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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)
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La inteligencia artificial entra en la consulta de pediatría: ¿qué aspectos éticos deben tenerse en cuenta?

De interés especial
 


M. Esquerda Areste

Facultad de Ciencias de la Salud Blanquerna – Universidad Ramon Llull. Barcelona –
https://orcid.org/0000-0002-5781-8298

 


Resumen

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad que empieza a transformar la consulta pediátrica, impulsada por el acceso a grandes bases de datos y por la digitalización de la asistencia, especialmente a través de la historia clínica electrónica y la creciente interoperabilidad. Este artículo describe qué entendemos por IA y cómo se diferencia de los análisis estadísticos clásicos, situando su despliegue en cuatro ámbitos interrelacionados: salud individual, salud poblacional, sistemas sanitarios e industria farmacéutica/tecnológica. A partir de ahí, se revisan los principales retos éticos que acompañan su incorporación: confidencialidad y protección de datos (incluido el riesgo actual de uso individual de IAs generalistas con información clínica), seguridad y precisión (caja negra, sesgos, errores de predicción, alucinaciones y necesidad de evaluación en condiciones reales), responsabilidad profesional y preservación de competencias clínicas (riesgos de deskilling, neverskilling y misskilling). Finalmente, analiza el impacto de la IA en la confianza y en la relación asistencial, en un escenario donde pacientes y familias llegan con hipótesis generadas por herramientas conversacionales, lo que puede favorecer un modelo más deliberativo y relacional si se integra con garantías y supervisión. Se concluye que el valor clínico de la IA dependerá de su implementación responsable: marcos regulatorios, gobernanza del dato, evaluación robusta, trazabilidad y fortalecimiento del juicio clínico y del vínculo terapéutico.

 


Abstract

Artificial intelligence (AI) is no longer a distant promise: it is progressively reshaping pediatric practice, driven by access to large clinical datasets and the widespread digitalization of care, particularly through electronic health records and increasing interoperability. This article clarifies what AI is and how it differs from classical statistical approaches, and frames its deployment across four interconnected domains: individual health, population health, health systems, and the pharmaceutical/medical technology sector. The article discusses the main ethical challenges associated with implementation: confidentiality and data protection (including the current risk of clinicians using general-purpose AI tools with identifiable or potentially identifiable clinical information), safety and accuracy (black-box models, bias, prediction errors, hallucinations, and the need for rigorous real-world evaluation), professional responsibility, and preservation of clinical competence (risks of deskilling, neverskilling, and misskilling). Finally, it addresses the impact on trust and the clinician-family relationship in a context where families increasingly arrive with AI-generated hypotheses, which may support a more relational and shared decision-making model if appropriately governed. The paper concludes that AI’s clinical value will depend on responsible implementation, including regulatory alignment, data governance, robust evaluation, traceability, and reinforcement of clinical judgment and the therapeutic relationship.

 

Palabras clave: Inteligencia artificial; Pediatría; Ética; Privacidad; Sesgos; Explicabilidad; Responsabilidad; Relación médico-paciente.

Key words: Artificial intelligence; Pediatrics; Ethics; Data privacy; Bias; Explainability; Professional responsibility; Clinician-patient relationship.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (6): 427.e1 – 427.e6


La inteligencia artificial entra en la consulta de pediatría: ¿qué aspectos éticos deben tenerse en cuenta?

https://doi.org/10.63149/j.pedint.176

 

Introducción

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad que empieza a transformar, de forma progresiva pero sostenida, la práctica clínica cotidiana(1-5). En pediatría, esta transformación no es futurista: ya está ocurriendo, pero se prevé que en pocos años se acelere.

Su evolución se parece al crecimiento del bambú: durante años, a veces décadas, parece que no sucede nada visible en su crecimiento, pero bajo tierra las raíces se expanden, se fortalecen y se organizan, y cuando finalmente emerge, el crecimiento es extraordinariamente rápido. Algunas especies de bambú pueden crecer hasta 90 cm al día en condiciones óptimas, no por generación espontánea, sino porque el trabajo invisible ya estaba hecho.

La IA ha seguido un proceso similar. Durante décadas se han desarrollado algoritmos, se han perfeccionado modelos estadísticos y se han entrenado redes neuronales. Cuando las capacidades de los modelos se consolidan y su integración tecnológica se simplifica, la sensación es la de un crecimiento súbito, casi disruptivo(2,4).

El desarrollo de la IA no depende tan solo de un desarrollo tecnológico potente, sino que precisa de acceso a grandes bases de datos, y el ámbito clínico ha experimentado en las últimas décadas una enorme digitalización. Esta digitalización pareció un cambio meramente organizativo, incluso burocrático, pero mientras aprendíamos a convivir con pantallas y registros estructurados, se estaba generando una base de datos clínica sin precedentes.

La IA necesita volumen, variedad y continuidad de información para aprender; y en pediatría, donde el desarrollo evolutivo es clave, esta acumulación estructurada de información constituye un terreno especialmente fértil para los modelos predictivos. La historia clínica electrónica proporciona precisamente eso: datos longitudinales desde el nacimiento, trayectorias de crecimiento, diagnósticos codificados, pruebas complementarias, tratamientos y evolución clínica(2,4).

Este crecimiento acelerado va a ir ligado no solo al volumen de datos, sino a su interconexión y velocidad de generación. La interoperabilidad entre niveles asistenciales, la digitalización de imágenes y la monitorización continua amplifican la capacidad de los algoritmos para detectar patrones.

De los datos a la decisión: qué entendemos por IA y cómo se integra en medicina

La IA es un conjunto de técnicas matemáticas que permiten a un sistema aprender patrones a partir de datos y, con ello, hacer predicciones o clasificaciones sin que cada regla esté programada explícitamente por una persona. A diferencia de muchos análisis estadísticos clásicos, donde el clínico o el investigador formulan de entrada un modelo con variables seleccionadas y relaciones predefinidas (p. ej., una regresión para explicar el efecto de X sobre Y), en la IA, especialmente en machine learning, el algoritmo descubre por sí mismo combinaciones complejas y no lineales entre múltiples variables, incluso cuando estas variables sean muy numerosas (imágenes, texto, series temporales), y optimiza su rendimiento para una tarea concreta(3).

Esto aporta potencia en contextos de alta complejidad, pero también introduce retos clínicos y éticos; por ejemplo, el modelo puede no ser interpretable (“caja negra”), puede aprender sesgos presentes en los datos y su rendimiento depende críticamente de la calidad, representatividad y validación externa de los conjuntos con los que se entrena.

Con este telón de fondo, podemos identificar el despliegue de la IA en medicina en cuatro grandes ámbitos interrelacionados (Fig. 1)(4,5):

Figura 1. Usos de la inteligencia artificial en pediatría

• En primer lugar, en la salud individual, integrándose en ámbitos como el triaje, el apoyo diagnóstico y la toma de decisiones clínicas, así como en el seguimiento de enfermedades crónicas, transformando la atención hacia modelos más personalizados y predictivos.

• En segundo lugar, en la salud poblacional, donde permite monitorizar tendencias epidemiológicas, predecir riesgos colectivos, identificar grupos vulnerables y orientar estrategias de prevención e intervención con mayor precisión.

• Un tercer ámbito corresponde a los sistemas de salud, donde la IA optimiza la gestión de recursos, mejora el control de calidad, facilita la codificación y facturación, y contribuye a la detección de fraudes, influyendo directamente en la sostenibilidad del sistema.

• Finalmente, en el sector de las farmacéuticas y la tecnología médica, acelera el descubrimiento de fármacos, apoya el diseño y análisis de ensayos clínicos, fortalece la farmacovigilancia y genera evidencia del mundo real, redefiniendo los procesos de innovación biomédica.

Estos cuatro espacios muestran que la IA no impacta solo en el acto clínico, sino en toda la arquitectura de la medicina contemporánea. En la tabla I, se identifican múltiples áreas específicas en el ámbito de la pediatría donde, sin ser exhaustivos, la IA puede introducir cambios sustanciales.

Con frecuencia, al abordar la IA en salud, el imaginario colectivo se centra en herramientas generalistas de procesamiento del lenguaje, como los modelos conversacionales de uso abierto (ChatGPT, Copilot, etc.). Sin embargo, cuando analizamos la IA en medicina, nos referimos principalmente a sistemas específicos, entrenados con datos clínicos estructurados, validados en contextos asistenciales concretos y diseñados para tareas delimitadas (diagnóstico por imagen, predicción de riesgo, apoyo a la decisión clínica o gestión sanitaria). La diferencia no es menor: se trata de aplicaciones con requisitos regulatorios, estándares de seguridad y niveles de responsabilidad profesional sustancialmente distintos, cuya integración en la práctica clínica exige evaluación científica rigurosa y marcos éticos bien definidos.

Aspectos éticos del uso de la IA en medicina y pediatría

Nos encontramos en un punto de inflexión, pues, por una parte, la IA puede mejorar la seguridad y la precisión, reducir errores diagnósticos, personalizar tratamientos y optimizar recursos; pero también puede amplificar desigualdades, diluir responsabilidades, erosionar la confianza y deshumanizar la práctica clínica si se integra sin criterios éticos, evaluación y supervisión adecuados. En la figura 2, se resume un algoritmo de implementación ética de una herramienta de IA en la consulta pediátrica. Revisamos a continuación los principales retos éticos que acompañan su incorporación a la medicina (Tabla II)(3,6-10).

Figura 2. Algoritmo de implementación ética de una herramienta de inteligencia artificial (IA) en la consulta pediátrica.

 

 

Confidencialidad, privacidad y protección de datos

Como se ha señalado, el rendimiento de muchos sistemas de IA en salud depende de su entrenamiento y validación con grandes bases de datos clínicas. Esta premisa convierte la confidencialidad y la protección de datos en un elemento estructural de la implementación: no se trata únicamente de cumplir un requisito legal, sino de preservar uno de los fundamentos de la práctica clínica, la confianza de familias y pacientes en que la información compartida en consulta será tratada con máxima reserva y con finalidades legítimas.

El acceso, procesamiento y reutilización de datos de salud tensionan directamente la privacidad, la intimidad y el secreto profesional, especialmente cuando la información se usa más allá de la finalidad asistencial inmediata (investigación, innovación, mejora de modelos) o cuando los flujos de datos se vuelven masivos e interconectados.

En este marco, dos regulaciones europeas resultan especialmente relevantes. Por un lado, la Ley de IA de la Unión Europea (AI Act)(11) establece un enfoque basado en el riesgo y somete los sistemas de IA de alto riesgo, incluidos muchos usos sanitarios, a obligaciones como gobernanza de datos, documentación, transparencia y supervisión humana. Por otro, el Reglamento del Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EHDS)(12) crea un marco común para el uso primario (asistencia) y el secundario (investigación, innovación, políticas públicas y regulación) de los datos de salud, reforzando la interoperabilidad y estableciendo condiciones de acceso, seguridad y reutilización responsable. Este reglamento tiene un cambio claro respecto al actual, pues el modelo de consentimiento para datos sanitarios que propone este espacio es el consentimiento “opt-out”, donde se presume la participación salvo rechazo explícito, frente al modelo “opt-in” actual que exige autorización expresa(12,13). Ambas normas han sido aprobadas en el ámbito legislativo de la Unión Europea y van a requerir un despliegue progresivo en el desarrollo normativo y organizativo en los Estados miembros.

Un riesgo claro en el momento actual de desarrollo es cuando el pediatra recurre a nivel individual, no institucional, a herramientas de IA generalistas o no acreditadas para procesar información clínica, no anonimizada o parcialmente anonimizada, con el fin de redactar informes, resumir episodios, interpretar pruebas o preparar documentos asistenciales. Precisamente porque estas herramientas son accesibles, rápidas y a veces muy útiles en la práctica diaria, este riesgo es mayor: la presión asistencial y la búsqueda legítima de eficiencia pueden empujar a soluciones “informales” que sacan datos fuera del circuito clínico controlado, con pérdida de control sobre almacenamiento, reutilización y accesos.

Por ello, el uso de la IA en pediatría debería circunscribirse a entornos autorizados y con garantías institucionales (seguridad, trazabilidad y auditoría), de manera que la innovación no ponga en riesgo la confidencialidad; y, en coherencia con ello, las instituciones sanitarias deberían proveer y normalizar estos entornos seguros, facilitando plataformas acreditadas e integradas en la historia clínica electrónica (HCE), con acuerdos claros de tratamiento de datos, acompañándolos de formación y criterios de uso.

Seguridad y precisión

El principio “primum non nocere” (primero no hacer daño) exige cautela ante cualquier innovación aplicada a la asistencia. Por ello, antes de incorporar una herramienta a la práctica clínica, necesitamos evidencia de seguridad y precisión, pero también comprensión de sus límites. En el ámbito algorítmico, “precisión” no equivale necesariamente a “utilidad clínica”: un modelo puede mostrar un alto rendimiento en un conjunto de datos y, sin embargo, fallar cuando se aplica a otra población, a otro hospital o a un flujo asistencial real. Por ello, la evaluación debe incluir validación externa, comparación con estándares clínicos y análisis del impacto en decisiones y resultados, no solo métricas técnicas(3,8-10).

Un primer desafío es la “caja negra”(14-17). Muchos modelos ofrecen una predicción o recomendación sin una explicación comprensible para el clínico, lo que dificulta evaluar su plausibilidad, anticipar errores y comunicar decisiones a pacientes y familias. Aunque en medicina se trabaja a menudo con incertidumbre y con conocimiento causal incompleto, aquí se necesita una explicabilidad proporcional al riesgo(15,17): conocer qué variables o señales han pesado más, disponer de un grado de confianza o incertidumbre, identificar situaciones en las que el modelo es menos fiable (por ejemplo, datos incompletos, poblaciones poco representadas o condiciones raras) y contar con “señales de alerta” cuando la salida sea atípica. La trazabilidad y la interpretabilidad son imprescindibles.

Otro punto crítico son los sesgos(18-21). Si los datos de entrenamiento no son representativos o reflejan desigualdades previas, el modelo puede reproducirlas o incluso amplificarlas. Los sesgos pueden originarse en quién accede al sistema sanitario, en cómo se registran y codifican los datos (variabilidad entre profesionales, infrarregistro, diferencias en pruebas solicitadas), en el uso de variables “proxy” (p. ej., código postal, tipo de seguro, nivel socioeconómico) o en objetivos mal alineados (predecir consumo de recursos en lugar de necesidad clínica)(18,19).

En pediatría, este riesgo es especialmente relevante por varios motivos: la menor prevalencia de ciertas patologías, la enorme heterogeneidad según edad y etapa del desarrollo (del neonato al adolescente) y el peso de determinantes sociales y familiares dificultan entrenar modelos robustos, pues a menudo no quedan bien reflejados en la historia clínica. Los sesgos pueden traducirse en falsos negativos en determinados grupos, infradiagnóstico de condiciones menos “presentes” en los datos (p. ej., trastornos del neurodesarrollo o problemas de salud mental en contextos vulnerables) y recomendaciones menos seguras para poblaciones subrepresentadas o con menos acceso a pruebas.

Por ello, la evaluación segura exige auditorías por subgrupos (edad, sexo, origen, contexto), revisión de variables proxy, validación multicéntrica y mecanismos de monitorización continua que detecten degradación del rendimiento y permitan corregir inequidades antes de que se consoliden en la práctica clínica(20-22). Exige también buenos datos y buena calidad de la historia clínica electrónica, teniendo en cuenta que no se diseñó para entrenar modelos y puede contener codificación incompleta, datos ausentes o variabilidad entre profesionales, lo que incrementa sesgos(22).

En conjunto, es fundamental tener presente que la IA puede mostrar “competencia sin comprensión”(23): detecta patrones, pero carece de sentido común y de comprensión del contexto humano (valores, biografía, prioridades, ambigüedad) que es decisivo en la clínica. La paradoja de Moravec(24) recuerda que lo masivo y repetitivo suele ser fácil para las máquinas, mientras que interpretar significado y actuar con prudencia en situaciones complejas sigue siendo difícil. Por ello, una implementación responsable debe situar la IA como apoyo: con supervisión humana, criterios claros de uso, formación para interpretar límites y una cultura de seguridad que incluya evaluación antes del despliegue, seguimiento en la vida real, aprendizaje a partir de incidentes y participación de pacientes/familias. Solo así puede aportar valor sin erosionar la confianza ni la equidad.

Responsabilidad y competencia profesional

La incorporación de sistemas de IA no altera el principio básico de la práctica clínica: la responsabilidad de la decisión sigue recayendo en el profesional. El algoritmo debe considerarse un elemento de apoyo, no un dictamen, cuyo valor depende de su coherencia con el cuadro clínico global, de la calidad del dato de entrada y del contexto del paciente(25,26).

En consecuencia, corresponde al clínico interpretar y contrastar la recomendación, integrándola con la anamnesis, la exploración física, la evolución temporal y la información familiar y social; la IA puede mejorar el reconocimiento de patrones, pero no reemplaza el juicio clínico, particularmente relevante en pediatría por la variabilidad evolutiva y la frecuente presentación inespecífica(3,25).

En este escenario, la disponibilidad de herramientas capaces de sugerir diagnósticos, estratificar riesgos o proponer conductas exige, paradójicamente, más criterio y razonamiento clínico, no menos. La presión asistencial y la aparente precisión de los sistemas pueden favorecer una automatización implícita de decisiones.

Por ello, una integración prudente de la IA implica mantener un razonamiento y criterio clínico para evaluar la plausibilidad, estimar la incertidumbre y, cuando sea necesario, corregir, matizar o descartar la recomendación algorítmica. Cuanto más sofisticada sea la herramienta, más importante resulta evitar la delegación acrítica y preservar el núcleo de razonamiento de la medicina.

La integración progresiva de sistemas de IA plantea, además, un riesgo menos visible pero decisivo: la posible pérdida de la competencia profesional(27). Cuando determinadas tareas cognitivas se externalizan de forma habitual a herramientas automatizadas, puede producirse deskilling (pérdida de habilidades previamente adquiridas por falta de práctica) y también neverskilling (no llegar a adquirirlas plenamente porque el sistema “resuelve” antes de que el clínico consolide el aprendizaje). A ello se suma el misskilling: no tanto perder habilidades como desarrollarlas de manera desviada, aprendiendo a “gestionar el sistema” (seguir alertas, aceptar sugerencias, optimizar plantillas) más que a profundizar en el razonamiento clínico.

Por ello, la implementación responsable de la IA debería ir acompañada de estrategias explícitas para desarrollar las competencias en médicos residentes (incluso en estudiantes) y preservarlas: formación orientada a comprender límites y sesgos, práctica deliberada sin apoyo algorítmico en determinados contextos formativos, supervisión clínica que premie la argumentación y no solo la “eficiencia”, y evaluación periódica de habilidades nucleares para evitar que la tecnología, sin pretenderlo, debilite el núcleo profesional que precisamente debe sostenerla(27).

Confianza e impacto en la relación asistencial

La llegada de la IA a la consulta no está transformando únicamente el acceso a la información, sino la dinámica relacional. Cada vez es más frecuente que pacientes y familias lleguen con respuestas estructuradas, hipótesis diagnósticas y propuestas de pruebas o tratamientos generadas por herramientas conversacionales(28). Este fenómeno sofistica lo que eran las consultas en Google, pero con la diferencia de que, en este caso, las familias pueden haber incorporado sus propios informes, pruebas o analíticas, y la información puede aparecer como un diagnóstico diferencial y propuesta de exploraciones complementarias. Warner Slack comentaba: “si un médico puede sustituirse por una máquina, merece ser sustituido”(29). Si el trabajo del médico se reduce a proporcionar datos e información, es lógico que herramientas de gestión de información lo hagan mejor.

Este desplazamiento conecta con la evolución contemporánea de la bioética, que ha transitado desde modelos centrados casi exclusivamente en la autonomía hacia enfoques más relacionales, basados en la toma de decisiones compartida y acompañada(1,3). Sin embargo, la traslación de este ideal a la práctica cotidiana ha sido irregular, pues persisten inercias organizativas paternalistas, limitaciones de tiempo y dificultades comunicativas que hacen que la “decisión compartida” sea, con frecuencia, más declarativa que efectiva. La irrupción de la IA, al introducir nuevas fuentes de información en la consulta, puede acelerar esa transición, no por sustituir el encuentro clínico, sino por obligarnos a explicitar mejor los valores, preferencias, tolerancia a la incertidumbre y objetivos del cuidado.

Precisamente por ello, el desafío no es competir con la máquina en su terreno, sino reforzar aquello que define la práctica clínica como relación(30) y las habilidades relacionales como la conversación significativa, la interpretación contextual, la construcción de confianza y el acompañamiento.

La promesa de la IA de “devolver tiempo” al encuentro clínico solo tendrá sentido si se orienta a reforzar la conexión humana, evitando repetir las distorsiones ya conocidas con la historia clínica electrónica, donde el registro y la tecnificación han podido desplazar el contacto personal y contribuir al malestar profesional(30).

En última instancia, la IA puede empujar hacia un modelo más centrado en la relación terapéutica, donde la información es condición necesaria, pero no suficiente, para una medicina verdaderamente personal. En este sentido, el desafío no es resistir el cambio, sino conducirlo hacia una medicina no solo más “personalizada”, sino verdaderamente más cercana, humana y personal, conjugando “high tech” con “high touch”.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación específica.

 

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Cribado poblacional mediante refractometría en niños de 6-36 meses en guarderías de Málaga

De interés especial
 


S. Ramos González

Pediatra. Clínica Más Salud. Málaga.
https://orcid.org/0009-0006-4442-849X


Resumen

Evaluar la utilidad del cribado poblacional mediante refractometría binocular automática en niños y niñas de 6-36 meses en guarderías de Málaga para la detección precoz de defectos de refracción visual que no presentan síntomas apreciables por la familia o el personal educativo. Estudio de cribado transversal realizado entre octubre de 2023 y julio de 2024 en 18 guarderías de Málaga (n = 777; 343 niñas [44,15 %], 434 niños [55,85 %]). Se empleó refractómetro binocular automático Plusoptix S12C, en modo ROC 5. Los casos con anomalías se derivaron para evaluación oftalmológica y seguimiento por profesionales en oftalmología pediátrica. Se detectaron 54 casos con anomalías de refracción (7,2 % del total): 20 niñas (37,03 %) y 34 niños (62,97 %). Por edad: 6-12 meses = 5 casos (9,25 %); 13-24 meses = 22 casos (40,75 %); y 25-36 meses = 27 casos (50,00 %). Tipos de defecto: astigmatismos 32 (59,25 %), anisometropías 7 (12,96 %), hipermetropías 7 (12,96 %), miopías 4 (7,40 %) y anisocorias 4 (7,40 %). De los 54 casos, 46 (85,18 %) acudieron a consulta de oftalmología, 11 (23,91 %) recibieron corrección óptica, 24 (52,17 %) permanecen en seguimiento y 9 (19,36 %) no precisaron tratamiento. El cribado mediante refractometría binocular en guarderías detectó un 7,2 % de defectos refractivos no sospechados en niños/as de 6-36 meses. Su aplicación temprana facilita la detección y prevención de ambliopía y mejora el pronóstico visual futuro.

 


Abstract

To evaluate the usefulness of population screening using automatic binocular refractometry in children aged 6–36 months attending daycare centers in Malaga, for the early detection of visual refractive errors that do not present noticeable symptoms to families or educational staff. Cross-sectional study conducted between October 2023 and July 2024 in 18 daycare centers in Malaga (n = 777; 343 girls [44.15 %], 434 boys [55.85 %]). A Plusoptix S12C automatic binocular refractometer was used. Cases with abnormalities were referred for ophthalmological evaluation and follow-up. A total of 54 cases with refractive abnormalities were detected (7.2 % of the total): 20 girls (37.03 %) and 34 boys (62.97 %). By age group: 6–12 months = 5 cases (9.25 %); 13–24 months = 22 cases (40.75 %); and 25–36 months = 27 cases (50.00 %). Types of defects: astigmatism 32 (59.25 %), anisometropia 7 (12.96 %), hyperopia 7 (12.96 %), myopia 4 (7.40 %) and anisocoria 4 (7.40 %). Of the 54 cases, 46 (85.18 %) attended an ophthalmology consultation, 11 (23.91 %) received optical correction, 24 (52.17 %) remain under follow-up, and 9 (19.36 %) did not require treatment. Screening using binocular refractometry in daycare centers detected 7.2 % of previously unsuspected refractive defects in children aged 6–36 months. Early intervention facilitates the detection and prevention of amblyopia and improves the long-term visual prognosis.

 

Palabras clave: Refractometría binocular; Cribado visual; Ambliopía; Detección precoz; Pediatría de Atención Primaria.

Key words: Binocular refractometry; Vision screening; Amblyopia; Early detection; Primary care pediatrics.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (5): 361.e1 – 361.e3


Cribado poblacional mediante refractometría en niños de 6-36 meses en guarderías de Málaga

https://doi.org/10.63149/j.pedint.164

 

Introducción

Los defectos de refracción son una de las causas prevenibles más frecuentes de alteraciones visuales en la infancia. Se estima que un 10 % de los escolares presenta algún defecto refractivo(1,2) y que hasta el 3 % puede desarrollar ambliopía si no se corrige precozmente(3,4).

En la etapa preescolar (0-3 años), la detección precoz es difícil debido a la falta de colaboración y a la ausencia de síntomas observables por parte de la familia o educadores(4-6). La introducción de equipos portátiles de refractometría binocular automática, como Plusoptix, Spot o Retinomax(6), ha permitido realizar cribados rápidos y objetivos incluso en edades tan tempranas como los 6 meses(1,6,7).

Este estudio describe los resultados de un programa de cribado poblacional mediante refractometría en guarderías de Málaga, con el objetivo de detectar y derivar al oftalmólogo casos sospechosos de alteraciones visuales antes de los 3 años de edad.

Objetivo

Detectar defectos de refracción visual en niños de 6-36 meses asintomáticos, mediante cribado poblacional con refractometría binocular automática en guarderías de Málaga, y valorar la utilidad práctica de esta intervención para su aplicación en Atención Primaria (AP).

Metodología

Diseño del estudio

Estudio observacional transversal realizado entre octubre de 2023 y julio de 2024.

Población

Muestra de n = 777 niños (343 niñas [44,15 %], 434 niños [55,85 %]) procedentes de 18 guarderías seleccionadas de forma aleatoria estratificada según distribución socioeconómica de Málaga.

Distribución por edad

• 6-12 meses: 92 (11,84 %).

• 13-24 meses: 322 (41,44 %).

• 25-36 meses: 363 (46,71 %).

Procedimiento

Se empleó refractómetro binocular Plusoptix S12C, modo 5 de ROC. La prueba se realizó en las propias guarderías por personal entrenado. En caso de resultado fuera de rango o sospechoso, se indicó derivación a oftalmología para confirmación y seguimiento.

Variables estudiadas

Edad, sexo, tipo de defecto, asistencia a consulta oftalmológica, indicación de corrección óptica, seguimiento o alta sin tratamiento.

Resultados

De la muestra total de 777 participantes evaluados, 54 presentaron anomalías de la refracción visual (7,2 % del total de los participantes), 20 fueron niñas (37,03 %) y 34 fueron niños (62,97 %). Por grupos de edad, se encontraron alteraciones en 5 de 6 a 12 meses (9,25 %), 22 en edades de 1 a 2 años (40,75 %) y 27 en el grupo de 2 a 3 años (50 %) (Fig. 1).

Figura 1. Distribución porcentual de anomalías por grupo de edad (6-12 m = 9,25 %; 13-24 m = 40,75 %; 25-36 m = 50 %).

Del total de defectos de refracción detectados por el refractómetro, 32 casos fueron astigmatismos (59,26 %), 7 casos anisometropías (12,96 %), 7 casos hipermetropías (12,96 %), 4 casos miopías (7,41 %) y 4 casos anisocorias (7,41 %) (Fig. 2) (Tabla I).

Figura 2. Tipos de defectos refractivos detectados (astigmatismo 59 %, anisometropía 13 %, hipermetropía 13 %, miopía 7 %, anisocoria 7 %).

 

Una vez detectados los casos con anomalías, realizamos un seguimiento de cada uno de ellos, obteniendo los siguientes resultados: 46 (85,18 %) visitaron una consulta de oftalmología, 6 (11,11 %) no la visitaron y hay 2 casos (3,70 %) de los que no tenemos información. De los 46 casos que visitaron la consulta oftalmológica: 11 (23,91 %) están en tratamiento con corrección óptica con lentes, 24 (52,17 %) confirman un defecto de refracción, quedando en seguimiento y control por parte del oftalmólogo, pero sin tratamiento actual; en 9 (19,36 %), se ha considerado que la alteración no necesita tratamiento ni seguimiento; y 2 casos (4,34 %) ya tenían gafas, continuando con ellas (Fig. 3).

Figura 3. Etapa del seguimiento (54 detectados → 46 derivados → 11 tratamiento / 24 seguimiento / 9 alta / 2 previos).

De los 6 casos restantes que no han acudido a una consulta de oftalmología, en 1 caso (16,6 %) los padres tienen intención de llevarlo a consulta más adelante y 5 (83,3 %) no tienen intención de acudir.

Discusión

Este estudio muestra que el cribado con refractometría binocular automática en guarderías nos ha permitido detectar un 7,2 % de defectos refractivos en menores de 3 años, una cifra comparable a la observada en estudios internacionales(1-3).

El astigmatismo fue la anomalía más frecuente (59,25 %), lo que coincide con la literatura pediátrica, que reporta prevalencias del 50-60 % en cribados tempranos(1,6). La presencia de anisometropía en 7 niños (12,96 %) supone un hallazgo clínicamente relevante por su relación directa con la ambliopía(5,8).

El 85 % de los casos detectados acudió a oftalmología, lo que evidencia buena aceptación parental del programa. De ellos, uno de cada cuatro inició tratamiento óptico inmediato. Esta tasa es comparable a los resultados obtenidos por estudios similares(1,6,7).

Entre las limitaciones del estudio, se incluyen el carácter no totalmente aleatorio de la selección de guarderías, la falta de control de factores hereditarios o antecedentes familiares y la ausencia de seguimiento longitudinal que confirme la efectividad en la prevención de ambliopía a largo plazo. No obstante, la experiencia confirma la factibilidad del cribado sistemático en entornos extrahospitalarios y su utilidad práctica como herramienta complementaria en AP.

Conclusión

El cribado visual mediante refractometría en niños de 6-36 meses realizado en guarderías ha permitido detectar un 7,2 % de defectos de refracción visual que hubiesen pasado inadvertidos.

Su aplicación sistemática, tanto en guarderías como en revisiones del niño sano en AP, puede contribuir significativamente a la detección precoz de ambliopía y a la mejora del desarrollo visual infantil. Se recomienda incorporar este tipo de cribado entre los 1 y 4 años como complemento a la valoración de agudeza visual tradicional(1,6,7).

El cribado visual realizado con autorrefractómetro es una alternativa útil en la detección de defectos de refracción visual en niños/as con retrasos en el neurodesarrollo de cualquier edad.

Conflicto de intereses

El estudio se realizó respetando la confidencialidad de los datos personales, previa autorización de las direcciones de las guarderías participantes y consentimiento informado de las familias. El autor declara no tener conflictos de interés.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación específica.

 

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Dispositivos de succión para el atragantamiento: revisión crítica de la evidencia y consideraciones en pediatría

De interés especial
 


I. Manrique Martínez*, S. Pons Morales**

*Pediatra. Director del Instituto Valenciano de Pediatría. Valencia. Coordinador del Grupo de Trabajo de RCP Básica de la SEPEAP
**Pediatra. Hospital Universitario Dr. Peset. Valencia. Secretaria Científica del Grupo de Trabajo de RCP Básica de la SEPEAP

 

Pediatr Integral 2026; XXX (4): 279.e1 – 279.e3


Dispositivos de succión para el atragantamiento: revisión crítica de la evidencia y consideraciones en pediatría

https://doi.org/10.63149/j.pedint.152

 

El atragantamiento por cuerpo extraño es una emergencia médica crítica que requiere una intervención inmediata. Es una de las principales causas de muerte accidental(1) y los niños pequeños, especialmente menores de 4 años, presentan mayor riesgo debido a las características anatómicas de la vía aérea, la inmadurez de la masticación y la frecuente manipulación oral de objetos y alimentos. La obstrucción impide la oxigenación, lo que deriva en hipoxia severa, pérdida de consciencia, parada cardiorrespiratoria y muerte cerebral en pocos minutos.

En los últimos años se han difundido dispositivos de succión comercializados para la resolución del atragantamiento. Su creciente popularidad entre familias, centros educativos y cuidadores contrasta con la limitada evidencia científica disponible y con la ausencia de recomendaciones sólidas por parte de las principales guías internacionales de reanimación cardiopulmonar.

El objetivo de este trabajo es revisar críticamente la situación actual de estos dispositivos y valorar su posible papel en pediatría.

La literatura publicada presenta importantes limitaciones metodológicas(2-15). Predominan series de casos, registros retrospectivos, simulaciones en maniquíes y estudios experimentales, con escasa comparabilidad frente a las maniobras convencionales.

Las revisiones sistemáticas disponibles coinciden en señalar que la evidencia sobre estos dispositivos es limitada, heterogénea y de baja calidad metodológica. La mayoría de los estudios se basan en modelos experimentales, simulaciones o series de casos sin grupo control, lo que impide establecer conclusiones firmes sobre su eficacia comparativa frente a las técnicas tradicionales.

Aunque algunos trabajos describen resultados favorables, estos deben interpretarse con cautela por posible sesgo de publicación, ausencia de grupo control y frecuente relación con fabricantes o distribuidores.

Los estudios más rigurosos sugieren que su eficacia es limitada ante objetos sólidos y que conllevan un riesgo real de trauma oral y retraso en la atención efectiva.

En relación con la situación regulatoria internacional, es importante matizar que la disponibilidad comercial o la clasificación administrativa como producto sanitario no implican necesariamente evidencia clínica suficiente de eficacia comparativa frente a las maniobras estándar. Es importante diferenciar entre autorización regulatoria, cumplimiento técnico y recomendación clínica basada en evidencia científica.

La mayor parte de los dispositivos siguen operando bajo el estatus de registrados (Clase I)(16), una categoría para dispositivos de bajo riesgo que no requiere pruebas de eficacia ni seguridad específicas para el atragantamiento y, por tanto, los exime de un proceso riguroso de evaluación de eficacia o aprobación formal para el tratamiento específico de atragantamientos. No están aprobados específicamente como dispositivos anti-atragantamiento mediante ensayos clínicos rigurosos. Algunas de las empresas han recibido advertencias de la FDA (Warning Letters) y alertas de importación entre 2024 y 2025 por comercializarse sin la autorización adecuada(17). Hay un solo dispositivo en el mercado que la FDA ha clasificado recientemente (marzo 2026) como dispositivo médico de Clase II (riesgo moderado) dentro de una categoría específica de tratamiento de segunda línea. Esta clasificación implica que su comercialización está sujeta a controles especiales, pero no constituye una validación plena de su eficacia clínica comparable a las intervenciones estándar. De acuerdo con esta clasificación, su uso estaría previsto únicamente tras el fallo de las maniobras convencionales de primeros auxilios y no debe considerarse una intervención de primera línea, pudiendo ser utilizados por personal no sanitario, siempre que dispongan de instrucciones claras y formación adecuada. Asimismo, la FDA reconoce riesgos potenciales relevantes, como la ineficacia en la resolución de la obstrucción, con posible evolución a hipoxia grave o muerte, retrasos en la aplicación de maniobras de eficacia probada, lesiones en la cavidad oral, faringe o estructuras adyacentes y fallos del dispositivo o uso incorrecto.

Además, dentro del marco regulatorio, la FDA exige la realización de estudios clínicos poscomercialización para evaluar la tasa real de éxito, los efectos adversos, el impacto en los tiempos de actuación y la posible interferencia con las maniobras estándar, cuestiones que reflejan la incertidumbre existente sobre su efectividad en condiciones reales.

En Europa, la situación se rige por una normativa que cambió recientemente de forma muy estricta; hablamos del marcado CE bajo el nuevo Reglamento de Dispositivos Médicos (MDR 2017/745) y no todos los dispositivos tienen el mismo nivel de cumplimiento en suelo europeo: el mismo dispositivo clasificado por la FDA como de clase II cuenta con el marcado CE 1282 (o similar, según el organismo notificado) y en Europa está registrado como dispositivo médico de clase I bajo el MDR. El marcado CE 1282 y su registro como clase I (MDR) certifican el cumplimiento de estándares de fabricación y seguridad del producto en la UE, pero no constituyen una evidencia de eficacia clínica superior a las maniobras de desobstrucción manual recomendadas por los organismos internacionales(18). Otros dispositivos con la misma finalidad han tenido mayores dificultades regulatorias en Europa y se han emitido alertas de seguridad o restricciones de venta hasta que se presentaran más pruebas de eficacia. Aparatos “clónicos” o de bajo coste no tienen marcado CE legal y las autoridades sanitarias europeas han emitido alertas constantes (como en el sistema RAPEX de la UE) para retirarlos del mercado por riesgo de asfixia o rotura.

El uso de estos dispositivos no está exento de riesgos, especialmente en poblaciones vulnerables como niños y ancianos(19-20):

• Presiones de succión extremas: mientras que las maniobras manuales empujan el objeto desde los pulmones (presión positiva), los dispositivos succionan desde la orofaringe (presión negativa). Se han detectado presiones que superan de 8 a 10 veces las generadas por las maniobras estándar. Estas altas presiones podrían causar daños en las estructuras faringolaríngeas o provocar el colapso de los tejidos blandos orofaríngeos, dificultando la extracción del objeto.

• Empeoramiento de la obstrucción: existe la preocupación de que el uso incorrecto o los componentes de ciertos dispositivos puedan desplazar el cuerpo extraño más profundamente en la vía aérea.

• Interferencia con la tos: el intento de uso de estos dispositivos puede interferir con la capacidad natural de toser del paciente y retrasar la aplicación de maniobras de eficacia probada.

• Retraso crítico: el tiempo empleado en buscar, ensamblar y aplicar el dispositivo se resta a la realización de maniobras manuales probadas, lo que es vital para el pronóstico, dada la rapidez del daño cerebral por hipoxia.

• Falsa sensación de seguridad: su publicidad como herramientas “fáciles de usar” por personal no entrenado puede desincentivar la formación en técnicas manuales básicas y esenciales.

Por todo lo expuesto y en línea con las recomendaciones internacionales más recientes (incluyendo el consenso de ILCOR)(21-24), el Grupo de Trabajo de RCP básica del GERCPPYN y el Grupo de Trabajo de RCP Pediátrica de la SEPEAP reiteran que el protocolo de actuación ante un atragantamiento debe seguir siendo el estándar de oro(25):

• Obstrucción leve: estimular al paciente para que tosa, sin contacto.

• Obstrucción grave (paciente consciente): alternar 5 golpes interescapulares con 5 compresiones abdominales en niños (maniobra de Heimlich) o 5 compresiones torácicas en lactantes.

• Paciente inconsciente: iniciar maniobras de RCP.

Para concluir (Tabla I), actualmente no existe evidencia científica suficiente para recomendar el uso de dispositivos de succión en los protocolos de tratamiento del atragantamiento. La clasificación regulatoria como dispositivos de segunda línea refuerza que no deben sustituir en ningún caso a las maniobras manuales basadas en la evidencia ni utilizarse como intervención inicial.

 

Tanto el Grupo de Trabajo de RCP Pediátrica de la SEPEAP como el Grupo de Trabajo de RCP Básica del GERCPPYN recomiendan seguir exclusivamente los protocolos internacionales y priorizar la formación en técnicas manuales, que han demostrado su eficacia a lo largo de décadas. Se insiste en que la prioridad debe seguir siendo la formación de la población en las maniobras manuales recomendadas, las cuales han demostrado su eficacia a lo largo de décadas de práctica clínica. Es imprescindible disponer de estudios clínicos independientes y rigurosos antes de considerar su inclusión en las guías o bien si, a la vista de lo que reflejen estos estudios, se considera no solo desaconsejarlos sino incluso prohibirlos; y se especula que, de demostrarse su eficacia en el futuro, solo tendrían cabida en pacientes inconscientes tras el fallo de las maniobras clásicas y la RCP, pero nunca como primera línea, por lo que podemos finalizar diciendo que los datos actuales son insuficientes para apoyar su implementación en las guías oficiales.

 

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Fármacos biológicos la “bala mágica”

De interés especial
 


J. Pedreira Bouzas

Facultativo Especialista en Farmacia Hospitalaria. Hospital Universitario de Fuenlabrada. Madrid

Pediatr Integral 2026; XXX (3): 219 – 222


Fármacos biológicos la “bala mágica”

https://doi.org/10.63149/j.pedint.140

 

Introducción

Desde que se describió en el papiro de Ebers, el uso de plantas y otras sustancias de origen animal como los primeros medicamentos hace aproximadamente 3.500 años, la farmacología ha evolucionado enormemente, pasando por la revolución industrial y el desarrollo de moléculas químicas sintéticas, y finalmente culminando con la irrupción de la biotecnología en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI(1). Materializando así la teoría de la “bala mágica” que Paul Ehrlich desarrolló hace más de un siglo, donde postuló la aparición de moléculas muy precisas para dianas muy concretas para tratar enfermedades(2).

Derivados de esta nueva tecnología son los denominados medicamentos biológicos, definidos por ser cualquier sustancia empleada como tratamiento o diagnóstico in vivo, producida mediante métodos biotecnológicos, y cuyo resultado debe ser una molécula biológica(3). Dentro de esta definición se incluyen todos aquellos que para su producción precisan de células, tejidos o incluso la propia sangre. Además, la molécula resultante debe ser una proteína o un ácido nucleico, de mayor complejidad que una molécula orgánica de bajo peso molecular. Algunos de los ejemplos más representativos de los biológicos son los anticuerpos monoclonales, las insulinas y los hemoderivados, como la albúmina o las inmunoglobulinas humanas inespecíficas.

Destaca, de entre los fármacos biológicos, un grupo particular que posee unas características que los diferencian de los demás, son los anticuerpos monoclonales. Este tipo de fármacos son proteínas, con la particular característica de ser capaz de reconocer sustancias de forma muy específica, unirse a ellas y neutralizarlas. Son muy similares a los anticuerpos que produce nuestro sistema inmune, a excepción de que reconocen exactamente la misma diana, frente a los policlonales producidos en el organismo que reconocen distintos antígenos de la misma célula objetivo(4).

Hasta el año 2025 se han aprobado 136 anticuerpos monoclonales en la Unión Europea, y del total, aproximadamente el 30 % (41) se emplean en patologías inflamatorias, siendo uno de los principales grupos de patologías donde se emplean, solo superado por el cáncer(5). Este éxito en patologías inflamatorias se debe principalmente al conocimiento de la fisiopatología de estas enfermedades, así como de las moléculas implicadas en la cascada de inflamación que permite emplearlas como dianas terapéuticas. Por todo ello, a medida que se dilucidan los mecanismos inmunológicos de las patologías inflamatorias dermatológicas, surgen anticuerpos monoclonales dirigidos contra moléculas específicas(4,6).

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica (DA) es la patología crónica dermatológica inflamatoria más común, afectando aproximadamente a 200 millones de personas en todo el mundo, y con una prevalencia de entre 15-25 % en niños y adolescentes(7). Generalmente, se presenta de forma heterogénea, con prurito de alta intensidad junto con lesiones eccematosas y xerosis, siguiendo un patrón, en la mayoría de los casos, remitente-recurrente. Además, muchos pacientes presentan otras comorbilidades atópicas, como asma alérgica o alergias alimentarias(8).

Fisiopatología

Aunque se ha demostrado un claro componente genético, la implicación de factores ambientales, tales como el estatus socioeconómico, ambiente rural versus urbano o el acceso y calidad de la asistencia sanitaria, contribuye de forma significativa a la evolución de la enfermedad(8).

La fisiopatología de la DA se caracteriza fundamentalmente por una respuesta inmune mediada por linfocitos T. Tradicionalmente, se han postulado dos teorías para tratar de explicar esta respuesta exacerbada: 1) una donde existe un defecto primario de la barrera que promueve la penetración de alérgenos y, por tanto, una respuesta inmune; 2) y otra donde el defecto primario es inmune, lo que produce una inflamación de la piel con la consecuente disbiosis y penetración de alérgenos aumentada(8,9). Otro factor clave es el ciclo de picor y rascado que estimula la liberación de interleucinas (IL) 4, 13 y 33, muy relacionadas con la activación inmunológica de los linfocitos T helper tipo 2 (Th2), lo que demuestra su implicación en el desarrollo de la patología. A su vez, los linfocitos Th2 producen más IL-4 y 13, lo que genera una cascada de activación. Finalmente, esta inflamación crónica de los Th2 acaba produciendo un switch de activación a los linfocitos Th1 con producción de interferón(8,10). Siendo esta la cascada inflamatoria de la enfermedad, se han desarrollado distintos fármacos biológicos que hacen objetivo a distintas moléculas que participan en dicha cascada, con diversos grados de éxito. Generalmente, reservados para estadios refractarios a la terapia tópica o a la sistémica clásica, como la ciclosporina.

Inhibidores de IL-4/13 – Dupilumab

El dupilumab es un anticuerpo monoclonal recombinante de la IgG4 humana que inhibe la señalización de la IL-4 y la IL-13. Estas interleucinas son los principales impulsores en la inflamación tipo 2 presente en la DA(11). A pesar de ser una inhibición tan específica, dupilumab ha demostrado una inhibición efectiva de la cascada inflamatoria del eje Th2, así como una restauración de la barrera de la dermis y mejoría del microbioma(12). Dupilumab también fue el primer biológico en ser aprobado en adolescentes de entre 12 y 17 años para DA. En un ensayo clínico se incluyeron adolescentes con DA moderada-severa refractaria a tratamientos previos, y recibieron dupilumab en distintas dosis, midiendo la proporción de ellos que alcanzaba el EASI-75 (una mejoría de, al menos, 75 % en el Eczema Area and Severity Index) a la semana 16. En el régimen de 200 mg cada 2 semanas, el 41,5 % de los pacientes alcanzaron EASI-75 frente al 8,2 % del grupo placebo(13). Posteriormente, en otro ensayo clínico, demostró eficacia en niños de entre 6 y 11 años, alcanzándose el EASI-75 en el 69,7 % y 67,2 % de los pacientes tratados en los distintos regímenes de dupilumab frente al 26,8 % del grupo placebo tras 16 semanas de tratamiento(14). Dupilumab también ha demostrado eficacia en niños de entre 6 meses y 5 años en un ensayo clínico, logrando alcanzar el EASI-75 aproximadamente en un 80 % del grupo de tratamiento tras 52 semanas de tratamiento, siendo el primer fármaco aprobado para este rango de edad(15). Los principales efectos adversos reportados fueron leves: principalmente reacciones locales en el lugar de inyección, infecciones de las vías respiratorias altas, conjuntivitis y cefalea. En algunos pacientes se ha reportado un rash eritematoso en cabeza y cuello, no obstante, bien tolerado y autolimitado(8). Por todo ello, el dupilumab se posiciona como el anticuerpo monoclonal de primera línea para la DA, además de ser el único aprobado para su uso en menores de 12 años en 2025.

Inhibidores de IL-13

Tanto tralokinumab como lebrikizumab son anticuerpos monoclonales humanizados de la IgG4 que se unen con alta afinidad a la IL-13 e inhiben selectivamente su señalización, lo que inhibe la vía inflamatoria Th2. Aunque no existen comparaciones directas, ambos fármacos han demostrado una eficacia similar con porcentajes de población que alcanzan el EASI-75 de entre el 20-30 % ajustado por placebo(16,17). Los efectos adversos son similares en ambos fármacos: reacción local en el lugar de inyección, conjuntivitis, infecciones de las vías respiratorias altas y cefalea; lebrikizumab ha demostrado una incidencia de conjuntivitis ligeramente menor. Ambos fármacos solo tienen indicación en pacientes de 12 años o más(8). Puesto que no hay estudios que comparen los anti-IL-13 con dupilumab, y debido a los resultados más amplios de este, tanto tralokinumab como lebrikizumab generalmente se reservan para pacientes que no toleran dupilumab, o para aquellos donde el dupilumab no ha logrado controlar la enfermedad (Fig. 1).

Figura 1. Principales mecanismos de inflamación T2 en dermatitis atópica y lugares de actuación de los anticuerpos monoclonales.

Psoriasis

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica común de la piel, que afecta aproximadamente a 60 millones de personas en todo el mundo. De las formas de manifestación que presenta la enfermedad, la psoriasis en placas es la más habitual y también la más reconocible; se caracteriza por la aparición de placas eritematosas que pueden ocupar distinta superficie corporal, causando un fuerte impacto en la calidad de vida de los pacientes(18). La prevalencia en niños alcanza el 2 % de la población pediátrica europea, siendo la mayor parte afectados por el fenotipo de psoriasis en placas; y hasta un 20 % de los pacientes pediátricos padecen una forma de moderada a severa de la enfermedad, precisando terapia sistémica(19).

Fisiopatología

El principal factor de riesgo para manifestar psoriasis es genético, con una marcada heredabilidad. Factores ambientales pueden ejercer como detonantes: estrés, infecciones estreptocócicas, consumo de alcohol, tabaco, ciertos fármacos como el litio y, en algunos casos, la exposición solar(18).

El papel de los linfocitos T es central en el desarrollo de la enfermedad, especialmente de los linfocitos Th1 y los Th17, que promueven un ambiente de inflamación crónica. La presencia de autoantígenos presentados por HLA-C*06:02 podría estar relacionada con la activación de este ciclo inflamatorio que implica también citoquinas, como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), IL-22, IL-17 y 23(18). Esta última, junto con los linfocitos Th17, se considera uno de los principales mediadores del daño tisular en la enfermedad, y son precisamente donde se están focalizando las nuevas terapias biológicas. No obstante, también existen fármacos biológicos que hacen objetivo a dianas más clásicas, como el TNF-α, con resultados muy satisfactorios(6).

Inhibidores de TNF-α

Etanercept fue el primer fármaco biológico aprobado como terapia sistémica para niños de 6 años o más con psoriasis en placa de moderada a severa. Esta proteína recombinante, compuesta por el receptor de TNF y la región Fc de la IgG4, se une de forma competitiva con el TNF-α, inhibiéndolo(20). El ensayo que le concedió la aprobación incluyó a 211 pacientes de entre 4 y 17 años; la eficacia se midió a las 12 semanas mediante el porcentaje de pacientes que alcanzó una reducción de, al menos, el 75 % en su puntuación basal del Psoriasis Area and Severity Index (PASI 75). Un 57 % de los pacientes con etanercept alcanzaron PASI 75 frente al 11 % de placebo(19).

Adalimumab, el primer anticuerpo monoclonal 100 % humano derivado de la IgG1, es un anti TNF-α que se une a la citoquina, impidiendo su unión al receptor(21). Este fármaco tan versátil está indicado para la psoriasis en placas a partir de niños de 4 años, gracias a los resultados de un ensayo que lo comparó con metotrexato, donde se alcanzó PASI 75 en el 58 % de los pacientes con adalimumab frente al 32 % de metotrexato a las 16 semanas de tratamiento(19).

En general, son fármacos bien tolerados como cualquier anticuerpo monoclonal, pero los anti TNF-α se caracterizan por tener cierto carácter inmunosupresor, con un aumento frecuente en la incidencia de infecciones de las vías respiratorias altas y bajas, incluyendo neumonías; reacción en el lugar de inyección, cefalea y síntomas pseudogripales, rash cutáneo y dolores musculoesqueléticos. En general, su perfil de seguridad es mejor que el de fármacos sistémicos clásicos para la psoriasis como el metotrexato(20,21).

Inhibidores de IL-12/23 – Ustekinumab

Ustekinumab es un anticuerpo monoclonal derivado de la IgG1 humana que se une a la subunidad p40 de IL-12 e IL-23, bloqueando su capacidad de unirse al receptor. En un ensayo clínico se valoró el uso de ustekinumab en adolescentes de entre 12 y 17 años; a las 12 semanas de tratamiento, aproximadamente el 80 % de los pacientes alcanzó un PASI 75, frente al 10,8 % en el grupo placebo. Las tasas de PASI 90 también fueron muy reseñables, lográndose a las 12 semanas un 55-60 % de pacientes frente a 5,4 % del grupo placebo. Posteriormente, se ha ampliado el rango de edad de mayores de 12 a mayores de 6 años. Los efectos adversos descritos son leves; los más habituales son nasofaringitis, otras infecciones leves y cefalea. Una ventaja del ustekinumab es su posología, cada 12 semanas una vez superado el periodo de carga inicial (semana 0 y semana 4)(6,19).

Inhibidores de IL-17

Debido al cambio de perspectiva en el mecanismo fisiopatológico de la enfermedad, pasando de valorar el TNF-α y los linfocitos Th1 como los principales mediadores a dotar de mayor importancia a la IL-12/23 y, especialmente, a los linfocitos Th17 y la IL-17, los últimos anticuerpos monoclonales en aparecer fueron ixekizumab y secukinumab, ambos anticuerpos inhibidores selectivos de la IL-17, aprobados para su uso en niños a partir de 6 años. Ambos fármacos demostraron una elevada eficacia, logrando el PASI 90 a las 12 semanas de tratamiento un 90 % para ixekizumab, frente a menos del 5 % del placebo; y alrededor de un 70 % con secukinumab frente a un 2,5 % en placebo. Además, secukinumab tiene un ensayo comparado con etanercept, donde se logra un PASI 90 de alrededor del 70 % frente al 30 % de etanercept, demostrando su superioridad. En general, son fármacos bien tolerados; los principales efectos adversos son aumento de infecciones de vías respiratorias y cefalea(19,22).

En líneas generales, el panorama biológico es bastante amplio para psoriasis, con los anti TNF-α siendo los más clásicos y con opciones más novedosas en los anti IL-12/23 y anti IL-17(6). No existen comparaciones directas que posicionen unos sobre otros. Un metaanálisis reciente que comparó el uso de biológicos en pacientes pediátricos con psoriasis posicionó a secukinumab como el fármaco con el que más probabilidad se alcanza PASI 90, y justo detrás a ixekizumab. Por otro lado, ustekinumab resultó ser el que con mayor probabilidad alcanzaba PASI 75; no obstante, los propios autores concluyen que es precipitado sacar conclusiones de posicionamiento y que todos los biológicos resultan altamente eficaces en comparación con terapias sistémicas previas como metotrexato(22).

Urticaria crónica espontánea

La urticaria crónica espontánea (UCE) es una enfermedad de la piel mediada por mastocitos que se caracteriza por prurito intenso y angioedemas durante más de 6 semanas consecutivas. Con una prevalencia de aproximadamente el 1,43 % en niños y una mediana de aparición entre los 5 y 9 años, esta patología supone un importante impacto en la calidad de vida de los pacientes pediátricos(23). El mecanismo que subyace tras la enfermedad está ampliamente aceptado como una activación autoinmune de los mastocitos, donde la IgE tiene un rol determinante. Muchos pacientes presentan otras comorbilidades, como el asma alérgica.

Inhibidores de IgE – Omalizumab

Omalizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se une selectivamente a la IgE impidiendo su unión al receptor en basófilos y mastocitos(24). Es el único fármaco biológico aprobado para pacientes mayores de 12 años con UCE y que hayan fracasado a la terapia con antihistamínicos-H1. Aunque solo está aprobado para su uso en mayores de 12 años, el mismo fármaco está aprobado para niños a partir de 6 años con asma alérgica, por lo que la seguridad del fármaco está probada en ese rango de edad(24). La aprobación emana de los resultados de un ensayo clínico donde se administró omalizumab 300 mg durante 12 semanas frente a placebo, y la eficacia se midió con el Urticaria Activity Score, medido durante 7 días (UAS7)(6). Se alcanzó respuesta completa (UAS7 = 0) en el 40 % de los pacientes con omalizumab frente al aproximadamente 7 % de placebo. La dosis empleada son 300 mg cada 4 semanas, y a diferencia de otras patologías tratadas con biológicos, en la UCE el omalizumab es un tratamiento ­generalmente finito, en el que una vez alcanzada una respuesta sostenida es seguro suspenderlo(24). Para menores de 12 años, se recomiendan dosis de 300 mg cada 4 semanas también y, en menores de 6 años, aunque hay poca evidencia, algunos autores recomiendan 150 mg cada 4 semanas(23). Los efectos adversos son generalmente leves, siendo los más frecuentes las reacciones en el lugar de la inyección, cefalea y rinosinusitis.

Conclusiones

A fecha de hoy, los biológicos no son el futuro, son el presente. El panorama de medicamentos biológicos en dermatología ha tenido un crecimiento considerable en la última década y, aunque el panorama pediátrico todavía está algo rezagado con respecto a los adultos, en muchas patologías, como la psoriasis, ya existe un arsenal nada desdeñable donde escoger. El futuro de los anticuerpos monoclonales se augura prometedor y, en muchas patologías dermatológicas, se están llevando a cabo ensayos clínicos nuevos; como, por ejemplo, en prurigo nodular en adultos ya se emplea dupilumab, y es cuestión de tiempo que se amplíe la indicación para pacientes pediátricos(11). Generalmente, son opciones terapéuticas bien toleradas, y lo único que las restringe a utilizarlas de forma más temprana es el impacto económico sobre los distintos sistemas sanitarios. Cuando el Premio Nobel Paul Ehrlich describió las “cadenas laterales” o receptores de las células, su interacción con distintas moléculas y la posibilidad de utilizar esos receptores como dianas terapéuticas, sentó las bases no solo de la quimioterapia moderna, sino también los cimientos sobre los que se sostiene la terapia biológica con anticuerpos monoclonales.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Utilización de test de diagnóstico rápido inmuno-cromatográfico en el estudio de la etiología de la gastroenteritis aguda en Pediatría de Atención Primaria

De interés especial
 


L. Ortiz-González1, B. Aguirrezabalaga González2, Grupo TECDIVACAP3

1Pediatra de Atención Primaria. Clínica de Pediatría Dr. Luis Ortiz. Badajoz. Vocal de los grupos de trabajo de técnicas diagnósticas (TECDIAP), vacunas y enfermedades infecciosas (VACAP), dermatología (DERMAPED) y ecografía clínica (GTECO) en Atención Primaria de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Extremadura
2Pediatra de Atención Primaria. C.S. Parque-Somió. Gijón. Vicepresidenta de la SEPEAP. Coordinadora del VACAP de la SEPEAP
3A. Reyes Moreno, M.I. Lostal García, E. Vergés Aguiló, M.E. Benítez Rabagliati, R. Mazas Raba, A.M. Alonso Rubio, J. Marès Bermúdez, S. Serra Font, A. Amado Puentes, A. Olloqui Escalona, P. García Guzmán, B. Pelegrín López, Y. Yerro Chocarro, M. Porcar Almela, J.M. Sánchez Puentes, I. Arias López


Resumen

La gastroenteritis aguda (GEA) es una causa frecuente de consulta en Pediatría y, en Atención Primaria (AP), la utilización de pruebas diagnósticas etiológicas es limitada, por lo que los test de diagnóstico rápido (TDR) en formato Point of Care (POC) podrían mejorar la identificación del agente causal y optimizar la toma de decisiones clínicas. Con el objetivo de determinar la etiología de la GEA en AP mediante TDR inmunocromatográficos en formato POC, se realizó un estudio observacional, descriptivo, prospectivo y multicéntrico, entre noviembre de 2023 y octubre de 2024, en 17 centros públicos y privados distribuidos en las 17 comunidades autónomas de España. Se incluyeron 413 pacientes con diagnóstico de GEA. El TDR viral se realizó en el 89 % de los casos, con una positividad del 47 %, siendo rotavirus y astrovirus los agentes más frecuentes. La infección por rotavirus se asoció significativamente con la ausencia de vacunación. Los TDR parasitarios se realizaron en el 41 % de los pacientes, con una positividad del 24 %, destacando Cryptosporidium como el parásito más prevalente. Los TDR bacterianos, realizados en menor proporción, mostraron una positividad del 48 % para Campylobacter, del 4 % para Salmonella y del 9 % para Shigella. El tratamiento fue mayoritariamente sintomático (90 %) y la derivación hospitalaria fue excepcional (1 %). Estos resultados indican que el uso de TDR permite un diagnóstico etiológico rápido y útil, mejora el manejo clínico y contribuye a reducir el uso innecesario de antibióticos, lo que respalda su incorporación en la práctica habitual de AP.

 


Abstract

Acute gastroenteritis (AGE) is a frequent reason for pediatric consultation and, in primary care (PC), the use of etiological diagnostic tests is limited; therefore, rapid diagnostic tests (RDTs) in the point-of-care (POC) format could improve identification of the causative agent and optimize clinical decision-making. To determine the etiology of AGE in PC using immunochromatographic RDTs in POC format, an observational, descriptive, prospective, and multicenter study was conducted between November 2023 and October 2024 in 17 public and private centers distributed across the 17 autonomous communities of Spain. A total of 413 patients diagnosed with AGE were included. Viral RDTs were performed in 89% of cases, with a positivity rate of 47%, rotavirus and astrovirus being the most frequent pathogens. Rotavirus infection was significantly associated with lack of vaccination. Parasitic RDTs were performed in 41% of patients, with a positivity rate of 24%, with Cryptosporidium identified as the most prevalent parasite. Bacterial RDTs, performed less frequently, showed positivity rates of 48% for Campylobacter, 4% for Salmonella, and 9% for Shigella. Treatment was mainly symptomatic (90%), and hospital referral was exceptional (1%). These results indicate that the use of RDTs enables rapid and useful etiological diagnosis, improves clinical management, and helps reduce unnecessary antibiotic use, supporting their incorporation into routine PC practice.

 

Palabras clave: Gastroenteritis aguda; Pediatría; Atención Primaria; Diagnóstico etiológico; Test de diagnóstico rápido; Punto de atención.

Key words: Acute gastroenteritis; Pediatrics; Primary care; Etiological diagnosis; Rapid diagnostic test; Point of care.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (2): 139.e1 – 139.e6


Utilización de test de diagnóstico rápido inmuno-cromatográfico en el estudio de la etiología de la gastroenteritis aguda en Pediatría de Atención Primaria

https://doi.org/10.63149/j.pedint.127

 

Introducción

La gastroenteritis aguda (GEA) constituye uno de los motivos más frecuentes de consulta pediátrica en Atención Primaria (AP), siendo responsable de una proporción significativa de visitas médicas en la infancia, especialmente en menores de cinco años(1,2). A pesar de su carácter autolimitado en la mayoría de los casos, la GEA puede tener un impacto considerable en términos de absentismo escolar, preocupación familiar y coste económico(2).

Además, existen situaciones clínicas en las que un diagnóstico etiológico específico puede modificar el manejo, influir en decisiones terapéuticas y contribuir a estrategias preventivas más adecuadas(3-5). A nivel etiológico, la GEA puede tener origen vírico, bacteriano o parasitario(6-9). En nuestro medio, la mayor parte de los estudios sobre la etiología de la GEA se han realizado en hospitales o mediante coprocultivos en muestras comunitarias, con criterios de indicación muy heterogéneos(1,6). Esto limita la generalización de los hallazgos a la población atendida en AP. Además, los estudios hospitalarios pueden estar sesgados por la mayor gravedad de los casos(1,4).

Por tanto, existe una necesidad evidente de generar evidencia específica del entorno de la AP pediátrica, donde se atiende la mayoría de los casos de GEA. Los test de diagnóstico rápido (TDR) inmunocromatográficos permiten identificar agentes etiológicos de forma rápida, sencilla y en el punto de atención (Point of Care o POC, por sus siglas en inglés). Su uso ha crecido en ámbitos hospitalarios, especialmente para la detección de rotavirus, norovirus, Campylobacter, Giardia y Cryptosporidium, con buenos resultados de sensibilidad y especificidad(10-16).

Sin embargo, apenas existen estudios sistemáticos que evalúen su aplicabilidad y utilidad en la práctica pediátrica ambulatoria. El presente estudio pretende cubrir esta necesidad, explorando la etiología de la GEA en consultas de Pediatría de AP mediante TDR y evaluando sus implicaciones clínicas y organizativas.

Objetivo

El objetivo principal de este estudio es determinar la etiología de la GEA en la población pediátrica atendida en AP en España, mediante el uso de TDR inmunocromatográficos en formato POC. Como objetivos secundarios, se plantea analizar la relación entre los agentes etiológicos identificados y variables clínicas, sociodemográficas y vacunales, así como valorar la aplicabilidad de los TDR en el contexto asistencial de la AP y su impacto potencial en la toma de decisiones clínicas.

Material y métodos

Se realizó un estudio observacional, descriptivo y prospectivo, durante un periodo de tiempo de 12 meses, desde el 1 de noviembre de 2023 hasta el 31 de octubre de 2024, en el que se estudiaron todas las GEA de los 17 centros de AP participantes, tanto del sistema público como privado, representando a todas las Comunidades Autónomas (CC. AA.) españolas.

