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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista de formación continuada dirigida al pediatra y profesionales interesados de otras especialidades médicas

PEDIATRÍA INTEGRAL Nº1 – ENE-FEB 2021

Madrazo, el pintor de la Casa Real

J. Fleta Zaragozano
Representación del niño

en la pintura española


J. Fleta Zaragozano

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza

Pediatr Integral 2021; XXV (1): 47.e1 – 47.e4


Madrazo, el pintor de la Casa Real

Madrazo gozó de gran prestigio y acumuló diversos cargos públicos, desde profesor y director de la Academia de San Fernando, donde destacó en su labor pedagógica, hasta director del Museo del Prado, donde publicó el primer catálogo de las obras de la pinacoteca. A diferencia de Murillo y Goya, que plasmaron en su obra, sobre todo, las figuras de niños pobres, menesterosos y de la calle, Madrazo retrató a multitud de niños de la nobleza y de la Casa Real.

Su vida, obra y estilo

Federico de Madrazo y Kuntz nació en Roma en 1815 y murió en Madrid en 1894. Era hijo del influyente pintor neoclásico José de Madrazo, que estaba al servicio, como pintor de cámara, del rey Carlos IV en el exilio y de Isabel Kuntz, hija del también pintor polaco Tadeus Kuntz. Fue bautizado en la basílica de San Pedro del Vaticano y apadrinado por el príncipe Federico de Sajonia. Se trasladó con su familia a Madrid cuando su padre pasó a ser pintor de cámara de Fernando VII, en 1819.

Formado en la Academia de San Fernando, fue nombrado académico de mérito en 1831, a la temprana edad de dieciséis años. Por entonces, dio comienzo su prematura carrera cortesana con una pintura propagandística encargada por la reina María Cristina, de especial interés iconográfico y simbólico, La enfermedad de Fernando VII que le reportó gran fama y reconocimiento. Pero su definitiva formación como pintor, absolutamente cosmopolita, tuvo lugar entre las dos grandes capitales artísticas europeas de su tiempo, siguiendo los pasos de su padre.

En 1833 emprendió un viaje a París, ciudad en la que volvería a instalarse entre 1837 y 1839; en esos años estuvo en contacto con lngres y con otros pintores franceses de éxito, a los que pudo acceder a través de su padre. Participó en los Salones y recibió el encargo de pintar, para la Galerie des Batailles, en el Palacio de Versalles, el cuadro de historia Godofredo de Boullon proclamado rey de Jerusalén. A continuación, realizó otras pinturas históricas, entre las que destaca El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola. En estas obras condensa la influencia del academicismo francés con la búsqueda de referentes formales españoles que complacieran el gusto artístico de la sociedad parisina de tiempos del rey Luis Felipe I.

Poco antes de abandonar París había comenzado a trabajar en una de las pinturas de composición capitales de su carrera, Las Marías en el Sepulcro. Con el proyecto de concluir ese cuadro se instaló en Roma, ciudad en la que terminaría de perfeccionarse como artista, incorporando a su estilo algunos elementos del purismo de raíz nazarena que pudo conocer allí directamente, y que no solo afectarían a su plástica, sino también a su modo de concebir la formación artística de sus futuros alumnos.

En 1842, Madrazo regresó a Madrid, donde pronto consolidó su carrera cortesana y, ayudado de nuevo por los contactos de su padre, alcanzó el puesto de pintor de cámara. En 1844 pintó el gran retrato de la Reina Isabel II con el que asentó definitivamente su puesto como retratista oficial de la Corona. Al calor de su indiscutible protagonismo como retratista de la reina, Federico disfrutó de una gran demanda entre la burguesía y la aristocracia madrileñas. Así, pronto acuñó sus propios modelos retratísticos originales, que tendrían una gran difusión en el mercado artístico de los años centrales del siglo XIX español.

De entre la caudalosa producción de esos años, destacan precisamente los retratos en que se sintió más libre y menos apegado a sus propios modelos, como sucede con el espléndido Segismundo Moret y Quintana, o en una de sus pinturas más emblemáticas, Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. En esos años comenzó a madurar su estilo más característico, en el que adquirieron un gran peso los retratos españoles del Siglo de Oro, que marcarían el resto de su carrera.

No solo fue director del Museo del Prado, sucediendo en el cargo a Juan Antonio de Ribera, sino que regía también la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Asumió, además, la función de jurado en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y llegó a ocupar un escaño como senador del reino, acumulando numerosísimas condecoraciones y reconocimientos internacionales, que son testimonio de las repercusiones de su poder y de la enorme fama que alcanzó en toda Europa.

Dotado de una extraordinaria capacidad para idealizar a sus modelos sin despegarse de la realidad y con una insuperable habilidad artística para describir las texturas de la vestimenta y la ambientación de sus retratos, consiguió un lenguaje artístico propio, de enorme difusión. Así, influyó en numerosas generaciones de pintores en España, ya que su labor docente fue muy dilatada y estuvo apoyada, tanto en el enorme peso social que llegó a acaparar, como en la extrema calidad de sus retratos, que no fue igualada por ninguno de sus rivales.

