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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Vacunas frente al SARS-CoV-2: actualización práctica

De interés especial
 


A.I. Dacosta Urbieta*/**, I. Rivero Calle*/**, J. Gómez-Rial**, F. Martinón-Torres*/**

*Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario. Santiago de Compostela. **Grupo de Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría (GENVIP). Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, Universidad de Santiago


Resumen

El año 2020, el primero de la pandemia COVID-19, ha puesto en marcha un esfuerzo sin precedentes en la búsqueda de una vacuna frente al SARS-CoV-2. Se ha iniciado el desarrollo de más de 250 candidatos vacunales, de los cuales tres ya han sido aprobadas por las agencias reguladoras europeas. Las estrategias para desarrollarlas son variadas, algunas vacunas han optado por un enfoque clásico como las vacunas de: virus vivos atenuados, virus inactivados o de subunidades virales. En otros casos, se han empleado estrategias más novedosas, como las vacunas de ARNm y el uso de vectores virales. Entre las vacunas más destacadas están las de Moderna y Pfizer, ambas de ARNm; las vacunas de Astra Zeneca y del instituto de investigación de Gamelaya de vectores virales; la vacuna de Sinovac, de virus inactivados; y la de Novavax de subunidades. Todas estas vacunas utilizan como antígeno la proteína espicular (Spike [S]) del coronavirus. En este artículo se hace una revisión de las principales vacunas frente a la COVID-19 atendiendo a su mecanismo de acción, pauta de administración, perfil de seguridad y eficacia.

 

Abstract

The year 2020, the first year of the COVID-19 pandemic, has launched an unprecedented effort in the search for a vaccine against SARS-CoV-2. The development of more than 250 vaccine candidates has begun, of which three have already been approved by European regulatory agencies. The strategies to develop them are varied, some vaccines have opted for a classical approach such as live attenuated virus, inactivated virus or viral subunit vaccines. In other cases, newer strategies have been employed, such as mRNA vaccines and the use of viral vectors. Among the most prominent vaccines are Moderna and Pfizer, both mRNA; Astra Zeneca and the Gamelaya Viral Vector Research Institute’s vaccines; the Sinovac inactivated virus vaccine and the Novavax subunit vaccine. All these vaccines use as antigen the spicular protein (Spike [S]) of the coronavirus. This article reviews the main vaccines against COVID-19 taking into account their mechanism of action, administration guideline, safety profile and efficacy.

 

Palabras clave: Vacunas; SARS-CoV-2; COVID-19; Vacunas ARNm; Vacunas vector viral.

Key words: Vaccines; SARS-CoV-2; COVID-19; MRNA vaccines; Viral vector vaccines.

 

 

Pediatr Integral 2020; XXIV (8): 494 –501


Vacunas frente al SARS-CoV-2: actualización práctica

 

Introducción

En octubre de 2019, el mundo recibió la noticia de que una nueva variante de coronavirus, denominada posteriormente SARS-CoV-2(1), era la causante de una serie de casos de síndrome de distrés respiratorio agudo en la ciudad china de Wuhan. Posteriormente, se conocieron otros fenotipos clínicos de la enfermedad, como fenómenos tromboembólicos o autoinmunes y pasó a conocerse como enfermedad causada por el coronavirus 2019 o por sus siglas COVID-19. El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la situación de pandemia. En los meses siguientes, fuimos testigos de cómo esta enfermedad se extendió rápidamente por el resto del mundo, causando una importante mortalidad, provocando cierres de la actividad económica, poniendo a prueba los sistemas sanitarios y cambiando por completo nuestras costumbres. Durante este tiempo, se han desarrollado diferentes estrategias terapéuticas tanto antivirales, entre los que destaca el remdesivir, como agentes inmunomoduladores, cuyo objetivo es atenuar la hiper-inflamación asociada a la enfermedad. Entre estos últimos, destacan la hidroxicloroquina, los corticoides y el tocilizumab, si bien hasta la fecha, solo el tratamiento con corticoides ha demostrado beneficio en la reducción de la mortalidad durante los ensayos clínicos realizados(3,4). Por todo ello, la gran esperanza para hacer frente a esta pandemia está depositada en el desarrollo de una vacuna segura y eficaz.

Desde que el 9 de noviembre de 2020 la farmacéutica Pfizer anunciase(5) que habían desarrollado una vacuna eficaz, el final de esta pandemia parece estar más cerca. Este anuncio marcó un hito en la historia de las vacunas, por la rapidez en la que se desarrollaron estos candidatos vacunales y por ser la primera vez que una vacuna de ARNm supera todas las fases de desarrollo clínico y se va a administrar a gran escala. Al poco de realizarse el anuncio de Pfizer, otras empresas farmacéuticas anunciaron los resultados de sus vacunas. En estos momentos, existen varios candidatos vacunales en diferentes fases de desarrollo. El objeto de este artículo es realizar una revisión de las tecnologías de fabricación de vacunas y de los diferentes candidatos vacunales para COVID-19, atendiendo a: su mecanismo de acción, pauta de administración, eficacia, efectos adversos y fase de desarrollo en la que se encuentran.

Tipos de vacunas frente a SARS-CoV-2

Se han seguido diferentes estrategias en el diseño de vacunas frente a SARS-CoV-2, desde la nueva tecnología de vacunas de ARNm hasta la aproximación clásica de vacunas de virus vivos atenuados y virus inactivados. En esta sección, se presenta un pequeño resumen del funcionamiento de estas estrategias (Fig. 1).

Figura 1. Mecanismos de funcionamiento de los principales tipos de vacunas frente a SARS-CoV-2

Vacunas de virus vivos atenuadas(6)

Esta es una de las primeras tecnologías de vacunación que se diseñó. Fue, por ejemplo, la que empleó Louis Pasteur en 1885, en la vacuna de la rabia. El proceso para crear una vacuna de virus vivos atenuados es el siguiente. Primero, se aísla el virus causante de la enfermedad que se quiere combatir. Posteriormente, se emplean mecanismos para reducir su virulencia, es decir, su capacidad de infectar y dañar al huésped. Para ello, se pasa repetidamente el virus por diferentes medios de cultivo, lo que va dando lugar a diferentes cepas. De esas cepas, se eligen aquellas que infecten, pero no produzcan enfermedad y generen respuesta inmune. Por ejemplo, en el caso de la polio oral o de Sabin, se aisló la cepa Mahoney de individuos que pasaban la enfermedad de forma asintomática. Posteriormente, realizaron pases del virus a través de cultivos de testes de mono hasta encontrar una cepa que no poseyese capacidad infectiva del sistema nervioso central.

Las vacunas de virus vivos atenuados han ayudado a hacer frente a enfermedades que antaño causaban una importante morbimortalidad. Y aún, a día de hoy, seguimos utilizándolas de forma habitual, como la del sarampión, parotiditis y rubeola, la de la varicela o la de la fiebre amarilla. Sin embargo, presentan como desventaja que el virus puede causar enfermedad en individuos susceptibles; por lo que están contraindicadas en ciertos pacientes, como embarazadas o inmunodeprimidos.

Las vacunas de virus vivos atenuados son eficaces, pero están contraindicadas en personas inmunodeprimidas.

Vacunas de virus inactivados(7)

Esta tecnología de fabricación de vacunas fue la siguiente en ser desarrollada. En este tipo de vacunas, se inactiva el virus empleando métodos físicos o químicos, como el uso de formaldehído, calor o luz ultravioleta y este deja de ser infeccioso. El problema de estas vacunas es que, si el proceso de inactivación del virus no se realiza correctamente, este puede reactivarse y causar enfermedad o, si el proceso de inactivación es lo suficientemente intenso, se perderá la capacidad de generar respuesta inmune al desnaturalizarse los antígenos.

Estas vacunas presentan, como principal ventaja, frente a las vacunas vivas atenuadas que: no pueden causar enfermedad, son menos reactógenas y más seguras. Como inconveniente, su capacidad de generar respuesta inmune es menor. Ejemplos de vacunas de virus inactivados que empleamos de forma habitual serían: vacuna de polio inyectable (vacuna de Salk) y hepatitis A.

Las vacunas de virus inactivados son más seguras al no poder causar la enfermedad, pero su capacidad de producir respuesta inmune es menor.

Vacunas de subunidades virales(8)

A finales del siglo pasado, se exploraron nuevas formas de diseñar vacunas. En lugar de emplear microorganismos enteros, atenuados o inactivados, se sugirió la posibilidad de usar antígenos específicos del microorganismo. Esto facilitaba la fabricación de las vacunas. Cuando se trabaja con microorganismos enteros, hay que emplear cultivos celulares. Sin embargo, es un proceso caro y existían algunos microorganismos que no podían ser cultivados. Este era el caso del virus de la hepatitis B. Gracias a la aparición de la tecnología recombinante, se empleó una cepa modificada de S. cerevisae para generar la proteína de antígeno de superficie del virus de la hepatitis B (HBsAg). Esta proteína era capaz de generar respuesta inmune, desarrollándose así la vacuna frente a la hepatitis B, que seguimos usando en la actualidad. Posteriormente, se desarrollaron otras vacunas empleando esta tecnología, como la del virus del papiloma humano.

El problema de estas vacunas, es que su capacidad de generar respuesta inmune es menor. Cuando se emplean vacunas atenuadas e inactivadas está presente el microorganismo entero, por lo que el paciente se expone a numerosos antígenos y a otras moléculas que activan su respuesta inmune. En el caso de las vacunas atenuadas, al emplear un solo antígeno, es necesario estimular la respuesta inmune con el uso de adyuvantes.

Las vacunas de subunidades virales permiten que la fabricación de vacunas sea más sencilla, pero la respuesta inmune es menor que con las vacunas de virus enteros, precisando la utilización de adyuvantes.

Vacunas de ARN(9,10)

La idea detrás del diseño de las vacunas de ARN era poder superar algunos de los problemas que presentan las vacunas anteriores: no poseer capacidad de producir enfermedad como las vacunas de virus vivos atenuados y producir una respuesta inmune más intensa y duradera que las vacunas inactivadas y de subunidades.

Existen dos tipos de vacunas de ARN, las convencionales y las autorreplicables. En las convencionales, la vacuna contiene ARN mensajero (ARNm) que se traduce en proteínas que codifican el antígeno, empleando los ribosomas celulares. En las autorreplicables, la vacuna contiene un complejo de ARN-polimerasa dependiente de ARN que amplifica el ARNm, creando más copias del mismo para posteriormente traducirlo, con lo que se produce mayor cantidad del antígeno.

Las vacunas de ARNm presentan la ventaja de que pueden estimular al sistema inmune innato sin necesidad de emplear adyuvantes. La presencia de ARNm exógeno en las células de paciente simula una infección viral y se generan citoquinas y quimoquinas que activan el reclutamiento de las células presentadores de antígenos y linfocitos CD8. Sin embargo, la inducción de respuesta inmune innata es a la vez ventaja e inconveniente en estas vacunas. La producción de interferón al detectarse ARNm exógeno en las células, puede dar lugar a una serie de respuestas inmunológicas encaminadas a reducir la transcripción de ARN viral lo que reduciría la efectividad de la vacuna.

Otro de los potenciales problemas de las vacunas de ARNm es su inestabilidad, ya que es una molécula que se degrada rápidamente. Necesitan condiciones de conservación específicas lo que puede complicar su logística y distribución a gran escala. Pero, a diferencia de las vacunas de ADN, no tienen potencial para integrarse en el genoma del huésped.

Las vacunas de ARN mensajero son una tecnología novedosa, que presenta ventajas frente a las vacunas tradicionales pero la inestabilidad de la molécula de ARN mensajero puede complicar su logística y distribución a gran escala.

Vacunas de ADN(11)

Las vacunas de ADN funcionan de forma similar a la anterior. Se inyecta en el paciente un plásmido de ADN que emplea la maquinaria celular del paciente para sintetizar proteínas y péptidos virales que activarán la respuesta inmune. El ADN es mucho más estable y fácil de manejar que el ARN, si bien para lograr que llegue al núcleo celular, la administración de la vacuna requiere de técnicas específicas (p. ej., electroporación).

Entre los potenciales problemas de la vacuna está el temor a que se produzca integración del ADN viral en el huésped. En estudios preliminares, no se ha observado integración del ADN en el huésped de forma significativa y, cuando se detecta, es varios órdenes de magnitud inferior a la tasa habitual de mutación. Otra de las preocupaciones es que la vacuna pueda causar fenómenos autoinmunes, pero tampoco se han observado un aumento significativo de los mismos en los ensayos clínicos realizados.

Las vacunas de ADN emplean una tecnología similar a las vacunas de ARN, pero son mucho más estables; a pesar de que existe preocupación por su riesgo potencial de integración en el genoma humano, no se ha visto este fenómeno en los ensayos clínicos realizados.

Vacunas de vectores virales(12)

En este tipo de vacunas, se emplea un virus que infecte a seres humanos, como el adenovirus. El vector viral se altera para reducir su capacidad infectiva y se modifica su genoma, para que al traducirse, se expresen proteínas del virus frente al que se crea la vacuna.

Estas vacunas tienen la ventaja de que los vectores virales simulan una infección provocando una respuesta inmunitaria fuerte, por lo que no necesitarían adyuvantes. Entre sus inconvenientes, la posibilidad de que el ADN se integre en el genoma del paciente o que se produzca una replicación persistente en sujetos inmunodeprimidos. Además, al emplear virus que infectan de forma natural a los seres humanos, la presencia de respuesta inmune previa a ese virus puede comprometer la respuesta inmune vacunal.

Finalmente, desde un punto de vista técnico. La necesidad de emplear cultivos celulares provoca que el proceso de fabricación sea más caro y laborioso.

Las vacunas de vectores virales modifican genéticamente un virus que infecta a humanos para que exprese proteínas del virus frente al que queremos generar la vacuna.

Candidatos vacunales frente a SARS-CoV-2

En esta sección realizaremos un pequeño resumen de los candidatos vacunales frente a SARS-COV-2 más relevantes hasta el momento (Tabla I).

Vacuna de Pfizer y BioNTech BNT162b2 – tozinamerán “Comirnaty®”(14)

Tipo de vacuna: ARNm incluido en nanopartículas liposomales que codifica la proteína spike del SARS-CoV-2.

Características del ensayo en fase 2/3: se realizó un ensayo clínico multicéntrico con 43.548 pacientes, de los cuales la mitad recibió la vacuna y la otra mitad placebo. Con respecto a los datos demográficos de los participantes: el 57% tenía entre 16 y 55 años, y el 43% restante eran mayores de 55; el 50% de los participantes eran mujeres y el 30% de los participantes eran obesos. Entre los criterios de exclusión para participar se incluía: haber padecido COVID-19 con anterioridad, empleo de tratamiento inmunosupresor o pacientes inmunodeprimidos. Sí que se incluyeron pacientes con enfermedad crónica estable, como hepatitis C o VIH.

Pauta de administración: 2 dosis separadas entre sí 21 días.

Efectos adversos: a nivel local, el más frecuente fue el dolor en el lugar de la inyección. Y en cuanto a los efectos secundarios a nivel sistémico, los más frecuentes fueron: malestar general, cefalea y fiebre. La tasa de efectos adversos graves fue del 1,1% en el grupo de vacuna.

Eficacia: a partir de los 7 días de administración de la segunda dosis de la vacuna, se produjeron 9 infecciones por SARS-CoV-2 en el grupo de vacunados frente a los 168 del grupo de placebo. Esto significa que presenta una eficacia del 95% CI95% (90,3-97,6). En el análisis por subgrupos, la efectividad fue similar en todos ellos.

Fase en que se encuentra la vacuna: fase 4 o de comercialización. Primera vacuna aprobada en el mundo frente al SARS-CoV-2, tanto por la FDA americana como por la EMA y por la OMS.

Vacuna de Moderna mRNA-1237(15)

Tipo de vacuna: ARNm incluida en nanopartículas liposomales que codifica la proteína spike del SARS-CoV-2.

Características del ensayo en fase 3: ensayo multicéntrico en el que participaron 30.400 pacientes, de los cuales la mitad recibió la vacuna y la otra mitad placebo. Los pacientes se estratificaron en tres grupos: pacientes de 18 a 65 años sin factores de riesgo (59,6%), pacientes de 18 a 65 años con factores de riesgo (15,1%) y pacientes mayores de 65 años (25,3%). El 82% presentaba riesgo ocupacional de contraer SARS-CoV-2, con un 25% de profesionales sanitarios incluidos en el estudio. A diferencia de la vacuna de Pfizer, sí se incluyeron participantes con historia de enfermedad por COVID-19 previa (2,2%).

Pauta de administración: 2 dosis con un intervalo de 28 días.

Efectos adversos: a nivel local, el más frecuente fue dolor en el lugar de la inyección (91,6%). A nivel sistémico, los más frecuentes fueron: fatiga (68,5%), cefalea (63,0%), dolor muscular (59,6%), dolor articular (44,8%), y escalofríos (43,4%). Se produjeron efectos adversos graves en el 0,2% al 9,7% de los participantes.

Eficacia: a partir de los 14 días de la segunda dosis de la vacuna, se registraron 5 casos en el grupo vacunal frente a 90 del grupo placebo, lo que significa una efectividad de 94,5% CI95% (86,5-97,8). La eficacia fue similar entre los diferentes subgrupos.

Fase en que se encuentra la vacuna: fase 4 o comercialización.

Vacuna de Oxford y Astra Zeneca ChAdOx1 (AZD1222)(16)

Tipo de vacuna: vacuna de vector viral empleando adenovirus que expresa la glucoproteína spike de SARS-CoV-2.

Características del estudio en fase 2/3: se realizó simultáneamente un estudio en fase 2/3 en Reino Unido y otro en fase 3 en Brasil. En el de Reino Unido, se reclutaron 10.673 pacientes, de los cuales la mitad recibió vacuna y la otra mitad placebo. En el grupo de vacuna, existían dos subgrupos, el subgrupo SD/SD formado por 2.741 participantes y el subgrupo LD/SD con 4.807. El subgrupo de SD/SD recibió 2 dosis de vacuna a dosis estándar de carga viral, mientras que el LD/SD recibió una primera dosis de vacuna de baja carga viral (mitad de dosis) y otra segunda dosis de vacuna de alta carga viral (dosis completa). El 86,7% de los pacientes tenían entre 18 y 55 años, con la particularidad de que en el grupo LD/SD solo se reclutaron pacientes de este grupo etario. En el estudio de Brasil, se reclutaron 4.088 pacientes y todos ellos recibieron 2 dosis de carga estándar de la vacuna. En este estudio, el 89,9% de los participantes tenía entre 18 y 55 años. Entre los dos estudios, el 60,5% eran mujeres y la mayoría de los participantes eran trabajadores sanitarios. Se incluyeron pacientes que habían padecido COVID-19 anteriormente.

Pauta de administración: en el protocolo se establecían 2 dosis separadas 4 semanas, pero en los ensayos clínicos existió gran variabilidad. El grupo SD/SD recibió la segunda dosis en las primeras 6 semanas tras la primera con una mediana de 36 días. El grupo LD/SD recibió la segunda dosis en las primeras 12 semanas.

Eficacia: a partir de los 14 días después de la segunda dosis de la vacuna, en el grupo de la vacuna se detectaron 30 casos y 101 en el grupo control, lo que supone una eficacia del 70,4% CI95% (54,8-80,6). Si estratificamos los resultados en el grupo SD/SD, la eficacia fue del 62,1% CI95% (41,0-75,7) y en el LD/SD 90,0% (67,4-97). No existían diferencias significativas entre otros subgrupos.

Efectos adversos: se produjeron 175 efectos adversos graves en 168 pacientes, 84 en el grupo de la vacuna y 91 en el control. Debido a que el estudio en fase 3 y 2/3 sigue en curso, no se han terminado de reportar los posibles efectos adversos.

Fase de la vacuna: fase 3, aprobación en el Reino Unido.

Vacuna de Novavax NVX-CoV737(17)

Tipo de vacuna: vacuna de subunidades que emplea la glucoproteína spike del SARS-CoV-2 (rSARS-Cov-2) y un adyuvante derivado de la saponina: Matrix-M1.

Características del ensayo en fase 1/2: se reclutaron 131 participantes que se dividieron en grupo placebo, B, C y D. Los pacientes del grupo B recibieron: 25 µg de rSARS-CoV-2; los del grupo C: 5 µg de r-SARS-CoV-2 + adyuvante; y los del grupo D: 25 µg de r-SARS + adyuvante. El 49,6% de los participantes eran mujeres y la edad media era de 30,8 ± 10,2 años.

Pauta de administración: 2 dosis separadas 21 días.

Eficacia: no hay datos disponibles aún de eficacia.

Efectos adversos: los efectos a nivel local o sistémicos estuvieron ausentes, o fueron moderados en la mayoría de los participantes.

Fase de la vacuna: fase 3.

Vacuna de Sinovac “CoronaVac®”(18)

Tipo de vacuna: virus inactivados.

Características del ensayo en fase 2: se reclutaron 600 pacientes. Estos 600 pacientes se dividieron en dos grupos, uno recibiría una pauta vacunal a los 0 y 14 días, y el otro grupo a los 0 y 28 días. Se asignaron en ratio 2:1 al grupo de la vacuna y al grupo placebo. Además, dentro del grupo de la vacuna, se realizaron otros dos subgrupos, uno que recibió 6 µg de producto y otro que recibió 3 µg de producto. La edad de los pacientes estaba comprendida entre los 18 y los 55 años, y un 51% de los mismos eran mujeres.

Pauta de administración: existen dos pautas: 0-14 días y 0-28 días, respectivamente.

Eficacia: no hay datos publicados de eficacia, pero la compañía ha comunicado en prensa una eficacia del 78%(19).

Efectos adversos: la tasa de efectos adversos fue del 33% en el grupo de 3 µg, 35% en el grupo de 6 µg y 22% en el placebo. No se registraron reacciones adversas graves.

Fase de la vacuna: fase 3.

Vacuna del Instituto de investigación en epidemiología y microbiología de Gamelaya Gam-Covid-Vac “Sputnik V®(20)

Tipo de vacuna: vacuna de dos vectores virales rAd5-S y rAd26-S, empleando adenovirus que expresa la proteína spike de SARS-CoV-2.

Características del ensayo en fase 1/2: se reclutaron 38 pacientes en un estudio con vacuna no liofilizada y otros 38 en un estudio con vacuna liofilizada. De los primeros 38 pacientes, 18 de cada grupo realizaron el estudio en fase 1 y 20 en fase 2. La media de edad era de 26,4 ± 4,4 años para el grupo de vacuna y de 26,7 ± 5,8 años para los de la vacuna liofilizada. En los participantes en la fase dos, había un 30% de mujeres y ninguno había padecido COVID-19 previamente. Parte de los pacientes que participaron en el ensayo eran personal militar contratado.

Pauta de administración: primera dosis con vector rAd26-S y segunda dosis con vector rAd5-S a los 21 días.

Eficacia: no hay datos de eficacia publicados todavía, pero el instituto Gamelaya ha comunicado en nota de prensa datos preliminares de su estudio en fase 3, refiriendo una eficacia del 91,4% tras un estudio realizado en 22.714 pacientes(21).

Efectos adversos: las reacciones adversas más frecuentes fueron: dolor local (58%), hipertermia (50%), dolor de cabeza (42%), astenia (28%), artralgias, y mialgias (24%). No se detectaron efectos adversos graves.

Fase de la vacuna: licencia de emergencia para su uso, fase 3.

Vacuna de Bharat Biotech BBV152 “Covaxin®”(22)

Tipo de vacuna: vacuna de virus inactivado.

Características del ensayo en fase 2: se reclutaron 380 pacientes mayores de 12 años en 11 hospitales de la India. El 3,7% tenían entre 12 y 18 años; el 91,8% entre 18 y 55 años; y 4,4% entre 55 y 65 años. El 50% recibió una dosis de 3 µg y el 50% restante una dosis de 6 µg. Menos de un 30% de los participantes eran mujeres.

Pauta de administración: 2 dosis separadas 28 días.

Eficacia: dado que se trata de un ensayo en fase 2, no se pueden extraer datos de eficacia.

Efectos adversos: las reacciones adversas locales aparecieron en un 9,7% CI95% (6,9-13,2) y los efectos adversos sistémicos en 10,3% CI 95% (7,4-13,8). No se detectaron efectos adversos graves.

Fase de la vacuna: fase 3, aprobada en India.

Limitaciones

Todas estas vacunas tienen como limitación principal que su aprobación está basada en períodos de seguimiento relativamente cortos, antes de concluirse los estudios en fase 3, cuya duración oscila entre 1 y 2 años dependiendo del candidato. Aun así, el importante tamaño muestral compensa esta limitación, lo que unido a los datos de eficacia y el contexto pandémico, han permitido su aprobación condicionada (EMA) o autorización de uso de emergencia (FDA). Estas aprobaciones están sujetas a completar los estudios, un seguimiento exhaustivo con aporte de información en tiempo real, y mantener la farmacovigilancia incluso después de concluidos los ensayos, tal como se realiza habitualmente con las vacunas. A 12 de enero de 2021, se han administrado ya más de 30 millones de dosis vacunales en todo el mundo, sin incidencias reseñables en términos de seguridad.

Tampoco disponemos de información en embarazadas y niños, si bien se acordó con las autoridades reguladoras, la realización de estudios específicos en estas poblaciones una vez se dispusiese de datos de seguridad y eficacia en la población adulta. En estos momentos, se están poniendo en marcha los estudios de mujeres embarazadas y adolescentes, y los pediátricos previsiblemente se inicien en la primavera de 2021.

Función del pediatra de Atención Primaria

Dado que en estos momentos aún no se han realizado ensayos clínicos en población pediátrica de las vacunas frente a SARS-CoV-2 y que los pacientes pediátricos sanos no presentan complicaciones graves por COVID-19 con tanta frecuencia como los adultos, la población pediátrica no es un grupo prioritario de vacunación. Por lo que en los próximos meses, no parece probable que los profesionales de Pediatría y Enfermería pediátrica de Atención Primaria deban ocuparse de la vacunación pediátrica frente a COVID-19. Sin embargo, sí que pueden aportar su gran experiencia y su papel como expertos vacunales para animar a las familias de sus pacientes a recibir la vacuna y resolver las dudas de sus compañeros de Atención Primaria y de la población general(24). La situación privilegiada de España con altas tasas de vacunación y familias que demandan vacunas frente a otros países del entorno, se ha logrado en gran medida gracias al trabajo de los pediatras de Atención Primaria y es importante que siga manteniéndose.

Discusión y conclusiones

La pandemia de SARS-CoV-2 supone un reto para la humanidad, y la esperanza en este momento se encuentra en lograr vacunas que sean seguras y efectivas, y en cantidad suficiente. Ante este reto, varias empresas han presentado sus candidatos vacunales que, aunque emplean estrategias muy diferentes, todas las que se encuentran en fases más avanzadas se basan en la proteína espicular o proteína S (spike), a excepción de las vacunas de virus inactivados de Sinovac y Bharat Biotech, que incluyen otros antígenos. Esta aproximación tiene la limitación que podría suponer la aparición de nuevas variantes de coronavirus en donde la proteína S acumule mutaciones que le permitan evadir la respuesta vacunal. Hasta la fecha, hemos identificado decenas de miles de variantes genéticas del SARS-CoV-2 sin ventajas o desventajas biológicas demostradas, a pesar del sensacionalismo de algunas de las noticias que circulan en los medios, especialmente en relación a la denominada “variante inglesa”(25-27). Pero incluso, aunque acaben apareciendo variantes con ventajas genéticas, la tecnología nos permitirá adaptar las vacunas a estos cambios, y en el caso de las vacunas de ácidos nucleicos, muy rápidamente.

Otro aspecto importante es el impacto que estas vacunas puedan tener sobre la transmisión de la infección por SARS-CoV-2. Las primeras vacunas licenciadas sabemos que protegen frente a la enfermedad clínica, pero desconocemos su impacto en la cadena de transmisión. Esta característica no hace “peores” a las vacunas, sino que condiciona las estrategias de aplicación de las mismas y la necesidad de otras medidas concomitantes. Todas las vacunas aprobadas se administran por vía intramuscular, y no sabemos el grado de inmunidad que se genera en la mucosa del tracto respiratorio superior a través del cual penetra el virus(28). Hay estudios preclínicos con resultados muy esperanzadores, si bien será necesario mantener las medidas de distanciamiento e higiene mientras: se desconozca esta información en humanos, dure la fase pandémica y no se alcancen coberturas vacunales elevadas.

El inicio de la vacunación frente a la COVID-19 marca un punto de inflexión en esta pandemia, sin embargo, no la venceremos hasta que se vacune la última persona en la que esté indicada. Para inmunizar a toda la población mundial harán falta miles de millones de dosis de vacunas, por lo que habrá que esperar para saber si las compañías farmacéuticas poseen la capacidad industrial para fabricar ese gran número de vacunas al ritmo de la demanda. El hecho de que existan múltiples candidatos vacunales es algo muy positivo, ya que además de fomentar la competitividad y evitar el monopolio, será más fácil hacer frente a los problemas de desabastecimiento, fabricación y distribución.

La mayoría de las vacunas aún no han publicado los resultados de la fase 3 de los ensayos; en este momento, solo han obtenido autorización para su uso y se ha empezado a vacunar en el contexto europeo con las vacunas de ARNm (Pfizer-BioNTech y Moderna) y la vacuna de vector viral de Astra-Zeneca (solo en el Reino Unido), y todavía no se han realizado ensayos clínicos en ciertos subgrupos poblacionales, como los pacientes pediátricos y embarazadas. Es pronto para saber cuál será la efectividad de las vacunas en el mundo real. Sin embargo, el desarrollo, autorización e inicio de uso de las vacunas frente a la COVID-19 constituye un hito histórico, ha puesto en valor la investigación, y es la mejor noticia desde que comenzó la pandemia, el verdadero principio del fin.

Potencial conflicto de intereses

FM-T ha recibido honorarios de GSK, Pfizer Inc, Sanofi Pasteur, MSD, Seqirus, Novavax y Janssen como: asesor, consultor, o ponente fuera del objetivo del presente trabajo. FMT ha trabajado como investigador principal en ensayos clínicos promovidos por las compañías farmacéuticas arriba mencionadas y, además: Ablynx, Regeneron, Roche, Abbott and MedImmune, siendo todos los honorarios pagados a la institución. IRC ha recibido honorarios por ponencias de: MSD, GSK, Sanofi y Pfizer; ha recibido becas/ayudas de investigación de: Sanofi Pasteur, MSD, Novartis y Pfizer; ha recibido honorarios por consultorías para: Pfizer, MSD y Sanofi; y ha participado como subinvestigador en ensayos clínicos de vacunas de: Ablynx, Abbot, Seqirus, Sanofi Pasteur MSD, Sanofi Pasteur, Cubist, Wyeth, Merck, Pfizer, Roche, Regeneron, Jansen, Medimmune, Novavax, Novartis y GSK, siendo todos los honorarios pagados a la institución. AIDU ha participado como subinvestigador en ensayos clínicos de vacunas de: Ablynx, Abbot, Seqirus, Sanofi Pasteur MSD, Sanofi Pasteur, Wyeth, Merck, Pfizer, Roche, Jansen, Medimmune, Novavax, Novartis y GSK, siendo todos los honorarios pagados a la institución. JGR ha recibido honorarios por ponencias de MSD, GSK y Pfizer y honorarios por consultorías de MSD.

Financiación

FM-T recibe soporte para la realización de sus actividades de investigación del Instituto de Salud Carlos III (Proyecto de Investigación en Salud, Acción Estratégica en Salud): Fondo de Investigación Sanitaria (FIS; PI070069/PI1000540/PI1601569/PI1901090) del plan nacional de I+D+I y “fondos FEDER” y Proyectos GaIN Rescata-Covid_IN845D 2020/23 (GAIN, Xunta de Galicia).

Bibliografía

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Tratamiento de la miopía

De interés especial
 


R. Medina Fenollar

Médico especialista en Oftalmología

 

 

Pediatr Integral 2020; XXIV (7): 407 – 409


Tratamiento de la miopía

La miopía es un error de la refracción del globo ocular, es la enfermedad ocular más frecuente a nivel mundial, con mayor prevalencia en los países del este de Asia(1).

La miopía es una de las cinco prioridades para la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la iniciativa “Vision 2020: The Right to Sight”(1). Se estima que la mitad de la población mundial será miope en el año 2050(2).

En los ojos miopes observamos un aumento de la longitud axial del ojo (es más largo de lo que consideramos normal), esto provoca que las imágenes no se enfoquen en la retina sino por delante de ella, lo que produce visión borrosa de lejos.

El problema inicial de la miopía es que los pacientes que la padecen no ven de lejos, pero lo verdaderamente importante son las complicaciones asociadas que pueden aparecer a lo largo de la vida del miope como: baja visión en miopías altas, desprendimiento de retina, glaucoma o membrana neovascular subretineana, entre otras(3-5).

La miopía suele aparecer entre los seis y los ocho años de edad y progresa media dioptría por año hasta los 15 o 16 años, pero hay pacientes a los que les sigue aumentando durante prácticamente toda la vida.

Nos encontramos ante un aumento de la miopía a nivel global; en EE.UU. el 42% de la población es miope, un porcentaje que en 1970 era del 25%. En algunas zonas de Asia como: Taiwán, Singapur y Hong Kong, los adultos jóvenes tienen tasas de miopía del 80 al 90%(6-7).

Otro estudio observó que la prevalencia de la miopía en Colombia era menor que en Europa o Asia, y que residir en zonas urbanas y tener un nivel socioeconómico medio-alto se asociaba con mayor prevalencia de miopía(7).

En Israel se realizó un estudio transversal de prevalencia de miopía en jóvenes entre 16 y 19 años que se incorporaban al ejército y se observó que, en 24 años, se pasó de una prevalencia de miopía del 18% al 26%, y se asociaron a ello factores como tener una residencia urbana o llevar más años escolarizados. Este estudio demostró el aumento de la prevalencia de la miopía en Israel durante una generación(8).

En 2009, se llevó a cabo un estudio prospectivo durante 4 años en Taiwán de 1958 niños, para analizar la asociación entre actividades que implican visión de cerca y la incidencia de miopía. Las actividades de cerca que se estudiaron fueron tres: lectura, uso de pantallas electrónicas y clases de estudio intensivo de noche o en fin de semana. La conclusión fue que acudir a escuelas nocturnas de estudio intensivo aumentaba el riesgo de tener miopía(9).

Tenemos claro que la miopía tiene un componente hereditario, pero las causas del aumento de la prevalencia de la miopía no están claras.

En los últimos años, debido a los cambios en los hábitos de vida, los niños juegan menos en la calle y pasan más horas dentro de casa frente a diversos tipos de pantallas y dispositivos electrónicos, lo que se ha asociado al aumento de la miopía(9-12).

La conclusión es que a los niños se les debe animar a pasar más tiempo al aire libre (Fig. 1).

Figura 1. Comisión de Promoción de la Salud de Singapur. Tomada de: Singapore National Myopia Programme/Health Promotion Board.

La figura 2 muestra la incidencia de miopía entre niños australianos de seis años(12).

Figura 2. El impacto de la miopía y la miopía alta. Tomada de: Organización Mundial de la Salud – Brien Holden Vision Institute. Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. 2015.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento, es conocido que la miopía se trata con gafas o lentes de contacto, de manera tradicional.

El trabajo de cerca no está demostrado que aumente la miopía aunque es una creencia clásica, a pesar de ello, en China usan barras antimiopía.

En los países asiáticos los oftalmólogos llevan muchos años preocupados por el aumento de la miopía en la población, desde 1980 están investigando si el colirio de atropina (antagonista muscarínico no selectivo) puede ayudar a frenar la miopía y siguen evaluando la eficacia y la seguridad del uso de este medicamento(13-15).

El mecanismo de acción del colirio de atropina en los ojos miopes para frenar la miopía no está claro, se cree que provoca cambios bioquímicos en la retina y en la esclera, que frenan el crecimiento del globo ocular(16-17).

Los oftalmólogos hemos utilizado el colirio de atropina al 1% desde hace muchos años, es un fármaco que conocemos y sabemos manejar.

El colirio de atropina a concentraciones altas dilata la pupila durante varios días, lo que provoca visión borrosa especialmente de cerca y sensibilidad a la luz. Los niños que utilizaban este medicamento a altas concentraciones, tenían que usar lentes bifocales y gafas de sol.

El colirio de atropina al 1% está comercializado, a menor concentración hay que solicitarlo como fórmula magistral a una farmacia que tenga autorización para elaborar colirios.

Desde 2015 se ha extendido el uso del colirio de atropina al 0,01% (atropina a baja concentración) para frenar la progresión de la miopía, se aplica una gota antes de acostar en ambos ojos y se ha observado que reduce en un 59% la progresión de la miopía.

Para el uso de la atropina en el control de la miopía nos basamos en varios estudios, pero principalmente en el Atropine for the Treatment of Myopia (ATOM 2)(18-19). En los estudios ATOM se estudiaron distintas concentraciones de atropina durante varios años. Se observó que el efecto del tratamiento es mayor en el segundo año, sobre todo, con la concentración de 0,01%.

Con el colirio de atropina al 0,01% podemos observar efectos secundarios como(20-24):

• Midriasis (dilatación de la pupila) de 0,23 a 0,49 milímetros que, en algún caso, puede producir fotofobia, aunque es generalmente bien tolerada.

• Dificultad en la posibilidad para enfocar de cerca (disminución de la acomodación).

En uno de los últimos estudios: Low-Concentration Atropine for Myopia Progression (LAMP), se compararon colirios de atropina a diversas concentraciones (0,05%, 0,025%, 0,01% y placebo) aplicados en ambos ojos antes de acostar, concluyeron que el más eficaz en el control del aumento de la miopía era el colirio de atropina al 0,05%. Con todas las concentraciones se observó una disminución en la amplitud de la acomodación entre 0,32 y 1,98 dioptrías y una dilatación de la pupila entre 0,23 y 1,23 milímetros, aun así todos fueron bien tolerados. A mayor concentración de atropina mayor dilatación pupilar y peor amplitud de acomodación(25-26).

El uso del colirio de atropina no tiene efecto sobre el poder de la córnea ni del cristalino(27).

En cuanto al efecto rebote al suspender el tratamiento con atropina al 1%, se ha analizado, se sabe que a pesar de tener efecto rebote, a tres años los ojos tratados con atropina progresan menos que los tratados con placebo. El efecto rebote, al suspender el tratamiento, se observó en los estudios ATOM 1 y 2, es menor con concentraciones bajas, y la duda que podríamos tener sería cuándo suspender el tratamiento si la miopía está controlada. Se están haciendo estudios a cinco años con periodos de lavado(28-29).

Lo ideal es combinar el tratamiento del colirio de atropina con otros tratamientos como las lentes de contacto para conseguir los mejores resultados posibles.

En la actualidad, se están empleando con éxito distintos tipos de lentes de contacto para frenar la miopía:

• Por un lado, las lentes de desenfoque periférico de la luz que proporcionan una visión clara al enfocar la luz en la retina central, este tipo de lentes de contacto se usan durante el día y habitualmente son de un solo uso, lo que proporciona al paciente seguridad y estabilidad en la visión.

• Por otro lado, las lentes que se usan mientras se duerme denominadas orto-K (ortoqueratología nocturna), producen un moldeado del epitelio corneal central, mejorando de manera temporal la capacidad para enfocar, permiten ver sin gafas ni lentillas durante el día y, a la vez, reducen la progresión de la miopía. En recientes estudios, se ha comprobado que su efecto es mayor si se empieza con orto-K entre los 6-8 años de edad(20,30-31).

En enero 2020, la Biblioteca Cochrane realizó una revisión de los tratamientos para desacelerar la progresión de la miopía en niños. Este estudio incluyó 41 trabajos hasta febrero 2018 sobre: gafas, lentes de contacto, agentes farmacológicos y tratamientos combinados, un resumen de sus conclusiones fue el siguiente:

• El uso de gafas hipocorregidas aumentó la progresión de la miopía.

• Los medicamentos antimuscarínicos tópicos (atropina) son efectivos para desacelerar la progresión de la miopía en los niños.

• Las lentes multifocales, gafas o lentes de contacto podrían ser beneficiosas.

• Las lentes de contacto de ortoqueratología fueron más efectivas que las lentes multifocales para desacelerar la elongación axial.

Cuando la miopía ha dejado de aumentar se puede plantear una opción quirúrgica; en la actualidad, las cirugías que realizamos con mayor frecuencia son:

LASIK (Laser In Situ Keratomileusis): consiste en levantar una lámina de córnea que cortamos con láser femtosegundo y después aplicamos el láser excimer sobre el lecho estromal.

• Lentes fáquicas: la lente fáquica que se emplea, en este momento, a nivel mundial con excelentes resultados es la ICL; se implanta en la cámara anterior por delante del cristalino y por detrás del iris. Esta cirugía es reversible y la córnea permanece intacta. Disponemos de lentes que corrigen miopías hasta de -18 dioptrías con o sin combinación de astigmatismo.

Conclusión

Es necesario incorporar los tratamientos de control de miopía a nuestra práctica clínica.

Debemos animar a los niños miopes y a los que puedan desarrollar miopía, a pasar todos los días un rato al aire libre.

El colirio de atropina al 0,01% es el más eficaz y seguro para controlar la progresión de la miopía.

En este momento, si nos encontramos ante un niño o joven que empieza con miopía o que ya sabemos que es miope, estamos viendo que tiene una rápida progresión y antecedentes familiares de miopías altas hay que actuar utilizando colirio de atropina al 0,01% y hacerle revisiones periódicas para valorar su respuesta al ratamiento.

Lo ideal sería combinar el colirio de atropina con lentes de contacto especiales para el control de miopía.

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Hipovitaminosis D, ¿una epidemia real?

V. Martínez Suárez*, J. Dalmau Serra**
De interés especial


V. Martínez Suárez*, J. Dalmau Serra**

*Servicio de Salud del Principado de Asturias. Universidad de Oviedo. **Ex Coordinador del Comité de Nutrición de la AEP

Pediatr Integral 2020; XXIV (6): 351 – 355


Hipovitaminosis D, ¿una epidemia real?

“ Con los valores de corte propuestos los estudios provenientes de diferentes países han estimado que el estado deficitario está bastante extendido tanto niños como adultos de todas las edades. Pero solo en los próximos años tendremos una valoración más fiable y que nos ayude a dar una respuesta más precisa a la pregunta que nos hemos planteado”

El papel de la vitamina D (VD) en la mineralización esquelética fue la primera de sus funciones reconocidas. Su principal efecto sobre la salud ósea consiste en mantener el balance positivo de calcio necesario para dar contenido mineral al hueso en formación y para el desarrollo de la placa de crecimiento. En situación de deficiencia el hiperparatiroidismo secundario favorecerá una liberación de calcio esquelético para mantener sus niveles séricos, lo que en el niño se traduce en el desarrollo de raquitismo y osteomalacia. Además, dado que el pico de masa ósea alcanzado en edades tempranas de la vida se acepta como un predictor de riesgo de osteoporosis en la edad adulta, optimizar desde la infancia los factores modificables que puedan afectar a la masa ósea –incluido el estado de VD– se considera un objetivo de salud(1). Pero aparte de sus funciones en el metabolismo del hueso el nivel de esta vitamina puede influir en el desarrollo posterior de algunas enfermedades crónicas y modificar el riesgo de padecerlas. No obstante, existe acuerdo general sobre la necesidad de nuevos estudios para determinar la importancia de estas otras funciones(2).

La definición de su estado deficitario, sus requerimientos en relación con objetivos de salud, evitar deficiencias mediante una nutrición correcta o suplementación adecuada, la atención a las condiciones de riesgo de hipovitaminosis y el diagnóstico precoz de los estados carenciales, son temas que han concitado gran atención en los últimos años, lo que se ha traducido en un gran auge de publicaciones médicas sobre el tema, un rápido incremento de los estudios solicitados sobre el estado de VD y en reevaluaciones de las recomendaciones dietéticas. También en el ámbito comercial ha tenido lugar un aumento en las ventas de suplementos y de nuevos productos alimenticios fortificados.

Síntesis y efectos de la vitamina D

La vitamina D2 (ergocalciferol) se obtiene de algunos vegetales mientras que la vitamina D3 (colecalciferol) se sintetiza principalmente en la piel. El 7-dehidrocolesterol (provitamina D; presente en los estratos basal y espinoso de la epidermis) se convierte en previtamina D tras la exposición a la radiación ultravioleta B (UV-B), luego se isomeriza a colecalciferol y es transportada por la proteína de unión a la vitamina D (DBP) al hígado, donde la vitamina D 25-hidroxilasa microsómica cataliza su conversión en hidroxivitamina D (25-OH VD, calcidiol o calcifediol), la forma de almacenamiento y la molécula que se cuantifica cuando solicitamos niveles de VD. Esta 25-OH VD es transportada al riñón por la DBP para adquirir un nuevo radical hidroxilo por acción de la 25-hidroxivitamina D 1-α hidroxilasa citocrómica, convirtiéndose en 1,25 dihidroxivitamina D [1,25 (OH)2 VD] o calcitriol, la forma activa de VD.

La síntesis de VD y sus niveles plasmáticos varían según el tiempo de exposición a la radiación solar, las horas del día y estación del año, la edad, la pigmentación de la piel (raza/etnicidad del individuo), la superficie expuesta y la aplicación de protectores solares. Y está regulada estrechamente por los niveles plasmáticos de calcio y fósforo, la hormona paratiroidea (PTH) y otros factores identificados más recientemente, como las fosfatoninas (FGF23).

Quesada y Calañas(3) señalan que el colecalciferol no es una “vitamina”, sino un nutriente principal del “sistema endocrino de la vitamina D” (SEVD) que sirve como sustrato para la síntesis de calcitriol, con alta afinidad por su receptor nuclear (VDR) y que estimula o reprime entre 100 y 1.200 genes. El calcitriol se inactiva en otros metabolitos en un proceso controlado por el gen CYP24A1. Tanto el VDR como las enzimas para la activación y catabolismo de la VD se expresan en la mayoría de células y tejidos del organismo, con múltiples acciones además de las consabidas y tradicionales esqueléticas (Tabla I)(4).

Al entrar al núcleo de una célula, la 1,25-(OH)2 VD se une al VDR y recluta otro receptor nuclear conocido como receptor del ácido retinoico X (RXR). Esta molécula de calcitriol unida al complejo VDR/RXR se liga a pequeñas secuencias de ADN conocidas como “elementos de respuesta a vitamina D” (VDREs) e inicia una cascada de interacciones moleculares que modulan la transcripción de genes específicos mediadores de sus principales efectos.

Definición del estado deficitario

El rápido incremento de estudios epidemiológicos ha motivado que en los últimos años la deficiencia de VD haya sido calificada de pandemia, estimándose para Europa unos costos directos e indirectos asociados que ascienden a cientos de miles de millones de euros(5,6). Pero definir el estado de hipovitaminosis D en el niño y establecer el correspondiente significado clínico es todavía un tema de estudio y gran controversia. Existen discrepancias tanto para delimitar los criterios diagnósticos como para unificar los estándares técnicos de su determinación; tampoco se puede precisar cuáles pueden ser los niveles deseables que logren sus efectos extra óseos y cuándo la suplementación puede ser beneficiosa en los mismos.

Sabemos que la medida de la 1,25-(OH)2 VD aporta poca información por su fino control fisiológico. Sus concentraciones séricas son con frecuencia normales en niños con un estado deficiente debido al hiperparatiroidismo secundario y a su reposición por incremento de la síntesis renal. Información adicional sobre la adecuación de la homeostasis de calcio y VD se puede obtener con la medida de la concentración de PTH, aunque en la actualidad el mejor indicador se considera la concentración sérica de 25-OH VD, ya que no es regulada y refleja la ingesta dietética de vitamina D2 o D3 y la síntesis cutánea de D3. Sin embargo, no existe consenso sobre sus concentraciones óptimas y la delimitación de su estado deficitario (Tabla II).

Resulta relevante el que estudios recientes no hayan podido encontrar valores umbral de 25-OH VD relacionados con la supresión de la PTH y la absorción óptima del calcio. Un análisis de corte transversal no encontró límite para la supresión incluso con concentraciones superiores a 70 ng/ml(7). Esto contradice los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Examen de Nutrición de los EE.UU. (NHANES 2003-2006) que estimó la supresión máxima de la PTH con concentraciones de 25-OH VD de 40 ng/ml y mayores(8). Además, ambos estudios identificaron evidencia de hiperparatiroidismo leve (PTH sérica > 65 pg/ml) en individuos con niveles de 25-OH VD muy por encima de los 20 ng/ml, cuestionando el uso de la PTH como un indicador fiable de la insuficiencia de VD. Por otra parte, en mujeres adultas con estado de VD insuficiente (< 20 ng/ml) y suplementadas con dosis diarias de vitamina D3 de 400 a 4.800 UI se observó poco cambio (6%) en la absorción de calcio respecto al grupo control con un rango de 20 a 66 ng/ml(9), lo que puede ayudar a interpretar algunos datos incongruentes observados en los niños.

Estudios de suplementación en adultos de latitudes templadas indican que se requieren ingestas de VD de 800-1.000 UI/día para alcanzar niveles de 25-OH VD sérica de por lo menos 30 ng/ml(10). Sumado a ello, se ha señalado que las concentraciones de 25-OH VD total pueden no reflejar adecuadamente la biodisponibilidad y suficiencia de la vitamina(11), lo que refuerza la necesidad de evidencia adicional para mejorar la determinación del estatus de la VD en algunas poblaciones(12).

No obstante, las Academias Nacionales de Ciencias de los EE.UU. a través de su Instituto de Medicina (IOM) afirman en un documento de 2011(13) que aunque el nivel sérico de 25-OH VD no está validado como sustituto de resultados en salud, puede servir como referencia; y concluye que es razonable considerar 20 ng/ml como el límite inferior de normalidad para casi toda la población. Aun así, sigue habiendo controversia respecto a las concentraciones deseables y podría resultar simplista la pretensión de ofrecer un umbral único de suficiencia para todos los niños. Tras una cuidadosa revisión de la evidencia afirman que niveles de 16 ng/ml cubren los requerimientos de aproximadamente la mitad de la población y niveles de 20 ng/ml los del 97,5% de la misma. Los datos acerca de los beneficios de niveles séricos más altos son escasos, en particular los que hacen referencia a los efectos a largo plazo de concentraciones altas mantenidas de forma crónica. En adultos la correlación inversa entre los niveles de 25-OH VD y PTH ha permitido aceptar la frontera para la deficiencia en 20 ng/ml, cifra por encima de la cual la PTH deja de descender y se establece una meseta(14). Esta correlación se ha descrito también en niños mayores y adolescentes, pero en lactantes está menos clara. Y si bien no hay datos disponibles para extrapolar este concepto a la población infantil, esa cifra tiende a aplicarse también a los niños de cualquier edad.

Diferentes Comités de Nutrición, como el de la Asociación Española de Pediatría (AEP)(15), la ESPGHAN(16) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)(17), aceptan como concentración adecuada la superior a 20 ng/ml, que se conseguiría con aportes de 400 UI/día (AI: ingesta adecuada)) en niños de 0 a 12 meses, y de 600 UI/día (RDA: ingesta dietética recomendada)) en niños y adolescentes de 1 a 18 años (Tabla III).

Diferentes estudios españoles han documentado ingestas inferiores a estas recomendaciones, especialmente en niños pequeños y adolescentes. Por ello debe insistirse en que el pediatra debe asegurar que todos los niños sanos reciban una ingesta adecuada de vitamina, ya sea con alimento o como suplemento farmacológico, y valorar en la población de riesgo el administrar dosis superiores si fuera necesario.

En adultos, la Sociedad de Endocrinología estadounidense ha propuesto para la hipovitaminosis D valores similares a los definidos en niños(10). Sin embargo, estos rangos se apoyan en estudios observacionales y no en ensayos controlados aleatorios.

Otra cuestión de interés. La amplia variación en los resultados de medición de la 25-OH VD representa un problema para evaluar de manera fiable la dimensión de la hipovitaminosis D y proponer guías de actuación clínica que resulten útiles. Hay una notable disparidad metodológica en su determinación y en los biomarcadores de referencia, con datos de sensibilidad y especificidad diferentes, de homogeneidad de las poblaciones de estudio y sobre la influencia en la formación epidemiológica de factores condicionantes del estado de VD. También se maneja información procedente de un número muy escaso de ensayos clínicos aleatorizados en los diferentes grupos de edad y con objetivos bien definidos. Todo ello hace que muchos estudios resulten difícilmente comparables (Tabla IV).

Esta preocupación ha llevado a crear el Programa de Estandarización de Vitamina D (VDSP)(18), cuyos objetivos incluyen:

1. Estandarizar a nivel mundial la medición de la concentración de 25-OH VD en las encuestas nacionales de salud.

2. Evaluar conjuntamente cualquier diferencia observada en las mismas.

3. Extender los esfuerzos de homogeneización a los ensayos clínicos y a los laboratorios clínicos, comerciales y de investigación.

4. Promover la uniformidad en la medida de los metabolitos emergentes del estado de la VD.

5. Facilitar el intercambio de datos para optimizar la atención al paciente y las estrategias de salud pública.

Desde el punto de vista práctico puede hacerse otro comentario sobre este apartado: basándose en las informaciones de estudios que han tenido como referencia los valores de mayor consenso, actualmente deben aceptarse como indicaciones para realizar una evaluación del estado de VD y considerarse grupos de riesgo principales en la población infantil los que aparecen resumidos en las tablas V y VI.

¿Existe un problema real?

Según los criterios actuales la hipovitaminosis D está presente en toda la población europea, con tasas de prevalencia preocupantes y que requieren acciones desde una perspectiva de salud pública. Su valoración atendiendo a objetivos de salud refuerza esa percepción a cualquier edad. La dirección que tome cualquier estrategia sanitaria general dependerá de decisiones políticas, pero debe apuntar a una prudente exposición a la luz solar (suficiente y segura) y a garantizar la ingesta que proteja frente su deficiencia a la mayoría de la población.

Tiene que insistirse en que la cuantificación del problema parte de informaciones muy variadas y de una gran dispersión de datos, con frecuencia en niños que varían entre el 1 y el 78%. Así, el Comité Científico Asesor sobre Nutrición del Reino Unido(19) informó que el 22-24% de los adultos de 19 a 64 años y 17-24% de más de 65 años tenían deficiencia de VD. Es frecuente en el resto del mundo, incluso en países de climas soleados, como Australia y Nueva Zelanda(20). En los Estados Unidos el 47% de los bebés afroamericanos y el 56% de los caucásicos tienen deficiencia de VD, mientras que las cifras en Irán, Turquía y la India superan el 90%. En EE.UU. el déficit afecta al 35% de la población adulta, mientras que en Pakistán, India y Bangladesh llega al 80%. Si segregamos los datos pertenecientes a los ancianos en Estados Unidos alcanza el 61%, frente al 90% en Turquía, el 96% en India, el 72% en Pakistán y el 67% en Irán(21).

En nuestro país se han publicado numerosos estudios poblacionales. En escolares de entre 10 y 14 años(22), se halló una prevalencia de niveles insuficientes de VD del 45,2%, con más frecuencia en niñas en edad puberal y con un mayor índice de masa corporal (IMC). En una investigación llevada a cabo en diferentes países González-Gross et al. comunicaron en el nuestro, que alrededor del 80% de la muestra tenía niveles sub óptimos (39% tenía niveles insuficientes, 27% deficientes y 15% severamente deficientes). Observaron además que las concentraciones de VD aumentaban con la edad y mostraban tendencia a disminuir según el IMC, con notables diferencias geográficas(23). En una muestra de niños aragoneses sanos (78,5% varones y edad media de 7,2 años) se encontró una concentración media de VD de 26 ng/ml, con un 73% en niveles insuficientes. Se observó además en el grupo con hipovitaminosis un predominio de varones, también de mayor IMC y presencia de fototipos extremos (piel oscura), así como padres inmigrantes. También presentaban mayor riesgo de hipovitaminosis los que no habían realizado profilaxis durante el primer año de vida(24). En una muestra de 283 niños asturianos la media fue de 20,1 ng/ml, con el 8,8% mayor de 30, el 38,5% entre 20-20,9 ng/ml y el 52,7% inferior a 20 ng/ml, y sin relación entre los niveles plasmáticos y la ingesta de VD, el tiempo al aire libre, el IMC, ni el sexo, pero sí con los niveles de sus madres durante la gestación(25). Y en Navarra se halló una alta prevalencia de deficiencia de VD en niños de 3 a 15 años, especialmente en los meses de primavera (75,3%)(26).

En resumen, con los valores de corte propuestos los estudios provenientes de diferentes países han estimado que el estado deficitario está bastante extendido y que tanto niños como adultos de todas las edades están en riesgo elevado de insuficiencia y deficiencia. En los próximos años tendremos una valoración más fiable y que nos ayude a dar una respuesta más precisa a la pregunta que nos hemos planteado. Desde un enfoque práctico y coherente con los datos disponibles, tendríamos que administrar suplementación a los pacientes que la necesitan, buscando mantener niveles séricos de 25-OH VD entre 20 y 50 ng/ml(27), ya que niveles más altos son innecesarios, estarían por encima del umbral nutricional necesario y podrían favorecer efectos secundarios. Por último, debemos recordar que siempre es necesario indicar un aporte adecuado de calcio como complemento de estas medidas.

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Encuesta sobre la situación profesional de la Pediatría en España

De interés especial


S. Castaño Alegre*, I. Celaya Fernández*, Á. Corbato García*, V. Martínez Suárez*,**

*Universidad de Oviedo. **Grupo de Investigación y actividades formativas de la SEPEAP

Pediatr Integral 2020; XXIV (5): 285 – 294


Encuesta sobre la situación profesional de la Pediatría en España

Conocer la realidad de la Pediatría generalista a través de la opinión de los pediatras es un aspecto clave para mejorar su organización y funcionamiento(1). Su exploración directa puede orientar tanto a las instituciones sanitarias como a las sociedades profesionales en la medida de los intereses del colectivo, en la elaboración de ofertas docentes y en la preparación de sus planes de objetivos y de incentivación. Va a servir también para recibir información sobre las áreas que pueden precisar coordinación, la inversión en recursos, su distribución y priorización. Puede, además, ayudar a orientar el modelo de gestión necesario, ya que serán un elemento protagonista principal del mismo: coordinan la atención clínica, deciden en buena medida el acceso al nivel hospitalario, el uso de procedimientos y el consumo de medios(2). Este tipo de estudios, por tanto, resultan imprescindibles para poder ofrecer una mejor asistencia a los niños y a sus familias.

Al finalizar su formación especializada, el pediatra debería haber adquirido ciertos requisitos profesionales mínimos(3). Entre ellos, tendría que haber asimilado los valores tradicionales de la medicina infantil, los fundamentos científicos de su estado actual, las actitudes y comportamientos deseables en su ejercicio y las principales referencias éticas; debería dominar la búsqueda y análisis crítico de la información, entender los principales métodos de investigación, haber interiorizado la práctica clínica y de comunicación básicas, conocer los criterios que garantizan la actividad profesional confiable y la seguridad del paciente, la noción práctica de salud comunitaria, la organización del sistema asistencial y las diferentes posibilidades de orientar su ejercicio(4). Todo ello podría englobarse en el concepto de competencias médicas, teóricamente situadas en el núcleo del diseño curricular(5), y que son el conjunto de conocimientos, habilidades y disposiciones personales que permiten la mejor práctica médica y la más adecuada al contexto social en que se desarrolla. Pueden ser medidas para que al tiempo de ser adquiridas generen retraoalimentación(6); están ligadas a los aprendizajes concretos y a la forma en que estos son recuperados de la experiencia y utilizados(7). Con estas referencias es fácil aceptar un modelo de formación pediátrica basado en las necesidades, de calidad, supervisado y duradero (permanente). Esta construcción lógica podría traducirse fácilmente en programas de capacitación pediátrica útiles y motivadores, que además lograrían conectar con fuerza a los profesionales con la organización y el sistema. Los directivos y gestores de los servicios deberían entender esto como algo imprescindible para la calidad, que tenga lugar exigiblemente en horario de trabajo y con la menor participación posible de empresas con otros intereses.

Dentro de esas competencias la docencia, tanto de residentes como de estudiantes y de otros profesionales que atienden a los niños, es importante para hacer la especialidad más atractiva. Además de tener voluntad para su desempeño, impartir una actividad docente de forma efectiva obliga a conocer un método de trabajo; exige una formación y la evaluación periódica de procedimientos y resultados, valorados principalmente por las unidades responsables de la actividad y a través de la opinión del discente o alumno(8,9). Son cualidades necesarias para su ejercicio la capacidad de comunicación, ser un buen modelo clínico, transmitir la vocación por saber y la obligación de gestionar adecuadamente los recursos, además de poseer una actitud constructiva y de progreso. Para que esta docencia llegue a tener la mejor calidad posible, el pediatra asistencial que como tutor se compromete con esta responsabilidad debe ser administrativa y curricularmente reconocido por la comunidad sanitaria(10,11).

De las otras dos dimensiones de la Pediatría extrahospitalaria que analizamos en este trabajo, la asistencial y la investigadora, es esta última la que menos se asocia al perfil clásico del médico pediatra de primer nivel. Una de las razones es, posiblemente, la creencia de que la investigación concierne más al ámbito de la medicina hospitalaria que a la ambulatoria. Por otra parte, la elevada carga asistencial a la que están sometidos los pediatras de Atención Primaria hace que suponga un esfuerzo personal muy elevado dedicarse a la investigación, puesto que carecen del tiempo extra necesario. No obstante, debe verse como una de las competencias de primer nivel en cualquier fase de su formación(12,13). Si entendemos la investigación como una actividad orientada a la obtención de nuevos conocimientos y su aplicación como solución de problemas de carácter científico y asistencial, podremos aprovecharla para una mejora de la práctica clínica(14). A pesar de ello, el esfuerzo para mejorar la formación en investigación, su promoción y reconocimiento puede considerarse como escaso. Y no puede negarse que los decisivos años de residencia están enfocados casi en exclusiva al ámbito asistencial, fundamentalmente al hospitalario(15).

Indiscutiblemente el bienestar del profesional y la identificación médico- organización son fundamentales para llegar a movilizar correctamente toda la fuerza laboral y aspirar a unos resultados óptimos(16). Su motivación es el resultado de la relación entre las expectativas personales, el esfuerzo individual, el rendimiento obtenido y la recompensa organizativa. Por el contrario, la insatisfacción laboral se traduce en mayores niveles de desgaste y una disminución de la calidad de la atención. Esto es un problema que se prevé que vaya en aumento, debido principalmente a las condiciones laborales, al elevado número de pediatras que se jubilarán en los próximos años y a su insuficiente recambio. Solo medidas como mantener activa la bolsa de pediatras disponibles, hacer más atractiva la especialidad mediante mejora de las condiciones de trabajo en el primer nivel asistencial, posibilitar la dedicación de horas laborales a la investigación, una planificación correcta de las funciones a cubrir, la oferta de horarios que permitan una verdadera conciliación familiar, centralizar los servicios de poblaciones pequeñas evitando desplazamientos y la incentivación por objetivos o curriculares para las plazas de difícil cobertura, podrán revertir este estado(17). Los defensores de la actual situación ven un gran potencial para confiar en una red de pediatras siempre en formación y motivados por una gran vocación; los críticos ven cantidades sustanciales de trabajo extra, burocracia y escasa dotación de recursos materiales y humanos.

Sería interesante para todos conocer qué medidas se piensan tomar y analizar prospectivamente si realmente los cambios que puedan introducirse representan una mejoría en la calidad de los servicios pediátricos. Para ello es fundamental conocer la percepción que los pediatras tienen acerca de sus condiciones de trabajo, los problemas a los que se enfrentan y, con ese punto de partida, plantear las soluciones más adecuadas. Basándonos en lo anterior, desde nuestra Sociedad nos propusimos evaluar la autopercepción que tienen los pediatras generales acerca de su realidad profesional, su labor asistencial, docente, investigadora y sobre gestión clínica. También quisimos investigar su situación actual y sus necesidades, buscando posibles puntos de mejora.

Material y métodos

Realizamos un estudio descriptivo transversal mediante una encuesta anónima administrada a través del correo electrónico y mediante un formulario Google- docs® a profesionales que ejercen la medicina infantil o en período de formación como especialista. Fue distribuida utilizando el directorio de correos electrónicos proporcionado por la Secretaría de la SEPEAP, que cuenta con 3.456 socios. El periodo de envío-respuesta habilitado fue de un mes, siendo remitido un recordatorio a los participantes a los quince días tras el envío inicial. Se hicieron dos envíos posteriores separados un mes a aquellos pediatras que no habían abierto inicialmente nuestro mensaje.

El cuestionario recoge datos referentes a su filiación y situación laboral (propietario, interino o eventual), experiencia profesional (año de MIR o tiempo de trabajo desde la finalización de la residencia) y algunos sobre su práctica diaria (cupo, número aproximado de niños atendidos diariamente en la consulta, enfermera con dedicación exclusiva a la pediatría, compartida o no), percepción de los principales problemas laborales (consideración sobre la estabilidad en el trabajo, sueldo, movilidad, formación recibida desde la empresa), preguntándose además por asuntos relacionados con la docencia, gestión clínica e investigación(18).

Previamente a la distribución de los cuestionarios, se realizó un estudio piloto que se hizo llegar de forma aleatoria a un total de 50 pediatras para conocer el grado de dificultad encontrado en su cumplimentación, el tiempo necesario para llevarla a cabo y si hubiera alguna palabra, expresión o pregunta de difícil comprensión. La devolución de la encuesta completa fue considerada como criterio para incluir la información en el estudio. Fueron excluidas aquellas encuestas que no fueron debidamente cumplimentadas, devueltas en los plazos señalados y en las que no se cumpliesen los criterios de participación en el estudio.

Tras la recuperación de los cuestionarios, los datos obtenidos fueron añadidos a una hoja Excel para facilitar su organización e interpretación, realizándose un análisis estadístico descriptivo de las variables con estimación de porcentajes y cálculo de las medias, que fueron comparados utilizando la prueba “t” de Student y para las variables cualitativas el test de Chi Cuadrado y el exacto de Fisher. Para ello se usó el programa SPSS® versión 17.0 de Windows. Consideramos como significativos los valores de “p” menor de 0,05.

Los autores consideran que este estudio tiene como limitaciones principales el que sea un estudio transversal y el que se realice la captación de encuestados a través de una sociedad profesional.

Las normas de confidencialidad y respeto en relación a las informaciones obtenidas, junto con el proyecto, han sido revisadas y aprobadas por el Comité de Ética en Investigación del Principado de Asturias.

Resultados

Accedieron al cuestionario 1.501 socios y tras el tercer envío habían completado el cuestionario 1.109 (32%). El pilotaje fue respondido por 36 de los 50 destinatarios seleccionados (72%), sin que comunicasen dificultad alguna para llevarlo a cabo ni términos dudosos, con un tiempo de cumplimentación medio entre 2-3 minutos.

Del total de respuestas válidas corresponden a residentes y pediatras vía MIR un 96,9%: 20,1% (223) y 76,8% (852), respectivamente. Y reconocen no ser pediatras el 3,1% (34, de ellos 28 en centro de salud y 6 en hospital, 6 de todos ellos con plaza en propiedad), distribuidos entre Madrid (10), Cataluña (6), Valencia (4), Andalucía (3), Extremadura (3), Castilla-La Mancha (2), Castilla-León (2), Galicia (1), País Vasco (1), Islas Baleares (1) y Navarra (1). Un 0,6% de los respondedores (un total de 7) residen actualmente en un país extranjero.

El sexo femenino predomina claramente con un 76,6% de pediatras mujeres. El 83,7% de los profesionales ejercen en un ámbito urbano (14,4% rural y 1,9% en ambos). De todos los encuestados que trabajan en el ámbito público (975 respondedores, 87,9%), el 64,1% lo hace en un centro de salud y el 15,8% en el ámbito hospitalario, el resto corresponde a residentes. Un 8,3% de quienes ejercen en el ámbito público realiza asistencia mixta en Atención Primaria y en un hospital. En cuanto al ejercicio privado, es realizado por el 12,1% (134), la mayoría pediatras que ocupan también consulta de centro de salud (7,9%), de los cuales un 4% llevan a cabo también trabajo hospitalario. Un 2,2% realizan pediatría con plena dedicación a la asistencia hospitalaria y un 2% ejercen exclusivamente la medicina privada como consulta particular. De quienes ejercen la medicina infantil de forma privada 0,6% (7) no tienen título oficial.

De los cuestionarios válidos más de la mitad (61,8%) procedieron de seis Comunidades Autónomas: Madrid, Andalucía, Cataluña, Valencia, Asturias y Castilla-León (Tabla I).

De quienes ocupan plaza como especialista, los pediatras jóvenes representan un 45,4% del total (menos de 5 años de trabajo 20,6% y de 5 a 10 años 24,8%), siendo el grupo mayoritario el que lleva ejerciendo más de 20 años (35,7%).

El 33,4% tiene plaza en propiedad (el 46,4% son interinos y 20,2% eventuales). Si centramos el análisis de este punto en aquellas Comunidades con un mayor número de pediatras y también mayor contribución al estudio en número de respuestas válidas, el examen bivariante no encuentra diferencias significativas para este ítem entre las CC.AA. de Madrid que es del 19,8% (IC 95% 13-26,7%), Cataluña del 31,7% (IC 95% 21,6-41,8%), de Valencia 27,7% (IC 95% 16,8-38,6%), de Andalucía con el 26,2% (IC 95% 17,7-34,7%) y de Asturias del 20,9% (IC 95% 8,8-33,1%). Sin embargo, Castilla-León ofrece un porcentaje mayor que Madrid (45,2%, con IC 95% 32,8-57,5%) con significación estadística (p = 0,012).

Para los pediatras españoles el factor principal de la calidad del trabajo viene determinada por la estabilidad laboral (34,3%), seguido por la oferta de formación de la empresa (25,5%) y con porcentajes iguales (20,1% cada uno) los compañeros trabajos y la remuneración. Aunque no consideran como factor preponderante de la calidad de sus contratos el volumen salarial, la gran mayoría (79,2%) consideran que debería ganar más (frente al 20,8% que manifiesta estar satisfecho con su sueldo). Como dato indirecto de la satisfacción profesional, un 62,9% se iría sin dudar a trabajar a otro país o se lo ha pensado por razones salariales (5,7% y 57,2%, respectivamente), frente a 37,1% que no se lo ha planteado (Tabla II).