Se incluyeron niños en edad pediátrica atendidos en consultas de AP con diagnóstico de GEA. El límite de edad fue el de la comunidad autónoma correspondiente (entre 14 y 16 años). Se excluyeron niños con enfermedades crónicas que, a juicio del investigador, pudieran alterar los resultados del estudio (enfermedad intestinal crónica, síndromes de malabsorción -celiaquía-, inmunodeficiencias congénitas o adquiridas…).

Se utilizaron TDR inmunocromatográficos en formato POC en la propia consulta, aplicando un algoritmo diagnóstico basado en la presentación clínica. Este algoritmo contemplaba la detección de los principales agentes víricos (rotavirus, adenovirus, astrovirus, norovirus), bacterianos (Campylobacter, Salmonella, Shigella) y parasitarios (Giardia, Cryptosporidium, Entamoeba) (v. Algoritmo al final del artículo).

Con el objetivo de unificar criterios diagnósticos entre los investigadores participantes y asegurar la homogeneidad en la recogida de datos, se establecieron definiciones clínicas operativas para los distintos tipos de GEA, basándose en la presentación clínica y la sospecha etiológica:

• GEA: disminución de la consistencia de las deposiciones (líquidas, semilíquidas o pastosas), con, al menos, 3 en las últimas 24 horas, de menos de 14 días de duración, acompañada o no de síntomas generales (fiebre, vómitos, dolor abdominal, sangre en heces). En lactantes con alimentación láctea exclusiva, para diferenciar la diarrea aguda de la diarrea prandial fisiológica, la disminución de la consistencia de las heces debía ir acompañada de síntomas generales para ser considerada gastroenteritis aguda (GEA).

• GEA probablemente viral: diarrea acompañada o no de fiebre, vómitos y dolor abdominal. Los vómitos son el síntoma más predictivo de etiología viral.

• GEA probablemente bacteriana: diarrea acompañada de sangre y/o fiebre. O bien GEA febril sin sangre, en la que se hayan descartado las causas víricas.

• GEA posiblemente parasitaria: GEA en la que se hayan descartado causas víricas, especialmente cuando sea una diarrea prolongada (más de 7 días). Si bien la diarrea de más de 14 días (diarrea crónica) es el signo predictivo más específico de causa parasitaria, queda excluida de los criterios de inclusión en el estudio.

Se registraron variables sociodemográficas (edad, sexo, número de hermanos, orden en la fratría, prematuridad), clínicas (características de las deposiciones, días de evolución, semiología acompañante, estado de hidratación), antecedentes personales y vacunales frente a rotavirus, TDR realizados y resultados, tipo y número de controles posteriores a la consulta y tratamientos administrados. Los datos se recogieron en una hoja Excel normalizada y se analizaron mediante el paquete estadístico SAS versión 9.4, aplicando estadística descriptiva.

El estudio recibió el informe favorable del Comité Ético de Investigación con medicamentos (CEIm) del IDIAP Jordi Gol (Código CEIm: 23/067-ACps) y se obtuvo el consentimiento informado escrito de los tutores legales de todos los participantes.

Resultados

Se incluyeron en el estudio un total de 413 pacientes con diagnóstico de GEA, con una media de edad de 41,2 meses y predominio masculino (60 %). El 44 % eran hijos únicos y otro 44 % ocupaban el primer lugar en la fratría, mientras que un 8 % fueron prematuros. Presentaban una media de cinco deposiciones diarias y, en aproximadamente la mitad de los casos, estas eran de consistencia líquida. En el 65 % de los pacientes, no se detectaron elementos patológicos en las heces y, en el 80 %, la duración del cuadro fue inferior a cinco días. La manifestación clínica más frecuente fue la fiebre, presente en el 37 % de los casos. La presencia de vómitos se documentó en el 1 % de los casos. En cuanto al estado de hidratación, el 88 % no mostraba signos de deshidratación, el 11 % presentaba deshidratación leve y solo el 1 % moderada. Un 85 % de los pacientes estaban vacunados frente a rotavirus, siendo la vacuna monovalente la más utilizada (62 % de los vacunados).

Respecto a la etiología vírica, se realizó TDR viral al 89 % de los pacientes, con una positividad del 47 %. Los virus más frecuentemente detectados fueron rotavirus y astrovirus, seguidos por adenovirus y norovirus (20 % cada uno). Se observó una asociación significativa entre la infección por rotavirus y la ausencia de vacunación, aunque no con el tipo de vacuna, el número de dosis ni la edad del paciente. Los TDR parasitarios se realizaron en el 41 % de los casos, con una tasa de positividad del 24 %. Cryptosporidium fue el parásito más común (66 %), seguido de Giardia (22 %) y Entamoeba (17 %). La ausencia de TDR bacteriano previo se asoció significativamente con mayor tasa de positividad parasitaria. En cuanto a los estudios bacterianos, se realizó TDR para Campylobacter en el 32 % de los casos, con un 48 % de positividad; para Salmonella en el 14 %, con un 4 % de resultados positivos; y para Shigella en el 11 %, con una positividad del 9 %.

En el seguimiento, el 38 % de los pacientes acudieron a una consulta posterior, siendo significativamente más frecuentes en aquellos con infecciones parasitarias por Cryptosporidium y Giardia, mientras que las infecciones por rotavirus y Campylobacter no mostraron relación con un seguimiento clínico adicional. El tratamiento fue mayoritariamente sintomático (90 %) y se utilizó tratamiento antibiótico, principalmente en casos de Campylobacter. La derivación hospitalaria fue excepcional (1 %), aunque un 5 % de los pacientes acudió por iniciativa propia; en ambos grupos, dos tercios de los casos correspondieron a infecciones víricas (Tabla I).

 

Discusión

Los resultados del presente estudio refuerzan el papel central de los TDR como herramientas viables, útiles y eficaces en el manejo de la GEA en el ámbito de la AP.

La mayor tasa de detección de virus, en particular rotavirus y astrovirus, coincide con lo descrito en la literatura internacional y consolida su papel como principales agentes etiológicos de la GEA infantil en AP(6,7,17,18).

La cobertura vacunal frente a rotavirus del 85 % en nuestra muestra se asoció a una menor positividad en los TDR en niños vacunados, lo que respalda el efecto protector de la vacuna en la prevención de cuadros sintomáticos de GEA y permite valorar el impacto de la vacunación frente a rotavirus en condiciones reales. Además, en aquellos casos en los que se detectó rotavirus en niños vacunados, los cuadros fueron generalmente más leves, lo que indica que este patógeno, a pesar de la vacunación, sigue siendo clínicamente relevante. Esto resalta la utilidad de los TDR, no solo para el diagnóstico clínico, sino también para estrategias de control epidemiológico, aislamiento y seguimiento clínico individualizado(3-5).

La positividad en TDR para parásitos en un 24 % de los casos donde se aplicó el test es un hallazgo destacable, especialmente en Cryptosporidium, que no suele investigarse sistemáticamente en AP(9,15,16,19,20). Este resultado sugiere que las infecciones parasitarias podrían estar infradiagnosticadas en nuestro entorno, especialmente en escolares y preescolares, y que su inclusión sistemática en el diagnóstico diferencial de GEA es necesaria, sobre todo en casos de curso prolongado o atípico(21). Además, se observó una mayor necesidad de seguimiento clínico en los pacientes con Cryptosporidium o Giardia, lo que podría reflejar una mayor persistencia o severidad del cuadro clínico. En contraste, la mayoría de los casos atendidos en hospitales –tanto por derivación como por iniciativa familiar– fueron de etiología viral, lo que podría responder a una percepción de mayor gravedad clínica en los cuadros febriles o con vómitos intensos.

Respecto a las infecciones bacterianas, la GEA por Campylobacter fue la principal causa de prescripción antibiótica. La identificación precoz mediante TDR permitió guiar el inicio de tratamiento específico, optimizar el manejo clínico y, posiblemente, reducir la transmisión(14,22,23). En contraste, otras bacterias como Shigella y Salmonella fueron tratadas mayoritariamente de forma conservadora, sin antibióticos, aunque la recomendación actual es tratar la infección por Shigella y no por Salmonella (salvo en pacientes menores de 6 meses o con condiciones clínicas que predisponen a bacteriemia oculta, como inmunodeficiencia, anemia de células falciformes, neoplasias, uso de terapia inmunosupresora o enfermedades crónicas graves).

En cuanto a la gravedad de los cuadros clínicos, los datos del estudio indican que la mayoría de las GEA atendidas en AP fueron leves y se resolvieron con tratamiento sintomático. Solo un 1 % de los pacientes requirió derivación hospitalaria, y un 5 % acudió a Urgencias sin derivación formal, lo que coincide con la consideración de la GEA como un proceso habitualmente autolimitado en Pediatría de AP.

Asimismo, el estudio pone de manifiesto que la implementación sistemática de TDR en AP es factible y aporta valor clínico. Su coste-efectividad deberá ser valorada en futuros análisis, pero sus beneficios en términos de información diagnóstica inmediata, reducción de incertidumbre, mejora en la comunicación con los padres y toma de decisiones racionalizada son evidentes(10,11,24-26).

Los hallazgos obtenidos permiten también considerar aspectos de salud pública y educación sanitaria. En primer lugar, la disponibilidad inmediata de un resultado etiológico contribuye a reforzar el papel del pediatra de AP en la vigilancia epidemiológica, especialmente ante brotes escolares o comunitarios(8,27,28). La detección de patógenos como rotavirus, norovirus o Cryptosporidium, en contextos escolares puede alertar precozmente de la necesidad de adoptar medidas de control e higiene.

Esto abre la puerta a discutir estrategias complementarias, como la educación de familias en técnicas adecuadas de higiene, la revalorización de protocolos de reincorporación a guarderías y la promoción de coberturas vacunales más equitativas entre CC. AA.

Durante el desarrollo del estudio, se identificaron varias limitaciones que deben tenerse en cuenta al interpretar los resultados. En primer lugar, se observaron problemas en el registro de datos, lo cual podría haber afectado la exhaustividad de la información recogida. Prueba de ello podría ser la presencia de vómitos, que se documentó únicamente en el 1 % de los casos de nuestra serie, a diferencia de otros estudios que reflejan que este signo está presente entre el 60-100 % de niños con GEA, según el patógeno, si bien es cierto que son estudios realizados en niños hospitalizados(29,30). Asimismo, existieron limitaciones logísticas relacionadas con la disponibilidad y uso de los TDR en el contexto real de la consulta, lo que puede haber condicionado la aplicabilidad uniforme de los test en todos los casos. Además, se detectaron barreras estructurales y organizativas para el desarrollo de la investigación en el ámbito de la AP, lo cual dificulta la integración de estos procedimientos diagnósticos en la rutina clínica habitual. Estas limitaciones subrayan la necesidad de reforzar la infraestructura de soporte a la investigación en AP y garantizar un acceso equitativo a herramientas diagnósticas avanzadas.

Desde una perspectiva asistencial, los TDR permiten tomar decisiones más ajustadas a la clínica real del paciente, optimizando recursos y reduciendo derivaciones innecesarias. También empoderan a los profesionales sanitarios de AP al brindarles herramientas diagnósticas que antes eran exclusivas del ámbito hospitalario(2). Esto podría contribuir a aumentar la satisfacción profesional y la calidad percibida por las familias.

Por último, el estudio evidencia una necesidad de formación continua en el uso e interpretación de TDR, así como en la actualización de los protocolos asistenciales que los incorporen. La coordinación con servicios de salud pública y microbiología será clave para integrar estos datos en sistemas de información poblacionales y mejorar la vigilancia de enfermedades transmi­sibles.

Conclusiones

La GEA en AP fue mayoritariamente de origen viral, destacando rotavirus y astrovirus. La vacunación contra rotavirus mostró un efecto protector significativo. Las infecciones parasitarias, especialmente por Cryptosporidium, requirieron mayor seguimiento clínico. Campylobacter fue el principal patógeno vinculado al uso de antibióticos. La mayoría de los casos fueron leves y no requirieron atención hospitalaria. Los TDR facilitaron el diagnóstico etiológico y un manejo clínico más adecuado.

Agradecimientos

Los autores desean expresar su agradecimiento al Dr. Josep de la Flor i Brú, pediatra de AP del CAP Vila Vella (Sant Vicenç dels Horts), subdirector ejecutivo de Pediatría Integral, coordinador del TECDIAP y vocal del VACAP de la SEPEAP, por la elaboración del protocolo del estudio y la revisión del manuscrito.

Igualmente, al Prof. Agustín García Nogales, catedrático de Bioestadística de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Extremadura, por su colaboración en el diseño y organización del sistema de recogida de datos.

El desarrollo de este estudio ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Prandi, cuya misión de impulsar la formación, la investigación y la mejora de la atención sanitaria extrahospitalaria a la infancia se alinea plenamente con los objetivos de este trabajo.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

 

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Hacia una pediatría del aire: salud respiratoria infantil y medicina ambiómica (2030-2050)

J.A. Ortega García*,  L. Claudio**,  F. Campillo i López***
De interés especial
 


J.A. Ortega García*, L. Claudio**, F. Campillo i López***

*Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU-Murcia). Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. El Palmar. Murcia. Universidad de Murcia
**Division of International Health, Icahn School of Medicine at Mount Sinai. Nueva York. EE.UU.
***Unitat de Salut Mediambiental Pediàtrica, Fundació Hospital d’Olot i Comarcal de la Garrotxa. Girona


Resumen

Durante gran parte del siglo XX, la neumología pediátrica abordó la enfermedad respiratoria infantil desde una lógica predominantemente reactiva, centrada en infecciones, alergia y factores biológicos individuales, mientras que la contaminación atmosférica quedaba relegada al ámbito de la salud pública. En la actualidad, esta visión resulta insuficiente. La evidencia demuestra que la mala calidad del aire constituye uno de los principales determinantes de la salud respiratoria infantil, con efectos profundos sobre el desarrollo pulmonar, la susceptibilidad a infecciones, la expresión de enfermedades crónicas y las desigualdades en salud desde edades tempranas. Este artículo propone una visión sindémica de la relación entre contaminación atmosférica y salud respiratoria infantil, en la que múltiples exposiciones ambientales interactúan con vulnerabilidades biológicas y contextos sociales para configurar trayectorias de enfermedad. Desde esta perspectiva, se plantea la necesidad de evolucionar hacia modelos clínicos capaces de anticipar riesgo y modificar la evolución de la enfermedad antes de la aparición de crisis. En este marco se presenta el Modelo ÍTACA (Integración Territorial, Ambiómica y Clínica Anticipatoria), una arquitectura clínica integradora que incorpora la evaluación individualizada del exposoma, los sistemas de vigilancia ambiental, los biomarcadores ambiómicos y la toma de decisiones anticipatoria. El modelo desplaza el eje asistencial hacia el territorio, el hogar y la pediatría comunitaria, apoyándose en centros pioneros para el pilotaje de estrategias avanzadas en poblaciones pediátricas especialmente vulnerables. Asimismo, se revisan las principales líneas de innovación terapéutica ambiómica, incluyendo las terapias aire-dirigidas, la protección de la barrera epitelial, la modulación mitocondrial e inmunitaria, los biológicos personalizados y la farmacología context-aware o “sensible al contexto”. Finalmente, se explora la frontera 2030-2050 mediante el concepto de Gemelo Digital Respiratorio Infantil, como síntesis de una pediatría del aire anticipatoria, comunitaria y orientada a la equidad. El objetivo de este artículo especial es ofrecer un marco conceptual y operativo para integrar el aire como variable clínica en la práctica pediátrica, anticipar la enfermedad respiratoria infantil y proteger el desarrollo en un mundo atmosféricamente alterado.

 


Abstract

For much of the 20th century, pediatric pulmonology approached childhood respiratory disease from a predominantly reactive perspective, focusing on infections, allergies, and individual biological factors, while air pollution was relegated to the realm of public health. This view is now insufficient. Evidence demonstrates that poor air quality is a major determinant of childhood respiratory health, with profound effects on lung development, susceptibility to infections, the expression of chronic diseases, and health inequalities from an early age. This article proposes a syndemic view of the relationship between air pollution and childhood respiratory health, in which multiple environmental exposures interact with biological vulnerabilities and social contexts to shape disease trajectories. From this perspective, the need arises to evolve toward clinical models capable of anticipating risk and modifying disease progression before crises occur. Within this framework, the ÍTACA Model (Territorial Integration, Ambiomics, and Anticipatory Clinical Practice) is presented. This integrative clinical architecture incorporates individualized exposome assessment, environmental surveillance systems, ambiomics biomarkers, and anticipatory decision-making. The model shifts the focus of care toward community, home, and community pediatrics, relying on pioneering centers to pilot advanced strategies in particularly vulnerable pediatric populations. The main lines of ambiomics therapeutic innovation are also reviewed, including air-targeted therapies, epithelial barrier protection, mitochondrial and immune modulation, personalized biologics, and context-aware pharmacology. Finally, the 2030-2050 timeline is explored through the concept of the Pediatric Respiratory Digital Twin, as a synthesis of an anticipatory, community-based, and equity-oriented air pediatrics. The aim of this special article is to offer a conceptual and operational framework for integrating air as a clinical variable in pediatric practice, anticipating childhood respiratory disease, and protecting development in an atmospherically altered world.

 

Palabras clave: Contaminación atmosférica; Salud respiratoria infantil; Pediatría del aire; Medicina ambiómica; Exposoma; Innovación terapéutica; Pediatría Comunitaria; Gemelo digital respiratorio.

Key words: Air pollution; Child respiratory health; Air-based pediatrics; Ambiomics medicine; Exposome; Therapeutic innovation; Community pediatrics; Respiratory digital twin.

 

 

Pediatr Integral 2026; XXX (1): 79.e1 – 79.e15


Hacia una pediatría del aire: salud respiratoria infantil y medicina ambiómica (2030-2050)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.115

 

Introducción

Durante décadas, la neumología pediátrica asumió que el aire era un telón de fondo y no un determinante clínico. Las enfermedades respiratorias infantiles se atribuyeron principalmente a infecciones, alergia o factores biológicos individuales, mientras que la contaminación atmosférica quedaba fuera del núcleo de la práctica clínica. Sin embargo, esta separación se ha vuelto insostenible a la luz del conocimiento actual. La contaminación del aire constituye hoy uno de los principales determinantes ambientales de la salud infantil a escala global: millones de niños respiran de forma cotidiana aire que no cumple los estándares de calidad recomendados, tanto en grandes áreas urbanas como en entornos industriales, periurbanos o incluso rurales(1). La exposición a partículas finas y ultrafinas, dióxido de nitrógeno, ozono troposférico y mezclas complejas de contaminantes se asocia de forma consistente con un aumento de la mortalidad infantil, el desarrollo de enfermedad respiratoria crónica, las exacerbaciones asmáticas, las infecciones respiratorias de vías bajas y alteraciones del crecimiento y la función pulmonar desde edades muy tempranas(2-4).

Esta carga de enfermedad no se distribuye de forma homogénea. Los niños constituyen un grupo especialmente vulnerable por múltiples razones: pulmones en desarrollo, mayor ventilación por kilogramo de peso, sistemas de detoxificación inmaduros y una dependencia casi absoluta de los entornos en los que viven, estudian y juegan. A ello se suma una realidad ineludible: la contaminación atmosférica actúa de forma sinérgica con otros factores biológicos y sociales, amplificando desigualdades y configurando trayectorias de enfermedad que se inician en la infancia y se prolongan a lo largo de toda la vida(3,4).

En los últimos años, la evidencia científica ha permitido comprender que el impacto de la contaminación atmosférica no se limita a un efecto irritativo o inflamatorio inespecífico. La mala calidad del aire induce estrés oxidativo, altera la barrera epitelial respiratoria, modula la inmunidad innata y adaptativa, interfiere con la respuesta antiviral y condiciona la eficacia de los tratamientos habituales(5). En este sentido, el aire deja de ser un simple “factor de riesgo” para convertirse en un agente biológico activo, capaz de interactuar con la fisiología infantil y de moldear la expresión clínica de múltiples enfermedades respiratorias.

Este conocimiento plantea un desafío profundo a la práctica pediátrica. Si la exposición ambiental es continua, variable y, en muchos casos, inevitable, ¿cómo debe responder la clínica? ¿Es suficiente con tratar las exacerbaciones cuando aparecen, o debemos anticiparnos a ellas? ¿Puede la pediatría seguir siendo predominantemente reactiva en un contexto donde los determinantes ambientales actúan de forma persistente? Estas preguntas obligan a repensar no solo las estrategias terapéuticas, sino también el lugar donde se ejerce la vanguardia de la atención respiratoria infantil.

En este contexto emerge el concepto de medicina ambiómica(6), un enfoque que integra la evaluación del exposoma, los sistemas de vigilancia ambiental, los biomarcadores biológicos y la práctica clínica, para anticipar, modular y prevenir la enfermedad respiratoria. Este enfoque desplaza el eje desde el hospital hacia la Atención Primaria (AP), los hogares y el territorio, y propone una nueva lógica terapéutica basada en la coherencia entre niño, aire y entorno. La innovación ya no se limita al desarrollo de nuevos fármacos, sino que incorpora algoritmos clínicos anticipatorios, terapias aire-dirigidas, protección de la barrera epitelial y estrategias personalizadas para los niños más vulnerables, como prematuros, asmáticos graves e inmunodeprimidos.

Mirando hacia el horizonte de 2030-2050, los sistemas sanitarios más avanzados comenzarán a pilotar modelos de atención respiratoria infantil en los que el aire se integre de forma sistemática en la anamnesis, la estratificación del riesgo y la toma de decisiones terapéuticas. En estos modelos, la prevención dejará de ser un concepto abstracto para convertirse en una intervención clínica concreta, y el objetivo último será modificar trayectorias de enfermedad, no solo controlar síntomas.

El objetivo de este artículo especial es presentar un marco integrador y prospectivo para el abordaje de la contaminación ambiental y la salud respiratoria infantil, proponiendo un nuevo modelo clínico –el modelo ÍTACA (Integración Territorial, Ambiómica y Clínica Anticipatoria)–, que incorpore la evaluación individualizada de la exposición, la innovación terapéutica ambiómica y la anticipación clínica como ejes centrales de la práctica pediátrica. A través de una visión sindémica y orientada al futuro, se pretende ofrecer a los pediatras herramientas conceptuales y operativas para afrontar los problemas respiratorios infantiles en un mundo donde la calidad del aire se ha convertido en uno de los principales desafíos para la salud del siglo XXI (Fig. 1).

Figura 1. Contaminación atmosférica y salud infantil: un enfoque sindémico. La enfermedad respiratoria infantil no es el resultado de una única causa, sino de la interacción dinámica entre fuentes de contaminación (tráfico, industria, interior del hogar, cambio climático), vulnerabilidades individuales (edad, prematuridad, genética, enfermedad previa) y determinantes sociales y urbanos. Esta convergencia explica la aparición de asma, infecciones respiratorias, alteraciones del desarrollo pulmonar y desigualdades en salud desde la infancia.

 

Contaminación y salud respiratoria infantil: una visión sindémica

La contaminación atmosférica no actúa como un factor aislado ni genera efectos uniformes. Su impacto sobre la salud respiratoria infantil debe entenderse como un fenómeno sindémico, en el que múltiples exposiciones ambientales interactúan con vulnerabilidades biológicas y contextos ecosociales para amplificar el riesgo de enfermedad (Fig. 1). Esta perspectiva resulta especialmente relevante en pediatría, donde el desarrollo pulmonar y del sistema inmune se produce en paralelo a exposiciones continuas y, en muchos casos, inevitables(3,7).

Desde esta óptica, la enfermedad respiratoria infantil no puede atribuirse a un único contaminante ni a un único mecanismo. Los niños se exponen de forma simultánea a mezclas complejas de partículas finas y ultrafinas, gases irritantes, contaminantes de interior, alérgenos y agentes infecciosos. Estas exposiciones se superponen a determinantes sociales, como el nivel socioeconómico, la calidad de la vivienda, la densidad urbana o el acceso a espacios verdes, generando un entramado de riesgos que se potencian entre sí.

La infancia como ventana crítica de susceptibilidad

La vulnerabilidad infantil frente a la contaminación atmosférica no es solo cuantitativa, sino cualitativa. Durante la infancia se producen procesos clave de crecimiento y maduración pulmonar que pueden verse alterados por exposiciones ambientales adversas. La contaminación no solo incrementa el riesgo de síntomas agudos, sino que puede modificar trayectorias de desarrollo, condicionando una menor función pulmonar, mayor hiperreactividad bronquial y una respuesta inmune alterada que persiste en la edad adulta(3,8).

Además, los niños presentan patrones de exposición particulares: mayor tiempo al aire libre que los adultos, actividad física intensa en entornos urbanos, asistencia a centros escolares con ventilación y calidad del aire variable y una dependencia casi total de las decisiones ambientales de los adultos. Por otro lado, pasan cada vez más horas en espacios cerrados, y la calidad del aire interior es un determinante poderoso, también influenciado por el aire exterior. Todo ello convierte a la infancia en una etapa especialmente sensible a los efectos acumulativos del exposoma respiratorio(4).

Interacción entre contaminación, infecciones y enfermedad crónica

Uno de los aspectos más relevantes del enfoque sindémico es la interacción entre la contaminación atmosférica y las infecciones respiratorias. La exposición a contaminantes puede deteriorar la barrera epitelial, alterar la respuesta antiviral y facilitar la entrada y replicación de patógenos respiratorios. En consecuencia, los episodios infecciosos tienden a ser más frecuentes, más graves o prolongados en contextos de mala calidad del aire, especialmente en niños pequeños(9).

De forma paralela, la contaminación puede actuar como un modulador de la enfermedad respiratoria crónica. En el asma infantil, por ejemplo, no solo incrementa la frecuencia de exacerbaciones, sino que puede influir en la expresión fenotípica de la enfermedad, favoreciendo formas más persistentes, menos controlables y con peor respuesta al tratamiento convencional. Desde una perspectiva sindémica, el asma no es únicamente una enfermedad inflamatoria, sino una condición cuya evolución está profundamente condicionada por el entorno atmosférico.

Contaminación y desigualdad: un eje inseparable

El impacto de la contaminación atmosférica sobre la salud respiratoria infantil se distribuye de forma desigual. Los niños que viven en áreas con mayor carga ambiental suelen coincidir con contextos de mayor vulnerabilidad social y pobreza, viviendas más pequeñas o mal ventiladas y menor capacidad para modificar la exposición. Esta coincidencia de riesgos ambientales y sociales amplifica el daño y perpetúa desigualdades en salud desde edades tempranas. Los barrios pobres soportan una mayor presencia de actividades y emisiones industriales molestas, cerca de vías con mayor tráfico motorizado y escasez de zonas verdes(10,11).

La visión sindémica obliga, por tanto, a reconocer que la contaminación no solo enferma pulmones, sino que profundiza inequidades, haciendo que determinados grupos infantiles acumulen una carga de enfermedad desproporcionada. Cualquier modelo clínico que aspire a ser efectivo debe incorporar esta dimensión social y territorial.

Del enfoque causal al enfoque de sistemas

Entender la contaminación y la salud respiratoria infantil desde una perspectiva sindémica implica abandonar explicaciones lineales y adoptar un enfoque de sistemas(12). La pregunta deja de ser “¿qué contaminante causa qué enfermedad?” para transformarse en “¿cómo interactúan las exposiciones ambientales con la biología infantil y el contexto social para generar trayectorias de enfermedad?”.

Este cambio de mirada es esencial para justificar la necesidad de nuevos modelos clínicos. Si la enfermedad respiratoria infantil emerge de la interacción dinámica entre aire, biología y entorno, entonces la respuesta sanitaria debe ser igualmente integrada, anticipatoria y contextualizada. Esta lógica es la que da sentido al desarrollo de herramientas de vigilancia ambiental, evaluación individualizada del riesgo y estrategias terapéuticas ambiómicas que se abordarán en los apartados siguientes.

Del riesgo al sistema: el Modelo ÍTACA

Reconocer la contaminación atmosférica como un determinante central de la salud respiratoria infantil obliga a dar un paso más allá del diagnóstico del riesgo. El verdadero desafío clínico no es constatar la exposición, sino organizarla en un sistema capaz de anticipar enfermedad y modificar trayectorias de salud. En este contexto surge el Modelo ÍTACA, que se concibe como una plataforma clínica integrada, inserta en un proceso más amplio de transición del modelo de salud hacia enfoques anticipatorios, territoriales y ambientales, tal como se ha propuesto desde la salud medioambiental(13). Esta lógica se organiza en una arquitectura clínica integradora que articula exposición, integración clínica, decisión, intervención y resultados, constituyendo el núcleo operativo del Modelo ÍTACA (Fig. 2).

Figura 2. El modelo ÍTACA: medicina respiratoria en la era del aire. Arquitectura del modelo ÍTACA. Exposiciones: PRTR-España (Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes) y redes de vigilancia, sensores personales y GIS (Sistemas de Información Geográfica) / territorio; Integración clínica: historia ambiental, biomarcadores y función pulmonar; Decisión: algoritmo ÍTACA, semáforo ambiental, intervención, prescripción ambiental, terapias aire-dirigidas y ajuste context-aware (“ajuste sensible al contexto”); Resultado: menos exacerbaciones y trayectorias protegidas.

 

Del riesgo poblacional a la exposición individual

La contaminación atmosférica se ha abordado tradicionalmente desde una perspectiva poblacional, basada en medias anuales y umbrales urbanos. Sin embargo, los niños no enferman por promedios, sino por exposiciones concretas, en lugares y momentos específicos de su vida cotidiana. El Modelo ÍTACA propone un cambio de escala, orientado a la individualización del exposoma respiratorio, integrando información procedente de registros oficiales de emisiones, estaciones de vigilancia ambiental, sensores personales y análisis espacial del territorio mediante sistemas de información geográfica (GIS)(6).

Esta aproximación permite reconstruir la exposición real del niño, identificar patrones temporales y espaciales relevantes y explicar la variabilidad clínica observada entre pacientes con diagnósticos aparentemente similares. Estudios recientes han demostrado que el uso de sensores portátiles con GPS y dispositivos de monitoreo personal puede generar perfiles detallados de exposición individual y facilitar la comprensión de la carga real de contaminantes experimentada por cada sujeto(14).

El aire como información clínica estructurada

Uno de los pilares del Modelo ÍTACA es la incorporación sistemática de la calidad del aire –exterior e interior– a la historia clínica respiratoria. El aire deja de ser un contexto implícito para convertirse en información clínica explícita, con capacidad explicativa y predictiva. Este enfoque permite reinterpretar síntomas, exacerbaciones y respuestas terapéuticas desde una lógica causal más completa, alineada con la realidad ambiental del niño.

Lejos de complejizar la práctica clínica, la incorporación del aire aporta coherencia y facilita una toma de decisiones más racional, especialmente en niños con enfermedad respiratoria recurrente, mal controlada o de evolución atípica.

De la vigilancia ambiental a la anticipación clínica

El valor diferencial del Modelo ÍTACA reside en su capacidad para transformar la vigilancia ambiental en anticipación clínica. Al integrar datos de exposición, con información funcional y biológica –síntomas, función pulmonar, biomarcadores inflamatorios y de estrés oxidativo–, se genera una visión dinámica del riesgo respiratorio.

Este enfoque permite identificar periodos de especial vulnerabilidad –picos de contaminación, episodios de intrusión de polvo, olas de calor– y activar medidas preventivas antes de que se produzca la exacerbación. La clínica deja así de ser exclusivamente reactiva y pasa a intervenir sobre la trayectoria que conduce a la enfermedad, con potencial para reducir la carga asistencial y mejorar los resultados en salud.

Un modelo centrado en el territorio, el hogar y la comunidad(1,15)

El Modelo ÍTACA desplaza deliberadamente el eje de la intervención desde el hospital hacia los entornos donde se produce la exposición: el hogar, la escuela y el barrio. La mayor parte del aire que respira un niño se consume fuera del ámbito sanitario; por tanto, es en estos espacios donde la acción clínica resulta más eficaz y equitativa.

Este planteamiento refuerza el papel de la AP como nodo de proximidad dentro de la Pediatría Comunitaria, pero también evidencia los límites de un modelo asistencial que sigue siendo predominantemente reactivo. La AP, tal y como está organizada en muchos contextos, responde fundamentalmente a una lógica reactiva, diseñada para atender enfermedad manifiesta más que para anticipar un riesgo ambiental continuo y dinámico.

Hacia centros comunitarios de salud ambiómica

Desplegar plenamente el Modelo ÍTACA requiere una evolución del modelo asistencial hacia centros comunitarios de salud ambiómica, más proactivos, territoriales e integrados en red con los sistemas de vigilancia ambiental y social municipales. En estos centros, el pediatra amplía su función: además de tratar enfermedad, monitoriza riesgo ambiental, interpreta el contexto vital del niño y coordina intervenciones preventivas junto a enfermería, salud pública y recursos comunitarios. Este enfoque no sustituye a la AP, sino que la reconfigura dentro de una red territorial más amplia, donde hospital, comunidad y hogar actúan de forma coordinada(6,16).

La consulta deja de ser un acto aislado para convertirse en un nodo de seguimiento continuo, capaz de acompañar al niño a lo largo del tiempo y de ajustar las intervenciones en función de la variabilidad ambiental. Este enfoque no sustituye a la AP, sino que la reimagina y la fortalece, dotándola de un papel estratégico en la protección de la salud respiratoria infantil.

La lógica de la avanzadilla: centros pioneros como motores de transformación

La transición hacia un modelo ambiómico no se producirá de forma simultánea ni uniforme. Como ha ocurrido históricamente con otras innovaciones clínicas, el despliegue del Modelo ÍTACA comenzará en centros pioneros, capaces de integrar investigación, asistencia y tecnología, y de trabajar con poblaciones pediátricas de alta complejidad. Estos centros actuarán como laboratorios clínicos avanzados, donde se pilotarán herramientas, algoritmos y estrategias antes de su progresiva diseminación al conjunto del sistema sanitario.

En este contexto, los hospitales pediátricos de alta especialización desempeñarán un papel estratégico, no como sustitutos de la AP, sino como nodos de referencia y soporte para los casos de mayor vulnerabilidad. La experiencia en el abordaje de enfermedades raras o minoritarias, patología respiratoria compleja, prematuridad extrema e inmunodepresión sitúa a estos centros en una posición privilegiada para desarrollar y validar los componentes más avanzados del modelo ambiómico(16). La protección ambiental, la monitorización intensiva del riesgo y las terapias aire-dirigidas adquieren aquí una relevancia inmediata, al tratarse de pacientes para los que la exposición ambiental puede tener consecuencias graves o incluso vitales.

ÍTACA como sistema integrador y plataforma de innovación

El Modelo ÍTACA no depende de una tecnología concreta ni de un único nivel asistencial. Su fortaleza reside en la integración coherente de datos ambientales, biológicos y clínicos en un proceso de toma de decisiones comprensible y escalable. Desde aproximaciones básicas –como la lectura sistemática de la calidad del aire– hasta modelos avanzados de medicina ambiómica y gemelos digitales respiratorios, ÍTACA actúa como una plataforma conceptual adaptable a distintos contextos sanitarios.

Al organizar el riesgo ambiental de forma estructurada, ÍTACA crea las condiciones necesarias para una innovación terapéutica más racional y anticipatoria. Tratamientos dirigidos al epitelio, a la respuesta oxidativa, a la inmunidad innata o a fenotipos inflamatorios inducidos por el exposoma adquieren sentido clínico cuando se integran en un sistema capaz de identificar cuándo, en quién y con qué intensidad deben aplicarse.

En definitiva, el Modelo ÍTACA representa el paso del riesgo al sistema, pero también un proceso de transformación progresiva, que se inicia en centros pioneros y se extiende posteriormente al ámbito comunitario. En un mundo donde el aire ya no es neutro, proteger la salud respiratoria infantil exige anticipación, integración y una mirada clínica que vaya más allá del síntoma inmediato.

Innovación terapéutica: hacia una medicina ambiómica, anticipatoria y programable(17-21)

La comprensión de la contaminación atmosférica como determinante central de la salud respiratoria infantil obliga a replantear, de forma profunda, el concepto de tratamiento. En un contexto donde la exposición ambiental es continua, variable y, en muchos casos, inevitable, la estrategia terapéutica no puede limitarse a suprimir síntomas una vez instaurada la enfermedad. La innovación terapéutica en neumología pediátrica debe orientarse hacia la anticipación, la protección biológica y la modificación de trayectorias, más que hacia la reacción tardía frente a la exacerbación.

Este cambio de paradigma implica pasar de una medicina centrada exclusivamente en la diana farmacológica a una medicina ambiómica, capaz de integrar información ambiental, respuesta biológica y contexto vital del niño. El objetivo ya no es únicamente controlar la inflamación u obstrucción bronquial, sino desacoplar progresivamente la biología infantil de un aire que actúa como estímulo patológico crónico, especialmente en los niños más vulnerables.

De la medicina de precisión a la medicina contextual

La medicina de precisión ha supuesto un avance decisivo al identificar fenotipos y endotipos inflamatorios susceptibles de tratamientos dirigidos. Sin embargo, en el ámbito de la contaminación atmosférica, esta aproximación resulta incompleta si no incorpora el contexto ambiental real que genera y mantiene dichos endotipos. Dos niños con perfiles inflamatorios similares pueden evolucionar de forma muy distinta en función de su exposición atmosférica cotidiana.

La innovación terapéutica del futuro no sustituye la medicina de precisión, sino que la expande hacia una medicina contextual, en la que el cuándo, el dónde y el entorno en el que vive el niño adquieren un valor terapéutico comparable al qué se prescribe. Esta lógica es especialmente relevante en escenarios de alta carga ambiental, desigualdad social o vulnerabilidad biológica.

Terapias aire-dirigidas: tratar el ambiente como parte del tratamiento(17-18)

Una de las rupturas conceptuales más relevantes es asumir que el aire deja de ser un mero contexto del tratamiento para convertirse en parte del propio acto terapéutico. Las terapias aire-dirigidas no buscan medicalizar el entorno, sino proteger la biología infantil frente a exposiciones inevitables, especialmente en periodos y lugares de alto riesgo.

Estas estrategias incluyen intervenciones orientadas a:

• Amortiguar el impacto del estrés oxidativo inducido por contaminantes.

• Reforzar la barrera epitelial respiratoria como primera línea de defensa.

• Modular la respuesta inmune innata sin inmunosupresión.

• Ajustar la intensidad terapéutica en función del riesgo ambiental real.

La evidencia es ya sólida para algunas de estas intervenciones (filtración HEPA, control de fuentes interiores), mientras que otras se encuentran en fases traslacionales avanzadas. Este enfoque adquiere especial relevancia en prematuros, niños con asma grave, inmunodeprimidos y pacientes con enfermedades respiratorias raras o minoritarias, donde el margen de tolerancia al daño ambiental es mínimo.

Las terapias aire-dirigidas no parten de una hipótesis futurista, sino de una base de evidencia clínica ya consolidada en relación con las intervenciones ambientales activas(17,18). Diversos estudios y ensayos controlados han demostrado que la modificación directa del aire respirado puede traducirse en beneficios clínicos medibles, especialmente en población pediátrica vulnerable.

La filtración HEPA (del inglés High Efficiency Particulate Air) en interiores constituye el ejemplo más sólido. Se ha demostrado de forma consistente su capacidad para reducir de manera significativa las concentraciones de partículas finas (PM2,5) y ultrafinas en el hogar, con efectos asociados sobre la disminución de síntomas respiratorios, la reducción de exacerbaciones asmáticas y la mejora de marcadores inflamatorios de vía aérea. Estos beneficios son particularmente relevantes en niños con asma, en entornos urbanos con alta carga de tráfico y en pacientes inmunodeprimidos, donde la reducción de la exposición tiene un impacto clínico directo.

Asimismo, existe evidencia robusta sobre el papel del control de fuentes de contaminación interior –especialmente la combustión doméstica– y de la ventilación dirigida adaptada al tipo de contaminante predominante. La reducción de la exposición a dióxido de nitrógeno procedente de cocinas de gas, la gestión adecuada de la humedad y del moho, y la ventilación estratégica según condiciones atmosféricas externas, se asocian a una mejora del control respiratorio y a una menor carga inflamatoria.

Estas intervenciones ambientales activas presentan una doble ventaja clínica: por un lado, reducen el estímulo patológico primario que desencadena la cascada inflamatoria; por otro, potencian la eficacia de los tratamientos farmacológicos, al actuar sobre el contexto en el que estos deben funcionar.

Desde el punto de vista del Modelo ÍTACA, esta evidencia justifica que las intervenciones ambientales no sean consideradas recomendaciones accesorias, sino intervenciones terapéuticas de primera línea, integradas de forma estructural en los algoritmos clínicos anticipatorios. El algoritmo no añade complejidad, sino que ordena y temporiza estas medidas, activándolas cuando el riesgo ambiental y la vulnerabilidad biológica lo requieren. La evidencia disponible y las principales líneas de desarrollo en terapias aire-dirigidas, incluyendo intervenciones ambientales activas y moléculas actualmente en estudio, se resumen de forma ampliada en el Anexo I (Evidencia y líneas de desarrollo en terapias aire-dirigidas).

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Nuevas dianas biológicas: epitelio, mitocondria e inmunidad innata

La frontera terapéutica se desplaza desde los mediadores inflamatorios finales hacia nodos biológicos tempranos en la interacción aire-pulmón. En este nuevo marco, el epitelio respiratorio emerge como un órgano inteligente y modulable, capaz de decidir si la exposición ambiental se neutraliza o se convierte en señal patológica. Proteger su integridad no solo reduce síntomas, sino que modifica la cascada inflamatoria posterior y, con ello, la trayectoria de la enfermedad(19).

La mitocondria ocupa un lugar central en esta visión. Más allá de su papel energético, actúa como sensor ambiental y amplificador inflamatorio. La exposición a contaminantes induce disfunción mitocondrial, incremento patológico de especies reactivas y liberación de señales que perpetúan la inflamación y alteran la respuesta antiviral. En niños vulnerables, esta desregulación ayuda a explicar la interacción entre contaminación, infecciones respiratorias y exacerbaciones graves. Por ello, la modulación mitocondrial dirigida, más que la simple neutralización de radicales, se perfila como una de las estrategias más prometedoras para restaurar la resiliencia biológica sin comprometer la defensa inmunitaria(19,20).

El macrófago alveolar, por su parte, deja de entenderse como un mero efector inflamatorio para convertirse en una diana de reprogramación funcional, orientada a favorecer la resolución y la adaptación frente a estímulos ambientales persistentes. Estas dianas no se abordan de forma aislada, sino de manera secuencial y coordinada, respetando la lógica biológica del sistema respiratorio infantil(21).

Biológicos ambiómicos y terapias avanzadas

Los biológicos del futuro ya no se prescribirán únicamente en función de diagnósticos clásicos, sino de fenotipos inflamatorios modulados por el exposoma. En este contexto, los biológicos ambiómicos actuarán como herramientas para reducir la dependencia biológica del niño respecto a su entorno contaminado, especialmente en situaciones de alta vulnerabilidad.

Lejos de sustituir otras estrategias, estos tratamientos se integrarán en modelos escalonados, donde la protección ambiental, la modulación epitelial y la anticipación clínica preceden a la intervención inmunológica profunda. En los centros avanzados, estas terapias permitirán definir mejor los criterios de inicio, ajuste y retirada, optimizando eficacia y seguridad(13).

Farmacología context-aware y algoritmos como intervención terapéutica

La innovación terapéutica no se limita a nuevas moléculas. La incorporación de algoritmos clínicos capaces de integrar riesgo ambiental, vulnerabilidad individual y respuesta biológica convierte al timing terapéutico en una variable central. Los fármacos context-aware y los dispositivos inteligentes permiten microajustes preventivos en función del riesgo real del día, reduciendo exacerbaciones sin incrementar la carga farmacológica global.

En este modelo, el algoritmo deja de ser una herramienta auxiliar para convertirse en una intervención terapéutica en sí misma, capaz de anticipar daño y modular la respuesta antes de que la clínica se deteriore. La integración de estas estrategias en algoritmos anticipatorios se alinea con el paradigma del exposoma y de la medicina ambiental avanzada(22).

Innovación responsable: líneas de desarrollo y ética ambiómica

Los centros pediátricos avanzados desempeñarán un papel clave en el desarrollo, validación y evaluación de estas estrategias terapéuticas. Sus líneas de trabajo incluirán la integración de biomarcadores ambiómicos, la evaluación de terapias aire-dirigidas en poblaciones de alto riesgo, la optimización de algoritmos anticipatorios y el análisis del impacto clínico y social de estas intervenciones.

Es imprescindible subrayar que estas innovaciones no deben interpretarse como una legitimación de la contaminación ambiental. Las terapias aire-dirigidas y los tratamientos ambiómicos no sustituyen la prevención primaria ni la obligación colectiva de mejorar la calidad del aire. Su función es proteger mientras se corrigen los determinantes estructurales, especialmente en niños que no pueden elegir su entorno(13,16).

Desde una perspectiva ética, estas estrategias deben entenderse como tratamientos puente, orientados a reducir daño y desigualdad, no como soluciones definitivas. La medicina ambiómica responsable no acepta el aire contaminado como norma, sino que actúa para minimizar su impacto mientras se trabaja activamente por transformarlo.

En conjunto, la innovación terapéutica que se perfila para las próximas décadas no redefine únicamente cómo tratamos la enfermedad respiratoria infantil, sino cuándo, dónde y con qué lógica intervenimos. Se trata de una medicina que deja de perseguir síntomas para comenzar a modificar trayectorias, alineando biología, entorno y práctica clínica en beneficio de la salud infantil. Para facilitar su comprensión y utilidad en la práctica clínica general, la tabla I resume los principales ejes terapéuticos emergentes, su racional biológico y su relevancia clínica. El siguiente apartado describe cómo los principios del Modelo ÍTACA se concretan en un algoritmo clínico anticipatorio para la prevención y el manejo de la enfermedad respiratoria infantil.

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El algoritmo clínico ambiómico: del aire al tratamiento, antes de la crisis

Si el Modelo ÍTACA define la arquitectura conceptual que integra aire, biología y territorio, el algoritmo clínico ambiómico representa su traducción operativa en la práctica pediátrica diaria, transformando la anticipación ambiental en decisiones clínicas concretas. Si la contaminación atmosférica actúa de forma continua y dinámica, la respuesta clínica no puede basarse únicamente en episodios aislados. El algoritmo clínico ambiómico constituye la traducción operativa del Modelo ÍTACA: una herramienta que permite integrar información ambiental, vulnerabilidad individual y respuesta clínica para anticipar la exacerbación respiratoria y actuar antes de que se manifieste.

Del episodio a la trayectoria

El algoritmo parte de una premisa fundamental: la exacerbación respiratoria infantil no es un evento súbito, sino el resultado de una trayectoria predecible que comienza con la exposición ambiental, progresa con cambios biológicos subclínicos y culmina en síntomas(23,24). Intervenir sobre esa trayectoria –y no solo sobre el episodio final– es el objetivo central del modelo.

El algoritmo clínico ambiómico integra cuatro elementos clave:

1. Riesgo ambiental contextual: información diaria sobre calidad del aire (material particulado –PM–, NO2, O3, episodios especiales) a escala local.

2. Vulnerabilidad individual: edad, enfermedad respiratoria previa, prematuridad, inmunodepresión e historial de exacerbaciones asociadas a contaminación.

3. Respuesta clínica y funcional: síntomas, variabilidad del flujo, necesidad de rescate y, cuando esté disponible, biomarcadores ambiómicos.

4. Capacidad de intervención anticipatoria: medidas ambientales, ajustes terapéuticos contextuales y activación de planes preventivos predefinidos.

El semáforo ambiental personal

La integración de estos elementos se traduce en una herramienta sencilla: el semáforo ambiental personal, que clasifica el riesgo en tres niveles (verde, ámbar, rojo) y activa respuestas clínicas proporcionales. Este semáforo no sustituye al juicio clínico, sino que estructura la decisión y reduce la improvisación ante escenarios repetidos. La traducción operativa del algoritmo clínico ambiómico se resume de forma simplificada en la tabla II, mientras que su desarrollo paso a paso y su aplicación detallada en AP se describen en el anexo II (Ver algoritmo clínico ambiómico al final del artículo).

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Del algoritmo al cambio de modelo

El valor diferencial del algoritmo no reside en la complejidad tecnológica, sino en el cambio de lógica clínica. Ajustar exposición, reforzar protección epitelial o modificar temporalmente la estrategia terapéutica antes del deterioro clínico permite reducir exacerbaciones, visitas urgentes e ingresos hospitalarios, especialmente en niños vulnerables. La anticipación es el acto terapéutico.

El algoritmo no es estático. Cada episodio alimenta el sistema, refina la evaluación del riesgo y mejora la anticipación futura en un proceso de aprendizaje continuo. De este modo, el seguimiento respiratorio infantil se convierte en un proceso adaptativo y personalizado, alineado con la variabilidad ambiental real.

Más allá de su utilidad clínica inmediata, el algoritmo ambiómico representa un cambio cultural en la práctica pediátrica(6). Introduce el aire como variable clínica legítima, desplaza la intervención hacia fases tempranas y refuerza el papel de la AP y de los entornos comunitarios como espacios clave de prevención activa.

En definitiva, el algoritmo clínico ambiómico no es un añadido técnico, sino la expresión práctica de una nueva forma de entender la neumología pediátrica: una medicina que lee el entorno, anticipa el daño y protege trayectorias respiratorias en un mundo donde el aire ya no puede darse por supuesto.

Avanzadilla ÍTACA en la Atención Comunitaria: cuando el hogar se convierte en el primer hospital respiratorio(25-27)(de los centros piloto avanzados a la transformación de hogares y comunidades)

La mayor parte de la exposición ambiental relevante para la salud respiratoria infantil no ocurre en el hospital ni en la consulta, sino en los espacios donde el niño vive, juega y se desplaza: el hogar, la escuela y el barrio. Asumir esta realidad implica un cambio profundo en la forma de entender la Pediatría. Si la exposición ocurre en el territorio, la protección también debe comenzar allí.

Desde esta perspectiva, el Modelo ÍTACA no se apoya en una dicotomía entre Pediatría Hospitalaria y AP, sino que se inscribe en una Pediatría Global, centrada en el niño, el adolescente y su familia, y atenta a los contextos reales en los que se construye la salud o la enfermedad. En este marco, el hogar deja de ser un escenario pasivo y se reconoce como el primer hospital respiratorio del niño, mientras que la Pediatría Comunitaria se convierte en el espacio natural de la prevención anticipatoria. A lo largo de este artículo, el término Pediatría Comunitaria se utiliza para describir un modelo integrado, territorial y proactivo de atención al niño y al adolescente, que trasciende la división clásica entre hospital y AP, y sitúa al hogar, la escuela y el barrio como espacios clínicos legítimos.

Centros pioneros y pilotaje del modelo: donde nace la innovación

La Avanzadilla ÍTACA se inicia en centros pediátricos avanzados, que actúan como verdaderos laboratorios clínicos del futuro. En estos entornos se desarrollan, prueban y ajustan los componentes más complejos del modelo: evaluación individualizada del exposoma, integración de biomarcadores ambiómicos, algoritmos anticipatorios y terapias aire-dirigidas.

Estos centros trabajan con niños para los que la exposición ambiental tiene consecuencias clínicas desproporcionadas o potencialmente graves, como prematuros extremos, pacientes con enfermedades respiratorias raras o minoritarias, asma grave, inmunodepresión o patología crónica compleja. En estos casos, la anticipación ambiental no es una mejora incremental, sino una necesidad clínica inmediata.

El objetivo de estos centros no es concentrar la innovación, sino destilar lo esencial, identificar qué funciona y bajo qué condiciones, y generar conocimiento transferible. En este contexto, el Hospital Sant Joan de Déu ocupa una posición especialmente relevante por su experiencia en alta complejidad pediátrica, su tradición en innovación clínica y su vinculación con la salud comunitaria.

La lógica es clara: pilotaje antes de diseminación, para garantizar seguridad, utilidad clínica y equidad.

De la complejidad a la acción: traducir el modelo al territorio(25)

Una vez validados los elementos nucleares del Modelo ÍTACA, el siguiente paso es su traducción operativa. Algoritmos complejos se convierten en semáforos ambientales; paneles ambiómicos se transforman en criterios clínicos claros; estrategias avanzadas de protección ambiental se traducen en recomendaciones prácticas y planes de actuación.

Este proceso de traducción evita dos riesgos habituales: la hipercomplejidad inoperante y la banalización del enfoque ambiental. La Avanzadilla ÍTACA actúa como un filtro de calidad clínica, asegurando que lo que llega al territorio sea útil, seguro y aplicable en tiempo real.

Desde los centros pioneros, el conocimiento fluye hacia la Pediatría Comunitaria en sentido amplio –incluyendo AP, centros de salud comunitarios y redes territoriales–, donde se integra en la práctica cotidiana y se adapta a contextos diversos.

Pediatría Comunitaria proactiva: proteger donde el niño respira(25-27)

La Pediatría Comunitaria no se define aquí por el lugar físico donde se ejerce, sino por una mirada clínica proactiva, contextual y longitudinal. Su función es identificar riesgo temprano, activar medidas preventivas y acompañar a las familias en la gestión cotidiana del entorno. Desde esta perspectiva, la AP constituye un pilar esencial de la Pediatría Comunitaria, pero no su único escenario ni su límite conceptual.

En este marco, la prescripción ambiental se convierte en un acto clínico central. A través de herramientas como la Hoja Verde, el pediatra evalúa factores ambientales de alto impacto –ventilación, fuentes de combustión, filtración HEPA, productos emisores, humedad, tráfico o rutas escolares– y los integra de forma personalizada en el plan terapéutico. La hoja verde integra la valoración estructurada de:

• Ventilación del hogar.

• Fuentes de combustión (cocina de gas, calefacción).

• Uso de filtración HEPA cuando está indicada.

• Productos emisores (aerosoles, perfumes).

• Humedad y moho.

• Tráfico exterior.

• Obras o reformas recientes.

• Rutas escolares.

La Hoja Verde no es un consejo genérico, sino una intervención clínica contextual, fruto de la experiencia acumulada en los centros piloto y adaptada a la realidad comunitaria.

Asimismo, el pediatra asume el papel de radar ambiental del territorio, alertando a las familias en días de alto riesgo, adaptando recomendaciones de actividad física y personalizando el entorno de niños con mayor vulnerabilidad respiratoria. Este enfoque redistribuye el esfuerzo asistencial: menos crisis, menos urgencias y más anticipación. Muchas de las intervenciones con mayor impacto clínico son también las más sencillas. Ventilación controlada, reducción de emisiones interiores, filtración selectiva, elección de rutas escolares menos contaminadas o ajuste de la actividad física según la calidad del aire permiten modular la exposición diaria de forma significativa. Estas medidas no sustituyen al tratamiento médico, pero crean el contexto en el que el tratamiento funciona mejor, reduciendo exacerbaciones y mejorando el control clínico.

De este modo, la innovación deja de residir exclusivamente en el dispositivo tecnológico y se materializa en protección real, allí donde el niño vive y respira. Este desplazamiento del eje asistencial hacia el hogar y la comunidad se resume de forma esquemática en la figura 3.

Figura 3. Avanzadilla ÍTACA. La revolución empieza en los hogares y se despliega desde la Pediatría Comunitaria, con la Atención Primaria como eje de proximidad

 

Grupos vulnerables: donde la anticipación ambiental deja de ser opcional

La contaminación atmosférica afecta a todos los niños, pero no afecta a todos por igual. En los niños más vulnerables, la contaminación no es un factor de riesgo más: es un determinante clínico mayor que exige anticipación, no espera.

La evidencia acumulada muestra que determinados grupos pediátricos presentan una susceptibilidad desproporcionada, en los que exposiciones ambientales relativamente moderadas pueden desencadenar consecuencias clínicas graves, persistentes o irreversibles. En estos niños, la medicina ambiómica no representa una innovación deseable, sino una necesidad asistencial.

El Modelo ÍTACA encuentra en estos grupos su mayor justificación clínica, ética y estratégica. Son ellos quienes obligan a anticipar, integrar y proteger con mayor precisión.

Prematuros y niños con desarrollo pulmonar comprometido

El pulmón del prematuro se desarrolla en un entorno biológicamente frágil y, con frecuencia, en un contexto ambiental adverso. La exposición temprana a contaminantes atmosféricos puede interferir en procesos críticos de alveolarización, angiogénesis y maduración inmunológica.

En estos niños, la contaminación no solo exacerba síntomas, sino que puede condicionar trayectorias respiratorias de por vida, aumentando el riesgo de enfermedad obstructiva crónica, infecciones recurrentes y menor reserva funcional(28). La protección ambiental temprana y sostenida constituye una intervención de alto impacto, incluso cuando la clínica es aparentemente estable.

Asma grave y asma dependiente del entorno

El asma infantil no es una entidad homogénea. En un porcentaje significativo de pacientes, especialmente aquellos con mal control pese a tratamiento adecuado, la contaminación atmosférica actúa como factor mantenedor y amplificador de la enfermedad.

Estos niños no son únicamente “asmáticos graves”, sino niños biológicamente dependientes de su exposoma. La identificación de esta dependencia permite reinterpretar la falta de respuesta terapéutica y justifica estrategias específicas: protección ambiental intensiva, tratamientos context-aware y, cuando está indicado, biológicos ambiómicos(29).

Niños inmunodeprimidos y en tratamiento oncológico

En los niños con inmunodepresión –ya sea primaria o secundaria a tratamientos oncológicos o inmunosupresores–, la exposición ambiental adquiere una dimensión crítica. La contaminación atmosférica no solo incrementa el riesgo de exacerbaciones respiratorias, sino que aumenta la susceptibilidad a infecciones, empeora su evolución y puede comprometer la continuidad de tratamientos vitales.

En este grupo, las intervenciones ambientales –filtración HEPA, control de exposiciones interiores, ajuste de actividades según calidad del aire– forman parte de una estrategia de protección integral, equiparable en importancia a otras medidas preventivas clásicas. Aquí, la medicina ambiómica se integra de forma natural en la práctica clínica habitual(6,12).

Enfermedades respiratorias raras o minoritarias

Los niños con enfermedades respiratorias poco frecuentes o complejas suelen presentar una capacidad de adaptación limitada frente a agresiones ambientales(16). La contaminación puede descompensar situaciones clínicas estables y generar deterioros difíciles de revertir.

Estos pacientes han sido históricamente invisibles para las políticas ambientales poblacionales, pero se sitúan en el centro del Modelo ÍTACA. La evaluación individualizada del riesgo, la anticipación y la personalización ambiental permiten ganar margen clínico en patologías donde cada exacerbación tiene un alto coste funcional.

Vulnerabilidad social y territorial

La vulnerabilidad biológica se entrelaza con la vulnerabilidad social. Los niños que viven en entornos urbanos densos, viviendas mal ventiladas o zonas de alta carga contaminante presentan mayor exposición y menor capacidad de modificarla. Esta combinación amplifica el impacto de la contaminación y contribuye a desigualdades tempranas en salud respiratoria.

El Modelo ÍTACA incorpora esta dimensión social no como un añadido, sino como un elemento central. La prescripción ambiental, el acompañamiento comunitario y la acción desde AP permiten mitigar parte de estas desigualdades, actuando allí donde la prevención primaria estructural aún no ha llegado.

Los grupos vulnerables como motor de innovación(16)

Paradójicamente, son estos grupos los que han impulsado históricamente muchos de los avances en pediatría. En el ámbito de la salud respiratoria ambiental, ocurre lo mismo: las soluciones desarrolladas para los niños más vulnerables suelen ser las más robustas y transferibles.

La Avanzadilla ÍTACA encuentra en ellos su campo de validación natural. Proteger a quienes más lo necesitan permite, posteriormente, extender el modelo al conjunto de la población pediátrica, elevando el estándar de cuidado para todos.

Frontera 2030-2050: Gemelo Digital Respiratorio Infantil y medicina ambiómica avanzada

La integración de herramientas digitales, datos ambientales, algoritmos clínicos y estructuras comunitarias no debe entenderse como una suma de innovaciones aisladas, sino como plataformas al servicio de una transición más amplia del modelo de salud, en la que el territorio, el entorno y la anticipación adquieren un papel central(13).

Si el Modelo ÍTACA convierte el aire en una variable clínica y el algoritmo ambiómico transforma esa información en acción anticipatoria, la frontera 2030-2050 llevará esta lógica un paso más allá: pasar de la monitorización de la exposición a la modelización y predicción de trayectorias respiratorias. El concepto que sintetiza esta transición es el Gemelo Digital Respiratorio Infantil (GDRI), una representación dinámica del sistema respiratorio del niño que integra, en tiempo real, datos ambientales, biológicos y clínicos para anticipar riesgo y personalizar intervenciones. La arquitectura conceptual del GDRI y su integración en la medicina ambiómica avanzada se ilustran en la figura 4.

Figura 4. El Gemelo Digital Respiratorio Infantil (GDRI). Arquitectura de la medicina ambiómica avanzada en pediatría (2030-2050). Modelo conceptual de la medicina ambiómica avanzada en pediatría respiratoria. Integra exposición ambiental real, respuesta biológica, inteligencia clínica y acción anticipatoria para prevenir y manejar la enfermedad respiratoria infantil entre 2030 y 2050, situando al hogar y la Atención Primaria como ejes estratégicos.

 

Del exposoma a la predicción de trayectorias: el Gemelo Digital Respiratorio Infantil(30)

El Gemelo Digital Respiratorio Infantil no es una simple suma de sensores ni una herramienta de monitorización pasiva, sino un modelo dinámico que aprende del niño y de su entorno. Su objetivo no es describir el riesgo, sino anticipar cómo y cuándo puede producirse una descompensación respiratoria y qué intervención es más eficaz para evitarla.

Para ello, el GDRI integra de forma continua múltiples capas de información:

• Datos ambientales de alta resolución: procedentes de redes de vigilancia, registros de emisiones (PRTR), sensores personales y domésticos, modelos atmosféricos y variables meteorológicas que modulan la toxicidad del aire (temperatura, radiación solar, humedad).

• Datos de comportamiento y microambientes: incluyendo hogar, escuela, rutas habituales, ventilación, tiempo de permanencia en interiores y exteriores y nivel de actividad física.

• Datos clínicos y funcionales: como síntomas, uso real de la medicación, técnica inhalatoria, parámetros de función pulmonar y variabilidad, y marcadores de inflamación de la vía aérea.

• Datos ambiómicos: que incorporan firmas de aire exhalado (breathomics), perfiles inflamatorios y señales de estrés oxidativo y de alteración de la barrera epitelial.

El resultado no es un perfil de riesgo estático, sino una predicción dinámica de trayectorias clínicas: la probabilidad de que un niño se descompense en las siguientes 48-72 horas, el tipo de descompensación más probable y el margen de oportunidad para intervenir de forma preventiva. Este enfoque desplaza la neumología pediátrica desde el manejo episódico hacia una medicina de trayectorias, donde anticipar se convierte en una forma legítima de tratamiento.

De la predicción a la intervención: medicina ambiómica avanzada, implantación y gobernanza(31)

En el horizonte 2030-2050, el valor del Gemelo Digital Respiratorio Infantil se materializa cuando la predicción se traduce en intervenciones programables y contextualizadas. La medicina ambiómica avanzada integra el GDRI con estrategias terapéuticas capaces de activarse de forma anticipada, incluyendo medidas ambientales (ventilación dirigida, filtración, adaptación de rutas y actividades), ajustes farmacológicos context-aware basados en riesgo real, selección más precisa de terapias aire-dirigidas (epiteliales, mitocondriales o inmunitarias) y un uso más racional de terapias avanzadas, como los biológicos ambiómicos, con criterios de entrada y salida mejor definidos.

En este marco, el objetivo terapéutico deja de ser únicamente el control de síntomas y pasa a ser el aumento de la resiliencia respiratoria, permitiendo que el niño tolere mejor un aire imperfecto sin activar cascadas inflamatorias desproporcionadas.

La implantación de este modelo no será homogénea. Los primeros desarrollos del GDRI y de la medicina ambiómica avanzada se llevarán a cabo en centros pioneros, especialmente aquellos que atienden a población pediátrica de alta complejidad, como niños prematuros extremos, inmunodeprimidos o con enfermedades respiratorias raras o minoritarias. Estos entornos permiten validar la utilidad clínica, la seguridad y el impacto en equidad, y facilitar posteriormente la transferencia progresiva de los componentes esenciales del modelo hacia la AP y los centros comunitarios ambiómicos.

Este avance tecnológico exige, además, una gobernanza explícita. La protección de la privacidad, la seguridad de los datos, la transparencia algorítmica y la equidad deben ser principios centrales. El gemelo digital no debe convertirse en una herramienta de vigilancia pasiva ni en un mecanismo de medicalización ambiental, sino en un instrumento de protección activa de la infancia, orientado a reducir daño y desigualdad.

