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| Crítica de libros |
RESET DIGITAL.
Retoma tu vida, tu salud y la de tus hijos
Autora: María Angustias Salmerón Ruiz
Editorial: edaf
Un libro nuevo es siempre un acontecimiento cultural y científico, sobre todo para los bibliófilos, bibliómanos o quizá bibliópatas. Algunas publicaciones nos llaman la atención por el título. En este caso, “Reset Digital. Retoma tu vida, tu salud y la de tus hijos”, nos mezcla la terminología nueva (Reset Digital) con la clásica, “Retoma tu vida, tu salud y la de tus hijos”. Y va de eso, la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra vida y la de los nuestros. No es un libro de sus opiniones, sino que, a partir de los datos que las investigaciones aportan, concluye de qué forma influyen en el desarrollo, los aprendizajes, el sueño, la nutrición, el estilo de vida y la vida de relación. Aunque todavía no tengamos evidencias suficientes, podemos hablar desde lo que sabemos y nos abrimos a nuevos datos que en breve aparecerán.
Es un hecho que los avances tecnológicos tienen un crecimiento exponencial y van más rápidos de lo que pensamos, hasta el punto de que vamos a remolque de ellos. Llegamos a un punto en el que hay que pararse y pensar si realmente estamos pagando un alto precio por nuestro bienestar. La tecnología nos seduce y le rendimos pleitesía antes de conocer si es bueno todo lo que parece. Con el tiempo vemos los efectos no tan saludables y es cuando reflexionamos sobre sus efectos.
El libro está dividido en capítulos, sencillos de leer, fáciles de comprender, y va de lo simple a lo complejo. Comienza cada capítulo con un caso clínico que ilustra la realidad profesional. Cómo lo viven en las familias que lo sufren y por lo que consultan. Dedica un capítulo a la historia de la “era digital”, desde la definición de nativo digital a la salud digital. Y puesto que de ciencia se trata, aclara el concepto de evidencia, como aquellos datos que han pasado un cribado técnico, lógico y racional que dan el sello de “verdad universal” por contraste con aquellas opiniones que no han pasado los filtros que garantizan su verosimilitud.
El cerebro es el órgano que acepta, entiende, disfruta y se esclaviza con el mundo digital, las pantallas, especialmente cuando se trata de niños y adolescentes. Se conoce bien cómo la parte emocional primaria (presente desde el nacimiento) es predominante sobre el lóbulo prefrontal apenas desarrollado y encargado de su control. Su completo desarrollo no se logrará hasta bien entrados los veinte años. Este hecho los hace más vulnerables y víctimas de la tecnología.
El capítulo IV lo dedica al desarrollo psicoafectivo. Si hay algo que nos distingue de los animales es nuestra bien evolucionada afectividad: nuestra forma de relacionarnos, hablarnos, mirarnos, acariciarnos, ayudarnos y querernos. Pues bien, las pantallas están cambiando nuestra afectividad y esto empieza a ser peligroso, pues afecta al mundo más íntimo y profundo del ser humano, del concepto de familia, de los aprendizajes, de las relaciones escolares y, al final, de las relaciones sociales. Pero también afecta a la salud física, al sueño, a la nutrición, a la salud ocular y al ejercicio físico. Conocemos cómo la luz de las pantallas “engaña” al cerebro, alternando el ritmo sueño-vigilia que por naturaleza nuestro cuerpo ha aprendido. También se sabe que, durante las horas de consumo de pantallas, altera la forma de comer y la sensación de hambre-saciedad, por lo que no es de extrañar la relación que existe entre uso de pantallas y sobrepeso. Por lo mismo, se relaciona con el mayor sedentarismo y pérdida de horas de ejercicio en aras del consumo de pantallas. La actividad visual afecta a la sequedad ocular y la visión.
El capítulo VI lo dedica a la salud mental. Cualquier actividad humana que produzca placer activa los circuitos cerebrales de recompensa y es susceptible de producir adicciones, llamadas adicciones sin sustancia. Nos encontramos ante el proceso uso-abuso-dependencia que hemos aprendido de otras adicciones, sobre todo las químicas.
Cada tema que aborda lo acompaña de recomendaciones, muchas de ellas basadas en evidencias científicas, y otras, hasta que tengamos más datos, en la experiencia de los que llevan años viendo las consecuencias. No cabe duda de que, ante la avalancha del uso de las pantallas y en ausencia de otras recomendaciones, hay que acudir al sentido común y a la buena praxis de “interés superior del menor”, pero no podemos quedarnos parados viendo las consecuencias.
A lo largo del texto, la autora se hace y nos hace una pregunta: ¿Quiénes son los responsables de esta situación que se ha convertido en un problema de salud pública? La respuesta es obvia: todos. Las compañías tecnológicas (en un mundo industrial, de consumo, producción y mercado) que fabrican intencionadamente (y amoralmente) instrumentos con capacidad adictiva; los poderes públicos que permiten una legislación permisiva (en la mayoría de los casos, ni existe legislación); la sociedad, en general; y las familias que adoptan una actitud inconsciente del daño que se está produciendo a los hijos, incluso creen verlo como un entrenamiento para el mundo que les ha tocado vivir.
El libro termina con recomendaciones, que vienen sugiriendo desde el principio. Mientras nos llegan las evidencias sobre lo que debemos hacer, no podemos estar de brazos cruzados. Las recomendaciones básicas proceden de la pedagogía y del sentido común. Si los niños y adolescentes hacen lo que ven, lo más sensato es predicar con el ejemplo; hagamos nosotros buen uso de las pantallas y nos imitarán después. Finalmente, tenemos un libro fácil de leer y sencillo para el uso de profesionales tanto de la salud como de la educación y para el gran público que observa con preocupación cómo nuestros hijos pasan largas horas conectados y entretenidos con las nuevas tecnologías mientras olvidan otras actividades más saludables. Enhorabuena a la autora por poner a nuestro alcance una publicación que nadie se arrepentirá de haber leído.
Luis Rodríguez Molinero
Pediatra. Acreditado en Medicina de la Adolescencia



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