Un 25,2% se arrepiente a veces de dedicarse a la Pediatría, mientras un 71,8% no (un 3% declara sin dudar que sí) (Tabla III).

Solo el 61,9% de quienes ejercen la medicina infantil lo hacen con una enfermera con dedicación exclusiva a la pediatría, variando claramente según los territorios y siendo significativa la diferencia entre Andalucía (23,3%, IC 95% 15,1-31,5%) respecto al resto de las CC.CA.: Cataluña 69,5% (IC 95% 59,5-79,5%), Valencia 59,4% (IC 95% 47,3-71,4%) y Castilla-León 61,3% (IC 95% 49,2-73,4%) con “p” menor de 0,05. Y Asturias con porcentaje (81,4%, IC 95% 69,8-93%) significativamente mayor que Madrid con “p” menor de 0,05 (Fig. 1).

Figura 1. Enfermeras con dedicación exclusiva a la Pediatría en las principales CC.AA. del estudio.

Y aunque una gran mayoría de los pediatras (75,9%) considera como ideal un cupo de usuarios entre 500 y 800, es llamativo que un porcentaje tan alto como el 18,2% considera óptimo el rango de 800 a 1.200 (Tabla IV).

No existen diferencias significativas entre las CC.AA. respecto ese número de cartillas deseable (correlación de Spearman), predominando en todas ellas claramente la elección de 500 a 800 cartillas por pediatra: Madrid 69,8% (IC 95% 61,8-77,9%), Cataluña 70,4% (IC 95% 60,4-80,3%), Valencia 83,1% (IC 95% 74-92,2%), Andalucía 70,6% (IC 95% 61,7-79,4%), Castilla-León 77,6% (IC 25% 66,9-88,3%) y Asturias 81,4% (IC 95% 69,8-93%). La proporción de pediatras que en estas comunidades consideran ideales otra cantidad de usuarios aparece recogida en la tabla IV. El x 98,4% de quienes participan en el estudio se asigna un nivel de preparación como pediatra alto o medio (59,9% y 38,5%, respectivamente; un 1,6% como x bajo).

El 15,8% de los pediatras generales encuestados no recibe nunca formación por parte de su empresa y el 65,5% solo alguna vez (de manera regular solo un 18,6%), un aspecto clave de la profesión. Además, solo el 14,3% cree que se le ofrece principalmente por interés de mejora asistencial (el 38,5% por interés exclusivo de la empresa y 47,1% por ambos).

Al preguntar por la docencia pediátrica, hallamos que casi dos terceras partes (63,6%) la realizan en su consulta, la gran mayoría con alumnos y residentes (56,6 y 56,7%, respectivamente). Del total, 85,3% no son reconocidos oficialmente como tutores y el 87,8% no han recibido formación específica para realizar esta función. Casi la totalidad de los pediatras considera la actividad docente escasamente valorada como mérito profesional (98%), a pesar de tenerla como esencial en su capacitación (80,9%). A pesar de esas opiniones, el 28,3% no se plantea acceder a una plaza universitaria, teóricamente lugar principal para la realización de la docencia, frente al 35,1% que la ve como una posibilidad y un 36,6% que lo tiene como uno de los objetivos de su dedicación a la pediatría. Al analizar los datos sobre tutores de MIR provenientes de las diferentes Comunidades, encontramos amplias variaciones sin significación estadística, salvo entre Cataluña y Castilla-León y Asturias en que las diferencias son estadísticamente significativas a favor de estas últimas (p = 0,0001 y p = 0,017, respectivamente). Así: Madrid 7,9% (IC 95% 3,2-12,6%), Cataluña 5,2% (IC 95% 2-10,2%), Valencia 7,8% (IC 95% 1,2-14,4%), Andalucía 12,9% (IC 95% 6,3-19,4%), Castilla-León 39% (IC 95% 26,5-51,4%) y Asturias 23,3% (IC 95% 10,6-35,9%).

Es interesante que el 27,3% considere la cultura investigadora como importante en su preparación profesional, frente al 58,9% que declara que no le dedica tiempo y el 13,7% que no la tiene como de interés. En consonancia con ello, hemos constatado que un 88,3% de quienes se dedican a la medicina infantil o no han publicado ningún artículo (24,1%) o han publicado 10 o menos (64,2%). El porcentaje de aquellos a quienes no les interesa recibir formación en temas de investigación coincide (13,4%) con el de los que no consideraban importante la cultura investigadora. Relacionado con ello, solo un 31,7% de los respondedores manifiestan haber recibido algún curso sobre lectura crítica o metodología de la investigación.

La cantidad de pediatras que culminaron su carrera académica con la realización de la tesis doctoral es del 15,3% del total, aunque esta proporción es variable en los diferentes sistemas de salud: Madrid 12,2% (IC 95% 6,6- 17,8%), Cataluña 2,4% (IC 95% 0-5,8%), Valencia 13,8% (IC 95% 5,4-22,2%), Andalucía 15,5% (IC 95%, 8,5-22,5%), Castilla-León 45,2% (IC 95% 30,2-60,3%) y Asturias 18,6% (IC 95% 7-30,2%), de nuevo con diferencia significativa entre Cataluña y Asturias a favor de esta última (p = 0,036), y de Castilla-León respecto al resto salvo a Asturias (p = 0,003).

Un 77,6% responde que los gestores y políticos no comparten sus preocupaciones asistenciales (21,4% dice que algunos, aunque no lo suficiente, y un 1% que hacen todo lo posible). Solo un 9,8% dice conocer los fundamentos teóricos de la gestión clínica, frente al 49,5% que afirma conocer algunos y un 40,7% que no los conoce. A pesar de esta declaración, casi tres cuartas partes opinan que tienen una finalidad de mejorar los servicios (27,6% exclusivamente de ahorro) y el 55,6% cree que debe formar parte de su preparación profesional (frente al 44,4% que no lo considera así).

Respecto a la coordinación de los niveles asistenciales pediátricos, el 26,9% considera que no es buena, un 61,5% que es deficiente pero mejorable y un 11,5% que existe en grado alto. Si nos detenemos en este aspecto importante de la calidad de los servicios, encontramos diferencias entre zonas geográficas. El porcentaje de pediatras que consideran deficiente este aspecto de su trabajo es del 28,2% en Madrid (IC 95% 20,5-36%), del 28% en Cataluña (IC 95% 18,3-37,8%); del 20% en Valencia (IC 95% 10,3-29,7%), del 40,8% en Andalucía (IC 95% 31,3-50,3%), y del 14% en Asturias (IC 95% 3,6-24,3%), siendo significativamente más alta (p = 0,045) la valoración negativa por parte de los profesionales andaluces que por la de los asturianos y de Castilla-León.

Discusión

El porcentaje de cumplimentación del cuestionario enviado fue del 32% sobre el total del universo muestral, un nivel medio y mayor al observado en otros estudios de características similares(19,20). Una primera cuestión que ayuda a definir el perfil profesional de nuestro colectivo: una profesión mayoritariamente masculina ha pasado a ser de importante predominio femenino en muy poco tiempo. Más de tres cuartas partes de nuestros respondedores son mujeres, desproporción que puede acentuarse en el futuro(21). Teniendo esto en cuenta, será interesante reconocer los cambios generacionales y de sexo que pudieran relacionarse con los estilos de trabajo, identificando tendencias en la fuerza laboral más allá de los simples recuentos de proveedores. Comprender el impacto de estos cambios en los sistemas de prestación de atención médica pediátrica es fundamental(22). Las motivaciones, consecuencias y preocupaciones de que la mayoría de los pediatras sean mujeres han sido analizadas en diferentes foros y publicaciones, aunque a nosotros únicamente nos interesa ahora el aspecto descriptivo de este fenómeno. Pero debe resaltarse que en un trabajo reciente, se halló que las mujeres pediatras dedican más tiempo a las responsabilidades del hogar que los pediatras varones, y el género es un factor clave asociado negativamente con la satisfacción del equilibrio entre la vida laboral y personal(23).

Casi el 15% de los pediatras desarrollan su trabajo en el medio rural –lo que es cuantitativamente superponible a la distribución de la población española, de la que el mismo porcentaje vive fuera de las ciudades(24)– y esto añade a su situación algunas exigencias asistenciales y peculiaridades a sus necesidades, con seguridad insuficientemente atendidas.

La distribución de participantes por CC.AA. es superponible al número de socios y en buena medida al de pediatras censados por las sociedades profesionales en los diferentes territorios y declarados en sus publicaciones. Nuestros resultados ponen en evidencia la disparidad en las políticas de recursos humanos de los servicios de salud, con notables asimetrías regionales. Si nos fijamos en que la mayoría de los especialistas son interinos o eventuales, llama la atención la gran variación entre comunidades, con el mayor porcentaje de propietarios en Castilla-León y el menor en Madrid, lo que debe relacionarse con esas estrategias de gestión del personal. En relación con eso, hay varias Comunidades –La Rioja, Asturias, Murcia, Aragón, Islas Baleares y las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla– donde ningún profesional ocupa su plaza sin título vía MIR. Nuestra observación dista de otra ya publicada, según la cual entre un 30 y un 50% de las plazas de pediatría están desempeñadas por profesionales sin formación específica reconocida mediante título oficial(25). Si asumimos que de forma general la relación de pediatras a población infantil a asistir muestra actualmente una distribución por territorios desigual y que no existe una previsión de las necesidades a medio plazo por parte de las administraciones, parece imprescindible implantar algún sistema que estimule una ordenación y reparto variable de especialistas según las demandas y cambios demográficos(26). Y en cuanto a los incentivos que podrían ayudar a atraer profesionales a determinadas plazas que puedan ser difíciles de cubrir, se han destacado el complemento salarial, el reconocimiento curricular y las compensaciones en beneficios no dinerarios(27).

Según nuestro cuestionario, el perfil del colectivo vinculado a nuestra Sociedad sería el de un profesional que cubre las funciones de un pediatra general principalmente en el ámbito de los servicios públicos, con solo un 12,1% que realiza medicina privada. Existe una mayoría de pediatras de Atención Primaria con más de 20 años de ejercicio, lo cual es difícil de interpretar en su significado como dato aislado. Lo importante sería poder establecer cuántos son necesarios para dar una asistencia médica óptima en el primer nivel, haciendo un seguimiento de las políticas de recambio profesional, midiendo periódicamente el número de nuevos especialistas y el contingente de jubilaciones para hacer un plan de provisión de empleos a corto y medio plazo. Lógicamente, las aspiraciones y las exigencias son variables según los años de ejercicio. Esta información merece ser tenida en cuenta, pues resultaría interesante saber cuántos pediatras están próximos a su jubilación por si fuese necesario aumentar el número de plazas MIR para esta especialidad. Según la Organización Médica Colegial, el 47,9% de los médicos de Atención Primaria, mayoritariamente varones, en los próximos diez años entran en edad de jubilarse obligatoriamente o voluntariamente con dos años de antelación(27).

Otro de los objetivos que nos hemos planteado con la presente encuesta, es la evaluación del nivel de identificación de los profesionales de la medicina infantil con su entorno laboral y jerarquizar aquellos factores capaces de mejorarla. Esto permitiría plantear una estrategia de trabajo, tanto de las instituciones oficiales como desde las sociedades profesionales. Los sistemas sanitarios deben aspirar a ofrecer servicios de salud efectivos, seguros y eficientes, y responder a las expectativas de los usuarios, en lo que es imprescindible disponer de plantillas motivadas y satisfechas que aumenten el rendimiento y la calidad de la prestación. En el ámbito de los sistemas de salud, esa satisfacción laboral se ha vinculado a un grupo de variables como la formación continuada, la equidad en las retribuciones y las relaciones personales en el ambiente laboral, entre otras(28,29); es una dimensión de la gestión de calidad y su estudio permite identificar problemas y oportunidades de mejora con impacto en la salud y bienestar de los usuarios y los trabajadores. Tal como han señalado algunos estudios ya clásicos, el personal con alto nivel de satisfacción laboral proporciona un servicio más resolutivo a un menor precio(30,31).

Nuestros datos resaltan la preocupación dentro de la especialidad por la estabilidad laboral, principal requisito para los pediatras al valorar sus condiciones de trabajo, por encima del sueldo. Pero junto a ello consideran que los sueldos están por debajo de sus pretensiones, de sus méritos y de su responsabilidad, lo que no es contradictorio con un malestar mayor por la movilidad y los contratos de corta duración. La continuidad en los contratos es una preocupación en los profesionales jóvenes y poco cualificados, lo mismo que ocurre en otros países(32). Sabemos que aquí el número de contratos es mayor en mujeres, en menores de 40 años y en médicos de procedencia extranjera(27). El nivel de precariedad contractual en nuestra especialidad es importante, con una temporalidad elevada tanto en la sanidad pública como en la privada, con una cifra significativa de pediatras firmando contratos semestrales o anuales durante varios años. Esta inestabilidad perjudica seriamente a los profesionales, a sus expectativas, y afecta a las familias al romper la atención personalizada a lo largo del tiempo, un elemento importante en la asistencia generalista.

El segundo ítem más valorado se refiere al aspecto económico. A medida que el encuestado considera que su sueldo es apropiado, la satisfacción es mayor, lo que demuestra que ambas variables están relacionadas(33), como también hemos observado en nuestro estudio. Aunque no hemos profundizado en estos temas, al abordarlos tendría que considerarse las diferencias salariales entre comunidades, con sueldos netos, retribuciones fijas y variables, y contenidos de la carrera profesional sensiblemente diferentes y de difícil explicación, analizando los resultados en cuanto a satisfacción y objetivos asistenciales cumplidos. La mayoría de los estudios publicados sobre la remuneración de los médicos de Atención Primaria de salud se han llevado a cabo desde la perspectiva del pagador(34-36). Pocos han cuantificado las preferencias de los médicos y la evaluación del tipo de pago(37). Las condiciones laborales y el salario constituyen una preocupación cada vez mayor, tal como se ha reconocido en el Reino Unido, donde se hicieron más influyentes y decisivos al elegir destino para los médicos encuestados en 2015 en comparación con los encuestados en 2011(38). En Grecia, casi tres de cada cuatro médicos de Atención Primaria están descontentos con sus sueldos(39). Además, los encuestados de más edad se encuentran más insatisfechos y subrayan el impacto negativo de un salario bajo en la productividad y calidad de servicios(40). En Portugal, con un servicio asistencial de organización similar al británico, se identificó una reducción general en el nivel de vida de los médicos, con bajadas salariales en la pasada crisis financiera de hasta el 30,5% como la principal estrategia de adaptación(41); la pasión por la profesión, su independencia en la organización de sus tareas y la flexibilidad en sus destinos, fueron los factores compensatorios mencionados allí con más frecuencia por los afectados. Aproximadamente el 86% de los médicos generalistas cuestionan la efectividad de los incentivos existentes para hacer atractivo su ejercicio, influenciado de manera crucial por las condiciones de trabajo y los ingresos(42). Parece lógico que en los tiempos actuales y según el sentido empresarial que se les están dando a nuestros sistemas públicos de salud, pase a un primer plano el pago según el cumplimiento de objetivos alcanzables, variables, medibles y definidos por las necesidades. Esto sería retomar la idea de carrera profesional, alejada de la carrera laboral vinculada a la edad y que se impuso en todas las comunidades.

Aunque no es una cuestión tenida como prioritaria por nuestras organizaciones, una buena relación interpersonal puede considerarse como un factor protector frente a los conflictos de la consulta, el desgaste profesional y el absentismo. En nuestro estudio este concepto ocupa una posición inferior al de las otras preocupaciones, si bien consideramos que las acciones dirigidas a mejorar las relaciones humanas entre los profesionales del equipo deben ser prioritarias y quizá podrían explicar las grandes diferencias observadas entre equipos en entornos similares.

Al acercarnos a los temas asistenciales, hallamos que más de una tercera parte de los pediatras no trabajan junto a personal de enfermería exclusivamente dedicado a la Pediatría. Es interesante descubrir que este dato es también variable y existe una situación diferente entre CC.AA. En concreto, la situación va desde un número menor de enfermeras con dedicación exclusiva a la consulta infantil en Andalucía y la existencia mayoritaria en Asturias de una enfermería plenamente infantil. Debe recordarse que hasta hace unos años, el trabajo del equipo médico-enfermera era lo habitual. El debate abierto en EE.UU. en la primera década del siglo(43,44) fue llegando aquí y se mantiene en la actualidad, promovido fundamentalmente desde algunos grupos de enfermeros. Lo cierto es que pocos estudios se han diseñado para responder a la pregunta de qué funciones dentro de la Atención Primaria se cumplen mejor según el tipo de profesionales, siendo la inmensa mayoría de las publicaciones artículos de opinión, en general poco documentados. Las características de los diversos sistemas, su financiación, organización y otras diferencias en la prestación de servicios confunden y dificultan cualquier comparación(45). Creemos que lo más importante es el cumplimiento de papeles específicos, determinados por la titulación, la preparación acreditada y la experiencia profesional; es decir, responsabilidad médica del médico y de los cuidados enfermeros por parte de enfermería hasta donde permitan esos tres criterios. La atención conjunta, el servicio directo y la consulta determinada por la naturaleza de la preocupación familiar tendrían que ser los parámetros para organizar cualquier asistencia y cuidado infantil eficaz(46). En términos prácticos, en algunos sistemas mejorar la atención significa desarrollar la capacidad principalmente de los médicos, mientras que en otros, el enfoque sería desarrollar la capacidad profesional de enfermería(47).

Las expectativas profesionales en los pediatras generales más jóvenes de EE.UU. parecen cumplirse suficientemente(48). No obstante, el porcentaje que optan por una dedicación solo parcial al trabajo asistencial es elevado, más en mujeres y con tendencia a ir en aumento. Con datos indirectos y escasos es difícil adelantar una interpretación de los mismos, pero la importancia del tema obligará a profundizar en ello en los próximos años. Según el estudio sobre la profesión médica en España, en Atención Primaria un 24,5% de profesionales está considerando seriamente abandonar su puesto de trabajo y ha buscado alternativas, y otro 26,8% alguna vez lo ha pensado, pero no está buscando alternativas. Menos de la mitad, el 49%, no se lo ha planteado(27). Este no es un caso aislado en países de nuestro entorno social y político. Un informe oficial elaborado en el Reino Unido recoge que cinco mil médicos cada año se plantean abandonar su puesto de trabajo para irse al extranjero(49). Sumado a ello, en este momento debe tenerse en cuenta la posibilidad de que médicos y enfermeras asentados profesionalmente en países pertenecientes a Gran Bretaña retornen a nuestro país por la implantación paulatina de restricciones laborales para los extranjeros(50), movimiento que puede afectar a cuatro de cada diez. Parece que una gran parte de los médicos se llegan a plantear esta posibilidad como forma de supervivencia dentro de la profesión y como vía de mejores condiciones de desarrollo profesional(51). El 15% de los médicos portugueses declaró considerar la migración como una posibilidad para el futuro cercano. En el mismo sentido muchos médicos sostienen una visión cada vez más negativa de muchos aspectos de la experiencia de serlo y perciben gran dificultad para brindar atención de calidad al paciente dentro de lo que consideran un sistema sub financiado. El 10% en el Reino Unido estaría dispuesto a cambiar de profesión, y aproximadamente la mitad piensan o han pensado en ejercer en otro país(52). Se ha mostrado claramente una tendencia de los médicos británicos a lo largo de cuarenta años a abandonar su trabajo(37). Los médicos encuestados en 2015 eran significativamente más propensos que los encuestados en 2011 a citar factores relacionados con su Servicio de Salud, el salario y las condiciones del entorno de trabajo, sus expectativas y los efectos sobre la atención al paciente. Los cambios en las políticas diseñados para alentar a más médicos a permanecer en sus plazas deben abordar estas preocupaciones mediante la introducción de mejoras reales en los recursos, el personal y las condiciones para desarrollar su labor. En nuestro caso, se ha planteado la emigración a otro país por un mejor sueldo un porcentaje muy alto de pediatras (casi dos de cada tres). Y es llamativo, por lo que traduce de desagrado con el entorno de nuestra profesión, que una cuarta parte declare estar arrepentido de dedicarse a la pediatría, seguramente debido a la sobrecarga asistencial, salario y falta de estabilidad laboral, así como otros condicionantes tratados en este estudio. Una medida indirecta de ese conflicto es el que hoy pocos médicos recomiendan a los jóvenes iniciar la carrera de medicina. No solo no lo recomiendan, sino que algunos lo desalientan activamente(53). Sin duda, esto sorprenderá a aquellos que no forman parte del colectivo médico y que la perciben como una carrera profesional altamente solicitada y prestigiosa. Lo cierto es que el 40,6% de los pediatras de Atención Primaria opina que las condiciones en que realiza la consulta no le permiten realizar un trabajo satisfactorio, con la consiguiente frustración y riesgo de alejarse del esencial compromiso de atención eficiente y de calidad. Según datos previos(55), en el año 2014 el 60% de los pediatras tenían un cupo con más de 1.000 niños asignados al CIAS (Código de Identificación Autonómica Sanitaria). Considerando la propuesta de las asociaciones profesionales de un número óptimo de pacientes por plaza de Pediatría de 800 niños menores de 14 años, podemos decir que la situación es de cupos sobredimensionados. Aunque actualmente cuentan con una media de 1.000 menores asignados, la gran mayoría de ellos (un 82%) consideran esta cifra muy superior a la ideal y más de un 75% de ellos consideran óptimo un ratio de 500-800 TSI (tarjeta sanitaria individual).

El aspecto formativo se ha mostrado clave en la mejora de la satisfacción laboral, no habiendo sido analizado en otros estudios. Este asunto por sí mismo constituye un objetivo a asumir por parte de los directivos de las sociedades profesionales y gestores del sistema, con relevancia determinante también sobre la calidad asistencial(56). Los profesionales que hemos encuestado consideran como segundo criterio de calidad en sus funciones la formación, pero solamente un 18,6% de ellos reciben regularmente formación acreditada por parte de su empresa. En cuanto al contenido de la misma, solo un 14% creen que está orientado por el interés de la empresa de mejorar la consulta. Llama la atención el bajo porcentaje que han recibido formación sobre temas metodológicos básicos, lo que debe entenderse como una carencia significativa de nuestras organizaciones. Pese a todo esto, la mayoría atribuye a su preparación profesional un nivel alto o medio, seguramente debido a la dedicación de su tiempo no laboral al estudio y actualización de sus conocimientos, al margen de la escasa oferta formativa recibida por parte del sistema sanitario.

Respecto a la docencia, una gran mayoría de pediatras generales la realizan habitualmente en su consulta, sin ser reconocidos como tutores. Para serlo en la actualidad, debiera exigirse la coincidencia de dos circunstancias: voluntad por parte de quien es certificado como tal y necesidad –demasiadas veces coyuntural– por la parte que certifica. Y la cuestión tiene otra vertiente que denuncian nuestros resultados. La enseñanza por competencias se ha impuesto como filosofía hegemónica y medio organizador de la educación médica(56). Impartir docencia supone conocer la naturaleza de esas competencias y el modo de transmitirlas; debería obligar a la parte gestora, además, a implantar una forma de agradecimiento administrativo y curricular hacia los profesionales. Pero no puede hacerse docencia de calidad sin recibir formación para la docencia. La realidad es que en la práctica no existe preparación reglada específica ni evaluada para asumir esta responsabilidad. Hay decenas de propuestas para resolver esta situación de desatención a un aspecto de la profesión que debe de considerase prioritario, tal como se refleja en un texto pensado desde las necesidades de la pediatría general(57). Es posible que en algún momento pueda llegar a cuantificarse el gasto directo y el valor añadido de la inversión en formar buenos docentes médicos. Aunque los resultados obtenidos de este cuestionario no nos permitan obtener conclusiones debido a las limitaciones inherentes al estudio, consideramos que pueden ser de interés, ya que nos ayudan a explorar y entender las particularidades de un colectivo durante muchos años implicado en la tarea de formar tanto a sus compañeros MIR como a los futuros médicos.

La dificultad para realizar investigación clínica de calidad en pediatría, y especialmente por pediatras que trabajan en Atención Primaria, ha sido expuesta en diferentes ocasiones y medios(58,59). Al analizar las causas de la baja producción científica del pediatra general, se han citado varias y ofrecidas desde diferentes perspectivas(60). Entre ellas, el escaso interés que se ha prestado a una formación médica congruente, la discreta o nula información que desde las facultades de medicina se ofrece sobre la necesidad de investigar y sobre metodología científica; y también muy importante, la carencia de incentivación dentro de nuestro entorno de trabajo para el incremento de la investigación. Pese a que la gran mayoría de los encuestados considera la cultura investigadora como parte de su capacitación como pediatra, un 58,9% reconoce no dedicarle demasiado tiempo. Acorde con eso, un 88,3% o no ha publicado ningún artículo científico o ha publicado 10 o menos. Solamente un 11,7% ha publicado más de 10. Son dos datos que no deberían satisfacer a nuestras administraciones sanitarias y tendrían que animar a los potenciales promotores de la investigación clínica a invertir en su desarrollo. Mayoritariamente el pediatra considera importante disponer de conocimiento e información investigadora, lo que permite suponer su disposición a llevarla a cabo. Los que llegan a realizarla lo hacen en tiempo libre y sacrificando otros aspectos de su profesión y tiempo de vida familiar, tal como han reconocido algunos estudios(61). La formación y el reconocimiento son las claves del progreso en este campo. En relación con eso, hoy en nuestro país el 36,4% de los licenciados llegan a leer su tesis, con un porcentaje mayor en mujeres; la gran mayoría (46%) presentan sus resultados y alcanzan el doctorado entre los treinta y los cuarenta años(62). Según datos oficiales en el año 2018, el número de tesis realizadas en cualquier campo de investigación fue de 8.483, la inmensa mayoría (95%) en el ámbito universitario público(63). De los pediatras generales que han cumplimentado el cuestionario, solo el 15,3% han logrado su doctorado, lo que permite medir la situación de la Pediatría en este campo y debería obligar a buscar los motivos y pensar alguna solución.

Pese a que algo más de la mitad de los encuestados cree que la gestión clínica forma parte de su capacitación como pediatra, la inmensa mayoría admiten no conocer sus fundamentos teóricos o conocer solo algunos. En cuanto a la finalidad de esta, parece que la mayor parte se decanta por la mejora de los servicios, y el resto cree que es exclusivamente de ahorro. Finalmente, destaca que son muy pocos los pediatras que creen que existe un buen grado de coordinación entre la pediatría de hospital y de Atención Primaria, si bien la mayoría cree que es buena, pero que aún queda bastante por mejorar. En otros países, aun existiendo una satisfacción general respecto a la relación entre niveles, algunos pediatras generales plantean preocupaciones importantes sobre la idoneidad del acceso de los niños a las unidades hospitalarias (tiempo de espera, impedimentos por parte de los seguros de enfermedad)(64,65), especialmente desde las comunidades rurales. Y en modelos asistenciales diferentes al nuestro, frecuentemente se plantean tensiones y conflictos entre médicos de diferentes niveles(66).

Principales conclusiones

1. Este estudio representa una aproximación amplia y fiable a la situación de la Pediatría española extrahospitalaria.

2. Dentro del rápido aumento de la feminización de la especialidad, las mujeres representan actualmente hasta tres cuartas partes de los profesionales de la Pediatría.

3. La Pediatría general demanda una mejora en las condiciones de trabajo. La política de sustituciones y contratos es su principal motivo de preocupación. Lo inadecuado de las retribuciones no es un problema laboral dominante entre las preocupaciones de los pediatras, aunque una gran mayoría se consideran mal pagados.

4. Existen diferencias claras entre CC.AA. en cuestiones laborales y profesionales importantes.

5. Solo una minoría de pediatras (x 18,6%) recibe formación regularmente por parte de su empresa.

6. La percepción de falta de reconocimiento de la actividad docente es generalizada.

7. Los pediatras de Atención Primaria publican poco y solo un 15% han realizado la tesis doctoral.

8. Más de tres cuartas partes consideran que políticos y gestores no comparten sus preocupaciones asistenciales.

Con el fin de mejorar dicha situación, la SEPEAP propone una serie de iniciativas como, la actualización permanente de la bolsa de pediatras en Atención Primaria, la mejora de las condiciones laborales; o la reorganización de los equipos de Atención Primaria, aumentando el número de enfermeras con dedicación exclusiva a la asistencia infantil. Por otra parte, las medidas motivadoras o incentivadoras para contrarrestar los efectos de las condiciones negativas y paliar el posible estrés y desgaste profesional resultarán con el tiempo imprescindibles. Deberían facilitarse actividades tan importantes para el desarrollo profesional como la formación, la docencia evaluada y reconocida, y la investigación, favoreciéndose el acceso a las mismas mediante una adecuada dotación de tiempo y recursos.

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Trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos en Pediatría: un diagnóstico novedoso para una entidad frecuente en la práctica clínica

 
De interés especial
 


Y. Suspes Cruz*, S. Orejarena Serrano**

*Pediatra. Departamento de Pediatría. Facultad de Ciencias de la Salud. Grupo de investigación PAIDOS. Univ. Industrial de Santander. **Psiquiatra Infantil. Departamento de Pediatría. Facultad de ciencias de la Salud. Universidad Industrial de Santander (Bucaramanga-Colombia). Grupo de Investigación en Neurociencias Básicas y Aplicadas. Universidad Católica Luis Amigó (Medellín-Colombia)

 

Resumen

Introducción: el rechazo a los alimentos es el síntoma principal de los trastornos de la alimentación en menores de 12 años, quienes frecuentemente eran considerados inapetentes y diagnosticados con neofobia alimentaria, trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o trastorno de la conducta alimentaria no especificada. Este trastorno en la actual clasificación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos Mentales (DSM-5), recibe el nombre de trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos (TERIA), el cual puede presentarse en niños pequeños y persistir hasta la edad adulta. Metodología: revisión de artículos relevantes publicados en los últimos veinte años que abordan los trastornos restrictivos de la alimentación y, específicamente, aquellos que abordaron el tema del TERIA. Las palabras clave utilizadas para la búsqueda en las bases de PubMed y ScienceDirect incluyeron: trastornos de la alimentación, neofobia alimentaria, niños y niñez. Resultados y discusión: el trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos tiene un patrón alimentario maladaptativo, cuyo principal síntoma impacta significativamente en la salud del niño, debido a complicaciones como pérdida de peso, compromiso del crecimiento, deficiencias nutricionales, así como dependencia de soporte nutricional o alimentación enteral. Tiene su pico máximo de aparición entre los 2 y 6 años, por lo que muchos pacientes cursan con el trastorno desde la infancia, pero son diagnosticados tardía o erróneamente, lo que hace fundamental que el clínico tenga claridad acerca de los criterios y diagnósticos diferenciales. Conclusiones: el DSM-5 realiza importantes cambios en la definición de los trastornos de la alimentación e introduce en el trastorno de la evitación/restricción de los alimentos. Este trastorno es de particular interés para el pediatra y el psiquiatra infantil en el ámbito ambulatorio y hospitalario. La utilidad clínica del presente artículo se basa en la síntesis y revisión de los criterios diagnósticos, diagnósticos diferenciales, pronóstico, intervenciones de tratamiento y seguimiento de estos pacientes. El abordaje deberá ser interdisciplinario e incluye la participación de: cuidadores, pediatra, psiquiatra y nutricionista.

 

Abstract

Background: food rejection is the main symptom of eating disorders in children under 12 years of age, who were frequently referred to as lacking appetite and diagnosed with eating neophobia, childhood food intake disorder or unspecified eating behavior disorder. This disorder is defined in the current classification of the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5) as avoidant restrictive food intake disorder (ARFID), which can occur in young children and persist into adulthood. Methods: review of articles published in the last twenty years about restrictive eating disorders and specifically those that addressed ARFID. Keywords on PubMed and ScienceDirect included eating disorders, food neophobia, children and/or childhood. Findings and discussion: the disorder of avoidance and restriction of food intake is represented by a maladaptive eating pattern, which significantly impacts patients’ health due to complications including weight loss, growth retardation, nutritional deficiencies, and dependence on nutritional support or enteral feeding. Its incidence rises between 2 and 6 years-old; therefore, most patients exhibit symptoms since childhood but are diagnosed late or erroneously. Consequently, clinicians should be aware of its criteria and differential diagnoses. Conclusions: DSM-5 proposes important changes on the definition of eating disorders and introduces the disorder of avoidance/restriction of food. This disorder is of particular interest to pediatricians and child psychiatrists at the outpatient and inpatient setting. The relevance of this article relies on its synthesis and description of the diagnostic criteria, differential diagnoses, prognosis, treatment interventions and follow-up schemes of these patients. The approach should be multidisciplinary and includes the assistance of caregivers, pediatricians, child psychiatrists and nutritionist.

 

Palabras clave: Trastornos de la alimentación; Niñez; Adolescentes.

Key words: Eating disorders; Childhood; Teenagers.

 

Pediatr Integral 2020; XXIV (4): 234.e1 – 234.e7


Trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos en Pediatría: un diagnóstico novedoso para una entidad frecuente en la práctica clínica

Introducción

Los trastornos relacionados con la ingesta de alimentos y hábitos alimentarios en niños menores de 12 años tienen, como síntoma principal, el rechazo por los alimentos. En este grupo encontramos a los niños comúnmente denominados “inapetentes” o “quisquillosos con las comidas”, quienes en el ámbito clínico se diagnosticaban como neofobia alimentaria, trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o trastorno de la conducta alimentaria no especificado(1,2). En la actual clasificación del Manual Estadístico de los trastornos Mentales (DSM-5)(3), estos trastornos adquieren el nombre de trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos (TERIA)(4). Este diagnóstico, al igual que la pica y el trastorno por rumiación, forma parte ahora del capítulo de los trastornos de conducta alimentaria y no de los trastornos habitualmente diagnosticados en la infancia, con la intención de que el clínico tenga en cuenta que, aunque los síntomas de esta enfermedad son frecuentemente observados en niños pequeños, pueden persistir en la infancia tardía, adolescencia y edad adulta(5). Así mismo, el inicio de los síntomas puede incluso presentarse en niños mayores, adolescentes(6) o en el adulto mayor, donde se puede asociar a desnutrición en esa etapa de la vida(7).

El pediatra debe considerar este diagnóstico en el grupo de niños que están en riesgo de desnutrición o con desnutrición, sin una enfermedad que justifique dicho estado.

Definición

Se refiere a un patrón alimentario maladaptativo, que resulta en una repercusión significativa de la salud con: pérdida de peso, alteración del crecimiento y déficit nutricional, en consecuencia, con dependencia de alimentación enteral o soporte nutricional(8). En este diagnóstico, están incluidos ahora los pacientes antes diagnosticados con trastorno de la alimentación de la primera infancia y también los pacientes con neofobia alimentaria; estos últimos se diferenciaban porque el síntoma central es el temor a probar alimentos desconocidos, llevando a una falta de variedad dietética con ansiedad evidente, una actitud defensiva específica frente a los nuevos alimentos y comportamiento problemático durante las comidas, lo que puede asociarse con evitación de situaciones sociales relacionadas con la alimentación, como negación de ir al colegio o al trabajo(9).

Epidemiología

Los trastornos de la alimentación, clínicamente significativos, tienen un rango de prevalencia entre el 5 y el 25% en niños y jóvenes(10) y, de estos, entre el 12 y 14% corresponden a casos de TERIA(11), aunque algunos centros especializados han reportado que hasta el 41% de los pacientes con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) correspondían a casos de TERIA(1). Así mismo, en un programa de Hospital de Día para TCA, la tasa fue hasta del 22,5%(12). La prevalencia en algunas poblaciones es similar a la encontrada para anorexia nerviosa (AN) y mayor que la de bulimia nerviosa (BN)(1).

En población general, la prevalencia puntual encontrada en niños escolarizados de 8 a 13 años es de 3,2%(13). Mascola y cols., hallaron que el 39% de los niños de cualquier edad son considerados por sus padres como quisquillosos para comer en algún momento de la infancia y se observa que la mayoría mejoran antes de los 6 años, quedando solamente un 3% de los pacientes con síntomas después de esta edad(14). En mayores de 15 años, se encontró una prevalencia del 0,3%(15) y en un estudio retrospectivo en pacientes seguidos por gastroenterología, con edades entre 8 y 18 años, se encontró que 1,5% de los pacientes tenían criterios de TERIA, y un 2,4% adicional, también tenían retrospectivamente características, pero su diagnóstico no podía ser confirmado o rechazado por falta de información(10).

En relación con AN y BN, se ha observado que los pacientes con TERIA son más jóvenes (gran número de pacientes tienen menos de 12 años) y hay mayor proporción de varones que en los otros trastornos de conducta alimentaria(1), encontrándose en algunos estudios, porcentajes de varones hasta del 20,6% vs 8,7%(16), presentando además, con mayor frecuencia: trastornos comórbidos psiquiátricos (principalmente de tipo ansioso) o médicos y mayor duración de los síntomas(1,16). En las poblaciones de adolescentes y adultos, se mantiene el patrón de mayor proporción de varones con respecto a los otros trastornos de conducta alimentaria(15).

Diagnóstico

Su principal característica diagnóstica es la evitación o restricción en la ingesta de alimentos que, en el DSM-5, se especifica mejor en el apartado A y debe asociarse a, al menos, una de cuatro condiciones: pérdida de peso significativa (o fracaso para alcanzar el peso o crecimiento esperado para la edad); deficiencias nutritivas significativas; dependencia de la alimentación enteral o de suplementos nutritivos por vía oral; y afectaciones importantes en el ámbito psicosocial (Tabla I).

El diagnóstico se realiza exclusivamente en los casos de niños con dificultades de ganancia de peso o crecimiento, o si el adolescente no satisface sus necesidades nutricionales y estas tienen como consecuencia una pérdida de peso significativa. También, se realiza cuando se presentan: deficiencias nutricionales, dependencia de suplementos nutricionales o si los síntomas interfieren significativamente con su funcionamiento psicosocial(18,19)

En algunos casos, puede ser requerida la observación directa de la exposición del niño a alimentos familiares y no familiares con características organolépticas variadas, además de determinar la falta de interés o preferencia por cada uno de ellos y, al mismo tiempo, evaluar las interacciones entre el niño y el padre o cuidador(18).

Características clínicas

Este trastorno tiene su punto máximo entre los 2 y 6 años de vida, con reducción gradual de los síntomas en el tiempo, de tal manera que son pocos los afectados en los primeros años de la edad adulta. Los patrones de presentación clínica son variados, pudiendo encontrarse pacientes con sensibilidad a las características sensoriales de algunos alimentos, entre los que frecuentemente se encuentran: verduras, frutas, carne, leche y queso; otro grupo de pacientes puede presentar restricción en la cantidad de alimentos que come, por poco apetito o pobre interés en la comida. Un tercer grupo de pacientes puede dejar de comer algunos alimentos o dejar de comer totalmente después de una experiencia traumática alimentaria, como: asfixia, vómito y otros síntomas gastrointestinales. También se pueden presentar pacientes con síntomas de los tres grupos anteriores, los cuales tienen peor pronóstico(19). El conocimiento del trastorno por parte del personal de salud es limitado, lo que da lugar a que los pacientes se queden sin diagnóstico o tengan un diagnóstico erróneo por muchos años(20).

Así pues, muchos pacientes pueden cursar con el trastorno desde la infancia, pero solo son diagnosticados en la adolescencia, ya que muchas veces se considera apropiado el crecimiento de un niño en los percentiles de límite inferior para el peso y la talla, pero una vez llegada la adolescencia, los problemas de su comer restrictivo y selectivo se acentúan o no son suficientes para mantenerlos en su curva de crecimiento, lo cual alerta al pediatra que es, en la mayoría de los casos, a quien acuden por primera vez(9). Para otros niños, el primer contacto ocurre con: el terapeuta ocupacional, dietista, gastroenterólogo, psicólogo, psiquiatra o médico de salud del adolescente(10).

Los pacientes se caracterizan por tener factores médicos y psiquiátricos que afectan la ingesta nutricional, pero sin alteración de la percepción de su cuerpo o preocupación por la imagen corporal. Los niños evitan los alimentos, debido a que tienen poco apetito, poco interés en las comidas o para evitar síntomas como: náuseas, dolor, vómito o por miedo a la asfixia, evadir gustos o texturas diversas, o emociones estresantes con las comidas, por lo que algunos pacientes solo aceptan una determinada marca de alimentos o son selectivos con el lugar donde se debe comprar lo que comen(9).

En adultos, las características clínicas difieren, los adultos rechazan las combinaciones de alimentos o que los alimentos hayan sido tocados por otras personas y, cuando son invitados por otros, temen no poder encontrar alimentos de su agrado. A esta edad reconocen que sus hábitos de alimentación no son saludables(21).

Comparando muestras de adultos con otros rangos de edad, se observa más asociación con síntomas como tristeza y ansiedad (83%), sensación de estar lleno, dolor abdominal o distensión abdominal (42%) y, en menor proporción, temor a atragantarse (10,5%) en comparación a lo encontrado en niños. La evasión de gustos, olores o texturas como causa del rechazo a comer, también es poco frecuente en este grupo de edad(22).

La evaluación clínica debe incluir una anamnesis completa que incluya encuesta alimentaria, datos sociodemográficos, de función familiar, de seguridad alimentaria y acceso a los servicios de salud. Debe realizarse antropometría completa, valoración nutricional, estado de hidratación, examen neurológico y del neurodesarrollo(23); igualmente, se deben determinar condiciones médicas que precisen tratamiento urgente (deshidratación grave, desnutrición severa o sospecha de maltrato) y la debida derivación a otro nivel de atención. Los exámenes complementarios se realizarán en relación a dichas condiciones.

Diagnóstico diferencial

El primer diagnóstico diferencial que el clínico debe considerar es el proceso de desarrollo normal en el que el lactante, con capacidad de desplazarse y de expresar sus sentimientos, se niega a recibir algunos alimentos como parte de su proceso de individuación, propio en esta etapa de la vida. En esta etapa del desarrollo, que generalmente comienza alrededor de los dieciocho meses, los niños progresan a diferentes velocidades. El rechazo inicial se convierte en un rasgo que representa la apertura subyacente a los nuevos alimentos, sin asociarse específicamente con síntomas de ansiedad ni cambios en la dinámica familiar, además con la resolución total de los síntomas alrededor de los 6 años.

Por otra parte, los pacientes con TERIA se diferencian de los pacientes con BN y AN, porque la pérdida de peso, en los casos de TERIA, no se debe a problemas en la percepción de la imagen corporal y el inicio del TERIA es, en general, en la infancia temprana, en contraste con lo observado en AN y BN, donde el inicio se observa con más frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes(18). En adultos, se ha observado que, aunque los pacientes con TERIA y AN tienen índices de masa corporal similares (IMC), los pacientes con TERIA tienen menor índice de masa corporal premórbido y el máximo de IMC durante la vida es mayor en los pacientes con AN. Por otro lado, los pacientes con TERIA no tienen episodios de atracones ni conductas purgativas(12,17,22). Por su parte, los pacientes con TERIA desean aumentar de peso, pero no logran ingerir los alimentos necesarios para hacerlo.

Por último, algunos pacientes con TERIA evitan algunos tipos de alimentos por temor a tener problemas de salud (diabetes, problemas cardiacos o de colesterol), por casos presentados por otras personas o por el currículo académico que enseña medidas de alimentación saludable; esto se debe diferenciar de la evitación de alimentos calóricos y distorsión de la imagen corporal en los casos de AN y BN(12).

En cuanto a otro tipo enfermedades, se debe descartar: el hipertiroidismo, la diabetes, la insuficiencia de glucocorticoides y enfermedades gastrointestinales, como la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad celiaca y la úlcera péptica; se deben descartar las neoplasias y las infecciones crónicas como la tuberculosis(18).

Comorbilidades

Los pacientes con TERIA pueden presentar síntomas gastrointestinales como: dolor abdominal, temor a vomitar, quejas de sensación de plenitud gástrica y náuseas. Igualmente, se ha encontrado que estos pacientes tienen más prevalencia de: alergias alimentarias, enfermedad por reflujo gastroesofágico e intolerancias alimentarias, lo que aumenta las prescripciones médicas dietarias y la ansiedad familiar(1).

Desde el punto de vista ginecológico, las pacientes tienen con frecuencia amenorrea y osteopenia(16). Desde el punto de vista cardiovascular, se ha encontrado bradicardia y prolongación del QT y se han evidenciado carencias de vitaminas A, E, B12, D y K, además de alteraciones de los electrolitos, principalmente hipokalemia. Dichas deficiencias se pueden encontrar incluso en pacientes con TERIA que no presentan bajo peso. Algunos autores han encontrado casos de alteraciones nutricionales ligadas al exceso de consumo de alimentos con niveles altos de mercurio (p. ej., atún) en pacientes con regímenes alimenticios muy selectivos(21).

En cuanto a comorbilidades psiquiátricas, uno de los trastornos más frecuentemente asociados son los trastornos del espectro autista y, dada la alta prevalencia de TERIA en este grupo de pacientes, algunos autores han propuesto que la presencia de síntomas de TERIA severos deben hacer sospechar al clínico la posibilidad de que el paciente tenga un trastorno del espectro autista(24). Otras comorbilidades incluyen la discapacidad intelectual y el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH); situación en la que el TERIA complica el manejo del TDAH, dado que los medicamentos utilizados para tratarlo tienen, como efecto indeseable frecuente, la hiporexia(25).

Se ha encontrado igualmente, una comorbilidad frecuente con el trastorno obsesivo compulsivo y trastornos de ansiedad (hasta en el 72%) y, en menor proporción, trastornos del estado de ánimo(21,12).

Tratamiento

Las intervenciones tempranas se recomiendan, debido a los riesgos que conllevan para la salud, la vida social y familiar de los pacientes los trastornos de la alimentación no tratados(26). En todos los casos, se debe realizar una evaluación integral e iniciar un tratamiento multidisciplinario del paciente, sin dejar a un lado el apoyo al grupo familiar.

Las consideraciones en el tratamiento se relacionan con: el efecto sobre el peso y el crecimiento, el estado nutricional, la afectación de la vida social y la función del individuo, lo que se traduce en un enfoque nutricional y uno conductual. No se dispone, en la actualidad, de guías de manejo y las recomendaciones existentes no pueden ser generalizadas para todos los pacientes(9).

El tratamiento debe individualizarse sobre la premisa principal de la dificultad para la alimentación y los factores que contribuyen al mantenimiento de la patología; así como el manejo de los factores de resistencia al tratamiento, los cuales pueden ser: personales, familiares y culturales. Es de señalar que, en algunas culturas, hay estigmatización y temor asociado al diagnóstico de una enfermedad mental y al uso de psicofármacos, por lo que se puede observar resistencia al tratamiento, siendo pertinente entonces realizar intervenciones orientadas a la aceptación del diagnóstico y adherencia al tratamiento(6).

El grupo de trabajo debe contar con: un profesional en salud mental, un pediatra o internista (según la edad del paciente), un nutricionista, un psicólogo, un terapeuta familiar, un terapeuta ocupacional y un fonoaudiólogo(18,27); el rol de cada integrante del grupo puede variar según el caso.

El tratamiento se debe orientar inicialmente a la estabilización del peso y al control de las alteraciones nutricionales que pongan en riesgo la vida del paciente, para lo que, en ocasiones, se debe inicialmente administrar complementos nutricionales, contar en lo posible con programas intensivos diurnos y hospitalización para alimentación por sonda nasogástrica o para nutrición enteral, y se ha planteado también, en algunos casos, la alimentación por gastrostomía(18,19).

Una vez estabilizado nutricionalmente el paciente y resueltos los problemas médicos relevantes, se debe rápidamente limitar el uso de la alimentación por sonda y los suplementos, ya que estos pacientes pueden generar una dependencia y disminución del deseo de comer alimentos sólidos. Se debe vigilar la adecuada nutrición e hidratación, para evitar la pérdida de peso eventual en la transición de la alimentación con sonda a la vía oral autónoma, proceso que debe apoyarse en un tratamiento conductual intensivo(19,28).

Se han planteado técnicas conductuales basadas en el paradigma de la desensibilización sistemática (inicialmente, presentar mediante juego los alimentos sin que se tenga la obligación de probarlos y aumentar los estímulos sensitivos del alimento progresivamente) y el condicionamiento operante, con recompensas como hacer del momento de la comida un momento agradable en familia, alabanzas (recompensas verbales) y, en los niños, aumento del tiempo dedicado a otras actividades, si el paciente ingiere adecuadamente sus alimentos(19). Se debe igualmente limitar la ingestión de alimentos preferidos por el paciente entre comidas y no aceptar las exigencias recurrentes de tipo obsesivo de los pacientes(24), conservando los horarios de comida y los refrigerios, ya que la restricción de alguna comida puede crear el hábito de no comer y pérdida de las señales de hambre. El paciente puede presentar ansiedad anticipatoria, al saber que se va a enfrentar a múltiples momentos de alimentación durante el día y específicamente temor al anticipar la siguiente comida, lo que se debe manejar con apoyo emocional y distracción con temas diversos durante y después de cada comida(28).

Los pacientes pueden requerir intervenciones fonoaudiológicas orientadas a: disminuir la hipersensibilidad táctil, optimizar el rango de apertura y fortaleza de la mordida, mejorar la masticación, la deglución y la retención de alimentos(27,20).

La terapia cognitiva conductual (TCC) ha mostrado ser también eficaz y se plantean, como objetivos de terapia, la gestión de la ansiedad y limitar la relación exposición-respuesta(18).

Se han descrito tratamientos que involucran terapia familiar orientada a limitar la presión que la familia ejerce en las comidas, ya que esta se ha asociado con síntomas de rechazo, menor ingestión y menor peso corporal en la infancia; en adolescentes universitarios con patrones anormales de alimentación(29), se plantea si la presión familiar se asocia con el peor pronóstico o si la intensidad de los síntomas lleva a mayor presión familiar(19,30).

Del mismo modo, se han propuesto intervenciones individuales orientadas a reducir la ansiedad y la depresión maternas, así como terapias de grupo, que han mostrado ser eficaces en la reducción de los síntomas maternos y en el patrón alimentario de sus hijos(31).

Respecto a los medicamentos, se utilizarán los necesarios para tratar los trastornos comórbidos, como la ansiedad y trastornos del ánimo, idealmente indicados por el psiquiatra infantil. La ciproheptadina, un antihistamínico y antiserotoninérgico, ha sido utilizado como estimulante del apetito en niños, posiblemente por su acción en el núcleo ventromedial del hipotálamo y por su efecto sobre el eje de la hormona del crecimiento y el factor de crecimiento semejante a la insulina. El uso de dicho medicamento debe considerarse cuando las intervenciones psicológicas y nutricionales no han sido eficaces(18,32), siendo la dosis recomendada en Pediatría 0,25 mg/kg/día, dividida en 2 o 3 tomas al día y se debe administrar por intervalos de una a tres semanas, momento en el cual se requiere suspensión por un periodo de 4 a 7 días, antes del reinicio si es necesario, dicha pausa tiene un efecto positivo sobre el apetito, dado que su uso continuo lo puede atenuar. Los efectos indeseables más frecuentes son irritabilidad y somnolencia; para disminuir su presentación, se recomienda iniciar los primeros días con un cuarto de la dosis. La seguridad de este medicamento en menores de 2 años no ha sido evaluada. Su eficacia aumenta si se acompaña de un manejo multidisciplinario(32).

Por otra parte, el uso de risperidona en trastornos de conducta alimentaria, en especial en casos de AN y TERIA, es comúnmente utilizada, aunque faltan estudios que muestren el beneficio estadístico y aún no se conoce el mecanismo específico por el cual la Risperidona logra aumentar el apetito en los pacientes(25).

Pronóstico

Dado el cambio reciente de la clasificación diagnóstica, se disponen de pocos estudios prospectivos aptos para evaluar el pronóstico. Algunos autores afirman que los adultos que consultan por TERIA manifiestan que sus síntomas se iniciaron en la infancia temprana y persistieron hasta la edad adulta(20). A pesar de esto, se ha encontrado que muchos pacientes con TERIA abandonan el tratamiento durante el primer año de manejo, posiblemente por la utilización errónea de protocolos para AN(11).

Se ha encontrado que los niños con TERIA pueden presentar otros trastornos de la alimentación en la adolescencia o en la edad adulta(33) y requieren mayor número de hospitalizaciones por alteraciones hidroelectrolíticas (hasta en el 23% de las hospitalizaciones por TERIA). Con respecto a lo encontrado en AN, requieren menos hospitalizaciones por bradicardia o por prolongación del QT. Las hospitalizaciones suelen ser prolongadas y requerir, en muchos casos, alimentación enteral y complementos nutricionales, para lograr consumir las calorías necesarias; el riesgo de requerir nuevas hospitalizaciones es similar a lo encontrado en AN(34). Otros estudios señalan un peor pronóstico que los pacientes con AN y BN(20).

Por el contrario, en un estudio clínico realizado en Japón con pacientes entre 15 y 40 años, se encontró que a diferencia de lo encontrado en niños, los adolescentes y adultos con TERIA tienen: menor duración de la enfermedad, menor psicopatología, requieren menos hospitalizaciones y menos nutrición enteral que los pacientes con AN(22).

Prevención

Se ha evidenciado que la exposición en la infancia a diferentes alimentos, incluyendo vegetales, el ejemplo por parte de los padres en cuanto al consumo adecuado de diversos alimentos, el entrenamiento a padres en diversas preparaciones rápidas de alimentos saludables y la lactancia materna, son factores que mejoran la cantidad y la variedad de alimentos aceptados por los niños(35).

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Brote epidémico de tos ferina: factores predictores y adhesión a los protocolos de vigilancia

De interés especial


I. Miras Aguilar*, O. Redondo González**, C.E. Gilarte Herrera*, F.P. Olteanu Olteanu*, C. Llorente Ruiz*, F. Olalla Nadal*, L. Montes Martín*

*Servicio de Pediatría y áreas específicas.
** Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública. Hospital Universitario de Guadalajara. España

Resumen

La tos ferina (TF) ha aumentado en la última década. El objetivo es describir el brote acontecido en 2018 en Guadalajara, y evaluar la capacidad predictiva de los protocolos vigentes y otros factores en su diagnóstico. Materiales y métodos: serie retrospectiva de casos de los menores de 14 años de Guadalajara, España, a los que se realizó estudio diagnóstico (PCR) para TF. Definiciones de caso: según “Protocolo de Vigilancia para Casos y Brotes de TF” (Red Nacional de Vigilancia) y sus readaptaciones (Consejería de Sanidad, Castilla-La Mancha). Fuentes: Historia clínica electrónica y censo demográfico (INE, 1-julio-2018). Se estimaron tasas de incidencia y medidas de asociación (Odds ratio y diferencia de medias; IC 95%). Resultados: se estudiaron 760 pacientes; edad promedio 5,8 años (DS = 4,1 años), 53,6% varones. Cumplieron definición de caso sospechoso el 34,2% y de caso probable el 23,8%. La mayor onda epidémica ocurrió de abril a julio. El ámbito más frecuente de contacto fue escolar (74%). Según protocolo vigente, cumplieron criterio de solicitud de PCR el 32%; de estos, se confirmó TF en el 32,4%. Tasa de sospecha = 19,1/103; y de ataque (confirmados) = 5,9/103. El 96,1% de la muestra está correctamente vacunada. Resultaron factores predictores: edad, sexo, sintomatología, contacto previo, derivación hospitalaria por pediatra, vacunación incompleta (≤3 dosis) y tiempo desde la última vacuna (≥4 años). Conclusiones: la adhesión a los protocolos para solicitar PCR fue escasa y no predijeron adecuadamente el diagnóstico. Para acometer futuros brotes, se requeriría una revisión multidisciplinar y coordinada de los mismos según las variables analizadas.

 

Abstract

Whooping cough (WC) has increased in the last decade. The aim of this study is to describe a WC outbreak occurring in Guadalajara, Spain, in 2018, and to evaluate the predictive capacity of current protocols and other factors in its diagnosis. Materials and Methods: We performed a retrospective study of a case series involving children under 14 years of age from Guadalajara, who underwent Pertussis diagnostic testing (polymerase chain reaction, PCR). Case definitions were considered according to the “Surveillance Protocol for WC Cases and Outbreaks” (National Surveillance Network) which was readjusted twice during the study period (Ministry of Health, Castilla-La Mancha). Sources: Electronic medical records and demographic census (National Statistics Institute; July 1st 2018). Incidence rates and association measures were estimated (Odds ratio and mean difference; 95%CI). Results: 760 patients were studied. The average age was 5.8 years (SD = 4.1 years), with 53.6% of them being males. 34.2% were considered suspect cases and 23.8% were probable cases. The biggest epidemic wave occurred from April to July. The most frequent contacts were at school (74%). According to the current protocol, 32% met criteria for performing PCR, of which WC was confirmed in 32.4%. Suspicion rate = 19.1/103; confirmed rate = 5.9/103. 96.6% were correctly vaccinated. Age, sex, symptoms, previous contact, hospital referral by primary care pediatrician, incomplete vaccination (≤3 doses) and time from last vaccine (≥4 years) were predicting factors. Conclusions: Adherence to the protocols to request PCR did not predict the diagnosis adequately. To manage future outbreaks, multidisciplinary and coordinated review of them would be required according to the variables analyzed.

 

Palabras clave: Tos ferina; Epidemia; Brote; Paroxística; Vacunación; Protocolo; Vigilancia.

Key words: Whooping cough; Epidemics; Outbreak; Paroxysmal; Vaccination; Protocol; Surveillance.

Pediatr Integral 2020; XXIV (3): 176.e1 – 176.e8


Brote epidémico de tos ferina: factores predictores y adhesión a los protocolos de vigilancia

Introducción

La Tos Ferina (TF) es una infección bacteriana cuya mayor morbimortalidad se produce en los menores de cuatro meses(1). Afecta fundamentalmente a los menores de un año y adultos jóvenes(2). La incidencia real sería cinco veces superior a la notificada, debido al infradiagnóstico(3). La transmisión aérea tiene lugar desde los primeros síntomas, las tres semanas subsiguientes y hasta completar tratamiento(4). Es muy contagiosa (tasa de ataque ~90%)(5). El periodo de incubación oscila entre 7 y 10 días, evolucionando en tres fases: prodrómica, paroxística y convalecencia(6). La fase catarral incluye síntomas inespecíficos: fiebre, rinorrea y tos. En la paroxística se producen accesos de tos, ocasionalmente emetizante y/o estridor inspiratorio. En la última fase, la tos disminuye en frecuencia y gravedad, aunque pueden transcurrir meses hasta la recuperación. En niños vacunados, los periodos indicados pueden no reconocerse y cursar como tos crónica(7).

El aislamiento de Bordetella en cultivo se considera el gold standard por su elevada especificidad, pero su sensibilidad es baja (50-70%)(8). Por ello, la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) es la herramienta diagnóstica fundamental (sensibilidad 70-99%), incluyéndose en la definición de caso(2,9). La instauración precoz del tratamiento disminuye la gravedad de los síntomas, con escaso efecto a partir de 14 días desde el inicio de la tos(10). El tratamiento con azitromicina o claritromicina disminuye la contagiosidad y evita la diseminación(10,11).

En 1965 se incluyó en España la vacuna de TF en el calendario de vacunación sistemática. Desde 1998, la cobertura es superior al 95%(12). A pesar de ello, representa un problema de salud pública mundial, pues la inmunidad natural o adquirida disminuye en el tiempo(13). Diferentes estudios epidemiológicos revelan un incremento de su incidencia en la última década en países con amplias coberturas vacunales y cursando en brotes importantes. En 2015, se superaron en España las 8.000 declaraciones de TF al Centro Nacional de Epidemiología (CNE), el nivel más alto de los últimos 25 años(14).

Durante el periodo 1998-2016, la incidencia más alta en España se registró en los menores de un año. Desde el 2010, la incidencia ha ido aumentando en este grupo, hasta un máximo de 457,2 por 100.000 (2015). Esto ha justificado la adopción de estrategias para proteger al lactante y disminuir la incidencia, como la implementación de la vacuna en el embarazo(16,17).

El objetivo es describir el brote de TF acontecido en 2018 en la población pediátrica de Guadalajara, y evaluar la capacidad predictiva de los protocolos vigentes y otros factores en el diagnóstico de TF.

Población y métodos

Diseño y población de estudio

Estudio de serie de casos retrospectivo. Se seleccionaron todos los pacientes pediátricos (0-13 años) a los que se solicitó escobillado nasofaríngeo para TF. Periodo de estudio: 1/01-31/12 de 2018, en Guadalajara, España. La población expuesta fue de 39.735 niños (15,5% de la población total). El 78,4% habita el “Corredor del Henares”, que incluye la capital. Como fuente de datos, se utilizaron el programa del laboratorio de Microbiología del Hospital Universitario de Guadalajara (HUG) (Siglo®), la Historia Clínica informatizada hospitalaria (Mambrino®) y ambulatoria (Turriano®) y el censo poblacional del Instituto Nacional de Estadística (INE, 1 de julio de 2018).

Definiciones de caso y brote

Paciente sintomático: aquel que manifestaba tos en forma de accesos. Se emplearon las definiciones de caso del “Protocolo de Vigilancia para Casos y Brotes de Tos ferina” de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), readaptado dos veces durante el brote por la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha (CSCM). Diferenciamos cuatro subperiodos, dependiendo del protocolo vigente, en los que la definición de caso sospechoso fue diferente (Fig. 1).

Figura 1. Periodos del estudio según el protocolo aplicado: definiciones de caso de tos ferina e indicaciones de solicitud de prueba. Brote de Tos Ferina 2018; Guadalajara, España.

Se consideró caso probable, aquel sospechoso que había tenido contacto con un caso confirmado entre 6-10 días antes, y caso confirmado a aquel que cumplía criterios clínicos y de laboratorio (PCR positiva).

Prueba de laboratorio

Se empleó la PCR como test diagnóstico. Utilizamos dos sets: SmartCycler® II (Bp/Bpp) (01/01/18-11/07/18) y RealCycler® BORD (12/07/18-31/12/18); ambos con sensibilidad superior al 95% para 1-5 copias/mcL de B. pertussis y 1 copia/mcL de B. parapertussis. La especificidad de SmartCycler® II (Bp/Bpp) es inferior a RealCycler® BORD(18). No se realizó cultivo por la escasa sensibilidad y viabilidad de la prueba. La recogida de muestras fue realizada por personal entrenado de enfermería de Urgencias del HUG.

Variables de estudio

Las variables sociodemográficas y clínicas se describen en la tabla I.

 

Análisis estadístico

Las variables cuantitativas se describieron con media y desviación estándar (DS) (distribución paramétrica) o mediana y rango intercuartílico (no paramétrica); las variables cualitativas, mediante tendencias absolutas y relativas. Se calculó la tasa de sospecha y ataque real de forma global utilizando la población censal. Como medidas de asociación, se emplean la Odds Ratio y diferencia de medias (media de casos no confirmados – media de casos confirmados). Para contraste de hipótesis, se utilizó el test de Fisher o Chi2 para variables cualitativas. Para cuantitativas, se usó la t-Student para datos independientes o la U de Mann-Whitney (comparación de dos grupos); y el test ANOVA o el Kruskal-Wallis (≥ dos grupos). Los análisis se realizaron mediante el programa estadístico SPSS 21, considerando un p-valor <0,05.

Aspectos éticos

El estudio fue evaluado y aprobado por el Comité Ético de Investigación Clínica del HUG (Proyecto 2019.53.PR). Respeta la normativa vigente: ley de Protección de Datos 3/2018 (5, diciembre), realizándose conforme a los principios de la declaración de Helsinki(19).

Resultados

Se estudiaron 760 pacientes con sospecha de TF, cuya media de edad era de 5,8 (DS=4,1) años; el 53,6% varones. Según el protocolo vigente, cumplían la definición de caso sospechoso 227 pacientes (34,2%). De estos, resultaron casos probables el 23,8% (N=54). En relación con la presencia de contacto previo, obtuvimos información de 517 pacientes, de los cuales, 174 tenían antecedente de contacto con un caso confirmado. El ámbito escolar fue el medio más frecuente de contacto (74%, N=129), seguido del entorno familiar (19%, N=33). El 42,2% (N=77) de los niños con contacto previo resultaron contagiados (Tabla I).

El 71,6% (N=543) de las pruebas se solicitaron desde Atención Primaria y el 23,4% (N=177) desde Urgencias del HUG (Tabla I). Según la distribución temporal de PCR solicitadas, el mayor porcentaje (79,5%) se registró de abril a julio de 2018: 14,3% en las semanas 14 a 18 (N=109); 25,3% de la 18 a la 22 (N=192); 24,3% de la 23 a 26 (N=185); y un 15,5% entre la 27 y la 31 (N=118).

El 92,4% (N=652) de los niños estudiados presentaban síntomas (tos en accesos). En el 47% (N=306) la tos era paroxística, apareciendo de forma aislada en el 53,3% (N=163), asociada a otro síntoma (fiebre, vómito o estridor inspiratorio) en el 36,3% (N=111), y a dos o más síntomas en el 10,4% (N=32) (Fig. 2).

*Clínica conocida: disponemos de datos en la historia clínica sobre la sintomatología o ausencia de la misma. & Sintomático: paciente que manifiesta tos en accesos.

Figura 2. Manifestaciones clínicas de los pacientes con sospecha de tos ferina. Brote de tos ferina 2018; Guadalajara, España.

El promedio de duración de la tos fue de 10,6 (DS=8,7) días (4,5% >2 semanas) (Tabla I).

La distribución geográfica, conocida en 752 niños, fue la siguiente: 43,4%, Guadalajara capital; 32,9%, resto del Corredor del Henares, y 23,7% otros municipios. Se conocía el Centro de Salud (CS) de referencia de 752 pacientes, adscritos a un total de 42 CS; siendo los más afectados: Alamín (25,8%), Azuqueca de Henares (20%), Alovera (8,5%), Guadalajara-Sur (6,5%) y Manantiales (6,5%), todos ellos pertenecientes al Corredor del Henares.

Se conocía el estado vacunal de 668 pacientes. Recibieron una vacunación correcta 642 pacientes (96,1%) y completaron la profilaxis primaria 342 niños (51,2%). Entre la administración de la última dosis de vacuna y la sospecha de TF, transcurrieron un promedio de 37,9 meses (DS=31) (Tabla I). Respecto al tratamiento, obtuvimos información de 718 pacientes: el 52,2% (N=375) recibieron azitromicina; un 90,4% (N=339) como tratamiento, y el 9,6% (N=36) restante como profilaxis. Desde el debut de la clínica hasta el inicio del tratamiento transcurrieron de media 11,6 días (DS=7,9) (Tabla I).

Resultaron casos confirmados de tos ferina 234 pacientes. Según el protocolo vigente, cumplieron criterio de solicitud de PCR un 32% (N=213); de estos, se confirmó TF en el 32,4% (N=69). De los casos probables, resultaron confirmados el 37% (N=20). La confirmación diagnóstica se produjo en el 34,2% de niños (N=141) y el 26,3% de niñas (N=93); en el 31,3% (N=201) de los pacientes adecuadamente vacunados y en el 32,1% (N=110) de los que habían completado vacunación (Tabla I). Bordetella Pertussis fue el patógeno aislado más frecuente (81,2%). Considerando solo los casos confirmados, la mayor onda epidémica se ratificó de abril a julio (87,1%) (Fig. 3), siendo la distribución zonal de casos variable a lo largo del brote (p=0,003).

Figura 3. Distribución de casos confirmados. Brote de tos ferina 2018; Guadalajara, España.

La tasa de sospecha fue de 19,1 por 103, la mayor en los menores de 1 año (42,7/103) y la menor a los 13 años (9,1/103). La tasa de sospecha en el mayor periodo epidémico (de abril a julio) fue 15,1 por 103, siguiendo la misma distribución por edades; mayor en los menores de 1 año (28,6/103) con la menor tasa en el grupo de 13 años (7,7/103). La tasa de ataque global (casos confirmados) fue de 5,9 por 103, mayor en el grupo de 2 y 4 años (9,7 y 8,2/103; respectivamente); y menor, en el de 6 y 7 años (2,7 y 3,2/103; respectivamente) (Tabla II).

 

Los factores predictores de TF se describen en la tabla III.

 

Encontramos una correlación significativa y positiva entre la edad y el resultado positivo de PCR (Coef. de correlación de Pearson=3,112; p=0,002). El promedio de edad de los casos no confirmados fue un año inferior que en los confirmados (dif. medias -1,0; IC 95% -1,6; -0,3). Presentar clínica supuso una probabilidad 4,6 veces superior de ser caso confirmado (IC 95% = 1,8-11,8). La confirmación diagnóstica es un 30% superior en los varones (ORniñas/niños=0,7; IC 95%=0,5-0,9); y 2,7 y 1,6 veces mayor en los niños que presentaron contacto previo con caso confirmado y en los derivados por su médico de AP (IC 95%=1,8-3,9 e IC 95%=1,1-2,4; respectivamente). También la PCR resultó 2,2 veces más probable en los que han recibido ≤ 3 dosis de vacuna (IC 95%=1,3-3,6). Finalmente, el promedio de tiempo transcurrido entre la fecha de la última vacuna y la sospecha de TF fue 8 meses inferior en los casos no confirmados (IC 95% -13 a -2,7).

Discusión

Durante el brote de Guadalajara, declarado en enero de 2018, se confirmó TF en 59 de cada 10.000 niños (~90% entre abril y julio), de los que el 97% estaban correctamente vacunados. La mayoría se contagiaron en el ámbito escolar. Más de la mitad recibieron tratamiento. El tiempo promedio desde la última vacuna hasta la sospecha diagnóstica fue de 3 años. Cinco de los 35 CS implicados atendieron el mayor número de casos, con una tasa de ataque del 66‰ en el Corredor (53‰ en Guadalajara capital). Aunque más del 90% de los pacientes presentaban síntomas, con un promedio de duración de 10 días, poco más de un tercio cumplieron la definición de caso sospechoso según protocolo. Resultaron indicadores de confirmación diagnóstica: la edad (el promedio en los casos confirmados es un año superior), el sexo masculino, la presencia de sintomatología y/o contacto previo, la derivación por parte de su pediatra, el paso del tiempo desde la última dosis de vacuna y el haber recibido ≤3 dosis de vacunas frente a TF.

