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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Desarrollo neurológico normal del niño

L. Fiz Pérez1,2, I. Pulido Valdeolivas3, D. Gómez-Andrés3,4
Regreso a las bases


D. Gómez-Andrés1,2, I. Pulido Valdeolivas2, L. Fiz Pérez3,4

1Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Infanta Sofía. San Sebastián de los Reyes. Madrid.
2 Trastornos del Desarrollo y Maduración Neurológica. Departamento de Anatomía, Histología y Neurociencia. IdiPaz-UAM.
3Servicio de Urgencias. Médico Asistencial en Neuropediatría. Hospital Universitario La Paz.
4Servicio de Pediatría. Hospital General de Villalba. Collado Villalba.

 

Pediatr Integral 2015; XIX (9): 640.e1 – 640.e7Disponible en Internet desde noviembre de 2015

Disponible en Internet desde octubre de 2015


Desarrollo neurológico normal del niño

 

Concepto de desarrollo psicomotor

El desarrollo psicomotor implica los cambios en las habilidades motrices, cognitivas, emocionales y sociales del niño, desde el periodo fetal hasta la adolescencia. El término suele limitarse por consenso a los primeros dos años de vida.

Aunque en muchas ocasiones nos referimos al término maduración y desarrollo de forma similar, no hay que olvidar que la maduración es el proceso genéticamente determinado, que implica la organización gradual de las estructuras neurales, mientras que el desarrollo se refiere al incremento y perfeccionamiento de las habilidades funcionales. Por lo tanto, los factores genéticos y ambientales actúan sobre la maduración del sistema nervioso, que se traduce en el proceso del desarrollo.

El fenómeno biológico clave en el desarrollo psicomotor es la consolidación de los circuitos corticales. La mielinización de estos circuitos comienza a los 8 meses de gestación y está prácticamente completa a los 2 años de edad. Durante este periodo, los circuitos neuronales tienen gran plasticidad, siendo muy sensibles a los estímulos externos. La adquisición del conocimiento y el refinamiento de habilidades depende de las oportunidades que se le den al niño para observar, copiar y experimentar de sus iguales, así como de la interacción entre su genética y el ambiente que le rodea, contribuyendo todo ello de forma interactiva y compleja al proceso de desarrollo. Los potenciales acontecimientos nocivos genéticos, intrauterinos y ambientales (especialmente, la hipoestimulación sensorial), durante este tiempo afectan a la organización y perfeccionamiento de las estructuras neuronales y pueden ser responsables de un retraso en el desarrollo psicomotor.

El pediatra de Atención Primaria debe perseguir los siguientes propósitos:

• Promover el desarrollo físico y mental óptimo de todos los niños, intentando asegurar la máxima funcionalidad.

• Asegurar un diagnóstico precoz de disfunciones motoras, cognitivas y sociales, para lograr un abordaje y tratamiento lo más rápido posible.

El desarrollo de la especie humana es particularmente largo y complejo. La infancia es el periodo que va a marcar el cambio desde la dependencia que exige el lactante hasta la madurez y autosuficiencia que alcanza el sujeto adulto. Durante este periodo, el niño:

• Construye el conocimiento sobre el ambiente que le rodea.

• Aprende las habilidades motoras necesarias para la supervivencia.

• Adquiere la capacidad del lenguaje, que le permite comunicarse con otros seres de su especie, además de su propio razonamiento interior.

Toma conciencia sobre sí mismo, la autorregulación de las emociones y el comportamiento necesario para integrarse en la sociedad.

El texto completo únicamente está disponible en: ww.pediatriaintegral.es del año 2015 XIX (9): 640.e1 – 640.e7

 

Exploración neurológica por el pediatra de AP

L. Fiz Pérez1,2, I. Pulido Valdeolivas3, D. Gómez-Andrés3,4
Regreso a las bases


L. Fiz Pérez1,2, I. Pulido Valdeolivas3, D. Gómez-Andrés3,4

1Servicio de Urgencias. Médico Asistencial en Neuropediatría. Hospital Universitario La Paz. 2Servicio de Pediatría. Hospital General de Villalba. Collado Villalba. 3Trastornos del Desarrollo y Maduración Neurológica. Departamento de Anatomía, Histología y Neurociencia. IdiPaz-UAM. 4Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Infanta Sofía. San Sebastián de los Reyes. Madrid

Pediatr Integral 2015; XIX (8): 572.e1 – 572.e7

Disponible en Internet desde octubre de 2015


Exploración neurológica por el pediatra de AP

En este “Regreso a las Bases”, vamos a repasar la exploración neurológica del niño, reservando para el siguiente número la evaluación del neurodesarrollo. La exploración neurológica, aunque sea somera, es un elemento esencial de cualquier exploración pediátrica, ya que proporciona información sobre el funcionamiento de otros órganos y sistemas. A la vez, la exploración neurológica requiere una exploración general adecuada, ya que en muchos casos, aspectos esenciales para el diagnóstico neurológico están escondidos en otros órganos. Especialmente importantes son: la evaluación antropométrica (incluyendo una correcta medición del perímetro cefálico o circunferencia occipitofrontal, que se mide con una cinta flexible no expansible alrededor del perímetro que pasa por el occipucio y los arcos supraciliares y cuya medición debe repetirse, al menos, 2 veces antes de considerarse patológica), observación de lesiones cutáneas (Tabla I), la evaluación dismorfológica (Tabla II) y la detección de organomegalias (muy importante en enfermedades de depósito).

La exploración neurológica depende de la sistematización de la misma. Es importante seguir siempre el mismo esquema y mantenerlo con adaptaciones para poder ser rápido, preciso y sacar conclusiones sobre la evaluación. En este artículo, proponemos una sistematización que incluye a nuestro parecer, las maniobras más importantes para realizar una exploración neurológica en el ámbito de la Pediatría General.

Evaluación de la cognición

El primer paso de la evaluación neurológica implica evaluar el nivel de conciencia y el grado de la orientación del paciente (si es posible, en tiempo, espacio y persona). Después, es importante determinar el grado de atención y de concentración del paciente, que generalmente se determina con grado de colaboración. Estas funciones cognitivas deben registrarse siempre, porque influyen en la realización de cualquier test neurológico y su alteración condiciona el resto de la exploración. También es fácil incluir una evaluación general de la memoria retrógrada y de las capacidades comunicativas a la vez que se realiza el resto de la exploración. La memoria retrógrada se evalúa preguntando al paciente por su edad, la fecha de su cumpleaños y el nombre de sus familiares, amigos o profesores…

El texto completo únicamente está disponible en: www.pediatriaintegral.es
del año 2015; XIX (8): 572.e1 – 572.e7

Pubertad normal

J. Pozo Román
Regreso a las bases


J. Pozo Román

Médico adjunto del Servicio de Endocrinología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. Profesor Asociado de Pediatría. Universidad Autónoma de Madrid

Resumen

La pubertad es el periodo del desarrollo en el que tienen lugar los cambios biológicos y somáticos que marcan la diferencia entre un niño y un adulto. Es un proceso madurativo, de límites imprecisos, que se inicia con la aparición de los caracteres sexuales secundarios y finaliza cuando se alcanza la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora. Resulta de la reactivación del eje hipotálamo-hipófiso gonadal, pero los mecanismos neurobiológicos que regulan sus periodos de activación y quiescencia continúan siendo, en gran medida, un enigma. La edad de inicio puberal muestra una variabilidad de 4-5 años y está determinada por factores genéticos (50-80%) y ambientales, cuya influencia parece estar mediada, al menos, en parte, a través de mecanismos epigenéticos. Clínicamente, el inicio puberal lo marca la aparición y posterior desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, que siguen una secuencia relativamente predecible y categorizada en cinco fases (estadios de Marshall y Tanner), de indudable utilidad clínica, pero cuya utilización, requiere entrenamiento. Así mismo, se produce una marcada aceleración del ritmo de crecimiento (estirón puberal) que conduce al cierre de los cartílagos de crecimiento y a la finalización de este. La pubertad se acompaña además, de cambios en la composición corporal y en las proporciones corporales que son sexualmente dimórficos.

 

Abstract

Puberty is the period in which biological and somatic changes take place so as to make the difference between a child and an adult. It is a maturation process, with imprecise limits, that begins with the appearance of secondary sexual characteristics and ends when the adult size, full sexual maturation and reproductive capacity are reached. It results from the reactivation of the gonadal hypothalamic-pituitary axis, but the neurobiological mechanisms that regulate its activation and quiescence periods remain, to a large extent, an enigma. The age of pubertal onset shows a variability of 4-5 years and is determined by genetic (50-80%) and environmental factors, the influence of which seems to be mediated, at least in part, through epigenetic mechanisms. Clinically, the pubertal onset is marked by the appearance and development of secondary sexual characteristics, which follow a relatively predictable sequence and was categorized into five phases (Marshall and Tanner stages), of undoubted clinical utility, but whose use requires training. Likewise, there is a marked acceleration of the growth rate (pubertal growth spurt) that leads to the closure of the growth epiphyseal plates. Puberty is also accompanied by changes in body composition and body proportions that are sexually dimorphic.

 

Palabras clave: Pubertad normal; Inicio puberal; Eje hipotálamo-hipófiso-gonadal; Minipubertad; Estadios de Tanner.

Key words: Normal puberty; Pubertal onset; Hypothalamic-pituitary-gonadal axis; Minipuberty; Tanner stage.

Pediatr Integral 2020; XXIV (4): 231.e1 – 231.e10


Pubertad normal

Introducción y concepto

La pubertad es el periodo del desarrollo humano en el que tienen lugar los cambios biológicos y somáticos que marcan la diferencia entre la infancia y la edad adulta. Se trata de un proceso madurativo, de límites imprecisos, que se inicia con la aparición de los caracteres sexuales secundarios y finaliza, una media de 4-5 años después, cuando se ha alcanzado la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora. Este proceso conlleva no solo el desarrollo gonadal y genital, sino también la aceleración del crecimiento, la modificación de la composición corporal y de las proporciones corporales, así como, el inicio de los cambios psicológicos, emocionales, sociales y mentales propios de la adolescencia(1,2).

La pubertad se considera como “normal” cuando resulta de una activación mantenida del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG) y se inicia, según criterios puramente estadísticos, en un intervalo de edad entre ± 2-2,5 SDS (Z-score) para la media del sexo y población de referencia; en la práctica clínica: entre los 8 y 13 años en las niñas y entre los 9 y 14 años en los varones. Existen una serie de entidades clínicas, más frecuentes en niñas, que se caracterizan también por la aparición precoz de alguno de los caracteres sexuales secundarios (telarquia, pubarquia…), pero en las que no se objetiva una clara activación del eje HHG. Estas entidades clínicas se consideran como variantes normales de pubertad, aunque requieren diagnóstico diferencial con pubertades precoces periféricas o centrales; entre ellas, se incluirían, fundamentalmente: la pubarquia-adrenarquia prematura aislada, la telarquia prematura aislada y la menarquia prematura aislada.

Fisiología de la pubertad

El eje HHG es el responsable del inicio de la pubertad (Fig. 1) y estaría formado, como elementos primordiales, por: las neuronas hipotalámicas productoras de GnRH (hormona hipotalámica liberadora de gonadotropinas); las células gonadotropas hipofisarias, responsables de la producción y liberación de las gonadotropinas hipofisarias (LH: hormona luteinizante, y FSH: hormona foliculoestimulante); y las propias gónadas, principales responsables de la liberación de los esteroides sexuales (ES), responsables, a su vez, del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios(1-6).

Figura 1. Eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG). La hormona hipotalámica liberadora de gonadotropinas (GnRH) induce, en las células gonadotropas hipofisarias, la síntesis y liberación pulsátil de las gonadotropinas hipofisarias, LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona folículo-estimulante), que actúan coordinadamente en la gónada para inducir la maduración de las células germinales (óvulos o espermatozoides) y la producción de esteroides sexuales (ES) y otros péptidos gonadales (inhibinas, activinas, progesterona, factor semejante a la insulina 3 -INSL3-, hormona antimülleriana…). ES y péptidos gonadales, así como otras hormonas circulantes (leptina, ghrelina…), ejercen a través de mecanismos de retrocontrol, acciones estimulantes e inhibidoras, a diferentes niveles del eje HHG, modulando su complejo funcionamiento; así, por ejemplo, los ES, principalmente la testosterona en el varón y estradiol en la mujer, además de ser los responsables finales del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, ejercen un retrocontrol negativo en hipotálamo e hipófisis, reduciendo la secreción de GnRH y LH (ver texto). Tomado con permiso de: Pozo J, Muñoz MT. Pubertad precoz y retraso puberal. Pediatr Integral. 2015; XIX(6): 389-410.

Desarrollo fetal del eje HHG

Las neuronas que producen GnRH (neuronas-GnRH) son una población especial de neuronas, en el sentido de que embriológicamente se originan fuera del sistema nervioso, a partir del ectodermo oral, en la placoda olfatoria. A partir de la 5ª-6ª semana de gestación emigran desde allí, siguiendo los axones guía de los nervios vomeronasal y olfatorio, hasta atravesar la placa cribiforme y alcanzar el cerebro anterior y, posteriormente, el hipotálamo, donde se encuentran ya establecidas alrededor de la 15 semana de gestación unas 10.000 neuronas-GnRH. Desde allí, proyectarán sus axones liberadores de GnRH hacia la eminencia media y sistema portal hipofisario. En humanos, a diferencia de los roedores, los cuerpos de las neuronas-GnRH no se localizan en un núcleo específico, sino que se encuentran dispersos principalmente en el hipotálamo mediobasal, infundibular y periventricular, formando una red neuronal difusa que coordina el generador de pulsos de GnRH(3).

El eje HHG se activa durante el 1er trimestre de gestación, contribuyendo, a partir del 2º trimestre, al incremento del tamaño del pene y al descenso testicular en su fase inguino-escrotal (Fig. 2).

Figura 2. Evolución ontogénica del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal en niñas. Cambios en las concentraciones de gonadotropinas: gonadotropina coriónica (HCG), hormona luteoestimulante (LH) y hormona folículo estimulante (FSH).

Posteriormente, es inhibido por el retrocontrol negativo de las hormonas placentarias, principalmente por el estradiol; de manera que, al nacimiento, el nivel sérico de gonadotropinas hipofisarias es bajo.

Minipubertad

La desaparición de los ES placentarios tras el parto permite la reactivación del eje HHG a partir de la 1ª semana de vida postnatal, que se mantendrá activo durante los primeros meses de vida, lo que se conoce como “mini-pubertad” (Fig. 2). El incremento de la secreción pulsátil de GnRH, incrementa los niveles de gonadotropinas y ES, con pico máximo entre los 1 y 3 meses. Durante este tiempo, los niveles de FSH son más elevados en niñas; mientras que, en los varones predomina la LH. Los niveles de LH y de FSH, así como los de testosterona (inducidos por la LH) disminuyen a los 6 meses en los varones; mientras que, los de FSH se mantienen elevados en las niñas hasta los 2-3 años, incluso más.

En los varones, la secreción de gonadotropinas en la minipubertad provoca: un discreto aumento del tamaño testicular; un aumento de testosterona con incremento de la actividad androgénica (aumento del pene, acné, hipertrofia de glándulas sebáceas…); y un aumento de inhibina B (marcador del número y función de las células de Sertoli), hormona antimülleriana (AMH, células de Sertoli inmaduras) y del factor semejante a la insulina 3 (INSL3, células de Leydig). Durante este periodo e inducido por la FSH, se produce una proliferación de las células de Sertoli inmaduras, que pasan de una media de 260 x 106 al nacimiento a 1500 x 106 a los 3 meses, lo que se supone que puede ser un factor crítico de la futura capacidad para la producción de espermatozoides en la edad adulta. Estas células de Sertoli inmaduras apenas expresan receptores de testosterona, por lo que permanecen inmaduras y la espermatogénesis no se inicia. En las niñas, la secreción de gonadotropinas en la minipubertad favorece, además del incremento de inhibina B y AMH, por las células de la granulosa, el desarrollo folicular ovárico, lo que favorece el hallazgo frecuente de quistes foliculares, especialmente durante el 1er año de vida, y la producción fluctuante de estradiol, que puede traducirse en un crecimiento mamario (telarquia del lactante) que, con frecuencia, tiene también un carácter oscilante.

La minipubertad supone un breve periodo de ventana, especialmente entre la 4 y la 12 semana de vida postnatal, en el que es posible estudiar hormonalmente los pacientes con sospecha de hipogonadismo hipogonadotropo congénito (HHC). Sin embargo, su significado biológico y sus consecuencias sobre la capacidad reproductora futura, así como los mecanismos que determinan la posterior quiescencia del eje HHG durante la infancia, se desconocen.

Eje HHG en la infancia y pubertad

Después de la minipubertad, el eje HHG permanece quiescente hasta el inicio de la pubertad. Inicialmente, se creyó que su inhibición era el resultado de una sensibilidad aumentada de las neuronas-GnRH a los bajos niveles circulantes de ES; sin embargo, el mantenimiento de dicha supresión en sujetos agonadales, sugiere una inhibición neural activa de la secreción pulsátil de GnRH independiente de los ES circulantes. En cualquier caso, esta inhibición no es completa, especialmente en las niñas, que muestran niveles séricos de FSH ligeramente mayores que los varones y, con frecuencia, y como consecuencia de ello, quistes foliculares ováricos, detectables ecográficamente y capaces, en ocasiones, de secretar transitoriamente cantidades clínicamente significativas de estrógenos, provocando episodios autolimitados y fluctuantes de telarquia aislada (telarquia prematura aislada).

En el periodo prepuberal tardío, unos dos años antes de que aparezcan los primeros signos clínicos de la pubertad, el eje HHG se reactiva nuevamente; de forma que, se produce un incremento progresivo de la secreción pulsátil de GnRH que provoca un aumento, inicialmente durante el sueño, de la secreción de LH y, en menor medida, de FSH por las células gonadotropas. La pulsatilidad de GnRH no solo es imprescindible para que se produzca la secreción pulsátil de gonadotropinas hipofisarias, sino que su frecuencia determina el ritmo pulsátil de LH-FSH, el ratio entre LH y FSH, y su grado de glicosilación, lo que, a su vez, modifica su estabilidad y potencia(3). A medida que la pubertad avanza, la secreción de gonadotropinas aumenta y se extiende al resto del día; así mismo, la sensibilidad de las gónadas a su estímulo se incrementa y, con ello, la producción de ES. La LH estimula a las células intersticiales (células de la teca ováricas y células de Leydig testiculares); mientras que, la FSH actúa sobre las células derivadas de los cordones sexuales (células de la granulosa en el ovario y células de Sertoli en el testículo). Ambos compartimentos gonadales son coordinados a través de mecanismos de regulación paracrinos.

En el varón, la secreción de FSH al inicio de la pubertad estimula una segunda ola de proliferación de células de Sertoli inmaduras y de espermatogonias (células madre especializadas en diferenciarse a espermatozoides), previa a la maduración de los túbulos seminíferos, así como un aumento de los niveles de inhibina B. Por su parte, la LH estimula progresivamente a las células de Leydig e incrementa su producción de testosterona y de INL3. La acción combinada de FSH, sobre las células de Sertoli, y de LH aumentando la testosterona intragonadal, determina el inicio de la espermatogénesis y un rápido incremento del volumen testicular a expensas, sobre todo, de células germinales maduras y del aumento del diámetro de los túbulos (Fig. 3).

Figura 3. Evolución ontogénica del volumen testicular y de sus distintos componentes (Modificada de: Rey RA. Regulation of Spermatogenesis. Endocr Dev. 2003; 5: 38-55). Los túbulos seminíferos (células de Sertoli y células germinales) representan siempre el mayor componente del testículo. Desde el nacimiento y a lo largo de todo el periodo prepuberal, los túbulos seminíferos están formados fundamentalmente por las células de Sertoli; mientras que, el aumento del volumen testicular que se produce en la pubertad es debido principalmente a la proliferación de las células germinales. Orquidómetro (Andrea Prader; 1966(21)): rosario de elipsoides de madera o plástico, de tamaño progresivamente mayor, desde 1 a 25 ml, que permite, por comparación, determinar el volumen testicular. Al finalizar la pubertad, el volumen testicular suele ser ≥ 20 ml (rango 12-27 ml).

Durante el proceso y antes de que el testículo experimente un claro aumento de tamaño, los niveles de AMH disminuyen, probablemente como consecuencia del aumento de la expresión de los receptores androgénicos en las células de Sertoli.

En la mujer, la LH estimula la producción de precursores androgénicos en las células de la teca; mientras que, la FSH, además de incrementar los niveles séricos de inhibina B, es necesaria para el reclutamiento de folículos ováricos y, para inducir en las células de la granulosa, la producción de aromatasa, enzima necesaria para transformar los precursores androgénicos en estradiol. La AMH, por su parte, apenas experimenta fluctuaciones durante la pubertad femenina.

La testosterona en el varón y el estradiol en la mujer son los principales responsables del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Así, entre otros muchos efectos, los estrógenos van a estimular el crecimiento de mamas, genitales y endometrio, así como la secreción de moco vaginal; mientras que, la testosterona, estimula el crecimiento de genitales masculinos, vello sexual y secreción pilo-sebácea. Ambos ES, pero especialmente el estradiol, intervienen en la aceleración del ritmo de crecimiento característico de la pubertad, el llamado “estirón puberal” (EP), tanto de forma directa, estimulando el crecimiento y maduración de las epífisis, como indirectamente, incrementando la secreción hipofisaria de hormona de crecimiento (GH) y consecuentemente de IGF-I (factor de crecimiento semejante a la insulina número I). El estirón puberal sería, por tanto, el resultado del efecto sinérgico sobre las placas de crecimiento de GH-IGF-I y ES. Andrógenos y estrógenos tienen, también, efectos diferenciales sobre el esqueleto; así, por ejemplo, los andrógenos parecen influir más en el grosor de los huesos, mientras que los estrógenos serían imprescindibles para el cierre de las epífisis y los más potentes inhibidores de la resorción ósea.

Los ES ejercen mecanismos de retrocontrol negativo en hipotálamo e hipófisis, reduciendo la secreción de GnRH y de LH; mientras que, las inhibinas controlan, en la hipófisis, la secreción de FSH a través de un asa de retrocontrol diferente. En las mujeres, a lo largo de la pubertad, se desarrolla, también, un particular mecanismo de retrocontrol positivo; de forma que, cuando el incremento mantenido de estradiol informa al hipotálamo de que el ovario está preparado para la ovulación, se produce, en la mitad del ciclo, un pico de LH (pico preovulatorio) necesario para la ovulación y, por consiguiente, para la fertilidad de la mujer. En roedores, el pico preovulatorio de LH parece ser el resultado de un incremento en la liberación de GnRH, inducido por la kisspeptina proveniente de un grupo específico de neuronas localizadas en el núcleo anteroventral periventricular del hipotálamo, presente en las hembras y prácticamente ausentes en los machos, que responderían positivamente al aumento de estrógenos (retrocontrol positivo). Sin embargo, en humanos y primates, las bases neurobiológicas del pico preovulatorio de LH permanecen por dilucidar.

Por último, recientemente, se ha puesto de manifiesto, la presencia en el hipotálamo de aromatasa, la enzima clave en la síntesis de estradiol, lo que sugiere una síntesis hipotalámica de estradiol (neuroestradiol), cuyo papel fisiológico es todavía desconocido.

Regulación del inicio de la puberal

Mecanismos neurobiológicos

Los mecanismos que regulan la puesta en marcha de la pubertad y, en general, los periodos de activación y quiescencia del eje HHG continúan siendo un enigma(6-8). Durante el periodo prepuberal, las neuronas-GnRH parecen estar sometidas a una inhibición trans-sináptica mantenida. Cuando la pubertad se inicia, esta inhibición es retirada progresivamente, permitiendo la entrada de estímulos excitatorios y el incremento en el número y amplitud de los picos secretorios de GnRH por las neuronas del núcleo infundibular del hipotálamo, fenómeno que pone en marcha la pubertad.

La kisspeptina, un péptido hipotalámico, descubierto en 2001, parece ser el principal regulador de la amplitud de los picos de GnRH y mediador de muchos otros factores implicados en la secreción de GnRH y en el inicio de la pubertad. De hecho, la interrelación entre las neuronas productoras de kisspeptina y las neuronas-GnRH es muy estrecha; un buen ejemplo de ello es que la expresión hipotalámica de los genes de kisspeptina (KISS1) y de su receptor (KISS1R) se incrementa durante la pubertad y que mutaciones inactivantes en KISS1-R impiden que la pubertad se ponga en marcha ocasionando un HHC. Un 75% de las neuronas productoras de kisspeptina cosegregan neuroquinina B y dinorfina, son las llamadas “neuronas KNDy”. Este grupo de neuronas están profusamente interconectadas entre sí, lo que sugiere la existencia de asas autorreguladoras estimuladoras (neuroquinina B) o inhibidoras (dinorfina) que regularían de forma muy fina la secreción de kisspeptina y, por ende, la secreción de GnRH. En cualquier caso, y a diferencia de otras especies, no todas las neuronas-GnRH reciben aferencias de las neuronas de kisspeptina, lo que sugiere que otras moléculas regularían el proceso de la pubertad en humanos. Así, por ejemplo, entre otros: el ácido gamma butírico (GABA), el neuropéptido Y (NPY) y el péptido RFRP-3 inhibirían la pulsatilidad de GnRH; mientras que, el glutamato y el sistema noradrenérgico la estimularían. Es probable que muchos de estos factores, sino todos, actúen “aguas arriba” de las neuronas KNDy, que serían un componente esencial de la maquinaria generadora de pulsos de GnRH, actuando como vía final de integración de factores internos y externos sobre la secreción pulsátil de GnRH. Las células de la glía contribuirían también al incremento de la secreción de GnRH durante la pubertad, mediante la liberación de factores de crecimiento que modularían su actividad.

Según la teoría de Ojeda y cols.(6), sobre esta maquinaria de generación de pulsos de GnRH, se situarían redes nodales formadas por múltiples genes codificadores de proteínas, cuyas acciones se solaparían o interaccionarían de forma jerárquica o independiente, para controlar su actividad e interrelacionar su funcionamiento con los factores genéticos o ambientales que influirían en el momento de inicio puberal. Se cree que, en esta interrelación entre factores genéticos y ambientales, estarían implicados mecanismos epigenéticos(9).

Factores genéticos y epigenéticos

La edad de inicio puberal (timing) muestra una variabilidad de unos 4-5 años entre individuos normales con condiciones de vida similares(10). Esta variabilidad parece estar determinada por factores genéticos (50-80% de la variabilidad) y ambientales, y es compatible con un patrón de herencia poligénico(11); no obstante, sus bases genéticas y los mecanismos fisiopatológicos subyacentes no han sido claramente establecidos. Un buen ejemplo de este componente genético, en el caso de las niñas, es la mayor correlación en la edad de la menarquia entre gemelas monocigoticas (r = 0,75) que entre dicigoticas o no gemelares (r = 0,31 y 0,32, respectivamente)(12).

Los estudios de asociación del genoma completo (GWAS) han puesto también de manifiesto este componente genético en el timing de la pubertad, identificando casi 400 loci relacionados con el momento de la menarquia(13). Un gran número de estos loci, especialmente en niñas, están relacionados además con el índice de masa corporal (IMC = peso/talla2) y la talla, reflejando probablemente, la estrecha relación que existe entre balance energético, crecimiento, desarrollo y fertilidad. Entre ellos, se encuentra el gen, más frecuentemente asociado con una menarquia temprana en este tipo de estudios, el LIN28B (6q21). Sorprendentemente, la asociación es menor cuando analizamos genes que han sido implicados en causas monogénicas de HHC (p. ej., FGF8, GNRH1, KAL1, KISS1…) o de pubertad precoz (p. ej., MKRN3 y DLK1). En cualquier caso, la influencia aislada de cada uno de estos genes sobre la menarquia es, en condiciones normales, escasa, y se calcula que, en conjunto, serían responsables de tan solo un 7,4% de la varianza en su edad de presentación(13).

Las diferencias en la edad de inicio puberal entre razas y etnias, al igual que ocurre entre diferentes áreas geográficas, son, probablemente, un reflejo de la combinación de factores genéticos y ambientales. Así, por ejemplo, en Europa, existe un gradiente Norte-Sur, de manera que la edad de la menarquia es mayor en los países nórdicos que en los mediterráneos; mientras que, en lo referente a las razas, la raza negra, en condiciones de vida similares, muestra una tendencia a una maduración más temprana que la raza blanca.

En los últimos años, la epigenética, entendiendo por tal, cualquier modificación de la expresión génica no atribuible a cambios en la secuencia propiamente dicha del ADN (metilación/hipometilación de ADN, modificaciones postranscripcionales de las histonas…), ha sido implicada en todas las parcelas del desarrollo, incluyendo, por supuesto, el inicio de la pubertad(8,9,14). Se ha postulado que la represión/activación de la transcripción de determinados genes, podría mediar el efecto de diferentes estímulos ambientales (nutrición, actividad circadiana, disruptores endocrinos…) sobre el inicio de la pubertad. Estudios recientes sugieren la existencia de un mecanismo dual de regulación epigenética que afectaría positiva (brazo activador) o negativamente (brazo represor) la actividad transcripcional de las neuronas implicadas en la estimulación de la secreción de GnRH(9). Uno de los mediadores principales de estas acciones, al menos, en roedores, parece ser un complejo grupo de proteínas supresoras de la transcripción, conocidas como grupo Polycomb (PcG)(8,9).

Factores ambientales

Los factores ambientales que influyen en el momento de inicio de la pubertad son múltiples(1,2,5,7,8,12,13) e incluso pueden actuar en periodos críticos de la vida muy alejados del momento de inicio puberal (intraútero o primeros años de vida). Algunos de los más conocidos son:

Nutricionales y socioeconómicos. Una adecuada nutrición y un ambiente socioeconómico favorable se asocian a un desarrollo puberal más temprano; mientras que, condiciones nutricionales o socioeconómicas desfavorables condicionan un desarrollo puberal más tardío(1). De hecho, la mejoría en la nutrición, salud y condiciones generales de vida que se han producido en los países occidentales desarrollados desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, parece ser la responsable de la tendencia a una maduración más rápida, especialmente en mujeres (la menarquia se ha adelantado desde los 15-17 años a los 12,5-13 años), así como de una mayor talla adulta en ambos sexos. Ambos fenómenos, conocidos como “tendencia secular del crecimiento y desarrollo”, muestran variaciones de magnitud entre diferentes países y es objeto de debate si la tendencia secular continúa o se ha estabilizado en algunos países.

En 1970, Frish y Revelle(15), propusieron la hipótesis del “peso crítico”, sugiriendo que se requeriría un peso de, al menos, 48 kg para alcanzar la menarquia. Aunque esta hipótesis no fue confirmada, lo que sí se ha demostrado es que la nutrición es uno de los principales factores determinantes del momento de inicio puberal y, prueba de ello, como ya ha sido comentado, es que muchos de los loci implicados en la variabilidad normal del timing puberal están también relacionados con el IMC(13). Desde el punto vista hormonal, la interrelación nutrición-pubertad estaría, probablemente, mediada por la leptina liberada por los adipocitos, cuyos niveles séricos son un reflejo de la energía almacenada y se correlacionan positivamente con el IMC(3). La leptina estimularía la secreción de GnRH actuando sobre las neuronas productoras de kisspeptina y sería un factor permisivo, aunque no determinante, para el inicio de la pubertad. Otras substancias relacionadas con la ingesta y el ayuno, como: glucosa, insulina, IGF-I, ghrelina (péptido gástrico) y FGF21 (hepatoquina)(8), entre otros, podrían también actuar como fuentes de información para el hipotálamo del estado nutricional y, por ende, del control de la pubertad.

La malnutrición crónica, en general, induce un retraso puberal en ambos sexos y es, probablemente, uno de los factores responsables del retraso puberal asociado a las patologías crónicas o a la amenorrea atlética. En el otro extremo, el exceso de grasa subcutánea y el aumento del IMC durante el periodo prepuberal se asocian con un mayor riesgo de pubertad temprana, especialmente en niñas(12,16), y podrían ser uno de los factores implicados en la aceleración puberal (tendencia secular) observada en las últimas décadas en algunos países occidentales, con tasas crecientes de obesidad infantil.

Microbiota intestinal. Un nuevo factor que ha emergido como potencialmente relevante en el control de la homeostasis y posiblemente también en el desarrollo puberal, es la microbiota intestinal; es decir, la flora microbiana que coloniza nuestro intestino(8). Durante la pubertad se pueden observar profundos cambios en la microbiota intestinal: cambio de especies aerobias y anaerobias facultativas a anaerobias; mayor abundancia en adolescentes de Bifidobacterias y Clostridium que en adultos; e, incluso, modificaciones específicas en función del género, al menos, en animales de experimentación. En estos, los cambios en la microbiota parecen ser capaces de inducir modificaciones en la producción de ES y neurotransmisores, lo que ha sugerido un potencial papel en la modulación del timing puberal(8).

Estrés crónico. El estrés crónico parece ser capaz e inhibir el eje HHG, y sería uno de los factores implicados en el retraso puberal asociado a: enfermedades crónicas, ejercicio físico intenso-competición o conflictos bélicos, entre otras potenciales situaciones de estrés; no obstante, en muchas de ellas, es difícil separar el componente de estrés de otros componentes que, como la malnutrición, están frecuentemente presentes en estas situaciones(16).

Condiciones de vida intrauterina. Los recién nacidos, especialmente las niñas, con bajo peso al nacimiento (PRN < 2.500 g) o pequeños para su edad gestacional (RNPEG)(17), muestran una mayor incidencia de pubertad adelantada o precoz, sobre todo, si experimentan un rápido crecimiento de recuperación en los primeros meses de vida.

Disruptores endocrinos. Son sustancias, naturales o de síntesis, que, debido a su similitud estructural con determinadas hormonas, pueden tener efectos negativos sobre el sistema endocrino. En las últimas décadas, la industrialización ha producido un incremento gradual en el número y cantidad de contaminantes ambientales y de disruptores endocrinos (fitoestrógenos, bisfenol, pesticidas, fungicidas, ftalatos…), algunos de los cuales se ha demostrado que son capaces de producir en humanos: pubertad adelantada/retrasada o, incluso, trastornos de la diferenciación sexual, dependiendo de su mecanismo de acción (estrogénico, androgénico, antiandrogénico y antiestrogénico) y momento de actuación.

Adopción. Los últimos 30 años han puesto de manifiesto la importancia, como causa de adelanto puberal, de la adopción internacional. Entre un 15-30% de los casos de pubertad precoz central (PPC) idiopática corresponden a niños adoptados de otros países, habitualmente en vías de desarrollo. En todos los estudios, existe un claro predominio de niñas. En el año 2010, se publicaron los primeros resultados del Registro Español de Pubertad Precoz(18), donde se observó un riesgo 25 veces mayor de desarrollar PPC idiopática entre niñas adoptadas de otros países respecto a la población nacida en España. Las causas que motivan el adelanto puberal en estas niñas son desconocidas, aunque se han sugerido distintos factores, entre ellos: la mejoría nutricional y socioeconómica, la reducción del estrés crónico y de la exposición a disruptores endocrinos, o la combinación de unas condiciones vitales adversas en la infancia temprana y de opulencia en el periodo prepuberal tardío, dos condiciones opuestas que favorecerían el desarrollo puberal temprano.

Manifestaciones clínicas de la pubertad

Desarrollo de los caracteres sexuales secundarios

Desde el punto de vista clínico, el inicio de la pubertad lo marca la aparición y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, que siguen una secuencia relativamente predecible y categorizada en cinco fases o estadios por Marshall y Tanner(19,20) a finales de la década de los sesenta (Tabla I y Figs. 4 y 5).

Figura 4. Secuencia y edades de aparición de los eventos puberales en el varón y estadios puberales de Marshall y Tanner(20).

Figura 5. Secuencia y edades de aparición de los eventos puberales en la mujer y estadios puberales de Marshall y Tanner(19).

El método solo valora el desarrollo de los genitales en el varón, de la mama en las niñas y del vello pubiano en ambos sexos. Su principal limitación es el hecho de que los estadios fueron establecidos por inspección, a partir de fotografías, y, en muchos casos, es necesaria la palpación para establecer el grado de desarrollo de determinados caracteres sexuales, como, por ejemplo: para diferenciar telarquia de adipomasia o para valorar evolutivamente el crecimiento testicular, aspecto no valorado en el estadiaje puberal por Marshall y Tanner.

En 1966, Andrea Prader(21) introdujo el orquidómetro (Fig. 3), un rosario de elipsoides de madera o plástico, de tamaño progresivamente mayor, desde 1 a 25 ml, que permite, por comparación, determinar el volumen testicular; no obstante, al igual que ocurre con el estadiaje de Tanner, su utilización requiere un cierto entrenamiento. En condiciones normales, existe una aceptable correlación entre el volumen testicular y el estadio de Tanner (Tabla I).

Al finalizar el desarrollo puberal, el volumen es en la mayoría de los casos ≥ 20 ml (rango 12-27 ml). Una discordancia marcada entre el estadio de Tanner y el volumen testicular debe hacer sospechar determinadas patologías, como: un síndrome de Klinefelter (47,XXX) o una pubertad precoz periférica (pseudopubertad precoz).

La secuencia de eventos puberales(1,2,5,22), aunque no es exactamente la misma para cada individuo, es mucho menos variable que la edad a la que estos ocurren; en cualquier caso, existe una mejor correlación entre el grado de desarrollo puberal y la edad ósea (EO) que entre este y la edad cronológica (EC). En las niñas, la telarquia o aparición del botón mamario suele ser el primer signo de desarrollo puberal, a una edad media de 10,5-11 años (intervalo de 8 a 13 años); mientras que, en los varones, el inicio puberal lo marca el incremento del volumen testicular, que alcanza o supera los 4 mL de volumen o un diámetro mayor o igual a 25 mm (estadio II), a una edad media de 11,5-12 años (intervalo de 9 a 14 años), unos 6-12 meses antes del incremento del tamaño del pene (estadio III).

Aunque existe una cierta variabilidad en la secuencia evolutiva de los caracteres sexuales secundarios, el incremento testicular en los varones y la telarquia en las mujeres (estadio II) suelen preceder en unos meses al desarrollo del vello pubiano que, por otra parte, no es un signo específico de pubertad; ya que, puede ser debido a la producción androgénica suprarrenal y preceder, en ocasiones, al inicio de la pubertad. En los varones, la ginecomastia puberal y el vello axilar suelen iniciarse en el estadio III, coincidiendo con el aumento en longitud del pene y el inicio del estirón puberal. El cambio en la voz y el vello de otras áreas corporales andrógeno-dependientes, como: pecho, cara, espalda y abdomen, suele iniciarse en la media pubertad (estadios III-IV). El vello en estas localizaciones progresa con mayor o menor rapidez a lo largo de los años, pero su distribución y magnitud dependen, en gran medida, de factores genéticos y raciales. En las niñas, la primera menstruación (menarquia) es un fenómeno tardío en la pubertad de las mujeres y suele producirse en el estadio IV, a los 12,5-13 años, unos dos años después de iniciado el desarrollo puberal (intervalo: 0,5-3 años) y cuando la edad ósea es de alrededor de 13 años. En los varones, la edad de la espermarquia, presencia de espermatozoides orina, y la 1ª eyaculación, son más difíciles de establecer; habitualmente se producen durante la fase III-IV de la pubertad. Al igual que ocurre con la menarquia, que es seguida habitualmente de ciclos anovulatorios, la espermarquia no significa necesariamente fertilidad; ya que, inicialmente, la cantidad de espermatozoides en el semen suele ser muy escasa.

Estirón puberal

Uno de los rasgos clínicos más característicos de la pubertad es la aceleración brusca que experimenta el ritmo de crecimiento, el llamado “estirón puberal” (EP). La velocidad de crecimiento (VC) que disminuye lentamente desde el nacimiento y a lo largo de todo el periodo prepuberal, alcanza su nadir justo antes del EP, en lo que se conoce como “depresión prepuberal de la VC”, un fenómeno que es especialmente llamativo en maduradores tardíos. El EP es una reciente adquisición de la especie humana y en algunas poblaciones actuales con condiciones de vida desfavorables (enfermedades crónicas, malnutrición o hipoxia por la altitud), el EP es todavía inaparente. Su aparición o el aumento de su amplitud es uno de los factores que más ha contribuido a la mejoría en el crecimiento, experimentada en los últimos 150 años (tendencia secular). En las modernas poblaciones europeas, la ganancia de talla, desde el inicio del EP hasta la finalización del crecimiento, es de unos 30-35 cm en varones y de unos 25-30 cm en mujeres (15-20% de la talla adulta)(10).

En las niñas, el inicio del EP coincide con la aparición del botón mamario (estadio II), pero el pico de VC (≈ 8-8,5 cm/año) se produce durante el estadio III. Posteriormente, la VC disminuye progresivamente hasta detenerse completamente con el cierre de los cartílagos de crecimiento; de forma que, después de la menarquia el crecimiento medio es de solo 6-7 cm (intervalo de 4-11 cm) y, cuando la EO alcanza los 15 años, el porcentaje de la talla final alcanzado es del 99%. En los varones, a diferencia de lo que ocurre en las niñas, el EP no coincide con el inicio de la pubertad, sino que se inicia más tardíamente, aproximadamente un año después (12,5-13 años), en el estadio III, y unos 2 años más tarde que en las niñas. El pico de máxima VC (≈ 10-11 cm/año) se produce en el estadio IV y la EO a la que se alcanza el 99% de la talla adulta es de 17 años.

El EP muestra un patrón distal-a-proximal: mayor crecimiento inicial de manos-pies y segmentos distales de las extremidades, seguido de la parte proximal de estas y, por último, de las partes más centrales del esqueleto. Durante la pubertad, el crecimiento del tronco es proporcionalmente mayor que el de las extremidades, lo que modifica las proporciones corporales respecto al periodo prepuberal, pero más aún cuando se acorta o alarga significativamente el crecimiento prepuberal; así, en casos de pubertad precoz, el segmento inferior es proporcionalmente más corto en relación con la talla total y, por el contrario, en pubertades retrasadas o hipogonadismos, las extremidades son proporcionalmente más largas (hábito eunucoide).

La amplitud del EP es similar en sujetos con talla familiar alta o baja, pero sí se ve afectada por el ritmo de maduración, con mayor amplitud en los maduradores rápidos y menor en los tardíos, lo que contribuye a compensar el mayor o menor número de años de crecimiento prepuberal. Los dos años más de crecimiento prepuberal que tienen los niños y la mayor amplitud de su estirón puberal determinan los 12,5-13 cm de diferencia entre la talla adulta de ambos sexos, así como la mayor longitud proporcional en los varones de las extremidades respecto al tronco (mayor periodo de crecimiento prepuberal).

Otros cambios corporales

Durante la pubertad, se produce también un dimorfismo sexual en el crecimiento en anchura del tronco, con un incremento mayor, pero más tardío, en los varones del diámetro transversal de los hombros (diámetro biacromial), y un mayor y más precoz incremento del diámetro transversal de la pelvis en las mujeres (diámetro bi-ilíaco).

El IMC y la composición corporal también experimentan modificaciones durante la pubertad bajo la influencia de ES, GH e IGF-I, y se adquiere prácticamente un 45% del contenido mineral óseo (masa ósea). El peso aumenta proporcionalmente más que la talla y, por ello, el IMC se incrementa rápidamente. Este incremento no debe interpretarse como el resultado de un incremento de la grasa corporal; ya que, aunque este se produce (16-19% en varones y 17-25% en mujeres), la mayor parte del incremento de peso corresponde a masa libre de grasa, especialmente en varones (músculo y hueso, especialmente). De ahí que, la interpretación del IMC en el periodo puberal debería hacerse con precaución y más en función del desarrollo puberal alcanzado que de la edad cronológica, para evitar así falsos diagnósticos de sobrepeso/obesidad en maduradores rápidos. La distribución de la grasa corporal también experimenta un dimorfismo sexual con mayor acúmulo intrabdominal en los varones y gluteofemoral en las mujeres.

Los cambios hormonales durante la pubertad también afectan al cerebro, promoviendo su remodelación y completando la maduración sexual y dimorfismo sexual que se inició en el periodo prenatal y en la vida postnatal temprana.

Duración de la pubertad

La duración de la pubertad (tempo) es, al igual que el momento de su inicio, muy variable, y se considera finalizada cuando se ha alcanzado la talla adulta, la maduración sexual completa y la capacidad reproductora, lo cual suele ocurrir una media de 4-5 años después de su inicio; sin embargo, clínicamente suelen utilizarse unos criterios diferentes y no muy acordes con el propio concepto de finalización de pubertad.

