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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

PEDIATRÍA INTEGRAL Nº3 – ABR-MAY 2025

Complementos alimenticios (suplementos nutricionales)

De interés especial
 


P. Serrano Marchuet*, M. Manera Bassols**

*Societat Catalana de Pediatría.
**Agència de Salut Pública de Catalunya. Barcelona

 

Pediatr Integral 2025; XXIX (3): 209 – 213


Complementos alimenticios (suplementos nutricionales)

https://doi.org/10.63149/j.pedint.36

 

Introducción

El consumo de los habitualmente (y equívocamente) denominados suplementos nutricionales está en alza, según reza en el informe de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas: El sector de los complementos alimenticios en España a examen(1), de 2024. A ello contribuye el desconocimiento de su reglamentación por gran parte de los consumidores y de los profesionales, su venta en las oficinas de farmacia sin receta médica, supermercados, tiendas de alimentación ecológica y hasta gimnasios, y, sin duda, las agresivas campañas de publicidad de sus empresas productoras y distribuidoras. Su consumo, más allá de superfluo, salvo en determinados casos, puede acabar siendo nocivo, no solo debido a su contenido, sino al hecho de menospreciar las recomendaciones de estilo de vida y, en su caso, la medicación prescrita.

Definición

La AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) define a los complementos alimenticios como: “productos alimenticios consistentes en fuentes concentradas de nutrientes que se presentan con la finalidad de complementar la ingesta de tales nutrientes en la dieta normal, ya que, aunque en circunstancias normales una dieta adecuada y equilibrada proporciona todos los nutrientes necesarios para el normal desarrollo y mantenimiento de un organismo sano, las investigaciones realizadas demuestran que esta situación ideal no se da en la práctica para todos los nutrientes, ni para todos los grupos de población”(2). La denominación de suplementos nutricionales, empleada en algunos ámbitos y derivada de una traducción del inglés del término food supplement (atendiendo al Cambridge Dictionary, Food Supplement no hace referencia a la sustitución ni reemplazo de algo, sino a su complementación), carece de significado científico y de marco legal en nuestro país y podría llegar a entenderse como aquello que se le añade a la alimentación para restablecer niveles de suficiencia de algunos nutrientes, cosa que en cualquier persona sin patología subyacente y que siga una dieta saludable es absolutamente inútil y nunca deberían emplearse sin la supervisión de un profesional especializado. Por tanto, la forma correcta de denominar a todos esos productos es la de complemento alimenticio.

En el Real Decreto 1487/2009, de 26 de septiembre(3,4), relativo a los complementos alimenticios, estos se definen como: los productos alimenticios cuyo fin sea complementar la dieta normal y consistentes en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias que tengan un efecto nutricional o fisiológico, en forma simple o combinada, comercializados en forma dosificada; es decir, cápsulas, pastillas, tabletas, píldoras y otras formas similares, bolsitas de polvos, ampollas de líquido, botellas con cuentagotas y otras formas similares de líquidos y polvos que deben tomarse en pequeñas cantidades unitarias.

Regulación de los complementos alimenticios en España

El documento “¿Qué necesito saber sobre los complementos alimenticios?” de la AESAN ofrece una visión general de la regulación de estos productos en España, así como de su empleo responsable. La comercialización de estos productos está regulada, tal y como se ha citado, por el Real Decreto 1487/2009 y su posterior modificación, el Real Decreto 130/2018. Las empresas responsables de la comercialización de complementos en España tienen la obligación de notificar la puesta en el mercado de su producto a las autoridades competentes, para facilitar su control.

El documento hace énfasis en los siguientes aspectos del etiquetado, la presentación y la publicidad de los complementos:

• No pueden sugerir que una dieta equilibrada y variada no aporta las cantidades adecuadas de nutrientes.

• No pueden atribuir a los complementos la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad.

• Tienen que contener información sobre la denominación legal de venta, la lista de ingredientes, la cantidad neta, la fecha de caducidad, las condiciones de conservación, la dosis recomendada, las advertencias de seguridad y la información de contacto de la empresa responsable (Fig. 1).