La TF se sucede en ciclos cada 3-5 años. Para el control del brote de Guadalajara se divulgó el Protocolo de la RENAVE, modificado dos veces para adecuarse a la situación, medida aplicada en situaciones epidémicas similares(5,20,21). El mayor número de casos sospechosos y confirmados se produjeron entre las semanas 14 a 31, distribución temporal semejante a la acontecida en Castellón (2000) y Sevilla (2016)(5,21). La transmisión se inició durante meses lectivos y se disipó durante el periodo vacacional. En nuestra serie, el mayor índice de sospecha se produjo en el sexo masculino (~54%) (p=0,024). Sin embargo, en la mayoría de los brotes declarados en España, se observa un predominio de afectación en mujeres(5,22), a excepción del brote del 2015 en Valencia(23).

La mayor incidencia de TF en España entre 1998 y 2016 se describe en los menores de un año, grupo etario más vulnerable, con la mayor tasa de hospitalización, que alcanzó un máximo en 2011 (206,3 por 100.000)(14). En nuestro estudio, sin embargo, la probabilidad de ser enfermo aumenta con la edad y la mayor tasa de ataque se produce en el grupo de 2 y 4 años (Tabla III). Así, en España se viene observando un desplazamiento de la incidencia de TF hacia la adolescencia. Estudios publicados en Reino Unido y Australia, describen repuntes entre los 10 y los 14 años(24,25). La implantación de la vacunación de TF a la gestante (2015), y las acciones preventivas podrían ser responsables del descenso de incidencia de TF en los primeros meses de vida(14,26).

La definición clásica de TF requiere la presencia de tos en accesos y, al menos, uno de estos síntomas: tos paroxística, estridor inspiratorio o vómito inducido por la tos. El 92,4% de los pacientes de nuestra cohorte presentan tos en accesos (p<0,0001); aunque, el número de síntomas no aumenta la probabilidad de ser caso confirmado (p=0,150) (Tabla III). La definición contempla asimismo una duración de la sintomatología >2 semanas. En nuestra muestra, no observamos diferencias en la duración de la tos entre casos confirmados y sanos. Destacamos, además, el escaso porcentaje de casos sospechosos que cumplían la definición según protocolo, de los que solo una cuarta parte presentaron vínculo epidemiológico con caso confirmado, siendo en estos la probabilidad de padecer TF casi 3 veces superior. Aunque el 68% de las PCR solicitadas no estaban indicadas según protocolo, la proporción de resultados positivos resultó similar en los casos indicados y en los no indicados. De ello deducimos que en contexto de brote, los criterios de solicitud de exudado nasofaríngeo deben ser menos restrictivos.

El ámbito escolar es el medio de transmisión más frecuente en brotes de TF(1,5,6), mientras que la transmisión intrafamiliar lo es en los menores de un año(27). El agente etiológico más habitual es Bordetella pertussis. Se estima que B. Parapertussis representa del 2 al 20% del total de casos, en concordancia con lo observado en nuestra cohorte (18,8%)(28), causando cuadros más leves, incluso subclínicos y, por tanto, infradiagnosticados(29). La vacunación es una de las principales estrategias preventivas. En nuestra serie destaca el elevado porcentaje de vacunación y adecuado seguimiento vacunal (96,1%), aunque únicamente la mitad de los pacientes habían completado 5 dosis. No tuvimos en cuenta la composición de la vacuna administrada, ya que de entre los 5 antígenos que puede contener, ninguno de forma aislada es determinante de eficacia(30). Diferentes estudios han ratificado que la vacunación frente a la TF confiere una protección limitada de unos 4-7 años. De hecho, estimamos que en los casos confirmados, transcurrieron de media 4 años desde la última vacuna hasta la sospecha de TF; y en los descartados, el promedio fue de 3 años (p=0,003).

El objetivo del tratamiento con azitromicina es disminuir la contagiosidad(31,32). Organismos internacionales recomiendan, además, tratar precozmente a convivientes asintomáticos, pues más allá de los 12-14 días de inicio de la clínica o contacto con caso confirmado, disminuye la efectividad(10). Debido a las modificaciones en la definición de caso realizadas por la CSCM (Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha), por las que se disminuyó el número de días de tos para la consideración de caso, el tratamiento se inició antes de estos 12-14 días (media=11,6 días). En este sentido, se actuó en el periodo ventana de efectividad terapéutica.

La mayor tasa de sospecha se produjo en los menores de un año (42,7/103), probablemente por su mayor susceptibilidad y porque continúan siendo los más frecuentemente afectados por TF(1). No obstante, la mayor incidencia confirmada resultó en el grupo de 2 años (9,7/103), pudiendo ser indicativo de la protección de la vacunación en las embarazadas. Por otro lado, la tasa de ataque global (confirmada) fue próxima al 6%, cifra muy inferior a la indicada en otras series, sugiriendo que un elevado porcentaje de población es diagnosticada sin realización de pruebas complementarias. Esto es lo que indicó el protocolo readaptado de la CSCM, por el que desde el 25 de mayo al 30 de septiembre del 2018, no se solicitó escobillado nasofaríngeo a los casos probables.

Respecto a las limitaciones del estudio, consideramos como sospechosos todos los pacientes a los que se solicitó PCR, sin considerar otros posibles motivos de solicitud. Además, debido a las modificaciones del protocolo, desde el 25 de mayo al 30 de septiembre del 2018 no se solicitó escobillado nasofaríngeo a los casos probables, por lo que hay un grupo importante de pacientes que no se incluyeron en el estudio. Así, probablemente se subestimó la tasa de ataque global. De otra parte, la recogida de datos se realizó de la historia clínica informatizada, implicando un carácter subjetivo. Es más, en algunos pacientes, el número de historia clínica hospitalaria y el Código de Identificación Autonómica Sanitaria (CIAS) no coincidían, no siendo posible en estos el acceso a la historia de Atención Primaria (AP).

En 2018, se sospechó TF en 19 de cada 1.000 niños de Guadalajara, una tasa ocho veces superior a la media regional, el mayor repunte desde que la TF es de declaración obligatoria individualizada (1997). La adhesión a los protocolos para solicitar prueba confirmatoria fue escasa, y no predijeron adecuadamente el diagnóstico. A pesar de la definición clásica de TF, no encontramos asociación entre el número de síntomas o la duración de estos con la confirmación diagnóstica. La orientación diagnóstica por parte del pediatra habitual ante un niño con tos y/o el contacto previo con caso confirmado serían los mejores predictores de enfermedad. La probabilidad de confirmación diagnóstica es igualmente mayor si ha recibido ≤3 vacunas y/o han transcurrido ≥ 4 años desde la última dosis. Tener una pauta vacunal correcta y/o completa no implican protección. Para asegurar el control de TF y acometer futuros brotes, se requeriría una revisión multidisciplinar y coordinada de los mismos que tuviera además en cuenta la capacidad predictiva de las variables analizadas.

Agradecimientos

Agradecer la especial contribución de ejecución y elaboración del estudio al departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública del HUG. La colaboración del departamento de microbiología clínica del centro. Y de todo el personal implicado en el control y manejo del brote: auxiliares, enfermería y médicos o pediatras del ámbito de Atención Primaria y Hospitalaria.

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Educación infantil, familia y enseñanza en los colegios

V. Martínez Suárez
De interés especial


V. Martínez Suárez

Pediatra del Servicio de Salud del Principado de Asturias. Universidad de Oviedo

Resumen

La familia debe filtrar y amortiguar las influencias perniciosas que constantemente asaltan a la mente inmadura, debe actuar de barrera defensiva contra el poder distorsionante de algunos factores externos sobre el proceso evolutivo de la psique infantil. Esto a veces supone la búsqueda de nuevas estrategias de oposición a nuevos problemas.

Pediatr Integral 2020; XXIV (2): 118 – 121


Educación infantil, familia y enseñanza en los colegios

Para Ortega educar es, en su sentido prístino y en su esencia, sacar una cosa de otra, convertir una cosa menos buena en otra mejor; el filósofo madrileño vincula la existencia real del acto de educar al resultado del mismo(1). Existirá educación –interpretamos nosotros– en la medida en que el educando se hace superior en bondad, en sabiduría o en energía. La educación es, pues, una fuerza transformadora que apunta hacia un nivel más elevado y más perfecto. Y, por tanto, tendrá su meta en el desarrollo de todas las potencias del ser humano, especialmente de las superiores: la inteligencia (múltiple) y la voluntad (como destreza aprendida)(2), con las cuales orienta el individuo todas sus acciones(3). Una segunda referencia a modo de nota introductoria: la idea de educación lleva ineludiblemente a la idea de una teoría de la educación, y ésta, a su vez, impone el planteamiento de una teoría general de las cosas humanas, un “esclarecimiento filosófico general” sobre el que asentar cualquier razonamiento posterior. Queremos con ello recordar que el eje de cualquier proceso educativo es “el conocimiento del conocimiento” o el “aprender a conocer”; esto es: no bastaría con saber, hay que saber qué se sabe, por qué y para qué se sabe. Y este trabajo del conocimiento no es solo una actividad técnica, instrumental; es una permanente opción ante las cosas, es un fenómeno moral(4). Este esfuerzo educador es, también, esfuerzo liberador: la libertad depende de la fidelidad escrupulosa a la verdad, y en este sentido la educación tiene una indudable fuerza liberadora. La educación es, además, un derecho natural de todo ser humano: la racionalización del saber ha de hacerse universal y ponerse al alcance de todos. Evidentemente, la culminación del saber estará reservada a las minorías, pero el camino ha de abrirse a todos. La democratización del conocimiento es, pues, razón de justicia social. Estas tres ideas –moralidad, justicia y libertad– nos muestran ya, prima facie, la honda raíz filosófica de la cuestión. Una tercera orientación previa de carácter terminológico la queremos poner en ciertas palabras que aun situándose en un escalón inferior circulan con alguna autoridad equiparadas a los vocablos educar y educación. Educar es más que enseñar, que informar, que comunicar, instruir, dirigir o adoctrinar. Estos términos carecen de carga moral que oriente su significado, no apuntan necesariamente hacia algo mejor. Se pueden enseñar o comunicar cosas perversas, se puede instruir o adoctrinar a un individuo para el mal y es posible informar con intenciones despreciables. Pero educar y educación llevan implícito el bien. Por eso la educación ha sido un tema capital del pensamiento. Ocultar, mutar o tergiversar estas relaciones es bastardear cualquier razonamiento en su origen y cambiar su sentido. Como consecuencia, a veces también se habla de educación en forma demasiado genérica, excesivamente generosa y grosera.

Factores educadores

Entre los diferentes factores que condicionan el resultado del proceso educativo y en la relación entre ellos hay una jerarquía, una disposición concéntrica de zonas de influencia con decreciente fuerza de gravitación sobre el sujeto. La principal potencia educadora parte de la familia, y dentro de ella las figuras paterna y materna juegan un papel preponderante. Fuera del ámbito doméstico-familiar se situaría el ambiente escolar o sistema educativo; y, en un nivel más alejado, la sociedad en la que vive inserto. Es evidente que la amplitud de estos sectores y la intensidad de sus acciones varían a lo largo de la vida del niño. Y también es claro que no existe una frontera impermeable entre estos círculos de influencias; al contrario, existen unos límites porosos con activos intercambios de fuerzas. Pero, insistimos, el grado de influencia tiene un sentido centrífugo en el orden citado. Dejando de lado el modelo social y su influencia en el niño, vamos ahora a detenernos en los dos primeros.

La familia

Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Ellos, además, aportan a cada individuo la educación fundamental, sobre la cual cualquier ilustración posterior tendrá que apoyarse. Son, según la filósofa María Zambrano, lo irreemplazable y han de hacer sentir a su descendencia el peso de la exigencia más inexorable y el apoyo del amor más incondicional(5). La fuerza de la familia como estructura básica en la que el niño debe conducirse ejerce efectos determinantes debido a la maleabilidad y dependencia que muestra del ambiente externo, de sus progenitores de forma inmediata. Invariablemente se asoma al mundo desde una perspectiva que le viene impuesta, toma las principales referencias de su vida desde el ambiente familiar y se desenvuelve mores maiorum en los años decisivos de su infancia. Al menos en sus primeros años, depende totalmente de las personas encargadas de su custodia. En el principio es una unidad con la madre, formando gradualmente su propia vida de relación bajo la tutela maternal. Las primeras actividades nutritivas y excretorias someten al niño a una variedad de tensiones y frustraciones que pueden considerarse el primer estrato de la psicopatología humana, y en ella están involucradas las primeras evaluaciones de experiencia –buena o mala– que forman su naturaleza moral y social. En esta vida instintiva precoz –en la satisfacción de sus intereses fundamentales–, también se va entretejiendo la relación del niño con sus padres y hermanos, condición decisiva de su interrelación social. La forma en que la madre responde al llanto del niño, el apremio con que acude a sus demandas imprime desde las primeras semanas de vida la dirección que ha de tomar su relación con el yo circunstancial (su conciencia) y su mundo interpersonal. En esta etapa, quizá más que en otras, los pediatras pueden jugar un papel muy importante al dar orientaciones a los padres, incluyendo la identificación temprana de desviaciones de la normalidad y el ofrecerles información sobre los problemas de salud emocional que puedan afectar negativamente al niño y al bienestar familiar(6,7).

Pero los padres, además de ser los primeros educadores, tienen el deber inexcusable y el derecho inalienable de formar a sus hijos. La familia se ha considerado un proyecto de valores, una comunión de ideales, una institución de beneficencia(8). En relación a esto último, son los padres los que tienen que definir el contenido de la beneficencia de su hijo, por encima del Estado y de la sociedad. La familia debe filtrar y amortiguar las influencias perniciosas que constantemente asaltan a la mente inmadura, debe actuar de barrera defensiva contra el poder distorsionante de algunos factores externos sobre el proceso evolutivo de la psique infantil. Esto a veces supone la búsqueda de nuevas estrategias de oposición a nuevos problemas; así, ver la televisión en familia es un mecanismo efectivo para atenuar o neutralizar cualquiera de las influencias negativas que en la vida del niño tiene este omnipresente medio de comunicación. Acompañar al niño durante las sesiones televisivas y de uso de las pantallas ofrece una gran oportunidad para despertar en él la contemplación crítica de las imágenes mediante comentarios de refuerzo –positivos o negativos–, enriqueciendo su desarrollo intelectual a través de actitudes(9,10). Esto supone estimular a los padres para que renuncien a la actitud pasiva, de entrega de sus hijos al albur de los “elementos” y las circunstancias.

El colegio

En el colegio los niños deben aprender cosas concretas, superar esas etapas progresivas que les ayuden a adquirir conocimiento de amplitud creciente. El papel del profesor se tendría que ceñir a conseguir que sus alumnos aumenten su capacidad de tomar decisiones, clarifiquen sus valores, los pongan en práctica y desarrollen aptitudes para enfrentarse a diferentes situaciones(11). Cuando el Estado sabe claramente cuáles son las principales necesidades que quiere llenar y tiene firmemente establecido un proyecto para su sistema de enseñanza, el profesor oficial encuentra extraordinariamente simplificada su misión, reducida entonces solamente a seguir con fidelidad y dignidad profesional este camino que se encuentra marcado ya(5). Pero por imprevisión, por sumisión a una ideología política, por abandono y renuncia, por rutina, por deficiente dotación de medios económicos, por falta de comprensión, en suma, de lo que esto supone para las personas y las sociedades, lo que se nos ofrece suele no satisfacer a nadie. De hecho, en algunos programas de enseñanza los resultados que debieran otorgar a la educación carta de naturaleza llegan a ser de una pobreza escandalosa. Sobran los ejemplos, pero puede asegurarse que viviremos por muchos años las consecuencias de algunos modelos confusos y erróneos en sus directrices y la falta de implementación de algunas ideas. Además, queriendo enseñar “de forma diferente” –bajo la consigna cambiar por cambiar– no pocas veces se ha pervertido la lógica de la educación. La disciplina, el ejercicio de la memoria, la imposición de conceptos tienen que preceder a la etapa creativa y madura de la vida. Es necesario iniciar tempranamente el largo esfuerzo reductor del propio caos; lo que se exige al sistema educativo es llevar la conciencia del niño hacia la máxima claridad, sacarlo de ese resbalar lento y suave con que la mente limitada e inerte pasa por la vida. Esa es la gran aspiración y el gran problema. Hacer al hombre lo más humano posible. Pero el discípulo no recibe pasivamente el influjo educador, sino que frecuentemente lo asimila y lo hace suyo con un esfuerzo de adaptación vital y personal. Nada puede sustituir este esfuerzo sin el cual la obra del más experto preceptor se convertirá en humo. Es bien sabido que los presupuestos doctrinales de la autoeducación tienen su referente en el naturalismo optimista e irracional de Rousseau, quien propugna el desarrollo espontáneo del espíritu del niño en un clima de máxima libertad, sin obstáculos en el despliegue de su riqueza interior. Este “naturalismo” ha tenido siempre algo de ensueño bucólico, y “regresar al estado de naturaleza” se le figura al pensador ginebrino regresar al país donde todo está resuelto armónicamente, donde no hay cuestiones(12). Y es justamente lo contrario. El estado de naturaleza –afirma María Zambrano– es el estado trágico en que el hombre es esclavo de la fuerza fatal de sus pasiones, del mecanismo de sus instintos. Este hombre “natural” no es esa criatura pacífica, amable y feliz, sino el verdadero “monstruo de su laberinto”(5). A cada persona la vida le ofrece sus motivaciones –no siempre ni a todos las mismas– para perseverar en el conocimiento; ha de reconocerlas y hay que ayudarle a reconocerlas. Solo a través de las necesidades encuentra el hombre su libertad(13), afirmaba la filósofa veleña, discípula de Ortega. La autoeducación no abocaría a una situación mejor, ya que no hay superación en el individuo ni en la sociedad. Su modelo tiene su inspiración y punto de apoyo filosófico en la mayéutica clásica, definida desde el formalismo retórico, como el arte de iluminar los espíritus, y consistente en la enseñanza mediante el diálogo y la discusión del maestro con los discípulos. Pero tal concepto no puede extenderse de forma inocua al individuo inmaduro. La mayéutica sería en el mundo actual más propia de las academias o de la docencia universitaria impartida a grupos especializados. El individuo en su niñez precisa más que le sea señalado el objetivo (moral) y marcado los límites; más que le sean ordenadas sus facultades que fomentarle la expansión de sus apetitos(14). Hoy sus referentes “educativos” son el aprender sin esfuerzo, reprobar asignaturas sin remedio, sin posibilidad de recuperación para el conocimiento, promocionando al niño al curso superior por imperativo legal, lo cual representa imponer un igualitarismo a la baja que lastra las posibilidades del grupo y lleva a la ausencia de motivación para el trabajo, despreciando el espíritu de sacrificio y de superación como impulso vital decisivo. La autoexigencia y la superación de la dificultad son escasamente fomentados en el alumno, se sustituyen los exámenes por la evaluación continua, el ejercicio de la memoria por el autodescubrimiento. No obstante, este movimiento debe de interpretarse como reacción casi espontánea y natural hacia una situación anterior antagónica y excesivamente directiva, rígida y autoritaria. Ambas situaciones expresan a nuestro entender, una escasa confianza de la sociedad –de los padres, profesores, el Estado y su modelo de enseñanza– hacia los jóvenes y niños de cualquier edad.

Desde nuestra responsabilidad resulta apremiante inculcar y mantener, a partir de las primeras etapas del desarrollo, una jerarquía de valores, una escala objetiva que vaya de lo más deseable a lo indeseable, que incluya la lectura, la crítica resuelta y franca del medio social y la inadaptación razonada a las circunstancias. Todos debemos rechazar la paralización del pensamiento diseñada y aplicada desde intereses particulares. Que sea cada persona individualmente la que se adentre en el mundo de sus motivaciones, señala Adela Cortina, es una condición necesaria para adquirir señorío, en este caso sobre lo que deberían ser simplemente medios para llevar adelante proyectos de vida en plenitud(15).

Los padres y la decisión sobre la educación que reciban sus hijos

Existen acuerdos firmados por nuestro país a lo largo de los años, hoy vigentes y dominantes en rango sobre otras normas de nuestro ordenamiento jurídico, que reconocen explícitamente los deberes de los poderes públicos hacia los niños y sus padres (Tabla I).

Por tanto, el Estado está obligado a garantizar el respeto a esos derechos adecuando sus actuaciones a lo que es la normativa válida y efectiva, la que él mismo se ha dado. Hay poco margen para la duda, aunque por voluntarismo político y defendiendo intereses particulares puede haberlo para situarse fuera de cualquier marco legal.

Lo cierto es que la Constitución de 1978 establece que los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (Art. 14)(16). Dispone además el amparo social, económico y jurídico de la familia, junto a la protección integral de los hijos (Art. 39). España ha ratificado los principales instrumentos internacionales que respaldan y salvaguardan explícitamente a la infancia, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, 10 de diciembre de 1948) y la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1989), que conforman la referencia universal para su defensa. Según los primeros “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad”, teniendo los padres “derecho a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” (Art. 26.3); en la segunda se exige a las naciones firmantes, respecto a los menores, el compromiso de “asegurar su protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres” (Art.42). En su espíritu y en sus objetivos todos esos preceptos convergen en la noción de patria potestad, en su respeto y defensa por parte de todos los estados y de sus administraciones. La patria potestad – el mejor interés del niño, según la nueva fórmula anti tradicional y políticamente correcta– es una institución jurídica proveniente del derecho romano, hoy vigente en la mayoría de los países democráticos, que regula la relación de los padres con los hijos no emancipados. Es un instrumento al servicio del hijo, dirigida a prestarle la asistencia de todo orden (artículo 39.3 de la Constitución) y que según nuestro Código Civil(17), como responsabilidad parental, comprende los siguientes deberes y facultades: velar por los hijos y tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral, representarlos y administrar sus bienes. Su ejercicio y su extinción también están regulados en todas sus posibilidades por nuestra doctrina jurisprudencial. La familia tiene, según esa amplia noción, pleno derecho a reclamar su papel de protagonista principal en el proceso educativo de la prole. Si para cualquier actividad educativa los padres –aunque sean solo algunos– dicen que no, la situación debe de hacer pensar a todos los que intervienen en la toma de decisiones. No se puede aceptar la desconsideración hacia un conjunto de conductas, de orientaciones morales y sociales que pudiera no ser sentido como el mayoritario dentro de un determinado grupo, pero que es protegido por la ley. En este tema nuestra Constitución (Art. 27, punto 3) señala la obligación de los poderes públicos de garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, aunque para este mandato es bien notable que se exige su cumplimiento fundamentalmente cuando afecta a creencias y etnias minoritarias, pero no de forma general. Tal como hemos señalado, el sistema educativo se sitúa en una posición de responsabilidad exterior a la familia y no podrá forzarse un cambio de esquemas sin esperar una relación conflictiva y de resistencia. Sobre este particular, no se puede argumentar el dominio de un determinado modelo educativo o social, sino es bajo riesgo de caer en la ilegalidad, el totalitarismo o el integrismo ideológico, sin poner en cuestión la legitimidad del orden jurídico en su conjunto. Lo que para algunos pueda ser una mera incitación a la reflexión, puede con toda justicia ser visto por otros como una provocación, cuando no como un desafío. Y apoyados en la Ley y en la objeción de conciencia sustentada en sus convicciones, los padres pueden oponerse.

Bibliografía

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15. Cortina A. Por una ética del consumo. Taurus. Madrid, 2002.

16. Constitución Española de 27 de diciembre de 1978. BOE de 29 de diciembre de 1978.

17. Código Civil, artículos 154 y 155.

La gripe en 68 Flash

G. Cabrera Roca
De interés especial


G. Cabrera Roca

Pediatra. Ex Jefe clínico de Respiratorio Infantil, Hospital Materno-Infantil de Las Palmas. Vocal del VACAP (grupo de trabajo de vacunas de la SEPEAP)

Pediatr Integral 2020; XXIV (1): 61 – 64


La gripe en 68 Flash

Introducción

La gripe es una enfermedad infravalorada, tanto por la población en general como lamentablemente también por los profesionales sanitarios, que la infradiagnostican y no le dan la importancia necesaria a su prevención con vacunas. En realidad, se trata de una enfermedad potencialmente severa, que origina múltiples consultas, ingresos y un tributo importante de muertes, incluso en personas sin factores de riesgo conocidos, que parecen aceptarse resignadamente. Para repasarla en su totalidad, en los conceptos más importantes, de una manera diferente, sucinta y ágil, hemos elaborado estos Flash, a partir de la adaptación de una serie del autor llamada: “la gripe en 68 tweets”, que esperamos sea útil a los lectores de Pediatría Integral.

1. La mal llamada “gripe española” fue uno de los más mortíferos episodios para la humanidad; en poco más de un año, acabó con unos 50-75 millones de personas. cuando la Primera Guerra Mundial cercenó unos 16 millones de vidas en 4 años (1914-18) y la Segunda unos 60 millones en 6 años (1939-45).

2. El poeta y ensayista Apollinaire (el primero en utilizar el término “surrealista”) sobrevivió a heridas en la cabeza y a una trepanación en la 1ª Guerra Mundial, pero falleció por gripe el 9 de noviembre de 1918, justo el día que abdicó el káiser Guillermo II y finalizó la 1ª Gran Guerra.

3. El nombre de “influenza” deriva de que en la Edad Media se creía que la enfermedad se debía a influencias del cielo o “miasmas”. En Francia, se denominaba “grippe”, palabra proveniente del suizo-alemán que significa acurrucarse, por la postración que causa la enfermedad.

4. Pfeiffer descubrió en una pandemia de gripe, en 1892, el Haemophilus; creyendo que era el agente causal de la gripe se le denominó Haemophilus influenzae, pero pronto se apercibieron que no estaba presente en todos los casos de la enfermedad (postulados de Koch). El virus se descubrió, posteriormente, en 1933.

5. Los primeros casos de la pandemia de gripe de 1918 se presentaron en Kansas, mes de marzo. La mortandad era inusual en jóvenes. Miles y miles de soldados, hacinados en campamentos y barcos la padecen, y llevan a Europa. Los países contendientes en guerra no informan, pero sí lo hace España al ser un país no beligerante; de ahí, el nombre de gripe española.

6. La segunda ola de gripe se produjo en septiembre de 1918, más letal que la primera y así en Camp Devens, Boston, en un espacio para 35.000 soldados se agrupan 45.000 sanos y jóvenes reclutas. En pocos días, se producen 14.000 casos con 757 fallecimientos por neumonía, 90 en una sola jornada.

7. La vuelta a casa de tropas al fin de la 1ª Guerra Mundial contribuyó a difundir la gripe de 1918. Regresaron a los pueblos más recónditos: 4 millones de soldados norteamericanos, 1 de indios, soldados canadienses, millones de alemanes, franceses, británicos, rusos, turcos, austríacos…

8. La fascinante historia que permitió conocer que la gripe de 1918 fue causada por el virus gripal AH1N1. Brevig Mission, poblado de Alaska que recibió en noviembre de 1918 suministros, correos y… el virus de la gripe. En 5 días fallecieron 72 de sus 80 habitantes.

9. Los cuerpos enterrados apresuradamente en una fosa común se cubrieron con permafrost (suelo congelado, pero no nieve) que los mantuvo conservados. En 1977, el Dr. Hutlin (años después de un primer intento) consiguió tejido de un cadáver que el Dr. Taubenger cotejó con muestras de un soldado fallecido en 1918 y se obtuvo el genoma del virus. Intervino el médico español, Dr. Adolfo García Sastre.

10. Hipótesis alternativa sobre la gripe de 1918: no se habría originado en los Estados Unidos, sino importada desde China por los más de 140.000 hombres de ese país que, en 1916, fueron enviados a trabajar en la retaguardia de los ejércitos francés y británico, y que fueron maltratados y, a veces, sacrificados, sobre todo, por los británicos.

11. Terminología virus gripales (OMS 1980): A/California/04/2009 (H1N1): virus A, aislado en California, muestra 04, subtipo hemaglutinina 1, neuraminidasa 1; si al final se incluye pdm-like, indica similar al pandémico 2009.

Virus gripe B: no se dividen en subtipos; se clasifican de modo similar, pero añadiendo al final uno de sus dos linajes, Yamagata o Victoria. Ejemplo: B/ Colorado/06/2017 linaje Victoria.

12. Existen 16 tipos de hemaglutinina y 9 de neuraminidasa (18 y 10, tras hallazgo reciente en murciélagos) con 144 posibles tipos de combinaciones.

Actualmente, circulan los subtipos A (H1N1) y A (H3N2); el H1N1 actual, similar al causante de la epidemia de 2009 (por eso se le añade pdm-like), es diferente a los H1N1 que circulaban hasta ahora.

13. Recomendación vacuna trivalente 2019-2020:

• A/Brisbane/02/2018 (H1N1) pdm-2009.

• A/Kansas 14/2017 (H3N2).

• B/Colorado/06/2017 (linaje Victoria (sin cambios respecto año previo).

• La tetravalente incluye, además:

– B/Phukett/3073/2013 linaje Yamagata (sin cambios).

14. La vacuna debe cambiar anualmente su composición, pues los principales antígenos del virus –las glicoproteínas de superficie hemaglutinina y neuraminidasa, con aspecto de espículas– experimentan cambios, denominados drift, en aminoácidos o en lugares de glicosilación que impiden el reconocimiento por el sistema inmune.

15. En la gripe se producen dos tipos de mutaciones: drift y shift. Cambios antigénicos menores (drift o deriva antigénica): cambios puntuales en las glicoproteínas, sin cambio de subtipo, manteniéndose el H y N, pero de suficiente entidad para posible reinfección.

16. Los drift son muy frecuentes y obligan a cambiar las vacunas cada año para evitar el mistmaching (discordancia entre cepa vacunal y cepa circulante).

El virus AH3N2 es el que presenta drift con mayor frecuencia, luego sigue el AH1N1, siendo el B el que menos muta.

17. Los saltos antigénicos mayores (shift) son responsables de las pandemias y afectan a la hemaglutinina con/sin cambio de la neuraminidasa. En 1957, el virus H2N2 (pandemia asiática) sustituyó al H1N1 y, en 1968, apareció H3N2 (pandemia de Hong Kong) que desplazó al H2N2.

18. Shift: en 1977, reapareció H1N1 (origen incierto) y cocirculó desde entonces con H3N2, sin desplazarlo. En 2009 apareció una variante del H1N1, originando una pandemia y por eso se le añade pdm de pandémico (H1N1) pdm. Actualmente, cocircula con H3N2.

19. Las pandemias solo ocurren con los virus A, que pueden encontrarse en distintas especies. Las aves migratorias lo tienen asintomáticamente en su intestino. Pueden pasar a las aves de corral y de ahí a los cerdos; estos pueden albergarlos y, aquí el peligro, también lo hacen con virus gripales humanos.

20. Al ser el virus segmentado, puede haber recombinaciones si coinciden 2 virus de origen de especies distintos en el cerdo, surgiendo así un nuevo virus, que sí se puede transmitir entre los hombres y origina una pandemia.

21. La gripe B es exclusiva de humanos (recientemente se ha detectado en focas).

La A es una antropozoonosis y el papel del cerdo es fundamental para los saltos antigénicos (shift) y pandemias posteriores, debido a sus receptores para hemaglutinina viral, pues posee tanto los que afectan a hombres como a aves.

22. Receptores: aves, ácido siálico, alfa 2-6 Gal; humanos, aparato respiratorio 2-3 Gal; los cerdos tienen ambos tipos. Si coexisten en cerdos 2 virus, pueden recombinarse, aparecer un nuevo virus y posterior pandemia (si puede pasar al hombre y luego trasmitirse entre humanos).

23. Período de incubación: 2-3 días.

Síntomas: enfermedad respiratoria (dolor de garganta, tos, secreción nasal) con predominio de síntomas generales (sistémicos). La fiebre suele ser elevada, de inicio abrupto (el paciente puede recordar a menudo la hora de inicio) y dura de 3 a 7 días.

24. La tos es seca, máxima intensidad a los 3-4 días y puede persistir varios más después de la desaparición de otros síntomas; el dolor de garganta no se asocia con exudado faríngeo. Puede haber: rinorrea, mialgia, cefalea, anorexia y malestar. Todo ello más típico de niños mayores y adultos.

25. Es importante saber qué fiebre y síntomas sistémicos preceden a los respiratorios, que luego van siendo más prominentes (por eso, el diagnóstico inicial es difícil). Hay formas asintomáticas, banales y peculiares (sobre todo, en niños pequeños).

26. Complicaciones: otitis media aguda en 35-40% de niños menores de 3 años. Neumonía: se detecta en 8-15% de niños hospitalizados por gripe. Puede ser primaria (por el virus gripal) o mucho más frecuentemente secundaria (sobreinfección bacteriana).

27. Neumonía primaria que puede ser de leve a severa, incluso con insuficiencia respiratoria. Más frecuente y grave en adultos. La neumonía secundaria se presenta durante la convalecencia, con fiebre y tos productiva; los gérmenes más frecuentemente aislados son Streptococcus pneumoniae y Staphylococcus aureus.

28. Diagnóstico clínico: complicado (sensibilidad: 38%; valor predictivo positivo: 32%). Aparte de la forma típica, puede manifestarse como: apnea o sepsis-like en pequeños, crup (suele ser severo), bronquiolitis, neumonía, otitis y encefalitis.

29. No sugieren gripe el comienzo paulatino, ni la escasa afectación sistémica, ni la aparición de exantemas, y suelen coexistir brotes explosivos de enfermedad respiratoria en la comunidad.

30. El cuadro “Medicina” encargado a Gustav Klimt, en la “Trilogía sobre el triunfo de la luz” (incluía Filosofía y Jurisprudencia), para alabar los logros de la Ciencia, fue influido por la muerte de padre y hermano del autor, parece ser que por la gripe.

31. Klimt, pesimista, plasmó la diferencia entra la Medicina y la dolorosa experiencia vital, y la muerte. Paradojas: el propio Klimt falleció de gripe complicada por neumonía en 1918 y su cuadro fue quemado posteriormente por los nazis, y solo restan fotos y reproducciones.

32. Otras complicaciones en la gripe: frecuente, una ligera elevación de transaminasas que es severa en el síndrome de Reye, caracterizado por encefalopatía e insuficiencia hepática, casi siempre asociado al uso de aspirina en esta enfermedad.

33. Miositis: dolor intenso de pantorrillas y elevación de enzimas musculares (sobre todo, en la convalecencia). Neurológicas: predominan en niños, desde convulsión febril a encefalitis (delirio, trastornos de conducta, coma), más frecuentes en niños mayores durante las pandemias.

34. Definición ILI (Influenza Like IIlness) de la OMS: fiebre y tos en período epidémico; alto valor predictivo en adultos, bajo en niños. Al coexistir otros patógenos, son muy útiles los test de diagnóstico rápido (TDR) para manejo de grupos de riesgo y buen control epidemiológico.

35. TDR: fáciles de usar, sin personal especializado, resultados en menos de 15 minutos. Basados en: ELISA o inmunocromatografía, inmunofluorescencia y, recientemente, en diagnóstico molecular; distinguen virus A y B. En epidemias, aumenta su valor predictivo positivo. ¡Cambian la percepción de la gripe por el clínico que capta la severidad!

36. Virulencia: la hemaglutinina (HA) permite la adhesión a las células y desencadena respuestas inmunes que pueden ser excesivas. La neuraminidasa (NA) rompe la unión del virus a la célula, liberando más viriones y distorsionando el receptor de ácido siálico.

37. La acción de la NA viral facilita el ataque posterior por el neumococo, que también tiene neuraminidasa. Deben balancearse HA y NA: excesiva actividad NA dificulta unión del virus a la célula. Excesiva HA dificulta la liberación de nuevos viriones.

38. Antivirales: agrupados clásicamente en 2 grupos.

• Adamantanas (amantadina y rimantadina): impiden la liberación de la nucleocápsida a la célula infectada para la replicación (proteína M2).

• Inhibidores de la neuraminidasa que interfieren con la liberación de los virus.

39. Adamantanas: bloquean la actividad del canal iónico de la proteína M2; útiles para la gripe A, pero no para la B. El virus desarrolla resistencias (30-80% y, en algunos países, hasta 100%), por lo que no se aconseja su uso.

40. Acción de la neuraminidasa (NA): los virus recién formados salen de la célula, pero quedan adheridos en los receptores de ácido siálico; posteriormente, la NA los separa, permitiendo su difusión por el aparato respiratorio y transmisión a otras personas. También, la NA rompe las mucinas del moco.

41. Inhibidores de la NA: el bloqueo de la NA impide la liberación de virus que quedan adheridos en la superficie celular, con lo que se impide la infección posterior de nuevas células del sujeto. De este grupo son: oseltamivir (oral), zanamivir (inhalado), peramivir (intravenoso) y laninamivir (nasal).

42. Candidatos a oseltamivir en Pediatría: menores de 2 años (riesgo de complicaciones). Pacientes con enfermedades subyacentes: pulmonares (como asma), cardiopatías con repercusión, enfermedades neuromusculares, hematológicas, diabetes, inmunosupresión y obesidad mórbida.

43. Baloxavir marboxil: primer fármaco para gripe que actúa inhibiendo la polimerasa básica 2; actúa sobre la endonuclesa cap-dependiente (imprescindible para la replicación viral). Una sola dosis en las primeras 48 horas del proceso.

44. Corticoides y gripe: teóricamente podrían estar indicados para tratar el proceso inflamatorio de la gripe y reducir la carga de citoquinas; sin embargo, parecen ser perjudiciales al prolongar la replicación viral por supresión de las respuestas de células T.

45. La OMS no recomendó el uso de corticoides en la pandemia de 2009; sin embargo, no se recomienda retirar los corticoides si los pacientes ya los reciben por enfermedades crónicas, y algunos estudios sugieren beneficios en neumonía severa y en pacientes con shock séptico.

46. Antivirales en estudio: Das181, inhalable, cuyo mecanismo de acción consiste en actuar, no en el virus sino en el huésped, eliminando los receptores de ácido siálico, con lo que bloquea la entrada del virus a la célula. Serviría también para metapneumovirus y parainfluenza.

47. En diferentes fases de estudio, otros antivirales: Favipiravir (inhibe polimerasa), Unifenovir (inhibe cambios HA desencadenados por pH) e Ingavirina (inhibe liberación genoma viral) en ensayo fase IV en Rusia.

48. Vacunación de la embarazada: persigue un triple beneficio:

• Para la embarazada.

• Para el feto.

• Para el recién nacido.

• En cualquier momento del embarazo, durante la campaña vacunal. Repetir en embarazos posteriores. La inactivada es totalmente segura. La vacuna de virus vivos atenuados está contraindicada.

49. Embarazadas: 1% población USA, 6% hospitalizaciones y 4% muertes.

• Mayor morbi-mortalidad: 45% (pandemias).

• Riesgo ingreso en UCI: > 13 veces.

• Complicaciones cardiopulmonares frecuentes (50% con diabetes, asma, hipertensión).

50. Peligros para el feto por gripe en embarazada: mayor riesgo de aborto, prematuridad, muerte intraútero, muerte neonatal.

Pandemia 2009: las muertes fetales aumentaron de 6 a 27/1.000, la prematuridad de 7 a 39/1.000 RN vivos; con la gripe hay más “recién nacidos de bajo peso” que con otras viriasis respiratorias.

51. Se ha comprobado disminución de abortos y muertes fetales tras la vacunación de gripe en embarazadas.

Por todo lo anterior, es recomendable vacunar de gripe (y tosferina) a la embarazada, en cualquier momento de la gestación, durante la campaña de vacunación.

52. Vacuna embarazada y protección del neonato: a las 13 semanas de gestación, el sincitiotrofoblasto tiene un receptor (FcRn) para paso de IgG de la madre a circulación fetal. A las semanas 17-22 gestación, la IgG fetal es el 10% de la materna, entre 28 y 32 semanas de gestación = 50%; en el parto = 120-150%.

53. Beneficio neonato-vacuna embarazada: protección: 85% los 2 primeros meses, 30% a los 6 meses. Previene: 71% infecciones, 64% ingresos lactantes.

Los 3 primeros meses disminuyen las hospitalizaciones por cualquier patología de vías respiratorias bajas (eficacia: 43%).

54. Vacunas frente a la gripe: las primeras eran de virus enteros inactivados (con formalina) y monovalentes con el virus A/Puerto Rico/8 del subtipo A (H1N1). Al conocer la deriva antigénica y, además, descubrirse el virus B, se empezaron a fabricar las trivalentes con 2 H1N1 y un B desde 1942.

55. En 1957, apareció H2N2 (desplazó H1N1). En 1968, sucedió igual con H3N2; en 1977, reaparece H1N1 (persiste H3N2); en 1978-2002, datos crecientes de 2 linajes del virus B, Victoria y Yamagata. Desde 2013, la OMS incluyó recomendación 4-valente opcional y desde 2018 prioritaria.

56. Vacunas de virus fraccionados: posteriores a las de virus completos, son las usadas en nuestro medio. Con detergentes se rompe la membrana lipídica y se purifican los antígenos. Contienen, sobre todo, hemaglutinina y neuraminidasa, algo de NP (nucleoproteína) y proteína M.

57. Vacunas de subunidades: constituidas exclusivamente por los antígenos de superficie purificados, HA y NA, sin otros productos virales, por lo que son poco reactogénicas. También muy utilizadas en nuestro medio.

58. Vacunas de subunidades adyuvadas: son vacunas de subunidades potenciadas por la adición de un adyuvante con bajo contenido oleoso (MF59). Presentan la ventaja de potenciar la inmunogenicidad y se usan, sobre todo, en las personas mayores de 65 años.

59. Vacunas de virosomas: en una capa circular de fosfolípidos que imita al virus (VLP-Virus Like Particles), se insertan hemaglutinina y neuraminidasa. Al no contener otras partículas víricas son poco reactogénicas.

60. Vacunas elaboradas en cultivo celular: las vacunas habituales cultivadas en huevos embrionados plantean diversos problemas, como son: proceso largo de preparación (gran inconveniente en pandemias) y mutaciones antigénicas en la propia vacuna.

61. Las vacunas antigripales de cultivo celular: son de preparación más rápida, permiten control más exhaustivo, se originan menos mutaciones e inducen respuestas heterotípicas más amplias. Se usan células MDCK (Madin-Darby Canine Kidney) o células Vero.

62. Vacunas de virus vivos atenuados: se usan virus con capacidad para multiplicarse a 25ºC y no a 38-39ºC, por lo que solo se multiplican en vías respiratorias altas y no en otros órganos ni en vías respiratorias bajas, que tienen temperaturas próximas a 38ºC.

63. Ventajas vacunas de virus vivos atenuados: uso intranasal (no agresivo para niños), respuesta inmunitaria en mucosas similar a infección natural; es posible que limiten la transmisión, disminuyan portadores asintomáticos y reduzcan contagios en epidemias. De momento, no está disponible en España.

64. Limitaciones de las vacunas actuales: inducen anticuerpos neutralizantes contra HA y NA de manera muy específica, pero la continua deriva antigénica del virus obliga a reformularlas anualmente. Poco inmunógenas en ancianos y menores de 2 años. Preparación lenta, meses.

65. Futuras vacunas: que proporcionen inmunidad universal (humoral y celular) frente a subtipos de la gripe en base a antígenos conservados (no variables), por ejemplo, frente a tallo (y no cabeza de la HA) o frente al ectodominio de la proteína de membrana M2.

66. Elección de cepas vacunales: la OMS tiene un sistema de vigilancia mundial, 142 centros en 112 países y 6 centros coordinadores que analizan la información (Londres, Atlanta, Memphis, Melbourne, Tokio y Pekín), en función de las cepas circulantes y capacidad de deriva.

67. ¿Pandemia futura?: posible si se da salto antigénico (shift) con cepa capaz de pasar al hombre y trasmitirse entre personas. Peligro máximo en China por cría masiva de patos en estanques (transmisión fecal-oral), mercados y corrales, con contacto aves-personas.

68. Se han detectado en muchos cuidadores de aves, anticuerpos contra las cepas H9N2 y H5N1, que si se dieran las condiciones de difundirse fácilmente entre humanos y producir cuadro severo, podrían producir una grave pandemia.

Conclusión: conocer al máximo la gripe para no minusvalorarla como un simple “catarrillo”, para no bajar la guardia, mejorar nuestra prescripción de vacunas y nuestra capacidad diagnóstica para tratar a los sujetos frágiles y conocer mejor la enfermedad, no confundiendo y confundiéndonos con diagnósticos erróneos.

Listeria monocytogenes: epidemiología, clínica y tratamiento

C. de la Calle Cabrera
De interés especial


C. de la Calle Cabrera

Servicio de Medicina Interna. Hospital 12 de octubre. Madrid

Resumen

Listeria monocytogenes es un bacilo grampositivo intracelular ampliamente distribuido en el ambiente, que se transmite fundamentalmente a través de la ingesta de comida contaminada. La incidencia estimada de la listeriosis invasiva es de 3-6 casos por millón de habitantes al año. La infección es leve y autolimitada en adultos sanos, pero produce cuadros clínicos graves en neonatos, mayores de 50 años y población inmunodeprimida como: los receptores de trasplante de órgano sólido, la población con neoplasias sólidas o hematológicas, o los pacientes en tratamiento crónico esteroideo o inmunosupresor. En esta revisión, se abordan los aspectos más importantes de la epidemiología, patogenia y tratamiento de este microorganismo, que ha cobrado un especial interés en los últimos años, debido al incremento en el número de casos y la aparición de brotes alimentarios con una elevada morbimortalidad.

 

Abstract

Listeria monocytogenes is an intracellular gram-positive bacillus widely distributed in the environment, whose transmission occurs mainly through the intake of contaminated food. Listeriosis has an estimated incidence of three-six cases per million inhabitants per year. The infection is mild and self-limited in healthy adults, but produces serious clinical conditions in neonates, adults over 50 years-old and immunocompromised population such as solid organ transplant recipients, patients with solid or hematological malignancies or undergoing chronic steroid or immunosuppressive treatment. This review addresses the most important aspects of the epidemiology, pathogenesis and treatment of this microorganism, which has gained special interest in recent years due to the increase in the number of cases and the appearance of food outbreaks with high morbidity and mortality.

 

Palabras clave: Listeria monocytogenes; Patógeno transmitido por alimentos; Infección neonatal; Tratamiento.

Key words: Listeria monocytogenes; Food-borne pathogen; Neonatal infection; Treatment.

Pediatr Integral 2019; XXIII (8): 429.e1 – 429.e6


Listeria monocytogenes: epidemiología, clínica y tratamiento

Listeria monocytogenes fue descrita como germen patógeno por primera vez en 1926, como responsable de un brote que afectó a conejos y cerdos, pero no fue hasta la década de los 80, cuando se reconoció su capacidad de producir enfermedades en humanos tras la ingesta de alimentos contaminados(1). Es una bacteria saprofita, ubicua, ampliamente distribuida en el ambiente y, por su gran capacidad de sobrevivir en temperaturas o pH extremos, capaz de contaminar una amplia variedad de comidas y bebidas.

La infección por L. monocytogenes produce normalmente síntomas leves y autolimitados en la población general sana, aunque ha sido responsable de grandes brotes alimentarios con importantes consecuencias sociosanitarias. Sin embargo, puede dar lugar a cuadros clínicos graves en poblaciones especiales como: neonatos, mujeres embarazadas y personas con algún grado de inmunodepresión. De hecho, L. monocytogenes es el patógeno responsable de la mayor morbimortalidad relacionada con las intoxicaciones alimentarias en los países desarrollados, con una incidencia estimada de 3-6 casos por millón de habitantes al año(2).

Microbiología

L. monocytogenes es un bacilo grampositivo, anaerobio facultativo, de crecimiento intracelular, no esporulado, catalasa positivo y oxidasa negativo, que crece fácilmente en agar sangre, produciendo hemolisis incompleta. La bacteria posee de uno a seis flagelos y exhibe una característica motilidad rotatoria “de movimientos tambaleantes” a 25ºC. El crecimiento óptimo ocurre entre los 30-37ºC, pero crece mejor que otras bacterias a temperaturas bajas (entre 4 y 10ºC) y es resistente a los ambientes con pH bajo y alto contenido en sal. Estas características diferenciales con respecto a otros gérmenes, la convierten en un patógeno importante en la industria alimentaria.

En la tinción de gram, Listeria puede confundirse con un estreptococo, un enterococo o un difteroide, hecho que debe ser tenido en cuenta a la hora de interpretar los resultados en la práctica clínica. En el laboratorio, crece fácilmente en medios de cultivo habituales de líquidos estériles, como sangre o líquido cefalorraquídeo (LCR), pero no se aísla en el coprocultivo, ya que los medios usados de rutina inhiben su crecimiento.

Recientemente, han sido identificadas 17 especies del género Listeria spp.(3). Solo L. monocytogenes es patógena en humanos, aunque se han comunicado casos anecdóticos de infección por otras especies en individuos inmunodeprimidos(4). Existen, al menos, 13 serotipos basados en los antígenos O celular y H flagelar, aunque los subtipos productores de enfermedad son: 4b, 1/2a y 1/2 b. Técnicas de electroforesis en campo pulsado (PFGE) o ribotyping pueden ser empleadas para detectar brotes con fines epidemiológicos.

Epidemiología

L. monocytogenes es una bacteria ambiental cuyo reservorio está en: el agua, la tierra, los vegetales en descomposición, los mamíferos domésticos y salvajes, e incluso formando parte de la microbiota humana; está presente en las heces de aproximadamente el 5% de adultos sanos(5).

La mayor parte de los casos de listeriosis humana se deben a la ingesta de comida contaminada, o bien por el contagio vía transplacentaria o durante el paso del feto en el canal del parto en los casos de listeriosis neonatal. Otros modos de transmisión han sido descritos, como la infección cruzada en guarderías o mediante el contacto con los instrumentos de exploración médica, sin embargo, no suponen más que casos anecdóticos. Excepto para la transmisión materno-fetal, la transmisión entre humanos no ha sido documentada.

Una gran cantidad de los alimentos que consumimos pueden estar contaminados por Listeria en pequeñas cantidades. En condiciones normales, la ingesta de pequeñas cantidades en individuos sanos pasa totalmente desapercibida o produce un cuadro leve autolimitado. Los cuadros clínicos significativos se producen normalmente en niños menores de 30 días o adultos mayores de 65 años, en las mujeres embarazadas y en población con algún tipo de inmunodepresión: neoplasias sólidas o hematológicas, receptores de un trasplante de órgano sólido o tratamiento crónico con corticoesteroides o inmunosupresores.

La listeriosis es a menudo una enfermedad esporádica, pero ha sido responsable de grandes brotes alimentarios en todo el mundo. El más importante de ellos hasta la fecha, tuvo lugar en Sudáfrica durante los años 2017-18, con más de 1.000 casos confirmados en el laboratorio y más de 200 muertos(6).

En Europa, la incidencia de listeriosis en humanos alcanzó cotas máximas durante la década de los ochenta, para disminuir progresivamente hasta estabilizarse durante la primera década del siglo XXI. Los datos más recientes muestran un aumento progresivo en el número de casos desde 2008(7). Este incremento parece estar relacionado con la mayor esperanza de vida de la población, sobre todo entre las personas inmunodeprimidas, y con los cambios en los hábitos alimentarios. Otro factor que puede estar contribuyendo al incremento en el número de casos, es el elevado consumo de fármacos que reducen la acidez gástrica, como los inhibidores de la bomba de protones (IBP), ya que el pH ácido de la pared gástrica proporciona una barrera de protección frente a la infección por Listeria y se ha demostrado que pacientes en tratamiento con IBP tienen un riesgo incrementado de contraer la infección(8).

La listeriosis se considera Enfermedad de Declaración Obligatoria en España, desde 2015. Según el informe de RENAVE (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica española), en el periodo comprendido entre 2015 y 2018, se notificaron 1.369 casos confirmados de listeriosis(9). Las tasas de incidencia variaron desde 0,64 en 2015 hasta 1,06 en 2018, por cada 100.000 habitantes. Estas tasas de incidencia se incrementaron hasta los 15 casos/100.000 entre los niños menores de 1 mes, y los 19 casos/100.000 habitantes entre los varones con edades comprendidas entre los 75 y 85 años. La mortalidad global fue del 9,1%. Entre los años 2015-2018, se notificaron 8 brotes de listeriosis en España, todos ellos con menos de 4 casos afectados. En agosto de 2019, tuvo lugar el mayor brote registrado hasta la fecha en nuestro país, con más de 200 casos confirmados, 7 abortos y 3 fallecimientos, como consecuencia de la ingesta de productos cárnicos envasados contaminados procedentes de una empresa alimentaria.

Patogenia

Como se ha señalado previamente, la vía más común de adquisición de la listeriosis es la ingesta de alimentos contaminados, para lo que se requiere un cierto inóculo bacteriano. El periodo de incubación puede variar entre 1 y 90 días, en el caso de enfermedad invasiva. Tras la ingesta, Listeria atraviesa la barrera mucosa intestinal por un proceso de endocitosis activa de las células epiteliales(10), gracias a una proteína de superficie, la internalina, que interacciona con el receptor E-cadherina de las células endoteliales y macrófagos e induce la fagocitosis de la bacteria. Una vez fagocitada, la listeriolisina O (LLO), uno de los mayores factores de virulencia, junto con las fosfolipasas, permiten a Listeria escapar de los fagosomas, liberándose en el citoplasma de la célula huésped(11). Libre en el citoplasma, la bacteria puede sobrevivir, dividirse y, gracias a la polimerización de la actina por el factor de virulencia ActA, diseminarse de una célula a otra a través de proyecciones de la membrana celular, sin exponerse a la acción de otros componentes del sistema inmune como: anticuerpos, neutrófilos o complemento, hasta invadir el sistema linfático y sanguíneo.

Una vez que Listeria penetra en el torrente sanguíneo, puede diseminarse por vía hematógena a cualquier localización, aunque muestra un tropismo preferente por el sistema nervioso central (SNC) y la placenta. Datos experimentales indican que Listeria puede usar varios mecanismos para invadir el SNC:

• Invasión directa de las células endoteliales de la barrera hematoencefálica.

• Transporte de bacterias al SNC dentro de los leucocitos circulantes en un mecanismo facilitado por fagocitos (“caballo de troya”).

• A través de una ruta neural, por la cual las bacterias son inoculadas en los tejidos orales en la masticación, donde son fagocitadas por los macrófagos para invadir los nervios craneales y, de forma retrograda, diseminarse por el parénquima cerebral(12).

La presencia de hierro parece ser un factor de virulencia importante para el crecimiento de Listeria. En modelos animales, la sobrecarga de hierro se asocia con un aumento de susceptibilidad a la infección por Listeria, hecho que se ha evidenciado también en humanos en varios estudios clínicos(13).

La resistencia a la infección por Listeria depende fundamentalmente de la inmunidad celular, mediante la activación de linfocitos T citotóxicos (CD8+) activados por los macrófagos, que reconocen y destruyen las células infectadas(14). Los pacientes con deterioro de la inmunidad celular, como los que presentan neoplasias hematológicas, infección crónica por VIH o receptores de un trasplante de órgano sólido, tienen un riesgo incrementado de listeriosis invasiva, así como aquellos que reciben tratamiento con agentes antiTNF, como infliximab o etanercept.

El papel de la inmunidad humoral es desconocido, aunque tanto la IgM como la actividad de la vía clásica del complemento parecen necesarias para la eficiente opsonizacion de la bacteria(15), y los anticuerpos proteína 60-especificos contribuyen a la captación y destrucción de Listeria por las células dendríticas.

No se ha evidenciado un incremento de listeriosis invasiva en individuos con: deficiencias en el número o función de los neutrófilos, esplenectomía, déficit del complemento o déficits de inmunoglobulinas, hecho que se explica por la patogenia fundamentalmente intracelular de Listeria, y su capacidad de diseminación entre células sin exponerse a la acción de los anticuerpos.

Cuadros clínicos

Tras el contacto con Listeria, normalmente a través de la ingesta de comida contaminada, la infección cursa en individuos sanos de manera asintomática o con un cuadro leve de: fiebre, cefalea, mialgias o diarrea. El diagnóstico no es frecuente en casos esporádicos, ya que Listeria no se detecta en los medios habituales de cultivo de heces, pero su participación debe considerarse en brotes epidémicos. Este cuadro es autolimitado y no precisa tratamiento específico.

En poblaciones seleccionadas como: embarazadas, neonatos, inmunodeprimidos o ancianos, Listeria puede producir una infección invasiva que da lugar a diferentes cuadros clínicos graves y con una elevada morbimortalidad. Los cuadros clínicos más frecuentes son: bacteriemia primaria, infección del sistema nervioso central e infección materno-fetal, que se desarrolla en la gestante y el neonato, aunque ocasionalmente, se producen otros cuadros como: infecciones endovasculares y endocarditis, infecciones pleuropulmonares, cutáneas, endoftalmitis, artritis, osteomielitis o abscesos hepáticos, entre otras.

Bacteriemia primaria

La bacteriemia sin foco evidente es la manifestación más común fuera del periodo neonatal. Se caracteriza por un cuadro de fiebre, mialgias y artralgias, indistinguible de los cuadros de bacteriemia producidos por otras bacterias. En el estudio Monalisa(2), el mayor registro prospectivo de casos de listeriosis invasiva publicado hasta la fecha, en el que se incluyeron más de 800 pacientes entre los años 2009 y 2013, se incluyeron 427 casos de bacteriemia primaria y todos presentaban, al menos, un síntoma de: fiebre, descompensación de enfermedades previas, diarrea, cuadro pseudogripal o fallo multiorgánico. La mortalidad fue del 46% a los 90 días.

Listeriosis materno-fetal

La listeriosis se presenta con una frecuencia de 13 a 20 veces mayor en la mujer embarazada que en la población general(16). La infección es más frecuente en el tercer trimestre del embarazo, como consecuencia de la alteración de la inmunidad celular. La mayor parte de las mujeres experimentarán síntomas menores o permanecerán asintomáticas (hasta el 30%). Sin embargo, las consecuencias para el feto serán más graves cuanto menos avanzada esté la gestación, produciendo el aborto o la muerte neonatal hasta en el 20% de los casos, si la infección tiene lugar durante el primer trimestre del embarazo.

Las mujeres sintomáticas pueden desarrollar un cuadro febril con: mialgias, artralgias y cefalea, y pueden presentar bacteriemia. La afectación del SNC durante el embarazo es extremadamente rara por razones desconocidas. El pronóstico materno suele ser excelente, aun sin tratamiento antibiótico. En cambio, dos tercios de los niños nacidos vivos de mujeres que hayan padecido listeriosis durante el embarazo, desarrollarán infección neonatal, sin embargo, el diagnóstico precoz continúa siendo un reto, debido al elevado número de mujeres asintomáticas o con síntomas menores.

La infección en el feto puede adquirirse por vía fetoplacentaria o, de forma menos frecuente, durante el paso a través del canal del parto. Si la infección se produce intraútero, la tasa de mortalidad se aproxima al 50%, bien por aborto espontáneo o por la muerte del feto en las siguientes horas al nacimiento, debido a una forma de listeriosis conocida como granulomatosis infantoséptica, caracterizada por microabscesos y granulomas diseminados, particularmente en hígado y bazo. En los niños nacidos vivos, habitualmente prematuros, la listeriosis adquirida intraútero suele manifestarse como una sepsis de instauración precoz, indistinguible clínicamente de la producida por otras bacterias, como el estreptococo del grupo B, caracterizada por un cuadro de sepsis asociado con frecuencia a distrés respiratorio o neumonía, y lesiones cutáneas en forma de pápulas, acompañadas o no de conjuntivitis. En estos casos, Listeria puede ser aislada de muestras de: conjuntiva, orofaringe, líquido amniótico, meconio, placenta o sangre. La tinción de gram del meconio puede mostrar bacilos grampositivos y ayudar al diagnóstico precoz. Las mayores concentraciones de bacterias se han encontrado en el pulmón neonatal y en el intestino, por lo que se ha sugerido que la infección es adquirida en el útero por inhalación de líquido amniótico infectado, más que por vía hematógena(17).

En aquellos niños nacidos a término que adquieren la infección durante su paso por el canal del parto, la forma más frecuente de presentación es una sepsis neonatal tardía, con el desarrollo de meningitis entre los 10 y 30 días de vida. En muchos de estos casos, las madres permanecieron asintomáticas durante toda la gestación y los embarazos se llevaron a término. La mortalidad ronda el 25% de los casos.

En un registro prospectivo de casos de listeriosis neonatal llevado a cabo en Reino Unido, entre los años 2004 y 2014(18), se confirmaron 19 casos, con una incidencia global de 3,4 por cada 100.000 nacidos vivos. En el 90% de ellos, la presentación fue una sepsis neonatal precoz, y 4 casos se diagnosticaron de meningoencefalitis. El síntoma más frecuente en la presentación, fue el distrés respiratorio. La mortalidad fue del 21% de los casos, todos ellos dentro de los primeros 7 días desde el debut de la enfermedad. El 40% de los niños que sobrevivieron presentaron secuelas en el neurodesarrollo.

En el registro prospectivo Monalisa(2) se incluyeron 107 infecciones en mujeres embarazadas. La presentación más frecuente al diagnóstico fue la fiebre con síntomas obstétricos (contracciones, trabajo de parto o pérdida fetal). El 83% de las infecciones tuvieron consecuencias graves para el feto: muerte fetal (24%), parto prematuro (45%) o complicaciones asociadas con el parto. Todas las mujeres con listerioris materno-fetal se recuperaron sin secuelas, incluyendo un 10% que no había recibido tratamiento. De los 82 neonatos nacidos vivos, solo 10 de ellos presentaban una exploración física normal al nacimiento sin signos de infección y no precisaron tratamiento antibiótico.

Infección del sistema nervioso central

La infección invasiva por L. monocitogenes produce afectación del SNC con relativa frecuencia, debido al especial tropismo de la bacteria por las meninges y el parénquima cerebral, en particular por el tronco del encéfalo. La mortalidad es elevada y las secuelas neurológicas pueden afectar a más del 60% de los supervivientes, según algunas series(19).

La meningitis por L. monocytogenes es una de las causas a incluir en el diagnóstico diferencial de la meningitis neonatal y la segunda en frecuencia en adultos mayores de 50 años e inmunodeprimidos, después de S. pneumoniae. Un número reducido de casos ha sido comunicado en niños inmunocompetentes fuera del periodo neonatal. Clínicamente, presenta algunos hechos diferenciales que pueden hacer sospechar esta etiología frente a otras bacterias productoras de meningitis, reflejadas en la tabla I.

La invasión del parénquima cerebral por L. monocytogenes puede dar lugar a áreas de cerebritis o abscesos focales. En estos casos, la clínica predominante es la alteración del nivel de conciencia o la disfunción cognitiva, y puede simular una encefalitis por virus del grupo herpes. A menudo, los hemocultivos son positivos, y puede desarrollarse una meningitis concomitante, con aislamiento del germen en LCR, en el 25-40% de los casos.

En contraste con otras infecciones por Listeria, la afectación del tronco del encéfalo o rombencefalitis ocurre con mayor frecuencia en adultos sanos(22). El cuadro clínico típico es una enfermedad bifásica con una fase prodrómica de: fiebre, cefalea, náuseas y vómitos que dura entre 3 y 4 días, seguido de un inicio brusco de déficits focales de pares craneales asimétrico, signos cerebelosos y hemiparesia o hemihipoestesia. La mortalidad y el desarrollo de secuelas neurológicas es elevada.

Diagnóstico

El diagnóstico de listeriosis invasiva requiere la identificación de Listeria en muestras de líquidos o tejidos biológicos, habitualmente estériles como: sangre, LCR, líquido articular, placenta, líquido amniótico, etc., mediante cultivo convencional, MALDI-TOF o reacción en cadena de la polimerasa (PCR). En el registro prospectivo Monalisa(2), la placenta y el jugo gástrico del recién nacido fueron las muestras más sensibles para el diagnóstico de listeriosis neonatal (Tabla II).

Los anticuerpos antilisteriolisina O no han demostrado utilidad en el diagnóstico de enfermedad invasiva aguda, aunque han sido empleados para la identificación de individuos infectados con enfermedad no invasiva durante los brotes alimentarios.

Tratamiento

Muchos antibióticos han demostrado actividad in vitro contra Listeria, pero por su característica de patógeno intracelular, la mayoría solo son bacteriostáticos y los efectos in vitro no se correlacionan con la eficacia in vivo.

El régimen de tratamiento antibiótico y su duración óptima se basan en recomendaciones de expertos, fundamentados en estudios de susceptibilidad in vitro, modelos animales o estudios clínicos observacionales con un pequeño número de pacientes, debido a la falta de ensayos clínicos controlados.

Excepto en los casos de alergia a betalactámicos, amoxicilina, ampicilina y penicilina son las drogas de elección(23). Los tres se unen con alta afinidad a la PBP-3 de Listeria, aunque han demostrado ser solo lentamente bactericidas en modelos de infección intracelular in vitro. Aunque amoxilicina parece tener una mejor actividad, ampicilina es la droga que cuenta con una mayor experiencia clínica. En los casos de infección grave bacteriémica, infección del SNC o en aquellos pacientes con defectos de la inmunidad, múltiples guías de tratamiento recomiendan el tratamiento combinado con gentamicina(24) basado en estudios de sinergia in vitro(25). Varios trabajos que analizan el efecto beneficioso de la terapia combinada con aminoglucósidos han sido publicados con resultados contradictorios; así, mientras que el registro prospectivo Monalisa(2) aboga por el tratamiento combinado al observar una reducción de la mortalidad en este grupo de pacientes, otros estudios no han encontrado un efecto beneficioso(26).

Trimetoprim-sulfametoxazol es un tratamiento alternativo en los pacientes alérgicos a betalactámicos, que presenta una buena penetración en el SNC y efecto bactericida contra Listeria, aunque demostró menos eficacia que ampicilina o quinolonas en un modelo experimental de meningitis en monoterapia(27). En un estudio no randomizado de pacientes con meningoencefalitis grave, la combinación de ampicilina y cotrimoxazol se asoció con menor mortalidad y secuelas neurológicas que ampicilina y aminoglucósido(28), aunque la experiencia clínica es escasa. Se ha usado también de forma eficaz para realizar un tratamiento secuencial temprano por vía oral y puede considerarse en pacientes seleccionados con buena adherencia(29).

Levofloxacino y moxifloxacino son antibióticos con una excelente penetración en el tejido cerebral y son rápidamente bactericidas, pero presentan una actividad débil contra las bacterias intracelulares. A pesar de ello, son una opción disponible en aquellos pacientes con alergia a betalactámicos o en el tratamiento secuencial a vía oral en el caso, por ejemplo, del tratamiento de abscesos cerebrales.

Linezolid presenta adecuada actividad in vitro contra Listeria, y gracias a la elevada concentración que alcanza, tanto a nivel intracelular como en LCR, se postula como uno de los fármacos más prometedores para el tratamiento de la neurolisteriosis, aunque los datos continúan siendo escasos en la práctica clínica.

Tanto imipenem como meropenem, han sido usados con éxito, y meropenem es uno de los fármacos con una concentración mínima inhibitoria más baja para Listeria; sin embargo, los resultados clínicos no son concluyentes, y varios trabajos han notificado fracasos con el tratamiento o mayor mortalidad en aquellos pacientes que recibieron tratamiento con meropenem frente a aminopenicilinas o bencilpenicilinas(30).

Rifampicina ha demostrado excelente actividad intracelular y penetración en el SNC e intracelular, y se ha usado en el tratamiento combinado de infecciones graves. Sin embargo, estudios in vitro señalan un efecto antagónico cuando se combina con penicilinas o cotrimoxazol y en modelos animales; la adicción de rifampicina a ampicilina no fue más eficaz que ampicilina sola.

Por último, dentro de los fármacos usados para el tratamiento de la listeriosis, vancomicina muestra actividad variable y su uso está limitado en meningitis por su escasa penetración a través de la barrera hematoencefálica, hechos que limitan su uso en listeriosis invasiva.

Respecto a otros fármacos, las cefalosporinas disponibles no deberían ser usadas en el tratamiento de la listeriosis, debido a su actividad limitada; daptomicina presenta una actividad muy variable in vitro, y la experiencia clínica es muy escasa, sin embargo, tanto la asociación de ampicilina con ceftriaxona como ampicilina con daptomicina, han resultado sinérgicos in vitro y en modelos de endocarditis en animales(31).

Todos los pacientes con sospecha de infección invasiva por Listeria deberían recibir tratamiento con ampicilina, asociada o no a gentamicina o cotrimoxazol, en aquellos casos de infección grave, endocarditis o infección del SNC. En pacientes alérgicos a betalactámicos, como se ha señalado previamente, cotrimoxazol puede ser una alternativa, así como la asociación con quinolonas o linezolid.

Las mujeres embarazadas que desarrollan un cuadro de listeriosis suelen presentar buena evolución sin tratamiento antibiótico, pero existen datos que sugieren un mejor pronóstico para el feto con el tratamiento precoz. En ausencia de comorbilidad significativa, las embarazadas no desarrollan infección del SNC; por lo tanto, en una gestante alérgica a penicilinas, en un momento en el que las sulfonamidas deben ser evitadas, una opción razonable podría ser vancomicina.

Para prevenir la infección neonatal, algunos países como Canadá, Australia y Estados Unidos, han elaborado guías de práctica clínica para el manejo de la mujer embarazada expuesta a una infección por L. monocytogenes, las cuales pueden ser especialmente útiles en el contexto de brotes alimentarios(32).

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Quiero investigar, ¿cómo puedo hacerlo?

V. Martínez Suárez

Interés especial

 
 


V. Martínez Suárez

Servicio de Salud del Principado de Asturias. Grupo de Investigación de la SEPEAP

 

Pediatr Integral 2019; XXIII (4): 225e1–225e.4


Quiero investigar, ¿cómo puedo hacerlo?

Iniciarse en el mundo de la investigación clínica exige asumir una actitud intelectual, además de adquirir previamente una serie de habilidades (Tabla I).

Tras el “quiero investigar”, lo que aquí exponemos de forma concisa sería el principio del cómo. Evidentemente, luego tendremos que enfrentarnos de forma más amplia a todas y cada una de las etapas de ese proceso sistemático, organizado y objetivo de responder a una pregunta que propone la comunidad científica para alcanzar resultados relevantes(1,2).