En las niñas, suele utilizarse como marcador de finalización puberal el inicio de las menstruaciones, aunque, en la mayoría de los casos, en el momento de la menarquia, ni se ha completado el desarrollo puberal (estadio IV de Tanner), ni se ha finalizado el crecimiento, ni se ha alcanzado plenamente la fertilidad; ya que, el porcentaje de ciclos anovulatorios durante los 2 primeros años postmenarquias es muy alto. El intervalo desde el inicio de la pubertad a la menarquia es solo de 2,4 años ± 1,1 año (media ± 1 SDS). Se ha observado una correlación negativa entre el inicio de la pubertad y la aparición de la menarquia; de forma que, las niñas que inician la pubertad más temprano tardan algo más en tener la menarquia que las niñas que maduran más tardíamente.

En los varones, la finalización de la pubertad es aún más difusa que en las niñas o, al menos, no tiene un marcador clínico tan claro, como lo es la menarquia. Suele considerarse que la pubertad se ha completado cuando se alcanza un volumen testicular de adulto (media de unos 20 mL), lo que se produce habitualmente, unos 3,2 ± 1,8 años (media ± 1 SDS) después de su inicio. No obstante, el criterio es poco fiable, dada la variabilidad normal del volumen testicular de un adulto. De hecho, algunos varones normales no superan los 12-15 mL de volumen testicular; mientras que, otros superan los 25-30 mL. Por otro lado, como en el caso de las mujeres, en ese momento, habitualmente, tampoco se ha finalizado el crecimiento ni se han desarrollado completamente los caracteres sexuales secundarios.

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Las grasas en la alimentación

A. Farrán-Codina
Regreso a las bases


A. Farrán-Codina

Departamento de Nutrición, Ciencias de los Alimentos y Gastronomía, Facultad de Farmacia. Universidad de Barcelona

Resumen

Las grasas constituyen un nutriente esencial en la alimentación humana, debido a su papel como fuente de energía, elemento estructural y regulador. Su digestión es un proceso complejo, en el cual participan diferentes lipasas y sustancias emulsionantes contenidas en la bilis. La absorción se produce a través de difusión pasiva micelar que puede ser facilitada por proteínas de la membrana apical del enterocito. El transporte de sustancias grasas se realiza a través de diferentes lipoproteínas plasmáticas (principalmente: quilomicrones, VLDL, LDL, HDL). Las principales fuentes de grasas en alimentación humana son: los aceites y grasas vegetales, y las grasas animales. Existen, sin embargo, algunos alimentos cuyo contenido alto en grasa no es evidente para el consumidor. Las recomendaciones de ingesta en población infantil se centran en controlar la ingesta de grasas, limitar la ingesta de saturados y ácidos grasos trans, asegurando un mínimo de ingesta de ácidos grasos poliinsaturados.

 

Abstract

Fats are an essential nutrient in human diet due to their role as an energy source, as well as a structural and regulatory element.
Its digestion is a complex process, in which different lipases and emulsifying substances contained in the bile participate. Absorption occurs through passive micellar diffusion that can be facilitated by proteins of the apical membrane of the enterocyte. The transportation of fatty substances is carried out through different plasma lipoproteins (mainly: chylomicrons, VLDL, LDL, HDL). The main sources of fats in human food are: vegetable fats and oils, and animal fats. However, there are certain foods whose high fat content is not evident to the consumer. The recommendations in children are focused on controlling fat intake, and limiting saturated and trans fatty acids, ensuring a minimum intake of polyunsaturated fatty acids.

 

Palabras clave: Grasas; Lípidos; Digestión; Absorción; Metabolismo; Fuentes alimentarias; Recomendaciones de ingesta.

Key words: Lipids; Digestion; Absorption; Metabolism; Food sources; Intake recommendations

Pediatr Integral 2020; XXIV (3): 174.e1 – 174.e6


Las grasas en la alimentación

Introducción

Se entienden por grasas o lípidos, al conjunto de compuestos orgánicos de naturaleza hidrofóbica y que normalmente se disuelven en disolventes orgánicos de baja polaridad (p. ej.: la acetona, el cloroformo, o bien el éter). Los compuestos que forman parte de esta fracción son diversos y varían considerablemente en su tamaño y polaridad (Tabla I)(1).

La importancia de las grasas de la dieta para la fisiología humana radica principalmente en el elevado valor energético de los triacilglicéridos (9 kcal/g = 37,6 kJ/g) y la presencia de ácidos grasos esenciales y vitaminas. Además, las grasas tienen importantes propiedades organolépticas gracias a su punto de fusión, sabor agradable y capacidad disolvente de sustancias sápidas y olorosas. De todas las grasas mencionadas en la tabla I y dejando aparte las vitaminas, los triacilglicéridos (TAG) y los ácidos grasos (AG), los fosfolípidos (glicerofosfolípidos y esfingolípidos, FL) y los esteroles, son las más importantes en nutrición humana.

Triacilglicéridos y ácidos grasos

Los TAG constituyen de largo la fracción más importante de la grasa consumida por los humanos en su alimentación.

La molécula de TAG está compuesta de 3 ácidos grasos esterificados con una molécula de glicerol. Los aceites y grasas comestibles son mayoritariamente TAG y los AG constituyen la casi totalidad de su masa de TAG (un 90% aproximadamente). Los AG de los TAG pueden variar de manera importante en su longitud de cadena y grado de insaturación. Se suele distinguir entre familias de AG, en función de la distancia del primer doble enlace con respecto al grupo metil terminal del ácido graso. Así se habla, por ejemplo, de los AG n-3 y n-6 (también llamados omega-3 y omega-6). La esencialidad de los AG depende de la distancia del primer doble enlace desde el terminal metilo. Las enzimas biosintéticas humanas pueden sintetizar AG de novo insertando dobles enlaces en la posición n-9 o superior, pero no pueden insertar enlaces dobles en ninguna posición más cercana al extremo metilo. Por esta razón, los AG n-3 (especialmente, el ácido linolénico, ALA) y n-6 (especialmente, el ácido linoleico, LA) se consideran esenciales y deben obtenerse de la dieta. A partir de estos AG pueden sintetizarse otros de la serie n-3, como por ejemplo: el docosahexaenoico (DHA) y el eicosapentaenoico (EPA); o bien de la serie n-6, como el ácido araquidónico (AA)(2).

Fosfolípidos

Los FL se distinguen de los TAG en que presentan grupos polares que le confieren a la molécula disponer de una zona básicamente hidrofílica y otra hidrófoba (molécula anfipática), otorgándole la propiedad de poder estar parcialmente diluida en agua o en medio orgánico apolar.

Esto los convierte, por ejemplo, en componente fundamental de las membranas de bicapa lipídica de las células o en moléculas adecuadas para solubilizar los ácidos biliares y favorecer la digestión de las grasas.

Esteroles

El colesterol es una molécula anfipática que puede encontrarse libre o esterificada con AG.

El colesterol es un componente importante de las membranas celulares animales y es un precursor de numerosas moléculas de nuestro organismo. Se encuentra casi exclusivamente en alimentos de origen animal. En alimentos de origen vegetal encontramos fitoesteroles, algunos de los cuales tienen cierta capacidad de interferir en la absorción del colesterol, especialmente los conocidos como fitoesteroles saturados o fitoestanoles.

Digestión y absorción

La digestión de los lípidos empieza ya en la cavidad bucal, gracias a la acción de la lipasa lingual (pH óptimo = 4,5, pero activa en un rango de pH = 2-7,5). La hidrólisis de los TAG continúa en el estómago, gracias a la lipasa gástrica (pH óptimo = 3-6), producida en las glándulas fúndicas del estómago. La acción de ambas lipasas permite hidrolizar hasta un 10-15% de los TAG presentes en el bolo alimenticio antes de que este llegue al intestino, con preferencia sobre los AG de cadena corta que forman parte de TAG. La grasa que entra al duodeno contiene un 70% de TAG, siendo el resto una mezcla de productos parcialmente hidrolizados(2).

La digestión de las grasas en el intestino delgado requiere de bilis y lipasa pancreática. Los tres principales componentes lipídicos de la bilis son: las sales biliares, los FL (principalmente, la fosfatidilcolina) y el colesterol sin esterificar.

La bilis tiene una acción emulsionante que permite reducir el tamaño de las gotas de grasa. En el intestino delgado, la lipasa pancreática continua la hidrólisis de los enlaces éster de los TAG que se encuentran en las gotas lipídicas, con la ayuda de una proteína conocida como colipasa. La colipasa, además, facilita la transferencia de los productos de la hidrólisis de las grasas (2-monoacilglicéridos y AG libres) hacia las micelas formadas por las sales biliares. Las lipasas actúan sobre los enlaces éster de las posiciones terminales (1 y 3) de los TAG, pero no sobre el ácido graso central (posición 2). Los 2-monoacilglicéridos, los FL y los ésteres de colesterol son resistentes a la acción hidrolítica de las lipasas. La acción hidrolítica de la lipasa pancreática puede ser inhibida por una sustancia bacteriana llamada tetrahidrolipstatina, denominada genéricamente orlistat(3).

La hormona secretina y la presencia de TAG en el intestino delgado, estimulan la síntesis de la lipasa y la colipasa en el páncreas. La liberación de sales biliares y lipasa pancreática también se regula humoralmente. La presencia de aminoácidos y productos de digestión de grasas provoca la liberación de colecistoquinina (CCK) y secretina en la circulación. La CCK estimula la producción de enzimas pancreáticas exocrinas, mientras que la secretina aumenta la producción de electrolitos pancreáticos. La CCK también induce la síntesis de la bilis hepática y su liberación a través de la contracción de la vesícula biliar(2).

En los lactantes, los TAG son digeridos por la acción concertada de: la lipasa gástrica, la lipasa pancreática dependiente de colipasa y una lipasa estimulada por las sales biliares (LESB) presente en la leche materna. La lipasa gástrica inicia la digestión del glóbulo graso de la leche y la LESB la finaliza, convirtiendo de forma no selectiva los monoacilglicéridos resultantes en glicerol y AG libres. Este proceso aumenta la eficiencia de su absorción(2,4).

Los productos de la hidrólisis digestiva de las grasas (2-moacilgliceroles y AG libres) forman micelas gracias a la acción emulsionante de las sales biliares y los FL (principalmente, la fosfatidilcolina) presentes en la bilis en una proporción 1:3, respectivamente. La incorporación de 2-monoacilglicéridos a la micela mejora su capacidad de solubilizar AG libres y colesterol. En cambio, tanto los diacilglicéridos como los TAG se incorporan en cantidades muy bajas. Una vez formadas las micelas mixtas que contienen AG libres, 2-monoacilglicéridos, colesterol, FL y sales biliares, estas migran hacia la capa líquida no agitada de la mucosa intestinal(3).

La digestión de los FL (ya sean de la dieta o biliares) se produce gracias a la acción hidrolítica del enzima pancreático fosfolipasa A2, rindiendo lisofosfoglicéridos y AG libres. El colesterol también puede ser de origen dietético (hasta un 65% está esterificado) o bien biliar (todo sin esterificar). La hidrólisis del enlace éster se realiza gracias a la acción de una colesterol éster hidrolasa pancreática dependiente de sales biliares. Los productos de ambos procesos son absorbidos a través de las micelas mixtas, siguiendo el proceso antes mencionado. Los fitoesteroles tienen una absorción mucho menor que el colesterol (10% versus 50%), siendo prácticamente nula en los fitoestanoles. Se ha comprobado que algunos fitoesteroles (p. ej., el sitoesterol) reducen la absorción de colesterol al competir con este durante la formación de micelas mixtas, siendo esta reducción más importante si se trata de fitoesteroles saturados (p. ej., sitoestanol), consiguiendo incluso disminuir los niveles circulantes de colesterol(2,3).

Los AG libres y el colesterol entran dentro del enterocito a través de un proceso de difusión facilitada mediada por proteínas de transporte. El 2-monoacilglicerol usaría esta misma vía, pero es de suponer que la difusión pasiva a través de la membrana también es posible. Dentro del enterocito, los 2-monoacilgliceroles y los AG libres (excepto aquellos con menos de 14 carbonos en su cadena) son reesterificados a través de la vía del monoacilglicerol y el colesterol, gracias a la acil-CoA colesterol aciltransferasa(3).

Transporte en el organismo

El transporte de unas moléculas básicamente hidrofóbicas como las grasas en un medio acuoso, se consigue gracias a la formación de agregados de grasas y proteínas llamados lipoproteínas (Tabla II).

Los componentes proteicos de las lipoproteínas (llamados apolipoproteínas) incrementan la solubilidad de las partículas y el reconocimiento por parte de enzimas y receptores.

Los TAG son empaquetados junto con FL y proteínas, particularmente la apolipoproteína B, formando los quilomicrones. Los quilomicrones están compuestos de grandes gotas de lípidos rodeados por una fina capa de FL, colesterol y proteínas solubles en agua. Una vez formados, los quilomicrones dejan los enterocitos, pasan a los vasos linfáticos y, lentamente, hacia el conducto torácico y luego a la vena cava. A través de la circulación sanguínea, llegan hasta los capilares que irrigan los tejidos donde la lipoproteinlipasa hidrolizará los TAG que contienen. Los AG generados pasan a las células de los tejidos. Los remanentes de quilomicrones incorporarán ésteres de colesterol de las HDL y se dirigirán hacia el hígado. Los AG libres de menos de 14 carbonos pasan directamente de los enterocitos a la sangre y son transportados asociados a albúmina vía circulación portal hacia el hígado(2,3).

Importancia del consumo de grasa

Las grasas, principalmente los TAG, contienen una importante cantidad de energía metabolizable (más del doble que los carbohidratos) lo que las hace ideales para constituir la reserva de energía de nuestro organismo.

Cerca del 50% de toda la energía que gastamos diariamente en reposo o realizando actividades ligeras, procede de la oxidación de los AG. Los AG se oxidan a través de la vía catabólica de la β-oxidación, la cual es más lenta que la glucólisis oxidativa(2). Cuando la actividad física se hace más intensa y se requiere un flujo mayor de energía, el consumo de AG disminuye con relación al de los de carbohidratos, el cual se incrementa. Por otro lado, hay que tener en cuenta que después de una ingesta, cuando los niveles de glucosa en sangre se incrementan, muchos tejidos se adaptan al consumo de glucosa y disminuyen la tasa de oxidación de AG(3). En el caso de que la dieta aporte una cantidad en exceso de AG que finalmente no sea consumida, estos se almacenarán en forma de TAG en el tejido adiposo.

La grasa tiene también funciones aislantes y protectoras. Por ejemplo, el tejido adiposo de la hipodermis o el que envuelve a los riñones. Por otra parte, la presencia de grasa en la dieta es fundamental para hacer posible la absorción de las vitaminas liposolubles, ya que estas se absorben a través de las micelas mixtas(2). Cualquier proceso que dificulte la formación de tales micelas (falta de grasa en la dieta, falta de lipasa pancreática, insuficientes sales biliares) provocará una disminución en la absorción de las citadas vitaminas. Las grasas también son importantes en su proceso de digestión y absorción, justamente porque algunas de las sustancias necesarias son de naturaleza lipídica o bien tienen precursores de este grupo (v. apartado Digestión y absorción).

Los FL y los ésteres de colesterol son constituyentes fundamentales de las membranas plasmáticas celulares y de los diferentes orgánulos de la célula. La fluidez y otras propiedades de estas membranas dependen en gran medida de la cantidad de AG esenciales presentes formando parte de los FL de membrana. Los elementos principales que determinan la distribución final de ácidos grasos poliinsaturados (AGP) de cadena larga en los FL de las células, incluyen las proporciones relativas en la dieta de las familias de AG n-3, n-6 y n-9, y de AGP de cadena larga preformados, en relación con sus precursores de cadena más cortas(2,4). Los AG esenciales también son imprescindibles en la síntesis de unos metabolitos oxigenados denominados eicosanoides (prostaglandinas, tromboxanos, leucotrienos, AG hidroxilados y lipoxinas). Los eicosanoides modulan las funciones: cardiovasculares, pulmonares, inmunes, reproductivas y secretoras en muchas células. Los seres humanos dependen de la presencia en la dieta de las familias n-3 y n-6 de AGP de cadena larga para la biosíntesis adecuada de eicosanoides. Los estudios hasta la fecha, han mostrado la eficacia antiinflamatoria de la ingesta de n-3 AGP de cadena larga. Existen evidencias convincentes de que la ingesta de n-3 AGP, cuando sustituye la ingesta de AGS, disminuye el riesgo de accidentes cardiovasculares(2).

Los FL también son necesarios para la formación de las lipoproteínas plasmáticas. El colesterol, como ya se ha dicho, es un precursor de numerosas moléculas: vitamina D, hormonas sexuales, corticoesteroides, sales biliares y otras.

El consumo elevado de ácidos grasos saturados (AGS), especialmente los que presentan una cadena de 12 a 16 átomos de carbono, y de AG trans incrementa los niveles de colesterol asociado a la LDL (c-LDL) y el colesterol total, posiblemente debido a cambios en el metabolismo de los hepatocitos. En cambio, parece ser que la sustitución en la dieta de AGS por AGP n-6 disminuye los niveles de c-LDC y de colesterol total. Por último, parece ser que los AGP n-3 tienen un efecto neutro sobre los niveles de colesterol plasmático, pero en altas cantidades disminuyen la concentración de triacilglicéridos plasmáticos. Los ácidos grasos monoinsaturados (AGM) disminuyen el c-LDL, incrementando al mismo tiempo el c-HDL(2,4).

Fuentes de grasas en la alimentación

Existen una serie de alimentos cuyo contenido de grasa es bastante obvio o fácilmente detectable: aceites, manteca de cerdo, mantequilla y nata, margarinas, mayonesa (y salsas similares), la grasa presente en la carne o determinados productos cárnicos (jamón, salchichón, etc.) o en pescados.

Sin embargo, existen numerosos alimentos en los cuales el contenido de grasas no es tan evidente y, sin embargo, pueden contener cantidades muy importantes: bollería, galletas, pasteles, helados, determinados productos cárnicos (chopped, frankfurts), chocolates, galletas saladas y similares, patatas fritas y aperitivos salados, quesos y frutos secos(5). Cuando se trata de reducir el consumo de grasa, todos ellos deben ser tenidos en cuenta. Aún más, la calidad de las grasas de los diferentes alimentos es variable y tiene sentido, cuando se trata de reducir el consumo de grasa, reducir principalmente aquellos alimentos que aportan ácidos grasos que resultan menos interesantes, debido a su efecto sobre el organismo (Tabla III).

Además, puede que resulten menos interesantes nutricionalmente por otros factores, como contener una cantidad alta de sodio (por ejemplo, los aperitivos salados) o bien contener un alto aporte energético, pero bajo contenido mineral y vitamínico (p. ej., bollería). El queso fresco aporta cantidades moderadas de grasas, pero el queso curado (aunque sea “tierno”) puede llegar a contener cantidades importantes de grasa láctea (25-40 g/100 g) que, además, es altamente saturada. Sin embargo, el queso aporta cantidades importantes de otros nutrientes (proteínas, minerales y vitaminas). Los frutos secos también contienen cantidades importantes de grasas (40-60 g/100 g), pero ésta es rica en AGM o poliinsaturados (Tabla III), y al mismo tiempo aportan cantidades muy apreciables de proteínas, fibra alimentaria, minerales y vitaminas(5).

En el mercado existen numerosos productos con cantidades reducidas de grasas o bien 0% de grasas como, por ejemplo, los lácticos desnatados. Son productos interesantes cuando se trata de reducir y controlar el aporte de grasa a la dieta. Sin embargo, la extracción de grasa “arrastra” consigo también las vitaminas liposolubles. Así, los productos lácteos con 0% de grasa han perdido todas las vitaminas liposolubles excepto que estas hayan sido restituidas(5). Además, los llamados productos “light” dan una sensación de falsa protección al consumidor, lo que conduce a comportamientos tan paradójicos, como los de desayunar un croissant con un café con leche desnatada y sacarina, o consumir cantidades extras porque el producto “no engorda”.

Por último, los métodos de preparación pueden modificar la cantidad de grasa en los alimentos. En este sentido, cabe destacar la fritura como un método muy usado en nuestra cultura culinaria y que incrementa considerablemente el contenido de grasa de los alimentos: 100 g de patatas pueden incorporar entre 10 y 35 gramos de grasa durante la fritura, dependiendo básicamente de cómo se corte la patata y el tipo de fritura usada(2,5).

Recomendaciones de ingesta

No existen recomendaciones específicas para la población infantil española en cuanto a ingesta de grasas y ácidos grasos, por lo que es necesario usar las recomendaciones de la FAO(4) o bien extrapolar las recomendaciones establecidas para los adultos(6).

La Asociación Española de Pediatría (APE)(7) indica que las recomendaciones de consumo de grasa deben realizarse no solo en cuanto a la cantidad de grasas, sino también teniendo en cuenta su calidad en relación con el aporte de AG. También señala que la ingesta de grasa en la población infantil española hasta los 3 años es adecuada y ligeramente superior a lo recomendado en escolares y adolescentes (40% del valor calórico total, VCT), exceso que puede conducir a un aumento del riesgo de sobrepeso y obesidad en estas edades(8). Aunque la ingesta de grasa sea adecuada hasta los 3 años, a partir del año, se observa un aumento del consumo de AGS en detrimento de los AGP, lo cual es negativo y recomienda:

1. Disminuir y controlar el consumo de grasa, eliminando la llamada grasa visible, así como la piel del pollo.

2. Disminuir el consumo de embutidos, dando preferencia a los magros.

3. Consumir leche semidesnatada a partir de los 2 años.

4. Aumentar la calidad de la grasa de la dieta a través de:

a. Aumentar el consumo de pescado a 3-4 veces a la semana, si se trata de pescado blanco o 2 veces si es azul, para asegurar un consumo adecuado de AG n-3.

b. Dar preferencia al consumo de aceites vegetales, especialmente al de oliva. Si se consumen grasas untables, dar preferencia a las margarinas ricas en poliinsaturados.

c. Controlar el consumo de frituras, prefiriendo siempre el aceite de oliva como aceite para freír. Preferir formas culinarias sencillas: hervido, plancha y horno.

La FAO, en su consulta de expertos sobre grasas y ácidos grasos en nutrición humana(4), establece las ingestas dietéticas recomendadas de grasa y ácidos grasos para población lactante (0-24 meses) y niños (2-18 años), categorizando según el grado de evidencia existente. Se trata de un documento muy técnico y detallado, que puede consultarse por Internet. Las principales recomendaciones del documento se resumen en la tabla IV.

Bibliografía

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2. Shils ME, Shike M. Modern nutrition in health and disease. 10th ed. Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins; 2006.

3. Frayn KN. Metabolic regulation: a human perspective. 3ª ed. New York: Wiley-Blackwell; 2010.

4. FAO. Grasas y ácidos grasos en nutrición humana. Consulta de expertos. Estudio FAO alimentación y nutrición. 2012. 1-204 p. Disponible en:
http://www.fao.org/3/i1953s/i1953s.pdf
.

5. Farran A, Zamora R, Cervera P. Tabla de composición de los alimentos del CESNID. McGraw-Hill/Interamericana-Ediciones UB. Madrid; 2003.

6. Ros E, Miranda JL, Picó C, Rubio MA, Babio N, FESNAD, et al. Consenso sobre las grasas y aceites en la alimentación de la población española adulta: postura de la Federación Española de Sociedades de Alimentación, Nutrición y Dietética (FESNAD). Nutr. Hosp. [online]. 2015; 32: 435-77. Disponible en:
http://www.nutricionhospitalaria.com/pdf/9202.pdf.

7. Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Decálogo sobre las grasas en la alimentación de niños y adolescentes. Disponible en: https://www.aeped.es/comite-nutricion-y-lactancia-materna/nutricion-infantil/documentos/decalogo-sobre-las-grasas-en-alimentacion. 2014. Consultad en enero de 2020.

8. Güemes-Hidalgo M, Muñoz-Calvo MT. Obesidad en la infancia y la adolescencia. Pediatr. Integral. 2015; XIX(6): 412-27. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es//publicacion-2015-07/obesidad-en-la-infancia-y-adolescencia/.

Mitos en alimentación infantil

J.M. Moreno Villares
Regreso a las bases


J.M. Moreno Villares

Departamento de Pediatría, Clínica Universidad de Navarra

Resumen

La alimentación es un buen caldo de cultivo para el mito. Precisamente, por su relación directa con la salud. Y en la era de las tecnologías de la comunicación y la información, la población se ve abrumada por una cantidad de mensajes, pocas veces contrastados, muchos contraproducentes. La revisión de los aspectos controvertidos en la alimentación infantil se centrará exclusivamente en el periodo de lactante y de niño de corta edad (hasta su tercer año). Una de las razones para acotarlo a este periodo es el creciente conocimiento de la importancia de la alimentación en las primeras etapas de la vida (los 1.000 primeros días) en la salud futura. También, porque es el momento en el que se adquieren los hábitos alimentarios que perdurarán en el tiempo. La actitud de los padres frente a la alimentación de sus hijos adquiere un carácter clave. Probablemente, la introducción de la alimentación complementaria sea uno de los momentos sobre el que se generan más preguntas. Desde: cuál es el momento ideal, con qué alimento comenzar, la prevención de alergia o cuál es el consejo actual sobre la introducción del gluten en la alimentación del bebé, son algunos de los temas que se revisan en el artículo. La deficiencia en vitamina D o el exceso de proteínas de la dieta de los más pequeños, son también aspectos que merecen la pena ser revisados. La última parte del capítulo se centra en la conveniencia de adecuar los momentos de las comidas a los tiempos de actividad (crononutrición) y la importancia de hablar más de patrones alimentarios que de alimentos y nutrientes.

 

Abstract

Feeding has always been a good breeding stock for myths. And the reason is its relationship with health outcomes. In this era of communication and information technology, people are overwhelmed by countless messages, sometimes confusing and even malicious. A review of some of the most controversial aspects of infant and toddler nutrition will center the content of this paper. One of the reasons to restrict the review to such a period is the growing knowledge of the importance of nutrition during early life (the so called 1000 days) in long-term health. Besides, because this is the time for developing feeding habits that will prevail. Parents ́ attitude on infant feeding is a key point on achieving this target. The introduction of complementary feeding (weaning period) is likely to be the moment where a higher number of questions arise. Starting with the ideal time to begin with foods other than milk, following by which is the most convenient food to start with, how to prevent food allergy or gluten introduction, are common queries in the paediatrician ́s clinic. Vitamin D deficiency or the excess of protein intake are also questions that are worth being reviewed. The last part of the manuscript is dedicated to the convenience of adapting feeding schedule to activity (chrono-nutrition) and to the importance of talking about dietary patterns and not only about foods and nutrients.

 

Palabras clave: Lactancia; Alimentación complementaria; Mito; Vitamina D; Alergia; Patrón dietético.

Key words: Breastfeeding; Weaning; Myth; Vitamin D; Allergy; Dietary pattern.

Pediatr Integral 2020; XXIV(2): 115.e1 – 115.e6


Mitos en alimentación infantil

Introducción

La cuarta acepción del término “mito” en el Diccionario de la Real Academia Española es: “persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene”. Y cuando hablamos de alimentación, esos atributos pueden ser atributos positivos o negativos. Una actividad humana, como es la alimentación, influida por las tradiciones y la disponibilidad de alimentos, y sometida al influjo de modas y de opiniones de todo calado, no se ve libre de esta amenaza. No lo ha estado nunca. ¿Qué ha cambiado entonces ahora?, ¿por qué se genera tanta preocupación en torno a la forma de alimentarnos, en especial, a la forma en cómo alimentamos a nuestros hijos? Uno de los aspectos, sin duda, es la pérdida de referentes. ¿Es hoy el pediatra el referente para la alimentación del lactante y del niño pequeño? Websites comerciales, blogs, e-forums, libros escritos por periodistas, madres, otros profesionales, son con frecuencia el primer punto de contacto que buscan los padres de la generación que hemos llamado “milenials” o “generación Y”, nacidos entre 1980 y 1999, cuando quieren informarse sobre la alimentación de los más pequeños. En un estudio italiano publicado en 2012, usando con los buscadores convencionales: “alimentación complementaria” o “diversificación”; en las 5 primeras páginas de las 131 direcciones encontradas, ninguna hacía referencia a datos de agencias oficiales o sociedades científicas. El pediatra –en colaboración con otros profesionales de salud, en especial la enfermera de pediatría–, debe volver a ser el referente cualificado. No usar y no completar nuestros conocimientos actuales en nutrición para mejorar la salud de los niños representa un atentado a los derechos de los niños(1).

La revisión de los aspectos controvertidos en la alimentación infantil se centrará exclusivamente en el periodo de lactante y de niño de corta edad (hasta su tercer año).

¿Por qué tanto énfasis en los primeros años, si la alimentación es importante en todas las etapas de la vida?

Cierto. Alimentarse bien es importante toda la vida. De hecho, la mayoría de las recomendaciones sobre una dieta saludable se realizan para individuos mayores de 2 años(2). Sin embargo, cada vez hay más evidencias de la importancia para la salud futura de la alimentación –y de otros hábitos saludables– de los primeros años de vida del individuo. Se entiende así que la alimentación infantil sea una ventana de oportunidad para mejorar la salud del mañana. La estrategia en torno a los 1.000 primeros días constituye un punto de inflexión para la mejora de la salud de las poblaciones, tanto en países de rentas altas –con riesgo elevado de exceso de peso–, como en países emergentes –con la doble carga de la desnutrición y el sobrepeso(3)– (Fig. 1).

Figura 1. Periodos críticos del desarrollo. Los 1.000 primeros días abarcan el periodo comprendido entre la concepción y el final del 2º año.

Pero también, porque es en esta etapa cuando se adquieren los hábitos alimentarios que van a perdurar, con pocas variaciones, a lo largo de la vida. Es lo que denomino: “el valor de la coherencia”. En la última década, el interés ha pasado a centrarse en los patrones de alimentación más que en alimentos individuales, ya que engloban la ingesta de todos los alimentos y bebidas, así como los nutrientes y, por tanto, consideran también los posibles efectos acumulativos e interacciones entre ellos. En el estudio ANIBES, se identificaron cuatro patrones alimentarios principales en la alimentación de los adultos en España: el patrón ‘tradicional’, el patrón ‘mediterráneo’, el patrón ‘aperitivos’ y el patrón ‘lácteos y alimentos azucarados’ (http://www.fen.org.es/anibes/index.php). No están tan claramente definidos en los niños, pero existe una clara influencia en lo establecido en los primeros años de vida en la constitución del patrón alimentario(4).

Desde un punto de vista antropológico, la alimentación de los primeros años se ha caracterizado, a lo largo del mayor tiempo de la historia de la humanidad, por los siguientes aspectos: dar de comer para calmar, comer con frecuencia, raciones grandes, preferencia por los alimentos favoritos y la obligación de terminar toda la comida. En una época de abundancia, esos mensajes tienen efectos negativos y llevan al exceso de peso. Por lo tanto, la actitud de los padres frente a la alimentación de sus hijos más pequeños, debe guiarse más por: la interpretación de las claves de hambre y saciedad de los niños, una oferta variada y amplia de alimentos, asociar los alimentos con los contextos y las consecuencias de comer (“win-win”) y el aprendizaje observacional (“un ejemplo vale más que mil palabras”)(5).

Algunas puntualizaciones sobre la lactancia (pocas)

Ningún pediatra duda sobre los efectos beneficiosos de la lactancia, tanto para el niño como para la madre o para la sociedad. No hace falta abundar en el tema. Sin embargo, no viene mal hacer algunas precisiones. La decisión última sobre el amamantamiento la tiene la madre, bien asesorada por los profesionales que cuidan de ella y del niño, antes y después del parto. Nunca una decisión de una madre puede ser juzgada –en uno u otro sentido–. Se precisan estrategias de apoyo que consideren las circunstancias: personales, culturales, ideológicas y estructurales que rodean a la lactancia(6). De forma interesante, se ha podido demostrar que los efectos de la lactancia sobre la ganancia de peso no son tan dependientes de la composición de la leche como del propio hecho del amamantamiento(7). Los efectos positivos sobre el desarrollo cognitivo en lactantes con leche materna pueden verse influidos por los estilos parentales y se atenúan con el tiempo(8). Por último, una puntualización sobre la lactancia materna a demanda, necesaria para establecer una buena lactancia en los primeros instantes, pero que puede ser contraproducente en el periodo de alimentación complementaria, en el que las actitudes parentales tienen mayor importancia, si cabe, que el propio alimento.

Controversias en alimentación complementaria

Todo un capítulo de este número está dedicado a la alimentación complementaria, por lo que solo se tratarán algunos de los aspectos controvertidos de esta etapa. No es de extrañar que la mayor parte de las preguntas –y de las controversias– tengan lugar en este momento. Para ponernos en contexto: se pasa de un periodo en el que un alimento de textura líquida –la leche– constituye la única forma de alimentación y es suficiente para cubrir las necesidades de todos los nutrientes, a otro instante (alrededor del año) en el que el niño casi puede incorporarse a la mesa familiar. Es decir, la exposición a una gran variedad de alimentos con texturas diversas. Si el aprendizaje en el ser humano es por repetición sobre una base de maduración de aptitudes y habilidades, se entiende fácilmente que sea un periodo donde puedan surgir las dudas y, en ocasiones, los problemas. Una buena reflexión: cuando unos padres nos plantean una preocupación sobre la alimentación de sus niños, es suficiente para la intervención activa del pediatra.

¿Nos aclaramos: desde cuándo se puede comenzar a introducir alimentos distintos de la leche?

Cuando hablamos para todo el mundo, el mensaje es claro: la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), tras una revisión pormenorizada de la literatura, si bien afirma que la mayoría de lactantes no necesitan la alimentación complementaria por razones nutricionales hasta alrededor de los seis meses –excepto algunos niños amamantados con riesgo de ferropenia–, no existen datos suficientes para determinar la edad precisa para su introducción en los lactantes europeos, señalando que esa edad estaría entre los 3-4 meses y alrededor de los 6(9). No parece haber ninguna justificación para distinguir entre los alimentados con lactancia natural o los que reciben una fórmula infantil. Y si esta pregunta tiene difícil respuesta para el lactante sano, más difícil todavía es para el pretérmino. Lo más prudente es recomendar su introducción entre los 4 y 6 meses de edad corregida, aunque esta recomendación está basada en muy poca evidencia científica.

Por otro lado, en nuestro medio, es excepcional que más allá de los 6 meses de edad, todavía no se haya comenzado a ofrecer otros alimentos distintos de la leche. Se desaconseja demorar el inicio de la alimentación complementaria por encima de las 26 semanas de edad, ya que esto también puede aumentar el riesgo de problemas nutricionales, como el déficit de hierro. La introducción tardía, además de riesgos nutricionales, puede llevar a una peor aceptación de nuevas texturas y sabores, y una mayor posibilidad de alteración de las habilidades motoras orales.

¿Con qué debo comenzar?

Queda fuera de esta revisión el método con el que comenzar o, lo que es lo mismo, la guerra de siglas (PLW, parent-led weaning o método tradicional; BLW, baby-led weaning o alimentación dirigida por el bebé; BLISS, Baby-Led Introduction to SolidS), dedicando esta parte a los mitos sobre el orden de introducción de los alimentos.

Las pautas varían mucho entre regiones y culturas. No se deben dar “instrucciones” rígidas. No hay alimentos mejores que otros para empezar, aunque se recomienda ofrecer, de manera prioritaria, alimentos ricos en hierro y zinc. Asimismo, se recomienda introducir los alimentos de uno en uno, con intervalos de unos días, para observar la tolerancia y la aceptación, y no añadirles sal, azúcar ni edulcorantes, para que el bebé se acostumbre a los sabores naturales de los alimentos(10).

Pero ¿alguna directriz habrá?

Hay algunos puntos claros y sencillos, pero no tantos. Algunas son de carácter general, por ejemplo, limitar el consumo: de sal (hasta los 12 meses, menos de 1 g de sal al día, menos de 0,4 g de sodio; y entre 1 a 3 años: 2 g/día, 0,8 g de sodio) y de azúcar (menos del 5% del consumo calórico total como azúcares libres). Otras son más específicas: no consumir miel antes del año o leche de vaca antes de esa edad; por ejemplo, algunas van acompañadas de indicaciones de las autoridades sanitarias: evitar las espinacas, acelgas y borraja en el primer año de vida, o evitar el consumo de grandes pescados azules en los <10 años.

¿Se puede prevenir la alergia?

Si hay un tema en el que han variado más las recomendaciones, es sobre la prevención de la alergia alimentaria. Se ha pasado de recomendar su introducción tardía –en alguna guía incluso por encima de los dos años– a no hacer ninguna distinción entre alimentos potencialmente alergizantes –huevo, pescado, determinadas frutas– y el resto de los alimentos. Incluso algunos estudios recientes sugieren que existe una ventana de oportunidad para promover la tolerancia, y que puede ser distinta para cada alimento. Por ejemplo, a raíz de los estudios LEAP (learning about peanut allergy) y EAT (enquiring about tolerance study), entre otros, se sugiere que la introducción de cacahuetes en el primer año de vida, disminuye el riesgo de alergia a los cacahuetes. Los resultados son mucho más limitados para los frutos secos y las semillas(11).

Una variedad más amplia de alimentos en la diversificación en el primer año de vida, puede tener un efecto protector en el desarrollo de enfermedad alérgica, como el asma en niños.

Díganos algo del gluten

Hoy en día, se desconoce cuál es la mejor forma de introducir el gluten, con el objetivo de disminuir la incidencia de enfermedad celíaca. Hasta hace unos años, se pensaba que la mejor forma de introducir el gluten era junto a la lactancia materna, entre los 4 y 6 meses, pero actualmente no hay evidencia de que esto sea así. Están en marcha diversos estudios para poder conocer cuál es la pauta más adecuada.

La recomendación actual es introducir el gluten entre los 4 y los 11 meses de edad, idealmente alrededor del 6º mes y en pequeñas cantidades al inicio(12) (Tabla I).

Deficiencias y excesos

Se dispone tan solo de algunas encuestas de ámbito nacional sobre las ingestas medias de este grupo de edad y son mucho más escasos los datos sobre marcadores biológicos. En España, disponemos de dos estudios recientes transversales descriptivos, el ENALIA y el ALSALMA, ambos de 2013-2014. El estudio ENALIA se realizó en 1862 niños de 6 meses a 17 años, con un muestreo aleatorio, en el que destaca el bajo consumo de hidratos de carbono y el exceso del aporte de proteínas y grasas, especialmente saturadas, así como una ingesta elevada de colesterol y sodio. También, destaca la baja ingesta de vitamina D. En el estudio ALSALMA han participado 1.701 niños de 7 a 36 meses, reclutados por pediatras. Se demuestra que el 95,9% de los niños tiene una ingesta proteica superior al doble de las recomendaciones (RDA) y que porcentajes importantes no alcanzan la ingesta media estimada recomendada de: vitamina D, vitamina E, ácido fólico, calcio e iodo, por lo que están en riesgo de deficiencia. Se observa también que un mayor consumo diario de proteínas y de hidratos de carbono, y menor de grasas, se relaciona con un aumento del índice de masa corporal (IMC), independientemente del consumo energético. El panel sobre Productos Dietéticos, Nutrición y Alergias (NDA) de EFSA emitió en 2013, a petición de la Comisión Europea, un informe sobre los requerimientos de nutrientes y las ingestas dietéticas de lactantes y niños pequeños en la Unión Europea. En él se señala que las ingestas de energía, proteínas, sal y potasio son elevadas, mientras que las de fibra son bajas. También señalaba el informe que, para algunos nutrientes (ácido alfa-linolénico, ácido docosahexaenoico, hierro, vitamina D y yodo), existe población en riesgo de ingestas insuficientes (https://efsa.onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.2903/j.efsa.2013.3408).

Los datos reales de deficiencias son escasos. No existe deficiencia de yodo ni, por tanto, necesidad de suplementación. Solo existe un estudio publicado en 94 lactantes sanos de 12 meses, en el que se encontró una prevalencia de ferropenia del 9,6% y de anemia ferropénica del 4,3%. Solo parece ser necesaria la suplementación con hierro en el grupo de lactantes de riesgo: prematuros, bajo peso al nacimiento, gestaciones múltiples, lactancia materna exclusiva prolongada con escasa/tardía introducción de alimentos con hierro, entre otros(13).

El nutriente que, sin embargo, concita mayor controversia es la vitamina D. Con los niveles de suficiencia vigentes (>20 mg/dl o 50 nmol/L de 25-OH-vitamina D), la prevalencia llega a casi el 40% en la población europea, aunque no específicamente referidos a lactantes y niños pequeños. Sin embargo, a la vista de los datos científicos disponibles no parece necesario modificar las recomendaciones actuales de 400 UI/día durante el primer año para todos los lactantes(14).

¿Importa más cuándo y cómo que lo que se come?

La vida se ha organizado tradicionalmente en torno a los cambios ambientales; de los cuales, el binomio noche/día es el más obvio. En esa regulación de las actividades a lo largo del día, tienen un lugar predominante los momentos de trabajo y descanso, así como el reparto de las comidas. Así, el organismo prima alimentarse en determinados momentos y restringir el acceso a la comida en otros. Aunque es indudable el interés que despierta la adecuación de algunos de nuestros hábitos a esos ciclos del organismo, existen muchos aspectos por conocer, en especial, en lo referente a su aplicabilidad práctica. Por ejemplo, la frase: “desayuna como un rey, come como un príncipe, cena como un mendigo”, como un consejo de buena alimentación, ¿se basa en algún dato científico?, ¿es aplicable también en la edad infantil?, ¿es cierto que hay alimentos que engordan más cuando se comen en la cena?

Se ha demostrado la influencia de los patrones circadianos en la alimentación en población infantil, en especial en lo referente a la omisión del desayuno y su relación con el sobrepeso. Saltarse el desayuno aumenta el riesgo de obesidad en adultos y sobrepeso, y adiposidad visceral en niños. Los datos en lactantes y niños pequeños son mucho más escasos. En el reciente estudio de Cheng, en 349 lactantes que comían preferentemente de día o preferentemente de noche, se observó que en estos últimos, la puntuación Z para el peso a los dos años era mayor y, por tanto, el riesgo de sobrepeso (OR: 2,78; IC 95%: 1,11-6,97; p = 0,029). Algunos patrones de alimentación en los primeros meses de vida (p. ej., lactancia materna exclusiva en los seis primeros meses), condicionan el patrón de alimentación posterior (en los lactantes amamantados es menos frecuente la incidencia de comedores nocturnos).

¿Alimentos buenos y alimentos malos?, ¿hábitos saludables o hábitos insanos?

Realmente no pueden categorizarse los alimentos en “buenos” y “malos”, aunque indudablemente comer algunos de ellos (verduras, frutas, cereal integral, semillas) sea más saludable que comer de otros (ultraprocesados). Algunos alimentos de consumo ordinario y tradicionalmente presentes en la alimentación europea –p. ej.: la leche y los lácteos–, sufren un claro descrédito en esas fuentes de información “gris” (no procedente de datos científicos), mientras que se loa a otros (chía, quinua, soja y derivados, algunas algas) sin un suficiente fundamento científico.

Por otra parte, las recomendaciones dietéticas –ya sean guías, pirámides o platos– proporcionan los fundamentos para conseguir cumplir con las necesidades nutricionales y reducir el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Sin embargo, los alimentos están constituidos por complejas combinaciones de nutrientes y otros compuestos que interactúan o actúan de forma sinérgica en el mismo alimento o con otros alimentos. Parece mucho más razonable –y en ese camino se mueve la investigación epidemiológica nutricional– hablar de patrones dietéticos o patrones de alimentación. Esta aproximación tiene en cuenta el efecto que la combinación de alimentos y la frecuencia de consumo tienen para la salud. La investigación sobre los efectos sobre la salud debe partir, sin embargo, de los alimentos individuales, mientras que el conocimiento de su composición en nutrientes permite ahondar en el conocimiento de la razón de esos efectos (Tabla II).

Este conocimiento más completo permite también clasificar a los alimentos en esenciales (core foods) o en prescindibles (discretionary foods) y ayuda en la elaboración de políticas de salud y en herramientas para el etiquetado de los productos(15).

La alimentación es un caldo de cultivo para el mito, en uno u otro sentido. Hay responsabilidades individuales que nos deberían llevar a comer de una forma más saludable, pero también hay responsabilidades públicas que deben favorecer que se consuma lo más saludable –no necesariamente en cantidades más grandes– y se limite lo menos saludable. Como señala el profesor Miguel Ángel Martínez González en su libro “Salud a ciencia cierta”: “la clave está en cuidar la salud con sabiduría y a ciencia cierta”.

Bibliografía

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Bibliografía recomendada

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En esta guía se revisa la evidencia disponible y se hacen recomendaciones para mejorar la práctica de la lactancia materna.

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Aunque muchos padres perciben que sus hijos tienen problemas para comer, son solo unos pocos los que tienen un verdadero trastorno de la conducta alimentaria. Tanto el patrón de conducta alimentaria de los hijos como la actitud de los padres frente a la alimentación, son objeto de revisión en este artículo.

– Gómez Fernández-Vegue M. Comité de Lactancia Materna y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre alimentación complementaria, 2018. Disponible en:
https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/recomendaciones_aep_sobre_alimentacio_n_complementaria_nov2018_v3_final.pdf
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Guía actualizada de recomendaciones sobre alimentación complementaria elaboradas por los Comités de Lactancia Materna y de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.

