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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Hacia una pediatría del aire: salud respiratoria infantil y medicina ambiómica (2030-2050)

J.A. Ortega García*,  L. Claudio**,  F. Campillo i López***
De interés especial
 


J.A. Ortega García*, L. Claudio**, F. Campillo i López***

*Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU-Murcia). Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. El Palmar. Murcia. Universidad de Murcia
**Division of International Health, Icahn School of Medicine at Mount Sinai. Nueva York. EE.UU.
***Unitat de Salut Mediambiental Pediàtrica, Fundació Hospital d’Olot i Comarcal de la Garrotxa. Girona


Resumen

Durante gran parte del siglo XX, la neumología pediátrica abordó la enfermedad respiratoria infantil desde una lógica predominantemente reactiva, centrada en infecciones, alergia y factores biológicos individuales, mientras que la contaminación atmosférica quedaba relegada al ámbito de la salud pública. En la actualidad, esta visión resulta insuficiente. La evidencia demuestra que la mala calidad del aire constituye uno de los principales determinantes de la salud respiratoria infantil, con efectos profundos sobre el desarrollo pulmonar, la susceptibilidad a infecciones, la expresión de enfermedades crónicas y las desigualdades en salud desde edades tempranas. Este artículo propone una visión sindémica de la relación entre contaminación atmosférica y salud respiratoria infantil, en la que múltiples exposiciones ambientales interactúan con vulnerabilidades biológicas y contextos sociales para configurar trayectorias de enfermedad. Desde esta perspectiva, se plantea la necesidad de evolucionar hacia modelos clínicos capaces de anticipar riesgo y modificar la evolución de la enfermedad antes de la aparición de crisis. En este marco se presenta el Modelo ÍTACA (Integración Territorial, Ambiómica y Clínica Anticipatoria), una arquitectura clínica integradora que incorpora la evaluación individualizada del exposoma, los sistemas de vigilancia ambiental, los biomarcadores ambiómicos y la toma de decisiones anticipatoria. El modelo desplaza el eje asistencial hacia el territorio, el hogar y la pediatría comunitaria, apoyándose en centros pioneros para el pilotaje de estrategias avanzadas en poblaciones pediátricas especialmente vulnerables. Asimismo, se revisan las principales líneas de innovación terapéutica ambiómica, incluyendo las terapias aire-dirigidas, la protección de la barrera epitelial, la modulación mitocondrial e inmunitaria, los biológicos personalizados y la farmacología context-aware o “sensible al contexto”. Finalmente, se explora la frontera 2030-2050 mediante el concepto de Gemelo Digital Respiratorio Infantil, como síntesis de una pediatría del aire anticipatoria, comunitaria y orientada a la equidad. El objetivo de este artículo especial es ofrecer un marco conceptual y operativo para integrar el aire como variable clínica en la práctica pediátrica, anticipar la enfermedad respiratoria infantil y proteger el desarrollo en un mundo atmosféricamente alterado.

 


Abstract

For much of the 20th century, pediatric pulmonology approached childhood respiratory disease from a predominantly reactive perspective, focusing on infections, allergies, and individual biological factors, while air pollution was relegated to the realm of public health. This view is now insufficient. Evidence demonstrates that poor air quality is a major determinant of childhood respiratory health, with profound effects on lung development, susceptibility to infections, the expression of chronic diseases, and health inequalities from an early age. This article proposes a syndemic view of the relationship between air pollution and childhood respiratory health, in which multiple environmental exposures interact with biological vulnerabilities and social contexts to shape disease trajectories. From this perspective, the need arises to evolve toward clinical models capable of anticipating risk and modifying disease progression before crises occur. Within this framework, the ÍTACA Model (Territorial Integration, Ambiomics, and Anticipatory Clinical Practice) is presented. This integrative clinical architecture incorporates individualized exposome assessment, environmental surveillance systems, ambiomics biomarkers, and anticipatory decision-making. The model shifts the focus of care toward community, home, and community pediatrics, relying on pioneering centers to pilot advanced strategies in particularly vulnerable pediatric populations. The main lines of ambiomics therapeutic innovation are also reviewed, including air-targeted therapies, epithelial barrier protection, mitochondrial and immune modulation, personalized biologics, and context-aware pharmacology. Finally, the 2030-2050 timeline is explored through the concept of the Pediatric Respiratory Digital Twin, as a synthesis of an anticipatory, community-based, and equity-oriented air pediatrics. The aim of this special article is to offer a conceptual and operational framework for integrating air as a clinical variable in pediatric practice, anticipating childhood respiratory disease, and protecting development in an atmospherically altered world.

 

Palabras clave: Contaminación atmosférica; Salud respiratoria infantil; Pediatría del aire; Medicina ambiómica; Exposoma; Innovación terapéutica; Pediatría Comunitaria; Gemelo digital respiratorio.

Key words: Air pollution; Child respiratory health; Air-based pediatrics; Ambiomics medicine; Exposome; Therapeutic innovation; Community pediatrics; Respiratory digital twin.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (1): 79.e1 – 79.e15


Hacia una pediatría del aire: salud respiratoria infantil y medicina ambiómica (2030-2050)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.115

 

Introducción

Durante décadas, la neumología pediátrica asumió que el aire era un telón de fondo y no un determinante clínico. Las enfermedades respiratorias infantiles se atribuyeron principalmente a infecciones, alergia o factores biológicos individuales, mientras que la contaminación atmosférica quedaba fuera del núcleo de la práctica clínica. Sin embargo, esta separación se ha vuelto insostenible a la luz del conocimiento actual. La contaminación del aire constituye hoy uno de los principales determinantes ambientales de la salud infantil a escala global: millones de niños respiran de forma cotidiana aire que no cumple los estándares de calidad recomendados, tanto en grandes áreas urbanas como en entornos industriales, periurbanos o incluso rurales(1). La exposición a partículas finas y ultrafinas, dióxido de nitrógeno, ozono troposférico y mezclas complejas de contaminantes se asocia de forma consistente con un aumento de la mortalidad infantil, el desarrollo de enfermedad respiratoria crónica, las exacerbaciones asmáticas, las infecciones respiratorias de vías bajas y alteraciones del crecimiento y la función pulmonar desde edades muy tempranas(2-4).

Esta carga de enfermedad no se distribuye de forma homogénea. Los niños constituyen un grupo especialmente vulnerable por múltiples razones: pulmones en desarrollo, mayor ventilación por kilogramo de peso, sistemas de detoxificación inmaduros y una dependencia casi absoluta de los entornos en los que viven, estudian y juegan. A ello se suma una realidad ineludible: la contaminación atmosférica actúa de forma sinérgica con otros factores biológicos y sociales, amplificando desigualdades y configurando trayectorias de enfermedad que se inician en la infancia y se prolongan a lo largo de toda la vida(3,4).

En los últimos años, la evidencia científica ha permitido comprender que el impacto de la contaminación atmosférica no se limita a un efecto irritativo o inflamatorio inespecífico. La mala calidad del aire induce estrés oxidativo, altera la barrera epitelial respiratoria, modula la inmunidad innata y adaptativa, interfiere con la respuesta antiviral y condiciona la eficacia de los tratamientos habituales(5). En este sentido, el aire deja de ser un simple “factor de riesgo” para convertirse en un agente biológico activo, capaz de interactuar con la fisiología infantil y de moldear la expresión clínica de múltiples enfermedades respiratorias.

Este conocimiento plantea un desafío profundo a la práctica pediátrica. Si la exposición ambiental es continua, variable y, en muchos casos, inevitable, ¿cómo debe responder la clínica? ¿Es suficiente con tratar las exacerbaciones cuando aparecen, o debemos anticiparnos a ellas? ¿Puede la pediatría seguir siendo predominantemente reactiva en un contexto donde los determinantes ambientales actúan de forma persistente? Estas preguntas obligan a repensar no solo las estrategias terapéuticas, sino también el lugar donde se ejerce la vanguardia de la atención respiratoria infantil.

En este contexto emerge el concepto de medicina ambiómica(6), un enfoque que integra la evaluación del exposoma, los sistemas de vigilancia ambiental, los biomarcadores biológicos y la práctica clínica, para anticipar, modular y prevenir la enfermedad respiratoria. Este enfoque desplaza el eje desde el hospital hacia la Atención Primaria (AP), los hogares y el territorio, y propone una nueva lógica terapéutica basada en la coherencia entre niño, aire y entorno. La innovación ya no se limita al desarrollo de nuevos fármacos, sino que incorpora algoritmos clínicos anticipatorios, terapias aire-dirigidas, protección de la barrera epitelial y estrategias personalizadas para los niños más vulnerables, como prematuros, asmáticos graves e inmunodeprimidos.

Mirando hacia el horizonte de 2030-2050, los sistemas sanitarios más avanzados comenzarán a pilotar modelos de atención respiratoria infantil en los que el aire se integre de forma sistemática en la anamnesis, la estratificación del riesgo y la toma de decisiones terapéuticas. En estos modelos, la prevención dejará de ser un concepto abstracto para convertirse en una intervención clínica concreta, y el objetivo último será modificar trayectorias de enfermedad, no solo controlar síntomas.

El objetivo de este artículo especial es presentar un marco integrador y prospectivo para el abordaje de la contaminación ambiental y la salud respiratoria infantil, proponiendo un nuevo modelo clínico –el modelo ÍTACA (Integración Territorial, Ambiómica y Clínica Anticipatoria)–, que incorpore la evaluación individualizada de la exposición, la innovación terapéutica ambiómica y la anticipación clínica como ejes centrales de la práctica pediátrica. A través de una visión sindémica y orientada al futuro, se pretende ofrecer a los pediatras herramientas conceptuales y operativas para afrontar los problemas respiratorios infantiles en un mundo donde la calidad del aire se ha convertido en uno de los principales desafíos para la salud del siglo XXI (Fig. 1).

Figura 1. Contaminación atmosférica y salud infantil: un enfoque sindémico. La enfermedad respiratoria infantil no es el resultado de una única causa, sino de la interacción dinámica entre fuentes de contaminación (tráfico, industria, interior del hogar, cambio climático), vulnerabilidades individuales (edad, prematuridad, genética, enfermedad previa) y determinantes sociales y urbanos. Esta convergencia explica la aparición de asma, infecciones respiratorias, alteraciones del desarrollo pulmonar y desigualdades en salud desde la infancia.

 

Contaminación y salud respiratoria infantil: una visión sindémica

La contaminación atmosférica no actúa como un factor aislado ni genera efectos uniformes. Su impacto sobre la salud respiratoria infantil debe entenderse como un fenómeno sindémico, en el que múltiples exposiciones ambientales interactúan con vulnerabilidades biológicas y contextos ecosociales para amplificar el riesgo de enfermedad (Fig. 1). Esta perspectiva resulta especialmente relevante en pediatría, donde el desarrollo pulmonar y del sistema inmune se produce en paralelo a exposiciones continuas y, en muchos casos, inevitables(3,7).

Desde esta óptica, la enfermedad respiratoria infantil no puede atribuirse a un único contaminante ni a un único mecanismo. Los niños se exponen de forma simultánea a mezclas complejas de partículas finas y ultrafinas, gases irritantes, contaminantes de interior, alérgenos y agentes infecciosos. Estas exposiciones se superponen a determinantes sociales, como el nivel socioeconómico, la calidad de la vivienda, la densidad urbana o el acceso a espacios verdes, generando un entramado de riesgos que se potencian entre sí.

La infancia como ventana crítica de susceptibilidad

La vulnerabilidad infantil frente a la contaminación atmosférica no es solo cuantitativa, sino cualitativa. Durante la infancia se producen procesos clave de crecimiento y maduración pulmonar que pueden verse alterados por exposiciones ambientales adversas. La contaminación no solo incrementa el riesgo de síntomas agudos, sino que puede modificar trayectorias de desarrollo, condicionando una menor función pulmonar, mayor hiperreactividad bronquial y una respuesta inmune alterada que persiste en la edad adulta(3,8).

Además, los niños presentan patrones de exposición particulares: mayor tiempo al aire libre que los adultos, actividad física intensa en entornos urbanos, asistencia a centros escolares con ventilación y calidad del aire variable y una dependencia casi total de las decisiones ambientales de los adultos. Por otro lado, pasan cada vez más horas en espacios cerrados, y la calidad del aire interior es un determinante poderoso, también influenciado por el aire exterior. Todo ello convierte a la infancia en una etapa especialmente sensible a los efectos acumulativos del exposoma respiratorio(4).

Interacción entre contaminación, infecciones y enfermedad crónica

Uno de los aspectos más relevantes del enfoque sindémico es la interacción entre la contaminación atmosférica y las infecciones respiratorias. La exposición a contaminantes puede deteriorar la barrera epitelial, alterar la respuesta antiviral y facilitar la entrada y replicación de patógenos respiratorios. En consecuencia, los episodios infecciosos tienden a ser más frecuentes, más graves o prolongados en contextos de mala calidad del aire, especialmente en niños pequeños(9).

De forma paralela, la contaminación puede actuar como un modulador de la enfermedad respiratoria crónica. En el asma infantil, por ejemplo, no solo incrementa la frecuencia de exacerbaciones, sino que puede influir en la expresión fenotípica de la enfermedad, favoreciendo formas más persistentes, menos controlables y con peor respuesta al tratamiento convencional. Desde una perspectiva sindémica, el asma no es únicamente una enfermedad inflamatoria, sino una condición cuya evolución está profundamente condicionada por el entorno atmosférico.

Contaminación y desigualdad: un eje inseparable

El impacto de la contaminación atmosférica sobre la salud respiratoria infantil se distribuye de forma desigual. Los niños que viven en áreas con mayor carga ambiental suelen coincidir con contextos de mayor vulnerabilidad social y pobreza, viviendas más pequeñas o mal ventiladas y menor capacidad para modificar la exposición. Esta coincidencia de riesgos ambientales y sociales amplifica el daño y perpetúa desigualdades en salud desde edades tempranas. Los barrios pobres soportan una mayor presencia de actividades y emisiones industriales molestas, cerca de vías con mayor tráfico motorizado y escasez de zonas verdes(10,11).

La visión sindémica obliga, por tanto, a reconocer que la contaminación no solo enferma pulmones, sino que profundiza inequidades, haciendo que determinados grupos infantiles acumulen una carga de enfermedad desproporcionada. Cualquier modelo clínico que aspire a ser efectivo debe incorporar esta dimensión social y territorial.

Del enfoque causal al enfoque de sistemas

Entender la contaminación y la salud respiratoria infantil desde una perspectiva sindémica implica abandonar explicaciones lineales y adoptar un enfoque de sistemas(12). La pregunta deja de ser “¿qué contaminante causa qué enfermedad?” para transformarse en “¿cómo interactúan las exposiciones ambientales con la biología infantil y el contexto social para generar trayectorias de enfermedad?”.

Este cambio de mirada es esencial para justificar la necesidad de nuevos modelos clínicos. Si la enfermedad respiratoria infantil emerge de la interacción dinámica entre aire, biología y entorno, entonces la respuesta sanitaria debe ser igualmente integrada, anticipatoria y contextualizada. Esta lógica es la que da sentido al desarrollo de herramientas de vigilancia ambiental, evaluación individualizada del riesgo y estrategias terapéuticas ambiómicas que se abordarán en los apartados siguientes.

Del riesgo al sistema: el Modelo ÍTACA

Reconocer la contaminación atmosférica como un determinante central de la salud respiratoria infantil obliga a dar un paso más allá del diagnóstico del riesgo. El verdadero desafío clínico no es constatar la exposición, sino organizarla en un sistema capaz de anticipar enfermedad y modificar trayectorias de salud. En este contexto surge el Modelo ÍTACA, que se concibe como una plataforma clínica integrada, inserta en un proceso más amplio de transición del modelo de salud hacia enfoques anticipatorios, territoriales y ambientales, tal como se ha propuesto desde la salud medioambiental(13). Esta lógica se organiza en una arquitectura clínica integradora que articula exposición, integración clínica, decisión, intervención y resultados, constituyendo el núcleo operativo del Modelo ÍTACA (Fig. 2).

Figura 2. El modelo ÍTACA: medicina respiratoria en la era del aire. Arquitectura del modelo ÍTACA. Exposiciones: PRTR-España (Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes) y redes de vigilancia, sensores personales y GIS (Sistemas de Información Geográfica) / territorio; Integración clínica: historia ambiental, biomarcadores y función pulmonar; Decisión: algoritmo ÍTACA, semáforo ambiental, intervención, prescripción ambiental, terapias aire-dirigidas y ajuste context-aware (“ajuste sensible al contexto”); Resultado: menos exacerbaciones y trayectorias protegidas.

 

Del riesgo poblacional a la exposición individual

La contaminación atmosférica se ha abordado tradicionalmente desde una perspectiva poblacional, basada en medias anuales y umbrales urbanos. Sin embargo, los niños no enferman por promedios, sino por exposiciones concretas, en lugares y momentos específicos de su vida cotidiana. El Modelo ÍTACA propone un cambio de escala, orientado a la individualización del exposoma respiratorio, integrando información procedente de registros oficiales de emisiones, estaciones de vigilancia ambiental, sensores personales y análisis espacial del territorio mediante sistemas de información geográfica (GIS)(6).

Esta aproximación permite reconstruir la exposición real del niño, identificar patrones temporales y espaciales relevantes y explicar la variabilidad clínica observada entre pacientes con diagnósticos aparentemente similares. Estudios recientes han demostrado que el uso de sensores portátiles con GPS y dispositivos de monitoreo personal puede generar perfiles detallados de exposición individual y facilitar la comprensión de la carga real de contaminantes experimentada por cada sujeto(14).

El aire como información clínica estructurada

Uno de los pilares del Modelo ÍTACA es la incorporación sistemática de la calidad del aire –exterior e interior– a la historia clínica respiratoria. El aire deja de ser un contexto implícito para convertirse en información clínica explícita, con capacidad explicativa y predictiva. Este enfoque permite reinterpretar síntomas, exacerbaciones y respuestas terapéuticas desde una lógica causal más completa, alineada con la realidad ambiental del niño.

Lejos de complejizar la práctica clínica, la incorporación del aire aporta coherencia y facilita una toma de decisiones más racional, especialmente en niños con enfermedad respiratoria recurrente, mal controlada o de evolución atípica.

De la vigilancia ambiental a la anticipación clínica

El valor diferencial del Modelo ÍTACA reside en su capacidad para transformar la vigilancia ambiental en anticipación clínica. Al integrar datos de exposición, con información funcional y biológica –síntomas, función pulmonar, biomarcadores inflamatorios y de estrés oxidativo–, se genera una visión dinámica del riesgo respiratorio.

Este enfoque permite identificar periodos de especial vulnerabilidad –picos de contaminación, episodios de intrusión de polvo, olas de calor– y activar medidas preventivas antes de que se produzca la exacerbación. La clínica deja así de ser exclusivamente reactiva y pasa a intervenir sobre la trayectoria que conduce a la enfermedad, con potencial para reducir la carga asistencial y mejorar los resultados en salud.

Un modelo centrado en el territorio, el hogar y la comunidad(1,15)

El Modelo ÍTACA desplaza deliberadamente el eje de la intervención desde el hospital hacia los entornos donde se produce la exposición: el hogar, la escuela y el barrio. La mayor parte del aire que respira un niño se consume fuera del ámbito sanitario; por tanto, es en estos espacios donde la acción clínica resulta más eficaz y equitativa.

Este planteamiento refuerza el papel de la AP como nodo de proximidad dentro de la Pediatría Comunitaria, pero también evidencia los límites de un modelo asistencial que sigue siendo predominantemente reactivo. La AP, tal y como está organizada en muchos contextos, responde fundamentalmente a una lógica reactiva, diseñada para atender enfermedad manifiesta más que para anticipar un riesgo ambiental continuo y dinámico.

Hacia centros comunitarios de salud ambiómica

Desplegar plenamente el Modelo ÍTACA requiere una evolución del modelo asistencial hacia centros comunitarios de salud ambiómica, más proactivos, territoriales e integrados en red con los sistemas de vigilancia ambiental y social municipales. En estos centros, el pediatra amplía su función: además de tratar enfermedad, monitoriza riesgo ambiental, interpreta el contexto vital del niño y coordina intervenciones preventivas junto a enfermería, salud pública y recursos comunitarios. Este enfoque no sustituye a la AP, sino que la reconfigura dentro de una red territorial más amplia, donde hospital, comunidad y hogar actúan de forma coordinada(6,16).

La consulta deja de ser un acto aislado para convertirse en un nodo de seguimiento continuo, capaz de acompañar al niño a lo largo del tiempo y de ajustar las intervenciones en función de la variabilidad ambiental. Este enfoque no sustituye a la AP, sino que la reimagina y la fortalece, dotándola de un papel estratégico en la protección de la salud respiratoria infantil.

La lógica de la avanzadilla: centros pioneros como motores de transformación

La transición hacia un modelo ambiómico no se producirá de forma simultánea ni uniforme. Como ha ocurrido históricamente con otras innovaciones clínicas, el despliegue del Modelo ÍTACA comenzará en centros pioneros, capaces de integrar investigación, asistencia y tecnología, y de trabajar con poblaciones pediátricas de alta complejidad. Estos centros actuarán como laboratorios clínicos avanzados, donde se pilotarán herramientas, algoritmos y estrategias antes de su progresiva diseminación al conjunto del sistema sanitario.

En este contexto, los hospitales pediátricos de alta especialización desempeñarán un papel estratégico, no como sustitutos de la AP, sino como nodos de referencia y soporte para los casos de mayor vulnerabilidad. La experiencia en el abordaje de enfermedades raras o minoritarias, patología respiratoria compleja, prematuridad extrema e inmunodepresión sitúa a estos centros en una posición privilegiada para desarrollar y validar los componentes más avanzados del modelo ambiómico(16). La protección ambiental, la monitorización intensiva del riesgo y las terapias aire-dirigidas adquieren aquí una relevancia inmediata, al tratarse de pacientes para los que la exposición ambiental puede tener consecuencias graves o incluso vitales.

ÍTACA como sistema integrador y plataforma de innovación

El Modelo ÍTACA no depende de una tecnología concreta ni de un único nivel asistencial. Su fortaleza reside en la integración coherente de datos ambientales, biológicos y clínicos en un proceso de toma de decisiones comprensible y escalable. Desde aproximaciones básicas –como la lectura sistemática de la calidad del aire– hasta modelos avanzados de medicina ambiómica y gemelos digitales respiratorios, ÍTACA actúa como una plataforma conceptual adaptable a distintos contextos sanitarios.

Al organizar el riesgo ambiental de forma estructurada, ÍTACA crea las condiciones necesarias para una innovación terapéutica más racional y anticipatoria. Tratamientos dirigidos al epitelio, a la respuesta oxidativa, a la inmunidad innata o a fenotipos inflamatorios inducidos por el exposoma adquieren sentido clínico cuando se integran en un sistema capaz de identificar cuándo, en quién y con qué intensidad deben aplicarse.

En definitiva, el Modelo ÍTACA representa el paso del riesgo al sistema, pero también un proceso de transformación progresiva, que se inicia en centros pioneros y se extiende posteriormente al ámbito comunitario. En un mundo donde el aire ya no es neutro, proteger la salud respiratoria infantil exige anticipación, integración y una mirada clínica que vaya más allá del síntoma inmediato.

Innovación terapéutica: hacia una medicina ambiómica, anticipatoria y programable(17-21)

La comprensión de la contaminación atmosférica como determinante central de la salud respiratoria infantil obliga a replantear, de forma profunda, el concepto de tratamiento. En un contexto donde la exposición ambiental es continua, variable y, en muchos casos, inevitable, la estrategia terapéutica no puede limitarse a suprimir síntomas una vez instaurada la enfermedad. La innovación terapéutica en neumología pediátrica debe orientarse hacia la anticipación, la protección biológica y la modificación de trayectorias, más que hacia la reacción tardía frente a la exacerbación.

Este cambio de paradigma implica pasar de una medicina centrada exclusivamente en la diana farmacológica a una medicina ambiómica, capaz de integrar información ambiental, respuesta biológica y contexto vital del niño. El objetivo ya no es únicamente controlar la inflamación u obstrucción bronquial, sino desacoplar progresivamente la biología infantil de un aire que actúa como estímulo patológico crónico, especialmente en los niños más vulnerables.

De la medicina de precisión a la medicina contextual

La medicina de precisión ha supuesto un avance decisivo al identificar fenotipos y endotipos inflamatorios susceptibles de tratamientos dirigidos. Sin embargo, en el ámbito de la contaminación atmosférica, esta aproximación resulta incompleta si no incorpora el contexto ambiental real que genera y mantiene dichos endotipos. Dos niños con perfiles inflamatorios similares pueden evolucionar de forma muy distinta en función de su exposición atmosférica cotidiana.

La innovación terapéutica del futuro no sustituye la medicina de precisión, sino que la expande hacia una medicina contextual, en la que el cuándo, el dónde y el entorno en el que vive el niño adquieren un valor terapéutico comparable al qué se prescribe. Esta lógica es especialmente relevante en escenarios de alta carga ambiental, desigualdad social o vulnerabilidad biológica.

Terapias aire-dirigidas: tratar el ambiente como parte del tratamiento(17-18)

Una de las rupturas conceptuales más relevantes es asumir que el aire deja de ser un mero contexto del tratamiento para convertirse en parte del propio acto terapéutico. Las terapias aire-dirigidas no buscan medicalizar el entorno, sino proteger la biología infantil frente a exposiciones inevitables, especialmente en periodos y lugares de alto riesgo.

Estas estrategias incluyen intervenciones orientadas a:

• Amortiguar el impacto del estrés oxidativo inducido por contaminantes.

• Reforzar la barrera epitelial respiratoria como primera línea de defensa.

• Modular la respuesta inmune innata sin inmunosupresión.

• Ajustar la intensidad terapéutica en función del riesgo ambiental real.

La evidencia es ya sólida para algunas de estas intervenciones (filtración HEPA, control de fuentes interiores), mientras que otras se encuentran en fases traslacionales avanzadas. Este enfoque adquiere especial relevancia en prematuros, niños con asma grave, inmunodeprimidos y pacientes con enfermedades respiratorias raras o minoritarias, donde el margen de tolerancia al daño ambiental es mínimo.

Las terapias aire-dirigidas no parten de una hipótesis futurista, sino de una base de evidencia clínica ya consolidada en relación con las intervenciones ambientales activas(17,18). Diversos estudios y ensayos controlados han demostrado que la modificación directa del aire respirado puede traducirse en beneficios clínicos medibles, especialmente en población pediátrica vulnerable.

La filtración HEPA (del inglés High Efficiency Particulate Air) en interiores constituye el ejemplo más sólido. Se ha demostrado de forma consistente su capacidad para reducir de manera significativa las concentraciones de partículas finas (PM2,5) y ultrafinas en el hogar, con efectos asociados sobre la disminución de síntomas respiratorios, la reducción de exacerbaciones asmáticas y la mejora de marcadores inflamatorios de vía aérea. Estos beneficios son particularmente relevantes en niños con asma, en entornos urbanos con alta carga de tráfico y en pacientes inmunodeprimidos, donde la reducción de la exposición tiene un impacto clínico directo.

Asimismo, existe evidencia robusta sobre el papel del control de fuentes de contaminación interior –especialmente la combustión doméstica– y de la ventilación dirigida adaptada al tipo de contaminante predominante. La reducción de la exposición a dióxido de nitrógeno procedente de cocinas de gas, la gestión adecuada de la humedad y del moho, y la ventilación estratégica según condiciones atmosféricas externas, se asocian a una mejora del control respiratorio y a una menor carga inflamatoria.

Estas intervenciones ambientales activas presentan una doble ventaja clínica: por un lado, reducen el estímulo patológico primario que desencadena la cascada inflamatoria; por otro, potencian la eficacia de los tratamientos farmacológicos, al actuar sobre el contexto en el que estos deben funcionar.

Desde el punto de vista del Modelo ÍTACA, esta evidencia justifica que las intervenciones ambientales no sean consideradas recomendaciones accesorias, sino intervenciones terapéuticas de primera línea, integradas de forma estructural en los algoritmos clínicos anticipatorios. El algoritmo no añade complejidad, sino que ordena y temporiza estas medidas, activándolas cuando el riesgo ambiental y la vulnerabilidad biológica lo requieren. La evidencia disponible y las principales líneas de desarrollo en terapias aire-dirigidas, incluyendo intervenciones ambientales activas y moléculas actualmente en estudio, se resumen de forma ampliada en el Anexo I (Evidencia y líneas de desarrollo en terapias aire-dirigidas).

anexo

 

Nuevas dianas biológicas: epitelio, mitocondria e inmunidad innata

La frontera terapéutica se desplaza desde los mediadores inflamatorios finales hacia nodos biológicos tempranos en la interacción aire-pulmón. En este nuevo marco, el epitelio respiratorio emerge como un órgano inteligente y modulable, capaz de decidir si la exposición ambiental se neutraliza o se convierte en señal patológica. Proteger su integridad no solo reduce síntomas, sino que modifica la cascada inflamatoria posterior y, con ello, la trayectoria de la enfermedad(19).

La mitocondria ocupa un lugar central en esta visión. Más allá de su papel energético, actúa como sensor ambiental y amplificador inflamatorio. La exposición a contaminantes induce disfunción mitocondrial, incremento patológico de especies reactivas y liberación de señales que perpetúan la inflamación y alteran la respuesta antiviral. En niños vulnerables, esta desregulación ayuda a explicar la interacción entre contaminación, infecciones respiratorias y exacerbaciones graves. Por ello, la modulación mitocondrial dirigida, más que la simple neutralización de radicales, se perfila como una de las estrategias más prometedoras para restaurar la resiliencia biológica sin comprometer la defensa inmunitaria(19,20).

El macrófago alveolar, por su parte, deja de entenderse como un mero efector inflamatorio para convertirse en una diana de reprogramación funcional, orientada a favorecer la resolución y la adaptación frente a estímulos ambientales persistentes. Estas dianas no se abordan de forma aislada, sino de manera secuencial y coordinada, respetando la lógica biológica del sistema respiratorio infantil(21).

Biológicos ambiómicos y terapias avanzadas

Los biológicos del futuro ya no se prescribirán únicamente en función de diagnósticos clásicos, sino de fenotipos inflamatorios modulados por el exposoma. En este contexto, los biológicos ambiómicos actuarán como herramientas para reducir la dependencia biológica del niño respecto a su entorno contaminado, especialmente en situaciones de alta vulnerabilidad.

Lejos de sustituir otras estrategias, estos tratamientos se integrarán en modelos escalonados, donde la protección ambiental, la modulación epitelial y la anticipación clínica preceden a la intervención inmunológica profunda. En los centros avanzados, estas terapias permitirán definir mejor los criterios de inicio, ajuste y retirada, optimizando eficacia y seguridad(13).

Farmacología context-aware y algoritmos como intervención terapéutica

La innovación terapéutica no se limita a nuevas moléculas. La incorporación de algoritmos clínicos capaces de integrar riesgo ambiental, vulnerabilidad individual y respuesta biológica convierte al timing terapéutico en una variable central. Los fármacos context-aware y los dispositivos inteligentes permiten microajustes preventivos en función del riesgo real del día, reduciendo exacerbaciones sin incrementar la carga farmacológica global.

En este modelo, el algoritmo deja de ser una herramienta auxiliar para convertirse en una intervención terapéutica en sí misma, capaz de anticipar daño y modular la respuesta antes de que la clínica se deteriore. La integración de estas estrategias en algoritmos anticipatorios se alinea con el paradigma del exposoma y de la medicina ambiental avanzada(22).

Innovación responsable: líneas de desarrollo y ética ambiómica

Los centros pediátricos avanzados desempeñarán un papel clave en el desarrollo, validación y evaluación de estas estrategias terapéuticas. Sus líneas de trabajo incluirán la integración de biomarcadores ambiómicos, la evaluación de terapias aire-dirigidas en poblaciones de alto riesgo, la optimización de algoritmos anticipatorios y el análisis del impacto clínico y social de estas intervenciones.

Es imprescindible subrayar que estas innovaciones no deben interpretarse como una legitimación de la contaminación ambiental. Las terapias aire-dirigidas y los tratamientos ambiómicos no sustituyen la prevención primaria ni la obligación colectiva de mejorar la calidad del aire. Su función es proteger mientras se corrigen los determinantes estructurales, especialmente en niños que no pueden elegir su entorno(13,16).

Desde una perspectiva ética, estas estrategias deben entenderse como tratamientos puente, orientados a reducir daño y desigualdad, no como soluciones definitivas. La medicina ambiómica responsable no acepta el aire contaminado como norma, sino que actúa para minimizar su impacto mientras se trabaja activamente por transformarlo.

En conjunto, la innovación terapéutica que se perfila para las próximas décadas no redefine únicamente cómo tratamos la enfermedad respiratoria infantil, sino cuándo, dónde y con qué lógica intervenimos. Se trata de una medicina que deja de perseguir síntomas para comenzar a modificar trayectorias, alineando biología, entorno y práctica clínica en beneficio de la salud infantil. Para facilitar su comprensión y utilidad en la práctica clínica general, la tabla I resume los principales ejes terapéuticos emergentes, su racional biológico y su relevancia clínica. El siguiente apartado describe cómo los principios del Modelo ÍTACA se concretan en un algoritmo clínico anticipatorio para la prevención y el manejo de la enfermedad respiratoria infantil.

tabla

 

El algoritmo clínico ambiómico: del aire al tratamiento, antes de la crisis

Si el Modelo ÍTACA define la arquitectura conceptual que integra aire, biología y territorio, el algoritmo clínico ambiómico representa su traducción operativa en la práctica pediátrica diaria, transformando la anticipación ambiental en decisiones clínicas concretas. Si la contaminación atmosférica actúa de forma continua y dinámica, la respuesta clínica no puede basarse únicamente en episodios aislados. El algoritmo clínico ambiómico constituye la traducción operativa del Modelo ÍTACA: una herramienta que permite integrar información ambiental, vulnerabilidad individual y respuesta clínica para anticipar la exacerbación respiratoria y actuar antes de que se manifieste.

Del episodio a la trayectoria

El algoritmo parte de una premisa fundamental: la exacerbación respiratoria infantil no es un evento súbito, sino el resultado de una trayectoria predecible que comienza con la exposición ambiental, progresa con cambios biológicos subclínicos y culmina en síntomas(23,24). Intervenir sobre esa trayectoria –y no solo sobre el episodio final– es el objetivo central del modelo.

El algoritmo clínico ambiómico integra cuatro elementos clave:

1. Riesgo ambiental contextual: información diaria sobre calidad del aire (material particulado –PM–, NO2, O3, episodios especiales) a escala local.

2. Vulnerabilidad individual: edad, enfermedad respiratoria previa, prematuridad, inmunodepresión e historial de exacerbaciones asociadas a contaminación.

3. Respuesta clínica y funcional: síntomas, variabilidad del flujo, necesidad de rescate y, cuando esté disponible, biomarcadores ambiómicos.

4. Capacidad de intervención anticipatoria: medidas ambientales, ajustes terapéuticos contextuales y activación de planes preventivos predefinidos.

El semáforo ambiental personal

La integración de estos elementos se traduce en una herramienta sencilla: el semáforo ambiental personal, que clasifica el riesgo en tres niveles (verde, ámbar, rojo) y activa respuestas clínicas proporcionales. Este semáforo no sustituye al juicio clínico, sino que estructura la decisión y reduce la improvisación ante escenarios repetidos. La traducción operativa del algoritmo clínico ambiómico se resume de forma simplificada en la tabla II, mientras que su desarrollo paso a paso y su aplicación detallada en AP se describen en el anexo II (Ver algoritmo clínico ambiómico al final del artículo).

tabla

 

anexo

 

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Del algoritmo al cambio de modelo

El valor diferencial del algoritmo no reside en la complejidad tecnológica, sino en el cambio de lógica clínica. Ajustar exposición, reforzar protección epitelial o modificar temporalmente la estrategia terapéutica antes del deterioro clínico permite reducir exacerbaciones, visitas urgentes e ingresos hospitalarios, especialmente en niños vulnerables. La anticipación es el acto terapéutico.

El algoritmo no es estático. Cada episodio alimenta el sistema, refina la evaluación del riesgo y mejora la anticipación futura en un proceso de aprendizaje continuo. De este modo, el seguimiento respiratorio infantil se convierte en un proceso adaptativo y personalizado, alineado con la variabilidad ambiental real.

Más allá de su utilidad clínica inmediata, el algoritmo ambiómico representa un cambio cultural en la práctica pediátrica(6). Introduce el aire como variable clínica legítima, desplaza la intervención hacia fases tempranas y refuerza el papel de la AP y de los entornos comunitarios como espacios clave de prevención activa.

En definitiva, el algoritmo clínico ambiómico no es un añadido técnico, sino la expresión práctica de una nueva forma de entender la neumología pediátrica: una medicina que lee el entorno, anticipa el daño y protege trayectorias respiratorias en un mundo donde el aire ya no puede darse por supuesto.

Avanzadilla ÍTACA en la Atención Comunitaria: cuando el hogar se convierte en el primer hospital respiratorio(25-27)(de los centros piloto avanzados a la transformación de hogares y comunidades)

La mayor parte de la exposición ambiental relevante para la salud respiratoria infantil no ocurre en el hospital ni en la consulta, sino en los espacios donde el niño vive, juega y se desplaza: el hogar, la escuela y el barrio. Asumir esta realidad implica un cambio profundo en la forma de entender la Pediatría. Si la exposición ocurre en el territorio, la protección también debe comenzar allí.

Desde esta perspectiva, el Modelo ÍTACA no se apoya en una dicotomía entre Pediatría Hospitalaria y AP, sino que se inscribe en una Pediatría Global, centrada en el niño, el adolescente y su familia, y atenta a los contextos reales en los que se construye la salud o la enfermedad. En este marco, el hogar deja de ser un escenario pasivo y se reconoce como el primer hospital respiratorio del niño, mientras que la Pediatría Comunitaria se convierte en el espacio natural de la prevención anticipatoria. A lo largo de este artículo, el término Pediatría Comunitaria se utiliza para describir un modelo integrado, territorial y proactivo de atención al niño y al adolescente, que trasciende la división clásica entre hospital y AP, y sitúa al hogar, la escuela y el barrio como espacios clínicos legítimos.

Centros pioneros y pilotaje del modelo: donde nace la innovación

La Avanzadilla ÍTACA se inicia en centros pediátricos avanzados, que actúan como verdaderos laboratorios clínicos del futuro. En estos entornos se desarrollan, prueban y ajustan los componentes más complejos del modelo: evaluación individualizada del exposoma, integración de biomarcadores ambiómicos, algoritmos anticipatorios y terapias aire-dirigidas.

Estos centros trabajan con niños para los que la exposición ambiental tiene consecuencias clínicas desproporcionadas o potencialmente graves, como prematuros extremos, pacientes con enfermedades respiratorias raras o minoritarias, asma grave, inmunodepresión o patología crónica compleja. En estos casos, la anticipación ambiental no es una mejora incremental, sino una necesidad clínica inmediata.

El objetivo de estos centros no es concentrar la innovación, sino destilar lo esencial, identificar qué funciona y bajo qué condiciones, y generar conocimiento transferible. En este contexto, el Hospital Sant Joan de Déu ocupa una posición especialmente relevante por su experiencia en alta complejidad pediátrica, su tradición en innovación clínica y su vinculación con la salud comunitaria.

La lógica es clara: pilotaje antes de diseminación, para garantizar seguridad, utilidad clínica y equidad.

De la complejidad a la acción: traducir el modelo al territorio(25)

Una vez validados los elementos nucleares del Modelo ÍTACA, el siguiente paso es su traducción operativa. Algoritmos complejos se convierten en semáforos ambientales; paneles ambiómicos se transforman en criterios clínicos claros; estrategias avanzadas de protección ambiental se traducen en recomendaciones prácticas y planes de actuación.

Este proceso de traducción evita dos riesgos habituales: la hipercomplejidad inoperante y la banalización del enfoque ambiental. La Avanzadilla ÍTACA actúa como un filtro de calidad clínica, asegurando que lo que llega al territorio sea útil, seguro y aplicable en tiempo real.

Desde los centros pioneros, el conocimiento fluye hacia la Pediatría Comunitaria en sentido amplio –incluyendo AP, centros de salud comunitarios y redes territoriales–, donde se integra en la práctica cotidiana y se adapta a contextos diversos.

Pediatría Comunitaria proactiva: proteger donde el niño respira(25-27)

La Pediatría Comunitaria no se define aquí por el lugar físico donde se ejerce, sino por una mirada clínica proactiva, contextual y longitudinal. Su función es identificar riesgo temprano, activar medidas preventivas y acompañar a las familias en la gestión cotidiana del entorno. Desde esta perspectiva, la AP constituye un pilar esencial de la Pediatría Comunitaria, pero no su único escenario ni su límite conceptual.

En este marco, la prescripción ambiental se convierte en un acto clínico central. A través de herramientas como la Hoja Verde, el pediatra evalúa factores ambientales de alto impacto –ventilación, fuentes de combustión, filtración HEPA, productos emisores, humedad, tráfico o rutas escolares– y los integra de forma personalizada en el plan terapéutico. La hoja verde integra la valoración estructurada de:

• Ventilación del hogar.

• Fuentes de combustión (cocina de gas, calefacción).

• Uso de filtración HEPA cuando está indicada.

• Productos emisores (aerosoles, perfumes).

• Humedad y moho.

• Tráfico exterior.

• Obras o reformas recientes.

• Rutas escolares.

La Hoja Verde no es un consejo genérico, sino una intervención clínica contextual, fruto de la experiencia acumulada en los centros piloto y adaptada a la realidad comunitaria.

Asimismo, el pediatra asume el papel de radar ambiental del territorio, alertando a las familias en días de alto riesgo, adaptando recomendaciones de actividad física y personalizando el entorno de niños con mayor vulnerabilidad respiratoria. Este enfoque redistribuye el esfuerzo asistencial: menos crisis, menos urgencias y más anticipación. Muchas de las intervenciones con mayor impacto clínico son también las más sencillas. Ventilación controlada, reducción de emisiones interiores, filtración selectiva, elección de rutas escolares menos contaminadas o ajuste de la actividad física según la calidad del aire permiten modular la exposición diaria de forma significativa. Estas medidas no sustituyen al tratamiento médico, pero crean el contexto en el que el tratamiento funciona mejor, reduciendo exacerbaciones y mejorando el control clínico.

De este modo, la innovación deja de residir exclusivamente en el dispositivo tecnológico y se materializa en protección real, allí donde el niño vive y respira. Este desplazamiento del eje asistencial hacia el hogar y la comunidad se resume de forma esquemática en la figura 3.

Figura 3. Avanzadilla ÍTACA. La revolución empieza en los hogares y se despliega desde la Pediatría Comunitaria, con la Atención Primaria como eje de proximidad

 

Grupos vulnerables: donde la anticipación ambiental deja de ser opcional

La contaminación atmosférica afecta a todos los niños, pero no afecta a todos por igual. En los niños más vulnerables, la contaminación no es un factor de riesgo más: es un determinante clínico mayor que exige anticipación, no espera.

La evidencia acumulada muestra que determinados grupos pediátricos presentan una susceptibilidad desproporcionada, en los que exposiciones ambientales relativamente moderadas pueden desencadenar consecuencias clínicas graves, persistentes o irreversibles. En estos niños, la medicina ambiómica no representa una innovación deseable, sino una necesidad asistencial.

El Modelo ÍTACA encuentra en estos grupos su mayor justificación clínica, ética y estratégica. Son ellos quienes obligan a anticipar, integrar y proteger con mayor precisión.

Prematuros y niños con desarrollo pulmonar comprometido

El pulmón del prematuro se desarrolla en un entorno biológicamente frágil y, con frecuencia, en un contexto ambiental adverso. La exposición temprana a contaminantes atmosféricos puede interferir en procesos críticos de alveolarización, angiogénesis y maduración inmunológica.

En estos niños, la contaminación no solo exacerba síntomas, sino que puede condicionar trayectorias respiratorias de por vida, aumentando el riesgo de enfermedad obstructiva crónica, infecciones recurrentes y menor reserva funcional(28). La protección ambiental temprana y sostenida constituye una intervención de alto impacto, incluso cuando la clínica es aparentemente estable.

Asma grave y asma dependiente del entorno

El asma infantil no es una entidad homogénea. En un porcentaje significativo de pacientes, especialmente aquellos con mal control pese a tratamiento adecuado, la contaminación atmosférica actúa como factor mantenedor y amplificador de la enfermedad.

Estos niños no son únicamente “asmáticos graves”, sino niños biológicamente dependientes de su exposoma. La identificación de esta dependencia permite reinterpretar la falta de respuesta terapéutica y justifica estrategias específicas: protección ambiental intensiva, tratamientos context-aware y, cuando está indicado, biológicos ambiómicos(29).

Niños inmunodeprimidos y en tratamiento oncológico

En los niños con inmunodepresión –ya sea primaria o secundaria a tratamientos oncológicos o inmunosupresores–, la exposición ambiental adquiere una dimensión crítica. La contaminación atmosférica no solo incrementa el riesgo de exacerbaciones respiratorias, sino que aumenta la susceptibilidad a infecciones, empeora su evolución y puede comprometer la continuidad de tratamientos vitales.

En este grupo, las intervenciones ambientales –filtración HEPA, control de exposiciones interiores, ajuste de actividades según calidad del aire– forman parte de una estrategia de protección integral, equiparable en importancia a otras medidas preventivas clásicas. Aquí, la medicina ambiómica se integra de forma natural en la práctica clínica habitual(6,12).

Enfermedades respiratorias raras o minoritarias

Los niños con enfermedades respiratorias poco frecuentes o complejas suelen presentar una capacidad de adaptación limitada frente a agresiones ambientales(16). La contaminación puede descompensar situaciones clínicas estables y generar deterioros difíciles de revertir.

Estos pacientes han sido históricamente invisibles para las políticas ambientales poblacionales, pero se sitúan en el centro del Modelo ÍTACA. La evaluación individualizada del riesgo, la anticipación y la personalización ambiental permiten ganar margen clínico en patologías donde cada exacerbación tiene un alto coste funcional.

Vulnerabilidad social y territorial

La vulnerabilidad biológica se entrelaza con la vulnerabilidad social. Los niños que viven en entornos urbanos densos, viviendas mal ventiladas o zonas de alta carga contaminante presentan mayor exposición y menor capacidad de modificarla. Esta combinación amplifica el impacto de la contaminación y contribuye a desigualdades tempranas en salud respiratoria.

El Modelo ÍTACA incorpora esta dimensión social no como un añadido, sino como un elemento central. La prescripción ambiental, el acompañamiento comunitario y la acción desde AP permiten mitigar parte de estas desigualdades, actuando allí donde la prevención primaria estructural aún no ha llegado.

Los grupos vulnerables como motor de innovación(16)

Paradójicamente, son estos grupos los que han impulsado históricamente muchos de los avances en pediatría. En el ámbito de la salud respiratoria ambiental, ocurre lo mismo: las soluciones desarrolladas para los niños más vulnerables suelen ser las más robustas y transferibles.

La Avanzadilla ÍTACA encuentra en ellos su campo de validación natural. Proteger a quienes más lo necesitan permite, posteriormente, extender el modelo al conjunto de la población pediátrica, elevando el estándar de cuidado para todos.

Frontera 2030-2050: Gemelo Digital Respiratorio Infantil y medicina ambiómica avanzada

La integración de herramientas digitales, datos ambientales, algoritmos clínicos y estructuras comunitarias no debe entenderse como una suma de innovaciones aisladas, sino como plataformas al servicio de una transición más amplia del modelo de salud, en la que el territorio, el entorno y la anticipación adquieren un papel central(13).

Si el Modelo ÍTACA convierte el aire en una variable clínica y el algoritmo ambiómico transforma esa información en acción anticipatoria, la frontera 2030-2050 llevará esta lógica un paso más allá: pasar de la monitorización de la exposición a la modelización y predicción de trayectorias respiratorias. El concepto que sintetiza esta transición es el Gemelo Digital Respiratorio Infantil (GDRI), una representación dinámica del sistema respiratorio del niño que integra, en tiempo real, datos ambientales, biológicos y clínicos para anticipar riesgo y personalizar intervenciones. La arquitectura conceptual del GDRI y su integración en la medicina ambiómica avanzada se ilustran en la figura 4.

Figura 4. El Gemelo Digital Respiratorio Infantil (GDRI). Arquitectura de la medicina ambiómica avanzada en pediatría (2030-2050). Modelo conceptual de la medicina ambiómica avanzada en pediatría respiratoria. Integra exposición ambiental real, respuesta biológica, inteligencia clínica y acción anticipatoria para prevenir y manejar la enfermedad respiratoria infantil entre 2030 y 2050, situando al hogar y la Atención Primaria como ejes estratégicos.

 

Del exposoma a la predicción de trayectorias: el Gemelo Digital Respiratorio Infantil(30)

El Gemelo Digital Respiratorio Infantil no es una simple suma de sensores ni una herramienta de monitorización pasiva, sino un modelo dinámico que aprende del niño y de su entorno. Su objetivo no es describir el riesgo, sino anticipar cómo y cuándo puede producirse una descompensación respiratoria y qué intervención es más eficaz para evitarla.

Para ello, el GDRI integra de forma continua múltiples capas de información:

Datos ambientales de alta resolución: procedentes de redes de vigilancia, registros de emisiones (PRTR), sensores personales y domésticos, modelos atmosféricos y variables meteorológicas que modulan la toxicidad del aire (temperatura, radiación solar, humedad).

Datos de comportamiento y microambientes: incluyendo hogar, escuela, rutas habituales, ventilación, tiempo de permanencia en interiores y exteriores y nivel de actividad física.

Datos clínicos y funcionales: como síntomas, uso real de la medicación, técnica inhalatoria, parámetros de función pulmonar y variabilidad, y marcadores de inflamación de la vía aérea.

Datos ambiómicos: que incorporan firmas de aire exhalado (breathomics), perfiles inflamatorios y señales de estrés oxidativo y de alteración de la barrera epitelial.

El resultado no es un perfil de riesgo estático, sino una predicción dinámica de trayectorias clínicas: la probabilidad de que un niño se descompense en las siguientes 48-72 horas, el tipo de descompensación más probable y el margen de oportunidad para intervenir de forma preventiva. Este enfoque desplaza la neumología pediátrica desde el manejo episódico hacia una medicina de trayectorias, donde anticipar se convierte en una forma legítima de tratamiento.

De la predicción a la intervención: medicina ambiómica avanzada, implantación y gobernanza(31)

En el horizonte 2030-2050, el valor del Gemelo Digital Respiratorio Infantil se materializa cuando la predicción se traduce en intervenciones programables y contextualizadas. La medicina ambiómica avanzada integra el GDRI con estrategias terapéuticas capaces de activarse de forma anticipada, incluyendo medidas ambientales (ventilación dirigida, filtración, adaptación de rutas y actividades), ajustes farmacológicos context-aware basados en riesgo real, selección más precisa de terapias aire-dirigidas (epiteliales, mitocondriales o inmunitarias) y un uso más racional de terapias avanzadas, como los biológicos ambiómicos, con criterios de entrada y salida mejor definidos.

En este marco, el objetivo terapéutico deja de ser únicamente el control de síntomas y pasa a ser el aumento de la resiliencia respiratoria, permitiendo que el niño tolere mejor un aire imperfecto sin activar cascadas inflamatorias desproporcionadas.

La implantación de este modelo no será homogénea. Los primeros desarrollos del GDRI y de la medicina ambiómica avanzada se llevarán a cabo en centros pioneros, especialmente aquellos que atienden a población pediátrica de alta complejidad, como niños prematuros extremos, inmunodeprimidos o con enfermedades respiratorias raras o minoritarias. Estos entornos permiten validar la utilidad clínica, la seguridad y el impacto en equidad, y facilitar posteriormente la transferencia progresiva de los componentes esenciales del modelo hacia la AP y los centros comunitarios ambiómicos.

Este avance tecnológico exige, además, una gobernanza explícita. La protección de la privacidad, la seguridad de los datos, la transparencia algorítmica y la equidad deben ser principios centrales. El gemelo digital no debe convertirse en una herramienta de vigilancia pasiva ni en un mecanismo de medicalización ambiental, sino en un instrumento de protección activa de la infancia, orientado a reducir daño y desigualdad.

En definitiva, el Gemelo Digital Respiratorio Infantil representa la frontera de un cambio mayor: pasar de una neumología pediátrica episódica a una neumología pediátrica basada en trayectorias, donde el aire, el territorio y la biología se integran para anticipar, intervenir y aprender.

Conclusiones: hacia una pediatría del aire

La contaminación atmosférica ha dejado de ser una variable periférica para convertirse en uno de los determinantes más influyentes de la salud respiratoria infantil. Su efecto no se limita a desencadenar síntomas, configura vulnerabilidad, modula la respuesta a infecciones y condiciona la evolución de enfermedades crónicas a lo largo del desarrollo. En este contexto, la pediatría respiratoria no puede seguir operando únicamente desde la lógica del episodio.

El Modelo ÍTACA propone un marco integrador para traducir el conocimiento ambiental en práctica clínica: individualizar exposición, incorporar el aire a la historia clínica, anticipar riesgo mediante algoritmos sencillos y actuar en los entornos donde la exposición ocurre. La innovación terapéutica se redefine, así como un proceso que combina protección ambiental, nuevas dianas biológicas (epitelio-mitocondria-inmunidad innata), biológicos ambiómicos y farmacología context-aware, siempre con una ética clara: proteger no sustituye prevenir.

La vanguardia de esta transformación no se sitúa exclusivamente en el hospital. Comienza en centros pioneros que pilotan el modelo en poblaciones de máxima vulnerabilidad y se hace efectiva cuando se disemina hacia la AP y los hogares, entendidos como el primer espacio terapéutico respiratorio del niño. La pediatría del aire que se perfila para 2030-2050 será anticipatoria, comunitaria, tecnológicamente inteligente, pero clínicamente simple, y profundamente orientada a la equidad.

En última instancia, integrar el aire en la clínica no es añadir una tarea, sino recuperar el sentido completo de la pediatría: proteger el desarrollo. En un mundo atmosféricamente alterado, proteger el desarrollo respiratorio infantil exige leer el entorno, intervenir temprano y acompañar trayectorias. Esa es la dirección hacia la que caminamos.

Como síntesis operativa de los principios desarrollados a lo largo de este artículo, se propone el Decálogo ÍTACA para la pediatría respiratoria (Tabla III), que resume los fundamentos clínicos, ambientales y organizativos de una medicina respiratoria infantil adaptada a la era del aire.

tabla

 

El futuro de la neumología pediátrica no consistirá en tratar mejor las crisis, sino en evitar que los niños lleguen a tenerlas. En el siglo XXI, cuidar la salud respiratoria infantil implica cuidar el aire que rodea al niño. Integrarlo en la práctica clínica no es una innovación tecnológica: es una evolución ética de la pediatría.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

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Prescribir películas para entender el problema de los malos tratos infantiles

Terapia cinematográfica en la infancia y adolescencia


J. González de Dios

Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital General Universitario de Alicante. Profesor del Departamento de Pediatría. Universidad Miguel Hernández. Alicante.
Autor del proyecto “Cine y Pediatría”

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (8): 537.e1 – 537.e10

Pediatría Integral inicia esta nueva sección para poner en relación la ciencia (pediátrica) con el arte (cinematográfico), y hacer del séptimo arte un instrumento más para cimentar la arteterapia en nuestro día a día. El objetivo, es prescribir películas de cine que todo pediatra pudiera ver para mejorar en ciencia y conciencia en nuestra práctica clínica habitual, tanto en temas médicos como sociales. Prescribir películas argumentales bajo la observación narrativa para extraer todas las emociones y reflexiones posibles. Para ser mejores médicos pediatras. Y, quizás, por qué no, para ser mejores personas.

 


Prescribir películas para entender el problema de los malos tratos infantiles

El espectro del maltrato infantil, una lacra que permanece

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el maltrato infantil como toda forma de maltrato físico o emocional, abuso sexual, negligencia o tratamiento negligente, explotación comercial o de otra índole, que resulta en un daño real o potencial a la salud, la supervivencia, el desarrollo o de la dignidad del menor, en un contexto de relaciones de responsabilidad, confianza o poder. Porque cabe recordar que el derecho a los cuidados del niño no siempre les ha sido reconocido, de manera que el maltrato infantil ha existido siempre, desde los orígenes del ser humano, en todas las culturas y en todas sus diferentes tipologías(1).

Las principales tipologías descritas de maltrato infantil son(1,2):

• Maltrato físico (hoy día también conocido como traumatismo infantil no accidental): involucra el uso de la fuerza física para causar daño o dolor al menor. Puede incluir golpes, sacudidas violentas, pellizcos, quemaduras y cualquier otro acto que cause daño físico a la persona (heridas, fracturas, etc.).

• Maltrato emocional o psicológico: se caracteriza por causar daño a través de palabras, acciones o comportamientos. Estas situaciones incluyen insultos constantes, humillaciones, rechazos, menosprecios, amenazas e incluso manipulación emocional. Así pues, este tipo de maltrato puede tener efectos devastadores en la autoestima, la salud mental y el bienestar general del menor.

• Maltrato sexual: consiste en utilizar al menor para realizar actividades sexuales o explotar su vulnerabilidad para obtener gratificación sexual. Las acciones que caracterizan este tipo de maltrato son tocamientos inapropiados, exposición a material sexual, acoso sexual y violación. Este maltrato sexual ha sido desgranado de forma particular en el capítulo previo de esta serie de Terapia cinematográfica(3), por sus graves connotaciones.

• Negligencia: se refiere a la falta de satisfacción de las necesidades básicas del menor (como son una alimentación adecuada, atención médica, o educación, entre otros). La negligencia puede ser tanto intencional como resultado de la incapacidad de los cuidadores para proporcionar lo necesario, y puede manifestarse con malnutrición, ausencias escolares frecuentes y condiciones de vida insalubres.

Cabe decir que el maltrato infantil más frecuente es la negligencia, seguido del maltrato emocional, y en último lugar quedan el maltrato físico y el maltrato o abuso sexual. Además, cabe no olvidar dos tipos más: uno relativamente habitual, como es el maltrato prenatal (que incluye las conductas realizadas voluntariamente por la madre o personas del entorno familiar, así como las conductas negligentes que influyen negativamente en el embarazo y repercuten en el feto), y otro más infrecuente, pero relevante en Pediatría, como es el síndrome de Munchausen por poderes (descrito como la producción intencionada o fingimiento de síntomas o incapacidades somáticas o psicológicas para presentarse como enfermo, donde el niño es la víctima y el adulto el enfermo del síndrome de Munchausen, por lo que se considera una situación de maltrato).

Y es preciso recordar que es en el seno de la familia donde estas diferentes situaciones de maltrato infantil son más habituales, lo que da buena fe de la situación en España el informe publicado por el Centro Reina Sofía hace algunos años(4).

Se han descrito diversos factores de riesgo de maltrato infantil, entre ellos(1,2,5): factores individuales (embarazo no deseado, prematuridad, discapacidad física o intelectual…), factores perinatales (progenitores jóvenes, solteros, no biológicos, con antecedentes de abuso/maltrato, con trastornos por uso de sustancias, con trastornos depresivos o de la personalidad…), factores familiares (violencia intrafamiliar/de género, escasos elementos de la red social de apoyo a la familia, bajo estatus económico, hacinamiento, cambios múltiples de residencia…) y factores socioculturales (pobreza socioeconómica, exclusión social, migración, paro, inestabilidad sociofamiliar, violencia en la comunidad…).

La actuación ante el maltrato infantil forma parte del compromiso de todos los profesionales sanitarios y no sanitarios. Bien es cierto que son los pediatras, así como los profesionales de Salud Mental y de Servicios Sociales, los que más frecuentemente tienen que realizar evaluaciones y exploraciones de menores víctimas de maltrato. Porque es difícil diagnosticar un caso de maltrato infantil, pero aún lo es más actuar frente a un caso como tal. El primer objetivo es proteger al niño de posibles nuevos abusos. Y, como se conoce, el maltrato es precursor de psicopatología, por lo que a las víctimas debemos ofrecerles tratamiento en los servicios de Salud Mental, para evaluar las posibles secuelas que presenten y para prevenirlas. Y debe ser conocido que los profesionales sanitarios estamos obligados a notificar a los Servicios Sociales, así como a las instituciones pertinentes: en casos urgentes, se notificará a la Policía y al Juez de Guardia (emitiendo un parte de lesiones); y en situaciones no urgentes, en las que haya indicios de posible maltrato, se notificará a la Fiscalía de Menores (Protección del Menor).

El maltrato infantil es un problema global que afecta a millones de niños y niñas cada año, dejando secuelas físicas, emocionales y psicológicas a corto, medio y largo plazo. Aunque las cifras exactas pueden variar según las regiones y las metodologías de investigación, existen algunos datos alarmantes que revelan la magnitud de este problema: cerca de 400 millones de niños menores de 5 años sufren habitualmente castigos corporales o violencia psicológica perpetrados por sus progenitores o cuidadores(6); una de cada 5 mujeres y uno de cada 7 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales durante la infancia(7). Este último tema es tan delicado que ya tratamos de él de forma específica en nuestro artículo previo titulado “Terapia cinematográfica en la infancia y adolescencia (10). Prescribir películas para entender el abuso sexual en la infancia”(3). Desafortunadamente, obtener una cifra exacta es complejo debido a varios factores: subnotificación (porque muchos casos de maltrato infantil no se denuncian, ya sea por miedo, vergüenza o desconocimiento de los canales adecuados), diferentes definiciones (dado que la definición de maltrato infantil puede variar entre estudios, lo que dificulta la comparación de datos) y cambios en los sistemas de registro (pues los sistemas de recopilación de datos han evolucionado a lo largo del tiempo, lo que puede afectar a la comparación de los datos a lo largo de los años).

Las muchas caras que el cine nos devuelve del maltrato infantil

Es fundamental abordar el maltrato infantil desde una perspectiva multidimensional, que incluya prevención desde la educación (promover la crianza positiva y no violenta), los programas comunitarios (fortalecer los lazos sociales y brindar apoyo a las familias) y la legislación (aprobar leyes que protejan a los niños y niñas y establezcan sanciones para los agresores), pero también una eficiente detección e intervención fortaleciendo los sistemas de notificación (que establezcan mecanismos efectivos y ágiles para identificar casos sospechosos de maltrato) y servicios especializados (que ofrezcan atención médica, psicológica y social a las víctimas y sus familias).

Ya en nuestro capítulo previo abordamos uno de estos tipos de maltrato infantil, el abuso sexual infantil (en sus muchas formas, como pedofilia, pederastia, incesto, pornografía infantil, prostitución infantil), y que por su crudeza tratamos de forma independiente(3). Y ya entonces recordamos cómo el cine se convierte en una herramienta para dar a conocer historias (reales o ficticias) llevadas a la pantalla que se constituyen en películas que visibilizan el problema y estimulan a la lucha activa. Y así ha sido y debe ser, en blanco y negro y en color. Hoy volvemos a la carga con esas otras formas de maltrato infantil, allí donde se genera conciencia sobre esta problemática y se invita a la reflexión, y para ello nos valemos de películas con diferentes perspectivas y múltiples puntos de vista (el menor que es víctima, el adulto maltratador, los testigos o los profesionales que intervienen), lo que permite una comprensión más profunda y compleja del fenómeno, en donde somos testigos también de las consecuencias (a corto, medio y largo plazo, tanto para las víctimas como para sus entornos). Muchas películas tienen un claro propósito de denuncia y el fin de visibilizar las injusticias y las desigualdades que subyacen al maltrato infantil, y algunas otras, pese a la dureza de los temas tratados, también ofrecen mensajes de esperanza y resiliencia, mostrando cómo las víctimas pueden superar el trauma y reconstruir sus vidas.

Es así que, desde esta sección de Terapia cinematográfica, hoy proponemos un recorrido por 7 películas argumentales alrededor de los diversos tipos de malos tratos en la infancia (excluido el maltrato sexual, ya tratado). De cada película ofreceremos una breve ficha de la película y nuestros protagonistas, destacaremos las emociones y reflexiones que podremos extraer, y enunciaremos algunas frases “de cine” para el recuerdo que se derivarían de “prescribir” ese film. Estas películas son, por orden cronológico de estreno:

Mouchette (Robert Bresson, 2004)(8), para revivir las graves consecuencias de la infancia maltratada por la pobreza y la exclusión social.

Matilda (Danny DeVito, 1996)(9), para criticar que en ocasiones los hijos tengan que sobrevivir a la familia y a la escuela.

El Bola (Achero Mañas, 2000)(10), para visualizar toda la cruda realidad del maltrato infantil en la familia.

Nadie sabe (Dare mo shiranai, Hirokazu Koreeda, 2004)(11), para entender lo que es sobrevivir a la negligencia y abandono de los padres.

Moolaadé (Protección) (Ousmane Sembène, 2004)(12), para denunciar la mutilación genital femenina.

Cafarnaúm (Capharnaüm, Nadine Labaki, 2018)(13), para demostrarnos cómo el contexto social contribuye a la negación de la niñez.

Mamá te quiere (Run, Aneesh Chaganty, 2020)(14), para adentrarnos a la complejidad del síndrome de Munchausen por poderes.

Siete películas argumentales para tomar conciencia frente a todo tipo de maltrato infantil, para cimentar la empatía con los niños, niñas y adolescentes maltratados, para apoyar la crianza positiva y la educación en valores, y para ser un eslabón más de la tolerancia cero frente a esta lacra.

Prescripción 1. Mouchette (Robert Bresson, 1967).