En definitiva, el Gemelo Digital Respiratorio Infantil representa la frontera de un cambio mayor: pasar de una neumología pediátrica episódica a una neumología pediátrica basada en trayectorias, donde el aire, el territorio y la biología se integran para anticipar, intervenir y aprender.

Conclusiones: hacia una pediatría del aire

La contaminación atmosférica ha dejado de ser una variable periférica para convertirse en uno de los determinantes más influyentes de la salud respiratoria infantil. Su efecto no se limita a desencadenar síntomas, configura vulnerabilidad, modula la respuesta a infecciones y condiciona la evolución de enfermedades crónicas a lo largo del desarrollo. En este contexto, la pediatría respiratoria no puede seguir operando únicamente desde la lógica del episodio.

El Modelo ÍTACA propone un marco integrador para traducir el conocimiento ambiental en práctica clínica: individualizar exposición, incorporar el aire a la historia clínica, anticipar riesgo mediante algoritmos sencillos y actuar en los entornos donde la exposición ocurre. La innovación terapéutica se redefine, así como un proceso que combina protección ambiental, nuevas dianas biológicas (epitelio-mitocondria-inmunidad innata), biológicos ambiómicos y farmacología context-aware, siempre con una ética clara: proteger no sustituye prevenir.

La vanguardia de esta transformación no se sitúa exclusivamente en el hospital. Comienza en centros pioneros que pilotan el modelo en poblaciones de máxima vulnerabilidad y se hace efectiva cuando se disemina hacia la AP y los hogares, entendidos como el primer espacio terapéutico respiratorio del niño. La pediatría del aire que se perfila para 2030-2050 será anticipatoria, comunitaria, tecnológicamente inteligente, pero clínicamente simple, y profundamente orientada a la equidad.

En última instancia, integrar el aire en la clínica no es añadir una tarea, sino recuperar el sentido completo de la pediatría: proteger el desarrollo. En un mundo atmosféricamente alterado, proteger el desarrollo respiratorio infantil exige leer el entorno, intervenir temprano y acompañar trayectorias. Esa es la dirección hacia la que caminamos.

Como síntesis operativa de los principios desarrollados a lo largo de este artículo, se propone el Decálogo ÍTACA para la pediatría respiratoria (Tabla III), que resume los fundamentos clínicos, ambientales y organizativos de una medicina respiratoria infantil adaptada a la era del aire.

tabla

 

El futuro de la neumología pediátrica no consistirá en tratar mejor las crisis, sino en evitar que los niños lleguen a tenerlas. En el siglo XXI, cuidar la salud respiratoria infantil implica cuidar el aire que rodea al niño. Integrarlo en la práctica clínica no es una innovación tecnológica: es una evolución ética de la pediatría.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

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Marco jurídico y responsabilidad profesional en materia de inmunizaciones

De interés especial
 


J. Moreno Alemán*, N. Garrido Cuenca**

*Socio director MBE Legal. Asesor externo del CAV-AEP **Catedrática de Derecho Administrativo de la Universidad de Castilla la Mancha (UCLM). Consejera académica de MBE Legal. Asesora externa del CAV-AEP

Resumen

Las inmunizaciones constituyen una herramienta esencial para la protección de la salud pública y uno de los mayores logros científicos del siglo XX. Su relevancia jurídica deriva del equilibrio entre la autonomía individual y el deber colectivo de prevenir enfermedades transmisibles. El marco legal español reconoce la vacunación como un acto sanitario voluntario, salvo en circunstancias excepcionales que justifiquen su obligatoriedad por razones de salud pública. Se analizan los principales elementos normativos que rigen la vacunación en España: autorización de vacunas, consentimiento informado, responsabilidad profesional y coordinación interterritorial. Finalmente, se plantean reflexiones sobre los desafíos actuales en materia de seguridad jurídica, comunicación asistencial y equidad territorial en las políticas de vacunación, en un entorno de cambios previsibles derivados de los nuevos mecanismos de inmunización y la irrupción de las nuevas tecnologías.

 

Abstract

Immunizations are an essential tool for protecting public health and one of the greatest scientific achievements of the 20th century. Their legal relevance stems from the balance between individual autonomy and the collective duty to prevent communicable diseases. Spanish law recognizes vaccination as a voluntary healthcare act, except in exceptional circumstances that justify making it mandatory for public health reasons. This article analyzes the main regulatory elements governing vaccination in Spain: vaccine authorization, informed consent, professional responsibility, and inter-territorial coordination. Finally, it reflects on current challenges regarding legal certainty, healthcare communication, and territorial equity in vaccination policies, within a context of foreseeable changes resulting from new immunization mechanisms and the emergence of new technologies.

 

Palabras clave: Vacunación; Consentimiento informado; Responsabilidad legal; Salud pública; Calendario de inmunización.

Key words: Vaccination; Informed Consent; Liability Legal; Public Health; Immunization Schedule.

 

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (8): 634.e1 – 634.e6


Marco jurídico y responsabilidad profesional en materia de inmunizaciones

https://doi.org/10.63149/j.pedint.102

 

Introducción. El complejo marco normativo de la vacunación

La vacunación constituye una de las herramientas más eficaces y costo-eficientes de la salud pública moderna. En el contexto español, su regulación ha evolucionado junto al desarrollo del Estado autonómico, la consolidación del Sistema Nacional de Salud y la expansión de los derechos de los pacientes. En los últimos años se ha producido, además, un renovado interés jurídico y social hacia las bases normativas que sustentan la vacunación: la voluntariedad, la obligación en situaciones excepcionales, la responsabilidad patrimonial, el consentimiento informado y el marco ético que define la toma de decisiones en salud colectiva. Su dimensión jurídica sigue generando debate entre el respeto a la autonomía personal y la necesidad de proteger a la comunidad frente a riesgos epidémicos. En España, la regulación de las inmunizaciones se sustenta en un entramado normativo complejo, compuesto por normas éticas y jurídicas que garantizan la seguridad, eficacia y accesibilidad de las vacunas (Tabla I).

 

Las vacunas son un medicamento especial

Las vacunas se encuentran bajo la regulación general aplicable a los medicamentos de uso humano. El Real Decreto Legislativo 1/2015 y el Real Decreto 1345/2007 señalan sus procedimientos de autorización, evaluación y farmacovigilancia. Jurídicamente, son medicamentos biológicos sujetos a prescripción médica, aunque, en la práctica, los programas públicos simplifican su acceso mediante campañas vacunales si se encuentran incluidas en los calendarios oficiales de inmunización.

El sistema español combina competencias estatales y autonómicas: mientras el Ministerio de Sanidad supervisa la seguridad, eficacia y trazabilidad a través de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), las comunidades autónomas gestionan los programas de vacunación y la adquisición de dosis mediante contratos marco. Esta doble escala de control garantiza la seguridad y la homogeneidad técnica de los productos distribuidos.

Innovación tecnológica y nuevos desafíos

La introducción de las vacunas de ARNm, los anticuerpos monoclonales y las terapias basadas en ARN, ha transformado el panorama regulatorio. Estas tecnologías plantean retos de evaluación, trazabilidad y seguridad que exigen mecanismos normativos más ágiles. Las autoridades nacionales y europeas avanzan hacia esquemas de autorización condicional y revisión continuada, que compatibilizan celeridad e integridad científica(1,2).

Además, la utilización de inteligencia artificial para el desarrollo y seguimiento de vacunas inaugura un campo nuevo en la relación entre farmacovigilancia digital, protección de datos personales y algoritmos de predicción clínica. Este enfoque demandará un diálogo interdisciplinar entre juristas, bioeticistas y científicos.

Voluntariedad y obligatoriedad de la vacunación

El sistema jurídico español se rige por el principio de voluntariedad en materia de vacunación. La Ley 41/2002, básica de autonomía del paciente, reconoce el derecho de toda persona a decidir libremente sobre las intervenciones sanitarias que se le propongan, una vez recibida la información adecuada. De este modo, la vacunación se concibe como una actuación sanitaria recomendada, no impuesta(3).

No obstante, el principio de voluntariedad no es absoluto. La Ley Orgánica 3/1986, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, faculta a las autoridades competentes para adoptar medidas de control y prevención “cuando así lo exijan razones sanitarias de urgencia o necesidad”. Entre esas medidas puede incluirse, en casos excepcionales, la vacunación obligatoria de determinados grupos o poblaciones.

La jurisprudencia ha delimitado este equilibrio entre libertad individual y salud colectiva. En el Auto del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 5 de Granada, de 24 de diciembre de 2010, relativo a un brote de sarampión en un centro educativo de Granada, el Tribunal avaló la decisión judicial de imponer la vacunación obligatoria de los menores no inmunizados, señalando que el derecho a la integridad física (art. 15 CE) puede ceder ante la protección de la salud pública (art. 43 CE), siempre que se respeten los principios de proporcionalidad, necesidad y mínima injerencia. Durante la pandemia de la COVID-19, algunos tribunales autorizaron vacunaciones forzosas en residencias de mayores cuando la negativa individual comprometía la salud colectiva, confirmando que, en casos excepcionales de riesgo grave, concreto y acreditado, el interés general en la protección de la comunidad puede prevalecer sobre la autonomía individual. En todos los demás contextos, el sistema se basa en la educación sanitaria, la transparencia informativa y la confianza social(4).

La vacunación obligatoria que se contempla en varios países europeos ha sido avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Sentencia 8 abril 2021), apoyada en el “principio de solidaridad y justicia social”. Pero en España, el enfoque actual de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y de las autoridades sanitarias es consolidar un modelo de corresponsabilidad: promover la vacunación universal mediante información veraz y accesible, reforzar la cultura científica y mantener la posibilidad de intervención coercitiva únicamente como último recurso, conforme al principio de proporcionalidad(5).

Consentimiento informado e información al paciente (Tabla II)

 

El consentimiento informado constituye uno de los pilares de la relación asistencial moderna y un elemento esencial en cualquier procedimiento sanitario, incluidas las inmunizaciones. La Ley 41/2002, de Autonomía del Paciente, consagra el derecho de toda persona a recibir información clara, comprensible y suficiente sobre el procedimiento. En el ámbito vacunal, la información adquiere especial relevancia al ser un acto que afecta a un individuo sano, pero también por su potencial “efecto rebaño”. La transmisión de información debe realizarse en términos accesibles, basados en evidencia científica actualizada y adaptados al nivel de comprensión del paciente o sus representantes legales, en el caso de menores de edad o discapacidad(6).

El profesional sanitario tiene el deber ético y legal de explicar:

• La finalidad preventiva de la vacuna y su relevancia para la salud colectiva.

• Las posibles reacciones adversas, fundamentalmente las más comunes, destacando la existencia de sistemas de farmacovigilancia.

• El calendario de administración, así como los refuerzos o dosis de recuerdo necesarios.

• Las vacunas no financiadas para la prevención de enfermedades.

El consentimiento para la vacunación suele ser verbal y tácito, manifestado mediante la aceptación de la inoculación tras la información pertinente. No obstante, podría llegar a requerirse consentimiento escrito en contextos especiales: vacunaciones fuera del calendario oficial, administración de vacunas en situaciones de riesgo o cuando el paciente o sus representantes así lo soliciten; si bien, en la práctica vacunal no se utiliza el documento de consentimiento informado por escrito y los tribunales tampoco lo vienen exigiendo. Además, el proceso de consentimiento informado debe documentarse adecuadamente. La historia clínica debe reflejar tanto la información ofrecida (en vacunas de calendario y campañas vacunales, basta con informar de las consecuencias leves y los riesgos típicos; en vacunas no financiadas, habría que informar de los riesgos graves e infrecuentes) como la decisión final del paciente o su representante, garantizando la trazabilidad y la defensa jurídica de los profesionales en caso de reclamación.

Consentimiento informado en menores de edad y conflictos con o entre progenitores

En el caso de menores de edad, el artículo 9 de la Ley 41/2002 establece que la decisión corresponde a los padres o tutores, aunque el menor debe participar en la toma de decisiones si tiene suficiente madurez. La Ley 26/2015 refuerza este principio, introduciendo el concepto de “interés superior del menor”, que prevalece en caso de conflicto entre la decisión familiar y la recomendación sanitaria(7).

El conflicto entre progenitores sobre la vacunación de los hijos menores se ha convertido en un motivo habitual de intervención de los tribunales civiles en procedimientos de jurisdicción voluntaria (art. 87 Ley 15/2015, de Jurisdicción Voluntaria), sobre todo en relación con la vacuna del COVID(8). El Tribunal Constitucional utiliza el canon de constitucionalidad basado en el interés superior del menor y la ponderación de las circunstancias concurrentes y personales para validar la autorización judicial que otorga la representación para el acto médico de la vacunación a uno de los padres, aunque este no tuviera la patria potestad, o en caso de ser esta compartida, al progenitor favorable a la vacunación (entre otras muchas, Sentencia del Tribunal Constitucional [STC] 148/2023, de 6 de noviembre).

Vacunación de profesionales y ética del deber sanitario

Aunque la vacunación de los profesionales sanitarios en España es voluntaria, se considera un deber ético y profesional, acorde al principio de “no maleficencia” y “primum non nocere”. En sectores sensibles, como centros residenciales o unidades de neonatología, las autoridades pueden establecer medidas laborales específicas ante la negativa a vacunarse (Ley 55/2003 de 16 de diciembre del Estatuto Marco del Personal Estatutario de Servicios de Salud, incluye como deber “cumplir las normas relativas a la seguridad y salud en el trabajo, así como las disposiciones adoptadas en el centro sanitario en relación con esta materia” (art. 19.m); también, la oposición a las medidas de vigilancia de la salud podría suponer responsabilidades (art. 22 de la Ley General de Salud Pública).

Responsabilidad jurídica y profesional en la vacunación

El acto vacunal, aunque rutinario y de bajo riesgo, también está sujeto a responsabilidad jurídica. La responsabilidad puede derivarse de tres grandes ámbitos: administrativo-patrimonial, civil y penal, dependiendo de la naturaleza del servicio y de la conducta del profesional o la institución implicada(9).

Responsabilidad patrimonial de la Administración

Cuando la vacunación se realiza en el marco del Sistema Nacional de Salud, la eventual aparición de un daño atribuible a la vacuna se rige por el principio de responsabilidad patrimonial de la Administración pública (art. 106.2 de la Constitución Española y Ley 40/2015 de Régimen Jurídico del Sector Público).

El ciudadano tiene derecho a ser indemnizado por los daños que sufra, siempre que sean antijurídicos –es decir, que el afectado no tenga el deber jurídico de soportarlos– y exista una relación causal directa entre la actuación sanitaria y el daño.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha admitido indemnizaciones incluso en ausencia de negligencia, aplicando un régimen de responsabilidad objetiva cuando la vacunación se realiza en cumplimiento de una política pública. Ejemplo de ello es la Sentencia del Tribunal Supremo (STS) 2832/2016, que reconoció la responsabilidad de la Administración por una reacción adversa grave a una vacuna oficialmente recomendada, aun sin culpa médica, por concurrir un “riesgo inherente al servicio público sanitario” y en base al principio de “solidaridad social” y “equidad ante las cargas públicas”. Esta misma doctrina es la que se mantiene desde la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura de 3 de mayo de 2024 (Rec. 75/2024) para reconocer la responsabilidad patrimonial por los efectos adversos de la vacunación COVID. Con ello se busca mantener la confianza ciudadana y la legitimidad de las políticas de vacunación, garantizando que los posibles perjuicios sean asumidos colectivamente(10,11).

Responsabilidad profesional sanitaria

En el ámbito civil o disciplinario, la responsabilidad del profesional sanitario se valora conforme a la lex artis ad hoc (criterios técnicos y de prudencia que deben regir la actuación profesional en el caso concreto) y la prueba de un daño efectivo y un nexo causal directo. En el contexto vacunal, los supuestos más frecuentes de reclamación se relacionan con errores en la administración (vacuna equivocada o fuera de plazo), falta o deficiencia en la información y ausencia de registro documental del consentimiento informado. La AEP, la AEMPS y las comunidades autónomas recomiendan protocolos normalizados de trazabilidad vacunal que incluyan doble verificación, control de temperatura de conservación y registro automatizado del número de lote, reforzando la seguridad jurídica del profesional.

Responsabilidad penal

Los casos de responsabilidad penal en materia de vacunación son excepcionales. Podrían plantearse en situaciones de negligencia grave (p. ej., administración de una vacuna caducada o en condiciones inadecuadas) o de falsificación documental (registro de una vacuna no administrada).

No obstante, la carga probatoria y el principio de intervención mínima del Derecho penal hacen que estos supuestos sean extremadamente infrecuentes. La reciente Sentencia del 7 de octubre de 2025 de la Audiencia Provincial de Bizkaia, sobre la absolución de una enfermera pediátrica (por eximente completa de alteración psíquica) acusada de simular la vacunación de más de 400 menores de Osakidetza, aunque yerra en el argumento de la obligatoriedad de la vacunación, tiene relevancia jurídica al plantear si procede tipificar, como delito específico en el Código Penal, la simulación de vacunación por empleado público, reforzando el compromiso con actuaciones susceptibles de generar un riesgo grave para la salud pública no expresamente tipificado.

Coordinación interterritorial y calendario único de vacunación

El modelo descentralizado del Sistema Nacional de Salud (SNS) implica que las comunidades autónomas (CC. AA.) poseen competencias propias en materia de salud pública. Esta distribución competencial, si bien permite adaptar las estrategias de vacunación a las características epidemiológicas locales, ha generado históricamente desajustes entre calendarios vacunales y variaciones en la financiación o recomendación de determinadas vacunas.

Con el objetivo de homogeneizar criterios, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) aprobó en 2019 el denominado “Calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida”, revisado periódicamente por el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, siguen existiendo desfases temporales o vacunas adicionales que pueden generar dudas de seguridad jurídica y equidad sanitaria, especialmente cuando la decisión de vacunar o no se ve condicionada por el lugar de residencia(12). Por ello, el Manual de Inmunizaciones de la AEP (2024) recomienda avanzar hacia un modelo de calendario único y vinculante, acordado por consenso entre el Ministerio y las comunidades, sustentado en criterios científicos y coste-efectividad, para reforzar la coherencia del sistema. Asimismo, se propone mejorar la coordinación mediante plataformas digitales interoperables que integren registros vacunales autonómicos, facilitando la trazabilidad y la movilidad de los ciudadanos dentro del territorio nacional.

Reflexiones finales (Tabla III)

 

El marco jurídico español sobre inmunizaciones es sólido, aunque requiere actualización constante para adaptarse a los desafíos epidemiológicos y éticos contemporáneos. El desarrollo jurídico de la vacunación no debe entenderse como una carga normativa, sino como una garantía que mejora la seguridad de la inmunización en beneficio de todos; esto es, una estructura que permite equilibrar los derechos personales con los intereses colectivos, asegurando que cada acto de inmunización se realice bajo los principios de seguridad, transparencia, equidad y confianza mutua.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

Bibliografía

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Efectos secundarios por el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones en lactantes

De interés especial
 


N. Silva Caparrós*, A. Rodríguez Martínez*, C. Coronel Rodríguez**

*Sección de Gastroenterología, Hepatología, Nutrición Pediátrica y EIM. UGC de Pediatría. Hospital Universitario Virgen del Rocío. Sevilla
**Grupo de Gastroenterología de la SEPEAP. Centro de Salud “Amante Laffón”. Sevilla


Resumen

El uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) en lactantes ha experimentado un incremento notable en la última década, pese a las recomendaciones internacionales que limitan su empleo. El objetivo de este artículo es realizar una puesta al día sobre los efectos adversos asociados al uso prolongado de IBP en esta población. Se realizó un análisis de la literatura reciente, incluyendo guías de práctica clínica y estudios observacionales. Los resultados indican que, aunque los IBP son eficaces en casos seleccionados de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) con complicaciones, su prescripción en lactantes regurgitadores sin signos de alarma carece de justificación. La mayoría de los episodios de reflujo son fisiológicos y autolimitados, sin necesidad de supresión ácida. Entre los efectos adversos descritos por la exposición prolongada, destacan alteraciones de la microbiota con aumento de infecciones intestinales y respiratorias, malabsorción de hierro, vitamina B12 y magnesio, hipergastrinemia con repercusión sobre la densidad ósea, incremento del riesgo de alergias, asma, enfermedades autoinmunes y afectación renal. En conclusión, los IBP deben reservarse a casos estrictamente seleccionados, con tratamientos cortos (4-8 semanas), evitando la medicalización de procesos fisiológicos. Es esencial reforzar las medidas no farmacológicas y transmitir tranquilidad a las familias.

 


Abstract

The use of proton pump inhibitors (PPIs) in infants has markedly increased over the past decade, despite international recommendations restricting their use. The aim of this article is to provide an updated review of the adverse effects associated with long-term PPI therapy in this population. A comprehensive analysis of recent literature was conducted, including clinical practice guidelines and observational studies. Findings indicate that, although PPIs are effective in selected cases of gastroesophageal reflux disease (GERD) with complications, their prescription in infants with uncomplicated regurgitation and no alarm signs is not justified. Most reflux episodes are physiological and self-limiting, requiring no acid suppression. Reported adverse effects of prolonged PPI exposure include alterations of the gut microbiota with an increased incidence of gastrointestinal and respiratory infections, malabsorption of iron, vitamin B12, and magnesium, hypergastrinemia with negative impact on bone density, and a higher risk of allergies, asthma, autoimmune diseases, and renal impairment. In conclusion, PPIs should be reserved for strictly selected cases, with short treatment courses (4-8 weeks), while avoiding the medicalization of physiological processes. Reinforcing non-pharmacological measures and reassuring families are essential components of management.

 

Palabras clave: Inhibidores de la bomba de protones; Lactantes; Enfermedad por reflujo gastroesofágico; Efectos adversos; Microbiota.

Key words: Proton pump inhibitors; Infants; Gastroesophageal reflux disease; Adverse effects; Microbiota.

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (7): 547.e1–547.e6


Efectos secundarios por el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones en lactantes

https://doi.org/10.63149/j.pedint.87

 

Introducción

El aumento del uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) en pediatría ha despertado cierta preocupación por su habitual prescripción en lactantes regurgitadores, con facilidad para el vómito, irritabilidad, llanto frecuente u otro tipo de manifestaciones clínicas no siempre patológicas. Cada vez, con mayor frecuencia, asistimos al abuso de este grupo de fármacos, sobre todo por su empleo prolongado en el tiempo, observándose prescripciones incluso como preventivo de bronquitis de repetición. Pensamos que el reflujo, en lactantes, como causa de irritabilidad, ha sido sobrediagnosticado y sobretratado y, como todo fármaco, su uso no es inocuo y no está exento de efectos adversos. Por ello, es recomendable usar la mínima dosis efectiva durante el menor tiempo posible(1,2). Quizás su coste, muy reducido actualmente, tanto en su presentación dispensable en farmacia como en fórmula galénica, ha hecho que este sobreuso no despierte el interés de las autoridades sanitarias, y menos de las inspecciones de las prescripciones farmacéuticas. Su coste en la presentación de 2 mg/ml, que es de las más utilizadas en estas edades, puede llegar a no superar los 10 € la solución de 100 ml (Fig. 1) y, en ocasiones, basta un único envase para un mes de tratamiento.

Figura 1. Fórmula magistral de omeprazol dispensada en una farmacia.

 

El reflujo gastroesofágico (RGE) es el paso del contenido gástrico al esófago, con o sin regurgitación y vómitos, y se cataloga de enfermedad por reflujo (ERGE) cuando este repercute en la actividad diaria o aparecen complicaciones. En la mayoría de los lactantes es fisiológico, “regurgitador feliz”, y suele ser de baja acidez. En los casos de enfermedad, se desarrollan síntomas inespecíficos, que se pueden presentar tanto en lactantes con ERGE como sin él, como pérdida de peso, irritabilidad, llanto, disfagia, arqueamiento de la espalda durante la alimentación y retraso del crecimiento(1,2).

A pesar de que las nuevas guías de 2018 de las sociedades europeas(1) y norteamericanas de gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica desestimasen el uso generalizado de IBP en la infancia, recomendando un uso más estricto –por la falta de evidencia frente a placebo–, se observa una tendencia creciente en el uso de IBP en lactantes. En el estudio realizado por Lyamouri M et al.(2) se puso de manifiesto esta tendencia creciente en tres países nórdicos, con un aumento de 4,4 veces en la dispensación de IBP a lactantes, siendo esta tendencia también evidente en otros muchos países(1,2).

Las familias suelen ejercer una gran presión para iniciar terapias antirreflujo o realizar pruebas diagnósticas, debido a la gravedad percibida de los síntomas, pero hay que recordar que, en ausencia de signos de alarma y si los síntomas no afectan la alimentación, el crecimiento ni a la adquisición de los hitos del desarrollo, no son necesarias ni las pruebas diagnósticas ni las terapias, incluida la supresión ácida(1).

En pediatría, más aún en lactantes, falta información acerca de la seguridad y eficacia de terapias a largo plazo con inhibidores de la bomba de protones. La metabolización del fármaco es hepática, llevada a cabo por el complejo enzimático del citocromo p450. Esta enzima está ausente en aproximadamente el 3 % de la raza blanca y el 20 % de la asiática, por lo que podría haber casos de intoxicación al usar el medicamento incluso a las dosis habituales.

Posología

El pediatra siempre ajustará la cantidad de omeprazol en función del peso del niño, pero como norma general:

• Neonatos: 0,5-1,5 mg/kg/dosis (una vez al día).

• Lactantes: dosis de 0,7 mg/kg/dosis (una vez al día) han demostrado ser eficaces.

• Niños de más de un año y que pesen entre 10 y 20 kg, 10 mg (una vez al día).

• Niños de más de 20 kg, 20 mg (una vez al día).

En esofagitis por reflujo, lo habitual es que la duración del tratamiento sea de 4 a 8 semanas.

En el tratamiento sintomático del ardor y la regurgitación ácida en la enfermedad por reflujo gastroesofágico, la duración del tratamiento es de 2-4 semanas. Si no se ha logrado un control de los síntomas tras 2-4 semanas, debe evaluarse de nuevo al niño, pero algunos con enfermedades crónicas pueden necesitar un tratamiento más a largo plazo, aunque no se recomienda por lo general.

Los efectos del tratamiento comienzan a ser percibidos por la familia, cuando existe una correcta indicación, a partir de la segunda dosis, notando al bebé menos irritado y descansando más tranquilo.

Es importante hacer la observación de que el omeprazol suspensión vía oral se mantiene estable y conserva el 90 % de su potencia hasta 14 días después sin refrigerar (a 22ºC), por lo que precisa para su estabilidad de refrigeración (2ºC-8ºC) y ser protegida de la luz, conservando una fecha de caducidad de hasta 60 días desde la elaboración. Lo ideal es guardarlo en la puerta del refrigerador, y si se hace en un estante, hay que asegurarse de que no se acerque a la pared posterior, ya que podría congelarse y perder su efectividad.

Manejo de enfermedad por reflujo

Siguiendo el algoritmo propuesto en la última guía de Rosen et al.(1) (Fig. 2), dado que los IBP no presentan efectividad en los síntomas extraesofágicos, que los lactantes presentan principalmente reflujo no ácido y considerando los potenciales efectos secundarios que pueden presentarse con el uso prolongado de IBP, su empleo de forma mantenida en el tiempo se debe reservar solamente a aquellos casos en los que la derivación a gastroenterología pediátrica no sea posible(1).

Figura 2. Algoritmo del manejo diagnóstico y terapéutico de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) en lactantes. Tomada y modificada de la nueva actualización de la guía para el manejo de la ERGE(1).

 

Según este mismo documento, se recomienda, como primera medida terapéutica, la modificación de alimentación mediante el empleo de fórmulas o espesantes o mediante la administración de volúmenes de alimentación más reducidos. Si esto no es efectivo, se realizará una prueba terapéutica con fórmulas extensamente hidrolizadas o a base de aminoácidos durante 4 a 8 semanas; en los casos en que persista la sintomatología, considerar derivación a los servicios de gastroenterología infantil o realizar una prueba terapéutica con IBPs durante un máximo de 8 semanas, posteriormente retirar para valorar la sintomatología; si no mejoran o recurren, se deberían realizar otros estudios y buscar otras causas.

Diagnóstico de ERGE

Es importante realizar una correcta anamnesis, prestando atención a los síntomas de alarma de la ERGE (Tabla I) y realizando un correcto diagnóstico diferencial (Tablas II y III).

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En la historia clínica se deberá recoger: la edad de inicio de los síntomas; el historial completo de alimentación y dieta (duración del periodo de alimentación, volumen de cada toma, tipo de fórmula, presencia o no de lactancia materna, métodos de mezcla de la fórmula, empleo de aditivos, restricción de alérgenos maternos, intervalo entre las tomas…); el patrón de las regurgitaciones y los vómitos (postprandiales o mucho después de las tomas, nocturnos, digeridos versus no digeridos); los antecedentes médicos familiares y personales (incluidos los psicosociales); la existencia de posibles desencadenantes ambientales (como el consumo de tabaco y la exposición al humo de tabaco ajeno); la trayectoria de crecimiento del paciente; las intervenciones farmacológicas y dietéticas previas; y la presencia o no de signos o síntomas de alarma. Sin olvidar ofrecer educación y apoyo a los padres como parte del tratamiento.

El exceso de irritabilidad y dolor sin clínica sugestiva de ERGE, en raras ocasiones, se asocia con la misma. Además, existe evidencia de que los IBP, como tratamiento para el llanto y la irritabilidad, no resultaron mejores que el placebo(1,2). Por ello, insistimos en que el uso de omeprazol en el cólico del lactante, así como en una amplia variedad de síntomas funcionales (flatulencias, rechazo en la alimentación, distensión abdominal, etc.), no tiene un apoyo científico y su uso debe ser desaconsejado. Más aún, cuando la ERGE se caracteriza por iniciarse generalmente después de los 6 meses de vida, y es muy poco frecuente antes de esa edad.

Una excepción la suponen ciertas patologías que tienen mayor riesgo de presentar ERGE, como son: parálisis cerebral infantil, fibrosis quística, hernia diafragmática congénita o enfermedades pulmonares crónicas(3).

Efectos secundarios de los IBP en lactantes

Aunque los estudios en lactantes son limitados, los efectos secundarios descritos, atribuidos a la exposición prolongada a IBP, son: cefalea, diarrea, náuseas o estreñimiento, y otros, como hipoclorhidria e hipergastrinemia, deficiencias de vitaminas y minerales, deterioro de la salud ósea, alergias alimentarias e interacciones farmacológicas(2,4,5). A continuación, describimos entidades que se han relacionado negativamente con el empleo de IBP en pediatría.

Osteoporosis

Aunque la evidencia es limitada en la población pediátrica, existen estudios que relacionan riesgo de baja densidad mineral ósea y fracturas óseas en etapas posteriores de la vida tras el uso prolongado de IBP. En hasta un 16 % de los pacientes, se observa una hiperplasia de las células parietales que, ligado a una hipergastrinemia crónica (hasta en el 73 % de los pacientes), puede provocar una hiperplasia paratiroidea, y una consiguiente mayor pérdida de calcio del hueso. Del mismo modo, la hipoclorhidria puede aumentar la actividad osteoclástica, disminuyendo así la densidad ósea(2,5,6).

Enterocolitis necrotizante

No existen datos suficientes sobre la seguridad y eficacia de los IBP en neonatos con ERGE. Se sugiere que el ascenso del pH gástrico provoca alteraciones en la microbiota, favoreciendo la enterocolitis, pero faltan estudios que confirmen esta hipótesis. De hecho, los escasos estudios en estos pacientes sugieren que la clínica de reflujo tiene más que ver con el volumen que con la propia acidez; por ello, no sería recomendable el uso de IBP en estos pacientes(4,7,8).

Malabsorción

En un primer momento, se postuló que la hipoclorhidria favorecía el déficit de hierro en pacientes sanos, porque limitaba la oxidación del mismo para su absorción. Sin embargo, no se han encontrado estudios relevantes que apoyen este hecho. No obstante, en pacientes con anemia ferropénica o en riesgo de la misma, como son los lactantes con lactancia materna, el uso de IBP de manera crónica interfiere con el tratamiento oral con hierro. Por este motivo, se recomienda monitorizar el perfil férrico en pacientes con factores de riesgo o anemia previa que requieran tratamiento prolongado con omeprazol. Por otro lado, la secreción gástrica ácida es necesaria para la absorción de la vitamina B12, pudiendo favorecer el déficit de la misma. Aunque no se conoce la causa como tal, pueden favorecer la hipomagnesemia mantenida, que solo se corrige con la retirada del IBP y podría ser un factor favorecedor(9,6).

Microbiota e infecciones

Los IBP alteran la microbiota gastrointestinal, provocando una disminución de la diversidad bacteriana y generando cambios en la microbiota gástrica, asemejándola a la de la cavidad oral. Esto se asocia con un mayor riesgo de infecciones intestinales, que se reduce con la interrupción del tratamiento. Estas modificaciones pueden favorecer fenómenos de translocación bacteriana e influir en el microbioma intestinal. Estas alteraciones del microbioma y la presencia de hipoclorhidria se han visto relacionados con un aumento de infecciones por Clostridium difficile, gastroenteritis por Campylobacter o Salmonella y microorganismos resistentes. Además, parece existir cierta relación entre el empleo prolongado de IBP y el desarrollo de sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado(2,6).

En pacientes con un sistema inmunitario comprometido, la disminución de la barrera protectora gástrica se ha asociado con un aumento de casos de sepsis nosocomial. Aunque se postulaba que el aumento de la colonización bacteriana en el estómago podría aumentar el número de infecciones respiratorias bajas por aspiración, en el estudio reciente de Blank M-L et al. no observaron diferencias significativas(4,6,10).

Gastritis atrófica

El empleo prolongado de IBP favorece el desarrollo de una gastritis crónica atrófica, que es una atrofia progresiva del epitelio glandular con pérdida de células parietales y células principales. La pérdida de las glándulas exocrinas normales de la mucosa gástrica provoca hipoclorhidria y, como consecuencia, un aumento del pH gástrico y el desarrollo de pólipos en las glándulas fúndicas. Ambas alteraciones desaparecen con la supresión del tratamiento. Los hallazgos publicados actualmente brindan a pacientes y médicos observaciones tranquilizadoras de que el uso prolongado de IBP no aumenta significativamente el riesgo de cáncer gástrico(6).

Enfermedades autoinmunes, alergia y asma

El uso de medicamentos supresores de ácido parece relacionarse con el aumento del riesgo de ser diagnosticado de alergia a la leche de vaca y llega a duplicar la probabilidad de desarrollar asma(6,11). El estudio de Räisänen et al. demostró una asociación entre la exposición a IBP y el desarrollo de enfermedades autoinmunes pediátricas, en particular la enfermedad inflamatoria intestinal(12).

Enfermedad renal

El uso de IBP se ha asociado al desarrollo de nefritis intersticial aguda (NIA), que es independiente de la dosis del IBP. Puede producirse recurrencia o exacerbación con una segunda exposición y a un mayor riesgo de enfermedad renal crónica (ERC), progresión de la ERC y enfermedad renal terminal, desconociéndose el mecanismo subyacente(6).

Recomendaciones

• El RGE es fisiológico en la mayoría de los lactantes y no precisan tratamiento.

• El primer escalón de la ERGE son las modificaciones dietéticas; suelen mejorar con modificaciones de volumen.

• El IBP presenta baja efectividad por el reflujo débilmente ácido de los lactantes.

• El uso de IBP en lactantes está reservado a casos seleccionados y con una duración del tratamiento baja (máximo 4-8 semanas).

• El uso de IBP se ha relacionado con múltiples complicaciones a largo plazo.

• Se necesitan más estudios sobre los efectos adversos de los IBPs a largo plazo.

• Es imperativo no medicalizar los procesos fisiológicos.

• Es importante brindar apoyo a la familia y transmitir un mensaje de normalidad.

 

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Pseudociencia en neuropediatría

F. Martín del Valle,  N. Lamagrande Casanova,  V. Soto Insuga
De interés especial
 


F. Martín del Valle, N. Lamagrande Casanova, V. Soto Insuga

Sección de Neurología. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid


Resumen

La neuropediatría se enfrenta a patologías crónicas que, en muchos casos, no tienen tratamiento curativo, lo que lleva a las familias a buscar pseudoterapias. El artículo define pseudoterapia como la intervención que promete curación o mejora sin respaldo de evidencia, y pseudociencia como un conjunto de prácticas que se apropian del lenguaje científico sin validación. Los factores que favorecen su uso incluyen: falta de eficacia de tratamientos, efectos secundarios, vulnerabilidad emocional, exceso de información no validada y apariencia engañosa de legitimidad. El empleo de estas pseudoterapias no es inocuo y conlleva un perjuicio para el paciente, que incluye: retraso en atención, abandono de tratamientos eficaces, efectos adversos directos y repercusiones psicológicas y económicas. Se describen diversas pseudoterapias usadas en diferentes enfermedades neurológicas, incluyendo dietas restrictivas, homeopatía, osteopatía, terapia de oxigenación hiperbárica, suplementación con vitaminas, neurofeedback, terapia de movimientos rítmicos y supuestos tratamientos con células madre, entre otros, subrayando la ausencia de evidencias y potenciales efectos adversos. El artículo concluye que los pediatras deben estar formados para asesorar, prevenir, identificar estas pseudoterapias, informar a las familias con empatía, proporcionar fuentes fiables y denunciar prácticas peligrosas, promoviendo intervenciones basadas en evidencia. También se destaca la responsabilidad de las sociedades científicas para regular y educar sobre estas prácticas.

 


Abstract

Pediatric neurology often deals with chronic conditions that, in many cases, have no curative treatment, which leads families to seek out pseudotherapies. This article defines a pseudotherapy as an intervention that promises healing or improvement without scientific evidence, and pseudoscience as a set of practices that appropriate scientific language without proper validation. Factors promoting the use of these therapies include lack of effective treatments, side effects, emotional vulnerability, unverified information overload, and a deceptive appearance of legitimacy. The use of pseudotherapies is not harmless and may result in harm to patients, including delayed care, withdrawal of effective treatments, direct adverse effects, and psychological and financial repercussions. The article describes several pseudotherapies used in various neurological disorders, including restrictive diets, homeopathy, osteopathy, hyperbaric oxygen therapy, vitamin supplementation, neurofeedback, rhythmic movement training, and stem cell treatments, emphasizing the lack of evidence and potential adverse effects. It concludes that pediatricians must be trained to advise, prevent, and identify such therapies, communicate empathetically with families, provide reliable sources, and report dangerous practices, always promoting evidence-based interventions. The article also highlights the responsibility of scientific societies to regulate and educate about these practices.

 

Palabras clave: Pseudoterapia; Pseudociencia; Optometría comportamental; Probióticos; Dietas de exclusión; Ácidos grasos omega-3.

Key words: Pseudotherapy; Pseudoscience; Behavioral optometry; Probiotics; Exclusion diets; Omega-3 fatty acids.

Pediatr Integral 2025; XXIX (6): 466 – 471


OBJETIVOS

• Comprender el riesgo asociado de las pseudoterapias.

• Conocer las pseudoterapias más frecuentes en el ámbito de la neuropediatría.

• Disponer de pautas y herramientas para el adecuado manejo clínico, preventivo y comunicativo ante consultas relacionadas con estas intervenciones.

 

Pseudociencia en neuropediatría

https://doi.org/10.63149/j.pedint.74

Introducción

Las patologías que se abordan en neuropediatría suelen ser crónicas, de evolución prolongada y, en muchos casos, carecen de tratamientos médicos curativos. Esta realidad lleva a algunas familias a buscar alternativas fuera del marco científico, recurriendo a intervenciones conocidas como pseudoterapias. Es fundamental que los pediatras estén familiarizados con este fenómeno, identificar estas prácticas carentes de evidencia y que cuenten con herramientas para orientar adecuadamente a los pacientes y sus familias, evitando así riesgos añadidos para la salud del niño.

Conceptos

Se define pseudoterapia como una propuesta de cura de enfermedades, alivio de síntomas o mejora de salud, basada en unos criterios que carecen de una base científica sólida que respalde su eficacia y seguridad. Un término más amplio es el de pseudociencia, que se entiende como el conjunto de prácticas que intentan apoderarse del status y el método científico mediante la exposición de unos resultados aislados, no demostrables, puramente subjetivos o espúreos, obtenidos de manera acrítica, no sistemática, interesada e imprecisa, para generar un conocimiento no acumulable ni válido científicamente, y que opera en ámbitos donde la ciencia no llega o donde no ha ofrecido resultados satisfactorios. Suele ser hábil en el manejo de los medios de comunicación y en el manejo de las emociones del gran público(1).

Debemos tener en cuenta que una terapia que se ha mostrado eficaz en un área puede ser considerada pseudoterapia en otra. Por ejemplo, la terapia hiperbárica, con ámbito de aplicación en la enfermedad por descompresión, es una pseudoterapia en el tratamiento del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Además, una pseudoterapia puede ser un campo legítimo de estudio sin resultados concluyentes todavía, pero que se presenta como ya validado ante la sociedad. En este caso, hablaríamos de una terapia sin validez científica.

Las pseudoterapias pueden presentarse como terapias complementarias (para ser aplicadas al mismo tiempo que la terapia convencional) o como terapias alternativas (en sustitución de las terapias convencionales)(1).

Contexto y factores que favorecen su uso

Existen algunos factores que pueden favorecer el uso de pseudoterapias por parte de pacientes y familias con enfermedades neuropediátricas (Tabla I):

 

• Trastornos crónicos y sin cura.

• Efectos secundarios de la medicación: es frecuente que los tratamientos médicos produzcan efectos secundarios que pueden no ser bien tolerados. En estos casos, las familias pueden buscar tratamientos alternativos con la esperanza de mejorar estos efectos no deseados.

• Vulnerabilidad emocional: el diagnóstico de una enfermedad o de un trastorno neurológico en un niño produce un fuerte impacto emocional en las familias. Dentro de las estrategias de afrontamiento, hay familias que dedican todo su esfuerzo a buscar los mejores tratamientos y terapias, siendo especialmente vulnerables a cualquier promesa de mejoría, aunque no esté reconocida científicamente. Es importante tener en cuenta que las familias que son víctimas de pseudoterapias suelen ser familias muy preocupadas por el paciente y que buscan lo mejor para él, y que son engañadas.

• Exceso y mala gestión de la información: actualmente existe un exceso de información no real en redes sociales y, muchas veces, no es fácil distinguir lo que es ciencia de lo que no. Una característica de las pseudociencias es su excelente manejo de la información y marketing, siendo capaces de llegar a población general con más facilidad de lo que hace la ciencia, con lenguaje más accesible, simple y esperanzador.

• Apariencia de legitimidad: suelen usar simplificaciones y tergiversaciones de la información científica para hacer creer que su terapia tiene algún tipo de fundamento. Alguien sin suficientes conocimientos científicos puede dar por válidos argumentos que no son más que fabulaciones.

Riesgos de las pseudoterapias

Uno de los principales argumentos que utilizan los defensores de las pseudoterapias es su supuesta seguridad, alegando menos efectos secundarios que las terapias tradicionales. Podemos concluir que este axioma no es cierto, ya que las pseudoterapias siempre suponen un riesgo para el paciente(2). Los principales riesgos son (Tabla II):

 

• Daño físico: existen terapias que pueden producir daño per se, como pueden ser las quelaciones de metales pesados, terapias con restricción alimentaria o administración de sustancias tóxicas con fines supuestamente curativos.

• Daño económico: todas las pseudoterapias suponen un gasto económico extra para familias que suelen tener de por sí muchos gastos derivados de las terapias y de la situación de discapacidad del paciente.

• Pérdida de tiempo: además de la inversión de tiempo que puede suponer una terapia rehabilitadora sin validez científica, hay que tener en cuenta la máxima “tiempo es cerebro”, que podemos aplicar en los trastornos del neurodesarrollo. Los primeros años son fundamentales en la neuroplasticidad, por lo que nos debemos asegurar de emplear tratamientos y terapias que tengan una validez científica. Igualmente, acudir a este tipo de terapias genera una pérdida de oportunidad de otras actividades necesarias para un adecuado neurodesarrollo (“quedar con amigos”, “tiempo en familia”…).

• Abandono de terapias convencionales: al iniciar cualquier pseudoterapia, es frecuente que se genere desconfianza hacia los tratamientos convencionales, a veces sugerido por los pseudoterapeutas y, en ocasiones, por la incapacidad de mantener los dos tipos de terapias, ya sea por falta de tiempo o de dinero.

• Daño emocional: cuando una familia utiliza una pseudoterapia, lo hace con la mejor de las intenciones, buscando un intento desesperado de ayudar a su familiar. Cuando esta “terapia” fracasa (que es lo habitual), puede aparecer una sensación de fracaso en la familia y, a veces, de culpabilidad.

Pseudoterapias y trastornos del neurodesarrollo (TND)

Los trastornos del neurodesarrollo constituyen un objetivo frecuente de las pseudoterapias, ya que presentan características que los hacen especialmente vulnerables a este tipo de intervenciones: son trastornos crónicos, con una etiología, en muchos casos, no completamente esclarecida y, a menudo, sin tratamientos curativos o plenamente eficaces disponibles. Los estudios sobre pseudoterapias se han centrado principalmente en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y TEA, por ser dos de los más prevalentes. No obstante, también existen intervenciones pseudoterapéuticas que se aplican a otros cuadros clínicos, como los trastornos específicos del aprendizaje.

En un estudio realizado por Perrin et al. en 2012, se estimó que hasta un 28 % de los niños con TEA estaban siendo tratados, al menos, con un tipo de pseudoterapia, con una mayor prevalencia entre familias de nivel socioeconómico alto(3). Una de las prácticas más extendidas entre las familias de niños con TEA son las modificaciones dietéticas. Más allá de la escasa evidencia científica que respalda su eficacia, es crucial considerar las posibles repercusiones sociales y nutricionales de estas dietas, en especial en estos pacientes en los que son frecuentes las alteraciones del procesamiento (hiper o hiposensibilidad sensorial), lo que puede restringir significativamente su alimentación a ciertos alimentos o texturas. La imposición de dietas, aún más limitadas, puede agravar estos problemas, comprometiendo su estado nutricional y generando conflictos en el entorno familiar o escolar.

Otro ámbito relevante es el de las terapias de estimulación. Aunque algunas cuentan con evidencia científica sólida, con frecuencia surgen centros que ofrecen terapias “innovadoras”, sustentadas en postulados pseudocientíficos o que prometen curaciones infundadas, como la “cura del autismo”. Se debe informar que cualquier terapia actual que se oferte con la característica de ser única (“solo se ofrece en un determinado centro o por un clínico concreto”) es muy sugestiva de ser pseudoterapia.

Pseudoterapias y trastornos del sueño

Los trastornos del sueño en la edad pediátrica constituyen un motivo frecuente de consulta. Se estima que hasta un tercio de los niños experimenta algún tipo de alteración del sueño a lo largo de la infancia, siendo todavía más prevalentes en pacientes con TND. Ante la elevada preocupación familiar, existe un amplio mercado de intervenciones no farmacológicas, suplementos, dispositivos y terapias alternativas que prometen mejorar el sueño infantil sin evidencia científica sólida que respalde su eficacia y seguridad. Es fundamental que los pediatras conozcamos las terapias más populares, para poder informar adecuadamente a las familias(4).

Pseudoterapias en epilepsia

A pesar de que disponemos de múltiples tratamientos para controlar la epilepsia, hasta un tercio de los pacientes desarrollan una epilepsia farmacorresistente. La insatisfacción con la eficacia de los tratamientos convencionales, junto con los efectos secundarios de los fármacos, hace que muchos pacientes opten por la utilización de terapias que perciben como más “seguras” o alineadas con sus valores y creencias. A nivel mundial, las tasas de utilización de estas terapias en niños con epilepsia oscilan entre el 13 % y el 44 %, aunque en algunos países como Turquía puede llegar a casi el 100 % de las familias. Entre las terapias más utilizadas están los derivados del cannabis. A pesar de que existe un producto farmacéutico aprobado como fármaco, existen múltiples preparados que no están regulados y que carecen de control de calidad. Estos preparados suelen tener endocannabinoides diferentes al cannabidiol, como el THC, que es pro-convulsivo. Otros productos como los multivitamínicos y herbales pueden interferir en la eficacia de los fármacos anticrisis o, incluso, tener propiedades que favorezcan las crisis epilépticas (como el anís estrellado). Las prácticas espirituales y religiosas, secundarias al estigma y a propiedades sobrenaturales que se atribuyen a la epilepsia en algunas culturas, se deben tener en cuenta, ya que no es infrecuente prácticas como curanderos, exorcismos o rituales(5-7).

Pseudoterapias en enfermedades neuromusculares

Los pacientes con enfermedades neuromusculares también son propensos a caer en las pseudoterapias, debido a dos características fundamentales: cronicidad de las enfermedades y la falta de un tratamiento eficaz, en la mayoría de los casos. En un estudio realizado en Pensilvania con 52 familias, hasta el 19,2 % de los cuidadores informaron del uso de terapias complementarias y alternativas por parte de sus hijos, aunque, en estudios previos, la prevalencia del uso de este tipo de terapias llegaba incluso al 75 % en pacientes con enfermedad de Duchenne(8,9). Entre las terapias utilizadas, se incluyen: terapias corporales (masajes, quiropráxis, manipulaciones osteopáticas), métodos mente-cuerpo, meditación, yoga, oración/espiritualidad e hipoterapia, entre otras. Algunos pacientes también mencionaron terapias biológicas, como la vitamina D, coenzima Q10, medicina herbal y dietas especializadas(8-10).

Pseudoterapias más frecuentes

A continuación, vamos a revisar algunas de las pseudoterapias que más nos encontramos en las consultas de neuropediatría. Desgraciadamente, no son todas, porque sería imposible abarcarlas en una única publicación.

Optometría comportamental

La optometría es la disciplina encargada del diagnóstico, tratamiento y corrección de defectos refractivos y acomodativos. En cambio, la optometría comportamental se ocupa del estudio funcional del sistema visual, del desarrollo de la visión, intentando establecer una relación entre la percepción visual y el aprendizaje. En el año 2019, la Sociedad Española de Optometría emitió un documento de posicionamiento respecto a las pseudoterapias en el que indicaba que “el óptico-optometrista puede caracterizar y manejar las anomalías visuales asociadas a los problemas de aprendizaje, las cuales no son desde luego la etiología o causa del problema de aprendizaje, sino que son un problema añadido en la recuperación del paciente”. Respecto a la dislexia, remarca que, aunque el entrenamiento para mejorar los problemas oculomotores tiene un efecto positivo en la escritura y algunas habilidades cognitivas, “no resuelve bajo ningún concepto el problema de aprendizaje”. Más adelante, en 2023, emitió un nuevo documento de posicionamiento, indicando que la optometría comportamental no es una rama establecida de la optometría, y que la formación en ese ámbito tiene poca o nula evidencia científica (disponible en: https://www.seoptometria.es/); por tanto, no debe ser considerada como terapia útil en problemas de aprendizaje.

Probióticos

Son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del consumidor. Es conocido el importante papel que tiene la microbiota sobre el sistema nervioso por medio del eje intestino-cerebro, que es una vía de comunicación bidireccional que se establece a través de múltiples rutas, que incluyen: nervio vago, neuropéptidos secretados en el intestino, citoquinas, triptófano y productos de fermentación del metabolismo microbiano, así como moléculas señalizadoras secretadas al interior intestinal(11). La presencia de síntomas gastrointestinales es frecuente en personas con TND, sobre todo estreñimiento y diarrea(12), y se ha encontrado una microbiota alterada en la mayoría de estos pacientes(13). Existe la hipótesis de que esta disbiosis intestinal podría estar relacionada con las alteraciones conductuales en niños con TND, y que la modulación de dicha microbiota podría producir una mejora en su sintomatología gastrointestinal, así como una mejora en los síntomas nucleares del TDAH y en la conducta social en el caso del TEA. Pero, aunque existen varios trabajos que han estudiado el efecto de los probióticos en TEA, son escasos, de baja calidad y con múltiples sesgos. Los estudios de mayor calidad no demuestran diferencias significativas en la gravedad de los síntomas autísticos. Asimismo, los estudios de uso de probióticos en TDAH son todavía muy escasos y con resultados no concluyentes(14). Actualmente, sobre la base de la evidencia científica, los probióticos sí podrían tener un papel beneficioso en el tratamiento de los problemas gastrointestinales, pero no en el tratamiento de los síntomas nucleares del autismo o del TDAH.

Dietas de exclusión

Otro de los tratamientos recomendados con frecuencia son las dietas sin gluten y sin caseína. Se basan en la hipótesis de que péptidos incompletamente digeridos derivados del gluten y la caseína actúan como agonistas opioides, cruzan la barrera intestinal y la barrera hematoencefálica, llegando al sistema nervioso central, afectando negativamente la función cerebral y pudiendo exacerbar síntomas TEA, como la reducción de la sensibilidad al dolor y la alteración del comportamiento social. A pesar del creciente interés en este tipo de terapia, la evidencia de su utilidad es inconsistente e insuficiente. Algunos estudios han reportado mejorías en los movimientos estereotipados y la cognición, mientras que otros no han encontrado diferencias significativas en los síntomas principales de autismo, nivel funcional o dificultades de comportamiento entre los grupos de dieta y control. Las importantes limitaciones metodológicas de los estudios realizados, así como el tamaño reducido de las muestras, la falta de aleatorización doble ciego y la duración corta de las intervenciones, entre otras, hacen que no se puedan extraer conclusiones sólidas(15-17).

Además de la limitada evidencia de sus beneficios, tenemos que tener en cuenta los posibles riesgos de la deficiencia de micronutrientes, la carga económica y limitaciones en la interacción social (comidas fuera de casa o reuniones sociales). En conclusión, las dietas de eliminación solo se recomiendan cuando haya una intolerancia o sensibilidad alimentaria confirmada, independientemente del diagnóstico de TND(18).

Ácidos grasos omega-3

Los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) son otro tratamiento muy recomendado para el TDAH. La hipótesis de la que parten es que las deficiencias de estos ácidos grasos, especialmente omega-3, podrían estar relacionadas con disfunción ejecutiva, debido a su papel en el desarrollo del SNC. La mayoría de estudios sobre la utilidad de los PUFA en el TDAH son realizados con muestras pequeñas, sin enmascaramiento y/o con una gran variabilidad de presentaciones. En el año 2023 se publicó una revisión Cochrane que incluyó 37 ensayos con 2.374 pacientes, concluyendo que hay una clara evidencia de que los PUFA no tienen efecto en la sintomatología de inatención, hiperactividad o impulsividad reportadas por los padres en comparación con placebo. Por tanto, se concluye que la mayoría de la evidencia indica que la suplementación con PUFA tiene poco o ningún beneficio en la mejora de los síntomas del TDAH(19).

Hormona de crecimiento

La terapia con hormona de crecimiento se basa en el hecho de que un porcentaje importante de pacientes con parálisis cerebral infantil (PCI) asocian déficit de hormona de crecimiento (GH) y, dado que la GH tiene efectos tróficos sobre el sistema SNC, su administración exógena podría tener efectos neuroprotectores y neurorregenerativos. Los estudios que defienden su uso tienen su origen en un único centro, con muestras pequeñas y con muchos sesgos (no grupo ciego, escasa duración del estudio, falta de aleatorización…), lo que hace que, a día de hoy, no se pueda recomendar este tipo de terapias ni se recoja en ninguna guía(20,21).

Solución de clorito sódico

Comercializada como solución mineral milagrosa (MMS, del inglés Miracle Mineral Solution). Consiste en una solución acuosa de clorito sódico al 28 %, con un alto poder oxidante, usado como blanqueante en la industria textil y de papel. Ha sido promocionado como prevención y/o cura de patologías tan diferentes como TEA o migrañas. En distintos países existen advertencias de las autoridades sanitarias sobre su falta de evidencia científica y peligrosidad; sin embargo, se puede adquirir fácilmente por Internet. Su forma de administración es principalmente oral, aunque también se ha proporcionado en forma de enemas y profilaxis ambiental como biocida. Además de la falta de evidencia de su uso, tiene importantes riesgos, debido a efectos secundarios, entre los que se incluyen: irritación y quemadura química en mucosa digestiva, cuadros gastrointestinales (dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarreas), trastornos hematológicos (metahemoglobinemia, hemólisis), cardiovasculares y fallo renal o deshidratación severa(22,23).

Agentes farmacéuticos quelantes

Son sustancias químicas que se unen a metales pesados tóxicos del cuerpo, facilitando la eliminación de los mismos. Estos agentes han sido utilizados como terapias alternativas en TEA. Sin embargo, los estudios realizados, incluido un ensayo clínico con ácido dimercaptosuccínico (DMSA), indican falta de eficacia de este tratamiento. Actualmente, no hay evidencia para la utilización de quelantes, presentando, además, un perfil de efectos adversos graves, como alteraciones de calcio en sangre o deterioro renal(24).

Mantas y chalecos con peso

Se basan en proporcionar estimulación de presión profunda y propioceptiva, lo que supuestamente favorecería la relajación al aumentar el tono vagal, reducir la ansiedad, frecuencia cardiaca y el cortisol, mejorando así el sueño. En diferentes estudios realizados, incluyendo un ensayo clínico aleatorizado en niños TEA, no se observaron diferencias objetivas en medidas de sueño ni en los parámetros conductuales respecto a mantas convencionales. Además, suponen riesgos potenciales importantes, incluido un caso mortal asociado a un uso inadecuado(25,26) (Tabla III).

 

Aromaterapia

Se basa en el uso de aceites esenciales extraídos de plantas con fines terapéuticos para mejorar el bienestar físico y emocional, reducir la ansiedad y el estrés. Las principales vías de absorción son la inhalatoria y la tópica. Solo existe un ensayo clínico piloto en 12 niños que valoró el uso de lavanda (2 %) aplicada mediante masaje, sin observarse diferencias significativas en los parámetros de sueño respecto a noches sin intervención. La mayoría de los efectos adversos reportados son leves, pero existen escasos estudios de seguridad en población pediátrica(27,28) (Tabla III).

Terapia floral (flores de Bach)

Consisten en preparados diluidos de plantas destinados a modular el “equilibrio energético” y psicoemocional, sin pretender tratar enfermedades orgánicas. Los estudios disponibles presentan importantes sesgos metodológicos, están realizados mayoritariamente en adultos y ofrecen resultados inconsistentes. Además, el contenido alcohólico de las preparaciones supone un riesgo significativo en edad pediátrica(29) (Tabla III).

Remedios herbales (fitoterapia)

Su uso está muy extendido por su fácil acceso y la percepción errónea de inocuidad, sin existir estudios robustos que demuestren efectos beneficiosos en el sueño infantil. Destaca el uso de valeriana, por su mecanismo de modulación de adenosina y receptores GABA, con resultados contradictorios y posibles efectos adversos como: molestias digestivas, alergias e inquietud motriz. (Tabla III)

Hypericum perforatum (hipérico o hierba de San Juan)

Efecto serotoninérgico. No existen estudios específicos en sueño pediátrico. Presenta riesgo importante de interacciones medicamentosas (Tabla III).

Multivitamínicos

Se basan en suplementar con diferentes vitaminas combinadas en pacientes sin déficit determinado. Los estudios realizados hasta la fecha no han demostrado ningún beneficio en la calidad del sueño pediátrico ni en otras patologías (Tabla III).

Terapia del movimiento rítmico (TMR)

Desarrollada por el psiquiatra sueco Harald Blomberg en 1986, se basa en la estimulación de patrones de movimiento que imitan los reflejos primitivos del lactante, de cara a promover la maduración cerebral y la integración sensorial a través de ejercicios repetitivos diarios. Tras casi cuarenta años, no existe ninguna evidencia científica que confirme la eficacia (Tabla III).

Función del neuropediatra y del pediatra general

Como hemos visto, el entorno de niñas y niños con trastornos neurológicos presenta un elevado riesgo de recurrir al uso de pseudoterapias, con los múltiples peligros que ello implica. Por esta razón, tanto los neuropediatras como los pediatras de AP tenemos la responsabilidad de desempeñar un papel activo en la identificación y denuncia de estas prácticas, así como en la educación y acompañamiento de las familias, guiándolas hacia intervenciones basadas en la evidencia y con un enfoque ético y realista.

Para ello, es fundamental tener en cuenta los siguientes principios:

• No culpabilizar: las familias que recurren a terapias no convencionales lo hacen con la intención de buscar lo mejor para su hijo. Si perciben juicios negativos o actitudes de desprecio por los profesionales, es probable que oculten esta información, dificultando así una intervención adecuada.

• Ser accesibles: se debe fomentar la bidireccionalidad en la relación médico-paciente.

• Formación y autocrítica: para proporcionar un asesoramiento adecuado, es imprescindible que el neuropediatra y el pediatra se mantengan actualizados en cuanto a los tratamientos con evidencia, las pseudoterapias emergentes y sus riesgos. Además, es importante reflexionar sobre la propia práctica clínica y habilidades comunicativas. En caso de duda, es esencial saber derivar a las familias hacia fuentes fiables.

• Prevención: la mejor estrategia para reducir el uso de pseudoterapias es anticiparse, alertando a las familias sobre los riesgos asociados, incluyendo el abandono de tratamientos eficaces, los daños potenciales para la salud y el impacto emocional y económico que estas prácticas pueden acarrear.

• Respeto y acompañamiento: incluso cuando una familia decide iniciar una pseudoterapia, debemos mantener una postura accesible y respetuosa, evitando la confrontación o el tono condescendiente.

• Divulgación: es responsabilidad de los profesionales sanitarios y de las sociedades científicas ofrecer información fiable, accesible y comprensible a la población general. De lo contrario, otros actores ocuparán ese espacio, promoviendo teorías sin fundamento.

• Trabajo en equipo y coordinación: es esencial trabajar de forma coordinada con otros profesionales implicados en el cuidado del paciente (psicólogos, terapeutas ocupacionales, educadores), para garantizar un enfoque coherente, ético y multidisciplinar, permitiendo compartir estrategias y ofrecer una atención integral a la familia.

Recursos on-line

• https://www.conprueba.es/: página web del Ministerio de Sanidad y del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. #CoNprueba es la marca que engloba las acciones frente a las pseudociencias y las pseudoterapias que impulsa el Gobierno de España.

• https://www.cgcom.es/observatorios/oppiss: página web del Observatorio de la Organización Médica Colegial contra las pseudociencias, pseudoterapias, intrusismo y sectas sanitarias.

Conclusiones

Las pseudoterapias y los tratamientos carentes de evidencia científica constituyen un auténtico problema de salud pública. Es fundamental que, tanto los neuropediatras como los pediatras de Atención Primaria (AP), conozcan en profundidad qué intervenciones disponen de respaldo científico, cuáles son los riesgos asociados a las pseudoterapias y cómo actuar cuando una familia consulta sobre estas prácticas. Además, las sociedades científicas tienen un papel esencial en la denuncia de estas terapias y en la promoción de la mejor atención posible para los pacientes con trastornos neurológicos.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del presente manuscrito ni fuente de financiación.

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Pseudociencia en neuropediatría

1. ¿CUÁL de estas terapias tiene evidencia científica en la mejora de diferentes aspectos comunicativos y anímicos en niños con TEA?

a. Terapias basadas en el desarrollo artístico del paciente, como artes escénicas o musicoterapia.

b. Terapia comportamental.

c. Fitoterapia.

d. Omega-3.

e. Terapia de movimientos rítmicos.

2. ¿Qué ACTITUD debemos tener ante una familia que nos pregunte nuestra opinión acerca de una pseudoterapia?

a. Remitir al especialista.

b. Indicarle que los asuntos médicos deben ser llevados por profesionales cualificados.

c. Ser respetuosos, empáticos e indicarles que “lo prueben si quieren”.

d. Ser respetuosos, empáticos y no recomendarles iniciar esta pseudoterapia por los riesgos asociados y su falta de evidencia de eficacia.

e. Pedirles que no vuelvan a buscar información acerca de tratamientos de su hijo.

3. ¿Cuál de estas afirmaciones es CORRECTA?

a. No se ha demostrado una relación entre microbiota y alteración del sistema nervioso central.

b. El eje intestino-cerebro es bidireccional, de forma que la modificación de la disbiosis se traduce en una mejora de los síntomas neurológicos.

c. Los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen mayor frecuencia de disbiosis intestinal que los niños neurotípicos.

d. Los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen la misma frecuencia de disbiosis intestinal que los niños neurotípicos.

e. Los probióticos se deben recomendar de forma sistemática en niños con trastornos del neurodesarrollo, independientemente de que presenten síntomas digestivos.

