciclo menstrual son muy comunes en los primeros años tras la menarquia, especialmente durante el primer año, por lo que ante su presencia, hay que tranquilizar a la adolescente y familia, informando que a medida que se produzca la maduración del eje HHO se resolverán sin precisar tratamiento en la mayoría de los casos. Ante amenorreas prolongadas o si van acompañadas de signos clínicos de hiperandrogenismo, es conveniente remitir a consulta de Endocrinología y/o Ginecología por alta sospecha de patología ovárica o adrenal. Es preciso tener en cuenta la influencia que puede tener el estrés físico o psíquico en el ciclo menstrual e investigar sobre su posible relación.

En los casos en los que las alteraciones del ciclo menstrual sean por exceso, hay que valorar si cumplen criterios de sangrado menstrual abundante, realizar analítica y desde Atención Primaria iniciar el tratamiento de los de intensidad leve y el control evolutivo. La mayor parte de los cuadros clínicos están relacionados con anovulación y se resolverán con la maduración del eje HHO. Los casos de intensidad más severa con repercusión clínica o analítica, los que no muestran mejoría tras tratamiento con AINE o antifibrinolíticos, o los que se prolongan en el tiempo, requieren estudio y tratamientos más específicos.

La dismenorrea es un síntoma frecuente en la adolescencia, más típico tiempo después de la menarquia, ya que está relacionada con la presencia de ciclos ovulatorios. Suele presentar buena respuesta a los tratamientos con diferentes AINE. En los casos de dismenorrea severa o los que no muestran mejoría con una pauta adecuada de analgesia, es recomendable realizar valoración ginecológica para descartar patología orgánica. Los cuadros severos presentan buena respuesta a la terapia hormonal.

El SPM no es frecuente en la adolescencia, pero desde Atención Primaria se puede sospechar su diagnóstico ante la presencia de sintomatología ansiosa o depresiva directamente relacionada con la etapa postovulatoria y que mejora tras la menstruación. En los casos severos, puede ser preciso iniciar terapia hormonal o ISRS, por lo que habría que valorar su derivación a Ginecología o Psiquiatría.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según los autores.

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25.** Hofmeister S, Bodden S. Premenstrual syndrome and premenstrual dysphoric disorder. Am Fam Physician. 2016; 94: 236-40.

Bibliografía recomendada

- Ginecología Pediátrica. Documentos de Consenso SEGO 2017. Coordinador: Cancelo Hidalgo MJ. Miembros: Parera i Junyent N, Almansa González C, Rodríguez Jiménez MJ, Hernández de la Calle I.

Introducción básica a la fisiología y patología ginecológica de la niña y la adolescente, fundamental tanto para ginecólogos como pediatras, con la participación del Grupo de Ginecología de la Infancia y la Adolescencia de la SEGO.

- Guía de Atención Ginecológica en la Infancia y Adolescencia. Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. 2013.

Guía esencial en consulta de ginecología infantojuvenil y de Pediatría del adolescente. Los capítulos analizados recogen las patologías que son motivo de consulta más frecuente. Guía concisa, de fácil manejo, con enfoque diagnóstico y terapéutico.

- Argente Oliver J, Soriano Guillén L. Manual de Endocrinología Pediátrica. 2ª ed. Madrid. Ergon. 2014.

Manual de Endocrinología Pediátrica, fundamental para el conocimiento de esta área, de lectura comprensible y ágil. Los algoritmos diagnóstico-terapéuticos son de gran interés para su aplicación en la práctica diaria.

- Web de Endocrinología pediátrica. Disponible en:
http://www.webpediatrica.com/endocrinoped/endocrinopedia.php.

Página Web en constante actualización sobre la Endocrinología Pediátrica. Fácil manejo y muy buena orientación diagnóstica y terapéutica. Muy buena documentación.

- Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. Medicina de la adolescencia. Atención integral (3ª ed.). SEMA. Ergon. 2021.

Obra muy completa y dirigida exclusivamente a la adolescencia y en la que se abordan múltiples patologías relacionadas con esta etapa. Importante participación de profesionales de distintas áreas y recientemente actualizada.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta

Paciente de 16 años remitida por amenorrea primaria. Refiere desarrollo de caracteres sexuales secundarios (mama y vello). No hay otra sintomatología asociada.

Antecedentes personales

Reflujo vesicoureteral unilateral izquierdo. Sin intervenciones quirúrgicas. Sin medicación actual. Estudiante de 1º de bachillerato. Buen rendimiento académico. Buena alimentación. No practica deporte.

Antecedentes familiares

1 hermano menor sano. Padres sanos. Madre menarquia a los 12 años.

Exploración física y ginecológica

Peso: 59,5 kg. Talla: 169 cm. IMC: 20,83 kg/m2. Distribución de grasa femenina. Mamas estadio Tanner IV. Vello axilar y pubiano estadio IV. Exploración ginecológica: vulva sin anomalías. Sin alteraciones perineales. Clítoris y uretra normal. Tabique himeneal, transversal. Hirsutismo leve abdominal y en zona sacra. Ecografía ginecológica abdominal: no se visualiza útero mediante esta técnica. Ovario derecho bien visualizado con folículos 38 x 18 mm. Ovario izquierdo: se visualiza con dificultad 24 x 17 mm.

Exploraciones complementarias

Analítica: FSH: 4,3 mUI/mL; LH: 5,8 mUI/mL; E: 177 pg/mL; Prog.: 11,5 ng/mL. Cariotipo 46 XX; RMN: ausencia completa de útero y de la mayor parte de vagina, salvo un pequeño esbozo o muñón del extremo distal de vagina y vestíbulo vaginal con aspecto normal de la región de labios y vulva.

 

 

 

Consumo de drogas en la adolescencia

I. Nistal Franco*, P. Serrano Pérez**
Temas de FC


I. Nistal Franco*, P. Serrano Pérez**

*Psiquiatra Infanto-Juvenil. Hospital Universitario Sant Joan de Deu. Barcelona. **Psiquiatra experto en adicciones. Hospital Universitario Vall d’Hebron. Barcelona

Resumen

La adolescencia es un periodo especialmente delicado, debido a la multitud de cambios que se producen. En este contexto hay un mayor riesgo de experimentación con sustancias, tanto legales como ilegales. La apertura a la experiencia, la minimización de riesgos, el aumento de la sensación de capacidad de control y la necesidad de independencia de las figuras paternas y de identificación con el grupo de pares, son algunas de las características relacionadas con este aumento del riesgo.
En Atención Primaria es importante disponer de conocimientos básicos sobre el manejo y el cribado del consumo de sustancias en adolescentes. Asimismo, se recomienda conocer los recursos que tienen a su alcance para orientar y derivar a los pacientes que así lo requieran. Si bien, los casos complejos deben ser derivados a centros específicos de adicciones y salud mental, en muchas ocasiones, el seguimiento puede ser realizado por el propio pediatra.

 

Abstract

Adolescence is a particularly delicate period, due to the multitude of changes that take place. In this context there is an increased risk of experimentation with substances, both legal and illegal. Openness to experience, minimization of risk, increased sense of control, and the need for independence from parental figures and identification with the peer group are some of the characteristics related to this increased risk.
In Primary Care it is important to have basic knowledge about the management and screening of substance use in adolescents. Likewise, it is advisable to be aware of the resources available to guide and refer patients who require it. Although complex cases must be referred to specific addiction and mental health centers, on many occasions, the follow-up can be carried out by the pediatrician himself.

 

Palabras clave: Conducta del adolescente; Abuso y dependencia de sustancias; Tratamiento farmacológico.

Key words: Adolescent behavior; Substance abuse and dependence; Pharmacotherapy.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 306 – 315

 


OBJETIVOS

• Conocer las características sociales y biológicas que predisponen a los adolescentes al consumo de sustancias.

• Aprender las bases neurobiológicas de la adicción.

• Diferenciar entre los tipos de patrones de consumo existentes.

• Saber cómo diagnosticar y orientar a los adolescentes con problemas de drogas.

• Conocer los tratamientos farmacológicos disponibles para el abordaje del consumo de sustancias.

 

Consumo de drogas en la adolescencia

Introducción

A nivel psicológico, en la adolescencia, destaca la tendencia a: la experimentación, la búsqueda de experiencias, el aumento de la sensación de control, la minimización de los riesgos, así como la oposición a las figuras parentales y a la identificación y adhesión incondicional con el grupo de pares.

La adolescencia es una etapa evolutiva del ser humano, con características propias que la diferencian de otros momentos del desarrollo.

Destaca la tendencia a: la experimentación, la búsqueda de experiencias, la mayor sensación de control, la minimización de riesgos, la oposición a las figuras de autoridad y la identificación y adhesión intensificada con el grupo de pares. Estos factores hacen al adolescente más proclive a la exposición a situaciones de peligro, entre ellas al consumo de sustancias. A nivel biológico, se trata de un cerebro en desarrollo y, por tanto, más sensible y vulnerable al efecto y consecuencias de estas conductas de riesgo(1,2).

La OMS define el término droga de abuso como: “toda sustancia de uso no médico con efectos psicoactivos y susceptible de ser auto-administrada, que puede alterar el estado de ánimo, conducta, conciencia, propiocepción y puede crear tolerancia y dependencia”. Habitualmente, se trata de sustancias que no tienen indicación médica y, si la tienen, pueden utilizarse en dosis y con fines no terapéuticos.

A lo largo de este artículo, emplearemos los términos droga o sustancia para referirse a droga de abuso.

Clasificación de las drogas de abuso (Tabla I)

tabla

En este texto diferenciaremos los diferentes tipos de sustancias en función de su efecto sobre el sistema nervioso central (SNC)(2):

• Drogas depresoras (psicolépticas): se caracterizan porque enlentecen la actividad nerviosa, disminuyen o inhiben los mecanismos cerebrales de la vigilia y disminuyen el ritmo de las funciones corporales, pudiendo ir desde la relajación, somnolencia hasta el coma. Destacan: opiáceos, etanol, barbitúricos, cannabinoides, disolventes y aerosoles.

• Drogas estimulantes (psicoanalépticas): se caracterizan porque excitan la actividad nerviosa, con acción euforizante, aumento de la energía, del estado de alerta, de la psicomotricidad y de la frecuencia cardiaca y tensión arterial. Producen midriasis. Disminuyen la sensación subjetiva de fatiga y apetito. Aumentan el rendimiento intelectual. Destacan: cocaína, anfetaminas (MDMA), cafeína y nicotina.

• Drogas alucinógenas (psicodislépticas): se caracterizan porque deforman la percepción, evocan imágenes sensoriales sin entrada sensorial (ilusiones, alucinaciones…). Destacan: LSD (ácido lisérgico), cannabis, hongos alucinógenos… Asimismo, existen diversas sustancias muy utilizadas en la actualidad, que presentan características de varios grupos. Esto se ve con frecuencia en las drogas de síntesis, el MDMA es, a la vez, estimulante y alucinógena y la ketamina es depresora y alucinógena.

Epidemiología

La percepción de riesgo con respecto al cannabis ha disminuido ligeramente.

Desde 1994, el Plan Nacional sobre Drogas realiza en España, cada dos años, una Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años (ESTUDES)(3).

En la encuesta realizada en el año 2018-2019, obtuvieron una muestra de 38.010 estudiantes de 917 centros educativos públicos y privados, con el objetivo de conocer: el estado del consumo de drogas y otras adicciones, los patrones de consumo, los factores asociados y las opiniones y actitudes ante las drogas de los estudiantes, y así orientar el desarrollo y evaluación de intervenciones destinadas a reducir el consumo y los problemas asociados. Según los datos obtenidos en esta encuesta, el 18,3% de los estudiantes nunca han consumido ninguna droga legal o ilegal.

Las sustancias más consumidas eran: alcohol, tabaco, cannabis e hipnosedantes. El 77,9% ha consumido bebidas alcohólicas en alguna ocasión en su vida, el 41,3% ha fumado tabaco alguna vez en la vida, el 33% admiten haber consumido cannabis en alguna ocasión y el 18,4% hipnosedantes. Menos del 3% ha consumido cocaína y el 2,6% éxtasis alguna vez en la vida. El resto de sustancias registran porcentajes de consumo inferiores a 2%.

Con respecto al consumo en los últimos 12 meses previos a la encuesta, el 75,9% ha consumido alcohol, el 35% tabaco, el 27,5% cannabis, el 12,5% hipnosedantes y 2,4% cocaína. El resto de sustancias registran valores inferiores al 2%. Con respecto al consumo actual, es decir, en los últimos 30 días previos a la encuesta, es del 58,5% para el alcohol, el 26,7% para el tabaco, el 19,3% para el cannabis y el 6,4% para hipnosedantes. El resto de sustancias registran valores inferiores al 1%.

Comparando estos datos con los reflejados en encuestas previas, se observa un ligero aumento del consumo de alcohol en alguna ocasión en la vida tras varios años de descenso. Sin embargo, para el consumo en el último año, se obtiene una cifra similar a la edición anterior, mientras que el consumo en el último mes desciende desde 2014.

La prevalencia del consumo diario de tabaco aumenta un punto por encima del valor registrado en 2016. Con respecto al cannabis, con independencia del tramo temporal analizado, se mantiene la tendencia ascendente en el consumo. El consumo de hipnosedantes alguna vez en la vida, aumenta ligeramente con respecto a los datos obtenidos en 2016, obteniéndose datos similares a los registrados en 2012. En cuanto al consumo de cocaína, continúa con el descenso iniciado en 2006. El éxtasis muestra, sin embargo, una tendencia temporal ligeramente ascendente.

La edad de inicio de consumo de alcohol, tabaco e hipnosedantes está en torno a los 14 años. La edad de inicio del consumo de cannabis es a los 14,9 años y para la cocaína es a los 15,2 años, muy similar a otras sustancias como el éxtasis (15,4 años), las anfetaminas (15,4 años) o los alucinógenos (15,2 años).

En la mayor parte de las sustancias, la prevalencia de consumo aumenta según aumenta la edad de los alumnos. Considerando el consumo de drogas en función del sexo, se observan prevalencias más elevadas entre las mujeres en el caso del alcohol, el tabaco y los hipnosedantes. Por el contrario, las sustancias ilegales, registran mayores prevalencias entre los chicos.

Un 50,2% de los estudiantes ha realizado policonsumo alguna vez en su vida. El 42,8% lo ha realizado en el último año y un 30,6% en el último mes. El policonsumo ha aumentado ligeramente con respecto a los datos de 2016. Si únicamente se consideran drogas ilegales, el policonsumo desciende, de manera importante, a un 5% de los estudiantes alguna vez en su vida. La extensión del policonsumo aumenta conforme aumenta la edad de los estudiantes y la prevalencia de policonsumo es mayor entre las chicas en todos los tramos temporales. Sin embargo, si nos ceñimos a sustancias ilegales, el policonsumo es más frecuente entre los chicos.

Las percepciones de riesgo más elevadas se asocian con el consumo habitual de sustancias ilegales, como la heroína, la cocaína en polvo o el éxtasis. La percepción de riesgo con respecto al consumo de alcohol e hipnosedantes ha aumentado con respecto a 2016. La percepción de riesgo con respecto al cannabis ha disminuido ligeramente.

En cuanto a la percepción de disponibilidad, el alcohol y el tabaco son, con diferencia, las sustancias más accesibles para los estudiantes y esa percepción va aumentando según aumenta la edad. Así mismo, consideran que el acceso a hipnosedantes y cannabis es fácil y el porcentaje de alumnos que considera que puede conseguir cocaína en polvo sin problemas, se ha incrementado con respecto al año anterior. El resto de sustancias son menos accesibles según los estudiantes.

Neurobiología de la adicción

El circuito de recompensa cerebral, compuesto por estructuras relacionadas con el sistema dopaminérgico mesolímbico está en conexión directa con otros sistemas de neurotransmisión, como el sistema opioide endógeno, serotoninérgico y gabaérgico.

El circuito de recompensa cerebral, compuesto por estructuras relacionadas con el sistema dopaminérgico mesolímbico y en conexión directa con otros sistemas de neurotransmisión, como el sistema opioide endógeno, serotoninérgico y gabaérgico, se activa en respuesta a estímulos primarios, como la comida o el sexo, con el objetivo de garantizar la supervivencia de la especie.

La administración de sustancias psicoactivas produce la activación de este circuito de forma incrementada. La administración crónica de las drogas produce una regulación a la baja de este circuito, contribuyendo a estados emocionales negativos y aumentando las necesidades de consumo. Este circuito envía aferencias a la zona cortical prefontral, que es donde se realizan la mayoría de los procesos cognitivos que nos capacitan para la toma de decisiones y modulación de los actos impulsivos.

Las funciones cognitivas que permiten la inhibición de impulsos todavía no han experimentado un desarrollo completo durante la adolescencia y esta modulación puede verse alterada por diferentes factores ambientales, entre ellos, el consumo de tóxicos. De manera que, más allá del efecto reforzador inmediato, las sustancias consumidas durante la segunda década de la vida interfieren en el neurodesarrollo.

Así mismo, los adolescentes son más sensibles a los efectos adictivos de las sustancias de abuso y es más probable que los primeros consumos vayan seguidos de un rápido incremento de las dosis y de un desarrollo acelerado de la dependencia, existiendo una relación inversa entre la edad de inicio de la adicción y su gravedad y cronicidad posterior(2).

Factores de riesgo que predisponen al consumo de drogas (Tabla II)

tabla

La comunicación satisfactoria protege del aislamiento, educa para las relaciones extrafamiliares, promociona la expresión de sentimientos y facilita el desarrollo personal.

Existen diversos factores de riesgo que predisponen a un adolescente a consumir sustancias. Dependiendo de la edad en que estos factores de riesgo aparezcan en la vida del adolescente, pueden dictaminar el grado de influencia que provoquen, así como el riesgo de desarrollar la conducta adictiva(4).

Los factores de riesgo pueden ser clasificados siguiendo diferentes modelos. Se trata de una etiología multifactorial y el abordaje debe ser, por tanto, integral(5). Los estudios han identificado diversos factores de riesgo del consumo de drogas en la adolescencia, así como factores protectores que reducen la probabilidad de que este fenómeno aparezca(6).

Factores macrosociales. Factores que facilitan y permiten la disponibilidad y accesibilidad a las sustancias. El hecho de que una sustancia sea legal facilita la relación con esta y, por tanto, incrementa el consumo. En el momento en que una sustancia es legalizada, se presupone una aceptación social que habitualmente suele ir acompañada de una publicidad y visibilización creciente. Anuncios y películas en los que se consumen estas sustancias, son mensajes persuasivos difíciles de contrarrestar por los adolescentes que, en muchos casos, carecen de una actitud crítica frente a la publicidad. Por otro lado, muchas de las formas de ocio entre los adolescentes están socialmente relacionadas con el consumo de estas sustancias legales(6).

Factores microsociales. Estilos educativos inadecuados. La ambigüedad en las normas familiares, el exceso de protección, una supervisión negligente, la mala comunicación, una disciplina parental excesiva o inadecuada, hogares desestructurados, la falta de reconocimiento y una organización familiar rígida, influyen negativamente en el adolescente y pueden desembocar en una personalidad con escasa aserción o en un enfrentamiento con el mundo adulto.

La comunicación satisfactoria protege del aislamiento, educa para las relaciones extrafamiliares, promociona la expresión de sentimientos y facilita el desarrollo personal. Una ausencia de comunicación, una falta de libertad para expresar lo que se siente y un ambiente familiar enrarecido, suelen asociarse a un mayor aislamiento del adolescente, que puede encontrar en el consumo una vía de escape al malestar provocado por estas dinámicas.

Diversos autores señalan la relación existente entre una vivencia negativa de las relaciones familiares y el consumo de sustancias. La presencia de antecedentes familiares de consumo de sustancias se ha relacionado de forma clara con el consumo por parte de los hijos(7). El papel de las amistades, en una edad en la que se está forjando la identidad del adolescente, la búsqueda de la pertenencia y aceptación puede asociarse con una mayor riesgo de inicio del consumo, si en el entorno se consumen sustancias(8).

Factores personales. A nivel individual, también existen factores de riesgo de gran importancia. Tener una historia de abusos físicos o sexuales en la infancia, se ha relacionado con mayor riesgo de consumo de sustancias. El consumo de alcohol se relaciona estrechamente con pobre autoestima y locus de control externo, y con trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. También se ha relacionado con historia de comportamiento negativista y agresivo en la infancia.

Estadísticamente, se han descrito como factores riesgo que incrementan el riesgo de consumo de drogas: el hecho de ser varón, caucásico, tener dificultades académicas, escaso control de impulsos, inestabilidad emocional, tendencia a la búsqueda de novedades y escasa percepción de riesgo hacia el consumo de sustancias(5). Por otro lado, la falta de conocimientos o la información errónea sobre la naturaleza de las drogas, la extensión del consumo entre adolescentes, las repercusiones negativas a corto y largo plazo, etc., alienta la curiosidad o impide valorar acertadamente los riesgos. Esto puede constatarse en el hecho de que una elevada proporción de adolescentes no considera que el alcohol sea una droga. Modelo integrador de los distintos factores etiológicos.

Dado el gran número de variables que intervienen en el desarrollo de un trastorno por uso de sustancias, es razonable plantear una etiología multifactorial. El modelo considera que los factores sociales y personales actúan conjuntamente, facilitando la iniciación y escalada del consumo de alcohol y otras drogas. Mientras que algunos sujetos pueden verse influidos por los medios de comunicación, otros pueden ser más sensibles a las dinámicas de consumo de familiares o amigos.

Factores protectores. Se han identificado elementos que reducen el riesgo de consumir, tanto drogas legales como ilegales. La cohesión familiar y tener una buena relación con los padres, se ha identificado como uno de los factores de mayor peso a la hora de reducir el riesgo de consumo de sustancias.

Se ha visto que el hecho de que el menor pueda comunicarse y, por tanto, se apoye en los padres cuando existan problemas, también es un factor protector(9). Otro elemento que reduce el riesgo de consumo es que el menor anticipe una reacción negativa de la familia en caso de que supieran que consume(10). Por tanto, la probabilidad de que un adolescente acabe iniciando o manteniendo un consumo de alcohol u otras drogas, depende del equilibrio entre factores protectores y factores de riesgo. Menores pertenecientes a ambientes marginales, con déficits en habilidades sociales o académicas, y con deficiencias o problemas psicológicos, como baja autoestima, ansiedad o estrés, van a tener un mayor riesgo de acabar iniciándose en el consumo y es por ello que son los sectores en los que con mayor énfasis se debe actuar.

La prevención debe ser un aspecto prioritario en el abordaje del consumo de drogas en adolescentes. Existen muchos tipos de abordajes para tratar de prevenir el problema. Algunas recomendaciones para reducir conductas de riesgo han sido(11):

• La información acerca de las consecuencias es importante, aunque no debe ser el único elemento de la prevención.

• Fomentar la autoestima: cómo se valora, se respeta y se acepta una persona como tal.

• Construir la resiliencia (capacidad de funcionar de forma apropiada a pesar de las dificultades del entorno). Se desarrolla con el apoyo que exista en el entorno.

• Fomentar la participación en actividades extraescolares y la utilización creativa del ocio y del tiempo libre.

• La escuela como una comunidad de apoyo para los alumnos, donde se sientan integrados y participen.

• Participar en el cuidado de otros a través de la comunidad.

Patrones de consumo

El consumo aumenta de frecuencia e intensidad, provocando un deterioro en el funcionamiento del adolescente, en los ámbitos familiar, social y académico.

La multitud de cambios que se sufren a nivel biológico, psíquico y social, la voluntad de reafirmarse, de transgredir, de formar parte de un grupo y la susceptibilidad a un potencial rechazo, hacen de la adolescencia un momento muy propenso para la experimentación con las diferentes sustancias(6).

En este aspecto se ha encontrado que la edad es una variable fuertemente relacionada con el consumo de drogas; y la precocidad en el uso de sustancias, uno de los predictores del abuso en la adolescencia. En relación a los rasgos de personalidad, se ha determinado que aquellos pacientes que puntúan más en la búsqueda de sensaciones y tienen necesidad real de una mayor estimulación (derivada de factores bio-fisiológicos), suelen asociarse con más conductas de riesgo y consumo de sustancias(12).

Otras variables de personalidad relacionadas con mayor riesgo de consumo de sustancias son: baja autoestima, alto nivel de inseguridad, predominio del locus de control externo, baja tolerancia a la frustración y determinadas creencias y actitudes(2).

El consumo de sustancias entre adolescentes es un aspecto dinámico, cambiante y que puede progresar con el paso del tiempo. Por ello, es útil diferenciar entre los diferentes tipos de consumo que se pueden encontrar:

• Uso experimental o social: la necesidad de sentirse aceptados por el grupo de iguales, así como la curiosidad por lo desconocido o prohibido, suele relacionarse con este patrón de consumo.

• Uso regular: el adolescente identifica el refuerzo positivo (los efectos agradables) y el consumo comienza a normalizarse en sus rutinas. Puede afectar negativamente el funcionamiento del menor.

• Trastorno por abuso de sustancias (TUS): el consumo aumenta de frecuencia e intensidad, provocando un deterioro en el funcionamiento del adolescente, tanto a nivel familiar, como social y académico. Se produce un cambio en la conducta del adolescente, que se muestra reservado o miente en un intento de ocultar el consumo. Si el consumo se mantiene durante el tiempo suficiente, podrían aparecer síntomas de abstinencia, aunque suelen ser menos frecuentes que en los adultos. La búsqueda de las sustancias y el consumo absorben la mayor parte de la vida del adolescente, a pesar de conocer las consecuencias negativas. Llegados a este punto, cumpliría los criterios diagnósticos de trastorno por uso de sustancias del DSM-5 y CIE-11.

Diagnóstico

Respetar el principio de autonomía del paciente y en caso de TUS, prevalecerá el principio de beneficencia.

Debido a la importancia que tiene el consumo de sustancias en menores y que Atención Primaria es el lugar donde más contacto se tiene con el menor, los pediatras pueden llevar a cabo una labor de detección e intervención temprana.

En esta línea, la Academia Americana de Pediatría recomienda realizar un cribado anual, coincidiendo con los exámenes físicos periódicos. Además de esta recomendación, hay otros lugares y oportunidades donde sería recomendable tratar de detectar un posible consumo de sustancias:

• En los servicios de urgencias.

• Pacientes a los que no se les ha visitado en mucho tiempo.

• Pacientes con mayor riesgo de consumo, como aquellos que consumen drogas legales, como el tabaco.

• Aquellos con factores de riesgo para presentar un TUS (depresión, TDAH, ansiedad o alteraciones de conducta, robos de dinero).

Pacientes con problemas de salud relacionados con el consumo de alcohol (enfermedades de transmisión sexual, embarazos, lesiones o problemas relacionados con accidentes, alteraciones del sueño o el apetito, pérdida de peso importante, lesiones cutáneas, alteraciones gastrointestinales, dolores crónicos)(5).

• Menores con cambios sustanciales del comportamiento (actitud oposicionista o errática, cambios marcados de humor, problemas legales, cambios en las amistades, pérdida de interés en actividades habituales y absentismo escolar).

El poder cribar e intervenir precozmente puede ser preventivo, tanto de la aparición como de la cristalización de problemas graves con el consumo de drogas(13). Para poder realizar un diagnóstico precoz, deben llevarse a cabo los siguientes pasos(1):

• Cribado breve aplicable muchas veces, incluso verbalmente, a la población general de adolescentes, para realizar prevención primaria y detección de casos de riesgo. Preguntar acerca del consumo, informar de los riesgos a nivel social y de salud, y orientar en reducción de daños, son algunas de las medidas que pueden aplicarse.

• Protocolos de cribado más extensos, que se aplican a los sujetos identificados en el screening breve o a aquellos que se consideren de riesgo (familiares con TUS, grupos marginales, etc.).

• Protocolos de evaluación exhaustiva, en los casos en los que se ha identificado la necesidad de intervención. El proceso de detección de drogas puede generar situaciones complejas. El vínculo y la confianza en el terapeuta podrían verse deterioradas. Una actitud hostil u oposicionista en la entrevista, por parte del adolescente, podría limitar o sesgar la obtención de información. Por este motivo, es importante adecuar los métodos de abordaje al momento y gravedad de la situación.

Desde el punto de vista ético, se han identificado varias situaciones conflictivas a la hora de evaluar un posible consumo de sustancias en adolescentes(13):

• Respetar el principio de autonomía del paciente.

• A la hora de establecer la posible beneficencia de la actuación, hay que tener en cuenta los factores de riesgo de los adolescentes para el consumo problemático de sustancias. A nivel personal, se evaluarían aspectos como: rasgos de personalidad, impulsividad, rasgos disociales, presencia de enfermedades médicas o psiquiátricas. Por otro lado, los aspectos familiares como: presencia de enfermedades psiquiátricas de los padres, presencia de conflictividad intrafamiliar o consumo por parte de los padres. Incluir también aspectos socieconómicos como: lugar de residencia, relaciones habituales, amistades, etc.

• En caso de concluir que sí existe consumo, prevalecerá el principio de beneficencia sobre el de autonomía. Existen limitaciones y errores a la hora de evaluar un posible consumo de sustancias. Las pruebas de detección son habitualmente inmunoensayos cualitativos rápidos en la orina que, en ocasiones, pueden provocar falsos positivos o falsos negativos. Otra limitación de estos métodos de detección es que no pueden determinar la frecuencia o la intensidad del consumo de sustancias, no permitiendo distinguir a los usuarios ocasionales de aquellos con problemas más serios. Es por ello que la anamnesis y el uso de cuestionarios deben complementar a las pruebas de laboratorio.

Cuestionarios

A pesar de los cuestionarios existentes, a menudo, es útil consultar con un experto en el abuso de sustancias, para ayudar a determinar si la detección de drogas se justifica en una situación dada.

Existen numerosas herramientas de cribado para el consumo de drogas en adolescentes. Algunas de las más conocidas son las siguientes:

• Protocolo de cribado para jóvenes: es uno de los cuestionarios más fáciles de implementar en la práctica clínica, para detectar un posible consumo de alcohol. La National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) ha desarrollado una guía en la que se propone empezar con las dos siguientes preguntas y cuyas respuestas se interpretarían según la edad del menor. En la guía, también aparecen estrategias para manejar los problemas detectados(14).

– ¿Tiene amigos que bebieron alguna bebida que contenga alcohol en el último año? — En el último año, ¿alguna vez tomó más que unos sorbos de cualquier bebida que contenga alcohol?

• CRAFFT: es un cuestionario similar al CAGE en adultos. El nombre viene dado por iniciales de palabras clave que aparecen en las 6 cuestiones que propone. Dos o más respuestas afirmativas sugieren la probable presencia de un problema y requerirían de una evaluación más exhaustiva. Consta de las siguientes preguntas:

– C (Car): ¿has viajado en un coche conducido por alguien (incluido tú) que estaba bajo los efectos de alguna sustancia?

– R (Relax): ¿has usado alguna vez alcohol o drogas para relajarte o sentirte mejor contigo mismo?

– A (Alone): ¿has consumido alcohol u otra droga estando solo?

– F (Forget): ¿alguna vez no has recordado cosas que hiciste mientras estabas bajo los efectos del alcohol u otra droga?

– F (Friends): ¿alguna vez te ha dicho tu familia o tus amigos, que debes reducir el consumo de alcohol o cualquier otra droga?

– T (Trouble): ¿has tenido algún problema mientras estabas bajo los efectos del alcohol u otra droga?

• ADIS (Adolescent Drug Involment Scale): cuestionario autoadministrado de 12 ítems que incluye una tabla de medida general de la frecuencia de consumo. No está validada al castellano.

• CPQ-A (Cannabis Problem Questionnaire in Adolescents): otro cuestionario autoadministrado que evalúa específicamente el consumo de cannabis. Validada al castellano.

• Las herramientas Brief Screener for Tobacco, Alcohol, and other Drugs (BSTAD) y la Screening to Brief Intervention (S2BI) cubren una amplia gama de sustancias y brindan una guía clínica breve sobre cómo responder a los resultados de la detección. Ya disponibles en línea. Instrumentos para evaluación exhaustiva.

• DUSI (Drug Use Screening Inventory): se trata de un test autoaplicado que consta de 149 preguntas (responder sí o no), que exploran la presencia de problemas específicos en 10 áreas distintas.

• POSIT (Problem Oriented Screening Instrument for Teenagers): es un cuestionario parecido al anterior, que consta de 139 preguntas (verdadero o falso). No está validada al castellano.

• PESQ (Personal Experience Screening Questionnaire): es un cuestionario autoaplicado que consta de 38 preguntas. Mide la gravedad del problema y la historia de uso de sustancias.

• PEI (Personal Experience Inventory): otro cuestionario autoaplicado de 300 preguntas. Como el anterior, mide la severidad del problema de uso de sustancias, así como los factores de riesgo.

• ADI (Adolescent Diagnostic Interview): es una entrevista estructurada que evalúa la presencia de criterios DSM-III-R para diagnóstico de trastorno por abuso de sustancias. También evalúa el funcionamiento interpersonal, escolar y psicosocial. No está validada al castellano.

• Teen-ASI (Teen-Addiction Severity Index): es una entrevista semiestructurada que evalúa la severidad en 7 áreas distintas. Está validada al castellano.

A pesar de los cuestionarios expuestos, se pueden encontrar dificultades y limitaciones en la evaluación. En caso de dudas o ante la presencia de signos inespecíficos de TUS o salud mental, se recomienda derivar al especialista.

Tratamiento

El terapeuta debe decidir con su juicio clínico cómo ajustar los tratamientos farmacológicos y psicológicos al caso concreto del paciente.

Es importante facilitar el acceso a los diferentes dispositivos de tratamiento, la posibilidad de llevar a cabo evaluaciones exhaustivas y ofrecer servicios de apoyo a las familias, adaptados al nivel de desarrollo, cultura y sexo del menor. Los estudios de seguimiento muestran amplias diferencias en relación a las tasas de recaídas (35-65%), señalando la presencia de trastornos de conductas previos, como los factores más relacionados con este fracaso terapéutico(1).

Como se ha indicado previamente, los adolescentes son especialmente influenciables por su ámbito social, familiar y sus amistades. Por este motivo, a la hora de abordar el tratamiento de un problema de uso de sustancias (TUS) en adolescentes, es recomendable involucrar en la medida de lo posible a los padres y tener en cuenta los círculos en los que se mueve el menor, como la escuela y las amistades(1).

El mantenimiento de la abstinencia en los adolescentes se ha relacionado con una reducción de los problemas interpersonales, una mejora en el rendimiento académico y en la adaptación social(1). Las visitas de seguimiento deben ser frecuentes, especialmente si existe patología psiquiátrica comórbida, y el abordaje debería ser integral.

En cada visita debe hacerse un control de los síntomas psiquiátricos y de la frecuencia de consumos, la presencia de estresores sociales, el cumplimiento de la medicación y la posible aparición de efectos adversos. Se ha evidenciado la efectividad de diferentes abordajes terapéuticos para adolescentes. Cada uno de ellos está diseñado para tratar aspectos específicos del consumo de sustancias en adolescentes, así como las consecuencias de este problema a nivel individual, familiar y social.

La mayor parte de los abordajes se han probado durante periodos de tiempo cortos y es probable que en la práctica clínica real se requiera de tiempos más prolongados de tratamiento. El terapeuta debe decidir con su juicio clínico, cómo ajustar los tratamientos farmacológicos y psicológicos al caso concreto del paciente(15).

Tratamientos psicológicos

La intervención, en cuanto al tratamiento psicológico, consistirá en: animar a cambiar de actitud para mejorar su estado de salud, informar sobre los efectos negativos del consumo, reconocer o señalar aspectos positivos y fortalezas del menor y tratar de plantear un posible plan para reducir o detener el consumo.

• Intervenciones breves: intervención corta que puede llevar a cabo el propio pediatra y que, en ocasiones, es la única oportunidad que tiene un adolescente de plantear el problema de uso de sustancias. Debería centrarse en animarles a cambiar de actitud, para mejorar su estado de salud, informar sobre los efectos negativos del consumo, reconocer o señalar aspectos positivos y fortalezas del menor y tratar de plantear un posible plan para reducir o detener el consumo. En casos graves, es necesario derivar a un centro especializado.

• Terapia cognitivo-conductual: basada en el aprendizaje mediante condicionamiento clásico y operante, como medio para modificar pensamientos erróneos y sistemas negativos de creencias. Ha demostrado su eficacia en diversos ensayos clínicos. Se puede combinar con otras variantes psicoterapéuticas.

• Terapia motivacional: es una intervención terapéutica en la que, mediante una relación empática y sin confrontación, se ayuda al paciente a desplazarse en las diferentes fases de motivación para el cambio (fase precontemplativa, fase contemplativa, fase de preparación, fase de acción y fase de mantenimiento). En función del grado de motivación y la fase en la que se encuentre el paciente, deberían de llevarse a cabo acciones diferentes.

• Terapia familiar breve y estratégica: está dirigida a las interacciones familiares consideradas como las que mantienen o agravan el abuso de drogas y otros problemas conductuales concurrentes de los adolescentes. Incluyen: problemas de conducta en el hogar y en la escuela, conducta opositora, delincuencia, asociación con compañeros antisociales, conducta agresiva y violenta y conducta sexual riesgosa. Basado en el enfoque de tratamiento de los sistemas, donde las conductas de los individuos de la familia tienen relación con lo que ocurre en el sistema familiar en su conjunto(16).

• Terapia multisistémica: basado en la terapia de sistemas e integra la terapia familiar con intervenciones en los otros ámbitos asociados al comportamiento del menor como: características del menor, familia, escuela, grupo de amigos y comunidad. Es un ejemplo de integración de diversos tipos de intervención, ya que implica la terapia familiar y la terapia cognitivo conductual. Se ha obtenido una reducción significativa en el uso de drogas con este tipo de intervenciones, con resultados mantenidos hasta los 6 meses, después de finalizar el tratamiento(17).

• Comunidades terapéuticas: se trata de centros que permiten la separación geográfica del ambiente asociado al consumo y donde se trabajan actividades de comunidad que promueven la integración social y la estructuración de hábitos y rutinas. El objetivo es mantener la abstinencia a través del aprendizaje de conductas adaptativas. Las comunidades terapéuticas son un recurso de utilidad en casos complejos y cuando han fracasado repetidamente los intentos ambulatorios de conseguir la abstinencia.

Tratamiento farmacológico

El único medicamento para la adicción al tabaco en adolescentes aprobado por la FDA de los Estados Unidos, es el parche de nicotina transdérmico. La complicación por la que se consulta con mayor frecuencia y gravedad en el TUS cannabis, es la aparición de cuadros psicóticos.

Los estudios realizados presentan numerosas limitaciones metodológicas, lo cual limita poder alcanzar conclusiones claras. Se han encontrado diferencias en relación al pronóstico y respuesta al tratamiento en función de: edad, raza, nivel socieconómico, gravedad de trastorno y existencia o no de comorbilidad psiquiátrica. Existen diferentes tratamientos farmacológicos que han mostrado efectividad a la hora de tratar la adicción a diferentes sustancias. En numerosas ocasiones existe policonsumo, lo cual dificulta llevar a cabo tratamientos específicos.

El tratamiento psicofarmacológico debe combinarse siempre con intervenciones psicosociales. Los resultados, hasta el momento, en la investigación de tratamientos para el uso de alcohol, opiáceos y nicotina, son preliminares y no se dispone de evidencia suficiente sobre el impacto neurobiológico que podrían producir en un cerebro aún en desarrollo.

Los pacientes con TUS poseen mayor probabilidad de presentar efectos secundarios a la medicación, por la posible combinación con las sustancias de abuso. Otro factor que debe tenerse en cuenta, es el probable abuso del tratamiento prescrito, por lo que se recomienda utilizar fármacos con el menor riesgo de adicción.

El único medicamento para la adicción en adolescentes aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de EE.UU., es el parche de nicotina transdérmico. Al igual que sucede en el abordaje de pacientes adultos, en algunas ocasiones, se utilizan tratamientos “fuera de ficha técnica” para tratar a adolescentes con adicción a sustancias.

No hay ningún tratamiento aprobado por la FDA para el tratamiento de la adicción a cocaína, cannabis o metanfetamina. Hasta el momento, los fármacos que han mostrado resultados concluyentes en la adicción a opiáceos, nicotina y alcohol son los siguientes:

• TUS opioides: se trata de un trastorno crónico que, en la mayoría de los casos, requiere de un abordaje prolongado en el tiempo. No existen tratamientos que sirvan para todos los pacientes y, por tanto, los casos deben abordarse de forma individualizada.

– Buprenorfina: tratamiento de primera línea en adolescentes. Se trata de un agonista parcial de los receptores opioides que controla los síntomas de abstinencia, pero sin producir los efectos positivos o peligrosos del consumo de otros opiáceos. Existen diferentes presentaciones, bien sea solo o en combinación con naloxona, un antagonista opioide. Recientemente, se ha comercializado en versión depot, lo cual asegura el cumplimiento. Existen dos estudios en los que demuestran su eficacia en la población adolescente, a pesar de no disponer de indicación oficial para uso pediátrico.

– Metadona: se trata de un agonista opioide puro de origen sintético, con mayor duración de acción y menor efecto euforizante que otros agonistas. Se ha utilizado desde hace años en los programas de dependencia a los opiáceos en adultos. No encontraron ningún ensayo controlado que hubiera usado dicho fármaco en adolescentes. La realización de ensayos con jóvenes puede ser difícil, por razones tanto prácticas como éticas. A pesar de ello, en algunos lugares se permite el uso de este tratamiento en adolescentes mayores y en casos en los que han fallado otras alternativas de tratamiento, siempre previo consentimiento parental o del tutor legal, así como autorización del estado para poder usarla. Es la primera línea de tratamiento para las adolescentes embarazadas que presentan dependencia de opiáceos, así como en los casos de adolescentes con dependencia grave a esta sustancia, en los que han fracasado otro tipo de intervenciones. Sin embargo, la eficacia y la seguridad de este tipo de tratamiento no están suficientemente estudiadas en adolescentes(18).

– Naltrexona: antagonista opiáceo aprobado para la prevención de recaídas en pacientes ya abstinentes. Disminuye la obtención del efecto euforizante y/o provoca un cuadro de abstinencia si ha habido consumo reciente de opioides.

• TUS alcohol: en caso de ser necesario llevar a cabo una desintoxicación alcohólica, el tratamiento indicado serían las benzodiacepinas de vida media larga. Una vez desintoxicado y con el objetivo de mantener la abstinencia, existe la posibilidad de utilizar un tratamiento aversivo del alcohol. El uso de interdictores, como el disulfiram (Antabus®), es controvertido, debido a que el patrón más frecuente de consumo en los adolescentes suele ser el episódico e impulsivo. Su uso en la población pediátrica está desaconsejado; sin embargo, debe individualizarse en cada caso y, en ocasiones, puede ser una opción a valorar. La naltrexona se usa en la dependencia de alcohol grave y en patrones de consumo compulsivo de cantidades elevadas de alcohol en adolescentes que refieren craving. Se recomienda la monitorización de las transaminasas y el control del incremento de cortisol y gonadotrofinas, para evitar una posible repercusión en el crecimiento y desarrollo del adolescente. En un ensayo doble ciego que comparaba acamprosato con placebo, se demostró la eficacia de este tratamiento para mantener la abstinencia de alcohol. El uso de anticonvulsionantes, muy utilizados en los adultos, no ha demostrado ser eficaz en esta población, aunque con topiramato se ha publicado un estudio controlado con placebo, doble ciego, en adolescentes y adultos jóvenes en dosis hasta 200 mg/d, observándose una buena tolerancia y una reducción del número de consumiciones por semana. El acamprosato, estaría indicado en pacientes ya abstinentes, para reducir el riesgo de recaídas.

• TUS nicotina: tratamiento sustitutivo con nicotina: se ha demostrado en distintos meta-análisis, ser eficaces y seguros en adolescentes. Activa los receptores nicotínicos a nivel cerebral, alivia algunos de los síntomas físicos de abstinencia, de tal forma que pueda concentrarse en los aspectos psicológicos (emocionales) que causan abandonar el hábito. Lo hay disponible en forma de: parches, chicles, spray nasal, inhaladores o grageas para chupar. El bupropion es un antidepresivo que ha demostrado eficacia a la hora de reducir el craving y los síntomas de abstinencia en fumadores adultos. Por último, la vareniclina también ha demostrado reducir, tanto el deseo de consumo como la abstinencia en estudios en población adulta(19).

• TUS psicoestimulantes: existen muy pocos estudios en deshabituación de sustancias, como la cocaína, anfetaminas u otros psicoestimulantes y, por tanto, no se puede recomendar la utilización de los tratamientos habitualmente usados en adultos. Debido a su frecuente asociación con el alcohol y los efectos potenciadores que tiene este sobre los estimulantes, la abstinencia al alcohol es uno de los pilares de estos tratamientos.

• TUS cannabis: los estudios arrojan datos poco concluyentes. Se han observado resultados positivos con dos moduladores del sistema glutamatérgico (N-acetilcisteína) y gabaérgico (gabapentina) en pacientes con trastorno por consumo de cannabis. En adolescentes, específicamente, se han obtenido resultados positivos en un estudio controlado con N-acetilcisteina, donde se obtuvo un porcentaje de abstinencia superior al placebo (41% vs 27%) al cabo de las 8 semanas de tratamiento, asociado a intervención psicológica. La complicación por la que se consulta con mayor frecuencia y gravedad es la aparición de cuadros psicóticos en contexto de consumo de cannabis(20).

Función del pediatra de Atención Primaria

Es importante que los pediatras de Atención Primaria dispongan de conocimientos básicos sobre el manejo y el cribado del consumo de sustancias en adolescentes. Si bien, los casos complejos deben ser derivados a centros específicos de adicciones y salud mental; en muchas ocasiones, el seguimiento puede ser realizado por el propio pediatra. Actuaciones orientadas a la prevención e intervención precoz, son de gran importancia para el buen pronóstico del caso.

A la hora de realizar el diagnóstico, se pueden utilizar herramientas como: cuestionarios, entrevistas estructuradas y test cualitativos de tóxicos en orina; si bien, la evaluación clínica sigue siendo el elemento más importante en este proceso. En la siguiente página web, perteneciente al Plan Nacional sobre Drogas, podemos encontrar la localización y teléfonos de los centros de atención a drogodependencias, distribuidos por toda la geografía española: https://pnsd.sanidad.gob.es/.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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15. Principios de tratamientos eficaces. National Institute on Drug Abuse (NIDA). Disponible en: https://nida.nih.gov/es/publicaciones/principios-de-tratamientos-para-la-drogadiccion-una-guia-basada-en-las-investigaciones/principios-de-tratamientos-eficaces.

16. Santisteban DA, Suárez-Morales L, Bobbins MS, Szapocznik J. Brief strategic family therapy: Lessons learned in efficacy research and challenges to blending research and practice. Fam Process. 2006; 45: 259-71.

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20. Nielsen S, Gowing L, Sabioni P, Le Foll B. Pharmacotherapies for cannabis dependence. Cochrane Database Syst Rev. 2019; 1: CD008940.

Bibliografía recomendada

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Artículo muy interesante sobre cómo diagnosticar precozmente el consumo de sustancias en adolescentes.

- Solis JM, Shadur JM, Burns AR, Hussong AM. Understanding the diverse needs of children whose parents abuse substances. Curr Drug Abuse Rev (Internet). Citado el 20 de junio de 2020. 2012; 5: 135-47.

Artículo en el que se abordan las carencias y necesidades de los jóvenes que crecen en ambientes donde se consumen drogas.

- Hopkins GL, McBride D, Marshak HH, Freier K, Stevens J V, Kannenberg W, et al. Developing healthy kids in healthy communities: eight evidence-based strategies for preventing high-risk behaviour. Med J Aust. 2007; 186: S70-3.

Artículo que se focaliza en estrategias con base científica, que ayudan a prevenir conductas de riesgo y consumo de sustancias en población infantil.

 

Caso clínico

 

Varón de 14 años que acude a consulta, refiriendo “tener la sensación de que le miran por la calle, le critican y, a veces, cree que le persiguen”. Explica que esto le ocurre desde hace 3 meses. Además de las percepciones referidas, dice encontrarse cada vez “más bajo de ánimo, sin energía para hacer las cosas que debería”. Cuando está con los amigos sí disfruta y no presenta absentismo académico. Niega episodios similares en el pasado. No tiene patologías orgánicas de interés ni antecedentes psiquiátricos. En relación a los hábitos tóxicos, refiere consumir alcohol de forma lúdica los fines de semana (unos 10 UBEs; Unidad de Bebida Estándar de alcohol, que en España equivale a 10 gramos de alcohol) y fumar 4 porros al día. Tiene un tío diagnosticado de esquizofrenia.

 

 

Infecciones de transmisión sexual

 

A. Comunión Artieda
Temas de FC


A. Comunión Artieda

Dermatóloga en el Centro de Diagnóstico Médico. Madrid. Programa de Prevención de ITS y VIH. Madrid Salud

Resumen

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son un importante problema de salud pública. Desde el año 2005 y, sobre todo, en los últimos 5 años, la incidencia de las ITS está aumentando de forma muy llamativa. En las gráficas por edad, el grupo de menores de 19 años son una población con una mayor prevalencia de diversas ITS, son un grupo muy vulnerable.
Vamos a describir las ITS más prevalentes en nuestro medio: cómo se transmiten, a quién afectan, cómo podemos detectarlas y tratarlas. Además, es muy importante abordar la educación afectivo-sexual desde edades tempranas y tratarlo con naturalidad, tanto con los padres como con los adolescentes, para mejorar la formación e información.
Es muy importante que los profesionales de la salud estén al día, sepan realizar una detallada historia clínica para abordar de forma integral la salud afectivo-sexual de nuestro paciente. Conocer las guías de diagnóstico y tratamiento actualizadas, para mejorar la atención a nuestros pacientes. Aprovechar la consulta para consejo adaptado.

 

Abstract

Sexually Transmitted Diseases (STDs) are a considerable public health problem. Since 2005 and particularly in the last five years, the incidence of STDs has significantly increased. In the graphs by age, the group under 19 years old is a population with a large number of STDs, and thus, being a highly vulnerable group.
This article describes the most prevalent STDs in our environment, how they are transmitted, who they affect, and how we can diagnose and treat them. Additionally, it is very important to introduce early sex education, dealing with it in both parents and adolescents, in a natural way, so as to improve education and information.
It is of great relevance that health professionals are up to date, knowing how to conduct a detailed clinical history to comprehensively address the affective-sexual health of our patient. Similarly, they must know the updated diagnostic and treatment guidelines to improve the care of our patients, and take advantage of the consultation for tailored counseling.

 

Palabras clave: Infecciones de transmisión sexual; Prevención; Juventud; Educación afectivo-sexual.

Key words: Sexual transmitted diseases; Prevention; Youth; Affective-sexual education.

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 300 – 305


OBJETIVOS

• Conocer las infecciones de transmisión sexual más frecuentes en nuestro medio.

• Realizar una historia clínica detallada sobre salud sexual.

• Diagnosticar las infecciones de transmisión sexual más frecuentes a través de técnicas diagnósticas.

• Prestar atención a los tratamientos actualizados.

Infecciones de transmisión sexual

Introducción

Las infecciones de transmisión sexual son infecciones que se transmiten durante las relaciones sexuales, aunque, en ocasiones, no son la única forma de transmisión.

Pueden contagiarse por sexo vaginal, anal y/o sexo oral y algunas se transmiten por contacto cutáneo (piel-piel) durante las relaciones sexuales. Están producidas por: bacterias, virus, ectoparásitos y protozoos.

Hablar de infecciones de transmisión sexual incluye abordar la prevención y educación afectivo-sexual no solo en los adolescentes, sino también a otros niveles: familia, instituciones educativas, sociedad, instituciones sanitarias, para así mejorar el bienestar de los adolescentes, con el último fin de que crezcan con autonomía, respeto y libertad y así ser personas equilibradas y responsables en su vida y en sus relaciones(1).

Tienen unas características físicas, como una ligera inmadurez en el sistema inmune y, en el caso de las chicas, una tendencia a ectopia cervical, así como una baja producción de moco cervical que les hace propensos a infectarse de algunas ITS.

Además, tienen comportamientos que favorecen las ITS, como son: inicio precoz de las relaciones sexuales, múltiples parejas sexuales, relaciones sexuales coitocentristas, baja percepción del riesgo y esto aumenta, si hay consumo de alcohol y drogas, la posibilidad de comportamientos de riesgo para contraer una ITS(2).

Prevención

Las medidas de prevención y control de las ITS se basan fundamentalmente en: educación sanitaria, promoción del sexo seguro, detección de infecciones sintomáticas y asintomáticas, investigación de los contactos sexuales de los pacientes, inmunización frente a las ITS para las que se dispone de vacuna y vigilancia epidemiológica.

El mejor método para evitar el contagio de ITS en las relaciones sexuales es el uso de preservativo de forma consistente, en todas las relaciones y desde el principio de la penetración. Algunas ITS, como veremos, no se evitan al 100% con el preservativo, porque pueden aparecer en zonas que no cubre el preservativo. También es importante limitar el número de parejas sexuales, así como concienciar que las ITS no tienen que dar síntomas.

El uso y/o abuso de sustancias tóxicas como el alcohol y drogas, se ha visto que es causa importante de comportamientos de riesgo al disminuir la percepción de peligro y disminuir el uso de preservativo.

Está demostrado que una buena educación afectivo-sexual es una buena manera de formar y dar herramientas a los jóvenes para una sexualidad responsable(3).

Epidemiología

Es importante conocer a quién afectan, cómo se contagian y cómo evitar las ITS, así como el estudio de contactos para un control eficaz de las ITS.

Las ITS pueden contagiarse:

• Por contacto directo piel-piel, en este caso, el preservativo no protege del todo. Un ejemplo son: los condilomas acuminados, los molluscum contagiosos, el herpes simple, la sífilis, la pediculosis y la escabiosis.

• Por fluidos sexuales, como es el caso del VIH y la hepatitis B.

• Por contacto íntimo con una mucosa infectada. Como la infección por: clamidia, gonococo, tricomonas, mycoplasma genitalium y sífilis.

Las mejores monitorizadas en nuestro país son las enfermedades de declaración obligatoria (EDO), que son la infección por: clamidia, gonococo, sífilis, linfogranuloma venéreo, hepatitis B y VIH(4).

Desde el año 2005 y, sobre todo, desde el 2012, las ITS están aumentando en nuestro país. Los nuevos casos de VIH están estabilizados, descendiendo muy lentamente(5).

Historia clínica

Debemos hacer una historia clínica detallada y estructurada (Tabla I). Con todos los datos recogidos, haremos una valoración de riesgos y determinaremos qué pruebas diagnósticas son las más adecuadas.

tabla

Aprovecharemos la consulta para completar su estado de salud, si le hace falta alguna vacuna, anticoncepción y realizar un consejo adaptado.

Infecciones de transmisión sexual más frecuentes en nuestro medio

Virus de papiloma humano (VPH)

Es la infección de transmisión sexual vírica más frecuente en nuestro país.

Es un virus ADN sin cubierta que pertenece al género Papilomavirus dentro de la familia Papillomaviridae. Hay unos 40 genotipos que pueden infectar la zona genital. Algunos tienen poder oncogénico y están relacionados con: cáncer de cérvix, ano, vulva, vagina, pene y oro-faríngeo.

La mayoría de las infecciones se resuelven solas, por la inmunidad del individuo. Solo, en algunas ocasiones, progresan a lesiones premalignas y de ellas un pequeño porcentaje pueden evolucionar a cáncer(6).

Nos centraremos en los condilomas acuminados, también llamados verrugas genitales, son una enfermedad de transmisión sexual frecuente en área genital. Se estima que afectan al 2-4% de la población. Están producidos en su mayoría por los genotipos 6 y 11.

Clínica y diagnóstico de los condilomas acuminados

En la mayoría de los casos es un diagnóstico clínico.

Son lesiones papulosas, en muchas ocasiones con superficie papilomatosa, que pueden aparecer en distintas zonas del área genital, incluidas las mucosas. Pueden picar y pueden aparecer en áreas que no cubre el preservativo, como el pubis.

En ocasiones, para el diagnóstico utilizamos la dermatoscopia en lesiones únicas y/o pequeñas, para realizar el diagnóstico diferencial con fibromas o queratosis seborreicas.

La biopsia y estudio histológico se reserva para lesiones atípicas, cuando no responden a tratamientos o sospechamos lesión premaligna o maligna para su confirmación histológica.

Tratamiento de los condilomas acuminados

Es una patología que crea mucha morbilidad y es motivo de consulta frecuente con gran carga emocional. Los tratamientos irritan y producen molestias.

La elección del tratamiento depende de la localización, número de lesiones, tipo de lesiones y quien lo aplica (Tabla II).

tabla

Cuando las lesiones están brotando, debe realizarse un tratamiento de campo con inmunomoduladores o sinecatequinas. Cuando hay pocas lesiones, estables y en zona queratósica (piel), se suelen aplicar: crioterapia, ácido bi-tricloracético y podofilotoxina.

Es importante el seguimiento de los/las pacientes para un buen cumplimiento y tolerancia de los tratamientos.

Úlceras genitales

Solución de continuidad en la piel o mucosa en área genital. Múltiples causas.

La tabla III describe las úlceras genitales debidas a ITS más frecuentes en nuestro medio, con sus principales características.

tabla

Herpes genital

Epidemiología

Es la causa de úlcera genital de transmisión sexual más frecuente en nuestro país.

El herpes en área genital está causado por el herpes simple tipo II (VHS-II) en aproximadamente el 80% de los casos y el herpes simple tipo I (VHS-I), en el 20% de los casos, por sexo oral.

Clínica

En adolescentes, la primoinfección puede causar cuadros muy floridos: vesículas que evolucionan rápidamente a úlceras de pequeño tamaño de 1-2 mm, fondo limpio, borde eritematoso, muy dolorosas, distribuidas por área genital, acompañado de síndrome miccional, o pasar desapercibida, en la mayoría de los casos.

Una vez adquirida la infección, con o sin clínica, se mantiene de forma latente y puede haber recurrencias, siempre mucho menos sintomáticas y con menos clínica. En el caso del herpes tipo II, las recurrencias son más frecuentes, sobre todo en los primeros años de la infección(7).

Las recurrencias cursan con la aparición de lesiones vesiculosas agrupadas, que evolucionan rápidamente a úlceras, dolorosas, pequeñas, que curan sin tratamiento en 7-8 días. Aparecen en la misma zona y se acompaña de un pródromo de ardor-picor.

Diagnóstico

En la mayoría de los casos, el diagnóstico es clínico. Existen pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (PCR), son muy sensibles y específicos, cercanos al 100%, pero son caros y se usan en caso dudoso de diagnóstico diferencial de úlceras genitales.

Las serologías tipo específicas son útiles, sobre todo, para ver seroconversiones, con poca relevancia clínica al ser diagnósticos a posteriori(8).

Tratamiento

Se utilizan antivirales: aciclovir, valaciclovir o famciclovir, sobre todo en caso de primoinfecciones, y también en caso de recurrencias frecuentes, más de 6 episodios al año suele usarse el tratamiento supresivo para evitar la aparición de los brotes. Debe comenzarse con el tratamiento en las primeras 24-48 h (Tabla IV).

tabla

Localmente, se utilizan fomentos de sulfato de cobre o zinc al 1 0/00 y pomadas de antibióticos, para evitar las sobreinfecciones. Mupirocina o ácido fusídico son los más utilizados. Es importante hablar con el/la paciente, pues el herpes genital produce una importante carga de angustia, al pensar que lo van a tener para siempre. Hay que explicarles que puede brotarles de vez en cuando, pero que las recurrencias tienen tratamiento y que van a poder llevar una vida sexual normal, siendo cuidadosos y teniendo ciertas precauciones.

Sífilis

Etiopatogenia

Causada por una espiroqueta Treponema pallidum, subfamilia pallidum. Su incidencia está aumentando desde el año 2005. Afecta, sobre todo, a hombres de 35 a 45 años.

Clínica

Enfermedad que cursa en estadios clínicos:

Sífilis primaria: úlcera o chancro duro. Indurada, indolora, suele ser única, asociada a adenopatía unilateral. La úlcera aparece en la zona de inoculación de la espiroqueta y dura un mes, curando espontáneamente. Puede aparecer en cualquier área sexual, incluida boca y labios. Es una ITS que se puede transmitir por sexo oral. El preservativo no protege del todo.

Sífilis secundaria: se produce por diseminación hematógena de la infección. Suele aparecer a los 2-3 meses de la infección, con la aparición de un rash en tronco, morbiliforme, no pruriginoso, denominado roséola sifilítica, y la aparición de lesiones maculosas o maculopapulosas, incluso con queratosis en la periferia (denominados clavos), afectando característicamente a palmas y a plantas. Se puede acompañar de astenia, febrícula y adenopatías generalizadas.

En este estadio pueden aparecer múltiples cuadros cutáneos, se llama “la gran imitadora”. Son características las placas mucosas de la lengua y las sifílides en genitales (ambas lesiones son contagiosas por contacto directo). Puede producir cuadros psoriasiformes, pitiriasis rosada like, alopecia en cuero cabelludo “apolillada”, entre otros cuadros clínicos(9).

Sífilis latente: cuando hay serología positiva sin clínica.

Neurosífilis: afectación del SNC y LCR. Sospechar en cualquier estadio de la sífilis, cuando aparecen cefaleas frecuentes, síntomas oftalmológicos u óticos(10).

Diagnóstico

En la sífilis primaria, las serologías pueden ser negativas, se utilizan técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (PCR) del chancro o el campo oscuro, para visualización directa del treponema (mucho menos sensible).

Serologías de la sífilis

Actualmente, se utiliza de screening una prueba de enzimoinmunoanálisis (EIA) IgG, IgM que es una prueba treponémica muy sensible y específica. Las pruebas treponémicas son las primeras en positivizar y permanecen casi de por vida.

Las pruebas reagínicas se utilizan para observar respuesta al tratamiento y posibles reinfecciones, y tienen que titularse. Se considera respuesta si disminuyen dos o más diluciones en un año y, reinfección, si los títulos aumentan dos o más diluciones.

Tratamiento

Sigue siendo la penicilina G benzatina a dosis de 2.400.000 UI im, una dosis en la sífilis primaria, secundaria y sífilis latente de menos de un año, y tres dosis, una a la semana, en la sífilis latente de más de un año o de tiempo indeterminado.

Uretritis y cervicitis

Inflamación con o sin secreción de uretra y cuello de útero, respectivamente.

En el caso de las cervicitis, muchas son asintomáticas. En el caso de los varones jóvenes, las uretritis casi siempre son una ITS. Se contagian por contacto directo con una mucosa infectada. El preservativo protege si se utiliza bien.

Etiología

Clásicamente, se dividen en uretritis o cervicitis gonocócicas y no gonocócicas.

Dentro de las no gonocócicas, la Chlamydia trachomatis es la etiología más frecuente. Seguida de Mycoplasma genitalium en el caso de las uretritis.

Nesisseria gonorrhoeae

Diplococo gran negativo, anaerobio intracelular. Puede infectar el epitelio columnar de: uretra, cérvix, faringe, recto y conjuntiva. Al igual que la clamidia.

Chlamydia trachomatis

La clamidia es la bacteria de transmisión sexual más frecuente en nuestro país. Afecta, sobre todo, a mujeres menores de 26 años(11).

Clínica

Características, periodo de incubación y síntomas (Tabla V). En el caso del gonococo, el periodo de incubación es corto y suele ser más sintomático, sobre todo en uretra, produciendo supuración purulenta.

tabla

La clamidia en uretra y, sobre todo, en cérvix, es muy poco sintomática. Si ambas infecciones no se tratan, pueden desembocar en complicaciones por afectación del aparato genital femenino, con cuadros de: salpingitis, enfermedad inflamatoria pélvica y, a largo plazo, problemas de fertilidad.

Cuando afecta al recto puede ocasionar proctitis, con tenesmo, dolor y exudado con moco, sangre y pus. En faringe suelen ser poco sintomáticas.

Diagnóstico

Gonococo

Tinción de Gram de los exudados, con la aparición de diplococos intracelulares en forma de granos de café (en uretra y cérvix). Técnicas de PCR de faringe, uretra u orina (primer chorro), cérvix o vagina y recto.

El cultivo de exudado (uretra, cérvix, faringe y/o recto) es importante para la realización de antibiograma. Se utiliza un cultivo de Thayer Marti modificado.

Clamidia

Técnicas de amplificación de ácidos nucleicos, la más extendida es la PCR. Toma de muestras en las localizaciones expuestas(12).

Tratamiento

Debe realizarse diagnóstico etiológico, para evitar tratamientos empíricos(13).

En ocasiones, sobre todo, ante sintomatología de uretritis, se sigue utilizando tratamiento empírico para aliviar molestias (Algoritmo de manejo de uretritis).

Tratamiento de infección gonocócica

Existen diferentes pautas según guías y países. En España, suele utilizarse ceftriaxona 500 mg im, como primera elección. El tratamiento ha ido cambiando ante el aumento de la resistencia a distintos antibióticos en los últimos años(14).

Infección por clamidia

Actualmente, el tratamiento de elección es la doxiciclina 100 mg cada 12 h 7 días. Hasta hace poco, también era de elección azitromicina 1 g monodosis, pero están aumentando las resistencias a azitromicina por su uso indiscriminado(15).

Importante recordar

Cuando diagnosticamos una ITS como la sífilis, la clamidia o el gonococo es muy importante intentar localizar y tratar a los contactos estrechos para así cortar la cadena de transmisión. Pues muchas de ellas no siempre producen síntomas.

Además siempre que diagnosticamos una ITS hay que realizar en el despistaje de otras incluyendo, serología de VIH y sífilis, y hepatitis B si no está vacunado, teniendo en cuenta el periodo ventana. Así como tomas locales de orina, vagina y/o cérvix, faringe, recto, según las prácticas que haya tenido el adolescentes sin protección.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

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2.** Ayerdi Aguirrebengoa O, Vera García M, Rueda Sánchez M, Delia G, Chavero Méndez B, Alvargonzález Arrancudiaga M, et al. Risk factors associated with sexually transmitted infections and HIV among adolescents in a reference clinic in Madrid. PLoS ONE. 2020; 15: e0228998. Disponible en: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0228998.

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Disponible en:
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– Guías CDC de tratamiento de ITS.

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Caso clínico

Adolescente mujer-cis, que acude preocupada por la aparición de “heridas” en vulva, desde hace 24 h, con gran dolor y molestias al orinar.

Historia clínica

Paciente sin antecedentes personales de interés. Tiene pareja chico, desde hace 3 meses. 3 parejas sexuales en el último año. Lleva un año teniendo relaciones sexuales con penetración.

Sin antecedentes personales de ITS. Utiliza preservativo, no siempre. No consumo de otras drogas, excepto consumo de alcohol esporádico. No practica sexo oral, pero a ella sí se lo han practicado.

