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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Próximo 29 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), Zaragoza 2015

M.A. Learte Álvarez
Editorial


M.A. Learte Álvarez

Presidenta del Congreso. Pediatra de AP del Centro de Salud “La Jota”. Zaragoza

 

«Vivimos momentos complicados para todo y para todos: recortes, sistema sanitario difícil de sostener, cuestionamiento permanente por parte de algunos sectores, aislamiento en el medio rural, etc., problemas que, afortunadamente, se minimizan con la satisfacción que nos procura nuestro trabajo y la magnífica valoración de la que gozamos por parte de los padres que depositan, con absoluta tranquilidad, el cuidado de sus hijos en nuestras manos»

 


Próximo 29 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), Zaragoza 2015

Zaragoza se prepara para acoger el Congreso Nacional de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria que, como viene siendo tradicional en nuestra Sociedad, se celebrará durante el próximo octubre, concretamente, los días 22 a 24 de dicho mes.

En ese momento, habrán pasado 14 años desde que nuestra ciudad organizara este congreso, exactamente la XV edición.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado: un contenido científico más amplio, grandes espacios para desarrollarlo, innovaciones tecnológicas, etc., pero hay algo que pervive, que se mantiene inmutable: el sentido de responsabilidad al acometer esta tarea y la ilusión que en ella ponemos, intentando conseguir un contenido riguroso, atractivo y, a la vez, útil, en el que podamos encontrar respuestas a algunas dudas de las muchas que nos surgen en el quehacer de cada día.

Además, de todos es sabido, que vivimos momentos complicados para todo y para todos y eso es así, también, para los pediatras que trabajamos, a menudo, con dificultades añadidas por los recortes, por la situación de un sistema sanitario difícil de sostener, por el cuestionamiento permanente que sufrimos por parte de algunos sectores, por el aislamiento que padecen los compañeros que trabajan en el medio rural, etc., problemas que, afortunadamente, se minimizan con la satisfacción que nos procura nuestro trabajo y la magnífica valoración de la que gozamos por parte de los padres que depositan, con absoluta tranquilidad, el cuidado de sus hijos en nuestras manos.

¿Y qué vamos a encontrar en nuestro congreso? Pues un poco de todo, una puesta al día en patologías prevalentes y también en otras emergentes, herramientas para manejarnos en el día a día, en situaciones habituales y en aquellas que no lo son tanto, sea por la menor frecuencia con que se presentan, sea por su propia complejidad.

Se comenzará, como ya se hiciera en la edición anterior, con unos “cursos precongreso” en los que se tratarán en profundidad el Trauma pediátrico, el Asma en una atención global desde Atención Primaria y los Trastornos del sueño, patologías con las que nos encontramos continuamente y no siempre de fácil manejo.

A continuación, dos sesiones de controversia: en la primera de ellas, se debatirá sobre si es o no necesario que los niños consuman leche y si las leches de crecimiento nos ofrecen algo más que las bebidas vegetales no lácteas (soja, almendra, etc.); y en la segunda, discutiremos sobre intervenir o no en la Enuresis. Seguiremos con el acto inaugural, en el que intentaremos que haya alguna sorpresa que sea de vuestro agrado y un cóctel de bienvenida, punto de encuentro de tantos amigos.

El viernes nos espera un duro día de trabajo. Empezaremos la mañana con 15 talleres, que se impartirán de forma simultánea y que son de gran utilidad práctica: desde el seguimiento del prematuro al manejo del ECG desde primaria, hablaremos, cómo no, de vacunas y del niño viajero, aprenderemos dermatología, ortopedia, nos iniciaremos en la cirugía menor, nos enseñarán cómo orientar la solicitud de estudios radiológicos y cómo valorarlos, intentaremos familiarizarnos con las redes sociales y con las páginas web de utilidad pediátrica, manejar una plagiocefalia, saber utilizar nuevas técnicas diagnósticas, adentrarnos en la Nefrología y en la exploración oftalmológica de nuestros pacientes y, como ya viene siendo habitual, dos talleres de 4 horas de duración de simulación avanzada en el lactante y en el adolescente. Como podéis ver, serán para todos los gustos y para todas las necesidades. Estos talleres se repetirán el sábado para que todos podamos asistir a dos de ellos.

Seguiremos con cuatro mesas simultáneas, en las que se abordarán temas muy dispares, desde alteraciones analíticas que nos encontramos, a veces, de forma casual, a odontología para pediatras, pasando por la figura del niño en una sociedad eminentemente adultista, a cómo estar al tanto en bibliografía pediátrica sin morir en el intento.

En la conferencia extraordinaria, se hablará de la infancia en los conflictos bélicos y en las crisis humanitarias. Esta presentación, de gran contenido visual, no dejará indiferente a nadie, nos obligará a reflexionar.

Los MIR no serán olvidados. Una mesa dirigida exclusivamente a ellos, que esperamos les ayude a clarificar muchos aspectos de su futuro inmediato.

Contaremos, también, con una mesa profesional, en la que se profundizará en cómo influye la crisis que vivimos en nuestro ejercicio y cómo repercute en la salud de los niños.

El viernes por la tarde y el sábado por la mañana asistiremos a dos mesas plenarias: en la primera, nos adentraremos en Patología infecciosa emergente infanto-juvenil, en la que se hablará de pandemias y de parasitosis; y en la segunda, contaremos con ponentes extranjeros para valorar el abordaje del paciente pediátrico en circunstancias adversas.

Por último, al finalizar la mañana del sábado, tendremos dos sesiones simultáneas: un panel de expertos, en el que se tratarán las redes sociales y la salud psicosocial del adolescente; y una presentación de casos clínicos interactivos, en los que se aunarán deducción más conocimientos para llegar a opciones diagnósticas y terapéuticas a través de la participación activa de los congresistas.

La industria farmacéutica, pilar fundamental, organiza varios simposios que van a ser de gran interés para todos nosotros.

Para conseguir llevar esta empresa a buen fin, contamos con la participación de un numerosísimo grupo de profesionales que generosa y desinteresadamente ha decidido participar en el congreso. Desde aquí, les damos encarecidamente las gracias. Son, todos ellos, magníficos profesionales y excelentes comunicadores, por lo que el éxito está asegurado.

No quiero olvidar la parte lúdica, absolutamente necesaria. Este año, como novedad, finalizaremos nuestro congreso con un aperitivo al final de la mañana del sábado, lo que permitirá, a quien lo desee, disfrutar de nuestra ciudad.

Zaragoza, en ocasiones, punto de paso, merece una mirada más pausada, más profunda. Es una ciudad bimilenaria, crisol de muchas culturas cuya impronta apreciaréis paseando por su casco antiguo. Es, a la vez, una ciudad moderna y abierta que gusta de vivir mucho en la calle y que seguro os va a dar una magnífica acogida.

Esperamos que nos acompañéis en este proyecto, avalado por tantos años de andadura y con tanto poder de convocatoria.

En cuanto a nosotros, tened por seguro que intentaremos que vuestra estancia sea de gran utilidad profesional y lo suficientemente cálida y placentera como para que deje en vosotros un grato recuerdo y el deseo de volver.

Hasta muy pronto, amigos.

 

 

 

 

Historia de la Pediatría en España

M.A. Zafra Anta*, V. García Nieto**
20 Aniversario


M.A. Zafra Anta*, V. García Nieto**

*Servicio de Pediatría, Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Grupo-Comité de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría.
**Sección de Nefrología Pediátrica, Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, Santa Cruz de Tenerife. Coordinador del Grupo-Comité de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría.

 


20 aniversario

Historia de la Pediatría en España

Introducción

La creación de la especialidad de “medicina de niños”, consecuencia del principio sociológico de la división del trabajo, se sustentó sobre unos círculos institucionalizados de aprendizaje y práctica profesional (hospitales, cátedras, inclusas, consultorios de lactantes), publicaciones (libros, monografías y revistas especializadas) y unas medidas de interrelación e intercambio profesional (sociedades científicas y congresos). Dicho proceso ocurrió de forma más precoz en Francia, pero en los decenios iniciales del siglo XX, tuvo lugar una creciente influencia germana y centroeuropea(1-5) que, posteriormente, sería anglosajona.

Los antecedentes. La medicina de la infancia en España antes del advenimiento de la Pediatría científica

La medicina de los niños, previa a su diferenciación como especialidad, tuvo en España unos acontecimientos muy relevantes en el siglo XVI y XVII, a través de la publicación de algunos textos dedicados a las enfermedades de la infancia(2,5,6). Destaca en esta época, el libro Método y orden de curar las enfermedades de los niños en 1600, escrito por Gerónimo Soriano. Se trata del primer trabajo sistematizado.

También, aparecieron otras descripciones pediátricas, si bien, fragmentarias:

• Pedro Díaz de Toledo (1538): Opusculum recens natum de morbis puerorum cum appendicibus.

• Luis Lobera de Ávila (1551): Libro del seguimiento de la salud y de las enfermedades de los niños.

• Luis Mercado (1579): De puerorum educatione custodia et providentia atque de morborum qui his accidunt curatione.

• Francisco Pérez Cascales (1611): Liber de affectionibus puerorum. Incluye una monografía sobre el morbi suffocantis, entidad que Juan de Villarreal denominó como “garrotillo” (difteria).

En el desarrollo de la pediatría española, se pueden distinguir cuatro etapas diferenciadas(2-5):

1. Nacimiento de la pediatría como especialidad médica.

2. Los inicios de la consolidación de la especialidad (1914-1936).

3. Consolidación definitiva de la pediatría (1939-años 60).

4. Desarrollo de la pediatría y de sus especialidades (años 70 hasta la actualidad).

Véase Hitos de la pediatría española en la tabla I.

La primera etapa. El nacimiento de la Pediatría como especialidad médica

La pediatría desarrolla su base científica a finales del XIX en Francia, Alemania, Centroeuropa, Reino Unido y Estados Unidos. En esa época, nuestro país sigue principalmente un criterio de pediatría preventiva y social, de puericultura, probablemente, lo más correcto para esa etapa(1). No será hasta después, sobre todo en estos últimos 50 años, en que la pediatría en España se hace más diversa, complicada, científica(1,4,5), con el desarrollo de las especialidades pediátricas y también de la pediatría integral, global.

Entorno social y médico de finales del siglo XIX

Se suelen fijar como hitos que marcan el inicio de la pediatría, la creación de los hospitales pediátricos y de las cátedras de la especialidad. Claro está que estos fenómenos fueron consecuencia del clima socio-sanitario que generaba la necesidad de que estos hechos se produjeran. El final del siglo XIX se caracteriza por: la industrialización, la emigración a las ciudades y la toma de conciencia de las clases trabajadoras y de la mujer como protagonistas en la sociedad. Este periodo se define también por la reivindicación social y médica de la infancia “como un valor y como un problema”. La infancia abandonada y explotada laboralmente, la falta de escolarización y especialmente la elevada mortalidad infantil(5,7), motivaron el cambio de óptica social y de atención prestada a la infancia(5,7). La gran lucha de la pediatría fue intentar reducir el alto índice de morbilidad y mortalidad infantil(2-5,7). Lo sería hasta finales de los años 50 del siglo XX. Todavía en 1910, en España, la mortalidad en el primer año de vida era 160 por 1.000 nacidos vivos, y hasta uno de cada cinco niños no llegaba a cumplir los cinco años.

La medicina del siglo XIX se empieza a interpretar como una ciencia social (Virchow, Jacobi). En los cambios de actitudes y en la valoración social de la infancia desde finales del siglo XIX, jugaron un papel importante médicos e higienistas; también, pedagogos, juristas y reformadores sociales, sin olvidar la filantropía, la caridad y la actuación de mujeres que empezaron a participar activamente en el desarrollo social como fue, por ejemplo, el caso de Concepción Arenal.

Dimensión institucional académico-universitaria

Siguiendo a Granjel, López-Piñero y Brines, se puede decir que el nacimiento de la Pediatría-Puericultura en España tuvo lugar en varias dimensiones confluentes e imbricadas(2-5), como esta académica y las que se citan más adelante.

Durante el siglo XIX, la enseñanza oficial de la pediatría en España estuvo adscrita a la ginecología-obstetricia. En 1886, se crea la primera cátedra de la asignatura de “Enfermedades de la Infancia y su Clínica”, que se pone en marcha en la Universidad Central de Madrid, con Francisco Criado Aguilar (1850-1946). Pronto, en 1887, se dotaron las de Zaragoza (Patricio Borobio), Santiago (Juan Lojo y Batalla) y, en 1888, las de Barcelona, Valencia y Granada.

En el ámbito de Barcelona y Cataluña, destaca Andrés Martínez Vargas, catedrático de Pediatría de Barcelona desde 1892; lo había sido primero en Granada desde 1888 (Fig. 1, Tabla II). Verdadero “maestro de la pediatría”, promovió instituciones asistenciales y profesionales. Fue el organizador y el principal impulsor del Primer Congreso Nacional de Pediatría (Palma de Mallorca, 1914). Martínez Vargas organizó con sus colaboradores y estudiantes de la Cátedra de Pediatría una denominada “Sociedad de Pediatría Española” (Barcelona, 16 de marzo de 1912); si bien, tuvo apenas significación nacional y escasa duración. Martínez Vargas escribió su “Tratado de Pediatría” en 1915 y, al final de su carrera profesional, la “Historia de la Pediatría en España”, recientemente, editada parcialmente por la AEP y por su Grupo de Historia de la Pediatría. No obstante, en Cataluña, se deben citar otros pediatras como Francisco Vidal Solares (Fig. 1), promotor del Hospital de Niños Pobres, Juan Viura i Carreras, jefe de Pediatría del Hospital del Sagrado Corazón de Barcelona (Fig. 1), Jaime Estapé, director de Asilo-Cuna del Niño Jesús y José Cabot Rovira, director de la Maternidad y de las Casa de Expósitos(2,5,8).

 

Fueron pioneros y sobresalientes en sus cátedras, Ramón Gómez Ferrer, que trabajó en Valencia durante 36 años (Fig. 1) y, en Zaragoza, Patricio Borobio (Fig. 1).

Dimensión institucional de ejercicio hospitalario filantrópico y público

El primer hospital pediátrico en el mundo se fundó en París. Se trata del Hôpital des Enfants Malades (1802). Posteriormente, vendría el de la Charitéde Berlín (1830) y el Great Ormond Street Hospital de Londres (1852).

El primer hospital infantil surgido en España fue el Hospital del Niño Jesús en Madrid. Fue patrocinado por la Duquesa de Santoña, María Hernández Espinosa. Se inauguró en enero de 1877, en la calle Laurel de Madrid, con 60 camas. Lo dirigió Mariano Benavente González (1818-1885), el “primer especialista pediátrico” según Granjel (Fig. 1). El edificio del Hospital del Niño Jesús en su localización actual fue inaugurado en 1881. Inicialmente, funcionó como un hospital-asilo, pero enseguida se sumó a la formación de especialistas en pediatría y de especialidades quirúrgicas para niños y niñas. Fue, en cierto modo, la cuna de la pediatría en España(2,5,8-10).

Desde 1890, Barcelona contó con el Hospital de Niños Pobres creado a partir del Consultorio de Enfermedades de los Niños y Escuela de Madres, fundado por Francisco Vidal Solares(2,5,8). El Hospital Santa Cruz y San Pablo de Barcelona fue inaugurado en 1916. Pere Martínez i García fue su director.

Desde 1880, en Valencia existía un Hospital para niños con afecciones nerviosas.

En Madrid, se inauguró en 1892, el Hospital-Asilo de San Rafael. Aunque primero funcionó en Pinto, posteriormente se trasladó a Madrid, 1897.

En 1901, se fundó el Hospital de Niños de Santa Cruz de Tenerife.

Dimensión de protección social-médico-higienista

Los primeros pediatras tenían una fuerte implicación social y en la protección a la infancia. Destacaron: Manuel Tolosa Latour(2,5,8), Gómez Ferrer, Patricio Borobio y otros.

Manuel Tolosa Latour (1857-1919) fue nombrado en 1882 médico titular del Hospital del Niño Jesús (Fig. 1). Fundó revistas médicas, como: “La Madre y el Niño” y “Pro Infancia”. Fue uno de los principales impulsores, junto con Pulido, de la Ley de Protección a la Infancia (1904), primera de estas características en España.

Unas instituciones de gran relevancia social y sanitaria(1,2,5,11), serán los Consultorios de Niños de Pecho “y Gota de Leche” (desde 1903-1904). Rafael Ulecia y Cardona (1850-1912) funda la primera “Gota de Leche” de Madrid (1904).

Funcionaban como centros de promoción de normas de higiene y crianza a los lactantes. Serían el germen de los Institutos de Puericultura.

 

 

Dimensión asociativa y divulgativa

La constitución de la pediatría como especialidad viene marcada en el final de este periodo por la fundación de la Sociedad de Pediatría de Madrid y por la celebración del primer congreso español de Pediatría.

La Sociedad de Pediatría de Madrid fue la primera sociedad regional que se creó en España, en 1913, seguida de la Sociedad Catalana (1926). Ambas fueron las pioneras del asociacionismo pediátrico español(2,8,11). No existió una sociedad científica pediátrica de ámbito estatal hasta 1949. Se propuso su creación en el primer congreso de Pediatría celebrado después de la guerra civil (Santander, 1944).

El Primer Congreso Español de Pediatría tuvo lugar en Palma de Mallorca en 1914, con el lema “Proteged a los niños”. Fue organizado por Martínez Vargas y participaron, entre otros: Martín Arquellada, Borobio, Eleizegui, González Álvarez, Gómez Ferrer, Sarabia y Velasco Pajares. Los temas más importantes que se desarrollaron en la Reunión versaron sobre temas de higiene, puericultura (lactancia, protección y asistencia a la infancia, cartillas sanitarias), infectología (tuberculosis, leishmaniosis, difteria, malaria), vacunaciones (antitifoídica) y otros(12). Véase en la figura 2, con la línea histórica de la pediatría española.

La segunda etapa. Los inicios de la consolidación de la pediatría española (1914-1936)

El primer tercio del siglo XX fue el de la consolidación de la Pediatría como especialidad y el de su maduración desde la etapa clínica o nosológica a la etiopatogénica, poniendo las bases para la terapéutica.

Entorno social y asistencia médica de principios del siglo XX

Tras la Instrucción General de Sanidad Pública de 1904, la asistencia sanitaria ofertada por las distintas administraciones públicas tenía un carácter exclusivamente preventivo o de atención a problemas colectivos o a enfermedades muy concretas (p. ej., la tuberculosis o brotes epidémicos). En la asistencia al enfermo, tenía un gran predominio el ejercicio libre y privado, con una mayor frecuencia de la visita domiciliaria(2,5). Luego, se desarrollaría la asistencia organizada colectivamente, primero, con las “igualas médicas” y las “Sociedades de Socorros Mutuos” (de médico, botica y entierro en el habla popular) y, más adelante, con la atención sanitaria pública en España(5).

Ejercicio de la pediatría en el primer tercio del XX

El estudio y medicalización del crecimiento y desarrollo del niño promovió la investigación en diversos temas(1,5,6):

• Promoción de la lactancia materna, regulación y control de las nodrizas (lactancia mercenaria)(2,5,6). En esta época, se desarrolla la alimentación láctea artificial. Rotch, primer profesor de pediatría de Harvard, publicó sus fórmulas de porcentajes de alimentación y dilución de la leche, según la edad del niño.

• Antropometría. Al nacimiento y durante la primera infancia. Se tradujeron las obras más significativas de Variot o Bouchut. Las gráficas de crecimiento fueron un paso importante para la medicalización de los cuidados en la infancia.

• Fisiología del crecimiento durante la primera infancia, en especial, el metabolismo energético. El tratado de Heubner se tradujo al español en 1903. Desde Heubner, el procedimiento científico para la alimentación infantil se llamó método calórico. Como anécdota, a los pediatras se les llamó entonces “baby feeders” o alimentadores de bebés, puesto que lo niños mayores no eran cuidados, aún, por los primeros pediatras.

Curiosamente, en las primeras épocas, la atención a los recién nacidos y prematuros no eran una prioridad para los pediatras sino, sobre todo, para los obstetras y las matronas. El desarrollo inicial de las primeras incubadoras estuvo protagonizado por dos ginecólogos franceses: Stéphane Tarnier (1878) y Pierre Budin. Este último, está considerado por muchos autores como uno de los padres de la neonatología.

Los ingresos en los hospitales infantiles, en muchos casos eran prolongados, dadas las enfermedades prevalentes y el escaso tratamiento disponible(5,10). Por ejemplo, en el Hospital del Niño Jesús de Madrid, en 1910 los ingresos registrados tuvieron unas estancias medias de 115 días; se redujeron a 66 días, en 1917.

En esta etapa, hay que señalar la incorporación de la mujer a la Pediatría española. La enseñanza oficial universitaria a la mujer no fue aceptada en España por Ley hasta 1910, aunque algunas de ellas ya habían realizado los estudios de medicina. Una de las primeras pediatras, muy reconocida en su época, fue Nieves González Barrio (doctorada en 1915) (Fig. 1). Trabajó en la Gota de Leche varios años, en el laboratorio de San Carlos y en la Escuela Nacional de Puericultura.

Muy influyente en los inicios de la Pediatría fue María Concepción Aleixandre Ballester (maestra en 1883 y licenciada en medicina en Valencia, 1889). Se especializó en ginecología. Otras médicos pediatras o que influyeron en la Pediatría hasta 1939 fueron: Juana García Orcoyen (Navarra y Madrid), Amparo Poch y Gascón (asistencia social, 1936), Matutina Rodríguez Álvarez (Oviedo) y Antonia Casado Lobato (León).

Dimensión académica y profesional en 1914-1936

En esta etapa inicial de consolidación, al tiempo que continúan su labor los creadores de la especialidad, inician su quehacer pediatras de la segunda generación(2,5,9).

Fueron catedráticos de Pediatría de la época: Enrique Súñer en Madrid y, desde 1925, Rafael García-Duarte Salcedo (1894-1936) en Granada. Desarrolló una auténtica “escuela” pediátrica por su entusiasmo renovador de los viejos sistemas pedagógicos. Un capítulo del Cuaderno nº 3 del Grupo de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría, está dedicado a este ilustre personaje(9).

Guillermo Arce Alonso (1901-1970), fue creador de una gran escuela de pediatras en la Casa Salud Valdecilla de Santander. Rafael Ramos Fernández (1907-1955), discípulo de Suñer, fue catedrático en Salamanca en 1935 y, desde 1940, en Barcelona. Ciriaco Laguna Serrano (1905-1991), desempeñó la docencia en las universidades de Santiago, Granada y Salamanca, desde donde llegó a la cátedra de Madrid para cubrir la plaza que dejaba su maestro, Enrique Suñer y Ordóñez.

Dimensión asociativa y divulgativa en 1914-1936

Los cuatro congresos posteriores al de 1914 se celebraron sin una periodicidad fija (1923, 1925, 1928 y 1933). En dos ocasiones (Valencia y Granada), sufrieron retrasos por circunstancias político-sociales. Esta sucesión de cinco congresos es un verdadero logro de la pediatría española, habida cuenta de que no existía una sociedad nacional. El siguiente iba a tener lugar en Madrid, en 1936; lo impidió el comienzo de la Guerra Civil.

Tras la Sociedad de Pediatría de Madrid(5,9,11), fundada en 1913, en 1926 se creó la Sociedad Catalana de Pediatría por iniciativa de jóvenes pediatras de la maternidad de Barcelona(2,8). Manuel Salvat Espasa fue su primer presidente y Joan Córdoba i Rodríguez, el segundo y primer director del Boletín de la Sociedad Catalana de Pediatría. Se publicó desde 1928 hasta 1938 y se reiniciaría a partir de 1947.

En 1929, se fundó la Asociación Española de Médicos Puericultores, constituida por antiguos alumnos de la Escuela Nacional de Puericultura. El órgano oficial de esta asociación fue Puericultura Española, revista mensual de puericultura e higiene (solo funcionó de 1935-1936).

La participación de los primeros pediatras en instituciones médicas de la época fue intensa, especialmente, en Colegios de Médicos y en las Academias de Medicina, la nacional y las provinciales.

Dimensión institucional de asistencia infantil en 1914-1936

El Hospital del Niño Jesús tuvo una gran influencia en el desarrollo de la pediatría en las primeras décadas del XX, además de otras especialidades, como: dermatología, cirugía y radiología. Otros centros hospitalarios, además de los antes citados, fueron(2,8):

• Hospital Central de la Cruz Roja o de San José y Santa Adela, Madrid. En 1933, lo dirigiría Carlos Sainz de los Terreros.

• Instituto Municipal de Puericultura de Madrid (1914). Previamente, había sido Casa de Socorro y Gota de Leche. En 1927, se inauguró la Casa Central, siendo director Aurelio Romeo Lozano. Debemos citar aquí a un practicante muy reconocido, Leonardo Sánchez.

• En 1924, se inauguró la Maternidad de O’Donnell o de Santa Cristina donde funcionó una escuela de matronas.

Las casas de maternidad y las inclusas recibieron una significación y un trato muy especial por parte de los médicos de niños y por la sociedad. En los años 30, el Instituto de Puericultura (Inclusa) fue fuente de investigación y de publicaciones internacionales por parte de Enrique Jaso y de Bravo Frías (Tabla II).

Las Gotas de Leche sirvieron en muchas provincias para tejer el entramado de la asistencia sanitaria infantil en la primera mitad del siglo XX. Las Gotas de Leche se desarrollaron y persistieron en el reinado de Alfonso XIII, la II República, la Guerra Civil y el régimen de Franco. Por tanto, disfrutaron de una primera etapa de desarrollo, hasta 1940, una segunda etapa de esplendor hasta los años 50 a 60 y cerraron hacia los años 70-85(5,13,14) e, incluso, más tarde. En algunas circunstancias, en torno a las Gotas de Leche, se abrieron anexos del tipo de una Casa-Cuna, de una Sala de Maternidad e, incluso, de un Instituto de Puericultura o de un Centro de Prematuros dotado con incubadoras de marca Isolette o Armstrong. Este entramado pediátrico, en ocasiones, surgió por el esfuerzo de un pediatra o un grupo reducido de ellos, como por ejemplo, en los casos de Avelino González Fernández (1893-1978) en Gijón o Manuel Bueno Fajardo (1905-2000) en Jaén(8,13,14). El Cuaderno nº 8 del Grupo de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría ha sido dedicado a este último tema(14).

Docencia de la Pediatría

La Escuela Nacional de Puericultura fue el centro docente en la especialidad de Pediatría y Puericultura más importante en el periodo de entreguerras(2,5). Fue creada en Madrid por un Real Decreto dictado en 1925, a iniciativa del profesor Enrique Suñer. Estuvo localizado en la calle Ferraz. Fuera del ámbito universitario, tomó a su cargo la preparación de médicos puericultores, enfermeras y matronas, visitadoras y guardadoras de niños. Promovió y encauzó investigaciones sobre problemas concretos de higiene infantil. Fueron docentes en esta etapa, entre otros: Suñer, Eleizegui López, Nieves González Barrio y Juan Mañes Retana (odontología).

Estancias y pensiones de formación en el extranjero

A principios del siglo XX, la formación en Pediatría hacía recomendable la práctica de realizar estancias en el extranjero. Por ejemplo, Martínez Vargas estuvo con Abraham Jacobi en EE.UU. y, más tarde, Guillermo Arce y Enrique Jaso visitaron centros alemanes. Muy relevante en la ciencia española fue la actividad de la Junta de Ampliación de Estudios. Creada en 1907, pensionó a varios pediatras como: Romeo Lozano, Juan Bartual Moret, García-Duarte Salcedo, Enrique Jaso y otros.

La tercera etapa. La consolidación definitiva (1939-años 60)

Entorno social y asistencia médica a mediados del siglo XX

Hacia los años 40-50 del siglo XX, la asistencia en “el Seguro” (Seguro Obligatorio de Enfermedad, SOE) era principalmente de tipo ambulatorio, con “cupos”. La hospitalización en los casos de procesos quirúrgicos se hacía en las Residencias. Este hecho sucedía al contrario que en EEUU y en Europa, donde existía una cultura sanitaria de grandes hospitales, y donde empezarían a nacer las subespecialidades pediátricas. La potenciación de la medicina ambulatoria, entre otras razones, por la falta de recursos para construir hospitales en la España de la postguerra, tuvo el efecto de que mejorasen las condiciones higiénico-sanitarias en los hogares, que la población acogiera las vacunas y que se concediera importancia a la medicina de primer nivel y preventiva. Estos y otros factores socioeconómicos contribuyeron a reducir considerablemente los índices de mortalidad. España fue precursora en Europa de la atención a la infancia a nivel ambulatorio por parte de especialistas en Pediatría y Puericultura.

Dimensión asistencial e institucional 1939-años 60

Un hecho trascendental y que marcó la evolución inicial de la Pediatría y Puericultura, fue que en 1958 se instauró en el SOE la figura del pediatra de zona, con niños menores de 7 años adscritos(15).

En 1955, se inauguró el Hospital General Vall d’Hebron (inicialmente Residencia Sanitaria Francisco Franco), primera “Residencia del Seguro”. Pero no fue hasta 1967 en que se inauguró el Hospital Maternal y la Clínica Infantil y en que se reorganizó como hospital moderno.

En Pediatría, destacaron algunos centros universitarios, como los de Granada, Barcelona, Santander, Valladolid y Valencia.

En los años 50, también, se prosiguió el desarrollo de la Cirugía Pediátrica(15-18), que se había iniciado en el Hospital del Niño Jesús. Aparecen pequeños núcleos en Madrid [cirugía neonatal de la Maternidad Provincial dirigida por Julio Monereo González (1924-1977), el del Hospital de la Cruz Roja, bajo la tutela de Blas Agra Cadarso (1925-2012), la cátedra de Madrid regida por Gutiérrez Guijarro], en Barcelona [Hospital de Santa Cruz y San Pablo, Antonio Raventós Moragas (1904-1975)] y Santiago de Compostela [Hospital Clínico, Manuel Moreno de Orbe (1922-2002)].

En esta etapa, se van formando más sociedades regionales de la AEP: Galicia (1950), Asturias-Cantabria-Castilla y León (SCALP, 1956), Valencia (1958), Aragón-Soria-Rioja (1960), etc.(15,17).

Algunos pediatras destacados de la época fueron: Santiago Cavengt, Rafael Ramos Fernández, Juan Bosch Marín, Manuel Suárez Perdiguero (Cuaderno de Historia de la Pediatría en España nº 5, 2013), Ciriaco Laguna Serrano, Guillermo Arce Alonso, Carlos Sainz de los Terreros, Antonio Alonso Muñoyerro, José Sala Ginabreda, Tomás Sala Sánchez y Joaquín Colomer Sala, Antonio Galdó Villegas, etc.

En este periodo, se fundaron varias revistas pediátricas(5,8,17):

• 1943. Acta Pediátrica, Madrid (Sainz de Terreros, Cavengt, Bosch Marín y Navas).

• 1945. Revista Española de Pediatría, Zaragoza (Manuel Suárez Perdiguero).

• 1948. Progresos en Pediatría y Puericultura, Barcelona (Francisco Prandi).

• 1950. Archivos de Pediatría, Barcelona (Rafael Ramos).

• 1952. Actualidad Pediátrica, Granada (Antonio Galdó Villegas).

• 1961. Referata Pediátrica, Madrid (Enrique Jaso).

Otras revistas de interés fueron los boletines de las sociedades regionales como: los Boletines de la SCALP y de las Sociedades Aragonesa, Catalana y Canaria de Pediatría.

La cuarta etapa. El desarrollo de la Pediatría y sus especialidades desde los años 60-70 hasta la actualidad

En la España de comienzos de la década de los años 60, existía una necesidad imperiosa de modernización de la asistencia, especialmente, de la hospitalaria.

Tras la promulgación de la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, se construyen Ciudades Sanitarias y se renuevan otros hospitales, con maternidades y servicios de Pediatría y Cirugía Pediátrica. El Hospital de La Paz nace como un centro de referencia nacional en varias especialidades médicas y quirúrgicas. La apertura de la Clínica Infantil La Paz tuvo lugar en 1965. Su primer director fue Enrique Jaso Roldán, que había sido Presidente de la APE, que cambió su nombre a AEP(5,18,19).

El desarrollo de las subespecialidades pediátricas fue paralelo al desarrollo de la Pediatría Hospitalaria de la Seguridad Social, luego, Sistema Nacional de Salud. Hasta entonces, los pediatras se centraban en la atención y el cuidado globalizado de la infancia; requerían de la colaboración de los especialistas hospitalarios de otras ramas para resolver problemas específicos(5,15).

En 1968, en el congreso de Pediatría de la AEP se presentaron trabajos importantes firmados por miembros de los hospitales La Paz y Valle Hebrón, que llevaban unos pocos años de actividad. Supuso la aparición de las especialidades en la Seguridad Social. La consagración del desarrollo inicial de las especialidades pediátricas tuvo lugar en el XIII Congreso de la AEP, celebrado en Palma de Mallorca en 1972 y presidido por Enrique Jaso(16). En los años 70, las especialidades pediátricas adquirieron contenidos y cometidos asistenciales insustituibles, representatividad científica y reconocimiento profesional, al menos, nominal(16).

La cirugía infantil se desarrolló de forma “explosiva” en los años 60, con el reconocimiento como Sección especializada de la AEP en 1962, al formarse la Sección de Cirugía, con J. Picañol como primer presidente. En el desarrollo de la cirugía pediátrica en España, fue también determinante la inauguración de los hospitales infantiles monográficos y de los servicios pediátricos completos en la Seguridad Social. El reconocimiento oficial de la especialidad fue realizado por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1977.

Los principales impulsores oficiales en la AEP de las especialidades pediátricas fueron: Enrique Jaso, Ciriaco Laguna, Ángel Ballabriga y Ernesto Sánchez Villares. Algunas secciones se crearon y luego desaparecieron como las de Hospitales (1961), Higiene Escolar (1965), Higiene Mental (1966) e Higiene Infantil (1966). En 1973, en la asamblea general celebrada en Granada con motivo de la X Reunión Anual de la AEP, siendo Presidente de la AEP Ernesto Sánchez Villares, tuvo lugar la aprobación del Reglamento de Régimen Interior de las Secciones Pediátricas, más adelante, subespecialidades(5,16,18,20).

Las subespecialidades pediátricas pioneras fueron: Cardiología, Neurología, Neonatología y Nefrología(5,18,19). En la tabla III, se citan las Sociedades de Especialidades asociadas, actualmente, a la AEP(20). La primera en conseguir la acreditación oficial ha sido la neonatología como Área de Acreditación Específica.

Desde los años 70, la pediatría española se hace internacional y se integra en las organizaciones internacionales europeas, del Mediterráneo y Latinoamericanas como UEMS, la CESP, UNEPSA, IPA, ALAPE(15,16).

En España, se siguió el modelo de especialista pediátrico en Atención Primaria. El desarrollo ha sido muy importante, especialmente, desde la conferencia de Alma-Ata de 1978.

Sobre lactancia materna, hay que señalar que la caída en la cultura de lactancia que ocurrió en EE.UU. y en otros países de forma extrema en los años 60, tuvo menos impacto en nuestro país, afortunadamente, y se asiste a un resurgimiento actualmente.

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP) tuvo su origen el año 1970, en el entorno del 2º Curso de Pediatría Extrahospitalaria dirigido por Francisco Prandi y celebrado en el Hospital de San Rafael de Barcelona. Un grupo de pediatras de Sevilla fundó una Sección Colegial de Pediatría Extrahospitalaria. Varias secciones provinciales se sumaron para fundar una Sección de Pediatría Extrahospitalaria dentro de la AEP en 1983, cuyo primer presidente fue Francisco Prandi Farrás, y la Primera Reunión Anual fue en Sevilla en 1986. La revista Pediatría Integral surge en 1995, con vocación de formación continuada en Pediatría Extrahospitalaria, y como órgano de expresión de la SEPEAP.

Bibliografía

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4. Brines Solanes J. Ensayo sobre el nacimiento y desarrollo de la pediatría. Serie M (Manuals) nº 39. Valencia: Generalitat Valenciana, Consellería de Sanitat, 2002.

