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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Lactancia artificial

C. Sánchez-Villares Lorenzo*, M. del Rey Tomás-Biosca**
Temas de FC


C. Sánchez-Villares Lorenzo*, M. del Rey Tomás-Biosca**

*C.S. Ciudad Rodrigo. Salamanca. **C.S. Virgen de la Concha. Zamora

Resumen

El objetivo del desarrollo de fórmulas artificiales es reproducir, tanto la composición como los efectos funcionales de la lactancia materna. Todas las fórmulas artificiales que existen en el mercado cumplen las normativas europeas y son válidas. Lo que las diferencia unas de otras es la adicción de ingredientes no regulados, con idoneidad demostrada mediante estudios clínicos. La proporción de principios inmediatos debe imitar a la leche materna. La tendencia de las fórmulas artificiales ha sido disminuir el aporte de proteínas y suplementación con alfa-lactoalbúmina (presente solo en leche materna) y la adicción de prebióticos y probióticos. También se suplementan con ácidos grasos polinsaturados de cadena larga, como DHA (ácido docosahexanoico) y la membrana del glóbulo graso de la leche, que tienen impacto positivo en el desarrollo cognitivo, visual e inmunitario de los lactantes. Las fórmulas especiales deben reservarse para su uso en lactantes que presentan una patología que impide la utilización de una fórmula convencional. Su indicación debe ser realizada siempre por un pediatra. Las fórmulas artificiales no son estériles, por lo que se deben conocer las normas para preparar biberones, tanto en casa como en instituciones.

 

Abstract

The aim of the development of artificial formulas is to reproduce both the composition and the functional effects of breastfeeding. All artificial formulas that exist in the market are valid and in full compliance with European regulations. What makes the difference between them is the addition of unregulated ingredients, with impeachable credentials demonstrated by clinical studies.
The proportion of immediate principles should imitate breast milk. The tendency of artificial formulas has been to decrease protein intake and supplementation with alpha-lactoalbumin (present only in breast milk) and the addition of prebiotics and probiotics. They are also supplemented by long chain polyunsaturated fatty acids such as DHA (docosahexanoic acid) and milk ́s fatty globule membrane that have a positive impact on the infants’ cognitive, visual and immune development. Special formulas should be reserved for infants with a pathology that prevents the use of conventional formulas. Such indication should always come from a pediatrician. Artificial formulas are not sterile, thus the procedures for preparing bottles, both at home and at institutions, should be followed.

 

Palabras clave: Lactancia artificial; Fórmula de inicio; Fórmula de continuación; Lactante.

Key words: Artificial feeding; Infant formulas; Follow-on formulae; Infant.

Pediatr Integral 2020; XXIV(2): 81 – 89


Lactancia artificial

Introducción

El objetivo del desarrollo de fórmulas artificiales es reproducir, tanto la composición como los efectos funcionales de la lactancia materna. Todas las fórmulas artificiales que existen en el mercado cumplen las normativas europeas y son válidas. Lo que las diferencia unas de otras es la adicción de ingredientes no regulados, con idoneidad demostrada mediante estudios clínicos.

La lactancia materna (LM) es el alimento de elección desde el nacimiento para un correcto crecimiento y desarrollo. La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y, junto con la alimentación complementaria, hasta los 2 años de edad(1,2). Además de los nutrientes, la LM contiene compuestos bioactivos responsables de una amplia gama de efectos beneficiosos, como: promoción de la maduración del sistema inmune, protección contra infecciones y desarrollo cognitivo, entre otras funciones. Sin embargo, cuando no es posible la LM, hay que recurrir a la Lactancia Artificial (LA).

Gracias al avance en la investigación, cada vez se conoce más sobre la LM y su composición, lo que permite disponer de fórmulas para lactantes cada vez más similares a la leche materna.

El objetivo del desarrollo de fórmulas artificiales es reproducir, tanto la composición como los efectos funcionales de la lactancia materna. El Comité Científico para la Alimentación (CCA) de la Unión Europea dicta las normas para la industria farmacéutica (Reglamento UI 609/2013-reglamento UE 2016/127)(3,4), de todos los alimentos para lactantes y niños de corta edad. Con ello: se garantiza la seguridad de los productos, se regula el etiquetado, la publicidad y el libre comercio entre diferentes países.

Por tanto, todas las fórmulas que existen en el mercado cumplen las normativas europeas y son válidas. Lo que las diferencia unas de otras es la adicción de ingredientes no regulados, con idoneidad demostrada mediante estudios clínicos.

Tipos de preparados

Existen 3 tipos de fórmulas artificiales: tipo 1 o de inicio, tipo 2 o de continuación y tipo 3 o de crecimiento. Las de tipo 3 o de crecimiento no están reguladas por la normativa europea.

Se prohíbe la denominación de humanizado, maternizado o adaptada, porque podría llevar a confusión. Se distinguen tres tipos:

Preparados para lactantes, de inicio o tipo 1: se recomienda hasta los 6 meses. Puede utilizarse junto con la alimentación complementaria hasta el año de vida. Recomendada por la ESPGHAN y regulada por la Unión Europea.

Preparados de continuación o tipo 2: desde los 6 meses. Recomendada por la ESPGHAN y regulada por la Unión Europea.

Leches de crecimiento o tipo 3: como transición de fórmula adaptada a leche de vaca. Desde los 12 meses hasta los 3 años. No existe regulación específica.

Composición de las fórmulas

La proporción de principios inmediatos debe imitar a la leche materna: 50-55% del aporte calórico en forma de grasa, 35-50% de hidratos de carbono y el 5% las proteínas, así como el aporte energético (67-70 kcal/100 ml).

En la tabla I, se muestran las recomendaciones de la Directiva de la Comisión Europea para fórmulas infantiles.

Proteínas

La tendencia de las FA ha sido disminuir el aporte de proteínas hasta 1,8-2,5 g/100 kcal (1,2-1,7 g/100 ml). La suplementación con alfa-lactoalbúmina tiene efectos beneficiosos en el desarrollo cognitivo, inmunitario y en la absorción de nutrientes.

Los requerimientos de proteínas son altos en los primeros meses de vida (1,77 g/kg/día), pero van disminuyendo a partir del sexto mes (1,15 g/kg/día)(5). Se ha demostrado que ingestas muy elevadas de proteína en los primeros meses de vida, promueven un crecimiento acelerado y un mayor IMC a partir de los 6 meses de edad, que se mantiene hasta los 6 años. También aumenta el riesgo de síndrome metabólico en prematuros y PEG (Pequeños para la Edad Gestacional)(6).

La proporción seroproteínas/caseína varía en la LM desde el calostro (80/20) a la leche madura (60/40). El lactosuero materno contiene: alfa lactoalbúmina (exclusivo en la LM), lisozima, lactoferrina e inmunoglobulinas (fundamentalmente IgA secretoria). La alfa-lactoalbúmina es una proteína de alto valor biológico que representa el 20-25% del contenido proteico de la LM(7). Se compone de 63% de aminoácidos esenciales y es una fuente rica en triptófano, que es precursor de serotonina y melatonina, fundamentales en: desarrollo cognitivo, estado de ánimo y bienestar de los lactantes. Además, aporta otros aminoácidos esenciales (cisteína y lisina), tiene actividad inmunomoduladora, favorece la absorción de nutrientes (hierro, calcio y zinc), modifica de forma beneficiosa la microbiota, estimulando el crecimiento de bifidobacterias, y promueve una mayor saciedad. Por ello, muchas de las FA están suplementadas con alfa-lactoalbúmina(8).

En los preparados artificiales predomina la beta lactoglobulina, presente en la leche de vaca, pero que no existe en la lactancia materna, no tiene capacidad inmunológica y tiene un mayor poder alergénico.

Para proporcionar una cantidad similar de aminoácidos en la FA, se precisa un cociente seroproteínas/caseína de 60/40 que, en las fórmulas de continuación, es de 40/60 e incluso de 20/80.

Destacamos la adicción de osteopontina láctea a las FA, proteína sérica que, además de beneficios sobre la función inmunológica, favorece el equilibro de aminoácidos en plasma, de forma similar a la LM, disminuyendo los niveles de aminoácidos insulinogénicos (isoleucina, leucina y valina)(9).

Hidratos de carbono

9-14 g/100 kcal (6-9,5 g/100 ml).

La lactosa debe ser el disacárido fundamental de las fórmulas artificiales. La adicción de prebióticos y probióticos, tiene efectos beneficiosos en la microbiota de los lactantes.

La lactosa (glucosa + galactosa) es el disacárido fundamental de la LA, siendo el contenido mínimo 4,5 g/100 kcal, excepto en las fórmulas sin lactosa. La lactosa, además de una importante fuente energética, mantiene un pH intestinal ácido que favorece la absorción de minerales y el crecimiento de bacterias beneficiosas, como Lactobacillus bifidus.

La glucosa y galactosa en forma de monosacáridos también son fuentes de energía, pero, además, la galactosa es fundamental para la formación de galactocerebrósidos, esenciales para el desarrollo cerebral precoz.

La LM no es estéril, es una de principales fuentes de bacterias (102 y 104 UFC/ml) y, además, es muy rica en oligosacáridos, siendo la mayoría no digeridos, actuando como “fibra dietética”. Tienen actividad antiinfecciosa, acidificando el medio a partir de su fermentación por las bacterias del colon, promoviendo el crecimiento de lactobacilos y bifidobacterias, como Bifidobacterium bifidum. La fermentación de los prebióticos por las bacterias del intestino también genera ácidos grasos de cadena corta, que tienen un efecto antiinflamatorio directo y promueven la integridad de la barrera intestinal. Estas propiedades hacen que aumente el interés por suplementar los preparados artificiales con oligosacáridos.

Los prebióticos se definen como oligosacáridos no digeribles, que pueden estimular y promover el crecimiento y/o metabolismo de bifidobacterias y lactobacilos. Únicamente, algunos oligosacáridos no digeribles cumplen con los criterios para poder ser considerados como prebióticos, entre ellos: los fructooligosacáridos (FOS) y los galactooligosacáridos (GOS). Para garantizar su función en las fórmulas artificiales, los FOS se combinan con los GOS en proporción de 9:1; y la suma de ambos debe ser de 0,8-1 g/dl. Producen aumento en el número de las deposiciones y alteración de la consistencia de las mismas, por lo que resultan beneficiosos para lactantes con estreñimiento. También, se ha publicado sobre el efecto protector de los prebióticos frente al desarrollo de manifestaciones alérgicas en menores de dos años y de dermatitis atópica en lactantes de riesgo, así como la disminución de infecciones en lactantes(10).

Probióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped, mejorando el equilibrio de su microflora intestinal(10).

Simbióticos

Se denomina simbiótico al producto que combina, al menos, un probiótico y un prebiótico, y también pueden añadirse a los preparados lácteos.

En 2010, el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica ha publicado una revisión sistemática en la que se considera que las fórmulas lácteas suplementadas con pro y prebióticos son seguras y han demostrado ser bien toleradas por los lactantes, no producen efectos adversos a corto plazo y no alteran el crecimiento. Sin embargo, no se conocen efectos a largo plazo y la escasa calidad de los estudios metodológicos (tipo de probiótico, duración de la intervención), hacen que el Comité crea que aún hay demasiada incertidumbre. Por tanto, el Comité llegó a la conclusión de que actualmente no hay datos suficientes para recomendar el uso sistemático de fórmulas infantiles suplementadas con probióticos y/o prebióticos para el lactante sano(11,12). A pesar de ello, puntualiza que es posible que la adición de determinadas cepas bacterianas pueda ser recomendable. Y por ello, seguramente la suplementación racional con probióticos y prebióticos en dosis adecuadas, avalada por ensayos clínicos controlados, podría estar justificada en un futuro.

La preocupación por la seguridad a largo plazo del empleo de microorganismos vivos, ha aumentado el interés por los microorganismos no viables o extractos de células microbianas, proponiendo un nuevo término “paraprobiótico”. Se ha demostrado que en cantidades adecuadas, confieren un beneficio al consumidor similar a los probióticos(13).

Grasas

4,4-6 g/100 kcal (2,9-4,1/100 ml). Deben suponer el 50-55% del aporte calórico.

La suplementación de las fórmulas artificiales con LC-PUFA (ácidos grasos poli-insaturados de cadena larga), como: DHA (ácido docosahexanoico) y membrana del glóbulo graso, tiene un impacto positivo en el desarrollo cognitivo, visual e inmunitario de los lactantes.

La absorción de la grasa de leche de vaca es mucho menor que la de la leche materna (60% frente al 90%). La ESPGHAN recomienda que la absorción sea, al menos, del 85%(12).

La mayor parte de los Ácidos Grasos (AG) de la LM son de cadena larga (95%), siendo los más importantes: ácido oleico (38%) (monoinsaturado), palmítico (20%) (saturado) y linoleico (15%) (poliinsaturado).

Dentro de los AG poliinsaturados o AG esenciales, los más importantes son: ácido linoleico (15%) y ácido alfa-linolénico (1%), ya que son precursores de AG poliinsaturados de cadena larga o LC-PUFA, tales como: ácido araquidónico o ARA (omega 6) o ácido docosahexanoico o DHA (omega 3). Por ello, la ESPGHAN recomienda valores de ácido linoleico, así como de alfa-linolénico de 500-1.200 mg/100 kcal, siendo el cociente entre ambos de 5-15.

Los LC-PUFA (ácido araquidónico y docosahexasenoico) son precursores de las prostaglandinas, leucotrienos y tromboxanos, teniendo un papel importante en la inmunidad. El DHA o ácido docosahexanoico presenta un impacto muy positivo en la función cognitiva y visual del lactante, por ser componente fundamental de las membranas celulares, especialmente del SNC y fotorreceptores de la retina. Por ello, en la última actualización del reglamento (reglamento UE 2016/127), se hace obligatorio la adicción a todas las fórmulas de DHA (ácido docosahexanoico) en cantidad 20-50 mg/100 kcal.

Los ácidos grasos (AG) predominantes en la leche humana se encuentran en forma de glóbulos grasos, constituidos por una triple capa de fosfolípidos que contiene proteínas, hidratos de carbono y lípidos, conocido como membrana del glóbulo graso (MFGM Milk Fat Globule Membrane). El núcleo está compuesto por triglicéridos y ácidos grasos de cadena larga. El tamaño mucho mayor (3-6 micras) que el glóbulo graso de leche de vaca, garantiza mejor absorción de la grasa en la LM. Además de su función nutricional, la MFGM está implicada en el desarrollo inmunológico y cerebral. El aporte de compuestos proteicos y lípidos complejos (fosfolípidos como esfingomielina y gangliósidos), son necesarios para la formación de membranas celulares del SNC y para el desarrollo del sistema inmunitario(14). Actualmente, cada vez es más frecuente, la suplementación con membrana de glóbulo graso.

Queda prohibida la utilización de aceite de sésamo o de algodón en las fórmulas lácteas. El contenido en ácidos grasos trans y de ácido erúcico no será superior al 3% ni al 1% del contenido total de materia grasa, respectivamente.

Vitaminas y minerales

Las cantidades de vitaminas y minerales que contienen, tanto las leches de inicio como las de continuación, se encuentran en el rango medio de la normativa europea.

Sin embargo, análisis realizados por autores como Jardí C et al.(15) plantean que la cantidad nutricional es superior a los valores que establecen las ingestas dietéticas recomendadas para: retinol (133,5%), vitamina E (166%), vitamina C (174%), tiamina (179%), riboflavina (230%), niacina (151%), vitamina B6 (142%), vitamina B12 (500%) y folatos (214%) para las leches de inicio, y para vitamina B12 (283%) para las de continuación, aunque esto requiere más estudios respecto a sus posibles implicaciones.

Por otro lado, la ingesta de calcio y fósforo, al igual que la de magnesio y de la vitamina D debe ser adecuada para el correcto desarrollo de los huesos. Dado que la absorción del calcio de las leches infantiles es peor, la cantidad no debe ser menor de 50 mg/100 kcal. La relación calcio:fósforo no será inferior a 1 ni superior a 2.

En cuanto al hierro, su biodisponibilidad es menor en las leches artificiales que en la leche materna, por lo que las cantidades que deben aportarse en las leches artificiales son mayores, con 0,3-1,3 mg/100 kcal en las fórmulas de inicio, y 0,62 mg/100 kcal en las de continuación.

Respecto al zinc, la cantidad adecuada se encontrará entre 0,5-1 mg/100 kcal y la ESPGHAN recomienda que la suma de cloro, sodio y potasio no supere los 50 mEq/L (Tablas II y III).

Fórmulas especiales

Las fórmulas especiales deben reservarse para su uso en lactantes que presentan una patología que impide la utilización de una fórmula convencional. Su indicación debe ser realizada siempre por un pediatra.

El estreñimiento, la regurgitación y los cólicos disminuyen el bienestar del lactante. El interés por reducir estos problemas digestivos menores ha dado lugar a la investigación de nuevas fórmulas que introducen nuevos componentes y varían parcialmente su composición(3,16-19).

Fórmulas anti-cólicos: para facilitar la digestión del lactante, estas fórmulas contienen proteínas séricas parcialmente hidrolizadas y menor cantidad de lactosa, la cual es sustituida por dextrinomaltosa. Muchas incorporan mayor cantidad de B-palmitato o añaden probióticos, como el Lactobacillus reuteri o FOS para conseguir un efecto prebiótico.

Fórmulas anti-estreñimiento: mejoran la proporción de B-palmitato, asemejándose a la leche materna. De esta forma, disminuyen la cantidad de ácidos grasos en posición alfa, los cuales al unirse al calcio dan lugar a la formación de jabones cálcicos insolubles que aumentan la consistencia de las heces. Por otro lado, estas leches aumentan la cantidad de lactosa, que es metabolizada por la flora anaerobia al llegar al colon, produciendo un efecto laxante osmótico al atraer agua al lumen intestinal. Algunas de ellas añaden probióticos que favorecen el tránsito digestivo, como el Lactobacillus reuteri o incorporan oligosacáridos con efecto prebiótico, siendo los más relevantes GOS y FOS, los cuales aumentan el volumen del bolo digestivo. Otro cambio que introducen, es la mayor cantidad de magnesio con efecto laxante, debido a su acción osmótica y estimulación de la motilidad intestinal.

Fórmulas anti-regurgitación: incorporan dos tipos de espesantes, harina de algarrobo y almidones que aumentan la viscosidad de la leche. Por otro lado, aumentan la proporción de caseína frente a seroproteínas, la cual precipita en el estómago, disminuyendo las regurgitaciones y neutraliza la acidez gástrica. Además, suelen llevar menor cantidad de ácidos grasos de cadena larga para favorecer el vaciado gástrico y menor proporción de lactosa. Por recomendaciones de la ESPGHAN, el uso de este tipo de leches debe ser en niños con pérdidas de nutrientes asociados a las regurgitaciones, junto con un tratamiento médico y bajo supervisión.

Fórmulas sin lactosa: indicadas en lactantes con intolerancia transitoria o secundaria a la lactosa o en casos de intolerancia congénita a la misma. En este tipo de fórmulas, la lactosa se encuentra sustituida por otro hidrato de carbono, como la dextrinomaltosa o polímeros de glucosa, los cuales tienen menor osmolaridad, favoreciendo su digestibilidad y absorción.

La mención “sin lactosa” podrá emplearse en los preparados para lactantes y preparados de continuación, cuando el contenido de lactosa en el producto no sea superior a 10 mg/100 kcal.

Fórmulas de prematuros:

Debido a su inmadurez y menor reserva de nutrientes, requieren un mayor aporte calórico (67-94 kcal/100 ml), para mantener un crecimiento adecuado y unas condiciones nutricionales determinadas.

Destinadas a prematuros o con bajo peso al nacimiento (menor de 2.500 g), en los que la lactancia materna no es posible. Presentan las siguientes diferencias:

- Hidratos de carbono: entre 9,6 y 12,5 g/100 kcal. Sustitución parcial de la lactosa por polímeros de glucosa, debido a la deficiencia relativa de lactasa que presentan por menor actividad de la misma. Esto evita los efectos de la malabsorción de lactosa, mejora el vaciamiento gástrico y consigue mayor densidad calórica sin aumentar la osmolaridad.

- Lípidos: se recomienda entre 4,4 y 5,7 g/100 kcal. Mayor proporción de triglicéridos de cadena media (TCM) para facilitar su absorción, sin sobrepasar el 40% de la grasa administrada. Adición de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, ácidos grasos esenciales (y sus metabolitos activos: el araquidónico y el DHA) y ácidos grasos trans.

- Proteínas: en mayor cantidad (2,8 a 4,9 g/kg/día), parte hidrolizadas. Añaden mayor cantidad de taurina. Se recomienda que la carnitina y los nucleótidos se añadan en cantidades similares a las halladas en la leche materna.

- Mayor aporte de calcio y fósforo para facilitar la mineralización ósea, con una proporción calcio:fósforo de 1,7.

Fórmulas parcialmente hidrolizadas (entre 5.000-12.000 dalton): pueden utilizarse en lactantes con riesgo de atopia (con, al menos, uno de los padres o hermano con enfermedad alérgica documentada), como prevención de alergia a las proteínas de leche de vaca. Sin embargo, se debe tener precaución en su uso, ya que no se dispone de estudios a largo plazo que demuestren su eficacia. Se encuentran contraindicadas en lactantes con alergia a las proteínas de la leche de vaca.

Fórmulas extensamente hidrolizadas(20): las proteínas han sido sometidas a un alto grado de hemólisis (100% <5.000 dalton, incluso algunas fórmulas con <1.500 dalton). La fuente de dichas proteínas suele ser la caseína, las proteínas séricas o una mezcla de ambas. Están indicadas: en pacientes con alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV), en casos de malabsorción intestinal y en situaciones de afectación intestinal grave (síndrome de intestino corto, enteritis por radioterapia o quimioterapia, síndromes de malabsorción o diarrea grave del lactante). En estas leches persisten cantidades muy pequeñas de proteínas no hidrolizadas por completo, lo que puede causar reacción si el lactante se encuentra muy sensibilizado.

Además, estas fórmulas suelen estar exentas de lactosa, dada la posible atrofia de las vellosidades intestinales con disminución de la actividad de lactasa intestinal. Suelen llevar TCM en proporción>40% del total de grasas y aceite con ácidos grasos esenciales.

Fórmulas elementales: llevan en su composición: L-aminoácidos libres, dextrinomaltosa, e incluyen TCM. Su uso se encuentra limitado, dada la alta osmolaridad (que puede producir diarrea osmótica y deshidratación hipernatrémica), el coste elevado y el mal sabor. Sus indicaciones se encuentran restringidas a: APLV que no responde a fórmulas hidrolizadas, situaciones de malabsorción y maldigestión en insuficiencia pancreática, síndrome del intestino corto, casos de malnutrición grave y en la transición de nutrición parenteral a nutrición enteral.

Fórmulas de soja: estas son sus principales características:

- Sustituyen las proteínas lácteas por proteína aislada de la harina de la soja.

- La proteína de soja es deficitaria en: metionina, lisina, prolina y carnitina. Por ello, suelen estar suplementadas con dichos compuestos.

- Hidratos de carbono: contienen: dextrinomaltosa, polímeros de glucosa y/o sacarosa.

- Minerales (calcio, cinc, magnesio, hierro y cobre): menor biodisponibilidad.

- Suelen suplementarse con calcio y fósforo, debido a que los fitatos de la soja pueden inhibir su absorción.

- Lípidos de origen vegetal. Aporte calórico similar al de las fórmulas de leche de vaca. Indicaciones: intolerancia primaria o secundaria a la lactosa y galactosemia, familias vegetarianas y APLV no mediada por IgE y no sensibilizada a la proteína de soja (tras tolerancia clínica). No administrar en menores de 6 meses.

Preparación de biberones(21)

Las leches en polvo no son estériles. Es necesario mantener unas condiciones de higiene, comenzando con el lavado de manos para su preparación y cumplir normas que minimicen la aparición de infecciones.

Las dos principales bacterias que se han relacionado con la contaminación de leches en polvo son: Enterobacter sakasakii, enterobacteria que puede infectar especialmente a los neonatos pretérmino, con bajo peso al nacer y a los inmunodeprimidos. Se la ha relacionado con brotes de meningitis y enteritis. También, se han descrito casos de infección por Salmonella entérica, especialmente relacionadas con contaminaciones durante su manipulación(13,20).

En casa

• Limpiar y esterilizar bien todos los utensilios de preparación y alimentación del lactante. Lavado de manos previo a su manipulación.

• Preparar los biberones antes de la toma y desechar lo que sobre.

• Se puede utilizar agua del grifo, si es apta para el consumo humano. Si no, se podrá utilizar agua embotellada sin gas hipomineralizada o utilizar agua hirviendo, dejándola enfriar hasta que esté tibia.

En instituciones sanitarias

• Mantener condiciones de limpieza y esterilización.

• En caso de preparación de la leche de fórmula con antelación, conservar en el frigorífico a 5ºC y sin superar las 24 horas (revisar diariamente).

Función del pediatra de Atención primaria

Es obligación del pediatra promover la lactancia materna; pero cuando no es posible, debe conocer la composición de las fórmulas artificiales, sus continuas actualizaciones y suplementaciones, las limitaciones y los tipos de fórmulas especiales y sus indicaciones; para poder prescribir la más adecuada para cada lactante.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

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https://www.boe.es/doue/2016/025/L00001-00029.pdf.

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Buenas revisiones sobre los pre y probióticos en las fórmulas artificiales, destacando sus efectos beneficiosos, así como las limitaciones en los estudios realizados y el desconocimiento de la seguridad a largo plazo en pacientes inmunodeprimidos.

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Interesante revisión en la que se compara la composición de 31 fórmulas infantiles (de inicio, continuación y especiales). Indican el porcentaje de cumplimentación de dicha composición a la Reglamentación Técnico Sanitaria.

Martín Martínez B. Fórmulas extensivamente hidrolizadas. Importancia del grado de hidrólisis. Acta Pediatr Esp. 2018; 76: 115-22.

Revisión extensa de las fórmulas hipoalergénicas disponibles.

 

Caso clínico

 

Lactante sin antecedentes personales ni familiares de interés, alimentada con lactancia materna durante los 6 primeros meses de vida. Durante los mismos, la paciente presenta cuadro de cólicos recurrentes. Se muestra irritable en dichos episodios, pero el estado general es bueno y la ganancia ponderoestatural adecuada. La madre, tras informarse en internet del posible aumento de cólicos relacionados con la leche y derivados lácteos, decide de propia iniciativa no tomarlos, sin comentarlo al pediatra, restándole importancia. A los 6 meses, introduce biberones de leche parcialmente hidrolizada. Al tercer día, el padre le da un biberón de leche de continuación. Presenta a los pocos minutos: vómitos de repetición, aparición de exantema urticarial y región peribucal, y tronco. Acuden a urgencias, donde recibe adrenalina intramuscular y corticoide oral, con resolución del cuadro.

Tras dicho episodio, al conocer la historia clínica, se solicita analítica y se inicia alimentación con fórmula hidrolizada.

Analítica: muestra valor elevado de IgE para proteína de leche de vaca y eosinofilia en el hemograma.

La paciente no vuelve a presentar sintomatología, manteniendo adecuada ingesta y crecimiento.

 

 

 

Lactancia materna: cómo valorar su inicio

E. Fernández Pulido
Temas de FC


E. Fernández Pulido

Pediatra e IBCLC (consejera certificada en lactancia materna). Centro de salud de Vitigudino. Unidad de Lactancia Materna del área de Salamanca

Resumen

El recién nacido tiene derecho a recibir el mejor alimento, el cual, sin ningún género de dudas, es la leche materna, capaz de cubrir sus necesidades nutricionales de forma exclusiva (sin recibir otro tipo de alimento) los seis primeros meses de vida y, luego, junto a la alimentación complementaria, hasta que madre e hijo lo deseen. Además, favorece la relación entre madre e hijo, haciendo que el vínculo se fragüe más deprisa y seguro. El pediatra de Atención Primaria ocupa un lugar privilegiado para promocionar la lactancia natural, incluso desde antes del nacimiento. No tiene que justificar la recomendación de la lactancia materna, pero sí debe justificar la sustitución de la leche humana por una leche artificial. La valoración de la lactancia materna debe llevarse a cabo cuanto antes; si es posible, en las primeras 24-48 horas tras el alta hospitalaria, para comprobar un buen comienzo de la misma y, si se detectan problemas, para encontrar soluciones, asegurándonos de que el lactante se alimente correctamente y protegiendo la producción de leche materna en el periodo sensible de calibración (primeras semanas postparto).

 

Abstract

The newborn has the right to receive the most appropriate nutrition, which without any doubt is breastmilk, since it covers all the basic nutritional necessities on its own (without the need of any other kind of food) for the first six months of life and afterwards, together with the complementary recommended foods, until both, mother and baby, wish to stop. Moreover, breastfeeding improves the relationship between mother and baby making the affective bond grow quicker and stronger.
The paediatrician in Primary Health Care is an important influence to promote breastfeeding, even before childbirth. The recommendation of breastfeeding does not have to be justified whereas the substitution of the mother’s milk by an infant formula must always be accounted for. The convenience of breastfeeding should be evaluated as soon as possible, preferably between the first 24-48 hours after hospital discharge, to test the correct starting point and, if necessary, to solve any problems that may arise. It’s also vital to make sure that the baby is being correctly fed at the same time as the mother’s amount of milk is being guaranteed during the susceptible calibration period (first postnatal weeks).

 

Palabras clave: Lactancia materna; Lactancia; Conducta en la Lactancia; Trastornos de la Lactancia.

Key words: Breast Feeding; Lactation; Sucking Behavior; Lactation Disorders.

Pediatr Integral 2020; XXIV(2): 71 – 80


Lactancia materna: cómo valorar su inicio

Introducción

La leche humana es un fluido vivo, su composición es variable. El calostro es diferente a la leche transicional y ésta, es diferente a la leche madura. Cambia a lo largo del día y del tiempo, la leche inicial de la toma es diferente a la leche del final.

La Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y Niño Pequeño(1), elaborada por la OMS y UNICEF (año 2002), dice que no practicar la lactancia natural y, especialmente, la lactancia natural exclusiva los primeros seis meses de vida, representa un factor de riesgo importante a efectos de morbilidad y mortalidad del lactante y niño pequeño. Los beneficios de la lactancia materna duran toda la vida y son, entre otros: menor tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad, diabetes y mejores resultados en las pruebas de inteligencia. Como recomendación de salud pública mundial, durante los seis primeros meses de vida, los lactantes deberían ser alimentados exclusivamente (sin recibir ningún otro alimento o bebida) con leche materna para lograr un crecimiento, desarrollo y una salud óptimos. A partir de ese momento, a fin de satisfacer sus requerimientos nutricionales en evolución, los lactantes deberían recibir alimentos complementarios adecuados e inocuos desde el punto de vista nutricional, sin abandonar la lactancia natural hasta los dos años de edad, o más tarde. Una adecuada nutrición los mil primeros días de vida(2), periodo crítico del desarrollo que abarca desde la concepción hasta los dos años de edad, en un entorno de afecto y estimulación, permite que el niño alcance su máximo potencial de crecimiento y desarrollo y, por tanto, influye en el resultado en la vida adulta. Es de sentido común pensar que la mejor leche que puede recibir una cría es la de su madre, pues todas las leches de mamíferos no son iguales y se adecuan a la cría de la especie. La leche humana es un fluido vivo, su composición(3) no siempre es la misma, va a depender de la edad del niño, del momento del día, del tiempo que transcurra entre toma y toma, de la cantidad que ingiera y de si mama de uno o ambos pechos en la toma. No solo se adapta a los requerimientos nutricionales, también a los inmunológicos, según la etapa del desarrollo en la que se encuentre. El calostro posee múltiples cualidades beneficiosas, entre otras, las siguientes: facilita la eliminación de meconio, favorece el crecimiento de lactobacillus bifidus en el lumen intestinal, y los antioxidantes y quinonas protegen al recién nacido del daño oxidativo y de la enfermedad hemorrágica. Además, la IgA secretora en el tubo digestivo del neonato previene las adherencias de patógenos (se puede considerar la “primera vacuna”), los factores de crecimiento estimulan la maduración de los diferentes sistemas, su volumen pequeño es idóneo para el recién nacido que comienza a manejar la succión-deglución-respiración, y su osmolaridad se adapta a los riñones inmaduros.

Entre el 4º y 6º día postparto, se produce un aumento brusco en la producción de leche (lactogénesis II), la madre aprecia que los senos aumentan de tamaño, están calientes y algo endurecidos, se ha comenzado a producir la leche de transición, que alcanzará un volumen aproximado de 600 ml a las dos semanas. Aumenta su contenido en: lactosa, grasas, calorías, vitaminas hidrosolubles y disminuye en proteínas, inmunoglobulinas y vitaminas liposolubles. A partir de las dos semanas, la leche ya se considera madura.

Al final de la “cuarentena”, la mujer produce un volumen promedio de leche madura alrededor de los 900 ml/día y se mantiene así hasta los 6 meses de edad del hijo, momento en que se inicia el destete natural con la introducción gradual de los alimentos sólidos, que no deben sustituir a la leche materna, sino complementarla y no aportar más del 50% de las calorías totales en el segundo semestre, cuando el volumen promedio de leche materna es de aproximadamente 500 ml/día. Si la gestación es múltiple, la madre producirá un volumen suficiente de leche para cada uno de ellos. Si el parto se adelanta y el recién nacido es pretérmino, la leche que produce la madre tiene una composición diferente, mayor cantidad de proteínas y menor de lactosa que la leche madura, más cantidad de lactoferrina e IgA, adaptada a las necesidades en esa etapa de desarrollo. Pero si es menor de 1.500 gramos, la leche humana de pretérmino debe ser suplementada con “fortificadores de leche materna”, pues no llega a cubrir los requerimientos de calcio y fósforo y, ocasionalmente, de proteínas.

En principio, todas las mujeres pueden amamantar, salvo aquellas que están infectadas por el VIH y por el virus de la leucemia humana de células T en países desarrollados, donde la alimentación con sucedáneos es una alternativa accesible y segura. Todos los recién nacidos pueden ser alimentados con leche materna, excepto los afectados por galactosemia (aunque algunas formas leves pueden recibir algo de leche materna) y los que presentan déficit congénito primario de lactasa (enfermedad rara). Pocos fármacos contraindican la lactancia materna. En la página web http://www.e-lactancia.org/ (proyecto de APILAM, Asociación para la promoción e investigación científica y cultural de la lactancia materna), se puede consultar la compatibilidad de la lactancia con medicamentos y otros productos. Otras situaciones requerirán una valoración individualizada(4).

Una de las barreras que dificultan el inicio y el mantenimiento de la lactancia natural es la falta de formación y educación de los profesionales sanitarios. El objetivo de este artículo es proporcionar información para abordar la lactancia natural, incluso desde antes del nacimiento y comprobar su correcto funcionamiento.

Frecuencia de la lactancia materna

En España, las tasas de lactancia materna han ido aumentando en los últimos 20 años, pero aún quedan lejos de las recomendadas por la OMS.

Los datos que tenemos sobre la duración de la lactancia materna en España son los que aportan las Encuestas Nacionales de Salud que, desde el año 1995, incluyen preguntas relativas al tipo de lactancia. Se llevan a cabo cada 5 años. La última Encuesta Nacional de Salud (ENS) es relativa al año 2017(5) y se publicó el día 26 de junio de 2018. Los datos corresponden a 23.860 hogares y a 29.195 entrevistas realizadas entre octubre de 2016 y octubre de 2017. Hay que tener en cuenta que no siguen los indicadores ni la metodología recomendados por la OMS, lo cual impide poder comparar entre países. Se observa una evolución favorable en los últimos 20 años, sobre todo en la lactancia materna exclusiva a los 6 meses, momento en el que casi el 40% de los lactantes son alimentados exclusivamente con leche materna, frente a un 28,5% en el año 2012 (Fig. 1).

Figura 1. Gráfico encuesta nacional de salud.

También, han aumentado las tasas de lactancia materna (exclusiva y parcial) a las 6 semanas, 3 meses y 6 meses de edad, pero aún quedan lejos de las recomendaciones de la OMS, motivo este para seguir promocionando y apoyando la lactancia natural.

Los factores que influyen para que una mujer decida iniciar y mantener la lactancia materna son varios: socioeconómicos, culturales, educativos, psicológicos y, en el caso que nos ocupa, especial interés tienen los relacionados con el sistema de salud, donde el pediatra tiene un papel clave. Son factores protectores(6): haber recibido educación prenatal durante el embarazo, disponer de una atención postparto adecuada, tener acceso temprano a la Atención Primaria y posibilidad de seguimiento en sus consultas, y asistir a talleres y a grupos de apoyo a la lactancia materna.

Abordaje de la lactancia natural por etapas

El pediatra de primer nivel puede abordar la lactancia natural ya en la etapa intrauterina, proporcionando a los futuros padres información para un buen comienzo. Tras el alta hospitalaria, una atención temprana le permitirá detectar posibles problemas y adoptar medidas para solucionarlos, asegurando una adecuada nutrición del recién nacido y una producción robusta de leche materna.

 

Etapa prenatal

En este periodo, los futuros padres deben decidir cómo quieren alimentar a su hijo. Este tema debe ser abordado adecuadamente en el 2º trimestre de la gestación por: ginecólogo, médico de familia y/o matrona. Los padres tienen derecho a conocer cuáles son las ventajas de la lactancia materna(7) y los riesgos que conlleva la lactancia artificial(8) (Tablas I-II).

Debe ser una decisión informada, no debemos privar a la madre de información por el temor de suscitar sentimientos de culpa. Hay evidencia de que las mujeres no se sienten culpables cuando están bien informadas. Si optan por la lactancia natural, es el momento de que ambos progenitores aprendan todo lo posible acerca de ella, pues después del parto, cuando madre e hijo se están recuperando, se pueden sentir abrumados.

Conviene que los padres soliciten una consulta prenatal con el pediatra, para comentar aquellos aspectos que puedan plantear dudas acerca de la lactancia natural. La entrevista con la familia antes del nacimiento nos va a permitir:

1. Conocer cómo desean alimentarlo, qué esperan de la lactancia natural, qué imagen tienen de la misma (idílica frente a dramática), si ha amamantado a otro hijo, si ha visto dar el pecho a otras mujeres, si va a recibir apoyo y comprensión de su entorno cercano que aumente la confianza en sí misma. Podemos dirigirla a un grupo de apoyo madre a madre de la lactancia materna(9) si lo hay cerca de su localidad o a un taller de lactancia si se imparte en su centro de salud. Es interesante detectar si hay factores de riesgo en la madre o futuro recién nacido (Tabla III) que puedan comprometer la lactancia natural, para establecer medidas precoces encaminadas a conseguir el mejor inicio posible, como: extracción prenatal de calostro en mujeres diabéticas(10), contacto piel con piel inmediato, método madre canguro, estimulación de la producción de leche, posturas especialmente indicadas, etc.

2. Informar de lo que suele ocurrir en un parto y de la importancia de un contacto piel con piel inmediato al nacimiento, que permita al recién nacido agarrarse espontáneamente al pecho y favorecer el inicio de la lactancia materna para prevenir futuros problemas.

Orientar sobre el comportamiento normal del recién nacido que, en las primeras dos horas de vida, está despierto y activo, momento ideal para practicar el piel con piel, pues luego entra en un periodo más largo (24-36 horas) de sueño profundo con despertares cortos y los padres deben estar atentos a estos momentos de alerta para ponerlo al pecho.

Explicar por qué es importante alimentar a su hijo a demanda, es decir, que él decida cuándo ha de mamar, durante cuánto tiempo y si toma de uno o de ambos pechos; mamando de esta forma aparentemente “irregular”, ingiere, sin embargo, todos los nutrientes que necesita.

Enseñarles cómo reconocer en el lactante las señales que muestran disposición para mamar antes de que llore: giros de la cabeza, movimientos de la lengua, llevarse las manos a la boca y, si está en el hombro de un adulto, moverse hacia abajo buscando el pecho.

Proporcionarles unos parámetros nutricionales básicos: es normal que los recién nacidos mamen con frecuencia, 10-12 veces en 24 h, pues la capacidad gástrica es pequeña y solo necesitan una minúscula cantidad de leche (media cucharada por toma en las primeras 24 horas (Tabla IV).

En los primeros dos días, ingieren unos 30-60 ml de calostro a lo largo de todo el día, eliminan el meconio y mojan 1 o 2 pañales (orina pálida). El día 3, las heces son verdes y la orina (3 micciones al día) puede ser anaranjada al contener cristales de urato. En el cuarto día, se produce la lactogénesis II, la “subida de la leche”, la mujer apreciará la ingurgitación mamaria, las heces se vuelven marrones y luego amarillas, la orina se vuelve transparente y sin olor.

Es importante que la madre aprenda la extracción manual de leche (técnica de Marmet, para saber más de la técnica: https://blog.lactapp.es/extraccion-manual-tecnica-marmet/), la cual puede ser necesaria los primeros días postparto: si se produce separación madre-hijo, si no consigue el agarre, si el pezón está dolorido o si se produce ingurgitación tras la subida de la leche.

Hacer ver la importancia de no usar biberones ni chupetes para evitar una confusión en el recién nacido que dificulte la succión natural al pecho.

Finalmente, explicaremos cómo colocar correctamente el recién nacido al pecho para conseguir un buen agarre y evitar muchos de los problemas que se originan en los primeros días (dolor, grietas, pérdida excesiva de peso…). La madre adopta una postura en la que se sienta cómoda y relajada, acostada o sentada. Sujeta al bebé y lo acerca al pecho de frente, con su cuerpo alineado, de manera que la oreja, hombro y cadera formen una línea recta. Coloca la barbilla del bebé en su pecho y con el pezón roza el labio superior, lo que va a hacer que abra la boca y desplace su cabeza hacia atrás consiguiendo un buen agarre.

3. Explorar las mamas de la futura madre para observar si se han producido los cambios propios del embarazo (aumento de tamaño, dilatación de venas superficiales, aumento de la pigmentación de pezón y areola) y posibles estigmas de una hipoplasia mamaria(11) (Fig. 2), que pueda comprometer la producción de leche.

Figura 2. Sospecha de hipoplasia mamaria.

Palpar las mamas en busca de posibles nódulos o quistes que podrían necesitar tratamiento. Valorar el tamaño y la forma del complejo pezón/areola para identificar cualquier anomalía anatómica (pezón plano, invertido) que pueda requerir intervenciones precoces. No es necesario preparar las mamas ni los pezones durante la gestación, pues durante este periodo cualquier pezón tiende a ser más flexible.

Etapa hospitalaria (postparto inmediato)

Esta etapa se encuentra fuera del ámbito del pediatra de Atención Primaria, pero si se llevó a cabo la entrevista prenatal con los futuros padres, éstos estarán mejor preparados para afrontar los primeros días de vida de su hijo. Conocerán la importancia de practicar el contacto piel con piel de forma inmediata, tras el nacimiento, ininterrumpido, tanto tiempo como sea posible, para conseguir que el bebé agarre el seno materno con éxito en esa primera fase de alerta tranquila. Estarán atentos a las señales de su hijo que muestran disposición para mamar, a sus despertares cortos, para ponerlo al pecho en la postura correcta a fin de evitar un mal agarre que puede causar grietas, dolor y baja transferencia de leche. No se preocuparán por las tomas frecuentes, pues saben que su estómago es pequeño y es normal que pierda peso (hasta un 7-10%) los cinco primeros días. Evitarán el uso de chupetes y biberones para no confundir al recién nacido en la forma de succionar. Si se produce separación madre-hijo, los padres conocen la importancia de extraer leche de forma precoz (antes de que transcurran 6 h tras el parto) y frecuente (cada 2-3 horas), y se considerará una alternativa al biberón para administrar la leche materna.

Etapa posthospitalaria

Es recomendable que la primera visita al centro de salud se produzca en las primeras 24-48 horas tras el alta hospitalaria, con el objetivo de detectar precozmente problemas que puedan comprometer el inicio y mantenimiento de la lactancia natural, poniendo en riesgo la salud del recién nacido. En el informe de alta hospitalaria del neonato deberían constar, si las hubiese, las dificultades detectadas relativas al amamantamiento y las medidas adoptadas. En esa primera visita, la madre debe saber que se va a observar una toma, de manera que si el lactante está listo para mamar mientras están esperando en la sala de espera, debe avisar al personal para que le facilite un sitio cómodo e íntimo para amamantar y llevar a cabo una adecuada evaluación.

Valoración de la lactancia materna en el primer control de salud

Se debe valorar la lactancia materna de forma sistemática y quedar registrada en su historia de salud. Realizaremos una buena anamnesis materna, una exploración física al recién nacido y a la madre, que permita detectar anomalías en el amamantamiento y observaremos una toma.

Podemos comenzar la anamnesis haciendo preguntas abiertas del tipo “¿cómo alimenta a su bebé?”, y luego prestar atención a sus preocupaciones, dedicándole el tiempo suficiente, haciéndole ver que entendemos lo que nos dice y cómo se siente, evitando palabras enjuiciadoras y elogiando lo que está haciendo bien. De esta forma, estableceremos una relación con ella de confianza y no se sentirá cohibida a la hora de mostrarnos cómo está siendo su experiencia con la lactancia. Cuando tengamos que darle información, será corta y pertinente, la que le resulte útil en ese momento, y expresada con un lenguaje sencillo. Si damos demasiada información y a destiempo, no va a ser capaz de asimilarla y podemos crearle inseguridad. Si consideramos que tiene que hacer algo diferente de lo que viene haciendo, en lugar de darle órdenes, es preferible hacerle sugerencias, de manera que no pierda la sensación de control ni disminuya la confianza en sí misma(12). Una vez que la mujer se ha expresado libremente, pasaremos a realizar el interrogatorio dirigido para terminar de recabar la información necesaria en la valoración de la lactancia materna. Existen fichas ya elaboradas que nos pueden servir de guía, como la ficha de historia clínica de lactancia de la OMS (Tabla V).

En la exploración física del recién nacido, trataremos de identificar aquellas anomalías que puedan influir negativamente en el amamantamiento. A continuación, destacamos algunos aspectos.

Apariencia general

En la evaluación inicial es útil observar, en reposo y en una toma: el tono muscular, la simetría, el estado de alerta, la respiración y el color. Un lactante hipotónico, al pecho, puede perder la succión y derramar leche por la boca. Uno hipertónico puede aparecer: rígido, arqueado, tener dificultad para abrir bien la boca e iniciar la succión. El lactante que ingiere leche en la toma está despierto, tranquilo. Si está excitado puede que no consiga agarrar el pecho, aunque esté activado el reflejo de búsqueda. Si está adormilado puede no tener interés en mamar. Si la toma le resulta estresante puede presentar: sudoración, palidez, taquipnea y llanto. La asimetría en la postura, forma y movimientos puede ser sintomática de algún trastorno subyacente que dificulte la alimentación, como: fractura de clavícula, tortícolis muscular congénita, parálisis braquial obstétrica, craneosinostosis, trastornos del SNC (hipotonía, parálisis cerebral) y malformaciones congénitas (síndrome de Klippel-Feil, entre otros). La ictericia puede aparecer si hay escasa ingesta de leche junto a signos de deshidratación.

Cabeza

La plagiocefalia congénita que suele ir asociada a tortícolis, hace más difícil el amamantamiento. También, la presencia de caput succedaneum o cefalohematoma, que pueden ser dolorosos.

Cara

Aspecto general

Valorar rasgos dismórficos asociados a síndromes congénitos que pueden afectar la lactancia materna. La asimetría de la cara puede deberse a: parálisis del VII par craneal, hipoplasia del músculo depresor del ángulo de la boca o a una postura fetal anómala.

Nariz

Sus orificios deben ser simétricos y estar permeables. Durante la tetada, la respiración es exclusivamente nasal, de modo que cualquier alteración que dificulte el flujo nasal de aire (atresia de coanas, luxación del cartílago, rinitis) también hará difícil el amamantamiento. Si observamos regurgitación nasal de leche, nos debe hacer sospechar paladar hendido y/o insuficiencia velofaríngea.

Boca

• Mejillas: el recién nacido a término tiene unas mejillas redondeadas debido a las bolas adiposas de Bichat que confieren estabilidad lateral en la succión (mantienen la lengua acanalada alrededor del pezón y permiten crear una adecuada presión negativa dentro de la boca); su menor desarrollo en los nacidos prematuros, puede hacer menos eficaz la succión.

• Labios: un frenillo labial superior tenso puede dificultar el agarre y causar la aparición de una ampolla en la parte central del labio superior. Esta también puede aparecer si la lengua tiene sus movimientos restringidos (anquiloglosia), debido al movimiento de barrido que realiza el labio superior sobre el pecho durante la succión.

• Mandíbula: cierto grado de retrognatia se considera fisiológica en los recién nacidos, pero si la mandíbula es demasiado pequeña y corta, puede originar dificultades en la succión y la respiración. En tal caso, el lactante para respirar mejor extiende la cabeza, logrando así agrandar la vía aérea superior más estrecha, y mantiene la punta de la lengua elevada hacia el paladar, probablemente por la falta de espacio, en lugar de estar sobre la encía o labio inferiores. Esta posición anómala puede impedir una activación normal de los músculos para succionar. Una apertura de boca asimétrica nos debe hacer sospechar tortícolis congénita (cuello inclinado hacia el lado afectado y la cara girada al lado opuesto).

• Encías (crestas alveolares): podemos apreciar en ellas dientes congénitos que, en ocasiones, pueden asociarse a síndromes. Cualquier diente congénito se cae antes de la erupción de los de leche y no suele estar indicada su extracción a menos que estén sueltos o dificulten la alimentación.

• Paladar: valoraremos su integridad en busca de una hendidura completa o submucosa (resultará sospechosa si el arco de Cupido del labio superior aparece muy marcado y observamos una protuberancia a ambos lados de la nariz). Estaremos atentos a la movilidad del paladar blando, cuando el lactante llora o al estimular el reflejo nauseoso: una asimetría al contraerse (la úvula se desplaza hacia el lado sano) puede indicarnos compromiso neurológico en los nervios glosofaríngeo y vago. Por último, nos fijaremos en la forma: si es alto y estrecho, puede ir asociado a una lengua con la movilidad restringida, debido a la falta de contacto de la lengua contra el paladar en la vida intrauterina. Por este motivo, el paladar puede ser hipersensible y el lactante tener un reflejo de la náusea hiperactivo que dificulte un agarre profundo del pecho.

• Lengua: valoraremos la apariencia y la movilidad. Una lengua plana puede indicar hipotonía o frenillo sublingual restrictivo. Si la parte posterior de la lengua se eleva (adquiere aspecto de joroba), puede bloquear la cavidad oral y dificultar el agarre. Una muesca en la punta de la lengua puede deberse a un frenillo sublingual corto. La movilidad la evaluaremos observando sus movimientos espontáneos mientras interaccionamos con él o solicitándolos. Al tocar con el dedo la parte central de la cresta alveolar inferior, estimulamos la extensión de la lengua. Si desde el centro de dicha cresta barremos con nuestro dedo hacia los lados, podremos valorar la lateralización de la lengua. Al llorar o al tocar con nuestro dedo la parte central de la cresta alveolar superior, valoraremos la elevación de la lengua con la boca bien abierta. No debemos olvidar levantar la lengua para observar el frenillo sublingual fijándonos en su: grosor, longitud, elasticidad y lugar de inserción. Si es corto, grueso y poco elástico, puede limitar la movilidad de la lengua (anquiloglosia) y causar un paladar alto y estrecho, originando problemas en el agarre y la succión. Más difíciles de valorar son los frenillos submucosos, no visibles, pero que igualmente pueden restringir la movilidad lingual y causar problemas en la lactancia. Por eso, más importante que la apariencia, es valorar los movimientos de la lengua. Existen escalas para valorar la función del frenillo sublingual, la más utilizada es la elaborada por la Dra. Alison Hazelbaker (Assessment Tool for Lingual Frenulum Function ATLFF) o el test de la lengüita, propuesto por la Dra. Roberta Martinelli.

Examen digital de la succión no nutritiva

Si al lactante le cuesta succionar el dedo, probablemente tenga dificultad al pecho, cuando la boca tiene que estar más abierta. Le ofreceremos nuestro dedo para ver cómo lo agarra, rozándole la parte central del labio inferior y la punta de la lengua. En condiciones normales, el recién nacido extiende la lengua y atrapa el dedo. Observaremos si la lengua se acanala alrededor del dedo y lo lleva hacia la parte de atrás del paladar duro. Cuando inicie la succión, valoraremos su fuerza y si mantiene o pierde el contacto la parte anterior de la lengua con el dedo. Si pierde contacto, es fácil que pierda el agarre cuando esté mamando. Si la lengua se retrae, el dedo entra en contacto con la encía inferior y el lactante muerde. Esto, en el pecho materno, es causa de dolor y grietas.

Dentro de la exploración neurológica del recién nacido, no olvidaremos por su importancia, la valoración de los reflejos orales que garantizan la función de la alimentación (Tabla VI).

La deglución no se considera un reflejo simple, sino una secuencia refleja de contracciones musculares ordenadas para llevar el bolo alimenticio de la boca al estómago. Está íntimamente relacionada con la succión y la respiración, y su valoración se lleva a cabo observando una toma.

Exploración física de las mamas de la madre

En la que pueda poner de manifiesto: un escaso desarrollo del tejido glandular, un retraso en la lactogénesis II, una ingurgitación patológica, anomalías en los pezones, nódulos, signos inflamatorios, cicatrices, etc.

Observación de una toma

Resulta imprescindible la observación de una toma en la valoración de la lactancia materna, momento que podemos aprovechar, si se detectan dificultades, para intervenir y comprobar si las técnicas empleadas son útiles o no a la diada madre-hijo.

Observaremos la postura, agarre y si hay signos de transferencia eficaz de leche (Tabla VII).

Es muy importante que la madre proporcione estabilidad al cuerpo del recién nacido sujetándolo bien (cabeza, espalda y pelvis), sin separación entre ambos y de frente a ella. O bien, colocándolo sobre su cuerpo (madre con la espalda reclinada hacia atrás) con el lactante en decúbito prono y la cabeza girada hacia un lado entre sus pechos descubiertos. De este modo, todo el cuerpo del recién nacido está en contacto con la madre y pueden activarse todos los reflejos neonatales primitivos necesarios para buscar y agarrar la mama. Esto es lo que se conoce como crianza biológica, término acuñado por Suzanne Colson(13). Los estímulos para que el recién nacido abra bien la boca son: el roce del pezón en su labio superior (filtrum) y el contacto de su barbilla sobre el seno materno. Dos pistas clave que la madre debe conocer para llevarlo a la práctica. Como vemos, no se trata de introducir la mama dentro de la boca del recién nacido, sino de guiar a este hacia el pecho. Con la boca bien abierta, el recién nacido extiende la lengua, agarra el pezón y parte de la areola. Después eleva y acanala la lengua, dirigiéndolos hacia la parte posterior del paladar duro. Al inicio de la toma, cuando el flujo de leche es lento, las succiones son rápidas y los movimientos mandibulares superficiales. Cuando el reflejo de eyección se hace presente, el flujo de leche es más rápido y las succiones son más lentas y profundas, la mandíbula desciende y hace una pequeña pausa (cuando la boca se llena de leche) antes de elevarse de nuevo. El lactante, mientras traga, tiene los ojos abiertos y según va satisfaciendo su hambre, abre los puños, relaja y separa los brazos de su cara, acaba cerrando los ojos al final de la toma con una expresión facial relajada y suelta el pecho espontáneamente. Esto describe una toma normal. Nos podemos encontrar ante lactantes que se duermen al inicio de la toma sin soltar el pecho y pueden aparentar estar satisfechos sin estar tomando suficiente leche. En este caso, al retirarlos, se despiertan enseguida o vuelven a succionar rápidamente, y la toma no parece acabar nunca. Otras veces, los lactantes más impacientes, ante un flujo de leche lento, no se duermen y muestran una expresión facial de preocupación o desconcierto, con el ceño fruncido; mantienen los puños cerrados cerca de la cara, empujan y tiran del pecho, o lo amasan con sus manos para, de forma instintiva, estimular otro reflejo de eyección. Así mismo, parecen nerviosos hasta que la leche fluye rápido otra vez. También, hay lactantes que se retiran del pecho, se arquean, lloran y se niegan a agarrarlo de nuevo. Este comportamiento se puede interpretar como que no le gusta mamar, pero no es así, los recién nacidos están biológicamente preparados para mamar, lo que les frustra es no ser capaz de conseguir que la leche fluya más rápidamente. Justo al terminar la toma, debemos observar el pezón que debe aparecer redondeado y sin signos de compresión (no debe aparecer blanco, ni con aspecto en punta de lápiz). Si todo el proceso es correcto, la succión del recién nacido no debe causar dolor. Con todo, su ausencia tampoco nos asegura que la lactancia materna sea eficaz.

Las ráfagas normales de succión consisten en 10 a 30 succiones con sus correspondientes degluciones y respiraciones, seguidas de una pausa de 3-5 segundos donde el lactante respira. Al inicio de la pausa, la respiración es más rápida, luego se enlentece y el lactante reanuda la succión. Alteraciones en este patrón nos pueden indicar: inestabilidad cardiorrespiratoria (3-5 succiones seguidas de una pausa larga con signos de dificultad respiratoria), inmadurez (ráfaga de succión más corta, con 5-8 succiones) o dificultad en la coordinación succión-deglución-respiración (ruidos al tragar, atragantamiento, tos, regurgitación nasal, apnea, cianosis, estridor). Como hemos visto anteriormente, los lactantes que no se manejen bien con el flujo de leche pueden rechazar el pecho o hacer tomas intranquilas, sobre todo, cerca de los 3 meses de edad, cuando la protección de la vía aérea se ve reducida por los cambios anatómicos propios del crecimiento (mayor distancia entre el velo del paladar y la epiglotis).

Evaluación del crecimiento de lactante amamantado

Para valorar si el lactante está bien nutrido, trasladaremos los datos antropométricos recogidos (peso, talla y perímetro cefálico) a las gráficas de crecimiento de la OMS. http://www.who.int/childgrowth/standards/w_velocity/en/

Estos patrones describen el crecimiento normal en la primera infancia bajo condiciones ambientales óptimas y pueden utilizarse para estudiar a los niños de cualquier lugar, independientemente de: etnia, situación socioeconómica y tipo de alimentación. Otras curvas han sido elaboradas a partir de muestras de lactantes alimentados con fórmula y muestran un patrón de crecimiento diferente que nos puede llevar a calificar al lactante amamantado como de crecimiento lento cuando es normal, y al empleo de suplementos sin ser necesario, con el riesgo que supone(14).

Plan de alimentación

Si detectamos algún problema en la alimentación del recién nacido amamantado, debemos intervenir elaborando un plan individualizado con medidas encaminadas a mantener la lactancia materna, asegurándonos una adecuada nutrición del lactante y una producción suficiente de leche materna. La mayoría de las dificultades se pueden resolver dándole a la madre unas pautas para que con la práctica mejore la postura y logre que su bebé agarre de forma óptima. Otras veces, estaremos ante problemas más complejos y puede ser necesario derivar a un profesional especialista en lactancia materna o, si se sospechan alteraciones anatómicas o déficits neurológicos, al hospital. Si la producción de leche está o puede verse comprometida, debemos recomendar la extracción de la misma, de forma preferible con el uso de sacaleches (doble, eléctrico y al menos, 8 veces en 24 horas), sería deseable que al menos una de las extracciones fuera nocturna para favorecer la producción láctea. Nos podemos ver forzados a considerar métodos de alimentación alternativos al biberón (relactador, dedo-jeringa, recipiente cuchara, vaso), cuando precise suplemento de leche materna extraída o de fórmula, para evitar el síndrome de confusión de pezón. También debemos animar al contacto piel con piel cuando el bebé no tenga hambre para mantener el interés por el pecho y a valorar ejercicios de estimulación oral, incluso de terapia corporal, para mejorar la succión (Tabla VIII).

Las instrucciones se las daremos por escrito, asegurándonos de que las han entendido bien y, para ello, puede ser necesario que nos demuestren en la consulta las técnicas enseñadas. Haremos un seguimiento estrecho hasta que los padres se sientan seguros y el recién nacido mame bien, con un incremento de peso adecuado.

Bibliografía

Los asteriscos muestran el interés del artículo a juicio del autor.

1.** Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño. OMS y UNICEF; 2002. Disponible en: https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/newborn/nutrition/global/es/.

2.* Butha ZA, Ahmed T, Black RE, Cousens S, Dewey K, Giugliani E, et al. What Works? Interventions for maternal and child undernutrition and survival. The Lancet. 2008; 371: 417-40.

3.*** Lawrence RA, Lawrence RM. Lactancia Materna. Una guía para la profesión médica. Sexta edición. Elsevier. 2007.

4.*** Díaz Gómez NM. Contraindicaciones de la lactancia materna. En: Asociación Española de Pediatría. Manual de Lactancia Materna. De la teoría a la práctica. Madrid: Panamericana; 2008: 47-8.

5.* Nota técnica. Encuesta Nacional de salud. España 2017. Principales resultados. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. 26 de junio 2018. Disponible en:
https://www.mscbs.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2017/ENSE2017_notatecnica.pdf.

6.* Calvo Quirós C. Factores socioeconómicos, culturales y asociados al sistema de salud que influyen en el amamantamiento. Rev. Enfermería Actual en Costa Rica (en línea). Octubre 2008-Marzo 2009, No.15. Disponible en: http://www.revenf.ucr.ac.cr/factoreslactancia.pdf.

7.** de Antonio Ferrer L. Lactancia materna: ventajas, técnica y problemas. Pediatr Integral. 2015; XIX (4): 243-50.

8.* Sterken E. Riesgos de la alimentación con leche artificial. INFACT Canadá/IBFAN Norte América Traducción: Natalia Rybak. IBFAN Boletines Año 4; 2006: 174-7.

9.** Miembros de FEDALMA (Federación Española de Asociaciones Pro-Lactancia Materna). Disponible en: https://www.fedalma.org/la-federacion/miembros-de-fedalma/.

10.* Forster A, Moorhead M, Jacobs E, Davis G, Walker P, McEgan M, el al. Advising women with diabetes in pregnancy to express breastmilk in late pregnancy (diabetes and antenatal milk expressing [DAME]): a multicentre, unblinded, randomise controlled trial. The Lancet. 2017; 389: 2204-13.

11.* Huggins, et al. Makers of lactation insufficiency: a study of 34 mothers. Clinical Lactation; 2000: 25-35.

12.*** Consejería en Lactancia Materna: curso de capacitación. Manual del participante. OMS. 1993. Edición revisada agosto 1998. Disponible en:
https://www.who.int/maternal_child_adolescent/documents/pdfs/bc_participants_manual_es.pdf.

13.*** Colson SD, Meek J, Hawdon JM. Optimal Positions triggering primitive neonatal reflexes stimulating breastfeeding Early Human Development. 2008; 84: 441-9.

14.* OMS, Los nuevos patrones de crecimiento infantil de la OMS. Pediatría de Atención Primaria [en línea]. Disponible en: https://www.who.int/childgrowth/es/.

Bibliografía recomendada

Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre lactancia materna. Guía de Práctica Clínica sobre lactancia materna. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del País Vasco-OSTEBA, 2017. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

Elaborada por profesionales especialistas en lactancia materna (matronas, obstetras, pediatras y personal de enfermería) con la colaboración de mujeres que pertenecen a asociaciones de apoyo a la lactancia materna. Identifica cuáles son las condiciones que favorecen el inicio, la instauración y el mantenimiento de la lactancia materna, y ofrece recomendaciones basadas en la evidencia científica para que los profesionales sanitarios puedan ayudar a aquellas madres que desean amamantar a sus hijos.

Caso clínico

 

Díada madre-lactante que acude por primera vez a la consulta siete días después del parto, acompañada del padre del recién nacido. Madre secundípara de 33 años. Primer hijo amamantado durante 4 meses. Sana. Embarazo espontáneo, controlado, de curso normal, estreptococo agalactie negativo. Parto espontáneo a las 39+5 semanas, vaginal, no instrumentado, anestesia epidural, no oxitocina sintética, rotura espontánea de membranas 2 horas antes del expulsivo, líquido amniótico claro. No realizaron episiotomía. No presentó desgarro. Recién nacido, mujer, Apgar 8-9, no precisó reanimación. No hubo contacto piel con piel. Peso al nacimiento 3.350 g. Profilaxis oftálmica administrada los primeros minutos de vida. 

La primera toma tuvo lugar en la primera hora de vida mediante agarre dirigido. Alta hospitalaria a los 2 días de vida con screening metabólico y auditivo realizados (siendo este último normal). Grupo sanguíneo A + y test de Coombs negativo. Peso al alta de 3.040 g. Juicio clínico: RNAT de PAEG. Ictericia fisiológica.

Al preguntar a la madre cómo alimenta a su bebé, nos comenta que solo al pecho y que usa pezoneras desde el 2º día de vida, se las pusieron en el hospital porque le salieron grietas en los dos pezones. La “subida de la leche” la apreció en casa al tercer día después del parto. En la exploración física del recién nacido, destaca ictericia de ++ y un frenillo sublingual fino, elástico, no demasiado corto, que cuando el bebé llora hace que aparezca una ligera muesca en la punta de la lengua. Peso 3.100 g (7 días de vida). 

En la exploración de las mamas de la madre, se aprecian grietas en la punta de ambos pezones (estos son de un tamaño normal, tampoco son planos ni invertidos). No impresionan de mamas hipoplásicas. No se observan signos inflamatorios ni cicatrices. Han transcurrido 4 horas de la última toma y están algo blandas.

Al observar una toma sin pezonera con la madre sentada y el lactante en posición de cuna, la madre parece tensa, con los hombros hacia delante, mira a su hija, le habla, la sostiene con ambos brazos sin ayuda, la barriga del bebé mira hacia arriba y su cabeza se gira buscando el pecho, hay separación entre el cuerpo de ambas y cuando consigue agarrar, la boca del bebé está poco abierta, el labio inferior evertido, inicia succiones rápidas, pero la madre la retira tirando de su hija hacia atrás porque no soporta el dolor.

 

 

10 Cosas que deberías saber sobre…Baby-Led Weaning

 
10 Cosas que deberías saber sobre…Baby-Led Weaning

 

I. Noriega Echevarría, E. Pérez Costa, D. Rodríguez Álvarez, M. García Boyano


La alimentación complementaria guiada por el bebé o baby-led weaning (BLW) es un método de alimentación en el primer año de vida, basada en el mantenimiento de la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses y la posterior introducción de la alimentación complementaria (AC), en la que el propio lactante elige los alimentos que ingiere evitando el uso de cuchara.

Existe un interés creciente por parte de los padres, así como información en internet y redes sociales sobre el BLW. Las ventajas que atribuyen sus promotores para este modelo incluyen: favorecer el desarrollo de la sensación de saciedad en el lactante, disminuyendo el riesgo posterior de obesidad, una mejor adaptación a la introducción de distintas texturas y sabores y el mejor desarrollo de su coordinación motora.

Sin embargo, la evidencia científica disponible es escasa. Las preocupaciones de la comunidad médica se centran en la posibilidad de desarrollo de déficit calórico y estancamiento ponderal secundario, déficit de hierro y episodios de atragantamiento.

En el BLW se recomienda mantener lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta que el lactante alcance un neurodesarrollo adecuado. Si bien, se puede utilizar este modelo con lactancia artificial, se presupone que la pérdida de la variabilidad de sabor de las fórmulas artificiales con respecto a la leche materna pueden dificultar la transición a la AC.

La AC se introducirá cuando el lactante alcance la sedestación estable, coordinación mano-boca y capacidad de deglución, correspondiente aproximadamente a los 6 meses de edad. Se le ofrecerán alimentos de distintos grupos que pueda coger con las manos, generalmente en forma de barra, siendo él mismo el que elige los alimentos y la cantidad que ingiere. Algunos autores admiten la inclusión de hasta un 10% del contenido nutricional con el uso de cuchara.

La AC debe iniciarse con alimentos de textura suave, aumentando la dureza según avance la erupción dental. La mayoría de los padres aboga por la introducción de los mismos alimentos que ingiere la familia, predominando el grupo de frutas y verduras, lo cual podría producir una ingesta calórica total inferior a la recomendada.

La mayor preocupación por parte de padres y médicos es el riesgo de episodios de atragantamiento. A día de hoy, no existen datos suficientes que evidencien un mayor número de estos episodios en los niños con BLW. Se recomienda evitar la exposición a alimentos duros (manzana cruda, frutos secos…) y mantener siempre la presencia de un adulto mientras el lactante se esté alimentando.

A partir de los 6 meses, una de las mayores fuentes de ingesta de hierro en la alimentación de los lactantes son los cereales, que se encuentran fortificados en hierro. Este alimento no suele estar incluido en la dieta de los niños con BLW, pero ellos suelen estar expuestos a alimentos ricos en hierro (carne, pollo) a edades más tempranas, no quedando claro el eventual riesgo de ferropenia en estos pacientes.

En niños prematuros, con retraso en el desarrollo psicomotor, riesgo potencial de desarrollar alergias alimentarias o con procesos intercurrentes frecuentes que impidan una ingesta calórica adecuada, es necesario explicar a los padres que el BLW no es el método más adecuado para introducir la AC en estos niños.

En resumen, de ser el BLW el método de elección de los padres para alimentar a sus hijos, el pediatra debe vigilar que la elección de los alimentos, su composición nutricional (incluyendo sal, azúcar y micronutrientes) y la ganancia ponderal del paciente sean adecuados, así como evitar riesgos asociados a una capacidad motora insuficiente.

 

Para saber aún más…

1. Cameron SL, Heath AM, Taylor RW: How feasible is Baby-Led Weaning as an Approach to Infant Feeding? A Review of the Evidence. Nutrients. 2012; 4: 1575-609.

2. Dalmau J, Moreno JM: Alimentación complementaria, puesta al día. Pediatr Integral. 2017; XXI (1): 47.e1-e4.

3. Cameron SL, Taylor RW, Heath AM: Development and pilot testing of Baby-Led Introduction to SolidS-a versión of Baby-Led Weaning modified to address concerns about iron deficiency, growth faltering and choking. BMC Pediatr. 2015; 15: 99.

 

Encuesta epidemiológica sobre la percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil


C. Coronel Rodríguez*, E. González Zorzano**, A. Hernández Hernández***, M. Escolar Jurado**, A. Garre Contreras**, M.C. Guisado Rasco****

*Centro de Salud “Amante Laffón”. Sevilla. **Departamento Médico. Laboratorios Cinfa, Navarra. ***Centro de Salud de Tacoronte, Tenerife. ****Centro de Salud “Mercedes Navarro”. Sevilla

 

Resumen

Objetivos: el sedentarismo y los nuevos estilos de vida son algunas de las causas del exceso de peso en la población infantil que ya afecta al 44% de los niños españoles. El estudio pretende determinar la percepción que tienen los padres sobre el peso y los hábitos nutricionales de sus hijos y dónde buscan consejos e información.
Material y métodos: encuesta epidemiológica realizada en febrero de 2016. Universo: 3.000 progenitores con hijos entre 6 y 12 años de edad. Cuestionario: on-line, adaptado del cuestionario validado del estudio Perseo. Análisis de resultados de frecuencias y porcentajes con un error muestral del ± 1,8% y con un intervalo de confianza del 95%.
Resultados: el 42,3% de los padres y madres tiene una percepción equivocada del peso de sus hijos, un 13,1% no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad de sus niños, el 43,1% de los padres que declara que el peso de sus hijos es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar el problema. El 82,8% de los escolares españoles no desayunan bien. En cuanto a la frecuentación semanal de los grupos de alimentos, el 51,9% de los menores encuestados come carne entre cuatro y siete ocasiones, solo un 21,3% toma pescado más de tres veces y solo un 12,1% refiere ingerir verdura en más de siete ocasiones. Además, únicamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia.
El 93,1% de los escolares encuestados no duermen las diez horas diarias recomendadas. El 45,7% dedica como mucho dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares y el 13,6% no destina ni siquiera una hora a este tipo de actividades. El 71% comen al tiempo que ven la tele o manipulan una pantalla táctil o el móvil.
El 66,1% de los padres acuden al pediatra para informarse de los hábitos de alimentación saludable, el 13,9% al médico de Atención Primaria y el 35,2% o no se informa o lo hace inadecuadamente (Internet, etc.).
Conclusiones: los hábitos nutricionales de los niños españoles no son adecuados, así como, tampoco, el grado de concienciación de sus padres. Se hacen necesarias más estrategias para mejorar la educación alimentaria como vía de prevención de problemas de salud relacionadas con la alimentación.

 

Abstract

Background: sedentarism and new lifestyle are some of the reasons for overweight in the paediatric population, affecting 44% of Spanish children. This study aims to define parental perception of their children ́s weight and eating habits, and the sources of information and advise they follow.
Methods: epidemiological survey performed in February 2016. 3000 parents of children aged 6 to 12. On-line questionnaire, adapted from Aladino study ́s questionnaire. Statistical analysis of prevalence and proportion, with a sampling error of +/- 1.8% and a 95% confidence interval.
Results: 42.3% of the parents have a wrong perception of their children ́s weight, 13.1% don ́t realise of their children ́s overweight or obesity, 43.1% of the parents who acknowledge their children ́s inappropriate weight, don ́t take any action to solve the problem. 82.8% of Spanish schoolchildren do not have a proper breakfast. Regarding frequency, per week, of food groups, 51.9% of the surveyed children eat meat four to seven times, only 21.3% eat fish more than three times and only 12.1% eat vegetables more than seven times. Furthermore, only 30.3% eat fruit with the same frequency.
93.1% of the surveyed schoolchildren don ́t sleep for ten hours, as it is recommended. 45.7% spend no more than two hours per week in physical activity after school, and 13.6% don ́t even spend one hour in such activities. 71% eat while watching television or using touchscreen devices or mobile phones.
66.1% of the parents visit the Paediatrician to seek information regarding healthy eating habits, 13.9% visit the General Practitioner and 35.2% don ́t look for any information or they do through inadequate sources (Internet, etc.)
Conclusions: Spanish children ́s eating habits are not adequate, and so is the awareness level of their parents. More strategies are needed to improve eating education as a preventive method for eating related health problems.

 

Palabras clave: Exceso de peso percibido; Hábitos de vida; Dieta mediterránea; Fuentes de información

Key words: Perception of overweight; Lifestyle; Mediterranean diet; Sources of information

 

Pediatr Integral 2017; XXI (3): 221.e1 – 221.e12


Encuesta epidemiológica sobre la percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil

Introducción

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI: en 2010, había ya 42 millones de menores con sobrepeso en todo el mundo, de los cuales cerca de 35 millones viven en países en desarrollo(1).

La prevalencia de obesidad infantil en España se encuentra entre las mayores de Europa, junto con: Malta, Italia, Reino Unido y Grecia(2). A nivel global, en un análisis realizado en 188 países entre 1980 y 2013, se determinó que el incremento de obesidad fue de un 27,5% en adultos y de un 47,1% en niños(3).

Una de las causas de este incremento de la obesidad tiene que ver con el progresivo abandono de hábitos alimenticios saludables y con la escasa práctica de ejercicio físico. La FAO advierte que estos hábitos alimenticios se forjan en la juventud y, de hecho, 4 de cada 5 niños obesos lo seguirán siendo de mayores.

Uno de los periodos críticos para el desarrollo de la obesidad se encuentra entre los 5 y 7 años de edad. En este periodo, los padres o sus cuidadores asumen un papel vital. Su conocimiento e implicación resulta básico para garantizar una alimentación adecuada que posibilite la prevención de enfermedades crónicas que se presentan en el adulto, pero tienen base nutricional en la infancia, como: la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial, diversos problemas respiratorios e inflamatorios, e incluso algunos tipos de cáncer. Como advierte la OMS, las anteriores patologías son ya responsables de 36 millones de muertes de adultos al año, cifra que podría llegar a los 55 millones en 2030, si no se frena la expansión de las anteriores dolencias(1).

Igualmente, otros problemas de salud, como la osteoporosis o algunos trastornos del aprendizaje y del desarrollo mental, pueden estar provocados por una nutrición deficiente en la infancia.

En España, el aumento del sedentarismo y los cambios en los hábitos alimentarios (la generalización de dietas pobres en verduras y frutas y con exceso de grasas saturadas y azúcares refinados) están incrementando la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. Según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), publicados en el “Estudio Aladino 2013”, un 18,4% de los menores españoles sufre, en la actualidad, obesidad y el 24,6%, sobrepeso(4). Estos problemas surgen, además, a edades cada vez más tempranas. En el estudio, en comparación con uno similar realizado dos años antes, ALADINO 2011, estas cifras permanecen casi constantes o con ligero descenso (ha pasado de 26,2% de sobrepeso al 24,6% y de 19,1% de obesidad al 18,4%)(4). En una reciente puesta al día de la situación de la obesidad infanto-juvenil en España, se llega a esta misma conclusión de la estabilización de las cifras de exceso de peso en torno al 40%, sin que se haya modificado en los últimos 12 años(5,6).