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La introducción en edades tempranas de alimentos alergizantes es una intervención prometedora para reducir el riesgo de alergia alimentaria en algunos niños de riesgo elevado.

– Pinto-Sánchez MI, Verdu EF, Liu E, Bercik P, Green PH, Murray JA, et al. Gluten Introduction to Infant Feeding and Risk of Celiac Disease: Systematic Review and Meta-Analysis. J Pediatr. 2016; 168: 132-43.e3. doi: 10.1016/j.jpeds.2015.09.032.

No hay datos suficientes que permitan recomendar la introducción precoz del gluten con una disminución del riesgo de padecer enfermedad celíaca, pero sí en que una incorporación tardía, se asocia a mayor riesgo.

Recuerdo anatómico patológico  del sistema hepatobiliar

D. Infante Pina, P. Ribes Cajas
Regreso a las bases


D. Infante Pina, P. Ribes Cajas.

Unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica. Hospital Universitario General de Catalunya. Grupo Quirón Salud. Barcelona

Resumen

Se revisa la embriología de la formación del sistema hepatobiliar y se describen los aspectos: clínicos, diagnósticos y terapéuticos de las patologías más frecuentes de presentación neonatal, como: atresia de vías biliares, quiste de colédoco y paucidad de vías biliares intrahepáticas. La presentación típica es de colestasis neonatal con la tríada clásica de: ictericia, acolia y hepatomegalia. Es de suma importancia, el conocimiento de estas patologías para poder efectuar un rápido diagnóstico y tratamiento, dado que el pronóstico a largo plazo puede depender de una rápida intervención diagnostica.

 

Abstract

The embryology of the formation of the hepatobiliary system is reviewed and the clinical, diagnostic and therapeutic aspects of the most frequent pathologies of neonatal presentation such as bile duct atresia, choledochal cyst and intrahepatic bile duct paucity are also described. The typical presentation involves neonatal cholestasis with the classic triad of jaundice, acolia and hepatomegaly. It is important to be familiar with these pathologies so as to make a rapid diagnosis and treatment since long-term prognosis may depend on a prompt diagnostic intervention.

 

Palabras clave: Embriología hepatobiliar; Colestasis neonatal.

Key words: Hepatobiliary embryology; Neonatal cholestasis.

Pediatr Integral 2020; XXIV(1): 56 – 59


Recuerdo anatómico patológico  del sistema hepatobiliar

Introducción

Muchas enfermedades tienen su origen en un defecto en la fase de desarrollo embrionario, dando lugar a una disfunción de la parte afecta. Nos referiremos solamente a aquellas patologías más frecuentes, que tienen su presentación en la época de recién nacido y que son consecuencia de una alteración anatómica del sistema hepatobiliar. Se obviarán aquellas patologías como: enfermedades metabólicas, anomalías en la síntesis o transporte de las sales biliares, infecciones u otras noxas patológicas intrauterinas, que puedan conllevar una disfunción en el funcionamiento del sistema hepatobiliar embriológicamente sano en su inicio y que hacen su aparición en periodo neonatal, y entran dentro del diagnóstico diferencial de colestasis neonatal.

Recuerdo embriológico

En el embrión, el hígado se desarrolla como una evaginación endodérmica de la pared del intestino anterior para formar el divertículo hepático. El divertículo prolifera y da origen a los hepatocitos, que se organizan en láminas o trabéculas que formarán el parénquima hepático. El pedículo original del divertículo hepático se convertirá en el colédoco. De este conducto saldrá un brote que formará el divertículo cístico y que dará origen a la vesícula biliar y al conducto cístico(1) (Fig. 1).

Figura 1. Desarrollo embriológico del sistema hepatobiliar.

Recuerdo anatómico

El hígado es la víscera más grande del cuerpo, se sitúa en el hipocondrio derecho en su mayor parte y en el epigastrio, y corresponde al 2,5% del peso corporal. A nivel estructural microscópico, el parénquima hepático está formado por los lobulillos hepáticos que son la unidad funcional básica
(Fig. 2).

Figura 2. Estructura microscópica del lobulillo hepático.

Cada lobulillo se compone de trabéculas de hepatocitos anastomosados que se alejan de la vena centrolobulillar en disposición radial. Además, cada lobulillo consta de conductos biliares que discurren por los tabiques fibrosos que separan cada lobulillo hepático. Los tabiques separadores también llevan vénulas portales y arteriolas hepáticas. Las vénulas portales reciben sangre del tubo digestivo y, desde estas vénulas, la sangre se dirige a los sinusoides venosos y, posteriormente, a la vena central centrolobulilllar. La vena central del lobulillo desembocará en las venas hepáticas y, posteriormente, en la vena cava inferior. Los sinusoides venosos están revestidos de unas células grandes denominadas células de Kupffer, que son macrófagos que fagocitan bacterias y otros cuerpos extraños provenientes de la sangre(2).

A nivel anatómico (Fig. 3), podemos distinguir la cara diafragmática o anterior, superior y posterior, y la cara visceral en la parte inferior, que está recubierta de peritoneo, excepto en la fosa de la vesícula biliar y el hilio hepático.

Figura 3. Recuerdo anatómico del sistema hepatobiliar.

El hígado está dividido por: la vesícula biliar, la vena cava y las arterias hepáticas en dos lóbulos grandes, derecho e izquierdo. El hilio hepático es el punto de entrada de las arterias hepáticas derecha e izquierda, ramas de la arteria hepática común originada en el tronco celíaco, y la vena porta. Así mismo, es el punto de salida de los conductos hepáticos.

Los conductos biliares son un sistema de vasos para el paso de la bilis desde el hígado hasta la porción descendente del duodeno. Las ramas más pequeñas del sistema son los canalículos biliares, hacia los cuales los hepatocitos secretan la bilis. Estos conductos empiezan en el parénquima hepático y continúan hasta la formación del conducto hepático izquierdo y derecho. Estos se unen formando el conducto hepático común, que va junto a la arteria hepática y la vena porta, formando el hilio hepático. En el descenso, el conducto hepático se une al conducto cístico (que proviene de la vesícula biliar) y forman el colédoco. El colédoco se unirá al conducto pancreático para penetrar en la porción descendente del duodeno o papila duodenal mayor.

La vesícula biliar es un saco con forma de pera, situado en la cara visceral del lóbulo hepático derecho. Está formada por el fondo, el cuerpo que se apoya en el colon transverso o parte superior del duodeno, y el cuello. La irrigación proviene de la arteria cística, rama de la arteria hepática derecha. La vesícula biliar se encarga de concentrar y almacenar la bilis que viene del hígado(3).

Hepatopatías por trastorno hepatobiliar intrínseco, por defecto del desarrollo embriológico

Son las hepatopatías colestaticas más frecuentes en la edad infantil. El término colestasis define aquella situación en la que existe una alteración del flujo biliar, con la consiguiente retención y paso a sangre de componentes de la bilis (bilirrubina directa, sales biliares, colesterol, etc.), y que condiciona un cuadro clínico característico, con: ictericia, aparición de bilirrubina en orina (coluria), decoloración parcial o completa de las deposiciones (hipo o acolia) y prurito; así como, un cuadro bioquímico con: aumento de bilirrubina directa, GGT, fosfatasa alcalina y colesterol y, debido a la citolisis biliar, aumento de las transaminasas. Tres son las entidades más frecuentes: la atresia de vías biliares extrahepática, los quistes del colédoco y la paucidad de vías biliares intrahepática.

Atresia de las vías biliares extrahepática

Es la causa más frecuente de colestasis crónica y de trasplante hepático en la infancia, con una incidencia media de 1/10.000 RN vivos. Se reconocen dos formas clínicas: la embrionaria o sindrómica (10% de los casos), que se puede asociar a otras malformaciones (polisplenia, situs inverso, etc.), y la forma perinatal o adquirida (90% de los casos), con mecanismos patogénicos probablemente diferentes; con defecto en la morfogénesis en la primera, y una posible agresión viral o toxica perinatal con respuesta inmune en la segunda(4).

En esta última, existe un proceso inflamatorio progresivo que conduce a la obliteración de la vía biliar extrahepática, así como a la lesión del parénquima hepático (inflamación y fibrosis) y de la vía biliar intrahepática. Aunque no se puede considerar un defecto de la embriogénesis, se suele incorporar en el contexto de “atresia biliar extrahepática”.

El cuadro clínico es muy característico, con un recién nacido a término, de peso y aspecto normal, que inicia ictericia con hipocolia entre las 2 y las 6 semanas de vida, con buen estado general, hepatomegalia firme, y posterior esplenomegalia. Analítica con signos de colestasis (aumento de bilirrubina total y directa, GGT muy elevada), elevación moderada de transaminasas y coagulación normal.

Los hallazgos ecográficos dependen del tipo y de la gravedad de la atresia de vías biliares(5). El tamaño del hígado puede estar normal o aumentado. Los conductos biliares intrahepáticos normalmente no están dilatados. Puede visualizarse un remanente de la vía biliar extrahepática a la altura del hilio hepático, dependiendo del tipo de atresia biliar. Este aparece como una estructura ecogénica triangular o tubular, justo por encima de la bifurcación de la porta. Este hallazgo se llama el “cordón triangular” y se correlaciona con el tejido fibroso que se encuentra en hilio en el examen histológico. Se observa una hipoplasia de la vesícula y la vía biliar(6).

Otras pruebas que nos pueden ayudar en el diagnóstico, son: la realización de una gammagrafía hepática tras la administración de fenobarbital, donde se observará una ausencia de excreción intestinal. En la biopsia, encontraremos hallazgos compatibles con: patrón de colestasis, proliferación ductal y fibrosis portal. La prueba confirmatoria será la laparotomía o laparoscopia exploradora, con la realización directa de una colangiografía intraoperatoria.

El tratamiento es quirúrgico, con realización de una porto-entero-anastomosis (Kasai 1) de cara al restablecimiento del flujo biliar y consiguiente mejora del pronóstico. Son fundamentales, el diagnóstico y tratamiento precoces antes de los dos meses de vida. Sin tratamiento, la mortalidad es del 100% antes de los 3 años de vida, por desarrollo de cirrosis biliar e insuficiencia hepática. Tras la cirugía, un 30% no restablecerán flujo biliar y otro 20% lo harán de forma parcial, precisando todos ellos un trasplante hepático en los meses siguientes. Del 50% restante que restablece el flujo biliar tras la cirugía, un 70% de ellos precisará, a largo plazo, trasplante hepático por evolución cirrógena, ya que la lesión del parénquima persiste a pesar del buen resultado quirúrgico. La supervivencia a los dos, cuatro y diez años de vida, sin necesidad de trasplante, se sitúa alrededor del 55%, 45 y 35%, respectivamente. Se han referido como factores predictivos de mala evolución post-Kasai: la forma embrionaria de la enfermedad, la existencia de fibrosis severa, la edad superior a los dos meses en el momento de la cirugía o la falta de experiencia, tanto quirúrgica como en el manejo postoperatorio del centro. Posteriormente al trasplante, la supervivencia global es de hasta el 90% a los 10 años de vida(7).

Quiste de colédoco

La etiología es desconocida, pero la teoría más aceptada es la unión anómala de los conductos pancreáticos y biliares fuera del duodeno. Esto conlleva a un reflujo del jugo pancreático al árbol biliar, que condiciona una inflamación y deterioro del conducto, que daría lugar a la dilatación biliar. La incidencia es de 1/13.000 a 1/2.000.000 de recién nacidos vivos, con predominio en poblaciones asiáticas. Se pueden clasificar en 5 tipos, según su localización y forma (Tabla I).

Normalmente, se diagnostica en la infancia, la tríada clásica de: ictericia, dolor abdominal y masa abdominal palpable en hipocondrio derecho. Muchas veces, el dolor abdominal recurrente es el síntoma más frecuente. También, se puede asociar: colangitis, pancreatitis e hipertensión portal secundarias. Además, por la estasis biliar, podemos encontrar signos de colecistitis aguda o litiasis en la vesícula biliar. La ruptura quística es poco frecuente, ocurre solamente en neonatos y lactantes. En niños más mayores o adultos, puede no dar síntomas. A veces, se asocia con dolor abdominal e ictericia intermitente. A diferencia de cuando son más pequeños, la palpación de la masa abdominal es infrecuente.

En la enfermedad de Caroli (quistes de colédoco tipo V), los quistes intrahepáticos pueden ser únicos o múltiples, convergen hacia la porta y representan una dilatación sacular de los conductos biliares. Los vasos portales están rodeados por conductos dilatados de forma parcial o completa y, además, puede haber dilatación de la vía biliar común. Se puede asociar a: fibrosis hepática, hipertensión portal y a la enfermedad renal poliquística(8).

En la ecografía, los quistes de colédoco de los tipos I, II y III aparecen como un quiste simple en la región del conducto biliar común, que puede estar separado de la vesícula biliar. Para el diagnóstico de quiste de colédoco, se debe demostrar la comunicación con el sistema ductal biliar. Los conductos intrahepáticos pueden estar dilatados o no. Se debe explorar el páncreas y el conducto pancreático, para descartar pancreatitis o dilatación ductal. En la enfermedad de Caroli, los quistes intrahepáticos periportales pueden acompañarse de la dilatación de la vía biliar extrahepática(6).

Entre los exámenes de laboratorio, podemos encontrar: alteración de las enzimas hepáticas junto con aumento de la amilasa, lipasa y leucocitosis. Si hay alteración en la coagulación y en la función renal, serán indicadores de gravedad.

El tratamiento dependerá del tipo de quiste. Generalmente es quirúrgico; en el quiste tipo I, se recomienda la cirugía con resección. La cirugía más utilizada es la quistectomía con reconstrucción de la vía biliar mediante hepatoyeyunostomía de Y de Roux. En los quistes tipo III, el tratamiento de elección es la esfinterotomía endoscópica mediante colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE). En los quistes tipo V o enfermedad de Caroli con afectación unilobular, el tratamiento más efectivo es la hepatectomía parcial del lóbulo afectado. Si hay afectación difusa, el tratamiento inicial deberá ser con ácido ursodesoxicólico y sales biliares quelantes; pero si se produce cirrosis biliar secundaria, será necesario el trasplante hepático.

Como otras complicaciones, encontramos: litiasis biliar, litiasis hepática, colangitis, pancreatitis aguda y crónica, cirrosis biliar y complicaciones derivadas de la hipertensión portal.

Paucidad de las vías biliares sindrómica: síndrome de Alagille

Se caracteriza por la asociación de una colestasis con: escasez de conductos biliares intrahepáticos, alteraciones cardíacas (la más frecuente, estenosis periférica de la arteria pulmonar), alteraciones vertebrales (vértebras en mariposa), oculares (embriotoxon posterior) y facies peculiar con hipertelorismo, abombamiento frontal y mentón prominente. También presentan: anomalías renales (quistes, hipoplasisa…), dentarias, vasculares o disminución de la capacidad intelectual con menor frecuencia(9-10). Como mecanismo patogénico, se considera una vasculopatía secundaria a los genes JAG 1 (95%) o NOTCH2 (1%). La mitad de los casos son hereditarios, con una herencia autosómica dominante con penetrancia prácticamente completa (96%), pero con gran variabilidad de expresión clínica. Es muy frecuente la repetición del síndrome en los hermanos de un niño afecto. La otra mitad son mutaciones de novo(9).

En el 80% de los pacientes, la colestasis es de inicio neonatal o en la época del lactante pequeño, y se acompaña de: ictericia, hipocolia, hepatomegalia y retraso ponderal, además de prurito intenso y xantomas. El 20-30% restante, presentarán signos de hepatopatía pasado el periodo de lactante, asociarán prurito leve y subictericia fluctuante. En la analítica presentan: hiperbilirrubinemia, elevación de los ácidos biliares, hipercolesterolemia grave, elevación de la GGT y de las transaminasas. La importante colestasis da lugar a déficit severo de las vitaminas liposolubles. El déficit de vitaminas puede llevar a: raquitismo, fracturas de repetición, retinopatía pigmentaria, malnutrición y sangrado, y malnutrición severa. Aún con tratamiento médico, el crecimiento es inferior a la normalidad, son frecuentes la osteoporosis y las fracturas patológicas.

El diagnóstico del síndrome se basa fundamentalmente en criterios clínicos. El diagnóstico de certeza se realiza con la biopsia hepática, cuando se constata la escasez de conductos biliares interlobulares; además debe asociar, al menos, tres de los siguientes rasgos: colestasis, cardiopatía, embriotoxon posterior, vértebras en mariposa, cara peculiar, enfermedad renal o antecedente familiar. En niños menores de seis meses, en los que no puede objetivarse la escasez de conductos biliares en la biopsia, la asociación de 3 o 4 criterios es suficiente para el diagnóstico. El diagnóstico genético puede encontrar mutaciones hasta en el 95% de individuos con criterios clínicos, por lo que en pacientes que no cumplen todos los criterios clínicos, es necesario. También el diagnóstico genético será necesario para familiares del sujeto sin criterios clínicos.

El síndrome de Alagille no tiene tratamiento específico, es el común para todo cuadro colestásico. El tratamiento con: fenobarbital, ácido ursodesoxicólico y la suplementación con vitaminas liposolubles, mejora la evolución de la enfermedad, disminuyendo la intensidad de los síntomas. Es de vital importancia, optimizar el estado nutricional de estos pacientes para prevenir las complicaciones asociadas. Su evolución natural es el desarrollo, en un 50% de los casos, de una colestasis grave y, posteriormente fibrosis, que requerirán de un trasplante hepático antes de la vida adulta. El pronóstico de supervivencia a los 10 años es de un 45% de los que habían debutado en periodo neonatal, y un 79% de los que tenían inicio más tardío(7).

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Endoscopia digestiva pediátrica

J.F. Viada Bris, R.A. Muñoz Codoceo
Regreso a las bases


J.F. Viada Bris, R.A. Muñoz Codoceo

Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Sección de Gastroenterología y Nutrición. Madrid

Pediatr Integral 2015; XIX (2): 139-143

Disponible en Internet


Endoscopia digestiva pediátrica

Introducción

El desarrollo de la endoscopia pediátrica se inicia en los años 70, proporcionando un impulso fundamental al conocimiento y comprensión de las enfermedades digestivas del niño. Esta técnica permite el estudio de las lesiones mucosas superficiales y de la hemorragia gastrointestinal, permitiendo detallar su historia natural a través de su observación in vivo. Además, la posibilidad de la toma de biopsias para estudio histológico potencia su valor en el diagnóstico de múltiples patologías digestivas.

Conceptos básicos

La palabra endoscopia proviene, etimológicamente, de las palabras endo, que significa dentro, y skopein, que significa observar o mirar. Por tanto, podemos definir la endoscopia como una técnica basada en la exploración de las partes internas del organismo a través del uso de equipamiento visual apropiado. Dependiendo del acceso para la realización del examen endoscópico, podemos dividir esta técnica en dos grandes grupos: la endoscopia por orificio natural (esofagoscopia, gastroscopia, duodenoscopia, colonoscopia, etc.) y la endoscopia por apertura artificial (artroscopia, laparoscopia, etc.). En el caso de la endoscopia digestiva, el acceso por orificio natural contribuye a que la técnica modifique mínimamente las porciones exploradas.

Según el tipo de endoscopio utilizado (rígido o flexible), la exploración varía considerablemente, por lo que podemos diferenciar dos tipos de endoscopia: endoscopia rígida y endoscopia flexible. En la actualidad, la mayoría de las técnicas se realizan con endoscopios flexibles, dadas las ventajas frente a los rígidos. Un endoscopio flexible consta básicamente de cuatro partes fundamentales: el grupo de mando o unidad de control, el tubo de inserción, el extremo distal y sección de angulación y, por último, los sistemas de fuente de luz, insuflación de aire, aspiración, abastecimiento de agua y fuente de diatermia.

Todos los endoscopios flexibles disponen de un canal de trabajo, por el cual se pueden introducir distintos instrumentos, como son: pinzas de biopsia, escobillones para citología, asas de polipectomía, pinzas o garfios para la extracción de cuerpos extraños, cestillas, etc. Esto hace que la endoscopia no sea una técnica meramente diagnóstica, sino también terapéutica.

Los endoscopios están diseñados para sostener el grupo de mando o unidad de control con la mano izquierda. El dedo corazón gira el mando que mueve el extremo distal, arriba y abajo, y el pulgar es el que controla los movimientos de izquierda-derecha. El dedo índice controla los canales de aire-agua y de aspiración. La mano derecha controla el tubo de inserción y los accesorios a través del canal de trabajo.

Existen distintas modalidades de endoscopia a tenor del área del aparato digestivo explorada. La esofagogastroduodenoscopia (o panendoscopia oral) es la exploración del tubo digestivo hasta la segunda porción duodenal, aunque, en ocasiones, puedan alcanzarse porciones más distales. La rectoscopia, rectosigmoidoscopia y colonoscopia (completa o parcial) exploran los distintos tramos del intestino grueso. Mediante la colonoscopia, es posible acceder al íleon terminal a través de la válvula ileocecal, técnica conocida como ileocolonoscopia.

Hasta hace aproximadamente una década, la exploración del intestino delgado era compleja. Eran precisos unos conocimientos y habilidades específicas y se utilizaban unos enteroscopios de mayor tamaño que los convencionales. En la actualidad, la cápsula endoscópica es la técnica de elección para explorar este tramo del tubo digestivo. Sin embargo, la limitación en cuanto a la toma de biopsias y la posibilidad de realizar diferentes técnicas terapéuticas mediante estos dispositivos, hacen preciso el desarrollo de nuevas alternativas que ofrezcan mayor rendimiento…

El texto completo únicamente está disponible en: www.pediatriaintegral.es del año 2015; XIX(1): 139-143

Exploraciones clínicas, bioquímicas y técnicas de imagen en la valoración de la patología digestiva y hepatobiliar

D. Lledín Barbancho*, R. Vecino López**
Regreso a las bases


D. Lledín Barbancho*, R. Vecino López**

*Médico adjunto del Servicio de Hepatología y Trasplante hepático. Hospital Infantil La Paz. **Médico adjunto especialista en Digestivo Infantil, Hospital Universitario de Torrejón, Madrid

Resumen

La sintomatología referida al aparato digestivo es un motivo muy frecuente de consulta en la práctica pediátrica, en la mayoría de las ocasiones, se trata de procesos banales que no van a precisar ninguna prueba complementaria para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento posterior. El principal reto para el pediatra es detectar aquellos casos que precisarán algún estudio más extenso.
Además, en ocasiones, puede resultar complicado el enfoque del niño con patología hepatobiliar, por ser esta menos frecuente. Es importante hacer una buena anamnesis y exploración física, fijándose en los signos típicos del niño con patología hepática y valorar en ese contexto las pruebas de laboratorio solicitadas, así como saber qué estudio de imagen es el más apropiado en cada situación. En esta revisión, exponemos de la forma más esquemática y orientándolo a la práctica clínica, las pruebas más utilizadas, sus ventajas y limitaciones para el diagnóstico

 

 

Abstract

Symptomatology of gastrointestinal disease is a very common cause of pediatric consultation in the clinical practice. The majority of cases are not important processes and need no further diagnostic laboratory or imaging work-up. The main challenge for paediatricians is to detect those cases that need them.
The approach to the evaluation of children with hepatobiliary disease may occasionally be a difficult task. Therefore, a thorough history and clinical examination is mandatory, focusing on key findings that may ultimately lead to diagnosis. An accurate interpretation of laboratory and radiological tests, as well as a rationale use of the latter has to be the rule in this context. Here we review in a clear, brief and practical presentation the most important diagnostic tests in liver disease, its advantages and limitations

 

Palabras clave: Síntomas gastrointestinales; Enfermedad hepatobiliar; Pruebas de función gastrointestinal y hepática; Técnicas de imagen hepáticas; Test de función gastrointestinal.

Key words: Gastrointestinal symptoms; Liver-biliary disease; Test function liver; Hepatic imaging; Functional gastrointestinal test

 

Pediatr Integral 2015; XIX(1): 66.e1-66.e18

 

Disponible en Internet desde enero 2015


Exploraciones clínicas, bioquímicas y técnicas de imagen en la valoración de la patología digestiva y hepatobiliar

Resumen

La sintomatología referida al aparato digestivo es un motivo muy frecuente de consulta en la práctica pediátrica, en la mayoría de las ocasiones, se trata de procesos banales que no van a precisar ninguna prueba complementaria para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento posterior. El principal reto para el pediatra es detectar aquellos casos que precisarán algún estudio más extenso.

Además, en ocasiones, puede resultar complicado el enfoque del niño con patología hepatobiliar, por ser esta menos frecuente. Es importante hacer una buena anamnesis y exploración física, fijándose en los signos típicos del niño con patología hepática y valorar en ese contexto las pruebas de laboratorio solicitadas, así como saber qué estudio de imagen es el más apropiado en cada situación. En esta revisión, exponemos de la forma más esquemática y orientándolo a la práctica clínica, las pruebas más utilizadas, sus ventajas y limitaciones para el diagnóstico

El texto completo únicamente está disponible en:  www.pediatriaintegral.es del año 2015; XIX(1): 66.e1-66.e18

Cirugía programada. Calendario quirúrgico

E.M. De Diego García*, A.R. Tardáguila Calvo**
Regreso a las bases


E.M. De Diego García*, A.R. Tardáguila Calvo**

*Jefe de Sección de Cirugía Pediátrica. Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”. Santander. Profesor Asociado de Pediatría. Facultad de Medicina.
Universidad de Cantabria. **Médico Adjunto de Cirugía Pediátrica. Hospital Universitario.“Marqués de Valdecilla”. Santander

Pediatr Integral 2014; XVIII(10): 760-766

Disponible en Internet desde Diciembre de 2014


Cirugía programada. Calendario quirúrgico

Resumen

El calendario quirúrgico es una guía que pretende ayudar en la recomendación de la edad más apropiada para la corrección de los problemas quirúrgicos pediátricos. Su objetivo primordial es conseguir una adecuada coordinación entre el pediatra de Atención Primaria y el cirujano, para realizar un diagnóstico, seguimiento y tratamiento óptimos del potencial paciente quirúrgico infantil.
A pesar de que la mayor parte de las patologías pediátricas quirúrgicas tienen una edad estimada de corrección bastante definida, los progresos tanto en el campo de la cirugía como en el de la Anestesiología pediátrica nos obligan a revisar frecuentemente nuestros protocolos y actualizar este calendario.
El conocimiento de estos cambios y opciones terapéuticas permitirán al pediatra solicitar la valoración del paciente al especialista quirúrgico en el momento exacto, lo que garantizará una corrección quirúrgica en las mejores condiciones y minimizará el impacto emocional sobre el niño.
En el presente artículo, se realiza una revisión de las indicaciones quirúrgicas, sobre la base de las últimas novedades en el campo de la cirugía infantil, proponiéndose un calendario quirúrgico actualizado

 

Palabras clave: Calendario quirúrgico; Indicaciones quirúrgicas.

Introducción

El calendario quirúrgico es una guía consensuada, ideada para coordinar el manejo de la patología quirúrgica electiva entre los distintos especialistas pediátricos.

Los procesos quirúrgicos en la edad pediátrica pueden clasificarse según el grado de urgencia con que deba ser realizado el tratamiento. El momento óptimo de la intervención está condicionado por distintos factores, pero siempre que sea posible, la intervención quirúrgica debe realizarse de forma programada.

Una clasificación basada en la urgencia de tratamiento del proceso quirúrgico en el niño, nos ayuda a sentar las bases de nuestro calendario, acotándonos aquellos procedimientos susceptibles de ser incluidos en él. Así hablamos de:

Cirugía urgente: procesos que requieren actuación quirúrgica sin demora. La mayoría de las patologías que la precisan no se diagnostican hasta hacerse sintomáticas por sus complicaciones, lo que puede darse a cualquier edad, por lo que lógicamente, no podemos encasillarlas en un protocolo como el que perseguimos en este artículo.

Cirugía inmediata: se difiere la cirugía para mejorar las condiciones del paciente o porque precisa un estudio diagnóstico preoperatorio, con lo que tampoco podemos tratar de predecir su aparición y evolución mediante este calendario.

Cirugía electiva: incluye aquellos procesos cuya corrección quirúrgica se practicará a la edad que el cirujano considere más óptima, siendo, por tanto, el objeto de nuestro trabajo. Por fortuna, la mayoría de las patologías quirúrgicas en el niño se pueden incluir en esta categoría.

En el curso de estos procesos, debemos identificar dos tipos de factores: los que apoyan un tratamiento precoz y los que, por el contrario, aconsejan un aplazamiento de la intervención hasta una edad en la que se puedan evitar complicaciones no deseadas.

El texto completo únicamente está disponible en:  www.pediatriaintegral.es del año 2014; XVIII(10): 760-766

Genética básica para el pediatra

I. Arroyo Carrera
Regreso a las bases


I. Arroyo Carrera

Servicio de Pediatría. Hospital San Pedro de Alcántara. Cáceres

Pediatr Integral 2014; XVIII(8): 564-570

Disponible en Internet desde Octubre de 2014


Genética básica para el pediatra

Introducción

El origen de la genética médica podemos establecerlo en 1902, cuando Garrod reconoce que las leyes de Mendel, publicadas en 1865, explicaban una enfermedad familiar humana, la alcaptonuria. Con el descubrimiento en el año 1953 por Watson y Crick de la estructura molecular de los ácidos nucleicos, y el conocimiento en el año 1956 del número de cromosomas de la especie humana, surge la especialidad médica moderna. La explosión de conocimientos en estas últimas décadas ha llevado a la genética a estar en la base de toda la Medicina.

Actualmente sabemos que prácticamente todas las patologías humanas tienen un componente genético y que es una de las ciencias básicas fundamentales para entender la patogenia de las enfermedades. Este origen genético incluye no solo a enfermedades congénitas pediátricas, sino a patologías muy frecuentes del adulto como: obesidad, diabetes, HTA, psicosis, demencias, cáncer y envejecimiento.

El impacto de las enfermedades genéticas podemos cuantificarlo en todas las edades de la vida: en un 50% de los abortos del primer trimestre se encuentra una alteración cromosómica; el 2-3% de los recién nacidos tienen una anomalía congénita y, de ellas, al menos el 50% tienen un origen genético; en los países desarrollados, son responsables de un 20-30% de los ingresos hospitalarios pediátricos y de un 40-50% de la mortalidad infantil; y en la edad adulta, más de un 50% de la población tendrá un problema médico determinado genéticamente(1,2).

Los avances en la comprensión del genoma humano han permitido no solo una mejora del abordaje clínico y diagnóstico, sino en ocasiones, ofrecer nuevos tratamientos y medidas preventivas de las enfermedades. También la realización de estudios familiares, valorar opciones reproductivas, el diagnóstico prenatal y la farmacogenómica, que permite individualizar los tratamientos más eficaces en función de las alteraciones genéticas de la enfermedad en un determinado paciente.

La enfermedad está causada por la interacción no adaptativa entre la variación genética, factores ambientales y conductas de salud, existiendo cada vez más evidencia de la contribución epigenética, que son mecanismos moleculares que afectan a la expresión génica, pero no originados por la modificación de la secuencia de bases del ADN(1,2). La importancia porcentual de estos orígenes varía en función de cada uno de los factores específicos en cada paciente. En realidad, es un espectro continuo entre patologías donde la mutación germinal de un único gen condiciona la aparición del fenotipo, aunque este tenga expresividad variable modificada por otros factores (p. ej.: la enfermedad de Duchenne), y patologías donde el factor ambiental es el principal determinante de la clínica (p. ej.: enfermedades infecciosas donde también existen factores de susceptibilidad genética o el reconocimiento de la importancia de la microflora endógena en la salud y la enfermedad humana).

Los fenotipos surgen de las interacciones complejas entre estos factores. Deben desarrollarse tecnologías mejores para analizar, sobre todo, los factores ambientales que nos ayudarán a conocer mejor las correlaciones genotipo-fenotipo…

El texto completo únicamente está disponible en:
www.pediatriaintegral.es del año 2014; XIII(8): 564-570

Exploración ortopédica infantil

J.A. Conejero Casares
Regreso a las bases


J.A. Conejero Casares

Médico rehabilitador. Unidad de Rehabilitación Infantil. Servicio de Rehabilitación. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla. Profesor asociado de Rehabilitación. Departamento de Farmacología, Pediatría y Radiología. Facultad de Medicina. Universidad de Sevilla. Presidente de la Sociedad Española de Rehabilitación Infantil

Pediatr Integral 2014; XVIII(7): 478-487

Disponible en Internet desde Septiembre de 2014


Exploración ortopédica infantil

Resumen

La exploración ortopédica del niño y el lactante ofrece una información valiosa si se realiza con rigor y siguiendo un orden establecido.

Podemos distinguir la exploración del recién nacido, del lactante, del niño menor de 5 años y del mayor de esa edad.

En el recién nacido, encontramos patología muy evidente, como las malformaciones congénitas de los miembros (deficiencias longitudinales o transversales), deformidades (pie zambo, artrogriposis), parálisis braquial neonatal o algunas osteocondrodisplasias de fácil reconocimiento, como la acondroplasia o la osteogénesis imperfecta. Sin embargo, en la mayoría de los casos, hay que descartar la presencia de alteraciones ortopédicas no tan evidentes, como la displasia del desarrollo de la cadera, la escoliosis congénita o el metatarso aducto.

En el lactante, hay que realizar una exploración reiterada para poder diagnosticar, de forma precoz, patologías que se manifiestan en esta edad, como: el tortícolis muscular congénito, formas de aparición tardía de la displasia del desarrollo de la cadera, la oblicuidad pélvica o la parálisis cerebral.

En el niño menor de 5 años, prestaremos atención a la marcha y sus alteraciones, las alteraciones angulares y rotacionales del miembro inferior y la situación del pie. Las alteraciones neurológicas se manifiestan con claridad en este grupo etario.

En el niño mayor de 5 años, ya se puede contar con la colaboración del niño y esto es, particularmente importante, para evaluar la movilidad voluntaria y la fuerza muscular.

 

Introducción

La exploración ortopédica del niño y el lactante no es difícil. En la mayoría de los casos, la precisión en los hallazgos exploratorios, su utilidad y correlación con un diagnóstico correcto, depende de la realización de la técnica exploratoria de una forma ordenada.

Los factores esenciales a considerar ante la presencia de una anomalía ortopédica en el niño son la edad y la naturaleza del trastorno.

La edad tiene un valor orientador muy importante sobre el tipo de alteración ortopédica que va a aparecer en el niño. El médico conoce a qué edad se manifiestan los problemas más prevalentes y de este modo puede realizarse un diagnóstico precoz (recién nacido: inestabilidad de cadera; 1 año: genu varo fisiológico, torsión tibial; 2-7 años: genu valgo).

En relación a la naturaleza del problema, hay que diferenciar entre: alteraciones posturales (pie talo valgo), deformidades aisladas (pie zambo) o en el contexto de una enfermedad previa (osteocondrodisplasias, parálisis cerebral) y malformaciones congénitas.

En Ortopedia Infantil, además de la exploración cotidiana del niño y el lactante, hay dos programas de detección precoz de la displasia del desarrollo de la cadera (DDC) en el RN (recién nacido) y en el lactante(1-4) y de las deformidades vertebrales…

 

El texto completo únicamente está disponible en: 
www.pediatriaintegral.es del año 2014; XIII(7): 478-487

 

Consulta prenatal y seguimiento del recién nacido normal

P.M. Merón de Cote
Regreso a las bases


P.M. Merón de Cote

Centro de salud Cerro del Águila (Sevilla)

Pediatr Integral 2014; XVIII(6): 384-394 –  Disponible en Internet desde Agosto de 2014

Disponible en Internet desde Agosto de 2014


Consulta prenatal y seguimiento del recién nacido normal

SEGUIMIENTO DEL RECIÉN NACIDO NORMAL

Introducción

El objetivo principal del pediatra de Atención Primaria es mantener y, a ser posible, mejorar la salud del niño, y los controles de salud que se realizan durante la edad pediátrica suelen constituir el principal medio para conseguirlo. El primero de estos controles se realiza en el periodo de recién nacido (RN), habitualmente entre los 7 y 15 días tras el alta hospitalaria. Esta consulta debe tener una duración mínima de 30 minutos y en ella se deben realizar medidas de diagnóstico, tratamiento y, sobre todo, de prevención y promoción de la salud, que se van a describir a continuación.

CONSULTA PEDIÁTRICA PRENATAL

El pediatra es una figura especialmente relevante en la educación prenatal, y es deseable que comparta la responsabilidad, junto con el obstetra y la matrona, para ayudar a la embarazada a realizar una elección, informada sobre los cuidados y alimentación de su futuro hijo.

Esta visita ha demostrado su utilidad para mejorar la salud del niño y de la madre. Aumenta el número de mujeres que deciden amamantar a sus hijos, disminuye las consultas a los servicios de urgencias pediátricas, ayuda a establecer una relación padres-pediatra más fluida y mejora el cumplimiento en las primeras citas(10). Es recomendable realizarla en el tercer trimestre del embarazo, y debe incluir…

 

El texto completo únicamente está disponible en: 
www.pediatriaintegral.es del año 2014; XIII(6): 384-394

 

Carro de parada. Medicación y material de urgencias

S. Fernández de Miguel, V. Murga Herrera
Regreso a las bases


S. Fernández de Miguel, V. Murga Herrera

Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos y Urgencias. Servicio de Pediatría. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

Resumen

La parada cardiorrespiratoria (PCR) en la infancia es un evento que, aunque mucho menos frecuente que en el adulto, puede presentarse en cualquier ámbito. Por otro lado, las situaciones de riesgo vital, cuyo correcto manejo evitaría la evolución a PCR, son más frecuentes y necesitan también de atención inmediata.
Distintos estudios han demostrado que la morbi-mortalidad derivada de una PCR va a depender en gran medida del intervalo de tiempo que pase hasta que se inician las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP).
Por tanto, cualquier centro o dispositivo sanitario que pueda en algún momento atender población pediátrica, debe contar tanto con el material necesario, como con un personal plenamente entrenado para poder iniciar una RCP de calidad lo antes posible.
En este artículo, nos centraremos en las características esenciales que debe tener un carro o mochila de parada adecuados, siguiendo las recomendaciones establecidas por el Grupo Español de Reanimación Cardiopulmonar Pediátrica y Neonatal.

 

Abstract

Cardiorespiratory arrest (CRA) in children, although far less frequent than in adults, is an event that can occur in any setting. On the other hand, life-threatening situations that need a quick solution so as to avoid concluding in CRA are much more frequent. Different studies have come to the conclusion that morbi-mortality after CRA depends, to a large degree, on the time lapse prior to cardiopulmonary resuscitation (CPR) initiation.
In short, any Health Care Center must have all the necessary life support material as well as properly trained staff to deliver a high quality CPR as soon as possible.
This review will focus on the characteristics of a standardized resuscitation cart according to the recommendations drawn up by the Spanish Pediatric and Neonatal CPR Group.

 

Palabras clave: Reanimación cardiopulmonar; Carro de parada; Material de reanimación; Niños; Recién Nacidos

Key words: Cardiopulmonary resuscitation; Resuscitation cart; Life support material; Children; Newborn

 

Pediatr Integral 2019; XXIII (2): 106.e1 – 106.e6


Carro de parada. Medicación y material de urgencias

Introducción

La parada cardiorrespiratoria pediátrica (PCR), así como las situaciones de riesgo vital que pueden llegar a desencadenarla, precisan de atención inmediata. Estas circunstancias pueden darse en cualquier momento y en cualquier ámbito sanitario(1).

Estas situaciones son de alto riesgo, y suponen además un importante estrés para el personal que las atiende. Por otro lado, los retrasos en los cuidados y los errores cometidos, pueden traer consecuencias indeseadas.

Por lo tanto, todos los centros y dispositivos médicos subsidiarios de atender población pediátrica deben contar con el material y el personal necesario para poder llevar a cabo una intervención inmediata, sea cual sea el nivel de complejidad de dicho centro.

Este material conforma lo que conocemos como carro o mochila de parada. El contenido de dicho carro va a presentar diferencias según el escenario para el que se contemple y debe incluir de manera ordenada: el material y la medicación para atender tanto una PCR como las urgencias vitales que pueden evolucionar a PCR.

La estandarización, tanto de los protocolos de actuación, como de los componentes de dichos carros/mochilas, puede disminuir tanto el estrés en la atención, como el riesgo que conllevan estas situaciones(2).

Periódicamente, se revisan a nivel internacional las recomendaciones sobre reanimación cardiopulmonar, incluyendo la pediátrica. En octubre del año 2015, se publicaron las nuevas Guías de Reanimación Cardiopulmonar, tanto del European Resuscitation Council (ERC)(3) como de la American Heart Association (AHA), según consenso ILCOR 2015.

Las últimas guías publicadas no incluyen recomendaciones sobre el material, la medicación ni la organización del carro de parada. Aunque sí dedican una parte específica a cómo debe ser la formación en soporte vital y a su implementación, tampoco establecen unas directrices claras sobre el tipo de formación y la periodicidad del reciclaje(4).

Recientemente, el Grupo Español de RCP Pediátrica y Neonatal ha publicado las recomendaciones de expertos sobre el contenido (material y fármacos) que deben incluir los carros/mochilas de RCP pediátrica(1), con el objetivo de mejorar la organización asistencial. En estas recomendaciones vamos a basar nuestro artículo.

Los principios generales sobre el contenido y organización del carro de parada se encuentran recogidos en la tabla I.

Recomendaciones

1. Tipo de carro

Las dos opciones más extendidas y reconocidas para guardar el material de RCP son(1):

• Carro de parada: lo ideal es que cuente con suficientes cajones para poder guardar todo el material. El material deberá estar colocado de manera ordenada y debidamente etiquetado con carteles bien visibles.

• Mochila: debe contar también con suficientes compartimentos para colocar ordenadamente el material y con carteles para su correcta identificación. 

El carro/mochila de RCP se debe encontrar en un lugar fácilmente accesible y debe estar bien identificado. Es conveniente una señalización que nos informe de su ubicación, para poder ser localizado también por personal no habituado a la unidad.

Es importante evitar que el carro o mochila quede oculto por otro material. También hay que vigilar que su acceso o desplazamiento no se encuentre obstaculizado.

Se debe poder desplazar allí donde sea necesario, así que debe ser fácilmente transportable.

2. Localización del carro/mochila

Los lugares en los cuales deberían estar presentes los carros/mochilas de parada, los podemos ver en la tabla II(1,5). Como veremos más adelante, el material recomendado será diferente según el lugar donde se encuentre el carro de parada.

En cualquier caso, si hablamos de centros con posibilidad de atender tanto a pacientes adultos, como a niños, se recomienda la existencia de un carro o mochila de RCP pediátrico separado, o específico neonatal si fuese el caso, de cara a facilitar la asistencia a los pacientes más pequeños y disminuir el riesgo de errores(6).

3. Componentes de los carros y mochilas de reanimación cardiopulmonar

En primer lugar, debe quedar claro que tanto los carros como las mochilas solo deben contener el material y los fármacos necesarios para abordar una situación de urgencia vital o PCR, y no convertirse en un lugar de almacenamiento de elementos de uso poco frecuente, dificultando así el acceso en caso de urgencia.

Se describen tres tipos de carros de RCP, con las variaciones en el material entre cada uno de ellos y sus posibles ubicaciones(1):

1) Carro RCP intermedia pediátrica (tabla III): con material y medicación adecuados para iniciar una RCP avanzada de calidad.

En algunos carros/mochilas de RCP intermedia, el contar con el material y la medicación de intubación, puede ser optativo. Este tipo de carro/mochila sería adecuado para:

• Centros de Atención Primaria.

Puntos de atención continuada.

• Plantas de Pediatría.

• Consultas y zonas de radiología de hospitales con unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP).

• Servicios de Urgencias de hospitales que no atienden habitualmente a niños, pero a los que pueden acudir puntualmente con una urgencia vital o en PCR.

2) Carro RCP avanzada (tabla IV): contiene, además del material y fármacos incluidos en el carro de RCP intermedia, material y medicación más específicos de cuidados intensivos.

La mochila de RCP debe llevar el mismo material y medicación descritos en la tabla II, aunque el número de repuestos de cada tipo sea menor. Este tipo de carro/mochila sería recomendable tenerlo en:

• UCIP.

• UCI de adultos de hospitales sin UCIP.

• Servicios de urgencias de hospitales con UCIP.

• Áreas de reanimación pediátrica y quirófanos de Pediatría.

• Servicios de emergencias extrahospitalarias. 

3) Carro de reanimación neonatal (tabla V): abarca el material y los fármacos necesarios para la reanimación neonatal.

Por lo tanto, deben encontrarse en los lugares tributarios de presentar esta situación:

• Paritorio.

• Unidades de cuidados intensivos neonatales.

• Unidades neonatales.

• Ambulancias medicalizadas de los servicios de emergencias y transporte.

