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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Alergia a medicamentos. Conceptos básicos y actitud a seguir por el pediatra

Temas de FC

M.T. Giner Muñoz

Sección de Alergia e Inmunología Clínica. Hospital San Juan de Dios. Barcelona

 

Resumen

La alergia a medicamentos se manifiesta con cuadros clínicos de gran polimorfismo y la edad pediátrica no es diferente en esto. Su frecuencia aumenta con la exposición a fármacos y, a pesar de que hay pocos datos estadísticos, se acepta que es menor en el niño que en el adulto.
Los métodos diagnósticos para confirmar la sospecha clínica son escasos, en reacciones inmediatas apenas disponemos de métodos in vitro fiables para unos pocos fármacos y tampoco se dispone para muchos de concentraciones validadas para las pruebas cutáneas. Además, tanto los exámenes de laboratorio como las pruebas cutáneas se negativizan con rapidez. En las reacciones retardadas, aún contamos con menos métodos de uso clínico habitual.
Así, hay que recurrir a la prueba de exposición controlada (PEC) que no deja de presentar riesgos, a menudo. Los síntomas clínicos de la reacción y su cronología son datos imprescindibles para catalogar el tipo de reacción y programar su estudio.
Se describe la fisiopatología, la clínica y el enfoque diagnóstico de la alergia a medicamentos; de forma que, facilite al pediatra la práctica diaria, al paciente una mejor orientación y, al especialista, algo que echa a menudo en falta: una correcta descripción clínica de la reacción sospechosa.

 

Abstract

Drug allergy is manifested with clinical pictures having great polymorphism, this being similar in the pediatric age. Its frequency increases with exposition to drugs and, even though the statistical data available are limited, it is accepted that drug allergy is less in the child than in the adult.
There is a very limited number of diagnostic methods to confirm clinical suspicion. Regarding immediate reactions, we have very few reliable in vitro methods and these are for only a few drugs. For many of these, we also do not have concentrations validated for the skin tests. Furthermore, both the laboratory tests and the skin tests rapidly become negative. In delayed reactions, we have even fewer methods in the common clinical practice.
Thus, it is necessary to use the controlled exposure test (CET) that often entails risks. The clinical symptoms of the reaction and their chronology are essential data to classify the type of reaction and program their study. The pathophysiology, symptoms and diagnostic approach to drug allergy are described in order to facilitate the pediatrician’s daily practice, give the patient better orientation and provide the specialist something that is lacking: a correct clinical description of the suspicious reaction.

 

Palabras clave: Alergia; Hipersensibilidad; Reacción adversa; Fármaco.

Key words: Allergy; Hypersensitivity; Adverse reaction; Drug.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(9): 637-651


Alergia a medicamentos. Conceptos básicos y actitud a seguir por el pediatra

 

Tipos de reacciones adversas a medicamentos

Las mayoría de las reacciones adversas a los fármacos no son alérgicas y tienen relación con las acciones farmacológicas del medicamento. Una reacción de hipersensibilidad debe tener unas características independientes de las acciones propias del medicamento, dependientes de una respuesta anómala del paciente.

Las reacciones adversas a medicamentos (RAM) son efectos perjudiciales o indeseados, con dosis utilizadas para la profilaxis, diagnóstico o tratamiento de las enfermedades(1).

La mayoría de las reacciones adversas a medicamentos no responden a mecanismos inmunológicos, se relacionan con los efectos farmacológicos conocidos del fármaco y, por ello, son previsibles. Este tipo de reacciones se denominan de tipo A, son las más frecuentes y corresponderían al 85-90% del total de las reacciones adversas.

Las reacciones alérgicas a medicamentos se engloban en las de tipo B (no previsibles) y se deben a respuestas anómalas de una pequeña parte de la población. Pueden deberse a intolerancia, idiosincrasia o hipersensibilidad resultante de una respuesta inmune; estas últimas son las reacciones alérgicas a medicamentos (Tabla I).

 

 

Las reacciones por hipersensibilidad tienen características diferentes de las reacciones de tipo A:

• Son distintas de las acciones farmacológicas conocidas del fármaco.

• Existe un contacto previo con el fármaco implicado (continuo o intermitente), que causa la sensibilización del paciente.

• Sus manifestaciones clínicas deben concordar con las propias de las reacciones alérgicas conocidas.

• Son recurrentes ante nuevas exposiciones al alérgeno.

• La reacción debe mejorar al retirar el fármaco.

• La reacción debe ser reproducible con dosis mínimas de fármaco.

• Es posible la reactividad cruzada con fármacos de estructura similar.

En las reacciones por intolerancia, los pacientes presentan reacciones tóxicas predecibles frente a uno o varios fármacos, a dosis bajas o incluso infraterapéuticas. En las idiosincrásicas, las reacciones son cualitativamente distintas de la toxicidad conocida del fármaco y pueden deberse a alteraciones genéticas en el paciente y, a pesar de que hay algunos ejemplos bien descritos, como las anemias hemolíticas por primacina en deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, sus mecanismos no son bien conocidos.

Las reacciones por hipersensibilidad a medicamentos de tipo inmune(2) pueden ser mediadas por inmunoglobulina E, o responder a otros mecanismos inmunes (Fig. 1).

 

Figura 1. Reacciones por hipersensibilidad a fármacos.

 

 

Epidemiología

La prevalencia real de la alergia a medicamentos es mal conocida, la mayoría de autores aceptan porcentajes entre el 6 y el 10% de las reacciones adversas a fármacos(1). La mayoría de estudios realizados se han llevado a cabo en medio hospitalario, lo que ya supone un sesgo importante. En edad pediátrica, se supone baja, menor que en el adulto, y aún peor conocida.

Demoly, basándose en datos publicados, estima que las reacciones adversas a fármacos podrían afectar al 10-15% de los pacientes hospitalizados y las reacciones por hipersensibilidad representarían un tercio de éstas aunque, en la mayoría de los casos, no se comuniquen.

Factores de riesgo para desarrollar alergia a fármacos

Sexo femenino

Por motivos mal conocidos, las mujeres tienden a presentar con mayor frecuencia que los hombres alergia a los medicamentos, tanto para reacciones de tipo inmediato como tardío(3).

 

Historia previa de reacciones alérgicas a medicamentos

Una historia previa de reacciones alérgicas a uno o más fármacos aumenta el riesgo de desarrollar otras alergias medicamentosas, incluso con fármacos no relacionados.

Las reacciones no inmunes frente a AINES pueden aparecer en AINES sin relación estructural entre sí; ya que, el mecanismo que las produce está en relación con la alteración de la vía metabólica de inhibición de la ciclooxigenasa tipo 1 (COX-1) que es propia de la acción de estos fármacos.

El término “alergia a múltiples medicamentos” debe aplicarse a personas que han experimentado reacciones inmunológicas (de cualquier tipo de Gell y Coombs), bien documentadas, frente a dos o más fármacos no relacionados químicamente, y parece relacionarse con un aumento de la capacidad de respuesta de sus células T frente a sustancias farmacéuticas(4).

 

Exposición recurrente a fármacos

Tratamientos repetidos con los mismos fármacos favorecen la alergia a fármacos (por ejemplo, los pacientes con fibrosis quística).

 

Tipo de HLA

Hay pruebas de propensión familiar a desarrollar reacciones de hipersensibilidad graves a medicamentos concretos en presencia de ciertos tipos de alelos HLA-B; por ejemplo, el SJS/TEN por carbamazepina, en pacientes chinos de la etnia Han se asocia a la presencia de HLA-B*1502(5). Otros alelos HLA-B se han asociado a reacciones graves por otros fármacos, entre ellos el alopurinol y el abacavir.

Algunas situaciones clínicas

• En los pacientes con linfocitos anormales o atípicos, se presentan con mayor frecuencia reacciones a aminopenicilinas (por ejemplo: infecciones por virus de Ebstein-Barr, por virus herpes, leucemias…).

• Los pacientes con inmunodeficiencia adquirida (SIDA) tienen con frecuencia reacciones por sulfamidas y otros fármacos. La infección por HIV crea un entorno inflamatorio que favorece la alergia medicamentosa.

 

Atopia

Los pacientes con enfermedades atópicas no tienen riesgo mayor de presentar alergia a medicamentos, pero sí pueden presentar reacciones mediadas por IgE de mayor gravedad.

 

Edad

La edad no es un factor de riesgo independiente para la alergia a medicamentos, pero los datos se confunden dados los diferentes patrones terapéuticos usados en las distintas edades.

Los fármacos como alérgenos-interacción con el sistema inmune

Las moléculas capaces de provocar una respuesta inmune por sí mismas suelen ser proteínas de alto peso molecular. Muy pocos fármacos cumplen este requisito, y esto hace que interaccionen con moléculas proteicas circulantes o de células, adquiriendo así una capacidad inmunógena que no poseen por sí solos y que se conoce mal en la mayoría de los casos.

La mayoría de medicamentos son compuestos de bajo peso molecular y composición química simple, y sus estructuras no son fácilmente reconocibles por el sistema inmune, que sólo de forma excepcional es capaz de reconocer substancias de peso molecular inferior a 5.000 d.

Son moléculas demasiado pequeñas para interactuar con los receptores inmunes con suficiente potencia para activar las células T o B. En su estado original, la mayoría de fármacos no tienen capacidad inmunógena.

Sin embargo, si el fármaco es presentado a los linfocitos por una célula presentadora de antígeno (una célula dendrítica, por ejemplo) tanto en su forma original como si se modifica tras su metabolización, puede desarrollar una respuesta inmune específica mediada por células T, o mediada predominantemente por anticuerpos, o tener características de ambos tipos de respuesta.

 

Fármacos capaces de estimular una respuesta de anticuerpos

Los fármacos capaces de provocar este tipo de respuesta directamente son pocos. Lo hacen estimulando las células T como antígenos proteicos, y suelen ser macromoléculas, por ejemplo: insulina u otras hormonas, enzimas, protamina, antisueros, anticuerpos monoclonales, vacunas…

Hay algunos compuestos de bajo peso molecular que tienen múltiples recurrencias de un único epítopo y pueden actuar como alérgenos: los ejemplos más conocidos son la carboximetilcelulosa (estabilizante en inyectables) y algunos compuestos de amonio cuaternario usados en la inducción anestésica como bloqueantes neuromusculares (succinilcolina, vecuronio, atracurio…)(6).

 

Haptenos

Algunos compuestos de bajo peso molecular (<1.000 d) pueden adquirir inmunogenicidad por unión covalente a macromoléculas que, en general, son proteínas plasmáticas o proteínas de la superficie celular. El medicamento se conoce como hapteno y la nueva molécula, complejo hapteno-portador.

Como ejemplos de las moléculas de la membrana celular capaces de unirse a haptenos, tenemos las integrinas, y péptidos del CMH (complejo mayor de histocompatibilidad).

Los complejos hapteno-portador son capaces de estimular los linfocitos T y/o respuestas de anticuerpos. La penicilina es un fármaco que se comporta como hapteno, ya que el anillo betalactámico en condiciones fisiológicas se abre y reacciona con los residuos de lisina de las proteínas, formando un complejo que es el determinante antigénico principal de la penicilina y otros betalactámicos y es capaz de estimular respuestas mediadas por anticuerpos, o por las células T(7).

Entre los fármacos capaces de comportarse como haptenos, los mejor conocidos son los betalactámicos, pero otros como la penicilamina y los metales pesados también pueden comportarse como tales.

 

Metabolitos reactivos

Fármacos que, en su forma original, no son reactivos con macromoléculas, pueden hacerse reactivos tras su metabolización en el organismo. El metabolismo de los fármacos se realiza principalmente en los hepatocitos a través de los enzimas asociados al citocromo P450.

Algunos fármacos, si no se detoxifican adecuadamente, pueden actuar como haptenos al unirse con proteínas intracelulares, o secretarse (en este caso se denominan prohaptenos) y contactar con células presentadoras de antígeno estimulando las células T y éstas pondrán en marcha una respuesta celular o mediada por anticuerpos.

Entre los fármacos que con más frecuencia pueden dar lugar a metabolitos reactivos, estarían el trimetoprim-sulfametoxazol, anticomiciales (fenitoína, carbamazepina, lamotrigina) y la procainamida.

 

Interacción farmacológica de los fármacos con receptores inmunes (p-i concept)

Este concepto propone una interacción de los medicamentos con el sistema inmune, que surge de la observación de que algunos fármacos, en su estado original y sin procesos metabólicos, pueden estimular las células T, incluso sin ser capaces de unirse covalentemente a macromoléculas(8).

El medicamento, o parte de él, puede interactuar directamente con un receptor de las células T (TCR) o con moléculas HLA (p-i HLA).

p-i TCR: si el fármaco interacciona con determinados TCR, ante una segunda interacción con el TCR y las moléculas MCH de las células presentadoras de Ag, dará lugar a proliferación celular, producción de citocinas y citotoxicidad por las células T estimuladas.

p-i HLA: en el modelo de HLA p-i, un fármaco se une preferentemente a una molécula de HLA-determinado. Esto explica la fuerte asociación para algunos alelos HLA de algunas reacciones de hipersensibilidad a fármacos(9). Las células T son tolerantes sólo a los péptidos del CMH a los que estaban expuestas durante su desarrollo en el timo, y el conjunto de los péptidos modificado puede ser interpretado como extraño por las células T.

Entre los medicamentos que tienen esta capacidad de interacción se encuentran: sulfametoxazol, lamotrigina, carbamazepina, alopurinol, abacavir, lidocaína y mepivacaína. Este mecanismo, sospechado a finales de los 90, podría estar implicado en reacciones de hipersensibilidad inducida por fármacos y como reacciones exfoliativas graves, como el síndrome de Stevens-Johnson(10) (tipo IVb, IVc de la clasificación de Gell y Coombs).

 

Solapamiento entre mecanismos

Los fármacos pueden generar respuestas inmunes por varios mecanismos simultáneamente; pueden estimular respuestas por interacción farmacológica y actuar como haptenos tras su metabolismo, por ejemplo, el sulfametoxazol y la carbamazepina. Esta superposición de mecanismos puede dar lugar a un cuadro clínico mixto, e imitar a una gran variedad de enfermedades, dificultando el diagnóstico.

 

Clasificación de las reacciones de alérgicas a fármacos

La correcta clasificación cronológica de las reacciones a fármacos, teniendo en cuenta la aparición de los síntomas en relación con la exposición al fármaco, nos indica que tipo de mecanismos podrían estar implicados en estas reacciones. La sintomatología de las reacciones puede a veces ser parecida en mecanismos patogénicos diferentes (la urticaria puede verse en una anafilaxia y en una enfermedad del suero, por ejemplo).

1. Cronológica (según la cadencia de aparición de los síntomas). Hasta hace unos años se siguió usando la clasificación que Levine presentó para clasificar las reacciones a penicilina(11). Ordenaba las reacciones basándose en el momento de la aparición de los síntomas:

Inmediatas: 1-60 minutos tras la administración del fármaco.

Aceleradas: 1-72 horas tras la administración del fármaco.

Tardías: a partir de las 72 horas tras la administración del fármaco.

En la revisión de la nomenclatura alergológica realizada en 2003 por la WAO (World Allergy Organization)(2), se decidió dividirlas en tardías, las que aparecen después de una hora de la exposición al fármaco, e inmediatas, si se presentan antes de una hora desde la exposición.

1. Inmediatas: hay que tener en cuenta que, si la administración del fármaco es por vía oral, es posible que los síntomas se retrasen, especialmente si el medicamento se toma tras las comidas. Sin embargo, el periodo de una hora permite identificar a la gran mayoría de reacciones mediadas por IgE.

2. Tardías: la mayoría de las reacciones tardías suelen aparecer entre 6 horas tras la exposición y, en general, después de unos días de tratamiento, incluso después de haber cesado éste. Algunas reacciones tardías pueden iniciarse después de varias semanas de tratamiento continuo, por ejemplo, en el síndrome de hipersensibilidad inducida por fármacos.

2. Según el tipo de reacción. A pesar de los conocimientos posteriores sobre la patogénesis de las reacciones por hipersensibilidad y los posibles solapamientos de los mecanismos que las desencadenan, la antigua clasificación de Gell y Coombs sigue siendo útil.

Clásicamente, las reacciones inmunes se dividen en cuatro categorías (I, II, III, y IV) según la clasificación de Gell y Coombs, pero ésta se originó antes de conocer los distintos tipos de las células T; de modo que, posteriormente, las reacciones de tipo IV, se subdividieron en subtipo IVa, IVb, IVc y IVd.

Los fármacos causan con más frecuencia reacciones de los tipos I y IV, la mayoría de ellos causan sólo un tipo de reacción, pero algunos, como la penicilina, pueden causar reacciones de todos los tipos.

1. Tipo I: inmediatas, mecanismo mediado por IgE.

2. Tipo II: retardadas, mediante lisis célular, mediada, en general, por IgG.

3. Tipo III: retardadas, por depósito de inmunocomplejos y activación del complemento.

4. Tipo IV: inicio retardado, mediadas por células T.

La clasificación de una reacción alérgica es importante para determinar los procedimientos diagnósticos, las opciones para su tratamiento y las posibilidades de reactividad cruzada con medicamentos similares.

 

Patogénesis y manifestaciones clínicas de las reacciones alérgicas a fármacos

En pediatría, los tipos de reacciones más frecuentes quizá son los exantemas maculopapulosos retardados y, algo menos, las reacciones inmediatas. Sin embargo, las reacciones cutáneas graves por hipersensibilidad pueden verse también en edad pediátrica y debemos ser capaces de sospecharlas.

Reacciones tipo I (mediadas por IgE, anafilácticas)

Requieren una fase de sensibilización previa que dé lugar a la presencia de IgE específica frente al fármaco, o a un metabolito del mismo, que se una a la superficie de mastocitos y basófilos. Esta fase es asintomática. Una vez unida la IgE específica a mastocitos y basófilos, cuando el individuo se expone al fármaco, éste se une a las proteínas transportadoras y el complejo hapteno-portador puentea dos moléculas de IgE específica que está unida a la superficie celular de los mastocitos, causando la liberación de mediadores vasoactivos.

Estos mediadores ponen en marcha las manifestaciones clínicas, siendo las más comunes el prurito, la urticaria y el angioedema, que pueden presentarse simultáneamente. Si el edema afecta a la laringe, puede causar dificultad respiratoria con disfonía, estridor y, en raras ocasiones, asfixia; y también broncoespasmo, síntomas digestivos y/o hipotensión.

La vía de exposición al fármaco tiene también importancia en cuanto al tipo de sintomatología de una anafilaxia. Si la administración es parenteral, predominan los síntomas cardiovasculares y la hipotensión y en la administración oral predominan los síntomas cutáneos y respiratorios (Fig. 2).

 

Figura 2. Esquema fisiopatológico de la anafilaxia.

 

La anafilaxia es, potencialmente, fatal y es la presentación más grave de una reacción mediada por IgE. Debe sospecharse cuando una reacción de inicio brusco afecta a dos o más órganos o sistemas del paciente. Hay que recordar que la progresión rápida de los síntomas sugiere una mayor gravedad del episodio de anafilaxia y, en estos casos, la afectación cutánea puede aparecer más tardíamente.

Los fármacos más frecuentemente implicados en pediatría y en adultos en las reacciones inmediatas son los antibióticos betalactámicos y, por detrás de ellos: bloqueantes musculares, látex, otros antibióticos, citostáticos que contienen sales de platino y anticuerpos monoclonales.

Es posible que la exposición previa al fármaco sea desconocida por el paciente, o éste haberse sensibilizado a otro fármaco con reactividad cruzada al que cause la reacción.

Cronología de las reacciones tipo I: las reacciones de tipo I se presentan rápidamente tras la exposición al fármaco, influyendo en su cronología la vía de administración. Por vía endovenosa, los síntomas se pueden manifestar en segundos o minutos (3-30 min) y, por vía oral, desde pocos minutos en ayunas, hasta 10-60 minutos si se toma el fármaco después de comer.

En las reacciones inmediatas mediadas por IgE, si la administración es continua, los síntomas pueden no aparecer en algunos días durante el curso del tratamiento, pero si se saltan varias dosis, los síntomas pueden reaparecer al reanudar la administración.

 

Reacciones tipo II (lisis celular mediada por anticuerpos, citotóxicas)

Estas reacciones requieren la presencia previa de IgG (y, rara vez, IgM). Son reacciones poco frecuentes y se ven en individuos tratados con dosis elevadas, de forma prolongada o recurrente.

Surgen cuando el fármaco se une a proteínas de la superficie celular y actúa como antígeno, dando lugar a la síntesis de anticuerpos, que quedarán unidos a la membrana celular, de manera que posteriormente los macrófagos causan la lisis celular. El consumo de complemento es variable en este tipo de reacciones.

Manifestaciones clínicas y cronología de las reacciones tipo II: habitualmente dan lugar a anemia hemolítica, neutropenia o trombopenia y las manifestaciones clínicas corresponden a las de estas entidades; de modo que, el diagnóstico no es fácil y, en ocasiones, se lleva a cabo en una nueva exposición al fármaco en la que la recurrencia de los síntomas suele ser más precoz, aun con dosis bajas.

En cuanto a la gravedad del cuadro clínico, hay mucha disparidad, desde casos asintomáticos a cuadros clínicos fulminantes. La aparición es más frecuente entre los 5 y 8 días tras la exposición, pero el periodo de latencia puede prolongarse hasta meses.

Los fármacos implicados en este tipo de reacciones son variados y numerosos: quinidina, quinina, heparina, carbamazepina, abciximab, propiluracilo, y otros, muchos de ellos poco usados en edad pediátrica. La vancomicina, los betalactámicos y los antiinflamatorios no esteroideos son, también, fármacos causales de este tipo de reacciones y más frecuentemente usados en nuestros pacientes.

 

Reacciones tipo III (mediadas por inmunocomplejos)

Son reacciones poco comunes, en las que el medicamento actúa como un antígeno soluble y se une a anticuerpos específicos de tipo IgG, formando inmunocomplejos que precipitan en diferentes tejidos. Estos inmunocomplejos se unen a los receptores Fc de la IgG o a los receptores de las células inflamatorias, desencadenando este tipo de respuesta. Una nueva exposición al fármaco provoca la misma respuesta de forma más precozmente y con mayor gravedad.

Manifestaciones clínicas y cronología de las reacciones tipo III: los síntomas de las reacciones a medicamentos mediadas por inmunocomplejos suelen aparecer una semana o más tras la exposición al fármaco; cuando se alcanzan las cantidades suficientes de anticuerpos para generar los síntomas.

Enfermedad del suero: la forma clásica se acompaña de fiebre, exantema urticarial o purpúrico, artralgias y/o glomerulonefritis aguda, y con frecuencia también adenomegalias. Se describió por primera vez a principios del siglo XX en pacientes tratados con suero antidiftérico de origen equino y sus causas más clásicas son las proteínas heterólogas.

Los medicamentos más frecuentemente implicados son los betalactámicos (especialmente, el cefaclor) y el trimetoprim-sulfametoxazol y, más recientemente, se han descrito con las globulinas antilinfocíticas, o antitimocito y con Ac. monoclonales. Se inicia entre 2 y 21 días tras la administración del fármaco.

Vasculitis: se presentan como púrpuras palpables que suelen afectar a extremidades inferiores y, con menor frecuencia, pueden afectar al tracto gastrointestinal o al riñón. Además de los betalactámicos, se presentan por diuréticos tiazídicos, fenitoína y alopurinol.

Fiebre medicamentosa: puede ser el único síntoma y, en algún caso, puede acompañarse de un exantema no urticarial. Los fármacos causales incluyen: azatioprina, sulfasalazina, minociclina, trimetoprim-sulfametoxazol, sirolimus y tacrolimus.

 

Reacciones tipo IV (mediadas por células)

Este tipo de reacciones mediadas por linfocitos T activados puede incluir a distintos tipos de células, como: macrófagos, eosinófilos o neutrófilos. Clínicamente, presentan manifestaciones cutáneas, ya que la piel es un depósito de células T(12), y muchas de estas células T cutáneas son células efectoras de memoria, que reaccionan si los antígenos penetran la barrera cutánea, o se difunden por la piel desde el torrente sanguíneo.

Son reacciones que requieren tiempo (desde horas a días tras la exposición al antígeno) para que se desarrolle la activación y expansión de las células T; de ahí que, también se denominen reacciones retardadas por hipersensibilidad.

Los mecanismos de tipo IV se relacionan con distintas presentaciones clínicas, y el mecanismo preciso para cada manifestación no está completamente demostrado.

Las células T son capaces de generar diferentes tipos de respuesta inflamatoria en dependencia de las citocinas producidas y de las otras células implicadas en la reacción, dando lugar a los distintos subtipos de reacciones tipo IV, y esto se refleja en los datos histológicos de la reacción inflamatoria. Por ello, la cronología de las reacciones es variable, pero siempre retardada. Este tipo de interacciones entre las células T y otras células efectoras se observa también en enfermedades infecciosas, autoinmunes y autoinflamatorias.

La clasificación de los subtipos de las reacciones mediadas por células se basa en las células efectoras implicadas, que se reflejan en los datos histológicos y datos de laboratorio de los pacientes. En este grupo de reacciones, debemos recordar que el solapamiento de los mecanismos de las reacciones inmunológicas es frecuente.

 

Reacciones tipo IVa

Mediadas por linfocitos Th1, con secreción de INF-?; TNFa, e IL-18, y activación de macrófagos.

Dermatitis de contacto: es una reacción por fármacos de aplicación tópica que se caracteriza por eritema, con vesículas o flictenas que evolucionan a costras. Como en otros eccemas, las fases subagudas o crónicas se caracterizan por liquenificación y descamación. El periodo de latencia varía entre 7-21 días y se acorta con las exposiciones subsiguientes.

 

Reacciones tipo IVb

Las reacciones tipo IVb son secundarias a una respuesta Th2, con secreción de IL-4, IL-5, IL-13; que desencadenan síntesis de IgE e IgG4, desactivación de macrófagos y respuesta de mastocitos y basófilos. Estas reacciones pueden estar también implicadas en la fase tardía de la inflamación alérgica.

La IL-5 favorece la inflamación eosinofílica, característica de muchas reacciones por hipersensibilidad.

Exantemas morbiliformes (maculopapulosos): pueden presentarse entre el 1-5% de la primera administración del fármaco. Son erupciones cutáneas de elementos rosados de diferente intensidad cromática, que pueden confluir entre sí, en las que el prurito es habitual, aunque la intensidad de este síntoma es variable. Las lesiones cutáneas son simétricas y consisten en maculopápulas que tienden a confluir; palmas, plantas y cara están preservadas y no hay lesiones urticariales.

En la mayoría de los casos, estas reacciones son leves y suelen resolverse un par de días después de retirar el fármaco, a veces con descamación.

Muchas veces obligan a realizar un diagnóstico diferencial con enfermedades exantemáticas, especialmente virales, que son más frecuentes en edad pediátrica(13).

Un exantema maculopapular que aparece varios días tras el inicio de un tratamiento sistémico es la forma más común de una reacción alérgica retardada a medicamentos(14,15). A diferencia de las reacciones mediadas por IgE, la mayoría de estas reacciones son mediadas por células T y pueden recurrir tras décadas de provocar la reacción.