Justificación

Son muchos los trabajos que se han realizado en diferentes comunidades autónomas (CCAA) españolas, sobre hábitos de consumo de alimentos y actividad física para niños y adolescentes, relacionándolos con diferentes aspectos: somatometría, estatus socioeconómico de las familias, creencias familiares sobre hábitos alimentarios, qué es lo que se debe comer y lo que no, etc. En la encuesta de ámbito nacional ENHALI-2012, se ponen de manifiesto estos y otros aspectos de ingesta calórica y por grupos de alimentos recomendados(7).

Otras encuestas han sido más limitadas, tanto a nivel geográfico como a determinados colectivos o edades, con diferentes fines y objetivos, como los promovidos por AESAN (Agencia Española de Seguridad alimentaria) o la CECU (Confederación de Consumidores y Usuarios), organismos todos dependientes del Ministerio de Sanidad y Consumo. Dada la importancia que tiene el conocer la percepción de los padres de los niños que están en una edad crítica del aprendizaje de todo tipo de conocimientos, incluido el de hábitos de vida saludable, se hace necesario incidir en un estudio nacional y representativo de todas las CCAA en el grupo de edad de 6 a 12 años, con la finalidad, no solo de conocer sus hábitos alimentarios, sino, además, facilitar información útil y clara para promover hábitos alimentarios saludables que aseguren una alimentación sana y equilibrada, así como reforzar aquellos hábitos saludables que han sido aprendidos en el seno familiar. En este proceso, es fundamental el papel que tienen tanto los padres como los educadores en la promoción, adquisición y refuerzo de nuevos hábitos y su mantenimiento a largo plazo.

Su meta fundamental se centra en invertir la tendencia de la prevalencia de la obesidad mediante el fomento de una alimentación saludable y de la práctica de la actividad física, con el impulso de diferentes líneas de actuación en distintos ámbitos (familiar, educativo, empresarial, sanitario, laboral, comunitario) e integrando los esfuerzos y la participación más amplia posible de diferentes sectores públicos y privados de la sociedad.

Objetivos

El principal objetivo del estudio es conocer las preocupaciones sobre educación nutricional y hábitos alimentarios saludables que tienen los padres de los niños de entre 6 y 12 años. Así mismo, la investigación busca averiguar la percepción de los padres y madres sobre el peso actual de sus hijos y su implicación en la educación nutricional de estos, así como analizar la frecuencia de consumo, por parte de la población infantil, de los diversos grupos de alimentos. Es decir, el estudio persigue conocer los hábitos nutricionales de los escolares españoles.

Por último, descubrir el papel de los colegios en materia de educación nutricional –según los padres y madres– y averiguar a qué fuentes de consulta sobre hábitos de alimentación saludable recurren más a menudo los progenitores españoles, constituye otro de los objetivos específicos de la investigación.

Materiales y métodos

Encuesta epidemiológica realizada en febrero de 2016 a una muestra representativa de 3.000 mujeres y hombres internautas de nuestro país, de entre 18 y 64 años, residentes en todas las CCAA (salvo en las ciudades de Ceuta y Melilla) y con hijos de entre 6 y 12 años.

La muestra se distribuyó proporcionalmente por peso específico de cada comunidad autónoma. En aquellas regiones más pequeñas, con el fin de contar con una base muestral suficiente, se realizó una afiliación no proporcional reforzando aquellas comunidades que contaban con menos de cien entrevistas, dado, además, el target tan específico. Así mismo, para equilibrar el peso de las variables: sexo, edad y comunidad autónoma, se ponderó la muestra, garantizando la máxima representatividad en cada caso (Tabla I).

El cuestionario, realizado on-line, estaba compuesto por veinte preguntas cerradas, segmentadas en cinco áreas objetivo. Fue adaptado a partir del cuestionario validado del programa PERSEO(8) y realizado a través del panel online de Netquest Iberia S.L.

Posteriormente, se realizó el análisis de resultados de frecuencias y porcentajes de todas las variables del cuestionario con un error muestral del ± 1,8% y con un intervalo de confianza del 95%. Se realizaron, así mismo, cruces bivariantes de acuerdo a variables de segmentación, tales como: la edad, sexo y comunidad autónoma, al igual que otros cruces especiales ad hoc.

El estudio CinfaSalud ha calculado el IMC (Índice de Masa Corporal) de los niños y niñas en base a los datos proporcionados por sus padres y madres (auto-referidos). Estos datos han sido cotejados con la tabla de percentiles oficiales marcados por las Curvas y Tablas de crecimiento de la Fundación Faustino Orbegozo(9).

Se ha definido obesidad y sobrepeso, siguiendo los criterios aceptados internacionalmente por consenso que definen la obesidad con el pc95 y el sobrepeso con el pc85 (porcentaje del pc85 al pc95)(10,11), si bien, es verdad que otros estudios bien conocidos, enKid(12), Aladino(4), usan otros percentiles de corte.

Resultados

Percepción y medidas de los padres en torno a la nutrición de sus hijos

De acuerdo a los datos proporcionados por las personas encuestadas, un 17,7% de la población infantil española se sitúa por encima del percentil 85, es decir, tiene sobrepeso (8,1%) u obesidad (9,6%). Además, según la percepción de los padres y madres, el 16,4% de los menores se encuentra en riesgo de subnutrición, mientras que un 65,9% de los niños y niñas tiene un peso normal (normopeso). En resumen, los padres solo perciben que entre 1-2 de cada 10 niños tiene un peso anormalmente alto o bajo (Fig. 1).

Figura 1. Percepción del estado nutricional de sus hijos.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que, según el estudio, un 42,3% de los padres y madres tiene una percepción equivocada del peso de sus hijos e hijas: un 22,6% piensa que pesa menos de lo real y un 19,7%, que pesa más. Además, de ese 22,6%, un 13,1% no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad de su niño o niña (Fig. 2).

Figura 2. Percepción errónea sobre estado nutricional.

La investigación pone de manifiesto que el 43,1% de los padres y madres que declara que el peso de sus hijos e hijas es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar el problema. En cambio, el 40,3% lo lleva al pediatra o al médico de familia; el 3,9%, a un nutricionista; y uno de cada diez (12,7%) lo ponen a dieta ellos mismos, sin consultar a un profesional (Fig. 3).

Figura 3. Medidas tomadas por los padres y madres españoles que consideran que el peso de su hijo no es el adecuado.

Hábitos de vida en edad infantil

De acuerdo al estudio, nueve de cada diez niños de los encuestados (93,1%) no duermen las diez horas diarias recomendadas(13) y, de ellos, un 4,3% duerme menos de 8 horas. Tan solo un 6,9% duerme más de 10 horas.

Casi la mitad de los menores españoles (45,7%) dedica, como mucho, dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares. Entre estos, uno de cada diez (13,6%) no destina ni siquiera una hora a este tipo de actividades. En este sentido, destaca el dato de que los niños y niñas con un peso normal dedican más tiempo a la actividad física: el 55,4% la practica más de dos horas a la semana frente al 51,4% de los niños obesos (Fig. 4), en cambio, entre aquellos que no dedican ni una hora, es más frecuente entre los que tienen sobrepeso (16,1%) y obesidad (12,8%) respecto a los normopeso (12,8%).

Figura 4. Actividad física y peso anómalo.

La investigación ha revelado también que los dispositivos tecnológicos se utilizan con frecuencia durante las comidas: siete de cada diez niños y niñas (71%) comen al tiempo que ven la tele o manipulan una pantalla táctil o el móvil. De ellos, el 5,2% siempre come delante de una pantalla, el 45,5% lo hace, a veces, y el 20,3%, habitualmente (Fig. 5).

Figura 5. Frecuencia de manipulación de dispositivos tecnológicos durante la comida por parte de la población infantil española.

Según los datos ofrecidos por el estudio, los menores con este hábito sufren mayor sobrepeso u obesidad que los que no lo tienen (Fig. 6).

Figura 6. Relación peso sobrepeso y obesidad con uso de pantallas, mientras se come.

Por otra parte, la investigación ha constatado que solo el 37,3% de los padres españoles come habitualmente con sus hijos e hijas (al menos, diez veces a la semana), mientras que el 28,6% de los encuestados realiza con ellos menos de una comida o cena al día. Además, el 17,4% de los progenitores no toma habitualmente lo mismo que ellos a la hora de la comida o la cena (Fig. 7).

Figura 7. Acompañamiento familiar a la hora de las principales comidas.

Dieta y salud en la infancia

Otro de los datos más significativos que ha desvelado la investigación, es que ocho de cada diez (82,8%) de los escolares españoles no desayunan bien, a pesar de ser esta comida una de las más importantes del día. Además, solo uno de cada diez niños y niñas españoles toma fruta en el desayuno (11,7%) y únicamente el 17,6% bebe zumo natural (Fig. 8).

Figura 8. Composición del desayuno de los escolares españoles, de acuerdo a los resultados del estudio.

Para casi tres de cada cuatro escolares (73,1%), el bocadillo forma parte de su almuerzo o comida de media mañana, y un 45,5% toma fruta, como está recomendado. Sin embargo, un 12,2% de los niños españoles almuerza bollería industrial. En la merienda, el consumo de este tipo de repostería se duplica respecto al almuerzo (21,4%), aunque el bocadillo continúa siendo el alimento preferido también en esta comida de media tarde (70,8%).

Sobre la frecuencia de consumo de alimentos, el estudio pone de manifiesto que más de la mitad (51,9%) de los menores españoles come carne entre cuatro y siete ocasiones a la semana, aunque los expertos recomiendan hacerlo de forma ocasional. Solo uno de cada cinco niños y niñas (21,3%) toma pescado con la frecuencia indicada, más de tres veces a la semana, mientras que solamente uno de cada diez (12,1%) ingiere verdura en más de siete ocasiones semanales, como aconsejan los nutricionistas y dietistas. Además, únicamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia(14) (Fig. 9).

Figura 9. Frecuentación de grupos de alimentos por semana.

Por otra parte, la investigación revela que la población infantil española abusa de las chucherías: tres de cada cuatro niños y niñas (74,5%) toman este tipo de alimento alguna vez a la semana, mientras que solo uno de cada cuatro (25,5%) cumple con las pautas de los expertos y no las comen nunca.

También, el consumo de comida rápida, denominada también como “comida basura”, por parte de la población infantil se revela elevado: ocho de cada diez escolares españoles (82%) la toman, al menos, una vez al mes, frente al 18% que refieren que nunca la consumen (Fig. 10).

Figura 10. Frecuentación de comida rápida fuera de casa.

Papel de los colegios en la educación nutricional

De acuerdo al estudio, 94,6% de los progenitores españoles piensa que es necesario que se organicen actividades relacionadas con la alimentación saludable en los centros escolares, aunque solo uno de cada dos (51,9%) afirma conocer que su hijo o hija recibe esta formación.

Fuentes de consulta sobre nutrición infantil

Por último, los resultados de la investigación indican que, a la hora de informarse sobre hábitos de alimentación saludable en edad infantil, dos de cada tres padres y madres encuestados (66,1%) afirman acudir al pediatra, mientras que el 22,8% recurre a sus familiares y amigos, y el 22,4%, a Internet.

Además, el 13,9% de los padres y madres participantes en la encuesta pregunta al médico de cabecera, mientras que uno de cada diez (12,8%) no considera necesario pedir consejo sobre la nutrición de su hijo o hija (Fig. 11).

Figura 11. Fuentes de consulta sobre nutrición infantil.

Discusión

En las investigaciones de carácter epidemiológico, es habitual utilizar cuestionarios que recogen la talla y el peso. Sin embargo, la inexactitud de los datos auto-referidos puede sesgar el resultado de la evaluación nutricional. En España, son pocos los estudios que hayan realizado una medición física del peso y la estatura para estimar la magnitud del problema. Los estudios relativos a la estimación del sobrepeso y la obesidad infantil y juvenil en España, son relativamente recientes y no muy grandes en número(2,6). Los estudios basados en encuestas, son más sencillos, económicos y válidos(15,16), aunque resulta de alto interés analizar la concordancia entre estos últimos y los datos objetivos obtenidos mediante antropometría.

Este estudio V CinfaSalud, avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), consiste en un estudio observacional y transversal sobre una muestra probabilística de base poblacional mediante encuesta on line, como se ha comentado, con similar metodología a otras realizadas(17). Para la definición de subnutrición, normopeso o peso excesivo (sobrepeso y obesidad), se han considerado las referencias utilizadas en trabajos internacionales(10,11) que usan los percentiles de peso pc85 para definir el sobrepeso, y pc95 para la obesidad, mejorando la sensibilidad del estudio. En otras investigaciones, donde se realiza valoración física del peso y talla como enKid(12) o ALADINO(2,4), utilizan otros criterios a la hora de definir obesidad, pc 97 o +2D de la media (que corresponde con pc 97,5) respectivamente, y delgadez o subnutrición como -2D (que corresponde con pc 2,5).

Los padres perciben a sus hijos con normopeso en el 65,9% de los casos, con exceso de peso en el 17,7% y como delgados o subnutridos en el 16,4%. Sorprende que el resultado de subnutrición sea similar al obtenido en un estudio realizado en niños y adolescentes ingresados en un hospital español en el año 2003, con edades comprendidas entre los 1 y 19 años, con diversas patologías, y no exclusivamente crónicas(18), y al de una zona básica de salud de Estella, desarrollado en el año 2000, en niños entre 10-14 años(19), utilizando como criterio de subnutrición pc10. Concretamente, observan una prevalencia del 17,2% y del 10,3%, respectivamente, muy próxima a la reflejada en nuestra encuesta, lo que denota una mayor preocupación de los padres por la delgadez.

El exceso de peso en la Encuesta Nacional de Salud del 2011/2012 se cifraba, en niños entre 2 y 17 años, en un 27,8%(17); en el estudio ALADINO 2013, en el 43% entre los niños de 7 y 8 años(4); y en el estudio enKid(12), en niños y jóvenes entre 2 y 24 años, en el periodo 1998-2000, en el 26,8%. Aunque estos estudios utilizan criterios de definición de obesidad y sobrepeso diferentes y son difícilmente comparables, dado que los grupos de edad y el momento en que se han realizado son distintos. El empleo de diferentes puntos de corte o referencia para definirlos pueden ser los responsables de las diferencias que se presentan en los diferentes estudios epidemiológicos sobre obesidad realizados y coincidimos con otros trabajos en que es fundamental establecer estos puntos de corte, así como las curvas de referencia para adoptar en España(6). Lo que sí que podemos deducir que los padres, en nuestra encuesta, propenden a menospreciar el exceso de peso como problema de salud, ya que, por lo general, en los estudios auto-referidos, se tiende a subestimar el peso y a sobrevalorar la talla(2). De hecho, observamos que el 42,3% de los padres y madres tienen una percepción equivocada del peso de sus hijos e hijas. El 13,1% de los progenitores no es consciente de que sus niños tienen sobrepeso u obesidad. Esto empeora la situación, dado que no van a tomar ningún tipo de medidas al no percibir el problema. Por otra parte, la investigación pone de manifiesto que el 43,1% de los padres y madres que declara que el peso de sus hijos e hijas es inadecuado, no toma ninguna medida para solucionar dicha situación. En cambio, el 40,3% lo lleva al pediatra o al médico de familia y el 3,9% a un nutricionista, constatando que mantienen mayoritariamente la confianza en los profesionales, similar a lo detectado en otros estudios(17); pero uno de cada diez (12,7%) los ponen a dieta ellos mismos sin consultar a un profesional, una medida que, según los autores, puede también entrañar riesgos para la salud del menor y que puede ser aún más inadecuado que el ignorarlo a la vista de las alteraciones nutricionales más o menos graves y emergentes producidas por dietas incorrectas y caprichosas, generando déficits vitamínicos y de elementos traza con consecuencias, en ocasiones, muy negativas(20).

En cuanto a los hábitos de vida saludable, se observa que nueve de cada diez niños (93,1%) de la encuesta no duermen las diez horas diarias recomendadas(21), un 4,3% no llega a las 8 horas y un 6,8% lo hace más de 10 horas. Estos resultados difieren de los determinados en el estudio ALADINO 2013(4), en la que la mayoría de los niños entre 7 y 8 años sí dormía entre 9 y 10 horas diarias, debido posiblemente a que en nuestro estudio, la edad de estos es mayor (6-12 años) y, por tanto, duermen menos. Numerosos estudios evidencian una estrecha relación entre las horas de sueño y la presencia de obesidad en niños, adultos y personas mayores, comprobando que los niños obesos duermen menos que aquellos que tienen un peso normal(5). Dormir una media de menos de ocho horas al día es claramente insuficiente para un niño de menos de 12 años. Al contrario, los niños que más duermen durante sus primeros 11 años de vida tienen un menor riesgo de ser obesos en la edad adulta. En niños, se considera que dormir 5 o menos horas duplica casi el riesgo de ser un adulto obeso, influyendo negativamente sobre otros hábitos de vida saludable, actividad física o incluso ingesta desequilibrada, como queda corroborado en multitud de trabajos(22).

Un aspecto importante que se detecta, es que los niños de peso normal dedican más tiempo a la actividad física: el 55,4% se ejercita más de dos horas a la semana frente a los obesos que lo hacen con menos frecuencia. Solo el 45,7% de los obesos dedica como mucho dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares, mientras que un 13,6% no destina ni una hora a la semana a estas actividades. Si tenemos en cuenta que esto es el reflejo de lo que hacen los adultos, mal ejemplo están recibiendo estos niños, ya que según la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) 2011/12, el 41,3% de los hombres y el 46,6% de las mujeres se declaran sedentarios(17). Solo uno de cada dos niños realiza actividad física diferente a la que estrictamente se practica en las clases de educación física, datos parecidos a los detectados por el estudio sobre hábitos de consumo del Instituto Nacional de Consumo a través de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU)(23) del 2005, en un total de 850 niños entre 9 y 16 años. En este solo, el 44,62% practicaba algún deporte y el 31,59% se declaraba sedentario. Análogamente, el estudio ALADINO 2013(4) arroja que solo el 43,3% acude dos veces a la semana a actividades extraescolares y un número reducido, el 23,3%, tres veces. Esto indica una actividad física deficitaria, en un porcentaje no despreciable de niños, de acuerdo con las recomendaciones de la OMS que ha de ser de, al menos, 60 minutos diarios para edades entre 5 y 17 años(1,8). Los resultados ponen de relieve la importancia de fomentar más la práctica de actividad física (deportiva u otras al aire libre) como estrategia para mejorar la salud, en general, y reducir la obesidad infantil, en particular.

La utilización o visualización de pantallas (TV, móvil, tablet), mientras se come se detecta en el 71% de los niños, y de ellos el 20,3% lo hace habitualmente y un 5,2% siempre, siendo los niños andaluces los que más los utilizan comiendo, 82%, y los navarros los que menos, 53,3%. Además, según los datos ofrecidos por el estudio, los menores con este hábito sufren mayor sobrepeso u obesidad que los que no lo tienen o usan. Es un hecho contrastado, la relación directa entre el número de horas que los niños pasan delante de pantallas y la mayor incidencia de obesidad. En un estudio del 2011, con 366 escolares entre 6 y 9 años de edad del norte de Granada, se constató que el 70% veía diariamente la televisión más de 2 horas y el 34% pasaba 2 horas o más al día jugando con las videoconsolas o similares(24). En el estudio ALADINO(4) 2013, el 69,4% de los niños ven TV una media de una hora diaria que llega a ser del 78,7% y hasta de dos horas los fines de semana, y el 38,4% dedican más de tres horas al día, encontrando una clara relación entre el exceso ponderal y el mayor número de horas ante la pantalla. De modo similar, el estudio enKid(12) observa una mayor prevalencia de obesidad en aquellos niños que están ante una pantalla dos o más horas diarias. En nuestro estudio valoramos este aspecto, mientras se come, al ser un elemento distractor nada recomendable, pues hace perder la noción de la cantidad que se come, así como de los sabores y textura y, por otra parte, se pierde la oportunidad de fomentar el diálogo familiar que favorezca la comida sana y participativa, como recomiendan todas las sociedades científicas dedicadas a la nutrición. Para ello, es preciso que alguno de los padres acompañe a los niños en sus principales comidas; detectamos que solo el 37,3% de los progenitores come habitualmente con sus hijos (al menos, diez veces a la semana), mientras que un 28,6% realiza con ellos menos de seis comidas por semana, es decir, menos de un almuerzo o cena al día. Curiosamente, los canarios son los que menos comidas comparten con sus hijos, el 20% lo hace menos de 3 veces a la semana. Insistimos, por ello, en que los padres son los modelos a seguir y son los que deben promover buenos hábitos, tanto de educación y conducta como, también: higiénicos, dietéticos y de sueño saludables. Los pequeños observan e imitan los hábitos de los mayores y aprenden de ellos; por ello, es fundamental comer en familia, para ello, es importante organizar los horarios para poder comer juntos, al menos, una vez al día.

En la encuesta de la CECU(23), el 70,99% de los niños realizan el almuerzo en casa; y en el estudio ALADINO(4) 2013, 95,1% y 59,4% desayunan y almuerzan en casa, respectivamente.Sin embargo, no se encuentra una asociación significativa entre el sobrepeso y la obesidad, y el lugar donde los niños hacen la comida principal(4).

En cuanto a los desayunos, el 82,8% de los escolares de nuestro estudio no desayunan satisfactoriamente, al no incorporar los tres tipos de alimentos recomendados (lácteos, cereales y fruta), incluso, el 0,6% reconoce ir al cole sin desayunar nada. Solo el 11,7% toma fruta y, únicamente, el 17,6% zumo natural. En el programa CASERIA(24), el 96,7% desayuna antes de ir al colegio, siendo los lácteos el producto más consumido y la bollería industrial muy utilizada, tanto en el desayuno (7,4%) como en el recreo (16,9%). En ALADINO 2013, un 0,3% de los niños acude al colegio sin desayunar habitualmente, toman desayuno adecuado el 4,6% y el 85,1% ingiere solo lácteos o lácteos con cereal, pero sin fruta, similar a nuestros hallazgos. Sin embargo, en la encuesta CECU, es mayor el porcentaje de niños que acude sin desayunar al colegio, 7%, y mayor el que realiza un desayuno correcto, 40,34%, y solo el 45,28% lo hace tomando únicamente lácteos o zumos con o sin cereales. Tanto en el almuerzo como en la merienda, los niños que toman bocadillos representan el 73,1% y el 70,8%, respectivamente; y, de igual modo, sucede con la bollería industrial, 12,2% y 21,4%; y solo un 45,5% ingiere fruta. Son los vascos los que menos bollería usan, 26,7%, y los gallegos los que más fruta toman en la merienda, 74%. Esto evidencia desayunos poco adecuados al faltar la fruta o los cereales, y almuerzos donde la bollería industrial y los bocadillos contribuyen inapropiadamente al aporte energético. Los desayunos inadecuados(4,12) y los mayores aportes de azúcares y grasas en las comidas, han demostrado ser un factor determinante para el desarrollo de la obesidad infantil(5,12).

Sobre la frecuencia de consumo de grupos de alimentos, el 51,9% de los menores come carne en cuatro a siete ocasiones a la semana, el 21,3% pescado menos de tres veces a la semana y solo ingieren verdura o fruta más de siete veces por semana, como es deseable, el 12,1% y 30,3%, respectivamente. Se evidencia el exceso de consumo de carnes, que no debería ser de más de 2-3 veces por semana; el bajo consumo de pescado, recomendable de 3 a 5 veces por semana; y lo más llamativo y dramático, el escaso consumo regular de verdura y fruta por parte de la gran mayoría de nuestros niños. En el estudio CASERIA(24), solo tomaban fruta con la frecuencia recomendada el 35% de menores; de igual forma, se evidenció que gustaban más las carnes y poco los pescados, verduras y frutas. En el estudio enKid, se observa una mayor prevalencia de obesidad en los niños de 6-14 años por exceso de aporte de grasa (>40% Kcal) y, sobre todo, por el predominio en la ingesta de derivados cárnicos (embutidos), que se repite en los mayores de 14 años que abusan también de bollería y refrescos azucarados, y con menor prevalencia en niños y jóvenes que comen 4 o más raciones de fruta o verdura al día(12). En la encuesta CECU del INC(23), no toman nunca verduras y ensaladas un 15% y un 51%, respectivamente, y solo un bajo porcentaje las ingieren regularmente, 45,7%; sin embargo, más del 60% de los niños comen de forma frecuente (2-3 veces por semana) carne o pollo y se detecta un bajo consumo de pescado, hasta un 20% no lo toma nunca y solo un 38% lo hace 2-3 veces por semana. En cuanto a las pastas, arroz y patatas, se observa que un 23,7% de los niños los consumen una vez por semana, solo el 14,25% lo hacen diariamente y el resto 2-3 veces por semana. Respecto al consumo de legumbres, un 18,85% de los niños no las incluyen entre sus alimentos, las toman esporádicamente un 50,35% y solo un 29,54%, al menos, 2-3 veces por semana, datos todos ellos similares a los recogidos en nuestro estudio. Así mismo, observamos una frecuentación cada vez mayor del uso de comida rápida fuera del hogar, lo hace el 82% de los escolares, al menos, una vez por mes frente al 18% que no la consume nunca. Andalucía es la comunidad que lo hace en mayor porcentaje, 88%, frente al 29% de Castilla y León que no acostumbra hacerlo nunca. No siendo España uno de los países donde más comida rápida se consume, Italia lo hace 1,8 veces más y EE.UU. 51, sí se ha incrementado en un 14,5% el uso de la misma, siguiendo la tónica mundial que ha sido del 20%. Este tipo de comida se caracteriza por su elevada densidad calórica, su alto contenido en grasas saturadas, sal, azúcares y otros aditivos potencialmente nocivos(23).

Por otra parte, la investigación revela que la población infantil española abusa de las chucherías (fritos, bollería, dulces y snacks) que deben constituir una excepción. Así lo confirma el dato, de que tres de cada cuatro niños y niñas españoles (74,5%) toman chucherías alguna vez a la semana, mientras que solo uno de cada cuatro (25,5%) cumple con las recomendaciones y no las come nunca.

En resumen, observamos un cambio importante de los hábitos de alimentación y de vida saludable de nuestros niños, que nos aleja del patrón de oro de la dieta mediterránea, con un abuso en el consumo de carnes en detrimento del pescado, los cereales, sobre todo, legumbres, y escaso consumo de frutas y verduras. A la vez, se han introducido otras prácticas, producto de la globalización de la alimentación, con un uso cada vez más creciente de la bollería industrial, fast food, sedentarismo, abuso de pantallas en las comidas, así como pérdida de horas de sueño, que están contribuyendo a una alarmante epidemia de obesidad infantil y otras comorbilidades que aparecen cada vez en la población más joven, constatándose estos mismos cambios de hábitos alimentarios en la población adulta(25,26), que son el referente de nuestros niños.

El pediatra sigue siendo el profesional al que más consultan los padres sobre hábitos de alimentación saludable, 66,1%, y el farmacéutico al que menos, 4%. Otras fuentes de información son: Internet, 22,4%, y familiares y amigos, 22,8%. Los canarios son los que más consultan Internet, 31%, y los riojanos los que menos, 14%. Un 12,8% considera que no es necesario pedir consejo sobre la nutrición de sus hijos. La consulta a profesionales constituye una fortaleza para favorecer y promocionar los hábitos saludables y se precisa de una mayor implicación de las instituciones, como concluye C. Díaz Méndez en su estudio(7), evidenciando que siguen siendo estos, y concretamente los pediatras, los agentes idóneos para vehiculizar dicha información, orientando sobre las páginas adecuadas de consulta en Internet, dada la facilidad de accesibilidad de las mismas y la gran diversidad de información, no siempre científicamente correcta, que lejos de ayudar puede confundir y empeorar la situación. El posible sesgo de selección al incluir solo aquellos tutores inter­nautas en la población a estudiar, podría haber influido en que Internet presente un mayor porcentaje como fuente de información, aunque consideramos que la influencia de este condicionante es muy reducida, dada la penetración existente del uso de las nuevas tecnologías, y concretamente el uso de Internet en las familias con niños escolares de este rango de edad que se ha querido estudiar. Igualmente, como en otros trabajos(6), partimos de la idea de que, en nuestro estudio, los datos antropométricos y características de las diferentes poblaciones evaluadas son comparables y agrupables entre sí, considerando la población española actual como una población homogénea, aunque posteriormente hayamos apreciado pequeñas diferencias entre las distintas comunidades autónomas que la conforman.

Además, se constata que el 94,6% de los padres cree necesario que se organicen actividades relacionadas con la alimentación saludable en los centros escolares, aunque solo el 51,9% conoce que su hijo recibe dicha educación. De hecho, la OMS considera a los centros educativos como el espacio adecuado para la adquisición de conocimientos teóricos y prácticos sobre salud y nutrición y pueden convertirse en uno de los pilares básicos en la prevención de la obesidad, incidiendo sobre la modificación de los hábitos alimentarios inadecuados que están instalándose en la sociedad(1). Por ello, se ha desarrollado un plan denominado genéricamente, Estrategia NAOS, para la nutrición, actividad física y prevención de la obesidad, por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España, coordinado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). La Estrategia NAOS tiene como objetivo sensibilizar a la población del problema que la obesidad representa para la salud, la promoción de la salud a través de los hábitos alimentarios saludables y de actividad física, y reunir e impulsar aquellas iniciativas, tanto públicas como privadas, que contribuyan a lograr que los ciudadanos y, especialmente, los niños y jóvenes, adopten dichos hábitos saludables a lo largo de toda la vida(27).

Conclusiones

Los resultados del estudio, expuestos anteriormente, llevan a concluir que los hábitos nutricionales de los niños españoles no son adecuados, así como tampoco el grado de concienciación de sus padres.

En primer lugar, los hábitos alimenticios de los escolares de nuestro país se alejan cada vez más de la dieta mediterránea y de la pirámide alimentaria, que incluye todos los grupos de alimentos en la frecuencia y cantidad adecuada: toman más carne de las indicadas y, en cambio, menos verdura, pescado y fruta. Además, cada vez es más frecuente por parte de la población infantil, el consumo de dulces y comida rápida, a pesar de estar claramente desaconsejado, debido a su escaso valor nutricional y a las cantidades excesivas de azúcares y grasas saturadas, colesterol, sal y energía que contienen.

Tampoco las horas dedicadas al sueño y al ejercicio físico son suficientes, a pesar de que ambos son factores cruciales en la prevención de la obesidad y enfermedades asociadas. Por otra parte, resulta preocupante el elevado porcentaje de escolares que comen, mientras ven la tele o manipulan el móvil u otro tipo de pantalla táctil en nuestro país. Este hábito no permite a los niños disfrutar de las texturas y sabores de los alimentos, además de impedir a los progenitores inculcarles hábitos saludables en la mesa.

Por otro lado, los padres españoles encuestados tampoco se muestran concienciados de la necesidad de sentarse a la mesa con sus hijos, con el fin de enseñarles a alimentarse correctamente, o de la necesidad de consultar a un profesional –nutricionista o pediatra–, a la hora de regular el peso de sus niños, cuando perciben que este no es el adecuado. Se debe recalcar también que un elevado porcentaje de padres no sabe reconocer cuándo su hijo sufre sobrepeso u obesidad, dada la tendencia a menospreciar el peso y supra-valorar la talla; y, sin embargo, tienen mayor percepción de la subnutrición. En este sentido, resulta también preocupante el hecho de que uno de cada diez padres no considere necesario pedir consejo a ningún profesional de la salud sobre la nutrición de sus hijos.

Circunstancias, como las anteriormente descritas, parecen estar contribuyendo al aumento del sobrepeso y la obesidad en España, así como al de la prevalencia de enfermedades asociadas. En consecuencia, se hace necesario poner en marcha en nuestro país más estrategias para mejorar la educación alimentaria en la población infantil, como vía de prevención de problemas de salud relacionadas con la alimentación, así como para fomentar una rutina adecuada de sueño y actividad física. Gran parte de estas iniciativas, deben estar directamente dirigidas a los progenitores, al igual que a la puesta en marcha de actividades educativas en el entorno escolar.

Agradecimientos

Expresamos nuestro agradecimiento a Gemma Artica, Saioa Aldaya, Edurne Miranda, Belén Alonso y Cristina Ochoa por su contribución en la gestión y organización de este proyecto.

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Alimentación complementaria: puesta al día

Regreso a las bases


J. Dalmau Serra*, J.M. Moreno Villares**

*Ex-coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.**Coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría

Pediatr Integral 2017; XXI (1): 47.e1 – 47.e4


Alimentación complementaria: puesta al día

Introducción

La importancia de la alimentación complementaria (AC) es reconocida, tanto por todos los estamentos científicos (no solamente los pediátricos) como por la población general. Es conocido que, una AC inadecuada puede ocasionar ingestas incorrectas de macronutrientes con desequilibrios porcentuales entre ellos, como son la alta ingesta de proteínas o la ingesta insuficiente de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPI-CL), o ingestas deficitarias de determinados micronutrientes, como el hierro (Fe) o la vitamina D; todo ello, puede tener repercusiones a corto, medio y largo plazo. Pero, además, la AC puede ayudar a prevenir la aparición de determinadas enfermedades cuya expresión clínica puede ser tardía, como son: la alergia (con cualquier manifestación clínica), la enfermedad celíaca o la obesidad. Por ello, en todos los tratados de Pediatría, la AC es un tema obligado y, periódicamente, aparecen revisiones sobre este tema. Sin embargo, en muchos casos, estas publicaciones son meras revisiones de trabajos anteriores, sin actualización de lo que actualmente se sabe, y las referencias bibliográficas se repiten sin comprobar que las originales se hicieron cuando no se disponía de datos con respecto a los problemas enumerados anteriormente. Es, por tanto, pertinente una revisión que, sin pretender ser exhaustiva, proporcione al pediatra las normas para una correcta AC, que es el objetivo de este artículo.

Objetivo de la alimentación complementaria

El objetivo primario de la AC es aportar los nutrientes que, a partir de una determinada edad, no pueden ser cubiertos por la lactancia materna (LM) exclusiva. Los objetivos secundarios son prevenir enfermedades en cuya patogenia son determinantes factores dietéticos-nutricionales y cuya sintomatología puede aparecer a corto, medio o largo plazo; en este grupo de enfermedades, se cita habitualmente la alergia alimentaria y la enfermedad celíaca, tal como se ha citado anteriormente.

Factores a valorar para la introducción de la alimentación complementaria

Conceptualmente, la AC hace referencia a un periodo en el que se introducen de manera gradual alimentos diferentes a la LM, y no a una enumeración de alimentos a introducir a edades predeterminadas. A este respecto, la primera cuestión es: a qué edad debe iniciarse la AC, y la segunda: qué y en qué orden deben introducirse los diferentes alimentos. Para contestar científicamente a estas preguntas, hay que valorar en cada lactante, individualmente, una serie de factores:

• Factores nutricionales: a partir de los 6 meses de edad (y, en algunos casos, a partir de los 4-5 meses), la LM no aporta suficiente vitamina D y puede no aportar suficiente hierro y, aunque con mucha menor frecuencia, puede ser deficiente en: energía, proteínas, hierro, calcio y vitamina D, especialmente si el volumen de LM es bajo. En la tabla I, se muestra los requerimientos de energía y de los nutrientes citados para el segundo semestre de vida junto al aporte de 1 litro de LM o leche de vaca (LV), objetivándose la dificultad de conseguir estos requerimientos con una secreción láctea de 600-800 ml/día(1).

Otros nutrientes que tienen riesgo de deficiencia son: el cinc y, dependiendo de la ingesta y reservas maternas, las vitaminas A, B6, B12 y los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGP-CL). En resumen, la LM exclusiva durante 6 meses de una madre bien nutrida es el alimento idóneo. Existe riesgo de deficiencia de hierro y vitamina D, y a partir de los 6 meses de energía, calcio y de algunos otros nutrientes si el lactante solo recibiera LM exclusiva(1). Si la madre no come adecuadamente o sus reservas son deficitarias los riesgos nutricionales para el lactante, podrían aparecer a partir del 4º mes.

• Otros factores a valorar para la introducción de la AC, son: la velocidad de crecimiento, la edad de paso de los movimientos de succión-deglución a los de succión-masticación-deglución, maduración de los sistemas de digestión-absorción, de la función renal, del desarrollo neuromotor, de la capacidad de defensa frente a proteínas heterólogas, hábito intestinal, etc. Todos estos factores varían de un lactante a otro, por lo que el establecimiento de la AC debería ser individualizada.

Normas generales sobre la alimentación complementaria

Basándose en los factores citados y de acuerdo con las recomendaciones más recientes de los Comités de Nutrición (CN) de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN)(2), de la Academia Americana de Pediatría (AAP)(3) y de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)(1), se pueden dar unas recomendaciones generales para la alimentación del lactante e introducción de la AC, que pueden resumirse de la siguiente manera:

• Al aconsejar la introducción de la AC, se debe valorar el ambiente socio-cultural, actitud de los padres y la relación madre-hijo.

• La AC no debe introducirse antes de las 17 semanas (4 meses cumplidos) ni más tarde de las 26 semanas.

• La introducción de la AC debe hacerse cuando el lactante es capaz de mantenerse sentado con apoyo, tiene buen control de los movimientos del cuello e inicia los movimientos de masticación. Como estos ítems de la escala de desarrollo pueden variar en cada lactante, la edad de inicio de la AC debería individualizarse.

• La secuencia de introducción de alimentos no es crítica (Tabla II).

Lo lógico es introducir los alimentos que contienen los nutrientes con riesgo de ingesta deficitaria, especialmente el hierro por sus posibles repercusiones a corto y medio plazo. Por ello, la carne o los cereales fortificados con hierro pueden ser una elección inicial, aunque se dispone de pocos datos sobre la biodisponibilidad del hierro de los cereales. Si bien, teóricamente, existe riesgo de ingestas bajas de proteínas, especialmente si se recibe LM exclusiva más allá del 6º mes, en España, al igual que los países de nuestro entorno, los lactantes y niños pequeños reciben dietas hiperproteícas, las cuales se asocian con riesgo de obesidad a edades posteriores(4); así pues, si se empieza la AC con carne, su cantidad debería ser inferior a 20-25 g/día.

• Se aconseja introducir cada alimento individualmente, e introducir cada nuevo alimento con un intervalo de separación de 3-5 días para observar su tolerancia, aunque no existe evidencia clara de la efectividad de esta norma. Proseguir la introducción paulatina de alimentos de manera que, a los 7 a 8 meses de edad, el lactante consuma alimentos de todos los grupos de alimentos. Es importante ofrecer variedad de alimentos, incluyendo verduras, desde que se inicia la AC, ya que condiciona su aceptación a medio y largo plazo, ya que este efecto persiste a lo largo del tiempo(5).

• Retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos (pescados, huevos, ciertas frutas) más allá del 5º-6º mes, no ha demostrado reducir la incidencia de alergia, tanto en lactantes sanos como en los de riesgo atópico. Este concepto, avalado por numerosos estudios epidemiológicos, contrasta con recomendaciones tradicionales, las cuales no estaban basadas en estudios científicamente correctos. Las medidas dietéticas para disminuir la incidencia de enfermedades atópicas en niños de riesgo, son eficaces durante los 4 primeros meses; por lo que, ya que el inicio de la AC se recomienda después de esta edad, no hay por qué hacer ninguna recomendación específica respecto a la introducción de determinados alimentos para prevenir enfermedades atópicas. De hecho, en el 2008, el CN y la Sección de Alergia e Inmunología de la AAP(6) y el CN junto con la Sección de Alergia e Inmunología Clínica de la AEP(7), ya resaltaron que no existen datos científicos convincentes de que el retraso en la introducción de alimentos potencialmente alergenizantes después de los 6 meses tenga algún efecto protector de enfermedades alérgicas y que, incluso, puede ser perjudicial, lo cual viene siendo ratificado en las recomendaciones efectuadas por otros Comités científicos, en base a las más recientes publicaciones al respecto(8,9).

Es importante resaltar la importancia del consumo de pescado, ya que no es inductor de alergia alimentaria, más bien al contrario, ya que los AGP-CL ?-3 pueden contribuir a su prevención. De hecho, es recomendable que las mujeres que lactan, consuman pescado para aumentar su concentración en su leche, ya que es un nutriente cuya concentración depende de su ingesta(1). Por tanto, las mujeres que lactan, como los lactantes, deben consumir pescado blanco con frecuencia (3-4 veces por semana).

También, es destacable que los huevos tendían a introducirse en la AC a edades tardías, cercanas a los 12 meses, por la creencia de que era un alimento alergénico, especialmente la clara. De ahí, la costumbre de introducir primero la yema y, si se toleraba bien, introducir después la clara. Dado que esta creencia no tiene ningún fundamento científico, la introducción del huevo debe hacerse en base a los nutrientes que aporta: es un alimento con un alto contenido en proteínas de alto valor biológico (3,6 g en la clara y 2,6 g en la yema, por unidad), y contiene ácidos oleico y linoleico, vitamina D (18 ui/unidad) y hierro (0,5 g/unidad, aunque su biodisponibilidad es inferior al de otros alimentos proteicos).

• En el año 2008, el CN de ESPGHAN(2) hizo la siguiente recomendación: “es prudente evitar la introducción precoz (antes de los 4 meses) y tardía (más de 7 meses) del gluten. Se debe introducir de manera gradual y progresiva mientras el lactante recibe LM. Posiblemente, así se pueda reducir el riesgo de enfermedades con base inmunitaria, como la enfermedad celíaca (EC) y la diabetes tipo 1”. Esta recomendación se basaba en unos pocos estudios, aunque con peso científico. Sin embargo, 2 importantes trabajos publicados en el 2014 en The New England Journal of Medicine, abordaron la hipótesis de que había una ventana entre los 4 y 7 meses de edad, durante la cual, la introducción de pequeñas cantidades de gluten mientras el niño aún recibe LM podría proteger del desarrollo de EC en los niños de riesgo; las conclusiones de ambos estudios son: a) la edad de introducción de gluten no modifica el riesgo de desarrollar EC y que la introducción a partir de los 12 meses puede retrasar su inicio; b) el fenotipo genético es el factor más determinante del riesgo de desarrollar EC; y c) la LM no protege frente al desarrollo de EC. Tras analizar estos datos, un grupo de expertos(10) ha concluido que, si bien, estos hallazgos no apoyan las recomendaciones del CN de ESPGHAN(1) tampoco las invalidan, y sus recomendaciones son: a) introducir la AC preferentemente mientras se mantiene la LM; b) introducir el gluten en torno a los 6 meses de edad, aunque existen situaciones en que se pueda introducir más precozmente (no antes de los 4 meses) o más tardíamente; c) introducir el gluten en pequeñas cantidades, 1-2 cacitos de cereales o 1 galleta al día; y d) una vez introducido, aumentar su consumo de forma gradual, en función de sus necesidades nutricionales.

• Iniciar la administración de alimentos con grumos a partir de los 9-10 meses, incluso alimentos en trozos pequeños. Se aconseja que a partir de esa edad el lactante pueda tocar y coger alimentos con las manos, a modo de aprendizaje del “juego de comer”, aunque esta práctica no es igual a la del “baby-led weaning”, la cual plantea dudas importantes: ¿el lactante recibe variedad de alimentos, tal como se ha recomendado anteriormente? ¿ingieren calorías y nutrientes en cantidad adecuada (por ejemplo, de hierro)? ¿existe algún riesgo para el niño, especialmente de atragantamiento? ¿sería aplicable por igual a todos los lactantes? etc.(11).

• Es difícil precisar, el número de papillas que debe recibir el lactante. Depende de su densidad energética y de las cantidades habituales consumidas. Para la mayoría de niños con LM, el número de papillas oscila entre 2-3 hasta los 12 meses, o hasta 4 si reciben lactancia artificial. Las cantidades dependen de los numerosos factores ya citados, pero con tomas de hasta 150 g hasta los 8-9 meses y de hasta 200-220 g hasta el año, sería suficiente. Se deben evitar aportes altos en proteínas, por lo que la cena debería ser en la mayoría de lactantes LM o de fórmulas lácteas para lactantes con cereales. En cualquier caso, se debe valorar la sensación de saciedad o hambre de cada niño y no forzarle a comer.

• Valorar la administración de vitamina D. Se debe suplementar con 400 UI a todos los lactantes, especialmente si reciben LM. A partir de los 12 meses, los requerimientos de vitamina D pasan de 400 ui/día a 600 ui/día, por lo que posiblemente sea conveniente continuar con su suplementación por lo menos durante los meses de invierno.

• Valorar individualmente la administración de suplementos de hierro y/o polivitamínicos. Para ello, el pediatra debe identificar especialmente a los niños de riesgo de padecer ferropenia por ser relativamente frecuente y, por tanto, debe administrarse en la AC los alimentos que lo contengan, como son: las carnes, en algo menor medida pescado, y cereales fortificados con sales de hierro de comprobada buena biodisponibilidad(12). Se debe identificar asimismo a los niños que no toman habitualmente alimentos ricos en vitaminas (frutas, hortalizas, verduras) o los toman en muy poca cantidad, en cuyo caso puede valorarse la administración de un polivitamínico(3); en ese caso, el polivitamínico puede contener vitamina D.

• La leche de vaca (LV) no debería introducirse como principal bebida antes de los 12 meses, aunque puede administrarse en pequeños volúmenes añadidos a otros alimentos, por ejemplo, en forma de yogur. Con respecto a la LV, hay que recordar que es un alimento rico en proteínas, con muy bajo contenido en hierro, vitamina D y prácticamente sin ácidos grasos de cadena muy larga, como el ácido docosahexaenoico, por lo que dependiendo del resto de la alimentación que el niño mayor de 1 año recibe a lo largo del día, el pediatra debe valorar posponer su introducción hasta edades posteriores, y administrar, hasta los 2-3 años, fórmulas de continuación (FC) o leches junior (comprobar su composición, puesto que hay diferencias importantes entre ellas, ya que su composición no está contemplada legalmente)(13).

• No ofrecer zumos de fruta por debajo de los 6 meses de edad, y limitar su consumo desde entonces. Los zumos no sustituyen a la fruta. Igualmente, hay que recordar que las bebidas vegetales (arroz, soja, horchata, almendras, etc.) no sustituyen nutricionalmente a la LV o a los lácteos.

Secuencia de introducción de la alimentación complementaria

Con lo expuesto, se pone de manifiesto la imposibilidad de unas normas de alimentación estrictas, tanto en el orden de introducción de cada nuevo alimento como de su cantidad. A modo de guía, una secuencia de alimentación durante el primer año de vida puede ser:

– LM exclusiva durante 6 meses, y continuar por lo menos hasta los 12 meses. Cuando no sea posible, introducir una fórmula de inicio (FI) (o fórmula para lactantes de acuerdo con el nombre con que se le denomina en la legislación española), que puede mantenerse hasta los 12 meses o bien a partir de los 6 meses cambiar a FC, menos sofisticadas que las FI en su composición y que, por tanto, deberían ser más baratas.

– A partir del 5º-6º mes, se puede introducir: a) carne blanca (pollo), especialmente si es un lactante con riesgo de ferropenia o recibe exclusivamente LM; b) fruta, especialmente si precisa mayor aporte de fibra o la madre no toma suficientes alimentos que contengan vitaminas del grupo B; c) cereales con gluten, en poca cantidad y aumentarla progresivamente, especialmente si está recibiendo LM. Así pues, el empezar con carne (e incluso podría valorase el pescado), fruta o cereales, va a depender de las características de cada niño.

– A partir del 6º-7º mes, introducir más tipos de carne y de pescado blanco (para aporte de AGP-CL ?-3).

– A partir del 8º-9º mes, introducir mayor variedad de alimentos, tanto de frutas como de alimentos proteicos, ya que son ricos en hierro (carnes, pescados blancos), cuidando no sobrepasar el aporte de proteínas totales. Sobre los 9 meses, puede introducirse el huevo, que por ser un alimento rico en proteínas puede alternarse con los otros alimentos proteicos, con el fin de no sobrepasar la ingesta de proteínas diarias; la yema contiene una cierta cantidad de ácidos grasos oleico y linoleico, así como de vitamina D, lo cual justificaría dar preferentemente la yema, aunque una vez comprobada su aceptabilidad por parte del lactante se puede dar el huevo entero, siguiendo los hábitos culinarios de la familia.

– A partir de los 8-10 meses, se puede introducir LV en cantidades pequeñas, en forma de yogur.

– Posiblemente, no se precise la introducción de legumbres hasta pasados los 12 meses por su alto contenido en fibra mal digerible, aunque si las costumbres alimentarias de la familia incluyen el consumo de estos alimentos pueden introducirse más precozmente.

Esta secuencia debería ser individualizada para cada lactante, teniendo en cuenta todos los factores citados que deben ser valorados para introducir la AC.

Bibliografía

1. EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA), Scientific opinion on the appropriate age for introduction of complementary feeding for infants. EFSA Journal. 2009; 7: 1423.

2. ESPGHAN Committee on Nutrition: Carlo Agostoni C, Decsi T, Fewtrell M, et al. Complementary Feeding: A Commentary by the ESPGHAN. Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2008; 46: 99-110.

3. American Academy of Pediatitrics. Committee on Nutrition. Complenetary Feeding. In Kleinman RE, Greer FR (eds). Pediatric Nutrition. 7th edition. Elk Grove Village. 2014, p. 23-139.

4. Dalmau J, Peña-Quintana L, Moráis A, et al. Análisis cuantitativo de la ingesta de nutrientes en niños menores de 3 años. Estudio ALSALMA. An Pediatr. 2015; 82: 255-66.

5. Maier-Nöth A, Schaal B, Leathwood P, et al. The lasting influences of early-related variety experience: A longitudinal study of vegetable acceptance from 5 months to 6 years in two populations. PLoS ONE. 2016; 11: e0151356.

6. Greer FR, Sicherer SH, Burks AW, and the Committee on Nutritiob and Secction on Allergy and Immunology. American Academy of Pediatrics. Pediatrics. 2008; 121: 183-91.

7. Dalmau J, Martorell A y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Alergia a las proteínas de la leche de vaca: Prevención primaria. Aspectos nutricionales. An Pediatr (Barc). 2008; 68: 295-300.

8. Koletzko S, Niggemann B, Arato A, et al. Diagnostic Approach and Management of Cow’s-Milk Protein Allergy in Infants and Children. ESPGHAN GI Committee Practical Guidelines. J Pediatr Gastroentol Nutr. 2012; 55: 221-9.

9. Section on Breastfeeding. American Academy of Pediatrics. Pediatrics. 2012; 129: e827-41.

10. Ribes C, Dalmau J, Moreno JM, et al. La edad de introducción del gluten en la dieta del lactante. Recomendaciones de un grupo de expertos. An Pediatr. 2015; 83: 355.e1-e7.

11. Moreno JM, Galiano MJ, Dalmau J. Alimentación complementaria dirigida por el bebé (“baby-led weaning”). ¿Es una aproximación válida a la introducción de nuevos alimentos en el lactante? Acta Pediatr Esp. 2013; 71: 99-103.

12. Moráis A, Dalmau J, y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Importancia de la ferropenia en el niño pequeño: repercusiones y prevención. An Pediatr. 2011; 74: 415.e1-e10.

13. Dalmau J, Vitoria I. Leches de crecimiento: ¿una necesidad o una oportunidad? Rev Esp Nutr Com. Serie Informes Técnicos. 2015; 7-10.

10 Cosas que deberías saber sobre…alimentación complementaria

 
10 Cosas que deberías saber sobre…alimentación complementaria

 

E. Pérez Costa, D. Rodríguez Álvarez, E. Ballesteros Moya, F. Campillo i López


Se considera alimentación complementaria (AC) a todo aquel alimento diferente de la leche materna o la leche de fórmula. Un sinónimo utilizado internacionalmente es el de “Beikost”, que puede traducirse como: “más allá de”. Durante los primeros 6 meses de vida, las necesidades nutricionales están totalmente cubiertas con lactancia materna o en su defecto con una fórmula adaptada.

La introducción de alimentos distintos a la leche materna o adaptada debe hacerse de forma gradual, a partir de los 4-6 meses, en los niños con lactancia mixta o artificial y, a partir de los 6 meses, en los niños con lactancia materna exclusiva continuando, si se desea, con la lactancia materna a demanda hasta los 2 años.

No existe evidencia sobre cuál debe ser el primer alimento a introducir diferente a la leche. Se debe individualizar cada caso en función de la situación de cada paciente y de las preferencias familiares. En los niños con lactancia materna exclusiva, que inician AC a los 6 meses, se pueden introducir los cereales con gluten de entrada.

La ESPGHAN recomendó introducir los cereales con gluten (trigo, avena, centeno o cebada) no antes de los 4 meses y no después de los 7 meses. En la actualidad, existen controversias sobre si la introducción del gluten en esta franja de edad, previene la aparición de enfermedad celíaca en individuos genéticamente predispuestos. Parece claro que la introducción debe ser antes de los 7 meses.

Las frutas y verduras se ofrecerán normalmente maduras y trituradas en forma de papilla. En las últimas recomendaciones, no se aconseja retrasar las frutas potencialmente más alergénicas (kiwi, melocotón, fresas…), ya que no se ha demostrado que prevengan la alergia e, incluso, pueden mejorar la tolerancia. En cuanto a las verduras, ofrecer en forma de puré evitando, al inicio, las verduras de sabores fuertes (ajo, cebolla, espárragos…). Evitar las verduras con alto contenido en nitratos (espinacas, acelgas…) en los menores de 12 meses, por riesgo de metahemoglobinemia.

Se recomienda la introducción de carne a partir de los 6 meses, debido a su alto contenido en hierro (ternera, vaca), mezclado con patatas o verduras. Es preferible evitar el consumo de las vísceras hasta los 12-15 meses por el alto aporte de grasas y se debe tener en cuenta que, a veces, contienen hormonas, tóxicos y parásitos. Evitar el consumo de caza en menores de 6 años, por el contenido en plomo, ya que puede producir daños neuronales.

En cuanto al pescado, es preferible comenzar con pescado blanco (merluza,lenguado…) e introducir el pescado azul (salmón) a partir de los 12-15 meses, con un máximo de 1 vez por semana para evitar la acumulación de mercurio, que puede perjudicar el sistema nervioso en vías de desarrollo de los niños pequeños. Evitar el consumo de pez espada, cazón, tintorera y atún en menores de 3 años, así como el consumo de marisco por su contenido en cadmio.

El huevo es uno de los alimentos considerados, clásicamente, potencialmente alergénico. Se recomienda la introducción del huevo entero cocido, de manera precoz, una vez iniciada la diversificación alimentaria (el huevo crudo tiene alto poder alergénico por la ovoalbúmina que contiene). No se ha demostrado que retrasando la introducción del huevo se prevenga la aparición de alergia y dermatitis atópica e incluso puede aumentarla, según algunos estudios.

Se recomienda no introducir la leche entera de vaca hasta los 12 meses. Las leches de crecimiento permiten la transición entre la leche adaptada y la leche de vaca. A partir de los 6 meses, se debe asegurar un aporte de lácteos de 500 ml al día. Evitar la adición en la AC de sal, azúcares, así como de miel en los menores de 12 meses, por el riesgo, con este último, de intoxicación por botulismo.

Individualizar, en cada caso, según las costumbres familiares, estado nutricional y la maduración del niño. La introducción de la AC debe ser progresiva, dejando margen de 1-2 semanas entre la introducción de un alimento y otro para asegurar tolerancias y que el niño se acostumbre a los sabores. En los últimos años, se ha ido extendiendo el término “Baby-Led Weaning” (AC dirigida por el bebé). En función del desarrollo neurológico del lactante, utiliza sus propias manos, llevándose a la boca trocitos de alimentos blandos por sí solo en la cantidad que desee. Aunque tiene algún riesgo como el atragantamiento, parece que sería más fisiológico para el desarrollo del lactante, favorecer su autonomía y prevenir la obesidad.

 

Para saber aún más…

1. Agostini C, Decsi T, Fewtrell M, et al. Complementary Feeding: A commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2008; 46: 99-110.

2. Dalmau J, Martorell A, y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Alergia a las proteínas de la leche de vaca: prevención primaria. Aspectos nutricionales. An Pediatr (Barc). 2008; 68: 295-300.

3. Perdomo Giraldi M, De Miguel Duran F. Alimentación complementaria en el lactante. Pediatr Integral. 2015; XIX: 260-7.

4. Sánchez-García S, Cipriani F, Ricci G. Food Allergy in childhood: phenotypes, prevention and treatment. Pediatr Allergy Immunol. 2015; 26: 711-9.

 

10 Cosas que deberías saber sobre…la lactancia artificial

 
10 Cosas que deberías saber sobre…la lactancia artificial

 

D. Rodríguez Álvarez, E. Pérez Costa, F. Campillo i López, E. Ballesteros Moya


Las fórmulas infantiles basadas en proteínas de leche de vaca deben ser la primera opción en aquellos lactantes sanos no alimentados al pecho.

Las diferencias de las fórmulas de continuación respecto a las de inicio son escasas (proporción caseína/seroproteínas y mayor cantidad de hierro). Pueden contener aunque no se recomienda sacarosa y fructosa.

Existen fórmulas artificiales en las que se han modificado algunos de sus componentes (hidratos de carbono, proteínas o grasas) para los lactantes con limitaciones digestivas, metabólicas o problemas de intolerancia/alergias.

Las fórmulas sin lactosa están indicadas en: déficit congénito de lactasa, intolerancia secundaria a la lactosa y glucogenosis tipo I.

La mayoría de los niños con gastroenteritis aguda pueden continuar recibiendo una fórmula con lactosa.

Las fórmulas con contenido graso en forma de triglicéridos de cadena media están indicadas en paciente con alteraciones linfáticas y del metabolismo lipídico (abetalipoproteinemia, ascitis quilosa, linfangiectasia intestinal…)

Las fórmulas hidrolizadas se encuentran indicadas en el tratamiento de la alergia a la proteína de leche de vaca.

Las fórmulas de soja pueden considerarse en mayores de 6 meses con alergia mediada por IgE, debido a su bajo coste y mejor aceptación que las fórmulas hidrolizadas, aunque con prueba de provocación previa.

Las fórmulas elementales precisan una mínima digestión y están indicadas en situaciones con una grave alteración de la función digestiva, como paso intermedio desde una alimentación parenteral y en casos de alergia/intolerancia a las proteínas de la leche de vaca que no responden a hidrolizados.

No existen evidencias suficientes para recomendar el uso de fórmulas antiestreñimiento, anticólicos y antirregurgitación.

 

 

Nutrición enteral

R.A. Lama More*, R. Galera Martínez**
Regreso a las bases


R.A. Lama More*, R. Galera Martínez**

*Doctor en Medicina. Gastroenterología y Nutrición Infantil. Centro Médico d-médical. Grupo de trabajo en Nutrición Infantil GETNI. **Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil. Servicio de Pediatría. Complejo Hospitalario Torrecárdenas, Almería

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 365.e1-365.e6


Nutrición enteral

 

La desnutrición es un factor independiente que influye en la morbimortalidad de los pacientes con enfermedad aguda o crónica. Además, el niño enfermo tiene alto riesgo de desnutrición, por lo que la detección de la desnutrición o de los factores de riesgo deben ser conocidos por los profesionales que le asisten, para que la instauración del soporte sea precoz.

La nutrición enteral (NE), como el resto de técnicas de soporte nutricional, se incluyen dentro del plan de cuidado nutricional que debe comenzar en el mismo momento del ingreso, con el cribado nutricional de los pacientes (Fig. 1). Este cribado tiene como objetivos identificar, no solo a aquellos pacientes con malnutrición proteico-calórica que ingresan, sino también a los que tienen riesgo de desnutrirse durante su estancia o presentar complicaciones abordables mediante soporte nutricional. El cribado debe ser realizado rutinariamente en las primeras 24 horas de ingreso(1) y permite clasificar a los pacientes en bajo, medio o alto riesgo nutricional. Existen distintas herramientas diseñadas para pacientes pediátricos(2). Los niños clasificados de alto riesgo deberán ser sometidos a una valoración nutricional completa por personal experto en nutrición. Entre otros aspectos, es necesario conocer el estado nutricional del paciente, su enfermedad de base y la terapéutica que recibe(3).

Figura 1. Algoritmo de cribado y soporte nutricional

A continuación, se calculan las necesidades energético-proteicas. Lo ideal sería contar con calorimetría indirecta para calcular el gasto energético en reposo. Si no disponemos de ella, existen fórmulas matemáticas que nos permiten estimar el gasto energético basal. En Pediatría, suelen utilizarse las fórmulas de Shofield(3). A este gasto, debemos sumar el gasto por actividad física y la energía de recuperación en caso de desnutrición(4). Se debe, así mismo, establecer el requerimiento proteico y la relación energético-proteica, no olvidando cubrir el aporte de micronutrientes para cubrir la ingesta diaria recomendada (DRI).

En función de esta valoración, se establecerá la necesidad y el tipo de soporte nutricional, su planificación y monitorización (Fig. 1). Es en este contexto y dentro del plan de cuidado nutricional, donde debemos conocer las indicaciones, metodología y material necesario para iniciar una NE.

Concepto de nutrición enteral

La NE es una técnica de soporte nutricional, que consiste en la administración a través del tracto gastrointestinal (TGI) de una fórmula de composición definida.

Por tanto, se puede distinguir, en función de la vía de administración, entre NE oral y NE por sonda, en cuyo caso la fórmula se infunde a través de sondas, catéteres (Fig. 2).

Figura 2. Elección de vías de acceso en nutrición enteral por sonda. Adaptado del Comité Nutrición ESPGHAN. JPGN 2010; 51:110-122.

 

Indicaciones y contraindicaciones de NE

La nutrición enteral está indicada en todos los pacientes que no cubren el requerimiento energético-proteico con una alimentación natural vía oral y cuyo TGI es funcionante. Dentro de esta indicación, podemos distinguir tres grandes grupos de pacientes (Tabla I). Es importante destacar que, en caso de precisar NE, no debe posponerse su instauración. El médico responsable debe estar atento a que en estas situaciones de riesgo se realice la cobertura energético-proteica, monitorizando la ingesta desde las primeras 24 horas de ingreso.

 

 

Contraindicaciones para recibir NE

1. La contraindicación más importante es la obstrucción intestinal.

2. Patología sangrante del TGI: esofagitis aguda, malformaciones vasculares (angiomas) sangrantes en la mucosa intestinal, úlceras gástricas sangrantes.

Ventajas de la NE

• Favorece la nutrición y el desarrollo del enterocito.

• Disminuye la permeabilidad de la membrana.

• Favorece la motilidad y las secreciones intestinales.

• Estimula las células GALT (tejido linfoide asociado a la mucosa intestinal).

• Favorece la producción de inmunoglobulinas secretoras.

Metodología de la NE (Tabla II)

 

 

El resultado de la NE será óptimo, únicamente, cuando la metodología es adecuada para el paciente, teniendo en cuenta sus características de edad, funcionamiento del TGI y enfermedad de base.

Cuando se decide la instauración de NE, es necesario determinar el tipo de fórmula a administrar, se debe elegir la vía de administración más adecuada y el modo de administrar la nutrición enteral. Es importante tener en cuenta la seguridad en la administración de la NE.

Guía para elegir la fórmula

La elección de la fórmula debe ser individualizada y debe valorarse la cantidad y calidad de los nutrientes, además de la cantidad de micronutrientes para cubrir los requerimientos(5). Hay varios tipos de fórmulas y la elección depende de la edad, el diagnóstico de base y el funcionamiento del TGI. La clasificación de las fórmulas ayudará a individualizar la elección.

Por el tipo de nutrientes

Tipo de fórmulas según la presentación de los macronutrientes: La elección dependerá del funcionamiento del TGI.

- Poliméricas: compuestas por proteínas complejas junto con otros macronutrientes (hidratos de carbono y triglicéridos de cadena larga), vitaminas y minerales. Requieren, para su uso, una función gastrointestinal normal o mínimamente alterada.

- Peptídicas: las proteínas están hidrolizadas en péptidos de bajo peso molecular y aminoácidos. Parte de los lípidos se encuentran en forma de triglicéridos de cadena media. Normalmente, son fórmulas exentas de lactosa. Suelen ser bien toleradas cuando la digestión y absorción no es óptima.

- Elemental: los macronutrientes están altamente modificados, de manera que el 100% del aporte proteico es en forma de aminoácidos libres, que incrementan la osmolaridad de la mezcla, las grasas se aportan como MCT y ácidos grasos esenciales, y los hidratos de carbono como pequeños polímeros de glucosa.

Según la densidad calórica:

- Normocalóricas: densidad calórica de 1 kcal/ml.

- Hipercalórica: densidad calórica de 1,5-2 kcal/ml.

Según la densidad proteica:

- Normoproteica: el contenido proteico es inferior al 16% del valor calórico total (VCT), en fórmulas pediátricas.

- Hiperproteica: el contenido proteico es superior al 16% del VCT. No existen fórmulas hiperproteicas diseñadas para la edad pediátrica, por lo que en caso de precisarse, se usan fórmulas normo o hiper-proteicas de adultos. Estas fórmulas están indicadas en situaciones de estrés metabólico, pérdidas proteicas elevadas (quemados, fístulas, enteritis), hipoalbuminemia o pacientes con úlceras por presión.

Elección de la fórmula según la edad

Fórmulas para lactantes: adaptada a la maduración del TGI y a su crecimiento.

- Leche materna: de elección en recién nacidos y lactantes pequeños. En recién nacidos prematuros, puede ser necesario la adición de fortificantes.

- Fórmulas de inicio: diseñadas para recién nacidos normales y las fórmulas de continuación para los niños mayores de 6 meses.

- Fórmulas poliméricas hipercalóricas para lactantes: fórmulas líquidas con una densidad calórica de 1 kcal/ml.

- Fórmulas peptídicas para lactantes: Infasource (Nestlé) Infatrini peptisorb (Nutricia).

- Fórmulas especiales para lactantes: especialmente diseñadas para el soporte nutricional de lactantes con enfermedades que condicionan una mala utilización de nutrientes: insuficiencia renal crónica: Blemil Plus IRC (Ordesa), Kindergen (Nutricia), Enfermedad hepática (Generaid plus Nutricia).

- Fórmulas diseñadas para el soporte de diferentes enfermedades congénitas del metabolismo.

Fórmulas para niños y adolescentes:

- Fórmulas estándar pediátricas de densidad calórica: 1-1,22 kcal/ml.

- Fórmulas pediátricas hipercalóricas: ≥1,5 kcal/ml.

- Fórmulas pediátricas peptídicas.

Fórmulas diseñadas para adultos: en ocasiones, puede ser necesario su uso; en este caso, el pediatra debe valorar el contenido en macro y micronutrientes y la osmolaridad, además de su composición.

Vía de administración

Se debe elegir la vía más fisiológica, menos agresiva:

Suplementación oral utilizando fórmulas especiales de nutrición enteral. Lógicamente, no incluye el uso de la fortificación de alimentos.

Sondas naso-gástricas o naso-entéricas (en estas últimas, el extremo distal se coloca en el duodeno o yeyuno). Se eligen sondas de larga duración (poliuretano o silicona), siendo las de poliuretano las más confortables y, a igualdad de grosor, tienen mayor diámetro interno (Fig. 3.2). Se aconsejan de un diámetro de 6-8 French (Fr). En algunas ocasiones, requieren un fiador rígido para su colocación, por ello la introducción debe ser cuidadosa (Fig. 3.1). No recomendamos las sondas lastradas, porque en nuestra experiencia resultan inseguras y no mejoran la colocación transpilórica. Es conveniente recordar que, la salida distal de las sondas debe ser lateral.

Figura 3. Material para nutrición enteral por sonda. 1 y 2. Sondas nasogástricas de poliuretano con fiador y sin fiador; 3. Sonda de gastrostomía tipo Mic-key (botón); 4. Sonda de gastroyeyunostomía; 5. Bomba de alimentación, contenedor y sistemas de conexión.

Gastrostomías: las sondas son instauradas directamente en estómago. Una variante es la sonda de gastro-yeyunostomía, que permite a través de la gastrostomía establecer una acceso al intestino delgado (duodeno o yeyuno) (Fig. 3.4). La colocación puede ser vía endoscópica, radiológica o quirúrgica. La gastrostomía endoscópica percutánea (GEP) es un método sencillo de colocación en Pediatría, no hay exposición radiológica y los dispositivos son fácilmente manejables. Pasados 4 meses de instauración, es posible cambiarlo a Botón, que es más cómodo para el niño (Fig. 3.3).

- Yeyunostomía: tiene el inconveniente de requerir la fijación previa del yeyuno a la pared abdominal, lo cual complica la técnica. Sin embargo, resulta sencilla la colocación en yeyuno de una sonda pasada a través de una gastrostomía. Hay dispositivos preparados para ello.

Modo de administración

El modo de administrar depende de la vía de administración elegida. Cuando la sonda o catéter está localizado en el estómago, es posible utilizar un método fraccionado, pero si la localización es transpilórica, únicamente se puede utilizar la NE continua.

NE fraccionada: el aporte se distribuye en 4 o 5 tomas durante el día. Favorece una buena motilidad del TGI y un funcionamiento óptimo.

NE a débito continuo: consiste en la administración continuada de la fórmula. Se debe asegurar una velocidad constante.

NE de administración combinada: nutrición fraccionada durante el día y a débito continuo durante la noche. Si es tolerado, es el método de elección, porque permite una vida lo más normalizada posible durante el día y el efecto en la función del TGI es positivo.

Material para la administración

El material depende del modo de administración elegido.

Administración intermitente o fraccionada: requiere el uso de jeringas. Normalmente, se utilizan jeringas de 20-50 ml. La administración debe ser lenta. Antes y después, se debe pasar agua tibia para limpiar la sonda.

Administración continua: requiere contenedor, bomba de administración y sistemas de conexión. Todo este material debe ser de fácil utilización y limpieza (Fig. 3.5).

Velocidad de administración

Cuando la administración es continua, es importante tener en cuenta que la velocidad debe ser constante; para ello, es obligada la utilización de bombas de infusión continua. La velocidad de administración depende de la edad del niño, de su peso, de la situación clínica, de la enfermedad de base y, sobre todo, del funcionamiento del TGI. Es importante, además, tener en cuenta la osmolaridad de la fórmula.

El inicio debe ser muy bajo y se aumentará de modo lento y progresivo hasta alcanzar la velocidad programada. En el niño menor de un año, la velocidad programada debe ser de 0,08-0,12 ml/kg de peso/min. Si la administración es fraccionada, se calcula el volumen a administrar y deberá llegarse a este volumen en un tiempo medio de 5 días.

Complicaciones

Figura 4.1 Complicaciones de NE. 1. Cicatriz de mala evolución, tras síndrome de enterramiento del dispositivo.

Figura 4.2 Sonda contaminada.

Es importante tener en cuenta las posibles complicaciones de la NE y que dependen de la vía de administración utilizada, por una mala elección de la fórmula y de la técnica de administración y alteraciones metabólicas que dependen de la enfermedad de base. El pediatra no debe olvidarse de las complicaciones psicosociales y de aprendizaje que conlleva la técnica de NE (Tabla III).

 

 

Interesa tener en cuenta las complicaciones más frecuentes generales y específicas de la técnica.

Aspiración pulmonar: es la complicación más importante y suele ocurrir cuando el vaciamiento gástrico está alterado. Este depende principalmente de la cantidad y características de la dieta administrada (dietas con una osmolaridad elevada, contenido lipídico alto o densidad calórica elevada o que condicionan un pH bajo), que pueden favorecer un enlentecimiento del vaciamiento gástrico. Este riesgo puede ser disminuido con una elevación de la parte superior del cuerpo en un ángulo de 30º cuando el niño está en decúbito supino; en ocasiones, puede ser útil el uso de gastrocinéticos (domperidona).

Complicaciones infecciosas: las más frecuentes son las ORL, cuando se usa sonda nasogástrica; las infecciones GI no son frecuentes en nuestro medio, se sabe que pueden ser secundarias a contaminación de la fórmula. Es necesario hacer un adecuado adiestramiento en la preparación, almacenamiento y en la manipulación de las fórmulas y sistemas. Si fuera posible, es mejor utilizar fórmulas líquidas.

Complicaciones metabólicas: no suelen ocurrir si la fórmula está bien elegida, la monitorización es adecuada y se ha probado la tolerancia en ambiente hospitalario.

Complicaciones mecánicas: en caso de sonda nasogástrica, puede presentarse una obstrucción de la misma cuando la utilización no es correcta (introducción de alimentos triturados); también puede ocurrir una retirada accidental de la sonda o desplazamiento de la misma; ambas complicaciones mecánicas son bastante frecuentes.

En el caso de colocación de gastrostomía endoscópica percutánea, debemos, además, tener en cuenta otras posibles complicaciones:

• Retraso de la cicatrización en la instauración: mantener administración continua de la fórmula, disminuir la presión de la cruceta en la piel periostomía y mover la cruceta.

• Pérdida de contenido gástrico por periostomía; en este caso, hay que proteger la piel, que puede sufrir una quemadura péptica. Si la sonda es adecuada, esta situación suele corresponder a una situación de alteración intercurrente del vaciamiento gástrico (infección ORL, infección del tracto urinario, alteraciones metabólicas en pacientes con metabolopatías, incipiente síndrome de obstrucción intestinal distal en paciente con fibrosis quística, etc.); es obligado proteger la piel, a la vez que se debe tratar el problema de base.

• Rotura accidental del balón de sujeción: condicionaría una descolocación de la sonda que debe ser repuesta de modo inmediato, para evitar el cierre espontáneo y no deseado del estoma.

• Infección local: a partir de la cicatrización, el riesgo es mínimo.

• Formación de granuloma: en un alto porcentaje de los pacientes se objetiva tras la cicatrización. Tras la remisión, que suele ser espontánea, es muy poco frecuente la recidiva.

Seguridad de la NE

Las unidades deben tener protocolizada la metodología de la NE para que su administración sea segura(7). El protocolo debe ser realizado en la unidad de nutrición pediátrica, si la hubiera.

La petición debe hacerla el médico responsable de la nutrición enteral, en un volante en el que conste, además de los datos clínicos, el diagnóstico, el motivo de la NE, la fórmula solicitada y la velocidad de infusión.

La fórmula debe estar preparada en una unidad de mínima contaminación: biberonería y nutrición enteral. No debe prepararse en planta y debe incluir datos con respecto a las características de almacenamiento en planta. Las fórmulas comerciales preparadas tienen menos posibilidades de infectarse que las fórmulas preparadas(8).

El contenedor debe conectarse a la sonda con medidas que eviten la contaminación. La fórmula no la debe manipular el personal que maneje material infectado del paciente. Deben estar pautados los periodos de administración, que dependerá del contenedor, si es abierto o cerrado. Los abiertos no deben administrarse en periodos superiores a 4 horas y los cerrados pueden mantenerse durante periodos más largos; en el contenedor deben constar estos datos.

NE domiciliaria

Cuando la NE es prolongada, el paciente y su familia deben estar preparados para continuar el soporte en domicilio (NED). Es importante tener en cuenta que, el método, aunque sencillo, no está exenta de riesgos(8).

Metodología

La NE debe ser iniciada en el hospital, donde se determinará:

• Estabilidad del paciente.

• Enfermedad de base controlada.

• Tolerancia a la NE.

• Adiestramiento de la familia: en el manejo del material y en el almacenamiento de las fórmulas, así como en el reconocimiento de las complicaciones.

Seguridad de la NED

La seguridad de la NE depende de la seguridad del protocolo iniciado en el hospital, hay que tener en cuenta la cobertura y mantenimiento del material. El de mantenimiento de la formula durante la infusión, en este sentido es conocido que las fórmulas comerciales tienen menos riesgo de contaminación que los preparados domésticos(9); sin embargo, en la edad pediátrica y en nuestro medio, toleramos que sea la madre la que prepare los alimentos y que se utilice de modo fraccionado (purés), porque así lo demandan. En general, en nuestro medio, las madres toleran mejor si participan en la alimentación de su hijo de modo más activo. En este caso, hay que tener en cuenta:

• La densidad de nutrientes en el preparado, ya que la adición de agua para conseguir una adecuada dilución puede disminuir dicha densidad.

• La posibilidad de aumento de las infecciones: no tenemos estudios que apoyen la idea de que esta actitud aumente las infecciones. En este caso, se dan consejos de administración y conservación.

- Utilizar alimentos preparados en el momento.