Exploración física

Múltiples úlceras de 1-2 mm distribuidas por ambos labios mayores y menores, con borde eritematoso y fondo fibrinoso, no induradas. Diagnóstico clínico: primoinfección herpética.

Pruebas complementarias

Se completa el estudio de ITS realizando una serología de VIH y de sífilis. Se realizan tomas cervicovaginales. PCR para clamidia y gonococo en cérvix. Fresco y gram del exudado vaginal, cultivo general, cultivo de cándida. Resultados: serología VIH y sífilis negativas. Tomas cervicovaginales normales o negativas.

Vacunada de hepatitis B al nacimiento y del virus de papiloma humano con la vacuna tetravalente a los 12 años.

Diagnóstico clínico: primoinfección herpética

Se instaura tratamiento con valaciclovir a dosis de 1 g, cada 12 h 7 días. Localmente, fomentos con sulfato de zinc al 1 0/00 dos veces al día y ácido fusídico en crema.

Resolución de las lesiones en 10 días.

 

tabla

 

Embarazo y maternidad en adolescentes

J. Martínez-Guisasola Campa, M. Guerrero Ibáñez
Temas de FC


J. Martínez-Guisasola Campa, M. Guerrero Ibáñez

Servicio de Obstetricia y Ginecología. Hospital Universitario de Burgos. OBS Ginecólogos. Burgos

Resumen

La gestación en las adolescentes puede considerarse de riesgo por asociar una mayor morbimortalidad perinatal y materna, y debe seguir un control multidisciplinario con un acompañamiento intenso de estas gestantes. Frecuentemente, es: no deseado, prematuro, rechazado por la pareja y por su familia, lo que favorece su diagnóstico tardío con escasos controles antenatales y tiene un impacto negativo en el futuro bienestar de la madre y del niño, al asociar consecuencias familiares, sociales, educativas y económicas, además de ser la principal causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 19 años a nivel mundial.
En España, suponen el 2-2,2% del total de embarazos, con una tasa de fecundidad del 6,2‰, tasas muy inferiores a las existentes a nivel mundial y que son un indicador del nivel socioeconómico de los países.
El diagnóstico precoz y la derivación inmediata para control antenatal ayudan a reducir los riesgos perinatales, al establecerse un seguimiento similar, pero adaptado al del resto de las gestantes. Las principales complicaciones son: preeclampsia, parto prematuro y bajo peso al nacer.
Su prevención implica, además de una adecuada educación promovida, tanto en la familia como a nivel escolar, proporcionar una correcta anticoncepción, basada en el “doble método” para además proteger contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

 

Abstract

Pregnancy in adolescents can be considered risky because it is associated with greater perinatal and maternal morbidity and mortality and must follow a multidisciplinary control with intense monitoring of these pregnant women. It is often unwanted, premature, rejected by the couple and by their family, which favors its late diagnosis with few antenatal controls and has a negative impact on the future well-being of the mother and child by associating family, social, educational and economic consequences, in addition to being the main cause of mortality among young people between 15 and 19 years of age worldwide.
In Spain they account for 2-2.2% of all pregnancies with a fertility rate of 6.2‰; rates lower than those existing worldwide and which are an indicator of the socioeconomic level of countries.
Early diagnosis and immediate referral for antenatal care help reduce perinatal risks by establishing a similar, but adapted, follow-up to that of other pregnant women. The main complications are preeclampsia, premature birth and low birth weight.
Its prevention implies, in addition to an adequate education promoted both in the family and at the school level, providing correct contraception based on the “dual method” to also protect against sexually transmitted diseases (STDs).

 

Palabras clave: Embarazo; Maternidad; Adolescente.

Key words: Adolescent; Pregnancy; Maternity.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 289 – 299

 


OBJETIVOS

• Conocer que el manejo de la gestante adolescente debe ser multidisciplinar, siendo el pediatra uno de los primeros profesionales en el eslabón de cuidados de la adolescente, responsable de realizar un diagnóstico precoz y una derivación inmediata de la gestante al especialista (ginecólogo y/o matrona).

• Comprender que el adecuado y frecuente control de la gestación asocia una importante reducción de problemas perinatales, tanto en la madre como en el feto.

• Participar en la elaboración de los modelos de prevención primaria, mediante programas educativos y de formación a este grupo de la población, sobre las consecuencias de un embarazo no deseado y de las enfermedades de transmisión sexual, y en estos programas deben implicarse, tanto los gobiernos, mediante los sanitarios, como la sociedad en su conjunto, a través de: la escuela, la familia, el personal sanitario y, por supuesto, la pareja.

• Aconsejar que, en estas edades, por el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, además del embarazo no deseado, las relaciones sexuales deben ser protegidas con el doble método, método que siempre incluye al preservativo, además de un procedimiento hormonal o de una anticoncepción reversible de acción prolongada (LARC).

 

Embarazo y maternidad en adolescentes

Introducción

La gestación en las adolescentes debe ser considerada, en la mayoría de los casos, como una gestación de alto riesgo, por asociar una elevada morbimortalidad perinatal y materna, que exige un control multidisciplinar y un acompañamiento intenso de la gestante.

La adolescencia es una etapa de la vida de rápido crecimiento y desarrollo, en la que las jóvenes adquieren nuevas capacidades y se enfrentan a nuevos retos. Es una etapa de transición, caracterizada por una serie de cambios físicos, psicológicos, sociales y emocionales, incluido el inicio de la actividad sexual, que la hacen muy vulnerable para conductas de riesgo que pueden acarrear importantes consecuencias de por vida, como son el propio embarazo deseado o no deseado y las enfermedades de transmisión sexual (ETS)(1).

El apoyo familiar y profesional durante la adolescencia implica potenciar las capacidades y aptitudes de las adolescentes, promoviendo en ellas una adecuada gestión de los hábitos de riesgo, incluido el deseo sexual y sus conductas, y facilitando la prevención de estas actitudes.

La OMS define la adolescencia como: “el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años”(2). El embarazo en la adolescencia (EA) es aquel que ocurre en mujeres menores de 20 años, tanto de forma deseada como no, pero frecuentemente no planificado(3,4), suponiendo un impacto negativo para la joven en todos los aspectos vitales de esta etapa de la vida. El diagnóstico suele ser tardío y, frecuentemente, asociado a un rechazo de la pareja y de su familia. A diferencia del embarazo no deseado, el EA deseado y planificado es bien aceptado por la pareja y su familia, repercutiendo en menor medida sobre la vida habitual, cuyo principal inconveniente es la dificultad para incorporarse al mercado laboral finalizada una maternidad, que obligó a interrumpir los estudios.

La importancia del EA radica en que no solo puede aumentar el riesgo de un resultado perinatal adverso y una mayor mortalidad materna, sino que también puede asociarse a un potencial impacto negativo en el futuro bienestar de la madre y del niño(3). Así, entre las madres adolescentes hay: más interrupción de los estudios, lo que condicionará una mayor dificultad para incorporarse posteriormente al mercado laboral; mayor limitación de recursos para ejercer la maternidad, lo que puede ocasionar mayor patología infantil; mayor aislamiento social; más pobreza; más depresión; y más estigma de ilegitimidad(1).

El EA se encuentra favorecido por factores sobreañadidos, como pueden ser: entorno familiar desestructurado, bajo nivel socioeconómico, malnutrición, hábitos tóxicos, rechazo familiar y/o social, etc. En muchas ocasiones, es fruto de una relación esporádica y/o inestable, que finaliza con la separación de la pareja, originando una maternidad en solitario y un hogar monoparental, con importantes dificultades de autonomía y conciliación entre vida laboral y familiar para estas madres, a la vez, que se prolonga la dependencia de sus propias familias y/o de los sistemas asistenciales para intentar garantizar su bienestar y el de sus hijos(5).

Para la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, SEGO(1), todo embarazo en una mujer menor de 16 años debe ser considerado de riesgo, ya que es principalmente a estas edades, cuando está descrita una mayor morbimortalidad perinatal e infantil. En mayores de 15 años, por el simple hecho de desarrollarse durante la adolescencia, la gestación no debería ser considerada de riesgo, pero factores anteriormente comentados, así como una datación tardía y unos controles antenatales esporádicos, hacen que este también sea clasificado de alto riesgo. Todo ello, junto con la problemática individual propia de la edad de la gestante, hacen que tanto las matronas como los obstetras, intenten establecer un muy buen acompañamiento de esta mujer durante toda su gestación(1), por lo que la correcta asistencia del EA, además de ser multidisciplinar, exige conocer, comprender y asumir el concepto de salud integral de la adolescente, y contemplar los aspectos biológicos, psicológicos y sociales de estas jóvenes mujeres(4).

Epidemiología

Las causas más relevantes de los EA son: las dificultades económicas, el bajo nivel de educación y de estudios, la falta de información, el patrón familiar, un limitado acceso a los métodos anticonceptivos y el contexto sociocultural.

En la mayor parte de los países europeos, la primera relación sexual se realiza a los 16 años y, en más de la mitad de las ocasiones, sin utilizar método contraceptivo, lo cual favorece la gestación; si bien, la incidencia anual está descendiendo en los países desarrollados, incluida España, gracias a medidas y programas educativos que se están desarrollando(1,4,5).

La incidencia / prevalencia del EA es un indicador epidemiológico en el análisis y evaluación de las dificultades sociales y económicas de un país y, por ello, lo relacionan en gran parte con los problemas y dificultades socioeconómicas del país de origen(4). A nivel mundial, entre 3 y 4 de cada 10 mujeres menores de 20 años se quedan embarazadas en, al menos, una ocasión, estimándose que cada año nacen 14-16 millones de niños procedentes de EA, lo que supone el 10-11% del total de nacimientos anuales(4,5).

Estas gestaciones y partos, a nivel global, ocasionan el 23% de la morbimortalidad materna, siendo la principal causa de mortalidad entre niñas de 15 a 19 años; si bien, el 90% de estas gestaciones y de estas muertes suceden en los países subdesarrollados. Además, implican un alto riesgo de abortos con escasas garantías de seguridad, siendo el aborto el resultado final más frecuente a nivel mundial entre las adolescentes embarazadas, sobre todo, entre las más jóvenes(6).

En España, la tasa de fecundidad en adolescentes baja de forma pronunciada desde los años ochenta, estabilizándose en la década de los noventa, registra un repunte a principios de este siglo, para luego volver a descender. El número de nacimientos de madres adolescentes crece entre 1996 (11.174) y 2008 (15.133), con un cambio de tendencia en los años siguientes, reduciéndose casi un 50% en 2017 (7.839) y, aún más, en el 2020 y 2021 (7.228 y 7.202). Esto significa que la ratio sobre el total de estos tipos de nacimientos ocurridos en España, pasa de 3,08% a 1,99% entre 1996 y 2017, subiendo al 2,12 y 2,13 en 2020 y 2021 (Tabla I).

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Observamos poca variación de la frecuencia de nacimientos de madres adolescentes entre 1996 y 2017; esto quiere decir que, en 1996, de cada 1.000 adolescentes residentes en España, 7,37 mujeres menores de 20 años se embarazaban y daban a luz; mientras que, en 2017, estos acontecimientos se daban en 7,15 adolescentes por cada 1.000 residentes en el país(5). La tendencia en estos últimos años, sin embargo, es manifiestamente decreciente, según indica el Instituto Nacional de Estadística (INE), en todas las edades de la adolescencia (Fig. 1); ahora bien, la tasa de fecundidad varía con la nacionalidad y lógicamente con la edad de la adolescente (Tabla II).

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Figura 1. Descenso progresivo de la tasa de fecundidad por edad de la adolescente (Instituto Nacional de Estadística - 2015-2020).

 

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Siendo los 16 años, la edad media de inicio de las relaciones sexuales en España, según la encuesta de la Sociedad Española de Contracepción (SEC) en 2018 (encuesta nacional), la concentración de madres adolescentes varía según la Comunidad Autónoma, de tal forma que las regiones con mayores índices de estudios superiores, de renta per cápita y de participación femenina en el mercado de trabajo entre su población, tienen una tasa de fecundidad adolescente hasta un 40% menor respecto a las menos dinámicas en términos socio-económicos(5).

Estas cifras son similares a las observadas en Canadá, pero considerablemente inferiores a las de Norteamérica en la que, en 2008, los EA representaron el 7% del total(7). En EE.UU., el EA llegó a representar a principios de este siglo, el 13% del total de gestaciones en mujeres norteamericanas, siendo la tasa de nacimientos entre 15 y 19 años, en el 2015, del 22,3‰ adolescentes, del 24,2‰ en 2014, y un 9% superior en 2013, cifras que explican el descenso progresivo de las EA en los últimos 15-18 años. Aun así, EE.UU. continua siendo el país desarrollado con mayor tasa de EA, aunque existen importantes diferencias en función de la raza, de la etnia, del nivel socioeconómico y del estatus educacional(7-9).

Entre el 60 y el 90% de los EA son “no deseados o no planificados”(5,10), siendo en la adolescencia, un acontecimiento prematuro e inoportuno que repercute, tanto en la salud de la madre como en la del feto, asociando consecuencias sociales, educativas y económicas, además de efectos en la salud mental(5,10).

Los fenómenos sociales que explican los riesgos de embarazos no deseados a los que se exponen las adolescentes españolas en las últimas décadas son: la importancia de la sexualidad para nuestros jóvenes, el creciente acceso a métodos anticonceptivos y el aumento de la actividad sexual desvinculada de la finalidad reproductiva, de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) en las menores de edad y de las violencias de género que se manifiestan con cada vez mayor frecuencia en los centros escolares(5).

Un dato importante es el porcentaje de EA que termina en IVE, el 30-35%, cifra que puede estar infravalorada, ya que algún año, el INE llegó a reflejar el 54,52%, siendo la tasa de IVE en la adolescencia de 12,5-13‰ y del 11-12‰ en la población general. En Castilla y León, en 2020, el IVE en adolescentes fue el 9,95% del total de IVEs, mientras que, en España, la tasa de abortos voluntarios entre los 15 y 19 años, pasa del 4,8 en 1996 (un total de 7.331) al 8,8 en 2017 (9.755 casos), con un máximo de 13,6 en 2007 (15.307). El problema continúa agravándose, porque hasta un 20% de adolescentes se vuelven a embarazar en este periodo, al persistir los mismos hábitos de riesgo y una ineficaz conducta anticonceptiva(5).

Se trata pues de un problema global, cuya importancia se debe a que, en su gran mayoría, son gestaciones no deseadas con importantes consecuencias personales, familiares, sociales y de salud, al asociar una alta tasa de complicaciones durante la gestación y el parto, siendo la segunda causa de mortalidad en este grupo de edad(7). Las parejas y las familias juegan un papel fundamental para el bienestar y la estabilidad emotiva de la madre adolescente. Las actitudes frente a un embarazo no previsto, las decisiones con respecto a su continuidad y las formas en que se lleva psicológica y prácticamente la maternidad, dependen, en gran medida, del entorno de las adolescentes.

Seguimiento del embarazo en la mujer adolescente

El diagnóstico y derivación precoz de la gestante adolescente desde Atención Primaria al equipo multidisciplinar de especialistas es fundamental para reducir, mediante controles antenatales frecuentes, la morbimortalidad materna y fetal.

Consentimiento y confidencialidad en pacientes adolescentes en España

Las adolescentes necesitan una consideración especial y una respuesta adecuada a su edad por parte de los profesionales, en cuanto a consentimiento y confidencialidad.

Existe una obligación ética y legal de respetar la intimidad en la práctica médica, en función de una especial confianza en la relación médico-paciente y a la ley de Autonomía del Paciente, que establece que toda persona tiene derecho a que se respete el carácter confidencial de los datos de salud, principio que también incluye a las adolescentes(11,12).

En España, según la ley, la edad para emanciparse y/o casarse son los 16 años y los 13 años para mantener relaciones sexuales consentidas; sin embargo, según el código penal, reformado en el 2015, se entiende que un/a joven posee uso pleno de razón, discernimiento y autonomía para decidir cuándo y con quién practicar sexo (consentimiento sexual) y/o casarse a partir de los 16 años(11).

La ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en materia de Información y Documentación Clínica(12), reconoce en los 16 años, la mayoría de edad sanitaria para consentir en las intervenciones, con algunas excepciones, incluida la IVE, y establece la necesidad de tener en cuenta la opinión de la menor entre los 12 y 16 años, aunque, en estos casos, obliga a solicitar el consentimiento al representante legal.

Establecer la autonomía y confidencialidad de la adolescente embarazada puede ser complicado, debido a la atención que precisa y al entorno que la rodea. El conocimiento del embarazo en una adolescente exige al personal sociosanitario que la atiende, considerar su capacidad intelectual y madurez psíquica para consentir la relación sexual generadora de la gestación, así como valorar la necesidad de informar a las autoridades si se sospechan violaciones de la legalidad vigente.

Es probable que surjan problemas de confidencialidad durante la prestación de cuidados a adolescentes muy jóvenes, incluso problemas de confidencialidad entre los miembros del equipo sanitario multidisciplinar y/o con diferentes miembros de la familia de la adolescente.

Cuidados antenatales

Es necesario el diagnóstico precoz y su control multidisciplinar, con un importante apoyo familiar y psicológico, para reducir los resultados adversos asociados a estas gestaciones.

La desinformación sobre las implicaciones de la gestación en edades precoces, el retraso en el inicio de la atención prenatal y un número reducido de visitas prenatales, ocasionan unos resultados adversos, tanto maternos como obstétricos y neonatales. El establecimiento de unos cuidados prenatales multidisciplinares precoces mejorará los resultados, al reducir las tasas de complicaciones perinatales(6). Es esencial una buena comunicación entre profesionales y adolescentes, carente de barreras comunicativas, que promueva una atención equitativa y adaptada a las necesidades de salud y bienestar de la joven(1).

Es muy importante que en la primera asistencia, tanto el pediatra como el médico de Atención Primaria (AP) o el mismo ginecólogo, hablen abiertamente con la joven gestante sobre la necesidad de tomar una decisión acerca de continuar la gestación para formar una familia con el padre o monoparental, cederlo en adopción una vez que nazca o interrumpir la gestación(7). Tomada la decisión de continuar con el embarazo, su seguimiento debe ser multidisciplinar, con un importante asesoramiento psicológico, tan importante como el control médico, atendiendo a las necesidades de cada adolescente y valorando, de manera individualizada, sus propios factores de riesgo. Es lo que se considera el “gold standard” en el manejo de los innumerables problemas que se presentan en las gestantes adolescentes(6).

El grado de educación es probablemente el factor más importante en términos de riesgo reproductivo y riesgo perinatal, mucho más que: la propia edad, el control perinatal y el estado nutricional de la adolescente(1). El diagnóstico precoz y la derivación inmediata a los servicios de salud para una atención multidisciplinar especializada de la joven madre, ayudan mucho a reducir los riesgos perinatales(7).

Un aspecto a tener muy presente a la hora de realizar un diagnóstico precoz de la gestación, generalmente en el ámbito de la AP, es conocer cuáles son los síntomas propios del inicio del embarazo y que la presencia de amenorrea o de ciclos irregulares, síntomas frecuentes en estas edades, obligan a descartar una gestación. Por ello, en AP (pediatra, médico de familia y/o matrona), deben indicar la realización de un test de embarazo en orina o una beta-hCG en sangre e incluso repetirlo en unos días, si el resultado fue negativo y la menstruación no acaba de presentarse.

También es necesario tener presente que, en muchas ocasiones, la adolescente está obviando el detalle de un retraso menstrual, por lo que es necesario preguntarle cuándo fue su última regla y, por supuesto, si mantiene o ha mantenido relaciones sexuales recientemente, cómo las protege y si son con diferentes parejas. Cuando es la propia adolescente quien solicita la prueba de embarazo, lo hace por convicción o sospecha de haber estado expuesta a la posibilidad de un embarazo, lo que requiere la debida atención por parte del personal sanitario que, incluso ante la negatividad de la prueba, debe analizar las circunstancias familiares y sociales de la adolescente, para promover una intervención profiláctica que puede precisar también de otros profesionales como: educadores, trabajadores sociales, psicólogos, etc.(1).

Desde Atención Primaria, es importante que, diagnosticada la gestación y a la vez que se deriva a la gestante a la matrona o al ginecólogo para el seguimiento del embarazo, al tratarse de personas que están en fase de desarrollo y crecimiento, se promocione un estilo de vida saludable, se insista en un estricto control de los requerimientos nutricionales y en una alimentación que sea rica en proteínas, suplementada con vitaminas y micronutrientes como: ácido fólico, yodo, calcio e hierro. También, en esta primera visita, se debe explicar a la gestante cuál es su peso ideal y la ganancia ponderal deseable durante la gestación.

Entre las líneas estratégicas de los cuidados antenatales están, además del asesoramiento sobre hábitos saludables contrarios al consumo de tabaco, alcohol y drogas durante el embarazo y estimuladores del ejercicio físico, los programas de nutrición prenatal, de salud sexual y prácticas sexuales durante la gestación y de diagnóstico precoz de las ETS más prevalentes, todo ello dirigido a reducir la incidencia de patologías asociadas a la gestación y los costes asociados a la prematuridad y al bajo peso al nacer(6,7).

Las gestantes adolescentes tienen tasas de consumo de tabaco, alcohol y drogas mucho más altas que el resto de las gestantes, incluso a pesar de que muchas de ellas cesaron el consumo una vez conocido el estado de gestación(6,15). También, en este grupo de gestantes, es mucho más frecuente la violencia de pareja, la cual acarrea un mayor riesgo de resultados perinatales adversos como: bajo peso, parto pretérmino, muerte fetal y depresión materna postparto(6). Esta mayor frecuencia de complicaciones perinatales establece la recomendación de realizar controles rutinarios repetidos durante el embarazo de las adolescentes, además de estudios de cribado sobre el consumo de alcohol, tabaco y drogas, y sobre violencia durante el embarazo, siempre que existan indicios que sugieran estos hábitos o circunstancias.

Control de la gestación en la mujer adolescente

En un embarazo correctamente controlado por equipos multidisciplinares, los riesgos y las complicaciones asociadas a la gestación no se ven incrementados respecto a los habituales de cualquier gestación y su control debe seguir el protocolo de la SEGO con algunos matices(13).

El embarazo es un estado fisiológico de la mujer que dejado a su evolución espontánea, en la mayoría de los casos, no supondrá problema de salud alguno, tanto para la madre como para el feto, pero que precisa de un seguimiento adecuado, con el fin de controlar las posibles alteraciones que pudieran aparecer, para así intentar prevenirlas o diagnosticarlas precozmente(13).

Las gestantes adolescentes tienen unos niveles de asistencia prenatal y un número de visitas durante el primer trimestre muy inferiores a las recomendadas para cualquier gestante adulta(6,13). Los motivos de estas carencias van desde el desconocimiento de la importancia de estos cuidados precoces al también desconocimiento de las consecuencias que acarrean, pasando por: el deseo de ocultar el embarazo, una historia de violencia de género, dudas sobre interrumpir la gestación, motivos económicos, etc.

Cualquier profesional, en especial, los ginecólogos y las comadronas que intervenga en el control de la gestación de las adolescentes, debe de estar formado y habituado a tratar con estas jóvenes, que no son simplemente embarazadas, y para ello los servicios de salud deben contar con un profesional referente, evitando cambios innecesarios. Es indispensable establecer empatía con la gestante, a la vez, que tener aptitudes de tacto, respeto, discreción y tolerancia, y saber transigir con olvidos, retrasos e incumplimientos que se presentarán(1).

La primera visita o visita de captación debe ser realizada en las primeras 12 semanas de gestación, idealmente antes de la semana 10, y en los casos de embarazo no deseado cuanto antes mejor, para así poder tomar decisiones sobre la continuidad o no de la gestación con la menor repercusión posible, tanto a nivel ginecológico como psicológico(1,13). En esta primera visita, hay que realizar una minuciosa historia clínica, que permita evaluar: la situación de la adolescente, su grado de madurez y la identificación de posibles factores de riesgo. Hay que considerar el nivel social y educativo, junto a las expectativas vitales, la autoestima y los recursos económicos. En ocasiones, esta primera visita ha de ser continuada con otra posterior, que permita enfatizar en todos aquellos aspectos que se consideren incompletos(1).

Desde el momento del diagnóstico del embarazo o en la primera visita, el profesional sanitario debe acompañar a la joven en la toma de decisiones sobre la resolución de la gestación, sin decidir por ella, sin juzgarla y sin influirla, siendo muy recomendable que, desde el primer momento, se proponga una valoración y un asesoramiento psicológico y social de la gestante.

El personal sanitario estará atento para poder detectar presiones en uno u otro sentido en la toma de la decisión final de la adolescente (riesgo de ser víctimas de sexo forzado mediante insistencias, amenazas, coacción o engaños); ya que, si las presiones o influencias familiares van dirigidas en el sentido contrario al deseo de la adolescente, siempre acarrearán conflictos intrafamiliares y trastornos psicológicos a la joven en forma de sentimientos de culpabilidad(3).

Las adolescentes embarazadas, una vez que acuden a los servicios de salud, deben ser asesoradas de manera objetiva, valorando los pros y contras de las diferentes opciones que puede tomar con su embarazo, sin tener ninguna consideración específica con su edad, comenzando por la posibilidad de continuar con él, para alcanzar el estatus de madre o, en caso contrario, entregarlo en adopción, así como también sobre la posibilidad de interrumpirlo. Este proceso de decisión no es sencillo, está plagado de dudas y conviene que sea apoyado por un periodo de reflexión(4).

La adopción habitualmente se decide en casos de diagnóstico tardío de la gestación, por ocultamiento de este por parte de la adolescente y superados los límites legales para la IVE. En escasas ocasiones, la decisión de entregar al hijo en adopción se debe a razones personales o a las presiones del entorno familiar, pero sea por un motivo o por otro, en el caso de entregar al hijo en adopción, exige que durante el tiempo de gravidez se cree el soporte psicológico necesario para contrarrestar alteraciones conductuales y mentales, así como facilitar que la madre pueda acceder a los recursos sociales y legales oportunos(1).

En España, contamos con la ley 3/2010 sobre salud sexual y reproductiva y de la IVE(14), que regula la posibilidad de abortar dentro del marco legal en las primeras 14 semanas, a petición de la embarazada, siempre que se le haya informado de los derechos, prestaciones y ayudas públicas de soporte a la maternidad y haya contado con un plazo de, al menos, tres días de reflexión. Hasta la fecha, en esta ley se indica que, en el caso de menores de 16 años, se requiere para la IVE la autorización de los padres o tutores y, entre los 16 y 17 años, la decisión le corresponde a la gestante, hasta la fecha se exige que los padres estén informados de la decisión, requisito que podría desaparecer en la nueva Ley Orgánica. En España, la tasa de IVE en chicas de 15-19 años pasa de 4,8 en 1996 (un total de 7.331) a 8,8 en 2017 (9.755 casos), tras haber alcanzado el máximo de 13,6 en 2007 (15.307 casos)(5).

En los casos en los que la decisión sea continuar con embarazo y la adolescente se plantee aceptar a su hijo como tal, es preciso que se aborde con ella lo que esto supone en cuanto a: cuidados del embarazo y del futuro bebé, tiempo de dedicación, educación, cambios de vida futura, etc.(4).

Identificados los factores de riesgo en la primera visita gestacional, se propondrá el mismo protocolo de visitas especializadas que en cualquier otro embarazo normal, adaptando estas a las recomendaciones sobre control prenatal de la SEGO(13). Se tendrán en cuenta las características propias de estas jóvenes y en dicho protocolo están incluidas: la administración de inmunoglobulina anti-D en mujeres con factor Rh negativo, la vacunación de la madre frente a la tosferina entorno a la semana 28-32 y la profilaxis antibiótica intraparto frente al estreptococo beta-agalactiae previa toma vagino-rectal para cultivo(1,13).

Las mujeres entre 15 y 24 años presentan las mayores tasas de enfermedades de transmisión sexual (ETS), no solo HIV, HBsAg y sífilis, sino también de infecciones por: clamidia, gonococia y VHC, y de su reinfección en el primer año postratamiento, como consecuencia de prácticas sexuales sin protección con múltiples parejas, favorecido además por servicios sanitarios deficitarios en estos aspectos a los que acudir o por una importante ausencia de información sobre ello y, por lo tanto, falta de asistencia a los mismos(3).

El cribado rutinario de las ETS en adolescentes asintomáticas no está indicado, pero sí lo está en casos de factores de riesgo, como vida sexual activa o la propia gestación en esta etapa de la vida(17,18), por ello es muy importante en esta población gestante de riesgo, realizar en la primera visita prenatal, y en la del tercer trimestre, un cribado de ETS, así como ante cualquier queja sugerente de leucorrea o insinuación de tener una nueva pareja(7). El cribado es coincidente con el establecido en el control gestacional habitual, que incluye a: rubeola, sífilis, HBsAg y VIH(13). En los casos de EA procedentes de países con elevada incidencia de enfermedad de Chagas y de Zika, deben realizarse los cribados correspondientes(13), así como tener conocimiento de las gestantes extranjeras acerca de las vacunas que han recibido en su país de origen.

El aumento del consumo de alcohol y drogas puede favorecer la aparición de malformaciones en el feto, lo que asociado a posibles alteraciones en el crecimiento fetal, hacen que, en estos embarazos, el control ecográfico morfológico y del crecimiento fetal deba incrementarse sobre las tres ecografías básicas propuestas en las guías de asistencia al embarazo normal(13), por lo que realizar controles ecográficos en las semanas 16 y 28 tienen su justificación clínica en estos casos.

El parto debe ser afrontado de manera similar a cualquier otro parto en mujeres no adolescentes, sin que la edad constituya un factor determinante que incremente la tasa de partos intervenidos ni de cesáreas, incluso algunos estudios indican que en la mujer adolescente, tanto la tasa de fórceps como de ventosas y de cesáreas, es inferior a la obtenida en mujeres de 20 a 24 años(16).

Finalizado el parto, la adolescente permanecerá ingresada durante 36-48 h para vigilar la evolución materna y neonatal. Se realizará control hematológico, valoración de la involución uterina y de las cicatrices/suturas si se practicó episiotomía o cesárea, se promoverá la lactancia materna y se realizará la “prueba del talón” para cribado de metabolopatías en el neonato.

El control posparto exige una coordinación con el personal sanitario de AP, así se apoyará en las matronas, médicos de familia y pediatras, programando con las primeras, al menos, dos visitas puerperales, una domiciliaria lo más cerca posible al alta hospitalaria y otra en la 6ª semana del posparto. Si la adolescente no acude a estas visitas, es necesario intentar recuperarla con la ayuda de los asistentes sociales(1).

Complicaciones del embarazo en la adolescencia

Muchos de los riesgos asociados a la gestación en madres adolescentes son prevenibles mediante: diagnóstico precoz del embarazo y su derivación para cuidados perinatales precoces y multidisciplinares, nutrición adecuada, supresión del consumo de tóxicos y cribado de ETS.

Muchas son las complicaciones asociadas a la gestación en madres adolescentes, destacando: preeclampsia, parto prematuro, bajo peso al nacer y retraso de crecimiento intrauterino (RCIU), así como un incremento en la tasa de muertes fetales intraútero, abortos y muerte intraparto. Los peores resultados perinatales se observan cuando la gestación se produce en los dos primeros años después de la menarquia y la incidencia de estos se multiplica por 4 en madres de 13 a 15 años, y se duplica en madres de 15 a 19 años respecto a la incidencia observada en madres mayores de 19 años; en todos los casos, se relacionan las complicaciones con el retraso de los cuidados perinatales(7). Por sí sola, la edad materna de 16 años o inferior, debe de ser considerada como una potencial causa de riesgo perinatal y muerte neonatal, que exige a los profesionales sanitarios incrementar los cuidados y vigilancia de estas madres(16,19).

La juventud es un factor de riesgo independiente de otros factores sociodemográficos de confusión para producir resultados perinatales adversos, su asociación es muy intensa(16,19,20). La adolescente embarazada es más susceptible de padecer complicaciones médicas, tanto en ella como en el feto, principalmente cuanto más se acerque la gestación a la edad de la menarquia, ya que estas madres están en fase de crecimiento, compitiendo por los nutrientes con su propio hijo(1).

La inmadurez tisular y un desarrollo óseo no finalizado de la pelvis, favorecen: malposiciones fetales, distocias de hombros, asfixia intraparto e incluso muerte intraparto, lo cual se asocia a mayor tasa de cesáreas y de partos instrumentales; por otro lado, la estrechez del canal blando del parto facilita los desgarros y lesiones traumáticas del mismo(7,8).

La anemia (Hb ≤ 10,5 g/dl) es muy frecuente en estas gestantes, supera el 50% de ellas, esta y los bajos depósitos de hierro y niveles de ferritina se deben a déficits nutricionales, así como a los trastornos del ciclo menstrual previos a la gestación, por lo que se recomienda en estas gestantes, una suplementación con vitaminas e hierro para reducir las tasas de anemia y con ello el bajo peso al nacer(6,7,21).

Entre un EA controlado y uno no controlado se advierten diferencias importantes, para los trastornos hipertensivos del embarazo, algunos estudios indican diferencias entre el 3-5% vs 17-35%(1), no observando otros estudios diferencias cuando se ajusta por variables como la paridad(6). Al comparar la amenaza de parto prematuro en gestantes adolescentes con gestación controlada vs no controlada, las diferencias se encuentran entre el 10-12% vs 22-42% y, para los casos con retraso del crecimiento intrauterino, se duplican cuando el EA no es controlado(1,22). La prematuridad es la complicación que se describe más frecuente en las gestantes adolescentes.

Las malformaciones fetales constituyen una de las complicaciones más frecuentes e importantes de estas gestaciones; si bien, hay datos contradictorios sobre su frecuencia en comparación con las presentes en otras edades maternas. Estas afectan, sobre todo, al SNC, sistema urinario y a la cara, y para algunas guías está justificado realizar una doble ecografía morfológica a las 16 y 20 semanas(6).

La depresión es frecuente entre las adolescentes gestantes al igual que: estrés, ansiedad y cierta sensación de sentirse socialmente estigmatizadas por el embarazo; hasta el 50% de ellas desarrollarán depresión postparto de intensidad moderada o severa. El conocimiento de esta posibilidad obliga a los sanitarios a cribar estas patologías en cada visita perinatal(7).

En términos generales, las gestaciones en madres adolescentes tienen mayores tasas de incidencia de parto prematuro y extremadamente prematuro, bajo y muy bajo peso, RCIU y muerte perinatal.

Prevención del embarazo en la adolescencia

La prevención del embarazo no deseado debe implicar a los gobiernos y a la sociedad en su conjunto, además de a la escuela, la familia, el personal sanitario y, por supuesto, la pareja.

La prevención primaria, cuyo objetivo es evitar el embarazo no deseado en mujeres adolescentes, requiere medidas como promover el desarrollo personal y de habilidades, tanto en el ámbito familiar como en el escolar, facilitar una adecuada educación sexual, así como el asesoramiento sobre métodos anticonceptivos o incluso garantizar su acceso gratuito, medidas que son el pilar fundamental para evitar los embarazos no deseados(13,23). La prevención primaria del EA debe centrarse en la formación y la educación sanitaria sobre temas sexuales y de contracepción, de manera coordinada con la familia, la escuela y los medios de comunicación/redes sociales.

La base para la prevención del embarazo no deseado en la adolescencia será una correcta educación afectiva y sexual, estando ello muy condicionado por la sociedad y cultura en la que la joven crezca, en nuestro medio intervienen: familia, escuela, amigos, medios de comunicación, administración y profesionales sanitarios(4). La familia debe ser el principal lugar de formación y de influencia de hábitos saludables de la adolescente, ello reforzado a nivel escolar, como centro de la educación/formación en materia de sexualidad y reproducción responsable, para alcanzar unas adecuadas expectativas de futuro.

El EA no planificado supone un gran coste para la salud pública; la falta de información, el contexto sociocultural y familiar, así como la accesibilidad a los métodos anticonceptivos, son algunas de las causas por las que se suceden los embarazos no deseados. Una de las mejores formas de prevenir el embarazo precoz y mejorar los resultados reproductivos es, además de informar e impartir una educación paulatina, tanto en la familia como a nivel escolar, proporcionar una anticoncepción adecuada a los adolescentes(23).

Aunque el uso del preservativo ahora sea mucho más extendido entre la juventud española (con una media del 74,4% en 2010, según el Informe de Juventud en España 2012) hasta 2004, el 17% de los chicos y el 10% de las chicas de 15-24 años empleaban el coitus interruptus como medida de anticoncepción, y un 6% declaraba haber acudido algunas veces a la “píldora del día después” como recurso de emergencia(5). El uso de algún tipo de protección en la primera relación sexual ha aumentado en las menores de 20 años, según la Encuesta de Anticoncepción SEC 2018, el 97,3% de las jóvenes que pertenecen a este grupo de edad ha utilizado algún tipo de anticoncepción(5).

Entre los elementos que influyen en la ocurrencia de estos embarazos y de las ETS para los adolescentes en España, destacan: la escasa presencia en el territorio nacional de unos servicios sanitarios especializados, donde los menores puedan acudir sin sus padres, la carencia de valores éticos y morales de referencia en cuanto a una educación afectivo-sexual integral basada en el respeto, la influencia excesiva de unos medios de comunicación que promueven modelos desiguales de relaciones de género y el insuficiente control por parte de los adultos(24).

Las actuaciones que deberá emprender la Administración irán encaminadas a facilitar el acceso a la información y a los métodos anticonceptivos, y tratar de que estos sean gratuitos para este grupo de edad. La información sobre los métodos anticonceptivos debe ser generalizada y dirigida a que los adolescentes los utilicen de una manera segura y eficaz, ya que están en la etapa de mayor fertilidad(4). Los métodos hormonales aseguran una eficacia altísima, pero debemos aconsejar el “doble método” para así proteger frente al embarazo y también frente a las ETS, incluido el VIH, ya que el preservativo es considerado el método que más protege frente a estas últimas, pero esta forma de protegerse exige una motivación muy elevada(4). Además, también deben estar perfectamente informados sobre la anticoncepción de urgencia, método que no debe ser considerado el ideal, sino solamente ante el uso incorrecto del método habitual(4).

Los anticonceptivos reversibles de acción prolongada (LARC), denominación que incluye los dispositivos intrauterinos (DIU) y los implantes subdérmicos, son métodos muy seguros que ofrecen una protección anticonceptiva a largo plazo altamente eficaz y con escasas contraindicaciones. Su uso no está extendido, por lo que se debe suministrar una mayor información sobre ellos, de manera que los adolescentes conozcan y cambien la actitud hacia los mismos(8,25). Son muy efectivos en estas edades para prevenir un segundo embarazo, reduciendo la repetición de abortos y/o de partos(8,25).

Después de haber tenido un parto o un aborto, la mayoría de estas madres jóvenes manifiestan su deseo de evitar una nueva gestación; sin embargo, muchas cambian rápidamente de opinión y dejan el método anticonceptivo o las prácticas sexuales seguras, y al ser mujeres con una elevada tasa de fecundabilidad, hasta el 90% de las que lo buscan se quedan de nuevo embarazadas, llegando a producirse una segunda gestación en el 20% de la población adolescente que se embaraza(1).

Funciones del pediatra de Atención Primaria

El acompañamiento y ayuda profesional en Atención Primaria (AP), incluido el pediatra, durante la adolescencia, implica potenciar las capacidades y aptitudes de las adolescentes, promoviendo una adecuada gestión de los hábitos de riesgo, incluido el deseo sexual y sus conductas, facilitando la prevención de las gestaciones y de las ETS.

Los pediatras y demás profesionales de Atención Primaria, deben tener siempre presente la posibilidad de una gestación en mujeres adolescentes; por ello, la presencia de amenorrea o de ciclos irregulares, síntomas frecuentes en estas edades, exigen la realización de un test de embarazo en orina o en sangre. El diagnóstico y derivación precoz de la gestante adolescente al equipo multidisciplinar de especialistas es fundamental para reducir, mediante controles antenatales precoces y frecuentes, la mayor morbimortalidad materna y fetal asociada a estas gestaciones.

El conocimiento del estado de gravidez de una adolescente exige al personal sanitario que la atiende: considerar su capacidad intelectual y madurez psíquica para consentir la relación sexual generadora del embarazo, así como valorar la necesidad de informar a las autoridades si sospechan violaciones de la legalidad vigente.

Es muy importante que en esta primera consulta realizada en AP, tanto el pediatra como el médico de familia, hablen abiertamente con la joven gestante sobre la necesidad de tomar una decisión acerca de continuar la gestación para: formar una familia con el padre o monoparental, cederlo en adopción una vez que nazca o interrumpir la gestación, precisando de un periodo de reflexión antes de una determinación definitiva que transmitirá, tanto a ellos como al ginecólogo.

Diagnosticada la gestación, remitida la gestante al ginecólogo y hasta ser atendida por este, la adolescente debe estar asesorada sobre el peso ideal y la ganancia ponderal deseable durante la gestación, para lo que deberá seguir un estricto control nutricional y una alimentación rica en proteínas, suplementada con vitaminas y micronutrientes como: ácido fólico, yodo, calcio e hierro. También en esta primera visita, se indicará a la gestante que siga las recomendaciones sobre hábitos saludables que potencien el ejercicio y contrarias al consumo de tabaco, alcohol y drogas, apoyo educacional, salud sexual y prácticas sexuales durante la gestación, y diagnóstico precoz de ETS. Todo ello se traducirá en una importante reducción tanto de la incidencia de determinadas patologías asociadas a la gestación, como de los costes que se asocian a la prematuridad y bajo peso al nacer.

Conclusiones

Aunque la tendencia en España es a ir disminuyendo la incidencia de embarazos en madres adolescentes, estos constituyen, por su característica de no ser deseados, un problema personal, familiar y social muy importante que exige medidas preventivas basadas en programas de educación sexual y de métodos de anticoncepción. Para reducir la morbimortalidad perinatal, el diagnóstico debe ser lo más precoz posible, con un control multidisciplinario y adaptado a la idiosincrasia de estas pacientes, pero siempre basado en el proceso de control del embarazo normal de cualquier gestante.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. ProSego. Embarazo en la Adolescencia. Madrid: SEGO 2013. Disponible en: https://www.sego.es/gapSEGO/Guias_de_Asistencia_Practica#perinatal.

2. Organización Mundial de la Salud. OMS. Salud de la madre, el recién nacido, del niño y del adolescente. Desarrollo en la adolescencia (Internet). Consultado el 27 enero de 2022. Disponible en: https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/.

3.* López Sánchez F. Adolescencia y embarazo. En: Troyano Luque JM; Guía de manejo de la patología perinatal; 2015. p. 1-10. ISBN: 978-84-606-7426-9.

4.** Ros i Rahola R. Embarazo en la adolescencia. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 153-63. ISBN: 978-84-695-7249-8.

5.** Hernández AL, Gentile A, Luminita E. Perfil socio-demográfico de madres adolescentes en España. Acciones investig. Soc. (Internet). 2019; 40: 109-33. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/339378130_Perfil_sociodemografico_de_madres_adolescentes_en_Espana/link/5e4e7e3f92851c7f7f48d2b8/download.

6.** Fleming N, O’Driscoll T, Becker G, Spitzer RF. SOGC Canadian Paediatric and Adolescet Gynaecology and Obstetricians (CANPAGO) Committee. Adolescent Pregnancy Guidelines. SOGC Clinical Practice Guideline nº 327, 2015. J Obstet Gynecol Can. 2015; 37: 740-56.

7. Lefwich HK, Ortega-Alves MV. Adolescent pregnancy. Pediatr Clin N Am. 2017; 64: 381-8.

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9. White LB. A holistic approach to adolescent pregnancy prevention. Am J Public Heath. 2018; 108: S1.

10. Álvarez C, Grande ML, Linares M, Cecilia A. Análisis del embarazo adolescente: miradas cualitativas a los casos de Bucaramanga y Jaén. Matronas Prof. (Internet). 2017; 18: 51-9. Disponible en: https://www.federacion-matronas.org/wp-content/uploads/2018/01/original-embarazo-adolescente.pdf.

11.** Ros i Rahola R. Aspectos ético-legales de la atención ginecológica a la adolescente. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 185-94. ISBN: 978-84-695-7249-8.

12. Ley 41/2002, básica reguladora de la Autonomía el Paciente y de Derechos y Obligaciones en materia de Información y Documentación Clínica.

13.** Guía de asistencia práctica. Control del embarazo normal. 2017. Disponible en: https://gapssp.es/.

14. Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. «BOE» núm. 55, de 4 de marzo de 2010. Referencia: BOE-A-2010-3514.

15. Fleming N, Ng N, Osborne C, Biederman S, Yasseen AS, Dy J, et al. Adolescent pregnancy outcomes in the province of Ontario: a cohort study. J Obstet gynecol Can. 2013; 35: 234-45.

16. Torvie AJ, Callegari LS, Sciff MA, Debiec KE. Labor and delivery outcomes among young adolescents. Am J Obstet Gynecol. 2015; 213: 95.e1-8.

17. Workowski KA, Bolan GA. Sexually transmitted diseases treatment guidelines. MMWR Recomm Report. 2015; p. 64.

18.** Screening for chlamydia and gonorrhea US Preventive Service Task Force setember. 2021.

19. Marvin-Dowle K, Soltani H. A comparision of neonatal outcomes between adolescent and adult mother in developed countries: asystematic review and meta-analysis. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2020; 6: 100109. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.eurox.2020.100109.

20. Fraser AM, Brocket JE, Ward RH. Association of Young maternal age with adverse reproductive outcomes. N Eng J Med. 1995; 332: 1113-7.

21. Soares NN, Mattar R, Camano L, Torloni MR. Iron deficiency anemia and iron stores in adult and adolescent women with pregnancy. Acta Obstet Gynecol Scand. 2010; 89: 343-9.

22. Quinlivan JA, Evans SF. Teenage antenatal clinics may reduce the rate of preterm birth: a prospective study. BJOG. 2004; 111: 57-8.

23.* World Health Organization (WHO). WHO guideline on preventing early pregnancy and for reproductive outcome among adolescents in developing countries. Geneve: WHO. 2011.

24. Lailla J. La sexualidad en el adolescente en España comparada con otros estados europeos. En: García-Tornel S, Miret P, Cabré A, Flaquer L, Berg-Kelly K, Roca G, et al. (coords.). El adolescente y su entorno en el siglo XXI. Instantánea de una década. Esplugues de Llobregat: Observatorio de salud de la infancia y la adolescencia. 2011. p. 121-36.

25. Baldwin MK, Edelman AB. The effect of long acting reversible contracepción on rapid repeat pregnancy in a dolescents: a review. J Adolesc Health. 2013: 52: S47-53.

Bibliografía recomendada

– Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. ProSego. Embarazo en la Adolescencia. Madrid: SEGO 2013. Disponible en: https://www.sego.es/gapSEGO/Guias_de_Asistencia_Practica#perinatal.

Guía sobre el control de la gestación en la adolescente, elaborada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, que explica: la situación epidemiológica, el procedimiento de control y las complicaciones de estas gestaciones, con un enfoque centrado en las mujeres jóvenes.

– Guía de asistencia práctica. Control del embarazo normal. 2017. Disponible en: https://gapssp.es/.

Excelente guía de control de la gestación normal, elaborada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, que detalla todo lo necesario para realizar un adecuado control de la mujer gestante y del feto.

– López Sánchez F. Adolescencia y embarazo. En: Troyano Luque JM; Guía de manejo de la patología perinatal; 2015. p. 1-10. ISBN: 978-84-606-7426-9.

Capítulo de libro que describe, a modo de revisión, los diferentes aspectos médicos y sociales que concurren en las gestaciones de las adolescentes.

– Fleming N, O’Driscoll T, Becker G, Spitzer RF. SOGC Canadian Paediatric and Adolescet Gynaecology and Obstetricians (CANPAGO) Committee. Adolescent Pregnancy Guidelines. SOGC Clinical Practice Guideline nº 327, 2015. J Obstet Gynecol Can. 2015; 37: 740-56.

Guía clínica de la Sociedad Canadiense de Ginecología y Obstetricia, que indica la forma de enfocar en este país, el manejo del embarazo en las adolescentes y su prevención.

– Lefwich HK, Ortega-Alves MV. Adolescent pregnancy. Pediatr Clin N Am. 2017; 64: 381-8.

Interesante artículo de revisión, que describe en profundidad todos los aspectos a tener en cuenta en relación al embarazo en la mujer adolescente.

– Adolescent pregnancy, contraception, and sexual activity. Committee Opinion 699. American College of Obstetricians and Gynecologists. Obstet Gynecol. 2017; 129: e142-9.

Guía clínica del Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia, que indica la forma de enfocar el embarazo en las adolescentes en EE.UU., en la que se hace especial referencia a los programas preventivos, tanto escolares como sanitarios, así como a la prevención con métodos contraceptivos.

– Ros i Rahola R. Aspectos ético-legales de la atención ginecológica a la adolescente. Grupo de Ginecología de la Infancia y Adolescencia de la SEGO; Guía de atención ginecológica en la infancia y adolescencia de la SEGO; 2013. p. 185-94. ISBN: 978-84-695-7249-8.

Artículo que revisa las consideraciones legales que hay que conocer al tratar determinados aspectos médicos con las adolescentes.

 

Caso clínico

 

Mujer de 16 años y 8 meses, conocida tanto ella como su familia, como usuaria de los servicios de Atención Primaria del Centro de Salud del área sanitaria. Acude a consulta con su pediatra habitual, por presentar desde hace 20 días malestar digestivo asociado a náuseas frecuentes y vómitos ocasionales no precedidos de eructos, que han ido aumentando en frecuencia durante los últimos días, esporádicamente con algún hilo de sangre y que le impiden ingerir alimentos principalmente en el desayuno, que es el que principalmente suele vomitar.

Al ser preguntada, indica que simultáneamente asocia deposiciones blandas con algún episodio diarreico, no refiere molestias urinarias ni dificultades para la deglución, así como tampoco tuvo fiebre, pero refleja que la temperatura algunos días que se la tomo en este mes fue de 37,1ºC ± 0,3ºC.

Antecedentes familiares

Madre, reponedora en un supermercado, 20 años mayor que la adolescente, presenta asma extrínseca y alergia a ácaros. Padre con trastorno obsesivo-compulsivo y depresión en seguimiento, que requirió un ingreso en psiquiatría durante el seguimiento del paciente. Hermano de 18 años con alergia al huevo. La madre refiere que pasa muchas horas fuera de casa por trabajo y los niños están con su padre que está de baja laboral y cursando una reagudización importante de su patología.

Antecedentes personales

La historia clínica de la paciente refleja que se trata de una joven de clase media, escolarizada, con resultados normales y escasas faltas asistenciales, todas ellas justificadas. No realiza ejercicio físico y refiere una dieta variada, pero con abundante consumo de grasas poliinsaturadas y azúcares refinados. El IMC es de 32 kg/m2. No fuma y no refiere consumo de drogas, pero sí de alcohol los fines de semana sin llegar a emborracharse.

La paciente tuvo reflujo gastroesofágico del lactante e intolerancia a la lactosa que remitió al año. Sin otras enfermedades importantes a destacar. Amigdalectomizada a los 5 años y apendicectomizada a los 12. Tiene realizado correctamente el calendario vacunal, incluida la vacuna frente al HPV y no refiere alergias medicamentosas conocidas.

La telarquia la tuvo a los 10,5 años y la menarquia sucedió a los 12 años y, desde entonces, tras un periodo de 8 meses de amenorrea a los 3-4 meses de la menarquia, refiere tener reglas muy irregulares cada 60-90 días con sangrado de 5 días de duración y en cantidad intensa en los primeros 3 días, aunque esta es precedida por dos días de manchado oscuro.

Indica que comenzó a mantener relaciones sexuales hace 6 meses, esporádicas y con tres parejas distintas en este tiempo, relaciones sin protección, ya que con la irregularidad de los ciclos no tiene ovulaciones y que con la vacuna se encuentra protegida frente al virus del papiloma humano. Refiere haber tenido la última menstruación hace 9 semanas y que la espera de nuevo para estos días, ya que nota cierto malestar en el hipogastrio y manchado vaginal oscuro escaso en estos dos últimos días, síntoma y signos similares a los presentados en otras ocasiones antes de tener la regla.

A la exploración, presenta unas constantes normales en cuanto a frecuencia cardiaca y tensión arterial, si bien, desde la última visita al pediatra, hace 4 meses, ha perdido 3 kg y el IMC actual es de 31 kg/m2. No se encuentra foco infeccioso ni en boca ni en oídos, la puño-percusión renal bilateral resulta negativa y a la palpación abdominal no se evidencia dolor, pero sí una ligera defensa a nivel del hipogastrio, el Blumberg es claramente negativo.

El desarrollo madurativo es adecuado para su edad, estando en un estadio IV de Tanner, S4 y P4.

 

 

tabla

 

Anticoncepción en la adolescencia

M.J. Rodríguez Jiménez
Temas de FC


M.J. Rodríguez Jiménez

F.E.A. Ginecología y Obstetricia Hospital Universitario Infanta Sofía. San Sebastián de los Reyes. Madrid

Resumen

Hablar de anticoncepción en la adolescencia implica reconocer que, a pesar de los múltiples esfuerzos realizados desde instituciones sanitarias, educativas y familiares, no se ha conseguido generalizar el uso correcto de los métodos anticonceptivos y tanto el embarazo no deseado como las infecciones de transmisión sexual siguen siendo un importante problema.
Todos los métodos anticonceptivos pueden ser utilizados y son seguros para los adolescentes y la edad no es contraindicación para ninguno de ellos, excepto los métodos definitivos. El proceso de elección de un método ha de ser voluntario y no condicionado por las preferencias del profesional, por factores de presión de padres y madres o del grupo de iguales. Hay que asesorarles sobre riesgos y beneficios, y promover que sean ellos y ellas quienes decidan.
Entre los adolescentes, hay una peor cumplimentación y una menor adherencia a los métodos anticonceptivos. Por ello, es importante que se respeten las preferencias del joven, se explique de forma sencilla la utilización del método y se elaboren estrategias para favorecer la continuidad de uso.

 

Abstract

Speaking of contraception in adolescence implies acknowledging that despite the multiple efforts made by health, educational and family institutions, the correct use of contraceptive methods has not been generalized and both unwanted pregnancy and sexually transmitted infections continue to be a major problem.
All contraceptive methods can be used and are safe for adolescents and age is not a contraindication for any of them, except definitive methods. The choice of a method must be voluntary and not conditioned by the preferences of the professional, by factors of pressure from fathers and mothers or from the peer group. They must be advised on the risks and benefits and encouraged to be themselves the ones who make the decision.
Among adolescents, there is worse compliance and less adherence to contraceptive methods. For this reason, it is important that the preferences of the young person are respected, the use of the method is explained in a simple way, and strategies are developed to favor continuity of use.

 

Palabras clave: Asesoramiento anticonceptivo; Métodos anticonceptivos; Sexualidad.

Key words: Contraceptive counseling; Contraceptive methods; Sexuality.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 280 – 288

 


OBJETIVOS

• Conocer la realidad de la sexualidad y anticoncepción en nuestro medio.

• Destacar la importancia del asesoramiento anticonceptivo en la adolescencia.

• Repasar los métodos anticonceptivos con sus ventajas e inconvenientes en adolescentes.

• Informar de la situación legal vigente y actuación recomendada.

 

Anticoncepción en la adolescencia

Introducción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la salud reproductiva de la persona conlleva su derecho para disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, así como la capacidad y libertad para decidir procrear, y cuándo y con qué frecuencia hacerlo(1).

Las intervenciones en el ámbito de la anticoncepción en la adolescencia, se deben caracterizar por mantener la privacidad y confidencialidad de la persona y presentar la información con claridad y sin coacciones, fomentando la toma de decisiones con la información suficiente. Los adolescentes necesitan saber sobre sexualidad, métodos anticonceptivos y prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS) de forma adecuada a sus conocimientos y su madurez, para poder vivir su sexualidad con plenitud y sin riesgos para su salud.

Como en otras etapas de la vida, en la adolescencia, el método anticonceptivo que se utilice debe ser seguro y eficaz, y sabemos que la efectividad de un método, es decir, su eficacia durante el uso, depende de la adherencia al mismo y de su continuidad. Los adolescentes tienen un peor cumplimiento de los métodos anticonceptivos y, por tanto, un mayor riesgo de embarazo no deseado y de contagio de una ITS.

Realidad de la sexualidad y anticoncepción en España

Los estudios epidemiológicos muestran un inicio más precoz de la actividad sexual y el uso inconsistente de los métodos anticonceptivos por los adolescentes.

La sexualidad es uno de los aspectos más relevantes en la adolescencia, lo que justifica que existan gran cantidad de estudios sobre la materia: el comportamiento de los jóvenes, su nivel de información, las prácticas de riesgo, el uso de métodos anticonceptivos, etc.

Los datos que se muestran a continuación han sido obtenidos de dos estudios. El primero, es el Informe Juventud en España 2020 (IJE2020)(2), realizado por la Dirección General del INJUVE y el Observatorio de la Juventud, dependientes del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. Para realizarlo, fueron entrevistados 5.265 jóvenes entre 15 y 29 años, de ambos sexos y de todo el territorio nacional.

El segundo, es el Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019(3), patrocinado por la Fundación Española de Contracepción, dependiente de la Sociedad Española de Contracepción (FEC/SEC), que incluyó una muestra de unos 1.200 jóvenes de 16 a 25 años y ambos sexos.

Aunque en ambos se estudia una población más amplia, se va a hacer mención de los datos referidos a la población adolescente entrevistada, es decir, entre 15 y 20 años.

Lo primero que llama la atención, es que los jóvenes muestran una gran diversidad de orientaciones sexuales: el 16% se describe como no heterosexual. Los hombres tienden a ubicarse con más frecuencia como heterosexuales que las mujeres (82,3% frente a 72,3%), y también más como homosexuales que ellas (7,9% frente a 6%). Por su parte, las mujeres se autoidentifican más frecuentemente como bisexuales que los hombres (13,4% frente a 3,9%).

Hay una iniciación sexual cada vez más temprana. La edad media para la primera relación sexual es de 16,2 años, reduciéndose casi en 1 año respecto al IJE 2016 (17 años). La Encuesta FEC/SEC apunta a que la edad media de inicio del sexo es de 16,4 años, pero lo más interesante es comprobar que esa edad se reduce, y mientras los jóvenes entre 19-21 años la tuvieron a los 16,7 años, los de 16 a 18 la tiene de media a los 15,6 años (Fig. 1).

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Figura 1. Edad de la primera relación sexual.
Fuente: Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019 (FEC/SEC).

 

En la muestra analizada en el IJE 2020, el 52% de jóvenes de entre 15 y 19 años afirma haber tenido relaciones sexuales con penetración, un 7% sin ella y el 27% no ha tenido nunca relaciones (Fig. 2).

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Figura 2. Porcentaje de usos sexuales en función de género y edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

Las mujeres suelen tener relaciones sexuales más tarde que los hombres (Fig. 3).

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Figura 3. Edad de primera relación sexual en función del género.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

El nivel de estudios retrasa la edad para tener la primera relación sexual: tanto los que tienen educación de secundaria postobligatoria como estudios superiores, tienden a tener su primer contacto aproximadamente un año más tarde. La variable ser creyente, también tiende a retrasar ese momento.

Ambas encuestas coinciden en que el método anticonceptivo más utilizado por parte de los jóvenes es el preservativo. En segundo lugar, se sitúa el uso de la píldora y en tercer lugar el coitus interruptus (Fig. 4).

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Figura 4. Tipo de método anticonceptivo empleado por edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

El 76,4% de los jóvenes utiliza métodos anticonceptivos en todas sus relaciones sexuales; si bien, un 23,6% no lo hace en todas las ocasiones (Fig. 5).

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Figura 5. Porcentaje de uso de método anticonceptivo en todas las relaciones según género y edad.
Fuente: Encuesta INJUVE 2019.

 

Esta práctica de riesgo se incrementa entre los hombres (25,3%) y los jóvenes de 16 a 18 años (26,3%). No hay diferencias significativas ni por edad ni sexo, lo que va en contra del saber convencional que establece que las mujeres tienen un comportamiento más seguro que los hombres. El 73,1% de los jóvenes no utiliza nunca en sus relaciones sexuales el doble método. Esta cifra se incrementa hasta el 76,4% entre los jóvenes de menor edad.

El 25,6% de los jóvenes ha tenido que recurrir al uso de la píldora del día después alguna vez, siendo el porcentaje del 17,1% entre los de 16 a 21 años. Por término medio, en el último año, los jóvenes menores de 18 años han utilizado 1,3 veces la píldora del día después.

En ambos estudios, los jóvenes coinciden en definir la información que reciben sobre sexualidad como escasa, con poca continuidad y que no se actualiza cuando realmente se precisa. Internet (47,8%) y los amigos/as (45,5%) constituyen las fuentes a través de las cuales consideran que han recibido la información más adecuada sobre sexualidad, por delante de los profesores/as (28%), la madre (23,1%) o el padre (12,4%) (Fig. 6).

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Figura 6. Fuentes de información sobre sexualidad.
Fuente: Estudio sobre Sexualidad y Anticoncepción: Jóvenes Españoles 2019 (FEC/SEC).

 

Un 12,1% de los encuestados dicen no haber recibido información sobre sexualidad. Los varones obtienen más información a través de Internet que las mujeres, incluyendo consumo de pornografía, y ello se traduce en la reproducción de mitos tradicionales asociados al tamaño del pene o a los pechos voluminosos. Entre las mujeres, los amigos/as (46,9%) son un canal de información más importante que Internet (44,9%).

Sin embargo, cuando se les pregunta de quienes desearían recibir esa información, el 34,5% de los jóvenes considera que deberían ser los profesionales sanitarios las personas que deberían orientarles en materia de sexualidad, seguidos de los profesores/as del colegio o instituto. Hay cierto pudor para tratar estos temas en el ámbito familiar, lo mantienen como última opción y solo en caso de emergencia o situaciones límite.

Asesoramiento anticonceptivo

El asesoramiento anticonceptivo es esencial para lograr la aceptación del método, su empleo correcto y la continuidad en el uso.

Los adolescentes tienen unas necesidades especiales en relación con la anticoncepción que derivan de su falta de experiencia en el uso de los métodos, las barreras para el acceso a estos y, sobre todo, la falta de información.

La elección de un método anticonceptivo es una decisión compleja, en la que el médico tiene un papel importante, no solo en la información suministrada, sino también en el apoyo al joven en su decisión. Es lo que se denomina asesoramiento anticonceptivo y va a ser clave para la aceptación del método; pero, sobre todo, para garantizar continuidad de uso.

Los adolescentes, por las características que se han visto antes, son considerados una población de riesgo en su salud reproductiva, y puede caerse en el error de que sea el médico quien imponga la elección de los métodos que considere más convenientes sin contar con la opinión del joven. Al contrario: el asesoramiento anticonceptivo en los adolescentes debe hacerse mediante la toma de decisiones compartidas, evitando caer en imposiciones o consejos muy dirigidos por el riesgo percibido por el médico(4). De esta manera, el joven es reconocido como el elemento principal que manifiesta sus preferencias, y el médico aportará sus conocimientos y la información sobre las diferentes opciones, a fin de elegir el método más conveniente y que mejor se adapte a esas preferencias.

Para realizar un adecuado asesoramiento, lo primero es establecer un buen vínculo con la adolescente. Si esto es importante en todos los aspectos de la atención médica, es de particular relevancia en el asesoramiento anticonceptivo, dado su contexto personal y sensible.

En segundo lugar, se debe hacer una historia clínica para identificar las condiciones médicas que podrían afectar a la seguridad de cada método. El tabaquismo, al tratarse de una población joven y sin otros factores de riesgo para la enfermedad tromboembólica, no va a constituir un impedimento para iniciar un método hormonal combinado. En cuanto a otras patologías, se aconseja consultar los Criterios Médicos de Elegibilidad para el Uso de Anticonceptivos de la Organización Mundial de la Salud(5). Están disponibles gratuitamente, son fáciles de usar y brindan una guía definitiva sobre la seguridad en una amplia gama de afecciones para diferentes poblaciones de pacientes. Los métodos anticonceptivos se etiquetan como categoría 1, 2, 3 o 4 para cada condición identificada; los de las categorías 1 y 2 se consideran generalmente seguros y los métodos de la categoría 4 están contraindicados. Para aquellos clasificados como categoría 3, las recomendaciones establecen que el “método generalmente no se recomienda a menos que otros métodos más apropiados no estén disponibles o no sean aceptables”.

Después de identificar cualquier condición que pueda limitar la gama de métodos disponibles, la selección debe comenzar preguntando a la joven qué métodos conoce y si habían pensado en alguno. De esta forma, nos haremos idea de las preferencias y de su grado de conocimiento sobre el tema. Algunas jóvenes solicitan un método concreto que ya han empleado previamente o utilizan sus amigas o hermanas; otras pueden dejar en manos del médico la elección que considere más adecuada para ella. En ambos casos, el médico debe informar sobre múltiples aspectos que varían en cada método: cómo se toman o se colocan, eficacia, duración, efectos sobre el patrón menstrual, efectos secundarios, beneficios no anticonceptivos y efectos en la fertilidad futura.

Es importante informarla que la eficacia de algunos métodos depende del uso correcto de los mismos y que la eficacia (“uso ideal”) no coincide con la efectividad (“uso habitual”)(6), a menos que su empleo sea independiente de la usuaria, como ocurre con los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (LARC, por sus siglas en inglés): dispositivo intrauterino (DIU), implante o inyección depot.

Los métodos anticonceptivos, excepto los de barrera, modifican de alguna manera el patrón de sangrado y esta característica es muy importante para algunas mujeres. La amenorrea, por ejemplo, puede ser inasumible para algunas usuarias, mientras que otras lo consideran como algo beneficioso.

Las adolescentes reciben información sobre los métodos anticonceptivos de sus redes sociales, y la información negativa se comunica más comúnmente que la positiva. Por lo tanto, a muchas pacientes, los posibles impactos negativos de los métodos anticonceptivos les influirán en la elección del método. Si bien, no es posible informar sobre la evidencia de todos los efectos secundarios, sí es recomendable preguntar a la joven de cuáles ha oído hablar y cuáles le preocupan e informar objetivamente sobre ellos. También, se la debe hablar de los numerosos beneficios no anticonceptivos que tiene y que pueden influir en la elección de la paciente.

Es importante dejar que los jóvenes expresen sus ideas sobre métodos, como la abstinencia periódica y el coito interrumpido, pues muchas veces utilizan una combinación de preservativo con ambos, sin tener mucha conciencia de riesgo. Es bueno que hablen de la parte molesta o de la que no gusta de cada método, y que manifestemos comprensión ante los inconvenientes que expongan. No se trata de convencerlos de las ventajas de un determinado método, pues podríamos estar provocando que el joven sienta que esa no ha sido su decisión y no lo utilice o cometa errores.

El proceso de decisión ha de ser voluntario y no condicionado por las preferencias del profesional, a menos que, explícitamente, solicite la orientación del médico, por factores de presión o coerción de la pareja, o por influencias negativas de padres y madres o del grupo de iguales.