Pasos para desarrollar una investigación

- El primer paso consistirá en “mapear” –identificar y catalogar– la dotación de recursos materiales, funcionales y humanos del medio en que se quiere llevar a cabo el trabajo (Tabla II).

- Ya como etapa operativa, tendremos que empezar a redactar un protocolo con su especificación metodológica (Tabla III)(3,4), que recoja cómo se va a realizar cada una de las partes y haga posible su replicación.

- Seguidamente debe recapitularse brevemente lo que se sabe sobre la materia de nuestro interés, lo cual exige analizar y resumir los antecedentes y las investigaciones que ya existen, construyendo un marco teórico(un “estado actual del tema”) que permita comprender y explicar de forma clara el problema que se quiere abordar. Eso nos ayudará a evitar errores cometidos en investigaciones previas y hará posible el enunciado correcto de la hipótesis que pretende comprobar, revelando además nuevas áreas de investigación y dando una referencia para interpretar los resultados que obtengamos.

- El planteamiento de este marco teórico obliga a una revisión bibliográfica en la que se recopilen y sinteticen las publicaciones más importantes y actuales con el fin de identificar cualquier vacío significativo de conocimiento. Para la gestión y organización de la literatura científica, hoy disponemos de programas informáticos gratuitos que nos ayudan a almacenar y recuperar las referencias, facilitándonos las tareas de citación y elaboración del apartado bibliográfico. Junto al ahorro en espacio físico y papel, los archivos digitales generados por estos programas permiten localizarlos cuando son necesarios y en un tiempo breve. Los programas basados en la web se han impuesto a los de escritorio, siendo los más usados Mendeley (www.mendeley.com) y Zotero (www.zotero.org). Evidentemente, entre las varias decenas disponibles, cada investigador debe de elegir inicialmente aquel que mejor se adapta a sus necesidades y sea utilizado por los colegas más próximos, lo que le ayudará a familiarizarse más rápidamente con su uso.

- Recabada y sistematizada toda la información, hemos de decidir qué preguntas podemos plantear y cómo convertirlas en un proyecto de investigación. Cuestiones de interés también pueden surgir a partir de la actividad asistencial diaria (Tabla IV).

Una buena pregunta de investigación debe ser pertinente y concreta. La pertinencia se valora en función del acrónimo FINER: factible, interesante, novedosa, ética y relevante. El que sea concreta y simplifique los pasos sucesivos de la investigación se facilita mediante la aplicación de los puntos definidos por las siglas PICOT: pacientes o población, intervención, comparación, objetivo y tipo de estudio/tiempo. Una pregunta adecuada debe permitir formular la hipótesis base del estudio y describir sus objetivos.

- La calidad y fiabilidad de una investigación están influidas de manera decisiva por la selección de un diseño de estudio, que tendrá que responder correctamente a los objetivos propuestos. El tipo de estudio ha de ser fijado antes de comenzar otras tareas y su elección debe basarse no solo en consideraciones científicas (naturaleza de la pregunta, finalidad de la investigación, secuencia temporal, control del factor de estudio), sino también en cuestiones relacionadas con los recursos (de personal y financieros), la capacidad del equipo y la viabilidad. Según que se manipule la exposición o no, básicamente existen dos tipos de diseños: ensayos clínicos y estudios observacionales (de corte transversal, de casos y controles, de cohortes).

- Tenemos que describir la población accesible y susceptible de entrar en el estudio (marco muestral), procedente de la población diana a la que queremos extrapolar nuestros resultados. Para pasar de esta a aquella disponemos de dos clases principales de muestreo: probabilístico (mediante proceso aleatorio) y no probabilístico (según criterios definidos por los investigadores). La explicación sobre la elección preferente de uno u otro tipo aparece recogida en la tabla V.

El definir el tamaño de la muestra y el método de selección de las unidades de análisis es otro punto clave en el proceso de investigación, ya que dependiendo de éste será posible generar inferencias o generalizaciones fiables a toda la población. Existen dos modos diferentes de calcular el número de casos a seleccionar, según que nos interese una estimación de parámetros poblacionales (de una proporción o, menos frecuentemente, de una media) o un contraste de hipótesis. Para cualquiera de los planteamientos pueden ser necesarios otros parámetros, pero al menos tendremos que considerar el tamaño de la población que se desea estudiar, teniendo en cuenta el porcentaje esperado de datos o pacientes que se pierden en el estudio (de “no respondedores” en las encuestas). Y además fijar el nivel de confianza o seguridad (1-α: probabilidad de que los resultados de investigación sean ciertos; habitualmente es del 95%) y la potencia (1-β: probabilidad de detectar una diferencia cuando en realidad existe; la más común del 80%). Con esto podremos conocer el número de individuos necesarios mediante fórmulas (cálculo manual) o mediante alguna de las calculadoras “on-line”, como los programas gratuitos y de acceso libre Epidat® (https://www.sergas.es/Saude-publica/EPIDAT-4-2) o el Granmo® (https://www.imim.cat/ofertadeserveis/software-public/granmo/), pensado para usuarios “no especialistas” y para realizar estimaciones sencillas y de forma rápida.

- Otro aspecto a decidir respecto a los sujetos de la investigación será el de los criterios de inclusión, que han de enumerarse de manera que permita a una tercera persona reproducir el estudio o juzgar si un determinado paciente estaría incluido en él. También los criterios de exclusión deben establecerse a priori, partiendo de que ciertas condiciones constitucionales, patológicas, geográficas o sociales pueden distorsionar el valor de los resultados finales.

- A continuación es necesario delimitar las variables (nombre, definición “validada”, instrumento de medida, categorías, codificación) y planificar sus mediciones. Las variables deben ser tantas como resulten necesarias y las menos posibles. En la especificación de la recogida de datos ha de reflejarse el quién, cómo, dónde y cuándo, introduciéndose los mismos en una base diseñada a tal fin, bien organizada y de fácil manejo(6). La importancia de este apartado puede resaltarse aludiendo al llamado síndrome GIGO (Garbage in, garbage out), que alude a que si los datos son mal introducidos, son incorrectos, defectuosos o no siguen los estándares de uniformidad el producto resultante será confuso, incompleto o erróneo. De cada elemento de investigación se pueden registrar diversas variables (una columna por cada variable, una fila por cada sujeto). Para pocas variables es posible utilizar Excel® como base de datos; en investigaciones complejas es preferible una base tipo Access®, más completa y que permite almacenar y gestionar tablas, formularios, informes y va a impedir la inclusión de datos erróneos. Algunos investigadores introducen los datos directamente en el programa estadístico.

- El análisis de los datos se planificará empezando por la estadística descriptiva y siguiendo por la analítica (bivariable y multivariable), con estimación de medidas de riesgo, impacto, validez o precisión y contrastes de hipótesis. El análisis descriptivo contempla las medidas de frecuencia de variables discretas y medidas de centralización y dispersión de variables continuas (media y mediana; desviación típica/ rango intercuartílico). Asimismo, cuando proceda, se incluyen aquí la estimación de medidas de frecuencia de enfermedad (prevalencia, incidencia acumulada, densidad de incidencia, etc.). Los valores estadísticos analíticos recogen la comparación entre variables o grupos. Todas las estimaciones deberán acompañarse de sus intervalos de confianza del 95%. Una duda que puede presentarse es qué programa estadístico utilizar. Sin duda, el más potente y actualizado que se pueda. Aunque existe una amplia variedad, SPSS® es el más usado en todos los niveles y R” Software® es muy versátil, seguro, gratuito (se descarga en http://cran.r-project.org/) y se actualiza continuamente. Cada técnica de análisis exige unas condiciones de aplicación específicas; si no se conocen es mejor dejar este apartado en manos de un experto. Atendiendo a criterios de claridad y orden, existe una lógica y una forma más adecuada de manejar los datos, aprovecharlos y presentar los resultados (texto, tablas, diagramas, gráficos) que ayudarán a su relación e interpretación(7).

- Deben declararse las limitaciones reconocidas del proyecto según el tamaño muestral (falta de potencia estadística), la sistemática de muestreo (sesgos de selección), las variables medidas (sesgos de clasificación) o el análisis (sesgos de confusión o interacción).

- Es conveniente detallar el cronograma previsto para cada fase del estudio, incluyendo la de análisis y explotación de resultados. Otro requisito habitual en las memorias es el reparto de tareas de los colaboradores.

- El estudio piloto puede ser necesario para poner a prueba el nivel de ensamblaje de todos los pasos, el funcionamiento de los métodos técnicos y la preparación del equipo en la recogida de datos. En los estudios mediante encuestas ayudará a estimar el tiempo necesario para responder, la dificultad de su cumplimentación y la comprensión por parte de los encuestados. Se realiza sobre un número reducido de pacientes, habitualmente entre el 2 y el 10%.

- Un punto esencial de cualquier investigación es el cumplimiento de los aspectos éticos (Tabla VI), siendo recomendable contar con un documento de consentimiento informado dirigido a los participantes y con la aprobación por el Comité Ético de Investigación Clínica correspondiente.

Asimismo, debe hacerse una declaración de confidencialidad de los datos personales a utilizar y detallar los procedimientos que han de garantizar su seguridad.

- En cuanto a la difusión de los resultados, todos los trabajos de investigación deberían pasar sucesivamente por tres etapas: exposición ante el grupo de trabajo o servicio, comunicación en un congreso y finalmente publicación en una revista. La arquitectura de los manuscritos remitidos como trabajos originales mantendrán la tradicional estructura IMRAD (Introducción, Material y Métodos, Resultados y Discusión). Generalmente, los estudios aportan un pequeño resumen (150-200 palabras), que mantiene la estructura del artículo y permite su repaso rápido en las bases de datos.

- Cada etapa debe revisarse en busca de posibles errores (Tabla VII)(8).

No está de más recordar que existe una ética de la investigación y la publicación responsable que el que se inicia en este campo debe conocer(9). Finalmente, ha de considerarse la posibilidad de extender la idea de nuestro estudio a otros ámbitos y centros, compartir los planes de investigación con otros grupos y la participación en redes especializadas (Tabla VIII).

Bibliografía

1. Martínez V, Molinuevo I, Rodríguez E, Rodríguez J. Cómo dar a conocer nuestro interés investigador (Parte I). Contenidos de un Proyecto de Investigación y recomendaciones para su elaboración. Vox Pediatr. 2011: 18: 51-6.

2. Argimón Pallás JM, Jiménez Villa J. Métodos de Investigación clínica y epidemiológica. Segunda edición. Ed. Harcourt. 1999: 79-82.

3. Díaz J, Ordaz T, Roviralta JE. Guía Metodológica de Investigación en Ciencias de la Salud. Instituto Nacional de Gestión Sanitaria. Colección Editorial de Publicaciones INGESA 2010. Disponible en: http://www.ingesa.mscbs.gob.es/estadEstudios/documPublica/internet/pdf/Guia_Metodologica_Inv_CCSS.pdf

4. Martínez V. How to conduct a research project: from conception to presentation. En La Pédiatrie hier, aujourd´hui, demain ici et ailleurs. Recuil des communications. Strasbourg. 2012. 171-3.

5. Pérez D. Nuevos programas informáticos para gestión de referencias bibliográficas. Bol Pediatr. 2014; 54: 173-82.

6. Ochoa C, Molina M. Estadística. Tipos de variables. Escalas de medida. Evid Pediatr. 2018; 14: 29.

7. Ortega E, Ochoa C, Molina M. Representación gráfica de variables. Evid Pediatr. 2019; 15: 13.

8. Martínez V, Rodríguez J, Rodríguez E, Molinuevo I. Cómo dar a conocer nuestro interés investigador (Parte II): Consejos útiles y errores frecuentes. Elaboración del Curriculum Vitae. Vox Pediatr. 2011; 18: 57-60.

9. Martínez V. Veracidad académica y científica. Pediatr Integral. 2018; XXII (7): 343.e1–343.e6.

Bibliografía recomendada

- Manual de iniciación a la investigación en pediatría de Atención Primaria de la SEPEAP. Coordinador Venancio Martínez, Ergón, Madrid 2011.

- Martínez V. Guía para la elaboración de un proyecto de investigación. Pediatr Integral. 2010; 13: 14-5.

- Molina M, Ochoa C. Tipos de estudios epidemiológicos. Evid Pediatr. 2013; 9-53.

- Ochoa C, Molina M. Estadística descriptiva. Evid Pediatr. 2018; 14: 43.

- Martínez V. La pediatría en el marco de la ciencia. Pediatr Integral. 2014: 501-6.

 

 

Cribado neonatal

D. González-Lamuño Leguina*, M.L. Couce Pico**

 

De interés especial


D. González-Lamuño Leguina*, M.L. Couce Pico**

*Servicio de Pediatría, Hospital Universitario Marqués de Valdecilla-Universidad de Cantabria. Santander. **Unidad de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Metabólicas Congénitas, Servicio de Neonatología, Hospital Clínico Universitario de Santiago, Departamento de Pediatría, IDIS, CIBERER, Santiago de Compostela, La Coruña, España

Resumen

El cribado durante el período neonatal incluye determinados procesos de detección pre-sintomática de enfermedades o trastornos que, sin una sintomatología aparente, pudieran causar graves problemas físicos, mentales o del desarrollo, y en los que un diagnóstico y tratamiento precoces, mejoran significativamente su pronóstico. En la actualidad, en el cribado neonatal, se realiza una única determinación sanguínea a las 48 horas de vida. En España, está recomendado realizar el cribado neonatal en muestra de sangre impregnada en papel para, al menos, 8 entidades: hipotiroidismo congénito (HC), fenilcetonuria (PKU), deficiencia de acil CoA deshidrogenasa de ácidos grasos de cadena media (MACDD), deficiencia de 3-hidroxi acil CoA deshidrogenasa de ácidos grasos de cadena larga (LCHADD), aciduria glutárica tipo I (AG-1), deficiencia de biotinidasa (BTD), fibrosis quística (FQ) y anemia de células falciformes (AF). La incorporación de la espectrometría de masas en tándem (MS/MS) posibilita ampliar los trastornos a cribar. También está indicado realizar cribado de hipoacusia congénita. Tanto la recogida de la muestra de la gota de sangre en papel como el cribado de hipoacusia, se realizan antes del alta en la Maternidad. En determinadas situaciones de riesgo (prematuridad, gemelaridad y niños graves), debe hacerse una segunda determinación para disminuir, en lo máximo posible, el número de falsos negativos.

 

Abstract

Screening during the neonatal period includes certain processes of pre-symptomatic detection of diseases or disorders that, without an apparent symptomatology, could cause serious physical, mental or developmental problems, and in which an early diagnosis and treatment significantly improves their prognosis. Currently, a single blood determination is made at 48 hours of age for the neonatal screening. In Spain, the recommendation to perform the neonatal screening involves a blood sample impregnated on paper for at least 8 entities: congenital hypothyroidism (CH), phenylketonuria (PKU), Medium-chain acyl-CoA dehydrogenase deficiency (MCAD), Long chain 3-hydroxyacyl-CoA dehydrogenase deficiency (LCHADD), glutaric aciduria type I (GA-1), biotinidase deficiency (BD), cystic fibrosis (CF) and sickle cell anemia. The incorporation of Tandem mass spectrometry (MS / MS), makes it possible to expand the disorders to be screened for. Congenital hypoacusis screening is also indicated. Both, the drop of blood on paper collection and the screening for hearing loss, are performed before hospital discharge. In certain risk situations (prematurity, twins and severely ill children), a second determination must be made to reduce, as much as possible, the number of false negatives

 


Pediatr Integral 2019; XXIII (3): 169.e1 – 169.e10


 

Cribado neonatal

Introducción

El cribado durante el período neonatal, hace referencia a determinados procesos para detectar en el recién nacido (RN) enfermedades o trastornos que, sin una sintomatología aparente, pudieran causar graves problemas físicos, mentales o del desarrollo, y en los que un diagnóstico y tratamiento precoces, mejoran significativamente su pronóstico.

Aunque existen diferentes programas de cribado neonatal (PCN) diseñados en función de la organización asistencial y recursos destinados a los programas de prevención en cada Comunidad, todos ellos están reconocidos en los diferentes sistemas sanitarios, como programas esenciales de prevención en Salud Pública. Estos programas están integrados en la actividad asistencial de las diferentes unidades pediátricas, por lo que los PCN no deben identificarse solo con un procedimiento técnico o de laboratorio, sino con una actividad coordinada del sistema sanitario que asegure su eficacia y eficiencia.

Son sinónimos de cribado los términos: tamizaje, despistaje, detección precoz o screening, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como: “la identificación presuntiva, con la ayuda de unas pruebas, de exámenes, o de otras técnicas susceptibles de aplicación rápida, de los sujetos afectados por una enfermedad o por una anomalía que hasta entonces había pasado desapercibida”.

En la actualidad, en España, está recomendado realizar el cribado neonatal en muestra de sangre impregnada en papel para, al menos, 8 entidades: hipotiroidismo congénito (HC), fenilcetonuria (PKU), deficiencia de acil CoA deshidrogenasa de ácidos grasos de cadena media (MACDD), deficiencia de 3-hidroxi acil CoA deshidrogenasa de ácidos grasos de cadena larga (LCHADD), aciduria glutárica tipo I (AG-1), deficiencia de biotinidasa (BTD), fibrosis quística (FQ) y anemia de células falciformes (AF). También está indicado realizar cribado de hipoacusia congénita (Tabla I).

Además, de acuerdo a la evidencia actual, existe la recomendación de incluir la enfermedad de la orina con olor a jarabe de arce (MSUD), acidemia isovalérica (IVA) y homocistinuria (HCY)(1).

Los inicios del cribado neonatal se remontan a la década de los años 60, con el desarrollo de una prueba bacteriológica capaz de detectar en una gota de sangre seca, recogida en papel de filtro, una elevación de los niveles de fenilalanina (test de Guthrie)(2). En España, los diferentes PCN se inician en la década de los años 70, y en 1978, desde el Ministerio de Sanidad, se formaliza a nivel estatal el Programa de Detección Precoz Neonatal de Fenilcetonuria e Hipotiroidismo Congénito.

El momento de realización de las PCN ha ido variando de acuerdo al tipo de análisis y técnica disponible, coexistiendo hasta hace pocos años PCN con muestra única de sangre seca, tomada al 2º o 3er día de vida, y otros con muestra doble (a las 24 horas y a partir del 5º día de vida). Señalar que el término de cribado de enfermedades endocrino-metabólicas, en la actualidad, es inadecuado, ya que a los PCN se ha incorporado el despistaje de la fibrosis quística, hemo­globinopatías, en algunos centros inmunodeficiencias, y la detección precoz de la hipoacusia, rebasando, por tanto, el término de “pruebas del talón” popularmente acuñado.

La incorporación en los laboratorios de cribado de técnicas analíticas basadas en la espectrometría de masas en tándem (MS/MS), ha condicionado cambios significativos en el número de enfermedades potencialmente despistadas, lo que ha dado lugar al denominado cribado metabólico expandido. La MS/MS es una tecnología que detecta y cuantifica de forma simultánea más de 50 metabolitos presentes en la muestra de gota de sangre seca, lo que posibilita el cribado simultáneo de más de 40 errores congénitos del metabolismo (ECM)(3).

El propósito de los análisis utilizados en el cribado neonatal es identificar a todos los RN presuntamente positivos y clasificarlos respecto a la probabilidad de que tengan un trastorno concreto, con un mínimo aceptable de resultados falsos positivos. Esto implica establecer un punto de corte arbitrario para los analitos/marcadores cuantificados. Establecer un punto de corte muy elevado significa perder de forma inaceptable una proporción del grupo diana, mientras que establecer uno demasiado bajo significa exponer a demasiadas personas a la investigación, la mayoría no afectas.

En este punto, señalar que los PCN no son procedimientos de diagnóstico definitivo, identifican grupos de personas de alto riesgo a las que se les ofrece un diagnóstico. Los individuos que presenten un resultado positivo requerirán procedimientos diagnósticos posteriores y, para ello, los PCN deben integrarse con unidades clínicas y de laboratorio especializadas en el diagnóstico y el tratamiento de cada una de las enfermedades sometidas a cribado. En general, el objetivo de los PCN es establecer el diagnóstico correcto e inicio de tratamiento de los trastornos objeto de cribado en los primeros 10 días de vida.

Requisitos para el cribado de una enfermedad

El beneficio principal de un PCN es la prevención de discapacidades asociadas a la enfermedad. Por ello, se recomienda realizar el cribado neonatal de las enfermedades en las que se haya demostrado claramente el beneficio de la detección temprana.

Los PCN tienen diferentes sistemas organizativos basados en su adaptación a las distintas estructuras sanitarias, con la finalidad de obtener la máxima calidad analítica y cobertura. La estrategia se deberá planificar, de forma que se alcance una cobertura del 100% de los RN y el tratamiento temprano del 100% de los casos detectados. Clásicamente, se definieron unos criterios para que un trastorno se incluya en el screening masivo: que la gravedad de la enfermedad curse con morbilidad (retraso mental) o mortalidad si no se diagnostica en el período neonatal; que exista un tratamiento eficaz; que la frecuencia de la enfermedad sea relativamente elevada (al menos, 1 de cada 10.000-15.000 RN); y que exista un método analítico de cribado rápido, fiable y de bajo coste (Wilson & Jungner 1968)(4). Estos criterios serían garantía para que se cumpla el objetivo principal de este tipo de programas: “el máximo beneficio con el mínimo de costes”.

Aunque de forma global estos criterios permanecen vigentes, tras la incorporación de la tecnología de MS/MS, la prevalencia de la enfermedad evaluada sería la suma de la prevalencia de cada una de las enfermedades detectadas con la misma prueba(5). Bajo esta premisa, podría considerarse eficiente incluir el cribado para enfermedades con muy baja prevalencia (< 1:50.000 RN) detectadas mediante MS/MS(6). De acuerdo a estas y otras consideraciones, en el año 2005, la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Asociación Americana de Genética Médica (American College of Medical Genetics, ACMG) emitieron una recomendación para los EE.UU. con los trastornos que deberían despistarse en los PCN. Se incluye un panel principal con 29 patologías genéticas tratables y, en un segundo nivel, 25 patologías más, que también serían susceptibles de ser incluidas en los PCN (Tabla II)(7,8).

De acuerdo a estas recomendaciones, en algunas regiones, se está cribando para más de 50 condiciones genéticas, a pesar de que, en muchas ocasiones, ni el pediatra ni otros profesionales de Atención Primaria están suficientemente familiarizados con dichas condiciones. Es predecible que, en un futuro próximo, los programas de screening adoptarán diferentes tecnologías de cribado que ampliarán, aún más, el número de trastornos congénitos cribados(9,10).

Obtención de la muestra de sangre para el cribado neonatal

La obtención de muestras de sangre sobre papel absorbente está estandarizada y requiere seguir unas determinadas pautas, utilizando el material adecuado y específico para evitar, en la medida de lo posible, la obtención de muestras no válidas(11).

Aunque las estrategias de obtención de las muestras biológicas puedan diferir, como norma general, se recomienda una extracción única de sangre capilar a partir de las 48 h de vida del RN, tras una ingesta de 24 horas de alimento. Con el fin de garantizar una cobertura del 100% de los RN y gracias a la optimización de los puntos de corte y ratios entre diferentes analitos, la tendencia general es la de realizar la toma de muestra antes del alta hospitalaria del RN.

La extracción de sangre capilar la deberá realizar exclusivamente personal sanitario y nunca los padres, siendo la punción del talón el procedimiento habitual. Para minimizar el dolor del procedimiento de punción, se recomienda administrar durante el procedimiento: una toma de lactancia materna, soluciones de glucosa o chupetes impregnados en sacarosa. Otras intervenciones no farmacológicas que pueden ayudar a disminuir el dolor son: favorecer el contacto visual con los padres, la estimulación táctil, el contacto piel con piel o la succión no nutritiva.

La punción debe realizarse con lanceta estéril con punta < 2,4 mm en la porción medial o lateral de la superficie plantar del talón, para evitar daños osteo-articulares; debe haberse masajeado el pie previamente para aumentar el flujo sanguíneo en la zona y desinfectado con alcohol de 70º, evitando el uso de derivados iodados. La venopunción en el dorso de la mano es un procedimiento alternativo en lactantes y niños, que permite obtener un mayor volumen y con un menor riesgo de que la muestra se hemolice o coagule.

Después de la punción, se debe limpiar la primera gota de sangre con una gasa estéril, dejar que se forme una nueva gota grande de sangre y que esta caiga sobre el papel absorbente de forma que la sangre se absorba y llene el círculo por completo con una sola aplicación (Fig. 1).

Figura 1. Modo de recogida de muestra de sangre en papel.

Debe aplicarse la sangre solamente en uno de los lados del papel, examinando ambos lados para asegurarse de que la sangre haya traspasado uniformemente el papel. Cada laboratorio deberá especificar el número de círculos de sangre que deben ser rellenados.

No es recomendable el procedimiento de recoger la gota con un capilar y, posteriormente, dejarla caer sobre el papel, ya que este método aumenta el número de muestras sobresaturadas, así como el riesgo de rascar y levantar parte de la fibra del papel con el capilar.

La sangre se recoge en un papel de filtro absorbente denominado, genéricamente, tarjeta de Guthrie, que cumpla con los estándares establecidos (Muntkell 2014/07, S&S y Whatman 903™, Ahlstrom). Para que la muestra sea óptima, las manchas de sangre que se obtienen deben contener, al menos, 75 μl (13 mm de diámetro, aproximadamente) y deben dejarse secar en una superficie horizontal no absorbente, seca y limpia durante, al menos, una hora a temperatura ambiente, evitando la luz solar directa. Las muestras, una vez obtenidas, deben enviarse al laboratorio lo antes posible, a poder ser dentro de las 24-48 h siguientes a la extracción. Se debe evitar, siempre que sea posible, el contacto entre las muestras, utilizando, si es necesario, un papel separador entre las tarjetas. Debe evitarse tocar o manchar las gotas de sangre con agua, desinfectantes, jabones o alcohol, para evitar cualquier tipo de contaminación e interferencias. Todos los aspectos mencionados repercuten negativamente en la calidad del proceso.

También es posible realizar estudios de cribado a partir de muestras de orina en papel de filtro, utilizando técnicas analíticas basadas en MS/MS o en cromatografía de gases y espectrometría de masas (GC/MS), que permiten: la confirmación diagnóstica, complementar la información de la muestra de sangre o ampliar horizontes a nuevos diagnósticos. En algunas regiones de Canadá y países asiáticos, se han iniciado PCN en muestras de orina. En España, los PCN incorporan muestras de orina en 3 comunidades autónomas.

Necesidad de segundas muestras de sangre

Aunque, en la mayoría de las ocasiones, se realiza una única determinación, hay situaciones de riesgo en que se debe hacer una segunda toma de muestra, con el fin de disminuir en lo máximo posible el número de falsos negativos.

Prematuros/bajo peso y gemelos monocigóticos: se recomienda una segunda toma de muestra de sangre entre la 2ª y 4ª semana de vida en los prematuros de menos de 34 semanas y/o 1.500 g de peso y gemelos monocigóticos.

RN con patología grave al nacimiento: se recomienda tomar una muestra en el momento del ingreso (si es posible antes de que puedan recibir tratamiento antibiótico o alimentación parenteral) y repetirla a las 48-72 horas de vida, según resultados. En estas situaciones de estrés, pueden existir elevaciones transitorias de TSH, tripsina inmunorreactiva o 17-hidroxiprogesterona.

Merecen además especial atención, otras situaciones clínicas, como son las transfusiones previas a la toma de muestra cribado, que obligan a realizar una toma de muestra a las 48-72 horas de la transfusión y repetirla a los 120 días. En los RN alimentados con alimentación parenteral, debe realizarse una toma de muestra a las 48-72 horas después de haber iniciado la alimentación enteral, con independencia de la edad del niño en ese momento. Por último, en niños que hayan precisado exploraciones con contrastes yodados o sometidos a cirugía, debe repetirse la muestra a las 48-72 horas.

Detección del hipotiroidismo congénito (HC)

El hipotiroidismo congénito (HC) es el resultado de una disminución de la actividad biológica tisular de las hormonas tiroideas, bien por producción deficiente, ya sea a nivel hipotálamo-hipofisario (hipotiroidismo central) o a nivel tiroideo (hipotiroidismo primario), o bien por resistencia a su acción o alteración de su transporte en los tejidos diana (hipotiroidismo periférico).

El HC tiene una importancia extraordinaria en el niño por su potencial repercusión sobre su desarrollo intelectual, dado que las hormonas tiroideas son imprescindibles para el desarrollo cerebral, siendo esta la causa de retraso mental prevenible más frecuente. La frecuencia de la enfermedad en 1/3.500 RN vivos, justifica la existencia de un programa de cribado neonatal. La enfermedad que es diagnosticada precozmente con inicio de tratamiento dentro del primer mes de vida se ha asociado a coeficientes de inteligencia dentro de los límites de la normalidad, sin presentar problemas de aprendizaje, y con crecimiento satisfactorio. La detección del HC no debe ser solo precoz, sino urgente, y la administración inicial de L-tiroxina no debe ser únicamente a dosis sustitutivas, sino a dosis terapéuticas.

Existen formas de HC transitorio, debidas a prematuridad, utilización de compuestos yodados o consumo materno de ciertos medicamentos. En este tipo de hipotiroidismo, la función tiroidea se normaliza en un tiempo variable.

El cribado sistemático neonatal se basa en la determinación del nivel de TSH en sangre obtenida del talón de los RN y depositada en cartulinas de papel de filtro. El nivel de TSH, por definición, está siempre elevado (≥ 10µUI/ml) en el hipotiroidismo primario. El estudio de confirmación de los casos positivos o dudosos se realiza mediante la medida de los niveles séricos de T4 libre, que habitualmente está descendido, pero que, en algunos casos, puede ser normal. La ecografía y gammagrafía tiroideas, medida de la concentración sérica de tiroglobulina, determinación del título de anticuerpos antitiroideos y yoduria, esclarecen la etiología.

Existen situaciones de alteración hormonal intermedia, con valores elevados de TSH con T4 normal (hipertirotropinemia con TSH≥10 µUI/ml y tT4>6 µg/dl), o valores de TSH normal con T4 baja (hipotiroxinemia con TSH<10 µUI/ml y tT4<6 µg/dl). Estos casos intermedios, de carácter habitualmente transitorio, pueden precisar tratamiento durante un tiempo, por lo que son enviados directamente, sin precisar segunda muestra, al Servicio de Endocrinología pediátrica para valoración y diagnóstico.

Aún con resultados normales, hay algunas situaciones especiales en las que será necesario repetir las determinaciones a los 15 días de vida: prematuros <33 semanas de gestación y/o peso <1.500 g y en los gemelos univitelinos(12).

Cribado metabólico expandido

La tecnología de MS/MS automatizada es un procedimiento por el cual se pueden identificar simultáneamente una gran cantidad de enfermedades metabólicas (más de 40 ECM) en una misma muestra, muchos de las cuales son adecuadamente tratables. El análisis de determinados metabolitos (acil-carnitinas y aminoácidos) en la sangre desecada y, más aún, la posibilidad de estudiar el perfil de aminoácidos y ácidos orgánicos en la orina del recién nacido, permite detectar mediante MS/MS varios trastornos del metabolismo de los aminoácidos, ácidos orgánicos y ácidos grasos, de forma simultánea.

El paradigma de los EIM incluidos en los PCN es la PKU, una enfermedad del metabolismo de la fenilalanina (Phe) que se transmite de forma autosómica recesiva. Su prevalencia oscila entre 1/12.000-1/18.000 RN, según se valoren las formas de PKU clásica o las formas moderadas/hiperfenilalaninemias (HFA). El cribado se realiza midiendo por MS/MS la Phe y tirosina (Tyr) en sangre extraída a las 48-72 horas de vida del RN, impregnada en papel absorbente. Esta tecnología, al tener una alta sensibilidad, ha permitido adelantar la toma de muestras respecto a la utilizada antiguamente, donde era necesario que el niño o niña hubiera ingerido alimentación, al menos, 4-5 días. El punto de corte es Phe ≥ 2,5 mg/dl o 151,5 µmol/L.

Los trastornos de la beta oxidación mitocondrial son EIM de los ácidos grasos, bien por mutaciones en MCADD o en LCHADD, que se trasmiten de forma autosómica recesiva. La prevalencia de estos dos trastornos es muy variable, entre 1/9.000 y 1/100.000 RN. Como consecuencia de estos fallos, se origina un acúmulo de ácidos grasos, así como de sus derivados conjugados, acilcarnitinas y acilglicinas en sangre y orina. Esto dará lugar a graves problemas fisiopatológicos, a un defecto de energía y/o a un acúmulo de moléculas tóxicas. La clínica aparece en situaciones de descompensación metabólica, cuando hay un aumento de las necesidades energéticas o disminuye el aporte alimenticio. Estas enfermedades son consideradas catastróficas si no son detectadas en el período neonatal, ya que el ayuno prolongado ocasiona la muerte en un 25 a 30% de estos pacientes, y el tratamiento consiste en mantener una alimentación frecuente, evitando el ayuno prolongado.

La AG-1 es una enfermedad del metabolismo de los ácidos orgánicos por defecto de la enzima GCDH (glutaril-CoA-deshidrogenasa), que se transmite con herencia autosómica recesiva, con una prevalencia en España de 1/85.000 RN. Esta enzima es la encargada de metabolizar los aminoácidos lisina (Lys) y triptófano (Trp), productos del metabolismo de las proteínas. Si esta enzima falta o es defectuosa, se produce un bloqueo en la reacción, acumulándose compuestos muy tóxicos para el sistema nervioso. Al nacimiento, el bebé no presenta problema, pero a medida que inicia la alimentación, algunos aminoácidos no se degradan bien y los derivados tóxicos comienzan a acumularse. Un proceso infeccioso, fiebre o ayuno prolongado suelen desencadenar la enfermedad, manifestándose como una crisis encefalopática (convulsiones, irritabilidad, hipotonía…). El cribado disminuye la morbimortalidad, al permitir establecer un diagnóstico precoz, y permite la posibilidad de realizar consejo genético y prevenir nuevos casos en la familia.

Por último, recientemente se ha incorporado el BTD, una forma de aparición tardía del déficit múltiple de carboxilasas, un error congénito del metabolismo que, si no se trata, se caracteriza por convulsiones, dificultad para respirar, hipotonía, erupciones en la piel, alopecia, pérdida de audición y retraso en el desarrollo. La prevalencia del déficit de biotinidasa (BTD) clínico se estima en 1/61.000. La frecuencia de portadores en la población general es aproximadamente de 1/120. Los síntomas suelen aparecer en los primeros meses de vida, pero también se ha descrito una aparición posterior. Los individuos con un déficit profundo sin tratar (menos del 10% de la actividad promedio normal de biotinidasa en suero) presentan hallazgos clínicos variables incluyendo: convulsiones, hipotonía, erupciones eccematoides, alopecia, ataxia, pérdida de audición, infecciones por hongos y retraso en el desarrollo. Metabólicamente, los niños sin tratar pueden mostrar acidosis cetoláctica, acidemia (aciduria) orgánica e hiperamonemia leve. Los individuos con déficit de BTD parcial sin tratar (10-30% de la actividad promedio normal de BTD) pueden ser asintomáticos, pero durante periodos de estrés, como enfermedad, fiebre o ayuno, pueden desarrollar síntomas similares a los de los individuos con un déficit de BTD profundo. El tratamiento primario consiste en suplementos con biotina oral en forma libre, no unida a una proteína: mejora los síntomas en pacientes sintomáticos y previene los síntomas en pacientes identificados mediante el cribado neonatal o antes de que los síntomas se desarrollen. Una vez que se han desarrollado algunos rasgos como atrofia óptica, pérdida de audición, o retraso en el desarrollo, puede que ya no sean reversibles con el tratamiento con biotina. El tratamiento con biotina debe mantenerse de por vida. No se conocen efectos adversos serios de la terapia con biotina. El pronóstico para los individuos diagnosticados es muy bueno, siempre que sean tratados antes de la aparición de los síntomas y cumplan con la terapia de biotina.

Estos programas de cribado metabólico ampliado han obligado a un cambio tecnológico de las Unidades de Bioquímica y suponen un acercamiento o traslación de conocimientos o aplicaciones básicas y especialidades a la práctica asistencial habitual(13).

Actitud ante un cribado positivo de metabolopatía

1. Resultados alterados, altamente sugestivos de una alteración metabólica grave: se debe contactar lo antes posible con la familia, mediante llamada telefónica por parte de un profesional con experiencia en el manejo de enfermedades metabólicas. Idealmente, se trataría de un clínico que conozca la evolución, pronóstico y tratamientos disponibles para dichas enfermedades, que pueda explicar a los padres el significado del resultado y los pasos a seguir para confirmar o excluir el diagnóstico. Pudiera ser necesario actuar de forma urgente, utilizando medidas de depuración o fármacos huérfanos que deben ser aplicados en Unidades con experiencia en el manejo de los errores innatos del metabolismo.

2. Resultados fuera del rango normal, pero no tan alterados como para indicar una enfermedad: estos casos sospechosos requieren una repetición del test para distinguir entre el que tiene una enfermedad (verdadero positivo) del que habitualmente tiene una anomalía transitoria motivada por la inmadurez de algunos sistemas y órganos del RN. Generalmente, la solicitud de nueva muestra se realiza a través de una carta que envía el laboratorio de cribado, en la que se explica que el resultado inicial es anormal. Puede sugerirse la posibilidad de un trastorno y que es necesaria una muestra adicional para descartar un resultado positivo verdadero. En todo caso, en esta carta, se aconseja a los padres que acudan a su pediatra, responsable de asegurar la repetición del test y de proporcionar una explicación adicional a los padres, así como de informar a estos si deben adoptar alguna medida especial con su bebé (p. ej.: evitar ayunos prolongados)(14).

Cribado de fibrosis quística

La fibrosis quística ha sido considerada candidata para ser cribada en el RN, además del lógico cribado genético en cascada de posibles portadores a partir del caso índice.

El argumento para el cribado de RN se basa en que un tratamiento temprano mejora el pronóstico; por lo que, actualmente, se encuentra dentro del PCN universal recomendado (Tabla I). El método está basado en la medida en sangre en papel de la tripsina inmunorreactiva (TIR), la cual está incrementada en la fibrosis quística.

La tripsina se encuentra elevada en edades tempranas de la enfermedad, debido a la obstrucción de los conductos pancreáticos exocrinos y estas cifras se mantienen altas al cabo de los 28 días de vida en los pacientes afectos de la enfermedad. La determinación se realiza en sangre seca, mediante técnicas de: radioinmunoensayo (RIA), inmunofluorescencia a tiempo retardado (DELFIA) o enzimoinmunoensayo (ELISA).

Los resultados falsos positivos de esta determinación pueden ser debidos a la raza o el estado de portador. En cuanto a los falsos negativos, se ven influenciados por la edad de realización de la prueba y por la presencia de íleo meconial.

Como método de screening, es un método sensible, pero con insuficiente especificidad, por lo que se ha adoptado de forma más generalizada, un protocolo en dos etapas para reducir el número de falsos positivos y mejorar el valor predictivo positivo. No existe consenso acerca de la estrategia a utilizar y, como consecuencia, se observa una elevada variabilidad entre los diferentes PCN.

Entre las estrategias de cribado llevadas a cabo, se encuentran: una determinación inicial de TIR seguida de análisis de ADN para las mutaciones más frecuentes o una determinación inicial de TIR seguida de una segunda determinación de TIR a los 20-30 días si la primera ha sido elevada y posterior análisis de ADN solo a los que siguen dando un resultado positivo.

Anemia falciforme

La anemia falciforme o drepanocitosis es una enfermedad hereditaria de los eritrocitos que se trasmite de forma autosómica recesiva.

Es la forma más frecuente de hemoglobinopatía estructural, con un claro patrón étnico, siendo África subsahariana la población con mayor prevalencia mundial. La prevalencia en España varía con la zona geográfica. Para las formas más graves, es de 1/6.000 y para los portadores de 1/500 RN. Se caracteriza por la presencia de hemoglobina S en el hematíe, una forma de hemoglobina inestable que tiende a polimerizarse y ocluir la microcirculación, produciendo manifestaciones multisistémicas, tanto agudas como crónicas. Al nacimiento es asintomática, con aparición de los primeros síntomas hacia los 4-6 meses, cuando comienzan a disminuir los niveles de la hemoglobina fetal (F), en forma de dactilitis o tumoración dolorosa de manos y pies por vasooclusión. La detección precoz de hemoglobinopatías, especialmente para el síndrome drepanocítico, presenta el máximo nivel de evidencia científica y fuerza de recomendación (A1)(15). Sin embargo, la desigualdad en la disponibilidad de recursos hace que la oferta de los PCN no sea aún homogénea entre las diferentes comunidades autónomas.

Se ha demostrado que un diagnóstico precoz junto a la eficacia de la profilaxis antibiótica y la vacunación antineumocócica y frente Haemophilus, puede reducir sustancialmente la morbi-mortalidad durante los 5 primeros años, debido a la disminución de la incidencia de infecciones. También se ha observado que si, además, se incluye una educación de los padres y un seguimiento específico, se contribuye aún más a la reducción de la mortalidad. Además de evitar las muertes prematuras en los RN enfermos, el cribado neonatal permite el adecuado consejo genético y planificación familiar.

Hoy en día, la mayoría de los programas de cribado de hemoglobinopatías utilizan técnicas de Cromatografía Líquida de Alta Resolución (HPLC) o de Isoelectroenfoque (IEF) en eluidos de sangre seca en papel, como métodos de screening. Ambos sistemas tienen una sensibilidad y especificidad muy cercanas al 100% y detectan HbA, F, S, C, E, A2, D-Punjab y O-Arab, entre otras. La HPLC-CE o cromatografía líquida de alta resolución de intercambio catiónico es la técnica más empleada y permite la separación de la HbA de cada una de las variantes según el tiempo de retención característico de cada una de ellas.

La espectrometría de masas en tándem (MS/MS) también puede ser empleada para el cribado de hemoglobinopatías, siendo, de hecho, método de referencia para la detección de variantes de hemoglobina.

Cribado de hipoacusia congénita

El déficit auditivo en la primera infancia dificulta la adquisición del lenguaje, alterando la capacidad de comunicación y aprendizaje del niño y, a largo plazo, su integración social. La incidencia de hipoacusia congénita es alta, afectando a 1-3/1.000 RN vivos.

El 80% de las sorderas infantiles están presentes al nacimiento y el 95% de ellos nacen en familias sin problemas de audición. El cribado limitado a la población de alto riesgo identifica solo al 50% de los RN con hipoacusia, lo que supone que la otra mitad será diagnosticada a una edad tardía, cuando la intervención es menos eficaz.

La realización de la prueba de cribado neonatal auditivo durante la estancia en la maternidad es una medida eficiente, con un claro beneficio si la detección precoz de la sordera moderada a grave se realiza antes de los tres meses de edad. La complejidad y coste de los equipos de cribado hace que sea estratégicamente deseable que el cribado se realice durante los primeros días de vida, mientras el niño está en la maternidad, ya que en España, prácticamente todos los niños nacen en maternidades. Esto, además, permite unificar la metodología y formar adecuadamente al personal que tiene el encargo de realizar la prueba. En los RN grandes prematuros, se realizará un cribado con potenciales auditivos u otoemisiones antes de los tres meses de edad corregida.

Las técnicas objetivas de detección precoz de hipoacusia son las otoemisiones acústicas (OEA) y los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral (PEATC). Las OEA se realizan instalando unos minitransductores en el conducto auditivo, que emiten estímulos auditivos y recogen las respuestas sonoras generadas en la cóclea.

La realización de PEATC es la forma de detección precoz más precisa y fiable, aunque más cara. Se colocan tres electrodos en el cuero cabelludo del paciente, que recogen la actividad electrofisiológica generada por estímulos sonoros a diferentes frecuencias.

Como es de esperar en el despistaje de trastornos de baja prevalencia, la mayoría de los casos que no pasan la prueba son falsos positivos. Aunque la implementación del programa requiere un adecuado entrenamiento personal; en España, la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia recomienda, desde 1999, el cribado auditivo neonatal(16).

Si el cribado de hipoacusia resulta alterado, se debe establecer el diagnóstico de confirmación de hipoacusia antes del tercer mes de vida. Los niños que precisen re-cribado deben ser evaluados de forma bilateral, aunque en la prueba inicial solo fallara un oído.

Se debe incluir a todo lactante con déficit auditivo confirmado en un programa de intervención multidisciplinar, para establecer el tratamiento indicado antes de los 6 meses de vida, incluyendo intervención logopédica y la eventual adaptación audioprotésica necesaria en cada caso. Por otro lado, se debe controlar periódicamente a todo lactante con factores de riesgo asociados a hipoacusia de aparición tardía, aunque haya pasado las pruebas del cribado neonatal.

Bibliografía

1. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Programas de Cribado neonatal de enfermedades endocrino-metabólicas. Acceso el 15 de enero de 2019. http://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/cribadoNeonatal.htm

2. Guthrie R and Susi A. A Simple Phenylalanine Method for Detecting Phenylketonuria in Large Populations of Newborn Infants. Pediatrics. 1963; 32: 338-43.

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8. Cornel M, Rigter T, Weinreich S, et al, Newborn screening in Europe Expert Opinion document – Evaluation of population newborn screening practices for rare disorders in Member States of the European Union, E. Comission, Editor. 2012.

9. Almannai M, Marom R, Sutton VR. Newborn screening: A review of history, recent advancements, and future perspectives in the era of next generation sequencing. Curr Opin Pediatr. 2016; 28: 694-9.

10. Lewys MH. Newborn screening controversy: Past, present, and future. JAMA Pediatr. 2014; 168: 199-200.

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15. Sickle Cell and Thalassaemia. Handbook for Laboratorires. UK: NHS Screening Programmes, 2012.

16. González de Dios J, Mollar Maseres J, Rebagliato Russo M. Evaluación del programa de detección precoz universal de la hipoacusia en el recién nacido. An Pediatr (Barc). 2005; 63: 193-8.

 

 

La guardería

J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**

 
 


A. Martín Ruano*, J. Martín Ruano**, M.A. Martín García***

*Pediatra EAP. Centro de Salud Miguel Armijo. Salamanca. **Pediatra EAP. Centro de Salud San Juan. Salamanca. ***Residente Medicina Familiar y Comunitaria

 

Pediatr Integral 2019; XXIII (2): 110.e1 – 110.e9


La guardería

Introducción. Sistemas de cuidado infantil

En los últimos años, se viene manteniendo un debate social sobre cómo, dónde y quién debe cuidar a los niños pequeños. Se está gestando un gran cambio en la infancia, en los países más ricos del mundo. La generación de hoy en día es la primera en la que la mayoría recibe durante gran parte de la primera infancia algún tipo de cuidado infantil fuera del hogar. Al mismo tiempo, las investigaciones neurocientíficas están demostrando que las relaciones afectuosas, estables, seguras y estimulantes con los cuidadores durante los primeros meses y años de vida son esenciales para todos los aspectos del desarrollo del niño(1) (emocional, psicológico y cognitivo).

No hay duda de que los padres son las personas más adecuadas para cuidar y favorecer el desarrollo sano de los niños, pero esto, a veces, no es posible y se plantean diversas opciones: cuidado en el mismo domicilio (cuidador con mayor o menor preparación, familiares) o fuera de este (escuelas infantiles, guarderías más o menos grandes y guarderías familiares en pequeños grupos). Cada uno de ellos tiene sus ventajas e inconvenientes (Tabla I).

La información por parte del pediatra debe estar basada en la evidencia actual, sin olvidar que el artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño dice: “que en todas las medidas concernientes a ellos, el interés superior del niño debe ser la consideración primordial”, y que la Oficina Europea de la OMS afirma que: “La salud de los niños ha de ser lo primero”.

En los países industrializados, el cuidado infantil fuera del hogar es un hecho incuestionable para un número de niños cada vez mayor, a edades cada vez más tempranas y durante cada vez más tiempo. Los motivos hay que buscarlos en dos aspectos: una necesidad y/o una elección. En la mayor parte de las ocasiones, es por una necesidad derivada de varios aspectos: una progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral, el aumento de familias monoparentales, la falta de medidas que faciliten la conciliación familiar y laboral (permisos parentales, lactancia, excedencias, reducción jornada…), las familias más pequeñas y más alejadas (que dificultan el cuidado por parte de familiares), y el alto coste económico que supone contratar un cuidador en domicilio. Sin embargo, en otras ocasiones, es una elección de los padres para “favorecer la socialización y educación del niño”.

La mejora de las iniciativas de protección social y apoyo a las familias que faciliten la atención y cuidado a los más pequeños por parte de progenitores durante los dos primeros años de vida, pueden conseguir prolongar en el tiempo el cuidado por parte de los padres, lo que se ha comprobado en países (p. ej.: Suecia), donde al aumentar el tiempo de baja (hasta 1 año) ha disminuido drásticamente la asistencia a la guardería de los menores de 18 meses(1).

Guardería o escuela infantil. Situación actual

La Real Academia de la Lengua define guardería infantil como: “Lugar donde se cuida y atiende a los niños de corta edad”. Actualmente, aunque se sigue utilizando este término de manera general (y lo haremos en este artículo), sería más correcto, en la mayoría de los casos, hablar de “Escuela Infantil” o “Centro Infantil”. En estas instituciones, quienes cuidan a los niños tienen una formación especializada, cuentan con un proyecto educativo, que pretende un desarrollo integral del niño, y son aptas para impartir el primer ciclo de Educación Infantil de cero a tres años. Para que puedan ser consideradas Escuelas infantiles, deben cumplir una normativa específica, tanto a nivel pedagógico como de instalaciones y personal, además de contar con la autorización de la administración educativa. Cada Comunidad Autónoma (CCAA) tiene sus propias normas y cada ayuntamiento tiene sus ordenanzas. Aun así, difieren poco entre sí. Se puede consultar un resumen en: http://www.familiaysalud.es/salud-y-escuela/escuela-saludable/claves-para-elegir-guarderia.

Los últimos datos de EUROSTAT (2016) indican que, en Europa, el 33,1% de los menores de 3 años están escolarizados (15,1% acuden entre 1-29 horas semanales, y un 18% más de 30 horas). En España, suponen de media el 39,3% (aunque existen diferencias entre CCAA) (el 20,6% acuden entre 1-29 horas semanales y un 18,7% más de 30 horas), observándose un aumento progresivo los últimos años (Tabla II).

Conociendo esta realidad, con frecuencia, se solicita la opinión del pediatra de Atención Primaria sobre la asistencia a la guardería y, en la respuesta, se tendrá en cuenta no solo los efectos sanitarios y psicosociales que se describen a continuación, sino también las circunstancias particulares de los niños y sus familias.

Riesgo de infección

La asistencia a una guardería supone la exposición más precoz e intensa a agentes infecciosos, la mayor parte virus, que en muchas ocasiones, se traduce en episodios repetidos de infecciones, en general banales y autolimitadas (infecciones respiratorias, gastroenteritis, infecciones de la piel, conjuntivitis, etc.). Es lo que se conoce como Síndrome de la Guardería.

En conjunto, los estudios publicados hasta ahora proporcionan evidencia de que los niños que asisten a guarderías, tienen un mayor riesgo de infecciones respiratorias, tanto superiores como inferiores y de gastroenteritis; sin embargo, los estudios no fueron consistentes en relación con la asistencia a hogares de cuidado infantil(3).

En una revisión sistemática de la literatura internacional(4), con solo un estudio español, se observó un significativo aumento del riesgo de infecciones en diversos entornos sociales y geográficos. Los autores concluyen que la asistencia a guardería se asoció a un incremento de riesgo de infección respiratoria alta (RR = 1,88), otitis media aguda (RR = 1,58), otitis media con derrame (RR = 2,43), infecciones respiratorias bajas (globalmente RR = 2,10); neumonías (RR = 1,70); bronquiolitis (RR=1,80); bronquitis (RR = 2,10); y gastroenteritis agudas (RR = 1,40). La asistencia a guardería podría ser la responsable de entre un 33% y un 50% de los episodios de infección respiratoria y gastroenteritis en la población expuesta(4). En algunos estudios, se han separado los niños atendidos en pequeños grupos en domicilio, presentando un riesgo intermedio, aunque no se correlaciona con la realidad en España. Se ha relacionado la posible protección al acudir a la guardería frente a futuras infecciones, aunque esto podría justificarse, porque la exposición previa en edades precoces conlleva una menor tasa relativa de infección en edades posteriores, en comparación con los que inician la escolarización tardíamente. En resumen, si la escolarización se retrasa, las infecciones aparecerán en este periodo(5).

La asistencia a la guardería también supone un mayor consumo de recursos sanitarios y de medicamentos(6), incluidos antibióticos(7).

Las publicaciones internacionales pueden no coincidir con el sistema de cuidado en nuestro país, en cuanto a: organización (predominio de grandes guarderías), edades, diagnósticos, etc., por lo que nos parece más interesante la valoración de datos locales. Estudios realizados en España observan también el aumento de riesgo infeccioso, con diferencias significativas en el número de episodios infecciosos, consumo de antibióticos (posibilidad de bacterias multirresistentes), visitas al pediatra y a urgencias, entre el grupo que acudía a guardería y los que no(8). La gran mayoría de los trabajos demuestra un aumento de infecciones en los dos primeros años desde el inicio de la guardería, en especial en los menores de 2 años(9), aunque en algún estudio, son aún más elevadas en los menores de 12 meses(8). Se considera la asistencia a una Escuela infantil o guardería el principal factor favorecedor del aumento de procesos infecciosos en menores de dos años(10). Los niños que asisten a guardería tienen un riesgo dos o más veces mayor de padecer: bronquiolitis, bronquitis, faringoamigdalitis, otitis media, enfermedades exantemáticas que los que no acuden, existiendo también un aumento significativo de: resfriado común, sibilancias, sinusitis, gastroenteritis aguda, conjuntivitis, laringitis y neumonías(11,12). El consumo de recursos sanitarios también es significativamente superior en los niños que acuden a la guardería, con un aumento en la media de visitas al pediatra y a urgencias, y el consumo de fármacos en general (antibióticos, broncodilatadores, corticoides y montelukast), comparado con los niños que no van(13). Este riesgo fue mayor si la asistencia a la guardería se iniciaba en edades tempranas (antes de los 12 meses)(12).

Un trabajo realizado a raíz de producirse una huelga en las guarderías de la ciudad de Vitoria-Gasteiz, observa una disminución de la utilización de recursos sanitarios, en urgencias hospitalarias, en el periodo de tiempo que los niños dejaron de acudir a los servicios de guardería(14).

Hay una serie de factores que influyen en la mayor o menor repetición de cuadros infecciosos de los niños que van a guardería, como son: tipo de centro asistencial, las medidas higiénicas del local y de los cuidadores, el número de niños por cuidador y sala, así como factores que dependen del propio niño, sobre todo, la atopia familiar o personal. No parecen influir el sexo, la raza ni el número de horas de asistencia(15). El más importante es sin duda, la edad de entrada a la guardería, siendo máxima la incidencia de cuadros infecciosos durante el primer año de vida(16).

El aumento de procesos infecciosos se justifica por la mayor exposición a la fuente de contagio (incluso en el periodo de incubación), la facilidad de la transmisión (estrecho contacto con compañeros y cuidadores, la importancia de la fase oral, deficientes hábitos higiénicos, la ausencia de control de esfínteres y de secreciones, difícil aislamiento respiratorio y digestivo) y el sistema inmune inmaduro del niño.

Los mecanismos de transmisión más importantes son: vía respiratoria (difícil evitar en sitios cerrados), fecal-oral (importante cuando no hay control de esfínteres), cutánea y a través de fluidos como: orina, saliva y sangre (excepcional).

La mayor incidencia de enfermedades infecciosas no solo se limita al niño que asiste a la guardería, sino que también afecta a los familiares, sobre todo más cercanos, lo que hay que valorar, sobre todo, en personas con patologías crónicas, de riesgo y en los hermanos pequeños.

Infecciones de repetición

Como hemos visto, los niños que asisten a la guardería tienen una mayor frecuencia de infecciones repetidas, sobre todo, en el ámbito respiratorio y digestivo. Cuando las infecciones son leves y frecuentes, se inician coincidiendo con la asistencia a guardería, afectan a distintos sistemas, responden al tratamiento sintomático o etiológico habitual, no existe afectación del desarrollo ni del crecimiento y está asintomático entre los episodios, hemos de pensar en una exposición aumentada a las infecciones en la guardería (síndrome de la guardería)(17). En ocasiones, si las infecciones son especialmente frecuentes, graves, duraderas, no responden a tratamientos habituales o asocian complicaciones poco frecuentes, será necesario un estudio exhaustivo por parte del pediatra para descartar problemas crónicos y/o déficits inmunológicos, existiendo protocolos recientes para este fin(18). De todos estos niños con infecciones recurrentes, hasta la mitad serán niños normales (por factores locales muchos de ellos), un tercio de esos niños tienen un perfil atópico (atopia-sibilancias recurrentes-asma), un 10% tienen una enfermedad crónica y un 10% una inmunodeficiencia (ID). Esta última se debe sospechar si aparece algún síntoma/signo de alarma(18) (Tabla III).

Prevención de infecciones

La asistencia a la guardería es un importante factor de riesgo para las infecciones. Si se retrasa la edad de inicio, disminuiría el riesgo, sobre todo, entre los niños más pequeños (mayor susceptibilidad y mayor riesgo de complicaciones). En España, la duración del permiso de maternidad y de paternidad y el permiso de lactancia está bastante alejada de la media europea y de los países nórdicos, lo que dificulta la conciliación laboral y familiar. A los 2 años de edad, el 43,7% de los niños ya acudían a la guardería y en el 90,7% de los casos, la causa fue la necesidad de trabajar de los padres y madres y la falta de otro cuidador(12); por eso, una de las principales medidas debería ser el aumento de los periodos de permiso parental y lactancia materna, al igual que han hecho otros países de la Unión Europea, con ello se conseguiría retrasar la edad de inicio de la guardería. También, se han propuesto otras medidas de conciliación de la vida laboral y familiar (flexibilidad horaria, de espacio, teletrabajo, etc.). Con lo anterior, se ofrecería la posibilidad de que los padres fueran los principales cuidadores de los niños, al menos, los primeros años, conjugando el derecho de los padres al trabajo y promoción profesional, y de los niños al cuidado por parte de la persona más idónea. Todas estas medidas se consideran que serían rentables desde el punto de vista social, emocional, sanitario e incluso económico. Otras propuestas alternativas a las guarderías son, por ejemplo: la iniciativa en 2011 de los “Nidos familiares” (País Vasco) y family day care en otros países.

Se han propuesto algunas medidas para disminuir las infecciones de los niños que acuden a guarderías, las principales son:

Vacunación correcta de los niños (recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, incluyendo Rotavirus y Meningococo B). En España, las vacunaciones no son obligatorias, siendo competencia de las Comunidades Autónomas el establecimiento de los calendarios vacunales. Algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, exigen la vacunación como requisito para poder acceder a las Guarderías de titularidad Pública. Recientes sentencias (Cataluña 2000, 2018, La Rioja, 2012) avalan este requisito, señalando que negar la inscripción a un “no vacunado” protege a los demás sin violar el derecho de los padres a no vacunar ni vulnerar el derecho a la libertad ideológica. En otras comunidades, se exige su presentación, pero solo a título informativo. La situación en los centros privados es muy heterogénea.

Vacunación correcta de los padres y trabajadores (incluida gripe anual). En un estudio en EE.UU., solo un 34% del personal y un 37% de los padres estaban correctamente inmunizados, aunque ambos aseguraban estar dispuestos a vacunarse, porque creían que era importante para la prevención(19). Se aconseja comprobar la adecuada vacunación de los trabajadores (antigripal, triple vírica, DTP, hepatitis A y B). En EE.UU. por ejemplo, se exige vacunación SRP de todos los trabajadores que tengan contacto con niños menores de 15 meses.

Lavado sistemático de las manos de los niños (jabón y toallitas de papel desechable, en especial después de ir al baño y antes de comer) y del personal (sobre todo, al preparar los alimentos, antes de alimentarle y después del uso de pañales).

La promoción del lavado de manos, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, puede reducir la incidencia de diarrea en aproximadamente un 30%. Sin embargo, se sabe menos sobre cómo ayudar a las personas a mantener los hábitos de lavado de manos a largo plazo(20). Los programas de higiene de manos que incluyen desinfectante de manos y medidas educativas para el personal de guarderías, los niños y los padres, reducen los días de absentismo, las infecciones respiratorias y las prescripciones de antibióticos para estas infecciones en los niños que acuden a guarderías(21).

• Protocolos de higiene ambiental, limpieza de las superficies de juego y de juguetes. La higiene de manos y la limpieza del ambiente y de los juguetes y elementos son las únicas recomendaciones que figuran en todas las guías publicadas sobre el tema(22).

Exclusión escolar. Hay que establecer normas claras para el manejo de casos de infecciones, protección de los posibles contactos y definir claramente los motivos de exclusión de la guardería (v. más adelante).

Otras medidas propuestas son:

• Separación física de los espacios para diferentes grupos de edad, especialmente para lactantes menores de 1 año.

• Disminuir las horas de asistencia a la guardería y disminuir el número de niños por aula.

• Instruir a los educadores en la prevención de la transmisión de enfermedades infecciosas, sobre todo, a través de las manos, alimentos, vía respiratoria y digestiva.

• Protocolos sobre higiene en el cambio y eliminación de pañales.

• Formación continua y reciclaje del personal.

• Uso de probióticos: se ha propuesto el uso de probióticos para disminuir los procesos infecciosos de los niños que acuden a la guardería. En una revisión Cochrane sobre el tema en 2011 y posterior reedición en 2015, los autores concluyen que los probióticos pueden ser más beneficiosos que el placebo para prevenir las infecciones respiratorias agudas. Sin embargo, la calidad de la evidencia fue baja o muy baja(23). En general, los estudios ofrecen resultados variables y, en cualquier caso, discretos, e incluso en estudios recientes, no observan ningún efecto en la prevención de infecciones gastrointestinales y respiratorias en niños sanos que acuden a la guardería(24,25). Se considera pues, que son necesarios más estudios para valorar el uso de probióticos en la prevención de infecciones, tanto digestivas como respiratorias.

Exclusiones escolares

De manera general, los padres deben saber que para evitar el contagio a otros compañeros de guardería, no deberían llevarle si ha tenido: fiebre, diarrea o vómitos en las 24 horas previas, si presenta úlceras bucales, erupción cutánea con fiebre o de causa desconocida, lesiones exudativas en la piel o secreción conjuntival purulenta. Una vez que haya sido diagnosticado, el pediata determinará el periodo de exclusión según el diagnóstico(26) (se muestra un resumen en la Tabla IV).

Durante los períodos de brote de gripe, un niño con síntomas respiratorios (tos, goteo nasal o dolor de garganta) y fiebre no debe asistir a la guardería. Puede incorporarse de nuevo una vez que la fiebre asociada a estos síntomas haya desaparecido (sin el uso de antitérmicos).

En el caso de la aparición de determinadas infecciones (Salmonella typhi, Shigella, Hepatitis A, Tosferina, Meningitis por Haemophilus, infecciones por Meningococo) y/o brotes epidémicos (p. ej.: Norovirus) en guarderías, será necesario comunicar la situación a las autoridades competentes y tomar las medidas de salud pública y profilaxis recomendadas en cada caso(26).

La repetición de episodios específicos graves al iniciar precozmente la escolarización (otitis media, reagudizaciones de asma bronquial), puede hacer necesario buscar otras alternativas diferentes a la guardería o, al menos, su exclusión temporal.

Otros motivos para no llevar al niño a la guardería sería: si se encuentra enfermo, si su situación le impide participar adecuadamente en las actividades desarrolladas o no es posible prestarle los cuidados y la vigilancia que necesita.

Se aconseja que los centros de cuidado infantil tengan una política escrita, conocida por los padres, sobre la gestión de un niño enfermo, que se revisa con todo el personal. Se debe reconocer cuando un niño está enfermo y el procedimiento de actuación en cada caso y causas de exclusión del centro. Debe haber suficiente personal de cuidado infantil para permitir que, al menos, un adulto permanezca con un niño enfermo hasta que regrese a casa o hasta que llegue la ayuda médica. Todo el personal debe estar capacitado en primeros auxilios básicos y reanimación cardiopulmonar. En países como EE.UU. existen centros de atención de enfermos que están atendidos por profesionales de la salud, que proporcionan una mayor satisfacción, menor ansiedad de los padres y una disminución del absentismo laboral.

Asma, atopia y enfermedades inmunológicas

Los niños con atopia que acuden a la guardería tienen un mayor riesgo de enfermedades del tracto respiratorio superior e inferior en el primer año de vida(27). Se relaciona la asistencia a la guardería con el incremento del riesgo de tener sibilantes hasta los 3-4 años, probablemente en relación con formas transitorias, pasando a mostrar posteriormente un efecto protector entre los cuatro y los siete años, efecto que progresivamente se reduce hasta atenuarse en la edad adulta. Es un tema controvertido y, como resumen, apuntar que no está claro el papel de la escolarización precoz sobre la prevención de asma y otras enfermedades de potencial base inmunitaria, ni las ventajas que pueden suponer exponer a los niños a una mayor incidencia de infecciones en la primera infancia, frente a hacerlo en edades posteriores(28).

Efectos psicosociales

Desde hace tiempo, se conoce la importancia que para el niño tiene disponer, durante los primeros años de vida, de una o dos personas (cercanas y mantenidas en el tiempo) con las que establecer un vínculo emocional intenso. Estas figuras de apego son muy importantes para la salud mental, emocional, social, la autonomía posterior y el aprendizaje. No hay duda que los padres son los que deberían ocupar este lugar. Cuando el cuidado por parte de los padres no es posible, surgen otras alternativas como es la guardería. Los efectos psicosociales de esta situación son objeto de evaluación en numerosos estudios.

La asistencia a la guardería podría favorecer las habilidades sociales, el desarrollo conductual y lingüístico(29), mejorar la adaptación a situaciones nuevas y a normas de comportamiento, permitir la detección precoz de alteraciones (al comparar con otros niños), y aumentar la autonomía e independencia respecto a los padres. La posible mejora del desarrollo psicomotor, no se puede confirmar en las revisiones sistemáticas(30).

Existen muchas dificultades metodológicas, pero los datos de los estudios de mayor calidad sugieren que los centros de cuidado infantil de “alta calidad” pueden tener un efecto positivo, tanto en el comportamiento como en aspectos cognitivos(31). Según se recoge en el informe de UNICEF(1), parece que los mayores beneficios de la escolarización precoz se obtendrían en los niños de familias más desfavorecidas (p. ej.: inmigrantes, los que usan otra lengua, padres con bajo nivel económico y educativo) y si la escolarización es de calidad podrían compensar, al menos, parcialmente, la vida en un hogar desfavorecido, mejorando de forma duradera el desarrollo cognitivo, lingüístico, emocional y social y disminuyendo los problemas de educación, desarrollo y conducta. Las mismas conclusiones se pueden encontrar en una revisión Cochrane con estudios realizados en EE.UU. y en familias desfavorecidas(32), aunque el grado en que los resultados son generalizables a otras culturas y grupos socioeconómicos, aún no se ha evaluado. Posteriormente, se han realizado dos nuevas revisiones, que sustituyen a la anterior, una para población de países de bajo nivel económico, donde se describen efectos positivos(33) y otra para países desarrollados(34)donde concluye que, actualmente, hay pruebas muy limitadas disponibles sobre los efectos del cuidado en centros de día en el desarrollo cognitivo y psicosocial de los niños.

Parece importante resaltar que el desarrollo positivo (puntuaciones más altas en las escalas de desarrollo cognitivo y mayores logros académicos) no depende tanto de asistir o no a la guardería, sino de la calidad de la asistencia y educación recibida(35).

En general, se asume que el cuidado infantil “en una etapa demasiado temprana y durante demasiado tiempo” puede ser perjudicial. Los efectos resultan positivos en algún punto entre los dos y los tres años. Unos cuidados inadecuados en esta etapa, pueden traducirse en unas bases débiles para el desarrollo cognitivo, psicológico y emocional.

Se considera fundamental la disponibilidad de una baja parental adecuada y ofrecer, en caso necesario, cuidados de calidad. El peligro es que solo afecte a las clases favorecidas (incapacidad laboral transitoria, excedencias, guarderías de calidad) y los posibles perjuicios revertirán principalmente en los niños de hogares desfavorecidos(1).

Siguiendo esta línea, en una reciente publicación, la AAP resalta que la educación temprana y el cuidado infantil de “alta calidad” para niños pequeños mejoran los resultados físicos y cognitivos para los niños y puede mejorar la preparación escolar(36), sugiriendo la creación de estándares basados en la evidencia para el cuidado infantil, establecer sistemas de calificación, mejorar la calidad, y establecer una regulación estatal y asesoramiento en salud.

Accidentes infantiles

Los accidentes infantiles son una causa importante de morbilidad y mortalidad en la población infantil. Los niños que asisten a la guardería tienen menos lesiones no intencionales respecto a los controles, lo que se atribuye a la existencia de una mayor supervisión y a equipos y medios materiales más seguros. Los factores más implicados son los dependientes del propio niño (caídas, colisiones, pellizcos de compresión, empujar o golpear, objetos arrojados y picaduras) y, menos, los factores ambientales (pisos deslizantes, equipos o muebles, objetos en el piso, objetos punzantes y ventanas o puertas). Se destaca que el factor principal es la supervisión. Hay que asegurar, no obstante, las medidas de seguridad sobre las estructuras de juego interiores y exteriores, juguetes seguros y apropiados para su edad y uso adecuado en un entorno de cuidado infantil(37).

Alimentación

Si el niño está con lactancia materna existe una normativa autonómica, por ejemplo en Madrid, sobre la obligatoriedad de aceptar, manipular y dar la leche materna a los bebés amamantados.

En la página web: https://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/documentos/protocolo-alimentacion-con-leche-materna-en-las-escuelas-infanti, se puede consultar el Protocolo de la AEP para la alimentación con leche materna en las escuelas infantiles, donde se recogen recomendaciones para la conservación, almacenamiento, descongelación, preparación y administración de leche materna.

