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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Alergia a medicamentos y drogas

R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**
Temas de FC


R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**

*Servicio de Alergia. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. **Servicio de Alergia. Hospital Universitario Puerta de Hierro. Majadahonda. Madrid

Resumen

El exceso de diagnóstico no confirmado de hipersensibilidad a fármacos constituye un problema relevante en la práctica clínica, por la limitación terapéutica que implica para los pacientes. Los médicos de Atención Primaria son, a menudo, el primer punto de contacto para los niños que sufren reacciones, por lo que es importante saber evaluarlas, tratarlas, y derivar a los pacientes que requieran un estudio alergológico.
En los niños, la mayoría de las reacciones se atribuyen a los betalactámicos, seguidos por los antinflamatorios no esteroideos.
Se describen los tipos de reacciones de hipersensibilidad, su clínica, los métodos diagnósticos disponibles y su tratamiento. Se hace hincapié en los elementos esenciales de la historia clínica que permitirán catalogar el tipo de reacción, así como los criterios de gravedad que determinarán el manejo de cada paciente.
Las pruebas diagnósticas, tanto cutáneas como in vitro, actualmente disponibles para el estudio de alergia a medicamentos, son más fiables en reacciones inmediatas que no inmediatas, sin embargo, dada su escasa validación en edad pediátrica, tienen un uso limitado. A menudo, es necesario recurrir a la prueba de exposición controlada (PEC), a pesar de sus riesgos, para confirmar el diagnóstico de alergia o la tolerancia de fármacos alternativos.

 

Abstract

The excess of unconfirmed drug hypersensitivity diagnoses is a significant clinical problem because of patient therapeutic compromise. Primary care physicians are often the first point of contact for children with drug adverse reactions, so it is important that they are able to assess and manage these patients and refer those who require
an allergy study.
In children, most reactions are due to beta-lactams, followed by non-steroidal anti-inflammatory drugs.
We describe the different types of hypersensitivity reactions, their clinical features, available diagnostic tools and their management. Emphasis is placed on the essential elements of the clinical history, which can be used to identify the type of reaction, as well as the severity criteria that will guide the management of each patient.
Both, skin tests and in vitro tests currently available for the study of drug allergy are more reliable for immediate than non-immediate reactions, but their use is limited because of their poor validity in children. In most cases, it is necessary to perform a drug provocation test, despite its risks, to confirm the diagnosis of allergy or the tolerance of alternative drugs.

 

Palabras clave: Reacciones adversas a fármaco; Hipersensibilidad a fármaco; Niño.

Key words: Adverse drug reactions; Drug allergy; Children.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 162 – 172

 


OBJETIVOS

• Saber distinguir una reacción de hipersensibilidad del resto de reacciones adversas a medicamentos.

• Conocer los puntos claves de la historia clínica de una reacción de hipersensibilidad a medicamentos.

• Conocer los signos y síntomas de gravedad de una reacción de hipersensibilidad a medicamentos.

• Conocer las recomendaciones a dar a un paciente con sospecha de reacción de hipersensibilidad.

• Determinar cuándo derivar un paciente a atención especializada para realizar un estudio alergológico.

 

Alergia a medicamentos y drogas

Introducción

Las reacciones adversas a medicamentos (RAM) tipo A son aquellas reacciones previsibles y relacionadas con los efectos farmacológicos conocidos del propio fármaco. Las RAM tipo B son menos frecuentes y se deben a una respuesta anómala en individuos predispuestos. Las reacciones de hipersensibilidad se incluyen dentro de las reacciones tipo B.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define una reacción adversa a medicamento (RAM) como: una respuesta nociva, no deseada y no intencionada que se produce tras la ingesta de un fármaco a dosis utilizadas habitualmente en la especie humana para prevenir, diagnosticar o tratar una enfermedad; así como las respuestas derivadas de la dependencia, abuso y uso incorrecto de los medicamentos(1). Las RAM son un problema grave, con una incidencia en aumento a medida que se comercializan más medicamentos y se exponen más personas a ellos (Tabla I).

Las RAM tipo A (más frecuentes) no son mediadas por mecanismos inmunológicos, sino que son previsibles y relacionadas con los efectos farmacológicos ya conocidos del propio fármaco(1,2). Estas reacciones pueden aparecer en cualquier persona tratada y, por lo general, son leves.

Las RAM tipo B son menos frecuentes, no son previsibles y tampoco se relacionan con la dosis o efecto farmacológico, ya que se deben a respuestas anómalas que ocurren generalmente en una pequeña parte de la población susceptible de presentarlas(1,3). Dentro de este grupo de reacciones se encuentran las reacciones por idiosincrasia, de intolerancia y de hipersensibilidad a fármacos. Se reserva el término de reacción alérgica a aquellas reacciones de hipersensibilidad mediadas inmunológicamente(4).

Clasificación de las reacciones alérgicas a fármacos

Las RAM se pueden clasificar según el momento de aparición de los síntomas, en inmediatas o tardías. Según el mecanismo fisiopatológico se diferencian en reacciones de hipersensibilidad: tipo I (inmediatas, mediadas o no por IgE), tipo II (retardadas, mediante lisis celular o citotóxicas); tipo III (retardadas, mediante depósito de inmunocomplejos o activación de complemento); o tipo IV (retardadas, mediadas por linfocitos T activados o celular) (Tabla II).

La clasificación de las RAM es compleja, porque hay múltiples fármacos implicados y muchas presentaciones clínicas diferentes. Además, los mecanismos inmunológicos de algunas reacciones no están totalmente definidos y las clasificaciones tradicionales, basadas en la cronología entre la administración del fármaco y el inicio del desarrollo de síntomas, presentan dificultades.

Según el momento de aparición de los síntomas, se consideran reacciones de inicio temprano, mediadas por IgE, a aquellas que ocurren entre 1 y 6 horas después de la administración del fármaco, y reacciones de inicio tardío a aquellas que ocurren a partir de las 6 horas de la toma del fármaco(5).

Las reacciones de hipersensibilidad se dividen en cuatro tipos según la clasificación de Gell y Coombs, que se basa en los mecanismos fisiopatológicos subyacentes de cada reacción. Esto resulta fundamental para determinar los procedimientos diagnósticos relevantes, las opciones terapéuticas adecuadas así como para evaluar la reactividad cruzada entre medicamentos similares(2) (Tabla II).

• Tipo I: reacciones inmediatas (mediadas por IgE o no mediadas por IgE). En los últimos años se incluyen en este tipo, reacciones por liberación o activación no específica de mastocitos, aunque las cuales resultan clínicamente indistinguibles de una reacción mediada por IgE.

• Tipo II: reacciones retardadas, mediante lisis celular o citotóxicas, mediadas por anticuerpos (generalmente IgG y menos frecuentes IgM).

• Tipo III: reacciones retardadas por depósito de inmunocomplejos y activación de complemento.

• Tipo IV: reacciones retardadas, mediadas por linfocitos T activados, aunque también pueden incluir a otros tipos de células como: macrófagos, eosinófilos o neutrófilos. Las células T son capaces de generar diferentes tipos de respuesta inflamatoria, según las citocinas producidas y las otras células implicadas en la reacción; por lo que, a su vez, las reacciones de tipo IV se subdividen en 4 subtipos (IVa, IVb, IVc y IVd).

Epidemiología

La alergia a fármacos en la infancia es un problema sociosanitario cada vez mayor. Aunque es probable una sobreestimación de la epidemiología de RH a fármacos, pocas veces se confirma el diagnóstico tras el estudio alergológico.

La presencia de una alergia a fármacos en los niños supone un importante problema sociosanitario, debido a la angustia que esto puede producir en los niños, en los padres y en los propios médicos que los atienden. La ausencia de un diagnóstico correcto conlleva que algunos pacientes sean indebidamente clasificados como alérgicos a fármacos durante un tiempo indeterminado, repercutiendo en el uso de alternativas terapéuticas de segundo o tercera elección, con mayor coste sanitario asociado, así como el riesgo de desarrollar resistencias antibióticas(1,5). Muchos padres además intentan evitar la toma de algunos fármacos por antecedentes familiares de alergia a fármacos(6). La epidemiología de las RH a fármacos es globalmente poco conocida, especialmente en niños, pero puede estar sobreestimada, ya que aproximadamente el 10 % de los padres refieren, al menos, una RH a fármacos en sus hijos(7). Sin embargo, tras la realización de un estudio alergológico completo, el diagnóstico
de RH por fármacos se confirma solo en pocas ocasiones(8).

La frecuencia de las RH varía en función de la población estudiada, su edad, patrones de consumo, criterios diagnósticos y el tiempo transcurrido hasta la realización del estudio. A pesar de que cualquier fármaco puede inducir una RH, en la población pediátrica, los antibióticos, especialmente los del grupo de betalactámicos (BL), los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y las vacunas son los fármacos más frecuentemente implicados(2,8).

Afortunadamente, las reacciones adversas cutáneas graves son muy poco frecuentes en niños, habiendo pocas series publicadas en la literatura. Por lo general, en estas reacciones, los fármacos más frecuentes son los antibióticos BL, AINE y fármacos antiepilépticos.

Factores de riesgo

El riesgo de presentar una RH por fármacos aumenta con el uso de fármacos y la automedicación(8). En general, se considera que las RH son más frecuentes en niños diagnosticados de fibrosis quística, lo que podría explicarse por los mayores niveles de exposición a fármacos, el uso frecuente de tratamientos intravenosos y las respuestas inmunitarias específicas relacionadas con la propia enfermedad(9).

A pesar de que el género femenino se considera un factor de riesgo de presentar RH, este dato no ha podido ser documentado en la población pediátrica(8).

Las infecciones son muy frecuentes en los niños, sobre todo, las infecciones virales, y constituyen un factor de riesgo, así como un diagnóstico diferencial de las RH por fármacos. También pueden actuar como cofactores en algunos individuos susceptibles. Las aminopenicilinas pueden inducir un exantema, especialmente en niños con infección por el virus de Epstein-Barr (VEB)(8). Otros virus que constituyen factores de riesgo son el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el citomegalovirus (CMV).

La presencia de asma alérgica y la urticaria crónica son factores de riesgo significativos para las reacciones a AINE en niños.

Manifestaciones clínicas

Los síntomas más frecuentes en las reacciones adversas a fármacos en población infantil son el exantema maculopapular (EMP) no inmediato y la urticaria no inmediata. El diagnóstico diferencial fundamentalmente hay que hacerlo con el exantema infeccioso.

Reacciones inmediatas

Pueden variar según su gravedad, desde reacciones leves a reacciones graves o muy graves, incluyendo anafilaxia y shock anafiláctico.

La piel es el órgano que se afecta con más frecuencia en forma de urticaria o EMP, con o sin angioedema asociado.

La afectación respiratoria (esencialmente broncoespasmo) como única manifestación clínica es poco frecuente, limitándose casi exclusivamente a reacciones causadas por AINE (sobre todo en niños con diagnóstico previo de asma) o, más frecuentemente, como un síntoma asociado de una reacción anafiláctica(2,8,10).

Cualquier reacción mediada por IgE puede poner en riesgo la vida del paciente, ya que se puede desencadenar con pequeñas dosis del fármaco. La frecuencia de anafilaxia, aunque se considera baja, parece haberse incrementado en los últimos años, situándose entre el 5-25 % según las diferentes series publicadas en la literatura(11).

Reacciones no inmediatas

Pueden ocurrir incluso días después de haber finalizado el tratamiento con el fármaco implicado. Al igual que en las reacciones inmediatas, la piel es el órgano afectado con más frecuencia, siendo el EMP y la urticaria no inmediata las manifestaciones clínicas más frecuentes(12,13).

La afectación respiratoria, como la neumonitis inducida por fármacos, es excepcional en niños, observándose, sobre todo en relación con el uso de quimioterápicos.

Las reacciones adversas cutáneas graves (Severe Cutaneous Adverse Reactions o SCAR) son poco frecuentes en niños. Entre ellas se han descrito casos de: pustulosis exantemática aguda generalizada (PEAG: inicio agudo con aparición de pústulas <5 mm estériles y no foliculares sobre una base eritematosa); reacción de hipersensibilidad sistémica por fármacos (Drug Reaction with Systemic Symptoms o DRESS: exantema con síntomas sistémicos como: fiebre, adenopatías, eosinofilia y afectación orgánica, fundamentalmente hepática); síndrome de Stevens-Johnson (SJS: lesiones dianiformes con vesículas y ampollas asociadas a afectación de mucosas, alteración del estado general y fiebre); y necrólisis epidérmica tóxica (NET: similar al SJS con mayor afectación y despegamiento cutáneo). Los fármacos más implicados en estas reacciones son los antibióticos (BL, sulfamidas fundamentalmente), AINE y anticonvulsivantes(2).

La enfermedad del suero cursa habitualmente con síntomas cutáneos como el EMP o urticaria, con afectación sistémica como fiebre, artritis o artralgias, que habitualmente aparecen de 1-3 semanas después de la exposición al fármaco. Su fisiopatología es desconocida. Es poco frecuente, suele afectar a niños menores de 5 años y los betalactámicos (BL), especialmente el cefaclor, penicilina V y amoxicilina, son los fármacos más frecuentemente involucrados(10).

En los últimos años, se han descrito en la literatura pocos casos en pacientes pediátricos que presentan exclusivamente síntomas gastrointestinales, como náuseas, vómitos y/o diarrea, asociados a decaimiento, aproximadamente 2-4 horas tras la toma del fármaco causal y que simulan los síntomas producidos por enterocolitis inducida por alimentos (FPIES)(14). En los casos más graves puede existir hipotensión, letargia o hipotermia, que pueden llegar a producir un shock hipovolémico. Los fármacos implicados en niños se limitan hasta la fecha a amoxicilina y amoxicilina-ácido clavulánico(14).

Principales medicamentos causales de reacciones alérgicas en niños: antibióticos betalactámicos y AINE

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), junto con los antibióticos betalactámicos son las dos primeras causas de reacciones de hipersensibilidad a fármacos en niños.

Antibióticos betalactámicos

La sospecha de reacción por antibióticos betalactámicos constituye aproximadamente el 80 % de las consultas por alergia a medicamentos y, junto con los AINE, son la causa más frecuente de reacciones alérgicas a fármacos en niños.

De ellos, las aminopenicilinas y, en concreto, la amoxicilina, ocupan el primer lugar, favorecido por la amplia y extensa prescripción de este antibiótico en la actualidad.

Los betalactámicos contienen un anillo tiazolidínico común y una cadena lateral que es la responsable de las diferencias entre cada grupo. Los anticuerpos IgE frente a las penicilinas pueden ser específicos frente al propio anillo betalactámico (común en todos los BL) o bien específico de cadena lateral, produciéndose en este caso reacciones selectivas. Sin embargo, hay que tener en consideración que BL de diferentes grupos pueden tener cadenas laterales idénticas (reactividad cruzada). Actualmente, lo más frecuente es la alergia selectiva a la cadena lateral sin presentar reacción con penicilina(15). Sin embargo, si la alergia está producida por el determinante mayor de la penicilina, el diagnóstico será probablemente de alergia a todas las penicilinas.

Existen pocos estudios que analicen la reactividad cruzada entre penicilinas y cefalosporinas en niños, pero se ha estimado en un 0,3-23,9 %, siendo mayor para cefalosporinas con la misma cadena lateral(16).

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Los AINE componen un grupo de fármacos heterogéneo, empleados por su acción antiinflamatoria, antipirética, analgésica y antiagregante. Actúan mediante la inhibición de la ciclooxigenasa (COX), enzima que cataliza la conversión del ácido araquidónico en prostaglandinas. Se pueden clasificar según su composición química o según su capacidad para inhibir la COX (Tabla III).

Se distinguen dos grandes grupos de RH: los selectivos (mediados inmunológicamente, que suelen involucrar a un solo grupo de AINE) y los no selectivos o por intolerancia cruzada (más frecuente y que suele involucrar a varios grupos de AINE por la relación con la inhibición de COX-1).

Los niños menores de 10 años presentan en su mayoría reacciones por reactividad cruzada, con la presencia de cofactores, como pueden ser las infecciones víricas o el ejercicio(17).

Diagnóstico

El diagnóstico de alergia a medicamentos se basa en una minuciosa historia clínica y el estudio alergológico mediante: pruebas cutáneas, in vitro (IgE específica, test de activación de basófilos y test de transformación linfocítica) y prueba de exposición controlada (PEC) que constituye la prueba de referencia. No está indicado el estudio alergológico como screening sin reacción previa. Idealmente, se realizará el estudio alergológico 1-6 meses tras la recuperación total de la reacción inicial, ya que más adelante, el estudio pierde sensibilidad (Algoritmo 1).

Historia clínica

La historia clínica, referida por los padres en los casos de niños más pequeños y por los propios pacientes, es el primer y más importante paso a la hora de intentar diferenciar una RH de una RAM o una infección.

La sospecha de RH a medicamentos se confirma en pocos casos tras realizar un estudio alergológico, y cuando lo hace, es frecuente que la reacción presentada durante la prueba de exposición controlada no se corresponda con la reportada inicialmente en la historia clínica(8). Esto se puede deber a la imprecisión de los datos recogidos, la dificultad de comunicarse de los niños afectados en edades tempranas que no pueden expresarse y el tiempo hasta la valoración en consulta que, en ocasiones, ocurre años después. En las tablas IV y V se exponen respectivamente los datos más importantes en la historia clínica, así como los criterios de gravedad que conviene conocer, ya que de ello dependerá el correcto enfoque diagnóstico.

 

Pruebas cutáneas

Las pruebas cutáneas incluyen: pruebas intraepidérmicas o prick, pruebas intradérmicas (ID) y pruebas epicutáneas (parches). Estas pruebas resultan útiles para identificar los fármacos responsables de RH y determinar posibles alternativas terapéuticas que sean seguras. Sin embargo, la rentabilidad de las pruebas cutáneas varía según el tipo de reacción, el fármaco y el tiempo hasta la realización del estudio. Por otro lado, en muchas ocasiones, su negatividad no descarta la posibilidad de reacción y, en la mayoría de las ocasiones, es necesario realizar una PEC para conseguir el diagnóstico definitivo.

Las pruebas en prick se utilizan cuando existe una sospecha de reacción inmediata, y presentan la ventaja de ser seguras y poderse realizar con fármacos de los que no se disponga forma inyectable estéril.

Las pruebas ID se pueden utilizar, tanto en reacciones inmediatas (lectura a los 15 minutos) como en reacciones no inmediatas (lectura a las 24 y/o 48 horas). Se suelen realizar si las pruebas en prick han resultado negativas. Sin embargo, son pruebas invasivas que conllevan mayor riesgo de reacción sistémica, por lo que su uso en niños es más limitado que en adultos. Se consideran contraindicadas en las SCAR, sin embargo, algunos autores contemplan su uso de forma controlada(18).

Las pruebas epicutáneas o en parche son pruebas que se consideran seguras, aunque su rentabilidad es limitada, por lo que solo se utilizan en determinadas reacciones no inmediatas o en las SCAR como primera línea en el abordaje diagnóstico(18,19).

Antibióticos betalactámicos

Las pruebas cutáneas con antibióticos BL son las más estudiadas y con más evidencia en población infantil. Sin embargo, tienen baja sensibilidad y valor predictivo positivo, especialmente en reacciones no inmediatas y cutáneas leves(20).

Con los BL, las pruebas ID, más sensibles que las pruebas en prick, se emplean fundamentalmente para RH inmediatas. En el caso de las reacciones leves no inmediatas con BL, la sensibilidad de las pruebas ID con lectura tardía a las 48 horas es baja, aunque se ha demostrado un alto valor predictivo en caso de que resulten positivas(10). Dada su baja rentabilidad en este tipo de reacciones, se limita su uso a determinadas ocasiones(8,21).

Antiinflamatorios

En el caso de los AINE, el uso de pruebas cutáneas se limita al metamizol y, en ciertos casos, a paracetamol, en reacciones de HS selectiva, mientras que no existe evidencia suficiente que avale las pruebas de laboratorio en el caso de HS a AINE(17).

Histología

La realización de biopsias cutáneas puede ser útil en entidades graves como la PEAG y DRESS.

Pruebas in vitro

• Triptasa sérica durante el episodio agudo y basal: se emplea para el diagnóstico de la anafilaxia. Alcanza su máximo entre 60-90 minutos después del inicio de los síntomas y permanece elevado hasta 5 horas. Siempre es necesaria la determinación de triptasa basal.

• Determinación de IgE total y específica; está disponible para: amoxicilina, ampicilina, penicilina G y V, cefaclor, algunos bloqueantes neuromusculares y clorhexidina(8,21). Aunque su sensibilidad es inferior al 50 %, resulta útil en reacciones inmediatas mediadas por IgE de mayor gravedad(8).

• Otras pruebas in vitro como: el test de activación de basófilos (TAB) en reacciones inmediatas, el test de transformación linfocitaria (TTL) en reacciones no inmediatas y el estudio de cuantificación de citoquinas o productos de células T-/B (ELISPOT), requieren personal experimentado y no se realizan en la práctica clínica diaria salvo excepciones(13).

Prueba de exposición controlada

Es la prueba de referencia para confirmar o descartar el diagnostico de RH y comprobar tolerancia a alternativas terapéuticas. Consiste en la administración gradual del fármaco sospechoso hasta alcanzar la dosis terapéutica ajustada al peso. Las pautas de administración varían en función del fármaco empleado, el tipo de reacción y de la gravedad de la reacción que motiva el estudio. Se realizan cuando las pruebas realizadas previamente (pruebas cutáneas y/o in vitro) han resultado negativas, siempre y cuando el beneficio para el paciente supere el riesgo del procedimiento.

Las PEC deben realizarse solo en centros especializados, en los que se seleccionan cuidadosamente a los pacientes y se dispone de equipos, suministros y personal entrenado para gestionar la posibilidad de una reacción grave durante su realización(19).

Las PEC están contraindicadas en reacciones adversas graves como: anafilaxia, SCAR o reacciones sistémicas graves, aunque en determinados casos, cuando otros procedimientos diagnósticos, como las pruebas cutáneas o in vitro, no son concluyentes, se puede valorar la realización de una PEC con un fármaco alternativo, cuando su utilización resulta imprescindible para el paciente(11).

En niños con una reacción cutánea leve como el exantema (especialmente en reacciones tardías), se puede valorar la realización de una PEC sin necesidad de pruebas cutáneas previas, siempre que se haya descartado la presencia de algún signo o síntoma de gravedad(8,21).

En el caso de los AINE, la PEC resulta fundamental para determinar el tipo de HS y, en los casos necesarios, ofrecer alternativas terapéuticas.

En el caso de reacciones selectivas, se prohibirá el uso de todos los AINE del grupo responsable (p. ej., se prohibirá exclusivamente el uso de ácidos propiónicos, en el caso de confirmarse HS a ibuprofeno). Sin embargo, para los casos de HS por intolerancia cruzada, se debe confirmar mediante PEC cada uno de los fármacos autorizados. En general, el paracetamol a dosis terapéuticas (15 mg/kg/dosis) suele ser tolerado. Aunque, actualmente, no se ha aprobado el uso de inhibidores selectivos de la COX-2 en pacientes menores de 12 años, varios estudios avalan la seguridad del uso de: etoricoxib, celecoxib y meloxicam como inhibidor débil de COX-1, en pacientes pediátricos como alternativa(22). Otras alternativas propuestas al uso de AINE son los corticoides, potentes antiinflamatorios, junto con medidas físicas de reducción de temperatura, y los opiáceos como analgésicos.

El manejo diagnóstico de RS por BL se resume en el Algoritmo 2.

Diagnóstico diferencial

En la mayoría de los casos, resulta imposible distinguir entre un exantema inducido por un proceso infeccioso y el que es secundario a fármacos. La mayoría de las reacciones cutáneas que se producen, mientras se realiza un tratamiento con un BL, se deben a la propia infección y se ha confirmado una RH en menos del 10 % de los casos(8). De hecho, la incidencia de exantema en los niños se estima en 153,8/10.000 niños y puede ser causado: por la propia infección, por la interacción del fármaco con la infección o porque verdaderamente se trate de una reacción alérgica al fármaco(23). Las infecciones que causan este tipo de afectación con más frecuencia son: VEB, CMV, parvovirus o Mycoplasma(8,24). Una historia clínica detallada, junto con pruebas serológicas o de detección de virus mediante PCR en la fase aguda, permitirán en determinados casos, diferenciar un exantema infeccioso de una RH. El diagnóstico debe realizarse durante un mínimo de 4-6 semanas tras la resolución completa de todos los síntomas clínicos, para evitar tanto falsos positivos como falsos negativos(4).

En el diagnóstico diferencial de DRESS, se deben tener en cuenta enfermedades que cursan con: fiebre, erupción cutánea, linfadenopatías y afectación de otros órganos, como pueden ser las infecciones víricas por: VEB, parvovirus B19, sarampión, dengue o infecciones por virus Coksackie(25).

Es importante diferenciar reacciones anafilácticas de otras manifestaciones clínicas que pueden ocurrir durante la administración de medicamentos, como síndromes vasovagales o el conocido síndrome oculorespiratorio, descrito tras la administración de virus de la gripe y que se caracteriza por: conjuntivitis bilateral, edema facial y síntomas respiratorios de vías superiores(11).

Reevaluación

Se desconoce en gran medida la historia natural de la hipersensibilidad a fármacos con la mayoría de las clases de fármacos en niños. También existe información anecdótica de que algunos niños con enfermedad cutánea exacerbada por AINE pueden resolver su HS a los AINE cuando los episodios de urticaria desaparecen. Por este motivo, conviene reevaluar periódicamente a estos pacientes y valorar la posibilidad de realizar una PEC siempre en medio hospitalario y con personal entrenado(15).

Tratamiento

En caso de reacción adversa a medicamentos, es fundamental retirar el fármaco sospechoso y evitar todo fármaco que pertenezca al mismo grupo, así como reconocer aquellas reacciones graves que requieren una actuación urgente (Tabla V).

Reacciones inmediatas

En el caso de reacciones inmediatas leves, como cuadros de urticaria o angioedema, se administrarán, como primera opción, antihistamínicos, preferiblemente de segunda generación. Una reacción inmediata grave o anafilaxia se considera potencialmente mortal, por lo que requiere, como primera línea de tratamiento, la administración de adrenalina intramuscular (0,01 mg/kg
hasta 0,5 mg dosis máxima), dosis que puede repetirse a los 5-15 minutos, si la clínica persiste. En caso de parada cardiorrespiratoria, se iniciarán maniobras de reanimación y se añadirán otras medidas de soporte. Cabe destacar que la administración de antihistamínicos y corticoides sistémicos no deben usarse como tratamiento de primera línea en estos casos ni en monoterapia, ya que no revierten el edema laríngeo, el broncoespasmo ni la hipotensión(26).

Reacciones no inmediatas

En reacciones no inmediatas leves, se podrán emplear antihistamínicos, sin embargo, en EMP no complicados no se recomienda el uso de corticoides.

Las SCAR requieren un tratamiento multidisciplinar y, en ocasiones, el ingreso en unidades de cuidados intensivos. Aunque no existe un consenso claro, en cuadros de DRESS, los corticosteroides sistémicos (prednisolona 1 mg/kg/día) son el tratamiento de referencia en la fase aguda en pacientes con afectación orgánica grave. Otros fármacos empleados son ciclosporina o anti-TNF(19).

Desensibilización

En los casos confirmados de alergia a algún fármaco en los que su administración es imprescindible para el paciente, se puede valorar la realización de una desensibilización. Sin embargo, la experiencia en niños es escasa y suelen utilizarse protocolos adaptados de adultos(27).

Para los niños con pruebas alérgicas positivas tras sospecha de anafilaxia a vacunas antiinfecciosas, esta se puede administrar en dosis graduadas según el protocolo propuesto por la Academia Americana de Pediatría(11).

Función del pediatra de Atención Primaria

El médico de Atención Primaria juega un papel determinante ante un paciente con sospecha de RH a un fármaco (Tabla VI), tanto para el correcto diagnóstico de una RH, como para evitar un sobrediagnóstico perjudicial para el paciente. Lo primero será descartar que se trate de una RAM y, en caso de sospecha de RH, derivar al paciente al Servicio de Alergología con una historia clínica detallada.

Su papel radica en:

• Identificar una posible reacción de hipersensibilidad.

• Diferenciarla de una reacción de tipo A.

• Recoger minuciosamente todos los elementos necesarios para una adecuada filiación de la reacción (Tabla IV).

• Conocer los criterios de gravedad (Tabla V).

• Manejar una reacción en fase aguda, ya sea aplicando el tratamiento farmacológico adecuado o derivando al servicio de Urgencias (tratamiento de una anafilaxia).

• Suspender el fármaco sospechoso y mantener las prohibiciones con respecto al uso de los fármacos de la misma familia o grupo, hasta la valoración correspondiente en el Servicio de Alergología.

• Informar adecuadamente al paciente sobre los fármacos a evitar y las alternativas que puede emplear hasta la realización del estudio alergológico.

• Informar a los pacientes que no está indicado realizar estudio alergológico como screening(28).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Bibliografía recomendada

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Revisión extensa del diagnóstico y manejo de reacciones de HS, específicamente en población pediátrica.

– Tsabouri S, Atanaskovic-Markovic M. Skin eruptions in children: Drug hypersensitivity vs viral exanthema. Pediatr Allergy Immunol. 2021; 32: 824-34. Disponible en: https://doi.org/10.1111/pai.13485.

Recomendado para profundizar en conocimientos sobre el diagnóstico diferencial del exantema maculopapular.

– Doña I, Caubet JC, Brockow K, Doyle M, Moreno E, Terreehorst I, et al. An EAACI task force report: Recognising the potential of the primary care physician in the diagnosis and management of drug hypersensitivity. Clin Transl Allergy. 2018; 8: 16. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s13601-018-0202-2.

Expone de forma práctica el manejo de las reacciones de HS desde Atención Primaria. Especialmente recomendado.

 

Caso clínico

 

Niña de 3 años con antecedentes de ingreso hospitalario durante 5 días por bronquiolitis. Sin antecedentes familiares de interés. Remitida al Servicio de Alergología por sospecha de alergia a amoxicilina.

En febrero de 2022, tras el diagnóstico de una otitis media aguda, se pauta tratamiento con amoxicilina 50 mg/kg/día (250 mg cada 8 horas) durante 7 días, e ibuprofeno 5 mg/kg/dosis (75 mg cada 8 horas) si fiebre o dolor. A las 24 horas de haber finalizado el quinto día de tratamiento antibiótico, precisa asistencia en Urgencias por presentar al levantarse por la mañana, lesiones cutáneas que se describen como: un exantema maculopapuloso no pruriginoso que afecta a tronco, espalda y MMII, respecta plantas de los pies y palmas de las manos. La última toma de amoxicilina antes del inicio de los síntomas había sido, al menos, 8 horas antes (la niña se acostó sin lesiones cutáneas) y la última toma de ibuprofeno había sido 48 horas antes del inicio de los síntomas. El resto de la exploración física no presentaba alteraciones, no presentaba lesiones en mucosas y la paciente permanecía afebril y con buen estado general. En Urgencias le administraron una dosis de dexclorfeniramina 0,2 mg/kg/día y se le pautó tratamiento domiciliario con el mismo jarabe antihistamínico durante 4 días, y se le retiró el tratamiento con amoxicilina. Se diagnosticó de exantema probablemente secundario a amoxicilina vs infeccioso, se le indicó evitar antibióticos betalactámicos y fue remitida a consultas de Alergología. Los síntomas se resolvieron en aproximadamente 3 días sin descamación ni lesiones residuales.

Previamente, la paciente había tolerado amoxicilina y cefuroxima sin incidencias y, tras el episodio descrito, había evitado la toma de amoxicilina y otros antibióticos betalactámicos, pero había vuelto a tolerar ibuprofeno sin incidencias.

Ante las características de que se trataba de una reacción leve y, a priori, tardía (inicio de los síntomas horas después de la toma del fármaco más sospechoso, amoxicilina), se planificó el estudio de alergia a fármacos y se firmó el correspondiente consentimiento informado.

No se realizaron pruebas cutáneas en prick o intradermorreacción ni tampoco determinación de IgE total y específica, considerando la rentabilidad de estas pruebas complementarias en este tipo de reacción. Ante la ausencia de datos de alarma (lesiones en mucosas, ausencia de fiebre, sin lesiones residuales ni descamación y resolución de los síntomas en tres días). Se realizó directamente una prueba de exposición controlada con amoxicilina, con dosis única de 250 mg, siendo negativa. Se le pautó además tratamiento domiciliario con amoxicilina 250 mg cada 12 horas durante 5 días y, posteriormente, se confirmó la tolerancia a dicho fármaco y, por tanto, se descartó el diagnóstico de alergia a amoxicilina, confirmando que el exantema presentado fue de origen infeccioso. No se realizó prueba de exposición controlada con ibuprofeno, ya que la paciente lo había tolerado posteriormente al episodio que motivó el estudio alergológico.

 

 

 

 

Alergia a la picadura de insectos

 

L. Romero Sánchez*, P. Méndez Brea**
Temas de FC


L. Romero Sánchez*, P. Méndez Brea**

*Médico especialista en Alergología. Hospital Meixoeiro. Complejo Hospitalario Universitario de Vigo. Pontevedra. **Médico especialista en Alergología. Hospital Provincial de Conxo. Complejo Hospitalario Universitario de Santiago. Santiago de Compostela. A Coruña

Resumen

La picadura de insectos en la población pediátrica es una causa frecuente de búsqueda de asistencia médica. Las picaduras de himenópteros, principalmente de abejas y avispas, son los principales responsables de las anafilaxias tras picadura de insectos en nuestro medio, con una prevalencia en niños de entre 0,4-0,8 %. Tras la picadura de un himenóptero se puede presentar una reacción local, local extensa o sistémica. En este último caso, el tratamiento a administrar es la adrenalina intramuscular y debe ser valorado por un alergólogo. El diagnóstico de alergia a himenópteros se realiza mediante el estudio alergológico de aquellos pacientes con reacciones sistémicas, en los que las pruebas cutáneas y/o determinación de IgE específica muestren sensibilización mediada por IgE. En estos pacientes alérgicos se indica tratamiento con inmunoterapia específica.

 

Abstract

Insect stings in the paediatric population are a frequent cause of seeking medical care. Hymenoptera stings, mainly bees and wasps, are the main cause of anaphylaxis following insect stings in our environment, with a prevalence in children of 0.4-0.8 %. After a hymenopteran sting, a local, extensive local or systemic reaction may occur. In the latter case, the treatment to be administered is intramuscular adrenaline and should be assessed by an allergist. The diagnosis of hymenoptera allergy is made by allergological study of those patients with systemic reactions, in which skin tests and/or determination of specific IgE shows IgE-mediated sensitisation. In these allergic patients, treatment with specific immunotherapy is indicated.

 

Palabras clave: Himenóptero; Picadura; Alergia; Hipersensibilidad; Anafilaxia; Inmunoterapia.

Key words: Hymenoptera; Sting; Allergy; Hypersensitivity; Anaphylaxis; Immunotherapy.

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 152 – 161


OBJETIVOS

• Conocer las manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento de las reacciones alérgicas mediadas por IgE tras la picadura de un himenóptero.

• Entender la importancia de la prevención de picaduras. Los pacientes con alergia a himenópteros deben evitar la exposición a nuevas picaduras hasta que estén protegidos.

• Dar a conocer la clasificación y características de los principales himenópteros.

• Saber que, cuando un paciente tiene una reacción sistémica tras la picadura de un insecto, debe ser valorado por un alergólogo.

 

Alergia a la picadura de insectos

Introducción

La picadura de insectos en la población pediátrica es una causa frecuente de búsqueda de asistencia médica, principalmente en época estival. Los himenópteros constituyen un orden de insectos en los que se incluyen las avispas (superfamilia Vespoideae), las abejas (superfamilia Apoideae) y las hormigas (superfamilia Formicideae)(1). Los himenópteros responsables de la gran mayoría de picaduras son: la abeja de la miel (Apis mellifera), Polistes o avispa papelera (Polistes dominula) y la avispa (Vespula), pero en los últimos años la Vespa velutina se ha convertido en la primera causa de picadura en algunas regiones del norte de España. Los síntomas que se pueden producir tras una picadura de un himenóptero pueden variar, desde una reacción local, en donde hay afectación limitada a la zona de la picadura, hasta una anafilaxia, en donde se producen síntomas sistémicos que pueden poner en riesgo la vida del paciente. La prevalencia en Europa de una reacción sistémica tras la picadura de himenópteros en niños es del 0,4-0,8 %(2). Las picaduras de hormigas adquieren mayor relevancia en otros países, como en el sur de EE.UU., Australia, Filipinas o China. En concreto, la hormiga roja de fuego, Solenopsis invicta, en Sudamérica, es la que produce mayor número de reacciones alérgicas. Respecto a las picaduras producidas por dípteros (mosquitos, moscas y tábanos), producen reacciones más leves y no suelen implicar mecanismos alérgicos mediados por inmuno­globulina E (IgE) específica.

Epidemiología

La prevalencia en Europa de una reacción sistémica tras la picadura de himenópteros en niños es del 0,4-0,8 %.

Se estima que, entre un 3,5 y un 22 % de la población general, pueden sufrir una reacción alérgica tras una picadura de un himenóptero(2). A pesar de que en edad pediátrica es menos frecuente, las abejas y avispas son los principales responsables de las anafilaxias tras picadura de insectos en nuestro medio. La prevalencia en Europa de una reacción sistémica tras la picadura de himenópteros en niños es del 0,4-0,8 % y del 0,3-8,9 % en adultos. Además, se estima entre el 2,3 y 2,8 % de la población rural(2).

Clasificación y características de los principales himenópteros

Los principales himenópteros responsables de la mayoría de las picaduras son las abejas (Apis mellifera) y los véspidos (Polistes, Vespula y Vespa velutina).

Una vez que se produce una picadura, es importante identificar el himenóptero implicado. En la figura 1 se expone la clasificación taxonómica de las especies de himenópteros(3).

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Figura 1. Clasificación taxonómica de las especies de himenópteros: orden, suborden, infraorden, superfamilia, familia, subfamilia, género y especie. Tomado de: Tratado de Alergología 2º ed.

Los principales responsables de la mayoría de las picaduras son la abeja de la miel (Apis mellifera) (Fig. 2A) y véspidos (Polistes, Vespula y Vespa velutina).

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Figura 2. Principales himenópteros responsables de picaduras. A. Apis mellifera. B. Polistes dominula. C. Vespula. D. Vespa velutina. Tomadas de: Manual CAJMIR. SEAIC.

Dentro de los véspidos podemos encontrar: las conocidas como avispas papeleras, la especie más frecuente es Polistes dominula (Fig. 2B), que suelen anidar en pequeños nidos en sitios elevados; Vespula (Fig. 2C), también conocida como avispa terriza, pues suelen anidar en el suelo; y género Vespa, dentro de las que diferenciamos la Vespa crabro (avispón europeo) (Fig. 3) y Vespa velutina o avispa asiática (Fig. 2D), que ha adquirido especial importancia en los últimos años, pues se ha convertido en una de las principales causas de picaduras en algunas zonas del norte de España(4).

Apis mellifera (Fig. 2A): se caracteriza por presentar un cuerpo peludo, con color pardo y bandas horizontales más claras. Tienen un aguijón que queda clavado tras la picadura. Viven en colmenas. Las picaduras suelen producirse en primavera e inicio de verano.

Polistes dominula (Fig. 2B): se caracteriza por tener un abdomen con bandas negras y amarillas, que se engruesa progresivamente después de una marcada cintura. Tiene antenas con extremos amarillos. Suele anidar en techos, alas de tejados o ramas de árboles, en un nido característico hexagonal. Las picaduras se suelen producir desde primavera hasta agosto, y el aguijón no queda clavado, pudiendo realizar más de una picadura.

Vespula (Fig. 2C): al igual que la Polistes, su abdomen presenta bandas negras y amarillas, pero este se ensancha rápidamente justo tras la cintura. Sus antenas son de color negro. Tienen sus nidos bajo tierra o bajo los tejados. Se alimentan de carnes, frutas o dulces, por lo que suelen estar cerca de los mismos. Tampoco deja clavado su aguijón, por lo que puede realizar varias picaduras, que se suelen producir en los meses de verano y principios de otoño.

Vespa velutina (Fig. 2D): a diferencia de los otros véspidos, tiene un tamaño mucho mayor, oscilando entre los 3-3,5 cm. El tórax y abdomen son negros, con finas bandas amarillas horizontales en el abdomen. Sus antenas son negras y de forma característica el extremo distal de sus patas de color amarillo. No dejan clavado el aguijón y pueden realizar varias picaduras. Sus nidos se encuentran elevados respecto al suelo, son grandes y pueden albergar hasta 2.000 ejemplares. También se han objetivado grandes nidos al alcance de los humanos que realizan tareas de desbroce. Son grandes depredadoras de otros insectos, como las abejas, por lo que también se encuentran con frecuencia cerca de colmenas. Se alimentan también de fruta, siendo frecuente observarlas próximas a árboles frutales o vides. Las picaduras se producen desde primavera hasta otoño, momento en el que se distribuyen las reinas fundadoras a formar nuevos nidos, invernando en meses de invierno.

Vespa crabro o avispón europeo (Fig. 3): aunque de tamaño similar a la Vespa velutina, su característica diferencial es el color del abdomen, principalmente amarillo: tiene patas de color marrón y tonos rojizos. Son menos agresivas que las Vespas velutinas.

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Figura 3. Vespa crabro.

• Abejorro o Bombus (Fig. 4): de forma característica tiene el cuerpo negro con bandas pilosas amarillas, diferenciándose de otras especies por el color blanquecino de la pilosidad del extremo del abdomen. Es una abeja grande, cuyas reinas miden 2-2,7 cm de longitud y las obreras 1-1,5 cm. Solo las hembras tienen aguijón. Suelen tener nidos asentados en agujeros naturales en el suelo. La mayor parte de las picaduras se producen en primavera o verano.

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Figura 4. Abejorro o Bombus.

Fisiopatología y clínica tras la picadura de himenópteros

Los síntomas que se pueden presentar tras una picadura oscilan entre una reacción local, local-extensa o una anafilaxia, reacción alérgica grave mediada por IgE que puede poner en peligro la vida del paciente.

Tras la picadura de un himenóptero se pueden presentar síntomas que oscilan entre: reacción local, local-extensa o síntomas sistémicos con diferentes grados de gravedad (Tabla I).

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• Reacción local: de forma habitual, tras la picadura de un insecto se produce una inflamación transitoria con: eritema, prurito, edema y dolor limitado a la zona de la picadura, de menos de 10 cm de extensión. Se trata de un mecanismo tóxico en respuesta al veneno inyectado. Es una reacción local, limitada a la zona de la picadura, y suele remitir espontáneamente en 24-48 h.

• Reacción local-extensa: se trata de una reacción que alcanza su máximo entre las 12-24 h tras la picadura, consistente en: dolor, prurito eritema y edema de más de 10 cm en la zona de la picadura e incluso abarcando articulaciones contiguas. Es un mecanismo mediado por IgE y su resolución oscila entre los 5-10 días.

• Reacción sistémica: se trata de una reacción grave, mediada por IgE, que se pueden clasificar según su gravedad, de grado I a IV, teniendo en cuenta la clasificación de Müller(6) (Tabla II); o de grado 1 a 3, teniendo en cuenta la clasificación de gravedad de las reacciones de la EAACI(7) (Tabla III), en función del número de sistemas afectados fuera de la zona de la picadura. Su inicio suele producirse de forma inmediata, en menos de 1 hora tras la picadura, pero excepcionalmente puede ser más tardío. Los síntomas sistémicos que se pueden presentar oscilan entre lesiones cutáneas (urticaria, angioedema) con o sin afectación de otros sistemas como: respiratorio (tos, dificultad respiratoria, opresión torácica), digestivo (vómitos, diarrea, dolor abdominal) o cardíaco (arritmias, shock cardiogénico). Esta reacción puede ser potencialmente mortal. Existen diversos factores de riesgo que se asocian a mayor gravedad de la reacción y mayor riesgo de muerte tras una picadura(2,5), que pueden estar en relación con: la picadura (inicio rápido de síntomas o ausencia de síntomas cutáneos); el paciente (sexo masculino, >40 años, picadura de avispa, mastocitosis sistémica o síndrome de activación mastocitaria clonal, triptasa sérica elevada o déficit de acetilhidrosilasa del factor activador de las plaquetas); o relacionados con el tratamiento (retraso en la administración de adrenalina o mantener al paciente en bipedestación).

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Diagnóstico de alergia a himenópteros

El diagnóstico de alergia a himenópteros se realiza mediante una historia clínica y un estudio alergológico consistente en: pruebas cutáneas, determinación en suero de IgE específica y diagnóstico molecular. Además, se dispone de otras técnicas, como el test de activación de basófilos o el CAP-inhibición, que pueden aclarar qué veneno es el responsable de los síntomas alérgicos.

El diagnóstico se realiza mediante una historia clínica sugerente de reacción alérgica tras una picadura de un himenóptero y un estudio alergológico que demuestre la presencia de IgE específica frente al veneno del himenóptero responsable de la misma.

Se indica en aquellos pacientes que han presentado una reacción sistémica y aquellos pacientes que tengan reacciones locales extensas con una elevada exposición o una alteración de su calidad de vida. El estudio alergológico no tiene carácter predictivo, por lo que no está indicado en pacientes que no hayan presentado estas reacciones (local-extensa o sistémica), debido a que la positividad de las pruebas cutáneas y/o la IgE específica en sangre es posible también en personas no alérgicas.

Historia clínica

La historia clínica es fundamental en la alergia a himenópteros, pues los síntomas que ha presentado el paciente permiten conocer el riesgo de reacciones con futuras picaduras, además de decidir si es candidato a inmunoterapia. Es importante recoger: síntomas, número de picaduras, latencia de tiempo entre picadura y aparición de síntomas, clínica presentada y tratamiento administrado. Teniendo en cuenta la clasificación previa y características de los diferentes himenópteros, es importante si se puede, la identificación del himenóptero implicado en la reacción (Figs. 2-4). Dado que, en muchas ocasiones, no es posible su identificación, recoger el entorno en el que se produce la picadura, la época del año en la que se ha producido o lo que estaba haciendo el paciente mientras esta ha ocurrido, pueden ayudar, junto con otros datos, a su posible identificación.

En pacientes con alergia a veneno de himenópteros, la prevalencia de mastocitosis sistémica es de hasta el 7,9 %(8). Para identificar a estos pacientes con alta probabilidad de presentar un síndrome de activación mastocitaria clonal (SAMc), se debe aplicar el algoritmo publicado por la Red Española de Mastocitosis (REMA)(9). En este algoritmo (Tabla IV), se puntúan la presencia o ausencia de síntomas característicos de esta patología como son principalmente los cardiovasculares, como síncope/presíncope y ausencia de urticaria. Una puntuación mayor a 2 indica alta probabilidad de SAMc, por lo que debe realizarse una biopsia de médula ósea o detección de mutación en sangre.

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Estudio alergológico

Abarca la realización de pruebas cutáneas y pruebas in vitro, incluyendo: determinación de IgE específica y diagnóstico molecular, CAP inhibición o test de activación de basófilos (TAB). Está indicado en reacción generalizada con la picadura de un himenóptero y reacciones locales extensas: alta exposición y/o mala calidad de vida. No indicado en pacientes con miedo a reacciones y pacientes con familiares alérgicos.

El objetivo del estudio alergológico es demostrar que existe una sensibilización mediada por IgE en un paciente que ha presentado una picadura con síntomas locales/extensos muy expuesto o síntomas sistémicos. Ni las pruebas cutáneas ni la determinación de IgE específica se correlacionan con la gravedad de la picadura.

La prueba cutánea es el test diagnóstico de mayor sensibilidad(2). Se pueden realizar a partir de las 4 semanas tras la picadura del himenóptero, mediante prick a 100 µg/ml y en intradermorreacción con 0,02 ml a concentraciones de 0,001, 0,01, 0,1 y 1 µg/ml. Es importante destacar que, en hasta un 30 % de los pacientes con una reacción sistémica, estas pruebas pueden dar negativas.

La determinación en suero de IgE específica se dispone frente a venenos completos de: abeja, Vespula spp, Polistes spp, Polistes dominula, abejorro, Vespa crarbo, Vespa velutina, Dolichovespula maculata y Arenaria. Se consideran positivos valores a partir de 0,1 kUA/L en pacientes con IgE total baja(2). Debe realizarse pasado, al menos, 1 mes de la picadura. Es una técnica menos sensible. En un 15 % de los pacientes con historia de reacción tras picadura, no se detecta IgE específica frente a venenos(2).

El diagnóstico molecular nos permite la detección de IgE específica frente a alérgenos aislados. Existen las siguientes determinaciones para los alérgenos de los himenópteros descritos:

Para Apis:

Api m 1: Phospholipase A2. Alérgeno principal. Exclusivo de Apidae, indica sensibilización primaria. Sin reactividad cruzada con véspidos, 10 % proteínas del veneno glicosiladas (positivo por carbohydrate determinants, CCD).

Api m 2: Hyaluronidasa. Marcador de reactividad cruzada: homólogos: Ves v 2 y Pol d 2. Glicosiladas (positividad por CDD).

Api m 3: Phosphatasa ácida. Exclusivo Apidae. Marcador de sensibilización primaria.

Api m 4: Melitina. Exclusivo Apidae. Marcador de sensibilización primaria. >50 % peso seco de veneno. Responsable de dolor de la picadura. Marcador de mala tolerancia al inicio de inmunoterapia.

Api m 5: Dipeptidilpeptidase. Marcador de reactividad cruzada: homólogos: Ves v 3 y Pol d 3. Glicosiladas (positividad por CDD).

Api m 10: Icarapina. Exclusivo Apidae. Sensibilización primaria. Bajo contenido en veneno. Riesgo de fracaso de inmunoterapia específica (ITE) si IgE > 60 %.

Api m 12: Vitelogenina. Marcador de reactividad cruzada con Ves v 6.

Para Vespula:

Ves v 1: Phospholipase A1, exclusivo de véspidos y homólogo Pol d 1.

Ves v 2: Hyaluronidasa, es un alérgeno minoritario. Marcador de reactividad cruzada: homólogos: Pol d 2 y Api m 2. Muy glicosiladas (positividad por CDD).

Ves v 3: Dipeptidilpeptidasa. Homólogos: Pol d 3 y Api m 5. Glicosiladas (positividad por CDD).

Ves v 5: Antígeno 5. Exclusiva de véspidos, homólogo Pol d 5 (variable).

Ves v 6: Vitogelina. Marcador de reactividad cruzada con Api m 12.

Para Polistes:

Pol d 1: Phospholipase A1, exclusivo de véspidos y homólogo Ves v1.

Pol d 2: Hyaluronidasa, es un alérgeno minoritario y marcador de reactividad cruzada: homólogos: Ves v 2 y Api m 2. Muy glicosiladas (positividad por CDD).

Pol d 3: Dipeptidilpeptidasa y sus homólogos: Ves v3 y Api m 5. Glicosiladas (positividad por CDD).

Pol d 5: Antígeno 5 y exclusiva de véspidos con homólogo Ves v 5 (variable).

Para Vespa:

Vesp c 1: Phosphilipase A1.

Vesp c 5: Antígeno 5.

Vesp v 1: Phosphilipase A1.

Vesp v 5: Antígeno 5.

Además, es útil para diferenciar entre la sensibilización primaria a un veneno, casos de cosensibilización a varios venenos de himenópteros, o para diferenciar la presencia de reactividad cruzada en caso de varias positividades (Fig. 5).

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Figura 5. Alérgenos marcadores de sensibilización primaria y reactividad cruzada. Elaboración propia.

Se disponen de otras pruebas de estudio in vitro, CAP inhibición o test de activación de basófilos, con el fin de poder ampliar el estudio y diferenciar una sensibilización primaria o reactividad cruzada. El uso de CAP inhibición permite, en algunos casos, identificar el veneno sensibilizante. Es relevante una inhibición igual o mayor del 70 %.

El TAB (test de activación de basófilos) frente a venenos, puede ser útil en aproximadamente 2/3 de pacientes con historia clínica compatible con reacción sistémica tras la picadura de un himenóptero, que presentan pruebas cutáneas e IgE específica negativas.

Además, en aquellos pacientes que han tenido una reacción sistémica, ha de realizarse una determinación de la triptasa basal.

Dentro del diagnóstico diferencial de las reacciones locales o extensas, se debe tener en cuenta otras entidades como: erisipela (consistente en una lesión localizada, eritematosa, indurada, dolorosa); celulitis (eritema con incremento de temperatura corporal y sin lesión central; puede haber compromiso del estado general); dermatitis de contacto (lesión eritemato-eccematosa, muy pruriginosa y contacto previo con un agente sensibilizante); escabiosis (pápula eritematosa pruriginosa, persistente durante meses); mastocitoma (lesión única anaranjada, presente al nacer o poco después, que con la frotación se edematiza y puede desencadenar episodios de enrojecimiento); y síndrome de Wells o celulitis eosinofílica (semeja una celulitis con ronchas, vesículas, ampollas recurrentes y prurito, que no responde a tratamientos habituales).

Tratamiento tras la picadura de un himenóptero

El tratamiento tras la picadura de un himenóptero depende de la intensidad de los síntomas. En una reacción local o local extensa, el uso de antihistamínico o corticoide tópico a dosis bajas puede ser suficiente. En una anafilaxia se indica de forma prioritaria el tratamiento con adrenalina intramuscular.

Tras recibir la picadura de un himenóptero (Algoritmo 1), el tratamiento se realizará en función de la gravedad de los síntomas presentados por el paciente, pudiendo variar desde una reacción local hasta una anafilaxia (Tabla I). Tras recibir una picadura de un insecto y si se presenta una reacción local, la primera medida a realizar es lavar la herida con agua y jabón, además de, si es posible, aplicar compresas frías o hielo local. Si ha dejado aguijón, este ha de retirarse lo antes posible, pero sin presionar el saco que contiene veneno. Además, en caso de presentar prurito local, puede utilizarse antihistamínico oral.

En caso de presentar una reacción local-extensa, además de las medidas anteriores, se puede requerir tratamiento con antihistamínico durante varios días, así como asociarse la aplicación de un corticoide tópico a dosis bajas, a nivel local durante 5-7 días. En caso de que exista mucha inflamación asociada, puede ser necesario añadir un corticoide oral a dosis bajas de 1 a 3 días, asociado a antihistamínico oral. Debe vigilarse la evolución de la picadura, pues la misma es una puerta de entrada que favorece el desarrollo de posibles infecciones cutáneas, requiriendo en este caso, la administración de antibioterapia. Cuando el paciente presenta una anafilaxia, tan pronto como se perciben síntomas sistémicos, siendo el prurito palmo-plantar un pródromo de la misma, el tratamiento de elección es la adrenalina 1:1.000 (1 mg/ml), que se ha de administrar vía intramuscular en la cara externa del muslo, a dosis de 0,01 ml/kg de peso, hasta un máximo de 0,5 ml. En caso de peso desconocido en: niños de 1-5 años: 0,15 mg = 0,15 ml; niños de 6-12 años: 0,3 mg = 0,3 ml; y adolescentes y adultos: 0,5 mg = 0,5 ml. La rapidez con la que se administra este tratamiento determinará la eficacia del mismo. Además, como tratamiento de segunda línea, han de administrarse antihistamínicos y corticoides sistémicos. El manejo de la anafilaxia se recoge en la última actualización de la Guía Galaxia 2022(10) (Algoritmo 2).

En el caso de que el paciente ya haya presentado previamente una reacción sistémica, se indica que porte consigo el autoinyector de adrenalina mediante jeringa precargada intramuscular (0,15, 0,30 o 0,5 ml) en función del peso.

Tratamiento con inmunoterapia específica con veneno de himenópteros

En aquellos pacientes que hayan presentado una reacción sistémica tras la picadura de un himenóptero y tengan sensibilización mediada por IgE, se indica tratamiento con inmunoterapia durante 5 años.

Se indica en aquellos pacientes mayores de 5 años, que hayan presentado una reacción sistémica con afectación de varios órganos tras la picadura de un himenóptero. Además, puede considerarse también en niños con síntomas exclusivamente cutáneos que tengan mala calidad de vida, alta exposición, así como difícil acceso a atención sanitaria urgente(2). No está indicada en pacientes que no hayan presentado picadura o que la reacción sea inusual o tóxica(2), además de estar contraindicadas en neoplasia maligna o enfermedad autoinmune activa. Es el único tratamiento modificador de la enfermedad, teniendo como objetivo proporcionar a los pacientes protección en caso de presentar nueva picadura.
Actualmente, existen extractos para el tratamiento con veneno de: Apis, Vespula, Polistes, Bombus y Vespa velutina. El tratamiento con inmunoterapia se realiza durante un periodo entre 3 a 5 años completos, obteniéndose una mejor protección a largo plazo con 5 años de tratamiento(11), además de mejora en la calidad de vida de padres y niños(12).

Su administración, debido a la posibilidad de presentar efectos adversos graves, ha de realizarse en Unidades de Inmunoterapia y mediante personal especializado. La pauta de administración consta de dos fases:

1. Fase de inicio: para el inicio de la inmunoterapia pueden emplearse diferentes pautas: rápida (rush de 4 días o cluster de 4 semanas); ultrarrápida (3 horas); o convencional (3 meses).

2. Fase de mantenimiento: en esta fase se realiza la administración de 100 µg del veneno: cada 4 semanas en el primer año, cada 6 semanas en el segundo año y cada 8 semanas entre el 3º y 5º año(2). Con estas dosis, se llega a una protección del 98 % para véspidos, y del 75-85 % para abeja(2). En caso de presentar síntomas sistémicos con una repicadura, el mantenimiento puede requerirse a dosis de 200 µg.

Una vez alcanzados los 5 años de tratamiento, el paciente finaliza el tratamiento con inmunoterapia. La repicadura controlada con insecto vivo (bien espontánea o provocada) es la mejor prueba para evaluar la eficacia de la inmunoterapia(2). El riesgo de reacción sistémica tras una repicadura negativa oscila entre un 10 y un 20 %.

Repicadura: la ausencia de una herramienta que demuestre el grado de protección alcanzado tras el tratamiento con inmunoterapia, por no disponerse de biomarcadores útiles, pone a la prueba de provocación con repicadura, como la mejor prueba para evaluar la eficacia de la inmunoterapia(13,14). Sin embargo, por ser una técnica no estandarizada, con una logística complicada con uso de insecto vivo, su uso no está generalizado y se encuentra limitado solo a algunos hospitales en los que sí que se realiza como práctica clínica habitual(14). No se disponen de datos sobre su uso en niños.

Prevención de picaduras

Los pacientes con alergia a himenópteros deben evitar la exposición a nuevas picadura hasta que estén protegidos. La mayoría de las picaduras se producen en los meses de primavera y verano. De forma general, tanto la abeja como la avispa, suelen picar si se sienten en peligro o por la defensa de sus nidos. La avispa puede producir varias picaduras, debido a que mantiene el aguijón, y la cantidad de veneno que puede administrar es, por tanto, variable. Su picadura, además, puede producir liberación de feromonas que atraiga a otros miembros de la colonia. Las abejas sí pierden el aguijón, por lo que producen solo una picadura. Tanto los niños y sus padres deben ser instruidos en el uso del autoinyector de adrenalina, además de conocer los signos tempranos de anafilaxia. Deben tenerse en cuenta una serie de recomendaciones generales (Tabla V).

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El uso de repelentes químicos se utiliza principalmente contra mosquitos y garrapatas. Están compuestos habitualmente por N,N-Dietil-meta-toluamida (DEET) y su uso no se recomienda en niños menores de 2 años por posibles efectos neurotóxicos, ni a concentraciones superiores al 10 %(15). Existen otros repelentes como el ácido 1-piperidincarboxílico o el 2-(2-hidroxietil)-1-metilpropiléster, también llamado Bayrepel, con menores efectos tóxicos, pero se mantiene la recomendación de no usarlos en menores de 2 años(15).

Criterios de derivación al alergólogo

Cuando un paciente tiene una reacción sistémica tras la picadura de un insecto, debe ser valorado por un alergólogo.

Se indica realizar un estudio alergológico en todos los niños que hayan sufrido una reacción grave o sistémica tras la picadura de un insecto. Si en estos pacientes se confirma un mecanismo mediado por IgE, asociado con unos síntomas graves, se indicará tratamiento con inmunoterapia específica, para lograr la protección del paciente frente a una posible nueva picadura.

Otros insectos

Además, otros invertebrados pueden también producir picaduras, realizando en este acto inyección de diferentes sustancias que provocan una lesión local inmediata, provocando dolor (arañas, escorpiones o himenópteros) o prurito (mosquitos, tábanos, pulgas).

Los que más frecuentemente pueden producir síntomas son los dípteros o mosquitos. Suelen producir reacciones locales y leves, con aparición de una pápula eritematosa redondeada. En algunas ocasiones puede ir acompañado de vesículas o celulitis. Con mucha frecuencia, son picaduras múltiples. El tratamiento principal son los antihistamínicos de segunda generación. En muy rara ocasión puede producirse una reacción sistémica, más frecuentemente urticaria generalizada. En caso de que el paciente presente una anafilaxia, debería descartarse la presencia de una mastocitosis sistémica subyacente. Otras reacciones descritas pueden ser: enfermedad del suero, fiebre o necrosis cutánea.

Con respecto a los lepidópteros (orugas), los principales síntomas suelen ser por contacto directo o dispersión en el aire de fragmentos de este insecto (procesionaria del pino). Se produce una degranulación inespecífica de basófilos a raíz del contacto con los pelos urticantes de la oruga; menos frecuente es la reacción mediada por IgE a través del alérgeno descrito Tha p 2(2). La principal reacción presentada son máculas/pápulas generalizadas muy pruriginosas, con posteriores lesiones de rascado.

Referente a las arañas, la mayoría de las picaduras en España solo suelen producir dolor o molestias locales. En concreto, la viuda negra o Latrodectus tredecinguttatus puede provocar reacción de toxicidad sistémica neurotóxica y espasmódica en niños(2).

En el algoritmo 1 se resume la actuación ante la picadura de un himenóptero.

Función del pediatra en Atención Primaria

Tras recibir una picadura de un himenóptero, un paciente puede presentar una reacción local, una reacción local-extensa o una anafilaxia. Es en este último caso, cuando es de crucial importancia la identificación de sus síntomas a la hora de realizar un correcto tratamiento inicial. El uso de adrenalina intramuscular es el primer tratamiento a realizar en caso de tener una anafilaxia, asociado a corticoide y antihistamínico sistémico. Además, es importante la remisión de estos pacientes para estudio alergológico, de cara a plantear tratamiento con inmunoterapia específica frente a veneno de himenópteros y pautar, mientras tanto, tratamiento a utilizar en caso de tener una nueva picadura con síntomas sistémicos, con autoinyector de adrenalina adecuado al peso del paciente.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

1.** Soriano Gomis V. Introducción y epidemiología de la alergia al veneno de los himenópteros. En: Dávila I, Jáuregui I, ed. Tratado de Alergología. 2ª ed. Madrid: Ergon; 2016. p. 1231-8.

2.** Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Alergia a himenópteros. Recomendaciones y algoritmos de práctica clínica de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. 2021. Madrid: Ergon. Disponible en: https://www.seaic.org/wp-content/uploads/2021/05/Alergia_Himenopteros_SEAIC_20_04.pdf.

3. Navarro T, Antolín D. Alergia a veneno de himenópteros. En: Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Manual CAJMIR. Disponible en: https://manualcajmir.com/article?id=60d1aa9a-de80-4270-8c39-45970aca0133.

4. Vidal C, Armisén M, Monsalve R, González-Vidal T, Lojo S, López-Freire S, et al. Anaphylaxis to Vespa velutina nigrithorax: Pattern of Sensitization for an Emerging Problem in Western Countries. J Investig Allergol Clin Immuno. 2021; 31: 228-35. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32043465/.

5. Stoevesandt J, Sturm GJ, Bonadonna P, Oude Elberink JNG, Trautmann A. Risk factors and indicators of severe systemic insect sting reactions. Allergy. 2020; 75: 535-45. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31194889/.

6. Mueller HL. Diagnosis and treatment of insect sensitivity. J Asthma Res. 1966; 3: 331-3. c: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/4380730/.

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8. González de Olano D, Álvarez Twose I, Vega A, Orfao A, Escribano L. Venom immunotherapy in patients with mastocytosis and hymenoptera venom anaphylaxis. Immunotherapy. 2011; 3: 637-51. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21554093/.

9. Álvarez Twose I, González de Olano D, Sánchez Muñoz L, Matito A, Jara Acevedo M, Teodosio C, et al. Validation of the REMA score for predicting mast cell clonality and systemic mastocytosis in patients with systemic mast cell activation symptoms. Int Arch Allergy Immunol. 2012; 157: 275-80. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22042301/.

10. Fundación SEAIC. Guía de actuación en Anafilaxia. Galaxia 2022. Disponible en: https://www.guiagalaxia.com/.

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13. Ruëff F, Przybilla B, Biló MB, Müller U, Scheipl F, Seitz MJ, et al. Clinical effectiveness of hymenoptera venom immunotherapy: a prospective observational multicenter study of the European academy of allergology and clinical immunology interest group on insect venom hypersensitivity. PLoS One. 2013; 8: e63233.

14. Ruiz-León B, Martínez San Ireneo M, de la Roca F, Arenas L, Alfaya Arias T, Cordobés C, et al. The Lights and the Shadows of Controlled Sting Challenge with Hymenoptera. J Investig Allergol Clin Immunol. 2022; 32: 357-66.

15. Ortega Casanueva C. Alergia a la picadura de insectos. Pediatr Integral. 2018; XXII: 138-46.

Bibliografía recomendada

– Sociedad Española de Alergología e ­Inmunología Clínica. Alergia a himenópteros. Recomendaciones y algoritmos de práctica clínica de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. 2021. Madrid: Ergon. Disponible en: https://www.seaic.org/wp-content/uploads/2021/05/Alergia_Himenopteros_SEAIC_20_04.pdf.

Guía actualizada sobre las recomendaciones y algoritmos de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento de la alergia a himenópteros.

– Sturm GJ, Varga EM, Roberts G, Mosbech H, Bilò MB, Akdis CA, et al. EAACI guidelines on allergen immunotherapy: Hymenoptera venom allergy. Allergy. 2018; 73: 744-64. Disponible en: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/pdfdirect/10.1111/all.13262.

Guía sobre el manejo con inmunoterapia en pacientes con alergia a himenóptero de la Sociedad Europea de Alergología.

– Dávila I, Jáuregui I, ed. Tratado de Alergología. 2ª ed. Madrid: Ergon; 2016. p. 1231-8.

Libro de referencia de Alergología para el diagnóstico, manejo y tratamiento de la alergia a himenópteros, desarrollado por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.

Caso clínico

Niña de 12 años que acude al Punto de Atención Continuada (PAC) tras presentar una picadura de un himenóptero, que identifican sus padres como avispa. La paciente presenta, con latencia de 5 minutos: prurito palmo-plantar, sensación de ocupación faríngea y lesiones habonosas generalizadas. Sus padres, por la proximidad al PAC, la trasladan al mismo por sus propios medios, objetivando en su hija incremento de ruidos respiratorios en los 5 minutos que supone el trayecto en coche. Su madre le dice nada más llegar, que hacía un año ya le había picado otra avispa en el brazo y había tenido un edema del miembro superior, de más de 10 cm de longitud. En la exploración física: tensión arterial: 90/45 mmHg; frecuencia cardíaca: 120 lpm; Tª: 36ºC. Auscultación pulmonar con sibilancias bilaterales, se objetivan habones generalizados (Fig. 6).

 

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Figura 6. Habones en miembro superior izquierdo.

 

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Urticaria y angioedema

C. Ortega Casanueva*, S. Arriba Méndez**
Temas de FC


C. Ortega Casanueva*, S. Arriba Méndez**

*Pediatra y Alergóloga. Clínica Materno Infantil Senda. Madrid. **Servicio de Alergia Infantil. Hospital Universitario de Salamanca. Salamanca

Resumen

La urticaria es una afección cutánea muy común en los niños. Se caracteriza por la aparición súbita del habón (pápula central edematosa, muy pruriginosa, rodeada por eritema, que blanquea a la vitropresión y mide desde milímetros a varios centímetros), angioedema (afectación edematosa de las capas más profundas de la piel o mucosa) o ambos a la vez.

Muchas patologías de diferente etiopatogenia se expresan en forma de habón, pues todas comparten en última instancia la degranulación del mastocito cutáneo. Para realizar el diagnóstico, la historia clínica detallada y el examen físico serán suficientes.
Según la frecuencia con la que aparezcan los habones, la urticaria se clasificará en aguda o crónica.

Se considera urticaria aguda (con/sin angioedema) a los episodios con una duración menor a seis semanas. Si la duración es mayor, se considerará crónica. Cuando la urticaria es aguda pero repetitiva, debe considerarse entre las urticarias crónicas. Las causas más frecuentes de urticaria aguda en el niño son las infecciones y, en muchas ocasiones, no será necesario realizar estudios de laboratorio. Otras causas son: la alergia alimentaria, las reacciones a fármacos o las picaduras de insecto. Las urticarias físicas y autoinmunes son crónicas. Los antihistamínicos de segunda generación son la primera línea de tratamiento. En el caso de urticarias graves o pacientes no respondedores, los corticoides son de segunda elección. Si asocia afectación sistémica, se administrará adrenalina vía intramuscular.

 

Abstract

Urticaria is a very common skin disorder in children. It is characterized by the sudden onset of hives (oedematous central papule, very itchy, surrounded by erythema, which whitens on vitro pressure and measures from millimetres to several centimetres), angioedema (oedematous involvement of the deeper layers of the skin or mucosa), or both at the same time.
Many pathologies of diverse etiopathogenesis are expressed in the form of hives, since all ultimately share the degranulation of the cutaneous mast cell. To make the diagnosis, a detailed medical history and physical exam shall be enough. Depending on how often hives appear, urticaria will be classified as acute or chronic.
We refer to acute urticaria (with/without angioedema) when episodes last less than six weeks. If it is longer, it will be considered chronic. When urticaria is acute but repetitive, it should be considered a chronic urticaria. The most common cause of acute urticaria in children is infection and laboratory tests will not be necessary most of the times. Other causes include food allergies, drug reactions, or insect bites. Physical and autoimmune urticaria are chronic. Second-generation antihistamines are the first line therapy option. In the case of severe urticaria or non-responsive patients, corticosteroids are the second choice. If systemic involvement is associated, adrenaline should be administered intramuscularly.

 

Palabras clave: Urticaria; Angioedema; Habón; Pruriginoso; Antihistamínicos.

Key words: Urticaria; Angioedema; Hives; Pruritus; Antihistamines.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 141 – 151

 


OBJETIVOS

La urticaria es la expresión cutánea de un grupo heterogéneo de enfermedades. Es importante reconocer la lesión elemental de la urticaria: el habón.

• Uno de cada cinco niños presenta un episodio de urticaria en algún momento de su vida. Conocer las características de esta enfermedad, es primordial para el pediatra de Atención Primaria.

• Saber cómo clasificar la urticaria más allá de agudas o crónicas. En este artículo se sintetizan las diferentes subdivisiones, pues existen algunas diferencias entre autores.

• La urticaria supone un 2 % de las visitas a urgencias pediátricas. Conocer el tratamiento y los protocolos de actuación actuales es fundamental para su manejo.

 

Urticaria y angioedema

Introducción

La urticaria es una enfermedad frecuente, benigna y motivo habitual de consulta al pediatra.

La urticaria es una de las enfermedades cutáneas con mayor prevalencia en nuestro medio. Hasta el 20 % de la población general ha sufrido, al menos, un episodio de urticaria en la vida. En la población infantil, hasta el 40 % de los niños con urticaria son menores de 6 años(1,2), lo cual, a pesar de ser una enfermedad benigna, crea gran preocupación entre los padres y, por tanto, es motivo frecuente de consulta.

Definición de urticaria

La urticaria se manifiesta como habones, angioedema o ambos a la vez.

Según las últimas directrices internacionales de la Guía EAACI/GA2LEN/EuroGuiDerm/APAAACI (Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica, Red Europea Global de Alergia y Asma, Foro Europeo de Dermatología y Asociación de Asia y el Pacífico de Alergia, Asma e Inmunología Clínica)(1), publicada en 2021, la urticaria se define como una afección que se caracteriza por el desarrollo de habones, angioedema o ambas.

El habón se presenta como una pápula central edematosa, muy pruriginosa, rodeada por eritema y que blanquea a la vitropresión. Su tamaño varía desde milímetros a varios centímetros, pudiendo confluir entre sí afectando a extensas áreas de piel.

Su localización puede ser muy variada y migratoria. Es evanescente y de duración variable, desde minutos a 24 horas (Fig. 1).

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Figura 1. Urticaria.

Una vez que el habón desaparece, la piel permanece sana y sin secuelas.

El angioedema (AE) es una afectación edematosa de las capas más profundas de la piel o de la mucosa. Generalmente, es menos pruriginoso y causa más sensación de dolor. Su resolución es más lenta que la del habón (<48 horas) (Fig. 2).

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Figura 2. a. Angioedema palpebral bilateral. b. Angioedema palpebral y labial. Habones faciales.

Aspectos fisiopatológicos, patogenia e histología de la lesión

En la fisiopatología de la urticaria y del angioedema son clave los mastocitos, que liberan mediadores como la histamina, causante del prurito. En el habón, la afectación se limita a la dermis superior, mientras que en el angioedema afecta a dermis y tejido subcutáneo.

La urticaria es una enfermedad predominantemente dirigida por los mastocitos. La estimulación y degranulación de mastocitos y basófilos iniciará la respuesta inflamatoria. A través de diversos mecanismos, principalmente inmunológicos, se liberarán mediadores preformados, siendo el principal la histamina. Posteriormente, se liberarán mediadores de nueva formación, como son: la prostaglandina D2, los leucotrienos C y D o el factor activador de plaquetas (PAF). La liberación de estos mediadores incrementará la permeabilidad vascular y la estimulación del tejido neuronal, con la consecuente aparición del habón, el eritema que le rodea y la sensación de prurito acompañante. Las señales de activación de los mastocitos en la urticaria son diversas y heterogéneas e incluyen citocinas impulsadas por células T y autoanticuerpos(2) (Fig. 3).

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Figura 3. Mecanismo de la urticaria mediada por hipersensibilidad tipo I o inmediata.

Histológicamente, el habón se caracteriza por edema en dermis superior y media, con dilatación y aumento de la permeabilidad de las vénulas postcapilares, así como de los vasos linfáticos de la dermis superior(3) (Fig. 4); en el angioedema, cambios similares, principalmente en la dermis inferior y el tejido subcutáneo. La piel con habones presenta un infiltrado inflamatorio perivascular mixto de intensidad variable, compuesto por células T, eosinófilos, basófilos y otras células. No hay necrosis de la pared vascular.

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Figura 4. Urticaria crónica espontánea. Epidermis sin alteraciones y un infiltrado linfohistiocitario perivascular superficial junto a edema en la dermis papilar. Tomada de: Actas Dermo-Sifiliográficas. 2021; 112: 406-13.e

Algunas de estas características también se observan en una amplia variedad de enfermedades inflamatorias(3) y, por lo tanto, no son específicas de la urticaria ni tienen valor diagnóstico. La búsqueda de biomarcadores histológicos más específicos permitirá diferenciar los subtipos de urticaria y distinguirla de otras afecciones.

Clasificación de la urticaria

La urticaria se clasifica: en función de su duración, aguda (UA) o crónica (UC); y en función del desencadenante, inducible o espontánea. Las lesiones son idénticas en los tres tipos.

• La urticaria aguda (UA) es la más frecuente en la población infantil(4). Presenta un inicio brusco, con síntomas episódicos y una duración menor de 6 semanas. Los habones desaparecen en horas o días sin dejar secuelas. Generalmente, responde a un estímulo identificable (infecciones, alimentos, medicamentos, etc.).

Cuando los habones aparecen sin un estímulo externo se denomina urticaria aguda espontánea. Cuando las lesiones, de duración también limitada, se repiten de forma intermitente, urticaria aguda recidivante (UAR).

• En la urticaria crónica (UC) los habones y/o angioedema permanecen durante 6 o más semanas consecutivas, siendo su persistencia impredecible. Este tipo de urticaria es más frecuente entre adultos que entre la población infantil.

Se clasifica en espontánea (UCE) si no hay factor etiológico aparente y en inducible (UCI) cuando existe un factor físico causante asociado (Fig. 5).

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Figura 5. Clasificación de la urticaria.

La prevalencia de UC en general, según últimos datos publicados, es del 1,38 % de la población pediátrica, el 60 % de ellos corresponden a UCE y el 40 % a UCI(5,6).

Factores desencadenantes de urticaria

Infecciones

Las infecciones víricas son la causa más frecuente de urticaria aguda en la población infantil (47 %).

Citomegalovirus, influenza, parainfluenza, así como los virus de la hepatitis A, B y C, se han descrito entre los responsables más frecuentes(6). El mecanismo no está mediado por IgE y no es necesario realizar ningún estudio complementario. Las infecciones también pueden producir y/o exacerbar una urticaria crónica.

Alimentos

Cuando el pediatra de Atención Primaria detecte que la urticaria está desencadenada por alimentos y sospeche hipersensibilidad tipo I, debe remitir al paciente al pediatra alergólogo para realizar el estudio alergológico, pues este tipo de reacciones conlleva implicaciones terapéuticas y preventivas muy relevantes(6).

Los alimentos y aditivos, por el contrario, no suelen ser los responsables de la urticaria crónica. Determinados alimentos denominados pseudoalérgenos (conservantes, alimentos que contienen sustancias vasoactivas), podrían ser exacerbadores de la urticaria crónica sin estar implicado un mecanismo mediado por IgE. En el momento actual, se desaconseja instaurar dietas restrictivas de alimentos de manera empírica(7).

Medicamentos

Es frecuente que la urticaria/angioedema aparezca en el contexto de un proceso infeccioso. La administración de medicación de forma concomitante hace que fármacos e infección converjan confundiendo el origen de la urticaria/angioedema.

Los antibióticos betalactámicos y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son los que se asocian con más frecuencia a estos episodios. La administración de AINE puede producir desde un angioedema palpebral agudo (muy característico con ibuprofeno) hasta exacerbar episodios de urticaria crónica. Se recomienda retirarlos hasta realizar el estudio alergológico(8).

En la mayoría de los niños estudiados por sospecha de alergia a un fármaco, no se confirma dicha alergia al completar el estudio.

Otros desencadenantes, como contrastes radiológicos y fármacos perianestésicos, pueden inducir liberación de mediadores sin mecanismo inmunológico IgE mediado. Algunas vacunas o sus componentes se han relacionado también con la producción de urticaria aguda. La urticaria por hemoderivados se debe a la formación de inmunocomplejos con activación del complemento(5,8).

Látex

La alergia mediada por IgE al látex es poco frecuente en niños, predominando en aquellos que han tenido múltiples intervenciones quirúrgicas (espina bífida, malformaciones congénitas).

Picaduras de insectos

En el caso de los himenópteros (abejas y avispas), la urticaria y el angioedema pueden ser el primer síntoma de una reacción potencialmente grave, alertando sobre la posibilidad de presentar una anafilaxia en sucesivas picaduras. Mosquitos, tábanos, pulgas, orugas (procesionaria del pino) y arañas, también pueden producir urticaria aguda(5,10).

Parasitosis

Los parásitos pueden causar urticaria aguda y debe sospecharse su etiología cuando se asocia a eosinofilia y dolor abdominal. La rotura de un quiste de equinococo puede producir reacciones de urticaria y anafilaxia mediada por IgE. En las urticarias crónicas también se debe descartar la existencia de parásitos.

Aeroalérgenos

En pacientes sensibilizados, la exposición a alérgenos, como pólenes o epitelios de animales, puede desencadenar urticaria de contacto, urticaria generalizada o angioedema palpebral.

Estímulos físicos

Se denominan urticarias físicas a aquellas que se producen tras la aplicación de distintos estímulos físicos. Generalmente, la reacción se limita a la zona expuesta al estímulo y suelen desaparecer de forma espontánea en menos de 2 horas tras cesar el estímulo(6,11-13).

Pueden representar hasta el 30 % de las urticarias crónicas.

Dermografismo o urticaria facticia: significa “escritura en la piel” (Fig. 6).

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Figura 6. Urticaria facticia o dermografismo.

Al presionar la piel (rascado, zonas de roce…) aparecerá una sensación pruriginosa y, a los cinco o diez minutos, habones. No se asocia a síntomas sistémicos. En la mastocitosis sistémica y la urticaria pigmentosa, puede ser muy intenso.

El diagnóstico se realiza mediante la presión de la piel de la espalda con un objeto romo (como FricTest®), que inducirá la formación de habones. Es la causa más frecuente de urticaria crónica en niños y suele durar de 2 a 5 años(6,13).

Urticaria por presión: infrecuente en la infancia, se desencadena por la aplicación de presión sobre cualquier zona del cuerpo. Puede aparecer hasta 6 horas después del estímulo, lo cual dificulta que el paciente lo asocie con la aparición de urticaria.

Urticaria por frío o “a frigore”: se desencadena al contacto con frío: agua, alimentos (sólidos, líquidos), objetos fríos e incluso aire. A los 2-5 minutos tras el contacto con el frío, aparecen habones en las zonas expuestas (Fig. 7).

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Figura 7. Urticaria a frigore. Se objetiva la línea del punto de corte del agua fría en el brazo y dedos edematosos.

Cuanto menor es el periodo de latencia entre la exposición y la aparición de síntomas, mayor será el riesgo de síntomas sistémicos graves (anafilaxia), que son más frecuentes cuando la exposición es generalizada (bañarse en piscinas o en el mar).

El diagnóstico se realiza por el test del cubito de hielo, aunque su negatividad no lo descarta. En ocasiones, estas manifestaciones son secundarias a otras patologías como: enfermedad de Raynaud, púrpuras, vasculitis o enfermedades que cursan con crioglobulinemia, por lo que deberá realizarse diagnóstico diferencial.

Urticaria solar: infrecuente en Pediatría. Aparece a los pocos minutos en aquellas zonas expuestas al sol. La exposición repetida induce tolerancia y se debe realizar siempre diagnóstico diferencial con otras fotodermatosis, como la erupción polimorfa solar.

Urticaria por vibración y por calor: muy infrecuentes.

Estímulos no físicos

Urticaria colinérgica: muy frecuente entre los adolescentes (predominio masculino) y con una fuerte asociación a la atopia e hiperreactividad bronquial(14,15). Tras un aumento de la temperatura corporal, inducida de manera activa (ejercicio) o pasiva (fiebre, baño caliente, estrés emocional, ingesta de alimentos o bebidas calientes o picantes), aparecen pequeños habones muy pruriginosos que desaparecen de forma espontánea entre 15 minutos y una hora.

Urticaria acuagénica: infrecuente en Pediatría. Tras el contacto de la piel con agua a cualquier temperatura (incluso sudor o lágrimas) y un tiempo de latencia de 20 minutos, aparecen pequeños habones. Alto impacto en la calidad de vida.

Urticaria de contacto: alimentos, plantas, látex, cosméticos, productos químicos o saliva de animales que entran en contacto con la piel, apareciendo de forma inmediata habones que desaparecen en pocas horas.

Ausencia de factor externo desencadenante reconocido

Cuando no existe un factor externo desencadenante reconocido, en función de la duración en el tiempo de las lesiones, hablaremos de urticaria aguda espontánea o urticaria crónica espontánea(14-16).

Urticaria crónica espontánea (UCE)

Aparecen habones de forma espontánea y sin un desencadenante específico durante más de 6 semanas. Tras realizar la anamnesis y pruebas complementarias, se clasificará como autoinmune o no autoinmune. La UCE autoinmune puede ser manifestación de otra enfermedad: sistémica, hepática o tiroidea.

Angioedema

El AE no asociado a urticaria se divide en hereditario y adquirido (Fig. 8).

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Figura 8. Clasificación de angioedema. IECA: fármacos inhibidores de la enzima angiotensina convertasa.

 

Angioedema hereditario (AEH)

Su prevalencia oscila entre uno cada 10.000 y uno cada 50.000 habitantes, y se hereda por transmisión autosómica dominante. La mitad de los pacientes debutan en los diez primeros años de vida. Los factores desencadenantes más habituales son: traumatismos, infecciones y estrés. Habitualmente, está infradiagnosticado e infratratado.

Existen dos tipos:

• AEH tipo I: niveles disminuidos de C4 y C1 inhibidor.

• AEH tipo II: niveles disminuidos de C4 con niveles de C1 inhibidor normales o elevados, pero con funcionalidad alterada.

Los episodios de AE no suelen asociarse a urticaria, pero pueden ir precedidos del eritema marginado (rash cutáneo en el área donde se va a desencadenar).

El AE puede afectar a cualquier zona del cuerpo, aunque con mayor frecuencia afecta a: cara, labios, lengua, laringe, extremidades y tracto digestivo. Cuando afecta al abdomen, puede simular un cuadro de abdomen agudo que, en ocasiones, deriva en intervenciones quirúrgicas innecesarias.

La importancia de esta enfermedad radica en su potencial gravedad, por la posibilidad de edema laríngeo. Puede presentarse de forma espontánea o desencadenado por procedimientos diagnósticos o terapéuticos que supongan un traumatismo de la vía aérea superior (manipulaciones odontológicas, intubación, endoscopia)(5,6,11).

Angioedema adquirido (AEA)

Entidad muy infrecuente que suele iniciarse a partir de la cuarta década de la vida.

El angioedema adquirido, no asociado a urticaria, tiene otras dos variantes mediadas por bradiquinina:

1. Deficiencia adquirida de C1-INH, que frecuentemente se asocia a tumores hematológicos.

2. Inducido por inhibidores del enzima conversor de la angiotensina (IECA). Infrecuente en población pediátrica.

Angioedema idiopático (AEI)

Es la causa más frecuente de angioedema. Si durante 6 meses se presentan 3 o más episodios de AE sin haberse podido detectar causa aparente, se denomina angioedema idiopático (AEI). Puede ser histaminérgico o no histaminérgico, dependiendo de si los antihistamínicos lo previenen o no.

Urticaria vasculitis (UV)

La urticaria vasculitis (UV) es un subtipo de vasculitis caracterizada, clínicamente, por lesiones de tipo urticarial e, histológicamente, por vasculitis necrotizante.

Las lesiones persisten durante más de 24 horas, dejando al desaparecer una lesión residual pigmentada. Nunca presenta prurito, lo que nos ayudará en el diagnóstico diferencial de la urticaria. Se puede asociar a: fiebre, artralgias, síntomas pulmonares, gastrointestinales, renales, oculares y neurológicos. Ante la sospecha de UV se debe realizar una biopsia, donde se objetivará afectación inflamatoria de los vasos sanguíneos de la piel (vasculitis leucocitoclástica).

Diagnóstico

La historia clínica detallada y el examen físico del paciente son suficientes para hacer el diagnóstico de urticaria con o sin angioedema.

El pediatra de Atención Primaria debe saber reconocer la morfología de la urticaria y del angioedema, pues la anamnesis detallada y la exploración física minuciosa son el pilar fundamental del diagnóstico(13,14,16) (Algoritmo 1).

Historia clínica. Se debe interrogar sobre el momento de inicio, duración, frecuencia, variación, forma, tamaño y distribución de las lesiones, así como si existe asociación con angioedema, prurito y síntomas sistémicos. Se deben investigar los antecedentes familiares, así como posibles factores desencadenantes. También se deben evaluar los tratamientos previos y la respuesta a estos (Tabla I).

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Examen físico. Se deben objetivar lesiones habonosas, pruriginosas, migratorias, que desaparecen a la vitropresión y duran menos de 24 horas. La visualización de las lesiones en fotografías también es de gran ayuda.

Pruebas diagnósticas. La urticaria aguda no requiere pruebas complementarias, salvo que exista sospecha fundada de alergia. En las urticarias crónicas, se solicitará hemograma completo, proteína C reactiva y velocidad de eritrosedimentación (VSG), y se ampliarán los estudios de forma personalizada en caso de sospechar enfermedades subyacentes (infecciones, autoinmunidad o enfermedades inflamatorias). La biopsia cutánea está recomendada ante la sospecha de urticaria vasculitis.

El diagnóstico de urticaria física se confirma mediante pruebas positivas de provocación o test específicos para urticarias inducibles.

Es importante determinar la intensidad de los síntomas de la urticaria para realizar una aproximación terapéutica más acertada. El cuestionario internacional Urticaria Activity Score (UAS) mide la actividad diaria de la urticaria (número de habones e intensidad del prurito) durante siete días consecutivos. La puntuación varía de 0 a 6, correspondiendo la máxima puntuación a los pacientes más afectados(1,2).

Diagnóstico diferencial

Si bien, las lesiones de urticaria y el angioedema tienen características muy definidas, algunas patologías pueden resultar similares y generar confusión(13,14) (Tabla II).

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Tratamiento

El objetivo principal del tratamiento es evitar el agente desencadenante en caso de conocerlo. Si no es posible, se controlarán los síntomas empleando, como fármaco de elección, un antihistamínico de segunda generación.

Agente etiológico conocido

En aquellas urticarias agudas en las que se haya detectado un mecanismo de hipersensibilidad tipo I (mediado por IgE) frente a cualquier alérgeno, este se deberá evitar para prevenir futuros episodios.

Sin factor externo desencadenante reconocido

Actualmente, la posibilidad de instaurar dietas libres de pseudoalérgenos en las UCE no tiene suficiente evidencia científica.

Tratamiento sintomático farmacológico

Diferenciaremos el enfoque del tratamiento de un episodio agudo al de uno crónico (Tabla III).

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Urticaria aguda

En el tratamiento de la UA se recomiendan los antihistamínicos tipo 1 vía oral de segunda generación (no sedantes). En ausencia de mejora o síntomas moderados, duplicar la dosis.

El tratamiento de la urticaria aguda dependerá de la velocidad de instauración, la extensión y el número de órganos afectados. Se recomiendan los antihistamínicos tipo 1 de segunda generación(5,6,11), no sedantes, en vez de los de primera generación, sedantes (Tabla IV).

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Si el paciente presenta:

UA de varias horas de instauración y afectación de pequeñas regiones de la piel: administrar antihistamínico de segunda generación por vía oral.

UA con afectación cutánea generalizada y compromiso de otros órganos: valorar medicación parenteral, administrando antihistamínicos y corticoides (0,5-1 mg/kg de metilprednisolona o equivalente en dosis única).

Anafilaxia (afectación de 2 o más órganos con compromiso respiratorio e/o hipotensión): administración precoz de adrenalina intramuscular. La dosis en niños es de 0,01 mg por kilogramo de peso (no superar los 0,5 mg por dosis). Se puede repetir esta dosis cada 5-15 minutos si fuese necesario. Tras el tratamiento inmediato, el paciente deberá realizar un ciclo corto de antihistamínicos en el domicilio durante 3 días (prevención de reagudización tardía).

Antecedente de episodios severos de urticaria y/o angioedema con afectación de otros órganos y/o compromiso respiratorio, debe portar consigo: la pluma precargada de adrenalina autoinyectable (150 o 300 µg), corticoides y antihistamínicos orales.

Ausencia de mejoría con las dosis pautadas o síntomas moderados-graves: se aconseja duplicar la dosis.

Urticaria crónica

La base de la terapia es la tranquilidad, la educación del paciente, la evitación de factores desencadenantes conocidos y la farmacoterapia. Los antihistamínicos H1 de segunda generación son los fármacos de elección.

Los antihistamínicos H1 de segunda generación (cetirizina, levocetirizina, loratadina, desloratadina, rupatadina, fexofenadina, ebastina y bilastina) son los fármacos de elección para la terapia inicial, debido a su perfil de seguridad y eficacia, pero su toma debe ser continuada (Tabla IV). Si la respuesta a la dosis habitual de antihistamínico no es suficiente, se recomienda aumentarla gradualmente hasta alcanzar 4 veces la dosis recomendada (segunda línea de tratamiento). Sin embargo, en niños no hay estudios de seguridad a dosis tan altas de antihistamínicos.

No se recomienda la administración de diferentes antihistamínicos a la vez. En caso de no ser eficaz el que actualmente se esté administrando, se suspenderá y se cambiará por otro(1).

Si no hay mejoría después de dos/cuatro semanas, y si los síntomas se toleran mal a pesar del aumento en la dosis de antihistamínicos H1 de segunda generación, como tercera línea de tratamiento puede añadirse omalizumab (OMZ), anticuerpo monoclonal anti-IgE(17).

OMZ dispone de estudios que demuestran seguridad y eficacia, tanto para UCE como UCI. La dosis es independientemente de los niveles de IgE (300 mg cada 4 semanas).

También puede usarse ciclosporina A, con efecto directo moderado sobre la liberación de mediadores, pero con efectos secundarios mayores que los de OMZ, por lo que solo se recomienda en pacientes con UC grave refractaria. Como medicación de rescate puntual, está aceptado el uso de un ciclo corto (máximo 10 días) de corticosteroides sistémicos(5,11,17).

Angioedema

Para el tratamiento del angioedema agudo que no responde a antihistamínicos se aconseja prescribir corticoesteroides orales en ciclos cortos.

En el AEH con déficit del C1-INH se debe realizar evitación de los factores desencadenantes y, en caso de crisis aguda, se utilizará terapia de reemplazo con el concentrado de C1 inhibidor, aunque también, en caso de no disponer de él, se puede recurrir al plasma fresco congelado, que aportará la proteína deficitaria.

Como profilaxis de la crisis, la administración de C1-INH está indicado antes de procedimientos quirúrgicos o diagnósticos que impliquen manipulación de orofarínge(5,11,18). Al no ser el objetivo de esta revisión, no detallamos más el tratamiento de esta patología.