Una vez seleccionado un método, hay que informar sobre cómo comenzar a usarlo y efectos secundarios que puede experimentar, especialmente los primeros ciclos. Deben también planificarse visitas de seguimiento para verificar la aceptación y continuidad de uso o, en su caso, cambiar de método anticonceptivo si la paciente lo desea. Nunca se debe ver esto como un fracaso del mismo; antes bien, la interrupción y el cambio de método son algo normal entre las usuarias de anticonceptivos y ayuda a garantizar que las mujeres se sientan cómodas con el método.

Métodos anticonceptivos para adolescentes

Al adolescente se le debe informar de todos los métodos anticonceptivos, ya que no existen métodos específicos ni desaconsejables para su edad, excepto los definitivos.

No existen métodos anticonceptivos específicos para adolescentes, pero es evidente que la elección de un método debe considerar circunstancias y características especiales de esta edad: tener en cuenta el grado de maduración biológica y no interferir en el desarrollo y el crecimiento; ser adecuado a su actividad sexual, valorando el tipo, frecuencia y la existencia de compañero no monógamo o cambios frecuentes de pareja; ser de fácil realización, porque los métodos cuyo uso requiera mayores cuidados pueden ser rechazados o mal utilizados por los adolescentes; y siempre debe ser reversible, salvo que casos excepcionales, como enfermedades o deficiencias psíquicas, aconsejen lo contrario(7).

La eficacia del método se mide mediante el índice de Pearl (IP), que indica el número de embarazos que se producirán cada 100 mujeres durante 1 año de uso (a menor índice, más eficacia). El IP teórico o ideal siempre es menor que el IP real o típico, que contempla la eficacia en las circunstancias reales de uso.

Abstinencia

La promoción de la abstinencia persigue retrasar el inicio de las relaciones coitales, como forma más eficaz de prevenir el embarazo y las infecciones de transmisión sexual. Por ello, es necesario que el adolescente contemple la abstinencia como una opción más. Los adolescentes deben aprender que tienen derecho a tener su propia historia sexual, con relaciones sexuales o sin ellas, aprendiendo a decir no cuando esto es lo que quieren, reconociendo el derecho a ser diferentes, distintos de los demás si es el caso y siendo asertivos con sus posibles parejas, no dejándose presionar y exigiendo condiciones de sexo seguro(8).

Métodos naturales

Los métodos naturales no son recomendables en adolescentes por su complejidad y poca eficacia, debido a las variaciones del ciclo menstrual en esta etapa.

Se basan en las variaciones que fisiológicamente se producen durante el ciclo menstrual, para programar el coito en los días en que sea más improbable el embarazo. Los cambios que se valoran son: la elevación de la temperatura basal en segunda fase, las modificaciones del moco cervical, determinación de sustancias en orina (monitores de ovulación) o el cálculo de la fase periovulatoria. Son métodos de baja eficacia, si no se combinan varios y con alto porcentaje de errores, generalmente por no respetar el periodo de abstinencia. Su IP es de 25. Ninguno de estos métodos protege frente a las ITS.

En los adolescentes existen una serie de variables fisiológicas peculiares que disminuyen aún más su eficacia: la irregularidad de los ciclos en los primeros años tras la menarquia y ser métodos difíciles de comprender e interpretar. Son métodos de bajo coste, reversibles e inocuos y, aunque poco aceptables para adolescentes, la elección depende de la edad, situación personal, social y religiosa del usuario.

El coito interrumpido, aunque no es considerado propiamente un método anticonceptivo, sigue siendo uno de los más utilizados por los adolescentes, al tratarse de un método gratuito y accesible en cualquier momento. El IP oscila del 10-38.

Anticoncepción de barrera

La anticoncepción de barrera no interfiere en el ciclo menstrual y proporciona, en el caso del preservativo, protección adicional frente a las ITS, por lo que su uso es muy recomendable entre adolescentes, solo o asociado a otro método más eficaz.

Todos los métodos de barrera están clasificados como categoría 1 dentro de los criterios de elegibilidad de la OMS.

Preservativo

Se denomina preservativo externo al que se coloca en el pene (antes masculino) y preservativo interno al que recubre la vagina (antes femenino). Cumple la doble función de proteger frente al embarazo y a las ITS, por lo que se consideran métodos aconsejables durante la adolescencia. Se acepta que existe una gran diferencia entre la eficacia teórica y el uso típico: el IP teórico es 0,5-2 y el real de 8-14, según la población estudiada. En general, su índice de fallos es del 5% cuando se usa correctamente. La tasa de rotura oscila entre 0,5-3%, por lo que hay que avisar de esta posibilidad e indicar que, si tiene lugar antes de la eyaculación, solo hay que cambiar el preservativo, y si sucede después de la misma, utilizar la anticoncepción de emergencia.

La utilización conjunta del preservativo al mismo tiempo que un método de alta eficacia (píldora o DIU), conocido como “doble protección” (DP) no solo previene de las ITS, sino que además refuerza la acción anticonceptiva frente a posibles fallos de cumplimiento (olvidos, interacciones medicamentosas), más frecuentes entre los jóvenes(9).

Otros métodos de barrera(8)

Espermicidas: protección añadida sobre las ITS, pero deben utilizarse asociados a otros métodos de barrera, pues la eficacia per se es escasa. IP de 15-20.

Diafragma: tiene la ventaja de ser reutilizable y la desventaja de que no protege frente a las ITS y necesita un adiestramiento para su inserción. IP de 6-16.

Anticonceptivos hormonales combinados

Los anticonceptivos hormonales combinados proporcionan una elevada eficacia y efectos beneficiosos añadidos, que deben ser conocidos por los adolescentes.

La anticoncepción hormonal combinada (AHC) es reversible, de alta eficacia y seguridad, fácil de utilizar y no interfiere en la relación sexual ni en el desarrollo físico, por lo que es considerada una anticoncepción preferente y recomendable en la mayoría de adolescentes(10).

Los AHC están compuestos por la combinación de estrógenos y gestágenos. La mayoría de los preparados contienen etinilestradiol (EE). En adolescentes, se recomiendan los que contienen dosis de 30-35 mcg. El gestágeno es diferente en cada preparado y, además de su función contraceptiva, ejercen distintas acciones biológicas, lo que permite hacer una selección individualizada del AHC más adecuado para cada mujer(11).

La vía oral es la más conocida y utilizada, también para las adolescentes. Tiene una alta eficacia, alcanza una tasa de embarazos de entre el 0,3 en uso perfecto y el 8 en uso típico, durante el primer año, con un IP medio de 2,1.

Para mejorar el cumplimiento y minimizar los efectos adversos, han ido apareciendo una amplia variedad de preparados orales con dosis de estrógeno cada vez menores y con nuevos esteroides, en paquetes monofásicos, con una dosis uniforme de estrógeno/gestágeno, o multifásicos (bi, tri o cuatrifásicas), en los que las dosis de estrógeno/gestágeno varían a lo largo de las píldoras activas. También se utilizan diferentes pautas: cíclicas, continuas o ampliadas. A la clásica pauta de 21 píldoras activas, se han unido nuevas presentaciones con el objeto de evitar olvidos: la de 21/7 (21 p. activas + 7 p. sin substancia activa), o la de 24/4, que puede ser atractiva para algunas adolescentes porque, al acortar el periodo libre de fármaco, da la posibilidad de disminuir la duración del sangrado y el síndrome premenstrual, y minimiza el riesgo de ovulación.

Hay comercializados AHC en régimen extendido (84-120 pastillas con un único intervalo de descanso de 7 días), que permite a la usuaria tener un solo sangrado cada 3-4 meses. El sangrado no programado es un problema común con estas pautas extendidas en los primeros tres a seis meses, pero la frecuencia disminuye con el tiempo y se vuelve similar a la de los regímenes cíclicos.

Otras vías de administración de los AHC son:

La vía transdérmica(12), mediante un parche que se cambia semanalmente durante tres semanas, seguidas de una semana de intervalo libre en la que se provoca el sangrado por privación. No es eficaz si la joven pesa más de 90 kg.

La vía vaginal(13) a través de un anillo flexible, en cuyo núcleo se encuentran dispersos el estrógeno y el gestágeno. La pauta utilizada es de 3 semanas de mantenimiento del anillo en vagina, retirarlo y volver a introducir uno nuevo, transcurrida una semana de descanso.

Estas vías no orales evitan el primer paso hepático, mantienen unos niveles constantes en sangre y su eficacia no se ve alterada en caso de trastornos digestivos (vómitos y diarreas). En segundo lugar, un aspecto extremadamente importante en las adolescentes es que, por su comodidad de uso y por evitar los olvidos, podrían favorecer el buen cumplimiento. Tanto la eficacia como el control de ciclo de las vías transdérmica y vaginal, son comparables a la píldora con un IP 1,24 el parche y 1,23 el anillo.

Los AHC aportan ventajas para las adolescentes, compartidas por todas las vías de administración, como su alta eficacia anticonceptiva, fácil utilización, rápida vuelta a la fertilidad tras el abandono, no tener relación con el coito y no ser necesaria la cooperación de la pareja.

Del mismo modo, van cobrando cada vez más relevancia los beneficios no contraceptivos que ofrecen los productos combinados y que van siendo conocidos por las propias mujeres, especialmente los relacionados con la corrección de ciclos irregulares, el beneficio sobre el acné, la seborrea o el hirsutismo que acompaña algunos estados hiperandrogénicos(14).

Los AHC aumentan en 5 veces el riesgo de trombosis, pero las adolescentes tienen muy bajo riesgo de enfermedad tromboémbolica venosa (ETV) y, en todo caso, sería menor al riesgo que proporcionaría un embarazo(15). Para minimizar el ya reducido riesgo vascular, bastaría con descartar la existencia de una migraña con aura (categoría 4 de los criterios de elegibilidad de la OMS, por aumentar el riesgo cerebrovascular), y la posibilidad de una trombofilia familiar, mediante la realización de una exhaustiva historia clínica; utilizar dosis bajas (menores de 50 mcg) de EE y emplear compuestos con gestágenos de menor riesgo trombótico, como levonorgestrel (LNG) o norgestimato.

Otro inconveniente, es la posible aparición de síntomas secundarios de índole menor que suelen ser pasajeros (gastrointestinales, cefaleas o mastalgia), de los que conviene informar, porque pueden ser causa de abandonos.

Anticonceptivos solo con gestágenos

La anticoncepción con gestágenos presenta el inconveniente de los patrones de sangrado irregulares. En adolescentes, se consigue una anticoncepción eficaz y de larga duración mediante el implante o el DIU hormonal.

La anticoncepción solo con gestágenos (ASG)(16) es el uso de anticonceptivos hormonales que utilizan como único principio activo un gestágeno, evitando los riesgos asociados al uso de los estrógenos, fundamentalmente tromboembolismo. Los ASG tienen una excelente eficacia anticonceptiva, que se debe a la combinación de varios mecanismos de acción, entre los que destacan: la inhibición de la ovulación y el espesamiento del moco cervical.

Se emplean de forma continua, no secuencial y, por ello, el patrón de sangrado es muy variable: desde amenorrea hasta manchados-sangrados prolongados o sangrados regulares, pero más escasos. Para muchas mujeres esa irregularidad es inasumible y constituye el principal motivo de abandono.

La ASG puede emplearse por vía oral (píldora), parenteral (intramuscular y subdérmica) y endouterina (DIU-LNG).

Vía oral: píldoras con desogestrel o drospirenona de toma diaria continua, iniciando el primer día de regla. La vida media de desosgestrel es corta , por lo que si se olvida 12 o más horas, su eficacia se reduce y debe utilizarse un método anticonceptivo adicional (preservativo) durante los 2 días siguientes. La drospirenona tiene una vida media más larga por lo que solo hay que tener protección adicional si el olvido es superior a 24 horas, pero durante 7 días. IP:0,3.

Vía intramuscular: inyección intramuscular profunda de 150 mg de acetato de medroxiprogesterona (AMDP) con periodicidad trimestral. No se recomienda en menores de 18 años, porque induce osteopenia, que se recupera al dejar el tratamiento. La recuperación de las menstruaciones y la fertilidad puede tardar varios meses tras la suspensión. IP: 0,2.

Vía subdérmica(17): implante radiopaco, de varilla única, que contiene etonogestrel. Se inserta por vía subcutánea en la cara interna del brazo gracias a un aplicador, ejerciendo su acción durante tres años. IP: 0,05.

Vía endouterina(18): dispositivo intrauterino que libera levonorgestrel (LNG-DIU) de forma continua, siendo eficaz durante 5 años. Para las adolescentes existe un LNG-DIU de menor diámetro para disminuir el dolor de la inserción y con menor carga hormonal para tener sangrados periódicos. Además de su uso como anticonceptivo, está indicado para el tratamiento del sangrado menstrual abundante. IP: 0,2.

Uno de los problemas en el uso de cualquier método anticonceptivo por parte de las adolescentes, es el mal cumplimiento, debido a unas tasas de abandono elevadas, por lo que la utilización por las más jóvenes de métodos reversibles de larga duración (long acting reversible contraception [LARC]), como son: el DIU-LNG y el DIU de cobre, el implante e incluso el AMDP inyectable, propician una mayor efectividad que otros métodos hormonales, al presentar una menor tasa de abandonos y evitarse errores en su uso(19).

Anticoncepción intrauterina no hormonal (DIU de cobre)

La prescripción de DIU entre adolescentes aún es minoritaria, pese a que se trata de un método muy eficaz y de larga duración.

A pesar de que su uso es excepcional en la población adolescente, la anticoncepción intrauterina proporciona una anticoncepción efectiva, de larga duración y alta seguridad, con un IP 0,6. Los motivos principales para no utilizar el DIU en adolescentes, son la falta de información sobre el método y las ideas erróneas que persisten entre los profesionales sanitarios(20). La edad y la paridad se consideran una categoría 2 de los Criterios Médicos de Elegibilidad de la OMS para la anticoncepción intrauterina, es decir, que los beneficios superan a los riesgos. Hay que informar a la joven que la colocación puede ser ligeramente dolorosa y el sangrado menstrual más abundante. La tasa de expulsión del DIU es mayor en las pacientes jóvenes y nulíparas.

Anticoncepcion de emergencia (AE)

La AE supone la última posibilidad de evitar un embarazo no deseado, pero no debe utilizarse de forma habitual, porque su eficacia es mucho menor que la de otros métodos.

También llamada “píldora del día después”. Consiste en la toma de un fármaco o la inserción de un dispositivo intrauterino después de un coito vaginal desprotegido(21). Es un método que supone una “segunda oportunidad” y como tal debe ser considerado, pues no debe sustituir a los anticonceptivos eficaces de uso regular y es importante recordar que no protege de las infecciones de transmisión sexual. Los tipos de AE disponibles en España son: píldora de LNG 1,5 mg; píldora de acetato de ulipristal (AUP) 30 mg; y la inserción de un dispositivo intrauterino. Ambas píldoras son de dispensación libre en farmacia sin necesidad de receta médica.

La eficacia de la píldora de LNG llega a las 72 h tras el coito; si bien, disminuye con el tiempo transcurrido. Actúa inhibiendo o retrasando la ovulación, pero no impide la implantación de un óvulo fecundado ni es teratógeno. La OMS en sus Criterios Médicos de Elegibilidad(5) considera el uso repetido de LNG como categoría 1 (sin restricciones). No obstante, observa que es una indicación para que la mujer reciba consejo sobre otras opciones anticonceptivas.

El AUP es un modulador selectivo de los receptores de progesterona y está indicado como anticoncepción de urgencia dentro de las 120 horas (5 días) siguientes al coito de riesgo.

La inserción de un DIU de alta carga de cobre se puede utilizar hasta las 120 horas tras el coito de riesgo. Su eficacia es muy elevada, con tasas de fallos inferiores al 1%. Su mecanismo de acción consiste en una acción espermicida, dificultando la fertilización, pero si esta se ha producido, actúa como anti-implantatorio.

Métodos irreversibles

El recurso a la utilización de los métodos irreversibles (ligadura de trompas, vasectomía) en adolescentes, tan solo se contempla en situaciones extraordinarias, como pueden ser enfermedades que contraindiquen el embarazo, y lo que suele ser más habitual, en caso de deficiencia psíquica grave(8).

Aspectos legales de la anticoncepción en España

El médico debe conocer la legislación vigente sobre edad de consentimiento sexual y ponerlo en conocimiento del adolescente para que, si fuera necesario, informe a sus progenitores.

En 2015, la reforma del Código Penal elevó la edad de consentimiento sexual de los trece a los dieciséis años, considerando como delito mantener relaciones con menores por debajo de esa edad.

Si una menor de 16 años acude a consulta para solicitar un tratamiento anticonceptivo, porque mantiene relaciones sexuales, el facultativo no tiene obligación de denunciar, pero sí tomar medidas para que la existencia de las relaciones sexuales pueda ser conocida por los padres de la menor y, estos últimos, activar, en su caso, los mecanismos de protección que procedan(22). La recomendación es que el facultativo preste el asesoramiento anticonceptivo y realice la prescripción, para evitar caer en la desatención y el riesgo de un embarazo no deseado(23), pero que informe a la menor de la situación legal que se produce y que de ello deje constancia en la historia clínica, dando la oportunidad de que sea la propia menor la que gestione este asunto con sus padres.

La anticoncepción en Pediatría de Atención Primaria

Dado que la edad media de inicio de las relaciones sexuales con penetración está alrededor de los 16 años, no es excepcional que se consulte al pediatra acerca de los métodos anticonceptivos. El pediatra tiene una labor fundamental, no solo aconsejando y prescribiendo el método más adecuado, sino insistiendo en la utilización del preservativo de forma conjunta para evitar el riesgo de infecciones de transmisión sexual. También debe informar de los beneficios añadidos de la anticoncepción hormonal en cuadros frecuentes a esta edad como el acné, las alteraciones del ciclo o la dismenorrea.

Para prescribir un método anticonceptivo hormonal solo es preciso realizar una anamnesis que recoja antecedentes de enfermedades tromboembólicas en familiares menores de 50 años, la toma de la tensión arterial y el cálculo del IMC. Con ello, se puede iniciar el tratamiento, valorando remitir a la paciente al ginecólogo si presenta problemas con el método o si desea utilizar métodos de larga duración reversibles.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo según la autora.

1. Sexual health and its linkages to reproductive health: an operational approach. Ginebra: World Health Organization; 2018. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Puede consultarse en: http://apps.who.int/iris.

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3. Estudio sobre sexualidad y anticoncepción: jóvenes españoles. SEC 2019. Observatorio de la salud sexual y reproductiva de la Sociedad Española de Contracepción. Disponible en: http://hosting.sec.es/descargas/Encuesta2019_SEXUALIDAD_ANTICONCEPCION_JOVENES.pdf.

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5.*** World Health Organization. Medical eligibility criteria for contraceptive use 5º ed. Ginebra; 2015. Disponible en: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/181468/9789241549158_eng.pdf?sequence=1/.

6. Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica de Anticoncepción Hormonal e Intrauterina. Guía de Práctica Clínica de Anticoncepción Hormonal e Intrauterina. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud; 2019. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

7. González Marcos MI. Consejo contraceptivo en el adolescente: cuándo, dónde y cómo. Form Act Pediatr Aten Prim. 2015; 8: 148-54.

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9. Grubb LK, AAP Committee on Adolescence. Barrier Protection Use by Adolescents During Sexual Activity. Pediatrics. 2020; 146: e2020007237.

10. Quílez J. Anticoncepción hormonal combinada oral, transdérmica y vaginal. Protocolos de la Sociedad Española de Contracepción. 2019. Disponible en: http://sec.es/.

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20. Jatlaoui TC, Riley HE, Curtis KM. The safety of intrauterine devices among young women: a systematic review. Contraception. 2017; 95: 17-39.

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22.*** Abellán-García Sánchez F. Salud sexual y reproductiva del menor maduro y responsabilidad profesional. En: Manual Bioético-legal de consultas en salud sexual y contracepción. Sociedad Española de Contracepción. Exeltis; 2016. p. 17-26.

23.** Quintana Pantaleón C. Anticoncepción en la adolescencia. Pediatr Integral. 2017; XXI: 312-22.

Bibliografia recomendadada

– Apter D. Contraception options: Aspects unique to adolescent and young adult. Best Practice & Research Clinical Obstetrics and Gynaecology. 2018; 48: 115-27.

Muy completa y didáctica revisión de los métodos anticonceptivos, recogiendo los aspectos específicos de su empleo durante la adolescencia.

– Parera Junyent N, López García S, Llopis Pérez A. Habilidades para la comunicación con adolescentes. Anticonceptivos. EdikaMed. ISBN: 978-84-7877-734-1. 2012.

Es una herramienta muy útil para entender cómo debe realizarse la aproximación al adolescente si se quiere tener éxito en la consulta médica. Proporciona además argumentos para ayudar a los jóvenes a negociar prácticas de sexo seguro.

 

Caso clínico

 

Acude a consulta una adolescente de 15 años acompañada de su madre. Es esta quien ha solicitado la cita, porque su hija le ha contado que ha mantenido relaciones sexuales con su pareja y, aunque han utilizado preservativo, tiene miedo a que se rompa y se pueda quedar embarazada.

Antecedentes familiares: abuela materna con cáncer de mama. Padre fallecido a los 46 años por infarto de miocardio.

Antecedentes personales: enfermedades propias de la infancia. Sin cirugías ni alergias. No fumadora. Bebe alcohol ocasionalmente. Menarquia: hace 6 meses. Tipo menstrual: 5/28. Dismenorrea severa que requiere toma de antiinflamatorios cada 8 h los primeros días de la regla.

Exploración: 47 kg. Talla: 159 cm. Tensión arterial: 110/72.

El pediatra le pregunta a la joven qué método había pensado. Ella dice que todas sus amigas toman la píldora, porque les va genial para el acné y que quería tomarla.

El pediatra le explica a la paciente que, por sus antecedentes, tiene que hacer otras pruebas antes de saber si puede o no tomar la píldora. La madre comenta que ella no está a favor de que su hija tome anticonceptivos por el antecedente de la abuela y porque hace muy poco que ha tenido la primera regla, a ver si luego no va a poder tener hijos, por lo que le parece bien que el pediatra amplíe las pruebas complementarias.

¿Cuáles son las limitaciones para la prescripción de anticonceptivos hormonales en la adolescencia?

La población adolescente es por lo general sana. Las contraindicaciones para el uso de anticonceptivos hormonales son las mismas que en mujeres adultas. El riesgo cardiovascular y de tromboembolismo es muy bajo a estas edades, por lo que el tabaquismo no se considera una contraindicación. Sí lo es la existencia de trombofilias familiares o el cáncer hormono-dependiente. El antecedente de cáncer de mama en la familia no contraindica la toma de anticonceptivos.

Se pueden prescribir anticonceptivos desde la menarquia sin necesidad de dejar transcurrir ningún intervalo, porque no van a afectar a la talla final. El retorno a la fertilidad se produce poco después de cesar el uso y, la toma prolongada de los mismos, no influye en la reserva ovárica.

¿Cuáles son las exploraciones imprescindibles para prescribir un anticonceptivo hormonal?

Para prescribir un anticonceptivo hormonal, no es necesario realizar: una exploración ginecológica, una analítica o una citología. Basta con una anamnesis exhaustiva, descartando, fundamentalmente: eventos tromboembólicos en familiares <50 años, la toma de tensión arterial y el peso. Si la paciente refiere algún antecedente personal o familiar patológico, se harán las exploraciones complementarias pertinentes.

El pediatra señala que lo que le preocupa es el antecedente del padre y pregunta si hay otros familiares por parte paterna que hayan tenido infartos o trombosis. La madre dice que lo desconoce.

Hace una petición de analítica en la que incluye un estudio de trombofilias. Cuando recibe el resultado comprueba que la paciente es portadora heterocigota de la mutación del factor V de Leyden.

Cuando la joven acude de nuevo, el pediatra le informa del resultado de la analítica y que por esa alteración hematológica está contraindicada la toma de anticonceptivos hormonales combinados. La joven se muestra preocupada, porque en el intervalo entre las dos consultas ha tenido que tomar la píldora del día después en dos ocasiones, una por rotura del preservativo y otra porque su pareja se negó a ponérselo.

El pediatra se toma el tiempo necesario para hablarle de la importancia de utilizar el preservativo, aunque se emplee otro método más eficaz.

¿Qué estrategias se pueden trabajar con los adolescentes para conseguir sexo seguro?

Los adolescentes deben conocer que el uso correcto del preservativo reduce, en un porcentaje muy elevado, la incidencia de infección del VIH en ambos sexos, y también de otras ITS, por lo que es muy importante motivarlos para utilizar el preservativo como método anticonceptivo y de protección frente a infecciones.

No debemos presuponer que lo sepan utilizar. Hay que instruirlos en un uso correcto (p. ej., aprender a colocarlos en modelos anatómicos y animar a los varones a ponerse uno antes de iniciar las relaciones coitales para habituarse).

En los adolescentes que ya lo utilizan, hay que preguntar sobre su uso en todos los coitos y su colocación adecuada a lo largo de todo el coito.

El miedo a la disminución del placer sexual, las dificultades para negociarlo con la pareja, la falta de información y la asociación de su empleo con relaciones sexuales promiscuas, son aspectos que condicionan su utilización y que el profesional de la salud deberá prever y negociar.

Una de las principales estrategias para el uso del preservativo en los jóvenes es llevar siempre uno, de cara a una relación sexual imprevista. Hay que recordarles que, si hay rotura o retención, pueden usar la anticoncepción de emergencia.

La joven asiente y se muestra convencida de ese razonamiento, pero insiste en si no podría usar algo más. El pediatra le habla de los métodos que solo contienen gestágenos y que podría utilizar, porque según las recomendaciones de los criterios de elegibilidad de la OMS son de categoría 2, es decir, que los beneficios superan a los riesgos.

Prescribe una píldora de solo gestágenos y le indica que debe iniciar la toma el primer día de la regla y tomarla continuamente, sin pausas de descanso. Le informa que el patrón de sangrado puede ser irregular, con manchados muchos días o ausencia de sangrado. Cita un control clínico en 6 meses.

Dos meses después, la joven acude de forma imprevista. Está muy preocupada, porque no ha tenido la regla en todo ese tiempo y teme que se haya quedado embarazada, aunque después de la charla que tuvieron, dice que siempre ha usado preservativo. El pediatra la tranquiliza y le explica que es normal la amenorrea.

¿Cuáles son los inconvenientes con la anticoncepción solo con gestágenos?

Las alteraciones en el sangrado menstrual son el principal motivo de fallos en el cumplimiento e incluso abandono de estos métodos. Puede ocurrir que la mujer entre en amenorrea, tenga sangrados regulares o sangrados irregulares frecuentes o prolongados, aunque siempre serán de escasa cantidad. Es importante informar a la usuaria que previo al uso no se puede prever cuál será en su caso el patrón de sangrado, pero el que presente en los 3 primeros meses de uso, suele ser predictivo respecto al comportamiento futuro.

Otros efectos secundarios desagradables son los cambios en el peso (AMP depot), aumento del acné y aparición de quistes funcionales de ovario (LNG-DIU).

Pasados los 6 meses, acude de nuevo a consulta y confiesa estar muy contenta con el método, porque al no tener regla tampoco tiene los molestos dolores de la misma. Reconoce que, en los últimos ciclos, se le han olvidado varias pastillas y, aunque se las tomó en cuanto se dio cuenta, ha tenido sangrados esporádicos e irregulares. La madre dice que su hija es muy despistada y tiene que ser ella quien le recuerde la toma.

¿Cuáles son las vías de administración de la anticoncepción solo con gestágenos?

La anticoncepción con gestágenos puede emplearse por cualquier vía: la oral mediante píldoras de toma diaria; parenteral, mediante inyección trimestral; subdérmica en el implante; y mediante dispositivos intrauterinos. Los tres últimos son también conocidos como anticoncepción de larga duración o LARC y son especialmente recomendados para adolescentes, porque ofrecen una cobertura anticonceptiva eficaz, a largo plazo y reversible.

El pediatra les explica que hay otras formas de utilizar los gestágenos: mediante implante subcutáneo o DIU. La madre dice que ella sabe que también hay una inyección cada tres meses, pero el médico no se la recomienda y le explica los motivos. Le cuenta también que ni el DIU ni el implante están financiados, aunque este último lo está a partir de los 18 años. Finalmente, optan por el implante. El pediatra solicita una cita al ginecólogo para la inserción del dispositivo, puesto que tiene que ser realizada por alguien adiestrado.

 

 

GUÍAS ANTICIPATORIAS DURANTE LA ADOLESCENCIA

M.I. Hidalgo Vicario
Editorial


M.I. Hidalgo Vicario

Pediatra. Doctora en Medicina. Acreditada en Medicina de la Adolescencia. Expresidente de la SEMA. Directora Ejecutiva de Pediatría Integral. Madrid

 

«Los buenos hábitos formados en la juventud marcan toda la diferencia"

 


GUÍAS ANTICIPATORIAS DURANTE LA ADOLESCENCIA

Las guías anticipatorias (GA) son herramientas de educación aplicables durante los exámenes periódicos de salud, para estimular en las personas: cambios en el comportamiento, mejorar la adhesión al tratamiento y modificar los factores de riesgo de morbilidad y mortalidad. Esto es algo esencial en Atención Primaria, que garantiza la atención integral a la salud de los pacientes.

La adolescencia es una época de grandes oportunidades y también de muchos riesgos. Debido a sus características especiales de cambio, tanto biológico como psicológico y social, se la considera una ventana de oportunidad en el ciclo de vida para intervenir en su salud. Cada ser humano se desarrolla con su propio ritmo (diferencias individuales); sin embargo, los hitos del desarrollo que ocurren, suelen alcanzarse de forma secuencial y ordenada, lo cual permite anticiparnos a las necesidades de los adolescentes y de su familia, además de proveer información y educación apropiadas mediante una serie de consejos, indicaciones y estrategias.

Es sabido que los comportamientos de salud inculcados durante la infancia y adolescencia (alimentación, actividad física, sueño, vacunación, hábitos de estudio y trabajo…) conllevan beneficios de por vida, ya que perdurarán en la edad adulta y también en su descendencia. En general, los adolescentes, son más receptivos que los niños, muestran más interés para analizar aspectos de la salud y recuerdan lo tratado en la consulta, especialmente cuando son atendidos en condiciones adecuadas: a solas, con privacidad, confidencialidad, uso de cuestionarios, eliminación de barreras físicas, etc.

El cuidado de la salud de los adolescentes ha tenido siempre una baja prioridad para los profesionales sanitarios y además existen pocos servicios dirigidos a estos que, en general, no suelen ser integrales, están fragmentados y mal coordinados. Los adolescentes reciben menos GA de lo que desean o se recomienda aplicar. Por otro lado, los profesionales disminuyen el tiempo dedicado a la atención, al aumentar la edad del paciente e incluso, de manera consciente, suelen evitar abordar temas polémicos como: sexualidad, drogas, seguridad o problemas del comportamiento.

Durante la adolescencia, sabemos que se produce un importante crecimiento y desarrollo físico y se alcanzan los objetivos psicosociales necesarios para incorporarse a la vida adulta: conseguir la independencia de los padres, tomar conciencia de su imagen corporal con aceptación de su cuerpo, establecer relaciones con los amigos y lograr su identidad sexual, vocacional, moral y del yo. Los cambios y necesidades de los jóvenes van a variar según estemos en la adolescencia: inicial (10-13 años), media (14-17 años) o tardía (18-21 años).

Es preciso tener presente: el inicio más precoz de la pubertad en los últimos años, el paso del pensamiento concreto de la adolescencia inicial al pensamiento abstracto con proyección de futuro de la adolescencia media y tardía, las dificultades del joven por el desajuste entre la edad cronológica y su desarrollo psicosocial, la necesidad de ser aceptado en el grupo de amigos, las exigencias académicas con posibles trastornos de aprendizaje y problemas de salud mental, las nuevas tecnologías mucho más complicadas y arriesgadas que en generaciones previas, la necesidad de adaptarse a cambios inesperados (divorcio o muerte de los padres, problemas sociales, inmigración…), la importancia de que el adolescente con enfermedad crónica mantenga su tratamiento, y la exposición a conductas de riesgo (accidentes, drogas, sexualidad, violencia…), entre otros. Todos estos aspectos nos indican la importancia de realizar las guías anticipatorias para orientar y ayudar al adolescente y su familia. Se ha observado que una buena relación con los padres, participación en la escuela y en la comunidad, así como la espiritualidad, son importantes para el desarrollo positivo de la juventud.

Los médicos deben adoptar las recomendaciones de las sociedades científicas para la realización de estos procedimientos de una forma conveniente, dedicando un tiempo y atención adecuados. Se abordarán todos los aspectos de la vida del adolescente, realizando el cribado de factores de riesgo, detección precoz de problemas, así como la utilización de material educativo. Las GA se realizarán como algo habitual y necesario en todas las consultas, para que el joven pueda preguntar con confianza y aclarar todas sus dudas. Una vez que se instauran, deben continuar de forma ordinaria; ya que, si se suspenden, puede ser interpretado por los pacientes como desinterés e incluso abandono del profesional.

Los cimientos teóricos en que se basan las GA son los principios básicos del desarrollo humano ya comentados –el desarrollo no es aleatorio, sino que sigue una secuencia, un orden y trayectoria definidas–; de esta forma se identifican los periodos críticos y las oportunidades en que el individuo tiene una mejor preparación para aprender y responder frente a los estímulos exógenos, así como a los factores de riesgo y adquirir factores de protección.

Aunque las GA puede tener diferentes enfoques, el objetivo común es que los adolescentes puedan tomar decisiones que conduzcan a un cambio conductual positivo; es decir, que sean capaces de adquirir estilos de vida saludables, desarrollar factores protectores para el autocuidado, adquirir habilidades para enfrentarse a los riesgos, ser resilientes y recuperarse tras experiencias negativas, así como evitarlas en el futuro.

Dadas las características propias de los adolescentes: egocentrismo, necesidad de experimentar, dificultad para postergar y planificar, sentimiento de omnipotencia e invulnerabilidad, no tener en cuenta los riesgos, impulsividad para tomar decisiones, etc., en ocasiones es difícil, para los profesionales, saber cómo ayudar a los jóvenes. Es conocido que el cambio de comportamiento es un proceso y los individuos tienen diversos niveles de conciencia, motivación, intención de cambio y elaboración de acciones para conseguir este. Así pues, va a estar influenciado por el grado de desarrollo psicosocial de los adolescentes y de la percepción de la necesidad del cambio.

Se debe tener en cuenta el modelo transteórico del cambio de conducta (MTCC), descrito en 1983 por Prochasca y Diclemente, quienes formularon la hipótesis sobre las fases del cambio ante conductas de riesgo: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. Según ello, los cambios de conducta siguen una serie de etapas más o menos estandarizadas, tanto los cambios espontáneos como aquellos que siguen a recomendaciones terapéuticas. Este modelo fue utilizado inicialmente para predecir el abandono del tabaquismo, pero en los últimos años ha ido adquiriendo consistencia y se ha aplicado a un amplio espectro de cambios de conducta.

En las GA es esencial la entrevista motivacional –centrada en la persona, en este caso en el adolescente–, para reflexionar sobre la necesidad de modificar la conducta y de esta forma motivarle para el cambio. La percepción no debe surgir de manera impuesta, sino de los propios objetivos o valores del sujeto, por lo que le corresponde al propio adolescente encontrar soluciones al problema.

Podemos encontrarnos con diferentes situaciones de adolescentes que acuden a la consulta, y los profesionales deberán adaptarse a cada caso particular.

Hay adolescentes que acuden de forma voluntaria tras identificar que tienen un problema que quieren solucionar, la duración de la GA será más corta y habrá una mayor satisfacción para ambos. Otros saben que necesitan algo, pero no lo tienen claro, aquí el profesional les ayudará a detectarlo, la duración de la GA será más larga y el MTCC ayudará a tomar consciencia del problema.

Algunos adolescentes son traídos a la consulta (por la familia, profesores, otros profesionales…), tienen conciencia del problema, pero ninguna motivación. El profesional deberá proponer estrategias para que el joven descubra la necesidad del cambio y el MTCC también ayudará. Otros jóvenes son traídos a la fuerza, sin conciencia del problema y sin motivación, es una situación mucho más difícil y el profesional deberá aplicar estrategias y habilidades para lograr que el adolescente colabore y acepte volver a la consulta para seguir trabajando.

En definitiva, los profesionales sanitarios deben realizar las GA en todas las visitas de los adolescentes, de una forma adecuada, aclarando las incertidumbres, ayudando en sus problemas y consiguiendo el cambio del comportamiento, para disminuir el riesgo y mejorar la salud presente y futura del joven. Siempre se abordarán todos los temas que les preocupan, si esto no se hace así, se pueden levantar barreras innecesarias y que los jóvenes se sientan abandonados en un momento en que sus necesidades de servicios integrales son mayores.

Bibliografía

- Bright Futures Guidelines for Health Supervision of Infants, Children, and Adolescents-Adolescents visits 11 throught 21 years. Consultado en mayo de 2022. Disponible en: https://brightfutures.aap.org/Bright%20Futures%20Documents/BF4_AdolescenceVisits.pdf.

- Irwin CE, Adams SH, Park MJ, Newacheck PW. Preventive Care for Adolescents: Few Get Visits and Fewer Get Services. Pediatrics. 2009; 123: e565-e72.

- Naranjo Pinto J, Guijarro Paredes S. Guías anticipadas de salud. En: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT, editores. Medicina de la adolescencia. Atención Integral. 3ª ed. Madrid: Ergon; 2021. p. 169-78.

- Peddecord KM, Wang W, Wang L, Ralston K, Ly E, Friedman L, et al. Adolescents’ self-reported recall of anticipatory guidance provided during well-visits at nine medical clinics in San Diego, California, 2009-2011 Journal of Adolescent Health. 2016; 58: 267-75.

 

 

 

 

La entrevista clínica y el examen físico del adolescente

Ines_Hidalgo_Vicario
Regreso a las bases


M.I. Hidalgo Vicario

Pediatra. Doctora en Medicina. Acreditada en Medicina de la Adolescencia. Expresidenta de la SEMA. Directora Ejecutiva de Pediatría Integral. Madrid

Resumen

En este artículo se expone cómo realizar la entrevista clínica del adolescente, describiendo todos los factores que van a influir, destacando los relativos al adolescente y al profesional, igualmente la técnica a seguir que abarcará todos los aspectos de la vida del joven, teniendo siempre en cuenta “la agenda oculta”. Destaca, en esta época, el cambio en la relación médico-paciente-padres con respecto a la que se tenía durante la infancia y la importancia de la privacidad y confidencialidad. Se comenta la entrevista motivacional, como herramienta que ayuda a los pacientes a cambiar conductas que pueden dañar su salud, y el examen físico, detallando la sistemática a seguir. Los consejos sobre el estilo de vida, medicación u otro tratamiento, se adaptarán al desarrollo madurativo y capacidad del paciente. Tanto la entrevista como la exploración, deben realizarse con: profesionalidad, objetividad, interés, lealtad y afecto.

 

Abstract

This article explains how to perform the clinical interview of the adolescent, describing all the factors that play a role, highlighting those related to the adolescent and the professional, as well as the technique to follow that will cover all aspects of the young person’s life, always keeping in mind “the hidden agenda”. During this period of life, the doctor-patient-parent relationship changes with respect to the one that existed during childhood, and the importance of privacy and confidentiality stand out. The motivational interview is explained as a tool that helps patients modify behaviors that can damage their health, and the physical examination detailing the systematics to follow. Advice on lifestyle, medication and other treatments will be adapted to the maturity and capacity of the patient. Both, the interview and the examination must be carried out with professionalism, objectivity, interest, loyalty and fondness.

 

Palabras clave: Entrevista clínica; Examen físico; Adolescente; Confidencialidad; Privacidad.

Key words: Clinical interview; Physical examination; Adolescent; Confidentiality; Privacy.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 245 – 256


OBJETIVOS

• Aprender a recoger información para detectar riesgos y problemas de la salud integral del adolescente y, posteriormente, realizar prevención y orientar el tratamiento.

• Conocer los diversos factores que influyen en la entrevista, sobre todo, los relativos al adolescente y al profesional.

• Saber la técnica a seguir en la entrevista y que debe ajustarse a unas normas éticas y legales, para establecer una buena relación terapéutica con el paciente en el presente y en el futuro.

• Comprender el cambio en la relación médico-paciente-padres con respecto a la que se tenía durante la infancia, con la importancia de la privacidad y confidencialidad.

• Entender que la entrevista motivacional es una herramienta terapéutica que ayuda a las personas a reflexionar sobre la necesidad de modificar su conducta y motivarles para el cambio.

• Saber cómo realizar el examen físico del adolescente, dando siempre un aire educacional.

 

La entrevista clínica y el examen físico del adolescente

“El hecho de proporcionar al adolescente un lugar específico, no es garantía de su colaboración: lo que realmente cuenta es la manera como el médico habla con él y lo trata”

Dr. J.R. Gallagher Boston Children´s Hospital.
1ª Unidad de Medicina de la Adolescencia. 1951

Introducción

Tanto la entrevista como el examen físico, constituyen una parte esencial en la atención al adolescente, ya que va a permitir al profesional: recoger información, detectar riesgos y problemas de salud, realizar prevención y orientar la actuación más adecuada, así como establecer el tipo de relación para el futuro. El adolescente acude poco a la consulta, por ello el profesional debe aprovechar al máximo las visitas del joven.

Para establecer una buena relación, es preciso que el profesional tenga interés, sepa cómo abordar al adolescente y tenga conocimientos sobre las características del desarrollo, de sus conductas, problemas y formas de enfermar. En este periodo se produce un cambio en la relación médico-paciente-padres con respecto a la que se tenía durante la infancia, y ello implica varios aspectos a considerar: privacidad, confidencialidad, establecer una buena interacción, valorar su capacidad, tranquilizar al adolescente preocupado por sus cambios y problemas, además de contar con la familia, sus amigos y la comunidad.

 

Entrevista clínica

Objetivos de la entrevista

Los objetivos de la entrevista se encuentran interrelacionados entre sí(1,2):

1. Establecer una buena relación terapéutica con el paciente.

2. Identificar el problema real, tanto físico, psicológico, emocional, sociocultural y judicial. Conocer quién identificó el problema, cuál es el propósito del adolescente al acudir, e indagar sobre el problema que realmente le preocupa. En la atención al adolescente se debe tener siempre en cuenta “la agenda oculta”, el paciente puede venir por un dolor abdominal y en realidad temer un embarazo o una posible infección de transmisión sexual.

3. Valorar el desarrollo madurativo del adolescente. Conocer sus capacidades y factores protectores para afrontar y resolver problemas.

4. Evaluar si tiene apoyos en su entorno: padres, amigos, pareja, etc.

5. Prevenir problemas de salud futura, realizando educación para la salud, con un consejo socio-sanitario participativo y utilizando las “guías anticipatorias” (explicar al joven los cambios que va a experimentar antes de que se produzcan y estimular modificaciones en su comportamiento, para variar los factores de riesgo de morbilidad y mortalidad).

6. Tomar decisiones y orientar el tratamiento, según la madurez del adolescente, valorando siempre las más razonables y las preferidas por el joven.

Factores que influyen en la entrevista

Existen numerosas barreras para la atención al adolescente, unas dependen del sistema de salud, de los profesionales y otras de los propios adolescentes (Tabla I).

A diferencia del adulto que busca a su médico, en la adolescencia, es el médico el que tiene que captar, atraer al joven y acudir allí donde se encuentre (escuelas, institutos, universidades o furgonetas móviles, entre otras)(1-3).

Además, como se expone a continuación, hay varios factores que van a influir en la comunicación entre el paciente y el médico.

1. Relativos al adolescente. Cuando el adolescente acude a la consulta tiene dudas y miedos:

• Sobre si el médico mantendrá la confidencialidad.

• Si entenderá sus problemas y le podrá ayudar. Debido al pensamiento mágico, sobrevaloran sus problemas y piensan que difícilmente les podrán ayudar.

• Si descubrirá sus secretos. Piensan que, por la simple exploración, el médico conocerá que ha estado implicado en conductas de riesgo: drogas, relaciones sexuales, etc.

• Si podrá acudir a la consulta sin cita. El adolescente, o no acude al médico o, a veces, piensa que, sus problemas son muy graves y no admiten espera.

• Si podrá acudir con su amigo/a, novio/a. En determinadas cuestiones, la compañía de la pareja o un amigo hace más llevadera la consulta.

2. Relativos al profesional. El pediatra está bien capacitado para atender adolescentes, ya que está acostumbrado a tratar individuos en constante crecimiento y desarrollo, a realizar prevención y educación para la salud, tiene amplios conocimientos médicos y la relación que establece con el paciente desde la infancia, que progresivamente va cambiando con la edad. Pero la atención del adolescente pertenece a todos aquellos profesionales que se interesan por él, siendo más importante que la titulación, querer hacerlo –la motivación–(1-4). En la tabla II, pueden verse los requisitos que, según el Dr. Dulanto, debería tener el médico para atender adolescentes.

Algunos autores opinan que quizás, previamente, los médicos deberían realizar una autorreflexión sobre su historia personal:

¿Me gustan los adolescentes?, ¿quiero verlos? Muchas veces, lo que sucede, es que lo que se desconoce se teme y lo que se teme se rechaza de forma inconsciente.

¿Es adecuada mi preparación?, ¿estoy dispuesto a adquirir formación? En ocasiones, el profesional tiene miedo a no hacerlo bien por falta de experiencia, de preparación para dirigir ciertos temas relacionados con la salud reproductiva, la salud mental o las drogas. El médico debe actualizar sus conocimientos en diversas áreas como: endocrinología, ginecología, psiquiatría, psicología, sociología y aspectos ético-legales.

¿Me gusta el trabajo en equipo? Debido a la complejidad de los problemas, la atención al adolescente precisa, una intervención multi e interdisciplinar.

¿Cómo soy?, ¿soy autoritario?, ¿seré neutral? Recordar cómo éramos de jóvenes a los 13, 15, 18 años puede ayudarnos a conectar mejor con los jóvenes. ¿Qué me preocupaba?, ¿cómo era la relación con mi familia?, ¿con mis amigos?, ¿cómo fue mi primera cita?, ¿mi primera experiencia sexual?, ¿mis proyectos de futuro?, etc. Nunca se debe tratar de imponer nuestra autoridad, se debe ser neutral.

¿Tengo tiempo? Las consultas con el adolescente son de mayor duración que las pediátricas y están sometidas a cierta improvisación. Debemos dar facilidades y ser flexibles.

¿Podré cumplir las directrices necesarias para ayudar al adolescente? Con frecuencia, la pérdida de autoridad de los padres y tutores conduce a una falta de normas y límites en la educación, lo que dificulta el cumplimiento de las directrices y desalientan al médico.

¿Puedo tener problemas legales? La entrevista ha de ajustarse a unas normas éticas y legales(5-7). Determinados temas, como los referentes a anticoncepción y sexualidad, pueden plantear problemas con los padres, y suscitan el temor médico a verse involucrado en procesos judiciales por cuestiones legales. Se deben conocer algunos aspectos relacionados con la edad de atención sanitaria al adolescente:

- ≥18 años se considera mayoría de edad (Ley 33/1978) y son autónomos para decidir excepto si están incapacitados legalmente.

- 16-18 años se considera la mayoría de edad sanitaria (Ley 41/2002) y son autónomos para decidir excepto si la intervención/actuación pone en riesgo grave su vida o su salud. En este caso, el consentimiento lo dará el representante legal, una vez oída y tenida en cuenta la opinión del joven. Se consideran de grave riesgo: ensayos clínicos, reproducción humana asistida e instrucciones previas (denominación que en España ha recibido el testamento vital, documento por el que el paciente, ante la previsión de perder la capacidad de obrar en el futuro, puede disponer por escrito qué tratamientos quiere o no recibir en un contexto del final de la vida, habitualmente, medidas extraordinarias: reanimación, antibioterapia, etc.).

- 12-16 años: la autonomía dependerá de si hay madurez del menor (Ley 41/2002 y reforma de 2015), se utiliza un criterio mixto (edad y madurez) que es algo confuso. Aquí decide el profesional y siempre se debe informar y escuchar la opinión del adolescente. Se considera menor maduro aquel que tiene capacidad intelectual y emocional para comprender la naturaleza y consecuencias de la intervención en salud.

- <12 años: no tienen capacidad, han de consentir por él los padres o tutores. El joven tiene derecho a ser escuchado y que su opinión se tenga en cuenta.

3. Motivo de consulta del paciente/padres/médico. En general, se quiere aprovechar la escasa visita del adolescente para hacer educación para la salud. Siempre se debe atender primero a lo que el paciente quiere –su motivo de consulta–, aunque esto signifique tener que dar otra cita.

4. Sexo del médico y del paciente. Las preferencias del adolescente por un médico de un sexo específico van a depender de las características del paciente y del motivo de consulta (posible embarazo, infección de transmisión sexual o violación). Si prefieren un médico del mismo sexo, se debe proporcionar siempre que sea posible(1,2). En Atención Primaria, como ya existe confianza con su médico, esto no suele ser un problema.

5. Desarrollo madurativo del adolescente, que lógicamente variará según esté en la adolescencia inicial (10-13 años), media (14-17 años) o tardía (18-21 años). No todos los adolescentes, progresan al mismo ritmo. Adolescentes de la misma edad, pueden estar en etapas diferentes de su desarrollo biopsicosocial, y madurez física no es sinónimo de madurez psicosocial(3). Si el joven se encuentra en la fase de lucha por su independencia de los padres con una estrecha relación con los amigos, puede rechazar a los adultos, tanto a la familia como al médico. También, por tener sentimientos de culpa al haber estado comprometido en conductas de riesgo, creyendo que el médico los puede descubrir por la simple exploración. Igualmente, debido a su desarrollo, se encuentran extraños con su cuerpo, preocupados por su imagen corporal y su adecuación sexual, de ahí su continua pregunta, ¿soy normal?, por ejemplo: un varón con ginecomastia o un pene pequeño, puede estar muy preocupado, sintiendo que es “menos macho”, con baja autoestima y rechazar al profesional.

6. Montaje y organización de la consulta. Los adolescentes, en general, prefieren tener su propia sala de espera y no coincidir o ser considerados niños; pero diversos estudios han observado que valoran mucho más la relación establecida con el profesional, que el aspecto de la consulta. Prefieren un médico conocido, accesible, al que puedan confiar sus problemas, aunque tengan que compartir la sala de espera con niños o adultos(1-3).

En la adolescencia se debe ampliar el tiempo de las visitas. Las primeras consultas pueden durar entre 30-45 min. Si se utiliza cuestionario, se recomienda citarle 15 min antes. Las consultas de seguimiento en unos 15-20 min. Se facilitará el acceso y las horas de consultas, para evitar que pierdan clases. Es de ayuda tener en la sala de espera: revistas, folletos educativos, información de webs sobre temas que les afectan e interesan, como: pubertad, drogas, infecciones de transmisión sexual (ITS), tecnologías, anticonceptivos…, significa que está bien hablar sobre esos temas. También, se puede comunicar con ellos, a través de las redes sociales.

7. Presencia de acompañantes. En general, los adolescentes jóvenes prefieren tener a sus padres con ellos, mientras que los mayores prefieren estar solos. El médico deberá establecer siempre, qué parte de la consulta se hará a solas con el joven; si este no quiere, hay que ser flexibles y dejarlo para la próxima ocasión. Se informará a los padres que tendrán la oportunidad de hablar con el médico después de evaluar al paciente. También al amigo/novio, ya que el adolescente es muy vulnerable a la opinión de los amigos(1-3).

Ante acompañantes intrusivos, se debe quitar la interferencia, por ejemplo, hacia el acompañante: ¿qué supone usted que tiene el chico?, o hacia el paciente: ¿qué opinas de lo que dice tu madre? Se puede también proponer un pacto de intervención –primero vemos lo que el chico opina y luego me cuenta usted–, o explicar que, dado el nuevo entorno, probablemente el chico necesita tener un cambio de impresiones a solas, ¿no le parece? En ocasiones, durante la entrevista, se aprecia que el que tiene el problema es el acompañante, no el adolescente, y se ayudará a buscar ayuda y derivar.

Contenido a recoger en la entrevista

Además del motivo de consulta, debemos abordar todos los aspectos de la vida del adolescente, incluyendo los antecedentes familiares y personales. Aunque cada profesional puede tener su forma personal de entrevistar, se puede recurrir a varios acrónimos para recoger la información:

La Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA) propone: F.A.V.O.R.E.C.E.R. la salud(2):

• F-amilia: relación con padres, hermanos y grado de satisfacción.

• A-migos: relación con amigos, compañeros y grado de satisfacción.

• V-ida sana: vacunación, alimentación, ejercicio-deporte y sueño.

• O-bjetivos: ilusiones, ocio y tiempo libre.

• R-eligión: espiritualidad y apoyos del entorno.

• E-stima: valoración de su imagen, autoestima, autoconcepto e identidad.

• C-olegio-universidad-trabajo: relaciones con profesores, entorno, rendimiento y satisfacción.

• E-stado mental: ansiedad, tristeza, miedos, conducta y sentimientos.

• R-iesgos: violencia, accidentes, drogas-medicaciones, sexualidad y nuevas tecnologías.

La Academia Americana de Pediatría: propone HEADSSSSS (Hogar, Educación-trabajo, Actividades, Drogas, Sexualidad, Sadness-depression-suicide, Safety, Spirituality y Strenghts).

Técnica de la entrevista

La entrevista consta, en general, de tres partes: el inicio, con la presentación del profesional al adolescente, haciéndole sentir cómodo; la parte central, recopilando y trasmitiendo información; y la parte final tras la exploración, con las conclusiones sobre los problemas que se han detectado, los acuerdos que se han establecido, así como el plan terapéutico y una nueva cita(1,2).

Inicio. Presentación

Tras la presentación, como “médico del adolescente” y de otros profesionales presentes, en la primera entrevista se pueden utilizar tres tipos de acercamiento; sea cual sea el empleado, el adolescente debe de ser la primera fuente de información:

Ante un paciente nuevo y complejo, el médico puede necesitar de entrada obtener información general de la familia y se le explicará al joven que necesitamos información de cuando era pequeño. Después hay que ver al adolescente para la historia adicional y realizar el examen físico. El adolescente debe estar presente en la entrevista, desde el momento que habla con el médico hasta el final de la visita, para que no piense que el médico divulga información confidencial a la familia.

Con toda la familia y el joven. Esto nos dará información de la dinámica familiar. Se le puede pedir al adolescente que presente a su familia, esto le demuestra que el médico está interesado, sobre todo en él. Después se continuará solo con el joven.

Con el adolescente solo. Algunos profesionales prefieren este tipo de visita, ya que piensan que se establece una mejor relación y confianza, sobre todo en adolescentes mayores. Se debe explicar al adolescente que, posteriormente, tras hablar con él, se pedirá información a los padres sobre su pasado.

Se pueden utilizar cuestionarios(1,2) que, en general, favorecen la entrevista, pero nunca deben sustituirla, tienen ventajas: constituir una actividad para el paciente mientras espera en la sala, proveer información básica para iniciar la entrevista, ayudar a romper el hielo en los pacientes tímidos y, además, le hace ver al adolescente que el médico está interesado en todos sus problemas, aunque no sean físicos. También tienen limitaciones: son impersonales, semejan a los test escolares, tendencia de los padres presentes a influir en las respuestas y algunos jóvenes pueden tener dificultades para entenderlos.

Recopilando información. Interacción, determinando los problemas

Para establecer confianza y poder posteriormente hablar de temas más delicados, el profesional puede empezar, de forma distendida, preguntando sobre los amigos, cuáles son sus aficiones, los deportes que practica, etc. y también con preguntas sobre su salud.

Se abordará el motivo de la consulta y los problemas que realmente le preocupan, que pueden ser diferentes e incluso de los planteados por los padres –agenda oculta–(1-3). En esta parte de la entrevista es necesario:

Asegurar siempre la confidencialidad al adolescente y a los padres, sea el paciente nuevo o conocido. La entrevista entre el adolescente y su médico no será comentada con los padres sin su permiso, a excepción de que exista peligro para su vida o la de otros, así como el abuso y el maltrato. No se debe temer este compromiso; si el problema es importante, le explicaremos la conveniencia de decírselo a los padres y le ayudaremos, asumiendo el médico el papel de abogado, a lo que generalmente suelen acceder.

Observar el aspecto, la mirada, los gestos, signos de ansiedad, cómo es su conducta…, es lo que se llama comunicación no verbal. Investigar siempre las razones tras una acción, por ejemplo, tras el inicio de relaciones sexuales completas en la adolescencia temprana, valorar si detrás de ello hay: baja autoestima, abuso sexual, depresión, abuso de drogas o problemas familiares.

Escuchar prestando atención. Con interés, respeto y empatía, haciendo de abogado y consejero, nunca de juez. Considerar seriamente sus comentarios, para hacerle sentir que se le está tratando como un adulto y no como un niño o como un caso clínico. Se hará de forma privada, sin interrupciones, ya que distancian la relación; a ser posible frente a frente, sin mesa de separación, que hace de barrera. Tampoco se deben tomar notas, mirar al ordenador u ordenar papeles, ya que dará sensación de poco interés. El hecho de escuchar ya es, en sí mismo, terapéutico.

¿Cómo hablar con el adolescente? Usar un lenguaje sencillo que él entienda y con el que se sienta a gusto. Rehuir términos médicos y jerga juvenil, así como el papel de sustituto del padre. Los jóvenes necesitan que les aconseje alguien maduro con conocimientos y autoridad.

- Evitar la sensación de interrogatorio. Hacer las preguntas sencillas y naturales, en términos que él pueda entender, se deben usar preguntas abiertas y no cerradas. Ejemplos de preguntas cerradas: ¿tienes novio?, la respuesta será sí/no; en cambio, una pregunta abierta sería: ¿qué cambiarías en la relación con tu novio?, háblame de esto, ¿qué te parece?, ¿por qué?, ¿cómo?, así se facilita la comunicación. Se usarán términos de género neutral hasta que el adolescente haya expresado sus preferencias, por ejemplo, ¿tienes pareja?, ¿cómo se llama?

- Eludir los silencios prolongados, ya que producen nerviosismo y tensión en el adolescente, además de una valoración negativa hacia el entrevistador.

- Ser neutral, escuchando y aconsejando sin juzgar. Evitar “darles la charla”. Se pueden entender sus conductas y se les apoyará en los momentos bajos, lo cual no quiere decir que las apoyemos. Dejar que expresen sus ideas, darles información, proporcionar alternativas, señalar las incongruencias/discrepancias si las hay, y esperar a que él emita sus propias decisiones y soluciones ¿a ti que te parece?, ¿cómo te sentiste? Ayudarles a mirar sus problemas desde una nueva perspectiva. En general, los adolescentes desean tomar las decisiones correctas que reciban la aprobación de las personas que les rodean.

- Criticar la actividad, pero nunca al adolescente. Por ejemplo, decirle que el alcohol y las drogas son peligrosos, ya que comprometen su juicio y hacen peligrar su seguridad y su salud. Expresar nuestro interés y preocupación por él.

- Felicitar por las conductas saludables, como realizar una actividad deportiva regular, no usar drogas o mantener la abstinencia sexual. El adolescente necesita oír que son elecciones inteligentes, normales y saludables, y que muchos otros adolescentes también las practican.

- Informar al paciente de acuerdo a su estado de desarrollo. No agobiarle con demasiada información. Inculcar responsabilidad y asertividad. Ellos son los responsables de su propio cuidado y salud. Apoyar la autoeficacia: creer en que puede lograr el cambio es muy motivador. Dar esperanzas sin crear falsas expectativas que no podamos cumplir(3).

- Evitar etiquetar al adolescente con diagnósticos, ya se verá posteriormente.

Acciones que nos pueden ser de utilidad:

- Preguntar y aclarar afirmaciones o expresiones de sus sentimientos; ya que, a veces, hacen comentarios adicionales, por ejemplo, ¿qué quieres decir con eso?

- Las “preguntas en espejo” o “técnica del eco” ayudan a reflexionar, por ejemplo: ¿te gusta ir al colegio?, lo odio. El médico responderá: ¿lo odias?, sí, porque mis compañeros se meten conmigo, me hacen de menos…

- Reafirmar hechos ciertos, aunque embarazosos, por ejemplo: es frecuente que chicos y chicas de tu edad consuman marihuana, ¿tienes opinión sobre este asunto?, ¿la has probado?; algunos chicos dicen que sin pastillas es difícil divertirse ¿qué opinas tú?

- Hablar de terceras personas y preguntas tranquilizadoras, por ejemplo: la masturbación (jugar con los genitales) en las chicas no es raro ¿te preocupa este tema?

- Hacer resúmenes periódicos. A veces, los jóvenes expresan mal sus sentimientos, por ello es bueno resumir, sintetizando la conversación.

- Para negociar cambios, es preciso comenzar por modificaciones leves, por ejemplo: ¿qué te parece si dejas de beber los días de diario?

- Apoyar a través de respuestas empáticas, por ejemplo: me imagino lo mal que te debes haber sentido cuando te dejó Ana…

Posibles actitudes de los adolescentes(1,2):

- El paciente que llora. Aunque, a veces, pueda ser incomodo, es bueno mantener el silencio hasta que se calme. Tras la crisis, en muchas ocasiones, el paciente se sentirá aliviado y contará sus problemas. El llanto es útil y terapéutico, y favorece la relación médico-paciente.

- El paciente silencioso. Ha sido obligado a acudir o bien es incapaz de expresar sus temores e inquietudes por haber sido maltratado. A veces, hablar de que imaginamos cómo se sienten, de la escuela, de los deportes…, puede ayudar a romper el silencio.

- El paciente hablador. Algunos hablan mucho en la primera visita y luego se arrepienten. Es bueno frenarles y dejar cosas para otro momento, cuando haya más confianza. Otros hablan sin parar y evitan dialogar de sus problemas, habrá que ver qué está pasando.

- El paciente agresivo. No hay que involucrarse. Recordar que el clínico no es el motivo de la rabia, lo mejor es reconocer el sentimiento, identificar la causa y ofrecer ayuda. Si hay hostilidad, cambiar a un tema indiferente, como deporte o música o pasar a la exploración.

- El paciente ansioso, nervioso. Se deben usar expresiones tranquilizadoras.

- El paciente fabulador. Hacérselo notar y analizar el porqué.

Final de la visita. Resolución

Tras el examen físico, se hará un resumen comentando los hallazgos y el plan a seguir. Se debe responder a todas las preguntas, preocupaciones y dudas del adolescente. Felicitarle por los logros y el esfuerzo realizado, y también a los padres por apoyar y guiar al adolescente. En ocasiones, será preciso: solicitar analítica, interconsultas, comprobar el calendario vacunal, realizar educación para la salud y contar con la familia y el colegio(1-3). Aunque les derivemos a un especialista, debemos seguir interesándonos por el tratamiento y la evolución.

Se puede invitar a los padres o al acompañante para hablar de su estado de salud si el adolescente lo desea. Toda la información que se revele debe haber sido acordada previamente con el paciente, para así mantener la intimidad y confidencialidad; hay que ponerse de acuerdo, prevaleciendo la opinión del médico.

El tratamiento se planteará según las características del joven, en ocasiones, será necesaria la colaboración de la familia. Informar de los recursos comunitarios y ayudarles en la transición al servicio de adultos, sobre todo en pacientes con enfermedades crónicas(3).

Se establecerá una cita de control, asimismo, hay que dejarles claro que estamos siempre a su disposición para lo que necesiten, tanto en problemas orgánicos como psicosociales.

Entrevista motivacional

La entrevista motivacional (EM) es una forma de intervención terapéutica que ayuda a los pacientes a cambiar conductas que pueden dañar su salud. Consiste en un estilo directivo (baja tolerancia a la ambigüedad y un modo de pensar racional), centrado en el paciente, que facilita la comunicación y ayuda al adolescente a cambiar su conducta-problema, mediante la exploración, reflexión y resolución de su ambivalencia. La motivación para el cambio debe surgir del joven y no ser impuesta desde fuera(8).

Conductas a las que se aplica: uso y abuso de drogas, trastornos de la alimentación, obesidad, salud reproductiva, actividad física o adherencia a regímenes terapéuticos.

Los cinco pilares de la EM son:

Expresar empatía: escuchar de forma activa y reflexiva, aceptarle como es y no rechazar ni culpabilizar.

Originar discrepancia: descubrir que existe discrepancia entre el presente y a lo que el joven aspira, basado en sus valores y expectativas; reconocer la ambivalencia.

Evitar discusiones y “convencer”: discutir, empuja al adolescente a resistir el cambio, ya que se ve en la posición de defender su conducta y que esta persista.

Acompañar a la resistencia: tratar de oponerse a la resistencia del joven es causa perdida; se debe cambiar de orientación y hacer comentarios empáticos.

Apoyar la autoeficacia: es fundamental ayudar al joven, estimulando la autoeficacia: creencia de que sí puede iniciar el cambio; esto es una motivación muy importante y el profesional puede ayudarle, buscando información de éxitos previos.

Todos seguimos un ciclo predecible en el cambio de conducta. El modelo transteórico fue descrito hace años por Prochaska y Diclemente(9) y los estadios del cambio son: 1) precontemplación: no está pensando en cambiar, se puede informar para originar conciencia de que el cambio es necesario; 2) contemplación: está pensándolo, se puede apoyar, explorar miedos y enfatizar beneficios referidos por el joven; 3) preparación: se está preparando para el cambio, se puede negociar un plan de acción individualizado, con objetivos realistas; 4) acción: se inicia el cambio, reafirmando el compromiso, se pueden enseñar conductas y proveer material y apoyo; 5) mantenimiento: el cambio persiste; se puede estimular la solución de problemas y apoyo; y 6) recaída: se recae en el comportamiento previo, el profesional puede ayudar en el manejo de la situación, para sobreponerse a la vergüenza y culpa, expresarlo como una oportunidad de aprendizaje y analizar los obstáculos.

La EM ha sido desarrollada específicamente para pasar de un estadio a otro y poner fin a la conducta problema. Antes de iniciar la actuación/tratamiento, es necesario saber en qué fase del cambio se encuentra el adolescente.

• Entrevista breve motivacional no adecuada: https://www.youtube.com/watch?v=yvntof-L_54.

• Entrevista breve motivacional adecuada: https://www.youtube.com/watch?v=sPTF0pwO0H8.

Exploración física

La exploración física es un momento difícil para el adolescente, por lo que no debe ser frío ni rutinario. Se le debe explicar, previamente, en qué consiste el examen, que no se le va a causar ninguna molestia y se les debe hablar durante el proceso respecto a su normalidad. Si el adolescente no quiere realizarlo y no es esencial, se dejará para otra oportunidad.