- Dar pautas para que el alimento de la gastrostomía sea manipulado cuidadosamente. En cuanto a utensilios, debe tener una trituración muy fina.

- El alimento que haya sido ofertado por vía oral, no debe ser utilizado para ser introducido por el tubo de gastrostomía.

Cobertura de la fórmula y del material

La cobertura está regulada por una serie de órdenes ministeriales, que regulan el tipo de fórmulas incluidas en el Nomenclátor. La financiación de la fórmula por el sistema de salud es completa; sin embargo, la administración, la llevan a cabo las administraciones autonómicas(10). Está regulada, así mismo la cobertura del material fungible; sin embargo, no se ha determinado la cobertura de las bombas de administración y, en el momento actual, deben ser administradas en las unidades de nutrición de los hospitales.

Complicaciones

En general, las complicaciones son mínimas si la técnica es conocida y el adiestramiento es adecuado. Con el paciente estable y bien monitorizado, habiendo sido probada la tolerancia y estabilidad de la fórmula, muchas de las complicaciones descritas en el apartado anterior, pueden evitarse.

La familia debe estar específicamente adiestrada para poder evitar y conocer la actitud a tomar, según el tipo de complicación que pueda presentarse.

La información que reciba la familia debe ser: clara y completa.

Monitorización

El buen manejo del paciente con NED es clave para conseguir una adecuada recuperación nutricional, evitando las complicaciones metabólicas y la prolongación innecesaria de soporte. La monitorización, aparte de los parámetros nutricionales, debe ir dirigida a valorar posibles complicaciones mecánicas, infecciosas, metabólicas y gastrointestinales.

Se debe valorar la ingesta oral y su aprendizaje, la administración de medicamentos por si pudieran interferir con la nutrición enteral y la adaptación psicosocial del niño, así como los aspectos psicosociales de los padres o cuidadores. Cuando ya no se considere necesaria, se debe plantear la retirada de la NE.

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10. Guía descriptiva de la prestación de productos dietéticos del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad. Servicios Sociales e Igualdad. Octubre 2012. Madrid.

 

 

Dislipemias

M.T. Muñoz Calvo
Temas de FC


M.T. Muñoz Calvo

Servicio de Endocrinología. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Departamento de Pediatría. Universidad Autónoma. Madrid

 

Resumen

Para prevenir las enfermedades cardiovasculares en la vida adulta, es necesario identificar y tratar lo antes posible la hipercolesterolemia en los niños y en los adolescentes. Se debe realizar estudio a la población infantil de riesgo después de los 2 años, si existe historia familiar positiva o presencia de factores de riesgo cardiovascular en el niño. Las causas secundarias de hipercolesterolemias deben ser descartadas. El objetivo primordial del tratamiento dietético de las hipercolesterolemias será lograr que los niveles de C-LDL disminuyan, consiguiendo un descenso de un 10 a un 15%, aunque existen grandes variaciones individuales. Las estatinas deben ser incluidas entre los potenciales fármacos de primera línea por la experiencia adquirida en los últimos años, y por su capacidad de disminuir los niveles de C-LDL en torno a 18-45%, y sin afectación del crecimiento ni del desarrollo puberal. La edad de inicio del tratamiento con estatinas debe ser a partir de los 10 años, preferentemente a partir del Tanner II en los varones y después de la menarquia en las niñas. Otras opciones farmacológicas son el ezetimibe o las resinas de intercambio iónico

 

Abstract

To prevent cardiovascular diseases in adulthood, it is necessary to identify and treat as soon as possible hypercholesterolemia in children and adolescents. The study should be performed to child population at risk after two years, if there is a positive family history or presence of cardiovascular risk factors. Secondary causes of hypercholesterolemia should be discarded. The primary objective of the dietary treatment of hypercholesterolemia is to decrease LDL-C levels, achieving a decrease of 10 to 15%, although there are large individual variations. Statins should be included among potential first-line drugs, as per experience gained in recent years, and its ability to lower LDL-C levels around 18-45%, without affecting the growth and pubertal development. Treatment with statins should be started at 10 years of age and over, preferably starting with TannerII in males and after menarche in girls. Other pharmacological options include ezetimibe or ion exchange resins

 

Palabras clave: Colesterol; Triglicérido; Dieta; Estatinas y Fibratos

Key words: Cholesterol; Triglyceride; Diet; Statins and Fibrates

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 355-364


Dislipemias

 

Desarrollo de aterosclerosis en los niños

El desarrollo de la aterosclerosis es un proceso que se inicia en la infancia y que progresa con una velocidad que depende de la presencia o ausencia de determinados factores de riesgo cardiovascular (FRCV), como han demostrado diferentes estudios(1). Las estrías grasas y placas fibrosas estaban presentes en casi el 50% y 8%, respectivamente, de los individuos en la infancia, y en casi el 70% y 5% de adultos jóvenes, y la extensión de estas lesiones ateroscleróticas se correlacionaban con los niveles de colesterol total (CT), colesterol unido a las lipoproteínas de baja densidad (C-LDL) y triglicéridos(2).

Más recientemente, los métodos incruentos por la imagen han permitido el estudio del desarrollo de la aterosclerosis. Un estudio realizado por ecografía de las arterias carótidas, para evaluar el espesor de la íntima y la media, que es un indicador del proceso aterosclerótico en los adultos, demostró que el aumento de espesor de la íntima y la media se asociaba con incrementos del CT y otros FRCV, como la hipertensión arterial en la infancia(3). La alteración de la función endotelial ha sido descrita en niños con hiperlipemias y está relacionada con la fisiopatología de la aterosclerosis.

Las concentraciones plasmáticas de CT reflejan una situación compleja, con múltiples dependencias: las de origen genético, las derivadas de la situación ambiental (tipo de dieta y grado de ejercicio físico) y las consideradas poligénicas, que dependen de la interacción de algunos determinantes genéticos con la influencia derivada de los dietéticos(4). Los factores genéticos son poco modificables y los dietéticos muchas veces tienen su origen en la infancia; por lo tanto, una educación adecuada podría desempeñar un papel preventivo sobre el desarrollo futuro de enfermedades cardiovasculares (ECV).

Niveles de lipoproteínas en la edad pediátrica

Los niveles plasmáticos de lipoproteínas son diferentes en la infancia y adolescencia en comparación con la edad adulta. Los niveles de CT, C-LDL, colesterol unido a proteínas de alta densidad (C-HDL) y triglicéridos (TG) ascienden paulatinamente desde el nacimiento y se estabilizan entre los 2 y 4 años, manteniéndose en un mismo percentil a lo largo del tiempo durante los años prepuberales (fenómeno tracking del colesterol)(5). A partir de los 10-12 años, los niveles plasmáticos de CT y C-LDL disminuyen entre un 5 y un 10% en ambos sexos –es más evidente en varones–, debido al descenso acusado del C-HDL, pero en los últimos años de la adolescencia, se produce un reascenso de CT y C-LDL alcanzando niveles medios de adulto a partir de los 20 años. En valores absolutos, de los 13 a los 19 años, el CT es consistentemente más alto en mujeres que en varones. La disminución de los niveles de C-HDL, es decir, patrón más aterogénico, que se produce durante la pubertad en los varones es el cambio lipídico más importante y va a permanecer durante la etapa adulta(5).

Clasificación de las dislipemias

Las dislipemias pueden ser clasificadas en primarias y secundarias. Se denominan primarias (Tabla I), cuando hay factores genéticos implicados en su etiología. Según los genes implicados, las hiperlipemias pueden ser monogénicas, producidas por la alteración de un solo gen responsable del metabolismo lipídico, o poligénicas, si están producidas por la suma de los efectos de diferentes genes(6). Estas últimas, son más frecuentes y menos severas que las monogénicas, y su expresión fenotípica está influenciada por factores ambientales (dieta, ejercicio…) (Tabla I). El diagnóstico de dislipemia primaria exige haber descartado antes posibles causas de dislipemia secundaria, la mayoría de las cuales suelen evolucionar favorablemente con el tratamiento de la enfermedad causal.

 

 

Dislipemias primarias

Hipercolesterolemia familiar monogénica

Actualmente, se conocen, al menos, tres formas diferentes: la clásica, otras mutaciones en proteínas distintas del receptor de LDL con herencia autosómica dominante, y la hipercolesterolemia con herencia autosómica recesiva.

Forma clásica: está causada por mutaciones en el gen del receptor LDL (LDLR, 19p13.2), produciendo aumento de las concentraciones en sangre de C-LDL, ya desde edades precoces. Esta mutación puede heredarse en homocigosis o en heterocigosis. Si se hereda en homocigosis, los síntomas aparecen antes de los 10 años de edad. Los hallazgos característicos son: los xantomas (tendinosos y cutáneos), el arco corneal y el aumento de CT (en torno a 1.000 mg/dl) y de C-LDL (mayor de 600 mg/dl)(7). Todo ello conlleva al desarrollo de ateroesclerosis generalizada de forma precoz. Si la mutación se hereda en heterocigosis, la aparición de los síntomas y alteraciones lipídicas es más tardía y más leve. La aparición de xantomas está en relación con la duración e intensidad de la hipercolesterolemia, siendo infrecuentes antes de los 20 años. Los valores de CT se encuentran entre 270 y 550 mg/dl y los de LDL-c son superiores a 160 mg/dl. En España, se han descrito más de 400 mutaciones en el gen del receptor de LDL asociadas a hipercolesterolemia familiar (HF); sin embargo, la tasa de detección de una mutación funcional en casos con diagnóstico clínico varía del 20 al 80%, por tanto, un test genético negativo no excluye el diagnóstico, sobre todo, cuando el fenotipo sugiere una HF(7).

Actualmente, se puede realizar diagnóstico genético de esta entidad caracterizando la mutación del gen del receptor del LDL.

Otras hipercolesterolemias monogénicas con herencia autosómica dominante: son debidas a mutaciones en el gen de la ApoB (apoB100; 2p24) y a una mutación de la proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 9 (PCSK9, 1p34.1-p32). Esta proteína está implicada en la degradación del receptor de LDL y su alteración produce una disminución del aclaramiento de las LDL.

Hipercolesterolemia autosómica recesiva (ARH): es debida al déficit del adaptador de proteína ARH o a la incapacidad del mismo para interactuar con el receptor de LDL; por ello, cursa con disminución del aclaramiento de LDL y aumento de LDL-c y CT. Su fenotipo es similar a la hipercolesterolemia familiar homocigota, pero, en general, menos severo y con mayor respuesta a los fármacos hipolipemiantes. Cursa con xantomas grandes desde la infancia, CT mayor de 500 mg/dl, y aparición de ECV en menores de 30 años(7).

Hipercolesterolemia familiar homocigota

Es una forma rara de HF que se produce cuando se hereda la misma mutación en el gen del RLDL de ambos progenitores. Se estima que afecta a 1 caso por cada 800.000 a un millón de personas, y los pacientes presentan hipercolesterolemia grave, xantomas y ateroesclerosis acelerada. El diagnóstico se debe realizar alrededor de los 2 años o, inclusive antes, y se basa en una concentración de C-LDL sin tratamiento >500 mg/dL o C-LDL con tratamiento máximo >300 mg/dL, presencia de xantomas antes de los 10 años e historia de hipercolesterolemia o de diagnóstico genético en ambos progenitores(8).

Hiperlipemia familiar combinada (HFC)

Se caracteriza por una síntesis hepática aumentada de apo B-100, lo que da lugar a una sobreproducción hepática de C-VLDL. Se manifiesta a partir de la 2ª década de la vida, con aumento de CT (250-500 mg/dl) y/o TG (250-750 mg/dl). El diagnóstico se basa en la historia familiar y en la presencia de varias anomalías lipídicas. No existe diagnóstico genético definitivo en la actualidad(9).

Hipercolesterolemia poligénica

Su etiología es desconocida, se piensa que ocurre por alteraciones en diversos genes reguladores del metabolismo del colesterol. Las combinaciones de esta herencia poligénica junto con factores ambientales, especialmente la dieta, darían lugar al aumento del colesterol. Es la forma más frecuente de hipercolesterolemia primaria en la población general, representando el 80% de todas ellas(9). Clínicamente, se presenta con aumentos moderados de colesterol, con valores entre el percentil 75-95, con padres y hermanos sanos o con elevaciones de colesterol similares. El diagnóstico es clínico, una vez excluidas la hipercolesterolemia familiar y la hiperlipemia familiar combinada.

Hipertrigliceridemia familiar

Se caracteriza por el aumento de la síntesis hepática de VLDL. Se han descrito varias alteraciones, entre ellas, el déficit de lipoproteín-lipasa y de ApoCII. Cursa con aumento de TG (200-500 mg/dl) a expensas de la fracción de colesterol ligado a lipoproteínas de muy baja densidad (C-VLDL), o con aumento de C-VLDL, TG y quilomicrones. La clínica es variable dependiendo del grado de hipertrigliceridemia. Su diagnóstico es clínico(6).

Déficit familiar de apo B-100

La alteración se debe a una apolipoproteína B-100 defectuosa, que no se une al receptor de LDL, elevándose el C-LDL en suero. Hasta ahora, se han identificado 3 mutaciones que dan lugar al déficit familiar de apo B-100(6). El diagnóstico es genético por técnicas de biología molecular.

Beta-sitosterolemia

Se produce por mutación del trasportador ABCG5/ABCG8, implicado en el transporte del colesterol no esterificado por las células epiteliales intestinales hacia el lumen del intestino(10). Cursa con aumento de esteroles vegetales y C-LDL, xantomatosis tendinosa y xantelasmas. Tienen riesgo de enfermedad cardiovascular prematura.

Hipoalfalipoproteinemia

Se conoce la existencia de varios defectos genéticos infrecuentes que pueden producir la reducción de los niveles de C-HDL en plasma. La mutación en el gen que codifica el transportador ABCA1 puede producir varias formas clínicas. La más grave es la enfermedad de Tangier, caracterizada por la casi ausencia de C-HDL (menor de 5 mg/dl) en plasma y la acumulación de ésteres de colesterol en tejidos, como: hígado, bazo, ganglios linfáticos, amígdalas, timo, mucosa intestinal, nervios periféricos y córnea. A pesar de que los niños con enfermedad de Tangier tienen bajos niveles de C-LDL, se ha observado que presentan un riesgo elevado de sufrir ECV durante la edad adulta. La deficiencia de lecitil-colesterol-aciltransferasa (LCAT) y la deficiencia de apolipoproteína A1 (apoA1) son otras causas de disminución de C-HDL(6).

En las formas más leves de hipoalfalipoproteinemia (C-HDL entre 15-35 mg/dl), la expresividad clínica es variable, pudiendo ser causa de enfermedad cardiovascular prematura. No existe un consenso respecto al tratamiento, dado que no hay experiencia con fármacos modificadores de C-HDL en niños(10). Es por ello que, el tratamiento con fármacos que disminuyen la relación C-LDL/C-HDL se inicia más tardíamente. En el caso de la hipoalfalipoproteinemia leve, la única medida es aconsejar una dieta cardiosaludable(6).

Dislipemias secundarias

A continuación, se enumeran las principales etiologías de dislipemia secundaria agrupadas según la alteración lipídica con la que cursen predominantemente(11):

• Hipercolesterolemia: porfiria aguda intermitente, ingesta elevada de ácidos grasos saturados, anorexia nerviosa.

• Hipertrigliceridemia: síndrome de Cushing, lipodistrofia, glucogenosis tipo 1, nefritis lúpica, terapia con retinoides.

• Aumento de CT y TG: trasplante de órgano sólido.

• Disminución de C-HDL: obesidad, vida sedentaria, hábito tabáquico.

• Aumento de CT y C-LDL: hipotiroidismo, síndrome nefrótico, tratamiento antirretroviral (VIH), enfermedad obstructiva hepática.

• Aumento de TG y C-VLDL: obesidad, síndrome metabólico, diabetes mellitus tipo 2, insuficiencia renal crónica, terapia con corticoides, hipotiroidismo, anticonceptivos orales, embarazo, ingesta de alcohol.

Orientación diagnóstica

Se considera dislipemia a los valores por encima del percentil 95 para la edad y sexo de CT, C-LDL y triglicéridos (TG), y los valores de C-HDL por debajo del percentil 10. El NCEP (National Cholesterol Education Program) pediátrico(12) propone unos valores deseables, en el límite y de riesgo (Tabla II).

 

 

El objetivo principal de diagnosticar una hipercolesterolemia en la infancia es el inicio de un tratamiento eficaz, especialmente la instauración de hábitos de vida saludables lo antes posible, para prevenir el desarrollo de ECV que se manifiesta en la edad adulta(5).

Cribado de las dislipemias

La práctica del cribado de las dislipemias en niños o adolescentes es un tema controvertido, en lo que respecta a quién y cuándo hacerlo, debido a los riesgos desconocidos de un tratamiento hipolipemiante a largo plazo iniciado en edades tempranas. Existen diferentes estrategias para la detección en los niños, como son: el cribado en cascada familiar, el cribado universal y el cribado selectivo basado en la historia familiar. En España y en otros países europeos, el cribado en los niños se suele hacer como parte del cribado en cascada familiar, cuando se conoce el diagnóstico en la familia. El cribado selectivo debe realizarse a la población infanto-juvenil de riesgo entre los 2 y los 8 años, y entre los 12 y los 16 años(5). Se considera población de riesgo, si existe historia familiar positiva o factores de riesgo en el niño:

Historia familiar

• ECV prematura en padres, abuelos o tíos (varones < 55 años o mujeres < 65 años).

• Padres con dislipemia conocida o CT mayor o igual a 240 mg/dl.

Factores de alto riesgo

Hipertensión arterial que requiere tratamiento farmacológico (TA > P 99 + 5 mmHg).

• Hábito tabáquico.

• IMC ≥ percentil 97.

• Presencia de condiciones de alto riesgo: diabetes mellitus, enfermedad renal crónica, trasplante de órganos, enfermedad de Kawasaki con aneurismas.

Factores de riesgo moderado

• Hipertensión arterial que no requiere tratamiento farmacológico.

• IMC ≥ percentil 95 y < percentil 97.

• C-HDL< 40 mg/dl.

• Presencia de condiciones de riesgo moderado: enfermedad de Kawasaki con aneurismas en regresión, enfermedad inflamatoria crónica (lupus eritematoso, artritis idiopática juvenil), VIH y síndrome nefrótico.

Diagnóstico

El estudio analítico debe efectuarse en las siguientes condiciones:

1. Ayuno de 12 horas.

2. Sin modificaciones de la dieta habitual.

3. Libre de enfermedad desde varias semanas antes.

4. Teniendo en cuenta la toma de ciertos fármacos que pueden modificar los lípidos.

En caso de valores lipídicos alterados, se repetirá el estudio analítico tres o cuatro semanas después, para confirmar la alteración de la analítica(13).

Se deberá realizar una historia familiar (antecedentes de ECV prematura en padres o abuelos, antecedentes en padre o madre de dislipemia genética). Asimismo, conocer los antecedentes personales: hábitos alimentarios, estilos de vida, toma de fármacos, hábito tabáquico y se descartarán posibles causas de dislipemia secundaria.

En la exploración física, se anotarán las medidas antropométricas: peso, talla, IMC y estadio puberal, además de la toma de la tensión arterial.

En el estudio analítico, se solicitará:

• Hemograma, Bioquímica (perfil hepático y renal) y hormonas tiroideas.

• Perfil lipídico en ayunas: CT, TG y lipoproteínas (C-LDL, C-HDL y C-VLDL).

Según sospecha etiológica: apolipoproteína A, B, y Lp(a).

 

Criterios diagnósticos de hipercolesterolemia familiar heterocigota (Tabla III):

 

 

• Confirmar la trasmisión vertical de la hipercolesterolemia y/o ECV prematura en uno de los padres.

• Niveles de C-LDL ≥ 190 mg/dl o bien niveles de C-LDL ≥ 150 mg/dl, cuando se tiene la confirmación genética de HF en uno de los padres.

• El estudio genético nos permitirá dar una información pronóstica a los pacientes y se realizará mediante(14):

- La demostración de mutaciones en el gen del receptor LDL (LDLR, 19p13.2). La tasa de detección de una mutación funcional en casos con diagnóstico clínico varía del 20 al 80%, por tanto, un test genético negativo no excluye el diagnóstico, sobre todo, cuando el fenotipo sugiere una HF.

- Otras causas menos frecuentes son las mutaciones en el gen de la ApoB (apoB100; 2p24) y en el gen de la proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 9 (PCSK9, 1p34.1-p32)(14).

- Como resultado de estos defectos moleculares se produce una disminución en la eliminación del colesterol plasmático unido a lipoproteínas de baja densidad, y esto conlleva a que estos pacientes presenten desde el nacimiento valores plasmáticos elevados de CT y C-LDL.

Tratamiento de las dislipemias (Fig. 1)

 

Figura 1. Algoritmo de tratamiento en niños y adolescentes con hipercolesterolemia familiar.

Recomendaciones dietéticas

Durante toda la infancia y adolescencia, es esencial un aporte adecuado de energía y nutrientes para que el crecimiento sea normal. Las modificaciones en la dieta deben introducirse de manera progresiva, lo cual será beneficioso para el niño y su familia.

El objetivo primordial del tratamiento dietético de las hipercolesterolemias será lograr que los niveles de C-LDL disminuyan, consiguiendo un descenso de un 10 a un 15%, aunque existen grandes variaciones individuales(15).

Las características de esta dieta están expuestas en la tabla IV.

 

 

Si después de 3 meses no se logran los objetivos terapéuticos con la dieta inicial, se introducirán otras modificaciones (Dieta 2): ingesta total de grasa 25-30% de las calorías diarias, de grasa saturada <7% de las calorías, de grasa monoinsaturada 10% y de colesterol <200 mg al día, orientada a reducir el C-LDL o los TG, siempre bajo la supervisión de un dietista. Las características de esta dieta se exponen en la figura 2. Si a pesar de su cumplimiento no se alcanzan los objetivos marcados, se deberá considerar el tratamiento farmacológico.

 

Figura 2. Recomendaciones dietéticas (Dieta 2): adaptado del Expert Panel on Integrated Guidelines for Cardiovascular Health and Risk Reduction in Children and Adolescents.

La disminución del aporte de grasas y colesterol que sufren con frecuencia los niños que presentan una dislipemia, puede tener repercusiones sobre su crecimiento. Se ha recomendado prudencia acerca de la utilización de dietas demasiado restrictivas; ya que, al disminuir la ingesta de grasa se corre el riesgo de no proporcionar suficiente energía para asegurar un óptimo crecimiento(16).

Actividad física

Los niños y los adolescentes deben dedicar un número establecido de horas al día al ejercicio físico en los colegios, promover la participación en actividades deportivas según la edad, y dieta cardiosaludable en los menús escolares(5).

La Academia Americana de Pediatría recomienda disminuir las actividades sedentarias (televisión, juegos de ordenador, etc.) a menos de 2 horas al día en los niños > 2 años.

Prevención primaria del consumo de tabaco y alcohol

Se ha demostrado el papel del tabaquismo como factor de riesgo cardiovascular, ya que se asocia a la aparición de dislipemia e insulinorresistencia, favorece un estado proinflamatorio e incrementa el estrés oxidativo celular(5).

Suplementos dietéticos

El aumento de la ingesta de fibra puede ser útil en la disminución de los niveles de C-LDL, en torno al 5-10%. La dosis adecuada (AAP) se calcula como la edad del niño + 5 g/día, hasta una dosis de 20 g/día a los 15 años de edad(17).

Los estanoles y esteroles de plantas se añaden a las margarinas, zumos de naranja, yogur líquido, barras de cereales y suplementos dietéticos. Son compuestos naturales cuya estructura química es similar al colesterol, actúan disminuyendo la absorción intestinal de colesterol exógeno de origen alimentario, así como del colesterol endógeno de origen biliar, demostrándose en adultos una disminución del C-LDL de un 10-20%, con mínimos efectos adversos(17).

Las proteínas de soja disminuyen los niveles de triglicéridos y C-VLDL e incrementan los niveles de C-HDL. Los suplementos de una dieta baja en grasa, enriquecida en ácidos grasos omega-3, con altas concentraciones de ácido eicosapentanoico y ácido docosahexanoico, han demostrado que incrementan significativamente las LDL grandes (menos aterogénicas) y disminuyen las LDL pequeñas (más aterogénicas). Es bien tolerado, con escasos efectos secundarios (gastrointestinales, hiperglucemia y elevaciones de las enzimas hepáticas)(17).

Tratamiento farmacológico

Estatinas

Las estatinas deben ser incluidas entre los potenciales fármacos de primera línea por la experiencia adquirida en los últimos años y por su capacidad de disminuir los niveles de C-LDL en torno a 18-45%, y sin afectación del crecimiento ni del desarrollo puberal(18,19).

Edad de inicio

No existe un consenso acerca a qué edad comenzar el tratamiento con estatinas. Diferentes Guías(5,20,21) recomiendan iniciar tratamiento en niños ≥ 10 años (preferiblemente en estadio II Tanner o superior en niños y a partir de la menarquia en niñas), tras 6-12 meses de dieta baja en grasas y colesterol, si:

• C-LDL ≥ 190 mg/dl.

• C-LDL entre 160 mg/dl y 189 mg/dl, con historia de ECV prematura en familiares de primer grado, o existe otros FRCV (tabaco, C-HDL bajo, Lp(a) elevada, entre otros).

• En la hipercolesterolemia familiar homocigota, el tratamiento debe ser iniciado en el momento del diagnóstico.

 

La pravastatina está aprobada por la FDA y la EMA en hipercolesterolemia primarias, a partir de los 8 años. La dosis recomendada es de 10 a 20 mg/día en niños de 8 a 13 años y de 10 a 40 mg/día desde los 14 a los 18 años. Otras estatinas aprobadas por la FDA son: lovastatina, simvastatina, atorvastatina, fluvastatina y rosuvastatina(22).

Dosificación

• Empezar con la dosis más baja una vez al día, generalmente al acostarse. Medir niveles basales de CPK, ALT y AST.

• La meta es conseguir niveles de LDL < 130 mg/dL.

• Tras 4 semanas de tratamiento, determinar: perfil de lipoproteínas en ayunas, CPK, ALT, AST. Repetir control analítico a las 8 semanas y a los 3 meses(22).

• Si hay anomalías de laboratorio o aparecen síntomas, suspender temporalmente el fármaco y repetir analítica en 2 semanas. Cuando los valores retornen a la normalidad, el fármaco puede reiniciarse con monitorización estrecha.

Seguimiento

• Valorar el ritmo de crecimiento y el desarrollo puberal (peso, talla, índice de masa corporal, estadio de Tanner).

• Monitorizar el perfil de lipoproteínas en ayunas, CPK, ALT y AST cada 3-6 meses(22).

• Insistir al paciente sobre medidas dietéticas e informar sobre otros factores de riesgo, tales como: sobrepeso, sedentarismo y tabaquismo, entre otros.

Eficacia y seguridad

• Se han publicado revisiones sobre su utilización en la infancia, concluyendo que a la vez de seguras, son muy eficaces.

• En cuanto a los efectos adversos, no se han publicado casos de miositis, miopatía o rabdomiolisis. Se han encontrado algunos casos de elevaciones asintomáticas de la CPK y enzimas hepáticas, que han revertido con un descenso de las dosis de la medicación, sin necesidad de suspender el tratamiento. Tampoco se han encontrado alteraciones del ritmo de crecimiento, desarrollo puberal ni del metabolismo de las vitaminas(23).

• Las estatinas están contraindicadas en el embarazo, por lo que debe advertirse a las adolescentes y enviarlas, en caso necesario, a consejo ginecológico.

 

En la figura 3, está representado el algoritmo terapéutico de las dislipemias, basado en el C-LDL.

 

Figura 3. Algoritmo para abordar las dislipemias, basado en los niveles de C-LDL. Adaptado del Expert Panel on Integrated Guidelines for Cardiovascular Health and Risk Reduction in Children and Adolescents.

Resinas de intercambio iónico

• No se absorben y son seguras a largo plazo.

• Se pueden administrar a partir de los 6 años, sin historia familiar de enfermedad cardiovascular o factores de riesgo, si el C-LDL ≥ 130mg/dl y < 190mg/dl, tras 6-12 meses de dieta baja en grasas y colesterol(24).

• Sin embargo, por su baja palatabilidad y por sus efectos adversos a nivel gastrointestinal, como flatulencia y estreñimiento, han caído en desuso. Reducen los niveles de C-LDL de un 16% a un 19%(24).

• La dosis media recomendada es de 0,25-0,35 g/kg/día, con una dosis máxima de 8 g/día para el colestipol y de 10 g para la colesteramina. Se debe iniciar el tratamiento con dosis bajas, e incrementar progresivamente. El colesevelam, tiene menos efectos secundarios, aunque no existe aún experiencia en Pediatría(25).

Ezetimibe

Actúa inhibiendo selectivamente la absorción intestinal de colesterol (tanto dietético como de origen biliar) en el borde en cepillo de los enterocitos. En estudios preclínicos, no se ha observado que altere la absorción de triglicéridos, ácidos grasos, ácidos biliares, progesterona, etinilestradiol o vitaminas liposolubles A y D(26).

Los principales efectos adversos han sido gastrointestinales (diarrea y dolor abdominal) y cefalea. Reducen los niveles de CT y C-LDL, del 23% y 30%, respectivamente, a dosis de 10 mg/día.

Su uso está autorizado por la FDA y la EMA, a partir de los 10 años de edad. Sin embargo, no existen datos de seguridad a largo plazo en población pediátrica.

Otros fármacos

Fibratos

• Reducen los niveles de TG y elevan los niveles de C-HDL. Los principales efectos secundarios son mialgias, debilidad muscular e incremento de CPK, ALT y AST.

• Niveles de TG entre 200 y 499 mg/dl, realizar tratamiento dietético (Fig. 2), cambio de estilo de vida y aumento de ingesta de pescado (salmón, caballa, arenque [rango de 1,5-3 g/100 g de pescado]), y valorar tratamiento con suplementos de aceite de pescado (Omacor®, dosis inicial 1 g/día)(27).

• Valorar tratamiento con aceite de pescado o fibratos (bezafibrato, gemfibrozilo, fenofibrato) en niños con hipertrigliceridemia primaria y TG ≥ 500 mg/dl, tras 6-12 meses de tratamiento dietético (Fig. 2) y cambio de estilo de vida. En la figura 4, está representado el algoritmo terapéutico de las hipertrigliceridemias.

 

Figura 4. Algoritmo para abordar las dislipemias basado en niveles de TG. Adaptado deExpert Panel on Integrated Guidelines for Cardiovascular Health and Risk Reduction in Children and Adolescents.

Ácido nicotínico

Es el único fármaco que reduce los niveles de lipoproteína (a). Sin embargo, no puede ser recomendado en niños por su pobre tolerancia, la elevada frecuencia de efectos adversos (rubefacción, elevación de aminotransferasas, dolor abdominal, vómitos y cefalea) y los potenciales efectos secundarios graves (fallo hepático fulminante)(5).

Tratamientos emergentes

En los pacientes con HF homocigota o con HF heterocigota grave, el tratamiento combinado, utilizando estatinas potentes a dosis altas y ezetimibe, no es suficiente para reducir los niveles de C-LDL, persistiendo, por tanto, el elevado riesgo cardiovascular. Esto ha estimulado el desarrollo de terapias innovadoras que pueden proporcionar una reducción eficaz y mantenida del C-LDL, como son:

• Los inhibidores de la MTTP (microsomal triglyceride transfer protein). El lomitapide inhibe la enzima que se encarga de ensamblar los ácidos grasos libres con la Apo B en el hígado e intestino, disminuyendo la síntesis de VLDL y quilomicrones. La Agencia Europea y Española del Medicamento han aprobado su indicación en los pacientes con HF Homocigota mayores de 18 años(28).

• Los anticuerpos monoclonales anti PCSK9 basan su efecto en que esta proteína está relacionada con el reciclado del RLDL. Producen una reducción del C-LDL entre el 40 y 72% y, además, se ha observado una reducción en los niveles de Lp(a) por un mecanismo aún no conocido(29).

LDL-aféresis

La LDL aféresis es el tratamiento de elección para los pacientes con HF homocigota y ha demostrado tener un efecto beneficioso en la ateroesclerosis aórtica y coronaria, mejorando la supervivencia. Es una estrategia terapéutica segura y eficaz, en los que se ha demostrado la eliminación de xantomas, la regresión angiográfica de la aterosclerosis coronaria y la reducción de los episodios coronarios mortales y no mortales. La LDL-aféresis se puede comenzar a partir de los 6 años y siempre antes de los 10 años, por el elevado riesgo de estenosis aórtica grave(29).

Existen en la actualidad, diversos métodos de LDL-aféresis, siendo los más utilizados los sistemas de absorción con columnas de sulfato de dextrano y la absorción directa de lipoproteínas. Permite la eliminación específica de C-LDL y Lp (a) con una disminución plasmática del 50-75%, cuando se usa semanalmente o cada dos semanas. El tratamiento con estatinas se debe mantener para retrasar el efecto rebote en el aumento del C-LDL(30).

Recomendaciones para el Pediatra de Atención Primaria

1. Realizar estudio a la población infantil de riesgo después de los 2 años, si existe historia familiar positiva o presencia de factores de riesgo cardiovascular en el niño.

2. Las causas secundarias de hipercolesterolemias deben ser descartadas.

3. La edad y los niveles de C-LDL deben ser utilizados para realizar el diagnóstico de HF, siendo los niveles de C-LDL ≥ 190 mg/dl o C-LDL entre 160 mg/dl y 189 mg/dl con historia de ECV prematura en familiares de primer grado indicativos de alta probabilidad de HF (se recomiendan dos analíticas en ayunas).

4. Los pacientes deben ser clasificados en las diferentes categorías de riesgo, según la edad, presencia de otros FRCV, historia familiar de ECV prematura, y los niveles de hipercolesterolemia al diagnóstico.

5. Se deben realizar cambios en los estilos de vida (dieta, actividad física, hábito tabáquico).

6. La edad de inicio del tratamiento con estatinas debe ser a partir de los 10 años, preferentemente a partir del Tanner II en los varones y después de la menarquia en las niñas (tras 6-12 meses de dieta baja en grasas).

7. La pravastatina está aprobada por la EMA, a partir de los 8 años.

8. Los objetivos del tratamiento farmacológico son conseguir unos niveles de LDL: mínimo: <130 mg/dL, ideal: <110 mg/dL.

9. Es necesario monitorizar el crecimiento: peso, talla, índice de masa corporal y estadio de Tanner.

10. Control de CPK, ALT y AST al inicio y cada 3-6 meses del tratamiento con estatinas.

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Caso clínico

 

Varón de 10 años, derivado a nuestra consulta desde otro centro hospitalario, por hipercolesterolemia desde los dos años, en tratamiento con dieta, resincolesteramina y esteroles vegetales.

Antecedentes personales:

Embarazo y parto normal. PRN: 2.900 g (–1,5 DE), LRN: 48 cm (–1,6 DE). Sin incidencias en el periodo neonatal. Despistaje de enfermedades metabólicas: negativo. Alimentación normal, sin intolerancias. Desarrollo psicomotor normal.

Antecedentes familiares: (ver Fig. 5).

 

Figura 5. Antecedentes familiares.

Exploración física:

Peso: 40 kg (+0,34 DE), Talla: 149 cm (+1,33 DE), IMC: 18 kg/m2 (+0,4 DE).

TA: 105/60 mm HG (<P90).

Buen estado general. Fenotipo armónico. Sin bocio. Sin estigmas cutáneos de dislipemia. Sin alteraciones cutáneas ni adenopatías significativas. ACP: normal. Abdomen: normal. Estadio I de Tanner (testes de 3 ml, pubarquia 1, axilarquia a).

Estudios complementarios:

• Hemograma y bioquímica general: normal.

• Perfil tiroideo normal.

• Vitaminas liposolubles normales.

• Edad ósea: 10 años y 6 meses

• Niveles de lipoproteínas desde el inicio de tratamiento a los 2 años (Tabla V).

• Estudio genético del receptor LDL en sangre al paciente y a la madre:

- Mutación clase A del receptor LDL (c.283 T>G), que da lugar a un cambio de aminoácidos (p.Cys95Gly).

 

 

  
  

 

Microbiota, Probióticos, Prebióticos y Simbióticos

A. Hernández Hdez. *, C. Coronel Rodríguez**, M. Monge Zamorano***, C. Quintana Herrera****
Temas de FC


A. Hernández Hdez. *, C. Coronel Rodríguez**, M. Monge Zamorano***, C. Quintana Herrera****

*Pediatra del Centro de Salud de Tacoronte y Adjunto de guardias del Hospital Universitario de Canarias, Tenerife. **Centro de Salud Amante Laffón (Sevilla) y Vocal Nacional de la SEPEAP. *** Pediatra del Centro de Salud de Tacoronte y Colaboradora del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de Nuestra Señora de la Candelaria, Tenerife. **** Pediatra del Centro de Salud de Tacoronte, Tenerife

 

 

Resumen

La microbiota constituye un complejo ecosistema que establece una relación mutualista con el hospedador. Está compuesta por más de 1.000 especies bacterianas diferentes, con un número de células aproximado de 1014 UFC (100 billones), sobrepasando a las células del cuerpo humano en una proporción de 10 a 1, o sea, el 90% de nuestras células en número, no en masa, son microbios. Cubren una superficie intestinal aproximada de 300 m2, pueden llegar a pesar entre 600-1.500 g, similar al peso de nuestro corazón o cerebro, formando un microbioma con más de 600.000 genes, esto es, 20 veces superior a los genes del hospedador humano, que están en torno a los 25.000-30.000.
Sabemos que la información genética de las comunidades microbianas comensales y del hospedador humano interactúan constituyendo lo que se denomina el metagenoma, que proporciona información sobre el potencial genético de múltiples organismos individuales interactuando como una población, de tal forma que podemos considerar al metagenoma como una extensión del genoma humano. Por tanto, los seres humanos son un superorganismo cuyo metabolismo está constituido por una amalgama de atributos humanos y microbianos.
La microbiota desempeña importantes funciones metabólicas, de barrera defensiva e inmunorreguladora, imprescindibles para el correcto mantenimiento del estado de salud del hospedador; de tal forma que, ha sido considerada como “el órgano olvidado”
(1). Modificaciones del tipo o localización de la misma, se han relacionado con diferentes patologías.
En los últimos años, se ha acrecentado el interés por actuar en corregir, de algún modo, las posibles “disfunciones o alteraciones de este órgano”, mediante la utilización de agentes bioterapéuticos (prebióticos, probióticos y simbióticos), que han sido catalogados como productos nutracéuticos; es decir, de origen natural, beneficiosos para la salud, con propiedades biológicas activas y capacidad preventiva y/o terapéutica definida. Dichos productos nutracéuticos, también se utilizan como complemento en los llamados alimentos funcionales.

 

Abstract

The microbiota is a complex ecosystem which establishes a mutualistic relationship with the host. It is composed of over 1000 different bacterial species, with an approximate number of cells 1014 UFC (100 billion), surpassing the human body cells at a ratio of 10-1, i.e, 90% of our cells in number, no in mass, are microbes. They cover an intestinal surface of 300 m2, can weigh between 600-1500 gm similar to the weight of our heart or brain, forming the microbiome with over 600.000 genes, that is, 20 times higher than the genes of the human host, which are around the 25,000-30,000.
We know that the genetic information of commensal microbial communities and human host interact in what is called the metagenome, i.e. it provides information about the genetic potential of multiple individual organisms interacting as a population, so we can consider the metagenome as an extension of the human genome. Thus, human are a superorganisn whose body metabolism is formed by a mixture of human and microbial attributes.
The microbiota has important metabolic functions, as a defensive barrier and immunoregulatory, essential to the proper maintenance of the state of health of the host, so much so that it has been considered as “the forgotten organ”(1). It is modifications in type or location has been associated with different pathologies The increasing interest, over the recent years, to actively correct in some way the possible “malfunction or alteration of this organ”, through the use of biotherapeutic agents (Prebiotics, probiotics and symbiotic) which have been classified as nutraceutical products, i.e. which are natural origin, beneficial for health, by its therapeutic and/or preventive capacity and for its defined active biological properties. Said nutraceuticals products are also used as complements in so-called functional foods.

 

Palabras clave: Microbiota; Metagenoma; Prebióticos; Probióticos y simbióticos

Key words: Microbiota; Metagenome; Prebiotics; Probiotics and symbiotics

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 337-354


Microbiota, Probióticos, Prebióticos y Simbióticos

 

Flora gastrointestinal

Adquisición, colonización y adaptación de la flora intestinal

Se adquiere desde el momento del nacimiento, en el canal del parto, pero principalmente por la lactancia materna; es estable desde los 2-3 años y susceptible de modificarse mediante cambios dietéticos mantenidos en el tiempo.

Desde el origen del hombre, hace más de 200.000 años, este ha convivido permanentemente en íntima asociación con las comunidades microbianas. Este ecosistema incluye a numerosos microrganismos necesarios para el mantenimiento de la homeostasis intestinal. La mayoría promueve efectos beneficiosos para la salud, pero también contiene otros considerados como potencialmente patógenos por su capacidad de invadir al hospedador.

El recién nacido presenta el intestino estéril y comienza a colonizarse en el parto. Clásicamente, se ha considerado que la principal fuente natural de bacterias era la microflora intestinal y vaginal de la madre durante el tránsito por el canal del parto. Según dicha hipótesis, la composición inicial de la microbiota intestinal estaría determinada fundamentalmente por el tipo de nacimiento (vaginal o mediante cesárea), por la alimentación del recién nacido e incluso por el contacto íntimo que se establece entre la madre y el niño. Estudios recientes demuestran que la microflora vaginal de la madre no se relaciona estrechamente con la microflora fecal del recién nacido y la leche materna se ha mostrado como el principal factor en la iniciación, desarrollo y composición de la microflora del niño, ya que es una fuente continua de bacterias comensales y mutualistas para el intestino del lactante, llegando a contener más de 104 UFC/ml, entre los que se encuentran: estreptococos, enterococos, estafilococos y bacterias lácticas (lactobacillus: L. acidophilus, L. casei, L. fermentum, L. gasseri, L. johnsonii, L. paracasei, L. plantarum, L. reuteri, L. rhamnosus, L. salivarius, etc.). La aplicación de técnicas moleculares a la investigación, como las basadas en el estudio del gen 16S rRNA y su ampliación mediante la reacción en cadena de polimerasa (PCR), han permitido demostrar que, únicamente, una cuarta parte de los neonatos adquieren lactobacillus maternos vaginales en el momento del nacimiento, y que incluso en tales casos, esos lactobacillus no llegan a colonizar de forma permanente el intestino del lactante, ya que son reemplazados rápidamente por otros lactobacillus asociados a la leche materna(2).

Por otra parte, se ha demostrado la presencia de bacterias en muestras de líquido amniótico y en sangre del cordón umbilical, procedentes del intestino materno en neonatos sanos, nacidos tanto por parto vaginal como por cesárea. Estos hallazgos sugieren que existe un flujo de ciertas bacterias desde el intestino de la mujer sana al intestino del feto vía transplacentaria y entero-mamaria, en los que las células dendríticas tienen un papel importante(3).

Después del nacimiento, diversos géneros de bacterias aerobias o anaerobias facultativas, como enterobacterias, E. coli, estreptococos y estafilococos, consumen el oxígeno del ambiente intestinal y progresivamente se establecen las bacterias anaerobias, como: bacteroides, clostridium, ruminococcus, bifidobacterium, a partir de los 10 días, son detectables los lactobacillus. En pocos días, el número de bacterias alcanzan de 108 a 1010 UFC/g de heces. En determinadas circunstancias, como en los partos por cesárea, la colonización tiene lugar a partir del medio ambiente, quirófano, material médico, contacto con la madre, etc., retrasándose la adquisición de la flora intestinal permanente.

El conocimiento de la composición de la flora intestinal del recién nacido pretérmino es muy escaso. Su principal característica es el bajo número de especies bacterianas, fundamentalmente son enterobacterias, y el establecimiento de flora anaerobia es más tardío. A diferencia de lo que ocurre en el recién nacido a término, en el pretérmino, la forma de parto influye poco en el tipo de colonización.

El tipo de alimentación determina, en gran parte, el establecimiento de la flora microbiana. En los niños amamantados, predominan las bifidobacterias (longum, breve e infanctis), suponen el 90%, y en menor concentración lactobacillus (acidophilus, gasseri, johnsonii), con pocos bacteroides, coliformes y clostridios; mientras que, en los lactantes alimentados con leche adaptada, predominan los bacteroides, enterococos, coliformes y clostridios, y en menor proporción bifidobacterias, con una flora más diversa y similar a la de los adultos.

La lactancia materna constituye un factor clave en el desarrollo de la microbiota intestinal del recién nacido, ya que la leche materna proporciona un aporte continuo de bacterias durante la lactancia. Es posible que se trate de la principal fuente de bacterias para el recién nacido, dado que el lactante ingiere unos 800 ml de leche/día, por lo que recibe entre 105-107 bacterias/diarias. Por otra parte, aporta moléculas de anticuerpos específicas y moléculas de la inmunidad inmediata, que de alguna forma neutralizan parte de estas bacterias. Además, el elevado contenido de oligosacáridos, más de 200, con predominio de los galactooligosacáridos (GOS), en concentraciones de 15-23 g/l en el calostro o de 12-14 g/l en la leche materna, favorece la selección y el crecimiento de una flora bifógena en el colón del niño. El rol de estas bacterias es fundamental en la inducción de la inmunidad adaptativa. Con el inicio del destete y la introducción de la alimentación complementaria, la ingesta de leche materna se va reduciendo hasta su completa sustitución. Ello produce cambios en la composición de la microbiota intestinal del niño, desapareciendo las diferencias entre la de los niños amamantados y los alimentados con fórmula, al incorporarse a la alimentación del adulto entre los 10-18 meses, donde predominan más bifidobacterias spp que bacteroides spp, altos niveles de enterobacterias y enterococos y bajos de lactobacillus spp. Se considera que las bacterias dominantes en la flora de los niños de 2 años son similares a la del adulto(4). Esta es más o menos estable para cada individuo, dado que el sistema inmune reconoce y tolera a las especies bacterianas adquiridas en la primera etapa de la infancia.

La flora bacteriana, aunque es relativamente estable, puede variar de un individuo a otro, o incluso en el mismo individuo por diferentes circunstancias: tipo de dieta, estrés, infecciones, ingestión de antibióticos, que pueden producir cambios transitorios. El propio envejecimiento origina una inmunosenescencia, con agotamiento de células T y cambios en la flora intestinal, consistente en un incremento de anaerobios facultativos, a la vez que disminuyen las bacterias beneficiosas como lactobacillus y bifidobacterias.

Poblaciones de diferentes países presentan diferente composición de la microflora intestinal en función de la dieta ingerida. La microbiota de las poblaciones occidentales, que ingieren más cantidad de grasa y proteínas de origen animal y un bajo contenido de fibra, parece contener mayores niveles de bacteroides y clostridium (filo firmicutes), y menor de bacterias lácticas que la microbiota de las poblaciones orientales. La alimentación propia de las poblaciones rurales africanas (niños de Boupan en Burkina Faso) u otras de Malwii o amerindios, con dietas ricas en polisacáridos y proteínas vegetales no digeribles, favorece que predomine el género de bacterias prevotella(filo bacteroidetes), con una alta representación de genes que codifican la a-amilasa. Esto hace pensar que determinadas dietas, seguidas a largo plazo, permitan también modular los enterotipos intestinales que pudiesen mejorar la salud(5).

Composición de la flora intestinal

Los estudios mediante técnicas moleculares de secuenciación genética han hecho posible desentrañar la composición de la microbiota y su microbioma, identificando tres enterotipos predominantes: Bacteroides, Prevotella y Ruminococcus, aunque hay otros comensales menos numerosos, pero de importante trascendencia.

La composición de la microbiota intestinal era poco conocida, dado que los métodos tradicionales de cultivos in vitrode muestras biológicas de heces son de poca utilidad. Se calcula, que el 80% de las especies no pueden cultivarse, debido a que la gran mayoría son anaerobias estrictas y requieren condiciones físicas y nutricionales concretas. Dichas técnicas no aportaban información sobre la diversidad bacteriana y los recuentos podían dar resultados falsos, si las bacterias tienden a unirse y formar agregados. Otros métodos estudian alguna de las actividades enzimáticas de origen bacteriano, pero estas no son específicas de los microorganismos de un determinado grupo y, además, existe una gran variabilidad metabólica entre especies e incluso entre distintas cepas de una misma especie. Sin embargo, este era, hasta hace poco tiempo, el único método disponible para intentar desentrañar las características de la compleja población microbiológica que constituye el microbioma.

Los datos obtenidos con los análisis de ADN bacteriano (metodología molecular basada en la secuenciación del gen 16S rRNA y rDNA) han ampliado de forma notable el conocimiento, aportando datos sobre la composición de las comunidades de bacterias del intestino humano, contribuyendo también a revelar sus propiedades funcionales.

Existen dos proyectos a escala mundial que están marcando la dirección en esta nueva vía de conocimiento: el Metagenomics of the Human Intestinal Tract (MetaHIT) en Europa y el Human Microbiome Project (HMP) en Estados Unidos. Estos proyectos nos permiten definir el microbioma, como: la totalidad de bacterias, su información genética y las formas en que interactúan entre ellas mismas y con el hospedador humano. Descubren que solo un pequeño número de especies son compartidas por todas las personas, clasificando a los individuos según tres enterotipos, identificados por la variación en la cantidad de cada uno de los tres géneros predominantes a nivel colónico: enterotipo 1 Bacteroides; enterotipo 2 Prevotella; enterotipo 3 Ruminococcus(6) (Tabla I).

 

Las bacterias constituyen la mayor parte de la flora en el colon y hasta el 60% de la masa seca de las heces. La microflora está formada por más de un millar de especies, pero es probable que el 99% de las bacterias provengan de unas 30 o 40 especies, los hongos, protozoos y arqueas, también forman parte de la flora intestinal, pero es poco conocida su actividad. En su inmensa mayoría, son anaerobias, aunque en el ciego coexisten con otras bacterias aerobias. Solo una pequeña proporción de los filos de bacterias detectados en la biosfera, 9 de los 70 conocidos, han evolucionado en asociación con el intestino humano y uno de arqueas de entre los 13 descubiertos. Los cuatro filos dominantes en el intestino humano por orden numérico son: Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacteria y Proteobacteria. La mayoría de las bacterias pertenecen a los géneros Bacteroides, Clostridium, Fusobacterium, Eubacterium, Ruminococcus, Peptococcus, Peptostreptococcus y Bifidobacterium. Otros géneros, tales como Escherichia y Lactobacillus, están presentes en menor medida. La especie de los géneros Bacteroides constituye aproximadamente el 30% de todas las bacterias del intestino, lo que sugiere que este género es especialmente importante en el funcionamiento del huésped. Los géneros actualmente conocidos de hongos de la flora intestinal incluyen: Cándidas, Saccharomyces, Aspergillus y Penicillium. Las arqueas constituyen otra gran clase de la flora intestinal, que es importante en el metabolismo fermentativo y producen metano.

Cabe destacar que hay microorganismos que, pese a pertenecer a los filos menos abundantes en el tracto gastrointestinal humano, pueden tener una gran influencia en el mantenimiento de la salud y en el desarrollo de la enfermedad. Por ejemplo: las proteobacterias, entre las que se encuentran patógenos implicados como agentes etiológicos en el desarrollo de la colitis ulcerosa; la E. coli como etiología de muchas sepsis; Bacteroides, como causa de abscesos; los enterococos, que pueden originar endocarditis bacteriana; y los clostridium histolyticum, causantes de la gangrena gaseosa. Otro ejemplo, en este caso de microorganismos considerados probióticos, son las bifidobacterias, un género de bacterias Gram positivas anaerobias estrictas, pertenecientes a los Actinomycetes, que constituyen tan solo del 3 al 5% de la microbiota presente en el colon. Los lactobacilos, un género de microorganismos anaerobios facultativos pertenecientes al filo Firmicutes, con una amplia presencia en productos alimentarios fermentados, considerados probióticos, que presentan unos niveles bajos en el colon o en heces, pero que, sin embargo, son predominantes en el estómago y especialmente en el intestino delgado, pudiendo constituir hasta el 50% de la microbiota del íleon adulto(7).

Distribución espacial de la flora intestinal

Podemos considerar que, a partir del esófago, prácticamente aséptico, la microflora presenta un gradiente creciente en cantidad y variedad, siendo escasa en el estómago, para irse incrementando a partir del intestino delgado y máxima en el colon, donde desempeñan sus principales funciones.

La distribución de la microflora no es homogénea a lo largo del tubo digestivo, sino que la colonización y persistencia de determinadas poblaciones bacterianas en diferentes tramos del intestino, va a depender de un equilibrio entre los mecanismos defensivos de este (la saliva con la lisozima, ácido gástrico, secreción de inmunoglobulinas (IgA), sales biliares, secreciones proteolíticas pancreáticas, el propio moco intestinal que actúa a modo de barrera mucosa, la tolerancia inmunológica del huésped, etc.) y la capacidad de estas bacterias de sobrevivir a dichas condiciones extremas, de tal forma que el control del crecimiento bacteriano nunca es absoluto, estableciéndose diferentes nichos a lo largo del mismo. El número y el tipo de bacterias son variables a lo largo del intestino, no existiendo prácticamente en el esófago y son máximas en el colon.

En la boca, encontramos multitud de bacterias, protozoos y levaduras, con discutible papel mutualista de muchos de ellos. Algunos causan caries y otros problemas dentales, debido a que producen ácido que ataca el esmalte dental.

El esófago no presenta colonización permanente, se trata de una cavidad virtual por la que la comida se abre paso a su través y arrastra a los posibles microorganismos que pudieran establecerse en él.

En el estómago de personas no infectadas por el H. Pylori, encontramos una alta diversidad de microflora: estreptococos, actinomicetos (bifidobacterias), prevotella, gemella, que también predominan en la orofaringe, por lo general, en tránsito y no colonizadores. En los individuos colonizados por H. Pylori, esta bacteria constituye el 90% de la microbiota gástrica y el resto queda muy reducido a algunos lactobacillus. El estómago y duodeno albergan un número reducido de microorganismos que se adhieren a la superficie mucosa o están de paso, separados por una capa de moco en concentraciones de 103-104 UFC/ml. La mucosa gástrica favorece la digestión mediante la secreción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas. El ácido clorhídrico estomacal hace que el pH alcance niveles muy bajos, cercanos a uno. Muy pocos microorganismos sobreviven a estas duras condiciones, por lo que constituye una de las defensas más eficaces frente a patógenos potenciales.

El número de bacterias aumenta a medida que nos acercamos al colon, desde 104 UFC/ml en el yeyuno a 107/ml en el extremo del íleon, donde se encuentran algunos aerobios obligados y un predominio de anaerobios Gram negativos, frente a Gram positivos como los lactobacillus (filo firmicutes, género ruminococcus), pudiendo constituir hasta el 50% de la microbiota del íleon. La elevada motilidad del intestino delgado, con un tiempo de tránsito de 4 a 6 horas, dificulta la adhesión y el crecimiento microbiano. Además, se vierten al mismo, las sales biliares y las enzimas digestivas, y los microorganismos han de competir por los azúcares fácilmente absorbibles con el hospedador. La presencia del gen de la hidrolasa de las sales biliares es considerada un marcador de adaptación microbiano al tracto gastrointestinal, al suponérsele un papel en la tolerancia ácida y a la bilis(8).

En el colon, el tránsito es lento, el tiempo de residencia de más de 50 horas permite una intensa interacción lumen-mucosa. El epitelio tiene una superficie plana con invaginaciones que forman criptas. El pH es más ácido (5,5-5,9) en el ciego y colon proximal y más neutro (6,5-5,9) en las porciones más distales, frente al pH ácido del estómago y porciones iniciales del intestino delgado. Los microorganismos disponen de nutrientes: carbohidratos complejos de la dieta que no han podido digerirse, fibra, restos desprendidos de la mucosidad intestinal, células muertas procedentes de la renovación del epitelio y compuestos obtenidos a partir de las actividades metabólicas de otros miembros de la microbiota, lo que facilita la posibilidad de proliferar degradando dichos sustratos, a pesar de una osmolaridad relativa elevada y un nivel de oxígeno variable en la mucosa, aun siendo el lumen principalmente anóxico. Además de una enorme densidad de bacterias en el colon, 1011-1014UFC/g, hay una gran variedad, más de 1.000 especies, predominando mayoritariamente los anaerobios estrictos (90%), como: firmicutes, Fc. ecolibacterium, eubacterium rectale, rosebacteria spp y bacteroides, y el 10% restante está formado por los actinobacterius (bifidobacterium) y las proteobacterias (eschericias). En su conjunto, dan lugar a un ecosistema extraordinariamente maduro y resistente a la inducción de cambios desde el exterior, lo que se denomina homeostasis intestinal o “equilibrio de Nash”. Sin embargo, las variaciones significativas, como exposición a antibióticos, infecciones entéricas o cambios dietéticos prolongados en el tiempo, pueden conducir a un desequilibrio, que se traduzca en un nuevo estado de equilibrio, con una composición distinta a la original. Esto es lo que se pretende conseguir, en su caso, con la ingesta de prebióticos o probióticos, o con trasplantes fecales(9).

Funciones de la microbiota intestinal

Función metabólica, de barrera intestinal y de modulación inmunológica.

Cada día se descubren nuevas funciones de la microbiota intestinal y su influencia en la fisiología del hospedador. Una de las más conocidas es la metabólica, pero otras funciones no menos importantes son: la de formar parte de la barrera intestinal, evitando la anidación y penetración de patógenos, y la de modular el sistema inmuntario(10). También, interviene en la angiogénesis intestinal, incluso en la interacción entre el sistema nervioso central y el entérico.

La importancia de la microbiota para el hospedador se ha evidenciado al comprobarse que animales con intestinos estériles, libres de bacterias, pueden sobrevivir, pero necesitan unos mayores requerimientos energéticos, hasta el 30% más de calorías, y mayor variedad de nutrientes. Suelen tener menor peso corporal y de órganos vitales (cerebro, corazón, pulmones, hígado, riñones) que los controles criados en condiciones normales. Además, presentan una pared intestinal atrófica, con alteraciones de la motilidad intestinal, bajo gasto cardiaco, baja temperatura corporal y metabolismo reducido, con cifras elevadas de colesterol en sangre. Ello indica, que la presencia de bacterias es fundamental para el adecuado aprovechamiento nutricional. Por otra parte, estos animales sin microbiota, presentan un sistema inmunitario con bajos niveles de inmunoglobulinas plasmáticas, ganglios atróficos y menor nivel de linfocitos en la mucosa intestinal, con una mayor susceptibilidad a sufrir infecciones; prueba de que, para un adecuado desarrollo del sistema inmunitario es necesario la presencia de microflora actuando sobres estructuras inmunocompetentes(11).

Antes de comentar cada una de estas funciones, metabólica, de barrera, e inmunorreguladora, recordamos las estructuras anatomo-histológicas implicadas y la disposición de la microflora.

Recuerdo anatomo-histológico de la barrera intestinal y la disposición de la microflora intestinal

La microflora intestinal flota, en su mayor parte, en las heces, y una porción de la misma se adhiere al moco que recubre el epitelio intestinal. Este está formado por enterocitos y células califormes en las vellosidades, y por células madre, células de Paneth y células M en la base de las mismas y en las criptas. Este epitelio descansa, por su membrana basal, sobre la lámina propia, infiltrada por células dendríticas y por GALT (tejido linfoide asociado a la mucosa intestinal).

La microbiota, en su mayoría, está en la luz intestinal y ha de interactuar con la mucosa intestinal, que está formada básicamente por epitelio, con su membrana basal y lámina propia, rodeado a su vez por una capa de mucus, donde quedan atrapadas la mayoría de las bacterias intestinales, constituyendo una compleja estructura fisicoquímica que actúa a modo de barrera intestinal (Fig. 1).

 

Figura 1. Esquema tridimensional del corte intestinal con las diferentes células.

El epitelio intestinal está formado por diversos tipos celulares especializados. El epitelio del intestino delgado forma vellosidades que alternan con criptas, mientras que el epitelio del intestino grueso es plano con invaginaciones o criptas. El epitelio está en renovación constante durante toda la vida a partir de células madre localizadas en las criptas a media altura. Las células absortivas o enterocitos y las caliciformes (secretoras de mucus) migran hacia la parte superior de las vellosidades, mientras que las enteroendocrinas (que participan en la regulación de la función intestinal), las células de Paneth (que secretan sustancias antimicrobianas y hormonas) y las células M (células epiteliales modificadas que participan en la presentación de antígenos) están localizadas en la base de las vellosidades y sobre folículos linfoides asociados a las placas de Peyer.

La barrera está constituida por el epitelio de enterocitos, fuertemente cohesionados por los las uniones estrechas (tight junctions), uniones adherentes y los desmosomas, así como con mecanismos de contracción del citoesqueleto de actomiosina. El epitelio descansa sobre la membrana basal, que lo separa de la lámina propia. Esta se localiza bajo la membrana basal y está constituida por tejido conectivo laxo que contiene capilares y presenta una gran concentración de células del sistema inmunitario e inmunoglobulinas.

El GALT o tejido linfoide asociado a mucosas del tracto gastrointestinal (Gut Associated Lymphoid Tissue) se localiza a este nivel; es, sin duda, el mayor órgano del sistema inmune del cuerpo, al contener la mayor fuente de células inmunocompetentes del mismo. Contiene más de 106 linfocitos por gramo de tejido y aproximadamente el 60% del total de inmunoglobulinas producidas diariamente (40-60 mg/kg/día), que son secretadas al tracto gastrointestinal. En el GALT pueden distinguirse dos componentes:

El GALT organizado, constituido por folículos linfoides aislados, folículos linfoides asociados o placas de Peyer y ganglios linfáticos mesentéricos.

El GALT difuso, integrado por poblaciones de linfocitos dispersos a lo largo del epitelio, linfocitos intraepiteliales y de la lámina propia del intestino.

 

En la lámina propia, hay un enorme número de células B, la mayoría se acaban diferenciando en células plasmáticas secretoras de IgA. Las células dendríticas son células mieloides derivadas de los monocitos, de carácter fagocítico, consideradas fagocitos profesionales, que se extienden por todo el organismo cerca de las superficies en contacto con el medio externo y también en estado inmaduro en la sangre. En el intestino, se localizan en la lámina propia y proyectan prolongaciones, como si de periscopios se tratara, entre los enterocitos para sondear antígenos y bacterias del lumen (Fig. 1 y 2).

 

Figura 2. Recuerdo anatómico funcional de la microbiota-mucus-epitelio-GALT.Nature Reviews/Immunology.

La luz del tubo está en contacto con una capa de mucus constituida por glicolípidos y glicoproteínas grandes y altamente glicosiladas, llamadas mucinas. En los humanos, existen 18 tipos de mucinas, siendo MUC2 la predominante, tanto en el intestino delgado como en el grueso. El mucus actúa como una separación física entre el lumen y el epitelio, y sirve de marco para el desarrollo de interacciones bacteria-bacteria y bacteria-hospedador, además de ser un lubricante para la motilidad intestinal. El mucus es también un importante mecanismo de defensa al proteger a la mucosa de daños y facilitar la reparación de lesiones. El grosor y la viscosidad del mucus aumentan a medida que nos desplazamos de las zonas proximales a las distales del tracto intestinal. Comprende dos subcapas, una en contacto con la luz, más gruesa e hidrosoluble, menos viscosa y fluida, que puede ser alcanzada por bacterias cocoides, como bacteroides y clostridium, que no pueden penetrar en la otra capa de mayor viscosidad, al reabsorberse su contenido acuoso, en forma de gel insoluble, fuertemente adherida a los carbohidratos de superficie de las células epiteliales, de grosor menor y más constante, libre de microorganismos en los individuos sanos. Como se verá más adelante, los microorganismos considerados probióticos (algunos bifidobacterium y lactobacilos) podrían actuar a nivel de esta capa de mucus promoviendo la secreción de este, como mecanismo de mejora de la función barrera y exclusión de patógenos(12).

La mayoría de la flora comensal vive en el interior de las heces, siendo sus concentraciones máximas en la superficie cerca del moco, otras, como las Enterobacteriaceae y Verucomicriaceae, estarían en la frontera entre las heces y el moco; por último, el grupo de los Bifidobacteriaceae se localizarían por fuera de este moco, o lo que es lo mismo, más próximas a la superficie epitelial(9).

La función metabólica

La flora comensal degrada los restos carbonados y proteicos no digeridos en el intestino delgado, dando lugar a ácidos grasos de cadena corta y a otros que modifican el pH intestinal, favoreciendo la absorción de oligoelementos. Además, contribuye a regular el metabolismo del colesterol y constituye un aporte de energía extra para el organismo, al tiempo que sintetiza vitaminas y metaboliza sustancias tóxicas.

El resto de nutrientes no digeridos en el intestino delgado, en su mayoría carbohidratos de origen vegetal (almidón, celulosa, hemicelulosa, inulina, oligosacáridos que escapan a la digestión, azúcares y alcoholes no absorbidos), cuando alcanzan el colon proximal, constituyen el sustrato para la proliferación microbiana y su fermentación, gracias a las diferentes capacidades enzimáticas de estos microorganismos (diversas glucosidasas), dando lugar a la formación de ácidos grasos de cadena corta (AGCC): ácido acético, propiónico y butírico, que juegan un importante papel fisiológico como veremos. Otras sustancias producidas son etanol y ácido láctico. Todos ellos contribuyen a acidificar el colon proximal y el ciego (pH 5,5-5,9), favorecen la absorción de otros oliogoelementos, como el hierro, calcio y magnesio, y mejoran la biodisponibilidad del zinc, cobre y fósforo. También, se generan gases, como el dióxido de carbono, metano e hidrógeno, que pueden ser expulsados en el aire espirado y, en su mayoría, por las heces, al igual que, al menos, el 10% de los AGCC originados por las bacterias.

El butirato es utilizado como fuente de energía por el colonocito, también contribuye a su trofismo, regulando su diferenciación celular y disminuyendo el riesgo de cáncer de colon induciendo la apoptosis tumoral. El acetato y el propionato llegan sin modificarse al hígado. El acetato se utiliza para la síntesis de colesterol y la lipogénesis en el hígado. El propionato actúa como inhibidor competitivo del transporte del acetato hacia el interior de los hepatocitos. Esto explica que animales de experimentación alimentados con determinados hidratos de carbono, reduzcan los niveles de colesterol sérico y hepático. El acetato y el propionato también intervienen en el metabolismo hepático de la glucosa, reduciendo la glucosa postprandial y la respuesta insulínica.

En el colon izquierdo, donde el pH es más neutro (6,5-6,9), con crecimientos bacterianos más lentos, predomina una actividad proteolítica. Aquí, los restos proteicos no digeridos llegan en cantidades de 5-20 g/día, junto con las proteínas procedentes del moco, de bacterias lisadas o de enterocitos muertos, que se degradan originando AGCC y ácidos grasos de cadena ramificada, como el isobutirato, metilbutirato o isovalerato. Además, estas bacterias que degradan los restos proteicos pueden originar metabolitos potencialmente perjudiciales para la salud como determinadas aminas heterocíclicas, indoles y fenoles(13).

Por otra parte, la microflora del colon tiene un protagonismo importante en la producción de vitaminas, como la biotina, riboflavina, ácido pantoténico, piridoxina, cianocobalamina y vitamina K. En este proceso, participan bacterias Gram positivas y Gram negativas.

Función de barrera defensiva frente a patógenos

La desarrolla la flora comensal compitiendo por los nutrientes, mejorando el propio trofismo del epitelio intestinal, reforzando uniones estrechas, estimulando producción de moco y de antibacterianos, y por exclusión competitiva gracias a complejos mecanismos de adherencia preferencial de comensales sobre patógenos.

La microbiota ejerce un potente efecto defensivo frente a la colonización de patógenos y oportunistas, reforzando la función de barrera intestinal constituida por los enterocitos y el propio mucus que los rodea, mediante varios mecanismos (Fig. 3). El más elemental es la competencia por los nutrientes; de ahí, que haya diferentes nichos ecológicos en las diferentes partes del intestino según las necesidades nutricionales. Esto constituye la base para el uso de prebióticos que favorezcan el desarrollo selectivo de flora probiótica beneficiosa frente a patógenos. Otros mecanismos más complejos e inespecíficos son:

 

Figura 3. Funciones comunes de la flora comensal y probióticos.

La producción de sustancias antimicrobianas (ácidos orgánicos, peróxido de hidrógeno, etanol, ácido láctico) o bien la excreción de sustancias antibióticas naturales (bacteriocinas, toxinas antimicrobianas de tipo proteico producidas tanto por los Gram negativos, colicinas y microcinas, como por los Gram positivos, antibióticos como la nisina).

Estimular la secreción del mucus por las células califormes, lo que inhibe la unión de enteropatógenos al epitelio intestinal. También, se ha visto que la microbiota y algunos probióticos (B. bifidum) producen glicosidasas que degradan los carbohidratos asociados a las mucinas intestinales y, por lo tanto, pueden destruir los receptores de mucus donde se iban a fijar patógenos.

Incrementar la secreción por parte del enterocito de péptidos antimicrobianos como las beta-defensinas.

Favorecer la estabilidad de las uniones estrechas, disminuyendo la permeabilidad epitelial a patógenos y sus productos a través de los receptores TLR2 (Toll-Like receptors) de los enterocitos, al ser estimulados por ciertas bacterias comensales, aumentan la expresión de los complejos laterales de unión (ocludina, las caudinas y zónula ocludens-1), como se ha comprobado en modelos murinos de colitis inducida.

Promover la homeostasis intestinal de renovación y proliferación de enterocitos a través de rutas de señalización específicas, proteínas bacterianas que son capaces de estimular la fosforilación del EGF (Epidermal Growth Factors), promoviendo la supervivencia celular al inactivar vías proapoptóticas y estimular la proliferación celular(14).

Lo que se ha llamado “la exclusión competitiva”, quizás uno de los principales mecanismos, que hace referencia a la capacidad de la flora comensal de adherirse a los mismos sitios de unión que los patógenos en el mucus y en el epitelio intestinal, bien impidiendo su unión o bien desplazándolos del mismo. Los mecanismos de adherencia de las bacterias al epitelio y al moco intestinal son propios de cada cepa y un rasgo ideal para favorecer la colonización y el mantenimiento de la flora comensal desplazando a la flora patógena.

 

El lumen del intestino está recubierto por carbohidratos, la fracción polisacárida de las mucinas y el glicocálix de las células del epitelio intestinal, que son sitios potenciales de unión para las adhesinas bacterianas. En el proceso de adhesión, concurren interacciones inespecíficas, como las hidrofóbicas y electrostáticas, propiciadas por la naturaleza físico-química de las superficies bacteria-mucus-epitelio, e interacciones específicas, del tipo ligando-receptor, mediante polisacáridos extracelulares, proteínas y/o ácidos lipoteicoicos de la superficie bacteriana, que le confieren esa capacidad específica de adherencia.

Los factores no proteicos de la superficie bacteriana que median en la adhesión inespecífica de bacterias son:

Los ácidos lipoteicoicos, que confieren hidrofobicidad a la superficie bacteriana.

Los exopolisacáridos, que participan en la interacción inespecífica con superficies bióticas y abióticas al contribuir a determinar alguna de las propiedades físico-químicas de estas superficies que interactúan. Están directamente implicados en la adherencia, pues son responsables de enmascarar a otras adhesinas de superficie. Por ejemplo, el L. Rhamnosus GG, al que se muta la capacidad de producir la biosíntesis de estos exopolisacáridos, aumenta considerablemente su adherencia al mucus y a células epiteliales, así como su capacidad de formación de biofilms al quedar expuestas otras adhesinas de superficie, tipo fimbria, anteriormente enmascaradas por los exopolisacáridos(15).

Las adhesinas son un factor de virulencia en los patógenos y sirven para adherirse al epitelio e invadir los diferentes órganos de forma más específica. Los comensales comparten algunos de estos mecanismos de adherencia, que pueden clasificarse según la diana de unión, su localización en la superficie bacteriana o forma de anclaje. Se han descrito multitud de adhesinas bacterianas de la flora comensal y de los probióticos, algunas de las cuales nombramos a continuación por su relevancia en la actividad de estos últimos:

- Adhesinas del mucus, como la mucus binding protein (Mub).

- Adhesina específica de la manosa tipo lectina (Msa).

- La Spac, que confiere al L. rhamnosus GG el pilo con gran capacidad de adherencia al mucus y epitelio, responsable también de la inmunomodulación.

- Proteínas de la capa de superficie (S-Layer), que forman una especie de envoltorio poroso que rodea y se ancla en la pared bacteriana constituyendo un escudo defensivo, incluso puede considerarse como factor de virulencia para los patógenos, y sirve para adherirse a las células epiteliales y proteínas de la matriz extracelular, si quedase expuesta (colágeno y fibronectina), posibilitando a algunos lactobacillus (L. acidophilus) adherirse a las mismas para prevenir la invasión de bacterias patógenas. Además, pueden interactuar con receptores de las células dendríticas modulando la producción de interleuquinas y, por lo tanto, forman parte de los mecanismos de comunicación bacteria-célula epitelial-sistema inmunológico.

- Proteínas moonlighting (proteínas pluriempleadas), se trata de proteínas citoplasmáticas con expresión en superficie y función diferente a la del citoplasma. Aquí, desempeñan función de virulencia y adherencia, tanto a mucinas como a células epiteliales, como es el caso del L. Johnsonii. Algunas de estas adhesinas, además, pueden desempeñar funciones de chaperonas (son proteínas encargadas de la reestructuración espacial de otras proteínas para dotarlas de una actividad determinada).

Función de inmunomodulación

La microflora actúa modulando la respuesta tolerogénica de homeostasis intestinal Th2, frente a la proinflamatoria Th1, mediante un complejo mecanismo de señales intercelulares, en las que las bacterias, células epiteliales, células dendríticas y del sistema inmunológico actúan coordinadamente con el objetivo de eliminar patógenos, permitir la supervivencia de comensales y la tolerancia a los alimentos.

La mucosa intestinal es la mayor interfase entre el sistema inmunitario (SI) y el medio externo. La microbiota desempeña un papel importante en el desarrollo y maduración del tejido linfoide asociado a la mucosa intestinal GALT (Gut Associated Lymphoid Tisue). Esto se evidencia, porque los recién nacidos y animales criados en condiciones de asepsia total presentan un sistema inmunitario, tanto celular como humeral, poco desarrollado(11).

El sistema inmunitario en mamíferos dispone de mecanismos innatos y adaptativos para proteger al individuo de patógenos ambientales. Los mecanismos innatos funcionan independientemente de exposiciones previas a agentes infecciosos y lo constituyen las barreras mecánicas (piel y epitelio de las mucosas) y los componentes celulares, principalmente macrófagos y neutrófilos. Los macrófagos representan el 10-20% de todas las células mononucleares de la lámina propia, por lo que el intestino constituye el mayor reservorio humano. Estas células despliegan una potente actividad fagocítica y bactericida y son los principales elementos funcionales del SI innato. A la barrera física que supone el epitelio (formado por enterocitos y colonocitos con sus uniones estrechas laterales y el borde en cepillo), se suma la producción de moco por parte de las células caliciformes (que dificulta la adherencia de microorganismos al quedar atrapados en él, eliminándose por el peristaltismo) y la incorporación a la luz intestinal de lisozimas, enzimas hidrolíticas con actividad bactericida, y un amplio espectro de péptidos con actividad antimicrobiana (más de 500), producidos por las células de Paneth, que funcionan abriendo poros en las paredes de las bacterias.

La inmunidad adaptativa se desarrolla en tejidos linfoides asociados a la mucosa intestinal o GALT, requiere de contacto previo con el agente invasor y pone en marcha una respuesta mediante la activación de linfocitos T, linfocitos B, células plasmáticas, formación de IgA y otros elementos moleculares de activación e inhibición de las diferentes células (interleuquinas, citoquinas y otros). Ambos mecanismos actúan de manera coordinada y conducen finalmente a la instauración de la memoria inmunológica (linfocitos T y B de memoria).

Existe un nexo de unión, interacción o comunicación entre el sistema innato, la microbiota intestinal y el sistema adaptativo, de tal forma que se ponga en marcha una respuesta rápida y eficaz ante la presencia de patógenos u otros antígenos nocivos, con la finalidad de eliminarlos, así como una supresión o cese de esta actividad, una vez desaparezca dicho peligro, y también una actividad tolerogénica ante la presencia de flora comensal y alimentos. Este equilibrio es fundamental en la supervivencia de la propia flora del hospedador y en la modulación inmunológica; la alteración del mismo conduce a enfermedades autoinmunes y a enfermedad inflamatoria crónica, como la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad celíaca y otras alergias alimentarias.