5. López Piñero JM, Brines Solanes J. Historia de la pediatría. Valencia: Albatros, 2009.

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8. Morales JL. El Niño en la Cultura Española (4 tomos). Alcalá de Henares: Imprenta de los Talleres Penitenciarios, 1960.

9. Rodríguez Ocaña E. Rafael García-Duarte Salcedo y la consolidación de la Pediatría en la España del primer tercio del siglo XX. En: La Pediatría en Granada en las primeras décadas del siglo XX. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española nº 3. Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2012. pp. 4-16. http://www.aeped.es/sites/default/files/cuaderno_de_historia_num_3_0.pdf.

10. Jiménez Serrano C, Ollero Caprani JM. El Hospital del Niño Jesús: 125 años de historia (1877-2002). Madrid: Hospital Universitario Niño Jesús, 2002.

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12. Ponte Hernando F, Zafra Anta M, Fernández Menéndez JM, Gorrotxategi Gorrotxategi P, Bassat Q, Fernández Teijeiro JJ, de Arana Amurrio JI, García Nieto V. Tal como éramos. En el centenario del Primer Congreso Español de Pediatría de Palma de Mallorca (1914-2014). An Pediatr. 2014; 80: 404.e1-8.

13. García García E. La Gota de Leche. Casa Cuna de Gijón. Memoria de Gijón. Gijón: Ed Ayuntamiento de Gijón, 2003.

14. Arana Amurrio JI, Zafra Anta MA. Transformación de la lactancia y consiguiente desaparición de las Gotas de Leche. En: Historia y significación de las Gotas de Leche en España. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española nº 8. Madrid: Asociación Española de Pediatría 2014, pp. 33-38. http://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/cuaderno_de_historia_num_8_0.pdf.

15. Peña Guitián J, Ruza Tarrío F, Moro Serrano M. La Asociación Española de Pediatría. Evolución Histórica. Acta Ped. 1992; 50: 717-21.

16. Sánchez Villares E. Importancia de las especialidades pediátricas en la evolución de la pediatría española de los últimos 50 años. Acta Ped. 1992; 50: 724-32.

17. Sainz de los Terreros DC. Pasado y Futuro de la Pediatría. Madrid: Sociedad de Pediatría de Madrid, 1962. http://www.aeped.es/sites/default/files/i_pasadofuturo_discurso_spm_1962_sainz_terreros.pdf.

18. Hernández C. Sesenta años de Pediatría inacabada. Páginas vividas de la historia pediátrica contemporánea. Majadahonda (Madrid); Ergon. 2010.

19. Pascual-Castroviejo I. Historia de La Paz (y de la especialidad de neurología pediátrica). En: Emergencia y decadencia de la reciente medicina española (visión personal del autor). Madrid: Díaz de Santos, 2014.

20. Asociación Española de Pediatría. Libro Blanco de las Especialidades Pediátricas. Madrid: Exlibris Ediciones, 2011.

 

Historia de la SEPEAP. 30 años desde su fundación

J. del Pozo Machuca
20 Aniversario


J. del Pozo Machuca

Director Fundador de Pediatría Integral
Presidente de Honor de la SEPEAP

 


20 aniversario

Historia de la SEPEAP. 30 años desde su fundación

Para poder conocer la historia de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), tenemos que remontarnos a finales de la década de los años 60 del pasado siglo XX. Los pediatras extrahospitalarios desarrollaban su ejercicio profesional en los Ambulatorios del Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), en el sistema llamado Pediatra de Zona, en las capitales de provincia y en las grandes ciudades; ya que, no había pediatras en el medio rural. Las consultas eran de dos horas y, en el mejor de los casos, de dos horas y media; con el apremio de que, a continuación, empezaba su turno, en la misma consulta, otro compañero y no podías comerte” su tiempo. La demanda era verdaderamente agobiante –al menos, en las zonas de mi entorno–, con un volumen de más de 60 a 70 consultas diarias, incluidos, por supuesto, los sábados, y un tope de avisos a domicilio de nueve visitas al día; ya que, en Sevilla, a partir del décimo aviso pasaban a otro escalón de apoyo. Además, el tope de edad para ser asistidos por los pediatras (hoy incomprensible) era de 7 años. Podría considerarse esta circunstancia como una ventaja, en cuanto a la descarga de trabajo, por la exclusión a partir de esas edades de las consultas de pediatría. No obstante, a los pediatras nos parecía inadecuado que los niños, de tan corta edad, pasaran a ser atendidos por médicos generales y, desde entonces, comenzó la lucha por conseguir un aumento de la edad pediátrica.

Desde la perspectiva del siglo XXI puede resultar chocante, pero en la mayoría de los pueblos no existía la figura del pediatra y los niños, de todas las edades, eran atendidos por los médicos del Cuerpo de Asistencia Pública Domiciliaria (APD) o por los médicos generales de la Seguridad Social. Lamentablemente, los Ambulatorios estaban muy desprestigiados y existía una sensación generalizada de insatisfacción profesional, porque los pediatras de los Ambulatorios eran considerados de menor categoría, poco menos se consideraba –por algunos–, que “no existía formación pediátrica fuera de los Hospitales”. Los grandes complejos Hospitalarios –que empezaban a construirse por aquellas fechas–, vivían de espaldas a los profesionales que ejercían en los Ambulatorios; y existía una medicina académica ajena, totalmente, a la realidad del ambiente psicosocial, familiar y escolar, que de forma cercana, y con escasos medios, desarrollaba el pediatra extrahospitalario, en contacto integral con la familia y su entorno.

Consideramos que tendremos que hacer un recuerdo histórico de la propia especialidad de la Pediatría, para valorar la importancia que tuvo la fundación de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria. En el año 1866, se introduce en el plan curricular de las Facultades de Medicina la asignatura Enfermedades de la infancia y su clínica; creándose la primera Cátedra de Pediatría en el Madrid de 1887; fundándose, un año después, las de Barcelona, Valencia y Granada. En ese mismo año, como acontecimiento importante para la pediatría, se inaugura el Hospital Niño Jesús de Madrid, donde se forman prestigiosos pediatras y donde nacen algunas revistas importantes de la especialidad, que van dando lugar al nacimiento de la Especialidad de Pediatría en España.

Empiezan, posteriormente, los primeros movimientos asociativos de los pediatras y, en 1913, se crea en Madrid la primera Sociedad de Pediatría, a la que le sigue la Sociedad Catalana, que se funda en 1926. El interés de los pediatras por la investigación y la formación continuada (FC) propicia la organización de Congresos, celebrándose el primero en Palma de Mallorca en 1914, al que le siguen: San Sebastián (1923), Zaragoza (1925), Valencia (1928) y Granada (1933); reanudándose la celebración de Congresos en Santander en 1946, después de la Guerra Civil española.

En el año 1949, en el seno de la Sociedad de Pediatría de Madrid, se funda la Asociación de Pediatría Española (APE) que, en el año 1970, pasa a llamarse Asociación Española de Pediatría (AEP). En las décadas 50 y 60, comienzan a constituirse las demás Sociedades Regionales de Pediatría: Gallega (1950), Valenciana (1953), Castellano-Astur-Leonesa (1956) y fundándose en 1965, la Sociedad de Pediatría de Andalucía Occidental y Extremadura (SPAOYEX); siguiendo fundándose las demás, que por no resultar prolijo no menciono, y que van integrándose en la AEP. Posteriormente, en las décadas 60 y 70, se van constituyendo distintas Secciones y Sociedades de Especialidades Pediátricas, que también se van integrando. En este contexto, se puede comprender lo difícil que podía ser fundar una Sección/Sociedad de pediatría, fuera de las estructuras hospitalarias y con la oposición de algunas Sociedades Regionales, que se manifestaban en contra, durante las deliberaciones de la Junta Directiva donde se debatía su aceptación; e incluso, de ciertas Subespecialidades Pediátricas que pugnaban por ser reconocidas.

Sin embargo, pese a todos los obstáculos, en febrero de 1983, se consigue fundar, tras muchas deliberaciones (el nombre de Pediatría Ambulatoria se desechó por el desprestigio, ya comentado, de los Ambulatorios), la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP; de la que, en la efemérides del 30 Aniversario de su fundación, pretendemos hacer un recuerdo histórico, que iremos desarrollando a continuación. Hay que recordar que es, en la década de los 60, cuando el Seguro Obligatorio de Enfermedad crea la figura del Pediatra de Zona; y empiezan a construirse los primeros Hospitales Pediátricos de la Seguridad Social. Siendo un hito, también importante, la publicación en octubre del año 1968, del primer número de Anales Españoles de Pediatría, que fue presentado en el XII Congreso Español de Pediatría que tuvo lugar en Torremolinos (Málaga), bajo la presidencia del Prof. Antonio Galdó, Catedrático de Pediatría de Granada, siendo su primer Director el Prof. Ciriaco Laguna, presidente a su vez de la AEP en esa fecha. En la Asamblea General de ese Congreso, es nombrado nuevo presidente de la AEP, el Prof. Suárez Perdiguero, Catedrático de Pediatría de Sevilla, donde en su Escuela de Pediatría, nos formamos muchos pediatras sevillanos.

La reseña histórica que hemos recordado, del desarrollo de la Pediatría en España, aunque parezca prolija –pese a no haber entrado en demasiados detalles–, estimamos que es fundamental, e indispensable, para comprender y justificar la necesidad de crear una Sociedad Científica de Pediatría Extrahospitalaria y las dificultades y trabas que se esgrimieron intentando impedir su fundación. El Dr. Manuel Martín Parra, pediatra extrahospitalario, cuarto Presidente y único extrahospitalario que ha habido hasta la fecha en la Sociedad de Pediatría de Andalucía Occidental y Extremadura, miembro, por tanto, de la Junta Directiva de la AEP, prestigioso pediatra sevillano, formado en la Escuela del Dr. Manuel Laffón Soto, insigne maestro con el que se formaron grandes profesionales de la Escuela Sevillana, y con el que trabajó en el Servicio de Pediatría del primitivo Hospital García Morato de Sevilla, hoy Hospital Virgen del Rocío. Martín Parra había asistido en el año 1969, al primero de los Cursos Internacionales de Pediatría Extrahospitalaria, que empezaba a organizar el Dr. Francisco Prandi i Farrás, en el Hospital de San Rafael de Barcelona y, precisamente, en mayo del actual año, se celebra el 42º Curso, de los que han venido desarrollándose ininterrumpidamente. A partir del segundo Curso, año 1970, varios pediatras extrahospitalarios de Sevilla, entre otros, los que figuran en la foto, de pie de izquierda a derecha: Dres. A. Díaz Romero; J. Del Pozo Machuca; M. Martín Parra y M. Del Pozo Machuca; abajo J.L. Fernández Ramos y J. Senín Sánchez, comenzamos a asistir a dichos Cursos, de forma continuada, durante muchos años.

El Dr. Prandi, considerado Maestro, por la mayoría de nosotros, y al que deseo, una vez más, rendir mi homenaje de admiración y respeto, como padre de la Pediatría Extrahospitalaria y uno de los pediatras más internacionales del elenco pediátrico español del siglo XX. Fue, año tras año, inculcando en nosotros el concepto y la filosofía de que la pediatría extrahospitalaria era una auténtica Especialidad; y que la Formación Continuada no solo es un deber y una obligación ineludible de todo profesional médico, sino también un derecho irrenunciable por nuestra propia autoestima; y la satisfacción de adquirir nuevos conocimientos, actualización de técnicas y perfeccionamiento de habilidades aprendidas previamente; y una adecuación a las necesidades del progreso, para una buena praxis, en consonancia con los nuevos tiempos: avances en genética, inmunología, nuevas técnicas de diagnóstico por imagen, nuevas vacunas conjugadas que estaban cambiando el mapa epidemiológico de los países, enfermedades nuevas y emergentes, avances en nutrición infantil, sin olvidar los grandes movimientos migratorios con las consecuencias epidemiológicas que ello significaba.

Movidos por ese espíritu y ansias de actualización pediátrica, pese a vivir sin conexión alguna con los Centros Hospitalarios de la época, comenzamos a reunirnos, periódicamente, en nuestras propias consultas privadas (la del Dr. Martín Parra y en la mía) en Sesiones Clínicas, aportando nuestros propios casos que sometíamos a discusión entre los asistentes. El grupo fue aumentando tan considerablemente que las reuniones pasaron a celebrarse en las dependencias del Colegio de Médicos de Sevilla. El prestigio de estas reuniones fue aumentando de tal manera que decidimos fundar, y el día 4 de abril de 1983, se fundó la Sección Colegial de Pediatría Extrahospitalaria de Sevilla, la primera de España, cuyo certificado constitucional consta a continuación. Posteriormente, se fueron creando nuevas Secciones Colegiales de Pediatría Extrahospitalaria, en distintas provincias españolas, alcanzando muchas de ellas gran prestigio por la organización de Cursos de FC. Sin ánimo de ser exhaustivo, y con el temor de olvidar alguna, debo mencionar a las primeras que se fueron añadiendo a este movimiento asociativo: Córdoba, Huelva, Cádiz, San Sebastián, Madrid, Zaragoza, Murcia, Salamanca y Málaga (sin que el orden que indico coincida rigurosamente con las fechas de su fundación), a las que se fueron añadiendo, posteriormente, otras muchas Secciones Provinciales. La Sección de Sevilla va alcanzando gran significación gracias a los Cursos de Actualización Pediátrica que organizaba, hasta el extremo de que el Dr. Prandi, en carta del 27 de octubre de 1983, me comunicaba, entre otras cosas: “El Prof. Casado de Frías, presidente del próximo Congreso Nacional de Pediatría que tendrá lugar en mayo de 1985, en Madrid, me ha encargado la organización de una Ponencia sobre Práctica Pediátrica Extrahospitalaria. He pensado que la Sección Colegial de Sevilla, que tanto y tan bien ha trabajado en la promoción de esta especialidad, podría participar en la misma…”, ofrecimiento que también hizo a otras Secciones.

Va tomando cuerpo la necesidad de crear una Asociación (Sección/Sociedad) de Pediatría Extrahospitalaria dentro de la AEP y, en la XVII Reunión Anual de la AEP, en Zaragoza en el año 1983, presidida por el Prof. Bueno, bajo la presidencia de la AEP del Prof. Colomer Salas –y con su autorización– el Dr. Cruz Caballero y yo mismo, como Secretario y Presidente, respectivamente, de la Sección Colegial de Pediatría Extrahospitalaria de Sevilla, repartimos unas octavillas convocando una reunión asamblearia, a la que asistió el propio Prof. Colomer al final de la misma; y que constituyó un extraordinario éxito de asistencia y participación. En ella, se plateó la necesidad de fundar una Asociación Nacional de Pediatría Extrahospitalaria, idea que fue acogida con gran entusiasmo por los asistentes; y las conclusiones que se redactaron, fueron presentadas en la Asamblea General de ese Congreso, provocando acaloradas discusiones siempre, es de justicia recalcar, con el apoyo del Prof. Colomer. No se encontraba presente en Zaragoza el Dr. Prandi, por lo que se le comunicó a través del Dr. Adán, que contábamos con él para que encabezara este movimiento asociativo y, mientras tanto, para demostrar solidez en lo que exponíamos en la reunión, dije que yo mismo asumía la responsabilidad, mientras esperábamos la aceptación del D. Prandi.

Conocedor de esta circunstancia, el Dr. Prandi, el día 28 de septiembre de 1983, me escribe una carta –que figura a continuación– en la que, entre otras cosas decía: “Mi enhorabuena por tu eficaz intervención en la Asamblea de la AEP en Zaragoza, que al apoyar la clara propuesta de Martín Parra y vuestras anteriores gestiones, dio como resultado la aprobación de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria y el nombramiento de una Comisión Gestora. Después de la Asamblea me propusisteis el cargo de Presidente de la misma, y yo me honré en aceptar vuestra propuesta”.

De inmediato, creamos la Comisión Gestora, presidida por el Dr. Prandi, y formada por los pediatras siguientes: Dres. Adán Pérez, M. Zaragoza; Barroso Guerrero, A. La Laguna (Tenerife); Castellano Barca, G. Torrelavega (Cantabria); Cruz Caballero, M. Sevilla; Cuadrado Martínez, P. Valencia; Del Pozo Machuca, J. Sevilla; Del Pozo Machuca, M. Sevilla. González Trapote, L. Barcelona; Jara Muñoz, J.A. Murcia; Jiménez Santos, J. Córdoba; Marina López, C. Madrid; Mondría Pérez, A Valencia. Muñoz García, F. San Sebastián; Revuelta Alonso, J. Torrelavega (Cantabria); y Roca Rosado, M. y Suárez Camino, J. Santiago de Compostela. Los miembros de la misma comenzamos a redactar un borrador de Estatutos.

Involucrados también muy activamente, los Dres. Muñoz García, Cuadrado, Marina, De Mier, Casanova –y otros muchos–, en la lucha por conseguir una Asociación pediátrica extrahospitalaria, el Dr. Manuel Adán, el día 19 de octubre de 1983, me dirigía una carta en la que entre otras cosas decía: “Te agradecería me enviaras lo antes posible cuánta información consideres importante a este respecto, así como de vuestros proyectos y actuaciones en esa ciudad con el fin de ir perfilando la creación de nuestra Sociedad y tratar de iniciar el borrador de lo que serán nuestros Estatutos que, posteriormente, contrastaremos cuando nos reunamos los miembros de la Comisión Gestora”.

Se producen varias reuniones de la Gestora en Madrid, en las que tras el estudio de las distintas aportaciones de sus miembros, en las que destacaron las propuestas por la Sección de Córdoba, representada por los Dres. Jesús Jiménez Santos y Benito Gallego Herrera, se redacta un borrador. De inmediato, en carta del 19 de enero de 1984, me dirijo a un considerable grupo de pediatras en los siguientes términos: “Tengo el gusto de adjuntarte el borrador de los estatutos de la futura Sección Nacional de Pediatría Extrahospitalaria, que fue redactado en Madrid el 27 de noviembre de 1983 en reunión celebrada por la junta Gestora, nombrada al efecto para que emitas las sugerencias que estimes oportunas”. Con las sugerencias recibidas, el día 25 de febrero de 1984 se redacta, por la Gestora, un borrador definitivo que se envió a la AEP. Previamente, el Dr. Martín Parra, en su calidad de miembro de la Junta Directiva de la AEP, como presidente de la SPAOYEX, venía insistiendo en las reuniones de la Junta, en la necesidad de que aceptaran fundar una Sección de Pediatría Extrahospitalaria. En la carta que me dirigió el 30 de mayo de 1984, me comunicaba: “La Secretaría de la AEP nos ha dirigido una carta (a los presidentes de las Sociedades Regionales) en la que adjunta el Acta de la reunión del 28 de enero 1984, aprobada en la última Junta. En el Punto 6º dice: El Dr. Martín Parra informa de las reuniones celebradas para nombrar la gestora y desarrollar el anteproyecto de Reglamento de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria”.

Aunque se aceptaba la fundación de una Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP, el borrador de Estatutos presentado a la AEP, para su aprobación, pese al apoyo, en todo momento, del Presidente Prof. Colomer, fue condicionado en principio; y se exigieron distintas modificaciones que no eran de nuestro agrado. Tras muchas discusiones y reflexiones, sobre las exigencias impuestas por la AEP, la Gestora, por el temor –certeza tal vez–, de que no se permitiría la fundación de la Sección, si no se aceptaban sus condiciones, decidió al fin transigir y se aceptaron las impuestas. Los puntos fundamentales de nuestro rechazo y que finalmente tuvimos que acatar, fueron los subrayados en el texto de los Artículos siguientes de los Estatutos aprobados: “Artículo 5º.- b) La duración de los cargos de la Junta Directiva será de cuatro años, renovándose cada dos la mitad de la misma, coincidiendo con la Reunión Anual de la AEP. c) La Junta Directiva se reunirá por lo menos una vez al año, coincidiendo con la Reunión Anual de la AEP. Artículo 8º.- “Órgano de difusión: La Sección utilizará como vehículo científico, de difusión e información los órganos oficiales de la AEP. Una vez aprobados los Estatutos por la Junta Directiva de la AEP, fueron sometidos al veredicto de la Asamblea General de la Asociación Española de Pediatría y, por fin, la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP (SPEH), que fue creada el 23 de febrero de 1983 y estructurada el 25 de febrero de 1984, quedó legalizada en El Puerto de la Cruz (Tenerife), el día 29 de octubre de 1984, durante su XVIII Reunión Anual. An Esp Pediatr, 22, 1, (91-93), 1985.

Una vez constituida la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP (SPEH), se convoca una Asamblea Extraordinaria y se nombra la primera Junta Directiva que quedó constituida, como queda constancia en la fotografía, de izquierda a derecha, por los siguientes: Dres. Jesús Jiménez Santos, Vocal (Córdoba); Miguel Cruz Caballero, Tesorero (Sevilla); Manuel Adán Pérez, Vocal (Zaragoza); Francisco Prandi i Farrás Presidente (Barcelona); José del Pozo Machuca, Secretario General (Sevilla); Miguel de Mier Guerra, Vocal (Huelva); y José Antonio Jara Muñoz, Vocal (Murcia). De inmediato, con gran entusiasmo, comienza a trabajar la Junta y, entre otras muchas actividades, se van creando los siguientes Grupos de Trabajo: Comité Científico (Coordinador: Dr. Prandi Farrás); Comité Profesional (Coordinador: Dr. Marina López); Comité de Medios de Comunicación (Coordinador: Dr. Muñoz García); Grupo de Trabajo sobre Ortopedia Infantil (Coordinado por los Dres. Ebri Martínez y González Trapote); y Comité de relaciones con Centros de Salud (Coordinador: Dr. Malmierca Sánchez).

La SPEH va adquiriendo prestigio y pese, una vez más, a las trabas impuestas por la AEP, que consideraba que nuestras Reuniones tenían que tener autorización de la Sociedades Regionales y desarrollarse dentro de las mismas; gracias a que el Dr. Martín Parra, aunque terminaba su mandato como Presidente de la SPAOYEX, firmó la autorización antes de cambiar la Junta Directiva y, en efecto, se consigue que en octubre del año 1986 se organiza en Sevilla, a modo de Congreso, la Primera Reunión Nacional de Pediatría Extrahospitalaria, que tuvo un resonado éxito, hasta el extremo de que fue premiada como el Mejor Congreso del Año por la revista El Médico. La segunda Reunión, con idéntico éxito, presidida por el Dr. Prandi, se celebra en Barcelona en 1987. Se había propuesto para el año 1988, celebrar la Reunión en Torremolinos (Málaga), pero por discrepancias sobre la estructuración del programa de la Junta Directiva de la SPEH con los organizadores, no se llega a celebrar, por lo que ha sido el único año que no ha habido Reunión desde la fundación de la Sección. En 1989, se celebra en Valencia, bajo la presidencia del Dr. Cuadrado, quien tuvo que hacer un extraordinario esfuerzo por la premura del tiempo, ya que se le solicitó de urgencia su organización al no celebrarse el de Torremolinos. Finalmente, tras complicadas negociaciones, se llega a un acuerdo con el Dr. Aguilar Rodríguez, de la Sección de Málaga y, en el año 1990, tiene lugar en Torremolinos la cuarta Reunión. A partir de entonces, de forma ininterrumpida, se han venido realizando Reuniones/Congresos por las distintas ciudades españolas, siempre con extraordinaria asistencia y participación de pediatras Extrahospitalarios y de Atención Primaria. Aquí, también, debemos dedicar un recuerdo de felicitación y agradecimiento a los Presidentes de los Comités Organizadores de los diversos Congresos celebrados hasta la fecha; desde el propio Dr. Prandi, que organizó el segundo de los Congresos, hasta el último celebrado: Dres. Cuadrado, Aguilar, Revuelta, Suárez, Casanova, Marina, Sánchez, Bonal, Muñoz, Malmierca, García, Adán, Fos, Castellano, Redondo, Grau, Ardoy, González, Ferrández, Martínez, Rodríguez, Sánchez, Coronel, Cansino y García-Sala, respectivamente. Y yo mismo agradezco, con toda humildad y sinceridad, a las Asambleas correspondientes, el honor inmerecido que me concedieron al nombrarme, para la responsabilidad de organizar dos de los tres Congresos celebrados en Sevilla.

Sigue la SPEH una intensa actividad y, durante la I Reunión Anual de Pediatría de Sevilla, antes aludida, por conversaciones previas en Nimes (Francia) entre el Dr. Prandi y el presidente del Grupo Suizo Francés de Estudios en Pediatría Ambulatoria, Prof. Giradet, se empieza a gestar el Grupo Europeo de Investigación en Pediatría Extrahospitalaria (Groupe Européen pour la Recherche en Pédiatrie Ambulatoire). El día 24 de julio de 1989, durante el desarrollo del XIX Congreso Internacional de Pediatría que tuvo lugar en París, en Asamblea Constitutiva, con gran asistencia de pediatras miembros de la SPEH, se funda definitivamente dicho Grupo. La SPEH sigue teniendo una gran participación en Europa, hasta el extremo de que el Dr. Prandi llegó a ser su Presidente. Al Grupo Español y al Grupo Suizo se fueron uniendo después el Grupo Francés, el Grupo Italiano y el Grupo Belga. Cabe también destacar que, representantes de todos los Grupos acudieron y participaron en la II Reunión Anual de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria, celebrada en Barcelona, ya referida, en 1987. Posteriormente, la SEPEAP se involucra activamente en la European Confederation of Primary Care Paediatricien (ECPCP); de tal manera que, en los dos últimos años, el presidente de la misma ha sido el Dr. Luis Sánchez Santos, miembro muy activo de nuestra Sociedad.

No podemos olvidar que en el Artículo 2º Apartado a) de los primeros Estatutos, se dice: “Abarcará las tres misiones fundamentales de la pediatría extrahospitalaria: asistencial, docente e investigadora. Como hemos comentado en otros foros, considerábamos siempre que era absolutamente indispensable dedicarnos de manera especial a la Formación Continuada; y ello, nos llevó a intentar encontrar un método eficaz de FC que pudiera llegar a los pediatras que ejercían alejados, geográficamente y de relación interprofesional, de los Centros Hospitalarios de referencia. En este sentido, se consigue editar la revista Pediatría Integral, en el año 1995, que fue considerada en poco tiempo como la mejor revista que existía de Formación Continuada a distancia, o tal vez la única, en los países de nuestro entorno, como en determinados foros europeos comentaba el Dr. Prandi. Al principio, se presentó como Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria y, posteriormente, a partir del Volumen 3, se constituyó también en Órgano de Expresión de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP (SPEH). Finalmente, como es conocido, pasó a ser la SEPEAP. El copyright fue al principio compartido por Milupa. S. A., la SPEH y Ediciones Ergon. Finalmente, no sin complicadas negociaciones con Milupa, la cabecera y el copyright la consiguió Ergon y, posteriormente, la propiedad pasó a ser exclusiva de nuestra Sociedad, cedida por el Sr. Masip. Hoy, bajo la experta dirección de la Dra. Inés Hidalgo Vicario y su equipo, pese a las dificultades, carencias y momentos difíciles por los que pasa la prensa biomédica escrita, en competencia con la publicación on-line, continúa su publicación con extraordinario éxito, como ya hemos comentado en otras ocasiones.

Nuestra Sociedad evoluciona constantemente, adaptándose a los nuevos tiempos, modernizándose, aumentando sus actividades tanto en los aspectos de Docencia como de Investigación. No podemos olvidar el Tratado de Pediatría Extrahospitalaria (1ª y 2ª Ed.). Otros logros, publicaciones, etc., que debemos destacar son: Consentimiento Informado, Manual de Iniciación a la Investigación en Pediatría de Atención Primaria, Actualizaciones Terapéuticas, colaboración en la Guía Práctica del Buen Trato al niño y Guía Consensuada de Pediatría en Adopción, entre otras publicaciones. Por el éxito alcanzado de participación, caben destacar otras muchas actividades, como: Cursos del Dolor en Pediatría, Psiquiatría Infantil, Inmunología, Alergia Infantil, El sueño y sus trastornos, El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), Vacunas en pediatría y, destacan también, los Talleres que, bajo la dirección del Dr. Luis Sánchez Santos, se vienen realizando de forma itinerante, sobre: “Simulación Médica Avanzada en Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria”.

Interesa recordar como pasos previos para conocer la evolución histórica de la Sección y de cómo va adquiriendo personalidad propia, convirtiéndose, como primer logro, en Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP, como consta en el Acta 3/95 de la reunión de la Junta Directiva de la AEP, celebrada el 22 de septiembre de 1995, en Alicante, presidida por el Prof. José Peña Guitián, –Sesión Ordinaria preparatoria de la Asamblea General de la Asociación Española de Pediatría–, durante la celebración del XIX Congreso de la AEP, en el Punto del Día: informe del Vicepresidente, El Dr. José del Pozo Machuca, expone las líneas de actuación en relación con la Vicepresidencia, como consta en el Anuario 1998, Memoria 1995-98 de la AEP –al que hacemos referencia por la implicación que significa para la SEPEAP–, destacando los siguientes puntos: 1) “Reunión de 7 de julio de la Vicepresidencia y del Comité Ejecutivo, con los Presidentes de la Sociedades y Secciones de Especialidades pediátricas. Reconocimiento Oficial de Especialidades Pediátricas. Creación de un Comité de Acreditación de Especialidades; 2)”Paso de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria a Sociedad”; 3) ”Fundación de la revista Pediatría Integral, Órgano Oficial de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria y Revista de Formación Continuada”.

En la Asamblea General de dicho Congreso, se produce la renovación de la Junta Directiva de la AEP, en la que es elegido nuevo Presidente el Prof. Manuel Moya Benavent, siendo reelegido Vicepresidente el Dr. José Del Pozo Machuca, circunstancia que había favorecido o influido positivamente en la fundación de revista. Deseamos recordar que la filosofía de la revista fue la idea de una educación integral del pediatra extrahospitalario. Se registró, por ello, creo que acertadamente, con el nombre de Pediatría Integral. Al principio, se presentó como Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria y, posteriormente, a partir del Volumen 3, se constituyó también en Órgano de Expresión de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP (SPEH).

Finalmente, en octubre del año 2000, durante el XIV Congreso Nacional de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP y II Congreso Hispano-Luso de Pediatría Extrahospitalaria, en Asamblea General Extraordinaria, se cambian de nuevo los Estatutos y queda definitivamente constituida la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), renovándose en todos los aspectos, aumenta la actividad científica, se organizan Cursos dedicados específicamente a Residentes en Pediatría, se moderniza la Web que adquiere una extraordinaria actividad, actualizando con agilidad sus contenidos; hoy la SEPEAP puede considerarse como modelo de Sociedad Científica Pediátrica.

Un exponente más, que evidencia también la filosofía y el carácter de la SEPEAP, es la creación de la Fundación Prandi, que dedica su esfuerzo y medios, a fomentar la docencia, la investigación y, fundamentalmente, la protección integral y psicosocial del niño y del adolescente en su ambiente: psicosocial, ambiental, escolar y familiar, muchas veces adverso. La dedicación entusiasta de la presidenta, la Dra. Cleofé Ferrández Gomáriz, está cumpliendo ampliamente sus objetivos, colaborando eficazmente en distintos proyectos y en ayudas a la infancia desfavorecida.

Hemos intentado recoger, con la máxima fidelidad y rigor posibles, pese a las limitaciones de espacio que exige la publicación en una revista, lo que consta en las hemerotecas, lo que guardo en mi memoria (y disculpen las veces en que, a lo largo de este escrito, tenga que hablar en primera persona) y en mis archivos personales, para conocimiento de los interesados en la historia de una pujante Sociedad Científica Pediátrica involucrada, fundamentalmente, en conseguir el bienestar del niño y del adolescente. La historia de los últimos años es conocida por todos. El prestigio adquirido por la SEPEAP, modernizando incluso su logo, cumpliendo rigurosamente la filosofía de los primeros Estatutos en su triple vertiente: Asistencial (preventiva, curativa y rehabilitadora), docente (colaboración en la formación del pregrado, del residente y del postgraduado y educación sanitaria de la población a todos los niveles) e investigadora”. Dejo a futuros historiadores, miembros de la Sociedad, que sigan recogiendo información para continuar en el futuro enriqueciendo la historia de una Sociedad Científica que tuvo tantos problemas en su génesis, pero que se ha convertido en la mayor Sociedad Científica, dentro de la Asociación Española de Pediatría.

En este recuerdo histórico que hago, como homenaje en la celebración del 30 Aniversario de la fundación de nuestra Sociedad, he de expresar, públicamente, mi admiración y agradecimiento, una vez más, al Dr. Prandi y a las primeras Juntas Directivas que él presidió. A los miembros de las Juntas Directivas que me acompañaron durante mis responsabilidades como presidente. Y, de forma también muy especial, a las sucesivas Juntas Directivas, en las personas de sus Presidentes: Dres. Fernando Malmierca Sánchez y José Luis Bonal Villanova, que tan magistralmente llevaron el timón de la SEPEAP, esquivando problemas y consiguiendo realidades y objetivos. Logros que continúa alcanzando, incluso superando, la actual Junta Directiva, bajo la inteligente dirección de su Presidente, el Dr. Venancio Martínez Suárez: su ecuanimidad, sus demostradas cualidades de diálogo y, sobre todo, sus firmes convicciones sobre lo que debe ser la Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria, unido a su gran formación científica pediátrica, son cualidades que están colaborando a la consecución del alto prestigio actual de la SEPEAP.

Finalmente, cómo no, mi reconocimiento especial a todos los pediatras miembros de la SEPEAP por su fidelidad, y a todos los pediatras Extrahospitalarios y de Atención Primaria, repartidos por distintas ciudades y los más apartados rincones de España que, pese a los vientos” desfavorables que, desgraciadamente, hoy soplan para la pediatría de Atención Primaria, siguen con su tesón, esfuerzo y dedicación plena, luchando por conseguir: “Los mejores cuidados para el mayor número de niños y adolescentes”.

Referencias bibliográficas

An Esp Peditr. 22, 1, (91-93), 1985.

Anuario 1998. Memoria 1995-1998.

Archivos personales del autor.

Del Pozo Machuca, J. Pediatr Integral, Editorial. ¿Cómo nace Pediatría Integral? Recuerdo Histórico. Pediatr Integral. 2015; XIX (1): 5-7.

Moya Benavet, M. Reseña histórica de la AEP. Asociación Española de Pediatría. Anuario 1998 (5-10). Memoria 1995-1998.

Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP. Boletín Informativo. Vol. I, Nº 1-Córdoba. Mayo 1990.

 

Pediatría Integral rinde cuentas

V. Martínez Suárez
Editorial


V. Martínez Suárez

Presidente de la SEPEAP. Centro de Salud El Llano, Gijón

 

«El ejercicio de la escritura es inseparable de la lectura crítica; y esta es un excelente promotor y consolidador de buenos hábitos clínicos. El vínculo lectura-escritura-buen ejercicio clínico es directo y claro. Por eso, el que sienta el deber de escribir y publicar debe hacerlo."

 


PEDIATRÍA INTEGRAL RINDE CUENTAS

Decía Eugenio d´Ors* que el conocimiento concreto, la noticia, nos da la mitad del saber; frente a la clasificación, el orden, que nos da la otra mitad. Se puede completar la cita afirmando que lo primero satisface a nuestro ímpetu de curiosidad; lo segundo a nuestra exigencia de razón. Pero según nuestro parecer, serían sólo la noticia y el orden en perspectiva los que ponen profundidad y relieve al conocimiento y definen el orden natural de las cosas. Así que al preguntarnos por la justificación de una publicación médica fundamentada en las revisiones monográficas o puestas al día y al explicar su éxito durante 20 años de vida podríamos apelar a sendos criterios: Pediatría Integral es noticia, orden y perspectiva de nuestra profesión.