Debe realizarse en una sala con un biombo/cortina, para que se quite la ropa y se cubra con una sábana. Respetar la privacidad, mantener la puerta de la sala y el biombo/cortina cerrados, evitar interrupciones que aumentan la ansiedad del joven. Recordad que, a esta edad, la imagen corporal es muy importante.

La presencia de familiares y/o personal auxiliar dependerá de la edad, sexo y circunstancias de cada paciente, y puede decidirlo el propio joven. En algunas situaciones, se aconseja la presencia de un acompañante (profesional de enfermería), si el paciente se halla en el proceso de explorar su orientación sexual y para evitar malentendidos sobre la motivación del examen(1,2).

Para explorar las mamas y los genitales, se recomienda explicar previamente el procedimiento y dar un aire educacional, por ejemplo: “ahora voy a examinar tus mamas/genitales para descartar problemas y ver tu estado de desarrollo; pon atención a como lo hago, para que luego tú seas capaz de realizarlo en el futuro”. Nos pueden ser de ayuda, usar las gráficas de desarrollo puberal. También sirve, en el caso de los varones, mostrarles el orquidómetro, explicando que sirve para ver su estadio de desarrollo y, según ello, si va a crecer más o menos.

La Asociación Médica Americana (GAPS) y diversas Sociedades(10-13) recomiendan un examen físico completo tres veces durante la adolescencia: inicial (de 10-13 años), media (de 14-17 años) y tardía (de 18-21 años). También recomiendan un cribado anual para conductas de riesgo y como guía de salud.

Sistemática a seguir en la exploración física(1,2)

Inspección general

En general, al adolescente no se le explora totalmente desnudo a la vista del explorador, sino que se hará por partes, nos ayuda a ello la sábana. Se valorará: aspecto general, sensación de salud-enfermedad, vestidos, higiene, impresión sobre el crecimiento, constitución y estado nutricional; actitud durante la entrevista, valorando la personalidad, la conducta, problemas psicosociales, su colaboración, etc.

Somatometría

• Peso, talla, índice de masa corporal (IMC), segmentos, velocidad de crecimiento, pliegues cutáneos en obesos y con percentiles.

• Valorar signos de adelgazamiento (disminución de la grasa subcutánea, aumento de los resaltes óseos…) e investigar problemas, como trastorno del comportamiento alimentario, uso de drogas o problemas orgánicos (trastornos tiroideos, diabetes, dislipemia, ITS, cáncer, etc.).

Signos vitales

Pulso, temperatura y tensión arterial (percentiles).

Piel y mucosas

• Presencia de: acné, exceso de vello, hirsutismo, alopecia, tatuajes, estrías, rash, escarificaciones, zonas de punción, fibrosis en nudillos por vómitos autoinducidos, verrugas, etc.

• El acné preocupa mucho a los adolescentes, aunque, a veces, no quieran reconocerlo, originando problemas psicológicos y, además, nos puede servir de “anzuelo” para volverles a ver.

• Aconsejar la disminución de la exposición a radiaciones de luz ultravioleta entre los 6 meses-24 años con piel blanca, para disminuir el riesgo de cáncer de piel(10,12).

Cabeza-facies

Descartar alopecia, seborrea, problemas en los párpados, tabique nasal y rasgos dismórficos (síndrome X-frágil, síndrome de Klinefelter…).

Cuello

• Se palpará el tiroides para descartar la presencia de bocio, valorando el volumen, la consistencia y la presencia de masas quísticas. En la pubertad pueden aparecer tiroiditis y cáncer.

Explorar el espacio submandibular; la sialoadenitis es más frecuente en la glándula parotídea que en la submandibular; el aumento de la parótida es un signo frecuente en la bulimia antes de la aparición de otros signos producidos por los vómitos.

Adenopatías cervicales, supraclaviculares, axilares e inguinales

Se debe tener en cuenta que, los tumores son una de las primeras causas médicas de mortalidad en el adolescente; de todos ellos, casi la mitad, son del tejido linfoide y órganos hematopoyéticos. El Hodking, en ocasiones, se presenta como una masa ganglionar aislada. La localización supraclavicular, se asocia en mayor medida con causa tumoral. Se sospechará malignidad ante una masa dura, adherida, mayor de 3 cm de diámetro e indolora.

Tórax

• Inspección y palpación: descartar tumefacción de la unión del esternón con la clavícula/costillas, ya que las costocondritis, a estas edades, son causa frecuente de dolor torácico.

• Valorar la función pulmonar: el asma en el adolescente puede tener mayor gravedad que a otras edades, y es más difícil que sigan el control terapéutico, valorar la función con espirometría y educar al paciente en su control.

• Auscultación cardiopulmonar: descartar la presencia de soplos, clics… El síncope vasovagal es frecuente en la adolescencia, siempre hay que estudiarlo bien, ya que podría ser el inicio de un posible problema cardiaco.

• Exploración de las mamas: el desarrollo del tejido mamario debe diferenciarse de la adipomastia (aumento del tejido graso que suele verse en la obesidad).

En mujeres

Valorar el estadio de Tanner de mamas (Fig. 1).

Figura 1. Estadios puberales en la mujer.

Inspección: el inicio de la telarquia frecuentemente se acompaña de aumento de la sensibilidad mamaria, si se observa además un aumento de la pigmentación de las areolas, nos debe hacer sospechar un posible embarazo. Comprobar si hay asimetrías de mamas y tranquilizar, ya que van desapareciendo con el desarrollo. Posteriormente, se realizará una palpación cuidadosa, para descartar galactorrea, masas, generalmente quistes y fibroadenomas, a esta edad es raro el cáncer y se puede enseñar la autoexploración mamaria.

La Task Force Canadiense, en 2001, concluyó que no había evidencia suficiente para recomendar o no la autoexploración mamaria rutinaria para descartar cáncer de mama en mujeres por debajo de los 40 años. Grado de recomendación C. La American Association of Family Physician, en 2016(11), dio una recomendación D para la autoexploración mamaria en mujeres sanas. Parece prudente que los médicos realicen la exploración mamaria para conocer el estadio puberal, ante un paciente y padres preocupados por el desarrollo y ante un descubrimiento accidental. Se enseñará la autoexploración mamaria si la paciente lo solicita y, también, para que aprenda a conocer su cuerpo cambiante a lo largo de su vida, dándole siempre un aire educativo y de prevención. En la autoexploración (Fig. 2), se le explicará a la joven, que para la inspección se puede ayudar de un espejo. Posteriormente, realizará una palpación cuidadosa que puede ser, bien tomando una ducha con agua caliente y jabón, ya que la piel estará más resbaladiza; o bien tumbada en la cama. El procedimiento lo puede realizar ocasionalmente, no debe coincidir con la regla ni los días previos a esta (el pecho está más ingurgitado). Se realizará 3-4 días tras acabar la regla.

Figura 2. Autoexploración mamaria. A. Inspección: delante del espejo con brazos a ambos lados, separados y arriba: buscar diferencias, cambios en la piel, observar formas y contornos, así como en el pezón. B. Palpación: tumbada en la cama. Para explorar la mama derecha pondrá su brazo derecho debajo de la cabeza, así se relaja la musculatura y realizará la palpación con los dedos de la mano izquierda (al contrario, para la mama izquierda). La ayudará pensar que su pecho es como la rueda de una bici, y en el sentido de los radios desde fuera hacia dentro, se realiza la palpación por toda la mama. Posteriormente, se realizará la palpación en forma de círculos. Se valorarán los espacios axilares y supraclaviculares, así como una posible secreción por el pezón. Modificado de la Fundación IMSS. Disponible en: https://twitter.com/fundacionimss/status/1318255299485179904?lang=es.

En varones

Aproximadamente, un tercio desarrollan algún grado de ginecomastia durante la pubertad que, generalmente, es idiopática y, por ello, se debe tranquilizar al joven. Ocurre hasta en el 50-60% de los varones, principalmente en los estadios III y IV de Tanner. Se debe a un desequilibrio entre la acción estimuladora de los estrógenos y la inhibidora de los andrógenos, con un aumento del cociente estrógenos/andrógenos. Puede ser uni o bilateral, menor de 3-4 cm de diámetro y suele desaparecer en 2-3 años(3). Si es mayor, se deben explorar los testículos y descartar: hipogonadismo, tumor testicular, tumor endocrino o problemas tiroideos. Si el tamaño o la repercusión psicológica sobre el adolescente es importante, se puede considerar el empleo de agentes bloqueadores de los receptores de estrógenos, como el tamoxifeno a dosis de 10-12 mg/día, útil en algunos casos para disminuir el tamaño, si lleva poco tiempo de evolución. Si no mejora, se podría realizar una vez finalizada la pubertad, tratamiento quirúrgico. Si es posible, se debe esperar a que los testes alcancen el volumen adulto para evitar recidivas(3).

Abdomen

Inspección: ante una pigmentación de la línea alba, se sospechará un embarazo. Ante un abdomen protuberante, aumento de algún órgano intraabdominal, teratoma ovárico o embarazo. Palpación: ante un abdomen doloroso, en una chica sexualmente activa, pensar en una enfermedad inflamatoria pélvica, entre otras, que puede ocasionar una clínica insidiosa (febrícula, dolor pélvico, síntomas urinarios…) y graves secuelas. La enfermedad de Crohn puede comenzar en cualquier edad, afecta con más frecuencia a las personas entre 15 y 35 años y la clínica puede ser insidiosa. Un dolor abdominal recurrente, debe hacer sospechar organicidad: úlcera péptica, gastritis, esofagitis o enfermedad inflamatoria intestinal. Un dolor en la parte inferior del abdomen con test de embarazo positivo, se debe derivar al hospital para descartar embarazo ectópico.

Genitales

En mujeres

• Valorar estadio de Tanner del vello púbico (Fig. 1).

• Inspección-palpación de genitales externos y la región inguinal, vulvar (foliculitis, escoriaciones, parásitos, vesículas, fístulas), clítoris (posible hipertrofia) estado del himen, uretra y secreciones anormales.

• El examen de los genitales internos se realizará en adolescentes con: actividad sexual, patología ginecológica, dolor abdominal o disuria inexplicable. Se realiza con espéculos adecuados y se acompaña de la recogida de muestras para citología y bacteriología, así como ecografía. Si el pediatra no se encuentra preparado, aprovechará para investigar sobre los conocimientos sexuales de la joven, aclarar dudas y la derivará al ginecólogo.

Bright Futures de la American Academy of Pediatrics (AAP), en 2017(12), eliminó la realización de exámenes pélvicos anuales para la displasia cervical en adolescentes sexualmente activas antes de los 21 años.

En varones

• Valorar el estadio de Tanner del vello púbico y genitales (pigmentación escrotal, tamaño del pene y volumen testicular) (Fig. 3).

Figura 3. Estadios puberales en el varón.

• Inspección-palpación de genitales externos y región inguinal: fimosis, lesiones en glande, frenillo, hidrocele, varicocele, hernias y exudados anormales por la uretra.

• Hablar de los conocimientos sexuales y aclarar dudas.

• Diferentes comités han recomendado enseñar la autoexploración testicular para descartar el cáncer testicular. La Task Force Americana (USPSTF), en 2004 y 2011, se pronunció contra el cribado rutinario para descartar cáncer testicular en adolescentes asintomáticos y varones adultos. Grado de recomendación D. No encontró evidencia de que fuera efectivo para disminuir la mortalidad por cáncer testicular, incluso en varones con riesgo (testículo sin descender, atrofia). Cuando el joven presenta clínica, generalmente, son procesos benignos como hidrocele o epididimitis. Dada la baja prevalencia del cáncer testicular, la limitada exactitud del cribado, el pronóstico favorable y la falta de evidencia para aumentar el beneficio, concluyó que los problemas del cribado, excedían cualquier potencial beneficio. Parece que más que un cribado extendido, es más efectivo fomentar una evaluación precoz de los problemas testiculares.

Se considera prudente que los médicos realicen la exploración testicular para conocer el estadio puberal, también ante un paciente o padres preocupados, así como ante un hallazgo accidental. Se deben investigar los antecedentes familiares. Se enseñará la autoexploración testicular si el paciente lo solicita, dando siempre un aire educacional y preventivo. Puede verse como realizarlo en: https://www.youtube.com/watch?v=WW1I9Q7fFl8.

Ano y recto

El examen rectal se realizará cuando haya historia de dolor rectal, sangrado, secreción y problemas urinarios. Igualmente, si hay cojera o dolor de rodilla/cadera y no se encuentra nada a esos niveles, ya que las masas retroperitoneales comprimen los nervios sacro ilíacos y pueden dar el dolor referido en esa localización. La exploración del ano será en posición genupectoral, pidiéndole al paciente que haga la maniobra de Valsalva, así se ponen de manifiesto lesiones, hemorroides internas o un prolapso rectal.

En estas edades se debe sospechar de cualquier lesión poco habitual (hemorroides, pólipos…) que no responde al tratamiento. Un 25% de los casos de enfermedad de Crohn suelen iniciarse con lesiones perianales.

Examen bucodental

Inspección de tejidos blandos: labios, mucosa bucal, encías, paladar, suelo de la boca, faringe y amígdalas. En esta época son muy frecuentes las gingivitis y caries, por sus malos hábitos higiénicos y dietéticos, que originan halitosis y, por otra parte, el joven es muy sensible a las alteraciones estéticas. Se le debe responsabilizar de su propio cuidado.

Inspección de los dientes: valorar la erupción, posición y oclusión dentaria. Índice CAO (caries, ausentes y obturados). Detección de la placa bacteriana, lesiones dentarias como es el caso de las vomitadoras en un trastorno del comportamiento alimentario (erosión del esmalte y dentina por el contenido gástrico que llega a la boca en los vómitos autoinducidos).

Bright Futures (AAP), en 2014(12), recomendó entre los 18 meses a 16 años, considerar la suplementación oral con flúor si el agua de la región es deficiente.

Examen ORL

Se realizará una otoscopia, observando el canal externo y la membrana timpánica. Conviene realizar una rinoscopia anterior, para observar la mucosa nasal, ya que puede haber pólipos, rinitis crónicas de causa médica o por irritantes (cocaína, tabaco…) y, si es posible, una impedanciometría para valorar el funcionamiento tubárico y del oído medio (hipoacusia de transmisión). También se puede solicitar una audiometría según la situación del paciente. Bright Futures (AAP), en 2017(12), y la Task Force Americana (USPSTF), en 2019(13), recomiendan el cribado universal de la audición en la adolescencia temprana, media y tardía.

Aparato locomotor

Examen de la columna vertebral

Inspección de la movilidad, vicios posturales, zonas dolorosas, así como de la zona lumbosacra, por la posible presencia de un sinus pilonidal, acumulo adiposo y/o fístula que oculten una espina bífida.

Maniobra de la reverencia o test de Adams en visión posteroanterior y lateral, completándola con el escoliómetro (no debe pasar de los 5 grados). La escoliosis y el dorso curvo son frecuentes y se deben vigilar.

Respecto al cribado rutinario de la escoliosis, la Task Force Americana (USPSTF), en 2004, recomendaba no hacer cribado rutinario de escoliosis en adolescentes asintomáticos. Daba un grado de recomendación D. Lo justificaba, ya que una detección temprana, no significaba un tratamiento más temprano, también la escasa sensibilidad del test que resultaba ser muy variable, la falta de seguimiento en muchos de los detectados, el que la mayoría de los casos de escoliosis no progresan, que las escoliosis importantes y que requieren cirugía se detectan sin cribado y, además, que el tratamiento de la escoliosis detectada conducía a molestias e incomodidades, como son: el innecesario uso del corsé y la práctica de ejercicios de fortalecimiento, los controles radiográficos de repetición, las frecuentes visitas al especialista y un aumento del número de consultas, ansiedad y problemas psicológicos diversos. En definitiva, los daños del cribado superaban los beneficios potenciales; pero en 2018, la USPSTF(13,14) concluyó que la evidencia actual era insuficiente y que el balance riesgo-beneficio no podía ser determinado. Por todo ello, se considera prudente que los médicos evalúen una posible escoliosis en el examen rutinario, sobre todo, si existe historia familiar, ante unos padres preocupados o ante un descubrimiento accidental. Igualmente, lo indica Bright Futures (AAP)(12).

Examen de las extremidades

• Descartar dismetrías de miembros inferiores con un compás pélvico y midiendo los miembros inferiores (líneas ombligo/maléolo interno y espina iliaca anterosuperior/maléolo interno).

• Valorar la movilidad articular, presencia de dolor, desarrollo, tono y fuerza muscular.

• Observar la marcha de forma normal en línea recta, además de en puntillas y de talones.

• Observar si hay genu varo/valgo, enfermedad de Osgood- Schlatter. Ante un dolor de rodillas, explorar las caderas (epifisitis de cabeza femoral, enfermedad de Perthes, osteoma osteoide).

• Explorar los pies con el podoscopio.

• Ante un dolor musculoesquelético intenso en cualquier zona y, aunque la exploración en un principio sea negativa, hay que seguir vigilando, ya que puede ser el inicio de una leucosis. Los “dolores de crecimiento” son siempre un diagnóstico de exclusión.

Sistema nervioso

Además de los accidentes y las intoxicaciones por drogas que pueden afectar al SNC, la patología neurológica más frecuente, en esta época, son las cefaleas vasculares y las psicosomáticas.

En esta etapa, los tumores intracraneales son los tumores sólidos más frecuentes y la segunda causa de cáncer. El astrocitoma supratentorial es el más frecuente y puede ocasionar una sintomatología neurológica tardía con síntomas iniciales, como alteración del rendimiento escolar y cambios en la personalidad.

El examen neurológico se completará con los pares craneales, fondo de ojo, reflejos superficiales y profundos, pruebas cerebelosas con coordinación estática (Romberg) y dinámica (maniobra dedo-nariz).

Es importante evaluar también los aspectos psicosociales y conductuales del joven y realizar un cribado de la depresión entre los 12-18 años, como indica la USPSTF en 2016(13), ya que la depresión es un importante factor de riesgo de suicidio.

Examen sensorial

Visión. El inicio de la miopía se suele desarrollar durante la infancia tardía y la adolescencia temprana. Uno de cada cinco niños que a los siete años tiene visión normal, desarrollará miopía a los 16 años. Se explorará la agudeza visual (optotipos) y la refracción. Descartar: estrabismo (Cover test, reflejo corneal con fuente luminosa a un metro), visión de los colores (atlas de Ishihara). Bright Future (AAP), en 2019(12), recomienda realizar el cribado de la visión durante la adolescencia entre los 6-21 años, siguiendo las directrices de otras sociedades.

Audición. Se puede usar el susurro en el examen general. Es aconsejable realizar una audiometría durante la adolescencia con sonidos de varias frecuencias (250-8.000 Hz) e intensidades, empezando en 15 dB. Si los sonidos solo se oyen a 40 dB, se considera que hay una pérdida moderada y, a solo 60 dB, pérdida severa. La exposición prolongada a música alta (>90 dB) y, sobre todo, con auriculares, se sabe que tienen efectos adversos sobre la audición, con sordera que puede ser irreversible y prolongada; es necesario explicárselo a los jóvenes. También tienen riesgo si hay historia familiar o uso de medicaciones ototóxicas. Bright Future (AAP), en 2017(12), y la Task Force Americana (USTFPS), en 2019(13), recomiendan realizar cribado mediante audiometría, incluyendo frecuencias altas de 6.000-8.000 Hz, una vez en cada etapa de la adolescencia: inicial, media y tardía.

En conclusión, cualquier consulta con el adolescente es una oportunidad para asesorar e intervenir de forma preventiva. El profesional debe estar preparado para aconsejar y ayudar al adolescente a superar situaciones de salud problemáticas. Hablará con el adolescente a solas y asegurará siempre la protección de la privacidad y la confidencialidad. Debe adaptar cualquier consejo sobre el estilo de vida, medicación u otro tratamiento al desarrollo madurativo y la capacidad del paciente. No todos los adolescentes progresan al mismo ritmo. Adolescentes de la misma edad pueden estar en etapas muy diferentes de su desarrollo biopsicosocial. La exploración es la continuación de la entrevista y, en ocasiones, es aquí donde se descubre el verdadero motivo de la consulta. Tanto la entrevista como la exploración física, deben realizarse con profesionalidad, objetividad, interés, lealtad y afecto, de esta forma se superarán las posibles dificultades que puedan aparecer y la labor del profesional puede ser muy gratificante.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito.

Bibliografía

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Temas de Formación Continuada:

Desarrollo durante la adolescencia.Aspectos físicos, psicológicos y sociales

M. Güemes-Hidalgo*, M.J. Ceñal González-Fierro**, M.I. Hidalgo Vicario***

*Departamento de Endocrinología, Great Ormond Street Hospital for Children NHS Trust, Londres, Reino Unido. **Jefe del Servicio del Hospital Universitario de Móstoles. Madrid.
***Centro de Salud Barrio del Pilar. DAN. SERMAS. Madrid


El texto completo únicamente está disponible en www.pediatriaintegral.es
Pediatr Integral 2017; XXI (4): 233 – 244


Regreso a las bases

La sexualidad en la adolescencia

F. López Sánchez

Catedrático de Psicología de la Universidad de Salamanca


El texto completo únicamente está disponible en www.pediatriaintegral.es
Pediatr Integral 2017; XXI (4): 278 – 285

El adolescente violento

P.J. Rodríguez Hernández
Temas de FC


P.J. Rodríguez Hernández

Pediatra acreditado en Psiquiatría Infantil (AEP) y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife. Profesor Asociado de Psiquiatría. Universidad de La Laguna

Resumen

Se puede utilizar como definición de violencia, la presencia de comportamientos graves y extremos realizados con la intención de producir daño físico y/o psicológico a otras personas. La fenomenología de la violencia en la adolescencia es compleja, debido a que intervienen múltiples factores de naturaleza individual, social y cultural. De manera global, la violencia entre personas supone la quinta causa de muertes en este grupo de edad, lo que significa el 10% de las muertes de los adolescentes. La detección precoz mejora el pronóstico y reduce la comorbilidad. Es necesaria la intervención mediante estrategias multidisciplinares. Las evaluaciones de los programas de prevención han demostrado su eficacia en la reducción de la violencia. Para obtener unos resultados positivos, las intervenciones se deben realizar lo antes posible.

 

Abstract

By violence, we refer to serious and extreme behavior that is intended to cause physical and/or psychological harm to another person. The phenomenon of adolescent violence is complex since it involves multiple factors of individual, social and cultural nature. Globally, interpersonal violence represents the fifth cause of death in this age group and accounts for more than one-tenth of adolescent deaths. Early detection improves the prognosis and reduces morbidity. A multidisciplinary approach is required. The evaluations of prevention programs demonstrate their effectiveness in reducing violence. For treatment to be successful, it must be started as early as possible.

 

Palabras clave: Niños; Pediatría; Salud mental; Violencia juvenil; Salud adolescente.

Key words: Children; Pediatric; Mental health; Youth violence; Adolescent health.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 229 – 235

 


OBJETIVOS

• Saber cuáles son los factores de riesgo y vulnerabilidad para detectarlos precozmente y poder intervenir sobre ellos.

• Entender las características psicológicas y los rasgos psicopáticos que están presentes en un adolescente violento.

• Aprender los trastornos mentales del adolescente que se relacionan con más frecuencia con conductas violentas.

• Evaluar los programas de prevención de la violencia en la adolescencia, para seleccionar los más adecuados en la práctica diaria.

El adolescente violento

Introducción

La prevalencia de la conducta violenta en la adolescencia es muy elevada.

La Organización Mundial de la Salud ha identificado a la violencia como uno de los problemas más relevantes en salud pública, debido a las implicaciones sobre el bienestar físico y mental de las personas. La violencia es muy prevalente en nuestra sociedad. Los datos reflejan que se desarrolla con más frecuencia entre conocidos, amigos y familiares. También, que es más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes y está muy relacionada con variables socioeconómicas y existencia de factores de riesgo o vulnerabilidad (p. ej., es más frecuente en hombres jóvenes que viven en ciudades y que tienen un nivel económico bajo)(1).

La violencia en la adolescencia se refiere a comportamientos que tienen que ver con una confrontación directa con otros, con la intención de producir daño (insultos, golpes), pero también cuando el objetivo es dañar el círculo social de la víctima o la percepción que dicho círculo tiene de la persona (difundir rumores, exclusión social). Numerosos autores diferencian la violencia (solo daño físico importante) de la agresividad (daño, no solo físico y menos extremo). En la presente revisión no se va a realizar dicha distinción a efectos prácticos(2).

Es difícil establecer un modelo estratificado o una clasificación, debido a que se ha demostrado la ausencia de límites en su expresividad; por ejemplo, la violencia sexual, la racial o por diferencias ideológicas, está relacionada con otras formas de violencia en distintos contextos (familiar, social, comunitario o escolar) y también con la ejercida en distintos formatos virtuales (Internet, redes sociales). Además, existe alta asociación con consumo de alcohol y drogas, así como con estados mentales de depresión, ansiedad o baja autoestima(3).

Por estos motivos, puede ser más útil la clasificación de la violencia del adolescente según su patrón formal. En este sentido, se han identificado 4 patrones:

1. Patrón situacional: la violencia se genera en situaciones en que los factores contextuales favorecen su aparición. Puede seguir un formato temporal (p. ej., se ha comprobado que la violencia aumenta exponencialmente los fines de semana) o depender de cualquier variable que sea un factor de riesgo (p. ej., la violencia aumenta cuando hay una “ola de calor”, cuando hay consumo de alcohol o mayor disponibilidad de drogas en el tráfico callejero). Esas situaciones exacerban la predisposición individual o hacen que aumente la gravedad de la conducta.

2. Patrón relacional: es el más prevalente. Se manifiesta a partir de conflictos interpersonales entre conocidos, amigos o familiares. En algunos casos puede ser un incidente aislado o repetirse periódicamente. En este patrón se sitúa la violencia en la pareja o las agresiones de hijos a sus padres. Algunos estudios refieren que hasta el 25% de los adolescentes han presentado conductas violentas dentro de un patrón relacional. Se establece en función de la relación entre características psicológicas y sociales.

3. Patrón predador: se produce de manera intencionada para obtener algún tipo de ganancia o es parte de un conjunto de conductas antisociales o criminales. En la mayoría de las ocasiones, la violencia predadora tiende a la cronificación. Se desarrolla en las primeras etapas de la adolescencia y se desarrolla lentamente. Un ejemplo es la violencia que generan las bandas organizadas. Depende de la interacción de múltiples factores de riesgo y responden a estrategias de prevención mediante intervención intensiva sobre esos factores de riesgo.

4. Patrón psicopatológico: es el menos frecuente con diferencia, pero las conductas pueden ser muy graves. Los actos violentos suelen repetirse de manera periódica. Es el patrón más dependiente de factores personales psicopatológicos y traducen la existencia de traumas psicológicos importantes.

Los factores de vulnerabilidad o de riesgo también son múltiples, interrelacionados entre sí y difíciles de analizar por separado. Por ello, los estudios que analizan estas variables son escasos y difíciles de interpretar. Entre los factores del entorno, se ha comprobado que los más importantes son la educación familiar basada en patrones violentos y la asociación grupal de adolescentes que comparten conductas violentas(4).

Factores de vulnerabilidad y riesgo

La conducta violenta se produce por la interacción de múltiples variables, siendo las más importantes las de vulnerabilidad y riesgo.

Las revisiones que analizan los factores de vulnerabilidad y riesgo concluyen que probablemente concurran múltiples factores interaccionando entre sí para que se pueda desarrollar un comportamiento violento y, además, deben existir unos condicionantes del entorno a modo de facilitadores(5).

Los factores más estudiados son los que tienen que ver con las características individuales, tales como el bajo funcionamiento cognitivo o el pobre nivel de aprendizaje escolar. También, las relaciones entre iguales no adecuadas o el funcionamiento familiar disfuncional.

Los factores de vulnerabilidad y riesgo pueden anticipar o hacer más frecuente la presentación de la conducta violenta(6). En la tabla I se detallan algunos de los que se han identificado. Los más importantes son:

tabla

• Circunstancias de la concepción, embarazo y perinatales: enfermedades graves de la madre o el feto, conductas y situaciones de riesgo prenatal, como el consumo de drogas y los problemas laborales y ambientales durante el embarazo, prematuridad y sufrimiento fetal.

• Factores genéticos: se conoce que existen factores genéticos implicados en el desarrollo de los trastornos de la conducta. Se ha demostrado el efecto en estudios con gemelos, tanto monocigóticos como dicigóticos. Además, existe un fuerte efecto de interacción entre el factor genético y ambiental, que supone una expresividad más intensa de los síntomas en contextos sociales poco favorecedores.

• Sexo: el sexo es una de las variables más importantes. Se sabe que entre el 70 y 75% de todos los casos corresponden a varones. Las hipótesis explicativas de este hallazgo son múltiples. Se han mencionado las propias características temperamentales del varón. También, la mayor presencia de enfermedades del desarrollo y psiquiátricas en el sexo masculino, lo que puede incrementar el desarrollo de problemas de comportamiento. Por último, puede tener un importante papel el factor cultural. Se sabe que en algunas culturas en las que no existen diferencias en el trato a varones y mujeres, el porcentaje de problemas tienden a igualarse entre ambos sexos.

• Características de la familia: padres muy jóvenes o muy mayores, conflictos graves y crónicos de pareja, enfermedades crónicas o presencia de trastornos psiquiátricos severos.

• Factores relacionados con los patrones educativos familiares: padres con importantes problemas de tolerancia por las crisis de la infancia y adolescencia, padres que no aceptan la autonomía progresiva de sus hijos.

• Circunstancias socioeconómicas adversas de la familia.

• Problemas con la justicia: adolescentes con medidas judiciales, delincuencia y contactos repetidos con fiscalía de menores.

Las conductas violentas pueden coexistir con distintos problemas, especialmente cuando las conductas son graves y no se ha actuado de manera precoz(7). Las dos más importantes son los siguientes:

• Consumo de drogas, tóxicos, estupefacientes y otras sustancias: existe asociación entre el consumo de drogas y la violencia. En ocasiones, las transgresiones se producen por la necesidad de la obtención inmediata de la sustancia. Otras veces debido al efecto de las drogas, que puede ser agudo o a las alteraciones mentales que produce su consumo a largo plazo. El ambiente disocial que envuelve al mundo de las drogas es un factor negativo añadido al propio problema.

• Fracaso y absentismo escolares: impide al niño obtener los recursos escolares en la resolución de conflictos. Se pierde la estructuración temporal del ocio y del trabajo y se crea una situación de indisciplina que se traslada al ámbito familiar, con el consecuente empeoramiento de una situación ya de por sí deteriorada.

En cuanto a la evolución, existen variables que permiten predecir un aumento en la probabilidad de persistencia del problema. Una es la edad de inicio. Cuanto antes aparecen las conductas violentas, más probabilidad de que se perpetúen. También existe peor evolución cuando se expresa en varios contextos. Por último, hay que vigilar la frecuencia e intensidad y también la diversidad de las conductas violentas.

Ninguna de estas características, ni otras recogidas en otros estudios son, por sí mismas, predictores del desarrollo presente o futuro de conductas violentas, pues también existen factores personales y sociales de protección que pueden hacer que la evolución sea favorable. Reseñar que la acumulación de factores de riesgo incrementa la probabilidad de su desarrollo.

Características psicológicas del adolescente violento

Las características principales son: baja autoestima, insensibilidad a los resultados de sus acciones y escasa tolerancia a la frustración.

Con independencia de los factores etiológicos, vulnerabilidad o riesgo y de la evolución y expresión o forma de la conducta, las principales características psicológicas de un adolescente que emplea patrones de conducta violenta, a menudo definidas bajo la denominación “rasgos psicopáticos”, son las siguientes(8):

• Insensibilidad a los resultados de las acciones: pueden ser insensibles, no presentando sentimientos de culpa ni remordimiento. Existe déficit en la integración y valoración del componente emocional de los actos. Es importante descartar problemas familiares que hayan impedido desarrollar un aprendizaje correcto de las emociones que conllevan los actos violentos.

• El adolescente percibe mal las intenciones de los compañeros, interpretándolas como hostiles: en estos casos suele primar la violencia reactiva en detrimento de la espontánea. Es la característica más fácil de controlar, con medidas conductuales y técnicas de modificación del afrontamiento de la realidad.

• Escasa tolerancia a la frustración, con respuestas agresivas ante ella: los requerimientos del entorno han de ser satisfechos de manera inmediata(9). Existe controversia sobre el papel que desempeñan las nuevas formas de ocio basadas en la inmediatez, especialmente los videojuegos que permiten determinadas formas de adicción, debido a la utilización de reforzadores instantáneos (puntos, pasar de nivel). No se dispone de suficiente evidencia científica para determinar su influencia en los patrones de conducta de niños y adolescentes en la actualidad, pero la utilización generalizada de estas formas de ocio, sin duda, están moldeando la psicología de las “nuevas generaciones”.

• Tendencia a culpar a los compañeros de sus propias disconductas: predomina la mentira en el patrón psicológico. Habitualmente, esta característica se debe a un mecanismo de defensa o a una estrategia de afrontamiento de la realidad. Trasladar la consecuencia del acto a otra persona libera la culpa propia.

• Se acompaña de baja autoestima, a pesar de una apariencia de seguridad y dureza: las interacciones sociales pierden estímulos para establecer una adecuada vinculación emocional. La pérdida de éxito en las acciones retroalimenta negativamente la autoestima en un bucle continuo.

• Bajo rendimiento académico y consumo de drogas: son las consecuencias finales del patrón conductual de violencia. Además, por sí mismo pueden incrementar las respuestas violentas reactivas y explosivas.

Trastornos psiquiátricos y violencia

El trastorno psiquiátrico que se asocia con más frecuencia a la violencia en la adolescencia es el trastorno disocial.

Existen varios trastornos que pueden manifestar conductas violentas. Los más prevalentes son el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno Negativista Desafiante (TND), generalmente asociados a cuadros de media o larga evolución, carentes de intervención terapéutica(10); pero el más asociado a las expresiones de violencia, es el Trastorno de Comportamiento o Trastorno Disocial (TD). Las manifestaciones clínicas del TD se sustentan en un patrón de conducta persistente y recurrente no adaptado a las normas sociales de su edad y que viola los derechos de los demás. Además, se pueden producir agresiones a personas y animales, destrucción de la propiedad, robos y transgresiones graves de las normas sociales. En la tabla II se muestran los criterios diagnósticos.

tabla

Los trastornos del comportamiento pueden coexistir con distintos problemas, especialmente cuando las conductas son graves y no se ha actuado de manera precoz(11). Los más importantes son los siguientes:

• Consumo de drogas tóxicas, estupefacientes y otras sustancias: existe asociación entre el consumo de drogas y el TD(12). En ocasiones, las transgresiones se producen por la necesidad de la obtención inmediata de la sustancia. Otras veces, debido al efecto de las drogas, que puede ser agudo o a las alteraciones mentales que produce su consumo a largo plazo.

• Fracaso y absentismo escolares: impide al adolescente obtener los recursos escolares en la resolución de conflictos. Se pierde la estructuración temporal del ocio y del trabajo y se crea una situación de indisciplina que se traslada al ámbito familiar, con el consecuente empeoramiento de una situación ya de por sí deteriorada.

Tratamiento farmacológico

Los fármacos más utilizados son el metilfenidato y la risperidona.

Los psicofármacos se utilizan para disminuir los síntomas, no para tratar la causa que los produce. Se deben utilizar dentro de una estrategia integral que incluye: intervención médica, psicológica, servicios sociales y, si es necesario, fiscalía de menores. Su empleo se realiza en situaciones de elevada impulsividad, agresividad o explosividad, entre otros. Son especialmente útiles cuando subyace un TDAH, un TND o un TD sobre el que no se han realizado intervenciones terapéuticas efectivas y han evolucionado a lo largo de los años, acompañados de otros factores de riesgo. Los más utilizados son el metilfenidato y la risperidona en monoterapia o en combinación en las situaciones más graves(13).

Programas de intervención en la prevención de la violencia en adolescentes

Los programas de intervención multidimensionales son los más efectivos para disminuir la incidencia de comportamientos violentos en los adolescentes.

La violencia es una manifestación conductual de la suma de múltiples variables, factores de riesgo y vulnerabilidad de índole biopsicosocial. Debido a ello, los programas preventivos deben ser multidimensionales(14). Algunos de los más utilizados son los siguientes:

• Programas de intervención/sanción (“el que la hace la paga”): es un programa sancionador, donde se incide en la persecución y ejecución del infractor. El nivel de aversión que produce desaconseja su utilización de manera aislada. Debe ser un programa complementario de los otros tipos.

• Programas de conducta esperada (“saber a qué atenerse”): en este programa predomina la información general y la difusión sin un receptor preestablecido. Se emplea fundamentalmente como programas introductorios a un plan específico de acción y sobre grandes poblaciones.

• Programas de detección/prevención: tiene dos componentes. Por una parte, la detección de la conducta violenta específica y el análisis de los factores que inciden en su desarrollo y mantenimiento. Por otra parte, sobre los resultados obtenidos, se pueden realizar propuestas preventivas que participen en la reconducción de los condicionantes implicados.

• Programas de orientación comunitaria o proactivos(15): se consideran los de elección. Son los utilizados, habitualmente, en los programas de educar para la salud. El diseño de estos programas presenta enorme variabilidad, según: población diana, edad, objetivos específicos, factores socioculturales o ambientales, etc. A partir de este punto, vamos a ver los condicionantes principales para el diseño de un programa de orientación comunitaria o proactivo.

Programa de orientación comunitaria

La manera más fácil para difundir un programa de prevención de la violencia entre la población adolescente es acudir a los institutos en periodo lectivo. Un programa es un concepto amplio, que engloba objetivos, forma de consecución de esos objetivos (mediante conferencias, talleres, etc.), número de sesiones necesarias, etc. A continuación, se desarrolla un programa, a modo de ejemplo, incluyendo sus fases de desarrollo.

En general, se debe utilizar el formato taller (que incluye: exposición de contenidos, debate, recopilación de conclusiones, etc.). En cuanto a la disposición de los asistentes, esta puede ser: en círculo y sin obstáculos que impidan la visión a cuerpo entero de todos los participantes. El responsable del taller se integra en el círculo, como uno más.

• Inicio del taller: se puede comenzar el taller con nuestra presentación y una breve descripción de objetivos. Después, cada uno se presenta y comenta el significado del concepto “violencia”, así como un ejemplo de acto violento. Esta primera fase inicial es útil para disminuir la incertidumbre ambiental y aumentar la afinidad entre los participantes.

• Desarrollo: es la fase que permite mayor variabilidad en sus contenidos. El responsable del taller debe intervenir como moderador. Existen múltiples alternativas para establecer el debate. Se exponen tres a modo de ejemplo. La primera alternativa utiliza material actual en forma de recortes de prensa, vídeos preparados, etc., en que aparezcan actos violentos o sus consecuencias (p. ej.: la noticia de una pelea de aficionados al fútbol o la estadística anual de las agresiones a profesores por parte del alumnado). Hay que recordar que las noticias deben ser cercanas al grupo, teniendo en cuenta su edad. Así, en un grupo de adolescentes, podemos utilizar un vídeo sobre un episodio de guerra y, en preadolescentes, un recorte de prensa sobre una pelea acontecida en una fiesta. La segunda alternativa consiste en ofrecer frases o pequeñas historias para iniciar el debate que se continúa con una opinión general de cada asistente y un correlato emocional de sus consecuencias. La tercera alternativa consiste en realizar las preguntas directas sobre situaciones violentas: agresiones entre alumnos, agresiones homófobas, etc. Esta última puede ser más útil, cuando entre los objetivos se encuentran disminuir determinadas formas de violencias de elevada prevalencia en ese instituto o en su entorno. Como se puede observar, las tres alternativas no son incompatibles y solo son un ejemplo de las múltiples alternativas posibles.

• Finalización: previo a la conclusión del taller se redactan las conclusiones más importantes y se puede realizar un pequeño debate sobre la utilidad de lo realizado.

¿Qué hacer cuando nada es efectivo?

Cuando la intervención terapéutica no es efectiva, es posible recurrir a una modalidad de intervención mediante ingreso en un centro de protección.

La legislación actual sobre el sistema de protección a la infancia y a la adolescencia(16), regula el ingreso de niños y adolescentes en centros de protección específicos para menores de edad con problemas de conducta. Para efectuar el ingreso se requiere de autorización judicial. La autorización la puede solicitar el Ministerio Fiscal o la Entidad Pública con competencias en la evaluación familiar, dentro del área de servicios sociales. El acogimiento residencial en estos centros se realizará cuando no sea posible la intervención a través de otras medidas de protección. No podrán ser ingresados en estos centros, los menores que sufran trastornos mentales que requieran un tratamiento específico por parte de los servicios de Salud mental o de atención a personas con discapacidad.

Función del pediatra de Atención Primaria

Algunas de las funciones del pediatra de Atención Primaria son las siguientes:

• Detectar las situaciones de riesgo y vulnerabilidad, incluyendo la interacción entre factores personales y el entorno.

• Conocer los trastornos psiquiátricos asociados a mayor predisposición de aparición de conductas violentas.

• Prevenir las actividades y comportamientos que puedan generar situaciones de violencia.

• Organizar las acciones terapéuticas efectivas, incluyendo: coordinación entre profesionales implicados, utilización y participación en programas de prevención y derivación a dispositivos específicos, si es necesario.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Krug EG, Mercy JA, Dahlberg LL, Zwi AB. The world report on violence and health. The Lancet. 2002; 360: 1083-8.

2. Moreno-Ruiz D, Estevez E, Jiménez TI, Murgui S. Parenting style and reactive and proactive adolescent violence: Evidence from Spain. Int J Environ Res Public Health. 2018; 15: 2634.

3. Taquette SR, Monteiro DLM. Causes and consequences of adolescent dating violence: a systematic review. J Int Violence Res. 2019; 11: 137-47.

4.** Xia Y, Li SD, Liu TH. The interrelationship between family violence, adolescent violence, and adolescent violent victimization: An application and extension of the cultural spillover theory in China. Int J Environ Res Public Health. 2018; 15: 371.

5. Whiting D, Lichtenstein P, Fazel S. Violence and mental disorders: a structured review of associations by individual diagnoses, risk factors, and risk assessment. Lancet. 2021; 8: 150-61.

6.* Bozzini AB, Bauer A, Maruyama J, Simoes R, Matijasevich A. Factors associated with risk behaviors in adolescence: a systematic review. Braz J Psychiatr. 2020; 43: 210-21.

7.** Backman H, Laajasalo T, Jokela M, Aronen ET. Interpersonal relationships as protective and risk factors for psychopathy: a follow-up study in adolescent offenders. J Youth Adolescence. 2018; 47: 1022-36.

8. McCuish E, Bouchard M, Beauregard E, Corrado R. A network approach to understanding the structure of core symptoms of psychopathic personality disturbance in adolescent offenders. J Abnorm Child Psychol. 2019; 47: 1467-82.

9. Somma A, Andershed H, Borroni S, Salekin RT, Fossati A. Psychopathic personality traits in relation to self-report delinquency in adolescence: should we mind about interactive effects?. J Psychopathol Behav Assess. 2018; 40: 69-78.

10.** Fairchild G, Hawes DJ, Frick PJ, Copeland WE, Odgers CL, Franke B, et al. Conduct Disorder. Nat Rev Dis Primers. 2019; 5: 43.

11. Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. En: I Curso de psiquiatría del niño y del adolescente para pediatras. Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Hernández PJ, edit. Ed: Mayo. Barcelona. 2019.

12.** Bonilla J, González A, Castaño LM. Desarrollo adaptativo y funcionamiento ejecutivo en niños con diagnóstico de trastorno disocial y trastorno de déficit de atención/hiperactividad tipo hiperactivo-impulsivo. Rev Psicopat Psicol Cl. 2019; 24: 117-29.

13.* Sánchez P, Cohen DS. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad en la infancia y adolescencia. Pediatr Integral. 2020; 24: 316-24.

14. Edwards KM, Banyard VL, Sessarego SN, Waterman EA, Mitchell KJ, Chang H. Evaluation of a bystander-focused interpersonal violence prevention program with high school students. Prev Sci. 2019; 20: 488-98.

15. Bosworth K, Espelage D, DuBay T, Dayt­ner G, Karageorge K. Preliminary evaluation of a multimedia violence prevention program for adolescents. Am J Health Behav. 2000; 24: 268-80.

16.** Montalvo F. Dilemas ético-legales que presenta la regulación de la capacidad del menor en el ámbito del tratamiento médico. Pediatr Integral. 2015; 19: 302-7.

Bibliografía recomendada

- Imaz C, González KG, Geijo MS, Higuera MBN, Sánchez I. Violencia en la adolescencia. Pediatr Integral. 2013; 17: 101-8.

En este artículo se describen vías de desarrollo, tipos de agresiones y un modelo de desarrollo de conducta antisocial que permite contextualizar los aspectos teóricos. Se debe considerar una revisión complementaria a la presente, ya que su contenido sigue vigente y se enfoca desde un punto de vista importante, como es el psicopatológico.

- Rodríguez Hernández PJ. Trastornos del comportamiento. Pediatr Integral. 2017; 21: 73-81.

Algunos trastornos mentales y del comportamiento pueden cursar con violencia. En este artículo se revisa el estado actual de los trastornos del comportamiento más frecuentes en la infancia y la adolescencia. Se realiza una aproximación a su diagnóstico y tratamiento.

 

Caso clínico

Juan, de 13 años, acude a la consulta de su pediatra de Atención Primaria (PAP) acompañado por su padre. La PAP comprueba el registro de las anteriores visitas y constata que desde los 8 años no acude al Centro de Salud. Entre los antecedentes, destaca una importante desestructuración familiar. Su padre ha estado en la cárcel desde que Juan tenía 3 años hasta dos semanas previas a la cita, debido a delitos relacionados con el tráfico de drogas. Separación de sus padres a los dos años y varias parejas de la madre denunciadas por violencia y agresiones hacia ella y hacia Juan y sus 4 hermanos. Alta sospecha de consumo de tóxicos durante el embarazo de Juan y posteriormente.

El padre de Juan le cuenta a la PAP que cuando sale de la cárcel decide mejorar las relaciones familiares que estaban muy deterioradas y que después de varios años sin contacto con sus hijos está intentando “hacer cambios en su vida y volver a ser padre”, que ha dejado de consumir y está buscando trabajo. Aunque la relación con la madre no es mala y él mantiene la custodia junto con la madre, refiere que “los niños deberían tener una vida mejor, ya que tanto él como su madre no son buenos ejemplos para ellos”.

Juan está repitiendo 1º de la ESO en el instituto de su barrio. También repitió 5º curso de primaria. Su rendimiento este curso no es bueno. En la primera evaluación, suspende 5 asignaturas (todas las principales) y presenta muchos problemas de comportamiento. En los últimos 4 años, ha tenido muchas peleas con los compañeros de clase y también en el barrio. Pasa muchas horas en la calle con chicos de más edad cuando vuelve de clase y los fines de semana, y cuando está en casa solo quiere jugar con su videoconsola. Refiere su padre que la madre está desbordada y, aunque lo intenta, “su enfermedad, las drogas, que es la misma que tenía yo” le impide ser consistente en las pautas educativas. El padre vive en un piso de alquiler en la misma calle del domicilio de Juan, su madre y hermanos, y todos los días lo recoge en el instituto, lo lleva a su casa y por la noche lo acompaña a la casa de la madre. “Estas dos semanas que he estado con Juan he visto a un hijo que no hace caso. Me desafía constantemente y me ha insultado y empujado cuando intento que estudie o no dejo que salga a la calle”.

El padre de Juan trae unos papeles muy arrugados. Uno de ellos es un informe del equipo de orientación del colegio realizado en 3º de primaria (8 años). En el resumen final, se señala la existencia de grandes dificultades para el autocontrol de las emociones, la excesiva intolerancia a la frustración y las conductas impulsivas y temerarias que manifiesta en el colegio, así como la merma importante en la atención mantenida. No se refiere existencia de problemas conductuales importantes (agresiones, insultos…), pero se indica la necesidad de estudio y seguimiento por salud mental, o quien corresponda, debido a que sus dificultades aumentan progresivamente. El cociente intelectual es normal y no presenta trastornos del aprendizaje aparentes.

Otros papeles, esta vez del instituto e igualmente arrugados, mencionan problemas conductuales relacionados con conductas agresivas, expulsiones, peleas, desafíos, etc. Según parece, desde la llegada al instituto esas conductas han sido la tónica general.

Por último, la pediatra analiza siete citaciones en el Juzgado de Menores, de los últimos 12 meses, debido a denuncias: agresión y robo en una zona turística cercana al domicilio, detención después de la quema de unos contenedores de basura y similares.

En la historia de Juan figura el comienzo de un estudio por sospecha de TDAH a la edad de 7 años que no se pudo completar.

Después de 5 consultas en las que la pediatra cita a la madre, vuelve a hablar con Juan y con su padre, y recaba información de servicios sociales, del instituto y de la fiscalía de menores, se comienza tratamiento con metilfenidato a 1 mg/kg/día y risperidona a baja dosis. Los resultados iniciales son positivos, pero a medio plazo dependerán del trabajo coordinado de pediatra, familia, servicios sociales, instituto y fiscalía.

 

Algoritmo

 

Aspectos bioéticos en la atención al adolescente

I. Riaño Galán*, I. del Río Pastoriza
Temas de FC


I. Riaño Galán*, I. del Río Pastoriza**

*Unidad de Endocrinología y Diabetes Infantil. AGC Pediatría. HUCA. Oviedo. Máster en Bioética. Coordinadora Comité de Ética de la AEP. **Pediatra CS Arcade. Pontevedra. Máster en Bioética. Secretaria Comité de Ética de la AEP

Resumen

El enfoque en la atención al adolescente desde la bioética, aporta una mirada abierta y enriquecedora hacia las personas en esta etapa vital con tanto potencial, pero al mismo tiempo tanta vulnerabilidad, lo que nos exige actuar con prudencia. Es precisa una formación científica y tecnológica, la mejor posible, pero la integración de los aspectos éticos en nuestra práctica clínica constituye una necesidad si queremos lograr la excelencia. Los cambios en la relación clínica hacen indispensable la incorporación del menor en la toma de decisiones sobre su salud, de acuerdo con su madurez y capacidad. Se debe promover la autonomía y la responsabilidad en el autocuidado de la salud, informándoles y haciéndoles partícipes de la decisión en función de su capacidad. La reflexión de los profesionales implicados en la atención de los adolescentes, así como el debate público, permitirán alcanzar consensos que garanticen el equilibrio entre la protección del menor como persona vulnerable y el respeto a su creciente autonomía. Nuestra actitud como profesionales ha de ser la de agentes de educación sanitaria y patrones de referencia.

 

Abstract

The focus on adolescent care from the Bioethics perspective, provides an open and enriching vision of this vital stage with so much potential, but at the same time with so much vulnerability; hence, we must act with caution. The best possible scientific and technological training is necessary, but the integration of ethical aspects in our clinical practice is a requirement if we aim to achieve excellence. Changes in the clinical relationship make it essential to include the minors in making decisions about their health, according to their maturity and capacity. Autonomy and responsibility in health self-care should be promoted, informing and making them participate in decisions, based on their capacity. The reflection of the professionals involved in the care of adolescents, as well as the public debate, will allow reaching consensus that guarantee a balance between the protection of the minors as vulnerable individuals and respecting their growing autonomy. Our attitude as professionals must be that of health education agents and role models.

 

Palabras clave: Ética; Adolescencia; Interés superior del menor; Confidencialidad; Adicciones.

Key words: Ethics; Adolescent; The best interest of the minor; Confidentiality; Addictions.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 236 – 243

 


OBJETIVOS

• Comprender la necesidad de incorporar los valores en la atención clínica al adolescente.

• Aprender a deliberar para superar los desacuerdos en la práctica clínica.

• Conocer los factores a tener en cuenta para valorar la capacidad del menor para tomar decisiones autónomas.

• Descubrir el interés superior del menor, como el criterio ético y legal para la toma de decisiones.

• Afrontar el reto de acompañar a los adolescentes en situaciones de riesgo.

• Mostrar la diversidad como una riqueza humana.

Aspectos bioéticos en la atención al adolescente

Introducción

La adolescencia es una etapa compleja, de riesgos y oportunidades, etapa de cambios, tanto en la esfera somática como en la psicoafectiva, moral y social.

La adolescencia no es un fenómeno nuevo. Lo novedoso es la tendencia a prolongar este periodo, la denominada “adultescencia” o adolescentes eternos, que se instalan en esa etapa vital, sin tomar la propia vida en las manos de forma activa, para gobernarla acorde a la razón, pues eso es para Kant alcanzar la madurez. En este sentido, la adolescencia tiene mucho que ver con la ética, pues esta trata de construir valores y es en esta etapa cuando se interiorizan los valores y madura la propia personalidad. El adolescente vive un periodo de incertidumbre, ya no es un niño, pero tampoco un adulto. Su creciente madurez le lleva a distanciarse de los criterios de su entorno (familia, profesores, usos y costumbres sociales), sin tener aún otros valores interiorizados y asumidos como propios(1). Desea libertad y autonomía, rebelándose de toda forma de autoridad y queriendo romper con los esquemas recibidos. En casos extremos, situaciones como el inicio del uso de sustancias psicoactivas, pueden ser expresión de esa rebelión y protesta.

¿Es necesaria la formación en ética?

La formación en bioética dota de herramientas para resolver los problemas, cada vez más complejos, a los que nos enfrentamos en la práctica clínica.

La resolución satisfactoria de los problemas éticos, que son conflictos de valores, exige una formación en bioética. El horizonte es promover personas autónomas, comprometidas y responsables en su ejercicio profesional, capaces de cambiar las reglas recibidas y dar respuesta a los nuevos interrogantes(2). La ética trata de los deberes y, en nuestro caso particular como pediatras, del deber de promover el valor de la salud en los niños y adolescentes. La buena voluntad, el sentido común y la experiencia no son suficientes. Constituyen un buen punto de partida, pero deben acompañarse de una metodología apropiada que nos permita la toma de decisiones prudentes y responsables.

La formación teórica no es suficiente, puesto que la clave radica en lo que se aprende del ejemplo, es decir, el llamado “currículo oculto”(3). Este incluye las múltiples “rutinas” no cuestionadas, que impregnan la práctica clínica cotidiana, y que las personas en formación perciben y asumen.

La comunicación es clave en todo el proceso de relación clínica. Por ello, la responsabilidad de mejorar las habilidades de comunicación, de forma que la relación clínica tenga más calidad y calidez. Para informar, es preciso tiempo suficiente y espacio adecuado. En ocasiones, la sobrecarga de trabajo es uno de los obstáculos, pero no es suficiente decir que no hay tiempo, sino que habrá que analizar cómo nos organizamos, así como argumentar las prioridades para lograr los cambios necesarios. Tal y como indica Carmen Martínez(4), un gran problema de comunicación con el adolescente es la incomunicación. Propone cinco actitudes que promueven la buena comunicación: capacidad de escucha, asentimiento, actitud empática, favorecer la confidencialidad y capacidad de contención. Sin olvidar en palabras de Peter Drucke, que lo más importante en la comunicación es lo que no se dice.

Aprender a deliberar

La bioética tiene una orientación práctica y nos aporta un método para tomar decisiones.

El objetivo de la bioética es educar en la deliberación, dotar al ser humano de una “segunda naturaleza”, buscando que nuestras decisiones sean justas, correctas, prudentes, en una búsqueda de la excelencia. Adquirir hábitos deliberativos, exige esfuerzo y el desarrollo de actitudes como: respeto, diálogo, escucha activa y empatía(5).

La tabla I resume algunos de los valores a construir en nuestra relación clínica con los adolescentes(6).

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Resulta imprescindible conjugar la medicina basada en la evidencia con la medicina basada en los valores(7,8). Cada caso es único, por ello, debe ser analizado desde los hechos clínicos a los valores implicados. Hemos de asumir la incertidumbre e intentar que participen en el proceso deliberativo todos los implicados, en la medida de sus posibilidades y madurez, desde una ética de la responsabilidad. En los casos más complejos, se puede solicitar el asesoramiento de un comité de ética asistencial. La tabla II resume, de forma esquemática, los diez pasos a aplicar según el método deliberativo para análisis de casos clínicos adaptado por Diego Gracia.

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Cabe resaltar dos elementos claves aplicables a cualquier situación. En primer lugar, la competencia científica, que implica el compromiso de formación continuada. Son necesarios equipos de profesionales bien formados, capaces de atender a los adolescentes de forma continuada y personalizada. En segundo lugar, se promoverá al máximo su autonomía, facilitando su participación, de forma coherente con su escala de valores, desde una actitud de respeto.

El consentimiento por representación y la edad para consentir

Los principales problemas éticos en la atención al adolescente, se plantean en relación con el ejercicio de la autonomía.

El consentimiento informado permite el ejercicio práctico de la autonomía en el ámbito sanitario. El consentimiento por representación se otorgará cuando el paciente menor de edad no sea capaz, intelectual ni emocionalmente, de comprender el alcance de la intervención. En este caso, el consentimiento lo dará el representante legal del menor, después de haber escuchado su opinión si tiene doce años cumplidos. La Ley 41/2002 había rebajado la edad para tomar decisiones sanitarias autónomas a los 16 años, excepto para casos concretos (práctica de ensayos clínicos y práctica de técnicas de reproducción humana asistida) que se rigen por lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad y por las disposiciones especiales de aplicación. La Ley 26/2015, de modificación del sistema de protección a la infancia y adolescencia reformó la Ley 41/2002, incorporando el criterio subjetivo de madurez del menor junto al objetivo, basado en la edad, tal y como se recogía en la Circular 1/2012 de la Fiscalía General del Estado por los conflictos ante transfusiones de sangre y otras intervenciones médicas sobre menores en caso de riesgo grave(9). Cuando se trate de una actuación de grave riesgo para la vida o salud del menor (referido a los menores emancipados o mayores de 16 años), según el criterio del facultativo, el consentimiento lo prestará el representante legal del menor, una vez oída y tenida en cuenta la opinión del menor. Por otra parte, en los casos en los que el consentimiento haya de otorgarlo el representante legal o las personas vinculadas por razones familiares o de hecho, la decisión debe adoptarse atendiendo siempre al mayor beneficio para la vida o salud del paciente, y en caso contrario, deberá ponerse en conocimiento de la autoridad judicial, directamente o a través del Ministerio Fiscal, para que adopte la resolución correspondiente.

El consentimiento informado es una responsabilidad ética compartida entre el equipo de profesionales. La complejidad del mundo moderno ha ido obligando al mundo jurídico a reconocer ámbitos en los que el menor puede realizar actos de manera más o menos autónoma, con capacidad suficiente, similar a un mayor de edad. La doctrina del menor maduro se basa en el respeto a los derechos civiles, desde el momento en que el individuo es capaz para ejercerlos, con independencia de que se haya alcanzado la mayoría de edad legal, pero no hay una edad definida en la que podamos afirmar que un menor sea maduro. El marco jurídico español actual reconoce como norma general, en la Ley de Protección del Menor, el derecho del niño a ser oído, en la medida de su madurez, en todo aquello que le afecte. Asimismo, se afirma el reconocimiento pleno de los menores de edad como sujetos de derechos y con capacidad progresiva para ejercerlos.

La evaluación de la capacidad del adolescente es un tema complejo, que se hará de forma individualizada y prudencial. Las aportaciones de Kholberg sobre el desarrollo del pensamiento moral, permiten distinguir tres niveles que representan los diferentes tipos de relación entre el yo y las reglas o expectativas de la sociedad (Tabla III)(10).

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Se han hecho muchos esfuerzos para buscar herramientas que permitan “medir” la capacidad. En este sentido, la escala de competencia de Lleida facilita medir la madurez del menor, discriminando entre el estadio preconvencional y convencional(11). No obstante, evaluar la capacidad con herramientas es una parte importante, pero no es la única, ni siquiera la decisiva.

Ponderación del riesgo de la decisión. La escala móvil de competencia de Drane (Tabla IV) sigue siendo un referente acerca de la proporcionalidad de la decisión: se deberá ajustar el grado de madurez requerido al riesgo de la decisión(12). Cuanto más graves, peligrosas o irreversibles sean las consecuencias, mayor ha de ser la exigencia de capacidad.

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La búsqueda del interés superior del menor

El interés superior del menor es un criterio ético y legal que siempre hemos de tener presente.

Según la Jurisprudencia, habría que entender el interés del menor, como todo aquello que le beneficia, en el sentido más amplio posible y no solo de orden material, también social, psicológico y moral, todo lo que redunde en su dignidad como persona y en la protección de sus derechos fundamentales; y todo ello, más allá de las preferencias personales de sus padres, tutores, guardadores, médicos o administraciones públicas.

Son muchas las situaciones, difíciles de resolver, que se originan en las consultas de Pediatría. Un escenario más habitual de lo deseable es el de padres separados, que instrumentalizan al menor, queriendo, cada uno, utilizar la asistencia sanitaria en su propio beneficio.

Puede ayudarnos recordar que nuestra obligación, ética y legal, es atender al interés del menor, no dejándonos llevar por las exigencias y/o peticiones de los padres, a las que atenderemos si redundan en beneficio del menor, pero no en caso contrario. Esto también se aplica para el consentimiento por representación; puesto que, en caso de que la decisión de los padres no se ajuste a ese interés superior, el asunto deberá ponerse en conocimiento de la autoridad judicial si las circunstancias lo permiten, o si no lo hacen, actuar directamente en beneficio de dicho menor.

Confidencialidad y protección de datos de menores

El derecho a la confidencialidad y a la protección de datos personales de los que los menores son titulares, es una manifestación más del principio de autonomía.

La confidencialidad de la información clínica para determinadas cuestiones médicas que precisen el acceso a una adecuada asistencia, es un aspecto importante en la atención al adolescente, cuestión ligada al desarrollo del concepto de menor maduro(13).

La Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, establece que los menores, mayores de 14 años pueden consentir el tratamiento de sus datos personales, exceptuando algunos supuestos(14). Esto significa que los mayores de 14 años consienten el tratamiento de datos que implica la elaboración de su historia clínica y tienen, desde esa edad, acceso a la misma, sin necesidad de contar con el consentimiento de sus padres(15).

Sin embargo, es necesario distinguirlo y, a su vez, conectarlo, con los supuestos en que la ley 41/2002, de autonomía del paciente y derechos y obligaciones en materia de documentación clínica, que requieren del consentimiento por representación, y que, en el ámbito de la asistencia sanitaria, la “mayoría de edad” viene regulada a partir de los 16 años.

Podría plantearse el caso de que un adolescente mayor de 14 años prohibiese el acceso a su historia clínica de sus progenitores. En estos casos y sin perjuicio del derecho de los menores, también se reconoce a los padres o tutores, como titulares de la patria potestad, para poder ejercer adecuadamente los deberes inherentes a la misma, ese derecho de acceso a la historia clínica de sus hijos, que estos no podrían evitar.

El tratamiento de los datos de los menores de 14 años tiene que estar autorizado por los titulares de la patria potestad o tutela, pero debemos tener siempre en cuenta, el principio del interés superior del menor que prevalecerá sobre la decisión de los padres, si esta les perjudicase.

Bioética práctica en la consulta del adolescente

La atención del adolescente debe ir más allá de nuestro posible papel en contextos de riesgo y ser capaces de acompañarles.

Se trataría de una responsabilidad en el acompañamiento durante el proceso de desarrollo de la autonomía, desde un enfoque integral de educación para la salud. El enfoque desde la bioética aporta una mirada abierta y enriquecedora hacia las personas en esta etapa vital con tanto potencial, pero al mismo tiempo tanta vulnerabilidad, lo que nos exige actuar con prudencia. Nos lleva a ampliar nuestra mirada más allá del respeto, como Derecho Humano fundamental, entendiendo como imperativo ético las diversidades (sexual, cultural, funcional…) como una riqueza humana.

Trataremos los siguientes temas como más relevantes: la atención a menores que acuden solos a la consulta y la multiculturalidad; las implicaciones éticas de la educación afectivo-sexual; dentro de la atención a las adicciones, hablaremos del juego y la adicción a la tecnología y el acompañamiento en problemas de salud mental.

Atención al adolescente no acompañado

No existe justificación, ni ética ni legal, para no atender al adolescente no acompañado en caso de patologías banales.

Nuestro deber es siempre de acogida inicial para realizar actividades de educación para la salud y detectar conductas de riesgo. En caso de observar indicios de problemas graves de salud o dichas conductas, intentaremos persuadirlos para que acudan con la familia (o incluso llegar a localizarla si existiese riesgo vital).

Multiculturalidad

Desde una mirada ética se promueve, más allá del respeto, la diversidad cultural como una riqueza humana.

Tenemos que realizar un esfuerzo de empatía y solidaridad para atender a las personas con calidez y calidad. Como derecho humano y deber profesional. Pensando, además, en los adolescentes como grupo de riesgo por su especial vulnerabilidad.

Educación afectivo-sexual

La educación sexual no puede ir desligada de la educación afectiva.

Es necesaria la formación en valores de los adolescentes y, en especial, la afectivo-sexual, dado que tiene un componente ético innegable. Los límites esenciales en la sexualidad y su expresión, se encuentran dentro de los Derechos Humanos y los principios de la ética(16). Es preciso ayudar a los adolescentes a crear un código ético propio para que ejerzan sus derechos, respeten los de los demás, y desarrollen actitudes y conductas responsables y saludables. La educación sexual necesita ser humanizada y menos estereotipada, siendo la familia el modelo de conducta, y dentro del concepto de la educación para la salud en un sentido amplio y positivo.

Entendida de modo global de salud física y psíquica, puede constituir un elemento de protección para los más vulnerables. Además, se trata de un derecho incorporado en convenciones internacionales (Convención sobre los Derechos de los Niños, Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo).

Tal y como afirman Chis Oliveira y Amada Traba: “la educación afectivo-sexual tendría que ayudar en la construcción de un proyecto de vida propio en un marco de libertad y en la construcción de puentes de entendimiento entre las personas con independencia de identidades y orientaciones”(17). Es preciso buscar espacios para una educación reflexiva que permita superar los problemas más graves (malestar, agresiones, cosificación, adicciones) y que trabaje ejes transversales como: el consentimiento, la igualdad, el cuidado y la salud. La hipersexualización y la aparente libertad sexual puede ser reflejo de los problemas relacionados con el nuevo mito derivado de la sociedad de consumo. La pornografía como principal fuente de información sexual en adolescentes, condiciona sus comportamientos sexuales, generando expectativas irreales y provocando alarma entre los profesionales. Como consecuencia de la concepción de la sexualidad dominadora e irresponsable, se aprecia un incremento del uso de la prostitución por parte de los jóvenes, así como la fascinación por tener relaciones sexuales con robots. Los adolescentes “encuentran en la prostitución y en la pornografía una escuela de la desigualdad humana”, lo cual debe ser motivo de reflexión.

En relación con la diversidad de género, el posicionamiento de la Asociación Española de Pediatría (AEP) pretende aportar una mirada ética(18). Como profesionales, debemos contar con una formación mínima e información básica sobre nuestros recursos locales, para realizar un acompañamiento médico positivo, entendiendo la diversidad sexual como una riqueza humana.