Figura 1. Información que tiene que aparecer en el etiquetado. Fuente: AESAN.

Consejos para las personas consumidoras

Se recomienda a las personas consumidoras que sean críticas con la publicidad y que busquen información sobre los complementos en fuentes fiables(5), como, por ejemplo, organismos oficiales o centros de salud. Se recuerda que “natural” no significa necesariamente seguro, y que un consumo excesivo o inadecuado puede comportar riesgos para la salud(6).

En caso de sospechar que un complemento ha causado un efecto adverso, se recomienda informar inmediatamente al profesional médico o farmacéutico, así como a la autoridad sanitaria de la comunidad autónoma correspondiente. Además, se subraya la importancia de reportar los efectos adversos asociados con su ingesta.

Es importante advertir sobre los peligros del uso no supervisado de complementos, ya que la falta de regulación en algunos de ellos y la venta sin receta pueden conducir a dosis inadecuadas, ineficacia o riesgo de sobredosis. Además, existe el riesgo de errores en formulaciones compuestas o en preparaciones con múltiples nutrientes. Es recomendable que los pediatras informen a la familia sobre los beneficios, los riesgos y las indicaciones de dichos productos, prescribiéndolos solo cuando sea necesario y recalcando que las criaturas sanas que siguen una dieta saludable no necesitan suplementación alguna.

Riesgos potenciales

El documento “The safety of commonly used vitamins and minerals(7) subraya la preocupante popularidad en alza de los complementos alimenticios, advirtiendo sobre sus potenciales peligros, especialmente en dosis elevadas, pudiéndose englobar estos en seis categorías de daños potenciales:

1. Efectos adversos: estos pueden variar según el complemento y la dosis, e incluyen náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, erupciones cutáneas, alteraciones hepáticas, hipertensión intracraneal, neuropatías periféricas y problemas renales, entre otros.

2. Interacciones con medicamentos: los complementos pueden interactuar con medicamentos, reduciendo o aumentando sus efectos o causando efectos adversos adicionales.

3. Coste económico: los complementos pueden ser costosos, y el gasto en productos ineficaces puede afectar la capacidad de pagar tratamientos efectivos o de destinar el dinero a una alimentación saludable de calidad y a algunas actividades de ocio activo.

4. Retraso en terapias más efectivas: el uso de complementos ineficaces puede retrasar la búsqueda y la aplicación de tratamientos más efectivos, permitiendo que la enfermedad o el trastorno progrese.

5. Falsa esperanza: los complementos pueden generar falsas expectativas sobre su eficacia, causando decepción y desmotivación en los pacientes.

6. Aumento de la carga de medicación: el uso de suplementos, además de los medicamentos habituales, puede aumentar la complejidad del tratamiento y el riesgo de errores de medicación.

Por todo ello, se recomienda a los profesionales sanitarios que hablen con las personas consumidoras sobre los beneficios y los riesgos potenciales de los complementos, asesorándoles sobre la dosis adecuada y dirigiéndoles a fuentes de información fiables.

Complementos alimenticios más habituales y su mal uso

En los últimos tiempos, hay que destacar el uso creciente de complementos alimenticios en niños/as y adolescentes y, en la mayoría de los casos, no son prescritos por profesionales sanitarios. Los complementos más utilizados en cada grupo de edad son multivitamínicos y minerales en los más pequeños, y proteínas y aminoácidos en los adolescentes. Los motivos más comunes para su consumo son, en niños: protección contra infecciones, estimulación del crecimiento o mala alimentación; y en adolescentes: mejora del rendimiento deportivo o la consecución del “cuerpo ideal”.

Además de las consideraciones generales sobre la seguridad, citadas en el apartado anterior, se puede hacer una breve reseña de los diversos complementos específicos más empleados, destacando sus utilidades, los riesgos y las posibles indicaciones. Cabe recordar que un consumo superior a las cantidades necesarias para realizar cierta función no aporta mejoría ni aumenta la eficacia de dicha función (p. ej.: tomar hierro sin padecer anemia no mejora el transporte de oxígeno en sangre).