4. Señale la respuesta CORRECTA acerca de los riesgos secundarios de las pseudotrapias:

a. Perjuicio económico.

b. Pérdida de tiempo.

c. Riesgo de abandono de terapias convencionales.

d. Pérdida de oportunidad de inicio de terapias eficaces.

e. Todas ellas.

5. ¿Cuál de estos tratamientos ha demostrado EFICACIA en el insomnio infantil?

a. Valeriana.

b. Dieta exenta de gluten.

c. Melatonina.

d. Fitoterapia (combinación de diferentes “hierbas medicinales”).

e. Omega-3.

Respuestas correctas:

Pregunta 1 – Respuesta correcta: a.

Ambos tratamientos han demostrado, de forma científica, ser eficaces, mejorando aspectos comunicativos y síntomas depresivos en niños con trastornos neurológicos. Asimismo, este tipo de terapias se emplea frecuentemente en Salud Mental en niños y adultos. El resto de tratamientos no han demostrado su eficacia.

Pregunta 2 – Respuesta correcta: d.

Debemos ser claros y proactivos en no recomendar las pseudoterapias, así como fomentar la bidireccionalidad de la relación médico-paciente (fomentar, si quieren, la búsqueda de información acerca de la patología y el contacto con asociaciones de pacientes).

Pregunta 3 – Respuesta correcta: c.

Aunque se ha demostrado la existencia de un eje intestino-cerebro, de forma que los niños con trastornos del neurodesarrollo presentan una microbiota diferente a la de los niños neurotípicos, no hay evidencia que demuestre que la modificación de la disbiosis mediante probióticos se traduzca en una mejora de los síntomas neurológicos.

Pregunta 4 – Respuesta correcta: e.

El axioma de inocuidad de las pseudoterapias de “mal no le va a hacer” es falso. Todas las pseudoterapias tendrán algún tipo de consecuencia de tipo: económica, pérdida de tiempo, pérdida de oportunidad (teniendo en cuenta que debemos usar terapias eficaces en un momento de clara neuroplasticidad), así como posibles efectos secundarios.

Pregunta 5 – Respuesta correcta: c.

La melatonina es un fármaco con alta evidencia científica de ser eficaz en el insomnio, como hipnótico y como cronorregulador.

Caso clínico

Acuden a nuestra consulta de Atención Primaria los padres de una niña de siete años diagnosticada de encefalopatía epiléptica y del desarrollo, secundaria a mutación del gen CDKL5.

La paciente, a pesar de estar recibiendo tres fármacos anti-crisis (valproico, canabbidiol y clobazam), sigue presentando crisis generalizadas con alteración de consciencia de tipo tónica en sueño, con frecuencia diaria. Asimismo, asocia un retraso global del desarrollo grave, insomnio y un trastorno del movimiento complejo.

Los padres nos consultan porque han intentado contactar con su neuropediatra, pero no lo han conseguido. El motivo es preguntarnos nuestra opinión acerca de una terapia que han conocido a través de una película que se llama “Los dos hemisferios de Lucca”, que se realiza actualmente en Estados Unidos, México e India. La narrativa de la película son los beneficios neurológicos de una terapia “experimental” denominada Cytotron, que es capaz de mejorar la neuroplasticidad de pacientes con trastornos neurológicos. La familia manifiesta su deseo de “intentar esta terapia, porque mal no le va a hacer”.

En este caso, la actuación recomendada, siguiendo los principios previamente expuestos, sería:

• No culpabilizar: manifestamos nuestra empatía acerca del cuidado de un menor con discapacidad.

• Ser accesibles: igualmente, les agradecemos que nos pregunten y consulten sobre una cuestión científica. Fomentamos esta relación bidireccional, en la que el pediatra debe ser el filtro de la información a la que el entorno de las familias tiene acceso.

• Formación: como no hemos escuchado previamente esta terapia, les citamos en un par de días para poder realizar una búsqueda científica acerca de la evidencia científica disponible. A la semana siguiente, les confirmamos que el Cytoron es una pseudoterapia sin base científica, por lo que les exponemos los riesgos que podría acarrear en su hijo: repercusión económica y clínica (la exposición a campos magnéticos de alta potencia pueden empeorar la epilepsia en algunos pacientes).

• Prevención: les pedimos que, si se informan de nuevas posibles terapias, nos las consulten a nosotros o a su neuropediatra. Un mes después nos preguntan acerca de nuestra opinión sobre la utilidad de la musicoterapia en los síntomas TEA que presenta su hija. Les indicamos que las terapias basadas en el desarrollo artístico del paciente, como en el caso de artes escénicas o musicoterapia, tienen una evidencia científica de su utilidad, por lo que les recomendamos iniciarla.

• Respeto y acompañamiento: unos meses después, los padres se citan con nosotros, agradeciendo nuestra accesibilidad y el acompañamiento. Asimismo, nos indican que quieren realizar un seguimiento más estrecho en Atención Primaria, ya que consideran que es complementario al tratamiento por el especialista de neuropediatría.

• Divulgación: esa misma tarde escribimos a la Sociedad Española de Neuropediatría para recomendar un posicionamiento por parte de la sociedad acerca del carácter pseudocientífico que se recomienda en esa película, de cara a intentar minimizar su impacto.

 

Complementos alimenticios (suplementos nutricionales)

De interés especial
 


P. Serrano Marchuet*, M. Manera Bassols**

*Societat Catalana de Pediatría.
**Agència de Salut Pública de Catalunya. Barcelona

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (3): 209 – 213


Complementos alimenticios (suplementos nutricionales)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.36

 

Introducción

El consumo de los habitualmente (y equívocamente) denominados suplementos nutricionales está en alza, según reza en el informe de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas: El sector de los complementos alimenticios en España a examen(1), de 2024. A ello contribuye el desconocimiento de su reglamentación por gran parte de los consumidores y de los profesionales, su venta en las oficinas de farmacia sin receta médica, supermercados, tiendas de alimentación ecológica y hasta gimnasios, y, sin duda, las agresivas campañas de publicidad de sus empresas productoras y distribuidoras. Su consumo, más allá de superfluo, salvo en determinados casos, puede acabar siendo nocivo, no solo debido a su contenido, sino al hecho de menospreciar las recomendaciones de estilo de vida y, en su caso, la medicación prescrita.

Definición

La AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) define a los complementos alimenticios como: “productos alimenticios consistentes en fuentes concentradas de nutrientes que se presentan con la finalidad de complementar la ingesta de tales nutrientes en la dieta normal, ya que, aunque en circunstancias normales una dieta adecuada y equilibrada proporciona todos los nutrientes necesarios para el normal desarrollo y mantenimiento de un organismo sano, las investigaciones realizadas demuestran que esta situación ideal no se da en la práctica para todos los nutrientes, ni para todos los grupos de población”(2). La denominación de suplementos nutricionales, empleada en algunos ámbitos y derivada de una traducción del inglés del término food supplement (atendiendo al Cambridge Dictionary, Food Supplement no hace referencia a la sustitución ni reemplazo de algo, sino a su complementación), carece de significado científico y de marco legal en nuestro país y podría llegar a entenderse como aquello que se le añade a la alimentación para restablecer niveles de suficiencia de algunos nutrientes, cosa que en cualquier persona sin patología subyacente y que siga una dieta saludable es absolutamente inútil y nunca deberían emplearse sin la supervisión de un profesional especializado. Por tanto, la forma correcta de denominar a todos esos productos es la de complemento alimenticio.

En el Real Decreto 1487/2009, de 26 de septiembre(3,4), relativo a los complementos alimenticios, estos se definen como: los productos alimenticios cuyo fin sea complementar la dieta normal y consistentes en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias que tengan un efecto nutricional o fisiológico, en forma simple o combinada, comercializados en forma dosificada; es decir, cápsulas, pastillas, tabletas, píldoras y otras formas similares, bolsitas de polvos, ampollas de líquido, botellas con cuentagotas y otras formas similares de líquidos y polvos que deben tomarse en pequeñas cantidades unitarias.

Regulación de los complementos alimenticios en España

El documento “¿Qué necesito saber sobre los complementos alimenticios?” de la AESAN ofrece una visión general de la regulación de estos productos en España, así como de su empleo responsable. La comercialización de estos productos está regulada, tal y como se ha citado, por el Real Decreto 1487/2009 y su posterior modificación, el Real Decreto 130/2018. Las empresas responsables de la comercialización de complementos en España tienen la obligación de notificar la puesta en el mercado de su producto a las autoridades competentes, para facilitar su control.

El documento hace énfasis en los siguientes aspectos del etiquetado, la presentación y la publicidad de los complementos:

• No pueden sugerir que una dieta equilibrada y variada no aporta las cantidades adecuadas de nutrientes.

• No pueden atribuir a los complementos la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad.

• Tienen que contener información sobre la denominación legal de venta, la lista de ingredientes, la cantidad neta, la fecha de caducidad, las condiciones de conservación, la dosis recomendada, las advertencias de seguridad y la información de contacto de la empresa responsable (Fig. 1).

Figura 1. Información que tiene que aparecer en el etiquetado. Fuente: AESAN.

Consejos para las personas consumidoras

Se recomienda a las personas consumidoras que sean críticas con la publicidad y que busquen información sobre los complementos en fuentes fiables(5), como, por ejemplo, organismos oficiales o centros de salud. Se recuerda que “natural” no significa necesariamente seguro, y que un consumo excesivo o inadecuado puede comportar riesgos para la salud(6).

En caso de sospechar que un complemento ha causado un efecto adverso, se recomienda informar inmediatamente al profesional médico o farmacéutico, así como a la autoridad sanitaria de la comunidad autónoma correspondiente. Además, se subraya la importancia de reportar los efectos adversos asociados con su ingesta.

Es importante advertir sobre los peligros del uso no supervisado de complementos, ya que la falta de regulación en algunos de ellos y la venta sin receta pueden conducir a dosis inadecuadas, ineficacia o riesgo de sobredosis. Además, existe el riesgo de errores en formulaciones compuestas o en preparaciones con múltiples nutrientes. Es recomendable que los pediatras informen a la familia sobre los beneficios, los riesgos y las indicaciones de dichos productos, prescribiéndolos solo cuando sea necesario y recalcando que las criaturas sanas que siguen una dieta saludable no necesitan suplementación alguna.

Riesgos potenciales

El documento “The safety of commonly used vitamins and minerals”(7) subraya la preocupante popularidad en alza de los complementos alimenticios, advirtiendo sobre sus potenciales peligros, especialmente en dosis elevadas, pudiéndose englobar estos en seis categorías de daños potenciales:

1. Efectos adversos: estos pueden variar según el complemento y la dosis, e incluyen náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, erupciones cutáneas, alteraciones hepáticas, hipertensión intracraneal, neuropatías periféricas y problemas renales, entre otros.

2. Interacciones con medicamentos: los complementos pueden interactuar con medicamentos, reduciendo o aumentando sus efectos o causando efectos adversos adicionales.

3. Coste económico: los complementos pueden ser costosos, y el gasto en productos ineficaces puede afectar la capacidad de pagar tratamientos efectivos o de destinar el dinero a una alimentación saludable de calidad y a algunas actividades de ocio activo.

4. Retraso en terapias más efectivas: el uso de complementos ineficaces puede retrasar la búsqueda y la aplicación de tratamientos más efectivos, permitiendo que la enfermedad o el trastorno progrese.

5. Falsa esperanza: los complementos pueden generar falsas expectativas sobre su eficacia, causando decepción y desmotivación en los pacientes.

6. Aumento de la carga de medicación: el uso de suplementos, además de los medicamentos habituales, puede aumentar la complejidad del tratamiento y el riesgo de errores de medicación.

Por todo ello, se recomienda a los profesionales sanitarios que hablen con las personas consumidoras sobre los beneficios y los riesgos potenciales de los complementos, asesorándoles sobre la dosis adecuada y dirigiéndoles a fuentes de información fiables.

Complementos alimenticios más habituales y su mal uso

En los últimos tiempos, hay que destacar el uso creciente de complementos alimenticios en niños/as y adolescentes y, en la mayoría de los casos, no son prescritos por profesionales sanitarios. Los complementos más utilizados en cada grupo de edad son multivitamínicos y minerales en los más pequeños, y proteínas y aminoácidos en los adolescentes. Los motivos más comunes para su consumo son, en niños: protección contra infecciones, estimulación del crecimiento o mala alimentación; y en adolescentes: mejora del rendimiento deportivo o la consecución del “cuerpo ideal”.

Además de las consideraciones generales sobre la seguridad, citadas en el apartado anterior, se puede hacer una breve reseña de los diversos complementos específicos más empleados, destacando sus utilidades, los riesgos y las posibles indicaciones. Cabe recordar que un consumo superior a las cantidades necesarias para realizar cierta función no aporta mejoría ni aumenta la eficacia de dicha función (p. ej.: tomar hierro sin padecer anemia no mejora el transporte de oxígeno en sangre).

• Vitamina A: esencial para la visión, el crecimiento y la función inmune, pero la toxicidad puede causar problemas de piel, hepáticos, visuales y neurológicos. No se debe superar la dosis diaria recomendada.

• Vitamina B3 (niacina): utilizada para tratar hiperlipidemias, pero en dosis altas puede causar eritemas cutáneos, prurito e hipotensión.

• Vitamina B6 (piridoxina): interviene en la síntesis de anticuerpos, en el mantenimiento de la función neurológica normal y en la producción de hemoglobina, entre otras funciones. En dosis elevadas puede causar neuropatías sensoriales periféricas. Se debe tener precaución con la ingesta de múltiples productos que contengan piridoxina, incluida habitualmente en los complejos multivitamínicos.

• Vitamina C: antioxidante e importante para la síntesis de colágeno, pero el exceso puede causar cálculos renales y reducir la eficacia de algunos medicamentos.

• Vitamina D: esencial para la salud y la formación ósea en edades tempranas, pero el exceso puede causar hipercalcemia y problemas renales. La suplementación únicamente se recomienda en lactantes y en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia.

• Vitamina E: antioxidante, pero en dosis altas puede aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico y mortalidad por todas las causas.

• Calcio: importante para la salud ósea, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales y renales. Se recomienda la suplementación en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia.

• Hierro: esencial para el transporte de oxígeno, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales. La suplementación se recomienda en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia, como, por ejemplo, en bebés prematuros o durante el embarazo.

• Zinc: importante para el crecimiento, la función inmune y la salud de la piel, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales e interferir con la absorción de cobre.

• Magnesio: importante para la función muscular y nerviosa, pero el exceso puede causar diarrea por su efecto laxante.

• Selenio: antioxidante, pero el exceso puede causar toxi­cidad.

• Ácidos grasos poliinsaturados: importantes para el desarrollo del cerebro y la visión. La suplementación se recomienda en bebés prematuros y en casos de deficiencia.

• Probióticos: microorganismos vivos que pueden tener beneficios para la salud intestinal. Podrían recomendarse algunos tipos muy específicos en casos puntuales de diarrea, cólicos infantiles y otros problemas gastrointestinales.

• Melatonina: hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La suplementación se ha utilizado en trastornos del sueño, pero se necesita más investigación sobre su seguridad y eficacia a largo plazo en niños/as.

Indicaciones específicas

Se detallan aquí las indicaciones específicas de los complementos alimenticios cuyos beneficios han sido científicamente aprobados y para los grupos de población a los que van dirigidos(8,9):

• Vitamina K: la falta de transporte de esta vitamina a través de la placenta y sus bajas concentraciones en la leche materna hacen recomendable administrarla a todos los recién nacidos con una dosis única de 1 mg IM, con la finalidad de evitar la enfermedad hemorrágica.

• Vitamina D: la vitamina D es una vitamina liposoluble, producida en la piel tras la exposición a los rayos UVB y su posterior transformación en su forma activa por hidroxilación en el hígado y los riñones. Aunque algunos alimentos contienen pequeñas cantidades de vitamina D (huevo, mantequilla, pescado y quesos grasos…), la dieta no es una fuente suficiente de esta vitamina. El principal efecto de la vitamina D es en la prevención del raquitismo y la osteomalacia. Las principales causas de su deficiencia son la exposición inadecuada a la luz solar, alteraciones hepáticas, uso de medicamentos y defectos del metabolismo. Se estima que es deficitaria en la leche materna, por lo que se recomienda la administración de 400 UI/día a lactantes durante el primer año de vida o hasta que puedan exponerse al sol, con moderación y protección.

• Hierro: el hierro es un mineral esencial para la formación de hemoglobina y el transporte de oxígeno. La deficiencia de hierro es el trastorno de micronutrientes más común.

La anemia crónica causa desaceleración del crecimiento, retraso puberal y deterioro cognitivo, aumenta el riesgo de enfermedades infecciosas y contribuye a una baja respuesta humoral a las vacunas.

Las reservas de hierro del recién nacido dependen del estado de hierro de la madre, la edad gestacional, el peso al nacer y el tiempo de pinzamiento del cordón umbilical. Debido a esta reserva limitada y al rápido crecimiento, los bebés se consideran un grupo de riesgo, especialmente aquellos con bajo peso al nacer y los prematuros.

Si bien la leche materna es pobre en hierro, este hierro se absorbe de forma muy eficiente (recordemos que la leche de vaca también es pobre en hierro y, además, es muy poco biodisponible), y se tiene que complementar, a partir de los 6 meses, con la incorporación de otros alimentos ricos en hierro (legumbres, cereales integrales, hortalizas de hoja verde –excepto cantidades elevadas de acelgas y espinacas–, pequeñas cantidades de carne roja, pescado azul, huevos, etc.). Se puede mejorar su absorción, incorporando frutas y hortalizas frescas en la comida. Hay que recordar que la suplementación con hierro a la madre no cambia los niveles de hierro de la leche materna. Los adolescentes en fase de crecimiento acelerado y las niñas justo después de la menarquia también tienen un riesgo aumentado de desarrollar ferropenia, por lo que también es aconsejable aconsejar un consumo de los alimentos ricos en hierro que se han citado anteriormente.

Las indicaciones para la suplementación universal con hierro, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluyen a las mujeres embarazadas y a los niños de entre 6 y 24 meses. Sin embargo, no existen beneficios claros de esta suplementación en niños sanos nacidos a término en países como el nuestro, donde la prevalencia de anemia es baja.

• Calcio: el calcio es el mineral más abundante en el organismo y esencial para la composición ósea. Su deficiencia crónica provoca raquitismo y osteomalacia. Los productos lácteos son la principal fuente de este nutriente, aunque existen otros alimentos que también aportan una cantidad de calcio absorbible destacable, como las bebidas y yogures vegetales enriquecidos en calcio, las hortalizas tipo col rizada o kale, hojas de nabo, col china, etc., el tofu cuajado con sales de calcio, las alubias blancas, las almendras, el sésamo molido, el tofu, el tahini (crema de semillas de sésamo), etc.

Los factores de riesgo de deficiencia de calcio son el parto prematuro, la ingesta dietética inadecuada, la inflamación sistémica y el uso crónico de medicamentos (p. ej., glucocorticoides). En estas situaciones, se debe considerar la realización de pruebas de detección de la salud ósea y la administración de complementos de calcio y vitamina D.

La suplementación en criaturas sanas con una ingesta adecuada de calcio no está indicada, ya que su uso no mejora significativamente la densidad mineral ósea y no reduce el riesgo de fracturas. Los efectos adversos de la suplementación son diarrea o estreñimiento, aumento de la excreción urinaria de calcio y fósforo y nefrocalcinosis.

En este sentido, solo se recomienda la suplementación con 500-1.000 mg/día de calcio, según el peso y la edad, en niños y adolescentes que reciben menos de 300 mg de calcio en la dieta. En niños/as y adolescentes que siguen una alimentación vegana o que no consumen lácteos, se debe recomendar la ingesta de los alimentos ricos en calcio anteriormente citados, junto con la práctica diaria de actividad física y la exposición moderada y con protección al sol.

• Ácidos grasos poliinsaturados (PUFA): los ácidos grasos poliinsaturados se clasifican en: omega-3, presente en algunos aceites vegetales (lino, soja, nuez, cáñamo…), semillas como el lino y la chía, nueces y pescado; omega-6, de aceites vegetales como soja y maíz; y omega-9, presente en el aceite de oliva.

El omega-3, al metabolizarse, da lugar a los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga DHA (ácido docosahexaenoico) y EPA (ácido eicosapentaenoico). El DHA contribuye al desarrollo cognitivo y visual.

Los primeros mil días de vida (de la semana 27 de embarazo a los dos años de edad) es el momento de mayor necesidad de este nutriente, debido al desarrollo cerebral. Por este motivo, se recomienda un consumo adecuado de DHA en mujeres embarazadas y lactantes. En niños/as, adolescentes y personas adultas, la ingesta recomendada de DHA puede alcanzarse consumiendo dos raciones semanales de pescado azul, 3-4 nueces al día o una cucharada de postre de lino molido o de aceite de lino diario o una cucharada sopera al día de aceite de soja o colza (canola o nabina).

En cuanto a las criaturas que reciben fórmulas infantiles, estas últimas ya incluyen la suplementación con DHA. En prematuros con aumento de peso subnormal o displasia broncopulmonar, se recomienda la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados, al menos, hasta las 52 semanas de edad corregida.

• Probióticos: los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, brindan beneficios para la salud del huésped. Las cepas probióticas se identifican según su género, especie, subespecie y un nombre alfanumérico que identifica a una cepa específica.

Los efectos de los probióticos son específicos y dependen de la cepa y la dosis utilizada. En febrero de 2023, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN) publicó un documento sobre el uso de probióticos y prebióticos para el manejo de trastornos gastrointestinales en Pediatría, cuyas indicaciones incluyen la diarrea aguda, prevención de la diarrea asociada al uso de antibióticos, prevención de la diarrea nosocomial, prevención de la enterocolitis necrotizante en prematuros, etc., con una cepa específica de probiótico para cada una de ellas.

No existe consenso sobre la suplementación de cepas específicas de probióticos en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la obesidad, la esteatosis hepática, la depresión en el grupo de edad pediátrica, la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad celíaca y otras afecciones.

• Prebióticos: son alimentos que promueven el crecimiento de bacterias probióticas. Estos compuestos son carbohidratos indigeribles que no se absorben en el intestino y que son fermentados por las bacterias, resultando en la producción de ácidos grasos de cadena corta que son la principal fuente de energía para el colon y promueven la absorción de agua y sodio. La leche materna contiene galacto-oligosacáridos, y también se añaden a algunas leches de fórmula. Los alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos… son ricos en fibras y otras sustancias con efecto prebiótico, por lo que se recomienda que sean la base de la alimentación saludable.

• Complejo de la vitamina B: las vitaminas del complejo B son hidrosolubles y actúan sobre el metabolismo energético. No existe indicación para la suplementación rutinaria de vitaminas B en criaturas sanas, a menos que existan restricciones dietéticas o de absorción que afecten la ingesta de estas vitaminas. Las vitaminas del complejo B suelen administrarse juntas, excepto en deficiencias específicas, en las que se individualiza la dosis.

Por ejemplo, en el caso del ácido fólico (vitamina B9), es un complemento importante en el embarazo debido a su papel en el desarrollo neuronal y físico normal del feto. Aunque la principal fuente de esta vitamina son las verduras de hoja verde, la suplementación es necesaria para pacientes con desnutrición severa, anemia falciforme, errores innatos del metabolismo que involucran las vías del folato, mujeres embarazadas hasta la semana 12 de gestación y uso de medicamentos que interfieren con el metabolismo del folato.

En relación con la cianocobalamina (vitamina B12), es esencial para una buena función neurológica, previniendo el daño endotelial y siendo un cofactor en varias vías metabólicas. Se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal. Su deficiencia puede ser causada por dietas que restringen los alimentos de origen animal, la cirugía bariátrica o problemas de absorción. Algunos medicamentos pueden reducir los niveles de vitamina B12, como los inhibidores de la bomba de protones, los antagonistas del receptor de histamina y la metformina. Las manifestaciones clínicas de la deficiencia son anemia megaloblástica, neuropatías, somnolencia, irritabilidad, disminución de la agudeza visual, parestesias e hiperreflexia, pudiendo algunas de ellas llegar a ser irreversibles. La suplementación con vitamina B12 es necesaria en personas vegetarianas y veganas (las madres lactantes que sigan una dieta vegana o vegetariana también deben recibir complementos de vitamina B12), el síndrome de intestino corto con ausencia de íleon terminal, poscirugía bariátrica o condiciones que afecten su absorción.

• Melatonina: la melatonina es una hormona secretada principalmente por la glándula pineal. Sus principales funciones son la regulación del ritmo circadiano y del ciclo vigilia/sueño, la acción antioxidante y antiinflamatoria. Los complementos de melatonina se han utilizado en niños/as con trastornos del sueño y en otras condiciones. Sin embargo, no existe consenso sobre la indicación, la dosis, la duración del uso y los efectos a largo plazo, incluyendo la interferencia con la pubertad, el ciclo menstrual y el aumento de la secreción de prolactina. Las reacciones adversas en criaturas son mareos, dolor de cabeza, agitación y enuresis nocturna.

Al ser considerado un producto natural, de bajo coste y de venta libre que promete la mejora de la calidad del sueño, su consumo ha aumentado considerablemente en la última década. Además, muchos complementos no contienen la cantidad de melatonina descrita en la etiqueta o la dosificación recomendada en su envasado no se corresponde con la adecuada. En cualquier caso, la dosis inicial debería ser la más baja posible, entre 0,5 y 1 mg/día, con una dosis máxima de 5 mg/día en adolescentes.

Los complementos de vitamina C, los complejos multivitamínicos o multiminerales o la ingesta de proteínas y aminoácidos carecen de indicación para su suplementación en menores y adolescentes sanos.

Además de las indicaciones específicas señaladas, en el Algoritmo al final del artículo se citan algunas situaciones en las que se podría valorar la administración de complementos alimenticios.

Conclusión

Este artículo pretende proporcionar una visión global sobre los complementos alimenticios, subrayando la importancia de la consulta con profesionales sanitarios antes de tomarlos. Se debe tener en cuenta que los complementos pueden tener efectos nocivos, especialmente en dosis elevadas, y que, casi nunca, son necesarios para personas sanas con una dieta saludable. La información, la prudencia y la consulta con profesionales cualificados son claves para un uso seguro y responsable de los complementos alimenticios.

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Lectura recomendada: Generalitat de Catalunya. Acsa brief. Agència Catalana de Seguretat Alimentària. Cuando el exceso de vitaminas es el problema: las hipervitaminosis y los complementos alimenticios. Primera parte; 2024. p. 1-7. Segunda parte; 2025. p. 1-7. Disponibles en: https://acsa.gencat.cat/es/actualitat/butlletins/acsa-brief/hipervitaminosis-i-complements-alimentaris/.

 

 

Laboratorio de análisis del movimiento en Pediatría

De interés especial
 


I. Martínez Caballero*, M. Galán-Olleros*, A. Pérez-Somarriba Moreno**, M.J. Figueroa Gatica***, M. Medel San Miguel**

*Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. España. **Laboratorio de análisis del movimiento. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid. España. ***Equipo de traumatología extremidad inferior. Instituto Teletón. Equipo traumatología infantil. Hospital Clínico. Universidad Católica. Santiago. Chile


Resumen

El laboratorio de análisis del movimiento en Pediatría representa una herramienta clave para la evaluación y el tratamiento de trastornos de la marcha en niños. Utilizando tecnología avanzada para capturar y analizar el movimiento humano, estos laboratorios ofrecen una visión detallada y cuantitativa de las desviaciones de la marcha, facilitando diagnósticos más precisos y asistiendo así en la planificación del tratamiento. Este artículo explora la infraestructura necesaria, los componentes principales del protocolo de evaluación como el examen físico, la cinemática y cinética tridimensionales y la electromiografía, así como las aplicaciones clínicas de estos laboratorios. Además, la utilización del análisis de la marcha en varias etapas de la evaluación clínica, toma de decisiones basada en evidencia, así como su valor en la mejora de los resultados funcionales y en la medición cuantitativa de los resultados del tratamiento.

 


Abstract

The pediatric movement analysis laboratory serves as a key tool for assessing and treating gait disorders in children. Utilizing advanced technology to capture and analyze human movement, these laboratories provide a detailed and quantitative view of gait deviations, facilitating more accurate diagnoses and aiding in treatment planning. This article explores the necessary infrastructure, main components of the evaluation protocol such as physical examination, three-dimensional kinematics and kinetics, and electromyography, and the clinical applications of these laboratories. Additionally, the use of gait analysis for clinical evaluation and evidence-based decision-making, as well as its value in improving functional outcomes and quantitatively measuring treatment results, are discussed.

 

Palabras clave: Análisis de la marcha; Ortopedia Infantil; Evaluación del movimiento; Desviaciones de la marcha en niños; Planificación terapéutica.

Key words: Gait analysis; Pediatric Orthopedics; Movement Evaluation; Gait Deviations in Children; Therapeutic Planning.

 

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (4): 271.e1 – 271.e8


Laboratorio de análisis del movimiento en Pediatría

 

Introducción

El movimiento en los seres vivos ha sido objeto de estudio mediante el registro de imágenes desde hace más de 150 años, comenzando con los pioneros estudios de Muydbridge en 1872, que visualizaron las fases del movimiento de los caballos durante una carrera no perceptibles al ojo humano(1). Esta curiosidad por capturar y entender la dinámica del movimiento ha evolucionado significativamente, llevando a la creación de laboratorios de análisis del movimiento con uso clínico.

A principios de los 90, fruto de la colaboración interdisciplinaria entre bioingenieros y ortopedas infantiles, se desarrolló el estudio computarizado tridimensional de la marcha, siendo los sujetos más evaluados pacientes deambulantes con parálisis cerebral. Este enfoque ha permitido describir detalladamente las desviaciones del movimiento normal, a través de análisis cinemáticos (movimiento de las articulaciones), cinéticos (fuerza articular) y electromiográficos (actividad muscular), enriqueciendo la comprensión clínica y diagnóstica, matizando las decisiones quirúrgicas, comparando la eficacia entre tratamientos e incluso prediciendo los resultados de las terapias(2). Además de la deambulación, gestos comunes realizados en las extremidades superiores o en el tronco, pueden ser objeto de este análisis instrumentado(3).

El objetivo de este trabajo es dar a conocer:

• El ciclo de la marcha normal.

• Qué es un laboratorio de análisis del movimiento y cuáles con los sistemas de información que lo integran.

• Claves para la interpretación clínica de las gráficas obtenidas y cómo integrarlo con otros métodos diagnósticos para guiar las intervenciones terapéuticas.

• Uso en la toma de decisiones y ejemplos clínicos que justifican su uso.

• Listado de aplicaciones comunes.

Ciclo de la marcha normal

La marcha humana, independientemente del género o raza, sigue un patrón reproducible que puede ser estudiado. El desplazamiento en el plano sagital, al ser donde más movimiento existe, es elegido comúnmente para estudiar la marcha. Los eventos que comprenden desde que la extremidad inferior contacta por vez primera con el suelo, hasta que lo hace de nuevo, forman el ciclo de marcha(2). Dentro de él existe una fase de apoyo que ocupa el 60 % del mismo, seguida de una fase oscilante o de no apoyo que abarca el 40 % restante y posibilita el avance de la extremidad. El análisis del movimiento del tobillo, rodilla, cadera y pelvis en cada uno de los tres planos del espacio y en cada uno de los periodos del ciclo de marcha, el de apoyo y el oscilante, es la metodología compartida por los estudios de la deambulación observacionales e instrumentales.

Definición del laboratorio de análisis del movimiento (LAM) y componentes

Es una instalación especializada equipada con tecnología avanzada para medir la trayectoria, la actividad muscular y las fuerzas ejercidas por los segmentos anatómicos durante la marcha o cualquier actividad solicitada (Fig. 1).

Figura 1. Laboratorio de análisis del movimiento del Hospital Niño Jesús. Madrid.

 

Diseñado para analizar los tres planos del espacio (sagital, frontal y transversal), permite una evaluación sincronizada y detallada del movimiento, capturando la esencia de la dinámica humana con precisión.

Sus dimensiones deben tener en cuenta el espacio requerido para albergar los sistemas empleados, y contar con la amplitud necesaria para que el sujeto realice sin restricciones el movimiento objeto de estudio.

La configuración de nuestro LAM incluye una amplia área de 9 metros (m) de longitud, 8 m de anchura y un techo de 5 m, equipada con 8 cámaras infrarrojas fijadas desde el techo para la captación de los marcadores reflectantes colocados en diferentes segmentos anatómicos del cuerpo siguiendo protocolos estandarizados (Fig. 2), 4 plataformas dinamométricas integradas en el suelo para analizar los momentos de fuerza de tobillo, rodilla y cadera, y un puesto de control, donde se sincronizan los datos capturados durante el paseo del paciente mediante un software especializado.

Figura 2. A. Paciente con marcadores según modelo Helen Hayes MM. B. Modelo virtual que se obtiene tras el procesado de la imagen de la izquierda.

 

Este espacio también cuenta con una camilla para realizar la exploración física y con aparatos de medición antropométrica. La duración del estudio requiere aproximadamente 90 minutos, e incluye la exploración física y un número mínimo de 4-6 paseos, de los cuales se calcula un promedio para obtener las gráficas representativas. La colaboración del paciente es esencial; por lo que, en edades inferiores a 5 años o en pacientes con trastornos cognitivo-conductuales, el estudio puede ser inviable.

La dificultad en la generalización de su uso radica principalmente en el costo de las instalaciones y la necesidad de personal altamente especializado a cargo de su funcionamiento, habitualmente de 2 a 3 fisioterapeutas e, idealmente, con la colaboración de un bioingeniero encargado de optimizar el almacenamiento de datos y desarrollar investigación.

Las evaluaciones se realizan sobre un periodo concreto de la deambulación, conocido como ciclo de marcha. Este empieza cuando el talón contacta con el suelo, lo que inicia la fase de apoyo (60 % del ciclo) (Fig. 3).

Figura 3. Fase de apoyo del ciclo de marcha y etapas que la forman. La colocación en torno a las articulaciones del vector generado desde el suelo por el peso del cuerpo justifica actividad muscular.

Después del apoyo, el pie se despega del suelo con la cadera y la rodilla en flexión y el tobillo en neutro para poder avanzar durante la fase oscilante del ciclo de marcha (40 % del total).

Los informes generados durante los estudios de marcha son: parámetros témporo-espaciales, análisis cinemáticos, cinéticos y de electromiografía(4).

• Parámetros témporo-espaciales: incluyen la longitud de paso, cadencia o velocidad.

• Cinemática: realiza una descripción cuantitativa de la marcha mediante gráficas de coordenadas cartesianas, del movimiento en tobillo, rodilla, cadera, pelvis y tronco. En el eje horizontal o eje de abscisas, se representa el porcentaje del ciclo, y en el eje vertical o eje de ordenadas, los grados de movimiento de cada segmento anatómico. En color gris viene representado el rango de movimiento normal, lo que permite ser comparado con la gráfica de color verde (lado derecho del paciente) y la de color rojo (lado izquierdo). La separación con respecto a la normalidad y el porcentaje del ciclo en el que esta presenta mayor magnitud, describen la patología de la marcha (Fig. 4).

Figura 4. Estudio cinemático sagital de rodilla de un paciente con porcentaje de ciclo de marcha en eje de abscisas y movimiento en grados en eje de ordenadas. El color gris recoge el movimiento normal, mientras que los colores verde (lado derecho) y rojo (lado izquierdo) reflejan flexos de rodilla permanentes y no rígidos. En el movimiento normal existe una onda sinusoidal con dos picos de flexión de distinta altura. En la fase de apoyo hay una flexión de 15º como adaptación de la rodilla a la carga. Este valor precede a la extensión completa en la mitad de la fase de apoyo, lo que permite el acople tobillo rodilla, para alcanzar la verticalidad del sujeto. En la fase oscilante, la flexión de rodilla tiene un valor máximo de 60º, lo que facilita al pie alcanzar una altura adecuada con respecto al suelo.

En el informe estándar aparecerán tres columnas de gráficas del ciclo de marcha, que corresponden de izquierda a derecha a los planos frontal, sagital y transversal, y 5 filas de gráficas de ciclo de marcha, que representan de arriba abajo, el movimiento del tronco, pelvis, cadera, rodilla y tobillo (Fig. 5).

Figura 5. Ejemplo de informe cinemático del ciclo de marcha con flexión de rodilla y cadera permanente.

• Cinética: utilizando unas plataformas instaladas en el suelo, se miden los momentos de fuerza (N-m/kg) y potencias (Watios/kg) articulares en el plano sagital del tobillo, rodilla y cadera durante la marcha(2,4) (Fig. 6).

Figura 6. Gráficas de la cinética, momento y potencia, de cadera, rodilla y tobillo, correlacionadas con cinemática del plano sagital.

• Electromiografía: registra la actividad de los músculos responsables de la deambulación mediante sensores adhesivos inalámbricos, sincronizándose con los análisis cinemáticos y cinéticos (Fig. 7).

Figura 7. Registros de electromiograma (EMG) sobre la actividad muscular del gastrocnemio, y tibial anterior.

Gracias a la cinemática, se han elaborado índices de evaluación global de la marcha que permiten cuantificar su desviación con respecto a la normalidad. El más utilizado es el “Gait Deviation Index” (GDI), que usa 9 valores cinemáticos críticos para su elaboración, como la máxima extensión de rodilla en fase de apoyo o su máxima flexión en oscilante(5). El valor normal es por encima de 100; mientras que, en pacientes con parálisis cerebral más afectados, se ven descensos en el GDI de hasta 40 puntos.

Claves para la interpretación de las gráficas e integración con otros métodos diagnósticos

Claves para la interpretación clínica de las gráficas

1. Rango de movimiento: una variabilidad limitada entre los valores máximos y mínimos sugiere rigidez o debilidad muscular; mientras que un rango aumentado puede indicar un mecanismo de compensación por déficit de movilidad a nivel distal, como la hiperflexión de cadera para compensar el pie caído, o un incremento de movilidad en el lado contralateral en los hemipléjicos.

2. Alteración en valores cinemáticos críticos y correlación con patrones patológicos de marcha: una flexión excesiva de rodilla en la fase de apoyo asociada a dorsiflexión de tobillo refleja un patrón de marcha agachada, mientras que si la gráfica muestra flexión plantar de tobillo, encajaría en un patrón de salto (Fig. 8).

Figura 8. Patrón de marcha agachada/gráficas y patrón de marcha en salto/gráficas.

En la fase oscilante, un incremento en la flexión de la cadera se relaciona con marcha en estepaje si el tobillo está en equino, y un pico de flexión de rodilla disminuido o retrasado se asocia a patrón de rodilla rígida. La correlación de las gráficas con los patrones de Rodda o de Winters, descritos respectivamente en dipléjicos y hemipléjicos, es mayor que la información aportada por evaluaciones observacionales de la marcha(6).

3. Formas de las gráficas: en pacientes con espasticidad, las gráficas pueden mostrar una forma característica de “doble joroba”, lo cual refleja una respuesta rápida de contracción muscular ante su estiramiento, como ocurre en el clonus de tobillo (Fig. 9).

Figura 9. Gráfica de tobillo con forma de doble joroba, lado izquierdo en paciente hemipléjico con clonus. La súbita flexión plantar tras la dorsiflexión inicial refleja espasticidad en gastrocnemios. La falta de dorsiflexión en fase oscilante encaja con insuficiencia de dorsiflexores y actividad fuera de fase del gastrocnemio.

Este trazado se puede ver también en la rodilla durante la fase oscilante por espasticidad del recto anterior, y en la pelvis por espasticidad del psoas. Estas gráficas son indicativas de músculos espásticos, buenos respondedores a tratamientos con toxina botulínica.

4. Pendiente de las gráficas: una pendiente reducida generalmente señala una disminución del rango de movimiento, debido a debilidad, rigidez articular o espasticidad severa. Como ejemplo clínico, tenemos la pendiente más horizontal presente en casos de debilidad en la flexión de cadera, lo que aconseja evitar tratamientos que disminuyan aún más esta acción. Por otro lado, una pendiente más pronunciada puede sugerir una contracción muscular aumentada, ya sea como respuesta al estiramiento por espasticidad o como gesto de compensación de la cadera en fase oscilante, para despegar el pie del suelo cuando este se encuentra caído(7).

Integración con otros métodos diagnósticos

La eficacia del análisis de la marcha se potencia al integrarlo con otras herramientas diagnósticas. La historia clínica, la exploración física, el diagnóstico por imagen y la evaluación del nivel de habilidad funcional son fundamentales para una comprensión holística del paciente. Cada método aporta una pieza clave al rompecabezas clínico, permitiendo una aproximación diagnóstica y terapéutica más precisa y personalizada.

• Historia clínica. Patologías, como la ictericia neonatal, predisponen a las discinesias, lo que se reflejaría en la irregularidad entre gráficas obtenidas en cada paseo.

• Exploración física. Por ejemplo, la limitación en el rango de movimiento articular se visualiza en las gráficas al no alcanzar el valor normal máximo, la espasticidad puede dar curvas con dobles jorobas, y el acortamiento de los isquiotibiales se muestra en el plano sagital de la pelvis por hallarse en retropulsión al final de la fase oscilante o durante todo el ciclo.

• Diagnóstico de imagen. La oblicuidad pélvica observada en las radiografías de pelvis se correlaciona con patrones específicos en la marcha, como el flexo de rodilla del lado descendido en la marcha agachada.

• Nivel de habilidad funcional. Existe una relación directa entre la autonomía en la marcha y los índices de evaluación global, con menores niveles de autonomía asociados a peores índices.

Uso en la toma de decisiones y ejemplos clínicos que justifican uso del LAM

El laboratorio de análisis de movimiento desempeña un papel crucial en la toma de decisiones, proporcionando evaluaciones detalladas, que combinadas con la exploración física, facilitan la identificación de problemas primarios, secundarios y terciarios (o compensatorios) en la marcha del paciente.

El análisis observacional del movimiento, especialmente el de la deambulación, está condicionado por las limitaciones que la percepción visual tiene para evaluar, de manera simultánea, los tres planos del espacio. Especialmente inexactas son las estimaciones de los problemas del plano transversal en segmentos proximales, como la cadera o la pelvis. Por otro lado, los estudios cinéticos y de detección de contracción muscular aportan información diagnóstica y pronóstica imposible de obtener de otro modo. Algunos ejemplos que justifican su uso son:

• Equinismo “idiopático”: teniendo como motivo de consulta el caminar de puntillas, puede llegar a encontrarse co-contracción entre agonista (tríceps sural) y antagonista (tibial anterior) en la EMG dinámica de superficie, señalando de esta manera un origen neurológico(8).

• Seudo-equino: la apariencia de caminar de puntillas o en equino puede no deberse a una flexión plantar aumentada de tobillo, sino a un déficit en la extensión de rodilla al final de la fase oscilante, llevando a intervenciones erróneas como el alargamiento del tendón de Aquiles sin justificación. La inclinación del tronco hacia delante, el flexo de cadera o el pie caído por insuficiencia de los dorsiflexores de tobillo (Fig. 10), pueden ser otros motivos de seudo-equino.

Figura 10. Caso de un paciente con tropiezos o dificultad para subir un bordillo. Gráfica de cinemática de pie caído derecho acompañada de electromiografía (EMG) dinámica de superficie del tibial anterior derecho, que refleja una ausencia de actividad contráctil durante la fase oscilante en el lado derecho.

• Seudo-intratorsión: en pacientes con hemiplejía o diplejía asimétrica, el lado que camina con el tobillo en equino condiciona un retraso o rotación externa en la hemipelvis de ese lado, lo que puede crear una aparente intratorsión en el lado opuesto, que se corrige tratando el equino.

• Seudo-valgo: las gráficas en plano frontal transversal ayudan a diferenciar el valgo real del aparente, causados por excesiva anteversión femoral o torsión tibial externa(4,9).

• Causas de rodilla rígida en fase oscilante: la falta de flexión de la rodilla en la fase oscilante dificulta que el pie alcance una altura adecuada con respecto al suelo, y puede deberse a la debilidad en los flexores plantares de tobillo o cadera, la anteversión femoral, el genu valgo de gran magnitud, o la actividad muscular del recto anterior presente en la fase oscilante(9) (Fig. 11). Solo este tipo de análisis del movimiento combinando la exploración clínica, el análisis gráfico y el EMG, permitiría diferenciar entre sí estas causas.

Figura 11. Gráfica del plano sagital de la rodilla con falta de flexión en fase oscilante y EMG con un registro de activación el recto anterior del cuádriceps durante la fase oscilante, es decir, fuera de fase.

• Isquiotibiales cortos: solo un porcentaje de los pacientes que caminan agachados lo hacen porque tienen los isquiotibiales cortos, en cuyo caso veremos, como en la gráfica del plano sagital de la pelvis, esta se coloca hacia posterior durante todo el ciclo o al final de la fase oscilante.

• Compensaciones del tronco: la posición del tronco hacia delante puede aliviar la tendencia a flexo de rodilla durante la fase de apoyo en algunos pacientes, apareciendo en las curvas cinéticas un menor aumento del momento extensor, o lo que es lo mismo, una menor solicitación del cuádriceps.

Listado de aplicaciones comunes en paciente pediátrico

En la tabla I se muestra el listado de aplicaciones comunes en paciente pediátrico.

 

Futuro de los laboratorios de análisis del movimiento

Se ha reconocido la validez del análisis instrumentado del movimiento como herramienta diagnóstica, útil en la toma de decisiones, en el control evolutivo de los trastornos del movimiento y, por último, en la medición y comparación de resultados post-terapia.

La expansión del análisis instrumentado del movimiento está ligada a la formación especializada y la colaboración multidisciplinaria, con un potencial creciente para integrar tecnologías avanzadas, como el aprendizaje automático e inteligencia artificial, mejorando la precisión diagnóstica y la eficacia del tratamiento(10).

Bibliografía

1. Wing A, Beek P. Motion analysis: a joint centenary. Hum Mov Sci. 2004; 23: Iii-Iv.

2. Gage JR. Gait analysis. An essential tool in the treatment of cerebral palsy. Clin Orthop Relat Res. 1993; 288: 126-34.

3. Valevicius AM, Jun PY, Hebert JS, Vette AH. Use of optical motion capture for the analysis of normative upper body kinematics during functional upper limb tasks: A systematic review. J Electromyogr Kinesiol. 2018; 40: 1-15.

4. Armand S, Decoulon G, Bonnefoy-Mazure A. Gait analysis in children with cerebral palsy. EFORT Open Rev. 2016; 1: 448-60.

5. Schwartz MH, Rozumalski A. The Gait Deviation Index: a new comprehensive index of gait pathology. Gait Posture. 2008; 28: 351-7.

6. Nieuwenhuys A, Papageorgiou E, Molenaers G, Monari D, de Laet T, Desloovere K. Inter- and intrarater clinician agreement on joint motion patterns during gait in children with cerebral palsy. Dev Med Child Neurol. 2017; 59: 750-5.

7. Davids JR, Bagley AM. Identification of common gait disruption patterns in children with cerebral palsy. J Am Acad Orthop Surg. 2014; 22: 782-90.

8. Rose J, Martin JG, Torburn L, Rinsky LA, Gamble JG. Electromyographic differentiation of diplegic cerebral palsy from idiopathic toe walking: involuntary coactivation of the quadriceps and gastrocnemius. J Pediatr ­Orthop. 1999; 19: 677-82.

9. Gage JR, Novacheck TF. An update on the treatment of gait problems in cerebral palsy. J Pediatr Orthop B. 2001; 10: 265-74.

10. Ahmadi M, O’Neil M, Fragala-Pinkham M, Lennon N, Trost S. Machine learning algorithms for activity recognition in ambulant children and adolescents with cerebral palsy. J Neuroeng Rehabil. 2018; 15: 105.

 

 

Tos ferina, de nuevo; tos ferina, siempre

J. de la Flor i Bru
De interés especial
 


J. de la Flor i Brú* y Grupo VACAP: B. Aguirrezabalaga González (coord.), S. Bernárdez Carracedo, N. Català Cahís, G. Cabrera Roca, G. de la Fuente Echevarría, J. García Pérez, L. Ortiz González, N. Rodríguez Blanco, M.B. Rubira Golbano, C. Villanueva Tres, C. Coronel Rodríguez

*Pediatra de AP, CAP El Serral Sant Vicenç dels Horts, Barcelona, Institut Català de la Salut. Subdirector ejecutivo de Pediatría Integral; Vocal del VACAP (Grupo de Trabajo de Vacunas y enfermedades infecciosas en Atención Primaria de la SEPEAP)

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (3): 202.e1 – 202.e6


Tos ferina, de nuevo; tos ferina, siempre

 

Introducción

El Centro Nacional de Epidemiología (CNE) informa que, en los primeros meses de 2024, se está produciendo un marcado incremento de los casos de tos ferina, tras haber observado ya un incremento en 2023, después de la alteración temporal con marcada reducción en el número de casos que supuso la pandemia de COVID-19 en las infecciones de transmisión respiratoria entre 2020 y 2022.

Recordatorio clínico

La tos ferina (TF) es una infección respiratoria muy contagiosa (90 % de los contactos domésticos susceptibles y 50-80 % de contactos escolares) causada por la bacteria Bordetella pertussis, bacilo gram negativo que sintetiza la toxina pertúsica, principal causante del daño en el tracto respiratorio (toxicidad celular directa e inhibición de la respuesta inmune específica), aunque múltiples antígenos (pertactina, hemaglutinina filamentosa, fimbrias 2 y 3, adenilato ciclasa, citotoxina traqueal, toxina termolábil, BRKA, endotoxina y polisacárido capsular) intervienen en la patogénesis y en la respuesta inmunitaria. Un alto nivel de anticuerpos contra la hemaglutinina filamentosa se asocia con infecciones asintomáticas. Puede afectar a personas de cualquier edad. Es una enfermedad endémica que mantiene un patrón epidémico cíclico, con picos que se presentan cada 2-5 años, típicamente cada 3-4(1), análogamente a las producidas por Mycoplasma pneumoniae, con las que comparte determinados rasgos clínicos (y del que se registra actualmente también un marcado aumento del número de casos). La enfermedad no tiene un patrón estacional establecido.

El reservorio es exclusivamente humano y la transmisión se produce por gotas respiratorias de gran tamaño y, excepcionalmente, por fómites contaminados. El papel de los portadores asintomáticos en la transmisión de la infección es poco conocido, pero se estima que es de gran importancia.

El periodo de incubación es de 7-10 días, seguido de la aparición de la clínica, que se presenta en 3 fases(2):

1. Fase catarral: se inicia a los 7-10 días del contagio y es indistinguible de un resfriado común, con lo que el diagnóstico es muy difícil, si no se tiene un alto grado de sospecha. Esta fase es muy contagiosa, con una tasa de ataque secundario en susceptibles del 80-90 %. Dura 1-2 semanas.

2. Fase paroxística: tos seca que va aumentando en frecuencia e intensidad, con ataques que suelen empeorar por la noche. La tos paroxística (golpes de tos no interrumpidos por inspiración de aire) puede acabar con un marcado esfuerzo inspiratorio acompañado de un sonido agudo característico llamado “gallo”, muy específico, debido al paso forzado del aire por una glotis estrechada, pero de presentación no universal, casi siempre ausente en los lactantes más pequeños. Se puede acompañar de eritema facial, cianosis, vómitos y sudoración profusa después del ataque de tos, que puede dejar al paciente exhausto. La tos suele ser seca, pero, en ocasiones, es seguida por la expectoración de abundante moco espeso. La fiebre suele estar ausente. Los lactantes pueden presentar apnea sin gallo. En los intervalos entre paroxismos de tos, el niño tiene un aspecto normal, sin apariencia de enfermedad, salvo en los lactantes más pequeños. Los ataques de tos pueden ser desencadenados por múltiples estímulos, como comer, reír o hablar. Esta fase dura de 3 a 6 semanas.

3. Fase de convalecencia: los ataques de tos van desapareciendo gradualmente. Una vez curada la enfermedad se observa con frecuencia que, en posteriores virasis respiratorias, el paciente experimenta una tos parecida a la de la fase paroxística, aunque mucho más leve que la de la enfermedad inicial (“tos de recuerdo”), de mecanismo patogénico no bien establecido.

El periodo de contagio o de transmisibilidad es más alto durante la fase catarral inicial (en la que no se suele sospechar, hacer el diagnóstico, pautar antibiótico e instaurar aislamiento) y se prolonga durante 21 días. El uso de tratamiento antibiótico en esta fase reduce las complicaciones y la mortalidad, no modifica la duración de la tos, pero reduce el periodo de contagio a 3-5 días desde el inicio del tratamiento.

Las complicaciones más graves de la tos ferina se presentan en lactantes, sobre todo en menores de 6 meses y en prematuros, e incluyen: neumonía, convulsiones, encefalopatía e, incluso, muerte (1 % en menores de 2 meses). En menores de 3 meses, la enfermedad es, a menudo, grave, llamada “tos ferina maligna”, que se caracteriza por leucocitosis y linfocitosis marcada (criterio de gravedad), rápido progreso al fallo respiratorio, cianosis, manifestaciones neurológicas (encefalopatía de patogenia desconocida), sepsis, neumonía e hipertensión pulmonar, que puede dejar secuelas importantes e, incluso, llevar a la muerte del paciente en un elevado porcentaje de casos, pese a la aplicación de medidas intensivas(3). La mayor tasa de mortalidad se registra en menores de 6 semanas con hipertensión pulmonar.

Los adolescentes y adultos también pueden presentar complicaciones, pero son menos frecuentes y de menor gravedad, especialmente en individuos que fueron vacunados en la infancia. Las complicaciones en estos grupos incluyen: insomnio, apnea, síncope, hemorragia conjuntival, epistaxis, incontinencia urinaria, fracturas costales y pérdida de peso y, menos frecuentemente, neumonía y otitis media aguda.

Aunque se ha considerado siempre una enfermedad infantil, en las últimas décadas se detecta con frecuencia creciente en personas de mayor edad. Actualmente, en los países occidentales, hay dos picos de incidencia: los lactantes menores de 3-4 meses, en los que presenta una importante morbimortalidad (muy especialmente en los menores de 1 mes); y los adolescentes y adultos jóvenes, que actúan como transmisores de la infección, en los que se presenta como un cuadro de tos prolongada, de diagnóstico difícil, para el que hay que tener un alto grado de sospecha, y habitualmente infrautilizado por menor sensibilidad de los médicos de familia frente a la enfermedad. En un adolescente o adulto, cualquier tos de más de dos semanas de duración sin un diagnóstico alternativo, debe ser sospechosa de tos ferina, dado que supone hasta un 25 % de los casos de tos prolongada en esta franja de edad.

La tos ferina es una enfermedad de declaración obligatoria y, aunque en los últimos años, por una mayor sensibilidad del profesional sanitario y un mejor acceso a medios diagnósticos en Atención Primaria (PCR por escobillado nasofaríngeo), ha aumentado la notificación, se estima que esta sigue estando muy por debajo de la realidad, se cree que entre 4 y 7 veces(4).

Pese a las altas coberturas que se obtienen con la vacunación sistemática(5), la tos ferina continúa causando morbilidad. En nuestro medio, al igual que en otros países de nuestro entorno, se observa una reemergencia de la enfermedad(6). Además, ni la vacunación completa ni el antecedente de enfermedad, confieren inmunidad duradera y, mucho menos, permanente(7). La inmunidad natural disminuye con el tiempo, con la posibilidad de infectarse más de una vez durante la vida(8). Por su parte, la efectividad de las actuales vacunas acelulares (DTPa) también disminuye con el tiempo, con una duración de la protección de 3-5 años(9-11). Se especula que la actual circulación de cepas ancestrales, no incluidas en las vacunas actuales, podría ser otro factor explicativo de la reemergencia, así como la circulación de cepas deficientes en pertactina, causadas por la presión vacunal. Se está empezando a valorar la necesidad de proceder a una revacunación con tos ferina a los 10 años, adelantando la dosis del adolescente que propone el Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la AEP (aunque solo Asturias la tiene incluida en su calendario oficial).

El objetivo fundamental de la prevención y control de la tos ferina es evitar enfermedad grave y muerte en menores de 1 año, especialmente en los primeros meses de vida(12). Ya que la incidencia está aumentando y, por tanto, el riesgo de transmisión comunitaria, es importante cortar las cadenas de transmisión, detectando los casos, pautando el aislamiento respiratorio de los mismos, prescribiendo el tratamiento antibiótico adecuado y revisando/actualizando el calendario vacunal del caso y de sus contactos. Hay que implantar la búsqueda activa de los contactos estrechos y de las personas vulnerables, con mayor riesgo (lactantes sin pauta completa de vacunación), embarazadas y personas que puedan actuar como fuente de transmisión.

Diagnóstico microbiológico

La confirmación microbiológica es importante, para poder dirigir el tratamiento antibiótico y establecer las medidas para proteger a los individuos más vulnerables, dado que otros patógenos respiratorios (virus parainfluenzae, adenovirus, Mycoplasma pneumoniae, Clamydophila pneumoniae, VRS, otras especies de bordetella [holmesii, parapertussis]) pueden causar síntomas similares a la TF (tos pertusoide), aunque con cuadros generalmente más leves y de menor duración. La menor gravedad de los cuadros producidos por las otras especies de bordetella, probablemente es debida a la ausencia de toxina pertúsica en las mismas. Actualmente, hay dos enfoques para el diagnóstico microbiológico de la tos ferina: directo e indirecto. Las técnicas directas incluyen el aislamiento de B. pertussis por cultivo (gold standard) y las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos específicos del microorganismo (PCR), que son las más utilizadas en la actualidad. Las indirectas son las pruebas serológicas que permiten la detección de anticuerpos específicos frente a toxina pertussis(13-15). La selección de una u otra técnica dependerá fundamentalmente del tiempo de evolución (Fig. 1). La PCR es de elección en la fase aguda, al ser más específica. Las serológicas se reservan para casos en los que hayan pasado más de 3 semanas del inicio de la tos.

Figura 1. Momento óptimo para hacer las pruebas diagnósticas de la tos ferina en función del curso clínico de la enfermedad.

Fuente: Adaptado por “Protocol per a la vigilància i el control de la tos ferina a Catalunya”, Agència de Salut Pública de Catalunya (8 d’abril de 2024), de Laboratory diagnosis and molecular surveillance of Bordetella pertussis – Stockholm: ECDC; 2022.

Guia dels períodes de diagnòstic per a la tos ferina: Guía de los periodos de diagnóstico para la tos ferina; Sensibilitat de diagnòstic: Sensibilidad del diagnóstico; Període d’incubació: Periodo de incubación; Fase convalescent: Fase de convalecencia; Asimptomàtic: Asintomático; Tos lleu: Tos leve; Limfocitosi: Linfocitosis; Vòmits: Vómitos; Cultiu: Cultivo; Dies: Días; Setmanes: Semanas.

Las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos no dependen de la viabilidad del microorganismo, lo que posibilita la detección incluso en pacientes con tos persistente de hasta 4 semanas de evolución o tratados con antibiótico. Las muestras para diagnóstico deben obtenerse en Atención Primaria por doble escobillado nasofaríngeo (como los test rápidos inmunocromatográficos para diagnóstico virológico respiratorio). No deben obtenerse por escobillado faríngeo simple, al tener mucha menor sensibilidad. Estas muestras deben conservarse en nevera y ser transportadas y procesadas en menos de 5 días.

Tratamiento antibiótico

Debe iniciarse lo antes posible, dado que si se empieza en la fase catarral, reduce la duración de la tos y la fase de transmisión; mientras que, a partir de las 3 semanas del inicio de los síntomas, ya no modifica ni el curso de la enfermedad ni evita la transmisión, por lo que no debe administrarse(16-17).

Los antibióticos, dosis y duración son los mismos para el tratamiento y la profilaxis postexposición de los contactos.

La azitromicina en cualquiera de sus dos pautas (10 mg/kg/día x 3 días o 10 mg/kg/día x 1 día + 5 mg/kg/día x 4 días) es eficaz para erradicar Bordetella pertussis de la nasofaringe (Tabla I), aunque suele utilizarse la pauta de 5 días. En caso de imposibilidad de tratamiento con macrólidos y en mayores de 2 meses, la mejor opción es cotrimoxazol.

Debe considerarse el tratamiento sin esperar el resultado microbiológico en los siguientes casos:

• Menores de un año o con enfermedades de base que favorecen las complicaciones.

• Contacto estrecho con personas vulnerables.

• Contacto estrecho con un caso confirmado de tos ferina.

Prevención

La principal medida preventiva es la vacunación. Las vacunas acelulares actuales inducen respuestas inmunes potentes y son muy eficaces frente a las formas graves de la enfermedad, pero no inducen una inmunidad óptima mucosal, por lo que no evitan la colonización ni la transmisión(18).

El calendario de vacunación oficial del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) establece la administración de 4 dosis: a los 2 y 4 meses (primovacunación) y 11 meses (recuerdo), las 3 con vacuna hexavalente y un segundo recuerdo a los 6 años, con vacuna DTPa-PI(5). Pese a la inveterada recomendación del CAV de la AEP, solo la comunidad asturiana introduce el recuerdo con Tdpa en el adolescente.

Para proteger a los recién nacidos y lactantes pequeños, que son los que tienen más riesgo de complicaciones y mortalidad, se recomienda la vacunación de la embarazada en cada embarazo y lo antes posible después de la semana 27 (en embarazadas con alto riesgo de parto prematuro, puede valorarse la vacunación a partir de la semana 20), con vacuna Tdpa(19,20). Los estudios de efectividad con esta pauta, que en España ha conseguido coberturas elevadas, muestran gran reducción en las tasas de incidencia, de hospitalización y de mortalidad(21), y ha sido una medida de gran impacto, especialmente si la comparamos con la anterior y fallida estrategia del nido.

Actuaciones de control ante un caso o en un brote epidémico(22)

Definición de caso

Es una enfermedad de declaración individualizada obligatoria y, ante una sospecha, debe notificarse sin esperar a la confirmación. Las definiciones de casos son las siguientes:

• Caso sospechoso: sintomatología clínica compatible sin vínculo con un caso confirmado.

• Caso probable: caso sospechoso con tos de más de 2 semanas de evolución.

• Caso confirmado: caso probable o sospechoso, confirmado por laboratorio, o con vínculo con un caso confirmado por laboratorio. 

En los casos sospechosos o probables de menos de 21 días del inicio de la sintomatología, debe hacerse el estudio microbiológico, muy especialmente si hay contactos vulnerables.

Actuaciones en el caso

Las medidas de control incluyen aislamiento, tratamiento antibiótico y vacunación si precisa. Si el caso ha iniciado síntomas hace menos de 21 días, se recomienda:

• Aislamiento: hasta haber completado el tratamiento antibiótico(23).

• Si no se hace tratamiento, el aislamiento debe prolongarse hasta 21 días después del inicio de los síntomas.

• Tratamiento antibiótico: iniciarlo lo antes posible para reducir los síntomas y la transmisión.

• Vacunación: revisar el estado vacunal y, en caso necesario, vacunar una vez recuperado de la enfermedad.

Actuaciones en contactos estrechos

Deben rastrearse los contactos estrechos del caso en las 3 primeras semanas del inicio de los síntomas, para detectar los vulnerables o posibles transmisores a los vulnerables e instaurar profilaxis postexposición.

Se considera contacto estrecho una persona que, sin medidas de protección adecuadas, ha tenido una exposición prolongada y directa cara a cara con el caso a menos de un metro de distancia, o ha compartido con el caso espacios cerrados durante un periodo prolongado (convivientes o personas que han compartido habitación en centros hospitalarios o sociosanitarios).

Se consideran vulnerables los menores de un año.

Vacunación postexposición

Aunque la vacunación no modifica el curso de la enfermedad, en los contactos de vulnerables y personas con más riesgo de transmitir la enfermedad a vulnerables, a los que se haya indicado profilaxis postexposición, debe completarse la pauta vacunal, si es preciso.

Convivientes

Se recomendará profilaxis a los contactos estrechos, si hay vulnerables o de riesgo para transmitir la enfermedad a vulnerables.

Guarderías

Los casos han de iniciar tratamiento antibiótico y aislarse hasta completar el mismo.

Se administrará profilaxis a los contactos menores de un año y a las personas con riesgo de transmisión a los mismos, como los profesionales en contacto.

Centros educativos

Los casos han de iniciar el tratamiento antibiótico y no asistir al centro hasta haberlo completado. Las personas que no hagan tratamiento deben aislarse durante 21 días.

Centros sanitarios

Ante un caso de TF deben aplicarse las medidas de aislamiento respiratorio, y los profesionales sanitarios deben llevar mascarilla FFP2, ante un caso sospechoso o confirmado.

Se considera contacto hospitalario aquella persona que haya tenido un contacto estrecho con un paciente con tos ferina sin medidas de protección.

El personal sanitario que sea contacto estrecho y esté en contacto con vulnerables debe hacer profilaxis postexposición, revisar su estado vacunal y actualizarlo si procede.