A menudo las reacciones exantemáticas por fármacos en un paciente no sensibilizado previamente, aparecen tras un periodo de tiempo entre 4 y 21 días; así, un exantema que aparezca antes de 3 días del inicio del tratamiento, es más probablemente infeccioso que por hipersensibilidad a fármacos.

Los exantemas morbiliformes o maculopapulosos con una infiltración eosinofílica importante en la biopsia, probablemente son secundarios a reacciones tipo IVb.

Síndrome de hipersensibilidad inducido por fármacos: citado en la literatura anglosajona como drug-induced hypersensitivity syndrome (DiHS), o también como drug rash with eosinophilia and systemic symptoms (DRESS).

Los síntomas aparecen usualmente antes de las 8 semanas de iniciado el tratamiento. Es una reacción grave por hipersensibilidad, que se presenta con exantema cutáneo, hipertermia, y puede presentarse también fallo multiorgánico(16). Hígado, riñón, corazón y pulmones son los órganos más afectados.

Ya que la eosinofilia se detecta en menos de la mitad de los casos, la presencia de linfocitos circulantes CD8+ atípicos, es el hallazgo diagnóstico más consistente y puede persistir meses después de retirar el fármaco.

En edad pediátrica, los fármacos más frecuentemente implicados son los anticomiciales (carbamazepina, fenitoína, fenobarbital…). Otros fármacos también implicados son minociclina, alopurinol, dapsona, abacavir y nevirapina.

 

Reacciones tipo IVc

Las reacciones de tipo IVc implican a células T efectoras citotóxicas, capaces de migrar al tejido inflamado y matar o inducir apoptosis de las células tisulares, como hepatocitos o queratinocitos.

Las células T citotóxicas son importantes en la patogénesis de múltiples reacciones retardadas, como: dermatitis de contacto, erupciones bullosas y hepatitis inducidas por fármacos.

Síndrome de Stevens-Johnson (SJS), necrólisis epidérmica tóxica (TEN): son reacciones con mortalidad elevada y se caracterizan por fiebre alta, lesiones bullosas mucocutáneas, con necrosis y despegamiento de la epidermis. En la exploración, el signo de Nikolsky es positivo. En el SJS se pueden ver lesiones atípicas “en diana”, pero no las lesiones típicas del eritema multiforme minor.

El eritema multiforme minor, con lesiones típicas en diana pero sin afectación de mucosas, es de causa infecciosa la mayoría de los casos, y se observa especialmente por virus herpes y en edad pediátrica por Micoplasma pneumoniae(17). En el caso de que esté inducido por fármacos, aparece típicamente entre 1 y 2 semanas después de la exposición al fármaco.

El diagnóstico de uno u otro síndrome entre el SJS y la necrólisis epidérmica tóxica depende de la extensión de la necrolisis. Si es inferior al 10% se considera un SJS, si está entre el 10 y el 30% se considera un SJS-TEN y, si es superior al 30%, una necrólisis epidérmica tóxica.

Este tipo de reacción se cree debida a una expansión incontrolada de células T oligoclonales, estimuladas de forma masiva por el fármaco, recordando las reacciones por superantígenos.

Reacciones órgano-específicas: ocasionalmente, la respuesta de las células T, de tipo IVc, puede afectar a órganos aislados, sin afectación cutánea, como la nefritis intersticial aislada, hepatitis inducida por fármacos o neumonitis, y el diagnóstico etiológico en estos casos es difícil.

 

Reacciones tipo IVd

Las reacciones tipo IVd dan lugar a una inflamación neutrofílica estéril mediada por células T. La pustulosis exantemática generalizada aguda, es un ejemplo de este tipo de reacción cutánea, que también se ha descrito en la enfermedad de Behçet y en la psoriasis pustulosa.

 

Reacciones de mecanismos mal conocidos

Autoinmunidad inducida por fármacos

A pesar de investigarse intensamente, su patogénesis es desconocida.

Lupus inducido por fármacos: es el mejor ejemplo y los fármacos más comúnmente implicados son: procainamida, isoniazidas, fenitoína, amiodarona, minociclina y penicilamina.

• Se ha descrito también pseudopénfigo por penicilamina y la dermatitis bullosa por IgA se ha asociado con vancomicina, ceftriaxona, ciprofloxacino y metronidazol.

 

Exantema fijo pigmentario

No puede ser claramente clasificado, pero se demuestra síntesis de INF-? por las células T cutáneas(18). Es relativamente frecuente, y se caracteriza por placas eritematosas con un centro grisáceo, o con bullas francas. Las lesiones recurren exactamente en el mismo lugar, y desarrolla hiperpigmentación postinflamatoria.

 

Anafilaxia no inmune (no mediada
por IgE)

Estas reacciones idiosincrásicas, anteriormente denominadas “anafilactoides” y también “pseudoalérgicas” causan la liberación de mediadores vasoactivos por mecanismos no inmunológicos.

El clínico debe tener en cuenta que todas las formas de anafilaxia son potencialmente fatales. Sus manifestaciones clínicas y su gravedad son las mismas que las de una anafilaxia inmune y, por tanto, el modo de tratarlas debe ser idéntico.

Los fármacos más frecuentemente implicados en las anafilaxias no inmunes son: radio-contrastes, opiáceos, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), vancomicina, quimioterápicos, anticuerpos monoclonales u otros fármacos biológicos usados en la terapia antineoplásica (Tabla II).

 

 

 

Diagnóstico

El diagnóstico en alergia a medicamentos debe ser de certeza, sobre todo si se da un diagnóstico negativo. Si esto no fuera posible, la prudencia aconsejaría retirar el medicamento al paciente. Los protocolos de diagnóstico suelen requerir una prueba de exposición controlada (PEC) y el grado de riesgo de ésta condiciona el protocolo diagnóstico.

El diagnóstico se basa en cuatro pilares, la historia clínica, las pruebas in vitro e in vivo, y la prueba de exposición controlada, que es la prueba de referencia.

 

Historia clínica

En la historia clínica se deben recoger, de forma sistemática y fidedigna, los síntomas y signos clínicos y su cronología y ésta es tarea del médico que atiende la reacción sospechosa.

La información que aporta la historia debería ser suficiente para:

• Confirmar que la reacción adversa es compatible con una reacción alérgica.

• Orientar hacia qué tipo de reacción de hipersensibilidad corresponde.

• Descartar otras causas no atribuibles al o a los fármacos sospechosos.

• Evaluar la indicación del estudio alergológico.

Para ello, deberían obtenerse los siguientes datos, especialmente en pacientes polimedicados:

• Nombre comercial y presentación del fármaco o fármacos implicados. (tener en cuenta los medicamentos que el paciente puede haber tomado sin prescripción médica).

• Cuándo fue la reacción y qué cuadro clínico motivó el uso del fármaco o fármacos sospechosos.

• Sintomatología de la reacción, gravedad de la misma, órganos afectados, descripción cuidadosa de las lesiones cutáneas (habones, máculas, pápulas, pústulas, bullas…) y su extensión.

• Intervalos de tiempo (para cada fármaco):

– Desde el inicio del tratamiento a la aparición de los síntomas.

– Desde la última dosis administrada.

• Historia de reacciones previas a otros fármacos.

• Tratamiento de la reacción (fármacos, necesidad de asistencia urgente o ingreso).

El diagnóstico, basado en la historia clínica, tiene limitaciones y, de hecho, en series largas de pacientes con sospecha de reacción inmediata a medicamentos, se produce respuesta en las pruebas de provocación en menos del 20%(19).

Esto puede deberse a diferentes motivos. Uno, que el fármaco no hubiera causado reacción alguna pero la relación temporal despertara la sospecha clínica y éste suele ser el más probable, pero otro motivo importante es que el recuerdo de los detalles de la historia clínica se diluye con el tiempo, y si no están documentados en la historia, los datos para programar el tipo de estudio a realizar, suelen ser insuficientes.

Otro motivo es la pérdida de sensibilidad de las respuestas mediadas por IgE con el tiempo, por ejemplo: hasta en el 80% de los pacientes alérgicos a la penicilina, a los 10 años de la reacción.

La historia clínica sigue siendo primordial, porque la prueba de exposición controlada suele ser necesaria para el diagnóstico y, si carecemos de información suficiente o la que tenemos es errónea, podemos exponer al paciente a riesgos innecesarios.

En el caso de las reacciones cutáneas retardadas graves por hipersensibilidad a fármacos, es interesante conocer los síntomas de alarma precoces(20) que nos pueden hacer sospecharlas y que se resumen en la tabla III.

 

 

Pruebas diagnósticas para reacciones inmediatas

Marcadores de anafilaxia:

Triptasa: es detectable varias horas después de producirse una reacción anafiláctica y ser liberada por mastocitos y basófilos, a diferencia de la histamina, cuya elevación en sangre es muy fugaz. Aun así, la determinación de triptasa suele realizarse en reacciones intrahospitalarias.

Cualquier elevación de la triptasa es sugestiva de anafilaxia, pero los valores normales no excluyen el diagnóstico. Debe determinarse de forma seriada (entre 15 min y 3 h tras la reacción y a las 24 h), para obtener un valor basal que descarte una mastocitosis indolente.

Unos valores de triptasa descendentes (aun dentro de los valores normales) sugieren una anafilaxia. Si los valores basales se triplican, apoyan el diagnóstico de anafilaxia, ya que los valores basales son, en general, bastante constantes.

Pruebas cutáneas para detectar IgE-específica al fármaco: el prick test y la intradermorreacción se usan para el diagnóstico de las reacciones inmediatas, detectando la IgE específica unida a los mastocitos cutáneos, y si aparece un habón con eritema entre 15 y 20 min tras la prueba, apoya el diagnóstico de una reacción de tipo I.

Se debe tener en cuenta que el fármaco no cause directamente la degranulación del mastocito como ocurre, por ejemplo, con los opioides, las quinolonas o la vancomicina. Por otro lado, las concentraciones del fármaco no deben ser irritantes.

Hay publicadas concentraciones recomendadas para pruebas cutáneas con una especificidad del 95% para betalactámicos, fármacos peroperatorios, heparinas, sales de platino y medios de radiocontraste(21). Otros fármacos en los que las pruebas cutáneas son útiles son las pirazolonas (metamizol) y los anestésicos locales.

La penicilina es una excepción y se dispone de metabolitos y complejos metabolito/proteína transportadora para diagnóstico, pero esto no ocurre con otros fármacos, por lo que se usa el fármaco en forma original (no metabolizado).

Un resultado positivo indica alergia, siempre que esté probado que las concentraciones usadas no son irritantes. Un resultado negativo NO excluye alergia al fármaco.

Pruebas “in vitro”: determinación de IgE específica: se han desarrollado técnicas de detección de IgE específica (RAST, ELISA, CAP-RAST…) para numerosos fármacos, utilizando sueros de pacientes con pruebas cutáneas positivas para su estandarización, siendo útiles en laboratorios especializados de investigación. En el uso clínico común, a pesar de que existen comercializados métodos de detección de IgE específica para numerosos fármacos, muchos de ellos no han publicado su validación.

Disponemos de reactivos estandarizados y fiables sólo para algunos fármacos: penicilina, aminopenicilinas, cefaclor, insulina, toxoide tetánico, látex, gelatina… y pocos más. Las pruebas in vitro siguen considerándose menos sensibles que las pruebas in vivo(22). Como en el caso de las pruebas cutáneas, una IgE circulante negativa NO descarta alergia al fármaco.

Activación de basófilos inducida por fármacos (TAB): este prometedor método se basa en medir los marcadores de superficie de activación del basófilo (CD63, CD203 y otros) mediante citometría de flujo. La determinación de los cistenil-leucotrienos por los leucocitos tras incubación aumenta el valor de la citometría aislada. Estas técnicas, sin embargo, están menos estandarizadas y se encuentran en desarrollo, pero no a disposición del clínico en todos los centros.

 

Pruebas diagnósticas para reacciones retardadas

A diferencia de las reacciones mediadas por IgE, la mayoría de estas reacciones son mediadas por células T y pueden recurrir tras décadas de ocurrir la reacción.

 

Pruebas para reacciones tipo II y tipo III

En las citopenias inmunes, en general mediadas por IgG y rara vez IgM, se utilizan métodos de detección de Ac frente a hematíes (T. de Coombs), o bien de Ac frente a plaquetas o neutrófilos.

Sin embargo, en las reacciones mediadas por inmunocomplejos (tipo III), no disponemos de métodos específicos y el diagnóstico se basa en la sintomatología clínica y los hallazgos de laboratorio. En ocasiones, los valores del complemento pueden ser útiles, así como la biopsia del tejido afectado.

 

Pruebas para reacciones tipo IV

Pruebas de parche: el fármaco se prepara en vaselina o suero fisiológico y se aplica en cura oclusiva durante 48 horas, se retira y la lectura se hace a las 48 y 96 horas. Las concentraciones del fármaco para pruebas de parche están bien referenciadas para distintos medicamentos(21).

Las pruebas de parche son útiles para pacientes con exantemas maculopapulosos, pustulosis exantemática aguda generalizada, DiHS/DRESS y exantema flexural. No suelen ser positivas si el exantema es predominantemente macular (sin infiltración celular apenas), urticarial o en reacciones organoespecíficas (nefritis, hepatitis).

En general, el resultado es negativo en pacientes con reacciones exfoliativas (S. Stevens Johnson y TEN) en las que no se recomienda.

Lectura tardía de la intradermorreacción (IDR): la concentración usada en la prueba no debe ser irritante y debe realizarse solamente si se dispone de una presentación inyectable. Previamente a la IDR, debe realizarse un prick test para descartar una reacción inmediata.

Esta prueba es un poco más sensible que la prueba de parche, pero algo menos específica. Las indicaciones son las mismas que para las pruebas de parche, y también están indicadas en el exantema fijo pigmentario. Son poco útiles en reacciones exfoliativas, maculares o urticariales. También, en edad pediátrica son poco rentables(23).

Pruebas “in vitro”: incluyen test de transformación linfocitaria (TTL), de activación o de aumento de marcadores de activación, producción de citocinas y ensayos de citotoxicidad inducida por fármacos, y todos ellos se consideran herramientas de investigación. Si se dispone de ellos pueden ser útiles cuando las pruebas cutáneas son negativas.

La sensibilidad de las pruebas basadas en expansión o activación celular, y producción de citocinas es alta en DRESS, pero baja en reacciones exfoliativas. Las pruebas para citotoxicidad inducida por fármacos podrían ser interesantes en reacciones exfoliativas u organoespecíficas, pero siguen considerándose métodos de investigación y no están disponibles para uso clínico común.

Pruebas de exposición controlada (PEC)

Consisten en la administración gradual del medicamento bajo estricto control, y se han denominado también pruebas de provocación.

 

Indicaciones

La PEC se utiliza para excluir alergia al fármaco sospechoso; por tanto, solamente está indicada si es improbable que el paciente sea alérgico, y no debe llevarse a cabo si el paciente ha presentado una prueba positiva previamente (cutánea o in vitro).

Si la historia clínica y las pruebas complementarias son insuficientes para descartar una alergia a medicamentos, la indicación de una PEC se basará en la sospecha de causalidad, la gravedad de la reacción sospechosa, los riesgos propios del paciente y posibilidad de substituir con garantías el fármaco o aquellos que tengan reactividad cruzada con él, sin riesgo para el paciente.

En pediatría, los pacientes no suelen ser de alto riesgo, y uno de los motivos más frecuentes para realizar una PEC es la posibilidad de que ese paciente pierda la ocasión de recibir tratamiento con un fármaco de primera elección por una sospecha de alergia al mismo, indicándole fármacos con menor eficacia o mayores efectos secundarios.

Una PEC con tolerancia al fármaco estudiado, descarta la alergia al medicamento testado.

 

Contraindicaciones

La PEC está contraindicada en los siguientes tipos de reacciones(24):

• Erupciones bullosas generalizadas (necrólisis epidérmica tóxica, S. de Stevens-Johnson…).

• Pustulosis aguda generalizada.

• S. de hipersensibilidad inducido por fármacos (DHiS/DRESS).

• Vasculitis sistémicas.

• Manifestaciones organoespecíficas (citopenias, hepatitis…).

• Anafilaxia grave.

• Enfermedades autoinmunes inducidas por fármacos.

En algunos tipos de reacciones retardadas, cantidades mínimas del medicamento sospechoso pueden reactivar las reacciones y éstas, progresar a pesar de retirar el fármaco.

Requerimientos para realizar una PEC

Especialmente en las reacciones inmediatas, se debe contar con medios suficientes para diagnosticar y tratar una reacción anafiláctica. En cuanto al diagnóstico, tratamiento y manejo de la anafilaxia, es muy útil el documento de posición de la Sección Pediátrica de la EAACI(25). Estos requisitos deben aplicarse también en aquellas reacciones en que la historia clínica o las pruebas complementarias generen dudas acerca del tipo de reacción.

• Espacio físico adyacente a una UCI o unidad de reanimación.

• Presencia física de un médico y una enfermera entrenada en este tipo de pruebas.

• Acceso inmediato a un médico experto en reanimación y material necesario para la misma.

• Es obligado disponer de una hoja de consentimiento informado, firmada por el paciente, sus padres o tutores, antes de iniciar las pruebas.

No se debe administrar pre-medicación con antihistamínicos o corticoides, que pueden enmascarar síntomas precoces. El paciente debe estar clínicamente estable, especialmente en enfermos respiratorios y, en caso de recibir tratamiento con betabloqueantes, se deben retirar 24 h antes si es posible.

 

PEC en reacciones inmediatas

Se inicia con dosis bajas (tanto más, cuanto más grave fue la reacción sospechosa), en general a dosis de 1/1.000 o 1/100 de la dosis terapéutica, preferentemente por vía oral, siempre que sea posible (la vía parenteral da lugar a reacciones más precoces y graves). Se administran dosis crecientes con intervalos entre 30 y 60 minutos. En los pacientes con ansiedad o reacciones subjetivas, especialmente en escolares y adolescentes, se recomienda el uso de placebo.

 

PEC en reacciones retardadas

Los protocolos para erupciones exantemáticas retardadas están menos estandarizados. La variedad de los mecanismos implicados en estas reacciones y de sus manifestaciones clínicas hacen que el abordaje óptimo no sea bien conocido y los expertos tienen diferencias en la práctica. Algunas reacciones aparecen tras varios días de haber alcanzado la dosis terapéutica, o en presencia de una infección viral concomitante(23).

Los protocolos de exposición se basan en la cronología de la reacción sospechosa, y algunos de ellos utilizan intervalos entre las dosis a administrar hasta de una semana(26). Por tanto, hay algunos tipos de reacciones que no pueden provocarse con facilidad. Actualmente, no disponemos de pruebas de referencia para el diagnóstico de una alergia de tipo retardado(27).

 

Tratamiento de las reacciones

Ante la sospecha de una alergia a un medicamento, la primera medida es suspender su administración.

 

Reacciones de tipo I (inmediatas)

Si la manifestación clínica es una urticaria de aparición inmediata, que puede acompañarse de angioedema sin compromiso de otros órganos o sistemas, puede ser suficiente el uso de un antihistamínico. En general, si el prurito es intenso, se tiende a usar los de primera generación por su mayor capacidad sedante, pero son también útiles los de segunda generación.

Ante la sospecha de una reacción anafiláctica, hay que recordar que, en pediatría, no hay contraindicaciones absolutas para el uso de adrenalina, y que en la mayoría de reacciones anafilácticas graves o incluso letales, o no se ha administrado, o se ha administrado tardíamente este fármaco.

La mayoría de las reacciones anafilácticas no van a acabar en un choque anafiláctico, pero la mejor forma de que esto no ocurra es la administración precoz de adrenalina si los síntomas sugieren una posible reacción grave o progresan muy rápidamente; y siempre por vía intramuscular(25,28), que proporciona mayor eficacia y rapidez de actuación que la subcutánea, y mayor nivel de seguridad que la vía endovenosa (Tabla IV).

 

 

 

Reacciones retardadas

Las urticarias tardías y los exantemas maculopapulosos leves se beneficiarán del efecto antipruriginoso de los antihistamínicos.

En los exantemas maculopapulosos no complicados, no se aconseja el uso de corticoides. Si la sintomatología sugiere una reacción grave por hipersensibilidad, un tratamiento corto con corticoides (prednisona a 1-2 mg/kg/día) puede ser de utilidad(29).

En las dermatitis de contacto, son útiles los corticoides tópicos de potencia media o incluso alta, en el tratamiento de lesiones agudas; pero, en el caso de que existan flictenas en un eccema agudo, deberemos recurrir a los corticoides sistémicos.

Las reacciones de hipersensibilidad graves, con lesiones descamativas extensas, como el síndrome de Stevens Johnson o la necrólisis epidérmica tóxica, requieren un tratamiento multidisciplinar y pueden requerir ingreso en unidades especializadas de cuidados intensivos.

 

Opciones terapéuticas alternativas

 

Uso de fármacos no relacionados

Es la opción más sencilla y más segura en cuanto a la hipersensibilidad y, por tanto, la primera opción; sin embargo, los tratamientos de segunda línea pueden tener otros inconvenientes a tener en cuenta: menor eficacia, mayor coste, más efectos secundarios y favorecer resistencias microbianas.

 

Uso de fármacos relacionados

Una segunda opción sería utilizar fármacos químicamente relacionados. La probabilidad de que exista reactividad cruzada es menor en las reacciones mediadas por células T que en las reacciones mediadas por IgE.

En este caso, un prick previo es informativo (si es negativo sugiere tolerancia) y es recomendable en función de la situación clínica del paciente someterlo a una prueba de exposición controlada con el fármaco. La reactividad cruzada entre grupos de fármacos es distinta entre los grupos y el enfoque debe ser específico.

En el caso de los betalactámicos y sintetizando, la reactividad cruzada va a depender de si el paciente está sensibilizado al anillo betalactámico, con lo que la alergia puede ser múltiple, o bien la sensibilización implica a las cadenas laterales de la moléculas, con lo que el paciente puede presentar reactividad cruzada con los betalactámicos, que compartan la cadena lateral.

Los alérgicos a penicilina, o a amoxicilina, tienen más riesgo de presentar reacción con cefalosporinas de primera generación que, con las de segunda o tercera generación, y menos aún con carbapenemos o monobactamos(30,31). En la tabla V, figuran las reactividades cruzadas entre los betalactámicos de mayor uso, de forma orientativa (Tabla V).

 

 

Otro grupo de fármacos importante para el pediatra son los anticomiciales, y, entre ellos, puede existir también reactivad cruzada.

 

Desensibilización del fármaco causal

La desensibilización es una técnica que puede ser adecuada y útil para les reacciones de tipo I (mediadas por IgE), consiste en la administración escalonada del fármaco y se ha utilizado también en otras reacciones a medicamentos, tanto inmunológicas como no inmunológicas. Debe llevarse a cabo por personas con la formación y experiencia necesarias para ello, y sólo en situaciones en que el fármaco sea imprescindible.

 

Función del pediatra de Atención Primaria

La función del pediatra en cuanto a la alergia a medicamentos es importante. La prevención de sensibilizaciones en lo posible, el tratamiento de las reacciones en el momento agudo, la recogida de los datos clínicos imprescindibles para el estudio alergológico y su derivación temprana, son actos que corresponden al pediatra.

Para la prevención de la alergia a antibióticos hay que limitar su uso innecesario, y ello, no sólo requiere limitar la prescripción, sino tratar los cuadros clínicos que predisponen a infecciones, por ejemplo: el asma debe estar correctamente controlada, y también las rinitis alérgicas que están muy frecuentemente infratratadas y son causa común de sinupatías y otitis por sobreinfección.

La recogida de los datos de la reacción en la historia clínica es fundamental y no vamos a insistir en ello, si estos datos constan en la historia siempre se dispondrá de ellos. Si no hay datos en la historia, ni el pediatra ni la familia suelen ser capaces de recordarlos, y el estudio alergológico se va a basar en datos poco fiables.

En la historia el paciente, debe constar de forma llamativa la sospecha de alergia al fármaco implicado y se hará desaparecer de la historia si se descarta tras el estudio, cosa que, con frecuencia, se olvida.

En cuanto a la derivación a asistencia especializada, un problema frecuente con que se encuentra el especialista es que recibe a pacientes para estudio que presentaron una sospecha de reacción a un fármaco en sus primeros meses de vida y que acuden a estudio cuando requiere tratamiento con varios años de edad con el fármaco sospechoso.

Además de la pérdida de información con el tiempo transcurrido, esto da lugar a la negativización de los datos analíticos y de la mayoría de las pruebas in vivo; de manera que, obliga a pruebas de exposición prácticamente siempre. El periodo ideal para hacer un estudio alergológico a medicamentos sería entre 3 semanas y tres meses tras la reacción, aunque la carga asistencial de algunos centros de atención especializada no permita la asistencia en este periodo, hay que remitirlo precozmente.

Si el alergólogo no puede ver al paciente en un periodo de tiempo inferior a un año, puede ser muy útil que el pediatra solicite una IgE específica frente al fármaco a partir de las 3 semanas de una reacción inmediata, acompañado de una determinación de IgE total (los valores muy altos de la IgE total hacen perder especificidad a la determinación de IgE específica) para los que disponemos de ensayos validados. En pediatría, los betalactámicos son los más sospechosos y disponemos de determinaciones fiables para: penicilina G, penicilina V, amoxicilina, ampicilina y cefaclor.

La edad del paciente no debe tenerse en cuenta para un estudio alergológico de ningún tipo, y tampoco para los fármacos.

 

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Interesante como texto de consulta. Es un tratado de alergología general.

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Excelente artículo con un interesante diagnóstico diferencial con enfermedades exantemáticas pediátricas.

– Romano A, Blanca M, Torres MJ, Bircher A, Aberer W, Brockow K, et al. Diagnosis of nonimmediate reactions to ß-lactam antibiotics. Allergy. 2004; 59(11): 1153-60.

Bien estructurado artículo del Grupo de interés en hipersensibilidad a fármacos de ENDA/EAACI.

– Bircher AJ. Symptoms and danger signs in acute drug hypersensitivity. Toxicology. 2005; 209(2): 201-7.

Interesante desde el punto de vista del clínico. Datos de alarma precoces.

– Brockow K, Garvey LH, Aberer W, Atanaskovic-Markovic M, Barbaud A, Bilo MB, et al. Skin test concentrations for systemically administered drugs – an ENDA/EAACI Drug Allergy Interest Group position paper. Allergy. 2013; 68(6): 702.

Útil para planificar pruebas cutáneas con concentraciones validadas.

– Muraro A, Roberts G, Clark A, Eigenmann PA, Halken S, Lack G, et al. The management of anaphylaxis in childhood: position paper of the European academy of allergology and clinical immunology. Allergy. 2007; 62(8): 857-71.

Imprescindible. El correcto tratamiento de una anafilaxia debe ser conocido por todo pediatra.

 

Caso clínico

Niña de 4 años que a los 18 meses se remitió a la Sección de Alergia por sospecha de alergia a la amoxicilina.