Prescripción 1
Mouchette (Robert Bresson, 1967)

Ficha técnica

Título: Mouchette. Título original: Mouchette.

Dirección: Robert Bresson. País: Francia. Año: 1967.

Duración: 78 min. Género: Drama.

Reparto: Nadine Nortier, Jean-Claude Guilbert, Jean Vimenet, Marie Cardinal, Marie Susini, Paul Hébert.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Mouchette (Nadine Nortier), adolescente francesa de 14 años.

Frases de cine

“No quiero nada, no quiero nada de nadie”.

“Solo quiero que estés bien. Tú eres mala. Será porque no comprendes. Tienes el mal en los ojos”.

“Intenta no acabar dejándote seducir por hombres malos o borrachos”.

Síntesis argumental

Mouchette (Nadine Nortier) despunta a la adolescencia malviviendo en una situación de extrema pobreza, un entorno familiar miserable (una madre postrada en un lecho en espera del fin por su mortal enfermedad, un padre alcohólico que trafica ilegalmente con licores y que la maltrata sin el más mínimo escrúpulo, y dos hermanos, el mayor trapichea con su padre y el hermano lactante que llora continuamente y al que debe cuidar), una sociedad rural opresiva que la condena a la marginalidad (la condena la escuela, la condenan los vecinos).

Todo cuanto rodea a Mouchette la niega como persona: a la miseria material de su entorno, de su hogar, se suma una miseria moral todavía más lesiva, la que recibe de su padre alcohólico, que la maltrata (la abofetea, la empuja, la utiliza), de la maestra y de sus compañeros de colegio, que la humillan cuando pueden (con esa imagen de sometimiento frente al piano), de la gente del pueblo, perversa y ruin… El amor puro solo la une a su madre enferma, pero su único lazo al amor acabará desapareciendo. Y pese a todo y a todos, Mouchette mantiene una agraciada fisonomía y dignidad, incluso cuando su rostro se empaña con frecuencia de sordas lágrimas. Un cine con bouquet que reposa en las mejores bodegas de la memoria del séptimo arte.

Emociones y reflexiones

Mouchette es una película que nos invita a una profunda reflexión sobre la condición humana, la sociedad y la injusticia. A través de la historia de esta joven adolescente, somos testigos de una realidad cruda y desgarradora que nos obliga a cuestionar nuestros propios valores y nuestra forma de relacionarnos con los demás. Y nos convida a reflexionar sobre temas universales como la soledad, la violencia, la injusticia y la esperanza, un film que nos conmueve y nos obliga a cuestionar nuestra propia humanidad sobre tantas infancias robadas.

Y todo el entorno que rodea a Mouchette nos lo muestra Bresson con un sonido intenso que refuerza la expresividad de las imágenes en blanco y negro. Porque música e imágenes se conjugan para mostrar los abusos y humillaciones sobre la infancia maltratada de Mouchette, cuyo recuerdo permanece. Todo muy bressoniano… mientras suena el Magnificat de Claudio Monteverdi.

Prescripción 2. Matilda (Danny DeVito, 1996).

Prescripción 2
Matilda (Danny DeVito, 1996)

Ficha técnica

Título: Matilda. Título original: Matilda.

Dirección: Danny DeVito. País: EE.UU. Año: 1996.

Duración: 98 min. Género: Comedia, Fantástico.

Reparto: Mara Wilson, Danny DeVito, Rhea Perlman, Embeth Davidtz, Pam Ferris, Brian Levinson.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Matilda (Mara Wilson), niña estadounidense de 6 años.

Frases de cine

“Todo el mundo nace, pero no todo el mundo nace igual. Hay quien nace para carnicero, panadero o cerero. Algunos solo servirán para hacer ensalada de tapioca. Pero de una manera u otra, cada ser humano es único para bien o para mal. La mayoría de los padres creen que sus hijos son las criaturas más bonitas que adornan el planeta. Otros reaccionan de forma menos emocionada”.

“Harry y Zinnia Wormwood vivían en un barrio muy agradable y en una casa agradable, pero ellos no eran agradables. Estaban tan inmersos en su estúpida vida que apenas se daban cuenta de que tenían una hija. Y si hubiera prestado un poco de atención, habrían advertido que era una niña bastante extraordinaria”.

“Tú eres tonta, yo lista; tú pequeña, yo mayor; tú no tienes razón, yo siempre. Y no puedes hacer nada para remediarlo”.

Síntesis argumental

El reconocido actor Danny DeVito dirigió esta película como una fiel adaptación del libro “Matilda” escrito por Roald Dahl, un escritor galés especializado en crear personajes extraordinarios que desnudan las contradicciones del mundo de los adultos. Una novela y una película en la que se muestra la contraposición entre valores positivos y negativos, lo bueno y lo malo y la diferencia entre ayudar y dañar a los demás: Matilda (Mara Wilson) y Miss Honey (Embeth Davidtz) representan aquellos valores positivos de la sociedad (ser amable, ayudar a los demás o procurar el bien común), mientras que los padres de Matilda (Danny DeVito y Rhea Perlman) y Miss Trunchbull (Pam Ferris) caracterizan la maldad y todo aquello dirigido a hacer daño a las personas (engaño, maltrato o aprovecharse del más débil). Se trata en definitiva de cuestionar la autoridad, sobre todo moral, de los adultos.

Es tal el desapego familiar que sufre Matilda que se olvidan incluso de llevarla al colegio cuando cumple los 6 años. Pero cuando llega al colegio, las cosas adquieren un cariz no muy favorable con la profesora que le ha tocado. En este contexto, Matilda acaba descubriendo sus poderes de telequinesia para controlar y revertir a su favor determinadas situaciones ante los desaprensivos adultos que le rodean.

Emociones y reflexiones

Matilda es una película para todos los públicos: aparentemente dirigida a un público infantil, desarrolla elementos con carácter adulto, tan importantes como el maltrato infantil, la familia, la educación, la estafa o los valores en la vida. Es por esto que la película puede usarse como recurso didáctico para tratar estos temas tan sensibles con nuestros hijos.

Una obra que nos acerca, en tono de comedia fantástica, al problema de cuando los hijos sobreviven a la familia y a la escuela, a determinadas familias y determinadas escuelas –los dos lugares principales para su desarrollo– y que constituye una dolorosa asimetría de poder.

Prescripción 3. El Bola (Achero Mañas, 2000).

Prescripción 3
El Bola (Achero Mañas, 2000)

Ficha técnica

Título: El Bola. Título original: El Bola.

Dirección: Achero Mañas. País: España. Año: 2000.

Duración: 84 min. Género: Drama social.

Reparto: Juan José Ballesta, Pablo Galán, Manuel Morón, Alberto Jiménez, Ana Wagener, Nieves Medina.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Pablo, alias El Bola (Juan José Ballesta), adolescente español de 12 años.

Frases de cine

“Me daba patadas y me tiraba del pelo… Me quemaba con cigarrillos y me hacía beberme el pis. Antes de irme a la cama, me daba una pastilla para hacer caca. Cuando me portaba mal, me encerraba en una habitación a oscuras y me metía en el armario y me decía que hasta que no me arrepintiera no me iba a sacar y que me dejaría allí hasta que me muriera. No me dejaba ir con mis amigos y me hacía trabajar en la ferretería. Me insultaba, me escupía. Decía que le daba asco”.

“Que sea la última vez que vuelves a ver a esa gente. No te quiero ver con ellos… La próxima vez que te vea con esa gentuza, te arranco la cabeza, ¡te arranco la cabeza!”.

“De pequeño se vive, de mayor se sobrevive”.

Síntesis argumental

Una película dura, pero certera, a la vez que tierna y valiente. Un guión espléndido, diálogos creíbles, un ritmo adecuado y, sobre todo, una magnífica dirección de actores. El encuentro de dos noveles (Achero Mañas como director y Juan José Ballesta como actor) dio como resultado una más que acertada (en ocasiones escalofriante) película sobre el maltrato infantil. La convulsión y sorpresa que supuso una ópera prima como El Bola nos cuenta la historia de Pablo, “el Bola”, un chico madrileño con una vida aparentemente normal, pero en la que pesa mucho la convivencia con un padre dominante y maltratador que lo somete a palizas y humillaciones por diferentes motivos. El resto de su familia tampoco ayuda demasiado a que esto cambie: su madre está completamente dominada por su marido y su abuela padece demencia senil.

Un buen día llega a su clase un nuevo compañero con el que Pablo entablará rápidamente una gran amistad. Y a través de él y su familia empezará a conocer lo que es una vida familiar diferente: unos padres que se quieren, que quieren a sus hijos y que los ayudan y respetan. La relación que Pablo mantiene con su amigo y con la familia de este es lo que le dará las fuerzas necesarias para enfrentarse a su difícil situación, poder afrontarla y denunciarla. Con su denuncia en comisaría, se terminarán los golpes, los insultos y los desprecios en el contexto familiar.

Emociones y reflexiones

Película de obligada visualización para quien quiera acercarse y entender un poco más cómo son las circunstancias y las personas que infringen y padecen este gran problema: el maltrato infantil (y más en el contexto familiar). Y nos muestra que la única manera de luchar contra esta complicada situación (y evitar que las agresiones se vuelvan a repetir) es la comunicación. Una comunicación que tiene que ser por ambas partes: por un lado, los agredidos tienen que contarlo y, por otro lado, tiene que haber alguien dispuesto a escuchar y ayudar a solucionar el problema.

La sociedad y la familia deben poner un especial esfuerzo para evitar el maltrato en los niños y niñas. La mejor manera es la prevención. Y la mejor medida preventiva es educar en el amor y en valores. Y el mensaje de esta película es claro: todos contra el maltrato infantil. Y para ello hay que dar el primer paso: ser capaz de denunciar (con el apoyo y defensa de las instituciones).

Prescripción 4. Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004).

Prescripción 4
Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004)

Ficha técnica

Título: Nadie sabe. Título original: Dare mo shiranai.

Dirección: Hirokazu Koreeda. País: Japón. Año: 2004.

Duración: 141 min. Género: Drama basado en hechos reales.

Reparto: Yûya Yagira, Ayu Kitaura, Hiei Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Kan, Susumu Terajima.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Akira (Yura Yagira), el niño de 12 años que cuida de sus otros tres hermanos (Kioto, Shigeru y Yuki).

Frases de cine

“Desde que se fue mamá no tenemos dinero”.

“No quiero que nadie me encuentre”.

“Eres una egoísta, mamá”.

Síntesis argumental

Nadie sabe es una película basada en un hecho real que tuvo lugar en Tokio. Narra una historia de maltrato infantil fundamentada en la irresponsabilidad de los padres, situación que ni es infrecuente ni nos es ajena, pero sigue siendo igual de dolorosa, aunque sea con una narración tan poética y delicada como la que nos regala este director nipón, Hirokazu Koreeda, quien tiene en la infancia y la familia su santo y seña(15).

Keiko es una madre joven con cuatro hijos de padres diferentes, una mujer enamoradiza e irresponsable a la que sus parejas le abandonan y que sobrevive como puede. Y el hijo de 12 años, Akira, adquiere la responsabilidad con sus hermanos (Kioko, Shigeru y Yuki) de la figura de ese padre siempre ausente y que, pese a las dificultades sociales y familiares, tienen una educación y un comportamiento ejemplar. Pero, cuando la madre desaparece, no acuden a la policía o en busca de ayuda porque tienen miedo a ser separados…, lo que ya les ocurrió en otra ocasión. Y a medida que les crece el pelo, les crece el hambre… y el deterioro moral.

Emociones y reflexiones

Nadie sabe es una película que nos conmueve profundamente y nos deja una huella imborrable. A través de la historia de estos cuatro hermanos que luchan por sobrevivir en las calles de Tokio sin las figuras de la madre ni del padre, el director japonés nos invita a reflexionar sobre una serie de temas universales como la infancia robada, la negligencia de los progenitores, la supervivencia y fuerza del espíritu humano desde las más tiernas edades.

Y Koreeda nos devuelve esta prosa tan dura contada con tal poesía visual (con esa característica de grabar constantemente los pies de los niños), que nos deja un triste sentimiento, más terrible después de conocer que el relato no es un cuento ni una fábula, sino que se fundamenta en un hecho real que tuvo lugar en la mayor urbe del mundo, Tokio, capital de uno de los países más avanzados del planeta. Y se traduce en el real y palpable retrato de una infancia maltratada por culpa de padres negligentes que abandonan a sus hijos. Una realidad que todo el mundo conoce, aunque a veces parezca que nadie sabe. Porque ante el maltrato infantil no podemos consentir que nadie sepa.

Prescripción 5. Moolaadé (Ousmane Sembène, 2004).

Prescripción 5
Moolaadé (Ousmane Sembène, 2004)

Ficha técnica

Título: Moolaadé (Protección). Título original: Moolaadé.

Dirección: Ousmane Sembène. País: Senegal. Año: 2004.

Duración: 119 min. Género: Drama.

Reparto: Maimouna Hélène Diarra, Fatoumata Coulibaly, Salimata Traore, Dominique T. Zeida, Mah Compaore, Naky Sy Savane.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Collé Ardo (Fatoumata Coulibaly), la mujer de Burkina Faso que protege a cuatro niñas de ser sometidas a la ablación.

Frases de cine

“Los hombres quieren encerrar nuestros pensamientos”.

“La purificación viene de tiempos inmemoriales. El islam exige que la mujer sea purificada. Y tú, una simple mujer, no respeta la tradición. ¿Quién eres tú para deshonrarnos de este modo?”.

“No te avergüences de ser una bilakoro. Perdí a tus dos hermanas en el parto. Te di el nombre de la doctora que te salvó la vida al nacer. Tuvo que rasgarme de aquí hasta aquí para sacarte. La purificación no es buena. Ser una bilakoro no te impide ser una buena esposa, una buena madre, ni saber cuidar de tu marido”.

Síntesis argumental

Con Mooladé, que en lenguaje nativo significa “protección” (subtítulo de la película), del director senegalés Ousmane Sembene, considerado como el padre del cine africano, se nos plantean varios temas de enorme interés, como son el debate existente en las sociedades africanas en torno al peso de la tradición y la modernidad en su desarrollo, la lucha de las mujeres rurales africanas por transformar las relaciones de dominación que les son impuestas por los hombres y, sobre todo, la denuncia frente a la ablación genital femenina, una práctica con supuesta connotación religiosa, pero que claramente está dirigida al control y dominación de las mujeres por parte de los hombres. La ablación, además de la gravedad en sí que conlleva la mutilación genital, puede implicar graves problemas de salud físicos, tanto cuando se está realizando (herramientas poco apropiadas, falta de anestesia) como posteriormente (infecciones crónicas, dolores, etc.), pero también de tipo psicológico y de desarrollo personal.

Por ello, Moolaadé nos presenta a Collé Ardo (Fatoumata Coulibaly, protagonista de esta película y quien en su vida real lleva dos décadas luchando contra la ablación genital como estrella de la radio y televisión en Mali), la segunda de las tres esposas de un hombre que vive en un pueblo africano de Burkina Faso, quien hace siete años no permitió que su hija fuera sometida a la ablación, una práctica que le parece una barbarie y que ella también sufrió. La historia se centra en cómo cuatro niñas huyen para escapar del ritual de la “purificación” y piden a Collé que las proteja. A partir de ese momento, se enfrentan dos valores: el respeto al derecho de asilo (el “moolaadé”) y la tradición de la ablación (la “salindé”). Con su decisión de acoger y ayudar a las niñas, Collé Ardo provoca una crisis en la vida de la aldea, entre otras cosas porque ningún hombre se ha atrevido a casarse con una mujer “bilakoro”, una mujer no purificada.

Decir que esta fue la última película de Ousmane Sembene, un testamento que es un devastador alegato contra la ablación. Y este alegato lo volveríamos a ver años después en la película británica Flor del desierto (Desert Flower, Sherry Hormann, 2009)(16), un biopic sobre la extraordinaria vida de Wallis Dirie, la top model, escritora y activista somalí (cuyo nombre Wallis, en somalí significa “flor del desierto”). Pero mientras en Flor del desierto la historia transcurre principalmente en Londres, con recuerdos de la Somalia natal de su protagonista, Mooladé es realizada y producida en África, y acaece en una población rural de Burkina Faso, de forma que nos sumerge en la vida cotidiana de estas familias africanas.

Emociones y reflexiones

Moolaadé nos sumerge en una realidad compleja donde las tradiciones chocan con la necesidad de cambio. Porque la mutilación genital femenina es una forma de maltrato sistemático en el mundo que se realiza a unas 2 millones de niñas menores de 14 años cada año… y, por ello, toda película denuncia es bienvenida, pues este hecho sigue vigente en más de 25 países africanos. Y esta historia nos conmueve, nos indigna y nos inspira a la acción, donde su director nos invita a reflexionar sobre la importancia de defender los derechos humanos y de luchar por un mundo más justo y equitativo para todas las mujeres, evitando esta tradición que implica un maltrato infantil sistemático con graves repercusiones físicas y psicológicas a corto, medio y largo plazo.

Prescripción 6. Cafarnaúm (Nadine Labaki, 2018).

Prescripción 6
Cafarnaúm (Nadine Labaki, 2018)

Ficha técnica

Título: Cafarnaúm. Título original: Capharnaüm.

Dirección: Nadine Labaki. País: Líbano. Año: 2018.

Duración: 126 min. Género: Drama.

Reparto: Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Kawthar Al Haddad, Fadi Kamel Youssef, Cedra Izam, Boluwatife Treasure Bankole.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Zaín (Zain Al Rafeea), un niño libanés de 12 años.

Frases de cine

“Quiero denunciar a mis padres. Quiero que los adultos oigan lo que tengo que decir. Estoy harto de los que no saben cuidar de sus hijos. De todos los insultos, todos los golpes, todas las palizas. La cadena, la manguera o el cinturón. Lo más bonito que oigo es “¡Qué te den, hijo de puta!”, “¡Lárgate, cabrón!”. La vida es una mierda de perro. Más asquerosa que mis zapatos. Vivo en el infierno. Me están asando como al pollo que me encantaría comer. La vida es muy cabrona. Esperaba ser un buen hombre, respetado y querido por todos. Pero Dios no lo quiere. Quiere que seamos felpudos y que nos pisen”.

“Somos insectos, amigo mío, ¿no lo entiendes? Somos parásitos. O aceptas la vida sin papeles o bien podrías tirarte por la ventana… ¡Lárgate de aquí antes de que te mate!… ¡Vuelve al sitio del que hayas venido, animal! Malditos seáis tú, tu madre y quien te haya traído a este mundo”.

“¿Cómo se atreven a juzgarme? ¿Han estado alguna vez en mi lugar? ¿Han vivido mi vida? Nunca lo han hecho ni lo harán. Ni en su peor pesadilla. Si lo hicieran, se ahorcarían. Imaginen tener que alimentar a sus hijos con agua y azúcar porque no tienen nada que darles. Estoy dispuesta a cometer cien crímenes por mantener a mis hijos con vida. Son míos, el tesoro de mi vida. Nadie tiene derecho a juzgarme, soy mi propia juez. Son carne de mi carne, ¿lo entienden?”.

Síntesis argumental

Cafarnaúm es una fábula contemporánea, resultado de más de tres años de investigación por los barrios marginales de esta directora (y también actriz) libanesa que es Nadine Labaki, y que pasó por un largo casting de actores no profesionales, seis meses de rodaje y 500 horas de material para una película que lleva el subtítulo de La ciudad olvidada. Y que nos relata el viaje vital de Zain (Zain Al Rafeea, un milagro de actor no profesional), un inteligente y valiente niño de 12 años que sobrevive a los peligros de las calles de Beirut y sobrevive a sus padres, a los que demanda a través de la justicia por el crimen de haberle dado la vida.

Porque Cafarnaúm (en hebreo, “pueblo de Nahum”) era un antiguo poblado pesquero ubicado en la antigua Galilea, conocida por los cristianos como “la ciudad de Jesús”. Pero “cafarnaúm” es también una palabra francesa que significa leonera, desorden… y algo así es la vida y las circunstancias de nuestro protagonista. Y somos espectadores de cómo ocho hermanos viven y sobreviven en las calles de una ciudad que también es un esqueleto. Niños que sus padres no envían al colegio y sí a las calles a vender y a someterse a todos los peligros de una gran urbe.

Emociones y reflexiones

Cafarnaúm es una desoladora historia de infancia ultrajada, apelando a veces a un exceso de sentimentalismo, pero capturando en toda su crudeza las vivencias mostradas. Y en la que será difícil olvidar la mirada y expresividad de Zain, una mirada que nos araña el alma, y más en las escenas que comparte con el pequeño Yonas.

Cierto es que esta dura película es motivo de controversia entre crítica y público: a la mayoría es posible que la crudeza de la historia y sus imágenes le provoque emoción y conmoción, empatía y sensibilidad; pero también hay quien la señala como pornomiseria, esa cínica palabra que nos llena de superioridad moral para protegernos en la idea de que, en realidad, ninguno podríamos hacer nada por Zain, este niño con mirada de adulto que ha vivido demasiado y nada al mismo tiempo.

Por eso es Cafarnaúm una película políticamente incorrecta, aunque nos muestre lo que aún es una realidad en muchos países y circunstancias, por los maltratos físicos, psicológicos e insultos que los padres propinan a sus hijos, sin amparo de la sociedad que les rodea. Porque hay lugares donde la infancia no tiene casi valor, donde se niega la niñez –ese maravilloso tiempo que se antoja de inocencia y felicidad–. Y Cafarnaúm es un paradigma de la negación de la niñez, donde los espectadores convivirán con distintas emociones: indignación (ante la injusticia y crueldad), tristeza (por el sufrimiento de nuestros pequeños protagonistas), empatía (con los miedos y anhelos de Zaín), rabia (por la indiferencia de la sociedad ante el sufrimiento de los más vulnerables) y esperanza (por esa capacidad de los niños para sobrevivir y encontrar la belleza en medio de la adversidad).

Prescripción 7. Mamá te quiere (Aneesh Chaganty, 2020).

Prescripción 7
Mamá te quiere (Aneesh Chaganty, 2020)

Ficha técnica

Título: Mamá te quiere. Título original: Run.

Dirección: Aneesh Chaganty. País: EE.UU. Año: 2020.

Duración: 86 min. Género: Thriller e intriga.

Reparto: Sarah Paulson, Kiera Allen, Pat Healy, Sara Sohn, Bradley Sawatzky, Erik Athavale.

Ficha de los protagonistas:

• Nombre: Chloe (Kiera Allen), una adolescente estadounidense de 17 años, afecta de lo que parece una parálisis cerebral infantil.

Frases de cine

“Si hay alguien por quien no preocuparse, es ella”.

“Todo lo que he hecho ha sido por ti”… “No los has hecho por mí, lo has hecho por ti”.

“El amor de una madre es para siempre”.

Síntesis argumental

Mamá te quiere es una película que mezcla thriller y terror alrededor de una madre hiperprotectora, una hija enferma y el síndrome de Munchausen por poderes como conexión posterior. Un ejemplo real de que hay amores que matan. Y hay amores de madre muy particulares, como este que se establece entre Dian (Sara Paulson) y su hija Chloe (Kiera Allen).

Todo comienza con la reanimación de un prematuro y la posterior visita de la madre a su hijo en la incubadora de Neonatología. Luego aparecen cinco definiciones de enfermedades y, a continuación, un salto temporal de 17 años, en el que conocemos a esta madre y su hija adolescente afecta de lo que parece una parálisis cerebral infantil, anclada a su silla de ruedas y a medicaciones varias para todas sus enfermedades (insulina, glucómetro, terapias inhalatorias, fisioterapia…). Y a partir de ahí comienza una relación madre-hija aparentemente idílica, pero que esconde oscuros secretos, con un tour de force interpretativo entre ambas y con algunos giros de guion.

Emociones y reflexiones

Se denomina síndrome de Munchausen por poderes a una grave forma de abuso infantil con altas tasas de recidiva y elevada mortalidad, cuya autoría procede de una persona que se ocupa del cuidado del niño maltratado. En el síndrome de Munchausen por poderes, los perpetradores, en la mayoría de los casos, son las madres y muchas poseen conocimientos sanitarios (son enfermeras, ayudantes de clínica o cuidan niños). Este perpetrador hace que parezca que el niño está enfermo, simulando que tiene síntomas o provocándoselos, con el fin de que sea ingresado y sometido a procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasivos. Indudablemente, son personas con alteraciones psicológicas o psiquiátricas, así como trastornos de la personalidad. A diferencia de otros tipos de abusos, los causantes no obtienen en este síndrome ningún tipo de ganancia o beneficio, a no ser psicológico. En cuanto a las víctimas, principalmente menores de 5 años (pero puede ocurrir a cualquier edad en la infancia y adolescencia), presentan síntomas atípicos o que no encajan con enfermedades conocidas, y cuya sospecha a veces se retrasa en el tiempo y siempre es complicada (cuando no demasiado tardía).

Y para hablar de ello, esta película nos sumerge en un thriller psicológico intenso y perturbador, porque el síndrome de Munchausen por poderes es un tipo de maltrato en la infancia que hay que conocer y que cabe no olvidar. Desde luego, los sanitarios no olvidamos los casos vividos.

Colofón a las películas para entender el maltrato infantil

El maltrato infantil es una realidad lamentablemente frecuente en muchas sociedades, y sus consecuencias pueden ser devastadoras para las víctimas. El cine, como medio de expresión y comunicación, ha demostrado ser una herramienta poderosa para visibilizar esta problemática y generar conciencia sobre sus diferentes formas y efectos. Y es que el poder del séptimo arte en esta lucha de “todos contra el maltrato infantil” tiene capacidad de visibilizar el maltrato infantil (porque a veces se oculta o minimiza en la sociedad), concienciar sobre el problema y empatizar con las víctimas (al presentar historias reales o ficticias), denunciar las injusticias y desigualdades que contribuyen al maltrato infantil (que sirven para exigir cambios en las políticas y prácticas sociales), así como servir de plataforma para la prevención y empoderamiento para las víctimas y sus familias, mostrándoles que es posible superar el trauma y reconstruir sus vidas.

Y es por ello que, además de esas siete películas argumentales seleccionadas, desde el proyecto Cine y Pediatría hemos podido abordar un buen número de películas más sobre los distintos tipos de maltrato infantil. Y aquí cabe enumerar un buen número de películas, desde muchos países y de todas las épocas, y desde varias perspectivas, donde podemos apreciar que algunos films están más relacionados con el maltrato físico, con el maltrato psicológico o con la negligencia (aunque en la mayoría de los casos, todos se interrelacionan).

Ejemplos de películas que abordan el maltrato físico pueden ser: Vida de este chico (This Boy’s Life, Michael Caton-Jones, 1993)(17), Mi planta de naranja lima (Meu Pé de Laranja Lima, Marcos Bernstein, 2012)(18) o Heroico (David Zonana, 2023)(19). En relación al maltrato psicológico, podemos citar films como Mi hijo (Mon fils à moi, Martial Fougeron, 2006)(20) o Luciérnagas en el jardín (Fireflies in the Garden, Dennis Lee, 2008)(21). Otras se centran más en el maltrato por negligencia, como Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)(22), Tideland (Terry Gilliam, 2005)(23), Custodia compartida (Jusqu’à la garde, Xavier Legrand, 2017)(24). The Quiet Girl (Colm Bairéad, 2022)(25) o Paradise is Burning (Mika Gustafson, 2023)(26). Pero la mayoría condensan más de una forma de malos tratos, y esto es paradigmático en obras como Los olvidados (Luis Buñuel, 1950)(27), Polisse (Maïwenn, 2011)(28) o Un monstruo en mi puerta (Doheeya, 2014)(29). Y sí, el maltrato infantil es un monstruo en nuestra puerta y con muchas caras.

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18. González de Dios J. Cine y Pediatría (286). “Mi planta de naranja lima” y el valor de la amistad en la niñez. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2015/07/cine-y-pediatria-286-mi-planta-de.html.

19. González de Dios J. Cine y Pediatría (761). “Heroico”, potros de la formación militar. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2024/08/cine-y-pediatria-761-heroico-potros-de.html.

20. González de Dios J. Cine y Pediatría (224). “Mi hijo” no es mío… Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2014/04/cine-y-pediatria-224-mi-hijo-no-es-mio.html.

21. González de Dios J. Cine y Pediatría (685). “Luciérnagas en el jardín” para superar los fantasmas de la infancia. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2023/02/cine-y-pediatria-685-luciernagas-en-el.html.

22. González de Dios J. Cine y Pediatría (552). “Magnolia” nos deja el aroma de las secuelas por una paternidad con malos tratos. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2020/08/cine-y-pediatria-552-magnolia-nos-deja.html.

23. González de Dios J. Cine y Pediatría (498). “Tideland” y nuestra Alicia en el País de los Horrores. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2019/07/cine-y-pediatria-498-tideland-y-nuestra.html.

24. González de Dios J. Cine y Pediatría (439). “Custodia compartida”, los hijos como trinchera. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2018/06/cine-y-pediatria-439-custodia.html.

25. González de Dios J. Cine y Pediatría (726). “The Quiet Girl”, la emoción de ser querida. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2023/12/cine-y-pediatria-726-quiet-girl-la.html.

26. González de Dios J. Cine y Pediatría (775). “Paradise is Burning” cuando aparece el maltrato por negligencia. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2024/11/cine-y-pediatria-775-paradise-is.html.

27. González de Dios J. Cine y Cine y Pediatría (476). “Los olvidados”… no se pueden olvidar. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2019/02/cine-y-pediatria-476-los-olvidados-no.html.

28. González de Dios J. Cine y Pediatría (113). “Polisse” y sus casos reales de protección de menores. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2012/03/cine-y-pediatria-113-polisse-y-sus.html.

29. González de Dios J. Cine y Pediatría (565). “Un monstruo en mi puerta”, demasiados monstruos a desterrar. Disponible en: https://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2020/11/cine-y-pediatria-565-un-monstruo-en-mi.html.

 

Pornografía en la edad infantojuvenil: situación actual y su prevención

De interés especial
 


A. Villena-Moya1,2,3, G. Testa1, R.M. Hodann-Caudevilla
4, C. Chiclana-Actis1,2, G. Mestre-Bach1

1Instituto de Transferencia e Investigación (ITEI) – Universidad Internacional de La Rioja. La Rioja. 2Unidad de Sexología Clínica y Salud Sexual. Consulta Dr. Carlos Chiclana. Madrid. 3Unidad Clínica y de Investigación. Asociación Dale Una Vuelta. Madrid. 4Unidad de Adicciones de la Clínica Nuestra Señora de la Paz. Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Madrid

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (1): 66.e1 – 66.e6


Pornografía en la edad infantojuvenil: situación actual y su prevención

 

Datos sobre el consumo de pornografía en la población infantojuvenil

El consumo de pornografía es una práctica habitual en la adolescencia (Pathmendra et al., 2023). El fácil acceso a Internet y la disponibilidad temprana de dispositivos tecnológicos han favorecido esta práctica en la población infantojuvenil (Ballester & Orte, 2019; Peter & Valkenburg, 2016).

Los datos sobre la prevalencia del consumo de pornografía varían según el país y suele haber diferencias por sexo (Peter & Valkenburg, 2016). En España, el primer contacto con la pornografía se encuentra entre los 9 y 11 años (Ballester & Orte, 2019). Este dato se ve apoyado por otros estudios recientes que han indicado que la edad media de primer acceso es de 10,4 años, tanto para chicos como para chicas (Biota et al., 2022). Este consumo se hace más regular y frecuente a los 14 años en chicos y a los 16 en chicas (Ballester et al., 2022). Un estudio reciente muestra que el 97,3 % de los chicos y el 78,3 % de las chicas de 16 años ya ha buscado pornografía en Internet (Ballester-Arnal et al., 2023). Respecto a la frecuencia, el porcentaje de chicos que lo usan semanalmente (32 %) es mayor que el de chicas (6,2 %; Ballester et al., 2022). Finalmente, respecto al tipo de acceso, se ha observado que el 73,2 % de los chicos y el 27,1 % de las chicas ha visto pornografía de forma intencional a los 16 años. Sin embargo, los datos cambian cuando el acceso es accidental, son el 72,6 % de las chicas y el 66,2 % de chicos los que han recibido pornografía de forma accidental (Villena-Moya et al., 2023).

Motivaciones para el consumo de pornografía

La curiosidad y la inquietud por conocer la sexualidad humana forman parte del desarrollo del adolescente y es, en este momento, cuando habitualmente se encuentran con la pornografía, que utilizan por diferentes motivos (Bőthe et al., 2020; Grubbs et al., 2019):

Curiosidad sexual: aprender y responder a dudas que tienen.

Búsqueda de placer: para activarse y experimentar con su cuerpo.

Información técnica sobre sexualidad: para aprender técnicas y modos que quieran imitar o replicar en la vida real.

Gestión del aburrimiento: en momentos de ocio o tiempo libre, como entretenimiento.

Gestión emocional y del estrés: regulación emocional de la ansiedad, el estrés, la tensión y otras emociones desagradables.

Soledad: de forma disfuncional sirve para evadirse de la realidad o de sensaciones desagradables como la soledad.

Consecuencias del consumo de pornografía en adolescentes

En el debate científico sobre el posible impacto de la pornografía en el desarrollo de la sexualidad, existe acuerdo sobre la vulnerabilidad de los adolescentes ante este material y las consecuencias en aspectos como: aumento de la agresividad, expectativas irreales sobre la sexualidad, aumento de la soledad, deterioro de la autoestima y aumento de las conductas sexuales de riesgo, entre otras (Mestre-Bach et al., 2023; Pathmendra et al., 2023; Peter & Valkenburg, 2016; Villena-Moya et al., 2023).

Agresividad y pornografía

A pesar de que se necesitan un mayor número de investigaciones longitudinales al respecto, una revisión sistemática reciente observa que el uso de pornografía en adolescentes puede favorecer la agresividad de diferentes maneras (Mestre-Bach et al., 2023):

Violencia no sexual: puede normalizar la violencia en contextos no sexuales y tendencias generales a la agresividad.

Creencias, mitos y actitudes: puede interferir en el desarrollo de esquemas jerárquicos en los roles de género. Este uso puede favorecer la aceptación de la cosificación de la mujer y la incorporación de mitos sobre la violación (sesgo cognitivo donde se culpa a la víctima ante una agresión sexual y se exculpa al agresor).

Violencia sexual y coerción: su uso puede predecir la agresión sexual, la violencia en el noviazgo, las experiencias sexuales de victimización y se asocia con la coerción sexual, no obstante se requiere de mayor profundización en estas asociaciones.

Relaciones sexuales y pornografía

El uso de pornografía puede favorecer conductas sexuales más permisivas y mayor uso del sexting (Raine et al., 2020) y se ha asociado con el aumento de conductas sexuales de riesgo como: el inicio precoz de las relaciones sexuales, un mayor número de parejas se­xuales, relaciones sexuales sin preservativo y mantener relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol/drogas (Sánchez et al., 2023). También puede alterar la imagen corporal y el autoconcepto, debido a la comparación con el material pornográfico en adultos, pero es necesario una mayor investigación en población adolescente a este respecto (Paslakis et al., 2022).

Otras consecuencias del consumo de pornografía

Diversos estudios afirman que el uso frecuente y el uso problemático de la pornografía puede aumentar la impulsividad, deteriorar el aprendizaje y la capacidad de atención, favorecer una toma de decisiones deficiente, aumentar los problemas de memoria y dificultar la regulación de las emociones en los niños (Kang et al., 2020); favorecer unos mayores niveles de soledad (Mestre-Bach & Potenza, 2023); distorsión de la percepción de la sexualidad, una percepción errónea que tiende a corregirse al iniciarse las relaciones sexuales (Wright & Štulhofer, 2019). También se relaciona con importantes consecuencias conductuales y psicológicas, como hipersexualización, alteraciones emocionales y aumento de comportamientos parafílicos (Gassó & Bruch-Granados, 2021).

Uso problemático de pornografía (UPP)

Para algunos adolescentes, el consumo de pornografía puede convertirse en un comportamiento problemático con consecuencias negativas en sus vidas (Bőthe et al., 2019, 2022). El uso problemático de pornografía (UPP) se define desde la perspectiva de la salud mental como: el consumo de pornografía que perturba el funcionamiento de una persona y se asocia a comportamientos incontrolables y adictivos (Efrati, 2020). Este comportamiento conlleva la pérdida de control sobre uno mismo, genera una sensación de urgencia y, a menudo, se convierte en un mecanismo desadaptativo o evasivo para gestionar emociones negativas o pensamientos perturbadores. Esta estrategia puede dar lugar a malestar personal significativo y dificultades en el funcionamiento diario (Wetterneck et al., 2012).

A día de hoy existe un debate sobre si este comportamiento es similar a una adicción comportamental, a una conducta compulsiva, consecuencia de la impulsividad o una conducta aprendida y condicionada (Rumpf & Montag, 2022). Sin embargo, los criterios del UPP se asemejan a las características habituales de las adicciones (Kor et al., 2014):

• Uso altamente frecuente, excesivo y compulsivo de pornografía.

• Urgencia para involucrase en el comportamiento, con el objetivo de alcanzar o mantener un estado emocional positivo o para escapar/evitar un estado emocional negativo.

• Disminución del control sobre la conducta.

• Repetición de la conducta a pesar de las consecuencias adversas, que derivan en un malestar personal significativo y dificultades funcionales.

A este respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó en 2018 el trastorno por comportamiento sexual compulsivo (TCSC; OMS, 2019), como un trastorno del control de los impulsos y donde se englobarían diferentes conductas sexuales fuera de control (uso de pornografía, masturbación compulsiva, cibersexo, pros­titución, webcam sexuales, entre otras). Sin embargo, esta clasificación no cuenta con unos criterios específicos para el uso de pornografía ni para la población adolescente (Chiclana-Actis & Villena-Moya, 2022), a pesar de que el 80 % de pacientes con un TCSC presentan un UPP (Sharpe & Mead, 2021).

Factores predisponentes

Se han estudiado diferentes factores predisponentes (Tabla I) que podrían favorecer el uso de pornografía en adolescentes (Peter & Valkenburg, 2016; Villena-Moya, 2023).

Evaluación del UPP

Los mencionados factores predisponentes se pueden tener en cuenta en la evaluación o sospecha del UPP; además en el marco de la exploración clínica se puede atender a las siguientes variables (Chiclana-Actis & Villena-Moya, 2022):

• Rasgos de impulsividad, incapacidad para retrasar la gratificación o falta de control inhibitorio.

• Cambios del estado de ánimo, como: irritabilidad, síntomas depresivos, ansiedad o inestabilidad, sin presencia de enfermedades de transmisión sexual.

• Dependencia de las tecnologías con frecuencia.

• Disminución del rendimiento escolar, académico o laboral.

• Consumo de drogas (alcohol, tabaco, cannabis y otras sustancias).

• Tendencia a la baja comunicación, uso excesivo de tecnologías / dispositivos y búsqueda de lugares de soledad.

• Presencia de dificultades importantes en casa, colegio o con amigos.

• Estados de ánimo demasiado cambiantes.

• Exceso de curiosidad y afán por las novedades.

• Dificultades en la expresión y/o en la regulación emocional.

• Baja seguridad y desconfianza en sí mismo.

• Amistades y/o ambiente que no favorecen un desarrollo saludable.

• Excesiva búsqueda y necesidad de afecto y atención.

• Dificultades en la relación social y excesiva introversión.

• Presencia de un lenguaje muy sexualizado.

• Problemas de estabilidad en el noviazgo, infidelidades, etc.

• Desinterés por las relaciones sexuales.

• Baja/mala formación sexual.

• Insana culpabilidad respecto a sus actos sexuales.

Será de interés utilizar alguna prueba psicométrica que pueda evaluar de forma objetiva el UPP. A este respecto, se recomienda la Problematic Pornography Consumption Scale (PPCS), validada en población adolescente (12-18 años) española y mexicana (Villena-Moya, et al., 2023). Esta escala en su versión breve (PPCS-6) puede servir como un instrumento de cribado con validez y fiabilidad para adolescentes (Anexo I).

Por último, para realizar un adecuado diagnóstico del UPP será importante tener en cuenta la religiosidad de los adolescentes, ya que algunos pueden desarrollar una auto-percepción de adicción a la pornografía, debido al juicio moral que realizan sobre la conducta sexual, pero no necesariamente porque el uso sea problemático (Jiang et al., 2022). Por eso será necesario explorar esta dimensión espiritual y ofrecer un acompañamiento psicológico, si presentara esta incongruencia moral que les genera el uso de la pornografía.

Estrategias de prevención

El uso de pornografía es considerado un problema de salud pública en el ámbito de la Pediatría, y es por ello necesario y urgente que el personal de Atención Primaria y de la salud infantojuvenil pueda estar preparado a este respecto (Hornor, 2020).

En el ámbito educativo, los programas enfocados en el desarrollo de un pensamiento crítico hacía la pornografía, que ayudan a entender la naturaleza de la pornografía y la diferencian de la sexualidad en la vida real, han demostrado tener un buen impacto en los adolescentes (Testa et al., 2023). Sin embargo, los resultados de estos estudios son limitados hasta la fecha. Así, es urgente que se generalicen y protocolicen estos programas de prevención, detección y ayuda para el UPP en las escuelas (Hornor, 2020).

El ámbito familiar es el pilar principal donde los adolescentes crecen y crean referencias respecto a las relaciones humanas, por lo que será importante trabajar la educación afectivo-sexual en coordinación con los familiares del adolescente (Villena-Moya, 2023) con el siguiente marco:

Fomentar la comunicación: incentivar que las familias dialoguen sobre sexualidad con sus hijos, convirtiéndose en un modelo a seguir, no solo en términos de éxito profesional o social, sino también en el desarrollo saludable de su sexualidad. Evitar que estas conversaciones queden en manos de amigos o del contenido en línea inapropiado para su edad.

Empatía y comprensión: favorecer que las familias aborden el comportamiento de los adolescentes con comprensión de las emociones subyacentes, con sentido crítico y sin enjuiciar.

Promoción de la autonomía: permitir que sus hijos cometan errores y aprendan de ellos, así fomentan su libertad y autonomía en lugar de restringirla.

Ofrecer orientación: fomentar que las familias guíen a sus hijos en el camino, proporcionándoles estrategias, sugerencias de cambios y soluciones alternativas.

Autoconocimiento: fomentar el desarrollo emocional saludable para que los hijos puedan reconocer y aprender a regular sus emociones.

Brindar apoyo incondicional: hacerles entender que, incluso si comete errores, la familia siempre estará ahí para apoyarles de manera incondicional.

Proporcionar recursos: tener libros o películas en casa que puedan generar debates sobre estos temas, es una excelente idea para que las conversaciones sobre sexualidad no parezcan intrusivas ni críticas, sino que se puedan abordar con naturalidad y sin vergüenza. También, considerar la posibilidad de asistir juntos (padres e hijos) a talleres o sesiones que traten estos temas. Se han seleccionado algunos recursos en el anexo II.

Anexo II

 

Intervenciones eficaces

A día de hoy no existe tratamiento específico para tratar el UPP en adolescentes. Sin embargo, se pueden utilizar, como referencia, distintas terapias que han mostrado eficacia en adultos y ofrecer un abordaje integrador al adolescente. Diversos ensayos clínicos aleatorizados muestran la efectividad de la terapia cognitivo-conductual (Antons et al., 2022). Además, algunos estudios observan determinados beneficios: del mindfulness, la Psicoterapia Cognitivo-Analítica, la Terapia de Aceptación y Compromiso y la Terapia Basada en la Mentalización (Antons et al., 2022; Roza et al., 2023).

Desde un punto de vista integrador, se pueden atender los siguientes puntos para trabajar en psicoterapia (no será necesario que se incluyan todos en cada paciente ni que sigan este orden, será de interés adaptar cada tratamiento a cada paciente y su familia):

• Establecer metas y objetivos de tratamiento.

• Reducir conductas problemáticas.

• Cambiar patrones de pensamiento no adaptativos.

• Promover estrategias de afrontamiento adaptativas.

• Trabajar con el ambiente social y relacional.

• Trabajar con el estilo de apego.

• Trabajar con la identidad personal.

• Educación sexual.

• Habilidades para la regulación emocional.

Respecto al tratamiento farmacológico, no se ha demostrado que exista eficacia de ningún fármaco específico para el tratamiento del UPP, pero se pueden utilizar diferentes fármacos que ayuden a los síntomas comórbidos ya mencionados, como la ansiedad, el TOC, el TDAH o la depresión (Antons et al., 2022; Roza et al., 2023).

En la actualidad, se está realizando la validación de un proyecto de autoayuda online (www.comodejarlo.org) que podría ser una buena alternativa para la ayuda en la reducción del UPP en adolescentes y que, además, ha demostrado eficacia ya en adultos (Bőthe et al., 2021).

Con el fin de simplificar la tarea de evaluación e intervención en un entorno de Atención Primaria o en una primera valoración clínica relacionada con el posible consumo de pornografía en adolescentes, presentamos una propuesta para la toma de decisiones, con una perspectiva más amplia que facilitará la aplicación de los conceptos previamente discutidos y promoverá la educación afectivo-sexual entre padres y adolescentes (Fig. 1).

Figura 1. Árbol de toma de decisiones para el consumo de pornografía en adolescentes. PPCS-6: Problematic Pornography Consumption Scale-6.

En una primera etapa, cuando surja la sospecha de consumo de pornografía o cuando las preocupaciones sean expresadas por las familias o el propio adolescente, se procederá a evaluar la situación. En este proceso, se pueden utilizar la escala PPCS-6 y los criterios clínicos mencionados anteriormente, como herramientas de apoyo. Si se identifica un problema de consumo de pornografía que pueda llevar a un diagnóstico, se avanzará hacia intervenciones de naturaleza clínica. No obstante, si no se dispone de un diagnóstico claro, resultará esencial abordar los otros dos aspectos fundamentales: la prevención y la promoción de estrategias de comunicación efectiva entre padres y adolescentes.

Conclusiones

El uso de pornografía es una práctica habitual en la adolescencia que puede derivar en consecuencias perjudiciales y en un uso problemático de la misma. El UPP requiere de una evaluación especializada desde un ámbito clínico que combine herramientas estandarizadas con la entrevista clínica. Existen diferentes tratamientos eficaces para ayudar a reducir el UPP en adolescentes. La intervención en el ámbito educativo y familiar es urgente, así como la formación de los profesionales de la salud infantil y adolescente. A pesar de los avances, la investigación sigue siendo limitada en algunos aspectos y se requiere de un mayor número de estudios longitudinales para conocer en profundidad el impacto de la pornografía en los adolescentes a lo largo de su desarrollo afectivo-sexual, así como para el desarrollo de programas de prevención e intervención eficaces.

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Webs

1. Dale una vuelta (www.daleunavuelta.org). Asociación sin ánimo de lucro española que ofrece ayuda gratuita a personas que están sufriendo por el uso problemático de pornografía y que ofrece información divulgativa y científica sobre las posibles consecuencias del consumo de pornografía.

2. Your brain on porn (https://www.yourbrainonporn.com/es/). Web fundada por Gary Wilson que transmite información científica sobre las consecuencias de la pornografía a nivel neurobiológico y que contiene una actualización mensual de todos los artículos que se publican a nivel internacional sobre las posibles consecuencias del consumo de pornografía.

3. Fight the new drug (https://es.fightthenewdrug.org). Plataforma americana que trata de concienciar sobre las consecuencias del consumo de pornografía bajo el lema “porn kills love”.

4. Sexualidad y salud (www.sexualidad-salud.com). Blog que pertenece a la unidad de sexología clínica de la consulta del Dr. Carlos Chiclana y que habla de temas diversos en relación con la pornografía y la sexualidad a nivel general.

5. Cultured Reframed (https://culturereframed.org). Es una web diseñada por Gail Dines, activista en contra de la pornografía que cuenta con muchos recursos gratuitos para enfrentar esta realidad creciente día a día en los más jóvenes.

Talleres educativos

Si se quieren realizar talleres de prevención y concienciación sobre el Uso Problemático de la Pornografía (dirigidos a adolescentes, profesionales, familias y/o educadores) se pueden poner en contacto con el autor principal a través del siguiente e-mail: villenapsicologia@gmail.com.

 

Actualización bibliográfica n8-2023

Actualización bibliográfica

 

 

Declaración de consenso internacional sobre el examen radiológico de niños en contacto en el contexto de sospecha de abuso físico infantil

Mankad K, Sidpra J, Mirsky DM, Oates AJ, Colleran GC, Lucato LT, et al. International Consensus Statement on the Radiological Screening of Contact Children in the Context of Suspected Child Physical Abuse. JAMA Pediatr. 2023; 177: 526-33.
Disponible en: https://jamanetwork.com/journals/jamapediatrics/article-abstract/2801963

 

El abuso físico es una causa común pero prevenible, de morbilidad y mortalidad infantil a largo plazo. A pesar de la fuerte asociación entre el abuso en un niño índice y el abuso en niños en contacto, no existe ninguna guía que describa cómo detectar lesiones abusivas en este último grupo, significativamente más vulnerable. En consecuencia, la evaluación radiológica de los niños en contacto, a menudo, se omite o se realiza de forma variable, lo que permite que las lesiones ocultas pasen desapercibidas y aumente el riesgo de nuevos abusos.

El objetivo de este estudio fue informar de un conjunto de mejores prácticas basadas en la evidencia y derivadas del consenso para la detección radiológica de niños en contacto, en el contexto de sospecha de abuso físico infantil.

Esta declaración de consenso está respaldada por una revisión sistemática de la literatura y la opinión clínica de un grupo de 26 expertos reconocidos internacionalmente. El proceso de consenso Delphi modificado comprendió 3 reuniones del Grupo de Consenso Internacional sobre Detección de Contactos en sospecha de Abuso Físico Infantil, celebradas entre febrero y junio de 2021.

Los contactos se definieron como los hermanos asintomáticos, los niños que cohabitaban o los niños bajo el mismo cuidado que un niño índice con sospecha de abuso físico infantil. Todos los niños en contacto deben someterse a un examen físico exhaustivo y a una historia clínica antes de la obtención de imágenes. Los niños en contacto menores de 12 meses deben someterse a neuroimagen, cuya modalidad preferida es la resonancia magnética y el estudio esquelético. Los niños en contacto de 12 a 24 meses deben someterse a un examen esquelético. No se indican imágenes de rutina en niños asintomáticos mayores de 24 meses. Se debe realizar un estudio esquelético de seguimiento con proyecciones limitadas, si la presentación es anormal o equívoca. Los contactos con resultados positivos deben investigarse como niños índice.

Esta comunicación especial presenta recomendaciones de consenso para la detección radiológica de niños en contacto, en el contexto de sospecha de abuso físico infantil, estableciendo una base reconocida para la evaluación rigurosa de estos niños en riesgo.

Grupo de trabajo de Actualizaciones Bibliográficas de SEPEAP

 

 

Aumento de la violencia entre iguales

P.J. Rodríguez Hernández*, A. Marcos Rodrigo**
De interés especial
 


P.J. Rodríguez Hernández*, A. Marcos Rodrigo**

*Pediatra, Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife. Profesor Asociado de Psiquiatría. Universidad de La Laguna. Tenerife. **Residente de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife

Pediatr Integral 2023; XXVII (6): 352.e1 – 352.e4


Aumento de la violencia entre iguales

 

Introducción

La violencia entre iguales es la forma de violencia más frecuente en la adolescencia. Aunque existen varias definiciones, se puede considerar como: la existencia y presencia de comportamientos extremos y graves realizados con la intención de producir daño físico y/o psicológico a otras personas. De manera más específica, se refiere a comportamientos que tienen que ver con una confrontación directa con otros con la intención de lesionar (insultos, golpes), pero también cuando el objetivo es dañar el círculo social de la víctima o la percepción que dicho círculo tiene de la persona (difundir rumores, exclusión social)(1). En este último caso, se denomina violencia relacional.

En los últimos años, una forma específica de violencia entre iguales en adolescentes ha ido escalando posiciones hasta convertirse en la más frecuente, se trata del ciberacoso. Se utiliza la tecnología digital, especialmente a través de telefonía móvil, ordenadores y tabletas, para lograr el objetivo. A los tres elementos principales presentes en el acoso escolar, la intención, la repetición y el desbalance de poder, el ciberacoso añade otros dos: el anonimato y la elevada difusión o publicidad. Los actos anónimos pueden llevar a que los actos contra las víctimas sean de elevada crueldad.

Las causas y formas de expresión de la violencia entre iguales presentan un patrón de interrelación que es necesario conocer. Así, la violencia sexual, la racial o por diferencias ideológicas está relacionada con otras formas de violencia en distintos contextos (familiar, social, comunitario o escolar); y también con la ejercida en distintos formatos virtuales (Internet, redes sociales). Además, existe alta asociación con consumo de alcohol y drogas y con estados mentales de depresión, ansiedad o baja autoestima. Esto hace que se alteren las dinámicas: familiar, social o educativa. Existe evidencia de que niños y adolescentes que ejercen violencia relacional presentan una actitud más positiva hacia la transgresión de normas sociales, y mayores niveles de malestar psicológico, ideación suicida, comunicación problemática con los padres y reputación social no conformista (real e ideal) que aquellos que no la presentan(2). También, los estudios longitudinales señalan que las víctimas ven afectadas su salud mental y el rendimiento escolar(3).

Los programas preventivos o terapéuticos deben incluir estrategias globales, basadas en intervenciones principalmente familiares y escolares. El paradigma cognitivo conductual es el más utilizado para reducir la violencia entre iguales.

Fenomenología y clasificación

La fenomenología de la violencia en la adolescencia es compleja, debido a que intervienen múltiples factores de naturaleza individual, social y cultural.

En su desarrollo intervienen distintos factores de riesgo y protección que interaccionan entre sí y que abarcan áreas tan dispares, como la propia personalidad o los patrones de la dinámica familiar. Por ello, es complejo establecer una clasificación o, incluso, un modelo etiológico.

Además de la violencia física, la violencia entre iguales incluye la emocional, económica y sexual. La subcategoría más común es el acoso escolar, tanto directo como a través de las redes sociales. El acoso escolar queda definido como: actos deliberados cometidos repetidamente y de manera continua por uno o varios alumnos contra una víctima que no se puede defender. Tales acciones son agresivas y llevan implícitas un desbalance de poder entre el o los agresores y el o los agredidos. El acoso puede ser: físico, psicológico, social (p. ej.: difundir rumores, excluir o ignorar) o verbal (insultos, comentarios de índole sexual…).

Existen algunos trastornos, frecuentes en la infancia y adolescencia, que pueden predisponer o facilitar acciones de violencia entre iguales. Algunas de ellas son: trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de conducta, trastorno negativista desafiante, trastornos de personalidad y trastornos emocionales de distinta naturaleza.

Además, algunos estudios han desarrollado las principales características de los niños y adolescentes que desarrollan estos fenómenos de violencia(4). Algunas de ellas son:

• Interpretación hostil de las intenciones de los iguales. En estos casos, suele primar la violencia reactiva en detrimento de la espontánea. Es la característica más fácil de controlar con medidas conductuales y técnicas de modificación del afrontamiento de la realidad. Si se encuentra esta característica de manera aislada (sin las características restantes), puede estar motivado por un trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

• Escasa sensibilidad a las reacciones emocionales de los demás, no presentando sentimientos de culpa ni remordimiento. Existe déficit en la integración y valoración del componente emocional de los actos. Es importante descartar problemas familiares que hayan impedido desarrollar un aprendizaje correcto de las emociones que conllevan los actos violentos.

• Culpabilización de otros niños o adolescentes. Predomina la mentira en el patrón psicológico del niño. Habitualmente, esta característica se debe a un mecanismo de defensa o una estrategia de afrontamiento de la realidad. Trasladar la consecuencia del acto a otra persona libera la culpa propia.

• Baja autoestima, acompañado de una apariencia de seguridad y dureza. Las interacciones sociales pierden estímulos para establecer una adecuada vinculación emocional.

• Escasa tolerancia a la frustración con respuestas agresivas ante ella. Los requerimientos del entorno han de ser satisfechos de manera inmediata. Existe controversia sobre el papel que desempeñan las nuevas formas de ocio basadas en la inmediatez, especialmente los videojuegos que permiten determinadas formas de adicción, debido a la utilización de reforzadores instantáneos.

• Bajo rendimiento académico y consumo de drogas. Son las consecuencias finales del patrón conductual de violencia.

También se han identificado algunos factores de riesgo o predisponentes, entre los que se encuentran: la presencia de rasgos psicopáticos de personalidad, sexo varón, conducta disocial o vivir en barrios con altos índices de criminalidad(5).

Prevalencia

Según el Instituto Nacional de Estadística en España, aproximadamente el 10 % de los niños y adolescentes han experimentado algún tipo de violencia entre iguales en el año 2022 (Instituto Nacional de Estadística, 2022)(6).

Las formas más comunes de violencia entre iguales, física y verbal, pueden llevar a consecuencias emocionales y psicológicas negativas en las víctimas, con un gran impacto en su salud mental actual y futura. Además, el aislamiento y exclusión por parte de compañeros se constituye en la llamada violencia relacional o social, experimentada por el 4 % de niños y adolescentes.

En la era digital, el ciberacoso representa una forma cada vez más prevalente de violencia entre iguales. Los datos indican que aproximadamente el 12 % de los niños y niñas son, cada año, víctimas de ciberacoso(7).

Estas tasas muestran diferencias según el grupo de edad y el género. Por ejemplo, el estudio del Instituto Nacional de Estadística encontró que la violencia física es más común entre los niños de 12 a 15 años (prevalencia del 8 %), mientras que la violencia verbal es más frecuente entre las niñas de la misma edad (hasta el 10 %). En cuanto al ciberacoso, este es más prevalente entre las niñas de 15 a 17 años, alcanzando un 18 %.

Como conclusión, se observa una tendencia a la disminución de la incidencia de actos criminales por parte de niños y adolescentes, cuando se analizan las estadísticas de la sociedad occidental actual. Sin embargo, la violencia entre iguales presenta un incremento año tras año.

Ciberacoso

El ciberacoso, uso de tecnologías digitales para acosar, humillar o amenazar, se ha convertido en un riesgo latente para los jóvenes, principalmente los adolescentes. Más del 40 % de los jóvenes han experimentado alguna forma de ciberacoso a lo largo de su vida, cifras que siguen en aumento, debido a la creciente accesibilidad a la tecnología y aumentos de su presencia en todos los ámbitos de nuestras vidas(8).

La falta de consecuencias visibles y la sensación de impunidad, fomentan un ambiente tóxico que facilita la propagación del acoso en línea, siendo esta facilidad para mantener el anonimato del agresor, uno de los aspectos más preocupantes. Esta impunidad genera una sensación de desesperanza en las víctimas, dificultando su búsqueda de ayuda y apoyo(9).

Las redes sociales se comportan también como un buen lugar para el crecimiento del ciberacoso. Los adolescentes las utilizan para compararse entre sí, lo que aumenta la competencia y el deseo de destacar, a menudo a expensas de otros. Como resultado, se desarrolla una cultura de desprecio y hostilidad, exacerbando la violencia entre iguales en línea(8).

Estrategias de intervención

La implicación biopsicosocial obliga a que los programas de intervención, preventivos o terapéuticos, se deban realizar desde un enfoque multidimensional y multidisciplinar. Las estrategias más utilizadas incluyen programas que se desarrollan en el ámbito educativo, familiar o en el propio adolescente(10,11).

La prevención es fundamental para evitar la violencia entre iguales, y el mejor sitio para el desarrollo de programas de prevención es el centro escolar. Hay que contar con colegios e institutos con ambiente seguro, para: evitar la violación del derecho del alumno a aprender sin temor, establecer políticas de tolerancia cero que aseguren la neutralidad de la balanza de poder o prestar especial atención a los adolescentes más vulnerables como los que presentan algún tipo de discapacidad.

En líneas generales, las estrategias que se emplean se basan en los siguientes aspectos:

• Programas de intervención/sanción: es un programa sancionador, donde se incide en la persecución y ejecución del infractor. El nivel de aversión que produce desaconseja su utilización de manera aislada. Debe de ser un programa complementario de los otros tipos.

• Programas de conducta esperada: en este programa predomina la información general y la difusión sin un receptor preestablecido. Se emplea fundamentalmente como programas introductorios a un plan específico de acción y sobre grandes poblaciones.

• Programas de detección/prevención: tiene dos componentes. Por una parte, la detección de la conducta violenta entre iguales y el análisis de los factores que inciden en su desarrollo y mantenimiento. Sobre los resultados obtenidos, se pueden realizar propuestas preventivas que participen en la reconducción de los condicionantes implicados.

• Programas de orientación proactivos: son los utilizados, habitualmente, en los entornos escolares y familiares. El diseño de estos programas presenta enorme variabilidad, según: población diana, edad, objetivos específicos, factores socioculturales o ambientales, etc. Los realizados en colegios e institutos son los más efectivos, debido a que es el entorno en donde más se producen las situaciones de violencia entre iguales. Especialmente, las situaciones de acoso escolar, con un aumento significativo en los últimos años de la modalidad virtual. Tanto las preventivas como las terapéuticas, se basan en técnicas desarrolladoras de habilidades sociales y emocionales.

Desarrollo de habilidades sociales y emocionales

Son las estrategias más utilizadas para disminuir la violencia entre iguales y se aplican principalmente en el ámbito educativo, aunque también se pueden desarrollar en programas de intervención familiar.

Los entrenamientos en habilidades sociales y emocionales incluyen técnicas, como el juego simbólico y el role play. Con ellas, se busca enseñar a niños y adolescentes: a comprender y aplicar las reglas del juego, a aceptar las consecuencias de sus actos sin culpar a los demás, a no abandonar el juego, a resolver distintos tipos de problemas e identificar los propios sentimientos y los de los demás. En la tabla I se desarrolla, a modo de ejemplo, un programa estándar.

Además, en el aula ordinaria, los profesores deben considerar algunos aspectos relativos a los procedimientos de interacción con el alumnado violento. Es importante que las estrategias a utilizar sean coordinadas con los equipos de orientación escolar y que las familias o tutores legales sean informados de los procedimientos a realizar. Las más importantes son los siguientes:

• Establecer los adecuados refuerzos positivos, cuando se observen comportamientos deseables mediante alabanzas o halagos. Esos refuerzos se pueden acompañar de acercamiento físico, expresión facial de alegría, y se deben transmitir los logros conseguidos al resto de la clase.

• Se pueden establecer estrategias cognitivo-conductuales para mejorar el comportamiento. Entre las estrategias cognitivas, la más utilizada es la técnica de autoinstrucciones. El alumno debe hablarse a sí mismo en voz alta, dándose instrucciones sobre la mejor conducta a realizar en un momento dado y recompensándose con auto alabanzas cuando el resultado sea positivo. Las estrategias conductuales más efectivas son: la economía de fichas, mediante la que se obtienen una serie de refuerzos, previamente pactados, cuando se logran determinados comportamientos positivos que se van anotando en un sistema de registro; y el contrato de contingencias, que se realiza mediante la firma de un acuerdo en el que alumno y profesor se comprometen a establecer unas conductas positivas determinadas y el profesor premia dicho logro con un reforzador.

• Cuando las estrategias mencionadas no son efectivas y las conductas violentas en la interacción con otros compañeros sobrepasan determinado nivel, es posible utilizar la estrategia del tiempo fuera. Para ello, se debe apartar al alumno de la actividad que está realizando y se desplaza a una zona predeterminada dentro de la clase o fuera del aula; en este último caso, bajo la supervisión de otro profesor. Cuando el alumno se muestra tranquilo y sereno, se reintegra en la actividad del aula.

Algunas particularidades de la intervención en el ciberacoso

La prevención y la educación son fundamentales para abordar el ciberacoso. Tanto las escuelas como los padres, deben trabajar en conjunto para concienciar a los adolescentes sobre las consecuencias del acoso en línea y la importancia de tratar a los demás con respeto. Es esencial crear un entorno seguro, tanto en línea como fuera de línea, para que los jóvenes puedan comunicar sus experiencias y recibir el apoyo necesario(12). Por ello, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha publicado un plan de estrategia digital, que tiene como objetivo mejorar la atención sanitaria a los niños en España. Entre sus medidas, incluye la creación de una nueva plataforma web con información y consejos para profesionales, padres y tutores, con relación al uso de la tecnología en diferentes grupos de edad. Con estas herramientas, trata de mejorar la calidad de vida de los niños en el mundo digital, mediante la prevención y modificación temprana de hábitos poco saludables(13).

Otras intervenciones en situaciones de violencia entre iguales

Tratamiento farmacológico

No existe tratamiento farmacológico para la violencia en el adolescente. Sin embargo, algunos fármacos se pueden utilizar en situaciones puntuales de máxima gravedad y dentro de un programa de intervención multimodal. Los antipsicóticos atípicos son los fármacos que presentan un mejor nivel de tolerabilidad y menos efectos secundarios(14). Por ello, cada vez son más utilizados en un número creciente de adolescentes con una gran variedad de trastornos, que incluyen: trastornos del comportamiento, del ánimo, del desarrollo, psicóticos y trastornos alimentarios.

Recursos judiciales

Cuando todas las medidas aplicadas no son suficientes, es posible judicializar la situación. Existe un amplio abanico de posibilidades, entre las que se encuentran: la intervención de equipos de medicación, los pisos de convivencia educativa, etc. La legislación española ordena la posibilidad de establecer centros específicos para problemas conductuales extremos y violencia, cuando la intervención terapéutica no es efectiva. El 27 de febrero de 2015 se publica en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, el Proyecto de Ley Orgánica de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, en el que se regula como novedad importante, el ingreso de niños y adolescentes en centros de protección específicos para menores de edad con problemas de conducta. El objetivo de los centros específicos para adolescentes con problemas significativos de conducta es proporcionar un contexto estructurado educativo, socioemocional y terapéutico.