Al hacer balance, resulta sobre todo evidente que desde sus primeras tiradas nuestra revista ha cambiado en su proceso de confección y elaboración. Pero igualmente, que lo ha hecho conservando la idea original, manteniéndola sus dos directores –el Dr. Del Pozo y la Dra. Hidalgo– próxima a la realidad viva y cambiante de la Pediatría, encontrando nuevas fórmulas de edición y adaptándola a las modificaciones conceptuales y a las muchas transformaciones acaecidas en el mundo de las publicaciones médicas. Se han renovado las diferentes secciones, se ha abierto a la colaboración de los residentes y se ha dado entrada a autores del mayor prestigio profesional, y relacionados con la problemática pedagógica y psicoemocional de la infancia. Durante los últimos años la generalización del uso de Internet y del correo electrónico han hecho más dinámica su redacción, tanto en el envío de los manuscritos por parte de los autores, de su remisión para evaluación y corrección a quienes forman parte del Comité de Redacción, como en la laboriosa relación con la empresa editora para la revisión de galeradas y ponerla en su forma definitiva. También gracias a los avances tecnológicos la revista está disponible de forma libre y con acceso abierto en todos sus contenidos a un número de lectores que se ha multiplicado de manera extraordinaria en los últimos tres años, alcanzando más de 4.000 consultas diarias. Esto ha supuesto una mayor difusión de nuestras actividades y ha tenido una gran acogida fuera de nuestra Sociedad. En contra de algunos temores, pensamos que esto no representa ninguna amenaza para su edición impresa. Será en todo caso un complemento de la misma, ya que muchos pediatras generales siguen recibiendo con agrado la revista en papel, que queremos mantener porque se demanda, porque es portadora, además, de un valor sentimental irrenunciable para la mayoría y porque goza de un grado de aprecio y prestigio superior a otras publicaciones comparables. Es cierto que su importancia como vehículo de comunicación científica es menor que el de otras revistas pediátricas, pero lo es en la medida en la que desde la dirección de Pediatría Integral se ha dado primacía a su función de formación profesional acreditada. Sin renunciar a lo más original, pero también, y debe recordarse, con la vocación de ofrecerse más reflexiva, menos condicionada por las temáticas de actualidad, planteada desde la idea de repaso de las materias, el estudio de lo más decantado, del que un pediatra competente nunca debería de prescindir. Y así todo, la medida del impacto de sus artículos en otras revistas nacionales y extranjeras ha crecido de manera significativa, mereciendo los principales responsables de este nuevo impulso nuestro reconocimiento y la felicitación de todos.

Una cuestión relacionada con la anterior. Debiéramos ser conscientes de que una revista de una sociedad médica generalista no puede buscar la competencia con los grandes poderes editoriales y comerciales ni tiene que aspirar a lograr un perfil demasiado técnico. Como todas las obras perdurables, Pediatría Integral ha sido primeramente un sordo y ejemplar afán, un dinámico conjunto de voluntades. Pero está claro que sin los lectores (que somos y fuimos todos), sin los colaboradores (que le han dado los contenidos) y los patrocinadores; esto es, sin un compromiso de fidelidad, de calidad y de servicio, esta veintenaria y feliz conmemoración no hubiese sido posible. En un mercado exigente, competitivo e implacable con los menores equívocos y desviaciones, la aparición de desequilibrios y predominio de uno de estos grupos sobre los demás hubiese puesto la empresa en riesgo de elitización, pérdida de credibilidad, mercantilización o falta de difusión. Lo que supondría, en definitiva, una amenaza a su supervivencia. Desde esa noción, poner más alto el punto de mira de la calidad equivale a decir que tendremos que procurar que más pediatras sientan interés por comunicar en la revista la experiencia de su práctica clínica. Y esto merece alguna consideración más.

En las últimas décadas nuestra profesión se ha hecho competitiva en extremo, lo que ha originado una deformación sustancial de nuestro quehacer. La publicación casi se ha convertido en la única moneda de valor en el mercado profesional. En respuesta al “tanto públicas, tanto vales” se ha dicho que para el médico asistencial la cotización exclusivamente bibliométrica de su actividad ha de tenerse como consecuencia de un sistema burocratizado en exceso. Así se ha repetido. Aunque la publicación, el dar a las hojas de una revista nuestras observaciones o nuestras conclusiones, tiene el valor que tiene, limitado y concreto: el artículo será siempre –como médicos que primeramente somos, y según la consabida frase– la retaguardia de nuestra experiencia clínica. Todo lo que se pueda producir y se publique debe tener una traducción completa en beneficio de la salud y de la calidad de vida de nuestros niños. Pero hay otro hecho también suficientemente conocido: repensar e investigar permanentemente nuestra práctica, sacar conclusiones y darlas a conocer será siempre algo más que perseguir una acreditación académica, preparar una promoción profesional o hacer valer una capacidad investigadora; es compartir y poner a prueba nuestra experiencia. El ejercicio de la escritura es inseparable de la lectura crítica; y esta es un excelente promotor y consolidador de buenos hábitos clínicos. El vínculo lectura-escritura-buen ejercicio clínico es directo y claro. Por eso, el que sienta el deber de escribir y publicar debe hacerlo.

Así ha sido como Pediatría Integral ha recogido el esfuerzo del aprendizaje de numerosos pediatras que se iniciaron con sus primeras publicaciones desde sus páginas. Y es por eso por lo que junto a la noticia presente y la oferta de conocimiento, somos muchos los que con cada nuevo ejemplar nos sentimos depositarios de la crónica y panorama de dos décadas de nuestra Sociedad. En suma, de sus señas de identidad, ordenadas en una especie de agenda cordial e intelectual con centenares de nombres de compañeros, amigos y maestros, con miles de horas de intensa y cariñosa labor que quedarán consignadas para ser la historia de nuestra especialidad.

* Eugenio D´Ors. Tres horas en el Museo del Prado. Editorial Tecnos. Madrid 2014.

 

 

 

 

Una perspectiva personal sobre la Pediatría de Atención Primaria

M.Cruz Hernández
20 Aniversario


M.Cruz Hernández

Catedrático de Pediatría. Profesor emérito de la Universidad de Barcelona

 


20 aniversario

Una perspectiva personal sobre la Pediatría de Atención Primaria

Lo mismo que durante algunos años practiqué la Pediatría social antes de conocer su delimitación por Robert Debré, me incluyo entre los muchos que hicimos Pediatría de Atención Primaria antes de su definición y afirmación en 1978 por la Conferencia de Alma-Ata y el Instituto de Medicina de Washington. Aquí muestro un reflejo de la evolución de mis conocimientos, acerca de esta parte principal de la actividad pediátrica.

Unas pinceladas retrospectivas

Durante mi etapa de estudiante en la Facultad de Medicina de Granada, la asistencia clínica era realizada, ante todo, por el facultativo de medicina general, de familia o de cabecera, siendo muy escasos los especialistas y solo en las grandes ciudades. Era el médico de primer contacto y de seguimiento, y tanto para el adulto como para el niño y lo mismo para una enfermedad aguda como para un problema crónico de salud. Al salir con el título bajo el brazo, lo que más le preocupaba al colega de hace 70 años era: cómo atender un parto, reducir una fractura o practicar una traqueotomía en caso de difteria. Muchos de mis compañeros en el año de licenciatura de 1951 siguieron todavía esta orientación profesional y pronto hicieron oposiciones para obtener una plaza de APD (Asistencia Pública Domiciliaria), también llamada de médico titular hasta que con el tiempo, hacia 1974, fue absorbida por el Sistema Nacional de Salud. Parece, como decía antes, que muchos médicos hacían Atención Primaria sin conocer este término y su significado, aceptando la responsabilidad de asumir en la práctica asistencial la total medicina.

Por lo que a mí respecta, como alumno deslumbrado por la clínica y como médico recién salido de la facultad, practiqué algo de esta medicina de Atención Primaria una larga temporada en el barrio del Albaicín, en un consultorio de medicina general organizado por una orden religiosa, y luego en una consulta ambulatoria dependiente de la Sanidad Nacional para niños con desnutrición de diverso tipo, trastornos respiratorios y digestivos o enfermos de tracoma, en la barriada entonces marginal de las Conejeras. Poco después, ya con mi primer título profesional de Médico Puericultor, era ayudante en la consulta pública de Pediatría de mi maestro A. Galdó como Puericultor del Estado y pasaba consulta externa de Pediatría en el Hospital Clínico de San Cecilio. Y una vez decidido a permanecer en la Universidad, dada mi inevitable vocación docente, y siendo ya profesor adjunto o titular, desde 1954 a 1957 entre otras actividades, presididas por la enseñanza y la investigación, realicé mi labor asistencial tanto dentro del hospital como en la consulta externa, en guardias y en mi despacho privado, donde al comenzar predominaba la patología aguda respiratoria y digestiva, que también preside hoy las consultas de Atención Primaria en Pediatría. Entonces, había que realizar una punción lumbar o una toracocentesis en la misma consulta para descartar sobre la marcha una meningitis supurada o un empiema pleural metaneumónico, lo mismo que seguir el curso de una poliomielitis hasta que pasaba a manos del cirujano ortopédico, y esto con la general satisfacción de la familia, que a menudo me ha expresado su deseo de tener un solo médico para todas sus necesidades, cosa cada vez más difícil.

Traigo aquí estas viejas vivencias para recordar que la Atención Primaria ha sido consustancial con la práctica médica durante mucho tiempo. Por supuesto, la medicina y sus profesionales han ido cambiando. Así, mi actividad clínica fue modificando su terreno a medida que cambiaba mi responsabilidad, primero como catedrático de Pediatría en Cádiz, desde 1957, y luego como catedrático en el Hospital Clínico de la Facultad de medicina de la Universidad de Barcelona, hace ya 50 años; de modo que, la patología aguda dio paso a la crónica, y las enfermedades comunes a las de baja prevalencia, si bien como médico en ejercicio no podía rehusar la asistencia de un proceso agudo y habitual ante una solicitud familiar.

Ya en mi etapa definitiva en Barcelona, he sido testigo del auge de la nueva Pediatría de Atención Primaria, nacida aquí y en otros países en la estimulante década de los 60. Entre nosotros ocurrió poco después del gran impulso de la Pediatría hospitalaria con los modernos hospitales infantiles de las grandes poblaciones, empezando por Madrid y Barcelona. No es difícil pensar que, el replanteamiento de la Atención Primaria pediátrica fue una especie de efecto contrario o secundario, cuando la mayoría de los pediatras quedaban fuera de las nuevas y ricas instituciones hospitalarias y a veces subestimados, mientras ellos tenían que atender a una creciente población infantil con muy pocos medios y una mala organización del todavía inmaduro Sistema Nacional de Salud. Tal vez por ello, entre nosotros tuvo bastante aceptación el sinónimo de Pediatría Extrahospitalaria propuesto por F. Prandi en 1969, que todavía existe en el título de libros importantes o de una sociedad científica. Es algo peculiar de nuestra Pediatría, lo mismo que también sorprende que tengamos diversos y valiosos tratados dedicados a la Pediatría de Atención Primaria o Extrahospitalaria, publicaciones que son una rareza en las demás naciones.

Camino hacia la nueva Atención Primaria

La ojeada anterior ha anticipado el concepto de Atención Primaria en Pediatría, donde se debe prestar la máxima atención a lo que se considera como primario o básico, es decir, lo más frecuente y casi obligado en la mayoría de los niños, desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia. Nada de la Pediatría es ajeno a los dedicados a la Pediatría de Atención Primaria, pero no hay más remedio que proceder con arreglo a la mayor incidencia de algunos trastornos, la vigilancia de todo lo referente a la salud, las tareas preventivas, la vigilancia del crecimiento y desarrollo, así como la labor imprescindible de educación sanitaria. En el tiempo lejano antes evocado, había pediatras que podíamos compaginar la actividad hospitalaria y extrahospitalaria, así como la privada y la tutelada por un seguro estatal o personal. Esto fue criticado e incluso perseguido y no es el momento de insistir en cómo es posible, sino admitir que cada vez es más difícil. Al adaptarme a los requerimientos de una de las escasas cátedras de Pediatría existentes y dirigir un departamento hospitalario de Pediatría, procuré realizar Pediatría primaria durante algún tiempo y, por tanto, no dejé de sentirme hermanado con los pediatras de Atención Primaria, que están en la primera línea para luchar contra la cambiante morbilidad y mortalidad infantil.

La situación presente ha mejorado desde la creación de los Centros de Atención Primaria (CAP), aunque no carezca de dificultades, entre ellas, junto a la atracción del servicio de urgencias del hospital para las familias actuales, la carencia crónica de tiempo y falta del reconocimiento de sus méritos, y la dura competencia de las gestoras y seguros privados, cuya hegemonía les permite imponer condiciones que pueden deteriorar el rango del pediatra. La realidad es que nuestra Atención Primaria la realiza hoy un colectivo de pediatras cada vez mejor formados, algunos en la Escuela profesional universitaria y muchos en el sistema MIR, que eligen esta modalidad profesional no solo por no tener su oportunidad en la red hospitalaria, sino porque desde el principio ven en ella ventajas, tanto para su labor ante el niño y la familia, como para su misma realización personal. Tienen, entre otras, la oportunidad de trabajar con familias y niños más cercanos a su propio entorno, en su núcleo familiar y de vigilarles a través de los avatares patológicos y sociales desde su nacimiento hasta la adolescencia. Y, además, consideran mejor al niño como un todo, con su vertiente somática y psíquica y tanto sano como enfermo, más próximos a su entorno habitual, con el manejo de las nuevas técnicas de información y comunicación, tanto para el control de paciente como para su propia formación.

Perfilando el terreno de la Atención Primaria pediátrica

Como tantos otros, comprobé cómo se iban aceptando los motivos de consulta más frecuentes: desde la fiebre a los vómitos, la diarrea, el dolor abdominal o los exantemas. Así mismo, a la lógica lista ampliada de las enfermedades principales, empezando por: el resfriado común y otros problemas respiratorios casi siempre leves, las infecciones comunes limitadas por las crecientes vacunaciones, los trastornos del tubo digestivo, la nutrición normal y la específica para cada situación clínica o la vigilancia del crecimiento, sin olvidar el dolor. Pero veo también, que el pediatra de Atención Primaria no olvida la extensa problemática social y psicológica, como: el control del desarrollo, la detección temprana de la patología psicológica, desde los problemas del sueño y el fracaso escolar a la carencia afectiva y los disturbios de la conducta alimentaria u otros problemas psicosociales hasta el abuso sexual, el maltrato y la violencia entre iguales. Para estos problemas, el pediatra de Atención Primaria tiene un especial olfato clínico para detectarlos antes de que lleguen a situaciones extremas, donde se hará necesaria la intervención formal del psicólogo o del neuropsiquiatra. Se superponen las tareas encaminadas a la prevención y promoción de la salud, considerando el niño normal en sus diversas edades, el entorno próximo, la escuela o guardería, el impacto del deporte, los temibles accidentes o las peculiaridades impuestas por la geografía y la cultura, entre otros temas, sin olvidar la promoción de la lactancia materna y la cuestión renovada que marcó a la Pediatría desde sus comienzos: la alimentación y nutrición.

Dado que el centro de Pediatría primaria puede a veces estar más a mano que el anhelado hospital o el problema surge cuando menos se espera, siguen siendo igualmente importantes las emergencias en la preocupación del pediatra de Atención Primaria, que ahora sabe bien cómo atender otras situaciones diferentes de las recordadas antes, como: una obstrucción de vías respiratorias altas, un traumatismo craneal, la frecuente convulsión, la grave anafilaxia o cualquier intoxicación con sus normas asistenciales correspondientes, encabezadas por la reanimación cardiopulmonar. Así mismo, debería corresponder a la Pediatría de Atención Primaria el control de la frecuente patología crónica o recurrente, presidida por el asma bronquial, sin olvidar la discapacidad y las malformaciones. Este gran grupo de la Pediatría actual no debería quedar limitado al pediatra especializado en el hospital, cuestión sobre la que he insistido más de una vez.

¿Cómo actúa el pediatra de Atención Primaria? He podido captar en un plano conceptual más general, que la Pediatría de Atención Primaria consigue prevenir la enfermedad, diagnosticarla y curarla, muchas veces con el único recurso de: la entrevista, el examen clínico, la aplicación de vacunas y una medicación individualizada y sencilla. Es, por tanto, una Pediatría eficiente y económica, demostrando que todavía es posible nuestra actuación, sin necesidad de los costosos y a menudo agresivos exámenes diagnósticos complementarios que, en ocasiones, necesitan acudir al hospital, rompiendo la cadena de la buena relación del pediatra con el niño y su familia. Y, todo lo dicho, con la debida aptitud y una actitud positiva y modesta para reconocer las limitaciones del pediatra de Atención Primaria, que sabe no cruzar la línea roja que le separa del denostado sabelotodo y espera la debida comprensión del especialista hospitalario y de la familia, para no caer en los excesos de la Pediatría defensiva. No hay que banalizar esta Pediatría, sino aceptar su complejidad y conforme cambia nuestro medio (distinto del propio de un país en vías de desarrollo), ir añadiendo entre sus cometidos, la atención de la patología crónica y la de baja prevalencia, para evitar errores o reclamaciones que entre otras cosas disminuyan su prestigio.

Si lo mencionado hasta ahora parece mucho, hay que sumar la vertiente educativa de la Pediatría de Atención Primaria, para muchos una tarea básica y cada vez más importante. En ella, hay oportunidad para que se convierta en realidad que todos los médicos, y por tanto los pediatras, debemos enseñar. Por supuesto, que el potencial docente de los modernos centros de Atención Primaria debería ser más aprovechado en la enseñanza de la Pediatría en la fase de grado y mucho más en la de posgrado, con un residente dedicado verdaderamente a la Atención Primaria, como está legislado y me temo que mal cumplido.

La formación de los pediatras en Atención Primaria necesita seguir mejorando. Hasta ahora se ha basado en el autoaprendizaje y en los cursos de perfeccionamiento. Esto ha motivado lógicas reclamaciones, pero precisamente son dos actividades docentes que persisten y destacan en las presentes orientaciones para la enseñanza de la medicina. Por otro lado, cuando reviso el sumario de los Tratados de Atención Primaria y los de Pediatría global(1-4), compruebo que van disminuyendo las diferencias en el caudal de conocimientos. La ayuda del profesor, ahora menos patente que en épocas previas, está en ser tutor y orientador, subrayando lo más interesante según el tipo profesional del pediatra, desde la Atención Primaria a la más reciente especialidad, pero abriendo un surco en el cerebro del estudiante o médico joven, en donde puede permanecer una semilla de inquietud, que germinará cuando la situación sanitaria lo necesite, y así el pediatra podrá amoldarse pronto a un cambio de la patología, del entorno o del sistema asistencial.

Y si el trabajo clínico de cada día se hace bien, como es la regla, ahí empieza la posibilidad de realizar una investigación clínica de futura trascendencia, incluso más que un brillante trabajo de tipo bioquímico o genético. Recuerdo aportaciones de colaboradores cercanos sobre: las urgencias, el tabaquismo, la drogadicción, los efectos del divorcio sobre los niños, los accidentes, las intoxicaciones y la patología de los grupos marginados. En otros casos, ha sido la comprobación de la eficacia de un protocolo o una guía de cuidados.

Horizontes futuros

Termino con este apartado a petición del Dr. de la Flor, si bien me gusta hablar más del presente, y algo del pasado como raíz de la actualidad. Seguramente, el futuro no será igual al que se atreve a imaginar cualquiera, pero limitados a un horizonte no demasiado lejano, los principios básicos de la Pediatría de Atención Primaria se van a diferenciar poco de su concepto actual, a no ser en cuanto a su continua ampliación y perfeccionamiento, sobre todo en su organización, metodología y formación. Por tanto, debe mantener la tendencia hacia una Pediatría unitaria, donde los datos principales sean comunes con otras maneras de asistir al niño sano y enfermo. Seguirá siendo una Pediatría global o integral, que comprenda toda la patología, pero ampliada a los aspectos del niño sano y los relativos, tanto a la vertiente somática como a la psicológica, ética y social, estando dispuesta a cambiar su programa conforme cambien los problemas de salud, con aparición de alguna patología nueva que no soy capaz de predecir. Mantendrá su talante de una Pediatría accesible, es decir, de primer contacto, al estar más próxima a la familia, al niño y al adolescente. Debe luchar por una atención continuada, empezando por la preocupación por el niño antes de nacer y en todos los periodos de la edad pediátrica, sin eludir la peculiar clínica del adolescente, procurando su continuidad con el adulto, cuya salud puede ser promocionada de manera creciente ya en el niño, como consecuencia de una buena orientación de la Atención Primaria. Por consiguiente, será coordinada con otros servicios sanitarios, especialmente la Pediatría hospitalaria, y con los mismos colegas que formen el equipo de Atención Primaria para una buena asistencia y, al mismo tiempo, evitar el aislamiento o la soledad de este pediatra. Posiblemente, no dejará de atender los aspectos de gestión, a fin de una utilización sostenible de los recursos sanitarios y hacer más eficiente el trabajo clínico al contar con nuevas técnicas de laboratorio o de imagen fáciles de realizar de forma ambulatoria, lo mismo que seguirá su lucha para adaptar el número de pacientes al tiempo disponible o evitar la duplicidad de pruebas. La planificación futura no debe olvidar la investigación (clínica, terapéutica, epidemiológica, pero también básica, participando en un equipo) y la conveniente docencia, que debe significar una parte del horario, utilizando esta plataforma para denunciar las deficiencias y proponer las soluciones, desde el convencimiento de que es un tipo de Pediatría imprescindible ante el panorama actual de una especialización creciente.

Bibliografía

1. Bras J, De la Flor J et al. Pediatría en Atención Primaria. 3ª edición. Barcelona. Elsevier-Masson. 2013.

2. Cruz M. Tratado de Pediatría. 10ª edición. Madrid. Ergon. 2011.

3. Del Pozo J, Redondo A, Gancedo C, Bolívar V. Tratado de Pediatría Extrahospitalaria. 2ª edición. Madrid. Ergon. 2011.

4. Muñoz Calvo MT, Hidalgo MI, Clemente J. Pediatría Extrahospitalaria. 4ª edición. Madrid. Ergon. 2008.

 

Segunda etapa de Pediatría Integral: continuación y renovación

Ines Hidalgo Vicario
Editorial


M.I. Hidalgo Vicario

Directora Ejecutiva de Pediatría Integral

«Pediatría Integral es fruto de un gran trabajo colectivo y nos pertenece a todos los pediatras; cuando una obra escrita se publica, adquiere dimensión y universalidad«

 


SEGUNDA ETAPA DE PEDIATRÍA INTEGRAL: CONTINUACIÓN Y RENOVACIÓN

Este año 2015, tenemos el honor y la satisfacción de celebrar el 20º aniversario de la revista Pediatría Integral, órgano de expresión de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención primaria (SEPEAP). Quiero agradecer al director y subdirectores anteriores, su extraordinario esfuerzo para la fundación y progresión de la revista. El Dr. José del Pozo Machuca, director fundador, expuso en una editorial previa, el nacimiento y la historia de la revista; me corresponde exponer lo que se ha realizado en los últimos casi seis años, desde que asumí la dirección, tras las elecciones realizadas en el XXIII Congreso de la Sociedad, en octubre 2009, así como los planes de futuro inmediato; la vitalidad de cualquier obra humana exige su constante revisión y renovación.

En primer lugar, deseo dar las gracias a Pediatría Integral (PI) por haberme permitido emprender un proceso de aprendizaje y enriquecimiento personal, con un amplio grupo de profesionales, amigos y compañeros. La gran fortaleza de la revista ha sido y es, servir a la formación continuada del Pediatra Extrahospitalario y de Atención Primaria (AP), así como a los residentes y otros profesionales, revisando y actualizando las diferentes materias de la Pediatría.

Como todas las revistas vinculadas a una sociedad científica, nuestra revista tiene una serie de funciones importantes: ofrecer el conocimiento científico actualizado, acreditado por su certificación de la calidad; dar sentido a la Sociedad como institución que debe generar herramientas útiles para los pediatras; constituir un vehículo de comunicación e intercambio entre la Sociedad y sus socios; estimular la discusión, el debate y la búsqueda del saber, para de esta forma elevar la calidad del trabajo, generando ideas que conducen a nuevas ideas; contribuir a la formación y enriquecimiento de las personas en diferentes y múltiples áreas; y, finalmente, recoger la historia y la memoria de la Sociedad, asegurando la estabilidad de la información.

Cuando asumí la dirección, junto con el equipo formado por los Dres. Josep de la Flor i Bru, Juan Carlos Silva Rico y Jesús Pozo Román, teníamos claro que la Formación Continuada (FC) y la investigación, en busca de la mejor evidencia científica, son fundamentales para mantener al día los conocimientos de los profesionales y el desarrollo de la salud infantojuvenil.

El concepto de salud ha ido evolucionando en los últimos años; así, la OMS la definía en 1946 como la ausencia de enfermedad, contemplando solo el aspecto biológico. En 1976, como un estado de completo bienestar físico, mental y social, que apuntaba ya hacia una salud integral; y en 1997, la OMS y la OPS (Organización Panamericana de la Salud), la definen como: un proceso continuo que satisface necesidades, desarrolla competencias, habilidades y redes sociales. El desarrollo humano integral es un derecho fundamental. La Medicina avanza ininterrumpidamente en sus diferentes ámbitos, nuevas enfermedades con formas diversas de manifestarse, avances en el campo de las inmunizaciones, progresos en nutrición, formidable desarrollo en la genética molecular, novedosas técnicas de diagnóstico por la imagen, actuaciones preventivas y resolución de conflictos bioéticos, entre otros. Todos ellos y muchos más son de obligada puesta al día del pediatra de AP y demás profesionales, para mejorar sus competencias. Las tres grandes dimensiones que configuran una competencia son: saber (conocimientos), saber hacer (habilidades) y saber ser (actitudes). Todo profesional que acaba su especialización debe continuar su formación a lo largo de su ejercicio profesional para mantenerse actualizado. La Pediatría es un tronco único del que brotan las diferentes especialidades, incluyéndose entre ellas, la Atención Primaria. El niño, según la Carta Europea de los Derechos del Niño, toda persona menor de 18 años, es una unidad biopsicosocial singular y requiere una atención coordinada entre los diversos especialistas, así como entre los diferentes niveles asistenciales. La coordinación AP-especialidades debe ser mutua y en ambos sentidos, y quedar impresa en las revistas de formación, favoreciendo la colaboración de pediatras, los MIR y resto de profesionales.

Durante estos años se ha trabajado con rigor, responsabilidad, esfuerzo y pasión, para conseguir los objetivos marcados.

En abril de 2010, se obtuvo la Acreditación del Sistema Español de la Formación Médica Continuada (SEAFORMEC), en base a la encomienda de gestión concedida por los Ministerios de Educación, Cultura y Deporte, y de Sanidad y Consumo al Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, reconocidos por la European Accreditation Council for CME (E.A.C.C.M.) de la U.E.M.S. (Union Européenne des Médecins Spécialistes). El programa de 10 números anuales de PI obtuvo 3,6 créditos/número. El objetivo principal de la acreditación era mejorar la oferta educativa, garantizando la calidad de los contenidos, y constituyó un estímulo para los autores, al mejorar la calidad de sus contribuciones a la revista e igualmente para los lectores, al facilitar su valoración de interés, competencia, dedicación y esfuerzo. Posteriormente, en enero-febrero 2012, se consiguió la ACREDITACIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA DE LOS PROFESIONALES SANITARIOS, de carácter único para todo el Sistema Nacional de Salud; en la actualidad, PI cuenta con una acreditación de FC de 6 créditos/número. Para conseguirla, los alumnos deben responder positivamente al 85% de las preguntas de los diferentes cuestionarios de acreditación.

En enero-febrero de 2011, coincidiendo con el inicio del V curso, Pediatría Integral iniciaba una nueva etapa, pretendiendo el aumento cuantitativo y cualitativo de los estándares alcanzados hasta ese momento: nueva imagen más moderna de la revista, nuevas secciones para una mayor participación de los pediatras de AP y MIR de pediatría, nuevos colaboradores tanto de AP como de la atención hospitalaria, divulgación más rápida con mejor accesibilidad y visibilidad a través de la Web y técnicas informáticas. Los alumnos podían ya realizar casos e imágenes clínicas interactivas, los cuestionarios de acreditación y obtener sus créditos directamente a través de la Web SEPEAP www.sepeap.org. Se disponía de la revista en dos formatos: envió domiciliario de la revista impresa y a través de un portal gratuito www.sepeap.org, para acceder a cada uno de los trabajos en tiempo real. Además de los temas de FC, se incorporaron nuevas secciones:

Regreso a las bases: cuyo objetivo era revisar de forma sintética aspectos básicos de anatomía, fisiopatología y semiología, necesarios para la práctica clínica y que podían haber quedado algo olvidados. Ejemplo: Semiología básica en radiografía de tórax.

Brújula para educadores: artículos para mostrar a los pediatras las nuevas tendencias en Psicología Evolutiva y el papel que pueden jugar en la mejora de la educación, y el modelo pedagógico de la UNIVERSIDAD DE PADRES. Dirigido y realizado por José Antonio Marina, catedrático de Filosofía y director de la Universidad de padres, iniciando también un “consultorio pedagógico” para todos los lectores. El objetivo final era ayudar a los padres en la educación de sus hijos. Ejemplo: la sociedad educadora, la formación del carácter, valores y virtudes, limites disciplina y castigos…

El rincón del residente: apuesta de la revista para ser de utilidad a los residentes y al pediatra de AP. Espacio para publicaciones hechas por residentes sobre casos e imágenes clínicas, actualización bibliográfica (“A hombros de gigantes”) y herramientas de utilidad para la práctica pediátrica del mundo del Internet (+Pediatri@). Sección coordinada por residentes y supervisada por el comité editorial de Pediatría Integral. Anualmente, se otorgan 3 becas/premios con dotación económica a los dos mejores casos clínicos y a la mejor imagen clínica publicados en la revista durante el curso –septiembre a octubre del año siguiente–, entregándose en el Congreso de la SEPEAP.

Sección “De interés especial, para artículos enviados por los lectores con particular utilidad y beneficio para los pediatras de AP.

Conscientes de la importancia de la formación de los residentes de pediatría, se contactó con las Unidades Docentes hospitalarias, ofertando a estos la posibilidad de hacerse socios y recibir gratuitamente, mientras durase su residencia y un año más, Pediatría Integral, así como su colaboración en el rincón del residente. Ello ha motivado que, actualmente la Sociedad cuente, entre sus socios, con unos 1.000 residentes y con su participación activa en la revista.

En marzo de 2012, nacía Pediatría Integral en formato digital: www.pediatriaintegral.es, como complemento necesario a la edición impresa, ya que las revistas digitales constituyen una poderosa herramienta para ofrecer y compartir información. Entre sus múltiples ventajas están: la universalidad y facilidad de acceso, la rapidez, la actualización inmediata y constante, la posibilidad de compartir elementos multimedia, la comunicación bidireccional, accesibilidad desde cualquier dispositivo con conexión a internet y estadísticas de uso entre otras. Nuestro objetivo no era ser solo la versión electrónica de la edición impresa de la revista, sino algo mucho más amplio, útil, dinámico y universal, con la incorporación e implementación de las nuevas tecnologías y posibilidades para convertirla en referente de los pediatras españoles. Con este objetivo, se siguen introduciendo cambios que, sin duda, han ayudado a consolidarla como herramienta de apoyo a todos los profesionales interesados en el campo de la Pediatría. En la actualidad, las visitas diarias “on-line” son superiores a 4.000.

Pediatría integral, aunque es fundamentalmente una revista de revisiones, ha mejorado sensiblemente su factor de impacto, que ha ido progresivamente aumentado de 0,026 (en 2010) a 0,143 (en 2012) y 0,187 (en 2013) (SJR Scimago Journal Ranking, que mide el impacto, influencia y prestigio, valorando el nº de interacciones en los 3 años previos) y, en la actualidad, está situada la tercera en el citado ranking de nuestro país, después de Anales de Pediatría y Acta Pediátrica Española.

A primeros de 2014, por varias circunstancias, la dirección de la SEPEAP acordó el cambio de las empresas que gestionaban la página web y la edición en papel de Pediatría Integral, lo que afectó de forma importante a la edición, distribución, cumplimentación de los cuestionarios y acreditaciones. Tras un arduo trabajo del Consejo Editorial, de la nueva empresa editorial y del nuevo responsable de la página Web, se ha conseguido editar todos los números retrasados, actualizando las acreditaciones y ya en 2015, año del inicio del VI curso, comenzar las publicaciones sin retrasos. La SEPEAP ha dado prioridad y ha asumido un gran esfuerzo económico para que todos los socios vuelvan a recibir Pediatría Integral en su domicilio. Quiero, desde estas líneas, expresar mi agradecimiento a la actual Junta Directiva y, especialmente, a su presidente Venancio Martínez Suárez, porque, en la difícil situación actual, ha conseguido gestionar la edición impresa de la revista. Estoy segura que todos sabrán agradecerlo y, sin duda, constituye una excelente noticia para la celebración del 20º aniversario de la revista. Además, a lo largo de los 10 números del año, se está planeando publicar artículos especiales por personas de reconocido prestigio de la Pediatría española y de otras disciplinas. Varios distinguidos autores, como el Profesor Cruz, que colabora en este número, han aceptado participar en nuestra celebración y, desde aquí, les agradecemos estas contribuciones, que sin duda suponen un gran esfuerzo y un honor para nosotros. También, es el momento de agradecer a todos los autores, pediatras y otros especialistas, su colaboración en este proyecto.

Deseo terminar esta editorial diciendo que la revista está al servicio de sus lectores, los socios de las SEPEAP y de todos los pediatras, y seguirá el camino trazado con continuas innovaciones y mejoras. Entre las perspectivas futuras, se encuentran: seguir mejorando el nivel de los trabajos de formación continuada, introducir nuevas secciones, implementar Pediatría Integral digital a través de las Redes Sociales, lograr una mayor colaboración de los pediatras, publicando trabajos de Investigación en AP, y seguir incrementando la difusión de la revista en las unidades docentes, con los residentes y en los diferentes países de habla hispana.

Pediatría Integral es fruto de un gran trabajo colectivo y nos pertenece a todos los pediatras; cuando una obra escrita se publica, adquiere dimensión y universalidad.

 

El futuro de la Pediatría en España en el siglo XXI

V. Martínez Suárez
20 Aniversario


V. Martínez Suárez

Presidente de la SEPEAP.
Centro de Salud El Llano, Gijón

 


20 aniversario

El futuro de la Pediatría en España en el siglo XXI

El papel del médico en el siglo XXI no será esencialmente distinto al que pudiera corresponderle en el año 1999 ni al descrito por Hipócrates en el año 400 a.C. Y que en lo más importante tiene que ver con el satisfacer las necesidades de sus pacientes cuando requieran de su saber para solucionar o evitar sus problemas de salud. Lo mismo podemos afirmar al considerar e interpretar el sentido de la práctica pediátrica. Los retos de la medicina infantil y el momento evolutivo de la Pediatría podrán variar en su propio concepto, en relación a las diferentes áreas geográficas y al grado de desarrollo socio-económico de las comunidades a las que se quieran referir, pero el pediatra del futuro tendrá que ser un profesional con saberes técnicos sólidos, que tenga consistencia para abordar las limitaciones y conflictos del niño y que en su actividad clínica sea, a la vez, capaz de generar conocimientos.

Hoy parece que tras un período de confusión y crisis, la situación de la pediatría en nuestro país es notablemente mejor que hace pocos años. Como idea general, es fácil defender que actualmente estamos en plena época de “especialismo”, lo que supone la noción de un conocimiento más profundo y detallado de aspectos monográficos o parciales de la pediatría. Esta tendencia de la medicina infantil no tendría que ser del todo mala si se mantuviera como complementaria y dentro del conocimiento completo del niño como valor esencial y de verdadera función integradora. Sin embargo, existe un riesgo claro de llevar la pediatría a una especialidad “de órganos”, de subespecialidades fragmentarias y transversales, con la pérdida del conjunto, que es su razón de ser y de estar. Es por eso que la permanencia y el fortalecimiento de nuestra especialidad en el primer nivel de asistencia resultarán decisivos para garantizar el desarrollo de todo su poder de acción, llevando hasta sus últimas consecuencias la medicina total de la infancia.