Se trata de una paciente de origen ruso, sin datos de interés en los antecedentes personales, y en los antecedentes familiares, que son anodinos, destaca que ambos padres tienen una alergia a penicilina (no estudiada).

La enfermedad actual comienza el 27 de abril de 2011, con un cuadro de fiebre sin foco, para el que la madre le administra ibuprofeno y ese mismo día inicia una diarrea que trata con dieta y dura unas 24 horas.

Vuelve a presentar fiebre el 2 de mayo y su pediatra diagnostica una faringoamigdalitis y le prescribe amoxicilina. La fiebre persiste y el 6 de mayo acude a urgencias por un exantema que en el informe de urgencias se describe como una urticaria de habones confluentes. Se retiró la amoxicilina, el exantema persistió dos días más. No requirió tratamiento.

Sin embargo, la madre explicaba que las lesiones que persistieron fijas unos días no eran evanescentes, no eran pruriginosas, apenas eran sobreelevadas y las describía como un exantema maculopapular; lo que era discordante con las lesiones descritas en el informe de urgencias. La madre apreció las lesiones cutáneas al despertarla, con lo que no se puede saber el intervalo exacto desde la última toma de amoxicilina.

Al explicarle las características de los habones, comentó que eso le salía con la tortilla y el huevo pasado por agua. Tolera el huevo cocido y la bollería.

Al interrogar a la madre sobre otros fármacos administrados, recuerda que el 26 de abril se le había administrado la vacuna triple vírica.

Había vuelto a tomar ibuprofeno después de este cuadro clínico tan abigarrado, con buena tolerancia.

Se realizaron pruebas cutáneas a amoxicilina (prick test e intradermorreacción), que fueron negativas. Se determinó IgE específica frente a amoxicilina y peniciloil G que fueron negativas.

Se hicieron también pruebas cutáneas a clara de huevo, ovoalbúmina y ovomucoide, siendo positivas a clara y a ovoalbúmina, pero no al ovomucoide; concordando con la historia clínica y la tolerancia a huevo cocido pero no crudo.

Se sometió a la paciente a PEC a amoxicilina sin presentar efecto adverso alguno, descartándose alergia a la misma.

 

 

 

Alergia a la picadura de insectos

Temas de FC

C. Ortega Casanueva

Pediatra y Alergóloga. Unidad de Neumología y Alergia Infantil. Hospital Quirón San José. Madrid

 

Resumen

Las picaduras por insectos son muy comunes en la infancia, ya que, habitualmente, los niños juegan al aire libre. Entre las picaduras de insectos, las picaduras de los himenópteros (avispas, abejas, hormigas) son las más frecuentes e importantes y pueden causar reacciones alérgicas graves.
La alergia a picadura de insectos es un problema relativamente frecuente pero poco estudiado en pediatría. Dedicaremos este artículo a conocer cuáles son los insectos más frecuentes (avispas, abejas, hormigas, mosquitos, tábanos, pulgas, orugas y arañas), las reacciones que producen sus picaduras, la importancia clínica y gravedad de las mismas, así como su tratamiento preventivo.

 

Abstract

Insect bites in children are not rare since it is very common for children to play outdoors. Allergic reactions to hymenoptera stings (wasps, bees, ants) are the most common and important since they can lead to severe allergic reactions.
Allergy to insect stings among children is a relatively unknown topic. This article focuses on the most common insects (wasps, bees, ants, mosquitoes, flies, fleas, caterpillars and spiders), the reactions that their bites produce, the importance and seriousness of the clinical findings and their preventive treatment.

 

Palabras clave: Picadura; Insecto; Himenóptero; Veneno; Alergia.

Key words: Sting; Insect; Hymenoptera; Poison; Allergy.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(9): 628-636


Alergia a la picadura de insectos

 

Introducción

Las picaduras de insecto son frecuentes en pediatría, y el estudio de las alergias que pueden provocar es importante y poco conocido.

En la población infantil, especialmente en la época estival, son frecuentes las picaduras de insectos. Éstas pueden llegar a producir reacciones alérgicas, algunas graves, creando gran alarma entre los padres, y constituyen un motivo frecuente de consulta al pediatra de Atención Primaria.

La alergia a picadura de insectos es un tema tan antiguo como poco conocido y estudiado. Si nos remontamos al año 2621 a. C, en Egipto, ya se hacía referencia a este tema en los jeroglíficos de la tumba del faraón Menes, que murió por la picadura de una avispa. Y es que, ¿a quién no le ha picado nunca una avispa, una abeja o un mosquito?

La reacción por picadura de himenóptero (avispas, abejas, hormigas) puede variar desde una reacción local (afectación de una extremidad) hasta un cuadro de anafilaxia que puede producir la muerte.

En nuestro país se ha profundizado de una forma más intensa en la parte de alergia a veneno de himenópteros por las reacciones que producen y, por ello, en este artículo le dedicaremos una mención especial.

Las picaduras por dípteros (mosquitos, moscas y tábanos) son también un motivo frecuente de consulta entre los pacientes pediátricos. La reacción que producen es más leve que las producidas por picadura de himenópteros y no suelen corresponderse con una reacción alérgica mediada por inmunoglobulina E (IgE) específica.

En otros países, como en el Sur de Estado Unidos, Australia, Filipinas o China, cobran relevancia las reacciones por picadura de formicios (hormigas). La hormiga roja de fuego, Solenopsis invicta, procedente de Sudamérica es la que produce mayor número de reacciones alérgicas.

 

¿Qué insectos pueden producir una reacción alérgica?

Todos los insectos que pican pueden provocar reacciones alérgicas.

Los insectos hematófagos muerden (aunque a veces lo expresemos como picadura) para alimentarse con la sangre de otros animales. Estas mordeduras no son venenosas y, aunque producen irritación local, con poca frecuencia desencadenan reacciones alérgicas a la saliva y a las subsustancias anticoagulantes que inyectan.

Los insectos venenosos, como mecanismo de defensa, inyectan substancias tóxicas. Estas picaduras venenosas, además de mucho dolor, pueden producir reacciones graves mediadas por mecanismo alérgico.

Los insectos que más frecuentemente pican a los niños son los mosquitos y los más peligrosos, por las reacciones de hipersensibilidad que pueden producir, los himenópteros (avispas, abejas y hormigas). Otros insectos, como tábanos, pulgas, orugas (procesionaria del pino) y arañas, también pueden producir reacciones de hipersensibilidad(1).

A continuación, se tratarán los insectos que más comúnmente pican a los niños, dejando a un lado los himenópteros, los cuales serán tratados con más profundidad en los siguientes capítulos.

Los insectos producen en la zona de la picadura una reacción local y sus manifestaciones clínicas (eritema, prurito, edema) suelen ser similares, por lo que es difícil filiar el insecto concreto que la ha producido.

Las pulgas (sifonápteros), parásitos hematófagos, pueden causar reacciones alérgicas cutáneas (urticaria, lesiones papuloeritematosas distribuidas a lo largo del trayecto de un vaso sanguíneo, etc.). La especie que más frecuentemente afecta al hombre es Pulex irritans.

El tábano es también un insecto hematófago y su picadura produce una reacción consistente en un nódulo cutáneo muy doloroso en la zona de inoculación. También, puede producir reacciones mediadas por IgE como urticaria o, incluso, llegar a desencadenar una reacción alérgica sistémica generalizada (anafilaxia).

El mosquito (Fig. 1) suele producir una reacción local consistente en una pápula en el lugar de la picadura. Aparece a las 2 horas de la inoculación aproximadamente y persiste uno o dos días. Cada picadura de mosquito puede llegar a convertirse en una pápula que pica a veces de forma desesperante. Se debe evitar el rascado porque sólo exacerbará el cuadro, pudiendo erosionar la piel y provocar una infección. Esta reacción se atribuye a una hipersensibilidad a la saliva del mosquito, aunque realmente el mecanismo es incierto. La prevalencia de la alergia a la saliva de mosquito es desconocida, pero se ha descrito que alrededor del 3% de la población reacciona de forma exagerada frente a su picadura y, aunque se han descrito reacciones anafilácticas por saliva de mosquito, es excepcional que esto ocurra.

 

Figura 1. Picadura de mosquito. Galería imágenes SEAIC (Lluis Marques Amat).

 

Tras sucesivos picotazos, los lugares de antiguas picaduras pueden reactivarse en forma de ronchas que pican mucho. Es algo muy común en niños y se denomina prurigo agudo o urticaria papulosa.

Con el tiempo se produce un fenómeno de tolerancia. La especie más común en nuestro medio es Culex pipiens(1,2), pero el mosquito más peligroso es, sin duda, Aedes albopictus, conocido como “mosquito tigre”. El mosquito tigre, con longitud entre 5 y 10 mm, se caracteriza por su coloración negra con ornamentación blanca en tórax y abdomen, patas a bandas blancas y negras y una característica línea blanca longitudinal central en el tórax y la cabeza.

Como otras especies, la hembra pica y extrae sangre de animales vertebrados, en especial mamíferos y aves, para el desarrollo de los huevos. Su aguijón puede incluso atravesar la ropa.

Los machos, al igual que otras especies de mosquitos, se alimentan de néctar. El mosquito tigre es una especie invasora originaria del Sudeste de Asia, habiéndose extendido por Europa desde 1980. En el verano de 2004, el Servicio de Control de Mosquitos del Consell Comarcal del Baix Llobregat notificó su presencia en España.

En 2007 se produjo un brote epidémico de fiebre chikungunya en Italia producida por el virus CHIKV y que fue diseminada por la picadura del mosquito tigre. Hasta ese momento, esta enfermedad sólo había afectado a países tropicales, lo que disparó todas las alarmas ante la difusión de este tipo de infecciones.

Cuando la oruga procesionaria del pino (forma larvaria del lepidóptero nocturno Thaumetopoea pityocampa) desprende sus pequeños pelos urticantes, estos pueden entrar en contacto con el ser humano al ser transportados por el viento. Así pues, en función de cómo se entre en contacto con los mismos, existirá una afectación cutánea (urticaria de contacto), conjuntival o respiratoria. Los mecanismos patogénicos implicados son mecánicos y/o irritativos y el alérgico por hipersensibilidad mediada por IgE(3). En los últimos años se han descrito varios casos de reacciones anafilácticas por este insecto.

 

¿Qué reacciones producen los insectos?

Las reacciones se dividen en dos tipos: inmunológicas (o alérgicas) y no inmunológicas(4).

Las primeras son las comúnmente llamadas “reacciones alérgicas” y están mediadas por IgE y pueden afectar a una zona concreta (reacción local) o generalizarse (reacción sistémica)(4).

Las reacciones locales suelen consistir en eritema, inflamación, dolor y prurito de la zona donde ha ocurrido la inoculación del veneno. Las reacciones generalizadas o sistémicas son aquellas que afectan a varios órganos u aparatos y que pueden adquirir tal gravedad que pueden llegar a comprometer la vida (anafilaxia).

Por su parte, las reacciones no inmunológicas son aquellas producidas por los componentes del veneno del insecto. Este tipo de reacción suele aparecer entre uno o dos días tras la picadura y se reconoce por un eritema con o sin edema de la zona circundante. El diámetro suele ser menor de 10 cm y la intensidad del dolor puede variar. Este tipo de reacciones suele ser leve y no tiende a generalizarse.

 

Tratamiento general de la picadura de insecto

Los insectos producen en la zona de la picadura una reacción local y sus manifestaciones clínicas suelen ser similares, por lo que existen unas medidas generales a la hora de tratar las picaduras de insectos(6).

Elevar el brazo o la pierna afectada y aplicar hielo o una compresa fría para reducir la inflamación y el dolor puede ser útil en un primer momento.

Para evitar infecciones secundarias se deben limpiar suavemente las ampollas, sin romperlas, con agua y jabón, y para aliviar el prurito se puede administrar un antihistamínico vía oral o, incluso, un corticoide tópico.

Es aceptado que el uso inmediato de un producto a base de amoníaco proporciona un alivio rápido en las picaduras de mosquitos, tábanos, abejas, avispas, animales marinos, plantas urticantes, etc. El amoníaco frena rápida y eficazmente el picor y la irritación de la piel, además de neutralizar el veneno.

 

¿Cómo evitar la picadura por insectos?

Durante los meses estivales, un tema que preocupa a los padres es tratar de evitar la picadura de los insectos, y para ello existen varios productos llamados “repelentes” que tratan de evitarlas.

Repelentes químicos

La N,N-Dietil-meta-toluamida, conocida como DEET, es el ingrediente más habitual de estos repelentes de insectos. En particular se utiliza contra las picaduras de garrapatas y mosquitos. Los mosquitos detectan directamente la DEET y evitan la zona de la que emana este compuesto.

Algunas investigaciones recientes indican que DEET podría ser neurotóxico, pero no se han hecho estudios en niños; por lo que, la Academia Americana de Pediatría aconseja que estos productos no se apliquen a menores de dos años ni a concentraciones superiores al 10%. Por la gran absorción cutánea que presentan, no deben aplicarse sobre piel erosionada(5).

En el mercado se comercializan también otros principios, como el ácido 1-piperidincarboxílico o el 2-(2-hidroxietil)-1-metilpropiléster, también llamado Bayrepel.

La efectividad de Bayrepel es comparable a la de DEET, tiene excelentes propiedades cosméticas y pocos efectos tóxicos. Es bien tolerado por la piel y sólo se absorbe en mínimo grado, pero tampoco debe aplicarse a niños menores de dos años.

 

Repelentes naturales (derivados de plantas)

1. Aceite de citronela. El más usado es el obtenido de la planta Cymbopogon nardus. Tiene un olor agradable y es poco tóxico. Es un repelente efectivo, pero el tiempo de protección, unas dos horas, es menor que la DEET y el Bayrepel.

En Estados Unidos, el aceite de citronela se encuentra disponible en forma de loción, spray y toallitas, a concentraciones que oscilan del 0,05% al 15%, pero en el mercado español no hay ningún producto que contenga exclusivamente este aceite.

2. Aceite de eucaliptus. Es un repelente de insecto muy potente, eficaz y con olor agradable. Proporciona una protección activa durante 6 horas.

 

Otros

Se ha descrito que la vitamina B1, clorhidrato de tiamina, al eliminarse por el sudor funciona como repelente, pero no se ha confirmado su eficacia.

Con respecto a los dispositivos electrónicos que emiten sonidos de alta frecuencia que ahuyentan a los insectos tampoco está confirmada su eficacia.

A continuación, se profundizará de una forma más detallada en los insectos que más reacciones alérgicas producen en los niños: los himenópteros.

 

Los himenópteros

Los himenópteros son insectos del orden Hymenoptera, uno de los mayores órdenes de insectos, con unas doscientas mil especies que comprende a las abejas, avispas y hormigas, entre otros. El nombre proviene de sus alas membranosas (del griego n?µe?, “membrana” y pte???, “ala”).

Es importante identificar el himenóptero responsable de la picadura, ya que facilitará mucho la labor a la hora de realizar el diagnóstico y el tratamiento.

 

Clasificación de los himenópteros

En la figura 1, podemos encontrar la clasificación según las diferentes familias.

Los himenópteros que más problemas plantean en nuestro área son los véspidos (avispas) y los ápidos (abejas y abejorros)(7).

La alergia al veneno de especies de las familias Vespidae y Apidae mediada por IgE constituye un importante problema de salud pública, en especial en aquellas regiones en que la población está más expuesta a las picaduras de estos insectos. Los pacientes pediátricos constituyen una población de alto riesgo, así como los trabajadores que desempeñan su trabajo cerca de ellos (agricultores, apicultores, etc.).

El himenóptero más frecuentemente implicado en reacciones alérgicas suele ser la Apis mellifera (Fig. 2b), seguido del Polistes dominula.

 

Figura 2. Apis. A) Apis andrena (galería imágenes SEAIC). B) Apis mellifera (imagen cedida por ALK).

 

 

Morfología y hábitat de los himenópteros

Conocer la morfología de los himenópteros y los lugares donde habitualmente se encuentran nos ayudará a filiar el insecto; ya que, muchas veces los pacientes sólo saben describir alguna característica sin poder precisar exactamente cuál fue el insecto que les picó.

A continuación, se describe la morfología de los himenópteros que más frecuentemente producen reacciones alérgicas(7).

Las APIS o “abejas” (Fig. 2) tienen el cuerpo recubierto por una vellosidad marrón, con áreas negras y doradas en el abdomen, 4 alas transparentes y poseen un tamaño que varía entre 5 y 15 mm. Estos himenópteros sitúan sus colmenas alrededor de campos, árboles frutales o flores.

 

 

Los véspidos o “avispas” (Fig. 3) son himenópteros con escasa pilosidad, de color amarillo y negro y se diferencian morfológicamente por algunos detalles (Tabla I). Los polistes (Fig. 4) construyen su hogar con fibras vegetales masticadas y viven en el campo y jardines.

 

Figura 3. A) Véspido o avispa (galería imágenes SEAIC, M. Teresa Lizaso Bacaicoa). B) Aguijón de véspido (galería imágenes SEAIC, Lluis Marques Amat).

 
 

Figura 4. Polistes (imagen cedida por ALK).

 

 

Figura 5. Avispa Reina de Vespula (galería imágenes SEAIC, Lluis Marques Amat).

 

 

Epidemiología

Se ha descrito que entre el 0,5 y 3% de los adultos pueden presentar una reacción sistémica tras la picadura de una avispa o una abeja(8), pero la verdadera prevalencia de este problema en la población pediátrica no es tan fácil de establecer; ya que, probablemente, estas reacciones estén infradiagnosticadas teniendo en cuenta que los niños presentan un nivel de exposición mayor que los adultos (excepto en el caso de los apicultores).

La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica), a través de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia, realizó en 2006 una encuesta entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de la alergia a himenópteros en los niños españoles. Estos datos fueron recogidos y evaluados en un completísimo artículo(9) que vio la luz en 2010. Este artículo es, probablemente, el más completo y actual realizado en población pediátrica en España.

Se trata de un estudio retrospectivo basado en aquellos niños (todos menores de 17 años) que habían sido diagnosticados de alergia al veneno de himenópteros por un especialista.

El objetivo fue determinar el número de pacientes afectados y el manejo diagnóstico y terapéutico realizado con cada uno de ellos.

Se recogieron 175 pacientes (75% varones), con una edad media de 9 años.

De ellos, 135 (75%) eran niños que estaban recibiendo o habían recibido inmunoterapia específica y 80 tenían historia de atopia (44,4%).

El 17% (32 pacientes) eran descendientes de apicultores y el 68,9% había experimentado picaduras antes de recibir la picadura que le hizo acudir al especialista. La causa de la picadura más frecuente fue Apis mellifera (55 casos), seguido de Polistes dominulus (33 casos). En 32 pacientes el insecto implicado no pudo ser identificado y en 39 pacientes estuvieron involucrados varios insectos.

En el 83,9% de los casos presentaron una reacción local. La reacción sistémica más frecuente fue urticaria y angioedema y 14 pacientes sufrieron un shock anafiláctico.

El tiempo transcurrido desde la picadura hasta el inicio de la reacción fue menos de 30 minutos en 154 casos; 30-60 minutos en 3 casos; y más de una hora en 11 casos. En 12 casos no supieron cuánto tiempo pasó.

El diagnóstico se realizó mediante pruebas cutáneas (prick test e intradermo) y/o test IgE específica.

Un total de 18 pacientes (17 pertenecían al grupo de inmunoterapia) sufrieron repetidas picaduras (accidentales en 12 casos), sin ninguna manifestación sistémica asociada.

Se establecieron 3 categorías de tratamiento: 1) medidas preventivas y educativas; 2) tratamiento sintomático con antihistamínico oral y adrenalina autoinyectable; y 3) inmunoterapia.

135 pacientes recibieron inmunoterapia con una duración media de 3,57 años (rango 2-5 años) y tolerancia excelente, 35 pacientes experimentaron reacciones locales, y se documentaron reacciones sistémicas en 6 pacientes: 2 con extracto de Apis (que resultaron leves), 3 desarrollaron reacción tipo 3 de Müller (2 con Vespula y una con Apis) y un paciente desarrolló reacción tipo 3 con extracto de Polistes.

En el grupo de pacientes sin inmunoterapia, 19 niños sólo recibieron medidas preventivas y educacionales; mientras que, 26 recibieron tales medidas junto con tratamiento sintomático (antihistamínicos orales) y adrenalina autoinyectable.

De acuerdo con este estudio(9), el porcentaje de niños afectados fue mayor que el de niñas, aunque sólo un 17,8% del total eran descendientes de apicultores o agricultores. Lo anterior indica que la picadura de insectos en nuestra población pediátrica ocurre mayoritariamente en el contexto de actividades de juego al aire libre; ya que, entre adultos, los mayores porcentajes se dan en entornos rurales (70,1%) y en un 52,8% de los casos las actividades laborales o de ocio conllevan un alto riesgo de picadura(10).

A su vez, se registraron picaduras previas en el 68,9% de los pacientes. Este porcentaje es similar a los valores registrados en la literatura para la población general(8-10).

Las manifestaciones sistémicas documentadas en la literatura para la población pediátrica son, generalmente, urticaria y anafilaxia sólo en el 0,4-0,8% de los casos(8,9). En este estudio, las manifestaciones sistémicas fueron grado 2-3 (urticaria y angioedema).

Como conclusión, este estudio nos muestra que las reacciones de hipersensibilidad a veneno de himenópteros son infrecuentes en pediatría pero, cuando ocurren, tienen un fuerte impacto en la calidad de vida de los niños.

 

 

 

Historia natural y clínica de la alergia a veneno de himenóptero

En general, tras la picadura de un insecto los pacientes suelen presentar siempre la misma reacción. Puede existir alguna variación en la severidad, pero siempre con los mismos tipos de síntomas. Así pues, lo más probable es que las reacciones futuras que pueda presentar sigan el mismo patrón(10).

A lo largo de este tiempo, se ha observado que los niños tienen una proporción de reacciones sistémicas cutáneas (sin signos respiratorios o circulatorios) mucho más alta que los adultos(10).

Los síntomas de la reacción alérgica por picadura de himenóptero varían desde una reacción local más o menos intensa hasta el grado de anafilaxia (Tabla III).

 

 

Reacción local: inflamación limitada a la zona de inoculación, sin superar los 10 cm de diámetro y que se mantiene, como máximo, unos siete días.

“Reacción por inmunocomplejos” o enfermedad del suero: se caracteriza por desencadenarse unos días después de la picadura (entre 2 y 10 días) y cursar con urticaria generalizada, fiebre, dolor articular e inflamación de ganglios linfáticos.

Anafilaxia: generalmente, inicio de síntomas cutáneos (urticaria con o sin angioedema) que continúa con la afectación de varios órganos y sistemas: respiratorio (tos, dificultad respiratoria, opresión torácica), digestivo (vómitos, diarrea, dolor abdominal), cardiaco (arritmias, shock cardiogénico), etc.

Aunque no es lo más habitual, esta reacción sistémica puede llegar a ser mortal, lo cual ocurriría en la mayoría de los casos en los que, durante los 30 minutos posteriores a la picadura, no se administra tratamiento médico alguno.

La exposición a las picaduras, la gravedad de la reacción previa (cuanto más grave es la reacción previa, mayor será la probabilidad de que ésta se repita o sea más grave), la cantidad de veneno inoculado (según especie, extracción o no del aguijón, etc.), comorbilidad (mastocitosis) o el estar con tratamiento médico con determinados fármacos (beta bloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina IECA) son factores de riesgo para que exista una reacción alérgica grave(11).

 

Diagnóstico de alergia a picadura de himenóptero

Es importante identificar al insecto responsable de la picadura, ya que facilitará mucho la labor a la hora de realizar el diagnóstico y el tratamiento.

La alergia a picadura de himenópteros tiene un diagnóstico y tratamiento específico muy eficaz(12).

Para realizar el diagnóstico de alergia a picadura de himenóptero, nos basaremos en una anamnesis detallada.

Debemos preguntar si se identificó el insecto o, en caso contrario, si el paciente puede describirlo para tratar de filiarlo nosotros; de ahí, la importancia de conocer la morfología de estos insectos. No debemos olvidar indagar sobre el lugar donde ocurrió, la época del año, si le dejó el aguijón clavado y, por supuesto, el tipo de reacción que le produjo.

Tras la anamnesis, se deben realizar pruebas cutáneas con veneno de himenóptero. Esto debe realizarse por personal experimentado, por el cierto riesgo que entraña el reproducir la reacción de nuevo.

Las pruebas cutáneas se deben complementar con la determinación de IgE específica frente al veneno de himenóptero. Esto es menos sensible que realizar pruebas cutáneas, pero no entraña ningún riesgo y, además, ya que no se dispone de veneno de gran número de insectos (Bombus, Vespa cabro) para realizarlas, puede servir de gran ayuda.

 

Tratamiento de la picadura de himenópteros

El tratamiento de elección en caso de reacción sistémica por picadura de himenóptero en fase aguda es la adrenalina(13). Las reacciones sistémicas se deben derivar al especialista de modo preferente para su valoración, diagnóstico y posterior tratamiento.

El tratamiento de la picadura de himenóptero se tratará en función de la gravedad de la misma. Las reacciones locales se tratarán mediante frío local, antihistamínicos (vía oral) y corticoides tópicos o sistémicos, según la intensidad del cuadro(14).

Las reacciones sistémicas se tratarán como cualquier episodio de anafilaxia: adrenalina (0,01 ml/kg; máximo 0,5 ml dosis total), corticoides sistémicos y antihistamínico vía oral. Si un niño ha presentado ya alguna reacción sistémica por picadura de himenóptero, debe llevar siempre adrenalina autoinyectable en jeringa precargada intramuscular (0,15-0,30 ml, en función de los kilos que pese el niño)(13).

Además, se deben adoptar unas medidas generales(12), como extraer el aguijón sin exprimirlo (en caso de que sea una abeja) o alejarse del área donde haya ocurrido la picadura para evitar un ataque masivo.

 

Inmunoterapia

La inmunoterapia debe administrarse en ámbito hospitalario y requiere la supervisión por un facultativo especializado.

Existe un tratamiento para “curar definitivamente” la alergia a veneno de himenópteros: la inmunoterapia específica o vacunación con extracto de veneno de himenóptero.

Con la inmunoterapia se trata de disminuir la producción de IgE contra el veneno y aumentar los “anticuerpos bloqueantes” (clase IgG).

La vacunación proporciona unos niveles de protección tras nuevas picaduras de hasta el 98%(15). Para administrar este tratamiento, se precisa de personal cualificado y realizarlo en ámbito hospitalario por los efectos adversos graves que puede tener.

La inmunoterapia específica está indicada en niños a partir de los 5 años, cuando exista una reacción sistémica moderada o grave y se demuestre un mecanismo dependiente de IgE(16,17).

La duración de este tratamiento es de 3 a 5 años(18). Tras este tratamiento más del 98% tolera la picadura del insecto(15,18). Este efecto terapéutico es duradero, de modo que, a los 10 años de haber finalizado el tratamiento, el 90% de los pacientes sigue estando protegido(15,18).