Conclusiones

El aumento de la prevalencia de la violencia entre iguales establece la necesidad de coordinación entre las distintas administraciones implicadas: sanitaria, judicial y social. Los programas de prevención e intervención más efectivos siguen el paradigma cognitivo-conductual. Los tratamientos psicofarmacológicos se reservan para mejorar la sintomatología dentro de un planteamiento multidisciplinar y no como tratamiento único.

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12. Zhu C, Huang S, Evans R, Zhang W. Cyberbullyng among adolescents and children: A comprehensive review of the global situation, risk factors, and preventive measures. Front Public Health. 2021; 9: 634909. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpubh.2021.634909.

13. Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría. Madrid: Asociación Española de Pediatría; Disponible en: https://plandigitalfamiliar.aeped.es.

14. McKinney C, Renk K. Atypical antipsichotic medications int the management of disruptive behavoirs in children: Safety guidelines and recomendations. Clin Psychol Rev. 2011; 31: 465-71.

 

Violencia en la infancia y la adolescencia

 

E. Villalobos Pinto*, M. Lloret Carnicero**
Temas de FC


E. Villalobos Pinto*, M. Lloret Carnicero**

*Unidad de Pediatría Social. Servicio de Pediatría. **Médico Interno Residente de Pediatría. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid

Resumen

La violencia en la sociedad tiene muchas formas de manifestarse. Si bien existen factores favorecedores y factores protectores, es un hecho ya contrastado que permea a todos los estratos de la sociedad y a todas las franjas etarias.
En este artículo se va a realizar una revisión de las principales manifestaciones de violencia hacia niños y adolescentes, y que van más allá del maltrato físico y abuso sexual, analizados específicamente en otro artículo de este número de la revista. Manifestaciones cada vez más frecuentes ante las cuales toda la sociedad debe estar alerta y que no siempre son suficientemente bien detectadas ni adecuadamente afrontadas. Situaciones, muchas veces no tan explícitas, que por su propia naturaleza pueden ser potencialmente devastadoras para el adecuado desarrollo integral de nuestros niños y adolescentes.
Es obligación de todos nosotros y de los poderes públicos garantizar las condiciones necesarias para la mayor protección y el mejor desarrollo de nuestros jóvenes; pero sin un adecuado conocimiento de las amenazas que les acechan, esto será inviable. Se revisa además el marco jurídico actual y se aclaran conceptos relacionados con la violencia en la infancia y la adolescencia, todo orientado hacia un fin eminentemente divulgativo y práctico.

 

Abstract

Violence in society manifests itself in many ways. While there are both enabling and protective factors, it is an established fact that it permeates all strata of society and all age groups.
This chapter will review the main manifestations of violence towards children and adolescents that extend beyond physical and sexual abuse, which are specifically analyzed in another chapter. These are increasingly frequent manifestations to which society, as a whole, must be alert and which are not always well detected enough or adequately dealt with. Situations that are often not so explicit and which, by their very nature, can be potentially devastating for the for the adequate holistic development of our children and adolescents.
It is our obligation, and that of our public authorities, to guarantee the conditions for the best protection and development of our young people. But without proper knowledge of the threats they face, this will be unfeasible. The current legal framework is also reviewed, and concepts related to violence in childhood and adolescence are clarified, all focused towards an eminently informative and practical purpose.

 

Palabras clave: Violencia; Niño; Delitos sexuales; Factores protectores.

Key words: Child; Protective Factors; Sex Offenses; Violence.

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 208-215


OBJETIVOS

• Sensibilización de los profesionales de la salud ante las diferentes formas de manifestación de la violencia hacia niños y adolescentes en nuestra sociedad.

• Conocer las principales formas de violencia hacia los niños y adolescentes.

• Detectar precozmente las manifestaciones de la violencia en nuestros jóvenes.

• Conocer cómo actuar ante situaciones detectadas de violencia hacia los niños y adolescentes.

Violencia en la infancia y la adolescencia

Introducción

La detección precoz y erradicación de la violencia en la infancia y adolescencia es y debe ser objetivo de todas las instituciones.

La violencia contra los niños incluye todas las formas de violencia contra los menores de 18 años, infligida por sus padres o por otras personas que les cuiden, sus compañeros, sus parejas u otras personas.

La violencia condiciona las vidas de hasta 1.000 millones de niños en todo el mundo, según datos de UNICEF(1), con consecuencias emocionales, sociales y económicas prolongadas, y con potencial repercusión en todas las esferas del desarrollo de su personalidad.

La violencia contra los niños, niñas y adolescentes constituye así una vulneración a sus derechos fundamentales, poniendo en peligro su vida y su desarrollo pleno.

La eliminación de la violencia contra los niños se menciona en varias de las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, pero la meta 16.2 es la más explícita al respecto: “Poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños2”.

Conceptos – tipología de maltrato infantil

Para enfocar adecuadamente la violencia infantil, es fundamental tener en cuenta que el maltrato comprende muchas más formas que el maltrato físico. Importante definir las diferentes tipologías de maltrato.

Se considera maltrato infantil cualquier acción u omisión, no accidental, por parte de los padres o cuidadores que comprometa las necesidades básicas del menor. La tipología principal del maltrato infantil podría clasificarse como se indica a continuación.

Maltrato físico

Se define como el uso de la fuerza física contra un niño, niña o adolescente que ocasione perjuicios para su salud, supervivencia y desarrollo integral. Se incluye en este concepto el síndrome de Munchausen por poderes.

Maltrato psicológico

Hostilidad verbal crónica (insulto, burla, desprecio, amenaza de abandono) y bloqueo constante de las iniciativas de interacción infantiles (evitación, encierro, etc.).

Negligencia o abandono

Aquella situación en la que las necesidades físicas básicas del menor no son atendidas temporal o permanentemente por ningún miembro adulto del grupo conviviente.

Violencia sexual infantil

Toda acción que causa un daño en el desarrollo afectivo-sexual del niño, niña o adolescente. Puede tener componente físico o no, y siempre tiene un componente psicológico.

Maltrato institucional

Toda actuación sanitaria, política, social o jurídica que de manera directa o indirecta repercuta negativamente en la protección del menor, impidiendo o dificultando el principio del interés superior del menor.

Marco legal

Conocer cómo se estructura a nivel judicial la atención a los casos de violencia infantil, así como el marco normativo por el que nos regimos, es necesario para un adecuado manejo de estos casos.

Estructura judicial en relación a menores

Juzgados de menores: cuando un menor de 14 a 18 años comete un delito. Los menores de 14 años no tienen responsabilidad penal, pero sí civil, por sus tutores legales. Instruido por el Ministerio Fiscal, aunque la sentencia la dicta el Juez de Menores.

Juzgados de familia: encargados de asuntos, tales como las relaciones paterno-filiales o los asuntos matrimoniales que implican a menores. Los Juzgados de 1ª Instancia asumen dichas funciones en lugares donde no tienen dichos juzgados.

Juzgados de violencia contra la infancia: solo actualmente, como proyecto piloto, en Las Palmas, desde octubre de 2021. Especializados en delitos violentos contra la infancia, siempre que el presunto agresor sea mayor de edad.

Marco normativo

El principio del interés superior del menor ya se recogió por primera vez en la Convención de los derechos del niño (1989); a nivel nacional, en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de Enero, de Protección Jurídica del Menor (tanto a víctimas como a infractores, así como a los afectados por aquellos cuyos padres tienen conflicto con la ley). En dicha ley, su Artículo 2 versa sobre la protección del derecho a la vida, a la supervivencia, las necesidades básicas, la necesidad de tener un entorno familiar adecuado y libre de violencia, así como a la preservación de la identidad, cultura, convicción, religión e identidad sexual.

El Estudio del Secretariado General de Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños (2006) permitió visibilizar las diferentes formas de violencia que afectan a los niños, niñas y adolescentes en todo el mundo y los entornos donde esta se manifiesta. Además, en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, concretamente la Meta 16.2, se enuncia orientada a la protección de los niños contra el abuso, la explotación, la trata y la violencia. Finalmente, la Observación general nº 14 del Comité de Derechos del Niño (2013) también contempló el principio de interés superior del menor, como uno de los pilares de la atención a la infancia.

Nuestro ordenamiento jurídico vigente se basa en la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia(3), ley que contempla una serie de novedades, tales como la inclusión como derechos de los niños: el deber a la información y asesoramiento; el derecho a que las víctimas sean escuchadas, sin límite de edad, con metodología y entorno adecuados, mediante profesionales cualificados, intentando no generar victimización secundaria, y evitando aquellos planteamientos fuera del rigor científico; el derecho a la atención integral (psicosocial, educativo, psicológico, social, formativo, acceso a servicios públicos, reinserción laboral, o acompañamiento judicial), con obligación de la coordinación entre diferentes administraciones; y se contempla la legitimación de personación ante todas las instancias, a través de sus representantes legales, aunque, habiendo conflicto entre estos (p. ej., centro de protección del menor), tienen derecho a un defensor judicial. Además, tienen derecho a ser atendidos por la oficina de atención a víctimas de violencia. Además, tienen derecho a la asistencia jurídica gratuita, y podrán presentarse como acusación particular en cualquier momento del procedimiento. Otro principio novedoso de la ley es el del deber de comunicación: por la ciudadanía, o cualificado, por aquellas personas en mayor contacto por su función con menores (profesores, sanitarios, educadores, etc.). También existe deber de comunicar contenidos ilícitos en Internet, y de que se les provea a los comunicadores de canales seguros, preservando su protección y seguridad. Se impone la obligación, en casos de violencia a la infancia o a personas con discapacidad, de denunciar sin exenciones. Tampoco habrá dispensa en la obligación de declarar para los familiares y cónyuge, si el testigo tiene la representación legal, en casos de delito grave. Otra de las novedades que introduce esta ley es la realización de la prueba preconstituida, cuyo fin es evitar la victimización secundaria, y evitando que la víctima tenga que declarar en el juicio. Se realizará a menores de 14 años o con discapacidad, y que deban intervenir en condición de testigos, en gran parte de casos de violencia infantil. Esta se realizará ante la autoridad judicial, con las mismas garantías que el juicio, presentes el fiscal, acusado y abogados; si bien podría hacerse en presencia únicamente del abogado defensor o, si este no pudiera, del abogado de oficio. Con intervención de todas las partes, mediando el juez o los equipos psicosociales, si este así lo requiere. Deben estar grabadas. En muchas ocasiones se utilizan cámaras Gessell, en las cuales el menor no ve quién está al otro lado del espejo.

Factores de riesgo y protectores

La identificación de diversos factores de riesgo o de protección nos ayudará en el diagnóstico diferencial de diversos motivos de consulta.

Tradicionalmente, se han identificado una serie de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que se produzcan fenómenos de violencia, si bien ha de quedar claro que dichos factores ni son requisitos per se, ni excluyen que no puedan darse dichas situaciones en su ausencia. La ausencia de dichos factores sería, a priori, factor de protección(4) (Tablas I y II).

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Principales formas de violencia

La violencia hacia la infancia y adolescencia tiene muchas formas de expresión en nuestra sociedad. Hemos de saber identificarlas para un adecuado manejo de las mismas.

Tal y como se ha expresado en el apartado introductorio, es objetivo de este artículo hacer un esfuerzo de síntesis de las principales formas de manifestación de violencia hacia nuestros jóvenes, y desarrollando más aquellas manifestaciones que se salen de la tipología del maltrato físico y del abuso sexual, desarrollados en otro artículo de este número de la revista.

Maltrato infantil

En líneas generales, se puede englobar bajo esta denominación aquellas situaciones que, afectando al equilibrio psicológico de los padres/tutores y a su entorno, inciden negativamente en la salud física y/o psíquica del niño/a y adolescente, comprometiendo su adecuado desarrollo(5). La perpetuación de estas situaciones conllevará indefectiblemente unas consecuencias crecientemente negativas.

Clásicamente, los malos tratos se han clasificado en físicos o emocionales, y activos o pasivos (Tabla III).

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Otras formas de violencia

Violencia intrafamiliar y violencia vicaria

La vivencia de violencia intraparental e intrafamiliar puede constituir por sí sola un tipo de maltrato infantil. Los menores que son testigos, o simplemente conscientes, de la existencia de una situación de daño físico o psicológico o de violencia sexual en el seno familiar, tienen un mayor riesgo de sufrir: problemas emocionales, sociales y de conducta, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias y afectación del rendimiento académico. En algunos casos, pueden ser ellos mismos objetivo de la violencia: según datos de la encuesta NATSCEV, realizada en EE.UU. en 2008 y 2011 a más de 4.500 menores de entre 3 y 17 años de edad, un 56,8 % de los menores testigos de violencia intraparental habían experimentado otras formas de maltrato a lo largo de su vida (un 33,9 % de ellos en el último año)(6).

En situaciones de violencia de género, los menores pueden también ser utilizados como instrumento, como objeto al que infligir daño con el objetivo último de dañar a su progenitor/a. En nuestro país, el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, ratificado en 2017, incorpora este término e insta a la protección, no solo de la mujer, sino de los menores a su cargo, reconociendo a éstos como víctimas directas de la violencia de género.

La exposición a la violencia en el ámbito familiar, si bien se correlaciona con el desarrollo de problemas en las esferas anteriormente citadas, no implica necesariamente daño, este depende asimismo de factores individuales, como son: la capacidad de resiliencia del menor, el apoyo por parte de terceras personas que actúen como adulto de referencia o la existencia de soporte sociosanitario comunitario.

El screening de situaciones de violencia intraparental o intrafamiliar en la población general no se ha demostrado eficaz, aunque sí se recomienda cuando el menor muestra problemas emocionales o de conducta, realizarle preguntas abiertas sobre la situación en casa.

El pediatra con conocimiento de una situación de violencia intrafamiliar debe actuar realizando un seguimiento clínico estrecho, ofreciendo al menor y a su familia ayuda y apoyo en salud mental en caso de que lo necesiten. La evidencia en cuanto a cuál es el mejor tipo de terapia o intervención es limitada, en la mayoría de los estudios se realizan intervenciones centradas en el menor combinadas con educación familiar(7).

Nuevas tecnologías y violencia infantil

Según datos del año 2020, recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, el 69,5 % de la población de entre 10 y 15 años dispone de teléfono móvil, y el uso de Internet se extiende al 94,5 % de dicho grupo de edad(8). Mientras en los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión), el acceso a contenido es pasivo, los nuevos medios de comunicación permiten una mayor posibilidad de interacción y creación de contenido, así como la visualización de contenidos personalizados, acordes a las preferencias del usuario. La exposición de los niños y adolescentes a las nuevas tecnologías puede reportar beneficios educacionales y sociales, pero también conlleva una posible exposición a contenidos violentos o inapropiados, así como una desprotección de los menores ante determinadas interacciones en la red. Nuevos conceptos, como ciberbullying, sexting o grooming, dan nombre a comportamientos facilitados por la extensión del acceso a las nuevas tecnologías.

El ciberacoso o ciberbullying se define como aquella forma de acoso o intimidación que se lleva a cabo a través de medios digitales, aunque existe cierta controversia alrededor de su definición, lo cual supone una dificultad para estimar su prevalencia. Las tres características fundamentales del bullying son: repetitividad, intencionalidad y diferencia de poder entre víctima y acosador. Sin embargo, un único comentario publicado en redes con la intencionalidad de dañar, puede ser difundido en redes en múltiples ocasiones y ser visualizado tiempo después, pese a que su autor no pretendiese repetirlo. Además, el anonimato que puede proporcionar este tipo de medios, puede por sí solo ocasionar una diferencia de poder. Sea como fuere, el ciberacoso y el acoso coexisten en muchos casos y se solapan en sus definiciones. Existen estudios que sugieren la existencia de mayor incidencia de depresión, ansiedad, ideación autolítica y comportamientos autolesivos entre las víctimas de ciberbullying (así como en los perpetradores)(9).

También acuñado en el ámbito de las nuevas tecnologías de la comunicación, el término sexting hace referencia al envío, reenvío o recepción de mensajes o fotografías de contenido sexualmente explícito a través de medios digitales. Se trata de una práctica frecuente en el contexto de relaciones de pareja y grupos de adolescentes. La circulación de imágenes de contenido sexual convierte a los adolescentes en potenciales víctimas de abuso sexual y coacción a través de las redes, lo que se conoce como “grooming”. En 2013, Zweig et al. realizaron un estudio transversal en población estadounidense de entre 11 y 18 años, hallando que el 15 % de mujeres y el 7 % de varones de este grupo de edad referían haber sido presionados o amenazados para compartir fotografías o habían recibido imágenes o mensajes no deseados de contenido sexual(10). Los adolescentes víctimas de la distribución no consentida de imágenes de contenido sexual tienen más probabilidad de ser víctimas de otros tipos de violencia interpersonal (bullying, ciberbullying, violencia física y sexual en la pareja, y abuso sexual), así como mayor incidencia de ideación suicida y sentimientos de tristeza y desesperanza.

La inmediatez y accesibilidad que proporcionan las nuevas tecnologías de la comunicación resultan en estas situaciones especialmente dañinas, puesto que el acoso y las coacciones no se limitan a un único entorno (p. ej., el escolar), sino que son continuos a través de redes sociales, correo electrónico o medios telefónicos, de forma que se difumina el límite entre lo que la víctima considera un entorno seguro y lo que no. Ello, unido a la potencial exposición de la víctima a gran escala, convierte la lucha contra estas nuevas formas de violencia en un reto para víctimas, familias y profesionales del ámbito educativo y sanitario.

Trata infantil

Según la Organización de las Naciones Unidas, se entiende por trata o tráfico de seres humanos: la captación, transporte o recepción de personas, recurriendo a amenazas, distintas formas de coacción, secuestro, fraude, abuso de poder, uso de fuerza o recepción de pagos o beneficios para conseguir el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con el objetivo final de su explotación. Dicha definición incluye: explotación sexual y laboral, trabajos forzados, extracción de órganos corporales y explotación para la mendicidad. En nuestro país, la trata es un delito tipificado en la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

De acuerdo con un estudio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Drogadicción y el Crimen, un 33 % de las víctimas directas de trata son menores de edad, que pueden también ser víctimas indirectas si uno de sus progenitores es víctima de trata(11). En ocasiones, las coacciones provienen del entorno familiar o más inmediato del menor. Estos niños y adolescentes entran, a veces, en contacto con el sistema sanitario en relación con: agresiones, accidentes laborales, malnutrición, abuso de sustancias, enfermedades de transmisión sexual, embarazo no deseado o comorbilidad psiquiátrica (presente previamente o derivada de la explotación). Además, aquellos con patología crónica previa, suelen tener dificultades en su seguimiento y pueden desarrollar complicaciones. Ello unido al antecedente de migración reciente, el retraso en la búsqueda de atención sanitaria o la actitud intimidatoria por parte de alguno de los acompañantes de los niños, constituyen potenciales indicadores de la existencia de un delito de trata.

El pediatra debe realizar una valoración completa e integral de los menores con sospecha de ser víctimas de trata, siendo de especial relevancia la valoración del neurodesarrollo y la nutrición, así como el consejo en el ámbito de salud sexual y reproductiva. En el caso de niños y adolescentes víctimas de trata, la salud mental es especialmente relevante, el impacto que supone ser víctimas de redes de tráfico de personas conlleva una gran comorbilidad psiquiátrica, con mayor incidencia de depresión, ansiedad, abuso de sustancias y trastorno de estrés postraumático. El intercambio de información debe ser adaptado al desarrollo del menor, que en estos casos puede no ser acorde a su edad, dado que el estrés prolongado puede causar cierta regresión en el desarrollo, aunque, en ocasiones, los niños y adolescentes a los que se fuerza a participar en actividades propias de adultos adoptan un patrón de comportamiento y expresión más acorde con los adultos que con su edad.

Violencia infantil en la diversidad

En ciertos grupos de menores, existe una mayor tasa de victimización, como son los menores con discapacidad, pertenecientes a minorías sexuales y de género, o niños y adolescentes inmigrantes.

Aquellos menores con discapacidad, que presentan dificultades en el área motora, sensitiva, emocional, cognitiva o comunicativa, tienen características que los hacen más vulnerables a sufrir maltrato físico, emocional y abuso sexual: algunos de ellos no tienen capacidad para defenderse ante el abuso o comunicarlo, o bien no comprenden la dimensión de estos comportamientos o son incapaces de reconocerlos. Los estudios disponibles indican una prevalencia de maltrato de hasta el 30 % en pacientes con discapacidad, entre 3 y 4 veces superior a la de sus coetáneos sin discapacidad. Según datos de un metaanálisis publicado por Jones et al., la prevalencia estimada del maltrato físico en este grupo de menores se sitúa en torno al 20 %, y la del abuso sexual en torno al 13-14 % (si bien es cierto que existe heterogeneidad en los resultados de los estudios seleccionados)(12). En muchos casos, se trata de niños con mayor necesidad de supervisión en determinados ámbitos, incluso comportamientos de auto y heteroagresividad, repetitivos, dificultades en el control de impulsos o en la externalización de las emociones. Ello provoca una sobrecarga del cuidador, que resulta un factor de riesgo decisivo para la victimización de estos niños y adolescentes. A veces, en un intento de reducir la sobrecarga del cuidador, son varias las personas que contribuyen a los cuidados del menor, y ello puede ser beneficioso, pero también aumenta la probabilidad de exposición a distintas formas de violencia.

Otro de los colectivos vulnerables lo constituyen los niños y adolescentes pertenecientes a familias inmigrantes. El estatus familiar de inmigración es por sí mismo un determinante social de la salud, y existen muchos otros factores asociados como son la inestabilidad financiera, la separación familiar o la barrera idiomática, capaces de influir en el bienestar físico y mental de los menores de familias inmigrantes. Uno de los más destacados es la discriminación que sufren muchos de estos menores, que puede ser abierta, llegando incluso a amenazas o violencia física o verbal, y que conlleva una mayor tasa de síntomas depresivos y de estrés postraumático y una menor autoestima en este grupo de niños y adolescentes que, dependiendo del contexto cultural de origen de la familia, pueden no ser reconocidos. Los estresores relacionados con las circunstancias de la inmigración, asociados a diferencias culturales en lo referente a reconocimiento de los derechos de la infancia e igualdad de género, son factores que se pueden asociar, aumentando el riesgo de violencia intrafamiliar. Asimismo, los menores pueden haber sido testigos o víctimas de violencia en su país de origen, especialmente si la migración se produce en el contexto de un conflicto social o bélico. Es esencial explorar en estos pacientes, la experiencia y circunstancias de la migración y cerciorarse de que exista un entorno comunitario y familiar seguro.

Los niños y adolescentes pertenecientes al colectivo LGTBI (acrónimo de lesbian, gay, bisexual, transgender and intersex) tienen asimismo un mayor riesgo de sufrir violencia física y sexual por parte de los adultos, bullying y ciberbullying, así como una mayor tasa de polivictimización, lo cual repercute negativamente en la salud física y mental del menor(13). Sin embargo, muchos pediatras refieren falta de conocimiento para abordar cuestiones relacionadas con identidad de género y orientación sexual, e incluso temor a ofender al menor o a sus progenitores. Es labor del pediatra la creación de un entorno de confianza en el que el paciente se sienta libre para exponer su identidad de género y orientación sexual e identificar situaciones de riesgo o de violencia, para poder ofrecer el apoyo adecuado.

En la tabla IV, se indican de forma resumida definiciones y ejemplos de otras formas de maltrato infantil no comentadas previamente.

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Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria, dentro de un modelo sanitario entendido como el más próximo al niño y sus familias, debe ser capaz de tener en cuenta aquellas circunstancias o factores de riesgo que nos deben poner en alerta ante la posibilidad que se puedan producir situaciones de violencia y, en todo caso, estar alerta ante cualquier señal de que el niño pueda estar viviendo dicha realidad. El diagnóstico precoz es, pues, clave para minimizar el impacto de dichas situaciones. Además, debe iniciar, una vez detectadas, los necesarios procedimientos de notificación, tanto judiciales como a Servicios Sociales, así como las derivaciones necesarias a Unidades de Pediatría Social y Salud Mental, siempre que sea posible. Este es un claro ejemplo de la fundamental atención interdisciplinar en la que el pediatra de Atención Primaria debe jugar un papel imprescindible.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

1.*** Romeo Biedma FJ, Horno Goicoechea P. Ver para proteger. Claves para comprender la violencia contra niños, niñas y adolescentes y para desarrollar medidas de protección eficaces. UNICEF España; Dirección de sensibilización y políticas de infancia. Área de incidencia política y estudios. 2022. Disponible en: https://www.observatoriodelainfancia.es/oia/esp/descargar.aspx?id=7872&tipo=documento.

2. Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia contra los niños 2020: resumen de orientación. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2020. Disponible en: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/332450/9789240007154-spa.pdf.

3. Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia. Ref.: BOE-A-2021-9347. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/pdf/2021/BOE-A-2021-9347-consolidado.pdf.

4. Guía completa para la detección e intervención en situaciones de maltrato infantil desde el Sistema de Salud de Aragón desde los Servicios Sociales Comunitarios. Instituto Aragonés de Servicios Sociales: Departamento de Salud y Consumo. Gobierno de Aragón. 2007. Disponible en: https://www.aragon.es/documents/20127/674325/MALTRATO-2007-Guia-serviciossociales.pdf/76f34b38-735c-2e6c-d8d2-970ebd4fd5bd.

5. Aisa Hernanz E. Maltrato y desprotección en la infancia y adolescencia: Atención a las situaciones de riesgo. Departamento de Sanidad. Gobierno Vasco. 2000. Disponible en: https://www.euskadi.eus/contenidos/informacion/maltrato_domestico/es_maltrato/adjuntos/maltratoDesproteccionInfanciaAdolescencia.pdf.

6. Finkelhor D, Turner HA, Shattuck A, Hamby SL. Prevalence of Childhood Exposure to Violence, Crime, and Abuse: Results from the National Survey of Children’s Exposure to Violence. JAMA Pediatr. 2015; 169: 746-54. Disponible en: https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2015.0676.

7. Thackeray JD, Hibbard R, Dowd MD; Committee on Child Abuse and Neglect; Committee on Injury, Violence, and Poison Prevention. Intimate partner violence: the role of the pediatrician. Pediatrics. 2010; 125: 1094-100. Disponible en: https://doi.org/10.1542/peds.2010-0451.

8. Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en los Hogares. Madrid: Instituto Nacional de Estadística. INE. 2022. Disponible en: https://www.ine.es/prensa/tich_2022.pdf.

9. Bauman S, Toomey RB, Walker JL. Associations among bullying, cyberbullying, and suicide in high school students. J Adolesc. 2013; 36: 341-50. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.adolescence.2012.12.001.

10. Zweig JM, Dank M, Yahner J, Lachman P. The Rate of Cyber Dating Abuse Among Teens and How It Relates to Other Forms of Teen Dating Violence. J Youth Adolescence. 2013; 42: 1063-77. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s10964-013-9922-8.

11. Human-Trafficking. United Nations: Office on Drugs and Crime. Disponible en: https://www.unodc.org/unodc/en/human-trafficking/human-trafficking.html.

12. Jones L, Bellis MA, Wood S, Hughes K, McCoy E, Eckley L, et al. Prevalence and risk of violence against children with disabilities: a systematic review and meta-analysis of observational studies. Lancet. 2012; 380: 899-907. Disponible en: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(12)60692-8.

13. Friedman MS, Marshal MP, Guadamuz TE, Wei C, Wong CF, Saewyc EM, et al. (2011). A meta-analysis of disparities in childhood sexual abuse, parental physical abuse, and peer victimization among sexual minority and sexual nonminority individuals. American Journal of Public Health. 2011; 101: 1481-94. Disponible en: https://doi.org/10.2105/ajph.2009.190009.

Bibliografía recomendada

– F Romeo Biedma FJ, Horno Goicoechea P. Ver para proteger. Claves para comprender la violencia contra niños, niñas y adolescentes y para desarrollar medidas de protección eficaces. UNICEF España; Dirección de sensibilización y políticas de infancia. Área de incidencia política y estudios. 2022. Disponible en: https://www.observatoriodelainfancia.es/oia/esp/descargar.aspx?id=7872&tipo=documento.

Texto reciente que analiza las distintas formas de violencia hacia la infancia desde una perspectiva preventiva.

– Gancedo Baranda A. Aproximación al manejo del maltrato infantil en la Urgencia. Grupo de Trabajo de Atención al maltrato infantil de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría. Ed. Ergon. 2015.

Manual práctico e imprescindible para tener las nociones necesarias para un primer abordaje de situaciones de violencia infantil desde la Urgencia.

– Díaz Huertas JA, Marín López L, Muñoz Hoyos A. Manual de Pediatría Social. Sociedad Española de Pediatría Social. 2013. Disponible en: https://www.pediatriasocial.es/HtmlRes/Files/Manual_Pediatria_Social.pdf.

Texto clásico que recoge, entre sus más de 30 capítulos, varios dedicados al análisis de la violencia infantil, contemplando esas otras formas de manifestación de dicha violencia sobre niños, niñas y adolescentes.

– Zimmerman C, Borland R. Caring for Trafficked. Persons: Guidance for Health Providers. International. Organization for Migration, Geneva, Switzerland. 2009. Disponible en: https://publications.iom.int/system/files/pdf/ct_handbook.pdf.

Guía para la atención a las víctimas de trata, con varios capítulos dedicados a la atención a menores y familias víctimas de trata y a las peculiaridades de su seguimiento.

– McTavish JR, MacGregor JC, Wathen CN, MacMillan HL. Children’s exposure to intimate partner violence: an overview. Int Rev Psychiatry. 2016; 28: 504-18. Disponible en: https://doi.org/10.1080/09540261.2016.1205001.

Revisión detallada de la literatura disponible en lo referente a las consecuencias de la violencia intraparental en los menores de edad.

Caso clínico

Adolescente de 13 años de edad derivada por primera vez a consultas de Pediatría Social desde Psiquiatría para valoración de su entorno social, tras requerir ingreso en planta de dicho servicio para control de ansiedad e ideación autolítica.

Entrevistamos a la paciente y a su madre. En cuanto a su situación familiar, la paciente convive con su madre, su padre y un hermano en el mismo domicilio. Los domicilios de varios de sus familiares se hallan próximos al suyo. Refiere que apenas ve a su padre por su trabajo, que este consume frecuentemente alcohol, manteniendo actitudes violentas cuando está bajo sus efectos, normalizando dicho consumo, niega que exista problema derivado de él y desconoce la derivación de la niña a nuestras consultas. La madre de la paciente critica por un lado la situación, pero por otro lado afirma que, cuando no está el padre bajo los efectos del alcohol, es una persona maravillosa.

La paciente cursa 3º de Educación Secundaria en un instituto público, con adecuado rendimiento y relación con sus pares, con planes de realizar estudios universitarios en un futuro (“si sobrevivo”). Tiene una relación afectiva con otra compañera, niega relaciones sexuales. Reconoce consumir ocasionalmente alcohol, sin otros hábitos tóxicos. Ha iniciado seguimiento en su Centro de Salud Mental de zona, adecuado cumplimiento del régimen de terapia farmacológica y psicoterapia.

Hace 3 años iniciaron seguimiento en Servicios Sociales, sin intervención por su parte.

En consultas sucesivas, la situación familiar persiste: tras un intento de cesar en el consumo de alcohol, el padre de la paciente ha retomado el consumo de manera intermitente, hecho que de nuevo solo es parcialmente criticado por la madre. Ha disminuido el rendimiento académico de la menor, que ha suspendido 6 asignaturas. Continúa en seguimiento en su Centro de Salud Mental de zona, y se entrevista con una coach amiga de su madre (que la menor refiere le hace comentarios que no le agradan, como que “la situación se deriva de que la paciente es “mitómana, manipuladora y tiene principios de autismo”). La menor se muestra en su entrevista preocupada por un suceso acaecido semanas atrás: refiere que su abuelo materno, que reside en un domicilio muy próximo al suyo, ha tenido actitudes que le han resultado incómodas en un viaje a otra ciudad que han realizado para visitar a su abuela materna (ambos están separados), tocándole el muslo y la ingle mientras su hermano dormía. Refiere que años atrás, en alguna ocasión, le había realizado tocamientos en el pecho. Los padres son conocedores de la situación, la madre prefiere que el caso se oculte y la niña deje de tener contacto con su abuelo, no es partidaria de denunciar. Han cambiado de domicilio, y la menor repetirá curso en un nuevo instituto.

Progresivamente, en consultas sucesivas, la paciente se va mostrando atemorizada, con pánico a decir algo que suponga una recriminación por parte de su madre. Se muestra inquieta, no realiza contacto visual y llora ocasionalmente. Refiere que no imagina su vida siendo feliz y que no sabe cómo podríamos ayudarla, aunque sí reconoce que necesita ayuda. A nivel familiar, sigue existiendo hábito alcohólico intermitente por parte de su padre, y ya no tiene contacto con su abuelo, pero afirma sentirse mal respecto a lo ocurrido. No tiene seguimiento psicológico, afirma, porque su madre le ha dicho que eso suponía “remover las cosas”, y no está tomando tratamiento ninguno. Refiere que de vez en cuando contacta la “coach” con ella por medio de mensajes telefónicos, si bien ella la ignora.

Finalmente, la paciente deja de acudir a la consulta sin aviso previo. Se comunica a Servicios Sociales.

 

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Menores no acompañados (MENAS)

De interés especial


J. García Pérez*, L. Parrondo**

*Pediatra. Consultor Senior de Pediatría Social. Presidente del Instituto Madrileño de Pediatría (IMPe).
Presidente del Grupo Pediátrico Madrileño (GRUPEMA).

**Psicóloga. Directora de Adoptantis Centro de Orientación, Preparación Apoyo a la Adopción.
Directora de “El Periódico de la Adopción”, publicación digital que aborda la temática adoptiva y de acogimiento

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 228.e1 – 228.e4


Menores no acompañados (MENAS)

 

La migración es un hecho constante en la historia. Se puede afirmar que la historia de la humanidad es la historia de las migraciones.

Desde que el Homo sapiens se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años en busca de nuevos territorios, movido por el crecimiento demográfico y la disminución de recursos alimentarios, la humanidad no ha dejado de desplazarse en busca de mejores horizontes.

En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad, se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece.

En nuestros días, más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo tiene menos de 18 años. Hay unos 33 millones de niños y niñas que han cruzado fronteras internacionales buscando seguridad u oportunidades. Muchos lo hacen solos.

Sobre ellos reflexionaremos en estas líneas, tratando de comprender el origen de su migración, los riesgos que asumen, las secuelas que la migración en solitario puede dejarles y el recibimiento que tienen en el lugar de destino.

La migración a lo largo de la historia

A lo largo de la historia, casi todos los pueblos se han desplazado.

Desde el homo sapiens, emigraron los aztecas de Aztlán hacia Tenochtitlán. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma, aglutinando a pastores venidos de otros lugares y, según la mitología, fundada por troyanos que se refugiaron en las 7 colinas huyendo de la guerra con los griegos, como nos cuenta Virgilio.

Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevos… La expansión del islam desde la península arábiga…, y así hasta la última gran potencia, como hemos visto en los EE.UU.

Las cualidades de un pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. En todas las grandes civilizaciones, hay una historia de inmigración en sus orígenes.

La emigración en España

En el caso de España, los últimos 500 años han sido predominantemente de emigración, destacando diferentes etapas.

Una primera etapa, larga y muy regulada hacia el nuevo mundo, entre los siglos XVI y XVIII; una segunda gran oleada en la segunda mitad del siglo XIX y primeros veinte años del siglo XX; y dos grandes movimientos migratorios en el siglo XX:

• Uno de carácter político, el exilio de cientos de miles de derrotados de la guerra civil.

• Otro de carácter económico, en la década de los 60, predominantemente a Centroeuropa y al norte de África. Por tanto, en los últimos 500 años, España (al igual que Europa en general) ha sido un país de inmigrantes.

Desde hace unas décadas, esta tendencia histórica se ha invertido y ahora España es receptora de la inmigración.

No podemos saber qué consecuencias tendrá, pero de momento, destaca el maltrato al inmigrante, pareciendo que hemos perdido nuestra memoria histórica.

Menores migrantes no acompañados

Más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo tiene menos de 18 años. Hay unos 33 millones de niños y niñas que han cruzado fronteras internacionales buscando seguridad u oportunidades. Muchos lo hacen solos(1,2).

La creciente presencia de niños y niñas es una nota distintiva de las crisis humanitarias migratorias en el sur de Europa y en la frontera sur de EE.UU.

Desde 2009, la Eurostat publica el número anual de inmigrantes que llega a cada Estado miembro por edades, junto con los casos de asilo pendientes, las decisiones adoptadas sobre el asilo y los casos que se han retirado(3).

Según la Eurostat, el número de menores no acompañados entre los solicitantes de asilo en Europa aumentó de 10.610 en 2010 a 95.205 en 2015, disminuyendo a 17.890 en 2019. El aumento entre 2010-2015 se atribuye al incremento global del número de solicitudes de asilo en el continente. El 8 % de todas las personas que llegaron a Italia a través del Mediterráneo en 2015 fueron menores no acompañados y subió al 14 % en 2016. Ese año, 9 de cada 10 niños que cruzaron el Mediterráneo fueron menores no acompañados, según UNICEF.

En la frontera entre EE.UU. y México, la Patrulla de Fronteras de EE.UU. detuvo a cerca de 69.000 niños no acompañados en 2014, 40.000 en 2015 y 60.000 en 2016. El 61 % de los menores no acompañados detenidos procedían de El Salvador y Guatemala. Datos recogidos en el Informe Niños y jóvenes migrantes, realizado por el Portal de datos sobre migración (https://www.migrationdataportal.org/).

Menores migrantes no acompañados en España

La población española percibe como una “invasión” la llegada de menores migrantes; sin embargo, según los datos recogidos por UNICEF, la población de menores de edad llegada a España en los últimos años no parece indicar lo mismo, según se señala en la figura 1.

Figura 1. Evolución de llegadas marítimas de menores de edad. Fuente: UNICEF.

La tendencia de llegadas de niños y niñas migrantes no acompañados a España es creciente, sobre todo a partir de 2017, y alcanzó un pico máximo en 2018. En ese momento, el mayor volumen de llegadas se registraba, sobre todo en Andalucía, Ceuta y Melilla.

Desde septiembre de 2019, el foco se ha trasladado a las Islas Canarias y, en 2021, también a Ceuta. A 30 de junio de 2021, hay registrados 8.642, de los cuales 7.265 son de los cinco principales países de origen.

La figura 2 señala el origen y número de los menores migrantes y la Comunidad autónoma a la que han ido a residir.

Figura 2. Origen y número de menores inmigrantes por Comunidad Autónoma. Fuente: UNICEF. Registro de Menores Extranjeros No Acompañados. Ministerio del Interior.

Los datos ponen de relieve la dimensión que ha adquirido el fenómeno en España, pero tienen limitaciones y han de ser tomados en cuenta con cautela:

• No existen datos oficiales de los niños y niñas que entran en nuestro país por vía terrestre de forma irregular, ya que muchos no son detectados.

• El recuento de menores de edad que entran por vía marítima se realiza antes de determinar definitivamente la edad.

• Se usan métodos para determinar la edad con amplios márgenes de error, que dejan a niños y niñas fuera del sistema de protección y de las cifras oficiales.

• Al Registro de Menores Extranjeros No Acompañados del Ministerio del Interior no tienen acceso las entidades públicas de tutela y no sirve para dar seguimiento al proceso de protección, desarrollo e integración social.

Motivos de la migración

Aunque algunos puede que hayan perdido a sus padres o familiares por culpa de la violencia, en muchos de los casos, la familia continúa en el país de origen. Habitualmente, provienen de familias numerosas con pocos recursos. Abandonan a su familia y su país en busca de una oportunidad, de un futuro mejor. En algunos casos, son los “elegidos” por la familia para iniciar la aventura y con sus ingresos mejorar la situación de la familia que allí queda.

Estos niños y niñas migrantes han salido de realidades extremadamente complejas: conflictos en sus países, violencia intrafamiliar, matrimonios forzados o condiciones de exclusión, falta de acceso a servicios básicos y/o discriminación por diferentes motivos(4).

Durante las rutas, a veces de semanas, meses o años, se enfrentan a múltiples riesgos, abusos o violencia.

Protección de los menores migrantes en España

Una vez llegados a España, corresponde a las Comunidades Autónomas garantizar su protección. Aunque se han comprobado avances en este tema, siguen existiendo actuaciones de las entidades públicas, que les colocan en situación de vulnerabilidad y desprotección.

Una de ellas, son las pruebas para identificar su condición de niños. Por norma general, los niños no acompañados no pueden ser expulsados del país ni ser internados en los llamados: “Centros de Internamiento para Extranjeros” (CIES). Si el niño tiene documentación o una apariencia clara de menor de edad, su tutela la ostenta la Comunidad Autónoma, que es quien debe garantizar su protección.

Si el niño no tiene documentación o esta no se considera válida, y hay dudas sobre su edad, el sistema prevé que se le hagan pruebas para determinar la edad, sometiendo a los niños a un uso excesivo de pruebas médicas sin garantías jurídicas suficientes. Además, se trata de pruebas casi siempre radiológicas (radiación), que no dan resultados fiables ni evalúan su madurez psicológica(5).

Si a un niño se le identifica incorrectamente como mayor de edad, ya sea por su apariencia o por un error en las pruebas, queda expuesto a vivir en la calle, ser detenido, expulsado del país o ingresado en un Centro de Internamiento de extranjeros (CIE), lo que implica una privación de libertad en contra de la ley.

Una vez identificado como menor de edad, solo puede (y debe) ser retornado/repatriado a su país, si tras una investigación y valoración, teniendo en cuenta su mejor interés, se concluye que el niño tiene una familia con capacidad e interés para cuidarlo o el país tiene servicios sociales que garanticen el disfrute de sus derechos.

Si el retorno no es posible (algo que ocurre en la mayoría de los casos), el niño pasa a ser tutelado por la Comunidad Autónoma correspondiente, que lo envía a un Centro de primera acogida, de manera temporal, hasta que se decida una solución más duradera. Esta solución más duradera debe ser su hogar hasta que cumpla la mayoría de edad. Puede ser un acogimiento familiar o una residencia/piso, donde son atendidos por personal cualificado.

La dotación de estos pisos o residencias depende en cada caso de los recursos y el enfoque que cada Comunidad Autónoma otorgue a estos servicios de protección. En la práctica, no todas las residencias o alojamientos donde viven estos menores son lugares adecuados para vivir y desarrollarse. El Defensor del Pueblo visita cada año residencias y alojamientos que no reúnen las condiciones necesarias para el cumplimiento de sus derechos.

A día de hoy, hay niños no acompañados viviendo temporal o permanentemente en la calle. Algunos alegan que las condiciones en los centros no son adecuadas.

Cada niño tutelado por la administración pública debe tener un plan individual, donde se detalle la educación que va a recibir en España, y deberían contemplarse medidas específicas de integración para este colectivo.

Sin embargo, aunque en algunas comunidades existen estos planes, el sistema de protección debe avanzar para que esta integración se produzca. Incluso en el ámbito de la educación, hay mucho abandono escolar entre los niños tutelados de origen extranjero, porque tienen problemas con la lengua y con el nivel educativo de base.

Durante la minoría de edad, muchos no consiguen integrarse bien en los colegios y barrios donde viven. Aunque entusiasmo no les falta y algunos cuentan historias de éxito; demasiados factores parecen estar en contra, porque están doblemente marcados por las etiquetas “tuteladosy “MENAS (menores extranjeros no acompa­ñados”.

La legalidad de los menores migrantes no acompañados

La ley orgánica 4/200, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, establece en el artículo 35, apartado 7, que: “se considerará regular, a todos los efectos, la residencia de los menores que sean tutelados en España por una Administración Pública o en virtud de resolución judicial, por cualquier otra entidad. A instancia del organismo que ejerza la tutela y una vez que haya quedado acreditada la imposibilidad de retorno con su familia o al país de origen, se otorgará al menor una autorización de residencia, cuyos efectos se retrotraerán al momento en que el menor hubiere sido puesto a disposición de los servicios de protección de menores. La ausencia de autorización de residencia no impedirá el reconocimiento y disfrute de todos los derechos que le correspondan por su condición de menor”.

Sin embargo, los procesos y trámites legales, en torno a la acogida y tutela, dificultan una plena integración de los menores; existen grandes trabas en el acceso a la documentación, y también a la formación y al mercado laboral. La emancipación se convierte en un objetivo muy difícil de alcanzar, y la mayoría de edad puede llegar a suponer para ellos y ellas, un determinante para el resto de sus vidas.

A los factores de vulnerabilidad y exclusión social anteriores, hay que sumarles: la falta de conocimiento del idioma, un nivel académico limitado, el desarraigo familiar y el aislamiento social una vez que llegan a España. Si los itinerarios de integración no se hacen correctamente, al llegar a la mayoría de edad, el riesgo de caer en situaciones muy graves de exclusión social es muy alto(6).

Y a todo ello, hay que sumarle una opinión pública muy negativa y poco informada sobre el tema.

Discriminación y racismo hacia los menores migrantes

La criminalización hacia los menores migrantes es una constante por parte de los medios de comunicación (haciéndoles responsables de un aumento no real de criminalidad en los barrios donde residen), pero también por parte de ciertos partidos políticos (que se manifiestan en la puerta de los centros donde residen o haciéndolos falsos receptores de las ayudas públicas en detrimento de la población autóctona).

También, por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que, a pesar de algunos progresos, siguen realizando paradas por perfil étnico.

Estos menores, que provienen de situaciones de peligro, son vivenciados por nuestra sociedad como menores peligrosos.

Para la reflexión

El grupo más numeroso de menores que migran solos a Europa lo hacen desde el continente africano.

Un continente rico en materias primas (Fig. 3) que, desde la época de la colonia, ha sido expoliado, para satisfacer las necesidades de los países más ricos del mundo y que ha imposibilitado que África pueda alcanzar niveles de desarrollo razonables, que permitan a su población satisfacer sus necesidades más básicas.

Figura 3. Riquezas de África.

Si nos preocupa la llegada de menores migrantes no acompañados, tal vez sea hora de pensar en un reparto más justo de los recursos, que permita a estos jóvenes continuar su vida en su país de origen, junto a sus familias, con un proyecto de futuro viable.

Bibliografía

1. Revilla M, Aguelo P, Alonso A, Ayuso A, Duque-Páramo MC, Garay LJ, et al. Infancia, juventud migraciones. Una mirada para la cooperación internacional. Fundación Carolina. Siglo XXI. 2011. Disponible en: https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2021/07/SXXI-FC-4.pdf.

2. Fanjul G, Gálvez I, Zuppiroli J. Informe: Crecer sin papeles en España. PorCausa y Save the Children. 2021. Disponible en: https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-02/Crecer_sin_papeles_en_Espana_SC_PC.pdf.

3. Child and young migrants. Migration Data Portal. Disponible en: https://www.migrationdataportal.org/themes/child-and-young-migrants.

4. Rinaldi P. Menores migrantes no acompañados en España e Italia: la aplicación del principio del interés superior del niño. Universidad de Granada. 2021. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=303190.

5. Somos niños, ¡escúchanos! Los niños se pronuncian sobre la evaluación de la edad. Consejo de Europa / Programa Construir una Europa con y para los niños. 2019. Disponible en: https://www.coe.int/en/web/children.

6. Castellano N. Documental “M”, producido por la Diputación de Cádiz. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=vOTxIVJiv2w.

10 Cosas que deberías saber sobre… el abordaje del inmigrante a su llegada

 
10 Cosas que deberías saber sobre… el abordaje del inmigrante a su llegada

 

J.A. Soler Simón, S. Criado Camargo, L. García Espinosa, M. García Boyano


No existe una definición universalmente aceptada para el concepto médico de inmigrante.

Aquellos que sufren condiciones adversas socioeconómicas, un acceso limitado a la educación y/o a la salud, y/o exposición a la violencia, precisan una atención especial, siendo importante abordar estos factores.

Los refugiados, por haberse visto forzados a huir de su hogar debido a la violencia, la persecución o el temor a esta, y los
menores extranjeros no acompañados, tienen un riesgo mayor.

Por la Convención sobre los Derechos del Niño, los niños migrantes tienen los mismos derechos que los demás, incluido el acceso a la salud.

Tanto la vacunación como las revisiones sistemáticas de salud, deben corregirse y/o realizarse adaptadas a la edad del paciente y a sus antecedentes.

La menor edad del paciente, la mayor prevalencia en el país de origen y la ausencia de realización durante el embarazo, deben guiarnos a realizar el cribado serológico de VIH, sífilis, VHB, VHC y enfermedad de Chagas.

Las pruebas del talón están justificadas en aquellos que carezcan de ellas, sobre todo en menores de 6-12 meses; una alternativa es solicitar únicamente TSH.

La anemia y la ferropenia son frecuentes, se puede solicitar hemograma +/- perfil férrico en aquellos procedentes de países con alta prevalencia, sobre todo en preescolares y adolescentes postmenárquicas con dietas pobres en hierro.

La esquistosomiasis urinaria se puede cribar mediante sistemático de orina en procedentes de zona endémica (África y Oriente Medio); las parasitosis intestinales en caso de diarrea; y la malaria, solo si fiebre, especialmente en el primer mes desde la llegada.

Si se usa el test de Mantoux para cribar la infección tuberculosa latente, debemos recordar que son causas de falsos negativos: la malnutrición, algunas infecciones, las vacunas atenuadas y el periodo ventana (12 semanas).

 

Para saber aún más…

- Schrier L, Wyder C, del Torso S, Stiris T, von Both U, Brandenberger J, et al. Medical care for migrant children in Europe: a practical recommendation for first and follow-up appointments. Eur J Pediatr. 2019; 178: 1449-67.

- García Ascaso MT, Soler Simón JA, García López Hortelano M; Grupo de trabajo de Cooperación Internacional y Patología Importada de la SEIP. Atención sanitaria de niños procedentes de Ucrania (desde el punto de Salud Pública y Enfermedades Infecciosas). Disponible en: https://www.seipweb.es.

- Masvidal Aliberch RM, Canadell Villaret D. Atención al niño y la niña inmigrantes. En: Guía de Algoritmos en Pediatría de Atención Primaria. Disponible en: https://algoritmos.aepap.org/algoritmo/68/atencion-al-nino-y-la-nina-inmigrantes.

 

 

Niño con múltiples patologías / patología compleja

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M. García Fernández de Villalta, A. Rodríguez Alonso

Unidad de Patología Compleja. Hospital Universitario Infantil La Paz. Madrid. Miembros de la Sociedad Española de Pediatría Interna Hospitalaria (SEPIH) y del Grupo de Trabajo del Paciente Crónico Complejo

Resumen

Los niños con patología crónica compleja tienen enfermedades crónicas significativas, generalmente con afectación multisistémica, limitaciones funcionales y necesidad de tecnología. Esto implica que se trate de un grupo de pacientes con un alto consumo de recursos sanitarios y educativos. Es frecuente que asocien condicionantes psicosociales que influyen considerablemente en su calidad de vida. Aunque se estima que comprenden menos de un 1 % de la población pediátrica, representan el 30 % de todos los costes de atención médica de esta población y más del 80 % del gasto en hospitales infantiles. En las últimas décadas, su prevalencia ha aumentado en todos los países desarrollados, en relación al avance de la tecnología y la especialización en sus cuidados. Son un paradigma de la necesidad de nuevos modelos de atención que permitan atenderlos de una manera adecuada, integral, coordinada y eficiente. El Pediatra de Atención Primaria, es una figura clave para cualquier modelo de atención que se considere integral, continuo, accesible y de calidad para estos niños.

 

Abstract

Children with medical complexity have significant chronic health conditions, generally multisystemic, with a high need for specialized medical and educational care, significant functional limitations that often require life support technology, and a high use of health resources, in general. It is common for them to associate other psychosocial conditions that considerably influence their quality of life. Although they comprise less than 1 % of the pediatric population, they account for approximately 30 % of all pediatric healthcare costs and more than 80 % of children’s hospital expenses. In the last decades, this population has increased in all developed countries, in relation to the advancement of technology and specialization in their care. They are a paradigm of the need for new care models that allow them to be attended to in an adequate, comprehensive, coordinated and efficient manner. The Primary Care Pediatrician is a key figure for any care model that is considered comprehensive, ongoing, accessible and of quality for these children.

 

Palabras clave: Patología crónica compleja; Enfermedades crónicas múltiples; Niño con complejidad médica; Hogar médico; Modelos de atención.

Key words: Complex chronic pathology; Multiple Chronic Conditions; Children with medical complexity; Medical Home; Managed Care Programs.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 216 – 225

 


OBJETIVOS

• Definir e identificar a los niños con patología crónica compleja (NPCC).

• Conocer las principales características, necesidades y dificultades en los cuidados de los NPCC.

• El papel del pediatra referente en Atención Primaria y Hospitalaria. Actividades específicas a desarrollar. La importancia de la coordinación asistencial.

• Modelos de atención. Realidades y retos en España.

 

Niño con múltiples patologías / patología compleja

Introducción

La prevalencia de los niños con patología crónica compleja (NPCC) ha aumentado en las últimas décadas. Su atención está fragmentada y es poco eficiente, lo que supone un perjuicio para estos pacientes. Garantizar su atención integral es un reto para los sistemas de salud y una necesidad imperiosa para los NPCC.

Los avances en la atención pediátrica han permitido reducir la mortalidad infantil y aumentar la supervivencia de niños con enfermedades graves, lo que ha significado un incremento del número de niños con patología crónica, en ocasiones, con discapacidad de por vida, con mayor fragilidad y complejidad médica(1).

Entre los niños con enfermedades crónicas, que suponen un 10-15 % de la población infantil, hay un subgrupo de pacientes que, siendo relativamente poco prevalente (menos de un 1 % de la población pediátrica), origina entre el 30-40 % del gasto sanitario de esa población y hasta un 80 % del gasto sanitario en hospitales pediátricos(1-3). Este grupo es el formado por los niños con patología crónica compleja (NPCC)(4) o médicamente complejos (NMC), en inglés children with medical complexity (CMC)(2).

Estos menores presentan una alta morbimortalidad, asociada a sus propias enfermedades crónicas, pero también en relación a otros factores derivados de la atención que reciben por parte del sistema, que se encuentra fragmentada y con déficits importantes. Estos pacientes representan un gran reto de comunicación y coordinación para los distintos niveles de atención en todos los ámbitos: Atención Primaria, Hospitalaria, colegios, centros de rehabilitación, etc.

Los NPCC tienen más riesgo de sufrir errores médicos, así como efectos adversos relacionados con la medicación, ingresos más prolongados y mayor número de infecciones asociadas con la atención sanitaria(5). Además, en la mayoría de los casos, asocian problemas sociales relevantes, al diagnóstico o evolutivamente(6), con cuidadores con un alto grado de sobrecarga y estrés.

Esta población es muy heterogénea, pero todos comparten la necesidad de un abordaje diferente al estándar, con nuevos modelos dirigidos a ofrecer una atención integral, continua, accesible, centrada en el paciente y su familia, y coordinada entre todos los niveles del sistema sanitario, educativo y social.

Definición

Aunque no existe una definición universalmente aceptada, los NPCC podrían definirse como: aquellos que padecen enfermedades crónicas significativas, generalmente con afectación multisistémica, necesidad de atención médica y educativa especializadas, limitaciones funcionales importantes, alto consumo de recursos sanitarios y necesidad de tecnología médica. Su identificación es un reto en sí mismo.

No hay una definición universalmente aceptada de lo que son los NPCC, ni de exactamente cómo llamarlos: niños con patología crónica compleja, niños con complejidad médica, niños con fragilidad médica o niños dependientes de tecnología, entre otros.

A nivel internacional, desde el siglo pasado, ya se definió el concepto de niños con necesidades especiales de salud, en inglés Children with Special Health Care Needs (CSHCN), como aquellos que tienen mayor riesgo de presentar o presentan una enfermedad crónica, física, mental, emocional o del desarrollo, y que consumen mayor cantidad de servicios de salud que el resto de la población pediátrica general(7).

Dentro de esta población, existe un subgrupo de pacientes caracterizado por una mayor fragilidad y un mayor consumo de recursos sanitarios. Aunque son un grupo muy heterogéneo, asociando diversas enfermedades crónicas, en diferentes aparatos o sistemas, comparten unas características comunes. Estos pacientes serían a los que nos referimos con NPCC(4).

Cohen et al. describieron cuatro características fundamentales para definir a estos pacientes(8):

1. Paciente con alguna condición médica que puede esperarse razonablemente que dure, al menos, 12 meses, involucre a diferentes sistemas o a uno solo, pero lo suficientemente grave como para requerir atención pediátrica especializada y, probablemente, un cierto período de hospitalización en un centro de atención terciaria.

2. Limitaciones funcionales importantes.

3. Necesidad elevada de recursos de salud y educacionales.

4. Uso frecuente del sistema sanitario.

Aunque estas características recogidas por Cohen describen bastante bien a los niños con patología crónica compleja, es importante añadir que estos niños suelen tener otros condicionantes de salud que afectan a su calidad de vida, como los problemas sociales, emocionales y psicológicos, tanto del niño como de su familia(6). Estos problemas se presentan con mayor prevalencia en esta población, debido a múltiples factores (problemas económicos derivados de la pérdida de empleo de alguno de los cuidadores, disminución de los ingresos familiares, aumento de los gastos, estrés, ansiedad, aislamiento social, ocio escaso, claudicación del cuidador, etc.).

En la literatura médica de los últimos años, han ido surgiendo diferentes términos y definiciones para referirse a esta población de niños que es cada vez más numerosa, que consume tantos recursos y que se caracteriza por: presencia de enfermedades crónicas, discapacidad a largo plazo, necesidad de tecnología, complejidad y fragilidad. Dentro de los términos más extendidos están algunos como “children with medical complexity”(2) o “medically complex children”(5). En este sentido, sería conveniente conseguir unificar la nomenclatura a utilizar para referirnos a estos pacientes. Además, desde nuestra perspectiva, sería mejor considerar un término que no solo hable de la complejidad médica (“niño con patología crónica compleja”, “niño médicamente complejo” o “niño con complejidad médica”), sino que recoja un sentido más amplio de su complejidad en todas las esferas de salud (social, psicológica…). Recientemente, se ha propuesto el uso de un término más holístico en inglés como el de “children with health complexity”(6) (en castellano “niños con problemas complejos de salud”). Independientemente del nombre que utilicemos para referirnos a este grupo de pacientes, sería importante que el término hiciera referencia a su complejidad global y no solo a su complejidad médica.

Identificación

Existen diferentes modelos de identificación, la mayoría basados en definiciones operacionales, que identifican a diferentes cohortes de NPCC, pero que han demostrado ser de utilidad.

A lo largo de estas últimas décadas, se han publicado distintos sistemas de identificación y clasificación con diferentes enfoques. La mayoría de las clasificaciones se han basado en definiciones operacionales para distribuir recursos y organizar programas específicos de atención(3,4). Los siguientes modelos que exponemos se han mostrado útiles para identificar diferentes cohortes de NPCC:

1. Modelo de Feudtner et al.(9), que clasifica a los NPCC según los códigos diagnósticos de las enfermedades crónicas complejas que presenten en diferentes categorías crónicas complejas (CCC), como son: respiratoria, neuromuscular, renal, gastrointestinal, cardiovascular, metabólica, hematoinmunológica, neoplasias, otros defectos congénitos o genéticos, neonatal, dependencia de tecnología y trasplante. Se define enfermedad crónica compleja como: “cualquier enfermedad médica que pueda esperarse razonablemente que dure, al menos, 12 meses (a menos que fallezca antes) e involucre a diferentes sistemas o a un solo sistema, de manera lo suficientemente grave como para necesitar atención pediátrica especializada y, probablemente, algún periodo de hospitalización en un centro de tercer nivel”. La última actualización de este sistema de clasificación, publicada por Feudtner et al., incluye los códigos diagnósticos y de procedimientos según la “Clasificación Internacional de Enfermedades 10” (CIE-10)(9).

2. Modelo del Seattle Children´s Hospital(10): Algoritmo de Complejidad Médica Pediátrica. Clasifica a los niños en tres niveles de complejidad: niños con patología no crónica, niños con patología crónica no compleja y niños con patología crónica compleja.

3. Algoritmo de Niños con Discapacidades. Contiene 669 códigos CIE-9 clasificados con una probabilidad >=75 % de indicar discapacidad(11).

4. Grupos de Riesgo Clínico (GRC). Desarrollado por el 3M Health Information Systems(12), se trata de un sistema basado en diagnósticos, que clasifica a los pacientes en 9 categorías mutuamente excluyentes. Los NPCS serían aquellos comprendidos desde el grupo 5b al 9 (Tabla I)(13).

tabla

 

5. Algoritmo de cribado para identificar niños con complejidad médica en el punto de atención clínico(12). Consta de dos pasos:

• Identificar a los niños con necesidades especiales de salud, con el CSHCN Screener(12), mediante datos obtenidos de la historia clínica de los últimos 12 meses.

• Una vez identificados los niños con necesidades especiales de salud (una o más de una respuesta afirmativa en los 5 ítems que definen al niño con necesidades especiales de salud), se debe identificar, dentro de este grupo, a los niños con complejidad médica. Para ello se debe responder de manera afirmativa a cada una de las siguientes cuestiones:

- Alto consumo de recursos (>=2 ingresos, >=1 ingreso en Cuidados Intensivos o >=6 visitas a urgencias en los últimos 12 meses).

- Asistencia con tecnología médica de forma crónica (sonda de alimentación, válvula de derivación ventriculoperitoneal, traqueostomía, catéter venoso central, ventilación mecánica domiciliaria…).

- Haber sido valorado por 3 o más subespecialistas en los últimos 3 meses.

- >=4 respuestas afirmativas en el Children with Special Health Care Needs Screener.

6. Escala PedCom(14). Se trata de la primera escala numérica diseñada de manera específica para la identificación del niño con patología crónica compleja. Se basa en un sistema de puntuación de diferentes ítems (Tabla II), que recogen aspectos esenciales y necesidades de este tipo de pacientes. Los ítems se evaluaron de 0,5 a 4 puntos, por un grupo de expertos. Con el corte en 6,5/27 puntos, detectaron una sensibilidad de un 98 % y especificidad del 94 % para detectar NPCC en su estudio.

tabla

 

Epidemiología

En España no hay datos de la prevalencia de esta población. En las Islas Baleares la sitúan en un 1,4 %. En EE.UU., los NPCC comprenden entre un 0,5-5 % de la población infantil. Representan el 30-40 % de todos los costes de atención médica pediátrica, el 50 % de los pacientes hospitalizados y más del 80 % de los gastos de hospitales infantiles.

Los primeros datos de prevalencia comunicados de los NPCC han sido en EE.UU., donde las entidades aseguradoras reconocieron a esta población como prioritaria para su identificación, en relación a la elevada necesidad de recursos destinados para su cuidado y de los costes asociados(2).

En EE.UU., la prevalencia de niños con necesidades especiales de salud (CSHCN) varía, según la edad, entre un 8-18 %(5). Dentro de este grupo están los NPCC, que comprenden entre un 0,5-5 %, según las series. Se estima que los NPCC representan un 30-40 % de todos los costes de atención médica pediátrica, el 50 % de los pacientes hospitalizados, el 80 % de los días de hospitalización y el 86 % de los costes en los hospitales infantiles(3).

En España, se han comunicado datos descriptivos de series aisladas hospitalarias y de Atención Primaria(4,15). Además, recientemente la Consejería de Salud de las Islas Baleares ha comunicado una prevalencia aproximada de NPCC, con datos administrativos de Atención Primaria y Hospitalaria, de un 1,4 %(16).

Principales características y necesidades médicas de cuidados. Problemas habituales en su atención

Los NPCC son una población muy heterogénea y su atención se caracteriza por estar fragmentada, con problemas importantes en la comunicación y coordinación entre los distintos ámbitos asistenciales.

Los NPCC son niños con un elevado número de visitas a los servicios de urgencias e ingresos, tanto en la planta de hospitalización como en unidades de cuidados intensivos, con estancias hospitalarias prolongadas. Además, suelen precisar algún tipo de soporte tecnológico y recibir tratamiento con un gran número de fármacos. Todo ello favorece que sean pacientes con un riesgo alto de sufrir errores médicos y eventos adversos en relación con la medicación. La mayoría de los errores que sufren estos pacientes son errores que se podrían evitar mejorando la coordinación entre los diferentes profesionales que participan en su atención. Los factores psicosociales condicionan el pronóstico y la calidad de vida de los NPCC.

Los NPCC son una población muy heterogénea, que frecuentemente padecen enfermedades raras(17) y que precisan atención por parte de múltiples especialistas, con un alto consumo de recursos y una atención fragmentada. Su complejidad es dinámica y no todo paciente crónico complejo se mantiene en esta situación de complejidad toda su vida.

A pesar de ser una población muy diversa, todos comparten una serie de características comunes como:

Alto número de ingresos, generalmente prolongados y con mayor necesidad de estancias en cuidados intensivos(8). De hecho, en este entorno, entre un 50 % de los ingresos precisan estancias más largas y mayor necesidad de dispositivos. Entre un 50 %, según las series, de los ingresos de los NPCC son por cirugías programadas y el 30 % por problemas médicos, fundamentalmente por infecciones respiratorias(18). Además, presentan altas tasas de reingresos que, en algunas series, llegan hasta el 25 %(19). Esta tasa, para muchos médicos que trabajamos con NPCC, no siempre debería ser considerada como indicador de mala calidad de atención para estos pacientes, como es considerada en la actualidad. Las altas breves a domicilio, entre procedimientos diagnósticos, cirugías…, pueden ser “respiros domiciliarios”, de gran valor para los niños y sus familias.

