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| Los porqués de la pediatría |
J. de la Flor i Brú
Pediatra de AP. CAP El Serral. Sant Vicenç dels Horts. Barcelona. Institut Català de la Salut. Subdirector ejecutivo de Pediatría Integral
Pediatr Integral 2025; XXIX (6): 463
¿Por qué hay que desescalar antibióticos siempre que sea posible?
En 2019, la OMS declara el problema de las resistencias a antibióticos como uno de los 10 principales problemas de salud pública a nivel mundial. Se estima que, en 2021, las infecciones causadas por gérmenes multiresistentes no tratables con ningún antibiótico causaron 1.200.000 muertes a nivel mundial. La Unión Europea define en 2022 este problema como una de las tres principales amenazas sanitarias. De seguir la tendencia actual, en 2050, las infecciones por bacterias resistentes podrían ser la principal causa de muerte en el mundo, superando el cáncer. Esta situación nos interpela directamente como pediatras de Atención Primaria (AP), ya que en nuestro ámbito se prescriben la mayor parte de antibióticos.
Ha sido práctica común tradicional, en pediatría de AP, seguir la falsa creencia de que, una vez iniciado un tratamiento antibiótico, debía completarse la pauta indicada, incluso ante la evidencia de que la indicación antibiótica no era adecuada, o bien en su necesidad (ante una viriasis manifiesta) o bien en la elección del antibiótico (por un espectro demasiado amplio para la infección diagnosticada). Se creía que la suspensión o el cambio de antibiótico era un factor generador de resistencias.
En la actualidad, este concepto ha quedado completamente superado. La evidencia actual nos indica que hay que evolucionar del obsoleto consejo “completar el ciclo para prevenir la resistencia” al de “para prevenir la resistencia, prescribir solo lo que se necesita”.
Este nuevo concepto nos lleva a la utilización de una terminología muy bien definida en la literatura en inglés: “withholding” (no empezar un tratamiento antibiótico si no está indicado) y withdrawal (suspender un tratamiento antibiótico ante la evidencia de su indicación inadecuada, o cambiarlo por otro de menor espectro si la infección diagnosticada así lo justifica, o bien reducir la duración de una pauta inadecuadamente larga indicada previamente en determinadas situaciones clínicas). Se ha convenido en definir agrupadamente como “desescalada” esta toma de decisiones.
Veamos tres ejemplos prácticos de utilización de este concepto de desescalada en nuestras consultas de pediatría de AP en tres situaciones muy frecuentes:
1. Desescalar amoxicilina-clavulánico y pasar a amoxicilina o penicilina V, según la edad y tolerancia, ante la evidencia de una faringitis estreptocócica. El 100 % de los Streptococcus pyogenes son sensibles a la penicilina, por lo que la asociación con ácido clavulánico no tiene ninguna justificación.
2. Desescalar un antibiótico pautado empíricamente sin test de diagnóstico rápido (TDR) de confirmación ante una faringitis cuya valoración posterior con un TDR nos descarta la etiología estreptocócica. Esta suspensión puede hacerse hasta las 48 horas después de haberse iniciado el antibiótico, tiempo en el que aún se detecta el antígeno estreptocócico objetivo del TDR, pese a estar recibiendo el tratamiento, con lo que no se contemplaría el escenario de que el tratamiento antibiótico hubiese negativizado un hipotético TDR positivo si se hubiese realizado antes de la prescripción.
3. Reducir la duración del tratamiento pautado inicialmente, ajustándose a las recomendaciones actuales de pautas cortas en determinadas infecciones, siempre que la evolución clínica sea favorable y las condiciones del paciente lo permitan:
• OMA y sinusitis:
– > 2 años: 5 días.
– < 2 años: 7 días.
• Neumonía adquirida en la comunidad: 5 días en mayores de 6 meses.
• Infección urinaria:
– Cistitis: 5 días.
– Pielonefritis aguda: 7 días.
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