4. Organización del contenido

Tanto si se trata de un carro, como de una mochila, deben de contar con los compartimentos necesarios para separar el material del modo que se considere más práctico.

En este sentido, muchos centros organizan su contenido siguiendo la secuencia ABC, es decir, un compartimento para el material de manejo de la vía aérea, uno para el material relacionado con la ventilación, otro para el material para canalización de vía y sueros, y por último, un compartimento para la medicación. De esta manera, cada compartimento albergaría los distintos tamaños del material (Fig. 1).

Figura 1. Carro de parada organizado según secuencia ABC. Imagen cedida por cortesía de Francehospital.

Otros centros han empezado a organizar todo el material según la edad y peso de los pacientes, siguiendo el código de colores de la cinta de Broselow, de modo que cada cajón recogería todo el material necesario para el manejo de un paciente de una determinada edad o peso(7) (Fig. 2).

Figura 2. Carro de parada organizado según código de colores de la cinta de Broselow. Imagen cedida por cortesía de Francehospital.

En este sentido no existen directrices claras: las recomendaciones dadas desde el grupo Español de RCP Pediátrica y Neonatal abogan por la organización de nuestro carro según la secuencia ABC(1), aunque cabe reseñar que existen varios artículos que resaltan menores tiempos en la localización del material por parte del personal en aquellos casos en los que el material se encuentra organizado en compartimentos por edades(8,9).

De cualquier modo, el carro debe contener toda la gama de tamaños necesarios para asistir a pacientes de cualquier edad, así como suficientes recambios del material y de los fármacos que se consideren necesarios.

Además, todo el material y la medicación que precisen, deben de estar estériles y con la fecha de caducidad visible(1).

Es importante que todo el personal conozca la manera en la que se haya decidido organizar el carro de parada en cada centro(1,2,7).

5. Revisión de material

Todo el contenido del carro debe quedar reflejado en una lista junto al carro, que facilite sus revisiones periódicas. Recomendamos la realización de una fotografía que facilite al personal menos habituado las revisiones periódicas(8).

A propósito de esto, cada centro debe contar con protocolos claros para establecer(1,8):

• Revisiones periódicas de caducidad del material y fármacos.

• Chequeo periódico del monitor y desfibrilador.

• Reposición del material tras su uso.

• Lista de personal responsable de comprobaciones.

• Listas de comprobación que faciliten estas tareas (listas de material, de viales de medicación…).

Al igual que en las recomendaciones dadas por el Grupo Español de RCP, recordamos la utilidad de contar junto al carro de parada de algoritmos visibles, con las secuencias de RCP y hojas de dosificación de los principales medicamentos utilizados por peso.

También es interesante contar con breves descripciones del modo de preparación de los fármacos, de cara a disminuir los errores derivados del cálculo de dosis en una situación de urgencia(8).

6. Estrategias para minimizar errores

Varios estudios han tratado de analizar los errores más comunes acaecidos durante situaciones de urgencia vital y PCR, especialmente aquellos relacionados con las medicaciones(7-9).

Es evidente que dado el estrés de una situación como la PCR, es fácil que ocurran errores en cualquiera de las fases de la administración de fármacos: utilizar órdenes verbales, no realizar doble chequeo, órdenes incompletas sin especificar unidad de la dosis o vía de administración, cálculo mental de las dosis a administrar, utilizar diluciones no estandarizadas, existencia de más de una concentración para un mismo fármaco, falta de etiquetado del contenido de las jeringas u olvido de la administración de bolo de suero tras la administración de una determinada medicación.

Para tratar de disminuir al mínimo esta tasa de errores, que en algunos estudios alcanza el 50% de las prescripciones realizadas, recomendamos la búsqueda de nuevas estrategias para avanzar y mejorar en materia de seguridad en el paciente.

Para evitar algunos de estos errores, se recomienda la existencia en el carro de parada de hojas de medicación, con todas las dosis de las principales medicaciones ya calculadas por peso y acompañadas de una breve descripción de su modo de preparación y administración.

En aquellos centros donde sea posible se recomiendan una serie de estrategias como: utilizar bombas inteligentes para administrar determinadas medicaciones, restringir la existencia de varias concentraciones de una misma medicación, estandarizar la preparación de diluciones, utilizar etiquetas pre-impresas…, son algunas de las soluciones dadas para tratar de disminuir esta alta tasa de errores(8).

Como novedades, señalamos la existencia de centros que cuentan con equipos completos de RCP sellados en bolsas individuales (sealed tray system)y la existencia de viales de las principales medicaciones utilizadas en RCP, precargados y etiquetados según la escala de Broselow, que creemos que podrían tener gran utilidad en centros menos acostumbrados a la preparación y dosificación de los fármacos en niños(10).

7. Formación del personal

Por último, y tan importante como el material, es básico contar en todos los dispositivos sanitarios con personal entrenado periódicamente en las maniobras de RCP y conocedor de todo el material del que dispone.

Según las últimas recomendaciones internacionales(3), uno de los pasos iniciales en la mejora de la supervivencia tras una parada consiste en formar a la población general, recomendándose su enseñanza durante, al menos, 2 horas al año a partir de los 12 años.

Si nos centramos en el personal sanitario, es evidente que el reciclaje continuo en esta materia es completamente necesario. Si bien, no establecen claramente la periodicidad óptima, sí parece que la repetición de cursos de formación cada 6-12 meses sería necesaria, ya que varios estudios demuestran que las capacidades adquiridas disminuyen pasados los 3-6 meses tras la formación(3).

Conflicto de intereses

Las autoras declaran no tener ningún conflicto de intereses

Bibliografía

1. López-Herce Cid J, Rodríguez Núñez A, Carrillo Álvarez Á, Zeballos Sarrato G, Martínez Fernández-Llamazares C, Calvo Macías C. Grupo Español de Reanimación Cardiopulmonar Pediátrica y Neonatal. Materials for the paediatric resuscitation trolley or backpack: Expert recommendations. An Pediatr. 2018; 88: 173.e1-173.e7.

2. Maul E, Latham B, Westgate PM. Saving Time Under Pressure: Effectiveness of Standardizing Pediatric Resuscitation Carts. Hosp Pediatr. 2016; 6: 67-71.

3. Monsieurs KG, Nolan JP, Bossaert LL, Greif R, Maconochie IK, Nikolaou NI, et al. ERC Guidelines 2015 Writing Group. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2015: section 1. Executive summary. Resuscitation. 2015; 95: 1-80.

4. Rodríguez-Núñez A, López-Herce Cid J, Calvo-Macías C, Carrillo-Álvarez A. Do we need guidelines for pediatric resuscitation carts/trolleys/backpacks content and management? Resuscitation. 2017; 114: e19-e20.

5. Los Arcos Solas M, Touza Pol P. Carro de paradas pediátrico en hospitales. Bol Pediatr. 2006; 1: 10-12.

6. Chitkara R, Rajani AK, Lee HC, et al. Comparing the utility of a novel neonatal resuscitation cart with a generic code cart using simulation: a randomised, controlled, crossover trial. BMJ Qual Saf. 2013; 22: 124-9.

7. Agarwal S, Swanson S, Murphy A, Yaeger K, Sharek P, Halamek L. Comparing the Utility of a Standard Pediatric Resuscitation Card with a Pediatric Resuscitation Card based on the Broselow Tape: A randomized, controlled, crossover trial involving simulated resuscitation scenarios. Pediatrics. 2005; 116; e326-33.

8. Flannery AH, Parli SE. Medication Errors in Cardiopulmonary Arrest and Code-Related Situations. Am J Crit Care. 2016; 25: 12-20.

9. Chitkara R, et al. Comparing the utility of a novel neonatal resuscitation cart with a generic code cart using simulation: a randomized, controlled, crossover trial. BMJ. Qual Saf. 2013; 22: 124-9.

10. Stevens AD, Hernandez C, Jones S, Moreira ME, Blumen JR, Hopkins E, et al. Color-coded prefilled medication syringes decrease time to delivery and dosing errors in simulated prehospital pediatric resuscitations: A randomized crossover trial. Resuscitation. 2015; 96: 85-91.

 

Reanimación cardiopulmonar básica en Pediatría

D. Arjona Villanueva
Regreso a las bases


D. Arjona Villanueva

Unidad de cuidados intensivos pediátricos. Hospital Universitario Virgen de la Salud. Complejo hospitalario de Toledo

Resumen

La Parada Cardiorrespiratoria (PCR) en pacientes pediátricos tiene una elevada mortalidad. El reconocimiento de los pacientes en riesgo de sufrir una PCR y el inicio precoz de las maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) mejora el pronóstico de los pacientes que sufren una PCR.
El Consejo europeo de Resucitación (CRE) actualiza periódicamente las recomendaciones en RCP básica y avanzada, recomendando la formación en RCP básica del personal sanitario y no sanitario, que trate con niños. En el presente artículo, se resumen las últimas recomendaciones en RCP básica y desobstrucción de la vía aérea en pacientes pediátricos.

 

Abstract

Cardiorespiratory arrest (CRP) in pediatric patients associates elevated mortality. The recognition of patients at risk of suffering a CRP and the prompt initiation of cardiopulmonary resuscitation (CPR) maneuvers, directly impacts survival and outcomes of patients who undergo CRP. The European Resuscitation Council (CRE) periodically reviews and updates the recommendations on basic and advanced CPR, recommending basic CPR training for health and non-health professionals who have a responsibility for treating or dealing with children. The latest recommendations in basic CPR and airway clearance in pediatric patients are summarized in this article.

 

Palabras clave: Parada cardiorrespiratoria; Reanimación cardiopulmonar; Pediatría; Obstrucción vía aérea

Key words: Cardiorespiratory arrest; Cardiopulmonary resuscitation (CRP); Pediatrics; Airway obstruction

 

Pediatr Integral 2019; XXIII (1): 46 – 50


Reanimación cardiopulmonar básica en Pediatría

Introducción

Concepto

La reanimación cardiopulmonar (RCP) básica es el conjunto de maniobras que permite establecer si un niño/a se encuentra en situación de parada cardiorrespiratoria (PCR), o en riesgo inmediato de entrar en ella y sustituir la función cardiorrespiratoria, sin ningún equipamiento, hasta que el paciente se recupere, o bien, se pueda iniciar una reanimación avanzada.

La reanimación cardiopulmonar básica instrumentalizada es aquella en la que se emplea material médico, bolsa autoinflable y desfibrilador semiautomático, sin requerir un entrenamiento en RCP avanzada.

La reanimación cardiopulmonar avanzada es aquella realizada por personal entrenado en la que se emplea soporte respiratorio (intubación, ventilación mecánica) y circulatorio (canalización vías, inotrópicos, desfibrilador…).

¿Quién debe realizar una reanimación cardiopulmonar básica?

Cualquier persona que presencie un episodio de PCR debe realizar maniobras de RCP. Se ha demostrado que cualquier maniobra de RCP, independientemente de su calidad, mejora el pronóstico de la PCR. El European Resuscitation Council (ERC) recomienda que en niños, se mantenga la secuencia ABC (vía aérea, respiración, compresiones torácicas) frente a la secuencia de adultos CBA (compresiones, vía aérea, respiración).

En el caso de que los testigos no formados en RCP de una PCR no quieran o no puedan administrar ventilaciones de rescate, se recomienda que inicien compresiones cardiacas(1).

Causas de RCP

En el paciente menor de un año, la mayoría de las PCRs son de causa respiratoria: infecciones respiratorias, obstrucción accidental de la vía aérea o síndrome de muerte súbita del lactante. En mayores de un año, es más frecuente la patología traumática: ahogamiento, politraumatismo o intoxicaciones(2).

En pacientes con patología crónica, las causas más frecuentes son: infecciosas, cardiacas (sobre todo, en pacientes con cirugía previa o cardiopatía) y respiratorias (displasia broncopulmonar, enfermedades neuromusculares…).

Incidencia de la PCR

Se estima que la incidencia de la PCR extrahospitalaria en países desarrollados es de 8 a 20 casos/100.000, mientras que en el ámbito hospitalario, se calcula entre el 1,5 y 4,5%(3).

Reanimación cardiopulmonar básica

Identificación de riesgo de PCR

Se ha demostrado que la actuación precoz en caso de PCR, mejora significativamente el pronóstico del paciente. Detectar qué pacientes pueden sufrir una PCR permitirá aplicar medidas para prevenirla. Existen diversas escalas de valoración específica de deterioro del estado de paciente (PEWS, escala pediátrica de aviso precoz), pero no han demostrado ser superiores a la observación clínica subjetiva en la detección de pacientes en riesgo.

Los signos precoces de fallo respiratorio o circulatorio que obligan a estrechar la vigilancia en los pacientes quedan reflejados en la tabla I.

Secuencia de reanimación cardiopulmonar básica (Fig. 1)

Figura 1. Algoritmo de reanimación cardiopulmonar básica pediátrica.

En 2015, el ERC actualizó las normas para la RCP básica pediátrica(4). Las recomendaciones de este artículo se basan en dichas recomendaciones, adaptadas por el Consejo Español de resucitación.

1. Garantizar la seguridad del paciente y el reanimador. Movilizar al paciente a un lugar seguro (en caso de traumatismo, asegurar estabilidad de la columna cervical). Señalizar el lugar.

2. Comprobar conciencia. Llamar en voz alta y, si no responde, estimular con suavidad, evitando sacudidas bruscas.

3. 3A. Si el niño habla o llora, consideraremos que responde y lo mantendremos en la posición en la que esté. Pediremos ayuda sin abandonarlo.

3B. Pedir ayuda. Si hay un reanimador, gritará pidiendo ayuda e iniciará la RCP; en caso de ser dos, uno inicia la RCP y el otro activa el sistema de emergencia.

4. Abrir la vía aérea. Colocar al niño en decúbito supino.

Maniobra frente-mentón (Fig. 2). Con la mano en la frente, inclinamos la cabeza hacia atrás. Con la punta de los dedos bajo el mentón elevamos este. En lactantes, debido a la prominencia occipital, bastará una posición neutra.

Figura 2. Maniobra frente-mentón.

• Si existe sospecha de lesión cervical, se utilizará la maniobra de tracción mandibular, colocando los dedos índice y corazón debajo de la mandíbula y empujándola hacia delante (Fig. 3).

Figura 3. Tracción mandibular.

No debemos comprimir los tejidos blandos para no obstruir la vía aérea.

5. Comprobar respiración. Manteniendo la vía aérea abierta “ver” si se mueve el tórax, “oír” la salida de aire y “sentir “el aire exhalado. No emplearemos más de 10 segundos.

• Si el paciente respira, se coloca en posición lateral de seguridad (si existe trauma, evitar movilización). Comprobar periódicamente que sigue respirando.

• Si el niño no respira o la respiración es ineficaz, iniciaremos la ventilación.

6. 5 respiraciones de rescate. Manteniendo abierta la vía aérea, dar cinco insuflaciones de rescate. Asegurar un buen sellado con los labios. Insuflar de forma sostenida durante un segundo, comprobando que se eleva el tórax. Se debe separar la cabeza, para coger aire fresco y comprobar la salida de aire. Realizaremos cinco insuflaciones. Al menos, dos de ellas deben ser eficaces.

• En el lactante: el reanimador cubrirá la boca y nariz del paciente (Fig. 4).

Figura 4. Ventilación boca-boca nariz.

• En el niño mayor de un año, se cubrirá solo la boca del paciente, pinzando la nariz para evitar la fuga de aire (Fig. 5).

Figura 5. Ventilación boca-boca.

En caso de no conseguir ninguna ventilación efectiva, es posible que exista una obstrucción de la vía aérea, se debe verificar la correcta colocación de la cabeza y comprobar que no haya secreciones o un cuerpo extraño.

Si hay un cuerpo extraño y es visible, intentaremos extraerlo con el dedo meñique en forma de gancho por detrás del objeto; en ningún caso, realizaremos un barrido “a ciegas” por el riesgo de introducirlo aún más.

Se deben realizar hasta cinco intentos para conseguir una ventilación eficaz. Si no se consigue, debemos iniciar compresiones torácicas.

7. Comprobar signos de circulación o signos vitales. Incluyen: cualquier movimiento, tos o respiración normal, la palpación de pulso es poco fiable. El aspecto general del niño es el que debe indicar el inicio de la RCP.

• Si hay signos vitales, continuaremos con las respiraciones.

• Si no hay signos vitales, iniciaremos compresiones torácicas.

8. Compresiones torácicas. Se aplicará la presión suficiente en el tercio inferior del esternón, para deprimir este, al menos, un tercio del diámetro anteroposterior del tórax. Debe liberarse la presión completamente antes de la siguiente compresión. La frecuencia será de 100 a 120 compresiones por minuto.

• En lactantes, si hay un solo reanimador, se aplicará la presión con la punta de dos dedos (Fig. 6).

Figura 6. Compresión torácica en lactante con un reanimador.

• Si hay dos reanimadores, es más eficaz abarcar el tórax con las dos manos y comprimir con la punta de los pulgares (Fig. 7).

Figura 7. Compresión torácica con dos reanimadores.

• En el niño mayor, se localiza la apófisis xifoides y, unos dos centímetros por encima de ella, se coloca el talón de una mano o, si es mayor de 8 años, las dos manos con los dedos entrelazados, y se ejerce la presión de forma vertical con el brazo/s extendido/s (Fig. 8).

Figura 8. Compresión torácica en niño mayor.

Tras realizar 15 compresiones torácicas, se volverá a comprobar la permeabilidad de la vía aérea y se administrarán dos insuflaciones, siendo la pauta que se mantendrá hasta que llegue ayuda especializada o se decida interrumpir la RCP.

Cada 2 minutos comprobaremos si hay signos de vida, no empleando más de 10 segundos en ello.

9. Llamar a emergencias al minuto de iniciar la RCP. Si solo había un reanimador y no se ha contactado con el Servicio de Emergencias, se hará tras un minuto de RCP. En caso de tener que desplazarse, el reanimador puede llevar con él al lactante para no interrumpir la RCP.

En la llamada a emergencias es importante INFORMAR QUE ES UNA PCR, para ser puesto en contacto con el encargado de movilizar recursos, minimizando el tiempo de espera.

Se debe trasmitir la información de forma precisa, permitiendo localizar el lugar y la ayuda que se está prestando (Tabla II).

Obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño

Se debe sospechar obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño (OVACE), siempre que un niño esté comiendo o jugando con objetos pequeños y presente un episodio de tos o dificultad respiratoria de inicio brusco (Tabla III).

Tratamiento OVACE (Fig. 9)

Figura 9. Algoritmo de actuación ante la obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño (OVACE). RCP: reanimación cardiopulmonar.

Establecer la gravedad del episodio. Debemos establecer si la tos es eficaz o no (Tabla IV).

Tos eficaz, animaremos al niño a toser, dado que la tos espontánea es la mejor maniobra de desobstrucción. No se debe intervenir ante el riesgo de movilizar el cuerpo extraño y empeorar la obstrucción.

Tos inefectiva, debemos solicitar ayuda y valorar el estado de conciencia.

Paciente consciente y tos inefectiva. Dar 5 goles en la espalda, si no consiguen expulsar el cuerpo extraño aplicar 5 compresiones torácicas en el lactante o cinco compresiones abdominales en el niño mayor (maniobra de Heimlich). Al acabar reevaluaremos al paciente.

Si continúa consciente, continuaremos con la secuencia de golpes en la espalda/compresiones abdominales y pediremos ayuda sin abandonar nunca al niño.

Si el objeto es expulsado o mejora la obstrucción de la vía aérea, aunque no se objetive la salida del cuerpo extraño, se debe vigilar al paciente por el riesgo de que se reproduzca la OVAEC. Se debe solicitar asistencia médica por el riesgo de lesiones por las maniobras de desobstrucción(5).

Paciente inconsciente. Colocar al paciente sobre una superficie plana dura. Si aún no hemos solicitado ayuda, pedirla sin abandonar al niño.

Abrir la vía aérea, si se ve un objeto intentar retirar con una maniobra de barrido. No intentarlo a ciegas.

Administrar cinco insuflaciones de rescate, comprobando su eficacia, si no son eficaces recolocar la cabeza tras cada insuflación.

Si no se consigue ninguna insuflación eficaz, iniciar compresiones torácicas sin que sea necesario comprobar pulso.

Continuar con la secuencia de 15 compresiones 2 insuflaciones durante un minuto antes de avisar a emergencias (si no se había hecho ya).

Antes de las dos insuflaciones comprobar si hay cuerpo extraño en la boca. Si se soluciona la OVACE, pero no respira, continuaremos administrando respiraciones. Si el niño está consciente, colocaremos en la posición de seguridad lateral hasta la llegada del Servicio de Emergencia.

Maniobras de desobstrucción

Lactantes.Colocar al niño sobre el antebrazo, con la cabeza más baja que el tronco. Golpear con el talón de la mano en la región interescapular (Fig. 10).

Figura 10. Golpe interescapular lactante OVACE.

Para las compresiones torácicas, colocaremos al niño en decúbito supino con la cabeza algo más baja y comprimiremos sobre el esternón, en el mismo lugar que para el masaje cardiaco (Fig. 11).

Figura 11. Compresiones torácicas lactante OVACE.

Niño mayor. El reanimador se colocará detrás del paciente, con la cabeza inclinada hacia delante realizará las compresiones torácicas, golpeando con el talón de la mano en la región interescapular.

Para realizar las compresiones abdominales (maniobra de Heimlich), el reanimador se colocará detrás del niño, apoyará la espalda del niño contra él, rodeará con sus brazos el tórax del niño, y con el puño cerrado, apoyado en la región epigástrica, ejercerá presión en sentido ascendente (Fig. 12).

Figura 12. A y B. Maniobra de Heimlich.

Figura 12. A y B. Maniobra de Heimlich.

Pronóstico de la reanimación cardiopulmonar

En alrededor del 45% de las PCRs, se consigue recuperar circulación; aún así, solo el 25% de las que ocurren en el hospital y el 10% de las extrahospitalarias, sobreviven.

Existe evidencia, aunque débil, de mejor pronóstico en aquellos pacientes mayores de un año, con fibrilación ventricular como ritmo inicial, menos de 20 minutos de RCP o sumergidos en agua fría menos de 10 minutos.

Ética de la reanimación cardiopulmonar

La RCP iniciada precozmente por personal no entrenado mejora la supervivencia, independientemente de la calidad de la reanimación. Por lo tanto, cualquier persona que presencia una PCR debería iniciar maniobras de RCP básica.

La RCP básica debe mantenerse hasta que llegue la atención especializada, el reanimador esté agotado o se establezca de forma inequívoca que se ha expresado el deseo por el paciente o la familia de no reanimación.

En el ámbito extrahospitalario, es difícil establecer estas circunstancias, por lo que se recomienda iniciar y mantener la RCP hasta que se haga cargo el personal médico.

Presencia de los padres durante la reanimación

En el ámbito extrahospitalario, es difícil plantear la presencia o no de los padres durante la RCP. Pueden ser los únicos testigos de la PCR o puede no ser posible que se mantengan apartados.

Dentro del Hospital, el ERC apoya que se ofrezca a los padres asistir a la RCP de sus hijos en el hospital, respetando siempre la decisión de estar presentes o no.

Bibliografía

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Guía práctica de utilización de antimicrobianos para el tratamiento de las infecciones bacterianas más prevalentes

Regreso a las bases


J.M. Vilanova Juanola

ABS Florida Sud. Unitat de Gestió L’Hospitalet Nord. SAP Delta del Llobregat. ICS. Barcelona

Pediatr Integral 2014; XVIII(2): 115-123


Guía práctica de utilización de antimicrobianos para el tratamiento de las infecciones bacterianas más prevalentes

Introducción

El 90% de los antibióticos se prescriben en Atención Primaria (AP) y los servicios de urgencias, principalmente para tratar infecciones del tracto respiratorio (60%). Estos datos no incluyen las dispensaciones por receta privada y de mutualidades públicas de funcionarios.

La utilización adecuada de antibióticos reduce la morbimortalidad por infecciones bacterianas. El uso inadecuado es causa de fracaso terapéutico, incrementa los costes y favorece la inducción de resistencias. Además, supone un riesgo innecesario de reacciones adversas y aumenta futuras consultas por procesos leves. El problema es especialmente grave en la población pediátrica porque cada vez es más difícil disponer de moléculas que reemplacen aquellas para las que los patógenos han desarrollado resistencias. Es preocupante la expansión en la comunidad de microorganismos resistentes (enterobacterias productoras de beta-lactamasas de espectro extendido o S. aureus resistente a meticilina) que anteriormente sólo producían infecciones nosocomiales. Las infecciones por bacterias resistentes se asocian a una mayor morbilidad, mortalidad e incrementan el gasto sanitario.

La selección del tratamiento según guías clínicas y documentos de consenso, mejora los resultados, contribuye a frenar la expansión de cepas resistentes y reduce el gasto sanitario.

Este artículo da una orientación general para el uso adecuado de antibióticos en la patología infecciosa más frecuente en AP.

 

El texto completo únicamente está disponible en: 
www.pediatriaintegral.es del año 2014; XVIII(2): 115-123

 

Interpretación de pruebas de laboratorio en infectología

M. Gijón Mediavilla, I. Durán Lorenzo, J. Ruiz Contreras
Regreso a las bases


M. Gijón Mediavilla, I. Durán Lorenzo, J. Ruiz Contreras

Servicio de Pediatría. Hospital 12 de Octubre, Madrid

Resumen

Las enfermedades infecciosas constituyen, todavía hoy, una parte importante de la morbilidad global en Pediatría, y se hacen necesarias pruebas complementarias rápidas, precisas y accesibles al clínico, para orientar el diagnóstico y dirigir el tratamiento en las primeras fases. Existen múltiples exámenes de laboratorio mediante muestras de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo, que pueden orientar acerca de la etiología y la gravedad de la infección y que pueden determinarse en las primeras horas de la misma. Aunque el cultivo sigue siendo, a día de hoy, la técnica de elección para el diagnóstico definitivo de infecciones bacterianas, víricas y fúngicas, las nuevas técnicas moleculares de amplificación genética suponen un importante avance por su mayor sensibilidad y rapidez.

 

Abstract

Infectious diseases are still an important part of overall morbidity in pediatrics, and rapid, accurate and accessible complementary tests are needed to guide the diagnosis and direct treatment in the early stages. There are multiple laboratory tests that can be determined in samples of blood, urine and cerebrospinal fluid, which can guide the etiology and severity of the infection and can be determined in the first hours. Although culture is still the gold standard technique for diagnosis of bacterial, viral and fungal infections, the new nucleic acid amplification tests represent an important advance due to its increased sensitivity.

 

Palabras clave: Enfermedades infecciosas; Diagnóstico laboratorio; Cultivos bacterianos; Técnicas de amplificación genética

Key words: Infectious diseases; Laboratory diagnosis; Bacterial cultures; Genetic amplification techniques

 

Pediatr Integral 2018; XXII (5): 244.e1 – 244.e11


Interpretación de pruebas de laboratorio en infectología

Introducción

Es indispensable establecer la importancia de la orientación inicial de las pruebas diagnósticas, dirigiéndolas hacia una sospecha clínica basada en la anamnesis y en la exploración, que fundamentará su interpretación y contextualización posterior. Así mismo, es necesario interpretar y analizar, de forma detallada, los resultados obtenidos, tratando de extraer toda la información disponible de las pruebas solicitadas.

Dado que, en los últimos años, se ha producido un importante desarrollo de diversas técnicas de estudio microbiológico(1), en muchos casos no del todo conocidas por los especialistas dedicados a la clínica, parece primordial establecer líneas de comunicación directas y equipos multidisciplinarios, que faciliten la selección e interpretación de los exámenes complementarios. Sería necesario, por lo tanto, establecer una comunicación directa con otros especialistas (infectólogos, microbiólogos y técnicos de laboratorio) implicados en el procesamiento y valoración de las muestras remitidas, con el fin de asegurar que estas son las idóneas para confirmar nuestra sospecha diagnóstica y que su envío se realiza en los medios más adecuados(2) (Tabla I).

Hemograma

Alrededor del 40% de los niños, con cifra total de leucocitos >25.000/microlitro, presenta una infección bacteriana grave.

Este test se basa en la cuantificación mediante citometría de flujo del componente celular de la sangre. Como sabemos, podemos diferenciar en tres grandes grupos en cuanto a sus funciones y características: hematíes, leucocitos y plaquetas. La interpretación del hemograma en enfermedades infecciosas es complicada, debido a su baja sensibilidad y especificidad como prueba aislada, pero puede ser de gran utilidad en combinación con otras pruebas y valorada en cuanto a la situación clínica y la sospecha diagnóstica(3). Además, esta prueba nos aporta información muy importante sobre el estado inmunológico del paciente, y puede determinar la toma de decisiones ante la sospecha de infección en el paciente inmunocomprometido.

Serie roja. En algunas enfermedades infecciosas se observan alteraciones en las cifras de hemoglobina, bien por alteración de la producción hematopoyética producida en determinadas infecciones o por la destrucción periférica de hematíes. La anemia puede ser propia de algunas infecciones virales específicas (como la anemia aplásica producida en la infección por parvovirus) o de otras infecciones como la leishmaniasis. En el paciente grave, una anemia de aparición reciente puede sugerir el inicio de un síndrome hemolítico urémico (SHU), y se debe completar el estudio diagnóstico e iniciar el tratamiento específico.

Plaquetas. Son consideradas un “reactante de fase aguda”, ya que su cifra se eleva en determinadas infecciones. Así mismo, es frecuente encontrar trombopenia en algunas infecciones bacterianas graves y sepsis en el contexto de coagulación intravascular diseminada (también en el SHU), así como en infecciones parasitarias agudas o subagudas, como la leishmaniasis o la malaria. Puede tener relevancia clínica en forma de púrpura o hemorragias.

Serie blanca. Se debe interpretar de forma cualitativa y cuantitativa. La cifra total de leucocitos puede utilizarse como predictor de una infección bacteriana grave. Diversos estudios han mostrado mayor riesgo de bacteriemia neumocócica en pacientes con cifras mayores de 15.000 células/microlitro y mayores de 1.500 cayados/microlitro, pero tras la introducción de las vacunas conjugadas, estos puntos de corte presentan menor sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de esta entidad. Sin embargo, casi el 40% de los niños con cifra total de leucocitos >25.000/microlitro, presenta una infección bacteriana grave, como una neumonía. En el otro extremo, se encuentra la leucopenia (<3.000 leucocitos/microlitro) en infecciones graves, infecciones virales específicas como la gripe, y otras como la leish­maniasis. Datos cualitativos, como un predominio de neutrófilos, pueden indicar también mayor probabilidad de una infección bacteriana, así como la linfomonocitosis puede sugerir una infección vírica (como en el síndrome mononucleósico).

• La extensión de sangre periférica aporta información cualitativa sobre el componente celular, y tiene su principal utilidad en el diagnóstico diferencial con enfermedades hematológicas.

Reactantes de fase aguda

La procalcitonina se eleva más precozmente que la proteína C reactiva en las infecciones.

Mediante este término se engloba a las proteínas de fase aguda y la velocidad de sedimentación globular determinados en sangre. Se denominan proteínas de fase aguda a aquellas que aumentan o disminuyen en un 25% durante la infección, en respuesta al efecto de las citoquinas sobre los hepatocitos. Dentro de las proteínas de fase aguda positivas se encuentran: la proteína C reactiva, la procalcitonina, el fibrinógeno, la ferritina y otras menos conocidas y empleadas como: el amiloide, la protrombina o el plasminógeno(4,5). Entre las proteínas de fase aguda negativas, estarían la albúmina, la transferrina o la antitrombina. La velocidad de sedimentación globular es una medida indirecta de las proteínas en plasma, que se altera cuando cambia la proporción albumina/globulinas.

Proteína C reactiva: se trata de una proteína sintetizada en el hígado en respuesta a diversas citoquinas liberadas durante los procesos inflamatorios, especialmente la IL-6 y la IL-. Su liberación induce, a su vez, la activación del complemento, la apoptosis celular y la amplificación de la señal inflamatoria.

Se eleva a las 12-14 horas de la agresión y tiene un pico aproximado a las 24-48 horas de su inicio.

Procalcitonina: en situación basal, se trata de la proteína precursora de la calcitonina y se sintetiza en la glándula tiroidea, en respuesta principalmente a hipercalcemia. En situaciones de sepsis o estrés grave, pasa a ser sintetizada por múltiples tejidos y deja de escindirse en calcitonina, respondiendo su síntesis principalmente al estímulo de citoquinas como la IL-1, IL-6 y TNF. Su función biológica no está del todo bien establecida, pero parece estar implicada en la inducción de la migración monocitaria. Puede detectarse en plasma en las 2-3 primeras horas tras la introducción de una endotoxina, y presenta un pico a las 12 horas del inicio de la infección.

Su interés clínico radica en ser un marcador específico y precoz para infecciones bacterianas invasivas, presentando, sin embargo, algunos falsos positivos (periodo neonatal, distrés respiratorio agudo, malaria, fungemia, traumatismo, postcirugía, quemaduras, parada cardiorrespiratoria…) y negativos (infecciones localizadas, endocarditis subaguda…)(3).

Bioquímica

Múltiples determinaciones en el laboratorio de bioquímica básica pueden aportar información y contribuir al diagnóstico en enfermedades infecciosas en Pediatría. A continuación se detallan algunas de ellas:

LDH (lactato deshidrogenasa). Es una enzima intracelular ubicua en el organismo, liberada al plasma en situaciones de destrucción celular. Su elevación indica destrucción de hepatocitos (hepatitis agudas) y hemólisis intra o extravascular, como la que se produce en la malaria. Es importante, según el contexto clínico, llevar a cabo un diagnóstico diferencial con las enfermedades oncológicas.

Transaminasas. Son enzimas intracelulares presentes principalmente en los hepatocitos, se elevan en plasma en cuadros de destrucción celular hepática en el contexto de infecciones agudas (hepatitis víricas, infección por virus de Epstein-Barr). Pueden indicar daño hepático secundario en infecciones graves (sepsis).

Bilirrubina. Es un producto de la degradación de la hemoglobina y de la eliminación digestiva mediante la producción hepática de ácidos biliares. Puede elevarse en situaciones de hemólisis (en su fracción indirecta o no conjugada), como las referidas previamente. Puede traducir colestasis intra o extrahepática en hepatitis agudas e infecciones del tracto biliar (en su fracción directa), como colecistitis o colangitis.

Función renal. Se determina mediante los productos de eliminación renal circulantes, como la creatinina o la urea (e interpretada en el contexto clínico). Debe ser monitorizada en toda infección grave, pues el daño renal puede traducir una afectación multiorgánica precoz en el contexto de una respuesta inflamatoria sistémica, como sucede en la sepsis. A veces, se altera en infecciones del tracto urinario que afecten al parénquima renal y debe ser, así mismo, monitorizada.

Examen de orina

La combinación de la tira reactiva de orina y estudio microscópico de la muestra permiten alcanzar una sensibilidad muy alta con una buena especificidad para el diagnóstico de infección urinaria.

Aunque el diagnóstico definitivo de infección urinaria solo puede realizarse mediante un cultivo recogido en condiciones estériles (punción suprapúbica o sondaje vesical), existen test que ayudan y orientan al diagnóstico precoz. La tira reactiva (reacciones químicas con cambios de color) permite determinar la presencia de estearasa leucocitaria (detecta leucocituria) y nitritos (bacteriuria) en orina, y el examen microscópico detecta y cuantifica, mediante visión directa, la presencia de leucocitos o bacterias en orina, entre otros hallazgos.

La combinación de tira reactiva y estudio microscópico permite alcanzar una sensibilidad del 99% (leucocituria o nitrituria o bacteriuria) con una especificidad del 80-90%(6,7) (Tabla II).

Examen de líquido cefalorraquídeo

El estudio citobioquímico y microbiológico del líquido cefalorraquídeo (LCR) es fundamental en todo paciente con sospecha de infección del sistema nervioso central. En las meningitis bacterianas, es habitual un recuento leucocitario elevado y un predominio de células polimorfonucleares (PMN) mayor del 70%. Existen excepciones, ya que un 10% de las meningitis bacterianas presentan predominio de linfocitos y monocitos, y en las meningitis causadas por enterovirus (70-80% del total de meningitis víricas) puede haber un predominio de polimorfonucleares, hasta en la mitad de los casos (Tabla III).

Una cifra baja de glucosa en LCR puede sugerir meningitis de origen bacteriano. El índice glucosa LCR/glucosa plasma <0,4 tiene una sensibilidad del 80% y una especificidad del 98% para el diagnóstico de meningitis bacteriana en niños fuera del periodo neonatal. En los recién nacidos pretérmino, se considera alterado una ratio glucosa LCR/ glucosa sérica <= 0,6(8) (Tabla III).

Laboratorio de microbiología

Cultivos bacterianos

Los cultivos son el método definitivo para el diagnóstico de las infecciones bacterianas, ya que permiten identificar el agente causal y determinar su sensibilidad a los antibióticos.

Pese al desarrollo de nuevas técnicas para detectar los microorganismos patógenos, los cultivos siguen siendo el método definitivo para identificar el agente causal en la mayoría de las infecciones producidas por bacterias y en algunas causadas por hongos(1). Debería intentarse su recogida siempre que sea posible, ya que el aislamiento del micro-organismo no solo permite conocer la causa de infección, sino determinar la sensibilidad a los antibióticos de la bacteria causal.

El éxito del cultivo depende de muchos factores. Entre los más importantes se encuentran la selección, recogida, transporte, almacenamiento y procesamiento de la muestra. Es primordial una comunicación permanente entre los clínicos y el laboratorio de microbiología, para poder determinar el significado real de los resultados.

A la hora de recoger algunas muestras, hay que tener en cuenta la microbiota normal residente en el área de la toma (senos paranasales, tracto respiratorio, piel, etc.) que puede “ocultar” al patógeno causal o complicar la interpretación de los resultados del cultivo(1).

En las heridas quirúrgicas o traumáticas, es preferible intentar recoger muestras del tejido, fluidos de la herida y aspirados, más que obtener frotis de la superficie de la misma, ya que el frotis recoge microbios que colonizan la herida y, además, es difícil recuperar las bacterias y hongos desde las fibras de la torunda(1).

En general, los frotis deberían reservarse para el diagnóstico de las infecciones nasofaríngeas y respiratorias. Siempre que sea posible, los cultivos deben tomarse antes de iniciar el tratamiento antibiótico(1,9).

La cantidad de sangre del hemocultivo depende de la edad y del peso del niño.

El hemocultivo es el método de elección para diagnosticar las infecciones de la sangre y del endotelio, aunque algunas bacterias pueden no crecer en los medios de cultivo utilizados rutinariamente. Con los nuevos métodos automatizados, se puede detectar el crecimiento del microorganismo en las primeras 24 horas y, en la mayoría de los casos, disponer de la identificación completa en 48 horas. Para algunas bacterias, se necesitan periodos de incubación más largos(1).

Candida sp, otros hongos levaduriformes e incluso algunos hongos filamentosos pueden, también, crecer en los medios de cultivo habituales.

La toma correcta del hemocultivo es fundamental para evitar la contaminación por bacterias residentes en la piel como: Staphylococcus epidermidis, Streptococcus viridans, Bacillus sp y difteroides. El aislamiento de estas bacterias en el hemocultivo representa, casi siempre, contaminación. Sin embargo, hay algunas circunstancias (endocarditis, estados de inmunosupresión, sujetos portadores de catéteres venosos centrales, prematuridad) en las que estos patógenos tienen un papel causal(1).

La recogida correcta de la sangre implica la desinfección del sitio de punción, que se realiza con clorhexidina en los niños mayores de 2 meses; en los menores de esta edad, se utiliza clorhexidina acuosa.

La cantidad de sangre para el hemocultivo depende de la edad y del peso del niño, oscilando desde 2 ml en prematuros de 2.000 g de peso, 4 ml en RN > 2.000 gramos y lactantes de hasta 13 kg, y 10 ml en los niños de >13 kg hasta 36 kg, y 20-30 ml en niños que pesan más de 36 kg. Cuando se obtienen > 10 ml, la cantidad se reparte en dos alícuotas para dos botellas con medio cultivo aerobio y anaerobio, pero si la cantidad es menor puede optarse por hacer la siembra exclusivamente en medios aerobios. Para aumentar la probabilidad de aislamiento, se recomienda, siempre que sea posible, hacer dos hemocultivos en momentos distintos separados por varios minutos u horas(1).

El cultivo del LCR no solo identifica la bacteria causal, sino que permite determinar su susceptibilidad a antibióticos. En los pacientes que han recibido una o dos dosis de antibióticos, el cultivo puede negativizarse, particularmente en el caso del meningococo, pero en un porcentaje de pacientes persiste positivo. En los pacientes previamente tratados, son especialmente útiles las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (reacción en cadena de la polimerasa o PCR). Esta técnica tiene una sensibilidad de 79-100%, 91-100% y 67-100% para neumococo, meningococo y Haemophilus influenzae, respectivamente. Además del examen bioquímico del LCR, siempre debe realizarse una tinción de gram cuando se sospeche etiología bacteriana. En pacientes no tratados, la sensibilidad de esta técnica es del 60-80% y del 40-60% en los que lo han sido. La etiología influye en la probabilidad de obtener un resultado positivo en el gram, del 90% en los casos de neumococo, del 80% en los casos de Haemophilus influenzae y meningococo y de menos del 50% en las meningitis por bacilos gram negativos. La especificidad oscila entre el 95% y el 100% para las tres bacterias(10).

Detección de antígenos bacterianos. Test rápido de estreptococo

Cuando el test rápido para detección de antígeno de estreptococo A es negativo en niños sanos, con sospecha de faringitis de esta etiología, no es necesario realizar cultivo faríngeo.

La mayor parte de las guías de práctica clínica recomiendan la realización de test rápidos de estreptococo solo en aquellos casos sugestivos de faringoamigdalitis estreptocócica, considerando así a aquellos que presenten 3 o más criterios de Centor modificados o de Mc Isaac (Tabla IV).

Para la realización de la prueba, es esencial una adecuada técnica de hisopado, siendo necesaria la recogida de una cantidad suficiente de antígeno para obtener un resultado positivo. Se recomienda obtener muestra de ambas amígdalas y también de la faringe posterior, evitando el contacto con la mucosa lingual y con la saliva.

Un metaanálisis recientemente publicado, sitúa la sensibilidad y especificidad de este test en 0,86 y 0,96, respectivamente. Basándose en estos datos, junto con la baja incidencia de complicaciones asociadas a las faringitis agudas estreptocócicas, algunas guías no consideran necesaria la realización de un cultivo bacteriano (Gold standard para el diagnóstico) en aquellos casos en los que el test resulte negativo. Otros, sin embargo, sí que lo recomiendan, sobre todo, en aquellos pacientes por encima de los 4 años(11,12) o en pacientes con test rápido en los que sea necesario descartar la etiología estreptocócica, como historia familiar de fiebre reumática y pacientes inmunodeprimidos o con enfermedades subyacentes.

Aunque la detección del antígeno de neumococo en orina es de gran valor en los adultos para el diagnóstico de infecciones de neumocócicas, su uso no está aprobado en niños. Esto se debe a que los niños son, con mucha frecuencia, portadores de neumococo en la nasofaringe, lo que da lugar a falsos positivos del antígeno neumocócico urinario.

Diagnóstico serológico

Las técnicas inmunológicas permiten detectar, identificar y cuantificar antígenos, con el fin de evaluar la respuesta humoral frente a la infección y los antecedentes de exposición a agentes infecciosos del paciente(13). Presentan diversos inconvenientes, entre los que destacan: la falta de respuesta de anticuerpos en pacientes inmunocomprometidos, la respuesta tardía (un aumento significativo de anticuerpos puede no ser detectado hasta semanas o meses después de la manifestación inicial) y que la persistencia de anticuerpos puede dificultar la diferenciación entre una infección reciente y una pasada.

Conceptos

Título: La mayor parte de las pruebas serológicos aportan un resultado positivo o negativo. El título de un anticuerpo se define como la dilución más baja en la que se obtiene un resultado positivo, permitiendo cuantificación de un anticuerpo.

Seroconversión: En términos generales, se produce una respuesta de IgM en una fase temprana de la enfermedad, alcanzando normalmente el máximo a la semana de la infección y desapareciendo en varias semanas, pudiendo persistir en algunos casos, como por ejemplo la hepatitis A, durante meses. La respuesta de IgG alcanza un máximo a las 4-6 semanas y con frecuencia persiste de por vida. Al ser transitoria la respuesta de IgM, su presencia se correlaciona, en la mayoría de los casos, con infección reciente, aunque, en ocasiones, dura varios meses. Sin embargo, los métodos para la detección de anticuerpos IgM son difíciles de estandarizar y, en algunos casos se obtienen falsos positivos. La presencia de anticuerpos IgG puede indicar una nueva seroconversión o una exposición pasada. Para confirmar una nueva infección con empleo de pruebas de IgG, es esencial demostrar seroconversión o un título de IgG en ascenso.