 

Tipos de pautas de inmunoterapia en alergia a veneno de himenópteros

Consiste en la administración subcutánea de dosis crecientes de veneno del insecto responsable de la reacción hasta 100 mcg en el caso de véspidos o abejas(18).

Existen en la actualidad extractos para el tratamiento con veneno de Apis, Vespula, Polistes y Bombus.

Existen dos fases:

1. Fase de inicio: se comienza administrando dosis muy pequeñas de veneno (0,01 a 0,1 mcg) y se van aumentando paulatinamente.

Existen varias pautas de inicio de diferente duración:

– Ultrarrápida (Ultrarush): 3 horas.

– Rápida (rush): 4 días.

– Rápida (cluster): 4 semanas.

– Clásica (convencional): 3 meses.

Las pautas más rápidas son más seguras, con menos efectos secundarios y menos reacciones sistémicas que las lentas.

2. Fase de mantenimiento: consiste en administrar 100 µg de veneno cada 4-6 semanas, que suele durar de 3 a 5 años, según el seguimiento clínico, con pruebas cutáneas y serológicas.

La dosis de mantenimiento es equivalente a 2 o más picaduras dependiendo del insecto responsable. Hay pacientes, sobre todo apicultores y sus familiares, que pueden requerir una dosis de mantenimiento más elevada, hasta de 200 µg, para una protección completa.

La inmunoterapia con veneno de abeja es eficaz para prevenir reacciones sistémicas en un 95% de los casos. La inmunoterapia con veneno de avispa es eficaz en un 98%. Es, por tanto, un tratamiento muy eficaz(15,17,18).

 

Prevenir las picaduras de himenópteros

La educación del paciente es muy importante de modo que sepa cómo actuar ante nuevas reacciones(2,12,14,16).

Los niños deben conocer unas normas para prevenir las picaduras de himenópteros.

Las avispas y abejas sólo pican cuando se sienten amenazadas o para defender sus nidos, por eso no hay que acercarse a nidos de avispas ni a panales de abejas.

Si la avispa/abeja se posa encima de nosotros, no intentar ahuyentarla ni matarla, se debe permanecer quieto o hacer movimientos muy lentos hasta que se vaya.

Cuando la avispa pica conserva el aguijón, pudiendo picar repetidas veces; además, con su picadura se liberan feromonas que pueden atraer a otros miembros de la colonia, por lo que se aconseja alejarse del lugar del accidente.

La mayoría de las picaduras se producen entre los meses de mayo a septiembre, especialmente en verano (julio y agosto). Si se toma alguna bebida azucarada, se debe asegurar que no haya ningún insecto en el borde del vaso. En las piscinas o campos con flores, evitar caminar descalzo y sacudir la ropa que se haya dejado en el suelo antes de ponérsela.

Las avispas/abejas tienen predilección por los colores y olores intensos; por lo que, no es aconsejable llevar ropas llamativas ni utilizar perfumes cuando se salga al campo.

En las excursiones, los niños deben llevar pantalones y manga larga.

Las colisiones con estos insectos pueden producir picaduras; por tanto, no se debe correr, ni montar en bicicleta, en lugares donde haya muchas flores. En los merenderos o comidas al aire libre, se han de mantener los cubos de basura bien cerrados.

Si un niño es alérgico al veneno de himenóptero, es aconsejable que lleve una placa de alerta médica.

 

Criterios de derivación al
especialista

Se debe realizar un estudio alergológico a todos aquellos niños que hayan sufrido una reacción alérgica grave tras una picadura de insecto. Si se confirma el diagnóstico, la clínica es importante y la evitación difícil, está indicado pautar una desensibilización al veneno causante de la alergia.

Se estima que dos tercios de personas alérgicas al veneno de himenópteros no llega a ser examinado nunca por un alergólogo, dada la falta de conocimiento sobre este tipo de alergia entre la población general e incluso entre los propios médicos.

Conclusión

Las reacciones alérgicas a veneno de himenópteros son poco frecuentes en pediatría. No obstante, el pediatra de Atención Primaria debe conocerlas para saber cuando derivar al niño al especialista para realizar un estudio alergológico completo y educar a estos niños, tanto para evitar futuras picaduras como para tratar las exposiciones accidentales.

 

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía comentada

– Nevot Falcó S, Guilarte Clavero M. Hipersensibilidad a veneno de himenópteros. Protocolos diagnósticos y terapéuticos en pediatría; 2003. p. 119-26.

Protocolo diagnóstico y terapéutico sobre la alergia a picadura de himenópteros en pediatría avalado por la Asociación Española de Pediatría (AEP).

– Martínez-Cañavate A, Tabar AI, Eseverri JL, Martín F, Pedemonte-Marco C. An epidemiological survey of hymenoptera venom allergy in the Spanish paediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2010; 38(5): 259-62.

Completísimo estudio epidemiológico sobre la alergia a veneno de himenópteros en la población pediátrica española.

La SEICAP (Sociedad Española de Inmunología clínica, Alergia y Asma pediátrica) através de su Grupo de Trabajo de Inmunoterapia realizó una encuesta entre todos sus miembros con el propósito de determinar la situación de alergia a himenópteros en los niños españoles. Este artículo merece ser leído, ya que apenas está recogida la epidemiología en la alergia a himenópteros en población infantil.

– Martín Mateos MA. Tratado de alergología pediátrica. 2ª edición. Madrid: Ergon 2011.

Actualizado, completo y asequible libro sobre alergia infantil imprescindible para aquellos pediatras interesados en esta disciplina.

– Castro L. Véspidos sociales de Europa. Guía de identificación. http://www.alergiaabejasyavispas.com/secciones/sec6/seccion06_01.asp?opc=6. (Accedido el 28/03/2013).

En la página web http://www.alergiaabejasyavispas.com se encuentra todo lo que se debe conocer sobre la taxonomía, morfología y hábitat de los himenópteros. Esta página web entre otros objetivos, pretende mejorar el conocimiento sobre estos insectos y, por tanto, el manejo de su picadura. Gran disponibilidad y accesibilidad a la documentación necesaria para ello.

– Carballada F. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergologia Et Immunopathologia: International Journal for Clinical and Investigate Allergology and Clinical Immunology. 2009; 37(3): 111-5.

Interesante artículo sobre el tratamiento con inmunoterapia en la población pediátrica española. Se aconseja su lectura por tratarse de un artículo de revisión sobre la aplicación de inmunoterapia con veneno de himenópteros en pacientes pediátricos.

– Fiandor A, et al. Hymenoptera venom allergy: characteristics, tolerance and efficacy of immunotherapy in the pediatric population. Allergol Immunopathol (Madr). 2009; 37(3): 109-10.

Artículo que revisa la tolerancia y la eficacia de la inmunoterapia en la población pediátrica. Interesante y de fácil lectura. Recomendado para todos aquellos que están interesados en el tema; ya que, se revisa cómo seleccionar a los pacientes para iniciar el tratamiento con inmunoterapia, qué veneno utilizar, los protocolos de tratamiento realizados, mecanismos de acción de la inmunoterapia, posterior seguimiento, etc.

 

Caso clínico

Niño de 8 años de edad.

 

Antecedentes

• Familiares. Madre con dermatitis atópica. Padre con rinitis alérgica.

• Personales:

– Embarazo y parto normales.

– Adenoidectomía a los 4 años.

– Calendario vacunal completo.

– No toma ningún tratamiento de forma habitual.

• Hábitat:

– Rural. Casa con piscina, jardín y árboles frutales.

– Animales: un perro.

 

Enfermedad actual

Hace un mes, mientras estaba jugando en el campo, sintió la picadura de un insecto, presentando a los 5 minutos edema palpebral bilateral, urticaria generalizada, dificultad respiratoria y un vómito.

En el Servicio de Urgencias más cercano se le administró adrenalina intramuscular, corticoides sistémicos y antihistamínicos vía oral, remitiendo el cuadro de forma progresiva. En ningún momento se registró hipotensión.

En el Servicio de Alergia Infantil se le realiza estudio alergológico:

• Pruebas cutáneas:

Prick test para Apis mellifera, Vespula spp y Polistes dominulus con resultados negativos.

– Intradermorreacción: positivo a concentración de 0,1 µg/ml para Vespula spp y positivos a la concentración de 0,001 µg/ml para Polistes dominulus. Negativo para Apis mellifera.

• IgE total (80 UI/ml).

• IgE específica a veneno de himenóptero.

– Polistes 6,80 KU/L.

– Vespula y Apis mellifera <0,35 KU/L.

• Se rehistoria a los padres sobre el insecto: creen que lo que le picó fue una avispa, aunque no están seguros. Recuerdan que hace un año, tras la picadura de una avispa en un dedo de la mano, se le inflamó todo el brazo.

 

 

 

Metodología diagnóstica en alergia infantil

Regreso a las bases

 

M. Fernández-Benítez

Ex-Consultor Departamento de Alergología e Inmunología Clínica. Clínica Universidad de Navarra, Pamplona

 

Pediatr Integral 2013; XVII(8): 581-585


Metodología diagnóstica en alergia infantil

 

Introducción

La importancia de hacer un buen diagnóstico, en cualquier tipo de patología tendrá como consecuencia el poder administrar un tratamiento adecuado. En alergología, podríamos clasificar las pruebas diagnósticas como: técnicas in vivo, que son aquellas que se realizan en el propio paciente, y técnicas in vitro, que son las que se realizan en el laboratorio, todas ellas encaminadas a determinar el alérgeno responsable de la patología presentada.

La responsabilidad del antígeno podemos demostrarla bien poniendo de manifiesto la reacción Ag (antígeno) Ac (anticuerpo), pero también midiendo los mediadores responsables de esta reacción.

Pruebas cutáneas

Se define como alérgeno a aquella sustancia capaz de producir anticuerpos (Ac) en un organismo sensibilizado y dar lugar a una reacción antígeno-anticuerpo (Ag-Ac) al nuevo contacto del organismo con el alérgeno. El descubrimiento del antígeno (Ag) y su correspondiente (Ac) específico, responsable de la reacción Ag-Ac y, por lo tanto, de la sintomatología clínica, es la base del diagnóstico etiológico en las enfermedades alérgicas. Una anamnesis detallada nos dará el grado de agresividad del antígeno que buscamos y, por lo tanto, una pauta para elegir la prueba diagnóstica adecuada, evitando así riesgos innecesarios para el paciente.

Tipos de test cutáneos

Se clasifican los test cutáneos según el tipo de sensibilización que queramos estudiar.

l.Sensibilización de tipo inmediato: mediada por IgE, para lo cual utilizamos la prueba del Prick o la prueba intracutánea como métodos más habituales(1,2). La reacción objetivada con estas pruebas está inducida, fundamentalmente, por la degranulación de los mastocitos cutáneos al contacto con el alérgeno, con la consiguiente liberación de mediadores como la histamina, triptasa, neuromediadores, etc., responsables de la respuesta inmediata. Podemos encontrar una respuesta tardía a las 6-8 horas, como consecuencia de procesos asociados a la respuesta inicial; ya que, muchos de los mediadores liberados por los mastocitos activados son mediadores quimiotácticos que actúan atrayendo hacia el lugar de la reacción células inflamatorias como eosinófilos, neutrófilos macrófagos, que contribuyen a perpetuar la inflamación. Los linfocitos CD4+ juegan un papel en la puesta en marcha y regulación de la respuesta tardía, por la generación y liberación de citoquinas.

2.Sensibilización tardía en la que interviene la inmunidad celular (linfocitos T), para lo que utilizamos las pruebas epicutáneas, también conocidas como pruebas del parche. La reacción alcanza su máxima expresión entre las 24-72 horas y las células que participan en el infiltrado son, predominantemente, linfocitos del tipo Th1 y monocitos.

Técnicas cutáneas de hipersensibilidad inmediata

Prick test

Es la prueba más utilizada para el diagnóstico in vivo.

Se realiza colocando gotas de los extractos que queremos estudiar y de la solución control sobre la superficie volar del antebrazo. Posteriormente, con una aguja, siendo las más estandarizadas las derivadas de la aguja Morrow-Brown, o bien con aguja hipodérmica, se hace una puntura a través de la gota y se inserta en la epidermis con un pequeño ángulo. Hay que tener la precaución de colocar las gotas con una separación adecuada con el fin de evitar reacciones enmascaradas (Figs. 1 y 2). Es necesario utilizar para cada extracto una aguja diferente. El prick test es una técnica segura, en la que es raro que se desencadenen reacciones sistémicas.

 

Figura 1. Material necesario prick.

 
 

>Figura 2. Técnica de prick.

 

Intracutánea

Era la prueba más difundida y utilizada de las pruebas cutáneas antes de que se estableciese el prick test.

Consiste en la inyección intradérmica de 0,05-0,07 ml de extracto alergénico, formando una pápula de 2-3 mm de diámetro. Las pruebas se pueden realizar en el antebrazo o en la espalda, al igual que con el prick, manteniendo entre los diferentes alérgenos una distancia de al menos 2 cm con el fin de evitar resultados enmascarados en caso de que se produzcan positividades; si se realizan en la espalda, también hay que cuidar la distancia a la línea vertebral ya que se pueden dar falsos positivos debido a los reflejos axónicos.

A diferencia del prick test, las pruebas intracutáneas pueden desencadenar reacciones sistémicas. Las precauciones y errores más frecuentes, así como las diferencias existentes entre las dos técnicas de pruebas cutáneas para el estudio de la hipersensibilidad inmediata, podemos verlos en las tablas I y II.

 

 
 

 

Extractos alergénicos y soluciones control

Los extractos utilizados hoy en día están estandarizados y son de alta calidad, esto permite un diagnóstico fiable y que las técnicas sean reproducibles. Únicamente y en ocasiones con alérgenos alimentarios, no utilizamos extractos estandarizados, sino el alimento en crudo, es lo que conocemos como prick-prick, tiene la ventaja de contener todas las proteínas presentes en el alimento.

Cualquier estudio con test cutáneos requiere testificar con un control negativo y un control positivo. El control negativo habitualmente es el conservante utilizado para los extractos alergénicos; como control positivo, habitualmente se utiliza la histamina.

Medición e interpretación de los test cutáneos

La respuesta cutánea inmediata frente a extractos alergénicos, caracterizada por la presencia de pápula y eritema en el lugar de la prueba, se obtiene en los primeros 20 minutos, entre 8-10 minutos para la histamina y entre 15-20 para los alérgenos. Habitualmente, utilizamos una regla milimetrada y calculamos la media entre el diámetro mayor y el menor de la pápula y/o eritema. Otras mediciones más sofisticadas, como las ultrasónicas o mediante Doppler con láser, nos permiten cuantificar el grosor y volumen de la pápula y poder estudiar la diferente reactividad de las pruebas.

Los criterios de positividad de las pruebas han sido estudiados por diferentes autores. Sabemos que en prick, positividades de más de 3 mm de pápula y 10 mm de mácula eritematosa son susceptibles de sensibilización clínica, pero siempre teniendo en cuenta la reactividad cutánea individual, así como la utilización de extractos estandarizados. Para las pruebas intracutáneas, seguiremos los criterios de Norman valorando pápula y eritema (Tabla III). Un test intracutáneo lo consideramos positivo cuando es un habón de 5 mm de diámetro, restando ya el diluyente control (Fig. 3).

 

Figura 3. Resultados prick.

 
 

 

En la interpretación de las positividades encontradas hay que ser cautelosos, ya que la positividad cutánea frente a un antígeno, por sí sola, no implica la repercusión del antígeno en las manifestaciones clínicas si no hay una clara relación con la anamnesis, pudiendo tratarse de positividades subclínicas o apatógenas, que merecen seguir su evolución. En otras ocasiones, nos obliga a reinterrogar al paciente y tratar de confirmar si existe repercusión clínica mediante técnicas in vitro o, incluso, una prueba de provocación controlada.

No hay que olvidarse de las positividades encontradas a panalérgenos responsables de la reactividad cruzada, tal y como ocurre con pólenes-frutas, etc.

Factores que pueden modificar la respuesta cutánea

El primer factor es la edad del paciente, y se sabe que, a partir del primer mes de vida, se puede obtener por prick una pápula significativa con el control positivo (histamina); no obstante, esta pápula va a ser más pequeña que en edades posteriores. Por eso, cuando realizamos pruebas cutáneas en lactantes, debido a esta menor reactividad, los criterios de positividad frente a los extractos van a tener que compararse con la reactividad frente al control positivo.

Cuando realizamos un estudio con pruebas cutáneas, sabemos que los resultados pueden verse alterados por múltiples factores. En primer lugar, porque la técnica no ha sido correcta; en este sentido, sabemos que la reactividad cutánea no es la misma en todas las partes del cuerpo, así la espalda es más reactiva que el antebrazo, la zona cubital es más reactiva que la radial, y la zona distal de la muñeca es menos reactiva que la proximal. Por otra parte, ya hemos dicho que la calidad de los extractos influye en la reactividad. Los extractos no estandarizados dan reacciones mayores que los estandarizados, muchas de ellas inespecíficas. Hay que tener en cuenta el ritmo circadiano; existe un pico de reactividad a última hora de la tarde y la reactividad es menor en la primera hora de la mañana.

Otro factor es también, dependiendo de los alérgenos que estemos probando, la estación del año; así, por ejemplo, pacientes con sensibilización al polen de gramíneas, durante la primavera presentarán mayor reactividad debido a la presencia de pólenes ambientales, situación que tenemos que tener presente para tomar precauciones, sobre todo con los test intracutáneos.

También, puede interferir en los resultados la toma de medicación, como ocurre con los antihistamínicos; los corticoides parece que únicamente influyen los administrados por vía tópica cutánea y, sobre todo, en la respuesta tardía, al igual que pasa cuando hay corticoterapia prolongada por vía sistémica.

La inmunoterapia específica por un tiempo prolongado también puede modificar la respuesta cutánea al alérgeno en estudio. Se ha visto disminución de la respuesta sobre todo con inmunoterapia frente a veneno de himenópteros y algunos neumoalérgenos, utilizando este parámetro para ver la respuesta al tratamiento.

Técnicas cutáneas de hipersensibilidad tardía

Pruebas epicutáneas

Estas técnicas las utilizamos para estudiar la hipersensibilidad tardía. Este tipo de pruebas se puede realizar por vía intradérmica, o aplicando directamente el alérgeno sobre la piel, prueba del parche o prueba epicutánea; tienen especial interés en el diagnóstico de las dermatitis alérgicas de contacto y hay estudios en las dermatitis atópicas(3).

El objetivo de estas pruebas es reproducir la lesión cutánea, limitando local y temporalmente la reacción(4).

La prueba consiste en la aplicación de una determinada sustancia, a una concentración ya establecida, sobre la piel del paciente en un lugar sensible. Para ello, utilizamos las zonas paravertebrales y la cara anterior del antebrazo. Esta sustancia se mantiene 48-72 horas.

La sustancia a testar se coloca sobre una superficie algodonosa y una capa aislante que queda fijada a la piel mediante esparadrapo; la piel debe estar limpia y libre de lesiones. Se recomendará no mojar la zona; si se presenta prurito intenso, acudir a la consulta antes de las 48 horas; no exponerse a las radiaciones solares, etc., ya que pueden modificarse los resultados.

Las reacciones pueden ser desde eritema hasta pápulas, vesículas o ampollas (Tabla IV). En el caso de pruebas negativas, es conveniente volver a ver al paciente a las 24 horas siguientes por si hubiera aparecido alguna reacción.

 

 
 

Figura 4. Técnica de espirometría.

 

Pruebas de función respiratoria

La exploración funcional respiratoria nos sirve para confirmar el diagnóstico de asma, cuantificar la gravedad de la enfermedad, monitorizar la evolución y objetivar la respuesta al tratamiento(5).

Espirometría

La espirometría permite el estudio de:

a.Capacidad vital forzada (CVF), volumen de aire espirado durante la maniobra de espiración forzada.

b.Flujo espiratorio en el primer segundo (FEV1), volumen de aire espirado en el primer segundo de la maniobra de espiración forzada.

c.Flujos espiratorios medios o mesoflujos (FEV25-75%), parámetro que indica el flujo espiratorio y que es independiente del esfuerzo; tiene un inconveniente que es la gran variabilidad de un enfermo a otro, incluso de una prueba a otra en el mismo paciente, por lo que no se debe valorar de una forma aislada;

d.Flujo espiratorio máximo (PEF), pico espiratorio de flujo.

e.Cociente FEV1/CVF, que es un parámetro indicador de flujo espiratorio, que en el niño se correlaciona más con la gravedad del asma que el FEV1.

Cada uno de estos parámetros nos va a dar una información de gran importancia en el asma bronquial. La disminución del FEV1 orienta hacia una obstrucción de vía aérea central (mayor de 2 mm de diámetro), el FEV25-75% informa de la vía aérea periférica (menor de 2 mm de diámetro) y la relación FEV1/CVF nos informa del grado de obstrucción. En cuanto al PEF, tiene indicaciones muy precisas, como objetivar la variabilidad en un asma inestable o ver la respuesta al tratamiento de una manera puntual, pero no se puede tomar como único criterio.

La técnica de espirometría consiste en una maniobra de capacidad vital forzada; es decir, a partir de una espiración normal efectuar una inspiración máxima, unos segundos de apnea y una espiración forzada hasta el volumen residual.

Interpretación de la espirometría

Los parámetros espirométricos nos permiten clasificar las alteraciones de la capacidad ventilatoria y establecer el grado de alteración funcional. Las alteraciones de tipo obstructivo cursan con un aumento de la resistencia de vías aéreas, y las que cursan con una reducción del volumen pulmonar, es decir, de la capacidad vital forzada (CFV), serían alteraciones de tipo no obstructivo. Hay patologías que cursan con características de ambos tipos de alteración ventilatoria, reducción de volumen y limitación al flujo aéreo; en este caso, hablaremos de alteraciones ventilatorias de tipo mixto.

De acuerdo con los criterios de la Americam Thoracic Society, se considera un patrón de tipo obstructivo cuando el cociente FEV1/CVF <75% (80% en niños), permaneciendo la CVF normal o ligeramente disminuida. El cociente FEV1/CVF es un parámetro más sensible, alterándose en mayor medida que el FEV1.

Test de broncodilatación (TBD)

El test de broncodilatación se debería realizar en todo paciente asmático al hacer la espirometría; ya que, por mínima que fuese la obstrucción, si el test es positivo, significa que existe una obstrucción al flujo aéreo, y no podrá considerarse una función pulmonar normal.

El Consenso Español(6) sobre el tratamiento del asma en pediatría establece realizar una espirometría forzada a los 15 minutos de administrar 400 µg de salbutamol = 4 puffs o equivalente de terbutalina, preferiblemente con cámara espaciadora, con un minuto de intervalo entre ambas, esperando de 10 a 20 minutos con el niño sentado y repitiéndose la espirometría forzada. Consideraremos un test de broncodilatación positivo cuando exista un porcentaje de cambio del FEV1 =12% sobre el FEV1 basal, o bien un FEV1 =9% sobre el FEV1 teórico, o un FEF25-75 =35%.

En algunas ocasiones, nos podemos encontrar que con 400 µg de salbutamol el test de broncodilatación es negativo, pudiéndose recurrir a una pauta corta (10 días) de corticoides orales y repetir la prueba.

Existen otras técnicas, como son la pletismografía o la oscilometría por impulsos, para niños que no saben colaborar con la maniobra de capacidad vital forzada.

Determinación de óxido nítrico en aire exhalado (ONex)

El ON juega un papel importante en el reclutamiento, migración e infiltración de eosinófilos y otras células en el árbol bronquial de los sujetos asmáticos. Se ha demostrado que el aumento del ONex está relacionado con factores que incrementan la inflamación en el asma(7), como la exposición a alérgenos y las infecciones respiratorias. Los esteroides orales o inhalados reducen los valores de ONex de forma dosis dependiente. Algunos estudios sugieren la correlación entre los valores del ONex y la intensidad de los síntomas, la hiperrespuesta bronquial, la atopia y otros marcadores de la inflamación.

 

Figura 5. Determinación de ONex.

 

Se realiza habitualmente por un método sencillo electroquímico que no precisa de calibración y es adecuado para niños a partir de los 5 años. La concentración se expresa en partes por billón (ppb), que equivale a nanolitros por litro (nl/l).

En la actualidad, se pueden medir otros marcadores de inflamación en condensado de aire exhalado, como son los isoprotanos, prostaglandinas, leucotrienos, etc.

Pruebas de provocación

Las pruebas de provocación consisten en poner de manifiesto la sintomatología clínica referida por el paciente tras la exposición al alérgeno, cuando no es posible demostrarlo por otras técnicas diagnósticas. De la propia definición, podemos deducir que son pruebas que conllevan un riesgo para el paciente, por lo que hay que tomar todas las precauciones(8).

Este tipo de pruebas las utilizamos cuando, por la historia clínica y las diferentes técnicas del laboratorio, es difícil encontrar el factor etiológico pese a que éste se sospecha. Otras veces existe una discordancia entre la historia clínica y los resultados de los test, in vivo e in vitro, y es necesario demostrar cuál de los alérgenos tiene repercusión clínica. En ocasiones, este mismo tipo de pruebas las utilizamos con el fin de demostrar una tolerancia al alérgeno(9,10).

Las pruebas de provocación pueden ser bronquiales, nasales, conjuntivales u orales, dependiendo del alérgeno que queramos estudiar y del órgano de choque.

Técnicas in vitro

Los avances de la inmunología han permitido estudiar los fenómenos implicados en las reacciones de hipersensibilidad. Hoy en día contamos con una serie de técnicas que permiten establecer un correcto diagnóstico alergológico y nos sirven de ayuda en la monitorización del enfermo alérgico y su respuesta al tratamiento.

Las pruebas in vitro nos confirman el diagnóstico sospechado por la historia y test cutáneos, o bien las reservamos para cuando no se puedan realizar los test in vivo, por circunstancias especiales de los pacientes.

Podríamos clasificar las técnicas in vitro en dos grandes grupos: las que estudian la reacción antígeno-anticuerpo, como serían la IgE, IgE antígeno específica(11) e IgG; y las que permiten determinar mediadores que se liberan en la reacción antígeno-anticuerpo, tales como: test de liberación de histamina, determinación de leucotrienos, determinación de triptasa test de activación de basófilos, proteína catiónica del eosinófilo, etc.

Bibliografía

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2.Heinzerling L, Frew AJ, Bindslev-Jensen C, Bonini S, Bousquet J, Bresciani M, et al. Standard skin prick testing and sensitization to inhalant allergens across Europe- a survey from GA2Len network. Allergy. 2005; 60: 1287-300.

3.Nocerino R, Granata V, Di Costanzo M, PezellaV, Leone C, Passariello A, et al. Atopy patch test are useful to predict oral tolerance in children with gastrointestinal symtoms related non –IgE- mediated cow’smilk allergy. Allergy. 2013; 68(2): 246-8.

4.Van derValk PG, Devos SA, Coenraads PJ. Evidence-Based diagnosis in patch testing. Contac Dermatitis. 2003; 48: 121-5.

5.GEMA (Guía Española para el Manejo del Asma). Madrid: Editorial Luzán 5 SA; 2009.