En cuanto a la alimentación complementaria, generalmente se respetan las indicaciones del pediatra y/o los padres sobre la introducción y forma de administrar los alimentos. Todo dependerá del horario de permanencia de los niños en la guardería. Respecto al Baby Led Weaning, hay que individualizar cada caso y conocer la actitud de la guardería a este respecto, ya que no existe normativa específica.

En la alimentación de los niños mayores, hay que comprobar que los menús que se ofrecen sean supervisados, variados, nutricionalmente adecuados y equilibrados. Los padres deben complementar el resto de alimentación conociendo el menú escolar.

Hay algunos factores que pueden facilitar la adquisición de buenos hábitos en relación con la alimentación, como son: existencia de un ambiente tranquilo, tipo de menú ofrecido, contar con personal preparado, tener una rutina de horarios, cumplir normas de comportamiento y de higiene (lavado de manos, salud bucodental), favorecer la autonomía y la realización de la actividad en común con otros niños.

Otros aspectos

La guardería favorece de forma progresiva la autonomía del niño, evitando sobreprotección y supervisando para evitar situaciones de riesgo. Si en la guardería se estimula la independencia y buenos hábitos a la hora de comer, vestirse, lavarse las manos y los dientes, dormir, controlar secreciones etc., los padres deben aprovechar para continuar y afianzar este comportamiento en casa.

La adquisición del control de esfínteres muchas veces coincide con la época de asistencia a la guardería, por lo que es importante favorecer que el niño aprenda a ir al baño, de manera simultánea en casa y en la guardería. Suele iniciarse sobre los dos años, aunque con un margen de normalidad amplio, siendo importante estimular (refuerzos positivos), pero no forzar, una vez que se constata indicios de que está preparado.

Inicio de la escolarización

En general, se admite la recomendación de no escolarizar a los niños menores de un año y si se puede, esperar a los dos años, para dar tiempo a que el sistema inmune madure y el niño esté protegido por las vacunaciones. Cuanto más pequeños son, tienen mayores tasas de infección y son peor toleradas. Por otra parte, los psicopedagogos advierten que las ventajas que puede aportar la guardería se inician a partir de, al menos, los 12-15 meses, que el niño ya camina y puede interactuar más con sus iguales. En general, los máximos beneficios se obtienen cuando el niño inicia la escolarización a partir de los 18-24 meses, ya que posee un mayor desarrollo del lenguaje y la comunicación(38).

Se recomienda evitar las guarderías a los grandes prematuros (menos de 32 semanas de gestación) durante todo el primer año de vida, en ocasiones, incluso hasta los dos o tres años, si asocian patología como “displasia broncopulmonar”. La misma recomendación es aplicable en caso de patología previa importante (cardíaca, pulmonar, inmunodepresión, etc.), ya que en ellos las infecciones pueden ser más graves.

La incorporación progresiva a la guardería puede ayudar a prevenir el rechazo que puede ocasionar debido a la ansiedad de separación de los padres, que suele aparecer alrededor del año y es frecuente hasta los tres años. Es una etapa del desarrollo, suele ser transitoria y se supera gradualmente a medida que el niño conoce el nuevo entorno.

Elección de guardería

Los padres deben conocer todos los datos descritos previamente sobre la influencia de la guardería en la salud física, síquica y emocional de los niños, para poder decidir, siendo el pediatra el que puede proporcionar información basada en la evidencia disponible. Es básico que tenga un proyecto educativo de calidad y unas normas e instalaciones que puedan minimizar el riesgo de infección y accidentes.

Se debe aconsejar a los padres: visitar la guardería (pública o privada), conocer el proyecto educativo, la filosofía, horarios, política de visitas, sistemas de comunicación, instalaciones, cuartos de baño, normas de higiene, personal encargado del cuidado, su formación y titulación, experiencia, ratio de niños por cuidador, aulas existentes, nuevas tecnologías, los protocolos en caso de infección, etc.

Son buenos indicadores de “alta calidad”, entre otros, según la AAP:

• Grupos pequeños de niños y un número adecuado de cuidadores en relación a los niños del grupo (ideal un cuidador por cada 3 niños de 0 a 12 meses, uno por cada 4 de 13 a 30 meses y uno por cada 5 de 31 a 35 meses. Grupos de un máximo de 6 niños menores de 12 meses, 8 de 13 a 30 meses y 10 de 31 a 35 meses). En España, la normativa recoge en casi todas las comunidades, un ratio de 7-8 niños por aula en menores de un año, entre 12-14 niños, entre 1-2 años y entre 18-20 los comprendidos entre 2-3 años (en Navarra 16).

• Baja rotación de personal, que permite el mismo cuidador durante mucho tiempo, y formación específica y adecuada.

• Visitas periódicas de personal sanitario.

La AAP ha publicado una descripción completa de los indicadores de alta calidad, que de forma resumida valora los siguientes apartados: inmunizaciones de los niños y del personal, control de la infección, nutrición, ambiente, salud bucal, actividad física, ratio de personal y supervisión, cualificación del personal, política para niños con necesidades especiales de salud, procedimientos de emergencias y prevención de lesiones(36).

Guarderías y Pediatría

Los pediatras, con frecuencia, estamos inmersos en el debate sobre los sistemas de cuidado de los niños pequeños y la conveniencia de asistir o no a la guardería. No podemos cambiar el sistema laboral/social y, por lo tanto, hay muchos padres que recurren a la guardería una vez que se acaba la baja parental y, en el mejor de los casos, cuando acaba la excedencia por cuidado de hijo menor. Las decisiones sobre el cuidado de cada niño deberían individualizarse en cada caso, y el pediatra puede y debe ayudar a las familias a buscar la mejor alternativa para minimizar los efectos sobre la salud.

En general, la atención del niño que acude a la guardería recae en el Equipo de Pediatría habitual de Atención Primaria (Pediatra-Enfermera), esto hace que cuando los niños, sobre todo los de menor edad, inician la asistencia a la guardería, generen consultas repetidas por procesos infecciosos principalmente, lo que supone una carga de trabajo adicional para el pediatra y una fuente creciente de preocupación para los padres que buscan justificación a estos problemas, sobre todo, si surgen complicaciones como cuadros bronquiales repetidos y/o otitis de repetición. Se debe dedicar tiempo para explicar y anticipar los cambios generados por la asistencia a la guardería, lo que puede ayudar a tranquilizar a los padres.

En muchas ocasiones, no hay ninguna relación directa entre el Equipo de Pediatra de AP y las guarderías, en otras, puede limitarse a un contacto puntual (Charlas, Talleres…) o a la elaboración de informes (estado de salud, vacunación, exclusión escolar, brotes infecciosos, alimentación, etc.). Solo con algunas guarderías existe un mayor contacto, siendo importante el papel que puede desempeñar la enfermera de Pediatría en la prevención, promoción y educación para la salud.

Hay guarderías privadas, que ofrecen un servicio de atención pediátrica propio, a veces, con una enfermera escolar y, en otras, con un pediatra cuyas funciones varían según el centro, pero que se pueden resumir en:

• Colaborar en aspectos sanitarios (higiene, alimentación, seguridad y prevención accidentes).

• Atención directa en la guardería a procesos agudos (consulta diaria o semanal…).

• Actividades preventivas individuales y colectivas. Educación para la salud.

Participación en charlas, talleres, cursos.

• Supervisar el desarrollo infantil.

• Control de salud anual.

• Consulta telefónica.

• Asesorar sobre incidencias, sobre todo, de enfermedades infecciosas infectocontagiosas.

En unos casos se ofrece consulta de presencia física, en otros telefónica, a veces plataformas web on-line o tele-pediatría con apoyo del personal docente y material sanitario y sistemas mixtos. La telemedicina, fuertemente implantado en países como EE.UU., Canadá o Australia, está creciendo en España, ya que permite disponer de atención profesional durante toda la jornada escolar a un coste competitivo.

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Cryptosporidium spp. en pacientes pediátricos

J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**


C. García Pérez1, C. Coronel Rodríguez2, E. Díaz-Cano Carmona1, M. Ruiz Pérez De Pipaón3, M.D. González Soria4, M. Begara De La Fuente2, J. Aznar Martin3, M.C. Guisado Rasco4

1Pediatra MIR. Hospital Universitario Virgen del Rocío, Sevilla. 2Pediatra EBAP. Centro de Salud Amante Laffón. Sevilla. 3Servicio de Microbiología. Unidad de Gestión Clínica Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva (UGCEIMP). Hospital Virgen del Rocío. Sevilla. 4Médico de Familia. Sevilla. Distrito Sanitario de Atención Primaria Sevilla

Resumen

El objetivo de este artículo es exponer el manejo del cryptosporidium en nuestra área, Sevilla.
Se ha realizado un estudio observacional en pacientes con cryptosporidium spp., a partir de las muestras de heces estudiadas para parásitos en el Hospital Virgen del Rocío, entre los años 2015 y 2016. Durante dicho periodo, se realizaron 10.787 estudios de parásitos en heces (5.429 en 2015 y 5.358 en 2016). Dentro de todas las muestras estudiadas, el 12,97% fueron positivas (731 en 2015 y 668 en 2016), y de este porcentaje, el 4,8% correspondieron al cryptosporidium (33 en 2015 y 34 en 2016). Estas muestras pertenecen a un total de 41 pacientes. En lo referente al tratamiento, un 61% de dichos pacientes no recibieron, a un 12,2% se le recomendó probióticos y a otro 14,6% se le trató con metronidazol. Solo a un paciente se le prescribió paromomicina. La frecuencia de cryptosporidium en pacientes con parasitosis es muy baja y, generalmente, no requieren tratamiento para el cese de los síntomas. La mayoría de los pacientes tratados con antimicrobianos no utilizan el tratamiento más adecuado.

 

Abstract

The objective of this article is to present the management of cryptosporidium in the area of Seville. An observational study in patients with cryptosporidium spp. detected in stool samples for parasites, tested in the Virgen del Rocío Hospital was carried out between the years 2015 and 2016. During this period, 10,787 samples were analysed (5429 in 2015 and 5358 in 2016). Of them, 12.97% were positive (731 in 2015 and 668 in 2016), and of this percentage, 4.8% corresponded to cryptosporidium spp. (33 in 2015 and 34 in 2016). These samples belong to a total of 41 patients. Regarding treatment, 61% did not receive any, in 12.2% the use of probiotics was recommended and another 14.6% was treated with metronidazole. Only one patient was prescribed paromomycin. The frequency of cryptosporidium in patients with parasitosis is very low and generally does not require treatment. Most patients treated with antimicrobials did not receive the most appropriate treatment.

 

Palabras clave: Cryptosporidium spp.; Tratamiento

Key words: Cryptosporidium spp.; Treatment

 

Pediatr Integral 2019; XXIII (1): 52 – 55


Cryptosporidium spp. en pacientes pediátricos

Introducción

La criptosporidiosis es una enfermedad parasitaria, producida por especies del género Cryptosporidium, un protozoo descubierto por primera vez en biopsias de intestino de ratón en el año 1907(1). Sin embargo, no se le consideró como patógeno humano hasta 1976(2,3), tomando gran relevancia en 1982, como un parásito oportunista en pacientes inmunosuprimidos(4,6). También, empezó a tener importancia en el ámbito de la salud pública en 1993, a consecuencia de un brote epidémico por contaminación de aguas de consumo en Milwaukee, EE.UU.(5). En España, a partir del año 2009, se considera una enfermedad que debe ser notificada en la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica(8).

Existen más de veinte especies dentro de este género, siendo las que más se relacionan con la enfermedad humana: C. hominis y C. parvum. Su mecanismo de transmisión es fecal-oral, incluyendo la transmisión de persona a persona, de animal a persona y, también, la alimentaria y la hídrica (dado que es resistente a la cloración)(9). La población de mayor riesgo de transmisión son: niños menores de 2 años, contactos familiares, personas en contacto con animales y homosexuales(9). Pero las poblaciones más afectadas son los lactantes y preescolares, así como los sujetos inmunosuprimidos e inmunocomprometidos(6).

En relación a lo dicho previamente, las manifestaciones clínicas varían según el estado inmunológico del paciente:

• En pacientes inmunocompetentes, la infestación puede ser asintomática o manifestarse con sintomatología a nivel digestivo. Esto último cursa con diarreas, que se autolimitan a los 5-10 días, acompañadas, en algunas ocasiones, de náuseas, vómitos y dolor abdominal. Puede haber recaídas, a los días o semanas del episodio previo. En niños, la infección puede producir una diarrea persistente y tener un efecto adverso prolongado sobre el estado nutricional y el crecimiento(9).

• En pacientes inmunodeprimidos, puede cursar como una diarrea acuosa profusa, de tipo coleriforme. Además, puede asociarse con: colangitis, colecistitis, hepatitis, pancreatitis y afectación pulmonar(6).

El diagnóstico de Cryptosporidium spp.(7) puede llevarse a cabo mediante el estudio coproparasitario con técnicas de tinción, pero como la sensibilidad de la técnica es baja (60%), se recomienda el estudio de las muestras de tres días diferentes para aumentar la sensibilidad y seguridad hasta un 85-95%. Para la identificación de género, se pueden utilizar técnicas de detección de antígenos mediante inmunofluorescencia o enzimoinmunoensayos. Sin embargo, la identificación de especie requiere el uso de técnicas moleculares, como la amplificación y detección de ácidos nucléicos por PCR(10).

El enfoque del tratamiento para pacientes con criptosporidiosis depende del estado inmunitario del huésped, así como de la gravedad de los síntomas, solo justificándose el tratamiento con antimicrobianos, en caso de afectaciones graves o persistentes y pacientes inmunodeprimidos.

El tratamiento de elección es la nitazoxanida: durante 3 días, a dosis de 100 mg/12 h en niños de 1-3 años; a 200 mg/12 h en caso de niños de 4 a 11 años; y, a partir de los 12 años, a dosis iguales a las del adulto: 500 mg/12 h. El tratamiento alternativo es la paromomicina, a 25-35 mg/kg/día, dividido en 3 dosis durante 10-14 días, y la dosis de adulto son 500 mg, 4 veces al día, durante 14-21 días. En pacientes inmunocomprometidos, también se puede administrar un tratamiento combinado con nitazoxanida o paromomicina más azitromicina(6,11-13).

Objetivo

El objetivo principal de este estudio es conocer las características de la población afectada y el manejo de la criptosporidiosis intestinal en nuestra aérea. Para ello, se ha realizado un análisis descriptivo, transversal y retrospectivo de los datos registrados en la base de datos informatizada de estudios de parásitos fecales, realizados durante el período 2015-2016 del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Virgen del Rocío (HUVR), de Sevilla.

Material y métodos

El estudio se ha iniciado a partir de una base de datos realizada por el Servicio de Microbiología del HUVR correspondiente a los resultados totales y positivos del estudio de parásitos intestinales durante el período de enero de 2015 a diciembre de 2016. Posteriormente, se ha efectuado un análisis detallado de todos los resultados positivos para Cryptosporidium spp. dentro del grupo de edad de menores 15 años. Completando así, una ficha de cada paciente para generar una base de datos global del trabajo.

Análisis de datos

La recogida de datos se ha obtenido de las historias clínicas informatizadas de los centros de salud u hospital del sistema Diraya, hasta cumplimentar la ficha de cada paciente para el estudio y el análisis de los datos (Tabla I). La investigación de las características epidemiológicas se ha analizado estadísticamente a través de la aplicación informática de Excel 2013.

Aspectos éticos y de buena práctica

Este estudio se ha realizado de acuerdo con la legislación y recomendaciones vigentes para los estudios de investigación en niños y ha sido aprobado por el Comité de Ética de la investigación del sistema sanitario público de Andalucía.

Resultados

En el laboratorio de referencia del Servicio de Microbiología del HUVR, en el año 2015, fueron analizadas 5.429 muestras y 5.358 en el año 2016 (10.787 muestras en total), de las cuales el 13% fueron positivas para el estudio de parásitos (731 y 668, respectivamente). De la muestras positivas, el 4,8% corresponden a Cryptosporidium spp. (33 muestras en 2015 y 34 en 2016) (Fig. 1).

Figura 1. Diagrama de sectores de muestras analizadas. En negro, las muestras positivas para Cryptosporidium, correspondiente a 41 pacientes.

Estas muestras, pertenecen a un total de 41 pacientes, de los cuales el 81% son varones (33 varones y 8 mujeres). El rango de edad va desde los 10 meses hasta los 6 años, siendo el intervalo de edad más frecuente el de 1-2 años, correspondiendo al 43,9%; seguido de los 2-3 años, siendo este el 31,7% (Fig. 2).

Figura 2. Diagrama de edades.

Dichos resultados positivos correspondieron, sobre todo, a los meses de septiembre, octubre y noviembre (Fig. 3).

Figura 3. Polígono de frecuencias de los meses cuando se obtuvieron las muestras.

Referente a la clínica, 31 de los pacientes presentaban diarreas (9 de ellos asociaban, además, vómitos), uno estancamiento ponderal y no hay datos clínicos recogidos en su historia de los 9 pacientes restantes.

De los 41 pacientes: 6 fueron tratados con metronidazol (1 con metronidazol y probióticos), 6 con probióticos, uno con mebendazol, otro con azitromicina y otro con paromomicina. Dos pacientes no presentan en su historia clínica el tratamiento especificado. El grupo restante, 25 pacientes, no recibieron tratamiento (Fig. 4).

Figura 4. Diagrama de sectores de tratamientos administrados.

Posteriormente, se realiza un estudio control a partir de los 15 días, a 13 pacientes (31,7%), siendo todos ellos negativos. De ellos, solo 5 tuvieron tratamiento antiparasitario (3 metronidazol, 1 paromomicina y 1 azitromicina).

Discusión

Dentro de nuestro estudio, no se ha podido determinar cuál o cuáles han sido las especies más frecuentes dentro del género Cryptosporidium, dado que el análisis de heces realizado solo incluía el estudio coproparasitario con tinciones, y no técnicas de biología molecular.

En relación a un estudio previo comprendido entre los años 2010 y 2013, el porcentaje de muestras positivas para Cryptosporidium spp. con respecto al total de muestras positivas para parásitos intestinales en el Servicio de Microbiología del HUVR, ha descendido de un 10% a un 4,8%. Según otros estudios realizados en ciudades españolas, la tasa de incidencia está entre el 3 y el 10% en menores de 4 años(14-16).

Una limitación importante con la que nos hemos enfrentado es no poder presentar ni analizar todos los datos previstos de la ficha de cada paciente, por la insuficiente información recogida en sus historias clínicas. De los datos obtenidos, se ha podido observar que nuestra muestra tiene un predominio masculino y que la edad más frecuente es la englobada entre 1-2 años, concordando con la bibliografía(12,15,17) y con el informe anual de 2015 de los resultados de la Vigilancia Epidemiológica de las enfermedades transmisibles(8). Es cierto, que nuestro estudio de parásitos solo se realizó de forma activa en niños hasta los 5 años. Y en mayores de 5 años, solo se realizó en caso de inmunodeprimidos, viajeros o clínica de diarrea prolongada. El mes de mayor incidencia fue octubre, seguido de noviembre y septiembre, correspondiente a los meses de verano-otoño.

A pesar de ser una enfermedad de declaración obligatoria dentro del protocolo de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, en la mayoría de las historias clínicas revisadas, la información recogida sobre el proceso clínico fue escasa y tampoco se encuentra el motivo fundamental de la solicitud del estudio de heces. Concretamente, dentro de los pacientes tratados con antimicrobianos, ninguno presentaba un estado de inmunosupresión que justificara el uso de estos y, dentro de sus historias clínicas, no hay suficiente información sobre el cuadro clínico, la gravedad ni el tiempo de duración de este.

En España, no se comercializa nitazoxanida, pero sí su tratamiento alternativo con paromomicina. Sin embargo, dentro del 21,9% de los pacientes tratados con antimicrobiano, solo a uno de ellos se le prescribe paromomicina. Esto puede ser debido a que la presentación en solución de dicho fármaco presenta problemas de suministro, siendo poco accesible y solicitándose, en muchas ocasiones, como medicación extranjera. Con respecto a los resultados del estudio control, a todos a los que se le realiza, a partir de los 15 días se negativiza, tengan o no tratamiento administrado.

Conclusiones

La frecuencia de Cryptosporidium spp. en pacientes con parasitosis es muy baja y generalmente no requieren tratamiento para el cese de los síntomas. La mayoría de los pacientes tratados con antimicrobianos no reciben el tratamiento más recomendado. Por otro lado, se necesita mejorar los datos recogidos en la historia clínica, para justificar las pruebas complementarias y los tratamientos administrados.

Bibliografía

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8. Protocolo de vigilancia de criptosporidiosis. Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE). 2015 (Consultado el 30 de septiembre 2018): 63-69. Disponible en: http://www.isciii.es/ISCIII/es/contenidos/fd-servicios-cientifico-tecnicos/fd-vigilancias-alertas/fd-procedimientos/PROTOCOLOS_RENAVE-ciber.pdf

9. Kosek M, Alcantara C, Lima A, Guerrant RL. Cryptosporidiosis: an update. Lancet Infect Dis. 2001; 1: 262-9.

10. Coronel Rodríguez C, González Soria MD, Ruiz Pérez de Pipaón M, Begara de la Fuente M, Aznar Martín J, Ramos Calero E, et al. Estudio epidemiológico de parásitos en niños de Sevilla. Rev Esp Pediatr 2017; 73: 225-32.

11. Leder K, Weller PF. Treatment and prevention of cryptosporidiosis. (Monografía en Internet). Walthman (MA): UpToDate; 2018 (Consultado el 30 de septiembre de 2018). Disponible en: http://www.uptodate.com/

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13. Fumadó V. Parásitos intestinales. Pediatr Integral. 2015; XIX (1): 58-65.

14. Moles B, Torres L, Milagro A, Gorricho J, Seoane A, Navascues J. Incidencia de Cryptosporidium en Zaragoza: un estudio de 8 años (1989–1996). Enferm Infecc Microbiol Clin. 1998; 16: 356-8.

15. Clavel A, Olivares JL, Fleta J, Castillo J, Varea M, Ramos FJ, et al. Estacionalidad de la criptosporidiosis en niños. Eur J Clin Microbiol Infect Dis. 1996; 15: 77-9.

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17. Martín-Ampudia M, Mariscal A, López-Gigosos RM, Mora L, Fernández-Crehuet J. Under-notification of cryptosporidiosis by routine clinical and laboratory practices among non-hospitalised children with acute diarrhoea in Southern Spain. Infection. 2012; 40: 113-9.

18. Argüeso Ruiz M, Ariza Astolfi C (dir). Criptosporidiosis (trabajo final de fin de grado en Internet) (Sevilla). Universidad de Sevilla, 2016. (Consultado el 15 de septiembre de 2018). Disponible en: https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/48747

19. López-Rodríguez MJ, Pérez López MD, Parasitosis intestinales. An Pediatr Contin. 2011; 9: 249-58.

Veracidad académica y científica

V. Martínez Suárez

J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**

 
 


V. Martínez Suárez

Centro de Salud El Llano, Gijón – Grupo de Investigación de la SEPEAP

“La opinión pública se ha visto agitada las pasadas semanas por la sospecha de sendos fraudes académicos en dos trabajos de fin de máster y una tesis doctoral, aunque se hayan revelado unas docenas de casos más. El asunto ha traspasado los círculos universitari”os y se ha convertido en un escándalo social, generando un importante debate público"

 

Pediatr Integral 2018; XXII (7): 343 –347


Veracidad académica
y científica

La honestidad es condición inexcusable en la elaboración de un currículo académico o investigador. Lo contrario a la honestidad son la falsedad, la opacidad y la corrupción, que pueden tener que ver con personas individuales, grupos o instituciones; en ocasiones con todos ellos a la vez. En los ámbitos docente y científico la transparencia y la veracidad tendrían que ser consideradas como la primera regla; la mentira no debiera encontrar en ellos ningún lugar. Paradójicamente, la sociedad tolera la mentira y acepta convivir con ella, a pesar de que pueda originar un daño y perjuicio generalizados. Esto no pasa en países donde la exigencia moral marca las conductas públicas y a la mentira se le concede una gran importancia, considerándose que da a cualquier delito o falta una dimensión mayor. A comienzos del año 2011 conocimos el caso del ministro de defensa alemán Karl T. Guttenberg, a la sazón el político más valorado de su país con un apoyo del 70% en los sondeos de intención de voto, al que se retiraba su título de doctor en Derecho y tuvo que renunciar a su cargo tras descubrirse que había realizado la copia directa de aproximadamente el 20% de las 475 páginas de su tesis doctoral(1,2). Más recientemente al presidente de Hungría Pál Schmitt se le revocó el título de doctor también por haber plagiado parte de su tesis, terminando el escándalo con su dimisión como presidente de la nación(3). En nuestro país la opinión pública se ha visto agitada las pasadas semanas por la sospecha de sendos fraudes académicos en dos trabajos de fin de máster y una tesis doctoral, aunque se hayan revelado unas docenas de casos más. El asunto ha traspasado los círculos universitarios y se ha convertido en un escándalo social, generando un importante debate público.

Fraude en el ámbito académico

Ante ese panorama debiéramos detenernos sobre este tema para lograr una mayor claridad y definir los principios con los que tendríamos que regirnos. Según la primera acepción que recoge el Diccionario de la Lengua Españolafraude es “toda acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”(4). Joan Coromines, en su Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico(5) añade la “mala fe” como noción que permite diferenciarlo de otros términos. Por tanto, en una aproximación lexicográfica, faltar a la verdad, perjuicio y conciencia del mal son las tres ideas que definen el fraude. En nuestro campo de trabajo es una forma nefanda de conducta que debiera ser descubierta, expuesta y penalizada, no solo mediante el escrutinio crítico por “pares” y la selección y auditoría del personal en los centros, sino también por las leyes ordinarias que orientan esta materia, tal como las referidas a la propiedad intelectual, derechos de autor y registro legal(6). Es una de las infracciones más graves que se pueden cometer, sea el defraudador investigador, docente, académico o cualquier profesional cuya actividad principal sea la ciencia o se fundamente en ella.

Entre la extensa variedad de fraudes descritos pueden distinguirse los que tienen que ver con la elaboración de la investigación, con su difusión y con el aval de méritos del propio autor. Entre los primeros están la sustracción directa de información (copia de hojas de medidas y resultados), la fabricación o invención de datos u observaciones, la falsificación o manipulación de los mismos (su alteración intencional de forma que se cambie el resultado), el plagio (robo o apropiación indebida de ideas o textos que se presentan como propios y originales, sin permiso, sin citar la fuente o dar los correspondientes créditos) y el masaje” estadístico (aplicar repetidamente métodos estadísticos hasta que, por ejemplo, uno de ellos produzca un valor “p” suficientemente bajo). Además, son cada vez más frecuentes la autoría ficticia, honoraria o regalo (que se ha convertido en una epidemia como pago de favores o medio de obtención de los mismos) y la compra de un trabajo hecho a medida (por encargo, comprado a un “ghost writer”, un “negro”; los conocidos “academic paper mills”). En cuanto a la publicación, la duplicación o redundancia de artículos (con ninguno o pocos cambios), la autocita desconsiderada y otros comportamientos que se desvíen de los estándares éticos generalmente admitidos. Igualmente deben tenerse en cuenta el inflar el Currículum vitae y el sensacionalismo (por ejemplo, dar a conocer en los medios los resultados de una investigación antes de ser publicados). Se podría hablar también del autoplagio, entendiendo como tal aquel que un autor realiza de su propio trabajo enviando a publicar textos que contienen partes importantes de artículos suyos ya dados a conocer, conducta, evidentemente, nada ética(7). Sin embargo, se debe establecer una clara distinción entre el autoplagio y la utilización de material del propio autor necesario para fundamentar investigaciones que posteriormente desarrolle. Y excluimos de esta relación la escasa calidad y la “mala praxis” por planteamientos equivocados, defectos metodológicos, errores de proceso (en la recolección de datos, en la preparación de documentos y en la redacción de la publicación) y otras negligencias científicas, que aunque pueden ser denunciados no son fruto de un acto deliberado de falsear la verdad con el fin de obtener una ventaja.

Debiera ser fácil de asumir que en todo trabajo de investigación y promoción académica se deben citar las fuentes que fueron consultadas para su elaboración. Bielsa nos dice que las citas, la manera de hacerlas técnicamente y la legitimidad y oportunidad de su empleo son todo un índice revelador de disciplina, de preparación, de espíritu crítico y, lo que es más, de honradez intelectual del autor(8). No puede olvidarse que las referencias bibliográficas constituyen la manifestación material del enlace que existe entre la labor de investigación que se expone y la precedente. Además, proporcionan una base a las afirmaciones que realiza el autor, añadiendo credibilidad(9). Hay que ser muy meticuloso al apelar a lo realizado con anterioridad y seleccionar las citas de forma justificada, porque supone además señalar los trabajos que se han consultado, en los que basa su estudio o proyecto; permitir que el lector se informe más a fondo sobre algún punto; evitar repetir argumentaciones o justificar afirmaciones ya publicadas; exponer qué conocimientos tiene el firmante y su grupo sobre el tema que se está desarrollando; prestar fiabilidad a la información documentando su origen; corregir o discutir las afirmaciones previas de otros investigadores; reconocer los derechos de prioridad de autores precedentes y el trabajo de quienes han contribuido al desarrollo de un campo de conocimientos; y, por último, cumplir con el principio ético de no plagiar material ajeno, según recapitula Elena Guardiola en el texto referenciado.

Ilicitud moral del plagio

El plagio es la copia de los escritos, planteamientos, procedimientos o resultados de otros presentándolos como propios. Es ilícito porque es una forma de simulación, que a su vez es una forma de mentira(10). Supone, además, un atentado contra la propiedad intelectual del investigador(11). Para la US Office for Research Integrity (ORI), es uno de los tres delitos científicos más graves que se pueden dar en la investigación científica, junto a la fabricación y falsificación de datos(12). Esta prestigiosa organización propone la denominación de “mala conducta científica” (research misconduct) para referirse a estas tres formas principales de fraude, cada una de magnitud diferente.

Como señala Miranda Montecinos(10), para que se cometa plagio no es necesario que la obra plagiada esté publicada, tampoco que lo esté la del plagiario; no es imprescindible que el hecho esté castigado por la ley civil o penal del país en que se realiza. Tampoco que tenga lugar una transcripción literal de la obra ajena (“plagio servil”), ya que puede plagiarse resumiendo o parafraseando las ideas de otro (“plagio inteligente”, de identificación más compleja). Sí se considera necesario que el autor copiado esté completamente excluido de las notas o de la bibliografía y que se actúe sin su consentimiento expreso. Precisamente a la forma “inteligente” es a la que debe de referirse el escritor y filósofo de la ciencia Mario Bunge cuando afirma que “no es algo que pueda cometer cualquiera. Es una estafa perpetrada con pericia científica y a la vista de la comunidad científica”(13).

Factores relacionados con la proliferación del plagio

Aunque siempre estuvo presente, hoy en día concurren ciertas condiciones que hacen del plagio un problema de relevancia creciente. La relativización de la verdad y la condescendencia con la mentira en la vida pública deben considerarse ahora un signo de los tiempos, indiscutiblemente favorecedor. Además, la propiedad privada y los derechos de autor –en suma, la individualidad–, están en retroceso, mientras ganan terreno la apropiación indebida y la colectivización del mérito y el trabajo ajenos dirigidas por intereses particulares. Aparte de estas razones de índole político-social, otra principal tiene que ver con el acceso a Internet y la consiguiente posibilidad de obtener grandes cantidades de información en formatos fácilmente reproducibles, lo que ha dado lugar a la cultura del copyandpaste –la denominación informática del plagio–, que se empieza a utilizar en la etapa escolar y luego se extiende a la vida universitaria. Pero también hay motivos adicionales que explican su aumento entre los investigadores profesionales, especialmente la necesidad de publicar la mayor cantidad de trabajos en el menor tiempo posible (lo que los anglosajones han denominado de forma rotunda y clara síndrome publish or perish, publica o perece), que resalta la importancia dada actualmente al artículo como complemento de toda investigación, podríamos casi decir de todo investigador y de su desarrollo profesional(14). Este “tanto publicas, tanto vales” lleva a que muchos se vean tentados a reproducir pensamientos o creaciones que pertenecen a otros sin respetar el concepto de autoría(15,16). Uno de los casos más notables es el del doctor Slutsky de la Universidad de San Diego en California, que publicó 137 artículos en 7 años, es decir, un artículo por cada trece días laborables, el 56% de dudosa validez y el 9% llamativamente fraudulentos(17). Como afirma França-Tarragó(18), un autor que tiene gran número de artículos publicados está dando una señal de alarma para examinar el contenido y origen de sus investigaciones.

En ese mismo sentido, Bunge considera que “la mayoría de los fraudes científicos son motivados y se cometen por ansia de prestigio instantáneo”(13). Ciertamente, es esta una de las principales causas que lo originan, pero aún se pueden citar otras más. Por ejemplo, el tener indicadores bibliométricos más elevados posibilitará el acceso del investigador a un puesto de trabajo, a una subvención o a una distinción académica. Así que publicar en las mejores revistas y ser citado el máximo número de veces posible, en algunos casos casi a cualquier precio, llega a ser su objetivo final. El problema surge cuando para la obtención de ese beneficio se altera el resultado de un trabajo o se bloquean o retrasan los que no le benefician(19,20). Tal como acertadamente se ha dicho, cuando se conjugan diferentes condicionantes el arte de la ciencia da lugar a la ciencia del engaño, que puede atrapar a aquellos que se encuentran más predispuestos(21). La realidad es que cada vez con más frecuencia se presentan situaciones donde se suscitan recelos respecto a la paternidad de una información o de una obra. En estos casos los hechos debieran ser analizados con objetividad y desapasionadamente para esclarecer la verdad(22).

Fraude en las calificaciones

La valoración de los hechos a que hacemos mención merece otra consideración. Una calificación injusta señala el nivel –de conocimiento, de rigor y moral– del tribunal o de la institución que la emite; en ocasiones de ambos. Permite juzgar el entorno en que se produce. Teóricamente existen unos procedimientos y unas instancias de filtro que tendrían que velar por la honestidad y el valor científico del trabajo en todas sus partes. Así, desde el propio director o tutor a la Comisión de Doctorado de cada universidad, a la que entre otras funciones se le asigna el admitir a trámite la tesis, nombrar el tribunal que la debe evaluar y aprobar quiénes tendrían que decidir la concesión de premio extraordinario. En el caso de las tesis, los componentes del tribunal deben de estar en posesión del título de doctor, acreditar una experiencia investigadora significativa y tres de los cinco responsables de juzgarla no podrán pertenecer a la institución donde se desarrolla (dos, por tanto, sí), aunque lo habitual es que pertenezcan a grupos con afinidad de intereses y relación personal con el doctorando o su equipo, pudiendo generarse un quid pro quo nada deseable y que debiera reglamentarse para que sea evitado. Ateniéndose a las normas propias del centro y según disponga el presidente, los doctores presentes durante su defensa podrán realizar las cuestiones que consideren oportunas, realizándose la calificación al finalizar la misma, su discusión pública y tras deliberación privada sobre la misma. Para los trabajos de fin de máster, la responsabilidad corresponde al personal comisionado (habitualmente presidente, secretario y vocal) y al director. En ambos casos, tanto las comisiones como los miembros de cada tribunal están autorizados para solicitar la revisión informática de contenidos y su informe, pudiendo hacerlo individualmente y en cualquier momento. Realmente los trabajos académicos sólo son analizados y confrontados con textos previos si los evaluadores lo consideran necesario y se dispone de los programas destinados a tal fin, lo que supone una limitación a la eficacia del procedimiento frente al timo y el engaño. De hecho, entre nosotros no existe tradición en la práctica de estas revisiones ni hasta el momento las administraciones han propiciado positivamente su adopción.

En su trabajo sobre Ética de la publicación científica, Harvey Marcovitch advierte que “el público espera, con razón, que científicos, investigadores, clínicos y directores de revistas sean honestos y dignos de confianza”, recalcando que “no estar a la altura de estos ideales puede corromper la ciencia, dañar a los pacientes y engañar a los patrocinadores financieros”(23). Tales palabras tendrían que ser aceptadas sin mayor problema, aunque repensar algunas cuestiones que plantean es hoy asunto –lamentablemente– de apremiante exigencia. Respecto al imperativo que debemos darnos, básicamente la transparencia se pone de manifiesto en la exposición de la metodología utilizada y en la bibliografía; la veracidad en la presentación de los resultados obtenidos, en las pautas para el análisis de los datos y en el rigor de su interpretación. Todas las partes de cualquier trabajo deben de estar interrelacionadas entre sí, complementarse y aparecer presentadas de manera adecuada. Junto a la originalidad estos son aspectos clave en la validez de la investigación. Por otro lado, y como es bien sabido, una investigación formalmente válida puede en razón de otros criterios –necesidad, pertinencia, tener mayor o menor exigencia en sus objetivos– resultar de escaso valor y calidad. Precisamente todos estos aspectos deben hacerse notar mediante la evaluación y la calificación.

En nuestro país el “cum laude” (mención de honor) es el mayor nivel de calificación de una tesis, sólo superada por la distinción de Premio Extraordinario de doctorado. Esta calificación suplementaria le concede la vitola de máximo prestigio y aval científico, tendría que garantizar la veracidad y pronosticar el general reconocimiento. Según el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el año 2014 un 87% de las tesis leídas en nuestro país logró la mayor nota posible, cayendo el porcentaje ligeramente en 2015 y 2016, cuando lograron ese reconocimiento el 85,3% y el 82,4% de los trabajos(24). Al ver esos informes cabe preguntarse si esa situación es justa y si nuestros doctorandos se sitúan constantemente en los niveles más altos del rango de calificaciones. Es seguro que no. Y las consecuencias son de daño multilateral, sobre todo a los mejores, que se ven rebajados a verse incluidos entre la mayoría, y afectando al prestigio de las instituciones docentes y de nuestras administraciones. Entonces, ¿por qué este abuso? Evidentemente, junto a lo ya expuesto, las presiones y compromisos internos, además de la imagen hacia el exterior de la propia institución académica, deben tener en ello una responsabilidad importante. Y con ello queremos insistir en lo que en el futuro, y para su mayor reputación, debe ser –y ya no puede ser– la Universidad.

Otra cuestión que no debe olvidarse. La publicación (el hacer público el resultado de nuestro trabajo) es el hecho final (lógico y necesario, exigible) de cualquier investigación. Dar a conocer al mundo científico las consecuencias de una investigación, suponga un avance indiscutible o no, acompaña al progreso de las ciencias. Poder acceder a lo ya investigado y a sus conclusiones, por ejemplo, es indispensable para evitar la duplicidad de proyectos y esfuerzos, especialmente si se tiene en cuenta la gran producción científica actual. Drumond Renie, ex presidente de la Asociación Mundial de Revistas Científicas, afirma al respecto que “la ciencia no existe hasta que es publicada”(25). Si se entiende cuál es la finalidad de una tesis –aportar nuevos conocimientos en una materia dada– no parece aceptable que los resultados no sean difundidos a través de las plataformas destinadas a tal fin (la base oficial TESEO del Ministerio de Educación), los servicios de publicaciones universitarios o editoriales especializadas. Esa negativa a publicar se denomina oscurantismo. Debemos reiterar que en ciencia lo que no se comunica no existe; y si el producto de nuestra labor ofrece conocimiento de valor relevante debe ser dado a conocer. El “cum laude” entendemos nosotros que obliga a ello.

Dimensiones del fraude científico

La dimensión de esta “plaga insidiosa y maligna”, tal como se ha denominado(18), ha recibido en nuestro medio escasa atención. Sin embargo, la Wikipedia presenta desde hace años un listado de más de 50 casos de supuesta “mala conducta” científica de índole muy distinta(26), y se estima que podría afectar hasta el 10% de lo publicado(27). Martinson et al.(28) evaluaron mediante encuesta las dimensiones del fraude en EE.UU., siendo los resultados obtenidos cuantitativamente llamativos. En efecto, más del 12% de los encuestados confesaron haber hecho la vista gorda ante el uso por otros de datos erróneos o interpretaciones cuestionables. El 15,3% eliminó observaciones o datos en sus análisis. El 15,5% admitió haber realizado cambios en el diseño, la metodología o los resultados de una investigación por presión de quien la había subvencionado. El 10% se asignó indebidamente la autoría de un trabajo. Y el 6% ocultó datos que contradecían los resultados de la propia investigación. En total, más de la tercera parte de los científicos encuestados reconoció haber realizado alguna de las malas conductas comentadas en sus investigaciones durante los tres años previos. Desde otra perspectiva, entre 2000 y 2010 se retractaron de la base de datos PubMed 742 artículos en lengua inglesa por fraude. Otro dato de interés es que haya sido reconocido que entre el 0,02% y el 0,2% de las publicaciones incluidas en esta base de información bibliográfica son plagiadas(29). En una revisión sistemática en la que se evalúa la respuesta de un amplio grupo de investigadores sobre sus comportamientos, el 2% admite haber producido, falsificado o modificado sus datos o resultados al menos una vez, y un 34% admite haber llevado a cabo prácticas de investigación éticamente cuestionables(30). Si se tiene en cuenta que en Estados Unidos existen alrededor de 400.000 científicos que desarrollan su trabajo con fondos federales, ese 2% significa que alrededor de 8.000 investigadores admiten haber cometido fraude científico en alguna ocasión(31). Un hecho que agrava estas valoraciones es el que únicamente un 24% de los investigadores que han realizado ese tipo de prácticas lo comunican al investigador principal o a los responsables del centro en el que desarrollan su trabajo(32). Por otro lado, se podría pensar que el fraude científico es un hecho que se ha dado en el pasado pero que actualmente está disminuyendo. Nada más alejado de la realidad, pues el número de artículos retractados por año ha aumentado durante la última década, especialmente por prácticas fraudulentas(33). Según datos aparecidos en Nature(34), el número de estudios rectificados se ha multiplicado por diez en la última década, mientras que el número de artículos publicados solamente ha aumentado un 44%. Otra circunstancia que puede ser analizada es en qué proporción se da cada tipo de fraude y si está más o menos ligado a distintos estamentos universitarios. En este sentido, Titus et al.(35) encuentran que la fabricación o falsificación de datos constituye el 59,7% de todos los fraudes, y el plagio el 36,3%, siendo el 4% restante de causa no especificada. Según otro estudio las causas por las que se retracta un artículo científico son, en el 73,5% de los casos, por errores técnicos cometidos en el desarrollo de la investigación y en el 26,6% por fraude(36). En cuanto al rango académico de los científicos involucrados, el 21,9% eran catedráticos o investigadores sénior, el 13,9% profesores asociados, el 16,9% ayudantes de investigación, el 24,9% becarios posdoctorales, el 14,4% estudiantes, y a un 11,9% no se le podría atribuir un estamento definido. De todas formas, los datos presentados pueden estar subvalorados dado el carácter negativo que para los autores tiene el que se retire su artículo y los cargos que se les pueden imputar, por lo que se ha sugerido que el problema pueda ser mucho mayor y que las retractaciones solamente son la punta que asoma del iceberg.

Cómo evitar estas situaciones

No cabe duda de que en el mundo científico se reproduce aquello que se da en la comunidad, en cuanto a comportamiento ético, rectitud moral y estimación de los principios personales y sociales básicos se refiere. La corrupción en las conductas científicas debe entenderse entonces como “un capítulo más” dentro de la gran preocupación mundial por la corrupción en general(37). Aun pudiendo verse con alguna reticencia, el alto nivel reseñado justifica que la suspicacia sea necesaria y que la exigencia de control de este mal fuera mayor, ya que no todos los doctorandos y autores que envían trabajos para su posible publicación son honestos. En el caso de las revistas científicas, es responsabilidad de sus comités editoriales el efectuar una valoración exhaustiva, una selección rigurosa y un tamizaje prolijo de los artículos que recibe para su posible publicación y su contenido(18). A veces rechazarán el artículo; otras pedirán al autor que mejore o realice correcciones. La finalidad será ofrecer al público lector información de calidad. Sumado a ello, la ciencia cuenta con una serie de mecanismos de seguridad robustos que debieran garantizar una corta vida a cualquier mentira. Tal como ha sintetizado Pérez Tamayo(38): en primer lugar, el espíritu crítico y la incredulidad propia de los científicos, que si no son congénitas se adquieren rápidamente por deformación profesional; el no aceptar nuevos hechos o teorías hasta que no han sido puestas a prueba por grupos distintos al de su origen; y también la vigilancia no intencionada pero muy eficiente resultante de la naturaleza abierta del trabajo científico, que casi siempre se muestra a la vista de todo el mundo.

Como es bien sabido, actualmente la calidad de las revistas científicas se puede calificar mediante el índice de impacto, que se basa en el número de citas de los artículos que publica. Los responsables del blog Retraction Watch(39), Adam Marcus e Ivan Oranskyhan, han propuesto que para combatir el fraude en las publicaciones se utilice un índice o factor que cuantifique el número de retractaciones que se les han impuesto por cada 1.000 trabajos publicados. Tal como ha escrito Jouve(40), entre otras medidas podría también probarse un índice de transparencia, que incluiría la puntuación tras la revisión por pares de los manuscritos.

En otro orden de cosas, la responsabilidad académica debe entenderse aunque la obra plagiada haya trascendido al público o hubiese sido divulgada (por ejemplo, una edición impresa o digital), ya que se incurre en responsabilidad civil o penal al lesionar los derechos morales y patrimoniales del autor. Dándose tal situación, además de actuar en su propio ámbito, las instituciones educativas tienen el deber de informar a las autoridades judiciales competentes, ya que de no actuar incurrirían en omisión de obligaciones de consecuencias legales. En sintonía con ello, en el informe Análisis y revalorización de los estudios de doctorado en España, de la Real Academia de Doctores, publicado por última vez a mediados de 2016(41), el grupo de expertos que lo firma propone que para aquellas tesis con una calificación unánime de sobresaliente sea una comisión con una composición diferente a la del tribunal la que decida si es merecedora de la mención “cum laude”. A la vez las universidades debieran sensibilizar a los docentes y alumnos sobre la necesidad no sólo de respetar la creación intelectual ajena, sino de generar conciencia frente a la importancia de realizar trabajos que sean fruto de la investigación original y de análisis riguroso(42). En The Little book of Plagiarism, el jurista norteamericano Richard Poster sostiene que en los tiempos actuales es ingenuo pretender erradicar el plagio por la sola vía de predicar a los estudiantes la malicia moral que él conlleva(43). Las denuncias creíbles han de ser investigadas con todos los medios a nuestro alcance; y las formas graves en un trabajo de fin de máster o en una tesis doctoral deberían llevar a la sanción disciplinar reglamentaria y la revocación del título, sin que ello tenga que excluir acciones legales.

En el caso del realizado por el Presidente del Gobierno en su Tesis Doctoral y su libro, el apaño parece tan claro que el “cum laude” sólo se podría defender si lo que acompaña al plagio fuese de una relevancia excepcional, por la novedad de algún planteamiento o por algún análisis revolucionario de la realidad tratada. Una vez más, y como pudiera haber ocurrido en los otros dos casos de actualidad, se ha cumplido la doble mentira de mentir plagiando y mentir diciendo que no se ha plagiado. Junto al daño realizado a la confianza pública en la ciencia, a lo que queda del espíritu universitario, al mundo de la investigación, expuestos de forma más notable que nunca en nuestro país a perder credibilidad, prestigio y recursos, su tolerancia contribuiría a fomentar la competencia desleal, la ventaja académica injusta, la pereza y desincentivará el trabajo dedicado y riguroso.

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Test de diagnóstico microbiológico rápido en la consulta de Pediatría de Atención Primaria

J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**

J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**


J. de la Flor i Brú*, J. Marès Bermúdez**

*Pediatra de Atención Primaria. Centro de Salud “El Serral”. ABS Sant Vicenç dels Horts-1. SAP Baix Llobregat-Centre. ICS. Barcelona.
**Pediatra de Atención Primaria. Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes (Girona)

Resumen

Se describen las características generales de los test de diagnóstico microbiológico rápido y las utilidades potenciales e impacto asistencial de su utilización en Atención Primaria pediátrica. Se describe también, la determinación rápida de proteína C reactiva y procalcitonina, dado que pese a que no son test de diagnóstico microbiológico, presentan gran utilidad en el manejo del lactante febril y en el diagnóstico etiológico de la neumonía adquirida en la comunidad.

 

Abstract

General features of rapid microbiologic diagnostic test are presented. We describe also their utilities on primary pediatric health care. In spite that it is not a microbiologic test, rapid test of C reactive protein and procalcitonin are presented, cause they are useful in assessment of fever without apparent source in infants and etiologic diagnosis of community adquired pneumonia.

 

Palabras clave: Test de diagnóstico microbiológico rápido; Proteína Creactiva; Atención Primaria pediátrica

Key words: Quick diagnostic microbiologic test; C reactive protein; procalcitonin; Primary pediatric health care

 

Pediatr Integral 2018; XXII (5): 246.e1 – 246.e9


Test de diagnóstico microbiológico rápido en la consulta de Pediatría de Atención Primaria

Introducción

En la clínica diaria, hay muchas ocasiones en las que desearíamos disponer de métodos sencillos de diagnóstico etiológico rápido, que pudiesen modificar, en el mismo acto médico, conductas, tanto desde el punto de vista epidemiológico, como fundamentalmente diagnóstico y/o terapéutico. Es, en este espacio, en el que tienen un importante rol determinados test de diagnóstico rápido (TDR) que, en los últimos años, han ido adquiriendo mayor presencia en los servicios de urgencia(1), pero cuya utilización en las consultas de Pediatría de Atención Primaria (AP), tanto en el sector público como en el privado, sigue siendo muy marginal o prácticamente nula y que son el objeto de este capítulo.

Fundamentos teóricos para la utilización de test de diagnóstico rápido

Características de los test de diagnóstico rápido

Se definen como: aquellos que están diseñados para ser realizados en la consulta, en el mismo acto médico, por el mismo facultativo o su personal auxiliar, sin ayuda del laboratorio. Deben ofrecer una gran sencillez en la recogida y procesamiento de las muestras, ser poco invasivos o molestos, y ofrecer un resultado rápido, generalmente con demoras de minutos, permitiendo valorar el mismo, generalmente, sin necesidad de que el paciente salga de la consulta.

¿Cómo funcionan?

Básicamente, podríamos explicar el funcionamiento de los TDR microbiológicos de la siguiente forma(2): si en una muestra clínica, en nuestro caso secreción respiratoria, sangre, orina o heces, está presente el antígeno (Ag) del germen que queremos detectar, al añadir anticuerpos (Ac) específicos marcados contra este microorganismo, se producirá una reacción de fijación Ag-Ac y aparecerá un efecto o señal objetiva y claramente detectable por el clínico, positivando una tira reactiva o una placa/cassette de inmunodifusión. En la actualidad, disponemos de distintos métodos: pruebas de aglutinación indirecta o pasiva, inmunofluorescencia, enzimoinmunoanálisis o enzimoinmunoensayo [ELISA (enzime linked immunosorbent assay); EIA (enzime immunoassay)], sondas quimioluminiscentes de ADN, inmunocromatografía y diagnóstico molecular por amplificación de DNA. La mayoría de pruebas que vamos a presentar en este artículo, son pruebas inmunocromatográficas, las más utilizadas en la actualidad, por su comodidad y sencillez, cuyo funcionamiento es el siguiente: se realizan en una pequeña tira de nitrocelulosa estratificada o en una placa (cassette) horizontal de inmunodifusión óptica o de inmunoflujo lateral. En la parte inferior de la tira o en la base de la placa, hay Ac específicos de conejo marcados con oro coloidal. En la parte media, Ac no marcados. En la parte superior de la tira o extremo de la placa, Ac de otro animal, generalmente cabra, dirigidos contra los Ac de conejo. Si añadimos una muestra biológica líquida en la parte inferior o basal, por capilaridad, el líquido migra hacia arriba de la tira o se difunde en la placa. Si la muestra es positiva, los complejos Ag-Ac son captados por la segunda zona, en donde observamos la banda de color de los Ac marcados. Los Ac sobrantes (solos o en complejo con Ag) siguen migrando hacia arriba o el extremo, positivando una segunda línea de color, independientemente del resultado de la prueba. Esta segunda línea será un control de que el test ha sido realizado con la técnica correcta (Fig. 1).

Figura 1. Placa/cassette de inmunoflujo lateral con línea de test positivo y línea de control.

¿De qué nos informan?

En general, los TDR son pruebas cualitativas, que dan un resultado positivo o negativo, pero que no permiten cuantificar la intensidad del inóculo bacteriano o de la carga viral, ni diferenciar un estado de portador de una infección activa. Solo, en algunos casos de detección de antígenos virales en heces, las pruebas pueden ser catalogadas como semicuantitativas, al estar la intensidad del color en relación a la carga viral. Por lo tanto, son pruebas complementarias a la clínica, subsidiarias de la clínica e interpretables únicamente en el contexto de la clínica a la que, en ningún modo, pueden sustituir. No nos dan un diagnóstico, sino que nos informan de la presencia o ausencia de un determinado germen en una muestra biológica. Es el profesional quién tiene que interpretar esta información y situarla en su contexto clínico y epidemiológico, para utilizarla adecuadamente.

¿Cuándo utilizarlos?

Los TDR deben usarse únicamente en aquellos casos en los que, de la información resultante, puedan derivarse potenciales cambios de conducta práctica, no únicamente en relación al tratamiento, sino también en cuanto a la epidemiología, el diagnóstico y la educación sanitaria (tanto de los pacientes como del propio profesional).

Utilidad potencial de la utilización sistemática de test de diagnóstico microbiológico rápido en Pediatría de AP

Estreptococo betahemolítico del grupo A (EBHGA)

Aunque parezca increíble, muchos pediatras de AP (y algunos servicios de urgencia hospitalarios) siguen sin disponer de esta prueba imprescindible. Cuando evaluamos a un niño con faringitis aguda, debemos valorar cuidadosamente los aspectos clínicos y epidemiológicos antes de practicar un TDR. Si van en contra de la etiología estreptocócica, la baja probabilidad de un resultado positivo que, además, posiblemente, reflejaría un estado de portador (15% de niños en edad escolar), y la escasa incidencia actual de fiebre reumática (FR) y otras complicaciones graves secundarias a la infección por estreptococo pyogenes en nuestro medio, no justificaría el coste de la utilización indiscriminada del test ante cualquier proceso de faringodinia/hiperemia faríngea, mayoritariamente de causa viral. En cambio, la valoración pre-test de una supuesta alta probabilidad clínica y/o epidemiológica de faringitis estreptocócica, tiene muchos falsos positivos, incluso hecha por pediatras muy experimentados, por lo que el test estaría indicado fundamentalmente en estos casos, con el objetivo de utilizar adecuadamente los antibióticos (ATB), reduciendo sensiblemente su uso. No debe olvidarse, que la faringitis aguda es la primera causa de utilización de ATB en todas las edades y en todo el mundo.

Los TDR ofrecen una rapidez que permite reducir la diseminación del EBHGA y favorecer la incorporación rápida del niño a su actividad normal, factores ambos que, aunque más difíciles de cuantificar que el coste del test, tienen un impacto económico indudable.

A finales de los años 70 aparecieron los primeros test, basados en técnicas de aglutinación, pero sus sensibilidades eran inaceptablemente bajas, por lo que los casos negativos debían ser igualmente cultivados, con lo que se perdía gran parte del interés que puede tener su utilización en Pediatría de AP, muy especialmente en nuestra cultura asistencial, que no se basa generalmente en conductas expectantes y de seguimiento. Además aumentaba el coste total de la asistencia. En cambio, los test se mostraron ya, desde el principio, muy específicos y, los más recientes, llamados de segunda generación, basados en enzimoinmunoensayo, inmunoensayo óptico y, más recientemente, en sondas quimioluminiscentes de ADN, presentan sensibilidades más elevadas, superiores al 90%, parecidas a las obtenidas por cultivo, que teóricamente permitirían obviar la práctica concomitante del mismo en los casos negativos(3). Sin embargo, debe señalarse que hay muchas discrepancias entre distintos estudios, hechos incluso con el mismo test, discrepancias que dependen probablemente de la metodología y de la habilidad en la recogida de la muestra: el manejo de un escobillón, con el que hay que frotar enérgicamente las dos superficies amigdalares, la faringe posterior, la úvula, retirarlo sin contactar con la mucosa bucal, la lengua ni los dientes, y hacerlo lo más rápidamente posible para disminuir las inevitables molestias al niño, es algo relativamente sencillo, pero que requiere de una cierta práctica y habilidad(4).

Algunos estudios de coste beneficio con test rápido, sugieren una disminución de costes, derivada de su uso sistemático:

• En un único estudio de estas características, disponible en nuestro medio, Contessotto y cols.(5), recogen 460 muestras de exudado faringoamigdalar de niños entre 6 meses y 14 años con faringitis sugestivas de etiología bacteriana, que se estudian con test rápido y cultivo simultáneo, e informan de que pese a que la utilización del test reduce en un 50% la utilización de ATB, el coste asistencial es algo superior al que se deriva de la práctica habitual sin test, debido al coste del mismo. Sin embargo, este estudio se hizo con un test de coste sensiblemente superior (más de 5 euros) a los más actuales (poco más de 1 euro) y se incluyeron niños muy pequeños, con muy baja probabilidad de obtener un resultado positivo, lo que aumenta el coste global de la asistencia al obtenerse un exceso de test negativos.

• Ehrlich y cols.(6), realizan un estudio de coste beneficio: el tratamiento basado solo en el test rápido, fue la mejor opción si se analizaba el coste económico. En cambio, si se pretendía minimizar el número de pacientes con FR, la mejor opción era tratar a los pacientes en base al cultivo. La tendencia actual es a considerar los modernos test como suficientes, sin necesidad de confirmar con cultivo los resultados negativos, en áreas de baja prevalencia de FR, como en nuestro medio. Sin embargo, el tema sigue siendo controvertido y hay guías de práctica clínica en las que se sigue recomendando el cultivo en casos negativos, con fuerte sospecha clínica.

La Academia Americana de Pediatría concluye que con la utilización de los modernos test inmunocromatográficos se puede obviar el cultivo en casos negativos. Esta práctica no ha demostrado un aumento en las complicaciones supurativas y no supurativas de la infección estreptocócica.

El test es capaz de detectar antígenos hasta 48 h después de iniciado el tratamiento antibiótico, lo que lo hace, especialmente útil, para suspender en este plazo tratamientos ATB incorrectamente instaurados en faringitis presuntamente virales, a partir de diagnósticos empíricos sin confirmación etiológica.

Los test también se han utilizado con buenos resultados en el diagnóstico rápido de patología cutánea potencialmente estreptocócica, fundamentalmente celulitis perianal y, obviamente, en el de escarlatina. No se ha documentado su utilización en el diagnóstico de balanopostitis supurativas y vulvovaginitis exudativas.

Virus respiratorio sincitial

El virus respiratorio sincitial (VRS) provoca epidemias anuales de bronquiolitis y neumonía en otoño-invierno, y es el origen de gran cantidad de visitas ambulatorias y controles pautados o espontáneos, de visitas espontáneas a urgencias, de un enorme gasto farmacéutico en medicaciones de dudoso valor (broncodilatadores y corticoides), pero que la mayor parte de pediatras sigue utilizando, y de muchos ingresos hospitalarios, con una mortalidad baja pero no despreciable, generalmente confinada a lactantes de alto riesgo. Por su alta transmisibilidad (de 5 a 12 días, en ocasiones, hasta 3 semanas), es causa también de brotes escolares y de infecciones nosocomiales, por lo que el niño infectado requiere un manejo en condiciones de aislamiento adecuadas.

A nivel práctico, parece que esta necesidad de aislamiento sería la indicación fundamental de poder disponer del test, obviamente en un niño que tiene que ingresar por bronquiolitis, pero especialmente en el más frecuente caso de bronquiolitis leve con seguimiento domiciliario, en el que el paciente debe aislarse de la guardería, recomendación que suele olvidarse si el niño está afebril y tiene buen estado general. La documentación de la negatividad de un test previamente positivo, podría ser un criterio de reentrada a guardería, hasta ahora no estudiado. Algunos estudios han sugerido, que la bronquiolitis por VSR tiene un curso independiente de la utilización de fármacos broncodilatadores, lo que constituiría un factor diferencial con bronquiolitis producidas por otros virus respiratorios, y el disponer de una prueba rápida positiva, sería un elemento definitivo para decidir la abstención terapéutica. Otros autores no han corroborado esta observación, con lo que la prueba terapéutica con broncodilatadores sigue siendo práctica habitual, independientemente de la etiología, en aquellos casos de clínica moderada/grave con pulsioximetrías < 95%. Es una observación común que algunas bronquiolitis VRS+ mejoran objetivamente con la administración de beta 2.

Desde la AP, parece que el test de detección rápida podría tener interés en el manejo no agresivo del lactante febril con bronquiolitis. Diversos estudios(7-9) han coincidido en señalar que la incidencia de enfermedad bacteriana grave en el niño con VRS positivo es inicialmente muy baja y que su documentación aconseja obviar en el niño febril mayor de 1 mes, cualquier otra exploración complementaria, con la posible excepción de descartar la infección urinaria, que por motivos desconocidos, es frecuente en niños con infección VRS. Sin embargo, la depleción inmunitaria asociada al VRS, favorece la sobreinfección bacteriana secundaria, por lo que la persistencia de fiebre, más allá de los 3-5 días, debe poner sobre aviso de esta posible evolución desfavorable.

Disponer de esta prueba en AP, podría reducir el uso de ATB en neumonía ambulatoria. Ante una sospecha clínica de neumonía adquirida en la comunidad (NAC) en un niño de menos de 2 años, una prueba rápida positiva para VRS en época epidémica, debería ser un factor decisivo en la abstención, al menos, inicial en la utilización de ATB. Las modernas pruebas inmunocromatográficas presentan sensibilidad y especificidad elevadas (89-94%), mayores que el cultivo de VRS, y ofrecen resultados en 15 minutos. Las muestras pueden obtenerse por frotis nasofaríngeo o lavado-aspirado nasal.

Gripe

Por fin, parece que la gripe pediátrica está recibiendo la atención que merece. Está claro que no es tan benigna como siempre se creyó, especialmente en niños pequeños, cuya tasa de hospitalización por neumonía es comparable al grupo de riesgo clásico de mayores de 65 años y, sobre todo, actúa como factor fundamental en la diseminación de la enfermedad a colectivos de alto riesgo, al ser los niños transmisores más prolongados y eficaces del virus de la gripe, y tener una tasa de ataque de hasta el 50% en una epidemia. El camino hacia la inmunización anual pediátrica parece claramente definido, al menos, en los niños más pequeños, como ya recogen en sus recomendaciones, los comités de vacunas de muchas sociedades científicas.

La fase inicial de la gripe, antes de la aparición de la sintomatología respiratoria, se presenta como: un síndrome febril sin focalidad aparente (SFSF), y nos planteará en el lactante y niño pequeño el diagnóstico diferencial con el riesgo clínico de bacteriemia oculta (BO). Parece muy atractiva la posibilidad de disponer de un test rápido que permita evitarle al niño con SFSF las molestias derivadas de la aplicación estricta del protocolo de BO.

La incidencia de enfermedad bacteriana grave en un niño con gripe documentada es muy baja, y la presencia de un resultado positivo en un test de gripe, permite evitar otras exploraciones complementarias y reducir el uso de ATB(10-13).

Los test inmunocromatográficos de gripe tienen sensibilidades menores que otras pruebas descritas en este capítulo, entre el 45,5 y el 71% según las series, mayores para el virus A, algo inferiores para el B, pero siempre inferiores al cultivo viral, y una elevada especificidad, del 95%. Hay grandes variaciones entre distintos test, y la sensibilidad depende, fundamentalmente, de una técnica correcta de recogida de la muestra con frotis nasofaríngeo (Fig. 2).

Figura 2. Técnica de recogida de muestra respiratoria por frotis nasofaríngeo.

La neumonía es frecuente en niños con gripe, y dada la difícil diferenciación clínica entre neumonía viral por el mismo virus de la influenza o la mucho más frecuente sobreinfección neumocócica, el niño con gripe que presente sintomatología sugestiva de neumonía debe someterse a la misma conducta diagnóstica independientemente del resultado del test.

El mejor periodo para practicar el test rápido está entre las 12 y las 48 horas del inicio de la sintomatología, y siempre en los 5 primeros días. Antes de las 12 horas, puede haber falsos negativos.

El futuro del diagnóstico rápido de gripe en AP, está sin duda en las ya disponibles técnicas de diagnóstico molecular por amplificación de DNA. Son mucho más sensibles que la inmunocromatografía, comparables a la PCR y permiten una recogida de muestra por frotis nasal, mucho menos molesto que el nasofaríngeo, ofreciendo resultados en 15 minutos. Son mucho más costosas que la inmunocromatografía, pero mucho menos que la PCR. El diagnóstico molecular rápido ya está disponible para el VRS y para bordetella pertussis.

Pertussis

La Bordetella pertussis es una bacteria gramnegativa causante de la tosferina. Pese al uso generalizado de vacunas en todo el mundo, se declaran anualmente 16 millones de casos y 195.000 muertes. Es una de las principales causas de mortalidad por enfermedad inmunoprevenible. La mayor parte de muertes por tos ferina ocurren en niños demasiado pequeños para estar vacunados, niños no vacunados o incorrectamente vacunados. En la mayor parte de los casos, el contagio proviene de un contacto familiar adolescente o adulto (principal reservorio de B. Pertussis). La clínica característica de la tosferina infantil no se presenta en el adulto, con lo que el índice de sospecha del médico de familia es bajo, y no se hace el diagnóstico, ni se instaura el tratamiento, medidas de aislamiento, ni profilaxis de los contactos.

Después de la aparición de la vacuna en los años 40, los casos de enfermedad se redujeron drásticamente en los países en los que la vacuna se aplicó sistemáticamente, entre ellos, España. Sin embargo, en los últimos años, se ha comunicado una incidencia creciente en todo el mundo, aunque siempre muy por debajo de la era prevacunal. Se postulan muchos factores explicativos de este fenómeno: pérdida progresiva de la inmunidad en adolescentes y adultos; vacunas acelulares menos inmunógenas y de menor duración protectora que las antiguas de células enteras; circulación de clones de B. Pertussiscon características antigénicas distintas de los componentes antigénicos de las vacunas actuales, especialmente clones sin toxina pertúsica; mayor sensibilización del clínico ante la sospecha diagnóstica; y generalización y facilitación del acceso al diagnóstico por reacción en cadena de la polimerasa (PCR).

El diagnóstico por cultivo se ha considerado el patrón de oro durante décadas. Sin embargo, es una prueba muy específica (100%), pero de baja sensibilidad, dado que depende de la presencia de bacterias viables, cuyo número va disminuyendo drásticamente a medida que la enfermedad progresa, limitando su utilización a las dos primeras semanas del inicio de la tos, y el resultado es diferido a los 7 días. En la actualidad, ha sido masivamente sustituida por la PCR, que amplifica el ácido nucleico de la B. pertussis, no requiere de bacterias viables, es extremadamente sensible, puede ser realizada en las 4 primeras semanas del inicio de la tos y ofrece resultados en 24-48 horas. La PCR es una prueba de laboratorio de hospital y tiene un coste elevado.

Disponemos de una nueva prueba de amplificación de ácido nucleico, que permite un diagnóstico rápido de tos ferina en la consulta de Atención Primaria. Utiliza un sistema de amplificación dependiente de la enzima helicasa. Detecta la secuencia de inserción IS481 del DNA de Bordetella pertussis, compartida también por B. Holmessi y B. Bronchiseptica, gérmenes que pueden causar cuadros clínicos parecidos a B. Pertussis. Las muestras se recogen por frotis nasofaríngeo, se procesan con relativa sencillez y el resultado final está disponible en un máximo de 90 minutos. Los estudios comparativos con la PCR nos muestran una alta sensibilidad (97%) y especificidad (98,1%).

El diagnóstico rápido molecular, ya disponible también para gripe y VRS, le permite al Pediatra de AP disponer de pruebas tan sensibles como la PCR, a un coste muy inferior, y poder tomar decisiones inmediatas en la consulta. En el caso de la tos ferina, ahorra antibióticos innecesarios al paciente (en la actualidad, se inicia tratamiento de los casos sospechosos en espera del resultado de la PCR) y permite iniciar precozmente la profilaxis de los contactos (actualmente diferida a la confirmación del diagnóstico en el caso índice).

Neumococo

En los últimos años, se ha desarrollado experiencia en una nueva técnica inmunocromatográfica de detección de antígeno neumocócico PnC en muestras urinarias, que se ha mostrado útil en adultos y niños, para el diagnóstico de neumonía neumocócica bacteriémica o no, ofreciendo comodidad en la recogida y procesamiento de la muestra, resultados en menos de 15 minutos y escasa interferencia con otros estreptococos presentes en la cavidad oral (mutis, oralis), que comparten con neumococo el citado PnC. Si bien, el neumococo coloniza frecuentemente la orofaringe de niños normales (hasta un 25% de niños menores de 7 años), la concentración de germen en estos casos, suele estar por debajo del nivel de detección antigénica, requerido por la prueba. No obstante, la prueba no ofrece dudas en cuanto a su sensibilidad, pero sí se ha cuestionado su especificidad (85%) en zonas de alta prevalencia de colonización nasofaríngea por neumococo. Se especula que el antígeno PnC puede alcanzar el tracto urinario, especialmente en caso de infección respiratoria concomitante que lesiona la barrera mucosa nasofaríngea. En cualquier caso, es una prueba con un perfil de sensibilidad-especificidad superior al recuento leucocitario como predictor de neumonía o bacteriemia por neumococo, lo que le confiere potencial interés para su uso en una consulta de AP(14), especialmente en el diagnóstico diferencial entre neumonía neumocócica y atípica en el niño mayor de 3 años, con sospecha de neumonía adquirida en la comunidad.

Rotavirus

La gastroenteritis aguda (GEA) por rotavirus (RV) es la más frecuente en niños pequeños, de forma que la práctica totalidad han tenido contacto con el virus a los 5 años, experimentando, además, diversas reinfecciones de gravedad decreciente. En nuestro medio no provoca mortalidad o es muy escasa, pero la enfermedad tiene un gran impacto socioeconómico, que oscila entre los 160 euros de coste sanitario de un episodio atendido en primaria y los 1.500 del ingresado en hospital (1/50), además de unos 200 euros por episodio en costes indirectos. Los niños con GEA por RV presentan fiebre más elevada y de mayor duración, más vómitos, más deposiciones y más líquidas, y peor estado general y más incidencia de deshidratación que en otras GEA virales.