Métodos de detección:

Los complejos antígeno-anticuerpo se pueden detectar directamente por técnicas de precipitación o marcando el anticuerpo con una sonda fluorescente, enzimática o radioactiva, o directamente por la medición de una reacción frente al anticuerpo. A continuación, se describen las características de algunas de las pruebas diagnósticas empleadas de forma habitual en la clínica.

Técnicas de precipitación e inmunodifusión: se basan en que, dentro de un intervalo concreto de concentración de antígenos y de anticuerpos denominado zona de equivalencia, se forma un complejo excesivamente grande que precipita. Por encima y por debajo de esta concentración, los complejos antígeno-anticuerpo son solubles.

- Inmunodifusión radial simple: permite detectar y cuantificar el antígeno. El antígeno se coloca en un pocillo y se permite que difunda a través de un agar que contiene anticuerpo. De esta forma, cuanto mayor sea la concentración del antígeno, más lejos difundirá hasta alcanzar la zona de equivalencia con el anticuerpo y precipitar.

- Inmunodifusión doble de Ouchterlony: permite determinar las relaciones entre diferentes antígenos. En esta técnica, se sitúan dos soluciones diferentes, una de antígeno y otra de anticuerpo, abiertas hacia un agar y permitiendo que difundan uno hacia el otro para establecer los gradientes de concentración de cada sustancia. En la zona en la que se alcanza la equivalencia, se forma una línea visible de precipitación. Esta técnica se emplea para la detección de antígenos micóticos (Histoplasma, Blastomyces, coccidioimicosis).

Inmunoanálisis para antígenos asociados a células (inmunohistología): permite identificar antígenos en la superficie o en el interior de la célula. Se emplean para la determinación de antígenos víricos en biopsias (virus herpes simple, rabia).

- Inmunofluorescencia directa: una molécula fluorescente se une de forma covalente al antígeno.

- Inmunofluorescencia indirecta: precisa de un segundo anticuerpo fluorescente específico para el anticuerpo primario, para detectar el anticuerpo antivírico primario y localizar el antígeno.

El citómetro de flujo permite analizar la inmunofluorescencia de células en suspensión y es, especialmente útil para identificar y cuantificar linfocitos (inmunofenotipificación). Emplea un láser para excitar el anticuerpo fluorescente unido a la célula y determina el tamaño de esta, por medio de determinaciones de la dispersión de luz.

Inmunoanálisis para anticuerpos y antígenos solubles:

- Técnica ELISA (enzimoinmunoanálisis de absorción): consisten en el empleo de un antígeno inmovilizado en una superficie, con el objetivo de capturar y separar un anticuerpo presente en el suero de un paciente. El anticuerpo fijado se detecta posteriormente por medio de un anticuerpo antihumano unido por un enlace covalente a una enzima. Se cuantifica por espectrofotometría, en función de la intensidad del color producido como respuesta a la conversión de un sustrato adecuado por la enzima. Las diversas modalidades de los análisis de ELISA difieren en la forma en la que capturan o detectan los anticuerpos o los antígenos. Empleada, por ejemplo, para la detección de antígeno de rotavirus o de anticuerpos anti-VIH.

- Análisis de transferencia de Western: es una variante de la técnica ELISA. Inicialmente, se transfieren proteínas víricas a un papel de filtro. Posteriormente, al exponerlo al suero del paciente, las proteínas víricas capturan los anticuerpos antivíricos específicos y se visualizan mediante anticuerpos antihumanos conjugados con enzimas. Por su mayor especificidad, se emplea para confirmar los resultados del análisis ELISA en sujetos con sospecha de infección por VIH.

- Radioinmunoanálisis: en este caso, los anticuerpos o antígenos son marcados con sondas radioactivas.

Fijación del complemento: en esta prueba, la muestra de suero del paciente reacciona con antígeno del laboratorio y complemento adicional. Los complejos antígeno-anticuerpo se unen y activan, consumiendo el complemento. Posteriormente, se cuantifica el complemento residual por medio de la lisis de eritrocitos recubiertos con anticuerpos. Se emplea para la detección de anticuerpos fúngicos y víricos.

Aglutinación con látex: se basa en poner en contacto partículas de látex recubiertas de antígenos con anticuerpos específicos, induciendo la aglutinación. También se realiza a la inversa, poniendo en contacto partículas recubiertas de anticuerpos para detectar antígenos. Se emplea para la detección de factor reumatoide, antígenos fúngicos o antígenos estreptocócicos.

Diagnóstico molecular mediante amplificación de ácidos nucleicos

El diagnóstico molecular, mediante la amplificación de ácidos nucleicos, permite el diagnóstico en un en un corto periodo de tiempo de un gran número de infecciones víricas y de infecciones bacterianas difíciles de cultivar.

El desarrollo del diagnóstico molecular ha supuesto un avance en el diagnóstico y presenta múltiples ventajas respecto a los cultivos y técnicas tradicionales, entre las que se encuentran la mejora de la sensibilidad para la detección de algunos patógenos(1) y, también, la seguridad durante el procesamiento de la muestra. Debido a su sensibilidad, permiten detectar muestras muy diluidas de ADN, es decir, poblaciones con un número muy bajo de patógenos. Permiten también, tipificar y distinguir cepas basándose en las diferencias de los genotipos, siendo esto especialmente útil para distinguir cepas resistentes.

Reacción en cadena de la polimerasa (PCR)

La reacción de la polimerasa en cadena (PCR) consiste en la amplificación de una o muy pocas copias de ADN, generando millones de las mismas y facilitando así su detección. Se basa en la capacidad de la ADN polimerasa para sintetizar una hebra de ADN complementaria a otra hebra de ADN (templado), que actúa como molde. Como la ADN polimerasa solo es capaz de unir nuevos nucleótidos a un grupo 3´-OH preexistente, se necesita un oligonucleótido corto diseñado en el laboratorio (“primer” o cebador) complementario al ADN que se quiere amplificar, al que se irán uniendo los nuevos nucleótidos. Al principio de la reacción, se aplican altas temperaturas (94-96%) para separar las hebras del ADN problema. Posteriormente, se añaden los cebadores y ADN polimerasas termoestables (que resistan la temperatura de desnaturalización). Posteriormente, la temperatura se disminuye para que tenga lugar la adición de los nucleótidos al cebador hasta formar la cadena de ADN complementaria al ADN problema., que se volverá a desnaturalizar, aumentando la temperatura y repitiéndose el ciclo.

El proceso está automatizado mediante un termociclador en el que se coloca el ADN problema, los cebadores, los nucleótidos y la ADN polimerasa termoestable. El termociclador lleva a cabo ciclos alternantes de calentamiento y enfriamiento de los tubos de los reactivos, facilitando las dos etapas de desnaturalización y elongación de la cadena complementaria de ADN, dando lugar a millones de copias de esta última. Finalmente, para demostrar que se ha producido la generación del fragmento buscado de ADN, se recurre a una electroforesis en la que los distintos fragmentos emigran dependiendo de su longitud o carga.

Existen varias modificaciones o tipos de la reacción de la polimerasa en cadena.

La PCR en tiempo real permite conocer y medir los productos de amplificación en cada ciclo del proceso más que el resultado final del mismo, utilizando una sonda unida a dos fluoróforos, uno en cada extremo, que hibrida con una zona intermedia de la hebra de ADN problema. El fluoróforo denominado “reporter” emite a una longitud de onda que es totalmente absorbida por el otro fluoróforo “quencher”, de forma que no se evidencia fluorescencia. Cuando la elongación de la nueva cadena de ADN tiene lugar y llega al lugar de hibridación de la sonda, esta se rompe por la acción de la actividad 5´nucleasa de la ADN polimerasa y se libera el fluoróforo “reporter”, que emite fluorescencia, que es proporcional a la magnitud de la amplificación que ha tenido lugar en ese ciclo.

La PCR con transcriptasa inversa (RT-PCR) es una PCR que utiliza ARN como molde inicial y, mediante una transcriptasa inversa, se sintetiza una cadena de ADN complementario (ADNc). A partir de aquí, se realiza una amplificación habitual.

La RT-PCR múltiple permite el diagnóstico de varios virus respiratorios en una sola muestra de secreciones respiratorias.

La RT-PCR es el método de elección para el diagnóstico de meningitis por enterovirus y parechovirus, que son los agentes más frecuentes en la meningitis vírica, mostrando sensibilidad y especificidad superiores al 95%. La detección del ADN de otros virus del grupo herpes (herpes simplex, varicela-zóster, citomegalovirus, HHV-6 y HHV7 por PCR) es también el método de elección en la actualidad. En la encefalitis herpética, la sensibilidad y especificidad de la PCR es superior al 95% y se utiliza no solo para el diagnóstico, sino para monitorizar el éxito del tratamiento, ya que una PCR positiva tras el tratamiento con aciclovir es indicación de continuar el tratamiento. De hecho, actualmente se pueden detectar por técnicas de amplificación molecular prácticamente todos los virus. También son muy útiles para detectar las bacterias causantes de meningitis en individuos tratados, en los que el cultivo puede negativizarse. Otras bacterias que se detectan mediante amplificación de ácidos nucleicos son: Mycoplasma pneumoniae, Bartonella henselae, Coxiella burnetii y otras(1).

Uno de los usos más extendidos de las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos en Pediatría son las infecciones respiratorias, en las que han desplazado a los cultivos virales. La RT-PCR tiene una mayor sensibilidad que los cultivos celulares y los test de detección rápida de antígenos virales. El virus respiratorio sincitial (VRS), virus de la gripe, parainfluenza, metapneumovirus, rinovirus, adenovirus, coronavirus y enterovirus, pueden todos detectarse por RT-PCR. También se dispone de PCR múltiple en la que se utilizan varios cebadores, que permiten detectar con un solo test varias infecciones virales. Para todos estos agentes, se utiliza como muestra, el exudado faríngeo, el aspirado nasofaríngeo y el aspirado nasal. Algunas bacterias, como: Mycoplasma pneumoniae y Chlamydophila pneumoniae pueden detectarse en el frotis faríngeo, en aspirados nasofaríngeos y en muestras de lavado broncoalveolar. Para la detección de Legionella pneumophila, se prefieren el esputo inducido o muestras de broncoscopia. El esputo espontáneo o inducido y las muestras de broncoscopias son útiles para la detección de las micobacterias no tuberculosas y Mycobacterium tuberculosis. En este último caso, la sensibilidad de la PCR no parece ser mayor que la del cultivo(1).

En las neumonías de pacientes inmunodeprimidos, las técnicas de amplificación molecular son especialmente útiles en la detección de Pneumocystis jiroveci, citomegalovirus, micobacterias atípicas y virus respiratorios, en general.

En los adolescentes sexualmente activos con síntomas de enfermedades de transmisión sexual, las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos son útiles para detectar virus herpes simples, papilomavirus humano, Chlamydia y Trichomonas.

Otros métodos moleculares de detección:

Análisis electroforético del ADN y polimorfismo de longitud de fragmentos de restricción: las denominadas enzimas de restricción, empleadas en este tipo de técnica, reconocen y escinden secuencias concretas de ADN, dando lugar a fragmentos diversos de ADN. Las diferencias entre la longitud de fragmentos de ADN generados son diferentes entre las cepas de un microorganismo específico, dando lugar al denominado polimorfismo de longitud de fragmentos de restricción (PLFR). Los fragmentos de ADN o ARN de diferentes tamaños se pueden distinguir por su movilidad electroforética en un gel de agarosa o poliacrilamida. Resulta de utilidad, por ejemplo, para distinguir distintas cepas del virus herpes simple.

Sondas genéticas: se emplean de forma similar a lo expuesto para los anticuerpos, para detectar y cuantificar secuencias de ácidos nucleicos específicos, a través de la hibridación de la sonda de ADN a la secuencia idéntica de la muestra.

- Hibridación in situ: detección de secuencias genéticas específicas en muestras de biopsia fijadas. Permite, por ejemplo, la detección de células infectadas por citomegalovirus o papilomavirus.

- Southern: hibridación de sonda ADN:ADN sobre un patrón de restricción por endonucleasas, separado electroforéticamente a un filtro de nitrocelulosa.

- Northern: igual al anterior, siendo, en este caso, la hibridación de sonda ARN: ADN.

En los últimos años, se han desarrollado y comercializado pruebas múltiples para la detección de los patógenos más comunes de los tractos intestinal y respiratorio (Tabla V).

Bibliografía

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Pediatría ambiental: la salud de los niños y el medio ambiente

F. Campillo i López1-2, J.A. Ortega-García2-3
Regreso a las bases


F. Campillo i López1-2, J.A. Ortega-García2-3

1Unitat de Salut Mediambiental Pediàtrica, Equip Pediàtric Territorial de la Garrotxa, Hospital d’Olot i Comarcal de la Garrotxa, Olot, Cataluña, España. 2Comité de Salud Medioambiental, Asociación Española de Pediatría. 3Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica, Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, Laboratorio de Entorno y Salud Humana, Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB), Universidad de Murcia, Murcia, España

Resumen

La Pediatría ambiental o Salud Medioambiental Pediátrica (SMAP) aborda los factores ambientales que afectan a la salud de la infancia, desde la concepción hasta el final de la adolescencia. La edad pediátrica se acompaña de unas características especiales que implican una mayor vulnerabilidad a las agresiones medioambientales. Las Unidades de Salud Medioambiental Pediátricas (PEHSUs, por sus siglas en inglés) son unidades clínicas de abordaje, detección, tratamiento y prevención en SMAP. La historia clínica medioambiental pediátrica y, especialmente, la Hoja Verde, son herramientas útiles para el pediatra de Atención Primaria en su abordaje básico, para mejorar la salud de los niños y el medio ambiente.

 

Abstract

Pediatric Environmental Health (PEH), also known as Environmental Pediatrics, addresses the environmental factors that affect the health of children, from conception to the end of adolescence. Children’s special characteristics involve a greater vulnerability to environmental aggressions. The Pediatric Environmental Health Specialty Units (PEHSU) are clinical settings in which environmental factors and diseases are approached through detection, treatment and prevention. The pediatric environmental history, and especially the Green Sheet, are useful tools for the primary care pediatrician in their basic approach to improving the health of children and the environment.

 

Palabras clave: Salud ambiental; Exposición a riesgos ambientales; Contaminación ambiental; Efectos tardíos de la exposición prenatal

Key words: Environmental health; Environmental exposure; Environmental pollution; Prenatal exposure delayed effects

 

Pediatr Integral 2018; XXII (3): 155.e1 – 155.e6


Pediatría ambiental: la salud de los niños y el medio ambiente

Introducción

Salud y medio ambiente forman un binomio inseparable. En las últimas décadas, se ha hecho notorio el impacto que tiene el entorno en la salud y bienestar humanos. Destacados organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS)(1–3) o la Unión Europea(4,5), han manifestado su preocupación por la contaminación que sufren nuestros ecosistemas a distintos niveles, desde el aire que respiramos, al agua que bebemos, pasando por los alimentos que ingerimos o el contexto socioafectivo en el que vivimos. Vivimos en un planeta más contaminado que el que tuvieron nuestros abuelos. Los principales afectados de la degradación de nuestro entorno son los niños y las generaciones futuras. Pese a que los menores de 5 años son solo el 15% de la población mundial, reciben el 43% de la carga de enfermedades ambientales(6). De hecho, a nivel global, el 26% de las muertes en ese rango de edad en el año 2015, fueron de causa ambiental(7,8), pudiendo llegar a prevenirse mediante un adecuado manejo de los riesgos medioambientales. El lugar de nacimiento determina muchos de estos factores. En países en vías de desarrollo, abundan problemas de salud derivados de las dificultades para el acceso al agua potable o a los servicios médicos, con una morbimortalidad elevada secundaria a enfermedades infecciosas, como: tuberculosis, cólera o malaria, pero más recientemente, se enfrentan a la polución derivada de los residuos electrónicos (“e-waste”) o a la persistencia de algunos metales pesados, como el plomo, presente todavía en algunos países en pinturas o gasolina(8,9). En el hemisferio norte, la industrialización de nuestras regiones ha supuesto una mayor exposición a pesticidas, a gases derivados de la combustión del diésel o al humo ambiental del tabaco, entre otros(8). Paralelamente, notamos un aumento de patología crónica, como el asma, el cáncer, los trastornos del neurodesarrollo o los relacionados con las sustancias disruptoras endocrinas, como la obesidad o la diabetes(8). La necesidad de un abordaje medioambiental de la salud pediátrica resultará imprescindible en este siglo, para alcanzar lo que muchos plantean, que para mejorar la salud de los niños necesitamos mejorar nuestro medio ambiente y viceversa(8). En este contexto, emerge la salud medioambiental pediátrica (SMAP) o pediatría ambiental.

¿Por qué los niños?

La edad pediátrica, entendida desde la etapa periconcepcional hasta el final de
la adolescencia en la segunda década de la vida, es una época de especial vulnerabilidad por tratarse de un momento de constante desarrollo, crecimiento y maduración.

Los niños no son adultos pequeños, las siguientes peculiaridades condicionan que los niños sean unos de los principales afectados por las injusticias medioambientales(11,12):

Inmadurez biológica. Desde la etapa embrionaria, existen distintas fases de maduración, tanto anatómica (por el rápido crecimiento celular) como fisiológica (por el déficit de todos los sistemas, en especial, el inmunitario y la detoxificación metabólica). Progresivamente, se desarrollan en mayor o menor medida durante el período infantojuvenil, para terminar al final de la adolescencia e inicio de la época adulta.

Mayor consumo energético y metabólico. Por su rápido crecimiento y desarrollo, las necesidades basales en la infancia condicionan un mayor aporte de oxígeno y de nutrientes. Por ello, comen más alimentos, beben más líquidos y respiran más aire por kilogramo de peso corporal que los adultos. Los niños, y de manera especial durante los primeros diez años de vida, inhalan, ingieren y absorben transdérmicamente más sustancias tóxicas por kilogramo de peso que un adulto. Si a ello unimos la menor capacidad para neutralizar, detoxificar y eliminar los contaminantes externos, sus efectos adversos van a ser más intensos y persistentes.

Comportamiento social. La conducta natural e innata de los niños va asociada a una mayor espontaneidad, curiosidad y confianza hacia su entorno, provocando una mayor indefensión ante las agresiones medioambientales y los signos de alarma que los adultos. Los niños se arrastran, gatean, se llevan constantemente objetos a la boca, estando más expuestos a contaminantes potenciales del polvo, suelo, componentes de juguetes, agroquímicos domésticos o productos de limpieza, entre otros muchos. También, debido a su estatura, principalmente en los dos primeros años de vida, respiran compuestos orgánicos volátiles que son más densos y pesados que el aire y que los adultos inhalan en menor medida por encontrarse a mayor altura.

Mayores expectativas de vida. Como los niños tienen por delante muchos más años potenciales de vida, pueden desarrollar efectos a medio y largo plazo ante exposiciones crónicas a contaminantes ambientales a bajas dosis.

Nula capacidad de decisión. Los niños no tienen capacidad de decisión sobre temas medioambientales. No tienen derecho a voto. No pueden decidir si en una vivienda se va a fumar tabaco o si se van a adoptar leyes que mitiguen el cambio climático, hipotecando irreversiblemente sus hábitats futuros y determinando patologías que podrán aflorar en la edad adulta.

Unidades de Salud Medioambiental Pediátrica

Para abordar de manera integral esta problemática, la OMS reconoce la necesidad de la puesta en marcha de Unidades de Salud Medioambiental Pediátricas (PEHSUs, por sus siglas en inglés de Pediatric Environmental Health Specialty Unit) para integrar en la práctica clínica las evidencias en medio ambiente y salud de los niños(13).

Las PEHSUs son unidades clínicas situadas en hospitales, centros o servicios de pediatría, donde pediatras especializados en Salud Medioambiental trabajan en equipo junto a otros profesionales de otras áreas de la salud (subespecialidades pediátricas, enfermería, obstetricia, matronas, oncología, toxicología, medicina de familia, entre otros) y de otros ámbitos (ciencias ambientales, química, arquitectura, por mencionar unos pocos). Los profesionales de estos centros son capaces de reconocer, evaluar y manejar los riesgos y enfermedades ambientalmente relacionados con la salud de los niños. Entre sus objetivos, se encuentran: proporcionar asistencia a pacientes y colectivos, formación en salud ambiental para profesionales, investigación clínica en SMAP, asesoramiento a agencias locales, regionales, nacionales o internacionales y divulgación sobre salud y medio ambiente para la comunidad.

Las primeras PEHSUs se desarrollaron en el continente americano en el año 1998(14,15), llegando a Europa en 2001(16). Actualmente, encontramos dos PEHSUs en funcionamiento en territorio europeo, situadas en el estado español. Desde el 2005, en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia(17,18) (www.pehsu.org) y desde 2016, en el Hospital d’Olot i Comarcal de la Garrotxa, en Girona(19) (www.pehsu.cat).

Son muchos los factores medioambientales relacionados con la salud de los niños que se abordan desde las PEHSUs, algunos de ellos, recogidos en la tabla I.

Si bien, todos los pediatras deberían adquirir competencias en SMAP para abordar de manera integral la salud de los niños y su entorno, será necesario que, en algunos casos, sean valorados de manera especializada por los profesionales de las PEHSUs. En estas circunstancias, tanto los pediatras del ámbito hospitalario como del extrahospitalario, pueden derivar aquellos pacientes que requieran una evaluación medioambiental (Tabla II).

¿Cuál es el papel del pediatra de Atención Primaria?

El pediatra de Atención Primaria se encuentra en una posición privilegiada. Se trata de un profesional sanitario concienciado de la especial vulnerabilidad de niños y adolescentes y participa en los programas preventivos de salud infantil (“Niño Sano”). Además, con la formación adecuada, es capaz de sospechar o diagnosticar patologías con causas o desencadenantes ambientales.

El pediatra que incorpora el medio ambiente en su consulta de Atención Primaria desarrolla un trabajo de investigador, educador y defensor, y constituye una fuente directa de información para los padres, las familias y el resto de colectivos sociales. Por ello, en Atención Primaria y Extrahospitalaria, el pediatra debe tener cierto grado de información de la comunidad en la que vive el niño y los peligros ambientales más importantes en ella.

Dos de las herramientas más usadas en SMAP son la historia clínica medioambiental pediátrica (HCMAP) y la Hoja Verde (cribado medioambiental). Las dos comparten el hecho de ser un conjunto de preguntas básicas y concisas que nos permiten detectar a las familias en riesgo, y sus principales diferencias están recogidas en la tabla III.

La historia clínica medioambiental forma parte de la historia clínica estándar(11,20). Todas las visitas de pediatría deberían incluir antecedentes ambientales breves, como la ocupación de los padres y la historia de tabaquismo. Aquellos pacientes con enfermedades, como: asma, cáncer, malformaciones, trastornos endocrinos y neurológicos no filiados, u otras patologías multifactoriales, o aquellos cuyos padres están preocupados por algún riesgo ambiental, requieren investigar los antecedentes ambientales de una forma más completa. Se trata, sin embargo, de una herramienta que requiere entrenamiento específico más complejo y que las consultas breves de Atención Primaria en un contexto de sobrecarga en el volumen asistencial dificultan su aplicación en la pediatría extrahospitalaria.

La Hoja Verde consiste en un cribado básico de aquellos aspectos medioambientalmente más relevantes relacionados con la salud de los niños, acompañado de una serie de consejos e intervenciones breves en SMAP(11,21,22). Se puede aplicar en distintas etapas (preconcepcional, prenatal, postnatal). Aplicada a los programas del “niño sano”, las preguntas exploran exposiciones de distinto origen: comunidad (barrio y escuela), casa, aficiones, exposición ocupacional de los padres y hábitos de vida (Tabla IV), aunque existen distintos modelos de Hoja Verde exploratoria y pueden adaptarse a los distintos entornos.

La puede realizar cualquier sanitario que haya recibido un pequeño entrenamiento en SMAP y, habitualmente, precisa de una entrevista cara a cara con el paciente. Su rápida aplicación después de una pequeña formación en SMAP, dota a la Hoja Verde de un valiosísimo potencial. Su incorporación en las revisiones o visitas del “niño sano” ayudaría a identificar a los niños en mayor riesgo por las exposiciones de los contaminantes ambientales, así como incrementar la conciencia y sensibilización medioambiental, tanto en los profesionales sanitarios como en las familias, siendo capaces de mejorar la calidad de vida y ambiental en la comunidad, la salud de los niños y del medio ambiente.

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Metodología diagnóstica en Alergología Pediátrica

M. Ridao Redondo
Regreso a las bases


M. Ridao Redondo

Pediatra de Atención Primaria, a l’ABS St. Vicenç dels Horts (Barcelona)

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 102.e1 – 102.e8


Metodología diagnóstica en Alergología Pediátrica

Introducción

En las últimas décadas existe un aumento de la prevalencia de la enfermedad alérgica. El asma, la rinitis, la dermatitis atópica y la alergia alimentaria son algunas de sus manifestaciones clínicas más frecuentes en la infancia afectando, según las áreas geográficas, a un 20-30% de la población pediátrica. La necesidad del Pediatra de Atención Primaria (PAP) de conocer, orientar correctamente y, por tanto, el número de estudios alergológicos a realizar, han tenido un incremento en paralelo(1,2).

Tanto la Sección de Alergia e Inmunología de la Academia Americana de Pediatría como la de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica han elaborado documentos para la realización de las pruebas de alergia en el paciente pediátrico, sea cual sea su edad, si existe sospecha de enfermedad alérgica(3,4). El estudio alergológico forma parte además del proceso diagnóstico de todas las Guías de referencia(5-7). Para el diagnóstico en alergia pediátrica, nos basamos en la historia clínica, estudios funcionales y pruebas complementarias “in vivo” e “in vitro”, buscando el alérgeno responsable y, sobre todo en pacientes respiratorios, el grado de afectación y la respuesta al tratamiento, para así poder ofrecer un diagnóstico y un manejo adecuado para cada paciente.

Historia clínica

Es la herramienta más importante para el diagnóstico de la enfermedad alérgica. Se debe realizar de forma detallada y orientada. En caso de tratarse de una alergia alimentaria, debe constar: vía de entrada del alérgeno (ingesta, contacto o inhalación), si era crudo, cocido, con o sin piel, tiempo entre el contacto e inicio de síntomas y detallar si hubo o no síntomas con compromiso de vía aérea. Es importante también, saber cómo se resolvió la clínica, si de forma espontánea o con medicación (oral o intramuscular), si acudieron a urgencias o no y la duración de la misma. En el caso de una alergia respiratoria, si alguna vez ha tenido: sibilantes, tos nocturna, dificultad respiratoria, asociación a la exposición de animales, humo de tabaco, predominio estacional y frecuencia de las crisis. Si ha utilizado alguna vez medicación inhalada, como suelen iniciarse los broncoespasmos, con o sin cuadro catarral previo, presencia o no de fiebre, rinorrea, picor, estornudos en salvas. Si se trata de una dermatitis atópica: frecuencia de brotes, desencadenantes que los favorezcan, tipo de tratamiento utilizado en ellos, extensión de la afectación, descanso nocturno.

Se deben recoger antecedentes personales, familiares y ambientales(8).

Estudio alergológico

Cuando hablamos de “pruebas de alergia”, estamos diciendo: “pruebas que demuestran sensibilización IgE específica a un alérgeno”, no confirmamos la etiología de la enfermedad, ni podemos predecir la gravedad de la misma.

En los últimos años, las técnicas diagnósticas han presentado importantes avances, los alérgenos, son cada día mejor conocidos. Hasta ahora se trabajaba con extractos que son mezclas mal definidas de alérgenos principales completos, alérgenos de reactividad cruzada y material no alergénico. Los avances en biología molecular y técnicas de ADN recombinante permiten disponer de nuevas herramientas diagnósticas, como los alérgenos recombinantes y los alérgenos purificados, que dan lugar a un nuevo concepto, el denominado “diagnóstico por componentes”, y permiten conocer, de una forma precisa, cuáles son las moléculas del alérgeno responsables de desencadenar la reacción alérgica(9) (Fig. 1).

Figura 1.

Componentes alergénicos:

- Fuente alergénica. Tejido, partícula, alimento u organismo capaz de inducir alergia (p. ej.: caspa de gato, D. pteronyssinus, leche, Aspergillus fumigatus, polen de Phleum pratense, etc.).

- Extracto alergénico. Mezcla cruda no fraccionada de proteínas, polisacáridos y lípidos, obtenida a partir de la extracción de una fuente alergénica (p. ej., granos de polen).

- Molécula alergénica (alérgeno). Molécula (proteína o glucoproteína) derivada de una fuente alergénica determinada que es identificada por anticuerpos específicos de clase IgE. Los alérgenos pueden ser obtenidos a partir de fuentes naturales (alérgenos nativos purificados) o producidos utilizando tecnología ADN-recombinante (alérgenos recombinantes).

El subcomité de nomenclatura de los alérgenos de la Organización Mundial de la Salud y la Unión Internacional de Sociedades Inmunológicas introdujeron unas guías para facilitar la nomenclatura coherente de los componentes de las fuentes alergénicas (http://www.allergen.org/index.php). Para nombrarlos, se utilizan las 3 primeras letras del género al que pertenecen, seguidas por una letra (dos, en ocasiones), que indican el nombre de la especie, y finalmente un número que muestra el orden de identificación del alérgeno; p. ej.: Der p 1; Der (género: Dermatophagoides), p (especie: pteronyssinus), 1 (primero identificado en el grupo) (Fig. 2).

Figura 2. Alérgenos clínicamente relevantes del ácaro del polvo doméstico. Aquellos con reactividad cruzada detectada experimentalmente, se muestran en naranja. http://www.eaaci.org/documents/Molecular_Allergology-web.pdf.

Pruebas “in vivo”

Son aquellas que realizamos en el propio paciente(5).

Pruebas cutáneas

Prick test: corresponde a la detección de la IgE específica que está unida al mastocito y que se degranula al contacto con el alérgeno al que el paciente está sensibilizado. Reproduce reacciones de hipersensibilidad de tipo I (inmediata, mediada por IgE) y son de lectura inmediata. Es el método de elección para el estudio de enfermedades alérgicas por su sencillez, rapidez y sensibilidad. Para su realización, requieren de personal entrenado y extractos de calidad.

- Material y técnica: se coloca 1 gota de cada extracto alergénico, separadas unos 3 cm, de forma ordenada, en el antebrazo del paciente y se punciona con una lanceta estandarizada de forma perpendicular al plano, 1 mm hacia adentro. Se debe de utilizar 1 lanceta por alérgeno. Se utiliza control positivo con histamina y control negativo con suero salino. A los 15 minutos, se procede a la lectura de la pápula midiendo el diámetro mayor. Consideramos que un prick es positivo cuando es mayor a 3 mm de diámetro mayor.

En algunos casos, por ejemplo en alergia alimentaria, se realizan Prick by prick. La técnica consiste en una puntura sobre el alimento fresco o cocido y luego punzar en la piel del paciente. Se utiliza, sobre todo en vegetales, dado que los extractos disponibles promueven la inactivación de proteínas potencialmente alergénicas, lo que produce falsos negativos de las pruebas convencionales.

La batería de alérgenos debe adecuarse a la zona geográfica en la que estemos trabajando. Para detectar posibles reacciones cruzadas, en la batería mínima de estudio de asma/rinitis, deben incluirse tropomiosina y profilina.

Diversos factores pueden alterar el resultado de un prick test como: dermografismo, dermatitis atópica, calidad del extracto, errores en la técnica o fármacos (antihistamínicos). Pueden existir contraindicaciones para la realización de un prick, como el antecedente de haber hecho una reacción previa grave con un prick, pero no son frecuentes. Las reacciones alérgicas sistémicas tras la prueba son raras, se describe una frecuencia del 0,02-0,03%. Siempre se debe obtener previamente el consentimiento informado y realizarlas en un lugar que disponga de un equipo de reanimación (Fig. 3).

Figura 3. Prick-Test. Valoración en 15 minutos.

Intradermorreacción (IDR): pueden reproducir reacciones de hipersensibilidad de tipo I y III en lectura rápida y, en la retardada, reacciones de hipersensibilidad de tipo IV o respuesta celular. Consiste en la inyección de 0,05-0,1 ml del extracto específico para IDR (solución salina en una concentración de 1.000 a 10.000 veces menor que para Prick), con aguja hipodérmica fina y con la jeringa paralela al brazo. Se introduce el volumen en un ángulo de 30º. Se utiliza también control negativo y positivo en diluciones de histamina para IDR. Se considera positiva una pápula de, al menos, 5 mm de diámetro mayor. Se utiliza en lectura inmediata y tardía, sobre todo, en el diagnóstico de alergia a fármacos (Fig. 4).

Figura 4. A. Técnica Intradermoreacción. B. Técnica de Sókal para delimitar los bordes de una induración positiva.

Test de parches o pruebas epicutáneas: se utilizan, sobre todo, para diagnóstico de eccemas de contacto, poco en Pediatría. Son de lectura tardía a las 48-72 h de la aplicación. Reproducen reacciones de hipersensibilidad de tipo IV. Se aplican en zonas de piel sana, sin limpiar previamente, sobre todo en la espalda, y se utilizan sustancias recomendadas con apósitos ideados para la prueba (Fig. 5).

Figura 5. Test de parches.

Pruebas “in vitro”

Estas pruebas nos permiten detectar la IgE específica circulante del paciente. Son un complemento diagnóstico de la historia clínica y de los test cutáneos(10).

Determinación de IgE total: la IgE tiene una alta especificidad para unirse a los alérgenos. Su vida media es muy corta, y su valor tiene escasa correlación con la presencia de enfermedad alérgica, por tanto, no se recomienda como cribaje.

Anticuerpos IgE específicos: proporcionan resultados cuantitativos y no se afectan por la toma de fármacos. Los métodos utilizados son RAST (radioallergo absorbent test) o CAP (inmunoenzimático). El rango oscila entre 0,1 y 100 kU/L, pudiéndose detectar valores superiores por técnicas de dilución. Tiene una buena especificidad y menor sensibilidad. Su positividad no siempre se relaciona con enfermedad alérgica, debe tenerse en cuenta la clínica y el resto de pruebas para valorar esta positividad. Su determinación resulta útil, sobre todo, para el diagnóstico de alergias IgE mediadas como: asma, rinitis y alergia alimentaria, siendo menos eficaz para el diagnóstico de urticaria o alergia a fármacos.

Phadiatop®: es una herramienta diagnóstica útil para el cribaje en Atención Primaria. Su positividad obliga a seguir el estudio alergológico. Ofrece resultados cualitativos, positivos o negativos. Diagnostica correctamente 9 de 10 pacientes alérgicos con una eficacia de más del 90% cuando hay una historia clínica sugestiva, siendo más sensible y específica que la IgE total más la historia clínica (eficacia del 65%). El Phadiatop infant, uno de los más comercializados para Pediatría, está compuesto por una mezcla de alérgenos respiratorios y alimentarios: ácaros, gato, perro, caballo, alternaría, parietaria, phleum, abedul, platanero, olivo, leche, huevo, cacahuete, soja y gamba.

InmunoCAP rapid®: disponible en España desde 2005, es uno de los test de diagnóstico rápido que puede disponer el PAP en la consulta. Detecta IgE específica frente a un panel de diez alérgenos inhalados y alimentarios a partir de una muestra de sangre capilar obtenida por punción del pulpejo del dedo. Disponemos de dos paneles de alérgenos que utilizaremos en función de la edad del niño, según sea mayor o menor de 5 años. El de los preescolares, InmunoCAP® Rapid Wheeze/Rhinitis Child, incluye huevo y leche, además de 8 aeroalergenos (gato, perro, abedul, olivo, artemisia, parietaria, hierba timotea y ácaros), y el que utilizamos en niños y adolescentes, InmunoCAP® Rapid Asthma/Rhinitis Adult, cambia estos dos antígenos alimentarios por alternaria y cucaracha. La principal ventaja es la sencillez de realización y la obtención de resultados en 20 minutos, en la misma consulta. Su positividad, nos da un valor semicuantitativo, cuando existe correlación con la clínica, permite iniciar medidas de evitación de alérgenos y valorar la necesidad de seguir el estudio(11,12)(Fig. 6).

 

Figura 6. ImmunoCAP Rapid. Mecanismo de acción y modelo de prueba positiva.

InmunoCAP ISAC®: es una técnica que permite determinar IgE frente a varios componentes alergénicos, utiliza técnicas de biochip (estudio molecular). Con la misma muestra y con mínima cantidad de suero (microlitros) proporciona resultados para un centenar de componentes de más de 50 fuentes alergénicas. Permite diagnosticar el perfil de sensibilización individual de cada paciente. Se trata de un estudio cualitativo que nos informa acerca de resultados positivos de IgE específica por grupos de proteínas, por fuente de alérgenos y según componentes de reactividad cruzada. Al cuantificar los niveles de anticuerpos IgE específicos para un determinado componente y no para el extracto completo, lograremos no solo un diagnóstico mucho más preciso del paciente alérgico, sino también la posibilidad de identificar los mejores candidatos para terapéuticas específicas (diseño de inmunoterapia alérgeno específica). Desde un punto de vista práctico, el diagnóstico molecular desempeña un importante papel en tres aspectos básicos del manejo alergológico: en pacientes aparentemente polisensibilizados, ayuda a distinguir entre la sensibilización genuina y la debida a fenómenos de sensibilidad cruzada; cuando la historia clínica y las pruebas diagnósticas tradicionales no son capaces de identificar el/los alérgenos relevantes, identifica moléculas asociadas a gravedad y permite establecer posibles riesgos; y ayuda a mejorar la intervención terapéutica para cada paciente.

Test de activación de basófilos: es una línea nueva de investigación, la prueba mide la proteína CD63 que se expresa en la superficie de los basófilos activados. El estudio se realiza mediante citometría de flujo, se precisa sangre fresca, pudiéndose solo almacenar a 4°C hasta 24 horas. Aún falta experiencia para determinar un uso concreto en alergia.

Una vez detectada la presencia de IgE específica, debemos de saber diferenciar unos conceptos fundamentales en alergia:

Sensibilización. Es la demostración de la existencia de niveles elevados de IgE especifica frente a uno o varios alérgenos “in vitro” o “in vivo”; es decir, detectada por métodos de laboratorio (RAST, CAP, Phadiatop, InmunoCap) o pruebas cutáneas (prick test). Esta sensibilización debe ser siempre valorada según la clínica del paciente y de esa forma determinar si su positividad tiene relación con su sintomatología alérgica. Si no fuera así, hablaremos de sensibilizaciones subclínicas o asintomáticas.

Alergia. Existe una reacción adversa de salud en la que se demuestra un mecanismo inmunológico con una relación causa efecto evidente, producida por la ingesta, contacto o inhalación de un alérgeno.

Tolerancia. La exposición al alérgeno no provoca síntomas de alergia. Puede ser espontánea y permanente, como por ejemplo, en el caso de la alergia alimentaria. A menudo, existe una historia natural de la enfermedad que puede conducir a dicha tolerancia a pesar de un largo periodo de evitación del alérgeno. Esta adquisición de tolerancia refleja un mecanismo de regulación a través de células T y, en ocasiones, la tolerancia adquirida puede ser solo parcial, lo que implica que podemos tener síntomas frente a una exposición masiva al alérgeno. La protección frente al alérgeno se puede también lograr a través de una exposición regular y continua, que conlleva a lo que denominamos desensibilización. Esto implica un descenso en la actividad de mastocitos y basófilos, con un aumento IgG4 específica al alérgeno que actúa como protectora. Este mecanismo está demostrado, tanto en la alergia respiratoria como alimentaria, siendo la base de la eficacia de la inmunoterapia específica en el asma y/o rinitis, como en la alergia alimentaria.

Reactividad cruzada. Fenómeno que ocurre cuando un anticuerpo reacciona no solo con el alérgeno principal sino con otros similares. Es común entre alérgenos de una misma familia, por ejemplo: entre distintos frutos secos o distintos mariscos.

Panalérgeno. Alérgeno presente en diversas especies con elevada conservación estructural, siendo difícil saber la especie sensibilizante original. Esto puede dar lugar a errores diagnósticos y de tratamiento, que obligan a utilizar el diagnóstico molecular o por componentes.

Los panalérgenos más estudiados son:

Profilinas: proteínas sensibles al calor y a la digestión, responsables de reacciones cruzadas entre pólenes y frutas de diferentes especies. Los pacientes sensibilizados a profilina pueden tener clínica compleja, que obliga a efectuar un diagnóstico molecular.

Proteina lipid transfer protein (LTP): proteína resistente al calor y a la digestión, que se concentra en la piel y superficie externa de vegetales. La clínica puede ser progresiva, presentándose con alimentos que se habían tolerado hasta ese momento y de forma cruzada entre pólenes y alimentos vegetales, dando lugar al Síndrome LTP. Puede causar reacciones alérgicas graves, ocasionalmente precipitadas por cofactores como el ejercicio físico. El alimento que más frecuentemente actúa como sensibilizador primario es el melocotón.

Tropomiosina: proteína animal que origina reactividad cruzada entre crustáceos, moluscos, cucarachas y otros artrópodos como los ácaros.

Estudio de la función pulmonar

El estudio de la función pulmonar en niños colaboradores es uno de los pilares del diagnóstico de la patología respiratoria. Aunque el diagnóstico de asma es fundamentalmente clínico, siempre que la edad del niño lo permita, se deben efectuar pruebas objetivas que midan la función pulmonar(13).

Espirometría

La espirometría será para el PAP la prueba de primera elección, tanto para el diagnóstico como para el seguimiento de estos pacientes. En la actualidad, debido a la disponibilidad de mejores equipos, es posible llevar a cabo espirometrías fiables incluso en niños en edad preescolar, siempre y cuando estas sean realizadas por personal bien entrenado (Tablas I y II).

Es una técnica que evalúa volúmenes y flujos pulmonares, poniéndolos en relación entre sí y/o con el tiempo necesario para la realización de la prueba.

En el asma tiene interés la fase espiratoria; si bien, la fase inspiratoria puede ayudar en el diagnóstico diferencial de cuadros obstructivos intra y extrapulmonares. En Pediatría, fuera de los periodos de crisis, los niños pueden tener una función pulmonar normal, pero también, en ocasiones, niños aparentemente asintomáticos tienen una función pulmonar alterada (Fig. 7).

Figura 7. Curva de flujo espiratorio /volumen normal.

Los principales parámetros a determinar son:

Capacidad vital forzada (FVC): volumen máximo espirado con el máximo esfuerzo y rapidez, partiendo desde la capacidad pulmonar total. Se considera que es un indicador de la capacidad pulmonar. Generalmente, un valor disminuido define las patologías restrictivas, aunque también puede estar limitada en las patologías obstructivas más graves.

Volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1): volumen máximo espirado durante el primer segundo, contado desde el inicio, en el curso de una espiración forzada iniciada a capacidad pulmonar total. Refleja el tamaño de las vías respiratorias de calibre grueso e intermedio y guarda una correlación lineal e inversa con el grado de obstrucción de la vía aérea. Su mayor utilidad es la valoración de las respuestas broncodilatadora y broncoconstrictora de las vías respiratorias.

Relación entre FEV1/FVC: La relación FEV1/FVC es el indicador más sensible y específico para la identificación de la obstrucción de las vías respiratorias.

FEF25-75: Flujo espiratorio forzado entre el 25 y el 75% de la capacidad vital forzada o mesoflujos. Miden el flujo medio alcanzado en el tramo medio de la curva, comprendido entre el 25-75% de la FVC, y es específico de la obstrucción de las vías aéreas de pequeño tamaño, algunos trabajos le dan valor específicamente en la población pediátrica.

A partir de la relación entre estos parámetros, podremos evaluar si existe algún tipo de alteración respiratoria, así como el tipo de patrón espirométrico. Los valores de referencia en el espirómetro deben adecuarse a la edad y raza o etnia del paciente, así como otros factores ambientales del momento exacto de la prueba (temperatura, presión atmosférica y humedad relativa).

Una vez realizada la espirometría y valorada como correcta (Tablas III y IV), se deben identificar los patrones espirométricos como: normal, obstructivo, restrictivo o mixto, y clasificar la gravedad del patrón diagnosticando de acuerdo con los hallazgos y la clínica el proceso y valorando la necesidad de otras pruebas:

Alteraciones ventilatorias de tipo obstructivo: limitan el flujo durante la espiración y cursan con incremento del volumen residual. Se caracterizan por la disminución marcada del FEV1 y de la relación FEV1/FVC, aunque en las formas graves se produce un descenso de la FVC y el cociente FEV1/FVC puede hacerse normal.

Alteraciones ventilatorias de tipo no obstructivo (restrictivas): cursan con disminución de la capacidad pulmonar total. Se caracterizan por disminución de la FVC, permaneciendo normal o aumentada la relación FEV1/FVC.

Alteraciones ventilatorias mixtas: coexisten ambos tipos de alteraciones ventilatorias y precisan de técnicas sofisticadas para completar su evaluación.

En Pediatría, se consideran valores espirométricos normales:
• FEV1/FVC mayor del 80% (la última revisión de la GINA establece el 90% en niños).
• FEV1 y FVC iguales o superiores al 80% de sus valores teóricos estandarizados.
• Flujo espiratorio forzado (FEF25-75) igual o superior al 65% de su valor teórico estandarizado.