En este nexo de unión, se involucran diferentes células:

Células M, son células epiteliales modificadas del epitelio intestinal, que se encuentran sobre zonas que recubren nódulos linfoides y placas de Peyer. Captan por endocitosis partículas antigénicas solubles, incluso microorganismos íntegros, desde la luz intestinal. En su citoplasma, se procesan y después se presentan a los linfocitos intraepiteliales, mediante el complejo mayor de histocompatibilidad tipo I (CMH I). Estos atraviesan la membrana basal hasta los nódulos linfoides y desencadenan la respuesta inmune.

Los macrófagos y las células dendríticas (CD) se consideran las células profesionales presentadoras de antígenos (CPAs) más potentes que existen. Se encargan de reconocer antígenos del lumen intestinal (patógenos, comensales, alimentos), procesarlos, devolverlos a la superficie y, mediante el CMH II, presentarlos a los linfocitos del SI adaptativo para originar básicamente una respuesta proinflamatoria, orientada a la eliminación de patógenos u otros agentes nocivos, o una respuesta tolerógenica ante bacterias comensales u otras moléculas que son reconocidas como propias. Ello es posible mediante la interacción de diferentes moléculas o productos bacterianos denominados, genéricamente, patrones moleculares asociados a patógenos (PAMPs), que son reconocidos por unos receptores celulares reconocedores de dichos patrones (PRRs patterm recognistion receptor) localizados tanto a nivel de la superficie de la membrana extracelular, Toll-like receptors (TLR), como intracelulares a nivel citoplasmático (nucleotide-binding oligomerization domain/caspese recruiment domain NOD/CARD: (dominios de oligomerización ligados a nucleótidos/dominios de reclutamiento de caspese), así como los genes tipo helicasa inducibles por ácido retinoico (RIG-like helicasa).

 

Los PRRs tienen una amplia expresión tanto en células del SI innato (monocitos, macrógafos tisulares, células dendríticas, células epiteliales, enterocitos y células endoteliales), como del sistema adaptativo (linfocitos T y B). Como consecuencia de la interacción PAMPs y PRRs, se produce la activación de señales intracelulares que involucran la disociación del complejo formado por el factor nuclear kappa (NF-kB) y su proteína reguladora, el inhibidor de kB (I kB), que conducen a la expresión de distintos mediadores proinflamatorios (INFa, IL1b, IL6, IL8, IL12), que generan quimiotaxis, fagocitosis, producción de especies reactivas de oxígeno y polarización de la respuesta Th1/Th2 hacia Th1 (proinflamatoria) por influencia principalmente de IL12. En resumen, la interacción PMPs y PRRs culmina con la producción de citoquinas inflamatorias, quimioquinas o interferón.

Las células del sistema adaptativo que van a responder son diferentes poblaciones de linfocitos que comentamos a modo de recordatorio en la tabla II(16).

 

 

Los receptores Toll-like (TLR), del alemán coloquial “toll”, raro/extravagante, son receptores transmembrana de señalización. Todos los TLR’s comparten la misma estructura: un gran dominio extracelular, que consiste en repeticiones ricas en leucina (LRR’s) y una secuencia franqueadora rica en cisteína, un dominio transmembrana y una porción citoplasmática similar al receptor de IL-1 llamado TIR (Toll/IL-1Receptor). El dominio extracelular tiene la capacidad de unión al ligando, mediante las LRR’s, siendo las responsables del reconocimiento de los diferentes PAMP’s, y el dominio TIR media la señal intracelular en presencia de ligandos. Los dominios extracelulares son más variables que los citoplasmáticos entre diferentes TLRs, reflejando la diferencia entre sus ligandos. Sin embargo, estos receptores no tienen tanta diversidad como los receptores de los linfocitos T, ni como los anticuerpos, porque se codifican en genes somáticos no recombinados. Después de unirse a su ligando (PAMPs), algunos TLRs en su porción citoplasmática forman homodímeros, en unos casos y, en otros, heterodímeros, para su activación. Los correspondientes PAMPs para los TLRs comprenden diferentes moléculas de tipo lipo-polisacáridos de superficie (LPS) de las bacterias Gram negativas, lipoproteínas, di y tri-aciladas, peptidoglicanos, ácido lipoteicoico de las bacterias Gram positivas, zymosan de la pared celular de hongos, ARN de doble cadena generado durante la replicación de virus ARN, flagelina (monómero del flagelo de algunas especies de bacterias), regiones ricas en guanina–uracilo (GU) del ARN de una sola cadena y regiones de bajo grado de metilación del ADN bacteriano y viral(17).

Estos PAMPs son típicos de los patógenos, por lo que sirven para diferenciar los patógenos de las células del huésped. No están distribuidos clonalmente y no tienen la especificidad de los receptores del sistema adaptativo. Son habitualmente estructuras invariantes de clases enteras de patógenos; por ejemplo, todas las bacterias Gram negativas tienen LPS y, así, el PRRs de LPS puede detectar la presencia virtualmente de cualquier infección bacteriana por Gram negativos.

En resumen, la interacción de las células dendríticas con antígenos de diferente origen conduce a su maduración y a la liberación de citoquinas, que promueven la conversión de las células T-auxiliadoras indiferenciadas (Th0) en una respuesta madura balanceada de células T-auxiliadoras (Th1, Th2 y Th3/Tr1), un componente importante en la prevención de enfermedad. La polarización de la respuesta Th1/Th2 depende del patrón de citoquinas a que sea expuesta la célula Th0; este patrón está condicionado por el tipo de antígeno procesado por las células presentadoras de antígenos. La respuesta Th1, cuyo patrón de citoquinas está integrado por el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a), interferón gamma (INF-g) y las interleuquinas IL-1, IL-2, IL-6, IL-8, IL-12, IL-15, IL-16, IL-18, IL-25 e IL-27, va dirigida fundamentalmente contra patógenos intracelulares (clásicamente bacterias y virus); mientras que la Th2, con un patrón de citoquinas constituido por IL-3, IL-4, IL-5, IL-9, IL-10, IL-11 e IL-13, va dirigida contra patógenos extracelulares.

El antígeno interactúa con una célula presentadora del antígeno, que a su vez lo presenta a una célula Th0 (CD4) nativa. Cuando se trata de un organismo patógeno, se produce una inflamación local por los efectos inducidos por los patógenos en los receptores específicos de membrana, TLR. Tras capturar el antígeno, las células dendríticas experimentan una maduración y producen interleucina 2 (IL-2), que favorece la diferenciación de las células CD4 nativas a Th1, productoras de interferón gamma INFg y más inflamación, y también hacia células de Th2, que liberan IL-4 e IL-5, promotoras de la respuesta local de inmunoglobulina IgA. La discriminación entre señales de peligro y señales normales depende de la naturaleza de los PAMPs. Las células dendríticas actúan como un seleccionador entre la respuesta inmunitaria o de tolerancia y la naturaleza determina esta respuesta mediante la promoción de cualquiera de las células efectoras Th1 o Th2 o células T reguladoras y sus citosinas relacionadas (IL-10, etc.).

Si las células dendríticas capturan antígenos alimentarios o gérmenes de la microflora intestinal en ausencia de inflamación, se liberan prostaglandina E2 y factor transformador de crecimiento beta (TGFb), promotores de la maduración parcial desde las células dendríticas que presentan el antígeno a células T CD4, que se diferencian a células T reguladoras (Treg), productoras de IL-10, y células Th3, que producen TGFb. El resultado final es la producción local de IgA, la tolerancia sistémica y la homeostasis inmunológica total(18).

La presencia de IgA en el tracto gastrointestinal es necesaria para la regulación de la comunidad de bacterias que allí residen y su adecuada distribución en cada uno de los segmentos intestinales. En ratones, la ausencia de IgA conduce a una expansión anormal de bacterias anaerobias en todos los segmentos del intestino delgado, mientras que su restablecimiento produce un regreso de estas bacterias a los segmentos del intestino grueso, donde habitualmente viven, y una restitución de la microbiota normal del intestino delgado. Evidentemente, la IgA no es el único factor involucrado en el mantenimiento de las proporciones adecuadas de comensales y la exclusión de patógenos en el tracto digestivo, pero las evidencias se inclinan hacia un rol preponderante de esta inmunoglobulina en dichas funciones, incluido el hecho de su casi exclusivo predominio en el intestino y la existencia de múltiples vías para su generación. La existencia de IgA en las secreciones del intestino depende del efecto que sobre el SI tiene la presencia de determinados tipos de microorganismos y, a su vez, las cantidades, poblaciones y distribución de estos depende, en gran medida, de que se secrete esta inmunoglobulina. Estos hechos parecen tener implicaciones importantes en el proceso de desarrollo de tolerancia a los comensales y de una adecuada respuesta inmune contra los patógenos.

El descenso en la incidencia de la estimulación microbiana por cepas infecciosas, como resultado de la mejora de las condiciones higiénicas, la baja incidencia de enfermedad infecciosa (dado la mejora del nivel socioeconómico y la medicación antibacteriana) y la menor carga bacteriana de la dieta humana (por la mejora del proceso industrial y de la conservación), puede haber modificado de forma considerable el componente microbiano de nuestro tracto digestivo y podría ser la base del incremento notable de las enfermedades autoinmunes y de las alergias.

Hay pruebas que demuestran que los microorganismos probióticos inducen preferentemente células Th3/Treg y parecen inducir una respuesta antiinflamatoria, principalmente a través de una interacción con TLR9. Actualmente, existe una mejor comprensión de cómo los microorganismos comensales/probióticos pueden crear un estado de tolerancia general mediada por la acción de los TLR sobre las CD. Es evidente que la señalización de TLR9 es esencial para mediar el efecto antiinflamatorio de los probióticos; sin embargo, diferentes estudios han implicado a otros TLR, como los TLR3 y TLR7, en la tolerancia inducida por bacterias comensales/probióticas. Después de la activación por microorganismos comensales/probióticos, las CD inician una respuesta apropiada, como es la diferenciación de Th0 a Treg, que tiene un efecto inhibidor sobre la respuesta inflamatoria de Th1, Th2 y Th17. Los TLR en las CD también están implicados en la generación de la respuesta inmunitaria protectora contra los agentes patógenos inductores de citoquinas proinflamatorias como la IL12. Aunque hay evidencia sustancial de estudios in vitro y en animales que demuestran el potencial de los probióticos y una capacidad cepa-específica inmunomoduladora, los resultados de los ensayos de intervención humana han sido mucho menos convincentes.

La posibilidad de actuar sobre la población bacteriana del tracto digestivo parece muy atractiva para la prevención de enfermedades, como la atopia; de ahí, el interés creciente por el estudio de los probióticos y su papel en el tratamiento y la prevención de diversas patologías(19).

Probióticos

Concepto

Microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidad adecuada, confiere beneficio para la salud al huésped con indicaciones precisas, seguridad y eficacia demostrada.

En 1908, el premio Nobel Elie Metchnikoff publica el libro “Prolongation of life”, en el que se postula que las bacterias lácticas del yogurt confieren beneficios para la salud capaces de promover la longevidad mediante la supresión de las bacterias proteolíticas, tipo Clostridium, productoras de sustancias tóxicas (fenoles, indoles, amoníaco, etc.), favoreciendo el desarrollo de otros microbios útiles de los yogures. Estos eran los responsables de la longevidad de los campesinos búlgaros y que denominó “bulgaris Bacillus”. No fue hasta 1989 cuando Roy Fuller redefinió a los probióticos como: “aquellos suplementos alimenticios integrados por microorganismos vivos que afectan beneficiosamente al hospedador que los consume mejorando su equilibrio microbiano intestinal”.

Actualmente, se acepta la definición de probiótico formulada en 2001 y revisada en 2006 por la FAO/OMS(19): “Microorganismos vivos, que cuando se administran en cantidad adecuada, confiere beneficio para la salud al huésped”. Dicha definición ha de adaptarse a los nuevos conocimientos, pues varios científicos han demostrado que algunos microorganismos inactivos, incluso sus componentes celulares, pueden ejercer un efecto beneficioso para la salud.

Los probióticos, para ser considerados como tales, han de cumplir una serie de condiciones que se especifican en la tabla III, aunque no se exige que se satisfagan todos los requisitos, sino que, al menos, tengan efecto beneficioso para la salud.

 

 

En principio, cualquier componente de la microbiota comensal podría ser candidato a convertirse en probiótico, pero los más utilizados en Pediatría pertenecen a los dos grupos microbianos: lactobacillus y bifidobacterias, considerados GRAS (Generally Regarded As Safe) y QPS (Qualified Presumption of Safety)por la FDA de EE.UU. y la EFSA de Europa. Pero también, se han utilizado con este fin, bacterias que pertenecen a otros géneros, como: E. Coli y Bacillus cereus, así como levaduras, principalmente: Saccharomyces cerevisiae y boulardii (Tabla IV).

 

 

Mecanismos de acción de los probióticos

Son de tres tipos: mejora de la barrera intestinal defensiva, modulación inmunológica y mejora de la eficiencia metabólica.

El propósito del uso de los probióticos es aportar resultados beneficiosos para la salud. Son prácticamente los mismos que los beneficios que aporta la flora comensal, ampliamente comentados, y que se resumen en la tabla V.

 

 

Hemos de tener en cuenta que los efectos descritos solo se pueden atribuir a la cepa o cepas estudiadas, y no a la especie o a todo el grupo de bacterias ácido lácticas y otros probióticos. Por lo tanto, cada probiótico no presenta todas las acciones apuntadas sino que pueden mostrar una o varias, de tal forma que unas cepas pueden complementar la acción de otras; de ahí, que se haya documentado el posible efecto sinérgico, esto es, que la combinación de diferentes probióticos podría ser superior al obtenido por cada uno individualmente(20).

Dosis de probióticos

Son muy variables, dependiendo de la cepa y de las indicaciones, oscilan entre 106-1011 UFC/dosis.

Es importante definir la dosis terapéutica, esto es, la dosis en la que se alcanzan los efectos beneficiosos para la salud, tanto en la prevención como en el tratamiento de los diferentes procesos patológicos. Sin embargo, la dosis de probióticos necesaria varía enormemente según la cepa y el producto. Habitualmente, puede oscilar en un rango entre un millón y 10 mil millones (106-1010) de UFC/dosis; han de llegar viables ≥ 106y de ≥ 108 UFC/dosis al intestino delgado y colon, respectivamente. Pero se ha demostrado, para algunos, su eficacia a niveles más bajos, mientras otros requieren cantidades mayores. Por ejemplo, el B. infantis ha mostrado ser eficaz para aliviar los síntomas del síndrome de intestino irritable a dosis de 100 mil millones (1011) UFC/dosis, mientras hay estudios con el VSL#3R que han utilizado de 300-400 mil millones (3-4 1011) de UFC tres veces al día. En resumen, no es posible establecer una dosis general para probióticos, la dosificación ha de basarse en estudios realizados en humanos, que muestren un beneficio para la salud en patologías específicas(19).

Normativa reguladora

Han de seguir las normas explicitadas en el reglamento de la Unión Europea sobre las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables (1924/2006/CE).

No hay normas universalmente establecidas y/o aplicadas para el contenido y las declaraciones en la etiqueta de los productos. Sin embargo, en 2007 entró en vigor el reglamento de la Unión Europea sobre las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables (1924/2006/CE). Uno de los principales cambios introducidos por el nuevo reglamento es que, los fabricantes de probióticos deben presentar todas las declaraciones de propiedades saludables a la Comisión Europea, para que la EFSA evalúe su base científica antes de aceptarlos o rechazarlos. Desde el 2010, las declaraciones sobre productos probióticos se han acreditado mediante este proceso y deberían ofrecer al consumidor información fiable sobre los posibles efectos beneficiosos para la salud de dichos productos.

Los criterios mínimos que se exigen para que un producto, desde un punto de vista científico, se considere probiótico son:

Debe estar especificado por género y cepa. La investigación sobre determinadas cepas específicas de probióticos no se puede aplicar a cualquier producto comercializado como probiótico.

Ha de contener bacterias vivas en el producto.

Administrarse en dosis adecuada hasta el final de la vida útil (con variabilidad mínima de un lote a otro).

Haber demostrado ser eficaz en estudios controlados en humanos.

Ser inocuo para el uso para el cual está destinado.

 

Una cepa probiótica se indentifica por un género, especie y designación alfanumérica. La comunidad científica ha acordado una nomenclatura para microorganismos, por ejemplo, Género, Lactobacillus; Especie, casei, rahmnosus; Designación de la cepa, GG, DN-114001.

La comercialización y nombres comerciales no están regulados y las compañías pueden ponerle el nombre que quieran a sus productos probióticos (por ejemplo, LGG).

Otros aspectos a tener en cuenta son:

La documentación de los efectos sobre la salud debe realizarse considerando la cepa específica que se vende en el producto.

Los estudios y artículos que avalen los efectos de una cepa específica no son aval de efectos similares en cepas no estudiadas.

Los efectos observados por una cepa, a dosis determinada, no evidencia dichos efectos a dosis más bajas.

Los posibles efectos beneficiosos con un vehículo/matriz pueden no reproducirse al utilizar otro diferente, que puede alterar entre otras la viabilidad de la cepa(19).

Prebióticos

Ingredientes fermentados selectivamente que dan lugar a cambios específicos en la composición y/o actividad de la flora gastrointestinal, confiriendo así beneficios a la salud del huésped.

Concepto

Los prebióticos son sustancias de la dieta (polisacáridos no almidón, oligosacáridos no digeribles por enzimas humanas) que estimulan selectivamente el crecimiento o la actividad de una o de un número limitado de bacterias en el colon y beneficia la salud del huésped. Según esta definición, los prebióticos han de presentar las siguientes características(21):

Resistencia a la digestión en el intestino delgado, es decir, han de superar casi sin daños y en cantidad adecuada los procesos digestivos que se producen en la primera sección del tubo digestivo.

Fermentación parcial por bacterias en el intestino grueso; esto es, son sustrato fermentable nutricional para la microflora intestinal, con el fin de estimular selectivamente el crecimiento y/o metabolismo de una o unas pocas especies bacterianas.

Deberían cambiar positivamente la flora bacteriana aumentando las bacterias acidófilas fermentativas (bifidobacterias, lactobacillus), disminuyendo las bacterias putrefactivas y, finalmente, deberían incluir efectos sistémicos o locales en el intestino que sean positivos para la salud humana.

Composición química

Se trata de oligasacáridos que, a nivel nutritivo, se comportan como fibra alimentaria soluble no digerible.

Se consideran prebióticos a los oligosacáridos (OS) que contienen entre 3-30 moléculas de monosacáridos unidos por enlaces glusídicos tipo β. Estos oligosacáridos a nivel nutritivo se comportan como fibra alimentaria soluble no digerible.

Existen diferentes tipos y fuentes naturales de OS:

Fructo OS (FOS) y la inulina. Las fuentes naturales de los mismos son: achicoria, cebolla, ajo, alcachofa, yacon, puerro, espárragos, etc. Se obtienen a partir del disacárido sacarosa usando la actividad transfructosilación del enzima β-fructofuranosidasa. Los FOS así formados contienen entre 3-4 unidades de fructosa unidas con enlaces β(2-1) con residuo terminal D-glucosa.

Galacto OS (GOS). Las fuentes naturales son la leche, incluida la humana, y los a GOS de las legumbres. Los GOS se producen por la acción de la β-galactosidasa con actividad de transgalactosilación. Las uniones glicosídicas entre dos unidades de galactosa son, principalmente, uniones tipo β(1-4) o tipo β(1-6), utilizándose como sustrato la lactosa.

Xilo OS (XOS). Se encuentra en la fruta, verduras, miel y leche.

Isomalto OS (IMOS). Se encuentra en la soja y miel.

Lactulosa. Se obtiene por isomerización alcalina de la lactosa de la leche de vaca. Se trata de un disacárido de síntesis formado por galactosa-fructosa, aceptado y utilizado como prebiótico, además de medicamento para el tratamiento del estreñimiento en la encefalopatía hepática.

Los oligosacáridos de la leche materna. En la leche materna se encuentran diferentes OS con función prebiótica. La lactosa, el principal carbohidrato y su precursor, por adición de monosacáridos (galactosa y N-acetilglucosamina) en unión β-glucosídica originan los β-galactooligosacáridos (β-GOS). Sobre estos oligosacáridos primarios se incorpora fucosa, que genera OS neutros (fucosilados) o ácido siálico (ácido acetilmuramínico) que produce OS ácidos (sialilados). Los OS de la leche materna (β-GOS) y el ácido siálico aparecen en concentraciones de 2,2-2,4 g/dl en el calostro y disminuyen en la leche madura. El 60%-70% son OS fucosilados (GOS y ácido siálico), la leche materna carece de FOS. Constituyen aproximadamente el 10% del total de hidratos de carbono de la leche materna y el otro 90% restante está formado por la lactosa que también ejerce efecto prebiótico.

 

En las fórmulas infantiles, se utilizan como prebióticos los GOS y FOS, aparte del ácido siálico, en una proporción de 90:10, 90% del GOS de cadena corta y 10% de FOS de cadena larga, generalmente. Esta combinación favorece el desarrollo de flora intestinal semejante a la que se encuentra en lactantes alimentados con leche materna, con predominio de bifidobacterias y lactobacillus(22).

Efectos de los prebióticos

Son los mismos que los debidos a efectos probióticos por su estimulación y algunos más específicos debido a su efecto laxante.

Los prebióticos afectan a las bacterias intestinales aumentando el número de bacterias anaerobias beneficiosas y disminuyendo la población de microorganismos potencialmente patógenos. Se supone que el aumento de bifidobacterias colónicas beneficia a la salud humana, al producir los efectos propios de los probióticos ya reseñados en la tabla V, a los que se añaden algunos más específicos, como son:

Aumentan el número de bifidobacterias en el colon.

Incrementan la absorción de Ca, Fe y Mg.

Aumentan el peso fecal.

Acortan el tiempo de tránsito gastrointestinal.

Posiblemente, reducen los niveles séricos de lípidos.

Simbióticos

Cuando utilizamos probióticos y prebióticos de forma conjunta, estamos empleando un simbiótico.

En 1995, Gibson y Roberfroid definieron el simbiótico como: “una mezcla de probióticos y prebióticos que afecta beneficiosamente al huésped, mediante la mejora de la supervivencia y la implantación de suplementos microbianos vivos de la dieta en el tracto gastrointestinal, a partir de la estimulación selectiva del crecimiento y/o la activación del metabolismo de una o un número limitado de bacterias que promueven la salud y, por tanto, mejoran el bienestar del anfitrión”.

Cuando utilizamos probióticos y prebióticos de forma conjunta estamos empleando un simbiótico. Por tanto, los simbióticos pueden ser definidos como: preparaciones farmacéuticas o alimentarias que contienen una o más especies de probióticos e ingredientes prebióticos. Utilizando la correlación entre la actividad de los microorganismos y la metabolización por parte de estos, de los prebióticos, se favorece el desarrollo/actividad de los componentes probióticos, potenciando sus propiedades saludables y generando un efecto sinérgico. Esto implica que, un producto solo puede ser denominado simbiótico si ha demostrado inducir un efecto beneficioso superior al que se obtiene con la suma de los generados separadamente por sus integrantes. Suplementariamente, se espera que esta mejora se acompañe de un aumento cuantitativo de los componentes probióticos o de las actividades saludables.

La administración simultánea de probióticos y un sustrato que puedan metabolizar, proporciona a las cepas administradas mayores oportunidades para la colonización y supervivencia en el colon del hospedador, al aumentar o prolongar sus efectos beneficiosos. Los simbióticos son la mejor estrategia para la integración del probiótico en el ecosistema, ya que aumentan la persistencia (vida útil del producto) y, por otra parte, proporcionan un sustrato específico para la flora bacteriana residente.

Teóricamente, los simbióticos tienen un mayor efecto beneficioso sobre la flora intestinal que los probióticos y los prebióticos en forma aislada. Esto se debe a que reducen el pH, promueven el crecimiento de bifidobacterias y de la acción protectora mediante la inhibición de microorganismos potencialmente patógenos, favorecen la estabilización del entorno intestinal y aumentan la liberación de ácidos grasos de cadena corta(21).

Nutracéuticos

Los prebióticos, los probióticos y los simbióticos comercializados como agentes bioterapéuticos pueden ser catalogados como productos nutracéuticos.

Son productos de origen natural con propiedades biológicas activas, beneficiosas para la salud y con una capacidad preventiva y/o terapéutica definida. Cuando hablamos de nutracéuticos, nos referimos a una medicina biológica y a una categoría muy amplia de productos, que deben cumplir los siguientes criterios:

Ser de origen natural.

Ser aislados y purificados por métodos no desnaturalizantes.

Aportar efectos beneficiosos para la salud.

Mejorar una o más funciones fisiológicas.

Actuar de forma preventiva y/o curativa.

Mejorar la calidad de vida.

Cumplir todas las normas de desarrollo y validación, siguiendo criterios científicos equiparables a cualquier otro medicamento en cuanto a reproducibilidad, calidad, seguridad y eficacia demostrada en estudios en animales de experimentación y en humanos.

 

Según los conceptos desarrollados, podemos concluir que los prebióticos, los probióticos y los simbióticos comercializados como agentes bioterapéuticos pueden ser catalogados como productos nutracéuticos.

La complementación probiótica y prebiótica en la infancia a largo plazo es atractiva, y abre caminos de investigación novedosos. En el mercado español, existen diversas fórmulas lácteas a las que se ha añadido uno o varios probióticos y/o prebióticos, para intentar asemejarlas aún más a la leche materna y lograr beneficios saludables a largo plazo en forma profiláctica o preventiva; es decir, se suministran probióticos y prebióticos en niños sanos para mantenerlos sanos.

Posibilidades terapéuticas de probióticos y prebióticos

Son muchas y a diario se publican otras nuevas, pero han de basarse en la evidencia científica probada y específica.

En la tabla VI, se resumen algunas de las condiciones clínicas para las cuales se ha mostrado algún grado de evidencia, con estudios clínicos bien diseñados y con poder estadístico suficiente, de que la administración oral de una cepa probiótica específica o prebiótico puede ser eficaz y beneficiosa para la salud o como tratamiento.

 

 

El nivel de evidencia puede variar entre diferentes indicaciones, las dosis recomendadas son las que han sido demostradas como útiles en los ensayos.

La lista reflejada en la tabla VI es una adaptación de la que aparece en la Guía Práctica de la Organización Mundial de Gastroenterología: probióticos y prebióticos de octubre de 2011(19), que puede ser incompleta dado el flujo constante de estudios publicados. En la misma guía, además, se especifican otras patologías donde se han usado probióticos y/o prebióticos, tanto en niños como en adultos, que no reseñamos aquí porque se sale de la extensión de este artículo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. O’Hara AM and Shanahan F. The gut flora as a forgotten organ. EMBO Rep. 2006; 7(7): 688-93.

Interesante artículo de revisión que repasa la importancia de comprender las interacciones bioquímico-inmunológicas de la microbiota, “el órgano olvidado dentro de otro órgano”, y su relación con ciertos estados patológicos y las posibilidades terapéuticas de los “bichos medicamento” o farmabiótica.

2. Martin R, Jiménez E, Heilig H, et al. Isolation of bifidobacteria from breast milk and assessment of the bifidobacterial population by PCR-denaturing gradient gel electrophoresis and quantitative real-time PCR. Appl Environ Microbiol. 2009; 75: 965-9.

El objetivo de este trabajo fue determinar si la leche materna contiene bifidobacterias y si pueden ser transmitidas al intestino del bebé a través de la lactancia materna. Se tomaron muestras de leche y heces en la primera semana de vida. Se objetivó un rango entre 40 y 10.000 copias de genes por secuenciación 16S rRNA por ml de leche del ADN de bifidobacterias, evaluados por PCR-electroforesis en gradiente de gel desnaturalizante (PCR-DGGE), y sus niveles se estimaron cuantitativamente en tiempo real PCR (qRTi-PCR), concluyendo que la leche humana es la principal fuente de bifidobacterias para el intestino del bebé.

3.** Jiménez E, Marín ML, Martín R, et al. Is meconium from healthy newborns actually sterile? Res Microbiol. 2008; 159: 187-93.

Es un interesante estudio experimental que evidencia la posibilidad de que el colon de los recién nacidos sea colonizado por vía enteroplacentaria desde antes del nacimiento, al encontrarse bacterias comensales en la sangre del cordón umbilical y en el líquido amniótico en crías de ratones obtenidas por cesárea. Por otra parte, bacterias de la leche materna, marcadas genéticamente y administradas a las ratas durante el embarazo, se detectan en el meconio de las crías obtenidas por cesárea realizada un día antes de la fecha de parto, en contraste no pudieron ser aisladas en el grupo control.

4. Guarner F and Malagelada J. Gut flora in health and disease. The Lancet. 2003; 361: 512-9.

5. Wu GD, Chen J, Hoffmann C, Bittinger K, Chen Y-Y, Keilbaugh SA, Bewtra M, Knights D, Walters WA, Knight R, Sinha R, Gilroy E, Gupta K, Baldassano R, Nessel L, Li H, Bushman FD, Lewis JD. Linking Long-Term Dietary Patterns with Gut Microbial Enterotypes. Science. 2011; 334 (6052): 105-8.

En este artículo, se comprueba la asociación entre determinados enterotipos intestinales: bacteroides y prevotella, y la dieta consumida a largo plazo en 98 voluntarios sanos, rica en grasa y proteínas o rica en fibra, respectivamente. A 10 de estos, se les somete a una dieta vigilada rica en grasa y proteínas y a otro grupo, una rica en fibra durante 10 días, sin comprobar cambio alguno en dichos enterotipos en tan corto espacio de tiempo.

6.*** Arumugam M, Raes J, Pelletier E et al. Enterotypes of the human gut microbiome. Nature. 2011, 473: 174-80.

Se trata de un trabajo multicéntrico en el que se estudia la microflora de personas de diferentes países de varios continentes y se obtienen datos mediante análisis de ADN bacteriano (metodología molecular basada en la secuenciación del gen 16S rRNA y rDNA), que han ampliado y aportado nuevos conocimientos sobre la composición y funcionalidad de las comunidades de bacterias del intestino humano. Ha permitido definir un nuevo concepto, el microbioma, como la totalidad de bacterias, su información genética y las formas en que interactúan entre ellas mismas y con el hospedador humano. Descubren, que solo un pequeño número de especies es compartido por todas las personas, clasificando a los individuos según tres enterotipos identificados por la variación en los niveles de cada uno de los tres géneros predominantes a nivel colónico, independiente de la zona geográfica, etnia, sexo, edad, dieta e índice de masa corporal. Evidencia la importancia del estudio funcional de algunas de estas bacterias que no son precisamente las más numerosas y su correlación más estrecha con el tipo de alimentación, índice de masa corporal e incluso la posibilidad de utilizarse como biomarcadores microbianos para la ayuda diagnóstica y pronóstica de numerosos trastornos humanos.

7.** Khanna S and Tosh PK. A clinician’s primer on the role of the microbiome in human health and disease. Mayo Clin. Proc. 2014; 89 (1): 107-14.

Es un trabajo de revisión de los conocimientos básicos que ha de tener cualquier médico sobre la microflora intestinal y sus implicaciones en la salud y la enfermedad. Se analiza el papel que juega en procesos como la enfermedad inflamatoria intestinal, la colonización con organismos resistentes a múltiples fármacos, obesidad, enfermedades alérgicas, enfermedades autoinmunes y enfermedades neuro-psiquiátricas, y en el estudio del microbioma en terapias revitalizantes.

8. Sánchez B, de los Reyes-Gavilán CG, Margolles A. The F1F0-ATPase of Bifidobacterium animalis is involved in bile tolerance. Environ Microbiol. 2006; 8: 1825-33.

La adaptación y tolerancia al estrés de la bilis son factores importantes para la supervivencia de las bifidobacterias en el intestino. Se ha utilizado un mutante de Bifidobacterium animalis para su estudio, que ha evidenciado la relación existente entre la actividad F1F0-ATPasa y la capacidad de resistencia a la bilis y el pH ácido.

9.** Swidsinski A, Loening-Baucke V, Lochs H, et al. Spatial organization of bacterial flora in normal and inflamed intestine: a fluorescence in situ hybridization study in mice. World J Gastroenterol. 2005; 8: 1131- 40.

Es un trabajo de investigación, donde se estudia la distribución espacial de la microflora a lo largo del colon sano y en dos modelos de ratones con colitis inflamatoria inducida, comprobándose la disposición de las bacterias en tres compartimentos: luz intestinal, moco y epitelio, así como la alteración de esta distribución resultante del daño inflamatorio.

10. Ohland CL and Macnaughton WK. Probiotic bacteria and intestinal epithelial barrier function. Am J Physiol Gastrointest Liver Physiol. 2010; 298: 807-19.

Esta revisión resume la evidencia sobre los efectos de los muchos probióticos disponibles en la función de barrera intestinal, competencia por adhesión a la mucosa y el efecto sobre la inmunomodulación. También, hace referencia a su utilidad para prevenir y mejorar enfermedades, como: la diarrea asociada a antibióticos, el síndrome del intestino irritable y la enfermedad inflamatoria intestinal.

11. Smith K, McCoy KD, Macpherson AJ. Use of axenic animals in studying the adaptation of mammals to their commensal intestinal microbiota. Semin Immunol. 2007, 19: 59-69.

Los autores evidencian la importancia de la microbiota comensal para el correcto desarrollo físico e inmunológico de animales de experimentación, observando las alteraciones en los procesos fisiológicos e inmunológicos en estos modelos libres de gérmenes y los cambios que se producen en los mismos una vez que son colonizados con bacterias comensales.

12.** Hsiao WW, Metz C, Singh DP, Roth J. The microbes of the intestine: an introduction to their metabolic and signaling capabilities. Endocrinol Metab Clin North Am. 2008, 37: 857-71.

En este trabajo, se resumen los avances en el campo de las interacciones que se producen entre la microbiota, tanto entre sí, como con los patógenos, el epitelio colónico y el sistema inmunológico. Además, se evidencian otras funciones metabólicas desarrolladas por la microflora intestinal en beneficio del hospedador.

13. Morrison DJ, Mackay WG, Edwards CA, Preston T, Dodson B, Weaver LT. Butyrate production from oligofructose fermentation by the human faecal flora: what is the contribution of extra-cellular acetate and lactate? Br J Nutr. 2006; 96: 570-77.

Los autores ponen de manifiesto la capacidad de la flora comensal de fermentar los restos hidrocarbonados y producir ácidos orgánicos, como el acetato, butirato y propionato, que reducen el pH intestinal contribuyendo con ello a evitar el establecimiento y proliferación de la flora patógena.

14. Bauerl C, Pérez-Martínez G, Yan F, Polk DB, Monedero V. Functional Analysis of the p40 and p75 Proteins from Lactobacillus casei BL23. J Mol Microbiol Biotechnol. 2010; 19: 231-41.

Estudian el Lactobacillus casei/paracasei y cepas de Lactobacillus rhamnosus como modelos que llevan dos genes que codifican homólogos del p40 y p75 del L. rhamnosus GG, dos proteínas secretadas que muestran efectos protectores anti-apoptóticos en las células epiteliales intestinales humanas, relacionadas, además, con la actividad hidrolasa de la pared celular y con otras funciones, como la unión a mucina, el colágeno y las células epiteliales intestinales y la estimulación de la producción del factor de crecimiento epidérmico en el intestino del ratón.

15. Lebeer S, Verhoeven TL, Francius G, et al. Identification of a Gene Cluster for the Biosynthesis of a Long, Galactose-Rich Exopolysaccharide in Lactobacillus rhamnosusGG and Functional Analysis of the Priming Glycosyltransferase. Appl Environ Microbiol. 2009; 75: 3554-63.

Los polisacáridos de la superficie celular tienen un papel establecido como factor de virulencia en bacterias patógenas humanas. Menos documentadas son la biosíntesis y las funciones biológicas de los polisacáridos de superficie en bacterias beneficiosas. Se identificó un grupo de genes que codifican las enzimas y proteínas reguladoras y transportadoras para los diferentes pasos en la biosíntesis de polisacáridos extracelulares, exopolisacáridos, de la cepa probiótica Lactobacillus rhamnosus GG. Ahora se sabe que estos polisacáridos de superficie ejercen funciones importantes en varias etapas durante la patogénesis, incluida la adhesión de tejidos, la formación de biopelículas y la evasión de las defensas del huésped como la fagocitosis. Además de su papel en los agentes patógenos, tienen una importante función biológica, demostrada recientemente, en la colonización del intestino por bacterias, tanto patógenas como probióticas.

16. Serrano Hernández A. Células colaboradoras (TH1, TH2, TH17) y reguladoras (Treg, TH3, NKT) en la artritis reumatoide. Reumatol Clin. 2009; 5 (S1): 1-5.

Artículo que repasa profundamente las distintas poblaciones de linfocitos y sus interacciones en la respuesta inmunológica.

17.** Guzmán Masías K. La inmunidad innata y los receptores tipo Toll (TLR’S). Sistema de Revisiones en Investigación Veterinaria de San Marcos 2010: 1-10.

Trabajo de revisión muy clarificador para entender la importancia y el papel que estos receptores de patrones asociados a patógenos tienen en la inmunidad innata.

18.** Bernardo D. Células dendríticas del intestino humano como controladoras de la inmunidad mucosa. Rev Esp Enferm Dig. 2013; 105, 5: 279-90.

Interesante artículo donde se evidencia el papel de las células dendríticas como elemento clave en la conexión entre la inmunidad innata y las respuestas de la inmunidad adaptativa. En el intestino, las células dendríticas controlan los mecanismos de la tolerancia inmunológica frente a los antígenos de la dieta y/o la flora comensal, a la vez que son capaces de iniciar una respuesta inmunológica activa en presencia de un patógeno invasor.

19.*** World Gastroenterology Organisation (WGO). Probióticos y prebióticos. En: Guías Mundiales de la Organización Mundial de Gastroenterología (monografía en Internet). Octubre 2011. Disponible en: http://www.worldgastroenterology.org/probiotics-prebiotics.html.

Se trata de un documento práctico que sirve de guía sobre la definición, nomenclatura, dosificación, fabricantes, propiedades e indicaciones específicas reconocidas, con su grado de evidencia científica del uso de prebióticos y probióticos.

20. Timmerman HM, Koning CJ, Mulder L, Rombouts FM, Beynen AC. Monostrain, multistrain and multi-species probiotics –a comparison of functionality and efficacy. Int J Food Microbiol. 2004; 96: 219-33.

En este artículo, se evidencia la superior eficacia de la combinación de varios probióticos a utilizarlos individualmente, dado que muchas de sus funciones se complementan entre sí.

21.** Gibson GR, Probert HM, Van Loo JAE, Rastall RA, Roberfroid MB. Dietary modulation of the human colonic microbiota: updating the concept of prebiotics. Nutr Res Rev. 2004; 17: 257-9.

En este trabajo, se revisa el concepto de prebióticos en cuanto a las propiedades de resistencia a la digestión en los primeros tramos del intestino, la fermentación por la microflora intestinal, la estimulación selectiva del crecimiento de bacterias promotoras de bienestar y salud, y la posibilidad de producir cambios específicos de la microflora comensal mediante el uso de los mismos.

22. Chirdo GF, Menéndez MA, Pita Martín de Portelac LM, et al. Prebiotics in infant health. Arch Argent Pediatr. 2011; 109(1): 49-55.

Este artículo de revisión de sencilla lectura, es una puesta al día de la composición química de los prebióticos y sus beneficios, así como sus utilidades en diferentes procesos, al añadirlos a las leches adaptadas.

 

Caso clínico

 

Historia actual

Niño de 8 años y un mes de edad que consulta por cuadro de, al menos, dos meses de evolución, consistente en dolor abdominal de tipo cólico y carácter intermitente, mesogástrico, acompañado de heces de consistencia variable, diarreicas (Bristol 6-7) y, en otras ocasiones, algo más duras (Bristol 4-5), en número de 2-3/día, no vómitos. Tolera alimentación aceptablemente, rechazo parcial de la leche, vomita solo el desayuno si toma leche, pero sí tolera yogures.

Antecedentes personales

RN AEG: 2.950 g de peso y 40 semanas de gestación; APGAR 9/9: parto eutócico. Vacunado correctamente para su edad, incluyendo dos dosis de varicela y cuatro de antineumocócica. No acudió a guardería. El hábito intestinal ha sido, desde siempre, algo irregular, pasando periodos de estreñimiento, que han cedido con medidas dietéticas y educativas, y otros de heces más blandas, pero nunca tan diarreicas y frecuentes como las actuales. Desde que inicia la escolarización a los 3 años, ha presentado diferentes cuadros infecciosos sin mucho interés, salvo una neumonía a los 4 años y 4 meses, que no precisó ingreso hospitalario; amigdalitis en las que se ha indicado tratamiento antibiótico, 1-2 por año, la última hace dos semanas, tratada durante 10 días con Fenoximetilpenicilina potásica 500 mg/12 horas v.o.; sinusitis, al menos 2, en este periodo, la última hace un mes y medio, que recibió tratamiento con amoxicilina clavulánico a dosis de 80 mg/kg/día v.o. durante 10 días; al menos, 3 otitis que precisaron tratamiento antibiótico, hace dos meses y medio, terminó el tratamiento de la última, para lo cual se utilizó cefuroxima axetilo a dosis de 30 mg/kg/día durante 10 días.

Exploración

Peso: 25 kg (Pc 25-50), talla: 131 cm (Pc 50-75). Hábito externo: niño de apariencia sana y complexión delgada. A destacar: rinorrea seromucosa; hipertrofia de cornetes; otoscopia: ambos tímpanos deslustrados con cierta retracción; amígdalas hipertróficas grado 2/4; muguet en mucosa de mejilla; auscultación respiratoria: ruidos de transmisión de vía alta, insuficiencia parcial de respiración nasal con muy buena ventilación pulmonar; auscultación cardiaca: ruidos cardiacos normales sin sobreañadidos y rítmicos; y abdomen blando, depresible, con ruidos intestinales presentes, sin visceromegalias ni adenías por el resto de la economía.

Exámenes complementarios

Hemograma completo y perfil bioquímico normales; estudio de inmunoglobulinas (IgG e IgM normales, IgA 40 mg/dl (54-221) hipoIgA); Rast PLV, huevo, frutos secos y pescados: negativo; Ac IgA antitransglutaminasa y antigliadina: negativos; orina anormales y sedimentos negativos; en heces: coprocultivo, parásitos, sangre oculta y eosinofilia, negativos.

 

  
  

 

Vitaminas y oligoelementos

I. Vitoria Miñana
Temas de FC


I. Vitoria Miñana

Profesor asociado de Pediatría. Universitat de València. Unidad de Nutrición y Metabolopatías. Hospital La Fe. Valencia

 

Resumen

Se revisa la estructura, funciones, fuentes dietéticas, recomendaciones nutricionales, deficiencia y exceso de las vitaminas hidrosolubles (vitamina C, tiamina, riboflavina, niacina, ácido pantoténico, piridoxina, ácido fólico y vitamina B12) y liposolubles (vitaminas A, D, E, K). Asimismo, se revisan las funciones, recomendaciones dietéticas y patología derivada de la deficiencia o exceso de oligoelementos (hierro, cobre, cromo, selenio, yodo, zinc y flúor).
En ambos casos, se resalta la importancia de una dieta diversificada para lograr un aporte equilibrado suficiente de vitaminas y oligoelementos para evitar enfermedades, tales como: escorbuto, beriberi, pelagra, neuropatías por déficit de vitamina B12, raquitismo, anemia ferropénica, hipotiroidismo y caries dental, fundamentalmente

 

Abstract

It is reviewed the structure, functions, sources, nutritional requirements, shortages of water soluble vitamins (vitamins A, D, E, K). Moreover, it is reviewed the functions, nutritional requirements and pathology resulting from the deficiency or excess of trace elements (iron, copper, chromium, selenium, iodine, zinc, and fluoride).
In both cases, the importance of a diversified diet to have a sufficiently balanced supply of vitamins and trace elements to prevent diseases such as scurvy, beriberi, pellagra, neuropathies by vitamin B12 deficiency, rickets, iron deficiency anemia, hypothyroidism and dental caries is highlighted

 

Palabras clave: Vitaminas; Oligoelementos; Escorbuto; Raquitismo; Caries dental

Key words: Vitamins; Trace elements; Scurvy; Rickets; Dental caries

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 324-336


Vitaminas y oligoelementos

 

Introducción

Con el nombre de vitaminas, se designa a una serie heterogénea de compuestos orgánicos, biológicamente muy activos e imprescindibles para mantener la funciones metabólicas normales y del crecimiento. Para que una sustancia química pueda ser considerada vitamina debe cumplir una serie de características:

• Estar presente de forma natural en los alimentos.

• No ser sintetizada en cantidad suficiente por el organismo.

• Ser esencial para el mantenimiento de la salud.

• Ser acalórica y, por tanto, ser una sustancia orgánica diferente de los macronutrientes (hidratos de carbono, lípidos y proteínas).

• Causar una enfermedad carencial específica si hay una ingesta deficiente.

Cada vitamina puede estar formada por varios compuestos (vitámeros) que tienen, en distintos grados, cierta actividad vitamínica. Las vitaminas se clasifican básicamente en dos grandes grupos, según sean solubles en agua (vitaminas hidrosolubles) o en solventes orgánicos (vitaminas liposolubles)(1). Esta clasificación es muy útil, pues permite conocer una serie de características comunes a las vitaminas de cada grupo:

• Las vitaminas hidrosolubles se absorben en el intestino delgado, pasan a la sangre portal, circulan libres (vitamina C), ligadas a proteínas (biotina, folatos, B12) o en el interior de los eritrocitos (B1, B2, B6, niacina, pantoténico) y suelen eliminarse por la orina (excepto los folatos y la vitamina B12).

• Las vitaminas liposolubles se absorben en los enterocitos y, en forma de quilomicrones, pasan al sistema linfático. Se transportan unidas a proteínas o a lipoproteínas y se almacenan en el hígado, tejido adiposo o músculo. Se eliminan por la bilis o por las heces.

En la mayoría de ocasiones, una dieta diversificada en la infancia y adolescencia es suficiente y no es necesario dar suplementos vitamínicos en forma medicamentosa, salvo excepciones como la vitamina D en el primer año de vida(2).

A continuación, se revisan las características, funciones y fuentes principales de vitaminas. En las tablas I y II(3), se indican las ingestas dietéticas de referencia (ingestas diarias recomendadas e ingestas máximas tolerables) de las distintas vitaminas.

 

 

Vitaminas hidrosolubles

Vitamina C (ácido ascórbico)

La vitamina C es un potente agente reductor. Siguen describiéndose casos de escorbuto en países desarrollados por dietas muy restrictivas.

Características

Vitamina ampliamente extendida en la naturaleza y, sobre todo, en alimentos de origen vegetal. Por su fácil oxidación y disolución, se considera la vitamina más lábil y la industria alimentaria la utiliza como un indicador de la calidad de los procesos tecnológicos que aplica.

Funciones

El ácido ascórbico es un potente agente reductor. La mayoría de sus funciones dependen de su poder óxido-reductor:

• Síntesis de hidroxiprolina e hidroxilisina (colágeno) a partir de prolina y lisina.

• Síntesis de neurotransmisores a partir de tirosina.

• Defensa antioxidante del organismo (efecto sinérgico con la vitamina E), con lo que previene frente a los radicales libres.

• Interviene en la síntesis de las gamma-globulinas.

• Reducción intestinal del hierro férrico a ferroso (forma absorbible).

Fuentes principales

Es una vitamina muy inestable y se oxida rápidamente. Es aconsejable el consumo de los alimentos recién recolectados, crudos o bien tras una congelación previa. Las fuentes principales son:

• Frutas: kiwi, papaya, fresa (60-273 mg/100 g) y naranja (50 mg/100 g).

• Verduras: pimiento, col de Bruselas y brócoli (110-225 mg/100 g).

Deficiencia

La deficiencia es muy rara en países industrializados en niños sanos, excepto con dietas muy restrictivas o en niños con problemas neurológicos como autismo y dietas monótonas(4). En adultos, se produce en dietas desequilibradas en ancianos, fumadores y consumidores de alcohol.

La deficiencia severa durante 1 a 3 meses produce escorbuto caracterizado por defectos en la síntesis del colágeno, lo que produce fragilidad de capilares, con derrames sanguíneos de la piel, mucosas y sistema músculo esquelético. Además, cursa con: fatiga, úlceras orales, edemas y hemorragias gingivales. En el lactante, da lugar a lesiones osteo-articulares (hemorragia subperióstica y osteopenia) que condicionan una seudo-parálisis e irritabilidad. También, tienen anemia por ferropenia y deficiencia de folato(5).

Tratamiento

El tratamiento recomendado es la administración de vitamina C 100 a 300 mg diarios en niños y de 500 a 1.000 mg en adultos, durante un mes o hasta que se resuelvan los síntomas(6).

Exceso

Un exceso de ingesta puede producir diarrea y aumento de la producción de ácido oxálico, lo que puede favorecer una litiasis renal por la precipitación de los cristales de oxalato.

Vitaminas del grupo B

Dentro de este grupo de vitaminas, se pueden considerar dos subgrupos. El primero de ellos está constituido por: tiamina, riboflavina, niacina, ácido pantoténico, piridoxina y biotina. Estas vitaminas ejercen sus funciones fisiológicas como coenzimas, que actúan de manera muy general en el metabolismo. Al otro subgrupo pertenecen la vitamina B12 y el ácido fólico. Estas vitaminas se caracterizan también por su actuación metabólica como coenzimas, pero, en este caso, sus funciones están implicadas especialmente y de manera directa en los fenómenos proliferativos.

Vitamina B1 (tiamina, aneurina, vitamina antineurítica)

Los frutos secos son ricos en tiamina. Su deficiencia es el beriberi. Se siguen viendo casos en alcohólicos.

Características

La flora intestinal sintetiza tiamina, pero en cantidades insuficientes. La forma activa es el pirofosfato de tiamina.

Funciones

Es una coenzima necesaria para la descarboxilación oxidativa de los alfa-cetoácidos. Por ello, se utiliza como cofactor en la enfermedad de orina de jarabe de arce. Actúa como coenzima en el metabolismo de los hidratos de carbono, por lo que en dietas muy ricas en glúcidos, sus necesidades pueden ser mayores. Además, interviene en la producción de ribosa, componente de los ácidos nucleicos.

Fuentes principales

Las fuentes principales son: los frutos secos (0,3-0,69 mg/100 g), el hígado (0,4 mg/100 g), los huevos (0,10 mg/100 g) y el pescado (0,05-0,8 mg/100 g). También, está presente en legumbres, cereales integrales y productos lácteos. El pescado crudo contiene tiaminasa, que la inactiva en un elevado porcentaje. También la cocción y pasteurización destruyen la tiamina.

Deficiencia

La deficiencia de tiamina o beriberi es una enfermedad endémica en países del sudeste asiático (alimentación basada en arroz descascarillado o pescado crudo)(7). En Occidente, se observa en adultos alcohólicos o en ancianos. Es muy raro en niños, excepto en casos de nutrición parenteral sin suplementos de tiamina o con el empleo de diuréticos de asa de forma continuada.

En función de los síntomas predominantes, hay distintos tipos clínicos de beriberi:

• Insuficiencia cardíaca, sobre todo, en el lactante. Puede acompañarse de irritabilidad, neuritis periférica y ataxia.

• Encefalopatía de Wernicke, con: oftalmoplejía, nistagmus, ataxia, hemorragia intracraneal y confusión.

Psicosis de Korsakoff, con pérdida de memoria.

Tratamiento

El tratamiento consiste en 10 mg de tiamina diarios(8).

Vitamina B2 (riboflavina, lactoflavina)

El déficit de riboflavina durante el embarazo puede producir un síndrome polimalformativo, con afectación cardíaca y esquelética.

Características

La riboflavina es resistente al calor, pero sensible a la luz. Es esencial para el funcionamiento de la niacina y la piridoxina.

Funciones

Es una coenzima de distintos ciclos metabólicos:

• Oxidasas mitocondriales: en las cadenas respiratorias.

• Glucosa-oxidasa: en el metabolismo de los hidratos de carbono.

Acil-reductasas: en la síntesis de ácidos grasos, entre otras.

Fuentes principales

Son: hígado (3 mg/100 g), frutos secos (0,08-0,67 mg/100 g), yema de huevo (0,45 mg/100 g) y lácteos (0,06-0,6 mg/100 g). También, la levadura seca, carnes, pescados y las hortalizas contienen riboflavina, aunque en menores cantidades.

Deficiencia

Los signos generales de su deficiencia son: dermatitis seborreica, glositis, queratitis, estomatitis angulosa y anemia normocítica. Su deficiencia durante el embarazo produce un síndrome malformativo, con afectación cardíaca y esquelética, fundamentalmente.

Tratamiento

El tratamiento consiste en 3-10 mg de tiamina diarios.

Vitamina B3 (niacina, factor PP)

Los frutos secos, los lácteos y las carnes son ricos en niacina. En caso de anorexia nerviosa, puede haber déficit de niacina o pelagra.

Características

Con el nombre de niacina, se designa a los derivados de la piridina con actividad antipelagrosa (de ahí el nombre de factor PP): ácido nicotínico y nicotinamida. Además, puede sintetizarse ácido nicotínico a partir de triptófano dietético.

Funciones

Las coenzimas nicotinamídicos intervienen como aceptores o donantes de hidrógenos en muchas reacciones metabólicas: glucólisis, oxidación del etanol, paso a sorbitol, etc.

Fuentes principales

Son: el hígado (15 mg/100 g), los frutos secos (1,0-15 mg/100 g), las carnes (4-8 mg/100 g) y los quesos curados (8,2 mg/100 g). También, la leche y los huevos son ricos en niacina.

Deficiencia

La pelagra o deficiencia de niacina se describió originalmente en los europeos que se alimentaban a base de maíz. Se debía a que los cereales contienen esta vitamina, pero en forma de niacina (menos biodisponible) y a que son pobres en triptófano. Sin embargo, en las culturas de Centroamérica, se consumía maíz desde hace siglos sin síntomas de pelagra, probablemente porque la harina de maíz es tratada con un álcali que libera el ácido nicotínico y previene la enfermedad.

También, se produce la patología deficitaria en casos de: anorexia nerviosa, alcoholismo, terapia prolongada con isoniacidas, síndromes de malabsorción y en errores innatos del metabolismo del triptófano (enfermedad de Hartnup).

Los síntomas de la pelagra, mal de la rosa o síndrome de las 3D (dermatitis, diarrea, demencia), se caracteriza por:

• Lesiones cutáneas en zonas expuestas (fotosensibilización) o roce: tras un estadio de eritema se producen vesículas.

• Manifestaciones digestivas: glositis, esofagitis y diarrea.

• Manifestaciones neurológicas: estupor, apatía, alucinaciones y dolores en extremidades.

Tratamiento

El tratamiento consiste en 50-100 mg de niacina diarios.

Vitamina B5 (ácido pantoténico, vitamina antidermatosis)

Características

Es un constituyente de la coenzima A.

Funciones

Interviene en el ciclo de Krebs, en la beta-oxidación de los ácidos grasos y en la detoxificación de fármacos por acetilación.

Fuentes principales

Se encuentra prácticamente en todos los alimentos, de ahí su nombre “panthos”. Las fuentes mayoritarias son las vísceras, la yema de huevo y la leche.

Deficiencia

Su deficiencia aislada es excepcional.

Vitamina B6 (piridoxina)

La ingesta de esteroides, anticonceptivos orales e isoniacida pueden favorecer la deficiencia de piridoxina.

Características

Está constituido por 6 vitámeros: piridoxina, piridoxal, piridoxamina y sus fosfatos correspondientes. El fosfato de piridoxal (PLP) y el fosfato de piridoxamina (PMP) son las formas más activas.

Funciones

El PLP interviene como coenzima en varias reacciones del metabolismo de los aminoácidos:

• Transaminaciones.

• Descarboxilaciones básicas en la formación de neurotransmisores, como el gamma-aminobutírico o la serotonina.

• Síntesis de niacina a partir de triptófano.

• Síntesis del grupo hemo.

Fuentes principales

Los alimentos de origen animal, como las vísceras (0,5-2,8 mg/100 g), los pescados (0,3-0,8 mg/100 g), el queso (0,2 mg/100 g) y los huevos (0,11 mg/100 g), contienen mayores cantidades y, además, con las formas más biodisponibles. En menor cantidad, contienen piridoxina: los cereales, los gérmenes de salvado de trigo y los cereales no refinados. La harina refinada y el pan blanco pierden hasta la mitad de la vitamina B6.

Deficiencia

Solo se produce con dietas muy hipoproteicas, en períodos de intenso metabolismo proteico (adolescencia, embarazo, lactancia…). La ingesta de esteroides, anticonceptivos orales e isoniacida pueden favorecer su deficiencia.

Su deficiencia puede producir: convulsiones en lactantes, neuritis periférica, glositis, estomatitis, dermatitis seborreica y anemia microcítica.

Hay errores innatos del metabolismo causados por déficits enzimáticos dependientes de la piridoxina como cofactor: convulsiones piridoxina-dependientes, xantinuria, homocistinuria y cistationuria.

Tratamiento

El tratamiento de las convulsiones secundarias por deficiencia de piridoxina consiste en 100 mg de piridoxina IM.

Vitamina B9 (ácido fólico, folato)

La fortificación de cereales constituye un método práctico para aumentar los niveles de aporte de ácido fólico en la población.

Características

Los folatos presentes en los alimentos se encuentran en forma de poliglutamatos, que solo cuando se reducen en el hígado a tetrahidrofolatos presentan actividad biológica.

Funciones

Actúan como coenzimas en diversas reacciones implicadas en la maduración de los hematíes, en la síntesis de los ácidos nucleicos (división celular y reproducción) y de aminoácidos, como glicina y serina.

Fuentes principales

Es especialmente abundante en: verduras y hortalizas de hoja verde (6-260 µg/100 g), legumbres (30-300 µg/100 g), frutos secos (50-100 µg/100 g) y frutas (1-50 µg/100 g). También, está presente en el hígado (200-600 µg/100 g) y en los lácteos (3-80 µg/100 g). Es sensible a la oxidación y al calor; por lo que, se pierde en gran cantidad durante la cocción. Además, es fotosensible, por lo que los vegetales que la contienen deben conservarse en la nevera y consumirse preferiblemente crudos. La fortificación de cereales constituye un método práctico de aumentar los niveles de aporte de ácido fólico en la población.

Deficiencia

Se debe a dietas inadecuadas (lácteas o muy restrictivas) o por utilización tisular excesiva (embarazo, hipertiroidismo, hemólisis y algunos cánceres). También, se puede producir por: malabsorción intestinal (sobre todo, si afecta al yeyuno), pérdidas excesivas (por diálisis) o a interferencias metabólicas con alcohol, fenitoína, barbitúricos o metotrexato.

Su deficiencia produce defectos en el tubo neural (mielomeningocele), anemia megaloblástica asociada a irritabilidad, fallo de medro y diarrea.

Se diagnostica cuando los niveles en sangre son menores de 4 µg/mL.

Tratamiento

La deficiencia de ácido fólico depende de la causa. Habitualmente, se trata con 1-5 mg/día para rellenar los depósitos.

Suplementación

Se recomienda la administración, al menos, tres meses antes de la gestación, de 0,4 mg/día de ácido fólico(9). En el caso de mujeres con antecedentes de hijos nacidos con defecto del tubo neural, el suplemento de ácido fólico debe ser de 4 mg/día.

Vitamina B12 (cobalamina)

Los hijos de madres vegetarianas que toman lactancia materna y los niños alimentados con dietas macrobióticas o vegetarianas estrictas tienen riesgo de déficit de vitamina B12.

Características

La vitamina B12 es un conjunto de distintos compuestos químicos, de los que los más importantes son las formas coenzimáticas adenosilcobalamina y metilcobalamina.

Funciones

• Es fundamental para la síntesis de ADN.

• Interviene en la maduración de los eritrocitos.

• Interviene junto al folato en reacciones metabólicas, en la formación de homocisteína a partir de metionina.

Fuentes principales

Se encuentra solo en alimentos de origen animal, tales como: el hígado (25 µg/100 g), los pescados azules (2-28 µg/100 g), la yema de huevo (5 µg/100 g) y la leche (0,4-1 µg/100 g). La cocción de los alimentos origina una pérdida de su contenido.

Deficiencia

Los hijos de madres vegetarianas que toman lactancia materna, los niños alimentados con dietas macrobióticas o vegetarianas estrictas, los pacientes con gastrectomía (por falta de factor intrínseco necesario para su absorción), síndromes de malabsorción que afecten al íleon (enfermedad de Crohn) y los ancianos tienen riesgo de deficiencia de vitamina B12(10).

Hay errores innatos del metabolismo que afectan a las enzimas implicadas en la síntesis de distintas cobalaminas. En los pacientes con errores innatos del metabolismo de aminoácidos tratados con dieta vegetariana y suplementos dietéticos proteicos, debe comprobarse su situación de forma periódica.

Cuando hay una deficiencia, los niveles de vitamina B12 pueden ser bajos o normales. En este caso, la homocisteína y, sobre todo, el ácido metilmalónico, precursores de la ruta sintética de la vitamina B12, estarán elevados.

La falta de vitamina B12 causa anemia megaloblástica y una neuropatía con desmielinización (con parestesias, ataxia y trastornos de sensibilidad).

Tratamiento

El tratamiento del déficit de vitamina B12 depende de la causa. La mayoría de pacientes necesitará corrección subcutánea con cianocobalamina 1.000 µg/día 2 días a la semana y 100 µg/semana durante un mes.

Vitaminas liposolubles

Vitamina A (retinol)

La vitamina A interviene en la visión, la integridad epitelial, el crecimiento, la reproducción y la inmunidad.

Características

Este término incluye a todos los compuestos con actividad vitamínica A: retinoides y carotenoides. La actividad vitamínica A se expresa como µg de equivalente de actividad de retinol (RAE). 1 RAE equivale a 1 µg de retinol, 12 µg de beta-caroteno o 24 µg de alfa-caroteno.

Funciones

Ejerce acciones sobre:

• La visión: forma parte de los fotorreceptores retinianos.

• Los tejidos epiteliales: interviene en la diferenciación e integridad funcional de los epitelios.

• El crecimiento: regula la actividad de los cartílagos epifisarios.

• La reproducción: interviene en la espermatogénesis y la síntesis de esteroides sexuales.

La inmunidad: regulando la actividad de algunas enzimas.

Fuentes dietéticas

• Alimentos de origen animal: retinoides. Presentes en el hígado (4.000-20.000 µg/100 g), pescados (13-190 µg/100 g), lácteos (10-400 µg/100 g) y yema de huevo (500 µg/100 g).

• Alimentos de origen vegetal (1-540 µg/100 g): carotenoides provitamínicos presentes en albaricoque, naranja, zanahoria, patata o pimiento rojo.

Deficiencia

Es una de las deficiencias más extendidas en el mundo. Es una causa importante de ceguera en la infancia y puede deberse a la ingesta escasa o nula de alimentos ricos en retinoides o carotenoides. También, la deficiencia puede ser secundaria a procesos que interfieran con la absorción de las grasas (malabsorción intestinal), que impidan el depósito hepático de la vitamina (fallo hepático) o abetalipoproteinemia.

Las concentraciones en suero de retinol solo reflejan el estado de los depósitos hepáticos de vitamina A, cuando estos se encuentran prácticamente agotados (<0,07 µmol/g de hígado) o cuando son extremadamente altos (>1,05 µmol/g de hígado). Entre estos extremos, el retinol en suero se regula por homeostasis, por lo que no siempre se correlaciona con el consumo de vitamina A ni con los signos clínicos de su carencia.

Los síntomas más comunes de deficiencia de vitamina A son:

Disminución de la visión nocturna (nictalopía) con manchas de Bitot en la conjuntiva(11).

• Xerosis cutánea, conjuntival y corneal (con úlceras).

• Hiperqueratosis folicular, sobre todo, en superficies extensoras.

• Retraso en el crecimiento.

• Alteración de la función inmunitaria.

Exceso

Administrada en grandes cantidades tiene efectos tóxicos:

• Intoxicación aguda: cuadro de pseudotumor cerebri, con: cefalea, abombamiento de la fontanela, somnolencia, vómitos e irritabilidad.

• Intoxicación crónica: dolores óseos, fotofobia, eritema y prurito.

Suplementación

Actualmente, se recomienda la suplementación con vitamina A en caso de sarampión, por el efecto sobre la inmunidad.

Tratamiento de la deficiencia

Los niños menores de 9 años con deficiencia de vitamina A, deben recibir 600-900 µg/día de vitamina A, y los mayores de 9 años, 1.700 µg/día hasta recuperarse.

Vitamina D

Todos los lactantes deben recibir 400 UI de vitamina D3, independientemente del tipo de alimentación que tomen.

Características

Con este término, se designan dos vitámeros: el colecalciferol o vitamina D3 (sintetizado en la piel por acción de la radiación solar sobre la provitamina D3) y el ergocalciferol o vitamina D2 (formado por irradiación solar del ergosterol o provitamina D2 de los vegetales).

La actividad vitamínica D se expresa en UI (40 UI = 1 µg de colecalciferol).

Funciones

La vitamina D3 se hidroxila en el hígado (25 hidroxi-D3) y en el riñón (1-25 dihidroxi vitamina D3), metabolito activo cuyas principales acciones son:

• En el intestino, aumentar la absorción de Ca y de P.

• En el hueso, estimular la actividad osteoclástica.

• En el túbulo renal, reabsorber el P.

 

La vitamina D tiene otros papeles aparte del relativo al metabolismo calcio-fósforo, tales como: la proliferación celular, la inmunomodulación o la diferenciación celular, entre otras. La deficiencia de vitamina D parece aumentar el riesgo de osteoartritis, diabetes mellitus tipo 1, esquizofrenia y depresión, entre otras.

Fuentes dietéticas

La mayor fuente de vitamina D3 es a través de la síntesis cutánea en los países con climas templados y soleados. Las mejores fuentes dietéticas son: el hígado de los peces (200 µg/100 g), la yema de huevo (6 µg/100 g), la leche (0,03 µg/100 g) y la mantequilla (0,7 µg/100 g). También, contienen cantidades importantes de vitamina D los pescados, tales como: sardina, salmón y arenque.

Deficiencia

El déficit de vitamina D produce raquitismo, osteomalacia y osteoporosis.

El raquitismo, actualmente, se observa en nuestro medio en niños de piel oscura o de raza negra procedentes de países en vías de desarrollo, que son amamantados con lactancia materna exclusiva durante períodos prolongados de tiempo, sin suplementos de vitamina D y que tienen escasa exposición solar(12). También, son grupo de riesgo los niños en tratamiento con anticonvulsionantes, rifampicina o isoniacida.

Analíticamente, se considera que los niveles de vitamina D son deficientes si son menores de 15-25 ng/mL, según distintas sociedades científicas(13).

Clínicamente, se produce: irritabilidad, letargia, falta de crecimiento, retraso en la dentición, deformidades óseas (rosario raquítico, ensanchamiento de las metáfisis, suturas craneales más blandas), debilidad muscular y síntomas de hipocalcemia (tetania, convulsiones).

Tratamiento

Hay distintos regímenes orales: 1.000-5.000 UI/día en lactantes de 1 a 12 meses y 5.000-10.000 UI/día en niños mayores, hasta la recuperación radiológica. Si hay problemas de cumplimiento terapéutico, se puede administrar 100.000-600.000 UI/durante 1-5 días.

Exceso

Cuando el valor de la vitamina D es más de 25 veces la dosis usual, se produce hipercalcemia, hipertensión arterial e insuficiencia renal. Con sobredosis más moderadas, se observa: anorexia, fatiga, náuseas, poliuria, polidipsia y cefalea.

Suplementación

Actualmente, se recomienda la suplementación con 400 UI/día a todos los lactantes, independientemente del tipo de alimentación(14). A partir del año, debe valorarse el suplemento en los niños con mayor riesgo (piel oscura, escasa ingesta alimentaria, obesos, tratamientos antiepilépticos, hepatopatía crónica, síndrome nefrótico…)(15).

Vitamina E (tocoferol)

La deficiencia de vitamina E es rara y solo se observa en casos de malabsorción, prematuros de bajo peso y pacientes con abetalipoproteinemia.

Características

La vitamina E consta de 8 vitámeros, de los que el más potente es el alfa-tocoferol.

Funciones

El principal efecto es su potente acción antioxidante. Reacciona con los radicales libres. Además, estimula la agregación plaquetaria y estabiliza las membranas celulares.

Fuentes dietéticas

Se encuentra en mayor proporción en los aceites vegetales, como son el de oliva (50 mg/100 g) y el de maíz (17 mg/100 g). También se halla en: frutos secos (castañas y pepitas de girasol), lácteos y huevos.

Deficiencia

Es rara y solo se observa en caso de malabsorción, en prematuros de bajo peso y en pacientes con abetalipoproteinemia. El diagnóstico se realiza con la determinación analítica de sus niveles séricos (<5 mg/L).

Los síntomas son: anemia hemolítica, trastornos neuromusculares (ataxia cerebelosa y neuropatía periférica) y oftalmológicos (retinopatía pigmentaria).

Tratamiento

El tratamiento en el niño con malabsorción consiste en 15-25 mg/kg/día de alfa-tocoferol.

Exceso

El exceso de vitamina E produce náuseas y diarrea.

Vitamina K

Características

Con el nombre de vitamina K se designan tres vitámeros: filoquinona (vitamina K1), en plantas, menaquinona (vitamina K2), sintetizada por las bacterias intestinales, y menadiona (sintética).

Funciones

Actúa como cofactor en el hígado de gamma-glutamil-carboxilasa, que es necesaria para la síntesis de los factores de coagulación II, VII, IX, X, proteína C, proteína S y proteína Z, entre otras.

Deficiencia

En el recién nacido, puede dar una enfermedad hemorrágica precoz, con: cefalohematomas o hemorragia intracraneal y una enfermedad hemorrágica tardía, a los 2-7 días de vida, con sangrado del ombligo o del tracto gastrointestinal. Se diagnostica por tiempos de protrombina muy prolongados e INR (índice internacional normalizado) elevado.

Prevención

Los recién nacidos deben recibir una dosis de 1 mg de vitamina K IM en las primeras horas de vida. En los recién nacidos pretérmino, las dosis oscilan entre 0,3 y 0,5 mg, según el peso al nacimiento sea mayor o menor de 1.000 g. Las embarazadas que toman anticonvulsionantes deben tomar vitamina K durante el tercer trimestre.

Oligoelementos

Introducción

Los oligoelementos son elementos presentes en cantidades ínfimas en los tejidos, que resultan esenciales para el crecimiento, la salud y el desarrollo. Muchos oligoelementos son necesarios para la acción de las enzimas de distintas reacciones químicas.

Se consideran oligoelementos: hierro, zinc, cobre, cromo, selenio, yodo y flúor. A continuación, se revisan sus funciones, fuentes dietéticas y, la consecuencia de su deficiencia o exceso. En las tablas III y IV, se indican las ingestas dietéticas de referencia y las ingestas máximas tolerables de estos oligoelementos.

 

 

Hierro

La ferropenia es un síndrome y, por tanto, su tratamiento debe ir dirigido a la corrección de sus causas. La ferropenia sin anemia puede ser responsable de trastornos del comportamiento.

Es el oligoelemento del que hay más información. Más de la mitad del hierro corporal está formando parte de la hemoglobina y solo unos miligramos se localizan en la estructura de ciertas enzimas(16).

Funciones

Las principales funciones del hierro son:

• El hierro forma parte del grupo hemo de la hemoglobina. Interviene en el transporte respiratorio del oxígeno y dióxido de carbono.

• La mioglobina, presente en el músculo cardíaco y esquelético, también contiene un grupo hemo que contiene hierro.

• Los citocromos presentes en la cadena respiratoria mitocondrial utilizan muchas enzimas que contienen hierro.

Metabolismo

El hierro se absorbe fundamentalmente en el duodeno. El hierro hemínico es el absorbido con mayor eficacia, le sigue el hierro ferroso o divalente y, después, el férrico o trivalente. Si hay una deficiencia de hierro, se incrementa la absorción de hierro hasta 3-4 veces.

Los factores que aumentan la absorción del hierro son: la vitamina C, el pH ácido gástrico y la presencia de aminoácidos y azúcares. Factores que condicionan una peor absorción son: la hipoclorhidria y la presencia de fitatos, tanatos o calcio. Por este motivo, los cereales para lactantes suelen ir enriquecidos con hierro, y las recomendaciones para la composición de la fórmula de soja incluyen un contenido férrico superior.

El hierro se encuentra distribuido en tres grandes compartimentos: circulante, en los depósitos (en forma de hemosiderina y ferritina) y funcionante (formando parte de la molécula de hemoglobina, mioglobina, heminas celulares, ferro-flavoproteínas y enzimas).

En el niño, los requerimientos son superiores debido al crecimiento, que implica un aumento de la volemia y de la masa corporal, fundamentalmente el tejido muscular.

El hierro circulante supone el 0,1% del hierro corporal total y va unido en su mayor parte a la transferrina, proteína que cumple tres funciones muy importantes: posibilita la solubilidad del hierro, evita el daño oxidativo del hierro libre y facilita el transporte plasmático y el acceso al interior de las células.

Fuentes dietéticas

El hierro que contienen los alimentos de origen animal, tales como: el hígado, carnes y pescados, es de tipo hemo y se absorbe mucho mejor que el de origen vegetal, presente en alimentos como: legumbres, frutos secos, frutas secas y verduras.

Ferropenia

La ferropenia puede ser secundaria a muchas circunstancias o patologías (Tabla V). En el niño, la causa más frecuente es la carencia nutricional por un aporte insuficiente, generalmente unido a infecciones recurrentes. No obstante, no debe olvidarse que la ferropenia es un síndrome y, en los pacientes cuya historia nutricional no explica la enfermedad, hay que descartar la existencia de una patología en la absorción intestinal o pérdidas anormales, sobre todo, digestivas.

 

 

La anemia ferropénica es el estadio final de la deficiencia de hierro. Antes de llegar a ella, hay una deficiencia de hierro en los depósitos con niveles de ferritina disminuidos. Más tarde, hay ferropenia sin anemia, con ferritina, sideremia e índice de saturación (IST) descendidos, mientras la transferrina y la capacidad de saturación de la transferrina (CHFT) están elevadas. Se caracteriza por una alteración de la inmunidad celular, trastornos digestivos y trastornos del rendimiento escolar y del comportamiento. En la anemia ferropénica establecida, hay un déficit del hierro de los depósitos, de transporte y de la hemoglobina. Clínicamente, se añade palidez de piel y alteración de faneras.

Prevención de ferropenia(17)

La población de riesgo de ferropenia se indica en la tabla VI. El cribado de la ferropenia debe hacerse mediante la historia clínica y la valoración hematológica: hemograma, ferritina, hierro, IST (índice de saturación de transferrina) y CFHT (capacidad de fijación de hierro a la transferrina).

 

 

La prevención de la anemia ferropénica en el niño se basa, principalmente, en el manejo adecuado de la nutrición. Así, la lactancia materna durante los primeros 6 meses de vida es la mejor prevención, dada la alta biodisponibilidad del hierro presente en la leche materna. En caso de que no tome pecho, se recomiendan las fórmulas lácteas enriquecidas con hierro. No es adecuada la leche entera de vaca antes del año de vida, por su aporte insuficiente de hierro y por su posible repercusión intestinal. En cuanto a la alimentación complementaria, el enriquecimiento en hierro de los cereales es muy útil.

Según el PAPPS de la Aepap(18), los prematuros sanos que toman pecho deben recibir aportes de hierro desde el primer mes de vida hasta que tomen alimentación complementaria rica en hierro, a una dosis de 4 mg/kg/día, si el peso al nacimiento fue inferior a 1.500 g, y de 2-4 mg/kg/día, si el peso fue mayor de 1.500 g (mayor dosis a menor edad gestacional). Si toman lactancia artificial, no se precisa suplementar si la fórmula está reforzada (=12 mg/l), salvo en prematuros <1.500 g, que recibirán aportes totales (alimentación + extras) de 4 mg/kg/día.

El otro grupo de riesgo lo constituyen los adolescentes, especialmente las niñas que han iniciado la menstruación. Se recomienda la ingesta de carne, huevos y/o pescado 4-5 veces por semana, tomar cereales fortificados con hierro en el desayuno y evitar el exceso de alimentos ricos en fitatos y tanatos.

Tratamiento de la ferropenia

La ferropenia es un síndrome y, por tanto, su tratamiento debe ir dirigido a la corrección de sus causas. La primera opción terapéutica es la administración de una dieta rica en hierro, adaptada a la edad del paciente y seguir las recomendaciones indicadas en la prevención.