6.Castillo Laita JA, de Benito Fernández J, Escribano Montaner A, Fernández-Benítez M, García de la Rubia S, Garde Garde J, et al, Consensus statement on the management of paediatric asthma. Update 2007.Allergol Immunopathol. 2008; 36(1): 31-52.

7.Kaiser G, Lim FCCP, Mottram C. The use of fraction of Exhaled Nitric Oxide in pulmonary practice. Chest. 2008; 133: 1232-42.

8.Martín Mateos MA. Tratado de alergología pediátrica. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2011.

9.García-Ara MC, Boyano MT, Díaz Pena JM, Quirce S. Eliciting doses of positive challenge test in cow´s milk specific IgE levels. Allergol et Immunopathol. 2008; 36(6): 315-9.

10.Martorell A, Gaecía Ara MC, Plaza AM, Boné J, Nevot S, Echeverría L, et al. The predictive value of specific immunoglobulin E levels in serum for the outcome of the development of tolerance in cow´smilk allergy. Allergol et Immunopathol. 2008; 36(6): 325-30.

11.Cabrera-Freitag P, Fernández-Benítez M, Goikoetxea MJ, Sanz ML. Diagnosis by microarray technique in anaphylaxis. Allergy. 2008; 63(Suppl 88): 514.

 

Rinoconjuntivitis alérgica

Temas de FC

F. Muñoz López

Ex-Jefe del Servicio de Inmunología y Alergia Pediátrica. Unidad Integrada Hospital Clínic-Sant Joan de Déu. Barcelona. Ex-Profesor Asociado de Pediatría. Universidad
de Barcelona. Ex-Director de la revista Allergologia et Immunopathologia

 

Resumen

La rinitis alérgica, primeramente descrita como fiebre del heno, no es raro que sea la primera manifestación de un proceso alérgico que con frecuencia precede al asma y, a veces, coincide con otros procesos, como el eccema atópico. La coincidencia con conjuntivitis de igual etiología es menos frecuente, dando lugar al concepto de rinoconjuntivitis alérgica. Ante síntomas sugestivos de esta entidad, (estornudos, obstrucción nasal, prurito naso-ocular, enrojecimiento conjuntival, lacrimeo, etc.) debe investigarse, primero la predisposición atópica familiar, que es el mayor riesgo para estos padecimientos, seguido de estudio alergológico (pruebas cutáneas, IgE sérica total y específica) y, en menos ocasiones, del moco nasal y la lágrima (eosinófilos, IgE). En cuanto a la conjuntiva, deben tenerse en cuenta otros posibles diagnósticos (queratoconjuntivitis) de mayor gravedad por la afectación corneal. El tratamiento inmediato, será sintomático: tópico, adecuado a la importancia de los síntomas (antihistamínicos, vasoconstrictores, anticolinérgicos, estabilizadores mastocitarios, corticosteroides) y oral, antihistamínicos y, rara vez, corticosteroides. Finalmente, el tratamiento etiológico será, de una parte, eliminación o reducción de los alérgenos ambientales y, sobre todo, inmunoterapia, que puede ser por vía subcutánea, la más experimentada, o la más reciente, vía sublingual.

 

Abstract

It is not uncommon for allergic rhinitis, primarily described as hay fever, to be described as the first manifestation of an allergic condition that frequently precedes asthma and sometimes coincides with other conditions, such as atopic eczema. Its coincidence with conjunctivitis having the same etiology is less frequent, giving rise to the concept of allergic rhinoconjunctivitis. When there are suggestive symptoms of this condition (sneezing, nasal obstruction, naso-ocular pruritus, bloodshot eyes, tearing, etc.), the following should be investigated: first, the familial atopic predisposition should be investigated, this being the greatest risk for these conditions. This should be followed by allergy studies including skin tests, total and specific serum IgE and less often of the nasal mucus and tears (eosinophils, IgE). In regards to the conjunctiva, other possible diagnoses (keratoconjunctivitis) having greater severity due to the corneal involvement should be considered. Immediate treatment would be symptomatic: topical, adapted to the importance of the symptoms (antihistaminics, vasoconstrictors, anticholinergics) and oral, antihistaminics and rarely, corticosteroids. Finally, the etiological treatment would be, one the one part, elimination or reduction of the environmental allergens and, above all, immunotherapy that may be subcutaneously, which is used the most, or the more recent one, by sublingual route.

 

Palabras clave: Rinoconjuntivitis; Queratoconjuntivitis; Alergia; IgE total/específica; Inmunoterapia.

Key words: Rhinoconjunctivitis; Keratoconjunctivitis, Allergy; Total/specific IgE; Immunotherapy.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(8): 564-573


Rinoconjuntivitis alérgica

 

La rinitis y la conjuntivitis alérgicas son procesos que con frecuencia padecen niños con predisposición atópica y que, en menos ocasiones, ambos aparecen simultáneamente, aceptándose la denominación de rinoconjuntivitis. La predisposición atópica es de carácter familiar, con tendencia a producir anticuerpos IgE específicos en respuesta incluso a bajos niveles de alérgenos, siendo el factor hereditario la base principal en su aparición. Pero esta herencia no sólo determina el riesgo de este proceso, sino que, con frecuencia, se suma otra patología alérgica (comorbilidad), como: sinusitis, asma o dermatitis atópica.

Epidemiología

La incidencia es similar en toda Europa, con un ligero aumento en los últimos tres años. En España es del 7,9% en los niños de 6-7 años y del 15% en los de 13-14 años.

El estudio ISAAC (International Study of Asthma and Allergy in Childhood) es una referencia para conocer la incidencia de las enfermedades alérgicas en la población general infantil; si bien, el estudio se limita a dos grupos de edad, obviando a los más pequeños(1). Se efectuó en un total de 193.404 niños de 6-7 años y en 304.679 de 13-14 años, de los cinco continentes, recogiendo los datos de la totalidad de alumnos de diversos centros escolares. En la tabla I, se exponen las cifras de incidencia de rinitis y rinoconjuntivitis alérgicas, comparando los resultados en España, Europa Norte-Este y Suroeste y con la totalidad de los niños incluidos en el estudio a nivel mundial. Se observa, de una parte, la evidente mayor incidencia de rinitis que de rinoconjuntivitis, probablemente por la acción protectora frente a cuerpos extraños (alérgenos, entre otros) de la lágrima y el parpadeo, aparte de la antiinfecciosa de la lisozima. Igualmente, se observa mayor afectación de ambos procesos en la edad superior, con seguridad, consecuencia de la mayor exposición a alérgenos y, sobre todo, a pólenes, reiterada anualmente (estación polínica), condición estimada necesaria para que se produzca la sensibilización a los mismos. Como se ve, las cifras en España están dentro de las obtenidas tanto a nivel europeo como mundial y, también, el ligero aumento de ambos procesos en relación con el estudio en primera fase (ISAAC Fase I), efectuado tres años antes. La incidencia entre países es muy variable, oscilando entre 0,8% y 14,9% en los niños de 6-7 años y entre el 1,4% y 39% en el grupo de 13-14 años. En el estudio se valora también la incidencia de rinoconjuntivitis grave (0,6% en los 6-7 años y 1,0% en el grupo de 13-14 años), basada solamente en la reiteración de las molestias causadas, sin que conste la posible afectación corneal.

 

 

Características clínicas

El prurito naso-conjuntival, estornudos reiterados y enrojecimiento de la conjuntiva, son síntomas predominantes, que pueden dar lugar a un pliegue transversal en el extremo nasal, y al pliegue de Dennie, en párpados inferiores, por la persistencia de la frotación.

Dependiendo de los alérgenos implicados, la rinoconjuntivitis puede ser estacional (polínica) o perenne, sin relación temporal, causada por alérgenos comunes en cualquier época del año (ácaros, hongos, animales).

La rinitis alérgica con gran frecuencia precede al asma, y sus síntomas, añadidos a los oculares, de variable intensidad, son: estornudos, prurito y rinorrea, preferentemente acuosa e hiposmia. El prurito motiva la frotación reiterada, conocida como “saludo alérgico”, que puede ocasionar un pliegue transversal en el extremo de la nariz que denuncia la reiteración y la molestia de los síntomas(2).

En cuanto a la conjuntiva, el síntoma patognomónico es el prurito, que motiva la frotación reiterada, origen del llamado pliegue de Dennie, o doble pliegue de los párpados inferiores. No faltan el lagrimeo y la fotofobia, síntomas comunes a otros procesos oculares. Igualmente, no es raro que haya exudado blanquecino, sobre todo cuando el proceso se mantiene algún tiempo. Rara vez hay fotofobia o visión borrosa, por afectación corneal. En la exploración, se puede apreciar el enrojecimiento o edema de la conjuntiva bulbar debida a la hiperemia por la vasodilatación superficial, que se inicia en el fondo de saco y que, en los casos más graves, puede afectar a toda la lámina tarsal, que podrá observarse mediante la eversión del párpado. En estos casos graves, también puede haber miosis y edema alrededor de la córnea (quemosis), que podrá apreciarse mediante la lámpara de hendidura. Lo habitual es que estén afectados ambos ojos.

El exceso de alérgenos ambientales o la intensa predisposición atópica por parte de ambos progenitores, puede dar lugar a una sintomatología más pronunciada, afectando a la córnea. En estas circunstancias, se identifican la queratoconjuntivitis atópica, perenne y más propia del adulto joven, que se ha relacionado con el simultáneo padecimiento de dermatitis atópica como más destacado proceso alérgico, y la queratoconjuntivitis estacional (vernal), que suele presentarse en la primera década de la vida, especialmente alrededor de los 4 años, con claro predominio masculino, con una duración que puede prolongarse entre 2-10 años. Ambas son enfermedades alérgicas complejas, no siempre mediadas por IgE, caracterizadas por una inflamación crónica con infiltración de células T en la conjuntiva y riesgo de afectar a la visión. En ambos procesos, destacan síntomas como: sensación de cuerpo extraño, fotofobia y blefaroespasmo y, a veces, ptosis palpebral, pero, sobre todo, en la estacional, pueden haber infiltrados gelatinosos, principalmente eosinofílicos, con apariencia granular o empedrado (puntos de Horner-Trantas) en la esclerótica y la conjuntiva (Tabla II)(3).

 

 

Aunque por lo común es obligada la participación del alergólogo o del oftalmólogo cuando exista afectación corneal, al pedíatra corresponde el diagnóstico y tratamiento precoz del proceso inicial, la simple rinoconjuntivitis alérgica, para evitar que progrese hacia la afectación corneal. Además, podrá impedirse el riesgo de sobreinfección por el reiterado frotamiento a causa del prurito, lo que complicaría la curación.

Es probable que las molestias propias del proceso perturben la vida del niño y más si se añaden a otros procesos alérgicos que puede padecer al mismo tiempo (asma, eccema); por lo que, es evidente que su calidad de vida se deteriorará al impedirle efectuar sus actividades habituales, al mismo tiempo que le puede perturbar el sueño.

Etiopatogenia

Los procesos alérgicos reconocen la predisposición atópica de origen hereditario, en los que están implicados varios genes que modulan el predominio de los linfocitos Th2 implicados.

La predisposición atópica es la condición más destacada para que se inicie un proceso alérgico. La precocidad y la importancia de las distintas manifestaciones (eccema, rinitis, asma, etc.) en gran parte dependen de los antecedentes alérgicos familiares, que procedan de ambos padres o de familiares más o menos alejados (tíos, abuelos)(4).

La herencia determina el principal mecanismo de la reacción alérgica, el predominio de la actividad de los linfocitos Th2 y el consiguiente aumento de IgE específica(5). El cromosoma 5 (5q31-q33) contiene los genes que modulan la producción de interleucinas secretadas por los linfocitos Th2, como la IL-4 e IL-13, responsables de la respuesta alérgica al estar implicadas en la producción de IgE tras la activación de los linfocitos B, así como otras interleucinas (IL-3, IL-5, IL-9) que también participan en la patogenia de la reacción alérgica (eosinofilia, inflamación). Parece que la producción de IgE también dependería de otros genes situados en los cromosomas 7 y 14, así como en el 6, que controla el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA II). Además, es bien conocida la participación de múltiples genes en los diversos procesos de causa alérgica y no hay que olvidar la influencia de los factores ambientales (alérgenos, irritantes, clima), es decir, la “interacción genético-ambiental”(6).

Distintas células implicadas en los mecanismos de defensa y en la reacción alérgica abundan en ambas mucosas nasal y conjuntival. En diversos estratos de las mismas se encuentran mastocitos, linfocitos T (CD4 y CD8), linfocitos B, células plasmáticas productoras de IgA e IgE, eosinófilos.

Los mastocitos son las células centrales de la patogenia. La IgE, producida bien tras el contacto naso-conjuntival del alérgeno o como reacción generalizada, se une a los mastocitos que poseen receptores de alta afinidad (FceRII) para la misma, dando lugar a la liberación primaria de histamina y triptasa y, posteriormente, de leucotrienos y prostaglandinas que, con la intervención de los leucocitos (neutrófilos, eosinófilos, linfocitos), serán los responsables de la inflamación. Es probable que la rinitis sea inicio del proceso y que, posteriormente, ascienda hacia la conjuntiva(7).

Los alérgenos comúnmente implicados son los habituales en patología respiratoria; es decir, ácaros del polvo, epitelios u otros productos animales, hongos y, en la forma estacional, los pólenes. Los ácaros (Dermatophagoides pteronyssinus y Dermatophagoides faringe) abundan en el polvo doméstico, especialmente en las almohadas, ya que la caspa humana es su alimento habitual. Menos frecuentemente son otros ácaros los implicados (Tyrophagus putrescentia, Blomia tropicales, Acarus siro), pero en todos los casos el grado de humedad (80-90%) y la temperatura ambiente (21-25°C) son los más propicios para su multiplicación. Del mismo modo, la humedad ambiental facilita el desarrollo de los hongos en paredes y cuartos de aseo, siendo la Alternaria alternata, Aspergillus, Mucor mucedo, Cladosporium, Penicilium y Fusarium los más frecuentes. En la forma estacional de la rinoconjuntivitis, son los pólenes los habitualmente responsables, en su gran variedad, dependiendo de la época del año (estación polínica) y la situación geográfica. Las gramíneas, de cultivo o silvestres, abundan en todas las zonas, pero, p. ej., el olivo (Olea europea) domina en el Sur de España y la Parietaria (judaica, officinalis, difusa) en el Este.

Diagnóstico

Aparte de las características clínicas, la demostración de la causa alérgica (pruebas cutáneas, IgE sérica total y específica) es fundamental para establecer el tratamiento etiológico.

La anamnesis detallada comprendiendo los síntomas naso-oculares, intensidad e inicio, como es habitual, es el primer paso para encausar el diagnóstico. Seguidamente, la exploración clínica: rinoscopia anterior mediante espéculo para comprobar la coloración pálida-violácea frecuente en la rinitis; exploración de la permeabilidad nasal, haciendo espirar alternativamente por ambas fosas nasales, y aspecto de los párpados y de la conjuntiva mediante eversión de los mismos, localización predominante y aspecto (palpebral, en la que se localizan las papilas, conjuntiva bulbar o escleral, o el fondo de saco, zona altamente irrigada en la que predomina la tumefacción y el edema) y visualización de la córnea(1,9).

Ante la falta de antecedentes familiares o de la existencia en el mismo niño de otros procesos alérgicos, siempre hay que descartar otra posible causa de conjuntivitis, la infecciosa, por bacterias o virus o por lentes de contacto (queratoconjuntivitis papilar), aunque no son de uso habitual en la edad infantil (Tabla II).

El antecedente de patología alérgica familiar hará sospechar la etiología del proceso, por lo que se pondrán en marcha los procedimientos diagnósticos habituales. Las pruebas cutáneas (prick test) con extractos alergénicos habituales (ácaros, pólenes, hongos) o sospechosos por el contacto habitual, como son las mascotas, o ambiente inadecuado (parásitos, cucarachas). La determinación de IgE total y específica en suero confirmará la existencia de sensibilización a determinados alérgenos, pero la presencia de la misma en el moco nasal y en la conjuntiva serán decisivos para confirmar el diagnóstico de rinoconjuntivitis de etiología alérgica, ya sospechada en el caso de existir con anterioridad otros procesos de la misma naturaleza (eccema, alergia alimentaria, asma).

La confirmación de la causa alérgica de la rinitis puede obtenerse mediante la prueba de provocación nasal con un extracto del alérgeno sospechoso, valorando la respuesta clínica (estornudos, prurito, hidrorrea)(10). La rinomanometría (técnica anterior o acústica) efectuada antes y después de la provocación, permite comprobar reducción del flujo aéreo tras la administración del alérgeno. Igualmente, la provocación conjuntival ocasiona el aumento de las molestias oculares (prurito, lagrimeo); por lo que, debe reservarse para casos de duda por la sospecha diagnóstica y la negatividad de otras pruebas(11). Ambas provocaciones permiten recoger muestras (moco y lágrimas, respectivamente), pudiendo valorarse la IgE específica (enzimoinmunoensayo: ELISA; Radioallergosorbent test: RAST; test de liberación de histamina: TLH, o de basófilos: TLB; nefelometría) y también los eosinófilos (su contenido en el frotis nasal debe ser superior al 5% del total de leucocitos, aunque lo habitual es que ronde hasta el 50%) y otros mediadores alérgicos (proteína catiónica del eosinófilo, histamina, triptasa, neurotoxina). La histamina, liberada por los mastocitos, es el mediador más importante, cuyo aumento puede activar al supresor de las células T, con lo que se inhibe la producción de IgE. En este sentido, en niños sanos, el nivel de histamina en lágrima ronda los 4 ng/ml; mientras que, en los que padecen conjuntivitis, la cifra es de 44 ng/ml. Por el contrario, la IgE en los primeros es de 22,12 ng/ml mientras que en los pacientes es de 8,97 ng/ml(12).

En la práctica, la sintomatología característica y la positividad de las pruebas cutáneas, además de la valoración de la IgE sérica total y específica frente a alérgenos, pueden ser suficientes para el diagnóstico. El estudio del moco nasal y/o de la lágrima, además de las pruebas de provocación, sólo serán necesarias en caso de duda diagnóstica, sobre todo cuando no existan antecedentes familiares o padecimiento de otra patología alérgica en el mismo niño.

Tratamiento

Tópico, fundamentalmente con antihistamínicos, descongestivos y corticosteroides, estos más indicados por vía nasal; oral con antihistamínicos y etiológico mediante inmunoterapia.

Se basa en una serie de medidas, unas comunes para ambos órganos, de las que también se beneficiarán otros procesos respiratorios, si existen, y otras de uso tópico, nasal o conjuntival. Unas son propiamente sintomáticas y otras, etiopatogénicas.

Sintomático y patogénico

Dado que la histamina interviene destacadamente en la patogenia de la rinoconjuntivitis, el uso de antihistamínicos tópicos o sistémicos debe considerarse como un tratamiento patogénico, además del sintomático. En una fase posterior de la reacción alérgica, se liberan los leucotrienos, pero no se ha demostrado que los anti-leucotrienos aporten mayores beneficios. Como antiinflamatorios, los corticoides administrados por vía tópica son medicamentos de elección en la rinitis, en especial cuando los síntomas se prolongan tras la administración de antihistamínicos. Los corticoides no están exentos de ocasionar efectos colaterales y, además, debe tenerse en cuenta la dosis total que se administra en el caso de que el niño también reciba corticoides inhalados por padecer asma, para no sobrepasar la dosis máxima recomendada para cada uno de ellos(1,13).

Vía tópica

La aplicación local de medicamentos es bien tolerada por vía nasal, pero con mayores problemas en su aplicación conjuntival, por las molestias y/o riesgos que conllevan algunos preparados en uso.

En la rinitis, los descongestivos son vasoconstrictores por su acción sobre los receptores a-adrenérgicos (simpaticomiméticos) de los vasos de la mucosa, consiguiendo la liberación de noradrenalina por diversos mecanismos. Por vía tópica se dispone de fenilefrina, nafazolina, oximetazolina, tramazolina y xilometazolina, y también de los derivados del imidazol (epinefrina, pseudoepinefrina y fenilpropanolamina) aunque son más eficaces por vía oral. Los antihistamínicos son muy eficaces para combatir los síntomas más molestos de la rinitis: hidrorrea, estornudo, prurito. Por vía tópica, el efecto puede notarse ya entre 15 (azelastina) y 30 minutos (levocabastina).

Los glucocorticoides (dipropionato de beclometasona, budesonida, flunisolida, triancinolona, fluticasona, mometasona) se consideran como la medicación más potente para el tratamiento de la rinitis alérgica y pueden usarse, sobre todo, cuando los síntomas son intensos y no mejoran con los anteriores. Una posible ventaja del uso de corticoides por esta vía es que, al mismo tiempo parecen actuar sobre la conjuntiva, lo que evitaría su empleo en la misma, obviando los riesgos que esto supone(14). El mecanismo por el que este hecho no está totalmente dilucidado, y podría tener lugar por vía sistémica por la deglución del corticoide; por el paso hacia la conjuntiva a través del conducto naso-lagrimal o bien que, al disminuirse la inflamación del conducto, drenaran las citocinas y otros mediadores (Tabla III)(13,15).

 

 

La conjuntivitis requiere un tratamiento inmediato, dadas las importantes molestias y la dificultad visual añadida. El tratamiento tópico comprende desde la aplicación de compresas frías, que puede ser útil para aplacar las molestias más inmediatas, a los colirios de antihistamínicos, descongestivos, estabilizadores mastocitarios, anti-inflamatorios no esteroideos y corticoides, cuya elección dependerá de la intensidad y predominio de los síntomas (Tabla IV).

 

 

La primera elección será un antihistamínico (azelastina, levocabastina) para producir un alivio rápido, aunque hay que aplicarlos varias veces al día, con el riesgo de ocasionar irritación si se usan prolongadamente. Los descongestivos actúan como vasoconstrictores, reduciendo el eritema, aunque pueden causar quemazón y escozor. Los corticosteroides tópicos esporádicamente pueden aplicarse si no mejoran pronto los síntomas con los anteriores. Sin embargo, deben reservarse para los casos más graves, con afectación corneal (queratoconjuntivitis), teniendo presente, además, que pueden causar serios efectos adversos si se usan prolongadamente; por lo que, no se aconseja que se sobrepasen las dos semanas.

Tras el alivio de los síntomas o en los casos más graves, los estabilizadores mastocitarios (cromoglicato disódico, nedocromil, lodoxamida) actúan sobre el mecanismo alérgico, al inhibir la degranulación de los mastocitos, reduciendo la liberación de mediadores. El inconveniente es tener que usarlos prolongadamente, lo que propende al incumplimiento de la pauta.

Vía oral

Los antihistamínicos son los medicamentos que, por esta vía terapéutica, benefician a ambos órganos (óculo-nasal) y también pueden ser útiles si existen otros procesos alérgicos concomitantes, sobre todo cutáneos. Los antihistamínicos llamados de segunda generación no producen los efectos colaterales de los de primera generación, sobre todo la somnolencia, el aumento de apetito de alguno de ellos (ketotifeno) y la afectación del ritmo cardíaco (prolongación QT del ECG con arritmia ventricular) rara vez ocurrida con la terfenadina. Otra ventaja de los actuales preparados es la simplificación de la pauta, que se reduce a una toma diaria, facilitando el cumplimiento. En la tabla V, están recogidos los antihistamínicos disponibles por vía oral, que pueden administrarse de forma continuada por largo tiempo, salvo la dexclorfeniramina, muy activa pero que, por necesitar varias dosis al día y producir somnolencia, sólo es recomendable por pocos días, en la fase más aguda del proceso, continuándose después con otro preparado.

 

 

Tratamiento etiológico

Como más inmediato, es necesario tratar de reducir los alérgenos domiciliarios, como son los ácaros, hongos y animales domésticos. Los ácaros, por alimentarse sobre todo de caspa humana, proliferan en almohadas y colchones; por lo que, debe extremarse la limpieza de los mismos, pero también en alfombras y moquetas, que deben eliminarse del domicilio igual que los animales. El grado de humedad y también la temperatura ambiental favorecen el desarrollo de los hongos, que pueden observarse en paredes de determinados domicilios; por lo que debe mantenerse un ambiente seco y confortable, así como eliminar plantas y basuras. Más difícil es evitar el contacto con pólenes, debiendo, cuando sea posible, cerrar ventanas en casa y en el coche, evitando las salidas al campo(8).

La inmunoterapia, con extractos del o los alérgenos responsables, según la OMS: “es el único tratamiento que puede alterar el curso natural de las enfermedades alérgicas y también de impedir el desarrollo de asma en pacientes con rinoconjuntivitis alérgica”(16). Actúa modificando el mecanismo inmunológico por el que tiene lugar la reacción alérgica. La producción de IgE específica (reaginas) se reduce como consecuencia de la corrección del desequilibrio que existe en el sujeto atópico en la respuesta de las subclases de linfocitos Th0 (Th1/Th2), a favor de los Th2, que producen las citocinas que estimulan la producción de IgE por linfocitos B (IL-4, IL-13) y la atracción y activación de los eosinófilos por la IL-5 fundamentalmente. Está demostrado que este cambio, además, impide nuevas sensibilizaciones a otros alérgenos.

La inmunoterapia puede iniciarse a partir de los tres años de edad, siempre que se tengan correctamente identificados los alérgenos responsables. Consiste en la administración de dosis progresivas del alérgeno, hasta alcanzar una dosis máxima que se mantendrá un mínimo de tres años. La elección de o los alérgenos que se deben incluir en el preparado depende del resultado del estudio alergológico y, por consiguiente, corresponde al pediatra alergólogo poner en marcha este tratamiento. La vía clásica de administración es la subcutánea, con dosis que se repiten semanalmente al principio y, una vez alcanzada la dosis máxima, mensualmente, y deberá administrarse por personal experto y en un lugar adecuado que disponga de lo necesario para actuar en caso de reacciones inmediatas, aunque realmente las reacciones graves son excepcionales. La vía sublingual, más reciente, requiere dosis diarias, lo que puede inducir al incumplimiento, aunque su administración es más cómoda, domiciliaria por el mismo paciente o sus familiares al estar prácticamente exenta de efectos adversos. Aunque la eficacia de esta vía parece probada, sin embargo, el mecanismo de acción es más incierto(17-19). La puesta en marcha de la inmunoterapia y el seguimiento están sujetos a unas premisas que garanticen los buenos resultados (Tabla VI).

 

 

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Revisión de los mastocitos, linfocitos T, eosinófilos, citocinas y otros elementos que participan en la inflamación ocular y su relación con los procesos alérgicos concomitantes en otros órganos.

–Bielory L. Allergic conjunctivitis: the evolution of therapeutic options. Allergy Asthma Proc. 2012; 33: 129-39.

Puntualización en el uso progresivo de los distintos medicamentos disponibles para el tratamiento de la conjuntivitis.

–Brunekreef B, Von Mutius E, Wong G, Odhiambo J, García-Marcos L, Foliaki S; ISAAC Phase Three Study Group. Exposure to cats and dogs, and symptoms of asthma, rhinoconjunctivitis, and eczema. Epidemiology. 2012; 23: 742-50.