Necesidad de soporte tecnificado. Entre un 30-70 % de estos niños tiene algún tipo de dispositivo médico domiciliario(3,4). Los soportes de tipo respiratorio (oxigenoterapia, traqueostomía…) y nutricional (gastrostomías, gastroyeyunostomías…) son los más frecuentes. Los problemas con dispositivos médicos son responsables de hasta el 30 % de las visitas a urgencias de estos pacientes y hasta del 15 % de los ingresos(12).

Necesidad de un número importante de cirugías(20). Los procedimientos quirúrgicos son la causa de casi el 50 % de los ingresos programados.

Elevado número de visitas a los servicios de urgencias. Los NPCC son responsables de más del 20 % de las visitas a urgencias y, además, ingresan en mayor proporción que el resto de la población pediátrica(12).

El uso de múltiples fármacos en su tratamiento es habitual(21). El riesgo de errores (de dosificación prescripción, administración…), así como de efectos adversos (por interacciones…) es muy alto. Además, muchas medicaciones se administran por canales diferentes al estándar (p. ej.: sondas nasoyeyunales) con diferente farmacocinética y efecto terapéutico, a considerar.

Presentan una alta tasa de errores y de eventos adversos relacionados con la atención sanitaria(5,6). Estos errores no solo se producen en relación al uso de medicación(21), sino también en relación con las hospitalizaciones (mayores tasas de infecciones asociadas con la asistencia sanitaria…) y con otros momentos de su atención (transferencias incompletas, riesgos durante los traslados…). Además, pese a que estos niños tienen un mayor riesgo, tanto de adquirir infecciones como de que estas empeoren su evolución, presentan peores tasas de vacunación, tanto de vacunas sistemáticas como de aquellas adicionales recomendadas por su enfermedad de base (gripe, neumococo, meningococo, varicela, hepatitis A, etc.). En un trabajo descriptivo, en una unidad para NPCC a nivel nacional(20) solo un 11 % de los niños estaba adecuadamente vacunado.

Los profesionales que atienden a estos niños deben contar con una capacitación específica(3,5,22), que englobe diversos aspectos, tanto el tratamiento de enfermedades minoritarias, como el manejo de diversos dispositivos tecnológicos: traqueotomías, sondas de alimentación, catéteres y sistemas de alimentación, ventiladores domiciliarios, etc.

Necesidad de cuidados paliativos pediátricos. Los NPCC presentan afecciones reconocidas dentro de los grupos subsidiarios de recibir cuidados paliativos pediátricos descritos por la Association for Children with Life-threatening or Terminal Conditions (ACT)(12). Dependiendo de la fase de la enfermedad en la que se encuentren y de su complejidad (Fig. 1), precisarán diferentes niveles de atención (nivel 1-enfoque paliativo, nivel 2-cuidados paliativos generales, nivel 3-cuidados paliativos especiales). Este último nivel está dirigido a enfermedades y situaciones muy complejas que precisen atención por servicios especializados en cuidados paliativos pediátricos.

figura

Figura 1. Fases de la enfermedad. Elaboración a partir de: García de Paso Mora M. Programa de Atención a Niños, Niñas y Adolescentes con Enfermedades Crónicas Complejas: Tejiendo puentes para sus cuidados. Palma: Servicio de Salud de las Islas Baleares. 2019.

La mortalidad de estos pacientes es alta, entre 8-10 %, anual, dependiendo la serie(3,4). Además, pese a que ha disminuido la mortalidad de los NPCC, estos suponen alrededor de un 25 % de los adolescentes que fallecen(12). Habitualmente, estos pacientes fallecen en los hospitales, pero, gracias a unidades de cuidados paliativos, ha aumentado el número que fallece en domicilio(12).

Problema psicosocial. En la mayoría de las familias, uno de los padres deja de trabajar para poder cuidar. Esto puede conllevar una disminución en los ingresos de la familia que, además, debe hacer frente a múltiples gastos (gafas, ortesis, medicación, terapias, desplazamientos…) que, o no están financiados por el Sistema Nacional de Salud, o lo están solo parcialmente. Además, las familias, presentan altas tasas de aislamiento del entorno, estrés y depresión, con riesgo de claudicación en los cuidados. Todo esto repercute en la calidad de vida de los NPCC y de sus familias(3,23).

Necesidad de atención coordinada entre los diferentes sistemas asistenciales. Los NPCC necesitan contar con un médico responsable, que actúe como referente de su atención. La atención descoordinada y fragmentada se documenta como causante de casi el 60 % de los errores en su atención, que se podrían evitar mejorando la coordinación(5).

Problemas en la transición a servicios de adultos(12). Cada vez más, un mayor número de niños con patología crónica compleja alcanza la edad adulta. Sin embargo, no existen, a nivel nacional, planes de transferencia estandarizados para una transición desde servicios pediátricos a servicios de adultos en Atención Hospitalaria ni en Atención Primaria. Los problemas habituales en el proceso de transición son, entre otros: la ausencia de un plan de transición, la dificultad para encontrar un homólogo en los servicios de adultos, las barreras de los profesionales (recursos y tiempo insuficientes para coordinar la atención de este tipo de pacientes, la falta de formación en el manejo de enfermedades complejas de origen pediátrico…) y los miedos y reticencias del paciente y de las familias al cambio.

La importancia de la coordinación en su atención

Los NPCC reciben una atención fragmentada y poco coordinada. Los modelos de atención deben enfocarse en garantizar una atención que sea accesible, continua, centrada en el paciente y su familia, coordinada, integral, compasiva y culturalmente efectiva. El pediatra es el médico responsable del paciente y debe actuar como referente y coordinador de su atención.

Como hemos comentado, la atención de estos pacientes se encuentra fragmentada y poco coordinada. Los sistemas sanitarios tradicionales no pueden dar respuesta a las necesidades de estos niños y sus familias y, pese a que en las últimas décadas se están desarrollando programas específicos para su atención, hay mucho que andar en este sentido.

Desde el siglo pasado, se viene hablando de un modelo de atención que busca dar respuesta a las necesidades de los NPCC, conocido como “hogar médico”. Este sería aquel entorno que facilita una atención accesible, continua, centrada en el paciente y la familia, coordinada, integral, compasiva y culturalmente efectiva(12).

En el desarrollo de este modelo, es imprescindible que surjan las figuras de referencia y coordinación entre los diferentes sistemas de atención. Ahí es donde el pediatra de Atención Primaria y de Hospitalaria entran a relacionarse para garantizar una atención coordinada, accesible y de calidad. La comunicación y la gestión de la información son aspectos claves para ello. El papel de ambos referentes variará, según el curso de la propia enfermedad y del momento vital del paciente, teniendo cada uno, mayor o menor peso (Fig. 1).

Diferentes modelos de coordinación entre distintos niveles asistenciales han demostrado reducir la hospitalización de estos pacientes y el gasto hospitalario, mejorando la calidad de vida de familiares y pacientes(3).

Funciones del pediatra hospitalario referente

• Coordinación con todos los proveedores de atención: especialistas, pediatra de Atención Primaria, enfermería (hospitalaria, de enlace, de primaria, escolar), trabajadores sociales, fisioterapeutas, logopedas, psicólogos…

• Asistencia médica directa o como consultor de los NPCC en los ingresos (dependerá del centro y recursos) y de manera ambulatoria.

• Organización de reuniones multidisciplinares para consensuar planes de atención entre los diferentes profesionales, el paciente y la familia.

• Fomentar modelos de trabajo en equipo y consultas coordinadas de especialistas.

• Supervisar la capacitación del paciente y su familia, así como establecer y organizar qué recursos materiales y terapéuticos necesita cada paciente, junto con la enfermera gestora de casos.

• Realizar labores de formación y capacitación para profesionales.

• Garantizar una adecuada comunicación y transmisión de información entre los diferentes profesionales y con el paciente y su familia.

• Liderar iniciativas para mejorar la atención de los NPCC en su entorno.

• Superar barreras del propio sistema sociosanitario (gestión de agendas compartidas, documentación específica, sistemas de comunicación…).

• Dedicar tiempo al autocuidado. Se documentan altas tasas de “desgaste” en la atención de los NPCC.

Función del pediatra de Atención Primaria

La visión global del paciente por parte del pediatra de Atención Primaria, así como su posición privilegiada de accesibilidad, son fundamentales para la atención de los NPCC.

El pediatra de Atención Primaria (AP) puede atender múltiples necesidades de los NPCC y coordinarse con el médico de familia y con el referente hospitalario. Puede orientar y tratar algunos problemas médicos, evitando realizar pruebas complementarias innecesarias, duplicadas y reducir la atención de estos pacientes en los servicios de urgencias. Su conocimiento sobre los aspectos sociales puede ayudarle a detectar, atender, sostener y conectar mejor con las familias de estos pacientes, pudiendo incorporar a hermanos, abuelos y otros cuidadores en los planes de cuidados.

Los nuevos modelos sanitarios dan importancia a la experiencia del paciente en su atención(3,6). Los familiares/cuidadores de NPCC destacan, como aspectos muy relevantes, que la atención sea próxima, continua y coordinada(22). Es el pediatra de primaria quién puede dar mejor respuesta a estas cuestiones.

En un estudio publicado por Monroy et al.(23), se evaluó la percepción de familiares y pediatras de AP sobre diferentes cuestiones en relación a la atención de los NPCC. La encuesta a los familiares reveló descoordinación entre los diferentes niveles asistenciales (73,6 %), escasa confianza en el primer nivel asistencial e impresión de poca capacidad de resolución de problemas por parte del pediatra de AP (50 %). Entre los médicos de AP, destaca la poca formación para el seguimiento de los NPCC (96,5 %), escasa experiencia en su manejo (93 %) e insuficiente comunicación con el hospital (80,5 %). Las familias reconocen, mayoritariamente, la cercanía y buena relación con el pediatra (85 %), y la facilidad de acceso a la AP (79 %). La falta de tiempo en las consultas es un problema común percibido por pediatras y pacientes. El trabajo concluye que existe una buena disposición por parte de AP para mejorar el manejo de los NPCC y afirma que son necesarias intervenciones que mejoren, tanto la coordinación AP-hospital como la formación y capacitación específica de los pediatras de Atención Primaria en sus cuidados.

Varios estudios que analizan las distintas soluciones para mejorar la carga del cuidador y el estrés asociado al cuidado, concluyen que son necesarios modelos combinados de atención entre el hospital y la comunidad(3,6). Formulan que, a corto plazo, las intervenciones deberían perseguir dar respuesta a las necesidades identificadas por las familias y, a largo plazo, consolidar un Sistema de Salud que asegure la provisión de una gama de intervenciones integradas que garanticen la continuidad completa de la atención de estos pacientes(6).

Actuaciones específicas que puede desarrollar el pediatra de AP

Identificar al paciente e incluirlo en un sistema de registro consensuado.

Mostrarse accesible y en actitud de escucha.

Conocer las necesidades de cada niño (físicas, psicológicas, educativas, sociales, etc.).

Conocer qué especialistas precisan para su atención, derivarlo, si necesitase, e identificarlos para su contacto (quién, dónde y cómo contactar en caso de descompensación). Derivarlo si es necesario.

Conocer si tiene un “referente hospitalario”. La mayoría de las veces no existe, pero sí la de un especialista más involucrado que es accesible para el contacto.

Valoración psicológica. Dar apoyo y derivar si es necesario.

Evaluar aspectos sociales. Ofrecer y dar respuesta sobre diferentes gestiones para la solicitud de ayudas y recursos socioterapéuticos. Derivar a Trabajo Social, si es necesario.

Facilitar, conciliar y supervisar las medicaciones. Ayudar a conciliar horarios de medicación. Supervisar pautas, interacciones y vías de administración. Interconsultar a Farmacia hospitalaria, oficinas de farmacia o a los propios referentes hospitalarios, en caso de duda. Revisar y actualizar las medicaciones crónicas, fórmulas de alimentación especiales y productos.

Orientar en los horarios de alimentación, terapias, deporte, ocio, etc. Muchas veces estos pacientes se ven envueltos en una dinámica de hiperactividad, con horarios imposibles para administrar la medicación, alimentación y cuidados indicados por todos los especialistas. Ayudarles a priorizar aquellas medidas imprescindibles y dejando aquellas, con menor evidencia, más costosas o difícilmente sostenibles en el tiempo. Todo esto ayuda muchísimo a estas familias, que se encuentran desbordadas y con dificultades en la gestión eficiente del tiempo y recursos.

Coordinarse con:

- La Enfermera Pediátrica en Primaria y con la figura de Enfermera de Enlace Hospitalaria, para garantizar la gestión de recursos y supervisión de cuidados y medidas preventivas.

- El referente hospitalario y participar en la elaboración de planes de atención.

- El colegio y con otros centros o proveedores de la comunidad.

• No dejar de hacer aquello que habitualmente forma parte de las competencias de un pediatra de primaria: dar pautas de prevención de riesgos, de salud bucodental, revisar el estado de inmunización y asesorar sobre las vacunas recomendadas por su enfermedad de base y comorbilidades asociadas, etc.

 

Tras todo lo comentado, se puede entender la necesidad del papel del pediatra de Atención Primaria como médico coordinador, responsable del paciente, integrador de un modelo centrado en el paciente y su familia, con enfoque comunitario, donde tengan cabida todos los profesionales de la salud, de la escuela y del ocio que se relacionan con el niño (Fig. 2).

figura

Figura 2. Modelo integrador para los NPCC. Modelo integrador para los niños con patología crónica compleja (NPCC) y sus familias, con todos los proveedores de servicios. Elaboración propia.

Retos en la implantación de modelos para mejorar la atención de los NPCC

Los NPCC son el paradigma de necesidad de cambio de los modelos tradicionales de atención del Sistema Nacional de Salud.

Actualmente, la atención de los NPCC se organiza de forma desigual dentro del territorio nacional. Solo en algunos hospitales y algunas comunidades autónomas existen unidades específicas, de reciente creación, como son: las unidades de atención domiciliaria pediátrica, las unidades de cuidados paliativos pediátricos o las unidades hospitalarias de pacientes con patología crónica compleja(4). No creemos que exista un modelo aislado mejor que otro, sino que son modelos que deben complementarse e interrelacionarse de una manera amplia, para garantizar una atención integral y donde el paciente, su familia y los profesionales puedan interactuar con facilidad.

Los diferentes modelos tienen que dar respuesta a las necesidades globales del niño y su familia, y no solo atender a las necesidades médicas. Precisan cambiar las rutas asistenciales habituales, mejorando las herramientas de comunicación y la coordinación entre recursos asistenciales y no asistenciales. Deben facilitar el acceso a los activos de salud de hospitalaria, primaria y la integración en la comunidad, en el ámbito educativo y en el ocio.

Desde el aspecto de la gestión, se necesitan nuevas herramientas de medida de calidad de atención, no solo enfocadas en reducir costes directos de la enfermedad, días de ingreso, visitas a urgencias…, sino que atiendan aspectos para mejorar la calidad de vida de estos pacientes y su familia.

La existencia de estos NPCC y la detección de sus necesidades complejas ha sido, en estas décadas, el origen de la creación de distintos programas en todo el mundo. A nivel nacional, las primeras iniciativas, surgen para dar respuesta a una realidad y cohorte concreta de pacientes(4). En los últimos años estas iniciativas locales están siendo reforzadas desde las diferentes Consejerías, con el desarrollo de programas de atención para los NPCC, por ejemplo el publicado en las Islas Baleares(16).

En España, la transferencia de la Sanidad en las distintas autonomías vuelve a poner una barrera para la equidad en la atención de estos niños. Se precisa de un programa integral consensuado, a nivel nacional, como marco de encuadre.

Por último, debemos generar evidencia sobre los modelos implantados, que permita racionalizar la gestión de recursos y garantice que estos programas puedan ser sostenibles en el tiempo.

Conclusiones

Los NPCC son una población creciente que reta a los profesionales e instituciones a cambiar los modelos tradicionales de atención, para poner el foco en sus necesidades globales. Todos los profesionales que los atendemos tenemos un papel. El pediatra de Atención Primaria, como referente comunitario de los NPCC, es fundamental.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de las autoras.

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3. Murphy NA, Alvey J, Valentine KJ, Mann K, Wilkes J, Clark EB. Children with Medical Complexity: The 10-Year Experience of a Single Center. Hosp Pediatr. 2020; 10: 702-8.

4. Climent Alcala FJ, García Fernández de Villalta M, Escosa García L, Rodríguez Alonso A, Albajara Velasco LA. Children’s medically complex diseases unit. A model required in all our hospitals. An Pediatr (Barc). 2018; 88: 12-18.

5.*** Srivastava R, Stone BL, Murphy NA. Hospitalist care of the medically complex child. Pediatric Clinics of North America. 2005; 52: 1165-87, x.

6.*** Cohen E, Berry JG, Sanders L, Schor EL, Wise PH. Status Complexicus? The Emergence of Pediatric Complex Care. Pediatrics. 2018; 141: S202-S11.

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15. Barrio Cortes J, Suárez Fernández C, Bandeira de Oliveira M, Muñoz Lagos C, Beca Martínez MT, Lozano Hernández C, et al. Enfermedades crónicas en población pediátrica: comorbilidades y uso de servicios en Atención Primaria. Anales de Pediatría. 2020; 93: 183-93.

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18. Chan T, Rodean J, Richardson T, Farris RWD, Bratton SL, Di Gennaro JL, et al. Pediatric Critical Care Resource Use by Children with Medical Complexity. The Journal of pediatrics. 2016; 177: 197-203.e1.

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20. García-Fernández de Villalta M, Mellado-Peña MJ, Delgado-Hierro A, Limia-Sánchez A, Climent-Alcalá FJ, Escosa-García L, et al. Greater efforts are needed to ensure that children with complex medical conditions are properly vaccinated. Acta Paediatr. 2020; 109: 422-3.

21. Huth K, Vandecruys P, Orkin J, Patel H. Medication safety for children with medical complexity. Paediatr Child Health. 2020; 25: 473-4.

22. **Hlyva O, Rae C, Deibert S, Kamran R, Shaikh H, Thabane L, et al. A Mixed-Methods Feasibility Study of Integrated Pediatric Complex Care: Experiences of Parents with Care and the Value of Parent Engagement in Research. Frontiers in rehabilitation sciences. 2021; 2: 710335.

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Bibliografía recomendada

Srivastava R, Stone BL, Murphy NA. Hospitalist care of the medically complex child. Pediatric Clinics of North America. 2005; 52: 1165-87.

Este artículo describe el rol del pediatra hospitalario en la atención de los NPCC. Describe los retos de su identificación, las características de sus cuidados intrahospitalarios y la necesidad de coordinación entre el hospital y primaria.

Cohen E, Berry JG, Sanders L, Schor EL, Wise PH. Status Complexicus? The Emergence of Pediatric Complex Care. Pediatrics. 2018; 141: S202-S11.

Cohen et al, revisan la situación actual de los NPCC (CMC, en inglés). Proclaman la necesidad de mejorar la definición de NPCC, incorporar cuidadores comunitarios en los programas diseñados para NPCC, además de incluir nuevos indicadores de gestión de calidad. Imprescindible.

Simon TD, Mahant S, Cohen E. Pediatric hospital medicine and children with medical complexity: past, present, and future. Curr Probl Pediatr Adolesc Health Care. 2012; 42: 113-9.

Tamara Simon y su grupo son autores con una larga trayectoria en la atención de NPCC. En este artículo enfatizan que, para atender a NPCC, se precisa, además de la formación en Pediatría general, el desarrollo de habilidades de coordinación y comunicación, tanto con el paciente y su familia, como con distintos profesionales.

Cohen E, Lacombe-Duncan A, Spalding K, MacInnis J, Nicholas D, Narayanan UG, et al. Integrated complex care coordination for children with medical complexity: A mixed-methods evaluation of tertiary care-community collaboration. BMC Health Services Research. 2012; 12: 366.

Estudio que plantea un modelo combinado de atención hospitalaria y comunitaria para NPCC. Refiere costes globales reducidos para el Sistema de Salud y la familia a medio plazo. Los profesionales y familias refirieron estar muy satisfechos con mejores puntuaciones en escalas de calidad de vida, pese a un menor uso de recursos terciarios.

Monroy Tapiador M, Climent Alcalá FJ, Rodríguez Alonso A, Molina Amores C, Mellado Peña MJ, Calvo Rey C. Current situation of children with medical complexity: An experience between primary and hospital care. Aten Primaria. 2021; 53: 102046.

Primer estudio realizado en España entre Primaria y Hospitalaria sobre NPCC, que expone la falta de coordinación entre ambas como un problema importante en la continuidad asistencial. Detecta que en Primaria se precisa mejorar la formación y capacitación de los profesionales en problemas de salud y soporte tecnificado de NPCC, así como incrementar el tiempo necesario para su atención.

 

Caso clínico

 

Laura es una lactante de 6 meses que va a ser dada de alta de un hospital terciario. La enfermera de enlace ha contactado con la enfermera de Atención Primaria por email, envía informe médico, informe de enfermería y anexo de petición de materiales para la continuidad asistencial. Solicita programar cita para Laura en Primaria.

En el informe médico constan, de manera resumida: Diagnósticos: atrofia medular espinal; insuficiencia respiratoria crónica con necesidad de soporte ventilatorio >16 horas, ventilación mecánica a través de traqueotomía; disfagia, enfermedad por reflujo gastroesofágico y desnutrición. Portadora de traqueotomía y de sonda nasoyeyunal. Tratamiento ambulatorio: lansoprazol y vitamina D. Alimentación: nutrición enteral con fórmula polimérica a través de sonda transpilórica, de forma continua, 18 horas al día. Otros: asistencia ventilatoria con respirador Astral 150, modalidad presión soporte con parámetros que se ajustarán al alta y oxígeno domiciliario.

El pediatra de Primaria no conoce a la familia, ya que Laura es hija única. En el informe médico no consta la situación social, laboral ni si han recibido atención psicológica en este tiempo.

Laura acude con su madre a su cita en el Centro de Salud, de Pediatría y Enfermería, tras una semana en domicilio. Tras esta primera valoración, se detectan varios puntos de actuación en los que la madre de Laura no sabe cómo proceder:

• Dificultades técnicas con el soporte ventilatorio:

– El respirador, las últimas 48 horas, “no dejaba de pitar” por alarma de PEEP elevada. Cambiaron al segundo respirador y nuevas tubuladuras, sin mayores incidencias posteriores.

– Refieren problemas importantes de condensación de tubuladuras, que no les pasaba en el hospital.

• No han podido retirar de la farmacia la fórmula enteral prescrita en el informe. Les han dicho que no les consta.

• El calendario vacunal está incompleto. No sabe qué vacunas ha recibido o le faltan.

• La familia ha tenido dificultades en solicitar atención temprana y no lo ha realizado. Tampoco han sabido cómo solicitar la ayuda para cuidado de hijo enfermo afecto de enfermedad grave.

• Detecta disconfort emocional en la madre, muy llamativo: “no alcanzo a dar todos los cuidados que Laura precisa en casa. Era diferente en el hospital. Me siento sobrepasada”. Refiere que para ir a la cita con Laura, del Centro de Salud, ha necesitado más de hora y media de preparación, con la ayuda de su padre, que espera fuera de la sala.

• Las próximas citas hospitalarias no están coordinadas. Cita en Neurología en un mes para administración de tratamiento intratecal. Dos días más tarde tiene valoración por Neumología y una semana después por Nutrición, unidades que controlan los dos soportes tecnificados que precisa Laura.

• No tiene referente asignado, pero la familia entiende que puede ser el Neurólogo, de quien tienen un correo de contacto.

En relación a los diferentes puntos, el pediatra y enfermera deciden proceder de la siguiente manera:

• El pediatra de AP no está familiarizado con el soporte ventilatorio, no sabe bien cómo asesorar con la dificultad que han tenido en domicilio. No sabe el porqué del fallo técnico. Considera que el problema de condensación de las tubuladuras probablemente se deba al cambio en las condiciones de temperatura ambiental, pero no sabe bien qué indicaciones dar, si debe de hacer algo más o revisar algo en concreto. La madre le refiere que ha llamado a la empresa del respirador, que van a revisar el equipo y llevarle otro dispositivo. Han intentado llamar a Neumología del hospital, pero no han podido contactar. El pediatra tiene el email de la enfermera de enlace que le había derivado a Laura. Considera mejor realizar contacto telefónico para solicitar asesoramiento al especialista. Llamando a la centralita del Hospital consigue le pasen con la enfermera de enlace y esta les facilita el contacto directo con Neumología, que indica una serie de actuaciones: bajada de temperatura del humidificador, cambio de filtro espiratorio siempre que esté mojado y le facilitan un contacto más directo, en caso de próxima necesidad. A su vez, les plantean que la alarma de PEEP elevada, tenga muy probablemente que ver con el mismo problema de humidificación (probablemente estaba mojado el filtro espiratorio).

• Comprueba que el problema en la farmacia es que la fórmula está pendiente de visado aún y, aunque está solicitado, no va a poder retirarla en unos días. Considera varias opciones, contactar con la enfermera del hospital de nuevo y ver si le pueden facilitar la fórmula hasta el visado, que desde la farmacia se lo administren y lo pague por adelantado, si tiene capacidad económica para ello, o valorar si puede mantenerse con leche de fórmula de inicio hasta el visado. Considera que esta es una opción factible. Sabe que puede contactar con Nutrición en caso de duda.

• Programa actualización de calendario de vacunaciones con pauta acelerada y, ante dudas de recomendaciones adicionales para Laura, por su patología de base, consulta las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría y valora cambiar la pauta estándar de inmunización frente a neumococo.

• Sí se ve capacitado en orientar en los trámites sociales, aunque valora derivar a Trabajo Social de área por si existieran otras ayudas que no conoce. Realiza informe de derivación a atención temprana y para la mutua.

• Ante actitud de escucha y contención, ayuda a la madre de Laura a priorizar actuaciones y a programar tiempo para su autocuidado. Comenta la posibilidad de derivación para apoyo psicológico, pero la madre de Laura prefiere posponerlo, ya que se detecta más serena al poder compartir sus inquietudes con el pediatra y concuerdan valorarlo en las siguientes citas.

• Realiza contacto con enfermera de enlace de nuevo, para coordinación de citas hospitalarias. La enfermera le refiere que no tiene esa competencia. Decide escribir al correo institucional del neurólogo quien responde en unos días y consigue agrupar dos de las tres citas.

• El neurólogo se muestra accesible al contacto y pasa a ser considerado referente en el hospital para Laura. Considera citar a Laura en la Unidad de Patología Compleja de su hospital, de reciente creación, para mejorar la coordinación de Laura. Valorará que esta Unidad pase a ser referente para Laura, una vez haya sido valorada.

• En Primaria se coordina con la madre de Laura, la próxima visita, idealmente en domicilio y programa próximas citas de vacunación con enfermería en el Centro de Salud.

• Por parte de enfermería, se revisa el material y los cuidados que precisa Laura y se aclaran algunas dudas. Se coordina con el hospital el cambio de sonda nasoyeyunal, para hacerse en el hospital en un mes.

La madre de Laura, aunque desbordada por los cuidados que precisa su hija y todas las actuaciones que tiene aún que realizar, considera que, si tiene un problema médico, consultará con su pediatra y enfermera de AP.

En la evolución, los siguientes dos años Laura ha precisado ingresar en ocho ocasiones: dos cirugías programadas para gastrostomía/técnica antirreflujo y para traqueoplastia, por problemas con el traqueostoma; dos procedimientos programados de fibrobroncoscopia por ORL y Neumología; y 4 ingresos, a cargo de la Unidad de Patología Compleja, por causa médica (tres infecciones respiratorias con dos estancias prolongadas en cuidados intensivos y una gastroenteritis por rotavirus). En dos de esos ingresos, se agilizó el alta a domicilio con la Unidad de Hospitalización a domicilio.

En este tiempo, Laura está siendo seguida por la Unidad de Patología Compleja de su hospital de referencia y por su pediatra y enfermera de AP. La madre de Laura contacta o acude a ambas unidades, dependiendo del motivo de consulta y siente que ambas unidades interactúan con facilidad entre ellas, gracias a la facilidad de acceso y coordinación que se establece entre ellas. Para ella, este es el modelo deseable a tener en la actualidad.

 

 

algoritmo

 

Maltrato infantil y abuso sexual

P. Sánchez Mascaraque*, P. Hervías Higueras**
Temas de FC


P. Sánchez Mascaraque*, P. Hervías Higueras**

*Psiquiatra Infantil. Centro de Salud Mental Jaime Vera. Hospital Universitario del Henares. Coslada. Madrid. **Psiquiatra. Hospital Universitario del Henares. Coslada. Madrid

Resumen

El maltrato infantil ha existido siempre, desde los orígenes del ser humano, en todas las culturas y en todas sus diferentes tipologías. Los datos pueden ser muy discordantes, debido a las diferencias en las notificaciones, registros o denuncias, lo que hace que no sean representativos de la realidad. Los signos y síntomas que presentan los menores cuando no reciben el trato que necesitan, se conocen como indicadores de una situación de maltrato. La actuación ante el maltrato infantil forma parte del compromiso de todos los profesionales sanitarios. Durante la exploración de un posible daño psíquico y/o físico, el principal objetivo será que el menor se sienta seguro. El maltrato es precursor de psicopatología. A los niños víctimas de maltrato, debemos ofrecerles tratamiento en los servicios de Salud Mental para evaluar las posibles secuelas que presenten y para prevenirlas. Estaremos obligados a notificar, si un menor se encuentra en situación de maltrato a los Servicios Sociales, así como a las instituciones pertinentes.

 

Abstract

Child abuse has always existed, since the origins of the human being, in all cultures and in all its different types. The data can be very discordant due to differences in notifications, records or complaints, which means that they are not representative of reality. The signs and symptoms that minors present when they do not receive the treatment they need are known as indicators of a situation of abuse. Action against child abuse is part of the commitment of all health professionals. During the examination of a possible psychological and/or physical damage, the main objective will be for the minor to feel safe. Abuse is a precursor of psychopathology. We must offer treatment to minors who are victims of abuse in the Mental Health services to evaluate the possible sequelae they may present and to prevent them. We will be obliged to notify social services as well as the relevant institutions if a minor is in a situation of abuse.

 

Palabras clave: Maltrato infantil; Abuso sexual; Salud Mental.

Key words: Child abuse; Sexual abuse; Mental Health.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 201 – 207

 


OBJETIVOS

• Conocer las diferentes formas de maltrato infantil.

• Detectar los factores de riesgo que sitúan al menor en una posible situación de maltrato.

• Aprender a reconocer los indicadores de sospecha de maltrato infantil, así como a evaluar sus efectos a nivel clínico y psicosocial.

• Realizar una adecuada intervención en caso de maltrato infantil sin poner en riesgo al menor, con el objetivo de prevenir sus efectos a corto y largo plazo.

 

Maltrato infantil y abuso sexual

Introducción

El maltrato infantil es una fuente potente de estrés en la vida temprana y su impacto en el desarrollo del niño es grave.

El derecho a los cuidados del niño no siempre les ha sido reconocido. El maltrato infantil ha existido siempre, desde los orígenes del ser humano, en todas las culturas y en todas sus diferentes tipologías.

En 1860, en Francia, se describe por primera vez la clínica de los “niños golpeados”. No obstante, no será hasta 1962, con Kempe y Silverman, cuando se describe el síndrome de los “niños golpeados” como entidad clínica y radiológica(1), empezándose a tomar conciencia de su importancia como problema de salud pública.

Teniendo en cuenta los agentes causales del maltrato, el Comité Internacional de la Infancia de París define el maltrato en 1980 como: “la acción, omisión o trato negligente, no accidental, que prive al niño de sus derechos y de su bienestar, que amenace o interfiera su ordenado desarrollo físico, psíquico o social, cuyos autores pueden ser personas, instituciones o la propia sociedad” (2).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el maltrato infantil como: “toda forma de maltrato físico o emocional, abuso sexual, negligencia o tratamiento negligente, explotación comercial o de otra índole, que resulta en un daño real o potencial a la salud, la supervivencia, el desarrollo o de la dignidad del niño, en un contexto de relaciones de responsabilidad, confianza o poder”(3).

Un factor clave en la definición es la traición del niño por parte de un individuo en una posición de responsabilidad, confianza o poder. Esto hace que el maltrato infantil sea una fuente potente de estrés en la vida temprana y sea grave el impacto en el desarrollo del niño. De ahí que el maltrato infantil sea el factor de riesgo prevenible más importante de los trastornos psiquiátricos. Las personas maltratadas suelen desarrollar trastornos psiquiátricos a una edad más temprana, tienen peor evolución, más comorbilidades, una mayor gravedad de los síntomas y responden peor a los tratamientos habituales. Numerosos estudios confirman que el cerebro de las personas maltratadas tiene alteraciones en las regiones susceptibles al estrés y en la respuesta hipotálamo pituitaria suprarrenal, y los niveles de marcadores inflamatorios son diferentes a los de las personas que no han sido víctimas de maltrato.

Se han descrito diversos factores de riesgo de maltrato infantil(4) que se enumeran en la tabla I.

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Epidemiología

El maltrato infantil más frecuente es la negligencia, seguido del maltrato emocional.

Los datos pueden ser muy discordantes, debido a las diferencias en las notificaciones, registros o denuncias, lo que hace que no sean representativos de la realidad. El maltrato emocional no se suele notificar, siendo el más frecuente tras la negligencia.

En España, en 1995, se describe, a partir de un estudio a través de expedientes de menores, una tasa de incidencia de 0,44/1.000, siendo la forma de abuso predominante la negligencia (79,1 %), seguida del abuso emocional (42,5 %), del abuso físico (30,1 %) y del abuso sexual (5 %)(5). Desde entonces, se ha objetivado un incremento progresivo de las cifras de violencia contra menores a lo largo de los años.

En un estudio en EE.UU. de prevalencia de maltrato a lo largo de la vida, realizado en 2017, utilizando los Archivos del Sistema Nacional de Datos sobre Abuso y Negligencia Infantil, encuentran que, antes de cumplir los 18 años, más de un tercio de los niños estadounidenses son objeto de informes de maltrato infantil. Sorprende el hallazgo de que un 53 % de los niños negros sean objeto de tales investigaciones, atribuyen esta alta prevalencia a la asociación del maltrato con la pobreza(6).

En 2018, las notificaciones de maltrato infantil en España fueron de 18.762, de las cuales, fueron: 2.383 en niños de 0 a 3 años, 1.610 en niños de 4 a 6 años, 20.670 en niños de 7 a 10 años, 4.487 en niños de 11 a 14 años y 7.612 en niños de 15 a 17 años(7).

En 2008, en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, un estudio en el Servicio de Urgencias de Pediatría, informa de 404 pacientes con maltrato potencial de 570.648 urgencias atendidas. El maltrato físico fue el más frecuente 40,3 %, el 55 % fueron niñas, siendo en ellas más frecuente el abuso sexual y el físico en varones. El 22 % requirió ingreso hospitalario y el 56 % precisó seguimiento adicional, más por los servicios de Salud Mental en casos de maltrato emocional, y por Servicios Sociales en casos de maltrato físico(8).

En 2017 se lleva a cabo un estudio en la Universidad Pontificia de Comillas, sobre la violencia infantil en España desde el punto de vista económico, concluyéndose que estos niños eran más propensos al absentismo escolar y abandono de sus estudios, lo cual conlleva a un incremento del gasto público, asociado a un incremento de riesgo de situación de desempleo en el futuro, así como a las consecuencias de este(9).

Clasificación

El maltrato infantil puede ser por negligencia: física, emocional y sexual. Un tipo infrecuente, pero relevante en Pediatría es el síndrome de Munchausen por poderes.

Siguiendo la guía Atención al Maltrato Infantil desde el ámbito sanitario en la Comunidad de Madrid, se describen en la tabla II las diferentes tipologías de maltrato infantil(10):

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Características clínicas

No hay una clínica específica de maltrato. La suma de indicadores de sospecha y de factores de riesgo nos llevará al diagnóstico.

Los signos y síntomas que presentan los menores cuando no reciben el trato que necesitan, se conocen como indicadores de una situación de maltrato(11).

En la tabla III, recogemos una síntesis de los principales indicadores de sospecha para cada tipo de maltrato infantil(4).

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Existe una forma infrecuente de maltrato, pero que es relevante en el ámbito pediátrico, es el síndrome de Munchausen por poderes(12). Se define como: “la producción intencionada o fingimiento de síntomas o incapacidades somáticas o psicológicas para presentarse como enfermo”. El niño es la víctima y el adulto el enfermo del síndrome de Munchausen, por lo que se considera una situación de maltrato. Son los padres los que describen los síntomas, habitualmente la madre. Las manifestaciones clínicas son muy variadas. Algunos de los indicadores físicos y comportamentales en el niño y en el acompañante que nos pueden hacer sospechar de un síndrome de Munchausen por poderes son:

• Alteración intencionada de los registros médicos. Historia médica familiar falsa o incongruente. Síntomas/signos referidos por el progenitor en enfermedad actual que no se han producido o no se objetivan. Enfermedad recurrente e inexplicable, sin respuesta al tratamiento.

• Historia clínica referida por el acompañante incongruente con la observación del niño. Los problemas suelen originarse solo en presencia del autor. Los síntomas se resuelven o mejoran cuando se separa al niño del presunto autor. Los problemas reaparecen cuando se comunica la mejoría del niño o se plantea el alta hospitalaria al autor. Otros miembros de la familia, especialmente hermanos, tienen síntomas inexplicables de enfermedad o fallecen, o han fallecido. El autor se comporta de forma sospechosa, exagerando o induciendo síntomas. El autor no parece estar demasiado afectado por la enfermedad del niño.

Por otra parte, el abuso sexual infantil se define como: la participación de niños y adolescentes, personas, por lo tanto, dependientes y todavía inmaduros en su desarrollo, en actividades sexuales que no comprenden completamente, y para las que no dan su consentimiento(13). El consentimiento en el caso de los niños no excluye que sea un abuso, ya que los niños no tienen la capacidad en este tipo de relación desigual para darlo.

Las mujeres sufren abuso sexual más que los hombres. Es más prevalente el abuso sexual sin contacto físico. Entre los abusos sexuales con contacto físico, son menos prevalentes los contactos con penetración. Los agresores son más frecuentemente hombres. El 45 % de los agresores son conocidos por el menor o la familia, y el 30 % son pertenecientes al seno de la familia. Serán menos frecuentes los agresores que no pertenecen al ambiente del menor(14).

Evaluación

La evaluación de un caso de maltrato infantil debe ser multidiciplinar.

La actuación ante el maltrato infantil forma parte del compromiso de todos los profesionales sanitarios. Son los pediatras, profesionales de Salud Mental y de Servicios Sociales, los que más frecuentemente tienen que realizar evaluaciones y exploraciones de menores víctimas de maltrato.

Ante una posible situación de maltrato infantil, será fundamental trabajar en coordinación con profesionales que tengan experiencia para confirmar la sospecha y comunicarlo a los Servicios Sociales.

Durante la exploración de un posible daño psíquico y/o físico, el principal objetivo será que el menor se sienta seguro, explicándole en todo momento los procedimientos que se van a llevar a cabo, evitando la repetición de entrevistas. Se intentará que las exploraciones físicas sean siempre en presencia de otra persona. Debemos tener una entrevista con el niño a solas, para que se sienta libre de contar lo que le está pasando. Se recomienda grabar estas entrevistas, pero la realidad de nuestras consultas lo hace imposible, lo que unido a las trabas legales, hace que esta grabación esté limitada al ámbito judicial.

Intervención

El primer objetivo de la intervención es proteger al niño de nuevos abusos.

Es difícil diagnosticar un caso de maltrato infantil, pero aún lo es más actuar frente a un caso como tal. El primer objetivo es proteger al niño de posibles nuevos abusos. Es importante actuar con calma y en coordinación con un equipo multiprofesional en el que juegan un papel importante los centros escolares.

El maltrato es precursor de psicopatología. A los menores, víctimas de maltrato, debemos ofrecerles tratamiento en los servicios de Salud Mental, para evaluar las posibles secuelas que presenten y para prevenirlas. La indicación, urgencia/inmediatez y el tipo de intervención vendrán determinados por el riesgo vital y la gravedad de las lesiones, así como por el grado de protección necesario.

Estaremos obligados a notificar, si un menor se encuentra en situación de maltrato, a los Servicios Sociales, así como a las instituciones pertinentes. En casos urgentes, se notificará a la Policía (unidad GRUME en el caso de menores) y al Juez de Guardia (emitiendo un parte de lesiones). En situaciones no urgentes, en las que haya indicios de posible maltrato, se notificará a la Fiscalía de Menores (Protección del Menor)(4).

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra es la detección precoz del maltrato infantil, actuar para proteger al niño, ponerlo en conocimiento de los Servicios Sociales, hacer un diagnóstico médico si lo hay, atender al niño y pedir valoración por el equipo de Salud Mental si se ve necesario.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Kempe CH, Silverman F, Steele B. The battered-child syndrome. JAMA. 1962; 181: 18-24.

2.*** Rodríguez L. El maltrato y el abuso sexual infantil en Atención Primaria de Salud. Los pediatras: parte del problema y parte de la solución. Pediatr Integral. 2018; XXII: 187-99. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2018-06/el-maltrato-y-el-abuso-sexual-infantil-en-atencion-primaria-de-salud-los-pediatras-parte-del-problema-y-parte-de-la-solucion/.

3. Organización Mundial de la Salud. Maltrato Infantil. Publicación del primer Informe mundial sobre la violencia y la salud; 2020. Disponible en: https://www.who.int/news/item/03-10-2002-first-ever-global-report-on-violence-and-health-released.

4.*** Lázaro ML, Moreno DM, Rubio B. Manual de Psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Barcelona: Elsevier España. 2021.

5. Saldaña D, Jiménez J, Oliva A. El maltrato infantil en España: un estudio a través de los expedientes de menores. Infancia y Aprendizaje. 1995; 18: 59-68.

6. Kim H, Wildeman C, Jonson-Reid M, Drake B. Lifetime prevalence of investigating Child Maltreatment Among US Children. Am J Public Health. 2017; 107: 274-80.

7. Observatorio de la Infancia, Dirección General de Servicios para las Familias y la Infancia, Secretaría de Estado de Servicios Sociales, Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Notificaciones de Sospecha de Maltrato Infantil 2018. Informes, Estudios e Investigación del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Boletín nº 21. 2019.

8. Solís García G, Marañón R, Medina Muñoz M, de Lucas Vollé S, García Morín M, Rivas García A. Maltrato infantil en urgencias: epidemiología, manejo y seguimiento. An Pediatr (Barc.) 2019; 91: 37-41.

9. Fernández-Jurado M. La violencia contra menores y adolescentes desde un punto de vista económico: el caso español. Los Ángeles: Creative Commons. 2017.

10. Díaz Huertas JA, Casado Flores J, García García E, Ruiz Díaz MA, Esteban Gómez J. Atención al Maltrato Infantil desde el ámbito sanitario en la Comunidad de Madrid: Instituto Madrileño del Menor y la Familia, Consejería de Sanidad y Servicios Sociales. 1998.

11. Gil Arrones J, Torró García-Morato C, Sánchez Vázquez AR, Llamas Martínez MV, Cosano Prieto I, Garrido Porras A, et al. Protocolo de intervención sanitaria en casos de maltrato infantil. Junta de Andalucía. Consejería de Igualdad. Salud y Políticas Sociales. 2014.

12. Gastaminza X, Vacas R, Rubio B, Herrero O, Mojarro MD. Síndrome de Munchausen por poderes. En: Rubio B, Gastaminza X, ed. Paidopsiquiatría psicosomática. Madrid: Selene. 2014.

13. Goodman R, Scott S. Maltreatment of children. En: Goodman R, Scott S, editors. Child Psychiatry. 2ª ed. Oxford: Blackwell Publishing. 2005.

14. Monzón J, Perera JM, Herreros O, Gastaminza X, Rubio B. Maltrato infantil. En: Rubio B, Gastaminza X, ed. Paidopsiquiatría psicosomática. Madrid: Selene. 2014.

Bibliografía recomendada

– Rodríguez L. El maltrato y el abuso sexual infantil en Atención Primaria de Salud. Los pediatras: parte del problema y parte de la solución. Pediatr Integral. 2018; XXII: 187-99. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2018-06/el-maltrato-y-el-abuso-sexual-infantil-en-atencion-primaria-de-salud-los-pediatras-parte-del-problema-y-parte-de-la-solucion/.

Este artículo es una revisión del tema hecha por un pediatra, Luis Rodríguez Molinero, para pediatras de Atención primaria, con el sello de su experiencia y sabiduría.

– Lázaro ML, Moreno DM, Rubio B. Manual de psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Barcelona: Elsevier España. 2021.

Este libro es una referencia actual en Psiquiatría infantil, tanto para psiquiatras como para pediatras, e incluye un capítulo dedicado al maltrato infantil.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta: adolescente de 13 años de edad, derivado por su pediatra de Atención Primaria a petición de los Servicios Sociales de la zona.

Enfermedad actual: Juan tiene una historia, desde el inicio de su escolarización, de problemas conductuales, consistentes en: inquietud psicomotriz, desobediencia, conductas desafiantes con profesores, peleas con sus compañeros y muy mal rendimiento escolar por falta de trabajo. A nivel familiar, no asume ninguna norma en la convivencia, presenta desobediencia extrema y, sobre todo, enfrentamientos continuos con su madre, con insultos graves. Se aísla en su habitación y pasa horas con su videoconsola, porque según sus palabras, es lo único que le desconecta de su asco de vida. En cuanto a sus relaciones con sus iguales, se basan en disputas, provocaciones y amenazas, no tiene amigos. La situación con el paso de los años se agrava, la convivencia familiar se hace muy difícil y en el instituto acumula partes de conducta por peleas y faltas de respeto, acude en una ocasión al centro escolar con un arma blanca con la intención de intimidar, se escapa con frecuencia y tiene un absentismo escolar importante. Ha iniciado consumo de cannabis. Por este motivo, el instituto pide la intervención de Servicios Sociales.

Psicobiografía: vive con su madre y una hermana de 11 años, sus padres se separaron cuando él tenía 3 años. Padre alcohólico. La causa de la separación fue que en la familia había una situación de malos tratos psicológicos por parte del padre. La custodia la tiene la madre y ve a su padre los fines de semana. Siempre ha sido mal estudiante, ha repetido 5º de primaria. El niño ha pasado muchas horas en la calle sin control parental o enganchado a las tecnologías. Esta familia ha sido atendida en Servicios Sociales, en un centro para víctimas de violencia de género, en consultas de neuropediatría y en el Centro de Salud Mental. Juan ha recibido los diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, Trastorno Negativista Desafiante y Trastorno de Conducta Disocial. Ha seguido tratamiento farmacológico con metilfenidato y risperidona sin mejoría y con abandonos terapéuticos. Los estilos educativos de la madre son discordantes. La madre oscila entre la sobreprotección y la permisividad, con castigos incoherentes a las verbalizaciones hostiles de desprecio, rechazo e identificación del hijo con el padre, con amenazas de mandarle a vivir con él. El padre es autoritario y utiliza el castigo físico, le repite con frecuencia que no va a llegar a nada en la vida. Con él se porta bien, porque le tiene miedo.

Exploración psicopatológica: su estado habitual es la irritabilidad, con accesos de ira ante mínimas frustraciones, demanda la atención de su madre con muestras de cariño que llegan a resultar excesivas e inadecuadas, que alterna con insultos y malos modos. Su actitud es desafiante, malencarada, con provocaciones, no respeta las normas ni en casa ni en el instituto. En las relaciones con sus iguales, interpreta de forma amenazante las interacciones con ellos, reaccionando con hostilidad y agresividad. No se objetiva inquietud psicomotriz, pero sí impulsividad y falta de autocontrol emocional. Tras varias consultas, verbaliza que se siente solo, que nadie le quiere y llora en consulta. La tristeza la torna en rabia, de forma habitual. Duerme mal, ya que pasa la noche conectado a la consola, come mal sin horarios estables y habitualmente solo. Tiene una gran dificultad para identificar y hablar de sus emociones.

Evolución: durante la pandemia la situación se agrava, no respeta el confinamiento, sale a la calle sin mascarilla, le ven fumando cannabis, con mal aspecto físico, descuidado y con evidente pérdida de peso, la policía le conoce, porque ha presentado varias conductas disociales en el barrio. Interviene Servicios Sociales y proceden a la retirada de la tutela a la familia del menor, por encontrarle en una situación de desamparo. La Agencia del Menor Infractor le ha internado en un Centro de Trastorno de Conducta y Adicciones. A lo largo de los meses, la conducta ha evolucionado de forma muy favorable.

 

 

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Salud digital y ciberacoso

M.A. Salmerón Ruiz
Temas de FC


M.A. Salmerón Ruiz

Pediatra. Hospital Ruber Internacional. Madrid. Coordinadora del grupo de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA)

Resumen

Los medios digitales impactan en la salud a todos los niveles (físico, psicológico, social y sexual) y a cualquier edad (desde el nacimiento hasta el final de la vida). Los adolescentes y niños son un grupo de edad, especialmente vulnerable al estar en desarrollo. El pediatra tiene una posición privilegiada para acompañar a los padres, desde el nacimiento de los hijos, en el establecimiento y mantenimiento de una adecuada salud digital en la familia y poder detectar precozmente los riesgos como el ciberacoso. Ante un caso de ciberacoso, es esencial el diagnóstico y tratamiento precoz para evitar la depresión grave y el suicidio.

 

Abstract

Digital media impact health at all levels (physical, psychological, social and sexual) and at any age (from birth to the end of life). Adolescents and children are an especially vulnerable age group, as they are developing. The pediatrician has a privileged position to accompany parents, from the birth of their children, in the establishment and maintenance of adequate digital health in the family and to be able to detect risks early, such as cyberbullying. In a case of cyberbullying, prompt diagnosis and treatment is essential to avoid severe depression and suicide.

 

Palabras clave: Medios digitales; Salud de la Familia; Uso de pantallas en adolescentes; Ciberacoso.

Key words: Digital Media; Family Health; Screens use Adolescents; Cyberbullying.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 185 – 192

 


OBJETIVOS

• Conocer el impacto de los medios digitales en la salud física.

• Tener en cuenta que existen factores de riesgo y protectores, a nivel individual y del entorno, que es necesario conocer, para detectar a aquella población que es especialmente vulnerable a una mala salud digital.

• Conocer los tipos de ciberacoso y sus diferencias.

• Saber qué datos recoger en la historia del paciente en caso de ciberbullying.

 

Salud digital y ciberacoso

Salud digital

Definición de salud digital(1)

Los medios digitales e Internet afectan a la salud a cualquier edad, desde el nacimiento hasta la ancianidad, y en todas las esferas de la salud (física, psicológica, sexual y funcional).

La OMS(2) definió la salud como: la ausencia de enfermedad y el completo bienestar a nivel físico, psicológico y social. Hay muchas definiciones posteriores de salud. Terris(3), en los años 80, suprimió de la definición la palabra “completo” por ser irreal e introdujo el término funcionalidad, dando cabida a la diversidad funcional. En la adolescencia, además, la salud sexual tiene una gran relevancia.

Se entiende como “medios digitales” a todos aquellos dispositivos que permiten almacenar y compartir información: televisión, tableta, teléfono inteligente, ordenador, pulseras de actividad, etc.

Los medios digitales afectan a la salud desde el nacimiento(4-6) hasta el final de la vida, a nivel físico, psicológico, social, sexual y en la funcionalidad, según la edad; por ejemplo, un mayor tiempo de pantalla se asocia con: 1) mayor riesgo de insomnio de conciliación; 2) mayor riesgo de síntomas depresivos; y 3) afectación de la interacción social cara a cara. El consumo de pornografía a edades tempranas puede producir que se normalicen conductas sexuales de riesgo.

En la consulta, es frecuente encontrar pacientes que los medios digitales afectan en funcionalidad: niños con retraso del lenguaje, con dificultades psicomotoras, sociales o con problemas de sueño, y que al hacer una disminución del tiempo de pantalla, mejoran la funcionalidad sin ser un problema orgánico, psicológico o del entorno, más allá de un tiempo de uso excesivo de los medios digitales.

Hay que tener en cuenta que existen factores de riesgo y protectores, a nivel individual y del entorno, que es necesario conocer para detectar a aquella población que es especialmente vulnerable a una mala salud digital.

La salud digital promueve un uso saludable, seguro, crítico y responsable de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Los objetivos de la salud digital son:

• Promoción de los hábitos saludables digitales.

• Detección precoz de los riesgos y de las patologías derivadas.

• Tratar de forma adecuada los casos y evitar las secuelas según el riesgo.

 

Epidemiología y evidencia científica

La evidencia científica disponible en salud digital es débil, por el tipo de estudios realizados. Tanto en la etapa adolescente como en la infancia, existe desconocimiento e incumplimiento de las recomendaciones científicas.

En la actualidad, los datos a nivel mundial tienen escasa evidencia científica, porque la mayoría de los estudios son transversales y se realizan mediante cuestionarios autoinformados por padres en edades tempranas o por adolescentes que pueden no ser conscientes del uso que realizan de los medios digitales, o tener dificultades en la comprensión de los ítems propuestos. En general, los estudios transversales con cuestionarios autoinformados tienden a obtener datos con mayor riesgo de sesgos y no se pueden obtener relaciones de causalidad(7). En España, además, los análisis realizados lo son por comunidades autónomas con pocos estudios nacionales.

Epidemiología en la adolescencia

Una encuesta publicada en 2021 por UNICEF(8), hace un análisis interesante a partir de cuestionarios validados, del uso y riesgos de la tecnología en la adolescencia. El estudio fue de ámbito nacional, a través de un cuestionario online. Participaron un total de 41.509 adolescentes de ambos sexos. La edad de los participantes estaba comprendida entre los 11 y los 18 años.

Acceso al teléfono móvil e Internet. Según este estudio, el 94,8 % de los adolescentes dispone de teléfono móvil con conexión a Internet, dispositivo al que acceden a los 10,96 años por término medio. La mitad cuenta con una conexión vinculada a un contrato y, al menos, 1 de cada 4 dispone de datos ilimitados.

Tiempo de uso. Un 31,6 % pasa más de 5 horas diarias conectado a Internet un día de la semana cualquiera, cifra que asciende al 49,6 % durante el fin de semana.

Límites en casa. Solo el 29,1 % refiere que sus padres les ponen normas sobre el uso de la tecnología: al 24 %, le limitan las horas de uso y al 13,2 % los contenidos a los que acceden. 1 de cada 4 tiene discusiones todas las semanas en casa por el uso de la tecnología. Paradójicamente, el 36,8 % informa de que sus padres acostumbran a utilizar el móvil en las comidas. El establecimiento de normas y límites se reduce a la mitad en la segunda etapa de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Menores de 10 años

En una encuesta publicada en el año 2021 por la revista de Salud Pública(9), se pone de manifiesto que, en general, los padres no han recibido información sobre cómo impacta la tecnología en la salud de sus hijos y que, en general, no se siguen las recomendaciones de las sociedades científicas (v. más adelante, apartado de: recomendaciones de las sociedades científicas).

La media de minutos a la semana dedicados a la televisión y los vídeo­juegos según edad son:

• Menores de 2 años: 71 minutos de media a la semana.

• De 2 a 6 años: 112,8 minutos a la semana.

• De 6 a 10 años: 133 minutos a la semana.

El tiempo de uso aumenta con la edad y aumenta el tiempo de pantalla los días no lectivos. Los tiempos referidos en dicho estudio ponen de manifiesto que no se siguen las recomendaciones de las sociedades científicas, especialmente en los menores de dos años.

En dicho estudio, pasar más de dos horas al día de pantalla se relaciona significativamente con: 1) los niños prefieren como actividad de ocio los videojuegos y las pantallas; 2) un uso frecuente de los dispositivos en el almuerzo o la cena; 3) ver la televisión solos (los niños, sin acompañamiento de los adultos); 4) el uso de la TV “de fondo” (no apagarla aunque no se esté viendo); 5) tener TV en el dormitorio; 6) tener 5 pantallas o más en el hogar; y 7) un tiempo de uso mayor de dos horas en los progenitores.

Se pone de manifiesto que los padres que han recibido formación e información de cómo impactan los medios digitales en sus hijos, el tiempo de uso de pantallas es menor frente a los que no han recibido información.

Evidencia científica

La evidencia científica es en general débil, debido al tipo de estudio realizado con mayor frecuencia (transversales y con cuestionarios autoinformados) y a que la mayoría de ellos se centran en el tiempo de pantalla como único factor (hay factores de riesgo y protectores que han sido poco estudiados) (Tabla I-III)(10-11).

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Recomendaciones de las sociedades científicas

Existen recomendaciones científicas para disminuir el impacto del mundo digital en la salud. Es necesario que los pediatras las conozcan y se realice una adecuada labor preventiva en consulta en la salud digital.

Las recomendaciones para disminuir el impacto del mundo digital sobre la salud, se resume en la siguiente tabla (Tabla IV).

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Plan digital familiar

Los padres tienen una labor fundamental en la prevención en salud digital. El ejemplo de los padres en el buen uso de la tecnología es esencial para la educación digital de los hijos. El plan digital familiar es una herramienta sencilla para usar en consulta y cuya perspectiva es que los límites establecidos sean para toda la familia.

El “plan digital familiar” supone una revolución en la promoción de la salud digital, porque los padres en vez de ser agentes pasivos que establecen normas o no, se convierten en agentes activos y modelos que los hijos imitarán. Es una herramienta sencilla, medible y flexible, que permite a los padres empezar a cuestionarse qué papel desean que los medios digitales tengan en su familia y sensibilizar sobre la salud digital. Las TIC son algo más en lo que educar y los padres tienen que implicarse y ser ejemplo.

La Academia Americana de Pediatría(12) en su web dedicada a familias, tiene una herramienta de ayuda para que los padres puedan crear su plan digital, siendo una herramienta muy útil para utilizar en consulta. Ha sido actualizada en 2022.

Al entrar en el plan digital familiar, se pueden seleccionar propuestas concretas o añadir aquellas que se estimen. Se agrupan en 13 puntos fundamentales: 1) inicio, que nos permite realizar un plan por primera vez, modificar uno existente o acceder a más información, si necesitamos ayuda para comenzar; 2) tutorial; 3) mi familia, seleccionando la edad de cada miembro que vamos a incluir en el plan; 4) prioridades; 5) equilibrio entre el mundo online y offline; 6) comunicación sobre las pantallas y dispositivos; 7) zonas libres de pantallas; 8) momentos libres de tecnología; 9) amabilidad y empatía; 10) privacidad y seguridad digital; 11) elección de contenido; 12) uso compartido de pantallas; y 13) revisión e impresión.

Función del pediatra de Atención Primaria en la detección precoz de los riesgos de salud en salud digital

El pediatra de Atención Primaria tiene una labor fundamental en la prevención y en la detección precoz de los riesgos en salud digital. Es necesario tener los conocimientos necesarios para un adecuado abordaje.

A pesar de las limitaciones de la evidencia científica disponible, los médicos pueden utilizar el conocimiento en su práctica clínica, para instaurar hábitos de vida saludables en Pediatría desde el nacimiento(10,11).

Es necesario que en la consulta se realicen preguntas acerca del uso de la tecnología en la familia (a edades tempranas sobre el uso de los padres, cuando hacen uso autónomo los niños, hay que preguntar por los padres y los hijos) e informar del impacto de la tecnología en la salud.

Las preguntas básicas son:

• Tiempo de uso de los padres y de los hijos (el tiempo recomendado varía según la edad).

• Lugares de uso de la tecnología (baño y dormitorio son lugares de riesgo).

• Existencia de límites en la familia (durante el sueño, en las comidas, cuando hacen actividades juntos en familia…).

• Necesidad de estar conectado.

• Tiempos de desconexión.

• Aplicaciones y redes sociales que usa.

• Número de seguidores en las redes sociales, si el niño las tiene (por encima de 500 se considera de riesgo).

• Información que buscar en Internet.

• Si ha encontrado información o alguien le ha hecho sentir incómodo.

Además, es importante valorar los factores de riesgo y los factores protectores en los ámbitos familiar, escolar, social y de salud mental; por ejemplo: un adolescente con una familia con estilo educativo democrático, con buena aceptación social, con actividades de ocio y tiempo libre, que practique deporte y no tenga enfermedad mental, tendrá un menor riesgo.

Es interesante abordar la salud digital con un enfoque de reducción del daño, sugiriendo un uso saludable de los dispositivos en el ámbito familiar que incluya límites, tanto para los hijos como para los padres. Si los padres son un ejemplo adecuado, se consigue que los hijos cumplan las normas con mayor facilidad.

Animar a los padres a participar de manera proactiva en la limitación del uso de los dispositivos y las redes sociales en el ámbito familiar. En la edad escolar, establecer límites es efectivo. Sin embargo, en la adolescencia, hay que hacerlos partícipes y mantener un diálogo abierto en la familia, con orientaciones positivas.

En resumen, las funciones del pediatra de atención primaria en la salud digital son:

• Informar y realizar una adecuada educación para la salud sobre salud digital desde el nacimiento.

• Acompañar a los padres y ayudar a establecer un plan digital.

• Detectar un mal uso de los medios digitales precozmente.

Ciberacoso(1)

Definición de ciberacoso y subtipos

El ciberacoso es un maltrato psicológico ejercido en Internet. Existen dos subtipos que afectan a los niños y adolescentes: ciberbullying o ciberacoso escolar y grooming o abuso sexual online.

El ciberacoso se define como el maltrato ejercido a través de Internet, el cual tiene dos subtipos que afectan a la infancia: el ciberacoso escolar (ciberbullying) y el ciberacoso sexual (grooming).

Ciberacoso escolar o ciberbullying

Tanto el acoso escolar tradicional como el ciberbullying son formas de violencia o maltrato que generalmente coexisten, contra las que todos los niños y adolescentes tienen derecho a ser protegidos.

El ciberbullying se define como: “el daño repetido (no basta con un hecho aislado), intencional (con la intencionalidad de provocar daño) y consecuente (genera daño en la víctima) ejercido por un niño o grupo de niños contra otro mediante el uso de medios digitales”(8). Sin embargo, no existe actualmente una definición única del concepto de ciberbullying a nivel internacional. Por ejemplo, para las Naciones Unidas, es necesario solo un acto de manifestación de violencia en línea, para determinar el acoso a través de Internet.

Grooming o abuso sexual online

Ciberacoso ejercido deliberadamente por un adulto (o dos niños, donde pueda establecerse una relación de poder y un control emocional) sobre un niño, siendo el contenido de acoso sexual. En la mayoría de los casos, el fin último es obtener imágenes de pornografía infantil o cometer abuso sexual. Por tanto, para considerarse grooming, debe existir contenido sexual y obtenerse mediante coacción.

Epidemiología del ciberacoso(8)

El ciberacoso suele darse junto con el acoso escolar. El agresor suele ser un adolescente hombre, de 3º o 4º de la ESO. Las víctimas suelen tener más riesgo de depresión grave que los adolescentes que no hayan sufrido ciberacoso. Entre las motivaciones más frecuentes para ser maltratado está, que el grupo identifica a la víctima como diferente al grupo.

La encuesta de UNICEF(8), anteriormente citada, también hace un análisis interesante sobre el ciberacoso.

De los encuestados, el 19,8 % consideran ser víctima de acoso escolar una o varias veces a la semana en los últimos 2 meses y el 12,2 % de ciberacoso. Las cifras son algo mayores entre las chicas y en la primera etapa de la ESO.

Respecto a los agresores, un 3,2 % lo son de acoso escolar y el 5,4 % de ciberacoso. El agresor de acoso escolar es más frecuente entre los chicos de 3º y 4º de la ESO; en el caso del ciberacoso, la diferencia entre sexos es menor.

El 72,9 % de los adolescentes que sufren acoso online también lo sufren offline. En otras palabras, en la mayoría de los casos en que se detecten conductas de ciberacoso, es muy probable que dichas conductas persistan también fuera de los dispositivos tecnológicos o de las redes sociales.

Respecto a las consecuencias percibidas:

• Quienes dicen sufrir o haber sufrido acoso, señalan que les ha afectado bastante o mucho, fundamentalmente a: su autoestima (51 %), las ganas de ir al instituto (43 %) y su estado de ánimo (38,8 %).

• Los niveles de bienestar emocional, integración social y satisfacción con la vida son sensiblemente menores entre quienes sufren acoso escolar. Las tasas de depresión grave llegan a multiplicarse por 5, si se compara con los no implicados.

• Tanto en el caso de acoso escolar como del ciberacoso, la tasa de ideación suicida se multiplica por 4.

Respecto a las características del acoso:

• Lo habitual es que el acoso se ejerza en grupo (entre 2 y 5 adolescentes) y, comparativamente, más por chicos.

• En la inmensa mayoría de los casos, el acoso es ejercido cara a cara y por adolescentes de la misma clase (70,2 %).

• En más de la mitad de los casos, la situación de acoso se prolonga meses, o incluso más de un año. Aunque lo habitual es que, cuando los adolescentes sufren acoso, lo comuniquen durante el primer mes, al menos, 1 de cada 4 (27,3 %) tarda más de un año o no llega a contarlo nunca. Los padres son el principal interlocutor al que los adolescentes acuden, seguido de los amigos.

Respecto a las motivaciones del acoso:

• El físico constituye, a juicio de los propios adolescentes, el principal foco o motivo de acoso, aunque casi 1 de cada 3 alude a que simplemente se trataba de una broma.