Es importante que el pediatra de Atención Primaria remita al pediatra alergólogo los pacientes con urticarias recurrentes o que hayan presentado un episodio de angioedema, para no demorar su diagnóstico, tratamiento y profilaxis, y de esta manera ofrecerles una vida libre de síntomas y con la mejor calidad posible (Algoritmo 2).

Función del pediatra de Atención Primaria

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria son:

• Reconocer el habón, lesión elemental de la urticaria.

• Clasificar la urticaria como aguda o crónica.

• Sospechar una reacción alérgica (mecanismo IgE mediado) cuando la urticaria/angioedema aparezca de forma inmediata (tiempo de latencia menor de 2 horas) y tras la ingesta de un alimento, fármaco o picadura de himenóptero.

• Descartar que la urticaria forme parte de una anafilaxia.

• Considerar el angioedema hereditario (por déficit de C1 inhibidor) ante episodios de angioedema aislados (sin urticaria), recidivantes, asimétricos, asociados a dolor abdominal, afectación laríngea o cuando existen familiares afectos.

• Conocer el tratamiento y los protocolos de actuación actuales.

• Explicar a los pacientes y a sus familiares que el episodio agudo puede llegar a tener brotes durante 6 semanas y que el objetivo del tratamiento es el control del prurito, no de los habones.

• Evitar restricciones alimentarias, salvo relación causa-efecto evidente.

• Remitir al pediatra alergólogo aquellos pacientes con urticaria recurrente o episodios de angioedema, para no demorar su diagnóstico, tratamiento y profilaxis.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Agradecimientos: las autoras agradecen a la Dra. Elena Alonso Lebrero las imágenes cedidas para la elaboración de este artículo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Bibliografía recomendada

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Imprescindible. Revisión y actualización de la guía internacional para la urticaria. Esta versión actualizada aborda la definición y clasificación de la urticaria, describe enfoques diagnósticos y terapéuticos basados en la evidencia científica.

– Álvaro Lozano M. Urticaria y angioedema. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 149-60.

Protocolo diagnóstico y terapéutico sobre la urticaria y angioedema en Pediatría, avalado por la Asociación Española de Pediatría (AEP).

– Méndez Brea P, Rodríguez del Río P, Ibáñez Sandín MD. Urticaria y angioedema. Pediatr Integral. 2018; XXII: 125-37.

Revisión completa de la urticaria y el angioedema. Muy práctico para pediatras de Atención Primaria.

– Sarraquigne MP, López K, Mariño AI, Colella M, Maldonado D Agüero C, et al. Recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de la urticaria en Pediatría. Arch Argent Pediatr 2021; 119: S54-S66/S54.

Actualización de las recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de la urticaria en Pediatría. Artículo muy bien estructurado, muy claro y de fácil lectura. Sintetiza las diferencias en la clasificación de la urticaria. Aborda de forma minuciosa la urticaria crónica, dada la dificultad en su diagnóstico, el actual aumento de su prevalencia y la gran afectación que produce en la calidad de vida de los niños.

– López Valentín E, Pedroza Meléndez A, Huerta López JG. Urticaria crónica en niños. Alergia, Asma e Inmunología Pediátricas. 2020; 29: 16-30.

Revisión sistemática de la urticaria crónica en niños. Expone las diferencias entre las guías EAACI/WAO y AAAAI/ACAAI. Muy completa y de fácil lectura.

 

Caso clínico

 

Motivo de consulta

Niña de 10 años que acude al pediatra de Atención Primaria por presentar, desde hace 3 meses, episodios de prurito cutáneo generalizado con habones. En el momento de la consulta, presenta uno de esos episodios.

Antecedentes personales

Inmunización según calendario. Sin intervenciones quirúrgicas. Dermatitis atópica.

Anamnesis

Desde hace 3 meses presenta, prácticamente a diario, lesiones habonosas acompañadas de prurito generalizado. La madre describe las lesiones como “ronchas rojas con el centro blanco, redondas, que van y vienen, duran unas horas, pican mucho y cuando desaparecen, no dejan marca”.

Refiere que las lesiones afectan a: cara, tronco, extremidades superiores e inferiores. En alguna ocasión, ha presentado también inflamación de los párpados y los labios.

Los episodios no se acompañan de tos, dificultad respiratoria, fiebre, vómitos o diarrea. No relacionan la aparición de estas lesiones con nada en concreto (ni alimentos, fármacos ni proceso infeccioso), aunque sí notan que empeora cuando la niña está nerviosa y tiene exámenes. Están preocupados, porque el picor no la deja descansar por la noche y “se queda dormida en clase”.

Tolera todos los alimentos. Toma el pescado congelado. No tienen animales en el domicilio. Tiene dermatitis atópica que controla con cremas emolientes y, en ocasiones, con un corticoide tópico.

Consultaron hace un mes y medio en urgencias pediátricas, donde la pautaron un antihistamínico (dexclorfeniramina) vía oral con el que mejora, pero “en cuanto se lo retiran, vuelven a aparecer las lesiones”.

Exploración física

Xerodermia cutánea generalizada. Lesiones de rascado en flexuras de brazos y piernas. Presenta, en tronco, extremidades superiores e inferiores, múltiples lesiones habonosas, de pequeño diámetro, que confluyen entre sí y desaparecen a la digitopresión. Alguna lesión aislada en cara (zona malar) y leve angioedema palpebral bilateral. Sin afectación palmoplantar.

Resto de exploración física sin alteraciones significativas.

Pruebas complementarias

• Dermografismo: negativo.

• Analítica:

– Hemograma, bioquímica (con perfil hepático), PCR y VSG.

– Hormonas tiroideas (TSH y T4 libre).

– Complemento (C3, C4, C1 inhibidor).

– Serología virus hepatitis B y C.

• Radiografía de tórax.

• Sistemático de orina.

• Parásitos en heces (x3 y recogido a días alternos).

Todos los resultados con parámetros en rango de la normalidad y parásitos negativos.

Diagnóstico

Urticaria crónica espontánea.

Tratamiento

Desloratadina 5 mg 1 comprimido cada 24 horas, todos los días durante 2 semanas y valoración por su pediatra.

Evolución

A los quince días acude a revisión, refiriendo parcial mejoría, por lo que se mantiene mismo tratamiento, pero a doble dosis (desloratadina 5 mg 1 comprimido cada 12 horas). Nueva revisión a las 2 semanas (un mes desde el inicio del tratamiento): desaparición completa de las lesiones y control del prurito. Notan mejoría en la calidad del sueño y también de la dermatitis atópica.

 

 

Algoritmo

 

Algoritmo

 

Tratamiento farmacológico e inmunoterapia en patología alérgica infantil

 

I. Bartha de las Peñas*, M.T. Belver González**
Temas de FC


I. Bartha de las Peñas*, M.T. Belver González**

*Médico Adjunto Especialista en Alergología. Clinical Research Fellow in Paediatric Allergy. Department of Women and Children’s Health (Paediatric Allergy), School of Life Course Sciences, Faculty of Life Sciences and Medicine, King’s College London and Guy’s and St Thomas’ NHS Foundation Trust. Londres. Reino Unido. ** Médico Adjunto Especialista en Alergología. Departamento de Alergología, Hospital Universitario de la Princesa. Madrid. España

Resumen

El tratamiento de las enfermedades alérgicas debe basarse en una combinación de medidas de evitación y fármacos que controlen los síntomas ante exposiciones accidentales. Los fármacos más empleados son los antihistamínicos, los glucocorticoides por diferentes vías de administración y los fármacos simpaticomiméticos, entre los que cabe destacar el papel de la adrenalina para el manejo de la anafilaxia. Dentro de la amplia variedad de fármacos, debemos además conocer y adaptar la posología a la edad y al peso del paciente, así como el mecanismo de administración y sus principales efectos secundarios.
La educación del paciente pediátrico y sus familias presenta un papel clave en el adecuado control y manejo de las enfermedades alérgicas.

 

Abstract

The treatment of allergic diseases should be based on a combination of avoidance measures and medication that control the symptoms in case of accidental exposures. The most widely used drugs are antihistamines, glucocorticoids by different routes of administration, and sympathomimetic drugs, among which the role of adrenaline in the management of anaphylaxis should be highlighted. Within the wide variety of drugs, we must also consider and adapt the dosage according to the age and weight of the patient, as well as their forms of administration and their main side effects.
The education of paediatric patients and their families plays a key role in the adequate control and management of allergic diseases.

 

Palabras clave: Alergia pediátrica; Asma; Rinitis; Alergia a alimentos; Dermatitis atópica; Autoinyector de adrenalina; Inhaladores; Glucocorticoides.

Key words: Pediatric Allergy; Asthma; Rhinitis; Food Allergy; Atopic dermatitis; Adrenaline autoinjector; Inhalers; Glucocorticosteroids.

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 125 – 140


OBJETIVOS

• Repasar los diferentes fármacos empleados en Alergología, sus principales indicaciones, posología y efectos secundarios más importantes.

• Conocer los diferentes recursos online disponibles relacionados con la Alergología y cómo aprovecharlos, para optimizar nuestro tiempo en la consulta.

• Saber que, en la edad pediátrica, la inmunoterapia específica con alérgenos está indicada en el tratamiento de la rinitis alérgica, el asma de etiología alérgica, la alergia a ciertos alimentos y la alergia a himenópteros.

• Identificar las funciones del pediatra de Atención Primaria en el manejo de la alergia pediátrica.

 

Tratamiento farmacológico e inmunoterapia en patología alérgica infantil

Introducción

En Alergología, el manejo y el tratamiento de las enfermedades debe basarse en una combinación de medidas de evitación y fármacos que controlen los síntomas ante exposiciones accidentales.

El diagnóstico de las enfermedades alérgicas ha aumentado de forma exponencial en los últimos años, afectando de forma significativa a la población infantil. Es por ello imprescindible estar actualizados en el tratamiento de sus patologías más prevalentes.

Dentro del amplio espectro de patologías que podemos encontrar en alergia pediátrica, en este capítulo nos centraremos en los medicamentos comercializados en España para la población infantil, destacando sus mecanismos de acción, principales indicaciones y efectos secundarios más frecuentes y/o relevantes.

Fármacos

Antihistamínicos

Los antihistamínicos constituyen uno de los principales grupos farmacológicos en Alergología. Los más empleados son los de segunda generación.

Los antihistamínicos (AH) constituyen uno de los principales grupos
farmacológicos que más frecuentemente se emplean en Alergología, tanto en población general(1) como en población infantil(2).

Se han descrito cuatro tipos de receptores para la histamina (H1, H2, H3 y H4), todos ellos son receptores de membrana ligados a la proteína G. Los receptores H1 y H2 son los que presentan una mayor distribución por todo el organismo (principalmente en el tejido cerebral, bronquial, vascular, gastrointestinal y uterino, en las células hepáticas, en las células dendríticas, células B y T, en monocitos y en neutrófilos). Los receptores H3 se encuentran en neuronas histaminérgicas, y los H4 se expresan en las células hematopoyéticas y en la médula ósea(1,2).

Los AH son fármacos que actúan principalmente por dos mecanismos diferentes, como agonistas inversos (modificando la conformación de los receptores de histamina, lo cual produce su inactivación) y, en algunas ocasiones, como antagonistas neutros (actuando como ligando que interfieren en la unión de la histamina con su receptor). Los fármacos AH son muy selectivos para los receptores H1, y se ha observado escaso efecto a nivel de otros receptores de histamina, ya que su analogía estructural es baja(1).

Antihistamínicos H1 de primera y segunda generación (Tabla I)

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Los principales antihistamínicos H1 (AH1) empleados actualmente pertenecen a la primera o segunda generación, también conocidos como clásicos o sedantes y los no sedantes, respectivamente. Existen preparaciones
en comprimidos, en solución oral, en gotas y para uso tópico: cabe destacar la posibilidad de fotosensibilidad tras su aplicación tópica, por lo que se recomienda precaución en su uso. Se han desarrollado formulaciones para uso oftálmico en forma de colirios y para uso nasal en pulverizaciones, estos pueden encontrarse de forma individual o en asociación con otros medicamentos. La vía tópica nasal u ocular presenta una gran ventaja para el tratamiento local de la rinoconjuntivitis; aunque menor que por vía oral, cierta concentración es absorbida y pasa a circulación sistémica, por lo que no están exentos de efectos secundarios(1).

En la tabla I, se muestran los principales antihistamínicos tipo 1 empleados en Alergología pediátrica, en ella se describe: el grupo químico al que pertenecen, el principio activo, algunas presentaciones comerciales conocidas, la posología aconsejada, algunos excipientes que pueden contener, sus principales efectos secundarios y consideraciones, y por último algunas observaciones(3-5).

Los AH1 de primera generación se caracterizan por presentar ciertos efectos secundarios que limitan su uso y, debido a estos, progresivamente en la práctica clínica, se tiende a emplear más aquellos pertenecientes a la segunda generación.

Entre sus principales características y efectos destacan(1,2):

• Su facilidad para atravesar la barrera hematoencefálica, y por ello producir efectos secundarios en el sistema nervioso central, alterando las funciones cognitivas y produciendo somnolencia, mareo e incoordinación, entre otros. También se ha descrito una estimulación paradójica en algunos casos.

• Su escasa selectividad, pudiendo provocar efectos anticolinérgicos (antimuscarínicos), antiserotoninérgicos y anti- alfa-adrenérgicos, que pueden causar alteraciones visuales, sequedad en mucosas, aumento del apetito y del peso, entre otros.

• Su potencial riesgo de toxicidad por sobredosificación e interacción con otros fármacos.

• Sus posibles efectos cardiovasculares, incluyendo: bradicardia, taquicardia sinusal, alteraciones de la repolarización y disrritmias.

Los de la segunda generación se caracterizan por ser más selectivos, menos tóxicos y provocar, en general, menos efectos adversos(1,6). Las guías y consensos internacionales abogan por estos últimos(6).

En una revisión sistemática recientemente publicada, se observó que los AH1 más empleados son: cetirizina, levocetirizina y loratadina(2,6).

En Alergología pediátrica se usan en un amplio espectro de patologías, incluyendo(1,2):

Rinoconjuntivitis alérgica: se emplean como primera línea terapéutica y se recomienda el empleo de AH1 de segunda generación, tanto para el tratamiento de la rinitis persistente como en casos de rinitis intermitente.

Urticaria aguda y crónica: se consideran primera opción terapéutica en esta entidad, tanto en urticaria espontánea como inducible. Se emplean para el tratamiento sintomático de las lesiones y control de la enfermedad.

Alergia a alimentos y anafilaxia: en reacciones leves, los AH pueden ayudar a controlar la reacción. Aunque en situaciones de gravedad, como es la anafilaxia, la adrenalina es el tratamiento de primera línea, por lo que el uso de AH no debe retrasar nunca la administración de la adrenalina si esta estuviera indicada.

Otras indicaciones: se pueden emplear también en dermatitis atópica (DA), mastocitosis, reacciones por picaduras de insectos y/o en asma, aunque su uso es controvertido.

Antihistamínicos H2

Los antihistamínicos H2 (AH2) se caracterizan por su buena efectividad y tolerancia, aunque se desaconsejan en pacientes polimedicados, debido a la alta tasa de interacciones que pueden ocasionar.

En la tabla II, se muestran los principales AH2 empleados en Pediatría. En Alergología pediátrica, se han recomendado como uno de los posibles tratamientos adicionales de la urticaria crónica, aunque su uso no es habitual y su evidencia científica es escasa(1,3-5,7).

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Glucocorticoides

Los glucocorticoides se pueden emplear por diferentes vías de administración, pudiendo asociar varias si fuera preciso.

Los glucocorticoides (GC) se caracterizan por producir un efecto antiinflamatorio por diferentes mecanismos, destacando la inhibición de los mediadores pro-inflamatorios y la apoptosis de células inflamatorias, entre otros(8). Sus mecanismos de acción son complejos, y actúan a múltiples niveles, produciendo, además del efecto antiinflamatorio deseado, efectos inmunosupresores y efectos no deseados de su propia acción glucocorticoidea, o secundarios a la inhibición del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS)(8). Estos efectos secundarios son más frecuentes en niños, por lo que la indicación de tratamiento debe ajustarse a la mínima dosis eficaz durante el mínimo tiempo posible(7).

Entre sus principales efectos secundarios destacan: los efectos producidos sobre el metabolismo, el sistema osteoarticular, la respuesta inmunitaria, a nivel cutáneo y ocular, en el aparato digestivo, a nivel del eje HHS y trastornos psiquiátricos, entre otros(8). En los niños se debe vigilar el crecimiento, ya que el uso prolongado puede disminuir la talla(4,8,9); y a dosis altas de GC, las vacunas con virus vivos están contraindicadas en población infantil(8).

En Alergología, se emplean para controlar la inflamación subyacente en múltiples enfermedades, y se pueden emplear diferentes vías de administración, pudiendo asociar varias si fuera preciso.

Glucocorticoides sistémicos

El uso de GC sistémicos debe limitarse a periodos cortos de tiempo que controlen la reagudización de la enfermedad. Se debe balancear el riesgo-beneficio del empleo de estos fármacos frente a otros, para el tratamiento de mantenimiento(8).

Es por ello que, simplificando su uso, se puede dividir en tres pautas de dosificación en función de su duración(7):

• Tanda corta de hasta 5 días de tratamiento, que se puede interrumpir bruscamente sin reducción, ya que rara vez suprimen el eje HHS. Se suele emplear 1-2 mg/kg/día de prednisona o dosis equivalentes de otros fármacos, administrados en 2-4 dosis al día por vía oral o intravenosa.

• Tanda intermedia de más de 5-7 días de tratamiento (generalmente semanas), que precisa reducción progresiva para evitar desencadenar una insuficiencia suprarrenal.

• Tratamientos a largo plazo, que se basan en administrar una dosis mínima eficaz para el control de los síntomas, preferiblemente por la mañana y a días alternos.

En general, en Alergología pediátrica se tiende a emplear pautas cortas(7). Entre las principales indicaciones de GC sistémicos destaca:

• El tratamiento de las exacerbaciones asmáticas moderadas-graves y considerarse en crisis leves con escasa respuesta a broncodilatadores o si el paciente tiene antecedentes de crisis graves. En preescolares, su uso suele limitarse al tratamiento de las crisis más graves. La vía oral es de elección si el paciente tolera, empleándose en estos casos prednisolona a dosis de 1-2 mg/kg/día (con un máximo de 40 mg), generalmente durante 3-5 días(9). Actualmente, también se considera como alternativa la administración en dosis única de dexametasona por vía oral (a 0,3-0,6 mg/kg),
siendo esta última no inferior a la previa comentada(9).

• En dermatitis atópica, los tratamientos sistémicos cortos (hasta 7 días) se emplean cada vez menos, dada la amplia variedad de fármacos tópicos y otras alternativas terapéuticas sistémicas. Sin embargo, son una opción a considerar en algunas circunstancias(10).

• En anafilaxia, se usan para prevenir síntomas prolongados y reacciones bifásicas; sin embargo, la evidencia de su eficacia es escasa(11).

• En la esofagitis eosinofílica, suponen una de las opciones terapéuticas disponibles. Se emplean deglutidos por vía oral para que ejerzan su acción tópica en la mucosa del esófago(12).

Glucocorticoides inhalados

En Alergología pediátrica, los corticoides inhalados se emplean principalmente para el tratamiento de mantenimiento del asma. Su eficacia clínica se verá influenciada por múltiples factores, entre los que cabe destacar: el fármaco elegido, la dosificación, el tamaño de la partícula, el dispositivo empleado, la edad y la capacidad del paciente para realizar correctamente la técnica(8). En Pediatría, los más empleados son la budesonida y la fluticasona(7). En la tabla III se describen los principales empleados en España(3-5).

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En general, los dispositivos de inhalación se dividen en tres grandes grupos: los inhaladores de polvo seco (DPI: dry powder inhaler), los inhaladores presurizados de dosis controlada (MDI: metered-dose inhaler) y los nebulizadores, estos últimos utilizados con frecuencia en Pediatría(8). Los MDI pueden ser activados de forma manual o mediante la respiración, y asocian un propelente (frecuentemente hidrofluoroalcano) para mejorar su liberación y distribución por el árbol bronquial(8). Aun así, con los dispositivos MDI, menos de la mitad del fármaco llega a nivel respiratorio periférico (10-20 %), la mayoría se deposita en la orofaringe. El empleo de dispositivos o cámaras espaciadores ajustados a la edad del paciente, ayudará a mejorar la administración(8,9). Dato que contrasta con la administración mediante dispositivos de polvo seco, donde se estima que alrededor del 70 % se deposita en vías respiratorias centrales y vía digestiva(8). Tras su uso, se recomienda enjuagar la boca para minimizar el riesgo de efectos secundarios, principalmente candidiasis oral y ronquera, y su absorción sistémica(4,7,8).

Glucocorticoides nasales

Son de elección en patología nasosinusal, por la capacidad de conseguir altas concentraciones en la zona administrada, minimizando los efectos sistémicos(8). En la tabla IV se describen los principales empleados(3-5).

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La dosis adecuada debe ajustarse a la sintomatología del paciente y, generalmente, conllevan pautas de varios días. Comienzan a ser efectivos desde varias horas después del inicio del tratamiento; sin embargo, su máximo efecto puede llegar hasta tres semanas después de haber iniciado este(3-5).

Los efectos secundarios locales más frecuentes son estornudos, picor y sequedad nasal tras su aplicación y, raramente, hemorragia nasal(3-5).

Glucocorticoides cutáneos

Los GC tópicos son el tratamiento de elección en la dermatitis atópica, reduciendo la inflamación y el prurito en ambas fases de la enfermedad (aguda y crónica)(8,13). En la tabla V se describen los principales empleados(3-5).

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La elección de la potencia del corticoide, la concentración del preparado y la formulación galénica elegida, dependerá de la gravedad, la edad y de la distribución de las lesiones(7,8). Estos se encuentran
disponibles en diferentes formulaciones. Además, la absorción se verá modificada por la elección del vehículo, siendo los ungüentos los que consigan mayor absorción, debido a la oclusión que estos producen. Si empleamos otras cremas que ofrezcan una oclusión física, oclusión húmeda, apósitos, ropa o, en el caso de los lactantes, pañales, esto también aumentará su absorción(7,13).

Generalmente, se emplean en tandas cortas de una o dos aplicaciones diarias, esparciendo una fina capa y tomando como referencia el uso de una unidad digital. Si la patología precisa un tratamiento prolongado, se intenta reducir empleando pautas en días alternos, dos o tres veces a la semana, aplicaciones en fines de semana, combinaciones de GC de diferente potencia en días pautados o con interrupciones programadas(7,13).

Simpaticomiméticos

Dentro de los fármacos simpaticomiméticos, se encuentran la adrenalina y los fármacos β2-agonistas. La adrenalina es el tratamiento de elección en la anafilaxia. Los fármacos β2-agonistas constituyen uno de los pilares principales del tratamiento del asma.

Los fármacos simpaticomiméticos actúan en diferentes sistemas y son muy empleados en algunas patologías alérgicas.

Adrenalina

La adrenalina actúa a nivel de los receptores α y β, su mecanismo de acción se caracteriza por ser rápido y se puede emplear por vía intramuscular o subcutánea(7). La adrenalina es el tratamiento de elección en la anafilaxia. Ante su diagnóstico, el uso precoz de la adrenalina intramuscular está indicado, y esta reduce el riesgo de reacciones bifásicas(11). Ante la sospecha de edema de laringe o faríngeo, en el contexto de una anafilaxia, se recomienda emplear adrenalina nebulizada asociada a oxígeno, como terapia adyuvante de la adrenalina intramuscular(11).

El uso de adrenalina intramuscular se ha asociado con niveles más elevados de esta en sangre, en comparación con los observados cuando esta se aplica por vía subcutánea(11,14). También se ha observado que se consiguen niveles más elevados cuando la inyección se realiza en la mitad del muslo, en comparación con el deltoides(11,14). En algunas ocasiones, es necesaria una segunda dosis para el control de la reacción(11). En situaciones graves, donde la adrenalina intramuscular no haya sido efectiva, se podría administrar por vía intravenosa. Esta indicación solo está reservada para profesionales sanitarios adecuadamente entrenados en su manejo y en sitios donde esta puede emplearse y monitorizarse de forma segura(11).

La dosis recomendada es de 0,01 mg por kilogramo a nivel hospitalario. Para los autoinyectores de adrenalina, las dosis comercializadas son 150 microgramos, que se emplea en niños de 7,5 kg hasta 25-30 kg, y la dosis de 300 microgramos para niños con pesos superiores a 25-30 kg, adolescentes y adultos. También existen sistemas con una dosis superior, 500 microgramos, esta se puede considerar en algunos pacientes(11).

Se recomienda el empleo de autoinyectores de adrenalina, como primera línea, en el manejo comunitario(11,14), y estos en comparación con las agujas precargadas(11). Actualmente, en España, existen cuatro sistemas de autoinyectores de adrenalina, en la tabla VI se recogen sus principales características(3-5). Es imprescindible conocer los dispositivos disponibles y el mecanismo de administración antes de prescribirlos(11).

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La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) recomienda que las familias tengan acceso a dos autoinyectores de adrenalina que deben permanecer con el paciente en todo momento(11).

β2-agonistas

Los fármacos β2-agonistas se caracterizan por producir una broncodilatación de la musculatura bronquial, constituyendo uno de los pilares principales del tratamiento del asma. Se emplean principalmente por vía inhalada, aunque también se pueden emplear por vía sistémica(15). Simplificando su clasificación y, según la duración de su efecto, podemos dividirlos en los tres grupos que se citan a continuación.

Acción rápida o corta: salbutamol y terbutalina

Los broncodilatadores β2 agonistas de acción corta, también conocidos con el acrónimo SABA, se caracterizan por constituir la primera línea de tratamiento en la exacerbación asmática, en la prevención del asma inducido por ejercicio físico y como tratamiento adyuvante en la anafilaxia cuando existe compromiso respiratorio(4,11).

El salbutamol es el fármaco más empleado. Se puede administrar nebulizado o preferiblemente empleando un inhalador presurizado con cámara espaciadora(4,9). En la exacerbación asmática, las dosis y los tiempos de administración recomendados son variables en función de la gravedad y de la respuesta inicial a las primeras dosis(9). Se administra en tandas de 2 a 10 inhalaciones de 100 mcg según la gravedad, cada 20 minutos durante las primeras horas (máximo tres dosis)(4,9). En la prevención del broncoespasmo inducido por ejercicio físico, se emplean una o dos inhalaciones antes de la exposición y en función de la edad del paciente. Sus efectos secundarios más frecuentes son cefalea, temblor y taquicardia(4).

La terbutalina es otra de las opciones terapéuticas dentro de este grupo. Está comercializada en polvo seco con una dosificación de 500 mcg por inhalación. Se emplea en niños a partir de los tres años, y se recomienda una dosis máxima de 6.000 mcg al día en niños mayores de 12 años, y 4.000 mcg al día en niños de 3 a 12 años. Los efectos secundarios como: temblor, cefaleas, taquicardia, palpitaciones, náuseas y calambres musculares, suelen revertir de forma espontánea en la primera o segunda semana de tratamiento(4).

Acción prolongada: salmeterol y formoterol

Los broncodilatadores β2 agonistas de acción larga, también conocidos con el acrónimo LABA, se emplean únicamente en combinación con GC inhalados a partir de los cuatro años(9,15).

Salmeterol actúa como un agonista parcial, con un inicio del efecto broncodilatador a los 10 minutos apropiadamente de su uso y está indicado a partir de los cuatro años para el tratamiento de mantenimiento en el asma persistente. Formoterol actúa como agonista total, con un inicio de acción a los 2 o 3 minutos, y está aprobado en ficha técnica para su uso partir de los seis años, tanto en el tratamiento de mantenimiento del asma persistente, como para la prevención del broncoespasmo inducido por ejercicio(4,15). En general, su administración no debe ser superior a los 100 mcg para salmeterol o los 24 mcg para formoterol(15). Sus efectos secundarios principales son: cefalea, temblor y palpitaciones, entre otros(4).

Existen diferentes combinaciones con GC inhalados, principalmente con budesonida y fluticasona, que mejoran la adherencia y el cumplimiento terapéutico en el tratamiento de mantenimiento del asma(15). Se ha demostrado en el asma persistente no controlada con dosis bajas de GC inhalados en niños de 6 a 11 años, que asociar un LABA tiene un efecto similar que doblar la dosis de GC inhalados(9).

Además, actualmente, la terapia MART (Maintenance And Relieve Therapy) se puede emplear en mayores de 12 años, combinando un GC inhalado con formoterol, tanto para el tratamiento de mantenimiento como para el tratamiento de rescate(9). En niños de 4-11 años, existe evidencia de que la combinación budesonida/formoterol fue eficaz para reducir exacerbaciones y la necesidad de tratamiento sistémico, pero aún se necesita más evidencia en este rango de edad(9).

Acción ultra-prolongada o ultra-larga: vilanterol

Estos nuevos fármacos mejoran el cumplimiento terapéutico al precisar solo una administración diaria(15). Actualmente, el vilanterol se emplea en combinación con fluticasona en el tratamiento de mantenimiento de pacientes con asma persistente no controlada a partir de los 12 años(4,7). Existen dos combinaciones comercializadas en DPI que contienen 92/22 mcg y 184/22 mcg de fluticasona/vilanterol(4). No están indicados en el tratamiento de las crisis de asma y sus principales efectos secundarios son la cefalea y la nasofaringitis, entre otros(4).

Biológicos

En las enfermedades alérgicas, el uso de anticuerpos monoclonales está aprobado actualmente para asma, urticaria crónica y dermatitis atópica, cuando los tratamientos habituales no han sido suficientes para el control de la enfermedad.

Los anticuerpos monoclonales constituyen uno de los principales grupos, dentro de los fármacos biológicos, empleados a día de hoy. En términos generales, su mecanismo de acción principal se basa en bloquear un receptor funcional o inhibir las interacciones de las interacciones de moléculas efectoras específicas(16). Estos actúan sobre vías patogénicas concretas y por ello son terapias con un elevado coste(7).

En las enfermedades alérgicas, su uso está aprobado para asma, urticaria crónica y dermatitis atópica, cuando los tratamientos habituales no han sido suficientes para el control de la enfermedad. Actualmente, se están evaluando otros usos en múltiples ensayos clínicos para alergia alimentaria, esofagitis eosinofílica y rinitis alérgica, entre otros(7,16,17).

Las principales dianas terapéuticas que se han estudiado actualmente son: la inmunoglobulina E (IgE), la interleuquina 5 (IL5) y su receptor, y el receptor de la interleuquina 4 (IL4). Se están evaluando otras moléculas diana, pero en esta sección nos centraremos en los monoclonales aprobados en España para uso terapéutico en enfermedades alérgicas (Tabla VII)(3-5,16,17).

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Monoclonales frente IgE: omalizumab

Omalizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado anti-IgE, cuyo mecanismo de acción es múltiple, destacando por un lado, que se une a la fracción constante de la IgE libre para bloquear su unión posterior a los receptores de alta afinidad en mastocitos y basófilos; y, por otro lado, que regula, negativamente y de forma directa, la producción de IgE y, de forma indirecta, el receptor de alta afinidad de basófilos.

Monoclonales anti-IL5

Mepolizumab y reslizumab

Mepolizumab y reslizumab son dos anticuerpos monoclonales humanizados que inhiben la actividad de la IL5, bloqueando la unión a su receptor expresado en eosinófilos y basófilos.

Estos fármacos están indicados en enfermedades en las que exista eosinofilia, por ello el recuento de eosinófilos en sangre periférica debe ser superior o igual a 300 eosinófilos/µl en el último año para mepolizumab y superior o igual a 400 eosinófilos/µl para reslizumab, en ambos casos sin marcada elevación de la IgE.

Benralizumab

Benralizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se dirige contra la cadena alfa del receptor de la IL5, que se encuentra en basófilos y eosinófilos. Además induce la apoptosis mediante un refuerzo de la citotoxicidad dependiente de anticuerpos.

Monoclonales anti-IL4: dupilumab

Dupilumab es un anticuerpo monoclonal humano que se une a la subunidad alfa del receptor de la IL4 e inhibe así la señalización de la IL4 e IL13.

En las infecciones por helmintos, los eosinófilos tienen un papel clave, por ello antes de comenzar el tratamiento con fármacos anti-IL5 e IL4, se debe evaluar y tratar a los pacientes que presenten infecciones preexistentes. En el supuesto caso de que la infección se adquiera durante el tratamiento con estos biológicos, se debe comenzar con el tratamiento antihelmíntico indicado y, si este no responde, se debe valorar interrumpir temporalmente el tratamiento biológico.

Otros

Lavados nasales

Los lavados nasales contribuyen a reducir el uso de medicación tópica y sistémica.

Los lavados nasales constituyen una opción terapéutica concomitante para el manejo de la rinitis alérgica. Este método se caracteriza por(18,19): limpiar y despejar las fosas nasales, mejorar la eliminación del moco, humedecer e hidratar la mucosa y disminuir la inflamación local y el edema de la mucosa. Todo ello contribuye a reducir el uso de medicación tópica y sistémica, mejorando la respuesta clínica de forma llamativa, a partir de la tercera semana de uso, y la calidad de vida de los pacientes(18).

Existen múltiples “recetas” que se pueden emplear y también productos comercializados para uso directo. Se puede realizar con suero isotónico o ligeramente hipertónico, este último parece ser más eficaz; sin embargo, no deben superar el 3 %, ya que pueden ocasionar irritación severa de la mucosa y otros efectos secundarios(18,19). Se aplican empleando: jeringas, botellas exprimibles, sistemas de baja presión de alto volumen, pulverizadores nasales o gotas. Algunos dispositivos no se recomiendan en menores de 4 años, por lo que se recomienda ajustar a la edad y preferencias del paciente y la familia(18,19).

Una reciente revisión sistemática concluyó que son aceptados y tolerados en la mayoría de la población pediátrica, y que la adherencia al tratamiento fue buena independientemente de la solución empleada(18). En la mayoría de los pacientes, los efectos secundarios son escasos. Los más frecuentemente reportados fueron: sensación de quemazón e irritación nasal, rinorrea, regusto desagradable después de su uso, leve otalgia, cefalea o epistaxis, descritos como transitorios y leves al inicio del tratamiento(18,19).

Antileucotrienos: montelukast

Actualmente en el asma, el montelukast se incluye como una opción terapéutica en monoterapia o asociada a GC inhalados a dosis bajas, inicialmente.

Dentro de los fármacos antagonistas de los receptores de los leucotrienos, se encuentran el montelukast y el zafirlukast. El montelukast es el único actualmente comercializado en España. Está aprobado su uso para el tratamiento del asma, independientemente de su etiología,
así como en el asma inducido por ejercicio físico, y en la rinitis alérgica(4,7).

Actualmente en el asma, el montelukast se incluye como una opción terapéutica en monoterapia o asociada a GC inhalados a dosis bajas, inicialmente. Aunque cabe destacar que los GC inhalados siguen siendo la primera línea de tratamiento para el control del asma persistente en la infancia. Según el esquema de tratamiento escalonado del asma en la edad pediátrica, también se podrá incluir en otros escalones terapéuticos con dosis medias o altas de GC inhalados. Se desconoce si existe un fenotipo respondedor a montelukast, por lo que se propone realizar un ensayo terapéutico para valorar su utilidad(9).

Se recomienda una dosis diaria, generalmente por la noche, que se deberá ajustar en función de la edad, existiendo una presentación de 4 mg en granulado indicada para pacientes entre seis meses y dos años, y comprimidos de 4 mg y 5 mg masticables, y de 10 mg para niños de dos a cinco años, de seis a 14 años y mayores de 15 años, respectivamente(4,7).

Los efectos secundarios más frecuentes en niños son: dolor abdominal, diarrea, erupción cutánea, cefalea, hiperquinesia y trastornos psiquiátricos, destacando alteraciones del sueño, irritabilidad y agresividad, entre otros(4,5,20). En general, estos últimos suelen aparecer al inicio del tratamiento, son leves y se resuelven tras la suspensión de este(20).

Anticolinérgicos: bromuro de ipatropio y tiotropio

En el tratamiento del asma, el bromuro de ipatropio está indicado en las crisis moderadas o graves en asociación con β2-agonistas, en pacientes que no respondan adecuadamente al tratamiento inicial. El bromuro de tiotropio se emplea como terapia adyuvante en el tratamiento de mantenimiento en el asma grave mal controlado con GC inhalados a dosis altas más un LABA en niños a partir de 6 años.

En este subgrupo, se encuentran el bromuro de ipatropio y el bromuro de tiotropio, ambos fármacos anticolinérgicos de acción corta y prolongada, respectivamente(7,9,21).

El ipatropio es un antagonista no selectivo de los receptores muscarínicos y se caracteriza por un comienzo de acción entre 15-30 minutos tras la inhalación, consiguiendo una broncodilatación máxima entre los 30 y 180 minutos posteriores, y su efecto dura entre 4 y 6 horas(21). Está indicado en las crisis moderadas o graves, en asociación con β2-agonistas en pacientes que no respondan adecuadamente al tratamiento inicial(7,9), cada 20 minutos durante las primeras dos horas (máximo tres dosis)(4,9). Se puede administrar mediante nebulizador (250 mcg en menores de 30 kg y 500 mcg en mayores de 30 kg), o como MDI con cámara espaciadora (40 a 80 mcg; 2-4 pulsaciones)(4,9). Este tratamiento se mantiene cada 4-6 horas durante las primeras 24-48 h(4,9). En niños menores de 5 años, se aconseja una dosis nebulizada de 125-250 mcg (dosis máxima diaria de un miligramo en total) con una frecuencia no superior a 6 horas(5).

El tiotropio se caracteriza por ser un antagonista competitivo más selectivo, con una potencia 10 veces superior y con una duración de efecto cercana a las 24 horas(15). Se emplea como terapia adyuvante en el tratamiento de mantenimiento en el asma grave mal controlada, con GC inhalados a dosis altas más LABA en niños a partir de 6 años(9). Se administra en dosis de dos inhalaciones cada 24 h (2,5 mcg por inhalación)(7).

Ambos fármacos por vía inhalada presentan un mejor perfil de seguridad y efectos secundarios, entre los que destacan: cefalea, tos, sequedad de boca y trastornos gastrointestinales para el ipatropio, y sequedad de boca, faringitis y sinusitis para el tiotropio(3,4,15).

Inmunomodulares

Los inhibidores de la calcineurina se emplean en el manejo de la dermatitis atópica moderada y grave, que no responden a tratamiento tópico en mayores de dos años.

Inhibidores de la calcineurina tópicos: tacrolimus y pimecrolimus

Los inhibidores de la calcineurina se emplean en el manejo de la dermatitis atópica moderada y grave que no responden a tratamiento tópico en mayores de dos años(4,13). El tacrolimus se emplea en pomada (0,03 % para mayores de dos años y 0,1 % para mayores de 16 años) y el pimecrolimus en crema (1 %)(7,13).

Según sus fichas técnicas, se recomienda su empleo durante las exacerbaciones, aplicando una fina capa dos veces al día durante un máximo de tres semanas en el caso del tacrolimus, y seis semanas del pimecrolimus(3-5). Posteriormente, se recomienda reducir su aplicación a una vez al día hasta su resolución en el caso del tacrolimus(3-5). Para el tratamiento de mantenimiento con tacrolimus, se recomienda una aplicación dos veces por semana separadas dos o tres días en las zonas más frecuentemente afectadas, para prevenir nuevos brotes(3-5), y dos veces al día con pimecrolimus(3,5).

Los efectos secundarios más frecuentes son la sensación de quemazón o calor, hormigueo o ardor en la zona de aplicación durante los primeros días, que suelen aparecer en los primeros cinco minutos tras su aplicación y pueden durar hasta una hora. Su intensidad y duración suele reducirse y desaparecer en los días subsiguientes a su empleo, aunque en algunos pacientes es motivo de discontinuación del tratamiento(13). Se debe evitar el contacto con mucosa y su empleo bajo oclusión(3). Estos fármacos no inducen atrofia cutánea, por lo que son de elección en zonas delicadas como: párpados, región perioral, zona genital, pliegues axilares o inguinales o para tratamientos a largo plazo(13). Su aplicación tópica no ha demostrado aumentar el riesgo de tumores cutáneos, neoplasias malignas o fotocarcinogenicidad; pero aun así, se recomienda utilizar protectores y protección solar durante el empleo de estos fármacos(13).

Ciclosporina, azatioprina, micofenolato de mofetilo y metotrexato

Estos tratamientos son empleados para el manejo de la dermatitis atópica moderada-severa que no responde a tratamiento tópico, corticodependiente o que los tratamientos previos estén contraindicados(10). Ninguno de estos tratamientos está exento de efectos secundarios, por lo que se emplean bajo estrecho seguimiento y monitorización.

Inmunoterapia

En la edad pediátrica, la inmunoterapia específica con alérgenos está indicada en el tratamiento de la rinitis alérgica, el asma de etiología alérgica, la alergia a ciertos alimentos y la alergia a himenópteros.

La inmunoterapia específica con alérgenos (ITA) se considera el único tratamiento específico y modificador de las enfermedades alérgicas IgE mediadas(23). La guía GA2LEN 2022(23) define la ITA como: “la administración repetida de alérgenos a intervalos regulares y aumentando la dosis para modular la respuesta inmune y aumentar el umbral en el que un individuo reacciona a un alérgeno”. La ITA ha demostrado la capacidad de mejorar los síntomas, reducir el uso de medicación, inducir una tolerancia específica tras el fin del tratamiento y prevenir el desarrollo de nuevas enfermedades alérgicas(23).

En la edad pediátrica está indicada en el tratamiento de la rinitis alérgica, el asma de etiología alérgica, la alergia a ciertos alimentos y la alergia a himenópteros. Existen diferentes vías de administración, pero las más frecuentemente empleadas son la vía sublingual y la vía subcutánea(23).

La ITA se considera una opción terapéutica en el tratamiento de rinitis moderadas-severas de etiología alérgica, con o sin asma asociado, en niños a partir de los 5 años de edad. La duración de estos tratamientos es variable, pero se recomienda una duración de 3 a 5 años para conseguir una eficacia clínica significativa(23). En el caso de que la indicación sea por alergia a himenópteros, la vía de elección es la subcutánea, la duración recomendada son 5 años y también se realiza, en general, a partir de los 5 años de edad(23).

En la alergia a alimentos, se emplean diferentes rutas de administración. Las más estudiadas son: la vía oral, la epicutánea, la sublingual y la subcutánea. Se suele indicar en niños mayores de 4 años de edad, y si se ha realizado con múltiples alimentos, entre ellos destacan la leche de vaca, el huevo y el cacahuete(23).

En general, estos tratamientos se consideran seguros y eficaces, pero no están exentos de posibles efectos secundarios (tanto locales como sistémicos), por lo que se recomienda informar a las familias y a los pacientes de estos, así como de los protocolos empleados y de la duración estimada del tratamiento(23).

Función del pediatra de Atención Primaria en el manejo de la alergia pediátrica

El equipo de Pediatría de Atención Primaria es el encargado de promover las medidas de evitación, promocionar la salud y educar a los niños y a sus cuidadores. Ellos serán los encargados de realizar ese seguimiento periódico que supone uno de los pilares en el tratamiento de la patología alérgica. Entre sus funciones destacarán:

• Nuevos diagnósticos, prescripción de tratamiento inicial, medidas de evitación, derivación a especializada si fuera preciso y seguimiento a largo plazo.

• Prescripción y renovación de la medicación habitual: es imprescindible familiarizarse con estos tratamientos y que las familias revisen de forma rutinaria la fecha de caducidad de la medicación. Antes de depositar los autoinyectores de adrenalina no usados, se aconseja practicar sobre una toalla doblada, por ejemplo, para poder tener así una experiencia más práctica de su uso. Esto debe realizarse con precaución y bajo supervisión del personal sanitario en un ambiente controlado.

• Diario de síntomas y calendario de medicación: estas dos herramientas son muy sencillas de realizar y aportan gran información a la hora de valorar la temporalidad y la duración de los síntomas y el tratamiento empleado.

• Seguimiento mediante la medición del pico flujo espiratorio máximo (peak flow): este método de diagnóstico y seguimiento es sencillo y muy útil para la evaluación del asma. Permite valorar el resultado del paciente con respecto a su teórico o su mejor valor personal previo, si este se conoce, y así ofrecer una aproximación de la gravedad inicial de la exacerbación(9). En la sección de recursos de interés podréis encontrar el protocolo creado por la Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) para su manejo y un vídeo tutorial de cómo emplearlo.

• Cuestionarios útiles en asma: Test de Control del Asma (ACT) y el Test de Adhesión a los Inhaladores (TAI): el ACT se emplea de forma rutinaria para la evaluación y el seguimiento del asma. Su adaptación a la población infantil ha conseguido mejorar el control del asma y el seguimiento de estos pacientes. Existen diferentes tipos de cuestionarios (CAN, ACT, o ACQ), ajustándolos a la población infantil según la edad. En población adulta se asocia con el TAI, que se encuentra validado para mayores de 18 años. Nos permite valorar la adhesión (buena, intermedia o mala), y nos ayudará a orientar el patrón de incumplimiento (errático, deliberado o involuntario)(9).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

1. Jáuregui Presa I, Lluch Bernal M, Montoro Lacomba J, Antépara Ercoreca I. Antihistamínicos y descongestivos. En: Dávila González IJ, Jáuregui Presa I, Olaguibel Rivera JM, Zubeldia Ortuño JM, ed. Tratado de Alergología. SEAIC. Madrid: Ergon. 2015; II: 387-408.

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Bibliografía recomendada / Recursos de interés

– Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA). Protocolo de actuación ante una reacción alérgica en la escuela. Disponible en: https://www.aepnaa.org/recursos/aepnaa/pdf/protocolo.pdf.

– Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Protocolo de actuación ante el asma en los centros educativos. Disponible en: https://www.seaic.org/profesionales/blogs/alergia-infantil/protocolo-de-actuacion-ante-el-asma-en-los-centros-educativos.html.

Protocolo de actuación ante una reacción alérgica en la escuela y protocolo de actuación ante el asma en los centros educativos: ambos planes por escrito de cómo actuar en caso de otro episodio, ayudará a las familias y al personal escolar al manejo de las reacciones agudas. Se aconseja revisar el protocolo de forma conjunta, haciendo participe al paciente y a sus cuidadores. Se recomienda renovarlo de forma anual.

– Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Protocolos de enfermería: Protocolo de Peak Flow. Seguimiento mediante la medición del pico flujo espiratorio máximo (peak flow). Disponible en: https://www.seaic.org/profesionales/blogs/enfermeria-en-alergia/protocolos-de-enfermeria-peak-flow-y-espirometria-forzada.html.

– Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Vídeo explicativo: Utilización del medidor de flujo espiratorio (peak-flow). Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=XqhEBqpDo48.

Protocolos de enfermería: estos protocolos forman parte de una serie de guías de actuación, elaboradas por profesionales del Comité de Enfermería en Alergia de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica (SEAIC), cuya finalidad es producir un conocimiento científico que pueda trasladarse al quehacer diario de todo el personal de enfermería en el ámbito de la alergia.

– Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). Folletos informativos de prevención. Hojas de recomendaciones. Documentos de información sobre diversos aspectos de la alergia infantil. Disponible en: https://seicap.es/documentos-general/hojas-de-recomendaciones/.

Folletos informativos de prevención: existen múltiples documentos informativos sobre la prevención y la evitación de cada alérgeno. Estas son especialmente relevantes en la población infantil.

– Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA). Etiquetado de los productos y material escolar: Dossier Material Escolar 2022. Disponible en: https://www.aepnaa.org/recursos/publicaciones-archivos/a49cfc4d4213742fac6723fae0ad850a.pdf.

Etiquetado de los productos y material escolar: en el colegio, los pacientes pediátricos están expuestos a múltiples productos que pueden contener diferentes alérgenos en su composición. Es aconsejable conocer las normas generales del etiquetado de los productos y los alérgenos de declaración obligatoria. La Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA), publicó un dossier con el material escolar de 2022-2023, en el que se detalla la composición de algunos de los materiales más empleados en las escuelas.

– Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Niveles ambientales de pólenes. Disponible en: https://www.polenes.com/es/home.

Niveles ambientales de pólenes: estos se pueden valorar viendo sus niveles por regiones en la página oficial de la SEAIC dedicada a esto. Este recurso es muy práctico para las familias y los profesionales sanitarios, tanto para reforzar las medidas de prevención como para adecuar y ajustar los tratamientos.

– Sociedad de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Campamentos de verano para niños con asma y alergia. Disponible en: https://www.seaic.org/.

Campamentos de verano para niños con asma y alergia: las diferentes sociedades regionales de Alergología en colaboración con la SEAIC, organizan unos campamentos de verano para niños con asma y alergia. Estas jornadas formativas en alergia, promueven y educan en el ámbito de la alergia infantil y favorecen los encuentros entre niños con la misma patología.

Caso clínico

Julia tiene 13 años y acude a la consulta con sus padres para valorar un primer episodio de anafilaxia que le sucedió hace unos días tras la ingesta de una chocolatina que contenía cacahuetes y otros frutos secos. La reacción comenzó a los 10 minutos de la ingesta, presentando inicialmente habones aislados en el abdomen y en los brazos. Posteriormente, Julia comenzó con picor naso-ocular, rinitis y tos seca con dificultad respiratoria. Al ver que no mejoraba, sus padres la llevaron al servicio de Urgencias del hospital más cercano, donde las sibilancias eran audibles sin fonendo. Se le administró tratamiento, adrenalina intramuscular, entre ellos, y Julia mejoró a los 10 minutos. Fue dada de alta tras varias horas de observación.

 

 

Allergy to medicines and drugs

R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**
Topics on
Continuous Training


R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**

*Allergy Service. Niño Jesús University Children’s Hospital. Madrid. **Allergy Service. Puerta de Hierro University Hospital. Majadahonda. Madrid

Abstract

The excess of unconfirmed drug hypersensitivity diagnoses is a significant clinical problem because of patient therapeutic compromise. Primary care physicians are often the first point of contact for children with drug adverse reactions, so it is important that they are able to assess and manage these patients and refer those who require an allergy study.
In children, most reactions are due to beta-lactams, followed by non-steroidal anti-inflammatory drugs.
We describe the different types of hypersensitivity reactions, their clinical features, available diagnostic tools and their management. Emphasis is placed on the essential elements of the clinical history, which can be used to identify the type of reaction, as well as the severity criteria that will guide the management of each patient.
Both, skin tests and in vitro tests currently available for the study of drug allergy are more reliable for immediate than non-immediate reactions, but their use is limited because of their poor validity in children. In most cases, it is necessary to perform a drug provocation test, despite its risks, to confirm the diagnosis of allergy or the tolerance of alternative drugs.

 

Resumen

El exceso de diagnóstico no confirmado de hipersensibilidad a fármacos constituye un problema relevante en la práctica clínica, por la limitación terapéutica que implica para los pacientes. Los médicos de Atención Primaria son, a menudo, el primer punto de contacto para los niños que sufren reacciones, por lo que es importante saber evaluarlas, tratarlas, y derivar a los pacientes que requieran un estudio alergológico.
En los niños, la mayoría de las reacciones se atribuyen a los betalactámicos, seguidos por los antinflamatorios no esteroideos.
Se describen los tipos de reacciones de hipersensibilidad, su clínica, los métodos diagnósticos disponibles y su tratamiento. Se hace hincapié en los elementos esenciales de la historia clínica que permitirán catalogar el tipo de reacción, así como los criterios de gravedad que determinarán el manejo de cada paciente.
Las pruebas diagnósticas, tanto cutáneas como in vitro, actualmente disponibles para el estudio de alergia a medicamentos, son más fiables en reacciones inmediatas que no inmediatas, sin embargo, dada su escasa validación en edad pediátrica, tienen un uso limitado. A menudo, es necesario recurrir a la prueba de exposición controlada (PEC), a pesar de sus riesgos, para confirmar el diagnóstico de alergia o la tolerancia de fármacos alternativos.

 

Key words: Adverse drug reactions; Drug allergy; Children.

Palabras clave: Reacciones adversas a fármaco; Hipersensibilidad a fármaco; Niño.

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 162-172

 


• To learn how to distinguish a hypersensitivity reaction from other adverse drug reactions.

• To recognize the key points of the clinical history of a hypersensitivity reaction to drugs.

• To identify the severe signs and symptoms of a drug hypersensitivity reaction.

• To familiarize with the recommendations that should be provided to a patient with suspected hypersensitivity reaction.

• To determine when to refer a patient to specialized care so as to carry out allergological studies.

 


 

Allergy to medicines and drugs

Introduction

Type A adverse drug reactions (ADRs) are those reactions that are foreseeable and related to the known pharmacological effects of the drug itself. Type B ADRs are less common and are due to an abnormal response in predisposed individuals. Hypersensitivity reactions are included in type B reactions.

The World Health Organization (WHO) defines adverse drug reaction (ADR) as: a noxious, unwanted and unintentional response that occurs after ingesting a drug at a commonly used dose in humans to prevent, diagnose or treat a disease; as well as the responses derived from the dependence, abuse and incorrect use of medications(1). ADRs are a serious problem, with an increasing incidence as more drugs are marketed and more people are exposed to them (Table I).

Type A ADRs (more frequent) are not mediated by immunological mechanisms, but are rather predictable and related to the already known pharmacological effects of the drug itself(1,2). These reactions can occur in anyone treated and are usually mild.

Type B ADRs are less frequent, they are not predictable, and they are not related to the dose or pharmacological effect, since they are due to abnormal responses that generally occur in a small part of the population susceptible to presenting them(1,3). Within this group of reactions, there are reactions due to idiosyncrasy, intolerance and hypersensitivity to drugs. The term allergic reaction is reserved for immunologically mediated hypersensitivity reactions(4).

Classification of allergic drug reactions

ADRs can be classified according to the time of onset of symptoms, immediate or late. Depending on the pathophysiological mechanism, they are differentiated into hypersensitivity reactions: type I (immediate, mediated or not by IgE), type II (delayed, through cell lysis or cytotoxic); type III (delayed, due to immune complex deposition or complement activation); or type IV (delayed, mediated by activated T lymphocytes or cell-mediated) (Table II).

The classification of ADRs is complex, because there are multiple drugs involved and many different clinical presentations. In addition, the immunological mechanisms of some reactions are not fully defined and traditional classifications, based on the chronology between drug administration and the onset of symptom development, present difficulties.

Depending on the time of onset of symptoms, IgE-mediated early-onset reactions are considered to be those that occur between 1 and 6 hours after drug administration, and late-onset reactions are those that occur after 6 hours of taking the drug(5).

Hypersensitivity reactions are divided into four types according to the Gell and Coombs classification, which is based on the underlying pathophysiological mechanisms of each reaction. This is essential to determine the relevant diagnostic procedures, the appropriate therapeutic options, as well as to evaluate the cross-reactivity between similar drugs(2) (Table II).

• Type I: immediate reactions (mediated by IgE or non-IgE mediated). In recent years, reactions due to non-specific release or activation of mast cells have been included in this type, although these are clinically indistinguishable from an IgE-mediated reaction.

• Type II: delayed reactions, through cell lysis or cytotoxic, mediated by antibodies (generally IgG and less frequently IgM).

• Type III: delayed reactions due to deposition of immune complexes and complement activation.

• Type IV: delayed reactions, mediated by activated T lymphocytes, although they can also include other types of cells such as: macrophages, eosinophils or neutrophils. T cells are capable of generating different types of inflammatory response, depending on the cytokines produced and the other cells involved in the reaction; therefore, in turn, type IV reactions are subdivided into 4 subtypes (IVa, IVb, IVc and IVd).

Epidemiology

Drug allergy in childhood is a growing socio-sanitary problem. Although an overestimation of the epidemiology of HR to drugs is likely, the diagnosis is rarely confirmed after allergological study.

The presence of allergy to drugs in children is an important socio-sanitary problem, due to the anguish that this can cause in children, their parents and in the doctors who care for them. The absence of a correct diagnosis leads to some patients being improperly classified as allergic to drugs for an indeterminate period of time, affecting the use of second or third choice therapeutic alternatives, with higher associated healthcare costs, as well as the risk of developing antibiotic resistance(1,5). Many parents also try to avoid taking some drugs due to a family history of drug allergy(6). The epidemiology of HR to drugs is little known globally, especially in children, but it may be overestimated, since approximately 10% of parents report, at least one HR to drugs in their children(7). However, after carrying out a complete allergy study, the diagnosis of HR due to drugs is confirmed only on a few occasions(8).

The incidence of HRs varies depending on the population studied, their age, consumption patterns, diagnostic criteria, and the time elapsed until the study was carried out. Despite the fact that any drug can induce HR, in the pediatric population, antibiotics, especially those of the beta-lactam (BL) group, non-steroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs) and vaccines are the most frequently implicated drugs(2,8).

Fortunately, severe cutaneous adverse reactions are very rare in children, with few series published in the literature. In general, in these reactions, the most frequent drugs are BL antibiotics, NSAIDs, and antiepileptic drugs.

Risk factors

The risk of presenting HR due to drugs increases with the use of drugs and self-medication(8). In general, HR is considered to be more frequent in children diagnosed with cystic fibrosis,
which could be explained by higher levels of drug exposure, frequent use of intravenous treatments, and specific immune responses related to the disease itself(9).

Despite the fact that female gender is considered a risk factor for presenting HR, this data could not be documented in the pediatric population(8).

Infections are very frequent in children, especially viral infections, and constitute a risk factor, as well as a differential diagnosis of HR due to drugs. They may also act as cofactors in some susceptible individuals. Aminopenicillins can induce a rash, especially in children with Epstein-Barr virus (EBV) infection(8). Other viruses that are risk factors are the human immunodeficiency virus (HIV) and the cytomegalovirus (CMV).

The presence of allergic asthma and chronic urticaria are significant risk factors for NSAID reactions in children.

Clinical manifestations

The most common symptoms in adverse drug reactions in children are non-immediate maculopapular rash (MPR) and non-immediate urticaria. The differential diagnosis must mainly be done with infectious exanthema.

Immediate reactions

They can vary in severity from mild reactions to severe or very severe reactions, including anaphylaxis and anaphylactic shock.

The skin is the most frequently affected organ in the form of urticaria or MPR, with or without associated angioedema.

Respiratory involvement (essentially bronchospasm) as the only clinical manifestation is rare, being limited almost exclusively to reactions caused by NSAIDs (especially in children with a previous diagnosis of asthma) or, more frequently, as an associated symptom of an anaphylactic reaction(2,8,10).

Any IgE-mediated reaction can be life-threatening, as it can be triggered by small doses of the drug. The frequency of anaphylaxis, although considered low, seems to have increased in recent years, reaching between 5-25% according to the different series published in the literature(11).

Non-immediate reactions

They can occur even days after finalizing the treatment of the implicated drug. As in the immediate reactions, the skin is the most frequently affected organ, with MPR and non-immediate urticaria being the most frequent clinical manifestations(12,13).

Respiratory involvement, such as drug-induced pneumonitis, is exceptional in children, being observed, especially in relation to the use of chemotherapeutics.

Severe Cutaneous Adverse Reactions (SCAR) are rare in children. Among them, cases of: acute generalized exanthematous pustulosis (AGEP) have been described (acute onset appearance of sterile, non-follicular pustules <5 mm over an erythematous base); Drug Reaction with Systemic Symptoms (DRESS: rash with systemic symptoms such as: fever, adenopathies, eosinophilia and organic involvement, mainly liver); Stevens-Johnson syndrome (SJS: target lesions with vesicles and bullae associated with mucosal involvement, malaise, and fever); and toxic epidermal necrolysis (TEN: similar to SJS with greater involvement and skin detachment). The drugs most commonly implicated in these reactions are antibiotics (BL and sulfonamides, mainly), NSAIDs and anticonvulsants(2).

Serum sickness usually presents with cutaneous symptoms such as PMR or urticaria, with systemic involvement such as fever, arthritis or arthralgia, which usually appear 1-3 weeks after exposure to the drug. Its pathophysiology is unknown. It is rare, usually affects children under 5 years of age, and beta-lactams (BL), especially cefaclor, penicillin V, and amoxicillin, are the most frequently involved drugs(10).

In recent years, few cases have been described in the literature in pediatric patients presenting exclusively gastrointestinal symptoms, such as nausea, vomiting and/or diarrhea, associated with decay, approximately 2-4 hours after taking the trigger drug and that mimic the symptoms caused by food protein-induced enterocolitis (FPIES)(14). In the most severe cases there may be hypotension, lethargy or hypothermia, which can lead to hypovolemic shock. The drugs implicated in children are limited to date to amoxicillin and amoxicillin-clavulanic acid(14).

Main drugs that cause allergic reactions in children: beta-lactam antibiotics and NSAIDs

Non-steroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs), together with beta-lactam antibiotics, are the two leading causes of drug hypersensitivity reactions in children.

Beta-lactam antibiotics

A suspected reaction to beta-lactam antibiotics constitutes approximately 80% of consultations for drug allergy and, along with NSAIDs, they are the most common cause of allergic drug reactions in children.

Of these, aminopenicillins and, specifically, amoxicillin, occupy the first place, favored by the wide and extensive prescription of this antibiotic today.

Beta-lactams contain a common thiazolidine ring and a side chain that is responsible for the differences between each group. IgE antibodies against penicillins can be specific against the beta-lactam ring itself (common in all BL) or specific to the side chain, producing selective reactions in this case. However, it must be taken into consideration that BL from different groups may have identical side chains (cross-reactivity). Currently, the most frequent is selective allergy to the side chain without presenting a reaction with penicillin(15). However, if the allergy is caused by the major determinant of penicillin, the diagnosis is likely to be allergy to all penicillins.

There are scarce studies that analyze the cross-reactivity between penicillins and cephalosporins in children, but it has been estimated at 0.3-23.9%, being higher for cephalosporins with the same side chain(16).

Non-steroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs)

NSAIDs make up a heterogeneous group of drugs, used for their anti-inflammatory, antipyretic, analgesic and anti-aggregant action. They act by inhibiting cyclooxygenase (COX), an enzyme that catalyzes the conversion of arachidonic acid into prostaglandins. They can be classified according to their chemical composition or according to their ability to inhibit COX (Table III).

Two large groups of HR can be distinguished: selective (immunologically mediated, which usually involve a single group of NSAIDs) and non-selective or cross-intolerance (more frequent and which usually involve several groups of NSAIDs due to the relationship with the inhibition of COX-1).

Children under 10 years of age mostly present reactions due to cross-reactivity, with the presence of cofactors, such as viral infections or exercise(17).

Diagnosis

The diagnosis of allergy to drugs is based on a detailed clinical history and the allergy study using: skin tests, in vitro (specific IgE, basophil activation test and lymphocyte transformation test) and controlled exposure testing (CET) which constitutes the reference test. Allergological study is not indicated as screening without a previous reaction. Ideally, the allergy study will be performed 1-6 months after full recovery from the initial reaction, since the study loses sensitivity later on (Algorithm 1).

Clinical history

The clinical history, referred by the parents in the cases of younger children and by the patients themselves, is the first and most important step when trying to differentiate an HR from an ADR or an infection.

The suspicion of HR to drugs is confirmed in a few cases after performing an allergy study, and when it is, it is common that the reaction presented during the controlled exposure test does not correspond to that initially reported in the clinical history(8). This may be due to the imprecision of the data collected, the difficulty of communicating in affected children at an early age who cannot express themselves, and the time until the evaluation in consultation, which sometimes occurs years later. Tables IV and V show, respectively, the most important data in the clinical history, as well as the severity criteria that should be known, since the correct diagnostic approach will depend on it.

 

 

Skin tests

Skin tests include: intraepidermal or prick tests, intradermal (ID) tests, and epicutaneous (patch) tests. These tests are useful to identify the drugs responsible for HR and to determine possible therapeutic alternatives that are safe. However, the cost-effectiveness of skin testing varies depending on the type of reaction, drug, and time to study. On the other hand, on many occasions, its negativity does not rule out the possibility of a reaction and, in most cases, it is necessary to perform a CET to achieve a definitive diagnosis.

Prick tests are used when there is a suspicion of an immediate reaction, and they have the advantage of being safe and can be performed with drugs that are not available in sterile injectable form.

The ID tests can be used, both in immediate reactions (reading at 15 minutes) and in non-immediate reactions (reading at 24 and/or 48 hours). They are usually performed if the prick tests have been negative. However, they are invasive tests that carry a greater risk of systemic reaction, so their use in children is more limited than in adults. They are considered contraindicated in SCAR, however, some authors consider their use in a controlled setting(18).

Epicutaneous or patch tests are tests that are considered safe, although their profitability is limited, so they are only used in certain non-immediate
reactions or in SCARs as the first line in the diagnostic approach(18,19).

Beta-lactam antibiotics

Skin tests with BL antibiotics are the most studied and have the most evidence in children. However, they have low sensitivity and positive predictive value, especially in non-immediate and mild skin reactions(20).

With BL, ID tests, more sensitive than prick tests, are used primarily for immediate HR. In the case of non-immediate mild reactions with BL, the sensitivity of ID tests with late reading at 48 hours is low, although a high predictive value has been shown in case they are positive(10). Given its low profitability in this type of reaction, its use is limited to certain occasions(8,21).

Anti-inflammatory drugs

In the case of NSAIDs, the use of skin tests is limited to metamizole and, in certain cases, paracetamol, in selective HR, while there is insufficient evidence to support laboratory tests in the case of HR to NSAIDs(17).

Histology

Performing skin biopsies can be useful in severe entities such as AGEP and DRESS.

In vitro testing

• Serum tryptase during the acute and basal episode: it is used for the diagnosis of anaphylaxis. It reaches its peak between 60-90 minutes after the onset of symptoms and remains elevated for up to 5 hours. Basal tryptase determination is always necessary.

• Determination of total and specific IgE; It is available for: amoxicillin, ampicillin, penicillin G and V, cefaclor, some neuromuscular blockers and chlorhexidine(8,21). Although its sensitivity is less than 50%, it is useful in more severe immediate IgE-mediated reactions(8).

• Other in vitro tests such as: the basophil activation test (BAT) in immediate reactions, the lymphocyte transformation test (LTT) in non-immediate reactions and the quantification study of cytokines or T-/B cell products (ELISPOT), require experienced and qualified personnel, hence, they are not performed in daily clinical practice, but rather exceptionally(13).

Controlled exposure test

It is the reference test to confirm or rule out the diagnosis of HR and verify tolerance to therapeutic alternatives. It consists of the gradual administration of the suspected drug until the therapeutic dose adjusted to weight is reached. The administration guidelines vary depending on the drug used, the type of reaction and the severity of the reaction that motivates the study. They are performed when previously performed tests (skin and/or in vitro tests) have been negative, as long as the benefit to the patient outweighs the risk of the procedure.

CET should only be performed in specialized centers, where patients are carefully selected and equipment, supplies, and trained personnel are available to manage the possibility of a severe reaction during its performance(19).

CET is contraindicated in severe adverse reactions such as: anaphylaxis, SCAR or severe systemic reactions, although in certain cases, when other diagnostic procedures, such as skin or in vitro tests, are inconclusive, CET can be considered with an alternative drug, when its use is indispensable for the patient(11).

In children with a mild skin reaction such as rash (especially in late reactions), performing a CET can be considered without the need for prior skin tests, provided that the presence of any severe sign or symptom has been ruled out(8,21).

In the case of NSAIDs, CET is essential to determine the type of HR, and, when necessary, offer therapeutic alternatives.

In the case of selective reactions, the use of all NSAIDs of the responsible group will be forbidden (e.g., the use of propionic acids will be exclusively prohibited, in the case of confirming HR to ibuprofen). However, for cases of HR due to crossed intolerance, each of the authorized drugs must be confirmed by CET. In general, paracetamol at therapeutic doses (15 mg/kg/dose) is usually tolerated. Although, currently, the use of selective COX-2 inhibitors in patients under 12 years of age has not been approved, several studies support the safety of the use of: etoricoxib, celecoxib and meloxicam as a weak COX-1 inhibitor, in pediatric patients as an alternative(22). Other proposed alternatives to the use of NSAIDs are corticosteroids, powerful anti-inflammatories, together with physical measures to reduce temperature, and opiates as analgesics.

The diagnostic management of HR by BL is summarized in Algorithm 2.

Differential diagnosis

In most cases, it is impossible to distinguish between a rash induced by an infectious process and one that is secondary to drugs. Most skin reactions that occur while undergoing treatment with a BL are due to the infection itself, and HR has been confirmed in less than 10% of cases(8). In fact, the incidence of rash in children is estimated at 153.8/10,000 children and it can be caused: by the infection itself, by the interaction of the drug with the infection, or because it truly is an allergic reaction to the drug(23). The infections that most frequently cause this type of affectation are: EBV, CMV, parvovirus or Mycoplasma(8,24). A detailed clinical history, together with serological tests or virus detection tests by means of PCR in the acute phase, will allow in certain cases, to differentiate an infectious exanthema from an HR. The diagnosis must be made during a minimum of 4-6 weeks after the complete resolution of all clinical symptoms, to avoid both false positives and false negatives(4).

In the differential diagnosis of DRESS, diseases that occur with: fever, rash, lymphadenopathy and involvement of other organs, such as infections by: EBV, parvovirus B19, measles, dengue or Coksackie virus must be taken into account(25).

It is important to differentiate anaphylactic reactions from other clinical manifestations that may occur during drug administration, such as vasovagal syndromes or the well-known oculorespiratory syndrome, described after administration of influenza virus and characterized by: bilateral conjunctivitis, facial edema, and upper pathway respiratory symptoms(11).

Re-evaluation

The natural history of drug hypersensitivity with most classes of drugs in children is largely unknown. There is also anecdotal information that some children with NSAID-exacerbated skin disease may resolve their HR to NSAIDs when the urticarial episodes subside. For this reason, it is advisable to periodically re-evaluate these patients and assess the possibility of performing a CET always in a hospital setting and with trained personnel(15).

Treatment

In the event of an adverse drug reaction, it is essential to withdraw the suspected drug and avoid any drug that belongs to the same group, as well as to recognize severe reactions that require urgent action (Table V).

Immediate reactions

In the case of mild immediate reactions, such as urticaria or angioedema, antihistamines, preferably second generation, will be administered as the first option. An immediate severe reaction or anaphylaxis is considered life-threatening, which requires, as the first line of treatment, the administration of intramuscular adrenaline (0.01 mg/kg up to 0.5 mg maximum dose), a dose that can be repeated after 5 -15 minutes, if the manifestations persist. In the event of cardiorespiratory arrest, resuscitation maneuvers will be started and other support measures will be added. It should be noted that the administration of systemic antihistamines and corticosteroids should not be used as first-line treatment in these cases or in monotherapy, since they do not reverse laryngeal edema, bronchospasm, or hypotension(26).

Non-immediate reactions

In mild non-immediate reactions, antihistamines may be used, however, in uncomplicated MPR the use of corticosteroids is not recommended.

SCARs require multidisciplinary treatment and, sometimes, admission to intensive care units. Although there is no clear consensus, in DRESS cases, systemic corticosteroids (prednisolone 1 mg/kg/day) are the mainstay treatment in the acute phase in patients with severe organic involvement. Other drugs used are cyclosporine or anti-TNF(19).

Desensitization

In confirmed cases of allergy to a drug in which its administration is essential for the patient, desensitization can be considered. However, the experience in children is scarce and protocols adapted for adults are often used(27).

For children with positive allergy tests after suspected anaphylaxis to anti-infective vaccines, this can be administered in graduated doses according to the protocol proposed by the American Academy of Pediatrics(11).

Role of the Primary Care pediatrician

The Primary Care physician plays a determining role when faced with a patient with suspected HR to a drug (Table VI), both for the correct diagnosis of HR and to avoid overdiagnosis that is harmful to the patient. The first step will be to rule out that it is an ADR and, in case of suspicion of HR, refer the patient to the Allergology Service with a detailed clinical history.

His role entails:

• To identify a possible hypersensitivity reaction.

• To differentiate it from a type A reaction.

• To thoroughly collect all the necessary elements for an adequate filiation of the reaction (Table IV).

• To know the severity criteria (Table V).

• To manage a reaction in the acute phase, either applying the appropriate pharmacological treatment or referring to the Emergency Department (treatment of anaphylaxis).

• To discontinue the suspect drug and maintain the prohibitions regarding the use of drugs from the same family or group, until its assessment in the Allergology Service.

• To adequately inform the patient about the drugs to avoid and the alternatives that can be used until the completion of the allergy study.

• To inform patients that an allergy study is not indicated for screening(28).

Conflict of interests

There is no conflict of interest in the preparation of this manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

The asterisks reflect the interest of the article in the opinion of the authors.

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Extensive review on the diagnosis and management of HR, specifically in the pediatric population.

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Recommended to deepen knowledge about the differential diagnosis of maculopapular rash.

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It presents in a practical way the management of HR from Primary Care perspective. This is especially recommended.

 

Clinical case

 

A 3-year-old girl had a history of hospital admission for 5 days due to bronchiolitis. No family history of interest. She was referred to the Allergology Department due to suspected allergy to amoxicillin.

In February 2022, after the diagnosis of acute otitis media, treatment was prescribed with amoxicillin 50 mg/kg/day (250 mg every 8 hours) for 7 days, and ibuprofen 5 mg/kg/dose (75 mg every 8 hours) in case of fever or pain. Twenty-four hours after finishing the fifth day of antibiotic treatment, she required assistance in the Emergency Department due to presentation of skin lesions when she got up in the morning that were described as: a non-pruritic maculopapular rash affecting the trunk, back and lower limbs, and not affecting soles of the feet nor palms of the hands. The last dose of amoxicillin before the onset of symptoms had been at least 8 hours before (the girl went to bed without skin lesions) and the last dose of ibuprofen had been 48 hours before the onset of symptoms. The rest of the physical examination showed no abnormalities. There were no mucosal lesions and the patient remained afebrile and in good general condition. In the Emergency Department, she was administered a dose of dexchlorpheniramine 0.2 mg/kg/day and home treatment was prescribed with the same antihistamine syrup for 4 days, and treatment with amoxicillin was withdrawn. She was diagnosed with a rash probably secondary to amoxicillin vs infectious, she was told to avoid beta-lactam antibiotics and she was referred to Allergology. Symptoms resolved in approximately 3 days with no desquamation or residual lesions.

Previously, the patient had tolerated amoxicillin and cefuroxime without incidents and, after the episode described, she had avoided taking amoxicillin and other beta-lactam antibiotics, but she had resumed tolerating ibuprofen without issues.

Given the characteristics, mild and, a priori, a late reaction (onset of symptoms hours after taking the most suspicious drug, amoxicillin), the drug allergy study was planned and the corresponding informed consent was signed.

Prick or intradermal skin tests were not performed, nor was total and specific IgE determined, considering the profitability of these complementary tests in this type of reaction. In the absence of alarm signs (mucosal lesions, absence of fever, no residual lesions or desquamation and resolution of symptoms in three days), a controlled exposure test with amoxicillin was performed directly, with a single dose of 250 mg, being negative. Home treatment with amoxicillin 250 mg every 12 hours for 5 days was also prescribed and, subsequently, tolerance to said drug was confirmed and, therefore, the diagnosis of allergy to amoxicillin was ruled out, confirming that the rash previously presented was of infectious origin. No controlled exposure test was performed with ibuprofen, since the patient had tolerated it after the episode that prompted the allergological study.

 

 

 

 

Rinoconjuntivitis alérgica

E.M. Macías Iglesias*,  S. de Arriba Méndez**
Temas de FC


E.M. Macías Iglesias*, S. de Arriba Méndez**

*Alergóloga. Servicio de Alergología. **Pediatra especialista en Alergología infantil. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

Resumen

La rinoconjuntivitis es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia. Los alérgenos inhalados, como los pólenes o ácaros, y en menor medida, epitelios y hongos, a los que el sujeto está expuesto de forma natural por vía respiratoria, son los responsables de la rinitis alérgica.

La respuesta alérgica en la mucosa nasal tiene un componente precoz y otro tardío que contribuyen indistintamente a las manifestaciones clínicas de la rinitis alérgica.

El principal diagnóstico diferencial de la rinoconjuntivitis en la edad pediátrica son los procesos infecciosos víricos que afectan a las vías altas.

No existe un tratamiento protocolizado para la población infantil. Los fármacos más potentes para la rinitis son los corticoides nasales y la combinación fluticasona-azelastina nasal.

Esta patología tiene un impacto directo en la calidad de vida, siendo la congestión nasal el síntoma que más repercute en ella. La rinitis influye negativamente en el sueño, la concentración, la productividad, el aprendizaje, las actividades escolares, el deporte y la vida social de los pacientes, siendo los adolescentes los más afectados.

 

Abstract

Rhinoconjunctivitis is one of the most prevalent chronic diseases in childhood. Inhaled allergens, such as pollens or mites, and less frequently, epithelium and fungi, to which the patient is naturally exposed through the respiratory tract, are responsible for allergic rhinitis.

The allergic response in the nasal mucosa has an early and late component that contributes indistinctly to the clinical manifestations of allergic rhinitis.

The main differential diagnosis of rhinoconjunctivitis in the pediatric age are viral infectious processes that affect the upper airways.

There is no protocolized treatment for pediatric population. The most potent drugs for rhinitis are nasal corticosteroids and the fluticasone-azelastine nasal combination.

This pathology has a direct impact on the quality of life, with nasal congestion being the symptom that has the greatest impact. Rhinitis negatively influences sleep, concentration, productivity, learning, school activities, sports, and the social life of patients. Adolescents are the most affected.

 

Palabras clave: Rinitis alérgica; Conjuntivitis; Tratamiento farmacológico.

Key words: Rhinitis; Allergic; Conjunctivitis; Drug Therapies.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 101 – 105

 


OBJETIVOS

Entender que la rinoconjuntivitis es una patología muy frecuente también en la infancia.

No banalizar dicha patología dado lo que afecta a la calidad de vida.

Establecer las bases de un diagnóstico diferencial con otros tipos de rinitis que pueden también afectar a la población infantil.

Establecer las bases de un diagnóstico diferencial con otros tipos de conjuntivitis que pueden afectar a los niños y cuyo diagnóstico es fundamental para evitar secuelas.

Explicar la clasificación de la gravedad, para poder posteriormente adecuar el tratamiento a dicha gravedad.

 

Rinoconjuntivitis alérgica

Prevalencia

La rinitis afecta a más del 13 % de los adolescentes y a más del 7 % de los niños de 6 años.

Los datos más consistentes sobre la prevalencia de la rinoconjuntivitis en niños proceden del estudio multicéntrico internacional GAN, recientemente publicados(1). En él se obtuvieron prevalencias de rinitis del 7,7 % en el grupo de niños de 6-7 años y del 13,3 % en el grupo de 13-14 años.

En un estudio anterior, en niños de 6-12 años diagnosticados de rinitis en España(2), se observó que un 59,5 % era rinitis intermitente y un 40,5 % persistente, siendo estacional en el 60,7 % de los casos.

Fisiopatología de la rinitis

El epitelio nasal juega un papel clave en los mecanismos de reconocimiento alergénico.

La nariz es la puerta de entrada de las vías respiratorias y su función fisiológica más importante es acondicionar el aire para que llegue a nuestros pulmones en condiciones óptimas, analizándolo para detectar los agentes irritantes, infecciosos, alérgenos, etc. que pueden dañar la vía respiratoria. En la nariz el aire se humedece, se atempera y se filtra, estando la arquitectura nasal eficientemente diseñada para realizar dichas funciones. El epitelio nasal es respiratorio, de tipo cilíndrico, pseudoestratificado, constituido por células caliciformes y ciliadas, que además de actuar como una barrera defensiva, juega un papel clave en los mecanismos de reconocimiento alergénico(3).

Alérgenos

Los aeroalérgenos son alérgenos inhalados a los que el sujeto está expuesto de forma natural por vía respiratoria y que son los responsables de la rinitis y/o del asma alérgica.

Células

Numerosos tipos celulares pueden proporcionar señales de peligro, contribuyendo así a la generación de respuestas inmunes innatas y adaptativas, básicamente células epiteliales, mastocitos, macrófagos y células dendríticas. Estas interacciones pueden producirse directamente, a través de receptores específicos o, de manera indirecta, a través de factores humorales.

Mediadores de la inflamación

Son sintetizados por las diferentes células y sus acciones sobre las terminaciones nerviosas, los vasos sanguíneos y las glándulas de la mucosa nasal, serán las que desencadenen las diferentes manifestaciones clínicas como son los estornudos, el prurito, la rinorrea o la obstrucción nasal. Un mismo síntoma puede estar causado por diferentes mediadores y mecanismos y, a su vez, un solo mediador puede ocasionar todos los síntomas, como ocurre con la histamina.

Entre los mediadores de la inflamación, se encuentran la histamina, presente en los gránulos de los mastocitos y los basófilos, ejerce sus acciones a través de sus receptores específicos: H1, H2, H3 y H4, aunque la mayoría de las reacciones alérgicas están mediadas por H1. La acción de la histamina sobre las terminaciones nerviosas provoca vasodilatación, aumento de la secreción glandular y extravasación de plasma, produciendo prurito, estornudos y taponamiento nasal. Los antihistamínicos H1 bloquean todos los efectos de la histamina excepto la obstrucción(4), se cree que porque esta última está causada posiblemente por otros receptores como el H3. La triptasa, presente en los gránulos secretorios de todos los mastocitos, donde se almacena y se libera tras su activación junto con la histamina, aunque su aparición en la circulación es más tardía, se cree que porque difunde más lentamente desde los tejidos. Los metabolitos del ácido araquidónico (protaglandinas y leucotrienos), que ejercen sus efectos a través de receptores específicos en células inflamatorias y endoteliales, provocando principalmente obstrucción nasal. Los neuropéptidos, ya que la inervación de la vía respiratoria juega un papel modulador esencial en la patogenia de la rinitis alérgica(5).

Síntomas de la rinitis

Son la consecuencia de la acción directa o por vía refleja de los mediadores inflamatorios liberados sobre los vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas y glándulas de la mucosa nasal.

Prurito y estornudos. La inervación sensitiva de la nariz está proporcionada por los nervios olfatorio y trigémino. Estos nervios pueden resultar estimulados por productos de una reacción alérgica, como la histamina, o por factores irritantes externos físicos y químicos, como la estimulación mecánica del epitelio nasal, una luz brillante en los ojos o el enfriamiento de la piel.

Rinorrea. Producida por estimulación directa o refleja de glándulas seromucosas, células caliciformes y extravasación de proteínas plasmáticas debido a la vasodilatación(6). Las glándulas seromucosas tienen una inervación colinérgica, causando su estimulación una secreción de tipo acuoso.

Obstrucción nasal. Es, probablemente, el síntoma que más repercute en la calidad de vida de los pacientes con rinitis alérgica. Su principal mecanismo es la inflamación de la mucosa, que ocasiona vasodilatación con aumento de la congestión venosa y, por vía refleja, extravasación de proteínas plasmáticas con edema de los tejidos y aumento de la secreción nasal.

Inmunidad innata, adaptativa y rinitis alérgica

El sistema inmune innato dirige al sistema inmune adaptativo, proporcionándole señales precoces y mediadoras que permitirán a los linfocitos poner en marcha una respuesta inmune específica(7). La respuesta alérgica en la mucosa nasal tiene un componente precoz y otro tardío que contribuyen indistintamente a las manifestaciones clínicas de la rinitis alérgica. La fase precoz ocurre en los primeros minutos de la exposición y persiste durante 2-3 horas e implica la activación aguda de las células efectoras de la reacción alérgica mediante la interacción alérgeno-IgE específica, lo que desencadena todo el espectro de síntomas típicos de la rinitis alérgica que hemos mencionado previamente. La fase tardía aparece a las 4-6 horas de la exposición al alérgeno y se caracteriza por el reclutamiento y activación de células inflamatorias que sintetizan nuevos mediadores que prolongan los síntomas, pudiendo provocar una obstrucción nasal mantenida que dure hasta 18-24 horas.

Factores de riesgo

Se han descrito diferentes factores de riesgo, como pueden ser: la genética y la historia familiar, factores de riesgo perinatales, infecciones en el periodo neonatal, la hipótesis de la higiene, grupos étnicos, la exposición a alérgenos, factores irritantes, el humo del tabaco o las diferencias socioeconómicas.

Rinitis alérgica: clínica y diagnóstico diferencial

El principal diagnóstico diferencial que nos planteamos en la consulta de Pediatría es la rinitis infecciosa.

La Organización Mundial de Alergología (WAO) define rinitis alérgica como: aquellos síntomas de hipersensibilidad a nivel nasal, mayoritariamente causados por una reacción IgE-mediada tras exposición al alérgeno, cuyos síntomas consisten en rinorrea, picor nasal, obstrucción y estornudos(8). En la rinitis alérgica predomina la congestión nasal, la cual está presente hasta en el 90 % de los pacientes con clínica estacional y suele ser el síntoma que más repercute en la calidad de vida del niño con esta patología, ya que contribuye a la aparición de trastornos del sueño. Se han asociado a la rinitis síntomas como: fatiga, alteraciones del aprendizaje, de la memoria e incluso depresión. Los adolescentes son los que mayor afectada ven su calidad de vida por la rinitis y la rinoconjuntivitis(9,10).

El principal diagnóstico diferencial que nos planteamos en la consulta de Pediatría es la rinitis infecciosa (Fig. 1), aunque en esta última la mucosidad suele ser blanca, amarillenta o verdosa, se suele acompañar de fiebre o febrícula, así como de dolores musculares o tos productiva, síntomas que no acompañan a la rinitis alérgica. La rinitis por causa vírica suele cursar en un primer momento con rinorrea también acuosa y estornudos, pero en este caso no existirá el prurito nasal y ocular que sí aparece en la etiología alérgica.

figura

Figura 1. Balanza de la rinitis. Modificada de: S. de Arriba. Rinoconjuntivitis. En: Guía de Habilidades Clínicas en Pediatría de Atención Primaria. PulmiGuía. ISBN: 9788478678334.

Los virus implicados son, por orden de frecuencia: rinovirus, parainfluenza e influenza, virus sincitial respiratorio y adenovirus.

Rinitis bacterianas. En la mayoría de los casos son por sobreinfección de un virus, y las bacterias implicadas con mayor frecuencia son: Staphylococcus aureus, Staphylococcus epidermidis, Propionibacterium acnes, Nocardia asteroides, Haemophilus influenzae y Pseudomonas aeruginosa(11). Suelen cursar con afectación de los senos paranasales, dando lugar a obstrucción nasal, secreción espesa y dolor facial. Si dura más de 8-12 semanas se suele establecer el diagnóstico de rinosinusitis infecciosa crónica, que suele cursar con: rinorrea predominantemente mucopurulenta, congestión nasal importante, dolor facial, alteraciones del olfato, fiebre, cefalea y tos.

Rinitis por alimentos

Una reacción alérgica a un alimento puede cursar con síntomas de rinitis, pero lo habitual es que aparezca acompañada de otros síntomas, como lesiones cutáneas y/o clínica digestiva, entre otros, y no que aparezca de manera aislada. Además, hay alimentos que en sí mismos pueden provocar rinitis por otros mecanismos no inmunológicos, como el alcohol, que produce una vasodilatación y congestión nasal fisiológicas. Existe una forma de rinitis llamada gustatoria(12), causada por la ingestión de alimentos muy picantes y/o, calientes, que es de mecanismo vagal y cursa con rinorrea acuosa profusa y, a veces, enrojecimiento facial con sudoración.

Rinitis inducida por fármacos

La variedad de medicamentos que pueden provocar rinitis es muy amplia(13). Una forma típica de este tipo de rinitis es la que aparece como consecuencia del empleo durante largo tiempo de vasoconstrictores tópicos nasales(14).

Otras formas de rinitis como la hormonal, la ocupacional o la atrófica, son tan excepcionales en niños que no vamos a describirlas aquí.

Conjuntivitis alérgica: clínica y diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial con la queratoconjuntivitis vernal y la atópica es fundamental para tratar a estas pronto y evitar secuelas.

La conjuntivitis alérgica mediada por IgE habitualmente va acompañada de rinitis, por lo que el cuadro puede denominarse rinoconjuntivitis alérgica(8).

Los síntomas oculares se asocian a rinitis alérgica, asma o dermatitis hasta en un 70 % de los casos. La afectación es casi siempre bilateral, con hiperemia conjuntival, lagrimeo y, sobre todo, con el prurito como síntoma característico. Puede ser estacional o perenne, dependiendo del alérgeno implicado.

Las dos patologías con las que principalmente deberemos hacer diagnóstico diferencial son la queratoconjuntivitis vernal y la queratoconjuntivitis atópica, siendo fundamental el tratamiento precoz de estas dos patologías para evitar secuelas.

La queratoconjuntivitis vernal es un proceso inflamatorio recurrente que afecta principalmente a varones prepuberales y que, frecuentemente, tienen antecedentes de dermatitis, rinitis o asma. Se exacerba con frecuencia en verano, de ahí su nombre. Clínicamente, a diferencia de la conjuntivitis alérgica, se caracteriza por fotofobia intensa, aunque también se acompaña de prurito intenso y lagrimeo. Afecta, sobre todo, a la conjuntiva tarsal superior, donde pueden apreciarse una hipertrofia de papilas. Existen formas palpebrales, límbicas y mixtas. En estos pacientes parece estar aumentada la respuesta a través de linfocitos Th2, lo que podría manifestar una reacción de hipersensibilidad sin que esté claro el desencadenante. Asimismo, en este tipo de queratoconjuntivitis se observa una infiltración de la conjuntiva por células inflamatorias, sobre todo por eosinófilos. En algo más de un 6 % de los casos puede dejar secuelas permanentes de la agudeza visual por daño corneal(15).

La queratoconjuntivitis atópica es rara en Pediatría, afectando, sobre todo, a la población entre los 20 y 50 años. Se da en pacientes con dermatitis atópica y cursa con: eczema palpebral, blefaritis crónica, pliegue de Dennie-Morgan, queratitis superficial y disminución de la producción de lágrimas. A nivel tarsal, se ven papilas menores de 1 mm y secreción mucosa. En un pequeño porcentaje de pacientes se desarrollará un queratocono(16).

Diagnóstico etiológico de la rinitis alérgica

Los pólenes son los alérgenos que más producen rinoconjuntivitis en nuestro país.

La rinoconjuntivitis estacional tiene como origen la alergia a los pólenes, siendo el de gramíneas el más frecuentemente implicado, con clínica predominante desde abril hasta finales de junio, aunque hay variaciones geográficas debidas a la climatología y al tipo de polen predominante en la zona. Los pólenes son los alérgenos principales productores de rinoconjuntivitis en nuestro país, estando implicados en un 70,8 % de los casos, según el estudio Alergológica 2015(17), y predominan en la zona centro de España. Los ácaros del polvo son los alérgenos más implicados en la rinitis perenne, siendo predominantes en las zonas costeras. Están implicados, según el mismo estudio(17) en un 43,2 % de las rinitis, siendo los Dermatophagoides los más frecuentes. Otros aeroalérgenos que pueden ser responsables de la rinoconjuntivitis serían los epitelios de animales (21,3 %), siendo en este caso el gato el más implicado, y los hongos (7,6 %), principalmente la Alternaria.

Tratamiento

Elegiremos las opciones de tratamiento teniendo en cuenta las preferencias del paciente para favorecer su adherencia.

En las rinoconjuntivitis en las que se sospeche alergia y se deriven para pruebas alérgicas, conviene iniciar el tratamiento para el alivio de los síntomas hasta la realización de las mismas, debiendo intensificarse el tratamiento tópico y suspenderse el antihistamínico, al menos, cinco días antes. Asimismo, procuraremos educar en la evitación del alérgeno implicado.

De forma habitual, se utiliza la clasificación de la rinitis de la Guía ARIA(18) para iniciar el tratamiento (Tabla I).

tabla

No existe un tratamiento protocolizado para la población infantil. Se podría extrapolar de las recomendaciones para adolescentes y adultos(19) un manejo inicial como el siguiente:

Rinitis intermitente y persistente leve o moderada: iniciaremos el tratamiento con cualquiera de los fármacos de primera línea (de menor a mayor efecto): a) antihistamínicos orales no sedantes o antihistamínicos nasales; b) corticoides nasales; y c) combinación fluticasona-azelastina nasal.

Rinitis persistente grave: iniciaremos el tratamiento con corticoides intranasales o con la combinación fluticasona-azelastina nasal (si la edad lo permitiese), añadiendo o no antihistamínicos.

Corticoides intranasales: preferiblemente se utilizarán los de baja biodisponibilidad sistémica (mometasona, fluticasona). Se pueden utilizar a partir de los 3-4 años (la fluticasona furoato en >6 años) y la dosis habitual es una pulverización en cada fosa nasal al día.

• La combinación fluticasona propionato+azelastina es hoy en día el fármaco más eficaz, pero, aunque está aprobado por la FDA a partir de 6 años, en España la ficha técnica indica una edad >12 años para su uso.

Antihistamínicos H1: en la vía oral, utilizaremos siempre los antihistamínicos no sedantes. En la tabla II podemos ver las dosis de los antihistamínicos más utilizados en la rinoconjuntivitis alérgica.

tabla

 

En caso de acompañarse de síntomas conjuntivales, se deben tratar de forma simultánea con colirios antihistamínicos y/o estabilizadores de membrana, como son: olopatadina, emedastina, levocabastina, ketotifeno, o bien, azelastina.

Si con los tratamientos anteriores el niño no tuviese un buen control, se beneficiará probablemente de un tratamiento con inmunoterapia específica frente al alérgeno implicado, por lo cual debe ser remitido a una consulta especializada.