Si en el estudio de la función pulmonar con la espirometría, buscamos la obstrucción al flujo aéreo, se debe completar el estudio con una prueba de broncodilatación, buscando la reversibilidad, la variabilidad con la medición seriada del pico de flujo y la hiperreactividad bronquial con test inespecíficos, como el ejercicio con carrera libre, la prueba de metacolina o manitol, o específicos, como provocaciones con alérgenos ambientales. En Atención Primaria debemos conocer bien y realizar la prueba de broncodilatación y el test de ejercicio con carrera libre.

Prueba de broncodilatación

La respuesta broncodilatadora se utiliza para evaluar la reversibilidad del patrón obstructivo en la espirometría. Para la realización de esta prueba, se debe realizar una espirometría para determinar el FEV1 basal y, posteriormente, se administran 4 inhalaciones sucesivas de 100 μg de salbutamol, o su equivalente de terbutalina, mediante un inhalador presurizado con cámara espaciadora. Se repite la espirometría a los 15 minutos (Fig. 8).

Figura 8. Curva espirométrica y prueba de broncodilatación positiva.

Se considera una prueba broncodilatadora positiva, cuando el incremento del FEV1 sobre el valor basal es mayor o igual al 12% y 200 ml, aunque es posible que un incremento del 8% sobre el valor basal o del 9% en relación al valor teórico, pueda definir mejor la respuesta broncodilatadora en niños. En los pacientes pediátricos, cuando hay dudas diagnósticas, son de especial interés las pruebas de provocación con ejercicio físico.

Medidor de pico de flujo

El medidor de pico de flujo o flujo espiratorio máximo (PEF) es un dispositivo sencillo, de pequeño tamaño, de bajo coste, portátil, fácilmente disponible para el uso domiciliario. El medidor es un tubo cerrado en un extremo, con una boquilla en el otro. La presión que genera el flujo de aire espirado mueve un diafragma por un carril hasta el punto máximo de flujo espiratorio, con rango de 0 a 400 L/min en monitores de PEF pediátricos. El PEF proporciona información sobre la variabilidad, o fluctuación excesiva de la función pulmonar a lo largo del tiempo. El índice de variabilidad diaria más recomendable es la amplitud del PEF con respecto a la media promediada durante un mínimo de 1-2 semanas y registrado antes de la medicación. Una variabilidad del PEF mayor del 20% orienta al diagnóstico de asma (Tabla V).

Las diferencias de exactitud y reproducibilidad entre los diversos modelos son significativas; en los homologados, se acepta un máximo del 10% intra aparato y del 5% entre aparatos del mismo modelo. Los medidores van perdiendo su exactitud y, al cabo de 12 meses, solo el 63% de las medidas permanecen en los límites de confianza del 95%. Por todo ello, no se deben utilizar para el diagnóstico de asma, pero pueden ser útiles para valorar la variabilidad en pacientes con mala percepción de los síntomas o con abuso de medicación de rescate acompañando a un plan de acción, para identificación de factores desencadenantes de crisis, y como medida de seguridad antes de la administración de la inmunoterapia subcutánea en Atención Primaria.

Pruebas de provocación

Ponen de manifiesto la sintomatología clínica referida por el paciente tras la exposición controlada al alérgeno sospechoso. Se utiliza cuando hay dudas diagnósticas o discordancias entre la historia clínica y los resultados obtenidos por la pruebas in vivo e in vitro. Son pruebas que comportan riesgo y deben realizarse en el ámbito hospitalario.

Prueba de exposición controlada oral (PEC): consiste en la administración gradual y progresiva del alérgeno por vía oral para confirmar el diagnóstico o valorar tolerancia. Se utilizan en alergia alimentaria y medicamentosa. Es el patrón oro o “gold standard” en la alergia alimentaria. Confirman un diagnóstico de certeza o la adquisición de tolerancia. La PEC puede ser abierta, simple ciego o doble ciego. Se debe de realizar, preferentemente, en medio hospitalario, dónde se puedan asumir posibles reacciones adversas graves, siempre con consentimiento informado. Puede tener contraindicaciones relativas o absolutas (paciente en el que este contraindicado el uso de adrenalina, que tome betabloqueantes o una anafilaxia previa).

Prueba de provocación nasal, conjuntival o bronquial específicas: administración del neumoalérgeno por estas vías, cuando hay dudas diagnósticas. Se realiza en niños colaboradores, generalmente mayores de 6 años, para que la respuesta además pueda ser objetivada de forma adecuada según tablas de referencia.

Material y técnica

• Provocación nasal y conjuntival: se aplica una gota del diluyente con el alérgeno en el saco conjuntival o través de las fosas nasales en concentraciones crecientes y se espera hasta la aparición de síntomas. Se valoran estos a través de tablas de referencia.

• Provocación bronquial: se realiza una espirometría basal y otra tras ser expuesto a una nebulización con el alérgeno en cuestión. Se considera la prueba positiva, cuando se objetiva una caída del 15% del FEV1. Existe, además, la posibilidad de respuesta tardía, por lo que esta prueba se puede realizar con el paciente ingresado o se debe advertir la posibilidad de aparición de síntomas en domicilio.

• Pruebas de provocación bronquial inespecífica, metacolina o ejercicio: son pruebas de especial interés en el niño, dado que son fáciles de realizar y, sobre todo, el test de esfuerzo tiene una alta especificidad para el diagnóstico de asma.

- Metacolina: partimos de una espirometría basal y se van administrando dosis crecientes de metacolina nebulizada. Se realizan espirometrías seriadas hasta valorar una caída mayor 20% del FEV1 inicial, que es cuando la prueba se considera positiva (PC20).

- Test de esfuerzo: partimos también de una espirometría basal, hacemos correr al niño en un tapiz rodante, realizamos espirometrías seriadas tras el esfuerzo, a los 5, 10 y 15 minutos, y consideramos positivo si se evidencia una caída del 15% del FEV1.

El diagnóstico de la enfermedad alérgica se basa fundamentalmente en: demostrar una asociación causal con el alérgeno, demostrar el mecanismo inmunológico implicado y descartar diagnósticos diferenciales. Las herramientas que utilizamos para ello son:

• Una historia clínica detallada que evidencie una relación causa-efecto con determinado alérgeno y manifestaciones clínicas producidas por una repuesta inmune.

• Pruebas cutáneas y/o IgE específicas que, siendo positivas, son compatibles con un mecanismo IgE mediado.

• Prueba de exposición controlada, que permite obtener un diagnóstico de certeza de la enfermedad alérgica que estamos sospechando.

Bibliografía

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Fondo de ojo

M.I. Valls Ferrán, A. Clement Corral, D. Puertas Bordallo
Regreso a las bases


M.I. Valls Ferrán, A. Clement Corral, D. Puertas Bordallo

Oftalmología Pediátrica del Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

La oftalmoscopia resulta de gran utilidad para el médico pediatra en la práctica diaria. Es un método de exploración objetivo, que permite la visualización del fondo de ojo mediante un instrumento óptico que capta la luz reflejada por la retina. La técnica con el oftalmoscopio directo resulta sencilla de realizar.
Es importante conocer las diferentes estructuras retinianas para poder distinguir un fondo de ojo normal de uno patológico y así poder derivar al oftalmólogo aquellas anomalías que aparezcan para su estudio detallado.

 

Abstract

The ophthalmoscopy is very useful for the paediatrician in daily practice. It is an objective exploration method that allows the visualization of the ocular fundus by means of an optical instrument that captures the light reflected by the retina. The technique with the direct ophthalmoscope is simple to perform.It is important to know the different retinal structures in order to be able to differentiate a normal ocular fundus from a pathological one, and so refer those anomalies that appear to the ophthalmologist for a more detailed study.

 

Palabras clave: Fondo de ojo; Oftalmoscopio directo; Nervio óptico

Key words: Ocular fundus; Direct ophthalmoscope; Optic nerve

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 58.e1-58.e7


Fondo de ojo

Introducción

La oftalmoscopia es un método de exploración objetivo, que permite la visualización y el estudio de estructuras vasculares y nerviosas del fondo de ojo, obteniendo una información valiosa, no solo para el oftalmólogo, sino también para el pediatra, internista o neurólogo, tanto en la urgencia como en la práctica diaria, permitiendo orientar al diagnóstico de ciertas patologías a nivel ocular.

Instrumentos y métodos de exploración

Oftalmoscopio directo

Se trata de un instrumento óptico que dirige una luz directamente sobre la retina a través de un espejo que refleja un rayo proveniente de la fuente luminosa. Este espejo tiene un orificio central que permite la visualización por el observador de la retina iluminada (Fig. 1).

Figura 1. Oftalmoscópio directo.

A la hora de explorar el fondo de ojo, es sin duda el aparato más útil para el médico no oftalmólogo(1). Ofrece una imagen de la retina no invertida. El oftalmoscopio directo posee un cabezal y dos ruedas, una de ellas corregirá los posibles defectos de refracción del médico o del paciente. Al girar el disco con el dedo se varía la potencia de la lente, lo que permite enfocar diferentes planos de lesiones prominentes que puedan hallarse en el interior del ojo y, con la otra rueda, se proyectan una serie de test, como la localización de la fóvea (estrella) o se pueden interponer filtros como el verde, muy útil para la visualización de lesiones en la pared de los vasos sanguíneos y fibras nerviosas.

Estos oftalmoscopios son de fácil manejo, y con poco tiempo de práctica se adquiere la habilidad necesaria para manejarlos con provecho en una consulta. Son adecuados para la exploración del polo posterior del fondo del ojo y menos útiles para el examen de la periferia retiniana. El campo de observación es de 10 a 15 grados y el aumento que se produce es de unas 15 veces.

Técnica de examen: el paciente estará sentado y el médico de pie frente a él. Para explorar el ojo derecho, el médico mirará con su ojo derecho, y a la derecha del paciente, lo mismo cuando explore el ojo izquierdo. Antes de empezar, se coloca la rejilla a cero, el oftalmoscopio encendido se colocará a una distancia de 15 cm por delante del ojo del paciente y se dirige la luz sobre la pupila previamente dilatada, hasta conseguir ver que esta se ilumina de color rojo. Sin perder este reflejo irá acercando más el aparato hasta 2 cm, distancia a la cual el reflejo se convierte en una imagen concreta en la que se ven los detalles anatómicos del fondo de ojo. Conviene explorar el fondo de ojo de forma ordenada.

En primer lugar, se examina la papila, valorando la nitidez de sus bordes, el relieve y la coloración. Después, seguiremos por las arcadas vasculares, fijándonos en el color, la tortuosidad y el calibre de los vasos. Se deja para el final la exploración de la mácula, haciéndole mirar al paciente hacia la luz del oftalmoscopio. Un pequeño reflejo blanco puntiforme señala la fóvea central.

Oftalmoscopio indirecto

Esta técnica es poco recomendable para el médico no oftalmólogo, ya que es más difícil de realizar y, además, requiere de más práctica y una curva de aprendizaje más larga. La imagen que se obtiene está invertida, es decir, lo que se ve a la derecha está a la izquierda y lo que se ve arriba está abajo y viceversa. El aumento es de 3 a 5 veces superior, pero el campo que se obtiene es mayor, de unos 50 grados. Se obtiene también información de la periferia de la retina, no solo del polo posterior. Se usa un oftalmoscopio que se pone en la cabeza del explorador, con un sistema de iluminación propio. El paciente estará tumbado en una camilla, y se usarán lentes de 14, 20 o 28 dioptrías, consiguiendo la observación binocular estereoscópica del fondo de ojo con gran detalle.

Condiciones para la práctica de la oftalmoscopia

Condiciones ambientales

La luz ambiente debe ser tenue, se aconseja empezar con menos luz para que el paciente no se deslumbre y cierre los parpados, lo cual dificultaría aún más la exploración.

Dilatación pupilar

Los colirios midriáticos dilatan la pupila y son imprescindibles en el caso de que se quiera explorar la periferia retiniana. El más recomendable es la tropicamida, dependiendo de la coloración del iris se tardará más o menos tiempo en conseguir la dilatación deseada, los ojos claros requieren menos dosis y tiempo que los ojos oscuros. Aunque tiene pocos efectos secundarios, se recomienda comprimir el punto lagrimal para evitar el paso del colirio a la circulación por las fosas nasales.

Fondo de ojo normal (Fig. 2)

Figura 2. Fondo de ojo normal.

Es necesario que el médico se familiarice con los detalles anatómicos del fondo normal.

Color

Puede variar desde el rojo hasta el rosado amarillento. La retina es transparente, así que el color rojizo se debe a la sangre contenida en los vasos coroideos y al epitelio pigmentario de la retina. El color del fondo tiene que ver con el color del iris, del pelo y de la piel del individuo. En los niños se suelen ver unos reflejos a lo largo de los grandes vasos y de la región de la mácula, como si fuera una delgada lámina de celofán y son debidos a la reflexión de la luz del oftalmoscopio por la limitante interna de la retina.

Papila óptica o disco

Es la salida al interior del ojo de la porción distal del nervio óptico(2). Tiene una forma redondeada, con el eje vertical mayor que el horizontal. Su diámetro es de 1,5 mm. Sus límites suelen ser netos, siendo más imprecisos en los niños que en los adultos. De color blanco rosado, con una zona central blanquecina, más o menos redondeada que corresponde con la excavación fisiológica que dejan las fibras al atravesar el canal escleral. Su tamaño, profundidad y localización sirven de parámetro para controlar la evolución de algunas patologías, como el glaucoma.

Vasos de la papila

Un poco hacia el lado nasal de la papila se ven emerger la arteria y venas centrales de la retina. Pueden identificarse por su color y calibre, siendo la vena de color rojo vinoso más oscuro y con una relación de calibre arteria-vena 2/3.

La arteria central se bifurca en dos ramas, la superior y la inferior. Ambas, después de un trayecto más o menos largo hacia arriba y abajo, se dividen a su vez en dos: una que se dirige hacia el lado temporal y otra que se dirige hacia el lado nasal. Los vasos retinianos se encargan de nutrir a los 2/3 internos de la retina, mientras que el tercio externo depende de la coriocapilar que son vasos de la coroides.

Mácula

Se localiza en el centro geométrico del ojo, temporalmente a la papila. Su tamaño es de 1,5 mm, de color más oscuro que el resto de la retina. En su parte central existe una zona avascular, llamada fóvea, que es la zona de máxima agudeza visual. En el centro de esta, se aprecia un reflejo puntiforme que se llama reflejo foveolar.

En la mácula y en la fóvea están agrupados los conos, que son los fotoreceptores encargados de la visión central y de la visión de los colores.

Coroides

Estructura vascular, situada por debajo del epitelio pigmentario de la retina.

En fondos de ojo poco pigmentados se puede visualizar la trama vascular coroidea.

Fondo de ojo patológico

Anomalías congénitas del nervio óptico(3)

Coloboma de papila: se produce por un defecto en el cierre de la hendidura fetal (Fig. 3).

Figura 3. Coloboma de papila.

Puede presentarse aislada o asociada a otras malformaciones oculares. Una variedad es el síndrome de Morning Glory, que consiste en un nervio óptico grande y excavado, con tejido fibroglial en su centro, del que emergen los vasos retinianos en forma radial característica (Fig. 4).

Figura 4. Morning glory.

La retina peripapilar muestra alteraciones pigmentarias oscuras y azuladas. Suele ser unilateral. Puede provocar desprendimientos de retina no regmatógenos y, más raramente, hemorragias subretinianas.

Foseta papilar: consiste en una pequeña excavación oval, de color gris, rodeada de tejido papilar situada en el sector temporal de la papila. Se produce por invaginación de tejidos embrionarios retinianos en la cabeza del nervio óptico. Suelen ser asintomáticas en el niño, pero tardíamente, hacia la tercera década de la vida, pueden favorecer la aparición de edema macular y desprendimiento seroso de la misma.

Drusas papilares: acumulaciones anormales de sales de calcio y proteínas en el nervio óptico. Suelen hacerse visibles a partir de la primera década de la vida, normalmente bilaterales y no suelen afectar a la visión (Fig. 5).

Figura 5. Drusas papilares.

Persistencia de fibras de mielina: se debe a una mielinización anormal de las fibras nerviosas. Se observa una zona blanca en forma de abanico sobre las fibras nerviosas intrarretinianas. Pueden dar escotomas en el campo visual (Fig. 6).

Figura 6. Persistencia de fibras de mielina.

Alteraciones del nervio óptico

Edema de papila (Fig. 7): se debe al aumento de la presión intracraneal. Suele ser bilateral. La visión y los reflejos pupilares están conservados. Comienza con un borramiento de los límites del disco, ingurgitación y tortuosidad venosa, ausencia de pulso venoso y excavación papilar conservada, puede haber alguna hemorragia en el borde papilar.

Figura 7. Edema de papila inicial.

Si el cuadro clínico avanza (Fig. 8), los bordes del disco se borran totalmente y los vasos se incurvan en su salida. Pueden verse exudados blancos o algodonosos y hemorragias en llama.

Figura 8. Edema de papila avanzado.

Con el tiempo, el tejido papilar sufre una atrofia progresiva apareciendo el disco de color blanco grisáceo, con los bordes definidos y sin sobreelevación (Fig. 9).

Figura 9. Atrofia de papila.

Ante un edema de papila bilateral pensaremos, en primer lugar, en una hipertensión intracraneal (tumores cerebrales, pseudotumor cerebral, hipertensión arterial, traumatismos). Otras causas son la retinopatía diabética y la inflamación ocular (uveítis).

Entre las causas de pseudopapiledema se incluyen: las drusas del nervio óptico, los discos oblicuos o las fibras de mielina y las papilas de grandes hipermétropes.

Neuritis óptica: según la localización de la lesión puede ser una papilitis, cuando se afecta la porción intraocular del nervio óptico o neuritis retrobulbar, cuando se afecta la parte retroocular del mismo, en esta última el fondo de ojo es normal.

Hay pérdida de agudeza visual, defecto pupilar aferente relativo, suele ser unilateral. Desaparece la excavación fisiológica, hay alteración de la visión de los colores y dolor ocular discreto con los movimientos del ojo.

La etiología puede ser: inflamatoria, desmielinizante, tóxico nutricional, isquémica, traumática o post infecciosa.

La papilitis es el tipo más frecuente de neuritis óptica en niños.

Excavación papilar glaucomatosa (Fig. 10): se debe a la lesión irreversible de las fibras nerviosas por aumento de la presión intraocular.

Figura 10. Papila excavada.

Se caracteriza por presentar: aumento irregular de la excavación, desplazamiento de los vasos, a veces, hemorragias en astilla en la papila y color grisáceo del área excavada. Si la enfermedad progresa, se produce una excavación total, con atrofia del nervio, ceguera y ausencia de reflejos pupilares.

Alteración de los vasos

Hemorragias retinianas: las sacudidas violentas producen fuerzas de aceleración desaceleración que pueden producir hemorragias en el fondo de ojo e intracraneales en los niños menores de 3 años. En el síndrome del bebé maltratado podemos encontrar hemorragias intra y preretinianas(4), pliegues retinianos y hemorragias a nivel del nervio óptico. Los niños pequeños están predispuestos a estas lesiones, porque tienen adherencias vitreo-retinianas muy fuertes y un control muscular de la cabeza bastante pobre. También pueden tener hemorragias subconjuntivales, equimosis de los párpados y subluxación del cristalino. La incidencia de hemorragias retinianas en estos niños es muy superior a las hemorragias del fondo de ojo, que ocurren tras episodios de convulsiones, traumatismos o vómitos persistentes.

La presencia de hemorragias retinianas bilaterales aumenta la mortalidad en un 38%.

La retinopatía diabética en la infancia no es frecuente. A veces, en la adolescencia es cuando se puede ver algún signo de retinopatía leve, apareciendo casi siempre microaneurismas. La afectación del fondo de ojo dependerá del tiempo de evolución y del control metabólico.

La retinopatía hipertensiva en la infancia es poco habitual. Suele ir asociada a enfermedad renal o a alteraciones endocrinas. Suele cursar con tortuosidad venosa y estrechamiento arteriolar. En casos evolucionados podemos ver exudados en forma de estrella macular con la consiguiente afectación de la agudeza visual.

Alteraciones inflamatorias e infecciosas

Coriorretinitis: la retina se afecta por una inflamación de la coroides subyacente. Cuando se trata de una lesión activa, los focos aparecen como manchas amarillentas de bordes difusos. Cuando el brote agudo ha pasado, la mancha inicial se pigmenta intensamente, con los bordes bien delimitados (Fig. 11).

Figura 11. Foco de corioretinitis por toxoplasma activo.

Un caso especial de coriorretinitis central es el producido por el toxoplasma, se trata de una secuela tardía de una infección congénita. Es bilateral en el 65% de los casos, y afecta la mácula en el 58% (Fig. 12).

Figura 12. Foco central de corioretinitis por toxoplasma.

En la región central del fondo de ojo aparece un foco cicatrizado y con pigmento en los bordes y por dentro de la lesión. La afección macular da lugar a graves trastornos de la visión (Fig. 13).

Figura 13. Corioretinitis por toxoplasma con banda fibrosa.

• Coriorretinitis por rubeola: aparecen lesiones en sal y pimienta en el fondo de ojo de forma bilateral. Puede asociar catarata y microftalmia.

• Otras causas de coriorretinitis son: tuberculosis, sífilis, sarcoidosis, toxocara…

Alteraciones degenerativas hereditarias

Retinitis pigmentaria: se trata de una distrofia que afecta de forma difusa a la función de los fotorreceptores y del epitelio pigmentario. Se caracteriza por pérdida progresiva del campo visual y electrorretinograma anormal. Suele ser de herencia autosómica recesiva. Aunque la edad de comienzo es variable, las manifestaciones precoces más importantes son: la ceguera nocturna o nictalopía y la constricción del campo visual. El signo funduscópico clásico es la pigmentación retiniana similar a espículas óseas (Fig. 14).

Figura 14. Retinitis pigmentaria.

También podemos encontrar: estenosis vascular retiniana, disco óptico pálido, atrofia del epitelio pigmentario de la retina, edema macular y, a veces, drusas en el nervio óptico. La pérdida de agudeza visual es variable, algunos mantienen buena visión hasta etapas avanzadas de la enfermedad.

Amaurosis congénita de Leber: es la forma más grave de degeneración congénita de la retina. La herencia suele ser autosómica recesiva. Se caracteriza, típicamente, por una reducción grave de la visión desde el nacimiento, asociada a nistagmo alternante y respuestas del electrorretinograma indetectables o muy deterioradas, tanto para los conos como para los bastones. Suele estar presente el signo oculodigital, que consiste en que los niños se presionan los ojos con la mano o los dedos. La mitad de los pacientes suelen tener un fondo de ojo normal(5) durante los primeros años de vida. Posteriormente, aparecen cambios pigmentarios subretinianos, como: moteado periférico, pigmentación vascular y atenuación de los vasos. Con el tiempo van apareciendo más lesiones pigmentarias. A veces, tienen también atrofia óptica.

El conjunto de anomalías del fondo de ojo, los errores de refracción que suelen cursar con hipermetropías moderadas o elevadas, la historia familiar y la conducta del paciente nos suelen orientar al diagnóstico correcto.

Enfermedad de Stargardt: es la distrofia macular juvenil más frecuente y una causa común de pérdida de visión central en pacientes jóvenes. En el fondo de ojo muestra una atrofia de la fóvea rodeada por manchas amarillentas y redondas paramaculares, y una coroides oscura en la angiografía con fluoresceína.

Tumores

Retinoblastoma: es la neoplasia maligna intraocular más frecuente en la infancia. Se da en 1 de cada 14.000 nacidos vivos. El 60% son unilaterales. Se presentan entre los 13 y 15 meses. El signo inicial más frecuente es la leucocoria y, cuando existe afectación macular, el estrabismo.

En el fondo de ojo veremos una o múltiples masas nodulares, de color blanco o crema, con vascularización asociada. Puede tener un crecimiento endofítico, que crecen hacia adelante en el vítreo o exofítico, que crece por debajo de la retina y causan desprendimiento retiniano. Habrá que hacer diagnóstico diferencial con otras causas de leucocoria (Tabla 1).

Alteraciones de la mácula

A nivel de la mácula podemos encontrar lesiones atróficas(6), en cuyo caso tendremos que descartar patología inflamatoria-infecciosa (TORCH: toxoplasmosis, sífilis, varicela, citomegalovirus, herpes), distrófica o hereditaria, tóxica, traumática o solar.

Otro cuadro típico es la estrella macular, que puede ser secundaria a: hipertensión, papiledema, oclusiones vasculares o neuroretinitis por arañazo de gato.

En algunas esfingolipoidosis (enfermedad de Niemann pick, Tay Sachs, gangliosidosis GM1) veremos la mancha rojo cereza en la mácula, que consiste en acúmulos de lípidos en toda la mácula salvo en la fóvea, la cual resalta en color rojo intenso. También se observa en casos de traumatismos oculares contusos o como consecuencia de la reducción del flujo sanguíneo por oclusión de la arteria central de la retina.

Autora de todas las fotografías:
Dra. Valls Ferrán.

 

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3. Gil Gibernau JJ. Fondo de ojo normal y patológico. Oftalmología en la infancia: clínica, diagnóstico y tratamiento. 1991; V: 77-100.

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5. American Academy of Ophtalmology. Disminución de la visión en lactantes y niños. Oftalmología pediátrica y estrabismo. Elsevier. 2008; 31: 454-5.

6. Clement Corral A, Clement Corral S, Andrés Domingo ML, Jiménez Serrano C. Fondo de ojo. Regreso a las bases. Pediatría Integral 2011; XV(8): 5-6.

 

Valoración de la función renal

L. Espinosa Román
Regreso a las bases


L. Espinosa Román

Servicio de Nefrología Pediátrica. Hospital Universitario La Paz, Madrid

Resumen

Las pruebas dirigidas a la valoración de la función renal son imprescindibles en la práctica clínica, ya que la enfermedad renal puede cursar de forma silente y solamente ponerse de manifiesto mediante exploraciones complementarias. Independientemente de este hecho, estas pruebas nos van a servir para hacer una orientación diagnóstica de la enfermedad renal, medir el grado de funcionalidad y establecer los tratamientos adecuados.
Iniciamos el capítulo con la prueba más simple y accesible en la consulta de Atención Primaria, como es la tira reactiva de orina, que nos puede dar mucha información inicial sobre las diferentes patologías renales (hematuria, proteinuria, ITU, etc.), así como de su seguimiento.
Posteriormente, se analizan los diferentes métodos que nos permiten calcular el filtrado glomerular renal, que representa la funcionalidad de las nefronas renales y, por último, analizamos la función tubular renal para poder interpretar las alteraciones hidroelectrolíticas y del metabolismo ácido base.

 

Abstract

The renal function evaluation is essential in the clinical practice because the kidney damage can be silent. These tests will help us to make a diagnostic orientation of kidney disease, to know the degree of renal failure and establish the appropriate treatments.
The most simple and accessible test in the primary care clinic is the urine dipstick that is an extremely sensitive investigation and provides great initial information on different renal pathologies (hematuria, proteinuria, UTI, etc.) and their follow-up.
Glomerular filtration rate (GFR) is the best overall measure of kidney function. We analyze the different methods to calculate GFR from the concept of clearance as well as the use of equations through creatinine or cystatin that do not need the collection of minuted urine. Finally we study the tubular function tests that allow us to understand the hydroelectrolytic alterations and the acid-base metabolism.

 

Palabras clave: Función renal; Filtrado glomerular renal; Función tubular; Tira reactiva de orina

Key words: Renal function; Glomerular filtration rate; Tubular function; Urine dipstick

 

Pediatr Integral 2017; XXI(8): 549-555

 

Valoración de la función renal

Introducción

Los pacientes con enfermedad renal pueden tener muchas formas diferentes de presentación clínica. Algunos tienen síntomas que se relacionan directamente con los riñones (hematuria macroscópica), en otras ocasiones, son síntomas extrarrenales (hipertensión arterial, edemas), pero en algunas ocasiones, están asintomáticos y solo vamos a detectar la enfermedad renal mediante exploraciones complementarias (test de laboratorio o pruebas de imagen). Estos test para cribaje y diagnóstico son de crucial importancia, ya que de forma directa o indirecta van a medir la estructura y función renal(1). Estos test deben servir para:

• Detectar anomalías lo suficientemente pronto para alertar de la necesidad de un tratamiento y prevenir la mortalidad y morbilidad asociada a la enfermedad renal.

• Ayudar a establecer un diagnóstico específico para instaurar el tratamiento correcto y la posibilidad de respuesta a dicho tratamiento.

• Aun en ausencia de tratamiento específico, ayudar a determinar un pronóstico.

• Determinar si un tratamiento es efectivo.

• Predecir el curso clínico de una enfermedad.

El riñón participa en el mantenimiento del equilibrio extracelular mediante la excreción de productos de desecho y por el ajuste específico de la excreción de agua y electrolitos. Además, secreta hormonas que participan: en la regulación de la hemodinámica sistémica y renal (renina, prostaglandinas), en la producción de células rojas (eritropoyetina) y en la regulación del metabolismo fosfocálcico (calcitriol). En este capítulo estudiaremos las pruebas básicas de función renal en Pediatría.

Análisis de orina

El análisis de orina es un arma diagnóstica informativa y no invasiva que es rápidamente accesible al clínico. El análisis de orina tiene tres componentes: el examen macroscópico, la tira reactiva y el examen microscópico. ¿Cuándo hacer un análisis de orina completo?:

• Paciente con sospecha de enfermedad renal: anomalías macroscópicas de la orina, hipertensión arterial (HTA), edemas, poliuria-polidipsia, oliguria, enfermedades sistémicas (LES, Vasculitis, Diabetes…), tratamiento con drogas nefrotóxicas, sospecha de infección del tracto urinario (ITU), sintomatología de cólico nefrítico etc.

• Pacientes con evidencia de enfermedad renal.

• Está más discutido en el despistaje de enfermedad renal.

La muestra de orina debe ser recogida de forma apropiada(1)

Para sacar la máxima rentabilidad y cumplir los mismos requisitos que para la recogida de un urocultivo:

• Orina limpia no contaminada.

• Contenedor limpio y seco.

• Examinar a temperatura ambiente: dentro de las 2 horas de la recogida o refrigerar (2-8ºC) y esperar a que alcance la temperatura ambiente para examinarla.

Examen macroscópico

Hay que fijarse en la turbidez: una orina turbia puede ser consecuencia de una ITU o por precipitación de cristales; en el color: la orina es de color amarillo claro cuando está diluida y oscura cuando está concentrada. Hay que valorar si es de color rojo (rojo vivo orienta a hematuria de vías y un color pardo nos habla más de una hematuria glomerular). Otras causas de orina roja pueden ser debidas a la ingesta de determinados medicamentos (rifampicina o fenitoína).

Tira reactiva de orina(1-3,4)

La tira de orina proporciona una medida semicuantitativa rápida de las características de la orina. Muchas tiras permiten el análisis de los siguientes parámetros urinarios: sangre, esterasa leucocitaria, nitritos, albúmina, pH, densidad y glucosa. A la hora de interpretarlas es importante seguir las indicaciones del fabricante en cuanto a la cantidad de orina requerida y el tiempo necesario para proceder a la lectura (Fig. 1).

Figura 1. Instrucciones para la correcta lectura e interpretación de las tiras reactivas de orina.

Sangre: puede ser positivo no solamente por la presencia de hematíes, sino por la existencia de hemoglobinuria y mioglobinuria. La existencia de hematíes en orina requiere un examen microscópico. Es un test muy sensible y es muy raro el falso negativo, aunque el ácido ascórbico puede interferir con la reacción de la peroxidasa y dar negativo.

Esterasa leucocitaria: es liberada por los neutrófilos lisados y por los macrófagos y es un marcador de la presencia de leucocitos en orina. Las orinas muy diluidas pueden favorecer la lisis celular y bajar el umbral de positividad, mientras que las orinas concentradas impiden la lisis celular y pueden dar falsos negativos. La presencia de proteinuria y glucosuria también puede dar falsos negativos.

Nitritos: indican bacteriuria subyacente por gérmenes que son capaces de reducir los nitratos a nitritos. Sin embargo, puede haber bacteriuria en ausencia de nitritos positivos, bien por gérmenes que expresan bajos niveles de nitrato reductasa o porque la orina lleve poco tiempo almacenada en la vejiga.

Proteínas: la tira de orina es más sensible a la albúmina y nos proporciona una medida semicuantitativa de la albuminuria. Cuando un test es persistentemente positivo se debe hacer un análisis cuantitativo, bien mediante un cociente albúmina/creatinina en orina de micción o una cuantificación de albuminuria en 24 horas.

pH: el pH en orina normal varía de 4,5 a 8 dependiendo del balance ácido-base sistémico. En situación de acidosis, el riñón responde bajando el pH urinario por debajo de 5,5. Si el pH en orina es más alto, se puede sospechar una acidosis tubular renal. En algunas ocasiones, el pH puede no ser indicativo de acidificación urinaria, como con los patógenos que producen ureasa, como el proteus, encontrando pH de 7-7,5 con una acidificación renal normal.

Densidad: nos puede dar una estimación indirecta de la osmolalidad de la orina y, por tanto, de la capacidad de concentración urinaria, que es una de las primeras funciones que se altera en muchas patologías renales. La densidad varía con la osmolalidad y se eleva 0,001 por cada 30-40 mOsm/kg de osmolalidad (una densidad de 1.020 equivale a 900 mOsm/kg). Hay que conocer que la osmolalidad está determinada por el número de partículas en la orina, mientras que la densidad depende del número y del tamaño de esas partículas. En la situación de moléculas grandes, como la glucosa o los contrastes radiológicos, podemos tener una densidad alta de 1.030 y, sin embargo, tener una orina diluida.

Examen microscópico

Nos ayuda a interpretar los hallazgos de la tira reactiva. Permite la visualización de células: hematíes, leucocitos, cristales, bacterias y cilindros, que nos pueden orientar a un diagnóstico clínico.

Filtrado glomerular renal (FGR)

La tasa de FGR es la suma de la tasa de filtración de todas las nefronas funcionantes y, por tanto, el FGR nos da una medida aproximada del número de las mismas(1). La medida del FGR es fundamental en pacientes con daño renal progresivo, pero también en otras situaciones clínicas para prescribir líquidos, electrolitos y drogas de eliminación renal. El FGR varía con la edad(5-7), siendo a la semana de vida de 45 ml/min/1,73 m2 y a partir del año 100-120 ml/min/1,73 m2.

La medida más común del FGR se basa en el concepto de aclaramiento (C) o volumen de plasma que es aclarado de una sustancia en la unidad de tiempo. Su fórmula es:

Cs = Us x V/Ps, (V = volumen/min urinario, Us y Ps = concentraciones urinarias y plasmáticas de la sustancia S

En Pediatría, el aclaramiento se corrige para la superficie corporal del adulto 1,73 m2, para permitir la comparación entre pacientes de diferente tamaño. Las sustancias que se reabsorben en el túbulo renal tienen un C más bajo que el FGR y las que se secretan tienen un C más alto. Para el cálculo del FGR, se pueden utilizar marcadores exógenos, como la inulina y los marcadores isotópicos (iohexol, iotalamato, 99mTc-DTPA, Cr-EDTA), o marcadores endógenos como la creatinina (Cr) o la cistatina C(6,8).

Históricamente, se ha utilizado la inulina, que se filtra libremente por el glomérulo y no se reabsorbe ni secreta por los túbulos. Hay que infundirlas intravenosamente, obtener una concentración estable y recoger muestras de orina minutadas para calcular el aclaramiento. Actualmente, ha sido desplazada por los marcadores isotópicos que también requieren infusión intravenosa del mismo y medidas repetidas de los niveles del marcador, aunque se puede obviar la recogida de muestras de orina minutadas(9).

Por tanto, la medida del FGR por cualquier marcador exógeno es incómoda y rara vez se realiza excepto en estudios de investigación. En su lugar, en la práctica clínica, el FGR se estima usando biomarcadores endógenos:

Creatinina plasmática (Cr): la Cr es un producto metabólico de la creatina y la fosfocreatina, que se encuentra casi exclusivamente en el músculo, y se genera en una tasa casi constante (varía de 10 mg/kg en el lactante a 20 mg/kg en el adulto) y es aclarada por los riñones.

La cifra de Cr plasmática proporciona una medida indirecta del FGR, ya que su concentración aumenta cuando disminuye el FGR y sigue siendo el método indirecto de medida del FG más usado en la práctica clínica, por la facilidad de su determinación y el bajo coste. En la tabla I, podemos ver los valores normales de Cr según la edad(3,6,7).

Aclaramiento de Cr (CCr): la medida del CCr obvia algunos problemas que plantea la determinación de la Cr plasmática, pero genera otros diferentes. La Cr se filtra libremente por el glomérulo, pero es secretada por el túbulo renal. Esta secreción aumenta cuando disminuye el FGR, de forma que a menor FGR mayor secreción de Cr, por lo que el CCr no es sinónimo de FGR y lo sobreestima aproximadamente en un 10-20%. Además, requiere la colección de una orina minutada que es difícil de realizar en la infancia. Para valorar si una orina está bien recogida, hay que medir la excreción de Cr en orina (Tabla I). Al igual que con el FGR, el CCr debe corregirse a la superficie corporal del adulto (1,73 m2).

CCr = Cro x V / Crp = ml/min

CCr x 1,73 / SC = ml/min/1,73 m2

Cro = Concentración de Cr en orina, Crp = Concentración de Cr en plasma, V = volumen/min de orina en ml/min, SC = superficie corporal en m2

Filtrado glomerular estimado (FGE) por la Cr plasmática: la fórmula de mayor uso en Pediatría es la fórmula de Schwartz, que fue publicada en 1976(10). Calcula el FGE en función de la talla y una constante:
Fórmula de Schwartz:

FGE = Talla (cm) x K / Crp (mg/dl) = ml/min/1,73 m2

El valor de K en la ecuación original es: para menores de 1 año, 0,45 en RN a término y 0,33 para RN pretérmino; para mayores de 1 año y hasta la adolescencia: 0,55; y en varones a partir de los 14 años: 0,7.

Como los procedimientos de medida de la Cr han cambiado con los años, en el año 2009 se ha actualizado la fórmula de Schwartz(11), manteniendo el mismo formato, pero cambiando el valor de K a 0,413. En esta ecuación, no hay valor de K para menores de 1 año y no diferencia varones y mujeres en la adolescencia.

Fórmula de Schwartz actualizada:

FGE = Talla (cm) x 0,413 / Crp (mg/dl) = ml/min/1,73 m2

Cistatina C: es una proteína de bajo peso molecular filtrada por el glomérulo, no reabsorbida y metabolizada en los túbulos renales. Se sintetiza en las células nucleadas y su producción es constante, no afectándose por los cambios en la dieta. A partir de los 2 años de edad, se mantiene constante y no se afecta por la edad ni por la masa corporal. La cifra de normalidad para la cistatina C es 0,48-0,98 mg/l.

Al igual que para la creatinina, se han hecho aproximaciones a través de diferentes fórmulas para medir el FGR a partir de la cifra de cistatina C, la que más se utiliza en la actualidad es la fórmula de Filler(12):

Fórmula de Filler: 91,62 x Cistatina (mg/l) –1,123= ml/min/1,73 m2

Interpretación(13,14)

En la tabla I, se representan los valores normales para la edad de la Cr. En la práctica diaria pediátrica, lo más importante es valorar la cifra de Cr y, a partir de ahí, calcular con la talla el FGE por la fórmula de Schwartz. Las causas que pueden alterar las cifras de Cr se reflejan en la tabla II.

En estos casos, hay que recurrir a los métodos de aclaramiento de Cr, cistatina C o marcadores isótopos para una mayor aproximación. El FGR normal a partir de los 2 años de vida se considera que debe ser superior a 90 ml/min/1,73 m2. En la tabla III, se pueden ver los valores de FGR en las diferentes edades.

Osmolalidad urinaria. Capacidad de concentración

Los riñones son capaces de mantener casi constante la osmolalidad plasmática (280-290 mOsm/kg) y la concentración de sodio mediante mecanismos independientes que regulan la excreción de agua y sodio. Los mecanismos de concentración urinaria juegan un papel fundamental en el mantenimiento de este equilibrio. Siguiendo a varias horas sin ingesta de agua, como puede ocurrir durante el sueño nocturno, el riñón es capaz de concentrar la orina hasta 1.200 mOsm/kg y, al contrario, cuando hay una ingesta excesiva de agua puede diluir la orina hasta 50 mOsm/kg. La capacidad de concentración urinaria es una de las funciones que se pierden más precozmente en los trastornos renales y provoca la poliuria que padecen estos pacientes.

Para medir la capacidad de concentración urinaria, se puede realizar mediante la estimulación de la ADH endógena con una restricción hídrica o mediante una sustancia exógena con acción antidiurética (desmopresina) o DDAVP(8). En los niños mayores de 1 año, se considera una capacidad de concentración urinaria normal cuando la osmolalidad urinaria está por encima de 800 mOsm/kg, que equivale a una densidad de 1.020. Para los niños más pequeños, existen tablas con los valores de normalidad(3,6,8).

Restricción hídrica: se recomienda una cena a hora temprana con poco líquido. A partir de ese momento, no se deben ingerir más líquidos. A mitad de la noche en niños que controlan esfínteres, se recomienda vaciar la vejiga y por la mañana se recoge la primera orina que es la que se analiza. En los niños pequeños con toma nocturna, es más difícil el poder realizarla. Si en esta orina la osmolalidad es superior a 800 mOsm/kg, consideramos que el riñón tiene una capacidad de concentración normal, pero si la osmolalidad es más baja, puede deberse a que no haya habido una restricción hídrica suficiente y habrá que realizar un test de DDAVP.

Prueba de concentración con desmopresina: se recurre a ella cuando no se consigue una osmolalidad normal con la prueba anterior o cuando no se puede realizar una restricción hídrica prolongada.

La concentración urinaria hay que valorarla en todos los niños con poliuria-polidipsia y nos ayuda a descartar una polidipsia psicógena en aquellos que se alcanza una capacidad de concentración normal.

Otras pruebas de función tubular(3,5,6,8)

Aparte del manejo del agua, en los túbulos renales se produce la reabsorción y secreción de diferentes electrolitos, glucosa y aminoácidos, bien de forma primaria o bien a través de diferentes hormonas que modulan estos mecanismos. Para valorar estas acciones, utilizamos diferentes parámetros, pero para su interpretación tenemos que tener en cuenta una serie de consideraciones:

• Son útiles cuando hay una alteración iónica en sangre.

• Permiten valorar la respuesta renal a la situación fisiológica / patológica y orientar el origen del problema (renal / extrarrenal).

Siempre hay que tener en cuenta el contexto clínico. Valorar el uso de fármacos que pueden alterarlas (diuréticos…).

• Hay que tener cautela cuando hay normalidad en sangre y encontramos valores aparentemente anómalos o extremos, ya que pueden estar reflejando un comportamiento renal normal (aportes, situación clínica…).

Excreción de una sustancia en orina de 24 horas

Tiene la dificultad de la recogida exacta de orina, pero es muy útil para conocer la excreción de sodio que nos permite conocer la ingesta de sal en la dieta, cuantificar una proteinuria, valorar la eliminación de calcio, etc. Los valores irán referidos al peso (mg/kg/día o mEq/kg/día, a la superficie corporal (mg/m2/día) o a la superficie corporal del adulto (mg/día/1,73 m2). Solamente, hay que multiplicar la concentración de la sustancia por el volumen de orina, teniendo en cuenta las unidades en las que se expresa la concentración:

[So] (mEq/l) x V (ml/24 horas)/1.000 = mEq/día

[So] (mg/dl) x V (ml/24 horas)/100 = mg/día

[So] = concentración de la sustancia en orina, V = volumen de orina

Índices urinarios

Se pueden hacer los cocientes de las concentraciones de determinadas sustancias en orina, la mayoría de las veces se referirán a la Cr, que tiene una eliminación bastante constante. Para ello, no es necesario obtener una orina minutada, sino que es suficiente con una orina de micción:

Índice = [So] / [Cro] So y Cro concentraciones de S y Cr en orina

Es importante siempre expresar las unidades, así como el momento en el que se realiza la determinación, para poder interpretar correctamente los valores de normalidad.

Excreción fraccional y reabsorción tubular

Mide el porcentaje de una sustancia filtrada por el riñón que es excretada por la orina. La fórmula es:

EFS (%) = (Crp x So / Cro x Sp) x 100

Cro y So = concentraciones en orina y Crp y Sp concentraciones en plasma

En otras ocasiones se expresa como reabsorción tubular:

RTS (%) = [1 – (Crp x So / Cro x Sp)] x 100

Para la interpretación de estas fórmulas siempre tenemos que tener en cuenta las concentraciones plasmáticas.