Las sales ferrosas son más eficaces (sobre todo, el sulfato ferroso). Deben tomarse en ayunas, 15-30 minutos antes de la comida. Los efectos adversos más frecuentes son: las molestias digestivas, la diarrea y la pigmentación de los dientes. Es aconsejable el cepillado dental y el lavado de la boca tras su ingesta, para disminuir o evitar el teñido antiestético que se produce en los dientes.

La posología recomendada es de 3-5 mg/kg/día de hierro elemental durante 3-5 meses, en función de la gravedad de la deficiencia, la tolerancia al hierro y la respuesta. Es conveniente realizar un control analítico a las 2-3 semanas de haber finalizado el tratamiento, con el fin de documentar la normalización de los valores hematológicos y la existencia de una reserva férrica adecuada.

Zinc

La actividad del zinc está relacionada con numerosas enzimas del metabolismo intermediario y de la función inmunológica.

Metabolismo

La cantidad total de zinc en un individuo adulto es de 2 a 3 g. Una gran proporción está en el tejido óseo y en los músculos. La absorción fundamentalmente se realiza en el yeyuno por medio de transportadores específicos. En el plasma, se transporta unido a la albúmina.

Fuentes dietéticas

La carne, el pescado, la leche y los lácteos son los alimentos más ricos en zinc. También, los cereales integrales y las legumbres son ricos en zinc, pero la presencia de fitatos y fibra interfieren en su absorción.

Déficit

La deficiencia de zinc se debe a:

• Aportes insuficientes (dietas vegetarianas estrictas, alimentación parenteral…).

• Malabsorción intestinal.

• Aumentos de las necesidades (neoplasias, epidermólisis bullosa…).

 

El déficit de zinc se manifiesta por: anorexia, retraso del crecimiento, hipogeusia, acrodermatitis, hipogonadismo y alopecia.

Tratamiento del déficit

La dosis habitual es de 5 mg/kg/día durante el tiempo necesario para normalizar los niveles plasmáticos.

Exceso

El exceso de zinc puede producir signos digestivos (vómitos, epigastralgia), neutropenia, anemia y aumento del LDL-colesterol.

Cobre

El cobre interviene en la función de numerosas enzimas indispensables en procesos metabólicos vitales.

El ser humano contiene unos 50-80 mg de cobre, sobre todo, en hígado, cerebro, corazón y riñones. A pesar de que el músculo contiene menor cantidad, dado que la masa muscular es más amplia, llega a albergar el 40% del cobre corporal.

Metabolismo

Se absorbe en intestino delgado, donde hay antagonismo competitivo con metales divalentes. Se transporta unido a ceruloplasmina y se elimina por la bilis y orina.

Funciones

El cobre es un componente de muchas enzimas de la cadena respiratoria mitocondrial (citocromo-oxidasas). Asimismo, interviene en la transferencia del hierro desde los depósitos de ferritina a la molécula de transferrina.

Fuentes dietéticas

Alimentos ricos en cobre son: el hígado, riñón, chocolate, nueces, leguminosas, cereales y frutos secos. La biodisponibilidad del cobre de la dieta es más alta que la del hierro y el zinc, salvo si se acompaña de excesiva fibra.

Deficiencia

Los síntomas de deficiencia de cobre son: anemia, neutropenia y osteopenia.

La enfermedad de Menkes es un error innato del metabolismo del cobre, por alteración del transporte a través de la membrana del enterocito. Hay una disminución plasmática del cobre y de ceruloplasmina. Cursa con retraso psicomotor, encefalopatía, anomalías óseas y un característico “pili torti”.

La enfermedad de Wilson es otro error innato del metabolismo, por acúmulo de cobre en los hepatocitos y disminución de la síntesis de ceruloplasmina. El cobre acaba acumulándose no solo en el hígado, sino también en cerebro y córnea. La sintomatología es hepática (cirrosis) y neurológica (trastornos motores y deterioro mental), fundamentalmente. Es típico el anillo corneal de Kayser-Fleischer.

Cromo

Funciones

El cromo actúa como cofactor de unión de la insulina a sus receptores y participa en la regulación de la expresión genética.

Metabolismo

El cromo se absorbe en el yeyuno. Aumentan su absorción los aminoácidos, el ácido ascórbico y el oxalato. Se transporta por el plasma unido a la transferrina o a la albúmina.

Fuentes dietéticas

Está presente en aceptables cantidades en: carnes, frutas, verduras y cereales.

Deficiencia

Se presenta déficit en casos de malnutrición, malabsorción intestinal y pacientes con nutrición parenteral.

La deficiencia produce resistencia a la insulina, elevación de colesterol y triglicéridos, trastornos del crecimiento y neuropatía periférica.

Selenio

El selenio, junto con la vitamina E, es un cofactor de la glutatión-peroxidasa, por lo que ejerce una importante acción en la eliminación de peróxidos y radicales libres, sustancias tóxicas para las membranas celulares.

Metabolismo

El selenio se absorbe en el enterocito y se distribuye ampliamente por el organismo.

Fuentes dietéticas

El selenio es un micronutriente ampliamente distribuido en la naturaleza. Alimentos ricos en selenio son: las nueces, los mariscos, el hígado y la carne, fundamentalmente.

Deficiencia

La deficiencia de selenio es rara en humanos. No obstante, puede presentarse en zonas donde el contenido en selenio del suelo es muy bajo. Así, la enfermedad de Keshan, llamada así por describirse en dicha provincia china, se caracteriza por una afección cardíaca en niños. La enfermedad de Kashin-Beck afecta a adolescentes y produce osteoartritis generalizada.

En nuestro medio, se han referido déficits de selenio en pacientes con síndromes de malabsorción (fibrosis quística, enfermedad inflamatoria intestinal), en pacientes con errores innatos del metabolismo (fenilcetonuria, fundamentalmente) y en pacientes con nutrición parenteral prolongada.

Yodo

El yodo se almacena en el tiroides fundamentalmente, donde se utiliza en la síntesis de triyodotiroxina y tiroxina.

Metabolismo

El yodo se absorbe en el intestino delgado, una vez convertido en yoduro. En el plasma se une a las proteínas transportadoras: globulina ligada a tiroxina, prealbúmina y albúmina. Se transporta a las glándulas tiroideas, salivares y mamarias, entre otras.

Fuentes dietéticas

Los alimentos más ricos en yodo son los de origen marino (mariscos, langostas, sardinas…), con un contenido medio de 660 ng de yodo/g. Le siguen las verduras y carnes (con 300 ng/g), y los productos lácteos y cereales con 100 ng/g. La lactancia materna es una excelente fuente de yodo.

Deficiencia

En los países en vías de desarrollo, hay cretinismo endémico por déficit de yodo. Cursa con: cuadro neurológico grave, retraso de crecimiento y deficiencia mental.

Prevención

Durante la gestación, hay necesidades aumentadas de yodo. Sin embargo, actualmente, no hay consenso acerca de la necesidad de suplemento farmacológico de yoduro potásico durante el embarazo(19). La prevención de déficit de yodo en la población, se realiza mediante la yodización de la sal.

Flúor

El flúor tiene una acción preventiva sobre la caries dental, al aumentar la resistencia del diente al formar fluoroapatita, al inhibir el metabolismo de bacterias patógenas (S. mutans) y remineralizar el esmalte descalcificado. Además, interviene en el estado de mineralización ósea.

Metabolismo

El flúor se absorbe en el intestino delgado y en el estómago. Su absorción disminuye si se toma con lácteos, por combinarse con el calcio. Se distribuye en el tejido óseo, dentario y en el hígado, fundamentalmente.

Fuentes dietéticas

Solo el pescado y el té son fuentes apreciables de flúor.

Recomendaciones preventivas

Hay distintos medios de empleo del flúor:

• Pastas dentífricas fluoradas.

• Colutorios.

• Geles y barnices.

• Flúor sistémico en comprimidos.

• Flúor sistémico por medio de la fluoración del agua potable.

En función de la edad y el riesgo de caries dental, hay una serie de recomendaciones establecidas por grupos de actividades preventivas(20).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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20.*** Vitoria Miñana I. Promoción de la salud bucodental. En: Recomendaciones PrevInfad/PAPPS (en línea). Actualizado: marzo de 2011. (consultado el 24-04-2015). Disponible en: http://www.aepap.org/previnfad/Dental.htm.

Bibliografía recomendada

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Texto imprescindible de consulta diaria para el pediatra de Atención Primaria, editado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Recoge actividades preventivas por grupos de edad y de riesgo.

- Benítez MR, Amorós C. Vitaminas y oligoelementos. Ped Integr. 2011; 5: 427-446.

Excelente puesta al día sobre las vitaminas y oligoelementos, con especial referencia al papel del pediatra de Atención Primaria.

- Lauer B, Spector N. Vitamins. Pediatr Rev. 2012; 33: 339-51.

Revisión de las necesidades, funciones y consecuencias del déficit de vitaminas.

- Mataix J. Nutrición para educadores. Ed. Díaz de Santos. Madrid. 2005.

Excelente obra didáctica. Enfoque de las vitaminas y oligoelementos de forma pormenorizada.

- Soriano del Castillo JM. Nutrición básica humana. Ed. Universitat de València. Valencia. 2006.

Libro completo y sencillo sobre la nutrición humana. Contiene capítulos sobre vitaminas y oligoelementos de obligada lectura.

 

Caso clínico

 

Varón de 16 meses, de origen paquistaní, remitido por su pediatra por desmedro y regresión motora. Desde el año de vida no aumenta de peso. Además, a pesar de que empezó a caminar al año, desde los 13 meses no camina, le cuesta gatear y no se da la vuelta.

El paciente vive en España desde los 12 meses y no había consultado en su Centro de Salud en todo este tiempo.

Nacido a término, con un peso de 3,6 kg, tomó lactancia materna hasta los 8 meses. A los 4 meses, se introdujeron alimentos vegetales (verduras y frutas). A los 8 meses, sus padres decidieron darle una bebida de soja en lugar de fórmula porque parecía que la leche de vaca le provocaba vómitos. El niño no ha tomado alimentos de origen animal ni suplementos vitamínicos.

Los alimentos de su dieta incluyen patatas, zanahorias, cereales, plátanos, fresas, sémola de arroz, batatas, tofu y otras frutas y verduras. La bebida de soja no está fortificada con calcio ni vitamina D, y el consumo diario es de unos 800 ml diarios.

Los padres trabajan en una frutería durante todo el día y el niño está con ellos, teniendo una limitada exposición al sol.

La ingesta calórica diaria estimada es de 1.320 kcal/día. La dieta también es adecuada en grasas y en carbohidratos (106% y 112% de las RDA, respectivamente) y es elevada en proteínas (185% de RDA). No toma prácticamente vitamina D y el calcio procedente de los cereales supone unos 300 mg diarios.

El peso es de 7,8 kg (z:2,55 DE), la longitud de 72 cm (z:3,07 DE) y el perímetro cefálico de 46 cm (z:1,83 DE).

A la exploración, tiene un regular estado general, con aspecto delgado. A nivel nutricional, tiene una turgencia cutánea disminuida, una masa muscular débil y escaso panículo adiposo, tanto en tórax como en abdomen. Destaca una frente amplia, con una fontanela de 2 x 3 cm de bordes blandos. A nivel costal, tiene sobreelevaciones a nivel de los cartílagos (rosario costal). En las piernas, se observa genu varo y en las manos un ensanchamiento de las muñecas. Tiene dos incisivos inferiores. A nivel neurológico, presenta debilidad y moderada hipotonía. Los reflejos osteotendinosos son normales. No tiene clonus ni fasciculaciones.

Los valores analíticos se indican en la tabla. A nivel radiológico, había una marcada osteopenia junto con ensanchamiento metafisario, a nivel del fémur, húmero y radio, que presentan una forma de copa. En la radiografía de tórax, se observan ensanchamientos a nivel de las uniones condrocostales y ensanchamiento de las fisis en huesos largos.

Junto a los datos indicativos de raquitismo carencial, se constata una anemia ferropénica y déficit de zinc. El estudio de grasas en heces es normal, con lo que no se confirma una malabsorción intestinal. No se solicitan pruebas de neuroimagen ante la regresión motora gruesa, debido a que el resto de hitos del desarrollo psicomotor están preservados.

Tras la instauración de una dieta equilibrada, junto con suplementos de vitamina D, calcio y hierro, el niño mejora progresivamente, tanto en cuanto al peso y talla, como en el desarrollo motor. Al mes, las lesiones radiológicas han mejorado.

 

 

 

  
  

 

Dieta vegetariana y otras dietas alternativas

A. Farran*, M. Illan**, L. Padró***
Temas de FC


A. Farran*, M. Illan**, L. Padró***

*Biólogo, experto en tablas de composición de alimentos. Profesor del Campus de la Alimentación de la Universidad de Barcelona. **Dietista-Nutricionista y Antropóloga. Profesora del Campus de la Alimentación de la Universidad de Barcelona.
***Dietista-Nutricionista, Máster en Educación para la Salud. Profesora jubilada del Campus de la Alimentación de la Universidad de Barcelona

 

Resumen

La alimentación saludable es aquella que permite mantener un óptimo estado de salud, cubriendo las necesidades nutricionales para el desarrollo y conservación del organismo y que responde a los conceptos de suficiencia, equilibrio, variedad y adaptación a cada situación y circunstancia.
Actualmente, el grupo de personas que por diversos motivos (religiosos, ético-filosóficos, ecológicos, económicos…), adoptan una alimentación no tradicional (vegetariana, en cualquiera de sus variedades, macrobiótica, higienista, etc.) es cada vez mayor, siendo el vegetarianismo la elección más habitual. Cabe destacar, la sostenibilidad como uno de los motivos más en boga, que justifican el interés por dietas vegetarianas, ya que utilizan menos recursos naturales, son menos exigentes con el medio ambiente y promueven justicia social para la población mundial, en definitiva son más eficientes(1).
En este artículo, se describen algunas de las diversas modalidades de alimentaciones no tradicionales, se profundiza en los principales tipos de alimentación vegetariana y se detallan los grupos de alimentos que incluye, además de ofrecer propuestas para mejorar los aportes nutricionales que podrían resultar de riesgo. Se acaba con un análisis crítico sobre las ventajas e inconvenientes de su seguimiento en la infancia y la adolescencia.
Cabe aquí resaltar, que un buen estado nutricional no responde a una única forma de comer, ya que existen muchas y variadas formas de alimentarse, pero solo una de nutrirse

 

Abstract

Healthy eating is that which is based on the individual needs of each person and which meets the criteria of being: sufficient, balanced, varied and adapted to each and every situation and circumstance.
There is currently an increasing number of persons who for diverse reasons (religious, ethical, philosophical, ecological, economical, etc.)
adopt non traditional eating styles (vegetarian, macrobiotic, hygienic, etc.). These kinds of choices should be decided upon during adulthood. However, there are parents who are convinced of their benefits compared to the traditional omnivorous diet and thus impose them on their children. Within this context, vegetarianism is the most common option(1).
This article describes the principal categories of vegetarian diets. The aim is to familiarise the paediatrician with which foods to include or exclude according to each diet pattern, their nutritional value, and as such, optimise advice given as to which options are the most adequate. Details are provided about food groups generally included in vegetarian diets.
The article concludes with a critical analysis of such feeding patterns during childhood and adolescence in addition to their advantages and disadvantages, with recommendations for improving intakes of certain nutrients.
It’s also emphasised that adequate nutritional status is not limited to one way or style of eating

 

Palabras clave: Alimentación vegetariana; Infancia; Adolescencia; Biodisponibilidad; Guías Alimentarias

Key words: Vegetarian diet; Children; Adolescence; Bioavailability; Dietary Guidelines

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 313-323


Dieta vegetariana y otras dietas alternativas

 

Introducción

La alimentación saludable es aquella que permite un óptimo desarrollo durante la infancia y el mantenimiento de la salud.

Una alimentación adecuada debe permitir un óptimo crecimiento y desarrollo durante la infancia, el mantenimiento de la salud, la actividad en la edad adulta y la supervivencia y el confort en la vejez.

La elección de los alimentos se convierte, en la práctica cotidiana, en el acto de comer. Este acto voluntario de ingerir alimentos y combinarlos en los diferentes platos y tomas que realizamos a lo largo del día obedece a las normas que las distintas civilizaciones y culturas han ido generando a lo largo de la historia y configuran el patrón alimentario de los distintos grupos de individuos que conforman la sociedad actual. Teniendo en cuenta todas estas implicaciones, podemos decir que comer es, para los humanos, algo más que alimentarse.

En este contexto se describe, hoy en día, la alimentación saludable y que responde al amplio criterio de ser suficiente, equilibrada, variada y adaptada.

Suficiente en energía y nutrientes (según edad, sexo, actividad, situación fisiológica…).

Equilibrada atendiendo a las proporciones recomendadas (55% del valor energético total del día (VET) en forma de hidratos de carbono, 30% VET de lípidos y 15% VET de proteínas).

Variada para facilitar el aporte de los macro y micronutrientes.

Adaptada a las condiciones geográficas, culturales, religiosas e individuales(2).

Las Guías Alimentarias

Las Guías Alimentarias para la población española son un conjunto de documentos que informan sobre las normas que se deben seguir para realizar una alimentación saludable.

Como otros países, España cuenta con recomendaciones consensuadas por expertos, sobre las orientaciones que deben regir una alimentación saludable; por ejemplo, las publicadas por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Se trata de las Guías Alimentarias para la Población Española, en ellas, se incluye un gráfico en forma de Pirámide Alimentaria (Fig. 1), que permite ver los distintos grupos de alimentos considerados básicos a la vez que muestra las raciones recomendadas de cada grupo(3).

Figura 1. Pirámide de la Alimentación saludable. SENC, 2007.

 

Alimentaciones no tradicionales

Los padres deben conocer los riesgos y ventajas de la alimentación escogida y recibir información que les ayude a ofrecer a sus hijos una alimentación suficiente.

Por diversos motivos, las personas pueden adoptar un tipo de alimentación distinta a la omnívora. Estas motivaciones pueden ser religiosas (restricciones), ético-filosóficas (no aceptar el sacrificio o captura de animales), ecológicas (impacto ambiental que representa la producción de carne), económicas (la producción vegetal es menos costosa que la animal), fisiológicas (evolución humana de herbívoros a omnívoros), aducidas a problemas de salud o, simplemente, por oposición al sistema establecido.

Históricamente, muchos defensores de actitudes filosóficas y éticas de respeto a la vida y a la paz, han adoptado este tipo de alimentaciones, eminentemente vegetarianas. Entre otros, citamos a Pitágoras, Homero, Séneca, Diógenes, Leonardo da Vinci, Gandhi, Tolstoy, Newton y Victor Hugo.

Una dieta vegetariana bien planificada puede permitir alcanzar la ingesta recomendada para la totalidad de nutrientes, aunque en algunos casos la inclusión de suplementos y alimentos fortificados puede asegurar su aporte(4). Cuando el pediatra se encuentra ante padres con estas inquietudes, debe valorar cuidadosamente el tipo de modalidad que le plantean; es evidente que el riesgo de un desequilibrio nutricional es mayor cuanto menor edad tenga el niño. Por ello, es necesario poder ofrecer a los padres información sobre el tipo de alimentación escogida, sus riesgos y ventajas, e información que les ayude a ofrecer a sus hijos una alimentación suficiente o derivarles a un nutricionista.

Alimentación crudívora

Este tipo de alimentación solo acepta alimentos crudos, aduciendo que las cocciones alteran el valor nutritivo de los alimentos. Va desde los frugívoros, que se alimentan solo de frutos (fruta fresca y seca, aceitunas y frutos grasos), hasta los que amplían su ingesta con hortalizas frutales (tomate, pepino…). Algunos admiten cereales y legumbres (remojados o/y germinados para mejorar parcialmente su digestión), en algunos casos, también incluyen alimentos crudos de origen animal como leche, carne o pescado, y el pan como excepción de alimento cocido.

Alimentación macrobiótica

Patrón dietético propugnado por Georges Oshawa en el marco de la filosofía zen que desea hallar el equilibrio entre fuerzas antagónicas a la vez que complementarias (Yin-Yan).

La aplicación de la alimentación macrobiótica se realiza por fases. En sus inicios, incluye alimentos de origen animal, pero progresivamente se orienta hacia una alimentación vegana con predominio de cereales integrales y limitación del consumo de líquidos. El riesgo de desequilibrios y déficits nutritivos aumenta con el progreso de las restricciones.

Alimentación higienista

Es un sistema que se basa en criterios digestivos y consiste en promover la disociación de determinados alimentos. Por ejemplo, no consumir en la misma comida alimentos proteicos y glucídicos.

Alimentaciones vegetarianas

Las alimentaciones vegetarianas incluyen todo tipo de alimentos de origen vegetal: cereales, legumbres, tubérculos, verduras y hortalizas, frutas, aceites y grasas vegetales y también semillas y frutos secos.

Los alimentos de origen animal y sus derivados son excluidos; pero, en ciertos casos, se aceptan: los productos lácteos, los huevos, la carne de aves o el pescado, de aquí derivan las distintas modalidades vegetarianas que se describen a continuación.

La forma ovolactovegetariana se basa mayoritariamente en alimentos de origen vegetal con inclusión de lácteos y huevos. Es más completa que la lactovegetariana que excluye los huevos y también que la ovovegetariana que excluye los lácteos.

Los vegetarianos estrictos (también llamados veganos, veganistas o vegetalianos) son los que eliminan todo tipo de alimentos de origen animal y que pueden presentar ciertos riesgos nutricionales si no se dispone de información suficiente.

Las últimas crisis alimentarias y el interés de un sector de la población por el seguimiento de unas normas de alimentación saludables, ha fomentado la aparición de una nueva modalidad denominada semivegetariana. Este término abarca un amplio rango de hábitos alimentarios: desde tomar todo tipo de carne de vez en cuando, a consumir huevos, pescados y aves, excluyendo las otras carnes, hasta los que solo aceptan los huevos y el pescado(5).

La tabla I resume las modalidades de vegetarianismo descritas. El presente artículo se centrará en la alimentación vegetariana.

 

 

Alimentos

Las pirámides de la alimentación son documentos gráficos que agrupan los alimentos según su semejanza nutricional.

La pirámide para la alimentación vegetariana, al igual que la de alimentación saludable omnívora, agrupa los alimentos según su similitud nutricional, con grupos parecidos, aunque en algunos varían los alimentos que los componen (Fig. 2):

Figura. 2. Pirámide vegetariana. Loma Linda University. School of public Healh.2008. Depatment of Nutrition.

Cereales: preferentemente integrales.

Leguminosas: incluye productos derivados (p. ej., tofu).

Hortalizas: tubérculos, bulbos, raíces y hortalizas de hoja, tallo o fruto.

Frutas: variadas atendiendo la estacionalidad.

Semillas oleaginosas y frutos secos.

Aceites y grasas.

Lácteos: leches, leches fermentadas de diferentes tipos y quesos.

Huevos.

 

Además, el mercado ofrece una amplia gama de productos elaborados para este colectivo sin presencia de alimentos de origen animal.

A continuación, comentamos los contenidos nutricionales de los alimentos básicos por grupos.

Farináceos

Cereales

Los hidratos de carbono son el componente mayoritario de los cereales, en la mayoría de ellos domina el almidón, mientras que en otros como la cebada, la avena o el centeno, predominan los polisacáridos no amiláceos.

Las proteínas son otros componentes no despreciables de su composición. El valor nutritivo de las proteínas de los diversos cereales varía según cada uno de ellos, pero es común para todos los bajos contenidos en lisina si se compara con la proteína patrón, por lo que se las considera de valor biológico limitado. Las proteínas de los cereales se complementan bastante bien con las de origen lácteo, que son mucho más ricas en lisina, así como con las proteínas procedentes de las leguminosas.

Además, los cereales contienen vitaminas del grupo B y sales minerales en cantidades variables, dependiendo de si se considera el grano completo o si este se ha desprovisto de su parte más exterior, lo que da lugar a las harinas refinadas o harinas blancas. Generalmente, las personas que realizan una alimentación vegetariana prefieren consumir cereales completos o alimentos elaborados con harinas integrales, en este caso, el aporte de fibras es mayor, así como el de vitaminas y sales minerales. Los productos integrales tienen una menor digestibilidad y pueden provocar molestias gástricas a los niños y a los adultos poco acostumbrados a su consumo. Los fitatos, que se encuentran en la composición del salvado de los cereales, actúan como inhibidores de la utilización de sales minerales, como el hierro, el cinc y el calcio, acción que se ve disminuida si estos están modificados por la cocción o por fermentación.

Como alimentos de uso común en este subgrupo, se encuentran: el pan, pastas alimenticias, arroz, cereales de desayuno, y entre los elaborados de consumo muy extendido están las galletas y similares.

Legumbres

Son un pilar de la alimentación vegetariana, su composición nutricional está presidida por las proteínas y los hidratos de carbono, sin menospreciar su contenido en sales minerales, vitaminas y fibra. Se consideran una fuente proteica importante. Por su alto contenido en proteínas, se incluyen también en el grupo de alimentos proteicos.

Tubérculos

Por su alto contenido en carbohidratos, los tubérculos también se incluyen en este grupo.

Hortalizas

El contenido en nutrientes de este grupo de alimentos varia de forma considerable según el tipo, pero, en general, destaca la elevada cantidad de agua, que oscila entre el 80 y el 90%, los hidratos de carbono le siguen con un 10-20%, las proteínas y las grasas representan un bajo porcentaje; por todo ello, el contenido energético de las hortalizas frescas es muy bajo. La cantidad de fibras no suele sobrepasar el 3%.

Las hortalizas son una excelente fuente de determinadas vitaminas (folatos, provitamina A, vitamina K, vitamina E, etc.), sobre todo, considerando que esta aportación está asociada a un bajo contenido energético. No obstante, otras vitaminas están prácticamente ausentes en este grupo de alimentos (vitamina D, vitamina B12).

Los alimentos de este grupo son una buena fuente de sales minerales como: potasio, calcio y magnesio. Algunas verduras contienen cantidades relativamente altas de hierro, aunque su biodisponibilidad es baja al igual que la del calcio.

Tubérculos

Deben distinguirse del resto de hortalizas, por el hecho de que su contenido en hidratos de carbono y proteínas es considerablemente mayor al de la mayoría de hortalizas y, por consiguiente, son más energéticos. Tubérculos de uso común en nuestro entorno son: las patatas, los boniatos, pero también, el ñame, y la yuca.

Frutas

Como en el grupo anterior, el componente mayoritario es el agua, a este le siguen los azúcares, los polisacáridos y los ácidos orgánicos, sin apenas presencia de proteínas ni de grasas excepto el aguacate, que contiene una cantidad nada despreciable de grasa, y especialmente de ácidos grasos monoinsaturados. Las vitaminas, las sales minerales y las fibras son parte de las propiedades nutritivas de los alimentos de este grupo, el contenido en vitaminas está distribuido de forma irregular en las distintas especies, por este motivo es importante el consumo variado de las frutas. Las frutas desecadas (pasas, ciruelas…) tienen una cantidad mayor en azúcares, fibras, sales minerales y una cantidad no despreciable de compuestos nitrogenados. Como en el caso de las hortalizas, las vitaminas D y B12 no forman parte de su composición.

Frutos secos y semillas oleaginosas

La fruta seca grasa y las semillas oleaginosas contienen proteínas, además de un considerable porcentaje en grasa, mayoritariamente insaturada. Los ácidos grasos de las almendras, avellanas y pistachos son en su mayoría monoinsaturados, mientras que los de las nueces y los piñones son principalmente poliinsaturados.

En relación a las proteínas, estas son de limitado valor biológico. Aunque son una buena fuente de triptófano y de aminoácidos azufrados, contienen bajos niveles de lisina. Los frutos secos tienen una alta densidad energética que junto con el contenido en vitamina E, sales minerales y fibra, les convierte en un grupo importante para el aporte de nutrientes y energía.

Grasas

Los aceites y las materias grasas son la principal fuente de energía y son el vehículo de las vitaminas liposolubles, de las que podemos destacar la vitamina E en los aceites de semillas o en el aceite de oliva virgen.

Los ácidos grasos de los aceites de semillas son, en su mayoría, poliinsaturados ricos en ácidos grasos de la serie omega-6. El ácido graso predominante del aceite de oliva es el ácido oleico (monoiinsaturado); mientras que, en los aceites tropicales de coco y palma, los ácidos grasos mayoritarios son los ácidos grasos saturados. La mantequilla contiene ácidos grasos saturados, vitamina D y colesterol.

Lácteos

Su contenido en proteínas de alto valor biológico mejorarán el aporte en aminoácidos esenciales sin necesidad de tener en cuenta la complementación proteica; además, contienen una pequeña cantidad de cianocobalamina(B12), vitamina prácticamente ausente de los alimentos de origen vegetal y principal déficit en el vegetarianismo estricto. El calciode los productos lácteos se diferencia, no solo por la cantidad de este mineral, sino también por su buena biodisponibilidad, debida a su forma química y al equilibrio con el fósforo, entre otras buenas condiciones.

La grasa láctea es rica en ácidos grasos saturados. En los casos en que el consumo de alimentos de este grupo sea elevado, puede ser recomendable aconsejar los productos semidesnatados para evitar un excesivo aporte de energía, ácidos grasos saturados y colesterol.

Alimentos de este grupo son: la leche de origen animal y los yogures y demás leches fermentadas, además de los quesos.

Alimentos proteicos

Huevos

Contienen proteínas de alto valor biológico, además de lecitina, fosfolípidos y vitaminas hidrosolubles y liposolubles. El contenido en colesterol no parece resultar un inconveniente, teniendo en cuenta que se trata de un tipo de alimentación donde están ausentes las carnes, los pescados y sus derivados.

Legumbres

Este grupo de alimentos contiene una gran cantidad de proteínas. La calidad de estas, depende de su contenido en aminoácidos esenciales en comparación con la proteína patrón; a los aminoácidos esenciales que resultan insuficientes de esta comparación, se les denomina aminoácidos limitantes.

Las legumbres tienen niveles bajos de triptófano y aminoácidos azufrados, por lo que sus aminoácidos limitantes serán, además del triptófano, la metionina y la cistina. Las legumbres son una buena fuente de lisina(6).

Se puede mejorar el aporte de los aminoácidos, haciendo una combinación adecuada de los distintos grupos de alimentos; por ejemplo, combinando las legumbres, cuyo aminoácido limitante es el triptófano y los aminoácidos azufrados pero que contienen una buena cantidad de lisina, con los cereales, cuyo aminoácido limitante es la lisina y son una buena fuente de triptófano y aminoácidos azufrados.

La calidad de las proteínas también depende de su digestibilidad, que viene determinada por los factores no proteicos como la fibra y los polifenoles, entre otros. A mayor cantidad de fibra, menor es la digestibilidad.

Mediante la fórmula adaptada por la FAO OMS y adoptada por otras organizaciones, se calcula la digestibilidad de una proteína, corregida para el contenido de aminoácidos (PDCAAS); así, la calidad de la proteína de la caseína o la de la clara de huevo tiene un valor 1, mientras que la de las legumbres es de 0,55.

 

Contenido en aminoácidos
(mg/g proteína) en la
proteína x digestibilidad

PDCASS =
_________________________

Contenido de aminoácidos
en el patrón de la FAO
para niños de 2 a 5 años

 

En cuanto a los hidratos de carbono, el almidón es el glúcido mayoritario de las legumbres, otros componentes hidrocarbonados son: la celulosa, la hemicelulosa y las pectinas, componentes de las fibras presentes en cantidad importante en estos alimentos. Las grasas son minoritarias en su composición.

Las legumbres ofrecen contenidos interesantes de: ácido fólico, tiamina, niacina, calcio, hierro, cinc, fósforo y magnesio(6).

El hierro de las legumbres, como ocurre con el de los demás alimentos vegetales, es de baja biodisponibilidad. La biodisponibilidad del hierro depende, en parte, de su forma química: el hierro (“hemo” de alta biodisponibilidad), se encuentra solo en músculo y vísceras de animales, mientras que el hierro “no hemo” (con una biodisponibilidad mucho más baja), es el mayoritario en la dieta y se halla presente tanto en alimentos de origen animal como vegetal. Otros factores que afectan la biodisponibilidad del hierro, son la acidez en el medio gástrico, así como la interacción con otros compuestos químicos presentes que en los alimentos pueden aumentar su biodisponibilidad (vitamina C o ácido cítrico) o bien disminuirla (ácidos fítico y oxálico). Además, cuando se ingieren elevadas cantidades de calcio, este compite con el hierro “no-hemo” para su absorción, de manera que puede disminuir su biodisponibilidad. La biosiponibilidad de otros minerales del mismo grupo (minerales de transición como el cinc o el cobre) también se ve afectada por esas interacciones.

Por su contenido en proteínas, también se incluyen en este grupo: los lácteos, los frutos secos y las semillas oleaginosas.

Dulces

Los nutrientes del azúcar y de la miel son, básicamente, azúcares sencillos que aportan energía rápida, la recomendación que se hace sobre el consumo de estos azucares es de no sobrepasar entre el 7-10% de la energía total del día. Su contenido en otros nutrientes es minoritario, especialmente en los refinados. El azúcar moreno y las melazas contiene un poco de fibra y trazas de micronutrientes sin valor destacable en el plano nutritivo.

Alimentos especiales

Alimentos que son consumidos frecuentemente por sus propiedades nutritivas, como condimentos o como sustitutivos de los productos de origen animal. De entre ellos, destacamos:

Algas: la mayoría de las que se consumen son de origen marino, de bajo contenido calórico, ricas en minerales (Mg, Ca, P, K y I), fibras, proteínas, vitaminas y ácidos grasos esenciales. El contenido vitamínico varía según la época del año y la variedad. Las algas rojas son especialmente ricas en provitamina A, las negras y las verdes en vitamina C. Las negras también lo son en vitamina E. Todas ellas contienen pequeñas cantidades de vitamina B12, si bien algunos autores creen que son análogos inactivos de esta vitamina o bien vitamina activa producida por microorganismos adheridos a ellas, pero que no puede ser considerada como una fuente fiable de esta vitamina. Entre las algas más consumidas, destacan: agar-agar, nori, wakame, hijiki y kombu. Algunas de las que también se consumen son de agua dulce, como en el caso de la espirulina.

Batidos de soja, arroz, avena: obtenidos a partir de granos remojados, molidos y colados. Usados como sustitutos de la leche, en muchos casos, enriquecidos en calcio.

Gomasio: condimento obtenido a partir de la mezcla de granos de sésamo tostados y molidos, con sal marina. Existe una variedad mezclada con algas tostadas y pulverizadas, con mayor contenido en minerales.

Granos germinados: granos sometidos a un proceso germinativo que mejora su digestibilidad.

Miso: pasta rica en sodio que resulta de la fermentación de granos de soja, con avena o/y arroz, se encuentran diversas variedades según la combinación de los ingredientes. Se usa para la preparación de sopas, como condimento o para untar pan. Su riqueza en ácido glutámico le proporciona el sabor típico de la carne.

Natto: producto de soja fermentada de manera similar al tempeh. Característico por su textura y sabor peculiar.

Proteína de soja texturizada: se obtiene de la harina de soja desgrasada. Se comercializa generalmente deshidratada y es muy utilizada por la industria alimentaria.

Quorn: microproteína que se extrae de un hongo Fusarium venenatum; se consume como ingrediente de algunas recetas culinarias.

Seitán: preparado proteico a base de gluten de trigo. El valor biológico del gluten del trigo es de 42/100. Permite preparaciones culinarias similares a la carne.

Tamari: compuesta de soja fermentada, trigo y sal. Se usa como salsa o para condimentar sopas. Tiene un alto contenido en sodio.

Tahin: Pasta elaborada con semillas de sésamo crudas o tostadas. Usada para untar en pan o para dar sabor a las recetas culinarias.

Tempeh: producto de soja fermentada a partir de granos enteros de soja. De sabor similar a los champiñones frescos, se suele utilizar como condimento de otros platos.

Tofu: también llamado “queso de soja”, se obtiene a partir de la coagulación del batido de soja. Son mejor fuente de calcio, los cuajados a los cuales se ha adicionado sales de calcio.

El valor nutricional de algunos de estos alimentos se resume en la tabla II.

 

Realización de la alimentación vegetariana

Para conseguir una alimentación vegetariana saludable, se recomienda cumplir con las raciones propuestas de cada grupo de alimentos, procurando que sea lo más variada posible y adaptando las cantidades a la necesidades individuales. Para facilitar su confección, en la tabla III se resumen el número de raciones recomendadas por día, así como el peso y la medida casera.

 

 

En la tabla IV, se muestran los pesos orientativos de las raciones por grupos de edad.

 

 

Análisis crítico de las alimentaciones vegetarianas. Ventajas e inconvenientes

Las dietas vegetarianas ofrecen beneficios de protección de la enfermedad coronaria, debido a su menor contenido en grasa, colesterol, y a su superior contenido en ácido fólico y antioxidantes. Los principales inconvenientes son: el volumen de alimentos que deben consumir para cubrir las necesidades energéticas y la ausencia de determinados nutrientes en alimentos de origen vegetal.

Debido al incremento de las enfermedades crónicas relacionadas en gran parte con la dieta, las recomendaciones actuales de la OMS para la población general, son la disminución del consumo de grasas saturadas y azúcar, y el aumento de fibras, que traducido en alimentos propone la disminución de los alimentos de origen animal y el aumento de los de origen vegetal.

Gibson y colaboradores (2014), describen que existe riesgo de deficiencia de hierro y cinc en niños y adolescentes que practican dietas veganas muy restringidas, por lo que puede ser conveniente recomendar alimentos fortificados, así como estrategias para mejorar la biodisponibilidad(8).

Tanto la Asociación Americana de Dietética (ADA) como la Société Canadienne de Pédiatrie, coinciden en afirmar que una alimentación vegetariana bien equilibrada, puede responder a las necesidades de los niños y de los adolescentes, pero que debe de asegurarse un suficiente aporte energético y vigilar atentamente su desarrollo(9), en este punto, la ADA especifica que es compatible con un buen estado nutricional, especialmente si la dieta es lacto u ovolactovegetariana(4).

En los casos en que la alimentación vegetariana aporte los nutrientes y la energía necesaria para el crecimiento y desarrollo del niño, las ventajas a destacar son: la disminución de las grasas saturadas (siempre que se respeten las raciones recomendadas); el adecuado aporte en ácido fólico –a menudo insuficiente en la alimentación omnívora– y el aporte de fibra.

La Asociación Americana de Dietistas (ADA), resalta que los niños vegetarianos raramente son obesos y, también, que su crecimiento es más lento.

Diversos estudios indican que los vegetarianos presentan tasas inferiores de morbilidad y mortalidad relativas a las diversas enfermedades crónicas en comparación con los no vegetarianos. Las dietas vegetarianas ofrecen beneficios de protección de la enfermedad coronaria, debido a su menor contenido en grasa, colesterol, proteína animal y a su superior contenido en ácido fólico y vitaminas antioxidantes. Los niveles de colesterol total en sangre y de colesterol LDL son, por lo general, inferiores en los vegetarianos. Los inconvenientes de la alimentación vegetariana en niños son: el volumen de alimentos que deben consumir para cubrir sus necesidades energéticas, la menor digestibilidad de los alimentos vegetales –en especial referencia a la digestibilidad de las proteínas– y la falta de nutrientes presentes en alimentos de origen animal, pero ausentes (o casi ausentes) en alimentos de origen vegetal.

Cubrir las necesidades en vitamina B12, vitamina D, calcio, zinc y hierro, en los casos de vegetarianismo estricto, puede resultar difícil, así como asegurar el aporte de ácidos grasos esenciales. En algunos casos, se recomienda la suplementación y el consumo de alimentos enriquecidos, como se ha mencionado anteriormente.

Propuestas para mejorar los aportes nutricionales en niños y adolescentes vegetarianos

Los padres deben disponer de la información suficiente para seguir las directrices de la pirámide alimentaria y cumplir con las recomendaciones para mejorar el aprovechamiento de los nutrientes.

Para evitar el déficit energético y/o nutricional, los padres deben conocer y seguir las directrices de la pirámide alimentaria, cumplir con las recomendaciones sobre complementación proteica, aporte de energía, ácidos grasos esenciales, vitamina B12, vitamina D, calcio, zinc y las propuestas para mejorar la utilización del hierro. Para evitar déficit de vitamina B12 y vitamina D en la leche materna de madres veganas, puede ser aconsejable que estas madres las ingieran como suplementos vitamínicos.

Recomendaciones para el aporte de energía

Conviene asegurar un aporte diario de grasas de aliño y cocción, velar por la presencia de cereales o sus derivados en todas las comidas, recomendar el consumo frecuente de fruta seca oleaginosa, pero moderar el consumo de alimentos con mayor contenido en azúcar (zumos, mermeladas, miel, azúcar, chocolate…).

Recomendaciones para la complementación proteica

En el caso de no incluir ningún alimento de origen animal (lácteos o huevos), la mezcla de cereales con legumbres o con fruta seca oleaginosa debería de estar presente en los menús de forma habitual. Las investigaciones sugieren que no es necesario consumir proteínas complementarias en una misma comida y que el consumo de diversas fuentes de aminoácidos durante el día debe asegurar una retención y utilización adecuada del nitrógeno en las personas sanas. Se recomienda un consumo superior de proteínas a los vegetarianos en relación a los no vegetarianos, de entre un 30-35% respecto al valor calórico total para los niños de hasta los 2 años, entre un 20-30% entre los 2 a 6 años, y un 10-15% después de los 6 años, en especial los niños veganos(9), y un consumo variado de alimentos para asegurar la adecuada complementación de las distintas proteínas vegetales. Las fuentes principales de proteínas en la alimentación vegana son: las legumbres, los cereales, los frutos secos y las semillas.

Recomendaciones para el aporte en vitamina B12

La manera más segura es la inclusión de alimentos de origen animal. En ausencia o en un consumo muy bajo de estos, es necesaria la suplementación de esta vitamina o/y el consumo de alimentos enriquecidos, como se ha mencionado anteriormente.

Es posible que la leche materna de madres veganas sea pobre en esta vitamina, por lo que pueden ser necesarios suplementos a sus lactantes(9).

Recomendaciones en relación al aporte de calcio

Los lácteos serán la primera fuente de elección, no solo por la cantidad sino también por la alta biodisponibilidad del mineral en estos alimentos. En los casos de omisión total de los alimentos de este grupo, debe recurrirse a los productos enriquecidos en este mineral como derivados de la soja, cereales, y zumos. Los frutos secos grasos son también portadores de cantidades no despreciables de calcio. Las hortalizas de hoja verde con bajo contenido en oxalatos como la col verde, son también una fuente de calcio para niños de mayor edad. La ingesta recomendada de calcio para niños de 1 a 10 años es de 800 mg/día y de 11 a 24 años es de 1.200 mg/día, cantidades que es importante respetar. Los niños y adolescentes veganos pueden necesitar suplementación para alcanzar las ingestas recomendadas.

Propuesta para mejorar la utilización del hierro

A partir de los 6 meses, deben introducirse alimentos ricos en hierro o alimentos enriquecidos en este mineral.

Diversos estudios realizados con niños preescolares y escolares veganos, indican que no hay casos documentados de anemia. Si bien, su necesidad en este mineral es de 1,8 veces en relación a los no vegetarianos, debido a la diferente biodisponibilidad(9).

Para mejorar la biodisponibilidad del hierro de los alimentos de origen vegetal se recomienda la inclusión de un alimento rico en vitamina C en la misma comida, ya que la vitamina C incrementa la solubilidad del hierro “no-hemo” (y, por consiguiente, su biodisponibilidad). Altas concentraciones de ácidos fítico u oxálico, cantidades altas de fibra y elevadas ingestas de calcio, también interfieren negativamente en la absorción de este mineral.

Propuesta para mejorar el aporte de zinc

Debido a la baja biodisponibilidad del zinc de los alimentos de origen vegetal, las recomendaciones de consumo para los vegetarianos y, en especial, para los veganos deberían de ser un 50% superior a las de los no veganos. Fuentes de este mineral son (legumbres secas, fruta oleaginosa y cereales completos). La fermentación de los alimentos permite disminuir las concentraciones de posibles sustancias interferentes(4,8,9,11,12).

Propuesta para mejorar el aporte de vitamina D

Para los veganos, el aporte de esta vitamina está supeditada al consumo de alimentos enriquecidos y a la exposición solar, en el caso de que estos sean insuficientes, es muy posible que sea necesaria la prescripción de suplementos.

Propuesta para mejorar el aporte de ácidos grasos esenciales

Los veganos pueden fácilmente consumir menos grasas que los omnívoros y los ovo-lactovegetarianos, siendo especialmente bajas las ingestas de docosahexaenoico (DHA) y de eicosapentanoico (EPA) y, en cambio, altas las ingestas de ácidos grasos omega-6, los cuales pueden inhibir la conversión del ácido linolénico, principal precursor del DHA y del EPA, por lo que se recomienda el consumo de nueces, aceite de linaza y aceite de colza ricos en el precursor.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra debe velar para que los aportes nutritivos sean adecuados, teniendo en cuenta la edad de los niños, para que estos mantengan un óptimo estado de salud y desarrollo, además de prevenir trastornos alimentarios que se pueden traducir en desequilibrios nutricionales y con ello favorecer la aparición posterior de: obesidad, hipercolesterolemia, diabetes tipo 2, caries y malnutrición en general. Dichos trastornos y patologías crecen actualmente a un ritmo no deseable que generan una mala calidad de vida y un coste socio-económico y sanitario muy elevado. También, debe prevenir aportes energéticos insuficientes y desequilibrios nutricionales para evitar déficits nutricionales.

Promocionar el seguimiento de las recomendaciones de la pirámide vegetariana, junto con una buena información, puede ser útil para conseguir una alimentación saludable.

Cualquier tipo de alimentación puede ser saludable siempre que cumpla con los requisitos nutricionales. Dicho de otra forma: que sea suficiente en energía y nutrientes(13).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Sabaté J, Soret S. Sustainability of plant-based diets: back to the future. Am J Clin Nutr. 2014; 100 (suppl): 476S-82S. American Society for Nutrition.

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Bibliografía recomendada

- Bras J, de la Flor JE, Masvidal RMª. Pediatría en Atención Primaria. 3ª ed. Barcelona: Springer-Verlag Ibérica; cop. 2011.

Publicación redactada por pediatras de Atención Primaria, que trabajan con el entorno familiar cotidiano donde se desarrolla el niño, ayudando en los problemas que plantea su crecimiento y desarrollo, el rendimiento escolar, la socialización con los compañeros, el acoplamiento a la sociedad y, el seguimiento y recuperación de posibles secuelas patológicas y minusvalías.

- Pich M. Niños vegetarianos En: Sasot J, Moraga FA. Avances en psicopediatría. Barcelona: Prous Science; 2001. p. 37-48.

Libro que tiene la educación como el punto de partida para la prevención de la mayoría de los problemas de salud, tanto físicos como psicosociales, que pueden transformar las etapas del desarrollo y de la madurez en un camino difícil e inseguro con consecuencias que afectarán negativamente la conducta, la salud y la propia vida.

- Centre d’Ensenyament Superior de Nutrició i Dietètica. L’alimentació infantil: nens i nenes de 3 a 12 anys. Barcelona: Pòrtic; 2001.

Publicación que ofrece consejos, pautas y recomendaciones alimentarias para la adecuada alimentación infantil. Además, contiene ciento cincuenta recetas con el comentario dietético y el análisis de la cobertura de raciones alimentarias.

- Les algues: le légume de la mer. Nutri-doc. 2002; (38): 1.

Artículo que da a conocer, que más de nueve millones de toneladas de algas son transformadas cada año en el mundo, de las cuales el 75% son utilizadas como verduras. Tradicionalmente, estas algas son más utilizadas en el sureste asiático que en Occidente donde todavía tienen pocos adeptos.

- Lecerf JM. Manger autrement. 3è éd. Paris: Institut Pasteur de Lille; 1991.

Obra sencilla, divertida y clara, donde el autor propone toda clase de recetas y alternativas culinarias para alimentarse de manera saludable y equilibrada.

- UVE. http://www.unionvegetariana.org/.

Web de la Unión vegetariana española, que cuenta con abundante y riguroso material de interés para la realización práctica de la alimentación vegetariana, así como respuestas fundamentadas científicamente sobre muchos aspectos que plantean dudas a los practicantes de estas dietas.

 

 

Caso clínico

 

Adolescente de 16 años que acude a consulta derivada por el ginecólogo debido a una amenorrea de tres meses, de la analítica realizada destacan unos hematíes de 3.800.000/ml, un hematocrito del 34%, un VCM de 78 fl y una ferritina de 12 ng/L, el resto de los valores están dentro de la normalidad.

La madre explica que desde hace aproximadamente 10 meses, su hija ha decidido seguir una alimentación vegetariana, ella misma reconoce que es afín a este tipo de alimentación, pero que su hija la sigue de forma estricta.

El interrogatorio alimentario realizado demuestra que la muchacha sigue una alimentación vegetariana estricta. Pero no demuestra demasiados conocimientos sobre alimentación y no parece haberse informado sobre el veganismo.

Habitualmente, hace todas las comidas en su casa excepto la del mediodía que la realiza en el centro escolar donde estudia, allí acostumbra a comer el primer plato del menú: verdura y patata o pasta con salsa de tomate o ensalada, además, come pan y fruta.

En casa, la alimentación se compone esencialmente de pasta, arroz, hortalizas, patatas, pan, fruta, pocos frutos secos y productos derivados de la soja, como batido de soja, tofu, yogur de soja y miso. También consume seitán frecuentemente.

Mantiene la misma actividad física desde que empezó la ESO.

El IMC es de 22 y su peso no ha variado desde el cambio de su alimentación.

 

  
  

 

Fallo de medro

S. Bueno Pardo
Temas de FC


S. Bueno Pardo

Hospital de Cabueñes. Gijón

 

Resumen

El fallo de medro consiste en un crecimiento deficiente respecto del esperado según las tablas de crecimiento estándar. Este término se aplica, por tanto, a aquel niño cuyo peso o ganancia de peso no se corresponde con el de los niños de su misma edad y sexo. El fallo de medro puede deberse a una enfermedad subyacente (orgánico) o no (no orgánico), aunque en la mayoría de los casos en ambos grupos la causa principal es una ingesta insuficiente para suplir las necesidades para crecer. El diagnóstico se fundamenta en la realización de una historia clínica completa, exploración física y exámenes complementarios. El tratamiento se basará en la restauración del estado nutricional, y en los casos de etiología orgánica irá dirigido a tratar la misma

 

Abstract

Failure to thrive consists of inadequate growth, evidenced by observing the child’s growth over time using standard growth charts. This term applies, therefore, to child whose weight or weight gain does not correspond with that of children of similar age and sex. Failure to thrive may be due to an underlying disease (organic) or not (non‐organic), although in most cases in both groups the main cause is inadequate intakes to meet the needs to grow well. The diagnosis is based on the realization of a complete medical history, physical examination and complementary tests.
Treatment is based on the restoration of nutritional status, and in cases of organic etiology treatment is aimed at treating the same

 

Palabras clave: Fallo de medro; Nutrición; Abandono infantil; Desarrollo

Key words: Failure to thrive; Nutrition; Childneglect; Development

 

Pediatr Integral 2015; XIX (5): 308-312


Fallo de medro

 

Introducción

La importancia del fallo de medro viene dada por su incidencia y por sus consecuencias.

Fallo de medro (FM) o desmedro es el término con el que se describe la situación de aquel niño cuyo peso o curva de ganancia de peso no se corresponde con el de los niños de su misma edad y sexo. Se presenta cuando la ingesta de nutrientes es insuficiente para mantener una velocidad de crecimiento normal, afectándose la curva de peso, y, en los casos más graves y de duración prolongada, también la talla y el perímetro cefálico(1).

Este síndrome es considerado como un indicador de problemas físicos o psicosociales en los primeros años de vida, y además del retraso en el crecimiento, puede conllevar deficiencias cognitivas(2). Por tanto, siempre representa un reto asistencial para el pediatra.

Definición

Existe una falta de consenso en la definición del fallo de medro.

Actualmente, existen diferentes definiciones de fallo de medro y una falta de consenso en la delimitación conceptual del cuadro clínico, lo que dificulta el trabajo a la hora de comparar y analizar los resultados de los trabajos realizados sobre el tema.

Hay, incluso, una gran disparidad a la hora de establecer los aspectos más fundamentales para el diagnóstico del FM. La utilidad práctica de los parámetros somatométricos ha sido universalmente aceptada, aunque aún existen discrepancias en cuál o cuáles debemos utilizar como referencia diagnóstica. Asimismo, el tiempo necesario para considerar el problema como establecido también es objeto de discordia. Actualmente, dado que el crecimiento del niño es escalonado y no continuo, y teniendo en cuenta que un niño sano puede presentar periodos de falta de crecimiento de hasta 3 meses de duración, se considera que un único registro de peso y talla es insuficiente para establecer el diagnóstico de FM; por tanto, son las definiciones dinámicas, que evalúan la velocidad de crecimiento y su cambio a lo largo del tiempo, las preferidas por la mayoría de autores(2,3). Para confirmar el cuadro clínico, esta situación tendría que confirmarse en dos o más controles sucesivos, preverse persistente o prologarse durante, al menos, 12 meses. Otro aspecto discutido sería la edad límite hasta la que se habla de FM, reservando el término FM para los niños menores de 2 o 3 años, según los autores, y utilizándose el término “retraso del crecimiento” o “maduración sexual retardada” para los niños mayores de esta edad(1).

Desde un punto de vista práctico y utilizando las gráficas de crecimiento propias de cada país, existen criterios para el diagnóstico de FM, cuando(4):

• Peso por debajo de los percentiles 3 o 5 para la edad, en más de una ocasión.

• Peso inferior al 80% del peso ideal para la edad.

Caída de dos o más líneas principales de percentiles en las gráficas de crecimiento estandarizadas.

Ninguno de estos criterios parece superior a los demás como instrumento para clasificar la severidad y predecir la evolución(5), siendo también posible que la aplicación de uno solo resulte poco útil para identificar los casos de retraso del crecimiento de origen nutricional.

Es importante, a la hora de establecer el diagnóstico de FM, valorar la carga genética de los padres y el origen racial. Asimismo, debemos tener presente que el crecimiento es escalonado más que continuo; de forma que, como ya se indicó anteriormente, hasta el 20% de los niños sanos pueden presentar periodos de falta de crecimiento de hasta 3 meses, y que la evolución del crecimiento puede variar de los estándares normales en cualquier momento. De hecho, se ha observado que un 5% de los lactantes sanos nacidos a término suben o bajan un percentil desde el nacimiento hasta las 6 semanas de edad; desde esta edad y hasta el año, otro 5% cruzarán dos e incluso hasta el 1% cruzará tres(6). En otras series, estos porcentajes son más elevados(7).

En conclusión, pueden existir enlentecimientos normales en el ritmo de crecimiento y no siempre un percentil de peso inferior al percentil 3 es patológico.

Epidemiología

La incidencia del fallo de medro es muy variable dependiendo de los criterios utilizados.

Según las series publicadas, se trataría de un trastorno frecuente, aunque no hay datos fiables debido a la ausencia de criterios diagnósticos aceptados de forma general, al origen diferente de las poblaciones estudiadas y a la distinta finalidad con la que se han planteado los estudios. En algunos trabajos, se relaciona con clases sociales más bajas, problemas socioeconómicos y familias numerosas con madres añosas(8).

Se ha comunicado que hasta un 10% de los niños atendidos en consultas de Atención Primaria mostrarían signos de FM(6).

Fisiopatología y etiología

El fallo de medro, clásicamente, se ha clasificado en orgánico y no orgánico.

En condiciones normales, los nutrientes procedentes de la alimentación son digeridos, absorbidos y utilizados para satisfacer las demandas metabólicas. La energía no utilizada en los procesos vitales servirá para el crecimiento esquelético, ganancia ponderal y, posteriormente, para la fertilidad. De este modo, cualquier alteración en uno de estos procesos podrá ser causa de un retraso en el crecimiento. Pero además de causas orgánicas, existen muchos otros factores que pueden contribuir al desmedro(4). Por ello, clásicamente, el FM se ha clasificado como: orgánico y no orgánico. Hoy en día, se conoce que en tan solo un 5% de los casos existe una causa orgánica subyacente identificable(3,6).

Prácticamente, todas las enfermedades pediátricas con repercusión en el estado general del niño pueden ser causa de un FM y, en muchas ocasiones, puede ser este su primera manifestación y la vía para el diagnóstico de enfermedades importantes y curables. El desmedro de causa no orgánica se diagnostica por exclusión, como un fracaso del crecimiento sin una causa orgánica identificable(1).

Se han propuesto tres mecanismos fisiopatológicos para este trastorno(9). El primero sería una ingesta insuficiente de alimentos, que podría representar hasta el 80% del total de casos. Son aquellos trastornos en los que se produce una incapacidad para ingerir alimentos, por enfermedad crónica que cursa con anorexia, como los trastornos neurológicos y cromosomopatías con dificultad para deglutir, enfermedades renales o hepáticas, reflujo gastroesofágico con esofagitis o paladar hendido. También, puede darse esta situación en casos de limitación en el acceso a los alimentos, por un problema social (pobreza, falta de recursos), por creencias culturales o religiosas o en casos de desatención parental y maltrato.

El segundo mecanismo es la maldigestión o malabsorción de nutrientes. Se puede dar en los síndromes de malabsorción, como la enfermedad celíaca o la fibrosis quística, en metabolopatías, alergias alimentarias, enfermedad inflamatoria intestinal, etc.

El tercer mecanismo son necesidades energéticas aumentadas, como las que se pueden observar en: cardiopatías congénitas, enfermedades pulmonares crónicas, hipertiroidismo, trastornos metabólicos o enfermedades oncológicas(1).

Valoración del paciente

La anamnesis, la encuesta dietética y una completa exploración física son las herramientas fundamentales para la detección del fallo de medro.

La valoración del paciente con sospecha de fallo de medro se basa en 4 pilares: historia clínica, encuesta dietética, exploración física y realización de pruebas complementarias.

Historia clínica: debe comenzarse por una anamnesis sistematizada y completa, en la que se recoja información sobre: la dieta seguida por el niño, la conducta alimentaria, el entorno psicosocial y cualquier otro factor que pueda relacionarse con el trastorno (recursos económicos y de atención sanitaria, situación laboral, conflictos familiares, hábito constitucional de los padres durante la infancia y en la actualidad, etc.). Así mismo, debe preguntarse sobre la existencia de factores intercurrentes, ya que pueden ayudarnos a decidir qué tipo de exploraciones complementarias se deben solicitar o qué tipo de medidas habrá que instaurar. Entre ellos, destacan: los antecedentes prenatales o perinatales (la prematuridad puede conllevar secuelas neurológicas, cardiorrespiratorias o digestivas que pueden ser causa de desnutrición; el retraso del crecimiento intrauterino puede condicionar el pronóstico de crecimiento en función de la causa que lo originó), sintomatología digestiva, respiratoria o neurológica (nos pueden hacer sospechar una causa orgánica subyacente que pueda ser la causa del trastorno de crecimiento), infecciones recurrentes (pueden obligar a descartar inmunodeficiencias) o malformaciones congénitas(4).

Resulta importante en la valoración del paciente utilizar tablas de crecimiento modificadas para poblaciones específicas, como en el caso de la prematuridad y también en determinadas cromosomopatías que cursan con talla baja (síndrome de Down, por ejemplo), ya que resultan útiles para conocer si el niño está creciendo adecuadamente(7).

Encuesta dietética: se deben recoger datos sobre la alimentación del niño desde el nacimiento, variedad y frecuencia de alimentos ofrecidos y consumidos, con cantidades aproximadas, y horarios de comidas, incluyendo las que se realizan fuera del hogar y entre horas(6). Con la estimación de la cantidad de nutrientes ingeridos, se podrá establecer una comparación con los requerimientos aconsejados e identificar aquellos casos en los que los aportes no se ajustan a los recomendados.

El método ideal para el cálculo de la ingesta diaria sería el recuento de la ingesta de 3 días (dos laborables y un festivo) o un recuento de frecuencia de ingesta de alimentos. Realizar una valoración exacta es muy difícil y requiere un entrenamiento del profesional, por lo que en la práctica clínica, se debe aceptar la orientación aproximada sobre las ingestas a través de un interrogatorio acerca del aporte calórico, completado con una encuesta dietética de 24 horas.

También, debe explorarse la actitud ante las comidas: debe consignarse si el niño come solo o acompañado, si come mejor en la guardería, qué hace durante la comida, cuánto tiempo tarda en comer, qué hace la familia si el niño no come, etc.(8).

Exploración física: se realizará una revisión sistemática y completa, orientada a identificar signos de alguna enfermedad orgánica subyacente, rasgos dismórficos sugestivos de algún trastorno genético, signos de malos tratos, deprivación y alteraciones en el desarrollo psicomotor.

Especial atención habrá que poner a la identificación de los signos clásicos de malnutrición, como son: la pérdida de turgencia y elasticidad de la piel, la pérdida del panículo adiposo subcutáneo, la disminución de masa muscular, la presencia de lanugo, rágades bucales y algunas características del pelo (ralo, áspero o escaso). Las deficiencias de micronutrientes también pueden dar síntomas específicos (Tabla I).

 

 

Ya que el control nutricional del niño con desmedro es esencial, se deben recoger datos para el registro antropométrico: peso, talla, perímetro cefálico, relación peso/talla y pliegues cutáneos. Para la recogida de datos somatométricos, el paciente debe estar desnudo y se debe disponer de material (báscula, tallímetro, plicómetro, etc.) adecuado. En el registro, también deben anotarse las enfermedades padecidas y sucesos sociales, para poder correlacionarlos entre sí.

Pruebas complementarias: los estudios deben dirigirse a confirmar el diagnóstico, descartar la existencia de deficiencias nutricionales y de enfermedades orgánicas subyacentes. El diagnóstico debe basarse en la realización de una buena historia clínica y exploración física, los exámenes de laboratorio deben ser los mínimos e imprescindibles.

Inicialmente, se solicitará un estudio de primera línea (Tabla II), que podrá completarse con aquellos otros (estudios dirigidos) que se estimen pertinentes en función de la historia clínica y la exploración, y de la gravedad y evolución del caso.

 

 

Valoración diagnóstica

En más del 95% de casos, el fallo de medro tiene un origen multifactorial.

Tras la realización de la historia clínica, somatometría, exploración física y pruebas complementarias, podremos clasificar el desmedro en orgánico o no orgánico. En nuestro medio, las enfermedades orgánicas que afectan con mayor frecuencia al peso son: las enfermedades digestivas, las oncológicas y las infecciosas(8). La exclusión de una causa orgánica subyacente suele ser el motivo más frecuente de remisión del paciente a la consulta especializada(3).

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es aportar los nutrientes necesarios.

El manejo del fallo de medro ha de ser individualizado, según las necesidades del niño, y, dada su complejidad, en la mayoría de casos requiere la intervención de un equipo multidisciplinario (pediatra especialista en gastroenterología y nutrición, dietista, psicólogo, trabajador social, etc.), para poder abordar todos los aspectos de este síndrome. El objetivo fundamental del tratamiento es aportar los nutrientes necesarios.

El tratamiento del fallo de medro se puede plantear desde seis aspectos básicos:

Tratamiento dietético: hay que establecer un plan dietético que aporte las necesidades nutricionales al niño. Se debe recomendar una dieta variada y completa, con alimentos que respeten los gustos y las costumbres culinarias de la familia, y establecer normas de higiene para preparar las dietas. En la tabla III, se recogen algunas estrategias dietéticas que se pueden emplear. Si estas medidas fallan, se planteará la instauración de nutrición enteral y, en casos graves, parenteral, pero es infrecuente llegar a esta medida.

 

 

Modificación de las conductas alimentarias: un aspecto importante de la intervención será el evitar situaciones de ansiedad familiar relacionadas con las comidas y así romper el círculo de anorexia/ansiedad familiar. En la tabla III, se exponen algunas recomendaciones.

Tratamiento de las deficiencias nutricionales: las deficiencias nutricionales son infrecuentes, salvo en aquellos casos en los que exista una causa orgánica grave subyacente. La administración de suplementos vitamínicos, en general, no suele estar recomendada.

La deficiencia nutricional específica que más se encuentra y con más frecuencia es la ferropenia(10). Debe tratarse para evitar la progresión a la anemia.

Tratamiento farmacológico: no hay datos que demuestren la eficacia de los fármacos estimulantes del apetito, además de tener efectos secundarios, por lo que su utilización es controvertida(11,12).

Tratamiento psicológico: se basa en explicar a los padres en qué consiste el fallo de medro, tranquilizarles, enseñar unas normas generales de comportamiento con sus hijos y enseñarles a crear un ambiente agradable a la hora de la comida. En ocasiones, puede ser necesaria la intervención de un psicólogo.

Hospitalización: en determinadas ocasiones, puede ser necesaria la hospitalización del paciente, como en aquellos casos de diagnóstico no claro, mala evolución a pesar de un adecuado manejo extrahospitalario, o cuando exista sospecha de negligencia o desatención familiar. También, puede ser necesario mantener al niño en el hospital para verificar una ingesta adecuada, si existe aumento de las pérdidas (vómitos, diarrea) y para la objetivación de algunos síntomas, a veces, no bien referidos por la familia(13).

En ausencia de signos clínicos de abuso o negligencia, de enfermedad orgánica o desnutrición grave, se aconseja mantener una actitud expectante, realizando controles y seguimiento del paciente para ver la evolución(3).

En aquellos casos en los que el fallo de medro se deba a una enfermedad orgánica subyacente, es recomendable tratar la causa antes de iniciar la terapia nutricional, siempre y cuando el estado general del niño o el riesgo de afectación inmediata no recomiende otra cosa.

Consecuencias a largo plazo

Resulta fundamental para el conocimiento de este trastorno que en los próximos años se realicen estudios con criterios uniformes y un seguimiento a largo plazo.

Los niños identificados como fallo de medro presentan un mayor riesgo de enfermedad orgánica y de desatención, aunque estas situaciones se dan de forma minoritaria. También, se ha observado que puede afectar al crecimiento de forma importante: se ha descrito que los niños con FM parecen alcanzar tallas finales menores, son más delgados y se sitúan en niveles inferiores en su desarrollo psicomotor, aunque las diferencias con los controles son escasas y de dudosa significación, por lo que la aceptación de estos resultados debe ser cuestionada(14). Otro dato a considerar, es el impacto de la manifestación crónica de este trastorno en el neurodesarrollo y la capacidad funcional cerebral, con lo que esto representaría de limitación en el futuro de la persona, aunque en este campo, también, los estudios son escasos y de resultados contradictorios(6,7). La historia natural del fallo de medro sugiere que en la mayoría de las ocasiones se resuelve sin intervención y sin consecuencias adversas(3).

Función del pediatra de Atención Primaria

El papel del pediatra de Atención Primaria es fundamental en este trastorno.

El pediatra de Atención Primaria debe conocer la naturaleza y dimensión del problema, saber hacer una valoración inicial y descartar una gran parte de las causas que originan el cuadro clínico en sus formas secundarias. En la mayoría de los casos, podrá asumir los aspectos principales de su tratamiento y seguimiento, incluidos la intervención educativa familiar y cualquier reorientación de las pautas alimentarias del niño. Además, debería llevar la iniciativa de un abordaje multidisciplinario y apoyo de los servicios sociales cuando sean necesarios.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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9. Stephens MB, Gentry B, Michener MD. What is the clinical workup for failure to thrive? J Fam Pract. 2008; 4: 264-6.

10. Gracia M, Abadía C, Dalmau J. Estudio clínico y evolutivo de 49 pacientes con desmedro. Act Pediatr Esp. 1992; 50: 903-6.

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Bibliografía recomendada

- Wright CM. Identification and management of failure to thrive: a community perspective. Arch Dis Child. 2000; 82: 5-9.

Realiza una valoración completa del fallo de medro, tratando la problemática de su definición, las causas, valoración diagnóstica y tratamiento.

- Krugman SD, Dubowitz H. Failure to thrive. Am Fam Physician. 2003; 68: 879-84.

Revisión completa del cuadro clínico de desmedro.

- Rudolf MCJ, Logan S. What is the long term outcome for children who fail to thrive. Arch Dis Child. 2005; 90: 925-31.

Revisión de estudios sobre fallo de medro, centrándose en el pronóstico a largo plazo.

 

Caso clínico

 

Varón de 18 meses de edad, que acude a la Consulta de Pediatría tras haberse detectado una descanalización en la curva de peso en la última revisión dentro del Programa del Niño Sano. Al trazar su curva de crecimiento, se observa que, en los 3 últimos controles, el peso se encuentra por debajo del percentil 3, y la talla y el perímetro cefálico, se encuentran entre los percentiles 10 y 25.

Se trata de un niño sin antecedentes médicos de interés: nacido a término, con un peso de 3.000 g, periodo neonatal normal, no ingresos, intervenciones ni tratamientos crónicos. Desarrollo psicomotor normal.

Se interroga a la familia sobre la dieta del niño. Parece recibir una alimentación variada, aunque los padres refieren que realiza comidas muy escasas.

Exploración

Peso: 9.100 g (<P3), talla: 78 cm (P10-25), perímetro cefálico: 47,5 cm (P10-25). Exploración: sin hallazgos significativos.

Pruebas complementarias

• Hemograma completo y bioquímica básica: normales.

• Metabolismo del hierro (sideremia, transferrina, ferritina e índice de saturación de transferrina): normal.

• Pruebas de función hepática y tiroidea: normales.

• Niveles de anticuerpos y serología de enfermedad celíaca: normales.

• Sistemático y sedimento de orina y urinocultivo: negativos.

 

  
  

 

Lactancia materna: ventajas, técnica y problemas

L. de Antonio Ferrer
Temas de FC


L. de Antonio Ferrer

Pediatra del Centro de Atención Primaria Florida Norte. L’Hospitalet de Llobregat. Barcelona

 

Resumen

La leche materna es el alimento más indicado los primeros 6 meses de vida exclusivamente, continuando junto con la alimentación complementaria hasta el año o más, según la voluntad de madre e hijo, ya que presenta múltiples ventajas para ambos. Es por ello, que debería ser considerado un asunto de salud pública y no solo la elección de un estilo de vida. El pediatra juega un papel importante en la comunidad, promocionando la lactancia materna para conseguir su mantenimiento, por lo que debe conocer la técnica correcta para ayudar a la madre en la resolución de los problemas que puedan surgir y supervisar las posibles contraindicaciones

 

Abstract

Exclusive feeding with breast milk is indicated for the first 6 months of life, continuing with complementary feeding until the first year or more, according to the will of mother and child as it has many advantages for both. This is why it should be considered a public health issue and not just a lifestyle choice. The pediatrician plays an important role in the community promoting breastfeeding in order to extend its practice.
For that purpose, pediatricians must know the correct technique to help the mother in solving problems that may arise and monitor possible contraindications

 

Palabras clave: Lactancia materna; Lactancia materna, técnica; Lactancia materna, contraindicaciones; Colecho

Key words: Breastfeeding; Breastfeeding practices; Breastfeeding contraindications; Infant Cosleeping.

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 243-250


Lactancia materna: ventajas, técnica y problemas

 

Introducción

La lactancia materna (LM) exclusiva es el alimento de elección durante los primeros 6 meses, continuando hasta el año de vida o hasta que la madre y el niño deseen, ya que es la forma más natural y saludable de alimentar a los bebés.

El primer año de vida es el período de crecimiento más rápido en todas las especies de mamíferos y, por lo tanto, las demandas nutricionales son mayores. La leche materna es el mejor alimento para cubrir las necesidades nutricionales del lactante y, además, favorece el establecimiento del vínculo madre-hijo. Estudios en animales han demostrado que, las modificaciones en la dieta durante este periodo sensible de crecimiento pueden tener consecuencias metabólicas importantes a largo plazo; en humanos, se está empezando a demostrar que los beneficios del amamantamiento se hacen manifiestos años después del destete.

Está demostrado que la lactancia materna reduce el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y muerte durante el primer año de vida, disminuye el riesgo de padecer enfermedades gastrointestinales, respiratorias y urinarias y, de presentarse, que sean menos graves. Además, ayuda a prevenir la obesidad y futuras enfermedades crónicas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan la lactancia materna exclusiva a demanda los primeros 6 meses de vida, incluidos los prematuros, los gemelos y los niños enfermos, salvo muy raras excepciones, continuando hasta el año de vida o más, junto con otros alimentos hasta que la madre y el niño lo deseen.

Según UNICEF, no hay ninguna otra intervención en la salud que tenga un beneficio tan grande para las madres y sus bebés y que cueste tan poco a los Gobiernos como la lactancia materna. En los países pobres, los niños que reciben lactancia materna tienen 13 veces más posibilidades de sobrevivir, y amamantar desde el nacimiento reduce la mortalidad del recién nacido en un 45%.

Por todo ello, la lactancia materna debe ser considerada un asunto de salud pública comunitaria y no solo la elección de un estilo de vida.

Incidencia

La incidencia de la lactancia materna aún está alejada de las recomendaciones de la OMS. El papel de los profesionales de la salud es imprescindible para promocionar la lactancia materna y ayudar a mantenerla.

En España, no se dispone de ningún registro oficial, únicamente un estudio(1) coordinado por el Comité de Lactancia Materna de la AEP con datos de 1999, en el que se documentó un porcentaje de inicio de LM del 84%, que a los 3 meses se reducía al 55% y a los 6 meses al 25%, muy por debajo de las recomendaciones de la OMS. Otro estudio de 1998(2), encontró un inicio de la lactancia materna del 91%, del 57% a los tres meses y del 24% a los 6 meses. Se encontró, que el factor positivo más importante fue el nivel educativo de la madre, mientras que el uso temprano de los suplementos fue el factor negativo más importante. En EE.UU., según los últimos estudios de la AAP(3), encontraron que el 75% de las mujeres iniciaban la lactancia materna, pero solo un 35-45% la mantenía a los 6 meses. Según datos de UNICEF, solo el 23% de los niños menores de 6 meses recibieron lactancia materna en 2012.

Múltiples factores: sociales, educacionales, laborales, rutinas hospitalarias, marketing de las fórmulas lácteas, la pérdida de cultura de la lactancia entre familiares y amigos y la falta de apoyo de los profesionales, hacen que muchas madres no logren sus objetivos.

Las cesáreas programadas o dos o más condiciones de estrés psicológico materno (episodios anteriores de depresión, insomnio y percepción del parto como algo traumático) son factores de riesgo de fracaso de la lactancia materna antes de los 4 meses, mientras que las clases o sesiones de formación pre-parto tienen un efecto protector en el mantenimiento de la lactancia materna(4).

Un 20-30% de las madres precisan asistencia para superar los problemas surgidos durante la lactancia materna. Es por ello, que los obstetras, comadronas, enfermeras pediátricas y pediatras juegan un papel muy importante, pues son los responsables de transmitir las ventajas de la lactancia materna a las futuras madres, conseguir que se instaure correctamente y que se mantenga el mayor tiempo posible.

Ventajas de la lactancia materna(3)

Se ha visto que la lactancia materna disminuye: el número y la gravedad de enfermedades infecciosas, algunas alteraciones metabólicas y el síndrome de muerte súbita del lactante, entre otras. También, presenta ventajas para la salud de la madre.

Para el lactante (Tabla I)

 

 

La leche materna puede considerarse un órgano inmunológico de transición del recién nacido, al transferir anticuerpos, especialmente IgA secretora y células vivas (macrófagos) con capacidad antiinfecciosa, por lo que disminuye el número y la gravedad de las enfermedades infecciosas:

Infecciones de las vías respiratorias bajas (IVRB). El riesgo de hospitalización por IVRB, en el primer año, disminuye un 72% en los lactantes alimentados exclusivamente al pecho más de 4 meses. La gravedad (duración de la hospitalización y requerimientos de oxígeno) de la bronquiolitis por el virus respiratorio sincitial (VRS) se reduce un 74% en lactantes alimentados al pecho exclusivamente a los 4 meses.

Otitis. La lactancia materna reduce el riesgo de otitis media un 23%, si es exclusiva, y un 50% si se mantiene más de 3 meses.

Infecciones del tracto gastrointestinal. La lactancia materna reduce un 64% las infecciones inespecíficas gastrointestinales.

Enterocolitis necrosante del prematuro (ECN). Un meta-análisis, desde 1983 hasta 2005, mostró que los prematuros alimentados con leche materna presentaron una reducción del 58% de incidencia de ECN. Otro estudio de 2010 mostró una reducción del 77% en ECN en pretérminos alimentados exclusivamente con leche materna.