Cualquier peligro puede verse aumentado por la burocratización de nuestro trabajo, en el que se priorizan demasiadas veces unos objetivos aislados y coyunturales que están muy distantes del objetivo principal, que tiene que ser de asistencia directa a las necesidades del menor. Desburocratizar poniendo a prueba las actividades puramente burocráticas, desideologizar algunos planteamientos de los sistemas sanitarios y profesionalizar la gestión, son tareas que tendremos que discutir y replantear los próximos años. Habrá que combatir la tentación de convertirnos en tecnócratas capaces de consumir grandes recursos y dar respuestas rápidas y eficientes a problemas médicos menores o inexistentes. Es muy importante tomar la iniciativa para abandonar un camino que puede llevar a formar burócratas de la sanidad en vez de pediatras competentes, capaces de resolver los problemas esenciales y complejos en su relación con pacientes y familias.

Estamos obligados a poner como referencia la calidad del proceso asistencial, el uso adecuado de los servicios, la racionalización del gasto sanitario y la satisfacción del usuario. Y este parece un momento oportuno y apropiado para cambiar. Pero también debemos llamar la atención sobre la repercusión de los nuevos conceptos de “gestión”, considerados como prioritarios y que ofrecen todavía escasa evidencia sobre algunos de los planes propuestos (o impuestos) y considerados exclusivamente desde el balance dinerario final. Por tanto, las intervenciones en gestión deben ser puestas a prueba, medidos sus resultados y evaluadas. Si no se hace así, corremos el riesgo, en palabras del recordado Profesor Sánchez Villares, de que “nuestra profesión pueda ser convertida por la Administración en un puesto laboral que desnaturaliza y despoja al médico de sus cualidades esenciales”.

El control de calidad –la medida de nuestro trabajo y su evaluación– debe existir y hacerlo como condición de mejora en los servicios. Pero no puede ignorarse que en un primer término esta idea deberá ser asumida por los propios pediatras y desde las previas condiciones de formación y reconocimiento. Si no es así, cualquier propuesta de cambio o renovación puede llevar a un cierto grado de pérdida de estimación por el pediatra general, figura esencial y verdadera referencia del sistema de atención a la infancia; sólo contando con el pediatra se podrán cambiar muchas cosas para aplicar nuevas ideas en la resolución de nuevos problemas.

Nuevos retos asistenciales

Los pediatras hablamos cada vez más de nueva morbilidad, con la exigencia de potenciar la faceta psico-social de la Pediatría. Esta demanda tiene en cuenta la comprensión, el estudio y la prevención, el despistaje precoz y tratamiento de los diversos problemas funcionales que afectan a la conducta, desarrollo e integración social del niño y problemas neuro-psiquiátricos que se hallan hoy con más frecuencia en la práctica pediátrica corriente. Tendremos que asumir una mayor preocupación por la adolescencia, las enfermedades de trasmisión sexual, las nuevas vacunas, la salud escolar y la prevención del fracaso escolar, de la violencia, la drogadicción y el alcoholismo infanto-juvenil, el maltrato y los desequilibrios nutricionales; deberemos adquirir un mayor compromiso con la medicina comunitaria y un papel más participativo y de coordinación en el cuidado de los niños crónicamente enfermos y con problemas pluripatológicos. Igualmente, los avances de la biotecnología aplicada a los alimentos van a constituir otro punto de interés y que nos ofrecerá nuevos conocimientos y aplicaciones.

Son todos asuntos que van a constituir un capítulo cada día más importante en las preocupaciones del pediatra. Pero en esa diversificación de sus ocupaciones deberá atender a la repercusión de los problemas ambientales sobre la salud, al diagnóstico y la terapia genéticos, a la prevención de las malformaciones congénitas y a las diferentes dudas que pueda plantear el niño con enfermedades oncológicas.

También la incorporación de las nuevas tecnologías tendrá un impacto y una proyección que posibilitarán y además impulsarán un nuevo manejo de todos estos cambios. Desde la máxima complejidad de los servicios especializados hasta la telemedicina, pasando por la reciente incorporación de los teléfonos inteligentes, el panorama se amplía y ofrece perspectivas difíciles de imaginar. Por otro lado, la complejidad tecnológica en materia de aparatología invadirá imparablemente el campo médico. Esta rápida evolución supondrá un gran costo y obligará a realizar una importante inversión y un uso más racional y priorizado de los recursos.

Finalmente, sentiremos la necesidad de darle una perspectiva de orientación moral y de valoración ética a las tensiones del niño ante la enfermedad y en su relación con el entorno familiar, escolar y social. Como pediatras deberemos responder cada vez más a esas situaciones de conflicto psicosocial de las familias y hacerlo con un sentido humano y desde el máximo rigor científico posible.

El gran reto de la formación: enseñar de forma distinta

Ser un buen médico es mucho más que tener unos conocimientos de medicina. Para llegar a serlo de forma completa es necesario integrar adecuadamente esos conocimientos ante cada paciente concreto, además de sumarle una actitud y unas habilidades que en su conjunto permitan ejercer adecuadamente nuestro compromiso profesional. Esas capacidades prácticas deben ser mantenidas en el tiempo. Por tanto, ser un buen médico exige actualización y renovación continua.

Hasta ahora la preparación del médico ha sido planteada dentro del marco de la formación continuada (FMC), que se ha definido como el “proceso de enseñanza y aprendizaje activo y permanente al que tienen derecho y obligación los profesionales sanitarios para actualizar sus conocimientos, habilidades y actitudes ante la evolución científica, las demandas sociales y del sistema sanitario”. No obstante su indiscutible valor y que a lo largo de los años se ha venido recogiendo evidencia de que induce cambios en la competencia, la FMC modifica poco las habilidades y menos todavía los resultados en el cuidado y pronóstico de los enfermos. Sería, por tanto, necesario que lograra introducir cambios y nuevas pautas que modifiquen la conducta tanto de los médicos como de los pacientes, lo que puede resultar difícil de conseguir. Para ello, habría que impulsar la valoración crítica y los meta-análisis sobre formación continuada, desarrollando sus contenidos desde la idea de FMC basada en la evidencia.

En los últimos tiempos se va imponiendo una nueva idea de profesional médico, cuya preparación ha de basarse en el concepto de profesionalismo, cuyos fundamentos (altruismo, disciplina, eficiencia y compromiso) han de ser la meta a conseguir. Esta formación debe establecerse sobre dominios como los valores profesionales (actitud, comportamiento y ética), habilidades clínicas, conocimientos médicos, comunicación con los pacientes y con los compañeros, aspectos de salud pública, análisis crítico e investigación y manejo de la información.

Esta nueva propuesta tratará de enseñar una nueva Pediatría (en los contenidos y problemas asistenciales), enseñarla de una forma diferente (enseñanza por competencias y mediante el uso cada vez mayor de nuevas tecnologías docentes) y enseñarla a personas diferentes (con la entrada en escena del Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado Sistema Bolonia). Y frente al concepto de Carrera Profesional se impondrá la idea de Desarrollo Profesional Continuo (DPC), que se basa fundamentalmente en la práctica y es para la práctica (in practice and on practice), lo que supondrá una transformación en la que las sociedades profesionales serán necesarias y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) tendrá que asumir el papel que le corresponde en la preparación de los nuevos pediatras. Este es un modelo para el futuro y basado en la competencia profesional de los pediatras, que se ha definido como la práctica clínica basada en el empleo juicioso del conocimiento médico y del razonamiento clínico, junto con habilidades técnicas y de comunicación, aplicados con actitudes positivas y valores; permite a los médicos actuar beneficiando a los pacientes y a la comunidad a la que pertenecen.

La formación basada en competencias se centra en el aprendizaje y requiere autoaprendizaje, autorreflexión y autoevaluación (todo ello documentado y supervisado). La evaluación externa de la competencia será el proceso por el cual observaremos la adecuación a la definición, la medimos y juzgamos tomando decisiones al respecto. Así que la forma ideal de evaluar será observando lo que el médico hace ante las situaciones que se generan en su consulta, siendo necesarios para ello instrumentos diseñados a tal fin, que se aproximan bastante a la realidad y garantizan un nivel óptimo para el desempeño de la profesión, detectar niveles peligrosos de la práctica y a la vez devolver al profesional un feedback sobre el cumplimiento de los contenidos y orientarlo hacia programas de formación. Como elemento clave del proceso de adquisición de competencias debe subrayarse que un buen sistema de evaluación mejora el aprendizaje y motiva; un mal sistema no sólo desmotiva, sino que desvía el aprendizaje y, lo más grave, no corrige errores, con lo que ello implica de cara a un correcto desempeño de la profesión (desde garantizar la seguridad del paciente, a una adecuada gestión clínica y una valoración de las consecuencias sociales de sus actuaciones desde criterios de equidad y justicia social).

Un marco para las habilidades y competencias del siglo XXI

La investigación, también clave para la mejora asistencial

De las tres funciones que para la competencia debe de desarrollar el pediatra de Atención Primaria (asistencial, docente e investigadora), son las dos primeras las que adquieren una mayor relevancia en nuestro quehacer diario. La asistencia sanitaria ha de ser el primer objetivo hacia el cual deben encaminarse los recursos y la actividad de todo el personal sanitario. Y la labor docente se reconoce como parte fundamental de nuestro trabajo, bien en forma de sesiones, de cursos, o por la presencia en la consulta de estudiantes y de médicos residentes. Sin embargo, la actividad investigadora tiene una menor relevancia, debido en gran parte a la fuerte presión asistencial, pero también a la creencia –alejada de la realidad– de que la investigación es propia de centros universitarios y hospitalarios, y que los centros de salud carecen de los medios necesarios para poder investigar. Los pediatras generales disponemos de suficientes recursos –que son los mismos que los del sistema sanitario en su conjunto–, incluidos sofisticados sistemas de búsqueda bibliográfica, pasando por asesoramiento metodológico y estadístico especializado, hasta becas de convocatoria regular para la financiación de proyectos. Desde la SEPEAP se han señalado aquellas razones que frenan la actividad investigadora por parte del pediatra de Atención Primaria y se ha declarado la necesidad de combatir esas limitaciones. Debemos ser conscientes de la dificultad y esfuerzo personal que supone el dedicar el escaso tiempo del que disponemos a tareas de investigación. Pero a las personas con inquietudes en este campo se les debiera facilitar el llevar a la práctica la hipótesis de investigación que pueda plantearle su trabajo diario y reconocer en la evaluación de sus méritos las aportaciones realizadas en este campo y su competencia. Tendremos que ponernos de acuerdo y situar definitivamente las actividades de investigación como componente principal del perfil del futuro pediatra, realizando periódicamente su cuantificación y con la implantación de su reconocimiento. Desgraciadamente, la mayoría seguirán optando por la imitación del conocimiento, asumiendo su papel de receptores pasivos, a pesar de disponer de casos y experiencia clínica para plantearse preguntas y responderlas, contribuyendo a mejorar el valor de nuestras intervenciones. Frente a este panorama, la herramienta indispensable, la que impulsa el avance en todas las áreas, la que genera conocimiento y plantea intervenciones efectivas, la que madura y consolida nuestro espíritu crítico, es la investigación.

El reto de la información y la comunicación

La influencia decisiva de la información sobre el estado de salud de la población infantil tendrá dos vertientes principales: la referida a la información que condiciona las intervenciones médicas y aquella que influye en las actitudes de las personas como pacientes o posibles enfermos. La primera tendrá que ver con la medicina basada en la evidencia (MBE), cuya rápida expansión no se justifica sólo por una necesidad de información seleccionada ni por la limitación de tiempo para el acceso a la misma; se explica también por el gran apoyo que representa para disminuir la variabilidad en la práctica asistencial y para la contención del gasto sanitario. Su aplicación resulta particularmente útil en entidades morbosas que presentan un gran impacto en el sistema sanitario por su alta incidencia. En términos epistemológicos es un intento de aplicar a la medicina actual la primera regla del Discurso del Método (“No admitir como verdadero aquello que con certeza no se conoce que lo es”), ofreciendo una información más confiable del “estado del arte”. Permite obtener información “científica” procediendo en su selección con orden y medida (con un método propio), generando en su aplicación una masa de conocimientos actualizados altamente probables. Por otra parte, puede ser ejercida por pediatras de cualquier nivel con tal que conozcan esa metodología básica para acceder a la misma y a su interpretación.

Sus procedimientos se irán imponiendo en los próximos años, aunque no está exenta de algunas críticas. Entre ellas, el que favorece la imposición de “clichés” para una asistencia basada únicamente en datos estadísticos, infraestimando la experiencia personal y la capacidad del médico frente a cada caso; quebrando, por tanto, el concepto de que “no existen enfermedades, sino enfermos”, fundamento del acto médico individualizado y de la relación hombre enfermo/hombre médico. Además, suele ignorar en la declaración de sus postulados sus propios sesgos y la falta de “pruebas” –cuestiones todavía sin respuesta y otras sin conclusiones estadísticas definitivas– sobre determinadas intervenciones y patologías en las que la prudencia y la experiencia razonada pueden avalar un determinado manejo. Finalmente, se señala su implantación con fines economicistas. Pero como balance puede decirse que con la MBE y sin la experiencia y el factor humano, la práctica profesional puede correr el riesgo de ser reducida a una “metodología” o a una ecuación, siendo inaplicable o inapropiada para un paciente individual. Y sin la MBE el ejercicio de la medicina introducirá sistemáticamente variabilidad perversa y se encontrará siempre atrasada, en detrimento de los enfermos.

La segunda vertiente de la información médica tiene que ver con nuestra presencia en el ámbito de la opinión pública y de los medios de comunicación. La gente –potenciales enfermos o consumidores del sistema sanitario– quiere leer, oír y ver notas sobre salud, lo que se acompaña por la creación de secciones especiales en los medios y publicaciones generalistas. Desde las revistas médicas se suele denunciar que la cobertura por los medios de masas de los asuntos médicos es sensacionalista, sesgada e imprecisa; que tiende a difundir aquellos estudios de menor calidad metodológica, o que omite aspectos tan relevantes como las limitaciones de los estudios, los conflictos de interés y la dimensión económica. El problema puede considerase inquietante porque estos medios poseen un enorme poder de influencia en las personas y los ciudadanos se ven profundamente afectados por ellos y se forman sus propias ideas sobre la manera de entender la salud y la enfermedad. Los médicos tendremos que ir aceptando que la medicina debe entablar un diálogo continuo con las comunidades en las que se practica y se halla inmersa; es una nueva responsabilidad que tendrá que ir formando parte de nuestros quehaceres diarios.

También los contenidos generados por los usuarios a través de blogs, sitios web personales y tecnologías de los medios sociales en línea se están expandiendo rápidamente y están multiplicando las informaciones. Algunos estudios muestran que la participación y el uso de sitios web y de redes sociales por los médicos son ya comunes y crecientes. Sin embargo, las normas y recomendaciones, protocolos y códigos deontológicos que rigen la conducta de los profesionales de la medicina no abarcan en la actualidad estas modalidades de comunicación profesional hacia la sociedad. No puede ocultarse que el uso inadecuado de estos medios puede resultar en daño a los pacientes y a la profesión, incluyendo violaciones de la confidencialidad; puede permitir la difamación de colegas o empleadores y la violación de los límites que determinan la propia naturaleza del acto médico. La integridad profesional de los pediatras también puede dañarse a través de información personal que se haga asequible a compañeros, a pacientes, al público general y a los empleadores. Los médicos tendremos que formarnos en este tema y extremar el cuidado en el uso de los medios sociales para asegurar que en ellos se mantienen los estándares profesionales, que son de imagen, de prestigio, de credibilidad y de un poder de influencia positivo.

Dimensión ética e impacto social

La sociedad española ha vivido en pocos años rápidos y significativos cambios sociales, jurídicos, económicos y políticos. La emergencia de la sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías, la convivencia de culturas diferentes, la diversidad religiosa, la aparición de nuevas formas de familia y la profunda crisis económica y social, son fenómenos que han cambiado y cambiarán la vida de las personas y su interpretación. En términos de derechos sanitarios se ha concedido una mayor competencia a la autonomía de los padres en los procesos de cuidado y crianza de sus hijos. También la nueva visión del niño como protagonista a tener en cuenta en los asuntos relacionados con su salud ha cobrado gran relevancia. Asimismo, la organización de los servicios de salud se ha establecido desde la “atención centrada en el paciente” y la continuidad asistencial. Todo ello ha originado nuevas situaciones que afectan a la noción salud-enfermedad, a la forma de entenderla y a la asistencia médica en todas sus modalidades. Y todos estos cambios teóricos y conceptuales alcanzarán profundas implicaciones de carácter práctico que no serán ajenas a la aparición de nuevas controversias.

La prestación de la atención médica, el desarrollo de hábitos saludables personales y la creación de un entorno social más justo, tienen –todos y cada uno– el potencial de mejorar la salud. Los beneficios de la atención médica pueden ser sustanciales y se pueden estimar con precisión. Los beneficios de un estilo de vida más saludable sólo se han alcanzado en un grado muy limitado, mientras que las desigualdades en materia de salud han aumentado y siguen haciéndolo. La SEPEAP, como institución representativa de la profesión pediátrica y de la salud infantil hasta el final de la adolescencia, quiere mejorar la organización de los servicios médicos infantiles, participando en la definición de sus obligaciones y el cumplimiento de las mismas. Asume la idea de la buena práctica médica, su función de abogado de la infancia y de apoyo de los valores profesionales. Ha manifestado repetidamente su compromiso con la mejora de los estándares y criterios de calidad en la atención médica infantil, comprometiéndose con la máxima seguridad del paciente. También con la promoción y auspicio de actividades de formación de la mayor calidad. En el ámbito de la bioética, en suma, mantendremos la referencia de los principios recogidos en nuestros propios estatutos, en las principales convenciones, acuerdos y declaraciones internacionales asumidas por el Estado español.

El pediatra del futuro, en suma, no sólo debe aspirar a ser un habilidoso clínico, sino también un eficaz docente, un investigador y un administrador eficiente de su tiempo y de sus recursos. Deberemos optar cada vez más por perfeccionar y desplegar habilidades en distintas áreas, ante los nuevos problemas y en las diferentes fases de nuestra vida profesional.

Referencias bibliográficas

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¿Cómo nace Pediatría Integral? Recuerdo histórico

Dr. José del Pozo Machuca
Editorial


Dr. José del Pozo Machuca

Director Fundador de Pediatría Integral
Presidente de Honor de la SEPEAP

 

«Espero ilusionado que en esta nueva etapa que emprende Pediatría Integral, se siga aumentando su extraordinario prestigio y continúe siendo fuente inagotable de conocimientos para la actualización de todos los profesionales relacionados, de alguna manera, con la salud y el bienestar integral del niño y del adolescente«

 


¿CÓMO NACE PEDIATRÍA INTEGRAL?
RECUERDO HISTÓRICO

Cuando la prensa biomédica escrita pasa, como ocurre en la actualidad, por tan difíciles momentos y carencias, la Directora de la revista Pediatría Integral, la Dra. Inés Hidalgo Vicario, me solicita que escriba unas líneas conmemorativas, como fundador de la revista, para que sirvan de recuerdo histórico en la celebración de los 20 años de su fundación. Al volver la cara atrás, cargado de añoranza y nostalgia, revivo también, los gratos recuerdos, retos e ilusiones, que nos incitaron, estimularon y acompañaron en la laboriosa y difícil tarea de gestar una revista pediátrica de Formación Continuada (FC). Fue tanto el empuje que pusimos en ello que, casi de forma meteórica, Pediatría Integral (PI) se constituyó en paladín de la FC a distancia en Pediatría extrahospitalaria. Veinte años nos contemplan, y repasando el exitoso devenir de la revista en el arsenal bibliográfico relacionado con la actualización pediátrica, prevalece en el recuerdo, de manera muy significativa, lo extraordinariamente laborioso que resultó fundar una revista por una Sociedad Científica joven que ya, de por sí, tuvo grandes dificultades y trabas para su propia fundación como Sociedad Científica dentro de la Asociación Española de Pediatría (AEP); porque, hay que reconocer que, en el sentir general de la Pediatría académica de aquella época, no era bien recibida una Asociación nacida de los desprestigiados Ambulatorios de la Sanidad Pública.

Tenemos que recordar que, pese a las dificultades, el 29 de octubre del año 1984, se consigue fundar la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP(SPEH), hoy Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP); y ya, en sus primeros Estatutos, se contemplaba la importancia que tiene la adecuación de los conocimientos pediátricos a los avances científicos y tecnológicos que venían acaeciendo en las últimas décadas. Los responsables de la dirección de la Sección, desde su primera Junta Directiva, presidida por el Dr. Prandi, considerábamos que la formación continuada en el ámbito de las ciencias de la salud era y es, no solo una exigencia profesional, sino también un derecho personal para la propia autoestima y un deber ético individual y colectivo; a lo que se añade, la seguridad de que se trata de un reconocido factor de mejora en la calidad asistencial y en la utilización racional de recursos, redundando en una cada vez mejor praxis en la asistencia integral del niño y del adolescente. Aunque la formación continuada en España estaba regida por las actividades de la Comisión Nacional de Pediatría, muchas Sociedades Científicas (SSCC) pediátricas contrastábamos que esta era una de las áreas más desasistidas, tradicionalmente, por los estamentos que debieran asumir la responsabilidad de una correcta y eficaz estructuración de la misma; y eran, precisamente estas SSCC, las que de alguna manera se ocupaban de suplir su deficiencia a través de Cursos, Congresos, Simposios, etc.

Es incuestionable que la formación posgrado en Pediatría (sistema MIR) que se desarrolla en España tiene una alta calidad, lo que hace que las cualificaciones de los especialistas en Pediatría puedan equipararse –o incluso ser superiores– a la del conjunto de la Unión Europea; pero no obstante, fuimos conscientes de que, tras la formación pediátrica hospitalaria, se hacía necesaria una actualización constante extrahospitalaria. Por aquellas fechas, la Confederation of European Specialists in Pediatrics (UEMS), a través de la CESP (Confederación Europea de Especialistas en Pediatría), el European Board of Pediatrics y la propia Comisión Médica de la Unión Europea estaban estudiando la posibilidad de confeccionar un programa que optimizara, armonizara y justificara la adecuada actualización en Pediatría, en todo el territorio de la Unión. Todos estos Organismos tenían importantes conexiones entre sí y definían lo que, en un futuro próximo, debía ser la formación posgraduada en Medicina para mantener una garantía de adecuada formación teórica y práctica, con el más alto nivel posible de todos los pediatras, acorde con los significativos avances en bioquímica, biología molecular, inmunología, nuevas vacunas conjugadas, nuevas técnicas de diagnóstico por la imagen, avances en nutrición pediátrica, etc.

La certidumbre que teníamos de que la actualización en Pediatría, no como vía de adquisición de nuevas titulaciones, sino como medio de actualización de conocimientos, manejo de nuevas técnicas y perfeccionamiento de habilidades adquiridas previamente, era una necesidad imperiosa, absolutamente indispensable, hizo que, al principio de los años 90, surgiera en nuestra mente la idea de organizar un medio eficaz de FC idónea y operativa, que pudiera llegar con eficiencia a todos los pediatras repartidos por los más apartados rincones de la geografía española, alejados, generalmente, de los Centros Hospitalarios de referencia.

Surge la idea y, ¡manos a la obra! Fueron tiempos difíciles, porque en realidad la AEP copaba, generalmente, todos los proyectos que la Industria solía financiar. No obstante, mi contacto con la Industria de Dietética Infantil, con ocasión de la celebración de la Primera Reunión Anual de la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP, celebrada en Sevilla el año 1986; mis posteriores años en la presidencia de la Sección y mi paso, también, por la Vicepresidencia de la AEP durante dos legislaturas sucesivas, bajo la presidencia de los Profesores Peña Guitián y Moya Benavent, respectivamente, me propiciaron contactos que posibilitaron el accesos a ejecutivos de distintas Casas de Dietética Infantil, a los que pude sugerir algunos proyectos. La idea fue tomando cuerpo y se barajaron distintos proyectos que se fueron concretando hasta que, finalmente, la Dirección general de Milupa acepta estructurar el proyecto de FC a distancia que le sugeríamos, y se acuerda editar una revista de educación integral del pediatra extrahospitalario, que registramos con el nombre de Pediatría Integral. Al principio, se presentó, como Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria y, posteriormente, a partir del Volumen 3, se constituyó también en Órgano de Expresión de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de la AEP (SPEH). Finalmente, como es conocido, pasó a ser la SEPEAP. El copyright fue al principio compartido por Milupa S.A., la SPEH y Ediciones Ergon S.A. Se empezaron a editar cuatro números al año y uno especial con los contenidos de los distintos Congresos de la Sociedad.

Comenzó con tan extraordinario éxito la revista que, en el Editorial del nº 1 del Volumen 2, llego a escribir el Dr. Prandi el siguiente comentario: ”En la última reunión del Working Group on Continuing Medical Education in Pediatrics, donde participé, en Graz (Austria) los días 16-18 de mayo de 1996, tuve ocasión de presentar nuestra Revista Pediatría Integral a los Delegados de los demás países de la Unión Europea, y quedó muy patente que en 1996 en Europa, Pediatría Integral es uno de los mejores Programas de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria, por sus posibilidades de actualización de conocimientos y de evaluación de la transmisión de los mismos”. La clave probablemente de los éxitos de la revista, residió en que se estructuró un programa completo, para el primer Curso, de 5 años de duración, en el que se editaron 24 números con 225 artículos de revisión, con otros tantos autores de relevante prestigio; considerándose por todos encomiable que los pediatras participaban, masivamente y de forma voluntaria, cumpliendo así las orientaciones sugeridas por la UEMS en 1994. Se eligió, para el primer Volumen, el tema monográfico “Gastroenterología y Nutrición Pediátrica”, y se tuvo en cuenta para los demás números, los consejos de la Sección de Educación Pediátrica de la AEP, del Consejo Nacional de Especialidades y de la UEMS, referidos a contenidos mínimos de formación especializada.

A partir del Volumen III, ocurrieron acontecimientos importantes en el devenir de la revista. Se consiguió el Certificado de Acreditación para los pediatras enrolados en el Programa, por el Instituto de Formación Médica Continuada de la Organización Médica Colegial (IFMC-OMC). Se acuerda una edición internacional, simultánea, con Portugal, y la edición, también, de un número monográfico como suplemento a cada Volumen, conteniendo casos clínicos y supuestos prácticos. Con la filosofía de que son los propios pediatras los que se someten a la formación, nace la idea de crear el Programa Integrado de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria (PIFCPE), como complemento práctico al programa teórico de Pediatría Integral, que facilitara la acreditación, editándose el primer suplemento monográfico del PIFCPE en Noviembre/1997. Al tratarse de gastroenterología y nutrición, se hizo en colaboración con la Sociedad Española de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica. No obstante, desafortunadamente, este proyecto no tuvo continuidad pese a la gran acogida inicial por problemas, fundamentalmente, de financiación.

Es indudable que el apoyo económico y técnico de Milupa S.A., a través del que, en representación de Milupa, actuó en los orígenes como Secretario de Redacción, Dr. Javier Morán, y la colaboración de D. Jaime Masip, de Ediciones Ergon S.A., respectivamente, contribuyeron de forma eficaz al éxito de la revista; sin olvidar por supuesto, la inestimable colaboración, de los primeros subdirectores: Dres. Antonio González-Meneses(†) y Carlos Marina López. No obstante, toda gran obra tiene también sus problemas y hubo una época con importantes dificultades. Por determinadas desavenencias, ajenas completamente a la SPEH, se cambió la Empresa Editora, aunque, posteriormente, tras difíciles negociaciones, se consiguió volver a Ediciones Ergon. Problemas económicos, por parte de la financiación de la edición portuguesa, hizo que se suspendiera esta colaboración con el país vecino. La revista era distribuida, en gran parte, por la red comercial de Milupa, de forma aleatoria, a veces discontinua, por los distintos Centros de trabajo y, Pediatría Integral, era más conocida como la Revista de Milupa. Eso nos inquietaba y preocupaba sobremanera y, tras múltiples y complejas negociaciones, no exentas de conflictos, con la Dirección general de Milupa de la época, consiguió Ergon el Copyright que, posteriormente, fue cedido definitivamente a nuestra Sociedad. A partir de entonces, la revista se distribuyó, exclusivamente, por correo postal personalizado, recuperando su entidad como Órgano de Expresión de la SEPEAP, aumentando de forma extraordinaria la aceptación por los pediatras, sin distinción de las áreas o Centros de ejercicio profesional, y aumentando considerablemente su prestigio científico.

Cuando dejamos la dirección de la revista, en noviembre de 2009, coincidiendo con el Volumen XII, nº 9, Noviembre 2009, Año XV Curso IV, se abre una nueva etapa, bajo el equipo formado por la Directora Dra. Inés Hidalgo Vicario, de reconocido prestigio científico, y por los Subdirectores Dr. Josep de la Flor i Brú y Dr. Juan Carlos Silva Rico, de extraordinaria capacidad organizativa, que comienza con renovadas ilusiones, como expresaba la Dra. Hidalgo en Desde la Dirección de dicho número: “Es para mí un gran honor haber sido elegida nueva Directora de Pediatría Integral, Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria, órgano de expresión de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP). Agradezco muy sinceramente a todos los compañeros y a la Junta Directiva de la SEPEAP que, tras las elecciones realizadas en el XXIII Congreso de nuestra sociedad los días 8-11 de Octubre 2009, ha depositado en mí su confianza”.

En efecto la Dra. Hidalgo, con su equipo, consigue dar un extraordinario impulso renovador a la revista, poniéndose de manifiesto estos nuevos cambios en el Volumen XV, Nº 1, Enero/Febrero 2011 donde, ella misma, se expresaba en el Editorial de dicho número en los siguientes términos:

“Con este número se abre una nueva etapa que aspira al aumento cuantitativo y cualitativo de los estándares alcanzados hasta el presente: nueva imagen más actualizada, nuevas secciones en la revista para una mayor participación tanto de los pediatras de Atención Primaria (AP) como de los MIR de pediatría, nuevos colaboradores, divulgación más rápida, mejor accesibilidad y mayor visibilidad de las actualizaciones y puestas al día de los diferentes temas de la pediatría…..”. Con estas perspectivas y proyectos de la nueva etapa, continúa la revista aumentando su prestigio y aceptación. Con la buena gestión del Equipo de Dirección se consigue la concesión de 6 Créditos por número, por la Comisión de Formación Continuada del Sistema Nacional de Salud, por cuya acreditación veníamos luchando hacía varios años, sin conseguirlo, ante el Servicio Andaluz de Salud, cuando la sede de la SEPEAP radicaba en Sevilla, y argumentaban como obstáculo que era una Asociación nacional y, el argumento de Madrid, que la sede estaba en Sevilla.

Comentábamos al principio, los malos momentos por los que pasa en la actualidad la prensa médica impresa, y Pediatría Integral no iba a ser una excepción. Comienzan las dificultades económicas y se produce una interrupción en la distribución. La Junta Directiva, con buen criterio, realiza una encuesta sobre las preferencias de recibir la revista on-line o en papel y, me consta que muchos –al menos en los ambientes pediátricos en los que me desenvuelvo–, han elegido seguir con la recepción en papel, independientemente de la accesibilidad en Internet.

He comentado en otros foros, y me atrevería a repetir aquí, que la literatura médica podía convivir con la prensa difundida a través de Internet, basados en distintas opiniones autorizadas, que miran con optimismo, al futuro de la prensa escrita –con las que coincidíamos–, y enfatizábamos en que el éxito, la supervivencia y viabilidad de este género de prensa no depende de su competencia con las nuevas corrientes, sino de sus contenidos y de las evidencias científicas de los trabajos publicados.

Espero entusiasmado que en la nueva época que emprende Pediatría Integral, se siga aumentando su extraordinario prestigio y continúe siendo fuente inagotable de conocimientos para la actualización de todos los profesionales relacionados, de alguna manera, con la salud y el bienestar integral del niño y del adolescente. Reconozco y agradezco el esfuerzo que hace la Junta Directiva de la SEPEAP, y estoy seguro que el nuevo Equipo de Dirección, magistralmente encabezado por la Dra. Hidalgo, conseguirá con creces los objetivos propuestos.

No es fácil hacer un recuerdo histórico de una revista prestigiosa como Pediatría Integral; por ello, deseo pedir disculpas por la extensión de este texto –que puede tal vez disculparse por mi amor a la revista–, a la vez que expreso, una vez más, mi agradecimiento a las distintas Juntas Directivas, en las personas de sus presidentes respectivos, que no escatimaron esfuerzo, y de forma muy especial al Dr. Venancio Martínez Suárez, presidente actual de la SEPEAP, que en época tan difícil para la revista, está sabiendo magistralmente, encontrar soluciones a su supervivencia. Mi agradecimiento también a cuantas personas y entidades han colaborado con su esfuerzo, dedicación y aportaciones científicas, al éxito indiscutible del Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria, Órgano de Expresión de la SEPEAP, a lo largo de estos últimos 20 años.

Gracias a todos

Dr. José del Pozo Machuca

  

 

 

 

 

El pediatra ante el síndrome alcohólico fetal. Un trastorno infradiagnosticado

Inés Hidalgo
Editorial

M.I. Hidalgo Vicario

Directora Ejecutiva de Pediatría Integral

«El síndrome alcohólico fetal es un trastorno frecuente y poco reconocido. Sus consecuencias afectan al individuo, su familia y a la sociedad en general. Los costes son muy elevados tanto en el aspecto personal como financiero. Es preciso concienciar a los profesionales sanitarios para que aumenten sus conocimientos, desarrollen y difundan tratamientos eficaces y estrategias de prevención en los diferentes niveles»

 


El pediatra ante el síndrome alcohólico fetal. Un trastorno infradiagnosticado

Recientemente, May Philip et al., han publicado en Pediatrics (noviembre 2014) un estudio que determina la prevalencia y características de los trastornos del espectro del síndrome alcohólico fetal (TESAF)(1). Se recogió una muestra en estudiantes de 1er grado (6-7 años de edad), en una comunidad representativa del medio oeste de EE.UU. Se extrajo una muestra aleatoria del 70,5% de todos los estudiantes de primer grado inscritos en las escuelas públicas y privadas. Se examinó su crecimiento físico, desarrollo, dismorfología, nivel cognitivo y comportamiento. Las madres de los niños fueron entrevistadas para valorar el riesgo. El estudio consideró los cuadros del TESAF, que incluye 4 diagnósticos: síndrome alcohólico fetal (SAF), SAF parcial (SAFp), trastorno del neurodesarrollo relacionado con el alcohol (NDRA) y defectos congénitos relacionados con el alcohol.

Las criterios dismorfológicos diferenciaron el SAF del SAFp entre sí y de los controles no expuestos. Los NDRA no se diferenciaban de manera clara de los controles. Los resultados en 7 pruebas cognitivas y de comportamiento eran significativamente peores en los niños con TESAF. Las variables de riesgo maternos más predictivas fueron: reconocimiento tardío del embarazo, la cantidad de bebidas alcohólicas consumidas 3 meses antes del embarazo, y la cantidad de consumo de alcohol referido por el padre del niño índice. A partir de los resultados finales, se utilizaron 3 técnicas para estimar la prevalencia. El SAF en esta comunidad oscilaba del 6 al 9 por cada 1.000 niños, el SAFp del 11 al 17 por 1.000 niños, y la tasa total de TESAF se estimó en 24 a 48 por cada 1.000 niños, o 2,4% a 4,8%.

Los autores concluyen que las cifras de los niños con TESAF, en su estudio, son mucho más elevadas que la mayoría de las estimaciones previas de la población general de los Estados Unidos, Europa o Canadá. Estudios previos en EE.UU., según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, así como del Instituto Médico, estimaban la prevalencia del SAF en una tasa de 0,2-1,5 por mil niños y de 0,5-3,0 por mil niños, respectivamente. Estos estudios se basaban en métodos pasivos (vigilancia o estudios basados en la clínica) y parece ser que han subestimado la tasa del TESAF. En este último estudio, financiado por los Institutos Nacionales de Salud y el Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo, se han utilizado parámetros más dinámicos como: el crecimiento, el desarrollo, el nivel cognitivo y el comportamiento.