Salud digital

El acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es un derecho, pero se han de facilitar herramientas para evitar que pierdan su identidad, su independencia, su seguridad y su individualidad.

El experto en seguridad digital, Guillermo Cánovas, presidente y fundador de la organización de protección del menor Protégeles, ofrece una guía para la salud digital(19). Apunta que los adolescentes demandan información sobre seguridad, siendo importante incorporar los términos de “salud” y “responsabilidad”, en el concepto global de “Salud digital”. Cabe reseñar su colaboración en webs de ayuda (https://educalike.es/; https://guiasaluddigital.com/).

El objetivo sería facilitar herramientas que les permitan adaptarse al nuevo entorno. Podemos evitar problemas asociados al uso incorrecto de las TIC si los identificamos y trasladamos a la educación. Debemos conocer las posibles experiencias dañinas: ciberbullying (acoso escolar online); cibergrooming (acoso sexual); usurpaciones de identidad; y desórdenes de adicción a Internet y a otras nuevas tecnologías. Son necesarias: campañas de prevención, difusión de líneas de ayuda y atención personalizada.

Asimismo, no hemos de olvidar la gran influencia de las redes sociales sobre el modo en que los adolescentes construyen su identidad, su autoestima y sus relaciones. Los perfiles que crean, desempeñan un papel fundamental a la hora de aceptar lo que sienten y piensan. Les permite: recibir validación social, interiorizar normas sociales, adquirir control sobre sí mismos, reforzar y crear vínculos.

Como profesionales, debemos conocer los posibles impactos negativos, para detectarlos y ofrecer ayuda especializada. La conducta adictiva a Internet (CAI) se refiere a un patrón de comportamiento caracterizado por la pérdida de control sobre el uso de Internet. Conduce potencialmente al aislamiento, descuido de las relaciones sociales, actividades académicas y recreativas, y de la salud. Se enmarca en la conducta o comportamiento disfuncional en Internet (CDI). Como en las demás adicciones, podemos encontrarnos con distintas categorías (uso, abuso/uso inadecuado, adicción), que requerirán distintos tipos de manejo en función de la gravedad. También existen riesgos con los videojuegos: adicción, contacto con desconocidos, acoso, gasto económico, aislamiento y desarrollo de emociones negativas.

Las consecuencias derivadas del mal uso se pueden evitar trabajando con los menores, con implicación de las familias e integración de la formación en el currículo escolar. Desde la bioética, como profesionales, en la búsqueda del recomendable “curso óptimo de acción”, procede reflexionar sobre la necesidad de situarnos en un punto intermedio con respecto a la tecnología: ni tecnófilos ni tecnófobos.

Conductas adictivas

Nuestra actitud como profesionales ha de ser la de agentes de educación sanitaria y patrones de referencia.

La adolescencia es una etapa de riesgo potencial para las adicciones (tabaco, alcohol, drogas, juego…)(20). Hemos de valorar en qué categoría nos encontramos, para decidir nuestra actuación. Del consejo sanitario, en caso de consumo esporádico, sin distorsión de la vida del adolescente, que permitirá mantener la confidencialidad, al extremo de la adicción grave, que precisará de asistencia especializada y apoyo familiar, por la merma de la capacidad para tomar decisiones autónomas y las escasas posibilidades de gestionarlo sin ayuda. Hemos de acercarnos al adolescente, ofreciendo recursos adecuados, donde puedan encontrar respuestas claras a sus interrogantes, como las webs de organizaciones sanitarias, por ejemplo, la web Salud Joven de la AEPap (http://www.familiaysalud.es/salud-joven).

Trastornos psiquiátricos

Ante los trastornos psiquiátricos, se ha de acompañar y valorar su gravedad y cómo afectan a su capacidad.

De igual modo que con las adicciones, nuestra actitud dependerá de las consecuencias, de la distorsión del trastorno sobre su vida, la gravedad y el modo en que afecten a su capacidad para la toma de decisiones autónomas. Por ello, podemos considerar apropiado mantener la confidencialidad en trastornos leves, pero proceder a un internamiento forzoso, justificado éticamente, en caso de urgencia y riesgo vital.

Cabe destacar los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) por su frecuencia e importancia social. Sin duda, precisan de un manejo multidisciplinar y una valoración individualizada. Como profesionales, no podemos obviar los riesgos de páginas web que promueven de forma explícita los TCA y debemos adoptar una conducta proactiva para evitar su expansión.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria goza de una posición privilegiada para acompañar al adolescente en el proceso de desarrollo de su autonomía. Ello se debe a su posibilidad de establecer un contacto más continuado, próximo e intenso desde la infancia, que facilita una comunicación más fluida y mejor conocimiento del menor y su familia, sus creencias y valores, sus dudas y temores. Por ello, puede actuar como elemento fundamental en la integración y práctica del consentimiento informado. Como pediatras, se debe valorar la capacidad para tomar una decisión madura en una situación concreta, más que la madurez global. La adolescencia constituye una etapa idónea para entrenarse en tomar aquellas decisiones para las que tienen madurez suficiente, así como responsabilizándose de forma progresiva de adquirir hábitos de vida saludables. Por todo ello, hemos de ser prudentes al ponderar su participación en la toma de decisiones y hacer planteamientos integrales y personalizados que tengan en cuenta todos los elementos que caracterizan las decisiones como autónomas (Fig. 1); y como señala Diego Gracia, evitar caer en el error clásico de considerar inmaduro al que tiene un sistema de valores distinto al nuestro. En definitiva, junto a la mejora de la calidad técnica, es necesario fomentar la calidad ética de las intervenciones, de modo que la dignidad y la autonomía de los adolescentes sean respetadas.

figura

Figura 1. Requisitos necesarios para la toma de decisiones autónomas.

 

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Martínez González C. Aspectos éticos en la adolescencia: del menor maduro al adulto autónomo. Adolescere. 2013; 1: 22-6.

2.** Riaño Galán I. La bioética en la formación de los pediatras. An Pediatr (Barc). 2014; 80: 69-70.

3. Martínez González C, Riaño Galán I. La empatía, elemento clave del currículo oculto. Editorial. Form Act Pediatr Aten Prim. 2018; 11: 189-90.

4.** Martínez González C, Ortega González C. Entrevista con el adolescente. Problemas de comunicación. Rev Esp Endocrinol Pediatr. 2016; 7: 23-6.

5.*** Gracia D. Teoría y práctica de la deliberación moral. En: Feíto L, Gracia D, Sánchez M. (Eds.). Bioética: el estado de la cuestión. Madrid, Triacastela; 2011. p. 101-54.

6.*** Riaño Galán I, del Río Pastoriza I, Díaz E. Implicaciones éticas de la atención al adolescente. En: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral 3ª ed. Madrid: Ergon; 2021. p. 41-7.

7. Sánchez Jacob M. ¿Por qué una medicina basada en los valores? Una reflexión desde la ética. Adolescere. 2016; IV: 28-34.

8. Petrova M, Dale J, Fulford B. Values-based practice in primary care: easing the tensions between individual values, ethical principles and best evidence. Br J Gen Pract. 2006; 56: 703-9.

9.*** Martín Espíldora MN. Novedades en la ley de protección del menor. 2ª parte: atención al adolescente. Form Act Pediatr Aten Prim. 2016; 9: 1-15.

10. Kholberg L. Psicología del desarrollo moral. Bilbao: Desclee de Brouwer, 1992.

11. Espejo M, Miquel E, Esquerda M, Pifarre J. Valoración de la competencia del menor en relación con la toma de decisiones sanitarias: escala de la competencia de Lleida. Med Clin (Barc). 2011; 136: 26–30.

12. Drane JF. Las múltiples caras de la competencia. En: Couceiro A ed. Bioética para clínicos. Madrid, Triacastela; 1999. p. 163-76.

13. Martín Espíldora MN, Altisent Trota R, Delgado Marroquín MT. La intimidad, la confidencialidad y el secreto médico en la relación clínica con adolescentes. En: De los Reyes M, Sánchez-Jacob M (Eds.): Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena. Madrid: Editorial Ergon; 2010. p. 341-50.

14. Varios. La adaptación al nuevo marco de protección de datos tras el RGPD y la LOPDGDD. Madrid: Wolters Kluwer. 2019.

15. Lizárraga Bonelli E, Cañones Garzón PJ. Reflexiones sobre el acceso a las historias clínicas por parte de los pacientes menores de edad. Med Gen Fam. 2017; 6: 277-84.

16. Varios. Afectividad y sexualidad. ¿Son educables? Barcelona: Fundació Victor Grifols i Lucas. 2010.

17. Oliveira C, Traba A. Amarte. Pensar el amor en el siglo XXI. Editorial Los libros de la Catarata. Madrid. 2019.

18.** Riaño Galán I, del Río Pastoriza I, Chueca Guindulain M, Gabaldón Fraile S, de Montalvo Jááskeläinem F. Posicionamiento Técnico de la Asociación Española de Pediatría en relación con la diversidad de género en la infancia y la adolescencia: mirada ética y jurídica desde una perspectiva multidisciplinar. An Pediatr (Barc). 2018; 89: 123.e1-123.e6. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2018.02.012.

19. Cánovas G. Cariño he conectado a los niños. Guía sobre salud digital para familias y educadores. Bilbao: Ediciones Mensajero. 2015.

20. Hidalgo MI, Judez J. Adolescencia de alto riesgo. Consumo de drogas y conductas delictivas. Pediatr Integral. 2007; XI: 895-910.

Bibliografía recomendada

- De los Reyes M, Sánchez-Jacob M (Eds.): Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena. Madrid: Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla La Mancha; 2010; p. 41-8.

Libro de obligada referencia, cuya parte IV está dedicada a cuestiones durante la adolescencia. Desde el capítulo 36 al 51 analiza de forma pormenorizada aspectos éticos, para tener en cuenta en la etapa de la adolescencia.

- Gracia D. Construyendo valores. Madrid: Triacastela. 2013.

Desde la realidad cotidiana, describe el modo concreto de cómo los seres humanos elaboramos y construimos valores. Para Diego Gracia, el objetivo de cualquier programa docente ha de ser la educación en valores.

- Martínez González C, Tasso Cereceda M, Sánchez Jacob M, Riaño Galán I. Comité de Bioética de la AEP. Pediatras sólidos en tiempos líquidos. Reanimando la profesionalidad. An Pediatr (Barc). 2017; 86: 354.e1-354.e4. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.anpedi.2016.10.005.

La profesionalidad apenas se enseña formalmente. Se aprende por ósmosis a través del currículum oculto, que transmitimos de forma inconsciente a estudiantes, residentes y compañeros. Todos somos modelo o contramodelo de profesionalidad.

- Páginas webs recomendadas:

http://www.familiaysalud.es/salud-joven/

https://educalike.es/

https://guiasaluddigital.com/

https://www.aeped.es/comite-bioetica

 

Caso clínico

Adolescente de 14 años que, controlado por tiroiditis, acude solo a la consulta de Endocrinología Pediátrica a por los resultados del último control analítico. Está nervioso y nos cuenta toxicomanía (ya no solo los fines de semana, sino también cuando está solo y se siente ansioso), y afirma que no quiere que su familia lo sepa.

En primer lugar, se realiza la entrevista para determinar la evaluación psicosocial general y establecer el patrón de consumo, previo al proceso deliberativo para la toma de decisiones, con el fin de tener un conocimiento más profundo de los hechos.

Por el momento considera que el consumo no está distorsionando su vida a nivel personal, académico ni social, mantiene preservadas sus relaciones con amigos y tampoco parece que existan conflictos familiares graves, pero que lo que no quiere es preocupar a sus padres.

Tras esta recogida de datos de la entrevista clínica, procedemos a realizar el proceso deliberativo, de modo que se vulneren lo menos posible los valores en conflicto. Por un lado, nos encontramos con el derecho del menor a la confidencialidad que, en ocasiones, no es posible respetar, en caso de estar en grave riesgo su salud o su vida y, por otro, el derecho de la familia a participar en las decisiones sobre la salud de sus hijos menores (siempre en su beneficio), y el deber de protegerles, cuidarles y acompañarles cuando lo necesiten, sobre todo en situaciones de riesgo, donde es más probable que el menor precise de esa ayuda.

Nos encontramos con el conflicto ético de mantener la confianza y potenciar la autonomía del menor, pero intentando tomar decisiones clínicas prudentes, dada su potencial vulnerabilidad.

 

Algoritmo

 

Problemas escolares en la adolescencia

L. Abad Mas*, P. Moreno Madrid**, V. Peláez Marco****, D. Huerta Pándura***, A. Valls Monzó***, R. Martínez Borondo***, A. Ibáñez Orrico****, P. Mengod Balbas***
Temas de FC


L. Abad Mas*, P. Moreno Madrid**, V. Peláez Marco****, D. Huerta Pándura***, A. Valls Monzó***, R. Martínez Borondo***, A. Ibáñez Orrico****, P. Mengod Balbas***

*Psicopedagogo. Director del Centro de Desarrollo Cognitivo. **Psicóloga. Coordinadora del Departamento de Funciones Cerebrales Superiores. ***Psicóloga. ****Pedagoga. Red Cenit, Centros de Desarrollo Cognitivo. Valencia

Resumen

La adolescencia representa un periodo de cambios, tanto en las exigencias que se le requieren como en su rendimiento académico. Los alumnos con funciones ejecutivas deficitarias suelen presentar dificultades para manejar adecuadamente las demandas propias de esta etapa. Los estudiantes con Trastornos de Aprendizaje (TA) manifiestan una discrepancia significativa entre su logro académico y su potencial intelectual. El TA que más interfiere para el adecuado rendimiento académico en los adolescentes es la dislexia y los problemas de comprensión. Igualmente, el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, como ocurre en los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o en altas capacidades intelectuales, por sus características diferenciales, precisará también atención específica educativa orientada a su desarrollo integral: cognitivo, social y emocional. Las habilidades sociales ayudan a un óptimo ajuste personal, mejores logros escolares y adaptación social, previniendo así, el acoso escolar. Los estudios actuales establecen que, un uso prolongado de redes sociales y nuevas tecnologías, puede influir en el rendimiento académico de los adolescentes.

 

Abstract

Teenage years represent a period of change, both in the expectations generated from them, as well as in their academic performance. Students with deficient executive functions usually manifest difficulties to adequately manage the demands of this stage of life. Students with Learning Disorders (LD) show a significant discrepancy between their academic achievements and their intellectual potential. The LD that mostly interfere with adequate academic performance in adolescence are dyslexia and comprehension disabilities. In addition, students with specific needs for education support, for instance, attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD) or high intellectual abilities, will also require specific educational attention focused on their comprehensive development: cognitive, social and emotional. Social skills help optimal personal adjustment, better school achievements and social adaptation, therefore aiding in the prevention of bullying. Current studies have shown that prolonged use of social networks and new technologies can influence the academic performance of teenagers.

 

Palabras clave: Adolescencia; Funciones ejecutivas; Dificultades de aprendizaje; Habilidades sociales; Redes sociales.

Key words: Adolescence; Executive functions; Learning difficulties; Social skills; Social networks.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 222 – 228

 


OBJETIVOS

• Contextualizar la etapa de la adolescencia.

• Conocer la importancia de las funciones ejecutivas en el rendimiento académico.

• Comprender la influencia del adecuado desarrollo de las habilidades sociales en el rendimiento escolar y en la prevención del acoso.

• Valorar la necesidad de una adecuada evaluación para poder diseñar un plan de intervención individualizado que dé respuesta a sus necesidades específicas.

Problemas escolares en la adolescencia

Introducción

La adolescencia es una etapa compleja de la vida marcada por la transición de la infancia a la edad adulta. Se producen cambios: físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales. La corteza prefrontal, fundamental en muchos procesos cognitivos, experimentará un importante desarrollo que culminará alrededor de los 20-25 años. Se distancian de la familia, que va dejando de ser su centro de referencia, dando mayor peso a las relaciones con sus grupos de iguales. En estos intentos de lograr la independencia respecto de sus padres, son frecuentes las conductas de rebeldía frente a los mismos y a la autoridad en general. Todos estos cambios pueden influir en el desempeño académico.

Funciones ejecutivas y rendimiento académico

El objetivo de este apartado es analizar la importancia que tienen las funciones ejecutivas (FE) en el rendimiento académico.

En general, la literatura está de acuerdo en que el rendimiento académico se refiere al nivel de logro que puede alcanzar un estudiante en una o varias asignaturas; cuando no alcanza este nivel o no muestra, a través de sus resultados, el dominio en ciertas tareas, se puede decir que presenta bajo rendimiento académico.

Cada vez más estudios demuestran la dependencia que el éxito académico tiene del correcto funcionamiento de las FE (Tabla I)(1); estas incluyen un grupo de habilidades cognitivas cuyo objetivo principal es facilitar la adaptación de las personas a las nuevas situaciones.

tabla

En el ámbito escolar, la adolescencia representa un periodo de cambios, tanto en las exigencias que se le requieren como en su rendimiento académico. La corteza prefrontal, sede de las FE, se encuentra en pleno desarrollo madurativo al comienzo de esta etapa. Durante este periodo finalizará el proceso madurativo de dichas funciones, permitiendo que se inserte a la vida adulta con los recursos cognitivos pertinentes.

Aunque hay diversidad de opiniones con respecto a cuáles son las FE, las principales serían: velocidad de procesamiento, flexibilidad cognitiva, inhibición y procesos de interferencia, monitorización, planificación, memoria de trabajo y toma de decisiones.

La atención es un proceso cognitivo estrechamente relacionado con las FE, que nos permite orientarnos hacia los estímulos relevantes, procesarlos correctamente y dar una respuesta. Posner (2008)(2) considera la atención como un sistema neurocognitivo complejo, de naturaleza modular, e identifica tres subsistemas: red de alerta o red atencional de vigilancia, red de orientación y atención ejecutiva.

La atención ejecutiva es la más importante desde el ámbito educativo, ya que permite a los estudiantes focalizar de manera voluntaria su atención, evitando estímulos irrelevantes y, por tanto, mejorando el desempeño en tareas que demandan control cognitivo. Está implicada en la resolución de situaciones novedosas y complejas que requieren del control cognitivo.

Los alumnos con FE deficitarias suelen presentar dificultades para manejar adecuadamente las exigencias académicas durante la adolescencia, ya que además durante esta etapa, se les requiere una mayor independencia y planificación de sus responsabilidades. Algunas de las conductas asociadas a estas pobres FE podrían ser:

• Fracaso para traer el material a clase: planificación/organización.

• Perder tareas: organización.

• Olvidar tareas que han completado: organización y memoria de trabajo.

• Mostrar dificultades para iniciar tareas de aprendizaje: iniciación y planificación.

• Inician la tarea, pero no pueden sostener su focalización en ella: atención, organización, planificación y memoria de trabajo.

• Dificultades para cambiar durante la transición de una actividad a otra: flexibilidad mental y memoria de trabajo.

• Dificultades en evaluar cuánto tiempo durará una tarea: planificación y gestión del tiempo.

• Dificultades para dividir tareas a largo plazo en objetivos a corto plazo: organización y planificación.

• Completar las tareas apresuradamente: planificación/organización.

• Frustrarse con facilidad ante las dificultades de aprendizaje: control de impulsos.

• Actuar impulsivamente o hablar fuera de turno: control de los impulsos.

• Tomar decisiones impulsivas apoyadas por las emociones: control de los impulsos.

Trastornos de aprendizaje en la adolescencia

El objetivo de este apartado es conocer más sobre los Trastornos del Aprendizaje (TA) y su incidencia en el rendimiento académico.

Las dificultades de aprendizaje son un término general que se refiere a un grupo heterogéneo de trastornos que se manifiestan por dificultades significativas en la adquisición y uso de la escucha, habla, lectura, escritura, razonamiento o habilidades matemáticas (Miranda y cols., 2008)(3).

Se trata de problemas que para su remisión precisan intervención especializada y prolongada. Los alumnos con TA manifiestan una discrepancia significativa entre su logro académico y su potencial intelectual. El TA que más interfiere para el adecuado rendimiento académico en los adolescentes es la dislexia y los problemas de comprensión.

Dislexia

El término se aplica a aquellos que manifiestan dificultades en el aprendizaje del léxico, reconocimiento de palabras o descodificación. Son las dificultades de aprendizaje más comunes.

Los jóvenes adolescentes con dificultades lectoras, a menudo, no son capaces de responder a las cada vez mayores exigencias escolares, evidenciándose una carencia de conocimientos con respecto a sus compañeros sin dificultades, lo cual puede mermar sus aprendizajes futuros y autoestima.

En la adolescencia, lo más destacado es que su comprensión lectora es deficiente, tienen dificultades en la comprensión de textos largos. En la comprensión de instrucciones escritas, realizan la tarea en función de la información que han retenido, considerando solo algunas variables en la ejecución de las tareas.

Disgrafía

El término se refiere a las personas que tienen dificultades en la grafía, ortografía y composición escrita. Tienen dificultades para escribir de forma legible y ordenada.

En la adolescencia destacan los errores en la ortografía, deficitarios recursos de atención y de memoria de trabajo verbal empeñados a la escritura y dificultades en la composición escrita. En cuanto a la composición escrita, las dificultades suelen encontrarse en los subprocesos de la misma. En la planificación, al generar y organizar ideas, y establecer metas y submetas que guíen la realización del plan de escritura. En la traslación, al producir un texto legible, gramatical y formalmente correcto consistente con el plan establecido. Por último, en la revisión, cuando deben mejorar lo escrito mediante los subprocesos de relectura y edición.

Discalculia

Es un trastorno caracterizado por dificultades en el correcto aprendizaje de las habilidades aritméticas, que afecta significativamente al rendimiento académico o actividades cotidianas que requieren capacidad para el cálculo.

Las dificultades específicas en la solución de problemas matemáticos se observan sobre todo en la adolescencia en los procesos de traducción, al comprender los términos en que está expresado y trasladar lo comprendido al lenguaje matemático. También en los procesos de integración; implica conocimientos acerca de diferentes tipos de tareas matemáticas, reconocer la información relevante para la solución del problema y la habilidad para representar la tarea por medio de algún sistema que facilite su realización. Por último, dificultades en los procesos de planificación, al generar procedimientos que le permitan guiar sus pasos y controlar acciones encaminadas a la solución.

Dificultades en la realización de las operaciones. Los adolescentes suelen tener dificultades en los procesos de revisión y control durante la resolución de procedimientos operatorios específicos.

Altas capacidades, desadaptación social y rendimiento académico

En este apartado analizaremos tres términos que se pueden dar de forma simultánea en alumnos con altas capacidades y veremos cómo estos afectan al rendimiento escolar.

El perfil de los adolescentes con Altas Capacidades (AC):

• Elevada observación crítica.

• Sienten aburrimiento por aquellos temas que no les incentivan o que les resultan rutinarios, necesitan un ritmo de trabajo superior al que se les suele marcar.

• Pueden sobresalir en una o más asignaturas y suelen rendir bien en el colegio si están bien motivados.

• Tendencia a la individualidad, búsqueda de la libertad y buen sentido del humor.

• Capacidad intelectual general.

• Se muestran combativos hacia las situaciones que no aceptan, no les gusta someterse a la autoridad, pueden ser inconformistas y muy desobedientes.

• Pensamiento creativo productivo, suelen ser ingeniosos y originales.

• Desarrollo temprano del locus de control interno.

• Tendencia a hacerse preguntas existenciales, se cuestionan el porqué de las situaciones, especialmente de las no deseadas.

Problemas de bajo rendimiento escolar y desadaptación social

La disponibilidad de buenos recursos en los ámbitos de procesamiento intelectual no asegura su éxito académico e incluso puede provocar problemas de desadaptación social, como el síndrome de disincronía. García González MA y González Martínez MT (1997)(4) exponen que suelen encontrar dificultades en sus relaciones sociales, debido a su actitud crítica, analítica e independiente, también su conocimiento de las distintas áreas y tendencia al liderazgo, provocan en muchas ocasiones respuestas de rechazo, mensajes negativos por parte de sus compañeros e incluso sufren bullying.

Las relaciones familiares, en ocasiones, se pueden ver afectadas ante la falta de estrategias por parte de los padres para hacer frente a esta situación o, desde el lado opuesto, por un elevado nivel de exigencia.

El inconformismo y oposición propios de la adolescencia en jóvenes con AC se ve exacerbado, además, las altas expectativas por parte de padres y profesores representan una presión y carga excesiva que se ve incrementada en la adolescencia.

Es también significativo el aislamiento, depresión o ansiedad por problemas con sus iguales; ya que, en ocasiones, no les atrae lo mismo que al resto de adolescentes.

Otros factores que influyen en el rendimiento académico

TDAH

El objetivo de este apartado es analizar el impacto del TDAH en la adolescencia y la importancia de una buena intervención.

Los adolescentes con TDAH tienen un mayor riesgo de fracaso académico o problemas de aprendizaje. Esto puede ser causado por una variedad de factores, como: la necesidad de supervisión constante, bajo rendimiento escolar (debido a la dificultad de ordenar contenidos y comprenderlos, desencadenando un obstáculo a la hora de procesar información) o mucho esfuerzo y compromiso con resultados bajos.

Sin un tratamiento eficaz, el TDAH puede tener un impacto significativo en los resultados académicos y laborales. Los síntomas están asociados con calificaciones bajas en las pruebas, repetición de grado y no finalización de los estudios de secundaria. Los adultos con TDAH afirmaron que los problemas escolares tenían un impacto significativo en etapas posteriores de la vida y que manejar el trastorno de manera más efectiva en esos años, les hubiese conducido a un mayor éxito académico y laboral.

Según el estudio realizado por Shaw M, Hodgkins P, Caci H, et al. (2012)(5), teniendo como variables a explorar: autoestima, función social, logros académicos, consumo de drogas/comportamiento adictivo, comportamiento antisocial, uso de servicios y trabajo, se llegó a la conclusión de que los TDAH que habían seguido un tratamiento (72%) obtenían una mayor evolución a largo plazo que los sujetos que no habían recibido ningún tipo de tratamiento (28%).

Bullying

El objetivo de este apartado es analizar el impacto del acoso escolar en el rendimiento de la víctima, del agresor y de los observadores.

El bullying tiene repercusión en el rendimiento escolar, tanto en el agresor como en la víctima, pudiendo incluso afectar a los observadores de dicho acoso.

Los alumnos que ejercen el acoso escolar suelen presentar bajo rendimiento, ya que son menos reflexivos, tienen dificultades en entablar relaciones sociales adecuadas y se ven involucrados en problemas debido a la falta de inhibición conductual. En general, son poco populares; ya que, aunque no son marginados por sus iguales, su comportamiento suele estar en el punto de mira y recibe numerosas críticas, lo cual les frustra y provoca fácilmente.

En cuanto a las víctimas del acoso, presentan una baja autoestima y escasa motivación escolar, lo cual es imprescindible para que se dé un aprendizaje significativo, ya que el rendimiento se relaciona con la inteligencia, las funciones ejecutivas, los estilos cognitivos, la autoestima y la motivación (Pérez-Fuentes, Álvarez-Bermejo, Molero, Gázquez y López Vicente, 2011)(6). Si todos estos aspectos no están integrados, no se logrará el rendimiento deseado y, en este caso, la autoestima se ve muy afectada y no pueden concentrarse en tareas inmediatas, porque no ven un futuro esperanzador para ellos y solo pueden centrarse en el momento actual que están viviendo. En algunos casos, puede darse absentismo, ya que la persona que sufre el acoso, evita asistir a clases y lo justifica con todo tipo de dolencias y excusas, llegando incluso a mentir a la familia en cuanto a la asistencia. Esto provoca también un desfase académico y repercute en dicho rendimiento.

En cuanto a los observadores, puede darse un conflicto de valores, desensibilización, falta de atención y concentración, problemas de autoestima y, por ende, bajo rendimiento escolar.

Habilidades sociales

El objetivo de este apartado es analizar la importancia que tienen las habilidades sociales en el rendimiento académico.

Las habilidades sociales (HS) son conductas o destrezas sociales específicas y aprendidas, que son necesarias a la hora de conocer y relacionarnos con otras personas. Incluyen habilidades como: iniciar, mantener y cerrar conversaciones, expresar sentimientos positivos, recibir sentimientos positivos, defender los propios derechos, hacer peticiones o pedir favores, rechazar peticiones, afrontar las críticas y solicitar un cambio de conducta. Los alumnos mediante estas conductas expresan sus sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos, de un modo adecuado a la situación, aumentan sus posibilidades de mantener relaciones satisfactorias, sentirse bien, obtener lo que desean y conseguir que los demás no impidan lograr sus objetivos respetando los derechos de los demás.

Hay que destacar que las HS se pueden aprender de la misma forma que otra conducta o conocimiento y que contribuyen a la reducción de comportamientos problemáticos en el aula, al malestar de los alumnos y a potenciar la autoestima, empatía, establecimiento de relaciones positivas, responsabilidad, capacidad de resolución de problemas, etc.

Los estudios realizados sobre competencia social distinguen dos grandes grupos que presentan problemas de ajuste social: los niños inhibidos, tímidos o aislados y los niños impulsivos, agresivos o asociales. Diversas investigaciones demuestran que en el ámbito escolar, las HS ayudan a un adecuado ajuste personal, mejores logros escolares y adaptación social.

Las HS inciden en el nivel de rendimiento académico, pues el adolescente a través de la interacción, propone soluciones a los problemas que surgen en el contexto educativo, mediante innovación, creatividad, autonomía y propositividad (Núñez et al., 2018)(7). Santamaría y Valdés (2017)(8) encontraron que, a mayor puntuación en HS, mayores puntuaciones en rendimiento académico. Mudarra (2016)(9) en su investigación, determinó que todas las dimensiones de las HS se consideran críticas para el éxito académico, entre estas: la responsabilidad, la comunicación, el autocontrol y la empatía, pues favorecen la enseñanza y la armonía en los ambientes escolares, además de considerarse un factor protector del acoso escolar.

Influencia de las redes sociales y nuevas tecnologías en el rendimiento académico de los adolescentes

El objetivo de este apartado es analizar cómo influyen las redes sociales y las nuevas tecnologías en el rendimiento académico de los adolescentes.

En los últimos años, el uso de las redes sociales (RS) en los adolescentes se ha incrementado exponencialmente, gracias al desarrollo de nuevas plataformas, la adición de nuevas funcionalidades en las ya existentes, la globalización, la hiperconectividad, la sociedad, las restricciones de movilidad debido a la reciente crisis sanitaria y las demandas características de su edad.

Según la Academia Americana de Pediatría, los adolescentes presentan gran vulnerabilidad ante este tipo de plataformas, debido a que su cerebro no ha terminado de desarrollarse totalmente, concretamente la corteza prefrontal que es donde el pensamiento racional se deposita. Esto no sucede hasta alcanzar los 25 años. Dicho esto, en muchos momentos suelen actuar de manera impulsiva y no piensan en las consecuencias de sus actos. Teniendo en cuenta además, que muchas de las RS a las cuales tienen acceso premian este tipo de comportamiento irreflexivo.

Este rápido avance entre los jóvenes está modificando la forma en la que estos estudian, se relacionan y comunican, así como pasan su tiempo de ocio, permaneciendo gran parte del mismo haciendo uso de estas, pudiendo dejar de ser una actividad de ocio para convertirse en un problema serio de adicción y aislamiento. Es importante indicar que este tipo de actividades no son dañinas para los jóvenes, sino el tiempo prolongado que estos pasan conectados (Basteiro J, Robles A, Juarros J y Pedrosa I, 2013)(10). Un uso incontrolado o inadecuado de estas nuevas tecnologías puede llegar a desencadenar riesgos tales como: síntomas de depresión, trastornos alimenticios y de sueño, aislamiento social, ciberbullying o exponerse a contenidos y relaciones inapropiadas o de riesgo. De igual forma, cabe mencionar que no todos los jóvenes hacen un mal uso de Internet y sus redes, ya que muchos de ellos utilizan ese tiempo para realizar búsquedas que expandan su conocimiento, recopilar información, consultar el correo electrónico y acceder a redes sociales para potenciar sus relaciones personales (Ravichandran D, 2019)(11).

Esta expansión tecnológica ha puesto de manifiesto la necesidad de conocer si su uso favorece o interfiere en el aprendizaje escolar de los jóvenes. A pesar de que los resultados no son todavía concluyentes, algunas investigaciones manifiestan que el uso de estas redes y consumo de Internet en general, puede suponer una desventaja académica, repercutiendo en el rendimiento escolar, debido a que el uso de estas tecnologías puede restar tiempo en actividades escolares, siendo ahí donde podría afectar dicho rendimiento.

En estas investigaciones, se establece que cuanto mayor sea el tiempo que los adolescentes permanezcan haciendo uso de estas plataformas, tendrán mayor riesgo de presentar: falta de motivación al estudiar, la no realización de tareas o deberes o mostrar falta de concentración durante las clases y trabajos de investigación. Además, en algunos casos, puede ocasionar ausentismo escolar, reducción del tiempo de estudio en favor del uso de estos dispositivos con fines puramente recreativos o provocar graves lagunas de concentración al estar conectado en alguna red al mismo tiempo que se estudia o se realiza una tarea escolar, con el impacto negativo que esto supone y llegando a obtener bajas calificaciones o incluso puede provocar alteraciones en su salud mental y aislamiento social (Abdulahi A, Samadi B, 2014)(12).

Muchos jóvenes dedican muchas horas de su tiempo durante la noche a las redes sociales o al uso de videojuegos, entre otros, lo cual repercute en la falta de descanso nocturno, provocando cansancio y falta de concentración al día siguiente durante su jornada escolar y que el nivel de hábitos de estudio sea deficiente. Por lo tanto, un mal uso de estos dispositivos o Internet, no solo influye en su desempeño académico, sino que puede llegar a ser nocivo y afectar también sus inter­acciones personales y sociales.

Las redes sociales y otras tecnologías también tienen usos positivos, estableciendo que la utilización de estos instrumentos tecnológicos puede aportar una gran variedad de oportunidades para el aprendizaje y para la socialización, si son utilizados bajo supervisión y asesoramiento de adultos responsables.

Igualmente, hacen hincapié en la importancia del control y limitación del tiempo para hacer uso de estas. Este control debe ir acompañado de orientaciones por parte de los centros escolares, así como de las familias, que les ayudarán a prevenir riesgos que las distintas plataformas puedan presentar, tanto desde la perspectiva tecnológica y ciberseguridad como los asociados al ámbito social y académico.

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primara es fundamental para la identificación temprana del mayor número de casos de problemas de aprendizaje, ya sean los vinculados al desarrollo de las habilidades de aprendizaje o vinculados a cualquier trastorno del neurodesarrollo, como por ejemplo, los ocasionados por un TDAH, un trastorno del lenguaje, etc. Para ello es importante preguntar a las familias sobre su rendimiento escolar en los controles de salud, derivar al Neuropediatra cuando lo considere oportuno y solicitar una evaluación psicopedagógica en aquellos casos en los que haya una sospecha de dificultades o signos de alarma de trastornos del neurodesarrollo.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Tirapu-Ustárroz J, García Molina A, Ríos-Lago M, Ardila A. Neuropsicología de la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas. Barcelona: Viguera. 2012.

2.** Posner MI. Evolution and development of self-regulation. New York: The American Museum of Natural History. 2008.

3.*** Miranda A, Vidal-Abarca E, Soriano M. Evaluación e intervención psicoeducativa en dificultades de aprendizaje. 2008.

4.* García González MA, González Martínez MT. El niño sobredotado: aspectos psicológicos y educativos. 1997.

5.** Shaw M, Hodgkins P, Caci H, Young S, Kahle J, Woods AG, et al. A systematic review and analysis of long-term outcomes in attention deficit hyperactivity disorder: effects of treatment and non-treatment. BMC Med. 2012; 10: 99.

6.* Pérez Fuentes MC, Álvarez-Bermejo JA, Molero M, Gázquez JJ, López Vicente MA. Violencia escolar y rendimiento académico (VERA): aplicación de realidad aumentada. European Journal of Investigation in Health, Education and Psychology. 2011; 1: 71-84.

7.*** Núñez Hernández C, Hernández del Salto V, Jerez Camino D, Rivera Flores D, Núñez Espinoza M. Las habilidades sociales en el rendimiento académico en adolescentes (Social skills in academic performance in teens) Revista de Comunicación de la SEECI. 2018; 47: 37-49.

8.* Santamaría Villar B, Valdés Muñoz MV. Rendimiento del alumnado de educación secundaria obligatoria: Influencia de las habilidades sociales y la inteligencia emocional. International Journal of Developmental and Educational Psychology. Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores. Badajoz, España. 2017; 2: 57-66.

9.* Mudarra MJ, García-Salguero BI. Habilidades sociales y éxito académico: Expectativas de los profesores de educación secundaria. Revista Española de Orientación y Psicopedagogía. Asociación Española de Orientación y Psicopedagogía. Madrid, España. 2016; 27: 114-33.

10.* Abdulahi A, Samadi B. A study on the negative effects of social networking sites such as Facebook among Asia Pacific scholars in Malaysia. International Journal of Business and social science: Center for promoting ideas, EE.UU. 2014.

11.* Ravichandran D. Impact of social Networking sites usage on students’ performance. Inter­national Journal of research and innovation in social science (IJRISS). Vol. III. 2019.

12.* Basteiro J, Robles A, Juarros J, Pedrosa I. Adicción a las redes sociales: creación y validación de un instrumento de medida. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y Logopedia. 2013; 3: 2-8.

Bibliografía recomendada

- Tirapu-Ustárroz J, García Molina A, Ríos-Lago M, Ardila A. Neuropsicología de la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas. Barcelona: Viguera. 2012.

Nos ofrece una visión de la relación entre las FE y otros procesos cognitivos. Se analizan las consecuencias de las alteraciones de la corteza prefrontal y las FE, y se describen patrones de disfunción ejecutiva en diferentes cuadros clínicos. Se detalla la importancia de la evaluación de estas funciones para llegar a un diagnóstico preciso y la necesidad de una intervención clínica y neuropsicológica para su rehabilitación, dada la influencia de ellas en el desempeño de la vida cotidiana.

- Núñez Hernández C, Hernández del Salto V, Jerez Camino D, Rivera Flores D, Núñez Espinoza M. Las habilidades sociales en el rendimiento académico en adolescentes (Social skills in academic performance in teens) Revista de Comunicación de la SEECI. 2018; 47: 37-49.

Exalta la importancia de los comportamientos prosociales, ya que estos juegan un papel importante en el rendimiento académico de los adolescentes. Se plantea la formación académica, considerando a los estudiantes seres biopsicosociales.

- Miranda A, Vidal-Abarca E, Soriano M. Evaluación e intervención psicoeducativa en dificultades de aprendizaje. 2008.

Obra de referencia que resume los avances en la evaluación e intervención de las dificultades de aprendizaje. Ofrece instrumentos y metodologías para el correcto diagnóstico y tratamiento, y muestra la repercusión de estas en el área: personal, social y emocional de los alumnos.

 

Caso clínico

Varón de 14 años que cursa 2º de la ESO en un Centro concertado. Acude a consulta derivado por su neuropediatra, por presentar: problemas de rendimiento académico, problemas de atención, acoso escolar y aislamiento.

Antecedentes familiares

Tiene dos hermanos, una tres años mayor y otro dos años menor, ambos sin problemas. El padre refiere que cuando él era pequeño le decían que era muy despistado y aún hoy en día lo sigue siendo, tuvo problemas de aprendizaje y no consiguió acabar el bachiller.

Anamnesis

La familia refiere que es muy desordenado, tiene falta de atención, es muy lento con sus tareas, tiene problemas de memoria, lee lento, inventa palabras cuando lee, le cuesta discriminar algunas letras, tiene faltas de ortografía, mala resolución de problemas matemáticos, es poco autónomo y necesita ayuda para planificarse.

En el colegio tiene pedagogía terapéutica (PT) dos veces a la semana y el orientador del colegio recomienda intervención especializada, debido a sus problemas de aprendizaje y emocionales, ya que no está integrado en el aula y existe sospecha de acoso escolar.

Cuestionarios de padres y profesores (Tabla II)

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• BASC. Sistema de evaluación de la conducta de niños y adolescentes.

• Criterios diagnósticos DSM-V. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad para padres y profesores.

• Conners. Para padres y maestros.

• CBCL. Plus Cuestionario para padres-educadores.

• Escala IPE. Inventario de problemas escolares.

• SENA Familia.

• BRIEF-2 Familia.

Evaluación neuropsicológica (Tabla III)

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• RTT. Tiempos de reacción.

• CPT. Atención sostenida.

• SAT. Atención selectiva.

• STROOP. Mecanismos de control inhibitorio.

• WCST (Wisconsin Cards Sorting Test). Flexibilidad cognitiva.

• WISC-V. Escala de Inteligencia de Wechsler para niños.

• MFF-20. Test de emparejamiento de Figuras Familiares.

STAIC. Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo en Niños.

• BDI. Inventario de Depresión de Beck.

Evaluación psicopedagógica individual (Tabla IV)

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• NAC. Nivel de Competencia en Matemáticas

• PROESC. Evaluación de los Procesos de Escritura.

• PROLEC-SE. Evaluación de los Procesos Lectores.

Interpretación diagnóstica (Tabla II-IV)

Tras la exploración instrumental por ordenador de la función atencional y las funciones ejecutivas, se observa que el paciente presenta dos síndromes: síndrome medial o del cíngulo, relacionado con los sistemas atencionales y la motivación, y síndrome dorsolateral vinculado a la flexibilidad cognitiva. Según el enfoque del procesamiento de la información, existe un compromiso severo de los sistemas input, performance y output por las latencias lentas que presenta.

Existe una correlación significativa entre la clínica evaluada y los criterios DSM-V de padres y profesores. El cuadro se define por un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, presentación predominante del déficit de atención (TDAH-I) compatible con la disfunción ejecutiva que presenta.

Tras la aplicación de la batería de evaluación de las estrategias de aprendizaje, el paciente presenta: trastorno especifico del aprendizaje (TA) con dificultades en la lectura, en la precisión de la lectura de palabras y en la velocidad o fluidez de la lectura; TA con dificultad en la expresión escrita, en la corrección ortográfica y claridad u organización de la expresión escrita; y TA con dificultad matemática, en el razonamiento matemático correcto, cálculo correcto o fluido y memorización operaciones aritméticas.

Se observa sintomatología ansiosa y depresiva, tanto en la escala IPE rellenada por los profesores y en la escala SENA rellenada por los padres, así como en las pruebas STAIC y BDI cumplimentada por el propio paciente.

Plan de actuación

Desde el punto terapéutico, se recomienda un abordaje neurocognitivo, psicopedagógico y clínico, que implique la estimulación y/o rehabilitación cognitiva de las FE comprometidas, la intervención sobre las dificultades de aprendizaje que presenta, así como la intervención clínica para tratar los problemas emocionales.

Así mismo, se recomienda la orientación psico-educativa a la familia (desarrollando un programa de orientación específico e individualizado) y, a su vez, coordinación con los profesores y gabinete de orientación del centro educativo donde cursa sus estudios.

 

El entorno y la influencia en la adolescencia: familia, amigos, escuela, universidad y medios de comunicación

M. Pérez Pascual*, M. Salmerón Ruiz**
Temas de FC


M. Pérez Pascual*, M. Salmerón Ruiz**

*Pediatra. Unidad de Medicina de la Adolescencia. Hospital Universitario La Paz. Madrid. **Pediatra. Unidad de adolescencia y Pediatría del Hospital Ruber Internacional de Madrid

Resumen

Si hay una etapa de la vida donde el entorno es determinante, esta es sin duda la adolescencia. Durante la infancia se crea el vínculo con la/las personas de referencia, asentándose las bases de la personalidad y adquiriendo las herramientas para desenvolverse posteriormente. Al llegar la adolescencia, se produce la necesaria “separación” del lecho familiar. En este momento, la opinión y aceptación dentro del grupo de iguales cobra importancia. De estas relaciones, dependerá en gran medida, la autopercepción del adolescente y la forma de relacionarse. Para los adolescentes y jóvenes, la escuela y la universidad son las instituciones donde el conocimiento impartido se valora por encima de otros ámbitos (como la familia, las redes o Internet). La educación equipara a todos los estudiantes, dándoles una formación para enfrentarse posteriormente al mercado laboral. Actualmente, nos encontramos ante la generación de los medios digitales, nacieron inmersos en las tecnologías de la información y la comunicación (TICs). La accesibilidad a multitud de contenidos, la inmediatez, las relaciones a través de las redes, los juegos en línea, etc., ofrecen riesgos y oportunidades. En este artículo se analiza cómo el entorno condiciona la vivencia del adolescente. Se hace una mención a la influencia que está teniendo la actual situación de pandemia por SARS-CoV-2.

 

Abstract

If there is a stage in life where the environment is decisive, this is undoubtedly adolescence. During childhood, the link with the reference person is created, laying the foundations of personality, and incorporating the tools to function afterwards. When adolescence arrives, the necessary “distance” from the family takes place, and the opinion and acceptance within the friend group becomes important. The adolescent’s self-perception and the way he/she relates with others will largely depend on these relationships. For adolescents and young people, school and university are the institutions where the knowledge taught is valued above other areas (such as family, networks or the Internet). Education equates all students, providing them with the training to later face the job market.

Currently, we are facing the generation of digital media, who were born immersed in information and communication technologies (ICTs). Accessibility to a multitude of content, immediacy, relationships through networks, online games, etc, pose risks and opportunities.

This article analyzes how the environment conditions the experience of the adolescent. Mention is made of the influence that the current pandemic situation due to SARS-CoV-2 is having.

 

Palabras clave: Adolescencia; Entorno; Familia; Amigos; Medios de comunicación.

Key words: Adolescence; Environment; Family; Friends; Media.

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 214 – 221

 


OBJETIVOS

• Conocer que el entorno del adolescente determinará cómo este se enfrenta a las distintas situaciones de su vida.

Aprender cómo podemos ayudar a las familias a manejar los conflictos entre padres y adolescentes, fomentando el diálogo y entendimiento entre ambos.

• Conocer cómo los adolescentes se desenvuelven en las redes y medios de comunicación.

• Entender que el sistema educativo obligatorio hasta 16 años en España, hace que los adolescentes pasen la mayoría de estos años bajo este sistema. Sus relaciones en este ámbito terminarán de modelar su personalidad.

• Saber que la aceptación dentro del grupo de iguales será un factor determinante para la autopercepción del adolescente.

El entorno y la influencia en la adolescencia: familia, amigos, escuela, universidad y medios de comunicación

Introducción

La adolescencia es la etapa de la vida donde se logra un importante crecimiento y desarrollo físico y se alcanzan los objetivos psicosociales necesarios en la evolución del joven a la edad adulta. Todos estos objetivos se alcanzan influidos por el entorno donde se encuentra inmerso el adolescente.

Las personas somos seres sociales por naturaleza. La especie humana ha ido avanzando a lo largo de la historia inmersa en sociedades e influida por las relaciones que se han ido produciendo entre las personas que las componen.

La adolescencia comprende más o menos desde los doce hasta los veinticuatro años (desde los 10 a los 19 años según la OMS)(1). La adolescencia es un concepto relativamente moderno, en culturas antiguas se pasaba desde la niñez a la adultez “directamente”. Muchos son los mitos y las creencias falsas de esta etapa, como por ejemplo: “las hormonas disparadas hacen que los adolescentes pierdan la cabeza” o cuando se asevera que esta etapa es un periodo de inmadurez y que los jóvenes solo necesitan madurar o, por último, creer que la adolescencia es un periodo que requiere pasar de la dependencia de los adultos a la total independencia de los mismos.

La familia es el primer núcleo en el que crece el individuo y donde se crean los primeros vínculos padres-hijos (apego). Este primer vínculo, va a marcar el eje de la personalidad del niño y, posteriormente, del adolescente y condiciona sus relaciones futuras. La influencia de los tipos de apego en el comportamiento del adolescente se resume en la tabla I(2).

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Progresivamente, las relaciones con los iguales van cogiendo fuerza, la aceptación dentro del grupo se vuelve prioritaria.

Las instituciones académicas, el colegio, instituto y universidad, ponen a prueba al adolescente. En esta sociedad, el éxito o fracaso en estos ambientes puede hacer que el individuo quede estigmatizado y valorado por las calificaciones obtenidas y no tanto por la valía del mismo. Esto influirá en la autoestima, en la percepción que tienen de ellos mismos, condicionando las relaciones que puedan tener con los demás.

Se propone una reflexión:

• Adolescente que tenga dificultades en el núcleo primario de apoyo (la familia), conflictos entre ellos, descalificaciones, escasa comunicación, junto con relaciones pobres entre iguales, escasa red de amistades, siendo estas superficiales, que hacen que se aísle y se refugie en las redes sociales, y fracaso escolar por desmotivación.

• Adolescente con buena comunicación con sus padres, ambiente honesto en la familia, escucha activa y ayuda a la resolución de conflictos, grupo de amigos estable con buena aceptación dentro del mismo y excelentes resultados académicos que hacen que el adolescente se sienta satisfecho consigo mismo y aceptado dentro de la sociedad.

¿Cuánto ha influido el ambiente en estos dos adolescentes? ¿Qué hubiese pasado si se intercambiaran los adolescentes? ¿Cómo nos hemos sentido nosotros al leer los dos ejemplos? ¿Qué sentimientos surgen? ¿Cómo reaccionar con uno y otro si aparecieran en la consulta?

Con esto se pretende reflexionar cómo el entorno influye en los adolescentes y los adolescentes en el entorno (Fig. 1).

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Figura 1. El adolescente y su entorno.

Otro gran condicionante en los adolescentes es sin duda el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TICs). El smartphone nació en 1994, pero fue en 2007 cuando la salida del primer iPhone impulsó la popularización de los móviles inteligentes. Fue a partir de entonces, cuando se empezó la conexión a Internet desde un pequeño dispositivo que cabía en el bolsillo y que facilitaba el acceso al mundo, siendo difícil para niños y adultos un uso racional. El impacto de las TICs y sus efectos va a ser determinante en el desarrollo de los adolescentes, como veremos más adelante.

En este artículo se analiza cómo la familia, los amigos, la escuela y los medios influyen en el adolescente.

La familia

La familia española ha sufrido en pocas décadas la transformación que otros países tardaron un siglo(3). La inestabilidad que sufren las familias actualmente influye definitivamente en la salud de los adolescentes.

En el último informe del Instituto de Política Familiar (IPF), titulado: “Informe de la Evolución de la Familia en España 2021”, la primera palabra que se encuentra en él es “crisis”. En la tabla II se explican los datos más relevantes de este informe, para entender el contexto familiar en que nos encontramos en España en estos momentos(4).

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Según el mismo, la crisis que sufre la familia es el reflejo de la crisis social. El mismo informe concluye que España es, en la actualidad, una sociedad envejecida, sin niños, con hogares solitarios, menos familias y cada vez más rotas e insatisfechas. Esto se hace más palpable y grave aún, si tenemos en cuenta los efectos adversos que ha tenido la pandemia de la COVID en la sociedad española.

En este contexto es en el que se desenvuelven nuestros adolescentes, de aquí la gran importancia de concienciar a la sociedad y a las familias de la necesidad de acompañar a los jóvenes para no cronificar esta situación.

Tipos de familia

Según la Real Academia Española (RAE), la definición de familia en la primera acepción que aparece es: “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. Las familias pueden estar emparentadas de diferentes formas y motivos. Los tipos de familia que podemos encontrar en nuestra sociedad se describen en la tabla III(5).

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Además, se dan otras situaciones que cada vez están siendo más comunes. El incremento de la edad de la mujer a la hora de decidir ser madre, hace que en muchas ocasiones se necesitan óvulos de donante e inseminaciones in vitro; además, en algunos países, la maternidad subrogada está permitida, la utilización de semen u óvulos de donantes para evitar enfermedades genéticas, etc. Todas estas circunstancias hacen que aparezcan nuevos tipos de familia.

No todos los grupos de familias y situaciones mencionadas anteriormente son aceptadas por igual dentro de la sociedad. Inicialmente, al niño le interesa crear un vínculo afectivo con el adulto de confianza, pero cuando llega a la adolescencia y empieza a entender cuál es su situación, comienzan los problemas entre padres e hijos. Suele pasar que a los adolescentes se les mantiene al margen de las decisiones de los adultos, manteniendo temas “tabú” o “secretos de familia”. Esto hace que la desconfianza del adolescente hacia el progenitor aumente y con ella la frustración y la irritación que mostrará el joven.

Familias funcionales y familias disfuncionales

Dependiendo de las características de la familia, estas pueden ser más propensas a generar conflictos entre los miembros que la componen. Puesto que la familia es la unidad básica en la que crecemos, una familia funcional promoverá el desarrollo adecuado de sus miembros, permitiendo que cada uno despliegue su individualidad. Una familia disfuncional creará un ambiente tóxico que discapacitará intelectual o emocionalmente a sus miembros e incluso puede convertirse en el caldo de cultivo donde proliferan diferentes trastornos psicológicos.

Características de las familias funcionales(3,6)

• Las familias funcionales cumplen de manera eficaz su función económica, estando cubiertas las necesidades básicas.

• Las tareas del hogar están repartidas equitativamente, no se sobrecarga a una persona sola con todos los deberes.

• Se potencia el sentido de pertenencia a la familia y, a la vez, se estimula la identidad personal y la autonomía de cada uno de sus miembros.

• Coexisten límites claros junto con un margen de tolerancia, de manera que no surgen conflictos familiares constantemente. Existe coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

• A pesar de que existen reglas y roles bien definidos, ante la presencia de problemas familiares, existe cierta flexibilidad que facilita llegar a acuerdos y soluciones enfocados en el bienestar familiar.

• Existe una repartición adecuada de los niveles de jerarquía. La jerarquía entre los padres es horizontal, de manera que ambos tienen el mismo poder en el hogar, pero ejercen una jerarquía vertical sobre sus hijos, que les permite establecer normas y hacerlas cumplir.

• Comunicación clara, donde todos los miembros puedan expresar lo que piensan y sienten de manera asertiva y sin dañar a los demás.

• Cada miembro se siente aceptado en el seno de la familia, donde encuentra una fuente de seguridad emocional.

• La familia crece a la par de sus miembros, de manera que los errores cometidos son experiencias de aprendizaje que los fortalecen.

• Ante una crisis, la familia es lo suficientemente flexible como para adaptarse a las circunstancias, aunque ello requiera un cambio en las reglas o los roles.

Características de la familia disfuncional(6)

• Se promueve una dependencia excesiva de algunos de sus miembros, lo cual limita su crecimiento y desarrollo personal. Se trata de familias sobreprotectoras que generan en sus miembros inseguridad y dependencia.

• Se establece una relación demasiado abierta, de manera que se anulan los sentimientos de pertenencia familiar. Suele ocurrir en familias demasiado permisivas, que terminan generando una sensación de desarraigo en sus miembros.

• No existen reglas y límites claros, de manera que sus miembros no saben cuáles son sus deberes y derechos. Como resultado, un miembro, suele verse sobrecargado por las exigencias desmedidas de los demás.

• No se respeta la distancia generacional y se invierte la jerarquía de poder, de manera que los padres se subordinan al niño, quien termina convirtiéndose en un pequeño tirano. También puede ocurrir que los padres confundan la jerarquía con el autoritarismo, impidiendo a los hijos dar su opinión.

• En la base de los hogares disfuncionales suele haber problemas de comunicación. Sus miembros no se sienten cómodos expresando sus sentimientos o ideas, de manera que los reprimen o expresan a través de indirectas que activan comportamientos defensivos. De esta manera, los mensajes no quedan claros y originan nuevos problemas familiares.

• Tienen roles y patrones de comportamiento demasiado rígidos que les impiden adaptarse a los cambios.

• Falta de empatía. En la familia no se satisfacen las necesidades básicas de aceptación y afecto. Algunos miembros pueden sentirse incluso rechazados.

• Existe un escaso nivel de tolerancia, de manera que se termina culpabilizando a uno de los miembros y dándole un trato injusto.

• Se practican comportamientos dañinos como la humillación, el desprecio o la falta de respeto.

• Existen patrones de manipulación emocional a través de los cuales se pretende controlar a los miembros de la familia.

Conflictos

Las diferencias entre padres y adolescentes son inevitables y, en cierta medida, necesarias, el problema radica en la forma en la que se abordan estas discusiones. Si el diálogo y el respeto están presentes, los conflictos pueden ser una oportunidad de crecimiento personal y familiar.

Independientemente del tipo de familia y del grado de funcionalidad de esta, los conflictos entre los padres y los adolescentes son una constante. La forma en la que se resuelvan va a influir en cómo afronte el adolescente sus problemas futuros en los distintos ámbitos. Los conflictos que más frecuentemente se producen en el entorno familiar están relacionados con: la organización y distribución de las tareas domésticas, mantener el cuidado de las pertenencias individuales del adolescente (cuidado de su habitación), la imagen (cómo lleva el pelo, forma de vestirse, etc.), la economía propia del adolescente (la paga y la gestión de los gastos), el uso de la tecnología (en tiempo y calidad), los temas relacionados con el estudio/trabajo (deberes, organización), horarios en general (acostarse, salidas), hábitos de salud (alimentación sueño, consumo de tóxicos), relaciones sociales (amistades, pareja) y, por último, valores (política, extremismos). En la tabla IV se resumen una serie de habilidades para resolver los conflictos diarios entre padres y adolescentes.

tabla

Escuela y universidad

La educación es uno de los elementos primordiales para el avance social y el desarrollo de la personalidad de los individuos. Como tal, constituye un derecho fundamental en la Constitución española y un derecho humano básico.

La educación de un país da la oportunidad de igualar a todos los individuos de la sociedad. Todos los niños y jóvenes deberían tener las mismas oportunidades de estudio. Por eso, se establece una enseñanza obligatoria y, a partir de esta, cada joven puede decidir su camino profesional.

En España, actualmente, la enseñanza obligatoria es hasta los 16 años. Hasta entonces, niños y adolescentes permanecen una media de 7 horas dentro del ámbito académico. Salta a la vista la gran repercusión que tanto el colegio como el instituto van a tener en la vida de la persona. La educación en sí misma no garantiza el éxito, pero sí facilita la adquisición de algunas metas.

En el informe de Juventud en España de 2020(7), se analiza la situación de la educación en la juventud española actualmente. A continuación, se comentan los datos más destacados:

• Importante abandono escolar. En 2010, la tasa de jóvenes españoles que salieron de manera precipitada de las escuelas fue del 28,2%, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Esta tasa se ha ido reduciendo, siendo del 17,3% en el año 2019 de acuerdo con la misma fuente. Aun así, España sigue a la cola de los países de nuestro entorno. Este abandono, alcanza el 21,4% de varones en edades más tempranas.

• En los últimos años, han aumentado el número de adolescentes y jóvenes que ni estudian ni trabajan, los llamados “ninis”. España es uno de los países europeos donde este problema se está cronificando. Si se analiza por sexo, son las mujeres jóvenes donde predomina este perfil.

• Perfiles de la vida educativa y laboral. Se pueden reconocer tres perfiles, primero hasta los 18 años, la práctica totalidad son estudiantes. Desde los 18 hasta 23 años, aunque la mayoría sigue estudiando, una proporción considerable empieza también a tener sus primeras experiencias laborales. A partir de los 23 años, el grupo más numeroso pasa a ser el de los que se dedican exclusivamente a trabajar.

• Determinantes individuales de la formación. Aunque los factores que influyen en el desempeño formativo son muchos y de muy diversa índole, se pueden esbozar tres categorías. La primera se refiere a aspectos sociodemográficos como: familia, género, orientación sexual, ubicación geográfica o raíces foráneas. La segunda categoría tiene que ver con la personalidad, es decir, esos rasgos psicológicos estables que determinan que los individuos actúen de manera distinta en una determinada circunstancia. Por último, una tercera categoría la conforman aspectos del estilo de vida, como: interés por la lectura, videojuegos, ocio nocturno o deportes, que a menudo se intercalan con el mundo de los estudios.

Impacto de la pandemia por SARS-CoV-2 en el sistema educativo

La digitalización de la escuela y la universidad lleva unos años abriéndose paso, pero ha sido durante la pandemia cuando la tecnología se ha hecho presente con contundencia. La necesidad de mantener el curso académico en la distancia ha apresurado que, tanto el personal docente como el alumnado, se hayan adaptado a las clases on line, los vídeos tutoriales, los exámenes digitales, los famosos “webinar”, es decir, charlas a través de la web, etc. Toda esta digitalización, que ha sido necesaria y que ha abierto tantas posibilidades, no ha sido igual para todos los alumnos. Muchas familias no tenían este acceso a Internet, por no disponer de dispositivos adecuados, tener un ordenador para varios miembros de la familia o carecer de conexión a la red. Por lo tanto, se ha abierto una brecha social en este sentido. También ha provocado que en este tiempo haya aumentado el tiempo de ocio en la red.

Medios de comunicación

La interrelación de los adolescentes y los medios de comunicación es cada vez más constante. El impacto en la forma que tienen muchos jóvenes de percibirse a sí mismos y relacionarse con los demás, está condicionado a su rol en las redes sociales.

La generación actual de niños y adolescentes está inmersa en un entorno digital. Los medios tradicionales, como la televisión, la radio y las publicaciones periódicas, se han complementado con nuevas tecnologías digitales que promueven la participación interactiva y social, y permiten a los usuarios el acceso instantáneo al entretenimiento, la información y el conocimiento, así como al contacto social y la publicidad(8).

Los medios poseen una enorme capacidad de influencia en el cambio y/o asentamiento de hábitos, patrones y conductas. En muchas ocasiones, la imagen de la juventud que se proyecta en los medios de comunicación está distorsionada, por ejemplo: la manera en que aparecen en los medios de comunicación, el tipo de informaciones que protagonizan en los informativos, la caracterización de los personajes juveniles en las series de ficción y otros contenidos de entretenimiento, el peso que tienen en los medios, etc. Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, redactaron un documento de referencia que sirve a los profesionales de los medios para abordar, desde el punto de vista de su tratamiento informativo, la realidad juvenil(9).

Los medios de comunicación no son los únicos responsables de haber construido una representación social de los adolescentes y jóvenes relativamente alejada de la realidad, pero sí contribuyen a recogerla, en ocasiones, amplificarla y, en cualquier caso, a darle carta de naturaleza “verdadera”.

Los jóvenes viven plenamente integrados en una cultura audiovisual que marca su día a día. Muchos estudios se centran en cómo el cerebro adolescente, aún en desarrollo, procesa el uso de los medios. Crone y Konijn concluyen que “los sistemas neuronales que están asociados con los comportamientos importantes para el uso de las redes sociales, incluido el procesamiento de recompensas sociales, el procesamiento basado en emociones, la regulación y la mentalización, destacan sobre otras regiones cerebrales. Dado que estos sistemas neuronales aún están subdesarrollados y experimentan cambios significativos durante la adolescencia, pueden contribuir a la sensibilidad al rechazo, la aceptación, la influencia de los compañeros y las interacciones cargadas de emociones en los medios y entornos en línea”(10).

El crecimiento de las plataformas de medios interactivos y su rápida adopción por parte de los jóvenes es una indicación del potencial convincente que tienen las herramientas de medios sociales.

Los adolescentes usan las redes sociales para iniciar y mantener amistades, proporcionando un buen foro para practicar habilidades relacionadas con el desarrollo de la identidad, como el autoconcepto(11).

Aunque la mayoría de los adolescentes informan que las redes sociales son una contribución positiva a sus vidas, se han documentado asociaciones negativas con las redes sociales en la literatura de investigación. Estos incluyen: ciberacoso, depresión, ansiedad social y exposición a contenido inapropiado para el desarrollo(12).

Por otra parte, una alta proporción de jóvenes se involucra en el uso intensivo de teléfonos inteligentes y en la multitarea de los medios, con la consiguiente privación crónica del sueño y efectos negativos en el control cognitivo, el rendimiento académico y el funcionamiento socioemocional(13).

Por lo tanto, para los adolescentes de hoy, que no han conocido un mundo sin redes sociales, las interacciones digitales son la norma. Los beneficios potenciales del acceso en línea para una salud mental adecuada, un acceso a la información, la creatividad, la autoexpresión, el sentido de pertenencia y el compromiso cívico, han de tenerse en cuenta a la hora de hablar de medios de comunicación en jóvenes y adolescentes.

Otro debate del que se tienen hipótesis, pero escasas conclusiones, es el que pretende objetivar cuáles serán las modificaciones cognitivas que van a suponer el paso de una cultura basada en la escritura a una cultura multimediática. Alguno de los impactos predecibles sobre las nuevas generaciones digitales los desarrolla Begoña Gros en la revista de estudios de juventud(14), de los cuales destacamos:

• Aumento de la experiencia en procesar información más rápidamente que sus predecesores.

• Mayor capacidad de procesamiento en paralelo, que conlleva a una atención más diversificada y, probablemente, menos intensa y centrada en un único aspecto.

• Importancia de la inteligencia visual y de cómo esta se está desarrollando de una forma mucho más importante a partir de la televisión, el cine y, por supuesto, de los multimedia.

• Ha experimentado un medio no lineal de aprendizaje. El uso de los hipertextos, del acceso a diversas partes de la pantalla de los juegos o los multimedia educativos, así como la navegación por Internet, han introducido a los niños y jóvenes a una forma de organización de la información totalmente diferente a la utilizada en la escritura.

• Conectividad en red. Esta nueva generación tiende a pensar de forma diferente cuando se enfrenta a un problema. Las formas de acceso, búsqueda de información y comunicación se realizan a partir del uso de las TIC.

Inmediatez. Es lo que han aprendido al tener acceso instantáneo a diversas fuentes. Rara vez se lee un manual a la hora de comenzar un videojuego. Incluso prefiere la pregunta directa al profesor que buscarlo en el texto.

• La orientación a la resolución de problemas va encaminada al “ensayo-error”, sin detenerse en la planificación inicial.

• Las nuevas generaciones mantienen una visión positiva de la tecnología. Crecen usando las TIC y, por este motivo, ni les son extrañas ni tienen una visión negativa, tal y como, a veces, sucede entre los adultos.

Los amigos

Es en la adolescencia donde las relaciones de amistad son determinantes para el crecimiento personal del individuo. La aceptación en el grupo de amigos, condicionarán la autoestima y las relaciones futuras.

Cuando el niño ha formado su personalidad infantil según sus vivencias familiares, con todos los condicionantes a los que nos hemos referido previamente, llega la segunda década de la vida, el inicio de la adolescencia y el inicio de la evolución hacia su propia personalidad. El adolescente utiliza las herramientas aprendidas en la infancia para iniciar nuevas relaciones, esta vez con sus iguales.

Inicialmente, el grupo de amigos es numeroso, así se van probando unos a otros para progresivamente juntarse en núcleos más pequeños, con los amigos “de confianza”.

En esos grupos, la personalidad de cada uno se va dando a conocer, son capaces de compartir sus miedos, sus inquietudes, sus ilusiones y sus metas. El refuerzo positivo que se obtiene potencia la autoestima y la fuerza con la que el joven abordará sus inquietudes.