Excreción fraccionada de sodio (EFNa) = (Crp x Nao / Cro x Nap) x 100. Nos ayuda en el diagnóstico diferencial entre hiponatremia de origen renal y extrarrenal (un niño deshidratado con hiponatremia y aumento en la EFNa, indica pérdida renal de sal). En la insuficiencia renal aguda/IRA) prerrenal o en la glomerulonefritis aguda, la EFNa es inferior al 1%, mientras que en la IRA con daño renal intrínseco es superior al 1%.

Reabsorción tubular de fósforo (RTP)= [1 – (Crp x Po / Cro x Pp)] x 100. En caso de hipofosfatemia, si la función tubular está conservada, la RTP se aproxima al 100%, a diferencia de los raquitismos hipofosfatémicos o la tubulopatía de Fanconi, donde puede estar muy descendido (<80%).

Eliminación urinaria de potasio (K). El K en la orina va a depender de la ingesta dietética y de la acción de la aldosterona en el túbulo colector. Está indicada su realización para valorar en los estados de hipo o hiperpotasemia, si la causa es primaria o secundaria a un déficit de mineralcorticoides. Como la EFK depende del flujo de orina y de la carga distal de Na, su interpretación es más complicada y, actualmente, se emplea la determinación del Gradiente transtubular de K (GTTK)(15):

GTTK = Osmolaridadp x Ko / Osmolaridado x Kp

El GTTK nos informa de la actividad de la aldosterona. Cuando existe hiperpotasemia con buena respuesta a la aldosterona, su valor es superior a 7, y valores inferiores a 4 orientan a un hipoaldosteronismo o falta de respuesta a la hormona. Sin embargo, cuando existe hipopotasemia, la aldosterona debería estar frenada, por lo que el GTTK tendría que ser inferior a 2; si el valor es superior, hay que sospechar una pérdida renal de K.

En la tabla IV, se pueden consultar los valores normales de excreción de algunos solutos.

Valoración de la acidificación renal(16,17)

La acidosis tubular renal (ATR) es el trastorno de la función tubular que dificulta la regulación renal del equilibrio ácido-base. En condiciones normales, el riñón participa en el equilibrio ácido-base mediante la reabsorción de casi todo el bicarbonato plasmático filtrado por el glomérulo y mediante la excreción de hidrogeniones en forma de acidez titulable y amonio. Para su estudio inicial, analizamos diferentes parámetros:

Anión GAP en sangre: Nap – (Clp + HCO3p) = 8 – 16 mEq. Cuando es normal, significa que hay pérdida de bicarbonato del espacio extracelular (puede ser causa digestiva o renal) y se acompaña de hipercloremia. Si el GAP está elevado, hay que pensar en una acidemia orgánica por acúmulo de ácidos orgánicos (acidosis láctica, cetoacidosis diabética). Por tanto, la ATR es una acidosis hiperclorémica con anión GAP normal.

pH urinario. Mide solamente la actividad en orina de H+ libre, que es menos del 1% de la cantidad total de protones excretados en la nefrona distal. Se debe valorar siempre en situación de acidosis y, en esta situación, el pH en orina debe ser inferior a 5,5. Sin embargo, un pH bajo no asegura una acidificación distal normal si la excreción de NH4+ está baja y, al contrario, un paciente con una excreción alta de NH4+ puede tener un pH >6 sin implicar defecto de acidificación. El pH urinario y el NH4+ deben ser evaluados conjuntamente para medir adecuadamente la acidificación distal.

Anión GAP urinario: (Na+ + K+) – Cl. Se realiza en una muestra aislada de orina y en pacientes con Nao > 20 mEq/l, con acidosis metabólica y anión GAP en sangre normal nos da una estimación indirecta de la excreción de NH4+. Con una dieta normal, las cantidades de Ca++ y Mg++ son pequeñas y la excreción de aniones no medibles (ácidos orgánicos, sulfato y fosfato) varía muy poco, por lo que el GAP urinario es casi equivalente a la concentración de NH4+ menos la concentración de aniones no medibles. Como la concentración de estos aniones permanece constante, cualquier incremento en la excreción de NH4+ durante la acidosis se acompañará de un aumento en la excreción de Cl, de tal forma que el GAP urinario se hace más negativo según aumenta la excreción de amonio (Cl > Na+ + K+) (pérdidas digestivas o renales de bicarbonato). Si existe poca cantidad de amonio, el GAP urinario será positivo (Cl < Na+ + K+) como ocurre en la ATR distal y en la ATR tipo IV con hiperkalemia.

Con estos datos, podemos hacer una orientación diagnóstica de la acidosis, aunque posteriormente haya que ampliar con pruebas más específicas de acidificación renal.

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Otoscopia

F. Sánchez Fernández*, S. Benítez Robaina**, L. Jiménez Ferreres***
Regreso a las bases


F. Sánchez Fernández*, S. Benítez Robaina**, L. Jiménez Ferreres***

*Facultativo-Especialista ORL. **Residente de 4º año de ORL. Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid. ***Facultativo-Especialista ORL. Hospital San Rafael. Madrid

Pediatr Integral 2013; XVII(5): 360-367

Recibido: abril de 2013. Disponible en Internet desde el 30 de junio de 2013


Otoscopia

La patología que afecta al oído externo y medio con frecuencia es fácil de evaluar mediante una correcta anamnesis y una exploración clínica básica, llegando al diagnóstico en la mayoría de los pacientes sin precisar de pruebas complementarias.

La palabra otoscopia deriva del griego ous/otos, oreja/ oído, y skopein, examinar. Como tal entendemos los procedimientos empleados para visualizar el aspecto del oído externo y de la membrana timpánica, y valorar el estado del oído medio, la presencia de secreciones en su interior, la capacidad de ventilación de la caja y, en los casos en que la membrana timpánica está perforada, valorar directamente el estado de la mucosa del oído medio y, en ocasiones, la cadena osicular.

Clásicamente el instrumento utilizado para este procedimiento es el otoscopio, del que existen numerosos modelos y sistemas, pero que podríamos simplificar como una fuente de luz acoplada a un espéculo de forma cónica que se adapta a la forma del conducto auditivo externo. También podemos explorar mediante el microscopio o el endoscopio que permite mayor amplificación de la imagen y la mejor obtención de imágenes para su estudio.

 

El texto completo únicamente está disponible en: 
www.pediatriaintegral.es del año 2013; XVII(5): 360-367

 

Aspectos anatómicos diferenciales de la ORL pediátrica

F.Pumarola
Regreso a las bases


F. Pumarola Segura

Unidad de ORL pediátrica. Hospital De la Vall D´Hebron, Barcelona

 

Pediatr Integral 2017; XXI (6): 429-432


Aspectos anatómicos diferenciales de la ORL pediátrica

Introducción

Realizar un artículo sobre las diferencias anatómicas entre niños y adultos tiene su importancia, debido a que la especialidad de ORL no reconoce la superespecialidad de ORL pediátrica como en otros países. No hay que olvidar que, el primero que va a ver a un paciente en edades pediátricas va a ser un pediatra o un ORL general. Por ello, no es extraño recibir derivaciones en nuestros hospitales pediátricos de otros especialistas ORL más habituados al mundo de los adultos, con carencias en los conocimientos necesarios de la evolución sobre enfermedades congénitas o simplemente en variantes anatómicas o fisiológicas compatibles con la normalidad.

Hoy en día, con el progreso en endoscopia, podemos ver cosas que no podíamos ver a ojo desnudo, que apoyan el diagnóstico del médico ante el paciente y que permiten una mejor docencia a las nuevas generaciones. Ahora podemos visualizar una serie de estructuras que antes quedaban ocultas, creando la necesidad de una consulta especializada o creando dudas sobre la anormalidad del caso. El conocimiento de la anatomía evolutiva tiene entonces vital importancia. Los retos de la medicina ya no son curar pacientes enfermos, sino detectar problemas anatómicos ocultos que pueden desencadenar patología. También, en el conocimiento de que no solo la genética puede hacer manifestar problemas anatómicos o patológicos, sino la epigenética. No serían los genes, sino la activación o no de dichos genes por factores ambientales.

Para una más fácil orientación, hablaré por separado de cada uno de los elementos que forman la especialidad: oído, nariz, laringe y orofaringe.

Oído

Deberemos tener en cuenta las partes del oído que vamos a comentar. De fuera a dentro: pabellón auricular, conducto auditivo externo, tímpano, trompa de Eustaquio y cóclea.

En la exploración del pabellón auricular, deberemos tener en cuenta la simetría, la altura de inserción de la estructura con respecto al canto interno del ojo nos obligaría a descartar una malformación craneofacial o un síndrome malformativo. También, el ángulo respecto a la cabeza no debe ser mayor de 15 grados. Como se trata de una estructura cartilaginosa, sigue creciendo más allá de la tercera edad, por lo que no es extraño ver ancianos con pabellones auriculares mayores que en sus periodos de juventud o de madurez.

El conducto auditivo externo es más corto proporcionalmente en el neonato que en el lactante, por lo que deberemos ser muy cuidadosos en la otoscopia para evitar lesiones en la membrana timpánica. En los primeros días de vida, es frecuente encontrar detritus que ocupan el conducto auditivo que se depuran espontáneamente.

La membrana timpánica en el neonato es más inclinada y horizontal. Resulta más difícil de visualizar patología por la incidencia diferente de la luz. Va ocupando paulatinamente la posición más vertical al final de la lactancia, posición parecida a la que podemos visualizar en el adulto. Es entre los 6 y 8 meses, cuando los pacientes manifiestan las primeras otitis medias. Pero en otitis en lactantes menores de seis meses, la inclinación timpánica puede representar dificultades en el diagnóstico otoscópico.

Especial interés tiene el describir las diferencias de la trompa de Eustaquio entre el recién nacido y lactante y el niño mayor. En el lactante, la trompa es más corta (20 mm), más abierta con la parte ósea mayor que la cartilaginosa y más horizontal (unos 10 grados) respecto a la base del cráneo. En el adulto, el recorrido de la trompa puede ser de unos 35 mm en las que la porción ósea es solo un tercio, se encuentra colapsada y solo se abre después de una deglución o una maniobra de Valsalva y la inclinación es de unos 45 grados respecto a la base del cráneo. Ello conlleva que las secreciones y los gérmenes accederán a través de la nasofaringe en el niño con mucha más facilidad que en el adulto. Por estos factores anatómicos, junto con los problemas inmunológicos de inmadurez funcional es, en los lactantes, donde la incidencia de otitis media aguda (OMA) es mayor(1) (Tabla I).

La cóclea, como órgano sensorial, tiene un tamaño muy parecido en los primeros meses de vida respecto a la cóclea del adulto. Ello tiene una importancia capital en la inserción de implantes cocleares. Se sabe que, en los pacientes con hipoacusia severa, la recuperación de la audición en estadios precoces permite, gracias a la plasticidad cerebral, el desarrollo de un lenguaje casi normal y la integración en una escuela de normooyentes. Ello es cierto, si se realiza la implantación alrededor de los 2 años de edad. Por ello, si el tamaño coclear es parecido al del adulto, la implantación de un implante coclear podrá ser el definitivo siempre que la tecnología en el futuro nos depare alguna mejora al respecto(2).

Nariz

En los niños, la pirámide nasal es más elástica, la narina más oblicua y no podemos visualizar las vibrisas en la parte epitelial interna de la narina. La relación de la nariz con el frontal y la mandíbula hace que, ante un impacto frontal, el niño tiene menor probabilidad de fractura nasal. Los lactantes durante la alimentación pueden respirar por la nariz, gracias a que el paladar blando y la epiglotis casi se solapan. Una obstrucción nasal, en esta época de la vida, puede conllevar problemas en la alimentación con estancamiento ponderal. Asimismo, hasta un 40% de los lactantes son respiradores nasales obligados, por lo que una obstrucción permanente o intermitente de sus fosas nasales puede comportar distrés respiratorio grave(3).

Las coanas en el recién nacido tienen unos 6 mm de diámetro, mientras que en el niño de 8 años alcanzan los 20 mm(4).

Los senos paranasales se establecen en la vida prenatal con un aspecto globular, pero los diferentes senos paranasales van desarrollándose en diferentes edades.

El más precoz es el seno etmoidal ya presente en el recién nacido y que se va desarrollando en un complejo de cavidades aéreas, al principio de paredes gruesas, pero, posteriormente, de paredes más finas hasta los 12 años de edad. Al principio, podemos ver la aparición del etmoides anterior y, en una fase más tardía, el posterior. Es a destacar, la creación del complejo osteomeatal, que es como el distribuidor y aireador de los senos etmoidales y maxilares. Mucha de la patología se genera por obstrucción del complejo osteomeatal, que provoca dificultad en la aireación de los senos en el drenaje, menor clearance de las secreciones y tendencia a la infección de los senos paranasales(5).

El segundo seno que aparece es el maxilar, con dos periodos de crecimiento rápido. El primer periodo entre el nacimiento y los 2 años, luego hay un crecimiento lento. Y un segundo periodo que coincide con la segunda dentición, que va entre los 7 y los 10 años. Entre los 7-8 años, el suelo del maxilar tiene ya el mismo nivel que el suelo de la fosa nasal. Su desarrollo se completa más o menos a los 12 años.

En este punto, debo realizar un inciso respecto a la importancia de la respiración nasal en el desarrollo completo maxilofacial y de los senos paranasales. Debe derivarse al ORL los problemas de oclusión y dentición asociados a una mala respiración nasal para estudio etiológico. Algunas cirugías en cartílagos de crecimiento en el tabique, pueden condicionar el crecimiento medio-facial en el futuro. Se ha de ser muy conservador en cirugías agresivas sobre el tabique y las coanas durante la lactancia(6).

El tercer seno es el esfenoidal, que aparece a los 2 años de vida y va creciendo lentamente hasta los 15 años. Es habitual las asimetrías en estos senos y, al contrario que los otros senos, donde las niñas presentan un crecimiento más precoz, en los esfenoidales, es el varón el que muestra un desarrollo más rápido.

En los niños, la proporción del etmoides con el maxilar es de 2:1, mientras que en los adultos, es de 4:5.

El último y más perezoso de los senos es el seno frontal, no se encuentra al nacer, a los 4 años podemos ver un esbozo que no alcanza la misma altura del borde superior de la órbita hasta los 5 años. También, tiene una gran asimetría en su aireación entre la derecha y la izquierda. Va aumentando de tamaño y aireación en la adolescencia y se completa su crecimiento a los 17 años de edad. Ante una cefalea frontal en un niño de 5 años, podremos descartar casi con toda seguridad que se trate de una sinusitis frontal, ya que en esta zona solo habrá hueso sin neumatizar(7) (Tabla II).

Los cornetes inferior, medio y superior son unas estructuras muy importantes en la humidificación, calentamiento y purificación del aire que pasa por las fosas nasales y va a llegar en óptimas condiciones a la vía aérea inferior y al alvéolo, donde se producirá el intercambio alveolocapilar. Estas estructuras pueden dar obstrucción nasal en pacientes alérgicos o en alguna fase de cuadros catarrales benignos. Es por ello, que no se deben olvidar como causa etiológica en pacientes muchas veces catalogados de falsamente adenoideos. La nasofaringe, como parte posterior de la fosa nasal, será descrita aquí. Dicho espacio, en el recién nacido, se encuentra libre; pero, de forma rápida, es ocupado en mayor o menor grado por el tejido linfático adenoideo. En el primer año de vida, el tejido linfático crece de forma exponencial, mientras que el tejido somático (huesos y músculos) crece de forma lineal. Debido a esta simetría en el crecimiento, algunos niños presentan obstrucción nasal secundaria a hipertrofia adenoidea entre los 2 y los 4 años de edad. A los 4 años de edad, el tejido linfático de las vegetaciones adenoides sufre una desaceleración en el crecimiento y, a los 7 años, sufre un cierto grado de atrofia(6). Es por ello que, según la edad del niño, la sintomatología y las posibles secuelas, el pediatra debe decidir si deriva al paciente para adenoidectomía o no. Podríamos decir que la hipertrofia adenoidea podría ser una variante de la normalidad en una sociedad donde la socialización precoz de nuestros niños en la guardería provoca un sobrecrecimiento del tejido defensivo. Tampoco podemos olvidar que hay pacientes que se salen de la normalidad. Ocasionalmente, vemos niños mayores con hipertrofia adenoidea o incluso adultos. Los pacientes con problemas de inmunidad, como los HIV o los trasplantados tratados con inmunosupresores, presentan crecimiento adenoideo de novo.

Laringe

La laringología pediátrica es la disciplina más específica del otorrinolaringólogo pediátrico. La razón es porque es más difícil examinar un niño que un adulto. Los cambios en la laringe son mayores. Las técnicas anestésicas más sutiles requieren la formación de equipos en hospitales de tercer nivel.

El marco de referencia de la laringe son los cartílagos tiroides y cricoides. En medio, encontraremos las cuerdas vocales. Por encima, la epiglotis. La laringe la encontramos muy alta en el recién nacido. Ya comente previamente, que la epiglotis contacta con el paladar blando. El cricoides va descendiendo desde la altura de la cuarta vértebra cervical hasta la C6-C7 en el adolescente. Los cambios son notables en los dos cartílagos, aumentando de tamaño, longitud y consistencia, siendo ello más notable en varones que en mujeres. En el lactante, la prominencia más palpable es el cricoides que coincidiría con la zona subglótica o más estrecha en el niño de esta edad. En el adolescente, en cambio, sobre todo en los varones, es el cartílago tiroides o nuez de Adán la que es más palpable o protuyente. Es en el preadolescente, cuando la zona más estrecha ya no es la subglotis, sino la glotis. El espacio entre las cuerdas vocales se convierte en la zona más estrecha de la vía aérea a partir de entonces y no abandona esta circunstancia durante el resto de la vida(8).

En posición supina, el niño permite una gran flexión cervical, gracias a ello podemos visualizar fácilmente la epiglotis en una intubación anestésica con laringoscopio, ya que se encuentra más alta. Pero debemos tener en cuenta que el occipucio prominente obligará a poner un rollo a nivel cervical. En el adulto, no será tan fácil la visualización debido a la profundidad de la laringe y a la menor flexibilidad de las cervicales(9).

La epiglotis del niño menor de 3 años es relativamente grande y flexible y más angulada con respecto a la tráquea. El ángulo entre glotis y base de lengua es más agudo(10-12).

Las cuerdas vocales verdaderas sufren unas modificaciones enormes. En un recién nacido, pasan de un tamaño de 3 mm a los 20 mm de un varón adulto o los 14 mm de una mujer adulta. Pero, si separamos las porciones cartilaginosas de la cuerda vocal con las membranosas, vemos que las diferencias son notables. La porción membranosa del recién nacido sería de 2 mm por 1 mm la porción cartilaginosa, mientras que en un varón adulto la proporción sería 17:3, con una menor importancia de la región cartilaginosa de la apófisis vocal de los aritenoides(13). Diríamos pues, que en la laringe parecería que los aritenoides son enormes o edematosos. Es un error frecuente en la apreciación de médicos poco acostumbrados a visualizar laringes de lactantes o recién nacidos (Tabla III).

No es sino a partir de los tres años de edad, cuando la región inter-aritenoidea se parece más a la del adulto. Pero los cambios anatómicos son notables, y los cambios histológicos en las cuerdas vocales son todavía más notables. Hirano (1975) fue la primera persona que describió la estructura trilaminar de las cuerdas vocales, reconociendo una capa superficial, otra intermedia y una profunda(14). Más tarde, se reconoció como maduraban estas tres capas. Al nacer, solo tenemos una única capa, que va madurando y diferenciándose en una bilaminar, a partir del primer año de vida, y no se convierte en una trilaminar preliminar hasta los 7 años de vida. La maduración definitiva es a los 12 años de vida. Las implicaciones en la práctica diaria de la fonocirugía en los niños, son que, cualquier cirugía que quiera tener éxito en la voz en niños, debería esperar a los 7 años a que ya tenga todas las capas histológicas reconocibles. Operar antes podría crear un fracaso en la diferenciación en las capas y la creación de cicatrices en dicha área(15).

Orofaringe

En la orofaringe, comentaré la lengua y el frenillo lingual, el tejido linfático amigdalar y el paladar blando.

La lengua en el niño, proporcionalmente, ocupa más espacio que en el adulto. Debido a ello, debemos estar atentos a hipotonías, ya que la caída de la lengua puede dar sintomatología del sueño y ronquido. Un ejemplo típico sería el síndrome de Down.

El frenillo lingual corto o anquiloglosia es una variante de la normalidad, pero, en algunos casos, se justifica su extirpación por dificultades en el medro. Más discutible es justificarlo por problemas de dislalia. Una forma de valorar la importancia de un frenillo, es pedir al niño que saque la lengua y si la punta de la lengua aparece en forma bilobulada, como un corazón, es que la tracción del frenillo es suficientemente importante para justificar una resección quirúrgica(8).

El tamaño amigdalar es muy discreto o inapreciable al nacer y progresivamente va aumentando el volumen hasta los 12-14 años de edad. Son una fuente de linfocitos B circulantes, pero a diferencia de los adenoides o el tejido linfático de las glándulas salivares, no poseen capacidad secretoria local de inmunoglobulinas(16). En la época preantibiótica y con el miedo a la fiebre reumática y a las complicaciones de las infecciones, se practicaban multitud de procedimientos que intentaban eliminar total o parcialmente el tejido amigdalar. Lo realizaban pediatras, médicos cirujanos y otorrinolaringólogos. Actualmente, solo es practicado por otorrinolaringólogos y las indicaciones se han reducido muchísimo. La indicación principal es el síndrome de apnea del sueño(17).

Las asimetrías amigdalares son muy frecuentes y no justificarían, en niños, una biopsia o una intervención quirúrgica extirpativa.

En el paladar blando, puede aparecer una úvula bífida. Ello debe alertar al pediatra sobre la existencia de una fisura submucosa o una insuficiencia velopalatina. En el caso de realizar una adenoidectomía a estos pacientes, podría generar un reflujo nasal o una rinolalia abierta muy aparatosa. Ante una úvula bífida, debe realizarse una fibronasolaringoscopia para descartar dicha anomalía. También, puede palparse con el dedo o un depresor en la zona, para asegurarse de la normalidad anatómica del paladar duro.

Bibliografía

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17. John SD, Swischuk LE. Stridor and upper airway obstruction in infants and children. Radiographics. 1992; 12: 625.

 

Homosexualidad

F. López Sánchez
Regreso a las bases


F. López Sánchez

Catedrático de Psicología de la Sexualidad. Universidad de Salamanca

Pediatr Integral 2017; XXI (5): 350 –356


Homosexualidad

Introducción. Los afectos sexuales: deseo, atracción y enamoramiento

Los seres humanos no solo somos emocionales, sino que estamos orientados los unos a los otros sexualmente con afectos sexuales: deseo, atracción y enamoramiento. Estos son necesarios para la especie y muy importantes para las personas concretas, porque de cómo los satisfacemos, depende en gran medida nuestro bienestar.

En efecto, sin deseo, los hombres y las mujeres no se buscarían sexualmente, no se aparearían y la especie humana no habría podido sobrevivir. Es decir, el sexo, en macho y en hembra, implica que se deseen, para que así se busquen y se apareen. Y esta actividad es tan vital para la especie humana que está reforzada con un premio extraordinario: el placer sexual. Deseo y placer sexuales están íntimamente relacionados y, salvo problemas específicos, van asociados. El deseo es una excitación que es sentida psicológicamente, impulsando a actividades sexuales que producen placer. La orientación del deseo, condiciona el sexo de las personas que nos atraen y de la persona que nos enamoramos.

La atracción sexual supone el deseo, favorece que nos apareemos con personas que seleccionamos, lo que hace que tengamos una mejor descendencia y unas relaciones más satisfactorias.

El enamoramiento favorece relaciones privilegiadas que ayuda a la estabilidad de la pareja en los cuidados de las crías, la comunicación, la intimidad y la formación de otros vínculos sociales, como la amistad, el apego y el sistema de cuidados.

Nos vamos a centrar en este artículo, en el deseo y la orientación del deseo.

Mitos y realidades sobre el deseo sexual

Los mitos sobre el deseo son muy frecuentes, tanto los viejos como los nuevos mitos. Comentamos algunos de los más representativos y que más prejuicios y prácticas profesionales erróneas provocan.

El deseo es una energía que necesita descargarse, como condición necesaria a la salud

Este mito lo defendió el primer Freud y, de forma especialmente radical, uno de sus discípulos, W. Reich.

El primer Freud descubrió clínicamente la importancia que el deseo sexual tiene para las personas y la represión terrible a que estaban sometidas las personas de su tiempo (1907). Y cuando quiso interpretar teóricamente estos descubrimientos, recurrió a conceptos y teorías de su tiempo, procedentes de la física energética de su tiempo, que era determinista y monística: “en los organismos no existen otras fuerzas que las físico-químicas existentes en los cuerpos no vivientes” (Caparros, 1976, pág. 269). Por ello, en su primera teoría de las pulsiones, reduce a energía libidinal (energía físico-química aún desconocida) la sexualidad. Esta energía libidinal, además, es la única fuente motivadora de la conducta humana, incluso la no sexual.

La represión de esta energía es ineficaz, solo consigue expulsar de la conciencia la motivación del deseo sexual y sus representaciones, pero sigue dominándonos desde el inconsciente.

Solo la satisfacción directa con conductas sexuales permite la descarga de esta energía, aunque una parte de ella puede sublimarse motivando otras actividades humanas.

Pero Freud al hablar de sublimación, de necesidad de represión y, sobre todo, al definir la sexualidad como una Pulsión, no como un instinto, incluía conceptos abiertos, que bien entendidos le alejaban de un concepto único y estereotipado de energía y su funcionamiento. En sus publicaciones posteriores a 1920, especialmente en sus libros “Más allá del Principio del Placer” (1920) y “Malestar en la cultura” (1930), y en toda su obra posterior, refleja que comprendió que ese concepto biologicista y monista del ser humano era insostenible.

Pero su discípulo W. Reich (al que le reconocemos aportaciones muy importantes y novedosas, López, 2005, 2009) no solo se quedó fijado en el primer Freud, sino que la simplificó y radicalizó. Es así como, en sus diferentes versiones de “La función del Orgasmo” (1926 y 1942) y otras obras, adopta una teorista monista de la energía, negando la necesidad de represión y el propio concepto de sublimación. Finalmente, la libido, cuya naturaleza creyó haber descubierto, llamándola “orgón”, exige una satisfacción directa con conductas genitales, sin las cuales no puede haber salud. Para Reich “la fórmula terapéutica de Freud es correcta, pero incompleta. El primer requisito de una curación es, sin duda, hacer consciente la sexualidad reprimida. La cura se alcanza por ese medio siempre que, al mismo tiempo, la fuente de energía, el estancamiento sexual, sea eliminado. En otras palabras, únicamente si la conciencia de las exigencias sexuales corre pareja con la capacidad de gratificación completa. La finalidad suprema de la terapia analítica es, por tanto, el establecimiento de la potencia orgásmica, de la capacidad de descargar un montante de energía sexual igual al acumulado” (Reich, 1926, 1942, pág. 95).

Esta postura, aun sin haber estudiado a Freud y Reich, vuelve de nuevo en forma de nuevo mito que reduce el ser humano a biología, tanto en publicaciones científicas, como en consejos terapéuticos y, sobre todo, en los valores y discursos de la sociedad de mercado expresados en la publicidad, los productos sexuales y la supuesta necesidad, entendida como condición necesaria a la salud, de la actividad sexual.

La publicidad trata con mucha frecuencia la sexualidad como un producto del mercado (como venta directa o como mediador para vender otros productos) que conviene o es necesario consumir. No son pocas las terapias y terapeutas que, de una u otra forma, se centran en la mecánica de la respuesta sexual, y los educadores sexuales que trabajan con el supuesto de que todos los adolescentes, por ejemplo, tienen o deben tener actividad sexual masturbatoria y coital.

Pero el ser humano no es solo energía biológica e incluso la propia biología sexual ha dado, en el caso humano, un salto cualitativo, de forma que no regula por sí misma nuestro deseo sexual. Las mujeres, la hembra humana puede desear, excitarse y tener orgasmos en cualquier momento del ciclo, estando embarazada y después de la menopausia. Y mujeres y hombres pueden tomar decisiones sobre su deseo sexual, este no es un instinto que les impide o les obliga, sino una pulsión ante la que pueden decir “sí” o “no”, no solo por razones hormonales, sino incluso contradiciéndolas.

Este planteamiento que reduce la sexualidad a energía y acaba haciendo de la actividad sexual una obligación, se basa también en un razonamiento erróneo:

• Premisa científicamente correcta: la motivación sexual es poderosa, la actividad sexual es placentera y saludable.

• Conclusión científicamente errónea: la actividad sexual es una condición necesaria a la salud, la actividad sexual es obligatoria si queremos mantener la salud, como determinados componentes de los alimentos, por ejemplo.

• Aplicación práctica: hay que ayudar a los adolescentes a que sepan que pueden y deben tomar decisiones responsables sobre su sexualidad, sin sentirse presionados por el mercado de la sexualidad o aquellos profesionales que trabajan como si todos tuvieran o debieran tener actividad sexual.

Es un instinto, una vez excitado, no lo podemos controlar

Desgraciadamente, en las culturas machistas, que parecen ser todas o casi todas, se ha construido un concepto de la sexualidad masculina que favorece e incluso legitima la coerción y la violencia, justo defendiendo el mito de que una vez excitado “el macho” ya no se le puede exigir que detenga su conducta sexual, aunque la hembra se oponga a ella.

Las violaciones más recuentes las hacen los amigos, los conocidos, los desconocidos con los que se acepta un alto grado de intimidad sexual y los maridos en el matrimonio.

En muchos casos, incluso se culpa a ella, en el supuesto que una vez excitado el varón este no puede pararse y es legítimo que la fuerce, porque ella le ha provocado, se lo merece y él “ya no puede parar”.

Pero, con independencia de que una mujer cometa errores en las relaciones o aguante a un novio o marido machista, esta conducta del varón es una violación, él es el culpable, y no está justificada ni penal, ni éticamente. Y desde el punto de vista científico, tampoco está justificada, porque la sexualidad humana está en el reino de la libertad y el varón puede y debe ser el dueño del deseo a lo largo de todo el proceso en una relación sexual. De hecho, la única parte involuntaria es la que se inicia justo cuando se desencadena el reflejo del orgasmo, no a lo largo de todo el proceso de excitación.

Nunca se debe imponer el deseo sexual a otra persona. Las mujeres y los hombres podemos decidir con libertad a lo largo de todo el proceso, haya sido un acierto o no comenzarlo (López, 2015).

Solo tienen deseo sexual los hombres. Las mujeres no tienen deseo sexual propiamente dicho

Es un mito que hoy no mantiene casi nadie, pero ha estado presente a lo largo de la historia, justo con el fin de reprimir la actividad sexual de la mujer.

Las mutilaciones sexuales de la mujer, convertidas en una norma de obligado cumplimiento, las han llevado a cabo y siguen haciéndolo muchas sociedades, como es sabido. Las justifican diciendo grandes mentiras, como decir que es una práctica cultural de siempre, es un signo de identidad de nuestra cultura, etc. (López, 2014). En realidad, además de una práctica peligrosa, es una forma de controlar la sexualidad de la mujer con posibles graves consecuencias para su vida sexual y amorosa. La traducción de los mandamientos de la Ley de Dios que nos hicieron aprender en la catequesis, decía en el noveno mandamiento: “no desearás la mujer del prójimo”. Es decir, solo había un deseo peligroso, el de los varones, porque las mujeres, supuestamente, no tenían deseo y, por tanto, no necesitaban un mandamiento para controlarlo.

La realidad es que las mujeres tienen deseos sexuales y pueden desear, excitarse y tener orgasmos en cualquier momento de su ciclo menstrual, estando embarazadas y a lo largo de toda la vida. Una cosa es que la sexualidad de la mujer haya sido más silenciada, ocultada y perseguida y otra que no sientan y estén motivadas por deseos sexuales.

Solo hay una orientación saludable, la heterosexual

Las religiones monoteístas han mantenido y mantienen que la única orientación del deseo moralmente aceptable es la heterosexualidad. La homosexualidad y la bisexualidad han sido perseguidas, declaradas peligrosas, pecaminosas y desviaciones de la voluntad de Dios al crear los seres humanos. La obligación de “crecer y multiplicaros”, como mandato de Dios a Adán y Eva, nos obliga a todos y hacer otros usos de la sexualidad contradice la ley de Dios.

Los científicos, durante siglos, sujetos como el resto de la población a esta creencia religiosa, la legitimaban al considerar la homosexualidad como una degeneración contraria a la naturaleza.

Aun hoy, hay algunos profesionales que mantienen el carácter antinatural y peligroso de la homosexualidad, con argumentos como: se suicidan más, tienen más problemas mentales, son grupos de riesgo, etc. Su homofobia les lleva a confundir los problemas causados por el rechazo social de los homosexuales con la homosexualidad, los mal llamados grupos de riesgo con “las prácticas de riesgo”, sea o no homosexual.

Lo cierto es que las orientaciones del deseo homosexuales, bisexuales y heterosexuales, son saludables, compatibles con la salud personal y social, si se aceptan bien por cada persona, por la familia, la escuela, el mundo laboral y la sociedad.

De hecho, sabemos lo más importante: lo más inteligente emocional, afectiva y socialmente es que cada persona sea o pueda ser auténtica conforme a su orientación del deseo.

Las personas homosexuales nacen ya así, el origen de la orientación del deseo es biológico o, al contrario, las personas homosexuales se hacen, son el resultado de experiencias y aprendizajes sociales

Son dos creencias contradictorias, pero las ponemos juntas porque ambas están, al día de hoy, injustificadas. Las dos responden a prejuicios biologicistas o ambientalistas.

A día de hoy no sabemos, científicamente hablando, cuál es la causa u origen de las orientaciones del deseo. Solo que existe una gran diversidad. Por ello, es legítimo hacer investigaciones que pongan a prueba diferentes hipótesis, pero hemos de reconocer lo que “no sabemos” y no cerrar los debates o investigaciones con prejuicios de una u otra naturaleza. Desgraciadamente, los científicos caen con frecuencia en la trampa de inclinarse por unas u otras hipótesis, sin pruebas suficientemente contrastadas.

La orientación del deseo no puede cambiar a lo largo de la vida y, lo opuesto, la orientación del deseo puede cambiar por capacidad de gestión de la persona y por terapia

No sabemos, aún bien, la respuesta que podemos dar a estas afirmaciones, que a día de hoy, debemos considerar erróneas o no fundadas, es decir, no hay respuestas científicas claras que debamos dar por definitivas.

Pensábamos durante décadas, que la orientación del deseo podía aceptarse o reprimirse, pero no cambiarse. Nos venía dada, somos heterosexuales, homosexuales o bisexuales y así lo seremos toda la vida: aceptación o represión eran las alternativas. Sabíamos que una orientación del deseo podía reprimirse durante un tiempo y posteriormente desvelarse, hacerse consciente, ¿pero puede cambiar realmente? No tenemos una respuesta científica definitiva.

Otros mitos menores, pueden encontrarse con facilidad en internet o en publicaciones (López, 2006).

¿Qué es el deseo sexual y la orientación del deseo?

El deseo es, en otras especies animales, un instinto, un impulso poderoso a aparearse, con frecuencia, después de un cierto cortejo, lleno de caricias y gestos de comunicación, con un sistema de conductas preprogramadas, muy estereotipadas. Los animales no se pueden resistir realmente a su deseo sexual, cuando este se produce –durante el celo de las hembras y de forma continua en los machos–, no tienen verdadera capacidad de decisión sobre su deseo, se sienten forzados a satisfacerlo.

En los humanos, el deseo sigue teniendo un gran poder motivador, pero no debe ser definido propiamente como un instinto, porque en nuestra especie se ha dado un salto cualitativo, nuestra libertad para tomar decisiones, aceptando o rechazando, por razones muy diferentes, la actividad sexual.

El deseo sexual es una pulsión muy compleja, que depende de muchos factores fisiológicos, (hormonales y toda la fisiología implicada en la excitación), psicológicos (pensamientos, emociones, sentimientos y afectos), sociales (modelos de belleza, ideas y prejuicios, roles de género, etc.), experiencias personales (positivas o negativas), edad, salud, estado fisiológico y psicológico, estímulos externos, etc.

El deseo está tan enraizado en la propia fisiología humana. Por eso, no puede entenderse sin conocer sus bases hormonales, los estímulos internos y externos, la forma de procesar la información y de actuar del sistema nervioso. La hormona más estudiada, en relación con el deseo, ha sido la testosterona, presente en ambos sexos, aunque en mayor cantidad en los varones. Se produce en los testículos y en los ovarios, así como en las glándulas suprarrenales de ambos sexos.

Los efectos de la testosterona sobre el deseo son más claros y directos (más mecánicos, suele decirse popularmente) en el varón, aunque en ambos sexos hay otros muchos factores cognitivos y afectivos que influyen en él. Por otra parte, es importante señalar que no puede decirse que los varones deseen más porque tienen más testosterona, ya que el cuerpo de la mujer es más sensible a cantidades más bajas de esta hormona.

Las personas podemos sentir nuestro deseo sexual de una u otra forma, como tensión o inquietud confusa, o como deseo explícito de contacto o encuentro sexual. El deseo es así, sentido e interpretado por cada persona, en el cuerpo, en la mente y, sobre todo, en su dinámica emocional. Nos empuja, impulsa, orienta, moviliza hacia aquella persona o actividad objeto del deseo. El deseo activa todos nuestros recursos fisiológicos, pone nuestro cuerpo en alerta y disposición para las conductas deseadas, se hace presente en nuestra psique como una fuerte motivación. Activa nuestros recursos emocionales y mentales, planificando la conducta para conseguir satisfacerlo.

Lo más específico de la sexualidad humana es que nuestro deseo no está determinado por su fin reproductor.

En efecto, en el centro de todos esos complejos sistemas del deseo y la conducta sexual, hay un “yo”, una persona con conciencia de sí, que tiene una manera de ver la vida y unos valores que le permiten tomar decisiones y respetar la libertad de los demás. Por eso, todas las conductas sexuales pueden y deben ser libres, consentidas y, a ser posible, placenteras, como es propio de su naturaleza.

Evolución y orientación del deseo

Desde el nacimiento, la fisiología de la excitación-placer sexual está disponible y se puede activar. Por eso, numerosos niños y niñas (un tercio aproximadamente), antes de la pubertad, la descubren y se masturban o participan en juegos sexuales que les excitan (López, Del Campo y Guijo, 2003). Es posible que, en las primeras edades, el deseo sexual sea menos consciente y explícito, siendo el resultado de haber aprendido que tocándose sienten placer, lo que les lleva a repetir esta conducta. Poco a poco, con el desarrollo de la mente, el deseo sexual se va enriqueciendo de contenidos mentales y emocionales y afectivos (sentimiento del deseo, recuerdo, imágenes, fantasías, afectos sexuales, etc.).

Es en la pubertad y en la adolescencia, cuando los cambios cerebrales, hormonales y somáticos convierten el deseo sexual en una pulsión vigorosa, con frecuentes estados de excitación y descarga de la tensión sexual, aumentando el deseo por la actividad sexual. En la primera infancia, el deseo suele orientarse heterosexualmente por efecto de la socialización, salvo casos de resistencia de algunas personas a ella. Pero, en todo caso, es en la adolescencia, cuando el interés sexual se orienta hacia uno u otro sexo, en la mayor parte de las personas, como: heterosexual, homosexual o bisexual, normalmente para toda la vida. No sabemos aún de qué factores depende esta especificación ni estamos seguros de hasta qué punto puede realmente cambiar a lo largo de la vida. No sabemos, por tanto, los factores que orientan el deseo y no estamos seguros de si, al menos, en algunos casos, puede cambiar a lo largo de la vida, pero sabemos lo más importante, que podemos resolver nuestras necesidades sexuales y afectivas desde cualquiera de las orientaciones del deseo, siempre que realmente lo sintamos así, nos aceptemos así y los demás no nos pongan dificultades (López, 2006).

Las personas heterosexuales no se sorprenden si en la pubertad o adolescencia sienten de forma muy clara y vigorosa su deseo sexual; pero las personas homosexuales pueden pasar por un periodo de alarma o confusión, porque todos somos socializados heterosexualmente. Si antes de que esto ocurra, supieran que existe la orientación del deseo homosexual y que es una diversidad saludable, evitaríamos mucho sufrimiento a quienes son diversos. Por eso, son fundamentales intervenciones preventivas en educación sexual, en primaria, para evitar estos sufrimientos a estas minorías y la homofobia o bifobia de la mayoría.

La orientación del deseo puede manifestarse más tarde, en la juventud o vida adulta, bien porque ha estado reprimida y se desvela, o bien por otros factores no bien conocidos. Pero para la mayoría de la población, la orientación del deseo es heterosexual desde la infancia y la adolescencia y así permanece toda la vida.

Las dimensiones de la orientación del deseo homosexual

El deseo sexual no es unidimensional, sino que pueden distinguirse en él varios aspectos muy importantes, que pueden servirnos para ayudarnos a entendernos y en la práctica profesional:

• Las fantasías eróticas. Pueden aparecer antes de las conductas sexuales, de forma que no son pocas las personas homosexuales que aseguran tener fantasías sexuales con personas de su propio sexo o de ambos, incluso antes de reconocer su homosexualidad o bisexualidad.

• Atracción sexual por personas de su propio sexo o de ambos. Le gustan, le excitan, desea acariciarlas y que le acaricien.

• Atracción afectiva por ambos. Tener preferencia emocional y afectiva, deseos de intimidad y de tenerlas de compañía emocional preferente, por personas de su propio sexo.

• Conductas sexuales con personas de su propio sexo o con ambos.

• Reconocer su identidad como homosexual o bisexual. Soy homosexual o bisexual, me siento y me reconozco como tal.

• Estilo de vida homosexual, si este existe en su medio o estilo de vida bisexual. La manera de vestir y divertirse, barrio en que se vive, etc.

• Enamorarse de personas de su sexo o de ambos.

• Consideración social preferida: salir del armario o permanecer socialmente considerado como perteneciente a la mayoría heterosexual.

El siguiente cuestionario (el lector puede acomodarlo a otras orientaciones del deseo), puede ayudar a la persona y a los profesionales, si lo usan con clientes, a conocer su orientación del deseo homosexual y su grado de consistencia (Anexo 1).

 

Interpretación

- Este cuestionario, aunque puede usarse psicométricamente para la investigación, está pensado para el uso clínico en el diagnóstico y la investigación cualitativa, ampliando y registrando las respuestas en cada cuestión.

- Si una persona se manifiesta heterosexual, homosexual o bisexual en todas las respuestas, es muy probable que se trate de orientación sexual vivida de forma muy definida y exclusiva y, también, que no cambiará a lo largo de la vida.

- En el otro extremo, si una persona se clasifica de formas diferentes en varias respuestas, especialmente si hay diferencia en casi la mitad de las respuestas, con disarmonías entre el pasado, presente e ideal futuro, se trata de personas menos definidas y con más posibilidades de cambio a lo largo de la vida.

- La pregunta 9 refleja su deseo de manifestar o no su orientación del deseo, que podría interpretarse en el segundo caso, como una menor reafirmación de su orientación. Pero esta interpretación no es segura, porque puede tratarse de una persona que prefiere usar su derecho a no manifestar su orientación del deseo. 

- Las preguntas, 10, 11 y 12 se refieren a la flexibilidad mayor o menor que atribuyen a posibles cambios en la orientación del deseo, opinión que tiende a asociarse con una mayor disponibilidad al cambio y a la experimentación de conductas con personas de diferente sexo.

- Estas dimensiones pueden seguir todas la misma dirección o no, poniendo de manifiesto la mayor o menor exclusividad y consistencia de la orientación del deseo.

- Por otra parte, entre nosotros, hoy día las mujeres son menos rígidas en la orientación del deseo sexual y aceptan mejor estas diversidades sexuales en sí mismas y en los demás, aunque el lesbianismo está socialmente más oculto y silenciado.

¿Qué prevalencia tienen estas minorías?

Las dimensiones de la orientación del deseo ponen de manifiesto que la evolución a lo largo del ciclo vital puede ser muy diferente de unas personas a otras, especialmente entre las personas que habiendo sido socializadas en la heterosexualidad descubren que su orientación es una diversidad que contradice la socialización y las profecías sociales que le habían hecho. También, las dimensiones nos permiten comprender que la prevalencia de la homosexualidad y la bisexualidad dependen de las preguntas que formulemos en la investigación. Por eso, todos los datos son imprecisos. Por otra parte, los cambios sociales permiten más fácilmente reconocer la propia homosexualidad, aunque no siempre es así aún.

Por ejemplo, cuando en Estados Unidos no se aceptaban homosexuales en el ejército y se les preguntaba por su orientación del deseo, lógicamente muchos de los homosexuales se confesaban heterosexuales. Un ejemplo más, entre nosotros, el lesbianismo ha estado más silenciado, por lo que no eran pocas las mujeres lesbianas que no querían confesarse como tales, bien por la mala consideración social, bien porque les era más fácil que a los hombres ocultar su lesbianismo. Y otro más, si definimos la prevalencia por su presencia social y el deseo de vivir o no en barrios especiales o acudir o no a las manifestaciones del orgullo gay, el resultado será que hay muchas menos lesbianas que homosexuales varones.