Otros ámbitos laborales

Los casos de TF que han iniciado el tratamiento antibiótico no pueden asistir al trabajo hasta haber completado la pauta (3 o 5 días). Si no se ha hecho el tratamiento, la exclusión debe prolongarse 21 días.

No se recomienda la profilaxis postexposición a contactos estrechos en ámbitos laborales no sanitarios, salvo que haya contactos vulnerables. Si aparecen síntomas sugestivos, el caso debe ser valorado por un profesional sanitario.

Medidas ante un brote epidémico

Se considera brote, la aparición de dos o más casos probables (al menos, uno de ellos confirmado) relacionados en el tiempo y el espacio en un máximo de 21 días.

En un brote debe valorarse y actualizarse, si procede, el estado de vacunación de la población infantil.

Epidemiología: situación actual (Fig. 2)

Figura 2. Situación epidemiológica de la tos ferina en España. Fuente: Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Disponible en: vacunasaep.org.

En el momento de redactar este articulo (abril de 2024), el informe núm. 11 (sem. 7/2024) del Boletín semanal en red (BEeR) del Centro Nacional de Epidemiología muestra que:

• En la última semana analizada se notificaron 961 nuevos casos (solo 7 en la misma semana de 2023).

• El número de casos acumulados en 2024 suman ya 4.097 (54 en el mismo periodo de 2023).

• El índice epidémico (IE) actual es de 75,87. El IE se calcula con la relación entre casos acumulados y casos esperados según la media de los 5 años anteriores. El IE actual corresponde a la razón entre los casos acumulados hasta la semana 7 y los casos que se esperan o prevén (mediana del quinquenio anterior) para la misma semana. Se considera incidencia alta, si es superior a 1,25, aunque hay que considerar el sesgo de reducción que en este quinquenio anterior ha tenido la pandemia de COVID-19. El IE en 2023 fue de 5,3 (0,52 en 2022).

En el informe se muestra que las comunidades que más casos han registrado en la última semana son: Cataluña (452), Andalucía (164), Comunidad Valenciana (119), País Vasco (55) y Madrid (48).

Si nos referimos a Europa, en el informe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) de la semana 51/2023, se registra también un aumento de los casos de tos ferina en numerosos países de la región.

Causas del aumento(24-25)

La pandemia de COVID-19 y la implantación de medidas no farmacológicas (MNF: mascarillas, distancia de seguridad, confinamiento e higiene de manos) para su control, ha supuesto una disminución marcada de la incidencia de las infecciones de transmisión respiratoria en todo el mundo en los años 2020-2022. En 2023, con la eliminación de las MNF, se ha registrado la esperada reaparición de dichas enfermedades, entre ellas, la tos ferina. Esta situación, común a muchas otras enfermedades, puede unirse al conocido carácter cíclico de los brotes de tos ferina, pero posiblemente haya otras causas que dependan de las vacunas en uso actualmente.

Las vacunas acelulares, universales en España desde 2007, reemplazando a las anteriores vacunas de células enteras (más inmunógenas, pero mucho más reactógenas), son inmunógenas y efectivas, pero su efecto protector es de menor duración, con caída de los niveles de anticuerpos entre los 5-10 años, además de no impactar sobre la colonización nasofaríngea, por lo que no evitan la transmisión. Dado que la última dosis de vacuna anti tos ferina se administra a los 6 años, que la protección que confiere es de duración limitada y que el grupo de edad de 5-14 años (en especial 10-14) supone una gran proporción (40 % de los casos notificados en Cataluña, en brotes familiares y escolares) de los casos actuales, es necesario revisar el calendario común del CISNS con la introducción de la dosis de la adolescencia, en forma de vacuna Tdpa. También, parece necesario el desarrollo de nuevas vacunas que mejoren las deficiencias de las actuales.

Dado que las vacunas actuales no impiden la infección al no actuar sobre la colonización nasofaríngea, y una persona vacunada se puede infectar, ser portadora asintomática y transmitir la infección, parece necesario el desarrollo de nuevas vacunas, para las dosis de recuerdo del adolescente y el adulto, que sean monovalentes (las actuales son todas combinadas) y que sean esterilizantes, evitando la infección y la transmisión. La vacuna en investigación que está en fase de desarrollo clínico más avanzado (fase IIb) es la BPZE1(26,27), vacuna intranasal viva atenuada. Sin embargo, y como conclusión, hasta que no estén disponibles vacunas mejoradas, hay que hacer un esfuerzo en mejorar las coberturas con las vacunas disponibles actualmente, especialmente en la dosis de los 6 años, que es inferior al 80 % en varias comunidades autónomas.

Bibliografía

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4. Moraga F, Roca J, Méndez C, Rodrigo C, Pineda V, Martínez A, et al; TOSCA Study Group. Epidemiology and surveillance of pertussis among infants in Catalonia, Spain, during 1997-2001.Pediatr Infect Dis J. 2005; 24: 510-3. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15933560/.

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7. Wilkinson K, Righolt CH, Elliott LJ, Fanella S, Mahmud SM. Pertussis vaccine effectiveness and duration of protection. A systematic review and meta-analysis. Vaccine. 2021; 39: 3120-30.

8. Wirsing von König CH. The immunological basis for immunization series: module 4: pertussis update 2009. Génova: Organització Mundial de la Salut; 2010. p. 50.

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11. Szwejser-Zawislak E, Wilk MM, Piszczek P, Krawczyk J, Wilczyńska D, Hozbor D. Evaluation of Whole-Cell and Acellular Pertussis Vaccines in the Context of Long-Term Herd Immunity. Vaccine. 2022; 11: 137.

12. European Centre for Disease Prevention and Control. Pertussis: An ECDC annual epidemiological report for 2018. Stockholm: ECDC. 2020. Disponible en: https://www.ecdc.europa.eu/sites/default/files/documents/AER_for_2018_pertussis.pdf.

13. CDC. National Notifiable Diseases Surveillance System (NNDSS) 2020. Case Definition: Pertussis/whooping cough (Bordetella pertussis). Disponible en: https://ndc.services.cdc.gov/case-definitions/pertussis-2020/.

14. Govern del Canadá. National case definition: Pertussis. Disponible en: https://www.canada.ca/en/public-health/services/immunization/vaccine-preventable-diseases/pertussis-whooping-cough/health-professionals/national-case-definition.html.

15. HCSP. Conduite à tenir devant un ou plusieurs cas de coqueluche. 2014. Disponible en: https://www.hcsp.fr/Explore.cgi/AvisRapportsDomaine?clefr=461.

16. Altunaiji S, Kukuruzovic R, Curtis N, Massie J. Antibiotics for whooping cough (pertussis). Cochrane Database Syst Rev. 2007: 3: CD004404.

17. Centres for Disease Control and Prevention. Recommended Antimicrobial Agents for the Treatment and Postexposure Prophylaxis of Pertussis. MMWR Recommendations and Reports. 2005; 54: No. RR-14.

18. Cherry JD. Pertussis in Young Infants throughout the World. Clin Infect Dis. 2016, 63: S119-22.

19. Generalitat de Catalunya. Departament de Salut. Manual de vacunacions sistemàtiques. Vacunació de les dones en edat fèrtil i durant la gestació, 2023. Disponible en: https://salutpublica.gencat.cat/web/.content/minisite/aspcat/promocio_salut/vacunacions/00manual_de_vacunacions/capitols_i_annexos_manual/apartat_5_vacunacions_situacions_especials/Manual-Vacunacions-apartat-5_4.pdf.

20. Grupo de trabajo de vacunación en prematuros de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. Vacunación en prematuros. Comissió de Salut Pública del Consell ­Interterritorial del Sistema Nacional de Salut. Ministeri de Sanitat, Consum i Benestar ­Social. 2019.

21. Álvarez Aldeán J, Álvarez García FJ, Fernández-Miranda MC, Figueras Falcón T, Iofrío de Arce A, Marta López Rojano, et al. Vacunación en el embarazo. Documento de consenso del CAV-AEP y la SEGO. Anales de Pediatría. 2024; 100: 268-74. Disponible en: https://www.analesdepediatria.org/es-vacunacion-el-embarazo-documento-consenso-avance-S1695403324000407.

22. Generalitat de Catalunya. Departament de Salut. Informe sobre la situació epidemiològica de la tos ferina a Catalunya: període 2014-2024. Barcelona: Subdirecció General de Vigilància i Resposta a Emergències de Salut Pública. 2024. Disponible en: https://hdl.handle.net/11351/11043.

23. Generalitat de Catalunya. Criteris diagnòstics dels microorganismes que es declaren al Sistema de notificació microbiològica 1B de Catalunya. Subdirecció General de Vigilància i Resposta a Emergències de Salut Pública. Agència de Salut Pública de Catalunya. Generalitat de Catalunya.

24. Ma L, Caulfield A, Dewan KK, Harvill ET. Pertactin-Deficient Bordetella pertussis, Vaccine-Driven Evolution, and Reemergence of Pertussis. Emerg Infect Dis. 2021; 27: 1561-6. Disponible en: https://doi.org/10.3201/eid2706.203850.

25. Boyle M. Livening up pertussis vaccine development. Science translational medicine. 2020; 12: 529. Disponible en: https://www.iliadbio.com/pdf/Boyle%202020,%20Livening%20up%20pertussis%20vaccine%20development%20_%20Science%20Translational%20Medicine.pdf.

26. Keech Ch, Miller VE, Rizzardi B, Hoyle Ch, Pryor MJ, Ferrand J. Immunogenicity and safety of BPZE1, an intranasal live attenuated pertussis vaccine, versus tetanus-diphteria-acellullar pertussis vaccine: a randomised double-bind, phase 2b trial. Lancet. 2023; 401: 843-55. Disponible en: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)02644-7.

27. Lin A, Apostolovic D, Jahnmatz M, Liang F, Ols S, Tecleab T, et al. Live attenuated pertussis vaccine BPZE1 induces a broad antibody response in humans. J Clin Invest. 2020; 130: 2322-46. Disponible en: https://doi.org/10.1172/jci135020.

Bibliografía recomendada

- Comité Asesor de Vacunas (CAV-AEP). Manual de Inmunizaciones en línea de la AEP. Madrid: AEP. 2023. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/manual-de-vacunas.

- Edwards KM, Decker MD, Heath Damron F. Pertussis vaccines. En: Orenstein WA, Offit P, Edwards KM, Plotkin SA. Plotkin’s vaccines. Elsevier. Philadelphia; 2024. p. 763-815.

- Long SS, Edwards KM, Mertsola J. Bordetella pertussis (pertussis) and other bordetella species. En: Long SS, Prober CH, Fischer M, Kimberlin DW. Principles and practice of pediatric infectious diseases. Elsevier. Philadelphia; 2023. p. 909-18.

- Miras Aguilar I, Redondo González O, Gilarte Herrera CE, Olteanu Olteanu FP, Llorente Ruiz C, Olalla Nadal F, et al. Brote epidémico de tos ferina: factores predictores y adhesión a los protocolos de vigilancia. Pediatr Integral. 2020; XXIV: 176.e1-e8. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-05/brote-epidemico-de-tos-ferina-factores-predictores-y-adhesion-a-los-protocolos-de-vigilancia/.

 

 

Adicción al juego en la edad infantojuvenil

De interés especial
 


A. Ibáñez Cuadrado*, L. León-Quismondo**

*Jefa de Servicio de Psiquiatría. Unidad de Ludopatía. Hospital Universitario Ramón y Cajal. CIBERSAM; IRYCIS, Universidad de Alcalá. Madrid. **Psicóloga Especialista en Psicología Clínica. Unidad de Ludopatía. Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid

Pediatr Integral 2024; XXVIII (2): 128.e1 – 128.e5


Adicción al juego en la edad infantojuvenil

 

Introducción

El juego es una actividad natural inherente al ser humano que está presente en todas las culturas desde hace miles de años. Sin embargo, desde la aparición de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), desde muy temprana edad, los niños y niñas aprenden a utilizar dispositivos móviles y tecnologías electrónicas de manera intuitiva. Una vez que un niño o niña tiene una videoconsola, comienza la etapa que les permite jugar en línea. Sin embargo, esta actividad de ocio puede llegar a convertirse en una conducta difícil de controlar, pudiendo llegar a convertirse en una adicción.

La adicción al juego, ludopatía o juego patológico es una enfermedad reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS)(1), que consiste en una conducta de juego recurrente y persistente en el tiempo que deteriora todas las áreas de la vida de la persona (psicológica, familiar, económica, social, laboral y legal) y genera un estrés emocional significativo en el individuo(2). Se trata de una adicción sin sustancia, cuyo desarrollo está asociado a su inicio en la adolescencia y juventud(3).

Prevalencia

Según la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES), contenida en el último informe sobre adicciones comportamentales del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA)(4), la prevalencia de juego entre los estudiantes de 14 a 18 años durante el año 2021 fue mayor en juego presencial que en juego online, siendo en ambos casos mayor en los hombres que en las mujeres (Tabla I).

 

En cuanto a los tipos de juego, se observa una mayor prevalencia en ambos sexos de los videojuegos, las apuestas deportivas y los eSports dentro del juego online (Fig. 1), y de las loterías, primitiva y bonoloto dentro del juego presencial (Fig. 2).

Figura 1. Prevalencia de juego con dinero online en estudiantes de 14 a 18 años en los últimos 12 meses, según tipo de juego y sexo (%). España. 2021. *ONCE cupones, juego activo eurojackpot, 7/39; **rascas ONCE; ***póquer, mus, blackjack, punto y banca, etc. Fuente: OEDA. Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2022(4).

 

Figura 2. Prevalencia de juego con dinero presencial en estudiantes de 14 a 18 años en los últimos 12 meses, según tipo de juego y sexo (%). España. 2021. *ONCE cupones, juego activo eurojackpot, 7/39; **rascas ONCE; ***póquer, mus, blackjack, punto y banca, etc. Fuente: OEDA. Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2022(4).

 

Según esta misma encuesta, aproximadamente el 17,9 % de los estudiantes de edades comprendidas entre 14 y 18 años que participaron en juegos de azar con dinero en el último año, podrían ser considerados como posibles candidatos para presentar un posible juego problemático, siendo la prevalencia más alta en los varones (19,1 %) que en las mujeres (15,2 %), y aumentando la prevalencia a medida que aumenta la edad de los participantes(4).

En cuanto a los motivos más frecuentes por los que los niños y jóvenes comienzan a jugar, se incluyen(5): las ganancias derivadas del juego, el propio placer de jugar, escapar del control parental, aliviar el aburrimiento y la soledad, disminuir el estrés provocado por tensiones académicas o familiares, reducir la ansiedad, o como forma de socialización.

Clínica

Las conductas adictivas se refieren a acciones que una persona no puede controlar y que continúa realizando a pesar de las consecuencias negativas que puedan surgir, ya sea porque estas acciones proporcionan un placer inmediato o porque ayudan a evitar cierto malestar. Cuando la actividad de juego se convierte en una conducta adictiva, se la denomina ludopatía, juego patológico o adicción al juego.

La adicción al juego entre los jóvenes se relaciona con otras conductas de alto riesgo, como el tabaquismo, el consumo de alcohol o drogas. Asimismo, se asocia a niveles más altos de ansiedad, depresión, impulsividad, propensión al riesgo y desinhibición. Además, estos jóvenes muestran más dificultades en su rendimiento académico y más problemas de conducta, así como mayor tendencia hacia comportamientos delictivos. La mayoría de los jóvenes no son conscientes de que tienen un problema de juego y suelen percibir los riesgos asociados como algo que podría suceder en el futuro, pero no de manera inmediata(5).

La propia impulsividad de la infancia y juventud es un factor de riesgo para desarrollar una adicción al juego (y especialmente en el juego online, dadas sus características de fácil acceso e inmediatez del resultado). Cuanto más jóvenes somos, tenemos mayores niveles de impulsividad y dificultad de planificación y anticipación de las consecuencias de nuestras conductas. De hecho, una característica común en personas con problemas de juego es su tendencia a sobrevalorar la probabilidad de ganar un premio, en comparación con aquellas personas que no tienen problemas de juego y tienden a percibir como muy baja la probabilidad de ganar(6). Es precisamente esta falta de control la que lleva a consecuencias perjudiciales significativas.

Existen algunos signos de alarma que podrían indicar la presencia de una adicción al juego y que requerirían de una evaluación profesional especializada (Tabla II).

 

 

Etiopatogenia

Vulnerabilidad biológica

Se ha identificado una vulnerabilidad biológica en la adicción al juego que se asemeja a la que se encuentra en otras formas de adicción, y que puede aumentar o disminuir la probabilidad de que una persona desarrolle una adicción al juego. Se ha observado una alta prevalencia del trastorno, que puede alcanzar hasta el 20 %, entre los familiares de primer grado de personas con problemas de juego, lo que sugiere que la transmisión familiar desempeña un papel en el desarrollo de la adicción al juego. Los estudios en gemelos también han proporcionado evidencia del impacto de los factores genéticos en el desarrollo de esta adicción(7).

Esta vulnerabilidad biológica parece estar relacionada con el funcionamiento del circuito estriado/mesolímbico (que está relacionado con la vía de recompensa) y de ciertas regiones de la corteza prefrontal implicadas en funciones ejecutivas y de inhibición. Esto estaría relacionado con una disminución de la sensibilidad a las recompensas, una mayor propensión al riesgo y a la búsqueda de sensaciones, así como una preferencia por las recompensas inmediatas(8).

Vulnerabilidad psicológica

Entre los factores de vulnerabilidad psicológica se han identificado las creencias o cogniciones erróneas que la persona tiene sobre el juego, como la falta de percepción de que los resultados obtenidos se deben al azar y que no están relacionados con los resultados previos o con habilidades, sistemas o estrategias del jugador. Por otro lado, el juego podría estar al servicio de necesidades psicológicas del individuo, a través de un proceso de refuerzo positivo en las primeras fases (brindando una sensación placentera de excitación) y convirtiéndose progresivamente en un refuerzo negativo (jugar para aliviar la ansiedad o escapar de las preocupaciones)(9).

Vulnerabilidad ambiental

Los principales factores de vulnerabilidad ambiental incluyen la accesibilidad, la disponibilidad y la publicidad relacionada con el juego(10):

• Accesibilidad: a pesar de que a los menores no se les permite el acceso a salones de juego, bingos o casinos, existen juegos a los que pueden acceder, como las máquinas tragaperras en bares o el juego online, al que suelen acceder utilizando los datos de un mayor de edad. Debido a sus características, el juego online es más adictivo que el juego presencial. Esto viene dado por la inmediatez del premio, la gran velocidad con la que se pueden hacer apuestas o la intimidad y comodidad con la que se puede jugar contando simplemente con un dispositivo electrónico (se puede apostar en cualquier momento y en cualquier lugar)(11).

• Disponibilidad: existe una amplia oferta de juegos en el mercado, especialmente desde la aparición del juego online. Cualquier juego presencial tiene su versión en formato online, llegando incluso a superar la oferta online a la presencial con juegos que solo existen en este formato. Además de las apuestas deportivas online, otros juegos muy practicados por los jóvenes son los eSports, que permiten apostar en campeonatos o torneos de videojuegos, como el League of Legends, DoTA 2, Starcraft 2, Call of Duty o FIFA.

• Publicidad: la publicidad de juego suele minimizar sus posibles efectos perjudiciales, contribuyendo a que los jóvenes perciban el juego de azar como una actividad divertida, emocionante y sin riesgos. La utilización de personas destacadas en los anuncios hace que el juego se vincule al éxito. Estrategias de marketing, como los bonos de bienvenida, incentivan y facilitan la conducta de juego.

Diagnóstico

Tanto la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud en su undécima revisión (CIE-11)(12), como el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría en su quinta edición (DSM-5)(2), establecen los criterios diagnósticos para considerar trastorno por juego.

La CIE-11(12) incluye una sección titulada “Trastornos relacionados con el consumo de sustancias y trastornos adictivos”, dentro de la cual se encuentra la subsección “Trastornos relacionados con comportamientos adictivos”. A su vez, esta subsección abarca dos categorías diagnósticas: trastorno por juego de apuestas y trastorno por uso de videojuegos (Tabla III).

 

El DSM-5(2) incluye el trastorno por juego dentro del capítulo “Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos”, considerándolo dentro de la subcategoría “Trastornos adictivos no relacionados a sustancias” (Tabla IV).

 

 

Tratamiento

Si se confirma que el niño o el adolescente presenta una adicción al juego, es necesario un tratamiento especializado multicomponente. Es común que, al principio, no reconozcan que tienen un problema con el juego; por lo que, en los primeros momentos, la intervención va dirigida al aumento de la conciencia del problema, así como a que encuentren motivos para dejar de jugar.

Asimismo, se llevan a cabo intervenciones orientadas a reducir al máximo la posibilidad de jugar. Esta técnica, llamada control de estímulos, incluye las siguientes recomendaciones(13):

• Autoprohibición: solicitar ser incluido en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego (RGIAJ). Es una medida voluntaria por la que la persona se autoprohíbe el acceso a juegos que requieran identificación a nivel nacional, como bingos, casinos, salones de juego y juegos online. Esta medida es aplicable a partir de los 18 años, ya que antes de esa edad el juego no está permitido, y los menores a menudo acceden utilizando los datos de otra persona mayor de edad.

• Control financiero: se recomienda que los padres o tutores legales tengan control sobre el dinero que tienen disponible. Se aconseja que no tengan acceso a tarjetas de crédito o cuentas bancarias, y que no lleven dinero, excepto lo necesario para gastos diarios (en cuyo caso deben justificar cualquier gasto presentando el recibo y devolviendo el dinero restante a la persona de confianza).

• Evitar lugares de juego o sitios web relacionados con el juego: evitar pasar cerca de lugares de juego o utilizar herramientas como el control parental en Internet.

• Evitar la relación con amigos jugadores: al menos, en las etapas iniciales.

• Controlar el tiempo de juego: establecer límites de tiempo de juego saludables ajustados a la edad del niño/a o joven. En ocasiones, es necesario eliminar los juegos electrónicos y videojuegos, incluso si no involucran apuestas.

Durante el tratamiento, también se van modificando las creencias erróneas respecto al juego, fomentando el cambio de hábitos y la participación en actividades alternativas a la conducta de juego. Además, se trabaja la resolución de problemas cotidianos y el desarrollo de habilidades sociales, como la asertividad y la comunicación. Por último, es fundamental abordar la prevención de recaídas. Para ello, se analizan las posibles situaciones de riesgo y se elaboran planes de estrategias de afrontamiento de dichas situaciones. Si ocurre una recaída, se examina lo sucedido y se exploran alternativas de actuación.

Generalmente, el tratamiento se lleva a cabo en grupo; ya que, de esta forma: se disminuye la sensación de aislamiento, aumenta el apoyo social, se promueve la identificación con los otros miembros del grupo y se mejora la adherencia al tratamiento. Por otro lado, la intervención con los familiares es de suma importancia, ya que es frecuente que las familias no sepan cómo abordar este problema. En este sentido, la intervención se enfoca principalmente en proporcionar información sobre el problema y sobre cómo actuar ante el mismo.

Prevención

Familia

La normalización por parte de la familia de la participación en juegos de azar es un factor de riesgo para el desarrollo de una adicción al juego. Es muy importante que la familia promueva valores incompatibles con las conductas de juego y transmita la idea de que involucrarse en juegos de azar puede conllevar riesgos, en contrapartida a la normalización y aceptación que existe por parte de la sociedad de estos comportamientos, evitando que los niños participen en juegos de azar durante la infancia(5).

Escuela

Los programas educativos deben incorporar el entrenamiento en habilidades que permitan a los niños/as y jóvenes enfrentarse a situaciones de riesgo en muchas ocasiones derivadas de la presión del grupo de iguales(14) (Tabla V).

 

 

Publicidad y medios de comunicación

La publicidad relacionada con el juego debería evitar la asociación, como se ha comentado anteriormente, entre personajes exitosos y juego. Sería necesario que los medios de comunicación contrarrestaran esta percepción del juego como algo divertido y vinculado al éxito, aportando información sobre los riesgos asociados a su uso. Por otro lado, también es crucial que ofrezcan información sobre recursos de ayuda para el tratamiento de la adicción al juego. Esto contribuye a reducir el estigma y a que se normalice la petición de ayuda(5).

Bibliografía

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Pornografía en la edad infantojuvenil: situación actual y su prevención

De interés especial
 


A. Villena-Moya1,2,3, G. Testa1, R.M. Hodann-Caudevilla
4, C. Chiclana-Actis1,2, G. Mestre-Bach1

1Instituto de Transferencia e Investigación (ITEI) – Universidad Internacional de La Rioja. La Rioja. 2Unidad de Sexología Clínica y Salud Sexual. Consulta Dr. Carlos Chiclana. Madrid. 3Unidad Clínica y de Investigación. Asociación Dale Una Vuelta. Madrid. 4Unidad de Adicciones de la Clínica Nuestra Señora de la Paz. Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Madrid

 

Pediatr Integral 2024; XXVIII (1): 66.e1 – 66.e6


Pornografía en la edad infantojuvenil: situación actual y su prevención

 

Datos sobre el consumo de pornografía en la población infantojuvenil

El consumo de pornografía es una práctica habitual en la adolescencia (Pathmendra et al., 2023). El fácil acceso a Internet y la disponibilidad temprana de dispositivos tecnológicos han favorecido esta práctica en la población infantojuvenil (Ballester & Orte, 2019; Peter & Valkenburg, 2016).

Los datos sobre la prevalencia del consumo de pornografía varían según el país y suele haber diferencias por sexo (Peter & Valkenburg, 2016). En España, el primer contacto con la pornografía se encuentra entre los 9 y 11 años (Ballester & Orte, 2019). Este dato se ve apoyado por otros estudios recientes que han indicado que la edad media de primer acceso es de 10,4 años, tanto para chicos como para chicas (Biota et al., 2022). Este consumo se hace más regular y frecuente a los 14 años en chicos y a los 16 en chicas (Ballester et al., 2022). Un estudio reciente muestra que el 97,3 % de los chicos y el 78,3 % de las chicas de 16 años ya ha buscado pornografía en Internet (Ballester-Arnal et al., 2023). Respecto a la frecuencia, el porcentaje de chicos que lo usan semanalmente (32 %) es mayor que el de chicas (6,2 %; Ballester et al., 2022). Finalmente, respecto al tipo de acceso, se ha observado que el 73,2 % de los chicos y el 27,1 % de las chicas ha visto pornografía de forma intencional a los 16 años. Sin embargo, los datos cambian cuando el acceso es accidental, son el 72,6 % de las chicas y el 66,2 % de chicos los que han recibido pornografía de forma accidental (Villena-Moya et al., 2023).

Motivaciones para el consumo de pornografía

La curiosidad y la inquietud por conocer la sexualidad humana forman parte del desarrollo del adolescente y es, en este momento, cuando habitualmente se encuentran con la pornografía, que utilizan por diferentes motivos (Bőthe et al., 2020; Grubbs et al., 2019):

• Curiosidad sexual: aprender y responder a dudas que tienen.

• Búsqueda de placer: para activarse y experimentar con su cuerpo.

• Información técnica sobre sexualidad: para aprender técnicas y modos que quieran imitar o replicar en la vida real.

• Gestión del aburrimiento: en momentos de ocio o tiempo libre, como entretenimiento.

• Gestión emocional y del estrés: regulación emocional de la ansiedad, el estrés, la tensión y otras emociones desagradables.

• Soledad: de forma disfuncional sirve para evadirse de la realidad o de sensaciones desagradables como la soledad.

Consecuencias del consumo de pornografía en adolescentes

En el debate científico sobre el posible impacto de la pornografía en el desarrollo de la sexualidad, existe acuerdo sobre la vulnerabilidad de los adolescentes ante este material y las consecuencias en aspectos como: aumento de la agresividad, expectativas irreales sobre la sexualidad, aumento de la soledad, deterioro de la autoestima y aumento de las conductas sexuales de riesgo, entre otras (Mestre-Bach et al., 2023; Pathmendra et al., 2023; Peter & Valkenburg, 2016; Villena-Moya et al., 2023).

Agresividad y pornografía

A pesar de que se necesitan un mayor número de investigaciones longitudinales al respecto, una revisión sistemática reciente observa que el uso de pornografía en adolescentes puede favorecer la agresividad de diferentes maneras (Mestre-Bach et al., 2023):

• Violencia no sexual: puede normalizar la violencia en contextos no sexuales y tendencias generales a la agresividad.

• Creencias, mitos y actitudes: puede interferir en el desarrollo de esquemas jerárquicos en los roles de género. Este uso puede favorecer la aceptación de la cosificación de la mujer y la incorporación de mitos sobre la violación (sesgo cognitivo donde se culpa a la víctima ante una agresión sexual y se exculpa al agresor).

• Violencia sexual y coerción: su uso puede predecir la agresión sexual, la violencia en el noviazgo, las experiencias sexuales de victimización y se asocia con la coerción sexual, no obstante se requiere de mayor profundización en estas asociaciones.

Relaciones sexuales y pornografía

El uso de pornografía puede favorecer conductas sexuales más permisivas y mayor uso del sexting (Raine et al., 2020) y se ha asociado con el aumento de conductas sexuales de riesgo como: el inicio precoz de las relaciones sexuales, un mayor número de parejas se­xuales, relaciones sexuales sin preservativo y mantener relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol/drogas (Sánchez et al., 2023). También puede alterar la imagen corporal y el autoconcepto, debido a la comparación con el material pornográfico en adultos, pero es necesario una mayor investigación en población adolescente a este respecto (Paslakis et al., 2022).

Otras consecuencias del consumo de pornografía

Diversos estudios afirman que el uso frecuente y el uso problemático de la pornografía puede aumentar la impulsividad, deteriorar el aprendizaje y la capacidad de atención, favorecer una toma de decisiones deficiente, aumentar los problemas de memoria y dificultar la regulación de las emociones en los niños (Kang et al., 2020); favorecer unos mayores niveles de soledad (Mestre-Bach & Potenza, 2023); distorsión de la percepción de la sexualidad, una percepción errónea que tiende a corregirse al iniciarse las relaciones sexuales (Wright & Štulhofer, 2019). También se relaciona con importantes consecuencias conductuales y psicológicas, como hipersexualización, alteraciones emocionales y aumento de comportamientos parafílicos (Gassó & Bruch-Granados, 2021).

Uso problemático de pornografía (UPP)

Para algunos adolescentes, el consumo de pornografía puede convertirse en un comportamiento problemático con consecuencias negativas en sus vidas (Bőthe et al., 2019, 2022). El uso problemático de pornografía (UPP) se define desde la perspectiva de la salud mental como: el consumo de pornografía que perturba el funcionamiento de una persona y se asocia a comportamientos incontrolables y adictivos (Efrati, 2020). Este comportamiento conlleva la pérdida de control sobre uno mismo, genera una sensación de urgencia y, a menudo, se convierte en un mecanismo desadaptativo o evasivo para gestionar emociones negativas o pensamientos perturbadores. Esta estrategia puede dar lugar a malestar personal significativo y dificultades en el funcionamiento diario (Wetterneck et al., 2012).

A día de hoy existe un debate sobre si este comportamiento es similar a una adicción comportamental, a una conducta compulsiva, consecuencia de la impulsividad o una conducta aprendida y condicionada (Rumpf & Montag, 2022). Sin embargo, los criterios del UPP se asemejan a las características habituales de las adicciones (Kor et al., 2014):

• Uso altamente frecuente, excesivo y compulsivo de pornografía.

• Urgencia para involucrase en el comportamiento, con el objetivo de alcanzar o mantener un estado emocional positivo o para escapar/evitar un estado emocional negativo.

• Disminución del control sobre la conducta.

• Repetición de la conducta a pesar de las consecuencias adversas, que derivan en un malestar personal significativo y dificultades funcionales.

A este respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó en 2018 el trastorno por comportamiento sexual compulsivo (TCSC; OMS, 2019), como un trastorno del control de los impulsos y donde se englobarían diferentes conductas sexuales fuera de control (uso de pornografía, masturbación compulsiva, cibersexo, pros­titución, webcam sexuales, entre otras). Sin embargo, esta clasificación no cuenta con unos criterios específicos para el uso de pornografía ni para la población adolescente (Chiclana-Actis & Villena-Moya, 2022), a pesar de que el 80 % de pacientes con un TCSC presentan un UPP (Sharpe & Mead, 2021).

Factores predisponentes

Se han estudiado diferentes factores predisponentes (Tabla I) que podrían favorecer el uso de pornografía en adolescentes (Peter & Valkenburg, 2016; Villena-Moya, 2023).

Evaluación del UPP

Los mencionados factores predisponentes se pueden tener en cuenta en la evaluación o sospecha del UPP; además en el marco de la exploración clínica se puede atender a las siguientes variables (Chiclana-Actis & Villena-Moya, 2022):

• Rasgos de impulsividad, incapacidad para retrasar la gratificación o falta de control inhibitorio.

• Cambios del estado de ánimo, como: irritabilidad, síntomas depresivos, ansiedad o inestabilidad, sin presencia de enfermedades de transmisión sexual.

• Dependencia de las tecnologías con frecuencia.

• Disminución del rendimiento escolar, académico o laboral.

• Consumo de drogas (alcohol, tabaco, cannabis y otras sustancias).

• Tendencia a la baja comunicación, uso excesivo de tecnologías / dispositivos y búsqueda de lugares de soledad.

• Presencia de dificultades importantes en casa, colegio o con amigos.

• Estados de ánimo demasiado cambiantes.

• Exceso de curiosidad y afán por las novedades.

• Dificultades en la expresión y/o en la regulación emocional.

• Baja seguridad y desconfianza en sí mismo.

• Amistades y/o ambiente que no favorecen un desarrollo saludable.

• Excesiva búsqueda y necesidad de afecto y atención.

• Dificultades en la relación social y excesiva introversión.

• Presencia de un lenguaje muy sexualizado.

• Problemas de estabilidad en el noviazgo, infidelidades, etc.

• Desinterés por las relaciones sexuales.

• Baja/mala formación sexual.

• Insana culpabilidad respecto a sus actos sexuales.

Será de interés utilizar alguna prueba psicométrica que pueda evaluar de forma objetiva el UPP. A este respecto, se recomienda la Problematic Pornography Consumption Scale (PPCS), validada en población adolescente (12-18 años) española y mexicana (Villena-Moya, et al., 2023). Esta escala en su versión breve (PPCS-6) puede servir como un instrumento de cribado con validez y fiabilidad para adolescentes (Anexo I).

Por último, para realizar un adecuado diagnóstico del UPP será importante tener en cuenta la religiosidad de los adolescentes, ya que algunos pueden desarrollar una auto-percepción de adicción a la pornografía, debido al juicio moral que realizan sobre la conducta sexual, pero no necesariamente porque el uso sea problemático (Jiang et al., 2022). Por eso será necesario explorar esta dimensión espiritual y ofrecer un acompañamiento psicológico, si presentara esta incongruencia moral que les genera el uso de la pornografía.

Estrategias de prevención

El uso de pornografía es considerado un problema de salud pública en el ámbito de la Pediatría, y es por ello necesario y urgente que el personal de Atención Primaria y de la salud infantojuvenil pueda estar preparado a este respecto (Hornor, 2020).

En el ámbito educativo, los programas enfocados en el desarrollo de un pensamiento crítico hacía la pornografía, que ayudan a entender la naturaleza de la pornografía y la diferencian de la sexualidad en la vida real, han demostrado tener un buen impacto en los adolescentes (Testa et al., 2023). Sin embargo, los resultados de estos estudios son limitados hasta la fecha. Así, es urgente que se generalicen y protocolicen estos programas de prevención, detección y ayuda para el UPP en las escuelas (Hornor, 2020).

El ámbito familiar es el pilar principal donde los adolescentes crecen y crean referencias respecto a las relaciones humanas, por lo que será importante trabajar la educación afectivo-sexual en coordinación con los familiares del adolescente (Villena-Moya, 2023) con el siguiente marco:

• Fomentar la comunicación: incentivar que las familias dialoguen sobre sexualidad con sus hijos, convirtiéndose en un modelo a seguir, no solo en términos de éxito profesional o social, sino también en el desarrollo saludable de su sexualidad. Evitar que estas conversaciones queden en manos de amigos o del contenido en línea inapropiado para su edad.

• Empatía y comprensión: favorecer que las familias aborden el comportamiento de los adolescentes con comprensión de las emociones subyacentes, con sentido crítico y sin enjuiciar.

• Promoción de la autonomía: permitir que sus hijos cometan errores y aprendan de ellos, así fomentan su libertad y autonomía en lugar de restringirla.

• Ofrecer orientación: fomentar que las familias guíen a sus hijos en el camino, proporcionándoles estrategias, sugerencias de cambios y soluciones alternativas.

• Autoconocimiento: fomentar el desarrollo emocional saludable para que los hijos puedan reconocer y aprender a regular sus emociones.

• Brindar apoyo incondicional: hacerles entender que, incluso si comete errores, la familia siempre estará ahí para apoyarles de manera incondicional.

• Proporcionar recursos: tener libros o películas en casa que puedan generar debates sobre estos temas, es una excelente idea para que las conversaciones sobre sexualidad no parezcan intrusivas ni críticas, sino que se puedan abordar con naturalidad y sin vergüenza. También, considerar la posibilidad de asistir juntos (padres e hijos) a talleres o sesiones que traten estos temas. Se han seleccionado algunos recursos en el anexo II.

Anexo II

 

Intervenciones eficaces

A día de hoy no existe tratamiento específico para tratar el UPP en adolescentes. Sin embargo, se pueden utilizar, como referencia, distintas terapias que han mostrado eficacia en adultos y ofrecer un abordaje integrador al adolescente. Diversos ensayos clínicos aleatorizados muestran la efectividad de la terapia cognitivo-conductual (Antons et al., 2022). Además, algunos estudios observan determinados beneficios: del mindfulness, la Psicoterapia Cognitivo-Analítica, la Terapia de Aceptación y Compromiso y la Terapia Basada en la Mentalización (Antons et al., 2022; Roza et al., 2023).

Desde un punto de vista integrador, se pueden atender los siguientes puntos para trabajar en psicoterapia (no será necesario que se incluyan todos en cada paciente ni que sigan este orden, será de interés adaptar cada tratamiento a cada paciente y su familia):

• Establecer metas y objetivos de tratamiento.

• Reducir conductas problemáticas.

• Cambiar patrones de pensamiento no adaptativos.

• Promover estrategias de afrontamiento adaptativas.

• Trabajar con el ambiente social y relacional.

• Trabajar con el estilo de apego.

• Trabajar con la identidad personal.

• Educación sexual.

• Habilidades para la regulación emocional.

Respecto al tratamiento farmacológico, no se ha demostrado que exista eficacia de ningún fármaco específico para el tratamiento del UPP, pero se pueden utilizar diferentes fármacos que ayuden a los síntomas comórbidos ya mencionados, como la ansiedad, el TOC, el TDAH o la depresión (Antons et al., 2022; Roza et al., 2023).

En la actualidad, se está realizando la validación de un proyecto de autoayuda online (www.comodejarlo.org) que podría ser una buena alternativa para la ayuda en la reducción del UPP en adolescentes y que, además, ha demostrado eficacia ya en adultos (Bőthe et al., 2021).

Con el fin de simplificar la tarea de evaluación e intervención en un entorno de Atención Primaria o en una primera valoración clínica relacionada con el posible consumo de pornografía en adolescentes, presentamos una propuesta para la toma de decisiones, con una perspectiva más amplia que facilitará la aplicación de los conceptos previamente discutidos y promoverá la educación afectivo-sexual entre padres y adolescentes (Fig. 1).

Figura 1. Árbol de toma de decisiones para el consumo de pornografía en adolescentes. PPCS-6: Problematic Pornography Consumption Scale-6.

En una primera etapa, cuando surja la sospecha de consumo de pornografía o cuando las preocupaciones sean expresadas por las familias o el propio adolescente, se procederá a evaluar la situación. En este proceso, se pueden utilizar la escala PPCS-6 y los criterios clínicos mencionados anteriormente, como herramientas de apoyo. Si se identifica un problema de consumo de pornografía que pueda llevar a un diagnóstico, se avanzará hacia intervenciones de naturaleza clínica. No obstante, si no se dispone de un diagnóstico claro, resultará esencial abordar los otros dos aspectos fundamentales: la prevención y la promoción de estrategias de comunicación efectiva entre padres y adolescentes.

Conclusiones

El uso de pornografía es una práctica habitual en la adolescencia que puede derivar en consecuencias perjudiciales y en un uso problemático de la misma. El UPP requiere de una evaluación especializada desde un ámbito clínico que combine herramientas estandarizadas con la entrevista clínica. Existen diferentes tratamientos eficaces para ayudar a reducir el UPP en adolescentes. La intervención en el ámbito educativo y familiar es urgente, así como la formación de los profesionales de la salud infantil y adolescente. A pesar de los avances, la investigación sigue siendo limitada en algunos aspectos y se requiere de un mayor número de estudios longitudinales para conocer en profundidad el impacto de la pornografía en los adolescentes a lo largo de su desarrollo afectivo-sexual, así como para el desarrollo de programas de prevención e intervención eficaces.

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2. Your brain on porn (https://www.yourbrainonporn.com/es/). Web fundada por Gary Wilson que transmite información científica sobre las consecuencias de la pornografía a nivel neurobiológico y que contiene una actualización mensual de todos los artículos que se publican a nivel internacional sobre las posibles consecuencias del consumo de pornografía.

3. Fight the new drug (https://es.fightthenewdrug.org). Plataforma americana que trata de concienciar sobre las consecuencias del consumo de pornografía bajo el lema “porn kills love”.

4. Sexualidad y salud (www.sexualidad-salud.com). Blog que pertenece a la unidad de sexología clínica de la consulta del Dr. Carlos Chiclana y que habla de temas diversos en relación con la pornografía y la sexualidad a nivel general.

5. Cultured Reframed (https://culturereframed.org). Es una web diseñada por Gail Dines, activista en contra de la pornografía que cuenta con muchos recursos gratuitos para enfrentar esta realidad creciente día a día en los más jóvenes.

Talleres educativos

Si se quieren realizar talleres de prevención y concienciación sobre el Uso Problemático de la Pornografía (dirigidos a adolescentes, profesionales, familias y/o educadores) se pueden poner en contacto con el autor principal a través del siguiente e-mail: villenapsicologia@gmail.com.

 

Pediatría verde en la era del Antropoceno: transformando el futuro con la huella de carbono en Atención Primaria

De interés especial

De interés especial


J.A. Ortega García

Coordinador del Comité de Salud Medioambiental, Asociación Española de Pediatría. Universidad de Murcia. Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica. Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. El Palmar. Murcia


Resumen

El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de los ecosistemas comparten muchos de los efectos en la salud humana, y tienen un origen común en la cultura de la basura de usar y tirar combustibles fósiles.
Este artículo promueve un enfoque holístico, global o planetario para la salud infanto-juvenil. Destaca la importancia de la huella de carbono individual (HCI), como un indicador clave en la relación entre salud infantil y medio ambiente. Aunque carecemos de herramientas específicas para calcular la HCI en niños, proponemos la inclusión de la HCI en la historia clínica pediátrica obtenida desde las calculadoras familiares (TonCOe de cada miembro de la unidad familiar). Reducir esta huella es esencial para minimizar los efectos del cambio climático en la salud pediátrica, alentando acciones como: la reducción del consumo de carne roja, el aumento del consumo de vegetales, a ser posible orgánicos, eliminando los ultraprocesados, desechando los plásticos donde sea posible, así como la promoción de estilos de vida saludables, de fuentes de energía limpia en el hogar y de medios de transporte libres de combustibles fósiles. Los pediatras pueden influir positivamente en la reducción de la huella de carbono a través de sus propias acciones y al orientar a los jóvenes, familias y comunidades hacia un estilo de vida y creación de entornos más saludables. Esto no solo beneficia al medio ambiente, sino que también promueve una mejor salud en general y disminución de las enfermedades crónicas en la era del Antropoceno.

 


Abstract

Climate change, biodiversity loss, and ecosystem pollution share many of the same effects on human health and have a common origin in the throwaway culture of fossil fuels.
This article promotes a holistic, global or planetary approach to child and youth health. It highlights the importance of the individual carbon footprint (ICF) as a key indicator of the relationship between children’s health and the environment. Reducing this footprint is essential to minimize the effects of climate change on pediatric health, encouraging actions such as: reducing the consumption of red meat, increasing the consumption of vegetables, preferably organic, eliminating ultra-processed foods, discarding plastics wherever possible, as well as promoting healthy lifestyles, clean energy sources at home and fossil fuel-free means of transportation.
Pediatricians can positively influence carbon footprint reduction through their own actions and by guiding youth, families and communities toward healthier lifestyles and creating healthier environments. This not only benefits the environment, but also promotes better overall health and decreased chronic diseases in the Anthropocene era.

 

Palabras clave: Antropoceno; Huella de carbono; Cambio climático; Contaminación; Salud infanto-juvenil; Medio ambiente.

Key words: Anthropocene; Carbon footprint; Climate change; Pollution; Child and youth health; Environment.

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (7): 406.e1 – 406.e9


Pediatría verde en la era del Antropoceno: transformando el futuro con la huella de carbono en Atención Primaria

 

Introducción

Cambio climático, huella de carbono y Pediatría

El cambio climático afecta profundamente a nuestra vida cotidiana. A medida que aumenta la temperatura global y se producen eventos climáticos extremos, su impacto en la salud humana se vuelve cada vez más evidente. Los efectos del cambio climático, que incluyen: olas de calor, inundaciones, aumento de las enfermedades respiratorias, cardiovasculares, propagación de enfermedades infecciosas, etc., son una preocupación creciente para la comunidad médica y la sociedad en su conjunto. La principal causa del cambio climático es la actividad humana, principalmente debido al uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural). El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de los ecosistemas comparten muchos de los efectos en la salud humana y tienen un origen común en la cultura de la basura de usar y tirar combustibles fósiles, y sus productos derivados como los plásticos(1).

La cantidad total de estos gases de efecto invernadero generados por nuestras acciones se denomina “huella de carbono”(1,2). La huella de carbono individual (HCI) es una medida del impacto de tus actividades como individuo en la cantidad de dióxido de carbono generado a través de la quema de combustibles fósiles, y se expresa como un peso de emisiones de CO2 producido en toneladas(3,4). La contribución de las personas individuales al total de emisiones de gases de efecto invernadero puede variar según el país y el estilo de vida de cada persona. Sin embargo, de manera general, se estima que las emisiones de gases de efecto invernadero de las personas, como individuos, representan aproximadamente el 40 % de las emisiones globales. Este porcentaje incluye las emisiones asociadas con actividades diarias como el transporte, la energía en el hogar, la alimentación y otras prácticas de consumo. Es importante destacar que este número puede variar considerablemente según el país y la región. En países con altos niveles de industrialización y consumo de energía, la contribución individual puede ser mayor. Las evaluaciones en los países más ricos han demostrado que una gran proporción (60-70 %) de las emisiones totales está relacionada con decisiones individuales y estilos de vida personales, que incluyen el consumo en el hogar y el transporte(5,6).

En España, la huella de carbono promedio es de aproximadamente 4,9 toneladas por persona (2021), lo que contribuye de manera significativa al cambio climático. A nivel mundial, la huella de carbono promedio se acerca a las 4,5 toneladas(7). La cantidad deseable de huella de carbono a nivel global se alinea con los objetivos establecidos en el Acuerdo de París y el Informe Especial del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), que apuntan a limitar el aumento de la temperatura global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales para evitar una crisis sanitaria sin precedentes(8-10). Para lograr este objetivo, es necesario reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar emisiones netas cercanas a cero en la segunda mitad del siglo. En este sentido, la huella de carbono promedio global por año y por persona debe reducirse a menos de 2 toneladas para 2050, a fin de evitar un aumento de 1,5ºC en las temperaturas globales del acuerdo de París. La reducción de nuestra huella de carbono requiere mayores esfuerzos, no solo por parte de los gobiernos y las empresas privadas, sino también por parte de los ciudadanos(1,5). Es imperativo reducir nuestra HCI para minimizar los efectos del cambio climático. Los individuos pueden reducir su HCI al disminuir su consumo de carne, reducir el uso de plástico de un solo uso y caminar o andar en bicicleta en lugar de usar un automóvil, entre otras acciones. Estas acciones también pueden mejorar nuestro bienestar a través de beneficios para la salud, como respirar un aire más limpio, más actividad física y dietas más vegetarianas y nutritivas.

La Pediatría de Atención Primaria se encuentra en una posición única para abordar la relación entre cambio climático, huella de carbono y salud pediátrica. Al reconocer esta relevancia, los pediatras pueden tomar medidas proactivas para educar, prevenir y proteger la salud de los niños en un mundo en constante cambio y afectado por el clima.

La relevancia de abordar la cuestión del cambio climático y la reducción de la huella de carbono en Pediatría de Atención Primaria es innegable y se fundamenta en una serie de razones significativas(1,11):

• Impacto en la Salud Pediátrica y la necesidad de indicadores globales sencillos: el cambio climático tiene efectos directos e indirectos de gran calado en la salud infanto-juvenil. Genera eventos climáticos extremos, olas de calor, inundaciones, inseguridad alimentaria…

• Vulnerabilidad de la infancia al cambio climático: debido a su inmadurez fisiológica y su limitada capacidad de adaptación. Su sistema inmunológico, sistema respiratorio y capacidad de regular la temperatura son más sensibles a los cambios ambientales.

• Efectos a largo plazo: por ejemplo, la exposición a altos niveles de contaminación del aire durante la infancia se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiacas y pulmonares en la edad adulta.

• Promoción de una cultura de la Salud Planetaria: al abordar la relación entre el cambio climático, la huella de carbono y la salud, los pediatras pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención de problemas de salud relacionados con el clima, identificando niños en riesgo por enfermedad, lugares peligrosos donde viven, proporcionando educación…

• Conciencia ambiental temprana: al educar a los niños y a sus familias sobre la importancia de un estilo de vida saludable en armonía con la naturaleza y la reducción de la huella de carbono, los pediatras pueden influir en la conciencia ambiental desde una edad temprana, creando una base para la toma de decisiones futuras más conscientes.

• Enfoque de Salud Holística o Planetaria: todo está interconectado, la salud de la infancia con el resto de biodiversidad. Abordar las cuestiones del cambio climático y la huella de carbono permite a los pediatras adoptar un enfoque de salud holística, considerando no solo los síntomas individuales, sino también los factores ambientales que influyen en la salud.

Antropoceno y enfermedades crónicas(1,12)

El término “Antropoceno” se utiliza para describir la época actual como: una nueva era geológica en la que vivimos desde mediados del siglo XX, donde las actividades humanas tienen un impacto significativo en nuestro planeta y su sistema ecológico(12). En el contexto de la atención pediátrica, la “enfermedad del Antropoceno” se refiere a: aquellas condiciones de salud en los niños que son influenciadas o agravadas por el impacto del cambio climático y de prácticas insostenibles causadas por la actividad humana. Estas enfermedades pueden incluir condiciones respiratorias como el asma, que se ven agravadas por la contaminación del aire resultante de la quema de combustibles fósiles. También pueden incluir enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, que se están expandiendo a medida que cambian los patrones climáticos. Además, la “enfermedad del Antropoceno” se relaciona con problemas de salud mental en los niños que experimentan el estrés y la ansiedad, asociados con eventos climáticos extremos, y la incertidumbre sobre el futuro debido al cambio climático.

El concepto es un recordatorio de que vivimos en un mundo en el que el impacto de nuestras acciones afecta a la salud de las futuras generaciones. Los pediatras tienen un papel importante en la identificación y el abordaje de estas condiciones, así como en la promoción de prácticas sostenibles y medidas de mitigación para reducir el impacto del cambio climático en la salud de los niños. La “enfermedad del Antropoceno” destaca la necesidad de una atención pediátrica más allá de la consulta médica, involucrando aspectos ambientales, sociales y conductuales para proteger la salud de los niños en un mundo en constante cambio.

La mayoría de las enfermedades crónicas comparten muchos factores de riesgo y de protección, siendo probable que sean expresión local en un órgano o sistema, como los canarios en la mina de la “Enfermedad del Antropoceno”(1) (Fig. 1).

Figura 1. Antropoceno y metainflamación como origen de las enfermedades crónicas(1).

El listado de enfermedades crónicas ambientalmente relacionadas es: cardiovasculares, cáncer, trastornos endocrinos/metabólicos, enfermedad inflamatoria digestiva, hepatopatías crónicas, nefropatías, salud mental, enfermedades reproductivas, enfermedades respiratorias, neurodegenerativas y trastornos dermatológicos.

El crecimiento de la salud o medicina medioambiental pediátrica ha ido paralelo al incremento y notoriedad de las enfermedades crónicas en la era del Antropoceno. Estas enfermedades han sido vinculadas al envejecimiento de la población y a algunas propensiones genéticas, pero todo apunta a que los factores antropogénicos de la era postindustrial subyacen, como “causa de las causas”, a través de mecanismos metainflamatorios, provocando una inflamación de bajo grado y alteraciones neuroendocrinas. De esta forma, los determinantes de las enfermedades crónicas o antropógenos interaccionan entre sí, generando un modelo de sistemas in vivo complejo y multifactorial para explicar la etiología de estas enfermedades. El acercamiento de la medicina medioambiental pediátrica a las enfermedades crónicas a través de la comprensión y análisis de esas interacciones es un enfoque enriquecedor para la práctica clínica. Las habilidades clínicas que hay que tener para trabajar en las Unidades de Salud o Medicina Medioambiental Pediátrica (PEHSU en su acrónimo inglés) son similares a las básicas en la asistencia sanitaria convencional. Sin embargo, los procesos son algo diferentes, porque incluye: preparar, promover y persuadir a los afectados o familias o pequeños grupos, para facilitar los cambios en los estilos de vida y crear ambientes más saludables. Eso requiere una formación y entrenamiento específicos en salud medioambiental, ecología y medicina de los estilos de vida.

Imaginemos cuando un niño nace con una malformación o unos padres han tenido 6 abortos o más y piensan que se pueda deber a alguna exposición ambiental, o cuando unos padres de un niño con cáncer piden recomendaciones para disminuir los riesgos de recaídas o segundos tumores. El diagnóstico en el acto de la medicina medioambiental está enfocado y se centra en los mecanismos y determinantes subyacentes de la enfermedad. De esta forma, al realizar un enfoque global sobre los mecanismos y determinantes de una salud planetaria de la enfermedad, permite disminuir o eliminar los riesgos y promover los factores de protección para algunas enfermedades e incluso frenar o modular la morbilidad asociada. El diagnóstico de la herida medioambiental requiere un proceso de aprendizaje a través del uso cuidadoso de la Historia Clínica Medioambiental (HCMA).

La Pediatría de Atención Primaria tiene un papel crucial en la identificación de los riesgos relacionados con la “enfermedad del Antropoceno” y en la promoción de prácticas de vida sostenibles para prevenir enfermedades y proteger la salud de los niños. Esto incluye abogar por: la reducción de emisiones de carbono, la promoción de prácticas alimentarias más saludables y la promoción de entornos seguros y saludables para los niños en un mundo afectado por el cambio climático. La atención médica pediátrica se encuentra en una posición única para influir en la salud infantil en el contexto del Antropoceno y para abogar por un enfoque de salud más sostenible y resiliente.

Con este trabajo pretendemos divulgar la importancia de la huella de carbono en el historial clínico y su potencial como herramienta para mejorar la atención pediátrica, especialmente en las enfermedades crónicas, como expresión común de la “enfermedad del Antropoceno”.

Metodología

La HCI es un indicador ambiental sencillo que tiene como objetivo reflejar todos los gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente por el sobreviviente de cáncer y su familia, y se estima en unidades de equivalentes de dióxido de carbono (CO2e). Generalmente en toneladas de CO2e. Una HCI baja, mejora el bienestar a través de beneficios para la salud, como un aire más limpio, mayor actividad física y dietas más saludables y nutritivas.

Es importante tener en cuenta que las herramientas de cálculo de HCI pueden variar en términos de precisión y alcance, por lo que es aconsejable utilizar múltiples fuentes y considerar diferentes aspectos de tu estilo de vida para obtener una imagen completa de tu impacto ambiental. En este apartado revisamos la literatura científica sobre las herramientas disponibles para la recopilación de datos y la evaluación del impacto en la salud de la HCI.

Recopilación de datos

La recopilación de datos de la huella de carbono en la infancia generalmente implica un enfoque holístico que abarca varios aspectos de sus vidas cotidianas. A continuación, mostramos cómo se podrían recopilar estos datos a través de cuestionarios estandarizados o herramientas específicas:

1. Cuestionarios estandarizados:

• Estilo de vida saludable: aborda varios aspectos del estilo de vida de la infancia y sus familias, incluyendo: dieta, transporte, movilidad, consumo de energía en el hogar y gestión de residuos. Las preguntas pueden evaluar sus prácticas diarias, como los alimentos consumidos, el modo de transporte utilizado y las actividades de tiempo libre.

• Conciencia ambiental: este cuestionario puede medir el nivel de conciencia ambiental y el conocimiento de la infancia-adolescencia y sus familias sobre la relación entre el cambio climático y la salud. Incluiría preguntas sobre si están al tanto de la huella de carbono y si consideran que sus acciones diarias tienen un impacto en el medio ambiente.

• Contacto con la naturaleza: experiencias desarrolladas en la Región de Murcia, ha consolidado un escore de conexión con la naturaleza muy sencillo y útil (ecologiaysalud.org).

2. Herramientas específicas / estimaciones:

• Aplicaciones de registro de dieta: permiten a padres y niños registrar los alimentos consumidos. Estas aplicaciones a menudo incluyen una base de datos de alimentos con la huella de carbono de cada producto, lo que facilita la estimación de HCI.

• Encuestas de transporte / movilidad: sobre las elecciones de transporte escolar y en las familias. Preguntas sobre uso de automóviles, transporte público, caminar o ir en bicicleta.

• Registro de fuentes de energía en el hogar: a partir de los recibos de compañías eléctricas.

3. Mediciones indirectas:

• Mediciones de consumo de energía en el hogar: se pueden instalar medidores eléctricos y de gas en las viviendas. Estos dispositivos registrarán el uso de energía y permitirán el cálculo de las emisiones de carbono.

• Mediciones de la calidad del aire: para evaluar la calidad del aire en áreas donde viven o pasan tiempo los niños, se pueden utilizar sensores de calidad del aire que midan la concentración de contaminantes atmosféricos, como el dióxido de nitrógeno y las partículas en suspensión.

Una vez recopilados los datos, se pueden utilizar herramientas específicas de cálculo y modelos para estimar la huella de carbono total de los niños. Estos cálculos permiten una evaluación precisa de cómo sus elecciones y prácticas cotidianas influyen en su huella de carbono. Esto, a su vez, proporciona una base para la orientación y la toma de decisiones en Pediatría de Atención Primaria y para educar a las familias sobre cómo reducir su huella de carbono y promover un estilo de vida más sostenible.

Herramientas online de cálculo de la HCI

Para calcular la HCI en Pediatría, pueden utilizarse herramientas en línea desarrolladas por organizaciones, gobiernos u ONGs (Fondo Mundial para la Naturaleza [WWF], Greenpeace y el Fondo de Defensa Ambiental). Algunas de estas herramientas proporcionan estimaciones de tu huella de carbono en función de tus hábitos de consumo, dieta, movilidad y consumo de energía, entre otros. Estas herramientas suelen ofrecer recomendaciones para reducir tu huella de carbono y contribuir a la mitigación del cambio climático.

Evaluación de la salud

Para llevar a cabo una evaluación de la salud relacionada con la huella de carbono, es esencial contar con indicadores que permitan medir de manera efectiva el impacto del cambio climático en la salud. A continuación, se presenta una lista revisada de indicadores clave, propuestos en 2015, para el Observatorio Regional del Cambio Climático de la Región de Murcia(13), útiles para realizar evaluaciones de salud relacionadas con la huella de carbono, incluyendo tipos de mediciones y análisis de datos:

1. Indicadores de salud física:

• Índices de calidad del aire: medición de la concentración de contaminantes atmosféricos (partículas PM2,5 [partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 2,5 micras], ozono, dióxido de nitrógeno) en áreas donde viven los niños/as para evaluar el impacto en la salud respiratoria.

• Temperaturas extremas: registro de datos sobre olas de calor y temperaturas extremas, que pueden influir en el estrés por calor y las enfermedades relacionadas con el calor. Indicador durante los episodios:

– Número de visitas a urgencias por hipertermia por estrés térmico ambiental (aparición reciente, sin otro origen atribuible, y que generalmente es transitorio).

– Número de quemaduras solares de 2º grado.

– Incidencia de melanoma y cánceres de piel (en los padres y abuelos).

• Afecciones respiratorias: evaluación de la prevalencia de enfermedades respiratorias, como el asma, y su relación con la calidad del aire y el cambio climático. Indicadores:

– Ingresos o consultas por problemas respiratorios (asma u otros).

– Estacionalidad de alergias.

– Episodios de asma.

• Enfermedades transmitidas por vectores: seguimiento de enfermedades transmitidas por vectores (p. ej., dengue, malaria) y su relación con cambios en la distribución de vectores debido al cambio climático. Indicadores:

– Número de casos de leishmaniosis.

– Número de casos de enfermedad de Lyme.

– Número de picaduras de mosquitos (AP y Urgencias).

2. Indicadores de salud mental:

• Estrés por el cambio climático: encuestas o entrevistas para evaluar el impacto del cambio climático en la salud mental, incluyendo el estrés y la ansiedad, relacionados con eventos climáticos extremos.

• Crisis de salud mental: análisis de datos de salud mental, como tasas de suicidio o trastornos de ansiedad y depresión, en relación con eventos climáticos extremos y desplazamientos forzados.

3. Indicadores de alimentación y nutrición:

• Disponibilidad de alimentos: evaluación de la disponibilidad de alimentos nutritivos y su accesibilidad en relación con eventos climáticos extremos que afectan la producción de alimentos.

• Estado nutricional de los niños: mediciones del estado nutricional, incluyendo la prevalencia de la malnutrición (desnutrición y obesidad), en relación con cambios en la dieta, debido a la disponibilidad de alimentos.

4. Indicadores de calidad del agua y saneamiento:

• Calidad del agua potable: informar sobre la red de vigilancia de calidad del agua potable y su relación con brotes de enfermedades transmitidas por el agua.

• Saneamiento y salud: evaluación de la calidad del saneamiento y su relación con enfermedades transmitidas por el agua y enfermedades gastrointestinales. Indicador:

– Número de diarreas.

– Número de diarreas por Campylobacter.

– Número de diarreas por Cryptosporidium parvum.

– Número de casos de metahemoglobinemia.

5. Indicadores de acceso a atención médica en los desastres climatológicos:

• Impacto en Servicios de Salud: evaluación de la capacidad y disponibilidad de Servicios de Salud para abordar las necesidades de salud relacionadas con eventos climáticos extremos y desastres climatológicos.

• Desplazamiento de población y atención médica en inundaciones: análisis de la atención médica en relación con el desplazamiento de población debido a eventos climáticos extremos. Número de visitas al médico por granizo o inundaciones.

6. Indicadores de conciencia ambiental:

• Educación ambiental: evaluación de la educación ambiental en la comunidad, incluyendo la comprensión de la relación entre la huella de carbono y la salud.

• Participación en iniciativas comunitarias: seguimiento de la participación en programas de reducción de la huella de carbono y otras iniciativas de sostenibilidad.

• Prácticas de estilo de vida saludables: indicadores sobre la elección de transporte/movilidad al cole, la reducción de residuos y la dieta planetaria (más vegetariana), y el nivel de conexión con la naturaleza.

La recolección y el análisis de datos basados en estos indicadores, proporcionan una visión completa de cómo el cambio climático y la huella de carbono pueden influir en la salud de los niños y permiten la toma de decisiones informadas en Pediatría de Atención Primaria.

Resultados

La relación entre la huella de carbono y la salud pediátrica se está convirtiendo en un tema de creciente importancia. La literatura científica respalda la idea de que la HCI es una parte importante del problema del cambio climático, y que las acciones individuales y colectivas para reducir esta huella son cruciales en la lucha contra el cambio climático. Las evidencias señalan que estas acciones tienen un impacto significativo, efectos locales y globales, afecta a sectores clave, promueven acciones mitigadoras y educación-concienciación(14). La importancia de la HCI radica en que, si muchas personas realizan acciones sostenibles y reducen su huella de carbono, esto puede tener un impacto colectivo significativo en la mitigación del cambio climático.