El pertenecer a un grupo no siempre es fácil, y pueden sentirse en soledad. Se han separado de los padres y no hay nadie que “les de la mano”. Esta sensación percibida, no siempre tiene una base real, pero es capaz de ir destruyendo al adolescente y joven hasta hundirse en la desesperanza.

Los motivos de la discriminación pueden ser por cuestiones de: género, clase social, etnia, discapacidad, forma de vestir, etc.

¿Cómo ha influido la pandemia por SARS-CoV-2 en la forma de pensar de los adolescentes?

El estudio general sobre juventud de la Fundación SM “Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia”(15), realiza una completa investigación que recoge la realidad de chicos y chicas de entre 15 y 29 años, en un contexto marcado por las consecuencias sanitarias y socioeconómicas de la COVID-19. En la tabla V se resumen las conclusiones más destacables.

tabla

 

Función del pediatra de Atención Primaria. Factores de protección y riesgo para una buena salud integral del adolescente

El pediatra de Atención Primaria es el profesional que conoce la evolución del niño y posterior adolescente. Desde esta posición de cuidados longitudinales, el pediatra puede detectar precozmente aquellos factores negativos modificables del individuo, activando las herramientas necesarias para solventarlos, así como potenciar los factores de protección(16).

Factores de protección

• Buen sentido del humor.

• Buenas habilidades sociales o relaciones de amistad.

• Relaciones estrechas con uno o más miembros de la familia.

• Logros personales valorados socialmente.

• Nivel de inteligencia normal-alto.

• Práctica de algún deporte o actividad física.

• Participación en clubes escolares/sociales o en voluntariado.

• Poseer creencias y prácticas religiosas, espiritualidad o valores positivos.

Factores de riesgo

• Biológicos: genéticos, sexo femenino, edad post-puberal y problemas crónicos de salud.

• Psicológicos: trastornos psíquicos, orientación sexual, temperamento, afectividad negativa y otros estilos cognitivos.

• Familiares: trastorno mental en los padres, conflictos en las relaciones familiares, estilos educativos negativos, maltrato y abuso.

• Sociales: problemas escolares, dificultades en las relaciones con iguales, acoso (bullying) y otras circunstancias adversas.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Salud del adolescente. Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/es/health-topics/adolescent-health#tab=tab_1.

2. Horno Goicoechea P. Apego y adolescencia: Narrándose en el espejo de los otros. Adolescere. 2014; II: 19-28.

3. Rodríguez Molinero L. El adolescente y su entorno: familia, amigos, escuela y medios. Pediatr Integral. 2017; XXI: 261-9.

4. Informe de la Evolución de la Familia en España 2021. Disponible en: http://www.ipfe.org/Espa%C3%B1a/Documentos/IPF.

5. Ochando Perales G, Eddy Ives LS. La familia actual: tipos. Conflictos y resolución. En: Medicina de la Adolescencia. Atención integral 3ª edición. Cap. 9; p. 69-75.

6. Herrera PM. La familia funcional y disfuncional, un indicador de salud. Rev Cubana Med Gen Integr. 1997; 13: 6.

7.** Informe Juventud en España 2020. INJUVE.

8. Reid Chassiakos YL, Radesky J, Christakis D, Moreno MA, Cross C; Council on Communications and Media. Children and Adolescents and Digital Media. Pediatrics. 2016; 138: e20162593. DOI: 10.1542/peds.2016-2593. PMID: 27940795.

9. Pestaña B, Sánchez Rueda M, Sanmartín A. Jóvenes y medios de comunicación: El desafío de tener que entenderse. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fad. 2014. DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.3677134.

10. Crone EA, Konijn EA. Media use and brain development during adolescence. Nat Commun. 2018; 9: 588. DOI: 10.1038/s41467-018-03126-x.

11. Uhls YT, Ellison NB, Subrahmanyam K. Benefits and Costs of Social Media in Adolescence. Pediatrics. 2017; 140: S67-S70. DOI: 10.1542/peds.2016-1758E. PMID: 29093035.

12. Subrahmanyam K, Smahel D. Digital Youth: The Role of Media in Development. New York, NY: Springer. 2011.

13. Abi-Jaoude E, Naylor KT, Pignatiello A. Smartphones, social media use and youth mental health. CMAJ. 2020; 192: E136-E141. DOI: 10.1503/cmaj.190434.

14. Gros Salvat B. Pantallas y juegos: de la observación de modelos a la participación. Rev Juventud. 2005; 68: 61-72.

15.** González-Anleo JM, Ballesteros JC, Megías Quirós I, Pérez A, Rodríguez San Julián E. Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia. Fundación SM. Disponible en: https://www.fundacion-sm.org/jovenes-espanoles-2021-ser-joven-en-tiempos-de-pandemia/.

16. Grupo de trabajo de la actualización de la Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Actualización. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Unidad de Asesoramiento Científico-técnico. Avalia-t; 2018. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

Bibliografía recomendada

– El adolescente y su entorno. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Editores: Hidalgo Vicario MI, Rodríguez Molinero L, Muñoz Calvo MT. 3ª ed. Ergon S.A.; 2021; 9-16: 69-121.

En estos capítulos se hace una revisión exhaustiva del entorno del adolescente. Se divide en capítulos en los que se aborda: familia, ámbito académico, medios de comunicación, adolescente inmigrante y adolescente en acogimiento, entre otros.

Informe Juventud en España 2020. INJUVE.

El objetivo de este informe es presentar una radiografía general de la situación de las y los jóvenes españoles, teniendo en cuenta su enorme heterogeneidad. Describe la situación de la educación, del empleo, la emancipación, los intereses de los jóvenes y actitudes con respecto al ocio, a la sexualidad, a la igualdad de género y al cambio climático.

– González-Anleo JM, Ballesteros JC, Megías Quirós I, Pérez A, Rodríguez San Julián E. Jóvenes Españoles 2021. Ser joven en tiempos de pandemia. Fundación SM. Disponible en: https://www.fundacion-sm.org/jovenes-espanoles-2021-ser-joven-en-tiempos-de-pandemia/.

Esta investigación analiza de manera exhaustiva la realidad de las personas jóvenes en España, en un contexto global marcado por las consecuencias sanitarias y socioeconómicas de la pandemia provocada por la COVID-19. Mantiene líneas de investigación como: valores, espiritualidad, integración político-social, cultura y ocio, e incorpora nuevos temas que se están situando en el centro de los principales intereses y preocupaciones del colectivo joven y de los profesionales que trabajan a su lado. Entre estos destacan: (perspectivas de futuro sobre la formación y el empleo, actitudes con respecto a la igualdad de género y la diversidad o el impacto de la tecnología en las relaciones y los hábitos de consumo de la información.

 

Caso clínico

Acude a consulta de adolescencia un chico de 13 años (Daniel), por “fracaso escolar y alteración de la conducta”. Cuando analizamos el entorno en el que se encuentra nuestro paciente, nos encontramos con los siguientes determinantes:

Familia: madre soltera, el padre se mantuvo distante durante el embarazo y le abandonó tras el nacimiento. Los padres eran de distinta nacionalidad y el niño tiene nombre compuesto español-árabe. Conviven con los abuelos maternos, que son los que se encargan del cuidado del niño durante la infancia, mientras la madre trabaja. Los abuelos no tienen conocimientos tecnológicos y Daniel no tiene ningún control en el uso de las TICs. En casa está la mayoría del tiempo solo, cada uno en casa “está a sus cosas”.

Amigos: en el colegio tenía un amigo, este era tranquilo y no se metía en problemas. Con su paso al instituto, Daniel decide ampliar el grupo de amistades. Comienza a quedar con varios grupos, conoce gente que consume tóxicos (aunque él niega probarlos), comienza a “meterse en líos”, echa pintura en la puerta de un garaje, roba pequeños enseres en alguna tienda, etc. Comienza a salir todas las tardes.

Escuela: en primaria era buen estudiante, aprobaba sin problemas sacando notables y sobresalientes. Buen comportamiento. El primer año de secundaria suspendió todas las asignaturas en el primer y segundo trimestre y las recuperó todas al final del año. Le ponen partes por faltas de respeto a los profesores. Desde el instituto les derivan al Centro de Atención a la Familia (CAF) de servicios sociales. En ese momento fue cuando le derivaron a nuestra consulta.

Medios: se crea una cuenta de Instagram a través de la cual conoce a gente del barrio y habla con sus nuevos amigos. Pasa unas 5 horas al día conectado a las redes. Juega a juegos en línea en la consola con los amigos, estando 2-3 horas al día.

Como se puede observar en este caso, la derivación por “fracaso escolar y alteración de la conducta” está completamente influenciado por el entorno y es aquí donde tendremos que intervenir.

 

Adolescence. Epidemiological situation. Most frequent pathology. Transition

M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**
Topics on
Continuous Training


M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**

*Pediatrician. Doctor in medicine. Accredited in Adolescent Medicine. Former president of the SEMA. Madrid. **Pediatrician. Doctor in medicine. Accredited in Adolescent Medicine. La Marquesina Medical Center. Valladolid

Abstract

The stage of adolescence becomes socially relevant in industrialized countries after World War II and is linked to social progress more than any other stage of life. In industrial and consumer societies there is great interest in studying and understanding the events that take place in adolescence, from physical to mental and social changes. Adolescents suffer from diverse pathologies, many of which are related to their risk behaviors. There has been a switch in relation to chronic diseases due to medical advances, whereby infant mortality has been reduced and thus, life expectancy increased, even into adulthood. The main causes of death are preventable. All the pathologies and risk factors avoided or corrected during this period will lead to healthier adults in the future. The difficulties and care failures that occur when the adolescent grows up and starts to be looked after by other professionals have been verified. Guidelines and protocols to facilitate the process of transitioning care from the pediatrician to the adult physician are suggested. Strategies to improve the health of adolescents proposed by various international organizations are also presented.

 

Resumen

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. En las sociedades industriales y de consumo, existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Las principales causas de muerte son evitables. Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro. Se han constatado las dificultades y los fallos asistenciales que se producen cuando el adolescente crece y pasa a ser atendido por otros profesionales. Se sugieren pautas y protocolos para facilitar el proceso de transición del cuidado del pediatra al médico de adultos. Diferentes organismos internacionales proponen estrategias para mejorar la salud de los adolescentes.

 

Key words: Adolescent; Adolescent epidemiology; Adolescent health; Care transition.

Palabras clave: Adolescente; Epidemiología del adolescente; Salud del adolescente; Transición del cuidado.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 200 – 213

 


OBJECTIVES

• To update the knowledge about adolescence nowadays. The concept of adolescence as a social phenomenon changes with ideologies, values, care plans and demographic data.

• To define which theories are more powerful in terms of understanding the psychology of adolescents and their
behaviors.

• To analyze the epidemiological situation worldwide and in Spain: mortality, morbidity, reasons for consultation and causes of hospital admission.

• To understand why the health of adolescents deteriorates and how their health assistance is provided in our country.

• To know how “the transition” process from the various care levels should be carried out to achieve higher efficiency.

• To describe the strategies of world organizations to deal with “adolescence as an age of risk”.


 

Adolescence. Epidemiological situation. Most frequent pathology. Transition

Introduction

The stage of adolescence takes on social relevance in industrialized countries after World War II and is linked to social evolution more than any other stage of life.

The RAE Dictionary (Royal Academy of Spanish language) defines adolescence as the stage between childhood and adulthood. Etymologically, it comes from adolescere and its present participle adolescens, which means growing and developing. This definition encompasses the two most decisive characteristics of this stage: growth and development.

The division of life into ages comes from ancient times. Already in the Corpus Hipocraticum, the different stages of life mentioned: infancy, childhood, youth, adulthood and old age. The limits are imprecise. Charlotte Bühler in the 19th century, admitted that there were some critical stages in life, when it is not about chronological age, but about the way to carry out that “step”. That would be the first concept of adolescence, as we understand it today.

The stage of adolescence takes on social relevance in industrialized countries after World War II. The economic, sociological and cultural changes conditioned the delay of the incorporation of the adolescent to adult life. At the same time, the advancement of biological phenomena progressively increases this imbalance. The emergence of competitiveness, consumption, and welfare society have contributed to the raise of problems, previously unknown.

Adolescence is linked to social progress more than any other stage of life. When life expectancy was short, adolescents were the successors of the family, they had to assume responsibility early on. They were a cheap, docile and efficient workforce. They were traditionally used for military purposes. They have oftentimes been the object of abduction by ideological groups, sects, minorities… In no other stage of existence does social life influence so much as in this one, and the example that best demonstrates this, is the influence of temporary fashions and how much they are suffering in the current COVID pandemic, with the significant increase in psychological problems and suicide attempts.

There are many ways to “get through” adolescence. That is why we speak of “adolescences”. However, we are still far from achieving a society tailored to adolescents. Until there is a stable and balanced economy, educational plans made for each group of adolescents, communicative family dynamics and adequate health care, adolescence will continue to exist as a social risk group.

In our traditions there are numerous examples of rites, festivals or ceremonies for the passage from childhood to a mature age, which differ based on the meaning that adolescence had in each period of time.

In our western culture, we find traditional stories that try to clarify the mysteries of the cycles of life, for example, in classical mythology. Classical myths represent the events that take place in adolescence, as if the historical unconscious anticipated what has subsequently been analyzed in a more scientific way. In this sense, there are numerous myths, such as: Adonis (“an extremely attractive young man, often also vain”), Persephone (“an innocent maiden, a mother’s sorrow for the kidnapping of her daughter and the joy at her return; the explanation of natural processes, with the departure and return of the goddess causing the change of season”), Artemis (“virginity; the goddess who brought and also relieved women’s diseases”), Aphrodite (“goddess of beauty, sensuality and erotic love”), Narcissus (“unable to love another person because he loved himself too much”) or Cupid (“god of love and desire”). Could it be considered that these aspects are consubstantial with the life course of men? Isn’t adolescence the concentration of all those vicissitudes of the human being?(1).

Adolescence begins with puberty and has an indeterminate end, as this has been prolonged in recent years due to the greater time that the young person invests in his/her training. There is no consensus among authors about the ages it comprises. The World Health Organization (WHO) places it between 10 and 19 years, although some organizations, such as the American Pediatric Association, consider that this period extends to 21 years of age. Given that it is a stage of development and that it extends around 10 years, it seems obvious to think that there will be differences throughout its course, which is why three stages have been defined, that overlap each other: up to 13 years, the early adolescence; from 14 to 17, middle adolescence; and from 18 to 21 years of age, late adolescence. This classification is illustrative and relative, as it varies with ethnicities, cultures and geographical location. 

Adolescence is, therefore, a stage of rapid, extensive, very significant and determining changes. It is an evolutionary crisis with constant personal, family, academic and social adaptations and readaptations. Culturally, it develops into an “unlimited” consumption offer, with a loss of the educational and protective role of parents; on many occasions, with uncertain future horizons, in a society that overstimulates and excites the population and that, on many occasions, denies education and assistance (López, 1999). Adolescence, as a social phenomenon, is not analyzed from the point of view of physiological changes, but by its evolutionary psychological traits, its search for identity, its desire to find a place in the world and the influence of trending fashions and values. The western world of consumption, industry, marketing and production, create traps and generates frustrations and hopelessness for which, biologically, adolescents are less prepared(1).

Theories about adolescence

In industrial and consumer societies there is much interest in studying and understanding what happens in adolescence, from physical to mental and social changes.

In the mid-nineteenth century, Psychology rose as an autonomous discipline. Later, Child Psychology appeared in Germany, Comparative Psychology in England and Adolescent Psychology in the USA. Relevant authors who have been concerned with the study of adolescence include: Stanley Hall, Gesell, Freud (psychosexual development), Rank, Sullivan, Erikson, Blos, Spranger, Piaget (cognitive structures), Remplein (structural synthesis), Lewin (typological theory), Malinosky, Margaret Mead (Anthropology), Bandura (social learning), etc.

In industrial and consumer societies there is much interest in studying and understanding what happens in adolescence, from physical to mental and social changes. There are many ways to explain everything that happens at this stage. We are going to focus on those theories that have had the greatest diffusion and influence(2).

Psychoanalytic approach

The changing body of the adolescent is subject to conflicting emotions that generate confusion. There is a tension between the body and the mind that takes time to understand. The young child who wants to be attended and cared for becomes the adolescent who claims his space and the right to decide, sometimes showing contempt for his parents. These situations are related to psychological functioning. Some authors emphasize the evolution of the child’s sexuality in transition to adulthood and others point to, as a priority, the mourning that occurs due to past childhood.

Cognitive-evolutionary approach. Piaget’s theory

Adolescence is seen as a transition period in which important cognitive changes occur. Fundamentally, formal thinking is accessed (solving difficulties and reasoning functions). According to Piaget, adolescents reach the highest level of cognitive development (formal operations), when they reach the capacity to produce abstract thought. It gives them new and more flexible ways to use information. The ability to produce abstract thought has emotional implications. Now “the adolescent can love freedom and hate exploitation. The possible and the ideal captivate the mind and the feelings”.

Psychosocial development in adolescence

• For Elkin, adolescent thinking contains traits of immaturity reflected in: the tendency of constant discussion in an attempt to affirm their ideas; the insecurity that leads them to indecision, to finally adopt unmeditated and impulsive postures; feeling like they are the center of the world; wishing to be taken into account; the desire to attract attention, believing that they are unique, as if the rules of others did not affect them and, consequently, thinking that no one feels like them.

• For Erikson, the search for identity (understood as the awareness of knowing who one is), is the main task during the adolescent years. Knowing one’s own identity makes the adolescent feel unique and different from all the others. The identity is formed by modeling and imitation, but also by their own modifications that derive from their knowledge, ideas, thought and education. Identity confusion is a risk that can last into adulthood. Adolescents consolidate their sense of personal, sexual and social identity, building a positive or negative theory about themselves, which will have a decisive importance for the rest of their lives, since self-esteem and the feeling of ability to manage their own lives autonomously, responsibly and effectively are based on it.

Bandura’s theory of social learning. Our brain is programmed to learn and from an early age one of the most powerful methods of learning is modeling or imitation. Throughout their family, school or social life, adolescents tend to imitate what they like, and more so if it is positively reinforced. Industrial and consumer societies exert a great influence on the learning of adolescents. Therefore, the people who most influence adolescents may be public, famous or successful figures.

Cultural mistreatment (F. López). Socially prolonged adolescence is a cultural creation. Industrial societies produce this social prolongation of adolescence, either because they can afford it, extending compulsory schooling, or because if they are in crisis they cannot offer work to a good part of adolescents. From the social point of view, adolescence should entail a certain degree of autonomy of the young person from his family in numerous aspects of life: the bond of attachment continues to be fundamental, but with less need for proximity and family presence.

Epidemiological situation of adolescence

In 2016, in the world, there were 1,800 million adolescents and young people between the ages of 10-24. There is growing inequality and greater challenges for the health of today’s young people than those that this same group had to face 25 years ago.

Adolescence, from the point of view of public health, is a stage to which attention must be paid, not only in industrialized countries, but in all others. In 2011, the Lancet journal published a study on mortality by age groups of 5 years, from birth to the end of adolescence. The conclusions, among others, were: death rates in 15-year-olds are higher than in those under 10 in high-, middle-, and low-income countries, and most deaths are caused by injuries. These data highlighted the importance of investing in preventive health measures in adolescents throughout the world.

In the world, according to data from 2016, there were 1,800 million adolescents and young adults, between 10-24 years old, which constitutes a third of the world population. There is a growing inequality and greater challenges for the health of today’s young people than those that this same group had to face 25 years ago(3,4).

From 1990 to 2021(5,6), there have been notable changes in adolescent health. A decline in the burden of disease in many countries has been offset by growth in the adolescent population in poorer countries. Overweight, obesity and anemia have increased. Child marriage is prevalent, with an estimated 66 million women between the ages of 22 and 24 being married before the age of 18. Although globally, there is gender parity in secondary school completion, the prevalence of NEETs –youth without education, employment or training– remains higher for young women in multiburden countries, suggesting few opportunities to enter the labor market.

According to WHO data in 2021(6): half of all mental health disorders in adulthood begin before the age of 14, but, in most cases, they go undetected and untreated. Substance abuse affects young people disproportionately compared to older people. The fact of starting substance use early is associated with a higher risk of falling into dependencies and other problems during adult life. Globally, 43 out of every 1,000 girls between the ages of 15 and 19 give birth each year.

The global burden of disease has changed little since 1990 and the prevalence of many adolescent health risks has increased(6,7). Health, education, and legal systems have not kept pace with the changing needs of adolescents and changing demographics. Gender inequity remains a powerful driver of poor adolescent health in many countries.

As of January 2021, according to the Spanish National Institute of Statistics (INE), there were 5,954,862 adolescents in Spain between the ages of 10 and 21 (12.5% of the total population). This number has remained stable in recent years.

Mortality. Progression

The leading causes of death for adolescents are injuries and trauma (including road traffic and drowning), violence, self-injurious behavior, and maternity-related ailments. Most are avoidable.

In the world, according to a recent study by the WHO 2021(6):

• In 2019, more than 1.5 million adolescents and young adults between the ages of 10 and 24 died, which is almost 5,000 a day.

• Of all the age groups, the one with the lowest risk of death is that of young adolescents between 10 and 14 years of age.

• The leading causes of death for adolescents and young adults are: injuries and trauma (including road traffic and drowning), violence, self-harm behaviors and maternity-related ailments.

In most cases, these are avoidable deaths, both those caused by external causes (violence, traffic accidents, etc.), and those related to infections (through vaccinations, improving access to the health system, etc.). Boys die more in the context of violence and girls from situations related to motherhood. Despite these data, it must also be taken into account that the causes of mortality are different depending on the country.

In Spain, according to INE data, in 2020, mortality between 10-19 years of age was 11%(8). The main causes among 15–19-year-olds were: external causes, 40.3% (traffic accidents, violence, suicide and self-inflicted injuries), followed by tumors-neoplasms, diseases of the circulatory, respiratory and nervous systems. In Table I we can see the differences in mortality that occurred in our country between 1987-92 and 2020, with a significant decrease in external causes and, especially, in traffic accidents, which has been maintained in recent years. On the other hand, tumors and suicide are especially relevant, and with a tendency to increase, as a cause of death in this stage. The latter is increasing significantly in these last two years of COVID pandemic.

Table

Morbidity. Reasons for consultation. Causes of hospital admission

All the pathologies and risk factors that are avoided or corrected during this period will serve to have healthier adults in the future.

In general, adolescence is a period of health from the biological point of view, although it is a period of many risks. It is important not to forget that those pathologies or those health risk factors that are avoided or corrected during this period will serve to have healthier adults in the future.

The problems that adolescents present, in general, are a consequence of their psychological and social development (mental problems, risk behaviors), their biological development (scoliosis, acne, dysmenorrhea, trauma problems, etc.), infectious diseases (as in any other time of life, so it is essential to continue vaccination at this age), adult pathologies that can be detected asymptomatically during this stage (hypertension, hyperlipidemia, obesity, diabetes) and chronic diseases, of which in the past, patients died before reaching adolescence, such as: congenital heart disease, cancer or chronic diseases, for example, cystic fibrosis of the pancreas.

At a global level, according to studies by the WHO 2014(4), the main causes of disease by years of life lost adjusted for disability and by sex, can be seen in Figure 1. Although it is not reflected on the list, it should be noted that malnutrition is on the rise. Undernutrition in low-income countries and obesity increasing in both low- and high-income countries.

Figure

Figure 1. Leading causes of disease by years of life lost, adjusted for disability and by sex. Source: WHO Health for the world’s adolescents. A second chance in the second decade. 2014 (online). Accessed February 2022. Available at: https://apps.who.int/iris/ handle/10665/141455.

Morbidity. Some data of Spain(8)

Drugs. The ESTUDES 2020 Survey (2018 data), has been carried out since 1994, every two years, on the use of drugs in secondary education, from 14- to 18-year-olds(9). The 2020 data confirms that the consumption of alcohol, tobacco and cannabis, which had been declining, has stabilized in recent years. 77.9% had tried alcohol at some time. 41.3%/33% had smoked tobacco/tried cannabis at some point, respectively. Cocaine use decreases, and ecstasy use slightly increases. The consumption of other substances (hypnotics, hallucinogens, amphetamines, volatile inhalants, heroin, etc.) is much smaller, with less than 2% of adolescents who have tried it.

Problems related to sexuality. According to INE data in 2011, the rate of births per thousand (or fertility rate) between 15–19-year-olds was 11 and has been progressively decreasing, thus in 2017 it stood at 7.15. The voluntary interruption of pregnancy (VIP) in the same age group, in 2011 was 14.09 and has continued to decrease to 7.41 in 2020, although it is not known for sure, since spontaneous abortions cannot be counted.

If we add the number of births in individuals younger than 19 years of age plus VIPs (although this figure is not exact) in the same age group and during 2019, we obtain 17,500 pregnancies in those under 20 years of age/year, a very important figure to take into account.

The average age of the first complete sexual relationship, according to data from INJUVE 2020, is 16.2 years. 50.2% of adolescents aged 16-18 have had complete sexual intercourse (Observatorio S.E. Contracepción 2019).

62.5% of adolescents (87.5% men, 38.9 women) between 13-17 years of age have seen pornography at some point in their lives. The beginning is around 12 years of age and almost 50% have put it into practice. The danger is that their sexual desire is being built on unreal, violent and uneven foundations typical of fiction (Save the Children 2020).

Regarding sexually transmitted infections (STIs) in adolescents, we know that they are sometimes asymptomatic and can cause serious sequelae, such as pelvic inflammatory disease, infertility or cancer. Adolescents, in general, take time to consult, even if they have symptoms, a third of them do not perform the treatment adequately, which entails a greater risk of sequelae; there is insufficient use of condoms and, currently, HPV vaccination in the Interterritorial Calendar of our country is still not recommended for men, and vaccination coverage is insufficient in women.

• With regards to nutritional problems, such as obesity, although it is difficult to compare the studies due to the different methodologies, in the Paidós-84 study, the prevalence (6-13 years) was 4.7. In the Enkid-2003 study (2-24 years), it was found that 13.9% were obese and 26.3% overweight. In those 20 years, the prevalence of obesity tripled. Santa Cruz in 2012 (8-17 years), obtained a prevalence of obesity of 12.6 and overweight of 26%. In these last two years of the COVID pandemic, the prevalence of obesity has increased due to sedentary lifestyle and altered nutritional habits.

Also, the prevalence of eating behavior disorders (ED) in adolescents has increased. 70% of adolescents are not comfortable with their body; 6 out of 10 girls would be happier if they were thinner and 30% reveal pathological behaviors.

Mental health. 20% of Spanish adolescents (10-19 years old) suffer from a mental health problem, more so in women (UNICEF-Mental state of childhood 2021).

Technologies. Its use is very high (computer 91.5%; Internet 94.5%, mobile 69.5%), being higher in females. The relationship between the use of social networks and dysfunctional behaviors on the Internet is well established.

Bullying affects 10-15% of students.

Early school/training dropout between 18-24 years of age is 20.2% in men and 11.6% in women (Europe 2020 Ministry of Education and FP).

Despite these data, adolescents feel healthy and do not have the perception that their behaviors are risky, so they do not usually go to health services, unless they need it due to significant acute pathology. Sometimes they are unaware of who their doctor is or they do not trust him. On the other hand, health professionals, in general, have shown little interest in this age group.

Any consultation with a young person must be used to the maximum and, although the concern that has brought him or her is attended, prevention must be carried out. Whenever you are dealing with an adolescent, the “hidden agenda” will be taken into account, that is, that they may attend the clinic for a problem and what really worries them is another; for example: a young woman may consult for abdominal pain and what worries her is a possible pregnancy or STI. She may go for dizziness or headache and what underlies is that she has problems at school, at home or with her partner.

Reasons for consultation

The acute pathology is what makes the young person attend the consultation (Table II) and, in general, these problems are scarce, both for Primary Care, hospital Emergency Room or Specialist consultations. There are a few studies looking into this since its investigation is complex, due to the hidden agenda of the young person, the high rate of psychosomatic pathology –which makes diagnosis difficult–, and the differences according to the place where one consults –general clinic or young persons’ clinic(10)–. In the latter case, most consultations are related to sexuality and unwanted pregnancy.

Table

In a study carried out looking into the reasons for consultation between 10–18-year-olds in a General Consultation Health Center(11), the following were obtained from higher to lower frequency order: ENT infections (45.3%), skin problems (24 %), trauma (15.3%), allergies (7.6%) and gastroenteritis (7.6%). Consultation for issues related to sexuality, drugs or personal problems were very low: less than 3%.

Reasons for hospital admission

According to the study by Díaz Gañán (2009)(12), the most frequent causes of hospital admission in the Community of Madrid, in male adolescents aged 15-24 years, from highest to lowest frequency were: injuries and poisonings 18.1 %, gastrointestinal problems 17.2%, musculoskeletal and connective tissue issues 15.1%, and respiratory disorders 11.6%. The causes in women were: complications of pregnancy, childbirth and puerperium 50.6%, digestive system 10.2%, respiratory system 5.5% and injuries and poisoning 3.5%.

Romero et al., in 2006, found that the most prevalent reasons for admission to an Adolescent Medicine unit between 13-16 years of age were the management of chronic diseases in both sexes; followed by: traumas, confusional state/syncopes and intoxications. The patients who were admitted for organic conditions associated undiagnosed underlying psychosomatic conditions.

We still do not possess a tool that accurately measures the health needs of adolescents. There is a biomedical pathology that appears in all the databases and that reflects reality well; but there are other pathologies, such as psychosomatic ones, those related to body image, lifestyle or affective deficiencies, even with the so-called secret pathologies related to personal situations experienced with intensity and that alter emotional stability, which are not reflected in the studies.

Pathologies prevalent during adolescence

Adolescents suffer from different pathologies and many are related to their risk behaviors. Due to medical advances, there has been a change in relation to chronic diseases, in which infant mortality has reduced and life expectancy increased, even into adulthood. Strategies are needed to achieve greater involvement and adherence to treatments.

Subsequently, the most frequent pathologies that can be found during adolescence are briefly presented(10,13,14).

Accidents. They constitute the main cause of death and disability in the group between 15-24 years of life, with a significant proportion being traffic accidents. It has been estimated that the correct use of the seat belt while driving could reduce the risk of injury by 45-55%, and mortality by 40-50%, both for the driver and the passenger. In addition, advice should be given against alcoholic beverage consumption if need to drive, since alcohol is related to traffic accidents in 40%. The use of a helmet when cycling reduces the incidence of head trauma by 69-80% and its use on a bicycle or motorcycle reduces the risk of injury or death (Evidence II-2; Recommendation B).

Drugs. Its use is associated with: traffic accidents, homicides and suicides, early sexual activity, school failure, mental disorders, family problems and delinquency; in addition to the possible consequences in adulthood, such as: cardiovascular diseases, psychiatric disorders and cancers. Legal drugs (alcohol and tobacco) are the most prevalently used and are the gateway to other drugs. In high-income countries, the pattern of consumption characteristic of young people is maintained: multiple consumption, in recreational environments, during the weekend; the percentage increases with age and female consumption is rising.

Problems related to sexuality. The increase of unwanted pregnancies and STIs in adolescents is a consequence of: early menarche, early onset of sexual relations, inappropriate use of contraceptive methods, existence of multiple partners, drug use and ignorance. Young people, due to: their physiology, their late consultation, lack of correct treatment compliance, etc., have a higher risk than adults of morbidity and long-term sequelae, such as: infertility, pelvic inflammatory disease, ectopic pregnancy or cancer. It is important to encourage HPV vaccination, both in women and men, as it prevents cancer.

Nutritional disorders. Excessive calorie intake is a more serious and important problem than inadequate intake. In various studies in Western countries, a high consumption of saturated fats and low carbohydrates has been observed, as well as an insufficient intake of dairy products and fruits, with the consumption of fast food being increasingly widespread, which leads to an excess of saturated fats, sodium and refined sugars, with a high caloric intake, and almost no intake of vitamins and minerals, accompanied by an increase in the prevalence of overweight and obesity. In Spain, the figures for the prevalence of childhood and adolescent obesity, as previously mentioned, have tripled in the last 30 years. Eating disorders are increasingly occurring at younger ages, and encompass a wide spectrum, from subclinical and partial symptoms, even severe clinical pictures with serious consequences if they are not treated. They have irreversible complications: growth stagnation, failure to achieve the peak bone mass, and brain changes. Bigorexia, is more frequent in males who are obsessed with the practice of sports to obtain an athletic body and they prioritize it before any other activity. Orthorexia is the obsession with eating healthy food, knowing its origins and process until it reaches the consumer. In relation to all this, there is also a great demand for aesthetic interventions to improve appearance (breasts, nose or abdomen), as well as the significant increase in the consumption of clothing, fashion, computers…

Mental health. Emotional and behavioral disorders. The conflictive situations typical of adolescence, together with the fragility of their developing personality, constitute an ideal framework for the emergence of possible mental disorders. Girls are more likely to have emotional problems (anxiety, depression) and eating disorders; boys are more vulnerable to disruptive and violent disorders. In the last two years of the COVID pandemic, mental problems have multiplied significantly.

Information and Communication Technologies (ICTs). ICTs have revolutionized today’s world, they are present in most homes/schools and they constitute a danger for adolescents. Children begin their use when they have not yet developed the ability to understand terms, such as respect for oneself and others, privacy or intellectual property. The information that is posted will last forever (fingerprint). Its use entails many educational, communicative or entertainment benefits, but also many risks that must be taken into account: violence, pornography, addiction, identity theft, school failure, emotional, psychiatric disorders, visual disturbances (myopia, fatigue, dry eyes from decreased blinking), headaches, in addition to cyberbullying, grooming and sexting. Popularity today is measured by the number of followers on social networks. We are the first generation in history in which, on a massive scale, technology transfer is carried out from children to parents, and not the other way around. Adults, in general, are unaware of the technical aspects and underestimate the possible risks, although in recent years this has been changing.

Sleep disorders. Different studies have shown that children and adolescents sleep an insufficient number of hours for their needs, which can affect: their physical and mental health (impaired growth, obesity, hypertension, immune disorders, emotional and behavioral problems); their safety (accidents); academic success and quality of life, conditioning chronic sleep disturbances in the future. According to different studies, up to 30% of children and adolescents will present some disorder and/or sleep problem. This is influenced by the biological changes of puberty and causes that are modifiable, such as: lifestyle and habits, use of technologies, academic demands or early start of classes. The most frequent disorders during adolescence are: insomnia, parasomnias, restless legs syndrome and delayed phase syndrome.

Chronic illness or disability. As mentioned, the adolescent population is, in general, a healthy population. However, mainly due to medical advances, a change has been seen in relation to chronic diseases, in which infant mortality has been reduced, and life expectancy increased, even into adulthood. These medical achievements represent an increase in adolescents with chronic diseases: asthma, neoplasms, heart disease and other congenital malformations, diabetes, epilepsy, inflammatory bowel disease, myopathies or metabolic disorders, among others.

If a chronic disease causes difficulties at any time in life, during adolescence, some special elements are added. For example, on the one hand, he is a patient who is in a vital phase in need of an autonomy that we must promote, but who, in turn, on some occasions may not accept or understand the implications that the disease has, and may also not be involved in self-care (taking medication, attending medical appointments…). Sometimes, if the adolescent does not get involved, it may happen that the parents/guardians become too involved, or that they disengage, generating conflicts, bad progress of the disease, increase in the number of hospital admissions, etc. But precisely because of the increase in life expectancy of these diseases, which suggests that adolescents will reach adulthood, it is of great importance that strategies are found to achieve greater involvement and adherence to treatment.

Adolescents with chronic illnesses are as likely or more likely than their healthy peers to engage in risky behaviors. Also, they are more prone to have emotional disorders and depression, being victims of different forms of violence, bullying, maltreatment and sexual abuse. Likewise, they present a poor adaptation to the health system and, on occasions, denial of the disease, in addition to severe side effects due to the medication they take. Although care during the transition process is important for all adolescents, it is more relevant in this case.

The transition process

Transition is understood as: the process of preparation, adaptation and gradual integration of children and adolescents in an adult care unit.

Life is a continuum. It has been the health managers and the complexity and sophistication of the treatments that have forced the division of medical care.

Each stage of life has certain characteristics and needs a type of assistance. In fact, each field requires a different professional profile and this is sometimes not well understood by patients. The characteristics of each stage of life make us put on the table how the passage from one stage to another in health care occurs, that is, the patient’s transition from one specialty to another. With regards to adolescents, it must be added that young people change quickly and significantly, which requires adaptation, both on their part and on that of the professionals who care for them, if the aim is to achieve the maximum care quality, efficiency and clinical success(15). The two main objectives of a well-organized and coordinated transition are to optimize health and make it easier for the adolescent to feel satisfied with health care(15).

We can distinguish two types of assistance: Primary Care (PC) and Specialized Care (SC). The first is given in Health Care Centers and, although it deals with comprehensive health care, it also cares for healthy adolescents, it is based on: Health Education (HE), Health Promotion (HP) and Primary Prevention (PP). The second, takes place in hospitals and mainly cares for patients with chronic pathology, almost always multidisciplinary. In both cases, the care transition has specific characteristics.

The transition in Primary Care

In most of the Spanish Autonomous Communities, the age limit for healthcare is 14 years old and, in some, it reaches 16 years old. Although certain professionals continue to care for adolescents beyond this age, in the health check-up clinic between 14-16 years of age, the patient’s parents are usually informed that from that moment the administration transfers their data to the family doctor’s office. This step should be taken more seriously by everyone: pediatricians, family doctors, nurses, family and coordinated actions should be carried out.

If we start from the conceptual basis that adolescence is a stage that unites childhood with the adult state, the coherent action would be to maintain attendance, at least, during the minimum time that the stage lasts, up to 18 years of age. But reality differs, rather assistance is interrupted in middle adolescence (14-16 years), the most critical moment of the entire process. It is poorly understood how a 14-year-old child, when his/her growth and development has not yet concluded, should transfer from individualized, supervised, family-oriented Pediatric care coordinated with the school and the environment, to an adult-oriented care, much more impersonal, focusing on the health-disease axis and not on aspects of development. The change from pediatric care to the adult model entails an important break, and sometimes leads to loss of follow-up and adherence to treatment and also increases the number of patient admissions(16,17).

The transition, as we suggest it, could be considered a “rite of passage-initiation”, which recognizes the age of the adolescents who are given autonomy to use health services according to their criteria and needs. The transition is the time to recapitulate the entire stage that has taken place since birth and talk about health as an important value in life. It is about contributing to promote the “principle of patient autonomy”: “the patient’s right to decide for himself about the acts that will be performed on his own body and that will directly or indirectly affect his health, his integrity and his life”.

The transition is specific to each person and should occur between the ages of 16-18 (depending on how care is organized) and, more important than age, the transition should take place when young people are mature enough to do so and have sufficient skills for self-care(17). Not all adolescents have the same degree of maturity and autonomy to manage the control of their health. The law gives the right to decide about this from the age of 16 (legal health age), when it is considered that their decisions do not seriously risk their health. The level of development is also not the same in all adolescents. There is a TRAQ questionnaire (Transition Reading Assessment Questionnaire) that aims to measure this autonomy through an assessment. It is an instrument that assesses the abilities of adolescents with chronic diseases in relation to autonomy and self-care that they acquire in the transition to adulthood. It is aimed at people between 14 and 26 years old and the questions are classified into 5 domains: use of medication, attendance at appointments, follow-up of health problems, communication with professionals and management of daily activities(18).

Transition is a dynamic process, not an event, it must be gradual and multidisciplinary, since it implies a process planned over time to prepare for medical, psychosocial and educational needs in adult services. Coordination between services is essential. There are three stages: initial, when the decision is made; intermediate, the patient, his family and his doctor are already prepared; and finally, when the adolescent or young adult, in addition to being “transferred” to an adult service, actively participates in their care and decision-making, according to their abilities. There are obstacles to the transition, dependent on the patient, family, pediatrician or adult physician(17). During transition, there is the presentation of other professionals who will be involved in their health care. On one side, not all professionals have the same way of understanding clinical practice; on the other hand, adolescents are very sensitive to forms of treatment and, if these are not appropriate, they can ruin the clinical relationship.

In a study carried out in 2021 in Spain, it was found that 75% of young people had visited the family doctor before turning 21, while the remaining 25% finished this stage without making any appointments. It is noteworthy that they attended the consultation for the first time at a very young age, in most cases at 15 years old (67%) or 16 years old (20%). It can be interpreted that this early initial visit is due to the adherence of patients to the Pediatric consultation, which is transferred to the first visit with their adult doctor(18-19).

Adolescent morbidity and mortality, as previously mentioned, is highly relevant. At this age, Health Education (HE), Health Promotion (HP) and Primary Prevention (PP) are very important. That is why the term “opportunistic recruitment” is used, that is, taking advantage of each medical act to implement preventive programs. In addition, it could be attempted that, from the age of 16, the patient attended the consultation by himself, thus eliminating biases in the collection of information and promoting the autonomy, independence and capacity of the young person, facilitating accessibility to the system as an adult patient whom we are going to accompany as long as we can and is need(20).

In the last six years, programs have been established in our country to carry out the transition at the hospital level, and its organization in Primary Care (PC) is also required. It is necessary, when the time comes, to establish visits to the adolescent’s Health Center with the two professionals (the pediatrician to introduce the adolescent and explain his or her health problems and needs, and the family doctor who receives the adolescent) to carry out the transfer.

The transition in Specialized Care. Patients with chronic diseases and disabilities

WHO considers chronic diseases as: “those diseases that have a long duration (more than 6 months) and a slow progression, are not transmitted from person to person and are considered, therefore, non-communicable”. The use of the term “adolescent in need of special health care” has been proposed as a less stigmatizing and more socially acceptable term (Stein. USA). In recent decades, we have witnessed an increase in the prevalence of chronic diseases ranging between 10 and 30%(20). Globally, 9 out of 10 children affected by a chronic disease will exceed 20 years of age(15).

We understand by transition: the process of preparation, adaptation and gradual integration of children and adolescents with a chronic pathology in an adult care unit. The transition process begins in early adolescence but does not end until the young adult is fully integrated into an adult unit. However, the term transfer refers to the moment of transferring the patient with clinical and administrative information from one pediatric unit to another unit for adults (it does not imply development, it is not a process but a moment)(18-19).

Many adolescents are transferred abruptly, either because they have reached a certain age, or because of an acute decompensation that motivates admission to an adult service. Preparation for this step and coordination of care between the pediatric and adult groups are essential to facilitate the transition process, which must ensure the same quality and continuity of care for these patients, especially in the case of chronic diseases(16).

The American Academy of Pediatrics (AAP), the American Academy of Family Physicians (AAFP) and the American College of Physicians (ACP) have been aware of the importance of the medical care process in the adolescent’s transition from the pediatrician to the family physician, and the need to give more autonomy in their health care, especially to those who suffer from a chronic disease. The aforementioned organizations drafted a manifesto called: “The six main elements of the transition”(21), which are:

1. Beginning of transition: to talk with the patient and family about the plan and conduct training of the implicated staff.

2. Care and monitoring of the transition process, tools to establish criteria for inclusion, selection, observation, registration, etc.

3. Patient training: aims to assess their abilities and prepare them for a correct transition.

4. Transition planning with individualized preparation of the patient: objectives, detailed report, information to the family doctor and choosing the best moment for the transition, counseling for patients with intellectual disabilities, as well as help in choosing the adult doctor and coordinating with him.

5. Medical transition with all the clinical history and additional information to the adult doctor, when the disease is in a stable phase. It is the responsibility of the pediatrician to care for the adolescent until he is seen in the adult consultation.

6. End of transition. The pediatrician is to contact with the family and the patient so as to end the relationship, and offer the necessary help and contact with the adult doctor, as well as build collaboration alliances with the rest of the professionals.

In short, transition plans need to be elaborated together with the patient and family, starting the process at 14 years of age and the staff must be trained in the procedures for the correct transition (see Algorithm).

Clinical assistance to adolescents

Currently, there is a care gap with adolescents. In spite of all the aforementioned problems that these present, the doctors show little interest in the health of adolescents. Sometimes their rebellion, arguments, vindication, jargon, exacerbated criticism, disrespect, etc., make them unpleasant and their attention and care unrewarding. That is why it is said that it is the most abandoned stage of life, even more so than old age. There are few plans and programs in the social services portfolio that deal with these stages in detail. We have a history that can justify it. Until well into the 1990s, the age limit for pediatric care was 7 years. From 1973 to 1982, there is no single publication in Anales Españoles de Pediatría on adolescence. Professionals, rather than institutions, have been the first to give warning of this situation, and all this hand in hand with important social problems, such as: the prevention of substance use, school problems, family conflicts, unwanted pregnancies(1), etc.

In recent years, several advances have been made, such as the extension of the age of pediatric care to 14-16 in Primary Care (depending on the different Autonomous Communities) and up to 18 years at the hospital level (II National Strategic Plan for Childhood and Adolescence 2013-2016), although without developing a specific strategic plan for its implementation, which includes specific training for health professionals or an increase in resources. However, care for this population is not adequately organized, there is a lack of adequate services, well-trained professionals, as well as recognition of this subspecialty, among others(22). Table III shows the problems for the care of the adolescent population, as well as the needs to solve it.

Table

Various organizations, such as UNICEF in 2011, recommend investing in adolescents: because they need to develop their skills and abilities to become competent, exercise their rights and access quality education and health services, decent employment and participate in a positive way in the life and future of the country.

Global strategic plans

WHO, UN and various organizations are interested in studying the health indicators of adolescents and have created special organizations for it.

The demographic data mentioned above have led WHO and UN to create agencies in charge of studying criteria to measure the health of adolescents.

Global Strategy for adolescent health 2016-2030(3):

– The Strategy, which is closely aligned with the Sustainable Development Goals (SDGs), seeks to ensure that adolescents can exercise their rights to health, physical and mental well-being.

– It aims to put an end to the preventable mortality of adolescents in any environment and part of the world by 2030 and guarantee universal access to health services. To this end, the Global Strategy provides a work plan that aims to set the milestones to be achieved by the different countries between now and the year 2030, taking into account the available evidence of the evaluation of needs and results of the effectiveness of the interventions.

– In relation to adolescents living in contexts of humanitarian crisis, the Global Strategy warns that they present a higher risk of morbidity than the general population, due to the conditions of insecurity, sexual violence and depression to which they are exposed. It urges the global community to act more quickly and invest more resources in helping people at risk.

– It integrates health in all policies, in particular with regards to: malnutrition, air pollution, poor water quality, sanitation and hygiene, violence and harmful and discriminatory practices.

– It defends the adoption of equity-oriented policies and programs that are based on human rights, especially for adolescents in situations of social exclusion and marginalization.

Measuring adolescent health: a necessary step towards achieving the global goals. In 2018, the Global Action Advisory Group for Adolescent Health Measurement (GAMA) proposed a project sponsored by WHO and the support of other agencies, such as United Nations (UN) and the Bill and Melinda Gates Foundation, to search for indicators of adolescent health, knowing that one third of the global burden of disease is attributable to the behavior and circumstances of adolescence(23-25).

– GAMA accepts the age group that WHO considers adolescence between 10 and 19 years, but admits other definitions. Both health problems and social or health care systems change in these years. They recognize that young adults feel better served in older adolescent settings. Work is carried out in collaboration with local governments interested in improving the lives of adolescents.

– GAMA plans to stimulate the use of health indicators. The impact of these recommendations at national level will depend on the support within each country.

– UN Sustainable Development Goals (SDGs) require all countries to: pay attention to equity, prevent poverty, promote health and general economic growth, address education, social protection, employment, climate change and environmental protection.

– Investing in services for adolescents is a priority and this requires a political commitment from all nations to improve the lives of young people.

– The Alliance for Maternal and Child Health and many other WHO-recognized organizations are committed to improving adolescent health. They made a calling for the well-being of adolescents in 2019, which was to engage and empower adolescents and strengthen political commitment for funding through the World Summit on Adolescents in 2023.

– The importance of youth participation in the SDGs, UN and WHO increases the effectiveness of plans and strategies. The Secretary General of UN highlights the importance of the fact that 1,800 million people between the ages of 10 and 24, who have become agents of change, have enormous potential to achieve a better world.

Role of the Primary Care pediatrician

The work of the pediatrician extends beyond the treatment of the disease or its complications, and must care for and accompany during this period, so that the patient reaches adulthood with: the best quality of life, the least number of complications and without suffering during the transition from the pediatric model to the adult model (Table IV). The pediatrician needs to know the characteristics of adolescents, their needs and health problems, as well as their family and social dynamics.

Table

As we know, the adolescent seldom attends the clinic, the pediatrician must make the most of his visits to address all the issues that influence his overall health, and also carry out education and prevention. For this, the acronym proposed by the Spanish Society of Adolescent Medicine (SEMA) can help: F.A.V.O.R.E.C.E.R. (=PROMOTE health): Family, Friends, Healthy life-vaccinations, Objectives-leisure, Religion-spirituality, Self-esteem, School-university-work, Mental state, Risks).

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

Asterisks show the interest of the article in the opinion of the authors.

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A 6-phase protocol to plan and organize a Transition Program is described in detail.

 

Clinical case

George is 15 years old. He has Type 1 Diabetes Mellitus since the age of 13. He presented with tiredness and weight loss. He is currently on insulin therapy and acceptably well controlled. He studies 8th grade in a semi-private school. His father is an industrial engineer and his mother is a housewife. He has another sister who is 10 years old. There is an optimal family structure.

His mother attends the clinic because the last weekend at a party he got drunk and returned home assisted by his friends. She tells us that since he started the school year, 3 months ago, he does not feel well, does not perform like the previous year, does not follow a correct diet…

A few months ago, he went to the family doctor, who, according to his mother, hardly knows him, and who has sticked to prescribing insulin and test strips for blood glucose control. She goes to the pediatrician’s office, since at the last clinic check-up, at age of 14, he told her that if she ever had any health problems, she could count on him.

The case is a model of a bad transition. Jorge is a carrier of a chronic disease (diabetes) and will be dependent on health services for life. The correct procedure would have been to have carried out some form of clinical management with his family doctor and nurse, to meet them, even introduce the adolescent to them so as to familiarize himself with their services (not only dispensing syringes and insulin); so that this last episode would have allowed the adolescent to go to him as administrative manager of his diabetes.

 

Algorithm

 

La adolescencia. Situación epidemiológica. Patología más frecuente. La transición

M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**
Temas de FC


M.I. Hidalgo Vicario*, L. Rodríguez Molinero**

*Pediatra. Doctora en Medicina. Acreditada en Medicina de la Adolescencia. Expresidenta de la SEMA. Madrid. **Pediatra. Doctor en Medicina. Acreditado en Medicina de la Adolescencia. Centro Médico La Marquesina. Valladolid

Resumen

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. En las sociedades industriales y de consumo, existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Las principales causas de muerte son evitables. Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro. Se han constatado las dificultades y los fallos asistenciales que se producen cuando el adolescente crece y pasa a ser atendido por otros profesionales. Se sugieren pautas y protocolos para facilitar el proceso de transición del cuidado del pediatra al médico de adultos. Diferentes organismos internacionales proponen estrategias para mejorar la salud de los adolescentes.

 

Abstract

The stage of adolescence becomes socially relevant in industrialized countries after World War II and is linked to social progress more than any other stage of life. In industrial and consumer societies there is great interest in studying and understanding the events that take place in adolescence, from physical to mental and social changes. Adolescents suffer from diverse pathologies, many of which are related to their risk behaviors. There has been a switch in relation to chronic diseases due to medical advances, whereby infant mortality has been reduced and thus, life expectancy increased, even into adulthood. The main causes of death are preventable. All the pathologies and risk factors avoided or corrected during this period will lead to healthier adults in the future. The difficulties and care failures that occur when the adolescent grows up and starts to be looked after by other professionals have been verified. Guidelines and protocols to facilitate the process of transitioning care from the pediatrician to the adult physician are suggested. Strategies to improve the health of adolescents proposed by various international organizations are also presented.

 

Palabras clave: Adolescente; Epidemiología del adolescente; Salud del adolescente; Transición del cuidado.

Key words: Adolescent; Adolescent epidemiology; Adolescent health; Care transition.

Pediatr Integral 2022; XXVI (4): 200 – 213


OBJETIVOS

• Actualizar conocimientos sobre la adolescencia en la actualidad. El concepto de adolescencia como fenómeno social cambia con las ideologías, los valores, los planes asistenciales y los datos demográficos.

• Definir qué teorías son más potentes en cuanto a comprender la psicología del adolescente y sus comportamientos.

• Analizar la situación epidemiológica a nivel mundial y en España: mortalidad, morbilidad, motivos de consulta y causas de ingreso.

• Comprender por qué causas los adolescentes pierden la salud y cómo se realiza en nuestro país la atención a su salud.

• Conocer cómo debe realizarse “la transición” desde los niveles de asistencia para lograr más eficiencia asistencial.

• Cuáles son las estrategias de los organismos mundiales para afrontar la “adolescencia como edad de riesgo”.

La adolescencia. Situación epidemiológica. Patología más frecuente. La transición

Introducción

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial y está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida.

El Diccionario de la RAE define la adolescencia como la etapa entre la infancia y la edad adulta. Etimológicamente procede de adolescere y de su participio presente adolescens, que quiere decir creciendo y desarrollándose. Con esta definición, engloba los dos caracteres más decisivos de esta etapa: el crecimiento y el desarrollo.

La parcelación de la vida en edades viene de antiguo. Ya en el Corpus Hipocraticum, se habla de las distintas etapas de la vida: infancia, niñez, juventud, edad adulta, ancianidad y vejez. Los límites son imprecisos. Charlotte Bühler en el siglo XIX, admitía que había unas etapas en la vida críticas en las que no se trata de la edad cronológica, sino de la forma de realizar ese “paso”. Ese sería el primer concepto de adolescencia, tal y como lo entendemos ahora.

La etapa de la adolescencia toma relevancia social en los países industrializados a partir de la II Guerra Mundial. Los cambios económicos, sociológicos y culturales condicionaron el retraso de la incorporación del adolescente a la vida adulta. Paralelamente, el adelanto de los fenómenos biológicos acrecienta progresivamente este desajuste. La eclosión de la competitividad, el consumo, y la sociedad del bienestar han contribuido a plantear problemas desconocidos hasta ahora.

La adolescencia está ligada a la evolución social más que ninguna otra etapa de la vida. Cuando la esperanza de vida era corta, los adolescentes eran los sucesores de la familia, tenían que asumir una responsabilidad precozmente. Eran una mano de obra barata, dócil y eficaz. Tradicionalmente eran usados con fines militares. Y han sido muchas veces objeto de captación por grupos ideológicos, sectas, minorías… En ninguna otra etapa de la existencia influye tanto la vida social como en esta, y el ejemplo que mejor lo demuestra es la influencia de las modas del momento y lo que están sufriendo en la actual pandemia COVID, con el importante aumento de los problemas psicológicos e intentos autolíticos.

Existen muchas formas de “pasar” la adolescencia. Por eso hablamos de “adolescencias”. Sin embargo, todavía estamos lejos de conseguir una sociedad a la medida del adolescente. Mientras no haya una economía estable y equilibrada, unos planes educativos hechos para cada grupo de adolescentes, una dinámica familiar comunicativa y una asistencia sanitaria adecuada, seguirá existiendo la adolescencia como grupo social de riesgo.

En nuestras tradiciones hay numerosos ejemplos de ritos, fiestas o ceremonias para el paso de la infancia a la madurez, que se diferencian por el sentido que en cada época se tenía de lo que era la adolescencia.

En nuestra cultura occidental, encontramos relatos tradicionales que intentan aclarar los misterios de los ciclos de la vida, por ejemplo, en la mitología clásica. Los mitos clásicos dan representación a los acontecimientos que suceden en la adolescencia, como si el inconsciente histórico se adelantara a lo que posteriormente se ha analizado de una manera más científica; y en este sentido, ¿qué significan los mitos de Adonis (”hombre joven extremadamente atractivo, a menudo también vanidoso”), Perséfone (“una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto de su hija y la alegría por su regreso; la explicación de los procesos naturales, con la marcha y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación”), Artemisa (“la virginidad; la diosa que traía y también aliviaba las enfermedades de las mujeres”), Afrodita (”diosa de la belleza, la sensualidad y el amor erótico”), Narciso (”incapaz de amar a otra persona porque se ama a sí mismo en exceso”) o Cupido (“dios del amor y del deseo”)? ¿Se podría decir que esos procesos son consustanciales con el devenir del hombre? ¿Acaso la adolescencia no es la concentración de todas esas vicisitudes del ser humano?(1).

La adolescencia se inicia con la pubertad y tiene un final indeterminado, y se ha ido prolongando en los últimos años debido al mayor tiempo que el joven invierte en su formación. No existe consenso entre autores sobre las edades que comprende. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la sitúa entre los 10 y los 19 años, aunque algunos organismos, como la Asociación Americana de Pediatría, consideran que este periodo se alarga hasta los 21 años. Dado que se trata de una etapa de desarrollo y que incluye alrededor de 10 años, parece evidente pensar que habrá diferencias a lo largo de su duración, por lo que se han definido tres etapas que se solapan entre sí: hasta los 13 años, la adolescencia temprana; de los 14 a los 17, la adolescencia media; y a partir de los 18 hasta los 21 años, la adolescencia tardía. Esta clasificación es orientativa y relativa y varía con las razas, las culturas y la situación geográfica.

La adolescencia es, pues, una etapa de cambios rápidos, amplios, muy significativos y determinantes. Es una crisis evolutiva con adaptaciones y readaptaciones constantes, personales, familiares, académicas y sociales. Culturalmente, se desenvuelve en una oferta de consumo “sin límites”, con una pérdida del papel educativo y protector de los padres; en muchas ocasiones, con unos horizontes de futuro inciertos, en una sociedad que sobreestimula y excita a la población y que, en no pocas ocasiones, niega la educación y la asistencia (López, 1999). La adolescencia, como fenómeno social, no se analiza desde el punto de vista de los cambios fisiológicos, sino por sus rasgos psicológicos evolutivos, su búsqueda de identidad, sus ansias de encontrar un lugar en el mundo y la influencia de las modas y los valores del momento. El mundo occidental del consumo, industrial, del mercado y la producción crea trampas y genera frustraciones y desesperanzas para lo que, biológicamente, los adolescentes están menos preparados(1).

Teorías sobre la adolescencia

En las sociedades industriales y de consumo existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales.

A mediados del siglo XIX, apareció la Psicología como disciplina autónoma. Después apareció la Psicología infantil en Alemania, la Psicología comparada en Inglaterra y la Psicología de la adolescencia en EE.UU. Autores relevantes que se han preocupado por estudiar la adolescencia son: Stanley Hall, Gesell, Freud (desarrollo psicosexual), Rank, Sullivan, Erikson, Blos, Spranger, Piaget (estructuras cognitivas), Remplein (síntesis estructural), Lewin (teoría tipológica), Malinosky, Margaret Mead (Antropología), Bandura (aprendizaje social), etc.

En las sociedades industriales y de consumo existe mucho interés por estudiar y comprender lo que sucede en la adolescencia, desde los cambios físicos a los mentales y sociales. Hay muchas formas de explicar todo lo que sucede en esta etapa. Nos vamos a centrar en aquellas teorías que han tenido mayor difusión e influencia(2).

Enfoque psicoanalítico

El cuerpo cambiante del adolescente es objeto de emociones contradictorias que generan confusión. Se produce una tensión entre el cuerpo y la mente que requiere tiempo para ser comprendida. El niño pequeño que desea ser atendido y cuidado pasa a ser el adolescente que reclama su espacio y el derecho a decidir, mostrando, en ocasiones, desprecio hacia sus progenitores. Estas situaciones están relacionadas con el funcionamiento psicológico. Algunos autores acentúan la evolución de la sexualidad del niño en transición al adulto y otros apuntan, como prioritario, el duelo que se produce por la infancia pasada.

Enfoque cognitivo-evolutivo. Teoría de Piaget

La adolescencia se ve como un periodo de transición en el que se producen importantes cambios en lo cognitivo. Fundamentalmente, se accede al pensamiento formal (resolver dificultades y razonar las funciones). Según Piaget, los adolescentes logran el más alto nivel de desarrollo cognitivo (operaciones formales), cuando alcanzan la capacidad de producir pensamiento abstracto. Les proporciona nuevas y más flexibles maneras de utilizar la información. La capacidad de producir pensamiento abstracto tiene implicaciones emocionales. Ahora “el adolescente puede amar la libertad y odiar la explotación. Lo posible y lo ideal cautivan la mente y los sentimientos”.

Desarrollo psicosocial en la adolescencia

• Para Elkind, el pensamiento del adolescente contiene rasgos de inmadurez reflejados en: la tendencia a la discusión constante en un intento de afirmar sus ideas; la inseguridad que los lleva a la indecisión, para finalmente adoptar posturas no meditadas e impulsivas; sentirse el centro del mundo; desear ser tenidos en cuenta; afán de llamar la atención, creer que son únicos, como si las normas de los demás no les afectaran y, en consecuencia, pensar que nadie siente como ellos.

• Para Erikson, la búsqueda de la identidad (entendida como la conciencia de saber quién se es), es la principal tarea durante los años adolescentes. Conocer la propia identidad hace al adolescente sentirse único y distinto a todos los demás. La identidad se forma por modelado e imitación, pero también por modificaciones propias que derivan de su conocimiento, ideas, pensamiento y educación. La confusión de la identidad es un riesgo que puede durar hasta la adultez. Los adolescentes consolidan su sentido de la identidad personal, sexual y social, construyendo una teoría positiva o negativa sobre sí mismos, que tendrá una importancia decisiva para el resto de su vida, ya que en ella se fundamentan la autoestima y el sentimiento de capacidad para gestionar su propia vida de forma autónoma, responsable y eficaz.

Teoría de Bandura del aprendizaje social. Nuestro cerebro está programado para aprender y desde pequeños uno de los métodos más potentes de aprender es el modelado o imitación. Los adolescentes a lo largo de su vida familiar, escolar o social, tienden a imitar lo que les gusta, y más si se refuerza positivamente. Las sociedades industriales y de consumo ejercen una influencia muy grande en los aprendizajes de los adolescentes. Por eso, las personas que más influyen en los adolescentes pueden ser figuras públicas, famosas o de éxito.

Maltrato cultural (F. López). La adolescencia prolongada socialmente es una creación cultural. Las sociedades industriales producen esta prolongación social de la adolescencia, bien porque se lo pueden permitir, alargando la escolarización obligatoria, o bien porque si están en crisis no pueden ofrecer trabajo a buena parte de los adolescentes. Desde el punto de vista social, la adolescencia debería conllevar un cierto grado de autonomía del joven de su familia en numerosos aspectos de la vida: el vínculo del apego sigue siendo fundamental, pero con menor necesidad de proximidad y presencia familiar.

Situación epidemiológica de la adolescencia

En 2016, en el mundo, había 1.800 millones de adolescentes y jóvenes, entre los 10-24 años. Se observa una creciente desigualdad y mayores desafíos para la salud de los jóvenes del presente que aquellos a los que tenía que enfrentarse este mismo colectivo 25 años atrás.

La adolescencia, desde el punto de vista de salud pública, constituye una etapa a la que hay que dedicar atención, no solamente en los países industrializados, sino en todos los demás. En el año 2011, Lancet publicó un estudio sobre la mortalidad por tramos de edad de 5 años, desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia. Y las conclusiones, entre otras, fueron: las tasas de muerte en los jóvenes de 15 años son más altas que en los menores de 10 años en países de altos, medianos y bajos ingresos, y la mayoría de los fallecimientos son causados por lesiones. Estos datos pusieron en evidencia la importancia de invertir en medidas preventivas de salud en adolescentes, en todo el mundo.

En el mundo, según datos de 2016, había 1.800 millones de adolescentes y adultos jóvenes, entre 10-24 años, lo que constituye un tercio de la población mundial. Se observa una creciente desigualdad y mayores desafíos para la salud de los jóvenes del presente que aquellos a los que tenía que enfrentarse este mismo colectivo 25 años atrás(3,4).

Desde 1990 a 2021(5,6), se han producido cambios notables en la salud de los adolescentes. Una disminución en la carga de enfermedad en muchos países, ha sido compensada por el crecimiento de la población adolescente en los países más pobres. Han aumentado el sobrepeso, la obesidad y la anemia. El matrimonio infantil es frecuente, con aproximadamente 66 millones de mujeres entre 22 y 24 años que se casaron antes de los 18 años de edad. Aunque a nivel mundial, existe paridad de género en la finalización de la escuela secundaria, la prevalencia de NEET –jóvenes sin educación, empleo o capacitación– sigue siendo más alta para las mujeres jóvenes en los países con múltiples cargas, lo que sugiere pocas oportunidades para ingresar en el mercado laboral.

Según datos de la OMS en 2021(6): la mitad de todos los trastornos de salud mental en la edad adulta comienzan antes de los 14 años, pero, en la mayoría de los casos, no son detectados ni tratados. El abuso de sustancias afecta a las personas jóvenes de forma desproporcionada, en comparación con las personas de más edad. El hecho de empezar tempranamente a consumir sustancias está asociado a un mayor riesgo de caer en dependencias y otros problemas durante la vida adulta. A escala mundial, cada año dan a luz 43 de cada 1.000 chicas de entre 15 y 19 años de edad.

La carga mundial de morbilidad ha cambiado poco desde 1990 y la prevalencia de muchos riesgos para la salud de los adolescentes ha aumentado(6,7). La salud, la educación y los sistemas legales no han seguido el ritmo de las cambiantes necesidades de los adolescentes y las variaciones demográficas. La inequidad de género sigue siendo un poderoso impulsor de la mala salud de los adolescentes en muchos países.

A fecha de enero de 2021, según el Instituto Nacional de Estadística Español (INE), había 5.954.862 adolescentes en España entre los 10 y los 21 años (12,5% de la población total). Este número se mantiene estable en los últimos años.

Mortalidad. Evolución

Las principales causas de defunción de adolescentes son las lesiones y los traumatismos (incluidos los causados por el tránsito y los ahogamientos), la violencia, las conductas autolesivas y las dolencias ligadas a la maternidad. La mayoría son evitables.

En el mundo, según un estudio reciente de la OMS 2021(6):

• En 2019 murieron más de 1,5 millones de adolescentes y jóvenes adultos de entre 10 y 24 años de edad, lo que supone casi 5.000 al día.

• De todos los grupos de edad, el que presenta menor riesgo de muerte es el de los jóvenes adolescentes de entre 10 y 14 años.

• Las principales causas de defunción de adolescentes y jóvenes adultos son: las lesiones y los traumatismos (incluidos los causados por el tránsito y los ahogamientos), la violencia, las conductas autolesivas y las dolencias ligadas a la maternidad.