Calidad de vida

Aunque la rinitis alérgica se considera un proceso patológico banal, tiene una morbilidad importante con un gran impacto en la calidad de vida de los pacientes.

En la actualidad, existen varios cuestionarios para medir la calidad de vida de los pacientes, tanto genéricos como específicos(20).

Por un lado, se asocia a enfermedades como conjuntivitis, asma y sinusitis, y no solo los síntomas físicos del órgano afectado contribuyen a reducir la calidad de vida, sino también los trastornos psicológicos, la alteración en las actividades sociales y la incapacidad para desempeñar actividades de la vida cotidiana. La rinitis alérgica afecta negativamente al sueño, a la concentración, a la productividad, al aprendizaje, a las actividades escolares, al deporte y a la vida social de los pacientes, siendo los adolescentes los más afectados. Los síntomas diurnos, incluyendo somnolencia, irritabilidad, estado de ánimo depresivo y alteraciones cognitivas, tienen un impacto directo en la calidad de vida del paciente. Por otro lado, tiene una importante repercusión económica, tanto en el consumo de recursos sanitarios como en la pérdida directa e indirecta de la productividad(20).

Función del pediatra de Atención Primaria

Con los datos actuales, sobre lo que afecta esta patología a la calidad de vida, el pediatra de Atención Primaria no debe infravalorarla.

Se intentará clasificar la gravedad de la rinitis y, en función de ello, poner un tratamiento adecuado a dicha clasificación. Cuando los síntomas no se controlen bien, o asocie asma, valorará remitirlo a las consultas de Alergia Infantil para el diagnóstico etiológico e inmunoterapia si fuese preciso.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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2. Jáuregui I, Dávila I, Sastre J, Bartra J, del Cuvillo A, Ferrer M, et al. Validation of ARIA (Allergic Rhinitis and its Impact on Asthma) classification in a pediatric population: the PEDRIAL study. Pediatr Allergy Immunol. 2011; 22: 388-92.

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20.** Blaiss MS. Quality of life in allergic rhinitis. Ann Allergy Asthma Immunol. 1999; 83: 449-54.

Bibliografía recomendada

– García-Marcos L, Asher MI, Pearce N, Ellwood E, Bissell K, Chiang CY, et al. The burden of asthma, hay fever and eczema in children in 25 countries: GAN Phase I study. Eur Respir J. 2022; 60: 2102866.

Recientemente, se han publicado los datos del estudio multicéntrico internacional GAN (Global Asthma Network) en el que participan varios centros de España. Nos describe la realidad actual respecto a la epidemiología de las principales enfermedades relacionadas con la atopia.

– Blaiss MS. Quality of life in allergic rhinitis. Ann Allergy Asthma Immunol. 1999; 83: 449-54.

Interesante artículo donde queda de manifiesto la importante afectación de la calidad de vida por la rinitis alérgica.

 

Caso clínico

 

Paciente de 12 años que refiere en los meses de primavera, desde hace cuatro años, clínica consistente en prurito nasal y ocular, con taponamiento nasal y estornudos que no son en salvas. En la última estación, estos síntomas se iniciaron en el mes de abril y le duraron hasta mediados del mes de julio, prácticamente a diario. Comenta que su pediatra de Atención Primaria le ha pautado tratamiento con antihistamínicos de segunda generación, que tiene que tomar a diario, así como corticoide tópico nasal y colirio de antihistamínico, que también emplea durante casi 3 meses. Con este tratamiento ha tenido una respuesta parcial, de tal manera que ya se está viendo afectado tanto en el colegio como el deporte; juega al fútbol tres veces por semana. Refiere también que, debido al taponamiento nasal, cada vez le cuesta más conciliar el sueño.

 

 

Enfermedad eosinofílica del tracto esófago-gastro-intestinal

G. Domínguez-Ortega, N. Puente Ubierna
Temas de FC


G. Domínguez-Ortega, N. Puente Ubierna

Sección de Gastroenterología y Nutrición. Servicio de Pediatría. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

Los trastornos gastrointestinales eosinofílicos primarios son un conjunto de patologías crónicas que se caracterizan por un aumento del infiltrado eosinofílico, excluida una causa secundaria. Ocasionan síntomas variables según la localización del infiltrado. El más frecuente es la esofagitis eosinofílica, aunque la prevalencia de todos ellos está en aumento. Para el control de los síntomas y evitar sus posibles complicaciones es importante que el pediatra de Atención Primaria los conozca e incluya en el diagnóstico diferencial de patología digestiva. Dado que el diagnóstico incluye criterios histológicos, siempre va a ser necesaria la realización de una endoscopia con toma de biopsias. El tratamiento es variable e individualizado.

 

Abstract

Eosinophilic gastrointestinal disorders (EGIDs) are a set of conditions with an increased number of eosinophils in any segment of the gastrointestinal tract without a known etiology. Clinical manifestations are based on the location and depth of the tissue eosinophilia. Eosinophilic Esophagitis is the most common one, although all EGIDs have an increasing prevalence. General Pediatrician should keep a high index of suspicion of these disorders and it is important to control symptoms and avoid complications. Diagnosis includes histologic criteria, so endoscopies and biopsies are always needed. Variable and individualized treatment is used.

 

Palabras clave: Esofagitis eosinofílica; Gastritis eosinofílica; Enteritis eosinofílica; Colitis eosinofílica; Trastornos gastrointestinales eosinofílicos.

Key words: Eosinophilic esophagitis; Eosinophilic gastritis; Eosinophilic enteritis; Eosinophilic colitis; Eosinophilic gastrointestinal disorders.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 106 – 113

 


OBJETIVOS

• Actualizar los conocimientos sobre la etiopatogenia de los trastornos gastrointestinales eosinofílicos primarios.

• Identificar los síntomas clínicos de estas identidades para su diagnóstico precoz.

• Conocer los criterios diagnósticos de estas patologías y su diagnóstico diferencial.

• Conocer las distintas opciones de tratamiento disponibles en estas patologías.

 

Enfermedad eosinofílica del tracto esófago-gastro-intestinal

Introducción

Los trastornos gastrointestinales eosinofílicos primarios (TGEP) se caracterizan por una infiltración eosinofílica en el esófago, estómago, intestino delgado o colon, en ausencia de otras causas de eosinofilia tisular.

La infiltración de eosinófilos en la mucosa digestiva es habitual, salvo en el esófago, y su incremento se ha asociado a distintas patologías inflamatorias del tracto digestivo que producen disfunción y síntomas digestivos. Estas entidades incluyen: esofagitis eosinofílica (EoE), gastritis eosinofílica (EoG), enteritis eosinofílica (EoN) y colitis eosinofílica (EoC)(1).

En la primera parte de esta revisión nos centraremos en la EoE, la entidad más prevalente de todos los TGEP. En la segunda parte nos centraremos en el resto de enfermedades eosinofílicas primarias del tracto digestivo: la EoG, la EoN y la EoC.

Los TGEP forman parte del grupo de alergias gastrointestinales (AGI). Otros tipos de AGI han sido abordadas en otros números de esta revista: nº 3 de 2020. Asimismo, otros tipos de esofagitis, más allá de la EoE, han sido descritas en el nº 8 de 2019 de esta revista.

Esofagitis eosinofílica (EoE)

La EoE es una enfermedad crónica, inmunomediada, que se caracteriza por una inflamación predominante de eosinófilos de forma exclusiva a nivel eso­fágico y por clínica de disfunción esofá­gica.

Epidemiología

Es una enfermedad emergente y, actualmente, constituye la causa más frecuente de esofagitis por detrás de la enfermedad por reflujo gastroesofágico y la causa más frecuente de disfagia e impactación en niños y jóvenes.

Los primeros casos fueron descritos a finales de 1970 y fue definida como entidad a principios de 1990. Desde entonces, se han publicado numerosos estudios sobre la misma, y su incidencia y prevalencia han aumentado exponencialmente(2). La prevalencia de EoE pediátrica en España en 2017 fue de 111,9 casos por cada 100.000 habitantes y la incidencia de 10,6 nuevos casos por cada 100.000 habitantes al año. Predomina en varones, con una proporción 3:1(3,4).

Los pacientes con EoE tienen una alta incidencia de enfermedades atópicas, tales como: asma, rinoconjuntivitis, dermatitis atópica o alergias alimentarias.

Fisiopatología

La EoE es una alergia gastrointestinal no mediada por IgE. Se han identificado variantes genéticas predisponentes que, junto a interacciones ambientales, pueden desencadenar la enfermedad.

La EoE tiene un carácter hereditario alto, con un riesgo 64 veces mayor de desarrollarlo entre hermanos(5). La asociación entre gemelos monocigóticos es del 58 %, lo que implica un determinante genético(6). Algunos estudios han identificado algunos genes que contribuyen al desarrollo de la EoE (TSLP, CAPN14, EMSY, LRRC32, STAT6 y ANKRD27); sin embargo, es importante resaltar que los gemelos dicigóticos tienen una asociación del 36 %, mientras que la de los hermanos no gemelos es del 2,4 %. Esta diferencia tan significativa implicaría que los factores ambientales y los mecanismos epigenéticos influyen en su etiopatogenia(6).

La EoE está causada por una respuesta inmune no mediada por IgE a antígenos alimentarios, de forma principal, aunque no exclusiva. En algunos pacientes, la alergia ambiental estacional puede jugar un papel importante(7). Se produce una alteración de la barrera epitelial con un aumento de permeabilidad, lo que facilita la penetración de antígenos alimentarios o de neumoalérgenos. Los linfocitos Th2, junto con las citoquinas proinflamatorias, la interleucina 5 (IL-5) y 13 (IL-13), inducen infiltración eosinofílica en la mucosa esofágica(8).

Un metaanálisis reciente indica que el 3 % de los pacientes sometidos a una inducción de tolerancia oral (ITO) a un alimento tiene biopsias esofágicas compatibles con EoE(9). Estos pacientes podrían tener la enfermedad sin diagnosticar o subclínica, y podría haberse exacerbado por la inmunoterapia.

De la misma forma que en otras enfermedades atópicas, la disbiosis digestiva puede jugar un papel en la patogenia de la EoE. Varios estudios han indicado diferencias entre la microbiota esofágica de pacientes con EoE en comparación con pacientes sanos(10). Más estudios sobre microbiota son necesarios para conocer las implicaciones y sus potenciales aplicaciones prácticas.

Clínica

Las manifestaciones clínicas son consecuencia de la disfunción esofágica y varían según la edad del paciente (Tabla I).

Estos pacientes desarrollan conductas compensatorias de la disfagia, tales como trocear minuciosamente la comida antes de ingerirla, comer con lentitud, beber agua tras cada deglución y evitar alimentos con ciertas texturas(11).

Diagnóstico

La presencia de síntomas clínicos compatibles (Tabla I) debe hacernos sospechar esta entidad. El diagnóstico de confirmación es histológico. La comorbilidad atópica y los antecedentes familiares apoyan la sospecha.

Los criterios diagnósticos de EoE son:

• Presencia de síntomas de disfunción esofágica.

• Inflamación esofágica eosinofílica, con ≥ 15 eos/campo de gran aumento (CGA) (o ≥ 15 eosinófilos/0,3 mm2 o ≥ 60 eosinófilos/mm2).

• Exclusión de otras causas de eosinofilia esofágica.

La guía británica de consenso en EoE, publicada en 2022, propone expresar la infiltración eosinofílica como número de eosinófilos por 0,3 mm2, adaptándose así al uso actual de la microscopia digital óptica que está sustituyendo a la analógica(12).

El diagnóstico precisa realizar una gastroscopia con toma de biopsias. La gastroscopia permite visualizar el estado de la mucosa esofágica y la presencia de características sugerentes de EoE, tales como: exudados, surcos, edema, estenosis, anillos o el signo de mucosa en papel crepé. El sistema de puntuación EoE Endoscopic Reference Score (EREFS) valora estas características endoscópicas (Fig. 1)(13).

Figura1

Figura 1. Sistema de puntuación de la esofagitis eosinofílica: EoE Endoscopic Reference Score (EREFS).

Aunque la mucosa esofágica impresione de normal, se han de realizar biopsias. La afectación puede ser parcheada, por lo que se recomienda tomar 6 biopsias de, al menos, 2 localizaciones del esófago, generalmente distal y medio-proximal. Las guías de consenso establecen un valor umbral de igual o más de 15 eosinófilos por campo de gran aumento (eos/CGA) en, al menos, una de las biopsias esofágicas para confirmar el diagnóstico(2).

Además del contaje del pico de eosinófilos, existen otros marcadores histológicos sugestivos de esta entidad. El sistema de puntuación histológico EoE Histology Scoring System reúne 8 características histológicas que permiten evaluar la mucosa esofágica de manera más extensa(14): número de eosinófilos, abscesos de eosinófilos, hiperplasia de la zona basal, espacios intercelulares dilatados, eosinófilos en la capa superficial, disqueratosis, alteración del epitelio superficial y fibrosis de la lámina propia.

Actualmente, no existen biomarcadores no invasivos que se hayan validado para el diagnóstico y/o seguimiento de la EoE, aunque es un campo en continuo desarrollo(2).

Diagnóstico diferencial

Para el diagnóstico de EoE, es obligatorio descartar otras patologías que pueden cursar con eosinofilia tisular (Tabla II).

Tratamiento

Existen 3 alternativas de tratamiento, todas ellas consideradas actualmente de primera línea: inhibidores de la bomba de protones (IBP), corticoides tópicos deglutidos (CTD) y dieta empírica.

La EoE es una enfermedad crónica. Su evolución natural, sin tratamiento, está asociada con síntomas persistentes. Además, la inflamación esofágica persistente provoca un remodelamiento esofágico que puede derivar en un patrón fibroestenosante. Es fundamental instaurar un tratamiento precoz para controlar los síntomas, la inflamación esofágica y evitar esta progresión.

Las guías de consenso actuales establecen tres alternativas de tratamiento: los IBP, los corticoides deglutidos y la dieta empírica, considerándose todas ellas de primera elección(2). La opción elegida debe ser individualizada y consensuada con el paciente.

A las 8-12 semanas del inicio del tratamiento, se deberá realizar una nueva gastroscopia con toma de biopsias. Esto permitirá evaluar la eficacia del tratamiento y ajustarlo en cada paciente. Los síntomas clínicos no son suficientes para valorar la respuesta histológica; ya que, a veces, no hay una buena correlación entre los síntomas y la histología.

Inhibidores de la bomba de protones (IBP)

Los IBP presentan una acción antiinflamatoria a nivel esofágico y se ha observado una remisión histológica del 50 % tras el tratamiento en niños y adultos(16). No se han visto diferencias entre los distintos tipos de IBP (Tabla III). Si son eficaces, se reducirá progresivamente la dosis hasta encontrar la mínima eficaz que mantenga la remisión histológica.

Corticoides tópicos deglutidos

La tasa de remisión histológica es superior a las otras alternativas de tratamiento. Los estudios indican tasas de remisión de hasta el 85 % a las 12 semanas del tratamiento(17). El tratamiento con corticoides sistémicos solo se debe usar en estenosis o disfagia graves, por el aumento de efectos secundarios en comparación con los tratamientos tópicos.

En España todavía no está comercializado ningún fármaco especialmente diseñado para la EoE en niños. Actualmente, los corticoides más utilizados son la budesonida oral viscosa en fórmula magistral y la fluticasona líquida, comercializada para la rinitis (Flixonase® solución nasal) (Tabla IV).

 

Tratamiento dietético

El tratamiento dietético es el único que se dirige a la causa de la enfermedad. Elimina de la dieta el alimento o los alimentos desencadenantes, de forma que se consigue la remisión clínica e histológica a largo plazo. Evita el uso de tratamientos farmacológicos. El tratamiento dietético requiere motivación por parte de los pacientes y de sus familias, existiendo en general una peor adherencia a la dieta en adolescentes.

• La dieta elemental basada en la administración exclusiva de fórmulas de aminoácidos libres, induce la remisión histológica en el 90 % de los pacientes. En muchos casos es necesario la administración mediante sonda nasogástrica. Dado el deterioro en la calidad de vida del paciente, solo se debe recomendar en casos graves y de manera transitoria tras la ausencia de respuesta a un tratamiento farmacológico adecuado o a una dieta de eliminación empírica. Las dietas dirigidas según las pruebas de alergia no se recomiendan en la EoE. La utilidad de las pruebas de alergia alimentaria para identificar alimentos desencadenantes de EoE es baja(2).

• La dieta empírica elimina los alimentos que con más frecuencia se han relacionado con la EoE, independientemente de las pruebas alérgicas. Requiere siempre la realización de endoscopias digestivas altas con tomas de biopsias tras cada intervención dietética, para evaluar el efecto a nivel histológico. Inicialmente, se ensayó una dieta de eliminación de 6 alimentos (leche de vaca, gluten, huevo, soja, frutos secos, pescado y marisco), con reintroducción secuencial progresiva. Dada la dificultad para seguir estas dietas y el gran número de endoscopias que se requería, se probaron dietas de eliminación de 4 alimentos (leche-gluten-huevo-legumbres) y luego de 2 alimentos (leche de vaca y gluten). Más recientemente, se propuso un abordaje escalonado, empezando por la de 2 alimentos, si no hay respuesta, ascendiendo a la de 4 y, finalmente, a la de 6. Actualmente, en Pediatría, se recomienda como tratamiento inicial en esta modalidad, la dieta empírica de eliminación de un solo alimento (leche), ya que es mucho más fácil de implementar. Consigue tasas de remisión histológica de hasta un 50 % en los pacientes pediátricos, además de una mejoría clínica y endoscópica. En ausencia de respuesta, se podría continuar según la pauta tradicional de eliminación empírica de alimentos (2-4-6)(18).

Dilatación endoscópica

Se utiliza en casos de estenosis esofágica grave. En la EoE pediátrica este procedimiento es excepcional, ya que en la mayoría de los casos se puede revertir con el tratamiento convencional.

Dupilumab

Se han estudiado muchos fármacos biológicos; sin embargo, el único aprobado por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) en EE.UU. para la EoE es el Dupilumab. Es un anticuerpo monoclonal dirigido contra la subunidad del receptor α de la interleucina 4 (IL-4Rα) que bloquea la señalización, tanto de la IL-4 como de la IL-13 y no es inmunosupresor. Es un fármaco aprobado previamente para otras patologías como dermatitis atópica y asma, y desde 2022 para EoE pediátrica en niños mayores de 12 años con un peso a partir de 40 kg. Se prevé que se apruebe próximamente por la Agencia Europea del Medicamento.

Otros trastornos gastrointestinales eosinofílicos primarios (TGEP) distintos de la EoE

Los TGEP, más allá de la EoE, son también trastornos crónicos inmunomediados, caracterizados clínicamente por síntomas gastrointestinales (GI) e histológicamente por un aumento patológico de eosinófilos en regiones específicas del tracto GI, en ausencia de causas secundarias de eosinofilia. Se denominan según la localización del infiltrado eosinofílico. Un consenso reciente ha establecido la nomenclatura adecuada para referirse a estos trastornos: gastritis eosinofílica (EoG), enteritis eosinofílica (EoN) y colitis eosinofílica (EoC). El término “gastroenteritis eosinofílica” (EGE), que involucra generalmente estómago e intestino delgado, se ha utilizado ampliamente en la literatura, aunque actualmente se recomienda evitar su uso(1).

Epidemiología

La prevalencia de los TGEP distintos de la EoE es baja y predomina en mujeres.

La prevalencia de EoG en niños es de 4,4, de EGE de 10,7 y de EoC de 4,3/100.000. La prevalencia de EoG aumenta con la edad, mientras que la prevalencia de EGE es mayor en niños menores de 5 años. La prevalencia de EoC no difiere según la edad(19).

En general, los TGEP distintos de la EoE son más frecuentes en mujeres que en hombres, a diferencia de la EoE, con una prevalencia de EoG en mujeres de 7,9/100.000 vs. 5,4/100.000 casos en hombres(20). Puede coexistir con otras comorbilidades atópicas y con EoE. La asociación con EoE es del 10,6 % en EoG, del 12 % en EGE y del 10,9 % en EoC(20).

Fisiopatología

La fisiopatología de los TGEP solo se conoce de manera parcial. La combinación de una predisposición genética, de la existencia de disbiosis y de otros desencadenantes ambientales (alérgenos ingeridos o inhalados) pueden provocar la inflamación eosinofílica en los pacientes con TGEP.

Los eosinófilos inducen mediadores inflamatorios bioactivos que pueden desencadenar la degranulación de mastocitos y liberar citoquinas, mediadores lipídicos y neuromediadores. Estos producen una respuesta inmune Th2 y una inflamación intestinal. Estudios recientes parecen implicar a las citoquinas Th2 (IL-4, IL-5 e IL-13) y la eotaxina-3 en la patogenia de la mayoría de estas enfermedades(21), aunque la EoC parece tener un transcriptoma diferente al resto de TGEP.

Clínica

Los TGEP distintos de la EoE, presentan una gran diversidad de síntomas que dependen de la localización en el tracto gastrointestinal y de la capa afectada por la eosinofilia tisular (Tabla V).

 

Diagnóstico

Los criterios diagnósticos se basan en una clínica compatible, en un aumento del contaje de eosinófilos en las biopsias y en la exclusión de causas secundarias de eosinofilia gastrointestinal.

El diagnóstico puede ser un reto, dada la variabilidad de la clínica, la afectación, a veces parcheada, el difícil acceso en algunas ocasiones mediante procedimientos endoscópicos, o la posibilidad de que el infiltrado eosinofílico solo afecte a las capas profundas, donde no alcanzan las biopsias(23).

El 20-50 % de los pacientes con TGEP presentan niveles normales de eosinófilos en sangre periférica, por lo que un contaje normal no es suficiente para excluir el diagnóstico. Recientemente, se ha publicado un sistema de puntuación endoscópico para evaluar la afectación en la EoG con una fuerte correlación con los resultados histológicos. Los hallazgos endoscópicos evaluados son: erosiones/ulceraciones, nodularidad, granularidad, eritema, friabilidad, engrosamiento de pliegues y estenosis pilórica(24).

La presencia de eosinófilos es habitual en el sistema digestivo salvo en el esófago. El número de eosinófilos del resto de tramos del aparato gastrointestinal aumenta de proximal a distal, salvo en el colon, donde es mayor en el ascendente que en el descendente(23). El criterio diagnóstico para los TGEP incluye el hallazgo de una infiltración eosinofílica tisular superior a la habitual para cada región del tracto gastrointestinal según unos criterios establecidos recientemente (Tabla VI)(25).

Un estudio reciente estableció un alto nivel de concordancia entre los hallazgos histológicos y endoscópicos de pacientes con EoG y un panel basado en el transcriptoma de biopsias gástricas y de marcadores en sangre (eotoxina-3, IL-5 y linfopoyetina estromal tímica, entre otros). No sustituyen el estudio histológico de las muestras, pero los marcadores en sangre podrían servir como un marcador no invasivo inicial, y el estudio del transcriptoma usarse para confirmar el diagnóstico(26).De momento, estos marcadores no están disponibles en la práctica clínica habitual.

Diagnóstico diferencial

Se deben descartar otras casusas de eosinofilia tisular (Tabla II), principalmente la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).

Tanto en la EoC como en la EII, se puede encontrar eosinofilia en la lámina propia del colon; sin embargo, la EII presenta otras alteraciones histológicas agudas y crónicas, que la diferencian de la EoC. La clínica y los hallazgos endoscópicos e histológicos deben considerarse para realizar el diagnóstico diferencial.

Tratamiento

La baja prevalencia de los TGEP más allá de la EoE y una patogenia poco conocida, dificulta el consenso sobre su tratamiento.

No se ha publicado ningún estudio controlado aleatorizado sobre el tratamiento de los TGEP, por lo que no hay suficiente evidencia disponible para el establecimiento de protocolos efectivos.

Más de un tercio de los pacientes logran una remisión espontánea, pero la mayoría requerirá tratamiento dietético y/o intervención farmacológica. La mayoría de los pacientes tratados con dietas son pediátricos, bien mediante fórmulas elementales o extensamente hidrolizadas o mediante dietas empíricas de eliminación de un solo alimento (leche o trigo) o combinaciones de alimentos considerados de alto riesgo de desencadenar una respuesta alérgica, como en la EoE, excluyendo en algunos estudios además las carnes rojas(27).

El tratamiento farmacológico más utilizado son los glucocorticoides sistémicos. Se han descrito varias estrategias de tratamiento con corticoesteroides: prednisona oral y budesonida tópica. El tratamiento con prednisona oral se inicia a una dosis de inducción de 0,5-1 mg/kg/día hasta alcanzar la remisión clínica. Posteriormente, la dosis se disminuye progresivamente hasta suspenderlo o hasta conseguir una mínima dosis de mantenimiento que mantenga la remisión clínica. Respecto al tratamiento con budesonida tópica, la dosis de inducción es de 9 mg/día con posterior descenso de la dosis(21). Se han publicado tasas de hasta un 42 % de resistencia o recaídas en una cohorte de pacientes con EGE(28). El tratamiento tópico es menos eficaz que en la EoE y el tratamiento sistémico tiene efectos secundarios a largo plazo.

Entre los fármacos biológicos se han estudiado el cendakimab (anti–IL-13) y el dupilumab (anti IL-4Rα), observando que ambos disminuyen el contaje de eosinófilos y mejoran los síntomas. El vedolizumab (se une a la integrina α4β7) ha sido también utilizado con éxito en algunos pacientes. El mepolizumab (anti–IL-5) y reslizumab (anti–IL-5) han demostrado una reducción en el número de eosinófilos, pero sin mejoría clínica. Para EoG y EGE, tanto benralizumab (anti–IL-5) como lirentelimab o AK002 (anti–Siglec 8) han producido mejoría clínica e histológica(29).

Prevención de los TGEP

No hay suficiente evidencia para recomendar ninguna medida de prevención eficaz de TGEP.

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en el reconocimiento de los síntomas de los TGEP, especialmente en pacientes atópicos. La EoE es la entidad más frecuente y se debe sospechar ante un paciente con una clínica compatible. Siempre se ha de derivar al gastroenterólogo pediátrico, dado que es necesario realizar una gastroscopia para su diagnóstico. En el caso de los TGEP más allá de la EoE, es frecuente un retraso diagnóstico dado lo inespecífico de la clínica; sin embargo, ante síntomas de alarma se debe derivar al gastroenterólogo pediátrico para agilizar el proceso diagnóstico y terapéutico.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Artículo de consenso entre las principales sociedades y grupos de trabajo de Digestivo y Alergología europeos sobre el manejo de EoE.

– Gutiérrez Junquera C, Fernández Fernández S, Domínguez-Ortega G, Vila Miravet V, García Puige R, García Romero R, et al. Recomendaciones para el diagnóstico y manejo práctico de la esofagitis eosinofílica pediátrica. An Pediatr (Barc). 2020; 92: 376.e1-376.e10.

Guía actualizada del manejo de EoE en España, elaborado por el Grupo de Trabajo de trastornos gastrointestinales eosinofílicos de la SEGHNP.

– Naramore S, Gupta SK. Non-esophageal eosinophilic gastrointestinal disorders: clinical care and future directions. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018; 67: 318-21.

Artículo de revisión sobre los TGEP excluida la EoE, que aborda desde la fisiopatología, hasta la clínica y el manejo diagnóstico y terapéutico. Promueve la creación y el impulso de plataformas de pacientes y profesionales, como CEGIR en EE.UU.

– Licari A, Votto M, D’Auria E, Castagnoli R, Caimmi SME, Marseglia GL. Eosinophilic Gastrointestinal Diseases in Children: A Practical Review. Current Pediatric Reviews. 2020; 16: 106-14.

Artículo actualizado que resume el conocimiento y el manejo de los TGEP en Pediatría. Describe las características clínicas y los criterios diagnósticos, y aborda el diagnóstico diferencial.

 

Caso clínico

 

Niño de 12 años que consulta por síntomas de disfagia intermitente en los últimos 2 años, tras el inicio de la inducción de tolerancia oral (ITO) a la leche por el servicio de Alergología. El paciente nos cuenta que los episodios de disfagia han sido muy puntuales en los últimos años y refiere encontrarse “muy bien”. Niega impactaciones.

Antecedentes personales

Dermatitis atópica, alergia a la proteína de leche de vaca (PLV) y al huevo IgE mediadas. La alergia a PLV debutó en los primeros meses de vida, con clínica de eritema peribucal tras la ingesta de una fórmula adaptada de PLV. Prick test y CAP positivos para la PLV. Se inició dieta de eliminación de la PLV, con buena evolución, salvo un episodio de anafilaxia a los 2 años tras ingesta accidental de la misma. A partir de los 10 años inició ITO en seguimiento por Alergología con buena respuesta, tomando en la actualidad 200 ml de leche al día.

Exploración física

Exploración normal y antropometría adecuada.

Pruebas complementarias

Endoscopia digestiva alta: Hirano (EoE Endoscopic Reference Score: EoE-EREFS) 2 puntos, con exudados < 10 % y edema en los 3 tercios. Microscópicamente: esófago proximal: 3 eos/CGA; esófago medio: 7 eos/CGA; esófago distal: 10 eos/CGA. Hiperplasia de células basales y disqueratosis leve en el tercio medio y distal. Mucosa gástrica y duodenal normales.

Evolución

Dada la clínica compatible, la comorbilidad alérgica y los hallazgos macroscópicos endoscópicos, la sospecha de esofagitis eosinofílica (EoE) es alta; sin embargo, no cumple el criterio histológico del hallazgo de ≥ 15 eos/CGA en, al menos, una de las biopsias esofágicas. Dado que la afectación de la mucosa esofágica en EoE puede ser parcheada, podemos estar ante estadios iniciales de la enfermedad. Decidimos seguimiento clínico y citamos una nueva gastroscopia en 4 meses; sin embargo, a los 3 meses acude al servicio de urgencias por una impactación esofágica con un trozo de ternera que precisa de una gastroscopia para su resolución. Se toman biopsias esofágicas. Macroscópicamente, presenta: Hirano 3 puntos, con exudados < 10 %, edema y surcos en los 3 tercios esofágicos. Microscópicamente: esófago proximal: 12 eos/CGA; esófago medio: 45 eos/CGA: esófago distal: > 60 eos/CGA. Abscesos eosinofílicos, hiperplasia de células basales y disqueratosis en los 3 tercios. Biopsias gástricas y duodenales sin hallazgos patológicos. Con estos hallazgos y un adecuado despistaje de otras causas de eosinofilia tisular, se diagnostica de EoE y se plantea el inicio del tratamiento con omeprazol a 1 mg/kg/12 h durante 8-12 semanas seguido de gastroscopia con buena respuesta, bajando la dosis de omeprazol a la de mantenimiento (1 mg/kg/día).

En pacientes donde el score endoscópico está alterado, pero el pico máximo de eosinófilos es < 15, el score histológico EoEHSS (Eosinophilic Esophagitis Histology Scoring System) podría ayudar a detectar la existencia de actividad inflamatoria eosinofílica.

 

Algoritmo

 

Alergias alimentarias mediadas y no mediadas por IgE

M. Ridao Redondo
Temas de FC


M. Ridao Redondo

Pediatra de Atención Primaria. EAP Sant Vicenç dels Horts-Torrellas de Llobregat. Barcelona

Resumen

La alergia alimentaria (AA) es un problema de salud pública importante y en evolución. En población pediátrica española, la prevalencia se sitúa entre un 6 % y un 8 % de los lactantes al año de vida y se estabiliza en torno al 4 % a los 4 años. Puede producir síntomas localizados leves o sistémicos como anafilaxia, que puede ser de riesgo vital. La AA es la causa del 50 % de las anafilaxia de la edad pediátrica.

Cualquier alimento es potencialmente sensibilizante, los alimentos implicados varían geográficamente en función de la frecuencia de consumo en cada país. Las sensibilizaciones suelen aparecer en relación con la introducción de alimentos en la dieta del niño. En nuestro medio y durante la edad pediátrica, los implicados con mayor frecuencia en la AA IgE mediada son las proteínas de: huevo, leche, pescado, frutos secos y frutas. Se define como alergia a alimentos la reacción de hipersensibilidad mediada inmunológicamente y se clasifica en mediada por IgE o no mediada (mecanismo celular), en función del mecanismo que la produce.

El pediatra de Atención Primaria debe estar familiarizado con su diagnóstico preciso y tratamiento dietético adecuado, evitando dietas de eliminación injustificadas que pueden suponer un riesgo nutricional y garantizar que los niños alcancen un normal crecimiento y desarrollo.

 

Abstract

Food allergy (FA) is an important and evolving public health problem. In the Spanish pediatric population, the prevalence ranges between 6 and 8 % of infants aged one year of life, and stabilizes at around 4 % by 4 years of life. It can produce mild localized or systemic symptoms such as anaphylaxis, which can be life-threatening. FA is the cause of 50 % of anaphylaxis in children.

Any food is potentially sensitizing, the foods involved vary geographically depending on the frequency of consumption in each country. Sensitizations usually appear in relation to the introduction of food in the child’s diet. In our environment, and during the pediatric age, those most frequently involved in IgE-mediated FA are proteins contained in: egg, milk, fish, nuts and fruit. Food allergy is defined as an immunologically mediated hypersensitivity reaction and is classified as IgE-mediated or non-mediated (cellular mechanism), depending on the mechanism that produces it.

The primary care pediatrician must be familiar with its precise diagnosis and adequate dietary treatment, avoiding unjustified elimination diets that can pose a nutritional risk, so as to ensure that children achieve normal growth and development.

 

Palabras clave: Alergia alimentaria, Alergia IgE mediada proctocolitis alérgica; Enterocolitis inducida por proteínas.

Key words: Food allergy; Food protein-induced allergic proctocolitis (FPIAP); Food–protein induced enterocolitis syndrome (FPIES).

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 91 – 100

 


OBJETIVOS

• Conocer la clínica, diagnóstico y pronóstico de la hipersensibilidad mediada por IgE y de la hipersensibilidad no medida por IgE.

Diferenciar entre sensibilización y alergia.

• Aprender los múltiples factores sobre el aumento de la prevalencia de la alergia alimentaria.

• Conocer el manejo y derivación desde la Atención Primaria, siguiendo el Consenso Pediátrico Español.

 

Alergias alimentarias mediadas y no mediadas por IgE

Introducción

La alergia alimentaria (AA) es un problema de salud pública importante y en evolución. Durante los últimos quince años, se ha incrementado como una “segunda ola” de la epidemia de alergia que comenzamos a ver en las consultas en las últimas décadas del siglo XX. No está claro por qué este nuevo fenómeno se ha retrasado con respecto a la “primera ola” de asma, rinitis alérgica y sensibilización a inhalantes.

En países como Australia, que lideran la epidemia respiratoria, la alergia alimentaria mediada por IgE afecta hasta el 10 % de los bebés. Sus padres se encontraban entre la primera generación en experimentar el aumento a gran escala de las enfermedades alérgicas, aunque en ese momento, los trastornos de tolerancia oral eran poco comunes. Otro motivo de preocupación es que esta nueva generación parece tener menos probabilidades de superar la alergia alimentaria que sus predecesores, lo que tiene implicaciones a largo plazo para la carga de la enfermedad. La enfermedad alérgica se ha relacionado con el estilo de vida moderna, incluido el cambio de los patrones dietéticos, el cambio de las bacterias comensales intestinales y la contaminación ambiental. Todavía no se sabe si el aumento de la alergia alimentaria es un presagio de efectos más tempranos y más graves de estos cambios ambientales progresivos o si están implicados factores de estilo de vida adicionales(1).

Actualmente, en la población pediátrica española, la prevalencia se sitúa entre un 6 % y un 8 % de los lactantes al año de vida y se estabiliza en torno al 4 % a los 4 años(2).

La confirmación del diagnóstico puede ser problemática, puesto que un tercio de los niños presentan reacciones adversas con más de un alimento. Puede producir síntomas localizados leves o sistémicos como anafilaxia, que puede ser de riesgo vital. La AA es la causa del 50 % de las anafilaxia de la edad pediátrica(3).

El pediatra de Atención Primaria debe estar familiarizado con su diagnóstico preciso y tratamiento dietético adecuado, evitando dietas de eliminación injustificadas, que pueden suponer un riesgo nutricional, y garantizar que los niños alcancen un normal crecimiento y desarrollo.

Cualquier alimento es potencialmente sensibilizante, los alimentos implicados varían geográficamente en función de la frecuencia de consumo en cada país. Las sensibilizaciones suelen aparecer en relación con la introducción de alimentos en la dieta del niño. En nuestro medio y durante la edad pediátrica, los implicados con mayor frecuencia en la AA IgE mediada son las proteínas de: huevo (39,1 %), leche (32,3 %), pescado (11,3 %), frutos secos (18,8 %) y frutas (12,4 %). Los patrones alimentarios justifican un mayor número de alergia a cacahuete en EE.UU. y en el Reino Unido, al sésamo en Israel o al trigo sarraceno en Japón o Corea. La aerobiología también puede condicionar las alergias alimentarias observadas en una determinada zona geográfica, por la aparición de síndromes de reacción cruzada; por ejemplo: los escolares y adolescentes alérgicos al polen de abedul, gramíneas o artemisia, presentan con frecuencia alergia a alimentos vegetales, asociada generalmente a frutas frescas y frutos secos(4,5).

Los pacientes con síntomas graves o complejos de AA necesitan derivación a un pediatra alergólogo. Una consulta de alergia es obligatoria para aquellos pacientes que presentan anafilaxia, dado que a menudo no se reconoce lo suficiente, lo que lleva a una prescripción inadecuada de adrenalina y/o capacitación insuficiente del paciente sobre cuándo y cómo usarla. Los esfuerzos educativos pueden reducir esta brecha en el conocimiento y mejorar la seguridad de los pacientes.

Además de eso, el diagnóstico adecuado y la evaluación del pronóstico de resolución de la alergia son componentes clave para el manejo de la AA. Cuando no se prevé una resolución espontánea, la inmunoterapia específica con alérgenos aparece como el único tratamiento prometedor.

La vigilancia constante y el miedo a las reacciones graves o anafilácticas pueden aumentar la ansiedad en los pacientes con AA y provocar una tendencia a restringir demasiado su dieta. Esto puede dar lugar a hábitos alimentarios deficientes o erráticos y al deterioro del estado nutricional, pero también a la reducción de su vida social y a un aumento de la angustia psicológica de los pacientes y, a menudo, de sus cuidadores. Los nutricionistas y los psicólogos pediátricos pueden ser de gran ayuda en pacientes complejos.

Definición

Las definiciones de reacción adversa a alimentos, intolerancia alimentaria y reacciones alérgicas a alimentos, se prestan a confusión y se utilizan de forma incorrecta en diversos ámbitos. Por ello, la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI) y la Organización Mundial de Alergia (WAO) llegaron a un consenso sobre las mismas. Cualquier reacción adversa a alimentos no tóxica (p. ej., una intoxicación con setas, sería una reacción tóxica), se denomina hipersensibilidad a alimentos. Se define como alergia a alimentos: la reacción de hipersensibilidad mediada inmunológicamente y se clasifica en mediada por IgE o no mediada (mecanismo celular), en función del mecanismo que la produce(6).

En este documento de posición, la EAACI define como “hipersensibilidad no alérgica a alimentos” al resto de reacciones adversas, referidas previamente como “intolerancias a alimentos”. Se distinguen tres tipos: enzimáticas, por ejemplo las producidas por déficit de lactasa, que se presentan con diarrea o flatulencia con la ingesta de leche; de tipo farmacológico, como las cefaleas producidas en algunas personas por alimentos ricos en tiramina (quesos muy curados); y en tercer lugar reacciones irritativas o indeterminadas, como por ejemplo al comer alimentos muy especiados (Fig. 1).

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Figura 1. Clasificación de las reacciones adversas a alimentos (RAA) de la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI). Tomada de: clasificación de las RAA de la Comisión de Nomenclatura de la EAACI refrendada por la Organización Mundial de la Alergia (WAO). FPE: Enteropatía por proteínas. FPIES: Enterocolitis inducida por proteínas.

En la alergia a alimentos, hay que tener en cuenta que algunos pacientes precisan de la existencia de cofactores para que suceda la reacción alérgica. Es preciso que el individuo alérgico a un determinado alimento lo ingiera junto con la presencia de un cofactor para presentar clínica. Estos cofactores pueden ser: ejercicio físico, fiebre, infecciones víricas, estrés o la ingesta de antiinflamatorios o alcohol.

Los alimentos contienen múltiples proteínas y cada una de ellas puede actuar como alérgeno. Algunas proteínas son específicas de ese alimento y otras son compartidas por otros alimentos de la misma especie o incluso de familias muy alejadas. En cada alimento pueden identificarse alérgenos mayores y otros menores. Un alérgeno mayor es aquel con más del 50 % de frecuencia de reconocimiento por anticuerpos IgE, entre los pacientes positivos a la fuente alergénica de la cual proviene. Se conocen cerca de 400 alérgenos alimentarios, pertenecientes a 70 familias de proteínas, aunque la mayoría de los alérgenos están englobados en solo 10 familias. Algunas de estas proteínas se denominan panalérgenos, ya que son moléculas ubicuas en la naturaleza con una función esencial y cuya estructura se ha mantenido, compartiendo una elevada homología entre diferentes especies. Esto es lo que justifica la reactividad cruzada. Las distintas proteínas se agrupan en familias según su estructura y características fisicoquímicas lo que, a su vez, va a condicionar un diferente riesgo para originar reacciones más o menos graves. Aquellas familias que tienen alta labilidad frente al calor o la digestión, como son las profilinas, producirán habitualmente cuadros más leves, sobre todo locales, como el síndrome de alergia oral. Las proteínas resistentes al calor o a la degradación enzimática, como son las proteínas de almacenamiento de los frutos secos y las proteínas transportadoras de lípidos (LTP), llegarán intactas al torrente circulatorio y por ello ocasionarán potencialmente clínica más grave (Fig. 2).

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Figura 2. Gravedad de las reacciones en función de la proteína implicada. LTP: proteínas transportadoras de lípidos.

Es muy importante diferenciar entre sensibilización y alergia. La sensibilización es una respuesta inmunitaria que sigue al contacto con un alérgeno y que se traduce por la presencia de IgE tisular, que nos positivizará las pruebas cutáneas (prick-test) y la IgE plasmática específica para ese alimento (CAP/RAST). Tras un nuevo contacto con el alérgeno, el niño puede no presentar síntomas clínicos, reflejando una sensibilización al alimento. En cambio, si presenta clínica, nos encontraremos ante una verdadera alergia alimentaria. La sensibilización a alimentos es más frecuente que la alergia. De hecho, hasta un 50-70 % de los pacientes que presentan sensibilización a un alimento toleran su ingestión(7).

Hipersensibilidad a alimentos mediada por IgE

Manifestaciones clínicas

Las reacciones alérgicas aparecen en las dos horas siguientes a la ingestión del alimento, normalmente en los primeros 30-60 minutos. Pueden afectar a uno o varios órganos que incluyen: la piel, el tracto digestivo, el respiratorio y el sistema cardiovascular(7).

La clínica más frecuente en la edad pediátrica es la afectación cutánea, con urticaria-angioedema, seguida de las reacciones localizadas en la mucosa oral y faríngea, que se manifiestan con prurito local (síndrome de alergia oral), especialmente frecuentes en adolescentes con alergia a alimentos vegetales asociada o no a alergia al polen. En tercer lugar en frecuencia, aparece la clínica digestiva con: vómitos, dolor abdominal y diarrea. La afectación respiratoria es en forma de rinitis y broncoespasmo. El broncoespasmo aislado es poco frecuente. Su presencia debe alertarnos de que estamos ante un cuadro de anafilaxia.

La anafilaxia se define como la afectación de dos o más órganos simultáneamente. Es una reacción de hipersensibilidad grave que pone en riesgo la vida. Los síntomas respiratorios graves aislados (afonía, tos repetitiva, dificultad para hablar, sibilantes) en relación a la ingesta de un alimento sospechoso, deben tratarse también como una anafilaxia. Esta suele ser la causa de la muerte en reacciones por alimentos de desenlace fatal. Los factores de riesgo para una anafilaxia de riesgo vital son: la presencia previa de asma, la ingestión inadvertida (alérgenos ocultos), la incapacidad para reconocer los síntomas y, sobre todo, el retraso en la administración de adrenalina. También puede aparecer anafilaxia por alimentos que no son ingeridos, solo por exposición por vía cutánea (un beso de alguien que ha comido huevo a un niño alérgico) o inhalatoria (vapores de cocción de pescado).

Diagnóstico

El diagnóstico de precisión en alergia alimentaria es importante, no solo para prevenir reacciones adversas, sino también para evitar dietas innecesarias que puedan alterar el desarrollo nutricional y el crecimiento del niño. Nunca podemos hablar de alergia alimentaria por tener un prick o una IgE específica positiva, pues la ingestión del alimento puede no tener ninguna repercusión clínica y esa sensibilización reflejar únicamente la predisposición a la atopia(8).

En primer lugar, mediante la anamnesis se debe conocer: qué alimentos están implicados, el tiempo de latencia entre la ingesta y el inicio de los síntomas, la cantidad de alimento ingerido, en qué forma estaba cocinado o si era crudo y si se ha tomado en ocasiones posteriores. Hay que investigar la presencia de cofactores, como la toma de fármacos o un proceso infeccioso intercurrente. Pueden ser útiles los diarios dietéticos. En la exploración física se buscarán marcadores de atopia, como presencia de rinoconjuntivitis, asma o dermatitis atópica. Se deben recoger informes de urgencias para valorar las reacciones acaecidas y tratamientos que el niño ha precisado. En muchos niños encontraremos antecedentes familiares de enfermedad atópica.

Estudio alergológico in vivo

Pruebas cutáneas (prick-test) con extractos estandarizados de la proteína y sus fracciones proteicas, con el alimento en fresco o cocinado (prick by prick). Actualmente, también pueden testarse componentes proteicos como LTP o profilinas.

Estudio alergológico in vitro

En el laboratorio se puede determinar IgE total e IgE específica al alimento y sus fracciones proteicas. El desarrollo de la biología molecular ha permitido la detección simultánea de IgE dirigidas a los diferentes componentes de más de 100 alérgenos procedentes de unas 50 fuentes alergénicas; por ejemplo, las proteínas del huevo son la suma de ovoalbúmina, ovomucoide, lisozima, etc. Algunos pacientes son alérgicos a unas proteínas y otros alérgicos a otras, pero en todos vamos a obtener el mismo resultado si se busca solo IgE a clara. Estos resultados tienen trascendencia en cuanto al pronóstico, la predicción de la gravedad de las reacciones en caso de una transgresión dietética y también nos explican los fenómenos de reactividad cruzada. El uso del diagnóstico por componentes está especialmente indicado en aquellos pacientes cuyo diagnóstico sea complejo, ya sea por la gravedad de las reacciones, la dificultad para identificar el alérgeno implicado o la presencia de múltiples alimentos sospechosos (Fig. 3).

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Figura 3. Diagnóstico por componentes.

 

Prueba de provocación oral o de exposición controlada

Es el patrón oro para confirmar o descartar el diagnóstico de alergia a un alimento. Debe realizarse siempre en un centro hospitalario que disponga del personal entrenado y los recursos adecuados para poder realizar una reanimación cardiovascular. La provocación oral se puede realizar de forma abierta administrando el alimento, a ciego simple o a doble ciego controlado con placebo. La única contraindicación de la prueba de provocación oral es que la reacción con el alimento fuera de riesgo vital y todas las pruebas in vivo e in vitro aclaren la etiología de la reacción.

La provocación oral también se utiliza para valorar el riesgo de otros alimentos que puedan tener reactividad cruzada con el alimento identificado como responsable; por ejemplo, en el alérgico a las lentejas que presente IgE específicas a otras legumbres, se debe comprobar la tolerancia a garbanzo, soja, cacahuete, alubias o guisantes.

Pronóstico

Las alergias a la leche, el huevo, la soja y los cereales, que aparecen en los lactantes, suelen resolverse espontáneamente. A los 5 años de edad, cerca del 80 % de los niños alérgicos a la leche y más del 50 % de los alérgicos al huevo han superado su alergia. Las alergias a frutos secos, cacahuete, pescados y mariscos se consideran persistentes en la mayor parte de los pacientes.

Tratamiento

El tratamiento de la alergia a alimentos se ha basado hasta hace unos años en dos pilares: la dieta de evitación del alimento identificado y el tratamiento de las reacciones alérgicas en caso de ingesta accidental.

La dieta de evitación debe incluir la valoración, si es necesario por test de provocación de los alimentos del grupo alimentario implicado y conocer, en función de las proteínas implicadas, si el paciente es tolerante al alimento cocinado y horneado (Fig. 4).

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Figura 4. Manejo de la alergia al huevo utilizando el diagnóstico por componentes. TPO: test de provocación oral. ITO: inmunoterapia oral con huevo.

La dieta de evitación es un reto para los alérgicos y sus familias, ya que supone la vigilancia continua, la revisión del etiquetado de cualquier alimento procesado y verificar la composición de las comidas que se realizan fuera de casa. La información sobre alérgenos presentes en los alimentos está regulada por la Unión Europea. Se exige, de forma obligatoria, que se identifiquen tanto en la industria como en la restauración 14 alérgenos que cubren una buena parte de los alérgenos alimentarios: cacahuete, moluscos, lácteos, mostaza, sésamo, altramuces, huevo, gluten, pescado, crustáceos, frutos de cascara, apio, dióxido de azufre, sulfitos y soja. Además, la industria utiliza el etiquetado precautorio de alimentos (EPA) para comunicar la posible presencia involuntaria de un alérgeno: “puede contener” “fabricado en una planta en la que”. El EPA reduce las posibilidades de compra de muchos pacientes alérgicos y se ha generalizado como un etiquetado defensivo. A pesar de toda esta regulación, entre el 30 % y el 50 % de los alérgicos a alimentos presentan reacciones accidentales(9,10).

El tratamiento de las reacciones alérgicas es farmacológico. Las manifestaciones de urticaria-angioedema, digestivas o de rinoconjuntivitis se tratan con antihistamínicos orales. Si aparece broncoespasmo o están implicados dos o más órganos simultáneamente, hemos de pensar en una anafilaxia y la administración de adrenalina intramuscular es prioritaria, independientemente de que haya o no hipotensión arterial(11) (Tabla I).

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Todo el personal sanitario debe estar entrenado en el reconocimiento de una reacción anafiláctica y en la administración de adrenalina. Todos los niños y sus cuidadores, incluidos maestros y monitores de comedor, deben recibir educación sanitaria y tener un plan de acción por escrito para saber cómo actuar (Fig. 5).

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Figura 5. Plan de Acción para la escuela. Accesible e imprimible desde: https://www.fliedner.es/media/modules/news/121/protocolo-anafilaxia-15-16.pdf.

Se pueden consultar en la web de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (www.seicap.es), tanto el Manual de Anafilaxia Pediátrica como el Protocolo de acción para la escuela(12).

En caso de anafilaxia dependiente de los alimentos inducida por el ejercicio, se debe brindar asesoramiento dietético individualizado para evitar alérgenos alimentarios específicos 4 a 6 horas antes del ejercicio y 1 hora después.

En los últimos años, la inmunoterapia oral a alimentos (ITO) ha demostrado gran eficacia. Es potencialmente un tratamiento curativo que puede incrementar la cantidad de alimento tolerado por el paciente, previniendo los síntomas alérgicos y reduciendo el riesgo de una reacción anafiláctica potencialmente grave con riesgo vital. La ITO es un tratamiento activo que consiste en la administración de dosis progresivamente crecientes del alimento que produce la reacción alérgica, para reducir los síntomas frente a su exposición natural, es decir, conseguir la desensibilización y, si es posible, la tolerancia permanente del alimento. Actualmente, se realiza ITO a huevo y leche en la práctica habitual, y se está en fases menos avanzadas para avellana, cacahuete y melocotón. En los estudios controlados analizados en los metaanálisis, se observa que se puede alcanzar la desensibilización en el 87 % de los pacientes tratados con ITO con leche de vaca (62 % desensibilización completa y 25 % desensibilización parcial) y en el 79 % de los pacientes con ITO con huevo (39 % desensibilización completa y 40 % desensibilización parcial). La desensibilización puede ser más eficaz en niños pequeños, lo que sugiere que la inmunomodulación se podría conseguir más fácilmente cuando se inicia en edades más tempranas, como se especula con la inmunoterapia subcutánea con neumoalérgenos. En pacientes altamente sensibilizados se puede asociar omalizumab al tratamiento como adyuvante. El omalizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se une a la IgE disminuyendo el riego de reacciones alérgicas durante la ITO, sin reducir la capacidad antigénica(13).

Actualmente, se están ensayando tratamientos con inmunoterapia a alimentos por vía subcutánea, sublingual y epicutánea.

Prevención

El aumento de la prevalencia de la AA se ha relacionado con múltiples factores como: el estilo de vida, el consumo de tabaco, los hábitos alimentarios actuales, la contaminación ambiental, el tipo de parto, el papel de la microbiota, etc. Estos factores, por mecanismos epigenéticos, pueden producir cambios en la expresión de determinados genes que pueden ser heredados y perpetuados en las siguientes generaciones. Además de un aumento en la incidencia, los estudios muestran más pacientes con multi-alergias y con menores probabilidades de conseguir la tolerancia al alimento al que son alérgicos.

Se estima que sin tener antecedentes de enfermedad alérgica, el riesgo de padecerla es del 5-15 %. Si un hermano es alérgico, el riesgo es de un 25-35 %, si el padre o la madre son alérgicos, el riesgo es de entre 20-40 %, siendo del 40-60 % si ambos padres son alérgicos y del 50-80 % si el padre o la madre tienen la misma enfermedad alérgica. De momento, estos factores genéticos no son modificables, aunque son los únicos para identificar a un niño de riesgo.

En los últimos años, múltiples trabajos y guías han intentado poner luz en las estrategias preventivas, tanto de cara a la madre embarazada y al lactante como en lo referente al niño. La Guía de la EAACI: Prevención del desarrollo de alergia alimentaria en lactantes y niños pequeños publicada en 2021, desaconseja las recomendaciones clásicas sobre restricciones dietéticas, evitando alérgenos alimentarios en la madre tanto embarazada como que amamanta o el uso de leches hidrolizadas en los lactantes o leches de soja en los primeros seis meses de vida. No hay recomendaciones, puesto que no hay evidencia sobre el uso de suplementos vitamínicos, aceites de pescado, prebióticos o probióticos durante el embarazo, la lactancia o la infancia. Los cambios clave se centran en las evidencias de que la introducción entre los 4-6 meses de huevo bien cocido como parte de la alimentación complementaria o cacahuete (según el consumo y, por tanto, la frecuencia de alergia alimentaria por zonas geográficas), aprovecharía una ventana de tolerancia y, por lo tanto, una oportunidad para intentar prevenir la alergia alimentaria. No se recomienda retrasar la introducción de alimentos clásicamente etiquetados de muy alergénicos. Por otro lado, se recomienda evitar la suplementación con fórmula de leche de vaca en la primera semana de vida (evidencia baja)(14).

Hipersensibilidad a alimentos no IgE mediada

Se presentan de una forma más subaguda y/o con síntomas crónicos prácticamente siempre localizados en el tracto gastrointestinal. Estos procesos incluyen: síndrome de enterocolitis inducido por proteínas alimentarias (conocido por sus siglas en inglés FPIES), enteropatía inducida por proteínas y proctocolitis alérgica(15,16).

El periodo de latencia entre la ingestión del alimento y la aparición de síntomas es superior a las reacciones mediadas por IgE, estos trastornos aparecen en los primeros meses de vida, son de inicio insidioso, progresivo y tienden a desaparecer después de un periodo que varía entre uno y varios años (Figs. 6 y 7).

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Figura 6. Clínica de la hipersensibilidad a alimentos no mediada por IgE.

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Figura 7. Hipersensibilidad a alimentos no IgE mediada.Tomado de: Labrosse R, et al. Non-IgE-Mediated Gastrointestinal Food Allergies in Children: An Update. Nutrients. 2020; 12: 2086.

Manifestaciones clínicas

Proctocolitis alérgica

También recibe el nombre de colitis inducida por alimentos o colitis alérgica, se presenta antes de los seis meses de edad. Los síntomas clínicos son sangre roja en las heces en un lactante, con buen estado general y sin repercusión en su desarrollo pondoestatural.

La zona afectada del intestino se localiza en el colon y el recto. En caso de que se produzca una mayor afectación en el colón, podemos encontrar diarrea con moco. Está producida por proteínas de leche o por proteínas de soja. El 60 % de los casos se presentan en niños alimentados exclusivamente con lactancia materna.

Las mediciones de IgE específica son negativas, así como las pruebas cutáneas. Habitualmente, la exploración y la analítica son normales, aunque podemos encontrar anemia, hipoalbuminemia y eosinofilia periférica en algunos lactantes. Debe realizarse diagnóstico diferencial con: grietas anales, infecciones gastrointestinales, enterocolitis necrotizante o invaginación intestinal. El tratamiento consiste en eliminar la proteína responsable. La mejoría debe esperarse entre la primera y la segunda semana de la dieta de exclusión. En caso de que el lactante reciba alimentación materna, la madre deberá realizar una dieta exenta de proteínas (habitualmente, proteínas de leche de vaca). En el lactante alimentado con fórmula de leche entera, utilizaremos fórmulas extensamente hidrolizadas. No se debe utilizar leche de soja, ya que un 30 % de estos niños presentarán síntomas también con la soja.

Los síntomas clínicos son benignos y transitorios. Remiten mayoritariamente alrededor del año de vida. En caso de persistencia, se prolonga la dieta, realizando nuevos intentos de reintroducción cada 3-6 meses en el domicilio.

Enteropatía inducida por proteínas

La enteropatía asociada a proteínas de la dieta puede presentarse en los dos primeros años de vida, pero la mayoría de los niños la desarrollan antes de los doce meses. Normalmente, son niños más mayores que los que presentan enterocolitis y presentan una clínica más larvada.

Los alimentos implicados son la leche de vaca, que es la causa más frecuente, pero también se ha demostrado clínica con la participación de alimentos como: la soja, el gluten, el huevo, el pollo, el arroz y el pescado.

La clínica predominante es la diarrea crónica, distensión abdominal y estancamiento ponderal, pudiendo evolucionar a un síndrome de malabsorción.

Las pruebas cutáneas y las determinaciones séricas de IgE específicas frente a alimentos son negativas. No se detectan anticuerpos antigliadina, antiendomisio y antitransglutaminasa, y la retirada del gluten no produce una mejoría de los síntomas.

El diagnóstico se basa en la historia clínica detallada y la respuesta a la prueba de exclusión-provocación de las proteínas sospechosas. Puede tardar varias semanas en apreciar mejoría. En la biopsia se observan: grados variables de atrofia de vellosidades intestinales, hiperplasia de criptas, aumento de linfocitos interepiteliales y ligera infiltración eosinofílica. La biopsia no es imprescindible para el diagnóstico.

Se resuelve normalmente entre los doce y veinticuatro meses de vida y, raramente, persiste en edades superiores.

La retirada indiscriminada de alimentos no es correcta. El tratamiento consiste en identificar el antígeno y retirarlo de la dieta. La resolución de la enteropatía vendrá determinada por la realización de una prueba de provocación oral. Si el alimento implicado son las proteínas de la leche de vaca, se deben utilizar fórmulas de hidrolizados extensos de proteínas, la soja no es adecuada como sustitutivo, ya que puede estar implicada como desencadenante (Tabla II).

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Síndrome de enterocolitis inducido por proteínas alimentarias (Food Protein-Induced Enterocolitis Syndrom [FPIES])

Conocido por sus siglas en inglés, en 2017 se publicó la primera guía de consenso para su diagnóstico y tratamiento. Representa la patología gastrointestinal alérgica más grave en el lactante. Se desencadena por la ingesta de leche de vaca, leche de soja, pescado, cereales (arroz y avena) o huevo. Existe un patrón geográfico, probablemente relacionado con los hábitos dietéticos. Así, en España, el pescado es el alimento sólido más frecuentemente implicado. La edad de inicio depende de la edad de introducción del alimento implicado. En adultos se ha descrito la ingesta de crustáceos como alimento desencadenante.

La sintomatología dependerá del tramo de intestino afectado. Si la afectación es de intestino delgado se presentará con la forma aguda, con vómitos intensos que se producen a las dos a cuatro horas de la ingesta de la proteína causante de la reacción. Puede producir deshidratación, o incluso shock hipovolémico, que ocasiona diagnósticos diferenciales no siempre fáciles de resolver. Si la afectación es en la parte distal del intestino delgado o en el colon, observaremos diarrea acuosa, ocasionalmente con moco y sangre macroscópica, de inicio en las 5-10 horas siguientes a la ingesta.

La forma crónica de FPIES no está tan bien definida. Se presenta en lactantes menores de cuatro meses, alimentados con fórmula de inicio, pero puede ser más tardía si el alimento implicado es arroz, huevo o pescado. Pueden presentar vómitos intermitentes, diarrea acuosa, irritabilidad y abdominalgias, que van aumentando en frecuencia con afectación del desarrollo pondoestatural. En el ámbito del laboratorio podemos encontrar hipoalbuminemia, anemia y leucocitosis con neutrofilia y trombocitosis. Es habitual la demora en el diagnóstico y hasta un 75 % de los niños presentan al diagnóstico una importante afectación del estado general.

FPIES es poco común en los bebés alimentados con leche materna exclusivamente, parece tener un papel protector. En caso de presentarse en niños alimentados con lactancia materna, debemos suprimir las proteínas de leche de vaca y soja de la dieta materna. En niños mayores y adultos es poco frecuente y, por lo general, presenta un síndrome leve de náuseas, vómitos prolongados y abdominalgias, varias horas después de la ingestión. Aproximadamente un 25 % de niños con FPIES desarrollarán anticuerpos específicos frente a alimentos (Tabla III).

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La resolución de la reactividad clínica ocurre con la edad, típicamente antes de los tres años de edad para la leche, el huevo y el arroz, y suele prolongarse hasta los cinco años para el pescado.

La reintroducción del alimento debe realizarse siempre en medio hospitalario.

Función del Pediatra de Atención Primaria: criterios de derivación a Atención Especializada de Alergia Pediátrica (Algoritmo)

Es necesaria la derivación de todo niño con sospecha de alergia alimentaria para tener un diagnóstico adecuado, que evite tanto el infradiagnóstico como el sobrediagnóstico y, por tanto, que las medidas de evitación sean las adecuadas para afectar lo menos posible la calidad de vida del niño y su familia.

La derivación de la anafilaxia debe ser preferente. Los niños, su familia, su entorno escolar y lúdico/deportivo, deberán recibir toda la educación sanitaria que precisen para identificar los alérgenos responsables de su alergia, conocer la lectura de etiquetas, cómo gestionar el comedor escolar y los eventos extraescolares (fiestas de cumpleaños, celebraciones tradicionales con dulces típicos), donde aumenta la posibilidad de alérgenos ocultos y cómo tratar las posibles reacciones alérgicas. El pediatra de Atención Primaria debe implicarse en esta educación sanitaria y repasar con el paciente los tratamientos y, sobre todo, la autoadministración de adrenalina.

En caso de anafilaxia inducida por el ejercicio dependiente de los alimentos, se debe brindar asesoramiento dietético individualizado para evitar alérgenos alimentarios específicos 4 a 6 horas antes del ejercicio y 1 hora después.

Debemos recordar que los cuadros de hipersensibilidad a alimentos no IgE mediada presentan un mecanismo inmunológico subyacente y, por tanto, una alergia no mediada por IgE. Se debe evitar el uso de terminología inapropiada como “intolerancia a las proteínas de leche de vaca”. Son patologías que hay que tener en mente, puesto que su diagnóstico es clínico y hay que sospecharlas en lactantes con sintomatología digestiva compatible. Son útiles las tablas con los criterios diagnósticos y el algoritmo de manejo y derivación del consenso pediátrico español publicado en Anales Españoles de Pediatría en 2019 (Algoritmo).

Las proctocolitis que responden bien a la exclusión de leche de vaca en dos semanas, se pueden manejar en primaria derivando las que tengan una evolución atípica, se debe valorar/observar la tolerancia a alimentos como soja y huevo.

Las enteropatías leves-moderadas, en las que las proteínas de leche de vaca son el agente causal y los síntomas revierten sin complicaciones tras la retirada de estas, pueden asumirse desde Atención Primaria. En los casos graves o en los que el alérgeno no es la leche de vaca, se recomienda la derivación.

Las FPIES deben remitirse siempre al especialista para la valoración inicial, seguimiento y la reintroducción de forma controlada siempre en ámbito hospitalario(17).

Actualmente, con mejores trabajos y estudios de calidad, se debe hacer un estudio riguroso de la alergia alimentaria. Las dietas de eliminación han de ser estrictas, pero muy precisas. Se debe tener un enfoque multidisciplinar, sobre todo en alergias complejas, para evitar la repercusión en el desarrollo físico y emocional del niño y su familia. La educación del paciente, la familia y todo el entorno escolar y lúdico deportivo han de ser una prioridad. Se debe seguir trabajando para tomar las medidas que, de una forma precoz, favorezcan la tolerancia, sobre todo en alergia IgE mediada(18).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

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9. Hicks A, Palmer C, Bauer M, Venter C. Accidental ingestions to known allergens by food allergic children and adolescents. Pediatric Allergy and Immunology. 2021; 32: 1718-29. Disponible en: https://doi.org/10.1111/pai.13573.

10. Sociedad Española de Inmunología Clínica A y AP. Legislación sobre declaración obligatoria de alérgenos alimentarios. 2019. Acceso en noviembre de 2022. Disponible en: https://seicap.es/wp-content/uploads/2022/05/Legislacion-Alergia-a-Alimentos.pdf.

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12. Julia Benito JC, Sánchez Salguero CA, Alvarado Izquierdo MI, Álvarez Caro F, Arroabarren Alemán E, Capataz Ledesma M, et al. Manual de Anafilaxia Pediátrica. Acceso en octubre de 2022. Disponible en: https://seicap.es/wp-content/uploads/2022/05/MAP2017-Version-2-1.pdf.

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15.*** Claver Monzón A, Pinto Fernández C. Alergia alimentaria no mediada por IgE. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 195-206.

16.*** Espín Jaime B, Díaz Martín JJ, Blesa Baviera LC, Claver Monzón A, Hernández Hernández A, García Burriel JI, et al. Alergia a las proteínas de leche de vaca no mediada por IgE: documento de consenso de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). An Pediatr (Barc). 2019; 90: 193.e1-192.e11.

17. Labrosse R, Graham F, Caubet J-C. Non-IgE-Mediated Gastrointestinal Food Allergies in Children: An Update. Nutrients. 2020; 12: 2086.

18. Turner PJ, Arasi S, Ballmer-Weber B, Baseggio Conrado A, Deschildre A, Gerdts J, et al; the Global Allergy, Asthma European Network (GA2LEN) Food Allergy Guideline Group. Risk factors for severe reactions in food allergy: Rapid evidence review with meta-analysis. Allergy. 2022; 77: 2634-52.

19. Macías Iglesias EM. Alergia a los alimentos. Pediatr Integral. 2018; XXII: 87-93.

Bibliografía recomendada

– Echeverría Zudaire LA. Novedades en diagnóstico y prevención de la alergia alimentaria. En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización Pediatría 2019. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2019. p. 233-47. Disponible en: https://www.aepap.org/sites/default/files/pags._233-248_novedades_en_diagnostico_y_prevencion._.pdf.

Actualización dirigida al pediatra de Atención Primaria, de las novedades en el diagnóstico, manejo y prevención de la alergia alimentaria, desde la perspectiva de una pediatra alergólogo de gran experiencia.

– Halken S, Muraro A, de Silva D, Khaleva E, Angier E, Arasi S, et al; European Academy of Allergy and Clinical Immunology Food Allergy and Anaphylaxis Guidelines Group. EAACI guideline: Preventing the development of food allergy in infants and young children (2020 update). Pediatr Allergy Immunol. 2021; 32: 843-58. DOI: 10.1111/pai.13496.

Revisión de la evidencia publicada en un tema de gran importancia y trascendencia. ¿Podemos hacer alguna cosa los pediatras para evitar el incremento de la prevalencia de la alergia alimentaria y sus consecuencias? Desde la Academia Europea, nos proponen algunas líneas de actuación que se recogen en esta actualización.

– Valdesoiro Navarrete L, Vila Sexto L. Alergia a alimentos mediada por IgE. Protoc diagn ter pediatr. 2019; 2: 185-94.

Revisión de pediatras alergólogos dirigida a pediatras no especialistas sobre clínica, manejo y diagnóstico de la alergia alimentaria de tipo IgE. Publicación en el apartado de protocolos de la AEP.

– Espín Jaime B, Díaz Martín JJ, Blesa Baviera LC, Claver Monzón A, Hernández Hernández A, García Burriel JI, et al. Alergia a las proteínas de leche de vaca no mediada por IgE: documento de consenso de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). An Pediatr (Barc). 2019; 90: 193.e1-192.e11.

Documento de consenso de todas las Sociedades científicas implicadas en un tema tan poco estructurado, hasta ese momento, sobre la alergia no IgE mediada a la leche de vaca. Imprescindible lectura.

 

Caso clínico

 

Lola es una lactante de 5 meses, toma lactancia materna exclusiva.

Antecedentes familiares: padre rinitis alérgica. Antecedentes personales: dermatitis atópica leve. Inicia lactancia artificial por motivos laborales inexcusables de la madre. Tras la segunda toma presenta reacción cutánea consistente en eritema facial y sensación de picor ocular intenso, sin otros signos asociados.

 

 

Algoritmo

 

Alergia e intolerancia a la proteína de leche de vaca

E. Dorado Ceballos, M. Susanna Calero
Temas de FC


E. Dorado Ceballos, M. Susanna Calero

Unidad de Alergia, Inmunología y Neumología Pediátrica. Parc Taulí Hospital Universitari de Sabadell. Barcelona

Resumen

La alergia a proteína de leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más frecuente en el menor de 2 años. Está mediada por mecanismos inmunológicos (mediados y no mediados por IgE).

La clínica más frecuente en la APLV IgE mediada es la cutáneo-mucosa, aunque también pueden estar implicados el aparato digestivo y respiratorio; la forma más grave es la anafilaxia. En la APLV no IgE mediada, la clínica más habitual es la digestiva (proctocolitis, enterocolitis y enteropatía).

El diagnóstico de la APLV IgE mediada se basa en una anamnesis y exploración física detalladas. El estudio incluye la realización del prick test y/o IgE específica sérica. Es preciso mostrar causalidad. El patrón oro es la prueba de provocación oral. Para el diagnóstico de la APLV no IgE mediada, las únicas herramientas necesarias son la anamnesis detallada y la respuesta a la prueba de exclusión-provocación.

El tratamiento consiste en la dieta de evitación de las proteínas de leche de vaca. Para ello, se emplea: la lactancia materna, las fórmulas extensamente hidrolizadas, las fórmulas elementales o fórmulas adaptadas de arroz o soja. Una opción de tratamiento más proactiva es la inmunoterapia oral, indicada en aquellos pacientes que no consigan la tolerancia espontánea.

 

Abstract

Cow’s milk allergy (CMA) is the most common food allergy up to 2 years of age. It is mediated by immunological mechanisms (mediated or not mediated by IgE).

Skin is the most frequent organ involved in IgE-mediated CMA, although patients may show digestive and/or respiratory manifestations. Anaphylaxis is the most severe manifestation. In non-IgE-mediated CMA, digestive symptoms are the most common (proctocolitis, enterocolitis, enteropathy).

The diagnosis of IgE-mediated CMA is based on a careful history and physical examination. It also includes the performance of prick test and/or serum specific IgE. It is necessary to demonstrate causality. The oral challenge test is the gold standard. An allergy-focused clinical history and elimination-food challenge tests are the only tools available to diagnose non-IgE-mediated CMA.

The treatment consists of dietary avoidance of cow’s milk proteins. For this, breastfeeding and alternative formulas as extensively hydrolyzed formulas, elemental formulas, or formulas adapted from rice or soy are recommended. A more proactive treatment option is oral immunotherapy, indicated in those patients who do not achieve spontaneous tolerance.

 

Palabras clave: Alergia alimentaria; Alergia a proteína de leche de vaca IgE mediada; Alergia a proteína de leche de vaca no IgE mediada; Inmunoterapia oral.

Key words: Food allergy; IgE-mediated cow’s milk allergy; Non-IgE-mediated cow’s milk allergy; Oral immunotherapy.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 81 – 90

 


OBJETIVOS

• Diferenciar la alergia a proteína de leche de vaca de otras reacciones adversas a la leche.

• Saber identificar las manifestaciones clínicas de la alergia a proteína de leche de vaca.

• Comprender la patogenia de la alergia a proteína de leche de vaca.

• Saber cómo se realiza el diagnóstico de la alergia a proteína de leche de vaca.

• Entender el tratamiento actual de la alergia a proteína de leche de vaca.

 

Alergia e intolerancia a la proteína de leche de vaca

Introducción

La alergia alimentaria es una reacción de hipersensibilidad a un alimento, mediada por mecanismos inmunológicos. La prevalencia ha aumentado en los países occidentales, afectando hasta un 10 % de la población.

En 2001, la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI) publica una nueva clasificación y denomina “reacción de hipersensibilidad” a la presencia de signos o síntomas objetivos y reproducibles, iniciados con la exposición a un estímulo debido a una dosis tolerada habitualmente por los individuos. En concordancia, la EAACI propone que la reacción adversa a alimentos se denomine “hipersensibilidad a alimentos”(1).

Las reacciones adversas alimentarias se clasifican en mediadas por mecanismo inmunológico y no inmunológico (Fig. 1).

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Figura 1. Clasificación de las reacciones adversas alimentarias. Abreviaturas: FPIES (Síndrome de enterocolitis inducida por proteínas alimentarias), IgE (Inmunoglobulina E). Adaptada de: Anvari et al., 2019 con modificaciones(8).

La alergia a alimentos es una reacción de hipersensibilidad a un antígeno alimentario específico, habitualmente inofensivo para la población sana, que está mediada por mecanismos inmunológicos y surge en un individuo susceptible. La hipersensibilidad a alimentos no alérgica (intolerancia alimentaria) es una reacción adversa mediada por mecanismos no inmunológicos (tóxico, farmacológico, metabólico o idiopático)(2,3).

En el pasado, las alergias e intolerancias se confundían entre sí, debido a su similitud clínica. Además, el mismo alimento suele ser el responsable de estos dos tipos de reacciones, lo que dificulta el diagnóstico.

La alergia alimentaria es muy común en todo el mundo y se está convirtiendo en un importante problema de salud pública. La prevalencia ha aumentado significativamente en las últimas dos décadas en los países occidentales, afectando hasta un 10 % de la población(4). Es más común en niños (8 %) que en adultos (10 %)(3).

En nuestro medio y durante la edad pediátrica, los alimentos implicados en la alergia alimentaria, en orden de frecuencia son: las proteínas de huevo (39,1 %) y leche (32,3 %), seguidas del pescado (11,3 %), los frutos secos (18,8 %) y las frutas (12 %)(5).

La tolerancia es la respuesta inmunitaria normal a la ingesta de alimentos; sin embargo, no se conoce por qué, en algunas personas, se produce un cambio en esta respuesta, apareciendo la reacción de hipersensibilidad. Se conocen una serie de factores que pueden estar implicados en la aparición de alergia alimentaria, con interacción entre factores genéticos y ambientales: sexo varón, raza (asiática o negra), predisposición hereditaria (asociación familiar, HLA, genes específicos), dermatitis atópica, déficit de vitamina D, bajo consumo de ácidos grasos omega-3 poliinsaturados, consumo reducido de antioxidantes, obesidad y aumento de higiene(6).

Hay una serie de factores relacionados con el individuo y con el antígeno que pueden facilitar la tolerancia o la sensibilización(7-8):

Dosis de antígeno. Bajas dosis inducen la producción de células T reguladoras que promueven la tolerancia vía mecanismo de supresión; este mecanismo también interviene ante alta dosis de antígeno.

Forma de antígeno. El alimento sólido sensibiliza más que el soluble; la comida procesada o sometida a unas determinadas condiciones de temperatura también puede incrementar una respuesta de tipo Th2.

Edad de exposición. La introducción precoz en cantidades adecuadas de un alimento suele inducir tolerancia.

Vía de entrada. La exposición extraintestinal, como la vía cutánea, tiende a aumentar la sensibilización.

Edad. La sensibilización a alimentos es más frecuente en la edad pediátrica, quizá por una maduración retrasada de los mecanismos protectores intestinales.

Factores genéticos. Hay susceptibilidad genética que facilita el desarrollo de alergia alimentaria.

Microbiota. El ambiente microbiano en el intestino puede facilitar la respuesta de tolerancia; Lactococcus y Citrobacter pueden encontrarse en menor cantidad en pacientes con alergia alimentaria(3). Hay mayor riesgo de alergia alimentaria en el recién nacido si el parto es por cesárea.

Exposiciones que afectan el medio ambiente intestinal. Lactancia materna (favorece la tolerancia), tratamiento con fármacos antiácidos (favorece la sensibilización) y uso de inhibidores de la Cox-2 (favorece la pérdida de tolerancia en estudios experimentales).

En ocasiones, para que suceda una reacción alérgica, es necesaria la presencia de cofactores, como pueden ser: ejercicio físico, infecciones víricas, fiebre, antiinflamatorios no esteroideos, estrés, deprivación de sueño, alcohol y menstruación. Para que suceda la reacción alérgica, es preciso que el individuo sea alérgico a un alimento y que lo ingiera junto con la presencia del cofactor(5).

Alergia a proteína de leche de vaca

En los últimos 5 años, desde la última revisión publicada en esta revista(9), se han publicado nuevos documentos acerca de alergia a proteínas de leche de vaca IgE y no IgE mediada, de consenso entre las diferentes sociedades científicas de ámbito nacional (SEICAP, SEGHNP, AEPap, SEPEAP)(5,10-12) y europeo (EAACI)(13).

La leche de vaca (Bos domesticus) es un alimento consumido en grandes cantidades en todos los grupos de edad, en forma líquida o procesada, cruda y cocinada. Las proteínas de leche de vaca son el primer antígeno no homólogo que el niño ingiere en cantidades importantes(10). La leche de vaca y los productos lácteos son la principal fuente de proteínas, calorías y calcio en la dieta de los niños menores de 2 años. Con lo cual, su eliminación en la dieta plantea un riesgo de deficiencias nutricionales(13).

La alergia a proteína de leche de vaca (APLV) está mediada por mecanismos inmunológicos, que pueden ser mediados y no mediados por IgE. Debe existir una relación directa entre la ingestión de las proteínas de leche de vaca y la aparición de los síntomas. Es importante diferenciar la alergia a proteína de leche de vaca de otras reacciones adversas a la leche, como la intolerancia a la lactosa(10).

Epidemiología

La APLV aparece en los primeros meses de vida y es la alergia alimentaria más frecuente en el lactante y el niño pequeño.

La APLV suele iniciarse durante el primer año de vida. Afecta a un 2 % de los niños menores de 4 años y constituye la alergia alimentaria más frecuente en el lactante y el niño pequeño(10).

Patogenia

La sensibilización más frecuente es a la caseína (proteína termoestable). La leche de vaca tiene reactividad cruzada con la leche de otros mamíferos.

La leche de vaca (LV) contiene aproximadamente 30 a 35 g de proteínas por litro, con más de 40 proteínas diferentes. Todas son alérgenos potenciales y la mayoría de los pacientes están sensibilizados a varias de ellas(10,13).

Las proteínas se segregan en 2 fracciones: el coágulo que contiene aproximadamente el 80 % de las proteínas (caseínas) y el suero que contiene aproximadamente el 20 % de las proteínas (seroproteínas o proteínas lactoséricas). Las características de los alérgenos principales presentes en la LV se detallan en la tabla I.

tabla

Las caseínas, la beta-lactoglobulina y la alfa-lactoalbúmina son considerados alérgenos mayores (más del 50 % de las personas con APLV están sensibilizadas a estas proteínas)(13).

Las seroproteínas, especialmente la beta-lactoglobulina, son termosensibles y la cocción modifica su alergenicidad. Esto explica la mejor tolerancia de la leche procesada a altas temperaturas, como los horneados(14), o sometida a procesos de fermentación y acidificación que disminuyen la cantidad de seroproteína intacta(15).

Es importante recordar que la LV tiene una elevada reactividad cruzada (>90 %) con la leche de cabra y oveja. Por el contrario, la reactividad cruzada es muy baja (<5 %) con la leche de burra, yegua, búfala o camella(13).

Clínica

La clínica más frecuente en la APLV IgE mediada es la cutánea y la más grave es la anafilaxia; la más frecuente en la APLV no IgE mediada es la clínica digestiva.

APLV IgE mediada

En la APLV IgE mediada, el inicio de los síntomas suele ser durante el primer año de vida, coincidiendo con la introducción de fórmula adaptada en su alimentación, tras un periodo de lactancia materna. En el 60 % de las ocasiones, aparecen los síntomas tras la primera toma y, rara vez, se inician después de la semana de introducir la fórmula adaptada(7).

La clínica se inicia tras la ingesta del alimento y, con menor frecuencia, tras el contacto cutáneo, directo o indirecto (caricias o besos de alguien que ha manipulado LV). Raramente, y solo si existe una ingesta elevada de LV en la dieta de la madre, el inicio de síntomas puede darse durante la lactancia materna exclusiva, debido a la presencia de proteínas de LV en la leche materna(7).

La APLV IgE mediada se manifiesta con reacciones de hipersensibilidad tipo I: la clínica aparece de forma inmediata, desde el momento de la ingesta hasta dos horas tras la toma de LV. Las manifestaciones clínicas son: clínica cutánea (70-75 %), digestiva (13-34 %), respiratoria (1-8 %), afectación de más de un órgano (26 %) y anafilaxia grave (1-4 %)(7,9).

• Clínica cutánea. Son las manifestaciones más frecuentes. Incluye eritema con o sin urticaria aguda o angioedema; estas manifestaciones leves pueden preceder a otras de mayor intensidad.

• Clínica digestiva. Se puede presentar como rechazo del biberón, junto con llanto e irritabilidad, sin otras manifestaciones de enfermedad. También, con síndrome de alergia oral (edema en labios, prurito oral, edema en lengua, molestias a la deglución). A nivel del estómago y del intestino delgado, se traduce en: náuseas, vómitos más o menos profusos y dolor abdominal de tipo cólico. En intestino grueso: dolor abdominal, diarrea y, ocasionalmente, heces con sangre. El 50 % de los niños con síndrome de intestino corto presentan APLV.

• Clínica respiratoria (rinoconjuntivitis aguda, broncoespasmo, edema de glotis). No suelen presentarse aislados, sino acompañando a otras manifestaciones sistémicas. La rinoconjuntivitis aguda es frecuente durante la prueba de provocación.

• Anafilaxia. Es la manifestación más grave de APLV. Asocia inicio rápido de síntomas cutáneos (urticaria local o generalizada, angioedema), digestivos (síndrome de alergia oral, dolor abdominal, vómitos o diarrea), respiratorios (en el 80 % de los casos: disnea, broncoespasmo, estridor, hipoxemia), cardiovasculares (en el 20 % de las reacciones: hipotensión, síncope, shock) y neurológicos (temblores, confusión, convulsiones y síncope); en un lactante puede pasar más desapercibida y presentar palidez e hipotonía.

APLV no IgE mediada

La APLV no IgE mediada es generalmente debida a reacciones de inmunidad celular (hipersensibilidad tipo IV); aunque, en la mayoría de los casos, no pueda demostrarse la implicación de un mecanismo inmunológico. Aproximadamente, hasta un 60 % de los casos de APLV estarían producidos por mecanismos no mediados por IgE(11,12).

El inicio de los síntomas suele ser retardado, tras 2 horas o incluso días después de la ingesta del alérgeno. Los cuadros más habituales son digestivos y, aunque existen entidades bien definidas como la enterocolitis inducida por proteínas alimentarias (FPIES), la proctocolitis alérgica o las enteropatías, en muchos casos se presentan como cuadros más inespecíficos que afectan a lactantes en las primeras semanas de vida (reflujo gastroesofágico [RGE], cólico y estreñimiento característicamente no respondedores a medidas o tratamientos habituales)(11,12).

• Proctocolitis alérgica: se presenta típicamente en neonatos y lactantes de 2-8 semanas de vida. La clínica habitual consiste en sangrado rectal que, con frecuencia, se asocia a deposiciones blandas con mucosidad acompañante. No existe afectación del estado general del niño, ni estancamiento o pérdida ponderal.

• Enterocolitis por proteínas de leche de vaca (FPIES): se desarrolla antes de los 9 meses. El cuadro clínico típico es la forma aguda, y consiste en vómitos profusos que suelen acompañarse de palidez y letargia, y que aparecen de forma retardada a la ingesta de fórmula artificial (habitualmente unas 2 horas después). En los casos más graves puede causar deshidratación o incluso shock hipovolémico. Algunos pacientes presentan diarrea acuosa de inicio en las 5-10 horas siguientes a la ingesta y que habitualmente se resuelve en un plazo de 24 horas. Los casos de FPIES en bebés alimentados con lactancia materna son anecdóticos (no llegan al 5 % del total), por lo que esta parece tener un papel protector.

• Enteropatía por proteínas de leche de vaca: afecta en su mayoría a lactantes menores de un año. Se presenta como un cuadro de diarrea crónica profusa que aparece semanas después de la introducción de la LV. Más de la mitad de los casos presentan estancamiento ponderal, distensión abdominal y malabsorción intestinal.

Otras manifestaciones clínicas:

• Dermatitis atópica: la APLV se asocia con frecuencia a la dermatitis atópica, un problema muy común en los primeros meses de vida que se manifiesta en brotes que pueden parecer que empeoran o coinciden con la ingesta de las proteínas de la LV. Esto puede llegar a confundir sobre cuál es el origen del cuadro clínico. En estos casos, si la dermatitis atópica es la única manifestación clínica, se puede realizar una dieta de eliminación durante 2-3 semanas, seguida de una prueba de exposición controlada, para confirmar que la leche de vaca es la causa del problema, antes de excluir este alimento de la dieta(7).

• Síndrome de Heiner: hemorragia alveolar difusa inducida por proteínas de LV. Es una enfermedad poco frecuente, con infiltrados pulmonares recurrentes asociados con tos crónica, fiebre recurrente, taquipnea, sibilancias y pérdida de peso. En la radiografía de tórax hay infiltrado parcheado, con atelectasias, condensación y adenopatías hiliares y, en la analítica, se encuentran precipitinas a proteínas de leche de vaca(9).

Diagnóstico

Para el diagnóstico de APLV es esencial una anamnesis y una exploración física detalladas. Las pruebas complementarias (prick test y/o IgE específica) están orientadas a demostrar el mecanismo inmunológico IgE mediado. Se confirma mediante la prueba de provocación oral.

APLV IgE mediada

Anamnesis

Para el diagnóstico clínico es esencial elaborar una anamnesis detallada, en especial del episodio que ha sugerido APLV: la edad al comienzo de los síntomas, el tiempo transcurrido entre la ingesta de leche y la aparición de los síntomas, la clínica y si han existido cofactores (fiebre, infecciones en el caso de los lactantes)(10).

Es importante recoger datos acerca de los antecedentes personales o familiares de atopia (asma, rinitis, conjuntivitis, alergia a alimentos o fármacos) y el tipo de alimentación recibida (lactancia materna o artificial, presencia de biberones esporádicos)(10).

La anamnesis debe completarse con una exploración física detallada y, si existen síntomas digestivos, búsqueda de signos de malabsorción o malnutrición.

Pruebas complementarias

Orientadas a mostrar el mecanismo inmunológico IgE mediado. Una prueba cutánea o sérica positiva a leche solo indica sensibilización, debe existir causalidad para poder indicar que el niño es alérgico. Los tipos de pruebas a realizar son:

Pruebas cutáneas intraepidérmicas o prick test (prueba in vivo): pueden realizarse con extractos estandarizados de la proteína y sus fracciones proteicas o con el alimento en fresco o procesado. La sensibilidad de las pruebas cutáneas muestra una gran variabilidad (41-100 %), debido a la variabilidad en la edad y el tipo de clínica de los distintos estudios. Si se utiliza leche entera y sus principales proteínas para efectuar las pruebas cutáneas tienen un valor predictivo negativo (VPN) del 97 %(10).

En pacientes con dermografismo o dermatitis atópica a los cuales no es posible efectuar pruebas cutáneas, es imprescindible realizar la determinación de IgE específica para su diagnóstico.

Determinación de IgE específica frente a proteínas de leche de vaca, completa y sus fracciones proteicas (prueba in vitro): se realiza en el laboratorio, habitualmente mediante técnicas de CAP system o inmuno-CAP-ISAC.

Se han establecido puntos de corte de IgE específica a leche que orientan la probabilidad de tener una prueba de provocación positiva. Valores superiores a 2,5 KUI/l de IgE específica tienen un valor predictivo positivo de un 90 %, por lo que podría obviarse la prueba de provocación. También el valor de la IgE específica a leche y sus fracciones proteicas son de utilidad para el seguimiento de niños diagnosticados de APLV. El diagnóstico molecular o por componentes permite prever factores de persistencia o gravedad de la APLV, por lo que nos ayuda a orientar mejor el pronóstico y el tratamiento(10).

La rentabilidad clínica de la determinación de IgE específica sérica en el diagnóstico de la alergia inmediata a proteínas de leche de vaca es similar a la de las pruebas cutáneas.

Prueba de provocación oral o prueba de exposición controlada: el patrón oro, de referencia para confirmar la existencia de APLV, es la provocación doble ciego controlada con placebo; sin embargo, en Pediatría suelen hacerse pruebas de provocación abiertas o con el alimento enmascarado. La prueba de provocación debe efectuarse siempre en medio hospitalario, preparado con recursos materiales y personal entrenado para tratar una anafilaxia grave y realizar una reanimación avanzada. Debe efectuarse un registro detallado de la cantidad administrada, la hora de administración y las incidencias que ocurran en el periodo de observación. La positividad de la prueba de provocación suele ser inmediata, pero se recomienda un control tras unos días de estar ingiriendo proteínas de leche de vaca, especialmente si ha estado un tiempo prolongado con dieta de exclusión(10).

En el algoritmo 1 al final del artículo, se puede visualizar el diagnóstico de APLV IgE mediada.

APLV IgE no mediada

Las pruebas cutáneas con extractos y la determinación de IgE específica son característicamente negativas, por lo que no se recomienda su realización para el diagnóstico de estas entidades, siendo la historia clínica detallada y la respuesta a la prueba de exclusión-provocación de las proteínas sospechosas (retirada de estas y reintroducción posterior), las únicas herramientas necesarias para su diagnóstico. La primera sirve de base para sospechar estas patologías, mientras que la segunda es obligatoria para establecer el diagnóstico de certeza(12).

Respecto a la endoscopia, no está indicada su realización para efectuar el diagnóstico de alergia alimentaria no mediada por IgE. Solo debe valorarse su indicación cuando existan dudas en el diagnóstico, para descartar la presencia de otra patología asociada en pacientes con sintomatología crónica que no responden a la dieta de exclusión y en casos en los que se sospeche la existencia de un trastorno eosinofílico primario, quedando la indicación a criterio del gastroenterólogo(12).

En el algoritmo 2 al final del artículo, se puede visualizar el diagnóstico de APLV IgE no mediada.

Historia natural y pronóstico

La APLV suele tener buen pronóstico, con la adquisición de tolerancia espontánea hasta un 90 % de los casos a los 6 años.

La APLV tiene buen pronóstico. Alrededor de un 40 % de los niños adquieren tolerancia espontánea al año de vida, el 70 % a los 2 años y hasta el 90 % a los 6 años. Un pequeño grupo de pacientes no adquiere tolerancia espontánea, siendo además el grupo con mayor riesgo de sufrir reacciones más graves. Son factores de mal pronóstico: la persistencia de clínica a los 5 años de edad, inicio antes del mes de vida, presencia de síntomas con cantidades pequeñas de leche (<10 ml), tener una IgE específica a caseína elevada de forma persistente, no tolerar leche en formato horneado y presentar otras patologías alérgicas (otra alergia alimentaria, asma o rinoconjuntivitis alérgica)(7,9,10,12,13).

Tratamiento

La dieta de exclusión de la PLV sigue siendo un pilar fundamental del tratamiento. Actualmente, los tratamientos de inducción de tolerancia oral con ITO (inmunoterapia oral con alimentos) son una realidad en la práctica clínica habitual de centros de referencia y representan una opción de tratamiento activo adecuada para pacientes seleccionados.

El único tratamiento hasta hace una década era la dieta de exclusión de la PLV y sigue siendo un pilar fundamental. Es de vital importancia explicar bien al paciente, las familias y cuidadores, que la dieta debe ser estricta. La PLV se encuentra frecuentemente como alérgeno oculto en otros alimentos y que, por tanto, se debe prestar especial atención al etiquetado de productos envasados y posibles contaminaciones(12). La dieta estricta de evitación, en ocasiones, no es necesaria.

La PLV es habitualmente la primera proteína exógena introducida en la dieta en los lactantes que no toman lactancia materna exclusiva (LME). La PLV y sus derivados de consumo habitual (lácteos, quesos, etc.) representan la fuente principal de proteínas, calorías y calcio en la dieta de los menores de 2 años de edad. Por ello, hacer una dieta de eliminación es un riesgo de déficits nutricionales(18). Se recomienda seguir la lactancia materna tanto tiempo como sea posible. No se recomienda dieta de exclusión de PLV a la madre lactante, solo en casos excepcionales. Si precisan de una fórmula adaptada, se recomendará con preferencia una fórmula extensamente hidrolizada (proteínas por debajo de los 5.000 KDa) de caseínas o de proteínas séricas. Otras opciones son las fórmulas de soja o hidrolizadas de arroz. Se reservarán las fórmulas muy altamente hidrolizadas (semi-elementales) o fórmulas de aminoácidos (elementales) en aquellos lactantes que no toleren las fórmulas previas.