Sin embargo, tiene unas limitaciones importantes a tener en cuenta para implementar en Pediatría: no se puede calcular con exactitud debido a la falta de datos sobre las complejas interacciones entre los procesos contribuyentes, esto influye en la heterogeneidad para los estudios. Además, carecemos a día de hoy de herramientas específicas y testadas para cada niño, son estimaciones desde cálculos familiares. Para abordar la heterogeneidad en la recopilación de datos, es importante aplicar metodologías y análisis que tengan en cuenta las diferencias y permitan interpretar los datos de manera precisa y significativa. La implementación de pruebas sencillas, universales y unificadas puede ser una estrategia útil para abordar la recopilación de datos. Estas pruebas pueden ayudar a estandarizar la forma en que se obtienen y registrar los datos, lo que, a su vez, facilita la comparación y el análisis de estos.

Implicaciones clínicas: monitorizar la HCI e identificación de niños/as de muy alto riesgo

A pesar de que se han diseñado varias iniciativas para la estandarización, nuestra propuesta en el Comité de Salud Medioambiental es la de usar la Plataforma de Compensación de Carbono de las Naciones Unidas(15). Esta plataforma es una herramienta internacional que incluye información sobre el hogar, el transporte y el estilo de vida del individuo para medir el HCI (estimada a partir de la huella de carbono familiar) anual y permite la comparación de resultados entre diferentes regiones del mundo, con una medición sencilla que promueve la conciencia ambiental, el empoderamiento y estilos de vida más saludables. Incluso pueden hacerla las familias mientras están en la sala de espera, independientemente del motivo por el que hayan venido; al menos, una vez al año en todos los niños/as, sería el indicador de salud global o planetaria para la familia.

La incorporación y monitorización de la HCI en la atención pediátrica no solo es importante para el medio ambiente, sino que también tiene un impacto potencial significativo en la prevención de enfermedades y en la promoción de un estilo de vida más saludable para la infancia, especialmente en los grupos vulnerables y con enfermedades crónicas(1,16). Esta perspectiva holística es esencial para abordar los desafíos de salud y medio ambiente de manera conjunta y responsable. Por ejemplo, la incorporación del monitoreo de la HCI en la vigilancia de la obesidad, implica la evaluación de las elecciones de estilo de vida sostenible de los pacientes, incluyendo: dieta, movilidad, transporte y consumo de recursos, para entender su impacto en las emisiones de carbono. Esto se puede lograr incorporando la HCI a la historia clínica y los informes, y contribuye a generar un indicador de salud global sencillo que resume estilos de vida y nuestra relación con la del planeta. Los profesionales de la salud pueden colaborar con los pacientes para establecer metas y realizar un seguimiento del progreso, lo que crea un enfoque interdisciplinario para abordar la obesidad y promover elecciones de estilo de vida más saludables y sostenibles. Este enfoque integral considera, tanto la salud de las personas como la del planeta.

Independientemente del autoformulario que proponemos para resaltar la importancia de la huella de carbono en la consulta de Pediatría y fomentar la concienciación de los padres, podrían plantear preguntas concretas que aborden aspectos clave. Estas preguntas pueden abrir un diálogo significativo con los padres y fomentar la concienciación sobre la importancia de la huella de carbono en la salud pediátrica. Además, pueden servir como punto de partida para brindar consejos y recomendaciones sobre cómo adoptar un enfoque más sostenible en la vida cotidiana y promover un ambiente más saludable para los niños.

En la tabla I puede consultar algunas preguntas que podrían ser útiles.

Entre las tareas más importantes para integrar el cambio climático en la práctica pediátrica, también es primordial identificar niños de muy alto riesgo a los efectos relacionados con el uso de los combustibles fósiles(1,17) (Tabla II).

Recomendaciones: predicar con el ejemplo

Además de calcular la HCI, los pediatras podemos “predicar con el ejemplo” y hacer visible en nuestra práctica profesional el concepto, adoptando prácticas y conductas que promuevan la reducción de la huella de carbono (Tabla III). Estas medidas no solo ayudarán a reducir la huella de carbono de la consulta del pediatra, sino que también pueden inspirar a pacientes y familias a adoptar prácticas más sostenibles en sus propias vidas. Además, demuestran el compromiso del profesional de la salud con la salud del planeta y la salud de los niños.

Aspectos docentes, investigación y comunitarios, relacionados con la HCI y efectos en la salud infanto-juvenil

La incorporación de la HCI en aspectos docentes y comunitarios, es un enfoque poderoso para educar a la próxima generación de profesionales de la salud y para empoderar a las comunidades para tomar medidas concretas en la promoción de la salud ambiental.

En la formación de los profesionales

En el ámbito de la educación médica, se puede incorporar la HCI en Pediatría de la siguiente manera: 1) integrando la HCI en el plan de estudios de escuelas de medicina y programas de formación de profesionales de la salud; 2) ofreciendo seminarios y talleres enfocados en salud medioambiental y HCI, enseñando a los estudiantes a evaluar la huella de carbono y su aplicación en la atención médica; y 3) promoviendo la colaboración interdisciplinaria entre campos médicos y de las ciencias ambientales, para una comprensión más profunda y fomentar la investigación conjunta.

Plantando árboles y facilitando el acceso a las zonas verdes(18)

Para promover la participación activa en la reducción de la HCI, se pueden impulsar iniciativas de voluntariado ambiental que involucren a la comunidad en proyectos locales, como la limpieza de áreas verdes y la plantación de árboles. Poner en marcha proyectos como Bosques para la Salud, para que cada recién nacido nazca y crezca vinculado a un árbol, ha sido una experiencia que ha dado gran retorno y en la bibliografía puedes conocer la experiencia y metodología para ponerlo en marcha. Las experiencias en contacto con los árboles mejoran los biomarcadores de salud mental y de inmunidad. La presencia de árboles en las ciudades contribuye sustancialmente a reducir la cantidad de PM2,5 y tiene un gran beneficio derivado de la reducción de enfermedades asociadas a PM2,5, así como la disminución de las muertes en niños (asma y otras enfermedades respiratorias) y en adultos.

Uso de transporte escolar eléctrico

El uso de autobuses diésel se ha asociado con peor función pulmonar en los escolares (FVC y FEV1), así como una mayor tasa de absentismo escolar(13).

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector energético

Esto es importante para las regiones que tienen refinerías y centrales térmicas o ciclo combinado, o incineradoras o plantas de valorización cerca. Buscar y entregar información del registro público de actividades industriales (PRTR: Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes), identificando los principales focos y trabajar por la reducción de las emisiones a la atmósfera(19). La reducción de estas emisiones se ha asociado a un descenso de los casos de asma infantil y de los nacimientos pretérmino.

Investigación y monitoreo

Es necesario poner en marcha proyectos colaborativos de investigación comunitaria para el monitoreo de la HCI que involucren a la comunidad en la medición y reducción de la HCI en niños y adolescentes. El Comité de Salud Medioambiental de la AEP hace un llamamiento a todos/as los pediatras de España a incorporarse a la Alianza Global para Renaturalizar la Salud de la Infancia y Adolescencia que pretende impulsar un proyecto nacional para medir la HCI en Pediatría(20). Además de establecer un indicador de salud global como el HCI en la práctica clínica, permite un seguimiento continuo de progreso que facilitará la evaluación del impacto en salud infantil y en las enfermedades crónicas de las iniciativas de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

Conclusiones

La contaminación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático comparten el origen en una cultura de usar y quemar combustibles fósiles, y también muchos de los efectos como distintas expresiones de la enfermedad del Antropoceno.

Este artículo aboga por un enfoque holístico y global en la atención a la salud infanto-juvenil, reconociendo la trascendental relación entre la salud infanto-juvenil y el medio ambiente. La HCI se erige como un indicador sencillo y esencial para comprender esta relación y reducir los impactos del cambio climático en la salud pediátrica. La adopción de medidas para disminuir la HCI, tales como: la reducción del consumo de carne roja, la promoción de una dieta basada en vegetales orgánicos y la eliminación de productos ultraprocesados, así como plantar árboles, usar los parques urbanos, promover la salud verde y azul, la reducción del uso de plásticos, una movilidad libre de combustibles fósiles y el uso de energías limpias para la vida, se revela como un pilar fundamental para el control de enfermedades crónicas.

Los pediatras desempeñan un papel crucial en esta transformación, tanto a través de sus propias acciones como al guiar a los jóvenes, familias y comunidades hacia la creación de entornos y estilos de vida más saludables. Esta contribución no solo repercute positivamente en la salud del planeta, sino que también fomenta una mejor salud en general y la reducción de enfermedades crónicas en la era del Antropoceno.

Aunque carecemos de herramientas específicas para calcular la HCI en niños, proponemos la inclusión de la HCI en la historia clínica pediátrica obtenida desde las calculadoras familiares (TonCOe por cada miembro de la unidad familiar). Esta incorporación permitirá un enfoque más completo y personalizado en la atención médica y brindará a los pediatras la capacidad de monitorear y orientar a los pacientes hacia la reducción de su huella de carbono, mejorando así la salud infantil y contribuyendo a un futuro más saludable y esperanzador. En definitiva, la atención pediátrica puede y debe ser una fuerza impulsora en la construcción de un mundo lleno de esperanza y ecológicamente responsable para las generaciones futuras.

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17. Perera F, Nadeau K. Climate Change, Fossil-Fuel Pollution, and Children’s Health. N Engl J Med. 2022; 386: 2303-14.

18. Guía para implantar un Bosque para la Salud: Un bebé, un árbol. Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica. Actualización 2022. Región de Murcia. Disponible en: https://pehsu.org/wp/?p=1854.

19. Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes. Ministerio de Transición Ecológica, Madrid. Disponible en: https://prtr-es.es/.

20. Ortega García JA. Alianza Global para Renaturalizar la Salud de la Infancia y Adolescencia. En: AEPap (ed.). Congreso de Actualización en Pediatría 2023. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2023. p. 275-279. Disponible en: https://www.aepap.org/sites/default/files/pag_275_279_alianza_global.pdf.

 

Aumento de la violencia entre iguales

P.J. Rodríguez Hernández*, A. Marcos Rodrigo**
De interés especial
 


P.J. Rodríguez Hernández*, A. Marcos Rodrigo**

*Pediatra, Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife. Profesor Asociado de Psiquiatría. Universidad de La Laguna. Tenerife. **Residente de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife

Pediatr Integral 2023; XXVII (6): 352.e1 – 352.e4


Aumento de la violencia entre iguales

 

Introducción

La violencia entre iguales es la forma de violencia más frecuente en la adolescencia. Aunque existen varias definiciones, se puede considerar como: la existencia y presencia de comportamientos extremos y graves realizados con la intención de producir daño físico y/o psicológico a otras personas. De manera más específica, se refiere a comportamientos que tienen que ver con una confrontación directa con otros con la intención de lesionar (insultos, golpes), pero también cuando el objetivo es dañar el círculo social de la víctima o la percepción que dicho círculo tiene de la persona (difundir rumores, exclusión social)(1). En este último caso, se denomina violencia relacional.

En los últimos años, una forma específica de violencia entre iguales en adolescentes ha ido escalando posiciones hasta convertirse en la más frecuente, se trata del ciberacoso. Se utiliza la tecnología digital, especialmente a través de telefonía móvil, ordenadores y tabletas, para lograr el objetivo. A los tres elementos principales presentes en el acoso escolar, la intención, la repetición y el desbalance de poder, el ciberacoso añade otros dos: el anonimato y la elevada difusión o publicidad. Los actos anónimos pueden llevar a que los actos contra las víctimas sean de elevada crueldad.

Las causas y formas de expresión de la violencia entre iguales presentan un patrón de interrelación que es necesario conocer. Así, la violencia sexual, la racial o por diferencias ideológicas está relacionada con otras formas de violencia en distintos contextos (familiar, social, comunitario o escolar); y también con la ejercida en distintos formatos virtuales (Internet, redes sociales). Además, existe alta asociación con consumo de alcohol y drogas y con estados mentales de depresión, ansiedad o baja autoestima. Esto hace que se alteren las dinámicas: familiar, social o educativa. Existe evidencia de que niños y adolescentes que ejercen violencia relacional presentan una actitud más positiva hacia la transgresión de normas sociales, y mayores niveles de malestar psicológico, ideación suicida, comunicación problemática con los padres y reputación social no conformista (real e ideal) que aquellos que no la presentan(2). También, los estudios longitudinales señalan que las víctimas ven afectadas su salud mental y el rendimiento escolar(3).

Los programas preventivos o terapéuticos deben incluir estrategias globales, basadas en intervenciones principalmente familiares y escolares. El paradigma cognitivo conductual es el más utilizado para reducir la violencia entre iguales.

Fenomenología y clasificación

La fenomenología de la violencia en la adolescencia es compleja, debido a que intervienen múltiples factores de naturaleza individual, social y cultural.

En su desarrollo intervienen distintos factores de riesgo y protección que interaccionan entre sí y que abarcan áreas tan dispares, como la propia personalidad o los patrones de la dinámica familiar. Por ello, es complejo establecer una clasificación o, incluso, un modelo etiológico.

Además de la violencia física, la violencia entre iguales incluye la emocional, económica y sexual. La subcategoría más común es el acoso escolar, tanto directo como a través de las redes sociales. El acoso escolar queda definido como: actos deliberados cometidos repetidamente y de manera continua por uno o varios alumnos contra una víctima que no se puede defender. Tales acciones son agresivas y llevan implícitas un desbalance de poder entre el o los agresores y el o los agredidos. El acoso puede ser: físico, psicológico, social (p. ej.: difundir rumores, excluir o ignorar) o verbal (insultos, comentarios de índole sexual…).

Existen algunos trastornos, frecuentes en la infancia y adolescencia, que pueden predisponer o facilitar acciones de violencia entre iguales. Algunas de ellas son: trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de conducta, trastorno negativista desafiante, trastornos de personalidad y trastornos emocionales de distinta naturaleza.

Además, algunos estudios han desarrollado las principales características de los niños y adolescentes que desarrollan estos fenómenos de violencia(4). Algunas de ellas son:

• Interpretación hostil de las intenciones de los iguales. En estos casos, suele primar la violencia reactiva en detrimento de la espontánea. Es la característica más fácil de controlar con medidas conductuales y técnicas de modificación del afrontamiento de la realidad. Si se encuentra esta característica de manera aislada (sin las características restantes), puede estar motivado por un trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

• Escasa sensibilidad a las reacciones emocionales de los demás, no presentando sentimientos de culpa ni remordimiento. Existe déficit en la integración y valoración del componente emocional de los actos. Es importante descartar problemas familiares que hayan impedido desarrollar un aprendizaje correcto de las emociones que conllevan los actos violentos.

• Culpabilización de otros niños o adolescentes. Predomina la mentira en el patrón psicológico del niño. Habitualmente, esta característica se debe a un mecanismo de defensa o una estrategia de afrontamiento de la realidad. Trasladar la consecuencia del acto a otra persona libera la culpa propia.

• Baja autoestima, acompañado de una apariencia de seguridad y dureza. Las interacciones sociales pierden estímulos para establecer una adecuada vinculación emocional.

• Escasa tolerancia a la frustración con respuestas agresivas ante ella. Los requerimientos del entorno han de ser satisfechos de manera inmediata. Existe controversia sobre el papel que desempeñan las nuevas formas de ocio basadas en la inmediatez, especialmente los videojuegos que permiten determinadas formas de adicción, debido a la utilización de reforzadores instantáneos.

• Bajo rendimiento académico y consumo de drogas. Son las consecuencias finales del patrón conductual de violencia.

También se han identificado algunos factores de riesgo o predisponentes, entre los que se encuentran: la presencia de rasgos psicopáticos de personalidad, sexo varón, conducta disocial o vivir en barrios con altos índices de criminalidad(5).

Prevalencia

Según el Instituto Nacional de Estadística en España, aproximadamente el 10 % de los niños y adolescentes han experimentado algún tipo de violencia entre iguales en el año 2022 (Instituto Nacional de Estadística, 2022)(6).

Las formas más comunes de violencia entre iguales, física y verbal, pueden llevar a consecuencias emocionales y psicológicas negativas en las víctimas, con un gran impacto en su salud mental actual y futura. Además, el aislamiento y exclusión por parte de compañeros se constituye en la llamada violencia relacional o social, experimentada por el 4 % de niños y adolescentes.

En la era digital, el ciberacoso representa una forma cada vez más prevalente de violencia entre iguales. Los datos indican que aproximadamente el 12 % de los niños y niñas son, cada año, víctimas de ciberacoso(7).

Estas tasas muestran diferencias según el grupo de edad y el género. Por ejemplo, el estudio del Instituto Nacional de Estadística encontró que la violencia física es más común entre los niños de 12 a 15 años (prevalencia del 8 %), mientras que la violencia verbal es más frecuente entre las niñas de la misma edad (hasta el 10 %). En cuanto al ciberacoso, este es más prevalente entre las niñas de 15 a 17 años, alcanzando un 18 %.

Como conclusión, se observa una tendencia a la disminución de la incidencia de actos criminales por parte de niños y adolescentes, cuando se analizan las estadísticas de la sociedad occidental actual. Sin embargo, la violencia entre iguales presenta un incremento año tras año.

Ciberacoso

El ciberacoso, uso de tecnologías digitales para acosar, humillar o amenazar, se ha convertido en un riesgo latente para los jóvenes, principalmente los adolescentes. Más del 40 % de los jóvenes han experimentado alguna forma de ciberacoso a lo largo de su vida, cifras que siguen en aumento, debido a la creciente accesibilidad a la tecnología y aumentos de su presencia en todos los ámbitos de nuestras vidas(8).

La falta de consecuencias visibles y la sensación de impunidad, fomentan un ambiente tóxico que facilita la propagación del acoso en línea, siendo esta facilidad para mantener el anonimato del agresor, uno de los aspectos más preocupantes. Esta impunidad genera una sensación de desesperanza en las víctimas, dificultando su búsqueda de ayuda y apoyo(9).

Las redes sociales se comportan también como un buen lugar para el crecimiento del ciberacoso. Los adolescentes las utilizan para compararse entre sí, lo que aumenta la competencia y el deseo de destacar, a menudo a expensas de otros. Como resultado, se desarrolla una cultura de desprecio y hostilidad, exacerbando la violencia entre iguales en línea(8).

Estrategias de intervención

La implicación biopsicosocial obliga a que los programas de intervención, preventivos o terapéuticos, se deban realizar desde un enfoque multidimensional y multidisciplinar. Las estrategias más utilizadas incluyen programas que se desarrollan en el ámbito educativo, familiar o en el propio adolescente(10,11).

La prevención es fundamental para evitar la violencia entre iguales, y el mejor sitio para el desarrollo de programas de prevención es el centro escolar. Hay que contar con colegios e institutos con ambiente seguro, para: evitar la violación del derecho del alumno a aprender sin temor, establecer políticas de tolerancia cero que aseguren la neutralidad de la balanza de poder o prestar especial atención a los adolescentes más vulnerables como los que presentan algún tipo de discapacidad.

En líneas generales, las estrategias que se emplean se basan en los siguientes aspectos:

• Programas de intervención/sanción: es un programa sancionador, donde se incide en la persecución y ejecución del infractor. El nivel de aversión que produce desaconseja su utilización de manera aislada. Debe de ser un programa complementario de los otros tipos.

• Programas de conducta esperada: en este programa predomina la información general y la difusión sin un receptor preestablecido. Se emplea fundamentalmente como programas introductorios a un plan específico de acción y sobre grandes poblaciones.

• Programas de detección/prevención: tiene dos componentes. Por una parte, la detección de la conducta violenta entre iguales y el análisis de los factores que inciden en su desarrollo y mantenimiento. Sobre los resultados obtenidos, se pueden realizar propuestas preventivas que participen en la reconducción de los condicionantes implicados.

• Programas de orientación proactivos: son los utilizados, habitualmente, en los entornos escolares y familiares. El diseño de estos programas presenta enorme variabilidad, según: población diana, edad, objetivos específicos, factores socioculturales o ambientales, etc. Los realizados en colegios e institutos son los más efectivos, debido a que es el entorno en donde más se producen las situaciones de violencia entre iguales. Especialmente, las situaciones de acoso escolar, con un aumento significativo en los últimos años de la modalidad virtual. Tanto las preventivas como las terapéuticas, se basan en técnicas desarrolladoras de habilidades sociales y emocionales.

Desarrollo de habilidades sociales y emocionales

Son las estrategias más utilizadas para disminuir la violencia entre iguales y se aplican principalmente en el ámbito educativo, aunque también se pueden desarrollar en programas de intervención familiar.

Los entrenamientos en habilidades sociales y emocionales incluyen técnicas, como el juego simbólico y el role play. Con ellas, se busca enseñar a niños y adolescentes: a comprender y aplicar las reglas del juego, a aceptar las consecuencias de sus actos sin culpar a los demás, a no abandonar el juego, a resolver distintos tipos de problemas e identificar los propios sentimientos y los de los demás. En la tabla I se desarrolla, a modo de ejemplo, un programa estándar.

Además, en el aula ordinaria, los profesores deben considerar algunos aspectos relativos a los procedimientos de interacción con el alumnado violento. Es importante que las estrategias a utilizar sean coordinadas con los equipos de orientación escolar y que las familias o tutores legales sean informados de los procedimientos a realizar. Las más importantes son los siguientes:

• Establecer los adecuados refuerzos positivos, cuando se observen comportamientos deseables mediante alabanzas o halagos. Esos refuerzos se pueden acompañar de acercamiento físico, expresión facial de alegría, y se deben transmitir los logros conseguidos al resto de la clase.

• Se pueden establecer estrategias cognitivo-conductuales para mejorar el comportamiento. Entre las estrategias cognitivas, la más utilizada es la técnica de autoinstrucciones. El alumno debe hablarse a sí mismo en voz alta, dándose instrucciones sobre la mejor conducta a realizar en un momento dado y recompensándose con auto alabanzas cuando el resultado sea positivo. Las estrategias conductuales más efectivas son: la economía de fichas, mediante la que se obtienen una serie de refuerzos, previamente pactados, cuando se logran determinados comportamientos positivos que se van anotando en un sistema de registro; y el contrato de contingencias, que se realiza mediante la firma de un acuerdo en el que alumno y profesor se comprometen a establecer unas conductas positivas determinadas y el profesor premia dicho logro con un reforzador.

• Cuando las estrategias mencionadas no son efectivas y las conductas violentas en la interacción con otros compañeros sobrepasan determinado nivel, es posible utilizar la estrategia del tiempo fuera. Para ello, se debe apartar al alumno de la actividad que está realizando y se desplaza a una zona predeterminada dentro de la clase o fuera del aula; en este último caso, bajo la supervisión de otro profesor. Cuando el alumno se muestra tranquilo y sereno, se reintegra en la actividad del aula.

Algunas particularidades de la intervención en el ciberacoso

La prevención y la educación son fundamentales para abordar el ciberacoso. Tanto las escuelas como los padres, deben trabajar en conjunto para concienciar a los adolescentes sobre las consecuencias del acoso en línea y la importancia de tratar a los demás con respeto. Es esencial crear un entorno seguro, tanto en línea como fuera de línea, para que los jóvenes puedan comunicar sus experiencias y recibir el apoyo necesario(12). Por ello, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha publicado un plan de estrategia digital, que tiene como objetivo mejorar la atención sanitaria a los niños en España. Entre sus medidas, incluye la creación de una nueva plataforma web con información y consejos para profesionales, padres y tutores, con relación al uso de la tecnología en diferentes grupos de edad. Con estas herramientas, trata de mejorar la calidad de vida de los niños en el mundo digital, mediante la prevención y modificación temprana de hábitos poco saludables(13).

Otras intervenciones en situaciones de violencia entre iguales

Tratamiento farmacológico

No existe tratamiento farmacológico para la violencia en el adolescente. Sin embargo, algunos fármacos se pueden utilizar en situaciones puntuales de máxima gravedad y dentro de un programa de intervención multimodal. Los antipsicóticos atípicos son los fármacos que presentan un mejor nivel de tolerabilidad y menos efectos secundarios(14). Por ello, cada vez son más utilizados en un número creciente de adolescentes con una gran variedad de trastornos, que incluyen: trastornos del comportamiento, del ánimo, del desarrollo, psicóticos y trastornos alimentarios.

Recursos judiciales

Cuando todas las medidas aplicadas no son suficientes, es posible judicializar la situación. Existe un amplio abanico de posibilidades, entre las que se encuentran: la intervención de equipos de medicación, los pisos de convivencia educativa, etc. La legislación española ordena la posibilidad de establecer centros específicos para problemas conductuales extremos y violencia, cuando la intervención terapéutica no es efectiva. El 27 de febrero de 2015 se publica en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, el Proyecto de Ley Orgánica de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, en el que se regula como novedad importante, el ingreso de niños y adolescentes en centros de protección específicos para menores de edad con problemas de conducta. El objetivo de los centros específicos para adolescentes con problemas significativos de conducta es proporcionar un contexto estructurado educativo, socioemocional y terapéutico.

Conclusiones

El aumento de la prevalencia de la violencia entre iguales establece la necesidad de coordinación entre las distintas administraciones implicadas: sanitaria, judicial y social. Los programas de prevención e intervención más efectivos siguen el paradigma cognitivo-conductual. Los tratamientos psicofarmacológicos se reservan para mejorar la sintomatología dentro de un planteamiento multidisciplinar y no como tratamiento único.

Bibliografía

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3. Polanin JR, Espelage DL, Grotpeter JK, Spinney E, Ingram KM, Valido A, et al. A meta-analysis of longitudinal partial correlations between school violence and mental health, school performance, and criminal or delinquent acts. Psychol Bull. 2021; 147: 115-33.

4. Livazovic G, Ham E. Ciberbullyng and emotional distress in adolescents: the importance of family, peers and school. Heliyon. 2019: 5: e01992.

5. Rodríguez Hernández PJ, Torres Tejera LM. Violencia del adolescente entre iguales, con los padres. MENAS. ¿Cómo actuar? Adolescere. 2023; 11: 60-71.

6. Oficina técnica del III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2023-2027. Diagnóstico sobre el estado de la infancia y adolescencia en Andalucía. Junta de Andalucía; 2022.

7. Salmerón Ruiz MA. Salud Digital y ciberacoso. Pediatr Integral. 2023; 27: 185-92. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2023-06/salud-digital-y-ciberacoso/.

8. Smith A, Jones, B. Ciberacoso entre adolescentes: Una mirada a la creciente amenaza en línea. Rev Psicol Social. 2022; 36: 245-60.

9. Jones C, Lee D. El impacto de la anonimidad en el ciberacoso adolescente. Rev Comportamiento Digital. 2023: 45: 311-26.

10. Sivaraman B, Nye E, Bowes L. School-based anti-bullying interventions for adolescents in low-and middle-income countries: A systematic review. Agress Violent Behav. 2019; 45: 154-62.

11. Valdés-Cuervo AA, Martínez-Ferrer B, Carlos-Martínez EA. The role of teaching practices in the prevention of school violence among peers. Rev Psicodidáctica. 2018; 23: 33-8.

12. Zhu C, Huang S, Evans R, Zhang W. Cyberbullyng among adolescents and children: A comprehensive review of the global situation, risk factors, and preventive measures. Front Public Health. 2021; 9: 634909. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpubh.2021.634909.

13. Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría. Madrid: Asociación Española de Pediatría; Disponible en: https://plandigitalfamiliar.aeped.es.

14. McKinney C, Renk K. Atypical antipsichotic medications int the management of disruptive behavoirs in children: Safety guidelines and recomendations. Clin Psychol Rev. 2011; 31: 465-71.

 

Cambios etiológicos, manifestaciones infrecuentes y presentaciones atípicas de enfermedades infecciosas frecuentes

De interés especial
 


A. Martínez Roig, F. Moraga-Llop

Pediatría. Barcelona

Resumen

Las enfermedades infecciosas han experimentado cambios importantes en los últimos 50 años por varios motivos: la aparición de nuevos agentes patógenos, los cambios etiológicos en algunas enfermedades que han pasado a ser síndromes, las vacunaciones que se han implementado y que han originado una drástica disminución de la incidencia de algunas de ellas y la disponibilidad de mejores métodos de diagnóstico microbiológico, virológico y serológico, que permiten confirmar la etiología de un mayor número de infecciones. Además, es importante conocer las manifestaciones clínicas infrecuentes y las presentaciones atípicas de enfermedades infecciosas frecuentes. Estas se relacionan, en especial, con la edad (lo atípico globalmente es típico para un grupo de edad determinado) o con la inmunización previa (formas modificadas o abortivas de enfermedades inmunoprevenibles). Se comentan algunas de estas infecciones: los síndromes exantemáticos, el sarampión, la varicela, la enfermedad meningocócica, la tosferina y el síndrome pertusoide, y la gripe. Se añade una tabla que recoge otros microorganismos con manifestaciones clínicas infrecuentes y presentaciones atípicas.

 

Abstract

Infectious diseases have undergone major changes in the last 50 years for several reasons: the emergence of new pathogens, etiological changes in some diseases that have become syndromes, vaccinations that have been implemented leading to a dramatic decrease in the incidence of some diseases, and the availability of better microbiological, virological and serological diagnostic methods, which allow confirmation of the etiology of a greater number of infections. In addition, it is important to be aware of infrequent clinical manifestations and atypical presentations of common infectious diseases. These are related, in particular, to age (the overall atypical is typical for a given age group) or to previous immunization (modified or abortive forms of immunopreventable diseases). Some of these infections are discussed: exanthematous syndromes, measles, chickenpox, meningococcal disease, whooping cough and pertussis syndrome and influenza. A table has been added with other microorganisms with the uncommon clinical manifestations and atypical presentations that may occur.

 

Palabras clave: Exantemas infecciosos; Sarampión; Varicela; Enfermedad meningocócica; Tosferina; Gripe.

Key words: Infectious exanthems; Measles; Varicella; Meningococcal disease; Pertussis; Influenza.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (5): 291.e1 – 291.e11


Cambios etiológicos, manifestaciones infrecuentes y presentaciones atípicas de enfermedades infecciosas frecuentes

 

Introducción

Las enfermedades infecciosas han experimentado cambios importantes en los últimos 50 años, debido: a la aparición de nuevos agentes patógenos, a cambios etiológicos en algunas enfermedades que han pasado a ser síndromes, a las vacunaciones que se han implementado y que han originado una drástica disminución de la incidencia de algunas de ellas (sarampión, rubeola, varicela, hepatitis B); y a la disponibilidad de mejores métodos de diagnóstico microbiológico, virológico y serológico, que permiten confirmar la etiología de un mayor número de infecciones.

A modo de ejemplo de cambios etiológicos, la enfermedad de Gianotti-Crosti, inicialmente descrita como una infección causada por el virus de la hepatitis B, casi no se observa ahora en nuestro medio, gracias a la inclusión de la vacuna de la hepatitis B en el calendario de inmunizaciones sistemáticas desde los años 1980; no obstante, también otros virus originan este cuadro clínico, por lo que ahora hablamos de síndrome de Gianotti-Crosti. Igualmente, en una enfermedad bacteriana como la tosferina, han aparecido cuadros clínicos pertussis-like que se engloban como síndrome pertusoide, de predominio vírico.

Además, se comentan otras peculiaridades clínicas de algunas infecciones que son motivo frecuente de consulta en Pediatría de Atención Primaria. Por una parte, las manifestaciones clínicas infrecuentes que deben conocerse: una infección meningocócica puede presentarse como una conjuntivitis hiperaguda y purulenta que, a veces, es la primera fase de una enfermedad meningocócica invasiva. Por otra parte, las presentaciones atípicas de enfermedades que se relacionan, en especial, con la edad o con la vacunación previa. La gripe es diferente en la población pediátrica según los grupos de edad: en el lactante y en el niño pequeño no se puede aplicar la definición de caso de gripe. Sin embargo, estas formas “atípicas” de gripe, denominadas así por comparación con las que aparecen en otras edades, son realmente “típicas” en estos grupos de edad. Entre las enfermedades inmunoprevenibles, la epidemiología y la clínica del sarampión y de la varicela han cambiado debido a la inmunización, y hay que considerar las formas modificadas (o abortivas) de estas infecciones por la administración previa de inmunoglobulina o por la vacunación(1-4).

De las enfermedades exantemáticas a los síndromes exantemáticos

Las enfermedades exantemáticas de etiología infecciosa, un capítulo clásico y frecuente de la paidoinfectología, se denominaron inicialmente como “propias” de la infancia, si bien se pueden observar a cualquier edad, aunque en la edad adulta de manera infrecuente.

La evolución de algunas de estas infecciones ha llevado a que lo que, antes era una enfermedad, se haya convertido en un síndrome con varios tipos de virus y, a veces, bacterias, como posibles agentes causantes. Las enfermedades exantemáticas se han convertido, pues, en síndromes exantemáticos; un ejemplo de las transformaciones experimentadas en la infectología pediátrica. Como ya se ha comentado, el exantema característico de la enfermedad de Gianotti-Crosti, inicialmente causado por el virus de la hepatitis B, se debe hoy a otros virus que hoy se pueden ya determinar, el llamado síndrome de Gianotti-Crosti(1,3,4).

Infecciones por parvovirus B19. No todo es megaeritema epidémico(1,3-9)

Megaeritema epidémico

Sinonimia: megaeritema (o megaloeritema) epidémico o infeccioso, eritema infeccioso, quinta enfermedad.

Clínica: periodo prodrómico: manifestaciones gripales 3-10 días antes de la erupción. Periodo de estado: afebril, exantema eritematoso en ambas mejillas (aspecto de niño abofeteado) que respeta la zona perioral. A los 2-3 días, erupción festoneada o cartográfica en el tronco, las nalgas y las extremidades, que dura 4-8 días, con posibilidad de reactivación en las 2-3 semanas siguientes (Fig. 1); a veces, pruriginoso y con enantema ocasional. Poliartralgias o artritis asociadas, principalmente en mujeres adolescentes (10 %). Complicaciones: infrecuentes en el niño sano. Pueden aparecer: anemia, leucocitopenia, trombocitopenia, vasculitis, miocarditis, encefalitis y glomerulonefritis. En pacientes con hemoglobinopatías, anemia aplásica. En inmunodeprimidos, mayor gravedad y persistencia de la infección.

Figura 1. Exantema característico del megaeritema epidémico.

 

Otros exantemas por parvovirus B19

• Síndrome papulopurpúrico en guante y calcetín: fiebre, edema y eritema en las manos y los pies, petequias o pápulas purpúricas en las palmas de las manos hasta la muñeca y las plantas de los pies hasta el tobillo, pero que pueden extenderse por las extremidades, dolor, enantema con úlceras bucales y linfadenopatía (Fig. 2).

Figura 2. Síndrome papulo-purpúrico en guante y calcetín por parvovirus B19.

Pueden aparecer bullas y úlceras en la mucosa bucal, los labios y la lengua, así como eritema faríngeo o petequias en el paladar. En un 20 % de los casos se acompaña de linfadenopatías. Duración aproximada de 1-2 semanas. Este síndrome puede estar causado también por otros virus: Epstein-Barr, hepatitis B, herpes simple y citomegalovirus. También puede formar parte de una reacción medicamentosa.

• Exantema petequial: se acompaña de fiebre y consta de elementos de un tamaño no superior a 2 mm, con dos tipos de presentaciones, una difusa por cualquier parte del cuerpo y otra con confluencia de elementos en algunas zonas y sin presencia de necrosis (Fig. 3).

Figura 3. Exantema petequial por parvovirus B19.

• Exantema rubeoliforme o morbiliforme: no suele acompañarse de manifestaciones respiratorias ni oculares. En algunos casos pueden aparecer algunas manchas en la mucosa bucal, semejantes a las de Koplik, que pueden crear confusión diagnóstica en el caso de los exantemas de tipo morbiliforme; no obstante, la ausencia de manifestaciones respiratorias y la presentación hacia el quinto o sexto día del inicio de la enfermedad pueden ayudar a establecer la orientación diagnóstica clínica.

• Síndrome de Gianotti-Crosti o acrodermatitis papulosa infantil (API): pápulas o papulovesículas, monomorfas, de localización acral, lisas, de 1-10 mm, de color carne o sonrosadas, simétricas, con duración de 10 o más días, localizadas en la cara, las mejillas, los lóbulos de las orejas y las extremidades.

• Síndrome mononucleósico con afectación hepática.

Exantema súbito. De la enfermedad al síndrome(1-4)

Sinonimia: roseola infantum, exantema crítico posfebril del tercer día, sexta enfermedad.

Etiología: infección primaria por el virus herpes humano (VHH) tipo 6 (80 %) y con menos frecuencia o en un segundo episodio por el VHH tipo 7 (10 %), dos virus de la familia Herpesviridae. El VHH tipo 6 tiene dos variantes: la A, que afecta a adultos con alteraciones de la inmunidad; y el B, que causa exantema súbito.

Síndrome del exantema súbito (el 10 % de los casos restantes): está causado por enterovirus, adenovirus y parainfluenza.

Clínica: la forma típica, en el 20 % de los niños, se caracteriza por: inicio brusco, con fiebre elevada durante 3-5 días y exantema maculopapuloso sonrosado en el tronco y menos en la cara, que aparece en la defervescencia febril y dura 1-2 días (Fig. 4); enantema papular en el paladar blando y la úvula en más del 65 % de los casos, o úlceras (manchas de Nagayama). A veces, adenopatías cervicales posteriores y retroauriculares. Existen formas leves y asintomáticas.

Figura 4. Exantema morbiliforme: síndrome del exantema súbito.

El VHH tipo 6 también se asocia con: síndromes febriles inespecíficos, convulsiones febriles, síndrome mononucleósico, síndrome papulopurpúrico en guante y calcetín, hepatitis fulminante, encefalitis, síndrome hemofagocítico y reactivación en receptores de trasplante. Se ha implicado en el síndrome de hipersensibilidad inducida por: fármacos, leucemias, linfomas, miocarditis y miocardiopatías.

Infecciones por enterovirus. De la enfermedad al síndrome boca-mano-pie(1-4,10)

Etiología: enterovirus (EV), género de la familia Picornaviridae con más de 116 serotipos humanos. Se dividen clásicamente en: poliovirus, Cocksackie A y B, Echovirus (ECHO) y EV 68 a 71. En la actualidad, se clasifican en cuatro especies (A, B, C y D), a partir de la secuenciación del genoma; los “nuevos EV” empezaron a designarse con números consecutivos, desde el EV68 hasta el EV121.

Clínica: las enfermedades por EV son, en general, benignas y autolimitadas, con un espectro clínico amplio y polimorfo, desde una afectación leve de la piel, como enfermedad exantemática, hasta las formas graves neurológicas (encefalitis y rombencefalitis) y cardiacas (miocarditis). Hay formas asintomáticas y formas inespecíficas febriles con cefalea o alguna de las manifestaciones siguientes: exantema, conjuntivitis hemorrágica, malestar, cefalea, irritabilidad, faringitis, vómitos, diarreas, herpangina y pleurodinia. Otras manifestaciones son: parálisis flácida y meningitis aséptica. En los neonatos, la infección puede semejar una sepsis.

El exantema en las infecciones por enterovirus tiene un gran polimorfismo y puede ser: morbiliforme, rubeoliforme, escarlatiniforme, petequial, urticariado, vesiculoso o del tipo de la API (Fig. 5).

Figura 5. Exantema maculoso en un lactante con meningitis, con prueba de reacción en cadena de la polimerasa positiva para enterovirus.

La erupción variceliforme de Kaposi por Coxsackie A6 y A16 (eccema coxsackium), es una forma clínica con diseminación de las lesiones cutáneas en un individuo que tiene una enfermedad cutánea crónica, generalmente un eccema atópico o una dermatitis de contacto. Se observan vesículas monomorfas en la piel eccematosa, que tienden a confluir y dar lugar a grandes erosiones. Las localizaciones más habituales son la cara, el cuello y el tronco.

Enfermedad y síndrome boca-mano-pie

Etiología: existe una forma clínica frecuente de infección por enterovirus, fácilmente diagnosticada por sus características clínicas, la semiología del exantema y su localización en las partes distales de las extremidades y en la mucosa oral, que es la enfermedad boca-mano-pie, descrita inicialmente asociada a la infección por el virus Coxsackie A16. El desconocimiento de lesiones de otras localizaciones y la presentación de formas no vesiculosas pueden dificultar el diagnóstico.

Síndrome boca-mano-pie

Etiología: otros virus también pueden ocasionar estas manifestaciones clínicas, como: Coxsackie A4, A5, A7, A9, A10, B1, B2, B3 y B5, virus ECHO 3, 4 y 9, y EV 71, con una frecuencia muy variable.

Clínica: la erupción puede ir precedida de unos pocos días de febrícula, malestar, tos, diarrea u odinofagia que puede motivar rechazo del alimento. El enantema bucal suele ser la primera manifestación e incluso, a veces, la única. Se caracteriza por pequeñas vesículas rodeadas de mínimo eritema, de 4-8 mm, que se rompen y forman ulceraciones poco profundas. Se localizan en: el velo del paladar, la cara interna de las mejillas, la lengua, las encías y el surco gingivolabial, y respetan las amígdalas y la faringe posterior. No son muy numerosas ni se acompañan de gran inflamación de las mucosas. Suelen aparecer en 1-2 días y son la manifestación más frecuente de la enfermedad. Puede haber alguna adenopatía submandibular.

Las lesiones cutáneas suelen aparecer algún día después y son vesículas de localización intraepidérmica, de color blanco grisáceo, de 3-7 mm de tamaño, ovaladas u oblongas, a veces, rodeadas por un mínimo eritema. Su localización más característica es en las palmas de las manos y las plantas de los pies y, en ocasiones, también en las zonas laterales. Son “atípicas”, por ser menos frecuentes, en: las rodillas, los muslos, los brazos, las nalgas, la zona peribucal y el periné (Figs. 6-8).

Figura 6. Síndrome boca-mano-pie. Lesiones peribucales: localización atípica o menos frecuente (lo característico es en el interior de la boca).

 

Figura 7. Síndrome boca-mano-pie. Lesiones en los muslos: localización atípica o menos frecuente.

 

Figura 8. Síndrome boca-mano-pie. Lesiones en el área del pañal: localización atípica o menos frecuente.

Su número es muy variable, desde muy pocas hasta alrededor de 50 o más, y suelen ser asintomáticas. Puede haber máculas y pápulas eritematosas y, en tal caso, las nalgas y las extremidades suelen ser su localización predilecta.

Las lesiones se resuelven en 7 a 10 días y dan paso a descamación, costras o una pigmentación residual pasajera. Entre 3 y 8 semanas después, pueden aparecer líneas de Beau u onicomadesis, con reconstitución de las uñas entre 1 y 3 meses después.

Es una enfermedad benigna y autolimitada; si bien, en brotes producidos por EV 71, se han producido complicaciones respiratorias y neurológicas. En Cataluña, durante el periodo de abril a junio de 2016, hubo un brote de infección por EV A71 con complicaciones neurológicas del tipo de la rombencefalitis.

De la enfermedad al síndrome de Gianotti-Crosti. Cambios etiológicos en la era posvacunal(1,3,4,11,12)

Sinonimia: enfermedad de Gianotti-Crosti, API.

Etiología: virus de la hepatitis B.

Clínica: la enfermedad de Gianotti-Crosti, descrita en 1955, se caracteriza por la presencia de un exantema, casi siempre en la infancia, de tipo maculopapular, simétrico y de distribución acral (por lo que también se denomina API) (Fig. 9). En 1970 se observó que, en muchos casos, estaba asociada al virus de la hepatitis B. Esta enfermedad es, pues, una manifestación extrahepática de la infección por el virus de la hepatitis B.

Figura 9. Enfermedad de Gianotti-Crosti o acrodermatitis papular infantil. Lesiones y localizaciones características.

 

Posteriormente, se vio que los pacientes negativos para el virus de la hepatitis B presentaban un cuadro cutáneo algo distinto, que se denominó síndrome papulovesicular de localización acral (Fig. 10).

Figura 10. Síndrome papulovesicular de localización acral.

 

Después se fueron encontrando dermatosis similares asociadas a otros agentes infecciosos e inmunizaciones; por lo que, en 1992, Caputto aconsejó unificar la nomenclatura como síndrome de Gianotti-Crosti, y sugirió que la diferencia en la presentación clínica podía deberse a factores como la edad, el estado general o la historia vacunal. En la exploración clínica se hallan: adenopatías cervicales, axilares e inguinales y, a veces, hepatomegalia, esplenomegalia o ambas.

Síndrome de Gianotti-Crosti

Sinonimia: síndrome papulovesicular de localización acral, dermatosis eruptivas de localización acral.

Etiología: se han asociado a este síndrome los virus de Epstein-Barr (Fig. 11), citomegalovirus, parvovirus B19, Coxsackie, Echovirus, parainfluenza, VHH tipo 6, virus respiratorio sincitial, de la hepatitis A, de la parotiditis y rotavirus. También se ha relacionado con el antecedente de una vacunación y con bacterias, como: Mycoplasma pneumoniae, Bartonella henselae o el estreptococo beta hemolítico.

Figura 11. Síndrome de Gianotti-Crosti por el virus de Epstein-Barr.

En el momento actual, el virus de la hepatitis B es poco frecuente como agente etiológico de este síndrome, dado el importante número de otros patógenos causales, y todavía más infrecuente desde hace 30 años, por la incorporación de la vacuna antihepatitis B en el calendario de vacunaciones sistemáticas del niño.

Clínica: el síndrome engloba las dermatosis eruptivas de localización acral, caracterizadas por la presencia de lesiones papulovesiculares, papuloliquenoides o papuloedematosas, de color rosa o pardo, causadas por virus que, generalmente, siguen un curso benigno y autolimitado de pocas semanas de duración. En la actualidad, se considera un exantema paraviral o parainfeccioso, ya que no refleja el efecto directo de un agente patógeno específico y se presenta en el curso de diferentes enfermedades virales o tras recibir una vacuna. Se postula que la infección sea el factor desencadenante más importante, pero no se descarta un segundo factor de inmunomodulación o inmunoestimulación.

Mononucleosis infecciosa y síndrome mononucleósico(1-4,13)

Sinonimia: mononucleosis infecciosa, fiebre ganglionar de Pfeiffer, “enfermedad del beso”.

Etiología: enfermedad producida por el virus de Epstein-Barr (1964, VHH tipo 4).

Clínica: el exantema se presenta hasta en el 20 % de los enfermos, y es: polimorfo, papular, morbiliforme, escarlatiniforme, urticariforme (Fig. 12) y petequial. Otras manifestaciones cutáneas que pueden observarse son: eritema nudoso, eritema multiforme, ulceraciones genitales, eritema y pápulas palmares, API (Fig. 11) y urticaria al frío con acrocianosis. El exantema, de tipo eritematoso y generalizado y, a veces, con prurito y edema, se asocia a la administración de betalactámicos, principalmente ampicilina y amoxicilina.

Figura 12. Exantema urticarifome en el curso de una mononucleosis por el virus de Epstein-Barr.

Síndrome mononucleósico

Etiología: otros agentes etiológicos, principalmente virus, son causa de este síndrome que se caracteriza por la presencia de fiebre, faringoamigdalitis, adenopatías y linfocitosis con linfocitos atípicos. Se han descrito: citomegalovirus, Toxoplasma gondii, virus de las hepatitis A y B, parvovirus B19, virus de la rubeola, adenovirus, VHH tipos 6 y 7, y virus de la inmunodeficiencia humana; también reacciones a fármacos.

Escarlatina. Exantemas escarlatiniformes(1-4,14-16)

Sinonimia: escarlatina, fiebre escarlata, fiebre escarlatina estreptocócica.

Etiología: enfermedad mediada por la exotoxina eritrogénica del estreptococo beta hemolítico del grupo A (Streptococcus pyogenes).

Clínica: manifestaciones de la faringitis estreptocócica, fiebre, cefalea, vómitos y odinofagia. Exantema eritematoso, formado por micropápulas, a menudo, confluentes, de color rojo intenso (escarlata), con una distribución característica: se inicia en el cuello para seguir por el tronco y las extremidades sin alcanzar las palmas ni las plantas. En la cara respeta la zona perioral (triángulo de Filatov), en los pliegues adquiere mayor intensidad (signo de Pastia) (Fig. 13), y la lengua presenta un aspecto saburral (lengua blanca) primero y aframbuesado después (lengua roja). A veces, destaca la presencia de enantema, en forma de máculas eritematosas puntiformes y brillantes, o petequias (manchas de Forchheimer), en el paladar blando. Después de 7-10 días, ocurre una descamación cutánea, que predomina en las manos y los pies. Existe la llamada forma miliar, con elementos microvesiculares que contienen líquido transparente, por la probable oclusión de las glándulas sudoríparas.

En estos últimos años, son frecuentes algunas formas atenuadas de escarlatina. Su comienzo es menos aparatoso, con los signos de impregnación toxínica menos marcados. El exantema puede ser pálido y localizado, exclusivamente en el tronco y en los pliegues de flexión, y su duración es más corta. La descamación posterior es inconstante, a menudo, discreta y fugaz. Se mantiene, sin embargo, la lengua aframbuesada.

Exantemas escarlatiniformes o síndrome escarlatiniforme

Figura 13. Escarlatina estreptocócica. Signo de Pastia.

Etiología: fiebre escarlatina por Arcanobacterium haemolyticum, fiebre escarlatina estafilocócica (Fig. 14), síndrome estafilocócico de la piel escaldada, síndromes de shock tóxico estafilocócico y de shock tóxico estreptocócico, sarampión, rubeola, mononucleosis infecciosa, infección por enterovirus, enfermedad de Kawasaki y toxicodermias.

Figura 14. Escarlatina estafilocócica: puerta de entrada cutánea (herida en el mentón).

Sarampión(1,17)

El cuadro clínico del sarampión puede sufrir modificaciones y tener características “atípicas”. Estas formas clínicas son las siguientes:

• Sarampión modificado (o abortivo): el exantema tiene menor número de elementos y estos son de coloración más tenue, y la sintomatología clínica es leve; a veces, se padece como una forma subclínica. El periodo de incubación es más largo. Esta forma clínica se debe a la administración previa de inmunoglobulina polivalente en el periodo de incubación o en la primera mitad del periodo prodrómico, o a la vacunación antisarampionosa previa. También puede observarse en el lactante, por la persistencia de anticuerpos maternos.

• Sarampión sin exantema o sin fiebre: son dos formas muy raras que pueden observarse en algún miembro de una familia durante un brote. El diagnóstico retrospectivo se hace mediante la determinación de IgM específica.

• Sarampión confluente escarlatiniforme: la sintomatología catarral ayuda a diferenciarlo de la escarlatina.

• Sarampión purpúrico y hemorrágico (Fig. 15): los elementos del exantema sufren una transformación hemorrágica por la rotura de los capilares de las pápulas (forma purpúrica). Esta forma clínica no es indicativa de mayor gravedad, si no corresponde a una diátesis hemorrágica con manifestaciones cutaneomucosas en otras localizaciones, debida a trombocitopenia o a coagulación intravascular diseminada de mayor gravedad (forma hemorrágica).

Figura 15. Sarampión purpúrico o hemorrágico sin coagulopatía.

• Sarampión grave en pacientes con trastornos de la inmunidad celular: puede cursar sin exantema y con complicaciones frecuentes, entre las que destacan la encefalitis aguda progresiva con cuerpos de inclusión del sarampión y la neumonía de células gigantes.

• Sarampión del adulto: es una forma clínica más grave que la del niño y con un mayor número de complicaciones, principalmente neumonía, sobreinfecciones respiratorias bacterianas, broncoespasmo y hepatitis.

• Sarampión atenuado: es una reacción adversa que aparece entre los días 5 y 12 después de la vacunación (Fig. 16). Cursa con poca fiebre, síntomas catarrales leves y exantema maculopapuloso tenue y, generalmente, de pocos elementos.

Figura 16. Exantema morbiliforme: reacción adversa a la vacuna del sarampión.

Varicela(1,3,4)

La primoinfección por el virus varicela-zóster en personas inmunocompetentes no suele presentar variaciones en las características del exantema ni en su distribución en “cielo estrellado”. Sin embargo, excepcionalmente, se pueden presentar formas “atípicas”:

• Varicela modificada por la vacunación (breakthrough) (Fig. 17): cuando la varicela aparece en personas vacunadas es más leve que la que ocurre en no vacunadas, aunque es potencialmente infecciosa. Su incidencia y gravedad están en relación inversa con la concentración de anticuerpos, seis semanas después de la vacunación. Aunque, inicialmente, se había observado que era independiente del tiempo transcurrido desde la vacunación, se ha observado que los niños que se habían vacunado, hacía 3 o más años, tenían un mayor riesgo de adquirir la infección.

Figura 17. Breakthrough varicela: varicela modificada en un niño vacunado (izquierda). Varicela en un niño no vacunado (derecha).

• Forma varioloide monomorfa (Fig. 18): cuando convivían varicela y viruela podía ofrecer dificultades diagnósticas. En la actualidad, la aparición de la viruela del mono ha hecho que esta conviva con la varicela. El diagnóstico diferencial se basa en la ausencia del polimorfismo lesional de la varicela y en la presencia de: adenopatías, lesiones más profundas, distribución centrífuga, localizaciones anogenitales y posibilidad de lesiones en las palmas de las manos y las plantas de los pies en los casos de viruela del mono.

Figura 18. Varicela varioloide.

• Varicela hemorrágica: con contenido hemático en sus vesículas, pero sin ningún tipo de alteración de la coagulación y con un curso y un pronóstico iguales que en la forma clásica. Es diferente de la púrpura varicelosa, con pronóstico grave y que también puede considerarse dentro de las posibles complicaciones, cuando el paciente presenta otros signos hematológicos como: equimosis, petequias, púrpura necrótica y hemorragias en las mucosas. Suele acontecer en personas con antecedentes de diátesis hemorrágica o alteraciones hematológicas como la leucemia, los que desarrollan coagulación intravascular diseminada o trombocitopenia por la propia infección, o inmunodeprimidos (Fig. 19).

Figura 19. Varicela hemorrágica de evolución letal en un adulto inmunosuprimido.

• Varicela ampollosa o penfigoide: algunas vesículas adoptan un gran tamaño, convirtiéndose en ampollas con posterior rotura, sin que se constate sobreinfección bacteriana.

• Varicela gangrenosa o necrótica: entre las lesiones clásicas aparecen algunas necróticas de color violáceo. Suele ser más frecuente como acompañante de infección bacteriana, pero también puede ser que la lesión necrótica inicial sirva de puerta de entrada a las bacterias.

• Varicela atenuada: es una reacción adversa que aparece después de la vacunación, desde la primera o segunda semana hasta la sexta, y es menos frecuente tras la segunda dosis. Cursa con un exantema vesiculoso o maculopapuloso (con menos de 10 lesiones) que se puede localizar en el lugar de la inyección (exantema vesiculoso, con una media de 2-3 lesiones) o ser generalizado (erupción varicela-like, con una media de 5-10 lesiones) (Fig. 20). El exantema posvacunal en los niños con leucemia linfoblástica aguda, se presenta en alrededor del 20 % de los pacientes y puede prolongarse durante 2 meses en el 5 % de los casos.

Figura 20. Lesiones cutáneas: reacción adversa a la vacuna de la varicela. (Cortesía del Dr. Josep Marès).

Enfermedad meningocócica. No solo es sepsis o meningitis(18-21)

La enfermedad meningocócica es una de las más temidas por su gravedad y letalidad. Las formas clínicas más reconocidas y comunes son la meningitis y la sepsis fulminante con o sin meningitis, pero también existen formas menos habituales de presentación: neumonías, infecciones oculares, infecciones de vías respiratorias altas, artritis, afectaciones cardiacas, osteomielitis, exantemas no purpúricos (Fig. 21), peritonitis y meningococemia crónica.

Figura 21. Exantema maculoso en el tercer día de una meningococemia, sin apenas elementos petequiales.

• Neumonía: existe una forma concomitante con la sepsis o la meningitis y otra primaria. Esta no es infrecuente que vaya precedida de una infección vírica de vías respiratorias altas. Su incidencia se desconoce, debido a que su presentación clínica es idéntica a la producida por otros microorganismos. Como en cualquier neumonía, establecer el diagnóstico etiológico es difícil. Suelen ser pacientes mayores de 10 años. La sintomatología suele tener un inicio gradual, con localización más frecuente en los lóbulos inferiores y, habitualmente, sin empiema. El pronóstico en general es bueno.

• Conjuntivitis: la primaria o exógena puede presentarse localizada o de forma invasiva; en esta se comporta como una puerta de entrada y, a las pocas horas o días, se presenta la enfermedad sistémica. La secundaria o endógena, en el curso de la enfermedad invasiva, es infrecuente una vez iniciada la antibioticoterapia. La conjuntivitis suele ser hiperaguda y purulenta, con una intensa inyección conjuntival, quemosis y abundante exudado. Se puede acompañar de adenopatías regionales. En dos tercios de los casos es unilateral. La contagiosidad es alta a través del exudado. Aparecen úlceras corneales en el 10,7 % de los casos. La forma sistémica se desarrolla en el 10-17,8 % de los casos y suele ocurrir entre 3 y 72 horas después del inicio de la afectación conjuntival. El tratamiento debe ser tanto tópico como general.

• Endoftalmitis: puede ser endógena, por contigüidad o bacteriemia; o exógena, posterior a intervenciones quirúrgicas oculares o postraumática.

• Artritis séptica primaria: suele ser monoarticular y de las grandes articulaciones (Fig. 22). La edad más habitual es por debajo de los 4 años. Suele ir precedida de infección de las vías respiratorias altas en la mitad de los casos, y en una tercera parte se acompaña de un exantema maculopapuloso.

Figura 22. Artritis meningocócica de la rodilla izquierda, en el curso de una enfermedad invasiva.

• Infecciones genitourinarias: suelen ser asintomáticas. Hay que tener en cuenta dos aspectos: el primero, que la presencia de meningococos en la región genital debe acompañarse del estudio de la faringe, con el fin de detectar la posibilidad de que se trate de un portador sano; el segundo, que la detección del meningococo en la zona urogenital durante la infancia debe hacer pensar en la posibilidad de un abuso sexual.

Con poca incidencia, deben tenerse en mente, posibles miocarditis, pericarditis y osteomielitis.

Tosferina y síndrome pertusoide(2,22)

La infección por Bordetella pertussis presenta un amplio espectro de manifestaciones clínicas, dependiendo de la edad y del estado inmunitario del paciente. La tosferina, en su forma de presentación típica, evoluciona en tres fases:

1. Fase prodrómica o catarral, indistinguible de cualquier otro cuadro infeccioso de vías respiratorias altas, caracterizada por una tos que va en aumento.

2. Fase de estado o paroxística, en la cual la tos se agrava y se presenta en forma de accesos con estridor final o gallo inspiratorio, vómitos postusivos, cianosis o apnea.

3. Fase de convalecencia o de declinación, con una disminución progresiva de la tos y posibles recaídas clínicas con tos, coincidiendo con nuevas infecciones virales.

En el lactante menor de 3 meses, las formas de presentación más frecuentes son las crisis de apnea y cianosis, o el inicio como una bronquiolitis. Existe una forma clínica en esta edad, con una letalidad muy alta, que se denomina síndrome de la tosferina maligna y se caracteriza por la presencia de hiperleucocitosis importante con: reacción leucemoide, bronconeumonía, hipertensión arterial pulmonar secundaria y shock cardiogénico por fallo miocárdico (Fig. 23). La vacunación sistemática de la tosferina de la embarazada ha disminuido notablemente la incidencia de tosferina maligna.

Figura 23. Síndrome de la tosferina maligna en un lactante de 2 meses ingresado en la UCI y que requirió oxigenación por membrana extracorporea (Cortesía del Hospital Infantil Vall d’Hebron).

Las personas jóvenes y adultas que han padecido la enfermedad o se vacunaron en la infancia pueden presentar una sintomatología clínica “atípica” y leve, con tos persistente de larga evolución, lo que la hace más difícil de sospechar y por tanto de diagnosticar.

Síndrome pertusoide

Etiología: este síndrome incluye cuadros clínicos similares a la tosferina; pero, por lo general, son de intensidad más leve y duración más corta, causados por diferentes microorganismos, como otras bacterias y algunos virus. B. parapertussis es frecuente en ciertas áreas del mundo, donde es causa del 25-30 % de los casos de tosferina de mediana gravedad. B. bronchiseptica es muy poco frecuente y es endémica entre algunas especies animales. B. holmesii, descrita en 1995, puede causar además de tos pertusoide, manifestaciones de enfermedad invasiva, especialmente en pacientes inmunocomprometidos. Algunos virus respiratorios, como: virus respiratorio sincitial, virus de la gripe A y B, parainfluenza 1, 2 y 3, adenovirus, metapneumovirus y citomegalovirus, se han asociado a una enfermedad que no es distinguible por la clínica de la causada por B. pertussis (pertussis-like). Estos virus también se aíslan, a veces, junto con Bordetella, en forma de coinfección. Otros microorganismos implicados en el síndrome pertusoide son: Mycoplasma pneumoniae, Chlamydophila pneumoniae y Ureaplasma urealyticum.

Gripe(2,23)

La definición de caso de gripe, desde un punto de vista clínico, según el Protocolo de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, es la persona que, en ausencia de otra sospecha diagnóstica, presenta aparición súbita de, al menos, uno de los siguientes cuatro síntomas generales: fiebre o febrícula, malestar general, cefalea o mialgia y, al menos, uno de estos tres síntomas respiratorios: tos, dolor de garganta o disnea.

Esta definición de caso no se puede aplicar en el lactante ni en el niño pequeño (aproximadamente en los menores de 6 años). Por esto, en estas edades, la gripe se manifiesta con formas “atípicas”, si las comparamos con la definición propia del adulto, pero que son las formas de presentación “típicas” de esta franja de edad (Tabla I) (Fig. 24). El escolar, y más el adolescente, se parecen al adulto en la definición de caso.

 

Figura 24. Bronquiolitis y miocarditis por virus de la gripe A.

Clínica en los niños menores de 6 años: en los neonatos y los niños menores de 1 año, la gripe puede mimetizarse con los síntomas de un síndrome febril sin foco (rechazo del alimento, apnea) y, de manera menos frecuente, con un cuadro clínico parecido a una sepsis. En este grupo de edad, es también muy frecuente la aparición de otitis media aguda, que puede llegar a afectar hasta a un 60 % de los menores de 2 años con gripe. En los niños con edades comprendidas entre 1 y 5 años, los síntomas gripales suelen incluir: fiebre (que en el 5 % de los casos puede conducir a convulsiones febriles, caracterizadas por ser prolongadas en el tiempo, autolimitadas y no suelen dejar secuelas neurológicas), rinorrea, tos, cefalea y mialgia. Además, la aparición de síntomas gastrointestinales, como náuseas, vómitos y dolor abdominal, en este grupo de edad, es más común que en los adultos. Asimismo, aproximadamente, el 3-5 % de los niños entre 2 y 5 años con gripe desarrollan otitis media aguda, que suele manifestarse entre 3 y 4 días después de la aparición de los primeros síntomas de vías respiratorias.

Nota final

Además de las enfermedades que hemos comentado, existen otras que podríamos haber incluido (Tabla II)(1-4). La selección la hemos realizado basándonos en nuestra experiencia clínica y la iconografía recopilada durante más de 40 años de ejercicio como pediatras de Hospital y de Atención Primaria.

 

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Menores no acompañados (MENAS)

De interés especial


J. García Pérez*, L. Parrondo**

*Pediatra. Consultor Senior de Pediatría Social. Presidente del Instituto Madrileño de Pediatría (IMPe).
Presidente del Grupo Pediátrico Madrileño (GRUPEMA).

**Psicóloga. Directora de Adoptantis Centro de Orientación, Preparación Apoyo a la Adopción.
Directora de “El Periódico de la Adopción”, publicación digital que aborda la temática adoptiva y de acogimiento

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (4): 228.e1 – 228.e4


Menores no acompañados (MENAS)

 

La migración es un hecho constante en la historia. Se puede afirmar que la historia de la humanidad es la historia de las migraciones.

Desde que el Homo sapiens se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años en busca de nuevos territorios, movido por el crecimiento demográfico y la disminución de recursos alimentarios, la humanidad no ha dejado de desplazarse en busca de mejores horizontes.

En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad, se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece.

En nuestros días, más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo tiene menos de 18 años. Hay unos 33 millones de niños y niñas que han cruzado fronteras internacionales buscando seguridad u oportunidades. Muchos lo hacen solos.

Sobre ellos reflexionaremos en estas líneas, tratando de comprender el origen de su migración, los riesgos que asumen, las secuelas que la migración en solitario puede dejarles y el recibimiento que tienen en el lugar de destino.

La migración a lo largo de la historia

A lo largo de la historia, casi todos los pueblos se han desplazado.

Desde el homo sapiens, emigraron los aztecas de Aztlán hacia Tenochtitlán. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma, aglutinando a pastores venidos de otros lugares y, según la mitología, fundada por troyanos que se refugiaron en las 7 colinas huyendo de la guerra con los griegos, como nos cuenta Virgilio.

Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevos… La expansión del islam desde la península arábiga…, y así hasta la última gran potencia, como hemos visto en los EE.UU.