El trastorno del espectro del síndrome alcohólico fetal (TESAF) es debido al consumo de alcohol materno durante el embarazo. Es un trastorno muy amplio y el SAF es solo la punta del iceberg. Hacia uno de los extremos puede estar la muerte fetal y el SAF. Si se avanza hacia el otro extremo, es posible encontrar efectos aislados del uso de alcohol prenatal: puede haber solo características faciales o solo problemas conductuales, cognitivos e, incluso, se puede ver un paciente con un cociente intelectual normal que no desarrolla todo su potencial.

El síndrome alcohólico fetal (SAF) es una de las causas más conocidas de retraso metal, ya que el alcohol es teratógeno, produciendo daños irreversibles en el Sistema Nervioso Central (SNC), además de afectar otros órganos y sistemas. No se conoce cuál es la cantidad segura de ingesta de alcohol durante el embarazo, por lo que se recomienda la abstinencia total a las madres gestantes. Se sabe que origina daños en todas las etapas del embarazo. En el primer trimestre causa anomalías estructurales: faciales, cerebrales; en el segundo hay más riesgo de aborto espontáneo y en el tercero disminuye el peso, la longitud y el crecimiento cerebral. Aproximadamente, el 70% de los niños con alta exposición prenatal al alcohol tienen alteraciones neuroconductuales, incluso si no cumplen con los criterios para SAF. Además, el 85% tienen otros factores de riesgo prenatales y postnatales, que contribuyen a los problemas neuroconductuales, por ejemplo, el cuidado prenatal deficiente, la exposición a drogas ilícitas, una historia familiar de problemas de aprendizaje, negligencia, abuso, etc.

El alcohol atraviesa libremente la placenta, por lo que los niveles de alcohol en sangre fetal se acercan a los niveles maternos a las dos horas de la ingesta materna. El feto es particularmente vulnerable al consumo materno de alcohol, debido a la eliminación ineficiente y a la exposición prolongada. El alcohol se elimina del compartimento fetal con una tasa de solo el 3 al 4%, respecto de la tasa materna. Además, gran parte del alcohol se excreta por el feto en el líquido amniótico y se “recicla” a través de la deglución fetal del líquido amniótico y la absorción intramembranosa. El daño depende de la cantidad ingerida, el patrón y tiempo de ingesta, la capacidad materna de metabolizarlo y múltiples factores individuales como polimorfismos del gen ADH1B (alcohol deshidrogenasa 1B). El cómo se producen las alteraciones no está bien determinado, pero incluye: estrés oxidativo, defectos de cierre del tubo neural/migración neuronal y alteraciones endocrinas.

Las anomalías clínicas mayores que se utilizan para el diagnóstico son: dismorfias faciales, retraso del crecimiento pre y/o postnatal y deterioro del SNC, tanto estructural como funcional (cognitivo) y alteraciones neurológicas más o menos severas (alteración de los reflejos, la coordinación, el equilibrio…)(2).

Las características clínicas pueden variar con la edad. Los dismorfismos faciales pueden ser evidentes al nacer, aunque pueden no ser reconocidos: hendiduras palpebrales cortas, labio superior delgado, filtro suave, microcefalia. El retraso del crecimiento puede ocurrir antes del nacimiento o después (peso y/o talla < P10). El deterioro del SNC puede no ser evidente hasta que el niño está en la escuela. Se pueden observar síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del sueño, del humor, desinhibición… Los estudios de neuroimagen y patológicos en humanos y modelos animales con exposición prenatal al alcohol demuestran una estructura y función del cerebro anormales. Las anormalidades incluyen: disminución del volumen cerebral con reducciones específicas en lóbulo frontal, cuerpo estriado, núcleo caudado, tálamo y cerebelo; adelgazamiento del cuerpo calloso; y funcionamiento anormal de la amígdala. Estas áreas influyen en el control de impulsos y el juicio, la transferencia de información entre los hemisferios, la memoria y el aprendizaje, la coordinación motora, la capacidad de trabajo hacia las metas, y la percepción del tiempo. Se puede encontrar un CI entre 20 y 120. No hay forma de distinguir el trastorno neuroconductual producido por el alcohol del producido por otros factores ambientales, es necesario por ello, conocer si hubo exposición fetal al alcohol.

Pueden verse otras anomalías menores: alteraciones de las orejas, labio leporino, paladar hendido y clinodactilia. Igualmente, otros defectos estructurales sistémicos, pueden ser: cardíacos, músculo-esqueléticos, renales, oculares y auditivos, entre otros.

Las dismorfias faciales y anomalías menores deben estar presentes para realizar el diagnóstico de SAF y SAFp, pero no son necesarias para el de NDRA, por lo que puede ser más difícil de reconocer. El retraso del crecimiento pre o postnatal es un rasgo característico del SAF, puede ser parte de las manifestaciones clínicas de SAFp y NDRA, pero no es necesaria para el diagnóstico. La afectación del SNC es un rasgo característico de SAF, y se requiere para el diagnóstico de SAF y NDRA. Puede ser parte de la clínica del SAFp, pero no es necesario para su diagnóstico (Tabla I).

Los niños con TESAF, particularmente los que permanecen sin diagnosticar y tratar, se encuentran en alto riesgo de efectos adversos a lo largo de la vida: abandono escolar, problemas con la ley, desempleo, pobreza, derivación a servicios sociales, abuso de sustancias, conducta sexual arriesgada, problemas crónicos de salud mental, y también de muerte prematura. Sus familiares también tienen mayor riesgo de todo lo referido.

No existen unos criterios diagnósticos universalmente aceptados para el TESAF(2). Hay varios esquemas diagnósticos desarrollados por diversos consensos de expertos. Todos ellos se centran en la dismorfia facial, el retraso de crecimiento y la afectación del SNC, pero pueden diferir en los requisitos a cumplir. Se puede usar el dado por la Academia Americana de Pediatría(3,4), pero las preferencias pueden variar. Para el diagnóstico, es preciso cumplir los criterios clínicos expuestos, confirmar la exposición prenatal al alcohol, la exclusión de otros posibles diagnósticos y comorbilidades, y determinar el perfil neuroconductual del paciente. Se tendrá en cuenta la presencia de posibles factores de riesgo. Si se sospecha el cuadro, se derivará a un equipo multidisciplinar con experiencia: pediatra, neurólogo, psicólogo, logopeda y genetista. Este último es muy útil para excluir otros síndromes o diagnósticos coexistentes.

En definitiva, el TESAF es un trastorno frecuente y poco reconocido debido al consumo de alcohol materno durante el embarazo. A pesar de que es prevenible y se conocen muy bien los efectos prenatales del consumo de alcohol, siguen naciendo niños con el trastorno. Sus consecuencias afectan al individuo, su familia y a la sociedad en general. Los costes son muy elevados tanto en el aspecto personal como financiero. Es preciso concienciar a los profesionales sanitarios para que aumenten sus conocimientos, desarrollen y difundan tratamientos eficaces y estrategias de prevención, en los diferentes niveles.

El pediatra de Atención Primaria tiene un papel importante a desarrollar tanto en la identificación temprana de los pacientes afectados –ya que se asocia con mejores resultados– y también, para prevenir los TESAF en embarazos posteriores, identificando a las mujeres que consumen alcohol, animándolas a reducir/suspender ese consumo. Importante también será la educación en escuelas y población general, para que las mujeres eviten el consumo de alcohol antes de la concepción y durante el embarazo. Durante el diagnóstico y tratamiento de los TESAF, se pueden proporcionar estrategias educativas de ayuda a los padres y cuidadores:

• Enseñar que, un entorno familiar estable y afectivo puede proteger contra algunos de los problemas a largo plazo.

• Guías anticipadas de las dificultades neuroconductuales que pueden aparecer: memoria, comportamiento, pensamiento y comprensión de los síntomas.

• Desarrollar expectativas adecuadas. Enseñar técnicas de manejo de conducta. Preparar a los padres para los cambios relacionados con la edad, en el comportamiento y los riesgos (por ejemplo, riesgo de explotación por pares o conducta sexual inapropiada durante la adolescencia). Ayudar a reducir el estigma y la vergüenza. Evaluar a miembros de la familia para el uso de sustancias y la adicción, ayudándoles a obtener el tratamiento oportuno.

• Identificar los servicios de intervención disponibles (escuela, comunidad). Proporcionar información sobre las leyes de educación especial y favorecer la formación y adaptación de los pacientes según las diferentes edades, enseñando habilidades para la vida diaria (higiene, administración del dinero…) y profesional.

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4. American Academy of Pediatrics Fetal Alcohol Spectrum Disorders Toolkit. Algorithm for Evaluation of Fetal Alcohol Syndrome (FAS) and Fetal Alcohol Spectrum Disorders (FASDs) Within the Medical Home. Disponible en: www.aap.org/en-us/advocacy-and-policy/aap-health-initiatives/fetal-alcohol-spectrum-disorders-toolkit/Pages/Algorithm-for-Evaluation.aspx (Consultado diciembre, 2014).

 

Grupo TDAH de la SEPEAP

Grupo TDAH de la SEPEAP
Presentación


M.I. Hidalgo Vicario, P. Rodríguez Hernández, L. Sánchez Santos, J. Casas Rivero, P. Ruiz Lázaro

«El futuro de los niños es siempre hoy
Mañana será tarde»

(Gabriela Mistral)

 


Grupo TDAH de la SEPEAP

El desconocimiento de muchos profesionales del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), o achacarlo a otros problemas personales, familiares, etc., llegó al extremo de negar el TDAH y sembrar la desconfianza en el sector sanitario, en la sociedad y entre los propios gestores respecto a la necesidad de implementar respuestas terapéuticas adecuadas. Todo ello ha conducido a casos de infradiagnóstico e infratratamiento del trastorno y la evolución del cuadro con aumento de la comorbilidad y sus graves consecuencias.

Aunque el TDAH fue descrito hace más de 100 años, el mayor interés y conocimiento se ha producido en los últimos tiempos, acompañado de amplias y profundas investigaciones, siendo en el momento actual uno de los trastornos que más publicaciones genera. Especialmente importante han sido los avances en genética; se ha descubierto una tasa de heredabilidad del 80% y los cambios en el cerebro fundamentalmente funcionales. La etiología del TDAH se piensa que es multifactorial con una base neurobiológica y la interacción de factores genéticos, ambientales, perinatales y psicosociales. Cada vez se van conociendo mejor las bases etiopatogénicas, por lo que es seguro que en el futuro mejorarán los recursos terapéuticos y de esta forma la realidad clínica de los pacientes.

Hoy en día pocos profesionales discuten la existencia del TDAH, entendido como el trastorno de conducta más frecuente en la población infantojuvenil (aproximadamente un niño por aula). Tampoco se trata de un “constructo occidental”, ya que estudios realizados en Sudamérica, Asia, Oriente Medio o África muestran datos de prevalencia muy similares. Debido a su alta prevalencia (5-6,9%), a que es un proceso crónico que continúa en la edad adulta en un alto porcentaje de casos, al impacto que produce en el presente y futuro de la persona, y a su alta comorbilidad, el TDAH constituye un importante problema de salud.

En la actualidad, los facultativos que evalúan y atienden el TDAH suelen ser: psiquiatras infantiles, pediatras o neuropediatras. Todos los profesionales pueden tener alguna limitación para la atención de estos pacientes, ya que ni el pediatra ni el neuropediatra están muy familiarizados con la evaluación psiquiátrica y psicológica; mientras que, el psiquiatra no suele estarlo con los aspectos puramente pediátricos o neuropediátricos. Además, los cuestionarios o test que aplican pueden ser diferentes a los usados por psicólogos y psiquiatras. La comorbilidad más frecuente en el TDAH es la psiquiátrica, pero en nuestro país, la psiquiatría infanto-juvenil está muy poco desarrollada, hay pocos profesionales y faltan programas y recursos. Igualmente hay escasez de neuropediatras; además, existe una falta de coordinación entre los especialistas (Salud mental y Neuropediatría) y con otras áreas sanitarias como por ejemplo la Atención Primaria. Igualmente, hay una falta de continuidad de la Atención Pediátrica hasta la edad adulta. Es necesario establecer programas de transición del cuidado pediátrico a la edad adulta para no perder a los pacientes en el sistema.

Por todo lo anterior, el pediatra de Atención Primaria (PAP) debe conocer y formarse en TDAH para poder atender y ayudar a estos pacientes, así lo indica la Academia Americana de Pediatría en sus Guías de Práctica Clínica, tanto del año 2000-2001, como 2005 y recientemente en 2011, con una calidad de la evidencia B y recomendación fuerte: el pediatra debe adquirir la formación específica en el TDAH y una vez adquirida debe atender al niño integralmente”. El PAP es el profesional más cercano al niño y su entorno, el más accesible, es responsable de su salud integral y constituye la puerta de entrada al sistema sanitario.

El Grupo de trabajo sobre el TDAH de la SEPEAP se formó en el año 2004, como consecuencia de la participación previa de alguno de sus miembros en la iniciativa educativa EINAQ –European Interdisciplinary Network for ADHD Quality Assurance– (grupo de trabajo europeo sobre el TDAH). Uno de los objetivos fundamentales del grupo es actualizar y difundir el conocimiento sobre el TDAH para facilitar la formación de los profesionales, sobre todo pediatras y residentes de Pediatría, basada en la evidencia científica. De esta forma garantizar la calidad asistencial de estos pacientes.

El grupo está compuesto por pediatras de Atención Primaria y Hospitalaria y, desde entonces hasta la actualidad, ha realizado periódicamente diferentes actividades formativas y una continuada colaboración en los Congresos nacionales de la SEPEAP. Entre las actividades realizadas destacan:

El Curso EUROFORUM-TDAH, curso de Formación Avanzada en TDAH para pediatras, realizado anualmente desde el año 2007 al 2012 con 7 ediciones. Se realizaron en El Escorial (Madrid), con una excelente acogida y una acreditación de 2,9 créditos de Formación Continuada por curso. La Guía didáctica sobre el trastorno del comportamiento en 2010. Colaboración en el informe PANDAS (Situación del TDAH en España), en 2013. El libro del TDAH en Pediatría, en 2013. Recientemente, durante el año 2014 se ha realizado un Curso presencial de Formación en TDAH en diferentes ciudades españolas: Gerona, Murcia, Oviedo, Gran Canaria y Córdoba, con una extraordinaria respuesta de los pediatras y residentes de la especialidad. Igualmente, se ha colaborado en publicaciones de artículos, impartición de talleres para profesionales y para padres, así como simposios entre otros. Pueden consultarse las actividades del grupo y el material de apoyo en www.sepeap.org.

Otra de las últimas actividades del grupo, es la presentación de este número monográfico de Pediatría Integral dedicado expresamente al TDAH. Se pretende sensibilizar al pediatra y dotarle de habilidades y herramientas que le permitan una correcta atención a la población infanto-juvenil afectada en esta área de salud.

Se abordan de forma clara y práctica la situación actual del trastorno en nuestro país, la prevalencia, la etiopatogenia, las manifestaciones clínicas que pueden variar según la edad, el sexo, el contexto, el temperamento del paciente y la presencia o no de comorbilidades. La evaluación diagnóstica, el tratamiento tanto farmacológico como no farmacológico y las comorbilidades más frecuentes son descritos minuciosamente. Se expone la relación del TDAH con los trastornos del aprendizaje, los trastornos del sueño y se describen los aspectos éticos y legales a tener en cuenta en la atención a estos pacientes. Finalmente, se comentan las herramientas de utilidad para una correcta evaluación del trastorno.

Han participado profesionales expertos en los respectivos temas y pediatras del grupo TDAH de la SEPEAP, que han sabido plasmar sus conocimientos y experiencias del día a día con gran esfuerzo y rigor científico. Nuestro más sincero agradecimiento a todos ellos.

Confiamos que este número monográfico sea de interés y cumpla su objetivo principal, servir de ayuda para la formación de los profesionales sanitarios implicados en la atención del TDAH para mejorar la salud presente y futura de esta población.

 

Situación en España del trastorno por déficit de atención e hiperactividad

Inés Hidalgo
Editorial


M.I. Hidalgo Vicario

Pediatra. Centro de salud Barrio del Pilar. Madrid. Coordinadora del Grupo TDAH de la SEPEAP

«Es necesario un Plan de actuación consensuado a nivel nacional, formación y concienciación de los profesionales sanitarios, así como de la escuela, la sociedad y la justicia e igualmente el apoyo asistencial y económico«

 


Situación en España del trastorno por déficit de atención e hiperactividad

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) no es un trastorno de reciente aparición. En 1902, Sir George Still hizo la primera definición del TDAH en la prestigiosa revista médica “The Lancet”, describiendo a 43 niños que presentaban graves problemas para mantener la atención y controlar su conducta. En España, la primera referencia se realiza en 1908 y se debe al Dr. Vidal i Parera en su Compendio de Psiquiatría Infantil, donde detalla los síntomas en niños y niñas. En 1917, Rodríguez-Lafora describió niños con síntomas de TDAH, pero no lo atribuyó a un defecto moral como Still, sino a un defecto cerebral con probable origen genético. Desde entonces hasta la actualidad, se han empleado más de 50 denominaciones diferentes como: impulsividad orgánica, síndrome de lesión/disfunción cerebral mínima y síndrome de hiperexcitabilidad, entre otros, hasta llegar al concepto actual.

El TDAH es un trastorno neurobiológico y afecta al 2-12% de la población pediátrica mundial. En Europa, afecta a uno de cada 20 niños o adolescentes en edad escolar (Pollanczyk G et al. 2007). En España, a través de una revisión sistemática y meta-análisis de 14 estudios, que incluían un total de 13.023 niños y adolescentes, se ha estimado una prevalencia global del 6,8%, siendo mayor en varones que en mujeres (Catalá-López F et al. 2012).

Se sabe que es un proceso crónico, que evoluciona desde la infancia hasta la adolescencia y la edad adulta, en el 50-70% de los pacientes y que tiene graves repercusiones en la vida del niño: dificultades cognitivas (funciones ejecutivas), académicas (el 20% del fracaso escolar se debe al TDAH), conductuales (negativista desafiante, conductas de riesgo: drogas, sexualidad, accidentes, delincuencia), emocionales (baja autoestima, culpa, ansiedad), familiares y sociales (interacción muy difícil con los amigos, la pareja, en el trabajo, incluso problemas con la justicia). Tiene una alta comorbilidad y conlleva un gran impacto económico. Para la familia, se calcula que solo el tratamiento farmacológico tiene un coste medio de 50€ mensuales, variable según la cobertura, pero este debe combinarse, en muchas ocasiones, con otras terapias y estrategias (clases de refuerzo privadas, psicólogo, logopeda…). Se debe considerar la formación y ayuda a los padres, además de la pérdida de días de trabajo y la reducción de la jornada laboral. Se estima que el impacto de la enfermedad en la salud pública y su carga para el sistema sanitario es casi el doble que para los niños sin TDAH.

Actualmente existen una serie de barreras para realizar la detección, el diagnóstico y el tratamiento: bajo nivel de conocimiento y concienciación de la población sobre el TDAH y escasa formación de los agentes educativos y sanitarios, lo que contribuye a la creación de prejuicios y falsas creencias muy peligrosas para la sociedad y la ausencia de una política sanitaria-educativa unificada.

La detección temprana implica aumentar las posibilidades de éxito del tratamiento y reducir la aparición de comorbilidades. En nuestro país, a pesar de los avances en los últimos 10 años, la detección es tardía, entre los 6-11 años (educación primaria), y hay un grupo emergente que se sitúa entre los 11-13 años (educación secundaria)(1). El tiempo medio hasta establecer el diagnóstico, según un estudio realizado en el Hospital Clinic de Barcelona, se sitúa entre 3 a 5 años. Es necesario tener en cuenta que a partir de los 14-18 años, dependiendo de cada CCAA, el adolescente deja de pertenecer al Pediatra de Atención Primaria (AP) para pasar al médico de familia (MF). Puede suceder que el MF sea ajeno a los problemas del adolescente y del TDAH, que sienta poca sintonía con un paciente difícil al que no conoce ni comprende y al que puede mostrar poco interés, lo que conlleva que el adolescente deje de acudir al sistema sanitario y se pierda. Por todo ello, el adolescente se encuentra en tierra de nadie con un importante vacío asistencial. La detección en el adulto es peor que en la infancia ya que, con el paso del tiempo, se van modificando las características clínicas, los pacientes encuentran mecanismos para compensar sus déficits y la comorbilidad añadida va enmascarando su presencia.

En el informe Pandah(1), se realizó una entrevista telefónica a 770 personas de seis CCAA y se observó que solo el 4% de los encuestados respondieron correctamente, de forma espontánea, a la pregunta: “¿Qué entiendes por TDAH?”. Entre las falsas creencias se encuentran: que el trastorno es culpa de los padres, que es una enfermedad inventada y de moda, que estos niños son menos inteligentes, que no se debe usar medicación porque produce adicción y efectos secundarios, etc.

En las diferentes Guías de Práctica Clínica (GPC), se establece que el diagnóstico es clínico y debe realizarlo un facultativo con entrenamiento y experiencia en el diagnóstico del TDAH y sus comorbilidades. Actualmente se dispone de 2 sistemas de clasificación internacional: el recientemente publicado DSM-5(2) y el CIE-10(3). Los profesionales implicados en la atención al TDAH varían en los diferentes países europeos. En España, según varias asociaciones de pacientes(1), los facultativos percibidos como “capaces de realizar el diagnóstico y tratamiento” son los psiquiatras del niño y adolescente, neuropediatras, psiquiatras del adulto y neurólogos. Hay un grupo de psiquiatras que no cree en el trastorno a pesar de la evidencia científica y no actúan y tratan adecuadamente el TDAH. Además, en nuestro país no hay suficientes neuropediatras ni psiquiatras infantojuveniles para el volumen de pacientes. El pediatra de AP es el especialista de referencia más próximo al niño y su familia, ya que es la puerta de entrada al sistema sanitario y es el responsable de su salud biopsicosocial. Si el pediatra conoce y está formado en el TDAH, puede realizar diferentes actividades, incluyendo un acertado juicio clínico y un tratamiento en aquellos cuadros claros sin comorbilidad asociada. La mayoría de los profesionales pueden tener alguna limitación para atender al TDAH, ya que ni el pediatra o neuropediatra están muy familiarizados con la evaluación psiquiátrica ni psicológica; mientras que, el psiquiatra no suele estarlo con los aspectos puramente pediátricos o neuropediátricos. Lo más importante, como en otras patologías médicas, es el interés, motivación, la formación personal y la experiencia en el TDAH, mucho más que la especialidad médica a la que pertenezca el profesional.

Las reacciones de las familias ante el diagnóstico pueden ser muy variables: de alivio, ya que se ha etiquetado el problema y se les desculpabiliza; de rechazo, y prefieren esperar a ver la evolución; sentimiento de culpabilidad, pensando que su forma de educar al hijo determinó la aparición del trastorno; de miedo hacia la medicación y el estigma que conlleva, y también sensación de inseguridad, ya que algunos facultativos, profesores y parte de la sociedad cuestionan el trastorno y el uso de la medicación.

Existe igualmente un importante desconocimiento social en nuestro país sobre el tratamiento del TDAH y quién debe realizarlo. En la encuesta comentada anteriormente(1), solo el 60,4% refería que existía algún tratamiento o intervención sanitaria para este trastorno. Sobre la intervención más adecuada para su tratamiento (psicológica, educativa, o farmacológica), respondieron mayoritariamente que la psicológica, mientras que la farmacológica fue valorada en último lugar. A la pregunta de “¿qué profesional debe tratar al paciente?”, el psicólogo ocupó el primer lugar (79,4%), seguido de los educadores y pedagogos (49,6%).

El tratamiento del TDAH debe ser multimodal, incluyendo la participación coordinada de médicos, terapeutas, profesores y padres. Se debe llevar a cabo en el ámbito sanitario, aplicando intervenciones basadas en la evidencia científica que figuran en las GPC y de forma individualizada, es decir, adaptado al paciente (edad y necesidades del niño y su entorno)(2,3). El tratamiento farmacológico está dirigido al control de los síntomas nucleares (inatención, hiperactividad e impulsividad) y el psicológico y psicopedagógico se centra en los problemas de conducta y aprendizaje consecuencia de estos síntomas; su objetivo es ayudar al paciente y su familia a manejar los síntomas nucleares, aumentar el autocontrol, mejorar la socialización y gestionar la frustración que sienten.

Existen varias dificultades en el ámbito educativo, como el no reconocer el trastorno y aplicar pautas ineficaces e incluso contraproducentes para el manejo del alumno. Algunos equipos de orientación no conocen cuáles son las pautas y directrices más adecuadas. Hay grandes diferencias entre los centros, una falta de coordinación con los clínicos e incluso pueden llegar a dificultar el tratamiento farmacológico –siendo este el de eficacia más demostrada–.

La prescripción de psicofármacos a niños y adolescentes en nuestro país es algo moderno. Hasta mediados de los años 80, la psiquiatría infantil estaba dominada por las teorías psicoanalíticas y no se planteaba el uso de psicofármacos, se consideraba perjudicial; se mantenía que los trastornos psico-patológicos infantiles eran consecuencia del ambiente. Por otro lado, las normas de la Administración para la investigación de estos trastornos y su tratamiento en la población infantil, frenaron su desarrollo. Actualmente en nuestro país y como se ha comentado, hay escasez de profesionales en psiquiatría infantil (recientemente, el 6 de agosto 2014 ha sido reconocida de forma oficial la especialidad de Psiquiatría del Niño y del Adolescente). A pesar de ello, en los últimos años se han producido importantes avances en este campo, tanto en los criterios diagnósticos, número de investigadores, herramientas más fiables, concienciación de los clínicos, junto con el desarrollo de la psiquiatría biológica. No obstante, existen todavía aspectos que añaden dificultad a la prescripción: la opinión pública y medios de comunicación que están en contra de su uso y a favor de la medicina “natural” –aunque no haya estudios que lo avalen–, alarmas excesivas sobre el uso de fármacos (generalmente poco argumentadas), trabas administrativas y burocracia que retrasa el abordaje terapéutico.

Los primeros fármacos para el tratamiento se comercializaron en España hace casi 30 años. En la actualidad, se dispone de más fármacos tanto estimulantes como no estimulantes que son seguros, eficaces y con buena tolerancia(2). El 70-80% de los pacientes responden al primer tratamiento. La elección del fármaco dependerá de la situación del paciente y comorbilidad asociada, posibles efectos secundarios, la adherencia al tratamiento y el precio; ya que no existe cícero (punto negro de aportación reducida).

La medicina alternativa y complementaria ha crecido mucho en los últimos años en nuestro país, debido al desconocimiento de los padres acerca del trastorno, el miedo a la medicación, la presión social y de los medios de comunicación, así como la atractiva presentación de estos. Se debe tener en cuenta, ya que algunos pacientes no comentan a sus médicos el uso simultáneo, lo que puede interferir en el tratamiento farmacológico. Entre ellos están: optometría, tratamientos dietéticos, homeopatía, biofeedback por encefalograma, estimulación auditiva (método Tomatis) y osteopatía.

El seguimiento periódico de los pacientes es vital para ver la evolución, las dificultades asociadas, la eficacia del fármaco, los posibles efectos secundarios y la necesidad de derivación a otros profesionales. En el caso de los niños, tras la mejora inicial, suele surgir una segunda fase de desencanto y abandono, que puede ser por la pérdida de efectividad (crecimiento del niño, aumento de las exigencias académicas y sociales o cambios en el entorno). Existen también dificultades para la coordinación entre los profesionales médicos, así como con el medio escolar. Es necesaria la figura de un coordinador del trastorno, que bien puede ser el pediatra de AP, ya que es el de acceso más fácil, conoce al paciente y a su familia desde el nacimiento y potencialmente con la capacidad de establecer un vínculo especial hasta la adolescencia. Un seguimiento deficiente influye en la falta de adherencia al tratamiento y abandono del mismo.

Respecto a la legislación española, en 2010 el Ministerio de Sanidad en colaboración con la Generalitat de Cataluña publicó la GPC sobre el TDAH en niños y adolescentes. El Ministerio de Educación en 2010 convocó becas para estos alumnos. Un importante hito fue la aprobación en el Senado de la Moción: inclusión de fármacos de aportación reducida, protocolos de actuación conjunta de las administraciones implicadas, aumento de dotación económica y humana en las unidades de tratamiento psicoterapéutico en las CCAA, así como en los servicios de orientación educativa psicopedagógica de los colegios de infantil, primaria y secundaria. La nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), aprobada en noviembre 2013, incluye al TDAH dentro de la sección destinada al alumnado con dificultades específicas de aprendizaje. Esto es importante por la igualdad de oportunidades, con independencia de la CCAA en la que estén escolarizados los alumnos.

En la legislación autonómica, solo Baleares, Canarias, Murcia, Navarra y Cataluña hacen mención expresa al TDAH. No existe marco normativo, solo protocolos en esas comunidades. En los Parlamentos regionales, sí que ha habido más actividad, tanto desde el punto de vista educativo como sanitario. Se han elaborado informes y comunicaciones sobre la situación de los afectados por parte del Defensor del Pueblo y el Defensor del Menor de Madrid (2002), Cataluña (2007) y Navarra (2008).

Dada la situación expuesta, es necesario un Plan de actuación consensuado a nivel nacional. Así se realizará la detección, diagnóstico y tratamiento lo antes posible, evitando el peregrinaje de los pacientes entre profesionales y la progresiva aparición de comorbilidades. Es preciso una concienciación y formación sobre el TDAH de los profesionales sanitarios implicados, así como de la escuela, la sociedad y la justicia. Igualmente, es preciso proporcionar apoyo asistencial y económico a las familias y asociaciones que los representan.

Bibliografía

1. Soutullo C et al. Informe PANDAH. El TDAH en España. Barcelona: ADELPHA Targis S.L.; 2013.

2. American Psychiatric Association. Attention-deficit/hyperactivity disorder. In Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (DSM-5). American Psychiatric Association, Arlington, VA 2013 p 59.

3. Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud. CIE-10 Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud. Washington: Organización Panamericana de la Salud; 1995.

 

La pediatría en el marco de la ciencia

Venancio Martínez Suárez
Editorial


V. Martínez Suárez

Centro de Salud El Llano. Gijón

«Nos sobran razones para que tengamos la investigación, junto al trabajo asistencial y la docencia, como parte principal de nuestros objetivos profesionales»

 


La pediatría en el marco de la ciencia

En su libro “La Ciencia. Su método y su filosofía”, escribe Mario Bunge que la verificación experimental descarta como criterio de verdad el principio de autoridad, la valoración subjetiva, la conveniencia y el dogma(1). En medicina, dice, como en cualquier otra rama del saber, la Ciencia nos permite asomarnos a la verdad, aproximarnos a la realidad de las cosas. Esta idea de Bunge nos sirve como punto de partida para exponer algunas reflexiones sobre el camino seguido por la Pediatría en ese aproximarse a la verdad científica, en ese asomarse cotidianamente a la realidad del niño en busca, según palabras de Karl Popper, de un mundo mejor(2).

Los ingredientes que hacen la medicina

Históricamente, se ha considerado la medicina como una mezcla de tres ingredientes prácticos: ciencia, técnica y arte, cada uno con sus propios riesgos o desviaciones. El componente artístico se genera en la experiencia profesional de cada uno. Es el factor individual y humano, en el que se pueden incluir diferentes elementos, según la perspectiva desde la que se analice; así, el conocimiento intuitivo, la pericia y el denominado “ojo clínico” es, digamos, el factor arbitrario de la práctica clínica y que por tanto, es fuente de incertidumbre en las observaciones, percepciones y estilos de practicar la medicina. Y es fuente de variabilidad, incluida la variabilidad perversa, que existe por desconocimiento y por falta de aptitud profesional.

Ya según este planteamiento clásico, se acepta que la medicina es Ciencia solo desde una de sus facetas, siendo fácil reconocer un desfase entre lo que se sabe gracias al método científico y lo que efectivamente aplicamos en el ejercicio de la medicina. Además de la variabilidad en la práctica clínica(3-5), las razones que explican esta situación son múltiples y complejas. Entre ellas, existen unas de carácter histórico, ya que la medicina es una actividad mucho más antigua que la ciencia: la ciencia tiene 300 años, la Medicina aparece en los albores de la humanidad. Sumado a ello, la actual organización social está sustentada en el crecimiento económico y demanda un consumo “cuanto más intenso mejor”, lo que favorece que grupos industriales e instituciones profesionales promuevan la introducción de técnicas, procedimientos e intervenciones insuficientemente probados en su utilidad y seguridad (Fig. 1).

 

Figura 1.

 

Resulta claro, por tanto, que no toda nuestra práctica se basa en conocimientos científicos. En este sentido, son pocos los estudios que se han diseñado para evaluar en qué grado la práctica de la Pediatría se basa en datos fiables o científicamente verificados(6-11). Siguiendo el mismo modelo de estudio, con el que Smith y Bunker estimaron que de un 15 a 20% de las intervenciones en medicina clínica se apoyan en conocimientos científicos consistentes, se ha reconocido que el 77% de las decisiones tomadas en cirugía pediátrica, 47% de las tomadas en Pediatría Extrahospitalaria y 96% en cuidados intensivos neonatales, son aceptables y convincentes desde el punto de vista científico. Este tipo de datos reafirma la idea de que la medicina no es una ciencia. En el mejor de los casos, es “un producto de la ciencia” y estará fundamentada sobre conocimientos científicos en mayor o menor medida, según la vocación y formación individual de cada profesional y el grado de solidez empírica de los principios que sustentan el campo médico en el que nos movemos. Aunque la práctica clínica, como tal, no es una ciencia.

Acercarse a la realidad del niño y sus problemas

La aproximación a la realidad científica en la medicina del último siglo se ha visto condicionada por el desarrollo de cuatro grandes revoluciones metodológicas:

1. El ensayo clínico es el “patrón oro” en los diseños de investigación clínica, aplicable, fundamentalmente, a nuevas tecnologías y tratamientos(12). Es un estudio experimental y prospectivo, en el cual, el investigador provoca y controla las variables y los pacientes son asignados de forma aleatoria a los distintos tratamientos que se comparan. El primero se realizó en 1946, cuando Bradford Hill –el de los ocho famosos criterios de causalidad– estudió la eficacia de la estreptomicina en la tuberculosis pulmonar. El exceso de información originado (se calcula que hasta la fecha se han realizado más de 1.500.000), ha dado lugar en la década de los 80, a trabajos de síntesis sistematizadas de conocimientos denominados metaanálisis(13,14).

2. Un segundo impulso hacia la medicina científica, fue el nacimiento en Estados Unidos en la década de los 70 del pasado siglo de la epidemiología clínica, que podría definirse según David Sackett (autor del libro Clinical Epidemiology, editado en España en 1989), como la ciencia que estudia la práctica clínica(15). Son hitos fundamentales en la implantación de esta nueva metodología, la aparición en 1989 del Journal of Clinical Epidemiology y la adhesión a esta nueva causa de revistas de gran difusión, como: los Annals of Internal Medicine, el British Medical Journal o, en nuestro país, Medicina Clínica. El análisis estadístico es la herramienta fundamental en sus métodos de trabajo.

3. No podemos olvidar el gran desarrollo que se ha producido en las dos últimas décadas, en cuanto a las fuentes de documentación científica. Su relevancia es fácil de entender: cada año se publican más de dos millones de artículos médicos en más de 20.000 revistas (200 revistas solo en España) y se ha calculado que para mantener una especialidad al día es necesario leer 20 artículos durante sus 365 días. Esta sobrecarga de información circula, fundamentalmente, a través de bases bibliográficas informatizadas, de las cuales el Índice Médico Español es la más importante en nuestro idioma y el Medline –que ha sustituido al Index Medicus y ofrece más de 15 millones de citas bibliográficas de 6.000 revistas biomédicas de alta calidad, 5.426 en texto completo y 827 en acceso libre– la más potente a nivel mundial(16).