Muestra cómo la convivencia con animales domésticos puede causar diversos procesos alérgicos en el niño, entre ellos la rinoconjuntivitis.

–Jacobsen L, Wahn U, Beatrice Bilo M. Allergen-specif immunotherapy provides immediate, long-term and preventive clinical effects in children and adults: the effects of immunotherapy can be categorised by level of benefict –the centenary of allergen specific subcutaneous immunotherapy. Clin Transl Allergy. 2012:2-8.

Revisión de los mecanismos por los que la inmunoterapia debe ser reconocida como primera línea terapéutica de la rinoconjuntivitis entre otros procesos alérgicos, actuando además como preventiva de nuevas sensibilizaciones. Recuerda que se ha cumplido un centenario desde su puesta en uso.

–Möller Ch, Dreborg S, Ferdousi HA, Halken S, Høst A, Jacobsen L, et al. Pollen immunotherapy reduces the development of asthma in children with seasonal rhinoconjunctivitis (the PAT-Study). J Allergy Clin Immunol. 2002; 109: 251-6.

Destaca la necesidad de inmunoterapia como tratamiento de la rinoconjuntivitis estacional, que además puede reducir el riesgo de asma en los niños cuando se aplica oportunamente.

–Shirasaki H, Kanaizumi E, Seki N, IIMI T. Localization and upregulation of the nasal Histamine H1 receptor in perennial allergic rhinitis. Mediators Inflamm. 2012; 2012: 951316.

Investigación sobre la participación del receptor de histamina (H1) en la mucosa nasal de los pacientes con rinitis estacional, de lo que se deduce la eficacia de los antihistamínicos en esta patología.

–Vichyanond P. Childhood allergic conjuntivitis and Vernal Keratoconjunctivitis. Allergy Clin Immunol Int (VAO). 2004; 16: 132-6.

Revisión clínica, diagnóstica y terapéutica de ambos procesos, desde el punto de vista pediátrico.

 

Caso clínico

Varón de 10 años y 8 meses de edad, visitado en el mes de abril, que desde hace unos tres años, entre marzo y julio, tiene con frecuencia síntomas oculares (enrojecimiento, prurito, lacrimeo), al mismo tiempo que obstrucción nasal y prurito intensos, síntomas que con menor intensidad tiene de forma intermitente y a veces se acompaña de tos. Notan que los síntomas oculares se inician, según la familia, al caer una “peluza” de unos árboles que abundan en la zona, próxima a un jardín y bosque.

Antecedentes familiares

Madre alergia a fármacos (pirazolona), asma en un tío y abuela materna y esta misma, alergia a fármacos.

Tratamiento tópico en años anteriores.

Exploración clínica

Nasal: en ambas fosas, enrojecimiento, edema de cornetes, obstrucción. Ocular: enrojecimiento conjuntiva y globo, más intenso en izquierdo, lacrimeo. RX senos paranasales: edema bilateral. Función respiratoria (espirometría), normal.

Estudio inmunológico: eosinofilia en sangre, normal (1%: 84/ mm3), eosinófilos en moco: >15% de la celularidad. IgE: 308 U/ml (normal: 23,7 U/ml), IgG, IgM e IgA: normales. Pruebas cutáneas: ácaros (-). Hongos (-). Polen: Dactilis ++, Festuca ++; Phleum +++, Poa pratensis +++; Lolium +++; Abedul +++. RAST coincidente.

 

 

Tratamiento

Inmunoterapia subcutánea con extracto de polen (Dactilis, Poa, Lolium, Phleum y Festuca) y sintomático (tópico y/o antihistamínicos orales) durante los años de tratamiento, variable de acuerdo con la sintomatología, que a lo largo de los años fue cada vez menos necesario.

Evolución

A los 4 años de inmunoterapia, desaparición progresiva de la recaída de los síntomas oculares. Síntomas nasales menos intensos y esporádicos, coincidentes con la estación invernal. Función respiratoria: normal.

 

 
 

 

 

Alergia a proteínas de leche de vaca

Temas de FC

S. Lapeña López de Armentia, D. Naranjo Vivas

Unidad de Alergia y Respiratorio Infantil. Servicio de Pediatría. Complejo Asistencial Universitario de León

 

Resumen

La prevalencia de la alergia alimentaria está aumentando en todo el mundo, siendo la leche de vaca el alimento que produce sensibilización con más frecuencia en los lactantes. Las manifestaciones clínicas más habituales son las reacciones inmediatas, con síntomas cutáneos (angioedema, urticaria, dermatitis) y digestivos (vómitos, diarrea aguda), siendo los síntomas respiratorios y sistémicos menos frecuentes. El diagnóstico de sospecha se basa en la historia clínica, que se debe confirmar con la mejoría al suprimir la leche y derivados de la alimentación y, si es posible, con la reaparición de síntomas al reintroducirlo después de un periodo variable de tiempo. Es recomendable realizar estudio alergológico en el paciente que mejora tras la supresión, para confirmar si la alergia a proteínas vacunas está o no mediada por IgE. El único tratamiento que ha demostrado ser eficaz es la dieta de supresión, que debe ser lo más estricta posible, a base de lactancia materna con dieta de exclusión de leche y derivados en la madre, o con fórmulas con proteínas lácteas extensamente hidrolizadas o con proteínas de soja. El pronóstico suele ser bueno y la mayoría tolerarán las proteínas de leche de vaca a los dos años de edad, siendo más precoz cuando se presenta de forma aislada; en cambio, en los pacientes polisensibilizados suele tardar más años en desaparecer. En el caso de no alcanzar la tolerancia, la inmunoterapia oral es una opción, pero de momento limitada a investigación.

 

Abstract

Prevalence of food allergy is increased worldwide and cow’s milk is the food that sensitization occurs more frequently in infants. The most common clinical manifestations are immediate reactions, with skin (angioedema, urticarial, dermatitis) and digestive symptoms (vomiting, acute diarrhea); respiratory and systemic symptoms are less frequent. The suspected diagnosis is based on clinical history, which must be confirmed with the improvement by milk food derivate elimination from the diet and if possible, a positive challenge test after variable period of time. It is recommended perform allergic tests in the improvement patient after the suppression, to confirm whether milk allergy is IgE or non-IgE mediated. The only treatment that has proven effective is elimination diet, which must be as strict as possible, in exclusively breast-fed infants with maternal milk food derivates avoidance diet, and in formula-fed with extensively hydrolyzed cow milk protein or soy protein-based formulas. The prognosis is usually good and most will tolerate milk proteins at two years of age, earlier when presented in isolation; in contrast, in the polysensitized patient usually takes more years to disappear. In the case of not reaching the tolerance, oral immunotherapy is one option, but still limited to research.

 

Palabras clave: Hipersensibilidad alimentaria; Alergia a leche de vaca; Tratamiento; Desensibilización; Prevención.

Key words: Hypersensitivity food; Cow’s milk allergy; Treatment; Immunotherapy; Prevention.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(8): 554-563


Alergia a proteínas de leche de vaca

 

Introducción

La alergia alimentaria es una reacción de hipersensibilidad a alimentos mediada por mecanismo inmunológico, con una prevalencia en aumento, entre 1-10%.

La alergia alimentaria es un importante problema de salud que afecta a adultos y niños, con clínica variable, síntomas digestivos, respiratorios y cutáneos, y que oscila desde leve hasta grave o, incluso, mortal(1). Su prevalencia está aumentando, con un incremento también en las reacciones graves, como la reacción anafiláctica(2).

En el año 2001, con el fin de unificar conceptos, la EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Immunology) propuso un conjunto de definiciones para estas reacciones, basadas en los mecanismos que inician y median en estas respuestas(3):

•Hipersensibilidad: cualquier tipo de síntoma y/o signo reproducible e iniciado tras la exposición a un estímulo definido, como un alimento, y a una dosis tolerada por sujetos normales.

•Alergia: reacción de hipersensibilidad con mecanismo inmunológico demostrado o muy probable y que, a su vez, puede ser: mediada o no mediada por IgE.

En el caso de un alimento, cualquier tipo de reacción adversa es una hipersensibilidad alimentaria y, si se demuestra mecanismo inmunológico, se cataloga como alergia alimentaria, que puede ser mediada o no por IgE. Para el resto de las reacciones, donde no se demuestra mecanismo inmune (intolerancia, respuesta farmacológica, tóxica, etc.) se propone el término hipersensibilidad alimentaria no alérgica (Fig. 1)(3); en lo que antes se conocía como intolerancia alimentaria, ahora se recomienda emplear el término alergia alimentaria no mediada por IgE.

 

Figura 1. Clasificación de la hipersensibilidad alimentaria(1).

 

En Europa existe un estudio de cohortes, estudio EuroPrevall, realizado desde 2005 a 2010, en 9 países, incluyendo a más de 12.000 neonatos, donde se constatan cifras de prevalencia de alergia alimentaria muy variables según los países: 32% (Polonia), 26% (Holanda), 14-17% (Islandia, Inglaterra, Alemania), 9-11% (Italia, España, Lituania) y 5% (Grecia)(4).

En un metaanálisis que revisa 51 estudios publicados, refieren alergia a alimentos el 3-35% de los pacientes, pero sólo 6 trabajos confirman el diagnóstico por prueba de provocación oral (prueba ideal para el diagnóstico de alergia alimentaria), con una frecuencia de 1-10,8%. Los alimentos que con más frecuencia están implicados en esta reacción son leche, huevo, y el tercero está más en relación con la dieta local: p. ej., pescado en España, cacahuete en Estados Unidos o Inglaterra(5).

Se han identificado unos factores de riesgo para el desarrollo de alergia alimentaria: factores hereditarios (antecedentes familiares de alergia, mutaciones en el gen de la filagrina), obstétricos (primer hijo, parto por cesárea), microbianos (la flora intestinal del lactante alérgico tiene más bacterias, anaerobios y menos levaduras que la del niño sano), dietéticos (bajos niveles de vitamina D, consumo reducido de ácidos grasos poliinsaturados), exposición a alérgenos (intraútero, alimentación de la madre durante la lactancia materna)(2).

La alergia alimentaria es más frecuente en la edad pediátrica, debido a que los alimentos más implicados son leche y huevo, que se suelen tolerar en los primeros años de la vida hasta en el 80% de los pacientes.

Alergia a proteínas de leche de vaca

En los últimos años, se están publicando numerosas guías basadas en artículos y en opiniones de expertos, tanto nacionales como internacionales, sobre el diagnóstico y el manejo de la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV). Así, en 2008, la Organización Mundial de Alergia declaró la APLV como un área que necesita una revisión basada en la racionalidad según los conocimientos de las últimas décadas, publicando posteriormente una guía: DRACMA (Diagnosis and Rationale for Action against Cow’s Milk Allergy) para establecer unas recomendaciones basadas en las evidencias disponibles(6). Pero también, hay guías realizadas en países, como Estados Unidos(1), Australia(7) o por sociedades científicas como, además de la Sociedad Mundial de Alergia, la Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica (ESPGHAN)(8).

Epidemiología

La prevalencia de alergia a proteínas de leche de vaca está entre 0,5-2%; debuta en los primeros meses de vida y tiene un carácter transitorio hasta en el 80% de los casos.

Las proteínas de leche de vaca son el primer alérgeno alimentario al que se expone el niño; por lo que, suele ser responsable de las primeras reacciones alérgicas a alimentos que se manifiestan en el lactante(9).

Su prevalencia es difícil de establecer, con una amplia variación entre publicaciones debido a la diferente metodología empleada, tanto en la definición de alergia (cualquier reacción adversa, mediada por mecanismo inmunológico o mediada por IgE) como en el diseño del estudio (encuesta, provocación oral)(1). La frecuencia de reacciones adversas frente a proteínas de leche de vaca oscila entre 1-17,5% en los preescolares, 1-13,5% entre 5 y 16 años y 1-4% en adultos; tras la realización de pruebas de provocación oral con leche, los valores bajan a 0,5-2%, 0,5% y menos del 0,5%, respectivamente(6). En un estudio de cohortes realizado en España, con seguimiento de 1.633 neonatos durante 1 año, se constató una incidencia de reacciones adversas a leche de vaca en 56 lactantes (3,3%), confirmándose APLV mediante provocación, sólo en 6 casos (0,36%)(10).

Suele presentarse antes de los 3 años, pero lo más frecuente es en los primeros meses de la vida(6).

Alérgenos de la leche de vaca

Las proteínas de la leche son termorresistentes y con reacción cruzada con las proteínas de la leche de otros mamíferos. La sensibilización más frecuente es a la caseína.

La leche de vaca contiene más de 40 proteínas; los alérgenos principales son(6):

•Caseína (Bos d 8): representa al 80% de la proteína contenida en la leche de vaca, con 4 diferentes tipos; la mayoría de los pacientes están sensibilizados a a-caseína (100%) y ?-caseína (91,7%).

•Proteínas séricas:

–a-lactoalbúmina (Bos d 4): es el 5%; pertenece a la superfamilia de las lisozimas. Están sensibilizados a esta proteína entre el 0-80% de los APLV.

–ß-lactoglobulina (Bos d 5): es la proteína sérica más abundante (10% de la proteína total), pero no está presente en la leche humana. Pertenece a la familia de las lipocalinas y su función es todavía desconocida. El porcentaje de alérgicos que responden frente a esta proteína está entre 13-76%.

–Seroalbúmina bovina (Bos d 6): es la proteína principal del suero y está involucrada en la alergia a leche y también a la carne de ternera. Están sensibilizados el 0-88% de los pacientes, pero con síntomas clínicos sólo en el 20%.

Son proteínas resistentes a la temperatura y en algunas ocasiones, como con calentamiento vigoroso (121º durante 20 minutos), pueden incluso aumentar algunas características alergénicas, sobre todo en la ß-lactoglobulina, formándose nuevas estructuras inmunológicamente reactivas(6).

Existe reactividad cruzada entre las proteínas de leche de mamíferos, principalmente entre bóvidos (vaca, cabra y oveja), y son menos frecuentes con suidos (cerda), équidos (yegua, mula) o camélidos (su leche, como la leche humana, no tiene ß-lactoglobulina)(6).

Clínica

La clínica más frecuente en las reacciones inmediatas es la cutánea y la más grave es la reacción anafiláctica. Entre las reacciones tardías, predominan las manifestaciones digestivas y cutáneas (dermatitis atópica).

La APLV suele ser la primera alergia que se diagnostica en el lactante y, a menudo, precede a otras alergias alimentarias, como el huevo o el pescado. El espectro de reacciones adversas a la leche es muy amplio, y siguiendo la clasificación propuesta por la EAACI y refrendada por otros autores(1,3,8,11) (Tabla I):

 

 

I.Reacciones alérgicas inmediatas. Suele ocurrir desde unos minutos a dos horas después de la ingesta de leche; suele presentar sensibilización mediada por IgE (con pruebas cutáneas o IgE específica positivas) y frecuente sensibilización a otros alimentos. Los síntomas pueden ser:

a.Anafilaxia. Es la manifestación más grave de APLV. Asocia inicio rápido de síntomas cutáneos (urticaria local o generalizada, angioedema), digestivos (síndrome de alergia oral, dolor abdominal, vómitos o diarrea), respiratorios (en 80% de los casos: disnea, broncoespasmo, estridor, hipoxemia), cardiovasculares (en 20% de las reacciones: hipotensión, síncope, shock) y neurológicos (temblores, confusión, convulsiones y síncope). Puede tener curso bifásico en el 10% de los casos, precisando más de 1 dosis de adrenalina. En otras ocasiones puede presentar la forma de “anafilaxia a leche de vaca inducida por ejercicio”, que está descrita en paciente con antecedente de APLV (después de desensibilización oral e, incluso, después de haber adquirido tolerancia) que, tras ingesta de leche, realiza ejercicio físico, presentando en ese momento una reacción anafiláctica.

b.Reacciones gastrointestinales. Puede tener síntomas desde boca hasta intestino distal. Tras la ingesta de leche, puede presentar síndrome de alergia oral (edema en labios, prurito oral, edema en lengua, molestias a la deglución); a nivel del estómago y del intestino delgado, produce náuseas, vómitos, dolor abdominal tipo cólico; en intestino grueso: dolor abdominal, diarrea y, ocasionalmente, heces con sangre. El 50% de los niños con síndrome de intestino corto presentan APLV.

c.Síntomas respiratorios.

1.Asma y rinitis secundaria a ingesta de leche de vaca. Es rara como presentación aislada y suele asociarse a manifestaciones graves; la rinitis es frecuente durante la prueba de provocación (70% de los casos): prurito nasal, congestión, rinorrea, estornudos.

2.Asma y rinitis secundaria a inhalación de proteínas de leche de vaca. La inhalación de vapor de leche hirviendo puede originar síntomas respiratorios graves. Hay casos descritos, incluso, por la lactosa presente en algunos inhaladores de polvo seco.

d.Síntomas cutáneos. Son las manifestaciones más frecuentes. Incluye exantema máculo-papular, eritema y angioedema. Se puede presentar tanto por ingestión como por inhalación o por contacto accidental.

e.Otros. Se ha encontrado un mayor número de APLV en pacientes con epilepsia, hipogammaglobulinemia e inmunodeficiencias primarias (p. ej., síndrome hiper IgE).

II.Reacciones tardías. Presentes en algunos niños y en muchos adultos, sin anticuerpos IgE-específicos frente a leche (pruebas cutáneas y RAST negativos); aparecen los síntomas desde 2 horas a días después de la ingestión de leche, siendo los más frecuentes los cutáneos y digestivos:

 

 

a.Dermatitis atópica. Tanto por ingesta como por contacto con leche. Un tercio de los pacientes con dermatitis atópica moderada-grave tienen alergia alimentaria y la leche es el segundo alimento implicado con más frecuencia, sobre todo en menores de 2 años. Un correcto diagnóstico y la supresión de alimentos lácteos pueden ayudar a mejorar los síntomas eccematosos.

b.Síntomas digestivos. La APLV puede presentar una gran variedad de síntomas: náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, pérdida de peso, fallo de medro. Los cuadros clínicos digestivos más frecuentes, que se suelen resolver a los 2-3 años de vida, son espasmo cricofaríngeo, reflujo gastroesofágico, esofagitis eosinofílica, estenosis pilórica, enteropatía sensible a proteínas vacunas, gastroenteritis y proctocolitis, estreñimiento y colon irritable. El diagnóstico se suele basar en la mejoría con la dieta de supresión de proteínas vacunas: lactancia materna exclusiva con dieta exenta en leche y derivados o fórmula láctea altamente hidrolizada.

1.Enteropatía sensible a proteínas de leche de vaca. Poco frecuente, presenta vómitos proyectivos, hipotonía, palidez, diarrea entre 1 y 3 horas después de la ingesta de fórmula artificial, que evolucionan a pérdida de peso, hipoalbuminemia, anemia, aumento de a-1-antitripsina en heces, deshidratación e, incluso, shock. No se ve durante la lactancia materna exclusiva, hasta que no se introduce fórmula láctea. Puede producirse con otros alimentos, como soja, y remite en los 3 primeros años de vida. El tratamiento es mediante fórmula altamente hidrolizada o, incluso, fórmula elemental a base de aminoácidos.

2.Proctocolitis sensible a proteínas de leche de vaca. Suele aparecer a partir del 2º mes de vida; las heces pueden ser normales o con diarrea leve, con hemorragia rectal leve y buen desarrollo ponderal.

c.Síndrome de Heiner o hemosiderosis pulmonar inducida por proteínas de leche de vaca. Es una enfermedad poco frecuente, con infiltrados pulmonares recurrentes asociados con tos crónica, fiebre recurrente, taquipnea, sibilancias y pérdida de peso; en radiografía de tórax, hay infiltrado parcheado, con atelectasias y condensación y adenopatías hiliares, y, en analítica, se encuentran precipitinas a proteínas de leche de vaca.

d.Otros. Se ha encontrado asociación entre APLV y dolor abdominal recurrente y trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Estas asociaciones requieren una interpretación prudente y más apoyo bibliográfico.

Diagnóstico

El diagnóstico de alergia a proteínas de leche de vaca se establece en una historia clínica compatible, presencia de sensibilización a leche de vaca (mediante prick o RAST) y mejoría al suprimir la leche y derivados de la alimentación. La prueba ideal o “gold standard” para confirmar el diagnóstico es la provocación oral.

El diagnóstico de APLV comienza con la sospecha clínica y termina con la prueba de provocación oral. Incluye la realización de una buena historia clínica, estudio del mecanismo inmunológico mediante la demostración de IgE específica y la comprobación de la relación entre mejoría de los síntomas tras la supresión de los lácteos y la reaparición de síntomas al introducirlo de nuevo(11).

Historia clínica

Tiene que ser detallada, incluyendo: antecedentes familiares y/o personales de atopia, tipo de alimentación (materna, artificial, presencia de biberones esporádicos), tipo y edad de inicio de los síntomas, frecuencia, tiempo desde ingesta hasta aparición de síntomas, cantidad de leche necesaria para producirlos, reproductibilidad de esta reacción, intervalo desde última reacción, influencia de factores externos (ejercicio, estrés, cambios hormonales), repercusión en crecimiento, tratamientos realizados y efecto de la dieta de supresión. Debe completarse con una exploración física detallada, con valoración del estado nutricional(12). Ante un lactante o niño que presente alguno de los síntomas reseñados en la tabla I y que no pueda ser explicado por otra causa, hay que considerar la APLV como un diagnóstico potencial(8).

Prueba de supresión

Ante síntomas compatibles con reacción alérgica a proteínas vacunas hay que suprimir leche y derivados de la alimentación para constatar la desaparición de los síntomas. Si no hay mejoría en 2-4 semanas, hay que reintroducir la leche; pero si hay mejoría al suprimir los lácteos, hay que remitir al paciente a la unidad de alergia pediátrica de referencia para completar el estudio alergológico(6).

Se debe evitar la ingesta accidental, así como la inhalación o el contacto cutáneo con leche, evitar las proteínas que tengan reacción cruzada (leche de cabra o de oveja hasta en el 75% de los APLV, carne de ternera en el 20% de los mismos) y valorar el estado nutritivo. Si está con lactancia materna, la madre tiene que evitar lácteos de vaca y de otros mamíferos (oveja, cabra) y si está con fórmula artificial, se cambiará, en los menores de 2 años, por leche extensamente hidrolizada o por leche de soja(6).

 

Figura 2. Algoritmo diagnóstico ante lactante menor de 1 año son síntomas leves o moderados de alergia a proteínas de leche de vaca(11).

 

Presencia de sensibilización mediada por IgE

Ante la sospecha de APLV por presentar síntomas compatibles y mejoría tras la supresión de lácteos, hay que evaluar la presencia de sensibilización mediada por IgE frente a proteínas de leche de vaca. A la vista de los datos publicados, el uso de estas pruebas diagnósticas está en relación con los datos clínicos, la probabilidad pretest de enfermedad (basada en la clínica: alta o baja sospecha) y las características de la unidad de alergia (si la prueba de provocación oral es considerada como un requerimiento para establecer el diagnóstico en todos los pacientes o no)(6).

Los tipos de pruebas a realizar son:

•Pruebas cutáneas. Se realizan mediante prick test; es una técnica rápida, barata, aunque no exenta de riesgos (es prueba in vivo). Consiste en colocar una gota del alérgeno comercial que queremos estudiar en la cara anterior del antebrazo, pinchar con una lanceta encima de cada gota para que la solución penetre en la capa superficial de la piel y a los 15 minutos medir el tamaño de la pápula. Se recomienda emplear los preparados comerciales de leche de vaca, a-lactoalbúmina, ß-lactoglobulina, caseína, histamina (control positivo) y suero salino (control negativo); se recomienda también realizar la prueba a carne de vaca para excluir su sensibilización (presente en 20% de pacientes con APLV) y estudiar otros alimentos no introducidos (huevo y pescado). Se considera positivo un tamaño de pápula superior a 3 mm(6); una pápula superior a 10 mm se asocia con alergia persistente(8). El valor predictivo negativo del prick test ante un paciente con reacción inmediata está en el 90-95% y, si se emplea leche fresca (leche de vaca entera pasteurizada) mediante prick-prick test (pinchar con la lanceta el alimento y después pinchar la piel), puede llegar hasta el 97%(11).

•Pruebas analíticas. La rentabilidad de la determinación de IgE específica en suero para el diagnóstico de alergia inmediata es similar al prick test. Dependiendo del punto de corte que se establezca, va a cambiar la sensibilidad y la especificidad de esta prueba (Tabla I); a medida que aumenta el punto de corte disminuye la sensibilidad (aumentan los falsos negativos) y aumenta la especificidad (disminuyen los falsos positivos). Se suele emplear como punto de corte un valor de IgE específica =0,35 kU/L(6,13). Valores superiores a 2,5 tienen un alto valor predictivo positivo, por lo que se podría obviar la prueba de provocación y un progresivo descenso en el seguimiento va asociado a tolerancia(6).

Prueba de provocación oral

El diagnóstico de APLV debería ser confirmado con una prueba de provocación oral abierta o ciega controlada con placebo, dependiendo de la historia clínica, síntomas y edad del niño; sin embargo, hay circunstancias en que la prueba de provocación oral puede omitirse: si hay probabilidad alta de APLV o si la prueba de provocación puede tener riesgo elevado de presentar síntomas (p. ej., antecedente de anafilaxia)(8).

Es la prueba “gold standard” para confirmar la existencia de APLV, pero es laboriosa, consume tiempo, recursos y puede tener riesgos para el paciente(6). Se realiza en medio hospitalario, por personal preparado y habituado a valorar y tratar las reacciones alérgicas e, incluso, si hay riesgo de reacción grave se hará en una unidad de cuidados intensivos.

Consiste en dar dosis crecientes de leche, cada 30 minutos: 0,1 ml, 0,3 ml, 1 ml, 3 ml, 10 ml, 30 ml, 100 ml (total: 144 ml) y mantenerle en observación durante 2 horas, para constatar la presencia de reacciones inmediatas (2 horas después de la ingesta) y/o tardías (de 2 horas a incluso 14 días)(6,8). El Comité de Alergia a Alimentos de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP) propone también otra pauta segura, con la administración de leche cada 60 minutos: 2 ml, 5 ml, 10 ml, 25 ml, 50 cc y 100 ml (total: 192 ml), con supervisión durante 3 horas después de la última dosis y que se puede realizar en 1, 2 o 3 días(14).

En la figura 2, se propone un algoritmo diagnóstico ante la sospecha de APLV con reacciones leves o moderadas(8,11). En el caso de reacción inmediata con síntomas graves, como una reacción anafiláctica, se recomienda supresión de proteínas vacunas en su alimentación y derivar a consulta de alergia pediátrica, recomendando provocación, como pronto después del año y no antes de 6-12 meses de la reacción grave; en reacción tardía con síntomas graves, como diarrea crónica, enteropatía pierde proteínas, esofagitis eosinofílica, se recomienda supresión de proteínas vacunas (no dar fórmula de soja) y, si hay mejoría, realizar prueba de provocación después del año y no antes de 6-12 meses de la reacción pero, si no existe mejoría, hay que realizar estudio alérgico y, si las pruebas son negativas, volver a reintroducir la fórmula adaptada(11).