Las cualidades de un pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. En todas las grandes civilizaciones, hay una historia de inmigración en sus orígenes.

La emigración en España

En el caso de España, los últimos 500 años han sido predominantemente de emigración, destacando diferentes etapas.

Una primera etapa, larga y muy regulada hacia el nuevo mundo, entre los siglos XVI y XVIII; una segunda gran oleada en la segunda mitad del siglo XIX y primeros veinte años del siglo XX; y dos grandes movimientos migratorios en el siglo XX:

• Uno de carácter político, el exilio de cientos de miles de derrotados de la guerra civil.

• Otro de carácter económico, en la década de los 60, predominantemente a Centroeuropa y al norte de África. Por tanto, en los últimos 500 años, España (al igual que Europa en general) ha sido un país de inmigrantes.

Desde hace unas décadas, esta tendencia histórica se ha invertido y ahora España es receptora de la inmigración.

No podemos saber qué consecuencias tendrá, pero de momento, destaca el maltrato al inmigrante, pareciendo que hemos perdido nuestra memoria histórica.

Menores migrantes no acompañados

Más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo tiene menos de 18 años. Hay unos 33 millones de niños y niñas que han cruzado fronteras internacionales buscando seguridad u oportunidades. Muchos lo hacen solos(1,2).

La creciente presencia de niños y niñas es una nota distintiva de las crisis humanitarias migratorias en el sur de Europa y en la frontera sur de EE.UU.

Desde 2009, la Eurostat publica el número anual de inmigrantes que llega a cada Estado miembro por edades, junto con los casos de asilo pendientes, las decisiones adoptadas sobre el asilo y los casos que se han retirado(3).

Según la Eurostat, el número de menores no acompañados entre los solicitantes de asilo en Europa aumentó de 10.610 en 2010 a 95.205 en 2015, disminuyendo a 17.890 en 2019. El aumento entre 2010-2015 se atribuye al incremento global del número de solicitudes de asilo en el continente. El 8 % de todas las personas que llegaron a Italia a través del Mediterráneo en 2015 fueron menores no acompañados y subió al 14 % en 2016. Ese año, 9 de cada 10 niños que cruzaron el Mediterráneo fueron menores no acompañados, según UNICEF.

En la frontera entre EE.UU. y México, la Patrulla de Fronteras de EE.UU. detuvo a cerca de 69.000 niños no acompañados en 2014, 40.000 en 2015 y 60.000 en 2016. El 61 % de los menores no acompañados detenidos procedían de El Salvador y Guatemala. Datos recogidos en el Informe Niños y jóvenes migrantes, realizado por el Portal de datos sobre migración (https://www.migrationdataportal.org/).

Menores migrantes no acompañados en España

La población española percibe como una “invasión” la llegada de menores migrantes; sin embargo, según los datos recogidos por UNICEF, la población de menores de edad llegada a España en los últimos años no parece indicar lo mismo, según se señala en la figura 1.

Figura 1. Evolución de llegadas marítimas de menores de edad. Fuente: UNICEF.

La tendencia de llegadas de niños y niñas migrantes no acompañados a España es creciente, sobre todo a partir de 2017, y alcanzó un pico máximo en 2018. En ese momento, el mayor volumen de llegadas se registraba, sobre todo en Andalucía, Ceuta y Melilla.

Desde septiembre de 2019, el foco se ha trasladado a las Islas Canarias y, en 2021, también a Ceuta. A 30 de junio de 2021, hay registrados 8.642, de los cuales 7.265 son de los cinco principales países de origen.

La figura 2 señala el origen y número de los menores migrantes y la Comunidad autónoma a la que han ido a residir.

Figura 2. Origen y número de menores inmigrantes por Comunidad Autónoma. Fuente: UNICEF. Registro de Menores Extranjeros No Acompañados. Ministerio del Interior.

Los datos ponen de relieve la dimensión que ha adquirido el fenómeno en España, pero tienen limitaciones y han de ser tomados en cuenta con cautela:

• No existen datos oficiales de los niños y niñas que entran en nuestro país por vía terrestre de forma irregular, ya que muchos no son detectados.

• El recuento de menores de edad que entran por vía marítima se realiza antes de determinar definitivamente la edad.

• Se usan métodos para determinar la edad con amplios márgenes de error, que dejan a niños y niñas fuera del sistema de protección y de las cifras oficiales.

• Al Registro de Menores Extranjeros No Acompañados del Ministerio del Interior no tienen acceso las entidades públicas de tutela y no sirve para dar seguimiento al proceso de protección, desarrollo e integración social.

Motivos de la migración

Aunque algunos puede que hayan perdido a sus padres o familiares por culpa de la violencia, en muchos de los casos, la familia continúa en el país de origen. Habitualmente, provienen de familias numerosas con pocos recursos. Abandonan a su familia y su país en busca de una oportunidad, de un futuro mejor. En algunos casos, son los “elegidos” por la familia para iniciar la aventura y con sus ingresos mejorar la situación de la familia que allí queda.

Estos niños y niñas migrantes han salido de realidades extremadamente complejas: conflictos en sus países, violencia intrafamiliar, matrimonios forzados o condiciones de exclusión, falta de acceso a servicios básicos y/o discriminación por diferentes motivos(4).

Durante las rutas, a veces de semanas, meses o años, se enfrentan a múltiples riesgos, abusos o violencia.

Protección de los menores migrantes en España

Una vez llegados a España, corresponde a las Comunidades Autónomas garantizar su protección. Aunque se han comprobado avances en este tema, siguen existiendo actuaciones de las entidades públicas, que les colocan en situación de vulnerabilidad y desprotección.

Una de ellas, son las pruebas para identificar su condición de niños. Por norma general, los niños no acompañados no pueden ser expulsados del país ni ser internados en los llamados: “Centros de Internamiento para Extranjeros” (CIES). Si el niño tiene documentación o una apariencia clara de menor de edad, su tutela la ostenta la Comunidad Autónoma, que es quien debe garantizar su protección.

Si el niño no tiene documentación o esta no se considera válida, y hay dudas sobre su edad, el sistema prevé que se le hagan pruebas para determinar la edad, sometiendo a los niños a un uso excesivo de pruebas médicas sin garantías jurídicas suficientes. Además, se trata de pruebas casi siempre radiológicas (radiación), que no dan resultados fiables ni evalúan su madurez psicológica(5).

Si a un niño se le identifica incorrectamente como mayor de edad, ya sea por su apariencia o por un error en las pruebas, queda expuesto a vivir en la calle, ser detenido, expulsado del país o ingresado en un Centro de Internamiento de extranjeros (CIE), lo que implica una privación de libertad en contra de la ley.

Una vez identificado como menor de edad, solo puede (y debe) ser retornado/repatriado a su país, si tras una investigación y valoración, teniendo en cuenta su mejor interés, se concluye que el niño tiene una familia con capacidad e interés para cuidarlo o el país tiene servicios sociales que garanticen el disfrute de sus derechos.

Si el retorno no es posible (algo que ocurre en la mayoría de los casos), el niño pasa a ser tutelado por la Comunidad Autónoma correspondiente, que lo envía a un Centro de primera acogida, de manera temporal, hasta que se decida una solución más duradera. Esta solución más duradera debe ser su hogar hasta que cumpla la mayoría de edad. Puede ser un acogimiento familiar o una residencia/piso, donde son atendidos por personal cualificado.

La dotación de estos pisos o residencias depende en cada caso de los recursos y el enfoque que cada Comunidad Autónoma otorgue a estos servicios de protección. En la práctica, no todas las residencias o alojamientos donde viven estos menores son lugares adecuados para vivir y desarrollarse. El Defensor del Pueblo visita cada año residencias y alojamientos que no reúnen las condiciones necesarias para el cumplimiento de sus derechos.

A día de hoy, hay niños no acompañados viviendo temporal o permanentemente en la calle. Algunos alegan que las condiciones en los centros no son adecuadas.

Cada niño tutelado por la administración pública debe tener un plan individual, donde se detalle la educación que va a recibir en España, y deberían contemplarse medidas específicas de integración para este colectivo.

Sin embargo, aunque en algunas comunidades existen estos planes, el sistema de protección debe avanzar para que esta integración se produzca. Incluso en el ámbito de la educación, hay mucho abandono escolar entre los niños tutelados de origen extranjero, porque tienen problemas con la lengua y con el nivel educativo de base.

Durante la minoría de edad, muchos no consiguen integrarse bien en los colegios y barrios donde viven. Aunque entusiasmo no les falta y algunos cuentan historias de éxito; demasiados factores parecen estar en contra, porque están doblemente marcados por las etiquetas “tutelados” y “MENAS (menores extranjeros no acompa­ñados”.

La legalidad de los menores migrantes no acompañados

La ley orgánica 4/200, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, establece en el artículo 35, apartado 7, que: “se considerará regular, a todos los efectos, la residencia de los menores que sean tutelados en España por una Administración Pública o en virtud de resolución judicial, por cualquier otra entidad. A instancia del organismo que ejerza la tutela y una vez que haya quedado acreditada la imposibilidad de retorno con su familia o al país de origen, se otorgará al menor una autorización de residencia, cuyos efectos se retrotraerán al momento en que el menor hubiere sido puesto a disposición de los servicios de protección de menores. La ausencia de autorización de residencia no impedirá el reconocimiento y disfrute de todos los derechos que le correspondan por su condición de menor”.

Sin embargo, los procesos y trámites legales, en torno a la acogida y tutela, dificultan una plena integración de los menores; existen grandes trabas en el acceso a la documentación, y también a la formación y al mercado laboral. La emancipación se convierte en un objetivo muy difícil de alcanzar, y la mayoría de edad puede llegar a suponer para ellos y ellas, un determinante para el resto de sus vidas.

A los factores de vulnerabilidad y exclusión social anteriores, hay que sumarles: la falta de conocimiento del idioma, un nivel académico limitado, el desarraigo familiar y el aislamiento social una vez que llegan a España. Si los itinerarios de integración no se hacen correctamente, al llegar a la mayoría de edad, el riesgo de caer en situaciones muy graves de exclusión social es muy alto(6).

Y a todo ello, hay que sumarle una opinión pública muy negativa y poco informada sobre el tema.

Discriminación y racismo hacia los menores migrantes

La criminalización hacia los menores migrantes es una constante por parte de los medios de comunicación (haciéndoles responsables de un aumento no real de criminalidad en los barrios donde residen), pero también por parte de ciertos partidos políticos (que se manifiestan en la puerta de los centros donde residen o haciéndolos falsos receptores de las ayudas públicas en detrimento de la población autóctona).

También, por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que, a pesar de algunos progresos, siguen realizando paradas por perfil étnico.

Estos menores, que provienen de situaciones de peligro, son vivenciados por nuestra sociedad como menores peligrosos.

Para la reflexión

El grupo más numeroso de menores que migran solos a Europa lo hacen desde el continente africano.

Un continente rico en materias primas (Fig. 3) que, desde la época de la colonia, ha sido expoliado, para satisfacer las necesidades de los países más ricos del mundo y que ha imposibilitado que África pueda alcanzar niveles de desarrollo razonables, que permitan a su población satisfacer sus necesidades más básicas.

Figura 3. Riquezas de África.

Si nos preocupa la llegada de menores migrantes no acompañados, tal vez sea hora de pensar en un reparto más justo de los recursos, que permita a estos jóvenes continuar su vida en su país de origen, junto a sus familias, con un proyecto de futuro viable.

Bibliografía

1. Revilla M, Aguelo P, Alonso A, Ayuso A, Duque-Páramo MC, Garay LJ, et al. Infancia, juventud migraciones. Una mirada para la cooperación internacional. Fundación Carolina. Siglo XXI. 2011. Disponible en: https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2021/07/SXXI-FC-4.pdf.

2. Fanjul G, Gálvez I, Zuppiroli J. Informe: Crecer sin papeles en España. PorCausa y Save the Children. 2021. Disponible en: https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-02/Crecer_sin_papeles_en_Espana_SC_PC.pdf.

3. Child and young migrants. Migration Data Portal. Disponible en: https://www.migrationdataportal.org/themes/child-and-young-migrants.

4. Rinaldi P. Menores migrantes no acompañados en España e Italia: la aplicación del principio del interés superior del niño. Universidad de Granada. 2021. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=303190.

5. Somos niños, ¡escúchanos! Los niños se pronuncian sobre la evaluación de la edad. Consejo de Europa / Programa Construir una Europa con y para los niños. 2019. Disponible en: https://www.coe.int/en/web/children.

6. Castellano N. Documental “M”, producido por la Diputación de Cádiz. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=vOTxIVJiv2w.

El Programa del Niño Sano, ¿experiencia de mistagogia y marcaje?

V. Martínez Suárez
De interés especial
 

 

V. Martínez Suárez

Grupo de Investigación de la SEPEAP. Universidad de Oviedo

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (8): 514.e1 – 514.e3


El Programa del Niño Sano, ¿experiencia de mistagogia y marcaje?

 

“La evaluación debiera guiar su mejora basándose en la situación de partida y los objetivos finales. Medir efectos, comparar y avanzar en su estado; ese tendría que ser su fundamento”

La cuestión de partida, la que parece lógico hacerse cuando uno se plantea cualquier tema, podría ser: ¿merece la pena ocuparse de este asunto? Y tras esa, al tratar del Programa del Niño Sano (PNS), ¿es necesario revisar su organización, la utilidad de sus contenidos, sus resultados y pensar también –invocamos el primum non nocere– si puede tener algunos efectos negativos?; es decir, lo que hago como médico, ¿beneficia al paciente?, ¿tiene consecuencias de ineficiencia y medicalización?* Al explicar el epígrafe que encabeza esta nota debe recordarse que en la Grecia antigua se denominaba mistagogia a la iniciación en los misterios de una nueva cultura. Por tanto, al acercarnos a este tema, ¿estamos hablando de una mistagogia, de una experiencia mistagógica, que como cualquier cultura en la que uno crece y como toda religión heredada luego resulta difícil abandonar? ¿Representa una marca o enganche para una relación impenitente de la persona con el sistema sanitario?


*Esencia del principio de no maleficencia. El origen de la frase no es conocido con certeza. En contra de una extendida creencia, la locución no se encuentra en las versiones del Juramento hipocrático, si bien se le atribuye al mismo Hipócrates. Se ha descrito como una paráfrasis latina de Galeno que parte de un aforismo del médico de Cos (aunque en realidad Galeno también escribía sus obras en griego, no en latín).Referencias: Herranz G. The origin of “Primum non nocere”. BMJ. 2002; 324: 1463. Smith CMJ. Origin and Uses of “Primum non nocere”. Above all, do no harm!. Clin.Pharmacol.2005, 45: 371-7.

Creemos que lo que empezamos diciendo y las preguntas abiertas le ponen el contexto necesario al PNS. Pero hay que ir un paso más allá. Cuando hablamos de un “programa”, ¿de qué estamos hablando? Hablamos de un conjunto organizado, coherente e integrado de actividades, dotado con los recursos necesarios y planteado con la finalidad de alcanzar los objetivos concretos en relación con problemas de salud precisos y para una población determinada. Es decir, a todo programa lo definen unos “objetivos” (razonables, y que lógicamente deberían ser modificables, adaptados a cada momento y lugar), del que forman parte unas “actividades” (que sean pertinentes y las preferibles según su efectividad para alcanzar estos objetivos), y como recuerda la definición, dotado de unos recursos (de personal y material, por tanto dinerarios) suficientes y mantenidos a lo largo del tiempo.

El trabajo por programas depende de cuatro conceptos básicos: planificación, implantación, seguimiento y evaluación. En estos inicios del siglo XXI la exigencia de planificación, implantación y el seguimiento del programa no debieran admitir dudas: si ignoramos algunas excepciones puede afirmarse que los dos primeros apartados están plenamente desarrollados; el tercero puede discutirse. Nos queda la cuarta palabra clave de cualquier intervención sanitaria: el programa ha de ser evaluado. Ese tendría que ser el principio (evaluación para el aprendizaje) y el fin (evaluación del aprendizaje) del proceso, del desarrollo del programa. La evaluación, por tanto, debiera guiar su mejora basándose en la situación de partida y los objetivos finales. Medir efectos, comparar y avanzar en su estado; ese es el fundamento. ¿Para qué tendríamos que plantearlo así, como un logro dinámico y de progreso? Idealmente, para superar las condiciones en que crecen y se desarrollan los niños; consecuentemente, para hacer más digna la vida de las personas, aunque esta consideración justificaría un extenso comentario.

La ausencia de evaluación, debilidad

La cultura de la evaluación es la clave en el progreso de cualquier empresa y de todo proceso. Los programas, lo mismo que los centros y los profesionales tendrían que ser evaluados en función de los objetivos declarados en el contrato de gestión, aunque en Atención Primaria esto no se ha venido haciendo de forma sistemática en la mayoría de los casos: ni se evalúa directamente la competencia de los profesionales ni la idoneidad de nuestras intervenciones. Esa pieza central está ausente; se ignora como punto determinante en el avance de la calidad del trabajo. Para empezar, para que esa evaluación cobrase sentido debiera llevarse a cabo mediante un proceso estandarizado (registro uniforme y comparable), continuo en el tiempo (lo que resulta imprescindible para controlar su evolución) y reflexivo (con autocrítica y autoaprendizaje). Esto tendría que ser así también para el PNS, del que en el momento actual se replantea y debate su eficiencia y las características organizativas que debe tener. Por eso no podemos decir que lo que aceptamos como válido tenga en realidad un valor, ya que no lo hemos comprobado.

Evidentemente, estamos hablando de un PNS español genérico (irreal, por tanto), ya que con un poco de tiempo podría entrarse en otra cuestión interesante para el análisis. ¿Es aceptable que un programa con la misma idea se aplique con contenidos y número de controles diferentes, supuestamente basados en las mejores evidencias, en las diferentes Comunidades?; es decir, con diecisiete variantes parecidas pero distintas. Además, en los diferentes servicios de salud la cantidad de revisiones en menores de 2 años varía entre 7 y 11. Cabe preguntarse ante esta situación: ¿es esto necesario?, ¿es eficiente?, ¿es útil?, ¿es justo?

¿En qué consiste este programa?

Para empezar, debemos recordar que la consulta del pediatra de Atención Primaria (AP) es el punto natural de entrada en el SNS de cualquier preocupación sobre la salud del niño. Es el lugar donde se presta atención integral a los menores de 14 años. Donde se hace un control sistemático de su crecimiento y desarrollo. Y se realiza, además, una aproximación médica de carácter general y completa a todos sus problemas de salud. Todo ello con capacidad administrativa para coordinar y prescribir cualquier intervención que se considere necesaria.

En nuestro país somos 9.000 pediatras y casi el setenta por ciento trabajamos en consultas de Centro de Salud, donde existe –diariamente y a lo largo de toda la infancia– una relación de proximidad y con gran poder de influencia sobre el niño, sobre la familia y sobre la comunidad. La forma en que ha sido organizado nuestro trabajo está pensada para ejercer estas actividades de forma, insistimos, constante a lo largo de la infancia y, a veces, mediante el desarrollo de programas específicos. Es decir, incluyendo actividades de supervisión, promoción de la salud y prevención de la enfermedad a las que “teóricamente” debiéramos dedicar un cuarenta por ciento de nuestro tiempo de consulta. Y el pilar básico de actuación del pediatra para cumplir con estas funciones es la realización de exámenes de salud, integrados dentro de ese PNS, de Salud infantil o de Atención a la infancia, según las diferentes denominaciones, todas equivalentes.

Estos exámenes de salud tienen como ideas que los definen su carácter general (el mismo contenido), el ser individualizado (niño a niño, no en grupo) e indiscriminado: llega a toda la población. Se fundamenta en la evaluación repetida y el seguimiento del niño sin problemas (sano). Aunque no es un programa estanco: supuestamente debe adaptarse a las necesidades del niño, la familia y la población. En estos exámenes –individualizados y universales– se definen unos objetivos generales, que son la identificación de problemas manifiestos o potenciales de salud (mediante guías anticipatorias para reconocer factores de riesgo) y la aplicación/administración de medidas específicas para prevenirlos (Educación Para la Salud, vacunas). Además, algo que no debería entenderse como poco importante: dan consistencia a la relación del niño y la familia con el sistema sanitario, con el pediatra y con la enfermera, teniendo en cuenta que dar consistencia no quiere decir crear dependencia; idealmente quiere decir facilitar el acceso a las diferentes modalidades de consulta y ofrecer confianza.

Su fundamento; su ausencia de fundamento

Hoy se intenta hacer axiomático que solo se lleve a la práctica lo que tiene clara “evidencia” de su utilidad, de sus resultados, pero es muy difícil encontrar pruebas consistentes –a favor o en contra– sobre los temas de salud pública y concretamente del PNS. Hay publicaciones que recogen evidencias y el grado de recomendación de determinadas actividades que componen los programas en sí, pero no suficientes.

Los contenidos integrados en este plan de actividades no son arbitrarios, aunque no todos son igual de consistentes desde el punto de vista científico. Se basa en la información disponible proveniente de las instituciones revisoras y supervisoras, incluidas sociedades científicas y centros oficiales de las administraciones públicas. Estas actividades son evaluadas en cuanto al valor de su inclusión, que es declarado para cada punto. Si ordenamos un listado de actividades preventivas eficaces (según los criterios de Wilson-Jounger) mediante una priorización de Hanlon y luego añadimos una parte de idiosincrasia cultural, obtendremos tres niveles de intervención posible. Este proceder ayuda a clasificar las actividades, a rechazarlas o a asignarlas a uno de los tres grupos de estrategias (Tabla I).

Ese planteamiento resulta teóricamente aceptable, pero debe reiterarse la falta de investigación en este campo y, por tanto, la debilidad de las propuestas y su variabilidad. Una vez más la falta de información consistente favorece la diversidad de prácticas. Así, respecto al número de controles Previnfad considera necesarios 11 hasta los 14 años, la Academia Americana de Pediatría 20 y las dos sociedades españolas de pediatría de AP 13. El Grupo de Trabajo canadiense de 8 a 12 hasta los 5 años y el NHS británico de 3 a 5 hasta los 6. Pero incluso en menores de 2 años la variación entre todas estas instituciones es importante. Como vemos, a pesar de apelar a las mismas evidencias, la interpretación es diferente y las propuestas varían sensiblemente. Otro criterio variable es el de quién debe llevar a la práctica el PNS: no existe uniformidad en cuanto a qué actividades deben ser valoradas y registradas por la enfermera, por el pediatra o por ambos. Esta falta de identificación es otra debilidad de este servicio de atención al niño.

Como consecuencia, en lo que se refiere a los contenidos del PNS y sus características organizativas, se plantea en la actualidad una múltiple cuestión: ¿Cuántas actividades, en cuántos controles, cuándo (a qué edades deben hacerse) y por quién? Finalmente, hay algún grupo que plantea una quinta cuestión, la de si se debe dejar de realizar el PNS por ineficiencia.

Podemos señalar que las actividades preventivas han tenido hasta ahora diversos efectos en las consultas de pediatría, en lo positivo por los resultados en salud obtenidos y su repercusión sobre la población, y como punto débil por la cantidad de recursos que se consumen, sobre todo tiempo de consulta. Los efectos de una posible dependencia del sistema sanitario a lo largo de la vida, o la resolución de esos problemas en el ámbito familiar, también debería de ser motivo de investigación. No puede olvidarse que según algunos estudios casi el 60 % de las consultas en AP son causadas por problemas de salud menores o inexistentes.

¿Sabemos cuál es el coste de nuestra actuación?

Dependiendo de cada Comunidad el PNS consta de entre 11 y 20 revisiones, conjuntas con la enfermera o solo de la enfermera, repartidas durante la edad pediátrica (hasta los 14 años en todas menos una). Aunque no existe por parte de ningún Servicio de Salud autonómico una tarifa establecida para la atención programada, cada consulta de pediatría “a demanda” de AP de entre 5 a 10 minutos, sin pruebas ni prescripciones incluidas, varía entre 86 y 135 euros. Para la actividad enfermera no se ha establecido un precio oficial por parte de los respectivos Servicios de Contabilidad Analítica, aunque tiene un coste evidente que se ignora en todas las tablas.

Si hacemos una aproximación al coste total (muy a la baja, según el precio de la atención espontánea, sin contar con la enfermera y sin tener en cuenta el tiempo empleado en esta actividad, que es de 20 a 30 minutos), para un total aproximado de 7.000 pediatras de AP, con un cupo ideal o deseable de 800 niños, podría estimarse en 120 y 250 millones de euros.

Hay otro punto clave del PNS que indudablemente exige un replanteamiento: el pasar de la Revisión del niño sano «estándar» a la Atención al niño según sus condiciones de riesgo. Debería de implantarse un seguimiento diferente del niño según su estado y sus circunstancias:

• Niño sin riesgo reconocido.

• Niño con riesgo social.

• Niño con riesgo familiar.

• Niño con riesgo constitucional.

Los niños de cada uno de estos grupos deberían de ser sometidos a una estrategia de búsqueda y atención diferentes, con más o menos controles, incorporando unas u otras actividades. Es algo más acorde con las preocupaciones que plantean la medicina infantil hoy en día.

Conclusiones

1. El grado de recomendación y el nivel de evidencia dado por los grupos de expertos a las actividades del PNS son variables.

2. Hay pocos trabajos de investigación que valoren los procedimientos utilizados.

3. Existen muy pocos estudios de calidad (ensayos clínicos), lo que da lugar a la escasa evidencia (poca y mala) sobre la utilidad de los contenidos.

4. No se han valorado adecuadamente la efectividad y eficiencia del Programa.

5. Falta de formación orientada (práctica correcta) a los profesionales.

6. No se ha considerado el riesgo medicalizador.

7. Ausencia de evaluación administrativa.

8. No se ha prestado atención al consumo de recursos.

9. Probablemente tendría que plantearse atendiendo a los riesgos individuales, pero esto también exigiría un esfuerzo investigador.

10. Existe una crítica creciente, con propuestas de modificación y replanteamiento.

Seguimiento del niño con drenajes transtimpánicos en Pediatría

De interés especial
 


F. Pumarola Segura*, V. Escalona Mendoza**

*Cap de secció de ORL pediátric. Hospital Universitari Vall d’Hebron de Barcelona. Profesor asociado UAB. Barcelona. **Residente de ORL. Hospital Universitari Vall d’Hebron de Barcelona

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (7): 443 – 446


Seguimiento del niño con drenajes transtimpánicos en Pediatría

 

Introducción

La inserción de tubos de ventilación transtimpánicos, coloquialmente llamados tubos de drenaje, es un procedimiento muy usual y es normal que el pediatra de Atención Primaria busque tener unos conceptos claros de cómo controlar a los pacientes y conozca que posibles eventos pueden suceder durante la vida de los mismos.

Históricamente, el concepto de mejorar la ventilación del oído medio se la debemos a Sir Astley Cooper, cirujano y anatomopatólogo que, a finales del siglo XVIII, observó que las perforaciones timpánicas ayudaban a estabilizar la patología de oído medio. Adam Politzer, a finales del siglo XIX, se dio cuenta que la ventilación del oído medio debía ser prolongada en el tiempo, pero no fue hasta el año 1954, que Beverly Amstrong usó los tubos de ventilación como los conocemos hoy en día(1).

No hablaré de las indicaciones para la inserción de los tubos de ventilación, que sería un tema que merecería un artículo completo relativamente extenso. Solamente comentar, que las indicaciones principales serían: en primer lugar, las otitis recurrentes, con la finalidad de disminuir su frecuencia, intensidad y complicaciones; y en segundo lugar, el tratamiento de la hipoacusia secundaria a una otitis media serosa crónica, con la finalidad de recuperar la audición y evitar los problemas de retraso en la adquisición del lenguaje(2).

Para una correcta orientación de los pacientes portadores de un tubo de ventilación (TV) transtimpánico, el pediatra debe tener un sistema de visualización de la membrana timpánica. Un otoscopio de pared es el sistema más común, con una estabilidad de la luz suficiente, pero cada día, el pediatra dispone de otras alternativas, como aprovechar la cámara de su teléfono inteligente y convertirlo en un sistema de visualización digital(3).

En la tabla I se enumeran todos los posibles eventos o complicaciones que pueden requerir una respuesta por parte de un médico consultado o en el control rutinario de un paciente portador de un TV.

Existen dos tipos de TV, los de corta duración, que son los más usuales y cuya vida media, hasta su extrusión en el conducto auditivo externo, es entre 8 y 16 meses y, los de larga duración, cuya finalidad es mantener ventilado el oído medio, por un periodo superior. En estos últimos, la duración aproximada es entre 2 a 4 años. Para los de corta duración, se recomienda un control cada 6 meses y, para los de larga duración, cada 12 meses(4).

Otorrea a través de los TV

Es el evento más frecuente que acontece después de la inserción de los TV. Tan frecuente, que se acostumbra a comentar el mismo día de la intervención o incluso se explica en los documentos de alta médica quirúrgica. Se pueden diferenciar dos tipos de otorrea: la precoz que aparece en las primeras cuatro semanas y, según las series, se da hasta en un 16% de los pacientes operados; otra tardía, que puede aparecer en cualquier momento de la vida del TV. Se calcula que puede aparecer hasta en un 26% de los pacientes operados(1).

En realidad, la otorrea en esta situación, es una infección con tubo, la mayor parte de estas otorreas ceden espontáneamente y no requieren ningún tratamiento. Cuando la otorrea no cede, la mejor alternativa es la aplicación de gotas tópicas que contengan fluoroquinolonas. Los trabajos publicados con series amplias, demuestran que el tratamiento tópico es superior o igual al tratamiento oral. El tratamiento puede durar 7 días, con una curación del 90% de los episodios(5).

Casos particulares son, si se ha realizado un cultivo que demuestra que se trata de una MARSA (infección por estafilococo aureus) resistente a las fluoroquinolonas, ¿cuál debería ser el tratamiento? La opinión de los expertos es que debe usarse igualmente las quinolonas tópicas, debido a que las concentraciones de antibiótico alcanzan una concentración tan elevada que superan la resistencia a las quinolonas que son dosis-dependientes. En caso de que no mejore en los primeros días, se recomendaría entonces sulfametoxazol y trimetroprim o clindamicina oral(1).

Una circunstancia importante en las otorreas es si se visualiza el drenaje o no se visualiza. En caso de que la otorrea sea tan importante que no deje ver al drenaje antes de aplicar las gotas, debe limpiarse el sobrenadante de gotas, habitualmente con un papel absorbente. Muchos de los fracasos en la mejoría de los tratamientos tópicos, son debidos a la ausencia de limpieza del conducto que no deja alcanzar el tratamiento a la zona donde se origina la infección(5).

Otro evento frustrante para la familia y el médico es cuando la otorrea no mejora a pesar de las limpiezas y los tratamientos correctos tópicos. En esta circunstancia es importante la lateralidad y la temporalidad. Si es unilateral, se trata de factores locales de un oído. Si es bilateral, sugiere causas sistémicas. Si tiene momentos sin otorrea, tiene mejor pronóstico que si la otorrea es persistente y continua.

Si las otorreas son secundarias a infecciones de vías altas continuas, seguramente serán debidas a infecciones desde la nasofaringe hacia el oído, y la mejor recomendación sería no acudir a la guardería y, si las otorreas son bilaterales con rinorrea concomitante y mala respiración bucal, recomendar una adenoidectomía(5).

Si la sospecha es la de contacto o entrada de agua por el TV, entonces procurar evitar los baños con más insistencia.

Si la otorrea es muy abundante, recomendar la limpieza del conducto auditivo externo y la realización de un cultivo con antibiograma. Adaptar el tratamiento a la sensibilidad de la prueba.

Si es espesa y blanquecina y asociada a prurito ótico, ante la sospecha de enfermedad o contaminación fúngica, se recomendará la limpieza del conducto más clotrimazole o nuevos anti-fúngicos que saldrán en el mercado próximamente.

En caso de persistente y unilateral, puede tratarse de: un problema local de otitis crónica sin colesteatoma, la aparición de un granuloma adherido al TV o una otitis crónica colesteatomatosa. En los tres casos, debe eliminarse la causa que provoca la otorrea: cirugía del colesteatoma, eliminación del granuloma o retirada del drenaje transtimpánico(1).

Hay algunas situaciones clínicas que explican la existencia de las otorreas post inserción de TV y que deben ser descartadas. Una sería, la existencia de una discinesia ciliar primaria subyacente. No es infrecuente que, tras la inserción de unos TV en pacientes con otitis media exudativa o serosa y afectos de una discinesia ciliar primaria, se inicie una otorrea que no tenía antes de la inserción de los TV. Ello crea en los familiares de los pacientes, la sensación de que han cambiado una hipoacusia sin otorrea por una otorrea crónica con persistencia de una hipoacusia parcial. Otra entidad clínica que debe ser descartada es la de un reflujo gástrico importante. Y la más popular últimamente, la presencia de biofilms en oído medio o alrededor o interior del TV(6,7).

El mundo bacteriano se encuentra dividido en las bacterias planctónicas y las bacterias sésiles. En las primeras, las células se hallan libres, suspendidas en el moco del oído medio y susceptibles a: los anticuerpos, la fagocitosis, la acción del complemento y los antibióticos. Es, en esta forma de presentación, cuando provocan infecciones agudas y pueden ser cultivados en nuestros cultivos convencionales microbiológicos. Las formas sesiles crean un biofilm, rodeándose de una matriz extracelular que producen ellas mismas y que actúa como un escudo y facilita la adhesividad a las superficies. Son difíciles de cultivar en esta forma, y son las responsables de las infecciones subagudas y crónicas. En el caso que nos ocupa, se encuentran biofilms en la superficie rugosa interna y en los lados laterales de los drenajes, provocando: las otorreas crónicas, la obstrucción de los TV y la inhibición del crecimiento del epitelio alrededor del drenaje, provocando otro de los eventos que comentaremos más adelante, como es el TV persistente(6,7).

Es por ello, que hay en camino una estrategia futura para resolver este problema. Uno es el diseño de nuevos drenajes sin las rugosidades internas, la creación de drenajes con otros materiales y otras formas que dificulten la adherencia de los biofilms, y el estudio de substancias que desestabilizan la matriz extracelular del biofilm y que podría ser un prometedor agente terapéutico contra las otorreas que han fracasado con los tratamientos clásicos(6).

La presencia de tejido de granulación o de un pólipo inflamatorio adyacente al TV sugiere que el mejor tratamiento de la otorrea es la asociación de gotas con quinolonas más la presencia de cortisona en asociación.

Obstrucción del TV

La obstrucción del TV antes de su extrusión natural, puede afectar al resultado esperado con la inserción del TV. Así pues, puede volver a presentar hipoacusia de transmisión o a presentar otitis recurrente. De hecho, es como si no llevara tubos. Ante dicha situación, debemos intentar desobstruir los tubos con una serie de preparados locales tópicos. Los preparados más usados son los usuales de quinolonas más-menos corticoides, pero los más efectivos son soluciones con peróxido de hidrógeno, la famosa agua oxigenada. También se han usado soluciones con dornasa alfa, que se puede encontrar para mejorar a pacientes con moco impactado, como la fibrosis quística(4,5).

Tejido de granulación alrededor del TV

En el mismo momento que realizamos la miringotomia en el lugar de la incisión, se produce un tejido inflamatorio que intenta expulsar el tubo recién insertado. Este proceso inflamatorio puede actuar de forma exagerada alrededor del TV, provocando obstrucción o, a la larga, impidiendo la extrusión del drenaje o enviando el drenaje al interior del oído medio. Por ello, ante la visualización de tejido de granulación alrededor del drenaje, lo mejor es el tratamiento tópico local con quinolonas asociadas a cortisona(4,5).

Extrusión prematura del TV

La extrusión prematura puede ser debida a un episodio de otorrea o infección en un paciente con obstrucción del TV por un biofilm o fragmentos de sangre o cerumen. Por ello, es importante tratar los episodios de otorrea y los casos con drenaje obstruido con el tratamiento local con gotas tópicas. Se valorará si a partir de la extrusión prematura, se reinician los episodios recurrentes de otitis media o la hipoacusia es importante, como para afectar al desarrollo del lenguaje o a una vida social o escolar normal(5).

Perforación timpánica persistente tras la extrusión del TV

La persistencia de otorreas a pesar de la inserción de un TV puede, a veces, ser de tal agresividad que no solo expulsa el TV, sino que impide el cierre de la membrana timpánica. La existencia de biofilms, tejido de granulación o una otitis crónica subyacente, podría explicar el fenómeno. La nueva perforación actuaría de orificio de ventilación y el proceso crónico tendería a mejorar; si bien, necesitará una cirugía de cierre en un futuro(4,5).

TV persistente o falta de extrusión del TV en el tiempo previsto

El paciente ha seguido los controles sin presentar ninguna complicación, pero el TV se mantiene en su lugar por más tiempo del previsto. El TV ha hecho su función, pero, ¿en qué momento debería retirarse sin peligro de volver a reproducir los síntomas que indicaron su colocación?

Hay un consenso, en que en los drenajes de corta duración deberían esperarse, al menos, 2 años antes de plantear la extrusión quirúrgica. Como es un acto que requiere volver a realizar una anestesia general, algunos pacientes prefieren esperar un tiempo extra.

Están diseñando un nuevo tipo de drenajes que tienen la posibilidad de retirarse aplicando una solución tópica que los disolvería, evitando así una nueva anestesia general(8,9).

Timpanoesclerosis en el lugar de la inserción del TV, una vez extruido el drenaje

La timpanoesclerosis o miringoesclerosis es aquel cambio de coloración del tímpano, habitualmente blanquecino, que lo vuelve más opaco. Se atribuye a una hialinización de la capa media del tímpano, secundaria a procesos inflamatorios. El cambio de coloración no modifica, ni retrae, ni abomba la posición normal de la membrana timpánica. Puede ocurrir en pacientes que nunca han sido portadores de un TV. También aparecen en pacientes que tuvieron insertado un TV, pero no en el lugar donde llevaron el TV. Usualmente se cita como una complicación de los que lo han llevado en alguna ocasión. Como no da ninguna alteración funcional, no requiere tratamiento alguno(4,5).

Atrofia focal timpánica en el lugar del TV

La miringotomia perfecta sería la que, al cerrarse los bordes que ha separado la lanceta, el tímpano recupera las tres capas que la forman y, prácticamente, no se puede reconocer el lugar donde se practicó. No siempre el tímpano consigue este cierre perfecto y, aunque se consigue evitar la perforación, el cierre se consigue con un menor número de capas o sin la capa elástica que hace que se visualice una diferencia ante las hipopresiones o hiperpresiones que se pueden someter al oído medio. Habitualmente, se visualiza como una pequeña invaginación coincidente en el lugar donde estuvo el drenaje. No da problemas de audición significativas, pero requiere controles anuales, por si la invaginación progresa y puede convertirse en un colesteatoma(1,4,5).

Ausencia de mejoría de la audición a pesar de tener el TV in situ

Una de las indicaciones para indicar unos TV, es la existencia de una hipoacusia demostrada audiométricamente con las pruebas adecuadas para la edad del paciente; pero, a veces, los niños no colaboran lo suficiente para validar una exploración de forma objetiva. Por ello, si una vez insertados los drenajes no presentara la mejoría de audición esperada, podemos explicar el fenómeno por varias situaciones. Una posibilidad sería que la hipoacusia de transmisión no fuera debida a la existencia de una ocupación de fluido en oído medio, sino por una malformación osicular que había pasado inadvertida. Otra que la audiometría pareciera de transmisión, pero en realidad fuera de percepción y, por tanto, la eliminación del moco no mejoraría al paciente. Otra sería que el TV se hubiera obstruido y volviera a tener una ocupación de fluido en oído medio; por ello, ante la ausencia de mejoría, debería descartarse la obstrucción del TV. Una nueva audiometría o unos potenciales ayudarían a valorar la audición y una TAC de oído medio nos descartaría la malformación de oído medio osicular o de oído interno.

Otitis crónica colesteatomatosa secundaria a la inserción de un TV

La otitis crónica colesteatomatosa se trata de una entidad patológica caracterizada en niños por una otitis media secretora recurrente o persistente, maloliente y, muchas veces, sin fiebre ni dolor; como una de las indicaciones de los TV son las otitis medias recurrentes, es difícil determinar si el colesteatoma está generado por las infecciones y una metaplasia de la mucosa a epitelio escamoso, o bien se debe a la inserción de un TV.

Teóricamente, al realizar una miringotomia, podríamos introducir una parte del epitelio escamoso en oído medio, generando una perla de colesteatoma que iría creciendo hasta provocar patología. Ello se caracterizaría por una imagen redondeada, como una perla blanquecina detrás del epitelio, donde estuvo insertado el TV.

Muchos de los colesteatomas que diagnosticamos, la mayoría nunca tuvieron un TV insertado, y no es extraño que el diagnóstico de colesteatoma se haya realizado el día en que el ORL inserta el drenaje y se da cuenta que en oído medio no hay fluido, sino una masa blanquecina compatible con colesteatoma.

En resumen, la presencia de un colesteatoma en pacientes a los que se ha insertado un TV es más probable que sea secundaria a las infecciones y no a la técnica quirúrgica. De todas maneras, consta en todos los consentimientos informados para TV, la posibilidad de generar un colesteatoma en dicha técnica quirúrgica(1,4,5).

Riesgos anestésicos

No fue hasta el 2013, cuando la Academia Americana de Otorrinolaringología (AAO) formuló unas recomendaciones, en forma de guía clínica, para orientar a los especialistas, ante la sospecha, por parte de la Asociación Médica Americana (AMA), de un overuse en la implantación de TV transtimpánicos. Por su parte, la FDA (Food and Drug Administration) estadounidense, en 2016, advirtió del potencial riesgo de los anestésicos vía inhalatoria, asociados a midazolam, de afectar la maduración del cerebro en niños menores de 3 años, sobre todo cuando se trataba de anestesias largas o repetidas.

La AAO puso de manifiesto en un artículo, en 2019, las altas tasas de éxito de la intervención, asociadas a unos efectos adversos muy bajos. Actualmente, creemos que los cambios en los tiempos quirúrgicos realmente muy cortos y la sustitución de las drogas por otros anestésicos menos agresivos, hacen del procedimiento de inserción de TV un procedimiento seguro con un balance positivo riesgo-beneficio.

Se están desarrollando unos dispositivos para la inserción de TV que cambiarán el paradigma de hacerse en quirófano. Se podrán insertar en la consulta con mínima anestesia, evitando los costes de quirófano y acortando los tiempos de inserción de los TV(1,4,10,11).

Medialización del TV en oído medio

La caída del TV es hacia el conducto auditivo externo y, poco a poco, gracias a la migración del epitelio, acaba saliendo, habitualmente rodeado de cera y restos celulares, al exterior. El drenaje está diseñado para ser expulsado hacia el exterior, pero, en algunas ocasiones, pasa lo contrario y el observador ve un tímpano cerrado sin perforación y el TV, por transparencia, alojado en oído medio.

La principal etiología sería una miringotomía demasiado amplia en el momento del acto quirúrgico, que ha facilitado la caída en oído medio antes que el epitelio abrace al TV. Otra teoría es que la hipoventilación del oído medio, asociada a una hendidura hipotimpánica muy profunda, pueda absorber o succionar el drenaje hacia el interior(12).

La mejor opción es la retirada del posible cuerpo extraño vía endoscopia, con una nueva intervención quirúrgica, pero hay muchos casos descritos que no han dado ningún problema si se han dejado en oído medio. En el supuesto de adoptar una actitud conservadora, requiere controles anuales para adelantarse a posibles complicaciones(12,13).

Recomendaciones de los baños en pacientes con TV correctamente insertados

Hay una cierta controversia en cuál debería ser la respuesta ante la pregunta que hacen los padres a los profesionales, ¿puede mi hijo/a bañarse sin protección? Hay otorrinolaringólogos que dicen a sus pacientes que no pueden bañarse en absoluto, otros en cambio, recomiendan una protección con un tapón oclusivo o una banda de neopreno, y finalmente otros no justifican ninguna protección ni limitación en el baño.

Los estudios sobre el tema hacen pensar que es muy difícil que el agua entre con suficiente presión en oído medio y cause una infección aguda. La recomendación de la American Academy of Otolaryngology Head and Neck Surgery Foundation AAA-HNSF es no recomendar ninguna protección en los pacientes portadores de TV.

La discusión radica en que durante el primer mes de inserción de los TV, estos podrían no estar bien anclados a la membrana timpánica, lo que haría recomendable evitar los baños en ese primer mes. En sentido contrario, estaría el que el riesgo estadístico de padecer una otorrea post-inserción de TV, como se ha explicado previamente, es similar entre los que se bañan como entre los que no lo hacen. Hay un cierto consenso entre los expertos, sin tener certeza, de que en los pacientes con otorreas intermitentes o persistentes sería mejor retirar los baños de sus actividades. Asimismo, en trabajos sobre el tema, no recomiendan el tratamiento preventivo con gotas locales durante los baños para evitar otorreas.

La presión necesaria para superar la barrera del TV se sitúa entre 12,8 y 22,8 cm de agua para los baños en agua dulce o salada. Siempre se ha dicho que el agua jabonosa, al romper la tensión superficial, podría superar con más facilidad dicha barrera y se ha cuantificado en 10,95 cm de agua la presión del agua jabonosa para superar la barrera del TV y entrar en oído medio; por tanto, no hay tanta diferencia como se pensaba.

Algunos drenajes se han vendido como más protectores para evitar la entrada de agua a través de los TV durante los baños, dando más libertad a los usuarios de dichos tubos. Con estudios de diferentes materiales, se han observado diferencias importantes entre tubos de distintos materiales y diámetros.

El buceo sí que parecería no recomendable, al superar la presión de seguridad.

En resumen, solo debe recomendarse abstenerse de bañarse en superficie durante el primer mes post quirúrgico, si aparecieran otorreas persistentes o intermitentes y evitar el buceo(14).

Resumen

Al ser la inserción de TV uno de los procedimientos más usados en Pediatría, el médico de Atención Primaria debe estar familiarizado con todos estos acontecimientos y disponer de una información actualizada sobre los mismos, para poder controlar a dichos pacientes y poder contestar a las preguntas que puedan hacer los familiares o los mismos pacientes.

Bibliografía

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9. Michel M, Nahas G, Preciado D. Retained Tympanostomy Tubes: Who, What, When, Why and How to Treat? Ear Nose & Throat Journal; 2020. p. 1-5. DOI: 10.1177/0145561320950.

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12. Malic M, Milicic B, Gjuric M. Endoscopic removal of Medially Migrated Tympanostomy Tube. Ear Nose & Throat Journal. 2021; 100: P191-NP192.

13. Benchafai I, Moumni M, Ouraini S, Errami N, Hemmaoui B, Benariba F. Medial migration of the tympanostomy tube: what is the optimal management option? Pan Afr Med J. 2019; 34: 216.

14. Moffa A, Giorgi L, Fiore V, Baptista P, Cassano M, Casale M. Water protection in paediatric patients with ventilation tubes: Myth or reality? A systematic review. Acta Otorrinolaringológica Española. 2022; 73: 246-54.

 

 

El año que “no tuvimos” gripe

De interés especial


R. Ortiz de Lejarazu Leonardo, I. Sanz Muñoz

Centro Nacional de Gripe de Valladolid (GISRS WHO Network)

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (6): 382.e1 – 382.e7


El año que “no tuvimos” gripe

Introducción

Según los datos de la Organización Mundial de la salud (OMS), la gripe estacional epidémica es una enfermedad que infecta anualmente, a nivel mundial, un número de personas equiparable a la población de China, causa la hospitalización de una población similar a la de la Comunidad Autónoma de Madrid y, dependiendo de los años, es responsable de la muerte del equivalente de habitantes de ciudades, como Zaragoza o Sevilla(1).

El impacto poblacional de las epidemias estacionales de gripe es sobradamente conocido, de tal manera que debe considerarse como una enfermedad vírica infecciosa de incidencia elevada en niños, adolescentes y jóvenes, con desproporcionada gravedad y hospitalización centrada en los extremos de la vida. Los casos graves ocurren, sobre todo, en ancianos por encima de 70 años y en población pediátrica por debajo de los 5 años. Su mortalidad, sin embargo, se circunscribe fundamentalmente a los ancianos y a las personas vulnerables por otras patologías. Anualmente, fallecen niños por gripe en España y, aunque la mortalidad por esta enfermedad no recae de manera principal en la población pediátrica, cuando ocurre se reporta principalmente por debajo de los 2 años. En la población pediátrica, la gripe grave que requiere hospitalización ocurre tanto en niños sanos como aquellos que tienen patologías crónicas(2,3).

La enfermedad COVID-19, causada por el virus SARS-CoV-2, aparecido en noviembre de 2019 en Wuhan (China), fue declarada enfermedad pandémica por la OMS el 11 de marzo de 2020(4). Rápidamente, se identificaron casos en Italia, Alemania, Francia, España, el resto de Europa y EE.UU. a principios de 2020, que obligaron a la aplicación de medidas generalizadas de distanciamiento social para reducir la propagación del virus, incluida la limitación de movimientos, prohibición de reuniones masivas, cancelación de actos y eventos multitudinarios, cierre de escuelas, colegios y universidades, uso generalizado y obligatorio de mascarillas, así como otras medidas para disminuir interacciones sociales(5). Entre dichas medidas, denominadas intervenciones no farmacológicas (INF), destacó el estricto y prolongado confinamiento que determinaron distintos países, incluido España, para contener la extensión de la COVID-19. Estas INF afectaron no solo a la transmisión de SARS-CoV-2, sino también a la de otras infecciones respiratorias y, muy especialmente, a las causadas por virus respiratorios de marcada estacionalidad, como el virus respiratorio sincitial (VRS), la gripe y otros coronavirus endémicos. En este artículo revisaremos las posibles causas de ese fenómeno en el caso de la gripe, así como la descripción de las temporadas de gripe durante la pandemia en España en comparación con algunos países.

Causas que pueden alterar el perfil de las epidemias anuales de gripe

Diferentes artículos publicados recientemente, contemplaron la posibilidad de que la pandemia de COVID-19 y, sobre todo, las medidas de INF para limitar su extensión, tuvieran un efecto colateral asociado en la epidemiología de otros virus respiratorios(5,6). En el caso específico de la gripe, así parece haber sido a tenor de los datos globales de vigilancia, que han mostrado dos temporadas atípicas durante la pandemia; la primera en 2020-2021, sin prácticamente circulación a nivel global; y una segunda en 2021-2022, recuperando valores que aún están lejos de la normalidad, mostrando un perfil bimodal con un primer pico en enero de 2022 y otro en abril de 2022 del mismo año, de mayor entidad que el primero (Fig. 1).

Figura 1. Número de muestras positivas semanales para gripe a nivel mundial durante la temporada 2021-2022. Perfil epidémico en forma de M con una circulación dominante del subtipo A(H3N2) y escasa circulación de gripe B(7) (FluNet, OMS).

El efecto pandémico sobre la estacionalidad e incidencia gripal se explica fundamentalmente basándose, entre otros factores: en las INF, la evanescencia inmune y los fenómenos de interferencia vírica.

Medidas no farmacológicas

Las medidas de distanciamiento social, pero especialmente el confinamiento de la población, el cierre de colegios y la supresión de eventos multitudinarios, han demostrado un efecto disruptivo importante del perfil y la temporalidad habitual epidémica de los virus respiratorios, sobre todo de aquellos en los que su estacionalidad depende de forma importante del papel que juega la población pediátrica en el desarrollo de las ondas epidémicas anuales. Este aspecto es especialmente importante para: VRS, gripe, meta­pneumovirus y virus parainfluenza (sobre todo el tipo 3)(6).

Las epidemias de gripe precisan de manera especial para su comienzo, extensión y desarrollo, del concurso de los niños. Ello está motivado, porque estos excretan virus de la gripe durante más tiempo que los adultos infectados y con mayores cargas virales en sus secreciones respiratorias, lo que les convierte en vectores muy importantes de la infección(3,8).

El mantenimiento de todas las medidas de distanciamiento social, sumadas a las no farmacológicas, impide o dificulta la exposición a virus respiratorios. Este hecho es particularmente importante en la gripe, en la que los niños constituyen cada año la población con más altas incidencias de enfermedad a lo largo de la epidemia anual. Por otra parte, la reducción del tráfico internacional, que permite “viajar” a los virus de un país a otro, junto con el largo confinamiento de los niños en 2020, tuvo como consecuencia una bajísima incidencia de gripe estacional en todo el mundo con la excepción de China, en donde las INF se levantaron antes, observándose una epidemia anual de gripe causada exclusivamente por el virus tipo B de gripe(9).

En los EE.UU., también se observó una marcada disminución de la actividad gripal en muchos lugares después de la institución de las INF frente a la COVID-19. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los EE.UU. detectaron, como la mayoría de países, una mínima actividad gripal durante la temporada de 2020-2021.

Evanescencia inmune

Otro aspecto a considerar, es la evanescencia de la inmunidad frente a algunos virus con el paso del tiempo y sin el refuerzo de las infecciones naturales que tienen lugar periódicamente en la estación fría, hasta el desarrollo de una inmunidad completa o al menos más robusta. El VRS es un excelente ejemplo de esta circunstancia, ya que la refractariedad frente a la enfermedad grave aumenta con la edad, la maduración del sistema inmune y las infecciones repetidas por un virus que no cambia, pero que tiene mecanismos particulares de evasión inmune.

Las epidemias anuales de gripe infectan cada temporada aproximadamente a uno de cada diez adultos y a tres de cada diez niños. No todos los casos de infección son sintomáticos, estimándose que aproximadamente el 75-77% de los casos no muestran síntomas o estos son muy leves(10). Sin embargo, el efecto de estas infecciones silenciosas contribuye de forma importante al refuerzo inmune natural frente a la infección, mientras la deriva genética y antigénica del virus no aleje demasiado dichas infecciones más diferenciadas antigénicamente de otros virus gripales epidémicos.

En la población pediátrica, existe una importante proporción de individuos inmunológicamente naïve frente a muchas infecciones respiratorias y, particularmente, frente a la gripe. Esto es especialmente relevante durante los dos primeros años de vida, ya que durante esta etapa, solo el 50% de los niños, muestran anticuerpos frente a los virus de gripe A y, en mucha menos proporción, frente a los B(11). A estas edades, se producen las primoinfecciones por los distintos tipos (A y B) y subtipos (H1, H3), que marcarán la futura respuesta inmune del individuo, en lo que se denomina “huella inmunológica” o “immune imprinting”(12,13). Una población pediátrica sin vacunar de gripe y sin infecciones gripales durante una o dos temporadas consecutivas, conforma una cohorte importante de población para las siguientes ondas epidémicas, de consecuencias imprevisibles.

Por otra parte, en personas adultas o mayores, se ha estimado que, tras la vacunación de gripe, se produce una pérdida gradual y apreciable de la eficacia vacunal (EV) observada en el trascurso del tiempo a partir de la vacunación anual. Se ha estimado que el descenso de EV para evitar una infección confirmada por el laboratorio, sería de alrededor de un 7% por mes para la gripe A del subtipo H3 y para la gripe tipo B, siendo algo mayor para la gripe A del subtipo H1pdm (entre un 6-11%)(14). Dicho descenso de EV frente a la infección, es paralelo con un descenso de la EV para evitar la hospitalización, que se ha estimado en un 8-9% al mes en sujetos adultos y algo mayor en personas mayores, en las que la pérdida de EV para evitar hospitalización puede ser del 10-11% mensual(15).

Interferencia vírica

El concepto de interferencia vírica implica una restricción de la multiplicación y difusión de un determinado virus, debido a la circulación e infección previa de otro virus de distinta taxonomía. En algunos casos, la coexistencia de dos virus de familias diferentes en un único hospedador, puede dar lugar a un fenómeno de competitividad por el mismo recurso biológico, originando que uno de los dos virus desplace al otro. Este fenómeno puede suceder por varios motivos; en el caso de la gripe y el SARS-CoV-2, está muy relacionado con la expresión de interferón durante la infección viral(16). La infección por diversos virus respiratorios produce la liberación de diversos tipos de interferón tras la activación de la respuesta inmune innata. Esta liberación temprana de interferón y otras citoquinas antivirales limitan posteriormente la infección de otros virus, por tanto, evitan en gran medida, las superinfecciones víricas. Esto es especialmente evidenciable si el segundo virus es muy susceptible a los mediadores inmunes que se hayan liberado durante la primera infección.

Existen además otros mecanismos implicados, relacionados con la inmunidad celular. Por ejemplo, el bloqueo o la reducción de los receptores celulares y la competición por los recursos de replicación celulares son también mecanismos que limitan la infección por dos virus diferentes. Algunos experimentos in vitro han demostrado que la infección de células MDCK con VRS tras la infección por gripe, origina una competitividad por el mecanismo intracelular de síntesis proteica que limita, en gran manera, la replicación intracelular del VRS y su extensión a otras células(17).

La interferencia viral entre diferentes virus respiratorios se ha postulado y documentado entre algunos de ellos (p. ej., rinovirus y gripe). Distintos artículos, durante esta pandemia, han apuntado dicha posibilidad entre el SARS-CoV-2 y los virus de la gripe. Aunque los reportes de gripe durante la pandemia de COVID-19 no han reunido evidencia conclusiva suficiente a este respecto, la descripción observada de las dos últimas epidemias de gripe, pero sobre todo la última de 2021-2022, así parecen sugerirlo.

Descripción de la epidemia estacional de gripe en España y otros países

La incidencia de gripe en la temporada de 2020-2021 fue la menor durante el siglo XXI y también en los últimos cincuenta años del siglo XX. En los registros del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, solo en el año 2000-2001 hubo una incidencia más baja de lo habitual, pero aun así esta fue superior a la de 2020-21. Sin embargo, ese panorama epidémico de actividad mínima se ha modificado en la última temporada 2021-2022.

Temporada de gripe estacional 2021-2022 en España

La epidemia 2021-2022 en España, se ha caracterizado por una circulación bimodal, centrándose un primer pico en los meses de noviembre de 2021 a enero de 2022, y un segundo ascenso durante los meses de marzo a julio de 2022. La epidemia de esta temporada ha sido causada fundamentalmente por el subtipo A(H3N2), y solo se han documentado un número muy bajo de casos causados por el subtipo A(H1N1)pdm09 y gripe B del linaje Victoria (Fig. 2).

Figura 2. Número de muestras positivas semanales para gripe en España durante la temporada 2021-2022. Circulación bimodal, perfil epidémico en forma de M (FluNet, OMS).

El patrón en forma de M con gran espacio temporal del periodo intermedio, es totalmente inusual en la gripe. En ocasiones se ha observado, cuando el inicio de la epidemia ha sido muy temprano y se interrumpe bruscamente por el cierre de colegios y universidades durante las vacaciones navideñas. Como se ha comentado antes, los niños y los jóvenes son los principales transmisores de la gripe; la suspensión de su actividad académica reduce la incidencia y, su reanudación tras las vacaciones, hace que se reinicie la epidemia. Sin embargo, el patrón bimodal con un espacio tan amplio intermedio, observado durante la temporada 2021-2022, puede estar causado por factores diferentes que se expondrán a continuación.

En primer lugar, la aparición de la variante Ómicron justo antes de las navidades y la rápida difusión mostrada, podría haber disminuido la capacidad de identificación de casos de gripe durante el periodo vacacional invernal. Los médicos y pediatras de Atención Primaria sufrieron, de nuevo, un aluvión de casos de COVID-19 durante ese periodo y es probable que se resintieran los mecanismos y recursos de vigilancia epidemiológica, basada en redes para vigilar gripe y otras viriasis respiratorias. De hecho, esto fue especialmente visible, en los informes semanales de vigilancia epidemiológica, ya que el número de muestras recibidas durante el periodo de la onda Ómicron fue significativamente más bajo que en semanas anteriores. Por tanto, un menor número de muestras equivale a menor probabilidad de diagnóstico etiológico y menor capacidad de vigilancia.

En segundo lugar, la interferencia viral podría haber estado detrás también de esta caída del número de casos de gripe tras la subida de la onda pandémica de la variante Ómicron. Los datos publicados de vida real muestran que la detección de coinfecciones entre SARS-CoV-2 y gripe está en torno al 3% de los casos de COVID-19, asociados a cuadros de mayor gravedad o a necesidad de ventilación mecánica(18). Otros estudios realizados en modelos animales, han observado que la coinfección de ambos virus respiratorios (SARS-CoV-2 y gripe) produce títulos menores del virus de la gripe que los controles infectados solo con gripe(19), lo cual podría indicar una limitada capacidad de difusión de los virus gripales por aumento de individuos previamente infectados con la variante Ómicron.

Temporada de gripe estacional 2021-2022 en otros países

La temporada de gripe 2021-2022 en Europa ha seguido comportamientos distintos entre diferentes países, mostrando diferentes perfiles de la onda estacional de gripe.

Tanto en Portugal como en Italia, la circulación de la gripe se ha reportado entre los meses de marzo y julio, con un pico epidémico durante el mes de abril y sin el perfil bimodal mostrado en España. En Francia, la epidemia de gripe ha mostrado su pico epidémico en el mes de abril, pero la circulación ha sido más extendida, observándose dos picos epidémicos, aunque el primero mucho menos evidente que el observado en España. En estos tres países, al igual que en España, la práctica totalidad de los casos identificados han sido de gripe A, del subtipo H3N2, con algún caso esporádico y anecdótico del subtipo A(H1N1)pdm09 y de gripe B. Por contra, se han observado diferencias entre estos tres países en el número absoluto de muestras semanales, identificadas y confirmadas para gripe, siendo mucho más elevadas las cifras, tanto en Francia como en Portugal y España con respecto a Italia, que reporta cifras menores (Fig. 3).

Figura 3. Número de muestras positivas semanales para gripe en Francia, Inglaterra, Portugal e Italia en la temporada 2021-2022 (FluNet, OMS).

En Inglaterra, el número de detecciones gripales durante la temporada 2021-2022 ha sido bastante más bajo que lo habitual para este país y, además, ha mostrado un perfil epidémico bimodal diferente a otros países europeos. Por un lado, tanto la gripe A como la gripe B fueron coprotagonistas durante esta temporada con una prevalencia del 70-30%, respectivamente. Por otra parte, el número de detecciones mostró un primer pico en noviembre de 2021, para descender abruptamente cuatro semanas después. Tras una fase de ascenso, típicamente epidémica, se observa un segundo pico de menor magnitud en febrero, y casos positivos de gripe hasta marzo de 2022, en que se detienen las notificaciones. Pasado ese momento, no se han comunicado a FluNet (OMS) más muestras positivas de dicho país (Fig. 3); en general, las detecciones positivas semanales de gripe en UK están en un rango inferior al de España y Francia.

Otros países fuera de la Unión Europea con sistemas de vigilancia consolidados han observado un comportamiento de la gripe en 2021-2022 similar al registrado en España. En EE.UU., se observó que la detección de casos siguió un perfil bimodal en M, con la aparición de dos picos epidémicos: el primero en enero de 2022 y tras un descenso importante de la incidencia, un segundo más amplio en abril y mayo(20). En otras partes del mundo, este comportamiento ha tenido importantes diferencias.

En China, la circulación gripal comenzó muy pronto y, desde septiembre de 2021, se comenzaron a detectar casos de gripe B del linaje Victoria (Fig. 4), que hicieron un acmé de casos en enero de 2022.

Figura 4. Número de muestras positivas semanales para gripe en EE.UU. y China en la temporada 2021-2022. Se observa una circulación bimodal en EE UU. y en China con distintos subtipos y tipos dominantes de gripe(7).

Esta epidemia tuvo un perfil bimodal en M, pero sorprende que, tras la finalización del primer pico epidémico exclusivo de B en el mes de mayo de 2022, comenzara una segunda onda epidémica de gripe A, causada por virus del subtipo H3N2. La circulación exclusiva de gripe B en China, cuando en el resto de países había circulado mayoritariamente A(H3N2), demuestra que el extraordinario cierre de fronteras, establecido por este país durante el primer año de la pandemia, ha sido eficaz para evitar la entrada de otros virus gripales que no estuvieran circulando previamente entre su población. La apertura de fronteras en 2022, permitió que la entrada de nuevos subtipos gripales generase una nueva circulación epidémica excepcional en el mes de julio, sin solución de continuidad con la anterior onda de B.

Merece especial atención en este año en “que no tuvimos gripe”, detenerse a observar la evolución epidémica de la estación gripal en Australia; ya que, al ser un país del hemisferio sur, el comportamiento durante su invierno austral en 2022 puede anticipar algo de lo que pueda ocurrir en el invierno de los países del hemisferio norte durante la estación gripal 2022-2023.