Los retratos de niños

Entre los retratos de niños y adolescentes destacan los dedicados a hijos de los reyes, de nobles y de la aristocracia, de militares y de personajes diversos con posibilidades económicas; ya que, de otro modo, hubiera sido imposible pagar los honorarios del pintor. Pasar a la posteridad solo era posible, en aquellos tiempos, mediante el retrato, bien al óleo, a lápiz o con otras técnicas.

Madrazo pintó el Retrato de Federico Flores, hijo de Antonio Flores, primer jefe de la Sección de Intendencia General de la Real Casa y Patrimonio y, además, amigo de los Madrazo. Esta es seguramente la efigie infantil más conocida de cuantas pintara Federico de Madrazo en toda su vida, constituyendo verdaderamente una obra de especial significación en su producción, ya que se trata de uno de los primeros y más notables retratos pintados por el artista nada más instalarse definitivamente en Madrid tras su estancia de formación en Roma. El niño, de unos 10 años, aparece de pie y tres cuartos a la izquierda, con uniforme de escolapio; de abundante cabellera rubia y ojos claros, la blancura de su piel acusa el rubor encendido de sus mejillas. Madrazo dio a la figura belleza y elegancia, mostrando su expresividad y habilidad en la composición.

La distinguida silueta, de azul negro, destaca sobre el resto de los colores en tonos grises y oscuros, entonación que es más clara en el rostro y en los edificios del horizonte. Así, viste casaca con botonadura plateada, cuello y bocamangas ocres, y pantalón con galón de plata, apoyando la mano izquierda en un espadín sujeto al cinto, mientras sostiene con la otra el bicornio, que apoya en la rodilla. El pintor pocas veces utilizó el paisaje como escenario para sus retratos, y este es una excepción, con su fondo de edificios y nubes del severo y castellano paraje de las afueras de Madrid, al igual que los múltiples paisajes velazqueños. En él los colores opacos, negros y grises se conjugan con otros colores más vivos. Este retrato es un óleo sobre lienzo de 176 por 110 cm fechado en 1842 y se encuentra en el Casón del Buen Retiro del Museo del Prado. Aparece fechado y firmado en el ángulo lateral izquierdo y fue adquirido por el Ministerio de Educación Nacional español (Fig. 1).

Figura 1. Retrato de Federico Flores.

Madrazo pintó 28 retratos de la reina Isabel II entre 1844 y 1868. De 1844, cuando la reina tenía 14 años, se conservan dos obras, realizadas cuando el pintor no era todavía de cámara, cargo que recaía entonces en Vicente López (1772-1850), su rival en la Corte. Isabel II nació el 10 de octubre de 1830 y falleció en abril de 1904. Hija de Fernando VII y de su cuarta esposa, doña María Cristina de Nápoles, sucedió a su padre en el trono el 29 de septiembre de 1833 y proclamada reina poco después. En 1846 se casó con su primo don Francisco de Asís Borbón y en 1868 fue destronada; tuvo que refugiarse en Francia, donde abdicó la corona en su hijo, don Alfonso, futuro Alfonso XII, en París, el 25 de junio de 1870.

En este Retrato de Isabel II, la reina tiene 14 años y se encuentra de cuerpo entero y tres cuartos a la izquierda. El pintor adopta la iconografía tradicional de retrato regio oficial: los rasgos físicos no traducen ninguna expresión de personalidad y el retratado se encuentra ante un escenario simbólico. La niña viste con un traje de raso blanco y una sobrefalda de encaje. La mano izquierda reposa a la altura del regazo, sosteniendo el pañuelo, que se confunde con los adornos del vestido, y la mano derecha apoyada en la mesa, tapizada con terciopelo burdeos, sujetando un guante y sobre un cojín la corona y el cetro, símbolos de la realeza. Detrás de la reina se sitúa un sillón con el escudo de España, adornado con cariátides, decoración del salón de columnas del Palacio Real, y al fondo, desde la ventana, un paisaje arquitectónico, a la usanza inglesa.

El cuadro fue encargado por la Comisión de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y figura en la actualidad en su salón de sesiones. Debido a su carácter de imagen oficial, se conocen numerosas réplicas y copias de este retrato de Isabel II, del más diverso carácter y calidad, advirtiéndose en ellas ligeras variantes de composición respecto a la pintura original. También pintaron a Isabel II: Esquivel (1840), Portaña (1843) y Casado del Alisal (1865), entre otros artistas. Es un óleo sobre lienzo de 224 por 147 cm, firmado y fechado en el lateral derecho, en 1844 (Fig. 2).

Figura 2. Retrato de Isabel II.

El encantador retrato Luisa, Rosa y Raimundo, hijos del pintor, representa a tres de los hijos de Federico y Luisa Garreta: Luisa, nacida en 1836, Rosa, en 1838, y Raimundo, en 1841. No aparece en él Antonio, que había fallecido a los cuatro años de edad en 1844. En sus Memorias, Raimundo, muchos años después, recordará el día en que lo llevaron al Tívoli, el edificio usado como estudio y vivienda por Federico, situado en el solar del actual hotel Ritz de Madrid, y le vistieron con la blusa que había llegado de París. Según narra, el único recuerdo que guardaba de aquel posado fue el momento en que su padre pintó sus manos sosteniendo la escopeta.