 

Estimula los sistemas enzimáticos y metabólicos específicos:

Patología alérgica. Existe un efecto protector de la lactancia materna exclusiva durante 3-4 meses, disminuyendo la incidencia clínica de asma, dermatitis atópica y eccema en un 27%, en población de bajo riesgo y hasta un 42% en lactantes con historia familiar de alergia positiva.

Enfermedad celíaca.Se ha encontrado una disminución del riesgo del 52% de presentar celiaquía en lactantes alimentados al pecho durante la exposición al gluten. El factor protector crítico más que el momento de la introducción del gluten, es el solapamiento de la lactancia materna con la introducción del gluten.

Enfermedad inflamatoria intestinal. La lactancia materna se ha asociado con una reducción del 31% de riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal infantil. Se sugiere una interacción del efecto inmunomodulador de la leche humana con la susceptibilidad genética.

La leche materna consigue el mayor rendimiento nutritivo con la menor sobrecarga metabólica:

Obesidad. A pesar de los complejos factores de confusión en los estudios de obesidad, se ha encontrado una disminución de la tasa de obesidad entre un 15-30% en adolescentes y adultos que fueron alimentados al pecho, comparados con los alimentados con fórmula. Los lactantes alimentados al pecho auto-regulan el volumen de la toma, se cree que es esta auto-regulación temprana la que adecuará la ingesta del adulto y la ganancia de peso.

Diabetes. se ha encontrado un 30% menos de diabetes mellitus tipo 1 (DM1) en lactantes alimentados exclusivamente al pecho. Se postula como mecanismo de desarrollo de DM1 la exposición a la beta-lactoglobulina, la cual estimula un proceso inmunomediado con las células b pancreáticas. En otro estudio, se ha encontrado una disminución del 40% en la incidencia de DM2, posiblemente por el efecto positivo a largo plazo de la auto-regulación en los alimentados al pecho.

 

Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). Un meta-análisis mostró que la lactancia materna reduce un 36% el riesgo de SMSL.

Prematuros. Los beneficios de la leche materna son también para los prematuros, que deberían recibirla, fortificada para los de menor peso. Si la madre no puede proporcionar leche, se recomienda el uso de leche de Bancos de Leche Humana.

Otro aspecto demostrado a favor de la lactancia materna prolongada (hasta los 12 meses), es que reduce las posibilidades de hábito de succión del dedo(5).

Para la madre

• Mejor establecimiento de vínculo afectivo.

• Favorece la involución uterina y disminuye la hemorragia postparto.

• Retrasa la ovulación. No es un método anticonceptivo eficaz a nivel individual, pero ayuda a espaciar las gestaciones.

• Reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario premenopáusico.

• Mayor comodidad por la ausencia de preparación y manipulación.

• Ahorro económico.

• Ayuda a perder peso tras el embarazo.

Técnica

Es importante repasar la técnica de lactancia para detectar y corregir errores. Existen varias posturas adecuadas y hay que escoger la que resulte más cómoda para madre e hijo.

Una adecuada técnica(6,7) es muy importante; de hecho, la mayor parte de los problemas de la lactancia materna son por una mala técnica. Siempre que surjan dificultades, es necesario observar una toma y corregir los defectos. Hay que apoyar a la madre y ofrecerle la ayuda de un grupo de apoyo de la lactancia si lo precisa.

1. Agarre. Para un buen agarre, es importante que todo el cuerpo del recién nacido esté de frente a la madre, con la cabeza bien alineada al pecho. Hay que introducir gran parte de la areola en la boca del niño. Para saber que la postura es correcta, la barriga del niño debe contactar con la de la madre, posición de ombligo con ombligo, la boca debe estar abierta, el labio inferior hacia fuera, las mejillas aplanadas cuando succiona (no hundidas) y la nariz y el mentón pegados al pecho. No es aconsejable que la madre separe con los dedos la nariz de la mama ni que haga maniobras de “pinza” con el pecho. Hay que evitar que el recién nacido tire del pezón a fin de evitar la aparición de grietas.

2. Posturas. No hay una única postura adecuada, la madre debe elegir la que le resulte más cómoda y puede variar con las tomas y en el tiempo. Una postura adecuada de la madre es importante para evitar lumbalgias y otras molestias secundarias a contracturas musculares.

- Posición de crianza biológica. Más indicada los primeros días o cuando haya problemas de agarre, la madre si sitúa recostada boca arriba y el bebé boca abajo. Se desarrollan los reflejos de búsqueda y gateo.

- Posición sentada. Puede ser más cómoda con elevación de los pies. El tronco del bebé debe estar de frente y pegado al de la madre, que sujetará con la mano su espalda apoyando la cabeza en el antebrazo.

- Posición acostada. La madre se sitúa acostada de lado, con el bebé también acostado de lado. Cómodo para las tomas nocturnas.

- Posición invertida o balón de rugby. Con el niño por debajo de la axila de la madre, con las piernas hacia atrás y la cabeza a nivel del pecho. Cómodo para amamantar gemelos o prematuros.

- Posición de caballito. Estando la madre sentada, se sitúa el bebé sobre una de las piernas y contactando el abdomen del bebé con el de la madre. Puede ser útil, en el caso de: grietas, reflujo gastroesofágico importante, prematuros, labio leporino, mandíbula pequeña y problemas de hipotonía.

Recomendaciones para la lactancia materna (Tabla II)

 

 

Los pilares para una correcta lactancia materna son: amamantar precozmente, a demanda (8-12 tomas al principio), evitar el uso de chupetes y de suplementos al inicio y asegurar una correcta succión(7-9).

Los hospitales han de respetar las normas que favorecen la lactancia materna, tratando de cumplir los diez pasos de la Iniciativa Hospital Amigo de los Niños (IHAN) OMS-UNICEF.

10 pasos para una lactancia materna eficaz (OMS/UNICEF 1986)

1. Disponer de una política por escrito relativa a la lactancia materna que sistemáticamente se ponga en conocimiento de todo el personal de atención de la salud.

2. Capacitar a todo el personal de salud, de forma que esté en condiciones de poner en práctica esa política.

3. Informar a todas las embarazadas de los beneficios que ofrece la lactancia materna y la forma de ponerla en práctica.

4. Ayudar a las madres a iniciar la lactancia durante la media hora siguiente al alumbramiento.

5. Mostrar a las madres cómo se debe dar de mamar al niño y cómo mantener la lactancia incluso si han de separarse de sus hijos.

6. No dar a los recién nacidos más que la leche materna, sin ningún otro alimento o bebida, a no ser que estén médicamente indicados.

7. Facilitar la cohabitación de las madres y los lactantes durante las 24 horas del día.

8. Fomentar la lactancia materna a libre demanda.

9. No dar chupetes a los niños alimentados al pecho.

10. Fomentar el establecimiento de grupos de apoyo a la lactancia materna y procurar que las madres se pongan en contacto con ellos a su salida del hospital o clínica.

 

Es importante que el recién nacido sea colocado encima de la madre, en contacto piel con piel, lo antes posible y dejarlos como mínimo hasta que haya hecho la primera toma. Habitualmente, antes de los 20-30 minutos, el recién nacido ya ha realizado alguna succión. Las rutinas hospitalarias como la identificación y el test de Apgar pueden realizarse estando el bebé encima de la madre, el peso y las profilaxis pueden esperar tras las dos primeras horas de contacto piel con piel que es cuando el recién nacido está más despierto y activo, después pasan por una fase de sueño que puede durar entre 8 y 12 horas en las que no es conveniente forzarlo a comer. A partir del primer día, lo habitual es que mamen unas 8-12 veces al día. Si permanecen adormilados, entonces conviene estimularlos colocándolos en contacto piel con piel con la madre. Cuantas más veces mame, más cantidad de leche se producirá.

El calostro constituye “la primera vacuna”, pues en las primeras 24 horas el recién nacido recibe unos 300 mg de IgA secretora. También, tiene un efecto prebiótico, favoreciendo el crecimiento de lactobacilos e impidiendo el de bacterias patógenas y favoreciendo el peristaltismo intestinal. El estómago del bebé tiene poca capacidad y en las primeras 24 horas pueden tener suficiente con 1,5 mL por toma cada 2-3 horas.

Los primeros 3 días hay que dejar que mame con frecuencia, porque el pecho aún está blando y le resultará más fácil aprender y porque se precisa estimular el pecho para que produzca leche. Tras la subida de la leche, a partir de las 48-72 horas después del parto, la mayoría de los bebés suelen mamar entre 8 y 12 veces al día.

La leche cambia de composición durante la toma, al principio es rica en agua y azúcar y gradualmente aumenta su contenido en grasa que sacia al bebé. Por eso, es importante que acabe un pecho y que lo suelte espontáneamente, antes de ofrecer el otro. Para evitar la ingurgitación mamaria, se recomienda empezar cada toma por el último pecho que tomó o del que no ha completado la mamada.

Se recomienda que el bebé comparta la habitación con su madre para facilitar la lactancia materna.

La alimentación al pecho debe ser a demanda y la duración de cada toma la determina cada niño. Hay que estar atentos a signos sugestivos de hambre, como un estado de alerta y un aumento de actividad, y ponerlo entonces al pecho, ya que el llanto suele ser un indicador tardío de hambre y, en ocasiones, cuando está ya irritable puede dificultar el amamantamiento.

Cuando la ingesta de leche es insuficiente, hay que estimular la producción de leche aumentando el número de tomas o con la ayuda de un sacaleches.

No se deben administrar suplementos de fórmulas lácteas ni agua los primeros meses, las necesidades hídricas con el pecho quedan cubiertas. Además, los lactantes alimentados con fórmula o que usan chupete tienen tres veces más riesgo de tener problemas con la lactancia materna.

Datos que confirman un buen aporte lácteo (Tabla III)(11):

 

 

• Pérdida fisiológica de peso del 6-10% a los 3-4 días, que recupera hacia los días 10-14 y con aumento posterior de más de 20 g al día.

• Niño activo, succión vigorosa y relajado al finalizar la toma.

• Tras una succión rápida inicial, esta se enlentece y se observa deglutir, la madre nota que sale leche y se le vacía el pecho.

• Succionan vigorosos hasta 10-15 minutos.

• Moja 4-6 pañales al día, a partir del 4º día. Deposiciones blandas: 5-6 al día o cada 2-3 días, pero abundantes.

 

Hay que identificar los factores de riesgo de fracaso, como son: prematuros, nacimientos múltiples, los que son separados de sus madres por razones médicas, mujeres con pezones planos o invertidos o malformaciones del bebé que afecten a su habilidad para mamar. El recién nacido casi a término o de bajo peso tiene mayor riesgo de ictericia y deshidratación, porque no tiene las reservas de líquidos, electrolitos y calorías que protegen al recién nacido a término y de peso adecuado las primeras 72 horas, hasta la subida de la leche. En estos casos, el umbral para suplementar debería ser cuando pierdan más del 8% de su peso (en lugar del 10%), ofreciendo la mínima cantidad posible (menos de 30 mL) y con cuchara, vasito o jeringa.

Alrededor de los 3 meses de vida, puede aparecer el bache de la lactancia materna, que se describe como el momento en qué el bebé reclama mamar más a menudo porque está creciendo y la madre no nota el pecho tan lleno, porque ya se ha ajustado a las necesidades del niño que vacía el pecho de manera más eficaz. La madre lo puede interpretar como que el niño se queda con hambre y ella no tiene suficiente leche.

Complicaciones durante la lactancia materna

Las complicaciones de la lactancia materna suelen ser problemas obstructivos o de insuficiente vaciado que se solventan aumentando la frecuencia de las tomas y con tratamiento sintomático.

• La ingurgitación mamaria ocurre cuando los pechos producen más leche de la que el lactante extrae. Se soluciona ofreciendo más a menudo el pecho o usando un sacaleches para vaciarlo. Esta leche se puede congelar para alimentar al niño posteriormente.

• La obstrucción de un conducto lácteo surge por un vaciado defectuoso o ineficaz, se manifiesta como un bulto doloroso y enrojecimiento de la piel, sin fiebre ni otros síntomas. El tratamiento es similar a la ingurgitación, aumentando la frecuencia de las tomas (ofreciendo primero el lado sano) y aplicando calor local.

• La mastitis consiste en una inflamación de uno o varios lóbulos de la mama que puede acompañarse o no de infección. Se manifiesta por dolor intenso y signos inflamatorios, suele acompañarse de síntomas generales. La infección no se transmite al lactar, por lo que no debe suspenderse la lactancia materna. El tratamiento consiste en: aplicar calor local antes de las tomas, masajear el pecho, aumentar la frecuencia de las tomas, extracción manual o con sacaleches al final de la toma y aplicar frío entre tomas. Se debe tomar una muestra de leche y realizar un cultivo para identificar el agente causal y el tratamiento de elección.

Fármacos, drogas, alimentación y lactancia materna

La mayoría de los fármacos son compatibles con la lactancia materna, pero deben conocerse las contraindicaciones y barajar el riesgo/beneficio de cada fármaco(6,12,13).

La mayoría de fármacos son compatibles con la lactancia. Es importante valorar el riesgo que presenta cada uno y saber elegir la mejor opción. Se recomienda utilizar fármacos de vida media corta y las dosis mínimas eficaces. Se pueden utilizar pautas cortas e intensivas que permiten interrumpir la lactancia materna temporalmente, en caso de existir contraindicación.

Además de los antineoplásicos y las drogas de abuso, los fármacos absolutamente contraindicados durante la lactancia materna son: fenindiona, amiodarona, derivados de la ergotamina, anfetaminas y ioduros.

Actualmente, la AEP recomienda consultar la base de datos de Internet www.e-lactancia.org para conocer el riesgo de cada fármaco.

La nicotina a dosis muy altas puede disminuir la producción de leche, además de los numerosos efectos secundarios del tabaco. Se recomienda a las madres fumadoras que no fumen dentro de casa y que reduzcan la cantidad de cigarrillos. Pero los beneficios de la lactancia materna son tantos que si una madre no puede dejar de fumar, es preferible que disminuya el consumo y no fume dentro de casa, pero que siga dando el pecho para contrarrestar los efectos nocivos del tabaquismo pasivo.

Grandes dosis de cafeína (más de 6 tazas al día) pueden producir irritabilidad e insomnio en el lactante, algunos con menos dosis.

Es recomendable no consumir alcohol o hacerlo de forma muy moderada, al menos, los primeros 3 meses. Más de 0,5 g/kg de alcohol por kg de peso (200 mL de vino, 500 mL de cerveza o 60 mL de licor) reduce la producción de leche y puede sedar al lactante. Se debe evitar dar el pecho hasta 2-3 horas después de haber bebido y no practicar colecho si ha habido consumo de alcohol.

La mujer que da el pecho no debe seguir ninguna dieta especial ni existe ningún alimento prohibido. Se recomienda una dieta equilibrada y variada. No se ha demostrado que ningún alimento ayude a producir más leche.

Contraindicaciones de la lactancia materna

Existen pocas contraindicaciones de la lactancia materna que el pediatra debe conocer(6).

• Negativa de la madre.

• Galactosemia y déficit congénito de lactasa.

• Consumo de fármacos contraindicados.

• Consumo de drogas de abuso.

Madre con absceso mamario. Puede continuar con el pecho sano, una vez drenado el absceso y tratado con antibióticos se puede reanudar. La mastitis no es una contraindicación.

• Madre con lesión activa de herpes simple (HSV-I) mamaria.

• Madre afecta de tuberculosis activa bacilífera no tratada.

• Madre con varicela 5 días antes o 2 días después del parto; según la AAP, debería separarse del lactante, pero puede extraerse leche. En este caso, debe administrarse tratamiento al lactante, pero, puesto que ya ha habido contacto con el virus prenatalmente, el aislamiento de la madre es discutible, una alternativa es el aislamiento de madre e hijo juntos.

• Madre con enfermedad neurológica u orgánica grave. Es una contraindicación relativa según el estado de la madre por el riesgo de caídas del niño o imposibilidad física de la madre.

• Madre VIH positiva. En países desarrollados, hay que escoger la opción más segura, que es la alimentación con fórmula. En los países pobres, en que la lactancia artificial supone un riesgo añadido importante por diarreas y deshidratación, se permite la lactancia materna.

• Madre seropositiva a retrovirus (HTLV-I, HTLV-II) o brucelosis no tratada.

 

No es una contraindicación la hepatitis B. La lactancia materna no supone un riesgo mayor de infección por VHB. Los hijos de madres HbsAg positivas deben recibir inmunoglobulina específica (IGHB) y vacuna contra la hepatitis B al nacer. Así, se elimina cualquier riesgo teórico de transmisión a través de la lactancia.

La hepatitis C no es una contraindicación. Existe un mínimo riesgo teórico de transmisión que se relaciona con los títulos maternos de ARN del VHC. El riesgo es mayor en mujeres coinfectadas con VIH. La decisión de amamantar debe basarse en el consenso entre la madre y el médico.

Anticoncepción y lactancia materna

La lactancia materna es una medida útil para espaciar las gestaciones de forma global, pero no es en absoluto una medida efectiva a nivel individual. Es conveniente consultar al ginecólogo para ayudar a elegir el método anticonceptivo más adecuado(9).

Los métodos de barrera son sencillos e inocuos y pueden emplearse durante este tiempo.

Tras la cuarentena, se puede colocar un dispositivo intrauterino.

Los anticonceptivos hormonales no son de primera elección en las 6 primeras semanas y reducen la producción de leche.

En caso de embarazo mientras se está amamantando, se puede mantener la lactancia materna excepto en embarazos múltiples o antecedentes de prematuridad. Es posible amamantar en tándem a los dos hijos, solo se requiere mantener las medidas habituales de higiene. La leche producida inmediatamente después del parto será calostro y es importante que el recién nacido sea el que mame en primer lugar.

Colecho

La forma más segura para dormir para los lactantes menores de 6 meses es una cuna al lado o adosada a la cama de sus padres, conviene conocer las contraindicaciones del colecho(14-16).

El colecho es una práctica habitual en países no desarrollados y, actualmente, está ganando adeptos y detractores en los países desarrollados. Las recomendaciones actuales del Comité de Lactancia Materna de la AEP y el Grupo de Trabajo de Muerte Súbita Infantil de la AEP son las siguientes:

1. La forma más segura de dormir para los lactantes menores de 6 meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existen evidencias que esta práctica favorece la lactancia materna y disminuye el riesgo de SMSL en más del 50%.

2. La lactancia materna tiene un efecto protector frente al SMSL y, por otro lado, el colecho es una práctica beneficiosa para el mantenimiento de la lactancia materna, pero también se considera un factor que aumenta el riesgo de SMSL, por lo que no debe ser recomendado en:

- Lactantes menores de 3 meses de edad.

- Prematuridad y bajo peso al nacimiento.

- Padres que consuman tabaco, alcohol, drogas o fármacos sedantes.

- Situaciones de cansancio extremo, como postparto inmediato.

- Colecho sobre superficies blandas, colchones de agua, sofá o sillones.

- Compartir la cama con otros familiares (especialmente otros niños pequeños).

3. Aquellos padres que deseen mantener una mayor proximidad con su bebé durante la noche, pueden optar por colocar la cuna al lado de la cama o utilizar una cuna tipo “sidecar”, que facilita la lactancia y no interfiere con la frecuencia de las tomas.

Chupete y lactancia materna

En general, se recomienda retrasar el uso de chupetes hasta que la lactancia materna esté bien establecida, generalmente hasta las dos semanas de vida(17).

Debe evitarse el uso del chupete, en los niños alimentados al pecho hasta que la lactancia materna esté bien instaurada, generalmente, a partir de las primeras dos semanas de vida. La introducción temprana del chupete, en las 2 primeras semanas de vida, aumenta el riesgo de fracaso en la lactancia materna, mientras que no influye si se introduce pasado este tiempo(4). Cuando la lactancia materna está consolidada, se puede ofrecer chupete, pero hay que recordar que esto puede reducir la duración de la lactancia materna. El chupete puede ser, además, un marcador de la existencia de problemas con la lactancia. Al usar el chupete, se reduce en parte la succión del pecho que es un buen estímulo para la producción de leche.

Por otra parte, en los niños que se alimentan con biberón, puede ser de interés la utilización del chupete para la prevención del SMSL. En general, se recomienda limitar el uso del chupete hasta los 12 o 14 meses, lo cual incluye las edades de máximo riesgo de SMSL y para evitar otros efectos adversos. Se ha visto que retirarlo antes de los 14 meses se asocia con mayor riesgo de hábito de succión de dedo(5).

En niños hospitalizados en unidades neonatales, se puede utilizar la succión no nutritiva con el chupete para disminuir el dolor en algunos procedimientos, junto con otras medidas de contención y solución de sacarosa oral.

Frenillo sublingual corto y lactancia materna

La anquiloglosia puede comportar problemas con la lactancia materna, pero si ésta es placentera y eficaz para madre e hijo no es necesario realizar ninguna intervención(18).

La anquiloglosia o frenillo sublingual corto se define como una membrana mucosa situada debajo de la lengua que dificulta o impide el movimiento normal de esta. La movilidad de la lengua es de gran importancia para una buena lactancia materna. Se requieren cuatro movimientos para succionar:

• Extensión (sacar la lengua hasta cubrir la encía inferior).

• Elevación (elevar la lengua hacia el paladar).

• Lateralización y peristaltismo (movimiento ondulante de la lengua para empujar el contenido hacia la faringe).

 

Si no se pueden realizar estos movimientos, la transferencia de leche será insuficiente y el bebé realizará movimientos compensatorios (sellar el pecho, comprimir el pezón y abrir poco la boca para evitar que se le escape el pezón), que son los que acabaran causando dolor a la madre.

Las consecuencias de la anquiloglosia pueden ser para el bebé: un mal agarre al pecho, tomas largas y cansadas y menor ingesta con mala ganancia ponderal. Para la madre, esto se puede traducir como: pezones doloridos y grietas (que pueden favorecer mastitis), hipogalactia secundaria (al no tener una estimulación eficaz) o, el caso contrario, ingurgitaciones constantes (para intentar compensar esa succión ineficaz con un aumento de producción).

Si un niño crece y aumenta de peso correctamente y la madre no experimenta dolor, es decir si la lactancia es placentera y eficaz para madre e hijo, no es necesario realizar ninguna intervención.

En caso de sospecha de repercusión en la lactancia por anquiloglosia, el pediatra debería observar una toma, fijándose en los movimientos que hace el bebé para succionar, los movimientos linguales que es capaz de realizar y la posición. Lo primero es intentar optimizar la postura, ayudando al bebé a que tenga gran parte de la areola dentro de la boca. La postura “a caballito” puede ayudar a disminuir las molestias o bien intentar un afianzamiento espontáneo que consiste en dejar al niño que busque y coja el pecho por sí solo.

Cuando la anquiloglosia complica la lactancia y no mejora modificando la postura, el tratamiento es quirúrgico y debería realizarse tempranamente. La frenectomía es una intervención segura y efectiva que no suele presentar complicaciones ni requerir anestesia.

Un estudio(19) no halló una mejoría en la lactancia materna con una frenectomía precoz (antes de los 5 días) respecto a un grupo control, pero si halló una reducción en la introducción temprana de leche de fórmula. Otro estudio(20) determina el papel importante del pediatra en la indicación de la frenectomía, ya que hasta un 50% de los lactantes con anquiloglosia no tendrán problemas con la lactancia materna.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.* Comité Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Lactancia materna: guía para profesionales. Monografía de la AEP nº 5, Madrid; 2004. p. 23.

2.* Carbonell X, Botet F, Figueras J, Álvarez E, Riu A. J Perinat Med. The incidence of breastfeeding in our environment. 1998; 26: 320-4.

3.*** Arthur I, Eidelman, MD. Breastfeeding and the Use of Human Milk, Section on Breastfeeding, Pediatrics. 2012; 129: e827-41; originally published online February 27, 2012. doi: 10.1542/peds. 2011-3552.

4.* Lindau JF, Mastroeni S, Gaddini A, et al. Determinants of exclusive breastfeeding cessation: identifying an “at risk population” for special support. Eur J Pediatr; 2014.

5.* Fukumoto E, Fukumoto S, Kawasaki K, et al. Cessation age of breastfeeding and pacifier use is associated with persistent finger-sucking Pediatr Dent. 2013; 35: 506-9.

6.** Viñas Vidal A. La lactancia materna: técnica, contraindicaciones e interacciones con medicamentos. Pediatría Integral. 2011; XV: 317-28.

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8.* Pallás Alonso, CR. Promoción de la Lactancia materna. En Recomendaciones PrevInfad/ PAPPS. Actualizado en diciembre de 2006. [Consultado en agosto de 2014]. Disponible en: http://www.aepap.org/previnfad/Lactancia.htm.

9.** Preguntas frecuentes sobre lactancia materna. Comité de Lactancia materna. 2013. [Consultado en septiembre de 2014]. Disponible en: http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/preguntas-frecuentes-sobre-lactancia-materna.

10.* Las diez claves de la lactancia materna, La Liga de la Leche Internacional 2005. [Consultado en septiembre de 2014]. Disponible en: www.laligadelaleche.es/lactancia_materna/diez_claves.htm.

11.* Muñoz Guillén A, Dalmau Serra J, Alimentación del recién nacido sano. Protocolos Diagnósticos Terapéuticos de la AEP. Actualizados en 2008. [Consultado en septiembre de 2014]. Disponible en: www.aeped.es/protocolos/.

12.* Gómez Papí A, Paricio Talayero J, Closa Monasterolo R. Fármacos y lactancia materna, Protocolos de la Asociación Española de Pediatría. Actualizado en el 2008. [Consultado en septiembre de 2014]. Disponible en: www.aeped.es/protocolos/.

13.** Web Lactancia materna. Lactancia materna, medicamentos, plantas, tóxicos y enfermedades. Base de datos de Internet del Servicio de Pediatría del Hospital Marina Alta de Denia. [Consultada en octubre de 2014]. Disponible en: http://www.e-lactancia.org.

14.** Colecho, síndrome de muerte súbita del lactante y lactancia materna. Recomendaciones actuales de consenso. Comité de Lactancia Materna y Grupo de Trabajo para el Estudio de Muerte Súbita Infantil de la AEP, 2014. [Consultado en diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/documentos/colecho-sindrome-muerte-subita-lactancia-materna-consenso.

15.* UNICEF UK Baby Friendly Initiative Statement on bed sharing research, May 2013. [Consultado en diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.unicef.org.uk/babyfriendly/news-and-research/news/unicef-uk-baby-friendly-initiative-statement-on-new-bed-sharing-research/.

16.* National Institute for Health and Care Excellence. NICE clinical guideline 37. Postnatal care. 2014. [Consultado en febrero de 2015]. Disponible en: http://www.nice.org.uk/guidance/cg37/resources.

17.* Lozano de la Torre MJ, Pallás Alonso CR, Hernández Aguilar MT, et al. Uso del chupete y lactancia materna, An Pediatr (Barc). 2011; 74: 271.e1—271.e5.

18.* Coryllos E, Watson Genna C, Salloum A. Congenital tongue-tie and its impact on breastfeeding, American Academy of Pediatrics, 2004. [Consultado en septiembre de 2014]. Disponible en: http://www2.aap.org/breastfeeding/files/pdf/BBM-8-27%20Newsletter.pdf.

19.* Emond A, Ingram J, Johnson D, et al. Randomised controlled trial of early frenotomy in breastfed infants with mild-moderate tongue-tie, Arch Dis Child Fetal Neonatal. 2014; 99: F189-95.

20.* Power RF, Murphy JF, Tongue-tie and frenotomy in infants with breastfeeding difficulties: achieving a balance, Arch Dis Child. 2014; 01-6. doi: 10.1136/archdischild-2014-306211.

Bibliografía recomendada

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Artículo de revisión actualizado muy interesante, que presenta numerosos estudios sobre las ventajas de la leche materna.

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Web actualizada con información sobre la compatibilidad de la lactancia con medicamentos y otros productos, dirigida al personal sanitario. Base de datos muy práctica, basada en recomendaciones de organismos internacionales.

 

Caso clínico

 

Madre primípara de 30 años, consulta por llanto de su hijo, cree que se queda con hambre. La alimentación es exclusiva al pecho, a demanda, pero la madre no se ha notado la subida de la leche. El bebé es un varón a término, sano, de 3 días de vida. Al nacer el bebé pesó 3.200 g, al alta 3.020 g. La exploración física del bebé es normal, está afebril y tranquilo en brazos de su madre. El peso en la consulta es de 3.000 g.

 

Lactancia artificial

J. Dalmau Serra*, B. Ferrer Lorente**, I. Vitoria Miñana***
Temas de FC


J. Dalmau Serra*, B. Ferrer Lorente**, I. Vitoria Miñana***

*Jefe de Sección de Nutrición y Metabolopatías. **Adjunto Pediatría General. ***Adjunto sección de Nutrición y Metabolopatías.
Servicio de Pediatría. Hospital Universitario y Politécnico. La Fe. Valencia

 

 

Resumen

La leche materna es el alimento de elección del niño hasta los seis meses. En nuestro medio, un gran número de niños seguirán una lactancia mixta o artificial, por lo que es necesario conocer las características de las fórmulas artificiales. El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) ha desarrollado de acuerdo con los conocimientos científicos y las necesidades de los lactantes, las recomendaciones sobre la composición de las fórmulas para la alimentación infantil. Por su parte, la Unión Europea, a través de sus directivas, las han transformado en normas de obligado cumplimiento

 

Abstract

Breast milk is the food of choice for children up to six months. In our country many children follow a mixed or artificial feeding so it is necessary to know the characteristics of artificial formulas.
The nutrition committee of the European Society of Gastroenterology, Hepatology and Pediatric Nutrition (ESPGHAN) has developed in accordance with scientific knowledge and needs of infants, recommendations on the composition of formulas for infant feeding. Meanwhile the European Union through its directives, standards have become mandatory

 

Palabras clave: Lactancia artificial; Fórmulas de inicio; Fórmulas de continuación; Leches de crecimiento

Key words: Artificial feeding; Infant formulas; Follow-on formulas; Follow-up milk.

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 251-259


Lactancia artificial

 

Introducción

La leche materna es el alimento de elección del niño hasta los seis meses. En nuestro medio, un gran número de niños seguirán una lactancia mixta o artificial, por lo que es preciso conocer las características de las fórmulas artificiales.

La Organización Mundial de la Salud, en su apartado sobre la lactancia materna (http://www.who.int/topics/breastfeeding/es/) recomienda:

“La lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables… La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante 6 meses… y el mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2 años o más”. Sin embargo, según los datos de la Encuesta Nacional de Salud 2011-2012, el porcentaje de madres que dan lactancia materna (72,4%) apenas ha variado desde la encuesta realizada en 2006 (68,67%) y disminuye a menos de la mitad cuando se habla de niños de más de seis meses (46,8%). Estos datos indican que existe todavía una gran parte de la población infantil que es alimentada durante el primer año con preparados para lactantes o preparados de continuación. Ello obliga al pediatra a conocer las necesidades nutricionales de estos niños y las características de las fórmulas con que se alimentan.

El patrón de oro para las fórmulas artificiales es la leche materna de mujeres bien nutridas. La composición de las fórmulas ha ido estableciéndose de acuerdo con los avances científicos y técnicos.

A lo largo de los años, diferentes comités de expertos de las sociedades científicas han ido estableciendo recomendaciones sobre cuál debía ser la composición ideal de las fórmulas lácteas infantiles. En Europa, ha sido el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) el encargado de realizar estas recomendaciones. Por su parte, la Unión Europea, a través de sus directivas, las han transformado en normas de obligado cumplimiento.

La composición de las fórmulas ha ido variando de acuerdo con la adquisición de nuevos conocimientos.

Fórmulas de inicio y fórmulas de continuación

Entre 1977 y 1991, el Comité de Nutrición de la ESPGHAN fue desarrollando cuáles debían ser las características de las fórmulas artificiales. La fórmula para lactantes se define, como: un alimento adecuado para sustituir parcial o totalmente a la leche humana, cubriendo los requerimientos nutricionales del lactante y puede ser de iniciación para el lactante durante los primeros 4-6 meses de vida y de continuación como parte de un régimen de alimentación mixto desde el 4-6 mes de edad(1). Se establece la energía que debe aportar (64-72 kcal/100 ml) por semejanza con la media de la leche materna, las cantidades y proporciones de los principios inmediatos y sus límites máximos y mínimos, así como el contenido en minerales y vitaminas. Todo ello, basado en el estado de los conocimientos en aquel momento.

A continuación, se detallan las características de la fórmula de continuación(2), que forma parte de una dieta diversificada a partir de los 4-6 meses de vida.

Las fórmulas de continuación pueden tener: mayor densidad calórica, mayor cantidad de proteínas, calcio y fósforo y deben estar suplementadas con hierro.

Es una fórmula menos sofisticada que la de inicio, porque la madurez de los sistemas metabólicos del niño lo permite. El comité realiza un nuevo informe(3) en 1990, en el que opina que las fórmulas de continuación son una buena opción para la alimentación de los lactantes entre los 6 y los 12 meses. Recomienda una menor densidad energética y menor contenido en proteínas, ya que en los países europeos, la ingesta de proteínas a través de la alimentación complementaria es alta. Por su parte, el Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría se refiere a una fórmula infantil única y hace unas recomendaciones para todo el primer año de vida.

Ese mismo año, el Comité de Nutrición establece cuáles deben ser las características de las fórmulas de aislado de proteína de soja(4). Las indicaciones básicas para su uso son:

• Alergia a las proteína de la leche de vaca mediada por IgE, (aunque un 10-14% también son alérgicos a soja).

• Galactosemia.

• Intolerancia primaria o secundaria a la lactosa.

• Dietas sin proteínas animales por razones religiosas o éticas.

 

De acuerdo con el Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría, no está indicado su uso en prematuros ni en la prevención del cólico del lactante(5).

El aislado proteico de soja procesado adecuadamente proporciona una proteína de alto valor nutritivo. Estas fórmulas no son en absoluto semejantes a las bebidas de soja, alimentos diseñados para adultos y no adecuados para la alimentación infantil.

La densidad energética de estas fórmulas debe ser similar a las fórmulas a base de leche de vaca. El aislado proteico de soja procesado adecuadamente proporciona una proteína de alto valor nutritivo que es deficitaria en metionina, por lo que se debe suplementar. También es deficitario en carnitina, encargada de transferir los ácidos grasos al interior de la mitocondria y que se debe añadir hasta un nivel similar al de la leche materna. Es necesario suplementar las grasas con aceites vegetales y como no contiene lactosa, la fórmula de soja se suplementa con hidrolizados de almidón (polímeros de glucosa y dextrinomaltosa), así como sacarosa, que no debe superar el 20% de los hidratos de carbono. Dado el alto contenido en fitatos de esta fórmula, debe contener las mismas cantidades de calcio y fósforo que las fórmulas derivadas de proteína de leche de vaca y se debe suplementar el hierro y el zinc. Pueden contener niveles altos de aluminio, por lo que se desaconseja su uso en niños con enfermedades renales y, también, tiene un alto contenido en magnesio, sobre el cual no se han comunicado efectos adversos.

Fórmulas de inicio y continuación: últimas recomendaciones

En 2005, a instancias de la comisión del Codex Alimentarius de la FAO, la federación internacional de Sociedades Pediátricas de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (FISPGHAN) coordina un grupo internacional de expertos (GIE) en nutrición infantil que definen las nuevas recomendaciones para los estándares de la composición de las fórmulas(6).

El GIE recomienda añadir a las fórmulas, únicamente, elementos para los que exista evidencia científica de sus beneficios.

Disminuye la densidad calórica de las fórmulas, que deben tener entre 60 y un máximo de 70 kcal/100 ml, ya que el gasto energético de los niños es menor de lo que se creía y una mayor densidad energética conlleva una mayor ganancia de peso, lo que ha sido asociado con un mayor riesgo de obesidad en el adulto. Establece los rangos para las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas (Tabla I). Es de destacar, que el GIE no diferencia en este momento entre las fórmulas de inicio y las de continuación, dando unas recomendaciones para una fórmula estándar.

 

 

Todas estas recomendaciones son recogidas por sucesivas directivas europeas y se transforman en normas de obligado cumplimiento y en España, se incorporan al ordenamiento jurídico a través de decretos que aprueban la reglamentación sanitaria específica(7,8).

Recientemente, se ha publicado una revisión realizada por parte de un nuevo grupo de expertos pertenecientes a la FISPGHAN, de las recomendaciones para la composición de las fórmulas de continuación (Tabla II), destinadas a lactantes mayores de seis meses y que también pueden utilizarse en mayores de un año(9).

 

 

El aporte calórico debe ser el mismo que para las fórmulas de inicio y se propone limitar hasta un máximo en el aporte proteico para evitar el posible riesgo obesogénico. Se desaconseja la adición de ácidos grasos trans, de los cuales no se conoce ningún beneficio nutricional y dados los efectos beneficiosos de los fosfolípidos en la leche materna que solubilizan los componentes lipofílicos y son una fuente de LC-PUFAS (ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga), el grupo considera beneficioso que se suplemente en la fórmula de continuación. El contenido en vitaminas debe ser el mismo que en las fórmulas de inicio a excepción de la vitamina D. Ante los datos existentes sobre niveles subóptimos de vitamina D en gran parte de la población de lactantes, el grupo recomienda un mayor aporte de vitamina D en la fórmula de continuación y se recomienda una mayor concentración de calcio.

El grupo de expertos insiste finalmente, en que las modificaciones que se realicen en las fórmulas de continuación deben estar basadas en la evidencia científica de sus beneficios y, por otra parte, los conocimientos que se van adquiriendo sobre las fórmulas de inicio no tienen por qué ser extrapolados a las de continuación.

En la tabla III, se muestra la diferente composición de la leche humana, la leche de vaca y las fórmulas de inicio y continuación.

 

 

La Autoridad Europea sobre Seguridad de los Alimentos (EFSA) ha publicado en 2014(10) unas recomendaciones sobre la composición de las fórmulas de continuación y las llamadas leches de crecimiento. Las diferencias en su composición se basan en los distintos requerimientos de determinados nutrientes de los lactantes de 6 a 12 meses, con respecto a los niños pequeños de 1 a 3 años(11).

La EFSA recomienda un contenido mínimo para las fórmulas, que considera adecuado para cubrir las necesidades de la mayoría de los lactantes sanos en el primer año de vida, y unos valores máximos que se consideran como seguros. Establece, que no se han comunicado efectos adversos asociados a las especificaciones de la directiva 2006/141/EC, aunque no hay trabajos sobre los efectos a largo plazo de la alimentación con fórmulas de estas características. Con la ingesta media de 500 kcal/día, se sobrepasan los límites máximos recomendados para algunos nutrientes (zinc, iodo, vitamina A y fólico). El panel de expertos considera que la proteína de la leche de vaca, la de cabra y la del aislado de soja son una buena fuente proteica para estas fórmulas y que no es necesario añadir en las fórmulas de continuación y crecimiento: ácido araquidónico, eicosapentaenoico, oligosacáridos probióticos, simbióticos, fosfolípidos como fuente de PUFAs, nucleótidos ni otros elementos (taurina, carnitina, inositol, colina), que sí se suplementan en las fórmulas de inicio.

La leche de vaca sin modificar no es adecuada durante el primer año de vida. Aporta una carga excesiva de solutos y es pobre en hierro y ácidos grasos esenciales.

La leche de vaca aporta al riñón una excesiva carga renal de solutos, la cual es tolerada por el niño de menos de un año en condiciones normales, pero no en periodos febriles o de baja ingesta de agua, es pobre en hierro, inhibe la absorción de hierro de otros alimentos con pérdidas de hierro gastrointestinal por un posible mecanismo inmunológico, con lo que favorece la anemia ferropénica en el lactante. Además, aporta insuficiente ácido linoleico y linolénico. Con el objetivo de retrasar la introducción de la leche de vaca, se formularon las fórmulas de crecimiento.

Leches de crecimiento

Las leches de crecimiento son fórmulas de continuación modificadas parcialmente.

Actualmente, no existen unas recomendaciones exclusivas para la formulación de estas leches, ni tampoco una legislación específica, por lo que la industria alimentaria se debe ajustar a las recomendaciones existentes para las fórmulas de continuación y a los estudios sobre nuevos factores nutricionales que se van realizando y, a partir de los cuales, se realizan recomendaciones generales(11). La EFSA considera que no es necesario establecer unos criterios específicos para las fórmulas de crecimiento, ya que las fórmulas para la alimentación infantil durante el primer año son válidas para el niño de más de un año de vida(11). A pesar de ello, las leches de crecimiento son una opción para equilibrar la dieta de los niños de uno a tres años cuya alimentación se caracteriza por el aporte excesivo en proteínas y energía, y por la ingesta baja de: ácido linolénico, ácido docosahexanoico, hierro, vitamina D e iodo(11). El valor energético de estas leches es de 65-77 kcal/100 ml. El contenido proteico es ligeramente más alto que el de las fórmulas de continuación, pero dentro de las recomendaciones científicas y menor que el de la leche de vaca; el de carbohidratos y lípidos es muy similar, aunque las de crecimiento modifican el perfil lipídico utilizando aceites vegetales. Muchas de ellas contienen sacarosa y/o miel. Están enriquecidas con hierro y las que están suplementadas, cubren el 100% de los requerimientos (RDI) para docosohexaenoico(12,13).

Fórmulas para problemas menores

Se dispone también de fórmulas adaptadas para resolver problemas principalmente digestivos y más importantes por su frecuencia que por su gravedad. Las fórmulas antiestreñimiento, anticólico y antirregurgitación son fórmulas artificiales con pequeñas modificaciones en su composición(14) (Tabla IV).

 

 

Existen diversas fórmulas adaptadas, en las que se han realizado pequeñas modificaciones destinadas a solucionar problemas digestivos menores.

Fórmula antirregurgitación

La fórmula antirregurgitación (AR) es una fórmula artificial a la que se ha añadido un espesante, la caseína es la fuente principal de proteína y contiene menor cantidad de grasas. El espesante que se añade para aumentar la viscosidad y disminuir la regurgitación, se obtiene de la harina de semilla de algarrobo, del arroz y del almidón de maíz. La fermentación de estos productos da unas heces más blandas y acelera el tránsito, lo que puede provocar diarrea, pero también proporciona butiratos que son fuente de energía para el enterocito.
El uso de caseína da mayor viscosidad al contenido del estómago y enlentece su vaciamiento, pero proporciona un efecto tampón. Estas fórmulas contienen menor cantidad de grasas y de ácidos de cadena larga que acelera el vaciamiento gástrico.

La indicación de uso de la fórmula AR es el lactante con desmedro causado por la excesiva pérdida de nutrientes asociada a las regurgitaciones y solo deben usarse bajo supervisión médica junto a otras medidas de tratamiento (postural y farmacológico). No debe utilizarse en lactantes sanos regurgitadores, que crecen adecuadamente(15,16).

Fórmulas antiestreñimiento

La fórmula antiestreñimiento (AE) contiene una mayor proporción (45%) de ácido palmítico en posición beta, de forma que la composición de las grasas sea más similar a la leche humana. En la leche materna, el 70% de los ácidos grasos se localizan en posición beta, la lipasa pancreática no los hidroliza, por lo que el ácido graso queda unido al glicerol y es fácilmente absorbido con las sales biliares. Así, se evita la formación de jabones cálcicos responsables de la dureza de las heces. Además, contienen mayor cantidad de magnesio que tiene efecto laxante, debido al estímulo de la colescistoquinina y contienen oligosacáridos (galacto y fructoligosacáridos) con la finalidad de lograr una flora bifidogénica y unas deposiciones similares a las de los lactantes alimentados con leche materna.

Fórmulas anticólico y fórmulas confort

En las fórmulas anticólico (AC) y confort, las proteínas están parcialmente hidrolizadas para facilitar su digestión, contienen menor cantidad de lactosa que es sustituida por maltodextrina, para reducir el exceso de gas producido por la fermentación colónica de la lactosa y tienen una mayor proporción de palmítico en posición beta. Se ha añadido fructo-oligosacáridos para conseguir un efecto prebiótico. Con estas modificaciones, se pretende actuar sobre los posibles factores desencadenantes del cólico del lactante y de la mayoría de las molestias abdominales que presentan los lactantes sanos.

También existen otras alternativas, como las fórmulas saciantes para los lactantes “tragones”, que contienen hidratos de carbono de absorción lenta y un perfil lípido que busca conseguir sensación de saciedad tras la toma o las fórmulas día/noche, que se han formulado con una concentración mayor de triptófano e hidratos de carbono en la fórmula de noche para favorecer la conciliación del sueño.

Fórmulas sin lactosa

Las fórmulas sin lactosa contienen dextrinomaltosa o polímeros de glucosa como hidrato de carbono, y el resto de la composición es similar a una fórmula adaptada. La lactosa es el carbohidrato mayoritario en la leche de mujer e interviene en: la absorción del calcio de la leche, la actividad de la microflora intestinal y la absorción de agua y sodio, así como en la formación de galactocerebrósidos. Eliminar la lactosa de la dieta de forma prolongada no es un hecho sin importancia y debe estar justificado clínicamente. Está indicada una fórmula sin lactosa:

• En la intolerancia secundaria.

• En el déficit primario de lactasa.

• En la galactosemia, siempre que la fórmula no contenga trazas de lactosa.

 

La eliminación de la lactosa en el tratamiento inicial de la gastroenteritis aguda no está indicada en niños sanos(17).

Fórmulas hidrolizadas

Las fórmulas hidrolizadas se clasifican por el grado de hidrólisis de las proteínas. Las fórmulas semielementales tienen modificado tanto el contenido proteico como los hidratos de carbono y las grasas. La indicación de su uso la debe establecer el pediatra.

Las fórmulas hidrolizadas se clasifican, dependiendo del grado de hidrólisis de las proteínas, en:

• Fórmulas de alto grado de hidrólisis o extensivamente hidrolizadas.

• Fórmulas de bajo grado de hidrólisis o parcialmente hidrolizadas.

 

Se obtienen a partir de la caseína, de las proteínas del suero o de ambos tipos de proteínas de la leche de vaca. Existen también fórmulas cuyas proteínas son derivadas de la proteína del arroz.

Existe un tercer tipo de fórmula llamada semielemental (DSE), en la que además de la proteína extensivamente hidrolizada está también modificada la composición de los carbohidratos y las grasas. Las DSE contienen dextrinomaltosa/polímeros de glucosa en lugar de lactosa y los lípidos se aportan parcialmente en forma de aceite MCT.

En las fórmulas semielementales (DSE) y las de alto grado de hidrólisis (F-AGH), el 85-100% de los péptidos tienen un peso molecular menor de 5.000 daltons. Las fórmulas de bajo grado de hidrólisis (F-BGH) contienen péptidos de peso molecular más elevado y, por tanto, con capacidad antigénica y alergénica, aunque el peso molecular no es un marcador seguro, ya que péptidos de 7-8 aminoácidos son capaces de desencadenar síntomas en niños altamente sensibilizados.

Estas fórmulas tienen una alta osmolaridad por el pequeño tamaño de los péptidos y, en el caso de las DSE, además, por la alta osmolaridad de los mono y disacáridos, que puede producir diarrea osmótica, y algunas conllevan una alta carga renal de solutos. Además, el alto contenido en aminoácidos azufrados da mal sabor a la fórmula y dificulta la aceptación por parte del niño. Las deposiciones de los niños que toman este tipo de fórmula son generalmente verdes, líquidas y con grumos.

Las DSE están indicadas fundamentalmente cuando existe patología digestiva o riesgo de padecerla:

• Tratamiento de los niños con intolerancia/enteropatía por proteína de leche de vaca (PLV), especialmente en niños menores de 6 meses.

• Tratamiento de pacientes con problemas digestivos: síndrome de intestino corto, fibrosis quística, etc.

• Tratamiento de la malnutrición grave secundaria a diferentes patologías (cardiopatías, procesos oncológicos…)

 

Las F-AGH están indicadas en:

• Tratamiento de niños con alergia/intolerancia a la PLV, en los que no existe malabsorción ni desnutrición, por lo que no es necesario modificar el contenido en hidratos de carbono y lípidos de la fórmula.

• Cuando sea necesario un suplemento en la alimentación de los niños con lactancia materna y con alto riesgo de alergia a la PLV. Son niños con un padre y/o madre y/o hermano con historia de alergia demostrada.

• Tratamiento de prueba, durante 2-3 semanas, en niños con cólicos de lactante severos. Podrían utilizarse también las DSE.

 

Las F-BGH están contraindicadas en el tratamiento de la alergia/intolerancia a la PLV y su uso en la prevención todavía está en revisión. Los datos obtenidos del estudio GINI(18), tras seis años de seguimiento de niños de riesgo alérgico, confirman el efecto preventivo de una fórmula parcialmente hidrolizada, con resultados semejantes a los de una F-AGH en la prevención de la dermatitis atópica y en el total de manifestaciones alérgicas; pero estos efectos preventivos no se produjeron en otra F-AGH, lo que indica la diversidad de cada fórmula, ya sea parcial o extensivamente hidrolizada. Diferentes meta-análisis(19,20) parecen confirmar estos resultados La indicación de su uso es la prevención de las manifestaciones alérgicas en niños de riesgo, cuando sea necesario suplementar la lactancia materna hasta los 4-6 meses.

Tendencias actuales en las fórmulas artificiales

Los componentes funcionales de la leche materna y la mejora de la eficiencia energética son el objetivo actual de las fórmulas artificiales.

La fórmula de alimentación infantil ideal ya existe. La leche humana cubre todos los requerimientos necesarios para el crecimiento del lactante sano, excepto los de vitamina K y D. Las fórmulas artificiales intentan parecerse en lo posible a la composición de la leche materna, pero las modificaciones en las fórmulas deben estar fundamentadas en las evidencias científicas disponibles sobre los beneficios que se obtienen y los efectos a largo plazo que se pueden producir. Imitar la leche humana no es posible, porque la composición de la misma varía a lo largo de la toma y en el tiempo. Este aspecto no se puede trasladar a la fórmula artificial. El objetivo actual de las fórmulas es la incorporación de los componentes funcionales de la leche materna y conseguir una mayor eficiencia energética.

Cada vez son más las fórmulas lácteas de alimentación infantil que se suplementan con probióticos y/o prebióticos. Existen evidencias científicas que sugieren que la suplementación de las fórmulas no conlleva riesgos para el crecimiento ni tiene efectos adversos, y hay datos que sugieren que la suplementación de las fórmulas de continuación con probióticos puede asociarse a efectos clínicos beneficiosos, como la reducción del riesgo de infecciones gastrointestinales inespecíficas o la reducción en la consistencia de las deposiciones por la adición de prebióticos. Respecto a los simbióticos, existen muy pocos datos de momento. El Comité de Nutrición de la ESPGHAN no recomienda la suplementación rutinaria de las fórmulas infantiles, ya que no existen datos que demuestren efectos clínicos consistentes en menores de cuatro meses, los datos disponibles sobre algunos de los efectos descritos son todavía insuficientes para realizar un recomendación y, por otra parte, tampoco existen datos sobre los efectos a largo plazo de la suplementación de probióticos y prebióticos(21). No obstante, se trata de un campo muy importante con prometedores resultados(22,23).

Suplementar las fórmulas con alfa lactoalbúmina, principal seroproteína de la leche humana, permite trasladar a las fórmulas artificiales su actividad biológica y hacer el perfil proteico más similar. La tendencia actual es mejorar la calidad proteica y disminuir la cantidad. Igualmente, suplementar las fórmulas con lípidos bioactivos que se encuentran en la membrana del glóbulo graso de la leche de vaca, aumenta el contenido de la fórmula en fosfolípidos y colesterol y lo hace más semejante a la leche materna. Trabajos recientes muestran que, los lactantes alimentados con este tipo de fórmula muestran un desarrollo más parecido a los lactantes alimentados con leche materna(24,25). Parece que la absorción de las grasas y la calidad de las proteínas son las responsables de esa mayor ganancia de peso para la ingesta energética que muestran los niños alimentados con lactancia materna y, por tanto, de la mayor eficiencia energética de la leche humana.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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25. Timby N, Domellöf E, Hernell O, Lönnerdal B, Domellöf M. Neurodevelopment, nutrition, and growth until 12 mo. of age in infants fed a low-energy, low-protein formula supplemented with bovine milk fat globule membranes: a randomized controlled trial. Am J Clin Nutr. 2014; 99: 860-8.

 

Caso clínico

 

Historia clínica

Niña de 5 meses de edad, sin antecedentes personales ni familiares de interés, salvo alimentación con lactancia materna exclusiva hasta los 2 meses y madre alérgica a frutos secos, pescado azul y ácaros. Los padres consultan porque la niña presenta, desde los 4 meses de vida, irritabilidad, que ha ido aumentando en intensidad, y rechazo de la alimentación. Las deposiciones son blandas, no sanguinolentas, y se han ido haciendo líquido-grumosas en número de 5-6 diarias. No ha aumentado de peso en el último mes y no refieren otra sintomatología.

Exploración física

Peso: 5.660 g (p 3). Longitud: 62 cm (p10-25) (Fig. 1). Sin signos de desnutrición, salvo escaso panículo adiposo. Piel seca con lesiones eczematosas en axilas y región poplítea. Lesiones de rascado. Sobreinfección micótica en el área del pañal (Fig. 2).

 

Figura 1.

 

Figura 2.

 

Datos de laboratorio

• Hemograma: Hb 10,9 g/dl, Hto 32%, VCM: 74 fl, eosinófilos: 7,2%.

• Albúmina: 3,6 g/dl, Hierro: 39 µg/dl, índice de saturación de transferina: 14%.

• IgE: 90 UI/ml (valor normal: 40 UI/ml).

• RAST clase 4 a blactoglobulina y clase 3 a alactoalbúmina y caseína.

• Coprocultivo: flora bacteriana normal.

Tratamiento y evolución

Tras el tratamiento instaurado, se produjo la resolución progresiva de las manifestaciones clínicas. La evolución de las lesiones cutáneas y la curva ponderoestatural quedan reflejadas en las figuras 3 y 4.

 

Figura 3.

 

Figura 4.

 

 

 

 

Alimentación complementaria en el lactante

M. Perdomo Giraldi*, F. De Miguel Durán**
Temas de FC


M. Perdomo Giraldi*, F. De Miguel Durán**

*Centro de Salud Canillejas. Atención Primaria. Madrid.
**Centro de Salud Paracuellos del Jarama. Atención Primaria. Madrid

 

Resumen

Se considera alimentación complementaria, al aporte de cualquier alimento líquido, semilíquido o sólido distinto de la leche materna o de la fórmula adaptada, que se inicia gradualmente entre los 5 y 6 meses, por razones, principalmente, nutricionales, y se completa alrededor del primer año de vida. No existe una base científica ni normas rígidas para el orden de introducción de los distintos alimentos, dependiendo de factores individuales, culturales y familiares. El aporte de alimentos debe cubrir la mitad de los requerimientos nutricionales y energéticos, debiendo continuar la lactancia materna o artificial como la principal fuente nutritiva durante el primer año de vida

 

Abstract

Complementary feeding includes any liquid or solid food other than breast milk or adapted formula that is given gradually between 5 and 6 months, for nutritional causes mainly, and ends around the first year of life. There is no scientific basis to establish rigid guidelines in the order of introduction of different foods, depending on individual, cultural and family factors. The complementary foods should cover half of the nutritional and energy requirements and breast milk or formula milk should continue as the main source of nutrition during the first year of life

 

Palabras clave: Alimentación complementaria; Edad de diversificación; Calendario nutricional

Key words: Complementary feeding; Age of diversification; Nutritional schedule

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 260-267


Alimentación complementaria en el lactante

 

Definición

Se considera alimentación complementaria a cualquier alimento líquido, semilíquido o sólido distinto de la leche materna o de la fórmula adaptada.

Este concepto de la alimentación complementaria (AC) la comparten tanto la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), como la Academia Americana de Pediatría (AAP)(1,2).

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el objetivo de preservar la lactancia materna (LM) en los primeros meses de vida, considera la AC, como todo alimento líquido o sólido que ingiere el lactante diferente de la leche materna, incluida la fórmula adaptada (FA), y exceptuando suplementos de vitaminas o minerales y medicamentos(3).

En nuestro medio, la AC se define de acuerdo al criterio de la ESPGHAN y se le denomina también diversificación alimentaria. Otros sinónimos utilizados internacionalmente son: “Beikost”, vocablo alemán que se puede traducir como “alimento más allá de”, y “Weaning”, término anglosajón que aunque significa destete no implica una supresión de la LM o de la FA.

Fundamentos para la alimentación complementaria

La necesidad de iniciar una alimentación complementaria obedece a una serie de factores funcionales, nutricionales, educacionales y socioeconómicos.

La AC asegura un aporte nutricional adecuado cuando ya la LM y/o la FA no son suficientes para un buen crecimiento del lactante, y se debe iniciar teniendo en cuenta, además, otros factores, como la capacidad funcional del niño y el contexto sociocultural en el que se desarrolla.

Factores nutricionales

Desde el punto de vista nutricional, a partir de los 6 meses de vida, la LM exclusiva y la FA resultan insuficientes para cubrir una serie de requerimientos en el lactante sano, principalmente: energía, proteínas, hierro, cinc y vitaminas A y D(4), por lo que deben aportársele a través de otros alimentos. Estas necesidades constituyen la razón fundamental para el inicio de la AC.

Factores funcionales

Alrededor de los 4 meses de vida, tanto la función gastrointestinal como la renal han alcanzado el grado de maduración necesario para metabolizar alimentos diferentes de la leche y manejar cargas osmolares mayores. Neurológicamente, a partir de los 6 meses, el lactante va adquiriendo una serie de habilidades motoras que le permiten sentarse y recibir alimentos con cuchara, y alrededor de los 7-8 meses puede masticar y deglutir pequeñas cantidades de alimentos semisólidos que se le irán ofreciendo cada vez menos triturados. Es conveniente no retrasar esta práctica más allá de los 10 meses, salvo excepciones, como los grandes prematuros, ya que puede aumentar el riesgo de alteraciones de la masticación en etapas posteriores.

Factores educacionales

A través de la diversificación alimentaria, se estimula en el lactante la masticación y la deglución y se le enseña a acostumbrarse a los nuevos sabores y consistencias de los diferentes alimentos. A partir de los 6 meses, empieza a desarrollar preferencias y la capacidad de autorregulación de la ingesta, expresando con gestos su desinterés o saciedad.

Factores socioeconómicos

La incorporación de la madre al trabajo, el tiempo disponible de los padres, el nivel adquisitivo familiar, la cultura de los padres y el ámbito rural o urbano, son algunos de los factores socioeconómicos que influyen tanto en el inicio como en la composición de la AC.

Períodos de la alimentación

En los primeros años, la alimentación, va pasando por diferentes etapas hasta llegar a la dieta variada y equilibrada del adulto.

El Comité de Nutrición de la AAP ha definido tres etapas o períodos evolutivos en el proceso de la alimentación(5):

Período de lactancia, que abarca los primeros 4-6 meses de vida, en los que la alimentación es exclusivamente a base de leche, preferentemente LM y, en su defecto, FA.

Período transicional, desde los 4-6 meses hasta los 12 meses, durante el cual se puede iniciar la introducción de alimentos diferentes de la leche.

Período de adulto modificado, que se extiende del primer al segundo año de vida, y en el que la alimentación del niño va adquiriendo progresivamente las características de la dieta libre del resto de la familia.

 

En el momento actual, se enfatiza la importancia de la alimentación desde la gestación hasta el segundo año de vida, como un tiempo crucial para establecer unos hábitos dietéticos saludables, empezando por fomentar la LM durante, al menos, los primeros 6 meses de vida y, a partir de esta edad, suplementando con la AC, con unas pautas adecuadas en cuanto a variedad, calidad y cantidad de los alimentos y horario para las comidas. Se considera como el mejor período de intervención nutricional para la prevención de determinadas enfermedades en la edad adulta, como: obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y enfermedad cerebrovascular, entre otras.

Introducción de la alimentación complementaria (período transicional)

El inicio de la AC puede hacerse de forma gradual, preferentemente a partir de los 6 meses, individualizando cada niño en función de su maduración funcional y estado nutricional, y manteniendo la LM durante el tiempo de diversificación.

Desde 2001, la OMS(3) mantiene la recomendación de iniciar la AC a partir de los 6 meses de vida, ya que la LM constituye un factor protector frente a la morbimortalidad infantil en los países en desarrollo. Además, se ha demostrado un menor riesgo de infecciones gastrointestinales y otitis media aguda en niños con LM exclusiva en el primer semestre de vida, en países desarrollados(6).

La AAP (2005), a su vez, recomienda comenzar la AC entre los 4-6 meses en los países industrializados, y preferentemente a los 6 meses en poblaciones infantiles con riesgo de atopia(2,7).

En nuestro entorno, el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP) (2006) recomienda iniciar la AC a los 4-6 meses de edad en niños con lactancia mixta o artificial, y a los 6 meses en los niños con LM exclusiva, prolongando la LM a ser posible hasta los 2 años(8).

Finalmente, la ESPGHAN (2009) puntualiza que el momento de introducción de la AC no debe ser ni antes de las 17 semanas ni después de las 26 semanas de vida, tanto en los niños amamantados como en los que reciben FA o lactancia mixta(6).

Estos planteamientos de los distintos grupos pueden generar dudas en el Pediatra de Atención Primaria (AP) a la hora de decidir la edad óptima de introducción de la AC. En cualquier caso, no es conveniente ni adelantar la AC antes de los 4 meses ni retrasarla hasta más allá de los 6 meses por las desventajas que ambas prácticas pueden suponer para el lactante (Tabla I).

 

 

Con fines prácticos, se puede decir que el inicio de la AC puede recomendarse a partir de los 5-6 meses de vida, y preferiblemente a los 6 meses en los niños con LM, individualizando cada niño en función de su maduración funcional y estado nutricional, reflejado en su curva de peso y talla, y manteniendo un aporte adecuado de leche durante el período de la diversificación.

Alimentos complementarios

La AC debe proporcionar la mitad del aporte energético diario total, por lo que el lactante debe recibir durante la diversificación, al menos, 500 ml de lácteos al día, para cubrir sus necesidades energéticas y nutricionales.

La introducción de nuevos alimentos no debe sustituir las tomas de LM o de FA, que deben mantenerse como una parte fundamental de la dieta, por su aporte de calcio y ácidos grasos esenciales. En nuestro medio, habitualmente, se introducen indistintamente y de forma gradual los alimentos detallados a continuación.

Cereales sin gluten

Los cereales constituyen el grupo de alimentos con el que mayoritariamente se inicia la AC. Los cereales sin gluten aportan principalmente carbohidratos (almidón y polisacáridos), además de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, y están suplementados con hierro. Son preparados hidrolizados a base de arroz, maíz, soja o tapioca, que pueden diluirse de forma instantánea, sin necesidad de cocción, tanto en la LM, como en la FA, manteniendo un aporte lácteo adecuado. En algunos casos, y si hay rechazo por parte del niño, se pueden añadir a la papilla de frutas o al puré de verduras o a caldos.

Cereales con gluten

Los cereales con gluten están hechos con trigo, avena, cebada o centeno, y de manera similar a los cereales sin gluten, han sido sometidos a un proceso de hidrólisis y están enriquecidos con hierro. Se preparan igualmente de forma instantánea diluyéndolos en LM o en la FA.

Hace unos años (2008), la ESPGHAN recomendó introducir el gluten en pequeñas cantidades y con aumentos graduales, a partir de los 4 meses y antes de los 7 meses, en niños con riesgo genético de enfermedad celíaca (EC), alimentados con LM, debiendo continuar la LM después de la introducción del gluten(1). Hasta entonces, se iniciaba el gluten a partir del 6º mes y no más tarde de los 7 meses.

Estas pautas se apoyaban en estudios que habían puesto de manifiesto que la LM, en el momento y después de iniciar aportes progresivos de gluten, se relacionaba con un menor riesgo de EC en niños con predisposición genética de desarrollarla, aunque no estaba claro si solo retrasaba el comienzo de los síntomas o si confería una protección permanente frente a dicha enfermedad(9). Por otro lado, se había definido el intervalo entre los 4-6 meses de vida, como un “período de ventana inmunológica”, durante el cual el desarrollo del sistema inmune favorecía la tolerancia de alimentos potencialmente alergénicos(10).

Sin embargo, en un reciente estudio europeo multicéntrico(11), se ha observado que la introducción precoz de gluten entre los 4 y los 6 meses, en niños genéticamente predispuestos, y con LM, no reduce el riesgo de enfermedad celíaca. A su vez, otros investigadores han constatado que retrasar el gluten hasta los 12 meses en niños con riesgo genético tampoco previene la EC, aunque sí retrasa su aparición, afectando menos el desarrollo del niño(12). Actualmente, se siguen generando controversias con el tema, sin llegar a un consenso sobre el mejor momento para introducir el gluten en la AC(13). A la vista de estos resultados, parece una medida prudente seguir con la recomendación general de introducir el gluten no antes de los 6 meses ni después de los 7 meses de vida, independientemente de que el niño tome LM o una FA.

Los cereales con o sin gluten se pueden ofrecer en las tomas del día que corresponden al desayuno y la cena, agregando uno o dos cacitos a la leche en el biberón y aumentando paulatinamente hasta obtener una consistencia de papilla que pueda darse con cuchara. El alto contenido en carbohidratos de los cereales supone un importante aporte energético. No es preciso que los cereales sean siempre hidrolizados. Se pueden ofrecer también otros alimentos que aportan cereales, como: sémola, arroz, copos de avena, galletas, pan, cuscús, fideos, etc.

Frutas y verduras

En general, las frutas y verduras pueden comenzar a formar parte de la dieta, de manera progresiva, a partir de los 5-6 meses de vida.

Deben prepararse peladas para evitar o limitar el aporte de celulosa y hemicelulosa presentes en la cubierta externa y así no sobrepasar los 5 g/día de fibra alimentaria recomendados durante el primer año de vida, evitando que el exceso de fibra pueda interferir con la absorción de micronutrientes, como el hierro y el cinc.

Las frutas, además de celulosa, aportan: agua, sacarosa, vitaminas, sobre todo vitamina C, y minerales. Deben ofrecerse maduras para una mejor digestibilidad, y trituradas formando una papilla que se dará con cuchara, habitualmente en la merienda. Se puede comenzar con frutas aisladas o mezclando 3 o 4 frutas para variar el sabor, vigilando tolerancia. Se recomienda posponer hasta el año la introducción de algunas frutas potencialmente alergénicas (melocotón, fresas, kiwi…) debido a su capacidad de liberar histamina.

La fruta puede darse también en forma de zumos naturales recién elaborados, que contienen todos los nutrientes excepto la fibra dietética, y que por su contenido en vitamina C pueden incrementar la biodisponibilidad del hierro presente en otros alimentos vegetales cuando se administran en una misma comida. Los zumos deben ofrecerse con cuchara, para evitar el riesgo de caries y erosión dental con el biberón y, además, en pequeñas cantidades, para impedir que reemplacen la ingesta de leche o que interfieran con la aceptación de otros alimentos de más valor nutritivo.

En cuanto a las verduras, aportan agua, proteínas vegetales, celulosa, vitaminas y minerales. Se pueden dar frescas o congeladas, cocidas al vapor o hervidas en poca cantidad de agua y durante menos de 10 minutos para minimizar las pérdidas de vitamina C y de minerales. Además, durante la cocción debe taparse el recipiente para evitar que aumente en el agua la concentración de nitritos(14). Las verduras se ofrecen en forma de puré, de textura gradualmente menos fina para estimular la masticación. Se puede añadir un poco de aceite de oliva (acido oleico) en crudo al puré ya elaborado, según el estado nutricional del niño. No es preciso añadir sal. El puré de verduras se debe ofrecer todos los días, a la hora de la comida, y más adelante, alrededor de los 10-11 meses, puede ofrecerse también en la cena, sustituyendo 1-2 veces por semana a los cereales, y complementado siempre con lácteos hasta cubrir los 500 ml de leche al día que garanticen un aporte adecuado de calcio para el crecimiento.

Es recomendable evitar al principio las verduras flatulentas (coliflor, repollo) y las que contienen sustancias sulfuradas (ajo, cebolla, espárragos) responsables de sabores fuertes, ya que pueden resultar desagradables para el niño.

Algunas verduras (remolacha, espinacas, zanahorias en gran cantidad, acelgas, nabos…), por su alto contenido en nitratos, pueden ocasionar metahemo­globinemia en lactantes pequeños, debido a una baja acidez gástrica que permite la proliferación de bacterias reductoras de nitratos en nitritos, así como a una disminución fisiológica de la enzima metahemoglobina reductasa. Por esta razón, es aconsejable ofrecerlas sobre los 10-12 meses, si bien es cierto que en pequeñas cantidades se pueden dar antes, una vez iniciada la AC, siempre que la preparación y conservación sean las adecuadas(15). Como medidas preventivas, se recomienda que, una vez preparado, el puré de verduras sea conservado en la nevera y consumido dentro de las 24 horas siguientes a su preparación, o bien, congelarlo inmediatamente tras su elaboración, ya que la exposición ambiental por más de 12 horas y la conservación en nevera durante más de 48 horas, pueden aumentar la formación de nitritos. Asimismo, se recomienda almacenar las verduras en un sitio fresco y con poca luz para evitar la proliferación bacteriana y cambios en la composición que afecten sus propiedades nutritivas.

Carne

Debido al riesgo de carencia de hierro en niños con LM exclusiva a partir de los 6 meses, es recomendable iniciar cuanto antes el aporte de carne (pollo, pavo, ternera, vaca y, más adelante, cordero y cerdo), ya que constituye una importante fuente de hierro. Las carnes, además de hierro, contienen proteínas de alto valor biológico (20 g de proteína/100 g de carne), grasas en dependencia con el origen animal y vitaminas, principalmente B12. El valor nutritivo de la carne blanca es similar al de la carne roja. Se recomienda introducirla en cantidades pequeñas y progresivas, a diario, hasta llegar a 40-60 g de carne por ración y día, añadida al puré de verduras.

Es preferible retrasar otros alimentos cárnicos, como las vísceras (hígado, sesos) hasta los 12-15 meses; pues aunque ofrecen un elevado aporte de hierro, proteínas y vitaminas, algunas tienen el inconveniente de un alto contenido en grasas y colesterol y, en ocasiones, pueden ser portadores de parásitos y sustancias tóxicas por manejo inadecuado del ganado. No obstante, hay quienes consideran que pequeñas cantidades de hígado en el último trimestre ofrecen beneficios nutricionales a los lactantes y niños pequeños(8).

Derivados lácteos

El yogur es una leche fermentada que contiene poca lactosa, pero supone una excelente fuente de proteínas, calcio y vitaminas. Además, favorece la absorción del calcio y regenera la flora intestinal. A partir de los 6 meses, se pueden introducir yogures elaborados con leche adaptada y, posteriormente, alrededor de los 9-10 meses, se pueden dar yogures naturales de leche de vaca entera. Respecto a los yogures con sabores o trocitos de frutas, es conveniente introducirlos más adelante, dado que contienen azúcares en cantidades no desdeñables. En general, los yogures pueden darse como postre en la comida o acompañando a la papilla de frutas. Un yogur de 125 g equivale a 125 ml de leche.

Los quesos son productos de leche fermentada y constituyen una buena fuente de proteínas, calcio, hierro y fósforo, pero pueden tener un alto contenido graso dependiendo del tipo de queso. A los 9-10 meses, se pueden ofrecer quesos frescos poco grasos (queso de Burgos), como postre en la comida o bien en la merienda.

Otros derivados lácteos, como: petit suisse, natillas, flanes o cuajada, se deben reservar para alrededor de los 12 meses, teniendo en cuenta su contenido en grasas, azúcares y huevo.

Pescado y huevo

Hasta hace unos años, la AAP recomendaba retrasar la ingesta de huevo hasta los 2 años y de pescado hasta los 3 años de edad en niños con riesgo de dermatitis atópica. Actualmente, tanto la ESPGHAN(1) como la AAP(2) consideran que no hay evidencia convincente de que retrasar la ingesta de alimentos potencialmente alergénicos, como el huevo y el pescado, tengan un efecto protector frente al riesgo de desarrollar dermatitis atópica e, incluso, puede aumentarlo según resultados de algunos estudios(16).

Por este motivo, actualmente se recomienda introducir el pescado a partir de los 9-10 meses, comenzando con pequeñas cantidades (unos 20-30 g) de pescado blanco, como merluza, gallo o lenguado, por su menor contenido en grasa y, en consecuencia, mejor digestibilidad y tolerancia, y aumentar progresivamente hasta 40-60 g/día. Posteriormente, alrededor de los 12-15 meses, se empezará a dar el pescado azul, siempre en cantidades pequeñas, que se irán aumentando paulatinamente para favorecer la tolerancia. En niños menores de 3 años, deben evitarse algunos pescados, como el pez espada o emperador, cazón, tintorera y atún rojo, debido a su alto contenido en mercurio, que puede perjudicar el sistema nervioso en vías de desarrollo de los niños pequeños. Tanto el pescado blanco como el azul, se pueden añadir al puré de verduras en sustitución de la carne, 2-3 días a la semana.

En cuanto a su composición, el pescado, en general, aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas, minerales como hierro, yodo, cinc y, principalmente, fósforo y sal, y constituye una excelente fuente de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LCPUFAs) omega 3 y 6, presentes sobre todo en el pescado azul, de importancia para el neurodesarrollo y por su efecto beneficioso al aumentar el HDL-colesterol. El pescado congelado tiene igual valor nutritivo que el fresco y la ventaja adicional de evitar el riesgo de reacción alérgica frente al anisakis.

En relación con el huevo, puede sustituir el aporte proteico de la carne o el pescado y se puede iniciar también a partir de los 9-10 meses. Se recomienda introducir primero la yema cocida (rica en proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos esenciales, hierro y vitaminas), comenzando con una cuarta parte añadida al puré de verduras y aumentando la cantidad progresivamente hasta ofrecer la yema completa, con una frecuencia de 2-3 veces por semana. Más tarde, se empezará a dar también la clara de huevo cocida en cantidades crecientes, siguiendo una pauta similar, no antes de los 11-12 meses, por el alto poder alergénico de la ovoalbúmina que contiene, razón por la que el huevo no debe darse crudo. La equivalencia proteica de un huevo es igual a la de 50 g de carne y 60 g de pescado.

Legumbres

Las legumbres aportan fibra, hidratos de carbono, proteínas y vitaminas, pero también un elevado contenido de nitratos, por lo que se recomienda introducirlas al final del primer año de vida, sobre los 11-12 meses, en pequeñas cantidades y, a ser posible, sin piel o pasadas por el pasapurés, para favorecer su digestión y evitar flatulencia. Es conveniente añadirlas al puré de verduras o al arroz, con una frecuencia de 1-2 veces por semana. Aunque las legumbres aportan hierro, la biodisponibilidad es baja por su elevado contenido en fibra dietética y fitatos.

Leche de vaca

Se recomienda, en general, no introducir la LV hasta los 12 meses, por el riesgo de inducir anemia ferropénica debido a su bajo contenido en hierro y a su relación con microsangrados intestinales, aunque esto último no ha sido demostrado en niños mayores de 9 meses. De ahí que, la ESPGHAN considere aceptable introducir pequeñas cantidades de LV entre los 9 y 12 meses, dependiendo de la situación socioeconómica y los patrones culturales de la población(1). Si el poder adquisitivo de la familia lo permite, se puede continuar con la FA de continuación y posponer la LV hasta los 15-18 meses.

En los menores de 2 años, siempre se dará la LV entera, dada la necesidad del aporte energético de las grasas para el crecimiento. Por esta misma razón, no se recomienda la LV desnatada(<0,5% de grasa) en esta etapa de la vida. La LV semidesnatada (1,5-2% de grasa) tiene una densidad calórica muy baja; por lo que, se necesita una ingesta elevada para cubrir las necesidades energéticas, lo que podría conllevar un excesivo aporte de proteínas y una sobrecarga de solutos a nivel renal.

Las llamadas leches de crecimiento (fórmula 3) sirven de transición entre la fórmula de continuación y la LV entera, y son preparados de leche desnatada enriquecida con hierro, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales. Se pueden ofrecer durante un tiempo variable hasta la edad de 2-3 años, según las necesidades nutricionales del niño y las posibilidades económicas de la familia.