4. El último paradigma en la aproximación de la medicina a la ciencia, es la denominada Medicina Basada en la Evidencia (MBE) o medicina basada en pruebas, que representa una nueva metodología desarrollada a finales de los años 80 y principios de los 90 en las Universidades de Oxford y McMaster de Canadá, y que en 1995 –y haciendo fortuna–, Brian Haynes definió como el uso consciente, juicioso y explícito de la “mejor evidencia” o información científica obtenida mediante investigación para la toma de decisiones, respecto a la atención médica de individuos y poblaciones. Tiene un valor indudable, pero no es un modelo científico, sino un modelo de gestión y uso de la información disponible(17). Históricamente, es una extensión masiva y “democrática” de la epidemiología clínica(18).

Estos diferentes patrones metodológicos no son excluyentes, independientes ni contrapuestos. No existe (como algunos proclaman desde una actitud pseudofilosófica, sectaria y confusa, expresión, probable, de una etapa histórica de cambio en los planteamientos médicos) una MBE que elimina otros valores de la medicina actual. Todos estos métodos aproximaron y seguirán aproximando, la práctica habitual y la óptima, nuestro ejercicio profesional y la quimera de una medicina basada en el conocimiento científico.

El verdadero fundamento científico: las pruebas

Es más, el procedimiento para adquirir este conocimiento es, en todos los casos, la investigación. No en vano, se ha dicho que la investigación es el instrumento creado por el hombre para hacer ciencia. Y que formalmente se ha definido como un procedimiento sistemático, organizado y objetivo de responder a una pregunta. Con lo que se quiere decir, que sus conclusiones no se basan en impresiones subjetivas, sino en hechos que se han observado, medido y analizado; esto es, que se trata de un proceso objetivo. Que es un proceso organizado, porque todos los miembros del equipo investigador aplican las mismas definiciones y criterios. Y un proceso en el que de forma sistemática, se aplica un método claramente definido y aceptado por la comunidad de investigadores, que es el método científico.

La forma en que el investigador responde a esta pregunta será la medición de variables, la estimación de parámetros poblacionales y la contrastación de hipótesis. No se trata ahora de enumerar los diferentes diseños experimentales(19,20), únicamente debe recordarse que todos los diseños son metodológicamente buenos, siempre que, según se ha dicho, sean apropiados a la pregunta y adecuados a los medios. Sí conviene recordar que los criterios para clasificar los diferentes tipos de estudios se sustentan en cuatro ejes: finalidad del estudio (analítica o descriptiva), secuencia temporal (transversal o longitudinal), asignación de los factores de estudio (a un diseño experimental u observacional) e inicio del estudio en relación a la cronología de los hechos (prospectivo o retrospectivo). Aunque al planificar una investigación, debemos tener presente que las conclusiones o resultados tendrán más fuerza o poder cuanto más se acerque el diseño al experimento –como en los ensayos clínicos aleatorios, doble ciego, controlados con placebo– y menos cuanto más se aleje –como en los casos clínicos–.

¿Posibilidad, obligación o necesidad de investigar?

Nos sobran razones para que tengamos la investigación, junto al trabajo asistencial y la docencia, como parte principal de nuestros objetivos profesionales. De todas las consideradas habitualmente: razones éticas (es axiomático que no llevar a cabo investigación pudiendo realizarla es poco ético(21)), legales, normativas o contractuales (son numerosas las referencias donde se señala la obligación de llevarla a cabo(22-27)), y razones que denominamos de idoneidad, vamos solo a detenernos en las representadas por aquellos motivos teóricos que deberían llevar a un pediatra clínico a investigar, y que hemos resumido en los siguientes puntos: en primer lugar, tendríamos que considerar el incentivo de carrera profesional: de escasa relevancia, ya que este es, hoy por hoy, inexistente. El estímulo económico, que es débil, dado que los recursos son escasos. Únicamente los ensayos clínicos promovidos por empresas privadas, están suponiendo una ayuda económica para algunos pediatras, poco significativa en cualquier caso. La promoción académica, al igual que la carrera profesional es, prácticamente, nula. La necesidad, la búsqueda de prestigio social y científico, y la indagación teórica en la búsqueda de la verdad, pueden considerarse como los motivos más importantes que llevan a un pediatra clínico a investigar. Y, por último, el estímulo profesional, que obtiene de la investigación un complemento al ejercicio clínico, evitando que se convierta en monotonía, en hastío, en riesgo real de pérdida de contacto con el ejercicio eficiente de nuestro trabajo.

Ni que decir tiene, que el estímulo institucional merecería, por sí solo, un amplio comentario, aunque este no parece el momento oportuno.

Barreras para investigar en Pediatría de Atención Primaria

¿Qué dificultades va a encontrarse un pediatra, que quiere investigar para poder hacerlo?(28,29). En primer lugar, están las que hemos llamado dificultades intrínsecas o esenciales, impuestas por la propia naturaleza del niño y las características que definen nuestra especialidad. Se relacionarían con problemas éticos originados por la falta de autonomía de la persona de corta edad y por su vulnerabilidad, incluida la dificultad de prever respuestas en un organismo que, estando creciendo y desarrollándose –en cambio continuo–, puede resultar difícil de analizar en un ensayo clínico, incluso disponiendo de instrumentos de medida fiables para valorar estas respuestas. También puede resultar difícil, por ejemplo, explicar y convencer a los padres –en quienes está delegado el consentimiento informado– que se quiere incluir a su hijo en un ensayo clínico donde se van a valorar tratamientos rivales o sin garantía de éxito.

Pero además, existen unas dificultades extrínsecas o circunstanciales. Aproximadamente, el 70% de los pediatras trabajan en Atención Primaria (AP), más del 80% de los actos médicos se realizan en este ámbito y en él se provoca la mayor parte del gasto público. A pesar de ello y de las indudables posibilidades de trabajo científico, en AP no abundan los recursos, ni de tiempo (la carga asistencial es alta), técnicos (tanto de explotación de fuentes informáticas como bibliográficas), ni humanos (por ejemplo, el tiempo de permanencia de los residentes es corto). La dispersión, además, origina dificultades de comunicación entre profesionales y entre niveles asistenciales. Sumado a ello, existe muy poco esfuerzo para mejorar la formación en investigación y su promoción y reconocimiento puede considerarse, siendo benévolos con nuestra administración, de limitados(30,31).

Todo esto origina una escasa cultura investigadora y lleva a realizar fundamentalmente estudios descriptivos(32) (donde no se contrastan hipótesis ni se infiere causalidad) y con abundantes deficiencias metodológicas, tales como uso infrecuente de técnicas de muestreo aleatorio, muestras de tamaño reducido, etc.

Más cantidad, mejorando la calidad

Lo que nos lleva a relacionar el número de publicaciones con la idea de calidad en investigación, que nos puede ayudar a entender mejor la situación de la medicina de Atención Primaria, incluida la de nuestra especialidad, que se caracterizaría porque produce lo que siguiendo a Kuhn se denomina ciencia “normal”, que no es más que la repetición de observaciones, metodológicamente científicas pero sin innovación de ideas, y no se expresa en revistas extranjeras, sino en los órganos oficiales de las sociedades nacionales(33). Aunque sus resultados se deben considerar necesarios para generar esa ciencia normal en gran cantidad, sobre la que sobresalgan los científicos relevantes, aquellos que –usando de nuevo la terminología de Kuhn– son capaces de “hacer saltar el paradigma dominante”.

La calidad de esta investigación puede ser estudiada y evaluada a través de los productos generados en su actividad. Entre ellos, aquellos que son la base de apoyo y el hecho culminante de la actividad científica; esto es, los artículos originales publicados, en los que son factores a tener en cuenta: la difusión de la revista en la que aparecen, estimada por el Factor de Impacto, en sus diferentes formas o correcciones; el número total de artículos publicados en un determinado campo; el número de citas utilizadas, la obsolescencia o actualidad de las mismas, esto es, el porcentaje de citas referidas a los últimos cinco años; y los indicadores de aislamiento.

Finalmente, debemos enumerar los puntos que consideramos necesarios para mejorar la calidad de la investigación en Pediatría de Atención Primaria: generar dentro de nuestra profesión un “ambiente cultural”, en el que se reconozca el trabajo en investigación clínica; promocionar líneas de investigación prioritarias, especialmente en AP; y crear redes mixtas de investigadores formadas por pediatras de hospital y de AP, que desarrollen proyectos viables y relevantes (Fig. 2). Para lo cual, sería necesario facilitar los recursos, mejorar la formación investigadora y crear condiciones laborales que permitan investigar(34). En definitiva, hacer posible el desarrollo de una “masa crítica” de investigadores de un nivel superior al actual, que permita incrementar la validez científica de nuestras decisiones.

 

Figura 2.

 

Bibliografía

1. La Ciencia. Su método y su filosofía. 2ª Edición. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1997.

2. Popper, K.: En busca de un mundo mejor. Editorial Paidos, Barcelona 1995.

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El fracaso escolar, también responsabilidad del pediatra

Venancio Martínez Suárez
Editorial


V. Martínez Suárez

Centro de Salud El Llano. Gijón

«El fracaso escolar es un gran problema que debiera ser abordado desde todos los ámbitos«

 


El fracaso escolar, también responsabilidad del pediatra

El niño que no progresa adecuadamente en sus tareas escolares, o no entiende lo que estudia, o no le gusta o no encuentra utilidad en ello. En cualquiera de estas circunstancias, los resultados no marcharán acordes a sus capacidades. Y en todas se habla, de manera más o menos acertada, de fracaso escolar. Con una finalidad práctica, esta denominación se reserva para quien no supera un determinado nivel de calificaciones. Representa, por tanto, un continuo que va desde la obtención de una nota insuficiente en una asignatura al caso más extremo de abandono de los estudios. Y entre ambos, el dejar pruebas para convocatorias extraordinarias, repetir curso o no obtener determinada titulación. Es un problema importante debido a su frecuencia y a la repercusión que pueda tener sobre la vida familiar, el pleno desarrollo del niño y la manifestación de conductas perturbadoras.

A todos debe preocuparnos que nuestro país se sitúe en este tema a la cabeza de los países europeos, junto a Portugal. Las estadísticas ofrecen datos dispares y a veces difíciles de contrastar, pero coinciden de manera general en un incremento notable de los alumnos que no logran pasar de curso o lo hacen por medio de apoyo. Según datos oficiales, afecta: globalmente y en todas sus formas casi al 30% de los alumnos españoles, con una llamativa e inaceptable diferencia entre comunidades autónomas. Existe, además, una nota preocupante en la tendencia al alza del número de casos en que aparecen ya en la Enseñanza Primaria y en la tasa general de abandonos. Predomina en varones de clase social baja, si el número de hermanos es elevado y con paro laboral del cabeza de familia. Trasciende, así, los límites de la enseñanza, convirtiéndose en un enorme reto de política social.

Sin ser un tema primeramente pediátrico, su relación con la salud debe hacernos sentir gran responsabilidad a los profesionales que atendemos los conflictos de la infancia. De hecho, existen muchos motivos directamente médicos por los cuales los niños pueden fracasar en el colegio. La falta de capacidad intelectual es excepcional, las limitaciones sensoriales mantienen la misma proporción dentro del aula y no justifican, por tanto, esas tendencias. De otros problemas a los que se ha dado gran protagonismo en los últimos años, como el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, trastornos específicos del aprendizaje y dificultades en habilidades básicas, puede decirse lo mismo. No son esas las causas principales de su aumento, pero debieran ser investigadas sistemáticamente por los pediatras, reconocidas precozmente y evaluadas de forma adecuada para iniciar una intervención temprana. El estudio del desarrollo en la edad preescolar, precisamente cuando nuestro contacto con los padres es más frecuente, debería detectar a estos niños antes de que puedan tener dificultades en la escuela. Este sería un objetivo fundamental en nuestro trabajo asistencial y de atención médica integral.

Todo ello no puede desligarse de otro tipo de problemas, como su relación con el incremento en la frecuencia de las patologías psicosomáticas en nuestras consultas, las manifestaciones de violencia, dentro y fuera de los recintos escolares, y el consumo cada vez más precoz de sustancias tóxicas.

Los padres nos suelen pedir consejo de forma temprana, son buenos observadores de sus hijos y merece la pena preguntarles sobre cualquier dificultad que puedan notar habitualmente o en circunstancias concretas. Aunque ya desde el nacimiento debiéramos conocer y valorar el entorno social de cada niño y los problemas emocionales originados dentro de la familia, es posteriormente cuando los pediatras tenemos que explorar, de forma directa y constante, su relación con profesores y compañeros, la opinión que tiene del colegio y la respuesta hacia la exigencia de sus tareas escolares. Tendríamos que reconocer, lo antes posible, aquellos niños con absentismo escolar, recabando de padres y centro escolar toda la información posible sobre la asistencia diaria a clase.

Pero hay otro nivel en el que los pediatras podemos influir. Fracaso escolar equivale cada vez más a fracaso del sistema educativo, expresado como problema de adaptación de más niños a las exigencias de los programas. En general, no existen planes de enseñanza alejados de los modos de sentir, pensar y vivir mayoritarios, siendo las propuestas educativas en todos los países una consecuencia directa del entorno cultural y social en el que se desarrollan. Debemos ser conscientes de que la educación escolar individualizada es inalcanzable, pero debemos ambicionar aproximarnos a ella. En su planificación, en sus contenidos, en sus métodos y en sus exigencias, un sistema óptimo debe de estar diseñado para la mayoría. Pero en su aspiración de calidad, deben de dar mayor importancia a los alumnos que se salen del mismo, tanto por arriba como por abajo.

Desde su indiscutible posición de influencia: individual, familiar y comunitaria, y con sus conocimientos, el pediatra debería manifestarse institucionalmente en estos debates, señalar las debilidades de nuestro sistema educativo y los evidentes efectos negativos del modelo social en el que nuestros niños crecen. Además, debe reclamar el consenso para un modelo de enseñanza estable, alejado del debate electoral, no sometido a los vaivenes políticos y a intereses coyunturales. Debe pedir que los profesores y los centros tengan un mayor reconocimiento de su labor y reciban un respaldo decidido por parte de la sociedad, de las administraciones y de las familias, para ejercer sus funciones con autoridad. Debe señalar la necesidad de poner límites en la educación recibida en las primeras etapas de la vida, de primar: el esfuerzo, la organización, la constancia y el amor por las cosas bien hechas.

El fracaso escolar es un gran problema que debiera ser abordado desde todos los ámbitos. Es, en buena medida, y según los expertos, prevenible. Y los pediatras debiéramos sentirnos llamados, cada vez más, a poner nuestra gran fuerza organizativa y nuestra experiencia clínica al servicio de ese importante objetivo de la sociedad.

 

Grupo docencia y MIR de la SEPEAP

Editorial


J. Pellegrini Belinchóna-b,
O. González Calderón
c-b, T. de la Calle Cabrerad-b, S. Fernández Luise-b, J.M. Garrido Pedraze-b, J. Ramos Lázaroe-b, M.A. Pérez Martínf-b, M.C. Sánchez Jiméneza-b

aCentro de Salud de Pizarrales. Salamanca,
bGrupo de Trabajo de Docencia y MIR de la SEPEAP, cCentro de Salud de Béjar. Salamanca, dCentro de Salud de Tamames. Salamanca, eHospital Clínico Universitario. Salamanca,
fHospital Infantil Niño Jesús. Madrid

«La formación del pediatra de AP redunda, de forma importante, en la calidad de la asistencia sanitaria que se aporta a los niños y, por lo tanto, repercute en el bienestar de las familias. Debe constituir uno de los objetivos prioritarios de las sociedades científicas«

 


Grupo docencia y MIR de la SEPEAP

Papel de las sociedades científicas en la formación de sus asociados y de los médicos residentes de la especialidad.

En el momento actual, el ejercicio de la medicina precisa de una constante formación e innovación, no solamente de los conocimientos necesarios para la práctica clínica habitual y, por supuesto, de los nuevos métodos diagnósticos y tratamientos, sino, además, es ineludible el desarrollo constante y actualizado de nuevas habilidades clínicas que permitan la práctica de la especialidad de forma adecuada. Esto conduce, necesariamente, al médico y a la sociedad, a requerir una actualización continua.

Aunque, no siempre podemos hacer esta afirmación, los conocimientos científicos tienen una vida corta y necesitan renovarse de forma adecuada y a intervalos regulares. Este proceso de formación continuada exige al personal sanitario un esfuerzo importante, cada vez mayor, para aportar una atención de calidad a la población asistida.

La formación médica continuada (FMC) se puede definir como: el conjunto de actividades necesarias para adquirir conocimientos, habilidades y actitudes, que mejoren la competencia profesional. Aunque en el momento actual, a diferencia con otros países de nuestro entorno, en que la competencia profesional del médico debe acreditarse de forma periódica para poder seguir ejerciendo, en España no está reglada de forma oficial; por lo que, distintos agentes, tanto públicos como privados, pueden establecer y, así, lo hacen, sus propios sistemas de formación y realización de actividades, con sus oportunos requisitos de acreditación(1).

Así, a nivel estatal, el Ministerio de Sanidad y a nivel autonómico, las Consejerías de Sanidad y Educación, colegios de médicos, universidades y sociedades científicas, participan en actividades de FMC. Cada una de estas instituciones tiene y debe tener su lugar y función en cada uno de los pilares básicos de la actualización de conocimientos y habilidades de los médicos.

En estos tiempos de cambios en la sanidad y en la organización sanitaria, las sociedades científicas deben potenciar y favorecer la FMC, articulando iniciativas que fomenten la eficiencia y excelencia asistencial, deben promover la adquisición de habilidades y la revisión crítica de los nuevos conocimientos(2). Deben, asimismo, intervenir en la gestión de los procesos asistenciales de su responsabilidad, y auditar los resultados de las intervenciones en dichos procesos.

La SEPEAP, como sociedad científica, constituida fundamentalmente por pediatras que trabajan en el ámbito de la Atención Primaria y Pediatría Extrahospitalaria, pero, con más de 900 residentes, está desarrollando desde hace tiempo: cursos, programas de formación, reuniones científicas, congresos, seminarios, guías de práctica clínica y protocolos de actuación dirigidos, principalmente, a la actualización de los pediatras de Atención Primaria (PAP), pero, también, a la formación de médicos residentes en Pediatría, en aquellas facetas referidas, especialmente, a la Atención Primaria. Todo ello, liderado por nuestra magnífica revista Pediatría Integral, ya reconocida como uno de los pilares de la formación continuada, tanto de los pediatras y MIR de Pediatría españoles, como de Latinoamérica. Pero los tiempos cambian y las nuevas expectativas de los profesionales hacen que la SEPEAP se plantee nuevos retos; así, con el recientemente constituido: Grupo de Formación y MIR, cuyos objetivos están definidos en la página web de la sociedad(3), pretende adaptarse a las nuevas exigencias de los profesionales y de la sociedad y preparar a la SEPEAP para un futuro próximo, donde la “Acreditación y Revalidación” de las competencias profesionales sea una práctica obligatoria para ejercer la especialidad, y nuestra sociedad científica se pueda incorporar a esta tarea con las máximas garantías.

Pero, no solamente, la FMC para pediatras que trabajan en Atención Primaria es un deber de nuestra sociedad, la participación de la SEPEAP en la formación de residentes en Pediatría hace años que es un objetivo fundamental y, así, lo han acreditado los propios médicos residentes, con su participación en nuestros congresos nacionales y nuevos Cursos MIR, recientemente celebrados en Madrid y próximamente, en Barcelona, para los que habrá continuidad siendo ya los MIR, una parte importante de sus asociados y, por lo tanto, del futuro de la SEPEAP. El Manual para tutores MIR en Pediatría de Atención Primaria(4) de la SEPEAP, como indicaba el Dr. Prandi en su prólogo, fue una “iniciativa pionera en España y en Europa”, que indica la implicación de nuestra sociedad científica en la formación de los residentes de la especialidad y de sus tutores en Atención Primaria.

En el momento actual, ya se está realizando, aunque no de forma generalizada, en la mayoría de las áreas sanitarias, de forma ordenada y adecuada al plan de formación de la especialidad de Pediatría, la rotación del residente por Atención Primaria(5); en muchas ocasiones, solicitada por los propios residentes, que reconocen o intuyen que la formación exclusivamente hospitalaria del pediatra puede quedar falta de perspectiva. Pero, esta rotación creemos que se queda corta, no es suficiente para proporcionar al futuro pediatra una visión amplia y clara de las funciones del pediatra de Atención Primaria (PAP) y, aunque, por supuesto, las especialidades pediátricas suponen un avance fundamental en nuestra especialidad y esperamos que en los próximos años se vayan reconociendo las áreas de capacitación específica pediátricas (ACE)(6) por parte de los Ministerios de Sanidad y de Educación, no podemos olvidar la perspectiva del PAP, como el especialista integral que resuelve la inmensa mayoría de los procesos que incumben a los niños y sus familias y que enfoca y deriva aquellos otros que precisan de un ámbito hospitalario y/o de mayor especialización.

Sabemos que la mayor parte de la formación del especialista de Pediatría transcurre en el ámbito hospitalario y, en ocasiones, cuando se empieza a ejercer la profesión en el ámbito de Atención Primaria, se detectan determinadas carencias; para evitar esto, la SEPEAP ha apostado durante años, y sigue haciéndolo, en potenciar la formación MIR desde la perspectiva de la Atención Primaria. Los objetivos del nuevo grupo de docencia y MIR de la SEPEAP son(3):

• Promover la formación continuada de los PAP en ejercicio en la actualización y puesta al día de sus competencias profesionales.

• Cooperar con otras sociedades científicas y organismos públicos o privados para la adquisición de competencias y habilidades que le permitan al PAP conseguir en un futuro la “Acreditación y Revalidación de conocimientos y habilidades” de su especialidad en Pediatría, según legislen las autoridades sanitarias.

• Representar a la SEPEAP en todos aquellos foros y reuniones de sociedades científicas que traten sobre formación y docencia o temas relacionados.

• Diseñar actividades formativas específicas para residentes de Pediatría, como: talleres para adquisición de habilidades concretas, seminarios sobre temas específicos, reuniones con el experto, etc.

• Y, por último, fomentar la formación en actividades transversales.

- Conocimientos en metodología de investigación (en coordinación con el Grupo de Investigación de la SEPEAP).

- Información para acceder a proyectos de investigación (en coordinación con el Grupo de Investigación de la SEPEAP).

 

La Pediatría es una especialidad que desarrolla un modelo de medicina científica y, necesariamente, actualizada; pero, especialmente cercana al niño y a su entorno, que intenta conseguir la máxima calidad en sus actuaciones con las mínimas intervenciones, realizando las pruebas complementarias, exclusivamente necesarias, con una mínima alteración del confort para el paciente. Es fundamental que los nuevos pediatras dominen temas como: el cribado de enfermedades, potenciales efectos secundarios de las intervenciones o evaluación coste-efectividad de las pruebas; a este nivel, es importante, además, el seguimiento cuando es posible, de protocolos establecidos y guías de práctica clínica, en un intento de minimizar la variabilidad de la práctica clínica.

La formación del pediatra de AP redunda, de forma importante, en la calidad de la asistencia sanitaria que se aporta a los niños y, por lo tanto, repercute en el bienestar de las familias. Debe constituir uno de los objetivos prioritarios de las sociedades científicas.

Bibliografía

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2. González-Juanatey JR. Las sociedades científicas y la formación médica. El papel de la Sociedad Española de Cardiología. Cardiocore. 2013. http://dx.doi.org/10.1016/j.carcor.2013.10.002

3. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Grupo de docencia y MIR. Objetivos. Consultado el 16 de junio de 2014. Disponible en: http://www.sepeap.org/grupos-de-trabajo/grupo-de-trabajo-docencia-y-mir/

4. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Manual para tutores de MIR. 1ª edición. Madrid 2008. ISBN: 978-84-612-7161-0.

5. Orden SCO/3148/2006, de 20 de septiembre, por la que se aprueba y publica el programa formativo de la especialidad de Pediatría y sus Áreas Específicas. Boletín Oficial del Estado, nº 246, (14/10/2006). Consultado el 17 de mayo de 2014. Disponible en. http://www.boe.es/boe/dias/2006/10/14/pdfs/A35657-35661.pdf

6. Real Decreto 639/2014, de 25 de julio, por el que se regula la troncalidad, la reespecialización troncal y las áreas de capacitación específica, se establecen las normas aplicables a las pruebas anuales de acceso a plazas de formación y otros aspectos del sistema de formación sanitaria especializada en Ciencias de la Salud, y se crean y modifican determinados títulos de especialista. Consultado el 14 de agosto de 2014. Disponible en: http://www.boe.es/boe/dias/2014/08/06/pdfs/BOE-A-2014-8497.pdf

 

Grupo de trabajo de asma y alergia de la SEPEAP

Editorial


J. Pellegrini Belinchóna,b (Coordinador),

S. de Arriba Méndezc,b, S. García de la Rubiad,b, J. Martín Ruanoe,b, C. Ortega Casanuevaf,b, T. Sánchez Vélezg,b, F. Álvarez Caroh,b

aCentro de salud de Pizarrales. Salamanca, bGrupo de Trabajo de Asma y Alergia de la SEPEAP, cHospital Clínico Universitario. Salamanca. dCentro de Salud Infante. Murcia. eCentro de Salud Santa Marta. Salamanca, fHospital Quirón San José. Madrid. gHospital Clínico Universitario. Salamanca. hHospital de Cabueñes. Gijón

«El asma es la enfermedad crónica más prevalente en Pediatría. La Task Force European Respiratory Society, recomienda a estas edades la denominación de Sibilancias Recurrentes en lugar de asma«

 


Grupo de trabajo de asma y alergia de la SEPEAP

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en Pediatría. El International Study of Asthma and Allergies in Childhood (ISAAC)(1,2) ha permitido disponer de datos epidemiológicos, los primeros a gran escala, sobre el asma, tanto en nuestro país(3) como en amplias zonas del mundo. En España, aproximadamente, un 9% de los niños de 13-14 años reconocen haber presentado síntomas durante el año anterior y el 10% de padres de niños de 6-7 años informan que sus hijos han padecido sibilancias en el mismo periodo. Esta prevalencia ha permanecido constante en los niños mayores entre 1994 y 2002 mientras que, ha aumentado considerablemente (de 7% a 10%) en los niños de 6-7 años(4).

El asma se puede definir como una “enfermedad que se caracteriza clínicamente por episodios de sibilancias, disnea, tos y opresión torácica; fisiológicamente, por procesos de obstrucción, generalmente reversible, de las vías aéreas e hiperreactividad bronquial; histológicamente, por inflamación crónica de la vía aérea, en la que juegan un papel destacado determinadas células y mediadores; e inmunológicamente, en muchos casos, por la producción de anticuerpos IgE frente a algunos alergenos ambientales”. Ninguno de estos hechos es específico ni obligatorio del asma(5).

Aunque el III Consenso Internacional Pediátrico define el asma para el lactante y el preescolar, como: “sibilancias recurrentes y/o tos persistente en una situación en la que el asma es probable y se han descartado otras enfermedades menos frecuentes”(6), la Task Force European Respiratory Society recomienda a estas edades la denominación de Sibilancias Recurrentes en lugar de asma(7); dado que, en el momento actual, se ha apreciado que muchos de los lactantes que presentan sibilancias recurrentes (SR) no serán futuros asmáticos.

La sospecha de que los niños pequeños, en edad preescolar, presentan una elevada prevalencia e incidencia de episodios de sibilancias o SR y de que existen distintos subgrupos que expresan respuestas inflamatorias distintas ante agentes desencadenantes diversos, hace que en los últimos años se hayan desarrollado diversos trabajos sobre el tema. Es conocido que, en estas edades, los virus tienen una especial importancia en la génesis de sibilancias. Así, en un nuevo estudio prospectivo realizado en España, en niños menores de 14 años(8), el Virus Sincitial Respiratorio (VSR) fue el más frecuentemente detectado, seguido por rinovirus, adenovirus, bocavirus humano y metapneumovirus humano.

Recientemente, se ha desarrollado el Estudio Internacional de Sibilancias en Lactantes (EISL)(9), diseñado con el fin de estudiar otros factores distintos a los virus que puedan influir en la génesis de sibilancias durante el primer año de vida del niño, como un estudio multicéntrico internacional de tipo trasversal, basado en la población general, de la que se ha extraído, la muestra de niños de un año de vida.

Han participado diversos países de Latinoamérica (Brasil, Chile, Colombia, Venezuela y México) y de Europa (España y Holanda). En cada país, se han formado uno o varios grupos; así, en España, iniciaron el estudio Murcia, Bilbao, La Coruña y Valencia, y posteriormente, Salamanca y Cantabria han comenzado a comunicar sus primeros resultados. Los primeros datos publicados en España señalan que la prevalencia de SR durante el primer año de vida varía entre el 18.6% de Bilbao al 11.6% de Salamanca.

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la edad pediátrica y es conocido que el médico residente de Pediatría adquiere rápidamente, en sus primeras semanas de formación, los conocimientos y habilidades necesarios para reconocer y tratar adecuadamente las exacerbaciones del asma, valorar con eficiencia si tras el tratamiento de la crisis puede volver el niño a casa, precisa hospitalización o incluso traslado a la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) en aquellos hospitales que disponen de ella.

Problema aparte es el manejo del tratamiento de base del asma. A pesar de que el programa actual de formación de especialistas en Pediatría(10) especifica la formación concreta en patología respiratoria crónica, el sistema de rotaciones entre distintos servicios generales del hospital, de especialidades y la rotación en Atención Primaria (AP), con estancias de 2-3 meses en cada Unidad, provoca en muchos casos, que el médico residente que ha iniciado un tratamiento antiinflamatorio de fondo del asma, con la debida autorización, no pueda valorar los resultados de su acción; ya que, a los 3 meses, cuando debería evaluar el efecto del tratamiento prescrito, en la mayoría de las ocasiones, su destino está en otra unidad o especialidad pediátrica. Si esto se une al hecho de que muchos hospitales de pequeño o mediano tamaño no presentan Unidades de Neumología o de Alergia Pediátrica, que las rotaciones por estas unidades en muchos casos son voluntarias y que en algunos hospitales de forma activa o pasiva no se incentiva la rotación de los pediatras por los Servicios de Alergia, resulta que la formación de los médicos pediatras en la patología crónica más prevalente que van a atender en el futuro, sobre todo en AP, ya que en hospitales la atención está mucho más especializada, queda en muchos casos incompleta.

Entendemos, por tanto, que constituye una buena práctica, el que las Sociedades Científicas de AP organicen Grupos de Trabajo o Comités de Asma y Alergia para contribuir no solo en la formación de los profesionales que trabajan en AP en el diagnóstico y seguimiento de los niños con asma y alergia, sino también para atender a las necesidades de los padres de niños y adolescentes con asma y colaborar con otras Sociedades Científicas de ámbito hospitalario en el abordaje, valoración diagnóstica y tratamiento de esta patología.

La necesaria colaboración entre Atención Especializada (AE) y AP, plasmada en las diversas Guías de Actuación y Tratamiento(5,11) y en la mayoría de protocolos al uso, no debe despistarnos, que la mayoría de los niños presentan asma leve y pueden y deben ser controlados en AP, recurriendo a AE, en aquellos casos que se precise, según indican las guías, para una atención coordinada de la enfermedad. No podemos obviar ni olvidar, que la Pediatría de Atención Primaria es la más cercana al niño y su familia y que el asma, por sus implicaciones de cronicidad, necesidades educacionales, dificultades en el control de la enfermedad y problemas con el manejo de los dispositivos de inhalación, necesita además de la cercanía necesaria con los padres, adolescentes o niños mayores un acceso fácil y rápido al sistema sanitario no urgente.

La colaboración AE y AP queda plasmada en la mayoría de las Guías de actuación, citamos aquí la última, consensuada en España por las cinco Sociedades Científicas Pediátricas relacionadas con el asma infantil: SEN, SEICAP, SEUP, SEPEAP y AEPap, publicada en 2007 y cuyas conclusiones fueron asumidas por la GEMA en 2009. En estas Guías se incluyen, por vez primera y de forma institucional, todos los puntos de vista: el de la Pediatría especializada, el de la Pediatría de Atención Primaria y el de la Pediatría de urgencias(12).

Tras el citado consenso, la importancia que le ha dado la SEPEAP a esta formación en asma de los pediatras de AP (PAP) y de los MIR de Pediatría ha hecho que se hayan organizado Cursos, impartidos en varios lugares de España, en los que se incluye formación en el tratamiento de fondo del asma, resolución de casos clínicos, talleres de espirometría para poder realizar el diagnóstico y talleres de adquisición de habilidades para la formación y manejo de los dispositivos de inhalación; ya que, estamos convencidos de que el mejor tratamiento teórico del asma, si no se comprueba que el niño realiza correctamente los tratamientos prescritos y controla el sistema de inhalación indicado o consensuado, no vale para nada, confunde, hace elevar innecesariamente los tratamientos de fondo y está abocado al fracaso.

El éxito de estos cursos hizo que los distintos Comités Científicos de Congresos de la SEPEAP incluyeran los Talleres en nuestros congresos anuales, con gran aceptación por parte de los PAP y MIR de Pediatría.

Por último, citar las recomendaciones realizadas en el Consenso de las cinco Sociedades Científicas con respecto a la relación entre AP y AE en el abordaje, diagnóstico, tratamiento y seguimiento del asma en la infancia(13):

• El modelo óptimo de atención al niño y adolescente con asma debe incluir los servicios debidamente coordinados, tanto de AP como de la AE.

• Dado que la mayoría de los niños y adolescentes asmáticos presentan un asma leve o moderada y teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeña la educación sanitaria y los controles periódicos a corto plazo, es lógico que los pediatras de AP tengan un papel primordial en la atención de gran parte de estos niños. La Pediatría de AE tendría un mayor protagonismo en los niños con asma más grave o de control difícil.

• Es necesario que exista una buena coordinación y comunicación entre los diferentes profesionales involucrados en la asistencia. La organización de planes de atención al niño asmático deberá llevarse a cabo contando siempre con la colaboración de AP y AE. De esta manera, se obtendrán mejores resultados.

• El médico de AP es el responsable de la detección de esos niños, y debe tomar la decisión respecto a la derivación a AE. La AP y AE deben trabajar con una estrategia común.

• Cada Comunidad Autónoma tendría que contar con un plan de formación para la atención al niño y adolescente con asma. Este plan incluiría tres puntos básicos: correcta utilización de las pruebas diagnósticas (alergia y función pulmonar), puesta al día en el tratamiento y formación en programas de educación. Para ello, se debe garantizar la capacitación del personal sanitario y dotarlo de los recursos adecuados.

• Consideramos necesario establecer un Plan Nacional, que supere las fronteras autonómicas y que facilite la uniformidad en la organización de la atención al niño y adolescente con asma.

Por último, recordar la necesidad de que las Sociedades Científicas de Pediatría de AP estén representadas en los nuevos consensos del GEMA, tal como lo están las sociedades Científicas de adultos.

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12. García-Marcos L. Consenso sobre el tratamiento del asma en Pediatría. ¿Que hay de nuevo, viejo? An Pediatr (Barc). 2007; 67(3): 197-8.

13. Castillo Laita JA, De Benito Fernández J, Escribano Montaner A, Fernández Benítez M, García de la Rubia S, Garde Garde J, et al. Consensus statement on the management of paediatric asthma. Update 2007. First Spanish Consensus for the Management of Asthma in Paediatrics. Allergologia et immunopathologia. 2008; 36(1): 31-52.

Constitución del Grupo de trabajo de Nutrición y patología gastrointestinal de la SEPEAP

Editorial

C. Coronel Rodríguez

Coordinador del Grupo de Nutrición y Patología Gastrointestinal (NYGI) de la SEPEAP.