• Otras motivaciones, como que le tenían manía (29,7 %) o envidia (28,7 %), o el hecho de ser diferente (21,9 %).

• Aunque muy pocos se refieren de manera explícita a la orientación sexual, esta pasa a ser el primer argumento en el caso de adolescentes homosexuales (58,8 %).

Diferencias entre el acoso escolar presencial y el ciberbullying(1)

El ciberacoso puede mantenerse durante las 24 horas del día en cualquier lugar, lo que provoca una mayor revictimización.

El medio que utiliza el ciberacoso, las TICs, hacen que este tipo de maltrato presente algunas diferencias con respecto al acoso tradicional:

• Mayor victimización, la víctima está sometida al maltrato sin limitación de tiempo ni espacio, todos los días de la semana, las 24 horas del día, en cualquier lugar. Esto provoca un mayor daño psíquico en la víctima.

• Falsa sensación de anonimato, provocando que personas que no se atreverían a maltratar cara a cara, lo hagan a través de la red.

• Mayor audiencia: cualquier persona que pueda acceder a Internet puede ser observadora potencial del maltrato.

Clínica(1)

Los niños que sufren cualquier tipo de maltrato tienen un riesgo más elevado de padecer enfermedades físicas y mentales a: corto, medio y largo plazo.

La clínica más frecuente son los síntomas físicos de origen psicosomático, tanto en víctimas y agresores como en observadores: dolor abdominal, trastornos del sueño, cefalea, fatiga, enuresis secundaria, pérdida de apetito, pérdida de peso, tics, mareos y vértigo. Los síntomas psicológicos de mayor prevalencia son: ansiedad, depresión, baja autoestima e ideación suicida. Algunas alteraciones de conducta pueden ser muy indicativas: dejar de conectarse a Internet o conectarse con mayor frecuencia de lo habitual, mostrarse frustrado, triste o enfadado después de usar el ordenador o el teléfono móvil o no querer hablar sobre el tema si se le interroga.

Historia clínica, exploración física y medidas ante un caso de ciberacoso(1,13)

Ante un caso de ciberacoso, es necesario realizar una historia clínica, recogiendo el testimonio textual de la víctima. Las preguntas tienen que ser abiertas y no dirigidas. La exploración física es completa para descartar posibles lesiones de maltrato.

En el maltrato, los niños no suelen contar en la primera consulta lo ocurrido; para su detección es necesario abordar la historia social, independientemente del motivo de consulta en todas las citas, incluyendo las revisiones de los Programas de Salud, siendo especialmente importante en el adolescente. La historia social debe incluir: entorno familiar, escolar, aficiones, consumo de sustancias, círculo social y las TICs (v. apartado salud digital).

Al recoger los datos de la historia clínica, al igual que ante cualquier caso de maltrato, hay que recoger textualmente el relato del niño o adolescente, entre comillas. El juicio clínico debe ser: “sospecha de grooming o ciberbullying” y abstenerse de especificar el nombre de los agresores.

La exploración física debe ser completa por órganos y aparatos, buscando signos de maltrato, tanto físico como sexual. En caso de encontrar, por la historia clínica o exploración, datos sugerentes o sospechosos de maltrato, se activará el protocolo de actuación según cada caso (Algoritmo).

Medidas ante un caso de ciberacoso(7,13)

Manejo del ciberacoso en consulta:

• Valorar a la víctima: para lo cual será fundamental realizar una historia clínica (Tablas V y VI).

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Datos que recoger en la historia en caso de grooming) y exploración física completa, no solo orientada al ciberacoso, sino también para descartar otro tipo de maltrato, como abuso sexual o maltrato físico, que pueden estar presentes. Es imprescindible explorar la ideación autolítica para derivar a Salud mental, en el caso de ideación autolítica estructurada, la derivación debe ser urgente.

• Definir el tipo de acoso (sexual, físico o psicológico) y actuar según el tipo de maltrato (Algoritmo).

• Parte de lesiones: irá dirigido a la fiscalía de menores, si el agresor es menor de 18 años; o al juzgado de guardia, si el agresor es mayor de 18 años (Fig. 1).

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Figura 1. Parte de lesiones tipo.

Es necesario realizarlo en los siguientes casos:

- Grooming, si se ha quedado con el agresor: actuar según protocolo de abuso sexual.

- Grooming, si no se ha quedado con el agresor: es recomendable, aunque no haya lesiones, para describir el estado de la víctima por la alta sospecha de maltrato. Además, al ser un delito, es necesario cumplimentar el parte de lesiones.

- Ciberacoso escolar con lesiones físicas o intento de suicidio.

En el caso del ciberacoso escolar sin lesiones: no realizar parte de lesiones de entrada salvo en casos graves, es necesaria la investigación en el centro escolar para conocer exactamente lo que ocurrió. Si se considera la existencia de delito, una vez investigado el caso, el centro escolar está obligado a ponerlo en conocimiento de la fiscalía de menores.

• Comunicación a Trabajo Social (Fig. 2), hay que realizarlo ante cualquier sospecha de maltrato, tanto de ciberacoso escolar como de grooming o intento de suicidio.

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Figura 2. Hoja de comunicación a Trabajo Social.

• Denuncia inicial a la policía:

- En el caso de ciberbullying, se aconseja inicialmente no denunciar, ya que la investigación escolar es fundamental en el manejo inicial de los casos. Si el colegio no realiza la investigación, hay que comunicarlo a Trabajo Social y aconsejar que la familia contacte con participación ciudadana de la policía nacional.

- En el caso de grooming, hay que realizar una denuncia inmediata, dada la gravedad del delito.

• Contactar con el centro escolar (Fig. 3).

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Figura 3. Hoja de comunicación con el centro escolar.

En casos de acoso escolar presencial o de un ciberacoso escolar, y en los casos de grooming cuyo agresor sea del centro escolar. Se recomienda realizar un comunicado al centro escolar con el diagnóstico específico de “sospecha de acoso escolar o ciberacoso”, dado que es imposible establecer un diagnóstico definitivo sin una adecuada evaluación de la situación por parte del centro escolar.

Función del pediatra de Atención Primaria en la detección precoz del ciberacoso(1)

El pediatra tiene una labor fundamental en la prevención, detección precoz, abordaje y coordinación de los casos.

Es esencial, para un manejo adecuado de los pacientes, la educación para la salud y la detección precoz de los casos de ciberacoso, tanto a la víctima como al agresor.

La actuación debe ser coordinada con los distintos sectores involucrados, según cada caso (profesores, Salud Mental, Fiscalía de Menores, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la familia y los niños), y se deben activar los mecanismos necesarios de protección a la víctima y detección y seguimiento del agresor (Algoritmo).

Además, es fundamental considerar que, tanto la víctima como el agresor son niños, y han de ser objetos de cuidado e intervención.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

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12.*** American Academy of Pediatrics. Plan para el consumo mediático de su familia. Disponible en: https://www.healthychildren.org/spanish/fmp/paginas/mediaplan.aspx.

13.*** Grupo de trabajo de la Guía Clínica de ciberacoso para profesionales de la salud. Guía clínica sobre el ciberacoso para profesionales de la salud. Plan de confianza del ámbito digital del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Hospital Universitario La Paz, Sociedad Española de Medicina del Adolescente, Red.es. Madrid. 2015. Disponible en: https://www.adolescenciasema.org/usuario/documentos/Guia_Ciberacoso_Profesionales_Salud_FBlanco.pdf.

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Estudio publicado por UNICEF, mediante una encuesta online realizada en todo el ámbito nacional, con un muestreo adecuado y utilizando cuestionarios validados en la etapa adolescente. Aborda cómo impacta la tecnología y cuáles son los hábitos de uso en los adolescentes españoles.

– American Academy of Pediatrics. Plan para el consumo mediático de su familia. Disponible en: https://www.healthychildren.org/spanish/fmp/paginas/mediaplan.aspx.

Plan digital familiar de la Academia Americana de Pediatría. Una herramienta útil para el abordaje de la salud digital en la consulta.

– Grupo de trabajo de la Guía Clínica de ciberacoso para profesionales de la salud. Guía clínica sobre el ciberacoso para profesionales de la salud. Plan de confianza del ámbito digital del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Hospital Universitario La Paz, Sociedad Española de Medicina del Adolescente, Red.es. Madrid. 2015. Disponible en: https://www.adolescenciasema.org/usuario/documentos/Guia_Ciberacoso_Profesionales_Salud_FBlanco.pdf.

Guía clínica sobre el ciberacoso para profesionales de la salud. Aunque fue publicada en 2015, es una guía práctica para el conocimiento del ciberacoso con mayor profundidad.

 

Caso clínico

 

Margarita tiene 13 años y acude a la consulta, porque sus padres están preocupados por: falta de apetito de un mes de evolución; epigastralgia que aumenta su intensidad el domingo por la noche, llegando a despertarla; insomnio de conciliación y mantenimiento; y astenia marcada. Mejoría evidente los sábados. Antecedentes personales de múltiples alergias alimentarias. Menarquia a los 12 años, regulares con flujo muy abundante. Antecedentes familiares sin interés. Exploración: se constata pérdida de 2 kg de peso en un mes, resto de la exploración sin hallazgos significativos.

 

 

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Pediatría social: ¿Qué es y qué no es?

Nombre autor
Editorial


J. García Pérez

Presidente del Instituto Madrileño de Pediatría (IMPe). Frikípata*. Director Médico del Centro de Orientación, Preparación, Apoyo a la Adopción e Inmigración y Riesgo Social Pediátrico (RAPACINOS). Madrid

 

«El objetivo de la Pediatría Social no es otro que la interacción mutua y específica, entre enfermedad o salud y sociedad. El pediatra social no es feliz por lo que quiere hacer, sino que quiere lo que hace»

 


PEDIATRÍA SOCIAL: ¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES?

 

La Pediatría Social es una ciencia antropológica, integral y holística, que estudia al ser humano auténtico y real y, lo que debemos tener claro, es lo que no es la Pediatría Social: la formación del pediatra centrada en las competencias del ámbito hospitalario y en los condicionantes biológicos de la salud que ofrece un enfoque parcial del niño, fraccionado en órganos y funciones e ignorante de su entorno, la medicina socializada, medicina para pobres, la antítesis de la medicina individual o la sociología médica. La Pediatría Social es, más bien, un modo de ser que un programa de estudios, significa algo más que un espíritu o una actitud, comprende un conjunto de esfuerzos colectivos en favor de la infancia y representa un área específica de trabajo que requiere, para cuantos nos dedicamos de manera preferente a sus actividades, una preparación científica idónea y la presencia de móviles emocionales adecuados para tratar de beneficiar al mayor número de niños con el aporte de los conocimientos y de los avances sociales, tecnológicos y científicos de cada momento. En resumen, el objetivo de la Pediatría Social no es otro que la interacción mutua y específica, entre enfermedad o salud y sociedad(1).

Hace varias décadas que la Pediatría Social, preferentemente en Francia y Alemania, se ha institucionalizado como una disciplina con gran peso específico. En nuestro país, hasta 1962, que se define la Pediatría Social (PEDSOC) en el Congreso Internacional de Pediatría de Lisboa. En la década de 1962-1972, hay una eclosión de la actividad pediátrica. En 1972, comienza el simposio español de PEDSOC, celebrado en Madrid; al año siguiente, se funda la sección de PEDSOC de la AEP. En el 2005, surge la Sociedad Española de Pediatría Social (SEPS), a partir de la sección de PEDSOC. Posteriormente, la orden SCO/3148/2006 de septiembre, marca el Programa formativo de la especialidad de Pediatría y sus áreas específicas y establece: un área clínica, un área de Pediatría Social y salud pública y un anexo(2,3).

Dicha orden indica que a la Pediatría Social le atañe lo que se refiere al niño y adolescente, sano y enfermo, en sus interrelaciones individuales y con la comunidad, en el medio físico y humano, en el que, de manera ininterrumpida y con características propias se desarrolla. Y en el anexo de dicha orden, matiza que la Pediatría Social debe actuar como Pediatría del desarrollo: con programas de salud madre e hijo, con indicadores de salud, con programas de salud para niños de 0 a 6 años, para el niño escolar y para el adolescente, programas de cuidados y atenciones al niño y adolescente enfermo con diversidad funcional y portador de enfermedades crónicas. Intervención ante el maltrato, violencia y abandono, en la adopción, guardia y custodia, en los problemas de los niños y adolescentes con marginación social e intervención con programas de prevención de accidentes e intoxicaciones(4-6).

Además, los pediatras sociales debemos garantizar el óptimo desarrollo de los niños, niñas y adolescentes (NNA) y que sean respetados sus derechos, decisiones e intereses, y apoyar a los NNA y a sus familias cuando estén en una situación de riesgo bio-psico-social, a saber: inequidades sociales, exclusión social, deprivación económica, entornos inadecuados, infraviviendas, desnutrición, violencia, falta de estimulación para un crecimiento saludable y falta de un círculo adecuado de protección, entre otros factores de riesgo(7,8).

A nivel práctico: atención a la infancia vulnerable, favorecer el cumplimiento de la convención de los derechos de los niños (CDN)(9), “donde se define como niño a todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”. Se fundamenta sobre el interés superior del menor, la no discriminación, la supervivencia y desarrollo infantil, así como la participación infantil. Se les considera como individuos independientes con sus propios derechos, integrados en una familia y en una comunidad”(10-12).

Así pues, podemos deducir que el pediatra social debe considerar la historia social como una parte de la historia clínica y como una herramienta fundamental para abordar los problemas de salud de una manera integral, ya que los condicionantes sociales, como experiencias adversas en la infancia (EAI), sobre todo en los países en desarrollo, son muchas veces dramáticas, es el caso del fenómeno “heat or eat” (calentar o comer), que se refiere al poco desarrollo del crecimiento del niño en familias pobres, porque parte del dinero lo invierten en calefacción y no en comida. Algunos autores proponen estudiar los problemas sociales, que afectan a la salud infantil, usando las siglas IHELLP: incomes (ingresos), housing (vivienda), education (educación), legal status/immigration (situación legal/inmigración), literacy (alfabetización) y personal safety (violencia doméstica). En este sentido, la clasificación de las enfermedades de la OMS (Organización Mundial de la Salud), como la clasificación internacional de Atención Primaria de la WONCA (Organización Mundial de Médicos de Familia), incluyen los motivos de consulta con un enfoque biopsicosocial, para poder registrar de manera codificada los problemas sociales(13,14).

Otro aspecto importante que el pediatra social debe valorar en su actividad asistencial, es la violencia en sus heterogéneas manifestaciones: maltrato emocional, negligencia, maltrato físico, abuso sexual, enfermedad generada por el cuidador, síndrome del niño vulnerable, violencia contra la mujer y su influencia en el NNA, violencia entre adolescentes, violencia de género y violencia situacional, violencia entre pares (acoso, sexting) y otras patologías(15-17), drogas, ciberpatologías (ciberacoso, grooming, etc). prevención de la mutilación genital femenina y violencia filio-parental. Además, el pediatra social valora la diversidad (el género, la etnia, la diversidad funcional), así como las patologías crónicas, enfermedades raras, los conflictos interparentales, las inequidades en salud, el embarazo de adolescentes, las pandillas, los riesgos de radicalización y los delitos de odio.

Entender la inmigración como una multiculturalidad, como una riqueza, respetar el pluralismo cultural y religioso en general, para evitar generar experiencias perjudiciales, crónicas o recurrentes, angustiosas, con efectos acumulativos, con diferente gravedad y consecuencias para la salud, tanto presentes como futuras; con alteración del desarrollo del NNA: retraso del lenguaje, hiperactividad, dificultad de atención de la escolarización, demora en la adquisición de la lecto-escritura y bajo rendimiento académico. En el aspecto psicopatológico, nos podemos encontrar con agresividad, hiperactividad, ansiedad y somatizaciones. Enfermedades crónicas: asma, obesidad, incontinencia de esfínteres e hiperdemanda. En la edad adulta: cáncer, obesidad, diabetes, depresión, intentos de suicidio y tóxicos, entre otras patologías(18-20).

Debemos trabajar con:

• Los servicios socio-sanitarios(19): Atención Primaria; Unidades de Pediatría Social hospitalarias y Trabajo Social: atención, comunicación y seguimiento, tanto con las víctimas como con los profesionales y las instituciones.

• Los dispositivos institucionales: estatales (Cuerpo Nacional de Policía); participación ciudadana; autonómicos (violencia de género en adolescentes y atención al abuso sexual, y programas de atención integral a las personas LGTBIQ) y municipales (concejalías de la mujer).

• Otras Instituciones: universidades y terapias asistidas con animales.

En cuanto a la prevención:

• Procuraremos detectar la vulnerabilidad en el área de salud, como: valorar la sensibilidad de los profesionales, la formación de los cuidadores y cribado de las experiencias adversas en la infancia (EAI) en los NNA.

• La eliminación de barreras que dificultan el acceso adecuado a la asistencia socio-sanitaria, tales como: las inequidades en salud y valorar los accesos a los sistemas de salud.

• Instaurar un apoyo social efectivo, como favorecer relaciones estables, seguras y afectuosas y estimular la parentalidad positiva(20,21).

Conclusiones

Por lo que respecta a las nuevas generaciones de pediatras y dada la evolución que ha experimentado la patología pediátrica y el perfil de la morbilidad infantil en los últimos lustros, les resultara imprescindible estar en posesión de una formación idónea en Pediatría Social; esta debería incluirse de manera obligatoria, como sucede en algunos países muy próximos al nuestro, en los programas docentes para pre y postgraduados. En España, aunque la Comisión Nacional de la especialidad de Pediatría lo estableció en 1986, por desgracia y en la práctica, pocas veces se lleva a efecto(21,22).

En estos momentos, en nuestro país, para lograr una promoción y un desarrollo adecuados de la Pediatría Social, coherentes con la situación que ocupamos en el contexto Internacional y con el alto nivel alcanzado por la Pediatría española, se requerirán grandes dosis de ilusión, de laboriosidad y de persuasión que ya existen y, principalmente, los recursos suficientes públicos y privados para realizar cursos, seminarios, congresos y otras actividades docentes y científicas(22,23).

Situada la Pediatría Social en la encrucijada de varias ciencias antropológicas, biológicas y sociales, su aprendizaje requiere la participación de múltiples profesionales: médicos, enfermeros, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, educadores sociales, pedagogos, epidemiólogos, etc. Estas tareas docentes precisan cimentarse en trabajos de investigación, cuya calidad y rigor científico no deben ser inferiores a los realizados en otros campos de la Pediatría (Fig. 1).

Figura1

Figura 1. Factores y ciencias que intervienen en la formación en Pediatría Social.

 

En estos momentos de constantes cambios sociales y de innumerables avances de la ciencia y de la tecnología, que requieren una continua puesta al día de los objetivos y de las actividades de la Pediatría, es cuando se persigue, que todos los NNA, sin discriminación, tengan acceso a la promoción de la salud. Ahora cuando la Pediatría individualizada trata de convertirse en colectiva, cuando la Pediatría preventiva y del desarrollo gana terreno a la Pediatría curativa, y cuando la Pediatría hospitalaria pretende dar su alternativa a la realizada en el primer nivel de atención, las perspectivas de la Pediatría Social se centran también, en mejorar la formación del personal que trabaja en el campo de la salud, en organizar adecuadamente los servicios y en fomentar la investigación, pilares básicos para desarrollar las actividades colectivas o individuales. Como vemos, la Pediatría Social resulta ser compleja, porque no depende solo del pediatra, es el resultado de las políticas de Estado, que sean permanentes y equitativas y que influyan en el desarrollo del bienestar biopsicosocial de nuestros NNA(24-28).

Todos los seres humanos nacemos con la semilla de la bondad, tolerancia y racionalidad, pero nos llenamos de odio. La violencia engendra violencia, el amor engendra más amor. El mundo está lleno de hombres y mujeres, sádicos, envidiosos, violentos, vengativos y psicópatas, y la sociedad está plagada de barreras negativas. Para que esto no suceda, debemos ayudarnos los unos a los otros y no sacrificándonos los unos por los otros. El pediatra social no es feliz, por lo que quiere hacer, sino que quiere lo que hace.

“Los frikípatas no solo están dispuestos a atender patologías consideradas raras, sino que ellos mismos pueden ser considerados raros entre algunos colegas, por pensar que todas estas situaciones, también pediátricas, siempre requieren atención, formación, entendimiento, empatía, cercanía, hipótesis, acompañamiento y, en ocasiones, trabajo interdisciplinar y ayuda especializada como el resto de problemas pediátricos”(29).

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Redes sociales y pantallas: impacto en la edad pediátrica

Temas de FC


P. Serrano Marchuet*, L. López Granados**

*Pediatra de Atención Primaria. EATP del Garraf, Vilanova i la Geltrú. Barcelona. ICS. Institut Català de la Salut. Barcelona

**Pediatra en C.S. La Rivota. Alcorcón. Servicio Madrileño de Salud. Madrid

 

Resumen

En este artículo se presenta una revisión del impacto, tanto positivo como negativo, de las pantallas, de las redes sociales y de los videojuegos en la infancia y adolescencia, y de la relación directa entre esto y el uso o abuso de las Tecnologías para la Relación, Información y Comunicación (TRIC). Se toma como punto de partida, el desarrollo pre y adolescente asociado a la construcción de la identidad juvenil en el contexto de un nuevo paradigma de cibercomunicación, donde el límite entre lo público y lo privado se torna cada vez más difuso. A su vez, se detallan los aspectos positivos que las TRIC ofrecen (diversas oportunidades de aprendizaje, socialización, desarrollo de habilidades o creatividad) y los aspectos negativos asociados (distanciamiento afectivo, pérdida de límites en la comunicación, pérdida de la capacidad de escucha o adicciones, entre otros). Es una necesidad importante que los pediatras desempeñen un papel activo, guiando adecuadamente a los menores y a las familias a través del impacto de las pantallas y de las redes sociales, para convertirse en un verdadero impulsor del desarrollo psicofísico y social de niños y adolescentes.

 

Abstract

This article presents a review of the impact, both positive and negative, of media use, social networks and video games in childhood and adolescence, and the direct relationship between this and the use or abuse of Technologies of Relationship, Information and Communication (TRIC). The pre and adolescent development associated with the construction of youth identity is taken as a starting point in the context of a new cybercommunication paradigm, where the limit between what is public and what is private becomes increasingly blurred. In turn, the positive aspects that TRICs offer are detailed (various opportunities for learning, socialization, development of skills or creativity) and the associated negative aspects (affective distance, loss of limits in communication, loss of hearing ability or addictions, among others). It is an important need for pediatricians to play an active role, adequately guiding minors and families through the impact of media use and social networks, to become a true promoter of the psychophysical and social development of children and adolescents.

 

Palabras clave: Pantallas; Redes sociales; Videojuegos; Adolescencia.

Key words: Media use; Social networking; Video games; Adolescence.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 193 – 200

 


OBJETIVOS

• Conocer los principales hitos del mundo digital y la definición de las TRIC.

• Comprender el impacto que generan las nuevas tecnologías en nuestra población pediátrica.

• Saber cuáles son los aspectos negativos y los peligros a los que los jóvenes pueden estar expuestos con el uso de las redes sociales.

• Conocer los posibles aspectos positivos de las redes sociales y de los videojuegos en niños y adolescentes.

• Destacar el impacto que puede tener la influencia de los videojuegos en diversos ámbitos de la salud.

• Detectar en la consulta de Atención Primaria, un uso indebido de pantallas, videojuegos y redes sociales.

 

Redes sociales y pantallas: impacto en la edad pediátrica

Introducción. Cuestión de nomenclaturas

Desde hace mucho, demasiado tiempo, estamos dando el calificativo a las tecnologías ligadas al uso de pantallas como “nuevas”.

A lo mejor, convendría recordar algunos de los hitos del mundo digital para empezar a revertir esa denominación(1):

• Internet, como tal y abierto al público en general, empieza a usarse a principios de la década de los noventa y se va popularizando en poco tiempo.

• La primera red social, SixDegrees®, creada en 1997 por Andrew Weinreich, cerró en 2001, pero tiene el privilegio de ser considerada la pionera de esas aplicaciones.

• A ella le siguieron, destacando las que presentan una mayor implantación en nuestro entorno: Facebook (2004), YouTube (2005), Twitter (2006), WhatsApp (2009), Instagram (2010), Twitch (2011) y TikTok (2016).

• Las plataformas digitales de entretenimiento y canales de streaming llevan también unos lustros instaladas en nuestra vida y, a fin de cuentas, siempre acaban siendo consumidas desde pantallas.

• Todo ello sin entrar a hablar de la televisión que, tras múltiples avances, con la aparición de multitud de canales y operadoras, acaba por verter sus contenidos en directo o “a la carta”, en cualquier dispositivo dotado de una pantalla.

Recién estrenado el 2023, podría ser el punto de partida para empezar a retirarles la denominación de “nuevas tecnologías”, tan implantada en el leguaje popular, y que desde el ámbito sanitario, también se continúa empleando. Cuesta creer que un niño nacido con posterioridad a la creación de cualquiera de ellas, las identifique con algo novedoso. Quizás, y a modo de sorna, sería más adecuada la denominación de TqFNESMyqSHQ: tecnologías que fueron nuevas en su momento y que se han quedado.

Por otro lado, su empleo por parte del usuario final, en este caso nuestros menores, y por las prestaciones de las que se les ha ido dotando, ha virado hasta el punto de convertir “las nuevas tecnologías” en un instrumento más de la socialización en su día a día. Es por ello, por lo que el informe de Unicef(2) sobre su uso en preadolescentes y adolescentes de nuestro país propone, ya desde un inicio, cambiar la consabida denominación de las TIC (Tecnologías para la Información y Comunicación) por la de TRIC (Tecnologías para la Relación, Información y Comunicación). Con ellas juegan y compiten con y/o contra otros, a la vez que se relacionan con sus iguales. Nuestra sociedad, cada vez más globalizada y digitalizada, se apoya en la tecnología para estar cerca de las personas, compartir e intercambiar lo tangible y aquello que no lo es, como emociones o sentimientos. Los dos últimos años de pandemia no han hecho más que acrecentar esa tendencia, por razones de sobra conocidas por todos.

Es de vital importancia que los profesionales tengamos la capacidad de integrar y asumir esos cambios en nuestro desarrollo profesional cotidiano, seamos o no usuarios de la TRIC, para poder comprender el mundo en el que se desenvuelven nuestros pacientes. No son elementos novedosos de uso puntual, sino nuevas formas de vida al alcance de –en nuestro entorno–, prácticamente todos. Y eso puede tener aspectos negativos y positivos, pero para detectarlos, en el primero de los casos y potenciarlos, en el segundo, debemos ser sabedores de lo que hay.

Impacto del uso de pantallas en la infancia y adolescencia. Poniendo cifras

Según el mencionado informe de Unicef(2), la edad media de acceso al primer teléfono móvil en nuestro país es a los 10,96 años, teniendo casi el 100 % de todos ellos, acceso a Internet con datos ilimitados. Casi un 60 % de ellos lo lleva a diario a clase y más del 90 % se conecta a Internet a diario. Casi un 30 % reconoce estar conectado más de 5 horas al día entre semana, cifra que alcanza el 50 % durante los fines de semana.

Cerca del 60 % de los encuestados duerme todos (o casi todos) los días con el móvil en la habitación y un 21 % reconoce conectarse a Internet más allá de la medianoche.

Más de un 40 % tiene conocimiento de lo que es la Dark Web (se trata de una porción de Internet intencionalmente oculta a los motores de búsqueda, con direcciones IP enmascaradas y accesibles solo con un navegador web especial, cuyas “intenciones” no son siempre las mejores) e incluso un 4 % afirma haber navegado alguna vez por ella.

Se calcula que hay un 33 % de adolescentes que están desarrollando un uso problemático de Internet, porcentaje que aumenta en las chicas y en los cursos superiores.

Más de un 58 % emplea los videojuegos alguna vez a la semana, con mucha mayor preponderancia del sexo masculino, empleando para ello principalmente el teléfono, consolas o el ordenador. El 54,7 % juega a videojuegos no adecuados para menores de 18 años.

Según la encuesta EU Kids Online de 2020(3), por ejemplo, los niños de entre 9 y 16 años consultan las redes sociales todos los días o con mucha frecuencia, cuando están en las etapas escolares correspondientes a la Educación primaria. El estudio destaca que un 11 % de los menores españoles entre 9 y 10 años y un 42 % de los menores entre 11 y 12 años tienen, al menos, un perfil en una red social (Fig. 1).

Figura1

Figura 1. Menores españoles con perfil en una red social. Fuente: EU Kids Online 2020.

Además, este mismo informe señala que, el 40 % de los adolescentes de entre 11 y 16 años, reconocía no saber utilizar Internet de forma segura y, solamente el 16 % sostenía navegar bajo un sistema de filtrado o control parental impuesto por sus padres.

Ante tales cifras y como profesionales de la salud infantil y de los adolescentes en el terreno físico, mental, emocional y cognitivo, debemos ser conocedores del impacto que generan estas nuevas tecnologías en nuestra población.

Impacto de las RRSS en la infancia y adolescencia

Las TRIC se han instalado de forma natural y cotidiana en los procesos de socialización de los adolescentes, de tal forma que viven plenamente integrados en una cultura audiovisual que marca su día a día, no siendo conscientes de los posibles riesgos que comporta el uso no adecuado de estas redes.

Existen estudios publicados que se centran en cómo el cerebro adolescente, aún en desarrollo, procesa el uso de los medios. Crone y Konijn(4), por ejemplo, concluyen que: “los sistemas neuronales que están asociados con los comportamientos importantes para el uso de las redes sociales, incluido el procesamiento de recompensas sociales, el procesamiento basado en emociones, la regulación y la mentalización, destacan sobre otras regiones cerebrales. Dado que estos sistemas neuronales aún están subdesarrollados y experimentan cambios significativos durante la adolescencia, pueden contribuir a la sensibilidad al rechazo, la aceptación, la influencia de los compañeros y las interacciones cargadas de emociones en los medios y entornos en línea”.

Las comunicaciones en línea permiten una fluida relación interpersonal y estimulan el diálogo entre los menores, pues les permite promover y compartir inquietudes o acciones e integrarse en grupos afines. Sin embargo, y de alguna manera, enviar mensajes de texto y comunicarse en línea no es que provoque una discapacidad del aprendizaje no verbal, pero sí coloca a los jóvenes en un contexto de discapacidad no verbal, donde el lenguaje corporal, la expresión facial e incluso los tipos más pequeños de reacciones verbales se vuelven invisibles. Se genera así una gran dificultad para evaluar lo que los mensajes enviados están provocando en el receptor(5).

El mundo digital tiene riesgos y beneficios que repercuten en todas las esferas del individuo, a nivel: físico, psicológico, social, sexual y funcional. Es decir, el uso inadecuado del mundo digital impacta sobre la salud a cualquier edad, especialmente en niños y adolescentes, al estar, como hemos dicho, en desarrollo.

Sea como fuere, el crecimiento en los últimos años de las plataformas de medios interactivos y su rápida adopción por parte de los jóvenes es una indicación potencial convincente que tienen las herramientas de medios sociales.

Según el estudio realizado en un reciente análisis crítico sobre los Riesgos en el uso de Internet y las redes sociales durante la infancia y la adolescencia, publicado en la plataforma Frontiers 2021(6), los niños españoles de entre 9 y 16 años consultan las redes sociales todos los días y, los de mayor edad, incluso, pueden llegar a tener hasta tres tipos de perfiles en ellas: uno para la familia, otro para buscar de forma anónima y expresar libremente sus opiniones, y un tercero para espiar a otros usuarios de las comunidades de TikTok, Instagram, YouTube o Twitter.

En esta investigación se destaca que el uso de dispositivos móviles ha ido en aumento en los últimos años en España, dato que ha generado gran interés en la comunidad académica, por investigar los usos, riesgos, amenazas y oportunidades para los niños y jóvenes, especialmente los pertenecientes a la Generación Alfa.

La Generación Alfa es la que sucede a la Generación Z y es el término con el que los investigadores y medios de comunicación refieren a los niños nacidos en la década de 2010, y denominan a la primera generación que será cien por cien digital, los llamados nativos digitales.

El hecho de que sean personas que conviven desde sus inicios con todo tipo de aparatos tecnológicos y dispositivos electrónicos, hace necesaria una labor de concienciación y control de uso por parte de los padres, que han de encargarse de acercar a los menores a los riesgos a los que se exponen cuando utilizan Internet.

Aspectos negativos del uso de las RRSS

El uso intensivo de redes sociales se asocia con: menor satisfacción con la vida, internalización de experiencias negativas, depresión grave, efectos negativos en el funcionamiento socioemocional, ansiedad, problemas de atención y estrés(7). Además, el mal uso, el abuso y las conductas adictivas en Internet han mostrado una asociación con: insomnio, disminución de horas total de sueño, riesgo aumentado de obesidad y disminución del rendimiento académico, fracaso y abandono escolar. Estos problemas, en muchas ocasiones, coexisten y están aumentando su prevalencia(8).

Internet y las redes sociales pueden estimular fácilmente conductas inadecuadas, debido a la existencia de anonimato y falseamiento de identidad, como exhibicionismo, agresividad o engaño, entre otros.

A continuación, se abordan algunos de los peligros a los que los jóvenes pueden estar expuestos.

Ciberacoso escolar o ciberbullying

El ciberbullying se define como: “el daño repetido, intencional y consecuente, ejercido por un niño o grupo de niños contra otro mediante el uso de medios digitales”. Debe ser una situación dilatada en el tiempo y se realiza mediante la difusión de información lesiva o difamatoria, o la publicación de vídeos o fotografías, incluyendo: chantaje, vejaciones e insultos. El acoso se efectúa mediante el correo electrónico, la mensajería instantánea o las redes sociales(9).

Suele ser una extensión (virtual) del maltrato realizado presencialmente. Implica un daño recurrente y repetitivo que tiene un impacto significativo en la víctima o víctimas(10). Es fundamental que los adolescentes que están expuestos a este fenómeno logren pedir ayuda, para poder generar un equipo de trabajo que investigue, detenga, sancione y repare. Las intervenciones deben estar dirigidas, tanto a las víctimas como a los agresores y a las familias involucradas(11).

Ciberacoso sexual o grooming

Es el ciberacoso con contenido sexual ejercido deliberadamente por un adulto sobre un niño (o entre 2 niños en los que pueda establecerse una relación de poder y control emocional), cuyo fin último, en la mayoría de los casos, es obtener imágenes de pornografía infantil o cometer un abuso sexual. El principal riesgo es enviar o compartir imágenes con contenido sexual de forma voluntaria (sexting) a desconocidos(9).

Es un delito tipificado como abuso sexual infantil; por tanto, para considerarse grooming debe haber un contenido sexual obtenido mediante coacción.

Sexting

Es una práctica que consiste en compartir imágenes de tipo sexual, personal o de otros, por medio de teléfonos inteligentes o Internet. El riesgo, es que las imágenes sean publicadas y viralizadas sin permiso. Con ello, la intimidad queda expuesta a la mirada pública, con todas las consecuencias a corto y largo plazo de este hecho(9).

Ciberadicción o conducta adictiva a Internet

Se define como un patrón de comportamiento caracterizado por la pérdida de control sobre el uso de Internet. Esta conducta conduce al aislamiento y al descuido de: las relaciones sociales, las actividades académicas, las actividades recreativas, la salud y la higiene personal(12). Algunos autores sugieren que algunos jóvenes (entre un 10-15 % del total de usuarios) desarrollan conductas adictivas similares a la dependencia a sustancias(13). Se generan fenómenos de abstinencia y tolerancia, sensación de pérdida de control y se utilizan como método para escapar de la realidad. Involucra serias alteraciones sociales y familiares. En la tabla I se señalan algunos indicadores de adición a las redes sociales.

 

Aspectos positivos del uso de las RRSS

La adolescencia es una etapa cargada de oportunidades para el crecimiento y la consolidación de la personalidad. El valor de las relaciones sociales y el placer que generan son muy importantes en la vida de un adolescente. Los dispositivos electrónicos se han convertido en el medio más elegido por los jóvenes para una de las actividades más importantes de esta etapa: socializar(14).

Se ha demostrado que Internet: estimula un mayor número de regiones cerebrales, aumenta la memoria de trabajo, produce una mayor capacidad de aprendizaje perceptual y permite hacer frente a varios estímulos de manera simultánea. Los nativos digitales tienen mejor habilidad para tomar decisiones rápidas. También se ha asociado a un mayor desarrollo del polo frontal, de la región temporal anterior, del córtex del cíngulo anterior y posterior, y del hipocampo(15).

El uso de redes sociales muestra otros múltiples aspectos positivos: creación de blogs, vídeos y páginas web, que pueden desarrollar sentimientos de competencia para socializar, hacer planes, prestar apoyo y colaborar con las tareas escolares.

Las redes sociales pueden apoyar comportamientos saludables como: ejercicio diario, acceso a servicios de salud mental, educación sexual y cumplimiento de la medicación, a través de aplicaciones, juegos y refuerzo, y retroalimentación social online. Pueden ayudar a mejorar la conexión social, la empatía emocional y la sensibilidad moral(7).

 

Los videojuegos

Durante las últimas décadas, los videojuegos se han convertido en el pasatiempo favorito de muchos niños y adolescentes, y su uso no cesa de aumentar. El juego ha sido siempre una parte importante de la infancia y es evidente que sus tendencias están variando. Los videojuegos ocupan una proporción significativa del quehacer diario de nuestros menores, siendo un conductor potencial de su salud y desarrollo, tanto en sentido positivo como en el negativo. Desde esa dicotomía, se han venido generando debates entre los distintos entes implicados, incluyendo a las familias, entidades sociales, profesionales de la salud, investigadores y, como no, los propios productores de los juegos.

En nuestro país, y según el estudio realizado por Unicef(2), afirman usarlos de manera habitual un 58,7 % de la muestra encuestada –realizada entre alumnos de 1º a 4º de la ESO–, tendencia que es más elevada en los cortes etarios superiores y ampliamente mayoritaria en el sexo masculino (85,6 %). Lo que constituye una de sus principales fuentes de ocio.

Gran parte de los chicos encuestados reconoce jugar con frecuencia a juegos no adecuados para su edad, en los que existe violencia de forma explícita, sin que sus padres presten demasiada atención a la codificación del juego en ese sentido.

La influencia de los videojuegos puede tener impacto en diversos ámbitos de la salud, considerando esta como un todo que engloba aspectos físicos, emocionales y sociales.

Impacto de los videojuegos en la salud física

Parece estar claro el efecto adverso que tiene el tiempo dedicado a las pantallas en la salud de niños y adolescentes y su relación con el exceso de peso infantil ha quedado sobradamente demostrada; sin embargo, no existe tanta literatura al respecto en cuanto a videojuegos se refiere. Una revisión reciente de 2020, que contaba con 26 artículos elegibles, para valorar la relación entre videojuegos y obesidad(16), concluyó que en 14 de ellos no existía relación entre ambas condiciones. Encontrándose, en algunos de ellos, cierta evidencia de que los exergames (videojuegos que promueven el ejercicio) podrían ser una herramienta adecuada para reducir el peso o moderar su incremento.

Todo ello podría ser la consecuencia de que, en comparación con permanecer sentado de manera pasiva, el gaming es capaz de incrementar la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y genera un incremento del gasto calórico.

Por otro lado, el videojuego podría favorecer hábitos poco saludables de alimentación, incrementando el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas, aperitivos, sal y bebidas azucaradas. Los gamers están menos expuestos a la publicidad de alimentos poco saludables que los que usan otras redes o miran la televisión, a pesar de que están presentes de manera más habitual en algunos dispositivos como tablets o teléfonos.

Sabemos también que la práctica de videojuegos cerca de la hora de dormir puede afectar, tanto a la cantidad como a la calidad del sueño.

Jugar a última hora de la tarde está asociado con una mayor dificultad para conciliar el sueño, una disminución total de las horas de sueño y ciertos cambios estructurales en los periodos REM.

Las causas de todo ello podrían ser: una liberación alterada de melatonina, una estimulación psicomotora generada por el propio juego o por el desplazamiento de la hora de irse a dormir.

Sin duda alguna, esos trastornos del sueño tienen sus consecuencias en la salud, en forma de una disminución de la adquisición de habilidades y del rendimiento escolar, irritabilidad, cambios de humor e inactividad física. Además, el hecho de disponer de un dispositivo de gaming en la habitación disminuye la capacidad de los padres para su supervisión y limitación.

Impacto de los videojuegos en el desarrollo cognitivo

Está claro también que no todo el visionado de pantallas es igual en muchos sentidos, la atención activa y la participación requerida son, por ejemplo, muy superiores en los videojuegos que en el visionado de la televisión o de canales de vídeo. Sin duda alguna, el juego virtual ni puede ni debe sustituir al real, pero es cierto que es capaz de generar ciertas habilidades para resolver enigmas, superar obstáculos y crear cohesión entre iguales. Posiblemente, teniendo en cuenta que han venido para quedarse, la mejor solución sea establecer un equilibrio razonablemente saludable entre ambos.

Se ha podido demostrar que algunos videojuegos pueden estimular algunas áreas cognitivas, como la resolución de problemas, la forma en que se procesa la información o la memoria activa.

Algunos juegos de acción son capaces de mejorar la forma en que se procesan las imágenes y la capacidad de reacción, y hay evidencia de que algunas de estas habilidades se pueden trasladar al mundo real. Incluso hay estudios en los que se ha demostrado avances en los niveles de lectura y de fluidez, así como en la adquisición de nuevas palabras en pacientes con dislexia que practican algunos de estos juegos(17).

La relación entre los trastornos por déficit de atención y los videojuegos es convulsa. La conexión entre el uso excesivo de videojuegos y los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se observan en poblaciones infantiles y adolescentes; sin embargo, aún no está todo claro en esta relación. Si bien es cierto que los niños con TDAH son más vulnerables en caer en adicciones por los videojuegos(18), riesgo que se incrementa en paralelo con la gravedad de los síntomas del trastorno, también se ha constatado que el videojuego puede ser de utilidad en su diagnóstico e incluso en su tratamiento(19). Por tanto, la relación entre ambas condiciones podría ser considerada bidireccional.

Impacto de los videojuegos en la salud mental

Los videojuegos, en su justa medida y con la adecuada supervisión, pueden ser eficaces para disminuir el estrés y la ansiedad. Además, proporcionan también un entorno en el que el niño puede descubrir nuevas identidades, ya que bajo el anonimato que confieren, puede poner de manifiesto expresiones de género distintas a la suya e ir variándolas a su antojo. Sin embargo, los riesgos de la adicción y/o la ludopatía siempre están presentes.

En 2009, Lemmens et al.(20) desarrollaron la Escala de Adicción al Juego para Adolescentes (Game Addiction Scale for Adolescents [GASA]), adaptando 7 criterios diagnósticos para el juego de apuestas al uso de videojuegos, que en 2018 fue validada al español. El cuestionario se utiliza para evaluar los síntomas de adicción a los videojuegos y determinar si es necesario realizar una evaluación más detallada. Valora, entre otros: la cantidad de tiempo dedicado a los videojuegos, la sensación de inquietud o malestar que se experimenta cuando no se juega, la necesidad de jugar por periodos más prolongados o con mayor frecuencia para obtener la misma sensación de placer (tolerancia) o los síntomas de abstinencia o malestar físico o emocional que se experimentan cuando se detiene el juego. El test puede realizarse de forma sencilla en cualquier consulta e incluso a nivel familiar, y está también disponible online: https://www.adictalia.es/test/adicto-a-videojuegos/.

Impacto de los videojuegos en la salud social

La tendencia de las últimas décadas más el impulso de la pandemia ha propiciado que cada vez se empleen más herramientas tecnológicas para sentirnos cerca de las personas de nuestro entorno. Los videojuegos son una más de esas herramientas, muchos chicos los emplean, prioritariamente, para construir o mantener relaciones con sus iguales. Jugar a videojuegos con amigos no es más que otra forma de estimular el desarrollo social, como lo había sido, hace décadas, jugar al escondite en las calles. Ser socialmente activo en los videojuegos, enfatiza la cooperación y la empatía. Aquellos que tienen conexiones sociales en línea y en la vida real, podrían tenerlas más intensas que los que únicamente las mantienen en la vida real.

Función del pediatra de Atención Primaria

Los pediatras de Atención Primaria juegan un papel esencial en la promoción del bienestar físico, mental, cognitivo y social de los niños y adolescentes. De hecho, se encuentran en una posición privilegiada para aconsejar sobre el uso de las pantallas, limitar sus riesgos y detectar sus daños. Desde los primeros contactos con el niño y su familia, el pediatra de Atención Primaria puede potenciar un uso racional y responsable de las pantallas en función de la edad del niño. A lo largo de la infancia y la adolescencia, puede detectar un uso indebido de pantallas, videojuegos y redes sociales, con la consiguiente exposición a riesgos o la presencia de posibles daños y actuar en consecuencia.

Es una necesidad importante que los pediatras desempeñen un papel activo, guiando adecuadamente a los niños y a las familias a través del impacto de las redes sociales, para convertirse en un verdadero impulsor del desarrollo psicofísico y social de niños y adolescentes, pudiendo detectar, no únicamente trastornos derivados de su intervención en las distintas áreas descritas y adicciones, tanto al uso exagerado de RRSS como de los videojuegos. Recientemente, la OMS ha incluido el “trastorno por videojuegos” (Gaming disorder), que se refiere al uso de juegos digitales o videojuegos, ya sea mediante conexión a Internet o sin ella, vinculándolo a tres condiciones negativas provocadas por el mal uso de los juegos digitales:

1. La falta de control de la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega.

2. El aumento de la prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias.

3. El mantenimiento o escalada de la conducta, a pesar de tener conciencia de las consecuencias negativas.

Guías de ayuda para familias y pediatras

Son diversas las guías editadas desde diferentes ámbitos, tanto a nivel profesional como para las familias, en aras de hacer un buen uso de las pantallas, de prevenir sus riesgos, de potenciar sus beneficios y para, llegado el momento, poder detectar adicciones y otros efectos perjudiciales con relativa facilidad. Su principal debilidad es el desconocimiento que pediatras y padres tenemos de las mismas.

• De entre las varias guías revisadas destacaríamos las detalladas en la tabla II (Diez consejos de seguridad para los videojuegos de la web) y en la tabla III (Decálogo de la web “thegoodgamer”).

 

 

• Recursos o herramientas para valorar una posible adicción a los videojuegos: test de valoración del trastorno por juegos en red (adaptado de: Orsolya Kiraly, PhD, Instituto de Psicología, Universidad ELTE Eötvös Loránd, Budapest, Hungría) o los que podemos encontrar en la red, como el que está ubicado en la web de Adictalia: https://www.adictalia.es/adiccion/videojuegos/.

• Código PEGI para clasificación de los videojuegos (Pan European Game Information): El sistema PEGI, al que se ha acogido la Asociación Española de Videojuegos, es un sistema de autorregulación diseñado por la industria para dotar a sus productos de información orientativa sobre la edad adecuada para su consumo.

Consta de dos tipos de iconos descriptores, uno relativo a la edad recomendada, y otro al contenido específico susceptible de análisis. Dentro de estos últimos se destaca, por ejemplo: si en el juego se hace mención a las drogas, existe violencia explícita o se emplea un lenguaje soez (Fig. 2), cuya descripción detallada se puede consultar en: http://www.aevi.org.es/documentacion/el-codigo-pegi/ o en https://pegi.info/es.

Figura1

Figura 2. Código de clasificación de los videojuegos según el sistema PEGI (Pan European Game Information), mecanismo de autorregulación diseñado por la industria para dotar a sus productos de información orientativa sobre la edad adecuada para su consumo. Fuente: Asociación Española de Videojuegos, adaptada de PEGI.

El sistema se emplea también para el juego online y cabe destacar que algunas de las principales plataformas digitales como: Google Play Store, Nintendo, iOs de Apple o Microsoft cuentan con el sistema de clasificación PEGI para sus aplicaciones.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio de los autores.

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En este artículo se analiza cómo el entorno condiciona la vivencia de los adolescentes, la generación de los medios digitales, que han nacido inmersos en las tecnologías de la información y la comunicación, y se detallan los riesgos y oportunidades.

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Gran artículo que revisa los beneficios y los posibles riesgos que las pantallas podrían provocar en la infancia y la adolescencia. Por otra parte, realza la figura del Pediatra de Atención Primaria, quién juega un papel decisivo a la hora de potenciar un uso racional de las pantallas.

- Wan CS, Chiou WB. Why are adolescents addicted to online gaming? An interview study in Taiwan. Cyberpsychology & behavior. 2006; 9: 762-6.

Estudio que investiga las motivaciones psicológicas de los adictos a los juegos en línea y analiza más a fondo la relación entre las relaciones interpersonales en la vida real y los juegos en línea, como compensación o satisfacción extensiva de las necesidades de los adictos.

- Hadjipanayis A, Efstathiou E, Altorjai P, Stiris T, Valiulis A, Koletzko B, et al. Social media and children: what is the paediatrician’s role? Eur J Pediatr. 2019; 178: 1605-12. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s00431-019-03458-w.

Proporciona a los pediatras conocimientos y herramientas para guiar a los niños, adolescentes y a sus familias en el buen uso de las redes sociales.

 

Caso clínico

 

Marta tiene 12 años, es la mayor de 3 hermanos, durante toda su infancia ha acudido puntualmente a los controles del protocolo de actividades preventivas de su centro de salud y no tiene ningún antecedente familiar ni personal de relevancia. Está escolarizada en un colegio público con buen rendimiento y juega a balonmano desde hace cinco años, cada vez con mayor frecuencia e intensidad.

Hace aproximadamente dos años y medio, coincidiendo con su cumpleaños, sus padres le regalaron una videoconsola, de un tiempo a esta parte, hace algo más de un año perciben que cada vez focaliza más su atención en los videojuegos que en otros aspectos de su predilección previa.

Nos consultan sobre ciertos aspectos que son los que aparecen en las tres últimas preguntas del cuestionario de acreditación.

 

 

 

Social networks and media: impact on the pediatric age

Topics on
Continuous Training


P. Serrano Marchuet*, L. López Granados**

*Primary Care Pediatrician. EATP del Garraf, Vilanova i la Geltrú. Barcelona. ICS. Catalan Health Institute. Barcelona
**Pediatrician at CS La Rivota. Alcorcon. Madrid Health Service. Madrid

 

Abstract

This article presents a review of the impact, both positive and negative, of media use, social networks and video games in childhood and adolescence, and the direct relationship between this and the use or abuse of Technologies of Relationship, Information and Communication (TRIC). The pre and adolescent development associated with the construction of youth identity is taken as a starting point in the context of a new cybercommunication paradigm, where the limit between what is public and what is private becomes increasingly blurred. In turn, the positive aspects that TRICs offer are detailed (various opportunities for learning, socialization, development of skills or creativity) and the associated negative aspects (affective distance, loss of limits in communication, loss of hearing ability or addictions, among others). It is an important need for pediatricians to play an active role, adequately guiding minors and families through the impact of media use and social networks, to become a true promoter of the psychophysical and social development of children and adolescents.

 

Resumen

En este artículo se presenta una revisión del impacto, tanto positivo como negativo, de las pantallas, de las redes sociales y de los videojuegos en la infancia y adolescencia, y de la relación directa entre esto y el uso o abuso de las Tecnologías para la Relación, Información y Comunicación (TRIC). Se toma como punto de partida, el desarrollo pre y adolescente asociado a la construcción de la identidad juvenil en el contexto de un nuevo paradigma de cibercomunicación, donde el límite entre lo público y lo privado se torna cada vez más difuso. A su vez, se detallan los aspectos positivos que las TRIC ofrecen (diversas oportunidades de aprendizaje, socialización, desarrollo de habilidades o creatividad) y los aspectos negativos asociados (distanciamiento afectivo, pérdida de límites en la comunicación, pérdida de la capacidad de escucha o adicciones, entre otros). Es una necesidad importante que los pediatras desempeñen un papel activo, guiando adecuadamente a los menores y a las familias a través del impacto de las pantallas y de las redes sociales, para convertirse en un verdadero impulsor del desarrollo psicofísico y social de niños y adolescentes.

 

Key words: Media use; Social networking; Video games; Adolescence.

Palabras clave: Pantallas; Redes sociales; Videojuegos; Adolescencia.

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 193 – 200

 


OBJECTIVES

• To be cognizant of the main milestones of the digital world and the definition of TRICs.

• To understand the impact generated by new technologies in our pediatric population.

• To be aware of the negative aspects and the dangers to which young people can be exposed with the use of social networks.

• To know the possible positive aspects of social networks and video games in children and adolescents.

• To highlight the impact that the influence of video games can have in various areas of health.

• To detect the inadequate use of media, video games and social networks in the Primary Care consultation.


 

 

Social networks and media: impact on the pediatric age

 

Introduction. A matter of terminology

For far, far too long, we have been labeling social media-related technologies as “new”.

Perhaps, it would be convenient to remember some of the milestones of the digital world so as to begin to reverse that denomination(1)::

• The Internet, as such and open to the general public, began to be used at the beginning of the nineties and became popular in a short period of time.

• The first social network, SixDegrees®, created in 1997 by Andrew Weinreich, closed in 2001, but has the privilege of being considered the pioneer of such applications.

• Many were to follow, highlighting those that present a greater implantation in our environment: Facebook (2004), YouTube (2005), Twitter (2006), WhatsApp (2009), Instagram (2010), Twitch (2011) and TikTok (2016).

• Digital entertainment platforms and streaming channels have also been part of our lives for decades and, after all, they always end up being consumed through screens.

• All this without going into talking about television which, after multiple advances, with the appearance of a multitude of channels and operators, ends up broadcasting its content live or “on demand”, on any device equipped with a screen.

This recently initiated 2023 could be the starting point to begin to withdraw the label of “new technologies”, so implemented in the common jargon, which also continues to be used in the medical field. It is hard to believe that a child born after the creation of any of them identifies them with something new. Perhaps, and being sarcastic, the name TtWNATTaTHR would be more appropriate: technologies that were new at the time and that have remained.

On the other hand, its use by the end user, in this case our minors, and due to the features that social media has incorporated, has shifted to the point of turning “new technologies” into another instrument of socialization in their day to day. It is for this reason that the UNICEF(2) report on its use in preadolescents and adolescents in our country proposes, from the outset, changing the well-known name of ICT (Information and Communication Technologies) to that of TRIC (Relationship, Information and Communication Technologies). They play with them and compete with and/or against others, while interacting with their peers. Our society, increasingly globalized and digitized, relies on technology to be close to people, share and exchange what is tangible and what is not, as emotions or feelings. The last two years of the pandemic have only increased this trend, for reasons well known to all.

It is of vital importance that professionals have the ability to integrate and assume these changes in our daily professional development, whether or not we are TRIC users, in order to understand the world in which our patients interact. They are not novel elements for occasional use, but new forms of life within the reach of -in our environment- practically everyone. And that can have negative and positive aspects, but in order to detect them, in the first case, and promote them, in the second, we must be aware of what is out there.

Impact of the use of social media in childhood and adolescence. Putting the numbers in

According to the aforementioned UNICEF report(2), the average age of access to the first mobile phone in our country is 10.96 years, with almost 100% of them having Internet access with unlimited data. Almost 60% of them take it to class every day and more than 90% connect to the Internet daily. Almost 30% admit being connected more than 5 hours a day during the week, a figure that reaches 50% during the weekends.

Nearly 60% of those surveyed sleep every (or almost every) day with their mobile phone in the room and 21% admit connecting to the Internet after midnight.

More than 40% are aware of what the Dark Web is (it is a portion of the Internet intentionally hidden from search engines, with IP addresses masked and accessible only with a special web browser, whose “intentions” are not always the best) and even 4% say they have browsed it at some point.

It is estimated that there are 33% of adolescents who are developing problematic use of the Internet, a percentage that increases in girls and in higher grades.

More than 58% use video games once a week, with a much greater preponderance of the male sex, mainly using the telephone, console or computer. 54.7% play video games that are not suitable for children under 18 years of age.

According to the 2020 EU Kids Online survey(3), for example, children between the ages of 9 and 16 check social networks every day or very frequently, when they are in the school stages corresponding to primary education. The study highlights that 11% of Spanish minors between 9 and 10 years old and 42% of minors between 11 and 12 years old have at least one profile on a social network (Fig. 1).

Figure 1. Spanish minors with a profile on a social network. Source: EU Kids Online 2020

 

In addition, this same report indicates that 40% of adolescents between the ages of 11 and 16 acknowledged not knowing how to use the Internet safely and only 16% claimed to browse under a filtering or parental control system imposed by their parents.

Given these figures and as child and adolescent health professionals looking after the physical, mental, emotional and cognitive fields, we must be aware of the impact that these new technologies generate in our population.

Impact of social media in childhood and adolescence

TRICs have become a natural and daily part of adolescents’ socialization processes, in such a way that they live fully integrated in an audiovisual culture that marks their day to day, unaware of the possible risks that inappropriate use of these networks entails.

There are published studies that focus on how the still-developing adolescent brain processes media use. Crone and Konijn(4), for example, conclude that: “the neural systems that are associated with behaviors important for the use of social networks, including social reward processing, emotion-based processing, regulation and awareness, stand out from other brain regions. Because these neural systems are still underdeveloped and undergo significant changes during adolescence, they can contribute to rejection sensitivity, acceptance, peer influence, and emotionally charged interactions in media and online environments.”

Online communications allow a fluid interpersonal relationship and stimulate dialogue among minors, as it allows them to promote and share concerns or actions and integrate into similar groups. In some ways, however, texting and communicating online does not cause a nonverbal learning disability, but it does place young people in a context of nonverbal disability, where body language, facial expression, and even the smallest types of verbal reactions become invisible. This creates great difficulty in evaluating what the messages sent are causing in the recipient(5).

The digital world has risks and benefits that affect all spheres of the individual, at a physical, psychological, social, sexual and functional level. In other words, the inappropriate use of the digital world impacts health at any age, especially in children and adolescents, since they are, as previously mentioned, developing.

Be that as it may, the growth of interactive media platforms in recent years and their rapid adoption by young people is a compelling potential indication that social media tools hold.

According to the study carried out in a recent critical analysis on the Risks in the use of the Internet and social networks during childhood and adolescence, published in the Frontiers 2021 platform(6), Spanish children between the ages of 9 and 16 access social networks on a daily basis, and even older people can have up to three types of profiles in them: one for the family, another to search anonymously and freely express their opinions, and a third to spy on other users from TikTok, Instagram, YouTube or Twitter communities.

This research highlights that the use of mobile devices has been increasing in recent years in Spain, data that has generated great interest in the academic community, to investigate the uses, risks, threats and opportunities for children and young people, especially those belonging to the Generation Alpha.

The Generation Alpha is the one that succeeds Generation Z, and it is the term with which researchers and the media refer to children born in the 2010s, and it is the first generation that will be one hundred percent digital, the so-called digital natives.

The fact that these are individuals who have lived from the beginning with all kinds of technological and electronic devices, requires a work of awareness and control of use by parents, who must be in charge of educating minors of the risks to which they may be exposed when using the Internet.

Negative aspects of the use of social networks

Intensive use of social networks is associated with: less satisfaction in life, internalization of negative experiences, severe depression, negative effects on social-emotional functioning, anxiety, attention problems, and stress(7). In addition, misuse, abuse, and addictive behaviors on the Internet have shown an association with: insomnia, decreased total hours of sleep, increased risk of obesity, and decreased academic performance, failure, and school dropout. These problems often coexist and their prevalence is increasing(8).

The Internet and social networks can easily stimulate inappropriate behavior, due to the existence of anonymity and false identity, such as exhibitionism, aggressiveness or deceit, among others.

Below are some of the dangers that young people may be exposed to.

School cyberbullying

Cyberbullying is defined as: “the repeated, intentional and consequential harm, exerted by one child or group of children against another through the use of digital media”. It must be a long-standing situation and it is carried out through the dissemination of harmful or defamatory information, or the publication of videos or photographs, including: blackmail, humiliation and insults. Abuse is carried out through email, instant messaging or social networks(9).

It is usually a (virtual) extension of the abuse carried out in person. It involves recurring and repetitive damage that has a significant impact on the victim or victims(10). It is essential that adolescents who are exposed to this phenomenon be able to ask for help, in order to create a work team that investigates, stops, sanctions, and repairs. The interventions must be directed at both the victims and the aggressors as well as the families involved(11).

Cyber sexual abuse or on-line grooming

It is cyberbullying with sexual content deliberately exercised by an adult on a child (or between 2 children in whom a relationship of power and emotional control can be established), whose ultimate goal, in most cases, is to obtain images of child pornography or commit sexual abuse. The main risk is voluntarily sending or sharing images with sexual content (sexting) to strangers(9).

It is a crime classified as child sexual abuse; therefore, in order to be considered grooming, there must be sexual content obtained through coercion.

Sexting

It is a practice that consists of sharing images of sexual nature, personal or of others, through smartphones or the Internet. The risk is that the images are published and viralized without permission. With this, privacy is exposed to the public eye, with all the short and long-term consequences of this fact(9).

Cyber addiction or addictive behavior to the Internet

It is defined as a pattern of behavior characterized by the loss of control over the use of the Internet. This behavior leads to isolation and neglect of: social relationships, academic activities, recreational activities, health, and personal hygiene(12). Some authors suggest that some young people (between 10-15% of all users) develop addictive behaviors similar to substance dependence(13). Withdrawal and tolerance phenomena are generated, as well as a feeling of loss of control and they are used as a method to escape from reality. It involves serious social and family disturbances. Table I shows some indicators of addition to social networks.

 

Positive aspects of the use of social media

Adolescence is a stage full of opportunities for growth and personality consolidation. The value of social relationships and the pleasure they generate are very important in the life of an adolescent. Electronic devices have become the means chosen by the majority of young people for one of the most important activities of this stage: socializing(14).

It has been shown that the Internet: stimulates a greater number of brain regions, increases working memory, produces a greater capacity for perceptual learning and allows one to deal with various stimuli simultaneously. Digital natives have a better ability to make quick decisions. It has also been associated with greater development of the frontal pole, the anterior temporal region, the anterior and posterior cingulate cortex, and the hippocampus(15).

The use of social networks shows many other positive aspects: creation of blogs, videos and web pages, which can develop feelings of competence to socialize, make plans, provide support and collaborate with school tasks.

Social networks can support healthy behaviors such as: daily exercise, access to mental health services, sexual education and medication compliance, through applications, games and reinforcement, and online social feedback. They can help improve social connection, emotional empathy, and moral sensitivity(7).

 

Video games

During the last decades, video games have become the favorite hobby of many children and adolescents, and their use continues to increase. Play has always been an important part of childhood and it is clear that its tendencies are changing. Video games occupy a significant proportion of our minors’ daily activities, being a potential driver of their health and development, both in a positive and negative sense. From this dichotomy, debates have been generated between the different entities involved, including families, social entities, health professionals, researchers and, of course, the game producers themselves.

In our country, and according to the study carried out by UNICEF(2), 58.7% of the surveyed sample –carried out among students between 13 and 17 years of age– affirm that they use them regularly, a trend that is higher in the upper age ranges and mainly in the male sex (85.6%). It represents one of their main sources of leisure.

Many of the boys surveyed admit playing games that are not appropriate for their age, in which there is explicit violence, without their parents paying much attention to the coding of the game in this sense.

The influence of video games can have an impact on various areas of health, considering this as a whole that encompasses physical, emotional and social aspects.

Impact of video games on physical health

The adverse effect that time spent with screens has on the health of children and adolescents seems to be clear, and its relationship with excess weight in children has been amply demonstrated; however, there is not so much literature on the matter as far as video games are concerned. A recent 2020 review, which had 26 eligible articles to assess the relationship between video games and obesity(16), concluded that in 14 of them there was no relationship between both conditions. Finding, in some of them, some evidence that exergames (video games that promote exercise) could be an adequate tool to reduce weight or moderate its increase.

All this could be the consequence of the fact that, compared to sitting passively, gaming is capable of increasing heart rate, blood pressure and generating an increase in caloric expenditure.

On the other hand, video games could favor unhealthy eating habits, increasing the consumption of foods rich in saturated fat, snacks, salt and sugary drinks. Gamers are less exposed to unhealthy food ads than those who use other networks or watch television, despite the fact that they are more commonly present on some devices such as tablets or phones.

We also know that playing video games close to bedtime can affect both the quantity and quality of sleep.

Playing in the late afternoon is associated with greater difficulty in falling asleep, a total decrease in sleep hours, and certain structural changes in REM periods.

The causes of all this could be: an altered release of melatonin, a psychomotor stimulation generated by the game itself or by the displacement of the time to go to sleep.

Undoubtedly, these sleep disorders have their health consequences, in the form of decreased skill acquisition and school performance, irritability, mood swings, and physical inactivity. In addition, the fact of having a gaming device in the room decreases the ability of parents to supervise and limit it.

Impact of video games on cognitive development

It is also clear that not all screen viewing is the same in many ways, the active attention and participation required are, for example, much higher in video games than in watching television or video channels. Undoubtedly, the virtual game cannot and should not replace the real one, but it is true that it is capable of generating certain abilities to solve enigmas, overcome obstacles and create cohesion among equals. Possibly, considering that they have come to stay, the best solution is to establish a reasonably healthy balance between the two.

It has been demonstrated that some video games can stimulate certain cognitive areas, such as problem solving, the way in which information is processed or active memory.

Some action games are able to improve image processing and reaction skills, and there is evidence that some of these skills can be carried over to the real world. There are even studies that have shown improvements in reading and fluency levels, as well as in the acquisition of new words in patients with dyslexia who play some of these games(17).