La importancia práctica que puede tener el diagnóstico rápido en el manejo del niño puede parecer a priori escasa, ya que el tratamiento basado en la prevención y tratamiento de la deshidratación con soluciones de rehidratación oral, es común a todas las GEA e independiente de la etiología. No obstante, el test permite una información correcta a los padres en el sentido de una previsión de cuadro más prolongado y potencialmente grave, que probablemente requiere de controles clínicos programados para revalorar el estado de hidratación del niño.

El test también tiene interés para una indicación más estricta de aislamiento. El RV se elimina por heces en cantidad muy abundante (entre 10.000 millones y un billón de partículas virales por ml de heces, cuando 100 partículas son suficientes para producir infección) y sobrevive durante varias horas en las manos de los cuidadores del niño, y de días a semanas en superficies inanimadas (teléfonos, útiles de escuela, cuadernos…), por lo que la transmisión viral es muy efectiva y la enfermedad muy contagiosa, provocando brotes escolares y nosocomiales. Las medidas higiénico-sanitarias no son útiles en el control de esta enfermedad, que se transmite fundamentalmente por vía fecal-oral y por aerosoles de partículas respiratorias. El rotavirus no es solo una enfermedad digestiva de lactantes, sino una enfermedad que afecta a todas las edades (especialmente grave en las edades extremas) con posible afectación respiratoria, neurológica (convulsiones) y viremia. El lavado de manos meticuloso del personal que atiende al niño reduce la transmisión, solo si se hace con antisépticos potentes y no con agua y jabón, pero no la evita, aunque es el único método parcialmente efectivo para controlar la diseminación de la enfermedad. Por tanto, y mientras las vacunas no sean sistemáticas, el conocimiento de la etiología es importante para extremar las medidas de aislamiento. Teniendo en cuenta que el virus puede excretarse durante periodos prolongados, de varias semanas, aún sin diarrea, la documentación de la negatividad de un test previamente positivo podría ser un criterio de reentrada en guardería, aún no estudiado.

Finalmente, el diagnóstico etiológico permite valorar objetivamente el impacto de la enfermedad y la necesidad de recomendar su prevención con vacunas. En nuestro medio, la cobertura de vacunación antirotavirus es baja, lo que se debe fundamentalmente a una baja percepción de la importancia de la enfermedad por parte del profesional sanitario que debe recomendar la vacuna. Como el rotavirus no se ve, ni se diagnostica, dado que se hace un diagnóstico genérico de GEA, el profesional tiene la falsa sensación de que la enfermedad no es importante y, por lo tanto, de que no es necesario esforzarse mucho en su prevención con vacunas.

El TDR para rotavirus es un test inmunocromatográfico con sensibilidad y especificidad del 99%(14).

Adenovirus

La gastroenteritis aguda por adenovirus afecta fundamentalmente a niños de menos de 2 años y se presenta durante todo el año. Puede causar brotes nosocomiales, aunque son menos frecuentes que los causados por rotavirus. La duración de la diarrea es mayor (de 10 a 14 días), pero el cuadro es mucho más leve y tiene mucha menor tendencia a la deshidratación. Se ha relacionado ocasionalmente con invaginación intestinal. Un test rápido positivo para adenovirus permite una previsión de cuadro prolongado pero benigno y, probablemente, reduzca sucesivas visitas no pautadas.

El test rápido para adenovirus en heces es un test de inmunocromatografía, que puede ir asociado en el mismo kit de diagnóstico para rotavirus, astrovirys y norovirus. La técnica es muy cómoda, requiere de poca cantidad de heces y ofrece resultados en un máximo de 15 minutos. No hay experiencia previa en su utilización en AP. En estudios hospitalarios, el test ha mostrado sensibilidad del 90% y especificidad del 99% en relación con cultivo viral.

Astrovirus

La GEA por astrovirus tiene una duración de 5-6 días y, generalmente, tiene una evolución favorable y, raramente, evoluciona hacia la deshidratación. El test inmunocromatográfico puede ir asociado en el mismo kit con rotavirus y adenovirus y norovirus. En estudios hospitalarios, ha mostrado sensibilidad del 94% y especificidad del 99%.

Norovirus

La GEA por calicivirus (norovirus y sapovirus) se caracteriza por el predominio de los vómitos, náuseas y dolor abdominal sobre la diarrea. Es frecuente, la sintomatología sistémica acompañante. Los norovirus son la causa más frecuente de GEA viral en adolescentes y adultos, aunque puede afectar a cualquier edad, y son frecuentes los brotes escolares, nosocomiales y en espacios aislados (“GEA de los cruceros”). Aunque es más frecuente en invierno, puede presentarse durante todo el año, y en países donde hay altas tasas de vacunación contra rotavirus, ya es la primera causa de GEA viral. También, se observa con creciente frecuencia en nuestro medio. Existe un test inmunocromatográfico integrado en combos con rotavirus, adenovirus y astrovirus.

Enterovirus

El enterovirus es un virus RNA con más de 100 serotipos, muy prevalente en patología infecciosa pediátrica, causando fiebre sin focalidad, infecciones de vías respiratorias altas, exantema y meningitis aséptica. Es más frecuente en primavera y verano. Es fácilmente reconocido por el pediatra de AP en sus presentaciones de herpangina y de enfermedad boca mano pie. También es causa frecuente de GEA aguda, que puede diagnosticarse en un TDR inmunocromatográfico. La epidemia vivida en 2016 en nuestro medio, de enfermedad neurológica grave con romboencefalitis por enterovirus A 71, hace deseable, ante un diagnóstico de enfermedad por enterovirus, informar a la familia de los signos precoces de complicación neurológica, muy especialmente de somnolencia, temblores o ataxia, fomentar el lavado de manos y enfatizar la necesidad de aislamiento.

Campylobacter

Es la GEA bacteriana más frecuente en niños y segunda causa de diarrea del viajero, por detrás únicamente de Escherichia Coli enterotoxigénica. El cuadro típico de GEA se acompaña frecuentemente de sangre en las heces. En lactantes, la diarrea con sangre y sin fiebre es una presentación común que permite orientar la sospecha diagnóstica. Se ha relacionado con la aparición de síndrome de Guillain-Barré, probablemente de causa autoinmunitaria. La infección suele ser benigna (más grave en países pobres) y autolimitada (raramente, con bacteriemia), aunque el tratamiento con macrólidos reduce el periodo sintomático y previene las infecciones crónicas y las recaídas, por lo que el interés del TDR está en que si se hace un diagnóstico precoz, puede instaurarse un tratamiento útil. El test inmunocromatográfico cualitativo tiene una sensibilidad y especificidad del 99%.

Salmonella

La GEA por salmonella produce un cuadro típico de GEA, pero en un 10%, se producen infecciones focales y, en menores de 6 meses, hay riesgo de bacteriemia. En cuadros de GEA no complicada, no está indicado el tratamiento antibiótico. El test inmunocromatográfico cualitativo tiene una sensibilidad del 99% y una especificidad del 97%.

Shigella

El tratamiento precoz de las formas moderadas o graves de GEA por shigella con azitromicina o cotrimoxazol reduce el periodo sintomático y de excreción.

Helicobacter pylori

La infección por helicobacter pylori (HP) es muy frecuente en la especie humana, especialmente en ámbitos socioeconómicos bajos, y se han comunicado prevalencias de hasta el 50% en edad pediátrica; si bien, muchas de estas infecciones son transitorias y asintomáticas. Todos los niños infectados persistentemente por este germen desarrollan cambios histológicos sugestivos de gastritis crónica. La infección por HP en Pediatría, puede ser asintomática, o manifestarse: por dolor abdominal, vómitos y, menos frecuentemente, por anemia ferropénica refractaria al tratamiento, por pérdidas ocultas de sangre en heces y retraso del crecimiento. La colonización crónica por HP aumenta el riesgo de desarrollar ulcus péptico y cáncer de estómago. Clásicamente, el diagnóstico se hizo con la detección de anticuerpos Ig G, y se confirmaban los cambios histológicos con endoscopia y biopsia. Actualmente, no se recomiendan los test serológicos en niños. Se considera el patrón de oro diagnóstico los test de urea en aire espirado. En la actualidad, hay métodos de detección antigénica de HP en heces por técnicas de inmunocromatografía(15,16), que ofrecen gran comodidad y sensibilidad (94%)-especificidad (99%) parecidas a los test de urea en aire espirado. Existe una fuerte discusión sobre en qué casos debe determinarse la presencia de HP, pero parece haber consenso en que no deben tratarse los casos asintomáticos.

Giardia

La infección por giardia lamblia tiene un amplio espectro de presentación que oscila, desde la colonización asintomática hasta la diarrea aguda, la diarrea crónica, el síndrome de malabsorción con retraso de crecimiento y el dolor abdominal recurrente.

El test rápido para giardia en heces(17) es un test de inmunocromatografía que ofrece resultados en 10 minutos. No hay experiencia previa publicada en AP. Estudios hospitalarios muestran concordancia excelente: con examen microscópico de heces, con sensibilidad, especificidad y valores predictivos positivo y negativo superiores al 99%.

Criptosporidium

Inicialmente, la infección por el protozoo cryptosporidium parvum fue considerada patógena solo en inmunodeprimidos. En la actualidad, se reconoce como una causa frecuente de diarrea aguda en niños sanos de todo el mundo y de brotes en guarderías. Produce diarrea acuosa abundante, sin sangre, acompañada de dolor abdominal intermitente, náuseas, vómitos y anorexia. El 80% de casos cursa con vómitos y puede acompañarse también de cefalea, mialgias y debilidad. Clínicamente, es indistinguible de otras causas de GEA. Un 30-50% cursa con fiebre. La diarrea puede prolongarse durante semanas y la infección es autolimitada en inmunocompetentes, debiendo tratarse solo en inmunodeprimidos.

El test rápido para criptosporidium en heces, que puede formar parte del mismo kit para el diagnóstico rápido de giardia(17), es un test inmunocromatográfico que utiliza anticuerpos monoclonales específicos para criptosporidium, que detectan todas las formas del ciclo vital del parásito. No hay experiencia previa publicada en AP. Estudios hospitalarios muestran concordancia excelente: con examen microscópico de heces, con sensibilidad, especificidad y valores predictivos positivo y negativo superiores al 99%.

Entamoeba histolitica

La disentería amebiana es una causa frecuente de diarrea aguda líquida o con sangre y diarrea crónica, con posible afectación hepática. El test inmucromatográfico en heces va asociado en combo con la determinación de giardia y criptosporidium.

Mononucleosis infecciosa

La mononucleosis infecciosa (MI) es una enfermedad autolimitada causada por el herpesvirus Epstein-Barr (EB). Los síntomas más comunes son: fatiga, faringitis, fiebre, linfadenopatía, esplenomegalia y hepatopatía. En casos raros, pueden aparecer complicaciones, como: síndrome linfoproliferativo, trombocitopenia grave, anemia hemolítica, pericarditis, miocarditis, neumonía, pancreatitis, síndrome de Reye, encefalitis y otros síndromes neurológicos. En los países industrializados, la incidencia máxima de MI se produce entre los 14 y 18 años. En países en vías de desarrollo o en zonas con alta densidad de población, la mayoría de los niños se infectan antes de los 3 años, y los síntomas pueden ser leves o, clínicamente, inaparentes. La faringitis por EB (exudativa y, a veces, con petequias) puede plantear problemas diagnósticos en AP y se confunde fácilmente con la producida por EBHGA, no siendo raro que coexistan ambas. Su aspecto también puede confundirse con la causada por adenovirus. Debe sospecharse siempre que una faringitis supuesta o confirmadamente estreptocócica no mejore en 3 días, de un tratamiento correcto con ATB.

Durante la fase aguda de la enfermedad, aparecen anticuerpos heterófilos en el 90% de MI, cuya presencia se puede demostrar a partir de la semana de enfermedad, alcanzando su concentración máxima a las 2-4 semanas y disminuyendo a las 12 semanas, siendo detectables incluso hasta un año después. Los Ac heterófilos son a menudo indetectables en niños menores de 5 años con MI.

El test rápido para Epstein-Barr se basa en la detección por inmunocromatografía de anticuerpos heterófilos IgM en plasma, suero o sangre completa. La muestra puede obtenerse cómodamente por punción capilar. No hay experiencia previa de su utilización en AP. En estudios hospitalarios comparativos con técnicas de EIA y de hemaglutinación, la sensibilidad y especificidad ha sido superior al 99%.

Proteína C reactiva

Aunque no es un test de diagnóstico microbiológico, lo incluimos aquí por su potencial utilidad en la valoración del niño febril o con neumonía.

La PCR se sintetiza en el hígado en respuesta a niveles altos de citocinas, a partir de las 4-6 horas del inicio de la inflamación o agresión tisular y va doblando sus valores cada 8 horas, hasta llegar a un pico a las 36 horas. Actúa como modulador inmunitario, promoviendo la síntesis de complemento por la vía clásica y favoreciendo la fagocitosis. En recientes estudios(18), la PCR vuelve a ser reivindicada como un instrumento útil en la valoración del niño febril. En un metaanálisis de referencia, y con un nivel de corte propuesto de 32 mg/L, se ha mostrado con similar precisión diagnóstica que la PCT, considerada generalmente como más sensible y específica, concepto, no obstante, proveniente de estudios en los que hay un sesgo de gravedad, con una alta tasa de enfermedad bacteriana grave (EBG), como sepsis o meningitis. Se considera, a partir de estos datos, que la PCT sería más un marcador de la severidad de la infección bacteriana que un diferenciador básico de enfermedad viral o bacteriana. La PCT tiene la ventaja de que se eleva más precozmente que la PCR, que puede presentar una ventana silente de unas 8 horas. Sin embargo, el coste de determinación de la PCR es sensiblemente inferior. Recientemente, incluso, se vuelve a proponer la PCR, como un instrumento complementario útil en la valoración etiológica de la neumonía adquirida en la comunidad(14,19).

La posibilidad de practicar PCR en la consulta de AP, parece de gran utilidad para una valoración más precisa del SFSF en el grupo etario de riesgo de BO, con la disminución consiguiente de la derivación hospitalaria innecesaria. Las nuevas técnicas de determinación rápida de la PCR en sangre capilar son muy cómodas para el niño, tienen un bajo coste y permiten disponer del resultado en pocos minutos, por lo que se pueden tomar decisiones prácticas en el mismo acto médico. Recientemente(20), se ha demostrado su adecuada correlación con las técnicas convencionales y su utilidad en un servicio de urgencias, para el manejo del lactante febril sin foco.

Procalcitonina

La esperada aparición de un TDR para la procalcitonina (PCT), de potencial utilización en Atención Primaria, supone la disponibilidad de una técnica potencialmente muy útil y resolutiva para el pediatra práctico, al suplir las limitaciones de la Proteína C Reactiva (PCR), que tiene una ventana silente de unas 8 horas, tiempo que tarda el hígado en empezar a sintetizarla. La PCT, compartiendo similares propiedades que la PCR, es de aparición más precoz, es más específica que la PCR y sus niveles guardan relación con la severidad de la infección(21-22).

La PCT es un polipéptido de 116 aminoácidos, precursor de la calcitonina y que por efecto de la convertasa de las células C de la glándula tiroides, se fracciona en varios componentes, uno de los cuales es la calcitonina, con papel en la homeostasis del calcio. Normalmente, la PCT es indetectable en sangre, ya que se fracciona antes de ser secretada.

La concentración de PCT circulante en individuos sanos permanece por debajo de 0,1 ng/ml y no se afecta por las infecciones víricas ni por la colonización bacteriana, pero el nivel aumenta rápidamente con las infecciones bacterianas. En estas, por efecto de las toxinas, tanto de Gram positivos como negativos, se estimula la producción de PCT en diversos tejidos, inactivándose, además, la enzima convertasa, con lo que se inhibe la proteólisis de la PCT y esta se libera inmediatamente al torrente sanguíneo (al contrario, este proceso se bloquea en las viriasis). Todo ello permite que la PCT se detecte en sangre en unas 3 horas, con un nivel máximo a las 12, nivel que persiste varios días. Tiene una vida media plasmática de unas 24-30 horas. La PCT está considerada como el marcador más específico y precoz para la detección de la sepsis. Los niveles séricos se corresponden con la gravedad de la afección y con la respuesta al tratamiento, lo que le otorga gran valor diagnóstico y pronóstico en las infecciones bacterianas y sepsis. Niveles altos orientan hacia la existencia de una infección sistémica, grave y/o bacteriana en lugar de viral o inflamatoria. Sirve, además, como auxiliar en el monitoreo de la evolución y tratamiento de niños con infecciones bacterianas y, como auxiliar de diagnóstico en casos con fiebre sin focalidad aparente, incluso en pacientes: inmunodeprimidos, neutropénicos, oncológicos y trasplantados y, asimismo, en la monitorización de estados inflamatorios no infecciosos. La confirmación temprana de la etiología vírica vs bacteriana, implica un mejor manejo en la utilización de antibióticos, evitándolos en cuadros febriles sin foco, y en un uso más racional de la derivación a urgencias hospitalarias y de la petición de exámenes complementarios.

En infecciones localizadas, puede alcanzar los 0,5 ng/ml. En un estado de sepsis bacteriana con repercusión sistémica, la PCT comienza a aumentar a las 3-6 horas de producido el estímulo, alcanza su concentración máxima entre las 12 y 36 horas siguientes, con valores incluso mayores de 10 ng/ml y luego, cuando dicho estímulo desaparece, comienza a decaer; su vida media es de 25-30 horas. Este aumento de, muchas veces su valor normal, lo hace un marcador ideal para sepsis bacteriana. Cuando la sepsis no es de origen bacteriano, los niveles se mantienen en el rango inferior (< 0,1 ng/ml), lo que resulta muy útil en un diagnóstico diferencial de infecciones virales y estados alérgicos.

Cuando se tienen niveles entre 0,5 y 2 ng/ml, no puede ser excluida la infección bacteriana y se recomienda otra determinación dentro de las 6-24 horas, observando los signos y síntomas clínicos. Es conveniente repetir la prueba cada 24 horas en pacientes con riesgo de desarrollar sepsis, para su monitoreo.

Concentraciones de PCT persistentemente elevadas o incrementos plasmáticos continuados, generalmente señalan que la infección no se resuelve, no está bajo control y/o las medidas terapéuticas no son efectivas. En sentido contrario, el retorno de la PCT a niveles basales indica que el proceso infeccioso se está resolviendo y que el tratamiento es efectivo. Una ventaja del tratamiento guiado por la PCT es evitar la prescripción innecesaria de antibióticos o la duración excesiva de la antibioticoterapia (controles sucesivos), con efectos beneficiosos sobre la resistencia antimicrobiana.

• Rango de trabajo 0,1 a 100 ng/ml.

• <0,1 ng/ml valores normales.

• 0,1 a 0,25 ng/ml (punto de corte) viriasis, improbable infección bacteriana.

• 0,25 a 0,5 ng/ml posible infección bacteriana.

• 0,5 a <2 ng/ml infección bacteriana probable.

• >2 ng/ml a >10 ng/ml infección bacteriana, sepsis, muy probable.

• >10 ng/ml compatible con sepsis.

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Detección precoz del trastorno del espectro autista durante el primer año de vida en la consulta pediátrica

V. Martínez-Suárez*, D. Martínez-Hernández**, J.J. Zamorano-León**, B. Larrea-Cruz***, F.J. Pellegrini Belinchón****, Á. Jiménez del Valle*****, R. Bermejo Rodríguez*****


L. Busquets1,2, J. Miralbell1,3, P. Muñoz1, N. Muriel1, 4, N. Español5, L. Viloca1, M. Mestres1

1Centro de investigación y formación Carrilet. Barcelona. España. 2Centro de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) Equip 40. Sant Vicenç dels Horts, Sant Feliu de Llobregat y Vallirana. España. 3Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología. Universidad de Barcelona. España. 4Centro de Desarrollo y Atención Precoz (CDIAP) Maresme. Mataró. España.5Centro de Atención Primaria Santa Eulàlia. Barcelona. España

Resumen

Las señales de alarma del Trastorno del Espectro Autista (TEA) pueden detectarse desde el primer año de vida. Se observan en el niño, la familia y la relación entre ambos. La consulta pediátrica es un contexto natural idóneo para la observación de dichas señales y para recoger las preocupaciones de la familia. En el presente artículo, se describen las principales señales de alarma en este período vital, se resume el algoritmo para la detección precoz en el marco de las visitas de seguimiento pediátrico rutinarias y se detallan las herramientas estandarizadas de cribado más recomendadas. La identificación de los niños de riesgo facilitará su derivación a los centros de atención temprana para una intervención precoz.

 

Abstract

The early signs of Autism Spectrum Disorder (ASD) can be detected in the first year of life. They are observed in the child, the family and the relationship between both. The paediatric consultation is a natural context suitable for observing these signs and for gathering the concerns of the family. In this article we describe the main signs of autism during this vital period, we summarize the algorithm for early detection in the framework of routine paediatric follow-up visits and detail the most recommended standardized screening tools. The identification of children at risk will facilitate their referral to early years centres for early intervention.

 

Palabras clave: Autismo; Trastornos del Espectro Autista; Prevención; Detección precoz

Key words: Autism; Autism Spectrum Disorders; Prevention; Early detection

 

Pediatr Integral 2018; XXII (2): 105.e1 – 105.e6


Detección precoz del trastorno del espectro autista durante el primer año de vida en la consulta pediátrica

Introducción

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno psicobiológico de la intercomunicación, la interacción y la flexibilidad mental que se manifiesta antes de los 30 primeros meses de vida y que da lugar a un deterioro del desarrollo emocional y cognitivo. Afecta a todas las áreas de la vida de una persona y se considera una de las patologías más graves del desarrollo, la conducta y la comunicación(1-3).

Las señales de alarma de dificultades de comunicación y relación, compatibles con TEA, se han descrito y pueden identificarse desde edades tan tempranas como los seis primeros meses de vida(4,5).

El pediatra de Atención Primaria tiene una importante función en la detección precoz del TEA. La consulta pediátrica es un contexto natural idóneo para la observación de estas señales de alarma y recoger las preocupaciones de los cuidadores(6).

Durante esta primera etapa de desarrollo, entendemos las primeras señales de alarma, como elementos biológicos, emocionales o relacionales que nos sugieren un riesgo de afectación del desarrollo del niño. Por tanto, no se trata tanto de hacer un diagnóstico precoz, sino de detectar un conjunto de signos que pueden comprometer su desarrollo.

Señales de alarma precoces del trastorno del espectro autista en el primer año de vida

La detección del TEA se basa principalmente en la observación clínica, en la observación de las conductas del niño, la familia y la relación entre ambos(7). En la consulta, también pueden considerarse las puntuaciones obtenidas en los cuestionarios específicos y la información procedente de interconsultas. Además, se han descrito biomarcadores que pueden contribuir al juicio clínico(8).

Señales de alarma en el niño

Estudios previos muestran que las señales más evidentes en el niño durante el primer año de vida implican los dominios de comunicación e interacción social (p. ej., la falta de contacto ocular o de imitación), mientras que los intereses sensoriales inusuales y/o comportamientos repetitivos y estereotipados aparecen más tarde, después de los 2 años(9).

Las señales de alarma incluyen:

• La presencia de signos patológicos.

• La ausencia de conductas propias del desarrollo típico.

• Diferencias cualitativas en el desarrollo de competencias y conductas.

Se clasifican según 2 tipos: las ruidosas o por exceso, que se captan rápidamente (p. ej.: llanto indiferenciado, echarse atrás ante el contacto, hipotonía, etc.) y las silenciosas o por defecto, más difíciles de reconocer (p. ej.: no comer, mirar de manera fija, silencio, insomnio, calma silenciosa, etc.)(9). Es importante tener en cuenta que una señal de alarma no implica necesariamente una afectación del desarrollo. También se puede encontrar en un niño / a con desarrollo normal, ser un signo transitorio o bien un aspecto reactivo del niño a determinadas situaciones ambientales(10). Se considera que hay riesgo de TEA, cuando observan más de 2-3 señales de alarma con una intensidad, frecuencia y duración significativas(9,11). Las tablas I y II describen las principales señales de alarma y las manifestaciones clínicas de los 2-6 meses y 6-12 meses, respectivamente.

Señales de alarma en los cuidadores y la relación

Se han evidenciado cambios en los patrones de relación de los cuidadores en relación a su hijo/a con TEA(9), así como un mayor nivel de estrés parental(12). Se describen dos tipos de conductas: las de inicio y mantenimiento de la relación, que aparecen en los primeros meses, y las de desánimo y desconexión que se van instaurando progresivamente. Entre las primeras, destaca una mayor estimulación física y uso de objetos para captar su interés, cambio del tono de voz y conductas más directivas (primando la comprensión por encima de la comunicación). Entre las segundas, se observa el silencio, la reducción de la conducta espontánea e introducción de objetos que sustituyen la relación.

Por otra parte, entre el 30 y 40% de los padres de niños posteriormente diagnosticados de TEA, mostraron preocupación durante el primer año de vida(12).

Proceso de detección

El objetivo de la detección precoz no es hacer un diagnóstico, sino identificar a los niños / as con riesgo de que su desarrollo evolutivo quede comprometido.

La detección se lleva a cabo de forma rutinaria en el protocolo de actividades preventivas y de promoción de la salud en las áreas de Atención Primaria.

Para el proceso de detección de los niños situados en el rango de preocupación de desarrollar TEA, se definen dos niveles: la vigilancia del desarrollo, que permite a los profesionales tener una certeza razonable de que el niño presenta un desarrollo normal y la detección específica. La figura 1 muestra el protocolo para el reconocimiento, derivación y diagnóstico del TEA, según el National Institute for Health and Care Excellence(8).

Figura 1. Algoritmo de detección y diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Adaptado de NICE, 2012.

La American Academy of Pediatrics (AAP) recomienda realizar un seguimiento para identificar retrasos del desarrollo a los 9, 18, 24 y 30 meses. Diversos estudios, también han analizado la viabilidad y la efectividad de un cribado sistemático específico por TEA en el marco de las visitas de seguimiento pediátrico rutinarias. Los resultados sugieren que este es factible, que repercute en un incremento de los casos detectados y que la combinación del cribado con el seguimiento de desarrollo presenta la mayor eficacia(10). A pesar de no existir un consenso internacional, la AAP recomienda que este se realice a los 18 y los 24 meses de edad. Los motivos principales son, en primer lugar, la mayor estabilidad de los síntomas TEA en esta edad y, en segundo lugar, la existencia de herramientas de cribaje con suficiente fiabilidad a partir de los 18 meses(10).

Recientemente, un estudio a gran escala de los bebés de 1 año realizado en consultorios pediátricos, reveló que las señales precoces de TEA podrían ser identificadas de manera fiable mediante un cuestionario informe de los padres a los 12 meses(10).

Es importante destacar que la APA recomienda un seguimiento más intensivo a la población que se considera de riesgo (Tabla III).

Observación de la conducta del bebé y los cuidadores

Se aconseja en primer lugar, dedicar un tiempo a la observación sin intervenir, con el fin de observar la conducta espontánea del niño /a y la díada (cuidador-niño). Posteriormente, se pueden realizar acciones dirigidas a valorar los ítems de desarrollo y/o las señales de alarma de TEA anteriormente descritos, según la edad cronológica del niño (Tabla IV).

La exploración se llevará a cabo en buenas condiciones físicas: que no estén enfermos y que no tengan hambre ni sueño. Hay que establecer una buena relación con el niño y dejar transcurrir el tiempo necesario para que este se adapte a la situación.

Cuestionarios específicos

Se recomienda el uso combinado de escalas y cuestionarios rápidos, fáciles de administrar, tanto a padres como a profesionales y de corrección inmediata(10). Se ha evidenciado una buena concordancia entre los reportes parentales y la observación clínica del profesional de las conductas de TEA(10).

En la actualidad, la escala de cribado específica para TEA más validada es el Modified CHAT o M-CHAT-R (The Checklist for Autism in Toddlers)(Canal-Bedia et al., 2011), que puede administrarse entre los 18 y los 30 meses de edad.

Las escalas utilizadas de forma rutinaria para la vigilancia del desarrollo del niño en los controles periódicos de salud, pese a no ser específicas de TEA, son sensibles a una gama más amplia de trastornos del neurodesarrollo que en los dos primeros años de vida y pueden mostrar unos fenotipos conductuales similares al TEA(10). Es esperable pues, que la administración de estas escalas y cuestionarios permita detectar niños con posible riesgo de TEA. Entre ellas destacan: la Escala Haizea-Llevant (Fernández-Matamoros 2011), el ADBB (Alarm Distress Baby Scale, Guedeney, et al., 2001), el First Year Inventory (FYI, Reznik, et al., 2007), el Pervasive Developmental Disorder Screening test (PDDST-II) (Siegel, et al., 2004) o el Cuestionario del bebé y del niño pequeño (Infant-Toddler Checklist, Whetherby, et al., 2002), entre otros.

Información de interconsultas

Puede ser de relevancia la información proveniente de interconsultas acerca de antecedentes familiares (hermanos con TEA, familiares con problemas psiquiátricos graves, consumo de tóxicos, etc.), maltrato y negligencia a la familia, la situación socio-económica familiar (dificultades económicas, aislamiento social, nivel educativo bajo) o patologías orgánicas del niño que puedan afectar al neurodesarrollo, como por ejemplo: prematuridad, patologías genéticas, metabólicas y neurológicas(10).

Una vez hecha la detección de los casos con sospecha de riesgo de TEA, es necesario un diagnóstico. El diagnóstico de TEA es llevado a cabo por un equipo multidisciplinar especializado que incluye: psicólogos, neuropediatras/psiquiatras y logopedas, entre otros(8). Se basa en una observación clínica de aspectos socio-emocionales, cognitivos, conductuales y médicos, junto a la administración de pruebas específicas, como el Autism Diagnostic Observational Schedule 2 (ADOS-2) (Lord, et al., 2001) y el Austim Diagnostic Interview revisado (ADI-R) (Rutter, et al., 2006), mediante el ADOS y el ADI-R…, que pueden realizarse desde los 12 meses de edad. Sin embargo, según estos instrumentos se recomienda hablar de diagnóstico a partir de los 31 meses de edad, antes de nivel de preocupación de síntomas TEA. Otros estudios indican que cuando el diagnóstico se realiza a los 2 años, ya hay una estabilidad alta entre el 68 y el 100%(10).

Conclusiones

La detección precoz del TEA es posible. La identificación y el diagnóstico temprano son clave para iniciar las intervenciones terapéuticas más adecuadas.

Los estudios realizados hasta el momento evidencian que las señales de alarma del TEA pueden detectarse desde el primer año de vida. Estas se observan en el niño, el cuidador y la relación entre ambos, e incluyen:

• La presencia de signos patológicos.

• La ausencia de conductas propias del desarrollo típico.

• Diferencias cualitativas en el desarrollo de competencias y conductas.

Se considera riesgo de TEA cuando se observan > 2-3 señales de alarma con una intensidad, frecuencia y duración significativas.

Según guías internacionales, la consulta pediátrica es el contexto idóneo para la observación de dichas señales. La sensibilización y formación específica de los profesionales de Atención Primaria en señales de alarma de TEA durante el primer año de vida es clave, pues la identificación de los niños de riesgo facilitará su derivación a los centros de atención temprana para una intervención precoz.

Función del pediatra de Atención Primaria

La actitud de escucha atenta y con interés por ayudar al niño y a su familia tiene ya una función preventiva y promotora de salud(13). Además, tiene un papel clave en la detección de las señales de alarma de TEA, puesto que suele ser el primer punto de contacto con los centros de salud y la persona a quién los padres más probablemente manifestarán sus preocupaciones. Es importante que el pediatra conozca las señales tempranas del TEA y que disponga de una estrategia para evaluarlos sistemáticamente. Además, tiene que conocer los centros especializados de la zona para realizar un diagnóstico e intervención específicos.

Bibliografía

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12. Bonis S. Stress and Parents of Children with Autism: A Review of Literature. Issues in Mental Health Nursing. 2016; 37: 153-63.

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Estudio Delphi “lavados nasales con aguas de mar”

V. Martínez-Suárez*, D. Martínez-Hernández**, J.J. Zamorano-León**, B. Larrea-Cruz***, F.J. Pellegrini Belinchón****, Á. Jiménez del Valle*****, R. Bermejo Rodríguez*****
 


V. Martínez-Suárez*, D. Martínez-Hernández**, J.J. Zamorano-León**, B. Larrea-Cruz***, F.J. Pellegrini Belinchón****, Á. Jiménez del Valle*****, R. Bermejo Rodríguez*****

*Centro de Salud El Llano (Gijón). **Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid. ***Fundación para la Investigación Biomédica, Hospital Clínico San Carlos de Madrid. ****Centro de Salud Pizarrales de Salamanca. *****Departamento Médico Reig Jofre

 

Resumen

Los lavados nasales con agua de mar aportan beneficios en la prevención y tratamiento adyuvante de diferentes patologías respiratorias, así como en la recuperación tras procedimientos endoscópicos y quirúrgicos. Sin embargo, no existe un acuerdo o consenso en la comunidad médica sobre sus efectos beneficiosos, condiciones de salud para su recomendación, y pautas de uso, experiencia profesional y percepción sobre la aceptación de los pacientes/usuarios. El objetivo del presente estudio Delphi, fue analizar la opinión, la actitud y el comportamiento de los principales especialistas involucrados en la recomendación de las soluciones nasales de agua de mar. En el estudio participaron 175 especialistas, pertenecientes a las especialidades de pediatría, alergología y otorrinolaringología. En una primera fase respondieron de forma anónima un cuestionario con 24 ítems en base a las aseveraciones publicadas en la literatura científica sobre aspectos generales y específicos de la composición y administración, ventajas clínicas y potencial uso, opinión sobre la aceptación de los pacientes. Posteriormente, en una segunda fase los resultados fueron analizados y consensuados por 7 expertos propuestos por las sociedades científicas colaboradoras de las tres especialidades citadas. Los resultados revelaron que todos los ítems fueron consensuados por más de los 2/3 de los participantes, sugiriéndose el uso de soluciones con agua de mar como medida preventiva y co-tratamiento para algunas patologías respiratorias altas, preferiblemente a las soluciones salinas fisiológicas estándares (suero fisiológico tradicional), debido principalmente a la exclusiva composición en oligoelementos del agua de mar y a su alcalinidad. El presente trabajo puede resultar de gran interés, por cuanto no existen en la actualidad investigaciones sociosanitarias cuantitativas ni cualitativas sobre los beneficios de los lavados nasales con soluciones de agua de mar.

 

Abstract

The use of nasal solutions with seawater have benefits in the prevention and as adjuvant treatment of different respiratory pathologies as well as in the recovery of endoscopic and surgical procedures. However, in the medical community there is no consensus about use of nasal solution of seawater. The objective was to analyze the opinion, attitude and behavior of specialists involved in the indication of the nasal solutions of seawater to healthy and upper respiratory diseases population. 175 specialists from the pediatric, allergy and otorhinolaryngology specialties were recruited. They anonymously answered a questionnaire with 24 items that included the general and specific features, clinical advantages and potential use of seawater solutions. Subsequently, in a second phase, results were analyzed and agreed by 7 experts from the three specialties mentioned above. Results have revealed that all the items were agreed by more than 2/3 of the participants, suggesting the use of sea water solutions as an efficient preventive factor and as upper respiratory diseases cotreatment. Seawater solutions seem to be more efficient than saline solutions standards, due to composition and alkalinity of seawater. The present work may be of great interest to health professionals because there are currently no quantitative or qualitative socio-sanitary works about advantages of nasal washes with seawater solutions.

 

 

Pediatr Integral 2017; XXI (8): 559.e1 – 559.e8


Estudio Delphi lavados nasales con aguas de mar: opinión, actitud y comportamiento médico sobre el uso de soluciones nasales de agua de mar

Introducción

Los contaminantes del aire inhalado pueden llegar a inducir daños en la mucosa de las vías respiratorias(1-3), provocando la aparición de diferentes patologías respiratorias(4-7). Los sistemas de irrigación nasal con soluciones salinas fisiológicas (suero fisiológico tradicional) isotónicas, han sido utilizadas durante largo tiempo como medida de higiene preventiva y/o como tratamiento adyuvante en diferentes patologías respiratorias de vías altas(8-12). Sin embargo, en los últimos años diferentes evidencias clínicas y experimentales están sugiriendo una mayor efectividad de los lavados nasales con soluciones de agua de mar(13,14). En la actualidad, la utilización de soluciones nasales con agua de mar parece aportar ventajas clínicas como co-tratamiento en rinosinusitis aguda y crónica(15,16), rinitis alérgica(17,18), así como en la disminución del tiempo de recuperación tras procedimientos endoscópicos y quirúrgicos(19-21).

Sin embargo, a pesar de las potenciales ventajas del agua marina sobre el suero fisiológico tradicional, en España el uso de soluciones nasales de agua mar es muy bajo comparado con el resto de países europeos. Este bajo uso parece deberse principalmente al escaso conocimiento de los potenciales beneficios de las soluciones con agua de mar y su consideración por parte de los profesionales sanitarios como un “recurso terapéutico menor”. En este sentido, existen muy pocos estudios sociosanitarios que aborden la problemática del uso de las soluciones salinas y ninguno que tenga en cuenta la opinión, actitud y comportamiento de los profesionales sanitarios involucrados en la atención a pacientes en los que esté indicado su empleo. Además, actualmente no existen documentos de consenso acerca de su uso, ni tampoco protocolos de aplicación uniformes.

Numerosos estudios han demostrado que las técnicas de investigación cualitativa (ICL), basadas en la metodología Delphi, permiten el análisis de información para comprender una realidad a partir de diferentes perspectivas y alcanzar resultados de consenso y acuerdos en temas de interés sobre los que no hay informaciones concluyentes o cuando éstas son difíciles de obtener(22,23). Por ello, el objetivo de este trabajo fue analizar mediante la metodología de ICL la opinión, actitud y comportamiento de los principales especialistas involucrados en la recomendación de los lavados nasales con agua de mar, sobre sus efectos beneficiosos, condiciones de salud para su recomendación y pautas de uso, experiencia profesional y percepción sobre la aceptación de los pacientes/usuarios. Se pretende así lograr un amplio consenso y establecer una serie de recomendaciones prácticas que sirvan para establecer estrategias que mejoren el conocimiento profesional de las aguas de mar, así como el uso por parte de paciente/usuario.

Metodología

El estudio se diseñó en dos fases. Una primera fase fundamentada en el método de investigación cualitativa Delphi, que se basó en la selección de un grupo de especialistas a los que se les preguntó de manera totalmente anónima su opinión, actitud y comportamiento sobre cuestiones referidas a la recomendación del uso de lavados nasales con soluciones fisiológicas de agua de mar. En la segunda fase, los resultados obtenidos del cuestionario fueron analizados en “reuniones de consenso” siguiendo una variante del enfoque metodológico RAND/UCLA, también conocido como RAM o Método de Uso Apropiado. Esta variante se fundamentó en el juicio colectivo de un panel de expertos propuestos por las sociedades científicas colaboradoras, sobre los resultados obtenidos en la primera fase del estudio.

Tamaño muestral y selección de expertos

Se seleccionaron 175 especialistas entre las principales especialidades involucradas en la atención al paciente con patologías de vías respiratorias altas: pediatría, alergología y otorrinolaringología. Se tuvo en cuenta el porcentaje medio de prescripción de soluciones nasales con suero fisiológico y/o con agua de mar de cada especialidad con el objetivo de que la distribución fuera proporcional al peso de cada especialidad. En el caso de las tres especialidades, se incluyeron un número representativo de profesionales con actividad docente y tutoría MIR, además de la asistencia clínica. El panel de 175 especialistas es más amplio que el habitualmente empleado en la aplicación de la técnica Delphi, pero se justifica en la necesidad de que haya representación de las tres especialidades comentadas, así como en conseguir una mayor participación a nivel nacional.

Consulta y cuestionario de consenso

Para la consulta a los profesionales sanitarios se empleó un cuestionario estructurado en tres apartados:

1. Aspectos generales.

2. Aspectos específicos.

3. Aspectos clínicos y protocolos de actuación.

A través de un total de 24 ítems finales se recogieron las valoraciones sobre diferentes aspectos de las soluciones nasales con agua de mar extraídos de la literatura científica publicada: composición, efectos sobre la barrera mucociliar, acondicionamiento del aire, indicaciones y usos terapéuticos, experiencia clínica personal, consideración de las preferencias de los pacientes, impacto sobre la calidad de tratamiento y calidad de vida de los pacientes y evaluación de la existencia de guías y protocolos de actuación, así como la utilidad de su disponibilidad.

La cumplimentación del cuestionario (Anexo I) se realizó de manera totalmente independiente y anónima por parte de los profesionales sanitarios mediante el acceso a la página web (http://esferasalud.com/delphin/setup.html).

Evaluación de los resultados del cuestionario

Cada uno de los ítems del cuestionario proponía una serie de recomendaciones evaluables de 1 al 9, de tal manera que aquellas evaluaciones que fueran 1, 2 o 3 se corresponderían con planteamientos inapropiados, las evaluaciones 4, 5 o 6 serían planteamientos dudosos, con riesgo y beneficios de aplicación similares, y las evaluaciones 7, 8 o 9 se considerarían planteamientos apropiados.

El objetivo de consenso se planteó con un valor de la mediana para el consenso del grupo de 7 o más en los diferentes ítems por parte de las 2/3 partes (66,7%) o más de los participantes, así como un grado de dispersión del rango intercuartílico inferior a 4 puntos (rango de puntuaciones contenidas entre los valores p25 y p75 de la distribución). Por el contrario, se consideró discordancia de criterio cuando las puntuaciones de un tercio o más de los profesionales sanitarios estaban entre los valores 1 y 3. Los ítems restantes en los que no se observaba concordancia ni discordancia o se aprecia una alta dispersión (rango intercuartílico >= 4 puntos), se consideraron como nivel de consenso “indeterminado”.

Fase RAND/UCLA

Para la fase RAND/UCLA se seleccionaron 7 expertos líderes de opinión de las distintas especialidades, lo que posibilitó el conocimiento y discusión entre los participantes a través de reuniones presenciales, que tenían por objetivo analizar los resultados de la primera fase y obtener conclusiones de manera consensuada.

Limitaciones del estudio

El estudio presenta algunas limitaciones que nos gustaría resaltar.

Las investigaciones sanitarias con metodología cualitativa basadas en la opinión (idea, juicio o concepto acerca de algo), actitud (manera de estar dispuesto a comportarse u obrar) y comportamiento (manera de actuar ante una situación determinada) del médico pueden conllevar algún error evaluativo, pues no siempre las tres se corresponden. Por otro lado, para preservar la literalidad de las conclusiones e interrogantes de los mejores estudios clínicos disponibles en la actualidad, algunos de los ítems planteados en el cuestionario recogen más de un aspecto, por lo que podría inducirse al experto participante a incurrir en una respuesta global para algún planteamiento multifactorial. No obstante, los resultados obtenidos en el presente trabajo pueden resultar de gran interés para los profesionales sanitarios por el rigor metodológico aplicado y por cuanto no existen en la actualidad investigaciones sociosanitarias cuantitativas ni cualitativas en el campo de las soluciones nasales con agua de mar.

Resultados

Primera fase Delphi

Los 175 médicos participantes en el panel pertenecían a las especialidades de pediatría (50%), alergología (20%) y otorrinolaringología (30%), y procedían de hasta 16 comunidades autónomas distintas, siendo las de mayor representación la de Andalucía, Madrid, Cataluña y Valencia. Existía un aumento no significativo del porcentaje de mujeres (54%) respecto al de hombres (46%), siendo la edad media de 47,8 años. Todos ellos acreditaron una amplia experiencia, con más de 20 años de ejercicio profesional en la sanidad pública, principalmente en un hospital o en un centro de salud. De acuerdo con las respuestas dadas, cada uno de ellos atendía diariamente una media de 10-11 pacientes susceptibles de ser tratados con soluciones nasales de agua de mar.

Descriptivo general del cuestionario

Todos los ítems abordados en el estudio fueron consensuados por más de los 2/3 de los participantes, con valores de la mediana entre 7 y 9 y destacando la baja dispersión de las respuestas con rangos intercuartílicos de 1-2 en todas las cuestiones estudiadas (Tablas I-III).

Todas las cuestiones fueron acordadas con un consenso superior al 68%, el 87% de las cuestiones con el acuerdo del 70% o más de los participantes, el 43,5% de las cuestiones con el acuerdo del 80% o más de los participantes y el 17,4% de las cuestiones con el acuerdo del 90% o más de los participantes. El valor de la mediana fue de 9 en el 4,3% de los ítems, de 8 en el 65,2% de los casos, y de 7 en el 30,5%. El valor del rango intercuartílico fue de 1 en el 26% de los ítems analizados y de 2 en el 74% restante.

Aspectos generales del uso de lavados nasales con soluciones de agua de mar

Como puede observarse en la tabla I, el análisis de los cuestionarios reveló que todos los ítems agrupados en la sección de cuestiones generales acerca de los usos y los beneficios adicionales de soluciones nasales de agua marina respecto a las soluciones salinas fisiológicas mostraron un porcentaje de aceptación superior al 76% de los encuestados, con unas medianas superiores a 8 y rangos intercuartílicos iguales o inferiores a 2.

Los ítems con mayor índice de acuerdo de los profesionales (superior al 90%) se correspondían a la aceptación de que las soluciones nasales con agua de mar pueden estar indicadas para la higiene nasal diaria de todos los individuos, independientemente del rango de edad (pediatría y población general) y que las soluciones de agua marina también deberían ser empleadas como complemento a tratamientos farmacológicos en diferentes patologías de vías respiratorias altas (Tabla I). Asimismo, se acordó con un porcentaje de consenso del 76,57% que los lavados nasales con agua de mar eran preferibles a los realizados con suero salino fisiológico tradicional, por la exclusiva composición de oligoelementos y alcalinidad del agua marina (Tabla I).

Aspectos específicos del uso de lavados nasales con soluciones de agua de mar

En la tabla II, se muestra la aceptación de todos los ítems propuestos acerca de las características específicas de soluciones nasales de agua marina (alcalinidad, concentración, modo de uso en la aplicación de la solución, efectos secundarios, etc.). Los resultados obtenidos, muestran un amplio consenso con porcentajes de acuerdo que van desde el 68,0% al 95,4% de los profesionales encuestados y valores de medianas de 7-8 con rangos intercuartílicos iguales o inferiores a 2 (Tabla II).

Los mayores porcentajes de aceptación (superiores al 90%) fueron los ítems en los que se pusieron de manifiesto las ventajas de la utilización de sprays nasales con diseños ergonómicos y el beneficio del uso de soluciones salinas en procesos patológicos de las vías respiratorias altas por los efectos beneficiosos adicionales para los pacientes (Tabla II).

Aspectos clínicos y protocolos de actuación del uso de lavados nasales con soluciones de agua de mar

En la tabla III, se recogen los datos obtenidos de los ítems propuestos acerca de la experiencia de los médicos sobre el uso de las soluciones nasales de agua marina. Como puede verse en la tabla III, todos los ítems planteados en este bloque de preguntas pueden considerarse consensuados con diferentes niveles de mayoría que van desde el 69,7% al 86,9% de los encuestados, con valores de mediana de 7-8 y rangos intercuartílicos iguales o inferiores a 2.

Los resultados muestran, según la experiencia de los médicos encuestados, que el dispositivo de spray por microdifusión a baja presión es el preferido por los pacientes, siendo las soluciones salinas de agua de mar de gran ayuda para mejorar la respiración a través de la reducción de la mucosidad y la congestión (Tabla III).

Otro aspecto clave que se muestra en la tabla III es que la mayoría de los médicos encuestados, con porcentajes de consenso superiores al 84%, coinciden en la utilidad y necesidad de protocolos o guías de utilización de las soluciones nasales de agua marina.

Resultados segunda fase RAND/UCLA

Los resultados de consenso obtenidos en la fase RAND/UCLA por los 7 expertos en las especialidades de pediatría, otorrinolaringología y alergología se recogen en la tabla IV. Los apartados 1, 2, 3, 4 y 9 fueron consensuados por acuerdo mayoritario en la primera vuelta y el resto, en una segunda vuelta (Tabla IV).

Discusión

La variante de la metodología cualitativa Delphi utilizada en este trabajo ha permitido llegar a un amplio consenso, con un porcentaje de acuerdo medio superior al 80%, para las cuestiones planteadas acerca de los beneficios terapéuticos, indicaciones y uso de las soluciones nasales de agua marina.

Existen numerosos estudios que coinciden en el beneficio de los lavados nasales con soluciones fisiológicas de agua de mar, como tratamiento adyuvante en diferentes procesos patológicos de vías respiratorias altas, así como su eficacia en la prevención de las mismas(24-28). Sin embargo, en la actualidad no existe un criterio uniforme reconocido a la hora de establecer un protocolo de actuación sobre la práctica de estos lavados nasales, ni los tipos de soluciones nasales más idóneas o beneficiosas. En nuestro estudio uno de los puntos acordados por parte de los profesionales encuestados fue que las soluciones nasales de agua de mar eran más efectivas que las soluciones fisiológicas tradicionales (0,9% NaCl), en la prevención y restauración de la salud de la mucosa nasal, ya que proporcionan la humedad adecuada para una correcta ventilación y un óptimo acondicionamiento del aire inhalado. Esta respuesta, obtenida a partir de la experiencia de los profesionales encuestados, parece estar sustentada también por los hallazgos de diferentes estudios clínicos(17,18). En este sentido, recientemente se ha referido que el agua de mar es capaz de mejorar significativamente la frecuencia del movimiento ciliar y la funcionalidad de la mucosa nasal comparado con soluciones salinas fisiológicas estándar(13,29-30).

Los expertos encuestados llegaron a la conclusión que los efectos beneficiosos del agua de mar en la funcionalidad de la mucosa nasal podrían deberse a la exclusiva composición de oligoelementos y alcalinidad del agua marina. Las soluciones de agua de mar contienen sodio y cloro, como las soluciones salinas fisiológicas estándares, pero además tienen bicarbonatos y oligoelementos como el calcio, potasio y magnesio, principalmente(14). Estos oligoelementos han revelado efectos positivos en diferentes procesos celulares que favorecen la funcionalidad de la mucosa nasal. En este sentido, el ion magnesio tiene la capacidad de reducir la inflamación local a través de la reducción de la secreción de citoquinas y la desgranulación de leucocitos(31,32). Adicionalmente, se ha observado que el ion magnesio también reduce la apoptosis celular en la mucosa respiratoria(33). La presencia del ion calcio en el citoplasma celular favorece la sincronización y regulación de la frecuencia de batimiento ciliar, mientras que el potasio promueve diferentes procesos de regeneración celular a través de la vía EGF/EGFR(34,35). Por otro lado, el ion bicarbonato reduce eficientemente la viscosidad del mucus y, por tanto, facilita su eliminación(36). En esta línea, numerosos estudios han descrito que el pH (7,9) alcalino del agua marina favorece el movimiento ciliar de la mucosa respecto al pH ácido (5,2) del suero fisiológico tradicional o las soluciones salinas estándares(37,38).

Otro de los resultados más destacables del estudio es el acuerdo unánime por parte de los expertos encuestados en que los lavados nasales con agua de mar podrían considerarse un tratamiento no farmacológico que aporta beneficios más allá de la simple higiene, aliviando la sintomatología, contribuyendo al control de la enfermedad y a la prevención y/o reducción de complicaciones o recidivas. Diferentes estudios han descrito que los lavados nasales con soluciones de agua de mar son más efectivos que el suero fisiológico tradicional en el tratamiento de rinitis alérgica(39,40), rinosinusitis crónica (15,16) e incluso tras procedimientos quirúrgicos(19-21) en términos de sintomatología, disminución de tratamiento con corticoides y períodos de recuperación(15,39).

Un aspecto interesante de nuestro estudio es la necesidad de desarrollar un protocolo o guía de uso de las soluciones nasales de agua de mar y las ventajas que ello aportaría tanto a los pacientes (posible mejora de adhesión al tratamiento) como a los profesionales sanitarios. De acuerdo a la experiencia clínica de los encuestados, tanto los dispositivos basados en un spray nasal ergonómico, que facilitan la aplicación de las soluciones de agua de mar, como la dispersión en partículas finas (microdifusión) a baja presión es preferida por los pacientes frente al dispositivo de presión media o alta. Ambas opciones podrían mejorar el cumplimiento terapéutico en relación a las irrigaciones o chorros nasales. Respecto a la tonicidad de las soluciones nasales existe controversia en los resultados(40,41). Los profesionales encuestados coincidieron que en la mayoría de las condiciones de salud que requieren el uso de agua de mar es preferible la utilización de soluciones isotónicas que ofrecen un balance más equilibrado con el medio fisiológico interno, aunque determinadas situaciones clínicas podrían requerir soluciones hipertónicas(16).

Conclusiones

Tras la realización de las dos fases de las que se compone el presente estudio, se plantean las siguientes conclusiones:

• Los lavados nasales con soluciones de agua de mar pueden favorecer la funcionalidad de la mucosa nasal.

• Es preferible el uso de soluciones de agua de mar frente a las soluciones salinas fisiológicas estándares, debido principalmente a la alcalinidad y exclusiva composición en oligoelementos del agua de mar.

• El uso de soluciones con agua de mar es beneficioso como medida preventiva y como co-tratamiento para algunas patologías respiratorias altas, contribuyendo a la prevención y reducción de complicaciones o recurrencia. Asimismo, ayudan a restablecer el equilibrio fisiológico de la mucosa nasal alterado como consecuencia de un traumatismo o un procedimiento diagnóstico o quirúrgico.

• Debería potenciarse el uso de soluciones nasales mediante dispositivos ergonómicos en spray que permitan la microdifusión o pulverización a baja presión frente a los sistemas de irrigación o chorro.

• Finalmente, el presente estudio pone de manifiesto la necesidad de elaborar protocolos o guías de uso de las soluciones nasales, fijándose de manera clara la pauta y la dosificación recomendadas.

Agradecimientos

Este trabajo es una iniciativa de la Sociedad Española de Educación para la Salud, Formación y Desarrollo Profesional (SEFYP), con la colaboración de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL) y la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Especial agradecimiento al comité de expertos que participó en la segunda fase de este estudio:

• Francisco Javier Pellegrini Belinchón. Pediatra. Centro de Salud Pizarrales. Profesor Universidad Salamanca.

• María Luisa González Gutiérrez. Alergóloga. Hospital Clínico de San Carlos.

• Francisco Vega. Alergólogo. Hospital de la Princesa, Madrid.

• Miguel Armengot. Especialista en ORL. Hospital General. Universidad de Valencia.

• Alfonso del Cuvillo Bernal. Especialista en ORL. Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz.

• Jaime Sanabria Brassart. Especialista en ORL. Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Madrid.

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Bruxismo en la infancia, causas y orientación terapéutica

 


J. Fleta Zaragozano

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza

Resumen

Se define el concepto de bruxismo, en sus distintas acepciones, se enumeran las posibles causas, sobre todo, las relacionadas con el sueño y se muestra la prevalencia y los aspectos clínicos de esta entidad. Finalmente, se revisa el tratamiento, especialmente en los niños.

 

Abstract

The concept of bruxism is defined, in its different meanings, the possible causes, especially those related to sleep, are listed and the prevalence and clinical aspects of this entity are shown. Treatment is finally reviewed, especially in children.

 

Palabras clave: Bruxismo; Rechinar de dientes; Parasomnia

Key words: Bruxism; Teeth grinding; Parasomnia

 

Pediatr Integral 2017; XXI (7): 486.e1 – 436.e3


Bruxismo en la infancia, causas y orientación terapéutica

Concepto

Se define el bruxismo como una parafunción donde la mandíbula realiza movimientos no funcionales durante el día y/o la noche de forma voluntaria o involuntaria. En estos movimientos siempre están involucrados los dientes, que se ponen en contacto con sus antagonistas produciendo un apretamiento o rechinamiento característicos, aumentando la atrición y abrasión en el caso de dentición temporal.

Es muy común encontrar diferentes términos relativos al acto de rechinar y apretar los dientes y algunos de ellos se utilizan erróneamente como sinónimos. Tal es el caso de: bruxismo, bruxismo en céntrica, bruxismo en excéntrica, bruxismo nocturno, bruxismo diurno, bruxomanía, parafunción, apretamiento dentario, rechinamiento dentario, parasomnia y algunos otros(1).

Con frecuencia el pediatra, en cuanto detectaba bruxismo ocasional en un niño, lo relacionaba de inmediato con una parasitosis intestinal; sin embargo, apenas existen trabajos que demuestren su relación e incluso, algunos de ellos, con resultados controvertidos. Por ello, consideramos de interés realizar esta breve revisión del tema.

Clasificación

Se subclasifica como bruxismo primario y secundario. El bruxismo primario o idiopático corresponde al apretamiento diurno y al producido durante el sueño, cuando no se reconocen otros problemas o causas médicas. El bruxismo secundario, también denominado iatrogénico, corresponde a formas de bruxismo asociados a problemas neurológicos, psiquiátricos, desórdenes del sueño y a la administración de drogas.

Se puede manifestar durante el día o durante la noche; de ahí la denominación de bruxismo diurno y de bruxismo nocturno. Es por esto importante señalar que en el diagnóstico de bruxismo, se deben especificar las circunstancias, el tipo o clase, ya que el bruxismo nocturno, como una parasomnia, corresponde a una entidad que debe ser tratada de diferente manera al bruxismo diurno(2).

Etiopatogenia

La etiología del bruxismo todavía no es bien conocida. Muchas teorías etiológicas se han descrito para explicar su aparición; sin embargo, la mayoría sugiere que se debe a múltiples factores involucrados. Los factores más relevantes relacionados con el bruxismo infantil se describen a continuación(1,2).

Factores odontológicos

Se consideran factores precipitantes del bruxismo: las malaoclusiones esqueléticas, otras alteraciones oclusales y las restauraciones defectuosas, aunque existen discrepancias en los hallazgos de los trabajos de diferentes autores.

Factores psicológicos

Algunos autores consideran que el bruxismo sería una respuesta a problemas personales no resueltos o bien a la imposibilidad de expresar sentimientos de ansiedad, odio y agresividad. En la actualidad, se admite que la tensión emocional, la ansiedad y el estrés son factores importantes en la etiología del bruxismo. Este extremo ha podido ser demostrado en adolescentes, no así en niños pequeños, sobre los cuales existen desacuerdos. No obstante, Vanderas et al demostraron, en una larga serie de niños entre 6 y 8 años de edad, que el bruxismo estaba relacionado con la ansiedad, midiendo las concentraciones de catecolaminas en orina(3). El estado socioeconómico y el nivel cultural también han sido relacionados con el bruxismo, aunque sin lograr resultados concluyentes(4).

Factores relacionados con el sueño

Para muchos autores, el bruxismo nocturno es una parasomnia, es decir una situación psíquica indeseable que ocurre durante el sueño, relacionado con distintos grados del despertar. Este desorden estaría mediado centralmente y precipitado por el estrés emocional. La característica común de las parasomnias es la asociación con patrones anormales de sueño y algunas pueden ocurrir simultáneamente, como sonambulismo y terrores nocturnos. Cabe destacar que las parasomnias en la niñez, representan una variación normal en el proceso de maduración del sistema nervioso central y hay que tener en cuenta que si las alteraciones del sueño son frecuentes o persistentes, la causa puede ser un trauma psicológico(5,6).

Factores genéticos

Se sospecha en la posibilidad de la existencia de factores genéticos, ya que se ha encontrado una relación entre el bruxismo con alteraciones musculoesqueléticas y retraso mental. Algunos autores han encontrado una mayor frecuencia de bruxismo en niños cuyos padres habían tenido episodios de estas características en la niñez(6).

Otros factores

Se ha relacionado el bruxismo con diferentes procesos, como los señalados a continuación: parálisis cerebral, síndrome de Rett (en el 95% de los casos), rinitis, asma y parasitosis intestinal, especialmente por Enterobius vermicularis, oxiuro implicado en este proceso, clásicamente. No obstante, trabajos más recientes confirman una correlación inexistente entre las parasitosis y el bruxismo en la infancia(5,7,8).

Otras teorías pretenden demostrar la relación entre el bruxismo con una hiperfunción dopaminérgica, así como la relación con fármacos que liberan dopamina en el sistema nervioso central.

Prevalencia

Es muy difícil determinar la prevalencia exacta del bruxismo. Existen diversos estudios que muestran resultados no coincidentes, que difieren en virtud del método empleado para su determinación. Los resultados obtenidos mediante encuestas no coinciden con los resultados obtenidos mediante el examen de las facetas anormales de desgaste en los dientes. Algunos autores han encontrado una prevalencia del 70-80% en la población general y tasas parecidas (78%) en población infantil. Otros hallazgos encuentran unas tasas del 15-90% en población adulta y del 7-88% en niños(9,10).

Otros hallazgos muestran tasas significativamente menores: 8-21% en adultos y 13-26% en niños. Además, la prevalencia es distinta en función del estado de la dentición; en la dentición temporal es de alrededor del 7%, en la mixta aumenta hasta el 22% y después comienza a descender(2).

Aspectos clínicos

Los síntomas característicos del bruxismo son: un sonido peculiar audible, consciente o inconsciente apretamiento, rechinamiento, golpeo intermitente (chasquidos) o balanceado de los dientes en céntrica o excéntrica, en momentos diferentes de la deglución y trituración de los alimentos, durante el día y/o la noche.

La sintomatología y las repercusiones van a depender de la resistencia de cada una de las estructuras involucradas y de la duración, frecuencia e intensidad de la actividad bruxista. Aunque las fuerzas del bruxismo pueden transmitirse a las estructuras del sistema masticatorio, algunas de ellas se absorben sin efectos secundarios, mientras que otras pueden provocar alteraciones de diversos grados. Las estructuras que se van afectar son: los dientes y sus tejidos de sostén, los músculos masticatorios y las articulaciones temporomandibulares. El desgaste de la superficie de los dientes primarios es característico(2) (Fig. 1).

Figura 1. Desgaste característico de los dientes en el bruxismo infantil. Tomado de Garfias F. 2014. Disponible en: http://cuspblanc.blogspot.com.es/2014/10/bruxismo-infantil-mi-hijo-rechina-los.html.

Tratamiento

El enfoque de tratamiento del bruxismo ha variado de acuerdo con las teorías etiológicas planteadas en el pasado. Hoy, teniendo en cuenta al bruxismo como una actividad parafuncional multifactorial, el tratamiento debe ir enfocado a los factores etiológicos. Esto no es fácil, pues investigar dichos factores es una tarea compleja(2).

El tratamiento del bruxismo en niños debe ser lo menos invasor posible, evitando acciones clínicas y farmacológicas. El tratamiento de primera elección para el bruxismo en niños debe comenzar por una información y educación a los padres y al niño. Hay que tener en cuenta los factores psicológicos a la hora de afrontar el tratamiento en niños, el nerviosismo, la irritabilidad y situaciones de tensión pueden aclarar la presentación de este cuadro e iniciar la terapia pertinente.

En casos de bruxismo persistente, el papel del odontólogo es fundamental a la hora de prevenir y reducir los efectos nocivos. Es preciso que, en caso de utilizar aparatos intraorales, haya una perfecta comunicación entre el odontopediatra y el profesional que trate los trastornos temporomandibulares y dolor orofacial, debido a que el manejo que hace el odontopediatra en el niño es de vital importancia para el éxito del tratamiento. Se emplean férulas de goma blanda o férulas acrílicas que ajusten en los dientes del maxilar superior y que sean duras, sobre todo en las caras oclusales. A la larga, estas férulas protegen el sistema masticatorio y disminuyen la carga en la articulación temporomandibular.

En niños que tienen solo la dentición primaria o en los que acaban de erupcionar los primeros molares permanentes y tienen totalmente abrasionadas las coronas de los molares primarios, el tratamiento de elección sería el uso de coronas de acero inoxidable para restaurar el tejido coronario dañado y recuperar la dimensión vertical.

Si existen casos de interferencias dentarias o malaoclusión, deben ser corregidas. La fisioterapia debe ser reservada para pacientes adultos o adolescentes. No es aconsejable el uso de relajantes musculares.

Conclusiones

De todo lo expuesto y de acuerdo con Zambra y Rodríguez(1) y Vallejo, et al.(2), se pueden extraer las siguientes conclusiones:

• El bruxismo puede ser diurno o nocturno; el nocturno corresponde a un parasomnia.

• El bruxismo en niños alcanza un nivel de presencia similar al del adulto durante la preadolescencia.

• Los factores involucrados en el desarrollo del bruxismo parecen relacionarse con factores genéticos y de estrés.

• No existe un signo patognomónico ni un examen que posea alta sensibilidad diagnóstica.

• El desgaste dentario por sí solo no implica la presencia de bruxismo, así como tampoco la cefalea, el dolor muscular o los ruidos articulares.

• El tratamiento del bruxismo varía en función de la etiología y de la edad.

• El bruxismo infantil no progresa necesariamente a bruxismo en el adulto.

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La risa: de la patología a los efectos terapéuticos

 


J. Fleta Zaragozano

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza

Resumen

El autor define el concepto de risa normal y patológica, la fisiología y la neuroanatomía de dicho fenómeno. Describe los efectos beneficiosos, así como diversas enfermedades, especialmente de tipo neurológico y psiquiátrico que cursan con risa como signo frecuente. En el ámbito de la pediatría, destacan el síndrome de Angelman y los trastornos generalizados del desarrollo. Finalmente, señala la importancia de la risa como terapia que aporta beneficios fisiológicos y psicológicos.

 

Abstract

The author defines the concept of normal and pathological laughter, the physiology and neuroanatomy of this phenomenon. It describes the beneficial effects, as well as diverse diseases, especially of neurological and psychiatric type that go with laughter like frequent sign. In the field of pediatrics Angelman’s syndrome and the generalized disorders of development stand out. Finally he points out the importance of laughter as a therapy that brings physiological and psychological benefits.

 

Palabras clave: Risa normal; Risa patológica; Risoterapia

Key words: Normal laughter; Pathological laughter; Laughter therapy

 

Pediatr Integral 2017; XXI (6): 436.e1 – 436.e6


La risa: de la patología a los efectos terapéuticos

Concepto e importancia

La risa es una reacción biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos. La sonrisa se considera una forma suave y silenciosa de la risa. Actualmente, existen diversas interpretaciones acerca de su naturaleza.

Algunos autores sostienen que la risa es un balbuceo lúdico, instintivo, contagioso, estereotipado y de control inconsciente, o involuntario, que raramente se produce en soledad. En los seres humanos, la risa se inicia, en promedio, hacia los cuatro meses de edad y, según los recientes estudios científicos, constituye una forma de comunicación innata heredada de los primates e íntimamente relacionada con el lenguaje.

En cambio, para otros autores, la risa es una reminiscencia o sinónimo del grito de triunfo del luchador tras ganar a su adversario y aseguran que en todas las manifestaciones de humor existe un gesto de agresión, incluso en los casos más inocuos. Incluso un lactante se ríe, no como manifestación de agradecimiento, sino porque consiguió lo que deseaba. Otros sostienen que el origen biológico de la risa humana pudo estar en una expresión compartida de alivio tras pasar el peligro; la laxitud que sentimos tras reírnos puede ayudar a inhibir la respuesta agresiva, convirtiendo la risa en un signo de conducta que indica confianza en los compañeros. En cualquier caso, existen investigaciones recientes realizadas, tanto en orangutanes como en chimpancés, que sugieren que estos son capaces de reírse, con lo cual la risa sería de origen evolutivo y genético.

Popularmente, se la considera básicamente una respuesta a momentos o situaciones de humor, como expresión externa de diversión, y relacionada con la alegría y la felicidad; aunque la risa, según numerosos estudios, está motivada por un estímulo cómico en una minoría de los casos cotidianos. Suele aparecer, de forma más o menos simulada, como complemento emocional de los mensajes verbales, así como en situaciones de estrés o en conductas de tipo lúdico, como las cosquillas.

La risa y el humor, como temas de estudio, presentan el problema de que pueden abordarse desde muchas perspectivas y muchos campos, como son la medicina, ciencias biológicas, psicología y ciencias humanas. Por este motivo, se han planteado numerosas teorías, algunas contradictorias entre sí. Algún autor considera que faltan criterios y teorías comunes, probablemente debido a la complejidad del fenómeno. Actualmente, existen puntos en común, pero a lo largo de la historia han existido muchas discrepancias y concepciones diferentes de algo tan, paradójicamente, íntimo y genuinamente humano. Como demuestra la ciencia, la risa y el humor son tan antiguos como los seres humanos, y encontramos diversos testimonios de la tradición oral que así lo atestiguan(1,2).

En el presente trabajo, de revisión, se estudia la fisiología, los efectos beneficiosos y las diferencias entre la risa normal y patológica. Finalmente, se describen múltiples enfermedades y entidades que cursan con risa, especialmente las referidas al ámbito psiquiátrico y pediátrico.

Fisiología de la risa

La risa, al igual que el llanto, es un acto involuntario para la mayoría de las personas. Su mecanismo de funcionamiento reside en la respiración y se produce mediante interrupciones de la exhalación del aliento. Es el mismo mecanismo que se utiliza para el habla, solo que de forma involuntaria(1).

Se produce cuando un estímulo, interno o externo, es procesado en áreas primarias, secundarias y de asociación multimodal del sistema nervioso central. El procesamiento de las emociones se realiza en el sistema límbico, el cual es probablemente responsable de los potenciales motores que caracterizan a la risa, incluyendo la expresión facial y los movimientos de los músculos que controlan la ventilación y la fonación. Una vez procesado el estímulo, además de los actos motores automáticos mencionados, se lleva a cabo una activación autonómica generalizada, la cual tiene salida por diversas vías, entre las que se encuentran el eje hipotálamo-hipófisis y el sistema nervioso autónomo. Todos estos componentes conforman la emoción, proceso que involucra, cuando se trata de alegría, el acto motor llamado risa.

La risa puede inducirse estimulando el núcleo subtalámico y se ha comprobado en pacientes con enfermedad de Parkinson. Trabajos recientes han permitido localizar una zona del cerebro llamada área motora suplementaria que, al estimularse por medio de electrodos, produce la sonrisa y, con una estimulación más intensa, la risa a carcajadas. El área motora suplementaria es una zona muy cercana al área del lenguaje. Este mecanismo se descubrió de forma accidental mientras se trataba a una joven con epilepsia.