Junta Directiva de la SEPEAP

 


«El grupo de NYGI de la SEPEAP se forma en noviembre de 2013, por la necesidad de investigar y tomar decisiones en gastroenterología y nutrición pediátrica de Atención Primaria, desde nuestra evidencia y arte«

 


Constitución del Grupo de trabajo de Nutrición y patología gastrointestinal de la SEPEAP

Una vez más, tengo el honor de escribir unas líneas para Pediatría Integral, en este caso para dar a conocer la creación del Grupo de trabajo de Nutrición y Patología Gastrointestinal (NYGI), de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

El grupo de NYGI de la SEPEAP se forma en noviembre de 2013, por la necesidad de investigar y tomar decisiones en gastroenterología y nutrición pediátrica de Atención Primaria, desde nuestra evidencia y arte. La mayor parte de nuestras decisiones en la consulta las tomamos basándonos en estudios realizados en hospitales y en poblaciones, a veces, poco comparables con las nuestras. Tenemos que tomar conciencia de la importancia de nuestro trabajo e investigación, escasa en Pediatría de Atención Primaria, así como del poco manejo de la evidencia, tal vez condicionado por la demanda clínica que ocupa la mayor parte de nuestro trabajo, la necesidad de formación continuada, los pocos recursos… y la falta de apoyo institucional.

Se trata, pues, de un proyecto diferente del Comité de Nutrición de la AEP, asesorando a la Sociedad en las cuestiones que se nos planteen, fundamentalmente referidas a temas de actualidad o en los que existe controversia. El Grupo pretende facilitar el intercambio de conocimiento y experiencias en este campo en los cuatro aspectos fundamentales: social, asistencial, formativo y de investigación, y, para cumplir con este desafio, se propone como objetivos:

– Creación de material de información dirigido a padres y pediatras.

– Elaboración de dietas y menús especiales.

– Divulgación de conocimientos sobre nutrición en el niño en el ámbito escolar.

– Trabajo con asociaciones de enfermos.

– Promover la realización de cursos, seminarios, conferencias y másteres.

– En un futuro, elaboración de un programa de formación continuada para pediatras, fundamentalmente de Atención Primaria en temas de nutrición.

– Elaboración de documentos prácticos de ayuda para la toma de decisiones diagnósticas-terapéuticas en la consulta.

– Búsqueda, clasificación y evaluación de la información disponible.

– Promover diversos aspectos de Investigación en NYGI pediátrica (básica, epidemiológica y clínica).

– Estudio de las alergias e intolerancia alimentarias.

– Estudio de la obesidad.

– Elaboración de trabajos multicéntricos con financiación externa o bien desde la propia Sociedad.

– Elaboración de un apartado en la web en la que se publicarán los congresos y reuniones científicas; en otra sección, los artículos, libros, documentos, etc. y, acorde con los nuevos tiempos del siglo XXI, crearemos un capítulo dedicado a links de webs de referencia en estos temas.

Para conseguir estos objetivos, somos inicialmente nueve compañeros implicados en el conocimiento de las distintas materias que vamos a tratar, entre los cuales hay un MIR de Pediatría, que aporte savia nueva, pero, como ya dije en una ocasión anterior, en el NYGI en particular y en la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria en general, tienen cabida todos aquellos pediatras que, independientemente del sistema donde desarrollan su actividad, comparten ese mismo interés.

En relación con los medios de comunicación, hay que aceptar que están ahí y que irán por libre por mucho que nos escandalicemos. Pretendemos dar respuesta a las notas de prensa, en las que se nos solicite nuestra opinión, y analizarlas desde el punto de vista de la evidencia científica disponible en ese momento. Realizando valoraciones serias, basadas en trabajos con rigor científico, y teniendo en cuenta las características de los trabajos a comentar (de metodología e intereses comerciales). Seremos sus consejeros para que, al menos, reciban una parte de información fiable, que tenga repercusión positiva sobre la población. Y si fuéramos capaces de que al lado de la noticia periodística nos permitieran poner un recuadro con la opinión de los profesionales, sería lo ideal.

Creo que, independientemente de nuestros pasos, lentos o muy lentos, pero seguros, tendremos que distinguir entre estos temas de debate de la opinión científica, que habrá que fundamentar con evidencias, con el objetivo último de defender, entre otras cosas, el modelo de atención al niño a todos los niveles asistenciales, basado en la presencia de profesionales con formación específica, es decir, pediatras.

Además, en épocas de crisis y con el ánimo de aunar y economizar esfuerzos, desde la SEPEAP queremos trasladar a nuestros socios la importancia de defender nuestro modelo sanitario, para evitar que, en las negociaciones en las que se establecen los factores determinantes de la salud de los ciudadanos, se tengan más en cuenta las variables económicas que las de beneficio a la población. Los pediatras somos conscientes de las posibles repercusiones, tanto en la etapa del embarazo (cuyo seguimiento y control no deben olvidarse), como en la de la primera infancia, en el que una buena alimentación repercute no sólo en un mejor estado de salud presente, sino que sus efectos son más duraderos e irreversibles a largo plazo, expresándose en un mejor desarrollo cognitivo, un adecuado rendimiento académico y una futura integración social como adulto, con consecuencias, por lo tanto, en la futura salud de los individuos.

Para acabar, tengo la necesidad de expresar públicamente mi agradecimiento a cuantos han contribuido, de forma desinteresada, a la consecución de este proyecto que está en sus comienzos. Al expresar esta consideración, asumo también la responsabilidad de todos los errores, por comisión u omisión, que se hayan podido producir. Y no quisiera terminar sin dejar constancia de mi gratitud a la Junta Directiva de la SEPEAP, por la confianza depositada en mí como Coordinador inicial del Grupo NYGI, sin la ayuda de sus miembros seguro que los resultados no serán lo mismo, a los componentes del grupo, por su disponibilidad, dedicación y colaboración, y a la Dirección de la Revista Pediatría Integral, por ofrecerme esta posibilidad de poder dirigirme a ustedes.

28º Congreso Nacional SEPEAP. Valencia 2014

Editorial

Fernando García-Sala Viguer

Presidente del Comité Organizador

 

«Nuestro espíritu como el de todos los pediatras es afrontar el cuidado de nuestros niños anteponiendo su bienestar a nuestro beneficio inmediato»

 


28º Congreso Nacional SEPEAP. Valencia 2014

Ya quedan pocos meses para que un año más iniciemos el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), que como ya todos sabéis celebrará su 28ª edición en Valencia del 23 al 25 de octubre del año en curso.

Queremos mirar con optimismo el futuro y es por ello que a pesar de la situación que vivimos, nuestro espíritu, como el de todos los pediatras, es afrontar el cuidado de nuestros niños anteponiendo su bienestar a nuestro beneficio inmediato, viviendo el día a día, y mostrando siempre nuestra mejor cara y disposición para la especialidad que hemos elegido, a pesar de los recortes y en muchos casos desprecio por parte de la administración a nuestra labor cotidiana.

En esta vigesimoctava edición, os vais a encontrar novedades muy interesantes. Empezamos el evento con unos “Cursos Precongreso”, que es una actividad nueva, y que en este primer año hemos elegido tres temas punteros, como son: “interpretación del ECG en atención primaria”, “la asistencia inicial al trauma pediátrico extrahospitalario” y “actualizaciones en el sueño”. Estos dos últimos comprenden una actividad on-line previa al curso, por lo que es muy importante, que los asistentes interesados estén apuntados antes de 1 de septiembre para poder iniciar el curso desde sus localidades. Son cursos a los que pueden acceder libremente los congresistas que se inscriban y además están abiertos a los profesionales de la salud interesados, no inscritos en el Congreso, pagando una cuota de inscripción para poder asistir a uno de ellos.

Tras los cursos, se inicia propiamente el Congreso con dos sesiones de Controversias. La primera nos abordará la siempre discutida pregunta sobre “quién debe de tratar el TDAH”, el pediatra, el neuropediatra o el psiquiatra infantil. Cada uno deberá de defender sus argumentos, para que su confrontación sea clarificadora e interesante para los asistentes. La segunda sesión de controversia que se realizará de forma simultánea, nos acercará al tema tan candente del “tratamiento sintomático de la patología banal respiratoria”, en la que unos defenderán el uso de antitusivos, antihistamínicos, mucolíticos, etc. y otros abogarán por no dar medicación. Seguro que el debate es interesante y nos ayudará a decidir la actitud a seguir en muchos casos que se nos plantea en nuestro quehacer cotidiano.

Hemos configurado dos mesas redondas plenarias, una sobre “la salud infantil en Europa”, en la que contamos con tres excelentes ponentes que vienen de Alemania, Israel y Jerusalén, castellano-parlantes y conocedores de esta problemática, al vivirla en primera mano, desde la Sociedad Europea de Atención Primaria. La otra mesa plenaria nos acercará al “dolor abdominal recurrente”, en el que tendremos la ocasión de observar el problema desde los tres puntos de vista en el que siempre nos apoyamos, que son: el gastroenterólogo, el psicólogo, y por supuesto, el concurso del pediatra como director de orquesta en esta patología.

Como otros años, realizaremos cuatro mesas redondas simultáneas (dos cada día), que tratarán sobre “los problemas emergentes en el contexto familiar”, en las que se abordará entre otras cosas, los problemas de la adopción, la violencia de género infantil y de los hijos con padres separados. Como segundo tema, tenemos la problemática del “adolescente que se marea”, que es un tema de consulta en atención primaria cada vez más habitual; por lo que deberemos saber abordarlo, de la mejor forma posible. En tercer lugar, nos aproximaremos a la problemática de “la infección de orina”, tratando los últimos avances preventivos y terapéuticos junto con las posibles malformaciones que la provoquen. Y por último, un tema de rabiosa actualidad, como es “la vitamina D”, por toda su implicación en la patología endocrino-metabólica y en la modulación del sistema inmune.

Los seminarios los hemos confeccionado con la idea de abarcar tres frentes, en muchos casos poco explorados en atención primaria, como “la genética”, que para muchos de nosotros es una asignatura pendiente, pero que cada vez está más presente en nuestros diagnósticos y, sobre todo, en la relación con los padres de niños que presentan problemas genéticos de difícil solución. Otro tema es la “investigación en atención primaria”, que muchas veces por falta de tiempo, no podemos desarrollar al estar sometidos a una sobrecarga asistencial que nos impide ir más allá de la patología habitual. Su ponente, seguro que nos da las claves para poder investigar y publicar nuestros hallazgos. Finalmente, se abordará otro tema de máxima actualidad, como es el empleo de “internet y redes sociales”; ya que, no nos podemos quedar quietos ante las posibles y probables agresiones que sufren nuestros niños al utilizar estos medios de relación.

El tema de las “vacunas” no podía faltar en nuestro programa, sobre todo, por la falta de unificación del calendario vacunal en todo el territorio nacional, además de problemas puntuales muy graves e importantes, que nos distancian a los pediatras de la Agencia Española del Medicamento. El panel de expertos abordará de forma muy sistemática, participativa y sobre todo muy clara, muchos de los aspectos actuales de la vacunación.

Como plato final y también como novedad este año, la sesión de Mesa Redonda Profesional, no va a ser única. Serán dos simultáneas, en la que por un lado tocaremos los modelos actuales de gestión clínica con el día a día de nuestras consultas y, por otro lado, como novedad, que esperamos que se institucionalice, haremos o mejor dicho, harán nuestros residentes de pediatría una mesa redonda profesional para ellos, con los problemas laborales o profesionales que quieran abordar. Será realizada por ellos, con la ayuda si lo requieren, de profesionales de leyes o de otra índole que puedan disipar las dudas o inquietudes que puedan suscitar.

Queremos que los residentes se integren lo más rápidamente en la SEPEAP, ya que son el futuro de la Pediatría y de nuestra sociedad. Es por ello que hemos aumentado las becas para su asistencia al congreso, y puedo decir que, a la semana de haber salido la convocatoria de solicitud, ya se habían completado todas. Desde aquí, animo tanto a los residentes como a los pediatras para que vayan enviando sus comunicaciones y pósteres, debido a que el plazo de presentación termina el próximo 27 de junio.

Finalmente, en lo concerniente al programa, nuestra actividad estrella son los talleres, tan necesarios para nuestro quehacer diario. Este año serán doce y, en primer lugar, repetimos como todos los años, el taller de “simulación avanzada“, que siempre arrasa y genera lista de espera para realizarlo. Siguiendo con los talleres, hemos querido dar especial importancia a la enseñanza práctica de especialistas de diversa índole, para abordar patología oftalmológica, otorrinolaringológica, ortopédica, respiratoria y dermatológica. Así mismo, podremos aprender mucho de talleres como el enfocado a la “obesidad infantil” y a la “reanimación cardiopulmonar básica”, en la que deberíamos de reciclarnos continuamente. Por último, realizaremos dos talleres que nunca se habían tocado como las “claves para confeccionar comunicaciones y ponencias” y, finalmente otro sobre los “test de diagnóstico rápido”, taller que servirá además de presentación del nuevo grupo de trabajo de la SEPEAP sobre este tema. Las plazas para los talleres son reducidas, por lo que os animo a que os apuntéis ya, a los dos que másos interesen, ya que todos se repiten. La inscripción la tiene que realizar el congresista directamente en la página web del congreso.

Los niños siguen siendo nuestro especial objetivo siempre, por lo que queremos enseñarle a cómo actuar ante una situación crítica con un simulacro de reanimación cardiopulmonar básica, en la que con la ayuda de monitores de RCP, les enseñemos a actuar ante un adulto con problemas respiratorios hasta que llegue ayuda. Contaremos con cientos de niños para desarrollarlo y además de enseñar, sería para nosotros muy importante, sensibilizar a los responsables que realizan los programas escolares, para que incluyan estas prácticas en sus actividades escolares obligatorias. De ahí, el eslogan: “Salva una vida”.

La industria como siempre, nos ha ayudado mucho y este año, como años anteriores, patrocinará varios simposios industria con temas también de rabiosa actualidad para el pediatra.

Todos somos conscientes de la situación por la que están pasando muchos niños que, por azares de la vida, han nacido en países subdesarrollados o abocados a conflictos bélicos en los que ellos son los principales desfavorecidos. Es por eso que hemos querido destinar una parte de las inscripciones a intentar quitar un granito de arena al inmenso desierto de desgracias y enfermedades que les acontece, con lo que UNICEF podrá vacunar a más de 11.400 niños frente a la polio.

Ya queda poco y quiero agradecer a los más de noventa ponentes y moderadores su participación desinteresada, a la Junta Directiva de la SEPEAP por su gran apoyo, a los vocales regionales por sus ideas en la elaboración del programa, y a los miembros del comité organizador y científico de este congreso por su implicación y ayuda.

Os esperamos en Valencia, donde además de ciencia podréis encontrar una ciudad a orillas del Mediterráneo, con buen clima, buena gastronomía, interesante para recorrerla, y un calor de su gente que seguro que os animará a volver a visitarla.

De los cursos de simulación al entrenamiento sistemático de los profesionales

Editorial

L. Sánchez Santos

Coordinador del grupo de trabajo de Simulación de la SEPEAP. Presidente de la Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (ECPCP). Junta directiva de la SEPEAP

 

«Medir y comparar, son en esencia, los dos caminos a seguir de forma ineludible para alcanzar la excelencia»

 


DE LOS CURSOS DE SIMULACIÓN AL ENTRENAMIENTO SISTEMÁTICO DE LOS PROFESIONALES

Cuando estamos cercanos a cumplir 6 años desde que la SEPEAP realizase su apuesta firme y decidida por el uso de la simulación avanzada como herramienta efectiva para el entrenamiento y capacitación de sus socios en el manejo del niño grave, me corresponde una vez más el honor, como coordinador del Grupo de simulación de la SEPEAP, de escribir el editorial de Pediatría Integral para resumir las actividades del grupo y su perspectiva de futuro.

Textualmente, en el editorial que presentaba el número monográfico de simulación en el año 2011, escribía: “Podría decirse que el año 2008 fue el año de inicio del proyecto, el año 2009 el de su consolidación y 2010 ha sido el de su internacionalización. En la actualidad, las actividades del grupo de simulación avanzada de la SEPEAP no se limitan a la realización de cursos, sino que incluyen también colaboraciones para el desarrollo de nuevos simuladores y evaluación de nuevos productos, además de proyectos de colaboración con entidades formativas y centros de simulación internacionales…” ¿Qué ha sucedido en los últimos años que merezca la pena ser destacado en este contexto? Los años 2012 y 2013 han supuesto dos ejercicios de intensa producción científica; al margen de los 6 artículos publicados en revistas indexadas en las bases de datos científicas internacionales, y las más de 50 comunicaciones remitidas a modo de póster o comunicaciones orales a diferentes Congresos y reuniones científicas, hay que destacar la puesta en marcha y elaboración de 6 tesis doctorales por parte los miembros del grupo, cuyo contenido principal está basado en la Simulación clínica y la seguridad del paciente.

En el plano internacional, nuestros colaboradores, en los años 2013 y 2014, han participado o está prevista su participación como ponentes en Congresos como: el Congreso Europeo de la Sociedad de Urgencias y Emergencias (EUSEM, Marsella, septiembre de 2013), el Congreso Mundial de Medicina de Familia (WONKA, Praga, junio de 2013), el Congreso de la Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (ECPCP, Tel Aviv, julio de 2013), el Congreso Consensus in Pediatrics (CIP, Bangkok, febrero de 2014) y el Congreso de la Academia Europea de Pediatría (EAPS, Barcelona, septiembre de 2014).

Estos últimos dos años han servido, además, para desarrollar nuevos formatos de actividades; el Curso SATRAP(Simulación Avanzada en Trauma Pediátrico), objeto de un monográfico en Pediatría Integral electrónica (https://www.pediatriaintegral.es//numeros-anteriores/Monografico-2013-10/Portada-Monografico/) desarrollado al amparo del convenio de colaboración que mantienen la SEPEAP y el 061 de Galicia, la consolidación del Curso de Emergencias Oncológicas en Pediatría, cuya 4ª edición tendrá lugar el próximo junio, y el nuevo Curso de Simulación avanzada de asistencia y estabilización del recién nacido en sala de partoque, con un espíritu integrador, pretende ser una herramienta efectiva de entrenamiento para los pediatras que trabajando en diferentes ámbitos, tienen en común la responsabilidad de atender partos.

En este aspecto –el docente– el Curso de simulación integral de paciente pediátrico, ha alcanzado su 98ª edición en el mes de marzo, y terminará el año superando las 105 ediciones. Es, sin duda, una muestra de la potencia de esta herramienta, que es percibida de forma reiterada por nuestro socios como necesaria y adecuada para ganar en efectividad y seguridad en el manejo de los niños graves.

Sin embargo, los aspectos más relevantes de la actividad del grupo de Simulación, reflejo de este nuevo compromiso de los pediatras con la seguridad de los niños, se centran en la innovación y la presencia institucional de estas actividades. En lo que respecta a los aspectos innovadores, consideramos de gran importancia la participación activa de la Simulación Avanzada en el contexto del Proyecto Innova Saúde del Servicio Gallego de Salud (SERGAS), proyecto financiado por la Comisión Europea a través del Ministerio de Ciencia, Innovación y Competitividad para el periodo 2012-2015. Aprovechar esta oportunidad supondrá avanzar de forma significativa en el terreno del entrenamiento sistemático, la integración de recursos y la capacidad de estimar de forma objetiva (más allá de encuestas de satisfacción y de impacto subjetivo) y el impacto del entrenamiento de los profesionales sobre la asistencia. Medir y comparar son, en esencia, los dos caminos a seguir de forma ineludible para alcanzar la excelencia. La presencia institucional de la Simulación ha avanzado en varios terrenos, incorporándose como un indicador para evaluar la programación docente de diferentes instituciones, desarrollando la actividad como una ciencia transversal en el cuerpo docente de algunas especialidades, y generando, en definitiva, sinergias entre Universidades (formación pregrado), Masters Universitarios y Formación Especializada (formación postgrado) y cursos de entrenamiento dirigidos a profesionales (Formación Continuada). Como consecuencia de esta presencia institucional, es una gran satisfacción que varios miembros del grupo se hayan incorporado como profesores titulares o asociados al cuerpo docente de diferentes universidades.

Los objetivos del grupo en el corto plazo se centran en fortalecer todas las sinergias descritas con anterioridad; actividad docente, científica y presencia institucional, con el objetivo de colaborar en la integración del entrenamiento de los profesionales y el mantenimiento de competencias en su jornada laboral, único camino posible para alcanzar el objetivo final, capacitación del profesional y seguridad de los pacientes.

Más allá del fonendo, el otoscopio y el depresor lingual

Editorial

 
J. de la Flor i Brú

Pediatra de Atención Primaria. CAP Vila Vella. ABS-1 Sant Vicenç dels Horts. ICS. Barcelona. Subdirector ejecutivo de Pediatría Integral. Vocal regional por Catalunya de la SEPEAP. Coordinador del TECDIAP (Grupo de trabajo de la SEPEAP dedicado a tecnologías diagnósticas en Atención Primaria)

 


«Una consulta más resolutiva, en la que el pediatra sea autosuficiente en una gran mayoría de situaciones en las que en la actualidad depende de otros niveles asistenciales, mejora de manera significativa su satisfacción profesional y aumenta la eficiencia de su ejercicio»

 


Más allá del fonendo, el otoscopio y el depresor lingual

La práctica de la Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (AP) en el sector público de nuestro país, que generalmente se practica en consultas masificadas, escasamente dotadas de medios diagnósticos, con creciente déficit de recursos humanos especializados, frecuente aislamiento del pediatra en equipos de AP con escasa empatía por nuestra especialidad, cuando no manifiestamente hostiles, y con una administración sanitaria generalmente poco sensible a las demandas de los profesionales, comporta grandes dosis de rutina, frustración y desmotivación del profesional
(burnout), que constata una gran diferencia entre sus aspiraciones científicas y profesionales y una realidad de su ejercicio que limita su capacidad resolutiva(1). Es frecuente observar cómo algunos pediatras, después de unos años de lucha y resistencia, acaben claudicando y convirtiendo su consulta en un despacho de tono funcionarial en el que, manteniendo unos mínimos de corrección profesional, reducen su implicación científica, se limitan al desempeño de tareas asistenciales rutinarias, descuidan progresivamente (por no decir “dimiten de”) los aspectos de prevención y promoción de la Salud, actualmente casi siempre a cargo de enfermería pediátrica, especialmente en el apartado de vacunaciones preventivas, practican una medicina complaciente y/o defensiva y utilizan de manera poco eficiente los recursos sanitarios, con exceso de prescripción de fármacos, petición de analíticas y radiología, y derivación a especialistas y servicios de urgencia hospitalarios. Podríamos concluir esta reflexión diciendo que, cuando se incorpora a su plaza el pediatra quiere, pero no puede, y cuando se ha consumado el proceso de burnout, ni quiere ni puede.

Revertir este sombrío proceso es de una extraordinaria complejidad multifactorial, pero pasa imprescindiblemente por aumentar de forma significativa la capacidad de resolución. Una consulta más resolutiva, en la que el pediatra sea autosuficiente en una gran mayoría de situaciones en las que, en la actualidad, depende de otros niveles asistenciales, mejora de manera significativa su satisfacción profesional y aumenta la eficiencia de su ejercicio(2).

Es una evidencia que el pediatra extrahospitalario/de AP de nuestro país no dispone en su consulta del utillaje necesario o de las pruebas complementarias suficientes para alcanzar el nivel de resolución que su formación y especialización (y voluntad) le permitirían. En la mayor parte de las consultas de Pediatría Extrahospitalaria-AP de nuestro medio, el equipamiento estándar se compone de un fonendoscopio, un depresor lingual, un otoscopio convencional (en algunas ocasiones en un estado funcional deplorable) y grandes dosis de compromiso, implicación, dedicación y afición. En algunas consultas de determinadas zonas, se ha podido incorporar el test de diagnóstico rápido de estreptococo betahemolítico del grupo A y en algunas otras se dispone de pulsioximetría, pero estos medios no son en absoluto universales y, en estas condiciones, la práctica del pediatra se basa fundamentalmente en la clínica y el empirismo.

Sin embargo, la creciente complejidad de un ejercicio profesional que, en la actualidad, debe responder a nuevos retos planteados por una población infantil de características sociológicas y culturales rápidamente cambiantes, por una sociedad en constante evolución y creciente (y necesaria) exigencia a sus profesionales sanitarios, y por una progresiva escasez de pediatras y de soporte humano auxiliar (enfermería especializada en pediatría), hace aconsejable que el pediatra práctico se dote de material complementario que le permita un diagnóstico basado en pruebas, lo que, a su vez, supone la modificación de conductas epidemiológicas, diagnósticas y terapéuticas, y la racionalización de los recursos disponibles en Salud Pública, aumentando la eficiencia de su ejercicio.

No se trata de convertir nuestras consultas en una colección de aparatos, porque la lista de útiles o de test a utilizar sería interminable, muchos de los mismos tienen una utilidad marginal o dudosa, y constantemente aparecen nuevos productos, pero sí es obligado conocer la existencia de instrumentos y pruebas que nos pueden ayudar mucho en nuestra práctica diaria.

Sin embargo, hay grandes dificultades para incorporar este material a nuestras consultas. Algunos de estos instrumentos o pruebas tienen un coste elevado, y es muy difícil (pero sí posible, como hemos demostrado(2) algunos profesionales) en el sector público convencer a nuestros gestores y administradores sanitarios de su necesidad o interés, aun evidenciando que en algunos casos pueden ser muy rentables a corto o medio plazo. Por otro lado, en las consultas privadas actuales, basadas fundamentalmente en pacientes que pertenecen a entidades de seguro privado, con escasa remuneración unitaria de la actividad asistencial, puede ser difícil que se hagan las costosas inversiones económicas que permitirían dotarlas con instrumentos complementarios. Pero otros, en cambio, son muy asequibles y, si no son utilizados, es por desconocimiento de su existencia.

Sin embargo, debemos conocer que normalmente estos métodos o test no son la panacea universal o la solución definitiva prácticamente de ningún problema habitual de la práctica diaria, sino un complemento, a veces muy valioso, para mejorar la valoración de estos problemas. Lo deseable es que el pediatra conozca lo que existe en el mercado, valore cuáles son sus necesidades, variables según el ámbito y características de su consulta, y en función de las mismas y también de sus aficiones o afinidades, decida lo que le interesa incorporar a su despacho profesional.

A tal efecto, parece muy atractivo el modelo americano de organización asistencial pediátrica, en el que el pediatra de AP suele trabajar asociado a un grupo de pediatras generalistas en el que cada uno tiene diferentes áreas de interés y dedicación, a modo de subespecialidad, lo que permite que individualmente cada pediatra se dote de aquellos medios que más utiliza y que, al mismo tiempo, todos puedan tener acceso a un completo catálogo de instrumentos complementarios.

El nuevo grupo de trabajo de la SEPEAP, dedicado a las tecnologías diagnósticas en AP (TECDIAP), nace con el objetivo de informar a los socios de la SEPEAP y lectores de Pediatría integral de la existencia de tecnologías diagnósticas potencialmente utilizables en la consulta de Pediatría extrahospitalaria/AP, promover un creciente uso de las mismas, analizar la evidencia disponible sobre su utilidad, fomentar la investigación en este terreno, crear doctrina suficiente para argumentar frente a la administración la necesidad de incorporar rutinariamente algunas de estas técnicas a las consultas de Pediatría del sector público, y ofrecer formación regularizada y periódica en forma de talleres y cursos a los pediatras que estén interesados en este tema.

Desde la tribuna de Pediatría integral hacemos un llamamiento a todos los socios y lectores interesados para que contacten con el Grupo, se integren en el mismo, y hagan sus aportaciones o sugerencias para llenar de contenidos útiles y prácticos su actividad.

Bibliografía

1.Flórez JA. Síndrome del burnout del pediatra: prevención y control. Bol Pediatr. 2006; 46: 235-43.

2.De la Flor J. El pediatra extrahospitalario bien equipado. Pediatr Integral 2010; XIV(4): 323-45.

 

La ilusión de una nueva etapa

Editorial

 
V. Martínez Suárez

Presidente de la SEPEAP

 


«Al concepto de Pediatría General es al que hay que dar mayor valor. Y el pediatra general, el que desde el centro de salud, desde su consulta privada o desde el hospital mantiene una visión integral del niño y aspira a realizar una medicina completa de la infancia, siempre va a favorecer cualquier paso que la sociedad actual precise y nos demande»

 


La ilusión de una nueva etapa

Como especialidad médica la pediatría tiene la responsabilidad de atender a los problemas de salud de los niños, mejorando sus condiciones de vida y favoreciendo su relación positiva con el entorno, tanto familiar como social. Esa ha sido para la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) su misión preceptiva y sustancial. Y como principales responsables de su gestión desde su Junta Directiva serviremos a esa idea por encima de cualquier otra cosa. Todo lo demás entendemos que son medios o acciones para ese fin.

Y es precisamente desde ese punto de partida que nuestros principales proyectos van a consistir en ayudar a los pediatras a desplegar todas las potencialidades de su profesión, que son muchas y amplias, aunque probablemente no suficientemente cumplidas. Para ello creemos que al concepto de Pediatría General es al que hay que dar mayor valor. Y el pediatra general, el que desde el centro de salud, desde su consulta privada o desde el hospital mantiene una visión integral del niño y aspira a realizar una medicina completa de la infancia, siempre va a favorecer cualquier paso que la sociedad actual precise y nos demande. Porque la única medida válida de la eficacia de nuestra actuación vendrá dada por nuestra capacidad para mejorar las circunstancias en que la infancia se desenvuelve y enfrenta sus dificultades físicas, psíquicas y sociales. Y esto debiera de preocupar por igual a todos los pediatras, independientemente de su posición dentro del sistema sanitario.

Es por eso también que si miramos hacia atrás no podemos más que felicitar y agradecerles a los que nos precedieron su labor excelente y llena de consecuciones. Sobre todo, ellos han sentado en nuestra Sociedad las bases de su continuidad y han definido un carácter que nosotros asumimos. Y debemos señalarlo aquí ya que, precisamente en este 2014, se cumplirán los 30 años de su fundación. Imaginamos que entonces y en todo este tiempo encima de la mesa se pusieron creencias diferentes y posiblemente contrapuestas, planes atrevidos e inteligentes, cada uno aportando un punto de vista en su construcción. Pero, sobre ello, temas de preocupación comunes, voluntad de compartirlos y el interés de resolverlos juntos. Mantener ese trasfondo de identidad e identificación, conservar las preocupaciones de orden general por encima de las barreras de la edad y de concepciones o intereses más limitados permite encontrar reunidos hoy en la SEPEAP a pediatras diversos en sus ideas, en sus actitudes y en sus ambiciones, pero capaces de vislumbrar un proyecto con la suficiente entidad como para erigir sobre él una interpretación profunda y relativamente fácil de compartir.

Gracias a ello somos una sociedad con ya más de 3.000 socios y ahora más de 900 residentes de pediatría vinculados a nuestras actividades. Con esa misma noción de continuidad y de transformación recientemente hemos creado nuevos grupos de trabajo y en los próximos meses se constituirá algún otro, lo que se sumará al nuevo ímpetu que desde la dirección se les pedirá a los ya existentes. Igualmente, nuestros vocales regionales deben tener un protagonismo mayor en la vida diaria de nuestra Sociedad. Cualquier socio, en fin, podrá incorporarse a todas nuestras tareas y debiera sentir la obligación de transmitirnos sus inquietudes, sus preocupaciones y sus ideas de trabajo. Junto a una renovada voluntad de proximidad, de compromiso y de transparencia, esto resultará fundamental para reordenar la idea de futuro para la SEPEAP.

También vamos a buscar la mayor sintonía posible con las diferentes Administraciones, con las que forzosamente tenemos que compartir el interés por esclarecer determinados problemas y por favorecer la eficiencia asistencial. Trabajaremos para aumentar la colaboración con la industria, proponiéndole proyectos de interés compartido. Mejoraremos el nivel de exigencia científica de nuestros foros y de nuestros órganos de expresión, lo que supondrá un mayor cuidado en la formalidad, más controles de calidad y su aproximación decidida a la información primaria, original y veraz; es decir, al producto de la investigación.

Respecto a otras sociedades pediátricas, vemos en algunos temas propósitos y prioridades diferentes, pero debemos mantener la voluntad de relacionarlos con los nuestros y alinearlos para que se produzca el entendimiento, sin dejar de sostener un discurso propio. Nuestra sensibilidad hacia los problemas que tenemos delante y nuestros argumentos los haremos notar y los haremos valer. Todo ello, desde la lealtad institucional que exigiremos también hacia nosotros y desde una voluntad de acuerdo, pero también desde una vocación de defensa de la SEPEAP y de sus intereses, que entendemos que son los de la pediatría española.

Personalmente, me siento confiado y honrado con la compañía de aquellas personas que asumirán más directamente las responsabilidades en la gestión de la Sociedad. Me refiero a su Junta Directiva, a los vocales regionales y a los coordinadores de los diferentes grupos de trabajo; a los responsables de nuestra revista y de nuestra página web. Creo que todos ellos piensan que proyectar sobre el esfuerzo y la exigencia profesional esa noción sentimental, responsable y agradecida que otros antes nos han señalado nos ayudará a afrontar más ilusionados los nuevos retos que desde nuestra consulta se vislumbran.

 

10 consideraciones sobre el uso de medicamentos. Responsabilidades y reto profesional

Editorial

 
V. Martínez Suárez

Centro de Salud El Llano (Gijón). Servicio de Salud del Principado de Asturias

 


«La mala praxis de prescripción debiera entenderse como un grado deficiente y no razonable de prudencia, de diligencia o de conocimiento en el uso de fármacos; en todo caso, con riesgo innecesario y evidente para el niño, o con efectos perjudiciales consecuentes y reconocidos en relación al tratamiento»

 


10 consideraciones sobre el uso de medicamentos. Responsabilidades y reto profesional

La idea de uso racional de medicamentos se refiere a que los pacientes reciban la medicación según sus necesidades clínicas, a dosis que se ajusten a sus requerimientos individuales, durante un periodo de tiempo adecuado y al menor coste para ellos y la comunidad(1). El tema es de máxima actualidad en la medicina de hoy; y es además, según esa formulación inicial, una exigencia profesional que, en el caso de la medicina infantil, adquiere aún mayor relevancia.

 

Para nosotros, resulta fácil aceptar como premisa de cualquier intervención curativa el que todos los niños tienen derecho a recibir tratamientos eficaces y seguros por parte de sus pediatras. Aunque partiendo de esta declaración pueden hacerse varias consideraciones.

 

1. En primer lugar, la racionalidad en el uso de fármacos dependerá de la existencia de una oferta y una demanda racionales; además, y de forma importante, de una intervención administrativa coherente y también racional. Porque al afrontar este tema, no puede ignorarse que es la Administración quien tiene potestad para introducir criterios adicionales a los clásicos de eficacia y seguridad, tales como efectividad clínica o eficacia comparativa, efectividad económica e impacto presupuestario. La Administración es también quien define las reglas que regulan la autorización, registro y precio de los productos que se ofrecen a la venta, así como los límites generales de su utilización(2). Igualmente, la difusión de la mejor información disponible debiera tenerse como una alta responsabilidad de los organismos oficiales que, según las diferentes Comunidades Autónomas, trabajan con un imperativo de rigor y calidad notablemente variables. Eso a pesar de que las autoridades sanitarias tendrían que sentirse obligadas y más comprometidas con su papel en la información a los médicos acerca de los medicamentos(3). Todo ello señala ya para algunos condicionantes del uso de medicamentos, una responsabilidad superior al nivel de actuación del pediatra prescriptor.

 

2. Los médicos no pueden olvidar la importancia del acto de emitir una receta y tendrían que buscar todos los datos y referencias que les ayuden a realizarlo de la forma más conveniente para sus pacientes(4). Sólo la utilidad y seguridad del sujeto enfermo o en riesgo de enfermedad deben estar en el centro del acto médico, y quien determina el plan terapéutico será totalmente responsable de sus decisiones y debe mantener el mandato de la ética profesional. Es precisamente desde esta idea que, la mala praxis de prescripción debiera entenderse como un grado deficiente y no razonable de prudencia, de diligencia o de conocimiento en el uso de fármacos; en todo caso, con riesgo innecesario y evidente para el niño, o con efectos perjudiciales consecuentes y reconocidos en relación al tratamiento.