La anatomía de los pequeños es normal y la indumentaria incluye: gorro, blusa, chaquetilla, faldas y pantalón. En la composición se incluye un perro situado entre las dos niñas y una escopeta que lleva Raimundo. Los tres personajes miran directamente al pintor y están rodeados de plantas y árboles, que confieren un gran contraste de luces y colores: verdes, blancos, grises y negros. Este retrato fue presentado junto a otros dos en la Exposición de Bellas Artes de 1845, celebrada en la Academia de San Fernando, siendo alabado por su buen colorido y efecto de claro-oscuro. La obra está fechada en 1845, es un óleo sobre lienzo y pertenece a la Colección Madrazo de la Comunidad de Madrid (Fig. 3).

Figura 3. Luisa, Rosa y Raimundo, hijos del pintor.

Los retratos de niños recién nacidos no son frecuentes en la historia de la pintura española y mucho menos si los representados son niños fallecidos. En Madrazo encontramos dos de estos casos, uno es el Retrato yacente de Don Luis, Príncipe de Asturias, que representa al Príncipe de Asturias, primogénito de los reyes Francisco de Borbón e Isabel II, que nació asfixiado el día 12 de julio de 1849 y se encuentra vestido con el traje de bautismo. Los colores predominantes son el blanco y el azul. Madrazo se inspiró en apuntes tomados del natural, retratándole ligeramente recostado, como dormido. La cuna aparece cubierta de terciopelo y como fondo un manto de armiño, alusivo a la realeza. La anatomía de niño es normal. Es un óleo sobre lienzo, de 65 por 79 cm, está fechado en 1849 y se encuentra en el Palacio Real de Madrid (Fig. 4).

Figura 4. Retrato yacente de Don Luis, Príncipe de Asturias.

Isabel II con la infanta Isabel es uno de los muchos retratos que Madrazo realizó de la reina. Isabel II está sentada sobre un sillón y erguida; mira hacia el pintor en actitud serena, mostrando unas características faciales normales. Lleva pelo moreno, peinado en melena y raya en medio; camisa con volantes de puntillas y un vestido de amplios pliegues, de un llamativo color verde y con gran escote. En su regazo lleva a su hija, la infanta Isabel de Borbón, de una edad aproximada de un año: nació en 1851. La niña lleva un vestido muy holgado que permite ver los hombros, brazos y piernas. También mira hacia el pintor y sus características anatómicas son normales. La luz se recibe desde la derecha y la composición adopta una estructura triangular. Se trata de un óleo sobre tela de 142 por 101 cm, fechado en 1852 y pertenece al Cuartel General del Ejército (Fig. 5).

Figura 5. Isabel II con la infanta Isabel.

Otra niña recién nacida aparece en Retrato yacente de la Infanta María Cristina. En esta obra, el pintor repite la composición, con alguna variante. La Infanta aparece yacente recostada sobre un lecho de flores que simboliza la brevedad de la vida. Como fondo un sombrío paisaje de brumas y nieblas, en el que se sitúa la figura de un ángel iluminado que porta el alma de la difunta. Este cuadro, óleo sobre lienzo, mide 54 por 65 cm, fue pintado en 1854 y se encuentra en el Palacio Real de Madrid (Fig. 6).

Figura 6. Retrato yacente de la Infanta María Cristina.

En el Retrato de María Bosch se representa a una niña, María Bosch de la Presilla, la hija del industrial y político catalán establecido en Madrid, Pedro Bosch. Es una composición de más de medio cuerpo y de frente al espectador; apoya su mano derecha sobre una silla y la izquierda en su regazo. Peinada aún con trenzas y vestida con pañoleta blanca y sobrefalda con pasamanería, va vestida con un decorativo traje en tonos rosas y blancos, que le da un aspecto de delicadeza dentro de la seriedad de su rostro. Esta obra pertenece al periodo post-romántico de Madrazo, en el que renuncia al efecto decorativo del fondo. Fue realizado en 1855, las medidas de este óleo sobre lienzo son de 89 por 72 cm y se encuentra en el Museo Romántico de Madrid (Fig. 7).

Figura 7. Retrato de María Bosch.

Bibliografía

– Reyero C. Madrazo. Los Genios de la Pintura Española. Sarpe. Madrid. 1990.

– Arias E. Pintura española del siglo XIX. Cuadernos de Arte Español. Historia 16. Número 41. Madrid. 1992.

– Martín MT, Vidal J, Escribano M, Fernández A, García MS. La Edad Moderna: de Goya a nuestros días. La Pintura Española. Carroggio. Barcelona. 2000.

– Federico Madrazo. Consultado el 24 de agosto de 2020. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Federico_Madrazo.

– Navarro CG. Federico de Madrazo y Kuntz. Real Academia de la Historia. Consultado el 24 de agosto de 2020. Disponible en: http://dbe.rah.es/biografias/12571/federico-de-madrazo-y-kuntz.

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