The relationship between attention deficit disorders and video games is convulsive. The connection between the excessive use of video games and the symptoms of attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) is observed in child and adolescent populations; however, not everything is yet clear in this relationship. Although it is true that children with ADHD are more vulnerable to becoming addicted to videogames(18), a risk that increases in parallel with the severity of the disorder’s symptoms, it has also been found that videogames can be useful in its diagnosis and even in its treatment(19). Therefore, the relationship between both conditions could be considered bidirectional.

Impact of video games on mental health

Video games, in the right measure and with adequate supervision, can be effective in reducing stress and anxiety. In addition, they also provide an environment in which the child can discover new identities, since under the anonymity they confer, they can reveal gender expressions other than their own and vary them at their whim. However, the risks of addiction and/or compulsive gambling always remain present.

In 2009, Lemmens et al.(20) developed the Game Addiction Scale for Adolescents (GASA), adapting 7 diagnostic criteria for gambling to the use of video games, which in 2018 was validated in Spanish. The questionnaire is used to assess video game addiction symptoms and determine if further evaluation is necessary. It assesses, among others: the amount of time spent playing video games, the feeling of restlessness or discomfort experienced when not playing, the need to play for longer periods or more frequently to obtain the same sensation of pleasure (tolerance) or withdrawal symptoms or physical or emotional discomfort experienced when gambling is stopped. The test can be easily performed in any clinical practice or even at the family level, and is also available online: https://www.adictalia.es/test/adicto-a-videojuegos/.

Impact of video games on social health

The trend of the last decades plus the momentum of the pandemic has led to the use of more and more technological tools to feel close to the people around us. Video games are one more of those tools, many boys use them, primarily, to build or maintain relationships with their peers. Playing video games with friends is just another way to stimulate social development, just as playing hide-and-seek in the streets had been decades ago. Being socially active in video games emphasizes cooperation and empathy. Those who have social connections online and in real life may have them more intense than those who only maintain them in real life.

Role of the Primary Care pediatrician

Primary Care pediatricians play an essential role in promoting the physical, mental, cognitive and social well-being of children and adolescents. In fact, they are in a privileged position to advise on the use of social media, limit their risks and detect their harm. From the first contacts with the child and her family, the Primary Care pediatrician can promote rational and responsible use of social media depending on the child’s age. Throughout childhood and adolescence, improper use of social media, video games and social networks, with the consequent exposure to risks or the presence of possible harm can be detected, and acted upon accordingly.

It is an important need for pediatricians to play an active role, adequately guiding children and families through the impact of social networks, to become a true promoter of the psychophysical and social development of children and adolescents, being able to detect, not only disorders derived from their intervention in the different areas described and addictions, both to the exaggerated use of social media and video games. Recently, the WHO has included “Gaming disorder”, which refers to the use of digital games or video games, either through an Internet connection or without it, linking it to three negative conditions caused by the misuse of digital games:

1. The lack of control of gambling behavior in terms of the start, frequency, intensity, duration, completion and context in which it is played.

2. The increased priority given to gaming over other vital interests and daily activities.

3. Maintaining or escalating the behavior, despite being aware of the negative consequences.

Help guides for families and pediatricians

There are various guides published from different fields, both professionally and for families, in order to promote good social media use, to prevent their risks, to enhance their benefits and, when the time comes, to be able to relatively easily detect addictions and other detrimental effects. Its main weakness is the lack of knowledge that pediatricians and parents have about them.

• Among the various guides reviewed, we would highlight those detailed in Table II (Ten security tips for video games on the web) and in table III (Decalogue of the web “thegoodgamer”).

 

 

• Resources or tools to assess possible addiction to video games: ten-item Internet Gaming Disorder Test (IGDT-10) (adapted from: Orsolya Király, PhD, Institute of Psychology, ELTE Eötvös Loránd University, Budapest, Hungary) or those found on the net, like the one on Adictalia website: https://www.adictalia.es/adiccion/videojuegos/.

• PEGI code for video game classification (Pan European Game Information): The PEGI system, to which the Spanish Video Games Association is part of, is a self-regulation system designed by the industry to provide its products with guidance information on the appropriate age for consumption.

It consists of two types of descriptor icons, one related to the recommended age, and another to the specific content susceptible for analysis. Within the latter, it stands out, for instance: if the game mentions drugs, there is explicit violence, or if foul language is used (Fig. 2), whose detailed description can be found at: http://www.aevi.org.es/documentacion/el-codigo-pegi/ or in https://pegi.info/es.

Figure 2. Video game classification code according to the PEGI (Pan European Game Information) system, a self-regulation mechanism designed by the industry to provide its products with indicative information on the appropriate age for consumption. Source: Spanish Association of Video Games, adapted from PEGI.

 

The system is also used for online game and it should be noted that some of the main digital platforms such as: Google Play Store, Nintendo, Apple iOS or Microsoft have the PEGI rating system for their applications.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

The asterisks show the interest of the article in the opinion of the authors.

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16. Kracht CL, Joseph ED, Staiano AE. Video Games, Obesity, and Children. Curr Obes Rep. 2020; 9: 1-14. Available in: https://doi.org/10.1007/s13679-020-00368-z.

17. Jiménez-Porta A, Díez-Martínez E. Impacto de videojuegos en la fluidez lectora en niños con y sin dislexia. El caso de Minecraft. Impact of video games on reading fluency in children with and without dyslexia. In case of Minecraft. Available in: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6566736.

18. Masi L, Abadie P, Herba C, Emond M, Gingras MP, Ben Amor L. Video Games in ADHD and Non-ADHD Children: Modalities of Use and Association with ADHD Symptoms. Front Pediatr. 2021; 9: 632272. Available at: https://doi.org/10.3389/fped.2021.632272.

19.** Strahler Rivero T, Herrera Núñez LM, Uehara Pires E, Amodeo Bueno OF. ADHD Rehabilitation through Video Gaming: A Systematic Review Using PRISMA Guidelines of the Current Findings and the Associated Risk of Bias. Front Psychiatry. 2015; 6: 151. Available at: https://doi.org/10.3389/fpsyt.2015.00151. Erratum in: Front Psychiatry. 2016; 7: 173.

20. Lemmens JS, Valkenburg PM, Peter J. Development and validation of a game addiction scale for adolescents. Media Psychology. 2009; 12: 77-95.

Recommended bibliography

- Pérez Pascual M, Salmerón Ruiz M. El entorno y la influencia en la adolescencia: familia, amigos, escuela, universidad y medios de comunicación. The environment and its influence on adolescence: family, friends, school, university and the media. Pediatr Integral. 2022; XXVI: 214-21. Available at: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2022-06/el-entorno-y-la-influencia-en-la-adolescencia-familia-amigos-escuela-universidad-y-medios-de-comunicacion/.

This article analyzes how the environment conditions the experience of adolescents, the digital media generation, who were born immersed in information and communication technologies, and details the risks and opportunities.

- Paniagua Repetto H. El impacto de las pantallas: televisión, ordenador y videojuegos. The impact of screens: television, computer and videogames. Pediatr Integral. 2018; XXII: 178-86. Available at: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2018-06/el-impacto-de-las-pantallas-television-ordenador-y-videojuegos/.

Great article that reviews the benefits and possible risks that social media could cause in childhood and adolescence. On the other hand, it highlights the figure of the Primary Care Pediatrician, who plays a decisive role in promoting the rational use of these.

- Wan CS, Chiou WB. Why are adolescents addicted to online gaming? An interview study in Taiwan. Cyberpsychology & behavior. 2006; 9: 762-6.

Study that explores the psychological motivations of online gaming addicts and further analyzes the relationship between real-life interpersonal relationships and online gaming, such as compensation or extensive satisfaction of addicts’ needs.

- Hadjipanayis A, Efstathiou E, Altorjai P, Stiris T, Valiulis A, Koletzko B, et al. Social media and children: what is the paediatrician’s role? Eur J Pediatr. 2019; 178: 1605-12. Available in: https://doi.org/10.1007/s00431-019-03458-w.

It provides pediatricians with knowledge and tools to guide children, adolescents and their families in the proper use of social networks.

Clinical case

 

Marta is 12 years old, the eldest of 3 siblings, throughout her childhood she has punctually attended the appointments of the preventive activities protocol at her health care center and she has no relevant family or personal history. She is enrolled in a well-performing public school and has been playing handball for five years, with increasing frequency and intensity.

Approximately two and a half years ago, coinciding with her birthday, her parents gifted her a game console. For some time now, a little over a year ago, they perceive that her attention has increasingly focused on video games rather than on other aspects of her previous predilection.

They ask us about certain aspects that are presented in the last three questions of the accreditation questionnaire.

 

 

 

10 Cosas que deberías saber sobre… aspectos legales sobre el menor de edad y la toma de decisiones

 
10 Cosas que deberías saber sobre…

 

J.A. Soler Simón, S. Criado Camargo, L. García Espinosa, M. García Boyano  


10 cosas

Se reconocen dos figuras, atendiendo a la madurez y edad de los pacientes menores de 18 años: mayoría de edad sanitaria (a partir de los 16 años y menores emancipados) y menor maduro (desde los 12 años hasta los 16). Por debajo de 12 años, deben consentir por él, pero su opinión se debe tener en cuenta.

La mayoría de edad sanitaria se recoge por primera vez en la Ley Básica de Autonomía del Paciente de 2002. Se considera que puede tomar decisiones sin necesidad de consentimiento por representación en todas las circunstancias medicolegales, salvo en algunas excepciones.

Estas excepciones atienden a criterios de urgencia vital y a situaciones donde prima el criterio de la edad (18 años o más). Son situaciones que requieren el consentimiento expreso de los representantes legales.

Entre los criterios de urgencia están los siguientes: emergencias vitales, intervención quirúrgica de urgencia y transfusión sanguínea urgente.

Las situaciones en las que prima la edad son: participación en ensayos clínicos, establecimiento de instrucciones previas, técnicas de reproducción asistida, donación de órganos e interrupción voluntaria del embarazo.

La figura del menor maduro (desde los 12 años hasta que cumplen 16) busca limitar el ejercicio de la representación de los padres en la toma de ciertas decisiones, en las que
se considera que el menor tiene una madurez suficiente para la toma de la decisión.

Dentro de los criterios de madurez, se incluyen: capacidad para tomar decisiones, capacidad De hacerse cargo de la situación y capacidad de comprender el alcance de la intervención.

Las decisiones adoptadas por los representantes legales se han de hacer siempre buscando el máximo beneficio del menor. Si hubiera diferencia de opinión entre el médico y los representantes legales, la situación se ha de poner en conocimiento de la autoridad judicial, para que sea esta quien adopte la resolución correspondiente.

En casos de urgencia vital, en los que no es posible recabar la autorización judicial, los profesionales sanitarios adoptarán las medidas necesarias para salvar la vida o salud del paciente.

La mejor herramienta para valorar la madurez es la entrevista clínica detallada, centrada en cada caso, conociendo los motivos por los que los pacientes adoptan una u otra decisión, y respetándola si el paciente tiene la capacidad suficiente para tomarla. Hay que procurar anotar en la historia clínica, las preguntas y respuestas que inducen a valorar la madurez y autonomía del adolescente.

 

Para saber aún más…

– Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Boletín Oficial del Estado, número 274, del 15 de noviembre de 2002. Referencia: BOE-A-2002-22188.

– Ley Orgánica 11/2015, de 21 de septiembre, para reforzar la protección de las menores y mujeres con capacidad modificada judicialmente en la interrupción voluntaria del embarazo. Boletín Oficial del Estado, número 227, del 22 de septiembre de 2015. Referencia: BOE-A-2015-10141.

– Esquerda Aresté M, Pifarré Paradero J, Miquel Fernández E. La capacidad de decisión en el menor. Aspectos particulares de la información en el niño y en el joven. An Pediatr Contin. 2013; 11: 204-11.

 

Educación infantil, familia y enseñanza en los colegios

V. Martínez Suárez
De interés especial


V. Martínez Suárez

Pediatra del Servicio de Salud del Principado de Asturias. Universidad de Oviedo

Resumen

La familia debe filtrar y amortiguar las influencias perniciosas que constantemente asaltan a la mente inmadura, debe actuar de barrera defensiva contra el poder distorsionante de algunos factores externos sobre el proceso evolutivo de la psique infantil. Esto a veces supone la búsqueda de nuevas estrategias de oposición a nuevos problemas.

Pediatr Integral 2020; XXIV (2): 118 – 121


Educación infantil, familia y enseñanza en los colegios

Para Ortega educar es, en su sentido prístino y en su esencia, sacar una cosa de otra, convertir una cosa menos buena en otra mejor; el filósofo madrileño vincula la existencia real del acto de educar al resultado del mismo(1). Existirá educación –interpretamos nosotros– en la medida en que el educando se hace superior en bondad, en sabiduría o en energía. La educación es, pues, una fuerza transformadora que apunta hacia un nivel más elevado y más perfecto. Y, por tanto, tendrá su meta en el desarrollo de todas las potencias del ser humano, especialmente de las superiores: la inteligencia (múltiple) y la voluntad (como destreza aprendida)(2), con las cuales orienta el individuo todas sus acciones(3). Una segunda referencia a modo de nota introductoria: la idea de educación lleva ineludiblemente a la idea de una teoría de la educación, y ésta, a su vez, impone el planteamiento de una teoría general de las cosas humanas, un “esclarecimiento filosófico general” sobre el que asentar cualquier razonamiento posterior. Queremos con ello recordar que el eje de cualquier proceso educativo es “el conocimiento del conocimiento” o el “aprender a conocer”; esto es: no bastaría con saber, hay que saber qué se sabe, por qué y para qué se sabe. Y este trabajo del conocimiento no es solo una actividad técnica, instrumental; es una permanente opción ante las cosas, es un fenómeno moral(4). Este esfuerzo educador es, también, esfuerzo liberador: la libertad depende de la fidelidad escrupulosa a la verdad, y en este sentido la educación tiene una indudable fuerza liberadora. La educación es, además, un derecho natural de todo ser humano: la racionalización del saber ha de hacerse universal y ponerse al alcance de todos. Evidentemente, la culminación del saber estará reservada a las minorías, pero el camino ha de abrirse a todos. La democratización del conocimiento es, pues, razón de justicia social. Estas tres ideas –moralidad, justicia y libertad– nos muestran ya, prima facie, la honda raíz filosófica de la cuestión. Una tercera orientación previa de carácter terminológico la queremos poner en ciertas palabras que aun situándose en un escalón inferior circulan con alguna autoridad equiparadas a los vocablos educar y educación. Educar es más que enseñar, que informar, que comunicar, instruir, dirigir o adoctrinar. Estos términos carecen de carga moral que oriente su significado, no apuntan necesariamente hacia algo mejor. Se pueden enseñar o comunicar cosas perversas, se puede instruir o adoctrinar a un individuo para el mal y es posible informar con intenciones despreciables. Pero educar y educación llevan implícito el bien. Por eso la educación ha sido un tema capital del pensamiento. Ocultar, mutar o tergiversar estas relaciones es bastardear cualquier razonamiento en su origen y cambiar su sentido. Como consecuencia, a veces también se habla de educación en forma demasiado genérica, excesivamente generosa y grosera.

Factores educadores

Entre los diferentes factores que condicionan el resultado del proceso educativo y en la relación entre ellos hay una jerarquía, una disposición concéntrica de zonas de influencia con decreciente fuerza de gravitación sobre el sujeto. La principal potencia educadora parte de la familia, y dentro de ella las figuras paterna y materna juegan un papel preponderante. Fuera del ámbito doméstico-familiar se situaría el ambiente escolar o sistema educativo; y, en un nivel más alejado, la sociedad en la que vive inserto. Es evidente que la amplitud de estos sectores y la intensidad de sus acciones varían a lo largo de la vida del niño. Y también es claro que no existe una frontera impermeable entre estos círculos de influencias; al contrario, existen unos límites porosos con activos intercambios de fuerzas. Pero, insistimos, el grado de influencia tiene un sentido centrífugo en el orden citado. Dejando de lado el modelo social y su influencia en el niño, vamos ahora a detenernos en los dos primeros.

La familia

Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Ellos, además, aportan a cada individuo la educación fundamental, sobre la cual cualquier ilustración posterior tendrá que apoyarse. Son, según la filósofa María Zambrano, lo irreemplazable y han de hacer sentir a su descendencia el peso de la exigencia más inexorable y el apoyo del amor más incondicional(5). La fuerza de la familia como estructura básica en la que el niño debe conducirse ejerce efectos determinantes debido a la maleabilidad y dependencia que muestra del ambiente externo, de sus progenitores de forma inmediata. Invariablemente se asoma al mundo desde una perspectiva que le viene impuesta, toma las principales referencias de su vida desde el ambiente familiar y se desenvuelve mores maiorum en los años decisivos de su infancia. Al menos en sus primeros años, depende totalmente de las personas encargadas de su custodia. En el principio es una unidad con la madre, formando gradualmente su propia vida de relación bajo la tutela maternal. Las primeras actividades nutritivas y excretorias someten al niño a una variedad de tensiones y frustraciones que pueden considerarse el primer estrato de la psicopatología humana, y en ella están involucradas las primeras evaluaciones de experiencia –buena o mala– que forman su naturaleza moral y social. En esta vida instintiva precoz –en la satisfacción de sus intereses fundamentales–, también se va entretejiendo la relación del niño con sus padres y hermanos, condición decisiva de su interrelación social. La forma en que la madre responde al llanto del niño, el apremio con que acude a sus demandas imprime desde las primeras semanas de vida la dirección que ha de tomar su relación con el yo circunstancial (su conciencia) y su mundo interpersonal. En esta etapa, quizá más que en otras, los pediatras pueden jugar un papel muy importante al dar orientaciones a los padres, incluyendo la identificación temprana de desviaciones de la normalidad y el ofrecerles información sobre los problemas de salud emocional que puedan afectar negativamente al niño y al bienestar familiar(6,7).

Pero los padres, además de ser los primeros educadores, tienen el deber inexcusable y el derecho inalienable de formar a sus hijos. La familia se ha considerado un proyecto de valores, una comunión de ideales, una institución de beneficencia(8). En relación a esto último, son los padres los que tienen que definir el contenido de la beneficencia de su hijo, por encima del Estado y de la sociedad. La familia debe filtrar y amortiguar las influencias perniciosas que constantemente asaltan a la mente inmadura, debe actuar de barrera defensiva contra el poder distorsionante de algunos factores externos sobre el proceso evolutivo de la psique infantil. Esto a veces supone la búsqueda de nuevas estrategias de oposición a nuevos problemas; así, ver la televisión en familia es un mecanismo efectivo para atenuar o neutralizar cualquiera de las influencias negativas que en la vida del niño tiene este omnipresente medio de comunicación. Acompañar al niño durante las sesiones televisivas y de uso de las pantallas ofrece una gran oportunidad para despertar en él la contemplación crítica de las imágenes mediante comentarios de refuerzo –positivos o negativos–, enriqueciendo su desarrollo intelectual a través de actitudes(9,10). Esto supone estimular a los padres para que renuncien a la actitud pasiva, de entrega de sus hijos al albur de los “elementos” y las circunstancias.

El colegio

En el colegio los niños deben aprender cosas concretas, superar esas etapas progresivas que les ayuden a adquirir conocimiento de amplitud creciente. El papel del profesor se tendría que ceñir a conseguir que sus alumnos aumenten su capacidad de tomar decisiones, clarifiquen sus valores, los pongan en práctica y desarrollen aptitudes para enfrentarse a diferentes situaciones(11). Cuando el Estado sabe claramente cuáles son las principales necesidades que quiere llenar y tiene firmemente establecido un proyecto para su sistema de enseñanza, el profesor oficial encuentra extraordinariamente simplificada su misión, reducida entonces solamente a seguir con fidelidad y dignidad profesional este camino que se encuentra marcado ya(5). Pero por imprevisión, por sumisión a una ideología política, por abandono y renuncia, por rutina, por deficiente dotación de medios económicos, por falta de comprensión, en suma, de lo que esto supone para las personas y las sociedades, lo que se nos ofrece suele no satisfacer a nadie. De hecho, en algunos programas de enseñanza los resultados que debieran otorgar a la educación carta de naturaleza llegan a ser de una pobreza escandalosa. Sobran los ejemplos, pero puede asegurarse que viviremos por muchos años las consecuencias de algunos modelos confusos y erróneos en sus directrices y la falta de implementación de algunas ideas. Además, queriendo enseñar “de forma diferente” –bajo la consigna cambiar por cambiar– no pocas veces se ha pervertido la lógica de la educación. La disciplina, el ejercicio de la memoria, la imposición de conceptos tienen que preceder a la etapa creativa y madura de la vida. Es necesario iniciar tempranamente el largo esfuerzo reductor del propio caos; lo que se exige al sistema educativo es llevar la conciencia del niño hacia la máxima claridad, sacarlo de ese resbalar lento y suave con que la mente limitada e inerte pasa por la vida. Esa es la gran aspiración y el gran problema. Hacer al hombre lo más humano posible. Pero el discípulo no recibe pasivamente el influjo educador, sino que frecuentemente lo asimila y lo hace suyo con un esfuerzo de adaptación vital y personal. Nada puede sustituir este esfuerzo sin el cual la obra del más experto preceptor se convertirá en humo. Es bien sabido que los presupuestos doctrinales de la autoeducación tienen su referente en el naturalismo optimista e irracional de Rousseau, quien propugna el desarrollo espontáneo del espíritu del niño en un clima de máxima libertad, sin obstáculos en el despliegue de su riqueza interior. Este “naturalismo” ha tenido siempre algo de ensueño bucólico, y “regresar al estado de naturaleza” se le figura al pensador ginebrino regresar al país donde todo está resuelto armónicamente, donde no hay cuestiones(12). Y es justamente lo contrario. El estado de naturaleza –afirma María Zambrano– es el estado trágico en que el hombre es esclavo de la fuerza fatal de sus pasiones, del mecanismo de sus instintos. Este hombre “natural” no es esa criatura pacífica, amable y feliz, sino el verdadero “monstruo de su laberinto”(5). A cada persona la vida le ofrece sus motivaciones –no siempre ni a todos las mismas– para perseverar en el conocimiento; ha de reconocerlas y hay que ayudarle a reconocerlas. Solo a través de las necesidades encuentra el hombre su libertad(13), afirmaba la filósofa veleña, discípula de Ortega. La autoeducación no abocaría a una situación mejor, ya que no hay superación en el individuo ni en la sociedad. Su modelo tiene su inspiración y punto de apoyo filosófico en la mayéutica clásica, definida desde el formalismo retórico, como el arte de iluminar los espíritus, y consistente en la enseñanza mediante el diálogo y la discusión del maestro con los discípulos. Pero tal concepto no puede extenderse de forma inocua al individuo inmaduro. La mayéutica sería en el mundo actual más propia de las academias o de la docencia universitaria impartida a grupos especializados. El individuo en su niñez precisa más que le sea señalado el objetivo (moral) y marcado los límites; más que le sean ordenadas sus facultades que fomentarle la expansión de sus apetitos(14). Hoy sus referentes “educativos” son el aprender sin esfuerzo, reprobar asignaturas sin remedio, sin posibilidad de recuperación para el conocimiento, promocionando al niño al curso superior por imperativo legal, lo cual representa imponer un igualitarismo a la baja que lastra las posibilidades del grupo y lleva a la ausencia de motivación para el trabajo, despreciando el espíritu de sacrificio y de superación como impulso vital decisivo. La autoexigencia y la superación de la dificultad son escasamente fomentados en el alumno, se sustituyen los exámenes por la evaluación continua, el ejercicio de la memoria por el autodescubrimiento. No obstante, este movimiento debe de interpretarse como reacción casi espontánea y natural hacia una situación anterior antagónica y excesivamente directiva, rígida y autoritaria. Ambas situaciones expresan a nuestro entender, una escasa confianza de la sociedad –de los padres, profesores, el Estado y su modelo de enseñanza– hacia los jóvenes y niños de cualquier edad.

Desde nuestra responsabilidad resulta apremiante inculcar y mantener, a partir de las primeras etapas del desarrollo, una jerarquía de valores, una escala objetiva que vaya de lo más deseable a lo indeseable, que incluya la lectura, la crítica resuelta y franca del medio social y la inadaptación razonada a las circunstancias. Todos debemos rechazar la paralización del pensamiento diseñada y aplicada desde intereses particulares. Que sea cada persona individualmente la que se adentre en el mundo de sus motivaciones, señala Adela Cortina, es una condición necesaria para adquirir señorío, en este caso sobre lo que deberían ser simplemente medios para llevar adelante proyectos de vida en plenitud(15).

Los padres y la decisión sobre la educación que reciban sus hijos

Existen acuerdos firmados por nuestro país a lo largo de los años, hoy vigentes y dominantes en rango sobre otras normas de nuestro ordenamiento jurídico, que reconocen explícitamente los deberes de los poderes públicos hacia los niños y sus padres (Tabla I).

Por tanto, el Estado está obligado a garantizar el respeto a esos derechos adecuando sus actuaciones a lo que es la normativa válida y efectiva, la que él mismo se ha dado. Hay poco margen para la duda, aunque por voluntarismo político y defendiendo intereses particulares puede haberlo para situarse fuera de cualquier marco legal.

Lo cierto es que la Constitución de 1978 establece que los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (Art. 14)(16). Dispone además el amparo social, económico y jurídico de la familia, junto a la protección integral de los hijos (Art. 39). España ha ratificado los principales instrumentos internacionales que respaldan y salvaguardan explícitamente a la infancia, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, 10 de diciembre de 1948) y la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1989), que conforman la referencia universal para su defensa. Según los primeros “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad”, teniendo los padres “derecho a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” (Art. 26.3); en la segunda se exige a las naciones firmantes, respecto a los menores, el compromiso de “asegurar su protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres” (Art.42). En su espíritu y en sus objetivos todos esos preceptos convergen en la noción de patria potestad, en su respeto y defensa por parte de todos los estados y de sus administraciones. La patria potestad – el mejor interés del niño, según la nueva fórmula anti tradicional y políticamente correcta– es una institución jurídica proveniente del derecho romano, hoy vigente en la mayoría de los países democráticos, que regula la relación de los padres con los hijos no emancipados. Es un instrumento al servicio del hijo, dirigida a prestarle la asistencia de todo orden (artículo 39.3 de la Constitución) y que según nuestro Código Civil(17), como responsabilidad parental, comprende los siguientes deberes y facultades: velar por los hijos y tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral, representarlos y administrar sus bienes. Su ejercicio y su extinción también están regulados en todas sus posibilidades por nuestra doctrina jurisprudencial. La familia tiene, según esa amplia noción, pleno derecho a reclamar su papel de protagonista principal en el proceso educativo de la prole. Si para cualquier actividad educativa los padres –aunque sean solo algunos– dicen que no, la situación debe de hacer pensar a todos los que intervienen en la toma de decisiones. No se puede aceptar la desconsideración hacia un conjunto de conductas, de orientaciones morales y sociales que pudiera no ser sentido como el mayoritario dentro de un determinado grupo, pero que es protegido por la ley. En este tema nuestra Constitución (Art. 27, punto 3) señala la obligación de los poderes públicos de garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, aunque para este mandato es bien notable que se exige su cumplimiento fundamentalmente cuando afecta a creencias y etnias minoritarias, pero no de forma general. Tal como hemos señalado, el sistema educativo se sitúa en una posición de responsabilidad exterior a la familia y no podrá forzarse un cambio de esquemas sin esperar una relación conflictiva y de resistencia. Sobre este particular, no se puede argumentar el dominio de un determinado modelo educativo o social, sino es bajo riesgo de caer en la ilegalidad, el totalitarismo o el integrismo ideológico, sin poner en cuestión la legitimidad del orden jurídico en su conjunto. Lo que para algunos pueda ser una mera incitación a la reflexión, puede con toda justicia ser visto por otros como una provocación, cuando no como un desafío. Y apoyados en la Ley y en la objeción de conciencia sustentada en sus convicciones, los padres pueden oponerse.

Bibliografía

1. Ortega y Gasset J. Apuntes sobre una educación para el futuro. Revista Cuadernos, noviembre. 1961.

2. Marina JA. La educación del talento. Biblioteca UP, Editorial Planeta S.A. Barcelona 2010.

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4. Morin Edgar. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paidos, Barcelona. 2001.

5. Zambrano M. Hacia un saber sobre el alma. Alianza Literaria. Alianza Editorial S.A. Madrid. 2000.

6. Zimmer KP, Minkovitz CS. Maternal depression: an old problem that merits increased recognition by child healthcare practitioners. Curr Opin Pediatr. 2003; 15(6): 636-40.

7. Martínez V. Ante el reto de educar bien. Bol Pediatr. 2011; 51: 1-2.

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9. Latomme J, Van Stappen V, Cardon G, Morgan PJ, Lateva M, Chakarova N, et al. The Association between Children’s and Parents’ Co-TV Viewing and Their Total Screen Time in Six European Countries: Cross-Sectional Data from the Feel4diabetes-Study. Int J Environ Res Public Health. 2018; 15(11): 2599. doi:10.3390/ijerph15112599.

10. American Academy of Pediatrics Announces New Recommendations for Children’s Media Use 2016 (Acceso el 18 de noviembre de 2018). Disponible en: https://www.aap.org/en-us/about-the-aap/aap-press-room/Pages/American-Academy-of-Pediatrics-Announces-New-Recommendations-for-Childrens-Media-Use.aspx.

11. Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE).

12. Rousseau JJ. Emilio o la educación. Editorial Edaf. Madrid. 1964.

13. Zambrano M. Senderos. Anthropos. Barcelona. 1986.

14. Marina JA. Límites, disciplina, castigos. Pediatr Integral. 2013; XVII(7): 520-4.

15. Cortina A. Por una ética del consumo. Taurus. Madrid, 2002.

16. Constitución Española de 27 de diciembre de 1978. BOE de 29 de diciembre de 1978.

17. Código Civil, artículos 154 y 155.

La gripe en 68 Flash

G. Cabrera Roca
De interés especial


G. Cabrera Roca

Pediatra. Ex Jefe clínico de Respiratorio Infantil, Hospital Materno-Infantil de Las Palmas. Vocal del VACAP (grupo de trabajo de vacunas de la SEPEAP)

Pediatr Integral 2020; XXIV (1): 61 – 64


La gripe en 68 Flash

Introducción

La gripe es una enfermedad infravalorada, tanto por la población en general como lamentablemente también por los profesionales sanitarios, que la infradiagnostican y no le dan la importancia necesaria a su prevención con vacunas. En realidad, se trata de una enfermedad potencialmente severa, que origina múltiples consultas, ingresos y un tributo importante de muertes, incluso en personas sin factores de riesgo conocidos, que parecen aceptarse resignadamente. Para repasarla en su totalidad, en los conceptos más importantes, de una manera diferente, sucinta y ágil, hemos elaborado estos Flash, a partir de la adaptación de una serie del autor llamada: “la gripe en 68 tweets”, que esperamos sea útil a los lectores de Pediatría Integral.

1. La mal llamada “gripe española” fue uno de los más mortíferos episodios para la humanidad; en poco más de un año, acabó con unos 50-75 millones de personas. cuando la Primera Guerra Mundial cercenó unos 16 millones de vidas en 4 años (1914-18) y la Segunda unos 60 millones en 6 años (1939-45).

2. El poeta y ensayista Apollinaire (el primero en utilizar el término “surrealista”) sobrevivió a heridas en la cabeza y a una trepanación en la 1ª Guerra Mundial, pero falleció por gripe el 9 de noviembre de 1918, justo el día que abdicó el káiser Guillermo II y finalizó la 1ª Gran Guerra.

3. El nombre de “influenza” deriva de que en la Edad Media se creía que la enfermedad se debía a influencias del cielo o “miasmas”. En Francia, se denominaba “grippe”, palabra proveniente del suizo-alemán que significa acurrucarse, por la postración que causa la enfermedad.

4. Pfeiffer descubrió en una pandemia de gripe, en 1892, el Haemophilus; creyendo que era el agente causal de la gripe se le denominó Haemophilus influenzae, pero pronto se apercibieron que no estaba presente en todos los casos de la enfermedad (postulados de Koch). El virus se descubrió, posteriormente, en 1933.

5. Los primeros casos de la pandemia de gripe de 1918 se presentaron en Kansas, mes de marzo. La mortandad era inusual en jóvenes. Miles y miles de soldados, hacinados en campamentos y barcos la padecen, y llevan a Europa. Los países contendientes en guerra no informan, pero sí lo hace España al ser un país no beligerante; de ahí, el nombre de gripe española.

6. La segunda ola de gripe se produjo en septiembre de 1918, más letal que la primera y así en Camp Devens, Boston, en un espacio para 35.000 soldados se agrupan 45.000 sanos y jóvenes reclutas. En pocos días, se producen 14.000 casos con 757 fallecimientos por neumonía, 90 en una sola jornada.

7. La vuelta a casa de tropas al fin de la 1ª Guerra Mundial contribuyó a difundir la gripe de 1918. Regresaron a los pueblos más recónditos: 4 millones de soldados norteamericanos, 1 de indios, soldados canadienses, millones de alemanes, franceses, británicos, rusos, turcos, austríacos…

8. La fascinante historia que permitió conocer que la gripe de 1918 fue causada por el virus gripal AH1N1. Brevig Mission, poblado de Alaska que recibió en noviembre de 1918 suministros, correos y… el virus de la gripe. En 5 días fallecieron 72 de sus 80 habitantes.

9. Los cuerpos enterrados apresuradamente en una fosa común se cubrieron con permafrost (suelo congelado, pero no nieve) que los mantuvo conservados. En 1977, el Dr. Hutlin (años después de un primer intento) consiguió tejido de un cadáver que el Dr. Taubenger cotejó con muestras de un soldado fallecido en 1918 y se obtuvo el genoma del virus. Intervino el médico español, Dr. Adolfo García Sastre.

10. Hipótesis alternativa sobre la gripe de 1918: no se habría originado en los Estados Unidos, sino importada desde China por los más de 140.000 hombres de ese país que, en 1916, fueron enviados a trabajar en la retaguardia de los ejércitos francés y británico, y que fueron maltratados y, a veces, sacrificados, sobre todo, por los británicos.

11. Terminología virus gripales (OMS 1980): A/California/04/2009 (H1N1): virus A, aislado en California, muestra 04, subtipo hemaglutinina 1, neuraminidasa 1; si al final se incluye pdm-like, indica similar al pandémico 2009.

Virus gripe B: no se dividen en subtipos; se clasifican de modo similar, pero añadiendo al final uno de sus dos linajes, Yamagata o Victoria. Ejemplo: B/ Colorado/06/2017 linaje Victoria.

12. Existen 16 tipos de hemaglutinina y 9 de neuraminidasa (18 y 10, tras hallazgo reciente en murciélagos) con 144 posibles tipos de combinaciones.

Actualmente, circulan los subtipos A (H1N1) y A (H3N2); el H1N1 actual, similar al causante de la epidemia de 2009 (por eso se le añade pdm-like), es diferente a los H1N1 que circulaban hasta ahora.

13. Recomendación vacuna trivalente 2019-2020:

• A/Brisbane/02/2018 (H1N1) pdm-2009.

• A/Kansas 14/2017 (H3N2).

• B/Colorado/06/2017 (linaje Victoria (sin cambios respecto año previo).

• La tetravalente incluye, además:

– B/Phukett/3073/2013 linaje Yamagata (sin cambios).

14. La vacuna debe cambiar anualmente su composición, pues los principales antígenos del virus –las glicoproteínas de superficie hemaglutinina y neuraminidasa, con aspecto de espículas– experimentan cambios, denominados drift, en aminoácidos o en lugares de glicosilación que impiden el reconocimiento por el sistema inmune.

15. En la gripe se producen dos tipos de mutaciones: drift y shift. Cambios antigénicos menores (drift o deriva antigénica): cambios puntuales en las glicoproteínas, sin cambio de subtipo, manteniéndose el H y N, pero de suficiente entidad para posible reinfección.

16. Los drift son muy frecuentes y obligan a cambiar las vacunas cada año para evitar el mistmaching (discordancia entre cepa vacunal y cepa circulante).

El virus AH3N2 es el que presenta drift con mayor frecuencia, luego sigue el AH1N1, siendo el B el que menos muta.

17. Los saltos antigénicos mayores (shift) son responsables de las pandemias y afectan a la hemaglutinina con/sin cambio de la neuraminidasa. En 1957, el virus H2N2 (pandemia asiática) sustituyó al H1N1 y, en 1968, apareció H3N2 (pandemia de Hong Kong) que desplazó al H2N2.

18. Shift: en 1977, reapareció H1N1 (origen incierto) y cocirculó desde entonces con H3N2, sin desplazarlo. En 2009 apareció una variante del H1N1, originando una pandemia y por eso se le añade pdm de pandémico (H1N1) pdm. Actualmente, cocircula con H3N2.

19. Las pandemias solo ocurren con los virus A, que pueden encontrarse en distintas especies. Las aves migratorias lo tienen asintomáticamente en su intestino. Pueden pasar a las aves de corral y de ahí a los cerdos; estos pueden albergarlos y, aquí el peligro, también lo hacen con virus gripales humanos.

20. Al ser el virus segmentado, puede haber recombinaciones si coinciden 2 virus de origen de especies distintos en el cerdo, surgiendo así un nuevo virus, que sí se puede transmitir entre los hombres y origina una pandemia.

21. La gripe B es exclusiva de humanos (recientemente se ha detectado en focas).

La A es una antropozoonosis y el papel del cerdo es fundamental para los saltos antigénicos (shift) y pandemias posteriores, debido a sus receptores para hemaglutinina viral, pues posee tanto los que afectan a hombres como a aves.

22. Receptores: aves, ácido siálico, alfa 2-6 Gal; humanos, aparato respiratorio 2-3 Gal; los cerdos tienen ambos tipos. Si coexisten en cerdos 2 virus, pueden recombinarse, aparecer un nuevo virus y posterior pandemia (si puede pasar al hombre y luego trasmitirse entre humanos).

23. Período de incubación: 2-3 días.

Síntomas: enfermedad respiratoria (dolor de garganta, tos, secreción nasal) con predominio de síntomas generales (sistémicos). La fiebre suele ser elevada, de inicio abrupto (el paciente puede recordar a menudo la hora de inicio) y dura de 3 a 7 días.

24. La tos es seca, máxima intensidad a los 3-4 días y puede persistir varios más después de la desaparición de otros síntomas; el dolor de garganta no se asocia con exudado faríngeo. Puede haber: rinorrea, mialgia, cefalea, anorexia y malestar. Todo ello más típico de niños mayores y adultos.

25. Es importante saber qué fiebre y síntomas sistémicos preceden a los respiratorios, que luego van siendo más prominentes (por eso, el diagnóstico inicial es difícil). Hay formas asintomáticas, banales y peculiares (sobre todo, en niños pequeños).

26. Complicaciones: otitis media aguda en 35-40% de niños menores de 3 años. Neumonía: se detecta en 8-15% de niños hospitalizados por gripe. Puede ser primaria (por el virus gripal) o mucho más frecuentemente secundaria (sobreinfección bacteriana).

27. Neumonía primaria que puede ser de leve a severa, incluso con insuficiencia respiratoria. Más frecuente y grave en adultos. La neumonía secundaria se presenta durante la convalecencia, con fiebre y tos productiva; los gérmenes más frecuentemente aislados son Streptococcus pneumoniae y Staphylococcus aureus.

28. Diagnóstico clínico: complicado (sensibilidad: 38%; valor predictivo positivo: 32%). Aparte de la forma típica, puede manifestarse como: apnea o sepsis-like en pequeños, crup (suele ser severo), bronquiolitis, neumonía, otitis y encefalitis.

29. No sugieren gripe el comienzo paulatino, ni la escasa afectación sistémica, ni la aparición de exantemas, y suelen coexistir brotes explosivos de enfermedad respiratoria en la comunidad.

30. El cuadro “Medicina” encargado a Gustav Klimt, en la “Trilogía sobre el triunfo de la luz” (incluía Filosofía y Jurisprudencia), para alabar los logros de la Ciencia, fue influido por la muerte de padre y hermano del autor, parece ser que por la gripe.

31. Klimt, pesimista, plasmó la diferencia entra la Medicina y la dolorosa experiencia vital, y la muerte. Paradojas: el propio Klimt falleció de gripe complicada por neumonía en 1918 y su cuadro fue quemado posteriormente por los nazis, y solo restan fotos y reproducciones.

32. Otras complicaciones en la gripe: frecuente, una ligera elevación de transaminasas que es severa en el síndrome de Reye, caracterizado por encefalopatía e insuficiencia hepática, casi siempre asociado al uso de aspirina en esta enfermedad.

33. Miositis: dolor intenso de pantorrillas y elevación de enzimas musculares (sobre todo, en la convalecencia). Neurológicas: predominan en niños, desde convulsión febril a encefalitis (delirio, trastornos de conducta, coma), más frecuentes en niños mayores durante las pandemias.

34. Definición ILI (Influenza Like IIlness) de la OMS: fiebre y tos en período epidémico; alto valor predictivo en adultos, bajo en niños. Al coexistir otros patógenos, son muy útiles los test de diagnóstico rápido (TDR) para manejo de grupos de riesgo y buen control epidemiológico.

35. TDR: fáciles de usar, sin personal especializado, resultados en menos de 15 minutos. Basados en: ELISA o inmunocromatografía, inmunofluorescencia y, recientemente, en diagnóstico molecular; distinguen virus A y B. En epidemias, aumenta su valor predictivo positivo. ¡Cambian la percepción de la gripe por el clínico que capta la severidad!

36. Virulencia: la hemaglutinina (HA) permite la adhesión a las células y desencadena respuestas inmunes que pueden ser excesivas. La neuraminidasa (NA) rompe la unión del virus a la célula, liberando más viriones y distorsionando el receptor de ácido siálico.

37. La acción de la NA viral facilita el ataque posterior por el neumococo, que también tiene neuraminidasa. Deben balancearse HA y NA: excesiva actividad NA dificulta unión del virus a la célula. Excesiva HA dificulta la liberación de nuevos viriones.

38. Antivirales: agrupados clásicamente en 2 grupos.

• Adamantanas (amantadina y rimantadina): impiden la liberación de la nucleocápsida a la célula infectada para la replicación (proteína M2).

• Inhibidores de la neuraminidasa que interfieren con la liberación de los virus.

39. Adamantanas: bloquean la actividad del canal iónico de la proteína M2; útiles para la gripe A, pero no para la B. El virus desarrolla resistencias (30-80% y, en algunos países, hasta 100%), por lo que no se aconseja su uso.

40. Acción de la neuraminidasa (NA): los virus recién formados salen de la célula, pero quedan adheridos en los receptores de ácido siálico; posteriormente, la NA los separa, permitiendo su difusión por el aparato respiratorio y transmisión a otras personas. También, la NA rompe las mucinas del moco.

41. Inhibidores de la NA: el bloqueo de la NA impide la liberación de virus que quedan adheridos en la superficie celular, con lo que se impide la infección posterior de nuevas células del sujeto. De este grupo son: oseltamivir (oral), zanamivir (inhalado), peramivir (intravenoso) y laninamivir (nasal).

42. Candidatos a oseltamivir en Pediatría: menores de 2 años (riesgo de complicaciones). Pacientes con enfermedades subyacentes: pulmonares (como asma), cardiopatías con repercusión, enfermedades neuromusculares, hematológicas, diabetes, inmunosupresión y obesidad mórbida.

43. Baloxavir marboxil: primer fármaco para gripe que actúa inhibiendo la polimerasa básica 2; actúa sobre la endonuclesa cap-dependiente (imprescindible para la replicación viral). Una sola dosis en las primeras 48 horas del proceso.

44. Corticoides y gripe: teóricamente podrían estar indicados para tratar el proceso inflamatorio de la gripe y reducir la carga de citoquinas; sin embargo, parecen ser perjudiciales al prolongar la replicación viral por supresión de las respuestas de células T.

45. La OMS no recomendó el uso de corticoides en la pandemia de 2009; sin embargo, no se recomienda retirar los corticoides si los pacientes ya los reciben por enfermedades crónicas, y algunos estudios sugieren beneficios en neumonía severa y en pacientes con shock séptico.

46. Antivirales en estudio: Das181, inhalable, cuyo mecanismo de acción consiste en actuar, no en el virus sino en el huésped, eliminando los receptores de ácido siálico, con lo que bloquea la entrada del virus a la célula. Serviría también para metapneumovirus y parainfluenza.

47. En diferentes fases de estudio, otros antivirales: Favipiravir (inhibe polimerasa), Unifenovir (inhibe cambios HA desencadenados por pH) e Ingavirina (inhibe liberación genoma viral) en ensayo fase IV en Rusia.

48. Vacunación de la embarazada: persigue un triple beneficio:

• Para la embarazada.

• Para el feto.

• Para el recién nacido.

• En cualquier momento del embarazo, durante la campaña vacunal. Repetir en embarazos posteriores. La inactivada es totalmente segura. La vacuna de virus vivos atenuados está contraindicada.

49. Embarazadas: 1% población USA, 6% hospitalizaciones y 4% muertes.

• Mayor morbi-mortalidad: 45% (pandemias).

• Riesgo ingreso en UCI: > 13 veces.

• Complicaciones cardiopulmonares frecuentes (50% con diabetes, asma, hipertensión).

50. Peligros para el feto por gripe en embarazada: mayor riesgo de aborto, prematuridad, muerte intraútero, muerte neonatal.

Pandemia 2009: las muertes fetales aumentaron de 6 a 27/1.000, la prematuridad de 7 a 39/1.000 RN vivos; con la gripe hay más “recién nacidos de bajo peso” que con otras viriasis respiratorias.

51. Se ha comprobado disminución de abortos y muertes fetales tras la vacunación de gripe en embarazadas.

Por todo lo anterior, es recomendable vacunar de gripe (y tosferina) a la embarazada, en cualquier momento de la gestación, durante la campaña de vacunación.

52. Vacuna embarazada y protección del neonato: a las 13 semanas de gestación, el sincitiotrofoblasto tiene un receptor (FcRn) para paso de IgG de la madre a circulación fetal. A las semanas 17-22 gestación, la IgG fetal es el 10% de la materna, entre 28 y 32 semanas de gestación = 50%; en el parto = 120-150%.

53. Beneficio neonato-vacuna embarazada: protección: 85% los 2 primeros meses, 30% a los 6 meses. Previene: 71% infecciones, 64% ingresos lactantes.

Los 3 primeros meses disminuyen las hospitalizaciones por cualquier patología de vías respiratorias bajas (eficacia: 43%).

54. Vacunas frente a la gripe: las primeras eran de virus enteros inactivados (con formalina) y monovalentes con el virus A/Puerto Rico/8 del subtipo A (H1N1). Al conocer la deriva antigénica y, además, descubrirse el virus B, se empezaron a fabricar las trivalentes con 2 H1N1 y un B desde 1942.

55. En 1957, apareció H2N2 (desplazó H1N1). En 1968, sucedió igual con H3N2; en 1977, reaparece H1N1 (persiste H3N2); en 1978-2002, datos crecientes de 2 linajes del virus B, Victoria y Yamagata. Desde 2013, la OMS incluyó recomendación 4-valente opcional y desde 2018 prioritaria.

56. Vacunas de virus fraccionados: posteriores a las de virus completos, son las usadas en nuestro medio. Con detergentes se rompe la membrana lipídica y se purifican los antígenos. Contienen, sobre todo, hemaglutinina y neuraminidasa, algo de NP (nucleoproteína) y proteína M.

57. Vacunas de subunidades: constituidas exclusivamente por los antígenos de superficie purificados, HA y NA, sin otros productos virales, por lo que son poco reactogénicas. También muy utilizadas en nuestro medio.

58. Vacunas de subunidades adyuvadas: son vacunas de subunidades potenciadas por la adición de un adyuvante con bajo contenido oleoso (MF59). Presentan la ventaja de potenciar la inmunogenicidad y se usan, sobre todo, en las personas mayores de 65 años.

59. Vacunas de virosomas: en una capa circular de fosfolípidos que imita al virus (VLP-Virus Like Particles), se insertan hemaglutinina y neuraminidasa. Al no contener otras partículas víricas son poco reactogénicas.

60. Vacunas elaboradas en cultivo celular: las vacunas habituales cultivadas en huevos embrionados plantean diversos problemas, como son: proceso largo de preparación (gran inconveniente en pandemias) y mutaciones antigénicas en la propia vacuna.

61. Las vacunas antigripales de cultivo celular: son de preparación más rápida, permiten control más exhaustivo, se originan menos mutaciones e inducen respuestas heterotípicas más amplias. Se usan células MDCK (Madin-Darby Canine Kidney) o células Vero.

62. Vacunas de virus vivos atenuados: se usan virus con capacidad para multiplicarse a 25ºC y no a 38-39ºC, por lo que solo se multiplican en vías respiratorias altas y no en otros órganos ni en vías respiratorias bajas, que tienen temperaturas próximas a 38ºC.

63. Ventajas vacunas de virus vivos atenuados: uso intranasal (no agresivo para niños), respuesta inmunitaria en mucosas similar a infección natural; es posible que limiten la transmisión, disminuyan portadores asintomáticos y reduzcan contagios en epidemias. De momento, no está disponible en España.

64. Limitaciones de las vacunas actuales: inducen anticuerpos neutralizantes contra HA y NA de manera muy específica, pero la continua deriva antigénica del virus obliga a reformularlas anualmente. Poco inmunógenas en ancianos y menores de 2 años. Preparación lenta, meses.

65. Futuras vacunas: que proporcionen inmunidad universal (humoral y celular) frente a subtipos de la gripe en base a antígenos conservados (no variables), por ejemplo, frente a tallo (y no cabeza de la HA) o frente al ectodominio de la proteína de membrana M2.

66. Elección de cepas vacunales: la OMS tiene un sistema de vigilancia mundial, 142 centros en 112 países y 6 centros coordinadores que analizan la información (Londres, Atlanta, Memphis, Melbourne, Tokio y Pekín), en función de las cepas circulantes y capacidad de deriva.

67. ¿Pandemia futura?: posible si se da salto antigénico (shift) con cepa capaz de pasar al hombre y trasmitirse entre personas. Peligro máximo en China por cría masiva de patos en estanques (transmisión fecal-oral), mercados y corrales, con contacto aves-personas.

68. Se han detectado en muchos cuidadores de aves, anticuerpos contra las cepas H9N2 y H5N1, que si se dieran las condiciones de difundirse fácilmente entre humanos y producir cuadro severo, podrían producir una grave pandemia.

Conclusión: conocer al máximo la gripe para no minusvalorarla como un simple “catarrillo”, para no bajar la guardia, mejorar nuestra prescripción de vacunas y nuestra capacidad diagnóstica para tratar a los sujetos frágiles y conocer mejor la enfermedad, no confundiendo y confundiéndonos con diagnósticos erróneos.

Valoración inicial del niño inmigrante


V. Fumadó Pérez
Temas de FC


V. Fumadó Pérez

Pediatra. Doctor en Medicina, Máster en Medicina Tropical. Profesor asociado de la Universidad de Barcelona. Responsable de la unidad de Referencia Nacional de Enfermedades Tropicales e Importadas y Unidad de Adopción en el Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Sant Joan de Deu, Barcelona

Resumen

En la evaluación inicial de un niño inmigrante, deberemos prestar especial atención a algunos factores que no son los habituales en pediatría. Conocer el país de procedencia, la ruta migratoria y las actividades habituales del niño nos ayudarán a situar en qué enfermedades infecciosas importadas debemos pensar y orientar lo más precozmente posible el diagnóstico. Asimismo, en estos pacientes podemos tener dificultad para conocer los antecedentes, proviniendo de países donde las enfermedades infecciosas de distribución mundial son mucho más prevalentes que en nuestro entorno, y donde es probable que los niños no reciban cuidados perinatales, ni ellos ni sus madres biológicas, ni tampoco les hayan sido administradas las inmunizaciones habituales en nuestro país, o es posible que hayan recibido otras. Estos datos deben alertar al pediatra. El uso de un protocolo de pruebas complementarias es útil para cribar adecuadamente el riesgo en la valoración inicial.

 

Abstract

In the initial evaluation of an immigrant child, we should give special attention to some factors that are not common in pediatrics. Knowing the origin country, migratory route and usual activities of the child will help us consider which imported infectious diseases we should consider and orient the diagnosis as early as possible. Furthermore, in these patients, we could have problems to know the backgrounds, as they may come from countries where infectious diseases having worldwide distribution are much more prevalent than in our setting and where it is likely that neither the children nor their biological mothers will have received perinatal cares and that they also will not have been administered the usual immunizations as in our country, or they may have received others. These data should alert the pediatrician. The use of complementary tests protocol is useful to adequately screen the risk in the initial evaluation.

 

Palabras clave: Niño inmigrante; Patología importada; Enfermedades de transmisión materna

Key words: Immigrant child; Imported disease; Maternal transmission diseases

 

Pediatr Integral 2018; XXII (4): 200.e1 – 200.e10


Valoración inicial del niño inmigrante

Introducción

En las últimas décadas, han aumentado drásticamente los movimientos migratorios debido a diferentes factores, como la pobreza y la guerra, entre otros, obligando a los seres humanos a migrar, convirtiéndose en inmigrantes a la llegada al nuevo país. Son numerosos y diferentes los factores que fuerzan a los seres humanos a emigrar. A la llegada al nuevo país, no siempre las condiciones de vida de estos nuevos ciudadanos son las correctas. Todo ello puede alterar la salud de este colectivo y los niños son el grupo más afectado.

Asimismo, estos niños, si provienen de países con menos recursos, habrán estado expuestos a situaciones de riesgo, como: la falta de control en el embarazo y parto, la ausencia de medidas de diagnóstico precoz y cribado de algunas enfermedades, y el acceso a las medidas de salud puede haber sido más difícil, además de estar más expuestos a enfermedades infecciosas por las condiciones medioambientales.

Estos niños y los nacidos en el nuevo país, hijos de padres inmigrantes, al visitar a sus familiares en el país de origen, presentan riesgos sobreañadidos: el de estar expuestos a agentes infecciosos contra los que no tienen inmunidad adquirida y no recibir las inmunizaciones necesarias para el viaje, por no considerar sus padres el riesgo(1). Un 15% de estos inmigrantes son población en edad pediátrica; por ello, es fundamental para el pediatra conocer cuáles son las patologías más frecuentes, las pautas de corrección de calendarios vacunales o los consejos útiles para niños viajeros. Además, los movimientos migratorios voluntarios o forzados y los viajes internacionales exponen al niño a condiciones de vulnerabilidad que dependerán del país de donde procedan o al que viajen, y pueden afectar de la misma forma a su salud física y mental.

El pediatra ha de conocer algunos factores importantes, para no obviar exploraciones y poder realizar una correcta valoración del estado de salud global del niño(2).

Los niños procedentes de otros países con menos recursos inmigran por diferentes motivos, y estos motivos, en ocasiones, condicionan su salud, básicamente podríamos diferenciar cuatro grupos de niños:

1. Inmigrantes: aquellos niños nacidos en otro país o que algunos de los padres han nacido en otro país.

2. Refugiados: niños que están fuera de su país de origen y no pueden volver debido a persecución por razones de raza, religión, pertenecer a un grupo social u opinión política.

3. Adopción Internacional: la adopción internacional es un tipo de adopción por la cual un individuo o una pareja se convierten en los portadores legales y permanentes de un niño nacido en otro país.

4. Niño viajero:niños nacidos en nuestro país, pero que han viajado o vivido en países con menos recursos y con otras enfermedades endémicas.

¿Qué deberemos tener en cuenta para realizar correctamente esta valoración inicial?

El país de procedencia

Según el país de procedencia, la prevalencia de algunas enfermedades será mayor y/o podrán presentarse con más frecuencia. Agrupar la procedencia de los niños inmigrantes en cuatro regiones diferentes nos facilitará el ordenar el diagnóstico diferencial: Europa Central y del Este, Centro y Sudamérica, Norte de África y África Subsahariana, Asia y subcontinente Indio(3).

El conocimiento de la patología más prevalente en estas regiones orientará los exámenes complementarios a solicitar (Tabla I).

También es importante anotar:

• País y zona de origen dentro del país.

• Ruta migratoria.

• Fecha exacta de entrada en España y viajes recientes.

Antecedentes familiares

Al obtener los antecedentes familiares, deberemos tener en cuenta factores relacionados con la cultura y las tradiciones, además de la patología endémica debida a causas genéticas o medioambientales, como:

• Consanguinidad.

• Hemoglobinopatías.

• Déficit enzimático (lactasa).

• Antecedente de tosedor en la familia.

Antecedentes personales

En la obtención de los antecedentes personales, aunque el niño esté asintomático, no debemos obviar que, en los países con menos recursos, no se realizan actividades preventivas de salud, ni se controla de la misma forma que en el nuestro, el embarazo y el parto (este puede haber sido en el domicilio). Por lo que, es probable que a la madre, durante el embarazo, no se le haya realizado ninguna visita de seguimiento, ni analítica con serologías para descartar enfermedades de transmisión materna, y al nacer no se haya practicado al recién nacido las pruebas de diagnóstico precoz para descartar hipotiroidismo, fenilcetonuria y fibrosis quística. Esta última enfermedad da sintomatología precoz, pero las otras dos pueden pasar inadvertidas y no dar sintomatología aparente de una forma precoz.

En los antecedentes, es importante intentar recoger la siguiente información:

• Datos referentes a la gestación: parto y atención perinatal.

• Alimentación, tipo de lactancia.

• Convivencia con animales.

• Baños en aguas dulces.

• Condiciones actuales de vida.

• Estado de salud de sus convivientes.

• Enfermedades padecidas hasta ese momento y tratamientos recibidos.

• Alergias.

• Vacunaciones recibidas hasta el momento.

• Tratamientos o prácticas tradicionales realizadas.

Datos importantes del examen físico

Estado nutricional. Medidas antropométricas (peso, talla y perímetro craneal)

En la exploración física del niño inmigrante, tiene especial relevancia la valoración del crecimiento y del estado nutricional. La desnutrición se puede producir bajo dos formas clínicas bien diferenciadas, la forma aguda y la forma crónica. La primera se desarrolla más rápidamente y será debida a una causa muy precisa de falta de ingesta por desastre natural o por enfermedad, y necesita intervención urgente. En la segunda, la instauración es más lenta y existe un retraso de crecimiento y las intervenciones deben ser más a largo plazo.

La obtención de medidas antropométricas permitirá valorar el estado nutricional, controlar la evolución de este y monitorizar la velocidad de crecimiento.

Para ello, lo mejor es utilizar tablas de referencia de crecimiento de la OMS(4), comparar la relación peso/talla y clasificar por Z-scores.

La relación peso para la talla nos mostrará la desnutrición aguda; mientras que, la altura para la edad nos mostrará a los niños con desnutrición crónica, y el peso para la edad nos mostrará los niños con bajo peso. En los niños mayores de dos años, se puede calcular el índice de masa corporal(5).

Esta exploración orientará el grado de desnutrición y las posibles carencias asociadas. Se deben tener en cuenta los problemas de malabsorción. La intolerancia a la lactosa no es una entidad rara entre grupos de inmigrantes de Asia, y es relativamente común encontrarla después de tratar infecciones intestinales por protozoos (Giardia lamblia).

En los niños malnutridos, debemos estudiar con detalle los déficit de vitaminas y minerales. La patología carencial más frecuente es la anemia ferropénica, el raquitismo y las alteraciones tiroideas por falta de yodo.

Desarrollo psicomotor

Al valorar el desarrollo psicomotor tendremos en cuenta las variables socioculturales. Por otro lado, existen datos que indican que los niños adoptados que han estado en orfanatos tienen un desarrollo psicomotor que corresponde a edades inferiores, siendo este retraso reversible, con afecto y estimulación adecuadas. Sin embargo, no hay que infravalorar estos hallazgos y es primordial la medida del perímetro craneal en todos estos niños.

El hallazgo de microcefalia obliga al estudio de títulos de anticuerpos para rubéola, toxoplasmosis, citomegalovirus, zika y sífilis, así como valorar la exposición a tóxicos (alcohol) durante el embarazo.

El estudio serológico para el citomegalovirus es discutido y no está indicado en ausencia de clínica; ya que, la presencia de inmunoglobulina G, específica para el virus, puede indicar la adquisición en útero, transmisión vertical u horizontal más tarde, existiendo una prevalencia elevada en toda la población sin traducción clínica. Desde la epidemia emergente de Zika del año 2015, se ha demostrado que este virus puede ser el causante de microcefalia congénita.

Ante la presencia de macrocefalia y retraso psicomotor, debe descartarse la toxoplasmosis, el hipotiroidismo y también el raquitismo.

Para la valoración del desarrollo psicomotor o la capacidad cognitiva, hay que valorar la audición. Un déficit de audición puede quedar enmascarado bajo una sospecha de escasa estimulación.

Asimismo, hay que valorar la visión. Especialmente en los niños prematuros, y con mucho interés en los provenientes de zonas con alta incidencia de tracoma, triquinelosis u oncocercosis.

Inspección de lesiones cutáneas y de mucosas (Tabla II)

La mayoría de los niños inmigrantes presentarán una cicatriz en deltoides o antebrazo debido a la BCG.

Los ectoparásitos: la escabiosis y la pediculosis pueden ser frecuentes.

Las infecciones de piel por Staphylococcus aureus o la presencia de micosis, incluyendo Tinea corporis y T. capitis, son comunes, y la presencia de larva migrans tampoco es un hallazgo raro en la exploración cutánea del niño inmigrante.

Debemos insistir en la búsqueda de adenopatías y de nódulos cutáneos (oncocercomas) en cresta ilíaca o meseta tibial, hay que buscarlos en el tejido subcutáneo, si el niño viene de una región endémica de oncocercosis. El prurito y la presencia de lesiones de rascado nos deben hacer sospechar filariasis, más frecuente en niños mayores de 10 años. Otras infecciones cutáneas importantes son: la miasis, la tunguiosis y la leishmaniasis cutánea. La lepra es una enfermedad crónica que afecta a la piel y al sistema nervioso periférico. Está producida por Mycobacterium leprae y se transmite de persona a persona o por fómites contaminados. El periodo de incubación puede ser de 3 a 5 años; por lo tanto, puede manifestarse en los niños inmigrantes años después de llegar al país receptor, lo cual obliga a buscar lesiones cutáneas acrómicas y palpar los nervios, en la exploración física.

La palidez, la presbidermia, la piel de leopardo (oncocercosis), las máculas anestésicas o ya ulceradas (lepra), las lesiones por rascado y las secundarias a dermatofitosis (muy frecuentes) son todos signos que se pueden encontrar en la piel(6).

Se debe incluir revisión de la mucosa oral por frecuentes múltiples caries e infecciones.

Exploración cardiaca

El hallazgo de soplos debe obligarnos a realizar una ecografía cardiaca para su orientación y cribado de patología congénita, pero pueden auscultarse soplos compensatorios de un estado anémico debido a malaria o episodio previo de esta enfermedad o hemoglobinopatías.

Exploración respiratoria: enfermedades respiratorias

La tuberculosis es la enfermedad respiratoria más frecuente en el niño inmigrante. Es una enfermedad de fácil contagio casual, que en las últimas décadas ha aumentado asociada al VIH.

El procedimiento correcto para el estudio de estos niños es la realización de la prueba de tuberculina (derivado proteico purificado, PPD) de forma sistemática. La mayoría de los niños en los países de baja renta reciben la vacuna de bacilo de Calmette-Guérin (BCG), este dato puede interferir en la lectura de la prueba PPD, pero haber recibido la vacuna no excluye la realización de la PPD en los niños recién llegados. Las radiografías sistemáticas de tórax en niños asintomáticos y con PPD negativa no están justificadas. Los niños con PPD positiva deben ser examinados minuciosamente en busca de enfermedad activa [ensayo de liberación de interferón gamma (IGRAS) y pruebas de imágenes], ya que las formas extrapulmonares y diseminadas son más frecuentes en los niños.

La detección de un caso de tuberculosis en un niño inmigrante, obliga al estudio de los familiares para conocer la fuente de contagio y la infección en otros convivientes.

Antes de iniciar el tratamiento, debe realizarse un estudio bacteriológico para aislar el microorganismo y determinar su sensibilidad; ya que, la prevalencia de resistencias es elevada en los países de baja renta.

Actualmente, los test conocidos como IGRAS (Interferon & release assays), superan las limitaciones del PPD y su interpretación es más objetiva; ya que, son test in vitro en los que se realizan determinaciones cuantitativas. Estos test no sustituyen a la PPD, pero son muy útiles para cribar a los niños con PPD positivo y antecedentes de BCG, o niños inmunodeprimidos con PPD negativo(7).

Exploración abdominal

Sintomatología digestiva

En los niños inmigrantes, es frecuente encontrar sintomatología digestiva, de la cual, la más frecuente es la diarrea. Las causas pueden ser múltiples, pero no es infrecuente encontrar bacterias (Salmonella, Shigella, Campylobacter y Yersinia), que son las causantes del cuadro digestivo; por lo que, es recomendable realizar un coprocultivo que incluya rotavirus (causa más frecuente de diarrea a nivel mundial) y la determinación de las diferentes cepas de Escherichia coli.

Los parásitos pueden ser causa de diarrea aguda o crónica, u otras manifestaciones digestivas, especialmente los protozoos (Entamoeba histolytica y Giardia lamblia); por lo que, la determinación de parásitos en tres muestras de heces está siempre indicada en niños, ya que puede afectar el crecimiento. Los patógenos más comunes son: G. lamblia, Hymenolepsis nana, Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Strongyloides stercolaris y Entamoeba histolytica.

La presencia de parásitos pluricelulares en el organismo eleva el número de eosinófilos en sangre periférica; por lo tanto, el hallazgo de eosinofilia debe obligar a seguir buscando parásitos pluricelulares.