• Fórmulas de PLV extensamente hidrolizada (FEH). Están compuestas a base de caseína, seroproteínas o ambas. La hidrólisis de las mismas se obtiene por calor, método enzimático o ambos. Son la opción más frecuentemente utilizada. Se recomienda en todas las edades, menores y mayores a 6 meses. En el mercado existen preparados con y sin lactosa. En lactantes con afectación del estado nutricional se valorará utilizar FEH enriquecidas en triglicéridos de cadena media(10,12).

• Fórmulas de arroz (parcialmente hidrolizadas). Han demostrado ser eficaces y seguras. Las proteínas de arroz tienen menor valor biológico, pero son uno de los alimentos menos alergénicos. Se hidroliza por proteólisis enzimática. Estas fórmulas deben ser suplementadas con aminoácidos esenciales (lisina, treonina, triptófano y arginina), además de hierro y zinc. No contienen lactosa. Son una opción en todas las edades (también menores de 6 meses) y en familias veganas. Faltan estudios nutricionales a largo plazo(10).

• Fórmulas de soja. Son una opción en lactantes mayores a 6 meses y familias veganas. No deben usarse si presentan clínica digestiva, en enteropatías, malabsorción o nefropatías(10,12).

• Fórmulas elementales o de aminoácidos. Están indicadas en aquellos casos que no toleren ninguna de las opciones previas. En casos graves, con afectación nutricional importante o con sangrado rectal que condicione inestabilidad hemodinámica, son la primera opción terapéutica(9,12). Estas fórmulas están compuestas a base de: aminoácidos sintéticos (L-aminoácidos), esenciales y no esenciales, grasas vegetales y polímeros de glucosa, sin lactosa y suplementadas con oligoelementos y vitaminas.

Las fórmulas parcialmente hidrolizadas no son una opción. Tampoco son una buena alternativa la leche de otros rumiantes como la cabra o la oveja, pues las proteínas de estas tienen un alto grado de homología con la PLV, estimándose un riesgo de reactividad cruzada de >90 % entre estas especies(12,13,16). Por el contrario, la reactividad cruzada con especies como el burro, yegua, camello o dromedario es muy baja (<5 %) y, aunque su consumo no es frecuente en nuestro medio, podrían ser toleradas y, una buena alternativa en algunos casos(12,16). Las bebidas vegetales a partir de soja, arroz, almendra, quinoa, chufa o avena tienen un escaso valor nutricional con bajo contenido proteico y energético, a diferencia de las fórmulas vegetales diseñadas específicamente para lactantes, por ello nunca deben ser sustitutivas de las fórmulas descritas(12). No es preciso retirar la carne de ternera cocinada de la dieta.

Se ha observado que cuando el alimento es procesado a altas temperaturas (alimentos horneados con leche), el potencial alergénico de algunas proteínas de la leche disminuye. Así, algunos pacientes con perfiles concretos de sensibilización (especialmente baja o negativa IgE específica a caseína) pueden tolerar alimentos horneados. En estos casos, se recomienda no retirar trazas de PLV ni estos alimentos de la dieta. De esta forma se puede seguir una dieta de evitación a la PLV no tan restrictiva. Aunque faltan más estudios, parece que la introducción de productos horneados en la dieta de pacientes con APLV puede acelerar la tolerancia a leche fresca. En el caso de los pacientes con APLV no IgE mediada, se ha propuesto la reintroducción de la PLV progresiva, utilizando productos horneados (ver apartado seguimiento).

Seguimiento

El seguimiento es distinto si la alergia es IgE o no IgE mediada. En la alergia IgE mediada se establecen controles periódicos bianuales. Debe valorarse cada caso y realizar prueba de exposición controlada (PEC), para valorar la persistencia o resolución de la APLV. Decidir realizar la PEC en un momento u otro dependerá: de la gravedad de la clínica, del valor de la IgE específica sérica, de las pruebas cutáneas y del patrón de sensibilización. El objetivo es evitar las dietas de exclusión prolongadas de forma innecesaria.

En el caso de la APLV no IgE mediada con síntomas leves (RGE, cólicos, estreñimiento, proctocolitis), pueden desarrollar tolerancia a los 3-6 meses y se puede realizar la PEC en domicilio, siguiendo la “escalera de la leche” (Fig. 2).

figura

Figura 2. Ejemplo de “escalera de la leche”. Prueba de exposición gradual a proteínas de leche de vaca (PLV) para realizar en alergia a PLV (APLV) IGE no mediada.

Este es un patrón de reintroducción gradual propuesto para realizar en domicilio, con pautas y seguimiento marcadas por el pediatra referente, ya sea desde atención especializada o primaria. En los casos de enteropatía grave o FPIES, es adecuado esperar a los 12, 18 o, incluso, 24 meses en los casos graves, realizando la PEC en el hospital(10,12).

Inmunoterapia oral (ITO)

La dieta de exclusión de la PLV es una opción válida, aunque puede ser difícil. La ingesta accidental es frecuente, especialmente en alimentos procesados, con riesgo de anafilaxia en algunos pacientes. En la última década se han realizado múltiples avances en los protocolos de ITO, siguiendo regímenes diferentes que radican en el ascenso gradual de dosis de PLV. Este año 2022 se ha publicado una actualización de las guías DRACMA (Diagnosis and Rationale for Action against Cow’s Milk Allergy) de la World Allergy Organization (WAO) sobre estos avances en el manejo de la APLV, encontrándose los cambios más relevantes en la inmunoterapia oral a alimentos en la APLV IgE mediada(16). Hasta el momento, la ITO era considerada en esta guía como una opción no recomendada en la práctica clínica habitual. Sí era una opción recomendada en la guía de SEICAP y SCAIC(17).

La ITO es un tratamiento activo y consiste en la administración diaria de pequeñas cantidades de leche con incrementos progresivos. Consta de dos fases: una primera fase de ascenso y una segunda fase de mantenimiento. La cantidad de leche se aumenta gradualmente hasta una dosis máxima establecida (variable según el protocolo, habitualmente 200 o 250 ml) o bien, hasta la dosis máxima tolerada. La fase de ascenso suele durar entre 3-9 meses, dependiendo del protocolo y tolerancia del paciente. La duración óptima de la fase de mantenimiento no está bien definida. Es importante diferenciar entre desensibilización y adquisición de tolerancia. Decimos que un paciente está desensibilizado, cuando precisa de la ingesta de una dosis diaria del alimento para no desencadenar una reacción adversa, es decir, no puede discontinuar el tratamiento. La tolerancia se logra cuando puede ingerirse un alimento sin tener que administrarlo de forma repetida. Definimos que la tolerancia es espontánea, cuando esta se adquiere sin ITO, y es tolerancia inducida después de una ITO.

El objetivo de la ITO es reducir el riesgo de reacciones adversas, especialmente la anafilaxia, en casos de ingesta accidental de pequeñas cantidades de leche (<5 ml). El objetivo secundario es poder consumir PLV sin mirar etiquetas ni hacer dieta de evitación.

La adherencia a este tratamiento es compleja. El principal efecto adverso de la ITO es el riesgo incrementado de reacciones graves tipo anafilaxia, que es mayor que en las dietas de evitación de PLV. Requiere de la toma de leche diaria por un largo periodo de tiempo y acudir semanalmente al hospital para realizar los ascensos de dosis hasta llegar a la fase de mantenimiento. Existen cofactores que incrementan el riesgo de reacción, a menudo difíciles de controlar en la población pediátrica: fiebre, AINEs, emociones o actividad física, entre otros. Se deben explicar todas las opciones al paciente y a la familia y cuidadores, y tomar una decisión conjunta individualizada, basada en cada caso en particular. La elección de realizar una dieta exenta de PLV o un ITO debe ser, en última instancia, del paciente y la familia.

Antes de iniciar una ITO a leche, el diagnóstico debe ser confirmado (clínica reciente compatible con APLV IgE mediada con pruebas de prick o IgE específicas positivas o demostración por pruebas de exposición controlada [PEC]). Se debe educar al paciente y familia sobre la correcta administración de dosis, prevención de reacciones y tratamiento de reacciones alérgicas (incluida técnica de administración e indicación de adrenalina).

Faltan estudios para: definir la duración mínima de la fase de mantenimiento, establecer el periodo necesario de seguimiento una vez finalizada la ITO, identificar marcadores inmunológicos de riesgo y respuesta, e implementar protocolos estandarizados y validados para pacientes con alto riesgo de reacciones sistémicas, entre otros(17).

La mayoría de protocolos de ITO se realizan directamente con leche fresca. Se han publicado trabajos de ITO con horneados que contienen leche con harinas. Faltan estudios con protocolos estandarizados (temperatura, dosis inicio, escalada de dosis, etc.) para establecer eficacia y seguridad de esta modalidad de ITO y la comparación con la ITO con leche fresca(16,17).

ITO con adyuvantes

En ocasiones, no es posible inducir tolerancia con ITO, porque aparecen reacciones graves. En estos casos podemos añadir un adyuvante al tratamiento para minimizar las reacciones adversas. Las principales indicaciones de uso son en aquellos pacientes con anafilaxia o en aquellos que no podemos aumentar la dosis de leche en la fase de ascenso por reacciones repetidas. Algunos grupos lo usan para hacer una pauta más rápida de ascenso. El adyuvante que se usa hasta la actualidad es el omalizumab.

El omalizumab es un anticuerpo monoclonal anti-IgE, que se une a IgE circulante. Provoca un descenso de IgE libre y receptores de alta afinidad para la IgE. Su uso para ITO es controvertido y se encuentra fuera de ficha técnica. La EAACI refiere que su uso puede ser considerado en aquellos pacientes con reacciones sistémicas, como parte de una ITO con un programa más largo con una fase de ascenso más lenta(13). En las guías DRACMA recomiendan su uso al inicio de la ITO con leche fresca, aunque matizan que la evidencia es baja y que faltan estudios para definir efectos a largo plazo, duración del tratamiento, elección de pacientes candidatos y estudios de coste-beneficio(16).

Prevención

Las medidas de prevención primaria de la APLV han sido muy controvertidas las últimas dos décadas. Inicialmente, se abogaba por la utilización de FEH como suplemento ocasional de la LM en niños con riesgo atópico. A partir del 2015 aparecieron varios estudios que indican que la introducción temprana de alimentos potencialmente alergénicos (leche, huevo y cacahuete) disminuyen el riesgo de alergia y, desde entonces, se recomienda la introducción precoz independientemente del riesgo atópico(13,16). La evidencia es menos clara respecto a la prevención de la APLV. La EAACI publica en 2021, la recomendación de evitar la ingesta de leche de fórmula adaptada como suplementos a la LM en recién nacidos <7 días de vida(18). Por el contrario, las sociedades americanas y canadiense: American Academy of Allergy Asthma and Immunology (AAAAI), American College of Allergy Asthma and Immunology (ACAAAI) y la Canadian Society for Allergy and Clinical Immunology (CSACI) concluyen la no recomendación del uso rutinario de cualquier fórmula hipoalergénica para la prevención de alergia(19). El grupo de trabajo español compuesto por: SEICAP, la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), la Sociedad Española de Neonatología (SENEO) y Asociación Española de Pediatría (AEP) redacta un documento de consenso en el año 2022(20), concluyendo que en caso de precisar algún tipo de suplementación de la LM durante la primera semana de vida, esta no debe realizarse de forma sistemática con fórmulas extensamente hidrolizadas o exentas de proteínas de leche de vaca para la prevención de la APLV.

Sí hay consenso claro en la recomendación de la lactancia materna por los beneficios claros para la madre y el lactante, hasta los 4-6 meses de edad de forma exclusiva, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Evitar la ingesta de los alimentos más alergénicos, como huevo, leche o pescado, durante la gestación, no ha demostrado reducir el riesgo de alergia alimentaria; por consiguiente, la madre no debe realizar ninguna dieta especial durante la gestación ni la lactancia. Es importante advertir del uso inadecuado e injustificado de dietas durante la gestación y la lactancia que, junto a problemas nutricionales, pueden conducir a la pérdida de tolerancia en lactantes de riesgo alérgico(12,18).

Función del pediatra de Atención Primaria

En Atención Primaria (AP) se establece la sospecha diagnóstica y el diagnóstico en la APLV no IgE mediada. También la orientación diagnóstica en el caso de la APLV IgE mediada, que quedará pendiente de confirmación por pruebas complementarias anteriormente explicadas. Igualmente, se inicia el tratamiento de la dieta de exclusión y la elección de la mejor leche sustitutiva en función de cada paciente y familia. Es absolutamente esencial la coordinación entre atención especializada y AP para un correcto manejo de la APLV de nuestros pacientes, especialmente en aquellos casos más complejos. Los pediatras de AP establecen un vínculo con las familias y el paciente que es definitorio, y es con ellos con los que mantienen un seguimiento más próximo y accesible.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Documento de posición elaborado por la EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Immunology). Revisa y actualiza los términos de las reacciones alérgicas y procesos relacionados.

– Martorell-Aragonés A, Echeverría-Zudaire L, Alonso-Lebrero E, Boné-Calvo J, Martín-Muñoz MF, Nevot-Falcó S, et al; Food allergy committee of SEICAP (Spanish Society of Pediatric Allergy, Asthma and Clinical Immunology). Position document: IgE-mediated cow’s milk allergy. Allergol Immunopathol (Madr). 2015; 43: 507-26.

Documento de posición sobre alergia a proteínas de leche de vaca IgE mediada, elaborado por la SEICAP, con propuesta de un algoritmo diagnóstico.

– Espín-Jaime B, Díaz-Martín JJ, Blesa-Baviers LC, Claver Monzón A, Hernández Hernández A, García Burrielf JI, et al. Alergia a las proteínas de leche de vaca no mediada por IgE: documento de consenso de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). An Pediatr (Engl Ed). 2019; 90: 193.e1-11. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.anpedi.2018.11.007.

Documento de consenso sobre la alergia a proteínas de leche de vaca no IgE mediada, elaborado por la SEGHNP, AEPAP, SEPEAP y SEICAP, con el objetivo de unificar las pautas de actuación del abordaje de niños con dicha patología.

 

Caso clínico

 

Niño de 8 años que acude a consulta por presentar urticaria generalizada y prurito cutáneo después de probar un yogur de leche de oveja. Está diagnosticado de APLV IgE mediada desde los 7 meses de vida. Hasta el momento, ha realizado dieta exenta de proteínas de leche de vaca en todos sus formatos (leche, yogur, horneados, trazas…) sin ninguna reacción accidental.

No presenta otras alergias alimentarias conocidas ni otros antecedentes de interés.

 

 

Algoritmo

 

Algoritmo

 

Alérgenos ambientales y prevención de las enfermedades alérgicas

xx
Temas de FC


K. Panarito Pernalete, E. Mejía Cruz

Unidad de Alergia, Inmunología y Neumología pediátrica. Hospital Universitari Parc Taulí, Sabadell. Barcelona

Resumen

La alergia es una reacción adversa inmunológica de hipersensibilidad, habitualmente mediada por IgE frente a determinados alérgenos a los que el paciente se ha sensibilizado. Los alérgenos son proteínas o glicoproteínas que pueden inducir la síntesis de IgE específica. Los alérgenos ambientales son aquellos que están en el “aire” y, habitualmente, el contacto se produce por vía respiratoria. Los podemos clasificar en alérgenos de exterior: pólenes o esporas de hongos, y los alérgenos de interior: ácaros, esporas de hongos, cucarachas y animales domésticos. Los avances en biología molecular permiten identificar los alérgenos y no solo la fuente de la que provienen. Esto facilita un diagnóstico más específico, así como diferenciar sensibilización primaria de reactividad cruzada. Las enfermedades alérgicas han aumentado en las últimas décadas y tienen impacto en la calidad de vida del paciente y su familia, también un elevado coste sanitario. La prevención, a todos los niveles, es un pilar básico para: lograr el control de los síntomas (terciaria); evitar el desarrollo de clínica en pacientes sensibilizados asintomáticos (secundaria); e, idealmente, evitar la aparición de las enfermedades alérgicas (primaria). La Pediatría de Atención Primaria es fundamental para la prevención de las enfermedades alérgicas

 

Abstract

Allergy is an adverse immunological hypersensitivity reaction, usually IgE-mediated, against certain allergens to which the patient has become sensitized. Allergens are proteins or glycoproteins that can induce the synthesis of specific IgE. Environmental allergens are those that are in the “air” and contact usually occurs through the respiratory route. Environmental allergens can be classified as outdoor allergens, such as pollen and fungal spores, and indoor allergens, including mites, fungi, cockroaches and domestic animals. Advances in molecular biology make it possible to identify allergens and not just the source from which they come. This facilitates a more specific diagnosis, as well as differentiating primary sensitization from cross-reactivity. Allergic diseases have increased in recent decades and have an impact on the quality of life of the patient and their family, as well as a high health cost. Prevention, at all levels, is a basic pillar to achieve symptom control (tertiary); avoid the development of symptoms in asymptomatic sensitized patients (secondary) and ideally avoid the appearance of allergic diseases (primary). Primary care pediatrics is essential for the prevention of allergic diseases.

 

Palabras clave: Prevención; Alérgenos; Aeroalérgenos; Rinoconjuntivitis; Dermatitis atópica; Asma.

Key words: Prevention; Allergens; Aeroallergens; Rhinoconjunctivitis; Atopic Dermatitis; Asthma.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (2): 71 – 80

 


OBJETIVOS

• Conocer los alérgenos ambientales más frecuentes, causales de las enfermedades alérgicas.

• Diferenciar alergia de sensibilización.

• Diferenciar sensibilización primaria de reactividad cruzada.

• Saber cómo aplicar medidas de prevención de las enfermedades alérgicas: prevención primaria, secundaria y terciaria.

 

Alérgenos ambientales y prevención de las enfermedades alérgicas

Introducción

La alergia es una reacción adversa inmunológica de hipersensibilidad, habitualmente mediada por IgE, frente a determinados alérgenos a los que el paciente se ha sensibilizado previamente. La sensibilización es la capacidad de sintetizar IgE específica frente a un alérgeno. Es necesario estar sensibilizado para poder desarrollar alergia(1).

Los alérgenos son moléculas capaces de inducir la producción de anticuerpos IgE específicos en individuos predispuestos.

Existen factores que influyen en la capacidad de un antígeno para actuar como un alérgeno: estabilidad estructural, conformación molecular, características bioquímicas, concentración, solubilidad y facilidad para contactar con el sistema inmune(2).

La mayor parte de los alérgenos son proteínas solubles y glicoproteínas con una determinada conformación espacial(3). El sistema inmune reconoce las partes expuestas, que suelen ser grupos polares hidrofílicos.

Los avances en biología molecular de la última década permiten hacer diagnósticos más precisos. Actualmente, podemos identificar el alérgeno al que está sensibilizado el niño y no solo la fuente alergénica o extracto completo del que proviene(4). Se denomina alérgeno mayor aquel que reconocen más del 50 % de los alérgicos a una determinada fuente alergénica.

Un alérgeno especie-específico es aquel exclusivo de una fuente alergénica e indica sensibilización primaria y no reactividad cruzada(3). Aquel alérgeno presente en distintas fuentes alergénicas, relacionadas o no taxonómicamente, se denomina panalérgeno. Estos no son alérgenos idénticos, sino que el individuo los reconocerá según el grado de homología y son los responsables de la reactividad cruzada(5). Existen bases de datos donde consultar información de los diferentes alérgenos, con actualizaciones periódicas. Una de las más utilizadas es www.allergome.org.

Los alérgenos ambientales son aquellos que se transmiten por el aire en partículas inhaladas y cuyo tamaño y solubilidad permiten su liberación al llegar a las vías respiratorias. Son los responsables de la alergia respiratoria. Las enfermedades alérgicas son una patología frecuente en la edad pediátrica, en las últimas décadas su prevalencia ha aumentado exponencialmente, afectando a un 20 % de la población mundial. Se estima que, en menos de 15 años, más de la mitad de la población europea sufrirá algún tipo de alergia(1). El aumento de la prevalencia se ha relacionado con: la contaminación ambiental, las modificaciones en los hábitos alimentarios, el estilo de vida, el nivel socioeconómico, el microbioma y la teoría higienista, entre otros. También se ha avanzado en las técnicas diagnósticas y existe una mayor concienciación de la población(2,3,6).

La teoría de la marcha atópica explica la tendencia de las enfermedades alérgicas a iniciarse precozmente en una secuencia cronológica, pero no todos los pacientes atópicos van a desarrollar todas las enfermedades alérgicas(2).

Los estímulos inmunológicos del niño durante sus primeros años de vida son un factor importante. La prevención es una herramienta fundamental para disminuir la prevalencia de las enfermedades alérgicas y evitar la progresión de la marcha atópica(6).

Se requiere un adecuado seguimiento longitudinal desde la infancia, que permita promover la prevención y detección precoz, así como establecer intervenciones para detener la progresión atópica(3,11).

Aunque se han producido importantes avances, queda todavía mucho camino por recorrer para que sea posible predecir quién desarrollará alergia y a quién podemos modificar su epigenética, para evitar que se manifieste la enfermedad(6,7).

Alérgenos ambientales

Los alérgenos ambientales son: pólenes, ácaros, epitelio de animales y esporas de hongos. Existe una estrecha relación entre la sensibilización a estos alérgenos y el desarrollo de asma y rinoconjuntivitis alérgica. Dependiendo de las características del alérgeno y su localización geográfica causarán clínica perenne o estacional.

Son proteínas de pequeño tamaño, transportadas por el aire y capaces de inducir la producción de anticuerpos IgE específicos en individuos predispuestos.

Los alérgenos ambientales, aeroalérgenos o también denominados inhalantes, son proteínas de pequeño tamaño (10-60 kDa), transportadas por el aire, solubles en medio acuoso, capaces de liberarse en la vía respiratoria e inducir una respuesta inmunológica. También pueden contactar con el sistema inmune a través de la piel, las mucosas o la vía digestiva(3).

Podemos clasificar los aeroalérgenos según la estacionalidad de la clínica (perennes o estacionales), la localización de la fuente alergénica (interior o exterior) o donde contacta con el sistema inmunológico. En general, la presencia de un alérgeno dependerá de la localización geográfica(3,9).

En función de donde se encuentra la fuente alergénica, los clasificaremos en alérgenos de interior o de exterior, a pesar de que podemos encontrar alérgenos de interior en un medio exterior y a la inversa(5).

Los alérgenos ambientales de interior son aquellos que se encuentran en espacios cerrados y en el interior de edificios. Tienen una distribución mundial y en su mayoría son de origen animal. Provienen de las heces, epitelios y orina de estos animales(5). Son alérgenos que provienen de ácaros, animales domésticos (perros, gatos y aves), cucarachas, roedores y mohos de hongos(6).

Los alérgenos ambientales del exterior los hallamos en espacios abiertos y suelen ser de origen vegetal. En su mayoría son pólenes, aunque pueden ser también hongos y alérgenos de origen animal. Conocer la sensibilización alérgica es de crucial importancia para el tratamiento de las enfermedades alérgicas respiratorias(6). Hasta un 50 % de los pacientes con alergia respiratoria están polisensibilizados a distintos alérgenos, incluso un 10 % de la población general. A continuación, describiremos las características de los alérgenos ambientales más frecuentes(3,5).

Alérgenos ambientales de interior

Ácaros

Los ácaros son artrópodos de la clase Arachnida, por este motivo presentan reactividad cruzada con el marisco. Su hábitat ideal son temperaturas cálidas con humedad alta 80 %. Son más abundantes en las zonas de costa. La distribución de las distintas especies varía según el área geográfica(3,5).

Los ácaros implicados con mayor frecuencia en la alergia respiratoria en España, son de almacenamiento: Dermatophagoides pteronyssinus (41 % de los pacientes sensibilizados) y Dermatophagoides farinae (32,9 %). En menor proporción encontramos Glycyphagus domesticus (1,9 %), Lepidoglyphus destructor (7,7 %), Acarus siro (1,3 %) y Tyrophagus putrescentiae(3). Otras especies de ácaros domésticos son Euroglyphus maynei y Blomia tropicalis(8).

La sensibilización primaria es precoz. Parece ser que ocurre por un contacto estrecho con los detritus de los ácaros en la cama, alfombras o mobiliario tapizado. Estas partículas permanecen sobre las superficies.

Los antígenos mayores son los grupos 1 (Der p 1, Der f 1 y Eur m 1) y grupo 2 Der p 2, Der f 2 y Eur m 2) con una prevalencia en suero mayor del 80 % (Tabla I).

tabla

Estudios recientes muestran que determinados patrones de sensibilización a ácaros se relacionan con la gravedad de la clínica. Se ha observado que los pacientes pediátricos con asma grave, alérgicos a ácaros, reconocen más componentes moleculares y están sensibilizados con más frecuencia a Der p 23(3).

Existe alta homología entre la tropomiosina del ácaro (Der p 10) y la gamba (Pen a 1), por este motivo se produce reactividad cruzada(8). Un alérgico al marisco podría tener una prueba positiva a ácaros si reconoce Derp 10, pero no ser alérgico al ácaro como alérgeno ambiental si no reconoce los componentes que sí dan clínica respiratoria (Fig. 1). Los extractos alergénicos para realizar inmunoterapia contienen los antígenos mayores del grupo 1 y 2; si los pacientes no reconocen estos antígenos la inmunoterapia no debe prescribirse, porque no será eficaz(3,8).

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Figura 1. Alérgenos de ácaros del polvo doméstico clínicamente relevantes. Aquellos con reactividad cruzada se muestran en naranja. Tomado de: Matricardi PM, Kleine-Tebbe J, Hoffmann HJ, Valenta R, Hilger C, Hofmaier S, et al. EAACI Molecular Allergology User’s Guide. 2016; 27: 1-250.

Blomia tropicalis, es predominante en zonas próximas a los trópicos (Tsai JJ y cols., 2003). Presenta una reactividad cruzada parcial con D. pteronyssinus y su presencia podría indicar una polisensibilización a varias especies de ácaros. Su alérgeno mayor es Blo t 5(3).

Animales domésticos

Los animales domésticos son una importante fuente de sensibilización y constituyen una causa común de enfermedades alérgicas. En más del 50 % de los hogares, hay un perro o un gato. Se ha observado que entre el 3 % y el 10 % de la población general y entre el 15 % y el 40 % de los individuos atópicos son alérgicos al gato o al perro. La alergia al gato es dos veces más común que la de perro(9,11).

El diagnóstico por componentes o molecular a animales domésticos muestra que los mamíferos tienen una elevada reactividad cruzada entre ellos (Fig. 2).

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Figura 2. Reactividades cruzadas entre albúminas séricas alergénicas. Todas las albúminas séricas de mamíferos son potencialmente reactivas con IgE. Tomado de: Matricardi PM, Kleine-Tebbe J, Hoffmann HJ, Valenta R, Hilger C, Hofmaier S, et al. EAACI Molecular Allergology User’s Guide. 2016; 27: 1-250.

 

Perro y gato

El alérgeno mayoritario del gato es el Fel d 1 y es un marcador específico de alergia a gato. Los alérgenos específicos de perro son: Can f 1, Can f 2 y Can f 5, indican sensibilización primaria y serían candidatos a inmunoterapia(10). Can f 1 es su antígeno mayor(3,10), el 35 % de los alérgicos a perro están sensibilizados a Can f 5, es un alérgeno de producción prostática. Si la sensibilización a perro es solo a expensas de Can f 5, el niño podría tolerar un perro hembra o un perro castrado.

Otros alérgenos tienen reactividad cruzada con el resto de mamíferos: Fel d 4 (lipocalina) tiene gran homología con Equ c 1 (alérgeno mayor del caballo) y Can f 6 (perro). Fel d 7 tiene reactividad cruzada con Can f 1 (alérgeno mayor del perro)(10). El alérgeno Fel d 2 (albúmina) presenta reactividad cruzada(7) con la gran mayoría de albúminas de otros mamíferos: perro (Can f 3), caballo (Equ c 3), cerdo (Sus s) y vaca (Bos d 6). Excepcionalmente, estar sensibilizada a Fel d 2 (albúmina del gato) podría causar reacciones alérgicas por la ingesta de carne de cerdo, conocido como el síndrome gato-cerdo (Tabla II)(5,9).

tabla

 

Esporas de hongos

Los hongos son ubicuos. Son alérgenos especialmente problemáticos en sitios con elevada humedad, presentes en sótanos y almacenes(5,6). También pueden ser alérgenos de exterior en lugares de alta humedad y sombríos. Aunque tienen cierta estacionalidad, se consideran perennes en muchas áreas geográficas. Las esporas pueden contabilizarse en las estaciones de muestreo aerobiológico, puede consultarse esta información en la red española de aerobiología (https://www.uco.es/investiga/grupos/rea). La Alternaria alternata es el hongo relacionado con mayor frecuencia con alergia respiratoria. Su alérgeno mayor es Alt a 1, marcador de sensibilización primaria o genuina Alternaria(6). Otros hongos relevantes son Aspergillus fumigatus, Penicillum y Cladosporium, de predominio en el exterior. El nivel de humedad, el viento, la pluviosidad y el sustrato orgánico existente, son algunas de las variables que influyen en la concentración de esporas fúngicas en el ambiente(9). En interiores, la humedad y la temperatura, y otras características del hábitat, se consideran los factores determinantes más importantes.

Los estudios epidemiológicos de sensibilización a hongos por pruebas cutáneas muestran que entre el 3% y el 10 % de la población general están sensibilizados a estos alérgenos. La prevalencia exacta no está bien establecida y tiene variaciones geográficas(9).

Alérgenos de exterior

Pólenes

Los pólenes junto a los ácaros y animales domésticos son los principales implicados en la alergia respiratoria. Los pólenes tienen variabilidad estacional y geográfica (https://www.uco.es/investiga/grupos/rea). Los pólenes más relevantes son anemófilos, polinizan por el aire. Destacan: gramíneas, árboles y malezas(9).

Determinados alérgenos de los pólenes tienen reactividad cruzada entre ellos y con alimentos vegetales. La sensibilidad a proteínas homólogas, con frecuencia panalérgenos, puede confundir en el diagnóstico y puede también ser causa de reacciones alérgicas con la ingesta de alimentos vegetales, como sucede con el síndrome de alergia oral con la ingesta de frutas(6,9).

Gramíneas

Pertenecen a la familia de las gramíneas o poáceas. Hay especies silvestres y cultivadas, como los cereales para la alimentación. Las gramíneas están extendidas por todo el mundo. El polen de gramíneas está presente desde inicios de primavera hasta finales de verano-inicio de otoño, con variaciones en función de la zona geográfica(9). Tienen elevada reactividad cruzada entre ellas. Los alérgenos mayoritarios y de sensibilización primaria son el Phl p 1 y 5(3).

Las gramíneas más frecuentes en nuestro medio son: Agropyrum repens, Alopecurus pratense, Anthoxanthum odoratum, Bromus mollis, Cynodon dactylon, Dactylis glomerata, Festuca pratensis, Lolium perenne, Phalaris canariensis, Phleum pratense, Phragmites communis, Poa pratensis y Trisetum paniceum(9).

Las gramíneas también estarían implicadas en la clínica de alergia alimentaria por reacción cruzada con la profilina de gramínea (Phl p 12) y las de alimentos vegetales.

Malezas

Las malezas constituyen un grupo muy heterogéneo. Las familias más implicadas en la alergia respiratoria, en la península ibérica, son: asteráceas, urticáceas, plantagináceas, euphorbiáceas y amarantáceas(8).

La parietaria y la urtica son las urticáceas más relevantes. La polinización se inicia en primavera y sigue hasta finales de verano, con pocas variaciones geográficas(10). La especie más frecuente es Parietaria judaica. Los alérgenos mayores de la Parietaria judaica son panalérgenos y tienen reactividad cruzada con alimentos vegetales: Par j 1 y Par j 2, ambas lipid transfer protein (LTPs,) Par j 3 (profilina) y Par j 4 (polcalcina)(3,9).

Los géneros más importantes de asteráceas o compuestas son ambrosía y artemisia. En Europa el polen de artemisia es el más relevante. Su polinización se produce al final del verano y otoño(9). El alérgeno mayor es Art v1(9).

Las amarantáceas son comunes en toda la península. Las más frecuentes son Salsola Kali (alérgeno mayor Sal k 1) y Chenopodium album o ceñigo (alérgeno mayor Che a 1). El polen de ceñigo está presente en el aire durante casi todo el año, pero las concentraciones más elevadas se observan de mayo a septiembre(9).

Las plantagináceas predominan en las zonas templadas. El más habitual es el Plantago (alérgeno principal Pla a 1) y tiene reactividad cruzada con gramíneas y olivo. La polinización abarca desde febrero hasta octubre, siendo más intensa en los meses de abril a junio (coincidente con la de las gramíneas)(8,9). Habitualmente, se halla en polisensibilización y su relevancia clínica es controvertida.

Árboles

Los árboles implicados en la alergia respiratoria en España son: oleáceas, cupresáceas y platanáceas. En algunas zonas también betuláceas (avellano, aliso y abedul), la familia de las oleáceas, la especie Olea europaea es el principal polen de árbol en nuestro país (segundo en importancia, tras el de gramíneas), especialmente en las zonas con importantes cultivos de olivo en el sur de la península. Su polinización es de mayo a junio, aunque en zonas más cálidas puede empezar en abril y la presencia del polen se puede extender hasta julio(9).

El polen de olivo presenta reactividad cruzada con otras oleáceas con distinto periodo de polinización, como el fresno, que poliniza entre diciembre y abril.

Las cupresáceas están ampliamente distribuidas por toda la zona mediterránea. Están muy presentes como plantas ornamentales. Constituye la tercera causa de polinosis en nuestro país, tras gramíneas y olivo. Las especies más representativas de ciprés son: Cupressus sempervirens, C. arizonica, Juniperus oxycedrus, J. communis, J. phoenicea y Thuja sp. Polinizan durante el invierno y a inicios de la primavera. El alérgeno mayor es Cup a 1(9).

El plátano de sombra o Platanus acerifolia de la familia de las platanáceas es muy habitual en zonas urbanas. Es un alérgeno relevante que da mucha clínica, tiene polinización primaveral, corta y muy intensa durante unas 3-5 semanas y en otoño durante la caída de la hoja hay reflote de este polen. Sus alérgenos mayores son Pla a 1 y Pla a 2(8,9).

Fisiopatología

La alergia respiratoria es la clínica más frecuente causada por los alérgenos ambientales. La sensibilización a alérgenos ambientales en el niño, es un factor de riesgo de persistencia de asma en la edad adulta. La exposición mantenida a aeroalérgenos en un paciente alérgico produce inflamación persistente de su vía aérea y puede desarrollar remodelado.

Los aeroalérgenos contactan con la mucosa respiratoria, aunque también pueden acceder al sistema inmune a través de la piel con la piel e, incluso, deglutidos(3).

La sensibilización a alérgenos ambientales es precoz y se produce mayoritariamente por vía inhalada, pero puede producirse también por otras vías. Es importante destacar la sensibilización a través de la piel, especialmente en los pacientes con dermatitis atópica, en los que la barrera cutánea está lesionada, facilitando el acceso del alérgeno y favoreciendo un contacto anómalo con las células dendríticas que favorecen la respuesta T2 y la síntesis de IgE específica(8).

Tras una nueva exposición, la IgE específica se unirá a los receptores de alta afinidad de los mastocitos (FcεRI) y se producirá la liberación de mediadores preformados de mastocitos (histamina, proteasas, factores quimiotácticos para eosinófilos y neutrófilos), que dará las manifestaciones clínicas inmediatas; la posterior producción y liberación de mediadores de la inflamación de nueva síntesis (LTC4, D4, E4, PGE2, PGF2α, PGD2,TXA2, PAF), produce en 4-6 h intensificación del proceso inflamatorio y agrava los síntomas(9).

Las partículas que contienen los alérgenos llegarán más distales en el sistema respiratorio en función de su tamaño, especialmente las menores de 1 micra. Determinadas circunstancias climatológicas favorecen la liberación de los alérgenos y su contacto con el sistema inmune del individuo: los altos niveles de contaminación de las ciudades, el viento o las tormentas favorecen la rotura de los pólenes y la posterior liberación de partículas que contienen alérgenos. El cambio climático y la formación de fenómenos meteorológicos extremos facilitan la aparición de epidemias de asma alérgica(5,9). El aumento de las temperaturas y de los niveles de CO2 trae como resultado un adelanto en la floración de los pólenes, alargando el periodo de polinización, lo que ocasiona un incremento de la exposición a los pólenes(9).

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en observar la causalidad y demostrar sensibilización IgE específica.

El diagnóstico de los alérgenos implicados en una alergia precisa una anamnesis detallada y sistemática, y una adecuada exploración física. Debe existir una historia compatible con alergia respiratoria, rinoconjuntivitis y/o asma, y hallar causalidad con los alérgenos ambientales. Es importante hacer un correcto diagnóstico diferencial(5,6). La positividad de las pruebas in vitro o in vivo muestra solo sensibilización IgE mediada a un extracto alergénico. Para diagnosticar una alergia debe haber sensibilización y presentar clínica(4,5).

Las pruebas cutáneas (epicutáneas o prick test) tienen una elevada especificidad y valor predictivo negativo (VPN) y se realizan con extractos completos estandarizados de la proteína(3,15).

Si las pruebas cutáneas son negativas, indican que no tiene sensibilización alergénica en ese momento. Si son positivas, será necesario confirmar el diagnóstico con estudios de IgE específica sérica a extracto completo y componentes moleculares, así como las ratio IgE específica /IgE total, para diferenciar sensibilización primaria de reactividad cruzada y para poder indicar tratamientos de evitación y de inmunoterapia específica adecuados, si es necesario(8,15). Se pueden realizar pruebas de provocación nasales y conjuntivales a alérgenos ambientales específicos, si tenemos dudas o necesitamos un diagnóstico más preciso. Están contraindicadas las provocaciones bronquiales con alérgenos por el riesgo que ello implica(3,8).

La determinación de IgE específica se realiza mediante CAP System. Para el diagnóstico por componentes moleculares (CRD), se usan distintas plataformas. Una de las más usadas son immunoCAP-ISAC, ALEX, Euroinmune(14). Estos estudios están especialmente indicados en aquellos casos cuyo diagnóstico sea complejo, por la gravedad de las reacciones y la dificultad para identificar el alérgeno implicado(5,15).

El diagnóstico molecular permite distinguir entre polisensibilización y reactividad cruzada. Los patrones de sensibilización pueden orientar: la gravedad, la persistencia de los síntomas clínicos, la prevención y la indicación terapéutica de una enfermedad alérgica(14).

Prevención de las enfermedades alérgicas

Las enfermedades alérgicas se inician precozmente, como ilustra el concepto de marcha atópica(2). Para poder establecer medidas de prevención, sería necesario detectar a quién aplicarlas(13), pero el abordaje es complejo, porque su etiología es multifactorial. Existe una base genética que predispone a la condición atópica y la epigenética, que influirá en que se inicie y progrese o no.

A pesar de los avances en conocimientos, es difícil establecer quiénes desarrollarán enfermedades alérgicas y qué podemos modificar en el ambiente para evitarlas(7). Podríamos decir que los niños con alto riesgo de desarrollar alergia serían los que tienen antecedentes familiares de atopia en primer grado, una historia personal de atopia, como dermatitis atópica y/o alergia a alimentos, y/o que presentan una sensibilización precoz a alérgenos ambientales.

Es preciso conocer las distintas hipótesis existentes sobre el desarrollo de la alergia y su aumento de prevalencia, para poder establecer estrategias de prevención.

La hipótesis de la higiene defiende que las enfermedades alérgicas son más frecuentes en las zonas urbanas, relacionadas con un menor número de infecciones, más medidas higiénicas, más contaminación ambiental y factores sociodemográficos y económicos(23). El microbioma y el entorno interactuaron hasta lograr la desregulación inmunitaria, facilitando el desarrollo de las enfermedades alérgicas y su aumento de prevalencia(19,22).

Las estrategias de prevención deberán ir encaminadas a evitar o minimizar el desarrollo y la clínica de las enfermedades alérgicas(22). Retrasar la sensibilización, inducir la remisión de los síntomas o reducir su gravedad, son el objetivo a alcanzar en cada paciente.

La prevención puede realizarse en tres niveles: primaria, secundaria y terciaria (Algoritmo).

Prevención primaria

Está destinada a la población sana con riesgo de alergia. Van dirigidas a la gestante, el periodo neonatal y los primeros meses de vida(7). El objetivo de estas medidas es disminuir la incidencia de sensibilización antes de la aparición de manifestaciones alérgicas.

Evitación de alérgenos

La sensibilización a alérgenos ambientales es precoz y frecuente. El 35 % de la población expuesta con frecuencia a ácaros se sensibilizan(6). La evitación de los alérgenos de interior se plantea para disminuir la sensibilización(3,5); sin embargo, existe controversia en relación a la teoría higienista. Las medidas de evitación de ácaros en prevención primaria no han mostrado eficacia, se observó un aumento de la sensibilización a pesar de aplicar intervenciones de evitación, posiblemente por la dificultad de abarcar a toda la población de riesgo y mantener estas medidas a lo largo del tiempo(6). También está en discusión si la exposición a alérgenos de perro y gato, sí sucede en los primeros años de vida, podría prevenir el desarrollo de asma(5,11).

Evitar contaminación y factores ambientales

Los factores ambientales como exposición a: alérgenos, tabaco, contaminación ambiental, bacterias, microorganismos, dieta, obesidad y estrés, han mostrado una influencia epigenética desde el periodo intrauterino, en el desarrollo de enfermedades alérgicas(25). La exposición a ambientes contaminados y al humo del tabaco durante el embarazo y en los primeros años de vida, constituye un factor de riesgo para el desarrollo de asma y otras enfermedades alérgicas(7,13). La exposición posnatal inmediata se asocia con sibilancias en lactantes y aumento de la prevalencia de asma(17). Las modificaciones epigenéticas desempeñan un importante papel en la regulación de diversas funciones celulares, como son: respuestas inflamatorias/alérgicas, reparación de ADN y sustitución/diferenciación celular(25).

Cuidado de la piel

La dermatitis atópica suele ser la primera manifestación alérgica, el 50 % de los casos se diagnostica durante el primer año de vida. Implica una alteración de la barrera cutánea que facilitará la sensibilización alergénica y un microbioma distinto(19). El cuidado de la dermatitis atópica actuará como medida de prevención primaria disminuyendo el riesgo de sensibilización por esta vía (Tabla III).

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La dermatitis atópica no tiene tratamiento curativo, pero su tratamiento mejorará la calidad de vida del paciente y disminuirá la probabilidad de sensibilización alergénica.

Tipo de parto

El microbioma parece tener un gran impacto en la maduración inmune y el desarrollo de trastornos alérgicos en la primera infancia(16,22).

La composición de la microbiota intestinal en vida temprana influye en la maduración del sistema inmune. La disbiosis se ha relacionado con mayor riesgo de alergias y otros trastornos inflamatorios crónicos. Se observó que el microbioma neonatal es diferente si el parto es vía vaginal o por cesárea. La colonización del colon, del neonato nacido vía vaginal, por Lactobacilos y Bifidobacterias, bacterias que podrían favorecer la adaptación a la alimentación(16,18). El parto por cesárea está relacionado con mayor predisposición al asma(17).

Nutrición: lactancia materna, probióticos, prebióticos y suplementos alimentarios

La lactancia materna se ha asociado en algunas publicaciones a un efecto protector del desarrollo de alergia a las proteínas de la leche de vaca, dermatitis atópica y a una menor incidencia de sibilancias en los primeros años de la vida, pero otros estudios no han hallado este efecto protector a largo plazo(6,7). Se recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses, por su efecto favorable sobre el microbioma intestinal y el desarrollo inmunológico del lactante, independientemente de su influencia en el desarrollo de alergia(4,17,20).

El aumento en la prevalencia de la alergia alimentaria se ha relacionado con las modificaciones en los hábitos alimenticios, la microbiota intestinal y la contaminación ambiental(7).

No se ha observado reducción en la prevalencia de alergia en la descendencia de gestantes o mujeres lactantes que siguieron dietas preventivas de evitación(4). Por este motivo, no se recomienda restringir la ingesta de nutrientes en las mujeres gestantes, ni durante la lactancia(1).

El uso de probióticos, prebióticos y simbióticos para mujeres embarazadas, lactantes y/o bebés no ha mostrado utilidad en la prevención de la alergia alimentaria(16). Tampoco hay evidencia de eficacia en el uso de suplementos dietéticos ni aceite de pescado. Existe debate sobre la suplementación con vitaminas y suplementos. El déficit de vitaminas A, C y D durante el embarazo y el primer año de vida, se relaciona con un aumento de alergias, por lo que podría ser adecuado el aporte de vitamina D3(7). Se ha ensayado la suplementación en gestantes con vitaminas E y D, zinc, selenio e hierro como factores protectores; sin embargo, se necesitan ensayos clínicos con poder estadístico suficiente para determinar si se debe hacer estas recomendaciones(19,21).

En el lactante

La introducción de alimentos alergénicos no debe retrasarse.

El inicio de la alimentación complementaria debe ser precoz, a partir de los 4-6 meses, manteniendo la lactancia materna un mínimo de 6 meses(1). No debe retrasarse la introducción de los alimentos, igual que en los pacientes sin riesgo atópico. Se ha mostrado que reduce la prevalencia de alergia a este alimento(24). Se recomienda introducir huevo bien cocido. La evidencia sugiere que introducir pequeñas cantidades de huevo cocido, pero no crudo, durante la alimentación complementaria, parece reducir el riesgo de alergia al huevo en la infancia(1,4).

No hay evidencia de prevención de alergia con el uso preventivo de fórmulas de proteína de soja, ni fórmulas hidrolizadas en lactantes de riesgo atópico, en los primeros 6 meses de vida. La EAACI (European Academy of Allergy & Clinical Immunology) recomienda evitar la suplementación con fórmula de leche de vaca en la primera semana de vida a los lactantes para prevenir la alergia a la leche de vaca(1,17,20). Se han estudiado otras medidas de prevención primaria, como inmunoterapia oral o la vacunación con el bacilo de Calmette-Guérin (BCG), sin mostrar eficacia en la prevención de alergia(12,20,21).

Prevención secundaria

Son las estrategias implementadas con la finalidad de evitar el desarrollo de la enfermedad alérgica en un paciente previamente sensibilizado. El objetivo es evitar que aparezcan los síntomas(7). Debe realizarse en los primeros años de vida del niño. Incluye medidas de control ambiental, de evitación a los alérgenos (ácaros, pólenes, hongos, epitelios de animales), así como la educación, de su condición, tanto del paciente como de sus familiares(3) (Tablas IV, V y VI).

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Medidas de prevención medioambientales

Contaminación ambiental y humo del tabaco

Evitar la polución ambiental proveniente del polvo, humo o aerosoles líquidos producidos por vehículos y fábricas(5), así como la exposición al humo del tabaco, es vital por ser factores predisponentes al asma(7,13).

Control ambiental de ácaros del polvo

Las medidas de evitación de los ácaros del polvo doméstico se asocia con disminución significativa de los síntomas y de la hiperreactividad bronquial(5). Se han elaborado recomendaciones para evitar los alérgenos de interior y exterior (Tabla IV).

Prevención terciaria

Comprende las medidas que se toman después de la aparición de la enfermedad alérgica. Su finalidad es controlar los síntomas, disminuir la gravedad e interrumpir la marcha atópica(7).

La educación es fundamental, mejora su calidad de vida, el control de la enfermedad, y disminuye las exacerbaciones o ingestas alimentarias accidentales, permitiéndole lograr un autocuidado responsable(22). El paciente y su familia deben conocer y estar capacitados en la evitación del alérgeno responsable, y en el tratamiento de los síntomas de la enfermedad alérgica.

Los tratamientos farmacológicos específicos para cada una de las enfermedades alérgicas son básicos para su tratamiento, pero no son curativos: broncodilatadores beta-adrenérgicos de corta y larga duración, corticosteroides (tópicos, inhalados, intranasales o sistémicos), antihistamínicos tópicos u orales de segunda generación, cromonas tópicas y montelukast(13). En las últimas décadas se han mejorado las características y dispositivos de administración de estos y se han añadido tratamientos biológicos con dianas específicas, como: omalizumab, dupilumab y mepolizumab, entre otros. El tratamiento de elección dependerá del control de la enfermedad(12,22).

En el tratamiento del asma se ha investigado si los tratamientos actuales previenen el remodelado y la evolución de la enfermedad a largo término, pero los resultados no son concluyentes(13).

En la última década, la inmunoterapia a alimentos (leche y huevo) ha mejorado la calidad de vida de niños y sus familias, permitiendo una dieta sin evitación del alimento(26). La inmunoterapia alérgeno-específica a aeroalérgenos, subcutánea (ITSC) y sublingual (ITSL), mejora los síntomas y disminuye la necesidad de medicación. Esta mejora persiste en el tiempo tras finalizar el tratamiento. También se ha observado un papel en la prevención de nuevas sensibilizaciones y en la progresión de la enfermedad(14). El tratamiento de la rinoconjuntivitis con inmunoterapia específica previene el desarrollo de asma en niños. Es posible que la inmunoterapia específica sea capaz de modificar la evolución natural de las enfermedades alérgicas en la infancia.

Conclusión

Los alérgenos ambientales son los implicados en la alergia respiratoria. Su prevalencia de sensibilización variará según el área geográfica y su estacionalidad. Es necesario hacer un diagnóstico adecuado. Muchos pacientes están polisensibilizados y es preciso conocer la importancia de cada sensibilización. Los avances en biología molecular permiten un diagnóstico más específico, diferenciando la sensibilización primaria de la reactividad cruzada.

La prevención es una herramienta fundamental en el abordaje de la alergia. Algunas son medidas poblacionales, pero se requiere un adecuado seguimiento longitudinal desde la infancia y la detección precoz de la población de riesgo, para establecer intervenciones adecuadas que modifiquen la progresión atópica.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria juega un papel importante en la prevención de las enfermedades alérgicas en Pediatría. Este debe realizar medidas preventivas en todos los niños, sobre todo en los altamente alérgicos, como son aquellos niños con antecedentes familiares de alergia. En los lactantes se debe incidir en apoyar la lactancia materna y aconsejar iniciar la alimentación complementaria no antes de los 4 meses de edad, pero tampoco después de los 6 meses (ventana inmunológica), pero siempre aconsejando mantener la lactancia materna.

También el pediatra debe realizar medidas preventivas para minimizar las sibilancias recurrentes, incidiendo en el tabaquismo en los padres, lavado de manos, vacunas al día, sobre todo aconsejar la vacuna antigripal a partir de los 6 meses de edad y, si el entorno familiar lo permite, aconsejar retrasar el inicio de entrada a la guardería a partir del primer año a los 18 meses.

En los niños mayores se debe continuar la prevención, realizando, sobre todo, educación sanitaria al paciente y familiares. Explicando la importancia de las enfermedades alérgicas y de la adhesión al tratamiento, así como comprobar en cada visita la técnica de inhalación con aerocámara. Es importante explicarles la identificación y control de los alérgenos ambientales y/o alimentarios, con el objetivo de reducir su exposición, control de los síntomas e implementación de los tratamientos apropiados.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Guía de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica, con revisión de la alergología molecular desde la investigación básica hasta su integración en la práctica clínica, un salto cualitativo en el manejo de los pacientes alérgicos.

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Buena revisión en cuanto a determinar el perfil de sensibilización a aeroalérgenos en pacientes pediátricos con asma y/o rinitis alérgica.

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Este artículo proporciona información sobre el diagnóstico, tratamiento y control de la dermatitis atópica en pacientes pediátricos. Se considera importante, ya que podríamos decir que los niños con alto riesgo de desarrollar alergia serían los que tienen antecedentes familiares de atopia en primer grado o una historia personal de atopia como dermatitis atópica.

– Pfefferle PI, Keber CU, Cohen RM, Garn H. The Hygiene Hypothesis – Learning From but Not Living in the Past. Front Immunol. 2021; 12: 635935. DOI: 10.3389/fimmu.2021.635935.

Esta revisión se remonta a los inicios de la “hipótesis de la higiene” y describe los hitos más importantes en su desarrollo, considerando los muchos aspectos que han refinado y generalizado la hipótesis de la higiene a lo largo del tiempo.

 

Caso clínico

 

Luis tiene 6 años de edad y presenta rinorrea acuosa, estornudos, obstrucción y prurito nasal, lagrimeo y prurito ocular, desde hace 2 años. Los síntomas están presentes de 2 a 4 días a la semana todo el año, pero empeora en primavera y otoño, también cuando van a una segunda residencia en la playa. Ocasionalmente bronquitis. Dermatitis atópica. Embarazo controlado. Parto vaginal. Inmunizaciones completas. Lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Alimentación complementaria a partir de los 6 meses, presentando dos anafilaxias con la ingesta de leche.

 

 

Algoritmo

 

Eosinophilic disease of the esophago-gastro-intestinal tract

G. Domínguez-Ortega, N. Puente Ubierna
Topics on
Continuous Training



G. Domínguez-Ortega, N. Puente Ubierna

Gastroenterology and Nutrition Section. Pediatric Service. Niño Jesús University Children’s Hospital. Madrid

Abstract

Eosinophilic gastrointestinal disorders (EGIDs) are a set of conditions with an increased number of eosinophils in any segment of the gastrointestinal tract without a known etiology. Clinical manifestations are based on the location and depth of the tissue eosinophilia. Eosinophilic Esophagitis is the most common one, although all EGIDs have an increasing prevalence. General Pediatricians should keep a high index of suspicion of these disorders and it is important to control symptoms and avoid complications. Diagnosis includes histologic criteria, so endoscopies and biopsies are always needed. Variable and individualized treatment is used.

 

Resumen

Los trastornos gastrointestinales eosinofílicos primarios son un conjunto de patologías crónicas que se caracterizan por un aumento del infiltrado eosinofílico, excluida una causa secundaria. Ocasionan síntomas variables según la localización del infiltrado. El más frecuente es la esofagitis eosinofílica, aunque la prevalencia de todos ellos está en aumento. Para el control de los síntomas y evitar sus posibles complicaciones es importante que el pediatra de Atención Primaria los conozca e incluya en el diagnóstico diferencial de patología digestiva. Dado que el diagnóstico incluye criterios histológicos, siempre va a ser necesaria la realización de una endoscopia con toma de biopsias. El tratamiento es variable e individualizado.

 

Key words: Eosinophilic esophagitis; Eosinophilic gastritis; Eosinophilic enteritis; Eosinophilic colitis; Eosinophilic gastrointestinal disorders.

Palabras clave: Esofagitis eosinofílica; Gastritis eosinofílica; Enteritis eosinofílica; Colitis eosinofílica; Trastornos gastrointestinales eosinofílicos.

 

 

Pediatr Integral 2022; XXVII (2): 106 – 113

 


OBJECTIVES

• To update the understanding of the etiopathogenesis of primary eosinophilic gastrointestinal disorders.

• To identify the clinical symptoms of these disorders so as to make an early diagnosis.

• To learn the diagnostic criteria of these diseases and their differential diagnosis.

• To be aware of the different treatment options available in these pathologies.


 

 

Eosinophilic disease of the esophago-gastro-intestinal tract

Introduction

Eosinophilic gastrointestinal disorders (EGIDs) are characterized by eosinophilic infiltration in the esophagus, stomach, small intestine, or colon, in the absence of other causes of tissue eosinophilia.

The infiltration of eosinophils in the digestive mucosa is common, except in the esophagus, and its increase has been associated with different inflammatory pathologies of the digestive tract that cause dysfunction and digestive symptoms. These entities include: eosinophilic esophagitis (EoE), eosinophilic gastritis (EoG), eosinophilic enteritis (EoN), and eosinophilic colitis (EoC)(1).

In the first part of this review we will focus on EoE, the most prevalent entity of all EGIDs. In the second part we will focus on the other primary eosinophilic diseases of the digestive tract: EoG, EoN and EoC.

EGIDs are part of the group of gastrointestinal allergies (GIA). Other types of GIA have been addressed in other issues of this journal: No. 3 of 2020. Likewise, other types of esophagitis, beyond EoE, have been described in No. 8 of 2019 of this journal.

Eosinophilic esophagitis (EoE)

EoE is a chronic, immune-mediated disease characterized by a predominantly eosinophil inflammation exclusively at the esophageal level and by symptoms of esophageal dysfunction.

Epidemiology

It is an emerging disease and, currently, it is the most frequent cause of esophagitis after gastroesophageal reflux disease and the most frequent cause of dysphagia and impaction in children and young people.

The first cases were described in the late 1970s and it was defined as an entity in the early 1990s. Since then, numerous studies have been published on it, and its incidence and prevalence have increased exponentially(2). The prevalence of pediatric EoE in Spain in 2017 was 111.9 cases per 100,000 inhabitants and an incidence of 10.6 new cases per 100,000 inhabitants per year. It predominates in males, with a ratio of 3:1(3,4).

Patients with EoE have a high incidence of atopic diseases, such as: asthma, rhinoconjunctivitis, atopic dermatitis or food allergies.

Pathophysiology

EoE is a non-IgE-mediated gastrointestinal allergy. Predisposing genetic variants have been identified that, together with environmental interactions, can trigger the disease.

EoE is highly hereditary, with 64 times higher risk of developing it among siblings(5). The association between monozygotic twins is 58%, which implies a genetic determinant(6). Some studies have identified certain genes that contribute to the development of EoE (TSLP, CAPN14, EMSY, LRRC32, STAT6 and ANKRD27); however, it is important to highlight that dizygotic twins have a 36% association, while that of non-twin brothers is 2.4%. This significant difference would imply that environmental factors and epigenetic mechanisms influence its etiopathogenesis(6).

EoE is caused primarily, but not exclusively, by a non-IgE-mediated immune response to food antigens. In some patients, seasonal environmental allergy may play an important role(7). An abnormality of the epithelial barrier occurs with an increase in permeability, which facilitates the penetration of food antigens or pneumoallergens. Th2 lymphocytes, together with the proinflammatory cytokines, interleukin 5 (IL-5) and 13 (IL-13), induce eosinophilic infiltration in the esophageal mucosa(8).

A recent meta-analysis indicates that 3% of patients undergoing oral tolerance induction (OTI) to a specific food have esophageal biopsies compatible with EoE(9). These patients could have undiagnosed or subclinical disease, and it could have been exacerbated by immunotherapy.

In the same way as in other atopic diseases, digestive dysbiosis may play a role in the pathogenesis of EoE. Several studies have indicated differences between the esophageal microbiota of patients with EoE compared to healthy patients(10). More studies on the microbiota are necessary to understand the implications and its potential practical applications.

Clinical manifestations

The clinical manifestations are a consequence of the esophageal dysfunction and vary according to the age of the patient (Table I).

These patients develop compensatory behaviors for dysphagia, such as carefully chopping food before eating it, eating slowly, drinking water after each swallow, and avoiding foods with certain textures(11).

Diagnosis

The presence of compatible clinical symptoms (Table I) should raise suspicion of this entity. The confirmatory diagnosis is histological. Atopic comorbidity and family history support the suspicion.

The diagnostic criteria for EoE are:

• Presence of symptoms of esophageal dysfunction.

• Eosinophilic esophageal inflammation, with ≥ 15 eos/high-power field (HPF) (or ≥ 15 eosinophils/0.3 mm2 or ≥ 60 eosinophils/mm2).

• Exclusion of other causes of esophageal eosinophilia.

The British consensus guidelines on EoE, published in 2022, propose expressing eosinophilic infiltration as the number of eosinophils per 0.3 mm2, thus adapting to the current use of digital optical microscopy, which is replacing the analogue one(12).

Diagnosis requires gastroscopy with biopsy. Gastroscopy allows visualizing the state of the esophageal mucosa and the presence of characteristics suggestive of EoE, such as: exudates, furrows, edema, strictures, rings, or the crêpe paper sign on the mucosa. The EoE Endoscopic Reference Score (EREFS) scoring system assesses these endoscopic characteristics (Fig. 1)(13).

Figure 1. Eosinophilic esophagitis scoring system: EoE Endoscopic Reference Score (EREFS).

Although the esophageal mucosa appears normal, biopsies must be performed. The involvement can be patchy, so it is recommended to take 6 biopsies from at least 2 locations in the esophagus, generally distal and mid-proximal. The consensus guidelines establish a threshold value of equal to or more than 15 eosinophils per high-power field (eos/HPF) in at least one of the esophageal biopsies to confirm the diagnosis(2).

In addition to the eosinophil peak count, there are other histological markers suggestive of this entity. The EoE Histology Scoring System has 8 histological characteristics that allow a more extensive evaluation of the esophageal mucosa(14): number of eosinophils, eosinophil abscesses, basal zone hyperplasia, dilated intercellular spaces, eosinophils in the superficial layer, dyskeratosis, abnormality of the superficial epithelium and fibrosis of the lamina propria.

Currently, there are no non-invasive biomarkers validated for the diagnosis and/or monitoring of EoE, although it is a field continuously developing(2).

Differential diagnosis

For the diagnosis of EoE, it is mandatory to rule out other pathologies that may present with tissue eosinophilia (Table II).

 

Treatment

There are 3 treatment alternatives, all of them currently considered first-line: proton pump inhibitors (PPIs), swallowed topical corticosteroids (STCs), and empirical diet.

EoE is a chronic disease. Its natural history, without treatment, is associated with persistent symptoms. In addition, persistent esophageal inflammation causes esophageal remodeling that can lead to a fibrostenotic pattern. It is essential to establish early treatment to control symptoms, esophageal inflammation and prevent progression.

Current consensus guidelines establish three treatment alternatives: PPIs, swallowed corticosteroids, and an empirical diet, all of which are considered first choice(2). The option chosen must be individualized and agreed with the patient.

8-12 weeks after the start of treat­ment, a new gastroscopy should be performed with biopsies. This will allow evaluating the efficacy of the treatment and adjusting it in each patient. Clinical symptoms are not enough to assess the histological response; since, sometimes, there is not a good correlation between the symptoms and the histology.

Proton Pump Inhibitors (PPIs)

PPIs have an anti-inflammatory action at the esophageal level and a histological remission of 50% has been observed after treatment in children and adults(16). No differences have been seen between the different types of PPI (Table III). If they are effective, the dose will be gradually reduced until the minimum effective dose is found to maintain histological remission.

 

Swallowed topical corticosteroids

The histological remission rate is higher than the other treatment alternatives. Studies indicate remission rates of up to 85% at 12 weeks of treatment(17). Treatment with systemic corticosteroids should only be used in severe stenosis or dysphagia, due to increased side effects compared to topical treatments.

No drug specifically designed for EoE in children is yet on the market in Spain. Currently, the most commonly used corticosteroids are viscous oral budesonide in magistral compounded formula and liquid fluticasone, marketed for rhinitis (Flixonase® nasal solution) (Table IV).

 

Dietary treatment

Dietary treatment is the only one that addresses the cause of the disease. It eliminates the triggering food or foods from the diet so that long-term clinical and histological remission is achieved. It avoids the use of pharmacological treatments. Dietary treatment requires motivation on the patients´ part and their families, and in general there is worse adherence to the diet in adolescents.

Elemental diet based on the exclusive administration of free amino acid formulas induces histological remission in 90% of patients. In many cases, administration through a nasogastric tube is necessary. Given the deterioration in the patient’s quality of life, it should only be recommended in severe cases and temporarily after lack of response to appropriate drug treatment or an empirical elimination diet. Targeted diets based on allergy testing are not recommended in EoE. The utility of food allergy tests to identify foods that trigger EoE is low(2).

Empirical diet eliminates foods that have most often been linked to EoE, regardless of allergic testing. It always requires the performance of upper digestive endoscopies with biopsies after each dietary intervention, to evaluate the effect at the histological level. Initially, a 6-food elimination diet (cow’s milk, gluten, egg, soy, nuts, fish, and shellfish) was tested, with progressive sequential reintroduction. Given the difficulty in following these diets and the large number of endoscopies required, elimination diets of 4 foods (milk-gluten-egg-legumes) and then 2 foods (cow’s milk and gluten) were tested. More recently, a staggered approach has been proposed, starting with 2 foods, if there is no response, ascending to 4 and, finally, to 6. Currently, in Pediatrics, the empirical single food (milk) elimination diet is the recommended modality as the initial treatment, as it is much easier to implement. It achieves histological remission rates of up to 50% in pediatric patients, in addition to clinical and endoscopic improvement. In the absence of a response, the traditional pattern of empirical food elimination (2-4-6)(18) could be continued.

Endoscopic dilation

It is used in cases of severe esophageal stricture. In pediatric EoE, this procedure is exceptional, since in most cases it can be reversed with conventional treatment.

Dupilumab

Many biologic drugs have been studied; however, the only one approved by the FDA (United States Food and Drug Administration) in the US for EoE is Dupilumab. It is a monoclonal antibody directed against the interleukin 4 receptor α subunit (IL-4Rα) that blocks both IL-4 and IL-13 signaling and is not immunosuppressive. It is a drug previously approved for other pathologies such as atopic dermatitis and asthma, and since 2022 for pediatric EoE in children over 12 years of age weighing 40 kg or more. It is expected to be approved soon by the European Medicines Agency.

Other eosinophilic gastrointestinal disorders (EGIDs) besides EoE

EGIDs, beyond EoE, are also chronic immune-mediated disorders, clinically characterized by gastrointestinal (GI) symptoms and histologically by a pathologic increase in eosinophils in specific regions of the GI tract, in the absence of secondary causes of eosinophilia. They are named according to the location of the eosinophilic infiltrate. A recent consensus has established the proper nomenclature to refer to these disorders: eosinophilic gastritis (EoG), eosinophilic enteritis (EoN), and eosinophilic colitis (EoC). The term “eosinophilic gastroenteritis” (EGE), which generally involves the stomach and small intestine, has been widely used in the literature, although its use is currently recommended to be avoided(1).

Epidemiology

The prevalence of EGIDs other than EoE is low and predominates in females.

The prevalence of EoG in children is 4.4, EGE 10.7, and EoC 4.3/100,000. The prevalence of EoG increases with age, while the prevalence of EGE is higher in children under 5 years of age. The prevalence of EoC does not differ according to age(19).

In general, EGIDs other than EoE, are more frequent in women than in men, unlike EoE, with a prevalence of EoG in women of 7.9/100,000 vs. 5.4/100,000 cases in men(20). It can coexist with other atopic comorbidities and with EoE. The association with EoE is 10.6% in EoG, 12% in EGE and 10.9% in EoC(20).

Pathophysiology

The pathophysiology of EGIDs is only partially known. The combination of a genetic predisposition, the existence of dysbiosis and other environmental triggers (ingested or inhaled allergens) can lead to eosinophilic inflammation in patients with EGID.

Eosinophils induce bioactive inflammatory mediators that can trigger mast cell degranulation and release cytokines, lipid mediators, and neuromediators. These produce a Th2 immune response and intestinal inflammation. Recent studies seem to implicate Th2 cytokines (IL-4, IL-5 and IL-13) and eotaxin-3 in the pathogenesis of most of these diseases(21), although EoC seems to have a different transcriptome from the rest of EGIDs.

Clinical manifestations

EGIDs other than EoE, present a great diversity of symptoms that depend on the location in the gastrointestinal tract and the layer affected by tissue eosinophilia (Table V).

 

Diagnosis

Diagnostic criteria are based on a compatible clinical picture, an increased eosinophil count in biopsies, and the exclusion of secondary causes of gastrointestinal eosinophilia.

Diagnosis can be challenging, given the variability of the symptoms, the sometimes patchy involvement, the difficult access through endoscopic procedures on some occasions, or the possibility that the eosinophilic infiltrate only affects the deep layers, where biopsies cannot reach(23).

20-50% of patients with EGID have normal levels of eosinophils in peripheral blood, so a normal count is not enough to exclude the diagnosis. Recently, an endoscopic scoring system has been published to assess involvement in EoG with a strong correlation with histological results. The endoscopic findings evaluated are: erosions/ulcerations, nodularity, granularity, erythema, friability, fold thickening, and pyloric stenosis(24).

The presence of eosinophils is common in the digestive system except in the esophagus. The number of eosinophils in the rest of the sections of the gastrointestinal tract increases from proximal to distal, except in the colon, where it is higher in the ascending than in the descending(23). The diagnostic criteria for EGID include the finding of a higher than usual tissue eosinophilic infiltration for each region of the gastrointestinal tract according to recently established criteria (Table VI)(25).

 

A recent study established a high level of agreement between the histological and endoscopic findings of patients with EoG and a transcriptome-based panel of gastric biopsies and blood markers (eotoxin-3, IL-5, and thymic stromal lymphopoietin, among others). They do not replace the histological study of the samples, but the blood markers could serve as an initial non-invasive marker, and the study of the transcriptome can be used to confirm the diagnosis(26). At the moment, these markers are not available in routine clinical practice.

Differential diagnosis

Other causes of tissue eosinophilia must be ruled out (Table II), mainly inflammatory bowel disease (IBD).

In both EoC and IBD, eosinophilia can be found in the colonic lamina propria; however, IBD presents other acute and chronic histological changes that differentiate it from EoC. The clinical and endoscopic and histological findings must be considered to make the differential diagnosis.

Treatment

The low prevalence of EGIDs besides EoE, and their little-understood pathogenesis make it difficult to reach a consensus on its treatment.

No randomized controlled study on the treatment of EGIDs has been published, so there is not enough evidence available for the establishment of effective protocols.

More than a third of patients achieve spontaneous remission, but the majority will require dietary treatment and/or pharmacological intervention. Most patients treated with diets are pediatric, either using elemental or extensively hydrolyzed formulas or empirical diets eliminating a single food (milk or wheat) or combinations of foods considered to have a high risk of triggering an allergic response, as in the EoE, excluding also red meat in some studies(27).

The most commonly used pharmacological treatment is systemic glucocorticoids. Several corticosteroid treatment strategies have been described: oral prednisone and topical budesonide. Treatment with oral prednisone is started at an induction dose of 0.5-1 mg/kg/day until clinical remission is achieved. Subsequently, the dose is gradually decreased until it is discontinued or until a minimum maintenance dose that maintains clinical remission is achieved. Regarding treatment with topical budesonide, the induction dose is 9 mg/day with a subsequent decrease in dose(21). Rates of up to 42% of resistance or relapse have been published in a cohort of patients with EGE(28). Topical treatment is less effective than in EoE and systemic treatment has long-term side effects.

Among the biological drugs, cendakimab (anti-IL-13) and dupilumab (anti IL-4Rα) have been studied, showing that both decrease the eosinophil count and improve symptoms. Vedolizumab (binds to α4β7 integrin) has also been used successfully in some patients. Mepolizumab (anti-IL-5) and reslizumab (anti-IL-5) have shown a reduction in the number of eosinophils, but without clinical improvement. For EoG and EGE, both benralizumab (anti-IL-5) and lirentelimab or AK002 (anti-Siglec 8) have produced clinical and histological improvement(29).

EGID Prevention

There is not enough evidence to recommend any effective prevention measure for EGIDs.

Role of the primary care pediatrician

The role of the Primary Care pediatrician is essential in recognizing the symptoms of EGIDs, especially in atopic patients. EoE is the most common entity and should be suspected in a patient with compatible symptoms. Referral to the pediatric gastroenterologist should always be done, since a gastroscopy is necessary for diagnosis. In the case of EGIDs besides EoE, a diagnostic delay is common given the non-specific nature of the symptoms; however, in the event of alarm symptoms, referral to a pediatric gastroenterologist should be made to expedite the diagnostic and therapeutic process.

Conflict of interests

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

Bibliography

The asterisks reflect the interest of the article in the opinion of the authors.

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Consensus article between the main European Digestive and Allergology societies and working groups on the management of EoE.

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Updated guide for the management of EoE in Spain, prepared by the SEGHNP Working Group on Eosinophilic Gastrointestinal Disorders.

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Review article on EGIDs excluding EoE, which addresses everything from pathophysiology to clinical symptoms and diagnostic and therapeutic management. It promotes the creation and promotion of platforms for patients and professionals, such as CEGIR in the US.

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Updated article that summarizes the knowledge and management of EGIDs in Pediatrics. It describes the clinical features and diagnostic criteria, and addresses the differential diagnosis.

Clinical case

 

A 12-year-old boy consulted for symptoms of intermittent dysphagia in the last 2 years, after the initiation of oral tolerance induction (OTI) to milk by the Allergology service. The patient refers that the episodes of dysphagia have been very occasional in recent years and generally feels “very well” in himself. He denies impactions.

Personal history

Atopic dermatitis, IgE mediated allergy to cow’s milk protein (CMP) and egg. The allergy to CMP commenced in the first months of life, with symptoms of perioral erythema after ingesting an adapted CMP formula. Prick test and CAP positive for CMP. CMP elimination diet was started, with favorable outcome, except for an episode of anaphylaxis 2 years later after accidentally ingesting it. From the age of 10, oral immunotherapy began under surveillance by Allergology with a good response, currently drinking 200 ml of milk per day.

Physical examination

Normal examination and appropriate anthropometry.

Ancillary tests

Upper digestive endoscopy: Hirano (EoE Endoscopic Reference Score: EoE-EREFS) 2 points, with exudates <10% and edema in 3 thirds. Microscopically: proximal esophagus: 3 eos/HPF; middle esophagus: 7 eos/HPF; distal esophagus: 10 eos/HPF. Basal cell hyperplasia and mild dyskeratosis in the middle and distal third. Normal gastric and duodenal mucosa.

Progression

Given the compatible symptoms, the allergic comorbidity, and the macroscopic endoscopic findings, the suspicion of eosinophilic esophagitis (EoE) is high; however, it does not meet the histological criterion of finding 15 eos/HPF in at least one of the esophageal biopsies. Since the involvement of the esophageal mucosa in EoE can be patched, we may be facing initial stages of the disease. We decided clinical follow-up and scheduled a new gastroscopy in 4 months. However, 3 months later, he attended the emergency room due to esophageal impaction with a piece of beef that required a gastroscopy for resolution. Esophageal biopsies were taken. Macroscopically, the following findings were identified: Hirano 3 points, with exudates <10%, edema and furrows in the 3 thirds of the esophagus. Microscopically: proximal esophagus: 12 eos/HPF; middle esophagus: 45 eos/HPF: distal esophagus: >60 eos/HPF. Eosinophilic abscesses, basal cell hyperplasia and dyskeratosis in 3 thirds. Gastric and duodenal biopsies without pathological findings. With these findings and adequate screening for other causes of tissue eosinophilia, EoE was diagnosed. Omeprazole at 1 mg/kg/12 h for 8-12 weeks was commenced, followed by gastroscopy showing a favorable response, and thus, lowering the omeprazole dose to maintenance (1 mg/kg/day).

In patients where the endoscopic score is abnormal, but the maximum peak of eosinophils is <15, the EoEHSS histological score (Eosinophilic Esophagitis Histology Scoring System) could help detect the existence of eosinophilic inflammatory activity.

 

 

Algoritmo

 

Alergia a medicamentos y drogas

R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**
Temas de FC


R. Bazire Batiz*, C. Morales Cabeza**

*Servicio de Alergia. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. **Servicio de Alergia. Hospital Universitario Puerta de Hierro. Majadahonda. Madrid

Resumen

El exceso de diagnóstico no confirmado de hipersensibilidad a fármacos constituye un problema relevante en la práctica clínica, por la limitación terapéutica que implica para los pacientes. Los médicos de Atención Primaria son, a menudo, el primer punto de contacto para los niños que sufren reacciones, por lo que es importante saber evaluarlas, tratarlas, y derivar a los pacientes que requieran un estudio alergológico.
En los niños, la mayoría de las reacciones se atribuyen a los betalactámicos, seguidos por los antinflamatorios no esteroideos.
Se describen los tipos de reacciones de hipersensibilidad, su clínica, los métodos diagnósticos disponibles y su tratamiento. Se hace hincapié en los elementos esenciales de la historia clínica que permitirán catalogar el tipo de reacción, así como los criterios de gravedad que determinarán el manejo de cada paciente.
Las pruebas diagnósticas, tanto cutáneas como in vitro, actualmente disponibles para el estudio de alergia a medicamentos, son más fiables en reacciones inmediatas que no inmediatas, sin embargo, dada su escasa validación en edad pediátrica, tienen un uso limitado. A menudo, es necesario recurrir a la prueba de exposición controlada (PEC), a pesar de sus riesgos, para confirmar el diagnóstico de alergia o la tolerancia de fármacos alternativos.

 

Abstract

The excess of unconfirmed drug hypersensitivity diagnoses is a significant clinical problem because of patient therapeutic compromise. Primary care physicians are often the first point of contact for children with drug adverse reactions, so it is important that they are able to assess and manage these patients and refer those who require
an allergy study.
In children, most reactions are due to beta-lactams, followed by non-steroidal anti-inflammatory drugs.
We describe the different types of hypersensitivity reactions, their clinical features, available diagnostic tools and their management. Emphasis is placed on the essential elements of the clinical history, which can be used to identify the type of reaction, as well as the severity criteria that will guide the management of each patient.
Both, skin tests and in vitro tests currently available for the study of drug allergy are more reliable for immediate than non-immediate reactions, but their use is limited because of their poor validity in children. In most cases, it is necessary to perform a drug provocation test, despite its risks, to confirm the diagnosis of allergy or the tolerance of alternative drugs.

 

Palabras clave: Reacciones adversas a fármaco; Hipersensibilidad a fármaco; Niño.

Key words: Adverse drug reactions; Drug allergy; Children.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (3): 162 – 172

 


OBJETIVOS

• Saber distinguir una reacción de hipersensibilidad del resto de reacciones adversas a medicamentos.

• Conocer los puntos claves de la historia clínica de una reacción de hipersensibilidad a medicamentos.

• Conocer los signos y síntomas de gravedad de una reacción de hipersensibilidad a medicamentos.

• Conocer las recomendaciones a dar a un paciente con sospecha de reacción de hipersensibilidad.

• Determinar cuándo derivar un paciente a atención especializada para realizar un estudio alergológico.

 

Alergia a medicamentos y drogas

Introducción

Las reacciones adversas a medicamentos (RAM) tipo A son aquellas reacciones previsibles y relacionadas con los efectos farmacológicos conocidos del propio fármaco. Las RAM tipo B son menos frecuentes y se deben a una respuesta anómala en individuos predispuestos. Las reacciones de hipersensibilidad se incluyen dentro de las reacciones tipo B.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define una reacción adversa a medicamento (RAM) como: una respuesta nociva, no deseada y no intencionada que se produce tras la ingesta de un fármaco a dosis utilizadas habitualmente en la especie humana para prevenir, diagnosticar o tratar una enfermedad; así como las respuestas derivadas de la dependencia, abuso y uso incorrecto de los medicamentos(1). Las RAM son un problema grave, con una incidencia en aumento a medida que se comercializan más medicamentos y se exponen más personas a ellos (Tabla I).

Las RAM tipo A (más frecuentes) no son mediadas por mecanismos inmunológicos, sino que son previsibles y relacionadas con los efectos farmacológicos ya conocidos del propio fármaco(1,2). Estas reacciones pueden aparecer en cualquier persona tratada y, por lo general, son leves.

Las RAM tipo B son menos frecuentes, no son previsibles y tampoco se relacionan con la dosis o efecto farmacológico, ya que se deben a respuestas anómalas que ocurren generalmente en una pequeña parte de la población susceptible de presentarlas(1,3). Dentro de este grupo de reacciones se encuentran las reacciones por idiosincrasia, de intolerancia y de hipersensibilidad a fármacos. Se reserva el término de reacción alérgica a aquellas reacciones de hipersensibilidad mediadas inmunológicamente(4).

Clasificación de las reacciones alérgicas a fármacos

Las RAM se pueden clasificar según el momento de aparición de los síntomas, en inmediatas o tardías. Según el mecanismo fisiopatológico se diferencian en reacciones de hipersensibilidad: tipo I (inmediatas, mediadas o no por IgE), tipo II (retardadas, mediante lisis celular o citotóxicas); tipo III (retardadas, mediante depósito de inmunocomplejos o activación de complemento); o tipo IV (retardadas, mediadas por linfocitos T activados o celular) (Tabla II).

La clasificación de las RAM es compleja, porque hay múltiples fármacos implicados y muchas presentaciones clínicas diferentes. Además, los mecanismos inmunológicos de algunas reacciones no están totalmente definidos y las clasificaciones tradicionales, basadas en la cronología entre la administración del fármaco y el inicio del desarrollo de síntomas, presentan dificultades.

Según el momento de aparición de los síntomas, se consideran reacciones de inicio temprano, mediadas por IgE, a aquellas que ocurren entre 1 y 6 horas después de la administración del fármaco, y reacciones de inicio tardío a aquellas que ocurren a partir de las 6 horas de la toma del fármaco(5).

Las reacciones de hipersensibilidad se dividen en cuatro tipos según la clasificación de Gell y Coombs, que se basa en los mecanismos fisiopatológicos subyacentes de cada reacción. Esto resulta fundamental para determinar los procedimientos diagnósticos relevantes, las opciones terapéuticas adecuadas así como para evaluar la reactividad cruzada entre medicamentos similares(2) (Tabla II).

• Tipo I: reacciones inmediatas (mediadas por IgE o no mediadas por IgE). En los últimos años se incluyen en este tipo, reacciones por liberación o activación no específica de mastocitos, aunque las cuales resultan clínicamente indistinguibles de una reacción mediada por IgE.

• Tipo II: reacciones retardadas, mediante lisis celular o citotóxicas, mediadas por anticuerpos (generalmente IgG y menos frecuentes IgM).

• Tipo III: reacciones retardadas por depósito de inmunocomplejos y activación de complemento.

• Tipo IV: reacciones retardadas, mediadas por linfocitos T activados, aunque también pueden incluir a otros tipos de células como: macrófagos, eosinófilos o neutrófilos. Las células T son capaces de generar diferentes tipos de respuesta inflamatoria, según las citocinas producidas y las otras células implicadas en la reacción; por lo que, a su vez, las reacciones de tipo IV se subdividen en 4 subtipos (IVa, IVb, IVc y IVd).

Epidemiología

La alergia a fármacos en la infancia es un problema sociosanitario cada vez mayor. Aunque es probable una sobreestimación de la epidemiología de RH a fármacos, pocas veces se confirma el diagnóstico tras el estudio alergológico.

La presencia de una alergia a fármacos en los niños supone un importante problema sociosanitario, debido a la angustia que esto puede producir en los niños, en los padres y en los propios médicos que los atienden. La ausencia de un diagnóstico correcto conlleva que algunos pacientes sean indebidamente clasificados como alérgicos a fármacos durante un tiempo indeterminado, repercutiendo en el uso de alternativas terapéuticas de segundo o tercera elección, con mayor coste sanitario asociado, así como el riesgo de desarrollar resistencias antibióticas(1,5). Muchos padres además intentan evitar la toma de algunos fármacos por antecedentes familiares de alergia a fármacos(6). La epidemiología de las RH a fármacos es globalmente poco conocida, especialmente en niños, pero puede estar sobreestimada, ya que aproximadamente el 10 % de los padres refieren, al menos, una RH a fármacos en sus hijos(7). Sin embargo, tras la realización de un estudio alergológico completo, el diagnóstico
de RH por fármacos se confirma solo en pocas ocasiones(8).

La frecuencia de las RH varía en función de la población estudiada, su edad, patrones de consumo, criterios diagnósticos y el tiempo transcurrido hasta la realización del estudio. A pesar de que cualquier fármaco puede inducir una RH, en la población pediátrica, los antibióticos, especialmente los del grupo de betalactámicos (BL), los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y las vacunas son los fármacos más frecuentemente implicados(2,8).

Afortunadamente, las reacciones adversas cutáneas graves son muy poco frecuentes en niños, habiendo pocas series publicadas en la literatura. Por lo general, en estas reacciones, los fármacos más frecuentes son los antibióticos BL, AINE y fármacos antiepilépticos.

Factores de riesgo

El riesgo de presentar una RH por fármacos aumenta con el uso de fármacos y la automedicación(8). En general, se considera que las RH son más frecuentes en niños diagnosticados de fibrosis quística, lo que podría explicarse por los mayores niveles de exposición a fármacos, el uso frecuente de tratamientos intravenosos y las respuestas inmunitarias específicas relacionadas con la propia enfermedad(9).

A pesar de que el género femenino se considera un factor de riesgo de presentar RH, este dato no ha podido ser documentado en la población pediátrica(8).

Las infecciones son muy frecuentes en los niños, sobre todo, las infecciones virales, y constituyen un factor de riesgo, así como un diagnóstico diferencial de las RH por fármacos. También pueden actuar como cofactores en algunos individuos susceptibles. Las aminopenicilinas pueden inducir un exantema, especialmente en niños con infección por el virus de Epstein-Barr (VEB)(8). Otros virus que constituyen factores de riesgo son el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el citomegalovirus (CMV).

La presencia de asma alérgica y la urticaria crónica son factores de riesgo significativos para las reacciones a AINE en niños.

Manifestaciones clínicas

Los síntomas más frecuentes en las reacciones adversas a fármacos en población infantil son el exantema maculopapular (EMP) no inmediato y la urticaria no inmediata. El diagnóstico diferencial fundamentalmente hay que hacerlo con el exantema infeccioso.

Reacciones inmediatas

Pueden variar según su gravedad, desde reacciones leves a reacciones graves o muy graves, incluyendo anafilaxia y shock anafiláctico.

La piel es el órgano que se afecta con más frecuencia en forma de urticaria o EMP, con o sin angioedema asociado.

La afectación respiratoria (esencialmente broncoespasmo) como única manifestación clínica es poco frecuente, limitándose casi exclusivamente a reacciones causadas por AINE (sobre todo en niños con diagnóstico previo de asma) o, más frecuentemente, como un síntoma asociado de una reacción anafiláctica(2,8,10).

Cualquier reacción mediada por IgE puede poner en riesgo la vida del paciente, ya que se puede desencadenar con pequeñas dosis del fármaco. La frecuencia de anafilaxia, aunque se considera baja, parece haberse incrementado en los últimos años, situándose entre el 5-25 % según las diferentes series publicadas en la literatura(11).

Reacciones no inmediatas

Pueden ocurrir incluso días después de haber finalizado el tratamiento con el fármaco implicado. Al igual que en las reacciones inmediatas, la piel es el órgano afectado con más frecuencia, siendo el EMP y la urticaria no inmediata las manifestaciones clínicas más frecuentes(12,13).

La afectación respiratoria, como la neumonitis inducida por fármacos, es excepcional en niños, observándose, sobre todo en relación con el uso de quimioterápicos.

Las reacciones adversas cutáneas graves (Severe Cutaneous Adverse Reactions o SCAR) son poco frecuentes en niños. Entre ellas se han descrito casos de: pustulosis exantemática aguda generalizada (PEAG: inicio agudo con aparición de pústulas <5 mm estériles y no foliculares sobre una base eritematosa); reacción de hipersensibilidad sistémica por fármacos (Drug Reaction with Systemic Symptoms o DRESS: exantema con síntomas sistémicos como: fiebre, adenopatías, eosinofilia y afectación orgánica, fundamentalmente hepática); síndrome de Stevens-Johnson (SJS: lesiones dianiformes con vesículas y ampollas asociadas a afectación de mucosas, alteración del estado general y fiebre); y necrólisis epidérmica tóxica (NET: similar al SJS con mayor afectación y despegamiento cutáneo). Los fármacos más implicados en estas reacciones son los antibióticos (BL, sulfamidas fundamentalmente), AINE y anticonvulsivantes(2).

La enfermedad del suero cursa habitualmente con síntomas cutáneos como el EMP o urticaria, con afectación sistémica como fiebre, artritis o artralgias, que habitualmente aparecen de 1-3 semanas después de la exposición al fármaco. Su fisiopatología es desconocida. Es poco frecuente, suele afectar a niños menores de 5 años y los betalactámicos (BL), especialmente el cefaclor, penicilina V y amoxicilina, son los fármacos más frecuentemente involucrados(10).

En los últimos años, se han descrito en la literatura pocos casos en pacientes pediátricos que presentan exclusivamente síntomas gastrointestinales, como náuseas, vómitos y/o diarrea, asociados a decaimiento, aproximadamente 2-4 horas tras la toma del fármaco causal y que simulan los síntomas producidos por enterocolitis inducida por alimentos (FPIES)(14). En los casos más graves puede existir hipotensión, letargia o hipotermia, que pueden llegar a producir un shock hipovolémico. Los fármacos implicados en niños se limitan hasta la fecha a amoxicilina y amoxicilina-ácido clavulánico(14).

Principales medicamentos causales de reacciones alérgicas en niños: antibióticos betalactámicos y AINE

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), junto con los antibióticos betalactámicos son las dos primeras causas de reacciones de hipersensibilidad a fármacos en niños.

Antibióticos betalactámicos

La sospecha de reacción por antibióticos betalactámicos constituye aproximadamente el 80 % de las consultas por alergia a medicamentos y, junto con los AINE, son la causa más frecuente de reacciones alérgicas a fármacos en niños.

De ellos, las aminopenicilinas y, en concreto, la amoxicilina, ocupan el primer lugar, favorecido por la amplia y extensa prescripción de este antibiótico en la actualidad.

Los betalactámicos contienen un anillo tiazolidínico común y una cadena lateral que es la responsable de las diferencias entre cada grupo. Los anticuerpos IgE frente a las penicilinas pueden ser específicos frente al propio anillo betalactámico (común en todos los BL) o bien específico de cadena lateral, produciéndose en este caso reacciones selectivas. Sin embargo, hay que tener en consideración que BL de diferentes grupos pueden tener cadenas laterales idénticas (reactividad cruzada). Actualmente, lo más frecuente es la alergia selectiva a la cadena lateral sin presentar reacción con penicilina(15). Sin embargo, si la alergia está producida por el determinante mayor de la penicilina, el diagnóstico será probablemente de alergia a todas las penicilinas.

Existen pocos estudios que analicen la reactividad cruzada entre penicilinas y cefalosporinas en niños, pero se ha estimado en un 0,3-23,9 %, siendo mayor para cefalosporinas con la misma cadena lateral(16).

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Los AINE componen un grupo de fármacos heterogéneo, empleados por su acción antiinflamatoria, antipirética, analgésica y antiagregante. Actúan mediante la inhibición de la ciclooxigenasa (COX), enzima que cataliza la conversión del ácido araquidónico en prostaglandinas. Se pueden clasificar según su composición química o según su capacidad para inhibir la COX (Tabla III).

Se distinguen dos grandes grupos de RH: los selectivos (mediados inmunológicamente, que suelen involucrar a un solo grupo de AINE) y los no selectivos o por intolerancia cruzada (más frecuente y que suele involucrar a varios grupos de AINE por la relación con la inhibición de COX-1).

Los niños menores de 10 años presentan en su mayoría reacciones por reactividad cruzada, con la presencia de cofactores, como pueden ser las infecciones víricas o el ejercicio(17).

Diagnóstico

El diagnóstico de alergia a medicamentos se basa en una minuciosa historia clínica y el estudio alergológico mediante: pruebas cutáneas, in vitro (IgE específica, test de activación de basófilos y test de transformación linfocítica) y prueba de exposición controlada (PEC) que constituye la prueba de referencia. No está indicado el estudio alergológico como screening sin reacción previa. Idealmente, se realizará el estudio alergológico 1-6 meses tras la recuperación total de la reacción inicial, ya que más adelante, el estudio pierde sensibilidad (Algoritmo 1).

Historia clínica

La historia clínica, referida por los padres en los casos de niños más pequeños y por los propios pacientes, es el primer y más importante paso a la hora de intentar diferenciar una RH de una RAM o una infección.

La sospecha de RH a medicamentos se confirma en pocos casos tras realizar un estudio alergológico, y cuando lo hace, es frecuente que la reacción presentada durante la prueba de exposición controlada no se corresponda con la reportada inicialmente en la historia clínica(8). Esto se puede deber a la imprecisión de los datos recogidos, la dificultad de comunicarse de los niños afectados en edades tempranas que no pueden expresarse y el tiempo hasta la valoración en consulta que, en ocasiones, ocurre años después. En las tablas IV y V se exponen respectivamente los datos más importantes en la historia clínica, así como los criterios de gravedad que conviene conocer, ya que de ello dependerá el correcto enfoque diagnóstico.

 

Pruebas cutáneas

Las pruebas cutáneas incluyen: pruebas intraepidérmicas o prick, pruebas intradérmicas (ID) y pruebas epicutáneas (parches). Estas pruebas resultan útiles para identificar los fármacos responsables de RH y determinar posibles alternativas terapéuticas que sean seguras. Sin embargo, la rentabilidad de las pruebas cutáneas varía según el tipo de reacción, el fármaco y el tiempo hasta la realización del estudio. Por otro lado, en muchas ocasiones, su negatividad no descarta la posibilidad de reacción y, en la mayoría de las ocasiones, es necesario
realizar una PEC para conseguir el diagnóstico definitivo.

Las pruebas en prick se utilizan cuando existe una sospecha de reacción inmediata, y presentan la ventaja de ser seguras y poderse realizar con fármacos de los que no se disponga forma inyectable estéril.

Las pruebas ID se pueden utilizar, tanto en reacciones inmediatas (lectura a los 15 minutos) como en reacciones no inmediatas (lectura a las 24 y/o 48 horas). Se suelen realizar si las pruebas en prick han resultado negativas. Sin embargo, son pruebas invasivas que conllevan mayor riesgo de reacción sistémica, por lo que su uso en niños es más limitado que en adultos. Se consideran contraindicadas en las SCAR, sin embargo, algunos autores contemplan su uso de forma controlada(18).