En la mayoría de casos, se trata de muertes evitables, tanto las producidas por causas externas (violencia, accidentes de tráfico, etc.), como las relacionadas con infecciones (mediante vacunas, mejorando el acceso al sistema sanitario, etc.). Los chicos fallecen más en el contexto de violencia y las chicas por situaciones relacionadas con la maternidad. A pesar de estos datos, también hay que tener en cuenta que las causas de mortalidad son diferentes en función de los países.

En España, según datos del INE, en el año 2020, la mortalidad entre los 10-19 años fue del 11%(8). Las principales causas entre los 15-19 años fueron: causas externas, 40,3% (accidentes de tráfico, violencia, suicidio y lesiones autoinfligidas), seguidas por tumores-neoplasias, enfermedades del aparato circulatorio, respiratorio y sistema nervioso. En la tabla I podemos ver las diferencias de mortalidad ocurridas en nuestro país entre 1987-92 y 2020, con una importante disminución de las causas externas y, en especial, de los accidentes de tráfico, que se mantiene en los últimos años. Por otro lado, son especialmente relevantes, y hay que ser consciente de la tendencia a incrementarse, los tumores y el suicidio, como causa de muerte en esta etapa. Este último está aumentando de forma significativa en estos dos años de la pandemia COVID.

Tabla

Morbilidad. Motivos de consulta. Causas de ingreso hospitalario

Todas las patologías y factores de riesgo que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro.

En general, el periodo de la adolescencia es un periodo de salud, desde el punto de vista biológico, aunque es un periodo de muchos riesgos. Es importante no olvidarse de que aquellas patologías o aquellos factores de riesgo de salud que se eviten o corrijan durante este periodo, servirán para tener unos adultos más sanos en el futuro.

Los problemas que presentan los adolescentes, en general, son consecuencia de su desarrollo psicológico y social (problemas mentales, conductas de riesgo), de su desarrollo biológico (escoliosis, acné, dismenorrea, problemas traumatológicos, etc.), enfermedades infecciosas, como en cualquier otra época de la vida, por lo que es fundamental continuar la vacunación en esta edad, patologías del adulto que pueden ser detectadas de forma asintomática durante esta etapa (hipertensión, hiperlipemia, obesidad, diabetes) y enfermedades crónicas, de las cuales en el pasado los pacientes fallecían antes de llegar a la adolescencia, como: cardiopatías congénitas, cánceres o enfermedades crónicas como, por ejemplo, la fibrosis quística del páncreas.

A nivel mundial, según estudios de la OMS 2014(4), las principales causas de enfermedad por años de vida perdidos ajustados en función de la discapacidad y por sexo, se pueden ver en la figura 1. Aunque no aparezca en la lista, hay que destacar que la malnutrición se encuentra en aumento. La desnutrición en países de ingresos bajos y la obesidad que aumenta tanto en países de ingresos bajos como altos.

Figura1

Figura 1. Principales causas de enfermedad por años de vida perdidos, ajustados en función de la discapacidad y por sexo. Fuente: OMS Salud para los adolescentes del mundo. Una segunda oportunidad en la segunda década. 2014 (en línea). Consultado en febrero 2022. Disponible en: https://apps.who.int/iris/handle/10665/141455.

Morbilidad. Algunos datos en España(8)

Drogas. La Encuesta ESTUDES 2020 (datos 2018), se realiza desde 1994, cada dos años, sobre el uso de drogas en la enseñanza secundaria, de los 14-18 años(9). Los datos de 2020 confirman que el consumo de alcohol, tabaco y cannabis, que habían ido bajando, se ha estabilizado en los últimos años. El 77,9% había probado el alcohol alguna vez. El 41,3%/33% había fumado tabaco/probado cannabis alguna vez, respectivamente. El uso de cocaína desciende, y del éxtasis asciende ligeramente. El consumo del resto de sustancias (hipnóticos, alucinógenos, anfetaminas, inhalables volátiles, heroína, etc.) es mucho más minoritario, con un consumo inferior al 2% los que la han probado.

Problemas relacionados con la sexualidad. Según datos del INE en 2011, la tasa de nacimientos por mil (o tasa de fecundidad) entre los 15-19 años fue de 11 y ha ido disminuyendo progresivamente, así en 2017 se situaba en 7,15. La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en el mismo grupo de edad, en 2011 fue de 14,09 y ha seguido disminuyendo a 7,41 en 2020, aunque no se sabe con certeza, ya que no se pueden contabilizar los abortos espontáneos.

Si sumamos el número de nacimientos en menores de 19 años más las IVE (aunque esta cifra no sea exacta) en el mismo grupo de edad y durante 2019, obtenemos 17.500 embarazos en menores de 20 años/anual, cifra muy importante a tener en cuenta.

La edad media de la primera relación sexual completa, según datos del INJUVE 2020, es a los 16,2 años. El 50,2% de los adolescentes de 16-18 años han tenido relaciones sexuales completas (Observatorio S.E. Contracepción 2019).

El 62,5% de los adolescentes (87,5% varones, 38,9 mujeres) entre 13-17 años ha visto pornografía alguna vez en la vida. El inicio es sobre los 12 años y casi el 50% lo ha llevado a la práctica. El peligro es que su deseo sexual se esté construyendo sobre unos cimientos irreales, violentos y desiguales propios de la ficción (Save the Children 2020).

Respecto a las infecciones de transmisión sexual (ITS) en adolescentes, sabemos que, a veces, cursan asintomáticas y pueden producir graves secuelas, como enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad o cáncer. Los adolescentes, en general, tardan en consultar, aunque tengan síntomas, una tercera parte de ellos no realiza el tratamiento de forma adecuada, lo que conlleva un mayor riesgo de secuelas; hay un uso insuficiente del preservativo y, en la actualidad, la vacunación del VPH en el Calendario Interterritorial de nuestro país sigue sin recomendarse para los varones, y las coberturas vacunales son insuficientes en mujeres.

• En relación a los problemas nutricionales, como la obesidad, aunque es difícil comparar los estudios por las diferentes metodologías, en el estudio Paidós-84, la prevalencia (6-13 años) era de 4,7. En el estudio Enkid-2003 (2-24 años), se obtuvo que el 13,9% sufrían obesidad y el 26,3% sobrepeso. En esos 20 años, se triplicó la prevalencia de obesidad. Santa Cruz en 2012 (8-17 años), obtuvo una prevalencia de obesidad del 12,6 y sobrepeso del 26%. En estos dos últimos años de pandemia COVID, ha aumentado la prevalencia de obesidad debido al sedentarismo y a los hábitos nutricionales alterados.

También, se ha incrementado la prevalencia de los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) en adolescentes. El 70% de los adolescentes no está a gusto con su cuerpo; 6 de cada 10 chicas serían felices más delgadas y un 30% revela conductas patológicas.

Salud mental. El 20% de los adolescentes españoles (10-19 años) sufre un problema de salud mental, más en las mujeres (Unicef-Estado mental de la infancia 2021).

Tecnologías. Su uso es muy elevado (ordenador 91,5%; Internet 94,5%, móvil 69,5%), siendo mayor en el sexo femenino. Es conocida la relación entre el uso de redes sociales y conductas disfuncionales en Internet.

El acoso escolar afecta al 10-15% de los alumnos.

El abandono temprano de la educación/formación entre los 18-24 años, es del 20,2% en varones y del 11,6% en mujeres (Europa 2020 Ministerio de Educación y FP).

A pesar de estos datos, los adolescentes se sienten sanos y no tienen percepción de que sus conductas de riesgo lo sean, por lo que no suelen acudir a los servicios sanitarios, salvo que lo necesiten por patología aguda importante. En ocasiones, no saben quién es su médico o no tienen confianza con él. Por otro lado, los profesionales sanitarios, en general, han demostrado poco interés por esta edad.

Cualquier consulta con el joven, se debe aprovechar al máximo y, aunque se atienda en principio la demanda que le ha traído, hay que realizar prevención. Siempre que se esté ante un adolescente, se tendrá en cuenta la “agenda oculta”, es decir, que pueden acudir a la consulta por un problema y lo que realmente le preocupa es otro; por ejemplo: una joven puede acudir por un dolor abdominal y lo que le preocupa es un posible embarazo o ITS. Puede acudir por un mareo o cefalea y lo que ocurre es que tiene problemas en el colegio, en casa o con la pareja.

Motivos de consulta

La patología por problemas agudos es la que hace que el joven acuda a la consulta (Tabla II) y, en general, son escasos, tanto en Atención Primaria como en Urgencias hospitalarias o Consultas de especialistas. Hay pocos estudios al respecto, ya que su investigación es compleja, debido a la agenda oculta del joven, el alto índice de patología psicosomática –que dificulta el diagnóstico–, y las diferencias según el lugar donde se consulta –consulta general o consulta joven(10)–. En este último caso, la mayoría de las consultas están relacionadas con la sexualidad y el embarazo no deseado.

Tabla

En un estudio realizado sobre los motivos de consulta entre 10-18 años en un Centro de Salud de consulta general(11), se obtuvieron por orden de mayor a menor frecuencia: infecciones ORL (45,3%), problemas de piel (24%), traumatismos (15,3%), alergias (7,6%) y gastroenteritis (7,6%). La consulta por temas relacionados con la sexualidad, las drogas o con problemas personales era muy baja: menor del 3%.

Motivos de ingreso hospitalario

Según el estudio de Díaz Gañán (2009)(12), las causas más frecuentes de ingreso hospitalario en la Comunidad de Madrid, en adolescentes varones de 15-24 años, en orden de mayor a menor frecuencia fueron: lesiones y envenenamientos 18,1%, problemas del aparato digestivo 17,2%, aparato locomotor y tejido conectivo 15,1%, y afecciones del aparato respiratorio 11,6%. Las causas en las mujeres fueron: complicaciones del embarazo, parto y puerperio 50,6%, aparato digestivo 10,2%, aparato respiratorio 5,5% y lesiones y envenenamientos 3,5%.

Romero y cols., en 2006, encontraron que los motivos más prevalentes de ingreso en una unidad de Medicina de la Adolescencia entre los 13-16 años, fueron el control de enfermedades crónicas en ambos sexos; seguían: traumatismos, cuadros confusionales/sincopes e intoxicaciones. Los pacientes que ingresaban por cuadros orgánicos asociaban cuadros psicosomáticos de forma subyacente no diagnosticados.

Aún no tenemos una herramienta que mida realmente las necesidades de salud de los adolescentes. Existe una patología biomédica que consta en todas las bases de datos y que refleja bien la realidad; pero hay otras patologías, como las psicosomáticas, las relacionadas con la imagen corporal, el estilo de vida o las carencias afectivas, incluso con las llamadas patologías secretas relacionadas con situaciones personales vividas con intensidad y que alteran la estabilidad emocional, que no se reflejan en los estudios.

Patologías prevalentes durante la adolescencia

Los adolescentes sufren diferentes patologías y muchas están relacionadas con sus conductas de riesgo. Debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Se necesitan estrategias para conseguir la mayor implicación y adherencia a los tratamientos.

A continuación, se exponen brevemente las patologías más frecuentes que se pueden encontrar durante la adolescencia(10,13,14).

Accidentes. Constituyen la principal causa de muerte e incapacidad en el grupo de los 15-24 años, siendo una proporción importante la de accidentes de tráfico. Se ha estimado que la utilización correcta del cinturón de seguridad mientras se conduce, podría disminuir el riesgo de lesiones en un 45-55%, y la mortalidad en un 40-50%, tanto del conductor como de su acompañante. Además, se debe aconsejar que no se consuman bebidas alcohólicas si se ha de conducir, dado que el alcohol está relacionado con los accidentes de tráfico en un 40%. La utilización de casco al ir en bicicleta reduce la incidencia de traumatismo craneal en el 69-80% y su uso en bicicleta o motocicleta, reduce el riesgo de lesión o muerte (Evidencia II-2; Recomendación B).

Drogas. Su consumo se asocia con: accidentes de tráfico, homicidios y suicidios, actividad sexual temprana, fracaso escolar, trastornos mentales, problemas familiares y delincuencia; además de las posibles consecuencias en la edad adulta, como: las enfermedades cardiovasculares, alteraciones psiquiátricas y cánceres. Las drogas legales (alcohol y tabaco) son las de uso más prevalente y constituyen la puerta de entrada a otras drogas. En los países de renta alta se mantiene el patrón de consumo característico de los jóvenes: policonsumo, en ambientes lúdicos, durante el fin de semana; el porcentaje va aumentando con la edad y se ha ido incrementando el consumo femenino.

Problemas relacionados con la sexualidad. El aumento del embarazo no deseado y de las ITS en los adolescentes es consecuencia del: adelanto de la menarquia, inicio precoz de relaciones sexuales, uso inadecuado de métodos anticonceptivos, existencia de múltiples parejas, consumo de drogas y desconocimiento. Los jóvenes, debido a su fisiología, a que consultan tarde, a que no realizan bien los tratamientos, etc., tienen más riesgo que los adultos de morbilidad y secuelas a largo plazo, como: infertilidad, enfermedad inflamatoria pélvica, embarazo ectópico o cáncer. Es importante fomentar la vacunación del VPH, tanto en las mujeres como en los varones, ya que previene el cáncer.

Trastornos nutricionales. La ingesta excesiva de calorías es un problema más grave e importante que la ingesta inadecuada. En diversos estudios de países occidentales, se ha observado un elevado consumo de grasa saturada y bajo en carbohidratos, así como una ingesta insuficiente de lácteos y frutas, estando cada vez más extendido el consumo de comidas de preparación rápida, lo que conlleva un exceso de grasas saturadas, sodio y azúcares refinados, con un elevado aporte calórico, y casi nulo aporte de vitaminas y minerales, acompañándose de un aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. En España, las cifras de prevalencia de obesidad infantojuvenil, como hemos visto, se han triplicado en los últimos 30 años. Los TCA cada vez se producen a edades más tempranas, y engloban un amplio espectro, desde cuadros subclínicos y parciales, hasta cuadros graves con serias consecuencias si no son tratados. Tienen complicaciones irreversibles: estancamiento del crecimiento, fallo en lograr el pico de masa ósea y cambios cerebrales. La vigorexia, es más frecuente en el sexo masculino, están obsesionados por la práctica deportiva para conseguir un cuerpo atlético y lo anteponen a cualquier otra actividad. La ortorexia es la obsesión por comer alimentos sanos, conociendo su origen y proceso hasta llegar al consumidor. En relación con todo ello, existe también una gran demanda de intervenciones estéticas para mejorar el aspecto (las mamas, la nariz o el abdomen), así como el importante aumento del consumo de ropa, moda, informática…

Salud mental. Trastornos emocionales y del comportamiento. Las situaciones conflictivas propias de la adolescencia, junto a la fragilidad de su personalidad en desarrollo, constituyen un marco idóneo para la eclosión de posibles trastornos mentales. Las chicas son más propensas a presentar problemas de tipo emocional (ansiedad, depresión) y TCA; los chicos son más vulnerables a trastornos perturbadores y violentos. En los últimos dos años de pandemia COVID, los problemas mentales se han multiplicado de forma muy importante.

Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Las TICs han revolucionado el mundo actual, están presentes en la mayoría de los hogares/centros escolares y constituyen un peligro para la adolescencia. Los niños inician su uso cuando aún no han desarrollado la capacidad de comprender términos, como el respeto a uno mismo y a los demás, la privacidad o la propiedad intelectual. La información que se cuelgue perdurará para siempre (huella digital). Su uso conlleva muchos beneficios educativos, comunicativos o de entretenimiento, pero también muchos riesgos que deben tenerse en cuenta: violencia, pornografía, adicción, suplantación de identidad, fracaso escolar, trastornos emocionales, psiquiátricos, alteraciones visuales (miopía, fatiga, ojos resecos por disminución del parpadeo), cefaleas, además del ciberacoso, grooming y sexting. La popularidad hoy se mide por el número de seguidores en las redes sociales. Somos la primera generación en la historia en que, de manera masiva, la transferencia de tecnología se realiza de hijos a padres, y no al revés. Los adultos, en general, desconocen los aspectos técnicos y minusvaloran los posibles riesgos, aunque en los últimos años esto va cambiando.

Trastornos del sueño. Diferentes estudios han mostrado que los niños y adolescentes duermen una cantidad insuficiente de horas para sus necesidades, lo que puede afectar: a su salud física y mental (alteración del crecimiento, obesidad, hipertensión, trastornos inmunológicos, problemas emocionales y de conducta); a su seguridad (accidentes); al éxito académico y a la calidad de vida, condicionando alteraciones crónicas del sueño en el futuro. Según diferentes estudios, hasta el 30% de niños y adolescentes presentarán algún trastorno y/o problema del sueño. En ello influyen los cambios biológicos de la pubertad y causas que son modificables, como: estilo de vida y hábitos, uso de tecnologías, exigencias académicas o inicio temprano de las clases. Los trastornos más frecuentes durante la adolescencia son: insomnio, parasomnias, síndrome de piernas inquietas y síndrome de retraso de fase.

Enfermedad crónica o discapacidad. Como se ha comentado, la población adolescente es, en general, una población sana. Sin embargo, principalmente debido a los avances médicos, se ha visto un cambio en relación a las enfermedades crónicas, en las que se ha reducido la mortalidad infantil, incrementado la esperanza de vida, incluso hasta la edad adulta. Estos logros médicos suponen un aumento de adolescentes con enfermedades crónicas: asma, neoplasias, cardiopatías y otras malformaciones congénitas, diabetes, epilepsia, enfermedad inflamatoria intestinal, miopatías o trastornos metabólicos, entre otras.

Si una enfermedad crónica genera dificultades en cualquier momento de la vida, durante la adolescencia, se añaden algunos elementos especiales. Por ejemplo, por un lado, se trata de un paciente que se encuentra en una fase vital con necesidad de una autonomía que debemos potenciar, pero que, a su vez, en algunas ocasiones puede no aceptar, o no entender las implicaciones que la enfermedad tiene, y también puede que no se implique en el propio autocuidado (toma de medicación, asistencia a visitas médicas…). Algunas veces, si el adolescente no se implica, puede suceder que se implican demasiado los padres/tutores, o que se desentiendan, generando conflictos, mala evolución de la enfermedad, aumento de los ingresos, etc. Pero precisamente por el incremento de la esperanza de vida de estas enfermedades, que sugiere que el adolescente llegará a la vida adulta, es de gran importancia que se encuentren estrategias para conseguir la mayor implicación y adherencia a los tratamientos.

Los adolescentes con enfermedades crónicas tienen igual o mayor posibilidad que sus compañeros sanos de adoptar conductas de riesgo. También, de tener trastornos emocionales y depresión, ser víctimas de diferentes formas de violencia, de bullying, maltrato y abuso sexual. Igualmente, presentan una mala adaptación al sistema sanitario y, en ocasiones, negación de la enfermedad, además de efectos secundarios severos por la medicación que toman. Aunque en todos los adolescentes es importante el cuidado durante la transición, aquí tiene mayor relevancia.

El proceso de la transición

Se entiende por transición: el proceso de preparación, adaptación e integración paulatina de niños y adolescentes en una unidad asistencial de adultos.

La vida es un continuum. Han sido los gestores sanitarios y la complejidad y sofisticación de los tratamientos los que han obligado a parcelar la atención médica.

Cada etapa de la vida tiene unas características y necesita un tipo de asistencia. Incluso, cada parcela exige un perfil profesional diferente y esto los pacientes, en ocasiones, no lo entienden bien. Las características de cada etapa de la vida nos hacen poner sobre la mesa cómo se produce el paso de una etapa a otra en la atención sanitaria, es decir, la transición del paciente de una especialidad a otra; por lo que se refiere a los adolescentes, se añade que el joven cambia de forma rápida y significativa, lo que exige una adaptación, tanto por su parte como por la de los profesionales que le atienden, si lo que se pretende es lograr la máxima calidad asistencial, eficiencia y éxito clínico(15). Los dos objetivos principales de una transición bien organizada y coordinada son optimizar la salud y facilitar que el adolescente se sienta satisfecho con la asistencia sanitaria(15).

Podemos distinguir dos tipos de asistencia: la Atención Primaria (AP) y la Atención Especializada (AE). La primera se da en los Centros de Salud y, aunque se ocupa de la atención integral a la salud, también atiende a adolescentes sanos, tiene como base: la Educación para la Salud (EpS), la Promoción de la Salud (PS) y la Prevención Primaria (PP). La segunda, se da en los Hospitales y atiende principalmente a pacientes con patología crónica, casi siempre multidisciplinar. En ambos casos, la transición asistencial tiene características específicas.

La transición en Atención Primaria

En la mayoría de las Comunidades Autónomas, la edad límite de asistencia sanitaria es la de los 14 años cumplidos y, en algunas, se llega hasta los 16 años. Aunque determinados profesionales continúan atendiendo al adolescente más allá de esta edad, en la revisión de salud de los 14-16 años, se suele informar a los padres del paciente de que a partir de ese momento la administración traslada sus datos a la consulta del médico de familia. Este paso debería ser tomado más en serio por todos: pediatras, médicos de familia, enfermería, familia y realizar acciones coordinadas.

Si partimos de la base conceptual de que la adolescencia es una etapa que une la niñez con el estado adulto, lo coherente sería mantener la asistencia, al menos, durante el tiempo mínimo que dura la etapa, hasta los 18 años. Pero la realidad no es así, sino que interrumpimos la asistencia en la adolescencia media (14-16 años), el momento más crítico de toda la evolución. No se entiende que un niño de 14 años, en una edad en que aún no ha concluido su crecimiento y desarrollo, deba pasar de un cuidado pediátrico individualizado, supervisado, orientado en la familia y coordinado con la escuela y el entorno, a un cuidado de adulto, mucho más impersonal, que se centra en el eje salud-enfermedad y no en los aspectos del desarrollo. El cambio del cuidado pediátrico al modelo adulto conlleva una ruptura importante, y hace que, en ocasiones, se pierdan el seguimiento y la adherencia al tratamiento y también que aumente el número de ingresos del paciente(16,17).

La transición tal y como la proponemos, podría ser considerada un “rito de paso-iniciación”, que supone el reconocimiento de la edad del adolescente, al que se da autonomía para que utilice los servicios de salud según su criterio y sus necesidades. La transición es el momento de recapitular toda la etapa que ha transcurrido desde el nacimiento y hablar de la salud como un valor importante en la vida. Se trata de contribuir a potenciar el “principio de autonomía del paciente”: “el derecho del paciente de decidir por sí mismo sobre los actos que se practicarán en su propio cuerpo y que afectarán de manera directa o indirecta a su salud, su integridad y su vida”.

La transición es específica para cada persona y debería ocurrir entre los 16-18 años (según esté organizada la atención) y más que por la edad, el paso debería realizarse cuando los jóvenes estén maduros para ello y cuenten con habilidades suficientes para el autocuidado(17). No todos los adolescentes tienen el mismo grado de madurez y de autonomía como para poder gestionar el control de su salud. La ley da el derecho a decidir sobre esto a partir de los 16 años (mayoría de edad sanitaria), cuando sus decisiones no pongan en grave riesgo su salud. El nivel de desarrollo tampoco es igual en todos los adolescentes. Existe un cuestionario TRAQ (Transition Reading Assessment Questionnaire) que pretende medir esta autonomía mediante una valoración. Es un instrumento que valora las habilidades de los adolescentes con enfermedades crónicas en relación a la autonomía y los cuidados propios que van adquiriendo en la transición a la fase adulta. Está dirigido a personas entre los 14 y 26 años y las preguntas se clasifican en 5 dominios: utilización de medicación, asistencia a citas, seguimiento de los problemas de salud, comunicación con los profesionales y gestión de actividades cotidianas(18).

La transición es un proceso dinámico, no un evento, debe ser gradual y multidisciplinar, pues implica un proceso planeado en el tiempo para preparar las necesidades médicas, psicosociales y educacionales, en los servicios de adultos. Es esencial la coordinación entre servicios. Hay tres etapas: inicial, momento en que se toma la decisión; intermedia, el paciente, su familia y su médico ya están preparados; y final, cuando el adolescente o adulto joven, además de ser “transferido” a un servicio de adultos, participa activamente de su cuidado y de la toma de decisiones, de acuerdo a sus capacidades. Existen obstáculos para la transición, dependientes del paciente, la familia, el pediatra o médico de adultos(17). Durante la transición, se produce la presentación de otros profesionales que van a estar implicados en su salud. Por una parte, no todos los profesionales tienen la misma forma de entender la práctica clínica; por otra, los adolescentes son muy sensibles a las formas de trato y, si estas no son adecuadas, pueden dar al traste con la relación clínica.

En un estudio realizado en el año 2021 en España, se detectó que el 75% de los jóvenes habían visitado al médico de familia antes de cumplir los 21 años, mientras que el 25% restante terminaba esta etapa sin hacer ninguna visita. Llama la atención que acudían por primera vez a la consulta a una edad muy temprana, en la mayor parte de los casos a los 15 años (67%) o a los 16 años (20%). Se puede interpretar que esta precoz visita inicial se debe a la adherencia de los pacientes a la consulta de Pediatría, que se traslada a la primera visita con su médico de adulto(18-19).

La morbi-mortalidad adolescente, como hemos visto es muy importante. En esta edad, la Educación para la Salud (EpS), la Promoción de la Salud (PS) y la Prevención Primaria (PP), tienen mucha importancia. Por eso se habla de “captación oportunista”, es decir, aprovechar cada acto médico para implementar los programas preventivos. Además, se puede intentar que, a partir de los 16 años, el paciente acuda solo a la consulta, eliminando de esta manera sesgos en la recogida de información y fomentando la autonomía, independencia y capacidad del joven, facilitando la accesibilidad al sistema y la entrada en el mismo como paciente adulto al que vamos a acompañar mientras podamos y lo precise(20).

En los últimos seis años se han establecido en nuestro país, programas para realizar la transición a nivel hospitalario, y es necesaria también su organización en Atención Primaria (AP). Es preciso, cuando llegue el momento, establecer en el Centro de Salud visitas del adolescente con los dos profesionales (el pediatra para presentar al joven y explicar su problemas y necesidades de salud y el médico de familia que recibe al adolescente) para ir realizando el cambio.

La transición en Atención Especializada. Pacientes con enfermedades crónicas y discapacidad

La OMS considera las enfermedades crónicas como: “aquellas enfermedades que presentan una larga duración (más de 6 meses) y una progresión lenta, no se transmiten de persona a persona y son consideradas, por lo tanto, como no transmisibles”. Se ha propuesto el uso del término “adolescente con necesidad de cuidados especiales en salud”, como un término menos estigmatizante y más aceptable socialmente (Stein. EE.UU.). En las últimas décadas, hemos asistido al aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas que oscilan entre el 10 y el 30%(20). Globalmente, 9 de cada 10 niños afectados por una enfermedad crónica superarán los 20 años de edad(15).

Entendemos por transición: el proceso de preparación, adaptación e integración paulatina de niños y adolescentes con una patología crónica en una unidad asistencial de adultos. El proceso de transición comienza en la adolescencia precoz, pero no termina hasta que el adulto joven está totalmente integrado en una unidad de adultos. Sin embargo, el término transferencia hace alusión al momento del traslado del paciente con información clínica y administrativa de una unidad pediátrica a otra de adultos (no implica desarrollo, no es un proceso sino un momento)(18-19).

Muchos adolescentes pasan de forma abrupta, ya sea por haber cumplido una determinada edad, o por una descompensación aguda que motiva el ingreso en un servicio de adultos. La preparación para ese paso y la coordinación de la atención entre el grupo pediátrico y el de adultos son fundamentales para facilitar el proceso de transición, que debe asegurar la misma calidad y continuidad en la atención de esos pacientes, sobre todo en el caso de enfermedades crónicas(16).

La Academia Americana de Pediatría (AAP), la Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP) y el Colegio Americano de Médicos (ACP) han sido conscientes de la importancia del proceso de atención médica en la transición del adolescente del pediatra al médico de familia, y de la necesidad de darle más autonomía en el cuidado de su salud, especialmente a los que padecen una enfermedad crónica. Los organismos anteriormente citados redactaron un manifiesto llamado: “Los seis elementos principales de la transición”(21) que son:

1. Principios de la transición: hablar con el paciente y la familia sobre el plan y realizar la formación del personal implicado.

2. Atención y seguimiento del proceso de transición, herramientas para establecer criterios de inclusión, selección, observación, registro, etc.

3. Capacitación del paciente: pretende evaluar sus capacidades y prepararlo para una correcta transición.

4. Planificación de la transición con la preparación individualizada del paciente: objetivos, informe pormenorizado, información al médico de familia y elección del mejor momento para la transición, asesoramiento al paciente con discapacidad intelectual, así como ayuda en la elección del médico de adultos y coordinarse con él.

5. Transición médica con toda la historia clínica e informaciones adicionales al médico de adultos, cuando la enfermedad esté en una fase estable. Es responsabilidad del pediatra atender al adolescente hasta que sea atendido en la consulta de adultos.

6. Fin de la transición. Conexión posterior con la familia y el paciente por parte del pediatra para cerrar el tránsito, y ofrecer la ayuda necesaria y el contacto con el médico de adultos, así como construir alianzas de colaboración con el resto de profesionales.

En resumen, es elaborar los planes de transición conjuntamente con el paciente y la familia, iniciar el proceso sobre los 14 años de edad y formar al personal en los procedimientos para la correcta transición (v. Algoritmo).

Asistencia clínica a los adolescentes

En la actualidad, existe un vacío asistencial con los adolescentes. A pesar de todos los problemas que hemos visto que presentan estos, los médicos ponen poco interés por la salud de los adolescentes. Su rebeldía, contestación, reivindicación, jerga, la crítica exacerbada, la irrespetuosidad, a veces, etc., los hacen antipáticos y su atención y cuidado poco gratificantes. Por eso se dice que es la etapa más abandonada de la vida, más aún que la ancianidad. Existen pocos planes y programas en la cartera de servicios sociales que traten con detalle estos momentos. Tenemos una historia que lo puede justificar. Hasta bien entrados los años noventa del siglo pasado, la edad límite de la atención pediátrica llegaba a los 7 años. Desde 1973 a 1982, no hay ninguna publicación en Anales Españoles de Pediatría sobre adolescencia. Han sido los profesionales, antes que las instituciones, los primeros en dar la voz de alarma, y todo de la mano de importantes problemas sociales, como: la prevención del consumo de sustancias, los problemas escolares, los conflictos familiares, los embarazos no deseados(1), etc.

En los últimos años, se han conseguido varios avances como la ampliación de la edad de atención pediátrica hasta los 14-16 en Atención Primaria (según las diferentes Comunidades Autónomas) y hasta los 18 años a nivel hospitalario (II plan estratégico nacional de infancia y adolescencia 2013-2016), aunque sin desarrollar un plan estratégico concreto para su implementación, que incluya formación específica de los profesionales sanitarios o un aumento de recursos; pero la atención a esta población no está adecuadamente organizada, faltan servicios adecuados, profesionales bien formados, así como reconocer dicha subespecialidad, entre otras(22). En la tabla III se pueden observar los problemas para la atención a la población adolescente, así como las necesidades para solucionarlo.

Tabla

Diversos organismos como Unicef en 2011, recomiendan que se debe invertir en los adolescentes: porque necesitan desarrollar sus capacidades y habilidades para hacerse competentes, poder ejercer sus derechos y acceder a una educación y servicios de salud de calidad, a un empleo digno y a participar de manera positiva en la vida y el futuro del país.

Planes estratégicos globales

La OMS, la ONU y diversos organismos están interesados en estudiar los indicadores de salud de los adolescentes y para ello han creado organismos especiales.

Los datos demográficos comentados previamente, han conducido a la OMS y a la ONU a crear organismos encargados de estudiar criterios para medir la salud de los adolescentes.

Estrategia Mundial para la salud del adolescente 2016-2030(3):

– La Estrategia, que está estrechamente alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), persigue asegurar que los adolescentes puedan ejercer sus derechos a la salud y al bienestar físico y mental.

– Pretende poner fin en el año 2030, a la mortalidad prevenible de los adolescentes de cualquier entorno y parte del mundo y garantizar el acceso universal a los servicios sanitarios. Para ello, la Estrategia Mundial proporciona un plan de trabajo que pretende marcar los hitos a alcanzar por los diferentes países de aquí al año 2030, teniendo en cuenta la evidencia disponible de la evaluación de necesidades y de resultados de eficacia de las intervenciones.

– En relación con los adolescentes que viven en contextos de crisis humanitaria, la Estrategia Mundial advierte que presentan un riesgo de morbilidad mayor que la población general, debido a las condiciones de inseguridad, la violencia sexual y la depresión a las que están expuestos. Insta a la comunidad mundial a actuar de manera más ágil e invertir más recursos en ayudar a las personas en situaciones de riesgo.

– Integra la salud en todas las políticas, en particular, en lo que respecta a: la malnutrición, la contaminación del aire, la mala calidad del agua, el saneamiento y la higiene, la violencia y las prácticas nocivas y discriminatorias.

– Defiende la adopción de políticas y programas orientados a la equidad, que estén basados en los derechos humanos, sobre todo, para los adolescentes en situación de exclusión social y marginalidad.

Medición de la salud de los adolescentes: un paso necesario hacia el logro de los objetivos mundiales. En el año 2018, el Grupo Asesor de Acción Global para la Medición de la Salud de los Adolescentes (GAMA) propuso un proyecto patrocinado por la OMS y el apoyo de otras agencias, como Naciones Unidas (ONU) y la Fundación Bill y Melinda Gates, para buscar unos indicadores de la salud de los adolescentes, siendo conocedores de que un tercio de la carga global de enfermedad es atribuible a la conducta y circunstancias de la adolescencia(23-25).

– El GAMA acepta el grupo de edad que la OMS considera de adolescencia entre los 10 y 19 años, pero admite otras definiciones. Tanto los problemas de salud como los sistemas sociales o de atención sanitaria, cambian en estos años. Reconocen que los adultos jóvenes se sienten mejor atendidos en entornos de adolescentes mayores. Realiza su trabajo en colaboración con los gobiernos locales interesados en mejorar la vida de los adolescentes.

– El GAMA prevé estimular el uso de los indicadores de salud. El impacto de estas recomendaciones a nivel nacional dependerá del apoyo dentro de cada país.

– Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU exigen a todos los países: atención a la equidad, prevenir la pobreza, promover la salud y el crecimiento económico general, abordar la educación, la protección social, el empleo, el cambio climático y la protección al medio ambiente.

– Es prioritario invertir en servicios para adolescentes y para ello es necesario un compromiso político de todas las naciones para mejorar la vida de los jóvenes.

– La Alianza para la Salud Materna e Infantil y otras muchas organizaciones reconocidas por la OMS, se comprometió a mejorar la salud de los adolescentes. Hizo una llamada a favor del bienestar de los adolescentes en el año 2019, que consistía en involucrar y capacitar a los adolescentes y fortalecer el compromiso político de financiación a través de la Cumbre Mundial sobre Adolescentes en 2023.

– La importancia de la participación de los jóvenes en los ODS, la ONU y la OMS aumenta la eficacia de los planes y estrategias. El Secretario General de la ONU destaca la importancia de que 1.800 millones de personas entre los 10 y 24 años, convertidos en agentes de cambio, son un potencial enorme para lograr un mundo mejor.

Función del pediatra de Atención Primaria

La labor del pediatra va más allá del tratamiento de la enfermedad o sus complicaciones, y debe cuidar y acompañar durante este periodo, para que el paciente llegue a la edad adulta con: la mejor calidad de vida, el menor número de complicaciones y sin sufrimiento por la transición del modelo pediátrico al modelo adulto (Tabla IV). Es preciso que conozca las características del adolescente, sus necesidades y problemas de salud, así como su dinámica familiar y social.

Tabla

Como sabemos, el adolescente acude poco a consultar, el pediatra debe aprovechar al máximo sus visitas para abordar todos los temas que influyen en su salud integral, y realizar también educación y prevención. Para ello, puede ayudar el acrónimo que propone la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA): F.A.V.O.R.E.C.E.R. la salud (Familia, Amigos, Vida sana-vacunas, Objetivos-ocio, Religión-espiritualidad, Estima, Colegio-universidad-trabajo, Estado mental, Riesgos).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

– Salud del adolescente y el joven adulto. OMS. Enero 2021 (en línea). Consultado en febrero 2022. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescents-health-risks-and-solutions.

Se exponen los problemas de salud de los adolescentes a nivel mundial y se ofrecen soluciones.

– American Academy of Pediatrics, American Academy of Family Physicians and American College of Physicians, Transitions Clinical Report Authoring Group. Clinical report- Supporting the health care transition from adolescence to adulthood in the medical home. Pediatrics. 2011; 128: 182-200.

Se puede ver detenidamente, en 6 fases, un protocolo para planificar y organizar un Programa de transición.

Caso clínico

Jorge tiene 15 años. Es diabético desde los 13. Debutó con cansancio y pérdida de peso. En la actualidad, está en tratamiento con insulina y aceptablemente controlado. Estudia 4º de ESO en un colegio concertado. Su padre es industrial y su madre ama de casa. Tiene otra hermana de 10 años. La estructura familiar es buena.

La madre acude a la consulta, porque el último fin de semana en una fiesta se ha emborrachado y ha regresado a casa con ayuda de los amigos. Nos dice que desde que ha empezado el curso, hace 3 meses, no se encuentra bien, no rinde como el año pasado, no lleva bien la dieta…

Hace unos meses ha ido al médico de familia, que según dice la madre apenas le conoce, y se ha limitado a recetarle la insulina y las tiras reactivas para control de glucemia. Acude a la consulta del pediatra, ya que en la última revisión, a los 14 años, este le dijo que, si alguna vez tenía algún problema de salud, podía contar con él.

El caso es un modelo de una mala transición. Jorge es portador de una enfermedad crónica (diabetes) y va a llevar una dependencia de los servicios sanitarios de por vida. Lo suyo hubiera sido haber realizado alguna gestión clínica con su médico de familia y enfermera, conocerlos, incluso presentarles para ir familiarizándose con sus servicios (no solamente despacho de jeringas e insulina), de forma que este episodio último le hubiera permitido acudir a él como responsable administrativo de su diabetes.

Tabla

 

CÓMO REALIZAR LA ATENCIÓN AL ADOLESCENTE

M.I. Hidalgo Vicario
Editorial


M.I. Hidalgo Vicario

Pediatra. Doctora en Medicina. Acreditada en Medicina de la Adolescencia. Expresidenta de la SEMA. Coordinadora del grupo de Formación y Acreditación de la SEMA. Directora Ejecutiva de Pediatría Integral. Madrid

 

«Mucho se ha escrito acerca de la necesidad de salas de espera y elementos separados para adolescentes. Más importantes son los atributos personales, la ternura y el interés sincero del médico y su capacidad para hacer sentir al adolescente, que él es especial»

Dr. S. L. Hammar, 1973

 


CÓMO REALIZAR LA ATENCIÓN AL ADOLESCENTE

A pesar de que la adolescencia es la etapa más sana de la vida desde el punto de vista orgánico y que, en general, los jóvenes se sienten con buena salud, necesitan la atención de los profesionales sanitarios, una atención diferente para una edad diferente, lo que incluye una atención a su salud integral y eliminar barreras.

La atención al adolescente no está adecuadamente organizada en nuestro país, e influyen diversas razones: no existe un programa de atención integral al adolescente en las etapas formativas de las facultades o del sistema MIR; el propio sistema de salud interrumpe la asistencia a los 14-15 años, rompiendo el vínculo establecido con el profesional; faltan servicios adecuados que les ofrezcan una atención a su salud integral; escasean profesionales bien formados en el campo de la adolescencia, así como reconocer oficialmente dicha subespecialidad y coordinar la atención en los diferentes niveles asistenciales. En los últimos años parece que están cambiando las cosas: ha aumentado la edad de atención por el pediatra hospitalario hasta los 18 años y entre los 14-16 años en Atención Primaria, según las diferentes comunidades autónomas; se inician servicios de atención a nivel privado; y están aumentando las publicaciones y las reuniones técnicas sobre cómo organizar la asistencia a esta población.

Es preciso el seguimiento de su crecimiento y de su maduración sexual, para asegurarnos que progresa con normalidad; pueden emerger factores de riesgo para enfermedades del adulto como: enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer. Un óptimo desarrollo también depende de una buena salud mental y emocional. Es necesario prevenir enfermedades infecciosas y por ello proporcionarles una adecuada vacunación. Además, es un periodo de grandes riesgos, ya que muchos de sus problemas de salud son consecuencia de comportamientos que se inician en estas edades, con efectos en el presente y futuro del joven: accidentes que son su principal causa de muerte, violencia, uso y abuso de drogas, conductas sexuales arriesgadas, abuso de tecnologías, problemas nutricionales y relacionales, entre otros, que conllevan una importante morbilidad. Los profesionales sanitarios deben tener presente que la mayoría de estos comportamientos son prevenibles.

Es necesario tener en cuenta las barreras que existen para su atención e integrar los diferentes servicios en su asistencia, tanto en Atención Primaria como hospitalaria.

Barreras en la atención al adolescente

Existen numerosas barreras para la atención al adolescente: unas dependen del propio sistema de salud (burocratización que afecta a la confidencialidad, masificación de la atención, falta de coordinación…), de los profesionales (falta de tiempo, de interés, de formación, de experiencia…) y otras de los propios adolescentes (infravalora sus problemas, no sabe dónde acudir o falta de confianza con el médico). Por ello, en ocasiones, el profesional tendrá que ir donde se encuentran los adolescentes: escuelas, institutos, universidades o furgonetas móviles, entre otras. A diferencia del adulto que acude y busca al médico, en la adolescencia es el profesional el que tiene que captar y atraer al joven.

¿Cuándo ofrecer una atención sanitaria de calidad?

Se aconseja que los adolescentes, desde los 11 a los 21 años, acudan al médico una vez al año para evaluar posibles problemas de salud, del comportamiento y psicosociales con una orientación preventiva, para reducir los hábitos y conductas perjudiciales. Pero los adolescentes acuden poco al médico, solo cuando padecen una enfermedad aguda y se sienten mal, o por motivos escolares o deportivos, por lo que es difícil que el profesional sanitario pueda realizar prevención y una intervención precoz. Por ello, se deben aprovechar al máximo las escasas visitas del joven.

¿Cómo ofrecer una atención sanitaria de calidad?

El profesional debe aprovechar al máximo la consulta del adolescente, tanto en los controles periódicos de salud como de forma oportunista por patologías agudas, crónicas, certificados de salud, etc. Es preciso saber realizar una buena historia clínica (v. tema de este número: Regreso a las bases: Entrevista y examen físico del adolescente). Se realizará de forma confidencial, abordando todos los aspectos de la vida del joven. Aunque cada profesional puede tener su forma personal de entrevistar, se puede recurrir a varios acrónimos, como el que propone La Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA): F.A.V.O.R.E.C.E.R. la salud.

F-amilia: relación con padres, hermanos, grado de satisfacción.

A-migos: relación con amigos, grado de satisfacción.

V-ida sana: vacunación, alimentación, ejercicio-deporte, sueño.

O-bjetivos: ilusiones, ocio y tiempo libre.

R-eligión: espiritualidad y apoyos del entorno.

E-stima: valoración de su imagen, autoestima, autoconcepto, identidad.

C-olegio-universidad-trabajo: relación profesores, entorno, rendimiento, satisfacción.

E-stado mental: ansiedad, tristeza, miedos, conducta, sentimientos.

R-iesgos: violencia, accidentes, drogas-medicaciones, sexualidad y nuevas tecnologías.

La Academia Americana de Pediatría: propone HEADSSSSS (Hogar, Educación-trabajo, Actividades, Drogas, Sexualidad, Sadness-depression-suicide, Safety, Spirituality, Strenghts).

Conviene centrarse en las cualidades positivas del adolescente –todos las tienen–, elogiar lo que hace bien y sus hábitos saludables, esto le motiva y ayuda a establecer buena relación con el profesional. Mantener siempre la privacidad y confidencialidad (explicarla desde el principio). Escucharlos con interés y empatía, ser respetuosos sin emitir juicios de valor. Se puede utilizar un cuestionario de evaluación al inicio de la consulta. Informarles que, a veces, requieren una atención multidisciplinar, que forman parte de un equipo y que se podrá compartir la información si es preciso, pero siempre contando con su autorización.

Aunque prefieren tener una consulta específica para ellos con sus propios materiales educativos, medios interactivos y cuestionarios, lo que más valoran es la relación establecida con el profesional, prefieren un médico conocido, accesible, al que puedan confiar sus problemas, aunque tengan que compartir la sala de espera con niños o adultos.

El uso de mensajes de texto a través de Twitter y Facebook pueden resultar muy útiles para concienciarles sobre la salud, favorece la relación con el médico y la visita de seguimiento, siempre teniendo en cuenta la privacidad y confidencialidad.

También contribuye de forma muy positiva a concienciarles sobre la salud (sexualidad, drogas…), la participación de educadores de su edad –otros adolescentes formados– y los médicos. Estos últimos son figuras de autoridad, encargados de mejorar la salud de la población y, por ello, los adolescentes están abiertos a sus consejos. Se proporcionará, si el adolescente lo prefiere y si es posible, profesionales del sexo masculino o femenino. Es importante tratar de cumplir los objetivos del joven, la continuidad de la atención, el seguimiento y la coherencia.

¿Dónde ofrecer una atención sanitaria de calidad?

Hay varios modelos de asistencia sanitaria que han demostrado ser eficaces:

Unidades hospitalarias, tienen la ventaja de contar con servicios multidisciplinares completos, aunque muchas veces no están bien coordinados y pueden ser intimidatorios para muchos adolescentes.

La Atención Primaria debe facilitar el acceso a la asistencia sanitaria completa y continua, de una forma directa y sencilla, cuando sea necesario, con flexibilidad horaria y entre sus funciones están: proporcionar un diagnóstico y tratamiento apropiados, con promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

En Atención Primaria puede haber distintas aproximaciones:

- Un horario fijo exclusivo para adolescentes. Esto presenta varias dificultades, como la limitación horaria y la superposición de agendas con otras edades.

- Dedicar un día a la semana exclusivo para adolescentes. Tiene los inconvenientes de ser insuficiente para atender a toda la población asignada o la coincidencia con la atención urgente al resto de las edades pediátricas.

- Consulta tradicional. Como hemos comentado, los jóvenes valoran más la relación establecida con el profesional, que el aspecto, estructura u horario de la consulta. En este modelo, es positivo que el pediatra establezca una relación a largo plazo con los jóvenes y sus padres, y conozca los recursos y especialistas donde puede derivar. Entre los inconvenientes están que algunos profesionales se centran más en bebes y niños de edad escolar, y que con los adolescentes, es preciso garantizar siempre la confidencialidad.

- Creación de una consulta joven en el centro de salud, con las características propias de este tipo de consulta (sin cita previa, preservando la confidencialidad, atención por sanitarios de diferentes estamentos y en conexión con especialistas).

Centro de atención en escuelas/institutos/universidades. Tiene la ventaja que los jóvenes pasan allí bastante tiempo y los profesionales/orientadores pueden detectar a los jóvenes con problemas y mejorar la educación y concienciación sanitaria. Entre las dificultades: es preciso que los jóvenes vayan al centro y que, a veces, los recursos son limitados y no es un Centro de Atención Primaria.

Clínicas móviles (furgonetas móviles). Entre las ventajas están que van donde está el paciente, pueden variar su ubicación según las circunstancias, es atractivo y no intimidatorio; pero los servicios que ofrecen no se corresponden con el Centro de Atención Primaria, están orientadas en planificación familiar, infecciones como VIH, etc., y no están muy enfocadas a los jóvenes.

Otras opciones de atención: centros juveniles, centros de trabajo, campos de refugiados, centros de detención de jóvenes, albergues para jóvenes sin hogar, etc. Entre las ventajas están, que son accesibles, el personal puede identificar a los necesitados mejorando la educación y concienciación, gestionando los casos; pero suelen tener recursos limitados, los servicios no son los del Centro de Atención Primaria y cuando el joven deja la institución, es difícil su seguimiento.

Los adolescentes tienen derecho a encontrar un profesional preparado y competente que atienda su salud integral. Los profesionales deben saber cómo atender a los adolescentes, para ello es necesario generosidad, altruismo y “querer ayudar al paciente”, lo cual incluye una parte de aprendizaje técnico y otra parte humanística, para abordar el componente emocional del ser humano. Si un profesional quiere atender adolescentes, lo más importante es empezar con los medios de que disponga, bien sea en Atención Primaria, en el hospital y tanto en el Sistema Nacional de Salud o en la práctica privada y, poco a poco, ir estableciendo la necesidad. Así hemos empezado muchos y desde estas líneas quiero animar a todos los profesionales sanitarios.

En definitiva, ofrecer una adecuada asistencia sanitaria a los adolescentes, en ocasiones, no es fácil, pero cuando se establece una buena relación de confianza paciente-profesional y se tiene en cuenta: cómo son los adolescentes, lo que les gusta, cómo piensan, sus sentimientos, emociones (pasión, creatividad, idealismo…) y que se les puede ayudar en sus problemas y necesidades de salud, su atención puede llegar a ser muy gratificante y proporcionar al profesional estímulo y grandes satisfacciones.

Bibliografía

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Infancia y adolescencia trans*

De interés especial
 


A. Ortiz Villalobos

Unidad de Infancia y Adolescencia. Servicio de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental. Hospital Universitario La Paz. Madrid

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 113 – 115


Infancia y adolescencia trans*

Introducción

En octubre de 2013, una compañera alergóloga tenía en su consulta una madre y un paciente que habían acudido a revisión, como en otras ocasiones. Esta vez, la madre comentó con preocupación que su hijo había presentado conductas que habían llamado la atención en el colegio: “…ha surgido otro problema, que Adriana quiere llamarse Adrián y actuar como los chicos… un día por ello tuvo problemas, se metió en el aseo de niños…’’. Hacía 2 semanas que había informado el colegio de ello. Los padres notaron el cambio hacía aproximadamente 1 año, pues quiso cortarse el pelo y empezó a pedir que le llamaran Adrián. Ahora también utiliza el masculino para referirse a ella. Como es habitual, se cursó la derivación a nuestro equipo e inicié la valoración del paciente. Entre las pruebas complementarias, solicité interconsulta a endocrinología pediátrica. Y el resultado fue que nos unimos en un equipo interdisciplinar de intervención en infancia y adolescencia trans (con Julio Guerrero al que luego se unió Cristina Mora y gracias al apoyo de Isabel González Casado).

Aprender y desaprender

Desde entonces, estas intervenciones han reforzado algo que ya sabía, que en nuestro trabajo debemos mantener un aprendizaje continuo, pero también que, a veces, para aprender hay que desaprender.

Ya no utilizo la palabra “paciente”, la transexualidad no es una enfermedad, pero sí puede condicionar experiencias traumáticas que causen problemas de salud mental. En mayo de 2010, la WPTAH (World Professional Association for Transgender Health) emitió un comunicado instando a la despatologización de la variabilidad de género en todo el mundo(1) (WPATH Board of Directors, 2010): “la expresión de las características de género, incluidas las identidades, que no están asociadas de manera estereotipada con el sexo asignado al nacer, es un fenómeno humano común y culturalmente diverso que no debe ser juzgado como inherentemente patológico o negativo”.

Clasificaciones internacionales

En la CIE-11(2) aparece en el apartado 17 de Condiciones relacionadas con la salud sexual y no en el 06 de trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo y lo denomina incongruencia/discordancia de género. En el DSM-5(3) ya no se clasifica como trastorno de la identidad sexual, sino como disforia de género en niños 302.6 (F 64.2). Además, se añaden dos especificidades, si la persona tiene un desarrollo sexual diferente y si ha realizado la transición. Por supuesto, estos diagnósticos no deben ser una licencia para la estigmatización o la privación de los derechos civiles y humanos.

Nombre

Es fundamental dirigirnos a estas personas por su nombre sentido, en contraposición al nombre registral. Como su nombre indica, el nombre registral es con el que les inscribieron en el Registro Civil y no les gusta que se use, pues suele concordar con el género asignado al nacimiento y no el género sentido, su identidad de género real. Al nombre registral también se le denomina “dead name”. Hay nombres que pueden evocar cualquier género (femenino, masculino y no binario) como Dani, Álex, Noa, Guille… y podrían ser una buena opción ante la necesidad de elegir un nombre que sustituya al registral.

En la primera entrevista con estas personas y sus familias, si conozco de antemano su nombre sentido es el que utilizo, aunque suelo pedir confirmación a elles directamente. En ocasiones, no se atreven a confirmarme el nombre sentido hasta que tienen la aprobación de sus padres. Les genera una gran satisfacción que les reconozcas por el nombre sentido y los pronombres y adjetivos ajustados al género sentido. Esto es algo que ya tampoco doy por supuesto y siempre pregunto con qué género quieren que me dirija a elles: masculino, femenino o no binario (terminaciones en o, en a o en e), pues no tiene porqué ser el esperado para ese nombre. De hecho, hay personas que mantienen nombre registral, pero se sienten mejor si te diriges a elles en el género sentido.

“Me daba vergüenza que me llamaran por mi nombre femenino”. Este chico no conserva fotos de su Confirmación, porque le obligaron a llevar falda.

Otro chaval ya firmaba con su nombre masculinizado (Alejandro en vez de Alejandra) desde los 3 años según refirieron sus padres (sustituía la “a” final por “o”). Cuando, con 6 años, le pedí que dibujara una persona y luego escribiera una historia de ella escribió: “érase una vez una madre que iba a tener un bebé y el médico dijo señora ha tenido un niño y pasó el tiempo y el niño creció y en un momento le dijo a su madre mamá soy una niña y la madre dijo venga ya tu eres un niño y el niño le dijo a su madre mamá de verdad yo me siento chica y su madre lo entendió y se lo dijeron a la directora del colegio le dijo mi hijo es una niña y la directora se lo dijo a los profesores y lo entendieron todos y fueron felices”.

Si no conozco el nombre sentido, paso a la familia a la primera entrevista con los dos apellidos y nombro a la “familia Pérez García” a consulta.

Género

A lo largo de todo el artículo, cuando utilice el género en los ejemplos siempre usaré exclusivamente el género sentido de cada una de las personas que han llegado a la consulta de nuestro equipo. A veces, para aclarar dudas, se usa la notación FtM (género asignado al nacer femenino y género sentido masculino, y la t de “to” en inglés, “hacia”) y MtF que sería al revés, género sentido el femenino.

¿Pero cuántos géneros hay? Tradicionalmente, nos movemos en la creencia de que solo existen 2 géneros, por eso hablamos de binarismo de género que, además, es un binarismo excluyente, o uno u otro. Pero las personas somos diversas (Fig. 1)(4).

Figura 1. Cada niña, cada niño. Tradicionalmente, nos movemos en la creencia de que solo existen 2 géneros, por eso hablamos de binarismo de género que, además, es un binarismo excluyente, o uno u otro.

Y es esta diversidad la que ha favorecido que haya personas que no se identifiquen en ninguna de las categorías binarias por sentir que tienen características asignadas a ambas categorías y, por eso, algunas de esas personas se definen como: no binarias, ni masculinas ni femeninas.

Una niña me comentó con dolor el recuerdo de cuando, con 5 años, ella jugaba en el patio con sus amigas y los chicos jugaban a pelearse. Por estar con sus amigas, en clase, la profesora le “castigó” a sentarse en la mesa de los chicos. Cuando ya realizó la transición y los diferentes entornos le reconocían por su género sentido, el femenino, ella comenta que: “…tampoco cambió mucho porque yo ya era así de todas maneras… solo cambió lo de vestirse y que creían que yo era un chico y no”.

Lenguaje

Como se ha podido apreciar, otro desaprendizaje que he hecho tiene que ver con el lenguaje. Intento utilizar términos genéricos como el de persona, bebé, gente…, utilizo un lenguaje no binario terminado en “e” o en “x”. Todavía no hay un consenso entre lxs lingüistas sobre cuál es la forma más adecuada en castellano. La “x” es difícil, porque solo sirve en el lenguaje escrito y no en el oral. Quizás se termine imponiendo la “e”.

Transición

Antes he mencionado la palabra “transición”. En este tema se refiere al proceso por el que la persona trans revela su identidad sentida en los entornos en los que convive y empieza a expresarse con mayor libertad según esa identidad sentida (cambio de nombre, vestimenta, peinado…).

Diversidad

En la primera consulta, con frecuencia, uso la figura 2(5) para explicar algunos conceptos básicos que se asumen como equivalentes o ligados, pero que la diversidad humana nos ha demostrado que, dentro de la normalidad, también pueden ser independientes.

Figura 2. Explicación de algunos conceptos básicos que se asumen como equivalentes o ligados, pero que la diversidad humana nos ha demostrado que, dentro de la normalidad, también pueden ser independientes.

Cualquier persona puede encontrarse en cualquier punto de cada una de esas cuatro líneas, independientemente del lugar que ocupe en las otras tres, pues serían características dimensionales y no categoriales. Por ejemplo, con respecto a la expresión de género, una madre mencionaba que su hija se “viste femenina en casa… fuera no se viste así por si la insultan… el hermano mayor de un amigo le llamó niño raro”.

Otra chica adolescente comentó en consulta: “desde que era pequeña me sentía más niña que niño, jugaba con muñecas, me disfrazaba de princesa… me regalaron un Action Man y ni lo saqué de la caja… pensaba que era travesti…, en Párvulos dijeron que era gay… llegué a presionarme los hombros, la mandíbula y la nuez para que no se desarrollasen”. Con esta última frase de esta adolescente, no nos es difícil imaginar el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria, dismorfofobia, llegar a autolesionarse…

Estrés de minoría

Al principio he mencionado que la transexualidad no es una enfermedad, pero sí encontramos mayor prevalencia en esta población de trastornos mentales. Se piensa que esto se debe a lo que se denomina “estrés de minoría”. Es el estrés causado por el estigma asociado a la variabilidad de género en muchas sociedades de todo el mundo. Este estigma puede conducir a prejuicios y discriminación, lo que favorece que estas personas sufran estrés. El estrés de minoría puede aumentar la vulnerabilidad de las personas trans y con variabilidad de género a desarrollar problemas de salud mental. Además, el estigma puede contribuir al abuso, maltrato y la negligencia en las relaciones interpersonales, lo que, a su vez, puede conducir a malestares psicológicos. Sin embargo, estos síntomas son socialmente inducidos y no inherentes al hecho de ser una persona trans.

Otro chaval en consulta me dijo: “(cambiaría) tener todo de chico, que nadie se entere de que soy transexual y si se enteran, que no se metan conmigo”. Este chico solo tuvo 1 muñeca en toda su infancia y un día le dijo a su abuela que la muñeca se quería “vestir de chico”.

La no conformidad de género o variabilidad de género (diversidad de género) se refiere al grado en que la identidad, el papel o la expresión de género difiere de las normas culturales prescritas para personas de un sexo en particular (Institute of Medicine, 2011)(6).

La disforia de género se refiere a la incomodidad o malestar causados por la discrepancia entre la identidad de género y el sexo asignado a la persona al nacer (y el papel de género asociado y/o las características sexuales primarias y secundarias)(7,8). Solo algunas personas con variabilidad de género experimentan disforia de género en algún momento de sus vidas. Para estas personas, existen tratamientos disponibles para ayudarles a explorar su identidad de género y encontrar un rol de género que les sea cómodo. Este proceso puede o no implicar un cambio en la expresión de género o incluso llevar o no a modificaciones corporales.

Intervención terapéutica

La intervención terapéutica indicada se denomina terapia afirmativa cuyos principios son:

• Ni las personas ni su identidad ni su inconformidad o expresión de género son un problema.

• Se refuerza la expresión de género de forma flexible, cómoda y conforme. Se apoya el no binarismo.

• Ayuda a desarrollar un autoconcepto sano y positivo.

• Reduce el impacto del estrés psicosocial en sus ámbitos inmediatos. Para ello, se:

- Aclara y explora la identidad y rol de género.

- Aborda el impacto del estigma y el estrés de minorías en la salud mental y el desarrollo de esa persona.

- Aborda el impacto negativo de la disforia de género.

- Alivia la transfobia internalizada.

- Aumenta el apoyo social y entre pares.

- Mejora la imagen corporal.

- Promueve la resiliencia.

- Facilita la “salida del armario” o transición hacia una expresión libre de la identidad de género sentida.

Además, también se trabaja con el entorno familiar el que tenga una respuesta acogedora y educativa, se les apoya en la gestión de la incertidumbre y la ansiedad acerca del futuro de su hije y que le ayuden a desarrollar un autoconcepto positivo. Favoreceremos que la toma de decisiones sea bien pensada y apoyada sobre la comunicación a sus familiares.

La terapia dirigida a tratar de cambiar la identidad y la expresión de género de una persona para que sean más congruentes con el sexo asignado al nacer (terapia de reversión) se ha intentado en el pasado sin éxito(9,10), sobre todo, en el largo plazo(1,11). Dicho tratamiento no se considera ético y, actualmente, en España, está prohibido por ley. Otra chica en consulta mencionó que cuando un psicólogo que la trataba le recomendó a su madre que le cortara el pelo se sintió muy triste y sigue recordándolo con tristeza.

En consulta podemos encontrar diferentes diagnósticos de trastornos mentales, pero lo que subyace son las dificultades que generan la intolerancia y el maltrato ante la transexualidad: ansiedad, depresión, autolesiones, suicidio e intentos de suicidio, trastornos de conducta, trastorno de estrés postraumático (TEPT), abuso de sustancias, problemas con la imagen corporal, rasgos disfuncionales de personalidad y hasta trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), como en el ejemplo siguiente:

• Otra chica mencionaba que en el colegio no se concentraba porque: “estoy dándole vueltas todo el día al mismo tema (la discordancia entre su género sentido y el asignado al nacer y la dificultad para expresarse en el género sentido)”.

• Otra chica llegó a decir que quería: “vivir como una niña y que, si no, no quería vivir”.

Epílogo

Habría muchos testimonios más, pero espero que en el futuro su tono no sea de sufrimiento por el maltrato, sino de aceptación y tolerancia.

Y para terminar, una cita de una novela que leí no hace mucho(12):

 “Yo no comprendía por qué se clasifica siempre a la gente por el culo y se le da tanta importancia, si es algo que no puede hacer daño”.

 


Se usa trans* para referirse a toda persona que no se identifique con el género que le fue asignado. Trans* sirve como término paraguas para incluir a una variedad de identidades y expresiones de género, sin reducir ni uniformizar la multiplicidad de experiencias, vivencias internas y formas de nombrarse.

 

Bibliografía

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Pubertad normal

J. Pozo Román
Regreso a las bases


J. Pozo Román

Médico adjunto del Servicio de Endocrinología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. Profesor Asociado de Pediatría. Universidad Autónoma de Madrid

Resumen

La pubertad es el periodo del desarrollo en el que tienen lugar los cambios biológicos y somáticos que marcan la diferencia entre un niño y un adulto. Es un proceso madurativo, de límites imprecisos, que se inicia con la aparición de los caracteres sexuales secundarios y finaliza cuando se alcanza la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora. Resulta de la reactivación del eje hipotálamo-hipófiso gonadal, pero los mecanismos neurobiológicos que regulan sus periodos de activación y quiescencia continúan siendo, en gran medida, un enigma. La edad de inicio puberal muestra una variabilidad de 4-5 años y está determinada por factores genéticos (50-80%) y ambientales, cuya influencia parece estar mediada, al menos, en parte, a través de mecanismos epigenéticos. Clínicamente, el inicio puberal lo marca la aparición y posterior desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, que siguen una secuencia relativamente predecible y categorizada en cinco fases (estadios de Marshall y Tanner), de indudable utilidad clínica, pero cuya utilización, requiere entrenamiento. Así mismo, se produce una marcada aceleración del ritmo de crecimiento (estirón puberal) que conduce al cierre de los cartílagos de crecimiento y a la finalización de este. La pubertad se acompaña además, de cambios en la composición corporal y en las proporciones corporales que son sexualmente dimórficos.

 

Abstract

Puberty is the period in which biological and somatic changes take place so as to make the difference between a child and an adult. It is a maturation process, with imprecise limits, that begins with the appearance of secondary sexual characteristics and ends when the adult size, full sexual maturation and reproductive capacity are reached. It results from the reactivation of the gonadal hypothalamic-pituitary axis, but the neurobiological mechanisms that regulate its activation and quiescence periods remain, to a large extent, an enigma. The age of pubertal onset shows a variability of 4-5 years and is determined by genetic (50-80%) and environmental factors, the influence of which seems to be mediated, at least in part, through epigenetic mechanisms. Clinically, the pubertal onset is marked by the appearance and development of secondary sexual characteristics, which follow a relatively predictable sequence and was categorized into five phases (Marshall and Tanner stages), of undoubted clinical utility, but whose use requires training. Likewise, there is a marked acceleration of the growth rate (pubertal growth spurt) that leads to the closure of the growth epiphyseal plates. Puberty is also accompanied by changes in body composition and body proportions that are sexually dimorphic.

 

Palabras clave: Pubertad normal; Inicio puberal; Eje hipotálamo-hipófiso-gonadal; Minipubertad; Estadios de Tanner.

Key words: Normal puberty; Pubertal onset; Hypothalamic-pituitary-gonadal axis; Minipuberty; Tanner stage.

Pediatr Integral 2020; XXIV (4): 231.e1 – 231.e10


Pubertad normal

Introducción y concepto

La pubertad es el periodo del desarrollo humano en el que tienen lugar los cambios biológicos y somáticos que marcan la diferencia entre la infancia y la edad adulta. Se trata de un proceso madurativo, de límites imprecisos, que se inicia con la aparición de los caracteres sexuales secundarios y finaliza, una media de 4-5 años después, cuando se ha alcanzado la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora. Este proceso conlleva no solo el desarrollo gonadal y genital, sino también la aceleración del crecimiento, la modificación de la composición corporal y de las proporciones corporales, así como, el inicio de los cambios psicológicos, emocionales, sociales y mentales propios de la adolescencia(1,2).

La pubertad se considera como “normal” cuando resulta de una activación mantenida del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG) y se inicia, según criterios puramente estadísticos, en un intervalo de edad entre ± 2-2,5 SDS (Z-score) para la media del sexo y población de referencia; en la práctica clínica: entre los 8 y 13 años en las niñas y entre los 9 y 14 años en los varones. Existen una serie de entidades clínicas, más frecuentes en niñas, que se caracterizan también por la aparición precoz de alguno de los caracteres sexuales secundarios (telarquia, pubarquia…), pero en las que no se objetiva una clara activación del eje HHG. Estas entidades clínicas se consideran como variantes normales de pubertad, aunque requieren diagnóstico diferencial con pubertades precoces periféricas o centrales; entre ellas, se incluirían, fundamentalmente: la pubarquia-adrenarquia prematura aislada, la telarquia prematura aislada y la menarquia prematura aislada.

Fisiología de la pubertad

El eje HHG es el responsable del inicio de la pubertad (Fig. 1) y estaría formado, como elementos primordiales, por: las neuronas hipotalámicas productoras de GnRH (hormona hipotalámica liberadora de gonadotropinas); las células gonadotropas hipofisarias, responsables de la producción y liberación de las gonadotropinas hipofisarias (LH: hormona luteinizante, y FSH: hormona foliculoestimulante); y las propias gónadas, principales responsables de la liberación de los esteroides sexuales (ES), responsables, a su vez, del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios(1-6).