La infestación por helmintos generalmente no se transmite de persona a persona y la prevalencia de los parásitos disminuye con el tiempo de estancia en el país receptor. Taenia solium constituye una excepción, pues puede sobrevivir años en el tubo digestivo excretando huevos que, una vez ingeridos, pueden producir casos de neurocisticercosis.

La neurocisticercosis se considera la primera causa de convulsión en el niño inmigrante.

E. estercoralis mantiene un ciclo autoinfectivo, por lo que sobrevive años después de haber abandonado el Trópico. Puede producir un síndrome de hiperinfestación en niños inmunodeprimidos; por lo que, se buscará exhaustivamente con cultivos específicos, antes de aplicar una terapia esteroidea, sobre todo, si existe eosinofilia.

Si el niño procede de un área endémica de esquistosomiasis, se historiará para conocer si han existido baños en aguas dulces, donde se puede contraer el parásito. Los eosinófilos también se elevan en presencia de esquistosomas. Las complicaciones de la esquistosomiasis pueden aparecer años después; la sintomatología aguda, en muchas ocasiones, es inexistente.

El Esquistosoma haematobium se debe buscar en orina en niños procedentes del África subsahariana y península Arábiga. Las otras especies de esquistosomas se detectan en heces.

Pueden realizarse, además, serologías específicas para esquistosomas en muestras de sangre periférica.

En el estudio de las heces, pueden identificarse algunas especies de parásitos que no requieren tratamiento por no ser patógenos para los humanos(8) (Tabla III).

En la palpación abdominal, prestaremos especial atención a la presencia de visceromegalias: esplenomegalia o hepatomegalia, que nos orientará a patología prevalente en los países de procedencia, como malaria o hepatitis.

Hepatitis viral

Una gran proporción de niños de estos países ha contraído la hepatitis A en edades tempranas, por lo que hay pocos motivos para solicitar anticuerpos para este virus en ausencia de sintomatología indicativa de hepatitis A (hepatomegalia, anorexia, fiebre y transaminasas elevadas). El niño inmigrante suele proceder de áreas endémicas de hepatitis A; esto debe tenerse en cuenta, si el niño se desplaza para visitar a familiares en su país de origen y se debe recomendar la vacuna.

La prevalencia de hepatitis B en los países de baja renta es alta, esto se traduce en una alta prevalencia entre los niños inmigrantes (5-30%). Los índices más elevados corresponden a niños procedentes de Asia, África y algunos países de Europa oriental(9).

Es frecuente que se determine la presencia de antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg), pero esta prueba es insuficiente; los niños deben ser también examinados para determinar la presencia de anticuerpo contra el HBsAg (HBsAc) y anticuerpo contra el núcleo del virus de la hepatitis B (HBcAc).

Las pruebas de detección de HBsAg y HBsAc no identifican a los niños que se encuentran en el «periodo ventana» de la infección aguda; en estos casos, el diagnóstico se establecerá por la presencia de HBcAc y la ausencia de HBsAg.

El estado de portador crónico de la hepatitis B se define como la persistencia del HBsAg durante más de 6 meses.

En los portadores, la infecciosidad se debe evaluar mediante la determinación del antígeno de la hepatitis B (HBeAg) y la hepatitis activa crónica mediante la determinación de enzimas hepáticas.

Cuando diagnostiquemos a un portador crónico, hay que vacunar los contactos domiciliarios realizando un estudio serológico previo. Los niños cuyas pruebas para hepatitis B resulten negativas, deben recibir la vacunación rutinaria contra la enfermedad.

La hepatitis D solo se produce en presencia de replicación activa del virus de la hepatitis B (VHB); es poco frecuente, pero su prevalencia es más alta en Europa oriental, África, América del sur y Oriente medio.

La hepatitis C se puede transmitir también verticalmente de la madre al niño, o por transmisión horizontal por exposición con sangre. La presencia de anticuerpos en niños de más de 15 meses es diagnóstica de infección, aunque esta se debe confirmar con la medición del VHC-ARN.

La hepatitis E es una enfermedad autolimitada que no produce infección crónica. Es común en muchas partes del mundo y se transmite por la ingestión de materia fecal y, generalmente, se asocia con el suministro de agua contaminada en países con un saneamiento deficiente. Actualmente, no hay una vacuna aprobada contra la hepatitis E.

Malaria

La enfermedad se encuentra distribuida por 100 países, situados en: América Central y del Sur, República Dominicana, Haití, África, Asia (India, Sureste asiático y Oriente Medio) y Pacífico Sur. Produce medio millón de muertes anuales, siendo el 90% niños menores de 5 años, la mayoría del África sub-sahariana. Está producida por un protozoo intracelular, Plasmodium, del que existen cinco especies que pueden infectar al ser humano: P. falciparum, P. vivax, P. ovale, P. malariae y P. knowlesi. La transmisión se realiza a través de la picadura de la hembra del mosquito Anopheles.

El patrón febril de los primeros días de infección es parecido al de otras enfermedades bacterianas o virales.

La forma más grave y más frecuente es la producida por P. falciparum, puede producir malaria cerebral y otras complicaciones.

Las otras especies producen formas más leves, pero pueden presentar recurrencias hasta años después de abandonar la zona endémica. En el caso del P. malariae, pueden presentar episodios febriles muchos años más tarde y, en los niños, puede asociarse a un síndrome nefrótico como complicación.

Ante todo episodio febril en un niño que procede de una zona endémica, debe realizarse una gota gruesa y una extensión fina para descartar la malaria, o un test de diagnóstico rápido para detectar Ag de Plasmodium (RDT).

Es importante conocer el fármaco adecuado para tratar el episodio de malaria y las alternativas(10)(Tabla IV).

Otra patología frecuente

Anemias y hemoglobinopatías

En todos los niños, debe realizarse un hemograma completo y estudio de ferritina sérica para la detección de anemia. El estudio específico de hemoglobinopatías se debe realizar cuando las alteraciones de la serie roja lo sugieran o en aquellos casos en que, por la etnia o el país de origen, exista un gran riesgo.

Déficit de hierro

La anemia ferropénica es altamente prevalente en los países de baja renta.

La anemia ferropénica es más prevalente y grave en lactantes y niños pequeños (6-24 meses de edad). El déficit de hierro, por lo general, se desarrolla lentamente y no tiene manifestaciones clínicas hasta que la anemia es grave, aunque las consecuencias de este déficit existan previamente. La adolescencia también es una edad de riesgo. Hay que prestar especial atención a las dietas vegetarianas. Un valor bajo de ferritina en suero indica la depleción de depósitos férricos y la necesidad de suplementación con hierro.

La anemia hemolítica debe sospecharse delante de una anemia normocítica e hipocroma con aumento de urobilina y bilirrubina en orina. Esta enfermedad tiene una incidencia más alta en el África subsahariana.

Las microcitosis mantenidas nos han de hacer sospechar hemoglobinopatías.

Déficit de glucosa-6-fosfatodeshidrogenasa (G6PD)

Es un déficit enzimático que se transmite ligado al sexo (cromosoma X) y se expresa clínicamente en los hombres y en las mujeres con expresión homocigótica. Las mujeres heterocigóticas son portadoras.

La detección de la enzima G6PD es importante en el caso de que se deba realizar un tratamiento antimalárico con primaquina, fármaco de elección para tratar las formas intrahepáticas de Plasmodium vivax y P. ovale, ya que puede desencadenar una crisis hemolítica.

Anemia de células falciformes

La búsqueda de anemia de células falciformes sistemática está indicada en niños de África subsahariana o del Caribe, donde su prevalencia es más elevada. En determinadas zonas de África oscila entre el 5 y el 40%.

Es una hemoglobinopatía estructural o cualitativa, que se transmite de forma autosómica recesiva. Los homocigotos presentarán anemia de células falciformes.

Las formas heterocigotas no presentan características particulares, excepto en situación de hipoxia.

Talasemias

Los síndromes talasémicos o por alteración cuantitativa son enfermedades de transmisión autosómica codominante, frecuentes en la cuenca del Mediterráneo, subcontinente indio y Sudeste asiático.

Los síndromes que podemos encontrar son la talasemia β mayor, que se manifiesta en los homocigotos, se detecta en los primeros meses de vida y se expresa clínicamente por sobrecarga de hierro. Precisa un seguimiento por equipo especializado de hematología.

La talasemia β menor es la más frecuente. Su expresión clínica es más evidente en casos de infecciones, embarazo y situaciones de estrés. No tiene tratamiento específico y se aconseja la administración periódica de ácido fólico. La talasemia α minor con poca expresión clínica y de hallazgo casual en la realización del hemograma.

En todos ellos, es importante la información genética a la familia.

El hallazgo de anemia nos debe alertar sobre la posibilidad de déficit dietéticos, nematodos intestinales (sobre todo, ancylostoma), malaria, otras infecciones crónicas o causas genéticas.

Raquitismo

La carencia de vitamina D altera los niveles apropiados de calcio y fósforo y estimula la liberación de ambos elementos de los huesos, debilitándolos y dando deformidades óseas que serán evidentes a la exploración: genu varo, rosario costal, macrocefalia con frente prominente, etc.

La vitamina D se absorbe de los alimentos o puede ser producida por la piel al exponerla a la luz solar. La falta de producción de vitamina D por parte de la piel puede ocurrir en niños que procedan de climas con poca exposición a la luz del sol (latitudes Norte) o que hayan permanecido en espacios cerrados, o bien que por tradición u otros no se exponen a la luz (vestidos que cubren toda la piel).

También es posible no obtener suficiente vitamina D de la dieta si:

• No se toma productos lácteos.

• Se sigue una dieta vegetariana.

• Se presenta intolerancia a la lactosa.

Los lactantes mayores alimentados exclusivamente con leche materna después de los 6 meses, también pueden desarrollar deficiencia de vitamina D.

Por otro lado, los niños de piel más oscura requieren más exposición solar para la activación de la provitamina D, y puede ser un problema durante los meses de invierno, cuando hay niveles de luz solar más bajos.

La ingesta insuficiente de calcio y fósforo en la dieta puede evolucionar hacia un raquitismo.

Infección por T. cruzi (enfermedad de Chagas)

Los niños inmigrantes pueden proceder de países endémicos de enfermedad de Chagas. Incluso, se ha experimentado un aumento de mujeres en edad fértil procedentes de estos países. Estos datos epidemiológicos alertan sobre la emergencia de la enfermedad de Chagas en la edad pediátrica(11).

Los casos pediátricos pueden ser Chagas pediátrico importado (contagiado por vía natural en su país) o Chagas congénito (vía vertical a través de la madre infectada y el niño puede haber nacido fuera del área endémica)(12). La población pediátrica infectada por Tripanosoma cruzi generalmente es asintomática, a excepción de algunos niños que cursan la fase aguda congénita y los que padecen alguna inmunodeficiencia u otra enfermedad.

Casi todos los casos de Chagas importado se encuentran en la fase indeterminada de la enfermedad. En los niños procedentes de América latina, es importante tener en cuenta la procedencia y antecedentes para descartar la enfermedad de Chagas.

El cribado de la infección en la fase indeterminada se realizará a partir de los 9 meses de edad, por serología, y son necesarias dos serologías positivas realizadas con técnicas diferentes para confirmar la infección. En los menores de 9 meses y mayores de un mes, se realizarán técnicas de PCR para el diagnóstico.

El tratamiento se realizará con beznidazol a 5 mg/kg/día y se administrará cada 12 h, y realizando controles clínicos y analíticos con hemograma y bioquímica cada 15 días.

Sífilis

En los países de baja renta es frecuente la sífilis congénita y suele cursar sin diagnóstico ni tratamientos adecuados. Tanto en los niños adoptados en el extranjero como en los inmigrantes, debe evaluarse la presencia de sífilis.

Las recomendaciones de la OMS indican realizar el estudio serológico con pruebas reagínicas de serología luética (VDRL) o rápida en plasma (RPR), y confirmar los resultados positivos con pruebas treponémicas, como la prueba para la determinación por inmunofluorescencia de anticuerpos anti-treponema (FTA-ABS).

Si ambas pruebas son positivas, deberán buscarse signos de sífilis congénita, incluyendo radiografía de huesos largos y prueba de VDRL en líquido cefalorraquídeo. El tratamiento se realizará con penicilina G cristalina o procaína en dosis de 50.000 U/kg/día, durante 14 días.

Infección por VIH

El riesgo de presentar infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños inmigrantes, dependerá del país de origen y de los riesgos individuales, aunque en África Subsahariana, en el cono Sur, existen países con una prevalencia del 30% entre las mujeres embarazadas.

En el primer examen en todos estos niños, debe evaluarse la presencia de VIH, no deben considerarse fiables los resultados de pruebas realizadas en el país de origen(13).

Existen diferentes pruebas para medir los anticuerpos para el VIH-1 y el VIH-2.

La prueba de inmunoabsorción ligada a enzimas (ELISA) para la detección de anticuerpos de VIH es fácil y barata. Sin embargo, utilizar solo esta prueba para niños recién llegados puede no identificar una infección reciente. Por esta razón, se debe recomendar determinar VIH-1 y VIH-2 por ELISA y estudiar, por reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o por cultivo, la presencia de ADN VIH-1.

El estudio de los anticuerpos y la viremia permiten diagnosticar una infección reciente.

Si se realizan solo pruebas de determinación de anticuerpos, se deberían repetir de 4 a 6 meses después de la llegada, para identificar a los niños que se hayan estudiado durante el periodo ventana.

Otras infecciones, como: el dengue, zika o chikungunya, entre otras, también pueden producir cuadros clínicos que, en algunos casos, pueden ser graves y será necesario investigar estas infecciones, como también ocurre con la fiebre tifoidea u otras infecciones, en función del lugar de procedencia.

¿Qué pruebas complementarias deberemos realizar?

En primer lugar, nuestra actitud será diferente si, en la primera consulta, el niño está asintomático o acude por algún síntoma; en este segundo caso, el síntoma guiará nuestra exploración física y las pruebas complementarias.

Es importante recordar que la sintomatología más frecuente es la fiebre y las enfermedades diarreicas.

En caso de fiebre, hasta que no demostremos lo contrario, siempre debemos actuar como si estuviéramos enfrente de un caso de malaria.

En la valoración inicial de un niño inmigrante asintomático, para decidir las pruebas a realizar, valoraremos la información que poseemos, los antecedentes, el riesgo de presencia de enfermedades infecciosas, carenciales y genéticas.

Por todo lo antes expuesto, realizar las pruebas que seguidamente detallamos, nos aproximará a la información que regularmente tenemos de los niños nacidos en nuestro país.

Analítica sanguínea:

• Hemograma.

• Bioquímica: función renal y hepática.

• Ca, P, FA y/o Vitamina D.

• TSH, T4, fenilalanina.

• Serologías: VHB, VHC, sífilis, HIV, toxoplasma.

• PPD.

• Parásitos en heces (3 muestras).

Según la procedencia, será conveniente incluir las siguientes pruebas complementarias:

• Estudio de hemoglobinas (África subsahariana, Sudeste asiático, Caribe).

• Serología para Chagas (Centroamérica y Sudamérica).

• Estudio de malaria (África subsahariana; área endémica).

• Estudio de parásitos en orina (África subsahariana).

Vacunaciones

Los niños inmigrantes pueden no haber recibido las vacunas habituales del país receptor, presentar un calendario vacunal incompleto, incluso para las vacunas habituales de su país de origen, o simplemente no estar inmunizados. Si existen dudas sobre el estado vacunal del niño, se debe reiniciar de nuevo la vacunación.

Debemos conocer que, en la mayoría de los países de baja renta, se administra la BCG y podemos buscar activamente la cicatriz que deja esta vacuna. La vacuna de sarampión monovalente se administra a los 9 meses, por lo que es importante revisar este dato y administrar una dosis de vacuna triple vírica a los 12 meses.

A los niños menores de 5 años, se les deberá vacunar contra Haemophilus influenzae tipo b, si es que no han recibido esta vacuna. Lo mismo ocurre con la vacuna del meningococo C (MCC) y la varicela que no se administran de forma habitual.

Respecto a la vacuna antipneumocócica, en caso de desconocimiento, hay que utilizar las mismas recomendaciones que en la población autóctona, pero hay que recordar que, en los últimos cinco años, gracias al esfuerzo de organizaciones internacionales se administra esta vacuna gratuitamente en muchos países de baja renta.

A los recién nacidos hijos de inmigrantes, se les vacunará contra la hepatitis B.

En los niños inmigrantes o hijos de inmigrantes que se desplazan con relativa frecuencia de nuevo a su país de origen, por períodos de tiempo largos para conocer y visitar a sus familiares, se deberían administrar, además, las siguientes vacunas, dependiendo del país de que se trate(13,14):

• Vacuna BCG. Aunque proporciona baja y variable protección contra la infección tuberculosa, reduce la incidencia de meningitis tuberculosa y es una protección real contra la lepra. Si no se trata de un lactante, se deberá practicar la prueba de PPD antes de su administración.

• Vacuna contra la fiebre amarilla. Si el niño tiene más de 9 meses y viaja a un país endémico.

• Vacuna contra la hepatitis A en niños mayores de 12 meses de edad; ya que, la prevalencia de esta enfermedad es mucho más elevada en los países de baja renta. Se debe valorar la administración de esta vacuna individualmente, según el riesgo y la edad.

• Vacuna contra la fiebre tifoidea, si el niño es mayor de tres años.

• Vacuna antimeningocócica tetravalente, si se viaja al cinturón del meningococo en África Subsahariana, zona amazónica de Brasil o Arabia Saudí (La Meca).

• Vacuna anti-fiebre tifoidea IM a los mayores de tres años que viajan a países de baja renta.

• Otras vacunas dependiendo del área y el riesgo al que se van exponer (rabia, encefalitis japonesa B, etc.). Se debe recomendar la quimioprofilaxis y otras medidas de control para la malaria en todo niño inmigrante que se desplace a una zona endémica y no minimizar el riesgo(15).

Atención psicosocial

El abordaje del niño inmigrante, refugiado o adoptado debe prestar suficiente atención a la protección de su salud mental y el bienestar psicosocial entre las múltiples necesidades que presentan. Es por ello que, como pediatras, necesitamos estar informados y conocer los aspectos más relevantes del abordaje psicosocial de estas familias, así como reconocer de forma temprana, los síntomas de estrés y depresión(16).

Las situaciones a las que se enfrentan las familias cuando salen de su país y llegan al país de destino, pueden suponer un estrés que influye en su bienestar mental, haciéndolos vulnerables a abusos, negligencias y violencia, especialmente los niños. En el caso de las familias refugiadas, hay que añadir la peculiaridad de que huyen del país de forma forzosa y habitualmente han sido sometidos a situaciones traumáticas en su país de origen, sumado a la imposibilidad de volver.

Es especialmente delicada la situación de los adolescentes, porque viven una doble crisis de identidad: la de su propia edad, con su particular problemática psicofisiológica, y la derivada de los conflictos debidos al desarraigo y rechazo. Esto puede generar alteraciones en el comportamiento del adolescente, actitudes de rechazo (de la sociedad de acogida, del propio entorno cultural y del adolescente hacia ambos), la marginación y/o auto marginación y los sentimientos de confusión, a causa de tener que elegir entre una única, ninguna o doble pertenencia. Los adolescentes que emigran con sus padres, son los que presentan mayores dificultades de adaptación, debido a que su proceso de socialización se interrumpe bruscamente, y que el aprendizaje de nuevas estructuras culturales resulta dificultoso debido a la pérdida de la plasticidad infantil. Esta actitud, junto a las exigencias de su grupo cultural de un comportamiento de acuerdo con sus normas, dificultan bastante el proceso de socialización, la adquisición de una identidad sólida y el acceso a una vida normalizada. Asimismo, la situación laboral y el poder adquisitivo de sus padres, les obliga en la mayoría de los casos, a vivir en barrios marginales y a ocupar lugares más bajos en la escala social, que les impide el acceso a la educación, al mercado laboral y reduce al mínimo sus posibilidades de promoción y participación en la vida colectiva.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Schulte JM, Maloney S, Aronson J, San Gabriel P, Zhou J, Saiman L. Evaluating acceptability and completeness of overseas immunization records of internationally adopted children. Pediatrics. 2002; 109: E22.

2. Stauffer WM, Mauroshek S, Kamat D. Medical screening of immigrant children. Clin Pediatr (Phila). 2003; 42: 763-73.

3. Centers for Disease Control and prevention: http://www.cdc.gov/globalhealth/index.html

4. Bulletin of the World Health Organization 2011; 89: 250-1. doi:10.2471/ BLT.11.040411.

5. Jones DJK, Berkley JA. Severe Acute Malnutrition and Infection CMAM FORUM Technical Brief: 2013.

6. Huerga H, López-Vélez R. Infectious diseases in sub-Saharan African immigrant children in Madrid, Spain. Pediatr Infect Dis J. 2002; 21: 830-4.

7.* Marais BJ, Pai M. Recent advances in the diagnosis of childhood tuberculosis. Arch Dis Child. 2007; 92: 446-52.

8. Fumadó V. Problemas asistenciales en la atención médica a niños de otras etnias. En: Cruz M, ed. Tratado de pediatría. 10ª. ed. Madrid: Ergon; 2010. p. 2117-21.

9. Juncosa T, Fumadó V, Martín J, Palacín E. Virus de la hepatitis B en niños adoptados o inmigrantes en Cataluña. Med Clín (Barc). 2005; 124: 196.

10.* Fumadó V, Bassat Q. Estado actual de la malaria (I), diagnóstico y tratamiento. An Pediatr Contin. 2011; 9: 162-9. (Revisión y actualización sobre el diagnóstico y herramientas terapéuticas para el control de la malaria).

11. Muñoz J, Portús M, Corachán M, Fumadó V, Gascón J. Congenital Trypanosoma cruzi infection in a non-endemic area. Trans R Soc Trop Med Hyg. 2007; 101: 1161-2.

12.* Muñoz J, Coll O, Juncosa T,Vergés M, del Pino M, Fumadó V, et al. Prevalence and vertical transmission of Trypanosoma cruzi infection among pregnant Latin American women attending 2 maternity clinics in Barcelona, Spain. Clin Infect Dis. 2009; 48: 1736-40.

13. Jasseron C, Mandelbrot L, Tubiana R, Teglas JP, Faye A, Dollfus C, et al. Prevention of mother-to-child HIV transmission: similar access for sub-Sahara African immigrants and for French women? AIDS. 2008; 22: 1503-11.

14. International Travel and Health. Vaccination requirements and health advice. Genève: OMS; 2015.

15. Centers for Disease Control and Prevention. Health Information for International Travel. Atlanta: CDC; 2009.

16. Fazel M, Reed RV, Panter-Brick C, Stein A. Mental health of displaced and refugee children resettled in high-income countries: risk and protective factors. Lancet. 2012; 379: 266-82. DOI:10.1016/S0140- 6736(11)60051-2.

17. Fumadó Pérez V. Valoración inicial del niño inmigrante. Pediatr Integral. 2013; XVII(10): 713-21.

 

Caso clínico

 

Niña de 3 años que consulta por fiebre de hasta 40ºC, de 48 horas de evolución, con cuadro catarral y disminución de la ingesta.

Antecedentes

Hija de padres nigerianos, nacida en Cataluña, previamente sana sin antecedentes de interés, vacunas sistemáticas al día. Regresó hace 8 días de visitar a su familia en un área rural de Nigeria, donde residió durante 1 mes. No ha recibido quimioprofilaxis para la malaria.

Examen físico

• TEP estable.

• ABCDE normal.

• Constantes: Tª: 39ºC; FC: 140 lpm; FR: 20 rpm; SatHb: 100% con FIO2 21%.

• Exploración física: por aparatos anodina.

Aunque la niña tiene, en este momento, aceptable estado general y está estable, el riesgo de que tenga malaria es alto por el antecedente del viaje y la falta de quimioprofilaxis, por lo que lo más importante es descartar esta enfermedad que es potencialmente grave, por tanto, hay que derivarla a un centro donde se pueda realizar las pruebas pertinentes.

Durante la derivación

- TEP inestable (postrada, decaída, mal color, respiración rápida y superficial).

- Constantes: Tª: 40ºC; FC: 160 lpm; FR: 40 rpm; TA: 99/45 mmHg; SatHb: 92%.

Ante esta variación de la exploración física y los antecedentes, si aparecen manifestaciones hemorrágicas, deberemos aislar sin demorar.

A la nueva exploración, la paciente no presenta hemorragias, pero si distrés respiratorio e hipotensión arterial; a la exploración neurológica, observamos discreta letargia.

Lo más importante, ante este cambio de exploración y el empeoramiento, es estabilizar al paciente:

ESTABILIZAR!!!

A: vía aérea permeable. Buena entrada de aire con crepitantes bibasales. Respiración de Kussmaul.

B: oxigenoterapia con mascarilla reservorio.

C: canalizamos vía periférica, extraemos analítica de sangre (estudio de malaria!!), administramos carga de volumen (SF: 20 ml/kg) y 1ª dosis de ceftriaxona.

D: Glasgow: 15, decaída, poco reactiva. Glucemia: 42 mg/dl (Suero GS: 10%).

à Contactamos con UCI pediátrica para su ingreso inmediato.

Resultado de la analítica sanguínea

Hb: 5.2 g/dl; plaquetas: 66.400/mm3; leucocitos: 2.400/mm3; acidosis metabólica lactato: 2,4 mmol/L; AST: 140 U/L; PCR: 155 mg/dl.

Gota gruesa positiva. Gota fina: parasitemia: 5%.

Evolución

Traslado a UCI-Pediátrica para inicio de tratamiento antimalárico con artesunato endovenoso y medidas de soporte.

La niña evolucionó correctamente en las siguientes 48 h pasando a planta.

En planta, se pasó a medicación oral (Artemeter + lumefantrina) con buena tolerancia. Parasitemia: 0,1% a las 48 h, alta a su domicilio a los 6 días, con suplementación con hierro + ácido fólico dos semanas. (Parasitemia: 0).

Precisa control ambulatorio con analítica a las dos semanas para valorar anemia, para valorar parasitemia y tener en cuenta hemólisis posterior debida a artesunato.

 

 

10 Cosas que deberías saber sobre…maltrato infantil

 
10 Cosas que deberías saber sobre…maltrato infantil

 

M. García Boyano, I. Noriega Echevarría, E. Pérez Costa, D. Rodríguez Álvarez


El maltrato infantil se define como aquella acción, omisión o trato negligente, no accidental, que prive al niño de sus derechos y su bienestar, que amenace y/o interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico y/o social, y cuyos autores pueden ser personas, instituciones o la propia sociedad.

La incidencia es desconocida, ya que la mayoría de los casos no son detectados, siendo esta menor, a medida que aumenta la edad del menor.

Tienen mayor riesgo de padecer maltrato: los varones, recién nacidos prematuros y aquellos niños que presentan problemas de conducta (incluida la iperactividad), trastornos psicológicos que comportan dificultades en el procesamiento cognitivo, problemas de salud o alguna discapacidad (física, intelectual o sensorial).

El haber sido víctima de maltrato infantil es un factor de riesgo para convertirse en agresor en la edad adulta.

El consumo de drogas, ansiolíticos y antidepresivos aumenta el riesgo de que los padres maltraten a los menores.

Los padres son los principales agresores en los casos de maltrato físico, maltrato psicológico y abuso sexual, mientras que las madres lo son en los casos de negligencia.

En el caso de maltrato físico,las lesiones provocadas serán: desproporcionadas al mecanismo e historia referida por los padres y de diferentes estadios volutivos, en zonas no habituales (periocular, peribucal, interior de boca, cuello y zona póstero-interna de extremidades) y, predominantemente, en hemicuerpo izquierdo.

El síndrome de Munchaüsen por poderes consiste en la simulación de síntomas en los niños, por parte de los padres o cuidadores.

Las consecuencias del maltrato infantil difieren según el sexo de la víctima. Las chicas tienen mayor tendencia a sufrir trastornos de internalización (depresión, ansiedad o aislamiento), mientras que los chicos suelen presentar problemas de externalización (problemas de conducta).

El centro de salud es el lugar idóneo para la prevención del maltrato infantil, detectando las familias que presentan estos factores de riesgo y programando una intervención multidisciplinar.

 

Para saber aún más…

1. Denton J, Newton AW, Vandeven AM. Update on child maltreatment: toward refining the evidence base. Curr Opin Pediatr. 2011; 23: 240-8.

2. Pou I Fernández J. Maltrato infantil. Actuación en urgencias. Protocolos diagnóstico-terapéuticos de la Asociación Española de Pediatría; 2009: p. 167-72.

3. Hibbard RA, Desch LW; American Academy of Pediatrics Committee on Child Abuse and Neglect; American Academy of Pediatrics Council on Children With Disabilities. Maltreatment of children with disabilities. Pediatrics. 2007; 119: 1018-25.

 

Un análisis crítico sobre la violencia contra los niños, niñas y adolescentes en España

P. Horno Goicoechea
20 Aniversario


P. Horno Goicoechea

Consultora en Infancia, Afectividad y Protección. Espirales Consultoría de Infancia. www.espiralesci.es

 


20 aniversario

Un análisis crítico sobre la violencia contra los niños, niñas y adolescentes en España

Resumen

El artículo recoge un análisis crítico de los avances realizados en el abordaje de la violencia contra la infancia en España y carencias del mismo, tanto respecto al conocimiento de la problemática como respecto a las estrategias para su abordaje, especialmente desde el ámbito sanitario.

Introducción

La violencia contra los niños, niñas y adolescentes es una de las vulneraciones de los derechos humanos más graves que puede darse en una sociedad. El Estado español y las Comunidades Autónomas, en su parte correspondiente, asumieron ser los responsables de prevenir y paliar el sufrimiento de estas víctimas al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas en el año 1990(1). Nuestra sociedad está obligada no solo ética y socialmente, sino institucional y jurídicamente a proteger a los niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia. Y falla en el cumplimiento de esa obligación.

Sin embargo, existen datos positivos y avances evidentes en el abordaje de la violencia contra la infancia y la adolescencia en España. La percepción social sobre la violencia contra niños, niñas y adolescentes en España en los últimos años está viviendo una transformación. En un proceso muy parecido a lo que ocurrió con la violencia machista y a través de la atención que los medios de comunicación han empezado a dar a algunos casos especialmente dolorosos acaecidos en distintos lugares de nuestro país, la sociedad está empezando a hablar y a concienciarse de la magnitud de la problemática de la violencia contra los niños y niñas, aunque no siempre desde la perspectiva más ajustada a su realidad. Pero esto supone un gran avance, porque la sensibilización social y el cambio de actitudes hacia la violencia contra los niños, niñas y adolescentes es una de las herramientas más útiles para lograr una prevención eficaz y una detección certera del mismo.

Al mismo tiempo, existe un debate social creciente sobre la transformación del modelo educativo, la falta de autoridad de los padres y madres sobre los niños y niñas y el crecimiento de las cifras de algunas tipologías de delitos cometidos por menores de edad. Todo esto, está llevando también a un cuestionamiento sobre la educación que estamos dando a los niños y niñas y la responsabilidad de los adultos sobre esta. Al mismo tiempo, se está trasmitiendo una visión negativa, especialmente de la adolescencia.

Pero todo esto es muy reciente. Hasta hace muy poco, la violencia contra los niños, niñas y adolescentes estaba ausente del debate público, cuando no legitimada socialmente. Esta forma de violencia es, junto con la violencia ejercida contra las personas de la tercera edad, la forma de violencia más invisible por un motivo muy simple: las víctimas no tienen capacidad de denunciar por sí mismas, organizarse, salir públicamente y constituir un lobby social, como sí han podido hacerlo poco a poco las mujeres víctimas de violencia de género o las personas LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), víctimas de violencia homofóbica, entre otros colectivos. Estamos hablando de las víctimas más indefensas: las que no tienen voz. Actuar ante la violencia contra los niños, niñas y adolescentes implica dar un paso adelante por un inocente.

El objetivo de este artículo es proporcionar un marco general sobre la problemática, tanto respecto a su dimensión y las consecuencias en la salud biopsicosocial del niño, niña o adolescente, como respecto a la intervención que se realiza sobre la misma. Dado que se ha escrito mucho sobre esta problemática, no es propósito de este artículo repasar ni la definición de la misma, ni los factores de riesgo y protección, sino exponer algunos aspectos críticos en la conceptualización y actuación técnica ante la violencia contra la infancia, enfatizando algunos aspectos clave correspondientes al ámbito sanitario.

Algunos datos para contextualizar la problemática

Una de las dificultades más importantes en la violencia contra la infancia y adolescencia en España es que, a día de hoy, es imposible conocer su exacta magnitud. Los datos que existen son de fuentes diferentes, ámbitos profesionales diversos y con sistemas de registro incompletos. De esta manera, existen dos tipos de datos, los que provienen de estudios retrospectivos realizados a adultos, preguntándoles de forma anónima por sus vivencias de niños, y los provenientes de los diferentes sistemas de registro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, del ámbito judicial, del ámbito sanitario y del sistema de protección en cada comunidad autónoma. Todos ellos nos dan una perspectiva acumulativa de la gravedad del fenómeno, pero siempre fragmentada. Ese es uno de los primeros fallos del Estado: la falta de un sistema de registro de datos sistematizados para saber exactamente cuántos niños y niñas víctimas de violencia existen en España. Es difícil desarrollar un sistema eficaz de atención a esas víctimas cuando ni siquiera sabemos exactamente cuántas son.

A continuación, se exponen algunos ejemplos de esta acumulación de evidencia fragmentada en el fenómeno de violencia contra niños, niñas y adolescentes en España. Los datos hablan de la magnitud del fenómeno, pero, también de la diversidad de los datos según las fuentes de donde provienen.

1. Niños, niñas y adolescentes fallecidos por causas violentas.

a. Según las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, en 2013 hubo 40 niños y niñas víctimas de tentativas de homicidios y asesinatos, de los que murieron 18 niños(2).

b. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), en 2013 fueron asesinados 26 menores, 16 niños y 10 niñas(3).

c. A estas cifras habría que sumarles todos los fallecimientos relacionados con agresiones accidentales que se categorizan como tales, porque su causa no se determina: ahogamientos, cuchillos, disparos, envenenamientos. Y también habría que sumar las muertes producidas por negligencias graves de los tutores, como llevarles sin cinturón de seguridad en el coche y cosas parecidas.

d. En 2013, 13 menores murieron víctimas de violencia de género, asesinados por sus padres junto con sus madres o en el régimen de visitas, según la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas(4).

2. Niños, niñas y adolescentes fallecidos por suicidio. Según el INE, se suicidaron 66 niños y niñas solo en 2013, 46 de ellos varones(5).

3. Niños, niñas y adolescentes víctimas de malos tratos:

a. Según las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, hubo 3.062 menores víctimas en 2013, 568 de ellos categorizados como víctimas de malos tratos habituales en el ámbito familiar(6).

b. Según las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, en 2013 hubo 3.364 menores víctimas de delitos contra la libertad e indemnidad sexual, que incluye desde la agresión con penetración hasta la pornografía(7). Sin embargo, los estudios realizados de forma retrospectiva en nuestro país, es decir, preguntando de forma anónima a los adultos por sus vivencias en la infancia, han encontrado una incidencia de entre el 15% y el 25% de adultos que manifiestan haber vivido alguna forma de abuso sexual antes de cumplir los 18 años. Y merece la pena indicar que se evaluaban formas de abuso sexual que incluían contacto físico; es decir, desde tocamientos hasta agresiones sexuales con penetración, dejando fuera otras formas de abuso como el exhibicionismo(8).

Por otro lado, realizando un análisis crítico de la información que sí está disponible, merece la pena resumir algunos aspectos clave que surgen del análisis de los datos disponibles y que los profesionales del ámbito sanitario deben conocer:

1. La mayoría de la violencia que sufren niños, niñas y adolescentes en nuestro país, la viven en el entorno cercano. En los últimos años, se han estudiado muchos fenómenos, como el bullying o la explotación sexual infantil, pero las estadísticas y la investigación son persistentes: la violencia que se ejerce contra la infancia en España, la ejercen mayoritariamente adultos que los niños y niñas conocen y quieren, de su familia o de un entorno muy cercano o íntimo. No son en su mayoría desconocidos ni redes de delincuencia.

Los datos referentes a violencia cometida por menores a otros menores o adultos han adquirido mucha más visibilidad en los últimos años, pero no representan la mayoría de los casos de violencia. Quienes ejercen mayoritariamente la violencia en España son los adultos, hombres y mujeres, y los niños y niñas son las víctimas. Visibilizar la violencia cometida por los niños, niñas y adolescentes es necesario, no solo por las víctimas de esa violencia, sean niños o adultos, sino, porque un niño, niña o adolescente que ejerce violencia necesita atención terapéutica también. Pero no puede ser la excusa para invisibilizar la mayoría de los casos, que son aquellos en los que la violencia la ejercen los adultos.

2. La violencia contra los niños, niñas y adolescentes en nuestro país no es un problema de inmigración. Existe la creencia de que la mayoría de los agresores y agresoras son adultos de nacionalidad extranjera, pero no es así. Son ciudadanos y ciudadanas españoles.

3. Es necesario visibilizar a los niños varones víctimas de violencia. Existe una creencia muy arraigada en la sociedad, pero también entre los profesionales, de que la mayoría de las víctimas de violencia son niñas. Sin embargo, solo en el caso de abuso sexual infantil hay un número significativamente superior de niñas víctimas. En cambio cuando miramos las cifras de asesinatos o de maltrato físico, son más los niños varones víctimas. Parece que, en el caso de la violencia contra la infancia, la desigualdad de género y la cultura machista condicionan la forma que adquiere esa violencia. Pero es necesario visibilizar la violencia que están sufriendo los niños varones y desarrollar estrategias específicas para abordarla.

4. Es necesario sistematizar los datos respecto a los niños, niñas y adolescentes muertos de forma violenta en España. No es que mueran, es que mueren de forma violenta a manos de otra persona, son asesinados o víctimas de homicidios o negligencias graves. Sin embargo, no existen datos sistematizados sobre la dimensión de esta problemática, no ya de la violencia en general, sino de los niños y niñas que han fallecido por causas violentas en nuestro país, como sí los hay de otras víctimas.

5. Las formas de violencia contra la infancia más frecuentes en España son: el maltrato psicológico y la negligencia. No estamos hablando, por tanto, solo de violencia física, sino de niños y niñas que crecen pensando que son inútiles, indignos de que nadie los quiera, solos y asustados, que dejan de hablar, de comer o de dormir de puro miedo, aunque nunca les pongan la mano encima. O niños y niñas que aprenden a ser adultos y cuidar de quien debió cuidar de ellos. O niños y niñas que saltan aterrorizados al sonar la llave en la puerta de casa. La violencia, sea cual sea la víctima, empieza mucho antes de ponerle la mano encima a una persona. Y en eso la violencia contra la infancia no es una excepción.

Consecuencias de la violencia en el desarrollo biopsicosocial del niño, niña o adolescente

Los profesionales del ámbito sanitario deben ser conscientes de que la violencia ejercida sobre un niño, niña o adolescente siempre implica una vulneración de sus derechos humanos y un daño psicológico (además del daño físico o riesgo de sufrirlo) que debe ser evaluado. Al mismo tiempo, es esencial comprender que la dinámica de la violencia se basa en el abuso del poder en la relación entre el agresor y su víctima. Estos tres conceptos: los derechos de la víctima, el daño a la persona, a su integridad o dignidad (o el riesgo de sufrirlo) y el abuso de poder desde el que se ejerce, resultan claves para la actuación ante cualquier forma de violencia.

Respecto al concepto del daño, clave para la comprensión de la violencia desde la perspectiva socio-sanitaria, sobre todo, se debe tener presente que la violencia se evalúa siempre desde la víctima, desde los efectos que produce en el niño o niña, no solo desde la intención de quien ejerce la violencia. Cuando la violencia se da en contextos de intimidad y privacidad, donde difícilmente va a haber testigos y en el contexto de una relación afectiva, donde las intenciones pueden ser ampliamente manipuladas, los efectos de la violencia en la víctima, sin embargo, son innegables. Se pueden y se deben evaluar y utilizar como base de la actuación.

Respecto al modo en que la violencia se ejerce, es muy importante comprender que la violencia no es solo la violencia física, y no identificar la ausencia de agresiones físicas como un nivel de violencia menor e incluso inexistente. La violencia psíquica y la negligencia son las dos formas de violencia contra niños, niñas y adolescentes más frecuentes y, sin embargo, las menos conocidas y las menos penalizadas. Cuando se plantea la intervención en la violencia en el marco de relaciones afectivas del niño, niña o adolescente, este aspecto se vuelve esencial, porque existe una clara dificultad para identificar la violencia psicológica como tal. Los estudios alertan de que los adolescentes consideran e internalizan la violencia psicológica como parte natural de las relaciones afectivas(9).

Y en este sentido, es fundamental diferenciar entre la agresión y el maltrato. Ambos son violencia interpersonal, pero los grados son diferentes y como tales han de ser analizados. El maltrato es un continuo de relación, donde se dan agresiones intermitentes e impredecibles para las víctimas, pero constantes en el tiempo. Es importante entender que el maltrato en una relación no supone la agresión continua y permanente, pero sí es una relación donde de forma continuada y mantenida en el tiempo incurren actos agresivos físicos, psíquicos y/o sexuales. De este modo, la relación agresor/a y víctima no es solo la de la agresión, debajo de esta existe una relación afectiva, destructiva pero innegable. Por ello, en muchos casos de maltrato, llega un momento en que la cotidianidad e impredecibilidad de la violencia provocan el llamado “síndrome de acomodación” por parte de la víctima, que sería impensable en caso de suceder la agresión permanente.

La regularidad, frecuencia e incluso cotidianidad de la violencia conlleva una vivencia emocional clave y destructiva en la víctima: el terror, que le impide su desarrollo individual. Lo que caracteriza y une a todas las víctimas de maltrato en el contexto de una relación afectiva es la anulación que el agresor o agresora ha perseguido de la víctima y la dependencia que ha logrado que sienta y, sobre todo, el terror que se convierte en cotidiano y les impide su desarrollo individual. Estos tres elementos perpetuados en el tiempo generan un daño que afecta a todas las áreas de desarrollo de las víctimas y modela su personalidad desde y a través de la violencia.

El objetivo de las víctimas entonces pasa a ser muy simple: sobrevivir al maltrato. Las víctimas desarrollan toda una serie de estrategias para intentar comprender aquello que les supera, para poder mantener y salvar el vínculo que existía con las personas que los agreden y para no destruirse fruto de esa violencia, manteniendo algún atisbo de su identidad individual. Aunque estas estrategias les lleven a destruirse, a aislarse de su entorno, a disociarse internamente o a desarrollar diversas patologías. El cuadro que muchas víctimas de maltrato presentan tiene su origen en estos factores.

A continuación, se desarrollan algunos de esos efectos que son especialmente relevantes de cara a la detección de la violencia en el ámbito sanitario. Pero antes de entrar en ellos, conviene hacer una reflexión previa en cuanto a la detección. Resulta clave para la detección que el profesional sanitario mantenga siempre una perspectiva dual en su visión de los indicadores que pueden presentar las víctimas. La sintomatología indicativa de que un niño, niña o adolescente puede estar siendo víctima de violencia tiene siempre un doble perfil: el externalizador y el internalizador. El primer perfil, el externalizador está constituido por indicadores visibles, que se manifiestan conductualmente de un modo más notorio, que afecta a menudo a las relaciones con las otras personas y que supone, en el fondo, un elemento de salud: esos indicadores le sirven al niño para pedir ayuda y para sacar fuera el sufrimiento y el miedo que está viviendo. El perfil internalizador, por el contrario, son indicadores que tienen mucho más que ver con vivencias emocionales difíciles de ver, con falta de movimiento, de contacto e interacción, con somatizaciones que hay que saber adjudicar como de etiología emocional o exógena etc. Son indicadores más dañinos para el desarrollo, porque además del propio síntoma, conllevan un elemento de autolesión en la persona (el sufrimiento que no se puede expresar se convierte en autoagresión) y una dificultad mayor para ser detectado y, por tanto, recibir ayuda.

Sin embargo, una de las dificultades más habituales en la detección es que los profesionales están acostumbrados a buscar, evaluar y detectar el perfil de sintomatología externalizadora, pero no tanto la internalizadora. Los indicadores internalizadores son más difíciles de observar si no se está adecuadamente formado para ello, porque pasan desapercibidos, no son indicadores tan evidentes como los externalizadores ni generan en principio dificultades de integración social que lleven al entorno del niño a percibir esos indicadores como problemáticos. Desde esta perspectiva, podemos comprender que los indicadores externalizadores siempre conllevan un nivel más alto de salud mental y de preservación de la identidad, porque conllevan una llamada de atención, una petición de auxilio y una externalización de las emociones. Por el contrario, los indicadores internalizadores conllevan adultización del niño, parentalización de su comportamiento y elementos claros de autolesión.

Por poner algunos ejemplos de estas diferencias en el perfil de los indicadores, las conductas de hiperactividad corresponderían a un perfil de sintomatología externalizador, pero la hipotonía y falta de movimiento en el niño o niña al internalizador. La agresión al externalizador, la autolesión al internalizador. La agresión a los padres, en el externalizador, la parentalización del niño en el internalizador. La obesidad o bulimia al externalizador, la anorexia al internalizador. El profesional debe mantener un doble filtro en su evaluación de los indicadores, porque la sintomatología internalizadora conlleva un grado mayor de autolesión y, por tanto, una probabilidad de mayor gravedad en la patología.

Manteniendo esa perspectiva dual, algunos indicadores a tener en cuenta son los siguientes:

1. Indicadores de daño neurológico. Hoy en día, se ha probado científicamente el daño cerebral que conlleva el estrés mantenido en el tiempo, tanto en la madre gestante como el vivido por el bebé o el niño. El daño neurológico surge como resultado de un estado de activación mantenido en el tiempo propio de una situación de maltrato. Tal y como explica gráficamente Francisco Javier Romeu: las emociones negativas continuadas en situaciones de total incertidumbre, similares al estrés adulto, liberan en exceso sustancias adaptativas para la respuesta inmediata (el cortisol, por ejemplo), pero que dañan de diversas formas el cerebro del niño, comprometiendo seriamente su capacidad de aprendizaje aunque su nivel de inteligencia general sea normal. Podría hablarse, casi en sentido literal, de “malformaciones psíquicas”. Podemos afirmar así, que hay “emociones que matan”(10).

2. Indicadores de daño fisiológico o somatización, que se entienden sobre todo en realidades como: el hacinamiento, la falta de higiene, el trabajo extenuante, la falta de sueño o de alimentación adecuada o la violencia psicológica mantenida en el tiempo(11). Algunos indicadores más habituales de este daño pueden ser:

• Dolores crónicos.

• Problemas gastrointestinales (dolores de “tripa” de causa exógena o indeterminada, diarreas crónicas, estreñimiento crónico…).

• Trastornos de la alimentación.

• Trastornos del sueño (insomnio, pesadillas recurrentes, hipersomnia).

• Enfermedades de trasmisión sexual, etc.

3. Indicadores de daño emocional del niño o niña, como pueden ser:

• La falta de autorregulación afectiva en su doble vertiente, externalizadora, con conductas de excesiva labilidad emocional o dependencia emocional de extraños, o internalizadora, con frialdad y dificultad para establecer intimidad.

• Sentimiento de culpa y vergüenza paralizante.

• Conductas de hipervigilancia.

• Desprecio por sí mismos y culpabilidad.

• Depresión, ataques de ansiedad, etc.

• Interiorización de modelos vinculares destructivos (evitativos, ambivalentes o desorganizados)(12). Sobre este punto, es necesario resaltar que:

– Los modelos vinculares seguros son la base de un desarrollo afectivo óptimo, y también un factor de protección respecto al maltrato. Por el contrario, los modelos vinculares inseguros (evitativo, ambivalente y desorganizado) conllevan costes emocionales para el niño o niña en su desarrollo y son factores de riesgo para vivir diversas formas de maltrato. Por lo tanto, es labor de los programas sociosanitarios de prevención primaria y de atención a la madre gestante y al bebé en el primer año de vida, promover y trabajar específicamente el desarrollo de vínculos afectivos seguros, con el mismo énfasis que se realizan las campañas de vacunación o el seguimiento de la lactancia materna.

– Sobre la relación entre los modelos vinculares y la patología, se ha probado algunas relaciones entre modelos afectivos inseguros y patología. Por ejemplo, entre cualquiera de los tres modelos afectivos inseguros (evitativo, ambivalente y desorganizado) y el trastorno de conducta desafiante y trastorno reactivo de la vinculación. Con frecuencia, se considera que es la desorganización en los vínculos de apego y, no tanto, determinados grados de inseguridad en dichos vínculos, lo que sería un factor central en la aparición de agresión y violencia en la vida adulta(13), asumiendo tanto un rol de agresor o agresora, como de víctima de otras posibles formas de maltrato. Conviene, sin embargo, poner atención en la vulnerabilidad afectiva que conllevan los modelos evitativo y ambivalente. En el primer caso, los niños y niñas aprenden que sus necesidades no van a ser atendidas, no son relevantes y, desde ahí, es difícil que pidan ayuda en contextos de riesgo. Por otro lado, los niños y niñas que interiorizan modelos ambivalentes dependen emocionalmente de la presencia y aprobación de la figura vincular. Desde ahí, esa figura vincular puede llevarles más fácilmente a una situación de riesgo(14).

4. Indicadores de cuadros disociativos, que pueden tener distinta manifestación, desde fallos de memoria o amnesia, dificultad para la atención mantenida y la concentración, pensamientos y conductas obsesivos, retrasos severos en el lenguaje o trastornos en el lenguaje, hiperactividad o hipoactividad, etc. El cuadro que muchas víctimas de maltrato presentan (disonancia cognitiva, estados disociativos, estado de hipervigilancia, entumecimiento emocional, retraimiento y aislamiento social, conductas obsesivas, ansiedad y depresión, etc.) tiene su origen en esos mecanismos disociativos. Las víctimas ven dañados sus propios recursos de autoprotección a través de los mecanismos disociativos que tienen que desarrollar para sobrevivir y que les impedirán el desarrollo óptimo de la inteligencia somato sensorial, base del desarrollo cerebral y neurológico pleno(15). En este sentido, debe darse especial atención al síndrome de estrés postraumático complejo y al síndrome de acomodación al abuso, cuyos indicadores deberían ser conocidos en el ámbito sanitario por los profesionales de Atención Primaria, no solo por los especializados.

5. El aprendizaje de modelos violentos de relación. La violencia contra la infancia enseña a los niños, niñas y adolescentes que:

• El amor y el cuidado van unidos a la violencia; de hecho, se legitima algunas expresiones de violencia como expresión de amor. Los niños y niñas a menudo llegan a creer que la gente que les quiere tiene derecho a agredirles.

• La violencia es un modo de resolver los conflictos. Aprenden por modelado a afrontar los conflictos de forma violenta, aprendizaje que pueden generalizar a otros ámbitos de su desarrollo.

• La violencia y el cuidado van unidos. En el caso de la violencia en el entorno cercano, son las figuras de autoridad, educativas y de protección, las que ejercen la violencia; de ese modo, para el niño o niña no es fácil aprender a reconocer la violencia como tal. La violencia psicológica y la negligencia, las formas más habituales de violencia, son las menos reconocidas y denunciadas, porque los niños y niñas no aprenden a diferenciar los límites donde empieza la violencia.

Algunas consideraciones finales sobre el abordaje institucional de la violencia contra la infancia en España

En los últimos años, se han realizado avances institucionales y legislativos muy importantes en el abordaje institucional de la violencia contra la infancia en nuestro país. En los últimos años, se han realizado varias reformas legislativas claves en este tema como: la penalización de la posesión de pornografía infantil, la tipificación penal de distintas formas de violencia en las redes sociales, la reforma de la ley de protección jurídica del menor, los avances legislativos en materia de trata de niños, niñas y adolescentes o el reconocimiento jurídico de los niños y niñas como víctimas de la violencia de género. Aunque estas reformas legislativas no siempre han venido acompañadas de un incremento en la inversión presupuestaria e institucional en el abordaje de esta problemática(16).

Pero el Estado español sigue sin dar una respuesta suficientemente clara y eficaz al sufrimiento de las víctimas. Por mencionar solo las lagunas institucionales que afectan directamente al ámbito sanitario serían:

1. La falta de un registro sistematizado de las víctimas. No existen datos desagregados de los delitos por edades y sexo de las víctimas. No es posible saber cuántos niños, niñas y adolescentes son víctimas de violencia en España, ni por parte de quién ni en qué circunstancias. Existen datos parciales e incompletos que pueden ser consultados en la web de infancia en datos, promovida por el Ministerio de Sanidad y UNICEF(17). Pero no todas las comunidades autónomas tienen datos, ni todas los sistematizan igual, ni el ámbito judicial tiene sistematizados los datos de delitos violentos contra niños, niñas y adolescentes, y los datos existentes en sanidad y en el INE (Instituto Nacional de Estadística) no recogen más que las causas de la muerte de los niños, no todos los casos de niños, niñas y adolescentes que son víctimas sin fallecer, entre otras limitaciones de los diferentes ámbitos. Sin un registro de datos adecuado, no se pueden desarrollar actuaciones eficaces ante la problemática, ni en su prevención ni en su detección y abordaje sociosanitario.

2. La escasa formación que se imparte sobre la violencia contra niños, niñas y adolescentes a los profesionales responsables de su atención. Ninguno de los profesiones que va a tener contacto directo con niños, niñas y adolescentes (medicina, enfermería, trabajo social, psicología, educación, derecho…) tiene como parte de su curriculum universitario reglado esta materia. En el ámbito sanitario, este tema es especialmente grave: los profesionales ven y estudian síndromes que tienen una incidencia mínima en la población y no reciben formación sobre una problemática de incidencia muy superior, y que de un modo u otro van a encontrar en su desarrollo profesional. La formación que existe es a los profesionales ya en activo, como parte de la mejora de su atención, o en algunas facultades, de forma puntual, como parte de asignaturas impartidas por profesores especializados, y tiene diferente grado de desarrollo en función del ámbito y la zona geográfica. Es imposible garantizar la detección precoz y una intervención adecuada sin una formación de calidad de los responsables de llevarla a cabo. Incorporar la violencia contra niños, niñas y adolescentes al curriculum universitario cumpliría dos funciones clave: visibilizar la problemática y su gravedad ante los profesionales en formación, que la tuvieran presente, y darles herramientas básicas para su abordaje, además de evitar muchos elementos de mala praxis de los profesionales que tienen más que ver con la ignorancia que con la mala fe.

3. La escasa coordinación interdisciplinar de los ámbitos relacionados con la atención a las víctimas de violencia: educativo, sanitario, social, policial y judicial. En este sentido, se ha avanzado bastante con el desarrollo de los protocolos de actuación en diferentes comunidades autónomas y ayuntamientos, pero los circuitos de Atención Primaria que deben garantizar la aplicación de dichos protocolos son muy limitados. Y la coordinación entre el ámbito judicial y estos circuitos sigue siendo claramente deficiente.

4. La escasez de programas de educación afectivo sexual en las escuelas y los programas de acompañamiento sociosanitario desde los centros de salud a las familias en los tres primeros años de vida del niño, que den continuidad a la formación pre y post parto y no limiten el seguimiento del bebé a cuestiones fisiológicas, sino que incorporen aspectos emocionales y relacionales. Estas son las dos estrategias de prevención que se han demostrado más eficaces. Sin embargo, en el caso de darse, siguen siendo iniciativas puntuales fruto más de la sensibilidad de algunos profesionales que de la asunción sistemática de la responsabilidad institucional que conllevan.

Y para finalizar este análisis, se ha de tener presente que los profesionales del ámbito sanitario, como los del ámbito social, educativo, policial y judicial están obligados ética, técnica y jurídicamente a implicarse de forma activa y eficaz ante cualquier sospecha de estar ante un niño, niña o adolescente víctima de violencia. Cualquier ciudadano está obligado a hacerlo, pero en el caso de los profesionales del ámbito sanitario a esa obligación ciudadana se une el imperativo hipocrático.

Bibliografía

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4. http://www.separadasydivorciadas.org/wordpress/?page_id=13.

5. http://www.ine.es/jaxi/tabla.do?path=/t15/p417/a2013/l0/&file=01000.px&type=pcaxis&L=0#nogo.

6. Save the Children. Violencia contra la infancia: hacia una estrategia global. Madrid: Save the Children https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/violencia_contra_la_infancia-hacia_una_estrategia_integral_.pdf; 2015.

7. Save the Children. Violencia contra la infancia: hacia una estrategia global. Madrid: Save the Children https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/violencia_contra_la_infancia-hacia_una_estrategia_integral_.pdf; 2015.

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9. Freixanet M. (coord.) “Relaciones de género entre adolescentes: cómo intervenir cuando hay violencia?” Barcelona: ICPS. Disponible en: http://www.icps.cat/archivos/CiPdigital/cip-g32freixanet.pdf?noga=1.

10. Blog de Francisco Javier Romeu: http://disparefuturo.wordpress.com/.

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14. Gonzalo JL y Pérez Muga O. No todo niño viene con un pan debajo del brazo. Bilbao: Descleé de Brower; 2012.

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16. UNICEF. “La infancia en los presupuestos. Estimación de la inversión en políticas relacionadas con infancia en España de 2007 a 2013” Disponible en: http://www.espiralesci.es/inversion-publica-en-infancia/; 2015.

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Referencias bibliográficas

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Los abusos sexuales a menores y otras formas de maltrato sexual

Crítica de libros


Carlos Marina

Pediatra y Médico Puericultor del Estado

 


Crítica de libros

LOS ABUSOS SEXUALES A MENORES Y OTRAS FORMAS DE MALTRATO SEXUAL

F. López Sánchez.

Editorial Síntesis, S.A. Madrid. 2014

Comencemos por identificar ante los interesados lectores de Pediatría Integral –órgano de expresión de los pediatras de Atención Primaria –, la personalidad científica del autor del libro seleccionado para ser comentado – y recomendado–, desde estas páginas: el Prof. Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca y doctor honoris causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Un distinguido experto, pues, en el amplio campo de la sexualidad infanto-juvenil, con especial dedicación a la más rigurosa actualización de todo lo referente al Maltrato Sexual.

El Pediatra, máximo responsable en el cuidado de la salud del niño y del adolescente, siempre ha estado enormemente interesado por los signos clínicos de posible “maltrato infantil”, en general, sin olvidar el posible “maltrato sexual”, muy en particular, con el objetivo de, a través del más precoz diagnóstico, individual, familiar y social, tratar de conseguir la más adecuada prevención de las indeseables consecuencias para el sujeto afectado.

El libro que se comenta trata de forma magistral, la más completa revisión de este antiguo y persistente problema. El autor de este comentario tuvo la oportunidad de desarrollar, años ha, un “Protocolo de actuación del pediatra extrahospitalario ante el maltrato infantil”, galardonado con el I Premio Unicef España 1990, durante la XXII Reunión Anual de la Asociación Española de Pediatría (AEP), celebrada en Madrid dicho año. De ahí el interés y entusiasmo, con que se ha recibido y leído el libro del Prof. Félix López.

Todo lo relacionado con cualquier violencia física y/o psíquica, por acción y/u omisión, ejercida sobre el niño por parte de las personas o instituciones de las que depende para su óptimo desarrollo, sin olvidar el maltrato sexual, en sus muy diversas formas, viene siendo motivo, como ha quedado señalado, de inquietud permanente para el pediatra en su actividad clínica habitual. El original enfoque del Prof. Félix López, como eficaz estudioso del problema y brillante docente universitario, supone un auténtico aldabonazo para recabar la atención tanto de familiares, educadores y sociedad en general, como de los propios pediatras, implicados todos en cómo prevenir y afrontar con éxito, las consecuencias de tan nefasta situación sobre el normal desarrollo y conducta del niño y del adolescente.

Por lo que respecta al “abuso sexual” y variantes de “maltrato sexual”, tema básico del libro que se comenta, el autor destaca la importancia no sólo, de cómo evitar el maltrato –modelo de “deficiencia”–, sino cómo favorecer el buen trato –modelo de “bienestar”. El primer modelo es útil para el estudio del maltrato desde la óptica penal y tomar decisiones judiciales; mientras que, el de “bienestar” es el recomendado para el trabajo preventivo y diseño de la intervención con menores maltratados.

Los estudios llevados a cabo desde los años 80, en los que nuestro autor desempeñó un brillante papel, ponen claramente de manifiesto cómo el abuso sexual llega a afectar a un 10% de los niños y hasta un 20% de las niñas en las numerosas sociedades estudiadas. Grave problema a tener, por tanto, muy en cuenta.

Tras una muy recomendable introducción, dedicada al estudio de la sexualidad prepuberal y del adolescente, así como la importancia de la intervención educativa en la familia y en la escuela, se entra de lleno, capítulo tras capítulo, a cuál más interesante, en el detallado y didáctico estudio de los diferentes subtipos de “maltrato sexual”, resumidos en el siguiente “decálogo”: mutilación de órganos sexuales, casamiento de menores, abuso sexual propiamente dicho, no aceptación de la identidad sexual, rechazo de la homosexualidad o bisexualidad, derechos sexuales de los discapacitados, manifestaciones sexuales infantiles, no discriminación en razón del sexo, prostitución y pornografía, e inadecuada educación sexual positiva.

Objetivo final: evitar todas las formas de maltrato sexual. La atenta lectura del libro del Prof. Félix López ha de ser nuestra más inestimable guía y ayuda.

Valoración inicial del niño inmigrante

Temas de FC

V. Fumadó Pérez

Pediatra. Doctor en Medicina, Master en Medicina Tropical, Master en Salud Pública. Profesor asociado de la Universidad de Barcelona. Responsable de Patología Importada y Adopción en el Servicio de Pediatría del Hospital Universitario de Sant Joan de Deu, Barcelona

 

Resumen

En la evaluación inicial de un niño inmigrante, deberemos prestar especial atención a algunos factores que no son los habituales en pediatría. Conocer el país de procedencia, la ruta migratoria y las actividades habituales del niño, nos ayudarán a situar en que enfermedades infecciosas importadas debemos pensar y orientar lo más precozmente posible el diagnóstico. Asimismo, en estos pacientes podemos tener dificultad para conocer los antecedentes, proviniendo de países donde las enfermedades infecciosas de distribución mundial son mucho más prevalentes que en nuestro entorno, y donde es probable que los niños no reciban cuidados perinatales, ni ellos ni sus madres biológicas, ni tampoco les hayan sido administradas las inmunizaciones habituales en nuestro país, o es posible que hayan recibido otras. Estos datos deben alertar al pediatra. El uso de un protocolo de pruebas complementarias es útil para cribar adecuadamente el riesgo en la valoración inicial.

 

Abstract

In the initial evaluation of an immigrant child, we should give special attention to some factors that are not common in pediatrics. Knowing the origin country, migratory route and usual activities of the child will help us consider which imported infectious diseases we should consider and orient the diagnosis as early as possible. Furthermore, in these patients, we could have problems to know the backgrounds, as they may come from countries where infections diseases having worldwide distribution are much more prevalent than in our setting and where it is likely that neither the children nor their biological mothers will have received perinatal cares and that they also will not have been administered the usual immunizations as in our country, or they may have received others. These data should alert the pediatrician. The use of complementary tests protocol is useful to adequately screen the risk in the initial evaluation.

 

Palabras clave: Niño inmigrante; Patología importada; Enfermedades de transmisión materna.

Key words: Immigrant child; Imported disease; Maternal transmission diseases.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(10): 713-721


Valoración inicial del niño inmigrante

 

Introducción

Numerosos y diferentes factores fuerzan a los seres humanos a emigrar. A la llegada al nuevo país, no siempre las condiciones de vida de estos nuevos ciudadanos son las correctas. Todo ello puede alterar la salud de este colectivo y los niños son el grupo más afectado.

Asimismo, estos niños, si provienen de países con menos recursos, habrán estado expuestos a situaciones de riesgo, como: la falta de control en el embarazo y parto, la ausencia de medidas de diagnóstico precoz y cribado de algunas enfermedades, y el acceso a las medidas de salud puede haber sido más difícil, además de estar más expuestos a enfermedades infecciosas por las condiciones medioambientales.

Estos niños, y los nacidos en el nuevo país, hijos de padres inmigrantes, al visitar a sus familiares en el país de origen, presentan riesgos sobreañadidos: el de estar expuestos a agentes infecciosos contra los que no tienen inmunidad adquirida y no recibir las inmunizaciones necesarias para el viaje, por no considerar sus padres el riesgo(1). Un 15% de estos inmigrantes son población en edad pediátrica; por ello, es fundamental para el pediatra conocer cuáles son las patologías más frecuentes, las pautas de corrección de calendarios vacunales o los consejos útiles para niños viajeros.

El pediatra ha de conocer algunos factores importantes, para no obviar exploraciones y poder realizar una correcta valoración del estado de salud del niño(2).

¿Qué deberemos tener en cuenta para realizar correctamente esta valoración inicial?

El país de procedencia

Según el país de procedencia, la prevalencia de algunas enfermedades será mayor y/o podrán presentarse con más frecuencia. Agrupar la procedencia de los niños inmigrantes en cuatro regiones diferentes nos facilitará el ordenar el diagnóstico diferencial: Europa Central y del Este, Centro y Sudamérica, Norte de África y África Subsahariana, Asia y subcontinente Indio.

El conocimiento de la patología más prevalente en estas regiones orientará los exámenes complementarios a solicitar (Tabla I).

 

 

También es importante anotar:

• País y zona de origen dentro del país.