Vitamina A: esencial para la visión, el crecimiento y la función inmune, pero la toxicidad puede causar problemas de piel, hepáticos, visuales y neurológicos. No se debe superar la dosis diaria recomendada.

Vitamina B3 (niacina): utilizada para tratar hiperlipidemias, pero en dosis altas puede causar eritemas cutáneos, prurito e hipotensión.

Vitamina B6 (piridoxina): interviene en la síntesis de anticuerpos, en el mantenimiento de la función neurológica normal y en la producción de hemoglobina, entre otras funciones. En dosis elevadas puede causar neuropatías sensoriales periféricas. Se debe tener precaución con la ingesta de múltiples productos que contengan piridoxina, incluida habitualmente en los complejos multivitamínicos.

Vitamina C: antioxidante e importante para la síntesis de colágeno, pero el exceso puede causar cálculos renales y reducir la eficacia de algunos medicamentos.

Vitamina D: esencial para la salud y la formación ósea en edades tempranas, pero el exceso puede causar hipercalcemia y problemas renales. La suplementación únicamente se recomienda en lactantes y en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia.

Vitamina E: antioxidante, pero en dosis altas puede aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico y mortalidad por todas las causas.

Calcio: importante para la salud ósea, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales y renales. Se recomienda la suplementación en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia.

Hierro: esencial para el transporte de oxígeno, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales. La suplementación se recomienda en casos de deficiencia o riesgo de deficiencia, como, por ejemplo, en bebés prematuros o durante el embarazo.

Zinc: importante para el crecimiento, la función inmune y la salud de la piel, pero el exceso puede causar problemas gastrointestinales e interferir con la absorción de cobre.

Magnesio: importante para la función muscular y nerviosa, pero el exceso puede causar diarrea por su efecto laxante.

Selenio: antioxidante, pero el exceso puede causar toxi­cidad.

Ácidos grasos poliinsaturados: importantes para el desarrollo del cerebro y la visión. La suplementación se recomienda en bebés prematuros y en casos de deficiencia.

Probióticos: microorganismos vivos que pueden tener beneficios para la salud intestinal. Podrían recomendarse algunos tipos muy específicos en casos puntuales de diarrea, cólicos infantiles y otros problemas gastrointestinales.

Melatonina: hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La suplementación se ha utilizado en trastornos del sueño, pero se necesita más investigación sobre su seguridad y eficacia a largo plazo en niños/as.

Indicaciones específicas

Se detallan aquí las indicaciones específicas de los complementos alimenticios cuyos beneficios han sido científicamente aprobados y para los grupos de población a los que van dirigidos(8,9):

Vitamina K: la falta de transporte de esta vitamina a través de la placenta y sus bajas concentraciones en la leche materna hacen recomendable administrarla a todos los recién nacidos con una dosis única de 1 mg IM, con la finalidad de evitar la enfermedad hemorrágica.

Vitamina D: la vitamina D es una vitamina liposoluble, producida en la piel tras la exposición a los rayos UVB y su posterior transformación en su forma activa por hidroxilación en el hígado y los riñones. Aunque algunos alimentos contienen pequeñas cantidades de vitamina D (huevo, mantequilla, pescado y quesos grasos…), la dieta no es una fuente suficiente de esta vitamina. El principal efecto de la vitamina D es en la prevención del raquitismo y la osteomalacia. Las principales causas de su deficiencia son la exposición inadecuada a la luz solar, alteraciones hepáticas, uso de medicamentos y defectos del metabolismo. Se estima que es deficitaria en la leche materna, por lo que se recomienda la administración de 400 UI/día a lactantes durante el primer año de vida o hasta que puedan exponerse al sol, con moderación y protección.

Hierro: el hierro es un mineral esencial para la formación de hemoglobina y el transporte de oxígeno. La deficiencia de hierro es el trastorno de micronutrientes más común.

La anemia crónica causa desaceleración del crecimiento, retraso puberal y deterioro cognitivo, aumenta el riesgo de enfermedades infecciosas y contribuye a una baja respuesta humoral a las vacunas.