Se han realizado experimentos para determinar exactamente en qué zona reside el sentido del humor. En un estudio de la Universidad de Rochester, sometieron a 13 voluntarios a resonancia magnética funcional, al tiempo que les realizaban diversas preguntas. Sus conclusiones fueron que dicha característica residía en una pequeña región del lóbulo frontal. No obstante, otro equipo londinense realizó la misma prueba sobre 14 individuos a los que se les contaba chistes, y los resultados fueron que la zona cerebral que se activaba era el córtex prefrontal ventral, junto con otras regiones implicadas en el proceso del lenguaje, cuando la gracia del chiste residía en un juego de palabras.

Los aspectos neuroanatómicos de la risa no se conocen bien. Parece que la confluencia de componentes corticales y subcorticales es responsable de la risa normal. Mientras que las respuestas puramente emocionales son mediatizadas por estructuras subcorticales y son esterotipadas, controladas por el córtex. Así pues, debemos distinguir tres niveles en la producción de la risa: el nivel cortical, que controla o elabora la respuesta emocional; el nivel efector o nivel bulbar, que desencadena las manifestaciones fisiológicas; y por último, el nivel sincinético, ubicado en la región hipotalámica, cuya función es la integración de los dos niveles anteriores.

La risa en los animales

Contrariamente a la creencia popular, y a lo que se creía en general hasta muy recientemente, la risa no está restringida a los humanos. Según un estudio, existe la risa animal, y no solo en los primates. También, se estudió en perros y ratas y se observó que en sus juegos emitían sonidos muy similares a las risas de los bebés. En parte, se puede deber a que el sistema límbico, que maneja la risa, es una de las partes menos evolucionadas del cerebro humano y que compartimos en buena medida con otros animales.

Los chimpancés y otros grandes simios, como los orangutanes y los gorilas, pueden reírse, aunque el sonido que emiten es diferente del que producen los seres humanos. La risa de un chimpancé suena como un jadeo y, al animarse, se vuelve un sonido más gutural. Una diferencia fundamental entre la risa del chimpancé y la humana es que, en el chimpancé, el acto de balbuceo se encuentra evolutivamente aún bajo el control del proceso de la respiración. El chimpancé inspira y espira durante la risa, de tal forma que solo es capaz de producir una sílaba por ciclo de inhalación-exhalación. Los humanos únicamente espiran y, además, son capaces de producir múltiples sílabas por ciclo respiratorio. Los monos, al no tener control del aliento, no son capaces de hablar, al tiempo que su risa es diferente.

Similarmente, los cuadrúpedos requieren zancada por ciclo respiratorio, mientras que los humanos pueden realizar múltiples pasos por respiración. Se postula que este hito en el control de la respiración, fue crítico en la evolución, convirtiéndose en un instrumento para el desarrollo del lenguaje oral al liberar nuestro complejo aparato neuromuscular del habla de las tareas más imprescindibles de respirar y caminar.

En primates, como el chimpancé común, la sonrisa expresa preocupación, expresiones similares a las de los seres humanos, tales como enseñar los dientes y encías y hacer muecas (Fig. 1).

Figura 1. La risa y la sonrisa no son fenómenos exclusivos de los humanos. Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=gsOkLwkYddc.

Efectos beneficiosos de la risa

Los niños de 7-10 años se ríen alrededor de 300 veces al día, mientras que los adultos lo hacen menos de 80 veces diarias. Existen personas que raramente se ríen, algunas que no sienten la necesidad de reírse e incluso otras que padecen geliofobia. Estudios realizados desde los años 1980, demostraron a lo largo de los años varios efectos positivos de la risa, enumerados a continuación(3,4):

• Algunos indicadores relacionados con el estrés disminuían durante los episodios de risa, relacionados con la disminución de los niveles de epinefrina y cortisona.

• La risa incrementaba la producción de anticuerpos y la activación de células protectoras, como los linfocitos o los linfocitos T citotóxicos, que producen la inmunidad celular, importante para evitar la formación de tumores.

• Las carcajadas o risas alegres y repetitivas mejoraban el estado de humor y regulaban la presión sanguínea.

• Más recientemente, han descubierto una relación entre la risa y el apetito, de tal modo que la risa aumenta el apetito de modo análogo a como lo hace el ejercicio físico moderado. Según estos estudios, simultáneamente se produce una reducción del nivel de leptina y un aumento de grelina en la sangre.

Otros efectos beneficiosos de la risa son los siguientes:

• Libera del temor y la angustia.

• Contribuye a aplacar la ira.

• Contribuye a un cambio de actitud mental que favorece la disminución de enfermedades.

• Favorece la digestión, al aumentar las contracciones de todos los músculos abdominales.

• Facilita la evacuación, debido al “masaje” que produce sobre las vísceras.

• Aumenta el ritmo cardíaco y el pulso y, al estimular la liberación de las hormonas “endorfinas”, permite que estas cumplan una de sus importantes funciones, como es la de mantener la elasticidad de las arterias coronarias.

• Disminuye el nivel de colesterol, ya que equivale a un ejercicio aeróbico y ayuda a reducir la glucosa en sangre.

En la tabla I, se exponen algunos de los efectos fisiológicos y psicológicos de la risa(5).

Risa normal y patológica

La risa considerada como normal, puede estar desencadenada por gran variedad de estímulos. Según el tipo de estímulo, la risa puede constituir un acto reflejo o bien una respuesta somática a un acontecimiento psíquico. Por ejemplo, las cosquillas desencadenan la risa por mecanismos reflejos, mientras que la risa provocada por la caída de un payaso sería una respuesta que podría denominarse psicosomática. El que dos situaciones tan dispares puedan provocar la misma respuesta es, todavía, una incógnita. Además, la risa puede ser una reacción voluntaria del individuo o incluso una expresión de psicopatología. La intensidad de la risa normal depende de la fuerza y duración del estímulo y de otros factores muy diferentes.

Risa patológica es aquella que no es proporcional al estímulo emocional, es inapropiada, desenfrenada, incontrolada o bien aparece sin relación aparente con el estímulo. En diferentes estados patológicos, la risa es frecuentemente una caricatura estereotipada de la risa normal.

La risa como signo patológico

Si bien la risa se considera, en general, beneficiosa para la salud, existen paradójicamente también problemas de salud que cursan con episodios de risa.

Existe una risa patológica, no controlable, con incontinencia y labilidad afectiva, que caracteriza ciertas enfermedades del sistema nervioso central, como es el caso de: tumores, esclerosis múltiple, ictus, demencias (Alzheimer) y afección de las conexiones entre el cerebro, el bulbo raquídeo y el cerebelo. Enfermedades mentales como: la esquizofrenia, manía y drogadicción, también pueden presentarse con risa patológica en forma de crisis de risa incontrolada. También se da en el caso de niños con trastornos generalizados del desarrollo como, por ejemplo: en el trastorno autista y en el trastorno de Asperger, los cuales pueden tener ataques de risa sin motivo aparente.

Seguidamente, se describen brevemente algunas de las enfermedades más comunes que cursan con risa, como signo o síntoma principal o secundario(1).

Enfermedades neurológicas

• Parálisis bulbar y pseudobulbar. En este caso, una lesión unilateral o bilateral de las vías motoras corticobulbares puede producir una risa patológica. Sus causas son la arterioesclerosis, el infarto cerebral múltiple y la esclerosis múltiple. La risa en este caso, se caracteriza por su desproporción con el estímulo emocional que la origina. A menudo, es calificada como incontinencia emocional y puede simular un estado de labilidad afectiva. En ocasiones, a este síndrome le acompaña una parálisis glosopalatofaríngea producida por la denervación del núcleo bulbar. Esta parálisis impide los movimientos voluntarios, pero no los movimientos reflejos, tales como: la risa, el llanto o la succión. Los niveles anatómicos más frecuentemente afectados por las lesiones son, en orden decreciente: la cápsula interna, con afectación de los ganglios basales; la sustancia negra; los pedúnculos cerebrales e hipotálamo caudal; y las lesiones bilaterales del tracto piramidal, con afectación de fibras extrapiramidales.

• Epilepsia gelástica. Es una forma de epilepsia descrita en 1957. Se caracteriza por presentar ataques de risa repentinos de comienzo paroxístico, autolimitados y producidos por descargas corticales anormales. Su incidencia es muy pequeña: se estima en el 0,32% de los epilépticos. Las crisis son más frecuentes durante el día y, a menudo, se acompañan de hipotonía y diaforesis. Los episodios duran unos 30 segundos y suelen ir seguidos de una fase de amnesia. Estas crisis son más frecuentes en la infancia y se suelen asociar a tumores hipotalámicos, por lo que suele ser característica la aparición de pubertad precoz. En el neonato, la epilepsia gelástica puede asociarse a la presencia de masas hipotalámicas posteriores congénitas, generalmente benignas.

• Enfermedad vascular cerebral. Tras un ictus, pueden presentarse ataques de risa o llanto patológicos, debidos, generalmente, a una oclusión parcial de las arterias vertebrales o basilares. Un caso especial lo constituye el denominado “ictus ridenti” o “fou rire prodromique”. Este síndrome se caracteriza por una risa prolongada durante horas, o incluso semanas, seguida de una hemiplejia, estado de estupor o demencia. La enfermedad se debe a una destrucción activa del tejido cerebral por una hemorragia intracerebral extensa en progresión gradual.

• Otras enfermedades neurológicas. Han sido descritos episodios de risa patológica en el curso de las siguientes enfermedades: esclerosis lateral amiotrófica, encefalitis y meningitis, enfermedad de Parkinson y enfermedades de depósito de lípidos.

Enfermedades neuroquirúrgicas

Están incluidos los traumatismos craneoencefálicos y los tumores. Entre estos, se ha descrito risa patológica en los siguientes: astrocitomas y hematomas hipotalámicos, asociados con frecuencia a pubertad precoz; gliomas hipotalámicos; papilomas hipotalámicos; papilomas del tercer ventrículo; tumores de fosa posterior; tumores pituitarios; cordomas de clivus; y osteocondroma.

Enfermedades psiquiátricas

• Esquizofrenia. En este caso, aparece la risa sin ningún sentido emocional, en estallidos no provocados o inapropiados. Los pacientes no saben porqué se están riendo y sienten que están obligados a reírse y, en ocasiones, pueden virar rápidamente hacia el llanto. Algunos autores señalan que esta risa puede ser muy contagiosa.

• Histeria y otras neurosis. Ya fue descrita, entre otros, por Freud, que refirió lo siguiente: “la ansiedad reprimida en la histeria puede originar un estado afectivo específico que se acompaña de manifestaciones motoras como la risa”. Incluso existen casos bien documentados sobre la risa histérica de presentación grupal, como los ocurridos en África oriental que afectó a unas 1.000 personas, casi todas ellas mujeres jóvenes, en los años sesenta, o el episodio ocurrido en 1977 en 20 mujeres jóvenes, también en otro país africano. Algunos autores atribuyen estos fenómenos a un nivel socioeconómico bajo, ansiedad, sentimientos de culpa y pérdida de identidad. Todo ello, no obstante, no explica la naturaleza “epidémica” de su extensión.

• Narcolepsia. La narcolepsia es una causa frecuente de hipersomnolencia diurna en la que el sueño REM irrumpe de forma súbita y repetida durante el estado de vigilia. La fisiopatología de este trastorno permanece desconocida, pero se sabe que existe una transmisión hereditaria. La enfermedad está definida por los siguientes síntomas: excesiva somnolencia diurna, alucinaciones hipnagógicas, cataplejía, insomnio y parálisis del sueño. En este trastorno, es la risa el desencadenante de los ataques catapléjicos, que consisten en una brusca pérdida de tono muscular sin descenso del nivel de conciencia, en un momento en el que el paciente se encuentra totalmente despierto.

• Tóxicos. Existen diferentes sustancias que pueden desencadenar episodios de risa. Se distinguen las drogas y los psicofármacos. Destacaremos los siguientes: el alcohol y las benzodiacepinas en bajas concentraciones; alucinógenos, como el cannabis y el hachís; el LSD; el óxido nitroso (“gas de la risa”); el acúmulo de cobre en tejidos cerebrales o enfermedad de Wilson; y otros tóxicos, como insecticidas y anestésicos locales.

Enfermedades pediátricas

• Sindrome de Angelman. Fue descrito por Angelman en 1965, conocido también como síndrome “happy puppet” (muñeca feliz). Es un síndrome malformativo múltiple que afecta a pacientes de ambos sexos y tiene una distribución mundial. La genética es similar a la del síndrome de Prader Willi, pero la deleción procede de la madre. De acuerdo con los estudios moleculares y citogenéticos, se podrían establecer cuatro tipos: delección materna (15q11-q13), disomía uniparental paterna, defectos del imprinting y mutaciones en el gen UBE3A. Los niños son etiquetados inicialmente como retrasados mentales de etiología desconocida, por daño perinatal o por complejo de Lennox-Gastaut. Las principales características de este síndrome son las siguientes: retraso mental severo, más acusado en el área del lenguaje; risa frecuente y aspecto feliz, como característica general, además, el llanto es extremadamente raro o incluso ausente; existen rasgos somáticos característicos, como: microbraquicefalia, prognatismo, protusión lingual, malposición dentaria y aplanamiento occipital; movimientos corporales incoordinados y atáxicos; alteraciones electroencefalográficas constantes y crisis comiciales; y, finalmente, alteraciones visuales frecuentes, como atrofia papilar, entre otras(6) (Fig. 2).

Figura 2. Facies característica de una niña con síndrome de Angelman. Tomado de González et al.(6).

• Enuresis risoria. Esta entidad se caracteriza por la urgencia miccional incontrolable desencadenada por la risa. Se produce por fuertes contracciones del músculo detrusor. Es frecuente entre los 5 y los 7 años, pero puede persistir hasta la edad adulta. Es más frecuente en mujeres y suele ser de presentación familiar. Todos los exámenes y pruebas diagnósticas son normales en estos casos, incluyendo estudios neurológicos y urodinámicos.

• Trastornos generalizados del desarrollo. Este grupo de afecciones se caracterizan por una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo madurativo del niño, como las habilidades de la interacción social, las habilidades para la comunicación o la presencia de comportamientos, intereses o actividades estereotipadas. La risa es una de las manifestaciones que aparecen en estos trastornos. En la actualidad, incluyen las siguientes entidades(7):

1. Trastorno del espectro autista (TEA). Si el niño presenta 7 de las siguientes características puede ser diagnosticado con seguridad: gran dificultad en mezclarse y jugar con otros niños; se comporta como si fuera sordo; gran resistencia a cualquier aprendizaje; ningún miedo a peligros reales; se resiste a los cambios de rutina; prefiere indicar sus necesidades a través de gestos; ríe fuera de lugar y motivo aparente; no se muestra afectuoso; derrocha una actividad física exagerada; falta de contacto con la mirada; apego inadecuado a un objeto determinado o a varios objetos; atracción por los juguetes que tienen piezas giratorias; juegos excéntricos prolongados y repetitivos; o comportamiento siempre distante y reservado. Este trastorno suele manifestarse antes de los tres años de edad y suele existir deficiencia mental.

2. Síndrome de Rett, que cursa con deficiencia mental. Hasta ahora, solo se ha descrito en niñas. Se trata de una mutación del gen que codifica el factor de transcripción MeCP2, que se puede comprobar en el 95% de los casos. Presentan comportamiento autista e incapacidad para la marcha, retraso de crecimiento, alteraciones oculares y movimientos estereotipados en las manos, entre otros signos y síntomas. Estos enfermos presentan episodios de risa nocturna en más del 80% de los casos.

3. Trastorno de Asperger. Se trata de una alteración grave y persistente de la interacción social. En contraste con el TEA, no existen retrasos en el desarrollo del lenguaje clínicamente significativo. Además de cierto retraso motor, las manifestaciones de este trastorno son la falta de empatía, no exteriorización de la afectividad, intereses peculiares y extravagantes como, por ejemplo, fascinación por los horarios de los trenes o por el cosmos, movimientos estereotipados y repetitivos. La incidencia de este trastorno es muy baja. En la actualidad, es dudosa su independencia nosológica(8).

La risa como terapia

“Risoterapia” es un neologismo que define una técnica ya utilizada desde la antigüedad, aunque no bajo el calificativo de terapia. Consiste, como su nombre indica, en humor terapéutico. En los últimos años, han aparecido “clubes de la risa” e incluso asociaciones, presuntamente científicas, que defienden las virtudes de reírse a carcajadas.

Un pionero de esta técnica fue, no un médico, sino un paciente. Un alto ejecutivo de Nueva York, Norman Cousins, fue diagnosticado de espondilitis anquilosante, una enfermedad muy dolorosa. El agravamiento de los síntomas se acentuó cuando Norman presentó una depresión. A partir de que uno de sus médicos le recomendase ver películas cómicas, siguió el consejo y fue testigo de su mejoría. Posteriormente, en 1979, publicó un libro titulado en español “Anatomía de una enfermedad”, y en él explicaba que tan solo 10 minutos de carcajadas le proporcionaban alivio para las dos horas siguientes. En 1988 se creó la Asociación para el Humor Terapéutico y Aplicado (AATH en inglés), formada por especialistas que confían en el poder curativo de la risa. Definen el humor terapéutico como: “cualquier intervención que promueva la salud y el bienestar estimulando el descubrimiento alegre, la apreciación o expresión de lo absurdo o lo incoherente de las situaciones de la vida”(9).

A pesar de todo y, aunque existen varias investigaciones, algunas en revistas muy prestigiosas, que avalan los beneficios de la risa, también existe quien no comparte esta idea.

Así, Martin, un psicólogo canadiense de la Universidad de Western Ontario, aseguraba en 2001, que había examinado todos los estudios realizados sobre la risa respecto a sus beneficios sobre la salud física. Sus conclusiones eran que los estudios que se habían realizado sobre el efecto de la risa en la inmunidad, ofrecían resultados inconsistentes, así como problemas en la metodología. Señalaba, además, que, si bien existían evidencias de los efectos analgésicos de lo que él denominaba “exposición a la comedia”, resultados similares se habían obtenido a partir de la exposición a emociones negativas. Añadía que apenas existía evidencia sobre los efectos moderadores del estrés procedentes del humor sobre la salud física, y que tampoco se había demostrado que el buen humor aumentase la longevidad. Concluía diciendo que “se necesitaban investigaciones más rigurosas antes de extraer conclusiones firmes sobre los posibles beneficios para la salud del humor y la risa”.

Giménez, redactor jefe de la revista JANO, de medicina y humanidades, quien aseguraba desconocer el sentido del humor de Martin, consideraba que: “si la depresión y la tristeza se habían asociado con diversas enfermedades, una actitud positiva y divertida ante la vida debería contrarrestar tales enfermedades”. Otros, si bien, se mantienen optimistas respecto a las propiedades potencialmente terapéuticas de la risa y reconocen la ausencia de riesgos, muestran cautela y piden mayores evidencias para beneficio de la medicina(5).

Conclusiones

De acuerdo con Lancheros et al.(10), creemos que la terapia de la risa puede ser una herramienta complementaria al manejo terapéutico, según muestran los beneficios que genera en la salud de los pacientes. Debemos incorporar la risa a nuestras vidas y a la práctica profesional sanitaria. Los profesionales de la salud reconocen cada vez más la importancia en la medicina de la risa como una estrategia, entre otras, para neutralizar el estrés, reducir el dolor, estimular el sistema inmunitario y promover el bienestar en ellos mismos y en sus pacientes. La risa puede ser terapéutica para ambos.

En esta época de medicinas basadas en la evidencia, parece apropiado que la medicina de la risa tenga cada vez más su lugar en la prevención y en el tratamiento de las enfermedades y procesos de salud. La creación de grupos de investigación sobre la risa terapéutica pueden confirmar definitivamente los efectos beneficiosos de este fenómeno. El enfoque holístico que recomendamos puede tener unas indicaciones claras en el campo de la pediatría.

Bibliografía

1. De Gregorio C, Martínez B. Risa normal y patológica. Antecedentes históricos, bases neuroanatómicas y fisiológicas, diagnóstico diferencial. Psiquiatría Pública. 1998; 10: 19-25.

2. Mora R, Ubal R. La risa: diferencias según el género. Rev Clin Esp. 2011; 211: 360-6.

3. Mora R, García MC. El valor terapéutico de la risa en medicina. Med Clin. 2008; 131: 694-8.

4. Sahakian A, Frishman WH. Humor and the cardiovascular system. Altern Ther Health Med. 2007; 13: 56-8.

5. Mora R, Quintana I. Risas y terapias positivas. Moderno enfoque y aplicaciones prácticas en medicina. Rev Psiquiatr Salud Ment (Barc). 2010; 3: 27-34.

6. González JB, et al. La inocencia de una sonrisa. An Esp Pediatr. 2002; 56: 153-4.

7. Castells P. Terreno de la paidopsiquiatría. En: M. Cruz. Tratado de Pediatría. Vol. II. Madrid. Ergón. 2011. p. 1901-10.

8. Fleta J, Zapata M, Viñas M, et al. Características y habilidades en el síndrome de Asperger. Bol Pediatr Arag Rioj Sor. 2005; 35: 9-13.

9. Sanz J. El humor como valor terapéutico. Med Clin. 2002; 119: 734-7.

10. Lancheros EA, Tovar J, Rojas C. Risa y salud: abordajes terapéuticos. Med UNAB. 2011; 14: 69-75.

 

 

El hipo, ¿un signo inane en pediatría?

 


J. Fleta Zaragozano

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza p>

Resumen

El autor describe las características del hipo, contracción espasmódica involuntaria del diafragma que se presenta en multitud de ocasiones, generalmente sin importancia clínica. Se incide en la etiología, fisiopatología y remedios que pueden ayudar a desaparecer este fenómeno. Describe numerosas enfermedades que pueden estar relacionadas con el hipo, especialmente cuando se trata de hipo persistente, y recuerda que, alguna de ellas, puede aparecer en la infancia.

 

Abstract

The author describes the characteristics of hiccups, involuntary spasmodic contraction of the diaphragm that occurs in many occasions, generally without clinical importance. It affects the etiology, pathophysiology and remedies that can help to eliminate this phenomenon. He describes numerous diseases that may be related to hiccups, especially when dealing with persistent hiccups, and remember that some of them may appear in childhood.

 

Palabras clave: Hipo; Diafragma; Nervio frénico; Glotis

Key words: Hiccups; Diaphragm; Phrenic nerve; Glottis

 

Pediatr Integral 2017; XXI (5): 361 – 364


El hipo, ¿un signo inane en pediatría?

Introducción

El hipo (singultus, en latín) consiste en una contracción espasmódica intermitente del diafragma y de los músculos accesorios de la inspiración, que finaliza súbitamente con el cierre de la vía aérea alta a nivel glótico. Es un trastorno que todo ser humano puede tener en algún momento a lo largo de su vida, sin que suponga repercusión alguna para su salud. A veces, no obstante, puede ser tan intenso, frecuente e importante, como para impedir las actividades cotidianas en personas mayores y originar síntomas de malnutrición grave, insomnio y dehiscencia de heridas quirúrgicas, entre otras.

En la infancia, las crisis de hipo se dan con relativa frecuencia y desaparecen casi siempre en un tiempo reducido; no obstante, existen procesos que pueden estar relacionados con el hipo si este es prolongado en el tiempo, incluso desde la época de lactante. Se considera que el hipo es común y normal en recién nacidos y en bebés.

Este trastorno no es exclusivo de la especie humana. Se ha comprobado que pueden tener hipo otros mamíferos, como las ratas, conejos y gatos. También, se ha observado en algunos reptiles, como ofidios y tortugas.

En la presente revisión se actualiza este signo, se expone su fisiopatología, posibles causas, los diferentes tipos, la valoración clínica y el tratamiento. Todo ello, especialmente referido a la infancia y adolescencia.

Antecedentes históricos

El médico griego Hipócrates (460-370 a. C.), en sus “Aforismos y Sentencias”, mencionó el hipo y alertó de su posible gravedad: son graves síntomas la convulsión o el hipo tras una hemorragia excesiva. La convulsión o el hipo que sobrevienen a una purgación excesiva son fatales. En las inflamaciones del hígado el hipo es mal síntoma. Galeno (131-201), otro gran médico de la antigüedad, afirmó que el hipo estaba causado por emociones violentas del estómago, cerca del diafragma.

En el siglo XX, el conocimiento de hipo se incrementó gracias al descubrimiento de la importancia de la estimulación del nervio frénico en su aparición, descrita por Thomas Shortt en 1833. En 1943, Hamilton Bailey fue el primero en considerar el hipo como un movimiento reflejo compuesto de una vía aferente a través del nervio vago, un centro nervioso en la médula espinal cervical y una vía eferente que corresponde al nervio frénico. A pesar de todo, la significación del fenómeno no está totalmente aclarada en la actualidad y existen varias teorías que explican su posible significado.

Un equipo de investigadores franceses del Hospital de la Pitié-Salpêtrière de París, propuso en 2003, la hipótesis no comprobada de que el origen del hipo es evolutivo. Se debería a la conservación filogenética de algunos patrones nerviosos presentes en vertebrados primitivos, en los que este mecanismo podría desempeñar un papel importante para poder respirar dentro y fuera del agua, como en el caso de las ranas y otros anfibios(1).

Recuerdo fisiopatológico

El hipo se debe a una contracción inesperada del diafragma durante la inspiración. Es un reflejo, pero no cumple con una función protectora conocida, a diferencia del estornudo y el reflejo de la tos. No debe considerarse como un simple espasmo del diafragma, pues constituye un movimiento complejo, en el cual intervienen también los músculos respiratorios intercostales y del cuello. Existe un centro neuronal situado en el sistema nervioso central, en el que un conjunto de neuronas interconectadas emiten los impulsos necesarios para la generación del fenómeno, al igual que existe otro centro que controla la respiración y otros muchos procesos fisiológicos.

El centro del hipo funciona mediante un mecanismo de intermitencia, es decir, emite señales periódicas que producen el fenómeno a una frecuencia determinada que oscila entre 4 y 60 por minuto. Nunca tenemos un hipo continuo, este es siempre intermitente e interrumpe cíclicamente el funcionamiento respiratorio normal.

El diafragma es un músculo fundamental para la respiración de los mamíferos. Cuando se contrae, el tórax se expande y el aire entra en los pulmones a través de la tráquea (inspiración). En cambio, cuando el diafragma se relaja, el tórax se contrae y el aire sale de los pulmones a través de la boca y la nariz (espiración).

El nervio frénico controla la contracción y relajación del diafragma. Si el nervio frénico envía impulsos anómalos, el diafragma se contrae de forma repentina provocando una inspiración súbita anormal y el cierre brusco de la glotis, produciendo el hipo. Algunas de las situaciones que pueden provocar el hipo son: comer demasiado rápido, distensión gástrica por aerofagia o consumo de bebidas carbónicas, abuso de alcohol y ansiedad. La mayor parte de las veces, el hipo dura solo unos minutos. Sin embargo, en ocasiones persiste durante días o semanas.

El hipo persistente, singultus, en su denominación científica correcta, es el que se presenta en forma de un ataque prolongado o ataques recurrentes durante un tiempo superior a 48 horas. En general, se resuelve sin ningún tratamiento pero, en ciertas ocasiones, conviene realizar un estudio médico para averiguar su origen. Puede producir una gran incomodidad a quien lo padece, provocándole: insomnio, pérdida de peso, dehiscencia de suturas e incluso arritmias, pudiendo ser signo de enfermedad severa, por lo que estos pacientes deben someterse a una valoración médica que determine las posibles enfermedades que originan el problema(2).

Tipos de hipo: clasificación

Según su duración, se puede dividir en tres tipos(3):

1. Agudo: también llamado hipo transitorio o autolimitado. Corresponde a la gran mayoría de los casos y se caracteriza por ser su duración menor de 48 horas.

2. Persistente: la duración es mayor de 48 horas y menor de un mes.

3. Intratable: también llamado refractario, si persiste más de dos meses.

Agudo

El hipo agudo, es decir, aquel que tiene una duración menor a 48 horas, corresponde a la inmensa mayoría de los casos, suele deberse a causas benignas, como: distensión gástrica, por ingerir alimentos sólidos o líquidos demasiado deprisa, cambios de humor, estrés, emociones fuertes, ansiedad, consumo excesivo de bebidas con gas carbónico, exceso de gases, tabaquismo, abuso de alcohol, cambios bruscos de temperatura o comidas demasiado calientes o excesivamente frías, embarazo, etc. En los niños pequeños, puede ocurrir durante o después de un ataque de llanto. En muchas ocasiones, se desconoce la causa que lo origina. La mayor parte de las veces solo dura unos minutos, o incluso pocos segundos. Es una circunstancia inofensiva a la que no hay que darle importancia. Sin embargo, lo mejor es consultar al médico si es demasiado frecuente (Tabla I).

Existe gran número de remedios caseros y tradicionales para su tratamiento. Para no tener hipo con mucha frecuencia, se ha recomendado comer despacio y reducir el consumo de alcohol y tabaco, o bien, detener temporalmente la respiración (apnea) unos quince segundos (Tabla II).

Persistente e intratable

Los hipos persistentes, intratables o refractarios son poco comunes, afectan únicamente a un individuo de cada 100.000. Suelen ser una manifestación de otra enfermedad que puede ser grave, por lo cual es recomendable consultar a un médico. Afecta principalmente a mayores de 50 años(4).

Se habla de hipo persistente, cuando su duración es mayor de 48 horas y menor de un mes, y de hipo refractario, cuando dura más de un mes; en ocasiones, se prolonga durante varios años. Este tipo de hipo es muy incapacitante, pues dificulta actividades habituales como: dormir, respirar, comer y beber. A largo plazo, puede provocar: insomnio, trastornos respiratorios, trastornos de la alimentación y deshidratación. Además, puede afectar a la comunicación y a la vida social y provocar trastornos psicológicos y depresión. El récord del ataque de hipo más largo conocido corresponde a Carles Osborne (1894-1991), que presentó hipo de forma continua durante 68 años, entre 1922 y 1990.

Las causas pueden ser múltiples. En el 90% de los casos, está provocado por enfermedades que causan irritación del nervio frénico o del nervio vago. El hipo puede ser un signo. Cuando una persona sufre de hipo crónico, es necesario realizar un examen médico para identificar el factor que lo causa. En la literatura médica, se han descrito casos de hipo originados por más de 150 enfermedades diferentes, debido, entre otras razones, a que el nervio vago y el nervio frénico, los responsables del hipo, tienen un largo recorrido a través del cuerpo(5,6).

En Pediatría, habría que destacar afecciones varias como: el reflujo gastroesofágico, hernia de hiato, ulcus gástrico, meningitis, encefalitis, traumatismos, neumonía, tuberculosis, neoplasias, diabetes, hipocalcemia e hiponatremia, entre otras. Las causas más comunes de hipo persistente y refractario se muestran en la tabla III.

En cuanto al tratamiento, es preciso tener en cuenta que la mayoría de los hipos persistentes e intratables son consecuencia de enfermedades crónicas. La mejor manera de detener el hipo es realizar un tratamiento para curar la enfermedad responsable. Solo, excepcionalmente, se ha recurrido a la intervención quirúrgica, como la frenectomía, técnica no exenta de riesgos. Como tratamiento sintomático, se pueden emplear varios métodos que se muestran en la tabla IV(7).

Valoración diagnóstica y clínica

La anamnesis y la exploración clínica son primordiales. Se realizarán pruebas de laboratorio básicas, radiografías y ECG. Si no se consigue llegar a ningún diagnóstico, se realizarán otras pruebas que pueden incluir: endoscopias digestivas, pHmetría, manometría esofágica, TAC o RMN de cráneo y toracoabdominal. La colaboración de distintos especialistas puede ser fundamental. La sospecha de la posible etiología nos guiará para establecer la prioridad para solicitar las pruebas complementarias(8,9).

El hipo en el feto y en el recién nacido

Mediante ultrasonidos, se ha demostrado que el feto puede tener hipo a partir de las 8 semanas del comienzo de la gestación, antes de que aparezcan los movimientos respiratorios. Se ha comprobado que el feto hipa durante el último trimestre de la gestación, a razón de 6 veces por minuto. Según algunas hipótesis, los movimientos de hipo en el feto preparan los músculos respiratorios para realizar su función inmediatamente después del nacimiento. Para algunos autores, el hipo de los adultos podría ser la reminiscencia de estos reflejos primitivos(10).

El hipo es muy común en los recién nacidos y niños de menos de un año, en crisis que pueden durar hasta media hora. Al igual que ocurre en los adultos, el hipo pasajero no es peligroso ni doloroso. No es, por lo tanto, síntoma de enfermedad.

El hipo sucede más a menudo en el lactante, debido a que, por lo general, come o bebe demasiado rápido, lo cual provoca la dilatación del estómago y la estimulación del nervio frénico. Por lo tanto, para evitar el hipo en el bebé, es recomendable procurar que el pequeño no ingiera su alimentación demasiado rápido, se deben hacer pequeñas interrupciones y buscar un ambiente relajado y tranquilo.

Conclusión final

El hipo no solo es un curioso fenómeno intrascendente, sino que también representa un signo que no ha sido debidamente analizado. Los textos médicos no suelen incluir al hipo entre sus objetivos de análisis semiológico; se le ha visto frívolamente como un elemento cómico de la vida cotidiana, soslayándose sus aspectos patológicos.

Tantas anécdotas y tantos remedios tan variados dan crédito a la falta de seriedad en su estudio; todo ello ha contribuido a que no se le asigne importancia médica. Sin embargo, un enfoque sistematizado del paciente con hipo persistente puede permitir evitar molestias graves, identificar enfermedades subyacentes y salvar algunas vidas.

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Puesta al día en las aplicaciones de la melatonina+triptófano+vitamina B6 en Pediatría

 


G. Pin1, E. Cardo2, S. Rey3, P. Smeyers4, M. Merino5,O. Sans6, R. Kireev7

1Jefe del servicio de la Unidad de Pediatría Integral. Unidad de Sueño, Hospital Quirónsalud, Valencia, 2Neuropediatra del Hospital Son Llatzer. Miembro del grupo de investigación Desarrollo y Psicopatología (DEVPSY), Instituto Universitario de Investigación en Ciencias de la Salud (IUNICS), Palma de Mallorca, 3Pediatra de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP), Urgencias Pediátricas del Complejo Hospitalario Universitario de Orense (CHUO), 4Responsable de Epilepsia del Servicio de Neuropediatría y Unidad Multidisciplinar de Epilepsia del Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Valencia, 5Responsable de la Unidad de Neurofisiología Clínica Infantil, Hospital Universitario La Paz, Madrid, 6Unidad de Trastornos del Sueño. Departamento de Neurofisiología. Servicio de Neurología, Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona, 7Investigador sénior del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS)

 

Pediatr Integral 2017; XXI (4): 290.e1 – 290.e7


Puesta al día en las aplicaciones de la melatonina+triptófano+vitamina B6 en Pediatría

Justificación

La aparición en el mercado de diferentes productos asociados a la melatonina obliga a clarificar su farmacología, características e indicaciones en Pediatría. Para tal fin, un grupo de profesionales de diferentes áreas y centros pediátricos ha realizado una revisión de la literatura disponible en el momento actual sobre la seguridad, eficacia e indicaciones de la asociación de melatonina y triptófano, que fue puesta en común en una reunión presencial realizada en Diciembre de 2016 en Madrid (España).

Declaración de conflicto de intereses: la reunión presencial recibió el apoyo logístico de laboratorios Humana España, que financió el desplazamiento de los integrantes del grupo de estudio.

Melatonina. Síntesis, metabolismo, mecanismos moleculares de acción y funciones

La melatonina, n-acetil-5-metoxi-triptamina, es una indolamina endógena producida principalmente por la glándula pineal. Se secreta durante la noche como consecuencia de la actividad de un reloj circadiano localizado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo (NSQ), y su secreción es suprimida por la luz(1-4). Juega un papel clave en la regulación del ritmo circadiano, además de tener efectos sobre el sistema inmunitario, ser un potente antioxidante, tener propiedades oncostáticas(1) y estar implicada en el desarrollo embrionario temprano(2).

Otros órganos donde se sintetiza y que justifican su influencia en diferentes funciones fisiológicas son: la retina, el tracto gastrointestinal, la piel y la médula ósea, habiéndose descrito también su secreción en los linfocitos(5).

Síntesis y metabolismo de la melatonina

La glándula pineal sintetiza melatonina a partir del L-triptófano de la dieta que, tras su hidroxilación y descarboxilación, se convierte en serotonina. A su vez, la serotonina es transformada en n-acetilserotonina por la n-acetil-transferasa y, posteriormente, por acción de la hidroxiindol-O-metiltransferasa, se forma la melatonina(1). Además, se ha demostrado que algunos factores nutricionales, como la disponibilidad de triptófano, folato y vitamina B6, también podrían influir en su producción(1,6) (Fig. 1).

Figura 1. Vía de síntesis de la melatonina.

La melatonina es muy lipofílica, por lo que no se almacena, sino que se libera a la circulación y, por tanto, está presente en diversos fluidos, tejidos y compartimentos celulares. Circula en plasma unida en un 80% a la albúmina y el resto en forma libre(6). La mayor parte (85-90%) se metaboliza en el hígado por acción del citocromo P450 (CYP1A1 y CYP1A2), convirtiéndose en 6-hidroximelatonina, que es conjugada con sulfato para ser excretada en orina como 6-sulfatoximelatonina, forma bajo la que se elimina aproximadamente el 90% de la melatonina administrada(1). Su metabolismo es rápido y su vida media en los seres humanos después de la administración exógena es corta, oscilando entre 10 y 60 minutos(6).

Seguridad y farmacocinética

En cuanto a su farmacocinética, esta depende del tipo de melatonina y de la dosis(1). Así, en niños y adolescentes una dosis de 2 mg de melatonina de liberación rápida alcanza concentraciones plasmáticas máximas entre 30-60 min tras su ingestión (independientemente de si se ingiere con alimento)(1,7) y sus valores permanecen elevados hasta 3-4 horas, tras las que retornan a su concentración basal. Sin embargo, la melatonina de liberación lenta, a igual dosis, permanece elevada durante 5-7 horas tras su administración y su cinética, es muy dependiente de la ingesta, aumentando sus valores cuando se ingiere con alimento(1). Sus valores plasmáticos endógenos en sujetos jóvenes durante la noche, se sitúan alrededor de los 100 pg/ml, mientras que los que se alcanzan tras la administración de 2 mg de melatonina de liberación lenta son 5-10 veces los valores fisiológicos (500 pg/ml para edades de 18-45 años). La misma dosis de liberación rápida produce un aumento entre 20-30 veces sobre la concentración endógena, con una concentración máxima de 2.000-3.000 pg/ml(1,8). A pesar de que en individuos adultos su biodisponibilidad es baja, con variaciones en función del sujeto (3-15%), su t1/2 presenta valores similares a la observada en niños y adolescentes. Sin embargo, en niños prematuros privados de la exposición circadiana normal intrauterina a la melatonina materna, la t1/2 es de aproximadamente 16 h. Dado que ambos perfiles farmacocinéticos difieren, la dosificación de melatonina para estos últimos no puede ser extrapolada a partir de estudios de adultos(9).

Mecanismos moleculares de acción de la melatonina y funciones

La melatonina puede actuar a través de la interacción con receptores de membrana (MT1 y MT2) y con receptores nucleares (RZR/ROR). Además, ejerce funciones no mediadas por receptor al interaccionar directamente con algunas proteínas citosólicas, como son el complejo calcio-modulina y la calreticulina, así como de depuración de radicales libres de oxígeno y nitrógeno (ROS/RNS)(10) (Fig. 2).

Figura 2. Diferentes mecanismos de acción de la melatonina.

A través de esta interacción con diversos receptores y complejos, es capaz de mediar en numerosos procesos a diferentes niveles, que se resumen en la figura 3(11-14).

Figura 3. Principales funciones de la melatonina.

Estudios eficacia/seguridad de melatonina

En un estudio de fase I, se evaluó la farmacocinética y seguridad de la melatonina en voluntarios adultos sanos. Se administraron distintas dosis de melatonina: 20, 30, 50 y 100 mg. Se encontraron algunos cambios en las presiones sistólica y diastólica, pero dentro del rango de la normalidad. A nivel bioquímico, se objetivó una pequeña disminución en los niveles de glucosa, pero también dentro de los rangos fisiológicos(7). Sin embargo, existen escasos estudios que avalen su inocuidad a medio y largo plazo, cuando su administración se alarga en el tiempo(15).

Además de ser una molécula segura, el uso de melatonina ha demostrado eficacia en diversas patologías y pruebas diagnósticas que a continuación se detallan.

Uso en la realización de pruebas diagnósticas en niños

En el caso de población pediátrica, la dificultad para lograr la cooperación de los niños implica la necesidad de utilizar sedación a la hora de realizar pruebas diagnósticas(16), pues se logra un control de su comportamiento que permite llevar a cabo un procedimiento seguro. Generalmente, aquellos niños menores de 6 años o que presenten retraso en su desarrollo requerirán una sedación más profunda para controlar su comportamiento(17).

Entre los fármacos que se emplean con mayor frecuencia con esta finalidad destacan: los opioides, las benzodiacepinas, los barbitúricos, la ketamina, el propofol, el hidrato de cloral, el etomidato o la dexmedetomidina. Sin embargo, es preciso indicar que estos medicamentos se asocian con una serie de efectos adversos: amnesia anterógrada, efecto sedante desproporcionado, efecto paradójico, frecuentes problemas de comportamiento a largo plazo o deterioro frecuente de la función respiratoria, por lo que se requiere la presencia de un anestesista para su administración(16).

Estas evidencias crean la necesidad de buscar alternativas que no tengan un efecto sedante desproporcionadamente largo en relación con la duración del procedimiento diagnóstico y que no tengan el riesgo de producir una depresión respiratoria(18), ventajas que aportaría la melatonina.

Electroencefalograma (EEG)

El EEG es una prueba diagnóstica que no suele ser bien tolerada por los niños, particularmente si estos padecen problemas del desarrollo. Además, estos registros de la actividad cerebral resultan dificultosos cuando el niño está en vigilia activa, sobre todo en el caso de niños de corta edad. Por este motivo, es habitual que se duerma al niño durante la realización de la prueba, para lo cual se lleva a cabo una privación parcial del sueño previa o se administran fármacos inductores del sueño(19).

No obstante, es sabido que la privación del sueño afecta al rendimiento del EEG, incrementando la detección de anomalías epileptiformes. Asimismo, la mayoría de medicamentos utilizados como inductores del sueño afectan a la actividad eléctrica del cerebro, interfiriendo directamente con el EEG(20).

La melatonina se postula como una alternativa en la inducción de la sedación, pues carece de las desventajas mencionadas. En el estudio retrospectivo llevado a cabo por Gustaffson y col.,(21) se comparó, en una serie de niños de edades comprendidas entre 1 y 16 años, la acción de la melatonina frente al procedimiento habitual de privación parcial del sueño, apreciándose similares efectos en la inducción del sueño, pero con la diferencia de que la melatonina no afectó a la aparición de descargas epileptiformes en el registro del EEG(21).

En cuanto a la comparativa con los fármacos utilizados habitualmente, los principales ensayos clínicos constataron una mayor eficacia de la melatonina en la inducción del sueño, más acorde a la duración de la prueba y carente de la toxicidad asociada a otros fármacos (Tabla I)(4,22).

Resonancia magnética nuclear (RMN)

La dificultad para lograr la cooperación de los niños en este tipo de pruebas puede implicar la necesidad de que requieran sedación o anestesia general, a fin de garantizar que permanezcan inmóviles durante la realización de la misma.

Se han publicado dos estudios que sugieren la utilidad de la melatonina (sin combinación con otros fármacos) en la inducción de la sedación en pacientes pediátricos sometidos a esta prueba (Tabla II)(23,24). La principal limitación de estos estudios es la ausencia de aleatorización, por lo que aquellos pacientes que se sedaron con facilidad pudieran haber sido seleccionados involuntariamente(25).

Potenciales evocados auditivos

Las pruebas que se realizan en niños para evaluar la respuesta auditiva del tronco encefálico requieren que el paciente esté dormido para obtener resultados válidos. En algunos casos en los que el niño no coopera, la prueba se lleva a cabo bajo anestesia general(26). Las propiedades sedantes/anestésicas de la melatonina parecen ser de utilidad como alternativa inductora del sueño en estos niños, pues administrada oralmente en dosis que oscilan entre 5-20 mg, en función de la edad del paciente, se obtienen buenos resultados, principalmente cuando los niños son menores de 3 años(27).

Sedación para procedimientos dolorosos y cirugías

El midazolam es uno de los fármacos más empleados como premedicación en anestesia general, si bien, presenta una serie de efectos adversos, como son: la sedación excesiva, amnesia, desorientación, deterioro del rendimiento psicomotor, biodisponibilidad y semivida variable o posible interacción con opiáceos, lo que crea la necesidad de buscar alternativas. Los efectos sedantes e hipnóticos de la melatonina sugieren su potencial utilidad como alternativa en premedicación. No obstante, los datos recogidos en los distintos estudios realizados resultan contradictorios, no quedando claramente determinada la efectividad de este fármaco(25) (Tabla III).

También se ha considerado la posibilidad de emplear la melatonina como adyuvante de la anestesia general, pues sus propiedades resultan insuficientes para considerar su empleo como anestésico general(25).

Dermatitis atópica

Los trastornos del sueño son frecuentes en niños que padecen dermatitis atópica. Aunque la fisiopatología de las alteraciones en el sueño no es del todo comprendida, se cree que la melatonina, según los datos de los últimos estudios realizados, puede jugar un papel importante como tratamiento de las mismas. La evidencia está sustentada en los efectos sedantes de la melatonina, que influyen en la regulación del sueño y el ritmo circadiano. Además, su acción inmunomoduladora, antiinflamatoria y antioxidante puede mejorar la inflamación de la piel y ayudar a mantener funcional la barrera epidérmica en estos pacientes(31).

No obstante, los estudios realizados hasta la fecha son limitados y quedan muchas cuestiones pendientes: no se conoce la concentración eficaz óptima de melatonina en las poblaciones celulares cutáneas, tampoco se conoce la regulación de los receptores cutáneos de melatonina, así como los diferentes genes diana de su acción, ni el papel de los receptores MT3 en la biología cutánea. Tampoco se conoce con seguridad, si la síntesis cutánea de melatonina sigue o no el ritmo circadiano pineal, ni la seguridad de la terapia con melatonina en pacientes con una enfermedad que dura años y es más prevalente en etapas iniciales de la vida(32).

Casos de uso/experiencia de uso en medio hospitalario

Los resultados obtenidos en los diferentes estudios realizados con melatonina para las aplicaciones descritas sustentan la posibilidad de incorporar el tratamiento para su uso hospitalario. De esta manera, en el Complejo Hospitalario Universitario de Ourense, se ha instaurado en su protocolo el empleo de melatonina en niños sometidos a EEG, resonancia/TAC, potenciales evocados, como sedante para procedimientos invasivos y en el despertar posquirúrgico.

Asimismo, se empieza a valorar la posibilidad de incluir formulaciones que incluyan melatonina junto con triptófano y vitamina B6 para potenciar su acción farmacológica. Actualmente, en el Hospital de La Fe de Valencia, se está llevando a cabo un estudio en el que se evalúa la utilidad de la melatonina frente a la combinación con triptófano y vitamina B6 en niños sometidos a EEG; los resultados preliminares parecen indicar que la combinación resulta positiva para la opinión de los padres y profesionales implicados, logrando la optimización del tiempo de exploración y el confort del paciente.

Otras aplicaciones en alteraciones del sueño asociadas a trastornos del neurodesarrollo

Los trastornos del neurodesarrollo (TND) comprenden un amplio espectro de procesos patológicos que se inician en etapas tempranas de la vida y que afectan negativamente al funcionamiento personal, social, académico y ocupacional del afectado(33,34). Las manifestaciones son variables para cada individuo, pudiendo incluir desde síntomas relacionados con un exceso de actividad(34) hasta déficits o retrasos en diferentes etapas del desarrollo(35).

A su vez, el sueño ejerce un papel fundamental en el desarrollo infantil, la conducta, el aprendizaje y el crecimiento. Aproximadamente, un 30% de los niños presentan en algún momento un trastorno del sueño (TS), cifra que se eleva drásticamente al 80% en aquellos con TND(36). En el caso de estos últimos, los TS suelen ser más severos, con tendencia a cronificarse y agravar los síntomas relacionados con el TND(37), por lo que resulta vital establecer un abordaje adecuado.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

La prevalencia de los TS en TDAH oscila entre el 25-50%, siendo 5 veces más frecuentes que en niños sanos(38), lo que hace pensar en una relación recíproca entre ambos. En lo relativo al descanso, estos pacientes se caracterizan por un cuadro de resistencia a irse a dormir con dificultad para conciliar y mantener el sueño (más de dos despertares nocturnos), trastornos respiratorios como ronquidos (más de la mitad de la noche) y apneas, dificultades en el despertar matutino y excesiva somnolencia diurna(39).

Se recomienda una revisión del tratamiento pautado para el TDAH, valorando la posibilidad de retirarlo o sustituirlo por un agente no estimulante, así como el uso de melatonina(40), que ha mostrado inducir una mejora del sueño significativa que prácticamente se triplica si se combina con una adecuada higiene del sueño(41) e influir de modo positivo sobre otros síntomas del TDAH.

Trastornos del espectro autista (TEA)

En el caso de los TEA, la prevalencia de TS varía entre el 50-80%(42), aunque el profesional sanitario apenas indaga en un 8% de los casos. Estos pacientes presentan alteraciones enzimáticas que conducen a un déficit de melatonina, que parece ser uno de los principales factores de riesgo relacionados con el desarrollo de TEA. Esto supone un menor tiempo de sueño total, mayores dificultades en el inicio del sueño y más despertares y de forma más precoz(43).

Las recomendaciones generales comprenden el uso de terapia no farmacológica, consistente en una adecuada higiene del sueño mediante la elaboración de una agenda, así como terapia conductual personalizada, combinada con la administración de melatonina(44). El efecto terapéutico de esta reside en su efecto antioxidante, antiinflamatorio, modulador del sistema inmune y estimulante del sistema GABAérgico, mejorando el desequilibrio entre el sistema nervioso excitador y el sistema nervioso inhibidor característico en estos pacientes(45).

Epilepsia

Al igual que en otros TND, existe un vínculo entre la epilepsia y los TS; de modo que el sueño modula la génesis de crisis epilépticas al mismo tiempo que el tratamiento para estas influye en la organización de los ciclos de sueño y vigilia, contribuyendo a mejorar los TS. En lo relativo al descanso, estos pacientes presentan una mala calidad del sueño, debido a que duermen de forma fragmentada con numerosos despertares nocturnos, cuya frecuencia y duración aumenta en pacientes no tratados(46).

Existen indicios de que la melatonina, además de sus propiedades neuroprotectoras y antioxidantes, ejerce un efecto hipnótico y anticonvulsivo en pacientes con epilepsia, por lo que existe un incipiente uso combinado con otros fármacos antiepilépticos (FAES), como carbamazepina o gabapentina, que podría ayudar a reducir la dosis de estos y, por tanto, sus efectos adversos asociados(25).

Otros síndromes

Existen además otros TND de origen genético, en los cuales diversos estudios han mostrado una elevada prevalencia de TS (Tabla IV)(37).

Los abordajes terapéuticos de primera elección en este tipo de pacientes comprenden la terapia conductual asociada a una adecuada higiene del sueño, en la que han de involucrarse activamente los progenitores. Si esta estrategia fracasa, se instaura un tratamiento farmacológico específico, a pesar de que, por el momento, se carece de estudios de eficacia y seguridad de hipnóticos adecuadamente diseñados en población pediátrica (Tabla V)(37).

En este contexto, la melatonina recientemente ha mostrado inducir una reducción significativa de la latencia del sueño (de 102 a 55 minutos en 12 semanas) y un aumento en el tiempo total de sueño (40 minutos), con unos efectos adversos que no revisten de gravedad, por lo que se está incrementando su uso en la práctica clínica habitual(37). No obstante, se carece de datos acerca de su empleo a largo plazo, lo que sugiere continuar investigando en este sentido.

Otros usos de la melatonina en la práctica clínica en Pediatría

Sepsis neonatal

La sepsis neonatal se presenta acompañada de inflamación, estrés oxidativo y daño cerebral. Gracias a sus efectos antiinflamatorios y neuroprotectores, la administración de melatonina como terapia adyuvante se postula como una opción terapéutica prometedora. A una dosis de 20 mg por vía oral, como dosis única, más antibioterapia estándar basada en ampicilina más gentamicina, ha evidenciado mejorar los resultados clínicos y de laboratorio, normalizar los niveles de proteína C reactiva y la relación de neutrófilos inmaduros/total y, en general, disminuir el grado de sepsis(48).

Cefalea

El sueño y la percepción del dolor de cabeza comparten la participación de diversas estructuras cerebrales. De este modo, existen evidencias clínicas que indican que los TS pueden preceder a la aparición de ciertos tipos de cefalea y que esta, especialmente cuando es frecuente, puede, a su vez, afectar la calidad del sueño. Asimismo, se ha documentado que los niveles plasmáticos de melatonina están disminuidos en pacientes con migraña y presentan un patrón circadiano anormal en otros tipos de cefaleas(49).

La administración de melatonina, gracias presumiblemente a sus propiedades antiinflamatorias, parece ejercer un efecto beneficioso sobre la fisiopatología de la cefalea.

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Encuesta epidemiológica sobre la percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil


C. Coronel Rodríguez*, E. González Zorzano**, A. Hernández Hernández***, M. Escolar Jurado**, A. Garre Contreras**, M.C. Guisado Rasco****

*Centro de Salud “Amante Laffón”. Sevilla. **Departamento Médico. Laboratorios Cinfa, Navarra. ***Centro de Salud de Tacoronte, Tenerife. ****Centro de Salud “Mercedes Navarro”. Sevilla

 

Resumen

Objetivos: el sedentarismo y los nuevos estilos de vida son algunas de las causas del exceso de peso en la población infantil que ya afecta al 44% de los niños españoles. El estudio pretende determinar la percepción que tienen los padres sobre el peso y los hábitos nutricionales de sus hijos y dónde buscan consejos e información.
Material y métodos: encuesta epidemiológica realizada en febrero de 2016. Universo: 3.000 progenitores con hijos entre 6 y 12 años de edad. Cuestionario: on-line, adaptado del cuestionario validado del estudio Perseo. Análisis de resultados de frecuencias y porcentajes con un error muestral del ± 1,8% y con un intervalo de confianza del 95%.
Resultados: el 42,3% de los padres y madres tiene una percepción equivocada del peso de sus hijos, un 13,1% no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad de sus niños, el 43,1% de los padres que declara que el peso de sus hijos es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar el problema. El 82,8% de los escolares españoles no desayunan bien. En cuanto a la frecuentación semanal de los grupos de alimentos, el 51,9% de los menores encuestados come carne entre cuatro y siete ocasiones, solo un 21,3% toma pescado más de tres veces y solo un 12,1% refiere ingerir verdura en más de siete ocasiones. Además, únicamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia.
El 93,1% de los escolares encuestados no duermen las diez horas diarias recomendadas. El 45,7% dedica como mucho dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares y el 13,6% no destina ni siquiera una hora a este tipo de actividades. El 71% comen al tiempo que ven la tele o manipulan una pantalla táctil o el móvil.
El 66,1% de los padres acuden al pediatra para informarse de los hábitos de alimentación saludable, el 13,9% al médico de Atención Primaria y el 35,2% o no se informa o lo hace inadecuadamente (Internet, etc.).
Conclusiones: los hábitos nutricionales de los niños españoles no son adecuados, así como, tampoco, el grado de concienciación de sus padres. Se hacen necesarias más estrategias para mejorar la educación alimentaria como vía de prevención de problemas de salud relacionadas con la alimentación.

 

Abstract

Background: sedentarism and new lifestyle are some of the reasons for overweight in the paediatric population, affecting 44% of Spanish children. This study aims to define parental perception of their children ́s weight and eating habits, and the sources of information and advise they follow.
Methods: epidemiological survey performed in February 2016. 3000 parents of children aged 6 to 12. On-line questionnaire, adapted from Aladino study ́s questionnaire. Statistical analysis of prevalence and proportion, with a sampling error of +/- 1.8% and a 95% confidence interval.
Results: 42.3% of the parents have a wrong perception of their children ́s weight, 13.1% don ́t realise of their children ́s overweight or obesity, 43.1% of the parents who acknowledge their children ́s inappropriate weight, don ́t take any action to solve the problem. 82.8% of Spanish schoolchildren do not have a proper breakfast. Regarding frequency, per week, of food groups, 51.9% of the surveyed children eat meat four to seven times, only 21.3% eat fish more than three times and only 12.1% eat vegetables more than seven times. Furthermore, only 30.3% eat fruit with the same frequency.
93.1% of the surveyed schoolchildren don ́t sleep for ten hours, as it is recommended. 45.7% spend no more than two hours per week in physical activity after school, and 13.6% don ́t even spend one hour in such activities. 71% eat while watching television or using touchscreen devices or mobile phones.
66.1% of the parents visit the Paediatrician to seek information regarding healthy eating habits, 13.9% visit the General Practitioner and 35.2% don ́t look for any information or they do through inadequate sources (Internet, etc.)
Conclusions: Spanish children ́s eating habits are not adequate, and so is the awareness level of their parents. More strategies are needed to improve eating education as a preventive method for eating related health problems.

 

Palabras clave: Exceso de peso percibido; Hábitos de vida; Dieta mediterránea; Fuentes de información

Key words: Perception of overweight; Lifestyle; Mediterranean diet; Sources of information

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 221.e1 – 221.e12


Encuesta epidemiológica sobre la percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil

Introducción

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI: en 2010, había ya 42 millones de menores con sobrepeso en todo el mundo, de los cuales cerca de 35 millones viven en países en desarrollo(1).

La prevalencia de obesidad infantil en España se encuentra entre las mayores de Europa, junto con: Malta, Italia, Reino Unido y Grecia(2). A nivel global, en un análisis realizado en 188 países entre 1980 y 2013, se determinó que el incremento de obesidad fue de un 27,5% en adultos y de un 47,1% en niños(3).

Una de las causas de este incremento de la obesidad tiene que ver con el progresivo abandono de hábitos alimenticios saludables y con la escasa práctica de ejercicio físico. La FAO advierte que estos hábitos alimenticios se forjan en la juventud y, de hecho, 4 de cada 5 niños obesos lo seguirán siendo de mayores.

Uno de los periodos críticos para el desarrollo de la obesidad se encuentra entre los 5 y 7 años de edad. En este periodo, los padres o sus cuidadores asumen un papel vital. Su conocimiento e implicación resulta básico para garantizar una alimentación adecuada que posibilite la prevención de enfermedades crónicas que se presentan en el adulto, pero tienen base nutricional en la infancia, como: la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial, diversos problemas respiratorios e inflamatorios, e incluso algunos tipos de cáncer. Como advierte la OMS, las anteriores patologías son ya responsables de 36 millones de muertes de adultos al año, cifra que podría llegar a los 55 millones en 2030, si no se frena la expansión de las anteriores dolencias(1).

Igualmente, otros problemas de salud, como la osteoporosis o algunos trastornos del aprendizaje y del desarrollo mental, pueden estar provocados por una nutrición deficiente en la infancia.

En España, el aumento del sedentarismo y los cambios en los hábitos alimentarios (la generalización de dietas pobres en verduras y frutas y con exceso de grasas saturadas y azúcares refinados) están incrementando la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. Según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), publicados en el “Estudio Aladino 2013”, un 18,4% de los menores españoles sufre, en la actualidad, obesidad y el 24,6%, sobrepeso(4). Estos problemas surgen, además, a edades cada vez más tempranas. En el estudio, en comparación con uno similar realizado dos años antes, ALADINO 2011, estas cifras permanecen casi constantes o con ligero descenso (ha pasado de 26,2% de sobrepeso al 24,6% y de 19,1% de obesidad al 18,4%)(4). En una reciente puesta al día de la situación de la obesidad infanto-juvenil en España, se llega a esta misma conclusión de la estabilización de las cifras de exceso de peso en torno al 40%, sin que se haya modificado en los últimos 12 años(5,6).

Justificación

Son muchos los trabajos que se han realizado en diferentes comunidades autónomas (CCAA) españolas, sobre hábitos de consumo de alimentos y actividad física para niños y adolescentes, relacionándolos con diferentes aspectos: somatometría, estatus socioeconómico de las familias, creencias familiares sobre hábitos alimentarios, qué es lo que se debe comer y lo que no, etc. En la encuesta de ámbito nacional ENHALI-2012, se ponen de manifiesto estos y otros aspectos de ingesta calórica y por grupos de alimentos recomendados(7).

Otras encuestas han sido más limitadas, tanto a nivel geográfico como a determinados colectivos o edades, con diferentes fines y objetivos, como los promovidos por AESAN (Agencia Española de Seguridad alimentaria) o la CECU (Confederación de Consumidores y Usuarios), organismos todos dependientes del Ministerio de Sanidad y Consumo. Dada la importancia que tiene el conocer la percepción de los padres de los niños que están en una edad crítica del aprendizaje de todo tipo de conocimientos, incluido el de hábitos de vida saludable, se hace necesario incidir en un estudio nacional y representativo de todas las CCAA en el grupo de edad de 6 a 12 años, con la finalidad, no solo de conocer sus hábitos alimentarios, sino, además, facilitar información útil y clara para promover hábitos alimentarios saludables que aseguren una alimentación sana y equilibrada, así como reforzar aquellos hábitos saludables que han sido aprendidos en el seno familiar. En este proceso, es fundamental el papel que tienen tanto los padres como los educadores en la promoción, adquisición y refuerzo de nuevos hábitos y su mantenimiento a largo plazo.

Su meta fundamental se centra en invertir la tendencia de la prevalencia de la obesidad mediante el fomento de una alimentación saludable y de la práctica de la actividad física, con el impulso de diferentes líneas de actuación en distintos ámbitos (familiar, educativo, empresarial, sanitario, laboral, comunitario) e integrando los esfuerzos y la participación más amplia posible de diferentes sectores públicos y privados de la sociedad.

Objetivos

El principal objetivo del estudio es conocer las preocupaciones sobre educación nutricional y hábitos alimentarios saludables que tienen los padres de los niños de entre 6 y 12 años. Así mismo, la investigación busca averiguar la percepción de los padres y madres sobre el peso actual de sus hijos y su implicación en la educación nutricional de estos, así como analizar la frecuencia de consumo, por parte de la población infantil, de los diversos grupos de alimentos. Es decir, el estudio persigue conocer los hábitos nutricionales de los escolares españoles.

Por último, descubrir el papel de los colegios en materia de educación nutricional –según los padres y madres– y averiguar a qué fuentes de consulta sobre hábitos de alimentación saludable recurren más a menudo los progenitores españoles, constituye otro de los objetivos específicos de la investigación.

Materiales y métodos

Encuesta epidemiológica realizada en febrero de 2016 a una muestra representativa de 3.000 mujeres y hombres internautas de nuestro país, de entre 18 y 64 años, residentes en todas las CCAA (salvo en las ciudades de Ceuta y Melilla) y con hijos de entre 6 y 12 años.

La muestra se distribuyó proporcionalmente por peso específico de cada comunidad autónoma. En aquellas regiones más pequeñas, con el fin de contar con una base muestral suficiente, se realizó una afiliación no proporcional reforzando aquellas comunidades que contaban con menos de cien entrevistas, dado, además, el target tan específico. Así mismo, para equilibrar el peso de las variables: sexo, edad y comunidad autónoma, se ponderó la muestra, garantizando la máxima representatividad en cada caso (Tabla I).

El cuestionario, realizado on-line, estaba compuesto por veinte preguntas cerradas, segmentadas en cinco áreas objetivo. Fue adaptado a partir del cuestionario validado del programa PERSEO(8) y realizado a través del panel online de Netquest Iberia S.L.

Posteriormente, se realizó el análisis de resultados de frecuencias y porcentajes de todas las variables del cuestionario con un error muestral del ± 1,8% y con un intervalo de confianza del 95%. Se realizaron, así mismo, cruces bivariantes de acuerdo a variables de segmentación, tales como: la edad, sexo y comunidad autónoma, al igual que otros cruces especiales ad hoc.

El estudio CinfaSalud ha calculado el IMC (Índice de Masa Corporal) de los niños y niñas en base a los datos proporcionados por sus padres y madres (auto-referidos). Estos datos han sido cotejados con la tabla de percentiles oficiales marcados por las Curvas y Tablas de crecimiento de la Fundación Faustino Orbegozo(9).

Se ha definido obesidad y sobrepeso, siguiendo los criterios aceptados internacionalmente por consenso que definen la obesidad con el pc95 y el sobrepeso con el pc85 (porcentaje del pc85 al pc95)(10,11), si bien, es verdad que otros estudios bien conocidos, enKid(12), Aladino(4), usan otros percentiles de corte.

Resultados

Percepción y medidas de los padres en torno a la nutrición de sus hijos

De acuerdo a los datos proporcionados por las personas encuestadas, un 17,7% de la población infantil española se sitúa por encima del percentil 85, es decir, tiene sobrepeso (8,1%) u obesidad (9,6%). Además, según la percepción de los padres y madres, el 16,4% de los menores se encuentra en riesgo de subnutrición, mientras que un 65,9% de los niños y niñas tiene un peso normal (normopeso). En resumen, los padres solo perciben que entre 1-2 de cada 10 niños tiene un peso anormalmente alto o bajo (Fig. 1).

Figura 1. Percepción del estado nutricional de sus hijos.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que, según el estudio, un 42,3% de los padres y madres tiene una percepción equivocada del peso de sus hijos e hijas: un 22,6% piensa que pesa menos de lo real y un 19,7%, que pesa más. Además, de ese 22,6%, un 13,1% no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad de su niño o niña (Fig. 2).

Figura 2. Percepción errónea sobre estado nutricional.

La investigación pone de manifiesto que el 43,1% de los padres y madres que declara que el peso de sus hijos e hijas es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar el problema. En cambio, el 40,3% lo lleva al pediatra o al médico de familia; el 3,9%, a un nutricionista; y uno de cada diez (12,7%) lo ponen a dieta ellos mismos, sin consultar a un profesional (Fig. 3).

Figura 3. Medidas tomadas por los padres y madres españoles que consideran que el peso de su hijo no es el adecuado.

Hábitos de vida en edad infantil

De acuerdo al estudio, nueve de cada diez niños de los encuestados (93,1%) no duermen las diez horas diarias recomendadas(13) y, de ellos, un 4,3% duerme menos de 8 horas. Tan solo un 6,9% duerme más de 10 horas.

Casi la mitad de los menores españoles (45,7%) dedica, como mucho, dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares. Entre estos, uno de cada diez (13,6%) no destina ni siquiera una hora a este tipo de actividades. En este sentido, destaca el dato de que los niños y niñas con un peso normal dedican más tiempo a la actividad física: el 55,4% la practica más de dos horas a la semana frente al 51,4% de los niños obesos (Fig. 4), en cambio, entre aquellos que no dedican ni una hora, es más frecuente entre los que tienen sobrepeso (16,1%) y obesidad (12,8%) respecto a los normopeso (12,8%).

Figura 4. Actividad física y peso anómalo.

La investigación ha revelado también que los dispositivos tecnológicos se utilizan con frecuencia durante las comidas: siete de cada diez niños y niñas (71%) comen al tiempo que ven la tele o manipulan una pantalla táctil o el móvil. De ellos, el 5,2% siempre come delante de una pantalla, el 45,5% lo hace, a veces, y el 20,3%, habitualmente (Fig. 5).

Figura 5. Frecuencia de manipulación de dispositivos tecnológicos durante la comida por parte de la población infantil española.

Según los datos ofrecidos por el estudio, los menores con este hábito sufren mayor sobrepeso u obesidad que los que no lo tienen (Fig. 6).

Figura 6. Relación peso sobrepeso y obesidad con uso de pantallas, mientras se come.

Por otra parte, la investigación ha constatado que solo el 37,3% de los padres españoles come habitualmente con sus hijos e hijas (al menos, diez veces a la semana), mientras que el 28,6% de los encuestados realiza con ellos menos de una comida o cena al día. Además, el 17,4% de los progenitores no toma habitualmente lo mismo que ellos a la hora de la comida o la cena (Fig. 7).

Figura 7. Acompañamiento familiar a la hora de las principales comidas.

Dieta y salud en la infancia

Otro de los datos más significativos que ha desvelado la investigación, es que ocho de cada diez (82,8%) de los escolares españoles no desayunan bien, a pesar de ser esta comida una de las más importantes del día. Además, solo uno de cada diez niños y niñas españoles toma fruta en el desayuno (11,7%) y únicamente el 17,6% bebe zumo natural (Fig. 8).

Figura 8. Composición del desayuno de los escolares españoles, de acuerdo a los resultados del estudio.

Para casi tres de cada cuatro escolares (73,1%), el bocadillo forma parte de su almuerzo o comida de media mañana, y un 45,5% toma fruta, como está recomendado. Sin embargo, un 12,2% de los niños españoles almuerza bollería industrial. En la merienda, el consumo de este tipo de repostería se duplica respecto al almuerzo (21,4%), aunque el bocadillo continúa siendo el alimento preferido también en esta comida de media tarde (70,8%).

Sobre la frecuencia de consumo de alimentos, el estudio pone de manifiesto que más de la mitad (51,9%) de los menores españoles come carne entre cuatro y siete ocasiones a la semana, aunque los expertos recomiendan hacerlo de forma ocasional. Solo uno de cada cinco niños y niñas (21,3%) toma pescado con la frecuencia indicada, más de tres veces a la semana, mientras que solamente uno de cada diez (12,1%) ingiere verdura en más de siete ocasiones semanales, como aconsejan los nutricionistas y dietistas. Además, únicamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia(14) (Fig. 9).

Figura 9. Frecuentación de grupos de alimentos por semana.

Por otra parte, la investigación revela que la población infantil española abusa de las chucherías: tres de cada cuatro niños y niñas (74,5%) toman este tipo de alimento alguna vez a la semana, mientras que solo uno de cada cuatro (25,5%) cumple con las pautas de los expertos y no las comen nunca.