Aporte de proteínas

Las proteínas, tanto de origen animal (carnes, pescado, huevo, lácteos) como vegetal (verduras, legumbres), son indispensables para una buena nutrición, crecimiento y desarrollo de los niños. Sin embargo, el exceso de proteínas en la alimentación infantil, además de provocar una sobrecarga renal de solutos, puede causar hiperinsulinismo, y favorecer el aumento de peso. En un reciente estudio realizado en nuestro medio(17), se constató que los niños menores de 3 años de edad recibían un aporte proteico excesivo en su dieta habitual. De ahí, la importancia de vigilar la cantidad de proteína que se recomienda durante la diversificación alimentaria y de controlar la curva de peso del lactante, detectando aumentos rápidos en el percentil de peso, sobre todo, en los alimentados con FA, sugestivos de aportes excesivos de proteínas, que son determinantes en la aparición de sobrepeso y obesidad ya en los primeros años de la vida.

Condimentos y edulcorantes

No se debe añadir sal ni azúcar en la preparación de los alimentos destinados a lactantes durante el primer año de vida, puesto que ambos componentes se encuentran en cantidades suficientes de forma natural en la dieta. Tampoco se deben dar edulcorantes, como la miel y la leche condensada, porque refuerzan la preferencia innata por los sabores dulces y suponen un riesgo añadido de caries dentales y obesidad.

Bebidas

La AC conlleva un aumento de solutos y de carga osmolar importante, por lo que a los lactantes con FA se les debe ofrecer pequeñas cantidades de agua a lo largo del día. Los niños amamantados reciben líquidos suficientes, ya que la LM tiene un elevado contenido de agua (87%) en su composición y, habitualmente, no necesitan suplementos de agua salvo en situaciones puntuales de calor excesivo o enfermedad febril. Hay que evitar las bebidas excitantes, como café, té o infusiones, por su escaso valor energético, así como los zumos artificiales y bebidas carbonatadas, que pueden disminuir el apetito y la aceptación de otros nutrientes.

Alimentos infantiles de preparación industrial

Los llamados “potitos” o “tarritos” o baby food son alimentos infantiles elaborados a base de frutas, verduras, carnes y pescado, teniendo en cuenta los requerimientos nutricionales de los lactantes y niños de corta edad. Su elaboración y composición cumplen las normativas de la Reglamentación Técnico-Sanitaria de la Unión Europea. Son preparados de textura variable: homogeneizada, para el inicio de la AC, o más espesa, con trocitos de alimentos, con el fin de estimular la masticación a medida que avanza la diversificación. A pesar de ser nutricionalmente adecuados y sin riesgo de contaminación bacteriana, no deben sustituir los alimentos preparados en casa, reservándose para determinadas situaciones, como salidas y viajes, y respetando siempre las condiciones de uso y conservación indicadas en el etiquetado.

Suplementos vitamínicos y minerales

En general, la AC junto con la LM o la FA aportan los micronutrientes necesarios en el primer año de la vida con excepción de algunos, como la vitamina D y el hierro, cuya deficiencia puede derivar en enfermedades importantes y que requieren suplementos adicionales a la dieta.

Vitamina D

La vitamina D es una vitamina liposoluble que procede en un 90% de la síntesis cutánea inducida por las radiaciones solares UVB y solo un 10% es aportado por la dieta. La vitamina D juega un papel fundamental en la prevención del raquitismo y de una larga serie de enfermedades (osteoporosis, diabetes mellitus tipo 1, diversas neoplasias, artritis reumatoide, trastornos cardiovasculares, enfermedades psiquiátricas…). En España, todas las fórmulas infantiles están suplementadas con vitamina D a razón de 400 UI /litro. Tanto la AAP, como diversas Sociedades Pediátricas Internacionales y una revisión Cochrane (2008), recomiendan un suplemento diario de 400 UI de vitamina D, durante el primer año de vida, a partir de los 15 días, tanto si el lactante recibe LM como si se alimenta con FA con una ingesta menor de un litro de leche al día(18).

Hierro

A partir del 4º mes aumentan los requerimientos de hierro por el crecimiento rápido. El hierro en la LM, aunque es escaso, tiene una elevada biodisponibilidad, por lo que cubre los requerimientos en los primeros 6 meses de vida. Actualmente, tanto las fórmulas infantiles como los cereales están suplementados con hierro, por lo que a partir de los 5-6 meses, en general, se logran aportes adecuados de hierro con la dieta, a través de la LM o FA, los cereales fortificados y, especialmente, por la ingesta de carne y pescado. Solo se recomienda dar suplementos exógenos de hierro a: lactantes con LM exclusiva por encima de los 6 meses (1-2 mg/kg/día), niños prematuros o de bajo peso al nacer (4 mg/kg/día) y en casos puntuales de hemólisis, anemia neonatal o deficiencias por problemas sociales u otras causas.

Alimentación complementaria en niños prematuros

La AC en los prematuros se iniciará en función de la edad corregida y con pautas similares a las de los lactantes a término.

En los niños nacidos pretérmino, se debe retrasar la AC, teniendo en cuenta para su inicio, la edad corregida según la fórmula: edad cronológica en semanas – (40 – edad gestacional), para permitir así un adecuado desarrollo motor que le capacite para estas funciones. No obstante, en algunos prematuros, con buena evolución y una adecuada capacidad motora, se puede iniciar la AC siguiendo el criterio de la edad cronológica. La diversificación alimentaria se hará siguiendo un esquema similar al de los lactantes nacidos a término.

Alimentación complementaria y dieta vegetariana

Las dietas vegetarianas estrictas en niños menores de 2 años conllevan el riesgo de deficiencias nutricionales y deben evitarse durante el período de diversificación alimentaria.

Los niños menores de 2 años no deben recibir dietas vegetarianas estrictas por el insuficiente aporte de energía, y el riesgo de carencias nutricionales de vitaminas (B12, riboflavina, D), proteínas animales y minerales (hierro, cinc, calcio). Estas deficiencias pueden dar lugar a malnutrición proteico-calórica, raquitismo, anemia ferropénica, anemia megaloblástica y retraso del crecimiento y del desarrollo psicomotor en los lactantes, y se ven compensadas cuando la dieta incluye lácteos (lactovegetariana) o leche y huevos (ovolactovegetariana), ya que proporcionan proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas D y del grupo B. Los lactantes amamantados por madres con dieta vegetariana estricta pueden requerir suplementos de vitaminas D y, especialmente, B12, hierro y calcio(19).

Alimentación complementaria dirigida por el bebé (Baby-Led Weaning)

Constituye una forma de iniciar la AC diferente de la tradicional, que aunque ofrece algunas ventajas, conlleva ciertos riesgos y requiere un estrecho seguimiento del estado nutricional.

En los últimos años, se ha ido extendiendo en algunos países la práctica del Baby-led weaning (BLW), término anglosajón que se traduce como alimentación complementaria dirigida por el bebé. En nuestro medio, es un método poco conocido(20) y se promueve, sobre todo, a través de foros con las nuevas tecnologías. El BLW es una forma de alimentación en la que el propio lactante, a partir de los 6 meses de vida y en función de su desarrollo neurológico, se lleva a la boca trocitos de alimentos blandos, utilizando sus manos, en lugar de recibirlos triturados y con cuchara. Al niño se le deja comer por sí solo la cantidad que desee, sentado en la trona, compartiendo la comida familiar, pero sin añadirle sal ni azúcar. Aunque la mayoría de los niños con BLW están recibiendo LM, que puede aportar cambios en el sabor según la dieta de la madre y facilitar la aceptación de otros alimentos diferentes de la leche, se considera que el BLW es igualmente válido para niños alimentados con FA.

El BLW tiene algunas ventajas como son: que favorece la autonomía del niño, le permite participar de la comida familiar, estimula la masticación y disminuye el riesgo de sobrealimentación y de obesidad, ya que los bebés autorregulan las cantidades que ingieren.

Los principales inconvenientes son: el riesgo de atragantamiento, por lo que se deben evitar alimentos duros y pequeños, y siempre hay que acompañar al niño mientras come; la posibilidad de que el niño tome menos variedad de alimentos; que la cantidad de comida ingerida sea insuficiente para un crecimiento adecuado, y que aparezcan algunas deficiencias nutricionales, fundamentalmente de hierro, pudiendo llevar todo ello a un fallo de medro.

El pediatra debe supervisar que se le ofrezcan al niño alimentos nutricionalmente apropiados para su edad (galletas, trocitos de pan, frutas blandas, verduras cocidas,…), retrasando aquellos potencialmente alergénicos (pescado, huevo) para más adelante, como se recomienda en la AC tradicional.

Recomendaciones prácticas para la alimentación complementaria

Los alimentos deben prepararse y ofrecerse de forma adecuada a las necesidades y desarrollo del niño, sin un esquema único de introducción y preservando siempre el aporte de leche.

Preparación, cantidades y consistencia de los alimentos

La manipulación y elaboración de los alimentos por parte de la familia o cuidadores del niño deben hacerse bajo una buena higiene, procurando servirlos inmediatamente y/o almacenarlos de forma segura para evitar contaminación y reacciones adversas. Es aconsejable empezar dando pequeñas cantidades de cada alimento e ir aumentando gradualmente para una mejor tolerancia. Se recomienda ofrecer los alimentos en forma de purés o papillas e ir modificando poco a poco la consistencia de espesa a grumosa y finalmente sólida, para estimular la masticación y facilitar que, según va creciendo el niño, pueda alimentarse solo.

Orden de introducción de alimentos

No existen normas rígidas en cuanto al orden en que deben ser introducidos los alimentos, dependiendo de las costumbres locales y familiares y las preferencias individuales. En niños con LM exclusiva es conveniente introducir primero alimentos ricos en hierro. Se aconseja esperar entre 3-7 días, según la aceptación del niño, antes de dar otro alimento nuevo, para permitir que se acostumbre a los diferentes sabores y texturas, vigilando la aparición de posibles intolerancias y alergias. En la tabla II, aparece un esquema práctico de la diversificación alimentaria en nuestro medio.

 

 

Frecuencia de consumo

El lactante debe recibir un aporte diario de cereales, frutas y verduras con proteínas animales. Con la AC, el niño hará unas 4-5 tomas al día. El número de comidas dependerá de la densidad energética y la cantidad consumida en cada toma, sin desplazar a la leche materna o artificial que debe ser la principal fuente de nutrientes durante el primer año de vida.

En la tabla III, se resumen de forma práctica las consideraciones a tener en cuenta en la diversificación alimentaria del lactante.

 

 

Función del pediatra de Atención Primaria

En nuestro medio, el pediatra de AP tiene un papel de enorme importancia y responsabilidad en la alimentación del lactante a lo largo del primer año. Por un lado, debe informar a los padres sobre los innumerables beneficios que conlleva la lactancia natural, haciendo controles, sobre todo en el primer mes de vida, que permitan constatar la adecuada ganancia de peso, y animando a las madres para que continúen con la LM el mayor tiempo posible. Por otro lado, debe decidir el momento de iniciar la AC, valorando las necesidades individuales, dando pautas orientativas sobre los diferentes nutrientes y la forma adecuada de introducirlos y ofrecerlos en la dieta del niño para evitar aportes calóricos excesivos o insuficientes durante el segundo semestre de vida. Finalmente, puede detectar precozmente incrementos rápidos en la curva de peso del lactante y establecer medidas que eviten la aparición de sobrepeso y obesidad desde los primeros años de vida.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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13.** Martínez-Ojinaga Nodal, E. “Gluten y lactancia materna”: adiós a la ventana inmunológica”. Evid Pediatr. 2014; 10: 58.

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15. Hidalgo Vicario MI, Martínez Suárez, V. Alimentación en el primer año de vida. En: Muñoz Calvo MT, Hidalgo Vicario MI, Clemente Pollán J, eds. Pediatría Extrahospitalaria. Fundamentos Clínicos para Atención Primaria. Madrid. Ergon; 2008. p 105-117.

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19. Arana Cañedo-Argüelles C. Dietas vegetarianas. Rev Pediatr Aten Primaria. 2006; 8(Supl1): S 119-131.

20. Moreno Villares JM, Galiano Segovia MJ, Dalmau Serra J. Alimentación complementaria dirigida por el bebé (“baby-led weaning”). ¿Es una aproximación válida a la introducción de nuevos alimentos en el lactante? Acta Pediatr Esp. 2013; 71: 99-103.

Bibliografía recomendada

- Agostini C, Decsi T, Fewtrell M, et al. Complementary Feeding: A commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2008; 46: 99-110.

Artículo en el que la ESPGHAN destaca la importancia de la lactancia materna exclusiva en los primeros meses y recomienda iniciar la alimentación complementaria entre los 4 y 6 meses, proponiendo además una cronología de algunos alimentos sobre la base de la evidencia científica disponible y analizando los efectos de la alimentación complementaria en la salud infantil.

- American Academy of Pediatrics. Gartner LM, Morton J, Lawrence RA, et al. Breastfeeding and the use of human milk. Pediatrics. 2005; 115: 496-506.

En este trabajo, la AAP ratifica la necesidad de la lactancia materna en los primeros meses de vida por sus beneficios para el niño, la madre y la comunidad, y recomienda el inicio de la alimentación complementaria preferentemente a partir del 6º mes (Comité de Lactancia Materna) o entre los 4 y 6 meses (Comité de Nutrición).

- World Health Organization. Complementary Feeding: Report of the Global Consultation and Summary of Guiding Principles. Geneva, Switzerland: World Health Organization; 2001.

Documento en el que la OMS defiende la necesidad de mantener la lactancia materna de forma exclusiva los primeros 6 meses de vida, como mecanismo de protección frente a la morbi-mortalidad infantil, especialmente en los países en vías de desarrollo, y la conveniencia de iniciar la alimentación complementaria a partir de los 6 meses y continuar la lactancia materna hasta los 2 años.

- Gil Hernández A, Uauy Dagach R, Dalmau Serra J, Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Bases para una alimentación complementaria adecuada de los lactantes y los niños de corta edad. An Pediatr (Barc). 2006; 65: 481-95.

Interesante análisis realizado en nuestro medio sobre los fundamentos bioquímicos que sustentan la alimentación complementaria y las razones científicas que la justifican, en el que además se proponen una serie de principios básicos como guía para la diversificación en el primer año de vida.

- Vriezinga SL, Auricchio R, Bravi E, et al. Randomized feeding intervention in infants at high risk for celiac disease. N Engl J Med. 2014; 371: 1304-15.

Reciente estudio prospectivo multicéntrico europeo, en él se concluye que la introducción precoz de gluten en niños con lactancia materna y riesgo genético de enfermedad celíaca, no previene el desarrollo de la enfermedad.

- Martínez-Ojinaga Nodal, E. “Gluten y lactancia materna”: adiós a la ventana inmunológica”. Evid Pediatr. 2014; 10: 58.

Artículo de revisión de la evidencia científica actual sobre la leche materna y su papel frente a la enfermedad celíaca.

 

Caso clínico

 

Lactante de 5 meses, alimentado con LM exclusiva. En el último mes, escasa ganancia ponderal. Antecedentes personales: dermatitis atópica leve. Antecedentes familiares: una hermana de 2 años con enfermedad celíaca. Exploración física: peso en p3 (descenso del p10 al p3) y talla en p50, lesiones leves de dermatitis atópica en la cara y resto de la exploración, normal. Actitud: se recomienda apoyo nutricional.

 

 

Alimentación del niño preescolar, escolar y del adolescente

J.M. Moreno Villares*, M.J. Galiano Segovia**
Temas de FC


J.M. Moreno Villares*, M.J. Galiano Segovia**

*Servicio de Pediatría. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.
**Pediatra. CS María Montessori. Leganés. Madrid

 

Resumen

No existe ninguna duda sobre la importancia que la alimentación en los primeros años de vida, junto al establecimiento de hábitos de vida saludables, tienen en la posibilidad de prevenir el desarrollo de enfermedades a lo largo de la vida, en especial, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la obesidad o el cáncer. Además, los hábitos alimentarios se establecen en esos primeros años y permanecen en el tiempo.
Para adecuar la ingesta de energía y nutrientes a las necesidades de cada niño, es preciso conocer las características fisiológicas y del desarrollo en cada etapa, y tener en cuenta, además, las diferencias personales, condicionadas en parte por su grado de actividad, así como sus circunstancias sociales. Después de un periodo de crecimiento rápido –el periodo de lactante y de niño pequeño–, en el que la alimentación está dirigida por los padres y muy supervisada por el pediatra, nos adentramos en los periodos pre-escolar (3 a 6 años) y escolar (6 a 12 años), de crecimiento moderado, donde adquieren relieve progresivo los aspectos sociales de la comida –la familia, el grupo, el comedor escolar–, que culminan con la pubertad, inicio de la adolescencia, que aúna un nuevo aumento de las demandas metabólicas y los grandes cambios, tanto en la fisiología como en la personalidad, que condicionan los hábitos alimentarios. Son momentos excelentes para sembrar y afianzar las bases de la alimentación futura y demás hábitos de vida saludables

 

Abstract

There is no doubt in the role of nutrition as well as physical activity during childhood and the risk of developing a chronic disease in adulthood, specially cardiovascular disease, obesity, diabetes or cancer. Feeding pattern are developed within these first years of life and maintain lifelong.
In order to provide adequate amount of energy and nutrients it is necessary to well-known physiology as well as personal characteristics. After a short period of rapid growth (infancy and first 3 years) where feeding is provided by mums and supervised by pediatricians, childhood overcome. During the pre-scholar (3 to 6 years) and scholar (6 to 12 years), growth becomes slower and social skills for feeding become developed. Family, peers and having lunch at school have their own important role in achieving these goals.
These are excellent periods to stablish health eating and lifestyle habits. The pediatrician is the health professional who can address all this issues in the regular visits

 

Palabras clave: Adolescente; Niño; Desayuno; Requerimientos nutricionales; Energía

Key words: Adolescent; Child; Breakfast; Requirements; Energy

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 268-276


Alimentación del niño preescolar, escolar y del adolescente

 

Introducción

Existe una relación directa entre los hábitos alimentarios adquiridos en la infancia y el riesgo de desarrollar enfermedad a lo largo de la vida.

La relación de los hábitos alimentarios con la salud y la enfermedad ha preocupado al hombre desde los orígenes de las primeras sociedades y culturas. Hasta el siglo pasado, la mayoría de enfermedades relacionadas con la alimentación se debían a la deficiencia de algún nutriente; en los últimos años, el interés se ha desplazado hacia las enfermedades crónicas (enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer), pero también hacia las enfermedades relacionadas con un exceso de grasa, fundamentalmente la obesidad. Existe un conocimiento generalizado sobre la influencia de la alimentación de los primeros años de vida y la prevención de la enfermedad en el adulto, que se traduce en un gran interés en la alimentación en etapas críticas del desarrollo (lactante y niño pequeño)(1,2). Sin embargo, no se ha prestado una atención similar a la alimentación del niño desde los 3 años en adelante(3).

El ser humano no necesita ningún alimento determinado para mantener su salud, sino solamente energía y nutrientes en cantidad suficiente. Los nutrientes están almacenados en los alimentos, aunque ninguno de ellos es completo (si exceptuamos la leche materna en los mamíferos antes del destete). Por lo tanto, debe incorporar alimentos de los diferentes grupos: cereales, verduras y frutas, grasas y aceites, carne, pescado, leche, huevos, leguminosas y otros, para constituir una dieta variada que, además de energía, proporcione los tres tipos de nutrientes (energéticos, plásticos y sustancias reguladoras) en cantidad y calidad suficiente.

Una alimentación saludable debe cumplir los siguientes criterios:

• Ser variada (alimentos, presentación, preparación).

• Poseer unos niveles nutricionales que se ajusten a las características de los individuos.

• Estar repartida a lo largo del día, con arreglo a las condiciones de vida del individuo. Los principios básicos de una dieta saludable pueden resumirse en tres palabras: moderación, variedad y equilibrio. Además, la alimentación tiene también un componente social.

Alimentación en el preescolar (3-6 años) y escolar (6-12 años)

Es importante conocer las características diferenciales de las distintas etapas de la infancia, su maduración y crecimiento, para comprender mejor las conductas alimentarias y los requerimientos nutricionales de cada instante.

Características biológicas

Transcurridos los dos primeros años de vida del niño, correspondientes al periodo de crecimiento acelerado, se pasa a la etapa de crecimiento estable en la edad preescolar (3-5 años) y escolar (desde los 6 años al comienzo de la pubertad). El crecimiento longitudinal en el preescolar es de 6-8 cm/año y el incremento ponderal de 2-3 kg anuales. En el escolar, el crecimiento longitudinal es un poco más lento (5-6 cm/año) y la ganancia de peso es de 3-3,5 kg/año. Paralelamente, continúa la maduración de órganos y sistemas.

El desarrollo psicológico en los preescolares incluye la incorporación paulatina de habilidades motoras y del lenguaje; más tarde, durante la época escolar, maduran habilidades como: la lectura, la escritura, las operaciones matemáticas y la adquisición progresiva de conocimientos.

Factores condicionantes de la alimentación de la edad escolar y preescolar

Las costumbres nutricionales adquiridas en la niñez se modifican muy poco en los años posteriores.

Los hábitos alimentarios y las pautas de alimentación comienzan a establecerse muy pronto, desde el inicio de la alimentación complementaria (después de los 6 meses) y están consolidados antes de finalizar la primera década de la vida, persistiendo en gran parte en la edad adulta. La familia representa un modelo de dieta y conducta alimentaria que los niños aprenden(4). La agregación familiar para estos hábitos es tanto mayor cuanto más pequeño es el niño y más habitual sea comer en familia(5).

En la etapa preescolar, los niños inician el control de sí mismos y del ambiente, empiezan a interesarse por los alimentos, a preferir algunos de ellos, a ser caprichosos con las comidas, a tener poco apetito, a ser monótonos. En la elección de alimentos, influyen factores genéticos, aunque tiene mayor importancia los procesos de observación e imitación.

Además de la familia, adquiere cada vez mayor importancia la influencia ejercida por los comedores de los centros educativos. La incorporación a la guardería y/o a la escuela conlleva, además, la independencia de los padres, la influencia de los educadores y de otros niños en todos los ámbitos, incluido el de la alimentación, especialmente, en aquellos que acuden al comedor escolar.

Con el aumento de la edad, el apetito se recupera y tienden a desaparecer las apetencias caprichosas. En la edad escolar, la alimentación se va haciendo más independiente del medio familiar. La televisión y las otras tecnologías de la información y la comunicación (TICs) van adquiriendo un papel relevante. Además, la disponibilidad de dinero les permite comprar alimentos sin el control parental. El desayuno suele ser rápido y escaso. En la merienda, se recurre frecuentemente a productos manufacturados y bebidas azucaradas y el horario de comidas es más irregular.

Existe una gran variabilidad interindividual para la ingesta de energía y su distribución según los nutrientes, para niños de la misma edad y sexo, y con una tendencia a mantenerse en el tiempo. Existe también una gran variabilidad individual en el % de energía y nutrientes aportado en las distintas comidas del día; de tal forma que, a una comida con alto contenido energético le sucede otra con un contenido inferior. Las propiedades organolépticas de los alimentos ejercen un importante papel en su consumo y consecuentemente en el aporte de energía y nutrientes.

Junto a estos aspectos relacionados con el desarrollo y el medio familiar, la alimentación en esta etapa se ve influida por los cambios sociales. En todos los países, el desarrollo socioeconómico se acompaña de cambios importantes en los hábitos alimentarios, que se caracterizan por un mayor consumo de energía, de alimentos de origen animal, ricos en proteínas y grasa, y de productos manufacturados, ricos en azúcares refinados y en grasas. En estos cambios influyen también: la incorporación progresiva de la mujer al trabajo fuera del hogar, el cambio en el modelo de estructura familiar, el número de hijos, la influencia creciente y homogeneizada del mensaje televisivo, la incorporación cada vez más temprana de los niños a la escuela (donde reciben una parte importante de su dieta diaria), la influencia cada vez mayor de los niños en la elección de los menús familiares, y la disponibilidad creciente de dinero por parte de los menores. Los niños mayores frecuentemente adaptan costumbres importadas de otros países, como las comidas en hamburgueserías, los snacks o un consumo importante de refrescos y zumos industriales.

En el apetito influyen otros factores, como la disminución de las necesidades energéticas, debido al menor gasto en el metabolismo basal y a un crecimiento más lento. A esta edad, los niños son capaces de responder a señales internas de apetito y saciedad, y no a señales externas (horario de comidas, “lo que se debe comer en cada momento”). El niño tiene una gran capacidad para ajustar su ingestión en respuesta a la densidad energética de los alimentos administrados.

Existen evidencias de que cuando los padres controlan excesivamente la alimentación de sus hijos, estos tienen una peor regulación de su ingesta calórica, por lo que el control familiar rígido, coercitivo o estricto de la dieta de los niños es un factor negativo para su respuesta a la densidad calórica(6). Por tanto, el sistema de sobornos, premios y recompensas para que el niño coma, podría actuar negativamente sobre la regulación de la ingesta energética. Por ello, es recomendable un ambiente familiar no coercitivo con el fin de conseguir una adecuación de la ingesta a las necesidades(7,8). Una conducta positiva y proactiva por parte de los padres (por ejemplo, preparando la comida juntos) en estas edades se asocia al establecimiento de hábitos de vida saludables(9).

Requerimientos nutricionales

Las necesidades de energía y nutrientes están condicionadas por sus necesidades basales y el grado de actividad física, muy variable a partir de esta edad.

Los patrones de alimentación y las necesidades de nutrientes durante la niñez van a estar condicionados por las necesidades metabólicas basales, así como por el ritmo de crecimiento y el grado de actividad física, junto al desarrollo psicológico. El desequilibrio entre consumo de nutrientes y gasto es la causa de la aparición de exceso de peso, que en la población española de esta edad supera el 45% en el grupo de edad entre 8 y 13 años, y que aparece asociado a las clases sociales más desfavorecidas y con menos estudios(10).

Las recomendaciones dietéticas son orientaciones de carácter general sobre las necesidades de energía y nutrientes en las distintas etapas de la vida. Distintos organismos han establecido recomendaciones, de las que las más empleadas son las del Institute of Medicine de la Academia Americana de Ciencias (disponible en: http://www.iom.edu/Activities/Nutrition/SummaryDRIs/DRI-Tables.aspx), aunque existen también referencias nacionales(11). Estas recomendaciones, traducidas en frecuencias de consumo de alimentos y raciones, sirven de orientación para diseñar una dieta saludable.

El equilibrio nutricional aconsejado no varía mucho del que se recomienda para los adultos (12-15% de proteínas, 30-35% de lípidos, 50-58% de glúcidos).

Necesidades energéticas

Las necesidades energéticas van variando a lo largo de las diferentes etapas de la vida, y esto implica la necesidad de adaptar la ingesta para hacer frente a estas variaciones. Las recomendaciones para los niños entre 4 y 8 años, son: 1.200-1.800 kcal/día y para los de 9 a 13 años, 1.600-2.000 kcal (Tabla I).

 

 

En la ingesta energética intervienen principalmente 2 factores: el volumen alimentario y la densidad energética de la dieta. La capacidad de acomodar la dieta a las necesidades energéticas mediante cambios en el volumen alimentario y, sobre todo, en la densidad energética, es ya constatable en el niño desde edades tempranas.

Necesidades de proteínas

Las proteínas cumplen principalmente un papel en el crecimiento y en el mantenimiento de la estructura corporal. Una dieta equilibrada debería proporcionar entre un 11 y un 15% de la energía total como proteínas. El 65-70% de la ingesta proteica debería ser de alto valor biológico, típicamente productos animales (carne, pescado, leche, huevos y derivados lácteos) y el resto de origen vegetal.

Necesidades de grasas

La grasa en una fuente importante de energía, soporte para trasportar vitaminas liposolubles y proveedor de ácidos grasos esenciales (a-linolénico-omega 3, y linoleico-omega 6). La ingesta total de grasa debe estar entre el 30-35% de la ingesta de energía para niños de 2 a 3 años y entre el 25 y 35% para niños de 4 a 18 años. Los ácidos grasos esenciales deberían constituir el 3% del total de la ingesta de energía diaria y las grasas saturadas menos del 10% del total. El consumo de colesterol debe ser menor de 300 mg/día y la ingesta de grasas trans debe ser lo más baja posible.

Hidratos de carbono y fibra

Los hidratos de carbono son una importante fuente de energía y soporte para el transporte de vitaminas, minerales y elementos traza. Una ingesta adecuada de carbohidratos contribuye a una ingesta suficiente de fibra, hierro, tiamina, niacina, riboflavina y ácido fólico. Los carbohidratos deberían constituir el 50-60% del total de energía. Proceden mayoritariamente de los vegetales: cereales, verduras, hortalizas, frutas y legumbres.

Dentro de este grupo, se encuentra la fibra dietética, de gran importancia para el funcionamiento del tubo digestivo, pero también para regular los niveles de glucemia y reducir la absorción del colesterol de la dieta. La ingesta óptima de fibra en mayores de 2 años sería el equivalente a la edad, en años, más 5 a 10 g por día (máximo 30 g por día).

Necesidades de vitaminas y minerales

Las vitaminas y los minerales carecen de aporte calórico y su presencia en cantidades suficientes se garantiza con una dieta variada. Destacan, el calcio por su importancia en la formación del esqueleto y que está contenido en los lácteos y pescados, y también el hierro, con necesidades aumentadas en los periodos de crecimiento rápido, así como el yodo.

Características de una dieta saludable

Los objetivos de una dieta saludable son: cubrir las necesidades que permitan un correcto crecimiento y desarrollo e instaurar hábitos alimentarios saludables que eviten la aparición de enfermedades crónicas en la edad adulta.

Una dieta saludable es aquella que tiene una proporción de alimentos que se ajusta a la distribución contemplada en la dieta equilibrada en término de nutrientes. Además, los alimentos que la integran son aptos para el consumo desde el punto de vista de la higiene y la seguridad alimentaria y su forma de preparación y presentación es respetuosa con la cultura, la tradición y otras características de quien la consume (Fig. 1).

 

Figura 1. Pirámide de la Alimentación saludable. SENC, 2007.

 

La mayoría de los niños deberían comer entre 4 y 6 veces al día (Fig. 2). Los preescolares hacen 3 comidas y varios pequeños tentempiés. Los escolares típicamente toman menor número de comida y tentempiés que los más jóvenes. El desayuno es una de las comidas más importantes del día; un desayuno inadecuado o inexistente se asocia a una diminución de la atención y a un peor rendimiento escolar(12). También, se asocia a un riesgo aumentado de sobrepeso en edades posteriores. En España, cerca de un 10% de niños no desayuna y otro 20% lo hace de forma inadecuada. Un buen desayuno debe constar de un lácteo, cereales y alguna pieza de fruta. Puede complementarse con la toma de fruta, un bocadillo pequeño o un lácteo a media mañana. La comida de mediodía o almuerzo es la comida principal, y debe incorporar alimentos de todos los grupos. Como bebida, agua. La merienda es una buena oportunidad de completar el aporte energético del niño y suele ser bien aceptada por estos. La denominada “merienda-cena” es una opción nutricional aceptable si incluye alimentos suficientes y variados. La cena es la última comida del día y debe estar constituida por preparaciones culinarias fáciles de consumir y digerir(13).

 

Figura 2. Distribución de los alimentos en las comidas del día.

 

El tamaño de la porción adecuada varía dependiendo de la edad del niño y de la comida en particular. Sirviendo porciones mayores de las recomendadas se puede contribuir a la sobrealimentación. Cuando se permite a los niños seleccionar su tamaño de porción, consumen un 25% menos de entrada que cuando se les sirven porciones mayores(14).

El ambiente en las comidas

Las comidas en familia proveen una oportunidad para que los niños aprendan hábitos saludables de alimentación y empiecen a apreciar los aspectos sociales de la comida.

El ambiente en la comida es un factor crítico en el desarrollo de un comportamiento de alimentación saludable. La estructura y la rutina de todas las ocasiones de comida son particularmente importantes.

A la hora de la comida, se deben evitar las distracciones. Se debe comer en el área designada para comer, y el niño debe tener un comportamiento adecuado en la silla.

La responsabilidad para establecer un ambiente de comida saludable está dividida entre el niño y sus cuidadores. La división de responsabilidad se basa en la habilidad del niño de regular su ingesta y la incapacidad para elegir una dieta bien equilibrada. Las responsabilidades del cuidador incluyen: proveer una variedad de comidas nutricionales, definir la estructura y el tiempo de las comidas, crear un ambiente que facilite la comida y las relaciones humanas, reconocer y responder a las señales de los niños de hambre y saciedad, y ser modelo de comportamiento de alimentación saludable (consumir una dieta variada); mientras que la del niño es elegir qué y cuánto de la comida ofrecida, consume.

Los cuidadores deberían comprender que la dificultad para aceptar nuevas comidas y el “comer siempre las mismas cosas” son periodos normales del desarrollo del niño. Los intentos para controlar la comida de los niños pueden hacer que sea menos sensible a las señales de saciedad y hambre y contribuir a su sobrealimentación.

El comedor escolar

El comedor escolar constituye una herramienta importante para la adquisición de buenos hábitos alimentarios.

Un estudio reciente indica que Cataluña es la comunidad española con mayor proporción de escolares que comen en el colegio (33,9%), seguida del País Vasco (33,2%), Madrid (21,9%) y Valencia (19,3%). El comedor escolar puede y debe ser, por tanto, un marco en el que, día a día, se adquieran unos hábitos alimentarios saludables y se conozcan de forma práctica las normas para una óptima alimentación y nutrición durante toda la vida. Se dispone de excelente material, tanto para las escuelas como para las familias, sobre las características de los menús escolares (ver fuentes de información adicional) (Figs. 3- 5).

 

Figura 3. Cuaderno de información a las familias sobre nutrición saludable desde la infancia a la adolescencia editado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

 
 

Figura 4. Portada de la guía de comedores escolares del programa PERSEO, dentro de la estrategia Naos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

 
 

Figura 5. Portada del libro sobre menús escolares editado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

 

Terminamos este apartado con unas recomendaciones prácticas para una alimentación saludable en el niño de esta edad (Tabla II).

 

 

Alimentación en el adolescente

Una alimentación pobre en la adolescencia puede tener consecuencias duraderas en el desarrollo cognitivo, causando un disminución en la capacidad de aprender, peor concentración y malos resultados académicos.

La adolescencia se caracteriza por un intenso crecimiento y desarrollo, hasta el punto que se llega a alcanzar en un periodo relativamente corto de tiempo el 50% del peso corporal adulto; se experimenta una velocidad de crecimiento mayor que en cualquier otra edad a partir del 2º año de vida. A esto contribuye, también, la maduración sexual, que va a desencadenar importantes cambios, no solo en la composición corporal sino en su fisiología y en sus funciones orgánicas. Existe una enorme variabilidad en el momento en el cual se produce este cambio. En la actualidad, en los países occidentales, se fija la pubertad entre los 9 y 13 años, y la adolescencia entre los 14 y 18 años.

La adolescencia es una etapa decisiva en el desarrollo humano por los importantes cambios fisiológicos, psicológicos y sociales que en ella ocurren y que condicionan tanto las necesidades nutricionales como los hábitos alimentarios y de comportamiento. La mayoría de los adolescentes del medio urbano controlan su propia dieta y el nivel de actividad física que practican. Por todo ello, la adolescencia está considerada como un periodo de la vida especialmente vulnerable desde el punto de vista de la alimentación.

Preocupaciones nutricionales frecuentes

La adolescencia es una etapa de riesgo de excesos y deficiencias nutricionales.

Los excesos más comunes son de grasa total, grasa saturada, colesterol, sal y azúcar. Un gran número de adolescentes no cubren las recomendaciones diarias de ingesta de frutas, verduras y alimentos ricos en calcio(15). En la tabla III, se muestran algunos factores que contribuyen a unos hábitos dietéticos pobres.

 

 

Algunos de los aspectos preocupantes en los adolescentes en relación con la nutrición son: el consumo de productos con alto contenido en azúcares, en especial refrescos, anemia por deficiencia de hierro, ingesta de calcio insuficiente, métodos inadecuados para perder peso y los trastornos de la conducta alimentaria. Las consecuencias de la mala alimentación y unos hábitos inadecuados de actividad física son el sobrepeso y la obesidad(16). En España, hay un 14,3% de adolescentes de 12 a 17 años con obesidad abdominal(17).

El consumo de alcohol y el tabaquismo son también motivos de preocupación, junto con el embarazo y la situación de los adolescentes con discapacidad o con enfermedad crónica.

La dieta típica de un adolescente no incluye cantidades adecuadas de frutas, verduras y cereales. En una encuesta reciente, en algo más de mil adolescentes españoles, se encontró un consumo deficitario de lácteos, pasta, frutas, verduras y hortalizas; así como un consumo elevado de derivados cárnicos y de alimentos de bajo contenido nutricional (comida rápida, dulces, refrescos)(18).

Por el contrario, un patrón alimentario regular, la ingesta de alimentos saludables y una actividad física habitual, se asocian a mejores rendimientos académicos(19).

Recomendaciones nutricionales

Las recomendaciones nutricionales en el adolescente deben adecuarse a la edad puberal y al grado de actividad física.

Aunque por razones prácticas, las necesidades de energía y nutrientes durante la adolescencia se establecen en función de la edad cronológica, siempre se deberían tener en cuenta las necesidades según el desarrollo puberal.

Los varones necesitan entre 1.800 y 3.200 kcal, mientras que la mujeres de esa edad requieren entre 1.600 y 2.400 kcal, en función de su actividad física.

Los hidratos de carbono son parte esencial de una dieta saludable. Las mejores fuentes de hidratos de carbono son los cereales integrales, las verduras, las frutas y las legumbres, que además son una excelente fuente de vitaminas, minerales y fibra.

Las necesidades de proteína varían con el crecimiento, aunque la mayoría de adolescentes sobrepasan los niveles recomendados de ingesta. Lo mismo sucede con los aportes de grasa, cuya recomendación es limitarla entre el 25 y el 35% de las calorías diarias.

Al igual que en edades anteriores, existe un desequilibrio en el aporte de nutrientes, de tal manera que la energía aportada por los glúcidos sigue siendo, en todos los casos, muy inferior a las recomendaciones. La ingesta de lípidos supera a las recomendaciones, aunque rara vez es mayor del 45%.

Hábitos alimentarios de los adolescentes

La adolescencia se asocia con multitud de cambios en el estilo de vida personal y es de esperar que haya variaciones en la preferencia de alimentos y en los hábitos alimentarios. Además, la actitud hacia los alimentos que desarrollen los adolescentes influirá no solo en su salud sino en la de sus propios hijos y dictará los modelos alimentarios de la siguiente generación. El comportamiento alimentario del adolescente está determinado por numerosos factores “externos” (características familiares, amistades, valores sociales y culturales, medios de comunicación social, conocimientos nutricionales, experiencias y creencias personales…) e “internos” (características y necesidades fisiológicas, imagen corporal, preferencias y aversiones en materia de alimentación, desarrollo psicosocial, salud…).

Los jóvenes pasan una gran parte del tiempo fuera de casa y consumen comida preparada, por lo general, rica en calorías y grasa. También, es común que se salten alguna comida y picoteen con frecuencia. En la tabla IV, se señalan los aspectos que más influyen en la elección de la comida por un adolescente.

 

 

¿Qué consejos sobre la alimentación en adolescentes podemos dar?

Los adolescentes necesitan una cultura dietética basada en los alimentos que pueden comer, más que en los que deben evitar.

La adolescencia es la etapa previa a la edad adulta. En ocasiones, será la última oportunidad para aplicar normas dietéticas y consejos de promoción de la salud, en especial, en relación con la actividad física. Las intervenciones deben ser concretas, con experiencias prácticas, encaminadas a preocupaciones inmediatas. Aunque los conocimientos son importantes, no son suficientes para cambiar conductas alimentarias. Cuando se dé información ha de ser interactiva; huir de las conferencias o charlas o de la lectura de un folleto o un tríptico. Las actividades deben ser breves y divertidas y deben demostrar que la comida saludable es posible, fácil de preparar y puede ser apetecible. Por ejemplo, consejos sencillos, como: beber agua en vez de otros líquidos cuando tenga sed, participar de las comidas en familia, escoger frutas y verduras de temporada, o evitar comer mientras se está viendo la televisión o jugando con una consola. O actividades del tipo talleres de cocina sencillos, planear con ellos las comidas de la familia o hacer la compra, consejos sobre cómo elegir un restaurante para comer, etc. (20), son ejemplos de acciones bien aceptadas.

Función del pediatra de Atención Primaria

La auténtica prevención (de hábitos de comportamiento no saludables, escaso nivel de actividad física, mal uso de tiempo libre, consumo inadecuado de alimentos, trastornos de la conducta alimentaria) va ligada a un enfoque multidisciplinar que incida en la educación parental, institucional (educadores) y social (medios de comunicación, restauración, compañeros, amigos).

La implantación de unos hábitos de vida saludables en edades tempranas, mediante programas de prevención y educación es la principal y más efectiva herramienta para reducir la incidencia de patologías relacionadas con alimentación excesiva o dietas poco equilibradas. El papel del pediatra en esta tarea resulta primordial:

1. Informar, educar a los niños, adolescentes, padres y educadores, sobre la dieta equilibrada, el ejercicio físico y otros hábitos de vida saludable como prevención de la enfermedad del adulto.

2. Promover una percepción correcta de la propia imagen corporal y potenciar la autoestima.

3. Transmitir a la familia el papel clave que representa realizar actividades saludables en común: comidas familiares, ejercicio físico habitual, hacer la compra, participar en la cocina, actividades al aire libre, etc.

4. En los exámenes periódicos de salud, valorar la calidad de la dieta y del entorno de las comidas, así como el grado de actividad física de acuerdo con la edad.

5. Detectar y abordar de forma temprana los problemas relacionados con una alimentación inadecuada.

6. Participar activamente en la divulgación a través de los medios de comunicación o de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Robinson S, Fall C. Infant Nutrition and later health: a review of current evidence. Nutrients. 2012; 4: 859-74.

2.** Vickers MH. Early life nutrition, epigenetics and programming of later disease. Nutrients. 2014; 6: 2165-78.

3. Caballero B. Early nutrition and risk of disease in the adult. Public Health Nutr. 2001; 4: 1335-6.

4.** Fulkerson JA, Larson N, Horning M, Neumark-Sztainer D. A review of associations between family or shared meal frequency and dietary and weight status outcomes across the lifespan. J Nutr Educ Behav. 2014; 46: 2-19.

5. Savage JS, Fisher JO, Birch LL. Parental influence on eating behavior: conception to adolescence. J Law Med Ethics. 2007; 35: 22-34.

6.*** Birch LL, Fisher JO. Development of eating behaviors among children and adolescents. Pediatrics. 1998; 101: 539-49.

7.** Scaglioni S, Arriza C, Vecchi F, Tedeschi S. Determinants of children’s eating behavior. Am J Clin Nutr. 2011; 94: 2006S-11S.

8. Scaglioni S, Salvioni M, Galimberti C. Influence of parental attitudes in the development of children eating behavior. Br J Nutr. 2008; 99: S22-S25.

9. Montaño Z, Smith JD, Dishion TJ, Shaw DS, Wilson MN. Longitudinal relations between observed parenting behaviors and dietary quality of meals from ages 2 to 5. Appetite. 2014 Dec 30. pii: S0195-6663(14)00780-6. doi: 10.1016/j.appet.2014.12.219. [Epub ahead of print].

10. Sánchez Cruz JJ, Jiménez Moleón JJ, Fernández Quesada F, Sánchez MJ. Prevalencia de obesidad infantil y juvenil es España en 2012. Rev Esp Cardiol. 2013; 66: 371-6.

11. Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD). Ingestas dietéticas de referencia (IDR) para la población española. EUNSA, 2010. ISBN: 9788431326807.

12. Kleinman RE, Hall S, Green H, Korzec-Ramírez D, et al. Diet, breakfast and academic performance in children. Ann Nutr Metab. 2002; 46: 24-30.

13. Pérez Rodríguez M, Meléndez G, Nieto C, Pfeffer F. Dietary and Physical Activity/Inactivity Factors Associated with Obesity in School-Aged Children. Adv Nutr. 2012; 3: 622S–628S.

14. Savage JS, Haisfield L, Fisher JO, Marini M, Birch LL. Do children eat less at meals when allowed to serve themselves? Am J Clin Nutr. 2012; 96: 36-43.

15. Dietary Guidelines for Americans, 2010. En: US Department of Agriculture and US Department of Health and Human Services, 7 ed. Washington, DC. US Government Printing Office; 2010.

16. García Continente X, Allué N, Pérez Giménez A, et al. Hábitos alimentarios, conductas sedentarias y sobrepeso y obesidad en adolescentes de Barcelona. An Pediatr (Barc). 2014 (en prensa).

17. Schröder H, Ribas L, Koebnick C, et al. Prevalence of abdominal obesity in Spanish children and adolescents. Do we need waist circumference measurements in pediatric practice? PLos One. 2014; 27: 9(1): e87549.

18. Palenzuela Paniagua SM, Pérez Milena A, Pérula de Torres LA, Fernández García JA, Maldonado Alconada J. La alimentación en el adolescente. An Sist Sanit Nav. 2014; 37: 47-58.

19. Stea TH, Torstveit MK. Association of lifestyle habits and academic achievement in Norwegian adolescents: a cross-sectional study. BMC Public Health. 2014, 14: 829.

20. Hammons AJ, Fiese BH. Is frequency of shared family meals related to the nutritional health of children and adolescents? Pediatrics. 2011; 127: e1565-74.

Bibliografía recomendada

- Moreno Villares JM, Galiano Segovia MJ. La comida en familia: algo más que comer juntos. Acta Pediatr Esp. 2006; 64: 554-8.

Revisión sobre los aspectos más relevantes de la participación de niños y jóvenes en las comidas familiares, tanto sobre la calidad de la alimentación como al desarrollo de los hábitos alimentarios y a la mejora del lenguaje y las habilidades de comunicación.

- Galiano Segovia MJ, Moreno Villares JM. El desayuno en la infancia: más que una buena costumbre. Acta Pediatr Esp. 2010; 68: 403-8.

El desayuno desempeña un papel importante en el control del peso y del apetito, en la calidad de la dieta y en la prevención de las enfermedades del adulto. Su consumo regular se asocia a mejores rendimientos académicos y mejores habilidades sociales.

- Lichtenstein AH, Appel LJ, Brands M, et al. Diet and lifestyle recommendations revision 2006. A scientific statement from the American Heart Association Nutrition Committee. Circulation. 2006; 14: 82-96.

Recomendaciones de la Academia Americana del Corazón, para llevar una vida saludable (alimentación y ejercicio físico) en individuos mayores de 2 años de edad.

- González Gross M, Gómez Llorente JJ, Valtueña J, Ortiz JC, Meléndez A. The “healthy lifestyle guide pyramid” for children and adolescents. Nutr Hosp. 2008; 23: 159-68.

En este artículo, se explica con detalle una herramienta, una pirámide de estilos de vida saludable para niños y adolescentes, desarrollada en España, de acuerdo con el conocimiento científico y basada en consejos fáciles de seguir e imágenes coloreadas.

- Demory-Luce D, Motil KJ. Adolescent eating habits. Uptodate, actualizado Dec 2014 (consultado el 15 de enero de 2015).

Revisión sistemática actualizada de las necesidades nutricionales y de los comportamientos alimentarios en los adolescentes. El artículo se acompaña de tablas que muestran las necesidades de cada nutriente, así como tablas de composición de alimentos ricos en hierro o en calcio, entre otros.

- Duryea TK. Dietary recommendations for toddlers, preschool, and school-age children. Uptodate, actualizado Nov 2014 (consultado el 15 de enero de 2015).

Revisión actualizada de los requerimientos, el desarrollo de los hábitos alimentarios y las recomendaciones de la dieta para niños pequeños, pre-escolares y lactantes.

Otro material de interés

http://aesan.msssi.gob.es/AESAN/docs/docs/publicaciones_estudios/nutricion/guia_comedores_escolares.pdf.

Guía sobre comedores escolares elaborada por los Ministerios de Sanidad y de Educación.

http://www.gencat.cat/salut/acsa/html/ca/dir3496/alimentacion_de_tus_ninos.pdf

Folleto divulgativo sobre las características de la alimentación del niño en edad escolar y pre-escolar.

http://www.movimientoactivate.es/.

Estrategia desarrollada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para estimular la actividad física de los adolescentes.

http://www.msssi.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/promocion/saludJovenes/docs/alimentSaludGuiaFamilias_2007.pdf.

Guía de alimentación saludable para las familias, elaborada por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN).

http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_452_obes_infantojuv_AATRM_compl.pdf.

Guía de Práctica Clínica sobre la Prevención y el Tratamiento de la Obesidad Infantojuvenil.

 

Caso clínico

 

Adolescente varón de 14 años, en seguimiento en la consulta de Pediatría con sobrepeso desde la edad pre-escolar.

Antecedentes familiares

Padre fumador; los abuelos paternos padecen diabetes mellitus tipo 2 (DMT2); el abuelo materno sufrió un infarto de miocardio a los 54 años.

Antecedentes personales

Nacido a término, tras una gestación normal. Peso al nacer: 3.260 g. Lactancia materna exclusiva durante cinco meses, alimentación complementaria: cereales y frutas a los cinco meses, verduras a los seis meses. Resto de alimentación sin incidencias de interés.

Anamnesis

Debido a los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura (abuelo materno), se realizan controles seriados de peso, talla, índice de masa corporal (IMC) y tensión arterial (TA) en todas las revisiones del programa de salud infantil. La cintura abdominal fue medida a partir de los 12 años.

Exploración física

El examen por órganos y aparatos, así como la TA han sido normales hasta los 14 años, en que la TA sistólica fue 130 mmHg (percentil 95 [P95]) y la diastólica 68 mmHg (P50-90). Cabe destacar, la evolución del IMC, presentando un rebote adiposo precoz (antes de los cinco años) y un incremento de más de dos puntos por año a las edades: 4-5 años, 6-7 años, 11-12 años y 13-14 años. IMC por edades: dos años: 17,4 kg/m2; cuatro años: 10,5 kg/m2; cinco años: 10,0 kg/m2; seis años: 18,1 kg/m2; ocho años: 21,7 kg/m2; diez años: 23,1 kg/m2; 12 años: 26,1 kg/m2; 14 años: 30,6 kg/m2. La cintura abdominal ha sido de 85 cm a los 12 años y 89 cm a los 14 años (ambas > P95).

Resultados analíticos

A los cuatro años, se realizó el siguiente estudio analítico: colesterol total, 187 mg/dl (límite); triglicéridos, 110 mg/d (>P95); colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (cHDL), 48 mg/dl (normal); y colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (cLDL), 117 mg/dl (límite).

A los diez años, debido al incremento de peso, se realiza un nuevo estudio cuyos resultados fueron: colesterol total, 209 mg/dl (elevado); triglicéridos, 202 mg/dl (elevado); cHDL, 36 mg/dl (descendido); cLDL, 133 mg/dl (elevado); glucosa, 89 mg/dl; aspartato transaminasa, 18 U/l; y alanina aminotransferasa, 16 U/l.

A los 11 años tiene los siguientes valores: glucosa, 105 mg/dl (elevada); colesterol total, 226 mg/dl (elevado); triglicéridos, 191 mg/dl (>P95); cHDL, 54 mg/dl; y cLDL, 134 mg/dl (>P95).

 

 

 

El niño mal comedor

J. Bras i Marquillas
Temas de FC


J. Bras i Marquillas

Pediatra jubilado. Centro de Trabajo: ABS Poblenou, Barcelona

 

Resumen

Se revisan los condicionantes alimentarios en los niños, se expone el aprendizaje de la alimentación en las sucesivas edades. Se codifican los principales problemas relacionados con la conducta alimentaria infanto-juvenil, y se analizan los problemas infantiles del aprendizaje alimentario (sobre todo, las comúnmente llamadas anorexias) y el fallo de medro. Los trastornos de conducta alimentaria en adolescentes, solo se reseñan sucintamente. Se centra el abordaje pediátrico: proceso diagnóstico, pronóstico, respuestas terapéuticas, se propone un protocolo de actuación pediátrica para casos dudosos y un modelo de actividad preventiva mediante la guía anticipatoria

 

Abstract

Feeding conditions in children are reviewed, feeding learnings along successive ages are described. The most common eating behavior related problems in childhood and adolescence are coded, children feeding learning problems are analyzed (especially the commonly called anorexia), and also failure to thrive. The eating disorders in adolescents are reported only briefly. The pediatric approach is focused: Diagnostic process, prognosis, therapeutic responses, pediatric protocol performance for doubtful cases and a model of preventive action by the anticipatory guidance are proposed

 

Palabras clave: Conducta alimentaria; Anorexia reactiva; Fallo de medro; Anorexia secundaria; Guía anticipatoria

Key words: Feeding behavior; Reactive anorexia; Failure to thrive; Secondary anorexia; Anticipatory guidance

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 277-288


El niño mal comedor

 

Introducción, magnitud de la cuestión, conceptos básicos

¿Cuántas madres llevan hijos al pediatra por falta de apetito? ¿De quién es el problema?

Ante la abundancia de alimentos, los niños cierran la boca: quizá no piden alimentos, sino alimentadores.

La información nutricional ha aumentado enormemente en los últimos años, mientras el patrón alimentario ha ido empeorando: más obesidad y más trastornos de conducta alimentaria.

Comemos por pulsiones (apetito, curiosidad, juego sensorial): ¿reorientaremos nuestra información?

Padres e hijos suelen quejarse de prisa y estrés, mientras pretenden un consumismo de placeres compensatorio…, también en la mesa.

¿O tal vez hay que modificar el entorno en que comemos?

En el mundo rico, muchos niños ni comen, ni duermen, ni juegan, ¿gozan?

Educar es configurar (moldear, respetar y limitar) ¿También en la mesa?

Comer es un acto amigable, ¿o un conflicto de intereses?

Comemos solo por apetito, porque casi ya nunca tenemos hambre. Satisfechos por haberla superado, ahora nos quejamos de que nuestros niños no comen. De hecho, el hambre es lo que incita a comer, el apetito a buscar determinados alimentos, la saciedad obliga a parar de comer.

He visto tantos casos de anorexia en mi práctica profesional, que gracias a ellos he construido mi casa
(Ronald S. Illingworth)

La función primitiva de la alimentación fue la nutrición, así como la función primitiva del sexo fue la reproducción. Pero hoy en día, los humanos civilizados, solemos hablar de gastronomía y de erotismo. Superada la supervivencia biológica, tenemos expectativas distintas: la cultura, el refinamiento y la calidad: (¡no solo de pan vive el hombre!).

Comemos solo por apetito, porque casi ya nunca tenemos hambre. Satisfechos por haberla superado, ahora nos quejamos de que nuestros niños no comen. Padres e hijos solo comen por apetito, por gusto. Y cuando les presionamos, trastocamos una ingesta, que debería pedir el cuerpo, en una lamentable obligación social. Y, así, el rechazo de alimento constituye la tercera demanda en frecuencia en las consultas pediátricas. ¿Tal vez son los padres quienes se sienten frustrados y rechazados por sus hijos? (¡no me come!).

Como en la educación, no valen los fingimientos y les traspasamos lo que somos, no lo que desearíamos aparentar, los hábitos alimentarios de los hijos reproducen con pocas variaciones el modelo alimentario de sus padres y hermanos. Con independencia del discurso educativo que verbalicen.

Algunas definiciones básicas

Hambre: es la sensación de vacío gástrico con necesidad de comer. La mucosa gástrica estimula los centros parasimpáticos troncoencefálicos, que desencadenan hiperperistaltismo. Y este cesa al llegar alimentos al duodeno.

Apetito: es un deseo selectivo de comer determinados alimentos, que desencadena la motilidad gástrica y la estimulación hipotalámica. Se modifica por elementos culturales y psíquicos (el hábito dietético, el entorno, el miedo, la ansiedad).

La contemplación del alimento, la percepción de su olor y sabor desencadenan las secreciones: salival, gástrica, pancreática e intestinal, y se percibe como satisfacción del apetito.

Saciedad: es el deseo de parar de comer. El equilibrio hambre-saciedad está condicionado por feed-backs fisiológicos (hipotalámicos) y psicológicos inconscientes.

El hambre incita a empezar a comer, el apetito a buscar determinados alimentos, la saciedad obliga a parar de comer.

Anorexia: es el rechazo de alimentos por ausencia de hambre o apetito. Mientras la anorexia por enfermedad orgánica es la ausencia de hambre (ante cualquier alimento y en cualquier entorno), la anorexia reactiva o conductual es la ausencia de apetito (selectiva ante determinado alimento o entorno). La anorexia y bulimia nerviosas son patologías de la saciedad (excesiva o nula, respectivamente).

Fisiología y aprendizaje alimentario: etapas y entornos

La configuración metabólica queda fijada de por vida por la nutrición perinatal. La satisfacción oral constituye la primera etapa del desarrollo afectivo humano. Tras el freno de la neofobia, será la educación alimentaria (variable según el modelo de control parental) la que generará los límites en la alimentación. El consumo excesivo de proteínas comprobado en nuestros niños pequeños, aumenta el riesgo de obesidad y problemas asociados.

Terminología

Alimentación: es la conducta de incorporación o ingestión de alimentos. Del entorno a la boca.

Digestión: es el proceso de descomposición del alimento en sus componentes, de absorción de los nutrientes (principios inmediatos, agua, minerales) hacia la sangre y vías linfáticas, y la eliminación de fibra, restos de jugos y microbiota. Tránsito digestivo.

Nutrición: es el proceso de obtención de los nutrientes contenidos en los alimentos y su distribución a todas las células. Del intestino a los capilares.

Metabolismo: es el proceso de reposición (calórica, plástica y funcional) en las células y de eliminación de residuos a través de los emunctorios (sobre todo, riñón y pulmón). El consumo corporal de nutrientes es la suma de crecimiento, actividad y metabolismo basal.

Fisiología orgánica del balance nutricional

El conjunto de circuitos que participan en el equilibrio alimentario y nutricional, tanto los hipotalámicos como los humorales (numerosos neuropéptidos, básicamente leptina y grelina), se constituyen en dos feed-back antagónicos, denominados nutristato y adipostato, que regulan ingresos y reservas respectivamente. En la medida que se van descubriendo nuevos mediadores, reguladores y sus circuitos, la comprensión resulta confusa y la utilidad clínica de su conocimiento es aún irrelevante. Por ello en este artículo, obviamos su exposición detallada.

Hay un concepto que modifica la pretensión universalizadora de los esquemas de homeostasis nutricional: la programación o imprinting metabólico. La configuración metabólica queda fijada de por vida por la nutrición perinatal (el período crítico se cifra desde el 7º mes fetal hasta 3er mes de vida): una desnutrición intrauterina generará un fenotipo ahorrador y lipogénico.

El Estudio Alsalma, desarrollado por Danone Nutricia, analizó los hábitos nutricionales de niños españoles entre 0 y 3 años. La ingesta media de proteínas en niños de entre 1 y 3 años era 4 veces superior a lo recomendado. Este consumo excesivo de proteínas parece aumentar el riesgo del futuro desarrollo de obesidad y enfermedades cardiovasculares (hipertensión, infarto de miocardio o ictus).

Etapas y elementos de aprendizaje

El feto a término deglute de promedio un litro diario de líquido amniótico, entrando en contacto con trazas de olores y sabores de los alimentos tomados por su madre. El recién nacido reconoce a su madre a las pocas horas por el olor, que puede guiarle hasta el pezón. Por ello, el lavado muy minucioso del pezón puede dificultar la lactancia.

Para el recién nacido, el pezón y la tetina que entran en su boca son los primeros materiales con que contacta aparte de succionar. El jugar con ellos con su boca no indica en absoluto anorexia, sino puro placer: es el inicio de la satisfacción oral, primera etapa del desarrollo afectivo humano. Dedica su tiempo a realizar relajada y juguetonamente el descubrimiento del seno materno (disfrute táctil, alimentario, digestivo), sin prisa alguna, en su espacio íntimo de seguridad: el regazo.

En las escuelas psicoanalíticas señalan la conducta anoréxica como expresión de alteraciones en el proceso de individuación-separación. Lacan señala la diferencia entre necesidad (objetiva), demanda (manifestada) y deseo (subyacente): responder solo a la necesidad (dar leche) es permanecer insensible a la demanda y el deseo (juego oral con el pezón).

A través de la leche materna, el lactante capta olores y sabores de los alimentos que ingiere su madre y eso le prepara para reconocerlos como familiares. Por ello, se recomienda preparar las primeras papillas de cereales con leche materna, para facilitar su aceptación. En caso de lactancia sucedánea, este primer reconocimiento de futuros alimentos no existe.

Desde recién nacido, acepta por instinto genético los sabores dulces, que le calman, y rechaza los amargos. Será a partir del cuarto mes, que empezará a aceptar agrios y salados.

El modelo de alimentación a demanda (sin cantidades ni horarios fijos) permite al lactante asociar el hambre con el inicio de la toma y la saciedad con su fin. Así aprenden a ajustar la toma a sus percepciones y demandas. Este aprendizaje de autorregulación se bloquea cuando se le imponen horarios fijos (sin demanda previa).

Por ello, la conducta alimentaria en familia suele ser más caprichosa y entretenida que en la sociedad-extrafamiliar (escuela): allí se realiza un acto social, normativo, mientras en casa se puede experimentar, jugar, transgredir y descubrir, por la menor presión normativa.

Fusión y separación

La madre que ofrece pecho y afecto al hijo durante la lactancia natural, luego elaborará alimentos para ofrecérselos en su nueva relación alimentaria como objetos intermedios, intentando que los reconozca, los acepte, los pruebe, le gusten y se los acabe comiendo. Todo este proceso requiere un tanteo y para ello el niño necesita su tiempo. Por repetición van estableciéndose ciertos hábitos, normas y límites en esta relación.

Cuando la madre añada alimentos complementarios, el niño deberá esperar a que estén preparados y adecuarse al ritmo de quien le prepare la comida. Desde la respuesta inmediata de darle el pecho a la respuesta demorada, ya se inicia una pequeña separación, malestar o correctivo, que el niño supera y positiviza a base de contención y cariño (“palabritas, melodías, mimos, miradas…”, según cada acervo cultural).

Más adelante, será el preaviso ilusionante (la prefiguración: “hoy te haré una verdurita buenísima, con aquel pescado que tanto te gusta…”) lo que desencadenará el apetito y el deseo de comer, o de jugar, todo es parecido. Y nunca, mediante una exigencia impertinente de estar obligado a acabárselo “…y rápido que me tengo que ir”. Ello, solo responde a la necesidad de los padres (quizá por estrés laboral, o vital…), pero nunca a las del niño, que tiene otro tempo, necesita elaboración, contemplación, sentirse querido, aceptado, no urgido, etc.

Los adultos, a menudo, proyectamos en el hijo las expectativas y temores de nuestra propia conducta alimentaria.

Neofobia

La neofobia es la reticencia a probar alimentos desconocidos. Es un fenómeno universal en el reino animal y uno de los mecanismos de defensa de especie, en evitación de peligros desconocidos.

La confianza, seducción y contención maternas permite atreverse a probar alimentos nuevos. La primera vez que les damos un puré; por ejemplo: lo tocan, juegan con él y, finalmente, prueban una mínima cantidad (probablemente con el dedo), nunca el plato entero. Cuando, en lo sucesivo, lo vayan asociando a experiencia positiva lo irán aceptando y les generará apetito. La familia paciente que insiste en la diversificación de alimentos evita el niño “comedor monótono” (que comen de solo uno o pocos alimentos y se niegan a probar otros): estos niños estarían en riesgo de un fallo de medro, por alimentación desequilibrada. Sin embargo, cierto grado de rechazos, manías y monotonías son normales al inicio del aprendizaje alimentario.

La paciencia y la perseverancia en el modo familiar de alimentación ayudan al niño a superar sus rigideces y miedos y a comportarse como el resto de la familia. Hay que informar con antelación a los padres que la aceptación de un nuevo alimento puede precisar hasta 10 o 15 intentos frustrados. Nunca deben tirar la toalla, sino probar a ofrecer pequeñas cantidades del alimento que rechaza 2-3 veces por semana, sin prisas ni forzamientos, pacientemente y sin miedos, hasta que llegue el momento de su aceptación. Los lactantes expuestos a más sabores aceptan mejor otros nuevos alimentos que los que han tenido menor contacto con distintos sabores.

No se trata de vencerlos, sino de convencerlos, y eso siempre requiere tiempo (suyo y nuestro) y generosidad.

Psicomotricidad y autonomía alimentaria

Hacia los 12-14 meses manejan la cuchara con poca destreza. Hacia los 15-18 meses podrán comer solos combinando el uso de cuchara-mano y plato o taza. Naturalmente, se ensucian y lo ensucian casi todo. Es aún demasiado habitual que las madres estén junto al hijo, quizá atosigándole, e interfiriendo en su manejo autónomo. A partir de los 18 meses, con la ayuda y paciencia de sus padres, va mejorando su destreza motriz, su interés por la limpieza, llegando a comer autónomamente, si las prisas parentales no lo impiden.

Las tensiones perfeccionistas generadas por quien desea o exige resultados más rápidos y pulcros, pueden ocasionar una anorexia reactiva, o bien un oposicionismo alimentario prolongado (más allá de su edad normal, hasta los 2 años) y, a veces, consolidarse como un enfrentamiento persistente (hasta los 5-6 años, o más). Esta anorexia se convierte en un modo relacional, en que nadie baja del burro. Aunque el pequeño parezca triunfante, lleva consigo la ansiedad. Su silla de comer acaba convertida en un banco de los acusados.

Alimentación y dominio

La obligación generará rechazo, mientras la prohibición generará deseo. Ello es aplicable a la alimentación. En ambientes sin carestía alimentaria, los niños usan la comida (=producto parental) como arma arrojadiza para enfrentarse con sus padres, aun a costa de quedarse sin comer. Es un conflicto de poderes en el que el adulto no se atreve a ejercer su poder y se encuentra desarmado ante un hijo que ejerce de víctima.

La madre alimenta al hijo de acuerdo a sus valores, creencias, costumbres, símbolos, representaciones sobre los alimentos y sobre la idea del cuerpo del hijo. Si esta corresponde a una imagen de niño obeso, las porciones de alimentos tenderán a ser mayores que las demandadas y encima le exigirá que deje el plato vacío.

La estima y aceptación de los alimentos aumenta solo cuando se asocian a un contexto positivo. Y en contexto de conflicto se crean antagonismos: la obligación genera rechazo, mientras la prohibición genera deseo (“no hay postre hasta que no te comas tus verduras”. Ergo las verduras son obligadas = no deseables). Ofrecer premios para presionar la toma de un alimento lo devalúa. Esta antagonización se magnifica en la era de los descubrimientos, el caminante, desde los 12-15 meses hasta los 20-24 meses, en que atraviesa una etapa de autoafirmación, oposicionismo con negación de los límites y normas parentales. A esa edad, cuando el acto de comer se reviste de conflicto y obligatoriedad, el niño lo utiliza niño para combatir a sus padres-limitadores, como en el resto de actos obligatorios (dormir, vestirse, etc.): comerá provocativamente lento y mal, despreciará el alimento que se le ofrezca, querrá otros, etc. Así pues, en ambientes sin carestía alimentaria, los niños usan la comida (=producto parental) como arma arrojadiza contra sus padres, aun a costa de quedarse sin comer. Son las primeras huelguitas de hambre infantiles contra el poder paterno: en esos enfrentamientos eso es lo que se cuece, nunca la desnutrición o la inapetencia alegada por los padres. Es un conflicto activo de poderes, en que el adulto no se atreve a ejercer su poder y se encuentra desarmado ante un hijo que ejerce de víctima. Un ejemplo vivo de la clásica situación de fragilidad del poder contra el poder de la fragilidad.

Como se trata de escarceos contra el dominio de los adultos, come peor “contra quien” ve más inseguro y dominable: contra aquel que le embiste y necesita “derrotarle”. El niño sabe bien que la boca es suya e inviolable y, de ahí, saca rédito relacional cuando se ve sometido a normas. Pero cuando la norma se ejerce clara, sin alternativas, ni amenazas (“te he preparado esta comida, dispones de un espacio y tiempo limitados, te invito a comerla”) el enfriamiento y dominio de la escena alimentaria dejan al niño ante la opción de aceptar o rebelarse. Si luego intenta provocarnos con su “activa inapetencia”, pobrecito, habrá que pensar si es mejor controlar nuestra frustración (“le dedico tiempo a su comida…y ¡ni caso!”) o descontrolarnos y chillarle o amenazarle (“te mataré, pues te lo comerás después, etc.”).

Ciertamente, los padres sufren pensando en el daño del niño (“no crecerá, le vendrá anemia, mira que esmirriado se nos está quedando…”). Este sufrimiento se acentúa con el grado de reactividad del adulto, y cuanto menor es la economía y cultura de que disponen (ello parcialmente se explica por el fantasma residual del hambre). Si acaban ofreciéndole “lo que sea, pero que se lo coma, que si no se morirá”, el niño pasa de hijo-educando a padre-educador, y con la inversión de los roles familiares se inicia un camino peligroso, de falta de autoridad parental y falta de guía y dominio. Dada su simplicidad, el niño acabará comiendo siempre lo mismo (los llamados comedores monótonos: los conocidos macarrones, hamburguesa y quesitos endulzados (“¡ah y leche, y zumos y bebidas dulces!… ¡que no se nos quede sin alimento el pobrecito!”, quizá incluso se le olvide tener hambre).

El control parental

Baumrind identifica tres modelos básicos de control parental: autoritario o de alto control, permisivo o de mínimo control (permitir que el niño coma lo que quiera), y responsable o de control moderado y matizado.

En el modelo autoritario, se dificulta el desarrollo de la autorregulación calórica, favoreciéndose una mayor pasividad y adiposidad en los hijos. En la etapa oposicionista del 2º año, el sometimiento genera agresividad, hasta que ceden a la obligatoriedad alimentaria, eliminándose el autocontrol: niños que de pequeños “se les había de forzar para comer” y que de mayores son personas disciplinadamente comedoras, a menudo obesas, que transmiten la obligatoriedad de comer a sus hijos, mediante forzamiento, etc. Reproduciéndose el patrón.

En el modelo permisivo, es definitorio el laissez faire, lo que tú digas, la aceptación incondicional sin propuestas activas, escaso control y exigencia, lo que genera por balance grupal, hijos autoritarios con incapacidad de adaptación a las normativas sociales. La autoselección alimentaria inmadura tiende a focalizarse en unos escasos alimentos, todos calóricos, facilitándose la adiposidad.

En el modelo responsable, los padres fijan la oferta y sus límites, pero fomentan el desarrollo del autocontrol alimentario del niño, con lo que se autolimita la adiposidad. La selección alimentaria variada permite un correcto crecimiento y desarrollo del autocontrol. El consumo calórico diario es relativamente constante, presentando un margen de oscilación de un 10%.

Modelo y norma

Un modelo base de aprendizaje alimentario familiar, ¿demasiado ideal?: horario regular y previsible, el aviso previo a la comida, ordenar los juguetes antes de comer, lavarse las manos, participar en la preparación de la mesa, colocarse el babero/servilleta, sentarse en su asiento, usar los cubiertos, el orden de los platos, la selección de los alimentos, el ambiente de cordialidad e interés mutuo entre los comensales (o su exclusión por la televisión y demás gadgets), la duración aproximada de cada comida, el cepillado de dientes al acabar las comidas…

Los niños aprenden por imitación, tanteo y repetición: el modelo alimentario de los padres tiende a reproducirse en sus hijos. Los padres son quienes compran la comida, la cocinan y preparan la mesa. Son su primer modelo a imitar, idealmente: un horario regular y previsible, el aviso previo a la comida, ordenar los juguetes antes de comer, lavarse las manos, participar en la preparación de la mesa, colocarse el babero/servilleta, sentarse en su asiento, usar los cubiertos, el orden de los platos, la selección de los alimentos, el ambiente de cordialidad e interés mutuo entre los comensales (o su exclusión por la televisión y demás gadgets), la duración aproximada de cada comida, el cepillado de dientes al acabar las comidas, etc.

Todo ello, constituye un modelo base del aprendizaje alimentario.

Tras esta edad de modelado alimentario familiar, hasta un 45-50% de nuestros escolares no realizarán ni el desayuno ni la comida en familia: su segundo modelo alimentario será el escolar.

Alimentos y apetencia

Los alimentos muy energéticos son los preferidos por los niños cuando tienen hambre (primeros platos, pasta, etc.). Su accesibilidad excesiva favorece el sobrepeso. El grupo de las verduras es el que más a menudo se rechaza y el de lácteos el que menos. A partir del segundo año de vida, las preferencias alimentarias de la madre determinan las de sus hijos hasta los ocho años de edad.

Los alimentos basura apetecen por su sabor (alto contenido en azúcares, grasa, sal y especies), su presentación comercial, y asociarse a entornos lúdicos (juego, ocio, relax, oposición de los padres-autoridad). Los adultos de Occidente, al comer kilos de palomitas al ir al cine o regar con abundante ketchup y mostaza sus hamburguesas, se sienten desautorizados para oponerse a las golosinas de sus hijos. Sin mentar aquellos padres que se reúnen con sus hijos para compartir las bolsas de golosinas a peso que acaban de adquirir.

Adaptación a una sociedad suculenta y sedentaria

Son propios de nuestra sociedad actual, un alto nivel de sedentarismo y soledad (muchos niños cenan solos ensimismados frente a su TV), con obesidad y anorexia compensadora, a la par que una pasividad educadora de la familia, que delega la educación a la escuela y la TV. Ello produce niños inseguros-inestables, vulnerables a la publicidad televisiva, con mayor riesgo de obesidad por comida compulsiva y nutrición desequilibrada (ketchup con algo). La comida se convierte en el refugio de su soledad.

La alimentación masiva está siendo sustituida paulatinamente por el consumo de excedentes de producción alimentaria, convenientemente publicitados y sobreespeciados. Mientras tanto, los alimentos sanos, al ser menos sabrosos y presentarse sin gran publicidad, requieren una mayor cultura y sensibilidad gustativa para ser demandados.

La educación de una actitud asertiva; por ejemplo, hacia los medios de comunicación, puede promover la salud alimentaria, ayudándoles a analizar los alimentos preparados y a descodificar los mensajes de marketing de los monopolios alimentarios (chucherías, tónicos, alcohol, comidas rápidas, etc.): comer sano no es comer triste, sino un sobrevivir asertivo frente a determinados intereses de multinacionales ajenas a nuestra salud.

Los padres y la alimentación

En una sociedad abierta, la falta de referentes genera inseguridad en muchos padres, pero siempre serán ellos quienes decidan qué y cuándo ofrecen para comer a sus hijos. El pediatra ante esta inseguridad y escasez de educación alimentaria puede constituir una ayuda fundamental, priorizando en cada caso los mensajes a transmitir, huyendo del uso alambicado de protocolos. Pero siempre, serán los padres quienes decidan.

Curiosamente, donde reinan los mitos de la seguridad y la objetividad de la medicina científica, retornan con fuerza los fantasmas ancestrales del hambre, la inseguridad y la insolvencia frente a los hijos. De hecho, el hambre la consideran los padres como algo a evitar a cualquier precio, con lo que el niño nunca comerá con hambre.

Nunca han pensado lo buena que resulta cualquier comida tras corretear por el monte y tener hambre (no desnutrición, pero sí hambre). O en las condiciones habituales de la vida animal (no la de los enjaulados como los humanos y las mascotas): primero llega el hambre y luego se intenta superarla.

Clínica: problemas relacionados con la alimentación

La negativa del niño a comer suele ser normal: cada uno conoce mejor su propio apetito que otras personas. Pero puede indicar un problema de aprendizaje, o de conducta, o una patología de base. Y puede ocasionar una falta de crecimiento o no. Estas posibilidades se corresponden con cuatro situaciones básicas, clínicamente identificables e independientes entre sí: problemas de aprendizaje alimentario, problemas mixtos con déficit de ganancia ponderal, trastornos de la conducta alimentaria y trastornos nutricionales.

• Problemas simples del aprendizaje alimentario: son conductas alimentarias frustrantes, sin rasgo psicopático, ni nutricional-ponderal.

• Problemas mixtos con déficit ponderal: son los conocidos fallos de medro o failure to thrive.

• Trastornos de la conducta alimentaria: son, o bien manifestaciones secundarias a otra patología, o trastornos compulsivos que impiden una relación alimentaria normal, básicamente bulimia y anorexia mentales, y cuadros similares. Presentan alteración ponderal.

• Trastornos nutricionales: alteraciones del crecimiento por déficit de inputs en la nutrición celular, con posible base orgánica, o excesos de pérdidas.

 

En este artículo, nos centramos en los dos primeros, y solo citamos a modo de recuerdo los dos últimos.

Problemas de aprendizaje alimentario: las anorexias del niño pequeño

Son conductas alimentarias frustrantes, por imprevistas e indeseadas, pero sin afectación nutricional, ni rasgos de psicopatía. No constan ni en la DSM5, ni en la CIE 10.