Las reservas de hierro del recién nacido dependen del estado de hierro de la madre, la edad gestacional, el peso al nacer y el tiempo de pinzamiento del cordón umbilical. Debido a esta reserva limitada y al rápido crecimiento, los bebés se consideran un grupo de riesgo, especialmente aquellos con bajo peso al nacer y los prematuros.

Si bien la leche materna es pobre en hierro, este hierro se absorbe de forma muy eficiente (recordemos que la leche de vaca también es pobre en hierro y, además, es muy poco biodisponible), y se tiene que complementar, a partir de los 6 meses, con la incorporación de otros alimentos ricos en hierro (legumbres, cereales integrales, hortalizas de hoja verde –excepto cantidades elevadas de acelgas y espinacas–, pequeñas cantidades de carne roja, pescado azul, huevos, etc.). Se puede mejorar su absorción, incorporando frutas y hortalizas frescas en la comida. Hay que recordar que la suplementación con hierro a la madre no cambia los niveles de hierro de la leche materna. Los adolescentes en fase de crecimiento acelerado y las niñas justo después de la menarquia también tienen un riesgo aumentado de desarrollar ferropenia, por lo que también es aconsejable aconsejar un consumo de los alimentos ricos en hierro que se han citado anteriormente.

Las indicaciones para la suplementación universal con hierro, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluyen a las mujeres embarazadas y a los niños de entre 6 y 24 meses. Sin embargo, no existen beneficios claros de esta suplementación en niños sanos nacidos a término en países como el nuestro, donde la prevalencia de anemia es baja.

Calcio: el calcio es el mineral más abundante en el organismo y esencial para la composición ósea. Su deficiencia crónica provoca raquitismo y osteomalacia. Los productos lácteos son la principal fuente de este nutriente, aunque existen otros alimentos que también aportan una cantidad de calcio absorbible destacable, como las bebidas y yogures vegetales enriquecidos en calcio, las hortalizas tipo col rizada o kale, hojas de nabo, col china, etc., el tofu cuajado con sales de calcio, las alubias blancas, las almendras, el sésamo molido, el tofu, el tahini (crema de semillas de sésamo), etc.

Los factores de riesgo de deficiencia de calcio son el parto prematuro, la ingesta dietética inadecuada, la inflamación sistémica y el uso crónico de medicamentos (p. ej., glucocorticoides). En estas situaciones, se debe considerar la realización de pruebas de detección de la salud ósea y la administración de complementos de calcio y vitamina D.

La suplementación en criaturas sanas con una ingesta adecuada de calcio no está indicada, ya que su uso no mejora significativamente la densidad mineral ósea y no reduce el riesgo de fracturas. Los efectos adversos de la suplementación son diarrea o estreñimiento, aumento de la excreción urinaria de calcio y fósforo y nefrocalcinosis.

En este sentido, solo se recomienda la suplementación con 500-1.000 mg/día de calcio, según el peso y la edad, en niños y adolescentes que reciben menos de 300 mg de calcio en la dieta. En niños/as y adolescentes que siguen una alimentación vegana o que no consumen lácteos, se debe recomendar la ingesta de los alimentos ricos en calcio anteriormente citados, junto con la práctica diaria de actividad física y la exposición moderada y con protección al sol.

Ácidos grasos poliinsaturados (PUFA): los ácidos grasos poliinsaturados se clasifican en: omega-3, presente en algunos aceites vegetales (lino, soja, nuez, cáñamo…), semillas como el lino y la chía, nueces y pescado; omega-6, de aceites vegetales como soja y maíz; y omega-9, presente en el aceite de oliva.

El omega-3, al metabolizarse, da lugar a los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga DHA (ácido docosahexaenoico) y EPA (ácido eicosapentaenoico). El DHA contribuye al desarrollo cognitivo y visual.

Los primeros mil días de vida (de la semana 27 de embarazo a los dos años de edad) es el momento de mayor necesidad de este nutriente, debido al desarrollo cerebral. Por este motivo, se recomienda un consumo adecuado de DHA en mujeres embarazadas y lactantes. En niños/as, adolescentes y personas adultas, la ingesta recomendada de DHA puede alcanzarse consumiendo dos raciones semanales de pescado azul, 3-4 nueces al día o una cucharada de postre de lino molido o de aceite de lino diario o una cucharada sopera al día de aceite de soja o colza (canola o nabina).