Las pruebas epicutáneas o en parche son pruebas que se consideran seguras, aunque su rentabilidad es limitada, por lo que solo se utilizan en determinadas reacciones no inmediatas o en las SCAR como primera línea en el abordaje diagnóstico(18,19).

Antibióticos betalactámicos

Las pruebas cutáneas con antibióticos BL son las más estudiadas y con más evidencia en población infantil. Sin embargo, tienen baja sensibilidad y valor predictivo positivo, especialmente en reacciones no inmediatas y cutáneas leves(20).

Con los BL, las pruebas ID, más sensibles que las pruebas en prick, se emplean fundamentalmente para RH inmediatas. En el caso de las reacciones leves no inmediatas con BL, la sensibilidad de las pruebas ID con lectura tardía a las 48 horas es baja, aunque se ha demostrado un alto valor predictivo en caso de que resulten positivas(10). Dada su baja rentabilidad en este tipo de reacciones, se limita su uso a determinadas ocasiones(8,21).

Antiinflamatorios

En el caso de los AINE, el uso de pruebas cutáneas se limita al metamizol y, en ciertos casos, a paracetamol, en reacciones de HS selectiva, mientras que no existe evidencia suficiente que avale las pruebas de laboratorio en el caso de HS a AINE(17).

Histología

La realización de biopsias cutáneas puede ser útil en entidades graves como la PEAG y DRESS.

Pruebas in vitro

• Triptasa sérica durante el episodio agudo y basal: se emplea para el diagnóstico de la anafilaxia. Alcanza su máximo entre 60-90 minutos después del inicio de los síntomas y permanece elevado hasta 5 horas. Siempre es necesaria la determinación de triptasa basal.

• Determinación de IgE total y específica; está disponible para: amoxicilina, ampicilina, penicilina G y V, cefaclor, algunos bloqueantes neuromusculares y clorhexidina(8,21). Aunque su sensibilidad es inferior al 50 %, resulta útil en reacciones inmediatas mediadas por IgE de mayor gravedad(8).

• Otras pruebas in vitro como: el test de activación de basófilos (TAB) en reacciones inmediatas, el test de transformación linfocitaria (TTL) en reacciones no inmediatas y el estudio de cuantificación de citoquinas o productos de células T-/B (ELISPOT), requieren personal experimentado y no se realizan en la práctica clínica diaria salvo excepciones(13).

Prueba de exposición controlada

Es la prueba de referencia para confirmar o descartar el diagnostico de RH y comprobar tolerancia a alternativas terapéuticas. Consiste en la administración gradual del fármaco sospechoso hasta alcanzar la dosis terapéutica ajustada al peso. Las pautas de administración varían en función del fármaco empleado, el tipo de reacción y de la gravedad de la reacción que motiva el estudio. Se realizan cuando las pruebas realizadas previamente (pruebas cutáneas y/o in vitro) han resultado negativas, siempre y cuando el beneficio para el paciente supere el riesgo del procedimiento.

Las PEC deben realizarse solo en centros especializados, en los que se seleccionan cuidadosamente a los pacientes y se dispone de equipos, suministros y personal entrenado para gestionar la posibilidad de una reacción grave durante su realización(19).

Las PEC están contraindicadas en reacciones adversas graves como: anafilaxia, SCAR o reacciones sistémicas graves, aunque en determinados casos, cuando otros procedimientos diagnósticos, como las pruebas cutáneas o in vitro, no son concluyentes, se puede valorar la realización de una PEC con un fármaco alternativo, cuando su utilización resulta imprescindible para el paciente(11).

En niños con una reacción cutánea leve como el exantema (especialmente en reacciones tardías), se puede valorar la realización de una PEC sin necesidad de pruebas cutáneas previas, siempre que se haya descartado la presencia de algún signo o síntoma de gravedad(8,21).

En el caso de los AINE, la PEC resulta fundamental para determinar el tipo de HS y, en los casos necesarios, ofrecer alternativas terapéuticas.

En el caso de reacciones selectivas, se prohibirá el uso de todos los AINE del grupo responsable (p. ej., se prohibirá exclusivamente el uso de ácidos propiónicos, en el caso de confirmarse HS a ibuprofeno). Sin embargo, para los casos de HS por intolerancia cruzada, se debe confirmar mediante PEC cada uno de los fármacos autorizados. En general, el paracetamol a dosis terapéuticas (15 mg/kg/dosis) suele ser tolerado. Aunque, actualmente, no se ha aprobado el uso de inhibidores selectivos de la COX-2 en pacientes menores de 12 años, varios estudios avalan la seguridad del uso de: etoricoxib, celecoxib y meloxicam como inhibidor débil de COX-1, en pacientes pediátricos como alternativa(22). Otras alternativas propuestas al uso de AINE son los corticoides, potentes antiinflamatorios, junto con medidas físicas de reducción de temperatura, y los opiáceos como analgésicos.

El manejo diagnóstico de RS por BL se resume en el Algoritmo 2.

Diagnóstico diferencial

En la mayoría de los casos, resulta imposible distinguir entre un exantema inducido por un proceso infeccioso y el que es secundario a fármacos. La mayoría de las reacciones cutáneas que se producen, mientras se realiza un tratamiento con un BL, se deben a la propia infección y se ha confirmado una RH en menos del 10 % de los casos(8). De hecho, la incidencia de exantema en los niños se estima en 153,8/10.000 niños y puede ser causado: por la propia infección, por la interacción del fármaco con la infección o porque verdaderamente se trate de una reacción alérgica al fármaco(23). Las infecciones que causan este tipo de afectación con más frecuencia son: VEB, CMV, parvovirus o Mycoplasma(8,24). Una historia clínica detallada, junto con pruebas serológicas o de detección de virus mediante PCR en la fase aguda, permitirán en determinados casos, diferenciar un exantema infeccioso de una RH. El diagnóstico debe realizarse durante un mínimo de 4-6 semanas tras la resolución completa de todos los síntomas clínicos, para evitar tanto falsos positivos como falsos negativos(4).

En el diagnóstico diferencial de DRESS, se deben tener en cuenta enfermedades que cursan con: fiebre, erupción cutánea, linfadenopatías y afectación de otros órganos, como pueden ser las infecciones víricas por: VEB, parvovirus B19, sarampión, dengue o infecciones por virus Coksackie(25).

Es importante diferenciar reacciones anafilácticas de otras manifestaciones clínicas que pueden ocurrir durante la administración de medicamentos, como síndromes vasovagales o el conocido síndrome oculorespiratorio, descrito tras la administración de virus de la gripe y que se caracteriza por: conjuntivitis bilateral, edema facial y síntomas respiratorios de vías superiores(11).

Reevaluación

Se desconoce en gran medida la historia natural de la hipersensibilidad a fármacos con la mayoría de las clases de fármacos en niños. También existe información anecdótica de que algunos niños con enfermedad cutánea exacerbada por AINE pueden resolver su HS a los AINE cuando los episodios de urticaria desaparecen. Por este motivo, conviene reevaluar periódicamente a estos pacientes y valorar la posibilidad de realizar una PEC siempre en medio hospitalario y con personal entrenado(15).

Tratamiento

En caso de reacción adversa a medicamentos, es fundamental retirar el fármaco sospechoso y evitar todo fármaco que pertenezca al mismo grupo, así como reconocer aquellas reacciones graves que requieren una actuación urgente (Tabla V).

Reacciones inmediatas

En el caso de reacciones inmediatas leves, como cuadros de urticaria o angioedema, se administrarán, como primera opción, antihistamínicos, preferiblemente de segunda generación. Una reacción inmediata grave o anafilaxia se considera potencialmente mortal, por lo que requiere, como primera línea de tratamiento, la administración de adrenalina intramuscular (0,01 mg/kg
hasta 0,5 mg dosis máxima), dosis que puede repetirse a los 5-15 minutos, si la clínica persiste. En caso de parada cardiorrespiratoria, se iniciarán maniobras de reanimación y se añadirán otras medidas de soporte. Cabe destacar que la administración de antihistamínicos y corticoides sistémicos no deben usarse como tratamiento de primera línea en estos casos ni en monoterapia, ya que no revierten el edema laríngeo, el broncoespasmo ni la hipotensión(26).

Reacciones no inmediatas

En reacciones no inmediatas leves, se podrán emplear antihistamínicos, sin embargo, en EMP no complicados no se recomienda el uso de corticoides.

Las SCAR requieren un tratamiento multidisciplinar y, en ocasiones, el ingreso en unidades de cuidados intensivos. Aunque no existe un consenso claro, en cuadros de DRESS, los corticosteroides sistémicos (prednisolona 1 mg/kg/día) son el tratamiento de referencia en la fase aguda en pacientes con afectación orgánica grave. Otros fármacos empleados son ciclosporina o anti-TNF(19).

Desensibilización

En los casos confirmados de alergia a algún fármaco en los que su administración es imprescindible para el paciente, se puede valorar la realización de una desensibilización. Sin embargo, la experiencia en niños es escasa y suelen utilizarse protocolos adaptados de adultos(27).

Para los niños con pruebas alérgicas positivas tras sospecha de anafilaxia a vacunas antiinfecciosas, esta se puede administrar en dosis graduadas según el protocolo propuesto por la Academia Americana de Pediatría(11).

Función del pediatra de Atención Primaria

El médico de Atención Primaria juega un papel determinante ante un paciente con sospecha de RH a un fármaco (Tabla VI), tanto para el correcto diagnóstico de una RH, como para evitar un sobrediagnóstico perjudicial para el paciente. Lo primero será descartar que se trate de una RAM y, en caso de sospecha de RH, derivar al paciente al Servicio de Alergología con una historia clínica detallada.

Su papel radica en:

• Identificar una posible reacción de hipersensibilidad.

• Diferenciarla de una reacción de tipo A.

• Recoger minuciosamente todos los elementos necesarios para una adecuada filiación de la reacción (Tabla IV).

• Conocer los criterios de gravedad (Tabla V).

• Manejar una reacción en fase aguda, ya sea aplicando el tratamiento farmacológico adecuado o derivando al servicio de Urgencias (tratamiento de una anafilaxia).

• Suspender el fármaco sospechoso y mantener las prohibiciones con respecto al uso de los fármacos de la misma familia o grupo, hasta la valoración correspondiente en el Servicio de Alergología.

• Informar adecuadamente al paciente sobre los fármacos a evitar y las alternativas que puede emplear hasta la realización del estudio alergológico.

• Informar a los pacientes que no está indicado realizar estudio alergológico como screening(28).

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Bibliografía recomendada

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Revisión extensa del diagnóstico y manejo de reacciones de HS, específicamente en población pediátrica.

– Tsabouri S, Atanaskovic-Markovic M. Skin eruptions in children: Drug hypersensitivity vs viral exanthema. Pediatr Allergy Immunol. 2021; 32: 824-34. Disponible en: https://doi.org/10.1111/pai.13485.

 

Recomendado para profundizar en conocimientos sobre el diagnóstico diferencial del exantema maculopapular.

– Doña I, Caubet JC, Brockow K, Doyle M, Moreno E, Terreehorst I, et al. An EAACI task force report: Recognising the potential of the primary care physician in the diagnosis and management of drug hypersensitivity. Clin Transl Allergy. 2018; 8: 16. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s13601-018-0202-2.

Expone de forma práctica el manejo de las reacciones de HS desde Atención Primaria. Especialmente recomendado.

 

Caso clínico

 

Niña de 3 años con antecedentes de ingreso hospitalario durante 5 días por bronquiolitis. Sin antecedentes familiares de interés. Remitida al Servicio de Alergología por sospecha de alergia a amoxicilina.

En febrero de 2022, tras el diagnóstico de una otitis media aguda, se pauta tratamiento con amoxicilina 50 mg/kg/día (250 mg cada 8 horas) durante 7 días, e ibuprofeno 5 mg/kg/dosis (75 mg cada 8 horas) si fiebre o dolor. A las 24 horas de haber finalizado el quinto día de tratamiento antibiótico, precisa asistencia en Urgencias por presentar al levantarse por la mañana, lesiones cutáneas que se describen como: un exantema maculopapuloso no pruriginoso que afecta a tronco, espalda y MMII, respecta plantas de los pies y palmas de las manos. La última toma de amoxicilina antes del inicio de los síntomas había sido, al menos, 8 horas antes (la niña se acostó sin lesiones cutáneas) y la última toma de ibuprofeno había sido 48 horas antes del inicio de los síntomas. El resto de la exploración física no presentaba alteraciones, no presentaba lesiones en mucosas y la paciente permanecía afebril y con buen estado general. En Urgencias le administraron una dosis de dexclorfeniramina 0,2 mg/kg/día y se le pautó tratamiento domiciliario con el mismo jarabe antihistamínico durante 4 días, y se le retiró el tratamiento con amoxicilina. Se diagnosticó de exantema probablemente secundario a amoxicilina vs infeccioso, se le indicó evitar antibióticos betalactámicos y fue remitida a consultas de Alergología. Los síntomas se resolvieron en aproximadamente 3 días sin descamación ni lesiones residuales.

Previamente, la paciente había tolerado amoxicilina y cefuroxima sin incidencias y, tras el episodio descrito, había evitado la toma de amoxicilina y otros antibióticos betalactámicos, pero había vuelto a tolerar ibuprofeno sin incidencias.

Ante las características de que se trataba de una reacción leve y, a priori, tardía (inicio de los síntomas horas después de la toma del fármaco más sospechoso, amoxicilina), se planificó el estudio de alergia a fármacos y se firmó el correspondiente consentimiento informado.

No se realizaron pruebas cutáneas en prick o intradermorreacción ni tampoco determinación de IgE total y específica, considerando la rentabilidad de estas pruebas complementarias en este tipo de reacción. Ante la ausencia de datos de alarma (lesiones en mucosas, ausencia de fiebre, sin lesiones residuales ni descamación y resolución de los síntomas en tres días). Se realizó directamente una prueba de exposición controlada con amoxicilina, con dosis única de 250 mg, siendo negativa. Se le pautó además tratamiento domiciliario con amoxicilina 250 mg cada 12 horas durante 5 días y, posteriormente, se confirmó la tolerancia a dicho fármaco y, por tanto, se descartó el diagnóstico de alergia a amoxicilina, confirmando que el exantema presentado fue de origen infeccioso. No se realizó prueba de exposición controlada con ibuprofeno, ya que la paciente lo había tolerado posteriormente al episodio que motivó el estudio alergológico.

 

 

 

 

 

 

Alergia a la picadura de insectos

C. Ortega Casanueva
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C. Ortega Casanueva

Pediatra y Alergóloga. Unidad de Alergia y Neumología Infantil. Hospital Quirónsalud San José. Madrid. Grupo de Trabajo de Asma de la SEPEAP

Resumen

Cuando los niños juegan al aire libre, especialmente en verano que hace calor y llevan brazos y piernas sin cubrir, es frecuente que les pique “algún bicho” y en la mayoría de los casos, si la envergadura de la picadura es importante, se consulte al pediatra.
Las picaduras por insectos tienen una alta incidencia en la población infantil. Dentro de estas, las de los himenópteros (avispas y abejas) son las que se producen con mayor frecuencia y las potencialmente más peligrosas, por las reacciones alérgicas graves que pueden producir.
Pese a la referida alta incidencia, se trata de un tema relativamente poco estudiado en Pediatría. En este artículo, se abordan los insectos más frecuentes (avispas, abejas, hormigas, mosquitos, tábanos, pulgas, orugas y arañas), las reacciones que producen sus picaduras, la importancia clínica y gravedad de las mismas, así como su tratamiento y medidas preventivas.

 

Abstract

Children are frequently bitten by “bugs”, especially in summer, while playing outdoors with naked arms and legs. If the sting is severe, the paediatrician will likely be consulted.
Allergic reactions to hymenoptera stings (wasps, bees, ants) are the most common and important since they can lead to severe allergic reactions.
Allergy to insect stings among children is a relatively unknown topic. This article focuses on the most common insects (wasps, bees, ants, mosquitoes, flies, fleas, caterpillars and spiders), the reactions that their bites produce, the importance and seriousness of the clinical findings and their preventive treatment.

 

Palabras clave: Insecto; Picadura; Alergia; Himenóptero; Veneno; Tratamiento; Educación; Medidas preventivas

Key words: Insect; Sting; Allergy; Hymenoptera; Poison; Treatment; Education; Preventive measures

 

Pediatr Integral 2018; XXII (3): 138 –146


Alergia a la picadura de insectos

Introducción

Las picaduras de insecto son muy frecuentes en la población infantil y constituyen un motivo habitual en la consulta del pediatra de Atención Primaria.

Durante el verano es frecuente que los insectos piquen a los niños y que estas picaduras puedan llegar a producir reacciones alérgicas, algunas graves, creando gran alarma y preocupación entre los padres. Esta preocupación es motivo frecuente de consulta al pediatra de Atención Primaria.

Las reacciones alérgicas que producen los insectos continúan siendo un tema poco conocido.

La alergia a picadura de insectos es un tema tan antiguo como poco conocido y estudiado. En Egipto en el año 2621 a.C., ya se hacía referencia a este tema en los jeroglíficos de la tumba del faraón Menes, que murió por la picadura de una avispa.

La reacción por picadura de himenóptero (avispas, abejas, abejorros, hormigas) puede variar desde una reacción local (afectación de esa zona exclusivamente) hasta un cuadro de anafilaxia que pueda producir la muerte.

Actualmente, la alergia a veneno de himenópteros es la que se ha estudiado de una forma más profunda por las reacciones que producen.

Las picaduras por dípteros (mosquitos, moscas y tábanos) son también un motivo frecuente de consulta del pediatra. La reacción que producen es más leve que las producidas por picadura de himenópteros y no suelen corresponderse con una reacción alérgica mediada por IgE específica.

Es habitual que, en nuestro medio, los niños jueguen a observar los caminitos de las hormigas e incluso a cogerlas “porque no pican”, pero en otros países, como Australia, el Sur de Estados Unidos, Filipinas o China, cobran relevancia las reacciones por picadura de las hormigas (formicios)(Fig. 1). La hormiga roja de fuego, Solenopsis invicta, procedente de Sudamérica es la que produce mayor número de reacciones alérgicas.

Figura 1. Hormiga. Imagen cedida por el Dr. Francisco Pelayo.

¿Qué insectos pueden producir una reacción alérgica?

Todos los insectos que pican pueden provocar reacciones alérgicas. Los más frecuentes son los himenópteros (avispas y abejas). Mosquitos, tábanos, pulgas, orugas (procesionaria del pino) y arañas, también pueden producir reacciones de hipersensibilidad(1).

Cuando un insecto pica a un niño, es difícil filiar que insecto concreto ha sido, ya que se produce en la zona de la picadura una reacción local y las manifestaciones clínicas (eritema, prurito, edema) suelen ser similares.

• El tábano es un insecto hematófago. Su picadura produce un nódulo cutáneo muy doloroso en la zona de inoculación. Puede producir reacciones mediadas por IgE como urticaria o, incluso, llegar a desencadenar una reacción alérgica sistémica generalizada (anafilaxia).

• La pulga (sifonápteros) es también un parásito hematófago. La especie que más frecuentemente afecta al hombre es Pulex irritans. Pueden causar reacciones alérgicas cutáneas como urticaria, pero son más frecuentes las lesiones papuloeritematosas distribuidas a lo largo del trayecto de un vaso sanguíneo.

• La especie más común de mosquito (Fig. 2) en nuestro medio es Culex pipiens(1,2).

Figura 2. Mosquito Culex pipiens. Fuente: Culex pipiens, Harlech, North Wales, Aug 2016 – Flickr – janetgraham84.

Los mosquitos suelen producir una reacción local inmediata que consiste en una pápula en el lugar de la picadura. Aparece a las 2 horas de la inoculación aproximadamente y persiste uno o dos días. Cada picadura de mosquito puede llegar a convertirse en una pápula que pica a veces de forma desesperante. Debemos evitar que el niño se rasque, porque incrementará el picor y, además, puede erosionar la piel y provocar una infección de la zona. Esta reacción se atribuye a una hipersensibilidad a la saliva del mosquito aunque, realmente, el mecanismo es incierto. La prevalencia exacta de la alergia a la saliva de mosquito es desconocida. La reacción anafiláctica por saliva de mosquito es excepcional que ocurra, aunque sí han sido descritas. El prúrigo agudo o urticaria papulosa, muy común en los niños, aparece cuando tras sucesivos picotazos, los lugares de antiguas picaduras se reactivan en forma de ronchas que pican mucho. Con el tiempo se produce un fenómeno de tolerancia.

• La oruga procesionaria del pino (forma larvaria del lepidóptero nocturno Thaumetopoea pityocampa) posee unos pequeños pelos urticantes. Estos pelillos pueden entrar en contacto con el ser humano al ser transportados por el viento y en función de cómo se entre en contacto con los mismos, existirá una afectación cutánea (urticaria de contacto), conjuntival o respiratoria. Los mecanismos patogénicos implicados son mecánicos y/o irritativos y el alérgico por hipersensibilidad mediada por IgE(3). En los últimos años se han descrito varios casos de reacciones anafilácticas por este insecto.

¿Qué reacciones producen los insectos?

Todos los insectos que pican son capaces de producir reacciones.

Las reacciones por alergia a veneno de insectos varían desde una reacción local que implique a toda la extremidad hasta un cuadro anafiláctico que produzca la muerte.

Las reacciones se dividen en dos tipos: inmunológicas (o alérgicas) y no inmunológicas(4).

Las primeras son las comúnmente llamadas “reacciones alérgicas” y pueden estar mediadas por IgE. Afectan a una zona concreta (reacción local) o se generalizan (reacción sistémica)(4).

Las reacciones locales suelen consistir en inflamación, dolor, eritema y prurito de la zona donde ha ocurrido la inoculación del veneno. Las reacciones generalizadas o sistémicas son aquellas que afectan a varios órganos u aparatos y que pueden adquirir tal gravedad que pueden llegar a comprometer la vida (anafilaxia).

Por su parte, las reacciones no inmunológicas son aquellas producidas por los componentes del veneno del insecto. Este tipo de reacción suele aparecer entre uno o dos días tras la picadura y se reconoce por un eritema con o sin edema de la zona circundante. El diámetro suele ser menor de 10 cm y la intensidad del dolor puede variar.

Este tipo de reacciones suele ser leve y no tiende a generalizarse.

¿Cómo se trata la picadura de insecto?

Existen unas medidas generales a la hora de tratar las picaduras de insectos(6). En la zona de la picadura se produce una reacción local y las manifestaciones clínicas (eritema, edema, prurito) suelen ser similares.

Elevar el brazo o la pierna afectada y aplicar hielo o una compresa fría para reducir la inflamación y el dolor puede ser útil en un primer momento.

Para evitar infecciones secundarias se deben limpiar suavemente las ampollas, sin romperlas, con agua y jabón. Para aliviar el prurito se puede administrar un antihistamínico vía oral o incluso un corticoide tópico.

El amoníaco frena rápida y eficazmente el picor y la irritación de la piel. Además, neutraliza el veneno. El uso inmediato de un producto a base de amoníaco, proporciona un alivio rápido en las picaduras de mosquitos, tábanos, abejas, avispas, animales marinos o plantas urticantes.

Evitar las picaduras por insectos: ¿cómo? ¿con qué?

Un tema que preocupa de forma recurrente, especialmente durante el verano, a los padres es tratar de evitar que a los niños les piquen los insectos. Para ello, contamos con varios productos llamados “repelentes”, que pueden ser naturales o químicos.

Repelentes naturales

Los repelentes naturales son aquellos derivados de las plantas. El más usado es el aceite de citronela, obtenido de planta Cymbopogon nardus. Es un repelente efectivo, con un olor agradable, pero tiene un tiempo de protección menor (dos horas) que los repelentes químicos (DEET, Bayrepel). Además, es poco tóxico.

En Estados Unidos, el aceite de citronela se encuentra disponible en forma de loción, spray y toallitas, a concentraciones que oscilan del 0,05% al 15%.

Actualmente, en el mercado español, no hay ningún producto que contenga exclusivamente este aceite.

El aceite de eucaliptus es un repelente de insectos potente, eficaz y con un olor agradable. Proporcionan una protección eficaz durante seis horas.

Repelentes químicos

Entre los repelentes químicos destaca la N,N-Dietil-meta-toluamida, conocida como DEET. Se utiliza frente a las picaduras de mosquitos, pero también es útil frente a garrapatas. Los mosquitos detectan directamente la DEET y evitan la zona de la que emana este compuesto.

La Academia Americana de Pediatría advierte sobre la irritación cutánea que estos productos pueden producir y desaconseja su uso en niños a concentraciones superiores al 10%. Además, por la gran absorción cutánea que presentan, también desaconseja aplicarlo a niños menores de dos años o sobre piel erosionada(5).

En el mercado se comercializan también otros principios, como el ácido 1-piperidincarboxílico o el 2-(2-hidroxietil)-1-metilpropiléster, también llamado Bayrepel.

La efectividad de Bayrepel es comparable a la de DEET. Tiene excelentes propiedades cosméticas y pocos efectos tóxicos. Es bien tolerado por la piel y solo se absorbe en mínimo grado, pero tampoco debe aplicarse a niños menores de dos años.

Los efectos repelentes sobre las picaduras de mosquitos suelen durar más de 8 horas cuando se usan los productos con concentraciones del 20%; sin embargo, si la concentración es del 10% se recomienda repetir la aplicación cada 4 horas. El período de protección frente a tábanos y garrapatas es más corto y hay que repetir el tratamiento cada 2-3 horas.

Otros

Los dispositivos electrónicos que emiten sonidos de alta frecuencia que ahuyentan a los insectos. No está confirmada su eficacia.

los himenópteros

Los himenópteros son los insectos que más reacciones alérgicas producen en los niños.

Son insectos del orden Hymenopteray su nombre proviene de sus alas membranosas (del griego nυμεν, “membrana” y πτερος,”ala”). Es una de las mayores órdenes de insectos, con unas doscientas mil especies, entre las que se encuentran: las abejas, avispas y las hormigas.

Es importante identificar el himenóptero responsable de la picadura, ya que facilitará mucho la labor a la hora de realizar el diagnóstico y el tratamiento.

Clasificación

Los himenópteros que más problemas plantean en nuestro área son los véspidos (avispas) y los ápidos (abejas y abejorros)(7)(Fig. 3).

Figura 3. Himenópteros que más problemas plantean en nuestra área. A. Abeja; B. Abejorro; C. Avispa. Imágenes cedidas por el Dr. Francisco Pelayo.

En el Algoritmo al final del artículo, encontraremos la clasificación detallada según las diferentes familias de los himenópteros.

La alergia al veneno de especies de las familias Vespidae y Apidae mediada por IgE constituye un importante problema de salud pública, en especial en aquellas regiones donde la población está más expuesta a las picaduras de estos insectos. Los pacientes pediátricos constituyen una población de alto riesgo, así como los trabajadores que desempeñan su trabajo cerca de ellos (agricultores, apicultores, etc.).

El himenóptero más frecuentemente implicado en reacciones alérgicas suele ser la Apis mellifera (Fig. 4), seguido del Polistes dominula.

Figura 4. Apis Mellifera. Imagen cedida por el Dr. Francisco Pelayo.

Morfología

Conocer la morfología de los himenópteros nos ayudará a filiar el insecto. En la mayor parte de las ocasiones, los pacientes solo saben describir alguna característica del mismo, pero sin poder precisar exactamente cuál fue el insecto que les picó.

A continuación, se describe la morfología de los himenópteros que más frecuentemente producen reacciones alérgicas(7).

Las APIS o “abejas” (Fig. 3A,B y Fig. 4) tienen un tamaño entre 5 y 15 mm, el cuerpo recubierto por una vellosidad marrón, con áreas negras y doradas en el abdomen y 4 alas transparentes.

Los VÉSPIDOS o “avispas” (Fig. 3C) son himenópteros con escasa pilosidad, de color amarillo y negro. Se diferencian morfológicamente por algunos detalles (Tabla I).

Hábitat

Respecto al hábitat de los diferentes himenópteros existen algunas diferencias(7):

• Las Apis (Fig. 3A,B y Fig. 4) sitúan sus colmenas alrededor de campos, árboles frutales o flores.

• Los polistes (Fig. 5) construyen su hogar con fibras vegetales masticadas y viven en el campo y jardines.

Figura 5. Polistes. Imagen cedida por ALK-Abelló.

• Las Vespulas (Fig. 6) se sitúan en jardines y bosques con nidos generalmente a nivel del suelo, en paredes, cajas desechadas, etc.

Figura 6. Vespula.Imagen cedida por ALK-Abelló.

Epidemiología

La verdadera prevalencia de la alergia a himenópteros en la población pediátrica no es fácil de establecer, ya que las reacciones están infradiagnosticadas, teniendo en cuenta que los niños presentan un nivel de exposición mayor que los adultos (excepto en el caso de los apicultores).

La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica), a través de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia, realizó en 2006 una encuesta(8) entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de la alergia a himenópteros en los niños españoles. Estos datos fueron recogidos y evaluados en un artículo(9) que vio la luz en 2010.

Con este estudio, se llegó a la conclusión de que la picadura de insectos en la población pediátrica española ocurre mayoritariamente en el contexto de actividades de juego al aire libre.

Con respecto al tipo de insecto implicado, Apis mellifera tuvo mayor implicación seguido de Polistes dominulos. La Vespula no tuvo tanta implicación. Esto, posiblemente, pueda explicarse por el hecho de que las actividades de los niños están relacionadas con sus áreas de juego.

Y es que las reacciones de hipersensibilidad a veneno de himenopteros son infrecuentes en Pediatría pero, cuando ocurren, tienen un fuerte impacto en la calidad de vida de los niños.

Composición del veneno

El veneno de himenóptero está compuesto por alérgenos proteicos y sustancias no alergénicas (toxinas, aminas vasoactivas, acetilcolina y cininas).

El alérgeno mayor de la abeja es la fosfolipasa A2 (Api m1), y el de los véspidos es el antígeno 5 (Ves v5) (Tabla II).

El género Vespula, Dolichovespula y Vespa tienen una alta reactividad cruzada.

Con el género Polistes, la reactividad cruzada completa existe en menos de la mitad de pacientes con alergia a veneno de Vespula.

Historia natural de la alergia a veneno de himenóptero

Tras la picadura de un insecto, los pacientes suelen presentar generalmente la misma reacción. Puede variar la severidad, pero siempre con los mismos tipos de síntomas. Así pues, lo más probable es que las reacciones futuras que pueda presentar sigan el mismo patrón(10).

Se ha observado que los niños tienen una proporción de reacciones sistémicas cutáneas (sin signos respiratorios o circulatorios) mucho más alta que los adultos(10).

Clínica

Tras la picadura de himenóptero, los síntomas de la reacción alérgica varían desde una reacción local más o menos intensa hasta el grado de anafilaxia (Tabla III).

• La reacción local consiste en una inflamación limitada (no superior a 10 cm de diámetro) a la zona de inoculación.

• La reacción por inmunocomplejos o enfermedad del suero se desencadena entre dos y diez días después de la picadura. Cursa con: urticaria generalizada, fiebre, dolor articular e inflamación de ganglios linfáticos.

• La anafilaxia suele iniciarse con síntomas cutáneos, como urticaria (con o sin angioedema) para continuar con la afectación de varios órganos y sistemas: respiratorio (tos, sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica), digestivo (vómitos, dolor abdominal, diarrea), cardíaco (arritmias, shock cardiogénico), etc.

Esta reacción sistémica puede llegar a ser mortal en el caso en el que no se administre tratamiento médico alguno durante los 30 minutos posteriores a la picadura. Afortunadamente no es lo más habitual.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo para que exista una reacción alérgica graves son los siguientes(11):

• Exposición a las picaduras.

• La gravedad de la reacción previa: cuanto más grave es la reacción previa, mayor será la probabilidad de que esta se repita o sea más grave.

• La cantidad de veneno inoculado: según especie, extracción o no del aguijón.

• Comorbilidad: mastocitosis.

• Fármacos: betabloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECAs).

Diagnóstico

Identificar el insecto responsable de la picadura, facilitará llegar al diagnóstico(12).

Una historia clínica detallada será fundamental para realizar el diagnóstico de alergia a picadura de himenópteros.

Se le preguntará al niño si identificó el insecto y, en el caso de no poder hacerlo (que será lo más probable), se le pedirá que trate de describirlo para tratar de filiarlo nosotros. Ahí radica la importancia de conocer la morfología de estos insectos. No debemos olvidar indagar sobre el lugar donde ocurrió, la época del año, si le dejó el aguijón clavado y, por supuesto, el tipo de reacción que le produjo.

Tras la anamnesis, se deben realizar pruebas cutáneas con veneno de himenóptero. Esto debe realizarse por personal experimentado, por el cierto riesgo que entraña el reproducir la reacción de nuevo.

Las pruebas cutáneas se deben complementar con la determinación de IgE específica frente al veneno de himenóptero. Esto es menos sensible que realizar pruebas cutáneas, pero no entraña ningún riesgo.

Tratamiento

La adrenalina es el tratamiento de elección en caso de reacción sistémica en fase aguda(13).

El tratamiento de la picadura de himenóptero se tratará en función de la gravedad. Las reacciones locales se tratarán mediante frío local, antihistamínicos vía oral y corticoides tópicos o sistémicos, según la intensidad del cuadro(14).

Las reacciones sistémicas se tratarán como cualquier episodio de anafilaxia: antihistamínico vía oral, corticoides sistémicos y adrenalina intramuscular (0,15-0,30 ml). Si un niño ha presentado previamente una reacción sistémica por picadura de himenóptero, debe llevar siempre la pluma precargada de adrenalina, autoinyectable intramuscular (0,15-0,30 ml, en función del peso del niño)(13).

También, han de tomarse medidas generales, como extraer el aguijón sin exprimirlo (en caso de que sea una abeja) o alejarse del área donde haya ocurrido la picadura para evitar un ataque masivo(12).

Las reacciones sistémicas se derivarán al especialista, de modo preferente, para su valoración, diagnóstico y posterior tratamiento.

Inmunoterapia

Supervisión facultativa y administración en centro hospitalario, requisitos indispensables.

Con la inmunoterapia específica o vacunación con extracto de veneno de himenóptero se trata de disminuir la producción de IgE contra el veneno y aumentar los “anticuerpos bloqueantes”. El nivel de protección con la vacuna asciende hasta el 98%(15).

Para administrar este tratamiento, se precisa de personal cualificado y realizarlo en ámbito hospitalario por los adversos graves que puede tener.

La inmunoterapia específica está indicada en niños a partir de los 5 años, cuando exista una reacción sistémica moderada o grave y se demuestre un mecanismo dependiente de IgE(16,17).

La duración de este tratamiento es de 3 a 5 años(18). Tras este tratamiento, más del 90% tolera la picadura del insecto. Este efecto terapéutico es duradero, de modo que a los 10 años de haber finalizado el tratamiento, el 90% de los pacientes sigue estando protegido.

Pautas de inmunoterapia en alergia a veneno de himenópteros

La inmunoterapia con veneno de abeja es eficaz para prevenir reacciones sistémicas hasta en el 95% de los casos y con veneno de avispa en el 98%. Es, por tanto, un tratamiento muy eficaz(17,18).

Consiste en la administración subcutánea de dosis crecientes de veneno del insecto responsable de la reacción hasta 100 mcg en el caso de véspidos o abejas(18).

Existen, en la actualidad, extractos para el tratamiento con veneno de Apis, Vespula, Polistes y Bombus.

Existen dos fases(17-19):

1. Fase de iniciación: comienza administrando dosis muy pequeñas de veneno (0,01 a 0,1 mcg) y se van incrementando paulatinamente.

En la actualidad, existen varias pautas de inicio de diferente duración.

- Ultrarrápida (Ultrarush): 3 horas.

- Rápida (rush): 4 días.

- Rápida (cluster): 4 semanas.

- Clásica o también llamada convencional: 3 meses.

Las pautas más rápidas son más seguras, con menos efectos secundarios y menos reacciones sistémicas que las lentas(19).

2. Fase de mantenimiento: consiste en administrar 100 μg de veneno cada 4-6 semanas, que suele durar de 3 a 5 años, según el seguimiento clínico, con pruebas cutáneas y serológicas.

La dosis de mantenimiento es equivalente a 2 o más picaduras dependiendo del insecto responsable.

Prevenir las picaduras de himenópteros

La educación es muy importante para saber cómo actuar ante nuevas reacciones(2,12,14,16).

Los niños deben conocer unas normas para prevenir las picaduras de himenópteros.

1. No acercarse a nidos de avispas ni a panales de abejas: las avispas y abejas solo pican cuando se sienten amenazadas o para defender sus nidos.

2. No ahuyentar ni tratar de matar la avispa/abeja en caso de que se pose encima de nosotros: se debe de permanecer quieto o hacer movimientos muy lentos hasta que se vaya.

3. Alejarse del lugar del accidente: cuando la avispa pica conserva el aguijón, pudiendo picar repetidas veces; además, con su picadura se liberan feromonas que pueden atraer a otros miembros de la colonia.

4. Asegurar que no hay ningún insecto en el borde del vaso si el niño toma alguna bebida azucarada al aire libre: la mayoría de las picaduras se producen entre los meses de mayo a septiembre, especialmente en verano (julio y agosto).

5. Evitar andar descalzo y sacudir la ropa dejada en el suelo antes de ponérsela en piscinas o campos con flores.

6. Evitar ropas llamativas o utilizar perfumes cuando se sale al campo: las avispas/abejas tienen predilección por los colores y olores intensos.

7. En las excursiones, los niños deben llevar pantalones y manga larga.

8. No correr, ni ir en bicicleta en lugares donde haya muchas flores: las colisiones con estos insectos pueden producir picaduras.

9. En los merenderos o comidas en el campo, mantener los cubos de basura bien cerrados.

10. Si un niño es alérgico al veneno de himenóptero es aconsejable que lleve una placa de alerta médica.

Criterios de derivación al especialista

Todos los niños que hayan sufrido una reacción alérgica grave tras la picadura de un insecto, deben ser remitidos al especialista para realizar los estudios pertinentes.

Si se confirma el diagnóstico, la clínica es grave y la evitación difícil, está indicado pautar una desensibilización al veneno causante de la alergia.

Se estima que dos tercios de las personas alérgicas al veneno de himenópteros no llegan a ser valorados nunca por un alergólogo. Esto es debido a la falta de conocimiento sobre el tema.

Conclusión

El pediatra de Atención Primaria debe conocer la morfología y las reacciones alérgicas que producen las picaduras de los insectos (especialmente los himenópteros). Es necesario derivar al especialista a todos los niños que hayan sufrido una reacción sistémica tras la picadura de un insecto.

La educación de los niños es fundamental para prevenir las picaduras y saber cómo actuar ante nuevas reacciones.

Agradecimientos

La autora agradece al Dr. Francisco Pelayo (gran fotógrafo, pediatra y compañero de consulta) y a ALK-Abelló las imágenes cedidas para ser utilizadas en la elaboración de este artículo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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En la página web http://www.alergiaabejasy­avispas.com, encontraremos descritas la taxonomía, morfología y hábitat de los himenópteros. Esta página web tiene como objetivo mejorar el conocimiento sobre estos insectos y, por tanto, el manejo de su picadura. Fácil acceso a toda la documentación.

- Martínez-Cañavate A, Tabar AI, Eseverri JL, Martín F, Pedemonte-Marco C. An epidemiological survey of hymenoptera venom allergy in the Spanish paediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2010; 38: 259-62.

Estudio epidemiológico sobre la alergia a veneno de himenópteros en la población pediátrica española. Merece una mención especial por el gran trabajo realizado por SEICAP (Sociedad Española de Inmunología clínica, Alergia y Asma pediátrica) a través de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia, que realizó una encuesta entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de alergia a himenópteros en los niños españoles. De fácil lectura y muy interesante, dado que apenas está recogida la epidemiología en la alergia a himenópteros en niños.

- Golden DB, Demain J, Freeman T, Graft D, Tankersley M, Tracy J, et al. Stinging insect hypersensitivity: a practice parameter update 2016. Ann Allergy Asthma Immunol. 2017; 118: 28-54.

Artículo actualizado (2017) y muy completo sobre hipersensibilidad a picaduras de insectos. Imprescindible para todo aquel con interés en las últimas actualizaciones en diagnóstico y tratamiento con venenos.

- Gutiérrez Fernández D, Moreno-Ancillo A, Fernández Meléndez S, Domínguez-Noche C, Gálvez Ruiz P, Alfaya Arias T, et al. Insect Venom Immunotherapy: Analysis of the Safety and Tolerance of 3 Buildup Protocols Frequently Used in Spain. J Investig Allergol Clin Immunol. 2016; 26: 366-73.

Artículo actual en el que se comparan protocolos habitualmente utilizados en España. Llega a la conclusión que el protocolo de 9 semanas es el protocolo más seguro, ya que no produjo reacciones sistémicas.

- Carballada F. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergologia Et Immunopathologia: International Journal for Clinical and Investigate Allergology and Clinical Immunology. 2009; 37: 111-5.

Interesante artículo sobre el tratamiento con inmunoterapia en la población pediátrica española. Se aconseja su lectura por tratarse de una revisión sobre la administración de inmunoterapia con veneno de himenópteros en pacientes pediátricos.

- Fiandor A, Belver MT. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2009; 37: 109-10.

Recomendado a todos aquellos interesados en el tema sobre la tolerancia y la eficacia de la inmunoterapia en la población pediátrica. Revisa cómo seleccionar a los pacientes para iniciar el tratamiento con inmunoterapia, qué veneno utilizar, los protocolos de tratamiento realizados, mecanismos de acción de la inmunoterapia, posterior seguimiento, etc. Muy interesante y fácil de leer.

Caso clínico

 

Niña de 7 años de edad.

Antecedentes

• Familiares: sin interés.

• Personales:

- No reacciones alérgicas medicamentosas.

- Inmunización según calendario.

- No enfermedades de interés.

• Hábitat:

- Urbano.

• Animales domésticos: no.

Enfermedad actual

En el mes de agosto, en el recinto de una piscina, cuando iba caminando descalza por el césped a tirar un envoltorio de helado a la papelera, sintió en el pie un picotazo y a los 3 minutos presentó en esa zona una erupción cutánea muy dolorosa, así como inflamación del pie.

En el puesto de Socorro de la piscina le administraron antihistamínico vía oral y le pusieron hielo en el pie, pero dado que no cedía el cuadro y, además, la niña empezó a presentar disfonía y decaimiento, es trasladada al Servicio de Urgencias más cercano. Allí se le administra adrenalina intramuscular. El cuadro fue remitiendo de forma progresiva.

En el Servicio de Alergia Infantil, se le realiza estudio alergológico:

• Pruebas cutáneas:

- Prick test para Apis mellifera, Vespula spp y Polistes dominulus con resultados negativos.

- Intradermorreacción:

0 Positivo a la concentración de 0,001 μg/ml para Polistes dominulus.

0 Negativo para vespula spp y Apis mellifera.

• IgE total: 143 kU/ml.

• IgE específica a veneno de himenóptero.

- Avispa (rPol d5): 6,31 kU/l.

- Veneno avispa (Polistes): 13,7 kU/L.

- Vespula: 0,55 kU/L.

- rVES v5: 0,35 kU/L.

- Vespula (fosfolipasa A1), fosfolipasa A1 de abeja y veneno abeja: negativos. 

Se rehistoria a los padres sobre el insecto: suponen que lo que le picó fue una avispa, pero no están seguros porque no lo vieron. Creen recordar que hace un par de años le picó una avispa también y tuvo reacción importante, pero no consultaron por ello.

 

 

Urticaria y angioedema

P. Méndez Brea*, P. Rodríguez del Río*, M.D. Ibáñez Sandín**
Temas de FC


P. Méndez Brea*, P. Rodríguez del Río*, M.D. Ibáñez Sandín**

*Médico Adjunto Especialista en Alergología, Sección de Alergología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. Servicio de Alergología, hospital Povisa de Vigo. **Jefe de Sección Especialista en Alergología. Sección de Alergología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

La urticaria es una patología que puede afectar hasta al 20-25% de la población general en algún momento de su vida, y consiste en la aparición, a nivel cutáneo, de habones, una lesión papulosa, edematosa, evanescente y pruriginosa. Aproximadamente, en la mitad de las ocasiones, se acompaña de angioedema, cursando con una afectación más profunda de la dermis. Se clasifica como urticaria aguda espontánea, si dura menos de seis semanas y crónica espontánea, si perdura tras ese periodo.
El mecanismo inmunológico subyacente es la degranulación del mastocito cutáneo, aunque en el caso de las urticarias agudas de origen alérgico, este mecanismo también se desencadena en otros órganos, pudiendo producir síntomas respiratorios o, incluso, cuadros más graves de anafilaxia con riesgo vital, por lo que debe ser siempre valorada por el especialista en alergología. En niños, la urticaria aguda infecciosa es la más frecuente.
La urticaria crónica es habitualmente de origen idiopático; entre aquellas con origen conocido, las urticarias físicas son las más frecuentes en población infantil. Los antihistamínicos no sedantes de segunda generación constituyen la primera línea terapéutica. En los episodios de urticaria con afectación de otros órganos, además de la piel, especialmente en aquellos de instauración rápida, la adrenalina intramuscular debe emplearse precozmente. Los corticoides son el tratamiento de segunda elección, siempre en ciclos cortos, que se pueden emplear en las exacerbaciones de urticarias crónicas que no respondan a antihistamínicos a altas dosis. En los últimos años, el anticuerpo monoclonal con capacidad de bloqueo de la IgE, el Omalizumab, se está empleando con éxito en los casos más resistentes al tratamiento convencional.

 

Abstract

Urticaria is a disease that can affect up to 20–25% of the general population at some stage in their lives, and consists of the appearance of hives, a papular, edematous, evanescent, and itchy lesion of the skin. Roughly half of the time it is accompanied by angioedema, indicating involvement of the deeper dermis. It is classified as acute if it lasts for less than 6 weeks, or chronic spontaneous urticaria when it persists longer.
The underlying immunological mechanism is cutaneous mast-cell degranulation. However, if the urticaria is caused by an allergic reaction, degranulation can be triggered in other organs, producing respiratory or even more severe cases of life-threatening anaphylaxis, and thus should always be referred to an allergist. In children, infectious etiology is the most commonly suspected cause in acute cases. Chronic urticaria is usually of unknown origin; among children with a known cause, physical urticaria is the most common.
Second-generation non-sedative antihistamines are the first-line therapy option. Intramuscular adrenaline should be employed in episodes of acute urticaria with involvement of other organs beyond the skin, especially those with rapid onset. Corticosteroids are the second-line treatment, though must be administered in short courses, and can be used in chronic urticaria exacerbations not responding to high doses of antihistamines. In recent years, the monoclonal IgE-blocking antibody omalizumab has been used successfully in patients not responding to conventional therapy.

 

Palabras clave: Urticaria; Angioedema; Antihistamínicos; Habón; Prurito

Key words: Urticaria; Angioedema; Antihistamines; Hive; Pruritus

 

Pediatr Integral 2018; XXII (3): 125 – 137


Urticaria y angioedema

Introducción

La urticaria engloba un conjunto heterogéneo de enfermedades, cuya lesión característica es el habón, generalmente son lesiones eritematosas, edematosas y pruriginosas que se blanquean a la vitropresión.

La urticaria engloba un conjunto heterogéneo de enfermedades, cuya manifestación característica es el habón, generalmente es una lesión eritematosa, edematosa y pruriginosa que blanquea a la vitropresión y de menos de 24 horas de duración. Son de localización, forma, número y tamaño variables, y pueden aparecer desde minutos a varias semanas, acompañándose, en la mitad de los casos, por angioedema.

En nuestro medio, el Comité de Alergia Cutánea de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica(1) llevó a cabo un estudio poblacional, transversal, en el que se obtuvo una prevalencia de urticaria crónica del 0,6% y una incidencia de urticaria aguda del 18,7%. En población pediátrica, hasta el 43,9% de los pacientes con urticaria tienen edades comprendidas entre los 3 y los 6 años. Aunque se trata de una enfermedad generalmente benigna, supone una gran preocupación para los padres y pacientes, originando numerosas consultas a los Servicios de Urgencias. Los nuevos enfoques de esta patología sugieren que se evalúen otras esferas del paciente, como la calidad de vida o el rendimiento, ya que se han descrito mayores tasas de depresión y disminución de la actividad física y mental, especialmente en los pacientes adolescentes. Sin embargo, aunque en población adulta el estudio de esta patología avanza significativamente, en población pediátrica existe una gran escasez de estudios específicos, y muchas de las recomendaciones para su tratamiento están extrapoladas de las guías para adultos(2,3).

Fisiopatología e histología de la lesión

La lesión elemental de la urticaria es el habón, generalmente rodeado de un halo eritematoso. Estos habones son evanescentes, casi siempre pruriginosos y afectan a las capas superficiales de la dermis. Esta lesión desaparece desde unos minutos después de su formación a 24 horas (Fig. 1).

Figura 1. Lesiones habonosas características.

En el 50% de los casos de urticaria, además de habones, podemos observar angioedema. En el angioedema, la zona afectada por la inflamación es más profunda (dermis y tejido subcutáneo), cursa con sensación de dolor o tirantez, tiene tendencia a afectar a mucosas y su resolución es más lenta, pudiendo necesitar hasta 72 horas para la desaparición total.

Patogenia

La urticaria y el angioedema se producen por la estimulación y degranulación de los mastocitos, que liberan diferentes mediadores, siendo la histamina el principal mediador preformado.

La urticaria y el angioedema se producen por la estimulación y degranulación de los mastocitos y basófilos, que liberan diferentes mediadores, siendo la histamina el principal mediador preformado que inicia la respuesta inflamatoria. Minutos después de iniciarse esta respuesta, otros mediadores de nueva formación, como: la prostaglandina D2, los leucotrienos C y D y el factor activador de plaquetas (PAF), actúan sobre la zona para amplificar la respuesta. La liberación de estos mediadores conduce, por una parte, a un incremento de la permeabilidad vascular, produciendo el habón y, por otra, a una estimulación del tejido neuronal, que origina tanto el prurito como una dilatación vascular y el consiguiente eritema local. El aumento de la permeabilidad vascular y otros mediadores de mastocitos y basófilos, como la heparina o el condroitinsulfato, inician la activación del sistema de cininas del plasma, retroalimentando así el proceso inflamatorio. Por lo tanto, los mastocitos son los responsables, en una fase inicial, de la liberación de histamina, PAF, leucotrienos y otros mediadores. Estas células producen, además, citoquinas y quimoquinas, que son responsables, a su vez, del reclutamiento de las células que podemos encontrar en el infiltrado y que condicionan la cronicidad del proceso.

Los mecanismos activadores de los mastocitos pueden ser: la hipersensibilidad inmediata mediada por IgE, la activación del complemento, la liberación directa de histamina o la activación del sistema plasmático formador de cininas. Las reacciones de urticaria y/o angioedema mediadas por IgE (Fig. 2) se producen en pacientes previamente sensibilizados al alérgeno mediante su unión a la IgE específica de la superficie de basófilos y mastocitos, induciendo la liberación de sus mediadores.

Figura 2. Mecanismo de la urticaria media por hipersensibilidad tipo I o inmediata.

Tipos de urticaria

La urticaria se clasifica en aguda, si tiene una duración inferior a 6 semanas, y crónica, si persiste durante más de 6 semanas. Aunque la mayoría son de origen idiopático, la alergia a alimentos, además de las infecciones y los estímulos físicos, son las causas más frecuentes de la urticaria y/o angioedema en niños.

Es imprescindible conocer las causas identificables más frecuentemente responsables de los cuadros de urticaria para realizar un diagnóstico etiológico y tratamiento preventivo.

Urticaria aguda

La urticaria aguda es un proceso de inicio brusco, que puede persistir desde unas horas hasta varios días, pero no más de 6 semanas, en el que los habones no dejan lesión residual tras su desaparición. Este tipo de presentación es el más frecuente en población infantil(4). Se denomina urticaria aguda espontánea cuando los habones surgen sin un estímulo externo. En la mayoría de los casos, las lesiones desaparecen espontáneamente en pocas horas, aunque pueden persistir días e incluso sobrepasar las 6 semanas, clasificándolas entonces como urticaria crónica.

Infecciones

Las infecciones víricas son la causa más frecuente de urticaria aguda en Pediatría(4), encontrándose hasta en un 47% de los casos(5) (Fig. 3).

Figura 3. Urticaria-exantema característico de origen infeccioso.

Aunque el mecanismo de estas urticarias no está mediado por IgE y no es necesario ningún estudio, suelen ser motivo de consulta con el especialista debido al uso concomitante de fármacos que pueden plantear la duda del origen infeccioso o alérgico al fármaco del propio episodio. Los virus de la hepatitis A, B y C, Citomegalovirus, Influenza y Parainfluenza se han descrito como causantes de urticaria. La infección por virus de Epstein Barr puede ser causa de rash cutáneo en el 3 al 15% de los pacientes e, incluso, aumentar hasta el 80% en aquellos que recibieron tratamiento con amoxicilina por haber sido diagnosticados erróneamente de amigdalitis bacterianas. Los Staphylococos y Streptococos se han señalado como posibles desencadenantes de urticaria debido a la producción de toxinas y la liberación de enzimas. Las infecciones también pueden producir y/o exacerbar una urticaria crónica.

Alimentos

La detección de la urticaria desencadenada por alimentos, mediante mecanismo de hipersensibilidad tipo I o mediada por IgE, conlleva implicaciones terapéuticas y preventivas muy relevantes. Aparece por ingestión, contacto o inhalación del alimento, y puede ser localizada o generalizada y, en ocasiones, puede formar parte o ser la primera manifestación de un cuadro anafiláctico. Generalmente, se trata de episodios agudos con relación clara entre la clínica y la exposición al alimento, dado que los síntomas suelen aparecer a los pocos minutos de la toma o contacto. Los alimentos y aditivos no suelen ser los responsables de la urticaria crónica. Las características clínicas, diagnóstico y tratamiento de la alergia a alimentos no constituyen el eje de este capítulo y no se entrará en mayor detalle. Aunque controvertido todavía, ya en el último consenso(6) se menciona el papel que determinados alimentos denominados pseudoalérgenos, principalmente conservantes y alimentos que contienen sustancias vasoactivas, podrían tener como exacerbadores de la urticaria crónica sin que esté implicado un mecanismo mediado por IgE(7), aunque de momento se desaconseja instaurar dietas restrictivas de alimentos de manera empírica.

Medicamentos

En muchas ocasiones, la urticaria/angioedema aparece en el contexto de un proceso febril infeccioso y debido al empleo de fármacos concomitantes, se ha sobreestimado el efecto de estos como origen de la urticaria. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) junto con los betalactámicos son los más frecuentemente asociados a estos episodios, por lo que suele ser necesario el estudio alergológico para demostrar su implicación en la reacción, siendo preciso, en la mayoría de los casos, hacer las denominadas pruebas de exposición controlada. La administración de AINEs, preferentemente el ibuprofeno, puede producir de manera aguda un angioedema palpebral característico de mecanismo alérgico o agravar de manera no específica los episodios de urticaria crónica hasta en 1/3 de los pacientes que padecen esta enfermedad, por lo que se recomienda retirarlos y evaluar respuesta(8).

Látex

El mecanismo por el que induce urticaria aguda es alérgico, tratándose de una reacción mediada por IgE. Los pacientes se suelen sensibilizar por contacto cutáneo o mucoso repetido con látex (globos, guantes, etc.), aunque también se pueden sensibilizar por vía inhalatoria. Es frecuente en los niños que han sufrido múltiples intervenciones quirúrgicas (espina bífida, malformaciones urológicas, etc.); por lo que, actualmente, estos pacientes suelen ser tratados en entorno sin látex para minimizar las posibilidades del desarrollo de la alergia. Los síntomas que produce la alergia al látex dependen de la vía de exposición: urticaria o dermatitis de contacto si es a través de la piel; síntomas de rinoconjuntivitis y/o asma si es mediante inhalación; y si el contacto es más intenso, por ejemplo a través de las mucosas en una intervención quirúrgica, puede inducir síntomas sistémicos y/o anafilaxia. En muchas ocasiones, la alergia al látex se asocia a alergia a frutas (plátano, kiwi, aguacate) y/o a frutos secos (castaña), mediante un fenómeno de reactividad cruzada.

Picaduras de insectos

Los himenópteros (abejas y avispas) y otros tipos de insectos producen frecuentemente reacciones locales no mediadas por IgE que son causa frecuente de consulta. La picadura de mosquito produce una lesión papular pruriginosa no habonosa en el lugar de la picadura que no se debe a un mecanismo alérgico, pero que puede ser muy llamativa en sujetos con predisposición individual. Sin embargo, a través de un mecanismo mediado por IgE, pueden generar reacciones sistémicas de distinta gravedad, incluyendo la anafilaxia.

Aeroalérgenos

La exposición a alérgenos, como: pólenes o epitelios (perro, gato, caballo etc.), puede producir urticaria de contacto, generalizada o angioedema palpebral en pacientes sensibilizados.

Parasitosis

La rotura de un quiste de Equinococo puede producir reacciones de urticaria y anafilaxia mediada por IgE. El resto de parasitosis deben tenerse en cuenta únicamente en las urticarias crónicas, aunque tampoco suelen ser frecuentemente las responsables.

Urticarias físicas

Son aquellas urticarias que se producen tras la aplicación de distintos estímulos físicos (habitualmente la reacción se limita a la zona expuesta al estímulo) y suelen desaparecer espontáneamente en menos de 2 horas tras cesar el estímulo. Pueden representar desde el 15% al 30% de las urticarias crónicas(9).

Dermografismo

Significa escritura en la piel. Es una reacción habonosa transitoria que aparece tras 5-12 minutos de la aplicación de una leve presión o fuerza sobre la piel. Puede afectar, sobre todo en sus formas leves, al 2-5% de la población. Es la causa más frecuente de urticaria crónica en niños y suele durar de 2 a 5 años. En un 10% de los pacientes, puede durar más de 10 años, pero la intensidad del cuadro disminuye con el paso del tiempo. Se caracteriza por prurito cutáneo precediendo a la lesión, que aumenta tras el rascado, por baño con agua caliente, emociones, zonas de roce y presión (toallas, etiquetas de ropa, etc.) y no se asocia a síntomas sistémicos. En la mastocitosis sistémica y la urticaria pigmentosa, este dermografismo puede ser muy intenso. Podemos realizar el diagnóstico fácilmente mediante la presión y roce de la piel de la espalda con un objeto romo como es el Frictest, que inducirá la formación de un habón (Fig. 4).

Figura 4. Dermografismo. Lesión inducida en la exploración de urticaria física con un objeto romo y aparición en pocos minutos.

Urticaria por presión

Se desencadena por la aplicación de presión sobre cualquier zona del cuerpo. Si aparece antes de 30 minutos se denomina inmediata, si aparece después de 30 minutos y antes de 6 horas después del estímulo se denomina forma retardada. La forma inmediata a diferencia de la retardada responde a antihistamínicos a dosis altas. Es una forma de urticaria poco frecuente, aunque en las formas crónicas puede suponer hasta el 27% de las mismas en población adulta, menos frecuente en niños. En ocasiones, la intensidad del cuadro y el hecho de que las lesiones aparezcan horas después y se mantengan durante días, dificulta que el paciente realice la asociación entre la presión y la aparición de la urticaria, obstaculizando su diagnóstico.

Urticaria por frío

Se desencadena por contacto con frío: agua, aire, bebidas, alimentos y objetos fríos. Aparecen habones en las zonas expuestas 2-5 minutos después del inicio del estímulo, sabiendo que cuanto más pequeño es el periodo entre este y la aparición de la lesión, mayor es el riesgo de síntomas sistémicos graves(10). Más de la mitad de los pacientes tienen manifestaciones sistémicas, en niños el 30% y en adolescentes hasta el 50% padecerán anafilaxia(11), principalmente cuando se producen exposiciones de todo el organismo (baños en piscinas o mar). Se diagnostica por el test del cubito de hielo, aunque su negatividad no lo excluye. Dicho test aporta información adicional sobre el pronóstico y comportamiento ante el tratamiento, ya que respuestas más exageradas estás asociadas a una evolución más tórpida.

Otro método diagnóstico novedoso es el TempTest®, un dispositivo que produce temperaturas de 4° a 44°C que se aplican a la piel. El paciente coloca el antebrazo interno en una plantilla de aluminio en el dispositivo durante 5 minutos. La plantilla muestra el rango de temperatura continuamente. Con este procedimiento, se pueden determinar las temperaturas umbrales a partir de las cuales aparecen las manifestaciones.

En ocasiones, este cuadro es secundario a ciertas anomalías, como el fenómeno de Raynaud, púrpura, vasculitis o enfermedades que cursan con crioglobulinemia, por lo que el estudio complementario de despistaje de estas patologías debe ser exhaustivo.

Urticaria solar

Muy poco frecuente en edad pediátrica y adolescentes, consiste en la aparición de urticaria a los pocos minutos de la exposición a luz solar. Suele respetar las zonas habitualmente expuestas al sol, ya que la exposición repetida induce tolerancia. Si se exponen grandes áreas corporales, se pueden desencadenar síntomas sistémicos. Las lesiones desaparecen a los pocos minutos y nunca sobrepasan las 24 horas. Debe realizarse el diagnóstico diferencial con otras fotodermatosis, especialmente la erupción polimorfa solar, en la que las lesiones aparecen con un mayor tiempo de latencia (hasta 6 horas tras la exposición), persisten hasta 6 días y sí son más frecuentes en niños.

Urticaria por vibración y por calor

Desencadenadas por estímulo vibratorio o por calor, son las urticarias físicas más infrecuentes y es excepcional que no estén asociadas a otros tipos de urticaria.

Urticaria colinérgica

Es una de las urticarias más frecuentes afectando, predominantemente, a población masculina. Existe controversia sobre si es una urticaria física propiamente dicha o no; aunque, clásicamente, se la ha considerado una urticaria física, el último documento de consenso de la EAACI(6) la clasifica fuera de este grupo. El estímulo que la desencadena es el aumento de la temperatura corporal, bien por ejercicio físico, exposición a un ambiente caluroso o, incluso, el estrés con sudoración. Las lesiones características son pequeñas, de 1 a 3 mm de diámetro, rodeadas de un halo eritematoso, aparecen a los pocos minutos y desaparecen entre 4 y 30 horas después del cese del estímulo. De manera característica, el enfriamiento del paciente hace que las lesiones remitan rápidamente. Se postula que es debido a una reacción controlada a través de las fibras colinérgicas y puede acompañarse de lagrimeo, salivación, diarrea e, incluso, hipotensión.

Mediadas por complemento

Angioedema hereditario (AEH)(12)

Afecta al 1/10.000-1/50.000 de la población, habitualmente hereditario mediante transmisión autosómica dominante, pero detectándose mutaciones de novo entre el 15 y el 25% de los casos. Existen dos tipos, el AEH tipo I y el tipo II, ambos comparten niveles disminuidos de C4 , pero se diferencian en que, en el tipo I, el C1 inhibidor está también disminuido, mientras que, en el tipo II, los niveles de C1 inhibidor son normales o elevados, pero presentan una funcionalidad alterada.

La mitad de los pacientes debutan en la primera década de vida(13). Los episodios de angioedema no suelen asociarse a urticaria, pero pueden ir precedidos de un rash cutáneo, denominado eritema marginado, en el lugar donde se va a desencadenar. El angioedema puede afectar a cualquier parte del cuerpo, aunque las zonas afectadas con mayor frecuencia son: cara, labios, lengua, laringe, extremidades y tracto digestivo, produciendo, en este último caso, episodios recidivantes de dolor abdominal de tipo cólico. Hasta un 50% de los pacientes con angioedema hereditario padecerán un episodio de angioedema laríngeo que puede comprometer la vida. La duración de los episodios es de 12 horas a un máximo de 5 días. Los desencadenantes habituales de las crisis son: traumas (intervenciones de todo tipo, especialmente dentales), infecciones, la menstruación, el tratamiento con anticonceptivos orales y los IECAs.

Angioedema adquirido (AEA)

Se trata de una entidad muy poco frecuente de la que hay descritos aproximadamente 140 casos y suele iniciarse a partir de la cuarta década de la vida.

Angioedema espontáneo

Se trata de la causa más frecuente de angioedema, definido por la aparición de 3 o más episodios en un periodo de 6 meses, sin haberse detectado una causa aparente. Esta entidad se trata conjuntamente con la urticaria espontánea en este capítulo.

Angioedema inducido por drogas

Los inhibidores de la ECA son los que la inducen con más frecuencia, pero esta medicación apenas se emplea en población pediátrica.

Urticaria vasculitis

Las lesiones se producen por alteración en la permeabilidad y daño de los capilares y vénulas de la dermis, induciendo lesiones que persisten durante más de 24 horas y, al curar, dejan una lesión pigmentada residual. Puede acompañarse de angioedema, pero nunca presenta prurito, lo que nos ayudará a diferenciarlo de la auténtica urticaria. Se puede asociar a fiebre, artralgias y síntomas renales, gastrointestinales, pulmonares, neurológicos y oculares. Existen dos tipos: la hipocomplementémica y la normocomplementémica. La biopsia cutánea de las lesiones es diagnóstica.

Urticaria crónica espontánea

En la urticaria crónica, la presencia de las lesiones habonosas es prácticamente diaria por un periodo mínimo de 6 semanas. Se estima que, aproximadamente, la mitad de las urticarias crónicas duran menos de un año, aunque en el 11-15% persisten más de 5 años(13). En algunas ocasiones, son la manifestación de otra enfermedad, sistémica, hepática, autoinmune o parasitosis. En apartados anteriores, se han comentado las causas identificables de urticaria crónica, pero hasta en un 90%(14) de los pacientes no se puede obtener un diagnóstico etiológico.

Se estima que, aproximadamente, el 30-50% de las urticarias crónicas pueden ser de origen autoinmune. La urticaria autoinmune se define por la presencia de anticuerpos del tipo IgG funcionantes, con capacidad de liberación de histamina, contra el fragmento Fc del receptor de membrana para la IgE (FcεRI) de mastocitos (Fig. 5) y basófilos y, con menor frecuencia, también contra la IgE. Clínicamente, no se diferencia del resto de los tipos de urticaria crónica, aunque parece que, en estos pacientes, la intensidad del cuadro clínico es mayor(15) y suele asociarse a tiroiditis autoinmune.

Figura 5. Distintos mecanismos involucrados en la urticaria crónica autoinmune.

El profundo impacto sobre la calidad de vida, tanto por la preocupación que supone este proceso como por la franca disminución del rendimiento(16), debe ser tenido en cuenta. Aunque existen cuestionarios de calidad de vida validados para adultos, en niños aún no están disponibles.

Diagnóstico

La anamnesis es la herramienta más útil para diagnosticar la causa de una urticaria y es la guía para la indicación de las pruebas complementarias.

El diagnóstico clínico es sencillo, pues su lesión, el habón, es característica y fácil de reconocer. La determinación del tipo de urticaria se basa en la duración, distribución y morfología de las lesiones, aunque algunas de ellas precisan de más exploraciones complementarias. En el algoritmo 1(6), se muestra la aproximación para el diagnóstico del tipo de urticaria que puede padecer el paciente.

La piedra angular del diagnóstico es una historia clínica detallada y orientará para solicitar las pruebas complementarias más indicadas. En la tabla I, se propone una batería de preguntas para realizarse de manera sistemática(6), aunque existen otras más extensas(17), para orientar la causa de la urticaria. Es especialmente importante determinar la intensidad de la misma.

La exploración física es necesaria para ver las características generales de la piel, buscar lesiones de mastocitosis cutánea y otros indicios de patologías sistémicas. Se buscarán posibles focos de infección activa, auscultación cardiopulmonar, exploración ORL y dental. El habón se blanquea con la vitropresión, diferenciándolo así de la púrpura. Cuando no se pueda presenciar las lesiones, las fotografías de las mismas pueden ser de utilidad.

Una vez realizada la exploración y la anamnesis, se seleccionarán las pruebas complementarias según el tipo de urticaria. En la urticaria aguda y si se sospecha alergia, debe hacerse el estudio específico correspondiente (véanse capítulos específicos). Si existe sospecha de que se trate de una reacción alérgica mediada por IgE, habrá que realizar la detección de la IgE específica al alérgeno mediante prueba cutánea y/o su cuantificación en suero y, en algunos casos, prueba de exposición controlada para confirmar o descartar el diagnóstico etiológico. Si no se sospecha ninguna etiología, no es necesario realizar ningún tipo de estudio complementario, ya que el carácter de estos cuadros suele ser autolimitado y benigno.

En aquellos casos en los que la duración del episodio sea mayor de 6 semanas, habrá que realizar un estudio más detallado. Es importante determinar la intensidad de los síntomas de la urticaria para realizar una aproximación terapéutica más acertada (Tabla II). En la tabla III describimos las pruebas diagnósticas indicadas según la sospecha clínica. En las urticarias físicas, el diagnóstico se basa en intentar reproducir la urticaria en condiciones controladas con el estímulo desencadenante, sin ser necesarios otros estudios complementarios, salvo en el caso de la urticaria por frío y la solar, que precisan de determinaciones analíticas específicas.

En los episodios que presentan angioedema aislado crónico, se realizarán determinaciones de C4, C1, actividad de C1 inhibidor (o C1 inhibidor funcionante) y C1q. Los valores bajos de C4 y C1 inhibidor funcionante se observan en el AEH (el tipo I tendrá además C1 bajo y C1q normal, mientras que el tipo II tendrá C1 y C1q normales) y en el AEA (que presenta como rasgo diferenciador C1 normal con C1 q bajo). En caso de presentar niveles de C4 y C1 inhibidor funcionante normales, puede tratarse de un angioedema por drogas, IECAs principalmente, o bien de un angioedema idiopático, que es la causa más frecuente(12).

En el caso de que las lesiones persistan durante más de 24 horas, sean dolorosas e induradas y se acompañen de malestar generalizado, fiebre o artralgias, está indicado realizar SS, BQ, serología reumática, ANA, ANCA y biopsia de las lesiones para descartar una vasculitis u otros síndromes autoinmunes.

Si no se tiene ninguna sospecha clínica tras la valoración inicial, ante una urticaria de más de 6 semanas, se solicitará un SS, BQ con enzimas hepáticas, VSG y proteína C reactiva. Si existiese eosinofilia, el paciente hubiese realizado viajes al extranjero, presentase baja higiene, fuese un niño de poca edad o tuviese contacto con animales, se realizará serología para los virus de la hepatitis A, B y C, determinación de IgE específica frente a Anisakis simplex, Ascaris, Oxiuros y Equinococos, serología de virus de Epstein Barr, Toxocara y parásitos en heces por triplicado para descartar enfermedades infecciosas o parasitaciones. Aunque no siempre el tratamiento erradicador resuelve el cuadro, este debe indicarse en caso de detectarse una parasitación. Valores de VSG elevados orientarán hacia una enfermedad sistémica asociada, aunque su valor es poco específico.

Para identificar una posible urticaria crónica autoimnune, se realizará un test de suero autólogo: prueba cutánea intradérmica con suero obtenido durante uno de los brotes. Esta prueba sirve como rastreo, debido a su alto valor predictivo negativo, pudiendo descartar urticaria autoinmune. En caso de ser positivo, se podría realizar una prueba de activación de basófilos, al ser una técnica más sensible para confirmar el diagnóstico y un perfil tiroideo por su asociación a patología de este órgano. Los anticuerpos tiroideos (tanto antitiroglobulina como antiperoxidasa) son marcadores de posible urticaria crónica autoinmune, encontrándose aproximadamente en el 25% de los adultos, pero tan solo en el 4% de los niños(9). También, se ha asociado con enfermedad celíaca, detectándose que estos niños mejoraron al instaurar una dieta libre de gluten(12).

Si, tras el estudio propuesto no ha podido ser clasificado satisfactoriamente el cuadro clínico, se podrían realizar pruebas de segunda línea, recordando que están escasamente contrastadas: sistemático y bioquímica de orina, proteinograma, determinación de triptasa sérica basal (útil solo en el caso de sospecha de mastocitosis), estudio radiológico dental, de tórax y senos paranasales, perfil tiroideo con autoanticuerpos y detección de H. pylori. A pesar del estudio propuesto, es probable que el resultado de las pruebas realizadas sea normal, en cuyo caso el paciente presentará un cuadro de urticaria crónica espontánea, entidad más frecuente de todas las descritas.

Diagnóstico diferencial

Debe realizarse con otras lesiones cutáneas que, morfológicamente, pueden ser similares a la urticaria.

La vasculitis urticarial es una alteración autoinmune en la que las lesiones habonosas duran más de 24 horas, son purpúricas, dolorosas y cuando se resuelve, deja lesiones hiperpigmentadas. La distribución es generalizada y puede afectar también a palmas y plantas. Pueden cursar con fiebre, artralgias y síntomas renales, gastrointestinales, pulmonares, neurológicos y oculares. Se pueden encontrar títulos bajos de factor reumatoide, crioglogulinas, inmunocomplejos circulantes, ANA y anti-DNA nativo e hipergamma-globulinemia. La biopsia cutánea con inmunofluorescencia confirma el diagnóstico.

La urticaria papular que puede producirse por hipersensibilidad a picadura de insectos, suele localizarse en la parte baja de las extremidades inferiores, con tendencia a la afectación simétrica y suele durar más que la urticaria.

El eritema multiforme muestra típicas lesiones en diana, más duraderas que la urticaria.

La urticaria pigmentosa o mastocitosis cutánea, cuando no está urticariada, se muestra como pápula hiperpigmentada, el signo de Darier es positivo y la biopsia muestra aumento de mastocitos.

En la dermatitis herpetiforme, las lesiones son simétricas y la biopsia con inmunofluorescencia directa muestra depósitos de IgA.

Tratamiento

En caso de identificar la causa de la urticaria, es prioritario evitar el agente desencadenante. Si la urticaria es aguda y presenta afectación de otros órganos que indiquen gravedad, el empleo de adrenalina intramuscular es imprescindible. En las urticarias crónicas, los antihistamínicos de segunda generación serán siempre la primera línea terapéutica.

El objetivo principal en el tratamiento es evitar el agente etiológico. En aquellas urticarias agudas en las que se haya detectado un mecanismo de hipersensibilidad tipo I (mediado por IgE) frente a cualquier agente (alimentos, fármacos, látex…), habrá que evitarlo para prevenir futuras reagudizaciones. Para los pacientes alérgicos a látex, se debe disponer de un entorno o quirófano libre de látex, si requieren una intervención quirúrgica o un procedimiento exploratorio. En el caso de urticaria por frío, el paciente debe evitar exposición al mismo y no practicar deportes de invierno, realizar actividades acuáticas o ingerir alimentos o bebidas frías. En la urticaria por presión, se debe utilizar ropa, cinturones y calzado amplio. En la urticaria colinérgica, debe evitarse el ejercicio físico intenso y exposición a baños o ambientes demasiado calientes. En las urticarias solares, la identificación de la longitud de onda causante del cuadro facilitará la aplicación de medidas preventivas, como el uso de filtros solares. En caso de detectar algún tipo de infección, el tratamiento de la misma puede resolver el proceso. En los casos de urticaria crónica espontánea, se plantea la posibilidad de instaurar dietas libres de pseudoalérgenos durante un mínimo de 6 semanas para valorar su eficacia; pero, actualmente, esta medida aún no tiene el suficiente soporte científico como para ser recomendada fuera de estudios clínicos(18).

Cuando el tratamiento de evitación del posible desencadenante no sea suficiente, deberemos recurrir a terapia farmacológica, difiriendo el enfoque del tratamiento de un episodio agudo al de uno crónico. En los algoritmos 2a y 2b se muestran los pasos de tratamiento según las características principales del episodio.

El tratamiento de la urticaria aguda está dictado por la velocidad de instauración, la extensión y número de órganos afectados. Para el tratamiento de una urticaria aguda de varias horas de instauración y con afectación de pequeñas regiones de la piel, será suficiente con la administración por vía oral de un antihistamínico de segunda generación. En los episodios en los que la extensión cutánea es mayor con compromiso de otros órganos, se valorará el empleo puntual de medicación parenteral, administrando antihistamínicos y corticoides (0,5-1 mg/kg de metil-prednisolona o equivalente en dosis única). En caso de anafilaxia (afectación de 2 o más órganos y/o disminución de tensión arterial), el empleo precoz de la adrenalina intramuscular es el tratamiento de elección. La dosis indicada en niños es de 0,01 mg por kilogramo de peso, no sobrepasando los 0,5 mg por dosis, pudiendo repetir esta dosis cada 5-15 minutos si fuese necesario(19,20). Tras el tratamiento inmediato, el paciente deberá realizar un ciclo corto de antihistamínicos en domicilio durante 3 días para prevenir las reagudizaciones tardías. Si el paciente ha sufrido cuadros intensos de urticaria y/o angioedema con afectación de otros órganos y compromiso respiratorio en el pasado, se recomienda que lleve consigo adrenalina autoinyectable (Altellus® 0,15 o 0,3 mg y Jext® 150 o 300 µg), corticoides y antihistamínicos.

En el tratamiento de los episodios de urticaria crónica, los antihistamínicos (Tabla IV) son el fármaco que mayor evidencia científica tienen para justificar su empleo.

A pesar del uso extendido de antihistamínicos de primera generación para el receptor H1 de histamina, las actuales guías de tratamiento de urticaria crónica desaconsejan su uso(2,6) por su alta tasa de efectos anticolinérgicos, interacción con otros fármacos y alteración de la estructura del sueño (fase REM). Desafortunadamente, los ensayos de antihistamínicos en urticaria en población pediátrica son muy escasos. Existen estudios con cetirizina, levocetirizina y fexofenadina a partir de los 6 meses de vida. Cuando los antihistamínicos a dosis habituales no funcionan, y extrapolando las recomendaciones en las guías de urticaria de adultos, deberemos administrar dosis cuádruples por un mínimo de 3 semanas para valorar la disminución de los síntomas.

En caso de escasa respuesta, podemos valorar cambiar el tipo de antihistamínico. En cualquier momento y si se produjese una reagudización de la urticaria, debemos valorar un ciclo corto de 3-5 días de corticoide oral. El omalizumab es un anticuerpo monoclonal contra la IgE que está aprobado para su uso en asma alérgico grave desde 2006. En los últimos años, se han llevado a cabo una serie de ensayos clínicos aleatorizados controlados con placebo en sujetos con urticaria crónica refractaria, en los que se demuestra que se consigue la remisión completa o casi completa en 2/3 de los pacientes(21,22).

Con la aprobación de la EMA y la FDA, y según su propia ficha técnica, la dosis recomendada es de 300 mg/mes administrados a nivel subcutáneo. Estos estudios han demostrado también, que no parece influir sobre el curso de la enfermedad, dado que la suspensión del tratamiento suele conllevar la reaparición de las lesiones.

Aunque no se conoce con exactitud el mecanismo de acción, se cree que la capacidad de este anticuerpo para depleccionar la IgE circulante podría atenuar o incluso anular los múltiples efectos estimuladores de la IgE sobre las actividades proinflamatorias en el mastocito cutáneo.

El empleo de otras terapias, como la doxepina, la ciclosporina, las dosis bajas de corticoide mantenidas, plasmaféresis, dapsona, fototerapia, antihistamínicos H2 y otros, deberán valorarse individualizadamente por no existir evidencia sólida respecto a su eficacia.

En el tratamiento(23) del Angioedema hereditario por déficit de C1 inhibidor, los corticoides, antihistamínicos y la adrenalina son escasamente eficaces. Su tratamiento consiste en el control de los episodios agudos, la profilaxis preoperatoria y la prevención a largo plazo. El diagnóstico, seguimiento y tratamiento de los pacientes con esta patología debe realizarse desde atención especializada.

El tratamiento de elección del ataque agudo debe ser lo más precoz posible con la administración intravenosa de 20 U/kg del concentrado de C1 inhibidor purificado (Berinert P®). Existe otro C1 inhibidor, Cinryze®, también de administración intravenosa, que puede ser utilizado ambulatoriamente por el propio paciente. En las ocasiones en que no está disponible, es sustituido por plasma fresco, aunque su uso es controvertido; ya que, además de C1 inhibidor, contiene precipitantes del angioedema que podrían incluso exacerbar la clínica. Otras posibilidades terapéuticas disponibles son: inhibidores de calicreína (Ecallantine®) y antagonistas de bradiquinina (Icatibant®), ambos por vía subcutánea, este último especialmente útil para tratar los ataques agudos en domicilio. Estos pacientes requieren vigilancia intensiva y tratamiento sintomático para el dolor abdominal, reposición de líquidos intravenosos y traqueotomía o intubación con tubo fino en casos de edema glótico amenazante.

La profilaxis preoperatoria o a corto plazo se realiza administrando C1 inhibidor purificado una hora antes de la intervención, pudiendo ser útil también el plasma fresco. Para la prevención de episodios a largo plazo en pacientes con crisis recurrentes, se pueden emplear andrógenos atenuados (Danazol), que actúan estimulando la síntesis hepática de C4 y C1. Su alta tasa de efectos secundarios y contraindicaciones obliga a que sean manejados por médicos expertos y no debe emplearse en dosis superiores a 200 mg(24). Los fármacos antifibrinolíticos, antes empleados, actualmente están en desuso por su escaso efecto y alta tasa de efectos adversos.

Función del pediatra de Atención Primaria ante una urticaria

Reconocer la urticaria y su intensidad:

Objetivar las lesiones: idealmente mediante visualización directa en la consulta, alternativamente, fotografías aportadas por los familiares pueden ser de utilidad.

– Catalogar la intensidad: afectación generalizada o únicamente en determinadas áreas, frecuencia de aparición, tiempo libre de lesiones, alteración de parámetros de calidad de vida (sueño, rendimiento escolar, afectación emocional por estigmatización).

– Intentar establecer la relación causa-efecto con el agente responsable basándose en la anamnesis.

– Especialmente en las urticarias agudas, identificar síntomas que pueden acompañar a las manifestaciones cutáneas y orientar sobre la gravedad del proceso: dificultad respiratoria, cambios del tono de voz, dificultad para tragar, hipotensión o shock.

Actuar ante una urticaria:

– En las urticarias agudas es imprescindible actuar rápidamente y con la medicación que la intensidad del cuadro en su conjunto precise. Las urticarias agudas pueden acompañarse de afectación de otros órganos y, en ese caso, el empleo de adrenalina intramuscular es indispensable. Se puede valorar el empleo, además de antihistamínicos, de corticoides sistémicos o broncodilatadores, si el paciente presenta síntomas bronquiales. En caso de síntomas cardiocirculatorios, será necesario el empleo de expansores y drogas vasoactivas. Al alta, es imprescindible dar consejos de evitación del posible desencadenante y prescribir un autoinyector de adrenalina si los síntomas no fueron exclusivamente cutáneos.

– En las urticarias crónicas, el manejo habitual se limitará al empleo de antihistamínicos orales. Se puede administrar un antihistamínico (segunda generación) en dosis correcta (hasta 4 veces más la dosis habitual) según la gravedad y evolución de la urticaria.

– Valorar un ciclo de corticoides sistémicos en caso de urticaria refractaria.

Derivar al especialista en alergología:

– Cualquier urticaria aguda en la que se sospeche desencadenante alérgico.

– Cualquier urticaria aguda en la que a pesar de no identificar potencial desencadenante, es difícil de controlar.

– Cualquier urticaria crónica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Interesante y totalmente enfocado a población pediátrica.

Sánchez-Borges M, Asero R, Ansotegui IJ, Baiardini I, Bernstein JA, Canonica GW, et al. Diagnosis and treatment of urticaria and angioedema: a worldwide perspective. World Allergy Organ J. 2012; 5: 125-47.

Revisión y posicionamiento de la asociación mundial de alergia con un apartado específico para población pediátrica.

Marrouche N, Grattan C. Childhood urticaria. Curr Opin Clin Immunol. 2012; 12: 485-90.

Comprensiva revisión esquemática de la evidencia sobre la urticaria crónica en población pediátrica.

Zuberbier T, Aberer W, Asero R, Abdul Latiff AH, Baker D, Ballmer-Weber B et al. Allergy. 2018 Jan 15. doi: 10.1111/all.13397. [Epub ahead of print], The EAACI/GA LEN/EDF/WAO Guideline for the Definition, Classification, Diagnosis and Management of Urticaria. The 2017 Revision and Update.

Obligada lectura, supone el consenso actual europeo sobre urticaria en población general.

– Xu YY, Buyantseva LV, Agarwal NS, Olivieri K, Zhi YX, Craig TJ. Update on treatment of hereditary angioedema. Clin Exp Allergy. 2013; 43: 395-405.

Completa revisión sobre el tratamiento del angioedema hereditario.

Caso clínico

 

Anamnesis

Niño de 12 años que acude por presentar desde hace 8 meses, prácticamente a diario, prurito cutáneo que se acompaña de lesiones habonosas generalizadas. Estas lesiones son blanquecinas, rodeadas de eritema, evanescentes, con una duración menor de 24 horas, desaparecen sin dejar lesión residual y sin descamación. En ocasiones, se acompaña de leve angioedema de labios. No fiebre asociada, no inflamación articular ni otra sintomatología acompañante. Niega contacto con animales. No viajes al extranjero. El prurito interfiere con su calidad de vida, produciéndole alteraciones del sueño, con irascibilidad durante el día y empeoramiento de su rendimiento escolar, la profesora comenta que “el niño se duerme en clase”.

Los padres no lo relacionan con factores físicos (presión, el frío o la exposición solar), aunque refieren empeoramiento con el estrés emocional del niño (periodo de exámenes). Niegan implicación de AINEs ni otros medicamentos. Tampoco se asocia con alimentos, a pesar de que ha iniciado diversas dietas de eliminación parcial de alimentos por iniciativa propia. Hace dieta variada, consume pescados ultracongelados habitualmente. Ha recibido tratamiento con crema hidratante, corticoides tópicos y Dexclorfeniramina con escasa respuesta.

Antecedentes personales

Parto vaginal. Lactancia mixta. Calendario vacunal al día. No intervenciones quirúrgicas. Dermatitis atópica moderada.

Exploración

Xerosis cutánea, placas eccematosas y lesiones de rascado residuales en flexuras de brazos, piernas, glúteos y zona periocular. Lesiones habonosas generalizadas que desaparecen a la vitropresión. A la auscultación pulmonar, presenta murmullo vesicular conservado y el resto de la exploración sin alteraciones significativas.

Pruebas complementarias

Dermografismo negativo. Se solicita analítica con un sistemático de sangre, una VSG, PCR y bioquímica, incluyendo perfil hepático. No se observan alteraciones analíticas significativas.

Se realiza de manera adicional en la consulta, un estudio de autoinmunidad (ANAs, ANCAs, anticuerpos antitiroideos), hormonas tiroideas (TSH y T4 libre), complemento, serología de virus C y B, un sistemático de orina, una Rx de tórax y una determinación de parásitos en heces en tres muestras de tres días distintos con intervalos de dos días. Todos los resultados dentro de la normalidad.

Diagnóstico

Urticaria crónica espontánea.

Tratamiento

Levocetirizina 5 mg: 1 comprimido cada 12 horas a diario de manera mantenida.

Evolución

El paciente refiere leve mejoría al inicio del tratamiento, pero mantuvo prácticamente la misma sintomatología a diario durante 2 meses más, pese al tratamiento pautado. Se le indicó aumentar la dosis de levocetirizina a 2 comprimidos c/12 horas y añadir Prednisona 30 mg c/24h en pauta descendente durante 1 mes.

Una semana después de finalizar el tratamiento con corticoides orales, la clínica persistía, por lo que se decidió iniciar tratamiento con Omalizumab 300 mg subcutáneo mensualmente. Las dosis se administran en el hospital de día y, cuando acude a la segunda dosis, se reinterroga al paciente que refiere que se encuentra prácticamente asintomático (emplea 5 mg de levocetirizina cada 12 horas) e incluso ha mejorado notablemente de su dermatitis atópica.

 

 

 

Inmunoterapia en patología alérgica pediátrica

M. Ridao Redondo
Temas de FC


M. Ridao Redondo

Pediatra de Atención Primaria, a l’ABS St. Vicenç dels Horts (Barcelona)

Resumen

La inmunoterapia específica con alérgenos constituye el único tratamiento etiológico para el manejo de la patología alérgica pediátrica. Revisamos sus mecanismos de acción, sus indicaciones y los recursos que debe conocer el pediatra de Atención Primaria para su administración y seguimiento.

 

Abstract

Allergen-specific immunotherapy is the only etiological treatment for the management of pediatric allergic disease. We review its mechanisms of action, its indications and the resources that the Primary Care pediatrician must know for its administration and follow-up.

 

Palabras clave: Inmunoterapia específica; Asma en Pediatría; Vacunas alergia

Key words: Specific immunotherapy; Pediatric Asthma; Vaccines allergy

 

Pediatr Integral 2018; XXII (3): 116 –124


Inmunoterapia en patología alérgica pediátrica

Introducción

El tratamiento de las enfermedades alérgicas se basa en: la evitación del alérgeno, los tratamientos farmacológicos que actúan a nivel patogénico o sintomático, la inmunoterapia específica y la educación sanitaria de los niños y sus familias. La inmunoterapia con alérgenos es, en la actualidad, el único tratamiento etiológico de las enfermedades alérgicas cuando se demuestra que los síntomas aparecen con la exposición al alérgeno(1,2).

En el año 2011, se celebró el centenario de la publicación en The Lancet del trabajo científico en el que Leonard Noon comprobó el efecto protector de la inmunoterapia en pacientes con rinitis alérgica a pólenes. A lo largo de este siglo, se ha conseguido demostrar su eficacia clínica, mejorar el conocimiento de los mecanismos de la inmunidad y de los relacionados con la desensibilización con alérgenos. La estandarización de los alérgenos permite actualmente determinar con precisión la cantidad de alérgeno mayor que contiene cada extracto; de este modo, se han alcanzado grandes niveles de eficacia y seguridad(3).

Concepto

La inmunoterapia consiste en la administración, por vía subcutánea o sublingual, de dosis altas del alérgeno identificado como causa de la enfermedad alérgica, con el fin de conseguir, que tras el contacto natural posterior con ese alérgeno, no se presenten los síntomas clínicos que el paciente tenía y, por tanto, se consiga la tolerancia al mismo.

Las enfermedades alérgicas, en general, y el asma en particular, se producen por una respuesta inmunológica anormal frente a proteínas inocuas, como los pólenes o los ácaros. Esta respuesta inmunológica excesiva se da en niños predispuestos genéticamente, con tendencia a reacciones Th2.

Mecanismo de acción

El principal problema con el que nos encontramos al estudiar el mecanismo de acción de la inmunoterapia es la dificultad que conlleva el estudio del funcionamiento del sistema inmunitario como un todo. La respuesta inmunitaria alérgica es compleja y está influida por factores como: la susceptibilidad genética, la vía de exposición, la dosis o las características estructurales del alérgeno(4,5).

Normalmente, cuando un alérgeno se pone en contacto con la mucosa respiratoria es rechazado por la barrera física. Algunos pueden penetrar a través del epitelio y son capturados por células dendríticas inmaduras. En individuos sanos, esto da lugar a una inducción de tolerancia. En atópicos, este encuentro inicial da lugar al paso de células T a células Th2.

En el epitelio respiratorio, el alérgeno es captado por la célula presentadora de antígeno, principalmente células dendríticas (CD). En individuos alérgicos, la IgE específica unida a receptores Fc de baja afinidad de la CD juega un papel facilitando la captación del antígeno. Esta CD, cargada con el alérgeno, llega al ganglio linfático, donde lo presenta a las células T con receptores alérgeno-específicos. Se activa entonces la liberación de citocinas, que facilitan la activación de las células B y diferenciación a células plasmáticas productoras de anticuerpos. La cronificación de la enfermedad alérgica depende de los linfocitos Th2 CD4+ y su producción de IL-4, IL-5, IL-9 e IL-13, que estimulan la producción de IgE, la llegada de células inflamatorias al foco, activándolas y aumentando la producción de moco. Es la inflamación alérgica. Otras citocinas que intervienen en ella son: IL-25, IL-31 y IL33. Cuando se produce la reexposición al antígeno específico, se produce una respuesta bifásica. Hay una fase precoz, 15-30 minutos tras la exposición al alérgeno, con liberación de mediadores por parte de los mastocitos locales y de los basófilos circulantes. Estos mediadores incluyen: histamina, quininas, prostaglandina D2, citocinas, quimiocinas y leucotrienos, que actuarán estimulando la llegada de otras células inflamatorias como: eosinófilos, linfocitos T y basófilos, que ya en una fase tardía, que se producirá entre 6 y 12 horas, liberarán mediadores inflamatorios específicos (Fig. 1).

Figura 1.A y B, mecanismos de inflamación alérgica: resumen de la respuesta inmunológica a desencadenantes iniciales de sensibilización alérgica e inflamación alérgica después de la reexposición a alérgenos inhalantes. CE: células epiteliales. Journal of Allergy and Clinical Immunology. 2017; 140: 1485-98. doi: 10.1016/j.jaci.2017.10.010.

La inmunoterapia específica (ITE) induce inmunomodulación, modificando procesos de autorregulación del sistema inmune. La respuesta humoral es rápida. Tras las primeras dosis, se produce un aumento de hasta cien veces en los valores de IgG1 e IgG4 específicas que competirán a nivel del receptor con la Ig E específica, inhibiendo la presentación antigénica IgE mediada. Por otro lado, inhibe la respuesta alérgica tardía con reducciones significativas en el número de eosinófilos, basófilos y neutrófilos. Después de iniciarse la ITE, hay una reducción de los mediadores inflamatorios en el lugar de la exposición al antígeno (Fig. 2).