• Ruta migratoria.

• Fecha exacta de entrada en España y viajes recientes.

Antecedentes familiares

Al obtener los antecedentes familiares, deberemos tener en cuenta factores relacionados con la cultura y las tradiciones, además de la patología endémica debida a causas genéticas o medioambientales, como:

• Consanguinidad.

• Hemoglobinopatías.

• Déficit enzimáticos (lactasa).

Antecedentes personales

En la obtención de los antecedentes personales, aunque el niño esté asintomático, no debemos obviar que, en los países con menos recursos, no se realizan actividades preventivas de salud, ni se controla de la misma forma que en el nuestro el embarazo y el parto (éste puede haber sido en el domicilio). Por lo que, es probable que a la madre, durante el embarazo, no se le haya realizado ninguna visita de vigilancia, ni analítica con serologías para descartar enfermedades de transmisión materna, y al nacer no se haya practicado al recién nacido las pruebas de diagnóstico precoz para descartar hipotiroidismo, fenilcetonuria y fibrosis quística. Esta última enfermedad da sintomatología precoz, pero las otras dos pueden pasar inadvertidas y no dar sintomatología aparente de una forma precoz.

En los antecedentes, es importante intentar recoger la siguiente información:

• Datos referentes a la gestación: parto y atención perinatal.

• Alimentación, tipo de lactancia.

• Convivencia con animales.

• Baños en aguas dulces.

• Condiciones actuales de vida.

• Estado de salud de sus convivientes.

• Enfermedades padecidas hasta ese momento y tratamientos recibidos.

• Alergias.

• Vacunaciones recibidas hasta el momento.

• Tratamientos o prácticas tradicionales realizadas.

Datos importantes del examen físico

Estado nutricional. Medidas antropométricas (peso, talla y perímetro craneal)

En la exploración física del niño inmigrante, tiene especial relevancia la valoración del crecimiento y del estado nutricional. La desnutrición se puede producir bajo dos formas clínicas bien diferenciadas, la forma aguda y la forma crónica, la primera se desarrolla más rápidamente y será debida a una causa muy precisa de falta de ingesta por desastre natural o por enfermedad, y necesita intervención urgente. En la segunda, la instauración es más lenta y existe un retraso de crecimiento y las intervenciones deben ser más a largo plazo.

La obtención de medidas antropométricas permitirá valorar el estado nutricional, controlar la evolución de éste y monitorizar la velocidad de crecimiento.

Para ello, lo mejor es utilizar tablas de referencia de crecimiento de la OMS(3), comparar la relación peso/talla y clasificar por Z-scores.

La relación peso para la talla nos mostrará la desnutrición aguda; mientras que, la altura para la edad nos mostrará a los niños con desnutrición crónica, y el peso para la edad nos muestra los niños con bajo peso. En los niños mayores de dos años, se puede calcular el índice de masa corporal(4).

Esta exploración orientará el grado de desnutrición y las posibles carencias asociadas. Se deben tener en cuenta los problemas de malabsorción. La intolerancia a la lactosa no es una entidad rara entre grupos de inmigrantes de África y Asia, y es relativamente común encontrarla después de tratar infecciones intestinales por protozoos (Giardia lamblia).

En los niños malnutridos, debemos estudiar con detalle los déficit de vitaminas y minerales. La patología carencial más frecuente es la anemia ferropénica, el raquitismo y alteraciones tiroideas por falta de yodo.

Desarrollo psicomotor

Al valorar el desarrollo psicomotor tendremos en cuenta las variables socioculturales. Por otro lado, existen datos que indican que los niños adoptados que han estado en orfanatos tienen un desarrollo psicomotor que corresponde a edades inferiores, siendo este retraso reversible, con afecto y estimulación adecuadas. Sin embargo, no hay que infravalorar estos hallazgos y es primordial la medida del perímetro craneal en todos estos niños.

El hallazgo de microcefalia obliga al estudio de títulos de anticuerpos para rubéola, toxoplasmosis, citomegalovirus y sífilis, así como valorar la exposición a tóxicos (alcohol) durante el embarazo.

El estudio serológico para el citomegalovirus es discutido, y no está indicado en ausencia de clínica; ya que, la presencia de inmunoglobulina G, específica para el virus, puede indicar la adquisición en útero, transmisión vertical u horizontal más tarde, existiendo una prevalencia elevada en toda la población, sin traducción clínica.

Ante la presencia de macrocefalia y retraso psicomotor, debe descartarse la toxoplasmosis, el hipotiroidismo y también el raquitismo.

Para la valoración del desarrollo psicomotor o la capacidad cognitiva, hay que valorar la audición. Un déficit de audición puede quedar enmascarado bajo una sospecha de escasa estimulación.

Asimismo, hay que valorar la visión. Especialmente en los niños prematuros y con mucho interés en los provenientes de zonas con alta incidencia de tracoma, triquinelosis u oncocercosis.

Inspección de lesiones cutáneas y de mucosas

Las lesiones cutáneas pueden ser muy variadas. La mayoría de los niños inmigrantes presentarán una cicatriz en deltoides o antebrazo debido a la BCG.

Los ectoparásitos: la escabiosis y la pediculosis pueden ser frecuentes.

Las infecciones de piel por Staphylococcus aureus o la presencia de micosis, incluyendo Tinea corporis y T. capitis, son comunes y la presencia de larva migrans tampoco es un hallazgo raro en la exploración cutánea del niño inmigrante.

Debemos insistir en la búsqueda de adenopatías y de nódulos cutáneos (oncocercomas) en cresta ilíaca o meseta tibial, hay que buscarlos en el tejido subcutáneo, si el niño viene de una región endémica de oncocercosis. El prurito y la presencia de lesiones de rascado nos debe hacer sospechar filariasis. Otras infecciones cutáneas importantes son la miasis, la tunguiosis, y la leishmaniasis cutánea. La lepra es una enfermedad crónica que afecta a la piel y al sistema nervioso periférico. Está producida por Mycobacterium leprae y se transmite de persona a persona o por fómites contaminados. El periodo de incubación puede ser de 3 a 5 años, por lo tanto, puede manifestarse en los niños inmigrantes años después de llegar al país receptor, lo cual obliga a buscar lesiones cutáneas y palpar los nervios, en la exploración física.

La palidez, la presbidermia, la piel de leopardo (oncocercosis), las máculas anestésicas o ya ulceradas (lepra), las lesiones por rascado, las secundarias a dermatofitosis (muy frecuentes), son todos signos que se pueden encontrar en la piel(5).

Exploración cardiaca

El hallazgo de soplos debe obligarnos a realizar una ecografía cardiaca para su orientación y cribado de patología congénita, pero pueden auscultarse soplos compensatorios de un estado anémico debido a malaria o episodio previo de esta enfermedad o hemo-globinopatías.

Exploración respiratoria: enfermedades respiratorias

La tuberculosis es la enfermedad respiratoria más frecuente en el niño inmigrante, es una enfermedad de fácil contagio casual, que en las últimas décadas ha aumentado asociada al VIH.

El procedimiento correcto para el estudio de estos niños es la realización de la prueba de tuberculina (derivado proteico purificado, PPD) de forma sistemática. La mayoría de los niños en los países de baja renta reciben la vacuna de bacilo de Calmette-Guérin (BCG), este dato puede interferir en la lectura de la prueba PPD, pero haber recibido la vacuna no excluye la realización de la PPD en los niños recién llegados. Las radiografías sistemáticas de tórax en niños asintomáticos y con PPD negativa no están justificadas.

Los niños con PPD positiva deben ser examinados minuciosamente en busca de enfermedad activa; ya que, las formas extrapulmonares y diseminadas son muy frecuentes en los niños inmigrantes.

La detección de un caso de tuberculosis en un niño inmigrante obliga al estudio de los familiares para conocer la fuente de contagio y la infección en otros convivientes.

Antes de iniciar el tratamiento, debe realizarse un estudio bacteriológico para aislar el microorganismo y determinar su sensibilidad; ya que, la prevalencia de resistencias es elevada en los países de baja renta.

Actualmente, existen otros test conocidos como IGRAS (Interferon –? release assays), que superan las limitaciones del PPD y su interpretación es más objetiva; ya que, son test in vitro en los que se realizan determinaciones cuantitativas. Estos test no sustituyen a la PPD, pero son muy útiles para cribar a los niños con PPD positivo y antecedentes de BCG, o niños inmunodeprimidos con PPD negativo(6).

Exploración abdominal

En la palpación abdominal, prestaremos especial atención a la presencia de visceromegalias: esplenomegalia o hepatomegalia, que nos orientará a patología prevalente en los países de procedencia como malaria o hepatitis.

Hepatitis viral

Una gran proporción de niños de estos países ha contraído la hepatitis A en edades tempranas, por lo que hay pocos motivos para solicitar anticuerpos para este virus en ausencia de sintomatología indicativa de hepatitis A (hepatomegalia, anorexia, fiebre y transaminasas elevadas). El niño inmigrante suele proceder de áreas endémicas de hepatitis A; esto debe tenerse en cuenta si el niño se desplaza para visitar a familiares en su país de origen y se debe recomendar la vacuna.

La prevalencia de hepatitis B en los países de baja renta es alta, esto se traduce en un alta prevalencia entre los niños inmigrantes, que puede oscilar entre el 5 y el 30%. Los índices más elevados corresponden a niños procedentes de Asia, África y algunos países de Europa oriental(7).

Es frecuente que se determine la presencia de antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg), pero esta prueba es insuficiente; los niños deben ser también examinados para determinar la presencia de anticuerpo contra el HBsAg (HBsAc) y anticuerpo contra el núcleo del virus de la hepatitis B (HBcAc).

Las pruebas de detección de HBsAg y HBsAc no identifican a los niños que se encuentran en el «periodo ventana» de la infección aguda; en estos casos, el diagnóstico se establecerá por la presencia de HBcAc y la ausencia de HBsAg.

El estado de portador crónico de la hepatitis B se define como la persistencia del HBsAg durante más de 6 meses.

En los portadores, la infecciosidad se debe evaluar mediante la determinación del antígeno e de la hepatitis B (HBeAg) y la hepatitis activa crónica mediante la determinación de enzimas hepáticas.

Cuando diagnostiquemos a un portador crónico, hay que vacunar los contactos domiciliarios realizando un estudio serológico previo. Los niños cuyas pruebas para hepatitis B resulten negativas deben recibir la vacunación rutinaria contra la enfermedad.

La hepatitis D sólo se produce en presencia de replicación activa del virus de la hepatitis B (VHB); es poco frecuente, pero su prevalencia es más alta en Europa oriental, África, América del sur y Oriente medio.

La hepatitis C se puede transmitir también verticalmente de la madre al niño, o por transmisión horizontal por exposición con sangre. La presencia de anticuerpos en niños de más de 15 meses es diagnóstica de infección, aunque esta se debe confirmar con la medición del VHC-ARN.

Malaria

La enfermedad se encuentra distribuida por 103 países del Trópico y del Subtrópico. Aproximadamente, de 200 a 300 millones de personas se infectan cada año y 2 o 3 millones mueren, el 85% de los cuales son niños menores de 5 años. Está producida por un protozoo intracelular, Plasmodium, del que existen cinco especies que pueden infectar al ser humano: P. falciparum, P. vivax, P. ovale, P. malariae y P. knowlesi. La transmisión se realiza a través de la picadura de la hembra del mosquito Anopheles.

El patrón febril de los primeros días de infección es parecido al de otras enfermedades bacterianas o virales.

Las manifestaciones clínicas se caracterizan por el acceso de fiebre elevada, que suele ser intermitente, acompañado en ocasiones de tos, vómitos y cefaleas, esplenomegalia, anemia y trombocitopenia.

La forma más grave y la más frecuente es la producida por P. falciparum, puede producir malaria cerebral y otras complicaciones.

Las otras especies producen formas más leves, pero pueden presentar recurrencias hasta años después de abandonar la zona endémica. En el caso del P. malariae, pueden presentar episodios febriles muchos años más tarde y, en los niños, puede asociarse a un síndrome nefrótico como complicación.

Ante todo episodio febril en un niño que procede de una zona endémica debe realizarse una gota gruesa y una extensión fina para descartar la malaria, o un test de diagnóstico rápido para detectar Ag de Plasmodium (RDT).

Es importante conocer el fármaco adecuado para tratar el episodio de malaria y las alternativas(8) (Tabla II).

 

 

Sintomatología digestiva

En los niños inmigrantes, es frecuente encontrar sintomatología digestiva, de la cual la más frecuente es la diarrea. Las causas pueden ser múltiples, pero no es infrecuente encontrar bacterias (Salmonella, Shigella, Campylobacter y Yersinia) que son las causantes del cuadro digestivo; por lo que, es recomendable realizar un coprocultivo que incluya rotavirus y la determinación de las diferentes especies de Escherichia coli.

Los parásitos pueden ser causa de diarrea aguda o crónica, u otras manifestaciones digestivas, especialmente los protozoos (Entamoeba histolytica y Giardia lamblia); por lo que, la determinación de parásitos en tres muestras de heces está siempre indicada. Los patógenos más comunes son G. lamblia, Hymenolepsis nana, Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Strongyloides stercolaris y Entamoeba histolytica.

La presencia de parásitos pluricelulares en el organismo eleva el número de eosinófilos en sangre periférica; por lo tanto, el hallazgo de eosinofilia debe obligar a seguir buscando parásitos pluricelulares.

La infestación por helmintos generalmente no se transmite de persona a persona y la prevalencia de los parásitos disminuye con el tiempo de estancia en el país receptor. Taenia solium constituye una excepción, pues puede sobrevivir años en el tubo digestivo excretando huevos que, una vez ingeridos, pueden producir casos de neurocisticercosis.

La neurocisticercosis se considera la primera causa de convulsión en el niño inmigrante.

E. estercoralis mantiene un ciclo autoinfectivo, por lo que sobrevive años después de haber abandonado el Trópico, y puede producir un síndrome de hiperinfestación en niños inmunodeprimidos; por lo que, se buscará exhaustivamente con cultivos específicos, antes de aplicar una terapia esteroidea, sobre todo si existe eosinofilia en sangre.

Si el niño procede de un área endémica de esquistosomiasis, se historiará para conocer si han existido baños en aguas dulces, donde se puede contraer el parásito. Los eosinófilos también se elevan en presencia de esquistosomas. Las complicaciones de la esquistosomiasis pueden aparecer años después; la sintomatología aguda, en muchas ocasiones, es inexistente.

El Esquistosoma haematobium se debe buscar en orina en niños procedentes del África subsahariana. Las otras especies de esquistosomas se detectan en heces.

Pueden realizarse, además, serologías específicas para esquistosomas en muestras de sangre periférica.

En el estudio de las heces, pueden identificarse algunas especies de parásitos que no requieren tratamiento por no ser patógenos para los humanos(9) (Tabla III).

 

 

Otra patología frecuente

Anemias y hemoglobinopatías

En todos los niños, debe realizarse un hemograma completo y estudio de ferritina sérica para la detección de anemia. El estudio específico de hemoglobinopatías se debe realizar cuando las alteraciones de la serie roja lo sugieran o en aquellos casos en que, por la etnia o el país de origen, exista un gran riesgo.

 

Déficit de hierro

La anemia ferropénica es altamente prevalente en los países de baja renta.

La anemia ferropénica es más prevalente y grave en lactantes y niños pequeños (6-24 meses de edad). El déficit de hierro, por lo general, se desarrolla lentamente y no tiene manifestaciones clínicas hasta que la anemia es grave, aunque las consecuencias de este déficit existan previamente.

Un valor bajo de ferritina en suero indica la depleción de depósitos férricos y la necesidad de suplementación con hierro.

La anemia hemolítica debe sospecharse delante de una anemia normocítica e hipocroma con aumento de urobilina y bilirrubina en orina. Esta enfermedad tiene una incidencia más alta en el África subsahariana.

Déficit de glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa (G6PD)

Es un déficit enzimático que se transmite ligado al sexo (cromosoma X) y se expresa clínicamente en los hombres y en las mujeres con expresión homocigótica. Las mujeres heterocigóticas son portadoras.

La detección de la enzima G6PD es importante en el caso de que se deba realizar un tratamiento antimalárico con primaquina, fármaco de elección para tratar las formas intrahepáticas de Plasmodium vivax y P. ovale, ya que puede desencadenar una crisis hemolítica.

Anemia de células falciformes

La búsqueda de anemia de células falciformes sistemática está indicada en niños de África subsahariana o del Caribe(10), donde su prevalencia es más elevada. En determinadas zonas de África oscila entre el 5 y el 40%.

Es una hemoglobinopatía estructural o cualitativa, que se transmite de forma autosómica recesiva. Los homocigotos presentarán anemia de células falciformes.

Las formas heterocigotas no presentan características particulares, excepto en situación de hipoxia.

Talasemias

Los síndromes talasémicos o por alteración cuantitativa son enfermedades de transmisión autosómica codominante, frecuentes en la cuenca del Mediterráneo, subcontinente indio y Sudeste asiático.

Los síndromes que podemos encontrar son la talasemia b mayor, que se manifiesta en los homocigotos, se detecta en los primeros meses de vida y se expresa clínicamente por sobrecarga de hierro. Precisa un seguimiento por equipo especializado de hematología.

La talasemia b menor es la más frecuente. Su expresión clínica es más evidente en casos de infecciones, embarazo y situaciones de estrés. No tiene tratamiento específico y se aconseja la administración periódica de ácido fólico.

La talasemia a minor con poca expresión clínica y de hallazgo casual en la realización del hemograma.

En todos ellos es importante la información genética a la familia.

El hallazgo de anemia nos debe alertar sobre la posibilidad de déficit dietéticos, nematodos intestinales (sobre todo, ancylostoma), malaria, otras infecciones crónicas o causas genéticas.

Raquitismo

La carencia de vitamina D altera los niveles apropiados de calcio y fósforo y estimula la liberación de ambos elementos de los huesos, debilitándolos y dando deformidades óseas que serán evidentes a la exploración: genu varo, rosario costal, macrocefalia con frente prominente, etc.

La vitamina D se absorbe de los alimentos o puede ser producida por la piel al exponerla a la luz solar. La falta de producción de vitamina D por parte de la piel puede ocurrir en niños que procedan de: climas con poca exposición a la luz del sol (latitudes Norte) o que hayan permanecido en espacios cerrados, o bien que por tradición u otros no se exponen a la luz.

También es posible no obtener suficiente vitamina D de la dieta si:

• No se toma productos lácteos.

• Se sigue una dieta vegetariana.

• Se presenta intolerancia a la lactosa.

Los lactantes mayores alimentados exclusivamente con leche materna después de los 6 meses también pueden desarrollar deficiencia de vitamina D.

Por otro lado, los niños de piel más oscura requieren más exposición solar para la activación de la provitamina D, y puede ser un problema durante los meses de invierno, cuando hay niveles de luz solar más bajos.

La ingesta insuficiente de calcio y fósforo en la dieta puede evolucionar hacia un raquitismo.

Infección por T. cruzi (enfermedad de Chagas)

Los niños inmigrantes pueden proceder de países endémicos de enfermedad de Chagas. Incluso se ha experimentado un aumento de mujeres en edad fértil procedentes de estos países. Estos datos epidemiológicos alertan sobre la emergencia de la enfermedad de Chagas en la edad pediátrica, cuya prevalencia podría crecer con el tiempo(11).

Los casos pediátricos pueden ser Chagas pediátrico importado (contagiado por vía natural en su país) o Chagas congénito (vía vertical a través de la madre infectada y el niño puede haber nacido fuera del área endémica)(12) La población pediátrica infectada por Tripanosoma cruzi generalmente es asintomática, a excepción de algunos niños que cursan la fase aguda congénita y los que padecen alguna inmunodeficiencia u otra enfermedad.

Casi todos los casos de Chagas importado se encuentran en la fase indeterminada de la enfermedad.

El cribado de la infección en la fase indeterminada se realizará a partir de los 9 meses de edad, por serología y son necesarias dos serologías positivas realizadas con técnicas diferentes para confirmar la infección.

El tratamiento se realizará con beznidazol a 5-8 mg/kg cada 24 h, y realizando controles clínicos y analíticos con hemograma y bioquímica cada 15 días.

Sífilis

En los países de baja renta es frecuente la sífilis congénita y suele cursar sin diagnóstico ni tratamiento adecuados. Tanto en los niños adoptados en el extranjero como en los inmigrantes, debe evaluarse la presencia de sífilis.

Las recomendaciones de la OMS indican realizar el estudio serológico con pruebas reagínicas de serología luética (VDRL) o rápida en plasma (RPR), y confirmar los resultados positivos con pruebas treponémicas, como la prueba para la determinación por inmunofluorescencia de anticuerpos anti-treponema (FTA-ABS).

Si ambas pruebas son positivas, deberán buscarse signos de sífilis congénita, incluyendo radiografía de huesos largos y prueba de VDRL en líquido cefalorraquídeo. El tratamiento se realizará con penicilina G cristalina o procaína en dosis de 50.000 U/kg/día, durante 14 días.

Infección por VIH

El riesgo de presentar infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en niños inmigrantes, dependerá del país de origen y de los riesgos individuales, aunque en África Subsahariana en el cono Sur existen países con una prevalencia del 25% entre las mujeres embarazadas.

En el primer examen en todos estos niños, debe evaluarse la presencia de VIH, no deben considerarse fiables los resultados de pruebas realizadas en el país de origen(13).

Existen diferentes pruebas para medir los anticuerpos para el VIH-1 y el VIH-2.

La prueba de inmunoabsorción ligada a enzimas (ELISA) para la detección de anticuerpos de VIH es fácil y barata. Sin embargo, utilizar sólo esta prueba para niños recién llegados puede no identificar una infección reciente. Por esta razón, se debe recomendar determinar VIH-1 y VIH-2 por ELISA y estudiar por reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o por cultivo la presencia de ADN VIH-1.

El estudio de los anticuerpos y la viremia permiten diagnosticar una infección reciente.

Si se realizan sólo pruebas de determinación de anticuerpos, se deberían repetir de 4 a 6 meses después de la llegada, para identificar a los niños que se hayan estudiado durante el periodo ventana.

¿Qué pruebas complementarias deberemos realizar?

En primer lugar, nuestra actitud será diferente si en la primera consulta el niño está asintomático, o acude por algún síntoma; en este segundo caso, el síntoma guiará nuestra exploración física y las pruebas complementarias. Es importante recordar que la sintomatología más frecuente es la fiebre y las enfermedades diarreicas. Y, en caso de fiebre, hasta que no demostremos lo contrario, siempre debemos actuar como si estuviéramos enfrente de un caso de malaria.

En la valoración inicial de un niño inmigrante asintomático para decidir las pruebas a realizar valoraremos el riesgo de presencia de enfermedades infecciosas, carenciales y genéticas.

Por todo lo antes expuesto, realizar las pruebas que seguidamente detallamos nos aproximará a la información que regularmente tenemos de los niños nacidos en nuestro país.

Analítica sanguínea:

• Hemograma.

• Bioquímica: función renal y hepática.

• Ca, P, FA.

• TSH, T4, fenilalanina.

• Serologías: VHB, VHC, sífilis, HIV, toxoplasma.

• PPD.

• Parásitos en heces (3 muestras).

Según procedencia, será conveniente incluir las siguientes pruebas complementarias:

• Estudio hemoglobinas (África sub-sahariana, Sudeste asiático, Caribe).

• Serología Chagas (Centroamérica y Sudamérica).

• Estudio de malaria (África subsahariana; área endémica).

• Estudio parásitos en orina (África subsahariana).

Vacunaciones

Los niños inmigrantes pueden no haber recibido las vacunas habituales del país receptor, presentar un calendario vacunal incompleto, incluso para las vacunas habituales de su país de origen, o simplemente no estar inmunizados. Si existen dudas sobre el estado vacunal del niño se debe reiniciar de nuevo la vacunación.

Debemos conocer que, en la mayoría de los países de baja renta, se administra la BCG y podemos buscar activamente la cicatriz que deja esta vacuna. La vacuna de sarampión monovalente se administra a los 9 meses, por lo que es importante revisar este dato y administrar una dosis de vacuna triple vírica a los 12 meses.

A los niños menores de 5 años, se les deberá vacunar contra Haemophilus influenzae tipo b, ya que esta vacuna no se administra de forma reglamentada en todos los países de baja renta.

Lo mismo ocurre con la vacuna del meningococo C (MCC).

Respecto a la vacuna antipneumocócica, en caso de desconocimiento hay que utilizar las mismas recomendaciones que en la población autóctona, pero hay que recordar que, en los últimos cinco años, gracias al esfuerzo de organizaciones internacionales se administra esta vacuna gratuitamente en muchos países de baja renta.

A los recién nacidos hijos de inmigrantes, se les vacunará contra la hepatitis B.

En los niños inmigrantes o hijos de inmigrantes que se desplazan con relativa frecuencia de nuevo a su país de origen, por períodos de tiempo largos para conocer y visitar a sus familiares, se deberían administrar, además, las siguientes vacunas, dependiendo del país de que se trate(13,14):

• Vacuna BCG. Aunque proporciona baja y variable protección contra la infección tuberculosa, reduce la incidencia de meningitis tuberculosa y es una protección real contra la lepra. Si no se trata de un lactante, se deberá practicar la prueba de PPD antes de su administración.

• Vacuna contra la fiebre amarilla. Si el niño tiene más de 9 meses y viaja a un país endémico.

• Vacuna contra la hepatitis A en niños mayores de 12 meses de edad; ya que, la prevalencia de esta enfermedad es mucho más elevada en los países de baja renta. Se debe valorar la administración de esta vacuna individualmente, según el riesgo y la edad.

• Otras vacunas dependiendo del área y el riesgo al que se van exponer (rabia, encefalitis japonesa B, etc.).

Se debe recomendar la quimioprofilaxis y otras medidas de control para la malaria en todo niño inmigrante que se desplace a una zona endémica y no minimizar el riesgo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Schulte JM, Maloney S, Aronson J, San Gabriel P, Zhou J, Saiman L. Evaluating acceptability and completeness of overseas immunization records of internationally adopted children. Pediatrics. 2002; 109(2): E22.

2. Stauffer WM, Mauroshek S, Kamat D. Medical screening of immigrant children. Clin Pediatr (Phila). 2003; 42(9): 763-73.

3. Bulletin of the World Health Organization 2011; 89: 250-1. doi:10.2471/BLT.11.040411

4. Jones DJK, Berkley JA. Severe Acute Malnutrition and Infection CMAM FORUM Technical Brief: May 2013.

5. Huerga H, López-Vélez R. Infectious diseases in sub-Saharan African immigrant children in Madrid, Spain. Pediatr Infect Dis J. 2002; 21(9): 830-4.

6.* Marais BJ, Pai M. Recent advances in the diagnosis of childhood tuberculosis. Arch Dis Child. 2007; 92(5): 446-52.

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9. Fumadó V. Problemas asistenciales en la atención médica a niños de otras etnias. En: Cruz M, ed. Tratado de pediatría. 10ª. ed. Madrid: Ergon; 2010. p. 2117-21.

10. Kohli-Kumar M. Screening for anemia in children: AAP recommendations–a critique. Pediatrics. 2001; 108(3): E56.

11. Muñoz J, Portús M, Corachan M, Fumadó V, Gascón J. Congenital Trypanosoma cruzi infection in a non-endemic area. Trans R Soc Trop Med Hyg. 2007; 101(11): 1161-2.

12.* Muñoz J, Coll O, Juncosa T, Vergés M, del Pino M, Fumado V, et al. Prevalence and vertical transmission of Trypanosoma cruzi infection among pregnant Latin American women attending 2 maternity clinics in Barcelona, Spain. Clin Infect Dis. 2009; 48(12): 1736-40.

13. Jasseron C, Mandelbrot L, Tubiana R, Teglas JP, Faye A, Dollfus C, et al. Prevention of mother-to-child HIV transmission: similar access for sub-Sahara African immigrants and for French women? AIDS. 2008; 22(12): 1503-11.

14. International Travel and Health. Vaccination requirements and health advice. Genève: OMS; 2011.

15. Centers for Disease Control and Prevention. Health Information for International Travel. Atlanta: CDC; 2009.

 

Bibliografía recomendada

– Marais BJ, Pai M. Recent advances in the diagnosis of childhood tuberculosis. Arch Dis Child. 2007; 92(5): 446-52.

Revisión exhaustiva y científica sobre cómo diagnosticar la tuberculosis en países de alta prevalencia y con escasos recursos.

– Fumadó V, Bassat Q. Estado actual de la malaria (I), diagnóstico y tratamiento. An Pediatr Contin. 2011; 9: 162-9.

Revisión y actualización sobre el diagnóstico y herramientas terapéuticas para el control de la malaria.

– Muñoz J, Coll O, Juncosa T, Vergés M, del Pino M, Fumado V, et al. Prevalence and vertical transmission of Trypanosoma cruzi infection among pregnant Latin American women attending 2 maternity clinics in Barcelona, Spain. Clin Infect Dis. 2009; 48(12): 1736-40.

Artículo basado en el primer estudio realizado para conocer la transmisión vertical de la enfermedad de Chagas en área no endémica. Su importancia radica en la demostración de la transmisión de la enfermedad en países donde no es endémica.

 

Caso clínico

Motivo de consulta

Niña de 7 años de edad, originaria de India, derivada de otro centro por presentar, desde hace 6 días, fiebre, deposiciones diarreicas y desde hace 24 horas dolor en hipocondrio derecho y vómitos de contenido alimentario.

Antecedentes

Nivel socioeconómico bajo. Parto domiciliario en Nueva Delhi. Tiene dos hermanos aparentemente sanos. Precisó ingreso hospitalario por gastroenteritis con deshidratación, en su país.

Regresó de su país hace 3 semanas, después de una estancia de 24 días. Refiere consumo de agua de pozo sin hervir.

Calendario vacunal completo hasta los 18 meses de edad (no administración de vacunas no obligatorias).

Resto de antecedentes sin interés.

Reside en el nuestro desde hace 18 meses, nunca antes había acudido al pediatra.

En el Centro de Atención Primaria han practicado sedimento, que es negativo, y Rx de tórax, que es normal.

Examen físico

Peso: 13 kg. Color de piel normal, piel bien perfundida, sin lesiones cutáneas, buenos pulsos y buen llenado capilar, no deshidratada. Alerta, bien orientada, pero algo postrada. Desnutrición crónica moderada.

Orofaringe normal.

Auscultación cardio-respiratoria: sin dificultad respiratoria, no ruidos anormales, tonos normales.

Abdomen: peristaltismo conservado, abdomen doloroso en hipocondrio derecho, con defensa voluntaria, resto de abdomen blando y depresible, sin masas ni visceromegalias.

No focalidad neurológica.

Exámenes complementarios

Analítica sanguínea: leucocitos: 4.680/mm3 (N: 68,6%, L: 28%), glucosa, creatinina y urea: normales. Sodio: 129 mmol/L, amilasa: 48 U/L. PCR: 167 mg/L, PCT: 2-10 ng/ml. Serología Epstein-Barr: negativa. Bilirrubina total: 0,44 mg/dl, bilirrubina conjugada: 0,18 mg/dl, AST: 126 UI/L, ALT: 79 UI/L, fosfatasa alcalina: 271 UI/L, GGT: 127 UI/L.

Síntomas y signos en este momento

Fiebre, dolor abdominal con diarrea, elevación de las transaminasas.

Resultado de la ecografía abdominal: engrosamiento e hiperemia de las paredes de la vesícula. Pequeños ganglios en hilio hepático. Discreta hepatoesplenomegalia. Distensión de asas de intestino delgado con aumento del peristaltismo. Resto: normal.

Impresión diagnóstica: colecistitis aguda.

 

Impacto de las tecnologías de la información y la comunicación

Temas de FC

H. Paniagua Repetto

Pediatra de Atención Primaria. Centro de Salud “Dávila”. Santander

 

Resumen

Los niños y adolescentes de las actuales generaciones han sido considerados como nativos digitales, al estar inmersos desde sus primeros años de vida en las tecnologías de la comunicación y la información (TIC). El contacto precoz y el uso generalizado que hacen de estos soportes han propiciado que su manera de relacionarse con el entorno familiar y social y con el mundo en general sea diferente al de las generaciones anteriores. El uso de estas tecnologías ofrece indudables beneficios que van acompañados de no desdeñables riesgos y daños que deben ser conocidos y valorados por padres, educadores y personal sanitario. Entre estos, destacan cuestiones tan sensibles como la recepción de información inexacta, la intimidad y la seguridad, el acceso a contenidos inadecuados o perjudiciales para la edad y el acoso cibernético.
El pediatra de atención primaria puede jugar un importante papel potenciando el uso adecuado de las TIC, intentando así minimizar las consecuencias negativas que una utilización no apropiada de estas tecnologías puede provocar en el desarrollo psicofísico y social de los niños y adolescentes.

 

Abstract

Children and adolescents in the current generations have been considered as digital natives, to be immersed from his early life in the information and communication technologies (ICT). Early contact and the widespread use that make these supports have led to that their way of interacting with the family and social environment and the world in general is different from that of previous generations. The use of these technologies offers undoubted benefits that are accompanied by considerable risks and damage that must be known and valued by parents, educators and medical personnel. These include such sensitive issues as the receipt of inaccurate information, privacy and security, access to inappropriate or harmful content for age and cyber bullying. Primary care pediatrician can play an important role in promoting the proper use of ICT, trying to minimize the negative consequences which could result in a not appropriate use of these technologies in the psycho-physical and social development of children and adolescents.

 

Palabras clave: Tecnologías información y comunicación; Infancia; Adolescencia.

Key words: Information and communication technologies; Childhood; Adolescence.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(10): 686-693


Impacto de las tecnologías de la información y la comunicación

 

Introducción

Desde la aparición de las primeras pantallas, ha preocupado el impacto que puede provocar su uso en los menores, acrecentado en la actualidad por el uso generalizado de las nuevas tecnologías.

El impacto que el uso de las tecnologías de la comunicación y la información (TIC) podría ocasionar a niños y adolescentes ha preocupado desde que se comenzó a popularizar su uso. Datan de alrededor de 1930 los primeros estudios relacionados con la influencia que el cine podría causar en edades tempranas de la vida. Años más tarde, con la aparición y el uso cada vez más extendido de la televisión, creció la preocupación por las consecuencias que el consumo abusivo de este medio podría tener entre la población más joven; al mismo tiempo, se valoraron también sus ventajas como nuevo elemento favorecedor de la educación y de una nueva relación con el mundo exterior. Posteriormente, los videojuegos ocasionaron similares inquietudes en relación con las consecuencias que su utilización traería entre los menores.

Desde finales del siglo XX, nuevas preocupaciones han surgido por el uso generalizado que niños y adolescentes hacen de las nuevas TIC.

Los nativos digitales y la generación interactiva

Los niños y adolescentes entienden la búsqueda de información, la comunicación y el ocio y entretenimiento de manera diferente a las generaciones anteriores.

Mark Prensky acuñó, en 2001, el término nativo digital para referirse a las generaciones nacidas, a partir de los años finales del siglo XX, inmersas en las nuevas tecnologías. En contraposición, definió a los inmigrantes digitales como aquellas personas pertenecientes a las generaciones previas al desarrollo de esas tecnologías y que debieron adaptarse a esa nueva situación, con mayores o menores dificultades, pero sin poder salvar enteramente la distancia con los más jóvenes en relación al desarrollo tecnológico(1).

En 2004, este autor identificó las áreas en que se observan diferencias entre los nativos e inmigrantes digitales; son, entre otras, las referidas a la comunicación, el aprendizaje, la socialización, la búsqueda de información, los juegos y las compras. Afirmaba que, por el uso de las TIC, la forma de pensar de las nuevas generaciones había cambiado y era diferente a la de los mayores. Aunque Prensky hacía estas consideraciones desde el mundo de la educación y las refería a la brecha digital que se había abierto entre las generaciones jóvenes y sus profesores, pueden ser de utilidad estos conceptos para comprender cómo viven las nuevas tecnologías niños y adolescentes desde el punto de vista de los adultos(2).

Parece irreversible el proceso que ha llevado a las jóvenes generaciones a protagonizar en primera persona la revolución que ha significado el desarrollo de las TIC. Los adultos han intentado adaptarse a esta nueva situación, con mayor o menor éxito, pero sin llegar a comprender, en muchos casos, que niños y adolescentes puedan estar atentos en forma simultánea a las diversas pantallas a las que tienen acceso y que su forma de pensar ha cambiado en relación con los jóvenes de anteriores generaciones, convirtiéndose en la denominada generación interactiva(3).

Uso de las pantallas

El uso de las pantallas es generalizado desde edades tempranas, prefiriendo en la adolescencia las nuevas tecnologías en detrimento del televisor.

Televisión

La práctica totalidad de los hogares poseen un televisor, existiendo un segundo aparato de televisión en un 73,5% de ellos. Cerca de la mitad de los niños y adolescentes disponen de esta pantalla en el dormitorio o cuarto de estudio y, ya entre los 10 y 12 años, declaran tenerla el 28%(3-5). Los menores pasan varias horas al día frente a esta pantalla, sobre todo los más pequeños, llegando a estar, entre los 4 y 12 años, 2 h 44 m cada día frente al televisor(6). En edades mayores, disminuye este consumo y, entre los 10 y 18 años, la mayoría destina menos de dos horas diarias a esta actividad. Merece ser destacado que un número no despreciable de niños y adolescentes, el 20%, ven televisión a partir de las 22 h en días no festivos, cifras que se duplican los fines de semana(5).

Entre las preferencias por la programación, los dibujos animados destacan entre los más pequeños y a edades mayores, las películas de ficción y las series de televisión, más elegidas por las chicas, y el deporte, más escogido entre los chicos. Además, un tercio de los menores manifiesta su interés por los reality show, competiciones y programas concurso(3).

En España, el menor está protegido legalmente frente a los contenidos de la programación televisiva en el horario de 6 a 22 h, según la Ley 7/2010 de 31 de marzo. Ese amparo se ve reforzado de lunes a viernes de 8 a 9 h y 17 a 20 h y los festivos de 9 a 12 h. Sin embargo, en esas horas, niños y adolescentes tienen acceso a programas dirigidos a adultos en horario de protección al menor, incluidos en los de protección reforzada.

Videojuegos

Los primeros videojuegos aparecieron hace más de cuarenta años y han evolucionado, desde las primitivas consolas, utilizadas inicialmente como soporte, hasta la sofisticación actual, en que es posible jugar en videoconsolas, en el ordenador o en línea y mediante el teléfono móvil. Son utilizados por el 90% de los niños de 6 a 9 años y lo hacen mayoritariamente mediante videoconsolas. Este porcentaje va disminuyendo a medida que se avanza en edad y entre los 10 y 18 años lo usan el 61%, utilizando como soporte fundamentalmente el ordenador o juegan en línea. Durante los días lectivos, dedican a esta actividad menos de una hora diaria la tercera parte de los menores, pero un 23% de ellos los utilizan entre una y dos horas al día. Mayoritariamente son varones y juegan en solitario más de la mitad de ellos y el resto con amigos, hermanos o padres(3).

La temática preferida es la aventura, seguida por los deportes y la lucha, siendo la mayoría de los soportes utilizados copias no legales. Una tercera parte reconoce jugar con videojuegos para mayores. Probablemente, como consecuencia de ello, más de la mitad de los menores reconoce jugar con videojuegos en que se daña, tortura o mata a las personas, un 20% juega con aquellos en los que se utiliza violencia extrema frente a niños, embarazadas y ancianos, y un porcentaje inferior en los que se consumen drogas de forma normalizada(3).

El uso adecuado de los videojuegos, por parte de los menores, no está protegido por leyes específicas que regulen o controlen su calificación por edad de acuerdo a su contenido. Dicha protección está regulada voluntariamente en todo el mundo por las propias empresas productoras de estos soportes.

En Europa, la mayoría de los fabricantes de consolas y editores y desarrolladores de juegos interactivos están adheridos voluntariamente al sistema “PEGI” (Información paneuropea sobre juegos). Así, se clasifican los videojuegos valorando su idoneidad en relación a su contenido, como recomendados para mayores de 3, 7, 12, 16 y 18 años, independientemente de su nivel de dificultad. “PEGI online” es un complemento al anterior y ofrece la misma información sobre los videojuegos en línea. En Estados Unidos de América, también son los propios fabricantes quienes autorregulan la idoneidad de los videojuegos para las distintas edades, según su contenido, a través de la Junta de Clasificación de Software de Entretenimiento (ESRB).

Ordenador e Internet

La utilización del ordenador y el acceso a Internet en la infancia y adolescencia se ha generalizado en la última década. Los hogares con hijos menores de edad disponen de esta pantalla en cifras muy superiores a la media española de ordenadores en las viviendas; además, ellos hacen un mayor uso de este dispositivo que sus padres(4,7).

A los cuatro años de edad, el 30% de los niños usan el ordenador y el 20% acceden a Internet, entre los 10 y 15 años el 96% disponen de este soporte y se conecta a la red una gran mayoría (Fig. 1). La mitad lo hace casi a diario incrementando la frecuencia de su uso a medida que aumenta la edad(7).

 

Figura 1. Uso del ordenador y conexión a Internet en España entre los 4 y 13 años y entre los 10 y 15 años según encuestas EGM e INE, respectivamente.

 

Acceden desde su casa en primer lugar el 80%, desde el aula como segunda opción el 50% y, en menor medida, desde casas de amigos y familiares. La gran mayoría navega por Internet en solitario y cerca de la mitad de los accesos a la red desde el hogar se realizan desde una habitación no compartida. La media de uso diario de la red entre los 9 y 16 años es de 71 minutos, no observándose diferencias notables de género. El tiempo dedicado a la red se va incrementando con la edad, siendo menor de una hora por debajo de los diez años y superando los noventa minutos a partir de los quince años(7).

El acceso a la red se efectúa desde un ordenador, propio o compartido, siendo muy bajo el porcentaje de menores que actualmente lo hacen mediante la telefonía móvil u otro dispositivo portátil. La conexión a Internet en la infancia y adolescencia se hace por tres motivos principales, como son: búsqueda de información, comunicación y ocio. Así, obtienen ayuda en las tareas escolares, mantienen o aumentan sus relaciones sociales a través de la red y la utilizan como una forma de entretenimiento, donde los videojuegos y videoclips tienen un destacado papel(3,7). A partir de los 13 años y en toda la adolescencia, aumentan las actividades de ocio y el uso de las redes sociales, siendo muy frecuente en estas edades: chatear, visitar un perfil social, usar el correo electrónico y descargar música o películas(3,7). La tabla I muestra la progresión del uso de Internet que hacen los niños y adolescentes europeos.

 

 

Teléfono móvil

El uso del teléfono móvil se ha expandido en la última década en la población general y lo ha hecho también desde edades muy tempranas. Lo posee la tercera parte de los niños entre los seis y nueve años, porcentaje que se eleva al 80% a los doce años, siendo su utilización generalizada a partir de los 16 años, con mayor penetración en el sexo femenino (Fig. 2)(3,4). Los más pequeños lo usan para comunicaciones telefónicas, como plataforma de videojuegos y, con menor frecuencia, para el envío de mensajes. Los mayores, para comunicarse mediante conversación o a través de mensajes, como una forma de ocio y entretenimiento y la obtención de fotos y videos. Son sus interlocutores, entre los más pequeños, sus padres u otros familiares, y en la adolescencia, fundamentalmente los amigos y la madre. Sólo la mitad de los menores refieren apagarlo en clase y una tercera parte de ellos duermen con el teléfono encendido. La mitad de los menores envía casi a diario un mensaje SMS durante los días lectivos, contacto que aumenta considerablemente los fines de semana(8).

 

Figura 2. Uso del teléfono móvil por niños y adolescentes españoles por edad y sexo (%)*.

 

Utilización y preferencia de las diversas pantallas

Los niños y adolescentes destinan cada día un número importante de horas al uso de las pantallas de las que disponen. Entre los diez y dieciséis años, la pantalla más utilizada es el televisor, seguida muy de cerca por el ordenador y, a más distancia, por el teléfono móvil, dedicando casi la mitad de ellos alrededor de cuatro horas al día al uso de estos tres soportes(8).

Gradualmente se incrementa, a mayor edad, la preferencia por las nuevas TIC en detrimento del televisor. Ante la disyuntiva de elección entre la televisión e Internet, los adolescentes se decantan por este último. Si la decisión debiera tomarse entre la televisión y el teléfono móvil, los varones preferirían el televisor y las mujeres el teléfono. Entre internet y el teléfono móvil, optan mayoritariamente por la red(3).

Beneficios y riesgos del uso de las pantallas

El uso de todas las pantallas ofrece indudables beneficios que van de la mano con riesgos que son consecuencia generalmente de una inadecuada utilización.

Televisión

La televisión fue la primera gran ventana al mundo en la que niños y adolescentes, a partir de la segunda mitad del siglo XX y desde sus hogares, comenzaron a percibir distintas realidades insospechadas hasta ese momento. Este medio creó grandes expectativas frente a los efectos positivos que tendría en estas edades. A través de esta pantalla, pueden conocer otros mundos, reales o ficticios, recibir información fácilmente asimilable y tener a su disposición un complemento a su formación y su educación. Además de servir como entretenimiento, sirve para promover conductas sociales adecuadas de comportamiento y fomentar la cooperación(9).

Se han descrito diversos riesgos provocados fundamentalmente por un uso inadecuado de este medio. Los niños más pequeños pueden no discriminar la realidad de la ficción y todos, incluidos los adolescentes, son vulnerables frente a los mensajes recibidos, incluidos los publicitarios, que pueden influir negativamente en sus comportamientos, además de fomentar el consumismo. Puede dificultar la comunicación familiar y restar tiempo para el juego, la lectura, el deporte o el paseo. El progresivo acercamiento a la sexualidad del menor puede verse distorsionado por escenas que no alcanza a comprender. La visualización de la violencia, muy frecuente en la televisión puede aparecer como un hecho aceptable y cotidiano para dirimir disputas o ser una conducta a imitar. El exceso de horas frente al televisor ha sido relacionado con un mal rendimiento académico y con conductas agresivas y violentas. La exposición reiterada a la violencia es un riesgo de conductas agresivas a corto y largo plazo, pero no todos los niños y adolescentes expuestos a ella las padecerán; por lo que, hay que considerar otros factores ajenos a esta tecnología, personales o sociales, como inductores de estos comportamientos. Como actividad sedentaria, acompañada generalmente de un consumo de alimentos no recomendados, puede provocar sobrepeso u obesidad(9).

Videojuegos

Diversos aspectos positivos destacan en esta pantalla, siendo en primer lugar una manera de entretenimiento y diversión. Su utilización favorece la coordinación óculo motora, estimula la memoria, la toma de decisiones y refuerza el control personal, además de potenciar la autoestima. Desde el punto de vista social, es un facilitador de las relaciones. Tienen, además, un gran potencial educativo, siendo, además, de utilidad como un medio de aprendizaje encubierto en menores conflictivos o con dificultades para aceptar métodos educativos tradicionales(10).

Existen riesgos provocados por la utilización de los videojuegos asociados con el tiempo dedicado a ellos y por su contenido. Un uso excesivo quita horas para el estudio u otras actividades lúdicas o deportivas. Otro riesgo es el provocado por no estar adaptada su temática a la edad del usuario o a su nivel madurativo, como puede ocurrir con aquellos con alto contenido violento. Desde su aparición se ha considerado al videojuego como un inductor de conductas egoístas, impulsivas, agresivas y violentas(11). Otros investigadores, sin embargo, relacionan estos comportamientos con rasgos particulares de la personalidad del menor y conductas anómalas previas a la utilización de este soporte, unido a un uso inadecuado por su contenido y el tiempo dedicado(12).

Ordenador e Internet

El ordenador y la conexión a Internet ofrecen indiscutibles beneficios a niños y adolescentes. Son una ayuda en las tareas escolares, ofreciendo información general o específica, además de ser utilizados como entretenimiento o diversión y ayuda para las relaciones interpersonales. Favorece la socialización mediante la conexión con amigos y familiares y la posibilidad de hacer nuevos amigos. A través de la red, pueden expresar sus ideas con respeto y tolerancia y mejorar su rendimiento académico contactando con compañeros de estudio o profesores.

Entre los riesgos que se describen por su uso, destacan recibir información inexacta o falsa y el acceso a contenidos que pueden ser inadecuados o potencialmente perjudiciales. Entre estos últimos, aquellos que incitan a la violencia o al odio, que promueven conductas alimentarias no saludables o relacionadas con la drogadicción o con contenido pornográfico. Otras cuestiones preocupantes son el uso inadecuado de las redes sociales y las cuestiones referidas a la seguridad e intimidad del menor, principalmente la cesión de datos personales y el contacto y/o concertación de citas con desconocidos. Como actividad sedentaria, está asociada con el sobrepeso y la obesidad, y una presencia prolongada ante el ordenador puede llevar a la pérdida de la noción del tiempo y, si es diariamente, conducir al aislamiento familiar o social(7).

Teléfono móvil

El teléfono móvil inicialmente fue usado por las familias como una manera de supervisión y control de sus hijos y paulatinamente los menores lo han convertido en un instrumento de autonomía que les permite la conexión inmediata con sus pares y una herramienta más a su disposición para el ocio y entretenimiento(8).

Es una excelente forma de comunicación con sus pares y familiares y de obtener ayuda ante una emergencia, además de recibir información si existe conexión con la red. Puede ser utilizado como instrumento de ocio y entretenimiento, usando videojuegos o escuchando música, además de una conexión para solicitar ayuda ante una emergencia(8).

El riesgo más preocupante, desde su gran expansión entre los menores, fue el de los efectos nocivos en la salud que podrían causarles las radiaciones ionizantes emitidas. La Organización Mundial de la Salud ha alertado recientemente sobre el posible efecto carcinogénico de los campos electromagnéticos de estos dispositivos. No hay evidencia científica actual de esta relación en niños y adolescentes, pero la prudencia indicaría que debe hacerse un uso racional en el tiempo(13).

Puede existir un uso inadecuado en clase, un uso abusivo de la mensajería instantánea y de las redes sociales, incluida la utilización de chats instantáneos como WhatsApp®. Los menores pueden caer en el consumismo de múltiples aplicaciones o accesorios para su teléfono, o un gasto exagerado por su utilización. La recepción o envío de imágenes de fotografías o vídeos a través del teléfono móvil, con mayor o menor contenido sexual, conocido como sexting, pueden llegar a ser comprometedoras y declaran haberlas recibido el 9% de los adolescentes(7,8,14).

Las redes sociales

El uso de las redes sociales por parte de los adolescentes se ha generalizado, pero no se ha desarrollado para colaborar en las tareas escolares o como herramienta educativa.

Las generaciones anteriores de niños y adolescentes han estado relacionadas durante muchos años con una sola pantalla, el televisor, a la que se añadió posteriormente la videoconsola y, en las últimas generaciones, se han sumado las nuevas TIC, como el ordenador con acceso a Internet y la telefonía móvil. Como colofón a esta progresión tecnológica, han surgido en los últimos años las redes sociales, después de una etapa inicial en que la mensajería instantánea y los chats iniciaron la comunicación directa a través de la tecnología. Este hecho es consecuencia del protagonismo que quieren asumir los menores en la red y no ser meros receptores de información, configurando lo que se ha llamado la Web 2.0. El mayor uso de las redes sociales está relacionado directamente con una mayor disposición tecnológica existente en el hogar.

La presencia de los adolescentes en las redes sociales se ha generalizado en los últimos años. En España, la más seguida es Tuenti®, a excepción de Cataluña donde la más utilizada es Facebook®. A partir de los 14 años, alrededor del 80% de los adolescentes tienen un perfil en una red social, porcentaje que se va incrementando con la edad. La mayoría refiere tener un perfil privado al que sólo sus amigos pueden acceder, un 6,7% refieren tener contactos con desconocidos, de los cuales el 8% han quedado o citado con ellos. En España, es ilegal participar en una red social en edades inferiores a los 14 años, sin embargo, el 42% de menores entre los once y doce años afirman tener dicho perfil(7,14).

Estas redes son muy utilizadas, conectándose varias veces al día el 39%, con más frecuencia las mujeres. El motivo principal es contactar con amigos y con personas a las que se ve esporádicamente, siendo una opción muy poco referida el conocer nueva gente. Las actividades preferidas son enviar mensajes privados y compartir y comentar fotos. A pesar del intenso uso de las redes sociales por los adolescentes, sus preferencias para las actividades de ocio son salir con amigos y practicar deporte(7,14).

Los beneficios que brinda su uso están relacionados con la comunicación, al estimular el diálogo, y con la cooperación, al promover acciones compartidas e integrar grupos afines. Es, además, una herramienta aún no desarrollada para las tareas escolares y también una potente herramienta didáctica. Como efectos no deseados, implica estar más tiempo en la red y un mayor uso del teléfono móvil, sin dedicar por ello menos horas a la televisión y los videojuegos. Por lo tanto, disminuye necesariamente la dedicación al estudio, a la lectura y a las relaciones intrafamiliares. Entre los riesgos destacan, como se refirió en relación al uso de la red, las cuestiones de seguridad y privacidad, que preocupa a los adolescentes. Más de la mitad de ellos cree que en una red social puede correr peligro su privacidad e intentan protegerla(14).

Uso problemático de las TIC

El uso abusivo de las TIC puede dar lugar a conductas adictivas, asociadas frecuentemente con psicopatologías previas.

La utilización de las nuevas TIC puede dar lugar a conductas adictivas que, generalmente, ocurren en aquellos menores con psicopatologías previas y no como consecuencia del uso de la propia tecnología.

La conducta adictiva a Internet es definida como un patrón de comportamiento caracterizado por la pérdida de control sobre su uso. Esta conducta conduce paulatinamente al aislamiento y al descuido de las relaciones sociales, de las académicas, recreativas, de la salud y de la higiene personal. Se detecta en el 1,2% de los adolescentes europeos y el 12,7% están en riesgo de presentarla(15).

En relación al teléfono móvil, no hay consenso en la literatura sobre la patología que subyace en un uso excesivo; para algunos, es un uso abusivo que puede llegar a tener cierta dependencia psicológica, pero no una conducta adictiva; otros lo consideran un trastorno adictivo, ya que, cumpliría criterios diagnósticos del DSM-IV, como la abstinencia, la falta de control y problemas derivados de su uso(16).

Otro motivo de discrepancia es el relacionado con la adicción a los videojuegos. Para algunos autores, existe un patrón de uso excesivo o abuso sin llegar a la adicción como tal. Otros describen conductas adictivas, con una sintomatología que, aunque no consensuada, estaría dada por trastornos depresivos, ansiedad y hostilidad, habiéndose observado su asociación con TDAH, siendo, además, su padecimiento una predicción significativa(12,17,18).

Riesgos y daños de las nuevas TIC

Los mayores riesgos de las nuevas TIC son los contactos no deseados, accesos a contenidos perjudiciales, la seguridad y el acoso.

Los beneficios que ofrecen las nuevas TIC van de la mano con nuevos riesgos y, como consecuencia de ellos, se pueden producir daños. Los mayores riesgos a que se ven sometidos los menores son los contactos con desconocidos, seguido por el acceso a contenidos potencialmente perjudiciales, el acceso a imágenes sexuales, el uso indebido de datos y el acoso.

Los menores que se han sentido dañados por el uso de las nuevas TIC indican como primera causa el provocado por el acoso cibernético (90%), seguida por la visualización de imágenes sexuales (32%) y, en menor medida, la recepción de mensajes sexuales y las consecuencias no deseadas de las citas con personas conocidas en la red(7).

Acoso cibernético

La gran expansión de las nuevas TIC y de las redes sociales entre niños y adolescentes ha dado lugar a la posibilidad de que estos puedan sufrir algún tipo de acoso que, sin ser nuevo en estas edades, lo es en relación a que se produce con la tecnología como vehículo.

Ciberbulling

Es una conducta de acoso entre iguales en el entorno TIC entre menores, que incluye chantaje, vejaciones e insultos. El riesgo de padecer ciberbulling no es alto, comparado con otros a los que se enfrentan los niños y adolescentes en la red; sin embargo, entre el 4 y el 5,9% de ellos lo han sufrido y lo han provocado el 2,9% de los menores(15).

Se realiza mediante la difusión de información lesiva o difamatoria o la publicación de vídeos o fotografías. Cualquier medio es válido, utilizándose el correo electrónico, la mensajería instantánea o las redes sociales y deben concurrir determinadas condiciones que se recogen en la tabla II(19).

 

 

Groming

Es el acoso ejercido por un adulto a un menor y es realizado deliberadamente para establecer una relación y un control emocional con el fin de preparar el terreno para el abuso sexual del menor. Los padres refieren en encuestas que el 2,1% de los menores han estado expuestos a groming, mayoritariamente por adultos que simulan ser niños, seguido por acudir a citas a solas con adultos o desconocidos y, en menor medida, por haber sido objeto de acoso sexual(16). Cualquier medio es válido y se realiza mediante la secuencia recogida en la tabla II(19).

Actitud frente al ciberacoso

Ante la sospecha de ciberacoso, la prioridad será atender al menor ofreciéndole ayuda y procurando que no tenga un sentimiento de culpa por la situación, además de evitar nuevos contactos con el acosador. Se buscarán apoyos de sus iguales y se actuará en forma coordinada con la familia y la escuela. Ante un caso de ciberbulling, la familia y el acosado valorarán la conveniencia de judicializarlo; si se está frente a una situación de groming, debería ser denunciado el hecho inmediatamente por estar implicado un mayor de edad y porque probablemente esté acosando o lo hará en un futuro a otros menores(19).

Uso racional de las TIC en la infancia y adolescencia

Es innegable que la irrupción de las TIC, que permite la conexión inmediata con el mundo, ha modificado sustancialmente las relaciones humanas y brinda nuevas y extraordinarias experiencias desde la infancia. Niños y adolescentes las utilizan desde edades tempranas y obtienen importantes beneficios para su desarrollo, su educación y es una ayuda en las relaciones sociales, además de ser una de las maneras de ocio y diversión. Paralelamente, hay riesgos evidentes y se pueden producir daños relacionados con un uso inadecuado; por lo que, se debe potenciar un uso racional y responsable de esta moderna tecnología desde los primeros años de la vida. Progresivamente, a lo largo de la infancia y adolescencia, se les deberá responsabilizar para evitar riesgos innecesarios y daños por una inadecuada utilización.

Función del pediatra de Atención Primaria

Desde los primeros contactos con el niño y su familia, el pediatra de Atención Primaria puede potenciar un uso racional y responsable de las TIC en función de la edad del niño, aconsejando que no tenga relación con las pantallas por debajo de los dos años de vida y, en edades posteriores, que su utilización sea controlada y adecuada, no superando las dos horas diarias(20) (Tabla III). A lo largo de la infancia y la adolescencia, puede detectar precozmente un uso indebido de las TIC y la exposición a riesgos o la presencia de posibles daños y actuar en consecuencia. Además, por su posición privilegiada ante las familias y la sociedad, puede ser un elemento motivador para padres, educadores y la sociedad en general, alertando de las consecuencias negativas que un mal uso de las TIC puede ocasionar en el desarrollo psicofísico y social de niños y adolescentes.

 

 

Bibliografía

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1. Prensky M. On the Horizon. MCB University Press. 2001; 9(5).

2.** Prensky M. The emerging online life of the digital native. 2004. [Acceso 10 de enero de 2013]. Disponible en: http://www.marcprensky.com/writing/.

3.*** Bringué Sala X, Sábada Chalezquer C. La generación interactiva en España. Barcelona. Ed: Colección Fundación Telefónica y Ariel; 2009.

4. Encuesta sobre equipamientos y uso de tecnologías de la información y comunicación en los hogares 2011. Instituto Nacional de Estadística. [Acceso 10 enero 2013]. Disponible en: http://www.ine.es/inebmenu/indice.htm.

5.** Programación y contenidos de la televisión e Internet: la opinión de los menores sobre la protección de sus derechos. Madrid. Ed: Defensor del Pueblo (Informes, estudios y documentos); 2010.

6. Eurodata TV Worldwide. Kids TV Report. [acceso 20 de enero de 2013]. Disponible en: http://www.mediametrie.com/eurodatatv/.

7.*** Garmendia M, Garitaonandia C, Martínez, Casado MA. Riesgos y seguridad en Internet: los menores españoles en el contexto europeo. Universidad del País Vasco, Bilbao: EU Kids Online; 2011.

8.** García Galera MC. Berganza R, Del Hoyo Hurtado M, Del Olmo Hurtado J, De Miguel Pascual R, Ruiz San Román JA. La telefonía móvil en la infancia y adolescencia. Usos, influencias y responsabilidades. Madrid: Oficina del Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid; 2008. [Acceso 18 de enero de 2013]. Disponble en: http: //www.hdl.handle.net/10115/3287.

9. Committee on Public Education. Children, Adolescents, and Television. American Academy of Pediatrics. Pediatrics. 2001:423-26.

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11. From the American Academy of Pediatrics: Policy statement–Media violence. Council on Communications and Media.Pediatrics. 2009; 124(5): 1495-503.

12.** Tejeiro Salguero R, Pelegrina del Río M, Gómez Vallecillo JL. Efectos psicosociales de los videojuegos. Comunicación. 2009; 235-50.

13. Press Release No. 208-31 May 2011. IARC classifies radiofrequency electromagnetic fields as possibly carcinogenic to humans. IARC; 2011.

14. Sánchez Burón A, Fernández Martín MP. Informe generación 2.0. 2010. Hábitos de los adolescentes en el uso de las redes sociales. Departamento de Psicología. Universidad Camilo José Cela. [Acceso 2 de febrero de 2013]. Disponible en: http://www.slideshare.net/ucjc/hbitos.

15. Investigación sobre conductas adictivas a internet entre los adolescentes europeos. Atenas: Tsitsika A, Tzavela E, Mavromati F and the EU NET ADB Consortium: 2012. [Acceso 18 de febrero de 2013]. Disponible en: http://www.eunetadb.eu/es/publicaciones.

16. Pedrero Pérez EJ, Rodríguez Monje MT. Adicción o abuso del teléfono móvil. Revisión de la literatura. Adicciones. 2012; 139-52.

17. Gentile DA, Choo H, Liau A, Sin TLi DFunf D, Khoo A. Pathological video game use among youths: a two-year longitudinal study. Pediatrics. 2011; 127(2): e319-29.

18. Weinsten A, Weizman A. Emerging association between addictive gaming. Curr Psychiatry Rep. 2012; 14(5): 590-7.

19.** Guía legal sobre ciberbulling y groming Observatorio de la seguridad de la información. Área jurídica de la seguridad y las TIC. Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación. Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Gobierno de España. [Acceso 18 de enero de 2013]. Disponible en: http://www.inteco.es/guias/guiaManual_groming_ciberbulling

20.** Council on Comunications and Media. Media Educations. American Academy of Pediatrics. Media education. Pediatrics. 2010; 126(5): 1012-7.

Bibliografía recomendada

– Bringué Sala X, Sábada Chalezquer C. La generación interactiva en España. Barcelona: Colección Fundación Telefónica y Ariel; 2009.

Los autores analizan la relación de los niños y adolescentes con las diversas pantallas que tienen a su disposición, analizando los riesgos y oportunidades que les ofrecen. Presentan, además, los datos de una encuesta realizada sobre el uso de estas tecnologías en España entre más de 13.000 menores procedentes de 115 centros educativos.

– Cervera L. Lo que hacen tus hijos en Internet. Barcelona: Integral; 2009.

En este libro, se hace referencia a que los valores de los adolescentes no han cambiado en relación a las generaciones anteriores y lo que ha variado es la tecnología, que incrementa los problemas. Además de aportar información técnica sobre las nuevas tecnologías, recomienda enseñar a los menores una utilización de la red de manera consciente y sensata.

– García Fernández F. Internet en la vida de nuestros hijos ¿Cómo transformar los riesgos en oportunidades? Navarra: Foro generaciones interactivas; 2010.

El autor analiza las inquietudes paternas frente a un mudo en el que han desaparecido muchas referencias y en el que se ha modificado sustancialmente el entorno. Es firme defensor del uso de Internet en el ámbito escolar, familiar y social, pero condicionado a una educación en valores que propicien un uso responsable de las nuevas tecnologías.

– Castell P, de Bofarull I. Enganchados a las pantallas. Barcelona: Planeta; 2002.

Los autores describen y analizan la era de la información y la comunicación y ofrecen recursos a padres y educadores para evitar el uso abusivo de las pantallas por parte de los menores. Definen la personalidad del adolescente de alto riesgo alertando sobre su vulnerabilidad para desarrollar conductas adictivas frente a las nuevas tecnologías y propugnan un uso austero y selectivo del ocio digital.

 

Caso clínico

Adolescente de 13 años que acude al Servicio de Urgencias por un dolor abdominal constante de 8 h de evolución que le dificulta la deambulación. El paciente está afebril y, al examen físico, se constata un abdomen doloroso a la palpación, con defensa muscular y signo de Blumberg negativo. Se realiza analítica que muestra parámetros dentro de la normalidad. Queda ingresado en observación, disminuyendo progresivamente el dolor, estando asintomático después de 12 h, por lo que es dado de alta.

Pasadas 36 h, consulta en su Centro de Salud por un cuadro similar y es derivado al hospital de referencia, donde se repite analítica, que continúa siendo normal y se realiza ecografía de abdomen que descarta apendicitis. A las 18 h del ingreso está asintomático.

En consultas posteriores refiere que, desde hace 18 meses, recibe en su teléfono móvil, por parte de un adolescente de 14 años, insultos y mensajes peyorativos hacia su persona, además de burlarse de él por la obesidad mórbida que presenta. No ha comentado con nadie su situación ni ha solicitado ayuda.

 

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