Evolución y pronóstico

El pronóstico es bueno; a los 5 años, la tolerancia es completa en los casos de alergia no mediada por IgE y del 80% en la alergia mediada por IgE. Son factores de mal pronóstico: inicio precoz y con síntomas intensos, sensibilización a caseína, sensibilización a otros alimentos y/o neumoalérgenos, prick test a leche de vaca fresca superior a 10 mm, exposición sintomática a cantidades de leche inferiores a 10 ml.

La historia natural es favorable; tras un periodo variable de evitación, el paciente puede llegar a tolerar la leche, aun manteniendo algún grado de sensibilización (cutánea o analítica)(9). El 50% de los pacientes toleran leche de vaca a los 2 años del diagnóstico y el 80% a los 3-5 años; el 15% de los niños con APLV mediada por IgE eran todavía alérgicos después de los 8 años, mientras que todos los que presentaban reacciones no mediadas por IgE eran tolerantes a los 5 años(6). Se asocian con persistencia de la sensibilización: antecedentes familiares positivos de enfermedad atópica (asma, rinitis, dermatitis atópica), síntomas respiratorios, síntomas intensos en el momento del diagnóstico, sensibilización a caseína, co-sensibilizaciones a otros alimentos o neumoalérgenos(6); más recientemente se han implicado más factores: exposición sintomática con dosis menores de 10 ml de leche, inicio de los síntomas antes del mes, prick-prick test a leche fresca superior a 10 mm(15) y gravedad en la dermatitis atópica(16).

Otra posible influencia en la evolución es la genética. Los niños que comienzan pronto con síntomas respiratorios, con sensibilización a múltiples alimentos y, posteriormente, a neumoalérgenos, suelen tener una APLV más prolongada. Estos datos justifican que el modelo de la marcha alérgica puede aparecer en determinados fenotipos y no en todos los individuos atópicos(6).

Tratamiento

El pilar fundamental del tratamiento es la supresión de leche y derivados de la alimentación. Se recomienda, si está con lactancia materna, que la madre no tome lácteos; en caso de lactancia artificial, debe tomar fórmula láctea extensamente hidrolizada o en mayores de 6 meses y sin clínica digestiva puede tomar fórmula de soja. En el 75% de los casos, asocia sensibilización a leche de otros mamíferos, por lo que se recomienda su supresión, y en el 20% hay sensibilización a carne de vaca.

El principal tratamiento y el más habitual es el tratamiento pasivo, con la supresión completa de leche y derivados de la alimentación. Hay que prevenir tanto la inhalación como el contacto cutáneo con leche. La alergia a carne de vaca implica alergia a leche de vaca en la mayoría de los casos, pero no al contrario; sin embargo, es frecuente la sensibilización cruzada a leche de otros rumiantes (cabra, oveja)(6). Deben eliminarse de la alimentación, además de los lácteos, alimentos en cuya composición figuren: lactoalbúmina, lactoglobulina, suero, proteínas de suero, caseína o caseinatos (H4511, H4512) y aditivos que empiezan por raíz lact-(E325, E326, E327, E472, E480, E481, E482, E575, E585, E966).

Las recomendaciones son(6):

•Lactancia materna. Continuar con lactancia materna siempre que sea posible. La madre debe evitar al máximo la ingesta de leche y derivados; debe recibir un suplemento de calcio: 1 g/día, en varias dosis. La prolongación de la lactancia materna es el mejor método de prevención y tratamiento de las reacciones adversas a la PLV; sólo debe recurrirse a fórmulas especiales cuando aquella deba suplementarse o no pueda llevarse a cabo(17).

•Fórmula adaptada. No sería necesaria durante la lactancia materna ni a partir de los 2 años. Se empleará fórmula extensamente hidrolizada (tolerada por el 90% de los lactantes con APLV) o fórmula de soja (aunque no es hipoalergénica, se puede emplear para tratar APLV, pero no antes de los 6 meses, salvo que esté hidrolizada); no se pueden emplear como tratamiento de alergia las fórmulas parcialmente hidrolizadas, ni la leche de otros rumiantes, como oveja o cabra. En pacientes con altos niveles de sensibilización o, si hay antecedente de reacción anafiláctica, puede ser recomendable la administración de fórmula elemental (aminoácidos).

Puede haber fracasos en el tratamiento en el 10% de los casos, debido a la presencia de restos de alérgenos en la fórmula extensamente hidrolizada, con síntomas fundamentalmente gastrointestinales, aunque también hay descritas reacciones
inmediatas.

•Otros alimentos. Introducir alimentos nuevos de forma individual, en pequeñas cantidades, doblando la cantidad diariamente hasta conseguir la cantidad adecuada a su edad. Se empieza con alimentos con baja alergenicidad: manzana, pera, arroz, patata, calabaza, zanahoria, calabacín, pollo y cordero; se recomienda retrasar los alimentos más alergénicos: pescado, legumbres, yema de huevo a partir del año y clara a partir de los 18 meses y no introducir frutos secos hasta los 3 años(14).

•Tipos de fórmulas de sustitución. Se emplean varios tipos de fórmulas (Tabla III)(14):

 

 

–Proteína de soja. La soja pertenece a la familia de las leguminosas y no tiene reacción cruzada con la leche de vaca pero, al ser proteína entera, existe el riesgo de sensibilización (desaparece en la fórmula de hidrolizado de soja); son fórmulas más baratas y con mejor sabor que la fórmula de proteína láctea hidrolizada. Las necesidades nutritivas están bien cubiertas en el niño y en adulto, pero no en el recién nacido y necesita ser suplementada con aminoácidos azufrados (metionina); la presencia de fitatos, manganeso, aluminio y fitoestrógenos (isoflavonas) en su composición requiere estudios a largo plazo que documenten la falta de efectos adversos. Las fórmulas de soja pueden utilizarse en el tratamiento de la APLV en todas sus manifestaciones, excepto en lactantes menores de 6 meses (salvo que esté hidrolizada), cuando exista enteropatía o malabsorción y tampoco están indicadas con fines preventivos(12,17).

–Proteína de arroz hidrolizada. Ofrece ventajas sobre la proteína de soja: tiene poco valor alergénico (su proteína está hidrolizada) y carece de fitoestrógeno.

–Proteína de leche de vaca extensamente hidrolizada. La Academia Americana de Pediatría considera una fórmula como extensamente hidrolizada si el peso molecular de los péptidos residuales no excede de 3.000 daltons(18). Son más caras, con sabor y olor desagradables. Rara vez producen reacciones alérgicas, pero en lactante muy sensibilizado y antes de la administración de esta fórmula, se recomienda realizar prick-prick test con esta leche fresca y provocación oral abierta. Las fórmulas parcialmente hidrolizadas o fórmulas HA, cuyos péptidos tienen un peso molecular generalmente menor de 5.000 daltons, nunca deben emplearse para el tratamiento de lactantes con APLV(6).

–Fórmula elemental, a base de aminoácidos sintéticos. No existe riesgo de reacción adversa. Sus inconvenientes principales son el precio y el sabor. Se emplearán en el lactante que no tolera ninguno de los preparados anteriores (reacciones anafilácticas graves), en alergias alimentarias múltiples y diarreas intratables(19).

•Reevaluación. No hay evidencia suficiente para recomendar intervalos óptimos. La duración de la exclusión dependerá de la edad, severidad de los síntomas y positividad en IgE específica. Se recomienda realizar provocación a los 3 meses si los síntomas son leves y las pruebas alérgicas negativas o, incluso, después de estar 12 meses con dieta especial si los síntomas son intensos o las pruebas alérgicas son claramente positivas; el objetivo es evitar una dieta restrictiva durante tiempo innecesario. Si la prueba de provocación es positiva, se puede continuar la dieta de supresión durante 6-12 meses(8).

•Inmunoterapia oral. La inducción de tolerancia oral es un tratamiento activo en el paciente con APLV; consiste en la administración diaria de leche, al principio con dosis muy bajas (dilución 1/100) y, posteriormente, crecientes hasta conseguir la tolerancia a las dosis habituales y que se suele conseguir hasta en el 80% de las ocasiones. La probabilidad de tolerar 150 ml de leche de vaca es 17 veces más frecuente en el paciente que recibe inmunoterapia oral con leche que en el individuo control; la tolerancia parcial (entre 5 y 150 ml), también es 20 veces más frecuente si se realiza desensibilización oral, pero se produce prurito en labios y en la boca en un alto porcentaje de pacientes. La revisión DRACMA recomienda a los clínicos no realizar inmunoterapia oral, salvo con fines de investigación(6).

Medidas preventivas

La medida más eficaz en el lactante para prevenir la aparición de enfermedades alérgicas es prolongar la lactancia materna exclusiva más de 4 meses.

No hay un acuerdo en cuanto a las medidas de prevención primaria; por otro lado, la alta prevalencia de la APLV hace que gran número de lactantes reciban fórmulas alimentarias especiales y dietas restrictivas, ya sea para su tratamiento o para prevención. A efectos prácticos, los Comités de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría, ESPGHAN y de la Asociación Española de Pediatría, han hecho unas recomendaciones basadas en estudios clínicos y que han sido revisadas por la Sección de Pediatría de la Academia Europea de Alergia(20):

•Para todos los lactantes:

–La madre no debe realizar ninguna dieta especial durante el embarazo ni durante la lactancia.

–La lactancia materna debe ser exclusiva, por lo menos, durante 4 meses y, si es posible, durante 6 meses, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

–Si necesita un suplemento se recomienda una fórmula adaptada de leche de vaca.

–Retrasar la introducción de alimentación complementaria hasta los 6 meses o, al menos, hasta los 4 meses.

•Para los lactantes con alto riesgo de alergia (con al menos uno de los padres o un hermano con enfermedad alérgica documentada):

–Si necesitan un suplemento para la lactancia materna, se recomienda utilizar una fórmula extensamente hidrolizada hasta los 4 meses de edad. A partir de los 4 meses, el niño de alto riesgo puede ser alimentado como el que no tiene riesgo de alergia.

–Si el niño recibe lactancia artificial, no se precisa ningún tipo de fórmula especial.

Junto con estas medidas se deben realizar otras no dietéticas; la más importante es evitar la exposición al humo del tabaco desde el embarazo.

Es muy importante advertir acerca del empleo inadecuado e injustificado de dietas durante la lactancia que, junto a problemas nutricionales, pueden conducir a la pérdida de tolerancia en lactantes de riesgo alérgico.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Revisa y actualiza los términos de las reacciones alérgicas y procesos relacionados, independientemente del órgano de choque y de la edad, sin revisar la nomenclatura de la hipersensibilidad no alérgica. Está realizada por la EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Immunology).

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Hace una amplia revisión de todos los aspectos relativos a la alergia a proteínas de leche de vaca, para racionalizar el diagnóstico y el tratamiento, basado en recopilación de los artículos publicados. Está avalado por la WAO (World Allergy Organization).

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Elabora una guía para el manejo del paciente con sospecha de alergia a proteínas de leche de vaca en Europa; propone un algoritmo diagnóstico basado en las guías ya publicadas. Está avalado por la ESPGHAN (European Society for Pediatric Gastroenterology, Hepatology And Nutrition).

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Guía consenso entre las sociedades de alergia y gastroenterología pediátrica italiana sobre alergia a proteínas de leche de vaca, con 3 algoritmos: paciente menor de 1 año con síntomas sugestivos de alergia a leche de vaca, de intensidad leve-moderada, grave y lactante con alergia no mediada por IgE durante lactancia materna.

–Moreno García L. Alergia a las proteínas de leche de vaca. Bol SPAO. 2010; 4: 55-67.

Revisión amplia del tema, con propuesta de un algoritmo diagnóstico-terapéutico ante un paciente con sospecha de alergia a proteínas de leche de vaca.

–Dalmau Serra J, Martorell Aragonés A. Alergia a proteínas de leche de vaca: prevención primaria. Aspectos nutricionales. An Pediatr (Barc). 2008; 68: 295-300.

Artículo de consenso realizado entre el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría y el Comité de Alergia Alimentaria de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica, sobre las recomendaciones actuales para la prevención primaria en la alergia a proteínas de leche de vaca y revisa los aspectos nutricionales en lactantes que reciben fórmulas especiales y dietas de exclusión.

 

Caso clínico

Lactante de 5 meses que acude a la consulta de su pediatra del centro de salud por presentar lesiones eritematosas en cara y habones aislados, pruriginosos, en tronco, al 2º día de introducir fórmula adaptada, acompañado de rechazo de tomas (había tomado un máximo de 30 ml). Se recomienda suprimir leche y derivados, pero los padres, a la semana, intentan darle otro biberón, con rechazo de la toma (tomó un máximo de 20 ml), presentando, a los 15 minutos, lesiones habonosas generalizadas con vómito alimenticio en una ocasión, cediendo los síntomas en 1-2 horas sin medicación.

No hay antecendentes familiares de interés y entre los personales, es el primer hijo, con embarazo controlado, parto por cesárea por no progresión, con lactancia materna exclusiva.

 

Prevención de las enfermedades alérgicas

Temas de FC

S. Nevot Falcó, C. Gómez Galán

Fundació Althaia. Xarxa Assistencial i Universitària de Manresa.
Hospital Sant Joan de Déu. Manresa, Barcelona

 

Resumen

Las enfermedades alérgicas han aumentado en las últimas décadas en todo el mundo y se estima que continúen incrementándose en los próximos años, lo cual representa y representará un elevado coste sanitario y una importante alteración en la calidad de vida de los niños afectos y de sus familiares. Por lo tanto, es importante reconocer a aquella población de riesgo de desarrollar atopia y entender los factores de riesgo modificables relacionados con la aparición de la enfermedad o la exacerbación de los niños y establecer unas medidas de prevención de sensibilización alergénica (prevención primaria). Además, realizar un diagnóstico etiológico correcto en el caso de niños ya sensibilizados, actuar mediante medidas de evitación adecuadas y específicas en cada caso, intentando suprimir el alérgeno responsable, forma parte del nivel de prevención secundaria. Conocer los tratamientos farmacológicos de los que disponemos en la actualidad es importante, pero la educación del paciente en relación a la patología alérgica y el conocimiento de los factores desencadenantes de la sintomatología (específicos e inespecíficos) es una parte indispensable del tratamiento integral de esta enfermedad. Por todo esto, el pediatra y el médico de Atención Primaria constituyen un pilar básico en la prevención de las enfermedades alérgicas.

 

Abstract

Allergic diseases have increased in recent decades throughout the world and is expected to continue increasing in coming years. Consequently a high cost as much at individual level will take place as sanitary. Therefore, the role of prevention is essential to slow and control the occurrence of allergic diseases.
It is important to recognize the risk population of developing atopy and establish measures to prevent allergen sensitization (primary prevention). In addition, to make a correct etiological diagnosis for children already sensitized, to act through specific measures of avoidance in each case trying of suppressing the responsible allergen, is part of the level of secondary prevention. To know the pharmacological treatments available to us at present is important, but patient education regarding allergic diseases and the knowledge of the triggers of symptoms (specific and nonspecific) is an indispensable part of comprehensive treatment of this disease. By all this, the pediatrician and primary care physicians are a cornerstone in the prevention of allergic diseases.

 

Palabras clave: Prevención; Aeroalérgenos; Rinoconjuntivitis; Asma; Alergia alimentaria.

Key words: Prevention; Aeroallergens; Rhinoconjunctivitis; Asthma; Food allergy.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(8): 545-553


Prevención de las enfermedades alérgicas

 

Introducción

Entre las enfermedades alérgicas destacan la rinoconjuntivitis, el asma, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria, todas ellas frecuentes en la edad pediátrica y con un aumento en su prevalencia en los últimos años.

Las enfermedades alérgicas afectan, en el momento actual, a más de una cuarta parte de la población española. Es un hecho evidente y referido por numerosos estudios epidemiológicos el que están aumentando y se estima que continúen incrementándose en los próximos años.

Entre estas enfermedades se encuentran la rinoconjuntivitis alérgica, el asma, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria, todas ellas frecuentes en la edad pediátrica y que desencadenan síntomas molestos y disminuyen la calidad de vida de los pacientes afectos, además de un elevado coste, tanto individual como del sistema sanitario.

En la génesis de las enfermedades alérgicas, influyen factores ambientales que interactúan con la susceptibilidad genética del individuo. Se define como alérgeno a un antígeno, la mayoría proteínas, que produce una reacción clínica y que se traduce en una respuesta de hipersensibilidad.

En lo que se ha denominado la “marcha atópica”, la primera aparición es la dermatitis atópica y/o la alergia a proteínas de leche de vaca, que tiene una prevalencia elevada de los tres meses a los tres años de vida. Le sigue la rinoconjuntivitis, que suele desarrollarse a partir de los dos años y puede continuar hasta la adolescencia. Las sibilancias precoces transitorias, típicas de la primera infancia, son provocadas por virus respiratorios y ocasionan obstrucción bronquial. Los persistentes seguirán silbando durante la edad escolar y la adolescencia(1).

Se afirma que el riesgo de llegar a presentar enfermedades atópicas durante la infancia depende de factores hereditarios, lo que ha originado en los últimos años que se hayan intentado identificar los genes causales; sin embargo, esta predisposición genética por sí sola, no explica el aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas que se ha observado en los últimos 30 años, por lo que el aumento parece atribuirse entonces a factores ambientales que actúan en una base genética(2). Los cambios ambientales y en la higiene de la población, el estilo de vida, el nivel socioeconómico y los hábitos alimenticios ejercen efectos epigenéticos. Las hipótesis dietéticas se han centrado principalmente en la larga cadena de ácidos grasos poliinsaturados, la vitamina D, antioxidantes, dieta mediterránea, frutas, verduras y el consumo de pescado. Aunque los datos sugieren una cierta asociación entre la dieta y el desarrollo de asma/alergia, no hay evidencia de que la dieta tenga un impacto sobre la prevalencia de estas enfermedades después de la primera infancia(3).

A pesar de la aplicación de novedosos y cada vez más potentes tratamientos farmacológicos, existe un aumento de dichas enfermedades referido por numerosos estudios epidemiológicos realizados.

Tan sólo la evitación del alérgeno y la inmunoterapia específica pueden modificar el curso natural de esta patología(1).

Niveles de prevención

La prevención de las enfermedades alérgicas constituye un pilar básico en la aparición, interrupción y retraso de la progresión de la enfermedad, actuando a tres niveles dependiendo del momento de intervención.

La prevención de las enfermedades alérgicas incluye todas las medidas que nos permitan reducir la probabilidad de aparición de una enfermedad, interrumpir o enlentecer su progresión. Según en el momento en el que actuemos, podemos considerar tres etapas en relación a la prevención de enfermedades alérgicas:

•Prevención primaria: incluye todas aquellas medidas que se puedan tomar antes de aparecer la sensibilización alergénica y que se pueden aplicar a la población de riesgo; es decir, aquella que tiene historia familiar de atopia.

•Prevención secundaria: comprende aquellas medidas dirigidas a pacientes sensibilizados a un alérgeno con o sin clínica. En esta etapa, es importante un diagnóstico precoz (anamnesis, exploración física, pruebas in vivo con alérgenos, pruebas in vitro, pruebas funcionales respiratorias, etc.) y correcto. Una vez identificado el alérgeno responsable, se podrán establecer medidas de evitación adecuadas y específicas para cada neumoalérgeno, siendo los más frecuentemente implicados: pólenes, epitelio de animales, hongos y ácaros del polvo doméstico(4).

•La prevención terciaria: prevención y tratamiento, con supresión de los síntomas después de la expresión clínica de la enfermedad alérgica.

La prevención primaria debe considerarse como la óptima, no obstante, las medidas a este nivel son de eficacia limitada(5).

Epidemilogía de las enfermedades alérgicas

En España, las enfermedades alérgicas representan entre un 3-5% de los motivos de consulta de Atención Primaria. El asma afecta aproximadamente al 9% de los niños de 13-14 años y al 10% de los de 6-7 años y se considera la enfermedad crónica más prevalente en la infancia.

La OMS ha clasificado las enfermedades alérgicas comunes (asma inducida por aeroalérgenos, rinitis alérgica, dermatitis atópica, alergia alimentaria y por fármacos) entre las 6 patologías más frecuentes que afectan a la población mundial. En Europa, estas enfermedades afectan a un 25-30% de la población, siendo en España uno de los principales motivos de consulta en Atención Primaria.

El aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas está claramente relacionado con las características del estilo de vida occidental, en el que se engloban factores como: hábitos dietéticos, estilo de vida, tamaño familiar, acceso a la salud, exposición a los alérgenos, contaminación medioambiental y otros factores aún desconocidos.

El asma se define como la existencia de “sibilancias recurrentes” y/o tos persistente en una situación en la que el asma es probable y se han descartado otras enfermedades frecuentes(6). Es una enfermedad que se inicia durante la infancia y es más frecuente en esta etapa que en cualquier otra, especialmente en los primeros años de vida. En España, el asma afecta aproximadamente al 9% de los niños de 13-14 años y al 10% de los de 6-7 años(7).

Según la publicación del estudio Alergológica 2005, el asma se sitúa como la segunda enfermedad más frecuente estudiada en las consultas de alergología, con una prevalencia del 35% correspondiente a pacientes que acuden a estas consultas(8).

En la infancia, los niños presentan mayor frecuencia de sibilancias, de asma diagnosticada y asma más grave, y una mayor utilización de los servicios de Atención Primaria para el tratamiento del asma que las niñas. Al llegar la pubertad, las diferencias en la incidencia del asma entre los varones y las mujeres disminuyen. En los adultos, algunos informes muestran una prevalencia más alta de los síntomas, una mayor reactividad bronquial y una mayor utilización de los servicios de Atención Primaria por parte de las mujeres. Las infecciones víricas son la principal causa de las reagudizaciones asmáticas en los niños y determinan en gran parte el patrón estacional de los ingresos por asma en los escolares(1).

La rinitis alérgica es una inflamación de la mucosa nasal mediada por inmunoglobulina E tras exposición a un alérgeno(7). Se ha clasificado atendiendo a su posible etiología, en tipos alérgico y no alérgico. La rinitis se considera alérgica cuando puede identificarse un alérgeno causante. Este método de clasificación resulta problemático porque no siempre es posible investigar el estado alérgico de los pacientes y, en cualquier caso, es imposible estar seguros de que una persona no alérgica no presentará reactividad a algún alérgeno que aún no se hubiera estudiado(1).

Siguiendo la guía ARIA, se ha propuesto una nueva clasificación de la rinitis alérgica(9) (Tabla I).

 

 

La rinitis alérgica forma parte de la “marcha atópica” durante la infancia; si bien, la rinitis alérgica intermitente es poco frecuente antes de los dos años de edad. La rinitis alérgica es prevalente, sobre todo durante la edad escolar. En edad preescolar, el diagnóstico de la rinitis es difícil. En niños de edad escolar y adolescentes, los principios de tratamiento son los mismos que en los adultos, aunque se deben ajustar las dosis y poner especial atención en los efectos secundarios de los tratamientos en este grupo de edad(9).

La rinoconjuntivitis alérgica fue el principal motivo de consulta en los servicios de alergología según el estudio Alergológica 2005 (55,5% del total de casos). Hasta los 4 años de edad, la padecen el 6% de la población, cifra que aumenta en etapas posteriores de la vida (a los 6 años más del 40% de los niños pueden presentar rinitis alérgica). El principal factor de riesgo es la sensibilización a alérgenos(7).

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel, muy pruriginosa, con distribución típica de las lesiones según la edad, de curso crónico y recidivante. Se asocia a historia personal o familiar de atopia y es más frecuente en la edad infantil. Los datos publicados hasta la actualidad parecen indicar un aumento de la prevalencia de la dermatitis atópica que actualmente oscila entre el 15% y el 30% en la población infantil y entre el 2% y el 10% en adultos. La prevalencia parece más elevada en grandes ciudades, especialmente en las industrializadas, respecto a áreas rurales y también en el sexo femenino (aunque en la infancia predomina en varones) en una proporción 1,5:1; no encontrándose diferencias significativas raciales. En cuanto a la edad de aparición de la dermatitis atópica, en el 60% de los pacientes aparece antes del primer año de vida (en el 75% de los casos en los primeros 6 meses), en el 85% debuta antes de los 5 años y sólo en el 10% se inicia después de cumplir los 7 años(7).

A pesar de los grandes esfuerzos y la multitud de publicaciones que existen sobre la dermatitis atópica, es difícil comprender el concepto patogénico y la etiología de esta enfermedad. Se trata de una enfermedad clínicamente definida en la que hasta en un 80% de los casos se asocia a asma bronquial y rinoconjuntivitis y en la que intervienen factores constitucionales, tales como mayor sensibilidad inmunitaria, alteraciones genéticas, así como multitud de factores de exposición que ayudan a mantener y exacerbar los síntomas producidos por la misma. Existe entre un 16-25% de las dermatitis atópicas que no se asocian a enfermedades atópicas y con niveles bajos de inmunoglobulina E(7).

La alergia alimentaria se define como la reacción adversa a alimentos mediada por mecanismos inmunológicos. Según la Comisión de Nomenclatura de la European Academy of Allergology and Clinical Inmunology (EAACI), se clasifica la alergia a alimentos en la mediada por inmunoglobulina E y la no mediada por inmunoglobulina E.

La prevalencia al igual que con el resto de las enfermedades alérgicas parece que está en aumento. La sospecha de alergia a alimentos en la primera infancia es frecuente pero sólo en el 5-10% llega a confirmarse. Se observa un pico de prevalencia a la edad de un año de vida, afecta al 6% de los niños menores de tres años y es más frecuente en el sexo masculino(7).

Los alimentos más susceptibles de originar alergia son, entre los 1 y 5 años, la leche de vaca, el huevo y el pescado y en niños mayores de 5 años, coincidiendo con la introducción progresiva de alimentos: legumbres, frutas, frutos secos, mariscos y especias. La prevalencia de alergia a proteínas de leche de vaca se sitúa entre el 2% y el 3% de la población en el primer año de vida y al huevo oscila entre el 0,5% y el 2,7% de la población general durante los primeros años de vida, aunque en nuestra población infantil ocupa el primer lugar.

Prevención de las enfermedades alérgicas

Para poder actuar de forma activa en la prevención de las enfermedades alérgicas, deben conocerse los factores de riesgo y los coadyuvantes, en los que intervienen factores genéticos, ambientales, nutricionales e infecciosos, entre otros.

La prevención de las enfermedades alérgicas ha sido de interés durante décadas y se ha dirigido especialmente a aquellos niños con antecedentes familiares de atopia. Aunque no puede prevenirse de un modo uniforme y definitivo, la información reciente sugiere que existen recomendaciones que una familia puede realizar para retardar o reducir la presentación de patología alérgica en sus lactantes(2).

En las últimas dos décadas, se han conocido nuevos factores de riesgo ambientales (contaminación intra y extramuros), nutricionales (obesidad, ácidos grasos poliinsaturados, PUFA) y estilo de vida. A esto se ha anudado la hipótesis de la higiene como causa de enfermedades alérgicas(2).