Figura 2. Mecanismo de acción inmunoterapia específica (ITE). La exposición a altas dosis de alérgenos mediante inmunoterapia restablece la función DC, que produce IL-12, IL-27 e IL-10 y promueve la desviación inmune de una respuesta TH2 a TH1 e inducción de células Treg y Breg (incluidos otros subconjuntos de células B) que producen anticuerpos bloqueantes de IgA, IgG e IgG4. Las actividades de supresión de las células Treg, las células Breg y la actividad de bloqueo de IgG se indican con flechas rojas. CE: células epiteliales; TLR: receptor similar a Toll. Journal of Allergy and Clinical Immunology. 2017; 140: 1485-1498. doi: 10.1016/j.jaci.2017.10.010.

De forma didáctica, podríamos decir que la ITE produce:

1. Cambios a nivel de la respuesta de anticuerpos específicos IgE, IgG e IgA.

2. Cambios en las células efectoras, tanto de la respuesta inmediata como tardía, inhibiendo la liberación de mediadores y la respuesta inflamatoria aguda y crónica tras la exposición al alérgeno.

3. Tras la ITE, se produce una inversión del cociente Th1-Th2, con un aumento del perfil del tipo Th1 en detrimento del Th2, propio de la respuesta alérgica.

Un punto esencial en la inducción y el mantenimiento de la tolerancia a alérgenos es la producción de células T reguladoras (Treg) y su producción de IL-10 y TG-beta. Estos niveles mantenidos más allá de un año tras ITE, se correlacionan con el éxito de la ITE.

La traducción clínica de los cambios inmunológicos producidos por la inmunoterapia son: la tolerancia al alérgeno, la remisión de la clínica alérgeno-específica, la prevención de nuevas sensibilizaciones, la mejora de la hiperreactividad bronquial y la preservación de la función respiratoria, evitando la remodelación y la organización de la vía aérea.

Características específicas de la ITE sublingual

Durante la inmunoterapia sublingual (ITSL), el alérgeno es capturado en la mucosa bucal por las células dendríticas. Estas células maduran y emigran a los ganglios linfáticos cercanos donde presentan el alérgeno a las células T con la posterior producción de anticuerpos bloqueantes y la inducción de linfocitos Treg, que producirán una inhibición de la inflamación Th2.

Indicaciones de la inmunoterapia en Pediatría

La inmunoterapia específica es considerada, hoy en día, como un tratamiento efectivo, con un nivel de evidencia de grado A, capaz de reducir de una forma eficiente, tanto los síntomas como las necesidades de tratamiento farmacológico en pacientes con alergia respiratoria, rinitis y asma, causada por alérgenos inhalados como: polen, hongos, epitelios animales y ácaros del polvo. La inmunoterapia específica mejora la hiperreactividad bronquial y se ha comparado el beneficio obtenido con el de los esteroides inhalados(6,7).

En las guías de práctica clínica GEMA y ARIA, y en todos los documentos de posición de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI), la inmunoterapia por vía subcutánea se posiciona como un tratamiento eficaz para el asma alérgico bien controlado, siempre que se haya demostrado una sensibilización por IgE a aeroalérgenos que sean clínicamente relevantes(8,9).

Indicaciones de la ITE en rinoconjuntivitis y asma(10):

• Pacientes con síntomas inducidos claramente por la exposición alergénica.

• Síntomas vinculados a uno o pocos alérgenos.

• Pacientes con síntomas prolongados o repetidos en relación a la exposición al alérgeno.

• Pacientes que presentan síntomas nasales y/o de vías respiratorias inferiores durante la estación polínica y en relación a la exposición al polen.

Pacientes con insuficiente control farmacológico, con antihistamínicos y glucocorticoides en dosis moderadas.

• Debemos disponer de extractos alergénicos estandarizados y de calidad, que hayan demostrado su eficacia.

• Pacientes, o sus padres o tutores legales, que rechacen la toma prolongada de fármacos o que presenten efectos adversos.

• No debe haber contraindicaciones para su administración.

La inmunoterapia aporta en la edad pediátrica especiales ventajas, ya que se ha demostrado su utilidad en prevención secundaria, al ser capaz de prevenir el desarrollo de asma en niños con rinoconjuntivitis alérgica. Este efecto es consistente y perdura de 10 a 12 años tras su suspensión. Así mismo, su prescripción precoz evita la aparición de nuevas sensibilizaciones en pacientes monosensibilizados.

La inmunoterapia es el tratamiento de elección, una indicación absoluta, en los pacientes que han sufrido reacciones sistémicas tras la picadura de himenópteros.

La alergia a alimentos afecta a un número creciente de niños, con cifras que se sitúan alrededor del 10% de la población. Los alimentos implicados en nuestro medio son, en orden decreciente: el huevo de gallina, la leche de vaca, el pescado, las leguminosas, las frutas y los frutos secos. Hasta hace unos años, el único tratamiento propuesto era la evitación del alimento implicado y el entrenamiento en el reconocimiento y el tratamiento precoz de las reacciones adversas producidas. En ocasiones, estos productos pueden consumirse de forma oculta, produciéndose accidentes incluso mortales. La tolerancia ocurre de forma espontánea hasta en un 83% de los alérgicos a leche de vaca a la edad de cuatro años y en el 60% de los alérgicos a huevo a los cinco años. Desde hace más de una década, se está trabajando en la inducción de tolerancia oral a alimentos (ITO), mediante la administración de pequeñas cantidades del alimento responsable, de forma progresiva y protocolizada. Los alérgenos con los que se tiene más experiencia son la leche y el huevo, alcanzándose porcentajes de tolerancia de entre el 70-90%. La Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP) promovió un ensayo clínico multicentrico en niños de dos y tres años alérgicos a la leche, que aún no presentaban criterios de alergia persistente. Los resultados obtenidos en el grupo tratado son de un 90% de tolerancia versus un 23% del grupo control. Recientemente, la Academia Europea ha publicado una revisión sistemática recogiendo todos los trabajos que avanzan en esta línea, los efectos a largo plazo, el impacto sobre la calidad de vida y la rentabilidad de esta modalidad de inmunoterapia(11).

Se está trabajando en inmunoterapia sublingual para alimentos como: el cacahuete, la avellana o el melocotón(12).

Eficacia y seguridad de la inmunoterapia

La ITE en niños es eficaz y segura, y hay suficiente evidencia para afirmar que su introducción precoz evita la progresión a asma en niños con rinitis alérgica y la aparición de nuevas sensibilizaciones.

La eficacia y la seguridad se basan en un diagnóstico etiológico preciso. La caracterización de alérgenos purificados mediante técnicas de biología molecular ha permitido mejorar el conocimiento de los alérgenos utilizando los componentes alergénicos para determinar el perfil de sensibilización del paciente. Esto permite una mejor selección de los pacientes y la utilización de vacunas cada vez de mayor calidad con extractos alergénicos bien caracterizados y estandarizados a dosis adecuadas.

Los cambios introducidos en la calidad de la inmunoterapia en los últimos años han mejorado su seguridad y su inmunogenicidad.

La última revisión Cochrane 2010 aporta un nivel de evidencia 1a para la eficacia de la inmunoterapia en el tratamiento del asma. La Guía GEMA recomienda la inmunoterapia en el asma alérgico bien controlado en niveles bajos o medios de tratamiento. Fuerza de recomendación A.

Extractos alergénicos, vías y pautas de administración de ITE

Extractos alergénicos

Los extractos alergénicos están fabricados a partir de las fuentes naturales de alérgenos. Los métodos de fabricación han sufrido cambios muy importantes básicamente en el proceso de purificación, formas de presentación y excipientes. Deben estar estandarizados y cuantificados en antígenos mayores para conseguir extractos reproducibles y consistentes en el tiempo, cuya actividad biológica tenga las mínimas variaciones cualitativas y cuantitativas en la composición de los productos finales, con el fin de obtener altos niveles de seguridad y eficacia.

La utilización de alérgenos modificados ha permitido conservar su inmunogenicidad, reduciendo su capacidad alergénica y, por tanto, sus efectos adversos. Actualmente, se está trabajando en nuevas vías de administración, en diversas modificaciones en los alérgenos (p, ej.: producción mediante técnicas de ADN recombinante o introducción en nanoestructuras biodegradables). El objetivo es la mayor eficacia y seguridad(13,14).

Vías de administración

Se han ensayado diferentes vías de administración, las más utilizadas en la práctica diaria son:

Inmunoterapia parenteral: administración subcutánea en la cara látero externa del brazo, entre 7 y 10 cm por encima del codo y en brazos alternos. Aspirando con la jeringa antes de inyectar el líquido para asegurarnos de que no se ha comprometido ningún capilar ni vaso sanguíneo (Fig. 3).

Figura 3. Administración de inmunoterapia específica (ITE) en Pediatría.

Inmunoterapia sublingual: se administra en forma de gotas o aplicaciones bajo la lengua. El paciente deberá mantenerla durante 2 minutos y, posteriormente, tragarla. Esta vía de administración tiene la ventaja de la comodidad, ya que el paciente se la administrará en su domicilio sin tener que acudir a un centro médico; asimismo, se observa escasa incidencia de reacciones adversas, pero tiene el inconveniente de la peor adherencia al tratamiento y abandonos.

Inmunoterapia oral: se han desarrollado comprimidos liofilizados a dosis fija de una gramínea y, posteriormente, con 5 gramíneas. Los ensayos de seguridad y eficacia están mostrando buenos resultados en niños mayores de 5 años.

Pautas de tratamiento ITE(15,16)

1. Según el tiempo utilizado en conseguir la dosis de mantenimiento:

Pauta convencional. Se administran dosis crecientes de cada vial de forma gradual, inicialmente cada semana, hasta llegar a la dosis óptima, que se alcanzará entre 4 y 6 semanas. El mantenimiento se administrará cada cuatro semanas.

Pautas rápidas. La dosis óptima se alcanza en un tiempo más limitado. Estas pautas se deben aplicar en unidades de inmunoterapia.

- Clúster o agrupada: se administran varias dosis en un mismo día, subiendo cada semana y llegando a la dosis de mantenimiento en 2-6 semanas.

- Rush o rápidas: en menos de una semana se llega a la dosis óptima.

- Ultra-rush o ultra-rápidas: en menos de 24 horas llegaríamos a la dosis de mantenimiento.

2. Según la época del año en que se administren:

Preestacionales: se utilizan en pólenes con calendario polínico recortado (p. ej.: gramíneas que polinizan en primavera). Se comienza su administración varias semanas o meses antes de la época de polinización y se suspenden al llegar esta.

Coestacionales o perennes: se utiliza con alérgenos perennes (ácaros, epitelios, hongos) y pólenes. Tras la fase de incremento de dosis, se llega a una dosis óptima de mantenimiento que se administra con una periodicidad mensual durante todo el año.

Duración del tratamiento

Se recomienda mantener la inmunoterapia cuyos resultados sean satisfactorios un tiempo mínimo de tres años y hasta cinco años. En ese tiempo, la mayoría de los pacientes consiguen los efectos deseados con una baja tasa de recaídas. Algunos trabajos demuestran que los años adicionales conllevan beneficios en el tratamiento de la rinitis.

Reacciones adversas

Reacciones locales

Son las reacciones más frecuentes.

Nos referimos a aquellas reacciones que ocurren en la zona donde se inyecta la vacuna. Consisten en: eritema, edema, calor, inflamación y prurito en el lugar de la inyección. A su vez, pueden ser:

• Inmediatas: ocurren antes de los 30 min después de la inyección del extracto. Se consideran significativas si el diámetro de la reacción es superior a 5 cm en adultos y a 3 cm en niños.

• Tardías: aparecen a partir de los 30 min de la inyección. Se consideran relevantes cuando la induración presenta un diámetro mayor de 10 cm en adultos y mayor de 7 cm en niños.

• Nódulos subcutáneos: ocurren normalmente con las vacunas adsorbidas en hidróxido de aluminio. Desaparecen con el tiempo, aunque en algunos casos pueden persistir pequeños nódulos organizados. No son una indicación para suspender la IT, aunque se puede valorar utilizar otra vía (p. ej.: sublingual).

Reacciones sistémicas

Se caracterizan por signos y síntomas generalizados, es decir, que ocurren lejos de la zona de inyección. Normalmente, ocurren antes de los 30 min. de la inyección (inmediatas), aunque en algunos casos se han descrito varias horas e incluso días después (tardías). Según el Comité de IT de la EAACI, estas reacciones se pueden clasificar en:

Reacciones no específicas. No son mediadas por IgE: malestar, cefaleas, artralgias, etc.

Reacciones sistémicas leves: rinitis y/o asma leve que responden bien al tratamiento.

Reacciones sistémicas que no amenazan la vida: urticaria, angioedema o asma grave que responden bien al tratamiento.

Shock anafiláctico: reacción de instauración rápida con prurito, eritema, habones (urticaria), laringoespasmo, obstrucción bronquial (broncoespasmo), hipotensión, pérdida de consciencia, etc., que requiere tratamiento intensivo e inmediato con adrenalina por el compromiso vital que representan para el paciente.

Factores de riesgo

Técnica incorrecta de administración de la IT: En ocasiones, puede ocurrir de forma accidental que, a través de la red capilar (arterio-venosa), pase a circulación sanguínea parte de la dosis administrada. Para evitarlo, se debe siempre aspirar antes y durante la inyección de la dosis.

Dosis errónea: siempre se debe comprobar el vial y la dosis de la última administración para evitar aplicar una dosis superior o un vial diferente al que corresponde.

Asma no controlada o VEMS < 70%, rinitis severa: no debe administrarse la IT mientras persistan síntomas intensos de la enfermedad alérgica. La administración de la IT en estas condiciones puede dar lugar a la aparición de reacciones adversas; por tanto, deberemos primero estabilizar al paciente con la medicación adecuada y posponer la administración durante el tiempo necesario.

Pacientes con estudio inmunoalérgico de riesgo elevado: en función de las pruebas in vivo e in vitro obtenidas en estos pacientes, se deberá observar precaución durante la fase de inicio, fase de incremento de dosis o cambio de concentración de los viales. Estos pacientes se administran sus dosis en Unidades de Inmunoterapia hospitalarias.

Aumento de la carga antigénica ambiental: se debe observar una mayor vigilancia en épocas en las que el alérgeno se encuentra en altas concentraciones; por ejemplo, en los meses de primavera, mantendremos y/o bajaremos la dosis en aquellos pacientes con IT coestacional en relación a la sintomatología que presente el paciente.

Administración de viales nuevos: los extractos alergénicos pierden potencia o actividad con el tiempo, por lo que, al comenzar un lote nuevo recién fabricado, el alergólogo puede indicar iniciarlo en la unidad de inmunoterapia.

Interrupción de la IT: no es infrecuente observar que algunos pacientes interrumpen la ITE por mal control de la enfermedad o por causas menos justificadas (períodos vacacionales, infecciones víricas…). Según pautas ya establecidas, se reducirán las dosis necesarias según el tiempo de interrupción, pudiendo incluso ser necesario tener que emplear de nuevo los frascos de menor concentración (Tabla I y II).

Administración de la IT en el domicilio del paciente: totalmente contraindicado excepto en IT sublingual.

Se debe tener especial precaución en la fase de incremento de las dosis, ya que se asocia con mayor porcentaje de reacciones adversas que la fase de mantenimiento. Con el fin de minimizar las reacciones adversas que pudieran producirse, deberán tomarse una serie de precauciones, tales como: realizar una evaluación del paciente antes y después de la administración de IT, preguntando sobre reacciones ocurridas con la última dosis administrada. Se realizarán mediciones de PEF (pico flujo espiratorio) antes y después de la administración de IT, valorando la existencia de reacciones locales en los 30 minutos inmediatos con el fin de instaurar un tratamiento adecuado si fuera necesario, minimizando el riesgo vital antes de que el paciente abandone el centro (Tabla III).

La administración de inmunoterapia se efectuará siempre en un lugar en el que se disponga del personal y los medios materiales para poder atender una reacción anafiláctica (Tablas IV y V).

Tratamiento de las reacciones adversas

Reacciones locales

Si la reacción es significativa, se debe aplicar hielo en la zona de inyección y administrar un antihistamínico oral si es preciso. Está también indicado aplicar corticoides tópicos. Los corticoides orales se reservan para las reacciones que persisten durante más de 48 horas con clínica intensa (prurito e inflamación importante, dolor). En la siguiente dosis, debemos asegurarnos de que la administración se realiza de forma correcta. La aparición de estas reacciones son una indicación para modificar la pauta de administración, descendiendo a la última dosis bien tolerada e intentando, posteriormente, alcanzar la dosis óptima eficaz que no produzca reacciones para que la respuesta de anticuerpos sea la adecuada. Si hay dudas, consultar al alergólogo pediátrico.

Reacciones sistémicas

El tratamiento debe instaurarse de forma inmediata, ya que podrían comprometer la vida del paciente.

Las medidas a realizar son:

Administración de adrenalina 1/1.000 vía intramuscular en la zona, aplicando un torniquete proximal al lugar de la inyección. Deberá ser la primera medida a aplicar:

- Dosis adultos y adolescentes >35 kg de peso: 0,3-0,5 ml. Estas dosis se pueden repetir hasta tres veces con intervalos de 15 minutos si fuera necesario.

- Dosis niños <35 kg de peso: 0,01 ml por cada kg de peso (dosis máxima, 0,30 ml). Estas dosis se pueden repetir hasta tres veces con intervalos de 15 minutos si fuera necesario.

• Si existe broncoespasmo:

- Oxigenoterapia O2 a 6-8 L/min y fluidoterapia.

- Broncodilatadores: salbutamol o bromuro de ipratropio nebulizados o en aerosoles presurizados con cámara.

• Antihistamínicos: dexclorfeniramina (Polaramine ®): adultos, 1 ampolla (5 mg/ml) intramuscular o intravenosa cada 6 horas como máximo. Niños: 0,25 mg/kg/dosis.

• Corticoides (ev, im, orales): hidrocortisona e.v. (Actocortina ®): adultos, 200-1.000 mg, niños 200 mg. Metilprednisolona i.m. (Urbasón): 80-120 mg en adultos y 2 mg/kg en niños, Prednisolona (Estilsona gotas): dosis 2 mg/kg.

No debe ser la primera medicación a utilizar, ya que el tiempo de actuación es más lento. Su indicación es prevenir las reacciones bifásicas.

• Otras medidas: posición de Trendelenburg, administración de líquidos parenterales e ingreso en observación.

Contraindicaciones de la inmunoterapia(17)

Absolutas:

- Clínica persistente en fase aguda: la existencia de asma inestable o clínica intensa de rinoconjuntivitis aumenta la probabilidad de reacciones adversas; por lo que, en primer lugar, se debe estabilizar al paciente con la medicación adecuada.

- Enfermedades inmunológicas, inmunosupresoras y neoformativas: déficits inmunitarios, tiroiditis autoinmune, artritis reumatoide, neoplasias, etc.

- Enfermedades cardiovasculares: existe mayor riesgo de morbilidad si se presenta una reacción sistémica. Esta contraindicación es relativa en el caso de alergia a veneno de himenópteros.

- Contraindicaciones de adrenalina: nos referimos a patologías de base en las que esté contraindicado el uso de adrenalina como: HTA, hipertiroidismo, cardiopatías, etc.

- Fármacos beta-bloqueantes: si el paciente está en tratamiento con estos fármacos, ya que sería más difícil de tratar una anafilaxia si esta se presenta.

- Pacientes con dificultad para seguir el tratamiento: alteraciones psiquiátricas o mala colaboración.

Relativas:

- Edad: en los momentos actuales existe diversidad de criterios y opiniones en las distintas escuelas y grupos de trabajo respecto al inicio de la IT o a la edad a partir de la cual es aconsejable su administración. En nuestra experiencia, es una contraindicación que debería ser revisada.

- Embarazo: no existe ningún trabajo en la literatura que demuestre efectos teratógenos en pacientes gestantes a las cuales se les haya administrado IT específica. Está ampliamente consensuado que, en el caso de una mujer a la cual se le está administrando inmunoterapia y quede embarazada, no es preciso interrumpir la misma si es bien tolerada. En las pacientes en las que se va a iniciar una IT y estén gestando, se aconseja posponer la misma.

- Asma inestable con FEV1< 70% de forma persistente a pesar de tratamiento broncodilatador y antiinflamatorio adecuado.

- Cutáneas: dermatitis atópica severa y otras enfermedades cutáneas en fase activa.

Función del pediatra de Atención Primaria

El equipo de Pediatría de Atención Primaria (PAP) constituye la puerta de entrada al sistema sanitario, realiza la promoción, prevención, cuidado y/o recuperación, rehabilitación y educación para la salud de los niños y sus familias. Así, por un lado, a lo largo de la vida del niño se consolida un clima de conocimiento y confianza entre el personal sanitario y las familias, que hace que este marco sea el ideal para establecer cualquier programa que requiera complicidad, periodicidad, accesibilidad, enseñanza de habilidades y resolución, tanto urgente como a medio plazo, de un problema de salud. Por otro lado, el asma es la enfermedad crónica de mayor prevalencia en la edad pediátrica y el mejor ejemplo de que deben optimizarse los recursos y planificar su atención desde una perspectiva comunitaria. No es solo por la elevada prevalencia del asma en nuestro país, sino también por el impacto sobre la calidad de vida del paciente y sus familiares, el gasto sanitario y el consumo de recursos asistenciales. Además, debemos tener en cuenta que los asmáticos requieren intervenciones periódicas (educación, tratamiento de crisis y de fondo si lo precisan, revisión de material y fármacos, contacto con los profesores, administración de inmunoterapia, vacunación antigripal); es evidente, pues, que la PAP ha de tener un papel fundamental en el diagnóstico, tratamiento, control y seguimiento de esta enfermedad. También en el conocimiento, asesoramiento y rápida resolución de problemas que puedan surgir con la inmunoterapia nos será de gran ayuda.

Diferentes iniciativas han objetivado una mejora en todos estos aspectos después de la puesta en marcha de programas de atención comunitaria al asma en Pediatría. Recomendamos encarecidamente la revisión de estos protocolos y su implantación en el ámbito de la PAP(18).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Ridao Redondo M. Inmunoterapia en patología alérgica pediátrica. Pediatr Integral. 2013; XVII(9): 608-15.

2.*** Martín Mateos M, Martorell A. Estado actual y expectativas de futuro de la inmunoterapia con alérgenos en el asma infantil. An Pediatr. 2012; 76: 181-3.

3.*** Mesa del Castillo M, Larramona H, Martínez-Cañavate A; Grupo de Inmunoterapia de la SEICAP. Inmunoterapia específica con alérgenos en Pediatría. Protoc diagn ter pediatr. 2013; 1: 145-56.

4. Vidal Pan, Cardona Dahl, et al. Mecanismos inmunológicos de la inmunoterapia con alérgenos. En: Tratado de Alergologia 2º Ed. Madrid; Ergon S.A.; 2016. p. 1167-76.

5. Shamji MHDurham SR. Mechanisms of allergen immunotherapy for inhaled allergens and predictive biomarkers. J Allergy Clin Immunol. 2017; 140: 1485-98. doi: 10.1016/j.jaci.2017.10.010.

6. Update on allergy immunotherapy: American Academy of Allergy, Asthma & Immunology/European Academy of Allergy and Clinical Immunology/PRACTALL consensus report. J Allergy Clin Immunol. 2013; 131: 1288-96.e3. doi: 10.1016/j.jaci.2013.01.049. Epub 2013 Mar 14.

7. Calderón MA, Gerth van Wijk R, Eichler I, Matricardi PM, Varga EM, Kopp MV, et al. Perspectives on allergen-specific immunotherapy in childhood: An EAACI position statement. Pediatr Allergy Immunol. 2012; 23: 300-6.

8.*** GEMA 4.2. Guía española para el manejo del Asma. En: Gemasma.com [en línea]. Disponible en: www.gemasma.com [consultado el 10 /01/2018].

9. Roberts G, Pfaar O, Akdis CA, et al. EAACI Guidelines on Allergen Immunotherapy: Allergic rhinoconjunctivitis. Allergy. 2017; 00: 1.33. https://doi.org/10.1111/all.13317.

10. Martínez-Cañavate Burgos A, Álvaro M, Larramona H, Lucas Moreno JM, Mesa del Castillo AM, Sancha J, et al; Grupo de Trabajo de Inmunoterapia de la SEICAP. Indicaciones de la inmunoterapia en la edad pediátrica. Evid Pediatr. 2011; 7: 78.

11. Nurmatov U, Dhami S, Arasi S, Pajno GB, Fernández-Rivas M, Muraro A, et al. Allergen immunotherapy for IgE-mediated food allergy: a systematic review and meta-analysis. Allergy. 2017; 72: 1133-47.

12. Tang ML, Martino DJ. Oral immunotherapy and tolerance induction in childhood. Pediatr Allergy Inmunol. 2013; 24: 512-20.

13. Pohlit H, Bellinghausen F, Frey H, Salog J. Recent advances in the use of nanoparticles for allergen especific immunotherapy Allergy. 2017; 72: 1461-74.

14. Tabar AI, Serrano P, Beitia JM, Núñez B. Tipos de inmunoterapia. En: Tratado de Alergología 2º Ed. Madrid; Ergon S.A.; 2016. p. 1195-207.

15.*** De Luque V, Chivato T, Iglesias FJ, Esteso O. Manejo práctico de la inmunoterapia. En: Tratado de Alergología 2º Ed. Madrid; Ergon S.A.; 2016. p. 1212-24.

16.** Valdesoiro Navarrete L, Martínez-Cañavate Burgos A. Inmunoterapia. En: Abordaje integral del asma en la infancia y la adolescencia, Continuum 2016. [en línea] [consultado el 09.01.2018]. Disponible en: http://continuum.aeped.es.

17. Pitsios C, Demoly P, Bilo MB, Gerth van Wijk R, Pfaar O, Sturm GJ, et al. Clinical contraindications to allergen immunotherapy: an EAACI position paper. Allergy. 2015; 70: 897-909.

18.*** Rodríguez Fernández Oliva CR, Pardos Martínez C, García Merino A, Úbeda Sansano MI, Callén Blecua MT, Praena Crespo M. Recursos para la puesta en marcha de un programa de Atención al niño con asma. Documentos del GVR (DT-GVR-5) [consultado: 10/01/2018]. Disponible en: www.aepap.org/gvr/protocolos.htm.

Bibliografía recomendada

- Martín Mateos M, Martorell A. Estado actual y expectativas de futuro de la inmunoterapia con alérgenos en el asma infantil. An Pediatr. 2012; 76: 181-3.

Revisión para pediatras de los conceptos fundamentales y perspectivas de futuro de la inmunoterapia en asma infantil.

- Mesa del Castillo M, Larramona H, Martínez-Cañavate A; Grupo de Inmunoterapia de la SEICAP. Inmunoterapia específica con alérgenos en Pediatría. Protoc diagn ter pediatr. 2013; 1: 145-56.

Revisión de todos los aspectos vinculados a la inmunoterapia en el paciente pediátrico.

Caso clínico

 

María tiene 8 años y acude con sus padres a la consulta por primera vez tras un cambio de domicilio. Tiene asma en cualquier estación del año, incluso en verano cerca del mar, 7-8 episodios anuales. Presenta obstrucción nasal perenne. En este momento, tiene tos persistente y sibilantes cuando juega. Está en tratamiento con 100 mcg de Budesonida cada 12 horas y salbutamol 3-4 dosis/semana. En consulta, realizamos un InmunoCAP rapid® que es muy positivo a ácaros.

 

 

Metodología diagnóstica en Alergología Pediátrica

M. Ridao Redondo
Regreso a las bases


M. Ridao Redondo

Pediatra de Atención Primaria, a l’ABS St. Vicenç dels Horts (Barcelona)

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 102.e1 – 102.e8


Metodología diagnóstica en Alergología Pediátrica

Introducción

En las últimas décadas existe un aumento de la prevalencia de la enfermedad alérgica. El asma, la rinitis, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria son algunas de sus manifestaciones clínicas más frecuentes en la infancia afectando, según las áreas geográficas, a un 20-30% de la población pediátrica. La necesidad del Pediatra de Atención Primaria (PAP) de conocer, orientar correctamente y, por tanto, el número de estudios alergológicos a realizar, han tenido un incremento en paralelo(1,2).

Tanto la Sección de Alergia e Inmunología de la Academia Americana de Pediatría como la de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica han elaborado documentos para la realización de las pruebas de alergia en el paciente pediátrico, sea cual sea su edad, si existe sospecha de enfermedad alérgica(3,4). El estudio alergológico forma parte además del proceso diagnóstico de todas las Guías de referencia(5-7). Para el diagnóstico en alergia pediátrica, nos basamos en la historia clínica, estudios funcionales y pruebas complementarias “in vivo” e “in vitro”, buscando el alérgeno responsable y, sobre todo en pacientes respiratorios, el grado de afectación y la respuesta al tratamiento, para así poder ofrecer un diagnóstico y un manejo adecuado para cada paciente.

Historia clínica

Es la herramienta más importante para el diagnóstico de la enfermedad alérgica. Se debe realizar de forma detallada y orientada. En caso de tratarse de una alergia alimentaria, debe constar: vía de entrada del alérgeno (ingesta, contacto o inhalación), si era crudo, cocido, con o sin piel, tiempo entre el contacto e inicio de síntomas y detallar si hubo o no síntomas con compromiso de vía aérea. Es importante también, saber cómo se resolvió la clínica, si de forma espontánea o con medicación (oral o intramuscular), si acudieron a urgencias o no y la duración de la misma. En el caso de una alergia respiratoria, si alguna vez ha tenido: sibilantes, tos nocturna, dificultad respiratoria, asociación a la exposición de animales, humo de tabaco, predominio estacional y frecuencia de las crisis. Si ha utilizado alguna vez medicación inhalada, como suelen iniciarse los broncoespasmos, con o sin cuadro catarral previo, presencia o no de fiebre, rinorrea, picor, estornudos en salvas. Si se trata de una dermatitis atópica: frecuencia de brotes, desencadenantes que los favorezcan, tipo de tratamiento utilizado en ellos, extensión de la afectación, descanso nocturno.

Se deben recoger antecedentes personales, familiares y ambientales(8).

Estudio alergológico

Cuando hablamos de “pruebas de alergia”, estamos diciendo: “pruebas que demuestran sensibilización IgE específica a un alérgeno”, no confirmamos la etiología de la enfermedad, ni podemos predecir la gravedad de la misma.

En los últimos años, las técnicas diagnósticas han presentado importantes avances, los alérgenos, son cada día mejor conocidos. Hasta ahora se trabajaba con extractos que son mezclas mal definidas de alérgenos principales completos, alérgenos de reactividad cruzada y material no alergénico. Los avances en biología molecular y técnicas de ADN recombinante permiten disponer de nuevas herramientas diagnósticas, como los alérgenos recombinantes y los alérgenos purificados, que dan lugar a un nuevo concepto, el denominado “diagnóstico por componentes”, y permiten conocer, de una forma precisa, cuáles son las moléculas del alérgeno responsables de desencadenar la reacción alérgica(9) (Fig. 1).

Figura 1.

Componentes alergénicos:

- Fuente alergénica. Tejido, partícula, alimento u organismo capaz de inducir alergia (p. ej.: caspa de gato, D. pteronyssinus, leche, Aspergillus fumigatus, polen de Phleum pratense, etc.).

- Extracto alergénico. Mezcla cruda no fraccionada de proteínas, polisacáridos y lípidos, obtenida a partir de la extracción de una fuente alergénica (p. ej., granos de polen).

- Molécula alergénica (alérgeno). Molécula (proteína o glucoproteína) derivada de una fuente alergénica determinada que es identificada por anticuerpos específicos de clase IgE. Los alérgenos pueden ser obtenidos a partir de fuentes naturales (alérgenos nativos purificados) o producidos utilizando tecnología ADN-recombinante (alérgenos recombinantes).

El subcomité de nomenclatura de los alérgenos de la Organización Mundial de la Salud y la Unión Internacional de Sociedades Inmunológicas introdujeron unas guías para facilitar la nomenclatura coherente de los componentes de las fuentes alergénicas (http://www.allergen.org/index.php). Para nombrarlos, se utilizan las 3 primeras letras del género al que pertenecen, seguidas por una letra (dos, en ocasiones), que indican el nombre de la especie, y finalmente un número que muestra el orden de identificación del alérgeno; p. ej.: Der p 1; Der (género: Dermatophagoides), p (especie: pteronyssinus), 1 (primero identificado en el grupo) (Fig. 2).

Figura 2. Alérgenos clínicamente relevantes del ácaro del polvo doméstico. Aquellos con reactividad cruzada detectada experimentalmente, se muestran en naranja. http://www.eaaci.org/documents/Molecular_Allergology-web.pdf.

Pruebas “in vivo”

Son aquellas que realizamos en el propio paciente(5).

Pruebas cutáneas

Prick test: corresponde a la detección de la IgE específica que está unida al mastocito y que se degranula al contacto con el alérgeno al que el paciente está sensibilizado. Reproduce reacciones de hipersensibilidad de tipo I (inmediata, mediada por IgE) y son de lectura inmediata. Es el método de elección para el estudio de enfermedades alérgicas por su sencillez, rapidez y sensibilidad. Para su realización, requieren de personal entrenado y extractos de calidad.

- Material y técnica: se coloca 1 gota de cada extracto alergénico, separadas unos 3 cm, de forma ordenada, en el antebrazo del paciente y se punciona con una lanceta estandarizada de forma perpendicular al plano, 1 mm hacia adentro. Se debe de utilizar 1 lanceta por alérgeno. Se utiliza control positivo con histamina y control negativo con suero salino. A los 15 minutos, se procede a la lectura de la pápula midiendo el diámetro mayor. Consideramos que un prick es positivo cuando es mayor a 3 mm de diámetro mayor.

En algunos casos, por ejemplo en alergia alimentaria, se realizan Prick by prick. La técnica consiste en una puntura sobre el alimento fresco o cocido y luego punzar en la piel del paciente. Se utiliza, sobre todo en vegetales, dado que los extractos disponibles promueven la inactivación de proteínas potencialmente alergénicas, lo que produce falsos negativos de las pruebas convencionales.

La batería de alérgenos debe adecuarse a la zona geográfica en la que estemos trabajando. Para detectar posibles reacciones cruzadas, en la batería mínima de estudio de asma/rinitis, deben incluirse tropomiosina y profilina.

Diversos factores pueden alterar el resultado de un prick test como: dermografismo, dermatitis atópica, calidad del extracto, errores en la técnica o fármacos (antihistamínicos). Pueden existir contraindicaciones para la realización de un prick, como el antecedente de haber hecho una reacción previa grave con un prick, pero no son frecuentes. Las reacciones alérgicas sistémicas tras la prueba son raras, se describe una frecuencia del 0,02-0,03%. Siempre se debe obtener previamente el consentimiento informado y realizarlas en un lugar que disponga de un equipo de reanimación (Fig. 3).

Figura 3. Prick-Test. Valoración en 15 minutos.

Intradermorreacción (IDR): pueden reproducir reacciones de hipersensibilidad de tipo I y III en lectura rápida y, en la retardada, reacciones de hipersensibilidad de tipo IV o respuesta celular. Consiste en la inyección de 0,05-0,1 ml del extracto específico para IDR (solución salina en una concentración de 1.000 a 10.000 veces menor que para Prick), con aguja hipodérmica fina y con la jeringa paralela al brazo. Se introduce el volumen en un ángulo de 30º. Se utiliza también control negativo y positivo en diluciones de histamina para IDR. Se considera positiva una pápula de, al menos, 5 mm de diámetro mayor. Se utiliza en lectura inmediata y tardía, sobre todo, en el diagnóstico de alergia a fármacos (Fig. 4).

Figura 4. A. Técnica Intradermoreacción. B. Técnica de Sókal para delimitar los bordes de una induración positiva.

Test de parches o pruebas epicutáneas: se utilizan, sobre todo, para diagnóstico de eccemas de contacto, poco en Pediatría. Son de lectura tardía a las 48-72 h de la aplicación. Reproducen reacciones de hipersensibilidad de tipo IV. Se aplican en zonas de piel sana, sin limpiar previamente, sobre todo en la espalda, y se utilizan sustancias recomendadas con apósitos ideados para la prueba (Fig. 5).

Figura 5. Test de parches.

Pruebas “in vitro”

Estas pruebas nos permiten detectar la IgE específica circulante del paciente. Son un complemento diagnóstico de la historia clínica y de los test cutáneos(10).

Determinación de IgE total: la IgE tiene una alta especificidad para unirse a los alérgenos. Su vida media es muy corta, y su valor tiene escasa correlación con la presencia de enfermedad alérgica, por tanto, no se recomienda como cribaje.

Anticuerpos IgE específicos: proporcionan resultados cuantitativos y no se afectan por la toma de fármacos. Los métodos utilizados son RAST (radioallergo absorbent test) o CAP (inmunoenzimático). El rango oscila entre 0,1 y 100 kU/L, pudiéndose detectar valores superiores por técnicas de dilución. Tiene una buena especificidad y menor sensibilidad. Su positividad no siempre se relaciona con enfermedad alérgica, debe tenerse en cuenta la clínica y el resto de pruebas para valorar esta positividad. Su determinación resulta útil, sobre todo, para el diagnóstico de alergias IgE mediadas como: asma, rinitis y alergia alimentaria, siendo menos eficaz para el diagnóstico de urticaria o alergia a fármacos.

Phadiatop®: es una herramienta diagnóstica útil para el cribaje en Atención Primaria. Su positividad obliga a seguir el estudio alergológico. Ofrece resultados cualitativos, positivos o negativos. Diagnostica correctamente 9 de 10 pacientes alérgicos con una eficacia de más del 90% cuando hay una historia clínica sugestiva, siendo más sensible y específica que la IgE total más la historia clínica (eficacia del 65%). El Phadiatop infant, uno de los más comercializados para Pediatría, está compuesto por una mezcla de alérgenos respiratorios y alimentarios: ácaros, gato, perro, caballo, alternaría, parietaria, phleum, abedul, platanero, olivo, leche, huevo, cacahuete, soja y gamba.

InmunoCAP rapid®: disponible en España desde 2005, es uno de los test de diagnóstico rápido que puede disponer el PAP en la consulta. Detecta IgE específica frente a un panel de diez alérgenos inhalados y alimentarios a partir de una muestra de sangre capilar obtenida por punción del pulpejo del dedo. Disponemos de dos paneles de alérgenos que utilizaremos en función de la edad del niño, según sea mayor o menor de 5 años. El de los preescolares, InmunoCAP® Rapid Wheeze/Rhinitis Child, incluye huevo y leche, además de 8 aeroalergenos (gato, perro, abedul, olivo, artemisia, parietaria, hierba timotea y ácaros), y el que utilizamos en niños y adolescentes, InmunoCAP® Rapid Asthma/Rhinitis Adult, cambia estos dos antígenos alimentarios por alternaria y cucaracha. La principal ventaja es la sencillez de realización y la obtención de resultados en 20 minutos, en la misma consulta. Su positividad, nos da un valor semicuantitativo, cuando existe correlación con la clínica, permite iniciar medidas de evitación de alérgenos y valorar la necesidad de seguir el estudio(11,12)(Fig. 6).

 

Figura 6. ImmunoCAP Rapid. Mecanismo de acción y modelo de prueba positiva.

InmunoCAP ISAC®: es una técnica que permite determinar IgE frente a varios componentes alergénicos, utiliza técnicas de biochip (estudio molecular). Con la misma muestra y con mínima cantidad de suero (microlitros) proporciona resultados para un centenar de componentes de más de 50 fuentes alergénicas. Permite diagnosticar el perfil de sensibilización individual de cada paciente. Se trata de un estudio cualitativo que nos informa acerca de resultados positivos de IgE específica por grupos de proteínas, por fuente de alérgenos y según componentes de reactividad cruzada. Al cuantificar los niveles de anticuerpos IgE específicos para un determinado componente y no para el extracto completo, lograremos no solo un diagnóstico mucho más preciso del paciente alérgico, sino también la posibilidad de identificar los mejores candidatos para terapéuticas específicas (diseño de inmunoterapia alérgeno específica). Desde un punto de vista práctico, el diagnóstico molecular desempeña un importante papel en tres aspectos básicos del manejo alergológico: en pacientes aparentemente polisensibilizados, ayuda a distinguir entre la sensibilización genuina y la debida a fenómenos de sensibilidad cruzada; cuando la historia clínica y las pruebas diagnósticas tradicionales no son capaces de identificar el/los alérgenos relevantes, identifica moléculas asociadas a gravedad y permite establecer posibles riesgos; y ayuda a mejorar la intervención terapéutica para cada paciente.

Test de activación de basófilos: es una línea nueva de investigación, la prueba mide la proteína CD63 que se expresa en la superficie de los basófilos activados. El estudio se realiza mediante citometría de flujo, se precisa sangre fresca, pudiéndose solo almacenar a 4°C hasta 24 horas. Aún falta experiencia para determinar un uso concreto en alergia.

Una vez detectada la presencia de IgE específica, debemos de saber diferenciar unos conceptos fundamentales en alergia:

Sensibilización. Es la demostración de la existencia de niveles elevados de IgE especifica frente a uno o varios alérgenos “in vitro” o “in vivo”; es decir, detectada por métodos de laboratorio (RAST, CAP, Phadiatop, InmunoCap) o pruebas cutáneas (prick test). Esta sensibilización debe ser siempre valorada según la clínica del paciente y de esa forma determinar si su positividad tiene relación con su sintomatología alérgica. Si no fuera así, hablaremos de sensibilizaciones subclínicas o asintomáticas.

Alergia. Existe una reacción adversa de salud en la que se demuestra un mecanismo inmunológico con una relación causa efecto evidente, producida por la ingesta, contacto o inhalación de un alérgeno.

Tolerancia. La exposición al alérgeno no provoca síntomas de alergia. Puede ser espontánea y permanente, como por ejemplo, en el caso de la alergia alimentaria. A menudo, existe una historia natural de la enfermedad que puede conducir a dicha tolerancia a pesar de un largo periodo de evitación del alérgeno. Esta adquisición de tolerancia refleja un mecanismo de regulación a través de células T y, en ocasiones, la tolerancia adquirida puede ser solo parcial, lo que implica que podemos tener síntomas frente a una exposición masiva al alérgeno. La protección frente al alérgeno se puede también lograr a través de una exposición regular y continua, que conlleva a lo que denominamos desensibilización. Esto implica un descenso en la actividad de mastocitos y basófilos, con un aumento IgG4 específica al alérgeno que actúa como protectora. Este mecanismo está demostrado, tanto en la alergia respiratoria como alimentaria, siendo la base de la eficacia de la inmunoterapia específica en el asma y/o rinitis, como en la alergia alimentaria.

Reactividad cruzada. Fenómeno que ocurre cuando un anticuerpo reacciona no solo con el alérgeno principal sino con otros similares. Es común entre alérgenos de una misma familia, por ejemplo: entre distintos frutos secos o distintos mariscos.

Panalérgeno. Alérgeno presente en diversas especies con elevada conservación estructural, siendo difícil saber la especie sensibilizante original. Esto puede dar lugar a errores diagnósticos y de tratamiento, que obligan a utilizar el diagnóstico molecular o por componentes.

Los panalérgenos más estudiados son:

Profilinas: proteínas sensibles al calor y a la digestión, responsables de reacciones cruzadas entre pólenes y frutas de diferentes especies. Los pacientes sensibilizados a profilina pueden tener clínica compleja, que obliga a efectuar un diagnóstico molecular.

Proteina lipid transfer protein (LTP): proteína resistente al calor y a la digestión, que se concentra en la piel y superficie externa de vegetales. La clínica puede ser progresiva, presentándose con alimentos que se habían tolerado hasta ese momento y de forma cruzada entre pólenes y alimentos vegetales, dando lugar al Síndrome LTP. Puede causar reacciones alérgicas graves, ocasionalmente precipitadas por cofactores como el ejercicio físico. El alimento que más frecuentemente actúa como sensibilizador primario es el melocotón.

Tropomiosina: proteína animal que origina reactividad cruzada entre crustáceos, moluscos, cucarachas y otros artrópodos como los ácaros.

Estudio de la función pulmonar

El estudio de la función pulmonar en niños colaboradores es uno de los pilares del diagnóstico de la patología respiratoria. Aunque el diagnóstico de asma es fundamentalmente clínico, siempre que la edad del niño lo permita, se deben efectuar pruebas objetivas que midan la función pulmonar(13).

Espirometría

La espirometría será para el PAP la prueba de primera elección, tanto para el diagnóstico como para el seguimiento de estos pacientes. En la actualidad, debido a la disponibilidad de mejores equipos, es posible llevar a cabo espirometrías fiables incluso en niños en edad preescolar, siempre y cuando estas sean realizadas por personal bien entrenado (Tablas I y II).

Es una técnica que evalúa volúmenes y flujos pulmonares, poniéndolos en relación entre sí y/o con el tiempo necesario para la realización de la prueba.

En el asma tiene interés la fase espiratoria; si bien, la fase inspiratoria puede ayudar en el diagnóstico diferencial de cuadros obstructivos intra y extrapulmonares. En Pediatría, fuera de los periodos de crisis, los niños pueden tener una función pulmonar normal, pero también, en ocasiones, niños aparentemente asintomáticos tienen una función pulmonar alterada (Fig. 7).

Figura 7. Curva de flujo espiratorio /volumen normal.

Los principales parámetros a determinar son:

Capacidad vital forzada (FVC): volumen máximo espirado con el máximo esfuerzo y rapidez, partiendo desde la capacidad pulmonar total. Se considera que es un indicador de la capacidad pulmonar. Generalmente, un valor disminuido define las patologías restrictivas, aunque también puede estar limitada en las patologías obstructivas más graves.

Volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1): volumen máximo espirado durante el primer segundo, contado desde el inicio, en el curso de una espiración forzada iniciada a capacidad pulmonar total. Refleja el tamaño de las vías respiratorias de calibre grueso e intermedio y guarda una correlación lineal e inversa con el grado de obstrucción de la vía aérea. Su mayor utilidad es la valoración de las respuestas broncodilatadora y broncoconstrictora de las vías respiratorias.

Relación entre FEV1/FVC: La relación FEV1/FVC es el indicador más sensible y específico para la identificación de la obstrucción de las vías respiratorias.

FEF25-75: Flujo espiratorio forzado entre el 25 y el 75% de la capacidad vital forzada o mesoflujos. Miden el flujo medio alcanzado en el tramo medio de la curva, comprendido entre el 25-75% de la FVC, y es específico de la obstrucción de las vías aéreas de pequeño tamaño, algunos trabajos le dan valor específicamente en la población pediátrica.

A partir de la relación entre estos parámetros, podremos evaluar si existe algún tipo de alteración respiratoria, así como el tipo de patrón espirométrico. Los valores de referencia en el espirómetro deben adecuarse a la edad y raza o etnia del paciente, así como otros factores ambientales del momento exacto de la prueba (temperatura, presión atmosférica y humedad relativa).

Una vez realizada la espirometría y valorada como correcta (Tablas III y IV), se deben identificar los patrones espirométricos como: normal, obstructivo, restrictivo o mixto, y clasificar la gravedad del patrón diagnosticando de acuerdo con los hallazgos y la clínica el proceso y valorando la necesidad de otras pruebas:

Alteraciones ventilatorias de tipo obstructivo: limitan el flujo durante la espiración y cursan con incremento del volumen residual. Se caracterizan por la disminución marcada del FEV1 y de la relación FEV1/FVC, aunque en las formas graves se produce un descenso de la FVC y el cociente FEV1/FVC puede hacerse normal.

Alteraciones ventilatorias de tipo no obstructivo (restrictivas): cursan con disminución de la capacidad pulmonar total. Se caracterizan por disminución de la FVC, permaneciendo normal o aumentada la relación FEV1/FVC.

Alteraciones ventilatorias mixtas: coexisten ambos tipos de alteraciones ventilatorias y precisan de técnicas sofisticadas para completar su evaluación.

En Pediatría, se consideran valores espirométricos normales:
• FEV1/FVC mayor del 80% (la última revisión de la GINA establece el 90% en niños).
• FEV1 y FVC iguales o superiores al 80% de sus valores teóricos estandarizados.
• Flujo espiratorio forzado (FEF25-75) igual o superior al 65% de su valor teórico estandarizado.

Si en el estudio de la función pulmonar con la espirometría, buscamos la obstrucción al flujo aéreo, se debe completar el estudio con una prueba de broncodilatación, buscando la reversibilidad, la variabilidad con la medición seriada del pico de flujo y la hiperreactividad bronquial con test inespecíficos, como el ejercicio con carrera libre, la prueba de metacolina o manitol, o específicos, como provocaciones con alérgenos ambientales. En Atención Primaria debemos conocer bien y realizar la prueba de broncodilatación y el test de ejercicio con carrera libre.

Prueba de broncodilatación

La respuesta broncodilatadora se utiliza para evaluar la reversibilidad del patrón obstructivo en la espirometría. Para la realización de esta prueba, se debe realizar una espirometría para determinar el FEV1 basal y, posteriormente, se administran 4 inhalaciones sucesivas de 100 μg de salbutamol, o su equivalente de terbutalina, mediante un inhalador presurizado con cámara espaciadora. Se repite la espirometría a los 15 minutos (Fig. 8).

Figura 8. Curva espirométrica y prueba de broncodilatación positiva.

Se considera una prueba broncodilatadora positiva, cuando el incremento del FEV1 sobre el valor basal es mayor o igual al 12% y 200 ml, aunque es posible que un incremento del 8% sobre el valor basal o del 9% en relación al valor teórico, pueda definir mejor la respuesta broncodilatadora en niños. En los pacientes pediátricos, cuando hay dudas diagnósticas, son de especial interés las pruebas de provocación con ejercicio físico.

Medidor de pico de flujo

El medidor de pico de flujo o flujo espiratorio máximo (PEF) es un dispositivo sencillo, de pequeño tamaño, de bajo coste, portátil, fácilmente disponible para el uso domiciliario. El medidor es un tubo cerrado en un extremo, con una boquilla en el otro. La presión que genera el flujo de aire espirado mueve un diafragma por un carril hasta el punto máximo de flujo espiratorio, con rango de 0 a 400 L/min en monitores de PEF pediátricos. El PEF proporciona información sobre la variabilidad, o fluctuación excesiva de la función pulmonar a lo largo del tiempo. El índice de variabilidad diaria más recomendable es la amplitud del PEF con respecto a la media promediada durante un mínimo de 1-2 semanas y registrado antes de la medicación. Una variabilidad del PEF mayor del 20% orienta al diagnóstico de asma (Tabla V).

Las diferencias de exactitud y reproducibilidad entre los diversos modelos son significativas; en los homologados, se acepta un máximo del 10% intra aparato y del 5% entre aparatos del mismo modelo. Los medidores van perdiendo su exactitud y, al cabo de 12 meses, solo el 63% de las medidas permanecen en los límites de confianza del 95%. Por todo ello, no se deben utilizar para el diagnóstico de asma, pero pueden ser útiles para valorar la variabilidad en pacientes con mala percepción de los síntomas o con abuso de medicación de rescate acompañando a un plan de acción, para identificación de factores desencadenantes de crisis, y como medida de seguridad antes de la administración de la inmunoterapia subcutánea en Atención Primaria.

Pruebas de provocación

Ponen de manifiesto la sintomatología clínica referida por el paciente tras la exposición controlada al alérgeno sospechoso. Se utiliza cuando hay dudas diagnósticas o discordancias entre la historia clínica y los resultados obtenidos por la pruebas in vivo e in vitro. Son pruebas que comportan riesgo y deben realizarse en el ámbito hospitalario.

Prueba de exposición controlada oral (PEC): consiste en la administración gradual y progresiva del alérgeno por vía oral para confirmar el diagnóstico o valorar tolerancia. Se utilizan en alergia alimentaria y medicamentosa. Es el patrón oro o “gold standard” en la alergia alimentaria. Confirman un diagnóstico de certeza o la adquisición de tolerancia. La PEC puede ser abierta, simple ciego o doble ciego. Se debe de realizar, preferentemente, en medio hospitalario, dónde se puedan asumir posibles reacciones adversas graves, siempre con consentimiento informado. Puede tener contraindicaciones relativas o absolutas (paciente en el que este contraindicado el uso de adrenalina, que tome betabloqueantes o una anafilaxia previa).

Prueba de provocación nasal, conjuntival o bronquial específicas: administración del neumoalérgeno por estas vías, cuando hay dudas diagnósticas. Se realiza en niños colaboradores, generalmente mayores de 6 años, para que la respuesta además pueda ser objetivada de forma adecuada según tablas de referencia.

Material y técnica

• Provocación nasal y conjuntival: se aplica una gota del diluyente con el alérgeno en el saco conjuntival o través de las fosas nasales en concentraciones crecientes y se espera hasta la aparición de síntomas. Se valoran estos a través de tablas de referencia.

• Provocación bronquial: se realiza una espirometría basal y otra tras ser expuesto a una nebulización con el alérgeno en cuestión. Se considera la prueba positiva, cuando se objetiva una caída del 15% del FEV1. Existe, además, la posibilidad de respuesta tardía, por lo que esta prueba se puede realizar con el paciente ingresado o se debe advertir la posibilidad de aparición de síntomas en domicilio.

• Pruebas de provocación bronquial inespecífica, metacolina o ejercicio: son pruebas de especial interés en el niño, dado que son fáciles de realizar y, sobre todo, el test de esfuerzo tiene una alta especificidad para el diagnóstico de asma.

- Metacolina: partimos de una espirometría basal y se van administrando dosis crecientes de metacolina nebulizada. Se realizan espirometrías seriadas hasta valorar una caída mayor 20% del FEV1 inicial, que es cuando la prueba se considera positiva (PC20).

- Test de esfuerzo: partimos también de una espirometría basal, hacemos correr al niño en un tapiz rodante, realizamos espirometrías seriadas tras el esfuerzo, a los 5, 10 y 15 minutos, y consideramos positivo si se evidencia una caída del 15% del FEV1.

El diagnóstico de la enfermedad alérgica se basa fundamentalmente en: demostrar una asociación causal con el alérgeno, demostrar el mecanismo inmunológico implicado y descartar diagnósticos diferenciales. Las herramientas que utilizamos para ello son:

• Una historia clínica detallada que evidencie una relación causa-efecto con determinado alérgeno y manifestaciones clínicas producidas por una repuesta inmune.

• Pruebas cutáneas y/o IgE específicas que, siendo positivas, son compatibles con un mecanismo IgE mediado.

• Prueba de exposición controlada, que permite obtener un diagnóstico de certeza de la enfermedad alérgica que estamos sospechando.

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Rinoconjuntivitis alérgica

F. Muñoz López
Temas de FC


F. Muñoz López

Ex-Jefe del Servicio de Inmunología y Alergia Pediátrica. Unidad Integrada Hospital Clínic-Sant Joan de Déu. Barcelona. Ex-Profesor Asociado de Pediatría.Universidad de Barcelona. Ex-Director de la revista Allergologia et Immunopathologia

Resumen

En los últimos años, se ha observado un incremento de las enfermedades alérgicas, posiblemente debido a la mejoría del nivel sanitario en muchos países, lo que promueve la activación de los linfocitos Th2 inductores de la producción de IgE específica frente alérgenos en personas predispuestas, notándose esta elevación principalmente en la población infantil. El asma es el proceso más frecuente, casi siempre precedido por rinitis y no pocas veces coincidente con conjuntivitis; de ahí, la frecuencia de rinoconjuntivitis. La coincidencia de conjuntivitis puede ser estacional (polínica) o prolongada o permanente (alérgenos domiciliarios). Los síntomas más destacados son: prurito, estornudos, rinorrea, lacrimeo, enrojecimiento y edema palpebral. La conjuntivitis más frecuente es estacional (polínica) o permanente (alérgenos domésticos). El diagnóstico se basará en la valoración sérica y tópica de eosinofilia, IgE total y específica. El tratamiento tópico y/o oral, especialmente con antihistamínicos, corticosteroides y vasoconstrictores. El tratamiento etiológico mediante inmunoterapia, de gran valor también para el asma coincidente que, además del efecto curativo (desensibilización), previene la sensibilización a nuevos alérgenos.

 

Abstract

In recent years, an increase in allergic diseases has been observed, possibly due to the improvement of the sanitary level in many countries, which promotes the activation of the Th2 lymphocytes inducing the production of specific IgE against allergens in predisposed people, being noticed this elevation mainly in children. Asthma is the most frequent process, almost always preceded by rhinitis and not infrequently coincident with conjunctivitis, hence the frequency of rhinoconjunctivitis.
The coincidence of conjunctivitis may be seasonal (pollen) or prolonged or permanent (home-made allergens). The most prominent symptoms are pruritus, sneezing, rhinorrhea, tearing, redness, eyelid edema. The most frequent conjunctivitis is seasonal (pollen) or permanent (domestic allergens). The diagnosis will be based on the serum and topical evaluation of eosinophilia, total and specific IgE. Topical and / or oral treatment especially with antihistamines, corticosteroids and vasoconstrictors. The etiological treatment by means of immunotherapy, of great value also for the coincident asthma, that in addition to the curative effect (desensitization) prevents the sensitization to new allergens.

 

Palabras clave: Alergopatología; Rinitis; Conjuntivitis; Prevalencia; Tratamiento tópico; Inmunoterapia

Key words: Allergopathology; Rhinitis; Conjunctivitis; Prevalence; Topical treatment; Immunotherapy

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 94 – 101


Rinoconjuntivitis alérgica

Introducción

La prevalencia de las enfermedades alérgicas ha aumentado en los países más desarrollados al disminuir los procesos infecciosos, con predominio de la actividad de los linfocitos Th2.

Las enfermedades alérgicas predominan en la población infantil, al igual que en los adultos, como muestran diversos estudios, aunque las cifras son muy variables de unos países a otros, la alergia alimentaria afecta entre el 3-6% de la población y la medicamentosa, en España al 9,8%. En un amplio estudio que comprende varios países de Europa, en España el asma afecta a una media del 10,5% entre los 6 y 14 años de edad (Europa 12,6%) y la rinoconjuntivitis al 11,5% (Europa 12%)(1). En los últimos años, se ha observado un incremento de enfermedades alérgicas en los países desarrollados que se ha relacionado con una disminución de las infecciones (vacunas, higiene), por consiguiente, menor activación de los linfocitos Th1 y predominio de los linfocitos Th2 que responden frente a los parásitos y los alérgenos, dando lugar a la producción de IgE específica al estimular los linfocitos B. Esto generó la conocida “Hipótesis higiénica” que, en la actualidad, es motivo de diferentes controversias(2-4).

El aparato respiratorio es el más afectado por la fácil exposición a alérgenos ambientales, a lo que igualmente está expuesta la conjuntiva ocular, de ahí que la rinitis, el asma y la conjuntivitis sean procesos bastante comunes. En el niño, la rinitis suele ser la primera manifestación de su predisposición atópica, a veces, precedida de eccema. Lo más frecuente es que posteriormente se inicien síntomas de asma y, a veces, también de conjuntivitis, dando lugar a la rinoconjuntivitis.

Es fundamental la participación para el diagnóstico precoz de estos procesos, así como para el control y seguimiento de los pacientes. No siempre es fácil identificar unos síntomas con procesos alérgicos, pero aparte de la sintomatología, persistencia o reincidencia, el conocimiento de la predisposición atópica es básica para orientar el diagnóstico y llevar a cabo los procedimientos diagnósticos (IgE sérica, eosinofilia en sangre y moco) que, si hacen sospechar la causalidad alérgica, será precisa la colaboración del pediatra alergólogo (test cutáneos, IgE específica, tratamiento con posible inmunoterapia(5).

Rinitis

La rinitis alérgica suele se precoz en los pacientes alérgicos, precediendo generalmente al asma y, con frecuencia, coincidente con conjuntivitis y otros procesos alérgicos (eccema, sinusitis).

La rinitis alérgica, que puede tener lugar ya en la edad preescolar, se manifiesta por prurito, que induce al frotamiento (“saludo alérgico”), estornudos, rinorrea y congestión, además de palidez de la mucosa, edema e hiperemia. Estos síntomas pueden ser comunes a otras causas de rinitis (infecciosa, irritantes ambiéntales); de ahí que, la predisposición alérgica, familiar, inducirá al diagnóstico. Hay que tener en cuenta que, además de la conjuntiva, otros órganos adyacentes pueden estar afectados (senos paranasales, oído medio, faringe y laringe). Si los alérgenos responsables son domiciliarios (ácaros, animales y hongos) el proceso será prolongado y permanente, al contrario que si los pólenes son los responsables, en cuyo caso los síntomas solo se manifestarán en la estación polínica. La incidencia de rinitis alérgica es muy variable en los distintos países, estimándose en el 8,5% (rango 1,8-20,4), en niños entre 6-7 años de edad, y del 14,6% (rango 1,4-33,3%), entre 13-14 años. En niños más pequeños, a partir de los 18 meses, la incidencia media se ha estimado en el 15%.

Nuestro organismo dispone de un sistema inmunitario que protege de posibles infecciones. En los sujetos atópicos, puede haber un desequilibrio entre la inmunidad innata (granulocitos: neutrófilos, eosinófilos, basófilos; y macrófagos y mastocitos) y la adaptativa (linfocitos Th1 y Th2 –subclases CD4 y CD8 efectoras antígeno específicas– y linfocitos B: secretores de anticuerpos), que contribuya a favorecer la sensibilización a alérgenos ambientales. Localmente, la mucosa y submucosa disponen de un complejo sistema inmunológico (células presentadoras de antígenos específicos, linfocitos T y B) que, tanto puede proteger como activarse frente a los alérgenos(6-8)(Tabla I).

La producción de IgE específica frente al alérgeno, debida a la acción de los linfocitos Th2 sobre las células B, es el fundamento de la reacción alérgica. Los linfocitos CD4 juegan un papel clave en el inicio de la reacción alérgica, por la secreción de interleucinas (IL.4 y 5,6,10,13) de las cuales la IL-4 es fundamental en este proceso. Los gránulos de los mastocitos contienen mediadores preformados (histamina, leucotrienos, citocinas y otros). La estimulación de los mastocitos mediada por IgE es la primera respuesta inmunológica y, más tardíamente, se produce el reclutamiento de células T, eosinófilos y basófilos. La producción de IgE puede ser exclusiva en el propio epitelio, sin que se encuentre circulante, en lo que está implicada la respuesta inmunológica Th2 por la secreción de interleucinas IL-25 e IL-33. En el mantenimiento de la respuesta inmune, juegan un papel primordial los linfocitos T reguladores (Treg) por medio de las CD4+ y CD25+.

Conjuntivitis

La fácil exposición ocular al medio ambiente, hace que los pacientes alérgicos padezcan fácilmente conjuntivitis, sobre todo en épocas de polinización, pero también a alérgenos domiciliarios.

En la conjuntiva, se encuentran una serie de células que, en principio, serán protectoras frente a alérgenos y otros irritantes, pero además son las responsables de las reacciones alérgicas (Tabla II).

Igual que en la mucosa nasal, durante la estación polínica, su activación incrementa la producción de mediadores proinflamatorios: histamina (principal mediador), leucotrienos, prostaglandinas, triptasa y las mismas interleucinas y el factor de necrosis tumoral (TNFα)(9,10).

La incidencia de conjuntivitis es igualmente elevada, estimándose entre el 15-20% de la población general (12,2% en niños y 14,8% en adultos). Clínicamente, los síntomas son más evidentes y llamativos que los de la rinitis (prurito, lacrimeo, enrojecimiento, quemazón y edema palpebral) lo que provoca la frecuente frotación que puede causar un aumento de los síntomas. La frotación puede aumentar el edema del párpado dando lugar a lo que se conoce por pliegue de Dennie Morgan (doble pliegue de párpados inferiores). Se distinguen diversos tipos de conjuntivitis alérgica: aguda (estacional o perenne) y crónica, con afectación corneal (queratoconjuntivitis primaveral y atópica).

Que la conjuntivitis alérgica aguda sea perenne o estacional depende de los alérgenos implicados, presentes en el domicilio (ácaros, hongos, mascotas) o en el exterior, dependiendo de la estación polínica y los síntomas destacados son los antedichos.

Más gravedad puede apreciarse en la queratoconjuntivitis primaveral (vernal), más propia de climas templados, de breve duración (5-10 días del inicio de la inflamación), pero recurrente a lo largo del tiempo, por nueva exposición a los alérgenos o, más probable, por viento, luz solar o irritantes ambientales (polvo). Existe una forma grave (tarsal o palpebral: queratitis epitelial difusa) y otra leve (límbica) en lo que suelen haber los conocidos como puntos de Horner-Tranta, que integran los depósitos globulares translucidos, circulares, del limbo esclerocorneal. La implicación de la córnea se manifiesta por erosiones epiteliales, úlceras o placas que pueden dejar cicatriz (Tabla III).

Otros tipos de conjuntivitis, como la queratoconjuntivitis atópica (asociada a dermatitis atópica), la conjuntivitis papilar gigante (uso de lentes de contacto) o la blefaroconjuntivitis por contacto (contacto previo con un alérgeno; afectación cutánea), no son propias de la edad infantil(11).

Riniconjuntivitis

Prevalencia

Es notable la conjunción de ambos procesos, rinitis y conjuntivitis, afectando en España al 8-15% la población infantil entre los 6 y14 años.

La frecuencia de la conjunción de ambos procesos, rinitis y conjuntivitis, es elevada. Un estudio global que comprende niños y adultos, encuentra que un 53% de los pacientes con rinitis, tenían síntomas de conjuntivitis, si bien, a veces, las molestias eran leves, pasándoles desapercibidas(12). Realmente, la presentación y evolución puede ser leve y esporádica o grave (más persistente o reincidente), alterando las actividades diarias y el sueño. La incidencia es muy variable entre distintos países y a lo largo del tiempo, de tal forma que deben considerarse los posibles factores que influyen en ello. Es muy probable que el control, tratamiento y prevención de los procesos infecciosos (sobre todo, por la difusión de vacunas preventivas) en gran parte dependiente del nivel económico y cultural de los distintos países, pueda contribuir a la mayor incidencia de procesos alérgicos en los más desarrollados, en consonancia con la citada “hipótesis higiénica”(13,14). Ciertamente, como muestra el estudio ISAAC en los países de más bajo nivel económico, la incidencia es significativamente inferior que en los más desarrollados (Tabla IV)(15).

La Tabla V recoge las cifras de la incidencia en Europa, incluida España.

 

Diagnóstico

Requiere estudio alergológico (IgE total y específica) en sangre y, posiblemente, nasal y conjuntival, además de provocación tópica con los alérgenos sospechosos.

La coexistencia de otros procesos alérgicos (eccema, asma) y los antecedentes familiares de atopia apoyarán la causalidad alérgica; si bien, requiere la confirmación valorando la IgE sérica y la eosinofilia, así como las pruebas cutáneas y la IgE específica de los alérgenos supuestamente implicados. La precisión diagnóstica requiere valoración de los mismos en la mucosa nasal y en la conjuntiva, antes y tras la provocación con los alérgenos.

Antes de efectuar la provocación nasal o conjuntival, es necesario haber suprimido varios días antes cualquier medicación antialérgica oral o tópica (antihistamínicos, corticoides, antileucotrienos). La provocación nasal se inicia aplicando previamente el diluyente que se vaya a utilizar (p. ej., suero fisiológico) para valorar la respuesta (síntomas, rinoscopia, peso y volumen de la secreción nasal, rinomanometría). Posteriormente, se lleva a cabo la aplicación del alérgeno, con aerosol (nebulización), micropipeta o con pequeños trozos de papel de filtro impregnado con el alérgeno, valorando después los síntomas y la intensidad de los síntomas causados, comparándolos con los previos (estornudos, prurito, congestión, rinorrea)(16).

La provocación conjuntival se efectúa en un solo ojo, sirviendo el otro de control al aplicarle una gota del diluyente (suero fisiológico). En el cuadrante inferior externo se deposita la primera gota a menor concentración (0,1 ml), valorándose a los 5 y 15 minutos la aparición e intensidad de los síntomas (prurito, enrojecimiento, lagrimeo y quemazón) que, si no aparecen, se procede a la instilación de dosis progresivas cada 15 minutos(17).

En ambas provocaciones, nasal y conjuntival, en moco y lágrimas respectivamente, se valorarán los contenidos en eosinófilos, basófilos, IgE específica e histamina, lo que proporcionará datos valiosos para confirmar el diagnóstico. No obstante, en la mayoría de los casos, la valoración del nivel de los mismos en moco y lágrima, puede ser suficiente para el diagnóstico, sin necesidad de efectuar la provocación.

Tratamiento

Evitar alérgenos ambientales, sintomático tópico y oral con antihistamínicos y corticoides, entre otros, y especialmente etiológico por inmunoterapia que, además, evitará nuevas sensibilizaciones.

Medidas ambientales. Ante todo hay que tratar de reducir los alérgenos ambientales. Los ácaros del polvo (Dermatophagoides pteronyssinus y dermatophagoides farinae, entre otros), son los más frecuentemente implicados, abundantes en almohadas, colchones, mantas, alfombras. Igualmente, los animales domésticos y los hongos que proliferan en los ambientes húmedos. Por su situación fuera del domicilio, la reducción de los pólenes es más difícil, por lo que se recomienda cerrar ventanas en épocas de polinización.

Tratamiento sintomático. Hay que distinguir el tratamiento tópico nasal y/o conjuntival y el común para ambos por vía oral. Para ambas regiones, por vía tópica se pueden emplear:

• Antihistamínicos: acción rápida; todos bloquean los receptores H1 y, a veces, los H2-H3-H4). En la conjuntiva, reducen el prurito y el enrojecimiento. En rinitis, tratamiento inicial.

• Corticosteroides: inhiben las prostaglandinas y la síntesis de leucotrienos. Uso ocular limitado (precaución).

• Estabilizadores mastocitarios: inhiben la degranulación de los mismos y la liberación de histamina.

• Anticolinérgicos: uso nasal, de acción rápida reduciendo la rinorrea.

• Descongestivos (vasoconstrictores): uso breve (riesgo de rinitis medicamentosa, enrojecimiento ocular).

El uso de estos preparados en mucosa nasal o en la conjuntiva, dependerá de la intensidad o predominio de los síntomas en cada uno de ellos, aunque puede ser simultáneo en ambas zonas. Por vía oral, pueden emplearse antihistamínicos y corticosteroides (Tablas VI y VII)(18,19).

Tratamiento etiológico. El más apropiado, de base patogénica, es la inmunoterapia que al corregir el mecanismo inmunológico evitando recaídas e igualmente será imprescindible en el tratamiento etiológico del asma, habitualmente concomitante, o posterior al inicio de la rinitis y podrá iniciarse ya a partir de los tres años de edad. La vía de administración más clásica es la subcutánea y más reciente la sublingual, cuya eficacia parece ser similar(20).

La inmunoterapia requiere un estudio amplio que muestre los alérgenos responsables (pruebas cutáneas, IgE total y específica). El mecanismo de acción es complejo, afectando a la inmunidad humoral por el aumento de IgG1 y, sobre todo IgG4, que inhibe la producción de IgE. Igualmente, aumenta el nivel de IgA2 que parece proteger la superficie mucosa y posiblemente también bloquee los anticuerpos en la superficie de la misma. También, intervienen las células T reguladoras (Treg), fundamentales reguladoras de la homeostasis inmune, e inductoras de la tolerancia en lo que también interviene el TGF-β (factor de crecimiento transformante) por su actividad supresora de IgE específica y la activación de IgA alérgeno-específica. Todo esto conduce al predominio de la actividad de los linfocitos Th1, limitando la de los linfocitos Th2, evitándose nuevas sensibilizaciones(21,22).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Amplia revisión del proceso.

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Amplia revisión de la utilidad de la inmunoterapia subcutánea y sublingual con especial referencia a la edad pediátrica.

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Muestra como la hiper-IgA sérica puede ser un factor desencadenante de procesos alérgicos que se inician en la infancia, especialmente rinoconjuntivitis, lo que ocurre en el caso clínico aquí presentado.

- Sánchez-Hernández MC, Montero J, Rondón C, Benítez del Castillo JM, Velázquez F, et al. Consensus Document on Allergic Conjunctivitis (DECA). J Invest Allergol Clin Immumol. 2015: 25: 94-106.

Clasificación, diagnóstico diferencial y tratamiento de la conjuntivitis, orientada a la práctica de internistas y pediatras, basada en criterios clínicos asequibles.

- Wallace DV, Dykewicz MS. The diagnosis and management of rhinitis: an updated practice parameter. J Allergy Clin Immunol. 2008; 122: S1-84.

Amplia actualización del diagnóstico diferencial de la rinitis, con especial visión de la causa alérgica, edad pediátrica y referencia a la asociación con conjuntivitis, incluyendo tratamiento.

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Papel que juegan los factores ambientales (pólenes, animales) así como los antecedentes familiares de patología alérgica, demostrados tras un amplio estudio de más de 26.000 niños (entre 6-12 años) afectos del proceso.

Caso clínico

 

Varón de 6 años y un mes de edad, que desde los 3 años padece, esporádicamente, síntomas nasales (estornudos, obstrucción, prurito, rinorrea acuosa) y oculares (prurito, enrojecimiento, edema conjuntival), que empeoran en primavera. En alguna ocasión, crisis de respiración silbante que la última vez ocurrió tras comer lenguado, que le ocasionó una crisis intensa de disnea. En estos años, ha vivido en diversas poblaciones, algunas próximas al campo.

Antecedentes familiares:

solamente un hermano alérgico a β-lactámicos, un tío a alimentos y una abuela con rinitis.

Exploración clínica, funcional y analítica:

ligera xerodermia, mucosa nasal edematosa y enrojecida en ambos cornetes, conjuntiva con ligero enrojecimiento. Auscultación normal. Radiología: tórax y senos paranasales, normales. Espirometría normal. Test de metacolina: normal (PD40FMF25.75 ≥200 μg). Eosinofilia: 5%. IgE: 741 U/ml, IgG: 1.100, Ig M: 86, IgA: 319 mg/dl (normal 124 ± 45 mg/dl). Eosinófilos en moco y lágrima +. Estudio alergológico: coincidentes pruebas cutáneas e IgE específica: polisensibilización, destacando pólenes de olea europea, varias gramíneas y, menos intensamente, parietaria y plantago; igualmente epitelio de caballo (contacto frecuente) y escasamente a algunos alimentos (cacahuete, soja…).

Diagnóstico:

rinoconjuntivitis y traqueobronquitis alérgicas; hiper IgA (v. Bibliografía recomendada).

Tratamiento basal:

inmunoterapia a polen de olivo y gramíneas. Tópico naso-ocular, antihistamínicos y/o broncodilatadores circunstancialmente. Dieta restrictiva y medidas ambientales.

 

 

 

Alergia a los alimentos

E.M. Macías Iglesias
Temas de FC


E.M. Macías Iglesias

Servicio de Alergología. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

Resumen

La alergia alimentaria se ha convertido en los últimos años en un importante problema sanitario. El impacto de la alergia alimentaria influye no solo en el cuidado de la salud del niño, sino que se amplía a múltiples ámbitos de la vida familiar, de la escolarización, del desarrollo infantil y de las actividades sociales, lo que supone un gran impacto en la calidad de vida y una importante carga sanitaria, tanto directa como indirecta. Al igual que ocurre con el resto de la patología alergológica, se ha objetivado un incremento en su prevalencia. En este capítulo desarrollaremos los aspectos más relevantes de la alergia a los diferentes grupos de alimentos, salvo la alergia a las proteínas de la leche de vaca que, dada su amplitud y su importancia en la edad infantil, se tratará de manera individual en un tema aparte.

 

Abstract

Food allergy has become in recent years a major health problem. The impact of food allergy affects not only the child’s health care, but also extends to multiple areas of family life, schooling, child development, and social activities, which has a great impact In the quality of life and a significant health burden both direct and indirect. As with the rest of the allergic pathology, an increase in its prevalence has been observed. In this chapter we will develop the most relevant aspects of allergy to different food groups, except for the allergy to cow’s milk proteins, given their breadth and importance in the child’s age will be dealt with individually in a chapter apart.

 

Palabras clave: Alergia; Alimentos; Infancia

Key words: Allergy; Foods; Childhood

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 87 – 93


Alergia a los alimentos

Definición

La alergia a los alimentos es una reacción adversa con clínica sugerente y confirmada mediante pruebas alergológicas.

En las últimas décadas, se han producido grandes avances en el conocimiento de la alergia a los alimentos, lo que ha promovido distintas iniciativas para uniformizar criterios y definiciones. La nueva nomenclatura fue propuesta en el año 2001 (Fig. 1) por la EAACI (Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica) y revisada en el año 2003 por el comité de revisión de nomenclaturas de la Organización Mundial de Alergia (WAO)(1), y se establece que cualquier reacción adversa a alimentos se defina como hipersensibilidad a alimentos.

Figura 1. Clasificación de las reacciones adversas a alimentos de la Comisión de Nomenclatura de la EAACI refrendada por la WAO.

Dentro de estas, las reacciones mediadas por mecanismos inmunológicos se definen como alergia a los alimentos, y las reacciones no mediadas por mecanismos inmunológicos se definen como “hipersensibilidad no alérgica a alimentos”, que era la conocida anteriormente como intolerancia. A su vez, la alergia a los alimentos se clasifica en alergia mediada y no mediada por IgE. La mediada por IgE correspondería a aquellas reacciones que se producen por anticuerpos IgE específicos frente a un determinado alimento, confirmado por pruebas in vitro/in vivo, con una correlación con los síntomas del paciente y/o las pruebas de provocación.

Epidemiología

La prevalencia de la alergia a los alimentos está en aumento.

Los datos sobre la prevalencia de la alergia a los alimentos son poco precisos, porque varían según su definición, las poblaciones de estudio, la metodología empleada, las variaciones geográficas, la edad, tipo de dieta y otros factores. Aunque la prevalencia de la alergia a los alimentos está sobreestimada por la población general, y solo se confirma en un tercio o menos de los casos mediante pruebas de provocación, sí se ve una tendencia ascendente, al igual que en otras enfermedades alérgicas(2). Respecto a la edad, la alergia a los alimentos es más frecuente en los niños, sobre todo en los primeros años de vida, afectando a un 6% de niños menores de 3 años de edad y a un 2% de los adultos, siendo la relación de alergia a los alimentos en niños y adultos, de un adulto por cada 3,6 niños afectos(3). En Europa, la alergia a los alimentos en población infantil se sitúa entre 0,3%-7,5%. Respecto al sexo, en niños existe una mayor prevalencia de reacciones adversas por alimentos en el sexo masculino, mientras que en los adultos predominan en el sexo femenino(4). Respecto al tipo de alimentos, en los niños, el huevo y la leche de vaca son los alimentos más frecuentemente implicados en todos los estudios, pero el tercer y sucesivos puestos varían según diferencias geográficas, que se han atribuido a distintos hábitos de consumo. Por ejemplo, la alergia al pescado en los niños es frecuente en países con altos índices de consumo como España o Japón, y la alergia al cacahuete es muy frecuente en EE.UU., donde su consumo es muy importante. Por otra parte, en los niños es frecuente la presencia de alergia a varios alimentos a la vez.

Historia natural

Las alergias más típicas en edades más tempranas (leche/huevo) suelen ser transitorias, mientras que a frutos secos/mariscos suelen ser persistentes.

La historia natural hace referencia a la evolución de la alergia desde su inicio, con la sensibilización a un alérgeno alimentario, hasta la posible pérdida de esta sensibilización. También hay que tener en cuenta el posible desarrollo de nuevas sensibilizaciones, tanto a otros alérgenos alimentarios, como a aeroalérgenos(5). La alergia alimentaria en la infancia es generalmente transitoria y existen estudios que afirman que el 85% de los niños durante los 3 primeros años de vida pierden la sensibilidad a la mayoría de los alimentos con mayor potencial alergénico, como son: el huevo, la leche, el trigo y la soja(6), mientras que la alergia a cacahuete, frutos secos, pescados y mariscos es, habitualmente, persistente(6,7). Se ha determinado también que la alergia alimentaria es una de las primeras manifestaciones de la denominada progresión o marcha atópica, cuya primera manifestación sería la dermatitis atópica, seguida de una alergia alimentaria y del desarrollo posterior de una alergia respiratoria. Es por ello fundamental el diagnóstico precoz de esta patología, no solo para instaurar un tratamiento precoz, sino para establecer unas medidas preventivas que reduzcan la probabilidad de desarrollo de otras alergias alimentarias y/o respiratorias(8).

Fisiopatología e inmunopatología de la alergia a los alimentos

El sistema inmune de algunos individuos que en condiciones normales debería tolerar bien los alimentos, reacciona de manera patológica exagerada frente a antígenos (Ag) ingeridos y da lugar a la alergia alimentaria. Es similar a cualquier respuesta inmunitaria: se necesita un estímulo antigénico, una carga genética adecuada y un ambiente determinado. El ambiente en que esos Ag son reconocidos por las células del sistema inmune determina la naturaleza de la reacción. El microambiente de los alérgenos alimentarios lo formaría el tracto gastrointestinal, que es rico en células inmunocompetentes (T, B, células dendríticas y macrófagos). Lo normal es una respuesta inmune regulada adecuadamente, y su alteración da lugar a patología de tipo alérgico o inflamatorio; es decir, la ruptura de los mecanismos de tolerancia oral podría inducir a una respuesta de hipersensibilidad(9). La alergia alimentaria es común en los primeros 2 años de vida, coincidiendo con la etapa de la vida en la que existe una inmadurez en la barrera intestinal(10). Tras la entrada de los alimentos en el tracto gastrointestinal (TGI), pueden ocurrir tres tipos de respuestas inmunes: primera, la tolerancia sistémica para inmunidad celular y humoral, que constituye la respuesta normal; segunda, una respuesta inmune local en la mucosa; y tercera, la activación sistémica que puede afectar a ambos brazos del sistema inmune.

Alergia alimentaria

Es la reacción adversa a alimentos mediada por mecanismos inmunológicos. Pueden ser relevantes para esta patología diferentes factores como: las alteraciones del TGI, polimorfismos genéticos, condiciones ambientales, tipo, dosis y ruta de administración del alérgeno o edad del individuo afectado. La alergia alimentaria puede clasificarse en función del mecanismo inmunológico involucrado en su patogenia:

• Mediada por la IgE, que da lugar a reacciones de hipersensibilidad del tipo I, como: síndrome de alergia oral, urticaria aguda/angioedema, rinoconjuntivitis, broncoespasmo, vómitos, diarrea, hipotensión… Es la más característica de la patología alergológica, por lo que es fundamental establecer un buen diagnóstico diferencial con otros procesos de sintomatología semejante (Tabla I). Es de la que hablaremos en este capítulo.

• No mediada por IgE, dando lugar a enfermedades, como: la enterocolitis/proctitis inducida por proteínas de la dieta, enfermedad celíaca y dermatitis herpetiforme.

• Mixta (en la que participan los 2 mecanismos anteriores), como sería el caso de la esofagitis o gastroenteritis eosinofílica alérgica, dermatitis atópica y asma alérgica(11).

Alergia alimentaria mediada por IgE

El desarrollo de alergia alimentaria se produce en varios pasos y requiere repetidas exposiciones a un determinado antígeno alimentario. La respuesta inmune mediada por IgE tiene 3 fases (Fig. 2):

Figura 2. Fases de la respuesta inmune mediada por IgE.

1. Fase de sensibilización: el antígeno es absorbido y presentado a los Linfocitos T (LT) CD4+ vírgenes por las células presentadoras de antígeno (CPA) (células dendríticas, macrófagos y LB) bajo la influencia de determinadas citocinas, como la IL-4 o la IL-13. Estos LT Th0 vírgenes se transforman en linfocitos Th2, los cuales son necesarios para la transformación de Linfocitos B (LB) en células plasmáticas que, a su vez, producen IgE específica frente al antígeno al que se ha expuesto el sujeto, ya sea por vía oral, importante mecanismo en los recién nacidos, o por vía inhalada, de relevancia en los niños mayores y adultos. En esta fase no hay manifestaciones clínicas.

2. Fase efectora: la exposición antigénica recurrente induce la unión de moléculas de IgE a los receptores de alta afinidad para IgE que expresan mastocitos y basófilos. Esto desencadena su activación y la posterior liberación de mediadores inflamatorios (histamina, leucotrienos…). Esta respuesta inmunológica desencadena, a su vez, una respuesta tisular responsable de síntomas clínicos a nivel de piel y mucosas oculares, nasales, bronquiales y del TGI. Esta fase ocurre de segundos a minutos tras la exposición al antígeno y puede estar seguida de otra fase tardía a las 2-24 horas de esta exposición(12).

3. Fase crónica: es el resultado de la repetición de sucesivas fases tardías. Los mediadores pro-inflamatorios y las citocinas inducen una estimulación de las moléculas de adhesión y la liberación de factores quimiotácticos, ocasionando una persistente infiltración eosinofílica, de basófilos y de linfocitos, lo que ocasiona cambios crónicos estructurales con fibrosis y disfunción orgánica.

Tipos de alergia a los alimentos

Aunque una de las características principales de los anticuerpos es su especificidad, se sabe que una determinada IgE puede reconocer Ag diferentes. Así, se entiende por reactividad cruzada el reconocimiento de distintos Ag por un mismo anticuerpo IgE(13), fenómeno producido por la presencia de epítopos fijadores de IgE idénticos o similares en distintos alérgenos. La mayoría de alérgenos que presentan reactividad cruzada entre sí presentan similitudes estructurales(14), pero se ha demostrado que también puede darse entre alérgenos de especies que no tienen relación taxonómica. Así, se han descrito diversos síndromes de alergias asociadas entre alérgenos de especies distantes, generalmente aeroalérgenos y alimentos(13). En el año 2000(15), se estableció una clasificación de alergia a los alimentos en función de los mecanismos inmunológicos y el patrón de alérgenos implicados, en dos tipos:

1. Alergia a los alimentos de clase 1: es la llamada “alergia clásica”, en la que se produce la sensibilización al alérgeno por vía gastrointestinal. Los alérgenos son muy estables y resistentes a la acción del calor y a la digestión gástrica. Este tipo de alergia afecta característicamente a los niños, probablemente debido a su inmadurez, tanto de la barrera digestiva como de la respuesta inmunitaria, y entre los alérgenos más importantes se encuentran las proteínas de leche de vaca y el huevo(15).

2. Alergia a los alimentos de clase 2: se produce como consecuencia de una sensibilización primaria a aeroalérgenos(15) y, en este caso, el alérgeno alimentario sería capaz de desencadenar una reacción alérgica, pero no de inducir sensibilización. La mayoría de los alérgenos son proteínas termolábiles y susceptibles a la degradación enzimática(2), y este tipo de alergia alimentaria afecta fundamentalmente a niños mayores, adolescentes y adultos.

Alergia a los alimentos de origen animal

Los alimentos de origen animal constituyen una importante fuente de elementos indispensables para el crecimiento y desarrollo del niño. Sin embargo, estas proteínas son una fuente de potenciales alérgenos para los individuos atópicos.

Alergia al huevo de gallina

El huevo de gallina es el que se consume preferentemente en la alimentación humana, y es una de las principales fuentes de proteínas de alto valor plástico con bajo coste económico, lo que favorece su alto consumo. Este hecho unido a sus características proteicas y alergénicas, hacen que sea la causa más común de alergia a alimentos(16) en la infancia. La prevalencia estimada de alergia al huevo oscila entre el 0,5 y el 2,7%(16) de la población general. En España, las reacciones adversas al huevo constituyen el 44% de las consultas por sospecha de alergia a alimentos en los menores de 5 años y el 10% en los mayores de 5 años(16). La introducción del huevo sobre los 12 meses de edad hace que el debut de la clínica y su frecuencia sean máximos en la población pediátrica. En los pacientes con dermatitis atópica, es frecuente la sensibilización a las proteínas de huevo, independientemente de que produzca síntomas o no. En los niños con alergia a la leche, la prevalencia de alergia al huevo llega al 50%. Una situación especial es el inicio de los síntomas en la edad adulta tras haber tolerado huevo anteriormente, como sucede en el síndrome ave-huevo(17) o en la alergia ocupacional en trabajadores expuestos a las proteínas del huevo. Son factores de riesgo para padecer alergia al huevo: la carga atópica familiar, la alergia a la leche de vaca y la dermatitis atópica. En el lactante, se ha demostrado la posibilidad de sensibilización al huevo antes de su introducción en la dieta, vía intrauterina, por contactos inadvertidos o por la exposición a las proteínas del huevo a través de la lactancia materna. En estos lactantes sensibilizados al huevo, pueden aparecer síntomas ya con la primera ingestión. La clara de huevo es más alergénica que la yema. El alérgeno más importante de la clara de huevo es el ovomucoide (OVM), seguido por la ovoalbúmina (OVA), la conalbúmina y la lisozima. La OVA y el OVM son parcialmente termoestables, manteniendo su inmunogenicidad tras 20 minutos de hervor, por lo que son los alérgenos más relevantes del huevo, siendo la OVA la proteína más abundante en la clara de huevo. La sensibilización a OVM puede ser útil como marcador de persistencia clínica de alergia al huevo y para predecir la tolerancia al huevo cocido. La conalbúmina y la lisozima son menos estables al calor y resultan antígenos más débiles, pero su interés no es despreciable, ya que la lisozima se encuentra como alérgeno oculto en otros alimentos (quesos) y algunos medicamentos. El principal alérgeno de la yema es la α-livetina o albúmina sérica de gallina, que está implicada en el síndrome ave-huevo, que consiste en que los pacientes se sensibilizan a las proteínas del ave por exposición a las plumas, excrementos, suero o carne y, posteriormente, desarrollan reacciones alérgicas tras la ingestión de huevo y/o carne de pollo. Este alérgeno es parcialmente termolábil, lo que explica que los pacientes toleren tanto el huevo como la carne si están bien cocinados. Existe reactividad cruzada entre los huevos de diversas aves (gallina, pavo, pato, gaviota) y, en los individuos alérgicos a la clara de huevo, con frecuencia se observa sensibilización a la carne de pollo, pero con buena tolerancia a su ingestión, ya que la alergia clínica a la carne de pollo es infrecuente.

Alergia a los pescados

El pescado representa un importante elemento nutritivo para la mayoría de las poblaciones humanas, pero es un alimento frecuentemente implicado en reacciones alérgicas en las zonas de elevado consumo, como es el caso de España. La alergia al pescado puede desarrollarse tras su ingestión, contacto o inhalación de sus vapores. Ocasionalmente, esta respuesta IgE puede ir dirigida frente a proteínas de agentes biológicos contaminantes, como sucede en el caso del pescado parasitado por el nematodo Anisakis sp. Se trata entonces de una alergia al Anisakis, y el individuo puede comer pescado no parasitado sin presentar ningún síntoma. El pescado es una de las causas más comunes de alergia a los alimentos, ocupa el tercer lugar en incidencia después de la leche y el huevo(16) y tiene mayor prevalencia entre los individuos atópicos. Es la causa del 30% de los diagnósticos de hipersensibilidad a alimentos en niños y del 12-14% en adultos en España(16), donde la mayoría de las reacciones alérgicas a los pescados lo son frente a gallo, merluza y pescadilla. La alergia al atún, caballa y pez espada es menos común, y muchos pacientes con alergia a otros pescados pueden tolerar estos, hallazgos que apoyan la impresión clínica de que el pescado azul tiene menor alergenicidad que el blanco. En la población infantil española, la merluza seguida del gallo, son los pescados más alergénicos, y la caballa la menos alergénica. Al igual que para la alergia a otros alimentos, los factores de riesgo más importantes son: los antecedentes de atopia y la exposición por cualquier vía a estos alérgenos. En un contacto previo con el pescado (a través de la madre en el embarazo, durante la lactancia materna, tras la exposición a vapores de cocinado o tras el contacto directo o la ingestión), el sistema inmunológico podría reconocer como extraños determinados epítopos y desarrollar una respuesta IgE específica. Las parvalbúminas son los alérgenos mayoritarios del pescado, son proteínas termoestables que pueden resistir el cocinado prolongado, el ácido y la acción enzimática intestinal, pudiendo ser vehiculizada en aerosoles y vapores de cocción, por lo que puede inducir sensibilización y reacciones alérgicas tras una exposición por vía, tanto digestiva como respiratoria. Además, distintos métodos de preparación pueden alterar la alergenicidad de algunos pescados, como sucede con el atún, favoreciendo su tolerancia y, por ello, muchos individuos refieren prurito orofaríngeo con el atún fresco y toleran el atún en conserva.

En cuanto a la reactividad cruzada, los pacientes con alergia al pescado pueden tolerar otras especies, y dicha tolerancia es mayor para aquellas especies menos relacionadas. Aunque algunos sujetos alérgicos al pescado pueden reaccionar a los crustáceos y otros mariscos, no se ha podido demostrar reactividad cruzada entre estos dos grupos de alimentos.

Alergia a los crustáceos y moluscos

La prevalencia de la alergia al marisco es mayor entre la población adulta que en la infantil. Los mariscos son los causantes del 2,8-8% de las alergias alimentarias y, en la población infantil, el marisco es la causa del 4,1 al 6,5% de las alergias alimentarias(2). En general, se trata de una alergia persistente y frecuente causa de anafilaxia. Las reacciones pueden aparecer como resultado de la ingestión, contacto o inhalación de vapores del marisco. La tropomiosina es el alérgeno mayoritario de la gamba y se ha identificado también como el alérgeno mayoritario de otros crustáceos, estando presente también en algunos moluscos(18). La existencia de alérgenos con reactividad cruzada en los ácaros del polvo puede llegar a tener relevancia clínica. Los pacientes alérgicos a los crustáceos tienen un riesgo del 75% de reaccionar a otra especie de crustáceo. Se ha descrito algún paciente alérgico a los mariscos que presenta también alergia a los pescados, pero se ha demostrado que se trata de una cosensibilización.