En Australia, comenzaron a detectarse virus gripales del subtipo A(H3N2) a finales de marzo de 2022, adelantándose hasta ocho semanas el inicio de la onda estacional de gripe con respecto a lo habitual. De hecho, el número de notificaciones de virus de gripe confirmados en laboratorio mostró un pico durante el comienzo de junio, siendo este más elevado de lo habitual(21). Otro de los aspectos más destacables de la epidemia actual de gripe en Australia, además de su elevada intensidad y precocidad, es la gran incidencia que está teniendo en niños menores de 5 años, lo que puede observase fácilmente cuando se manejan los datos referentes al número de casos de patología compatible con síndrome gripal por grupo de edad (Fig. 5)(22).

Figura 5. A. Número de muestras positivas semanales para gripe en Australia durante la temporada 2022 (FluNet, OMS). B. Incidencia de patología compatible con gripe por grupos etarios en Australia(22)

Reflexiones generales sobre la evolución epidémica
de la gripe

Tras dos años de pandemia de COVID-19, en los que se ha modificado sustancialmente la circulación de casi todos los virus respiratorios, los virus gripales han regresado a la circulación durante la temporada 2021-2022, aunque con una intensidad menor a las epidemias previas al 2020. Los datos reportados muestran variaciones importantes en los años 2020 y 2022, en casi todos los países con sistemas de vigilancia sólidos. Las cifras de detección de virus gripales y de incidencia de síndrome gripal contrastan mucho entre las dos temporadas ocurridas durante la pandemia, habiendo sido prácticamente nulas las infecciones de gripe durante 2020-2021, y recuperándose cierta normalidad, pero lejos de la habitual, durante la estación 2021-2022.

La epidemia de gripe durante 2021-2022, aunque haya sido de baja intensidad, ha sido de una duración extraordinaria, que ha supuesto agravar la presión asistencial y hospitalaria tras la onda Ómicron de COVID-19. En España parece no haber habido gripe para los medios de comunicación, que acuñaron la cantinela que da título a este artículo. Sin embargo, se ha reflejado una actividad constante, aunque menor que en prepandemia, en los medios especializados a través de las comunicaciones a la OMS (FluNet), desde los Centros Nacionales de Gripe y por parte de otros sistemas de vigilancia especializados o generalistas. Estos hechos enfatizan la necesidad de extremar la vigilancia de gripe, incluso en tiempos de tribulación pandémica, como ha sido apuntado mediante todos los medios académicos o científicos posibles(23).

Los principales problemas de la vigilancia gripal, durante estos dos años pandémicos, han sido la disrupción sanitaria, debido a la situación COVID-19 y la carga asistencial de las redes centinela y hospitalarias que han incidido de forma negativa, alterando y reduciendo los protocolos de vigilancia epidémica de la gripe. En segundo lugar, el cambio de protocolos y la ampliación de la vigilancia a otras Infecciones Respiratorias Agudas (IRAs), incluida la gripe y la COVID-19, de algunos sistemas europeos sin las modificaciones pertinentes de personal y medios materiales, han hecho el resto.

En este sentido, países como España o Alemania, dentro de la Región Europea, han optado por cambiar la vigilancia de gripe a la de IRAs, intentando readaptar sus sistemas de vigilancia gripal a la nueva situación pandémica. Otros países como Inglaterra, Francia u Holanda, siguen centrando su vigilancia en el síndrome gripal, aunque incluyan también, en mayor o menor medida, casos de IRAs(24). En el caso de España, este nuevo paradigma de vigilancia, si bien es una aproximación interesante que podrá producir datos relevantes sobre algunos virus respiratorios en el futuro, no debe arrinconar a un lado los elementos establecidos durante muchos años para la vigilancia de gripe y, sobre todo, debe hacerse paulatinamente con consenso científico y epidemiológico previo entre los actores que participan en la vigilancia. Sin estas premisas, se tienen datos menos precisos de la circulación gripal, pudiendo redundar negativamente en algunos aspectos cruciales como: la selección de cepas para las vacunas estacionales(23) o datos finos poblacionales de gravedad, ingresos hospitalarios, mortalidad por grupos etarios, etc. Sirva de ejemplo, que el nuevo sistema de vigilancia de IRAs, tras dos años de funcionamiento, no ha conseguido todavía ofrecer cifras completas y homogéneas de todas las CC.AA. españolas. La declaración de Zaragoza contempla la mejora de alguno de estos puntos en su documento de exposición(25).

Estos problemas no han sido exclusivos de España, ya que los gráficos de identificaciones virológicas comentados en este artículo han mostrado que el comportamiento de la gripe y, por tanto, la forma en la que se ha podido vigilar, ha podido experimentar dificultades parecidas en otros territorios.

El perfil epidémico de la temporada 2021-2022 de la gripe en España y en el mundo es único, desde que se tiene vigilancia sistematizada con protocolos internaciones regulados, consensuados y aceptados. Nunca, en los últimos 50 años, había existido una temporada gripal tan larga (más de cuatro meses de duración), en la que se hayan registrado ingresos hospitalarios y defunciones por gripe confirmada por laboratorio en las semanas posteriores al periodo de vigilancia establecido por la OMS que finaliza en mayo (semana 40 de un año a la 20 del siguiente). Por otro lado, el predominio de cepas A(H3N2) sin apenas circulación de gripe B ni A(H1N1)pdm09 explica la repercusión y la carga hospitalaria, ya que es de sobra conocido que el subtipo H3 de la gripe A es especialmente grave en las personas nacidas antes de 1957(26). Este grupo poblacional responde peor a las infecciones por el subtipo H3, debido a que sufrió su primo-infección gripal por el subtipo H1 de la gripe A y al fenómeno de huella inmune descrito al inicio(12).

El perfil de la epidemia 2021-2022 también ha sido peculiar. Además de su larga duración en el tiempo, se ha observado un perfil bimodal con dos picos, separados por más de 5-8 semanas entre el acmé de uno y otro, causados por el mismo subtipo A(H3N2) de virus. Esta segunda circunstancia también representa una característica epidémica excepcional. En general, cada cierto número de años se observa un perfil epidémico estacional con forma de M (bimodal), debido generalmente a la brusca interrupción de la asistencia a colegios y universidades, cuando el inicio de la gripe es anterior a las vacaciones de navidad. En otras ocasiones, su aparición obedece a la circulación y dominancia de dos tipos o subtipos diferentes de virus de la gripe, en momentos distintos de la misma estación gripal, que puede acompañarse de dos picos diferenciados de gripe. Sin embargo, dicho perfil en M, cuando se ha observado en temporadas precedentes, ha estado separado por un periodo no mayor de tres semanas entre ambos picos.

En el hemisferio norte, el inicio de la circulación de virus gripal 2021-2022 ha coincidido en el tiempo con la difusión mundial de la variante Ómicron del SARS-CoV-2, tras su aparición inicial en Sudáfrica(27). Este hecho plantea la hipótesis de una posible interferencia entre los dos virus. Llama la atención que, tras una subida muy precoz que se observa, tanto en EE.UU. como en Inglaterra, España y algunos otros países en menor grado, la curva de detecciones desciende bruscamente coincidiendo con el periodo posterior a la onda producida fundamentalmente por las variantes Delta y Ómicron. Cinco o seis semanas más tarde, la gripe reaparece y dibuja un perfil típico de ascenso brusco de casos y descenso mucho más lento en el tiempo, característica de la mayoría de estaciones gripales, producidas fundamentalmente por un solo tipo de virus.

Como se postula en un artículo publicado en 2021(5), la ausencia consecutiva de circulación de gripe, en dos años seguidos, es un evento que pocas veces se ha podido estudiar. En dicho trabajo se advertía que asistir a más de una temporada con baja actividad de gripe, podría conllevar la aparición de futuras epidemias de mayor intensidad, de aparición más temprana o de mayor duración. Si bien, estos tres preceptos no han sucedido a la vez en España durante la temporada 2021-2022, sí ha tenido lugar una epidemia de mayor duración (la más larga conocida) y, aunque no haya empezado mucho antes, ni haya sido especialmente intensa, los datos del verano de 2022 en Australia muestran que otros países sí han registrado esas tres características. La gripe ha demostrado en estas dos temporadas, que puede perder la estacionalidad durante un año, pero no durante dos. Este año se ha registrado una epidemia de gripe estacional de un perfil y forma distinta a la habitual, pero fácilmente identificable como tal. La pandemia de COVID-19 supone una oportunidad también para explorar sus consecuencias sobre otras infecciones respiratorias víricas o bacterianas menos conocidas que la gripe.

Todos esos hechos refuerzan la importancia de estudiar la evanescencia inmune frente a virus respiratorios en cualquier tipo de población. Este es un problema pendiente de solucionar al que el ejemplo de las vacunas de COVID-19 ha puesto otra vez sobre la mesa de la actualidad científica. La única forma que tiene la población de mantener la inmunidad frente a la gripe en niveles que protejan frente a los parámetros que deben usarse para medir la eficacia de las medidas profilácticas (prevención de enfermedad grave, hospitalización, ingreso en UCI y defunción), es mediante la vacunación estacional de gripe, una medida que no debe olvidarse, aunque el virus no esté presente. A este respecto, se debe hacer especial hincapié en las recientes recomendaciones de la CAV-AEP sobre la recomendación de vacunar a todos los niños menores de 5 años(28), en consonancia con las formuladas por la OMS hace más de 13 años en su Position Paper, reformuladas en mayo de 2022, enfatizando de nuevo la vacunación de este grupo de edad(29).

Aunque las epidemias estacionales de gripe son importantes para los médicos de adultos, lo son mucho más para los médicos pediatras y, especialmente, los involucrados en el área de Atención Primaria, ya que sobre ellos recae la principal carga asistencial de las epidemias de gripe y el reto del diagnóstico clínico y manejo de los casos. Los niños menores de 2 años podrían tener una mayor incidencia tras una temporada sin gripe estacional, y otra con un perfil atípico; ya que, al aumentar la probabilidad de no haber sido expuestos a una infección natural, pueden constituir una población en la que se produzca una difusión más intensa del virus, y ello se traduzca en mayores ingresos hospitalarios de niños e incluso más defunciones pediátricas.

Conclusiones

Las medidas adoptadas durante la pandemia de COVID-19 han tenido un efecto mundial sobre las epidemias anuales de gripe, tanto del hemisferio norte como del sur, con una incidencia de gripe mínima durante el primer invierno 2020-21 y, mucho mayor, pero sin llegar a las cifras habituales, durante la temporada 2021-22.

El perfil de la epidemia de gripe en 2021-22 es único entre los últimos cincuenta años de vigilancia de esta enfermedad. Se ha caracterizado por: una menor incidencia semanal que en años prepandémicos, dos picos epidémicos producidos por el mismo subtipo H3, un valle de baja incidencia durante la onda de la variante Ómicron de SARS-CoV-2 y la duración más larga descrita nunca para una epidemia anual de gripe (>20 semanas).

La ausencia de la actividad epidémica estacional de la gripe de forma consecutiva, es un hecho pocas veces estudiado. La pandemia de COVID-19 supone una oportunidad para explorar sus consecuencias sobre otras infecciones respiratorias pediátricas.

Los niños menores de 2 años pueden correr un mayor riesgo tras dos temporadas con incidencia baja o nula de gripe, porque se reduce la posibilidad de exposición a una infección natural y, por lo tanto, solo pueden tener inmunidad a través de la vacunación gripal. La vacunación de este grupo poblacional debe implementarse siguiendo recomendaciones de la OMS.

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Decálogo para la utilización del diagnóstico etiológico de bronquiolitis en Atención Primaria

De interés especial
 


J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**, Grupo TECDIAP***

*Pediatra de AP, Cap El Serral, Sant Vicenç dels Horts, Barcelona. Institut català de la Salut. Subdirector ejecutivo de Pediatría Integral. Coordinador del Grupo de Trabajo de Tecnologías Diagnósticas en Atención Primaria (TECDIAP) de la SEPEAP. **Pediatra de AP, Director del Institut Pediàtric Marès-Riera, Blanes, Girona. Vocal del TECDIAP. ***A. Alonso Rubio, A. Amado Puentes, R. Bachiller Luque, M.E. Benítez Rabagliati, S. Bernárdez Carracedo, G. Cabrera Roca, J.M. Contreras Santana, C. García de Ribera, P. García Guzmán, S. García-Tornel Florensa, A. Herrero Hernández, L. Ortiz González, I. Osiniri Kippes, F. Philipps Fuentes, M. Porcar Almela, S. Ramos González, A. Reyes Moreno, M. Ridao i Redondo, A. Saiz de Marco, A. Sánchez Aguilar, R. Santana Delgado, M. Serrano Manzano

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (5): 319 – 320


Decálogo para la utilización del diagnóstico etiológico de bronquiolitis en Atención Primaria

 

La bronquiolitis es una enfermedad infecciosa respiratoria de vías bajas de potencial gravedad, que cursa con sibilancias/crepitantes y/o disnea y que afecta a casi todos los niños de menos de 2 años(1). No hay consenso en su definición, ya que en algunos documentos aparece como primer episodio antes de los 12 meses, y en otros antes de los 24 meses. Parece que las guías de práctica clínica (GPCs) europeas tienden más hacia la primera(2,3), y las americanas hacia la segunda(4). Tampoco hay coincidencia en los scores de gravedad a utilizar, para algunos el de Downes modificado por Ferrés, para otros el de TAL.

En todas las guías, se coincide en la importancia de instauración de medidas no farmacológicas para el control de la infección (importante papel de la enfermería pediátrica) y de la pulsioximetría como valoración de la gravedad del cuadro en Atención Primaria (AP). En la actualidad, todos los centros de AP en España tienen esta técnica. Por otra parte, la disponibilidad cada vez mayor de la ecografía pulmonar en AP representará un cambio cualitativo de gran utilidad en el diagnóstico, para establecer la gravedad y monitorizar la evolución de la bronquiolitis.

Si bien se establece que la etiología de la bronquiolitis hospitalizada es en un 80% por VRS(5), no hay datos en AP. El sesgo de gravedad parece evidente, dado que la mayor parte de bronquiolitis NO ingresan en el hospital. Si no se hacen estudios etiológicos en AP, no se dispone de la fotografía epidemiológica de la mayor parte de bronquiolitis, que son las que se atienden en AP, y que presumiblemente tendrían fracciones etiológicas distintas a las reportadas en series hospitalarias.

Es por ello, que pese a que casi todas las GPCs coinciden en NO hacer test de diagnóstico rápido (TDR) para virus respiratorios en bronquiolitis, nuestra visión desde la AP (donde los autores de este escrito venimos realizándolos desde hace 20 años) es totalmente distinta y para ello proponemos el siguiente decálogo:

1. En las GPCs se dice que no deben hacerse TDR, salvo: “para establecer cohortes hospitalarias en los casos ingresados”, o “para instaurar medidas de control de la infección”. Parece lógico que estas cohortes se establezcan también en AP, en donde se observa la mayor carga de enfermedad. Y parece obligado que el “control de la infección” se haga, sobre todo, allí donde se inicia, que es la comunidad. Seleccionar entre todas las bronquiolitis en AP aquellas que son por VRS, permite:

• Establecer un subgrupo de potencial gravedad, con la necesidad de controles programados, obligadamente a las 24 h (periodo de mayor posibilidad de deterioro que obligue al ingreso) y según la evolución, controles periódicos posteriores.

• Establecer un subgrupo para la abstención terapéutica en AP (no broncodilatadores, salvo los casos puntuales en los que se documente una prueba terapéutica positiva, NUNCA corticoides). La no documentación de VRS supone una probabilidad más alta sobre todo de rinovirus(6), en los que pueden estar indicados los corticoides en formas más graves o más prolongadas, para reducir el riesgo de evolución a asma bronquial. También se discute que, en caso de bronquiolitis no VRS, pueda obtenerse mejor respuesta a los broncodilatadores, especialmente en mayores de 6 meses.

• Establecer un subgrupo con necesidades de aislamiento específicas. En algunos documentos se argumenta que: “los niños con bronquiolitis no deberían ir a la guardería hasta la desaparición completa de la sintomatología”. Teniendo en cuenta que muchas bronquiolitis tienen tos y/o sibilancias durante 2-3 semanas, esta recomendación parece totalmente inasumible. En realidad, la mayor parte de niños con el diagnóstico sindrómico de bronquiolitis siguen asistiendo a la guardería, porque están afebriles y tienen buen estado general, con el potencial de transmisión y de generación de brote epidémico asociado al VRS, que tiene un número de reproducción básico de 4,5. Un diagnóstico etiológico permite una información específica a los padres, una recomendación convincente de exclusión escolar y una estrategia de aislamiento mucho más efectiva.

• Dado que el VRS suele transmitirse durante una media de 7 días, un control mediante TDR para documentar la ausencia de detección y, por tanto, reducción del riesgo de transmisión, podría plantearse como un posible criterio formal de reincorporación a la guardería.

2. La disponibilidad de TDR de muy bajo coste, fácil realización en las consultas de AP, sin necesidad de laboratorio, resultados en 10-15 min, alta sensibilidad y especificidad, abre una oportunidad que no se había contemplado antes en la confección de muchas GPC. No parece razonable haber dedicado el tremendo esfuerzo que se ha hecho en AP para la detección y aislamiento de una infección generalmente muy leve en Pediatría (COVID-19) y no hacerlo con otras infecciones potencialmente mucho más graves, como la gripe o el VRS.

3. El TDR para VRS permite el análisis simultáneo de otras virasis respiratorias coincidentes en los mismos periodos estacionales, lo que facilita: la identificación de la etiología, la señalización de la onda epidémica con antelación a la hospitalaria, la información específica y diferenciada a los padres, la previsión de evolución, los controles evolutivos diferenciados, la prescripción específica de aislamiento o la instauración de medidas terapéuticas específicas en casos seleccionados (oseltamivir para tratar la gripe en niños con factores de riesgo, o en el tratamiento de la bronquiolitis por el virus de la gripe…). Además, la utilización de formatos combo ya disponibles, que incluyan también el SARS-CoV-2 en cuadros clínicos muy similares, permite ampliar la batería diagnóstica sin aumentar las molestias al paciente.

4. La utilización de TDR víricos se ha instaurado con gran aprovechamiento clínico de los pediatras de AP desde la temporada 2020-21 en Cataluña y se ha extendido con éxito a algunas otras zonas de España. Se prevé su próxima inclusión en la nueva edición de la cartera de servicios comunes para AP, que está elaborando una comisión del Ministerio de Sanidad y Consumo.

5. En plena época de diagnóstico genético y molecular, no parece razonable renunciar a un instrumento disponible ya en muchas consultas y en un futuro próximo generalizable a todas. El tiempo de los diagnósticos sindrómicos (“es un virus”) ya pasó, y los pediatras que han dado este paso adelante hacia el diagnóstico etiológico no van a tolerar volver atrás. Evidentemente, hay que hacer un esfuerzo educacional importante para que los usuarios de estas pruebas las utilicen e interpreten con metodología adecuada y sentido clínico.

6. En algunas GPCs, se argumenta que el estudio de virus “no ayuda a prever la evolución de la bronquiolitis”. Si establecemos la etiología VRS, asociada a potencial gravedad media superior a las otras etiologías, tenemos identificados a un subgrupo de pacientes que requieren de una vigilancia especial.

7. En la mayor parte de GPCs, se argumenta a favor de NO hacer TDR, en el hecho de que “no cambia el manejo”. El manejo es algo que va mucho más allá de poner o no un tratamiento específico: la noción epidemiológica, la información específica, el control evolutivo, las conductas de aislamiento y, eventualmente, la terapéutica específica e individualizada también son “manejo”. En todo caso, la detección de VRS tampoco modifica el tratamiento y seguimiento hospitalario del niño grave e incluso muy grave (UCIP), pero nadie renuncia al diagnóstico etiológico en el hospital. ¿Por qué no realizarlo también en AP, si el coste es razonable, la técnica es sencilla y los resultados fiables?

8. El estudio de TDR permitirá determinar la prevalencia real de bronquiolitis VRS en AP, dato que se extrapola del hospital, con un previsible sesgo de gravedad.

9. Aunque pueda considerarse un argumento secundario, el diagnóstico basado en pruebas aumenta la satisfacción del usuario, lo que es previsible que reduzca las reconsultas innecesarias, como ya se ha demostrado para otros virus respiratorios como la gripe.

10. Finalmente, trabajar con diagnóstico etiológico permite aumentar la satisfacción del pediatra de AP, factor siempre olvidado, pero de gran repercusión en la calidad asistencial que los profesionales ofrecen a la comunidad: un profesional satisfecho con su trabajo siempre acaba siendo mejor profesional.

Bibliografía

1. Glezen WP. Bronchiolitis. American J Dis Childhood. 1996; 140: 543-6.

2. Simó Nebot M, Claret Teruela G, Luaces Cubells C, Estrada Sabadell MD, Pou Fernández J. Guía de práctica clínica sobre la bronquiolitis aguda: recomendaciones para la práctica clínica. An Pediatr (Barc). 2010; 73: 208.e1-e10.

3. García ML, Korta Murua J, Callejón Callejón A. Bronquiolitis aguda viral. Protoc diagn ter pediatr. 2017; 1: 85-102.

4. AAP Clinical Practice Guideline: The Diagnosis, Management and Prevention of Bronchiolitis. Pediatrics. 2014; 134: e1474-e1502.

5. Meissner HC. Viral Bronchiolitis in Children. N Engl J Med. 2016; 374: 62-72. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26735994.

6. Jartti T, Smits HH, Bonnelykke K, Bircan O, Elenius V, Konradsen JR, et al. Bronchiolitis needs a revisit: Distinguishing between virus entities and their treatments. Allergy. 2019; 74: 40-52. Disponible en: https://doi.org/10.1111/all.13624.

 

 

¿El fin del humanismo médico?

V. Martínez Suárez
De interés especial


V. Martínez Suárez

Grupo de Investigación de la SEPEAP. Universidad de Oviedo

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (3): 188.e1 – 188.e5


¿El fin del humanismo médico?

Al Dr. Víctor García Nieto, prolífico médico humanista

Este comentario debe comenzar con una afirmación trivial: definir lo que es el humanismo médico no es cosa hacedera ni de escasa monta. Pocas cuestiones han merecido más tentativas entre todas las que rodean al ejercicio de nuestra profesión, lo que prueba que ponerle límites puede ser asunto resbaladizo. Para hacerlo cabría apelar a miles de textos que a lo largo de los últimos siglos han abordado esta tarea relacionándolo con diversas formas de acompañar nuestras obligaciones puramente clínicas. Partimos, entonces, de que humanismo es un término polisémico: tiene muchas variantes y en medicina alcanza unos matices particulares.

Prescindiendo de cualquier intención historiográfica(1) y atendiendo únicamente a la idea de este trabajo, puede añadirse alguna consideración. El humanismo médico al que nos queremos ahora referir no será aquel que consiste en realizar una medicina “humana”, compasiva, humanitaria, aunque con ella es inevitable encontrar una clara relación. El médico humanista al que nos interesa acercarnos es el que completa y complementa su actividad profesional con el cultivo de las humanidades, entendidas estas como el conjunto de disciplinas relacionadas con la cultura humana: al margen de su quehacer asistencial lee, estudia y produce sobre la condición y el desempeño del ser humano, sobre el conjunto de realizaciones, ideas e imágenes de una sociedad determinada, haciéndolo desde una visión diferente de la aportada por las ciencias naturales. Se contrapone al colega fascinado por la razón científico-tecnológica, útil para tantas cosas, pero inadecuada por sí sola para abordar asuntos que exigen ese “espíritu de finura” que Pascal opuso al espíritu geométrico(2); la palabra humanismo toma así el sentido de intelectualidad global y conciencia holística. Lo que emerge de su cometido sirve para crear una sinergia entre ciencias naturales y ciencias humanas(3), dos esferas que durante muchos años se tuvieron como incompatibles(4). Entendiendo la necesidad de aunar a ambas superándolas, el editor John Brockman acuña la expresión “tercera cultura” que hace referencia al supuesto divorcio entre intelectuales de letras por un lado y científicos por otro(5), y que Charles P. Snow había diagnosticado en su célebre ensayo Las dos culturas(6,7). Ante la imagen de esa nítida diferenciación, los médicos que sin dejar de consumir ciencia cultivan las humanidades representarían una forma más sofisticada dentro de nuestra profesión, consagrando un amor desinteresado a un saber distinto y subsidiario de sus obligaciones más directas. Asumen la “contradicción complementaria” de dos formas de acercarse a la realidad; de dos métodos que utilizados como suma pueden ayudar a perfeccionar la comprensión de las cosas y de los fenómenos sociales.

Quizá en algunos casos se trate, según se suele decir, de la búsqueda de una compensación o evasión de las tensiones que generan el roce con la enfermedad y la muerte. Tal vez en otros de un instinto de saber con gran amplitud de visión, ingénito o derivado de preferencias asimiladas en su formación intelectual y desde una actitud ante la vida; y eso no cabe entenderlo como un esparcimiento, un lujo ni un refinamiento de estudiosos que tienen tiempo para gastarlo en satisfacciones espirituales. No se corresponde, tal como Laín remarcó en su última lección académica, con esas materias “exquisitas e inútiles” que los positivistas alemanes nombraron despectivamente como “disciplinas orquídeas” o “saberes ornamentales”(8). Tendría que ver, sobre todo, con la voluntad de mantener un diálogo siempre abierto, sistemático y conforme a la razón, con los temas que van apareciendo ante cada uno. Representa, entonces, conducta más que estricto saber; sensibilidad y emplazamiento frente al mundo. Se puede ser humanista, dejó dicho Marañón según esta última consideración, con tal de que “los poros del alma sean permeables a aquellos sentimientos de comprensión y generosidad que caracterizan en todo tiempo a las figuras impulsoras de la civilización”(9). En nuestra profesión, debemos recalcar, consistiría en que cada uno sea más cosas de lo que es, en cultivar disciplinas diferentes para mejorar en la propia; en que el médico extienda su discurso, en suma, fuera de lo que es su obligación profesional hacia otras vocaciones. En otras palabras, en atender conocimientos adicionales que pueden situarse en torno a nuestras responsabilidades inmediatas y con ello conferirles una visión peculiar del mundo; en ser un dilettante, en el sentido que se declaraba Pío Baroja de “curioso de la cultura”(10). Precisamente desde esa visión, puede asegurarse que habrá médicos humanistas en tanto exista la medicina y haya libros y bibliotecas; mientras aparezcan profesionales, según el apotegma marañoniano, “traperos del tiempo”, que componen su otra obra en paz, sin urgencia pero sin pausa, en tiempo de ocio, y lo hacen sobre lo que desean, sobre lo que admiran; seres humanos que organizando y aprovechando sus horas, rechazan ser esclavos condicionados por la clepsidra, el amo que decide las horas que fluyen en una sola dimensión. Ellos viven robando tiempo al tiempo para hacer otras cosas. Y los resultados de esta forma de ser médico han sido, en ocasiones, cosa bienaventurada y espléndida.

Profundizando más en la calificación del concepto, el historiador de la medicina y profesor universitario Diego Gracia, de forma doctrinal, un tanto dura y categórica, marca la diferencia entre un humanismo médico afín al credo positivista (el de los hechos) y otro teológico (el de los valores), versiones “si no incompatibles, sí claramente distintas e incluso opuestas”. Los partidarios del primero ven, según sus palabras, “con auténtico horror” a los partidarios del segundo, admitiendo “la condena de los disidentes al infierno del antihumanismo”(11). Como si el modelo científico-natural (el método “duro” del saber) aplicado a las personas y al estudio de la cultura pudiese prescindir en sus interpretaciones de los fenómenos subjetivos, como son las manifestaciones de la inteligencia, de la voluntad libre y de la afectividad. Para el humanismo de los valores, siguiendo esa terminología absoluta y excluyente, si se procede con vocación racional y rigor en su ejercicio, a sus análisis y conclusiones no se le puede asignar una validez nula, siempre que se identifiquen y definan las causas de incertidumbre que los rodean. Pues es bien notable que no toda la realidad es asequible al experimento, concebido como intervención activa destinada a provocar los fenómenos que van a estudiarse. Hay una parte de la realidad (de lo que ocurre verdaderamente) que se escapa y siempre se escapará a su proceder.

Yendo un paso más allá en la explicación. El médico humanista, además de conocimientos científicos y práctica clínica rigurosa –imprescindible tarea sine qua non del ser médico– ha de ser intelectualmente ambicioso. Hacernos médicos más cultos, personas que mantengamos un esfuerzo para entender lo que en tanto que personas somos y de nosotros va quedando, esa será la acción del humanismo. La ciencia como exclusiva forma de conocimiento es otra cosa: nos hace fuertes pero no mejores. Por eso, el médico que carece de esa necesidad vital de la cultura –que no ubica al ser humano y su realización como valor y preocupación central– podrá ser muy diestro en su oficio, pero en lo demás “no pasará de ser un bárbaro ilustrado, ayuno de lo que da la comprensión humana y de lo que fija los valores del mundo moral”(12). Porque siendo la especialización de la medicina –saber estrecho y profundo– necesaria, en su ejercicio no se puede olvidar que el hombre –enfermo o en trance de serlo– constituye una unidad indisoluble vinculada a su múltiple circunstancia, a su tiempo y a su mundo. Frente a esta visión tradicional, indispensable, contemplación extendida y de relación (individualizada, integral, totalizadora), se sitúa y va creciendo otra tecnificada, restringida y penetrante de lo recóndito (microscópica, fragmentaria y aislada); y en este proceso, la realidad del hombre doliente corre el riesgo de disolverse en una subrrealidad. Como efecto, hoy hemos ganado en tecnología, pero a cambio se ha despersonalizado la asistencia, proliferando el esnobismo científico, las mentes tecnolátricas y los burócratas de la sanidad, que con cada día de su vida van haciéndose menos médicos. En frase lapidaria dejó constancia don Pedro Laín de su desazón por la abundancia en lo médico de la omnipresente superstición de modernidad: “temo que ni siquiera el ejemplo de los grandes creadores de la ciencia moderna sea eficaz frente a la arrolladora y miope beatería de la pura eficacia”(13). Y ese enunciado describe nuestro arriesgado panorama.

Otra apostilla cualificada frente al imperativo de desensibilizar y “endurecer” la medicina: “La crisis de la medicina –no como ciencia sino como conciencia– es, según Octavio Paz, un aspecto apenas de la crisis de las ciencias, que a su vez es la expresión de la crisis de nuestra civilización”. El pensador mexicano apelaba en su escrito sobre el gran cardiólogo y referente del humanismo médico Ignacio Chávez a “la necesidad de formar una élite cultural médica, lo que no quiere decir formar una casta privilegiada para su medro personal”, sino […] “impulsar la formación de científicos, de intelectuales y de futuros realizadores, sin los cuales no hay posibilidades de desenvolvimiento”(14).

Con todo eso, acaso el humanismo médico y la formación humanística del médico puedan representar una respuesta a esa tendencia deshumanizadora. Hoy resulta evidente la necesidad de incorporar decididamente como eje educativo de quienes puedan sucedernos una “razón ampliada” que incorpore perspectivas epistemológicas y antropológicas, que insista en la utilidad práctica de las humanidades y de sus metodologías(15). En palabras de Diego Gracia: “la formación de los profesionales de la medicina no será adecuada ni estará completa si al estudio de la salud y la enfermedad en tanto que “hecho” no se añade un adecuado conocimiento del mundo de los “valores”. Esto hace necesario que en los programas universitarios estén representadas las humanidades médicas”(16). Qué importante sería para la medicina del siglo XXI, pensamos nosotros, contar con más médicos ocupados en adquirir y transmitir ciencia y “arte”, permitiendo al paciente disfrutar del más riguroso cientificismo, pero también de la generosa disposición anímica del humanista intelectualmente enriquecido (Fig. 1).

Figura 1. El pensador de Auguste Rodin, 1884: el hombre sentado sobre una roca pensando a golpe de maza, en tensión intelectual, esperando encontrar respuesta a sus interrogantes, solo y recogido en sus ideas.

En su diálogo Cármides, Platón pone en boca del protagonista esta explicación a Sócrates sobre lo que es el “buen médico”: “no se puede sanar un ojo sin sanar la cabeza, ni atender el cuerpo prescindiendo del alma, ni dar medicamentos sin los bellos discursos que les hagan eficaces”(17). Hace dos milenios y medio, exponiendo una sutil discusión, el filósofo ateniense afirmaba con esos términos que la medicina es más que conocimiento técnico y curar enfermedades y órganos. Entendemos que las humanidades son importantes en la formación del médico, y lo son a la hora de hablar a los enfermos y para intentar comprender su dolor. Galeno, uno de los más grandes investigadores de la antigüedad, apremiaba varios siglos después a que “aquel que sea verdadero médico será sin duda también filósofo”, y que […] “los médicos precisan de la filosofía para hacer un uso conveniente de su arte”. […] “Si somos verdaderos admiradores de Hipócrates, dejó escrito, deberemos dedicarnos al estudio de la filosofía”(18). A la filosofía, podemos deducir, según su acepción general, la de apetencia de saber sobre las cosas de la naturaleza, incluidas sobremanera las humanas. Pueden esas palabras acercarse a otras escritas pocos o muchos años después, como las que desde el Renacimiento y en el siglo XVIII reclamaron un regeneracionismo fundado en las teorías originales y el razonamiento clínico de Hipócrates y de los antiguos griegos. Pensemos en Gaspar Casal, prototipo entre nosotros de médico naturalista, de elemento de esa tercera cultura a la que nos referíamos. Porque humanización de la asistencia es también aplicar en el ejercicio y cuidado de los pacientes los principios del humanismo médico, que, como Pedro Laín Entralgo dejó dicho(19), es “la actitud y aptitud del profesional de armonizar la ciencia con las humanidades médicas”. Y en expresión plenamente conforme con la de los clásicos, afirma que “el médico bueno y buen médico, es aquel que se acerca al enfermo desde una perspectiva integral de lo científico y lo humano”, el que […] “debe ser versado en la ciencia médica y tener conocimiento de las humanidades”. Precisando más, diferenció dos modalidades principales de asumir ese desafío. El humanista total y completo; “por extensión” o en integridad: que estudia, reflexiona, interpreta y comunica lo que sabe. Y el humanista investigador y erudito, “por intensión” o en profundidad, que se mueve en el ámbito de las fuentes primarias del conocimiento médico(20). Tal como él mismo nos ha mostrado, ambas formas de proceder no son compartimentos estancos, aunque las obras que producen si pueden asignarse a uno u otro modelo de hacer.

Hay una cuestión última que queremos añadir a este apunte. La palabra dicha y el gesto son parte esencial del hacer médico humanista y de su puesta en escena; pero son la palabra escrita y la comprensión de nuestra razón de ser y de estar a lo largo del tiempo –“buceando con la inteligencia y la sensibilidad en lo más fundamental y radical de lo que ella es”(21)– las que le dan plenitud. Por eso son tan importantes para completar esa tarea la escritura –hacerse escribiendo– y pensar la medicina desde su historia. Es verdad que sigue habiendo médicos que escriben, pero cada vez menos. Desde esa observación cabe preguntarse, ¿para qué escribe uno, sea lo que sea? En un modo superficial puede responderse que porque se siente el impulso y la necesidad de hacerlo; para divertir y divertirse, para enseñar algo o alguien, para recrear la realidad y las experiencias personales. Puede ser eso; pero, en ocasiones, se trataría de otra cosa más. De hermosísima manera lo dejó dicho María Zambrano: “salvar las palabras de su momentaneidad, de su ser transitorio, y conducirlas en nuestra reconciliación hacia lo perdurable, es el oficio del que escribe”. […] “Descubrir el secreto y comunicarlo, son los dos acicates que mueven al escritor”(22). Escribir, añadimos nosotros, también para saber quiénes somos y para saber en quién nos estamos convirtiendo.

Y en un término cercano, normalmente previo, el entender y dar a conocer la historia son, junto al dominio de la técnica, la manera de responsabilizarse de la cultura médica, de ser médico en la más amplia extensión. Ya Cicerón destacó el valor modélico de los hechos del pasado, sumándose así a la opinión tradicional que consideraba magistra vitae a la historia, entendida como el “curso temporal y tradente de las acciones del género humano”, según la hermosa definición utilizada por el mismo Laín(23), y de la que resulta la “neoproducción de posibilidades de la vida”. Porque si la ausencia de conciencia histórica de la medicina –el instalarse en el “presentismo”, en lo actual, adorando “los dioses del instante”, los fenómenos que nacen y mueren a la vez– es una disminución de la condición de médico, su comprensión “ofrece integridad del saber, dignidad moral, claridad intelectual, libertad de la mente y cierta opción de originalidad”(24). El padre de la moderna historiografía médica apremia a sus colegas a conocer esos tres momentos que en ella identifica: lo “transeúnte” (lo que va pasando para no volver), lo “progrediente” (aquello de lo que, recordado o no, “algo queda”) y lo “invariante” (eso que “bajo la siempre cambiante forma del saber y el hacer en todo momento permanece”). Ya años antes Gregorio Marañón, maestro insuperable de maestros, se mostraba beligerante en esta demanda: “ningún médico debe dejar de tener su libro de historia de la Medicina entre los que lee con frecuencia, entre los libros de cabecera. ¡Cuántas cosas recién inventadas verá con claridad a la luz de las viejas, de las que parecían enterradas! ¡Qué eficaz preservativo y antídoto, si se siente amenazado del frecuente contagio de la pedantería!”(25). Y casi diez años más tarde el insigne médico e intelectual madrileño –él mismo, historiador, interprete de la historia de España, además de testigo y cronista de las vicisitudes del tiempo que le tocó vivir– se reitera sobre el valor para los profesionales de recuperar y conocer nuestros antecedentes: “leer y releer la historia de la Medicina es indispensable al médico para no perder la cabeza, para no engreírse pensando que ha tenido la suerte de vivir en una época definitiva de la ciencia, para acoger con prudencia los nuevos avances, para no dejarse llevar de la última palabra de la moda, convirtiéndose en lo peor que le puede suceder a un médico, que es ser médico de slogan”(26).

Como atributo de conexión entre ambas maneras de completarse, el ser un personaje ávido de lecturas y afecto de lo que podría llamarse “pasión libraria”. Gracias al camino de los libros –fuente perenne de conocimientos, base de toda pedagogía, lugar para el diálogo mudo con los grandes muertos– podremos encontrar la oportunidad de reapropiarnos de ese elemento de nuestra vida espiritual donde se halla el eco de las propias ideas y sentimientos. Léase, recomendaba en uno de sus Ensayos de 1597 Francis Bacon, “no para contradecir o para impugnar ni para creer y dar por admitido, ni para encontrar tema de charla y conversación, sino para sopesar y considerar”. De la misma forma que […] “la lectura completa al hombre”, estimaba el fundador de la filosofía moderna, […] “la escritura le da exactitud”(27). Propugnando la humanización de los futuros técnicos, el profesor Laín recomienda “un aprendizaje, lamentablemente descuidado, para el arte de leer con entendimiento y de escribir con corrección”(28). La lectura como experiencia que estimula y abre posibilidades. Permite llegar a la “conciencia histórica” y alcanzarla desde una actitud vital contemplativa (ver con interés, sentir) y admirativa (reflexionar “detenidamente”, valorar), lo que trae a esta idea la frase de María Zambrano del “instante de perplejidad que antecede a la conciencia y la obliga a nacer”(29). Comunicación bilateral que recrea y nos recrea; lo que pasa ante los ojos del lector es por él vuelto a crear, y las experiencias leídas cambian –poco o mucho– nuestra condición intelectual o nuestros sentimientos, pueden rectificarnos, mejorarnos, incluso perfeccionarnos; pueden corregir nuestras ideas equivocadas, nuestros hábitos mentales o nuestras preferencias. Al cabo, “en músicos callados contrapuntos”, los libros o enmiendan o secundan nuestros asuntos, según el clásico. Aportan al hombre, al sujeto humano, la base constante de una nueva y más alta dimensión vital (Fig. 2).

Figura 2. Fragmento del conocido como Hombre de Vitrubio, dibujo de Leonardo da Vinci realizado hacia 1480, que representa las proporciones de cuerpo humano según el canon clásico de belleza. Considerado un símbolo del arte renacentista, evoca el principio filosófico del griego Protágoras: El hombre es la medida de todas las cosas. Depositado en la Real Academia de Venecia.

La historiología, entonces, se hace historiografía con la descripción y registro documental del pasado; es decir, con la conjetura y narración del pretérito. No se trata de hacer historicismo, es decir, quedarse en el mero dato histórico; sino en partir de la historia para desde ella pasar a la reflexión sistemática. Esa actitud intelectual es constructiva y sana, creativa y estimulante, ayuda a huir del dogma y del anquilosamiento. Con ello, el que se va convirtiendo paulatinamente en médico humanista se sumerge en una incitante y esforzada tarea que le lleva a comunicar y actuar, que le sitúa en el tiempo y deja constancia de sus indagaciones e interpretaciones de forma peculiar. Haciendo previsión de futuro, en una conferencia magistral pronunciada hace cincuenta años, apelaba Laín a la “justificada pretensión” de evitar para ello una triple limitación: “el simple dilettantismo irresponsable”, se entiende que sin consecuencias; la “investigación meramente gremial”, de interés particular y momentáneo; y, por último, la concepción del cultivo de la historia como “hobby de los prácticos retirados”. Pone el objetivo de esa labor desafiante en convertir la historia “en un saber capaz, por una parte, de dar un fundamento serio e incitante a la formación de los médicos intelectualmente ambiciosos, e idóneo, por otra, para introducir rectamente a los alumnos universitarios en el estudio de la medicina”(30).

Como síntesis de lo que hemos planteado, los rasgos que para nosotros acotan y fijan la noción de médico humanista serían: la vocación de cultura, aspirando a saber y entender “lo que fue”, a impregnarse de las tradiciones y usos de nuestros antepasados. Su realización en la misma como modo complementario y sumativo del ejercicio médico, dejando constancia de su actividad mediante la descripción y el registro documental. Sin descuidar sus más urgentes obligaciones profesionales, extendiendo un completo rigor metodológico al acercarse a otros problemas. Por último, el oponerse a que se despoje al ser humano de su carácter distintivo e individual, siendo consciente del peligro de despersonalizar al paciente desde el imperante absolutismo tecnológico. Estos serían los límites de ese humanismo al que nos referimos y de su modo de hacer, el que queremos realzar y que ejemplarizamos con esta publicación.

En nuestro país suele considerarse precisamente a Marañón como modelo de médico humanista, aunque es fácil reconocer que hubo muchos antes que él, algunos de enorme talla. Lo mismo puede decirse para algunos pediatras que aparte de sus obligaciones han cultivado con suma cualificación y éxito disciplinas como la literatura, la historia, el periodismo, las artes plásticas y otras ciencias humanas Somos conscientes de que cualquier lista será inevitablemente incompleta y, con ello, probablemente arbitraria e injusta.

Por fortuna, hemos contado con un grupo de profesionales de la medicina que han sentido la vocación de investigar y dar a conocer la historia de nuestro oficio, construyendo desde sus publicaciones un testimonio permanente. Ellos han querido documentar y organizar las vidas de sus colegas siendo historiadores de su mundo próximo, adivinando en cada uno de esos hombres y mujeres que no existen qué quiso hacer con todo lo que hizo y nos dejó. Los que han llevado a cabo de forma rigurosa y durante más años ese “intento de dar reviviscencia”, de trabajar en un “entusiasta ensayo de resurrección”, según palabras de Ortega(31), igualmente deben ser recordados. En sus obras –como en un generoso acto de gratitud hacia quienes nos precedieron y nos siguen enseñando– han quedado grabadas de forma indeleble las huellas dactilares de la medicina, con sus nombres, sus anécdotas y su “alma inmanente”, siempre en marcha. En la escritura de la vida de los otros, ellos han ido escribiendo también su vida; nos han dejado la mejor crónica de lo que fuimos y de quienes han hecho lo que somos.

Bibliografía recomendada

1. El término humanismo fue usado por vez primera por el maestro y educador bávaro F. J. Niethammer en su obra Der Streit des Philanthropismus und des Humanismus in der Theorie des Erziehungs-unterrichts unserer Zeit, publicada en 1808, un alegato contra el filantropismo que tras la Ilustración buscaba desterrar de la educación el conocimiento de los clásicos.

2. Pascal B. Espíritu de geometría y espíritu de finura. Escritos escogidos. Biblioteca Universal. Barcelona. Océano Grupo Editorial, S.A.; 2016. p. 113-5.

3. La noción de ciencias humanas nace en el siglo XIX, según Michel Foucault, bajo un modelo de racionalidad científica (Arqueología de las ciencias humanas. Editorial Siglo XXI, México 1999). También se les llama ciencias del espíritu a partir de la propuesta de Wilhelm Dilthey, para el que su objeto de estudio es el medio histórico-cultural en el que el ser humano está inmerso (Introducción a las ciencias del espíritu. Alianza, Madrid 1980). Desde los trabajos del pensador alemán se aceptan las expresiones, en un tiempo muy extendidas en el campo de la epistemología, de ciencias duras (experimentales) y ciencias blandas (conjeturales o especulativas, no basadas en el método científico sino en análisis cualitativos de descripciones).

4. Brockman J et al. El nuevo humanismo y las fronteras de la ciencia. Madrid. Kairos Editorial. 2007.

5. Brockman J. La Tercera Cultura. Madrid. Metatemas. 1996.

6. Snow CP. Las dos culturas y la revolución científica. Versión ampliada. Madrid. Ediciones Alianza. 1977.

7. El naturalista Thomas H. Huxley (1825-1895) fue el primero en presagiar que la utopía cientificista estaba cercana e incitaba a que como saber inferior la literatura fuese desplazada del lugar preeminente de que disfrutaba en la educación, teniendo que ser la ciencia y no la “cultura” la que ocupase el lugar preponderante. La conferencia ciencia y cultura, que dictó Huxley el 1 de octubre de 1880 en la inauguración del Sir Josiah Mason’s Science College, fue confrontada por la pronunciada por el poeta y ensayista Mathhew Arnold (1822-1888) el 14 de junio de 1882, titulada Literatura y ciencia. Con gran eco en los ámbitos intelectuales de la época, esa polémica, nacida en el siglo XVIII con la Ilustración, se mantiene hasta hoy y fue analizada en su forma actual por Snow.

8. Laín Entralgo P. Última lección académica de Pedro Laín Entralgo. Vida, muerte y resurrección de la historia de la medicina; p. 6. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/obra/ultima-leccion-academica-de-pedro-lain-entralgo–vida-muerte-y-resurreccion-de-la-historia-de-la-medicina/.

9. Marañón G. Enciclopedismo y humanismo, prólogo al libro “Historia de la Tuberculosis” de J. y A. Oriol Anguera. En: Obras completas (Textos recopilados por Alfredo Juderías). Tomo I: Prólogos. Madrid. Ed. Espasa Calpe S.A.; 1968. p. 223.

10. Baroja P. Divagaciones sobre la cultura. Madrid, Editorial Caro Raggio; 2013. p. 13.

11. Gracia Gillén D. Contribución de las humanidades médicas a la formación del médico. Humánitas. Humanidades médicas. 2006. nº 1.

12. Chávez I. Humanismo médico. UNAM, Colegio Nacional. México. 1978.

13. Laín Entralgo P. El humanismo del hombre de ciencia. Ars Medica. Revista de Humanidades. 2003; 2: 172-180.

14. Paz O. Ignacio Chávez, fundador, en Hombres de su siglo. Barcelona. Editorial Seix Barral; 1990. p.169.

15. Ruiz Moral R. La incorporación de las humanidades y ciencias socio-conductuales en la educación médica: ¿cuál es el problema y qué se debe hacer? Folia Humanística. 2019; 11: 65-81.

16. Gracia Guillén D. Contribución de las humanidades médicas a la formación del médico. Humánitas. Humanidades médicas. 2006; 1: 9.

17. Platón. Cármides, o de la sabiduría. Obra completa en 9 volúmenes. Diálogos. Madrid. Editorial Gredos S.A. 1981; I: 214.

18. Galeno. Tratados filosóficos y autobiográficos. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid. Editorial Gredos S.A.; 2002. p. 91-2.

19. Laín Entralgo P. Hacia el verdadero humanismo médico. Revista de Occidente. 1985; 47: 33-47.

20. Laín Entralgo P. El humanismo del hombre de ciencia. Ars Medica. Revista de Humanidades. 2003; 2: 172-180.

21. Ibíd.

22. Zambrano M. Hacia un saber sobre el alma. Alianza Literaria. Madrid; 2000. p. 38.

23. Laín Entralgo P. Historia de la medicina. Salvat Editores S.A. Barcelona; 1982. p. XXVII.

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25. Marañón G. De la reseña crítica del libro Historia de la obstetricia y de la ginecología en España, de Manuel Usandizaga. Santander. 1944. Publicada en el Boletín del Instituto de Patología Médica en marzo de 1946.

26. Marañón G. De la reseña crítica de la Historia de la medicina contemporánea, de Mario Monteiro Pereira. Lisboa. 1953. Publicada en el Boletín del Instituto de Patología Médica en agosto de 1955.

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28. Laín Entrealgo P. Técnica y humanismo en la formación del hombre actual. En Ciencia, técnica y medicina. Madrid. Alianza. 1986.

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30. Laín Entralgo P. Mi oficio en el año dos mil. Revista de Occidente. 1971; 103: 48-71.

31. Ortega y Gasset J. En torno a Galileo. De nuevo la idea de generación, en Obras completas. Madrid. Santillana Ediciones. 2006; VI: 409.

Infancia y adolescencia trans*

De interés especial
 


A. Ortiz Villalobos

Unidad de Infancia y Adolescencia. Servicio de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental. Hospital Universitario La Paz. Madrid

 

Pediatr Integral 2022; XXVI (2): 113 – 115


Infancia y adolescencia trans*

Introducción

En octubre de 2013, una compañera alergóloga tenía en su consulta una madre y un paciente que habían acudido a revisión, como en otras ocasiones. Esta vez, la madre comentó con preocupación que su hijo había presentado conductas que habían llamado la atención en el colegio: “…ha surgido otro problema, que Adriana quiere llamarse Adrián y actuar como los chicos… un día por ello tuvo problemas, se metió en el aseo de niños…’’. Hacía 2 semanas que había informado el colegio de ello. Los padres notaron el cambio hacía aproximadamente 1 año, pues quiso cortarse el pelo y empezó a pedir que le llamaran Adrián. Ahora también utiliza el masculino para referirse a ella. Como es habitual, se cursó la derivación a nuestro equipo e inicié la valoración del paciente. Entre las pruebas complementarias, solicité interconsulta a endocrinología pediátrica. Y el resultado fue que nos unimos en un equipo interdisciplinar de intervención en infancia y adolescencia trans (con Julio Guerrero al que luego se unió Cristina Mora y gracias al apoyo de Isabel González Casado).

Aprender y desaprender

Desde entonces, estas intervenciones han reforzado algo que ya sabía, que en nuestro trabajo debemos mantener un aprendizaje continuo, pero también que, a veces, para aprender hay que desaprender.

Ya no utilizo la palabra “paciente”, la transexualidad no es una enfermedad, pero sí puede condicionar experiencias traumáticas que causen problemas de salud mental. En mayo de 2010, la WPTAH (World Professional Association for Transgender Health) emitió un comunicado instando a la despatologización de la variabilidad de género en todo el mundo(1) (WPATH Board of Directors, 2010): “la expresión de las características de género, incluidas las identidades, que no están asociadas de manera estereotipada con el sexo asignado al nacer, es un fenómeno humano común y culturalmente diverso que no debe ser juzgado como inherentemente patológico o negativo”.

Clasificaciones internacionales

En la CIE-11(2) aparece en el apartado 17 de Condiciones relacionadas con la salud sexual y no en el 06 de trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo y lo denomina incongruencia/discordancia de género. En el DSM-5(3) ya no se clasifica como trastorno de la identidad sexual, sino como disforia de género en niños 302.6 (F 64.2). Además, se añaden dos especificidades, si la persona tiene un desarrollo sexual diferente y si ha realizado la transición. Por supuesto, estos diagnósticos no deben ser una licencia para la estigmatización o la privación de los derechos civiles y humanos.

Nombre

Es fundamental dirigirnos a estas personas por su nombre sentido, en contraposición al nombre registral. Como su nombre indica, el nombre registral es con el que les inscribieron en el Registro Civil y no les gusta que se use, pues suele concordar con el género asignado al nacimiento y no el género sentido, su identidad de género real. Al nombre registral también se le denomina “dead name”. Hay nombres que pueden evocar cualquier género (femenino, masculino y no binario) como Dani, Álex, Noa, Guille… y podrían ser una buena opción ante la necesidad de elegir un nombre que sustituya al registral.

En la primera entrevista con estas personas y sus familias, si conozco de antemano su nombre sentido es el que utilizo, aunque suelo pedir confirmación a elles directamente. En ocasiones, no se atreven a confirmarme el nombre sentido hasta que tienen la aprobación de sus padres. Les genera una gran satisfacción que les reconozcas por el nombre sentido y los pronombres y adjetivos ajustados al género sentido. Esto es algo que ya tampoco doy por supuesto y siempre pregunto con qué género quieren que me dirija a elles: masculino, femenino o no binario (terminaciones en o, en a o en e), pues no tiene porqué ser el esperado para ese nombre. De hecho, hay personas que mantienen nombre registral, pero se sienten mejor si te diriges a elles en el género sentido.

“Me daba vergüenza que me llamaran por mi nombre femenino”. Este chico no conserva fotos de su Confirmación, porque le obligaron a llevar falda.

Otro chaval ya firmaba con su nombre masculinizado (Alejandro en vez de Alejandra) desde los 3 años según refirieron sus padres (sustituía la “a” final por “o”). Cuando, con 6 años, le pedí que dibujara una persona y luego escribiera una historia de ella escribió: “érase una vez una madre que iba a tener un bebé y el médico dijo señora ha tenido un niño y pasó el tiempo y el niño creció y en un momento le dijo a su madre mamá soy una niña y la madre dijo venga ya tu eres un niño y el niño le dijo a su madre mamá de verdad yo me siento chica y su madre lo entendió y se lo dijeron a la directora del colegio le dijo mi hijo es una niña y la directora se lo dijo a los profesores y lo entendieron todos y fueron felices”.

Si no conozco el nombre sentido, paso a la familia a la primera entrevista con los dos apellidos y nombro a la “familia Pérez García” a consulta.

Género

A lo largo de todo el artículo, cuando utilice el género en los ejemplos siempre usaré exclusivamente el género sentido de cada una de las personas que han llegado a la consulta de nuestro equipo. A veces, para aclarar dudas, se usa la notación FtM (género asignado al nacer femenino y género sentido masculino, y la t de “to” en inglés, “hacia”) y MtF que sería al revés, género sentido el femenino.

¿Pero cuántos géneros hay? Tradicionalmente, nos movemos en la creencia de que solo existen 2 géneros, por eso hablamos de binarismo de género que, además, es un binarismo excluyente, o uno u otro. Pero las personas somos diversas (Fig. 1)(4).

Figura 1. Cada niña, cada niño. Tradicionalmente, nos movemos en la creencia de que solo existen 2 géneros, por eso hablamos de binarismo de género que, además, es un binarismo excluyente, o uno u otro.

Y es esta diversidad la que ha favorecido que haya personas que no se identifiquen en ninguna de las categorías binarias por sentir que tienen características asignadas a ambas categorías y, por eso, algunas de esas personas se definen como: no binarias, ni masculinas ni femeninas.

Una niña me comentó con dolor el recuerdo de cuando, con 5 años, ella jugaba en el patio con sus amigas y los chicos jugaban a pelearse. Por estar con sus amigas, en clase, la profesora le “castigó” a sentarse en la mesa de los chicos. Cuando ya realizó la transición y los diferentes entornos le reconocían por su género sentido, el femenino, ella comenta que: “…tampoco cambió mucho porque yo ya era así de todas maneras… solo cambió lo de vestirse y que creían que yo era un chico y no”.

Lenguaje

Como se ha podido apreciar, otro desaprendizaje que he hecho tiene que ver con el lenguaje. Intento utilizar términos genéricos como el de persona, bebé, gente…, utilizo un lenguaje no binario terminado en “e” o en “x”. Todavía no hay un consenso entre lxs lingüistas sobre cuál es la forma más adecuada en castellano. La “x” es difícil, porque solo sirve en el lenguaje escrito y no en el oral. Quizás se termine imponiendo la “e”.

Transición

Antes he mencionado la palabra “transición”. En este tema se refiere al proceso por el que la persona trans revela su identidad sentida en los entornos en los que convive y empieza a expresarse con mayor libertad según esa identidad sentida (cambio de nombre, vestimenta, peinado…).

Diversidad

En la primera consulta, con frecuencia, uso la figura 2(5) para explicar algunos conceptos básicos que se asumen como equivalentes o ligados, pero que la diversidad humana nos ha demostrado que, dentro de la normalidad, también pueden ser independientes.

Figura 2. Explicación de algunos conceptos básicos que se asumen como equivalentes o ligados, pero que la diversidad humana nos ha demostrado que, dentro de la normalidad, también pueden ser independientes.

Cualquier persona puede encontrarse en cualquier punto de cada una de esas cuatro líneas, independientemente del lugar que ocupe en las otras tres, pues serían características dimensionales y no categoriales. Por ejemplo, con respecto a la expresión de género, una madre mencionaba que su hija se “viste femenina en casa… fuera no se viste así por si la insultan… el hermano mayor de un amigo le llamó niño raro”.

Otra chica adolescente comentó en consulta: “desde que era pequeña me sentía más niña que niño, jugaba con muñecas, me disfrazaba de princesa… me regalaron un Action Man y ni lo saqué de la caja… pensaba que era travesti…, en Párvulos dijeron que era gay… llegué a presionarme los hombros, la mandíbula y la nuez para que no se desarrollasen”. Con esta última frase de esta adolescente, no nos es difícil imaginar el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria, dismorfofobia, llegar a autolesionarse…

Estrés de minoría

Al principio he mencionado que la transexualidad no es una enfermedad, pero sí encontramos mayor prevalencia en esta población de trastornos mentales. Se piensa que esto se debe a lo que se denomina “estrés de minoría”. Es el estrés causado por el estigma asociado a la variabilidad de género en muchas sociedades de todo el mundo. Este estigma puede conducir a prejuicios y discriminación, lo que favorece que estas personas sufran estrés. El estrés de minoría puede aumentar la vulnerabilidad de las personas trans y con variabilidad de género a desarrollar problemas de salud mental. Además, el estigma puede contribuir al abuso, maltrato y la negligencia en las relaciones interpersonales, lo que, a su vez, puede conducir a malestares psicológicos. Sin embargo, estos síntomas son socialmente inducidos y no inherentes al hecho de ser una persona trans.

Otro chaval en consulta me dijo: “(cambiaría) tener todo de chico, que nadie se entere de que soy transexual y si se enteran, que no se metan conmigo”. Este chico solo tuvo 1 muñeca en toda su infancia y un día le dijo a su abuela que la muñeca se quería “vestir de chico”.

La no conformidad de género o variabilidad de género (diversidad de género) se refiere al grado en que la identidad, el papel o la expresión de género difiere de las normas culturales prescritas para personas de un sexo en particular (Institute of Medicine, 2011)(6).

La disforia de género se refiere a la incomodidad o malestar causados por la discrepancia entre la identidad de género y el sexo asignado a la persona al nacer (y el papel de género asociado y/o las características sexuales primarias y secundarias)(7,8). Solo algunas personas con variabilidad de género experimentan disforia de género en algún momento de sus vidas. Para estas personas, existen tratamientos disponibles para ayudarles a explorar su identidad de género y encontrar un rol de género que les sea cómodo. Este proceso puede o no implicar un cambio en la expresión de género o incluso llevar o no a modificaciones corporales.

Intervención terapéutica

La intervención terapéutica indicada se denomina terapia afirmativa cuyos principios son:

• Ni las personas ni su identidad ni su inconformidad o expresión de género son un problema.

• Se refuerza la expresión de género de forma flexible, cómoda y conforme. Se apoya el no binarismo.

• Ayuda a desarrollar un autoconcepto sano y positivo.

• Reduce el impacto del estrés psicosocial en sus ámbitos inmediatos. Para ello, se:

- Aclara y explora la identidad y rol de género.

- Aborda el impacto del estigma y el estrés de minorías en la salud mental y el desarrollo de esa persona.

- Aborda el impacto negativo de la disforia de género.

- Alivia la transfobia internalizada.

- Aumenta el apoyo social y entre pares.

- Mejora la imagen corporal.

- Promueve la resiliencia.

- Facilita la “salida del armario” o transición hacia una expresión libre de la identidad de género sentida.

Además, también se trabaja con el entorno familiar el que tenga una respuesta acogedora y educativa, se les apoya en la gestión de la incertidumbre y la ansiedad acerca del futuro de su hije y que le ayuden a desarrollar un autoconcepto positivo. Favoreceremos que la toma de decisiones sea bien pensada y apoyada sobre la comunicación a sus familiares.

La terapia dirigida a tratar de cambiar la identidad y la expresión de género de una persona para que sean más congruentes con el sexo asignado al nacer (terapia de reversión) se ha intentado en el pasado sin éxito(9,10), sobre todo, en el largo plazo(1,11). Dicho tratamiento no se considera ético y, actualmente, en España, está prohibido por ley. Otra chica en consulta mencionó que cuando un psicólogo que la trataba le recomendó a su madre que le cortara el pelo se sintió muy triste y sigue recordándolo con tristeza.

En consulta podemos encontrar diferentes diagnósticos de trastornos mentales, pero lo que subyace son las dificultades que generan la intolerancia y el maltrato ante la transexualidad: ansiedad, depresión, autolesiones, suicidio e intentos de suicidio, trastornos de conducta, trastorno de estrés postraumático (TEPT), abuso de sustancias, problemas con la imagen corporal, rasgos disfuncionales de personalidad y hasta trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), como en el ejemplo siguiente:

• Otra chica mencionaba que en el colegio no se concentraba porque: “estoy dándole vueltas todo el día al mismo tema (la discordancia entre su género sentido y el asignado al nacer y la dificultad para expresarse en el género sentido)”.

• Otra chica llegó a decir que quería: “vivir como una niña y que, si no, no quería vivir”.

Epílogo

Habría muchos testimonios más, pero espero que en el futuro su tono no sea de sufrimiento por el maltrato, sino de aceptación y tolerancia.

Y para terminar, una cita de una novela que leí no hace mucho(12):

 “Yo no comprendía por qué se clasifica siempre a la gente por el culo y se le da tanta importancia, si es algo que no puede hacer daño”.

 


Se usa trans* para referirse a toda persona que no se identifique con el género que le fue asignado. Trans* sirve como término paraguas para incluir a una variedad de identidades y expresiones de género, sin reducir ni uniformizar la multiplicidad de experiencias, vivencias internas y formas de nombrarse.

 

Bibliografía

1. WPATH World Professional Association for Transgender Health [Internet]. Citado el 27 de febrero de 2020. Disponible en: https://www.wpath.org/.

2. ICD-11 [Internet]. Citado el 10 de octubre de 2021. Disponible en: https://icd.who.int/en.

3. Association AP. Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5®: Spanish Edition of the Desk Reference to the Diagnostic Criteria From DSM-5®. American Psychiatric Pub; 2014. p. 417.

4. Cada niña cada niño [Internet]. Citado el 10 de octubre de 2021. Disponible en: https://studylib.es/doc/7164705/por-cada-ni%C3%B1a-cansada-de-actuar-d%C3%A9bil-cuando-es.

5. genderbread+person.jpg (960×621) [Internet]. Citado el 10 de octubre de 2021. Disponible en: http://1.bp.blogspot.com/-NqvnyO24ESg/TynIqqQv8iI/AAAAAAAAI1w/PAvyeyWMpOo/s1600/genderbread%2Bperson.jpg.

6. The Health of lesbian, gay, bisexual, and transgender people: building a foundation for better understanding. Choice Rev Online. 2012; 49: 49-2699.

7. Fisk NM. Editorial: Gender dysphoria syndrome–the conceptualization that liberalizes indications for total gender reorientation and implies a broadly based multi-dimensional rehabilitative regimen. West J Med. 1974; 120: 386-91.

8. Knudson G, De Cuypere G, Bockting W. Recommendations for Revision of the DSM Diagnoses of Gender Identity Disorders: Consensus Statement of the World Professional Association for Transgender Health. Int J Transgenderism. 2010; 12: 115-8.

9. Green R, Money J. Transsexualism and sex reassignment. Baltimore: Johns Hopkins Press; 1969. p. 512.

10. Greenson RR. On homosexuality and gender identity. Int J Psychoanal. 1964; 45: 217-9.

11. Pauly IB. Male psychosexual inversion: transsexualism: a review of 100 cases. Arch Gen Psychiatry. 1965; 13: 172-81.

12. Ajar Emile. La vida ante sí [Internet]. 2016. Citado el 11 de octubre de 2021. Disponible en: https://www.overdrive.com/search?q=D348CB79-DB90-4F6A-BACD-AEFF6BB130F4.

 

 

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