En cuanto a las criaturas que reciben fórmulas infantiles, estas últimas ya incluyen la suplementación con DHA. En prematuros con aumento de peso subnormal o displasia broncopulmonar, se recomienda la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados, al menos, hasta las 52 semanas de edad corregida.

Probióticos: los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, brindan beneficios para la salud del huésped. Las cepas probióticas se identifican según su género, especie, subespecie y un nombre alfanumérico que identifica a una cepa específica.

Los efectos de los probióticos son específicos y dependen de la cepa y la dosis utilizada. En febrero de 2023, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN) publicó un documento sobre el uso de probióticos y prebióticos para el manejo de trastornos gastrointestinales en Pediatría, cuyas indicaciones incluyen la diarrea aguda, prevención de la diarrea asociada al uso de antibióticos, prevención de la diarrea nosocomial, prevención de la enterocolitis necrotizante en prematuros, etc., con una cepa específica de probiótico para cada una de ellas.

No existe consenso sobre la suplementación de cepas específicas de probióticos en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la obesidad, la esteatosis hepática, la depresión en el grupo de edad pediátrica, la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad celíaca y otras afecciones.

Prebióticos: son alimentos que promueven el crecimiento de bacterias probióticas. Estos compuestos son carbohidratos indigeribles que no se absorben en el intestino y que son fermentados por las bacterias, resultando en la producción de ácidos grasos de cadena corta que son la principal fuente de energía para el colon y promueven la absorción de agua y sodio. La leche materna contiene galacto-oligosacáridos, y también se añaden a algunas leches de fórmula. Los alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos… son ricos en fibras y otras sustancias con efecto prebiótico, por lo que se recomienda que sean la base de la alimentación saludable.

Complejo de la vitamina B: las vitaminas del complejo B son hidrosolubles y actúan sobre el metabolismo energético. No existe indicación para la suplementación rutinaria de vitaminas B en criaturas sanas, a menos que existan restricciones dietéticas o de absorción que afecten la ingesta de estas vitaminas. Las vitaminas del complejo B suelen administrarse juntas, excepto en deficiencias específicas, en las que se individualiza la dosis.

Por ejemplo, en el caso del ácido fólico (vitamina B9), es un complemento importante en el embarazo debido a su papel en el desarrollo neuronal y físico normal del feto. Aunque la principal fuente de esta vitamina son las verduras de hoja verde, la suplementación es necesaria para pacientes con desnutrición severa, anemia falciforme, errores innatos del metabolismo que involucran las vías del folato, mujeres embarazadas hasta la semana 12 de gestación y uso de medicamentos que interfieren con el metabolismo del folato.

En relación con la cianocobalamina (vitamina B12), es esencial para una buena función neurológica, previniendo el daño endotelial y siendo un cofactor en varias vías metabólicas. Se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal. Su deficiencia puede ser causada por dietas que restringen los alimentos de origen animal, la cirugía bariátrica o problemas de absorción. Algunos medicamentos pueden reducir los niveles de vitamina B12, como los inhibidores de la bomba de protones, los antagonistas del receptor de histamina y la metformina. Las manifestaciones clínicas de la deficiencia son anemia megaloblástica, neuropatías, somnolencia, irritabilidad, disminución de la agudeza visual, parestesias e hiperreflexia, pudiendo algunas de ellas llegar a ser irreversibles. La suplementación con vitamina B12 es necesaria en personas vegetarianas y veganas (las madres lactantes que sigan una dieta vegana o vegetariana también deben recibir complementos de vitamina B12), el síndrome de intestino corto con ausencia de íleon terminal, poscirugía bariátrica o condiciones que afecten su absorción.