 

3. Lo anterior tiene que ver con que la orden de tratamiento inadecuada traduce muchas veces un desconocimiento de la prescripción correcta y de la muchas veces recomendable abstención terapéutica. Apostar por la formación profesional de calidad, por tanto, es también, y más que otras cosas, acercar a los profesionales a la terapia necesaria, que puede ser de renuncia al uso de fármacos. Mejorar nuestros conocimientos en farmacología clínica y en terapéutica, acercarnos a las fuentes originales de información mediante cursos de lectura crítica y de medicina basada en la evidencia es ahora –por la abrumadora sobreabundacia de información– una necesidad más apremiante que nunca.

4. Los fármacos que desde el sistema sanitario se ofrecen a los ciudadanos debieran estar probados científicamente en su valor curativo. Esto supone que la principal información accesible al médico tendría que haberse generado mediante estudios metodológicamente bien diseñados y que permitan responder a la cuestión de interés(5). Además, que una vez analizada y sintetizada, debiera estar fácilmente disponible para ser consultada y correctamente interpretada por parte de los profesionales. Sin embargo, no puede ocultarse que la heterogeneidad en la expresión clínica de algunas enfermedades, junto a los estudios fragmentarios y de calidad variable que sobre muchas afecciones disponemos limita la elaboración de guías clínicas de valor completo y unánimemente aceptadas(5,6). Sabemos que no existen ni suficiente investigación ni metaanálisis que orienten todas nuestras decisiones y aclaren las amplias zonas de penumbra del ejercicio médico, pero esto señala también un enorme reto profesional.

 

5. De forma directa (ayudas a los propios pediatras) o indirecta (a través de convenios con las administraciones o de las sociedades científicas), la docencia y formación en al ámbito de la salud están siendo mayoritariamente promovidas y financiadas por la casas comerciales. Esto ocurre aunque algunas instituciones oficiales y grupos profesionales quieran ocultar o silenciar el origen de sus ingresos para estos fines y la realidad de su relación con estas empresas. Mientras no sea la Administración, a través de sus presupuestos, la que asuma los costes de estas actividades, difícilmente se podrá aceptar una crítica general a esta relación. Esto debe reconocerse así; y cualquier otra cosa es un ejercicio de doble moral con beneficios particulares. El imperativo de rigor y transparencia hacia la comunidad pediátrica y hacia la sociedad debiera sentirse irrenunciable(7-9). Igualmente, tendremos que defender y reforzar un plan de trabajo conjunto del que formen parte tanto el logro de una prescripción farmacoterapéutica de la mayor calidad posible como la realización de estudios que ayuden a mejorar la competencia profesional, trabajos de investigación sobre el uso adecuado de los medicamentos, la difusión y actualización de conocimientos. Por todo ello, la industria farmacéutica debe tenerse como un aliado estratégico de importancia fundamental para nosotros.

 

6. Es lícito que las empresas farmacéuticas den a conocer los productos que desean vender y es comprensible que lo hagan de la forma más conveniente a sus intereses. Este reconocimiento no implica que la información pueda realizarse de cualquier manera y, menos aún, con afirmaciones incorrectas sobre su bondad o con ocultación de los problemas derivados de su uso(7,8). Para impedirlo existe suficiente legislación; además, también existe un código ético en la propia industria que regula la promoción, estableciendo lo que se considera inadecuado o falso(10,11). Debe recordarse que, tanto en Europa como los Estados Unidos, las agencias reguladoras son lo suficientemente robustas para hacer frente con éxito a cualquier interés comercial espúreo de la industria farmacéutica(11-18). Además, el propio profesional debiera conocer el modo de filtrar, contrastar y discernir la documentación útil de la propaganda puramente comercial.

 

7. Un asunto relevante. Para una proporción considerable de medicamentos (así, para las especialidades publicitarias, OTC, de venta sin receta y control médico), no es el pediatra prescriptor sino el usuario-paciente quien decide su consumo, en ocasiones con la participación del farmacéutico-dispensador(19-24). Y esto debe relacionarse con el hecho –indudablemente revelador– de que, en los últimos años, los gestores de la sanidad sólo han reconocido la importancia de la calidad de la prescripción desde una preocupación primordial por el gasto, no desde un imperativo racional y ético de beneficio del paciente. Un ejemplo claro ha sido el uso directo y rápidamente creciente de los medicamentos por los ciudadanos, asumiéndose que, si estos los pagan de su bolsillo, el problema del uso racional se difumina cuando, en realidad, empieza a tener una mayor relevancia. La automedicación, el consumo de fármacos sin supervisión sanitaria, la dispensación en las oficinas de farmacia de medicamentos de prescripción médica y la compra a través de Internet, son puntos importantes que debieran tener mayor presencia en las políticas de uso racional(11,25), también en las específicamente dirigidas a los profesionales.

 

8. Llama igualmente la atención que la Administración, que en nuestro país paga gran parte de la factura sanitaria, haya mostrado tan poco interés en la investigación de estrategias para mejorar los insatisfactorios niveles actuales de adhesión terapéutica. Cuando se trata de pacientes que no forman parte de un ensayo clínico controlado, el cumplimiento terapéutico puede oscilar entre el 25 y el 50%(26-29). Y esto, en el caso de los antibióticos y otros agentes antiinfecciosos puede ocasionar perjuicios directos al propio consumidor y a la comunidad. Ciertamente, las intervenciones susceptibles de mejorar la adhesión terapéutica tendrían un coste en formación del médico(31), pero con ellas no sólo se conseguiría mejorar el cumplimiento de la prescripción sino que se incrementaría la satisfacción de los usuarios al aumentar su participación y comprensión de la lógica del tratamiento(28-32).

 

9. Otro tema que merece aquí un comentario es el de la insistente demanda de la enfermería respecto a su intervención en la prescripción de tratamientos. Ante esto, podemos preguntarnos también cuántos profesionales de la enfermería han recibido formación acreditada sobre estas actividades. Más aún: ¿podemos denunciar la falta de formación en esta materia de muchos pediatras y a la vez aceptar la prescripción por parte del colectivo enfermero? Porque al tratar este asunto es inexcusable hablar de cualificación; de calidad en los procesos y en los servicios. Sumado a ello, la actividad de la enfermería en la consulta de pediatría no ha sido evaluada y existe poca información sobre su eficiencia y sobre sus resultados(33). Tampoco puede olvidarse lo que supone como elemento medicalizador la dispersión y la pérdida de control de la prescripción. Ésta resultará de mayor calidad si la formación del que la realiza es mayor; o visto desde otra posición, a menor formación, menor eficacia y una presión comercial más efectiva(34). Creemos que esta delegación o renuncia del médico tendría que verse como un gran logro para nuevos objetivos comerciales de algunas empresas farmacéuticas y parafarmacéuticas; y como resultado de la misma, las expectativas de mercado, los potenciales clientes, se multiplicarían.

 

10. Finalmente, en relación al uso correcto de medicamentos y la aplicación de medidas terapéuticas, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), como institución representativa de la profesión pediátrica y de la salud infantil hasta el final de la adolescencia, viene asumiendo la idea de la buena práctica médica y su función de abogado de la infancia(34). En tal sentido:

 

• Ha manifestado repetidamente su compromiso con la mejora de los estándares y criterios de calidad en la atención médica infantil, comprometiéndose con la máxima seguridad del paciente.

• Incentivará y apoyará las actividades de investigación y de evaluación de resultados relacionados con nuestras intervenciones.

• Promoverá y auspiciará aquellas actividades que mejoren la formación de los profesionales en cuanto a las prescripciones a realizar.

• En el mismo sentido, se esforzará por acercarlos a las fuentes originales de información mediante cursos de lectura crítica y de medicina basada en la evidencia.

• Exigirá una comercialización ética, mediante la aplicación rigurosa de los códigos de buenas prácticas en la promoción de medicamentos.

 

Bibliografía

1. WHO. Promoting rational use of medicines: core components. Geneva: WHO Policy Perspectives on Medicines, September 2002.

2. Ley 29/2006, de 26 de julio, de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. BOE 178 de 27 de julio de 2006.

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12. European Medicines Agency: Ethical considerations for clinical trials performed in children; EMA guidelines, 6 October 2006. En: www.ema.europa.eu

13. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. En: www.aemps.es

14. Agrawal Shantanu, Brennan N, Budetti P. The Sunshine Act-effects on physicians. N Engl J Med. 2013; 368: 2054-7.

15. Campbell EG, Rao SR, Des Roches CM, Iezzoni LI, Vogeli C, Bolcic-Jankovic D, et al. Physician professionalism and changes in physician-industry relationships from 2004 to 2009. Arch Intern Med. 2010; 170: 1820-6.

16. Kesselheim AS, Robertson Jr CT, Siri K, Batra P, Franlin JM. Distribution of industry payments to Massachusetts physicians. N Engl J Med. 2013; 368: 2049-52.

17. Real Decreto 1345/2007, de 11 de octubre, por el que se regula el procedimiento de autorización, registro y condiciones de dispensación de los medicamentos de uso humano fabricados industrialmente.

18. Directiva 2004/27/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 31 de marzo, por la que se modifica la Directiva 2001/83/CE de 6 de noviembre de 2001, y que establece un código comunitario sobre medicamentos para uso humano, que armoniza y recopila en un solo texto la normativa comunitaria sobre medicamentos de uso humano.

19. Reglamento (CE) nº 1901/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de diciembre de 2006, sobre medicamentos para uso pediátrico.

20. Ed Silverman. Everything you need to know about the Sunshine Act. BMJ. 2013; 347: f4704. Disponible en http://bit.ly/1byyJNr

21. Llor C, Cots JM. The sale of antibiotics without prescription in pharmacies in Catalonia, Spain. Clin Infect Dis. 2009; 48: 1345-9.

22. European Medicines Agency: Report on the survey of all paediatric uses of medicinal products in Europe; EMA/794083/2009. En: www.ema.europa.eu

23. Caamano F, Tome-Otero M, Takkouche B, Gestal-Otero JJ. Factors associated with the decision of Spanish pharmacists to prescribe medicines and to recommend the visit to a doctor. Pharmacoepidemiol Drug Saf. 2004; 13: 817-20.

24. Simó S, Fraile D, Sánchez A, García-Algar S. Dispensación de medicamentos sin prescripción médica en oficinas de farmacia. An Pediatr (Barc). 2013; 79: 10-4.

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27. Anónimo. Compliance (or concordance) and once daily dosing. Glasgow Prescriber. 1999; 13.

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30. Sabate E. Adherencia a los tratamientos a largo plazo. Pruebas para la acción (Documento OMS traducido). Ginebra: Organización Mundial de la Salud, 2004. Disponible en: http://www.paho.org/Spanish/AD/DPC/NC/adherencia- largo-plazo.pdf

31. Orueta R. Estrategias para mejorar la adherencia terapéutica en patologías crónicas. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud. 2005; 29: 40-8.

32. Corlett AJ. Aids to compliance with medication. BMJ. 1996; 313: 926-9.

33. Martínez V. Salud Pública, medicalización de la vida y educación, en el libro Salud y Ciudadanía. Teoría y práctica de la innovación, editado por la Consejería de Educación y Ciencia del Gobierno del Principado de Asturias. Oviedo; 2008. p. 17-28.

34. Martínez V. La mirada ética de la pediatría. Pediatr Integral. 2012; nº especial 15: 33-6.

 

Desabastecimiento en las farmacias de la vacuna frente a la varicela. Hacia dónde se encamina la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)

Editorial

 
F. Álvarez García

Pediatra de Atención Primaria en el Centro de Salud de Llanera (Asturias). Miembro de los Comités Asesores de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría y del Principado de Asturias

 


«La AEMPS ha tomado una decisión que como poco es incongruente y posiblemente con escaso fundamento legal porque conculca varios derechos»

 


Desabastecimiento en las farmacias de la vacuna frente a la varicela. Hacia dónde se encamina la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)

Desde este pasado verano, sin mediar notificación oficial alguna por parte de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), hemos ido recibiendo noticias de las familias y de los profesionales sanitarios sobre la falta de la vacuna frente a la varicela, concretamente del preparado Varivax® (Sanofi Pasteur MSD), en las farmacias de la mayoría de las comunidades autónomas (CC. AA.) españolas. Varilrix® (GSK) en España está declarada de uso hospitalario y, por tanto, no accesible a la población en general.

El Comité Asesor de Vacunas de la AEP, el 3 de septiembre de 2013, emitió un comunicado(1), junto con la Asociación Española de Vacunología y la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, en el que informábamos que desconocíamos los motivos de este desabastecimiento, dado que no había ninguna alerta sobre problemas de producción, distribución o seguridad de la vacuna; por lo que, pedíamos al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI) y a la AEMPS que se manifestaran lo antes posible al respecto y, sobre todo, que se pusiera fin a esa anómala y extraña situación.

Posteriormente a esta nota, que tuvo repercusión en todos los medios de comunicación, tanto el MSSSI como la AEMPS negaron la situación, afirmando que se estaban liberando lotes de la vacuna, pero sólo para la vacunación de adolescentes y para las farmacias de aquellas comunidades y ciudades autónomas en las que la vacuna está incluida en el calendario sistemático infantil financiado, en la práctica, Madrid, Navarra, Ceuta y Melilla(2).

También conocíamos, en esos días, una nota interna emitida por la AEMPS(3) y dirigida a los departamentos de farmacia de alguna comunidad autónoma, firmada por D. Francisco Salmerón, Jefe de la División de Productos Biológicos y Biotecnología de la AEMPS, en la que se explicaban las razones de este desabastecimiento basándose en una bibliografía que en ningún momento hacía referencia a publicaciones actuales.

Ante esta situación, el CAV-AEP ha elaborado recientemente dos notas informativas, una para familias(4) y otra para profesionales(5), que se han publicado en www.vacunasaep.org el 1 de octubre. En la de profesionales, se rebaten una a una las razones que alega la AEMPS para provocar este desabastecimiento.

Los puntos principales a refutar de esa nota son los siguientes que vamos a enumerar:

1.“En los últimos 4 años, las coberturas vacunales estimadas con Varivax® en las CC. AA. españolas que no realizan vacunación infantil sistemática (todas, excepto Madrid, Navarra, Ceuta y Melilla) son de un 38-76 %(3)”.

Es bien sabido que, con cualquier vacuna, el impacto sobre la enfermedad es mayor cuanto mayor sea la cobertura vacunal. Sin embargo, en el caso de las vacunas de la varicela, coberturas moderadas no sólo proporcionan protección individual, sino que pueden tener, también, una repercusión colectiva relevante. Así se ha demostrado en EE. UU. que, con coberturas del 40%, se produjo una disminución global de los casos de varicela(6) sin que la enfermedad aumentase en las personas no vacunadas, incluidos los adultos e incluso, con coberturas tan bajas como el 26% en 1997, se produjo una disminución de la mortalidad asociada a varicela en los niños vacunados, sin que se constatase ningún aumento en las personas no vacunadas(7). Además, después de 17 años de vacunación, todos los estudios indican que se está produciendo una disminución de la incidencia de la varicela en adultos, con la casi desaparición de la mortalidad relacionada con la misma en todas las edades(8). En Navarra (con vacunación infantil sistemática con 2 dosis desde 2007) se ha podido comprobar un descenso global acumulado de la tasa de incidencia de un 97,3% hasta 2012 (98,5% en niños de 1 a 8 años), así como en la población no vacunada: 90,5% en menores de 1 año y 92,4% en mayores de 22 años. Y abundando en lo mismo, en esta comunidad autónoma ha descendido la tasa de hospitalización global por varicela en un 89% (en menores de 15 años, 95%)(9).

Luego, sí son deseables coberturas elevadas y el objetivo final del CAV-AEP es que se introduzca en el calendario sistemático financiado para que así se logren dichas coberturas, pero aunque éstas sean más bajas, se continúa produciendo un beneficio evidente, porque disminuyen los casos, las hospitalizaciones y la mortalidad por esta enfermedad y hasta la actualidad no se ha demostrado un desplazamiento de la enfermedad a adultos como permanentemente nos amenazan desde la AEMPS.

2.“La vacunación sistemática frente a la varicela en la edad pediátrica podría inducir cambios en los patrones epidemiológicos de la varicela, consistentes en un aumento de los casos de varicela y herpes zóster (HZ) en la edad adulta(3)”.

Hace ya casi 50 años, Hope-Simpson(10) expuso la hipótesis de que los repetidos contactos con el virus de la varicela (VVZ) constituyen refuerzos inmunitarios (boosting) que harían mantener al virus confinado en los ganglios neurales, evitando o haciendo menos probable su reactivación y expresión clínica en forma de HZ. En base a esta hipótesis, se han construido modelos matemáticos que predecían que durante unos 30 años tras la introducción de la vacunación infantil sistemática, a medida que disminuyese la circulación del VVZ y, por tanto, de los contactos espontáneos repetidos, podría registrarse un desplazamiento de la infección primaria a edades más avanzadas, y un aumento del HZ en la población adulta, especialmente después de los 50 años de edad, aunque este mismo modelo destacaba que este sería un efecto temporal.

Esta hipótesis, simple y atractiva para la AEMPS, sin embargo no ha sido aún corroborada, y, por tanto, requiere más investigaciones; los datos epidemiológicos reunidos hasta la fecha en países donde se realiza vacunación infantil sistemática, aun siendo limitados, muestran una tendencia en dirección opuesta a las predicciones antedichas, esto es, una disminución de la carga de enfermedad de varicela y HZ en todas las edades, tanto en vacunados como en no vacunados(11-13).

Por tanto, este miedo no comprobado hasta el momento actual, no justifica la suspensión de la distribución de la vacuna.

3.“En las CC.AA. donde no está implantada la vacunación infantil sistemática hay un uso elevado de la vacuna […]. Esta situación contraviene la recomendación oficial de dichas CC.AA. incumpliéndose, además, la propia Ficha Técnica de la vacuna” [sic](3)”.

Debemos contestar que desearíamos un uso aún mayor del que hay para aproximarnos a coberturas más elevadas que son, por supuesto, las ideales, pero la AEMPS se equivoca cuando dice que no lo hacemos según las recomendaciones oficiales porque, en la ficha técnica (FT) de Varivax®(14) se establecen como indicaciones terapéuticas (textualmente en la sección 4.1): a) la vacunación frente a varicela en individuos a partir de 12 meses de edad; b) a niños a partir de 9 meses de edad, bajo circunstancias especiales; y c) a individuos susceptibles que han estado expuestos a varicela. Por lo tanto, el uso actual de la vacuna se ajusta absolutamente a lo referido en la FT.

Es en la sección 4.2 (Posología y forma de administración) de la FT en la que figura textualmente que: “El uso de Varivax® debe estar basado en las recomendaciones oficiales”, para, a continuación, describir las pautas de vacunación según la edad y otras circunstancias clínicas. Según la RAE , “posología” hace referencia al modo de administrar un medicamento, y no a las indicaciones de uso(15) (que están recogidas en el apartado 4.1 de la FT). Por tanto seguimos cumpliendo esas indicaciones oficiales, porque recomendamos 2 dosis separadas entre sí por, al menos, 1 mes, que es lo que figura en FT.

4.“No hay desabastecimiento puesto que la falta de vacuna no afecta a los programas de vacunación de las Comunidades Autónomas(3)”.

En la medida en que un producto aprobado no está disponible en las oficinas de farmacia para su uso según las indicaciones autorizadas, independientemente de las razones y otras circunstancias relacionadas, sí hay desabastecimiento. En el caso actual, el desabastecimiento no es responsabilidad del fabricante, que ha manifestado su capacidad de suministro a las oficinas de farmacia(16).

Otra incongruencia notable es cómo armonizar las medidas actuales tomadas por la AEMPS con la indicación contenida en la propia FT de la vacuna Varivax® y en las “recomendaciones oficiales” del MSSSI y de las CC. AA., en relación con la profilaxis posexposición, según la cual todo individuo susceptible que entre en contacto con un paciente con varicela debe/puede ser vacunado en un plazo de tiempo determinado, con el propósito de prevenir la enfermedad. ¿Cómo se entiende que sea deseable evitar la infección en los contactos (independientemente de sus circunstancias personales, como la edad y otras de índole médica) de un paciente con varicela y no ser deseable evitarla en todos los niños?

Finalmente, otro aspecto a destacar en este escrito informal y no oficial de la AEMPS es que contiene, en apoyo de sus decisiones, 11 referencias bibliográficas, de las cuales 7 son previas a 2008 y la más reciente data de 2010 (sólo habla de la epidemiología en Europa de la varicela y el HZ)(3). Es decir, sería desable que hubiera estado más actualizado.

El resumen, pues, de esta situación es que la AEMPS ha tomado una decisión que, como poco, es incongruente y posiblemente con escaso fundamento legal, porque conculca varios derechos: como la igualdad y la ética dentro del Sistema Nacional de Salud, ya que en las CC. AA. españolas habrá distintos niveles de acceso a medidas de protección contra esta enfermedad inmunoprevenible; la libertad de decisión de los padres para poder tratar a sus hijos con arreglo a las indicaciones de su médico sobre las bases del propósito de beneficencia y de las pruebas científicas disponibles; la libertad de prescripción de los profesionales legitimados para tomar decisiones clínicas individuales y trasladar recomendaciones a sus pacientes; la libertad de circulación de los productos sanitarios aprobados por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA); la libertad de los mayoristas y los farmacéuticos para poder distribuir productos sanitarios aprobados oficialmente; y, por último, la Administración Sanitaria, ante posibles complicaciones de la varicela, al impedir el uso de una medida preventiva sólidamente avalada por la experiencia, puede incurrir en responsabilidades patrimoniales que perjudiquen a todos los ciudadanos al tener que pagar las posibles indemnizaciones con los impuestos de todos los españoles.

Por tanto, desde esta tribuna solicitamos a la AEMPS(5):

•Información y explicaciones de las decisiones tomadas, que siempre debieran ser oportunas en el tiempo y en la forma, para no causar desconcierto en la población, en los profesionales y en los centros sanitarios.

•Que, atendiendo a las mejores razones científicas y en sintonía con la EMA y demás países de la Unión Europea, sigan disponibles en las oficinas de farmacia las vacunas frente a la varicela, en la medida de que se mantengan sus propiedades de eficacia, efectividad y seguridad, y sometidas a la regulación y controles que sean requeridos por la normativa legal.

•Y por último, el CAV-AEP sigue considerando un objetivo primordial la consecución de un calendario único de vacunación; de forma que, se mantenga el principio de igualdad en la prevención de la salud y el principio de racionalidad que facilite el cumplimento de las inmunizaciones en los niños que cambien de Comunidad Autónoma como lugar de residencia, por lo que sigue ofreciendo su colaboración para conseguir este sensato objetivo.

Bibliografía

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11.Ogunjimi B, Van Damme P, Beutels P. Herpes zoster risk reduction through exposure to chickenpox patients: A systematic multidisciplinary review. PLoS One. 2013; 8(6): e66485. Disponible en http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0066485 (consultado el 21 de octubre de 2013).

12.Poletti P, Melegaro A, Ajell A, del Fava E, Guzzetta G, Faustini L, et al. Perspectives on the impact of varicella immunization on herpes zoster. A model-based evaluation from three European countries. PLoS One. 2013; 8(4): e60732. Disponible en http://www.plosone.org/article/info:doi/10.1371/journal.pone.0060732 (consultado el 21 de octubre de 2013).

13.CDC. Shingles. Clinical overview. [Internet] [actualizado el 23 de diciembre de 2012]. Disponible en http://www.cdc.gov/shingles/hcp/clinical-overview.html#reference (consultado el 21 de octubre de 2013).

14.Ficha técnica de Varivax® (actualizada en abr/2013): http://goo.gl/tpvb5c (consultado el 21 de octubre de 2013).

15.RAE. Significado de “posología”. Disponible en: http://lema.rae.es/drae/?val=posolog%C3%ADa (consultado el 21 de octubre de 2013).

16.Nota Sanofi-Pasteur-MSD sobre el desabastecimiento (26 de agosto de 2013). Disponible en: http://www.aragofar.es/portal/export/sites/default/ecommerce/cliente/alertas/documentos/COMUNICADO_VARIVAX_26-08-13.pdf (consultado el 21 de octubre de 2013).

 

DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Últimas novedades

Editorial

M.I. Hidalgo Vicario, P.J. Rodríguez Hernández

Grupo de Trabajo TDAH de la SEPEAP

 


«La nueva clasificación DSM-5 aporta pocas novedades respecto a la anterior y el consenso entre los expertos que han participado ha sido menor. Sera preciso esperar a su utilización clínica para comprobar la robustez de los criterios sugeridos»

 


DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Últimas novedades

Recientemente, en mayo del 2013, la Academia Americana de Psiquiatría (AAP) ha presentado la última versión del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). La versión anterior DSM-IV-TR era de 1994. El DSM se instauró originalmente para clasificar los trastornos mentales y facilitar acuerdos entre las compañías de seguros médicos. Esta última versión ha generado una gran polémica, ya que la Asociación Británica de Psicología se ha mostrado contraria a la aplicación de un modelo exclusivamente biomédico para la comprensión de los trastornos mentales, pues, como se sabe, también influyen en su desarrollo factores psicológicos y sociales. Incluso el Instituto Nacional de Salud Mental Americano (National Institute of Mental Health, NIMH) ha anunciado que dejará de hacer uso del DSM.

El DSM-5, en relación con la versión anterior del DSM IV-TR, presenta cambios relacionados con la organización de los trastornos; ya que, estos se establecen según el sexo, desarrollo y características culturales del paciente, eliminándose el sistema de evaluación multi-axial, pues creaba distinciones artificiales. Pero lo más sustancial, se refiere a las novedades en los diagnósticos específicos de los distintos trastornos.

A continuación, se exponen las modificaciones más relevantes para la práctica clínica a nivel general y específicamente en el TDAH.

Se han incorporado nuevos trastornos como el trastorno de disregulación emocional disruptivo (Disruptive Mood Dysregulation Disorder). Se caracteriza por niños con rabietas recurrentes y desproporcionadas en intensidad y duración, 3 o más veces por semana durante más de un año. Además, de forma persistente muestran un humor enojado e irritable, presente en al menos dos entornos (casa, escuela o con compañeros). Son niños con episodios frecuentes de un gran descontrol en su comportamiento. El inicio del cuadro es antes de los 10 años y el diagnóstico no se realizará antes de los 6 ni después de los 18 años. Esta nueva categoría surge después de un amplio debate sobre la idoneidad del diagnóstico de trastorno bipolar en la infancia y la opinión de la mayoría de los expertos acerca del incremento de dicho diagnóstico en niños.

También, se ha incorporado el trastorno por atracón (Binge Eating Disorder), cuando se come en exceso en más de 12 ocasiones durante un periodo de 3 meses (en el DSM-IV no tenía categoría de trastorno). Supone adecuar los comportamientos de ingesta impulsiva a la realidad clínica y establecer la adecuada importancia clínica que presentan dichos comportamientos.

Igualmente, el trastorno de excoriación cuando hay un rascado compulsivo de la piel. Se excluye el rascado debido a enfermedades somáticas como la atopia cutánea. El trastorno de acaparamiento antes era considerado un síntoma del trastorno obsesivo compulsivo, pero actualmente se considera por sí solo un trastorno. Se define como dificultad persistente en desprenderse de objetos, independientemente de su valor. El trastorno disfórico premenstrual es una de las categorías que ha causado mayor debate por las dudas sobre su trascendencia psicopatológica. La transexualidad deja de considerarse un trastorno mental.

El trastorno del espectro autista (TEA) comprende cuatro diagnósticos que en el DSM-IV estaban separados: trastorno autista, trastorno de asperger, trastorno desintegrativo infantil, y trastorno generalizado del desarrollo. El TEA se caracteriza por: 1) déficit en la comunicación e interacción social; y 2) comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Cuando solo hay presencia del primero, entonces el diagnóstico es de trastorno de la comunicación social. Desaparecen, por tanto, diagnósticos bien establecidos, como el síndrome de Asperger.

Respecto a los trastornos de ansiedad, los trastornos disociativos, trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno por estrés postraumático, antes unificados bajo el mismo epígrafe, actualmente se describen en apartados independientes para legitimar su carácter distinto.

En cuanto a los trastornos por estrés postraumático, el DSM-5 incluye cuatro grupos de síntomas para su diagnóstico: re-experimentación, excitación, evitación y alteraciones negativas persistentes en las cogniciones y en el estado de ánimo. Además, se tiene en cuenta el nivel de desarrollo, pues hay criterios diagnósticos diferentes para niños por debajo de los 6 años.

El trastorno depresivo mayor incluye dos categorías para reflejar con más exactitud la ideación suicida: desorden del comportamiento suicida y autolesión no suicida.

En relación al duelo, en el DSM-5 no se excluye el diagnóstico de depresión en los dos primeros meses del duelo, como ocurría en el DSM-IV. Se ha eliminado que lo normal sea que dure 2 meses, pues en la práctica clínica habitualmente dura de 1 a 2 años. También, se considera que es un factor psicosocial adverso que puede desencadenar una depresión mayor en un individuo predispuesto, ocurriendo en general poco después de la pérdida.

Para la anorexia nerviosa, se ha eliminado el requisito de presencia de amenorrea para adaptarlo a la realidad clínica.

En cuanto al trastorno por consumo de sustancias, este apartado en el DSM-5 engloba los trastornos por abuso de sustancias y la dependencia de sustancias del DSM-IV. Además se ha creado una nueva categoría para recoger las adicciones conductuales, donde se incluye el juego patológico (antes trastornos de control de impulsos no clasificados).

Por último, respecto al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), los cambios más destacados son:

• Está clasificado como un trastorno del neurodesarrollo.

• Se reconoce su existencia en la edad adulta, requiriendo un síntoma menos (5 de 9 de inatención y 5 de 9 de hiperactividad-impulsividad).

• Edad de inicio antes de los 12 años (anteriormente era antes de los 7).

• La presentación de los síntomas es transituacional, es decir, varios síntomas en diferentes entornos.

• Es preciso como mínimo dos diferentes informadores, preferentemente un padre y un maestro.

• Se acepta el diagnóstico comórbido con TEA.

• Los subtipos en le DSM-5 se denominan presentaciones: combinado, con predominio del déficit de atención, con predominio hiperactivo-impulsivo.

En esta categoría, los cambios más importantes se establecen en el reconocimiento del trastorno como una entidad que puede perdurar toda la vida y que no es sólo un trastorno propio de la infancia, la posibilidad de diagnosticarse en situación de comorbilidad con los trastornos del espectro autista y el retraso en la edad, en la que deben de estar presentes los síntomas para establecer el diagnóstico. Este último aspecto es muy importante, ya que existen pacientes que, debido a la influencia de factores tales como un elevado cociente intelectual o un soporte cultural y educativo, etc., pueden desarrollar el trastorno en edades tardías.

Como conclusiones, la nueva clasificación aporta pocas novedades con respecto a la anterior clasificación y además el consenso entre las organizaciones y expertos que han participado en su elaboración ha sido menor. Aunque hay categorías que pueden mejorar la sistemática diagnóstica, otras han sido objeto de amplio debate y habrá que esperar a su utilización en la práctica diaria para comprobar la robustez de los criterios sugeridos.

Bibliografía

1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (DSM-5). American Psychiatric Publishing, 2013. (Libro on-line en Internet) (consultado el 05/09/2013) Disponible en: http://www.psychiatry.org/dsm5.

2. American Psychiatric Association. Highlights of Changes from DSM-IV-TR to DSM-5. (Libro on-line en Internet) (consultado el 05/09/2013). Disponible en: http://www.dsm5.org/Documents/changes%20from%20dsm-iv-tr%20to%20dsm-5.pdf.

3. Consejo General de la Psicología de España. Cambios que incluye el DSM-5. Infocoponline. (Libro on-line en Internet) (consultado el 05/09/2013). Disponible en: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=4578.

Una alianza por la salud de los niños en Europa

Editorial

 
L. Sánchez Santos

residente de la ECPCPC. Junta directiva de la SEPEAP

 


«La tendencia previsible en los próximos años es al descenso de la presencia de Pediatras de Atención Primaria en Europa»

 


Una alianza por la salud de los niños en Europa

Hace dos años, publicábamos una editorial en Pediatría Integral, donde dábamos a conocer a nuestros socios la Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (ECPCP), y su posicionamiento como una herramienta de interés estratégico para reforzar y defender el modelo de asistencia a la infancia y adolescencia, basado en la presencia de pediatras en el primer nivel asistencial.

Una vez más, tengo el placer de escribir unas líneas para Pediatría Integral, en este caso para dar a conocer la Strategic Pediatric Alliance (SPA), una estructura desde la cual las tres asociaciones pediátricas europeas, unen esfuerzos con la misión de hacer “lobby” en las Instituciones para defender, entre otras cosas, el modelo de atención al niño a todos los niveles asistenciales, basado en la presencia de profesionales con formación específica, es decir, pediatras. Las tres Asociaciones Pediátricas son la Academia Europea de Pediatría (EAP), la Asociación Europea de Pediatría (EPA) y la ECPCPC, que tengo el honor de presidir.

¿Por qué crear una estructura de lobby si la presencia de pediatras a nivel hospitalario es generalizada y en Atención Primaria, en nuestro país por tomar un modelo de ejemplo, no hay pediatras que no puedan acceder a un puesto de trabajo? Una respuesta obvia es que, como sucede en la realidad, los modelos sanitarios de otros países poco o nada tienen que ver con el nuestro y, en ellos, la presencia de pediatras en el primer nivel asistencial es, como poco, errática.

Sin embargo, no es esa la cuestión más relevante, como así demuestra la explotación de datos de diferentes encuestas profesionales, realizadas en toda Europa (entendido este concepto en sentido amplio). Entre ellas cabe destacar la realizada a lo largo del año 2012, por la Academia, y la realizada por la propia SPA, presentada en junio en Glasgow, con ocasión del Congreso Europediatrics. ¿Qué conclusiones podemos obtener del análisis de los datos? En breve, podemos decir que la tendencia previsible en los próximos años es al descenso de la presencia de Pediatras de Atención Primaria en Europa, bien por escasez de renovación de los mismos, bien por una apuesta decidida por algunos Gobiernos a cambiar el actor principal del Pediatra al Médico General, en este último caso, sin ser una decisión que descanse en un análisis coste/efectividad de la probidad del ejercicio de uno u otro profesional, sino más bien por la fuerza del lobby de los médicos de familia.

Otras cuestiones de interés que ponen de manifiesto estas encuestas, es que la formación y entrenamiento de los residentes de Pediatría dista mucho de ser uniforme y que aún con los esfuerzos que se están realizando desde las tres Sociedades, las competencias y su diseño curricular no han sido totalmente definidas en nuestra profesión. Una iniciativa esencial en este contexto, es la definición de indicadores de calidad en el ámbito asistencial de Atención Primaria, proyecto conocido como COSI, con resultados más que interesantes y que fue presentado por nuestro Vicepresidente, Dr. Gottfried Huus, en el último Congreso de la AEP, y que lo será nuevamente, en el Congreso de Canarias de la SEPEAP.

Sin embargo, no todo debe ser pesimismo, la ECPCP ha tomado un mayor protagonismo en los últimos meses, reflejado en el Congreso que tuvo lugar en Tel Aviv el pasado mes de julio, con una más que destacada presencia de pediatras españoles, tanto en la inscripción, como en el Programa Científico, como en el protagonismo en el envío de comunicaciones. A todos ellos debo agradecer de corazón su esfuerzo y dedicación.

Desde la SEPEAP y desde la ECPCP queremos trasladar a nuestros socios la importancia de defender nuestro modelo, sin duda el que más calidad asistencial aporta a los pacientes, y defenderlo con datos tanto de salud, como económicos, además de ser proactivos para poner de manifiesto que esta situación donde la Unión Europea dedica la mayor parte de su esfuerzo económico al gasto (presupuesto dirigido a la tercera edad) y no a la inversión (presupuesto dirigido a la infancia y adolescencia), es un error estratégico cuyas consecuencias sin duda, tendremos que afrontar durante décadas.

 

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