Alergia a las carnes

La alergia a las carnes es poco frecuente, aunque se han descrito diferentes cuadros clínicos tras la ingestión, inhalación o contacto con productos cárnicos, con síntomas de gravedad variable. En la alergia a la carne de mamíferos, se han implicado varios alérgenos (seroalbúminas, gammaglobulina sérica bovina, actina y tropomiosina). Aunque hay publicados algunos casos de reactividad clínica tras la ingestión de carne de ternera en niños alérgicos a la leche de vaca y se ha llegado a hablar de una asociación de hasta un 13-20%, la experiencia clínica confirma que esta asociación es infrecuente. Los niños con alergia a las PLV, aunque a menudo tienen pruebas cutáneas con carne de ternera positivas, casi siempre la toleran. Algunos de los pacientes alérgicos a la leche y con sensibilización a seroalbúmina bovina (BSA) pueden presentar síntomas si la carne está poco cocinada, ya que se trata de una proteína termolábil. La alergia a la carne de cerdo, conejo o caballo es infrecuente y los casos publicados son escasos, siendo la carne de cordero la menos alergénica de todas las de mamíferos. Aunque la alergia al huevo es la alergia a alimentos más prevalente, la alergia a la carne de estos animales es poco frecuente. Se han descrito diferentes alérgenos responsables de la alergia a la carne de pollo, pero las albúminas sérica de pollo (a-livetina) son el antígeno principal responsable de la reactividad cruzada entre las plumas de pájaro y la yema de huevo, asociación denominada “síndrome ave-huevo”(17)explicada previamente. Las carnes de pavo y de pollo presentan una alta reactividad cruzada entre sí.

Alergia a los alimentos de origen vegetal

Los vegetales forman parte de la dieta habitual de la mayoría de países y culturas, y constituyen una de las causas más frecuente de alergia alimentaria. La prevalencia de la alergia a los alimentos de origen vegetal depende del área geográfica, no solo por los diferentes hábitos alimenticios, sino también por la diferente palinología que puede determinar el grado de prevalencia de alergia a un vegetal determinado, debida a los fenómenos de reactividad cruzada entre pólenes y alimentos vegetales, y la frecuencia de sensibilización al látex por las alergias a alimentos vegetales que se le asocian.

Alergia a las frutas

Las frutas frescas son las responsables de un 30% de los casos de la alergia alimentaria(16), siendo junto a los frutos secos, los que con mayor frecuencia provocan reacciones alérgicas en la edad adulta (hasta un 10% de anafilaxias en adultos[18]). Los alérgenos, en su mayoría, pertenecen al grupo de proteínas de defensa vegetal de las plantas y a las profilinas. Dado que la mayoría de estas estructuras alergénicas son muy ubicuas, presentan un alto grado de conservación de sus estructuras entre diferentes especies, y están presentes en diversos tejidos vegetales, como: polen, hojas, raíces, semillas y frutos, pueden justificar los procesos de reactividad cruzada existentes entre los alérgenos de origen vegetal. Además, en los pacientes alérgicos al látex, puede coexistir una alergia alimentaria a frutas y frutos secos, siendo la asociación más significativa con el plátano, aguacate, castaña y kiwi. En la mayoría de pacientes, esta sensibilización es irrelevante, pero en otros da lugar a manifestaciones clínicas graves. Este es el llamado síndrome látex-frutas, donde las proteínas implicadas pertenecen al grupo de las quitinasas de clase 1.

Alergia a los frutos secos

Los frutos secos tienen un alto poder nutritivo y se consumen directamente o formando parte de productos de bollería y pastelería, en helados, en salsas, como aceites, etc.; de ahí, su importancia como alérgeno oculto. En España, la alergia a los frutos secos es la segunda causa más frecuente de alergia de alimentos de origen vegetal(16), y la primera junto con las frutas en los adultos. La sensibilización a un solo fruto seco es más frecuente en los niños de menos edad, mientras que los pacientes adultos presentan sensibilización a múltiples frutos secos, debido a la exposición progresiva con la edad, podría ser la causa responsable. Al contrario de lo que suele ocurrir con la alergia a la leche o al huevo, la alergia a los frutos secos permanece a lo largo de la vida y, solo de manera excepcional, se ha descrito la desaparición de la sensibilización. En los países anglosajones, el cacahuete es el fruto seco que provoca reacciones con mayor frecuencia, y en Europa es la avellana, sobre todo, en los pacientes con alergia al abedul, debido a la reactividad cruzada. En España, algunos estudios señalan a la almendra y otros a la nuez como los más frecuentes. Los frutos secos se caracterizan por la potencia elevada de sus alérgenos y la estabilidad frente al calor y los procesos digestivos lo que implica que, con frecuencia, las reacciones sean intensas e inmediatas, puedan producir incluso la muerte del sujeto, y que se desencadenen reacciones clínicas con cantidades mínimas.

La mayoría de los alérgenos de los frutos secos pertenecen a la familia de proteínas de almacenamiento de semillas, vicilinas, leguminas y albúminas 2S.

Alergia a las hortalizas

Se han descrito reacciones alérgicas con diversas hortalizas, y se ha demostrado reactividad cruzada entre distintas hortalizas y entre las hortalizas y aeroalérgenos, principalmente pólenes, dando lugar a las asociaciones clínicas conocidas como el síndrome apio-zanahoria-artemisia y con la alergia a vegetales asociada a polinosis por polen de abedul. Algunos alérgenos son similares a los de las frutas, y otros son diferentes, como proteínas de almacenamiento, proteínas estructurales y enzimas metabólicas.

Alergia a los cereales

Los cereales cultivados, especialmente el trigo, son una importante fuente de proteínas de la dieta en todo el mundo, se emplean como agentes espesantes o de relleno y se pueden encontrar en alimentos de panadería, productos cárnicos procesados, bebidas y muchos otros alimentos procesados. Todos ellos pertenecen a la familia de las gramíneas, por lo que los pacientes con alergia al polen de gramíneas pueden presentar pruebas cutáneas y respuesta IgE específica frente a los cereales, pero la aparición de los síntomas en los pacientes es infrecuente. Se los considera una de las causas más frecuentes de reacciones alérgicas en la infancia en EE.UU., especialmente el trigo, pero en España los cereales no destacan como causa de alergia a los alimentos y representan menos de un 5%(16). Al igual que ocurre con la leche o con el huevo, se trata de una de las sensibilizaciones que tiende a desaparecer con la edad. Los cereales se introducen en la dieta del lactante alrededor del quinto mes de vida, pero la sensibilización puede observarse antes por su paso a la leche materna en los niños con alimentación exclusiva con esta.

Alergia a las legumbres

Las legumbres son ricas en proteínas de alto valor biológico y con bajo contenido en lípidos, excepto el cacahuete. La alergia a legumbres, como la soja y el cacahuete, es más frecuente en los países de origen anglosajón. En estos países, se considera que el cacahuete es el alimento más implicado en reacciones alérgicas y, además, se asocia a una cierta gravedad, ya que el 50% de las reacciones presentadas son moderadas o graves, asociando dificultad respiratoria o hipotensión arterial. La alergia a otras legumbres, como: la lenteja, el garbanzo, la judía o el guisante son más frecuentes en los países asiáticos o con dietas mediterráneas. Ocupan el quinto lugar de alimentos implicados en alergia alimentaria en la infancia y el séptimo lugar en la población adulta(16). Los alérgenos de las legumbres se clasifican en albúminas y globulinas (80%).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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18.*** Hernández AP & González IJD (Eds.). (2007). Tratado de alergología (1811 p.). ISBN (9788484735779). Ergón.

Bibliografía recomendada

Como hemos comentado en este capítulo, la alergia a los alimentos en el niño es una patología cuya prevalencia va en aumento y que afecta en gran medida a la salud y a la calidad de vida, tanto del niño alérgico como de su entorno, motivo por el que es muy importante un manejo adecuado de esta patología.

- Dávila González IJ, Jaúregui Presa JM, Olaguíbel Rivera y Zubeldia Ortuño JM. Manual “Tratado de Alergología”. ISBN: 9788484735779.

Es muy extenso, pero muy completo, y está muy bien como libro de consulta para la alergia alimentaria y la alergología en general.

- Boyano Martínez MT, García Ara MC. Alergias a alimentos en el niño. ISBN: 9778-84-96504-29-5.

Muy completo como libro de consulta y más específico de la alergia a alimentos en Pediatría.

- Gutiérrez Fernández D, Fernández Meléndez S, Foncubierta Fernández A, et al. Manual práctico de alergia alimentaria. ISBN: 978-84-695-7127-9.

- García Menaya JM, Hernández Arbeiza FJ. Manual de alergia a alimentos. ISBN: 978-84-606-7860-1.

- Paul Molkhou. Food Allergies: Present and future problems.

Muy prácticos para la Pediatría en Atención Primaria.

Caso clínico

 

Paciente de 13 meses de edad diagnosticado de dermatitis atópica desde los 3 meses y en tratamiento con hidratación y corticoides tópicos, que acude a su consulta porque hace un mes, estando tolerando bien previamente la yema de huevo, le introducen un huevo cocido completo por primera vez en un puré de verduras que tenía patata, calabacín y zanahoria. Comenta que con la segunda cucharada del puré, el niño comienza con clínica consistente en lesiones eritematosas elevadas periorales, que en 10 minutos se extienden a la zona del cuello y del tórax, acompañadas de ligero edema de labio. En ese momento, acuden a su pediatra que le administra tratamiento con un antihistamínico de primera generación y las lesiones ceden en unas 6 horas sin dejar lesión residual. Posteriormente, el niño ha cenado puré de las mismas verduras con pollo y ha sido bien tolerado.

 

 

Alergia a proteínas de leche de vaca

S. Lapeña López de Armentia, E. Hierro Delgado
Temas de FC


S. Lapeña López de Armentia, E. Hierro Delgado

Unidad de Alergia y Respiratorio Infantil. Servicio de Pediatría. Complejo Asistencial Universitario de León

Resumen

La alergia a proteínas de leche de vaca es la alergia alimentaria más frecuente en los lactantes y afecta a un 1% de la población. El pronóstico es bueno, con una resolución en torno al 80%, que llega al 100% cuando no está involucrado un mecanismo mediado por IgE.
Las manifestaciones clínicas más habituales son las inmediatas, mediadas por IgE, con síntomas cutáneos (angioedema, urticaria, dermatitis) o digestivos (vómitos, diarrea), con síntomas respiratorios o sistémicos menos frecuentes. La alergia no mediada por IgE suele originar síntomas digestivos (enterocolitis, proctocolitis, enteropatía) e incluso respiratorios (síndrome de Heiner).
El diagnóstico de alergia a proteínas de leche de vaca se basa en una historia clínica compatible, con mejoría de los síntomas tras la supresión de leche y derivados de la alimentación, con realización de pruebas cutáneas tipo prick-test o determinación de IgE específica; en algunos casos, se completa con prueba de provocación.
El tratamiento consiste en la evitación de las proteínas de leche de vaca, con empleo de lactancia materna, con dieta de exclusión en la madre, fórmulas extensamente hidrolizadas o de soja. En el caso de no alcanzar la tolerancia, la inmunoterapia oral es, en el momento actual, una opción de tratamiento.

 

Abstract

Cow’s milk allergy is the most common food allergy in infants and affects 1% of the population. The prognosis is good, with a resolution of around 80%, which reaches 100% when a mechanism IgE non-mediated is involved.
The most common clinical manifestations are IgE mediated, with immediate reaction, with skin symptoms (angioedema, urticaria, dermatitis) or digestives (vomiting, diarrhea), with less frequent respiratory or systemic symptoms. Allergy IgE not-mediated usually causes digestive symptoms (enterocolitis, proctocolitis, enteropathy) and even respiratory (Heiner’s syndrome).
The diagnosis of cow’s milk allergy is based on compatible clinical history, with improvement of the symptoms after the suppression of milk and derivatives, with prick skin test or specific IgE determination; in some cases it is completed with a provocation test.
The treatment consists of the avoidance of cow’s milk proteins, with the use of breastfeeding, with exclusion diet in the mother, extensively hydrolyzed or soy formula. In the case of not reaching tolerance, oral immunotherapy is already one more option of treatment.

 

Palabras clave: Hipersensibilidad alimentaria; Hipersensibilidad a leche de vaca; Revisión; Desensibilización

Key words: Food hypersensitivity; Milk hypersensitivity; Review; Desensitization

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 76 – 86


Alergia a proteínas de leche de vaca

Introducción

La alergia alimentaria es una reacción de hipersensibilidad a alimentos, mediada por mecanismo inmunológico; su prevalencia está aumentando (hasta el 10% en algunos países).

La alergia alimentaria se ha convertido en una inesperada “segunda oleada” en la epidemia de la alergia, sobre todo en los últimos 15-20 años, aumentando drásticamente su frecuencia en lactantes y niños preescolares, hasta llegar, en algunos países, a tener una prevalencia en torno al 10%, con un incremento también en las reacciones graves, como la reacción anafiláctica(1).

Con el fin de unificar conceptos en el ámbito de la alergia, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) propuso en 2001, un conjunto de definiciones basadas en los mecanismos que inician y median en la respuesta alérgica(2):

• Hipersensibilidad: cualquier tipo de síntoma y/o signo reproducible e iniciado tras la exposición a un estímulo definido, como un alimento, y a una dosis tolerada por sujetos normales.

• Alergia: reacción de hipersensibilidad con mecanismo inmunológico demostrado o muy probable y que, a su vez, puede ser: mediada o no mediada por IgE.

En el caso de un alimento, cualquier tipo de reacción adversa no tóxica es una hipersensibilidad alimentaria y, si se demuestra mecanismo inmunológico, se cataloga como alergia alimentaria, que puede ser mediada o no por IgE. Para el resto de las reacciones, donde no se demuestra un mecanismo inmune (intolerancia, respuesta farmacológica, tóxica, etc.), se propone el término de hipersensibilidad alimentaria no alérgica(2), como se resume en el Algoritmo 1(3).

Se desconocen datos certeros de prevalencia y de incidencia en alergia alimentaria. Hay pocos estudios que realicen la prueba diagnóstica ideal, que es la provocación oral controlada con placebo; la mayoría se basan en la presencia de síntomas relacionados con la ingesta de un determinado alimento, asociada o no, a la presencia de sensibilización cutánea (realizada por prick test) o sanguínea (IgE específica en suero), que tienden a sobreestimar la frecuencia de la alergia alimentaria(4). Los alimentos que con más frecuencia están implicados a nivel mundial son: leche de vaca, huevo, cacahuetes y nueces, en la edad pediátrica, y marisco, frutas y verduras en edad adulta(5); en España, los alimentos causantes de alergia son: en menores de 5 años, leche y huevo; y en mayores de cinco años, frutas y nueces(6).

La EAACI publicó en 2014 un metaanálisis, revisando artículos originales sobre alergia alimentaria, publicados en Europa entre enero-2000 y septiembre-2012, con muchas diferencias metodológicas entre ellos, lo que hace difícil establecer conclusiones claras. A modo de resumen, la prevalencia de síntomas relacionados con alimentos en menores de 18 años era de 6,9% (IC95%: 6,6-7,1), mayor que en adultos, 5,0% (IC95%: 4,8-5,3), y mayor en los países del norte de Europa, 14,5% (IC95%: 13,9-15,1). Esta prevalencia disminuye cuando se relaciona la presencia de síntomas con IgE específica positiva a algún alimento: 3,6% (IC95%: 2,8-4,4) y, sobre todo, con pruebas cutáneas positivas: 1,5% (IC95%: 1,3-1,7). Los estudios que realizaron provocación oral obtuvieron una prevalencia de alergia a algún alimento de 1,0% (IC95%: 0,8-1,2), ligeramente más alta en niños que en adultos, y mayor en la Europa occidental: 3,1 (IC95%: 2,6-3,7)(4). Lo que parece más evidente es que la incidencia se mantiene estable, pero cada vez hay más publicaciones que apuntan a que es la prevalencia la que está aumentando, por un mejor diagnóstico o por unas menores tasas de curación(4).

La tolerancia es la respuesta inmunitaria normal a la ingesta de alimentos; sin embargo, no se conoce por qué, en algunas personas, se produce un cambio en esta respuesta, apareciendo la reacción de hipersensibilidad. Se conocen una serie de factores que pueden estar implicados en la aparición de alergia alimentaria, con interacción entre factores genéticos y ambientales: sexo varón, raza (asiática o negra), predisposición hereditaria (asociación familiar, HLA, genes específicos), dermatitis atópica, déficit de vitamina D, bajo consumo de ácidos grasos omega-3 poliinsaturados, consumo reducido de antioxidantes, obesidad, aumento de higiene(5). Algunos de estos factores pueden ser útiles en la prevención o en el tratamiento.

Hay una serie de factores relacionados con el individuo y con el antígeno que pueden facilitar la tolerancia o la sensibilización(6):

Dosis de antígeno. Bajas dosis inducen la producción de células T reguladoras que promueven la tolerancia vía mecanismo de supresión; este mecanismo también interviene ante alta dosis de antígeno.

Forma de antígeno. El alimento sólido sensibiliza más que el soluble; la comida procesada o sometida a unas determinadas condiciones de temperatura también puede incrementar una respuesta de tipo Th2.

Edad de exposición. Introducción precoz en cantidades adecuadas de un alimento suelen inducir tolerancia.

Vía de entrada. La exposición extraintestinal (vía cutánea, p. ej.) tiende a aumentar la sensibilización.

Edad. La sensibilización a alimentos es más frecuente en la edad pediátrica, quizá por una maduración retrasada de los mecanismos protectores intestinales.

Factores genéticos. Hay susceptibilidad genética que facilita el desarrollo de alergia alimentaria.

Microbiota. El ambiente microbiano en el intestino puede facilitar la respuesta de tolerancia; hay mayor riesgo de alergia alimentaria en el recién nacido si el parto es por cesárea.

Factores que influyen en el tracto intestinal: lactancia materna (facilita la tolerancia), tratamiento con antiácidos (favorece la sensibilización).

Alergia a proteínas de leche de vaca

Hace unos cinco años, se publicó una amplia revisión de la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV) en esta revista(7). Desde entonces, han continuado apareciendo en la literatura médica revisiones, protocolos y guías de manejo de la APLV, elaboradas por sociedades científicas, como otra guía inglesa, realizada esta vez por la Sociedad Británica de Alergia e Inmunología Clínica(8), o a nivel nacional por la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAAP)(6), y actualizaciones de las ya publicadas, como la revisión de la guía elaborada por la Organización Mundial de Alergia para el diagnóstico y acción racional frente a la alergia a proteínas de leche de vaca (DRACMA) realizada en 2010(9).

Epidemiología

La prevalencia de alergia a proteínas de leche de vaca está entre 0,5-2%; aparece en los primeros meses de vida.

La APLV aparece, sobre todo, en las edades tempranas de la vida, por ser la primera proteína extraña que se introduce en la dieta del lactante y es más frecuente en los países desarrollados(6).

Se desconoce la prevalencia real de esta enfermedad, con grandes diferencias de unos países a otros, debido a la diferente metodología empleada. Uno de los estudios con muestra más amplia es el estudio EuroPrevall, realizado en 9 centros europeos, entre 2005-2010, con un seguimiento de los niños desde recién nacidos hasta los 2 años(10). Tras revisar a más de 12.000 lactantes, encontraron una incidencia de APLV demostrada por provocación oral de 0,5% (IC95%: 0,4-0,7), pero con amplia variabilidad entre diferentes centros participantes: la más alta era Inglaterra, 1,3%, y la más baja Grecia, 0%; en España se encontró una incidencia del 0,7%. Estos datos son bajos y puede ser que estén infravalorando la realidad (no se realizó provocación oral en un 30% de pacientes candidatos)(10).

Alérgenos de la leche de vaca

Las proteínas de leche de vaca son termorresistentes, presentan reacción cruzada con leche de otros mamíferos. La sensibilización más frecuente es a la caseína.

La leche de vaca se produce en la glándula mamaria de las vacas (Bos domesticus). Contiene 3 g de proteínas por cada 100 ml, con más de 40 proteínas diferentes. Las características de los alérgenos principales presentes en la leche de vaca se detallan en la tabla I(11).

La beta-lactoglobulina es más termolábil, pero en algunas ocasiones, como tras un calentamiento vigoroso (121º durante 20 minutos), pueden llegar a aumentar su alergenicidad, al formarse nuevas estructuras inmunológicamente más activas(12) y, sin embargo, temperaturas más altas y prolongadas (leche horneada) la disminuyen, pudiendo llegar a tolerarse(13).

Es importante recordar que existe reactividad cruzada entre leche de mamíferos, principalmente entre bóvidos (vaca, cabra, oveja), y son menos frecuentes con suidos (cerda), équidos (yegua, mula) o camélidos (no tienen beta-lactoglobulina, como la leche humana)(12).

Clínica

La clínica más frecuente en las reacciones inmediatas es la cutánea y la más grave es la anafilaxia; la más frecuente en las reacciones tardías es la clínica digestiva.

La APLV suele ser la primera alergia que se diagnostica en el lactante, al coincidir con la introducción de fórmula adaptada en su alimentación, tras un periodo de lactancia materna. En el 60% de las ocasiones, aparecen los síntomas tras la primera toma y, rara vez, se inician después de la semana de introducir la fórmula adaptada(6).

En otras ocasiones, los síntomas aparecen tras contacto con alguien que ha manipulado leche de vaca: contacto con la piel, caricias e incluso besos de alguien que haya estado en contacto con leche. También hay casos descritos de inicio de síntomas durante la lactancia materna exclusiva, en caso de ingesta elevada de leche de vaca en la dieta de la madre, debido a la presencia de proteínas de leche de vaca en la leche materna(6).

El espectro de reacciones adversas a la leche es muy amplio, un resumen de los diferentes cuadros clínicos se expone a continuación(2,3,6,8):

I. Reacciones alérgicas inmediatas. Aparecen desde unos minutos a dos horas después de la ingesta de leche. Suele presentar sensibilización mediada por IgE (con pruebas cutáneas y/o IgE específica positivas), con clínica cutánea (70-75%), digestiva (13-34%), respiratoria (1-8%), afectación de más de un órgano (26%) y anafilaxia (1-4%)(6). Los síntomas pueden ser:

a. Anafilaxia. Es la manifestación más grave de APLV. Asocia inicio rápido de síntomas cutáneos (urticaria local o generalizada, angioedema), digestivos (síndrome de alergia oral, dolor abdominal, vómitos o diarrea), respiratorios (en el 80% de los casos: disnea, broncoespasmo, estridor, hipoxemia), cardiovasculares (en el 20% de las reacciones: hipotensión, síncope, shock) y neurológicos (temblores, confusión, convulsiones y síncope); en un lactante puede pasar más desapercibida y presentar palidez e hipotonía. Hay casos descritos de “anafilaxia a leche de vaca inducida por ejercicio”, en paciente con antecedente de APLV (después de desensibilización oral e, incluso, después de haber adquirido tolerancia) que, tras ingesta de leche, realiza ejercicio físico, presentando en ese momento una reacción anafiláctica.

b. Reacciones gastrointestinales. Puede tener síntomas desde boca hasta intestino distal. Se puede presentar como rechazo del biberón, junto con llanto e irritabilidad, sin otras manifestaciones de enfermedad. O tras la ingesta de leche, puede comenzar con síndrome de alergia oral (edema en labios, prurito oral, edema en lengua, molestias a la deglución). A nivel del estómago y del intestino delgado, se traduce en: náuseas, vómitos más o menos profusos y dolor abdominal de tipo cólico. En intestino grueso: dolor abdominal, diarrea y, ocasionalmente, heces con sangre. El 50% de los niños con síndrome de intestino corto presentan APLV.

c. Síntomas respiratorios. No suelen presentarse aislados, sino acompañando a otras manifestaciones sistémicas.

Asma y rinitis secundaria a ingesta de leche de vaca. Es rara como presentación aislada y suele asociarse a manifestaciones graves; la rinitis es frecuente durante la prueba de provocación (70% de los casos): prurito nasal, congestión, rinorrea y estornudos.

Asma y rinitis secundaria a inhalación de proteínas de leche de vaca. La inhalación de vapor de leche hirviendo puede originar síntomas respiratorios graves. Hay casos descritos, incluso, por la lactosa presente en algunos inhaladores de polvo seco.

d. Síntomas cutáneos. Son las manifestaciones más frecuentes. Incluye eritema con o sin urticaria aguda o angioedema; estas manifestaciones leves pueden preceder a otras de mayor intensidad.

e. Otros. Se ha encontrado un mayor número de APLV en pacientes con: epilepsia, hipogammaglobulinemia e inmunodeficiencias primarias (p. ej., síndrome hiper IgE).

II. Reacciones tardías. Presentes en algunos niños y en muchos adultos, sin anticuerpos IgE-específicos frente a leche (pruebas cutáneas y sanguíneas negativas); aparecen los síntomas desde 2 horas a días después de la ingestión de leche, siendo los más frecuentes los cutáneos y digestivos:

a. Síntomas cutáneos: dermatitis atópica, tanto por ingesta como por contacto con leche. Un tercio de los pacientes con dermatitis atópica moderada-grave tienen alergia alimentaria y la leche es el segundo alimento implicado con más frecuencia, sobre todo en menores de 2 años. La mejoría tras la supresión de alimentos lácteos durante unas 2-4 semanas y el posterior empeoramiento al reintroducirlos pueden ayudar al diagnóstico de alergia.

b. Síntomas digestivos. La APLV puede presentar una gran variedad de síntomas: náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, pérdida de peso o fallo de medro. Los cuadros clínicos digestivos más frecuentes, que se suelen resolver a los 2-3 años de vida, son: espasmo cricofaríngeo, reflujo gastroesofágico, esofagitis eosinofílica, estenosis pilórica, enteropatía sensible a proteínas vacunas, gastroenteritis y proctocolitis, estreñimiento y colon irritable. El diagnóstico se suele basar en la mejoría con la dieta de supresión de proteínas vacunas: lactancia materna exclusiva con dieta exenta en leche y derivados o fórmula láctea altamente hidrolizada.

Enteropatía sensible a proteínas de leche de vaca. Aparece antes de los 2 años; presenta vómitos proyectivos, hipotonía, palidez, diarrea entre 1 y 3 horas después de la ingesta de fórmula artificial, que evolucionan a pérdida de peso, hipoalbuminemia, anemia, aumento de a-1-antitripsina en heces, deshidratación e, incluso, shock. No se ve durante la lactancia materna exclusiva, hasta que no se introduce fórmula láctea. Puede producirse con otros alimentos, como soja, cereales (arroz), huevo, pollo, pescado, y remite en los 2-3 primeros años de vida. El tratamiento es con una fórmula altamente hidrolizada o, incluso, fórmula elemental a base de aminoácidos.

Proctocolitis sensible a proteínas de leche de vaca. Suele aparecer antes de los 3 meses de vida; las heces pueden ser de consistencia normal o algo blandas, con sangre y moco, en lactante contento, con buen desarrollo ponderal.

Enterocolitis alérgica por proteínas de leche de vaca. Se desarrolla antes de los 9 meses. La clínica más habitual consiste en vómitos de inicio tardío, con afectación del estado general, palidez, letargia y deshidratación, que se puede acompañar de diarrea y estancamiento ponderal. Se presenta en lactantes alimentados con fórmula artificial desde el principio.

c. Síndrome de Heiner: hemorragia alveolar difusa inducida por proteínas de leche de vaca. Es una enfermedad poco frecuente, con infiltrados pulmonares recurrentes asociados con tos crónica, fiebre recurrente, taquipnea, sibilancias y pérdida de peso. En la radiografía de tórax, hay infiltrado parcheado, con atelectasias, condensación y adenopatías hiliares, y, en la analítica, se encuentran precipitinas a proteínas de leche de vaca.

d. Otros. Se ha encontrado asociación entre APLV y dolor abdominal recurrente, estreñimiento persistente o trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Estas asociaciones requieren una interpretación prudente y más apoyo bibliográfico.

Un resumen de los síntomas y signos relacionados con la APLV en relación con la edad, se expone en la Tabla II(14).

Diagnóstico

El diagnóstico de alergia a proteínas de leche de vaca se realiza sobre la base de una historia clínica compatible, mejoría tras la supresión de la leche y presencia de sensibilización (cutánea y/o analítica). Se confirma con la prueba de provocación oral.

Incluye la realización de una historia clínica completa, estudio del mecanismo inmunológico, mediante la demostración de IgE específica y la comprobación de la relación entre mejoría de los síntomas tras la supresión de los lácteos y la reaparición de síntomas al introducirlos de nuevo(6).

Historia clínica

Tiene que ser detallada, incluyendo: antecedentes familiares y/o personales de atopia, tipo de alimentación (materna, artificial, presencia de biberones esporádicos), tipo y edad de inicio de los síntomas, frecuencia, tiempo desde la ingesta hasta aparición de síntomas, cantidad de leche necesaria para producirlos, reproductibilidad de esta reacción, intervalo desde última reacción, influencia de factores externos (ejercicio, estrés, cambios hormonales), repercusión en crecimiento, tratamientos realizados y efecto de la dieta de supresión. Debe completarse con una exploración física detallada, con valoración del estado nutricional. Ante un lactante o niño que presente alguno de los síntomas reseñados en la tabla II y que no pueda ser explicado por otra causa, hay que considerar la APLV como un posible diagnóstico(14).

Prueba de supresión

Ante síntomas compatibles con reacción alérgica a proteínas vacunas, hay que suprimir leche y derivados de la alimentación para constatar la desaparición de los síntomas. Si no hay mejoría en 2-4 semanas, habría que reintroducirla de nuevo; pero si hay mejoría al suprimir los lácteos, hay que remitir al paciente a la unidad de alergia pediátrica de referencia para completar el estudio alergológico(12).

Se debe evitar la ingesta accidental, así como la inhalación o el contacto cutáneo con leche, evitar las proteínas que tengan reacción cruzada (leche de cabra o de oveja hasta en el 85% de los APLV, carne de ternera en el 20% de los mismos) y valorar el estado nutritivo. Si está con lactancia materna, la madre tiene que evitar lácteos de vaca y de otros mamíferos (oveja, cabra) y si está con fórmula artificial, se cambiará, en los menores de 2 años, por leche extensamente hidrolizada o por sustitutos vegetales de la leche (como la soja)(12).

Presencia de sensibilización mediada por IgE

Ante la sospecha de APLV por presentar síntomas compatibles y mejoría tras la supresión de lácteos, hay que estudiar la presencia de sensibilización mediada por IgE frente a proteínas de leche de vaca(12). Los tipos de pruebas a realizar son:

• Pruebas cutáneas. Se realizan mediante prick test; es una técnica rápida, barata, pero no exenta de riesgos (es prueba in vivo). Consiste en colocar una gota del alérgeno comercial que queremos estudiar en la cara anterior del antebrazo, pinchar con una lanceta encima de cada gota para que la solución penetre en la capa superficial de la piel y a los 15 minutos medir el tamaño de la pápula. Se recomienda emplear extractos estandarizados de leche de vaca completa, a-lactoalbúmina, β-lactoglobulina, caseína, histamina (control positivo) y suero salino (control negativo); se recomienda también realizar la prueba a carne de vaca para excluir su sensibilización (presente en 20% de pacientes con APLV) y estudiar otros alimentos no introducidos (huevo y pescado). En la Unión Europea, estos extractos alergénicos tienen la consideración de productos médicos, están sometidos a los máximos controles de calidad y existe el riesgo de que desaparezcan del mercado, teniendo que emplear después solo las pruebas in vitro(15).

• Se considera positivo un tamaño de pápula superior a 3 mm(12); una pápula superior a 10 mm se asocia con alergia persistente. El valor predictivo negativo del prick test ante un paciente con reacción inmediata está en el 90-95% y, si se emplea leche fresca (leche de vaca entera pasteurizada) mediante prick-prick test (pinchar con la lanceta el alimento y después pinchar la piel), puede llegar hasta el 97%(12); en menores de 2 años, los resultados son más homogéneos y una pápula >= 6 mm con preparado comercial o de 8 mm con leche fresca tiene alto valor predictivo positivo de APLV(16).

• Pruebas analíticas. La rentabilidad de la determinación de IgE específica en suero para el diagnóstico de alergia inmediata es similar al prick test. Se realiza mediante inmunoCAP, técnica más exacta y que mejora los resultados de la previa (RAST) y más tras la introducción del diagnóstico por componentes(15). Se suele emplear como punto de corte un valor de IgE específica >=0,35 kU/L(12), con alta sensibilidad, pero con baja especificidad; sin embargo, valores superiores a 5 kU/L, en menores de 2 años, tienen un alto valor predictivo positivo, por lo que se podría obviar la prueba de provocación(16). Se ha publicado un estudio nacional, con participación de 13 centros y 327 pacientes, con la determinación de IgE específica a caseína y apunta que valores mayores de 2,5 kU/L (12 meses), 1,22 kU/L (18 meses), 3 kU/L (24 meses), 2,39 kU/L (36 meses) y 2,73 kU/L (48 meses) tienen un valor predictivo de reacción a leche de vaca del 90%(6).

• Otras determinaciones. Otras pruebas, como: la determinación de IgG específica, el test de microarray o el test de activación de basófilos no ofrecen ventajas sobre las técnicas anteriores.

Prueba de provocación oral

El diagnóstico de APLV debería ser confirmado con una prueba de provocación oral abierta o ciega y controlada con placebo, dependiendo de la historia clínica, síntomas y edad del niño; sin embargo, hay circunstancias en que la prueba de provocación oral puede omitirse: si hay probabilidad alta de APLV o si la prueba de provocación puede tener riesgo elevado de presentar síntomas (p. ej., antecedente de anafilaxia)(14).

Es la prueba ideal para confirmar la existencia de APLV, pero es laboriosa, consume tiempo, recursos y puede tener riesgos para el paciente(12). Se realiza en medio hospitalario, por personal preparado, habituado a valorar y tratar las reacciones alérgicas e, incluso, si hay riesgo de reacción grave, se hará en una unidad de cuidados intensivos.

Consiste en dar dosis crecientes de leche, cada 30 minutos: 0,1-0,3-1-3-10-30-100 ml (total: 144 ml) y mantenerle en observación durante 2 horas, para constatar la presencia de reacciones inmediatas (2 horas después de la ingesta) y/o tardías (de 2 horas a incluso 14 días)(12,14). El Comité de Alergia a Alimentos de la SEICAAP propone también otra pauta, con la administración de leche cada 30 minutos: 2-5-10-25-50-100-120 ml (total: 312 ml), con observación durante 1-2 horas, variando la dosis de inicio y de finalización según la edad del paciente y su situación clínica(6). Se considera positiva, y habrá que suspender la prueba, si aparecen síntomas sugestivos durante la misma o tras su finalización(6).

En el Algoritmo 2, se propone un algoritmo diagnóstico ante la sospecha de APLV, elaborado por la SEICAAP(6). En el caso de reacción inmediata con síntomas graves, como una reacción anafiláctica, se recomienda supresión de proteínas vacunas en su alimentación y derivar a consulta de alergia pediátrica para completar estudio, recomendando provocación, como pronto, después del año y no antes de 6-12 meses de la reacción. En reacción tardía con síntomas graves, como: diarrea crónica, enteropatía pierde proteínas o esofagitis eosinofílica, se recomienda supresión de proteínas vacunas (no dar tampoco fórmula de soja) y, si hay mejoría, realizar prueba de provocación después del año y no antes de 6-12 meses de la reacción. Por el contrario, si no existe mejoría, hay que realizar estudio alérgico y, si las pruebas son negativas, volver a reintroducir la fórmula adaptada(6).

Historia natural y evolución

La evolución suele ser favorable, con remisión hasta en el 80% de los casos a los 5 años.

La APLV se suele presentar antes del año de vida. Los síntomas comienzan durante la semana de la introducción de la fórmula adaptada, aunque hay casos descritos después de 6-9 meses; en casos aislados, pueden aparecer los síntomas durante la lactancia materna exclusiva.

La evolución suele ser favorable. El 50% de los pacientes toleran leche de vaca a los 2 años del diagnóstico y el 80% a los 3-5 años. No obstante, el 15% de los niños con APLV mediada por IgE eran todavía alérgicos después de los 8 años, mientras que todos los que presentaban reacciones no mediadas por IgE eran tolerantes a los 5 años(6,12).

Hay datos clínicos que pueden servir para predecir su persistencia: inicio antes del mes, síntomas inmediatos, con dosis bajas (menos de 10 ml), presencia de otras alergias alimentarias (como alergia a huevo), asma concomitante, rinitis alérgica o reacción a la introducción de leche horneada. También, predicen persistencia: un tamaño de pápula >= 5 mm, valores altos de IgE específica y un escaso descenso en estos valores durante la evolución(8).

Una herramienta que puede ayudar a evaluar y cuantificar la evolución de los síntomas en el paciente con APLV es un score de síntomas relacionados con proteína de leche de vaca (CoMiSS), que tiene en cuenta si hay clínica general, cutánea, gastrointestinal y respiratoria, dando una puntuación que hay que comparar con la obtenida en las sucesivas revisiones, para valorar la evolución; no debe emplearse en el diagnóstico, solo en el seguimiento(17).

Tratamiento

El tratamiento sigue siendo la supresión de leche y derivados de la alimentación, con supresión de leche de otros mamíferos. La alimentación es con lactancia materna o con fórmula láctea extensamente hidrolizada y, en mayores de 6 meses, con fórmula de soja.

El tratamiento principal sigue siendo el tratamiento pasivo, con la supresión completa de leche y derivados de la alimentación. Hay que prevenir tanto la inhalación como el contacto cutáneo con leche. La alergia a carne de vaca implica alergia a leche de vaca en la mayoría de los casos, pero no al contrario; sin embargo, es frecuente la sensibilización cruzada a leche de otros rumiantes (cabra, oveja)(12).

Deben eliminarse de la alimentación, además de los lácteos (de vaca, oveja y cabra), aquellos alimentos en cuya composición figuren: lactoalbúmina, lactoglobulina, suero, proteínas de suero, caseína o caseinatos (H4511, H4512) y aditivos que empiezan por raíz lact- (E325, E326, E327, E472, E480, E481, E482, E575, E585, E966).

Las recomendaciones son(12):

• Lactancia materna. Continuar con lactancia materna siempre que sea posible. La madre debe evitar al máximo la ingesta de leche y derivados; debe recibir un suplemento de calcio: 1 g/día, en varias dosis. La prolongación de la lactancia materna es el mejor método de prevención y tratamiento de las reacciones adversas a la PLV; solo debe recurrirse a fórmulas especiales cuando aquella deba suplementarse o no pueda llevarse a cabo(12).

• Fórmula especial. No sería necesaria durante la lactancia materna. Se empleará fórmula extensamente hidrolizada (tolerada por más del 90% de los lactantes con APLV) o fórmula de soja (alto potencial antigénico, se puede emplear para tratar APLV, pero no antes de los 6 meses, ni cuando exista enteropatía o malabsorción). No se pueden emplear como tratamiento las fórmulas parcialmente hidrolizadas, ni la leche de otros rumiantes, como oveja o cabra. En pacientes con altos niveles de sensibilización o, si hay antecedente de reacción anafiláctica, puede ser recomendable la administración de fórmula muy altamente hidrolizada (semi-elemental) o incluso elemental (aminoácidos).

Puede haber fracasos en el tratamiento en el 10% de los casos, debido a la presencia de restos de alérgenos en la fórmula extensamente hidrolizada, con síntomas fundamentalmente gastrointestinales, aunque también hay descritas reacciones inmediatas.

El análisis detallado de las diferentes fórmulas especiales se puede consultar en nuestro artículo previo(7) y los nombres comerciales se exponen en la tabla III.

En 2016, se publica una actualización de la guía DRACMA, con cambios reseñables en el tratamiento sustitutivo, introducidos en estos últimos años(9):

- Se sigue recomendando en las guías el uso de fórmula extensamente hidrolizada. Según la ESPHGAN, esta fórmula debe tener péptidos con peso molecular < 5.000 Da (incluso más bajos) y no estar contaminados con proteína nativa, pero son caras, con olor y sabor desagradables, mayor carga renal de solutos e incluso pueden originar un retraso en la maduración enzimática intestinal (más llamativo en la fórmula de aminoácidos). Hay artículos que describen que pueden tener efectos contradictorios e incluso contribuir a prolongar la duración de la sensibilización: 56 meses en alimentados con fórmula extensamente hidrolizada, 28 meses con fórmula de soja y 20 meses con hidrolizado de arroz(9).

- Fórmula de hidrolizado parcial de arroz. Es un aporte importante en esta actualización. Hay problemas con la fórmula extensamente hidrolizada y con la de soja (no usar antes de los 6 meses); una alternativa puede ser el uso de una fórmula basada en el arroz. El arroz es uno de los alimentos menos alergénicos, no tiene lactosa ni fitoestrógenos, se comercializa hidrolizado por proteólisis enzimática, suplementada con aminoácidos esenciales, además de hierro y zinc, pero faltan estudios nutricionales a largo plazo(9).

• Otros alimentos. Se recomienda introducir alimentos nuevos de forma individual, en pequeñas cantidades, doblando la cantidad diariamente hasta conseguir la cantidad adecuada a su edad. Se empieza con alimentos con baja alergenicidad: manzana, pera, arroz, patata, calabaza, zanahoria, calabacín, pollo y cordero; se sigue recomendando retrasar los alimentos más alergénicos: pescado, legumbres, huevo a partir del año y no introducir frutos secos hasta los 3 años(18).

Reevaluación

No hay evidencia suficiente para recomendar intervalos óptimos. La duración de la exclusión dependerá de la edad, severidad de los síntomas y positividad en IgE específica. Se recomienda realizar provocación a los 3 meses si los síntomas son leves y las pruebas alérgicas negativas o, incluso, después de estar 12 meses con dieta especial si los síntomas son intensos o las pruebas alérgicas son claramente positivas; el objetivo es evitar una dieta restrictiva durante tiempo innecesario. Si la prueba de provocación es positiva, se puede continuar la dieta de supresión durante otros 6-12 meses e intentar una prueba de provocación de nuevo(14).

Inmunoterapia oral (ITO)

La inducción de tolerancia oral es un tratamiento activo en el paciente con APLV. Consiste en la administración diaria de leche, al principio con dosis muy bajas (dilución 1/100) y, posteriormente, crecientes hasta conseguir la tolerancia a las dosis habituales, que se suele conseguir hasta en el 80% de las ocasiones; no se puede concretar si se consigue tolerancia (no hay síntomas si se suspende la ingesta) o solo desensibilización (no hay síntomas, mientras se mantiene ingesta diaria)(6). La nueva revisión de la guía DRACMA no hace ningún comentario sobre la ITO, recomendando en la previa no realizarla, salvo con fines de investigación(12). Sin embargo, la SEICAAP ha publicado recientemente una guía de ITO para leche y huevo, indicada para paciente con alergia mediada por IgE a estos alimentos, que mantenga clínica tras provocación oral a los 2 años; recomienda un protocolo de ITO a leche que comienza con dosis diluidas 1/100, con dosis crecientes el primer y segundo día, terminando este día con 2,5 ml de leche sin diluir, con subidas semanales del 30%, hasta terminar la semana 16 con 200 ml, que es la dosis que se recomienda como dosis de mantenimiento(19). Este artículo va a servir para dar un apoyo para que la ITO deje de estar limitada a los estudios de investigación y pase a ser una opción de tratamiento en el paciente con APLV, pero para ser realizada por personal preparado.

Los alimentos que contienen leche extensamente calentada (p. ej., horneada: bizcochos, magdalenas) puede ser una alternativa previa a la ITO con leche entera(13).

Tratamiento con Omalizumab

El tratamiento con Omalizumab, anticuerpo monoclonal anti-IgE, produce un descenso en los niveles de IgE libre y en los receptores de alta afinidad para la IgE. Se está investigando la combinación de Omalizumab y la ITO, pero todavía no hay estudios publicados(13).

Medidas preventivas

La medida de prevención primaria más eficaz sigue siendo la prolongación de la lactancia materna exclusiva más de 4 meses.

No hay un acuerdo en cuanto a las medidas de prevención primaria; por otro lado, la alta prevalencia de la APLV hace que un gran número de lactantes reciban fórmulas alimentarias especiales y dietas restrictivas, ya sea para su tratamiento o para prevención. A efectos prácticos, los Comités de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría, ESPGHAN y de la Asociación Española de Pediatría, han hecho unas recomendaciones basadas en estudios clínicos y que han sido revisadas por la Sección de Pediatría de la Academia Europea de Alergia(20):

• Para todos los lactantes:

- La madre no debe realizar ninguna dieta especial durante el embarazo ni tampoco durante la lactancia.

- La lactancia materna debe ser exclusiva, por lo menos, durante 4 meses y, si es posible, durante 6 meses, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

- Si necesita un suplemento, se recomienda una fórmula adaptada de leche de vaca; la introducción precoz (3 primeros días de vida) y temporal (unos días) no aumenta el riesgo de APLV.

- Retrasar la introducción de alimentación complementaria hasta los 6 meses o, al menos, hasta los 4 meses.

• Para los lactantes con alto riesgo de alergia (con, al menos, uno de los padres o un hermano con enfermedad alérgica documentada):

- Si necesitan un suplemento para la lactancia materna, se recomienda utilizar una fórmula extensamente hidrolizada hasta los 4 meses de edad (no hay suficiente evidencia). A partir de los 4 meses, el niño de alto riesgo puede ser alimentado como el que no tiene riesgo de alergia.

- Si el niño recibe lactancia artificial, no se precisa ningún tipo de fórmula especial.

Junto con estas medidas, se deben realizar otras no dietéticas; la más importante es evitar la exposición al humo del tabaco desde el embarazo.

Es muy importante no hacer un uso inadecuado e injustificado de dietas durante la lactancia que, junto a problemas nutricionales, pueden conducir a la pérdida de tolerancia en lactantes de riesgo alérgico.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Guía de práctica clínica en el manejo de inmunoterapia oral a leche y huevo, basada en consenso de expertos de la SEICAAP. Es uno de los primeros documentos elaborados por sociedades científicas nacionales que recomienda cómo realizar el protocolo de ITO.

Caso clínico

 

Lactante varón de 4 meses que acude a la consulta de su pediatra del centro de salud por presentar lesiones eritematosas en cara y habones aislados, pruriginosos, en tronco, al 2º día de introducir fórmula adaptada, acompañado de rechazo de tomas (había tomado un máximo de 30 ml). Se recomienda suprimir leche y derivados, pero los padres, a la semana, intentan darle otro biberón, con rechazo de la toma (tomó un máximo de 20 ml), presentando, a los 15 minutos, lesiones habonosas generalizadas con vómito alimenticio en una ocasión, cediendo los síntomas en 1-2 horas sin medicación.

No hay antecedentes familiares de interés y, entre los personales, es el primer hijo, con embarazo controlado, parto por cesárea por no progresión, con lactancia materna exclusiva, salvo el primer día de vida que tomó fórmula adaptada en la maternidad.

 

 

 

Prevención de las enfermedades alérgicas

S. Nevot Falcó*, C. Gómez Galán**
Temas de FC


S. Nevot Falcó*, C. Gómez Galán**

*Director Departamento de Pediatría y Alergia. **Especialista en Alergología Hospital Sant Joan de Déu. Fundació Althaia. Xarxa Assistencial i Universitària de Manresa. Barcelona

Resumen

Con el término “alergia”, se alude a múltiples enfermedades comunes que involucran reacciones adversas del sistema inmunitario. La alergia clínica es el resultado de una interacción entre la exposición de un individuo genéticamente susceptible a un alérgeno y varios factores ambientales modificadores. En los últimos 20 años, los esfuerzos se han centrado fundamentalmente en identificar factores protectores que puedan incrementar el desarrollo de la tolerancia a los alérgenos, debido a que las enfermedades alérgicas han aumentado en las últimas décadas en todo el mundo y se estima que continúen incrementándose en los próximos años, lo cual, ha desencadenado y desencadenará un elevado coste sanitario, tanto a nivel individual como colectivo, siendo consideradas como una de las principales causas de baja laboral en los países desarrollados. Por ello, el papel de la prevención es básico para retrasar y controlar la aparición de las enfermedades alérgicas. El pediatra y el médico de Atención Primaria forman un pilar fundamental en la prevención de las enfermedades alérgicas.

 

Abstract

The term “allergy” refers to multiple common diseases involving adverse reactions of the immune system. Clinical allergy appears to be the result of an interaction between the exposure of an individual genetically susceptible to an allergen and various environmental modifying factors. Over the past 20 years, efforts have focused primarily on identifying protective factors that may increase the development of tolerance to allergens, as allergic diseases have increased in the last decades throughout the world and are expected to continue to increase In the next few years, which has triggered and will trigger a high cost, both at the individual and health level, being considered as one of the main causes of low labor in the developed countries. Therefore, the role of prevention is basic to delay and control the onset of allergic diseases. The pediatrician and primary care physician form a basic pillar in the prevention of allergic diseases.

 

Palabras clave: Prevención; Aeroalérgenos; Rinoconjuntivitis; Asma; Alergia alimentaria

Key words: Prevention; Aeroallergens; Rhinoconjunctivitis; Asthma; Food allergy

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 68 – 75


Prevención de las enfermedades alérgicas

Introducción

Entre las enfermedades alérgicas destacan: la rinoconjuntivitis, el asma, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria, todas ellas frecuentes en la edad pediátrica y con un aumento en su prevalencia en los últimos años.

Las enfermedades alérgicas constituyen la patología crónica más frecuente en la edad pediátrica afectando, en el momento actual, a más de una cuarta parte de la población europea. En España, las enfermedades alérgicas suelen ser uno de los principales motivos de consulta de Atención Primaria, siendo este del 3-5%(1). Es un hecho evidente y referido por numerosos estudios epidemiológicos el que están aumentando, y se estima que continúen incrementándose en los próximos años.

Entre estas enfermedades, se encuentran: la rinoconjuntivitis alérgica, el asma, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria, todas ellas frecuentes en la edad pediátrica y que desencadenan síntomas molestos y disminuyen la calidad de vida de los pacientes afectos, además de un elevado coste, tanto individual como del sistema sanitario.

El conjunto de las enfermedades alérgicas constituye una patología típicamente multifactorial, donde actúan tanto la predisposición endógena (genética), como una serie de agentes exógenos que constituyen los elementos químicos de composición orgánica e inorgánica, frente a los que se desencadenan. A ello, hay que añadir otros aspectos medioambientales, como los climáticos, que hacen que tales agentes estén presentes en unos u otros momentos. Todas ellas, y principalmente el asma, por su condición poligénica y multiplicidad de factores de riesgo, plantean un desafío para su prevención(1).

Se afirma que el riesgo de llegar a presentar enfermedades atópicas durante la infancia depende de factores hereditarios, lo que ha originado en los últimos años que se hayan intentado identificar los genes causales; sin embargo, esta predisposición genética por sí sola, no explica el aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas que se ha observado en los últimos 30 años, por lo que el aumento parece atribuirse entonces a factores ambientales que actúan en una base genética(2).

La interacción genética-ambiente es necesaria para el desarrollo de la enfermedad alérgica, diferentes fenotipos que variarán de acuerdo con el estímulo antigénico, dosis y edad en que suceda. El reconocimiento preciso del vínculo entre gen y medioambiente, como modulador del fenotipo alérgico, permitirá optimizar el uso de las medidas de prevención(3).

Se define como alérgeno a un antígeno, la mayoría proteínas, que produce una reacción clínica y que se traduce en una respuesta de hipersensibilidad(1).

La dosis y la ruta de exposición de los alérgenos son importantes para la alergenicidad, así como la predisposición genética del individuo. La exposición repetida, a bajas dosis de aeroalérgenos (1-10 µg/año), presentes en el medio ambiente en partículas de 1-40 µg de diámetro, es suficiente para producir una sensibilización en los individuos con predisposición a desarrollar alergia(1).

La hipótesis de la higiene es la más aceptada por la comunidad científica para explicar la compleja relación entre genes y ambiente. Múltiples datos epidemiológicos avalan que:

1. La incidencia de enfermedades alérgicas es menor en niños con hermanos mayores.

2. El pertenecer a una familia numerosa protege contra el desarrollo de enfermedades alérgicas.

3. La influencia protectora de la guardería frente al desarrollo de eccema y asma puede estar restringida a los individuos sin una historia familiar de asma. Por el contrario, en aquellos con una historia materna de asma, la asistencia a la guardería, se encontró asociada con el incremento de asma a la edad de 6 años.

4. Se ha sugerido que la infección en la infancia por Mycobacterium tuberculosis, la hepatitis A o el sarampión previene el posterior desarrollo de enfermedades alérgicas. Sin embargo, la relación inversa no ha sido demostrada.

5. El cambio en la flora microbiana, derivado del estilo de vida, se ha asociado con la atopia.

6. La exposición a animales de granja en edades tempranas de la vida o tener perros y otros animales domésticos previene la sensibilización alérgica(1).

La frecuente asociación entre las diversas patologías alérgicas y la observación de una manifestación clínica escalonada entre ellas, permiten establecer lo que se denomina la “marcha atópica”. En general, signos clínicos de dermatitis atópica y alergia alimentaria preceden el desarrollo de asma y rinitis, lo que sugiere que son el “punto de partida” de la enfermedad alérgica. Estas entidades clínicas tienen en común algunas expresiones fenotípicas como: IgE elevada, eosinofilia tisular y periférica, citoquinas Th2 y similares alérgenos desencadenantes, aunque solo comparten expresiones genotípicas en forma parcial. Esta secuencia de evolución se observa en la práctica médica pediátrica, aunque no siempre es tan lineal. Reconocer la causalidad de la “marcha atópica” permitirá intervenciones, como medidas preventivas tendientes a evitar el desarrollo de otros fenotipos evolutivos en la enfermedad alérgica(3).

Tan solo, por el momento, la evitación del alérgeno y la inmunoterapia específica pueden modificar el curso natural de esta patología(1).

Niveles de prevención

La prevención de las enfermedades alérgicas constituye un pilar básico en la aparición, interrupción y retraso de la progresión de la enfermedad, actuando a tres niveles dependiendo del momento de intervención (Fig. 1).

Figura 1. Niveles de prevención.

Las medidas de prevención están destinadas a limitar la aparición de nuevos casos de sensibilización alergénica y evitar la aparición de enfermedades alérgicas, que incluyen su progresión y gravedad sintomática. Según en el momento en el que actuemos, podemos considerar tres etapas en relación a la prevención de enfermedades alérgicas:

• Prevención primaria: conjunto de medidas preventivas que se puedan tomar antes de aparecer la sensibilización alergénica, y que se pueden aplicar a la población de riesgo; es decir, aquella que tiene un antecedente alérgico familiar de primer grado.

• Prevención secundaria: comprende aquellas medidas dirigidas a pacientes sensibilizados a un alérgeno con o sin clínica. En esta etapa, es importante un diagnóstico precoz (anamnesis, exploración física, pruebas in vivo con alérgenos, pruebas in vitro, pruebas funcionales respiratorias, etc.) y correcto. Una vez identificado el alérgeno responsable, se podrán establecer medidas de evitación adecuadas y específicas para cada neumoalérgeno, siendo los más frecuentemente implicados: pólenes, epitelio de animales, hongos y ácaros del polvo doméstico(4).

• La prevención terciaria: se relaciona con el tratamiento de la enfermedad para controlar los síntomas y evitar su progresión y deterioro.

La prevención primaria debe considerarse como la óptima, no obstante, las medidas a este nivel son de eficacia limitada(5).

Así, los objetivos generales serían:

• Disminuir la incidencia de sensibilización y de enfermedades alérgicas.

• Reducir el desarrollo de nuevas manifestaciones de atopia en individuos previamente enfermos.

• Disminuir la gravedad y proporción de pacientes graves y aumentar las posibilidades de remisión.

• Mejorar la calidad de vida.

Prevención de las enfermedades alérgicas

Para poder actuar de forma activa en la prevención de las enfermedades alérgicas, deben conocerse los factores de riesgo y los coadyuvantes, en los que intervienen factores genéticos, ambientales, nutricionales e infecciosos, entre otros.

La prevención de las enfermedades alérgicas ha sido de interés durante décadas y se ha dirigido especialmente a aquellos niños con antecedentes familiares de atopia. Aunque no puede prevenirse de un modo uniforme y definitivo, la información reciente sugiere que existen recomendaciones que una familia puede realizar para retardar o reducir la presentación de patología alérgica en sus lactantes(2).

En las últimas dos décadas, se han conocido nuevos factores de riesgo ambientales (contaminación intra y extramuros), nutricionales (obesidad, ácidos grasos poliinsaturados, PUFA) y estilo de vida. A esto, se ha asociado la hipótesis de la higiene como causa de enfermedades alérgicas(2).

Para prevenir las enfermedades alérgicas, deben conocerse los factores de riesgo y los coadyuvantes. La prevención primaria parece más difícil y lejana, entre otras cosas, por las informaciones contradictorias actuales.

Existen factores genéticos que predicen la aparición de asma en un niño: la posibilidad de asma atópico en un niño de 18 meses de edad será del 23% aproximadamente cuando los dos padres son alérgicos, del 12% si lo es solo uno, del 13% si tiene un hermano afecto y del 5% si no hay antecedentes paternos. Estos porcentajes irán aumentando con la edad, y serán del 40-60% si los dos padres son atópicos, del 20-40% si solo lo es uno de los padres, del 25-35% si tiene hermanos afectos y del 5-15% si no tiene ningún familiar alérgico. Los pacientes con dermatitis atópica tienen un riesgo del 50% de desarrollar un asma alérgico posteriormente, existiendo muchos menos datos sobre el asma de comienzo en el adulto y el anciano(1). El conocimiento del genoma no siempre explica la expresión fenotípica de las enfermedades. Un ejemplo es el claro vínculo epidemiológico entre asma y rinitis: el 80% de los niños con asma presentan rinitis y el 40% de los pacientes con rinitis presentan síntomas de asma, pero los estudios genéticos muestran una coincidencia del 1,75% en los genes conocidos para ambas enfermedades(3).

Para predecir la evolución de un lactante con sibilancias, Castro-Rodríguez y cols. propusieron, en el año 2000, el denominado índice predictivo de asma (IPA)(6). A aquellos lactantes con más de tres episodios de sibilancias o bronquitis obstructivas al año, durante los tres primeros años de vida, que además cumplieran con un criterio mayor o dos menores, los denominaron IPA positivo. Dichos lactantes, tienen una sensibilidad del 16%, especificidad del 97%, valor predictivo positivo de un 77% y un valor predictivo negativo del 68% para desarrollar asma. Además, los lactantes con un IPA positivo, tuvieron siete veces más riesgo de ser asmáticos en edad escolar que aquellos con un índice negativo (OR = 7,1 ; IC 95%: 3,5 – 14,1). Dada la dificultad para diagnosticar rinitis alérgica en niños pequeños, Guilbert et al. modificaron el IPA en el 2004, añadiendo la sensibilización a uno o más neumoalérgenos como criterio mayor y la alergia alimentaria al huevo, leche o frutos secos como criterio menor
(Tabla I)
(7).

 

Prevención primaria

Entre las medidas de prevención primaria, destaca la eliminación de alérgenos del polvo doméstico, aunque esta medida no parece ser efectiva para prevenir el desarrollo de asma. La hipótesis de la higiene evidencia un aumento en la prevalencia de las enfermedades alérgicas en los países occidentalizados. Existe una relación inversa entre las infecciones y la atopia.

La intervención temprana debe incluir la identificación del niño con alto riesgo para enfermedades alérgicas.

La exposición a los alérgenos del polvo de casa se vincula directamente con la sensibilización alérgica y parece fundamental en los primeros años de vida, cuando la predisposición atópica todavía es desconocida. En contraposición, la alta exposición a alérgenos de gato en los primeros meses de vida en los niveles encontrados en hogares donde se tienen estas mascotas, paradójicamente, se asocia con una disminución de la sensibilidad al gato, al igual que en el caso del perro(8). No hay datos suficientes para apoyar o evitar la tenencia de animales domésticos con el fin de prevenir la atopia, especialmente en las familias no atópicas, o comenzar a tener mascotas para reducir el riesgo de desarrollo de atopia(9). Los ácaros del polvo doméstico sensibilizan al 35% de las poblaciones que tienen alta exposición a ellos. El control de los ácaros del polvo doméstico disminuye los síntomas y la hiperreactividad bronquial. La prevención primaria en este sentido, según los datos de múltiples estudios, no ha tenido éxito; sin embargo, en relación a la prevención secundaria, se han minimizado satisfactoriamente los síntomas clínicos. Diversos estudios apoyan la hipótesis de que los niños que crecen en el campo y en contacto cercano con animales de granja tiene un efecto protector frente al desarrollo de atopia pero, por el contrario, en aquellos pacientes que han desarrollado la enfermedad, la exposición a estas endotoxinas alergénicas aumentan la severidad del asma(10).

En agosto de 2012, se publicó un estudio en el cual se incluyeron neonatos, considerados de alto riesgo de atopia, que realizaron lactancia materna con dieta baja en alérgenos o lactancia con fórmula extensamente hidrolizada, además de reducción en la exposición a ácaros del polvo doméstico durante el primer año de vida, y se objetivó que la evitación integral de alérgenos en el primer año de vida es eficaz para prevenir la aparición de asma en individuos considerados de alto riesgo, persistiendo este efecto hasta la edad adulta (18 años). La prevalencia de atopia, no fue significativamente diferente al del resto de la población(11).

La hipótesis de la higiene evidencia un aumento en la prevalencia de las enfermedades alérgicas en los países occidentalizados, debido a la mejoría de las medidas higiénicas, a la menor exposición a infecciones y a la vacunación contra las enfermedades prevenibles en la infancia. La mayoría de los estudios, revelan una relación inversa entre las infecciones y la atopia. Los niños con hermanos mayores, experimentan una reducción de la sensibilización y riesgo de padecer asma en la edad escolar, al igual que ocurre en los niños que asisten a guarderías. Los contaminantes ambientales y el humo del tabaco son factores coadyuvantes que deben evitarse. La exposición al humo del tabaco antes y después del parto aumenta el riesgo de desarrollo de sibilancias y asma en el lactante. Se debe informar a los cuidadores sobre los peligros de la exposición de los niños al humo del tabaco y educar a los adolescentes sobre los riesgos asociados al tabaquismo activo, independientemente de la posibilidad de que el fumar no parezca promover la sensibilización alérgica(3).

La obesidad y el tratamiento con antibióticos durante los dos primeros años de vida son factores de riesgo de presentar asma; sin embargo, existen pocos estudios en relación a este punto.

Los alérgenos inhalables deben evitarse en lo posible, aunque algunos autores nieguen la utilidad de esta medida. En el caso de las mascotas, a veces, es problemático deshacerse de ellas, sobre todo para el pequeño paciente, pero debe valorarse en aquellos pacientes con síntomas(2).

Algunos estudios plantean la hipótesis de que el estrés y los factores psicológicos familiares influyen en la sensibilización alergénica en niños y en el desarrollo de enfermedades alérgicas en la infancia temprana. Los mecanismos son, en gran parte, desconocidos, pero la hipótesis de la teoría subyacente psiconeuroinmunológica se debate. Parece que estas estrategias deberían centrarse en la gestión del estrés de los padres y la reducción de los síntomas-estado de ánimo, a través de métodos validados empíricamente, como la terapia cognitivo-conductual(12).

Para poder plantear medidas preventivas en relación a la alergia alimentaria mediada por IgE, se debe partir del hecho de que, las pequeñas cantidades, a nivel de nanogramos o microgramos, y su administración intermitente, favorecen la sensibilización, mientras que grandes cantidades, a nivel de miligramos, y su administración continuada, favorecen la tolerancia(13).

Han sido múltiples los estudios realizados intentando relacionar el tipo de alimentación del lactante o madre con el efecto o promoción de enfermedades alérgicas y todavía existe controversia en muchos aspectos. Durante la gestación y la lactancia, no existe indicación de hacer dietas de exclusión, ya que el efecto preventivo suele limitarse a los primeros años de vida. La lactancia materna durante los primeros cuatro a seis meses de vida no se ha definido como factor protector del desarrollo de enfermedades alérgicas en la población general, pero se recomienda desde el punto de vista pediátrico, dados sus grandes beneficios inmunológicos, afectivos, nutritivos, etc., y en aquellos pacientes con alto riesgo de desarrollar atopia. La lactancia materna exclusiva no elimina el riesgo de alergia a proteínas de leche de vaca. En el caso de la lactancia artificial, tampoco está justificado el uso de fórmulas de soja como prevención. Existe un estudio aleatorizado y prospectivo que compara la lactancia materna con fórmulas adaptadas, concluyendo que la lactancia materna protege frente al desarrollo de dermatitis atópica al año de vida, de alergia alimentaria en los tres primeros años y de alergia respiratoria a los 17 años(14).

La asociación entre la lactancia materna y la prevención de la enfermedad alérgica es un tema que ha sido estudiado y discutido con frecuencia en los últimos 70 años. Algunos estudios han demostrado un efecto protector, otros no han demostrado efecto y otros un efecto predisponente. Los estudios publicados son difícilmente comparables, con datos contradictorios y controvertidos, pero no debemos de olvidar los efectos beneficiosos de la lactancia materna en el ámbito nutricional e inmunológico(15).

En 2016, Boyle y colegas realizaron una revisión de los ensayos clínicos que se habían publicado en relación a fórmulas hidrolizadas. Se incluyeron 37 estudios con un total de 19.000 participantes. Los hallazgos encontrados no apoyan las pautas que recomiendan el uso de fórmulas hidrolizadas para prevenir la alergia ni el desarrollo de la misma en niños de alto riesgo. Insisten en que muchos de los ensayos que analizan el efecto de las fórmulas hidrolizadas sobre el riesgo de enfermedad alérgica tienen un alto o poco claro riesgo de sesgo debido a conflictos de interés relacionados con el patrocinio de la industria(16,17).

El efecto protector de la lactancia materna sobre el desarrollo de la dermatitis atópica es un tema polémico, con estudios que muestran su beneficio y otros que no observan ningún efecto. Existen autores que relacionan una mayor duración de la lactancia materna con un mayor riesgo de desarrollar dermatitis atópica y sensibilización a huevo en el primer año de vida.

El proceso de diversificación alimentaria, que según la OMS, se debería iniciar a los seis meses (y nunca antes de los 4 meses), es el periodo en el que de una manera progresiva se van incorporando diferentes alimentos a la alimentación del lactante. No existen datos suficientes de que el retraso en la introducción de alimentos más allá de esta edad tenga un efecto protector frente a las enfermedades alérgicas. Tampoco existen pruebas convincentes del efecto protector de las dietas en el desarrollo de enfermedades atópicas después del año de edad. En la actualidad, es difícil hacer recomendaciones definitivas sobre el papel de la alimentación temprana en la inducción de tolerancia oral y prevención de alergia alimentaria; ya que, las “estrategias de prevención” no solo han fracasado, sino que han sido cada vez más asociadas con mayor riesgo de enfermedad alérgica, lo que sugiere que la introducción temprana de alimentos alergénicos puede ser una estrategia preventiva más lógica(18).

En relación a la administración de probióticos y prebióticos, no hay pruebas para recomendar el agregado de los mismos a alimentos del neonato para prevenir enfermedades alérgicas o reacciones a alimentos, aunque se requieren estudios adicionales(7). Se podría considerar el uso de probióticos como una intervención para la prevención de dermatitis atópica(15).

No se ha observado ningún efecto preventivo demostrado de la suplementación dietética con ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas o minerales.

El uso de suplementos de vitamina D como prevención primaria de enfermedades alérgicas sigue siendo un tema a estudio, pero el conocimiento actual y las pruebas disponibles en este momento no garantizan su recomendación(15).

Así, en relación a la prevención de la alergia alimentaria, en lactantes de riesgo alérgico identificado, se recomienda:

• Durante la gestación no existe indicación de hacer dieta de exclusión en las gestantes con riesgo familiar de alergia.

• Se recomienda lactancia materna exclusiva durante, al menos, 4 meses y promover hasta los 6 meses.

• La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses.

• La prolongación de la lactancia materna es el mejor método de prevención y tratamiento de la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV).

• En el caso de realizar lactancia artificial, no está justificado el uso de una fórmula de soja para evitar el desarrollo de alergia.

• Se aconseja evitar tomas, de forma intermitente, de fórmulas adaptadas de proteínas de leche de vaca en la maternidad y a lo largo de la lactancia materna.

• Hasta hace poco tiempo, se aconsejaba en el caso de lactantes de alto riesgo, las fórmulas hidrolizadas como suplemento en el caso de realizar lactancia materna y en el caso de realizar lactancia artificial, una fórmula hipoalergénica hasta la edad de los 6 meses. Los estudios publicados al respecto, en relación al uso de fórmulas hidrolizadas para la prevención de alergia alimentaria están llenos de imprecisiones y son difíciles de aplicar en la práctica clínica. Revisando los trabajos publicados hasta el momento y valorando el coste/beneficio, el uso de fórmulas hidrolizadas no estaría justificado como medida de prevención de la enfermedad alérgica. En el caso de la dermatitis atópica, solo un pequeño porcentaje de casos es atribuible a la alergia alimentaria por lo que, la medicina basada en la evidencia no recomienda el uso de fórmulas hidrolizadas como tratamiento o prevención(16).

• La alimentación complementaria debe iniciarse entre los 4-6 meses de vida de forma gradual. La evidencia científica disponible no permite hacer recomendaciones específicas sobre la introducción de la alimentación complementaria para la prevención de las enfermedades alérgicas. En relación a la introducción de los alimentos alergénicos, existe en la actualidad controversia. Los expertos recomendaban, para los lactantes con historia familiar de alergia, el retraso de introducción de los alimentos alergénicos (incluyendo evitar huevo y pescado hasta el año de vida, y los frutos secos, kiwi y crustáceos hasta los 3 años de edad). En la actualidad, se plantea la hipótesis de que el retraso en la introducción de los alimentos no solo no tiene un efecto protector, sino que ha podido contribuir al incremento de la alergia alimentaria en los últimos 20 años. Un estudio realizado en el año 2010, sugería que la introducción del huevo cocinado a los 4-6 meses de edad puede proteger frente al desarrollo de alergia al huevo y que el retraso en la introducción a los 10-12 meses puede exacerbarla, lo que está en consonancia con el nuevo concepto de la posible existencia de un periodo ventana durante el que la exposición a alimentos potencialmente alergénicos facilita el desarrollo de tolerancia oral persistente. Las pruebas actuales no justifican el retraso en la introducción de alimentos potencialmente alergénicos(15).

• Existen estudios que afirman que el 85% de los niños que presentan alergia alimentaria van perdiendo la sensibilidad a los alimentos con mayor potencial alergénico (huevo, leche, trigo, soja) hacia los tres años.

Prevención secundaria

Se deben realizar medidas de control ambiental específicas (evitar la exposición a aeroalérgenos (ácaros, pólenes, epitelios de animales y los hongos) e inespecíficas (factores irritantes) en aquellos pacientes ya sensibilizados, además de la realización de programas educativos sobre la enfermedad alérgica.

La inhibición de la expresión clínica de la enfermedad alérgica en el paciente previamente sensibilizado, está dirigida a modular la evolución de la llamada “marcha atópica”. En aquellos pacientes sensibilizados, se deben evitar aeroalérgenos (ácaros, pólenes, epitelios de animales y los hongos), la exposición a factores irritantes (tabaco, desodorantes), reducir la exposición a contaminantes intramuros, etc. Es muy importante la educación en la enfermedad alérgica para conocer los factores posibles desencadenantes de la sintomatología y realizar medidas de prevención secundaria.

Medidas generales de control ambiental de aeroalérgenos (Tablas II-VI).

 

 

 

 

En los lactantes con dermatitis atópica o con alergia a proteínas de leche de vaca, las pruebas cutáneas (prick test) con huevo y fracciones pueden ayudar a identificar a aquellos lactantes que podrían tener una reacción adversa al introducirlo en la dieta por primera vez. En 2011, se realizó un estudio multicéntrico en el cual participaron diferentes hospitales de Catalunya, en el que se evaluó la tolerancia a huevo en lactantes sensibilizados sin ingesta previa y la utilidad de las pruebas cutáneas e IgE específicas para el diagnóstico de alergia a huevo en niños sensibilizados. Se incluyeron 123 lactantes con dermatitis atópica y/o alergia alimentaria. Se vio, que un alto porcentaje de lactantes sensibilizados toleraron huevo cocido. En pacientes sensibilizados con prick test a clara igual o mayor de 8 mm y/o IgE a clara igual o superior a 8,36 KU/L, podía evitarse la prueba de exposición controlada a huevo, dada la probabilidad mayor del 90% de resultar positiva. En el resto de pacientes, se debe realizar prueba de exposición controlada intrahospitalaria tempranamente para evitar dietas restrictivas innecesarias(19). Así, como recomendación final, en aquellos que presentan una prueba cutánea y/o IgE específica positiva al huevo, se aconseja realizar introducción del mismo de forma controlada mediante la prueba de tolerancia oral antes de recomendar su introducción en la alimentación complementaria(20).

Prevención terciaria

En este nivel, se deben aplicar tanto las medidas de educación y de control ambiental, la evitación del alérgeno alimentario, así como el tratamiento farmacológico en función de la patología que presenta el paciente.

Medidas ambientales: evitación de alérgenos causantes de la patología vía aérea (referidas en apartado anterior) y los irritantes y contaminantes del aparato respiratorio (tabaquismo, frío y humedad, contaminantes atmosféricos, etc.)(1,5,21).

La educación del paciente asmático reduce el riesgo de padecer exacerbación, aumenta la calidad de vida y reduce los costes sanitarios, por lo que forma parte indispensable del tratamiento integral de la enfermedad. Tiene como principal objetivo, proporcionar al paciente los conocimientos y habilidades necesarias para mejorar su autocuidado y el cumplimiento terapéutico(5).

El tratamiento farmacológico se pautará en función de la patología que presenta el paciente. En el caso de rinitis, como tratamiento farmacológico disponemos de antihistamínicos H1 de segunda generación orales (prescribir en función de la edad), glucocorticoides intranasales, cromonas tópicas y el montelukast (su eficacia es controvertida).

En el caso del asma, el tratamiento dependerá de si el paciente presenta exacerbación de los síntomas; es decir, una crisis aguda, por lo que el tratamiento de la crisis se pautará en función de la gravedad o si debe realizar tratamiento de mantenimiento (en función de la edad, de la clasificación del asma para orientar el tratamiento a elegir en un primer momento), el cual se irá modificando posteriormente en función de la evolución clínica y la consecución de los objetivos de control del asma(5,21).

La inmunoterapia específica es la administración de dosis repetidas controladas de un alérgeno a un paciente alérgico para disminuir los síntomas asociados a la exposición del mismo y está indicada en aquellos pacientes que presentan rinoconjuntivitis y/o asma bronquial (siempre pautada por un médico especialista según criterios clínicos). Antes de iniciar un tratamiento con inmunoterapia, se deben realizar unas consideraciones previas, como: objetivar que la alergia está mediada por IgE y que la sensibilización encontrada es la responsable de los síntomas, el alérgeno al cual está sensibilizado debe estar estandarizado, valorar la gravedad y duración de los síntomas, la dificultad para la eliminación del alérgeno, la ausencia de contraindicaciones para su uso, además de tener en cuenta otros factores, como los socioeconómicos (coste, cumplimiento terapéutico, etc.)(1,21).

En pacientes con dermatitis atópica no existe un tratamiento curativo, no obstante, existen una serie de medidas que ayudan a atenuar la dermatitis atópica:

1. Tratamiento no farmacológico:

• Hidratación (cremas emolientes) e higiene de la piel (coloides de avena, aceites minerales o vegetales).

• Uso de ropas que no aumenten el prurito, que sean ligeras y no compriman y, a ser posible, que no contengan fibras ni lana, por lo que se recomiendan prendas de algodón o hilo.

• Evitar el contacto con sustancias irritantes o sensibilizantes, cambios bruscos de temperatura.

• Evitar exposición aeroalérgenos en pacientes sensibilizados.

2. Tratamiento farmacológico:

• Antihistamínicos orales.

• Corticoides tópicos.

• Inmunomoduladores tópicos (tacrolimus y pimecrolimus, en ambos casos aplicar a partir de los 2 años).

• Corticoides sistémicos: pueden utilizarse en pautas descendentes y cortas, aunque algunos autores describen la aparición de efecto rebote al suspenderlos.

• Fórmula magistrales de acción tópica: se utilizan poco en la actualidad, puesto que los preparados comerciales presentan la garantía suficiente y variedad en cuanto a presentación según las necesidades y las indicaciones del médico. Algunas preparaciones pueden tener interés como: soluciones astringentes (permanganato potásico al 1:10.000), preparaciones de sulfato de cobre, sulfato de cinc, alumbre potásico y sílice.

• Antiinfecciosos (antibióticos, antivirales y fungicidas) si sospecha de sobreinfección.

• Inmunomoduladores sistémicos: ciclosporina A, interferón gamma (INF-gamma), interferon alfa (INF-alfa) y azatioprina, entre otros.

• Fototerapia.

• Fitoterapia: hierbas chinas.

En aquellos pacientes con alergia alimentaria, responsable confirmado de dermatitis atópica, se debe realizar exclusión del alimento y de sus derivados de la dieta. En el caso de lactantes y niños menores, se deben introducir en la dieta alimentos con características nutricionales similares, en el caso de alergia a proteínas de leche de vaca, fórmulas extensamente hidrolizadas y, en el caso de lactantes mayores de 6 meses de vida, también podrían utilizarse fórmulas de soja.

En caso de presentar reacción por ingesta al alimento ingerido, se debe realizar el tratamiento (antihistamínicos, corticoides, adrenalina, etc.) en función de la sintomatología que presente el paciente (síntomas cutáneos (urticaria, angiedema, dermatitis atópica), manifestaciones digestivas, respiratorias, anafilaxia, etc.). En los últimos años, se han puesto en práctica distintos protocolos de desensibilización oral específica en aquellos pacientes con alergia a leche de vaca y/o huevo que no han conseguido alcanzar la tolerancia por su propia evolución natural, obteniéndose una tolerancia completa en la mayoría de los casos. Desde hace unos 4 años, disponemos de un tratamiento hiposensibilizante (inmunoterapia sublingual) específico para aquellos casos seleccionados con alergia a múltiples alimentos de origen vegetal, secundarios a sensibilización a proteína LTP (Lipid Transportin Protein) presente en la piel de melocotón. También, en nuestro país, desde hace unos meses se está realizando un estudio de investigación con inmunoterapia oral a pescados, del cual todavía no hay resultados.

Conclusiones

Es imposible prevenir de forma completa las enfermedades alérgicas en la población pediátrica con los conocimientos de los que disponemos actualmente. En un futuro es posible que, gracias a las técnicas de ingeniería genética y a tratamientos inmunoreguladores, se pueda conseguir la prevención completa pero, hasta entonces, disponemos de las medidas de control ambiental y de las estrategias de prevención revisadas para intentar, por lo menos, reducir o retrasar la aparición de las enfermedades alérgicas en la edad pediátrica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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15.*** di Mauro G, Bernardini R, Barberi S, et al. Prevention of food an airway allergy: consensus of the Italian Society of Preventive and Social Paediatrics, the Italian Society of Paediatric Allergy and Immunology, and Italian Society of Pediatrics. World Allergy Journal. 2016; 9: 28.

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22. Nevot Falcó S, Gómez Galán C. Prevención de las enfermedades alérgicas. Pediatr Integral. 2013; XVII(8): 545-53.

Bibliografía recomendada

Dávila IJ, Jáuregui Presa I, Olaguibel Rivera JM, Zubeldia Ortuño JM. editores. Tratado de Alergología. 2ª ed. Madrid: Ergon. 2015.

Compendio actualizado que trata los aspectos de la alergología y que incluye conceptos básicos inmunológicos de la patología alérgica, la patología alérgica convencional (donde se tratan temas novedosos como: la calidad de vida, calidad asistencial, alergia al látex y al anisakis), las técnicas exploratorias, los métodos diagnósticos, la inmunoterapia o la alergia a fármacos, entre otros.

Saranz RJ, et al. Comité Nacional de Alergia. Prevención de las enfermedades alérgicas en la infancia: entre la teoría y la realidad. Arch Argent Pediatr. 2016; 114: 277-87.

Este documento tiene por objetivo revisar las evidencias más actuales sobre prevención de las enfermedades alérgicas considerando las certezas y cuestiones por resolver, y está especialmente centrado en las medidas ambientales, dietéticas, farmacológicas e inmunológicas para los distintos niveles preventivos.

di Mauro G, Bernardini R, Barberi S, et al. Prevention of food an airway allergy: consensus of the Italian Society of Preventive and Social Paediatrics, the Italian Society of Paediatric Allergy and Immunology, and Italian Society of Pediatrics. World Allergy Journal. 2016; 9: 28.

Revisión de un grupo de expertos multidisciplinar, basado en 19 preguntas de interés y destinado a pediatras de Atención Primaria. Se analizan múltiples temas que incluyen el papel de la restricción de la dieta de la madre, el uso de la leche materna / fórmula / leche hidrolizada, el momento de introducción de los alimentos complementarios, el papel de los probióticos, los prebióticos, las vitaminas, la exposición a los ácaros del polvo, los animales y el humo del tabaco, entre otros temas de interés.

 

Caso clínico

 

Lactante de 11 meses de vida con antecedentes familiares de atopia. Lactancia materna, no ha introducido el huevo en la dieta. Fue remitido a la consulta de Alergología por dermatitis atópica. Se realizó estudio alergológico, presentando pruebas cutáneas positivas a huevo y fracciones. Se solicita analítica sanguínea que muestra: IgE total: 140 UI/ml. IgE específica frente a clara: 3 KU/ml, yema: 0,45 KU/ml, ovoalbúmina: 2,8 KU/ml y ovomucoide: 3,8 KU/ml. Se le recomienda evitación de huevo y seguimiento en consultas externas de Alergología.

A los 16 meses de vida inicia episodios de BAO (bronquitis agudas obstructivas) de repetición, sin estacionalidad definida, de predominio durante los meses de otoño e invierno.

 

 

Grupo de trabajo de asma y alergia de la SEPEAP

Editorial


J. Pellegrini Belinchóna,b (Coordinador),

S. de Arriba Méndezc,b, S. García de la Rubiad,b, J. Martín Ruanoe,b, C. Ortega Casanuevaf,b, T. Sánchez Vélezg,b, F. Álvarez Caroh,b

aCentro de salud de Pizarrales. Salamanca, bGrupo de Trabajo de Asma y Alergia de la SEPEAP, cHospital Clínico Universitario. Salamanca. dCentro de Salud Infante. Murcia. eCentro de Salud Santa Marta. Salamanca, fHospital Quirón San José. Madrid. gHospital Clínico Universitario. Salamanca. hHospital de Cabueñes. Gijón

«El asma es la enfermedad crónica más prevalente en Pediatría. La Task Force European Respiratory Society, recomienda a estas edades la denominación de Sibilancias Recurrentes en lugar de asma«

 


Grupo de trabajo de asma y alergia de la SEPEAP

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en Pediatría. El International Study of Asthma and Allergies in Childhood (ISAAC)(1,2) ha permitido disponer de datos epidemiológicos, los primeros a gran escala, sobre el asma, tanto en nuestro país(3) como en amplias zonas del mundo. En España, aproximadamente, un 9% de los niños de 13-14 años reconocen haber presentado síntomas durante el año anterior y el 10% de padres de niños de 6-7 años informan que sus hijos han padecido sibilancias en el mismo periodo. Esta prevalencia ha permanecido constante en los niños mayores entre 1994 y 2002 mientras que, ha aumentado considerablemente (de 7% a 10%) en los niños de 6-7 años(4).

El asma se puede definir como una “enfermedad que se caracteriza clínicamente por episodios de sibilancias, disnea, tos y opresión torácica; fisiológicamente, por procesos de obstrucción, generalmente reversible, de las vías aéreas e hiperreactividad bronquial; histológicamente, por inflamación crónica de la vía aérea, en la que juegan un papel destacado determinadas células y mediadores; e inmunológicamente, en muchos casos, por la producción de anticuerpos IgE frente a algunos alergenos ambientales”. Ninguno de estos hechos es específico ni obligatorio del asma(5).

Aunque el III Consenso Internacional Pediátrico define el asma para el lactante y el preescolar, como: “sibilancias recurrentes y/o tos persistente en una situación en la que el asma es probable y se han descartado otras enfermedades menos frecuentes”(6), la Task Force European Respiratory Society recomienda a estas edades la denominación de Sibilancias Recurrentes en lugar de asma(7); dado que, en el momento actual, se ha apreciado que muchos de los lactantes que presentan sibilancias recurrentes (SR) no serán futuros asmáticos.

La sospecha de que los niños pequeños, en edad preescolar, presentan una elevada prevalencia e incidencia de episodios de sibilancias o SR y de que existen distintos subgrupos que expresan respuestas inflamatorias distintas ante agentes desencadenantes diversos, hace que en los últimos años se hayan desarrollado diversos trabajos sobre el tema. Es conocido que, en estas edades, los virus tienen una especial importancia en la génesis de sibilancias. Así, en un nuevo estudio prospectivo realizado en España, en niños menores de 14 años(8), el Virus Sincitial Respiratorio (VSR) fue el más frecuentemente detectado, seguido por rinovirus, adenovirus, bocavirus humano y metapneumovirus humano.

Recientemente, se ha desarrollado el Estudio Internacional de Sibilancias en Lactantes (EISL)(9), diseñado con el fin de estudiar otros factores distintos a los virus que puedan influir en la génesis de sibilancias durante el primer año de vida del niño, como un estudio multicéntrico internacional de tipo trasversal, basado en la población general, de la que se ha extraído, la muestra de niños de un año de vida.

Han participado diversos países de Latinoamérica (Brasil, Chile, Colombia, Venezuela y México) y de Europa (España y Holanda). En cada país, se han formado uno o varios grupos; así, en España, iniciaron el estudio Murcia, Bilbao, La Coruña y Valencia, y posteriormente, Salamanca y Cantabria han comenzado a comunicar sus primeros resultados. Los primeros datos publicados en España señalan que la prevalencia de SR durante el primer año de vida varía entre el 18.6% de Bilbao al 11.6% de Salamanca.

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la edad pediátrica y es conocido que el médico residente de Pediatría adquiere rápidamente, en sus primeras semanas de formación, los conocimientos y habilidades necesarios para reconocer y tratar adecuadamente las exacerbaciones del asma, valorar con eficiencia si tras el tratamiento de la crisis puede volver el niño a casa, precisa hospitalización o incluso traslado a la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) en aquellos hospitales que disponen de ella.

Problema aparte es el manejo del tratamiento de base del asma. A pesar de que el programa actual de formación de especialistas en Pediatría(10) especifica la formación concreta en patología respiratoria crónica, el sistema de rotaciones entre distintos servicios generales del hospital, de especialidades y la rotación en Atención Primaria (AP), con estancias de 2-3 meses en cada Unidad, provoca en muchos casos, que el médico residente que ha iniciado un tratamiento antiinflamatorio de fondo del asma, con la debida autorización, no pueda valorar los resultados de su acción; ya que, a los 3 meses, cuando debería evaluar el efecto del tratamiento prescrito, en la mayoría de las ocasiones, su destino está en otra unidad o especialidad pediátrica. Si esto se une al hecho de que muchos hospitales de pequeño o mediano tamaño no presentan Unidades de Neumología o de Alergia Pediátrica, que las rotaciones por estas unidades en muchos casos son voluntarias y que en algunos hospitales de forma activa o pasiva no se incentiva la rotación de los pediatras por los Servicios de Alergia, resulta que la formación de los médicos pediatras en la patología crónica más prevalente que van a atender en el futuro, sobre todo en AP, ya que en hospitales la atención está mucho más especializada, queda en muchos casos incompleta.

Entendemos, por tanto, que constituye una buena práctica, el que las Sociedades Científicas de AP organicen Grupos de Trabajo o Comités de Asma y Alergia para contribuir no solo en la formación de los profesionales que trabajan en AP en el diagnóstico y seguimiento de los niños con asma y alergia, sino también para atender a las necesidades de los padres de niños y adolescentes con asma y colaborar con otras Sociedades Científicas de ámbito hospitalario en el abordaje, valoración diagnóstica y tratamiento de esta patología.

La necesaria colaboración entre Atención Especializada (AE) y AP, plasmada en las diversas Guías de Actuación y Tratamiento(5,11) y en la mayoría de protocolos al uso, no debe despistarnos, que la mayoría de los niños presentan asma leve y pueden y deben ser controlados en AP, recurriendo a AE, en aquellos casos que se precise, según indican las guías, para una atención coordinada de la enfermedad. No podemos obviar ni olvidar, que la Pediatría de Atención Primaria es la más cercana al niño y su familia y que el asma, por sus implicaciones de cronicidad, necesidades educacionales, dificultades en el control de la enfermedad y problemas con el manejo de los dispositivos de inhalación, necesita además de la cercanía necesaria con los padres, adolescentes o niños mayores un acceso fácil y rápido al sistema sanitario no urgente.

La colaboración AE y AP queda plasmada en la mayoría de las Guías de actuación, citamos aquí la última, consensuada en España por las cinco Sociedades Científicas Pediátricas relacionadas con el asma infantil: SEN, SEICAP, SEUP, SEPEAP y AEPap, publicada en 2007 y cuyas conclusiones fueron asumidas por la GEMA en 2009. En estas Guías se incluyen, por vez primera y de forma institucional, todos los puntos de vista: el de la Pediatría especializada, el de la Pediatría de Atención Primaria y el de la Pediatría de urgencias(12).

Tras el citado consenso, la importancia que le ha dado la SEPEAP a esta formación en asma de los pediatras de AP (PAP) y de los MIR de Pediatría ha hecho que se hayan organizado Cursos, impartidos en varios lugares de España, en los que se incluye formación en el tratamiento de fondo del asma, resolución de casos clínicos, talleres de espirometría para poder realizar el diagnóstico y talleres de adquisición de habilidades para la formación y manejo de los dispositivos de inhalación; ya que, estamos convencidos de que el mejor tratamiento teórico del asma, si no se comprueba que el niño realiza correctamente los tratamientos prescritos y controla el sistema de inhalación indicado o consensuado, no vale para nada, confunde, hace elevar innecesariamente los tratamientos de fondo y está abocado al fracaso.

El éxito de estos cursos hizo que los distintos Comités Científicos de Congresos de la SEPEAP incluyeran los Talleres en nuestros congresos anuales, con gran aceptación por parte de los PAP y MIR de Pediatría.

Por último, citar las recomendaciones realizadas en el Consenso de las cinco Sociedades Científicas con respecto a la relación entre AP y AE en el abordaje, diagnóstico, tratamiento y seguimiento del asma en la infancia(13):

• El modelo óptimo de atención al niño y adolescente con asma debe incluir los servicios debidamente coordinados, tanto de AP como de la AE.

• Dado que la mayoría de los niños y adolescentes asmáticos presentan un asma leve o moderada y teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeña la educación sanitaria y los controles periódicos a corto plazo, es lógico que los pediatras de AP tengan un papel primordial en la atención de gran parte de estos niños. La Pediatría de AE tendría un mayor protagonismo en los niños con asma más grave o de control difícil.

• Es necesario que exista una buena coordinación y comunicación entre los diferentes profesionales involucrados en la asistencia. La organización de planes de atención al niño asmático deberá llevarse a cabo contando siempre con la colaboración de AP y AE. De esta manera, se obtendrán mejores resultados.

• El médico de AP es el responsable de la detección de esos niños, y debe tomar la decisión respecto a la derivación a AE. La AP y AE deben trabajar con una estrategia común.

• Cada Comunidad Autónoma tendría que contar con un plan de formación para la atención al niño y adolescente con asma. Este plan incluiría tres puntos básicos: correcta utilización de las pruebas diagnósticas (alergia y función pulmonar), puesta al día en el tratamiento y formación en programas de educación. Para ello, se debe garantizar la capacitación del personal sanitario y dotarlo de los recursos adecuados.

• Consideramos necesario establecer un Plan Nacional, que supere las fronteras autonómicas y que facilite la uniformidad en la organización de la atención al niño y adolescente con asma.

Por último, recordar la necesidad de que las Sociedades Científicas de Pediatría de AP estén representadas en los nuevos consensos del GEMA, tal como lo están las sociedades Científicas de adultos.

Bibliografía

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10. ORDEN SCO/3148/2006, de 20 de septiembre, por la que se aprueba y publica el programa formativo de la especialidad de Pediatría y sus Áreas Específicas. Sábado 14 Octubre 2006. Boletín Oficial del Estado (BOE). 2006; 246: 35657-61.

11. (GEMA). Guía Española para el Manejo del Asma. 2009. www.gemasma.com (Accedido el 16/3/2014)

12. García-Marcos L. Consenso sobre el tratamiento del asma en Pediatría. ¿Que hay de nuevo, viejo? An Pediatr (Barc). 2007; 67(3): 197-8.

13. Castillo Laita JA, De Benito Fernández J, Escribano Montaner A, Fernández Benítez M, García de la Rubia S, Garde Garde J, et al. Consensus statement on the management of paediatric asthma. Update 2007. First Spanish Consensus for the Management of Asthma in Paediatrics. Allergologia et immunopathologia. 2008; 36(1): 31-52.