Melatonina: la melatonina es una hormona secretada principalmente por la glándula pineal. Sus principales funciones son la regulación del ritmo circadiano y del ciclo vigilia/sueño, la acción antioxidante y antiinflamatoria. Los complementos de melatonina se han utilizado en niños/as con trastornos del sueño y en otras condiciones. Sin embargo, no existe consenso sobre la indicación, la dosis, la duración del uso y los efectos a largo plazo, incluyendo la interferencia con la pubertad, el ciclo menstrual y el aumento de la secreción de prolactina. Las reacciones adversas en criaturas son mareos, dolor de cabeza, agitación y enuresis nocturna.

Al ser considerado un producto natural, de bajo coste y de venta libre que promete la mejora de la calidad del sueño, su consumo ha aumentado considerablemente en la última década. Además, muchos complementos no contienen la cantidad de melatonina descrita en la etiqueta o la dosificación recomendada en su envasado no se corresponde con la adecuada. En cualquier caso, la dosis inicial debería ser la más baja posible, entre 0,5 y 1 mg/día, con una dosis máxima de 5 mg/día en adolescentes.

Los complementos de vitamina C, los complejos multivitamínicos o multiminerales o la ingesta de proteínas y aminoácidos carecen de indicación para su suplementación en menores y adolescentes sanos.

Además de las indicaciones específicas señaladas, en el Algoritmo al final del artículo se citan algunas situaciones en las que se podría valorar la administración de complementos alimenticios.

Conclusión

Este artículo pretende proporcionar una visión global sobre los complementos alimenticios, subrayando la importancia de la consulta con profesionales sanitarios antes de tomarlos. Se debe tener en cuenta que los complementos pueden tener efectos nocivos, especialmente en dosis elevadas, y que, casi nunca, son necesarios para personas sanas con una dieta saludable. La información, la prudencia y la consulta con profesionales cualificados son claves para un uso seguro y responsable de los complementos alimenticios.

Bibliografía

1. Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas. El sector de los complementos alimenticios en España a examen. 2024. Disponible en: https://fiab.es/el-sector-de-los-complementos-alimenticios-en-espana-a-examen/.

2. Gobierno de España. AESAN. Ministerio de Consumo. ¿Qué necesito saber sobre los complementos alimenticios? Disponible en: https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/publicaciones/seguridad_alimentaria/saber_complementos.pdf.

3. Ministerio de la Presidencia. Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado. Real Decreto 1487/2009, de 26 de septiembre, relativo a los complementos alimenticios. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2009-16109.

4. Ministerio de la Presidencia. Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado. Reglamento (CE) nº 178/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 28 de enero de 2002, por el que se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, se crea la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y se fijan procedimientos relativos a la seguridad alimentaria. «DOCE» núm. 31, de 1 de febrero de 2002; p. 1-24. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2002-80201.

5. Ellis E. Does My Child Need a Supplement? Eat right.org, Academy of nutrition and dietetics. 2024. Disponible en: https://www.eatright.org/health/essential-nutrients/supplements/does-my-child-need-a-supplement.

6. Ellis E. Supplements and Safety. Eat right.org, Academy of nutrition and dietetics. 2024. Disponible en: https://www.eatright.org/health/essential-nutrients/supplements/supplements-and-safety.

7. Geraldine Moses AM. The safety of commonly used vitamins and minerals. Aust Prescr. 2021; 44: 119-23. Disponible en: https://doi.org/10.18773/austprescr.2021.029.

8. Barretto JR, Gouveia MADC, Alves C. Use of dietary supplements by children and adolescents. J Pediatr (Rio J). 2024; 100: S31-39. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.jped.2023.09.008.

9. Rebollo MJ. Suplementos nutricionales en Pediatría. Rev. chil. nutr. 2002; 29: 294-9. Disponible en: https://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182002000300004.

Lectura recomendada: Generalitat de Catalunya. Acsa brief. Agència Catalana de Seguretat Alimentària. Cuando el exceso de vitaminas es el problema: las hipervitaminosis y los complementos alimenticios. Primera parte; 2024. p. 1-7. Segunda parte; 2025. p. 1-7. Disponibles en: https://acsa.gencat.cat/es/actualitat/butlletins/acsa-brief/hipervitaminosis-i-complements-alimentaris/.

 

 

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