Entre las personas más jóvenes, hoy día, se ha pasado de la represión y las restricciones sobre la conducta sexual a la prescripción (en los valores dominantes de esta sociedad de consumo, también sexual) de que hay que experimentar todo, por lo que no son pocas las que se manifiestan abiertas a probar conductas sexuales con personas de los dos sexos. La asociación, ocio, alcohol y otras drogas, fomenta estos atrevimientos, antes denostados.

En todo caso, según los estudios, las personas homosexuales o bisexuales son una minoría, con una prevalencia importante que puede estar, según se pregunte o investigue, entre el 3% y el 12% de la población (López, 2006, 2009). Los políticos ya lo han entendido por razones electorales, los padres, educadores y sanitarios deberían ser responsables y ayudar a estas minorías a vivir su diversidad y evitar la homofobia o bifobia.

Salud y orientación del deseo

Los gobiernos y los científicos, en nuestra sociedad, han legitimado las creencias y la moral sexual de las religiones judía y cristina, considerando la homosexual una degeneración o desviación de la naturaleza. Algunos profesionales de la salud, ya muy pocos, siguen defendiendo estas ideas normalmente basándose en las correlaciones encontradas en algunos estudios entre estas diversidades y el hecho de tener más ideas o conductas de suicidio, huidas de casa, dificultades en las relaciones sociales, mayor inestabilidad emocional, etc. No tienen en cuenta que estas asociaciones no pueden entenderse como una relación de causa-efecto, sino la consecuencia lógica del tratamiento familiar, escolar y social de estas diversidades sexuales. Aun no hace mucho tiempo, hemos tenido el caso de un chico de 17 años, residente en la frontera con Portugal, en un pueblo muy aislado, en tratamiento por depresión cuando, simplemente, se trataba de una homosexualidad que ni siquiera él mismo podía reconocer.

Hoy día, estas asociaciones son menos frecuentes y son muchas las personas homosexuales o bisexuales que tienen una salud mental y sentimientos de bienestar adecuados. Desde los años sesenta, diferentes asociaciones de psiquiatras, pediatras y psicólogos han ido reconociendo que estas diversidades no deben patologizarse, sino ser aceptadas con normalidad. La OMS, el Consejo de Europa y la Legislación de países, como el nuestro, reconocen estas diversidades con los mismos derechos civiles, incluido el matrimonio y el derecho a adoptar menores. El tema de la adopción es el que aún es más discutido, como hemos reflejado en alguna de nuestras publicaciones (López, 2006). Debate basado en una errónea concepción del concepto de familia y las necesidades de los menores. No es verdad que necesiten un padre y una madre, sino, al menos, una persona (mejor dos o más) que les cuide con incondicionalidad, afecto y eficacia. Son los profesionales los que deben evaluar adecuadamente a esta persona o pareja, sin descalificar a priori a una mujer, un hombre, dos hombres o dos mujeres.

Aún echamos de menos algunas cosas en la legislación española, de las más avanzadas en relación con estas minorías. Nos referimos a que no figure en el código penal otras formas de maltrato sexual, además de los abusos sexuales a menores (López, 2014). No aceptar la homosexualidad o bisexualidad de los menores es una forma grave de maltrato sexual que puede crear dificultades en su vida sexual y amorosa importantes, además de otras consecuencias negativas psicológicas y sociales.

Algunos profesionales, normalmente influidos por sus creencias religiosas, ofrecen y hacen terapias de reasignación de las orientaciones del deseo homosexuales. A veces, hasta hablan de prevención de la homosexualidad con la adecuada educación. Nosotros consideramos que:

• La educación familiar, escolar y social ya es heterosexual, asignando y esperando de los niños que le atraigan las niñas y a la inversa. Por eso, los que pueden tener dificultades son los que tengan manifestaciones o sentimientos homosexuales, no los heterosexuales. Si añadimos más presión educativa sobre estas minorías cometeremos un grave error. Lo que hay que hacer es que se conozca su existencia, se permitan sus manifestaciones en igualdad de condiciones con los heterosexuales y desaparezca la homofobia.

• Lo que sí podemos hacer es contribuir a que cada persona pueda ser auténtica y, desde luego, no se sienta obligada a experimentar lo que no desea y no le atrae, como hace esta sociedad de consumo sexual.

La práctica profesional, la función de los pediatras

Los profesionales pueden ayudar a los menores y sus familias a aceptar estas diversidades sexuales, evitar la homofobia y el maltrato sexual, ¿cómo pueden hacerlo? Formándose e incluyendo un espacio en entrevistas confidenciales (especialmente en la pubertad y adolescencia) con los menores y los padres, también por separado. También, pueden colaborar con los educadores en las escuelas de forma puntual, si fuera necesario.

En estas entrevistas, una vez creado un buen clima de comunicación, se puede incluir un tema olvidado con una o varias preguntas.

Principios de referencia para la intervención

• La homosexualidad es una diversidad sexual compatible con la salud individual y con la formación de parejas y el ejercicio de la paternidad o maternidad, por lo que no debe crearse ningún impedimento a las personas homosexuales o bisexuales.

• Las personas homosexuales, en nuestro país, han adquirido todos los derechos y es “ilegal” cualquier tipo de dificultad para que estos derechos sean una realidad.

Lo que los padres deben hacer

Hay que comprender que a muchos padres les cueste inicialmente aceptar la homosexualidad de los hijos o hijas, pero si les ayudamos, la evolución suele ser muy positiva para toda la familia.

• Ser incondicionales: han traído una vida al mundo y no pueden poner condiciones, sino aceptarla con sus características. En este caso, una diversidad saludable que deben aceptar con normalidad, como a los hijos o hijas heterosexuales. Las resistencias pueden ser de diferente signo (López, 2006), pero deben vencerse.

• No solo aceptarles con resignación, sino valorarles como son, sin discriminación de los hermanos o hermanas heterosexuales, si fuera el caso.

• Dejarle claro que cada persona debe ser dueña de su biografía sexual y amorosa; eso sí, con ética sexual y amorosa (López, 2015, 2017).

• Obrar sabiendo que la orientación del deseo es una característica que “se es”, no una elección, como el tener una altura u otra, ser moreno o rubio, por ejemplo.

• Hacer una socialización familiar abierta, flexibilizando los roles y eliminando el sexismo y machismo.

• Facilitar la comunicación del hijo o hija y aceptando sus posibles parejas y, si llega el caso, su matrimonio, como con los hijos e hijas heterosexuales.

EL rol de la escuela

Lo más importante en la escuela es que en el sistema de relaciones entre padres/madres, entre profesores/as y entre alumnos/as se acepte con normalidad esta variante o diversidad de la vida sexual de las personas, estos tipos de familia y el hecho de pertenecer a ella. Debe haber tolerancia cero en relación con cualquier manifestación de palabras, gestos o conductas homófobas. Para ello, deben prevenirse y perseguirse, si fuera el caso.

A lo largo de los diferentes niveles educativos es necesario, en el marco de la educación sexual general, tratar explícitamente en las programaciones los siguientes temas:

• Identidad sexual y rol de género, aceptando las identidades transexuales y transgénero.

• Tipos de familia, incluyendo las familias homosexuales.

• La diversidad sexual homosexual: especialmente antes de la pubertad y en secundaria.

• Los orígenes y manifestaciones de la homofobia: especialmente en secundaria.

La función de los pediatras

A pesar de las dificultades que tienen numerosos profesionales para dedicar tiempo (problemas organizativos de la sanidad) y afrontar estos temas (deficiencias en formación), su función podría ser esencial:

• Colaborando circunstancialmente en la escuela, asociaciones ciudadanas, etc., ofreciendo formación en aquellos aspectos que los educadores tengan más limitaciones.

• Creando un espacio de confidencialidad con los menores (sin los padres), desde la pubertad, consensuado con los padres, para favorecer que los púberes y adolescentes puedan hacerle preguntas, expresar preocupaciones y pedir ayuda en relación a la sexualidad y las relaciones amorosas, así como a cualquier forma de maltrato.

• En la entrevista, una vez logrado un clima de confianza, los pediatras pueden abrir la puerta a estos temas con una serie de preguntas, como las siguientes:

- ¿Te han hablado en el colegio alguna vez sobre sexualidad?

- ¿Y tus padres?

- ¿Crees que tienes buena información?

- Sabes que soy médico y te guardaré el secreto, ¿tienes alguna preocupación con tu cuerpo, tu apariencia, o cualquier cosa que tenga que ver con tu sexualidad?

- ¿Te relaciones bien con los chicos y con las chicas? ¿Tienes amigos y amigas?

- ¿Alguien te hace daño, sea quien sea, del tipo que sea (cualquier forma de maltrato o abuso) y tal vez te pide que le guardes el secreto?

- Si la respuesta es “no”, puede acabarse así: “me alegro, pero ya sabes que puedes pedirme cualquier información o ayuda, ¿sabes cómo localizarme?

Se trata de abrir la puerta a la comunicación sobre la sexualidad y las relaciones personales. Si la pregunta es sobre orientación del deseo, pueden recurrir a la información de este artículo o la bibliografía recomendada. En el libro: Homosexualidad y familia. Barcelona: Grao. 2006. Félix López. se encuentran consejos para todo el proceso que debe hacerse en la familia.

Bibliografía

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- Freud S. Los instintos y sus destinos. Buenos Aires: Biblioteca Nueva. 1915.

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- Lippa RA, Tan FD. Does culture moderate the relationship between sexual orientation and gender-related personality traits? Cross-Cultural Research. 2001; 35: 65-87.

- Lippa RA. Gender-related traits in gay men, lesbian, women, and heterosexual men and women: The virtual identity of homosexual-heterosexual diagnosticity and gender diagnosticity. Journal of Personality. 2000; 68: 899-925.

- LeVay S. Queer Science: The Use and Abuse of Research into Homosexuality. Cambridge: The MIT Press. 1996.

- LeVay S. A difference in hypothalamic structure between homosexual and heterosexual men. Science. 1991; 253: 1034-7.

- LeVay S. From mice to men: Biological factors in the development of sexuality. Frontiers in Neuroendocrinology. 2011; 32: 110-20.

- López Alonso D. Biología de la homosexualidad. Madrid: Síntesis. 2014.

- López F. Educación sexual. Madrid. Biblioteca Nueva. 2005.

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- López F. Amores y desamores. Madrid: Biblioteca Nueva. 2009.

- López F. Abusos sexuales y otras formas de maltrato sexual. Madrid. Síntesis. 2014.

- López F. Ética de las relaciones sexuales y amorosas. Madrid: Pirámide. 2015.

- López F. Educación sexual y ética. Madrid: Pirámide. 2017.

- Rerich W. La función del orgasmo. Buenos Aires: Paidos. 1926, 1942.

- Riesenfeld R. Papá, mamá, soy gay. México: Grijalbo. 2000.

 

La sexualidad en la adolescencia

J.C. López Robledillo
Regreso a las bases


F. López Sánchez

Catedrático de Psicología de la Universidad de Salamanca

Resumen

Descripción de los problemas más frecuentes en relación con la sexualidad durante la adolescencia. Se pone en énfasis en el rol de los pediatras y enfermería pediátrica, señalando las intervenciones más importantes que pueden hacer en este campo: trabajo en red con la escuela y las familias y otros servicios sanitarios (especialmente ginecólogos y matronas), la utilidad de la entrevista confidencial con los adolescentes –con el beneplácito de las familias– y la colaboración con la educación sexual en la escuela (al menos, una sesión).

 

Palabras clave: Adolescencia; Actividad sexual; Educación sexual; Intervención

 

Pediatr Integral 2017; XXI (4): 278-285


La sexualidad en la adolescencia

Introducción

Los objetivos básicos que debemos conseguir las personas en relación con la sexualidad son(1-4):

Aceptar nuestra figura corporal sexuada, no siendo víctimas de los modelos de belleza en nuestra sociedad de la imagen y el mercado.

• Aceptar nuestra identidad sexual, de hombre, mujer, transexual o transgénero, porque nos viene dada, aunque aún no sepamos los factores de que depende.

• Aceptar nuestra orientación del deseo heterosexual, homosexual o bisexual, porque también nos viene dada, aunque no sabemos los factores de que depende.

• Disfrutar de la actividad sexual, consiguiendo tener relaciones sexuales satisfactorias, si lo deseemos.

• Evitar los riesgos asociados a la actividad sexual.

• Aprender a vivir las relaciones amorosas, a vivir en pareja, si esa es nuestra opción.

• Respetar la biografía sexual de los demás, siempre que se trate de una diversidad saludable.

A ello pueden ayudar mucho los pediatras porque, a pesar de dificultades frecuentes, por el número excesivo de consultas, entre otras, tienen prestigio y autoridad profesional en el trabajo con la familia y los adolescentes. Con ellos pueden colaborar otros profesionales. Por otra parte, los profesionales sanitarios pueden y deben colaborar con los educadores para, entre todos, hacer una oferta educativa y asistencial en el campo de la sexualidad.

A continuación, adaptamos estos objetivos generales a la etapa adolescente.

Aceptar los cambios puberales y la figura corporal sexuada

Dando por supuesto que los pediatras conocen bien los problemas relacionados con la pubertad precoz o retrasada y posibles anomalías en los procesos fisiológicos de sexuación, hacemos algunos comentarios básicos sobre otros aspectos psicosociales.

En primer lugar, hay que ayudar a los adolescentes a aceptar la distinta cronología en la que se desencadene y desarrolle su pubertad, dándoles adecuada información y seguridad si, dentro de un intervalo normal, están más cerca de uno u otro extremo. Puede ser útil a los pediatras saber que en nuestra sociedad es más frecuente que las chicas se sientan más incómodas si tienen la pubertad antes que sus compañeras, mientras los chicos pueden sentir preocupación si son los demás los que han cambiado antes.

En segundo lugar, aceptar los cambios puberales referidos a la reproducción, especialmente la menstruación, dando informaciones básicas, en colaboración con padres y educadores. En el caso de los pediatras, especialmente las referidas a posibles molestias, y ayudas en el caso de síntomas premenstruales o menstruales que requieran ayuda. De forma asociada a estas informaciones, es el momento, si no se hubiera hecho antes, de explicar a los chicos y las chicas las posibles consecuencias de las relaciones sexuales coitales y los contenidos básicos del sexo seguro, aspecto sobre el que volveremos.

Un tercer tema central es el de la figura corporal. Los modelos de belleza dominantes son bien conocidos, uniformes y exigentes (por el poder de la publicidad y el mercado de la seducción, en una sociedad en la que hemos pasado de reprimir la actividad sexual a fomentarla). Por eso, ante el espejo y ante los otros adolescentes, espejo exigente por los modelos interiorizados, la mayor parte encuentra algunos defectos, limitaciones o diferencias, no coincidentes con el modelo de belleza dominante, produciendo este hecho numerosos sufrimientos: tener la altura adecuada, el peso adecuado, la figura de todas las partes sexuadas conforme al modelo, no es lo más habitual, bien porque aún no se han desarrollado o bien porque no se conforman, en algún sentido, a él. Si a ello se añade creer que no resulta atractivo a los demás, no tiene éxito en las prácticas de seducción, amistad o noviazgo, las dudas y sufrimientos pueden ser muy dolorosos.

En otras publicaciones(1,3) hemos desarrollado propuestas para trabajar este tema, especialmente en el ámbito educativo. En breve, seguimos el siguiente proceso: toma de conciencia de estos sufrimientos y sus consecuencias, análisis de los modelos dominantes, el origen y función que cumplen en una sociedad de mercado, descubrir sus cambios históricos y culturales y, sobre todo, tomar como referencia valores positivos para organizar la conducta: un cuerpo que sabe dar y recibir placer, un cuerpo con un estilo de vida saludable, un cuerpo con gracia interpersonal –con expresividad corporal y emocional– y una estética personalizada(5). Los pediatras pueden detectar la intensidad y consecuencias o síntomas de estos sufrimientos y hacer intervenciones personalizadas o en colaboración con la familia y el sistema educativo.

No deja de ser sorprendente que, en la sociedad de la imagen y la figura corporal, tantos adolescentes tengan una vida contradictoria con un estilo de vida que maltrata su salud: sedentarismo, obesidad, mala alimentación, ingesta de alcohol, etc. Tomarse en serio el cuerpo, un organismo con necesidades y formas saludables de satisfacerlas bien conocidas, es el camino: “tómate en serio a ti mismo, eres una persona única, diferente en una sociedad diversa, aprende a gozar, valorar la vida y la salud, tener gracia interpersonal y representarse socialmente como tú quieras, no como el mercado, las marcas, y los demás te exijan”.

Aceptar nuestra identidad sexual

La identidad sexual(1,3,6), en la mayor parte de los casos, se adquiere entre 18-24 meses y 5 años, se consolida y construye a partir de los seis años hasta la juventud. Antes de los dos años se le asigna un sexo a cada persona, se le da un nombre sexuado y se le socializa como niño o niña, chico o chica a lo largo de toda la infancia, adolescencia y juventud. De esta forma, casi toda la población, se sabe niño o niña y aprende a vestirse, adornarse, comportarse, etc., como en la sociedad lo hacen la mayor parte de los hombres y las mujeres.

En el caso de la inmensa mayoría, la identidad sexual se reconoce con toda normalidad, soy hombre o soy mujer.

Pero, en nuestro tiempo, y este es el campo de intervención más general, hemos tomado conciencia de que los roles sexuales o de género son discriminatorios con las mujeres, y en algunos aspectos con los hombres, por lo que consideramos que los profesionales debemos favorecer, con actitudes, conductas y, en algunos casos, con intervenciones, sobre la toma de conciencia de estas discriminaciones y la necesidad de conseguir la igualdad y el respeto a la diversidad de expresión de dichos roles. Por tanto, en cuanto al rol sexual o género, debemos ayudarles a ser críticos con los aspectos discriminatorios hacia las mujeres y promocionar valores y conductas igualitarias.

En una minoría, aunque no tenemos datos estadísticos precisos (¿una de cada 10.000 o 30.000 personas?, entre otras cosas, porque depende de cómo precisemos los conceptos), ya en la primera infancia o en la adolescencia, se adquiere una identidad sexual en contradicción con la fisiología corporal o con el género o con ambos aspectos a la vez. En el primer caso, hablamos de transexualidad o disforia de género (disconformidad entre la anatomía y fisiología sexual conocida y la identidad que se tiene –soy un hombre con un cuerpo de mujer y a la inversa–), aunque la forma de vivirse y representarse de este grupo admite también grandes variaciones (p. ej., los que quieren cambiarse todo lo posible y los que solo desean operarse de algo en concreto). En el segundo, hablamos de transgénero(se saben en contradicción con la identidad sexual y social asignada, pero no necesariamente quieren cambiar su anatomía o fisiología).

Es necesario que los profesionales estemos atentos a los cambios, en conceptos y conocimientos profesionales, en relación con esta minoría (p. ej., los cambios en el DSM V, aún insatisfactorios, para las organizaciones sociales que los representan), para ayudarles a aceptarse y a que la familia, la escuela y la sociedad les acepte, sin transfobia y otras formas de rechazo o marginación. Seguimos sin saber los factores o causas de estas formas de vivirse y con un debate entre los profesionales, sobre si debe considerarse una diversidad sin más, como es el caso de la homosexualidad, o aún deben formar parte del manual de diagnóstico DSM. Pero conocemos lo más importante: estas diversidades son compatibles con la salud personal y social si no rechazamos, ni marginamos a estas personas, a la vez que le ofrecemos las ayudas quirúrgicas, si son necesarias, para alcanzar su bienestar(6).

Aceptar nuestra orientación del deseo

Como es sabido, la orientación del deseo sexual (que casi siempre coincide con la orientación de la atracción y el enamoramiento) puede ser diversa(3,5,7).

La mayoría de la población siente y descubre su orientación del deseo como heterosexual, sin tensión ni dificultades personales o sociales, porque ha sido socializada en el supuesto, que si es un chico, le gustarán las chicas y a la inversa. De hecho, hasta hace pocas décadas, y aún en la mayoría de países, no se contemplaba otra diversidad saludable que no fuera la heterosexualidad.

Una minoría muy significativa, que puede llegar, según se definan los conceptos y se pregunte, a un 5 o 12%, se siente sorprendido en la primera infancia o en la adolescencia, a veces, incluso más tarde, porque sus fantasías sexuales, sus deseos e intereses sexuales, etc., son homosexuales, orientados hacia personas de su propio sexo biológico, o hacia ambos sexos en grados o preferencias diversos. En efecto, la orientación del deseo tiene contenidos diversos (fantasías, deseos sexuales, identidad social, estilo de vida, etc.), por lo que las combinaciones y formas de vivirse son muy diferentes.

Pero en este caso, las personas con orientaciones de deseo minoritarias no demandan cambios fisiológicos, sino tener libertad personal y social para amar y ser amado, formar pareja o casarse, con las personas que desean, sea aceptada socialmente su diversidad y no sufrir homofobias, bifobia o cualquier otro tipo de rechazo.

No conocemos los factores que influyen o determinan la orientación del deseo y aún se discute la posibilidad de cambios a lo largo de la vida y el poder de gestión que cada persona tiene sobre su orientación del deseo, pero tenemos claro que, las tres formas antes citadas y sus variantes son compatibles con la salud personal y social, por lo que la familia, la escuela y los profesionales, en este caso los pediatras, deben contribuir a que estas diversidades sean bien aceptadas por la propia persona que pertenezca a esta minoría y en todos los ámbitos sociales: familia, escuela, servicios de salud o sociedad, en general.

Los homosexuales son una minoría muy relevante, por ello han luchado con éxito, en numerosos países, consiguiendo leyes más igualitarias, pero aún sufren frecuentes rechazos con una homofobia latente y formas de maltrato familiar, escolar y social. Por tanto, tiene especial relieve la homosexualidad para los pediatras, porque, por un lado, a pesar de haber sido reconocida como saludable esta orientación del deseo y admitido el derecho de las personas homosexuales al matrimonio, una parte importante de la sociedad, con la Iglesia a la cabeza, se resiste a ello. Por otro lado, en este caso, a diferencia de la disforia de género, los adolescentes homosexuales pueden ser ayudados por la familia, los educadores y los pediatras y los médicos de familia sin la necesidad de otros especialistas, porque el problema no lo tienen ellos, sino quienes son homofóbicos.

Si incluimos aquí la homosexualidad como posible problema en la adolescencia, no es porque en sí mismo lo sea, sino porque, con frecuencia, causa sufrimientos a los adolescentes cuando se dan cuenta que son distintos y que esta diversidad no es bien vista por la sociedad. Además, de hecho, muchas veces los profesionales son consultados, por los propios adolescentes o los padres en relación con la orientación del deseo.

Entre los heterosexuales pueden darse situaciones de cierta confusión, duda, miedo o culpa por tener o haber tenido actividades sexuales con personas del mismo sexo. En los juegos sexuales prepuberales o puberales es frecuente que aparezcan algunas formas de contacto sexual, con personas del propio sexo. Cuando esto es vivido o recordado, puede crear alguna duda, confusión o miedo en chicos y chicas que, sin embargo, son heterosexuales. En estos casos, informales de este hecho, y comunicarles que es perfectamente normal y, sobre todo, aclararles que no hay ninguna razón para temer la homosexualidad.

Los que lo tienen realmente más difícil, desde el punto de vista de la socialización, son los homosexuales: los chicos y chicas homosexuales se ven sorprendidos con una orientación del deseo, que no se esperaban y que, en muchos casos, acepta mal su entorno. Incluso, a veces, tardan tiempo en saber lo que les pasa, especialmente si no están bien informados.

Los adolescentes suelen contar sus dudas a los amigos. Pero no es infrecuente que acaben haciendo una consulta a un profesional ellos mismos o sus padres, si estos últimos se enteran de que su hijo dice ser homosexual. Las consultas y los problemas se presentan con mayor frecuencia y antes en los hombres homosexuales que en las mujeres, seguramente porque los chicos se interesan más abiertamente por la sexualidad que las chicas. En efecto, las chicas lesbianas suelen retrasar más la manifestación de sus intereses sexuales. Otras veces, el motivo de la consulta tiene otras causas, como: ansiedad, depresión, fracaso escolar o huida de casa, que ocultan una homosexualidad no aceptada.

Estos problemas no son inherentes a la homosexualidad, sino la consecuencia de la dificultad que plantea “tomar de conciencia” de que se tiene una orientación del deseo minoritaria, inesperada, rechazada por buena parte de la sociedad, en un mundo en la que la única orientación del deseo que se expresa públicamente es la heterosexualidad.

De hecho, es muy frecuente que quienes se dan cuenta que son homosexuales, pasen por un periodo de negación, confusión o sentimiento de rareza. Incluso no es infrecuente que intenten ponerse a prueba con personas de otro sexo, con la intención de autodemostrarse que son heterosexuales. De hecho, hasta hace unas décadas, numerosos homosexuales se casaban heterosexualmente, por la presión de las convenciones.

¿Cómo intervenir en este caso?(7):

• Informar a los prepúberes, púberes y adolescentes de la existencia de esta orientación del deseo minoritaria, compatible con la salud, para que no sean sorprendidos o acepten bien a estas personas.

• Ayudar a los adolescentes a conocerse a sí mismos, analizando sus fantasías, conductas y preferencias sexuales y sociales. Es decir, ayudarles a hacer un autodiagnóstico teniendo en cuenta la multidimensionalidad –las numerosas formas en que puede expresarse (deseo, fantasías, conductas, roles, etc.) de la orientación del deseo.

• Si el deseo no está claramente especificado, o muestra claras contradicciones entre diferentes aspectos de la orientación sexual, es muy importante ayudarles a aceptar la duda y esperar, sin temor a que se especifique el deseo en cualquiera de sus formas heterosexual, homosexual o bisexual. Conviene saber también, que hay diferentes biografías sexuales, en cuanto a la orientación del deseo (tanto en los heterosexuales, homosexuales y bisexuales), biografías que, además, podrían llegar a cambiar con el tiempo, aunque no sea lo habitual.

• Si la orientación del deseo es homosexual, es bueno ayudar a los adolescentes para que se acaben aceptando como son.

Esta ayuda es especialmente eficaz, cuando se puede incorporar a los padres y amigos a este proceso de aceptación. Trabajar con los padres, para que acepten a los hijos, sea cual sea su orientación del deseo, es fundamental para los adolescentes. Incluso a aquellos padres que les sean difíciles, es útil enseñarles a darse cuenta, de que el problema lo tienen ellos –su actitud negativa– y no su hijo –porque la homosexualidad no es un problema–.

Ayudarles a entrar en contacto con las asociaciones de homosexuales puede serles también de gran ayuda.

Vida sexual y amorosa satisfactoria

Los adolescentes empiezan su actividad sexual a edades muy diferentes(8-13), dependiendo de la actividad sexual de que se trate (p. ej., antes de la adolescencia uno de cada tres ya tiene experiencia de masturbación, mientras a la actividad sexual coital acceden aproximadamente en torno al 10-11% antes de los catorce años y la mitad de ellos entre los 15 y 18 años).

Los profesionales no debemos decidir la edad de inicio de unas u otras actividades sexuales (esta decisión depende de factores culturales, de características generacionales dentro de cada cultura y de otros muchos factores bien conocidos como: las creencias y prácticas religiosas, el tipo de familia, el grado de conformismo o anomia de los adolescentes, la influencia del grupo de iguales, el estilo de vida y la forma en que se divierten, el consumo de alcohol, etc.). Pero los profesionales, sí debemos ofrecerles informaciones bien fundadas, reconocer su derecho a construir su biografía sexual-amorosa y contribuir con nuestra práctica a que esta sea saludable.

Para cubrir este objetivo, es necesario tener una vida sexual satisfactoria: en la que el deseo, la excitación y el orgasmo, lo que suele llamarse respuesta sexual humana, alcancen un nivel satisfactorio. La llamada respuesta sexual puede alcanzarse de formas muy diferentes, con sexualidad autoerótica (la masturbación) o con actividad sexual con otras personas. La propia fisiología sexual suele garantizar el adecuado funcionamiento de la respuesta sexual humana, pero los miedos, la ignorancia, las prácticas inadecuadas o la incomunicación pueden dificultarla. En algunos casos, los menos, pueden aparecer disfunciones sexuales del deseo, la excitación o el orgasmo.

Con independencia de cuando se inicien en las relaciones sexuales, la familia, la escuela y los profesionales (muy especialmente los pediatras) deben(1-3,5):

Ofrecer informaciones adecuadas de la anatomía y la fisiología sexual, sin olvidar la respuesta sexual humana.

• Transmitir una visión erotofílica de la sexualidad, que aleje sus miedos.

• Contestar a todas sus preguntas, según contexto y situación, también las referidas a las prácticas sexuales y a la anticoncepción.

• Ofrecerle ayudas para el caso que sufran disfunciones o tengan dificultades concretas u orientarles de forma adecuada hacia especialistas, si fuera el caso.

• Atender toda serie de preocupaciones referidas a la sexualidad como:

- La variabilidad de la pubertad, la precoz y la retrasada.

- Las preocupaciones en relación con la figura corporal.

- Los posibles problemas de identidad en la infancia.

- Los posibles problemas de transexualismo en la adolescencia.

- Las diversas orientaciones del deseo.

- Las disfunciones del deseo, la excitación o el orgasmo.

- Las prácticas de riesgo.

De todos estos posibles problemas, nos centraremos en el más común, la actividad sexual de riesgo.

Las prácticas sexuales y sus posibles riesgos

En nuestra cultura(14,15), se funciona (la familia, la escuela y el sistema sanitario) con el supuesto de que los adolescentes no tienen prácticas sexuales, especialmente relaciones coitales. Por eso, la familia, la escuela y los servicios sanitarios han actuado hasta hace poco tiempo, y aún hoy en numerosos casos, como si nada hubiera cambiado. Mientras tanto, las actitudes y las conductas de bastantes adolescentes han cambiado radicalmente.

Es indudable que las cosas han cambiado y siguen cambiando. Numerosos adolescentes (aproximadamente la mitad hasta los 15-17 años) hacen caso de lo esperado por la cultura y lo deseado por sus padres: no tener relaciones sexuales. Pero en otros muchos casos, la realidad es bien distinta, porque una cadena de hechos interrelacionados aparece en todos los estudios recientes(12-15):

• Los adolescentes cada vez tienen actitudes más liberales y se atribuyen, con más frecuencia y convicción, el derecho a tener relaciones sexuales. De hecho, en la actualidad, ponen menos condiciones para acceder a las relaciones sexuales, limitándose, en numerosos casos, a decir que basta que ambos quieran. Hay, en todo caso, un grupo que considera que es necesario el afecto, especialmente entre las chicas. Y otro, mucho más pequeño, que pone como condición que estén comprometidos.

• Un número importante de adolescentes acceden cada vez más pronto, en relación con el pasado inmediato, a las relaciones sexuales coitales. Aproximadamente la mitad, ha tenido, al menos, una relación sexual, antes de los 15-17 años.

• Los que tienen relaciones coitales las tienen, con mayor número de parejas, que en el pasado.

• Desde que inician las primeras conductas sexuales hasta que acceden al coito, pasa menos tiempo que en el pasado y, con frecuencia, se saltan las supuestas etapas intermedias.

• Las distancias entre los chicos y las chicas en actitudes y conductas son cada vez menores. Las chicas, en numerosos casos, han dejado de ser pasivas y de asumir el rol de decir “no”; es decir, han dejado de cumplir el rol de control de la sexualidad de los varones, que se les había asignado culturalmente.

• De hecho, los adolescentes tienen frecuentes prácticas de riesgo. Numerosos estudios señalan que estas se dan, especialmente, en las primeras relaciones y en las relaciones esporádicas. Aunque los estudios ofrecen resultados muy diversos, entre el 25 y el 50%, según las investigaciones, tienen la primera relación en condiciones de riesgo, ya que no usan ningún método o recurren a “la marcha atrás”.

En relación con la edad, los más pequeños asumen más riesgos, cuando tienen conductas sexuales. A medida que avanzan en edad, tienen relaciones más estables y pasan a ser, de forma habitual, activos sexualmente y tienen prácticas más seguras.

El precio que pagamos tiene nombres concretos: embarazo no deseado, enfermedades de transmisión sexual y SIDA.

Un problema especial, del que ahora hemos tomado verdadera conciencia, es el de los abusos sexuales a menores, pero hay otras formas de maltrato sexual(16).

En conjunto, es un precio que no nos podemos permitir y que ha encendido todas las alarmas sanitarias y sociales, entre otros países, en el nuestro.

Las causas son muy complejas(13-15), como hemos analizado con detalle en otros escritos. Tienen que ver con los planteamientos contradictorios de nuestra sociedad sobre la sexualidad de los adolescentes (a los cuales permite, incita y sobreestimula sexualmente, a la vez que les niega informaciones y ayudas), las características de los propios adolescentes (su tendencia a asumir riesgos, minusvalorar lo que dicen los adultos, dejarse presionar por los compañeros y buscar nuevas experiencias), la naturaleza de la pulsión sexual (que provoca una alta motivación y un refuerzo inmediato muy grande, frente a posibles riesgos, que no son seguros y se manifestarían, en todo caso, en el futuro) y la tendencia a consumir alcohol, como mediador de ocio (desinhibiendo los deseos sexuales, disminuyendo la conciencia de riesgo, haciendo más improbable las prácticas seguras, fomentando el descontrol y hasta la posibilidad de recurso a la agresión sexual).

Teniendo en cuenta los factores señalados en la tabla I, no es fácil conseguir llevar a cabo intervenciones eficaces, porque en muchos casos no se dan las condiciones sociales para el éxito de estas: no aceptación de los adolescentes sexualmente activos, como causa general, el silencio familiar y escolar, la falta de asistencia en planificación sexual específica para jóvenes, como factores más concretos, condenan al fracaso, la mayor parte de las intervenciones.

Para que las intervenciones puedan tener un alto grado de eficacia, se necesitan varias precondiciones(1,2,5):

• Reconocimiento social de que numerosos adolescentes son, de hecho, sexualmente activos.

• Romper el silencio familiar, de forma que los padres hablen abiertamente con los hijos. Los padres pueden y deben darles sus criterios sobre estas relaciones, incluso si son contrarios a ellas, pero, sean cuales sean sus consejos deben:

Aumentar la conciencia de riesgo, si se tienen conductas sin prácticas seguras.

– Informales de cuáles son las prácticas seguras.

– Replantearse el problema de la actividad sexual furtiva, tanto por los riesgos mencionados como por la posible insatisfacción.

• Generalizar la educación sexual en las escuelas, de forma que los púberes y adolescentes reciban:

– Adecuadas informaciones.

– Una visión positiva de la sexualidad.

– El reconocimiento de las diferentes biografías sexuales (unos sin relaciones y otros con relaciones).

– Conocer los riesgos reales de embarazo, SIDA, E.T.S. y aumentar la conciencia de riesgo con testimonios reales.

– Entrenarles, en situaciones simuladas, en las prácticas de sexo seguro.

– Poner a su disposición informaciones sobre los recursos materiales, como el preservativo, y asistenciales, como los centros de asesoramiento a jóvenes.

• La función de los pediatras:

- El sistema de salud, en general, debería tomar en serio los problemas asociados a la actividad sexual de los adolescentes (y del resto de la población), en lugar de guardar silencio, lavarse las manos y dejarlo en manos de farmacéuticos (la píldora del día después) o en manos privadas (el aborto).

- Entre los profesionales que pueden tener un rol más eficaz son los pediatras y la enfermería pediátrica, así como los ginecólogos y las matronas.

- Los pediatras tienen una alta consideración social y podrían tener un rol esencial, aunque somos conscientes de que en las consultas más habituales, hay dos dificultades: suelen tener poco tiempo por el número de consultas y suelen acompañar las madres a sus hijas e hijos.

¿Qué podrían (condicional que soñamos sea realidad) hacer en mejores condiciones y con una mejor formación en sexualidad?:

1. Una concepción más preventiva de la intervención. En este caso, colaborando en el sistema educativo: pediatras o personal de enfermería, colaborar con la educación sexual dando algún tema y presentando a los adolescentes sus posibles ayudas en consulta u otros recursos sanitarios, como los centros de Planificación (¿Familiar?), mejor Sexual y Amorosa. Dar una información básica y darse a conocer como profesionales a los que pueden preguntar y recurrir en relación a su vida sexual y amorosa.

2. Colaborar con los centros educativos y en las consultas para ayudar a los padres en relación a la educación sexual de los hijos.

3. Tener días u horas y teléfonos o mail abiertos a las consultas de los adolescentes.

4. Consensuar con los padres el tener un tiempo de consulta, sin la presencia de la madre u otro familiar o tutor, para de manera confidencial:

• Valorar sus conocimientos básicos y, en su caso, subsanarlos.

• Responder a dudas o preocupaciones.

• Preguntarle por posibles actividades sexuales de riesgo o insatisfactorias.

• Preguntarle si alguien les ha hecho o les está haciendo sufrir, le hace daño de alguna manera y tal vez le pida que guarde el secreto. La frecuencia de diferentes formas de maltrato sexual(16) nos exige abrir la puerta a estos sucesos.

• Trabajar en red con educadores, asociaciones de padres y otros servicios sanitarios. Con coordinación, los servicios de Pediatría, que llegan a toda la población, podrían definir y concretar su rol en este campo.

• Demandar a la comunidad que ponga al servicio de los adolescentes medios, como el preservativo, y centros de asesoramiento en planificación y oportunidades para formas de ocio no mediatizadas por el alcohol.

Los adolescentes deben aprender que tienen derecho a tener biografías sexuales diferentes, sin relaciones sexuales o con ellas, que la familia, la escuela y la sociedad están dispuestas a ayudarles a vivir su biografía sexual sin riesgos, que estos riesgos son difíciles de evitar, si no se reconocen como sexualmente activos (siempre que haya alguna posibilidad de que lo sean), aumentan su conciencia de riesgo, aprenden a decir “no”, cuando esto es lo que quieren (reconociendo el derecho a ser diferente, distinto de los demás, si es el caso), sepan ser asertivos con sus posibles parejas (no dejándose presionar y exigiendo condiciones de sexo seguro) y dejen de usar el alcohol como mediador de ocio.

Un rol muy especial de los pediatras: trabajo con las familias

Para acabar, dado que los pediatras tienen la oportunidad de trabajar con las familias, durante toda la infancia de sus hijos, resumimos la función esencial de las familias en relación con la sexualidad(2,5). En efecto, la familia es el agente educativo esencial, también en materia de sexualidad, porque solo ellas pueden ofrecer la experiencia de un núcleo de convivencia amoroso en el que aprendan, emocional y mentalmente las relaciones amorosas que valen la pena. Para ello es fundamental:

• Ofrecerles, en la familia, adecuados cuidados afectivos durante la infancia, muy especialmente aceptándolos incondicionalmente y reconocerlos como valiosos (declarándolos de esta forma dignos de ser amados, que es lo que más aumenta su autoestima).

Los adolescentes están muy necesitados de sentirse seguros de sus figuras de apego (los padres o quienes hacen esta función), a pesar de que, cuando no tienen problemas, pueden hacer demostraciones de autonomía, que superficialmente dan la impresión errónea, de que ya no necesitan a los padres. Nada más lejos de la realidad: bajo la ambivalencia hacia los padres, e incluso con aparente rechazo, los adolescentes necesitan figuras de apego que les sean incondicionales. Eso sí, que también les concedan autonomía, toda la que sean capaces de usar con responsabilidad.

• Teniendo una relación cálida e íntima con los hijos, de forma que aprendan por experiencia lo que es la relación afectuosa. Aprendan a mirar y ser mirados, tocar y ser tocados, abrazar y ser abrazados, expresar y comprender emociones, compartir las emociones, regular las emociones, etc. Es aprendizaje del código de la intimidad y la inteligencia emocional.

• Ofreciéndole modelos de pareja positivos, con respeto, igualdad, cariño, etc., entre los padres.

• Enseñarles a afrontar los conflictos y a resolverlos, incluso con la separación, si fuera la opción decidida, pero sin cuestionar el valor de los vínculos afectivos y preservando la incondicionalidad de los cuidados de los padres. Las personas podemos desvincularnos de la pareja, pero no de los hijos, que siguen siendo un proyecto común.

Estas cuatro cosas deben aprenderlas fundamentalmente de los padres. Por eso, los profesionales pueden hacer un discurso positivo sobre los afectos y vínculos sexuales y amorosos (frente a los discursos destructivos tan frecuentes en los medios de comunicación), y pueden ofrecerles ayudas puntuales para elaborar los conflictos entre los padres y los conflictos amorosos que puedan vivir. Ocuparse de los sufrimientos por amor o desamor en la adolescencia es tan importante como ocuparse de los embarazos no deseados o las disfunciones sexuales.

La educación sexual familiar, escolar y profesional tiene que hacer lo posible, no solo por evitar la insatisfacción sexual y los riesgos asociados a las prácticas sexuales, sino ayudar a los adolescentes a resolver sus necesidades amorosas. Para ello, nos parece fundamental:

• Ofrecerles una visión positiva del mundo, de la vida y de las relaciones amorosas. El mundo puede ser acogedor, la vida tiene sentido y las relaciones amorosas pueden salir bien, porque los seres humanos tenemos capacidad de amar y nuestro destino es amar y ser amados.

• Enseñarle habilidades interpersonales, entre las que destacamos:

- Usar el código de la intimidad y tener inteligencia emocional: mirar, tocar, estar cerca, abrazar, expresar emociones, comprender emociones, compartir emociones (empatía) y regular las emociones a la vez que las usamos socialmente bien.

- Aprender a tomar decisiones responsables en relación con la actividad sexual y las relaciones amorosas: saber decir sí o saber decir no, teniendo en cuenta las consecuencias, sin dejarse presionar por los demás.

- Aprender a reconocer los conflictos y afrontarlos de forma explícita y pacífica.

- Adquirir una ética de las relaciones amorosas cuyas bases compartidas podrían ser: la ética del consentimiento (frente a la de la presión, el engaño o la violencia); la ética del placer compartido (frente a la búsqueda egoísta y desconsiderada del placer); la ética de la igualdad, respeto y dignidad entre los sexos (frente la discriminación y toda forma de machismo); la ética de la responsabilidad ante a los riesgos (frente al uso de drogas y sustancias no saludables y que cercenan la responsabilidad y la libertad, las prácticas sexuales de riesgo, etc.); la ética de la lealtad en el compromiso de pareja (frente al engaño, la instrumentalización, etc.), la ética de la diversidad (respetar las diversidades sexuales saludables y concederse el derecho a vivir la propia diversidad), la ética de la vinculación y la desvinculación (reconociendo las separaciones como un derecho, pero, a la vez, la posibilidad de que los vínculos de pareja duren toda la vida) y la ética de los cuidados (cuidar de la pareja y cuidar de las crías)(3,4).

En definitiva, aprender a amar y a ser amados, que no es otra cosa que aprender a cuidar y a ser cuidados (el sistema de cuidados es generoso con el otro, dando un salto cualitativo sobre las relaciones de igualdad) entre personas que forman una pareja sexual y amorosa, un proyecto de vida libremente aceptado y libremente mantenido. Aprender a cuidar a otra persona requiere un largo aprendizaje, desde la infancia, porque es preciso saber ponerse en el punto de vista del otro, desear su bienestar y contribuir decididamente a él. Uno de los problemas actuales es que no educamos para cuidar, para sentirnos responsables del bienestar del otro, para ser constantes y disciplinados, disponibles con el otro, porque finalmente cuidar es bueno para el “cuidado” y para el que cuida. El estilo de vida actual y los valores dominantes favorecen la actitud de querer ser amado sin amar, ser cuidado sin cuidar, priorizando de forma equivocada el propio bienestar, el propio currículo, una visión egocéntrica de las relaciones en las cuales siempre, si es así, no se tiene tiempo para los hijos, para la familia, para los amigos y para la pareja(17-20).

Y, no se olvide, de lo que depende más nuestro bienestar, es de que consigamos amar y ser amados: eso es lo que queremos decir cuando hablamos del sistema de cuidados(5,20), un sistema que es fundamental que ejerzan los padres con los hijos, los amigos con los amigos y, muy especialmente, los que están en pareja, entre sí. El deseo, la atracción y el enamoramiento son importantes en la pareja, la satisfacción sexual también, pero lo es aún más, el lograr la intimidad y el cuidarse incondicionalmente el uno al otro (aspectos, que, por cierto, favorecen también el buen funcionamiento sexual). ¿Estamos educando en la comodidad, en la búsqueda de propio currículo y el propio placer, o estamos educando en la capacidad de amar? Esta es la cuestión. Equivocarse en esto, no nos lo podemos permitir los padres, los educadores, los profesionales y la sociedad, porque finalmente tenemos la responsabilidad de educar para el bienestar personal y social.

Quienes quieran ir más lejos en lo que podemos hacer, les propongo un programa de promoción del bienestar para adolescentes.

Bibliografía

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