Alergia a medicamentos. Conceptos básicos y actitud a seguir por el pediatra

Temas de FC

M.T. Giner Muñoz

Sección de Alergia e Inmunología Clínica. Hospital San Juan de Dios. Barcelona

 

Resumen

La alergia a medicamentos se manifiesta con cuadros clínicos de gran polimorfismo y la edad pediátrica no es diferente en esto. Su frecuencia aumenta con la exposición a fármacos y, a pesar de que hay pocos datos estadísticos, se acepta que es menor en el niño que en el adulto.
Los métodos diagnósticos para confirmar la sospecha clínica son escasos, en reacciones inmediatas apenas disponemos de métodos in vitro fiables para unos pocos fármacos y tampoco se dispone para muchos de concentraciones validadas para las pruebas cutáneas. Además, tanto los exámenes de laboratorio como las pruebas cutáneas se negativizan con rapidez. En las reacciones retardadas, aún contamos con menos métodos de uso clínico habitual.
Así, hay que recurrir a la prueba de exposición controlada (PEC) que no deja de presentar riesgos, a menudo. Los síntomas clínicos de la reacción y su cronología son datos imprescindibles para catalogar el tipo de reacción y programar su estudio.
Se describe la fisiopatología, la clínica y el enfoque diagnóstico de la alergia a medicamentos; de forma que, facilite al pediatra la práctica diaria, al paciente una mejor orientación y, al especialista, algo que echa a menudo en falta: una correcta descripción clínica de la reacción sospechosa.

 

Abstract

Drug allergy is manifested with clinical pictures having great polymorphism, this being similar in the pediatric age. Its frequency increases with exposition to drugs and, even though the statistical data available are limited, it is accepted that drug allergy is less in the child than in the adult.
There is a very limited number of diagnostic methods to confirm clinical suspicion. Regarding immediate reactions, we have very few reliable in vitro methods and these are for only a few drugs. For many of these, we also do not have concentrations validated for the skin tests. Furthermore, both the laboratory tests and the skin tests rapidly become negative. In delayed reactions, we have even fewer methods in the common clinical practice.
Thus, it is necessary to use the controlled exposure test (CET) that often entails risks. The clinical symptoms of the reaction and their chronology are essential data to classify the type of reaction and program their study. The pathophysiology, symptoms and diagnostic approach to drug allergy are described in order to facilitate the pediatrician’s daily practice, give the patient better orientation and provide the specialist something that is lacking: a correct clinical description of the suspicious reaction.

 

Palabras clave: Alergia; Hipersensibilidad; Reacción adversa; Fármaco.

Key words: Allergy; Hypersensitivity; Adverse reaction; Drug.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(9): 637-651


Alergia a medicamentos. Conceptos básicos y actitud a seguir por el pediatra

 

Tipos de reacciones adversas a medicamentos

Las mayoría de las reacciones adversas a los fármacos no son alérgicas y tienen relación con las acciones farmacológicas del medicamento. Una reacción de hipersensibilidad debe tener unas características independientes de las acciones propias del medicamento, dependientes de una respuesta anómala del paciente.

Las reacciones adversas a medicamentos (RAM) son efectos perjudiciales o indeseados, con dosis utilizadas para la profilaxis, diagnóstico o tratamiento de las enfermedades(1).

La mayoría de las reacciones adversas a medicamentos no responden a mecanismos inmunológicos, se relacionan con los efectos farmacológicos conocidos del fármaco y, por ello, son previsibles. Este tipo de reacciones se denominan de tipo A, son las más frecuentes y corresponderían al 85-90% del total de las reacciones adversas.

Las reacciones alérgicas a medicamentos se engloban en las de tipo B (no previsibles) y se deben a respuestas anómalas de una pequeña parte de la población. Pueden deberse a intolerancia, idiosincrasia o hipersensibilidad resultante de una respuesta inmune; estas últimas son las reacciones alérgicas a medicamentos (Tabla I).

 

 

Las reacciones por hipersensibilidad tienen características diferentes de las reacciones de tipo A:

• Son distintas de las acciones farmacológicas conocidas del fármaco.

• Existe un contacto previo con el fármaco implicado (continuo o intermitente), que causa la sensibilización del paciente.

• Sus manifestaciones clínicas deben concordar con las propias de las reacciones alérgicas conocidas.

• Son recurrentes ante nuevas exposiciones al alérgeno.

• La reacción debe mejorar al retirar el fármaco.

• La reacción debe ser reproducible con dosis mínimas de fármaco.

• Es posible la reactividad cruzada con fármacos de estructura similar.

En las reacciones por intolerancia, los pacientes presentan reacciones tóxicas predecibles frente a uno o varios fármacos, a dosis bajas o incluso infraterapéuticas. En las idiosincrásicas, las reacciones son cualitativamente distintas de la toxicidad conocida del fármaco y pueden deberse a alteraciones genéticas en el paciente y, a pesar de que hay algunos ejemplos bien descritos, como las anemias hemolíticas por primacina en deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, sus mecanismos no son bien conocidos.

Las reacciones por hipersensibilidad a medicamentos de tipo inmune(2) pueden ser mediadas por inmunoglobulina E, o responder a otros mecanismos inmunes (Fig. 1).

 

Figura 1. Reacciones por hipersensibilidad a fármacos.

 

 

Epidemiología

La prevalencia real de la alergia a medicamentos es mal conocida, la mayoría de autores aceptan porcentajes entre el 6 y el 10% de las reacciones adversas a fármacos(1). La mayoría de estudios realizados se han llevado a cabo en medio hospitalario, lo que ya supone un sesgo importante. En edad pediátrica, se supone baja, menor que en el adulto, y aún peor conocida.

Demoly, basándose en datos publicados, estima que las reacciones adversas a fármacos podrían afectar al 10-15% de los pacientes hospitalizados y las reacciones por hipersensibilidad representarían un tercio de éstas aunque, en la mayoría de los casos, no se comuniquen.

Factores de riesgo para desarrollar alergia a fármacos

Sexo femenino

Por motivos mal conocidos, las mujeres tienden a presentar con mayor frecuencia que los hombres alergia a los medicamentos, tanto para reacciones de tipo inmediato como tardío(3).

 

Historia previa de reacciones alérgicas a medicamentos

Una historia previa de reacciones alérgicas a uno o más fármacos aumenta el riesgo de desarrollar otras alergias medicamentosas, incluso con fármacos no relacionados.

Las reacciones no inmunes frente a AINES pueden aparecer en AINES sin relación estructural entre sí; ya que, el mecanismo que las produce está en relación con la alteración de la vía metabólica de inhibición de la ciclooxigenasa tipo 1 (COX-1) que es propia de la acción de estos fármacos.

El término “alergia a múltiples medicamentos” debe aplicarse a personas que han experimentado reacciones inmunológicas (de cualquier tipo de Gell y Coombs), bien documentadas, frente a dos o más fármacos no relacionados químicamente, y parece relacionarse con un aumento de la capacidad de respuesta de sus células T frente a sustancias farmacéuticas(4).

 

Exposición recurrente a fármacos

Tratamientos repetidos con los mismos fármacos favorecen la alergia a fármacos (por ejemplo, los pacientes con fibrosis quística).

 

Tipo de HLA

Hay pruebas de propensión familiar a desarrollar reacciones de hipersensibilidad graves a medicamentos concretos en presencia de ciertos tipos de alelos HLA-B; por ejemplo, el SJS/TEN por carbamazepina, en pacientes chinos de la etnia Han se asocia a la presencia de HLA-B*1502(5). Otros alelos HLA-B se han asociado a reacciones graves por otros fármacos, entre ellos el alopurinol y el abacavir.

Algunas situaciones clínicas

• En los pacientes con linfocitos anormales o atípicos, se presentan con mayor frecuencia reacciones a aminopenicilinas (por ejemplo: infecciones por virus de Ebstein-Barr, por virus herpes, leucemias…).

• Los pacientes con inmunodeficiencia adquirida (SIDA) tienen con frecuencia reacciones por sulfamidas y otros fármacos. La infección por HIV crea un entorno inflamatorio que favorece la alergia medicamentosa.

 

Atopia

Los pacientes con enfermedades atópicas no tienen riesgo mayor de presentar alergia a medicamentos, pero sí pueden presentar reacciones mediadas por IgE de mayor gravedad.

 

Edad

La edad no es un factor de riesgo independiente para la alergia a medicamentos, pero los datos se confunden dados los diferentes patrones terapéuticos usados en las distintas edades.

Los fármacos como alérgenos-interacción con el sistema inmune

Las moléculas capaces de provocar una respuesta inmune por sí mismas suelen ser proteínas de alto peso molecular. Muy pocos fármacos cumplen este requisito, y esto hace que interaccionen con moléculas proteicas circulantes o de células, adquiriendo así una capacidad inmunógena que no poseen por sí solos y que se conoce mal en la mayoría de los casos.

La mayoría de medicamentos son compuestos de bajo peso molecular y composición química simple, y sus estructuras no son fácilmente reconocibles por el sistema inmune, que sólo de forma excepcional es capaz de reconocer substancias de peso molecular inferior a 5.000 d.

Son moléculas demasiado pequeñas para interactuar con los receptores inmunes con suficiente potencia para activar las células T o B. En su estado original, la mayoría de fármacos no tienen capacidad inmunógena.

Sin embargo, si el fármaco es presentado a los linfocitos por una célula presentadora de antígeno (una célula dendrítica, por ejemplo) tanto en su forma original como si se modifica tras su metabolización, puede desarrollar una respuesta inmune específica mediada por células T, o mediada predominantemente por anticuerpos, o tener características de ambos tipos de respuesta.

 

Fármacos capaces de estimular una respuesta de anticuerpos

Los fármacos capaces de provocar este tipo de respuesta directamente son pocos. Lo hacen estimulando las células T como antígenos proteicos, y suelen ser macromoléculas, por ejemplo: insulina u otras hormonas, enzimas, protamina, antisueros, anticuerpos monoclonales, vacunas…

Hay algunos compuestos de bajo peso molecular que tienen múltiples recurrencias de un único epítopo y pueden actuar como alérgenos: los ejemplos más conocidos son la carboximetilcelulosa (estabilizante en inyectables) y algunos compuestos de amonio cuaternario usados en la inducción anestésica como bloqueantes neuromusculares (succinilcolina, vecuronio, atracurio…)(6).

 

Haptenos

Algunos compuestos de bajo peso molecular (<1.000 d) pueden adquirir inmunogenicidad por unión covalente a macromoléculas que, en general, son proteínas plasmáticas o proteínas de la superficie celular. El medicamento se conoce como hapteno y la nueva molécula, complejo hapteno-portador.

Como ejemplos de las moléculas de la membrana celular capaces de unirse a haptenos, tenemos las integrinas, y péptidos del CMH (complejo mayor de histocompatibilidad).

Los complejos hapteno-portador son capaces de estimular los linfocitos T y/o respuestas de anticuerpos. La penicilina es un fármaco que se comporta como hapteno, ya que el anillo betalactámico en condiciones fisiológicas se abre y reacciona con los residuos de lisina de las proteínas, formando un complejo que es el determinante antigénico principal de la penicilina y otros betalactámicos y es capaz de estimular respuestas mediadas por anticuerpos, o por las células T(7).

Entre los fármacos capaces de comportarse como haptenos, los mejor conocidos son los betalactámicos, pero otros como la penicilamina y los metales pesados también pueden comportarse como tales.

 

Metabolitos reactivos

Fármacos que, en su forma original, no son reactivos con macromoléculas, pueden hacerse reactivos tras su metabolización en el organismo. El metabolismo de los fármacos se realiza principalmente en los hepatocitos a través de los enzimas asociados al citocromo P450.

Algunos fármacos, si no se detoxifican adecuadamente, pueden actuar como haptenos al unirse con proteínas intracelulares, o secretarse (en este caso se denominan prohaptenos) y contactar con células presentadoras de antígeno estimulando las células T y éstas pondrán en marcha una respuesta celular o mediada por anticuerpos.

Entre los fármacos que con más frecuencia pueden dar lugar a metabolitos reactivos, estarían el trimetoprim-sulfametoxazol, anticomiciales (fenitoína, carbamazepina, lamotrigina) y la procainamida.

 

Interacción farmacológica de los fármacos con receptores inmunes (p-i concept)

Este concepto propone una interacción de los medicamentos con el sistema inmune, que surge de la observación de que algunos fármacos, en su estado original y sin procesos metabólicos, pueden estimular las células T, incluso sin ser capaces de unirse covalentemente a macromoléculas(8).

El medicamento, o parte de él, puede interactuar directamente con un receptor de las células T (TCR) o con moléculas HLA (p-i HLA).

p-i TCR: si el fármaco interacciona con determinados TCR, ante una segunda interacción con el TCR y las moléculas MCH de las células presentadoras de Ag, dará lugar a proliferación celular, producción de citocinas y citotoxicidad por las células T estimuladas.

p-i HLA: en el modelo de HLA p-i, un fármaco se une preferentemente a una molécula de HLA-determinado. Esto explica la fuerte asociación para algunos alelos HLA de algunas reacciones de hipersensibilidad a fármacos(9). Las células T son tolerantes sólo a los péptidos del CMH a los que estaban expuestas durante su desarrollo en el timo, y el conjunto de los péptidos modificado puede ser interpretado como extraño por las células T.

Entre los medicamentos que tienen esta capacidad de interacción se encuentran: sulfametoxazol, lamotrigina, carbamazepina, alopurinol, abacavir, lidocaína y mepivacaína. Este mecanismo, sospechado a finales de los 90, podría estar implicado en reacciones de hipersensibilidad inducida por fármacos y como reacciones exfoliativas graves, como el síndrome de Stevens-Johnson(10) (tipo IVb, IVc de la clasificación de Gell y Coombs).

 

Solapamiento entre mecanismos

Los fármacos pueden generar respuestas inmunes por varios mecanismos simultáneamente; pueden estimular respuestas por interacción farmacológica y actuar como haptenos tras su metabolismo, por ejemplo, el sulfametoxazol y la carbamazepina. Esta superposición de mecanismos puede dar lugar a un cuadro clínico mixto, e imitar a una gran variedad de enfermedades, dificultando el diagnóstico.

 

Clasificación de las reacciones de alérgicas a fármacos

La correcta clasificación cronológica de las reacciones a fármacos, teniendo en cuenta la aparición de los síntomas en relación con la exposición al fármaco, nos indica que tipo de mecanismos podrían estar implicados en estas reacciones. La sintomatología de las reacciones puede a veces ser parecida en mecanismos patogénicos diferentes (la urticaria puede verse en una anafilaxia y en una enfermedad del suero, por ejemplo).

1. Cronológica (según la cadencia de aparición de los síntomas). Hasta hace unos años se siguió usando la clasificación que Levine presentó para clasificar las reacciones a penicilina(11). Ordenaba las reacciones basándose en el momento de la aparición de los síntomas:

Inmediatas: 1-60 minutos tras la administración del fármaco.

Aceleradas: 1-72 horas tras la administración del fármaco.

Tardías: a partir de las 72 horas tras la administración del fármaco.

En la revisión de la nomenclatura alergológica realizada en 2003 por la WAO (World Allergy Organization)(2), se decidió dividirlas en tardías, las que aparecen después de una hora de la exposición al fármaco, e inmediatas, si se presentan antes de una hora desde la exposición.

1. Inmediatas: hay que tener en cuenta que, si la administración del fármaco es por vía oral, es posible que los síntomas se retrasen, especialmente si el medicamento se toma tras las comidas. Sin embargo, el periodo de una hora permite identificar a la gran mayoría de reacciones mediadas por IgE.

2. Tardías: la mayoría de las reacciones tardías suelen aparecer entre 6 horas tras la exposición y, en general, después de unos días de tratamiento, incluso después de haber cesado éste. Algunas reacciones tardías pueden iniciarse después de varias semanas de tratamiento continuo, por ejemplo, en el síndrome de hipersensibilidad inducida por fármacos.

2. Según el tipo de reacción. A pesar de los conocimientos posteriores sobre la patogénesis de las reacciones por hipersensibilidad y los posibles solapamientos de los mecanismos que las desencadenan, la antigua clasificación de Gell y Coombs sigue siendo útil.

Clásicamente, las reacciones inmunes se dividen en cuatro categorías (I, II, III, y IV) según la clasificación de Gell y Coombs, pero ésta se originó antes de conocer los distintos tipos de las células T; de modo que, posteriormente, las reacciones de tipo IV, se subdividieron en subtipo IVa, IVb, IVc y IVd.

Los fármacos causan con más frecuencia reacciones de los tipos I y IV, la mayoría de ellos causan sólo un tipo de reacción, pero algunos, como la penicilina, pueden causar reacciones de todos los tipos.

1. Tipo I: inmediatas, mecanismo mediado por IgE.

2. Tipo II: retardadas, mediante lisis célular, mediada, en general, por IgG.

3. Tipo III: retardadas, por depósito de inmunocomplejos y activación del complemento.

4. Tipo IV: inicio retardado, mediadas por células T.

La clasificación de una reacción alérgica es importante para determinar los procedimientos diagnósticos, las opciones para su tratamiento y las posibilidades de reactividad cruzada con medicamentos similares.

 

Patogénesis y manifestaciones clínicas de las reacciones alérgicas a fármacos

En pediatría, los tipos de reacciones más frecuentes quizá son los exantemas maculopapulosos retardados y, algo menos, las reacciones inmediatas. Sin embargo, las reacciones cutáneas graves por hipersensibilidad pueden verse también en edad pediátrica y debemos ser capaces de sospecharlas.

Reacciones tipo I (mediadas por IgE, anafilácticas)

Requieren una fase de sensibilización previa que dé lugar a la presencia de IgE específica frente al fármaco, o a un metabolito del mismo, que se una a la superficie de mastocitos y basófilos. Esta fase es asintomática. Una vez unida la IgE específica a mastocitos y basófilos, cuando el individuo se expone al fármaco, éste se une a las proteínas transportadoras y el complejo hapteno-portador puentea dos moléculas de IgE específica que está unida a la superficie celular de los mastocitos, causando la liberación de mediadores vasoactivos.

Estos mediadores ponen en marcha las manifestaciones clínicas, siendo las más comunes el prurito, la urticaria y el angioedema, que pueden presentarse simultáneamente. Si el edema afecta a la laringe, puede causar dificultad respiratoria con disfonía, estridor y, en raras ocasiones, asfixia; y también broncoespasmo, síntomas digestivos y/o hipotensión.

La vía de exposición al fármaco tiene también importancia en cuanto al tipo de sintomatología de una anafilaxia. Si la administración es parenteral, predominan los síntomas cardiovasculares y la hipotensión y en la administración oral predominan los síntomas cutáneos y respiratorios (Fig. 2).

 

Figura 2. Esquema fisiopatológico de la anafilaxia.

 

La anafilaxia es, potencialmente, fatal y es la presentación más grave de una reacción mediada por IgE. Debe sospecharse cuando una reacción de inicio brusco afecta a dos o más órganos o sistemas del paciente. Hay que recordar que la progresión rápida de los síntomas sugiere una mayor gravedad del episodio de anafilaxia y, en estos casos, la afectación cutánea puede aparecer más tardíamente.

Los fármacos más frecuentemente implicados en pediatría y en adultos en las reacciones inmediatas son los antibióticos betalactámicos y, por detrás de ellos: bloqueantes musculares, látex, otros antibióticos, citostáticos que contienen sales de platino y anticuerpos monoclonales.

Es posible que la exposición previa al fármaco sea desconocida por el paciente, o éste haberse sensibilizado a otro fármaco con reactividad cruzada al que cause la reacción.

Cronología de las reacciones tipo I: las reacciones de tipo I se presentan rápidamente tras la exposición al fármaco, influyendo en su cronología la vía de administración. Por vía endovenosa, los síntomas se pueden manifestar en segundos o minutos (3-30 min) y, por vía oral, desde pocos minutos en ayunas, hasta 10-60 minutos si se toma el fármaco después de comer.

En las reacciones inmediatas mediadas por IgE, si la administración es continua, los síntomas pueden no aparecer en algunos días durante el curso del tratamiento, pero si se saltan varias dosis, los síntomas pueden reaparecer al reanudar la administración.

 

Reacciones tipo II (lisis celular mediada por anticuerpos, citotóxicas)

Estas reacciones requieren la presencia previa de IgG (y, rara vez, IgM). Son reacciones poco frecuentes y se ven en individuos tratados con dosis elevadas, de forma prolongada o recurrente.

Surgen cuando el fármaco se une a proteínas de la superficie celular y actúa como antígeno, dando lugar a la síntesis de anticuerpos, que quedarán unidos a la membrana celular, de manera que posteriormente los macrófagos causan la lisis celular. El consumo de complemento es variable en este tipo de reacciones.

Manifestaciones clínicas y cronología de las reacciones tipo II: habitualmente dan lugar a anemia hemolítica, neutropenia o trombopenia y las manifestaciones clínicas corresponden a las de estas entidades; de modo que, el diagnóstico no es fácil y, en ocasiones, se lleva a cabo en una nueva exposición al fármaco en la que la recurrencia de los síntomas suele ser más precoz, aun con dosis bajas.

En cuanto a la gravedad del cuadro clínico, hay mucha disparidad, desde casos asintomáticos a cuadros clínicos fulminantes. La aparición es más frecuente entre los 5 y 8 días tras la exposición, pero el periodo de latencia puede prolongarse hasta meses.

Los fármacos implicados en este tipo de reacciones son variados y numerosos: quinidina, quinina, heparina, carbamazepina, abciximab, propiluracilo, y otros, muchos de ellos poco usados en edad pediátrica. La vancomicina, los betalactámicos y los antiinflamatorios no esteroideos son, también, fármacos causales de este tipo de reacciones y más frecuentemente usados en nuestros pacientes.

 

Reacciones tipo III (mediadas por inmunocomplejos)

Son reacciones poco comunes, en las que el medicamento actúa como un antígeno soluble y se une a anticuerpos específicos de tipo IgG, formando inmunocomplejos que precipitan en diferentes tejidos. Estos inmunocomplejos se unen a los receptores Fc de la IgG o a los receptores de las células inflamatorias, desencadenando este tipo de respuesta. Una nueva exposición al fármaco provoca la misma respuesta de forma más precozmente y con mayor gravedad.

Manifestaciones clínicas y cronología de las reacciones tipo III: los síntomas de las reacciones a medicamentos mediadas por inmunocomplejos suelen aparecer una semana o más tras la exposición al fármaco; cuando se alcanzan las cantidades suficientes de anticuerpos para generar los síntomas.

Enfermedad del suero: la forma clásica se acompaña de fiebre, exantema urticarial o purpúrico, artralgias y/o glomerulonefritis aguda, y con frecuencia también adenomegalias. Se describió por primera vez a principios del siglo XX en pacientes tratados con suero antidiftérico de origen equino y sus causas más clásicas son las proteínas heterólogas.

Los medicamentos más frecuentemente implicados son los betalactámicos (especialmente, el cefaclor) y el trimetoprim-sulfametoxazol y, más recientemente, se han descrito con las globulinas antilinfocíticas, o antitimocito y con Ac. monoclonales. Se inicia entre 2 y 21 días tras la administración del fármaco.

Vasculitis: se presentan como púrpuras palpables que suelen afectar a extremidades inferiores y, con menor frecuencia, pueden afectar al tracto gastrointestinal o al riñón. Además de los betalactámicos, se presentan por diuréticos tiazídicos, fenitoína y alopurinol.

Fiebre medicamentosa: puede ser el único síntoma y, en algún caso, puede acompañarse de un exantema no urticarial. Los fármacos causales incluyen: azatioprina, sulfasalazina, minociclina, trimetoprim-sulfametoxazol, sirolimus y tacrolimus.

 

Reacciones tipo IV (mediadas por células)

Este tipo de reacciones mediadas por linfocitos T activados puede incluir a distintos tipos de células, como: macrófagos, eosinófilos o neutrófilos. Clínicamente, presentan manifestaciones cutáneas, ya que la piel es un depósito de células T(12), y muchas de estas células T cutáneas son células efectoras de memoria, que reaccionan si los antígenos penetran la barrera cutánea, o se difunden por la piel desde el torrente sanguíneo.

Son reacciones que requieren tiempo (desde horas a días tras la exposición al antígeno) para que se desarrolle la activación y expansión de las células T; de ahí que, también se denominen reacciones retardadas por hipersensibilidad.

Los mecanismos de tipo IV se relacionan con distintas presentaciones clínicas, y el mecanismo preciso para cada manifestación no está completamente demostrado.

Las células T son capaces de generar diferentes tipos de respuesta inflamatoria en dependencia de las citocinas producidas y de las otras células implicadas en la reacción, dando lugar a los distintos subtipos de reacciones tipo IV, y esto se refleja en los datos histológicos de la reacción inflamatoria. Por ello, la cronología de las reacciones es variable, pero siempre retardada. Este tipo de interacciones entre las células T y otras células efectoras se observa también en enfermedades infecciosas, autoinmunes y autoinflamatorias.

La clasificación de los subtipos de las reacciones mediadas por células se basa en las células efectoras implicadas, que se reflejan en los datos histológicos y datos de laboratorio de los pacientes. En este grupo de reacciones, debemos recordar que el solapamiento de los mecanismos de las reacciones inmunológicas es frecuente.

 

Reacciones tipo IVa

Mediadas por linfocitos Th1, con secreción de INF-?; TNFa, e IL-18, y activación de macrófagos.

Dermatitis de contacto: es una reacción por fármacos de aplicación tópica que se caracteriza por eritema, con vesículas o flictenas que evolucionan a costras. Como en otros eccemas, las fases subagudas o crónicas se caracterizan por liquenificación y descamación. El periodo de latencia varía entre 7-21 días y se acorta con las exposiciones subsiguientes.

 

Reacciones tipo IVb

Las reacciones tipo IVb son secundarias a una respuesta Th2, con secreción de IL-4, IL-5, IL-13; que desencadenan síntesis de IgE e IgG4, desactivación de macrófagos y respuesta de mastocitos y basófilos. Estas reacciones pueden estar también implicadas en la fase tardía de la inflamación alérgica.

La IL-5 favorece la inflamación eosinofílica, característica de muchas reacciones por hipersensibilidad.

Exantemas morbiliformes (maculopapulosos): pueden presentarse entre el 1-5% de la primera administración del fármaco. Son erupciones cutáneas de elementos rosados de diferente intensidad cromática, que pueden confluir entre sí, en las que el prurito es habitual, aunque la intensidad de este síntoma es variable. Las lesiones cutáneas son simétricas y consisten en maculopápulas que tienden a confluir; palmas, plantas y cara están preservadas y no hay lesiones urticariales.

En la mayoría de los casos, estas reacciones son leves y suelen resolverse un par de días después de retirar el fármaco, a veces con descamación.

Muchas veces obligan a realizar un diagnóstico diferencial con enfermedades exantemáticas, especialmente virales, que son más frecuentes en edad pediátrica(13).

Un exantema maculopapular que aparece varios días tras el inicio de un tratamiento sistémico es la forma más común de una reacción alérgica retardada a medicamentos(14,15). A diferencia de las reacciones mediadas por IgE, la mayoría de estas reacciones son mediadas por células T y pueden recurrir tras décadas de provocar la reacción.

A menudo las reacciones exantemáticas por fármacos en un paciente no sensibilizado previamente, aparecen tras un periodo de tiempo entre 4 y 21 días; así, un exantema que aparezca antes de 3 días del inicio del tratamiento, es más probablemente infeccioso que por hipersensibilidad a fármacos.

Los exantemas morbiliformes o maculopapulosos con una infiltración eosinofílica importante en la biopsia, probablemente son secundarios a reacciones tipo IVb.

Síndrome de hipersensibilidad inducido por fármacos: citado en la literatura anglosajona como drug-induced hypersensitivity syndrome (DiHS), o también como drug rash with eosinophilia and systemic symptoms (DRESS).

Los síntomas aparecen usualmente antes de las 8 semanas de iniciado el tratamiento. Es una reacción grave por hipersensibilidad, que se presenta con exantema cutáneo, hipertermia, y puede presentarse también fallo multiorgánico(16). Hígado, riñón, corazón y pulmones son los órganos más afectados.

Ya que la eosinofilia se detecta en menos de la mitad de los casos, la presencia de linfocitos circulantes CD8+ atípicos, es el hallazgo diagnóstico más consistente y puede persistir meses después de retirar el fármaco.

En edad pediátrica, los fármacos más frecuentemente implicados son los anticomiciales (carbamazepina, fenitoína, fenobarbital…). Otros fármacos también implicados son minociclina, alopurinol, dapsona, abacavir y nevirapina.

 

Reacciones tipo IVc

Las reacciones de tipo IVc implican a células T efectoras citotóxicas, capaces de migrar al tejido inflamado y matar o inducir apoptosis de las células tisulares, como hepatocitos o queratinocitos.

Las células T citotóxicas son importantes en la patogénesis de múltiples reacciones retardadas, como: dermatitis de contacto, erupciones bullosas y hepatitis inducidas por fármacos.

Síndrome de Stevens-Johnson (SJS), necrólisis epidérmica tóxica (TEN): son reacciones con mortalidad elevada y se caracterizan por fiebre alta, lesiones bullosas mucocutáneas, con necrosis y despegamiento de la epidermis. En la exploración, el signo de Nikolsky es positivo. En el SJS se pueden ver lesiones atípicas “en diana”, pero no las lesiones típicas del eritema multiforme minor.

El eritema multiforme minor, con lesiones típicas en diana pero sin afectación de mucosas, es de causa infecciosa la mayoría de los casos, y se observa especialmente por virus herpes y en edad pediátrica por Micoplasma pneumoniae(17). En el caso de que esté inducido por fármacos, aparece típicamente entre 1 y 2 semanas después de la exposición al fármaco.

El diagnóstico de uno u otro síndrome entre el SJS y la necrólisis epidérmica tóxica depende de la extensión de la necrolisis. Si es inferior al 10% se considera un SJS, si está entre el 10 y el 30% se considera un SJS-TEN y, si es superior al 30%, una necrólisis epidérmica tóxica.

Este tipo de reacción se cree debida a una expansión incontrolada de células T oligoclonales, estimuladas de forma masiva por el fármaco, recordando las reacciones por superantígenos.

Reacciones órgano-específicas: ocasionalmente, la respuesta de las células T, de tipo IVc, puede afectar a órganos aislados, sin afectación cutánea, como la nefritis intersticial aislada, hepatitis inducida por fármacos o neumonitis, y el diagnóstico etiológico en estos casos es difícil.

 

Reacciones tipo IVd

Las reacciones tipo IVd dan lugar a una inflamación neutrofílica estéril mediada por células T. La pustulosis exantemática generalizada aguda, es un ejemplo de este tipo de reacción cutánea, que también se ha descrito en la enfermedad de Behçet y en la psoriasis pustulosa.

 

Reacciones de mecanismos mal conocidos

Autoinmunidad inducida por fármacos

A pesar de investigarse intensamente, su patogénesis es desconocida.

Lupus inducido por fármacos: es el mejor ejemplo y los fármacos más comúnmente implicados son: procainamida, isoniazidas, fenitoína, amiodarona, minociclina y penicilamina.

• Se ha descrito también pseudopénfigo por penicilamina y la dermatitis bullosa por IgA se ha asociado con vancomicina, ceftriaxona, ciprofloxacino y metronidazol.

 

Exantema fijo pigmentario

No puede ser claramente clasificado, pero se demuestra síntesis de INF-? por las células T cutáneas(18). Es relativamente frecuente, y se caracteriza por placas eritematosas con un centro grisáceo, o con bullas francas. Las lesiones recurren exactamente en el mismo lugar, y desarrolla hiperpigmentación postinflamatoria.

 

Anafilaxia no inmune (no mediada
por IgE)

Estas reacciones idiosincrásicas, anteriormente denominadas “anafilactoides” y también “pseudoalérgicas” causan la liberación de mediadores vasoactivos por mecanismos no inmunológicos.

El clínico debe tener en cuenta que todas las formas de anafilaxia son potencialmente fatales. Sus manifestaciones clínicas y su gravedad son las mismas que las de una anafilaxia inmune y, por tanto, el modo de tratarlas debe ser idéntico.

Los fármacos más frecuentemente implicados en las anafilaxias no inmunes son: radio-contrastes, opiáceos, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), vancomicina, quimioterápicos, anticuerpos monoclonales u otros fármacos biológicos usados en la terapia antineoplásica (Tabla II).

 

 

 

Diagnóstico

El diagnóstico en alergia a medicamentos debe ser de certeza, sobre todo si se da un diagnóstico negativo. Si esto no fuera posible, la prudencia aconsejaría retirar el medicamento al paciente. Los protocolos de diagnóstico suelen requerir una prueba de exposición controlada (PEC) y el grado de riesgo de ésta condiciona el protocolo diagnóstico.

El diagnóstico se basa en cuatro pilares, la historia clínica, las pruebas in vitro e in vivo, y la prueba de exposición controlada, que es la prueba de referencia.

 

Historia clínica

En la historia clínica se deben recoger, de forma sistemática y fidedigna, los síntomas y signos clínicos y su cronología y ésta es tarea del médico que atiende la reacción sospechosa.

La información que aporta la historia debería ser suficiente para:

• Confirmar que la reacción adversa es compatible con una reacción alérgica.

• Orientar hacia qué tipo de reacción de hipersensibilidad corresponde.

• Descartar otras causas no atribuibles al o a los fármacos sospechosos.

• Evaluar la indicación del estudio alergológico.

Para ello, deberían obtenerse los siguientes datos, especialmente en pacientes polimedicados:

• Nombre comercial y presentación del fármaco o fármacos implicados. (tener en cuenta los medicamentos que el paciente puede haber tomado sin prescripción médica).

• Cuándo fue la reacción y qué cuadro clínico motivó el uso del fármaco o fármacos sospechosos.

• Sintomatología de la reacción, gravedad de la misma, órganos afectados, descripción cuidadosa de las lesiones cutáneas (habones, máculas, pápulas, pústulas, bullas…) y su extensión.

• Intervalos de tiempo (para cada fármaco):

– Desde el inicio del tratamiento a la aparición de los síntomas.

– Desde la última dosis administrada.

• Historia de reacciones previas a otros fármacos.

• Tratamiento de la reacción (fármacos, necesidad de asistencia urgente o ingreso).

El diagnóstico, basado en la historia clínica, tiene limitaciones y, de hecho, en series largas de pacientes con sospecha de reacción inmediata a medicamentos, se produce respuesta en las pruebas de provocación en menos del 20%(19).

Esto puede deberse a diferentes motivos. Uno, que el fármaco no hubiera causado reacción alguna pero la relación temporal despertara la sospecha clínica y éste suele ser el más probable, pero otro motivo importante es que el recuerdo de los detalles de la historia clínica se diluye con el tiempo, y si no están documentados en la historia, los datos para programar el tipo de estudio a realizar, suelen ser insuficientes.

Otro motivo es la pérdida de sensibilidad de las respuestas mediadas por IgE con el tiempo, por ejemplo: hasta en el 80% de los pacientes alérgicos a la penicilina, a los 10 años de la reacción.

La historia clínica sigue siendo primordial, porque la prueba de exposición controlada suele ser necesaria para el diagnóstico y, si carecemos de información suficiente o la que tenemos es errónea, podemos exponer al paciente a riesgos innecesarios.

En el caso de las reacciones cutáneas retardadas graves por hipersensibilidad a fármacos, es interesante conocer los síntomas de alarma precoces(20) que nos pueden hacer sospecharlas y que se resumen en la tabla III.

 

 

Pruebas diagnósticas para reacciones inmediatas

Marcadores de anafilaxia:

Triptasa: es detectable varias horas después de producirse una reacción anafiláctica y ser liberada por mastocitos y basófilos, a diferencia de la histamina, cuya elevación en sangre es muy fugaz. Aun así, la determinación de triptasa suele realizarse en reacciones intrahospitalarias.

Cualquier elevación de la triptasa es sugestiva de anafilaxia, pero los valores normales no excluyen el diagnóstico. Debe determinarse de forma seriada (entre 15 min y 3 h tras la reacción y a las 24 h), para obtener un valor basal que descarte una mastocitosis indolente.

Unos valores de triptasa descendentes (aun dentro de los valores normales) sugieren una anafilaxia. Si los valores basales se triplican, apoyan el diagnóstico de anafilaxia, ya que los valores basales son, en general, bastante constantes.

Pruebas cutáneas para detectar IgE-específica al fármaco: el prick test y la intradermorreacción se usan para el diagnóstico de las reacciones inmediatas, detectando la IgE específica unida a los mastocitos cutáneos, y si aparece un habón con eritema entre 15 y 20 min tras la prueba, apoya el diagnóstico de una reacción de tipo I.

Se debe tener en cuenta que el fármaco no cause directamente la degranulación del mastocito como ocurre, por ejemplo, con los opioides, las quinolonas o la vancomicina. Por otro lado, las concentraciones del fármaco no deben ser irritantes.

Hay publicadas concentraciones recomendadas para pruebas cutáneas con una especificidad del 95% para betalactámicos, fármacos peroperatorios, heparinas, sales de platino y medios de radiocontraste(21). Otros fármacos en los que las pruebas cutáneas son útiles son las pirazolonas (metamizol) y los anestésicos locales.

La penicilina es una excepción y se dispone de metabolitos y complejos metabolito/proteína transportadora para diagnóstico, pero esto no ocurre con otros fármacos, por lo que se usa el fármaco en forma original (no metabolizado).

Un resultado positivo indica alergia, siempre que esté probado que las concentraciones usadas no son irritantes. Un resultado negativo NO excluye alergia al fármaco.

Pruebas “in vitro”: determinación de IgE específica: se han desarrollado técnicas de detección de IgE específica (RAST, ELISA, CAP-RAST…) para numerosos fármacos, utilizando sueros de pacientes con pruebas cutáneas positivas para su estandarización, siendo útiles en laboratorios especializados de investigación. En el uso clínico común, a pesar de que existen comercializados métodos de detección de IgE específica para numerosos fármacos, muchos de ellos no han publicado su validación.

Disponemos de reactivos estandarizados y fiables sólo para algunos fármacos: penicilina, aminopenicilinas, cefaclor, insulina, toxoide tetánico, látex, gelatina… y pocos más. Las pruebas in vitro siguen considerándose menos sensibles que las pruebas in vivo(22). Como en el caso de las pruebas cutáneas, una IgE circulante negativa NO descarta alergia al fármaco.

Activación de basófilos inducida por fármacos (TAB): este prometedor método se basa en medir los marcadores de superficie de activación del basófilo (CD63, CD203 y otros) mediante citometría de flujo. La determinación de los cistenil-leucotrienos por los leucocitos tras incubación aumenta el valor de la citometría aislada. Estas técnicas, sin embargo, están menos estandarizadas y se encuentran en desarrollo, pero no a disposición del clínico en todos los centros.

 

Pruebas diagnósticas para reacciones retardadas

A diferencia de las reacciones mediadas por IgE, la mayoría de estas reacciones son mediadas por células T y pueden recurrir tras décadas de ocurrir la reacción.

 

Pruebas para reacciones tipo II y tipo III

En las citopenias inmunes, en general mediadas por IgG y rara vez IgM, se utilizan métodos de detección de Ac frente a hematíes (T. de Coombs), o bien de Ac frente a plaquetas o neutrófilos.

Sin embargo, en las reacciones mediadas por inmunocomplejos (tipo III), no disponemos de métodos específicos y el diagnóstico se basa en la sintomatología clínica y los hallazgos de laboratorio. En ocasiones, los valores del complemento pueden ser útiles, así como la biopsia del tejido afectado.

 

Pruebas para reacciones tipo IV

Pruebas de parche: el fármaco se prepara en vaselina o suero fisiológico y se aplica en cura oclusiva durante 48 horas, se retira y la lectura se hace a las 48 y 96 horas. Las concentraciones del fármaco para pruebas de parche están bien referenciadas para distintos medicamentos(21).

Las pruebas de parche son útiles para pacientes con exantemas maculopapulosos, pustulosis exantemática aguda generalizada, DiHS/DRESS y exantema flexural. No suelen ser positivas si el exantema es predominantemente macular (sin infiltración celular apenas), urticarial o en reacciones organoespecíficas (nefritis, hepatitis).

En general, el resultado es negativo en pacientes con reacciones exfoliativas (S. Stevens Johnson y TEN) en las que no se recomienda.

Lectura tardía de la intradermorreacción (IDR): la concentración usada en la prueba no debe ser irritante y debe realizarse solamente si se dispone de una presentación inyectable. Previamente a la IDR, debe realizarse un prick test para descartar una reacción inmediata.

Esta prueba es un poco más sensible que la prueba de parche, pero algo menos específica. Las indicaciones son las mismas que para las pruebas de parche, y también están indicadas en el exantema fijo pigmentario. Son poco útiles en reacciones exfoliativas, maculares o urticariales. También, en edad pediátrica son poco rentables(23).

Pruebas “in vitro”: incluyen test de transformación linfocitaria (TTL), de activación o de aumento de marcadores de activación, producción de citocinas y ensayos de citotoxicidad inducida por fármacos, y todos ellos se consideran herramientas de investigación. Si se dispone de ellos pueden ser útiles cuando las pruebas cutáneas son negativas.

La sensibilidad de las pruebas basadas en expansión o activación celular, y producción de citocinas es alta en DRESS, pero baja en reacciones exfoliativas. Las pruebas para citotoxicidad inducida por fármacos podrían ser interesantes en reacciones exfoliativas u organoespecíficas, pero siguen considerándose métodos de investigación y no están disponibles para uso clínico común.

Pruebas de exposición controlada (PEC)

Consisten en la administración gradual del medicamento bajo estricto control, y se han denominado también pruebas de provocación.

 

Indicaciones

La PEC se utiliza para excluir alergia al fármaco sospechoso; por tanto, solamente está indicada si es improbable que el paciente sea alérgico, y no debe llevarse a cabo si el paciente ha presentado una prueba positiva previamente (cutánea o in vitro).

Si la historia clínica y las pruebas complementarias son insuficientes para descartar una alergia a medicamentos, la indicación de una PEC se basará en la sospecha de causalidad, la gravedad de la reacción sospechosa, los riesgos propios del paciente y posibilidad de substituir con garantías el fármaco o aquellos que tengan reactividad cruzada con él, sin riesgo para el paciente.

En pediatría, los pacientes no suelen ser de alto riesgo, y uno de los motivos más frecuentes para realizar una PEC es la posibilidad de que ese paciente pierda la ocasión de recibir tratamiento con un fármaco de primera elección por una sospecha de alergia al mismo, indicándole fármacos con menor eficacia o mayores efectos secundarios.

Una PEC con tolerancia al fármaco estudiado, descarta la alergia al medicamento testado.

 

Contraindicaciones

La PEC está contraindicada en los siguientes tipos de reacciones(24):

• Erupciones bullosas generalizadas (necrólisis epidérmica tóxica, S. de Stevens-Johnson…).

• Pustulosis aguda generalizada.

• S. de hipersensibilidad inducido por fármacos (DHiS/DRESS).

• Vasculitis sistémicas.

• Manifestaciones organoespecíficas (citopenias, hepatitis…).

• Anafilaxia grave.

• Enfermedades autoinmunes inducidas por fármacos.

En algunos tipos de reacciones retardadas, cantidades mínimas del medicamento sospechoso pueden reactivar las reacciones y éstas, progresar a pesar de retirar el fármaco.

Requerimientos para realizar una PEC

Especialmente en las reacciones inmediatas, se debe contar con medios suficientes para diagnosticar y tratar una reacción anafiláctica. En cuanto al diagnóstico, tratamiento y manejo de la anafilaxia, es muy útil el documento de posición de la Sección Pediátrica de la EAACI(25). Estos requisitos deben aplicarse también en aquellas reacciones en que la historia clínica o las pruebas complementarias generen dudas acerca del tipo de reacción.

• Espacio físico adyacente a una UCI o unidad de reanimación.

• Presencia física de un médico y una enfermera entrenada en este tipo de pruebas.

• Acceso inmediato a un médico experto en reanimación y material necesario para la misma.

• Es obligado disponer de una hoja de consentimiento informado, firmada por el paciente, sus padres o tutores, antes de iniciar las pruebas.

No se debe administrar pre-medicación con antihistamínicos o corticoides, que pueden enmascarar síntomas precoces. El paciente debe estar clínicamente estable, especialmente en enfermos respiratorios y, en caso de recibir tratamiento con betabloqueantes, se deben retirar 24 h antes si es posible.

 

PEC en reacciones inmediatas

Se inicia con dosis bajas (tanto más, cuanto más grave fue la reacción sospechosa), en general a dosis de 1/1.000 o 1/100 de la dosis terapéutica, preferentemente por vía oral, siempre que sea posible (la vía parenteral da lugar a reacciones más precoces y graves). Se administran dosis crecientes con intervalos entre 30 y 60 minutos. En los pacientes con ansiedad o reacciones subjetivas, especialmente en escolares y adolescentes, se recomienda el uso de placebo.

 

PEC en reacciones retardadas

Los protocolos para erupciones exantemáticas retardadas están menos estandarizados. La variedad de los mecanismos implicados en estas reacciones y de sus manifestaciones clínicas hacen que el abordaje óptimo no sea bien conocido y los expertos tienen diferencias en la práctica. Algunas reacciones aparecen tras varios días de haber alcanzado la dosis terapéutica, o en presencia de una infección viral concomitante(23).

Los protocolos de exposición se basan en la cronología de la reacción sospechosa, y algunos de ellos utilizan intervalos entre las dosis a administrar hasta de una semana(26). Por tanto, hay algunos tipos de reacciones que no pueden provocarse con facilidad. Actualmente, no disponemos de pruebas de referencia para el diagnóstico de una alergia de tipo retardado(27).

 

Tratamiento de las reacciones

Ante la sospecha de una alergia a un medicamento, la primera medida es suspender su administración.

 

Reacciones de tipo I (inmediatas)

Si la manifestación clínica es una urticaria de aparición inmediata, que puede acompañarse de angioedema sin compromiso de otros órganos o sistemas, puede ser suficiente el uso de un antihistamínico. En general, si el prurito es intenso, se tiende a usar los de primera generación por su mayor capacidad sedante, pero son también útiles los de segunda generación.

Ante la sospecha de una reacción anafiláctica, hay que recordar que, en pediatría, no hay contraindicaciones absolutas para el uso de adrenalina, y que en la mayoría de reacciones anafilácticas graves o incluso letales, o no se ha administrado, o se ha administrado tardíamente este fármaco.

La mayoría de las reacciones anafilácticas no van a acabar en un choque anafiláctico, pero la mejor forma de que esto no ocurra es la administración precoz de adrenalina si los síntomas sugieren una posible reacción grave o progresan muy rápidamente; y siempre por vía intramuscular(25,28), que proporciona mayor eficacia y rapidez de actuación que la subcutánea, y mayor nivel de seguridad que la vía endovenosa (Tabla IV).

 

 

 

Reacciones retardadas

Las urticarias tardías y los exantemas maculopapulosos leves se beneficiarán del efecto antipruriginoso de los antihistamínicos.

En los exantemas maculopapulosos no complicados, no se aconseja el uso de corticoides. Si la sintomatología sugiere una reacción grave por hipersensibilidad, un tratamiento corto con corticoides (prednisona a 1-2 mg/kg/día) puede ser de utilidad(29).

En las dermatitis de contacto, son útiles los corticoides tópicos de potencia media o incluso alta, en el tratamiento de lesiones agudas; pero, en el caso de que existan flictenas en un eccema agudo, deberemos recurrir a los corticoides sistémicos.

Las reacciones de hipersensibilidad graves, con lesiones descamativas extensas, como el síndrome de Stevens Johnson o la necrólisis epidérmica tóxica, requieren un tratamiento multidisciplinar y pueden requerir ingreso en unidades especializadas de cuidados intensivos.

 

Opciones terapéuticas alternativas

 

Uso de fármacos no relacionados

Es la opción más sencilla y más segura en cuanto a la hipersensibilidad y, por tanto, la primera opción; sin embargo, los tratamientos de segunda línea pueden tener otros inconvenientes a tener en cuenta: menor eficacia, mayor coste, más efectos secundarios y favorecer resistencias microbianas.

 

Uso de fármacos relacionados

Una segunda opción sería utilizar fármacos químicamente relacionados. La probabilidad de que exista reactividad cruzada es menor en las reacciones mediadas por células T que en las reacciones mediadas por IgE.

En este caso, un prick previo es informativo (si es negativo sugiere tolerancia) y es recomendable en función de la situación clínica del paciente someterlo a una prueba de exposición controlada con el fármaco. La reactividad cruzada entre grupos de fármacos es distinta entre los grupos y el enfoque debe ser específico.

En el caso de los betalactámicos y sintetizando, la reactividad cruzada va a depender de si el paciente está sensibilizado al anillo betalactámico, con lo que la alergia puede ser múltiple, o bien la sensibilización implica a las cadenas laterales de la moléculas, con lo que el paciente puede presentar reactividad cruzada con los betalactámicos, que compartan la cadena lateral.

Los alérgicos a penicilina, o a amoxicilina, tienen más riesgo de presentar reacción con cefalosporinas de primera generación que, con las de segunda o tercera generación, y menos aún con carbapenemos o monobactamos(30,31). En la tabla V, figuran las reactividades cruzadas entre los betalactámicos de mayor uso, de forma orientativa (Tabla V).

 

 

Otro grupo de fármacos importante para el pediatra son los anticomiciales, y, entre ellos, puede existir también reactivad cruzada.

 

Desensibilización del fármaco causal

La desensibilización es una técnica que puede ser adecuada y útil para les reacciones de tipo I (mediadas por IgE), consiste en la administración escalonada del fármaco y se ha utilizado también en otras reacciones a medicamentos, tanto inmunológicas como no inmunológicas. Debe llevarse a cabo por personas con la formación y experiencia necesarias para ello, y sólo en situaciones en que el fármaco sea imprescindible.

 

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra en cuanto a la alergia a medicamentos es importante. La prevención de sensibilizaciones en lo posible, el tratamiento de las reacciones en el momento agudo, la recogida de los datos clínicos imprescindibles para el estudio alergológico y su derivación temprana, son actos que corresponden al pediatra.

Para la prevención de la alergia a antibióticos hay que limitar su uso innecesario, y ello, no sólo requiere limitar la prescripción, sino tratar los cuadros clínicos que predisponen a infecciones, por ejemplo: el asma debe estar correctamente controlada, y también las rinitis alérgicas que están muy frecuentemente infratratadas y son causa común de sinupatías y otitis por sobreinfección.

La recogida de los datos de la reacción en la historia clínica es fundamental y no vamos a insistir en ello, si estos datos constan en la historia siempre se dispondrá de ellos. Si no hay datos en la historia, ni el pediatra ni la familia suelen ser capaces de recordarlos, y el estudio alergológico se va a basar en datos poco fiables.

En la historia el paciente, debe constar de forma llamativa la sospecha de alergia al fármaco implicado y se hará desaparecer de la historia si se descarta tras el estudio, cosa que, con frecuencia, se olvida.

En cuanto a la derivación a asistencia especializada, un problema frecuente con que se encuentra el especialista es que recibe a pacientes para estudio que presentaron una sospecha de reacción a un fármaco en sus primeros meses de vida y que acuden a estudio cuando requiere tratamiento con varios años de edad con el fármaco sospechoso.

Además de la pérdida de información con el tiempo transcurrido, esto da lugar a la negativización de los datos analíticos y de la mayoría de las pruebas in vivo; de manera que, obliga a pruebas de exposición prácticamente siempre. El periodo ideal para hacer un estudio alergológico a medicamentos sería entre 3 semanas y tres meses tras la reacción, aunque la carga asistencial de algunos centros de atención especializada no permita la asistencia en este periodo, hay que remitirlo precozmente.

Si el alergólogo no puede ver al paciente en un periodo de tiempo inferior a un año, puede ser muy útil que el pediatra solicite una IgE específica frente al fármaco a partir de las 3 semanas de una reacción inmediata, acompañado de una determinación de IgE total (los valores muy altos de la IgE total hacen perder especificidad a la determinación de IgE específica) para los que disponemos de ensayos validados. En pediatría, los betalactámicos son los más sospechosos y disponemos de determinaciones fiables para: penicilina G, penicilina V, amoxicilina, ampicilina y cefaclor.

La edad del paciente no debe tenerse en cuenta para un estudio alergológico de ningún tipo, y tampoco para los fármacos.

 

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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22. Fontaine C, Mayorga C, Bousquet PJ, Arnoux B, Torres M, Blanca M, et al. Relevance of the determination of serum-specific IgE antibodies in the diagnosis of immediate ?-lactam allergy. Allergy. 2007; 62(1): 47-52.

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25.*** Muraro A, Roberts G, Clark A, Eigenmann PA, Halken S, Lack G, et al. The management of anaphylaxis in childhood: position paper of the European academy of allergology and clinical immunology. Allergy. 2007; 62(8): 857-71.

26. Romano A, Gaeta F, Valluzzi RL, Alonzi C, Viola M, Bousquet PJ. Diagnosing Hypersensitivity Reactions to Cephalosporins in Children. Pediatrics. 2008; 122(3): 521-7.

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28. Simons FER, Gu X, Simons KJ. Epinephrine absorption in adults: Intramuscular versus subcutaneous injection. J Allergy Clin Immunol. 2001; 108(5): 871-3.

29. Schneck J, Fagot JP, Sekula P, et al. Effects of treatments on the mortality of Stevens-Johnson syndrome and toxic epidermal necrolysis: A retrospective study on patients included in the prospective EuroSCAR Study. J Am Acad Dermatol. 2008; 58: 33.

30. Baldo BA. Penicillins and cephalosporins as allergens: structural aspects of recognition and cross-reactions. Clin Exp Allergy. 1999; 29(6): 744-9.

31. Romano A, Gaeta F, Valluzzi RL, Caruso C, Rumi G, Bousquet PJ. IgE-mediated hypersensitivity to cephalosporins: Cross-reactivity and tolerability of penicillins, monobactams, and carbapenems. J Allergy Clin Immunol. 2010; 126(5): 994-9.

 

Bibliografía recomendada

– Cortada Macías JM, López Serrano MC, Blasco Sarramián A, Mayorga C, Torres MJ. Introducción, conceptos generales, epidemiología. Fisiopatología: los fármacos como antígenos. En: Peláez Hernández A, Dávila González IJ, eds. Tratado de Alergología. Madrid: Ergon; 2007. p. 1297.

Interesante como texto de consulta. Es un tratado de alergología general.

– Stern RS. Exanthematous Drug Eruptions. NEJM. 2012; 366(26): 2492.

Excelente artículo con un interesante diagnóstico diferencial con enfermedades exantemáticas pediátricas.

– Romano A, Blanca M, Torres MJ, Bircher A, Aberer W, Brockow K, et al. Diagnosis of nonimmediate reactions to ß-lactam antibiotics. Allergy. 2004; 59(11): 1153-60.

Bien estructurado artículo del Grupo de interés en hipersensibilidad a fármacos de ENDA/EAACI.

– Bircher AJ. Symptoms and danger signs in acute drug hypersensitivity. Toxicology. 2005; 209(2): 201-7.

Interesante desde el punto de vista del clínico. Datos de alarma precoces.

– Brockow K, Garvey LH, Aberer W, Atanaskovic-Markovic M, Barbaud A, Bilo MB, et al. Skin test concentrations for systemically administered drugs – an ENDA/EAACI Drug Allergy Interest Group position paper. Allergy. 2013; 68(6): 702.

Útil para planificar pruebas cutáneas con concentraciones validadas.

– Muraro A, Roberts G, Clark A, Eigenmann PA, Halken S, Lack G, et al. The management of anaphylaxis in childhood: position paper of the European academy of allergology and clinical immunology. Allergy. 2007; 62(8): 857-71.

Imprescindible. El correcto tratamiento de una anafilaxia debe ser conocido por todo pediatra.

 

Caso clínico

Niña de 4 años que a los 18 meses se remitió a la Sección de Alergia por sospecha de alergia a la amoxicilina.

Se trata de una paciente de origen ruso, sin datos de interés en los antecedentes personales, y en los antecedentes familiares, que son anodinos, destaca que ambos padres tienen una alergia a penicilina (no estudiada).

La enfermedad actual comienza el 27 de abril de 2011, con un cuadro de fiebre sin foco, para el que la madre le administra ibuprofeno y ese mismo día inicia una diarrea que trata con dieta y dura unas 24 horas.

Vuelve a presentar fiebre el 2 de mayo y su pediatra diagnostica una faringoamigdalitis y le prescribe amoxicilina. La fiebre persiste y el 6 de mayo acude a urgencias por un exantema que en el informe de urgencias se describe como una urticaria de habones confluentes. Se retiró la amoxicilina, el exantema persistió dos días más. No requirió tratamiento.

Sin embargo, la madre explicaba que las lesiones que persistieron fijas unos días no eran evanescentes, no eran pruriginosas, apenas eran sobreelevadas y las describía como un exantema maculopapular; lo que era discordante con las lesiones descritas en el informe de urgencias. La madre apreció las lesiones cutáneas al despertarla, con lo que no se puede saber el intervalo exacto desde la última toma de amoxicilina.

Al explicarle las características de los habones, comentó que eso le salía con la tortilla y el huevo pasado por agua. Tolera el huevo cocido y la bollería.

Al interrogar a la madre sobre otros fármacos administrados, recuerda que el 26 de abril se le había administrado la vacuna triple vírica.

Había vuelto a tomar ibuprofeno después de este cuadro clínico tan abigarrado, con buena tolerancia.

Se realizaron pruebas cutáneas a amoxicilina (prick test e intradermorreacción), que fueron negativas. Se determinó IgE específica frente a amoxicilina y peniciloil G que fueron negativas.

Se hicieron también pruebas cutáneas a clara de huevo, ovoalbúmina y ovomucoide, siendo positivas a clara y a ovoalbúmina, pero no al ovomucoide; concordando con la historia clínica y la tolerancia a huevo cocido pero no crudo.

Se sometió a la paciente a PEC a amoxicilina sin presentar efecto adverso alguno, descartándose alergia a la misma.

 

 

 

Alergia a la picadura de insectos

Temas de FC

C. Ortega Casanueva

Pediatra y Alergóloga. Unidad de Neumología y Alergia Infantil. Hospital Quirón San José. Madrid

 

Resumen

Las picaduras por insectos son muy comunes en la infancia, ya que, habitualmente, los niños juegan al aire libre. Entre las picaduras de insectos, las picaduras de los himenópteros (avispas, abejas, hormigas) son las más frecuentes e importantes y pueden causar reacciones alérgicas graves.
La alergia a picadura de insectos es un problema relativamente frecuente pero poco estudiado en pediatría. Dedicaremos este artículo a conocer cuáles son los insectos más frecuentes (avispas, abejas, hormigas, mosquitos, tábanos, pulgas, orugas y arañas), las reacciones que producen sus picaduras, la importancia clínica y gravedad de las mismas, así como su tratamiento preventivo.

 

Abstract

Insect bites in children are not rare since it is very common for children to play outdoors. Allergic reactions to hymenoptera stings (wasps, bees, ants) are the most common and important since they can lead to severe allergic reactions.
Allergy to insect stings among children is a relatively unknown topic. This article focuses on the most common insects (wasps, bees, ants, mosquitoes, flies, fleas, caterpillars and spiders), the reactions that their bites produce, the importance and seriousness of the clinical findings and their preventive treatment.

 

Palabras clave: Picadura; Insecto; Himenóptero; Veneno; Alergia.

Key words: Sting; Insect; Hymenoptera; Poison; Allergy.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(9): 628-636


Alergia a la picadura de insectos

 

Introducción

Las picaduras de insecto son frecuentes en pediatría, y el estudio de las alergias que pueden provocar es importante y poco conocido.

En la población infantil, especialmente en la época estival, son frecuentes las picaduras de insectos. Éstas pueden llegar a producir reacciones alérgicas, algunas graves, creando gran alarma entre los padres, y constituyen un motivo frecuente de consulta al pediatra de Atención Primaria.

La alergia a picadura de insectos es un tema tan antiguo como poco conocido y estudiado. Si nos remontamos al año 2621 a. C, en Egipto, ya se hacía referencia a este tema en los jeroglíficos de la tumba del faraón Menes, que murió por la picadura de una avispa. Y es que, ¿a quién no le ha picado nunca una avispa, una abeja o un mosquito?

La reacción por picadura de himenóptero (avispas, abejas, hormigas) puede variar desde una reacción local (afectación de una extremidad) hasta un cuadro de anafilaxia que puede producir la muerte.

En nuestro país se ha profundizado de una forma más intensa en la parte de alergia a veneno de himenópteros por las reacciones que producen y, por ello, en este artículo le dedicaremos una mención especial.

Las picaduras por dípteros (mosquitos, moscas y tábanos) son también un motivo frecuente de consulta entre los pacientes pediátricos. La reacción que producen es más leve que las producidas por picadura de himenópteros y no suelen corresponderse con una reacción alérgica mediada por inmunoglobulina E (IgE) específica.

En otros países, como en el Sur de Estado Unidos, Australia, Filipinas o China, cobran relevancia las reacciones por picadura de formicios (hormigas). La hormiga roja de fuego, Solenopsis invicta, procedente de Sudamérica es la que produce mayor número de reacciones alérgicas.

 

¿Qué insectos pueden producir una reacción alérgica?

Todos los insectos que pican pueden provocar reacciones alérgicas.

Los insectos hematófagos muerden (aunque a veces lo expresemos como picadura) para alimentarse con la sangre de otros animales. Estas mordeduras no son venenosas y, aunque producen irritación local, con poca frecuencia desencadenan reacciones alérgicas a la saliva y a las subsustancias anticoagulantes que inyectan.

Los insectos venenosos, como mecanismo de defensa, inyectan substancias tóxicas. Estas picaduras venenosas, además de mucho dolor, pueden producir reacciones graves mediadas por mecanismo alérgico.

Los insectos que más frecuentemente pican a los niños son los mosquitos y los más peligrosos, por las reacciones de hipersensibilidad que pueden producir, los himenópteros (avispas, abejas y hormigas). Otros insectos, como tábanos, pulgas, orugas (procesionaria del pino) y arañas, también pueden producir reacciones de hipersensibilidad(1).

A continuación, se tratarán los insectos que más comúnmente pican a los niños, dejando a un lado los himenópteros, los cuales serán tratados con más profundidad en los siguientes capítulos.

Los insectos producen en la zona de la picadura una reacción local y sus manifestaciones clínicas (eritema, prurito, edema) suelen ser similares, por lo que es difícil filiar el insecto concreto que la ha producido.

Las pulgas (sifonápteros), parásitos hematófagos, pueden causar reacciones alérgicas cutáneas (urticaria, lesiones papuloeritematosas distribuidas a lo largo del trayecto de un vaso sanguíneo, etc.). La especie que más frecuentemente afecta al hombre es Pulex irritans.

El tábano es también un insecto hematófago y su picadura produce una reacción consistente en un nódulo cutáneo muy doloroso en la zona de inoculación. También, puede producir reacciones mediadas por IgE como urticaria o, incluso, llegar a desencadenar una reacción alérgica sistémica generalizada (anafilaxia).

El mosquito (Fig. 1) suele producir una reacción local consistente en una pápula en el lugar de la picadura. Aparece a las 2 horas de la inoculación aproximadamente y persiste uno o dos días. Cada picadura de mosquito puede llegar a convertirse en una pápula que pica a veces de forma desesperante. Se debe evitar el rascado porque sólo exacerbará el cuadro, pudiendo erosionar la piel y provocar una infección. Esta reacción se atribuye a una hipersensibilidad a la saliva del mosquito, aunque realmente el mecanismo es incierto. La prevalencia de la alergia a la saliva de mosquito es desconocida, pero se ha descrito que alrededor del 3% de la población reacciona de forma exagerada frente a su picadura y, aunque se han descrito reacciones anafilácticas por saliva de mosquito, es excepcional que esto ocurra.

 

Figura 1. Picadura de mosquito. Galería imágenes SEAIC (Lluis Marques Amat).

 

Tras sucesivos picotazos, los lugares de antiguas picaduras pueden reactivarse en forma de ronchas que pican mucho. Es algo muy común en niños y se denomina prurigo agudo o urticaria papulosa.

Con el tiempo se produce un fenómeno de tolerancia. La especie más común en nuestro medio es Culex pipiens(1,2), pero el mosquito más peligroso es, sin duda, Aedes albopictus, conocido como “mosquito tigre”. El mosquito tigre, con longitud entre 5 y 10 mm, se caracteriza por su coloración negra con ornamentación blanca en tórax y abdomen, patas a bandas blancas y negras y una característica línea blanca longitudinal central en el tórax y la cabeza.

Como otras especies, la hembra pica y extrae sangre de animales vertebrados, en especial mamíferos y aves, para el desarrollo de los huevos. Su aguijón puede incluso atravesar la ropa.

Los machos, al igual que otras especies de mosquitos, se alimentan de néctar. El mosquito tigre es una especie invasora originaria del Sudeste de Asia, habiéndose extendido por Europa desde 1980. En el verano de 2004, el Servicio de Control de Mosquitos del Consell Comarcal del Baix Llobregat notificó su presencia en España.

En 2007 se produjo un brote epidémico de fiebre chikungunya en Italia producida por el virus CHIKV y que fue diseminada por la picadura del mosquito tigre. Hasta ese momento, esta enfermedad sólo había afectado a países tropicales, lo que disparó todas las alarmas ante la difusión de este tipo de infecciones.

Cuando la oruga procesionaria del pino (forma larvaria del lepidóptero nocturno Thaumetopoea pityocampa) desprende sus pequeños pelos urticantes, estos pueden entrar en contacto con el ser humano al ser transportados por el viento. Así pues, en función de cómo se entre en contacto con los mismos, existirá una afectación cutánea (urticaria de contacto), conjuntival o respiratoria. Los mecanismos patogénicos implicados son mecánicos y/o irritativos y el alérgico por hipersensibilidad mediada por IgE(3). En los últimos años se han descrito varios casos de reacciones anafilácticas por este insecto.

 

¿Qué reacciones producen los insectos?

Las reacciones se dividen en dos tipos: inmunológicas (o alérgicas) y no inmunológicas(4).

Las primeras son las comúnmente llamadas “reacciones alérgicas” y están mediadas por IgE y pueden afectar a una zona concreta (reacción local) o generalizarse (reacción sistémica)(4).

Las reacciones locales suelen consistir en eritema, inflamación, dolor y prurito de la zona donde ha ocurrido la inoculación del veneno. Las reacciones generalizadas o sistémicas son aquellas que afectan a varios órganos u aparatos y que pueden adquirir tal gravedad que pueden llegar a comprometer la vida (anafilaxia).

Por su parte, las reacciones no inmunológicas son aquellas producidas por los componentes del veneno del insecto. Este tipo de reacción suele aparecer entre uno o dos días tras la picadura y se reconoce por un eritema con o sin edema de la zona circundante. El diámetro suele ser menor de 10 cm y la intensidad del dolor puede variar. Este tipo de reacciones suele ser leve y no tiende a generalizarse.

 

Tratamiento general de la picadura de insecto

Los insectos producen en la zona de la picadura una reacción local y sus manifestaciones clínicas suelen ser similares, por lo que existen unas medidas generales a la hora de tratar las picaduras de insectos(6).

Elevar el brazo o la pierna afectada y aplicar hielo o una compresa fría para reducir la inflamación y el dolor puede ser útil en un primer momento.

Para evitar infecciones secundarias se deben limpiar suavemente las ampollas, sin romperlas, con agua y jabón, y para aliviar el prurito se puede administrar un antihistamínico vía oral o, incluso, un corticoide tópico.

Es aceptado que el uso inmediato de un producto a base de amoníaco proporciona un alivio rápido en las picaduras de mosquitos, tábanos, abejas, avispas, animales marinos, plantas urticantes, etc. El amoníaco frena rápida y eficazmente el picor y la irritación de la piel, además de neutralizar el veneno.

 

¿Cómo evitar la picadura por insectos?

Durante los meses estivales, un tema que preocupa a los padres es tratar de evitar la picadura de los insectos, y para ello existen varios productos llamados “repelentes” que tratan de evitarlas.

Repelentes químicos

La N,N-Dietil-meta-toluamida, conocida como DEET, es el ingrediente más habitual de estos repelentes de insectos. En particular se utiliza contra las picaduras de garrapatas y mosquitos. Los mosquitos detectan directamente la DEET y evitan la zona de la que emana este compuesto.

Algunas investigaciones recientes indican que DEET podría ser neurotóxico, pero no se han hecho estudios en niños; por lo que, la Academia Americana de Pediatría aconseja que estos productos no se apliquen a menores de dos años ni a concentraciones superiores al 10%. Por la gran absorción cutánea que presentan, no deben aplicarse sobre piel erosionada(5).

En el mercado se comercializan también otros principios, como el ácido 1-piperidincarboxílico o el 2-(2-hidroxietil)-1-metilpropiléster, también llamado Bayrepel.

La efectividad de Bayrepel es comparable a la de DEET, tiene excelentes propiedades cosméticas y pocos efectos tóxicos. Es bien tolerado por la piel y sólo se absorbe en mínimo grado, pero tampoco debe aplicarse a niños menores de dos años.

 

Repelentes naturales (derivados de plantas)

1. Aceite de citronela. El más usado es el obtenido de la planta Cymbopogon nardus. Tiene un olor agradable y es poco tóxico. Es un repelente efectivo, pero el tiempo de protección, unas dos horas, es menor que la DEET y el Bayrepel.

En Estados Unidos, el aceite de citronela se encuentra disponible en forma de loción, spray y toallitas, a concentraciones que oscilan del 0,05% al 15%, pero en el mercado español no hay ningún producto que contenga exclusivamente este aceite.

2. Aceite de eucaliptus. Es un repelente de insecto muy potente, eficaz y con olor agradable. Proporciona una protección activa durante 6 horas.

 

Otros

Se ha descrito que la vitamina B1, clorhidrato de tiamina, al eliminarse por el sudor funciona como repelente, pero no se ha confirmado su eficacia.

Con respecto a los dispositivos electrónicos que emiten sonidos de alta frecuencia que ahuyentan a los insectos tampoco está confirmada su eficacia.

A continuación, se profundizará de una forma más detallada en los insectos que más reacciones alérgicas producen en los niños: los himenópteros.

 

Los himenópteros

Los himenópteros son insectos del orden Hymenoptera, uno de los mayores órdenes de insectos, con unas doscientas mil especies que comprende a las abejas, avispas y hormigas, entre otros. El nombre proviene de sus alas membranosas (del griego n?µe?, “membrana” y pte???, “ala”).

Es importante identificar el himenóptero responsable de la picadura, ya que facilitará mucho la labor a la hora de realizar el diagnóstico y el tratamiento.

 

Clasificación de los himenópteros

En la figura 1, podemos encontrar la clasificación según las diferentes familias.

Los himenópteros que más problemas plantean en nuestro área son los véspidos (avispas) y los ápidos (abejas y abejorros)(7).

La alergia al veneno de especies de las familias Vespidae y Apidae mediada por IgE constituye un importante problema de salud pública, en especial en aquellas regiones en que la población está más expuesta a las picaduras de estos insectos. Los pacientes pediátricos constituyen una población de alto riesgo, así como los trabajadores que desempeñan su trabajo cerca de ellos (agricultores, apicultores, etc.).

El himenóptero más frecuentemente implicado en reacciones alérgicas suele ser la Apis mellifera (Fig. 2b), seguido del Polistes dominula.

 

Figura 2. Apis. A) Apis andrena (galería imágenes SEAIC). B) Apis mellifera (imagen cedida por ALK).

 

 

Morfología y hábitat de los himenópteros

Conocer la morfología de los himenópteros y los lugares donde habitualmente se encuentran nos ayudará a filiar el insecto; ya que, muchas veces los pacientes sólo saben describir alguna característica sin poder precisar exactamente cuál fue el insecto que les picó.

A continuación, se describe la morfología de los himenópteros que más frecuentemente producen reacciones alérgicas(7).

Las APIS o “abejas” (Fig. 2) tienen el cuerpo recubierto por una vellosidad marrón, con áreas negras y doradas en el abdomen, 4 alas transparentes y poseen un tamaño que varía entre 5 y 15 mm. Estos himenópteros sitúan sus colmenas alrededor de campos, árboles frutales o flores.

 

 

Los véspidos o “avispas” (Fig. 3) son himenópteros con escasa pilosidad, de color amarillo y negro y se diferencian morfológicamente por algunos detalles (Tabla I). Los polistes (Fig. 4) construyen su hogar con fibras vegetales masticadas y viven en el campo y jardines.

 

Figura 3. A) Véspido o avispa (galería imágenes SEAIC, M. Teresa Lizaso Bacaicoa). B) Aguijón de véspido (galería imágenes SEAIC, Lluis Marques Amat).

 
 

Figura 4. Polistes (imagen cedida por ALK).

 

 

Figura 5. Avispa Reina de Vespula (galería imágenes SEAIC, Lluis Marques Amat).

 

 

Epidemiología

Se ha descrito que entre el 0,5 y 3% de los adultos pueden presentar una reacción sistémica tras la picadura de una avispa o una abeja(8), pero la verdadera prevalencia de este problema en la población pediátrica no es tan fácil de establecer; ya que, probablemente, estas reacciones estén infradiagnosticadas teniendo en cuenta que los niños presentan un nivel de exposición mayor que los adultos (excepto en el caso de los apicultores).

La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica), a través de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia, realizó en 2006 una encuesta entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de la alergia a himenópteros en los niños españoles. Estos datos fueron recogidos y evaluados en un completísimo artículo(9) que vio la luz en 2010. Este artículo es, probablemente, el más completo y actual realizado en población pediátrica en España.

Se trata de un estudio retrospectivo basado en aquellos niños (todos menores de 17 años) que habían sido diagnosticados de alergia al veneno de himenópteros por un especialista.

El objetivo fue determinar el número de pacientes afectados y el manejo diagnóstico y terapéutico realizado con cada uno de ellos.

Se recogieron 175 pacientes (75% varones), con una edad media de 9 años.

De ellos, 135 (75%) eran niños que estaban recibiendo o habían recibido inmunoterapia específica y 80 tenían historia de atopia (44,4%).

El 17% (32 pacientes) eran descendientes de apicultores y el 68,9% había experimentado picaduras antes de recibir la picadura que le hizo acudir al especialista. La causa de la picadura más frecuente fue Apis mellifera (55 casos), seguido de Polistes dominulus (33 casos). En 32 pacientes el insecto implicado no pudo ser identificado y en 39 pacientes estuvieron involucrados varios insectos.

En el 83,9% de los casos presentaron una reacción local. La reacción sistémica más frecuente fue urticaria y angioedema y 14 pacientes sufrieron un shock anafiláctico.

El tiempo transcurrido desde la picadura hasta el inicio de la reacción fue menos de 30 minutos en 154 casos; 30-60 minutos en 3 casos; y más de una hora en 11 casos. En 12 casos no supieron cuánto tiempo pasó.

El diagnóstico se realizó mediante pruebas cutáneas (prick test e intradermo) y/o test IgE específica.

Un total de 18 pacientes (17 pertenecían al grupo de inmunoterapia) sufrieron repetidas picaduras (accidentales en 12 casos), sin ninguna manifestación sistémica asociada.

Se establecieron 3 categorías de tratamiento: 1) medidas preventivas y educativas; 2) tratamiento sintomático con antihistamínico oral y adrenalina autoinyectable; y 3) inmunoterapia.

135 pacientes recibieron inmunoterapia con una duración media de 3,57 años (rango 2-5 años) y tolerancia excelente, 35 pacientes experimentaron reacciones locales, y se documentaron reacciones sistémicas en 6 pacientes: 2 con extracto de Apis (que resultaron leves), 3 desarrollaron reacción tipo 3 de Müller (2 con Vespula y una con Apis) y un paciente desarrolló reacción tipo 3 con extracto de Polistes.

En el grupo de pacientes sin inmunoterapia, 19 niños sólo recibieron medidas preventivas y educacionales; mientras que, 26 recibieron tales medidas junto con tratamiento sintomático (antihistamínicos orales) y adrenalina autoinyectable.

De acuerdo con este estudio(9), el porcentaje de niños afectados fue mayor que el de niñas, aunque sólo un 17,8% del total eran descendientes de apicultores o agricultores. Lo anterior indica que la picadura de insectos en nuestra población pediátrica ocurre mayoritariamente en el contexto de actividades de juego al aire libre; ya que, entre adultos, los mayores porcentajes se dan en entornos rurales (70,1%) y en un 52,8% de los casos las actividades laborales o de ocio conllevan un alto riesgo de picadura(10).

A su vez, se registraron picaduras previas en el 68,9% de los pacientes. Este porcentaje es similar a los valores registrados en la literatura para la población general(8-10).

Las manifestaciones sistémicas documentadas en la literatura para la población pediátrica son, generalmente, urticaria y anafilaxia sólo en el 0,4-0,8% de los casos(8,9). En este estudio, las manifestaciones sistémicas fueron grado 2-3 (urticaria y angioedema).

Como conclusión, este estudio nos muestra que las reacciones de hipersensibilidad a veneno de himenópteros son infrecuentes en pediatría pero, cuando ocurren, tienen un fuerte impacto en la calidad de vida de los niños.

 

 

 

Historia natural y clínica de la alergia a veneno de himenóptero

En general, tras la picadura de un insecto los pacientes suelen presentar siempre la misma reacción. Puede existir alguna variación en la severidad, pero siempre con los mismos tipos de síntomas. Así pues, lo más probable es que las reacciones futuras que pueda presentar sigan el mismo patrón(10).

A lo largo de este tiempo, se ha observado que los niños tienen una proporción de reacciones sistémicas cutáneas (sin signos respiratorios o circulatorios) mucho más alta que los adultos(10).

Los síntomas de la reacción alérgica por picadura de himenóptero varían desde una reacción local más o menos intensa hasta el grado de anafilaxia (Tabla III).

 

 

Reacción local: inflamación limitada a la zona de inoculación, sin superar los 10 cm de diámetro y que se mantiene, como máximo, unos siete días.

“Reacción por inmunocomplejos” o enfermedad del suero: se caracteriza por desencadenarse unos días después de la picadura (entre 2 y 10 días) y cursar con urticaria generalizada, fiebre, dolor articular e inflamación de ganglios linfáticos.

Anafilaxia: generalmente, inicio de síntomas cutáneos (urticaria con o sin angioedema) que continúa con la afectación de varios órganos y sistemas: respiratorio (tos, dificultad respiratoria, opresión torácica), digestivo (vómitos, diarrea, dolor abdominal), cardiaco (arritmias, shock cardiogénico), etc.

Aunque no es lo más habitual, esta reacción sistémica puede llegar a ser mortal, lo cual ocurriría en la mayoría de los casos en los que, durante los 30 minutos posteriores a la picadura, no se administra tratamiento médico alguno.

La exposición a las picaduras, la gravedad de la reacción previa (cuanto más grave es la reacción previa, mayor será la probabilidad de que ésta se repita o sea más grave), la cantidad de veneno inoculado (según especie, extracción o no del aguijón, etc.), comorbilidad (mastocitosis) o el estar con tratamiento médico con determinados fármacos (beta bloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina IECA) son factores de riesgo para que exista una reacción alérgica grave(11).

 

Diagnóstico de alergia a picadura de himenóptero

Es importante identificar al insecto responsable de la picadura, ya que facilitará mucho la labor a la hora de realizar el diagnóstico y el tratamiento.

La alergia a picadura de himenópteros tiene un diagnóstico y tratamiento específico muy eficaz(12).

Para realizar el diagnóstico de alergia a picadura de himenóptero, nos basaremos en una anamnesis detallada.

Debemos preguntar si se identificó el insecto o, en caso contrario, si el paciente puede describirlo para tratar de filiarlo nosotros; de ahí, la importancia de conocer la morfología de estos insectos. No debemos olvidar indagar sobre el lugar donde ocurrió, la época del año, si le dejó el aguijón clavado y, por supuesto, el tipo de reacción que le produjo.

Tras la anamnesis, se deben realizar pruebas cutáneas con veneno de himenóptero. Esto debe realizarse por personal experimentado, por el cierto riesgo que entraña el reproducir la reacción de nuevo.

Las pruebas cutáneas se deben complementar con la determinación de IgE específica frente al veneno de himenóptero. Esto es menos sensible que realizar pruebas cutáneas, pero no entraña ningún riesgo y, además, ya que no se dispone de veneno de gran número de insectos (Bombus, Vespa cabro) para realizarlas, puede servir de gran ayuda.

 

Tratamiento de la picadura de himenópteros

El tratamiento de elección en caso de reacción sistémica por picadura de himenóptero en fase aguda es la adrenalina(13). Las reacciones sistémicas se deben derivar al especialista de modo preferente para su valoración, diagnóstico y posterior tratamiento.

El tratamiento de la picadura de himenóptero se tratará en función de la gravedad de la misma. Las reacciones locales se tratarán mediante frío local, antihistamínicos (vía oral) y corticoides tópicos o sistémicos, según la intensidad del cuadro(14).

Las reacciones sistémicas se tratarán como cualquier episodio de anafilaxia: adrenalina (0,01 ml/kg; máximo 0,5 ml dosis total), corticoides sistémicos y antihistamínico vía oral. Si un niño ha presentado ya alguna reacción sistémica por picadura de himenóptero, debe llevar siempre adrenalina autoinyectable en jeringa precargada intramuscular (0,15-0,30 ml, en función de los kilos que pese el niño)(13).

Además, se deben adoptar unas medidas generales(12), como extraer el aguijón sin exprimirlo (en caso de que sea una abeja) o alejarse del área donde haya ocurrido la picadura para evitar un ataque masivo.

 

Inmunoterapia

La inmunoterapia debe administrarse en ámbito hospitalario y requiere la supervisión por un facultativo especializado.

Existe un tratamiento para “curar definitivamente” la alergia a veneno de himenópteros: la inmunoterapia específica o vacunación con extracto de veneno de himenóptero.

Con la inmunoterapia se trata de disminuir la producción de IgE contra el veneno y aumentar los “anticuerpos bloqueantes” (clase IgG).

La vacunación proporciona unos niveles de protección tras nuevas picaduras de hasta el 98%(15). Para administrar este tratamiento, se precisa de personal cualificado y realizarlo en ámbito hospitalario por los efectos adversos graves que puede tener.

La inmunoterapia específica está indicada en niños a partir de los 5 años, cuando exista una reacción sistémica moderada o grave y se demuestre un mecanismo dependiente de IgE(16,17).

La duración de este tratamiento es de 3 a 5 años(18). Tras este tratamiento más del 98% tolera la picadura del insecto(15,18). Este efecto terapéutico es duradero, de modo que, a los 10 años de haber finalizado el tratamiento, el 90% de los pacientes sigue estando protegido(15,18).

 

Tipos de pautas de inmunoterapia en alergia a veneno de himenópteros

Consiste en la administración subcutánea de dosis crecientes de veneno del insecto responsable de la reacción hasta 100 mcg en el caso de véspidos o abejas(18).

Existen en la actualidad extractos para el tratamiento con veneno de Apis, Vespula, Polistes y Bombus.

Existen dos fases:

1. Fase de inicio: se comienza administrando dosis muy pequeñas de veneno (0,01 a 0,1 mcg) y se van aumentando paulatinamente.

Existen varias pautas de inicio de diferente duración:

– Ultrarrápida (Ultrarush): 3 horas.

– Rápida (rush): 4 días.

– Rápida (cluster): 4 semanas.

– Clásica (convencional): 3 meses.

Las pautas más rápidas son más seguras, con menos efectos secundarios y menos reacciones sistémicas que las lentas.

2. Fase de mantenimiento: consiste en administrar 100 µg de veneno cada 4-6 semanas, que suele durar de 3 a 5 años, según el seguimiento clínico, con pruebas cutáneas y serológicas.

La dosis de mantenimiento es equivalente a 2 o más picaduras dependiendo del insecto responsable. Hay pacientes, sobre todo apicultores y sus familiares, que pueden requerir una dosis de mantenimiento más elevada, hasta de 200 µg, para una protección completa.

La inmunoterapia con veneno de abeja es eficaz para prevenir reacciones sistémicas en un 95% de los casos. La inmunoterapia con veneno de avispa es eficaz en un 98%. Es, por tanto, un tratamiento muy eficaz(15,17,18).

 

Prevenir las picaduras de himenópteros

La educación del paciente es muy importante de modo que sepa cómo actuar ante nuevas reacciones(2,12,14,16).

Los niños deben conocer unas normas para prevenir las picaduras de himenópteros.

Las avispas y abejas sólo pican cuando se sienten amenazadas o para defender sus nidos, por eso no hay que acercarse a nidos de avispas ni a panales de abejas.

Si la avispa/abeja se posa encima de nosotros, no intentar ahuyentarla ni matarla, se debe permanecer quieto o hacer movimientos muy lentos hasta que se vaya.

Cuando la avispa pica conserva el aguijón, pudiendo picar repetidas veces; además, con su picadura se liberan feromonas que pueden atraer a otros miembros de la colonia, por lo que se aconseja alejarse del lugar del accidente.

La mayoría de las picaduras se producen entre los meses de mayo a septiembre, especialmente en verano (julio y agosto). Si se toma alguna bebida azucarada, se debe asegurar que no haya ningún insecto en el borde del vaso. En las piscinas o campos con flores, evitar caminar descalzo y sacudir la ropa que se haya dejado en el suelo antes de ponérsela.

Las avispas/abejas tienen predilección por los colores y olores intensos; por lo que, no es aconsejable llevar ropas llamativas ni utilizar perfumes cuando se salga al campo.

En las excursiones, los niños deben llevar pantalones y manga larga.

Las colisiones con estos insectos pueden producir picaduras; por tanto, no se debe correr, ni montar en bicicleta, en lugares donde haya muchas flores. En los merenderos o comidas al aire libre, se han de mantener los cubos de basura bien cerrados.

Si un niño es alérgico al veneno de himenóptero, es aconsejable que lleve una placa de alerta médica.

 

Criterios de derivación al
especialista

Se debe realizar un estudio alergológico a todos aquellos niños que hayan sufrido una reacción alérgica grave tras una picadura de insecto. Si se confirma el diagnóstico, la clínica es importante y la evitación difícil, está indicado pautar una desensibilización al veneno causante de la alergia.

Se estima que dos tercios de personas alérgicas al veneno de himenópteros no llega a ser examinado nunca por un alergólogo, dada la falta de conocimiento sobre este tipo de alergia entre la población general e incluso entre los propios médicos.

Conclusión

Las reacciones alérgicas a veneno de himenópteros son poco frecuentes en pediatría. No obstante, el pediatra de Atención Primaria debe conocerlas para saber cuando derivar al niño al especialista para realizar un estudio alergológico completo y educar a estos niños, tanto para evitar futuras picaduras como para tratar las exposiciones accidentales.

 

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Klotz JH, Klotz SA, Pinnas JL. Animal Bites and Stings with Anaphylactic Potential. JEM. 2009; 36(2): 148-56.

2. Zubeldia JM, Baeza ML, Jaúregui I, Senent CJ. Libro de las enfermedades alérgicas de la fundación BBVA. 1ª edición. Fundación BBVA; 2012.

3. Vega J, et al. Manifestaciones cutáneas originadas por la oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Actas Dermosifiliogr. 2011. doi:10.1016 /j.ad. 2011.03.005

4. Müller UR. (2009). Insect Sting Allergy. En: Kay AB, Kaplan AP, Bousquet J, Holt PG, eds. Allergy and Allergic Diseases. Volume 1, Second Edition. Oxford, UK: Wiley-Blackwell. doi: 10.1002/9781444300918.ch96.

5. A Parent’s Guide to Insect Repellents. American Academy of Pediatrics; 2005.

6. Barcones Minguela F. Mordeduras y picaduras de animales. Protocolos diagnóstico-terapéuticos de Urgencias Pediátricas SEUP-AEP. 2010. p. 173-87.

7.** Castro L. Véspidos sociales de Europa. Guía de identificación. http://www.alergiaabejasyavispas.com/secciones/sec6/seccion06_01.asp?opc=6.

8. Alergológica 2005. Factores epidemiológicos, clínicos y socioeconómicos de las enfermedades alérgicas en España en 2005. Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Madrid: Schering-Plough. Ergraf; 2006.

9.*** Martínez-Cañavate A, Tabar AI, Eseverri JL, Martín F, Pedemonte-Marco C. An epidemiological survey of hymenoptera venom allergy in the Spanish paediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2010; 38(5): 259-62.

10. Bilò MB, Bonifazi F. The natural history and epidemiology of insect venom allergy: clinical implications. Clin Exp Allergy. 2009; 39(10): 1467-76.

11. Guspí Bori R, Ferré Ybarz L, Ranea Arroyo S, Nevot Falco S. Alergia a picadura de insectos. Pediatr Integral. 2009; XIII(9): 807-816.

12.** Nevot Falcó S, Guilarte Clavero M. Hipersensibilidad a veneno de himenópteros. Protocolos diagnósticos y terapéuticos en pediatría; 2003. p. 119-26.

13. Oude Elberink JN, van der Heide S, Guyatt GH, Dubois AE. Analysis of the burden of treatment in patients receiving an EpiPen for yellow jacket anaphylaxis. J Allergy Clin Immunol. 2006; 118(3): 699-704.

14. Bonifazi F, Jutel M, Biló BM, Birnbaum J, Muller U; EAACI Interest Group on Insect Venom Hypersensitivity. Prevention and treatment of hymenoptera venom allergy: guidelines for clinical practice. Allergy. 2005; 60: 1459-70.

15. Golden DBK, et al. Outcomes of allergy to insect stings in children, with and without venos immunotherapy. N Engl J Med. 2004; 351: 668-74.

16.** Martín Mateos MA. Tratado de alergología pediátrica. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2011.

17.*** Carballada F. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergologia Et Immunopathologia: International Journal for Clinical and Investigate Allergology and Clinical Immunology. 2009; 37(3): 111-5.

18.*** Fiandor A, et al. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2009; 37(3): 109-10.

Bibliografía comentada

– Nevot Falcó S, Guilarte Clavero M. Hipersensibilidad a veneno de himenópteros. Protocolos diagnósticos y terapéuticos en pediatría; 2003. p. 119-26.

Protocolo diagnóstico y terapéutico sobre la alergia a picadura de himenópteros en pediatría avalado por la Asociación Española de Pediatría (AEP).

– Martínez-Cañavate A, Tabar AI, Eseverri JL, Martín F, Pedemonte-Marco C. An epidemiological survey of hymenoptera venom allergy in the Spanish paediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2010; 38(5): 259-62.

Completísimo estudio epidemiológico sobre la alergia a veneno de himenópteros en la población pediátrica española.

La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología clínica, Alergia y Asma pediátrica) através de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia realizó una encuesta entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de alergia a himenópteros en los niños españoles. Este artículo merece ser leído, ya que apenas está recogida la epidemiología en la alergia a himenópteros en población infantil.

– Martín Mateos MA. Tratado de alergología pediátrica. 2ª edición. Madrid: Ergon 2011.

Actualizado, completo y asequible libro sobre alergia infantil imprescindible para aquellos pediatras interesados en esta disciplina.

– Castro L. Véspidos sociales de Europa. Guía de identificación. http://www.alergiaabejasyavispas.com/secciones/sec6/seccion06_01.asp?opc=6. (Accedido el 28/03/2013).

En la página web http://www.alergiaabejasyavispas.com se encuentra todo lo que se debe conocer sobre la taxonomía, morfología y hábitat de los himenópteros. Esta página web entre otros objetivos, pretende mejorar el conocimiento sobre estos insectos y, por tanto, el manejo de su picadura. Gran disponibilidad y accesibilidad a la documentación necesaria para ello.

– Carballada F. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergologia Et Immunopathologia: International Journal for Clinical and Investigate Allergology and Clinical Immunology. 2009; 37(3): 111-5.

Interesante artículo sobre el tratamiento con inmunoterapia en la población pediátrica española. Se aconseja su lectura por tratarse de un artículo de revisión sobre la aplicación de inmunoterapia con veneno de himenópteros en pacientes pediátricos.

– Fiandor A, et al. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2009; 37(3): 109-10.

Artículo que revisa la tolerancia y la eficacia de la inmunoterapia en la población pediátrica. Interesante y de fácil lectura. Recomendado para todos aquellos que están interesados en el tema; ya que, se revisa cómo seleccionar a los pacientes para iniciar el tratamiento con inmunoterapia, qué veneno utilizar, los protocolos de tratamiento realizados, mecanismos de acción de la inmunoterapia, posterior seguimiento, etc.

 

Caso clínico

Niño de 8 años de edad.

 

Antecedentes

• Familiares. Madre con dermatitis atópica. Padre con rinitis alérgica.

• Personales:

– Embarazo y parto normales.

– Adenoidectomía a los 4 años.

– Calendario vacunal completo.

– No toma ningún tratamiento de forma habitual.

• Hábitat:

– Rural. Casa con piscina, jardín y árboles frutales.

– Animales: un perro.

 

Enfermedad actual

Hace un mes, mientras estaba jugando en el campo, sintió la picadura de un insecto, presentando a los 5 minutos edema palpebral bilateral, urticaria generalizada, dificultad respiratoria y un vómito.

En el Servicio de Urgencias más cercano se le administró adrenalina intramuscular, corticoides sistémicos y antihistamínicos vía oral, remitiendo el cuadro de forma progresiva. En ningún momento se registró hipotensión.

En el Servicio de Alergia Infantil se le realiza estudio alergológico:

• Pruebas cutáneas:

Prick test para Apis mellifera, Vespula spp y Polistes dominulus con resultados negativos.

– Intradermorreacción: positivo a concentración de 0,1 µg/ml para Vespula spp y positivos a la concentración de 0,001 µg/ml para Polistes dominulus. Negativo para Apis mellifera.

• IgE total (80 UI/ml).

• IgE específica a veneno de himenóptero.

– Polistes 6,80 KU/L.

– Vespula y Apis mellifera <0,35 KU/L.

• Se rehistoria a los padres sobre el insecto: creen que lo que le picó fue una avispa, aunque no están seguros. Recuerdan que hace un año, tras la picadura de una avispa en un dedo de la mano, se le inflamó todo el brazo.

 

 

 

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