Son conductas alimentarias no previstas o deseadas, pero sin afectación nutricional. No constan ni en la DSM5 ni en la CIE 10 (la CIE 11 se editará en 2017) en su apartado F50: Trastornos de la conducta alimentaria. Tal vez no existan o no merezcan ser considerados por su gravedad, pero sí por su prevalencia. Es a menudo el pediatra, quien tiene el primer contacto con un paciente con dificultades de alimentación, cuya identificación y manejo correctos redundarán en un mejor pronóstico.

Se trata de las anorexias infantiles, de las que se describen varias tipologías:

• Falsa, por apreciación errónea de los padres.

• Del destete, por duelo de la lactancia.

• Psicosocial, por entorno carencial.

• Reactiva, simple o conductual, en respuesta a una educación alimentaria improcedente.

 

• Ante una falsa anorexia, sirve de refuerzo positivo considerar la proporción peso ingerido/peso corporal, en el niño y en el adulto, para comprobar que el niño come proporcionalmente bastante más que el adulto, para subvenir sus necesidades adicionales de crecimiento.

Anorexia del destete o transitoria del segundo semestre: aparece hacia los 5-8 meses y coincide con la introducción de la alimentación complementaria. El bebé se siente frustrado por el destete y reacciona con rechazo, provocando ansiedad en la madre. Si la madre está segura, tolerará y contendrá la agresión del hijo, no tardando en superar el trauma. Si la madre está ansiosa y no tolera la protesta ni la agresión de su hijo, se irán enfrentando hasta que uno ceda, lo que puede tardar varios años. El niño suele comer bien salvo con la madre, evidenciándose que el conflicto es relacional, no propiamente alimentario.

Anorexia psicosocial: es la anorexia por carencia psicosocial persistente o duelo. El caso leve más frecuente es la anorexia transitoria asociada al ingreso en guardería o escuela. Si el entorno es poco estimulante o no se supera, podrían conducir a un fallo de medro.

Anorexia reactiva, simple o conductual: es la más prevalente en los países desarrollados, sobre todo, entre los 6 meses y los 2 años, edad en que las necesidades calóricas disminuyen a la par que la velocidad de crecimiento. La falta de respeto a las demandas alimentarias del niño y el uso de respuestas erráticas o imprevisibles respecto a su alimentación, impiden que aprenda a alimentarse creando un problema. Corregirlo, puede resultar difícil para todos, ya que implica desaprender y reaprender una nueva conducta más estable.

Esta anorexia es selectiva o de escenario: se presenta solo ante determinadas personas o situaciones. El niño rechaza comer algún alimento, o bien con alguna persona (a mí no me come, pero en la escuela sí). Otra forma de negarse es enlentecer provocativamente la toma. Fuera de las tomas su conducta es normal. A veces, tras un episodio de anorexia secundaria (p. ej., en caso de resfriado o diarrea) le han presionado a comer y luego la familia no ha sabido superar el antagonismo y el consiguiente rechazo defensivo.

 

Una mayor presión parental conducirá a un mayor rechazo. Una falta de coordinación educativa entre los padres facilita la eclosión y mantenimiento de respuestas retadoras. Las respuestas retadoras indicadas en la tabla I son las más frecuentes, y no se asocian a ningún tipo de patología.

 

 

Es clásica la descripción del genial pediatra británico Ronald Illingworth de las respuestas erróneas en alimentación infantil, que sintetizamos en la tabla II.

 

 

Se ha comprobado que hasta los 12 meses los lactantes suelen tener una dieta adecuada, posiblemente por el estricto control pediátrico. Pero los mayores de 1 año de edad suelen iniciar un excesivo aporte calórico. Ello debería obligar a replantearse los métodos educativos ante el entorno epidémico de obesidad. Posiblemente, pediatras y enfermeras también ejercemos los modelos de control de Baumrind. Los autoritarios y los permisivos son inefectivos a medio plazo. Solo los respetuosos y responsables mejoran las habilidades parentales.

Tratamiento

El etiquetado materno (mi-hijo-no-me-come) revela una noción de fracaso personal, opuesta a la del niño-triunfador-inapetente. Esta antagonización madre-niño puede inducir una dinámica de ansiedad-depresión y el mantenimiento de un forcejeo entre ambos. El cuidador debe comprender este juego de antagonismos para poder recuperar su función de referente-guía y llevar la iniciativa de la relación con el niño. Para conseguirlo puede ayudar la siguiente información incluso por escrito (Tabla III).

 

 

Una vez centrado y comprendido el problema de la anorexia reactiva, el objetivo es la reeducación alimentaria. Ateniéndose a un baño de realismo, los padres deberán reconocer lo excesivo de sus expectativas, y el pediatra podrá ayudarles a fijarse objetivos y organizar estrategias realistas para que la familia pueda, sin excesiva ansiedad, limitar su función alimentaria a dos aspectos:

1. La confección de la dieta y la preparación de la comida.

2. El marco educativonormativo de la alimentación (higiene, dieta, posición, horario, utillaje, etc.).

 

Pueden aceptarse ciertas preferencias, pero la dieta ofrecida debe ser variada, con un equilibrio de los principales grupos de alimentos.

El uso de placebos farmacológicos o alternativos (polivitamínicos, tónicos, estimulantes, pólenes, jaleas reales, etc.) dificulta el tratamiento al desviar la atención al niño, medicalizándolo. Suele dificultar la corrección de la actitud alimentaria parental. Mientras el pediatra no se autoengañe, hay que recordar que tampoco aquí valen las terapias o protocolos rígidos.

Una vez superado el enfrentamiento alimentario, es deseable que los padres aprendan a ejercer su dominio en otros ámbitos educativos, sin excesivos temores, ni autoafirmaciones, ni coerciones. Tras caer la ansiedad oroalimentaria, suelen caer otros muchos temores relacionados con el binomio aceptación- rechazo del hijo, consiguiéndose cierto “desarme relacional”, mejorando la tolerancia, la afectividad y el mutuo respeto al territorio de cada miembro de la familia. En mi propia experiencia profesional he vivido mejoras asombrosas.

Fallo de medro (failure to thrive)

El fallo de medro es un cajón de sastre que reúne aquellos casos de niños con dificultad para conservar sus márgenes genéticos de crecimiento y de desarrollo, apareciendo como frágiles, sin llegar a una malnutrición franca. La orientación diagnóstica suele resultar múltiple (biopsicosocial) y a menudo genera en el pediatra serias dudas sobre la agresividad requerida, tanto a nivel diagnóstico (posibles patologías subclínicas o larvadas), como terapéutico (dudas sobre hospitalización o seguimiento terapéutico).

El fallo de medro es un cajón de sastre que reúne aquellos niños con dificultad para conservar sus márgenes genéticos de crecimiento y de desarrollo, apareciendo como frágiles, sin llegar a una malnutrición franca. En el lenguaje coloquial, son los niños difíciles, en una familia frágil, o viceversa.

Fomon y Nelson, lo concretan en niños menores de 3 años con una curva de incremento de peso < 2s (durante un mínimo de 2 meses en menores de 6 meses, o de 3 meses en mayores de 6 meses) y sin afectación de la talla (relación peso/talla <p3).

Etiopatogenia

En estas situaciones de fragilidad biopsicosocial suelen confluir problemas o disfunciones del niño y del entorno. En un marco de crisis económica grave y duradera, son frecuentes. Afectan más a familias con nivel socio-económico bajo o en situaciones de estrés transitorio intenso, en las que la capacidad de contención afectiva del hijo resulta disminuida: situaciones de desempleo, abandono paterno, alcohol-drogas, violencia doméstica y migraciones traumáticas.

Son ejemplos representativos:

• Niños con retraso psicomotor y dificultades de alimentación, en una familia estresada o inmadura con respuestas alimentarias inadecuadas (autoritaria o permisiva).

• Niños frágiles-irritables con crecimiento en límites inferiores y sometidos a maltrato-deprivación.

• Niños con exposición fetal a drogas, en familia con patología mental y sin apoyos sociales.

• Dificultades en la aceptación de alimentación complementaria y con respuesta alimentaria inadecuada.

• Una anorexia conductual añadida a anorexia por fármacos y en edades de alta incidencia de procesos febriles.

• Infecciones múltiples u hospitalizaciones que han roto los hábitos alimentarios del niño y la estabilidad en la respuesta familiar, con anorexia conductual muy acentuada.

• Primogénito de madre adolescente sola, que al apoyarse en abuelos y canguros múltiples, recibe unas dietas y respuestas alimentarias erráticas.

Diagnóstico

Requiere primero una anamnesis completa: grupo familiar, embarazo, parto, sobretodo técnica de alimentación, con encuesta de 24 horas de los últimos 3 días, sueño, crecimiento y desarrollo psicomotor.

La exploración debe descartar posibles dismorfias, evaluar el estado nutricional, percentil de peso y talla de ambos padres y la actitud del niño y acompañantes frente al equipo pediátrico.

La orientación diagnóstica suele resultar múltiple (biopsicosocial) y, a menudo, genera en el pediatra serias dudas sobre la agresividad requerida, tanto a nivel diagnóstico (posibles patologías subclínicas o larvadas), como terapéutico (dudas sobre hospitalización o seguimiento terapéutico).

Un enlentecimiento ponderal es lo más común, y si no hay claros indicios de malabsorción o exceso de pérdidas, deberá realizarse un tercer grado sobre relación alimentaria, dieta y medicaciones (prescritas o auto recetadas).

Si tras anamnesis y exploración quedan dudas, cosa frecuente, deberá valorarse la realización de pruebas complementarias, que pueden incluir:

• Hemograma, ferritina, ionograma, Ca-P-FAlcalinas y TSH/T4.

• Glucemia, proteinograma, transaminasas y creatinina.

Anticuerpos antitransglutaminasa, hepatitis B y C.

• Urocultivo y parásitos en heces.

• PPD y test del sudor.

Diagnóstico diferencial

Pueden distinguirse 3 tipos de fallos de medro:

1. Fallo de medro de origen no orgánico (85-90% de los casos):

• Trastorno alimentario post-traumático: atragantamientos, traumatismos orofaríngeos, ligados a técnicas diagnósticas o terapéuticas (sondaje, nutrición enteral, etc.).

2. Falso Fallo de Medro:

• Talla baja familiar: padres de talla límite/baja, temerosos de que su hijo quede bajito como ellos, por lo que le fuerzan a comer.

• Retraso constitucional de crecimiento y desarrollo.

• Prematuros o niños con crecimiento intrauterino retardado (CIR).

• Nivelación de niños nacidos con pesos superiores a su potencial genético y que alcanzan su percentil en los 2 primeros años.

3. Fallo de medro de origen orgánico:

• Aportes reducidos o consumo inadecuado de calorías.

• Absorción inadecuada o dificultad en la utilización de nutrientes.

• Requerimientos aumentados o pérdidas excesivas.

 

En los casos que los pediatras de Atención Primaria derivan a las Unidades de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica, se encuentra base orgánica en más del 80% de casos, en su mayoría procesos digestivos: el reflujo gastroesofágico es el problema más frecuente.

Tratamiento

Además de la corrección de la patología orgánica observada, debe conseguirse una alimentación efectiva. Se basa en tres pilares: asesoramiento nutricional, eventual modificación del comportamiento alimentario y asistencia psicosocial.

1. Dieta (opuesta a la de un obeso): aumentar la densidad energética a base de cereales, fritos y rebozados, huevo, postres apetitosos, con chocolate o nata. En estos casos, sí se aconseja excluir los alimentos que ha rechazado con frecuencia. Los suplementos proteico-calóricos pueden probarse, pero suelen ser rechazados por los niños pequeños.

2. Conducta alimentaria: suspender en lo posible fármacos que pudieran afectar el apetito. Si existe una marcada anorexia usar el alimento preferido como base para ir luego incorporando otras comidas, facilitar que coma con los familiares, sin forcejeos ni elementos distractores (p. ej.: TV o gadgets).

3. Apoyo psicosocial: si el ambiente familiar es tenso buscar momentos de alimentación plácida en guardería o escuela, y otros apoyos extraescolares.

 

Las indicaciones de hospitalización se restringen a la imposibilidad de un correcto manejo ambulatorio por malnutrición o patología familiar grave (abuso-maltrato, psicosis, drogadicción materna y deficiencia mental).

Pronóstico

El crecimiento somático se normalizará en el 75% de casos. Pero los niños que presentan fallo de medro en el primer año de vida (sobre todo, antes de los 6 meses) tienen un alto riesgo de trastornos conductuales o psicológicos a largo plazo: entre el 14 y el 60% presentan dificultades de aprendizaje, retraso verbal o necesidad de psicoterapia. Muchos de ellos desarrollarán en la adolescencia trastornos de conducta alimentaria.

Trastornos de la conducta alimentaria

Hay que distinguir, las anorexias secundarias (a causas orgánicas, psíquicas o por fármacos), de la anorexia nerviosa. Y esta de la bulimia, 10 veces más frecuente, aunque menos mediática.

Anorexia secundaria a afectación orgánica o psíquica

Evoluciona paralelamente a la enfermedad causal (desde los pródromos hasta su convalecencia) y las causas más frecuentes son:

Orgánicas

• Infecciones o infestaciones (resfriados, gastroenteritis, infecciones del tracto urinario y giardiasis).

• Ferropenias.

• Afecciones digestivas (intolerancias, celiaquía y enfermedad inflamatoria intestinal).

• Otras patologías menos frecuentes a recordar:

- Hipotiroidismo.

- Diabetes insípida.

- Artritis reumatoide juvenil.

- Fiebre reumática.

Psíquicas

• Cualquier patología mental puede asociarse a anorexia o hiperfagia.

Por fármacos

Entre los medicamentos que pueden facilitar la aparición de anorexia, los más usados en la infancia son:

• Antihistamínicos (muy usados en resfriados y patología ORL, a pesar de su escasa evidencia terapéutica).

• Codeína, dextrometorfan, dimemorfan: son opiáceos de venta libre, se abusa de ellos como antitusivos.

• Efedrina y pseudoefedrina (usados como vasocostrictores nasales, a menudo con cierta ligereza).

• Metilfenidato: es el fármaco de primera elección en casos de TDAH, y su efecto anorexígeno es intenso.

• Claritromicina: altera el sentido del gusto.

• Sobredosificación de vitaminas A y D.

• Otros fármacos con posible efecto anorexígeno son: teofilinas, digitálicos, antimetabolitos y difenilhidantoína.

Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes

Bulimia nerviosa

En España es, tras el asma y la obesidad, la tercera enfermedad más prevalente en la adolescencia: afecta hasta un 2% de chicas adolescentes. En varones se da una décima parte que en mujeres.

La citamos por ser un problema alimentario prevalente, pero ni afecta a niños (solo a adolescentes) ni es por comer insuficiente. A modo de recuerdo sirva la descripción del DSM-V (Tabla IV).

 

 

Anorexia nerviosa

Esta enfermedad afecta al 1 y el 2%o de nuestras adolescentes, pero entre los 15 y 16 años hasta un 50% creen que su peso es elevado y desean reducirlo mediante dietas. En adolescentes varones, su incidencia es 10 veces menor.

La citamos por ser el trastorno de alimentación más divulgado, pero no afecta a niños sino solo a preadolescentes o adolescentes, y merece una exposición específica in extenso.

En la anorexia mental, prevalece la distorsión de la imagen corporal y el temor a la obesidad, que llevan a la paciente a una pérdida de peso con malnutrición progresiva y mantenida. Constituyen signos de sospecha los referidos en la tabla V.

 

 

En su etiología, cabe destacar la mayor incidencia asociada al genotipo 1438 A/A del gen 5-HT 2 y su mayor incidencia ante antecedentes familiares. Los mensajes sociales para promocionar la delgadez se consideran predisponentes. La definición de DSM-V se resume en la tabla VI.

 

 

Prevención de la anorexia nerviosa:

• Vigilar de forma especial a la población de riesgo (atletas, bailarinas, modelos, o con antecedentes familiares): no existen actividades preventivas estandarizadas.

• En los controles pediátricos sistemáticos, debe promoverse que se coma en familia y en un ambiente plácido que facilite la comunicación (comer con TV u otros distractores dificulta la comunicación familiar).

• Evitar dietas por motivos estéticos, y sin control por un profesional.

• Consultar ante actitudes raras con la comida, cambios de carácter, automedicaciones u oscilaciones de peso inexplicables, o sospecha de ocultación de vómitos.

Trastornos nutricionales

La malnutrición es toda alteración del crecimiento por déficit de nutrición celular: por falta de ingesta, por malabsorción o por excesos de consumo. En estos casos, contrasta una evidente afectación del peso, con una nula o mínima afectación del apetito o de la conducta alimentaria.

El pediatra ante la alimentación infantil

El sentido clínico y la accesibilidad familiar del pediatra le hacen ser una pieza clave en el manejo de los temores alimentarios en un mundo trufado de información, pero sin referentes fiables. Como decía Baumrind, nuestro modo de control parental debe intentar ser el óptimo, lejos de una simple aplicación fría y rígida de cualquier protocolo clínico. Los procesos íntimos, y la oralidad es uno de ellos, no responden a burocracias.

Promoción de una alimentación autónoma

El Pediatra a menudo objetaliza el cuerpo, mide, calcula… resultados; pero, a veces, olvida el calor de los procesos de aprendizaje, siempre lúdico-funcionales, propios de la vinculación matemo-filial y, muy en especial, los asociados a su rol nutridor-protector. Para conseguir una mejor actitud alimentaria sería deseable que el pediatra se sintiera identificado con las ideas expresadas en la tabla VII.

 

 

Los trastornos de alimentación resultan correosos una vez establecidos, por lo que es importante la guía anticipatoria para su prevención primaria. La información realista de las necesidades nutricionales y conductas alimentarias del niño a cada edad ayudan a preverlas y manejarlas, siendo aceptadas con menor ansiedad, tan solo la ineludible ansiedad basal de ser madre.

Si se inicia la lactancia materna por autodemanda, la ausencia del control de ingesta en cada tetada propicia el aprendizaje del autocontrol por parte del niño (volumen, saciedad, intervalo y hambre), y de la madre (actitud tolerante, flexible y balanceada).

Podemos informar y desdramatizar, las reacciones previsibles de rechazo o conflictividad que puedan ir surgiendo en la fase de introducción del beikost (neofobias, oposicionismo y anorexia del destete), así como mostrarle al niño nuevos alimentos para que los vea y vaya probando en la medida que su curiosidad lo demande.

Debemos fomentar que el niño experimente con la comida de forma repetitiva, lúdica, sin prisas ni acosos. Los padres centrarán su interés en el largo plazo, intentando que sus hijos vayan desarrollando libremente su capacidad de autocontrol, a partir de la oferta dietética sana y variada que se le ofrece, sin preocuparse por los sucesivos rechazos transitorios que irán surgiendo.

Un aprendizaje alimentario correcto solo exige una oferta alimentaria diversificada y equilibrada, y la transmisión del placer por los alimentos (mediante la manipulación, el juego y la ingesta). El niño suele disfrutar si tiene algo en las manos (cucharilla, pan, queso…) y puede manipularlos mientras come.

Los alimentos deberán emplearse solo como tales, no como armas de premio o castigo. Sobornar con comida crea usualmente más problemas de los que resuelve. La coerción del premio a través de alimentos basura (si te portas bien, te daré una golosina) pueden condicionar un éxito alimentario a corto plazo, pero revela inseguridad en la propia capacidad educativa, exagera la preferencia por alimentos basura constituidos en chantaje fácil, y daña la capacidad de adaptación a un entorno dirigido por adultos. Incluso la restricción severa de los alimentos basura puede hacerlos atractivos y apetecibles en exceso, por prohibidos.

En la medida que su habilidad psicomotriz le permita ir comiendo solo (18 meses aproximadamente), es mejor que vaya ejercitando sus habilidades, aunque con ello coma menos, tarde más y se ensucie.

En la guía anticipatoria del preescolar, se informará de la reducción de necesidades nutritivas respecto al lactante, para evitar ansiedad en los padres. Pueden ayudar a su tranquilidad algunos consejos educativos para enmarcar las horas de comida. Por ejemplo, fijar un tiempo razonable y limitado para comer, ofrecer pequeñas porciones de cada plato, conversar también con el niño durante la comida, cuando el niño provoque rompiendo una norma, no responder ofendidos sino controlados y controladores, no dar postre si el niño no come su comida, ofrecer con cierta frecuencia (2-3 veces por semana) los alimentos que el niño aún rechaza para que pueda familiarizarse con ellos e ir probando y aceptando.

Actitud diagnóstica ante una anomalía alimentaria

La anamnesis debe informar sobre (Tabla VIII):

 

 

• Posibles síntomas asociados (fiebre, signos catarrales, digestivos o urinarios) indicativos de patologías específicas.

• El balance de ingesta de 24 horas.

• Variables básicas: lugar, tiempo y acompañante (si come mejor en la guardería o escuela que en su casa, si come lentamente, si come solo o acompañado, siempre con la misma persona).

• Vómitos y/o deposiciones inhabituales.

• Antecedentes familiares de problemas de alimentación.

• Medicaciones recibidas últimamente (antibióticos, antihistamínicos, vasoconstrictores, antitusivos, anticomiciales, metilfenidato o inmunosupresores).

 

La exploración recogerá:

Curva pondoestatural (peso, longitud o talla y perímetro cefálico). En su caso peso y talla de los padres.

• Hábito constitucional del niño, es decir, asténico, pícnico o atlético.

• La distribución del panículo adiposo subcutáneo (en brazos-tronco, muslos y cara, puesto que en la malnutrición el panículo adiposo disminuye siguiendo este orden) y el tono muscular.

 

En caso de haber afectación ponderal persistente, su diagnóstico precisará un estudio analítico:

Hemograma, ferritina, ionograma, Ca-P-FAlcalinas, TSH/T4.

• Glucemia, proteínograma, transaminasas, creatinina.

• Anticuerpos antitransglutaminasa, hepatitis B y C.

• Urocultivo y parásitos en heces.

PPD y test del sudor.

Bibliografía

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2. Birch L, Fisher J. Apetito y conducta alimentaria. Pediatr Clin North Am (ed. esp.). 1995; 4: 869-90.

3. Bras J. Conducta alimentaria: problemas y trastornos. En: Bras J, de la Flor JE. Pediatría en Atención Primaria. 3ª ed. Barcelona, Elsevier; 2013. p. 477-488.

4. Bryant-Waugh R, Markham L, Kreipe RE, Walsh BT. Feeding and Eating Disorders in Childhood. Int J Eat Disord. 2010; 43: 98-111.

5. Carnell S, Benson L, Driggin E, Kolbe L. Parent Feeding Behavior and Child Appetite: Associations Depend on Feeding Style. Int J Eat Disord. 2014; 47: 705-9.

6. David S. Rosen and the Committee on Adolescence. Identification and Management of Eating Disorders in Children and Adolescents. Pediatrics 2010:126, published online November 29; DOI: 10.1542/peds.2010-821. Disponible en: http://pediatrics.aappublications.org/content/126/6/1240.full.html.

7. Dovey TM, Farrow CV, Martin CI, Isherwood E, Halford JCG. When does food refusal require professional intervention. Curr Nut Food Sci. 2009; 5: 160-71.

8. Gahagan S. The Development of Eating Behavior – Biology and Context. J Dev Behav Pediatr. 2012; 33: 261-71.

9. Green RJ et al. How to Improve Eating Behaviour during Early Childhood. Pediatr Gastroenterol Hepatol Nutr. 2015; 18: 1-9.

10. Harvey L, Bryant-Waugh R, Watkins B, Meyer C. Parental perceptions of childhood feeding problems. J Child Health Care. 2013.

11. Kral TV, Rauh EM. Eating behaviors of children in the context of their family environament. Physiol Behav. 2010; 100: 567-73.

12. Mills S. Maternal and Infant Factors Influencing Infant Feeding. A Longitudinal Study. University of Edinburgh, Edinburgh, 2012.

13. Nicholls D, Bryant-Waugh R. Eating disorders of infancy and childhood: definition, symptomatology, epidemiology, and comorbidity. Child Adolesc Psychiatr Clin N Am. 2009; 18: 17-30.

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16. Rodgers et al.: Maternal feeding practices predict weight gain and obesogenic eating behaviors in young children: a prospective study. Int J Behav Nutr Phys Act. 2013; 10: 24, 1-10.

17. Silberstein D, Feldman R, Gardner JM, Karmel BZ, Kuint J, Geva, R. The mother-infant feeding relationship across the first year and the development of feeding difficulties in low-risk premature infants. Infancy. 2009; 14: 501-25.

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19. Trastornos mentales y del comportamiento, Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-10, (OMS, 8ª edición, 2009), consultada la versión 1.0 – 01/05/2010 en la web del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (España).

20. Wasser H et al. Infants perceived as “fussy” are more likely to receive complimentary foods before 4 months. Paediatrics. 2010; 127: 229-37.

21. Webber L, Cooke L, Wardle J. Maternal perception of causes and consequences of sibling differences in eating behaviour. Eur J Clin Nutr. 2010; 64: 1316-22.

22. Wehrly SE et al. Controlling Parental Feeding Practices and Child Body Composition in Ethnically and Economically Diverse Preschool Children. Appetite. 2014; 73: 163-71.

Bibliografía recomendada

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

– *** Illingworth RS. Apetito. En: Illingworth RS. El niño normal (3ª edición). México, Manual Moderno; 1989: 313-25.

El capítulo “Apetito-Obesidad” describe de forma magistral, con estilo directo y fresco el comportamiento de niños con dificultades de alimentación y los múltiples errores de técnica alimentaria empleada por los padres para conseguir salirse con la suya. A pesar de su antigüedad, sus frescos continúan siendo un clásico y plenamente actuales.

– ** Lambruschini N, Leis R. Capítulo 8: Trastornos de la conducta alimentaria, en Tomo Nutrición, de Protocolos diagnósticos y terapéuticos en Pediatría. Asociación Española de Pediatría, 2002.

En su objetivo de protocolos prácticos, resume sin perder exactitud las principales nociones de los Trastornos de la Conducta Alimentaria.

– **** Moreno Villares JM y cols. El desarrollo de los hábitos alimentarios en el lactante y el niño pequeño. Sentido y sensibilidad. Revista Pediatría de Atención Primaria Vol. VIII, Suplemento 1, 2006.

El mejor trabajo de difusión teórica sobre el aprendizaje alimentario que se ha escrito en la pediatría de lengua hispana, los últimos 15 años. El placer de su lectura hace que te quedes con buen sabor de boca, pero hambriento.

– *** Pérez-García I, Alberola S, Cano A. Rechazo del alimento en el niño pequeño. An Pediatr Contin. 2010; 8: 10-6.

Destaca esta revisión didáctica por su orden, sencillez y claridad, y en la que los autores hablan con el conocimiento que da la experiencia y el estudio. De lectura recomendable.

– ** Rivas-Cambronero E. Anorexia infantil. La hipótesis etiológica. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiquiatr. 2005; 94: 19-28.

Aunque su lectura resulte farragosa para un lego en psiquiatría infantil, el esfuerzo de comprensión queda ampliamente premiado por la amplitud de miras que abre y la conciencia que despierta sobre nuestra estrechez de miras como pediatras.

– ** Vitoria I, Dalmau J. El niño que no come. Etiopatogenia y manejo. Pediatr Integral. 2003; 5: 331-9.

Merecen destacarse las excelentes revisiones de los problemas de alimentación en la infancia.

– *** Vitoria I, Dalmau J. El niño pequeño poco comedor. Aspectos prácticos. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol. VIII, Suplemento 1, 2006.

La colaboración de estos dos grandes pediatras españoles, expertos en alimentación y nutrición, ha dado a luz estos dos buenos trabajos de síntesis y con interés práctico. Realmente interesantes.

Caso clínico

 

Niño de 20 meses, hijo de madre adolescente sola, que trabaja en casa mediante Internet, consta antecedente de tabaquismo materno durante el embarazo, peso de nacimiento a término 2.930 g, lactancia mixta desde el inicio, con ciertas dificultades para la succión y cólicos del lactante. Desde que va a la guardería, hace 6 meses, ha presentado 4 episodios de resfriados febriles, una gastroenteritis aguda moderada y una otitis media aguda. La madre ha perdido mucho tiempo en darle de comer y ahora, además, cada comida es una pequeña tragedia. Se niega a comer y quiere solo un biberón, al que la madre añade cereales para que le alargue más. Lo que más le duele es que en la guardería insisten que allí come bien e incluso repite. No quiere acabar mal de los nervios y por eso lo trae a consulta.

La exploración revela un lactante normal con peso: p25 y talla: p50, de evolución estable desde el nacimiento.

Orientación diagnóstica: dada la curva normal de crecimiento de entrada, se orienta a una anorexia reactiva con tendencia a convertirse en comedor monótono en casa, donde la madre adopta una conducta permisiva, a pesar de su perplejidad.

Se propone a la madre la explicación del mal aprendizaje y se le aconseja ofrecer la dieta variada, prevista por la madre en todas las tomas, sin variaciones por la exigencia del niño. Mantener un ayuno estricto en los intervalos entre tomas.

A los 15 días, la madre nos telefonea para indicar que no acudirá al control previsto porque el niño, tras 48 horas de huelga de hambre, ya come de todo en casa y lo ve más activo y relajado.

Diagnóstico: anorexia reactiva.

 

  

Valoración del estado nutricional

J.M. Marugán de Miguelsanz, M.C. Torres Hinojal, C. Alonso Vicente, M.P. Redondo del Río
Regreso a las bases


J.M. Marugán de Miguelsanz, M.C. Torres Hinojal, C. Alonso Vicente, M.P. Redondo del Río

Unidad de Gastroenterología y Nutrición infantil. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Facultad de Medicina de Valladolid

 

Pediatr Integral 2015; XIX (4): 289.e1-289.e6


Valoración del estado nutricional

 

Introducción

Una correcta valoración del estado nutricional (VEN) permite identificar las alteraciones nutricionales por exceso y por defecto, y posibilita el adecuado abordaje diagnóstico y terapéutico. Una VEN completa debe incluir la realización de la historia clínico-nutricional, incluyendo la valoración dietética, una correcta exploración y estudio antropométrico, y la valoración de la composición corporal (Tabla I).

 

 

Merece especial mención, aunque no será tratado en este capítulo por su amplitud, el cálculo del Gasto Energético (GE), para calcular los aportes necesarios y ajustados al gasto en un individuo y enfermedad concreta, sobre todo en nutrición artificial. El GE total se calcula a partir del GE en reposo (medido por calorimetría indirecta o estimado por fórmulas predictivas, de la OMS o de Schofield), corregido por la actividad física y la termogénesis de los alimentos(1,2).

Historia clínico-nutricional

Debe recabar datos socio-familiares, antecedentes patológicos y antropometría de padres y hermanos, así como datos de la gestación, medidas al nacimiento, evolución del crecimiento con la edad, antecedentes patológicos y anamnesis por aparatos.

Historia dietética

Incluye la evolución de la alimentación a lo largo de la vida, de la conducta alimentaria, del apetito y de los hábitos de vida, incluyendo el ejercicio físico. El estudio dietético nos permitirá aproximarnos a la ingesta real actual del paciente, en macro y micronutrientes, y detectar desviaciones sobre lo recomendado. Existen muchos métodos indirectos, pero el más utilizado es la encuesta nutricional prospectiva de 3 días (uno de ellos de fin de semana), aunque requiere tiempo para una introducción correcta de la información en una adecuada base de datos, para un análisis cuantitativo. Más directo es el cálculo basado en una encuesta prospectiva con pesada de alimentos.

Si se dispone de menos tiempo, se puede hacer una aproximación analizando: el patrón de consumo habitual, frecuencia de consumo semanal por grupos de alimentos, alimentos preferidos o rechazados y si realiza suplementos vitamínicos y minerales.

Exploración física

Tiene que ser completa, a la búsqueda de signos sugerentes de enfermedad, como causa del trastorno nutricional, o bien secundarios a la malnutrición por exceso o por defecto, especialmente en piel, pelo, uñas, mucosas, dentición, panículo adiposo, tiroides, etc. No es frecuente, el hallazgo de un signo específico por déficit de un único nutriente, sino que los hallazgos suelen ser la consecuencia de una malnutrición global. En los niños mayores, se debe valorar siempre el estadio de desarrollo puberal.

Antropometría

Se basa en el estudio de un reducido número de medidas corporales. Los procedimientos son simples, seguros y no invasivos, son precisos y exactos si se utilizan protocolos estandarizados, y el equipo necesario es barato y portátil. De un lado, tenemos el peso, la talla y los índices basados en las relaciones entre ellos, que permiten la comparación con poblaciones de referencia y poder realizar una valoración evolutiva, mediante el seguimiento de los cambios producidos a lo largo del tiempo. Sin embargo, no aportan información sobre la composición corporal del individuo. Para ello, es necesario utilizar otros parámetros antropométricos, como los pliegues cutáneos y algunos perímetros, que pueden informar sobre los compartimentos graso (MG) y masa magra o libre de grasa (MM).

Cuando se utilizan tablas de referencia, el protocolo de medida debe ajustarse todo lo posible con el utilizado en su desarrollo, y los instrumentos de medida deben chequearse con frecuencia para garantizar la máxima exactitud y objetividad de los datos. La variabilidad interobservador e incluso intraobservador puede ser importante si no se es minucioso en la realización de la técnica. Se tomarán las siguientes medidas:

Peso. Se valora con el paciente en ropa interior en básculas clínicas (precisión de 50-100 g) previamente equilibradas, es aconsejable realizar la medida siempre a la misma hora, preferentemente por la mañana en ayunas, para evitar las oscilaciones fisiológicas.

Talla. Se evalúa con un tallímetro vertical, o un estadiómetro (precisión mínima de 0,5 cm y máxima de 0,1 cm). Durante los dos primeros años de vida, se mide la longitud entre el occipucio y el talón con un tablero de medición horizontal o antropómetro (mide la longitud del niño con una precisión de 0,1 cm). A partir de los dos años, se mide de pie, descalzo, con los talones, la columna y el occipucio apoyados sobre un plano duro y los brazos extendidos a lo largo del tronco.

Índices ponderoestaturales. Relacionan el peso con la talla y permiten una catalogación más real del estado nutricional que un simple valor aislado de peso y talla, que solo tendría valor en una evaluación longitudinal del crecimiento (Tabla II). Los más utilizados son el índice nutricional de Shukla en menores de 2 años y, a partir de entonces, el índice de masa corporal (IMC).

 

 

Relación peso/talla. Mediante percentiles o calculando puntuaciones Z, relaciona ambos parámetros independientemente de la edad y es útil para detectar la malnutrición aguda, pero es el más elemental de todos.

Porcentaje del peso estándar o índice de Waterlow I. Este autor solo clasificó grados para subnutrición, aunque estudios comparativos posteriores con otros índices y composición corporal, establecieron un límite superior de normalidad en el 115%.

Porcentaje de talla estándar o índice de Waterlow II. Cataloga también, solamente, la subnutrición crónica, con repercusión en talla (stunting).

Porcentaje de peso/talla/edad (Mc Laren y Read). Solo en menores de 60 meses.

Índice nutricional (IN) de Shukla. Es difícil de interpretar en los valores críticos, los niños altos podrían ser catalogados de sobrenutridos y los constitucionalmente pequeños de subnutridos, pero es el índice más utilizado en menores de 2 años.

Índice de masa corporal (IMC) o índice de Quetelet. Es fácil de calcular y útil para clasificar la obesidad en escolares y adolescentes, pero no están claramente establecidos los límites de subnutrición. Cole y col., tras integrar múltiples curvas, han establecido gráficas y puntos de corte por edades, que se correlacionarían con los puntos finales de IMC del adulto: 30 (para obesidad), 25 (para sobrepeso)(3), y para delgadez, 18,5 (grado I), 17 (grado II) y 16 (grado III)(4), que pueden ser útiles en este sentido.

Un IMC alto indica “sobrepeso”, que puede ser debido a exceso de masa grasa (obesidad) o de masa magra (constitución atlética), no informando de la composición corporal, por lo que ha de valorarse junto con otros parámetros (ver composición corporal del brazo). A pesar de ello, es el más utilizado a cualquier edad, pero, sobre todo, a partir de los 2 años.

Perímetros. Para medir los perímetros se requiere una cinta métrica inextensible y flexible, calibrada en milímetros (precisión de 1 mm). De gran interés en Pediatría son: el perímetro cefálico, midiendo entre los puntos más prominentes de occipucio y región frontal, sobre todo, hasta los dos años, ya que es un indicador indirecto del desarrollo del sistema nervioso central; y el perímetro braquial. Asimismo, los perímetros de cintura y cadera son ampliamente utilizados, sobre todo, en la valoración de la obesidad, y el cociente entre ambos (índice cintura/cadera) es un conocido índice de obesidad central. Un valor superior a 1 en el varón adulto, y 0,9 en la mujer supone riesgo cardiovascular.

Pliegues. La medida de los pliegues cutáneos se realiza con un lipocalibrador de presión constante (10 g/m2), con precisión de 0,2 mm. Los más usados son: los de Lange, Holtain y Harpender, influyendo de manera significativa sobre los resultados, el uso de uno u otro. Generalmente, los pliegues más utilizados son: el subescapular, el suprailíaco, el bicipital y el tricipital. La técnica de medida debe ajustarse a un procedimiento estandarizado: se delimitan la piel y el tejido celular subcutáneo tomando un pliegue entre los dedos pulgar e índice, dejando resbalar el tejido muscular u óseo. Se aplica el lipocalibrador y se efectúa la medición tras tres segundos; el procedimiento debe realizarse tres veces consecutivas para disminuir con ello la variabilidad de la medida, utilizando la media de las mismas. Las mediciones suelen hacerse, por acuerdo, en el hemicuerpo no dominante. Tanto la precisión como la reproductibilidad de la medición de los pliegues cutáneos es baja en relación con otros métodos utilizados en la valoración de la composición corporal, especialmente en personal con poca experiencia. El punto de medida es (Fig. 1):

 

Figura 1. Técnica de medida de los pliegues cutáneos.

 
 

• Tríceps: punto medio entre acromion y olecranon en la parte posterior del brazo.

• Bíceps: mismo nivel que la zona del tríceps, pero en la cara anterior del brazo.

• Subescapular: punto localizado por debajo y por dentro de la escápula izquierda, formando un ángulo con la columna vertebral (35-40º).

• Suprailíaco: inmediatamente superior a la cresta ilíaca, en la línea medioaxilar.

 

Estándares de referencia para parámetros antropométricos:

Las variables antropométricas en la infancia se pueden comparar con el patrón de referencia, interpretándolas de dos formas: aplicando una escala ordinal o percentiles, y a través del cálculo de la puntuación normalizada Z (Z Score).

Z score: distancia de un valor individual con respecto a la media de una población de referencia, en desviaciones estándar DS. La media y la DS se obtienen de las tablas originales. En la práctica, si no se dispone de ellos, se utiliza la diferencia entre el valor observado en el niño y el Pc 50 (mediana), y se divide por 1,88.

 

La mayor ventaja de este sistema radica en que pueden aplicarse procedimientos estadísticos a una muestra de niños, pues manejamos un valor numérico para cada uno de ellos, calculando medias de grupos, o comparar entre sí niños de distintas edades.

Percentiles: muy utilizados por su fácil y rápida interpretación en curvas de referencia. Indica el porcentaje de una población estándar que se sitúa por debajo del paciente. En la mayoría de distribuciones, se considera normal un percentil entre el 3 y 97, aunque más importante que ello es mantenerse en un valor similar en la evolución longitudinal con la edad.

Si los valores de referencia siguen una distribución normal, los percentiles y la puntuación Z se relacionan a través de una transformación matemática; los valores de –3, –2 y –1 Z Score se corresponden con los percentiles 0,13, 2,28 y 15,8, respectivamente. A la inversa, los percentiles 1, 3 y 10 se corresponden con puntuaciones Z de –2,33, –1,88 y –1,29. A efectos prácticos, se suele asimilar el percentil 3 con un Z Score de –2.

El uso de percentiles presenta dos desventajas: no es útil para detectar cambios en los extremos de la distribución, ni permite aplicar procedimientos estadísticos.

 

Referencias utilizadas. La valoración puntual de cualquiera de estos parámetros, bien por percentil o por z-score, variará mucho en función de la referencia o patrón utilizados, entre diferentes poblaciones, metodología y año de elaboración, teniendo en cuenta las diferencias étnicas y geográficas, la aceleración secular del crecimiento y el aumento reciente de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Por eso, deberíamos utilizar referencias cercanas, recientes y realizadas en nuestro medio, excepto para valoración de la obesidad, donde se aconseja utilizar gráficas de índice de masa corporal elaboradas previamente a dicha epidemia de obesidad del mundo occidental(5).

Es muy importante valorar los cambios a lo largo del tiempo, ya que una medida aislada tiene poco valor. El seguimiento longitudinal mostrará su canal de crecimiento habitual y detectará desviaciones del mismo, con velocidad de crecimiento más lenta.

Composición corporal

El análisis de la composición corporal (CC) permite conocer las proporciones de los distintos constituyentes del cuerpo humano y es imprescindible para comprender el efecto de la dieta, el crecimiento, la actividad física o la enfermedad sobre el organismo. Constituye el eje central de la valoración del estado nutricional en la monitorización de pacientes con malnutrición y diagnóstico del riesgo asociado a la obesidad.

Podemos estudiar la CC en diferentes niveles: atómico, molecular, celular, tejidos-sustancias todo el cuerpo. En cada nivel, pueden utilizarse distintas técnicas de medida. Los modelos multicompartimentales poseen claras ventajas frente al bicompartimental, pero este último es el más utilizado en la práctica clínica por su sencillez, y distingue solo entre masa grasa y masa libre de grasa o masa magra.

Las técnicas más exactas de estudio de la CC (activación de neutrones, DEXA, etc.) son muy costosas y de escasa aplicación en la práctica clínica. Por eso, mostraremos solo las dos que se aplican regularmente en la clínica, la antropometría y la bioimpedancia (BIA), por su disponibilidad, carácter no invasivo, bajo coste y capacidad de transporte; aunque están sujetas a mayor imprecisión y dependen en gran medida de las poblaciones de referencia y de las ecuaciones utilizadas.

Métodos antropométricos

Predicción del porcentaje de masa grasa (MG) y de la densidad corporal

La medida del tejido adiposo subcutáneo a través de los pliegues cutáneos puede predecir la grasa corporal total. Se trata de un método no invasivo, barato y sencillo, por lo que es ampliamente aceptado en clínica y epidemiología.

Inicialmente, calcularemos la Densidad Corporal (D) a partir del sumatorio de los 4 pliegues cutáneos descritos (tríceps, bíceps, suprailíaco y subescapular) (logS). La relación entre densidad corporal y pliegues cutáneos varía con la edad y el sexo, y hay muchas ecuaciones para relacionarlos (Tabla III), obtenidas en estudios de referencia, aunque la mayoría son específicas para un determinado grupo de población, y en un individuo podrían existir diferencias en la masa grasa determinada por varios métodos.

 

 

Una vez conocida la densidad corporal, podemos calcular el porcentaje de masa grasa a partir de diferentes ecuaciones desarrolladas sobre la base de estudios de cadáveres. En el modelo bicompartimental, la más utilizada es la fórmula de Siri:

El porcentaje de masa grasa MG puede calcularse entonces con la ecuación de Siri:

% MG = [(C1/D) – C2] x 100

Los valores de C1 y C2 a sustituir en la ecuación de Siri, por edad y sexo, se muestran en la tabla IV. En un varón de 18 años, sería: % MG = [(4,95/D) – 4,5] x 100.

 

 

El porcentaje de masa libre de grasa será la diferencia entre peso total y masa grasa.

Composición corporal regional: áreas del brazo

El perímetro braquial (PB) o circunferencia del brazo en centímetros es el que, en adultos, tiene más interés en antropometría nutricional (Fig. 2). Dado que el valor de este perímetro depende de los compartimentos graso y muscular del brazo, se han ideado fórmulas para estimar el área muscular y el área grasa a este nivel, combinando el valor del PB con el pliegue cutáneo del tríceps (PT), mediante el nomograma de Gurney and Jellife, o utilizando las fórmulas representadas en la tabla V.

 

Figura 2. Perímetro braquial y compartimentos graso y muscular del brazo.

 
 
 

 

Bioimpedancia eléctrica (BIA)

Mide la oposición de los tejidos corporales al paso de una corriente eléctrica (impedancia), propiedad que depende fundamentalmente de su contenido hidroelectrolítico. La masa libre de grasa, que contiene la mayoría de fluidos y electrolitos corporales, es un buen conductor eléctrico (baja impedancia), mientras que la grasa actúa como un aislante (alta impedancia). La primera generación de aparatos era monofrecuencia (50 kHz), apareciendo con posterioridad los multifrecuencia (1-50 kHz). A bajas frecuencias, la corriente atraviesa mal las membranas celulares, por lo que esta técnica valora mal el agua intracelular. En cambio, las frecuencias altas sí, y pueden permitir un mejor cálculo del agua corporal total (ACT) en sus componentes intra y extracelular.

La medida de la impedancia corporal proporciona una estimación directa del ACT y permite estimar también la masa magra en kilos. La BIA es un método preciso en pacientes estables y sujetos sanos, siempre y cuando las ecuaciones de predicción utilizadas se adecúen a la población estudiada. La capacidad para predecir la composición corporal depende de la ecuación escogida y, por tanto, no puede asumirse la aplicabilidad en general de sus ecuaciones. Cada población debería tener sus propios valores de referencia, con fórmulas validadas con técnicas de referencia.

Como inconveniente, la técnica es muy sensible a cambios bruscos en el contenido hídrico (retención hídrica o deshidratación), lo que puede inducir a errores. Entre sus ventajas, cabe destacar: su bajo precio, portabilidad, inocuidad, sencillez de manejo y baja variabilidad interobservador.

El método de medida se estandarizará de acuerdo con el protocolo de Lukaski(6) (Fig. 3). Para transformar los datos eléctricos en variables de composición corporal, se utilizarán las ecuaciones de predicción recomendadas en la Conferencia de Bethesda de 1996(7). Las más utilizadas en niños se muestran en la tabla VI.

 

Figura 3. Impedancia bioeléctrica.

 
 
 

 

La masa grasa (kg) resulta de restar al peso del niño la masa magra calculada por BIA. Recordar que por antropometría el resultado se obtenía en porcentaje de MG.

Exploraciones analíticas

Una valoración completa nutricional incluirá:

• Hemograma.

• Bioquímica: urea, glucemia, creatinina, iones, GOT, GPT, bicarbonato, calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, colesterol y triglicéridos, metabolismo del hierro, y en el estudio proteico, las proteínas viscerales, sobre todo albúmina y prealbúmina. Los niveles de albúmina reflejan la síntesis hepática, una pérdida proteica anormal, y también la ingesta proteica, pero, dada su larga vida media (21 días), tarda en modificarse tanto por alteración nutricional como por su recuperación. Por eso, la determinación de prealbúmina, de vida media más corta (2 días), resulta más eficaz para evaluar la desnutrición aguda y la respuesta al tratamiento. Otras proteínas menos utilizadas son la transferrina o la proteína transportadora de retinol.

• Nivel sérico de vitaminas liposolubles (A, E, D y K) y estudio de coagulación.

• IGF-1. La malnutrición crónica se asocia a síntesis disminuida de IGF-1, y sus niveles pueden reflejar precozmente los cambios nutricionales.

• Otros estudios, en relación a la posible causa de la malnutrición.

Otras exploraciones

Rx de carpo. Valora la maduración o edad ósea y su relación con la edad cronológica. El método más utilizado es la comparación con el atlas de Greulich y Pyle.

Densitometría ósea. Permite cuantificar el contenido mineral óseo, por lo que es de gran interés en casos de malnutrición crónica. Hay una técnica por ultrasonidos, que puede servir para despistaje y seguimiento del mismo niño, y una más exacta de DEXA.

Bibliografía

1. Marugán de Miguelsanz JM, Redondo del Río MP, de Mateo B. “Gasto energético en el niño”. Pediatr Integral. 2011; XV (4): 369-73.

2. Redondo del Río MP, Marugán de Miguelsanz JM, de Mateo B. “Interpretación de la calorimetría”. Pediatr Integral. 2011; XV (5): 468-72.

3. Cole TJ, Bellizzi MC, Flegal KM, Dietz WH. Establishing a standard definition for child overweight and obesity worldwide: international survey. BMJ. 2000; 320 (7244): 1240-3.

4. Cole TJ, Flegal KM, Nicholls D, Jackson AA. Body mass index cut offs to define thinness in children and adolescents: international survey. BMJ. 2007; 335 (7612): 194.

5. Ministerio de Sanidad y Política Social, y Ministerio de Ciencia e Innovación. Guía de Práctica Clínica sobre la prevención y el tratamiento de la obesidad infantojuvenil. 2009.

6. Lukaski HC, Schelstinga MRN. Improved sensitivity of the tetrapolar BIA method to assess fluid status and body composition: use of proximal electrode placement. Age Nutr. 1994; 5: 123-29.

7. American College of Cardiology. 27th Bethesda Conference. J Am Coll Cardiol. 1996; 27: 957.

 

Constitución del Grupo de trabajo de Nutrición y patología gastrointestinal de la SEPEAP

Editorial

C. Coronel Rodríguez

Coordinador del Grupo de Nutrición y Patología Gastrointestinal (NYGI) de la SEPEAP.

Junta Directiva de la SEPEAP

 


«El grupo de NYGI de la SEPEAP se forma en noviembre de 2013, por la necesidad de investigar y tomar decisiones en gastroenterología y nutrición pediátrica de Atención Primaria, desde nuestra evidencia y arte«

 


Constitución del Grupo de trabajo de Nutrición y patología gastrointestinal de la SEPEAP

Una vez más, tengo el honor de escribir unas líneas para Pediatría Integral, en este caso para dar a conocer la creación del Grupo de trabajo de Nutrición y Patología Gastrointestinal (NYGI), de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

El grupo de NYGI de la SEPEAP se forma en noviembre de 2013, por la necesidad de investigar y tomar decisiones en gastroenterología y nutrición pediátrica de Atención Primaria, desde nuestra evidencia y arte. La mayor parte de nuestras decisiones en la consulta las tomamos basándonos en estudios realizados en hospitales y en poblaciones, a veces, poco comparables con las nuestras. Tenemos que tomar conciencia de la importancia de nuestro trabajo e investigación, escasa en Pediatría de Atención Primaria, así como del poco manejo de la evidencia, tal vez condicionado por la demanda clínica que ocupa la mayor parte de nuestro trabajo, la necesidad de formación continuada, los pocos recursos… y la falta de apoyo institucional.

Se trata, pues, de un proyecto diferente del Comité de Nutrición de la AEP, asesorando a la Sociedad en las cuestiones que se nos planteen, fundamentalmente referidas a temas de actualidad o en los que existe controversia. El Grupo pretende facilitar el intercambio de conocimiento y experiencias en este campo en los cuatro aspectos fundamentales: social, asistencial, formativo y de investigación, y, para cumplir con este desafio, se propone como objetivos:

– Creación de material de información dirigido a padres y pediatras.

– Elaboración de dietas y menús especiales.

– Divulgación de conocimientos sobre nutrición en el niño en el ámbito escolar.

– Trabajo con asociaciones de enfermos.

– Promover la realización de cursos, seminarios, conferencias y másteres.

– En un futuro, elaboración de un programa de formación continuada para pediatras, fundamentalmente de Atención Primaria en temas de nutrición.

– Elaboración de documentos prácticos de ayuda para la toma de decisiones diagnósticas-terapéuticas en la consulta.

– Búsqueda, clasificación y evaluación de la información disponible.

– Promover diversos aspectos de Investigación en NYGI pediátrica (básica, epidemiológica y clínica).

– Estudio de las alergias e intolerancia alimentarias.

– Estudio de la obesidad.

– Elaboración de trabajos multicéntricos con financiación externa o bien desde la propia Sociedad.

– Elaboración de un apartado en la web en la que se publicarán los congresos y reuniones científicas; en otra sección, los artículos, libros, documentos, etc. y, acorde con los nuevos tiempos del siglo XXI, crearemos un capítulo dedicado a links de webs de referencia en estos temas.

Para conseguir estos objetivos, somos inicialmente nueve compañeros implicados en el conocimiento de las distintas materias que vamos a tratar, entre los cuales hay un MIR de Pediatría, que aporte savia nueva, pero, como ya dije en una ocasión anterior, en el NYGI en particular y en la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria en general, tienen cabida todos aquellos pediatras que, independientemente del sistema donde desarrollan su actividad, comparten ese mismo interés.

En relación con los medios de comunicación, hay que aceptar que están ahí y que irán por libre por mucho que nos escandalicemos. Pretendemos dar respuesta a las notas de prensa, en las que se nos solicite nuestra opinión, y analizarlas desde el punto de vista de la evidencia científica disponible en ese momento. Realizando valoraciones serias, basadas en trabajos con rigor científico, y teniendo en cuenta las características de los trabajos a comentar (de metodología e intereses comerciales). Seremos sus consejeros para que, al menos, reciban una parte de información fiable, que tenga repercusión positiva sobre la población. Y si fuéramos capaces de que al lado de la noticia periodística nos permitieran poner un recuadro con la opinión de los profesionales, sería lo ideal.

Creo que, independientemente de nuestros pasos, lentos o muy lentos, pero seguros, tendremos que distinguir entre estos temas de debate de la opinión científica, que habrá que fundamentar con evidencias, con el objetivo último de defender, entre otras cosas, el modelo de atención al niño a todos los niveles asistenciales, basado en la presencia de profesionales con formación específica, es decir, pediatras.

Además, en épocas de crisis y con el ánimo de aunar y economizar esfuerzos, desde la SEPEAP queremos trasladar a nuestros socios la importancia de defender nuestro modelo sanitario, para evitar que, en las negociaciones en las que se establecen los factores determinantes de la salud de los ciudadanos, se tengan más en cuenta las variables económicas que las de beneficio a la población. Los pediatras somos conscientes de las posibles repercusiones, tanto en la etapa del embarazo (cuyo seguimiento y control no deben olvidarse), como en la de la primera infancia, en el que una buena alimentación repercute no sólo en un mejor estado de salud presente, sino que sus efectos son más duraderos e irreversibles a largo plazo, expresándose en un mejor desarrollo cognitivo, un adecuado rendimiento académico y una futura integración social como adulto, con consecuencias, por lo tanto, en la futura salud de los individuos.

Para acabar, tengo la necesidad de expresar públicamente mi agradecimiento a cuantos han contribuido, de forma desinteresada, a la consecución de este proyecto que está en sus comienzos. Al expresar esta consideración, asumo también la responsabilidad de todos los errores, por comisión u omisión, que se hayan podido producir. Y no quisiera terminar sin dejar constancia de mi gratitud a la Junta Directiva de la SEPEAP, por la confianza depositada en mí como Coordinador inicial del Grupo NYGI, sin la ayuda de sus miembros seguro que los resultados no serán lo mismo, a los componentes del grupo, por su disponibilidad, dedicación y colaboración, y a la Dirección de la Revista Pediatría Integral, por ofrecerme esta posibilidad de poder dirigirme a ustedes.

Vitamina D: más allá de sus efectos sobre el metabolismo óseo

V. Martínez Suárez*, J. Dalmau Serra**

*Centro de Salud El Llano, Gijón. **Unidad de Nutrición y Metabolopatías. Hospital Infantil La Fe, Valencia

 

Pediatr Integral 2013; XVII(10): 728-733


Vitamina D: más allá de sus efectos sobre el metabolismo óseo

 

El déficit de vitamina D (VD) es una situación prevalente a nivel mundial y que puede afectar a personas de cualquier edad. Es, por otro lado, un capítulo preferente de la medicina infantil, aunque en las últimas dos décadas ha cobrado una nueva relevancia. El intestino delgado, los riñones y el tejido óseo son los órganos primarios sensibles a sus acciones y están involucrados en su función clásica sobre el metabolismo mineral y la homeostasis del hueso. En esta misma sección y desde documentos de posicionamiento del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, dicha función ha sido abordada en sus diversos aspectos(1-3). Pero el reconocimiento de sus receptores específicos (VDR) en otros tejidos(4) y la identificación de la enzima hidroxilasa 1 en células extrarrenales llevaron a la descripción de nuevos efectos naturales, acumulándose cada vez más pruebas de la síntesis extrarrenal de la 1,25 dihidroxi VD (1,25 (OH)2 VD) o calcitriol(5,6) y de su función en la regulación del crecimiento y la diferenciación celular por medio de acciones endocrinas, paracrinas y autocrinas(4,7-9). En relación con ello, Nagpal y cols.(10) al han señalado que la 1,25 (OH)2 VD, a través de su actividad transcripcional, es capaz de regular directa o indirectamente al menos 200 genes, controlando la proliferación y la diferenciación tisular, la apoptosis y la angiogénesis. Y mediante estudios descriptivos y algunos ensayos clínicos (EC), también ha podido establecerse su relación con la prevención y tratamiento de diversas enfermedades extraóseas. Con la presente nota queremos ofrecer una recapitulación y síntesis de la bibliografía más relevante sobre el tema, desde una perspectiva médica general y referida a alguno de los aspectos más estudiados.

Estado de vitamina D

Con los datos disponibles, definir el estado de hipovitaminosis D y establecer para todos sus efectos el correspondiente significado clínico es todavía un tema de estudio. La medida de la 1,25-(OH)2 VD aporta poca información por su fino control fisiológico(11); sus concentraciones séricas son, con frecuencia, normales con un estado deficiente, debido al hiperparatiroidismo secundario y a su reposición por incremento de la síntesis renal(12). Información adicional sobre la adecuación de la homeostasis de calcio y VD se puede obtener con la medida de la concentración de PTH, aunque el mejor indicador se considera la concentración de 25-hidroxi VD (25-OH VD, calcidiol) sérica, ya que no es regulada y refleja la ingesta dietética de vitamina D2 o D3 y la síntesis cutánea de D3. Sin embargo, no existe consenso sobre sus concentraciones óptimas.

La Academia Nacional de las Ciencias recoge en su Dietary references intakes for calcium and vitamin D de 2010(13) que, aunque el nivel sérico de 25-OH VD no está validado como sustituto de resultados en salud, puede servir como referencia; y concluye que es razonable considerar 20 ng/ml como el umbral para casi toda la población; y ha establecido la ingesta recomendada en el lactante, considerando este umbral entre 16 y 20 ng/ml(14). Aun así, sigue habiendo controversia respecto a las concentraciones de 25-OH VD deseables, y podría resultar simplista la pretensión de ofrecer un umbral único de suficiencia(15). En adultos, la correlación inversa entre los niveles de 25-OH VD y PTH ha permitido aceptar el umbral de deficiencia en 20 ng/ml, cifra por encima de la cual la PTH deja de descender y se establece una meseta(16,17). Esta correlación se ha descrito también en niños mayores y adolescentes(18-20), pero en lactantes esta menos clara(21-23); y, si bien no hay datos disponibles para extrapolar este concepto a la población infantil, esta cifra tiende a aplicarse también a los niños de cualquier edad(24).

Actividad antiinfecciosa inespecífica

Varios estudios recientes sugieren que la VD juega algún papel en el control de la inflamación y la respuesta inmune. Diferentes células implicadas en la respuesta inmunitaria expresan VDR, lo que indica que participa de su actividad y modulación. Sabemos que el calcitriol actúa localmente sobre los linfocitos T y B activados, que regulan las citoquinas y la síntesis de inmunoglobulinas. Que inhibe la proliferación de células T, en particular linfocitos T helper (Th1) capaces de producir interferón (IFN-2) y de interleucina (IL-2) que, a su vez, impiden la presentación de más antígenos y el reclutamiento de los linfocitos T(25,26). También activa la producción de IL-4, IL-5 e IL10 cambiando el equilibrio desde el fenotipo Th1 a Th2, inhibiendo la formación de algunos tipos celulares que desempeñan un papel importante en la defensa inmunológica(25).

Se ha demostrado que la forma activa de la VD tiene actividad antimicobacteriana in vitro. Cuando un monocito/macrófago es estimulado por un agente infeccioso como Mycobacterium tuberculosis o sus liposacáridos, aumenta la expresión de VDR y hidroxilasa 1. La molécula de 1,25 (OH)2 VD entra en el núcleo y aumenta la expresión de catelicidina, péptido capaz de promover la inmunidad innata e inducir la destrucción de agentes infecciosos como el bacilo tuberculoso(27). Dado que la prevalencia de concentraciones de 25-OH VD menores de 30 ng/ml se observó en el 86% de las tuberculosis activas, la VD se ha venido utilizando para su tratamiento, aunque la administración de estos suplementos no puede ser recomendada hasta que se disponga de estudios prospectivos de calidad que prueben su valor terapéutico. Es posible que la deficiencia de VD tenga un impacto negativo generalizado sobre la respuesta antibacteriana y pudiera por tanto jugar algún papel en diferentes enfermedades infecciosas(28,29).

En el caso del VIH también algunos estudios in vitro han demostrado su efecto favorable en la inducción de la autofagia, obteniéndose una correlación directa entre los niveles más bajos de 1,25 (OH)2 VD con un menor recuento de células T CD4 +, nivel mayor de factor de necrosis tumoral y la velocidad de progresión de la enfermedad por VIH(30).

Observaciones como las altas tasas de gripe durante el invierno se han correlacionado con la falta de síntesis de VD(31), aunque factores como la temperatura fría y la baja humedad relativa debida a las calefacciones de interior podrían tener una responsabilidad mayor en la presencia y curso de la enfermedad.

Enfermedad cardiovascular y cardiopatías

El déficit de VD se ha querido considerar en los últimos años como un nuevo factor de riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV)(32,33), añadido a los ya clásicos. Varios estudios observacionales habían apuntado a una fuerte asociación entre un estado deficitario y la mortalidad cardiovascular, aunque el mecanismo que subyace a esta relación aún no ha sido aclarado. Algunas hipótesis señalan un posible papel del calcitriol en la regulación de la producción de renina, la proliferación de las células musculares cardiacas y vasculares, la síntesis de proteína C reactiva (PCR) y otros marcadores proinflamatorios, aceptándose que el sistema renina-angiotensina-aldosterona, la resistencia a la insulina y el hiperparatiroidismo secundario pudieran mediar algunos efectos cardiovasculares de la deficiencia de VD.

El análisis de los datos de NHANES III por Fiscella reveló un 40% más de riesgo por muerte debida a enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares principales en la población con un nivel de VD bajo(34). Y esa deficiencia también se ha asociado a un mayor riesgo de síndrome metabólico, hipertensión arterial (HTA) y otros eventos cardiovasculares adversos(34,35). Desde los años 80 del pasado siglo se dispone de datos según los cuales factores ambientales como la latitud, la estación y la exposición al sol se relacionan con una diferente mortalidad por cardiopatía isquémica(36,37), poniéndose la misma en relación con el déficit de VD.

Un EC realizado en mujeres alemanas halló una reducción significativa de la presión arterial sistólica después de la administración de suplementos de vitamina D(38). La disminución de los niveles tensionales también se demostró después de la exposición a los rayos ultravioleta A en comparación con UV B en otro EC(39). Sin embargo, otros trabajos no hallaron un efecto similar(40,41). Por lo tanto, los estudios sobre los suplementos de VD no han mostrado de forma consistente un efecto positivo en la reducción de la PA(41).

Por otro lado, parece que el déficit severo de VD no sólo pudiera aumentar el riesgo de desarrollar ECV crónicas sino que multiplica por 3-5 veces el de muerte súbita cardiaca en sujetos con ECV establecida(42), incrementando hasta el 50% los accidentes cerebrovasculares fatales(43).

Dos estudios examinaron prospectivamente el efecto de los suplementos de VD en la mortalidad cardiovascular sin poder probar una mayor supervivencia en comparación con los controles(41,44), aunque en un metaanálisis se encontró una reducción del 8% en la mortalidad por cualquier causa tras la suplementación con pequeñas cantidades(45). Una revisión sistemática de 51 EC aleatorizados no mostró su asociación significativa con la mortalidad, infarto de miocardio y los accidentes cerebrovasculares, sin cambios tampoco en la presión arterial, lo que lleva a los autores a concluir que los datos disponibles hasta la fecha no son capaces de mostrar una disminución significativa de la mortalidad y el riesgo cardiovascular asociado con la VD(46). Serán necesarios, por tanto, EC prospectivos bien diseñados para establecer consistentemente cualquier papel de los suplementos de VD en prevención de la ECV(45,47).

En recién nacidos con cardiopatía congénita existe una prevalencia mayor de deficiencia de VD, y niveles inferiores de 25-OH VD se asocian en los niños intervenidos a la necesidad de terapia inotrópica más intensa en el postoperatorio(48). Esto puede relacionarse con su efecto modulador y de influencia sobre la hipertrofia y diferenciación de los cardiomiocitos, lo que señala la posibilidad de un papel directo de la VD y sus derivados en la asistencia de este tipo de problemas.

Vitamina D y diabetes

Al igual que en las situaciones ya comentadas, estudios epidemiológicos y observacionales han despertado un gran interés sobre el posible papel de la VD en la patogenia, la prevención y el control de la diabetes (DM) tanto de tipo I como tipo II(49). Y varios ensayos en animales y humanos han sugerido que la VD pueda ser un potencial modificador de la diabetes(50-52), señalándose que sus acciones inmunomoduladoras y antiinflamatorias podrían reducir la insulinitis autoinmune de DM tipo I(50,51), suprimir la exposición de antígenos a los macrófagos, inhibir la maduración de las células dendríticas, modular el desarrollo de los linfocitos CD4 e inhibir la producción de interferón 2 (IFN2) y interleukina 2 (IL2), entre otras citoquinas activadoras de macrófagos y células T citotóxicas que conducen a la destrucción de células de los islotes. También en animales se ha comprobado cierto efecto protector de los suplementos de VD frente a la aparición de la diabetes autoinmune(50) y deteniendo la evolución de la enfermedad. Igualmente, por su actividad moduladora de las respuestas inmune e inflamatoria, la VD parece disminuir la resistencia a la insulina y aumentar su secreción en la DM tipo II.

Estudios poblacionales han encontrado que la DM tipo I es 10-15 veces más frecuente en las latitudes del norte de Europa que en el trópico. Tras un seguimiento a largo plazo en Finlandia se ha mostrado que los niños que tomaron 2,000 UI al día de VD durante el primer año de vida redujeron su riesgo de desarrollar DM tipo I en un 88%. Por otra parte, los niños que tenían deficiencia de VD tenían 2,4 veces más riesgo de desarrollar DM tipo I(52). Un estudio de la Comunidad Europea (EURODIAB) halló una reducción del 33% en el riesgo de la enfermedad en un grupo de niños suplementados(53), y datos similares fueron observados en el seguimiento de una de cohorte suplementada desde el primer año de vida(54). En el mismo sentido, un metaanálisis concluyó que esos suplementos en la infancia podrían tener un efecto protector frente a su desarrollo posterior(52). Una reducción temporal de la dosis de insulina también se observó después de la suplementación con calcitriol en pacientes adultos con diabetes tipo I(55).

Respecto a la DM tipo II, los estudios observacionales han mostrado en su control variaciones estacionales(56). En relación con lo anterior, los grandes EC que usaron terapia combinada de vitamina y calcio encontraron que ésta disminuye el riesgo de DM tipo II(57,58). En un gran estudio transversal con 23,000 adultos, los datos de resistencia a la insulina se correlacionan inversamente con los niveles de VD(59), habiéndose referido una asociación similar en otras investigaciones(60,61). Estudios de cohorte también encontraron asociación entre los niveles bajos de VD y diabetes tipo adulto(62) y mostraron un efecto protector de los niveles altos(63). Por el contrario, otros estudios no mostraron ningún beneficio(64,65). Pitas y cols., en un metaanálisis concluyeron que la insuficiencia de vitamina D y calcio puede influir negativamente en la glucemia mientras que la suplementación combinada puede ser beneficiosa en la optimización de metabolismo de la glucosa(66). En animales en situación de hipovitaminosis, la secreción de insulina aparece reducida, mejorando con su corrección.

En suma, hoy disponemos de datos que sugieren que la VD puede desempeñar un papel en la prevención y el tratamiento de la DM tipo I y II a través de su acción sobre la inflamación sistémica, la secreción de insulina y su resistencia, si bien se necesitan más estudios para dilucidar el mecanismo de acción y encontrar la dosis adecuada para proporcionar el beneficio óptimo(49). En cuanto al papel sinérgico de la vitamina y los suplementos de calcio en la prevención y control de la diabetes, debería ser estudiado en profundidad(49), ya que de ser eficaz su aplicación resultaría barata y fácil de implementar en la práctica clínica.

Vitamina D y cáncer

A la luz de los estudios más recientes, hoy se acepta de forma unánime que la VD juega un papel fisiológico en la diferenciación celular, tanto en células normales como tumorales. En estudios recientes la 1,25 (OH)2 VD se ha mostrado capaz de regular los genes que controlan la proliferación, la diferenciación, la apoptosis y la angiogénesis. Y datos preclínicos y epidemiológicos sugieren un papel de la VD en la prevención y tratamiento del cáncer. Por ejemplo, es conocido que el riesgo de su desarrollo y la muerte por cáncer son más elevados en latitudes más altas y esto se ha relacionado con menor exposición a la luz solar directa, especialmente durante la infancia y la adolescencia(67,68).

También para el polimorfismo del gen VDR se ha establecido su asociación con un alto riesgo de padecer cáncer, habiéndose descrito que mujeres con mutaciones del mismo tienen mayor riesgo de iniciar un tumor de mama(69). En un estudio se ha encontrado que, mujeres con bajo nivel en sangre de 25-OH VD (<12 ng/ml) al inicio del mismo, tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer colorrectal en comparación con las que tenían niveles más altos (>24 ng/ml)(70).

La mayoría de los ensayos clínicos con VD y sus metabolitos se han realizado en pacientes con cáncer de próstata(71), probándose que la administración de 2.000 UI al día daba lugar una caída en los niveles de PSA, si bien el desarrollo de hipercalcemia severa exigió la interrupción del ensayo. Varios análogos no hipercalcemiantes de la 1,25 (OH)2 VD han mostrado actividad antitumoral en un subgrupo de pacientes con alta expresión de VDR, lo que pudiera considerarse en el futuro como un criterio de buen pronóstico.

Aunque la función fisiológica exacta de 1,25 (OH)2 VD en estos tejidos tumorales no ha sido completamente aclarada, se acepta que puede actuar como un potente inhibidor de la proliferación tisular y un inductor de maduración de las células(9,72-74), probablemente jugando algún papel en la prevención de la carcinogénesis. Así, se ha podido establecer un mayor riesgo de morir de cáncer de colon, de mama, de próstata y de ovario en personas que viven en las latitudes altas(75,76). Y Garland(77) ha descrito que la concentración de 25-OH VD superior a 20 ng/ml disminuye el riesgo de morir por cáncer de colon en más de un 200%.

No obstante todos esos datos, serán necesarios más estudios para confirmar la utilidad del uso de la VD como terapia concomitante con los fármacos antitumorales(78).

Vitamina D y enfermedades autoinmunes

La acción de la VD en el sistema inmunológico parece ser mediada a través de las células T y B. Tal como se ha comentado(25,26), cuando estas se estimulan, los genes VDR se activan y se produce 1,25 (OH)2 VD, que suprime la proliferación y la síntesis de inmunoglobulinas. Inhibe también la proliferación de células T y previene la formación de interferón ? y la interleuquina 2 (IL-2) por las células T helper (Th1), activa las células T supresoras (Th2) mejorando, de este modo, la producción de IL-4, IL-5 e IL-10.

En los seres humanos hay evidencia epidemiológica de la importancia de la VD para mantener la salud inmunológica. Su actividad inmunomoduladora puede intervenir en el desarrollo de enfermedades de fondo autoinmune. Mediante el uso de ligandos del receptor de VD, se ha aumentado la acción de las células asesinas naturales y la actividad de los fagocitos. La 1,25 (OH)2 VD ha demostrado ser útil en modelos animales de esclerosis múltiple y en la enfermedad de Crohn.

Existen datos suficientes para aceptar que la VD pudiera ser considerada como un factor externo, condicionante en el desarrollo de enfermedad inflamatoria intestinal (EII)(79). En modelos experimentales de ratones, se ha podido demostrar la aceleración de la enfermedad en situación de hipovitaminosis D, evitando ese efecto la administración de 1,25 (OH)2 VD o de agonistas sintéticos de los VDR requiriendo, para ello, un adecuado aporte de calcio en la dieta. También, datos obtenidos en otros modelos animales sugieren que la deficiencia de VD y de VDR aumenta la susceptibilidad para padecer la enfermedad. Y, aunque hasta ahora no se podido establecer en la clínica una relación causal entre estado de VD y EII, existen algunos estudios que destacan su existencia(80-82). Por ejemplo, según un estudio, la mayoría de los niños afectos de EII tienen niveles bajos de VD (con 25-OH VD <15 ng/ml); y, en un EC con pacientes de 8 a 22 años, la mayoría de los enfermos tenían un estado de vitamina deficiente (<20 ng/ml), mejorando los niveles y su situación clínica tras el tratamiento con orales.

La evidencia epidemiológica sugiere que los adultos con altos niveles de VD en sangre tienen un menor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple(83), para la que la luz del sol o la vitamina se consideran factores ambientales implicados en su etiología y podrían interactuar con los factores hereditarios en la región del sistema mayor de histocompatibilidad de clase II. De hecho, en un subgrupo de individuos genéticamente predispuestos a la esclerosis múltiple, la deficiencia de VD pudiera causar un bloqueo de la expresión de los genes de histocompatibilidad implicados en la distinción entre las proteínas propias y extrañas(84). En ese mismo sentido, mujeres con una ingesta más alta de vitamina redujeron el riesgo de desarrollar la enfermedad en un 42%.

Observaciones similares se han realizado en la artritis reumatoide, en el lupus eritematoso sistémico y otras enfermedades reumáticas(85-87); y en niños nacidos de madres que eran deficientes en VD, aumentó el riesgo de trastornos respiratorios con sibilancias en la primera infancia. A partir de la evidencia epidemiológica y algunos modelos animales, pudiera aceptarse un importante papel de la VD en el mantenimiento de la salud inmune.

Vitamina D y psoriasis

Los queratinocitos de la piel son las principales fuentes de 7 dehidrocolestrol, que se convierte en vitamina D3 en presencia de luz solar. Estas células también tienen VDR y pueden convertir el 25-OH VD en 1,25 (OH)2 VD activa. Se ha señalado que al ser la vitamina activa un potente inhibidor de los queratinocitos podría ser utilizada de forma segura para los trastornos de la piel hiperproliferativos no malignos, como la psoriasis. La aplicación tópica de 1,25 (OH)2 VD o de algunos de sus análogos podría servir como terapia de primera línea en la enfermedad psoriásica(88). Los datos agrupados de los EC controlados y aleatorios indican que el derivado sintético de la VD calcipotriol puede ser un tratamiento eficaz y bien tolerado para la psoriasis crónica, en placas de leve a moderada; y, aunque la irritación de la piel es un secundarismo relativamente común, rara vez requirió la retirada del tratamiento(89). No obstante, se necesitan ensayos que comparen la relación riesgo/beneficio de los regímenes de tratamiento aislado y los combinados de calcipotriol con otros agentes anti-psoriáticos.

Enfermedades musculares

También en este caso algunos estudios observacionales han mostrado una relación entre nutrición deficiente, estado de 25-OH VD y debilidad muscular en niños y adultos mayores. En la mayoría de los trabajos publicados, las concentraciones más bajas (<20 ng/ml y especialmente <10 ng/ml) se asociaron con la función muscular alterada, mientras que los niveles más altos (>20 ng/ml) mostraron una función normal. Varios metaanálisis y revisiones muestran una reducción en el riesgo de caídas (reducción del riesgo relativo de hasta el 20%) después de la administración de suplementos de la vitamina, en especial cuando su estado es deficiente(90-93). En estos mismos estudios, se ha establecido que la suplementación con dosis que van desde 700 a 1.000 UI/día pudiera ser eficaz, si bien el resultado de un metanálisis muestra que la práctica de ejercicio en grupo y de Tai Chi fueron más eficaces en la reducción del riesgo de caídas que los suplementos de VD(94).

En resumen, en los últimos años se han ido acumulando informaciones que refuerzan la idea de un efecto extraóseo múltiple y diverso de la VD, habiéndose relacionado de forma directa con diferentes enfermedades(95,96), de las cuales sólo algunas han sido consideradas en este escrito (Tabla I). La revisión de los trabajos aquí comentados sugiere que este nutriente pudiera jugar algún papel en su prevención y tratamiento, aunque se requieren más estudios y una evidencia más concluyente para aceptar su recomendación en la clínica.

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