Para prevenir las enfermedades alérgicas deben conocerse los factores de riesgo y los coadyuvantes. La prevención primaria parece más difícil y lejana, entre otras cosas, por las informaciones contradictorias actuales.

Existen factores genéticos que predicen la aparición de asma en un niño: la posibilidad de asma atópico en un niño de 18 meses de edad será del 23% aproximadamente cuando los dos padres son alérgicos, del 12% si lo es sólo uno, del 13% si tiene un hermano afecto y del 5% si no hay antecedentes paternos. Estos porcentajes irán aumentando con la edad, y serán del 40-60% si los dos padres son atópicos, del 20-40% si sólo lo es uno de los padres, del 25-35% si tiene hermanos afectos y del 5-15% si no tiene ningún familiar alérgico. Los pacientes con dermatitis atópica tienen un riesgo del 50% de desarrollar un asma alérgica posteriormente, existiendo muchos menos datos sobre el asma de comienzo en el adulto y el anciano. El 50% de los pacientes con rinitis presentan hiperreactividad bronquial, por lo que hay una fácil evolución de la rinitis al asma. Aproximadamente, el 76% de los pacientes con asma tienen, además, rinitis(1).

Recientemente, se han publicado los resultados de un estudio en el cual se investigó el efecto de los antecedentes patológicos de los padres en el origen de las enfermedades alérgicas y se vio que el asma materno se asociaba con desarrollo de asma en las niñas pero no en varones; mientras que, el asma paterno se asoció con asma en niños pero no en niñas. En el caso de la dermatitis atópica, se presentaba de la misma manera, asociándose el eccema materno como factor de riesgo de eccema en niñas y el paterno para los niños(10).

Para predecir la posible evolución de un lactante con sibilancias, Castro-Rodríguez y cols. propusieron el denominado índice predictivo de asma (IPA). Aquellos lactantes con más de tres episodios de sibilancias o bronquitis obstructivas al año, durante los tres primeros años de vida, que, además, cumplieran con un criterio mayor o dos criterios menores, los denominaron IPA positivos. Dichos lactantes tienen una sensibilidad del 16%, especificidad del 97%, valor predictivo positivo del 77% y un valor predictivo negativo del 68%, para desarrollar asma. Además, los lactantes con un IPA positivo tuvieron siete veces más riesgo de ser asmáticos en la edad escolar que aquellos con un índice negativo (OR = 7,1; IC 95%: 3,5-14,1). Dada la dificultad para diagnosticar rinitis alérgica en niños pequeños, Guilbert et al. han modificado el IPA, añadiendo la sensibilización a uno o más neumoalérgenos como criterio mayor, y la alergia alimentaria al huevo, leche o frutos secos como criterio menor (Tabla II).

 

 

Prevención primaria

Entre las medidas de prevención primaria destaca la eliminación de alérgenos del polvo doméstico, aunque esta medida no parece ser efectiva para prevenir el desarrollo de asma. La hipótesis de la higiene evidencia un aumento en la prevalencia de las enfermedades alérgicas en los países occidentalizados. Existe una relación inversa entre las infecciones y la atopia.

La intervención temprana debe incluir la identificación del niño con alto riesgo para enfermedades alérgicas.

La exposición a los alérgenos del polvo de casa se vincula directamente con la sensibilización alérgica y parece fundamental en los primeros años de vida, cuando la predisposición atópica todavía es desconocida. En contraposición, la alta exposición a alérgenos de gato en los primeros meses de vida en los niveles encontrados en hogares donde se tienen estas mascotas paradójicamente se asocia con una disminución de la sensibilidad al gato, al igual que en el caso del perro. Los ácaros del polvo doméstico sensibilizan al 35% de las poblaciones que tienen alta exposición a ellos. El control de los ácaros del polvo doméstico disminuye los síntomas y la hiperreactividad bronquial. La prevención primaria en este sentido, según los datos de múltiples estudios, no ha tenido éxito; sin embargo, en relación a la prevención secundaria, se han minimizado satisfactoriamente los síntomas clínicos. Diversos estudios apoyan la hipótesis de que los niños que crecen en el campo y en contacto cercano con animales de granja tienen un efecto protector frente al desarrollo de atopia pero, por el contrario, en aquellos pacientes que han desarrollado la enfermedad, la exposición a estas endotoxinas alergénicas aumentan la severidad del asma.

Recientemente, se ha publicado un estudio en el cual se incluyeron neonatos, considerados de alto riesgo de atopia, que realizaron lactancia materna con dieta materna baja en alérgenos, o lactancia con fórmula extensamente hidrolizada además de reducción en la exposición a ácaros del polvo doméstico durante el primer año de vida, y se objetivó que la evitación integral de alérgenos en el primer año de vida es eficaz para prevenir la aparición de asma en individuos considerados de alto riesgo, persistiendo este efecto hasta la edad adulta (18 años). La prevalencia de atopia no fue significativamente diferente al del resto de la población(11).

La hipótesis de la higiene evidencia un aumento en la prevalencia de las enfermedades alérgicas en los países occidentalizados debido a la mejoría de las medidas higiénicas, a la menor exposición de infecciones y a la vacunación contra las enfermedades prevenibles en la infancia. La mayoría de los estudios revelan una relación inversa entre las infecciones y la atopia. Los niños con hermanos mayores experimentan una reducción de la sensibilización y riesgo de padecer asma en la edad escolar, al igual que ocurre en los niños que asisten a guarderías. Los contaminantes ambientales y el humo del tabaco son factores coadyuvantes que deben evitarse. La exposición al humo del tabaco antes y después del parto aumenta el riesgo de desarrollo de sibilancias y asma en el lactante.

La obesidad y el tratamiento con antibióticos durante los dos primeros años de vida, son factores de riesgo de presentar asma, sin embargo, existen pocos estudios en relación a este punto.

Los alérgenos inhalables deben evitarse en lo posible, aunque algunos autores nieguen la utilidad de esta medida. En el caso de las mascotas, sería sumamente problemático deshacerse de ellas, sobre todo para el pequeño paciente, pero debe valorarse en aquellos pacientes con síntomas(2).

En la actualidad, algunos estudios plantean la hipótesis de que el estrés y los factores psicológicos familiares influyen en la sensibilización alergénica en niños y en el desarrollo de enfermedades alérgicas en la infancia temprana. Los mecanismos son, en gran parte, desconocidos pero la hipótesis de la teoría subyacente psiconeuroinmunológica se debate. Parece que estas estrategias deberían centrarse en la gestión de estrés de los padres y la reducción de los síntomas-estado de ánimo, a través de métodos validados empíricamente, como la terapia cognitivo-conductual(12).

Para poder plantear medidas preventivas en relación a la alergia alimentaria mediada por IgE, se debe partir del hecho de que las pequeñas cantidades, a nivel de nanogramos o microgramos, y su administración intermitente favorecen la sensibilización; mientras que, grandes cantidades a nivel de miligramos y su administración continuada favorecen la tolerancia(13).

Han sido múltiples los estudios que han intentado relacionar el tipo de alimentación del lactante-madre con el efecto o promoción de enfermedades alérgicas y todavía existe controversia en muchos aspectos. Durante la gestación y la lactancia no existe indicación de hacer dietas de exclusión, ya que el efecto preventivo suele limitarse a los primeros años de vida. La lactancia materna durante los primeros cuatro a seis meses de vida no se ha definido como factor protector del desarrollo de enfermedades alérgicas en la población general, pero se recomienda desde el punto de vista pediátrico, dados sus grandes beneficios inmunológicos, afectivos, nutritivos, etc., y en aquellos pacientes con alto riesgo de desarrollar atopia. La lactancia materna exclusiva no elimina el riesgo de alergia a proteínas de leche de vaca. Sólo existe un estudio aleatorizado y prospectivo que compara la lactancia materna con fórmulas adaptadas, siendo que la lactancia materna protege frente al desarrollo de dermatitis atópica al año de vida, de alergia alimentaria en los tres primeros años y de alergia respiratoria a los 17 años(14).

El efecto protector de la lactancia materna sobre el desarrollo de la dermatitis atópica es un tema polémico, con estudios que muestran su beneficio y otros que no observan ningún efecto. Existen autores que relacionan una mayor duración de la lactancia materna con un mayor riesgo de desarrollar dermatitis atópica y sensibilización al huevo en el primer año de vida.

En relación a la alimentación complementaria, debe iniciarse entre los 4-6 meses de vida de forma gradual, independientemente del estado atópico del lactante, dado que no existen datos suficientes de que su retraso más allá de esta edad tenga un efecto protector frente a las enfermedades alérgicas. En la actualidad, es difícil hacer recomendaciones definitivas sobre el papel de la alimentación temprana en la inducción de tolerancia oral y prevención de la alergia a alimentos; ya que, las “estrategias de prevención” no sólo han fracasado, sino que han sido cada vez más asociadas con un mayor riesgo de enfermedad alérgica, lo que sugiere que la introducción temprana de alimentos alergénicos puede ser una estrategia preventiva más lógica(15).

En relación a la administración de probióticos, no hay pruebas para recomendar el agregado de los mismos a los alimentos del neonato para prevenir enfermedades alérgicas o reacciones a alimentos, aunque se requieren estudios adicionales(7).

Así, en relación a la prevención de la alergia alimentaria en aquellos lactantes de riesgo alérgico identificado se recomienda:

•Durante la gestación no existe indicación de hacer dieta de exclusión en las gestantes con riesgo familiar de alergia.

•Se recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros 4-6 meses como primera medida preventiva de enfermedades alérgicas.

•La prolongación de la lactancia materna es el mejor método de prevención y tratamiento de la alergia a proteínas de leche de vaca (APLV).

•En el caso de realizar lactancia artificial, debería realizarse con una fórmula hidrolizada de proteínas o una fórmula de arroz hasta la edad de los 6 meses. No está justificado el uso de una fórmula de soja para evitar el desarrollo de alergia.

•Se aconseja evitar tomas de forma intermitente de fórmulas adaptadas de proteínas de leche de vaca en la maternidad y a lo largo de la lactancia materna. En el caso de los lactantes de alto riesgo, los hidrolizados podrían estar justificados como suplemento en el caso de realizar lactancia materna.

•La alimentación complementaria debe iniciarse entre los 4-6 meses de vida de forma gradual. En relación a la introducción de los alimentos alergénicos, existe en la actualidad controversia. Los expertos recomendaban, para los lactantes con historia familiar de alergia, el retraso de la introducción de alimentos alergénicos (incluyendo evitar el huevo y el pescado hasta el año de vida, y los frutos secos, kiwi, crustáceos hasta los 3 años de edad). En la actualidad, se plantea la hipótesis de que el retraso en la introducción de los alimentos no sólo no tiene un efecto protector, sino que han podido contribuir al incremento de la alergia alimentaria en los últimos 20 años. Un estudio reciente sugiere que la introducción de huevo cocinado a los 4-6 meses de edad puede proteger frente al desarrollo de alergia al huevo y que el retraso en la introducción a los 10-12 meses puede exacerbarla, lo que está en consonancia con el nuevo concepto de la posible existencia de un periodo ventana durante el que la exposición a alimentos potencialmente alergénicos facilita el desarrollo de tolerancia oral persistente(16).

Existen estudios que afirman que el 85% de los niños que presentan alergia alimentaria van perdiendo la sensibilidad a los alimentos con mayor potencial alergénico (huevo, leche, trigo, soja) hacia los tres años de vida.

Prevención secundaria

Se deben realizar medidas de control ambiental específicas (evitar la exposición a aeroalérgenos: ácaros, pólenes, epitelios de animales y hongos e inespecíficas (factores irritantes) en aquellos pacientes ya sensibilizados, además de la realización de programas educativos sobre la enfermedad alérgica.

La inhibición de la expresión clínica de la enfermedad alérgica en el paciente previamente sensibilizado está dirigida a modular la evolución de la llamada “marcha atópica”. En aquellos pacientes sensibilizados, se debe evitar aeroalérgenos (ácaros, pólenes, epitelios de animales y hongos), la exposición a factores irritantes (tabaco, desodorantes), reducir la exposición a contaminantes intramuros, etc. Es muy importante la educación en la enfermedad alérgica para conocer los factores posibles desencadenantes de la sintomatología y realizar medidas de prevención secundaria.

Medidas generales de control ambiental a aeroalérgenos (Tablas III-VII).

 

 
 

 
 

 
 

 
 

 

En los lactantes con dermatitis atópica o con alergia a proteínas de la leche de vaca, la prueba cutánea con huevo puede ayudar a identificar a aquellos lactantes que podrían tener una reacción adversa al introducirlo en la dieta por primera vez En aquellos que presentan una prueba cutánea y/o IgE específica positiva al huevo, se aconseja realizar la introducción del mismo de forma controlada mediante prueba de tolerancia oral antes de recomendar su introducción en la alimentación complementaria(17).

Prevención terciaria

En este nivel, se deben aplicar las medidas de educación y de control ambiental, la evitación del alérgeno alimentario, así como el tratamiento farmacológico en función de la patología que presenta el paciente.

Medidas ambientales: evitación de alérgenos causantes de la patología de vía aérea (referidas en apartado anterior), los irritantes y contaminantes del aparato respiratorio (tabaquismo, frío y humedad, contaminantes atmosféricos, etc.)(1,6,7).

La educación del paciente asmático reduce el riesgo de padecer exacerbación, aumenta la calidad de vida y reduce los costes sanitarios, por lo que forma parte indispensable del tratamiento integral de la enfermedad. Tiene como principal objetivo, proporcionar al paciente los conocimientos y habilidades necesarias para mejorar su autocuidado y el cumplimiento terapéutico(6).

El tratamiento farmacológico se pautará en función de la patología que presenta el paciente. En el caso de rinitis, como tratamiento farmacológico disponemos de antihistamínicos H1 de segunda generación orales (prescribir en función de la edad), glucocorticoides intranasales, cromonas tópicas y antileucotrienos (su eficacia es controvertida).

En el caso del asma, el tratamiento dependerá de si el paciente presenta exacerbación de los síntomas, es decir, una crisis aguda, por lo que el tratamiento de la crisis se pautará en función de la gravedad, o si debe realizar tratamiento de mantenimiento (en función de la edad, de la clasificación del asma para orientar el tratamiento a elegir en un primer momento), el cual se irá modificando posteriormente en función de la evolución clínica y la consecución de los objetivos de control del asma(6,7).

La inmunoterapia específica es la administración de dosis repetidas controladas de un alérgeno a un paciente alérgico para disminuir los síntomas asociados a la exposición del mismo y está indicada en aquellos pacientes que presentan rinoconjuntivitis y/o asma bronquial (siempre pautada por un médico especialista según criterios clínicos). Antes de iniciar un tratamiento con inmunoterapia, se deben realizar unas consideraciones previas, como: objetivar que la alergia está mediada por IgE y que la sensibilización encontrada es la responsable de los síntomas, el alérgeno al cual está sensibilizado debe estar estandarizado, valorar la gravedad y duración de los síntomas, la dificultad para la eliminación del alérgeno, la ausencia de contraindicaciones para su uso, además de tener en cuenta otros factores, como los socioeconómicos (coste, cumplimiento terapéutico, etc.)(1,7).

En pacientes con dermatitis atópica no existe un tratamiento curativo; no obstante, existen una serie de medidas que ayudan a atenuar la dermatitis atópica:

1.Tratamiento no farmacológico:

–Hidratación (cremas emolientes) e higiene de la piel (coloides de avena, aceites minerales o vegetales).

–Uso de ropas que no aumenten el prurito, que sean ligeras y no compriman y, a ser posible, que no contengan fibras ni lana; por lo que, se recomiendan prendas de algodón.

–Evitar el contacto con sustancias irritantes o sensibilizantes, cambios bruscos de temperatura.

–Evitar exposición a aeroalérgenos en pacientes sensibilizados.

2.Tratamiento farmacológico:

–Antihistamínicos orales.

–Corticoides tópicos.

–Inmunomoduladores tópicos (tacrolimus y pimecrolimus, ambos aconsejan aplicar a partir de los 2 años).

–Corticoides sistémicos: pueden utilizarse en pautas descendentes y cortas, aunque algunos autores describen la aparición de efecto rebote al suspenderlos.

–Fórmulas magistrales de aplicación tópica: se utilizan poco en la actualidad, puesto que los preparados comerciales presentan garantía suficiente y variedad en cuanto a presentación según las necesidades y las indicaciones del médico. Algunas preparaciones pueden tener interés como soluciones astringentes (permanganato potásico al 1:10.000), preparaciones de sulfato de cobre, sulfato de cinc, alumbre potásico y sílice.

–Antiinfecciosos (antibióticos, antivirales y fungicidas) si sospecha de sobreinfección.

–Inmunomoduladores sistémicos [ciclosporina A, interferón gamma (INF-gamma), interferón alfa (INF-alfa), azatioprina, entre otros](7).

–Fototerapia.

–Fitoterapia: hierbas chinas.

En aquellos pacientes con alergia alimentaria, se debe realizar exclusión del alimento y de sus derivados de la dieta. En el caso de lactantes y niños menores, se deben introducir en la dieta alimentos con características nutricionales similares y, en el caso de alergia a proteínas de leche de vaca, fórmulas extensamente hidrolizadas y, en aquellos lactantes mayores de 6 meses de vida, también podrían utilizarse fórmulas de soja.

En caso de presentar reacción por ingesta al alimento ingerido, se debe realizar el tratamiento (antihistamínicos, corticoides, adrenalina, etc.) en cada caso en función de la sintomatología que presente el paciente [síntomas cutáneos (urticaria, angioedema, dermatitis atópicas), manifestaciones digestivas, respiratorias, anafilaxia, etc.]. En los últimos años, se han puesto en práctica distintos protocolos de desensibilización oral específica en aquellos pacientes con alergia a leche de vaca y a huevo que no han conseguido alcanzar la tolerancia por su propia evolución natural, obteniéndose una tolerancia completa en la mayoría de los casos. Desde hace unos meses, disponemos de un tratamiento hiposensibilizante (inmunoterapia sublingual) específico para aquellos casos seleccionados con alergia a múltiples alimentos de origen vegetal, secundarios a sensibilización a la proteína LTP (Lipid Transportin Protein) presente en la piel de melocotón entre otros alimentos vegetales.

Conclusiones

Es imposible prevenir de forma completa las enfermedades alérgicas en la población pediátrica con los conocimientos de los que disponemos actualmente. En un futuro, es posible que, gracias a las técnicas de ingeniería genética y a tratamientos inmunorreguladores, se pueda conseguir la prevención completa pero, hasta entonces, disponemos de las medidas de control ambiental y de las estrategias de prevención revisadas para intentar, por lo menos, reducir o retrasar la aparición de las enfermedades alérgicas en la edad pediátrica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.***Peláez A, Dávila IJ, editores. Tratado de Alergología. 1ª ed. Madrid: Ergon; 2007.

2.**Chivato T, Colás C. Guía rápida para residentes de Alergología. SEAIC. Madrid: Luzán 5, S.A.; 2009.

3.*Torres-Borrego J, Moreno Solís G, Molina-Terán AB. Diet for the prevention of asthma and allergies in early childhood: Much ado about somethig? Allergol Immunopathol (Madr). 2012; 40(4): 244-52.

4.**GEMA 2009. Guía Española para el Manejo del Asma. Madrid: Luzán 5, S.A.; 2009.

5.**Alergológica 2005. Factores epidemiológicos, clínicos y socioeconómicos de las enfermedades alérgicas en España en 2005. SEAIC. Schering-Phlough. Madrid: Luzán 5, S.A.; 2006.

6.**ARIA 2008. www.ariaenespanol.org/textos/guia_de_bolsillo.pdf

7.*Osbron DA, Sinn JK. Probióticos para la prevención de la enfermedad alérgica y la intolerancia alimentaria en neonatos. La Biblioteca Cochrane Plus, número 3, 2008. Oxford, Update Ltd.

8.**Prevención de las enfermedades alérgicas. Revista Alergia México. 2008; 55(4): 135-7.

9.**Nuevas perspectivas de prevención y tratamiento de las enfermedades alérgicas. Alergol Inmunol Clin. 2002; 17(Extraordinario Núm. 2): 128-52.

10.**Arshad SH, Karmaus W, Raza A, Kurukulaaratchy RJ, Matthews SM, Holloway JW, et al. The effect of parental allergy on childhood allergic diseases depends on the sex of the child. J Allergy Clin Immunol. 2012; 130(2): 427-34.

11.*Scott M, Roberts G, Kurukulaaratchy RJ, Matthews S, Nove A, Arshad SH. Multifaceted allergen avoidance Turing infancy reduces asthma Turing childhood with the effect persisting until age 18 years. Thorax. 2012 Aug 2.

12.*Duncan CL, Simon SL. A review of Psychosocial Risk Factors for Pediatric Atopy. J Allergy (Cairo). 2012; 2012: 821-49.

13.*Romero Tapia S. Prevención de alergia y asma. Salud en Tabasco. 2002; 8(2).

14.**Saarinen UM, Kajosaari M. Breastfeeding as prophylaxis against atopic disease: prospective follow-up study until 17 years old. Lancet. 1995; 346: 1065-9.

15.*Palmer DJ, Prescott SL. Does early feeding promote development of oral tolerante? Curr Allergy Asthma Rep. 2012; 12(4): 321-31.

16.**Koplin JJ, Osborne NJ, Wake M, Martin PE, Gurrin LC, Robinson MN, et al. Can early introduction of egg prevente egg allergy in infants? A population-based study. J Allergy Clin Immunol. 2010; 126: 807-13.

17.*Diéguez MC, Cerecedo I, Muriel A, Zamora J, Sánchez-Cano M, De la Hoz B. Skin prick test predictive value on the outcome of a first known egg exposure in milk-allergic children. Pediatr Allergy Immunol. 2008; 19: 319-24.

18.*Bartra Tomás J, Tella Rut R. Prevención y tratamiento medioambiental en los pacientes alérgicos a los ácaros del polvo doméstico. www.24hsitges.com/ponencias2003/sitges%202003-3.pdf

19.*Uberos Fernández J. Mecanismos de la alergia alimentaria y estrategias en su prevención. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. www.seap.org/archivos/revisiones/alergia/alergia_alimentaria.htm

Bibliografía recomendada

–Peláez A, Dávila IJ, editores. Tratado de Alergología. 1ª ed. Madrid: Ergon; 2007.

Compendio que trata los aspectos de la alergología y que incluye conceptos básicos inmunológicos de la patología alérgica, la patología alérgica convencional (donde se tratan temas novedosos, como la calidad de vida, calidad asistencial, alergia al látex y al anisakis), las técnicas exploratorias, los métodos diagnósticos, la inmunoterapia, o la alergia a fármacos, entre otros.

 

Caso clínico

Lactante de 4 meses de vida con antecedentes familiares de atopia. Realizó lactancia materna exclusiva hasta los 3 meses de vida. Al introducir la leche de fórmula presenta, 15 minutos después, lesiones maculopapulares generalizadas y vómito alimentario.

Se remite a la consulta de Alergología para la realización del estudio alergológico. Presenta pruebas cutáneas positivas para las fracciones de leche de vaca y huevo. Se solicita analítica sanguínea que muestra: IgE total: 140 UI/ml. IgE específica frente a leche de vaca: 12 KU/ml, a-lactoalbúmina: 6 KU/ml, ß-lactoglobulina: 9 KU/ml, caseína: 10,4 KU/ml, clara: 3 KU/ml, yema: 0,45 KU/ml, ovoalbúmina: 2,8 KU/ml y ovomucoide: 3,8 KU/ml.

Desde los 11 meses, presenta bronquitis agudas obstructivas de repetición, de predominio durante los meses de otoño e invierno.

A los 4 años inicia crisis de broncoespasmo agudo desencadenadas durante su estancia en segunda residencia en la costa y también parece presentar síntomas en relación a exposición a gatos. Mediante pruebas cutáneas frente aeroalérgenos (ácaros, pólenes, hongos y epitelios de animales) e inmunoglobulina E específica, se demuestra una sensibilización a ácaros del polvo doméstico (D. pteronyssinus, D. farinae) y epitelio de perro y de gato.

 

El médico de Esquilache

Crítica de libros

 

Carlos Marina

Pediatra y Profesor de la Universidad Europea de Madrid (UEM)


Crítica de libros

 

El médico de Esquilache

Pedro Corral

Barcelona: El Aleph Editores; 2011

Atraído por el título y la personalidad de su autor, se procede a la lectura de esta auténtica novedad editorial, no incluida, desde luego, entre los libros de tema puramente pediátrico pero, como veremos, de marcado interés para los defensores de la vida –con los pediatras siempre en cabeza– y, por tanto, publicación merecedora de nuestra atención.

El autor –Pedro Corral (San Sebastián 1963)– es un distinguido periodista, cultivado escritor e investigador sobre la Guerra Civil Española, además de aplaudido novelista por público y crítica. El autor de este comentario fue pediatra de sus tres primeras hijas, antes de su traslado a Roma como corresponsal de ABC.

El Médico de Esquilache constituye una clara muestra de su brillante capacidad narrativa. La acción transcurre en el norte de España, en 1763, en pleno reinado de Carlos III, siendo su protagonista un médico de la Corte trabajando por encargo del Marqués de Esquilache, mano derecha del rey de España Carlos III desde su época de rey de Nápoles (Carlos VII de Nápoles).

La clave de la interesante narración y motivo fundamental de atención, como pediatra, lo constituye la peculiar naturaleza de la misión encargada por el Marqués de Esquilache, en nombre del rey, al médico siciliano protagonista de nuestra historia: “practicar la operación cesárea en los cadáveres de las mujeres en estado con el fin de que los niños vivos no sean enterrados cruelmente dentro de ellos”.

Extraordinario ejemplo de “defensa de la vida” del no nacido, en pleno siglo XVIII, por parte de un rey católico, desde sus tiempos de rey de Nápoles, evitando que los niños sean enterrados vivos y sin bautismo dentro de sus madres difuntas.

Con tan estimulante y verdaderamente original planteamiento inicial, el autor, Pedro Corral, inicia una auténtica novela de intriga y misterio describiendo, con muy personal estilo, las aventuras del médico encargado de las cesáreas a realizar. Su viaje entre los límites de Cantabria y el Señorío de Vizcaya, acompañado de un viejo cirujano, va a ir generando una serie tal de sorpresas y extraños sucesos que contribuyen sobremanera a mantener el interés creciente del cada vez más involucrado lector.

La descripción descarnada de la España mísera y andrajosa de mediados del siglo XVIII, con nula voluntad de progresar, condenada a una majestuosa mediocridad por su innata soberbia, va siendo descubierta por nuestro médico protagonista en su tan bien detallado y agitado itinerario por el Norte del Reino. Los imprescindibles cambios encaminados a la modernización del país se inician precisamente –con la manifiesta hostilidad de muchos– durante el reinado de Carlos III, con el Marqués de Esquilache como más destacado colaborador.

La inteligente trama, con asesinatos incluidos, nos impide desvelar el misterio final, pero nos anima a recomendar la atenta lectura de este libro de Pedro Corral a los más destacados profesionales en la defensa de la vida: los pediatras, lectores de esta publicación.

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