También, el consumo de comida rápida, denominada también como “comida basura”, por parte de la población infantil se revela elevado: ocho de cada diez escolares españoles (82%) la toman, al menos, una vez al mes, frente al 18% que refieren que nunca la consumen (Fig. 10).

Figura 10. Frecuentación de comida rápida fuera de casa.

Papel de los colegios en la educación nutricional

De acuerdo al estudio, 94,6% de los progenitores españoles piensa que es necesario que se organicen actividades relacionadas con la alimentación saludable en los centros escolares, aunque solo uno de cada dos (51,9%) afirma conocer que su hijo o hija recibe esta formación.

Fuentes de consulta sobre nutrición infantil

Por último, los resultados de la investigación indican que, a la hora de informarse sobre hábitos de alimentación saludable en edad infantil, dos de cada tres padres y madres encuestados (66,1%) afirman acudir al pediatra, mientras que el 22,8% recurre a sus familiares y amigos, y el 22,4%, a Internet.

Además, el 13,9% de los padres y madres participantes en la encuesta pregunta al médico de cabecera, mientras que uno de cada diez (12,8%) no considera necesario pedir consejo sobre la nutrición de su hijo o hija (Fig. 11).

Figura 11. Fuentes de consulta sobre nutrición infantil.

Discusión

En las investigaciones de carácter epidemiológico, es habitual utilizar cuestionarios que recogen la talla y el peso. Sin embargo, la inexactitud de los datos auto-referidos puede sesgar el resultado de la evaluación nutricional. En España, son pocos los estudios que hayan realizado una medición física del peso y la estatura para estimar la magnitud del problema. Los estudios relativos a la estimación del sobrepeso y la obesidad infantil y juvenil en España, son relativamente recientes y no muy grandes en número(2,6). Los estudios basados en encuestas, son más sencillos, económicos y válidos(15,16), aunque resulta de alto interés analizar la concordancia entre estos últimos y los datos objetivos obtenidos mediante antropometría.

Este estudio V CinfaSalud, avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), consiste en un estudio observacional y transversal sobre una muestra probabilística de base poblacional mediante encuesta on line, como se ha comentado, con similar metodología a otras realizadas(17). Para la definición de subnutrición, normopeso o peso excesivo (sobrepeso y obesidad), se han considerado las referencias utilizadas en trabajos internacionales(10,11) que usan los percentiles de peso pc85 para definir el sobrepeso, y pc95 para la obesidad, mejorando la sensibilidad del estudio. En otras investigaciones, donde se realiza valoración física del peso y talla como enKid(12) o ALADINO(2,4), utilizan otros criterios a la hora de definir obesidad, pc 97 o +2D de la media (que corresponde con pc 97,5) respectivamente, y delgadez o subnutrición como -2D (que corresponde con pc 2,5).

Los padres perciben a sus hijos con normopeso en el 65,9% de los casos, con exceso de peso en el 17,7% y como delgados o subnutridos en el 16,4%. Sorprende que el resultado de subnutrición sea similar al obtenido en un estudio realizado en niños y adolescentes ingresados en un hospital español en el año 2003, con edades comprendidas entre los 1 y 19 años, con diversas patologías, y no exclusivamente crónicas(18), y al de una zona básica de salud de Estella, desarrollado en el año 2000, en niños entre 10-14 años(19), utilizando como criterio de subnutrición pc10. Concretamente, observan una prevalencia del 17,2% y del 10,3%, respectivamente, muy próxima a la reflejada en nuestra encuesta, lo que denota una mayor preocupación de los padres por la delgadez.

El exceso de peso en la Encuesta Nacional de Salud del 2011/2012 se cifraba, en niños entre 2 y 17 años, en un 27,8%(17); en el estudio ALADINO 2013, en el 43% entre los niños de 7 y 8 años(4); y en el estudio enKid(12), en niños y jóvenes entre 2 y 24 años, en el periodo 1998-2000, en el 26,8%. Aunque estos estudios utilizan criterios de definición de obesidad y sobrepeso diferentes y son difícilmente comparables, dado que los grupos de edad y el momento en que se han realizado son distintos. El empleo de diferentes puntos de corte o referencia para definirlos pueden ser los responsables de las diferencias que se presentan en los diferentes estudios epidemiológicos sobre obesidad realizados y coincidimos con otros trabajos en que es fundamental establecer estos puntos de corte, así como las curvas de referencia para adoptar en España(6). Lo que sí que podemos deducir que los padres, en nuestra encuesta, propenden a menospreciar el exceso de peso como problema de salud, ya que, por lo general, en los estudios auto-referidos, se tiende a subestimar el peso y a sobrevalorar la talla(2). De hecho, observamos que el 42,3% de los padres y madres tienen una percepción equivocada del peso de sus hijos e hijas. El 13,1% de los progenitores no es consciente de que sus niños tienen sobrepeso u obesidad. Esto empeora la situación, dado que no van a tomar ningún tipo de medidas al no percibir el problema. Por otra parte, la investigación pone de manifiesto que el 43,1% de los padres y madres que declara que el peso de sus hijos e hijas es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar dicha situación. En cambio, el 40,3% lo lleva al pediatra o al médico de familia y el 3,9% a un nutricionista, constatando que mantienen mayoritariamente la confianza en los profesionales, similar a lo detectado en otros estudios(17); pero uno de cada diez (12,7%) los ponen a dieta ellos mismos sin consultar a un profesional, una medida que, según los autores, puede también entrañar riesgos para la salud del menor y que puede ser aún más inadecuado que el ignorarlo a la vista de las alteraciones nutricionales más o menos graves y emergentes producidas por dietas incorrectas y caprichosas, generando déficits vitamínicos y de elementos traza con consecuencias, en ocasiones, muy negativas(20).

En cuanto a los hábitos de vida saludable, se observa que nueve de cada diez niños (93,1%) de la encuesta no duermen las diez horas diarias recomendadas(21), un 4,3% no llega a las 8 horas y un 6,8% lo hace más de 10 horas. Estos resultados difieren de los determinados en el estudio ALADINO 2013(4), en la que la mayoría de los niños entre 7 y 8 años sí dormía entre 9 y 10 horas diarias, debido posiblemente a que en nuestro estudio, la edad de estos es mayor (6-12 años) y, por tanto, duermen menos. Numerosos estudios evidencian una estrecha relación entre las horas de sueño y la presencia de obesidad en niños, adultos y personas mayores, comprobando que los niños obesos duermen menos que aquellos que tienen un peso normal(5). Dormir una media de menos de ocho horas al día es claramente insuficiente para un niño de menos de 12 años. Al contrario, los niños que más duermen durante sus primeros 11 años de vida tienen un menor riesgo de ser obesos en la edad adulta. En niños, se considera que dormir 5 o menos horas duplica casi el riesgo de ser un adulto obeso, influyendo negativamente sobre otros hábitos de vida saludable, actividad física o incluso ingesta desequilibrada, como queda corroborado en multitud de trabajos(22).

Un aspecto importante que se detecta, es que los niños de peso normal dedican más tiempo a la actividad física: el 55,4% se ejercita más de dos horas a la semana frente a los obesos que lo hacen con menos frecuencia. Solo el 45,7% de los obesos dedica como mucho dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares, mientras que un 13,6% no destina ni una hora a la semana a estas actividades. Si tenemos en cuenta que esto es el reflejo de lo que hacen los adultos, mal ejemplo están recibiendo estos niños, ya que según la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) 2011/12, el 41,3% de los hombres y el 46,6% de las mujeres se declaran sedentarios(17). Solo uno de cada dos niños realiza actividad física diferente a la que estrictamente se practica en las clases de educación física, datos parecidos a los detectados por el estudio sobre hábitos de consumo del Instituto Nacional de Consumo a través de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU)(23) del 2005, en un total de 850 niños entre 9 y 16 años. En este solo, el 44,62% practicaba algún deporte y el 31,59% se declaraba sedentario. Análogamente, el estudio ALADINO 2013(4) arroja que solo el 43,3% acude dos veces a la semana a actividades extraescolares y un número reducido, el 23,3%, tres veces. Esto indica una actividad física deficitaria, en un porcentaje no despreciable de niños, de acuerdo con las recomendaciones de la OMS que ha de ser de, al menos, 60 minutos diarios para edades entre 5 y 17 años(1,8). Los resultados ponen de relieve la importancia de fomentar más la práctica de actividad física (deportiva u otras al aire libre) como estrategia para mejorar la salud, en general, y reducir la obesidad infantil, en particular.

La utilización o visualización de pantallas (TV, móvil, tablet), mientras se come se detecta en el 71% de los niños, y de ellos el 20,3% lo hace habitualmente y un 5,2% siempre, siendo los niños andaluces los que más los utilizan comiendo, 82%, y los navarros los que menos, 53,3%. Además, según los datos ofrecidos por el estudio, los menores con este hábito sufren mayor sobrepeso u obesidad que los que no lo tienen o usan. Es un hecho contrastado, la relación directa entre el número de horas que los niños pasan delante de pantallas y la mayor incidencia de obesidad. En un estudio del 2011, con 366 escolares entre 6 y 9 años de edad del norte de Granada, se constató que el 70% veía diariamente la televisión más de 2 horas y el 34% pasaba 2 horas o más al día jugando con las videoconsolas o similares(24). En el estudio ALADINO(4) 2013, el 69,4% de los niños ven TV una media de una hora diaria que llega a ser del 78,7% y hasta de dos horas los fines de semana, y el 38,4% dedican más de tres horas al día, encontrando una clara relación entre el exceso ponderal y el mayor número de horas ante la pantalla. De modo similar, el estudio enKid(12) observa una mayor prevalencia de obesidad en aquellos niños que están ante una pantalla dos o más horas diarias. En nuestro estudio valoramos este aspecto, mientras se come, al ser un elemento distractor nada recomendable, pues hace perder la noción de la cantidad que se come, así como de los sabores y textura y, por otra parte, se pierde la oportunidad de fomentar el diálogo familiar que favorezca la comida sana y participativa, como recomiendan todas las sociedades científicas dedicadas a la nutrición. Para ello, es preciso que alguno de los padres acompañe a los niños en sus principales comidas; detectamos que solo el 37,3% de los progenitores come habitualmente con sus hijos (al menos, diez veces a la semana), mientras que un 28,6% realiza con ellos menos de seis comidas por semana, es decir, menos de un almuerzo o cena al día. Curiosamente, los canarios son los que menos comidas comparten con sus hijos, el 20% lo hace menos de 3 veces a la semana. Insistimos, por ello, en que los padres son los modelos a seguir y son los que deben promover buenos hábitos, tanto de educación y conducta como, también: higiénicos, dietéticos y de sueño saludables. Los pequeños observan e imitan los hábitos de los mayores y aprenden de ellos; por ello, es fundamental comer en familia, para ello, es importante organizar los horarios para poder comer juntos, al menos, una vez al día.

En la encuesta de la CECU(23), el 70,99% de los niños realizan el almuerzo en casa; y en el estudio ALADINO(4) 2013, 95,1% y 59,4% desayunan y almuerzan en casa, respectivamente.Sin embargo, no se encuentra una asociación significativa entre el sobrepeso y la obesidad, y el lugar donde los niños hacen la comida principal(4).

En cuanto a los desayunos, el 82,8% de los escolares de nuestro estudio no desayunan satisfactoriamente, al no incorporar los tres tipos de alimentos recomendados (lácteos, cereales y fruta), incluso, el 0,6% reconoce ir al cole sin desayunar nada. Solo el 11,7% toma fruta y, únicamente, el 17,6% zumo natural. En el programa CASERIA(24), el 96,7% desayuna antes de ir al colegio, siendo los lácteos el producto más consumido y la bollería industrial muy utilizada, tanto en el desayuno (7,4%) como en el recreo (16,9%). En ALADINO 2013, un 0,3% de los niños acude al colegio sin desayunar habitualmente, toman desayuno adecuado el 4,6% y el 85,1% ingiere solo lácteos o lácteos con cereal, pero sin fruta, similar a nuestros hallazgos. Sin embargo, en la encuesta CECU, es mayor el porcentaje de niños que acude sin desayunar al colegio, 7%, y mayor el que realiza un desayuno correcto, 40,34%, y solo el 45,28% lo hace tomando únicamente lácteos o zumos con o sin cereales. Tanto en el almuerzo como en la merienda, los niños que toman bocadillos representan el 73,1% y el 70,8%, respectivamente; y, de igual modo, sucede con la bollería industrial, 12,2% y 21,4%; y solo un 45,5% ingiere fruta. Son los vascos los que menos bollería usan, 26,7%, y los gallegos los que más fruta toman en la merienda, 74%. Esto evidencia desayunos poco adecuados al faltar la fruta o los cereales, y almuerzos donde la bollería industrial y los bocadillos contribuyen inapropiadamente al aporte energético. Los desayunos inadecuados(4,12) y los mayores aportes de azúcares y grasas en las comidas, han demostrado ser un factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil(5,12).

Sobre la frecuencia de consumo de grupos de alimentos, el 51,9% de los menores come carne en cuatro a siete ocasiones a la semana, el 21,3% pescado menos de tres veces a la semana y solo ingieren verdura o fruta más de siete veces por semana, como es deseable, el 12,1% y 30,3%, respectivamente. Se evidencia el exceso de consumo de carnes, que no debería ser de más de 2-3 veces por semana; el bajo consumo de pescado, recomendable de 3 a 5 veces por semana; y lo más llamativo y dramático, el escaso consumo regular de verdura y fruta por parte de la gran mayoría de nuestros niños. En el estudio CASERIA(24), solo tomaban fruta con la frecuencia recomendada el 35% de menores; de igual forma, se evidenció que gustaban más las carnes y poco los pescados, verduras y frutas. En el estudio enKid, se observa una mayor prevalencia de obesidad en los niños de 6-14 años por exceso de aporte de grasa (>40% Kcal) y, sobre todo, por el predominio en la ingesta de derivados cárnicos (embutidos), que se repite en los mayores de 14 años que abusan también de bollería y refrescos azucarados, y con menor prevalencia en niños y jóvenes que comen 4 o más raciones de fruta o verdura al día(12). En la encuesta CECU del INC(23), no toman nunca verduras y ensaladas un 15% y un 51%, respectivamente, y solo un bajo porcentaje las ingieren regularmente, 45,7%; sin embargo, más del 60% de los niños comen de forma frecuente (2-3 veces por semana) carne o pollo y se detecta un bajo consumo de pescado, hasta un 20% no lo toma nunca y solo un 38% lo hace 2-3 veces por semana. En cuanto a las pastas, arroz y patatas, se observa que un 23,7% de los niños los consumen una vez por semana, solo el 14,25% lo hacen diariamente y el resto 2-3 veces por semana. Respecto al consumo de legumbres, un 18,85% de los niños no las incluyen entre sus alimentos, las toman esporádicamente un 50,35% y solo un 29,54%, al menos, 2-3 veces por semana, datos todos ellos similares a los recogidos en nuestro estudio. Así mismo, observamos una frecuentación cada vez mayor del uso de comida rápida fuera del hogar, lo hace el 82% de los escolares, al menos, una vez por mes frente al 18% que no la consume nunca. Andalucía es la comunidad que lo hace en mayor porcentaje, 88%, frente al 29% de Castilla y León que no acostumbra hacerlo nunca. No siendo España uno de los países donde más comida rápida se consume, Italia lo hace 1,8 veces más y EE.UU. 51, sí se ha incrementado en un 14,5% el uso de la misma, siguiendo la tónica mundial que ha sido del 20%. Este tipo de comida se caracteriza por su elevada densidad calórica, su alto contenido en grasas saturadas, sal, azúcares y otros aditivos potencialmente nocivos(23).

Por otra parte, la investigación revela que la población infantil española abusa de las chucherías (fritos, bollería, dulces y snacks) que deben constituir una excepción. Así lo confirma el dato, de que tres de cada cuatro niños y niñas españoles (74,5%) toman chucherías alguna vez a la semana, mientras que solo uno de cada cuatro (25,5%) cumple con las recomendaciones y no las come nunca.

En resumen, observamos un cambio importante de los hábitos de alimentación y de vida saludable de nuestros niños, que nos aleja del patrón de oro de la dieta mediterránea, con un abuso en el consumo de carnes en detrimento del pescado, los cereales, sobre todo, legumbres, y escaso consumo de frutas y verduras. A la vez, se han introducido otras prácticas, producto de la globalización de la alimentación, con un uso cada vez más creciente de la bollería industrial, fast food, sedentarismo, abuso de pantallas en las comidas, así como pérdida de horas de sueño, que están contribuyendo a una alarmante epidemia de obesidad infantil y otras comorbilidades que aparecen cada vez en la población más joven, constatándose estos mismos cambios de hábitos alimentarios en la población adulta(25,26), que son el referente de nuestros niños.

El pediatra sigue siendo el profesional al que más consultan los padres sobre hábitos de alimentación saludable, 66,1%, y el farmacéutico al que menos, 4%. Otras fuentes de información son: Internet, 22,4%, y familiares y amigos, 22,8%. Los canarios son los que más consultan Internet, 31%, y los riojanos los que menos, 14%. Un 12,8% considera que no es necesario pedir consejo sobre la nutrición de sus hijos. La consulta a profesionales constituye una fortaleza para favorecer y promocionar los hábitos saludables y se precisa de una mayor implicación de las instituciones, como concluye C. Díaz Méndez en su estudio(7), evidenciando que siguen siendo estos, y concretamente los pediatras, los agentes idóneos para vehiculizar dicha información, orientando sobre las páginas adecuadas de consulta en Internet, dada la facilidad de accesibilidad de las mismas y la gran diversidad de información, no siempre científicamente correcta, que lejos de ayudar puede confundir y empeorar la situación. El posible sesgo de selección al incluir solo aquellos tutores inter­nautas en la población a estudiar, podría haber influido en que Internet presente un mayor porcentaje como fuente de información, aunque consideramos que la influencia de este condicionante es muy reducida, dada la penetración existente del uso de las nuevas tecnologías, y concretamente el uso de Internet en las familias con niños escolares de este rango de edad que se ha querido estudiar. Igualmente, como en otros trabajos(6), partimos de la idea de que, en nuestro estudio, los datos antropométricos y características de las diferentes poblaciones evaluadas son comparables y agrupables entre sí, considerando la población española actual como una población homogénea, aunque posteriormente hayamos apreciado pequeñas diferencias entre las distintas comunidades autónomas que la conforman.

Además, se constata que el 94,6% de los padres cree necesario que se organicen actividades relacionadas con la alimentación saludable en los centros escolares, aunque solo el 51,9% conoce que su hijo recibe dicha educación. De hecho, la OMS considera a los centros educativos como el espacio adecuado para la adquisición de conocimientos teóricos y prácticos sobre salud y nutrición y pueden convertirse en uno de los pilares básicos en la prevención de la obesidad, incidiendo sobre la modificación de los hábitos alimentarios inadecuados que están instalándose en la sociedad(1). Por ello, se ha desarrollado un plan denominado genéricamente, Estrategia NAOS, para la nutrición, actividad física y prevención de la obesidad, por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España, coordinado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). La Estrategia NAOS tiene como objetivo sensibilizar a la población del problema que la obesidad representa para la salud, la promoción de la salud a través de los hábitos alimentarios saludables y de actividad física, y reunir e impulsar aquellas iniciativas, tanto públicas como privadas, que contribuyan a lograr que los ciudadanos y, especialmente, los niños y jóvenes, adopten dichos hábitos saludables a lo largo de toda la vida(27).

Conclusiones

Los resultados del estudio, expuestos anteriormente, llevan a concluir que los hábitos nutricionales de los niños españoles no son adecuados, así como tampoco el grado de concienciación de sus padres.

En primer lugar, los hábitos alimenticios de los escolares de nuestro país se alejan cada vez más de la dieta mediterránea y de la pirámide alimentaria, que incluye todos los grupos de alimentos en la frecuencia y cantidad adecuada: toman más carne de las indicadas y, en cambio, menos verdura, pescado y fruta. Además, cada vez es más frecuente por parte de la población infantil, el consumo de dulces y comida rápida, a pesar de estar claramente desaconsejado, debido a su escaso valor nutricional y a las cantidades excesivas de azúcares y grasas saturadas, colesterol, sal y energía que contienen.

Tampoco las horas dedicadas al sueño y al ejercicio físico son suficientes, a pesar de que ambos son factores cruciales en la prevención de la obesidad y enfermedades asociadas. Por otra parte, resulta preocupante el elevado porcentaje de escolares que comen, mientras ven la tele o manipulan el móvil u otro tipo de pantalla táctil en nuestro país. Este hábito no permite a los niños disfrutar de las texturas y sabores de los alimentos, además de impedir a los progenitores inculcarles hábitos saludables en la mesa.

Por otro lado, los padres españoles encuestados tampoco se muestran concienciados de la necesidad de sentarse a la mesa con sus hijos, con el fin de enseñarles a alimentarse correctamente, o de la necesidad de consultar a un profesional –nutricionista o pediatra–, a la hora de regular el peso de sus niños, cuando perciben que este no es el adecuado. Se debe recalcar también que un elevado porcentaje de padres no sabe reconocer cuándo su hijo sufre sobrepeso u obesidad, dada la tendencia a menospreciar el peso y supra-valorar la talla; y, sin embargo, tienen mayor percepción de la subnutrición. En este sentido, resulta también preocupante el hecho de que uno de cada diez padres no considere necesario pedir consejo a ningún profesional de la salud sobre la nutrición de sus hijos.

Circunstancias, como las anteriormente descritas, parecen estar contribuyendo al aumento del sobrepeso y la obesidad en España, así como al de la prevalencia de enfermedades asociadas. En consecuencia, se hace necesario poner en marcha en nuestro país más estrategias para mejorar la educación alimentaria en la población infantil, como vía de prevención de problemas de salud relacionadas con la alimentación, así como para fomentar una rutina adecuada de sueño y actividad física. Gran parte de estas iniciativas, deben estar directamente dirigidas a los progenitores, al igual que a la puesta en marcha de actividades educativas en el entorno escolar.

Agradecimientos

Expresamos nuestro agradecimiento a Gemma Artica, Saioa Aldaya, Edurne Miranda, Belén Alonso y Cristina Ochoa por su contribución en la gestión y organización de este proyecto.

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Insomnio en niños y adolescentes. Documento de consenso


G. Pin Arboledas1, V. Soto Insuga2, M.J. Jurado Luque3, C. Fernández Gomariz4, I. Hidalgo Vicario5, A. Lluch Roselló6, P.J. Rodríguez Hernández7, J.A. Madrid8

1Asociación Española de Pediatría (AEP), 2Sociedad Española de Neuropediatría (SENP), 3Sociedad Española de Sueño (SES), 4Fundación Prandi, Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), 5Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), 6Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), 7Sociedad Española de Psiquiatría Infantil (SPI), 8Laboratorio de Cronobiología, Universidad de Murcia, Murcia, España

 

Resumen

El insomnio es una patología muy frecuente en edad pediátrica (30% en niños menores de 5 años) que ocasiona una grave repercusión cognitiva, emocional y en el aprendizaje, junto con una importante comorbilidad médica y afectación de la calidad de vida del niño y la familia. La formación de los pediatras en el diagnóstico y el tratamiento del mismo suele ser deficitaria. Por todo ello, se presenta el documento de consenso sobre el manejo del insomnio en la infancia y la adolescencia elaborado por representantes de la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Sueño, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria, la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, la Sociedad Española de Psiquiatría Infantil y la Sociedad Española de Neurología Pediátrica. Este grupo recomienda que el diagnóstico debe ser clínico y solo en los casos dudosos o en que sea necesario un diagnóstico diferencial serán necesarias pruebas complementarias. Asimismo el tratamiento se debe basar principalmente en terapias cognitivo-conductuales y en una modificación de los hábitos de sueño. El uso de medicamentos y sustancias para facilitar el sueño es elevado, aunque no existen guías clínicas que lo apoyen.

 

Abstract

Insomnia is very common during childhood (30% of children under 5), and causes a serious cognitive and emotional consequence in learning, as well as significant medical comorbidity. It also affects the quality of life, not only of the child, but also of the whole family. Paediatrician training in its diagnosis and treatment is usually poor. For this reason a consensus document is presented on the management of insomnia in children and adolescents. This has been developed by members of the Spanish Paediatrics Association, the Spanish Sleep Society, the Spanish Society of Paediatric Outpatient and Primary Care, the Spanish Adolescent Medicine Society, the Spanish Child and Adolescent Society, and the Spanish Paediatric Neurology Society. The group suggests that diagnosis must be clinical and complementary tests will only be required in doubtful cases or when a differential diagnosis is needed. Likewise, treatment should be mainly based on cognitive-behavioural therapy and the modification of sleeping habits. Using medicines and other substances to make the sleep easier is currently quite common, even although there are no clinical guidelines to support this.

 

Palabras clave: Insomnio; Cognitivo-conductual; Melatonina; Antihistamínico

Key words: Insomnia; Cognitive-behavioural; Melatonin; Antihistaminic

 

Publicado en: An Pediatr (Barc). 2016.
http://dx.doi.org/10.1016/j.anpedi.2016.06.005

Pediatr Integral 2017; XXI (2): 130 –139


Insomnio en niños y adolescentes. Documento de consenso

Introducción y justificación

El sueño es un proceso evolutivo y activo que se inicia prenatalmente como resultado de un equilibrio bio-psico-social inestable y dinámico; su evolución depende de la armonía entre estos 3 factores(1).

El insomnio afecta al 30% de los niños entre 6 meses y 5 años. En nuestro medio, el 27% de los niños de 5-12 años presentan resistencia para ir a dormir, el 11% latencia de sueño prolongada, el 6% despertares frecuentes y el 17% dificultades para levantarse por la mañana(2). En adolescentes, el 38,5% presenta mala calidad subjetiva del sueño y el 23,1% latencia mayor de 30 min(3). Altera al niño y a su entorno, condicionando una mayor utilización del sistema sanitario, con una media de visitas anuales por enfermedad de 8,84 vs. 6,34(4).

La formación en sueño de los profesionales de la salud es deficiente. Las sociedades científicas plantean este consenso como una aportación para mejorarla.

Metodología del consenso

Método: técnica de grupo nominal modificado sustituyendo la reunión presencial por medios online.

Revisión sistemática en fuentes de información terciarias, secundarias y primarias (búsqueda inversa a partir de las referencias bibliográficas). Período de búsqueda hasta mayo del 2015.

Limitación idiomática: inglés y español.

Las sociedades científicas designaron a los miembros del grupo, quienes firmaron una declaración de conflicto de intereses.

El grupo se dividió en subgrupos: «Etiología-definición», «Clínica-diagnóstico» y «Tratamiento». Cada grupo elaboró sus conclusiones que fueron distribuidas al resto de los miembros para su discusión y aprobación. Un equipo de redacción (G. Pin, V. Soto) redactó el escrito final, que fue revisado y aprobado por el resto del grupo. El trabajo se realizó online. Ni el consenso ni sus autores han recibido financiación.

Objetivo del consenso: insomnio crónico en niños con desarrollo normal. Los autores consideran el insomnio asumible en la mayoría de las ocasiones por asistencia primaria (AP).

Concepto y clasificación

a. Conceptos:

1. El binomio madre-hijo constituye un «sistema adaptativo complejo»: red dinámica de sistemas que actúan en paralelo de manera interconectada complementándose mutuamente; uno no puede ser entendido sin el otro(5). El estrés materno, durante el tercer trimestre, facilita la permeabilidad de la placenta a los corticoides condicionando:

– Incremento de corticoides fetales.

– Retraso en la aparición del ritmo diurno de cor­tisol.

– Hiperrespuesta hipotálamo-gonadal a situaciones de estrés(6).

2. Dormir toda la noche: necesita 3 requisitos(7):

– Un período continuado de sueño.

– Horario de sueño nocturno coincidente con el resto de la familia.

– Capacidad de volverse a dormir autónomamente tras los despertares fisiológicos.

3. Insomnio infantil: la Academia Americana de Medicina del Sueño en su segunda edición (ICSD-2) lo define como: «Dificultad mantenida, a pesar de la oportunidad de dormir y en función de la edad, para iniciar o mantener el sueño o su calidad que provoca alteraciones funcionales en el niño y/o familia» Una latencia de sueño mayor 30 min y/o despertares de más de 20 min de duración pueden ocasionar malestar clínicamente significativo y deterioro en el área social, familiar, académico u otras áreas.

b. Clasificación: el manual de la American Psychiatric Association (DSM-5) incluye como única categoría el trastorno de insomnio; sin embargo, la 3ª edición de la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño (ICSD-3) incluye(8):

1. Trastorno de insomnio crónico (TIC) (Tabla I).

2. Trastorno de insomnio de corta duración (Tabla II).

3. Otros trastornos de insomnio. Casos raros que no cumplan criterios de insomnio de corta duración con síntomas suficientes para necesitar atención médica.

c. Factores condicionantes: en el insomnio intervienen diferentes factores:

1. Factor circadiano: melatonina y luz. El comienzo de la secreción nocturna de melatonina en condiciones de luz tenue (dim-light-melatonin-onset [DLMO]) precede aproximadamente 2 h al inicio del sueño.

Los niños obligados a dormirse en un momento excesivamente cercano o lejano a su DLMO presentan latencias de sueño más largas y mayor resistencia a acostarse(9).

2. Factor homeostásico: siestas tardías. A mayor número de horas de vigilia previas, mayor facilidad para dormirse.

3. Factor ambiental: luz, sonido y temperatura. La exposición a la luz durante la noche, unida a la escasa exposición a la luz durante las mañanas, lo favorece. El porcentaje de supresión de la secreción de melatonina en presencia de luz antes de acostarse en los niños alcanza el 88%(10).

4. Factor educativo: hábitos de vida saludables. La rutina del sueño muestra relación directa dosis-respuesta entre hábitos de sueño y percepción de problemas(11).

5. Factor neuroendocrino: cortisol.

El déficit de sueño favorece niveles vespertinos elevados de cortisol(12).

Manifestaciones clínicas

Existe insatisfacción con la cantidad o calidad del sueño referida como resistencia a acostarse, despertares frecuentes y/o dificultad para dormirse de forma independiente.

La repercusión clínica se debe a la pérdida de sueño e incluye tanto alteraciones nocturnas como diurnas:

a. Nocturnas: latencia de sueño mayor de 20-30 min, vigilia intrasueño mayor de 60 min o despertares nocturnos (que exigen atención de los cuidadores).

b. Diurnas: somnolencia, dificultades en la atención y memoria, cambios en el humor, problemas conductuales y peor rendimiento escolar(13). Puede afectar al sistema cardiovascular, inmunológico y metabólico, incluyendo la obesidad y la alteración del crecimiento(14). Afecta a la calidad de vida familiar.

A menudo, el insomnio es el resultado de una asociación inapropiada o de unos límites inadecuados(8):

Insomnio por asociaciones inapropiadas con el sueño. Resultado de dependencia a una estimulación específica con objetos o determinados ajustes para iniciar el sueño o volver a dormirse tras un despertar. Dormirse se asocia con una forma de estimulación (mecedora, TV), objeto (biberón) o ambientes (habitación iluminada, padres en la habitación o dormirse en la cama de los padres). Su ausencia condiciona las dificultades y su restablecimiento facilita el sueño. Clínica: despertares frecuentes durante la noche, temores nocturnos o ansiedad para dormir solo. Se considera trastorno si: 1) las asociaciones son muy problemáticas y exigentes; 2)el inicio del sueño se retrasa significativamente o el sueño se interrumpe en ausencia de esas condiciones, y 3)requiere con frecuencia la intervención de los padres/cuidadores.

Insomnio por ausencia de límites. Negación a acostarse reforzado por un inapropiado o inconsistente uso de límites. Puede producir despertares nocturnos, dependiendo de la respuesta de padres/cuidadores durante la noche.

Insomnio por higiene inadecuada de sueño. El niño o los padres/cuidadores realizan actividades incompatibles con un sueño de buena calidad y una alerta normal por el día. Por ejemplo, siestas diurnas tardías, horario irregular, sustancias estimulantes, actividades mentales, emocionales o físicas excitantes y perturbadoras próximas a la hora de acostarse, ambiente inadecuado para dormir (ruidos, estimulación luminosa, TV, ordenador, etc.)(15).

Insomnio psicofisiológico. Niños mayores y adolescentes pueden presentar alteraciones del sueño derivadas de una hipervigilancia y/o asociaciones de experiencias previas. Clínica: preocupación exagerada con el sueño, miedo a dormir o a no ser capaces de dormir, temor a elementos próximos a su habitación, recuerdos de experiencias negativas previas… Duermen mejor fuera de su entorno.

Diagnóstico

Fundamentalmente clínico, mediante información obtenida de padres/cuidadores y el niño(14).

1. Historia clínica. Debe valorar causas orgánicas, evaluación psicomotora y observación del comportamiento del niño y familia. Incluye(16,17):

Inicio del problema, soluciones intentadas y resultados.

Patrón de sueño durante las 24 h. Horarios y cantidad de sueño, lugar donde duerme, número de despertares e intervenciones.

Componente ambiental. Luz durante el día y la noche, TV, pantallas de aparatos electrónicos, actividad física, ruido, temperatura.

Componente educativo.Presencia o ausencia de rutinas previas a acostarse, horarios, tipo de respuesta de los padres.

– Impacto del trastorno de sueño en el niño y en la estructura familiar.

Antecedentes y contexto familiar: estrés materno en el último trimestre del embarazo. Tipo de parto, tipo de lactancia. Organización de la estructura familiar. Tipo de apego. Patrones de sueño familiares. Expectativas paternas. Aspectos culturales.

2. Exploración clínica completa. Indispensable.

3. Agenda o diario de sueño. Representación gráfica del ritmo de sueño-vigilia durante 15 días. Recomendable recoger la información con horario libre de sueño para calcular el DLMO(18,19).

4. Escalas y cuestionarios. Diferentes cuestionarios realizan un cribado general de sueño, ninguno está validado en castellano ni en población infanto-juvenil Española(14).

Brief Infant Sleep Questionnaire (BISQ).

– BEARS.

Sleep Disturbance Scale for Children (SDSC).

5. Polisomnografía (PSG) y actigrafía. Las exploraciones complementarias deben establecerse en función de los hallazgos clínicos y estar dirigidas a la confirmación de la impresión clínica. Nunca como sustitutos de la anamnesis. La PSG está indicada ante la sospecha clínica clara de trastorno respiratorio del sueño (SAHS), parasomnias atípicas, trastorno de movimientos periódicos de las piernas, síndrome de piernas inquietas (SPI) clínicamente no confirmado y epilepsia nocturna, cuando la historia clínica y el electroencefalograma convencional no son concluyentes(20,21). La actigrafíamonitoriza los movimientos corporales y evalúa el ritmo sueño y vigilia en el entorno natural del paciente. Determina el tiempo total de sueño, la eficiencia, el tiempo de vigilia tras el inicio del sueño y la latencia de sueño. Recomendada para delimitar los patrones de sueño, documentar la respuesta al tratamiento en niños y en poblaciones pediátricas especiales(22).

Diagnóstico diferencial

El insomnio es resultado frecuente de manifestaciones de otras patologías y/o situaciones(23):

1. Variaciones normales del sueño. A lo largo de la vida se producen modificaciones en el patrón y la duración del sueño, con gran variabilidad interindividual(24).

2. Trastornos médicos:

– Dolor, prurito(25).

Trastornos respiratorios(26).

Trastornos gastrointestinales. Reflujo gastroesofágico, estreñimiento, dolor abdominal crónico o enfermedad inflamatoria intestinal(27).

Trastornos del neurodesarrollo.TDAH (25-50%), trastornos cognitivos (10-86%), trastornos del espectro autista (48-56%), parálisis cerebral (45%). Forma parte de los criterios diagnósticos de determinadas enfermedades (síndrome de Rett, síndrome de Williams o Smith Magenis)(28,29).

Epilepsia. Epilepsia del lóbulo frontal, exige diagnóstico diferencial con despertares nocturnos o parasomnias.

Ferropenia. Niveles de ferritina < 35-50 ng/ml, incluso sin anemia, se relacionan con insomnio(30).

Otras condiciones médicas. Cólicos del lactante, traumatismo cráneo-encefálico moderado-grave (incluso meses después)(31).

Trastornos primarios de sueño. SPI, enuresis, SAHS, trastornos del ritmo circadiano (síndrome de retraso de fase en adolescentes). Los vídeos caseros pueden ser de utilidad.

3. Trastornos psiquiátricos (ansiedad, depresión)(32). Relación compleja y bidireccional entre trastornos psiquiátricos y sueño.

– Trastornos de ansiedad: situaciones estresantes, pensamientos rumiativos o trastorno por estrés postraumático.

– Depresión: los trastornos del estado de ánimo se asocian a sensación subjetiva de insomnio y, a su vez, el insomnio agrava los síntomas depresivos: duplica el riesgo de sufrir depresión.

4. Fármacos y sustancias de abuso:

– Cafeína, alcohol y nicotina(33).

– Betaadrenérgicos (salbutamol), estimulantes (metilfenidato, lisdexanfetamina (considerar la posibilidad de efecto rebote tras el fin del tratamiento), corticoides, antiepilépticos (lamotrigina) o antidepresivos (ISRS).

5. Factores ambientales: ruido, luz excesiva (aparatos electrónicos) y temperatura inadecuada. Hábitos inadecuados de sueño.

Tratamiento

Aunque la farmacología ha sido muy utilizada, la terapia conductual (enseñar estrategias que ayuden a favorecer conductas adecuadas) tiene mayor aceptación y efectos más permanentes(34).

Este grupo de consenso propone un enfoque progresivo de los problemas de insomnio como se detalla en el diagrama (Fig. 1).

Figura 1. Diagrama de actuación diagnóstico-terapéutica.

A) Terapia conductual: distintas estrategias: higiene del sueño, medidas ambientales, alimentarias y tratamiento psicológico(35). Utilizar varias combinadas o todas, aumenta la efectividad.

B) A, 1. Higiene de sueño: establecer rutinas estables previas al sueño, con horarios regulares para acostarse y levantarse (Tabla V). No castigar al niño con irse a dormir, a la cama o a su cuarto.

C) A, 2. Medidas ambientales y alimentarias

Favorecer la actividad física, evitándola a última hora del día.

Evitar las pantallas durante la hora previa al sueño. Temperatura: 19-22ºC.

Ambiente silencioso.

No comer media hora antes del inicio del sueño, no tomar bebidas estimulantes y excitantes después del mediodía. Los hidratos de carbono y alimentos ricos en triptófano favorecen el sueño(36).

A, 3. Tratamiento psicológico: intervención sobre toda la familia. Comenzar con un apartado psicoeducativo explicando las bases teóricas de la modificación de la conducta y resolución de dudas.

Será individualizado según las conductas y las expectativas familiares (Tabla III).

Contempla distintas estrategias eficaces con un alto nivel de evidencia científica. Las más importantes son las encaminadas a disminuir el nivel de activación y el tratamiento cognitivo-conductual(37). La relajación ha demostrado gran efectividad, incluye entrenamiento en respiración, relajación muscular progresiva o técnicas de meditación.

La evidencia científica indica que el tratamiento cognitivo-conductual es el más efectivo y más utilizado en los programas de tratamiento del insomnio(38). Las principales estrategias son:

1. Extinción. Ignorar la demanda del niño al iniciar el sueño o al despertar. Acorta la latencia de sueño, disminuye las interrupciones. Si acude a la cama de los padres, se debe devolver a su cama sin permitir la interacción. Al principio puede existir un incremento transitorio de la conducta problema («estallido de extinción») debido a que el niño aumenta la intensidad de la intromisión para recabar la respuesta previa. Si se persiste en la ignorancia de la demanda la conducta problema irá disminuyendo. El proceso psicológico que se activa es la eliminación de reforzadores.

2. Extinción gradual. La ignorancia se realiza de manera progresiva incrementando el tiempo en el que no se produce la interacción con el niño.

3. Refuerzo positivo. Los reforzadores positivos ayudan a iniciar o prolongar el periodo del sueño.

4. Costo de respuesta. Supresión del estímulo positivo que actúa como reforzador del insomnio. Para ello se retrasa la hora de acostar al niño, cuando el reforzador positivo de su insomnio es la atención que recibe de sus padres en esos momentos.

5. Retraso de la hora de acostarse. Implica retrasar temporalmente la hora de acostarse para que coincida con el tiempo del inicio real del sueño.

6. Despertares programados. Establecer una interrupción en el sueño previo al despertar espontáneo del niño. En ese momento se establecen reforzadores positivos como alimentar o arropar con lo que se evitan los estímulos aversivos asociados con el despertar espontáneo.

7. «Bedtime pass programme». Efectivo en niños mayores de 3 años con resistencia para acostarse. Se entrega al niño una serie de tarjetas intercambiables por conductas como: un cuento, beber agua… Se acuerda con el niño que una vez que se acaben, debe irse a dormir.

D) Tratamiento farmacológico: no debe ser la primera ni la única opción de tratamiento, debe enmarcarse en el contexto de un plan de tratamiento más amplio. La tabla IV resume los fármacos más frecuentemente utilizados. Todos son utilizados fuera de ficha técnica; hay poca evidencia científica de su eficacia y seguridad a medio y largo plazo.

Existen ciertas reglas generales(39):

1. Su uso debe ser el más corto posible (<4 semanas) y a la dosis menor eficaz.

2. El fármaco se elige según las características del insomnio, la tipología del paciente y su entorno. El pediatra debe familiarizarse con el perfil farmacológico de los hipnóticos.

3. El momento de la administración es importante.

Es menos efectivo si se administra en el momento circadiano de incremento de la vigilancia que ocurre típicamente al final de la tarde.

4. Control estrecho de los efectos secundarios, especialmente durante su retirada.

5. Puede agravar otros problemas del sueño coexistentes (SAHS).

6. Precaución ante posibles interacciones con otros fármacos. Especial atención en la adolescencia (riesgo de embarazo y uso de tóxicos).

7. Investigar el uso por parte de las familias de fármacos sin necesidad de receta médica.

Este grupo de consenso considera que en AP, además de la valoración del uso del hierro, están indicados dos grupos de fármacos. Si estos no son eficaces, se debería derivar a unidades especializadas:

A) Fármaco de primera elección: melatonina(35).

Ventajas: disminuye la latencia del sueño. Inconvenientes: escasos estudios que avalen su inocuidad a medio y largo plazo cuando su administración se alarga en el tiempo.

Dosis: iniciar con dosis de 1-3 mg en lactantes y preescolares y 2,5-5 mg en niños mayores, gradualmente ajustar la dosis según respuesta. Adolescentes: 1-5 mg. Se administra siempre a la misma hora, entre 30-60 min antes de la hora habitual de ir a dormir.

No existen datos del uso de melatonina de liberación prolongada en niños con desarrollo normal.

Duración: no debe ser superior a 4 semanas de manera continuada.

En insomnio de inicio con melatonina como único tratamiento, la supresión del tratamiento ocasiona una vuelta al problema inicial en más del 90% de los casos.

B) Fármacos de segunda elección (tras 4 semanas de tratamiento con melatonina y resultado no satisfactorio).

Antihistamínicos de primera generación (difenilhidramina, hidroxicina)(40).

Difenilhidramina: se absorbe rápidamente sin irritación gástrica.

Ventajas: conocimiento de su uso por parte del pediatra.

Especialmente útiles en situaciones agudas. Inconvenientes: algunos estudios avalan su eficacia, mientras otros no encuentran diferencia con placebo. Existe posibilidad de efecto paradójico.

Dosis: 1 mg/kg.

Hidroxicina: dosis: 12 meses a 6 años: 1-2,5 mg/kg en toma nocturna. Mayores de 6 años de edad: de 1 a 2 mg/kg toma nocturna.

Duración: 4 semanas.

El resto de fármacos mencionados en la tabla IV deberían ser utilizados tras una completa evaluación por unidades especializadas.

C) Fitoterapia. La tabla V resume las principales propiedades de las más utilizadas.

Su uso está basado en la tradición, con escasos datos según la medicina basada en pruebas.

Son pocos los estudios que indican que algunos preparados de hierbas pueden ser útiles en la población pediátrica y, en general, no han sido probados. Los padres deben conocer la falta de estudios que demuestren la eficacia y seguridad de estas sustancias en niños y adolescentes, así como del desconocimiento de la dosificación, la susceptibilidad y los potenciales contaminantes.

Conclusión

Este grupo de consenso recomienda un abordaje integral del insomnio crónico infantil evaluando los factores predisponentes y etiológicos.

El tratamiento siempre será personalizado, comenzando con la higiene de sueño y las medidas cognitivo conductuales. La farmacoterapia será lo más breve posible y a la dosis menor eficaz.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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Documento de Consenso sobre recomendaciones de utilización de técnicas de diagnóstico rápido en Atención Primaria

 


J.M. Cots Yago1, M. Alkorta Gurrutxaga2, J. de la Flor i Bru3, S. Bernárdez Carracedo4, J.L. Cañada Merino5, M. Bárcena Caamaño6, C. Serrano Martino7, C. Llor8

1Especialista en medicina familiar y comunitaria. Universidad de Barcelona, Centro de Salud La Marina, Barcelona, Institut Català de la Salut. Coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SemFYC). 2Especialista en microbiología y parasitología clínica. Servicio de Microbiología Hospital de Donostia, Osakidetza. Grupo de Estudio de Infección en la Atención Primaria de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (GEIAP-SEIMC). 3Especialista en Pediatría. Centro de Salud El Serral, Sant Vicenç dels Horts, Institut Català de la Salut. Coordinador del Grupo de Trabajo de Tecnologías Diagnósticas de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). 4Enfermera de Atención Primaria. Centro de Salud Dr. Robert, Badalona, Institut Català de la Salut. Grupo de Trabajo de Tecnologías Diagnósticas de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). 5Sendagile orokorra erretirodun, Osakidetza. Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas, Medicina Tropical y del Viajero de la Sociedad Española de Médicos en Atención Primaria (SEMERGEN). 6Especialista en medicina familiar y comunitaria. Centro de Salud Valdefierro (Zaragoza). Grupo de Trabajo de Patología Infecciosa del Aparato Respiratorio de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). 7Especialista en microbiología y parasitología clínica. Hospital San Juan de Dios, Bormujos, Sevilla. Grupo de Estudio de Infección en la Atención Primaria de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (GEIAP-SEIMC). 8Especialista en medicina familiar y comunitaria. Centro de Salud Vía Roma, Barcelona. Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SemFYC).

 

 
Pediatr Integral 2017; XXI (1): 49 – 58


Documento de Consenso sobre recomendaciones de utilización de técnicas de diagnóstico rápido en Atención Primaria

 

Introducción

Las infecciones del tracto respiratorio representan la causa infecciosa más frecuente de consulta en Atención Primaria. Son también la causa más habitual de prescripción antibiótica en nuestro país(1), tanto en adultos como en población pediátrica. La mayor parte de las guías de práctica clínica, basadas en ensayos clínicos aleatorios y meta-análisis, recomiendan evitar el uso de antibióticos en el resfriado común y la gripe, pero también en la mayoría de los casos de faringitis agudas, otitis media aguda y bronquitis aguda, ya que los antibióticos modifican solo de forma marginal el curso de estas infecciones(2-7). A pesar de ello, los médicos de Atención Primaria prescriben antibióticos en más de un 60%, en los casos de faringitis y bronquitis agudas(8).

Según el último informe del Organismo de Vigilancia Europeo de Consumo de Antibióticos, España tiene cifras de consumo global cercanos a la media europea, cuando solo se usan datos de reembolso, pero es uno de los países del mundo con mayor consumo(9,10), debido al hecho de que existe aún una bolsa importante de venta de antibióticos por médicos privados y oficinas de farmacia(11). Paralelamente, sigue siendo uno de los países con mayores tasas de resistencia frente a los principales patógenos respiratorios(12). La utilización innecesaria e inadecuada de antibióticos no se asocia con una mejoría clínica, expone a los pacientes a un mayor riesgo de efectos adversos y aumenta la prevalencia de bacterias resistentes(13,14).

Ciertas intervenciones activas del médico de Atención Primaria, como el uso de técnicas de diagnóstico rápido (TDR) en las consultas(15), la prescripción diferida de antibióticos(16) o la comunicación más activa con los pacientes a través de material informativo(17), son las medidas que han demostrado ser útiles para un uso más racional de estos fármacos, reduciendo el elevado porcentaje de prescripción innecesaria existente en la actualidad. La primera de ellas, recogida en el documento titulado Tackling drugs resistant globally: Final report and recommendations, firmado por Jim O’Neill(18) y adoptado por el Global Action Plan on antimicrobial resistance, firmado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2016, ha demostrado que puede llegar a reducir la prescripción innecesaria de antibióticos en un 70% en las infecciones del tracto respiratorio inferior y en un 84% en las faringitis, siempre que los médicos de Atención Primaria siguieran correctamente las guías de práctica clínica y usaran estas pruebas rápidas en las situaciones recomendadas(19).

TDR para el diagnóstico de infecciones respiratorias en Atención Primaria

El uso rutinario de una determinada TDR en Atención Primaria, debe de ayudar al médico a realizar el diagnóstico. No debe de usarse fuera de las indicaciones existentes para su uso(20); ya que, de otra forma, podrían aumentar los resultados falsamente positivos, como en el uso de las pruebas de influenza y del virus respiratorio sincitial fuera de los periodos epidémicos o el uso de las técnicas antigénicas rápidas para el diagnóstico del estreptococo β-hemolítico del grupo A (EBHGA) en pacientes con claros signos clínicos de infección viral o sin sintomatología. Un uso inapropiado de estas pruebas puede dar lugar a la sobreutilización de los mismos. Es importante hacer un uso coste-eficaz de las TDR(21). Solo deberían usarse aquellas TDR que obedezcan a los criterios expuestos en la tabla I.

Su uso nunca debe reemplazar a la historia clínica y a la exploración física; debe de complementarlas. En determinadas situaciones, es más fácil convencer al enfermo, sobre la necesidad de dar o no antibióticos, con la realización de una prueba y pueden ser útiles también, en aquellas situaciones en las que el médico perciba que el paciente o los padres del niño desean que se les prescriba un antibiótico (Fig. 1).

Figura 1. Uso de TDR e incertidumbre clínica y presión percibida para prescribir antibióticos. El uso de las TDR es útil cuando hay incertidumbre clínica y cuando existe una demanda percibida de que los pacientes o padres quieren que se prescriba un antibiótico, incluso en casos de mayor certidumbre clínica.

Ninguna de las TDR existentes en el mercado cumple todas las condiciones que una TDR debería cumplir para su uso más adecuado(22,23), pero algunas de ellas cumplirían casi todas. En este documento, se recogen las TDR más importantes que podrían usarse en las infecciones respiratorias en Atención Primaria, describiéndose sus pros y contras y las recomendaciones de uso para cada una de ellas.

Cuando se vaya a realizar una TDR, debe pedirse el consentimiento al paciente (o padre o tutor legal) que se va a realizar la prueba y explicar porqué se realiza. Hay que explicar al paciente qué se le va a hacer y explicarle que siempre se causa una ligera molestia. Es importante comprobar la fecha de caducidad de las pruebas y que estas se conserven de forma apropiada y, en todos los casos, el profesional sanitario debe ponerse guantes antes de su realización.

TDR de detección de antígeno de estreptococo beta hemolitico del grupo A (EBHGA)

Problema clínico

La faringitis –amigdalitis o faringoamigdalitis– aguda es uno de los motivos más frecuentes de consulta en Atención Primaria. Aparte de ciertas causas muy infrecuentes, solo se recomienda el tratamiento antibiótico cuando la faringitis es causada por el EBHGA, ya que el tratamiento antibiótico, cuando se compara con placebo, ha demostrado disminuir la duración de la sintomatología, reduce el contagio y el número de complicaciones supurativas (principalmente, abscesos periamigdalinos y otitis medias) y, aunque son infrecuentes hoy en día, también reduce el número de complicaciones no supurativas(4).

Está documentada, tanto en nuestro país como en nuestro entorno, una alta prescripción innecesaria de antibióticos, a pesar de que solo el 5-15% de todos los episodios en adultos y el 15-30% en niños, obedecen a esta causa(24,25). Esta excesiva utilización de antibióticos se asocia con la presencia de efectos secundarios y propagación de resistencias antimicrobianas y se debe principalmente al hecho de que el diagnóstico clínico de la faringitis estreptocócica es muy difícil en Atención Primaria(24,26). Como los signos y síntomas individuales en la faringitis presentan un valor limitado para el diagnóstico de la faringitis causada por EBHGA, se han desarrollado diversas escalas de decisión clínica, siendo las más conocidas las publicadas por Centor, McIsaac y FeverPAIN(27-29) (Tabla II).

En el adulto, la más utilizada es la escala de Centor y, en niños, la escala de McIsaac. En ellas, puntúa la ausencia de tos, pero la faringitis estreptocócica en niños cursa frecuentemente con este síntoma si se indaga por él y no valoran la presencia, altamente predictiva, de uvulitis o escarlatina.

La probabilidad de infección por EBHGA aumenta con el número de criterios, pero incluso, entre los pacientes adultos que presentan los 4 criterios, la infección por EBHGA oscila entre el 38 y el 63%(30). Por ello, para una correcta identificación de la infección por EBHGA, se recomienda el uso de TDR en pacientes en los que se sospeche una probable infección estreptocócica, ya que esta estrategia ha demostrado reducir la prescripción innecesaria de antibióticos(31,32).

No se recomienda realizar cultivo en los casos negativos, si la metodología de recogida de la muestra y su procesamiento han sido correctamente realizados, ya que el valor predictivo negativo es de aproximadamente el 95% con las nuevas técnicas inmunocromatográficas(33-35). Ahora bien, con el fin de conocer los tipos de cepas circulantes y las resistencias de las mismas, sería recomendable disponer de centros centinelas para realizar un muestreo de un determinado número de cultivos faríngeos.

Las TDR presentan una especificidad mayor al 95% y una sensibilidad que oscila entre el 60 y el 95%, aunque los nuevos métodos inmunocromatográficos presentan una sensibilidad de aproximadamente el 90%, siendo más elevada entre la población adulta y entre aquellos con mayor probabilidad de infección estreptocócica (sesgo de espectro)(35).

Técnica – Recogida de la muestra

La realización del test es muy sencilla. El procedimiento con tiras (el más común) debe contemplar los siguientes pasos:

• Añadir las gotas de reactivo recomendadas por el fabricante (de dos tipos de reactivos) en un cubilete.

• Frotar enérgicamente una torunda estéril por la parte posterior de la faringe, las amígdalas y otras zonas inflamadas. Evitar tocar con la torunda la lengua, las mejillas, los dientes y cualquier parte de la boca donde exista un sangrado, mucosidad o saliva en la muestra, ya que pueden interferir en el rendimiento de la prueba.

• Introducir inmediatamente la torunda en el cubilete y mezclar la solución enérgicamente, girando la torunda varias veces y dejar reposar durante 1 minuto.

Extraer la torunda, presionando con los dedos el cabezal del cubilete, para exprimir la mayor cantidad de líquido posible.

• Introducir una tira de prueba en el tubo, con las flechas hacia abajo. Leer el resultado en el tiempo que establece el fabricante (habitualmente entre 2 y 5 minutos). El resultado es cualitativo: positivo o negativo.

La utilización de TDR en la faringitis presenta un óptimo cociente coste-efectividad en zonas de baja incidencia de fiebre reumática y tiene un coste inferior al cultivo(36).

Indicaciones de la técnica

En el niño, se recomienda realizar la TDR cuando el médico tenga una elevada sospecha de faringitis estreptocócica, ante exantema escarlatinoide, uvulitis o dudas fundadas sobre su etiología(37). Si se utiliza la escala de McIsaac, se considera sospechosa de faringitis estreptocócica una puntuación igual o superior a 3 (Tabla II). En el adulto, se recomienda realizar la TDR en una faringitis y presencia de dos o más criterios de Centor(24) (Tabla II).

No se deberá practicar en las siguientes situaciones:

• Probable infección viral: síntomas muy sugestivos de infección de origen viral (p. ej., tos, coriza, ronquera, linfadenopatía generalizada, presencia de faringitis vesicular), menores de 18 meses (de 2 años, si no está escolarizado) y/o < 2 criterios de Centor.

• Situaciones en las cuales debe utilizarse tratamiento antibiótico: paciente inmunodeprimido grave, paciente con historia de fiebre reumática o contexto de brote comunitario por EBHGA (p. ej., rash escarlatiniforme, lengua en frambuesa, impétigo, paroniquia) y pacientes con un estado general grave (mal estado general, dolor ótico severo, inflamación amigdalar severa)(38).

• Situaciones en las cuales la validez del Strep A es menor: cuando el paciente haya tomado previamente algún antibiótico y en casos de faringitis crónica; en estos casos, debería realizarse cultivo.

Algoritmos de manejo de la faringitis (Figs. 2 y 3).

Figura 2. Algoritmo de manejo de la faringitis en el niño.

Figura 3. Algoritmo de manejo de la faringitis en el adulto.

TDR de determinación de la proteína C reactiva (PCR)

Problema clínico

Niños con fiebre

La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria pediátrica y el principal motivo de consulta a servicios de urgencia hospitalarios pediátricos. La evidencia de un foco que justifique la fiebre permite ofrecer explicaciones concretas y, en ocasiones, indicar una terapéutica específica(39). Si el foco no es evidente, se define el proceso como síndrome febril sin focalidad aparente, lo que comporta entrar en un terreno sin consenso de actuación, pero que a partir de la introducción de las vacunas conjugadas frente a Haemophilus influenzae tipo b y neumococo, orientan, al menos, de manera provisional, hacia prácticas más conservadoras(40,41). En general, se recomienda el ingreso para estudio del lactante menor de 3 meses con síndrome febril sin focalidad aparente(42,43). Mucha más discusión genera la conducta a adoptar en el grupo de 3-36 meses con síndrome febril sin focalidad aparente y con buen estado general/aspecto no tóxico. En este grupo, hasta un 30% de cuadros febriles no presentan focalidad en la visita inicial y hay un riesgo significativo de bacteriemia oculta, entre el 1,5% y el 4%, en niños con temperatura documentada superior a 39ºC. Este riesgo es muy inferior (0,5%) en niños inmunizados correctamente frente a neumococo y H. influenzae tipo b. Se han definido diversos criterios analíticos de riesgo(44), que han ido perdiendo sustento, dada su escasa sensibilidad y especificidad.

Adultos con infecciones del tracto respiratorio inferior

Clínicamente, la infección del tracto respiratorio inferior cursa típicamente con tos, constituyendo el síntoma principal. Aparte de la tos, puede haber: disnea, taquipnea, fiebre, dolor torácico, sibilancias y anomalías en la auscultación respiratoria. Las infecciones del tracto respiratorio inferior representan un motivo habitual de consulta en Atención Primaria y de utilización de antibióticos. La mayor parte de las infecciones respiratorias agudas son leves y autolimitadas, ya sean de etiología viral o bacteriana. La bronquitis aguda en pacientes sin criterios de gravedad es la más frecuente y su etiología es viral en más del 90% de los casos(6,45). No obstante, el tratamiento antibiótico puede ser beneficioso en un limitado grupo de pacientes, tales como personas frágiles y ancianos con comorbilidad significativa.

La incidencia de la neumonía adquirida en la comunidad en el adulto es menor que la de bronquitis aguda y se estima en 1,6-10 casos por 1.000 habitantes/año. El diagnóstico se basa en signos y síntomas de sospecha que se deben confirmar mediante pruebas de laboratorio e imagen, no siempre próximos o accesibles en Atención Primaria. La utilización de índices de gravedad o escalas pronósticas, como el PSI, CURB65 o CRB65, ayudan en la decisión de derivar al hospital(46). En la exacerbación de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), se han venido usando los clásicos criterios de Anthonisen para la indicación de tratamiento antibiótico. En la actualidad, se considera que deben tratarse con antibióticos solo aquellas exacerbaciones que cursan con purulencia de esputo(47). En Atención Primaria, es a menudo difícil distinguir entre bronquitis, neumonía y, en algunos casos, exacerbación de EPOC, sin realizar pruebas adicionales, pero el mayor problema es distinguir una neumonía de una bronquitis(48).

La PCR es un reactante de fase aguda que indica lesión tisular sin discriminar entre infección, traumatismo o inflamación, pero que en el contexto clínico adecuado puede utilizarse como marcador de infección, ayudando al médico de familia en el manejo de la infección respiratoria aguda. Un error frecuente es pensar que la PCR ayuda a discernir entre etiología viral y bacteriana o que existe un umbral a partir del cual hay que tratar y por debajo del mismo, no. Existen distintos tipos de PCR, unos son cuantitativos y otros semicualitativos. Sin embargo, los más usados son los primeros, dando como resultado una concentración numérica, habitualmente en mg/L. Considerar un punto de corte es erróneo, porque está sujeto a falsos positivos y falsos negativos; de forma que, si se baja el punto de corte, disminuyen los falsos negativos a cambio de aumentar los falsos positivos y si se sube el punto de corte, disminuyen los falsos positivos a cambio de aumentar los falsos negativos. La ventaja de la PCR es que sus valores extremos ayudan a discriminar entre infecciones leves y graves. Su utilización en las consultas de Atención Primaria puede reducir el consumo de antibióticos sin que empeore la evolución clínica(49).

Técnica – Recogida de muestras

La realización del test es muy sencilla. El procedimiento depende del método que se usa para su determinación, pero en general:

• Se debe proceder a limpiar la piel.

• Pinchar el pulpejo del dedo (índice o medio) con una lanceta, rechazar la primera gota y, posteriormente, rellenar el capilar suministrado por el laboratorio.

• Añadir la sangre del capilar suministrado en el kit en la cubeta de la solución tampón.

• Según el fabricante, se mezcla la solución tampón con el reactivo.

• Colocar adecuadamente la cubeta en el pozo de lectura de la máquina de PCR.

• Seguir las recomendaciones de la máquina y esperar a que se realice la lectura, habitualmente en 3 minutos.

Indicaciones de la técnica

Pediatría

La PCR es un parámetro complementario útil en la diferenciación etiológica de la neumonía pediátrica adquirida en la comunidad y en la clasificación de las infecciones urinarias en probablemente altas (> 70 mg/L) o probablemente bajas (< 70 mg/L). La posibilidad de practicar PCR en la consulta de Atención Primaria, es de gran utilidad para una valoración mucho más precisa del síndrome febril sin focalidad aparente en el grupo de riesgo de bacteriemia oculta (niños de 3 a 36 meses) y en la valoración etiológica de la sospecha clínica de neumonía(50,51).

Se establecen los siguientes niveles de corte en relación a la PCR y la probable etiología del proceso infeccioso(50,51):

• < 30 mg/L: infección probablemente viral.

• 30 a 70 mg/L: infección de etiología dudosa.

• > 70 mg/L: infección probablemente bacteriana.

Adulto

Tanto la Guía Europea de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, la guía NICE de neumonía de 2014 y la guía holandesa de tos aguda, recomiendan la utilización de la PCR en Atención Primaria, ante síntomas de infección del tracto respiratorio inferior, si no se ha realizado el diagnóstico de neumonía y existe incertidumbre sobre la prescripción o no de antibióticos(48,52,53). Resultados por debajo de 20 mg/L desaconsejan la utilización de antibióticos mientras que por encima de 100 mg/L indican su utilización (Tabla III).

En la neumonía, una determinación de PCR elevada en la consulta de Atención Primaria puede ser de utilidad para decidir la remisión de un paciente al hospital, aun cuando las escalas PSI, CURB65 o CRB65 indiquen bajo riesgo. No obstante, un valor elevado de PCR no descarta la presencia de un cuadro gripal. En una exacerbación de EPOC, podría indicarse una determinación de PCR en aquellos casos en que el esputo no es purulento y el clínico considera que debe tratarse con antibióticos (p. ej., ante un claro aumento de disnea y volumen de expectoración). En estos casos, valores superiores a 40 mg/L se asocian a un mayor riesgo de fracaso y, por tanto, serían tributarios de tratamiento antibiótico(54).

Algoritmos de utilización de la PCR (Figs. 4 y 5).

Figura 4. Algoritmo de utilización de la prueba rápida de PCR en Pediatría.

Figura 5. Algoritmo de utilización de la prueba rápida de PCR en la infección del tracto respiratorio inferior en el adulto.

TDR de detección de antígeno de influenza virus

Problema clínico

La gripe es una enfermedad respiratoria muy contagiosa provocada por los virus de la influenza A y B. Se caracteriza por la aparición súbita de fiebre autorreportada con, al menos, un síntoma respiratorio (tos, dolor de garganta, congestión nasal o rinorrea) y un síntoma sistémico (dolor de cabeza, dolor muscular, sudoración o escalofríos o cansancio). La diferenciación clínica entre gripe y otras infecciones virales respiratorias es difícil, dificultad que aumenta cuanta menos edad tiene el paciente.

La tasa de hospitalización por gripe es tan elevada en menores de 2 años, como en mayores de 65 años(55). En el niño, la fase inicial de la gripe, antes de la aparición de la sintomatología respiratoria, puede presentarse como un síndrome febril sin focalidad aparente, lo cual debe plantear en el niño menor de 3 años, el diagnóstico diferencial con la bacteriemia oculta, especialmente en los que no estén correctamente inmunizados frente a gérmenes capsulados. El niño con gripe documentada presenta una baja tasa de infección bacteriana grave asociada, y en él se pueden obviar otras exploraciones complementarias. Hacer un diagnóstico etiológico preciso, disminuye la tasa de reconsultas espontáneas asociadas a un proceso febril inespecífico y el riesgo de que este proceso infeccioso de origen viral acabe siendo estudiado con exploraciones complementarias poco rentables, derivado al servicio de urgencias o siendo tratado innecesariamente con antibióticos, posibilidades que aumentan en relación directa con los días de evolución.

La sensibilidad de las TDR para el diagnóstico rápido de la gripe es limitada con los actuales inmunoensayos para la detección de antígenos virales en muestras respiratorias, si lo comparamos con las técnicas moleculares o NAT (nucleic acid tecniques) o el cultivo y los resultados negativos de las pruebas rápidas. Deben interpretarse con precaución debido a la posibilidad de falsos negativos, especialmente durante el pico máximo de actividad de la gripe en la comunidad.

La sensibilidad de la prueba depende en gran parte de la calidad de la muestra obtenida. El frotis nasofaríngeo es más sensible que el frotis nasal, al obtenerse mayor contenido antigénico. La sensibilidad media es significativamente más baja que en otras TDR, con un rango que oscila entre el 4,4% y el 96,1%, mayor para el virus A, especialmente para el H3N2, que para el B(56). Un meta-análisis reciente sobre la precisión de las TDR para el diagnóstico microbiológico de gripe, mostró una sensibilidad media del 62,3%, con una especificidad media del 98,2% y unos cocientes de probabilidad positivo y negativo del 34,5 y 0,38, respectivamente; no obstante, la sensibilidad fue del 66,6% en los estudios donde se incluyeron niños y del 53,9% en población adulta(56).

En Pediatría, un resultado de TDR positivo para gripe reduce la petición de otras pruebas complementarias, incluso en lactantes menores de 3 meses, mejora la prescripción de antivirales en pacientes de riesgo y reduce el uso inapropiado de antibióticos en los niños(57-59). Sin embargo, este beneficio no se ha observado en adultos. El mejor período para practicar la TDR está entre las 12 y las 48 horas del inicio de la sintomatología y siempre en los 4-5 primeros días. Antes de las 12 horas, puede haber falsos negativos por una carga antigénica insuficiente.

Técnica – Recogida de muestras

Técnica de realización de frotis nasofaríngeo:

• El paciente debe situarse en decúbito supino con la cabeza en flexión dorsal.

• Se preparan los reactivos siguiendo la metodología referida en el kit utilizado.

• Se introduce el hisopo de algodón estéril en la fosa nasal (mucho más estrechos y flexibles que los utilizados para frotis faríngeo), deslizándolo con mucha lentitud y suavidad por el suelo de la misma hasta llegar al tope de la faringe posterior. Hay que mantener el hisopo en contacto con la mucosa un mínimo de 5 segundos y hacer 2-3 rotaciones rápidas de unos 180º, retirándolo con suavidad, pero con rapidez.

• Seguir las recomendaciones de la máquina y esperar que se realice la lectura, habitualmente en 15-20 minutos.

Si por algún motivo no se puede llegar a faringe posterior, se practica un frotis nasal, siempre menos sensible que el nasofaríngeo, dado que se reduce sensiblemente la carga antigénica. En este caso, para optimizar al máximo el resultado, debe introducirse el hisopo un mínimo de 2 cm en niños menores de 2 años y un mínimo de 3 cm en niños mayores de 2 años y adultos, se mantiene el hisopo en contacto con la mucosa un mínimo de 5 segundos y se hacen 2-3 rotaciones de 180º antes de retirarlo suavemente.

El frotis nasofaríngeo es una prueba molesta, aunque no dolorosa, de lo que hay que advertir a los padres y al niño que, en caso necesario, debe inmovilizarse adecuadamente, porque, incluso, en niños mayores y adolescentes, es frecuente un movimiento brusco reflejo de cabeza al introducir el hisopo, lo que puede producir alguna pequeña lesión en la mucosa nasal. El sangrado nasal es frecuente después de la prueba. La sensación de picor, ganas de estornudar y obstrucción nasal por reacción vasomotora, son muy frecuentes. Después de hacer la prueba, hay que animar al niño mayor a sonarse enérgicamente la nariz y a beber agua fría, lo cual alivia rápidamente esta desagradable sensación.

Indicaciones de la técnica

En adultos, debido a la baja sensibilidad de esta TDR, no se recomienda su utilización, salvo que el profesional considere que sea necesario que el paciente deba ser tratado con antivirales(60). En Pediatría, no existen unos criterios bien establecidos que definan las circunstancias clínicas concretas en las que es conveniente la toma de una muestra nasofaríngea para investigar la presencia de virus de la gripe. En general, se recomienda la determinación en pacientes de riesgo con sospecha de infección gripal, principalmente en aquellos con factores de riesgo y en niños con cuadros febriles sin focalidad aparente, durante la época epidémica de gripe. En cambio, en niños sin factores de riesgo, no es preciso realizar el estudio.

Algoritmos de utilización de la TDR para gripe en Pediatría (Figs. 6a y b).

Figura 6. Algoritmo de manejo de la infección gripal en el niño.

 

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