Figura 1. Eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG). La hormona hipotalámica liberadora de gonadotropinas (GnRH) induce, en las células gonadotropas hipofisarias, la síntesis y liberación pulsátil de las gonadotropinas hipofisarias, LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona folículo-estimulante), que actúan coordinadamente en la gónada para inducir la maduración de las células germinales (óvulos o espermatozoides) y la producción de esteroides sexuales (ES) y otros péptidos gonadales (inhibinas, activinas, progesterona, factor semejante a la insulina 3 -INSL3-, hormona antimülleriana…). ES y péptidos gonadales, así como otras hormonas circulantes (leptina, ghrelina…), ejercen a través de mecanismos de retrocontrol, acciones estimulantes e inhibidoras, a diferentes niveles del eje HHG, modulando su complejo funcionamiento; así, por ejemplo, los ES, principalmente la testosterona en el varón y estradiol en la mujer, además de ser los responsables finales del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, ejercen un retrocontrol negativo en hipotálamo e hipófisis, reduciendo la secreción de GnRH y LH (ver texto). Tomado con permiso de: Pozo J, Muñoz MT. Pubertad precoz y retraso puberal. Pediatr Integral. 2015; XIX(6): 389-410.

Desarrollo fetal del eje HHG

Las neuronas que producen GnRH (neuronas-GnRH) son una población especial de neuronas, en el sentido de que embriológicamente se originan fuera del sistema nervioso, a partir del ectodermo oral, en la placoda olfatoria. A partir de la 5ª-6ª semana de gestación emigran desde allí, siguiendo los axones guía de los nervios vomeronasal y olfatorio, hasta atravesar la placa cribiforme y alcanzar el cerebro anterior y, posteriormente, el hipotálamo, donde se encuentran ya establecidas alrededor de la 15 semana de gestación unas 10.000 neuronas-GnRH. Desde allí, proyectarán sus axones liberadores de GnRH hacia la eminencia media y sistema portal hipofisario. En humanos, a diferencia de los roedores, los cuerpos de las neuronas-GnRH no se localizan en un núcleo específico, sino que se encuentran dispersos principalmente en el hipotálamo mediobasal, infundibular y periventricular, formando una red neuronal difusa que coordina el generador de pulsos de GnRH(3).

El eje HHG se activa durante el 1er trimestre de gestación, contribuyendo, a partir del 2º trimestre, al incremento del tamaño del pene y al descenso testicular en su fase inguino-escrotal (Fig. 2).

Figura 2. Evolución ontogénica del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal en niñas. Cambios en las concentraciones de gonadotropinas: gonadotropina coriónica (HCG), hormona luteoestimulante (LH) y hormona folículo estimulante (FSH).

Posteriormente, es inhibido por el retrocontrol negativo de las hormonas placentarias, principalmente por el estradiol; de manera que, al nacimiento, el nivel sérico de gonadotropinas hipofisarias es bajo.

Minipubertad

La desaparición de los ES placentarios tras el parto permite la reactivación del eje HHG a partir de la 1ª semana de vida postnatal, que se mantendrá activo durante los primeros meses de vida, lo que se conoce como “mini-pubertad” (Fig. 2). El incremento de la secreción pulsátil de GnRH, incrementa los niveles de gonadotropinas y ES, con pico máximo entre los 1 y 3 meses. Durante este tiempo, los niveles de FSH son más elevados en niñas; mientras que, en los varones predomina la LH. Los niveles de LH y de FSH, así como los de testosterona (inducidos por la LH) disminuyen a los 6 meses en los varones; mientras que, los de FSH se mantienen elevados en las niñas hasta los 2-3 años, incluso más.

En los varones, la secreción de gonadotropinas en la minipubertad provoca: un discreto aumento del tamaño testicular; un aumento de testosterona con incremento de la actividad androgénica (aumento del pene, acné, hipertrofia de glándulas sebáceas…); y un aumento de inhibina B (marcador del número y función de las células de Sertoli), hormona antimülleriana (AMH, células de Sertoli inmaduras) y del factor semejante a la insulina 3 (INSL3, células de Leydig). Durante este periodo e inducido por la FSH, se produce una proliferación de las células de Sertoli inmaduras, que pasan de una media de 260 x 106 al nacimiento a 1500 x 106 a los 3 meses, lo que se supone que puede ser un factor crítico de la futura capacidad para la producción de espermatozoides en la edad adulta. Estas células de Sertoli inmaduras apenas expresan receptores de testosterona, por lo que permanecen inmaduras y la espermatogénesis no se inicia. En las niñas, la secreción de gonadotropinas en la minipubertad favorece, además del incremento de inhibina B y AMH, por las células de la granulosa, el desarrollo folicular ovárico, lo que favorece el hallazgo frecuente de quistes foliculares, especialmente durante el 1er año de vida, y la producción fluctuante de estradiol, que puede traducirse en un crecimiento mamario (telarquia del lactante) que, con frecuencia, tiene también un carácter oscilante.

La minipubertad supone un breve periodo de ventana, especialmente entre la 4 y la 12 semana de vida postnatal, en el que es posible estudiar hormonalmente los pacientes con sospecha de hipogonadismo hipogonadotropo congénito (HHC). Sin embargo, su significado biológico y sus consecuencias sobre la capacidad reproductora futura, así como los mecanismos que determinan la posterior quiescencia del eje HHG durante la infancia, se desconocen.

Eje HHG en la infancia y pubertad

Después de la minipubertad, el eje HHG permanece quiescente hasta el inicio de la pubertad. Inicialmente, se creyó que su inhibición era el resultado de una sensibilidad aumentada de las neuronas-GnRH a los bajos niveles circulantes de ES; sin embargo, el mantenimiento de dicha supresión en sujetos agonadales, sugiere una inhibición neural activa de la secreción pulsátil de GnRH independiente de los ES circulantes. En cualquier caso, esta inhibición no es completa, especialmente en las niñas, que muestran niveles séricos de FSH ligeramente mayores que los varones y, con frecuencia, y como consecuencia de ello, quistes foliculares ováricos, detectables ecográficamente y capaces, en ocasiones, de secretar transitoriamente cantidades clínicamente significativas de estrógenos, provocando episodios autolimitados y fluctuantes de telarquia aislada (telarquia prematura aislada).

En el periodo prepuberal tardío, unos dos años antes de que aparezcan los primeros signos clínicos de la pubertad, el eje HHG se reactiva nuevamente; de forma que, se produce un incremento progresivo de la secreción pulsátil de GnRH que provoca un aumento, inicialmente durante el sueño, de la secreción de LH y, en menor medida, de FSH por las células gonadotropas. La pulsatilidad de GnRH no solo es imprescindible para que se produzca la secreción pulsátil de gonadotropinas hipofisarias, sino que su frecuencia determina el ritmo pulsátil de LH-FSH, el ratio entre LH y FSH, y su grado de glicosilación, lo que, a su vez, modifica su estabilidad y potencia(3). A medida que la pubertad avanza, la secreción de gonadotropinas aumenta y se extiende al resto del día; así mismo, la sensibilidad de las gónadas a su estímulo se incrementa y, con ello, la producción de ES. La LH estimula a las células intersticiales (células de la teca ováricas y células de Leydig testiculares); mientras que, la FSH actúa sobre las células derivadas de los cordones sexuales (células de la granulosa en el ovario y células de Sertoli en el testículo). Ambos compartimentos gonadales son coordinados a través de mecanismos de regulación paracrinos.

En el varón, la secreción de FSH al inicio de la pubertad estimula una segunda ola de proliferación de células de Sertoli inmaduras y de espermatogonias (células madre especializadas en diferenciarse a espermatozoides), previa a la maduración de los túbulos seminíferos, así como un aumento de los niveles de inhibina B. Por su parte, la LH estimula progresivamente a las células de Leydig e incrementa su producción de testosterona y de INL3. La acción combinada de FSH, sobre las células de Sertoli, y de LH aumentando la testosterona intragonadal, determina el inicio de la espermatogénesis y un rápido incremento del volumen testicular a expensas, sobre todo, de células germinales maduras y del aumento del diámetro de los túbulos (Fig. 3).

Figura 3. Evolución ontogénica del volumen testicular y de sus distintos componentes (Modificada de: Rey RA. Regulation of Spermatogenesis. Endocr Dev. 2003; 5: 38-55). Los túbulos seminíferos (células de Sertoli y células germinales) representan siempre el mayor componente del testículo. Desde el nacimiento y a lo largo de todo el periodo prepuberal, los túbulos seminíferos están formados fundamentalmente por las células de Sertoli; mientras que, el aumento del volumen testicular que se produce en la pubertad es debido principalmente a la proliferación de las células germinales. Orquidómetro (Andrea Prader; 1966(21)): rosario de elipsoides de madera o plástico, de tamaño progresivamente mayor, desde 1 a 25 ml, que permite, por comparación, determinar el volumen testicular. Al finalizar la pubertad, el volumen testicular suele ser ≥ 20 ml (rango 12-27 ml).

Durante el proceso y antes de que el testículo experimente un claro aumento de tamaño, los niveles de AMH disminuyen, probablemente como consecuencia del aumento de la expresión de los receptores androgénicos en las células de Sertoli.

En la mujer, la LH estimula la producción de precursores androgénicos en las células de la teca; mientras que, la FSH, además de incrementar los niveles séricos de inhibina B, es necesaria para el reclutamiento de folículos ováricos y, para inducir en las células de la granulosa, la producción de aromatasa, enzima necesaria para transformar los precursores androgénicos en estradiol. La AMH, por su parte, apenas experimenta fluctuaciones durante la pubertad femenina.

La testosterona en el varón y el estradiol en la mujer son los principales responsables del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Así, entre otros muchos efectos, los estrógenos van a estimular el crecimiento de mamas, genitales y endometrio, así como la secreción de moco vaginal; mientras que, la testosterona, estimula el crecimiento de genitales masculinos, vello sexual y secreción pilo-sebácea. Ambos ES, pero especialmente el estradiol, intervienen en la aceleración del ritmo de crecimiento característico de la pubertad, el llamado “estirón puberal” (EP), tanto de forma directa, estimulando el crecimiento y maduración de las epífisis, como indirectamente, incrementando la secreción hipofisaria de hormona de crecimiento (GH) y consecuentemente de IGF-I (factor de crecimiento semejante a la insulina número I). El estirón puberal sería, por tanto, el resultado del efecto sinérgico sobre las placas de crecimiento de GH-IGF-I y ES. Andrógenos y estrógenos tienen, también, efectos diferenciales sobre el esqueleto; así, por ejemplo, los andrógenos parecen influir más en el grosor de los huesos, mientras que los estrógenos serían imprescindibles para el cierre de las epífisis y los más potentes inhibidores de la resorción ósea.

Los ES ejercen mecanismos de retrocontrol negativo en hipotálamo e hipófisis, reduciendo la secreción de GnRH y de LH; mientras que, las inhibinas controlan, en la hipófisis, la secreción de FSH a través de un asa de retrocontrol diferente. En las mujeres, a lo largo de la pubertad, se desarrolla, también, un particular mecanismo de retrocontrol positivo; de forma que, cuando el incremento mantenido de estradiol informa al hipotálamo de que el ovario está preparado para la ovulación, se produce, en la mitad del ciclo, un pico de LH (pico preovulatorio) necesario para la ovulación y, por consiguiente, para la fertilidad de la mujer. En roedores, el pico preovulatorio de LH parece ser el resultado de un incremento en la liberación de GnRH, inducido por la kisspeptina proveniente de un grupo específico de neuronas localizadas en el núcleo anteroventral periventricular del hipotálamo, presente en las hembras y prácticamente ausentes en los machos, que responderían positivamente al aumento de estrógenos (retrocontrol positivo). Sin embargo, en humanos y primates, las bases neurobiológicas del pico preovulatorio de LH permanecen por dilucidar.

Por último, recientemente, se ha puesto de manifiesto, la presencia en el hipotálamo de aromatasa, la enzima clave en la síntesis de estradiol, lo que sugiere una síntesis hipotalámica de estradiol (neuroestradiol), cuyo papel fisiológico es todavía desconocido.

Regulación del inicio de la puberal

Mecanismos neurobiológicos

Los mecanismos que regulan la puesta en marcha de la pubertad y, en general, los periodos de activación y quiescencia del eje HHG continúan siendo un enigma(6-8). Durante el periodo prepuberal, las neuronas-GnRH parecen estar sometidas a una inhibición trans-sináptica mantenida. Cuando la pubertad se inicia, esta inhibición es retirada progresivamente, permitiendo la entrada de estímulos excitatorios y el incremento en el número y amplitud de los picos secretorios de GnRH por las neuronas del núcleo infundibular del hipotálamo, fenómeno que pone en marcha la pubertad.

La kisspeptina, un péptido hipotalámico, descubierto en 2001, parece ser el principal regulador de la amplitud de los picos de GnRH y mediador de muchos otros factores implicados en la secreción de GnRH y en el inicio de la pubertad. De hecho, la interrelación entre las neuronas productoras de kisspeptina y las neuronas-GnRH es muy estrecha; un buen ejemplo de ello es que la expresión hipotalámica de los genes de kisspeptina (KISS1) y de su receptor (KISS1R) se incrementa durante la pubertad y que mutaciones inactivantes en KISS1-R impiden que la pubertad se ponga en marcha ocasionando un HHC. Un 75% de las neuronas productoras de kisspeptina cosegregan neuroquinina B y dinorfina, son las llamadas “neuronas KNDy”. Este grupo de neuronas están profusamente interconectadas entre sí, lo que sugiere la existencia de asas autorreguladoras estimuladoras (neuroquinina B) o inhibidoras (dinorfina) que regularían de forma muy fina la secreción de kisspeptina y, por ende, la secreción de GnRH. En cualquier caso, y a diferencia de otras especies, no todas las neuronas-GnRH reciben aferencias de las neuronas de kisspeptina, lo que sugiere que otras moléculas regularían el proceso de la pubertad en humanos. Así, por ejemplo, entre otros: el ácido gamma butírico (GABA), el neuropéptido Y (NPY) y el péptido RFRP-3 inhibirían la pulsatilidad de GnRH; mientras que, el glutamato y el sistema noradrenérgico la estimularían. Es probable que muchos de estos factores, sino todos, actúen “aguas arriba” de las neuronas KNDy, que serían un componente esencial de la maquinaria generadora de pulsos de GnRH, actuando como vía final de integración de factores internos y externos sobre la secreción pulsátil de GnRH. Las células de la glía contribuirían también al incremento de la secreción de GnRH durante la pubertad, mediante la liberación de factores de crecimiento que modularían su actividad.

Según la teoría de Ojeda y cols.(6), sobre esta maquinaria de generación de pulsos de GnRH, se situarían redes nodales formadas por múltiples genes codificadores de proteínas, cuyas acciones se solaparían o interaccionarían de forma jerárquica o independiente, para controlar su actividad e interrelacionar su funcionamiento con los factores genéticos o ambientales que influirían en el momento de inicio puberal. Se cree que, en esta interrelación entre factores genéticos y ambientales, estarían implicados mecanismos epigenéticos(9).

Factores genéticos y epigenéticos

La edad de inicio puberal (timing) muestra una variabilidad de unos 4-5 años entre individuos normales con condiciones de vida similares(10). Esta variabilidad parece estar determinada por factores genéticos (50-80% de la variabilidad) y ambientales, y es compatible con un patrón de herencia poligénico(11); no obstante, sus bases genéticas y los mecanismos fisiopatológicos subyacentes no han sido claramente establecidos. Un buen ejemplo de este componente genético, en el caso de las niñas, es la mayor correlación en la edad de la menarquia entre gemelas monocigoticas (r = 0,75) que entre dicigoticas o no gemelares (r = 0,31 y 0,32, respectivamente)(12).

Los estudios de asociación del genoma completo (GWAS) han puesto también de manifiesto este componente genético en el timing de la pubertad, identificando casi 400 loci relacionados con el momento de la menarquia(13). Un gran número de estos loci, especialmente en niñas, están relacionados además con el índice de masa corporal (IMC = peso/talla2) y la talla, reflejando probablemente, la estrecha relación que existe entre balance energético, crecimiento, desarrollo y fertilidad. Entre ellos, se encuentra el gen, más frecuentemente asociado con una menarquia temprana en este tipo de estudios, el LIN28B (6q21). Sorprendentemente, la asociación es menor cuando analizamos genes que han sido implicados en causas monogénicas de HHC (p. ej., FGF8, GNRH1, KAL1, KISS1…) o de pubertad precoz (p. ej., MKRN3 y DLK1). En cualquier caso, la influencia aislada de cada uno de estos genes sobre la menarquia es, en condiciones normales, escasa, y se calcula que, en conjunto, serían responsables de tan solo un 7,4% de la varianza en su edad de presentación(13).

Las diferencias en la edad de inicio puberal entre razas y etnias, al igual que ocurre entre diferentes áreas geográficas, son, probablemente, un reflejo de la combinación de factores genéticos y ambientales. Así, por ejemplo, en Europa, existe un gradiente Norte-Sur, de manera que la edad de la menarquia es mayor en los países nórdicos que en los mediterráneos; mientras que, en lo referente a las razas, la raza negra, en condiciones de vida similares, muestra una tendencia a una maduración más temprana que la raza blanca.

En los últimos años, la epigenética, entendiendo por tal, cualquier modificación de la expresión génica no atribuible a cambios en la secuencia propiamente dicha del ADN (metilación/hipometilación de ADN, modificaciones postranscripcionales de las histonas…), ha sido implicada en todas las parcelas del desarrollo, incluyendo, por supuesto, el inicio de la pubertad(8,9,14). Se ha postulado que la represión/activación de la transcripción de determinados genes, podría mediar el efecto de diferentes estímulos ambientales (nutrición, actividad circadiana, disruptores endocrinos…) sobre el inicio de la pubertad. Estudios recientes sugieren la existencia de un mecanismo dual de regulación epigenética que afectaría positiva (brazo activador) o negativamente (brazo represor) la actividad transcripcional de las neuronas implicadas en la estimulación de la secreción de GnRH(9). Uno de los mediadores principales de estas acciones, al menos, en roedores, parece ser un complejo grupo de proteínas supresoras de la transcripción, conocidas como grupo Polycomb (PcG)(8,9).

Factores ambientales

Los factores ambientales que influyen en el momento de inicio de la pubertad son múltiples(1,2,5,7,8,12,13) e incluso pueden actuar en periodos críticos de la vida muy alejados del momento de inicio puberal (intraútero o primeros años de vida). Algunos de los más conocidos son:

Nutricionales y socioeconómicos. Una adecuada nutrición y un ambiente socioeconómico favorable se asocian a un desarrollo puberal más temprano; mientras que, condiciones nutricionales o socioeconómicas desfavorables condicionan un desarrollo puberal más tardío(1). De hecho, la mejoría en la nutrición, salud y condiciones generales de vida que se han producido en los países occidentales desarrollados desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, parece ser la responsable de la tendencia a una maduración más rápida, especialmente en mujeres (la menarquia se ha adelantado desde los 15-17 años a los 12,5-13 años), así como de una mayor talla adulta en ambos sexos. Ambos fenómenos, conocidos como “tendencia secular del crecimiento y desarrollo”, muestran variaciones de magnitud entre diferentes países y es objeto de debate si la tendencia secular continúa o se ha estabilizado en algunos países.

En 1970, Frish y Revelle(15), propusieron la hipótesis del “peso crítico”, sugiriendo que se requeriría un peso de, al menos, 48 kg para alcanzar la menarquia. Aunque esta hipótesis no fue confirmada, lo que sí se ha demostrado es que la nutrición es uno de los principales factores determinantes del momento de inicio puberal y, prueba de ello, como ya ha sido comentado, es que muchos de los loci implicados en la variabilidad normal del timing puberal están también relacionados con el IMC(13). Desde el punto vista hormonal, la interrelación nutrición-pubertad estaría, probablemente, mediada por la leptina liberada por los adipocitos, cuyos niveles séricos son un reflejo de la energía almacenada y se correlacionan positivamente con el IMC(3). La leptina estimularía la secreción de GnRH actuando sobre las neuronas productoras de kisspeptina y sería un factor permisivo, aunque no determinante, para el inicio de la pubertad. Otras substancias relacionadas con la ingesta y el ayuno, como: glucosa, insulina, IGF-I, ghrelina (péptido gástrico) y FGF21 (hepatoquina)(8), entre otros, podrían también actuar como fuentes de información para el hipotálamo del estado nutricional y, por ende, del control de la pubertad.

La malnutrición crónica, en general, induce un retraso puberal en ambos sexos y es, probablemente, uno de los factores responsables del retraso puberal asociado a las patologías crónicas o a la amenorrea atlética. En el otro extremo, el exceso de grasa subcutánea y el aumento del IMC durante el periodo prepuberal se asocian con un mayor riesgo de pubertad temprana, especialmente en niñas(12,16), y podrían ser uno de los factores implicados en la aceleración puberal (tendencia secular) observada en las últimas décadas en algunos países occidentales, con tasas crecientes de obesidad infantil.

Microbiota intestinal. Un nuevo factor que ha emergido como potencialmente relevante en el control de la homeostasis y posiblemente también en el desarrollo puberal, es la microbiota intestinal; es decir, la flora microbiana que coloniza nuestro intestino(8). Durante la pubertad se pueden observar profundos cambios en la microbiota intestinal: cambio de especies aerobias y anaerobias facultativas a anaerobias; mayor abundancia en adolescentes de Bifidobacterias y Clostridium que en adultos; e, incluso, modificaciones específicas en función del género, al menos, en animales de experimentación. En estos, los cambios en la microbiota parecen ser capaces de inducir modificaciones en la producción de ES y neurotransmisores, lo que ha sugerido un potencial papel en la modulación del timing puberal(8).

Estrés crónico. El estrés crónico parece ser capaz e inhibir el eje HHG, y sería uno de los factores implicados en el retraso puberal asociado a: enfermedades crónicas, ejercicio físico intenso-competición o conflictos bélicos, entre otras potenciales situaciones de estrés; no obstante, en muchas de ellas, es difícil separar el componente de estrés de otros componentes que, como la malnutrición, están frecuentemente presentes en estas situaciones(16).

Condiciones de vida intrauterina. Los recién nacidos, especialmente las niñas, con bajo peso al nacimiento (PRN < 2.500 g) o pequeños para su edad gestacional (RNPEG)(17), muestran una mayor incidencia de pubertad adelantada o precoz, sobre todo, si experimentan un rápido crecimiento de recuperación en los primeros meses de vida.

Disruptores endocrinos. Son sustancias, naturales o de síntesis, que, debido a su similitud estructural con determinadas hormonas, pueden tener efectos negativos sobre el sistema endocrino. En las últimas décadas, la industrialización ha producido un incremento gradual en el número y cantidad de contaminantes ambientales y de disruptores endocrinos (fitoestrógenos, bisfenol, pesticidas, fungicidas, ftalatos…), algunos de los cuales se ha demostrado que son capaces de producir en humanos: pubertad adelantada/retrasada o, incluso, trastornos de la diferenciación sexual, dependiendo de su mecanismo de acción (estrogénico, androgénico, antiandrogénico y antiestrogénico) y momento de actuación.

Adopción. Los últimos 30 años han puesto de manifiesto la importancia, como causa de adelanto puberal, de la adopción internacional. Entre un 15-30% de los casos de pubertad precoz central (PPC) idiopática corresponden a niños adoptados de otros países, habitualmente en vías de desarrollo. En todos los estudios, existe un claro predominio de niñas. En el año 2010, se publicaron los primeros resultados del Registro Español de Pubertad Precoz(18), donde se observó un riesgo 25 veces mayor de desarrollar PPC idiopática entre niñas adoptadas de otros países respecto a la población nacida en España. Las causas que motivan el adelanto puberal en estas niñas son desconocidas, aunque se han sugerido distintos factores, entre ellos: la mejoría nutricional y socioeconómica, la reducción del estrés crónico y de la exposición a disruptores endocrinos, o la combinación de unas condiciones vitales adversas en la infancia temprana y de opulencia en el periodo prepuberal tardío, dos condiciones opuestas que favorecerían el desarrollo puberal temprano.

Manifestaciones clínicas de la pubertad

Desarrollo de los caracteres sexuales secundarios

Desde el punto de vista clínico, el inicio de la pubertad lo marca la aparición y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, que siguen una secuencia relativamente predecible y categorizada en cinco fases o estadios por Marshall y Tanner(19,20) a finales de la década de los sesenta (Tabla I y Figs. 4 y 5).

Figura 4. Secuencia y edades de aparición de los eventos puberales en el varón y estadios puberales de Marshall y Tanner(20).

Figura 5. Secuencia y edades de aparición de los eventos puberales en la mujer y estadios puberales de Marshall y Tanner(19).

El método solo valora el desarrollo de los genitales en el varón, de la mama en las niñas y del vello pubiano en ambos sexos. Su principal limitación es el hecho de que los estadios fueron establecidos por inspección, a partir de fotografías, y, en muchos casos, es necesaria la palpación para establecer el grado de desarrollo de determinados caracteres sexuales, como, por ejemplo: para diferenciar telarquia de adipomasia o para valorar evolutivamente el crecimiento testicular, aspecto no valorado en el estadiaje puberal por Marshall y Tanner.

En 1966, Andrea Prader(21) introdujo el orquidómetro (Fig. 3), un rosario de elipsoides de madera o plástico, de tamaño progresivamente mayor, desde 1 a 25 ml, que permite, por comparación, determinar el volumen testicular; no obstante, al igual que ocurre con el estadiaje de Tanner, su utilización requiere un cierto entrenamiento. En condiciones normales, existe una aceptable correlación entre el volumen testicular y el estadio de Tanner (Tabla I).

Al finalizar el desarrollo puberal, el volumen es en la mayoría de los casos ≥ 20 ml (rango 12-27 ml). Una discordancia marcada entre el estadio de Tanner y el volumen testicular debe hacer sospechar determinadas patologías, como: un síndrome de Klinefelter (47,XXX) o una pubertad precoz periférica (pseudopubertad precoz).

La secuencia de eventos puberales(1,2,5,22), aunque no es exactamente la misma para cada individuo, es mucho menos variable que la edad a la que estos ocurren; en cualquier caso, existe una mejor correlación entre el grado de desarrollo puberal y la edad ósea (EO) que entre este y la edad cronológica (EC). En las niñas, la telarquia o aparición del botón mamario suele ser el primer signo de desarrollo puberal, a una edad media de 10,5-11 años (intervalo de 8 a 13 años); mientras que, en los varones, el inicio puberal lo marca el incremento del volumen testicular, que alcanza o supera los 4 mL de volumen o un diámetro mayor o igual a 25 mm (estadio II), a una edad media de 11,5-12 años (intervalo de 9 a 14 años), unos 6-12 meses antes del incremento del tamaño del pene (estadio III).

Aunque existe una cierta variabilidad en la secuencia evolutiva de los caracteres sexuales secundarios, el incremento testicular en los varones y la telarquia en las mujeres (estadio II) suelen preceder en unos meses al desarrollo del vello pubiano que, por otra parte, no es un signo específico de pubertad; ya que, puede ser debido a la producción androgénica suprarrenal y preceder, en ocasiones, al inicio de la pubertad. En los varones, la ginecomastia puberal y el vello axilar suelen iniciarse en el estadio III, coincidiendo con el aumento en longitud del pene y el inicio del estirón puberal. El cambio en la voz y el vello de otras áreas corporales andrógeno-dependientes, como: pecho, cara, espalda y abdomen, suele iniciarse en la media pubertad (estadios III-IV). El vello en estas localizaciones progresa con mayor o menor rapidez a lo largo de los años, pero su distribución y magnitud dependen, en gran medida, de factores genéticos y raciales. En las niñas, la primera menstruación (menarquia) es un fenómeno tardío en la pubertad de las mujeres y suele producirse en el estadio IV, a los 12,5-13 años, unos dos años después de iniciado el desarrollo puberal (intervalo: 0,5-3 años) y cuando la edad ósea es de alrededor de 13 años. En los varones, la edad de la espermarquia, presencia de espermatozoides orina, y la 1ª eyaculación, son más difíciles de establecer; habitualmente se producen durante la fase III-IV de la pubertad. Al igual que ocurre con la menarquia, que es seguida habitualmente de ciclos anovulatorios, la espermarquia no significa necesariamente fertilidad; ya que, inicialmente, la cantidad de espermatozoides en el semen suele ser muy escasa.

Estirón puberal

Uno de los rasgos clínicos más característicos de la pubertad es la aceleración brusca que experimenta el ritmo de crecimiento, el llamado “estirón puberal” (EP). La velocidad de crecimiento (VC) que disminuye lentamente desde el nacimiento y a lo largo de todo el periodo prepuberal, alcanza su nadir justo antes del EP, en lo que se conoce como “depresión prepuberal de la VC”, un fenómeno que es especialmente llamativo en maduradores tardíos. El EP es una reciente adquisición de la especie humana y en algunas poblaciones actuales con condiciones de vida desfavorables (enfermedades crónicas, malnutrición o hipoxia por la altitud), el EP es todavía inaparente. Su aparición o el aumento de su amplitud es uno de los factores que más ha contribuido a la mejoría en el crecimiento, experimentada en los últimos 150 años (tendencia secular). En las modernas poblaciones europeas, la ganancia de talla, desde el inicio del EP hasta la finalización del crecimiento, es de unos 30-35 cm en varones y de unos 25-30 cm en mujeres (15-20% de la talla adulta)(10).

En las niñas, el inicio del EP coincide con la aparición del botón mamario (estadio II), pero el pico de VC (≈ 8-8,5 cm/año) se produce durante el estadio III. Posteriormente, la VC disminuye progresivamente hasta detenerse completamente con el cierre de los cartílagos de crecimiento; de forma que, después de la menarquia el crecimiento medio es de solo 6-7 cm (intervalo de 4-11 cm) y, cuando la EO alcanza los 15 años, el porcentaje de la talla final alcanzado es del 99%. En los varones, a diferencia de lo que ocurre en las niñas, el EP no coincide con el inicio de la pubertad, sino que se inicia más tardíamente, aproximadamente un año después (12,5-13 años), en el estadio III, y unos 2 años más tarde que en las niñas. El pico de máxima VC (≈ 10-11 cm/año) se produce en el estadio IV y la EO a la que se alcanza el 99% de la talla adulta es de 17 años.

El EP muestra un patrón distal-a-proximal: mayor crecimiento inicial de manos-pies y segmentos distales de las extremidades, seguido de la parte proximal de estas y, por último, de las partes más centrales del esqueleto. Durante la pubertad, el crecimiento del tronco es proporcionalmente mayor que el de las extremidades, lo que modifica las proporciones corporales respecto al periodo prepuberal, pero más aún cuando se acorta o alarga significativamente el crecimiento prepuberal; así, en casos de pubertad precoz, el segmento inferior es proporcionalmente más corto en relación con la talla total y, por el contrario, en pubertades retrasadas o hipogonadismos, las extremidades son proporcionalmente más largas (hábito eunucoide).

La amplitud del EP es similar en sujetos con talla familiar alta o baja, pero sí se ve afectada por el ritmo de maduración, con mayor amplitud en los maduradores rápidos y menor en los tardíos, lo que contribuye a compensar el mayor o menor número de años de crecimiento prepuberal. Los dos años más de crecimiento prepuberal que tienen los niños y la mayor amplitud de su estirón puberal determinan los 12,5-13 cm de diferencia entre la talla adulta de ambos sexos, así como la mayor longitud proporcional en los varones de las extremidades respecto al tronco (mayor periodo de crecimiento prepuberal).

Otros cambios corporales

Durante la pubertad, se produce también un dimorfismo sexual en el crecimiento en anchura del tronco, con un incremento mayor, pero más tardío, en los varones del diámetro transversal de los hombros (diámetro biacromial), y un mayor y más precoz incremento del diámetro transversal de la pelvis en las mujeres (diámetro bi-ilíaco).

El IMC y la composición corporal también experimentan modificaciones durante la pubertad bajo la influencia de ES, GH e IGF-I, y se adquiere prácticamente un 45% del contenido mineral óseo (masa ósea). El peso aumenta proporcionalmente más que la talla y, por ello, el IMC se incrementa rápidamente. Este incremento no debe interpretarse como el resultado de un incremento de la grasa corporal; ya que, aunque este se produce (16-19% en varones y 17-25% en mujeres), la mayor parte del incremento de peso corresponde a masa libre de grasa, especialmente en varones (músculo y hueso, especialmente). De ahí que, la interpretación del IMC en el periodo puberal debería hacerse con precaución y más en función del desarrollo puberal alcanzado que de la edad cronológica, para evitar así falsos diagnósticos de sobrepeso/obesidad en maduradores rápidos. La distribución de la grasa corporal también experimenta un dimorfismo sexual con mayor acúmulo intrabdominal en los varones y gluteofemoral en las mujeres.

Los cambios hormonales durante la pubertad también afectan al cerebro, promoviendo su remodelación y completando la maduración sexual y dimorfismo sexual que se inició en el periodo prenatal y en la vida postnatal temprana.

Duración de la pubertad

La duración de la pubertad (tempo) es, al igual que el momento de su inicio, muy variable, y se considera finalizada cuando se ha alcanzado la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora, lo cual suele ocurrir una media de 4-5 años después de su inicio; sin embargo, clínicamente suelen utilizarse unos criterios diferentes y no muy acordes con el propio concepto de finalización de pubertad.

En las niñas, suele utilizarse como marcador de finalización puberal el inicio de las menstruaciones, aunque, en la mayoría de los casos, en el momento de la menarquia, ni se ha completado el desarrollo puberal (estadio IV de Tanner), ni se ha finalizado el crecimiento, ni se ha alcanzado plenamente la fertilidad; ya que, el porcentaje de ciclos anovulatorios durante los 2 primeros años postmenarquias es muy alto. El intervalo desde el inicio de la pubertad a la menarquia es solo de 2,4 años ± 1,1 año (media ± 1 SDS). Se ha observado una correlación negativa entre el inicio de la pubertad y la aparición de la menarquia; de forma que, las niñas que inician la pubertad más temprano tardan algo más en tener la menarquia que las niñas que maduran más tardíamente.

En los varones, la finalización de la pubertad es aún más difusa que en las niñas o, al menos, no tiene un marcador clínico tan claro, como lo es la menarquia. Suele considerarse que la pubertad se ha completado cuando se alcanza un volumen testicular de adulto (media de unos 20 mL), lo que se produce habitualmente, unos 3,2 ± 1,8 años (media ± 1 SDS) después de su inicio. No obstante, el criterio es poco fiable, dada la variabilidad normal del volumen testicular de un adulto. De hecho, algunos varones normales no superan los 12-15 mL de volumen testicular; mientras que, otros superan los 25-30 mL. Por otro lado, como en el caso de las mujeres, en ese momento, habitualmente, tampoco se ha finalizado el crecimiento ni se han desarrollado completamente los caracteres sexuales secundarios.

Bibliografía

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12. Willemsem RH, Dunger DB. Normal variation in pubertal timing: genetic determinants in relation to growth and adiposity. En: Bourguignon JP, Parent AS, eds. Puberty from Bench to Clinic. Lessons for Clinical Management of Pubertal Disorders. Endocr Dev. Basel (Switzerland): Karger. 2016; 29: 17-35. doi: 10.1159/000438957.

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21. Prader A. Testicular size: assessment and clinical importance. Triangle; the Sandoz Journal of Medine Science. 1966; 7: 240-3. PMID: 5920758.

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10 Cosas que deberías saber sobre… sangrado menstrual excesivo en adolescentes

 
10 Cosas que deberías saber sobre… sangrado menstrual excesivo en adolescentes

 

R. Vila de Frutos, S. Criado Camargo, L  García Espinosa, M. García Boyano


Es uno de los trastornos menstruales más frecuentes tras la amenorrea

Se define como aquel sangrado menstrual que dura más de 7 días o supera una cantidad de > 80 ml/ciclo y que interfiere en la vida de la paciente a nivel físico, emocional o social

En la adolescencia, las causas más frecuentes son las funcionales (75%), entre las cuales destacan los ciclos anovulatorios por inmadurez del eje hipotálamohipófisis-ovario

Aunque son etiologías menos frecuentes, es importante descartar enfermedades hematológicas (20%), de las cuales la enfermedad de von Willebrand es la más habitual; así como la posibilidad de embarazo, problemas tiroideos y de infecciones de transmisión sexual

Es necesario cuantificar el sangrado, realizar una adecuada historia ginecológica e identificar síntomas de anemia o asociados a enfermedad hematológica (petequias, equimosis, sangrados previos abundantes)

Es muy importante valorar la estabilidad hemodinámica de estas pacientes, mediante la toma de tensión arterial y frecuencia cardíaca

El hemograma, el estudio de coagulación básico, la determinación de ferritina y el test de embarazo, son las pruebas complementarias de primer nivel empleadas para valorar el grado de repercusión de la hemorragia y orientar su manejo

Como pruebas complementarias de segundo y tercer nivel, se encuentran: la detección de infecciones de transmisión sexual, los estudios hormonales con TSH y hormonas sexuales, y los estudios de coagulación específicos

La realización de ecografía pélvica de urgencia no se recomienda de rutina, aunque sí como parte del estudio etiológico del sangrado

El tratamiento depende de la etiología, de la intensidad del sangrado, de la repercusión hemodinámica y del grado de anemia que presente la paciente. Los anticonceptivos orales combinados monofásicos son el tratamiento de elección, cuando se trate de un sangrado moderado o grave debido a ciclos anovulatorios

 

Para saber aún más…

- Lafuente P, de la Iglesia E. Trastornos menstruales de la adolescente. En: Guerrero-Fernández J, González I. Manual de diagnóstico y terapéutica en Endocrinología Pediátrica. Ed. Ergon; 2018. p. 583-613.

- Haamid F, Sass AE, Dietrich JE. Heavy Menstrual Bleeding in Adolescents. J Pediatr Adolesc Gynecol. 2017; 30: 335-40.

- Mullins TL, Miller RJ, Mullins ES. Evaluation and Management of Adolescents with Abnormal Uterine Bleeding. Pediatric Ann. 2015; 44: 218-22.

- Curell N. Normalidad y alteraciones de la menstruación en adolescentes. Pediatr Integral. 2013; 17(3): 161-70.

 

Drogodependencias en el adolescente, actuación desde la consulta

A. Terán Prieto*, E. Mayor Toranzo*, L. García García**
Temas de FC


A. Terán Prieto*, E. Mayor Toranzo*, L. García García**

*Centro de Atención a Drogodependientes, San Juan de Dios. Palencia. **Hospital Medina del Campo, Valladolid

 

Resumen

La última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas en jóvenes entre 14 y 18 años: “Uso de Drogas en Estudiantes de Secundaria” (ESTUDES 2014-2015) muestra como el consumo de drogas es una práctica habitual entre los jóvenes de nuestro país. El problema es aún mayor al comprobar que estos tienen una baja percepción de peligro en el uso de algunas de ellas, las de consumo más habitual, como el alcohol, sin que se aprecie un cambio en su forma de pensar en los últimos años. Los conocimientos actuales de las ciencias de la salud, por el contrario, nos sitúan en una realidad muy diferente a la percibida por los adolescentes-jóvenes. Los efectos tóxicos de las drogas afectan, de una u otra forma, a los diferentes órganos y sistemas de nuestro organismo, mucho más, si como en el grupo de edad que nos ocupa, estamos en un momento de crecimiento y maduración física y psicológica de especial vulnerabilidad. La existencia de planes de prevención destinados, de forma específica, a los adolescentes-jóvenes, junto con la adecuada formación de los profesionales de la salud en el diagnóstico y el tratamiento precoz del consumo de drogas y de sus complicaciones asociadas evitarán la progresión a la adicción y la presencia de patologías que interfieran en el proceso madurativo y limiten la capacidad funcional y la calidad de vida de los futuros adultos.

 

Abstract

The latest survey of the National Drug Plan for young people between the ages of 14 and 18: “Drug Use in Secondary Students” (ESTUDES 2014-2015) shows how drug use is a common practice among young people in our country. The problem is even greater to see that these have a low perception of danger in the use of some of them, the most habitual consumption, such as alcohol, without appreciating a change in their thinking in recent years. The current knowledge of the health sciences, on the other hand, places us in a reality very different from that perceived by teenagers. The toxic effects of drugs affect, in one way or another, the different organs and systems of our body, much more, if as in the age group that occupies us, we are in a moment of growth and physical and psychological maturation of special vulnerability. The existence of specific prevention plans for adolescents and young people together with the adequate training of health professionals in the diagnosis and early treatment of drug use and its associated complications will prevent the progression to addiction and the presence of pathologies that interfere in the maturation process and limit the functional capacity and life’s quality of future adults.

 

Palabras clave: Adolescentes; Drogas y prevención

Key words: Teenagers; Drugs and prevention

 

Pediatr Integral 2017; XXI (5): 343 – 349


Drogodependencias en el adolescente, actuación desde la consulta

Introducción

Las drogas en adolescentes son habituales y la percepción de su riesgo es baja. Es importante conocer signos y síntomas de su consumo para posibilitar una rápida intervención a todos los niveles.

El consumo de drogas en la población de adolescentes-jóvenes de nuestro país es una práctica habitual dentro de sus usos y costumbres, relacionados principalmente con los tiempos y espacios de ocio, lo que se ha dado en denominar “uso recreativo”. Sin embargo, no por este uso “festivo” están exentas de problemas y complicaciones. Las drogas actúan sobre el sistema nervioso central de los jóvenes en un momento evolutivo en el que se están produciendo cambios fundamentales en la transición a la vida adulta. La adolescencia es un momento crítico en el proceso de maduración, que puede verse afectado por los efectos tóxicos de las drogas, provocando problemas físicos, psíquicos y los relacionados directamente con los procesos de neuroadaptación cerebral, origen de la enfermedad adictiva. La detección y tratamiento del uso y abuso de drogas, pasa por ser uno de los problemas más complejos en la práctica clínica diaria, ya que a las características de la propia enfermedad adictiva se suma, en la mayor parte de las ocasiones, la negativa del afectado y/o el desconocimiento o rechazo del medio familiar del problema. En el caso del paciente, es frecuente escuchar afirmaciones del tipo: “en contadas ocasiones”, “como todo el mundo”, “lo tengo controlado” o “puedo dejarlo cuando quiera”; mientras por parte de los padres, ante los primeros signos y síntomas de sospecha, la respuesta más habitual es minimizar y atribuirlo a: “cosas de jóvenes, de la edad”, “la tontería, la edad del pavo” o “ya se le pasará”.

El conocimiento e identificación de los signos y síntomas relacionados con el consumo de drogas es de gran utilidad para padres, profesores y médicos, al permitir un diagnóstico precoz del problema y posibilitar la intervención inmediata que evite la cronificación del consumo y las complicaciones asociadas.

Drogas clásicas vs drogas nuevas

El consumo de “drogas nuevas” va en aumento y disponemos de escasos datos, tanto del término “mercado de drogas” como de sus consecuencias reales para la salud.

La Organización Mundial de la Salud define como droga: “toda sustancia que introducida en el organismo vivo, por cualquiera de los medios de administración clásicos o nuevos, es capaz de modificar la actividad del sistema nervioso central y el comportamiento del individuo receptor, así como crear una situación de dependencia o adicción(1). Existen múltiples clasificaciones de las drogas, entre las que hemos optado por una sencilla, que incluye las drogas “clásicas”, que facilite la comprensión del texto y cumpla con el objetivo de acercar al especialista en Pediatría al conocimiento del fenómeno del consumo de drogas en los adolescentes. Las drogas se agruparían en tres grandes grupos:

1. Drogas depresoras (alcohol, opiáceos, barbitúricos e hipnótico-sedantes).

2. Drogas estimulantes (cocaína, anfetaminas y xantinas).

3. Drogas psicodélicas (cannabis, alucinógenos, sustancias volátiles y metanfetaminas).

Frente a las drogas consideradas “clásicas”, existe un consumo cada vez más importante de las denominadas “drogas sintéticas”, “drogas de diseño” o “drogas emergentes” con una amplia distribución a través de internet, que ha llevado al Plan Nacional sobre Drogas a la elaboración, por su comisión clínica, del documento: “Drogas emergentes”, en el que se las define como: conjunto de sustancias sintetizadas de forma clandestina, con el propósito de producir, mediante variaciones en la estructura química, efectos similares o más potentes que los de las drogas clásicas y eludir el control normativo al que estas últimas están sometidas y que se clasifican en: feniletilaminas y derivados de las anfetaminas, triptaminas, piperazinas, pirrolidinofenonas, derivados de los opioides, arilciclohexilaminas/ketamina, derivados de la metacuolona, derivados cannabinoides/spice drugs y GHB/GBL(2). Su denominación podría llevarnos a pensar que estamos ante “drogas nuevas”, sin embargo, nada más lejos de la realidad. Por lo general, se trata de sustancias sintetizadas por la industria farmacéutica a finales del siglo XIX y principios de siglo XX, que han ido resurgiendo en la medida que no están incluidas en las listas de sustancias estupefacientes, no están fiscalizadas internacionalmente y, por tanto, no son ilegales. El consumo de estas drogas por los jóvenes españoles es experimental y sus usuarios suelen ser consumidores de drogas legales e ilegales, con baja percepción de riesgo y una alta percepción de disponibilidad. Los varones, las consumen con más frecuencia que las mujeres y su uso aumenta con la edad(3). El problema del consumo de estas drogas por los jóvenes radica en la ausencia de estudios toxicológicos que aporten información veraz sobre las consecuencias para la salud más allá de los existentes en internet con claros intereses comerciales. No menos importante es conocer tanto por parte de los profesionales de la salud como de los padres y profesores el término “mercado de drogas”, que hace referencia a la cadena completa de acontecimientos que van desde la producción en los países de origen, hasta su adquisición por el consumidor, el adolescente en este caso. También hace referencia a las pautas de consumo y factores culturales y sociales, así como a su relación con la delincuencia(4).

Epidemiología

Tabaco, alcohol y cannabis siguen siendo las drogas más consumidas por los adolescentes-jóvenes que, además, las consideran poco peligrosas, al tiempo que manifiestan la capacidad de control sobre su consumo.

A pesar del interés despertado en los últimos años por las “nuevas drogas”, no debemos perder el foco de atención sobre las sustancias de uso más habitual en nuestro entorno y que son la causa de la demanda de atención en la consulta, bien por los problemas directos de su uso o por las complicaciones asociadas. La encuesta sobre el Uso de Drogas en Estudiantes de Secundaria entre 14-18 años (ESTUDES 2014-2015) del Plan Nacional sobre Drogas(3), en la que se incluyen un total de 37.486 estudiantes de 941 centros educativos públicos y privados, nos acerca a la realidad del consumo de drogas de los adolescentes-jóvenes en el momento presente. Los resultados de la encuesta realizada cada dos años desde 1994, son concluyentes (Fig. 1):

Figura 1. Encuesta sobre el Uso de Drogas en Estudiantes de Secundaria entre 14-18 años, (ESTUDES 2014-2015) del Plan Nacional sobre Drogas, del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

• Aunque se observa un descenso en el consumo de todas las drogas, tabaco, alcohol y cannabis siguen siendo las más consumidas por los estudiantes españoles. Le siguen por este orden: hipnótico-sedantes (con y sin receta), cocaína, éxtasis, alucinógenos, anfetaminas, inhalables volátiles y heroína.

• Los hombres consumen drogas ilegales en mayor proporción que las mujeres, entre las que está más extendido el uso de drogas legales: tabaco, alcohol e hipnótico-sedantes.

• La prevalencia del consumo de alcohol entre los adolescentes-jóvenes sigue siendo muy elevada a pesar de detectarse un descenso en el consumo, más acusada para los consumos intensivos (borracheras y atracones). El 78,9% de los estudiantes han probado el alcohol alguna vez en la vida. El 76,8% han consumido en el último año y el 68,2% lo ha hecho en el último mes. El porcentaje de jóvenes que beben se incrementa los fines de semana. Uno de cada tres escolares ha consumido alcohol en forma de “atracón” en los últimos treinta días y el 57,6% ha participado alguna vez en un “botellón” en los últimos doce meses, patrón de consumo que aumenta con la edad. Finalmente, las mujeres consumen alcohol en mayor proporción que los hombres, al tiempo que el porcentaje de chicas que se emborrachan es mayor que el de los chicos.

El consumo de tabaco mantiene una caída continua desde hace aproximadamente diez años, reduciéndose en cerca de un 60%. A pesar de ello, en el último año, 137.000 escolares se iniciaron en el consumo de esta sustancia.

• Los hipnótico-sedantes siguen siendo consumidos en mayor frecuencia por las chicas, que duplican a los chicos (13,8% vs 7,7%), diferencias que se incrementan con la edad. A pesar de ello, se aprecia un descenso en el consumo de estas drogas con y sin receta.

• El cannabis sigue siendo la droga ilegal más utilizada por los jóvenes, a pesar de haberse reducido el consumo en la última década en más del 33%. Tres de cada diez estudiantes han probado cannabis alguna vez en su vida y, uno de cada cuatro, lo ha consumido en el último año. El consumo problemático está más extendido entre los varones y aumenta con la edad (de 7,9% a los 14 años a 18,2% a los 18 años). Sin embargo, la encuesta refleja un descenso de esta forma de consumo de dos puntos. Los hombres consumen cannabis en mayor proporción que las mujeres en todos los grupos de edad.

• El consumo de cocaína no muestra cambios significativos respecto de la encuesta realizada hace dos años. El 3,5% ha consumido cocaína alguna vez en la vida, el 2,8% en el último año y el 1,8% en los últimos treinta días.

• Anfetaminas, alucinógenos, éxtasis e inhalables mantienen la tendencia decreciente de encuestas anteriores, situándose en el nivel más bajo de la serie histórica. El consumo de heroína se produce en el 0,5% de los encuestados.

• Las drogas emergentes habían sido consumidas por el 4% de los escolares alguna vez en su vida, con la siguiente distribución por droga: spice (0,8%), ketamina (0,7%), salvia (0,7%) y mefedrona (0,5%).

Junto a la prevalencia de consumo de las diferentes drogas, llama poderosamente la atención la valoración de los jóvenes respecto de su uso. Así, perciben el alcohol como la sustancia menos peligrosa y consideran que el tabaco es más peligroso que el cannabis, no habiéndose producido un cambio apreciable en la forma de pensar de los escolares en los últimos años (Fig. 2).

Figura 2. Valoración de los jóvenes respecto a la peligrosidad del uso de las diferentes drogas. Así, perciben el alcohol como la sustancia menos peligrosa y consideran que el tabaco es más peligroso que el cannabis, no habiéndose producido un cambio apreciable en la forma de pensar de los escolares en los últimos años, (ESTUDES 2014-2015) del Plan Nacional sobre Drogas, del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

No parece, por tanto, que la experiencia acumulada en nuestro país, después de más de treinta años de lucha contra el consumo de drogas o los avances experimentados en el conocimiento de las complicaciones asociadas a su uso, sean tenidos en cuenta o generen un mínimo eco en los jóvenes de enseñanzas secundarias. La sensación de control, de saber hasta que límite pueden consumir o de poder dejarlo a voluntad, junto a la frase manida de “por un día no pasa nada“, suelen ser lo más habitual en su discurso, incluso cuando terminan en el servicio de urgencias por un cuadro de intoxicación aguda o en la consulta de su pediatra, conducidos por sus padres una vez descubierto el problema. La escasa o nula conciencia del problema o enfermedad es un hecho que debemos tener en cuenta a la hora del abordaje de estos jóvenes en la consulta.

Motivaciones de los jóvenes para el consumo de drogas

La curiosidad sobresale entre las múltiples motivaciones para justificar el consumo.

Son múltiples las motivaciones esgrimidas por los jóvenes para justificar el consumo de drogas. La encuesta realizada por The European Opinion Research Group a principios del siglo XXI en jóvenes europeos (Eurobarómetro), destacaba los motivos siguientes: curiosidad (61,3%); presión de grupo (46,6%); búsqueda de emociones (40%); efectos esperados (21,5%); y la existencia de conflictividad familiar (29,7%)(4). Motivaciones en gran medida, semejantes a las señaladas por Navarro en los jóvenes de nuestro país quince años antes y en las que también se incluían: el hedonismo, las modas, la desmotivación y falta de expectativas y la existencia de trastornos mentales(5).

Del consumo experimental a la adicción a drogas

Del consumo a la adicción solo hay un pequeño, pero modificable, paso.

¿Qué factores son los que influyen en el desarrollo de la adicción?, ¿qué hace a unos jóvenes diferentes a otros en su relación con las drogas?, son preguntas que de forma permanente nos hacemos los profesionales que trabajamos en el campo de las drogodependencias al objeto de encontrar las claves en el desarrollo de programas preventivos eficaces. El National Institute on Drug Abuse (NIDA) señala un conjunto de factores de riesgo”: biológicos-genéticos, ambientales y relacionados con las características de las drogas, que influyen en el consumidor favoreciendo el desarrollo de cambios cerebrales (neuroadaptación) origen de la adicción (Fig. 3).

Figura 3. El National Institute on Drug Abuse (NIDA) señala un conjunto de “factores de riesgo”: biológicos-genéticos, ambientales y relacionados con las características de las drogas, que influyen en el consumidor favoreciendo el desarrollo de cambios cerebrales (neuroadaptación) origen de la adicción (National Institutes of Health U.S. Department of Health and Human Services – NIDA – Pub No. 08-5605. 2008).

Entre todos ellos, subraya en los adolescentes-jóvenes, los factores de riesgo siguientes: comportamiento agresivo temprano, habilidades sociales deficientes, ausencia de supervisión parental, consumo temprano de drogas, disponibilidad y fácil acceso a las drogas y pobreza(6).

Consecuencias asociadas al consumo de drogas

Está documentado que el consumo de drogas es sinónimo de problemas y de todo tipo de enfermedades.

Existe una amplia literatura con el máximo nivel de evidencia científica que relaciona el consumo de drogas con todo tipo de problemas de salud, familiares, sociales, económicos, legales, etc. Los adolescentes-jóvenes no son ajenos a ellos y, por el contrario, son especialmente vulnerables por el momento madurativo en el que se encuentran. En el área de la salud, debido a que los tiempos de consumo, por la edad de inicio, no suelen ser prolongados, encontraremos principalmente cuadros agudos: intoxicaciones relacionadas con las dosis utilizadas o la mezcla de drogas, y reacciones adversas inesperadas asociadas a susceptibilidad individual o patologías preexistentes. El cuadro clínico puede ser predominante orgánico: anorexia, taquicardia, arritmias, convulsiones, vómitos, hipertermia, fallo hepático, coma, etc.; o psicopatológico: ansiedad, pánico, agresividad, psicosis, etc. No debemos olvidar que de estas situaciones agudas pueden producirse complicaciones potencialmente letales. El consumo más prolongado se manifiesta por síntomas que afectan a diferentes aspectos: apetito, sueño, rendimiento cognitivo, estado de ánimo, comportamiento, etc. (ver signos y síntomas de sospecha) (Tabla I).

 

Diagnóstico: signos y síntomas de sospecha

La detección se basa, en la mayoría de las ocasiones, en las sospechas bien fundamentadas.

Con frecuencia, los padres relatan en la consulta todo un listado de signos, síntomas y cambios de actitud que observan en el adolescente, como novedosos que, con frecuencia, se asocian al consumo de drogas y pueden ayudarnos en la aproximación diagnóstica(7). En ningún caso, pueden considerarse patognomónicos y sí orientativos. El NIDA resume estos hallazgos en los apartados siguientes: desempeño escolar; interés y motivación en las actividades; rutinas cotidianas; selección de amigos, personalidad, comportamiento y objetos no habituales en las pertenencias del adolescente-joven (Tabla I)(8). De cualquier forma, debemos confirmar la existencia del consumo de drogas a través de pruebas objetivas, como son las de laboratorio, que permiten la detección en diferentes muestras orgánicas: sangre, orina, fluidos orales, sudor, pelo y uñas, etc. En la elección de uno u otro método de análisis, tendremos siempre en cuenta la persistencia de la droga en la muestra. Lo más habitual por su rapidez y seguridad es el control de orina, aunque, recientemente, se han incorporado por la Dirección General de Tráfico los analizadores de fluidos orales.

Tratamiento

Es fundamental un abordaje multidisciplinar, donde la motivación y la empatía son aspectos claves para el éxito.

Durante mucho tiempo las adicciones han sido consideradas “enfermedades huérfanas”, debido a que son escasos los tratamientos farmacológicos específicos, reduciéndose su utilización al control de síntomas. Por otra parte, las técnicas psicoterapéuticas no contaban con las evidencias científicas suficientes. En definitiva, la intervención era muy limitada. Los avances experimentados en las ciencias de la salud de los últimos años, han propiciado el desarrollo de protocolos de tratamiento en los diferentes momentos de la adicción y de sus complicaciones, que abren una puerta a la esperanza. En todos los casos, se trata de intervenciones multiprofesionales y multidisciplinares, en las que se incluyen: lo biológico, lo psicológico, lo social y todas aquellas áreas implicadas en la adicción. Especial relevancia han adquirido, en los últimos años, los programas de prevención con una amplia implementación en nuestro país. El dicho popular de más vale prevenir que lamentar, adquiere su máximo significado en el fenómeno de la droga.

Un elemento de capital importancia a la hora de tratar con éxito un problema de drogas, es valorar el estadio del cambioen el que se encuentra el afectado (Prochaska y DiClemente)(9). Este marcará la conciencia de problema-enfermedad, la motivación e implicación en el tratamiento y la disposición para el cambio. Cada uno de los estadios: precontemplación, contemplación, preparación para la acción, acción y mantenimiento orientarán la negociación con el paciente y la determinación de objetivos a cumplir. En los adolescentes-jóvenes, lo más habitual es que nos encontremos en situación de PRECONTEMPLACIÓN, es decir; obligados a la consulta por los padres, con ausencia de conciencia de enfermedad-problema, negando el consumo o minimizándolo y rechazando cualquier posibilidad de cambio y tratamiento. Es en este momento, es cuando adquiere una gran importancia en la aproximación al adolescente-joven la “entrevista motivacional”.

Papel del especialista en Pediatría en el tratamiento de las adicciones

El conocimiento del pediatra de los problemas del consumo de drogas es esencial por la trascendencia de intervenir en las fases iniciales.

El pediatra tiene una importancia capital en el tratamiento de los problemas de drogas al ser la puerta de entrada, el primer paso, si exceptuamos la urgencia hospitalaria, en el acceso de los adolescentes al sistema sanitario. Es en este momento, el primer contacto, cuando adquieren gran importancia aspectos como: la motivación, la información, el consejo sanitario (intervención breve) y la propuesta de tratamiento específico, así como el tratamiento de la patología específica presente en cada momento(11). La preparación para la derivación a otras especialidades por la existencia de comorbilidades, es otro elemento muy importante, especialmente cuando hace referencia a la existencia de comorbilidad psiquiátrica (Tabla II).

 

Recomendaciones

Para concluir con este breve repaso a los problemas de drogas en los adolescentes-jóvenes y su abordaje desde la consulta del pediatra, describiremos de forma resumida lo que puede hacerse y lo que debe evitarse.

El pediatra en su práctica clínica con jóvenes adolescentes puede:

1. Detectar, captar y motivar para la consecución de un plan terapéutico completo. ¡¡La importancia del primer contacto!!

2. Informar y orientar sobre las posibilidades de tratamiento.

3. Desintoxicar en los casos de consumos no complicados y que exista un adecuado apoyo familiar.

4. Derivar a dispositivos específicos de tratamiento de las adicciones.

5. Detectar, tratar y seguir, en colaboración con otras especialidades, las patologías físicas y psíquicas asociadas al consumo de drogas.

6. Educación para la salud al objeto de minimizar los riesgos y daños asociados al consumo de drogas.

7. Información, apoyo y asesoramiento a la familia del adolescente consumidor de drogas.

Al mismo tiempo debe evitar:

- Mostrar rechazo o una actitud enjuiciadora o moralizante.

- Ver al consumidor como un problema de la asistencia especializada en el que no tiene nada que hacer.

- Evitar paternalismos

- Presentar una actitud compasiva o complaciente con el fin de evitar enfrentamientos o problemas en la consulta.

- Prescribir psicofármacos sin ningún tipo de control.

Bibliografía

1. Organización Mundial de la Salud. Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas. 2004. Disponible en: http://bit.ly/1pZW8Mp.

2. Comisión Clínica de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Drogas emergentes. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Secretaria General de Política Social e Igualdad. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. 2011.

3. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Encuesta sobre el uso de drogas en Enseñanza Secundaria en España (ESTUDES 2014-2015). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 2016.

4. Marina C. Crítica de libros. Informe sobre los mercados de drogas en la Unión Europea. Visión de conjunto estratégica 2016. Pediatría Integral. 2016; XX(4): 276e5.

5. The European Opinion Research Group. Attitudes and Opinions of Young people in the European Union on drugs. European Comission, Eurobarometer. 2002. 57: 2.

6. Navarro J. Motivaciones y factores de riesgo en el consumo de drogas. Reinserción social y Drogodependencias. Asociación para el Estudio y Promoción del Bienestar Social. Madrid. 1987.

7. National Institute on Drug Abuse (NIDA). Drugs, brains and behavior. The science of addiction. National Institutes of Health U.S. Department of Health and Human Services. 2008.

8. Terán A. Detección del consumo de drogas en la edad escolar. En: Problemas médicos en la escuela y su entorno. Ed.: Gil Verona JA. Servicio de Apoyo a la Enseñanza. Universidad de Valladolid. 1997.

9. National Institute on Drug Abuse (NIDA). Hable con sus hijos sobre las drogas y sus peligros. National Institute on Drug Abuse. National Institutes of Health. 2001.

10. Prochaska JO y DiClemente CC. Transteoretical therapy: Toward a more integrative model of change. Psychotherapy: Theory, Research and Practice. 1982; 19: 267-88.

11. Molina Prado R. Consumo de tabaco, alcohol y drogas en la adolescencia. Pediatría Integral. 2013; XVII(3): 205-16.

Bibliografía recomendada

- http://www.socidrogalcohol.org.

Página de la Sociedad Científica española de Estudios sobre el Alcohol y otras Toxicomanías, ofrece información actualizada sobre los diferentes tipos de tóxicos, programas de prevención, guías y todo lo necesario para un abordaje integral de este grave problema.

- Kliegman R, Stanton B, Geme J, Schor N. Substance abuse. Nelson Textbook of Pediatric, 20th Edition. 2015. Elsevier. Vol. 1. Part. XIII; Chapter 114. ISBN: 978145577566.

Buen libro de Pediatría, donde el abordaje de las sustancias de abuso es claro y conciso.

 

Caso clínico

 

Varón de 14 años que acude a la consulta del pediatra de Atención Primaria, acompañado y “obligado” por su madre, por presentar desde hace aproximadamente seis meses un cuadro clínico caracterizado por: molestias digestivas inespecíficas, cambios en los hábitos alimenticios, alternando periodos de hiperorexia con otros de hiporexia, náuseas y vómitos de presentación episódica, por lo general, en los días posteriores al fin de semana, cambios en el ritmo sueño-vigilia, acostándose muy tarde y presentando serias dificultades para levantarse por la mañana y cumplir con los horarios académicos. Al mismo tiempo, se muestra somnoliento y ensimismado a lo largo del día, mostrando escasa atención e interés, por lo que se le dice, tanto en el ámbito académico como familiar. Coincidiendo en el tiempo, su madre, relata la existencia de un llamativo cambio de carácter. De ser un muchacho tranquilo, cariñoso y obediente, se ha tornado en suspicaz, desconfiado, malhumorado, irritable, al tiempo que presenta problemas de comportamiento, hasta el momento, desconocidos para su familia: enfrenta y rechaza la autoridad parental, amenaza de forma verbal a sus padres cuando se resisten a sus demandas continuas de mayor libertad, autonomía y disponibilidad de dinero para cubrir sus necesidades, no cumple horarios ni las obligaciones de la vida familiar, sale de casa de forma injustificada e imprevista y, sorprendentemente, ha abandonado una de sus grandes pasiones, el fútbol, y el grupo de amigos con los que entrenaba y salía los fines de semana. A nivel académico, son múltiples las amonestaciones que llegan a casa por faltar a clase, llegar tarde, “dormirse” en clase, incumplir las obligaciones y enfrentarse a los profesores cuando le llaman la atención por su actitud. Paralelamente se ha producido un marcado descenso del rendimiento académico. Durante un tiempo, los padres minimizaron y quitaron importancia al cuadro descrito, relacionándolo con el cambio puberal, pero la gravedad y la pérdida del control sobre la situación, junto con la sintomatología digestiva, les ha llevado a la consulta del pediatra.

No se detecta la existencia de antecedentes personales ni familiares de interés.

Durante la exploración realizada a solas con el adolescente, este se muestra poco comunicativo, aunque colaborador, minimizando o negando los síntomas físicos relatados por su madre. Se trata de un muchacho bien formado y constituido, buena coloración de piel y mucosas, deficiente higiene y aseo personal, halitosis. Exploración por aparatos sin hallazgos de interés. Llama la atención la presencia de hematomas en diferentes estadios evolutivos en EEII, que justifica en algún problema del fin de semana y posteriormente reconoce, bajo la condición de no delatarle a sus padres, como consecuencias de verse involucrado en peleas y reyertas bajo los efectos del alcohol. También reconoce la existencia de cuadros de intoxicación por alcohol (calimocho o cerveza), principalmente en fin de semana, que ha ocultado a sus padres llegando más tarde a casa y esperando a que estos estén dormidos para evitar su control. En todo momento niega que tenga problemas con el alcohol y, por el contrario, asegura que bebe lo mismo que sus colegas. Se inició en el consumo hace aproximadamente un año, pero ha sido en los últimos meses, cuando a raíz de dejar su grupo de amigos del instituto para relacionarse con otros que comparten un local donde pasan gran parte del tiempo: escuchando música, jugando a la play o a las cartas, ha empezado a faltar a clase y a tener problemas de relación con sus padres que intentan saber y controlar sus movimientos. Finalmente, reconoce experiencias con otras drogas en los últimos meses: “M” (metilendioximetanfetamina-MDMA) y el consumo diario de cannabis dos-tres porros/día de maría que comparte con sus amigos. En todo momento, niega problemas con las drogas, sobrevalorando su capacidad para controlar y saber hasta dónde debe consumir, al tiempo que minimiza el potencial adictivo de estas, tachándolas de blandas. Las pruebas complementarias solicitadas: hemograma, bioquímica completa, serologías de VHB y VHC dieron resultados dentro de los límites de la normalidad. También se realizó control de tóxicos en orina, tras explicar y convencer al paciente de la necesidad de confirmar la presencia de drogas en su organismo al objeto de valorar las consecuencias para su salud. El resultado del análisis múltiple de drogas fue POSITIVO únicamente para cannabis.

 

 

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